diff options
| author | Roger Frank <rfrank@pglaf.org> | 2025-10-15 04:44:10 -0700 |
|---|---|---|
| committer | Roger Frank <rfrank@pglaf.org> | 2025-10-15 04:44:10 -0700 |
| commit | f726da3d6e8377cfb2cc99b9ddfae25211a5ae7c (patch) | |
| tree | 3a0a8e202ac7cb643a67d7845b4363b1e87c1649 /14311-0.txt | |
Diffstat (limited to '14311-0.txt')
| -rw-r--r-- | 14311-0.txt | 7107 |
1 files changed, 7107 insertions, 0 deletions
diff --git a/14311-0.txt b/14311-0.txt new file mode 100644 index 0000000..d340422 --- /dev/null +++ b/14311-0.txt @@ -0,0 +1,7107 @@ +*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 14311 *** + +BAILÉN + +Episodios Nacionales + +Primera Serie + +B. PEREZ GALDOS + + + + + + + +I + + +--Me hacen ustedes reír con su sencilla ignorancia respecto al hombre +más grande y más poderoso que ha existido en el mundo. ¡Si sabré yo +quién es Napoleón!, yo que le he visto, que le he hablado, que le he +servido, que tengo aquí en el brazo derecho la señal de las herraduras +de su caballo, cuando... Fué en la batalla de Austerlitz: él subía a +todo escape la loma de Pratzen, después de haber mandado destruir a +cañonazos el hielo de los pantanos donde perecieron ahogados más de +cuatro mil rusos. Yo, que estaba en el 17.º de línea, de la división +de Vandamme, yacía en tierra gravemente herido en la cabeza. De veras +creí que había llegado mi última hora. Pues, como digo, al pasar él +con todo su Estado Mayor y la infantería de la Guardia, las patas de +su caballo me magullaron el brazo en tales términos, que todavía me +duele. Sin embargo, tan grande era nuestro entusiasmo en aquel célebre +día, que incorporándome como pude, grité: «¡Viva el Emperador!» + +Así hablaba un hombre para mi desconocido, como de cuarenta años, no +malcarado, antes bien con rasgos y expresión de cierta hermosura +marchita, aunque no destruída por las pasiones o los vicios; alto de +cuerpo, de mirada viva y sonrisa entre melancólica y truhanesca, como +la de persona muy corrida en las cosas del mundo, y especialmente en +las luchas de ese vivir al par holgazán y trabajoso a que conducen la +sobra de imaginación y la falta de dineros; persona de ademanes +francos y desenvueltos, de hablar facilísimo, lo mismo en las bromas +que en las veras; individuo cuya personalidad tenía complemento en el +desaliño casi elegante de su traje, más viejo que nuevo, y no menos +descosido que roto, aunque todo esto se echaba poco de ver, gracias a +la disimuladora aguja, que había corregido así las rozaduras del +chupetín como la ortografía de las medias. + +Éstas eran, si mal no recuerdo, negras, y el pantalón de color de +clavo pasado. Llevaba corto el pelo, con dos mechoncitos sobre ambas +sienes, sin polvo alguno, como no fuera el del camino; su casaca +obscura, y de un corte no muy usual entre nosotros; su chaleco +ombliguero, forma un poco extranjera también, y su corbata, +informemente escarolada, le hacían pasar como nacido fuera de España +aunque era español. Mas por otra circunstancia distinta de las +singularidades de su vestir, causaba sorpresa la tal persona, y éste +es un capitalísimo punto que no debe pasarse en silencio. Aquel hombre +tenía bigote. Esto fué, ¿a qué negarlo?, lo que más que otra cosa +alguna llamó mi atención cuando le vi inclinado sobre la mesa, +comiendo ávidamente en descomunal escudilla unas al modo de sopas, +puches o no sé qué endemoniado manjar, mientras amenizaba la cena +contando entre cucharada y cucharada las proezas de Napoleón I. Dos +personas, ambas de edad avanzada y de distinto sexo, componían su +auditorio: el varón, que desde luego me pareció un viejo militar +retirado del servicio, oía con fruncido ceño y taciturnamente los +encomios del invasor de España; pero la señora anciana, más +despabilada y locuaz que su consorte, contestaba al panegirista con +cierto desenfado tan chistoso como impertinente. + +--Por Dios, Sr. de Santorcaz--decía la vieja--, no grite usted ni +hable tales cosas donde le puedan oír. Mi marido y yo, que ya le +conocemos de antes, no nos espantamos de sus extravagancias; pero, +¡ay!, la vecindad de esta casa es muy entremetida, muy enredadora, y +no se ocupa más que de chismes y trampantojos. Como que ayer las niñas +de la bordadora en fino, que vive en el cuarto número 8, llegaron +pasito a pasito a nuestra puerta para oír lo que usted decía cuando +nos contaba con desaforados gritos lo que pasó allá en las Austrias en +la batalla de Pirrinclum, o no sé qué..., pues esos enrevesados +nombres no se han hecho para mi lengua... Esta mañana, cuando usted +entró de la calle, la comadre del número 3 y la mujer del lañador, +dijeron: «Ahí va el pícaro _flamasón_ que está en casa del Gran +Capitán. Apuesto a que es espía de la _canalla_, para ver lo que se +dice en esta casa y contarlo a sus mercedes.» El mejor día nos van a +dar que sentir, porque como dice usted esas cosas, y tiene esos modos, +y hace ascos de la comida cuando tiene azafrán, y siempre saca lo que +ha visto en las tierras de allá, le traen entre ojos, y sabe Dios... +¡Como aquí están tan rabiosos con lo del día 2!... + +--Ya se aplacarán los humos de esta buena gente--dijo Santorcaz, +apartando de sí escudilla y cuchara--. Cuando se organicen bien los +cuerpos de ejército y venga el Emperador en persona a dirigir la +guerra, España no podrá menos de someterse; y esto, que es la pura +verdad, lo digo aquí para entre los tres, de modo que no lo oigan +nuestras camisas. + +--España no se somete, no, señor, no se somete--exclamó de improviso +el anciano, quebrantando el voto de su antes silenciosa prudencia, y +levantándose de la silla para expresar con frases y gestos más +desembarazados los sentimientos de su alma patriota--. España no se +somete, Sr. D. Luis de Santorcaz, porque aquí no somos como esos +cobardes prusianos y austriacos de que usted nos habla. España echará +a los franceses, aunque los manden todos los Emperadores nacidos y por +nacer; porque si Francia tiene a Napoleón, España tiene a Santiago, +que es, además de general, un santo del Cielo. ¿Cree usted que no +entiendo de batallas? Pues sí: soy perro viejo, y callos tengo en los +oídos de tanto oír el redoblar de los tambores y los tiros de cañón. + +--No te sofoques, Santiago--dijo apaciblemente la anciana--, que ya +andas en los tres duros y medio, y aunque yo creo como tú que España +no bajará la cabeza, no es cosa de que te dé el reuma en la cara por +lo que hable este mala cabeza de Santorcaz. + +--Pues lo digo y lo repito--añadió el viejo soldado--. ¡Venir +hablándome a mí de cuerpos de ejército, y de brigadas de caballería, y +de cuadros...! + +--¿En qué batallas se ha encontrado usted?--preguntó con sonrisa +burlona Santorcaz. + +--¡Que en qué batallas me encontré!--exclamó D. Santiago Fernández, +cuadrándose ante su interpelante y mirándole con el desprecio propio +de los grandes genios que tienen puesta en duda su superioridad--. +¿Pues no sabe todo el mundo que fuí asistente del señor marqués de +Sarriá el año 1762, cuando aquella famosa campaña de Portugal, la más +terrible y hábil y estratégica que ha habido en el mundo, así como +también digo que después de Alejandro el Macedonio no ha nacido otro +marqués de Sarriá?... ¡Qué cosas tiene este caballerito! ¡Preguntar en +qué acciones me encontré! Aquélla fué una gran campaña, sí, señor: +entramos en Portugal, y aunque al poco tiempo tuvimos que volvernos, +porque el inglés se nos puso por delante, se dieron unas batallas..., +¡qué batallitas, mi Dios! Yo era asistente del Sr. Marqués, y todas +las mañanas le hacía los rizos y le empolvaba la peluca, de tal modo, +que la cabeza de nuestro General parecía un sol. Él me decía: +«Santiago, ten cuidado de que los rizos vayan parejos, y que uno de +otro no discrepen ni el canto de un duro, porque no hay nada que +aterre tanto al enemigo como la conveniencia y buen parecer de +nuestras personas.» ¡Y cuánto le querían los soldados! Como que en +toda aquella guerra apenas murieron tres o cuatro. + +Santorcaz, al oír esto, se desternillaba de risa, haciendo subir de +punto con sus irreverentes manifestaciones el enfado de D. Santiago +Fernández, el cual, dando una fuerte puñada en la mesa, continuó así: + +--¿Qué valen todos los generales de hoy, ni los emperadores todos, +comparados con el marqués de Sarriá? El marqués de Sarriá era +partidario de la táctica prusiana, que consiste en estarse quieto +esperando a que venga el enemigo muy desaforadamente, con lo cual éste +se cansa pronto y se le remata luego en un dos por tres. En la primera +batalla que dimos con los aldeanos portugueses, todos echaron a correr +en cuanto nos vieron, y el General mandó a la caballería que se +apoderara de un hato de carneros, lo cual se verificó sin efusión de +sangre. + +--No, no ha habido en el mundo batallas como ésas, Sr. D. +Santiago--dijo Santorcaz, moderando su risa--; y si usted me las +cuenta todas, confesaré que las que yo he visto son juegos de chicos. +Y como desde aquella fecha ha conservado usted los hábitos de campaña, +y gusta tanto de conversar sobre el tema de la guerra, los vecinos le +llaman el Gran Capitán. + +--Ese es un mote, y a mi no me gustan motes--dijo D.ª Gregoria, que +así se llamaba la mujer del valiente expedicionario de Portugal--. +Cuando nos mudamos aquí, y dieron los vecinos en llamarte Gran +Capitán, bien te dije que alzaras la mano y regalaras un bofetón al +primero que en tus propias barbas te dijera tal insolencia; pero tú, +con tu santa pachorra, en vez de llenarte de coraje, se te caía la +baba siempre que los chicos te saludaban con el apodo, y ahora Gran +Capitán eres y Gran Capitán serás por los siglos de los siglos. + +--Yo no me paro en pequeñeces--dijo don Santiago Fernández--, y aunque +tolero un apodo honroso, no consiento que nadie se burle de mí. A fe, +a fe que cuando uno ha servido en las milicias del Rey por espacio de +veinte años; cuando uno ha estado en la campaña de Portugal; cuando +uno ha tenido también el honor de encontrarse en la expedición de +Argel que mandó el Sr. D. Alejandro O'Reilly en 1774; cuando después +de tan gloriosas jornadas se le han podrido a uno las nalgas sentado +en la portería de la oficina del Detall y Cuenta y Razón del arma de +Artillería, viendo entrar y salir a los señores oficiales, y +haciéndoles un recadito hoy y otro mañana, bien se puede alzar la +cabeza y tener una opinión sobre cosas militares. + +--Eso mismo digo yo--indicó D.ª Gregoria--. Bien saben todos que tú no +eres ningún rana, y que has escupido en corro con guardias de Corps y +valonas, y con generales de aquellos que había antes, tan valientes, +que sólo con mirar al enemigo le hacían correr. + +--Y no se trate--prosiguió el Gran Capitán--de embobarnos con cuentos +de brujas como los que desembucha el Sr. de Santorcaz. A las niñas del +lañador y a D.ª Melchora, la que borda en fino, les puede trastornar +el seso este caballero contándoles esas batallas fabulosas de +prusianos y rusos, con lo de que si el Emperador fué por aquí o vino +por allí. Hombres como yo no se tragan bolas tan terribles, ni ha +estado uno veinte años mordiendo el cartucho y peinando los rizos del +Sr. Marqués de Sarriá, para dar crédito a tales novelas de +caballerías. Conque ¿cómo fué aquello?--añadió en tono de mofa y +sentándose junto a Santorcaz--. Dijo usted que cuatro mil franceses +atacaron a la bayoneta a diez mil rusos, y les hicieron caer en un +pantano, donde se ahogó la mitad. Pues ¡y lo de que rompieron el hielo +a cañonazos para que se hundieran los enemigos que estaban encima!... +¡Bonito modo de hacer la guerra! Pero, hombre de Dios, si andaban por +sobre el hielo se resbalarían y... pobres nalgas del Emperador..., +digo, de los tres Emperadores, pues ahí dice usted que eran tres nada +menos. ¿Sabes, Gregoria, que es aprovechada la familia? + +El Gran Capitán hizo reír a su digna esposa con estos chistes, hijos +de su inexperta fatuidad, y ambos celebraron recíprocamente sus +ocurrencias. + +--Si es novela de caballerías lo que he contado--dijo Santorcaz--, +pronto lo hemos de ver en España, porque pasan de cien mil los +Esplandianes que andan desparramados por ahí esperando que su amo y +señor les mande empezar la función. + +--¡Los asesinos de Madrid!--exclamó el Gran Capitán, inflamándose en +patriótico ardor--. ¿Y cree usted que les tenemos miedo? ¡Santa María +de la Cabeza! Ya veo que están fortificando el Retiro, y que no +permiten que vuele una mosca alrededor de sus señorías; pero ya +hablaremos. Esto es ahora porque estamos sin tropa; pero ¿sabe usted +lo que se va a formar en Andalucía? Un ejército. ¿Y en Valencia? Otro +ejército. Y en Galicia y en Castilla, otro y otro ejército. ¿Cuántos +españoles hay en España, Sr. de Santorcaz? Pues ponga usted en el +tablero tantos soldados como hombres somos aquí, y veremos. ¿A que no +sabe usted lo que me ha dicho hoy el portero de la Secretaría de la +Guerra? Pues me ha dicho que mi pueblo ha declarado la guerra á +Napoleón, ¿Qué tal? + +--¿Cuál es el pueblo de usted? + +--Valdesogo de Abajo. Y no es cualquier cosa, pues bien se pueden +juntar allí hasta cien hombres como castillos, no como esos rusos de +alfeñique de que usted habla, sino tan feroces, que despacharán un +regimiento francés como quien sorbe un huevo. + +--Pues una mujer que ha venido hoy de la sierra--dijo D.ª Gregoria--me +ha contado que también mi pueblo va a declarar la guerra a ese ladrón +de caminos; sí, Sr. de Santorcaz, mi pueblo, Navalagamella. Y allí no +se andarán con juegos, sino al bulto derechitos. Si esos pueblos que +usted nombra, las Austrias y las Prusias, fueran como Navalagamella, +la _canalla_ no los hubiera vencido, y se conoce que todos los +austriacos y prusiacos son gente de mucha facha y nada más. + +--No se dice prusiacos, sino prusianos--indicó enfáticamente a su +esposa el Gran Capitán. + +--Bien, hombre: los rusos y los prusos, lo mismo da. Lo que digo es +que si Valdesogo de Abajo y Navalagamella, que son dos pueblos como +dos lentejas comparados con la grandeza de todo el reino, se ponen en +ese pie, los demás lugares y ciudades harán lo mismo, y entonces, +áteme esa mosca el Sr. de Santorcaz. No, no quedará un francés para +contarlo, y la que hicieron aquí a primeros del mes, la pagarán muy +cara. ¿Hase visto alguna vez bribonada semejante? ¡Fusilar en +cuadrilla a tantos pobrecitos, sin perdonar a sacerdotes ancianos, a +inocentes doncellas y a infelices muchachos como el que está en esa +cama! ¡Ay! Usted no vió aquello, Sr. de Santorcaz, porque llegó a +Madrid tres días después; ¡pero si usted lo hubiera visto! Por esta +calle del Barquillo pasaron esas fieras, y como les arrojaron algunos +ladrillos desde los andamios de la casa que se está fabricando en la +esquina, mataron a una pobre mujer que pasaba con un niño en brazos. +Al ver esto, todas las vecinas de la casa que estábamos en los +balcones, empezamos a tirarles cuanto teníamos. Una les echaba una +cazuela de agua hirviendo, otra la sartén con el aceite frito; yo cogí +el puchero que había empezado a cocer, y sin pensarlo dije: «Allá va»; +y aunque aquel día nos quedamos sin comer, no me pesó, no, señor. +Después, entre Juanita la lañadora, las niñas de al lado y yo, +cogimos una cómoda, y echándola a la calle aplastamos a dos. Querían +subir a matarnos; pero ¡quía! Todo facha, nada más que facha. Más de +cuarenta mujeres nos apostamos en la escalera, unas con tenedores, +otras con tenacillas, estas con asadores, aquella con un berbiquí, +estotra con una vara de apalear lana. Si llegan a subir, les hacemos +pedazos. Mi marido tomó aquella lanza vieja que tiene allí desde las +tan famosas campañas, y poniéndose delante de nosotras en la escalera, +nos arengó y dispuso cómo nos habíamos de colocar. ¡Ah, si llegan a +subir esos perros! Yo era la más vieja de todas, y la más valiente, +aunque me esté mal el decirlo. Mi marido quería salir a la calle al +frente de todas nosotras; pero le convencimos de que esto era una +locura. Con su carga de setenta a la espalda, él hubiera partido de un +lanzazo a cuantos mamelucos encontrara en la calle. ¡Ay, qué día! +Cuando nos retiramos cada una a nuestro cuarto, en toda la casa no se +oía más que «¡Viva el Gran Capitán!» + +--¡Qué día!--exclamó melancólicamente Fernández, disimulando el +legítimo orgullo que el recuerdo de sus proezas le causaba--. A eso de +las ocho de la mañana vi salir de la oficina al capitán D. Luis Daoiz. +El día anterior me había mandado por unas botas a la zapatería de la +calle del Lobo, y desde allí se las llevé a su casa de la calle de la +Ternera, y cuando volví después de hacer el mandado, viendo que había +cumplido con la puntualidad y el esmero que son peculiares en mí, me +dió dos reales, que guardo en este pañuelo como memoria de hombre tan +valiente. + +Diciendo esto, trajo un pañuelo, y desdoblando una de las puntas +despaciosamente, y como si se tratara de la más venerable y santa +reliquia, sacó una moneda de plata que puso ante la vista de +Santorcaz, sin permitirle que la tocara. + +--Esto me dió--dijo, enjugando con el mismísimo sagrado pañuelo las +lágrimas que de improviso corrieron de sus ojos--; esto me dió con sus +propias manos aquel que vivirá en la memoria de los españoles mientras +haya españoles en el mundo, Yo estaba barriendo la oficina cuando +entró D. Pedro Velarde buscándole, y le dije: «Mi capitán, hace un +rato que salió con D. Jacinto Ruiz.» Después, don Pedro entró y estuvo +disputando con el coronel; al cabo de un cuarto de hora volvió a pasar +por delante de mi. ¡Quién me había de decir...! + +El Gran Capitán no pudo continuar, porque la pena ahogaba su voz; D.ª +Gregoria se llevó también la punta del delantal a los ojos, y +Santorcaz, más serio y grave que antes, respetaba el dolor de sus dos +amigos. + +--Me han asegurado--dijo, después de una pausa--que ese D. Pedro +Velarde iba a comer todos los días en casa de Murat. ¿Es que +simpatizaba con los franceses? + +--No, no; y quien lo dijere miente--exclamó D. Santiago, dejando caer +de plano sobre la mesa sus dos pesadísimas manos--. Don Pedro Velarde +pasaba por un oficial muy entendido en el arma, y como fué de los que +el Rey envió a Somosierra a recibir al _melenudo_, éste le trató, supo +conocer sus buenas dotes, y quiso atraérselo. ¡Bonito genio tenía D. +Pedro Velarde para andarse con mieles! Le convidaban a comer, +obsequiábanle mucho; pero bien sabían todos que si nuestro capitán +pisaba las alfombras de aquel palacio, era «para conocer más de cerca +a la canalla», como él mismo decía. + +--Él y sus compañeros de Monteleón--dijo Santorcaz--demostraron un +valor tanto más admirable cuanto que es completamente inútil. Aquí +están ciegos y locos. Creen que es posible luchar ventajosamente +contra las tropas más aguerridas del mundo, sin otros elementos que un +ejército escaso, mal instruído, y esas nubes de paisanos que quieren +armarse en todos los pueblos. La obstinación ridícula de esta gente +hará que sean más dolorosos los sacrificios, y el número de víctimas +mucho más grande, sin que puedan vanagloriarse al morir de haber +comprado con su sangre la independencia de la patria. España +sucumbirá, como han sucumbido Austria y Prusia, naciones poderosas, +que contaban con buenos ejércitos y reyes muy valientes. + +--¡Esos países no tienen vergüenza!--gritó con furor D. Santiago +Fernández, levantándose otra vez de su asiento--. En Austria y Prusia +habrá lo que usted quiera; pero no hay un Valdesogo de Abajo ni un +Navalagamella. Discretísimo lector: no te rías de esta presuntuosa +afirmación del Gran Capitán, porque bajo su aparente simpleza +encierra una profunda verdad histórica. + +Santorcaz soltó de nuevo la risa al ver el acaloramiento de Fernández, +cuyas patrióticas opiniones apoyó de nuevo su esposa, hablando así: + +--Aquí somos de otra manera, Sr. de Santorcaz. Usted, viviendo por +allá tanto tiempo, se ha hecho ya muy extranjero y no comprende cómo +se toman aquí las cosas. + +--Por lo mismo que he estado fuera tantos años, tengo motivos para +saber lo que digo. He servido algunos años en el ejército francés; +conozco lo que es Napoleón para la guerra, y lo que son capaces de +hacer sus soldados y sus generales. Cien mil de aquéllos han entrado +en España al mando de los jefes más queridos del Emperador. ¿Saben +ustedes quién es Lefebvre? Pues es el vencedor de Dantzig. ¿Saben +ustedes quién es Pedro Dupont de l'Etang? Pues es el héroe de +Friedland. ¿Conocen ustedes al duque de Istria? Pues es quien +principalmente decidió la victoria de Rívoli. ¿Y qué me dicen de +Joaquín Murat? Pues es el gran soldado de las Pirámides, y el que +mandó la caballería en Marengo... + +--No, no le nombre usted--dijo D.ª Gregoria--, porque si todos los +demás son como ese de _las melenas_, buena gavilla de perdidos ha +metido Napoleón en España. + +--Sr. de Santorcaz--añadió con grave comedimiento el Gran Capitán--, +ya sabe usted que un hombre como yo, testigo de cien combates, no se +traga ruedas de molino, y todas esas heroicidades del general Pitos y +del general Flautas las vamos a ver de manifiesto ahora, sí, señor. Y +supongo que usted habrá venido para ponerse de parte de ellos, pues +quien tanto les alaba y admira es natural que les ayude. + +--No--replicó Santorcaz--; yo he vuelto a España para un asunto de +intereses, y dentro de unos días partiré para Andalucía. Cuando +arregle mi negocio, me volveré a Francia. + + + + +II + + +--¡Qué mal hombre es usted!--exclamo Dª Gregoria--. Y su pobre padre y +toda la familia llorando su ausencia, y muertos de pena sin poder +traer al buen camino a este calaverilla que durante quince años y +desde aquella famosa aventura... Pero chitón--añadió, volviendo la +cara hacia mí--: me parece que el chico se ha despertado y nos está +oyendo. + +Los tres me miraron, y yo observé claramente cuanto me rodeaba, +pudiendo apreciarlo todo sin mezcla de vagas imágenes ni mentirosas +visiones. Hallábame en una cama, de cuyo durísimo colchón daban fe las +mortificaciones de mis huesos y la instintiva tendencia de mi cuerpo +a arrojarse fuera de ella, mientras uno de mis brazos, fuertemente +vendado, se negaba a prestarme apoyo, tan inmóvil y rígido como si no +me perteneciera. Asimismo rodeaba mi cabeza complicado turbante de +trapos que olían a ungüentos y vinagre, y mi débil y extenuado cuerpo +sentía por aquí y por allí terribles picazones. El lecho en que yacía +tan incómodamente ocupaba el rincón del cuarto, el cual era de +ordinarias dimensiones, con blancos muros y suelo de ladrillos, mal +cubiertos por una vieja y acribillada estera de esparto. Láminas de +santos, a quienes el artista grabador había dado nuevo martirio en sus +impíos troqueles, adornaban la desnuda pared, en uno de cuyos testeros +ostentaba su temerosa longitud la lanza del Gran Capitán. En el centro +de la pieza hallábase la mesa, que sostenía un candil de cuatro +mecheros, y junto a ella, sentados en sendas sillas de cuero, que +lastimosamente gemían al menor movimiento, estaban los tres personajes +cuya conversación hirió mis oídos cuando volví de un largo paroxismo. + +Todos fijaron en mí la atención, y D.ª Gregoria, acercándose +maternalmente a mi cama, me habló así: + +--¿Estás despierto, niño? ¿Ves y entiendes? ¿Puedes hablar? Pobrecito, +ya se te ha quitado la terrible calentura, y el Santo Ángel de tu +Guarda ha conseguido del Padre Eterno que te otorgue el seguir +viviendo. ¿Cómo estás? ¿Ves a los que estamos aquí? ¿Nos conoces? +¿Entiendes lo que decimos? Debes de estar bien, porque ya no dices +desatinos, ni quieres echarte de la cama, ni nos insultas, ni dices +que nos vas a matar, ni llamas a D. Celestino ni a la D.ª Inés, que te +traían trastornado el juicio. Estás bien, ya estás fuera de peligro, y +vivirás, pobre niño; pero ¿has perdido la razón, o Dios quiere que te +veamos en tu ser natural, sano y cuerdo, tal y como estabas antes de +que aquellos caribes...? + +--Y, en verdad, no sé cómo ha escapado el infeliz--dijo Fernández a +Santorcaz--. Tres balazos tenía en su cuerpecito: uno en la cabeza, el +cual no es más que una rozadura; otro en el brazo izquierdo, que no le +dejará manco, y el tercero en un costado, y en parte sensible, tanto +que si no le hubieran sacado la bala, no le veríamos ahora tan +despiertillo. + +Instáronme todos para que hablase, mostrándoles que mi razón, como mi +cuerpo, se había repuesto de la tremenda crisis. También acudió con +cariñosa solicitud a darme alimento la ejemplar D.ª Gregoria, y tomado +aquél ávidamente por mí me sentí muy bien. ¿Había resucitado o había +nacido en aquella noche? + +--Ahora, chiquillo, estáte tranquilo--continuó D.ª Gregoria, +sentándose a mi lado--. ¡Cuánto se va a alegrar el Sr. Juan de Dios +cuando te vea! + +--¡Cómo!--exclamé con la mayor sorpresa--. ¿Juan de Dios vive aquí? +¿Pues en dónde estoy? ¿Y ustedes quiénes son? ¿Qué ha sido de Inés? + +--¡Otra vez Inés! Este joven no está todavía bueno. Dejémonos de +Ineses, y a descansar. Santorcaz se llegó a mi, y mostrándome algún +interés, me dijo: + +--¡Pobrecito! ¡Conque te fusilaron! El Gran Duque de Berg es hombre +terrible y sabe sentar la mano. Dicen que mataste mas de veinte +franceses. Ya me contarás tus hazañas, picarón. Y di, ¿tienes ánimos +de volver a hacer de las tuyas? Me parece que no..., porque habrás +visto que esa gente gasta unas bromas un poco pesadas. + +Dicho esto, Santorcaz, tomando su capa, se marchó. + +Mi sorpresa y estupor al verme allí, tornado nuevamente y de +improviso, según mi entender, a la vida, en presencia de personas +desconocidas, y volviendo sin cesar al pasado mi pensamiento, recién +salido de una sombra profunda; las impresiones de mi alma, a quien el +repentino despertar, después de un largo entumecimiento, había dado +cierta actividad ansiosa, fueron causa de que no pudiera estar +tranquilo, como me rogaban el Gran Capitán y su mujer. Hacíales mil +preguntas con la curiosidad del que, volviendo al mundo después de un +siglo de muerte real, deseara conocer en un instante cuanto ha pasado +en el planeta durante su ausencia. A todo contestaban que me estuviese +quieto y sin cuidarme de nada, para que no me repitiesen los accesos +de fiebre; pero no pude conseguirlo, y si descansé un poco, procurando +poner a un lado mis terribles recuerdos y apartar de la vista las +siniestras figuras que se habían hecho compañeras inseparables de mi +espíritu, poco después, cuando, ya avanzada la noche, llegó Juan de +Dios, me sentí tan vivamente inquieto al verle, que a no impedírmelo +mi debilidad, habría saltado del lecho para correr hacia él, +arrastrado por un odio terrible y una curiosidad más fuerte aún que el +odio. El antiguo mancebo de D. Mauro Requejo hallábase tan demacrado, +tan excesivamente amarillo y mustio, como si hubiera vivido diez años +de penas en el transcurso de algunos días. Sus ojos encendidos +conservaban huellas de recientes lágrimas, y su desmadejado cuerpo se +movía con pesadez, como si le fatigara su propio peso. Arrojóse en una +silla junto a mi cama, y cuando los dos ancianos se retiraban a su +aposento, me habló así: + +--Gabriel, ¿ya estás bueno? ¿Has recobrado el juicio? ¿Entiendes lo +que se te dice? + +--¿Dónde está Inés?--le pregunté con ansiedad. + +--¡Oh, desgraciado de mí!--exclamó, ocultando el rostro entre las +manos--. Tú estás enfermo todavía, y si te doy la noticia... ¿Que +dónde está Inés? Espántate, Gabriel, porque no lo sé. Yo estoy loco, +yo estoy imbécil. Llevo quince días de dolores que a nada son +comparables. Las lágrimas que he derramado podrían agujerear una peña. +Ahora mismo..., ¿de dónde crees que vengo? Pues vengo de la bóveda de +San Ginés, adonde voy todas las noches a mortificarme el cuerpo con +disciplinazos, por ver si Dios se apiada de mí y me devuelve lo que me +quitó, sin duda en castigo de mis grandes pecados. + +Después de enjugar sus lágrimas y sonarse con estrépito, prosiguió: + +--Yo saqué a Inés de la huerta del Príncipe Pío. ¡Ay!, si no te +salvaste también tú, fué porque no pude, que bien lo intenté, te juro +que lo intenté. Inés se desmayó, y no pudiendo traerla aquí, por ser +esto muy lejos, Lobo me indujo a llevarla a casa de unas que él +llamaba honradísimas señoras, donde permanecería hasta tanto que fuera +posible traerla aquí para casarme con ella... ¡Oh, infame legista, +miserable enredador, tramposo y falsario! Inés me abofeteó, Gabriel, +al verse en aquella casa, y me clavó en las mejillas sus deditos. No +puedes formarte idea de las palabras tiernas que le dije para que se +calmara; pero nada podía consolarla de que no os hubierais salvado +también tú y el buen sacerdote. En vano le dije que sería mi mujer; en +vano le dije que la adoraba con profundísimo amor; también le mostré +mi dinero, prometiéndole gastar una buena parte en huir para siempre +de Madrid y de España, si así lo deseaba. ¡Infeliz de mí! A estas +irrecusables pruebas de mi cariño sólo contestaba llamándome bestia y +ordenándome que de su presencia me quitara... A cada momento te +llamaba, y luego se deshacía en lágrimas, y quería después arrojarse +fuera de la casa para volver a la Montaña. A pesar de esto yo era +feliz, porque la tenía en mis brazos, apartábale de la frente los +desordenados cabellos, y con mi pañuelo limpiaba sus lágrimas divinas, +con las cuales se refrescarían, si las bebieran, los condenados del +Infierno... El pérfido Lobo no se apartaba de allí, y desde luego me +parecieron sospechosos el esmero y solicitud con que la atendía. Inés +no cesaba un momento de gemir, y tanto a mi compañero como a mí nos +mostraba repugnancia, ordenándonos que la dejáramos sola, porque no +quería vernos, y que la matáramos, porque no quería vivir. Su +desesperación llegó a tal punto, que no la podíamos contener, y se nos +escapaba de entre los brazos, diciendo que pues no le era posible +salvaros la vida, quería daros a entrambos sepultura. Por último, a +fuerza de ruegos logramos calmarla un poco, prometiéndole yo acudir al +lugar del suplicio a cumplir tan triste obligación. Cuando esto le +dije, me miró con tanta ternura, y después me lo ordenó de un modo tan +persuasivo, tan elocuente, que no vacilé un instante en hacer lo +prometido, y salí dejándola al cuidado de Lobo. ¡Nunca tal hiciera, y +maldito sea el instante en que me separé de aquel tesoro de mi vida, +de aquel imán de mi espíritu! Gabriel, corrí a la Moncloa, me acerqué +a los grupos en que eran reconocidos los cadáveres, y anduve de un +lado para otro esperando encontrarte entre aquellos que, abandonados +hasta en tan triste ocasión, no tenían quien formara a su alrededor +concierto de llantos y exclamaciones... Al fin encontré al sacerdote; +pero tú no estabas a su lado, pues unas mujeres compasivas, habiendo +notado que vivías, te habían llevado a un paraje próximo para +prodigarte algunos cuidados. Grande fué mi alegría cuando te vi abrir +los ojos, cuando te oí pronunciar frases obscuras, y observé que tus +heridas no parecían de mucha gravedad; así es que en cuanto dimos +sepultura a tu buen amigo, me ocupé de los medios de traerte a mi +casa. Rogué a las pobres mujeres que te cuidaran un momento más, +mientras yo volvía con una camilla, y al salir de la huerta me +regocijaba con la idea de participar a Inés que estabas vivo. «¡Cuánto +se alegrará la pobrecita!», decía para mí, y yo me alegraba también, +porque había comprendido por sus palabras que aquella flor de Jericó +te apreciaba bastante, ¿no es verdad? ¡Ay!, Gabriel, tú hubieras sido +nuestro criado, tú nos hubieras servido fielmente, ¿no es verdad?... +Pues bien, hijo: como te iba diciendo, corrí desalado a comunicarle la +feliz nueva de tu salvación, y cuando entré en la casa donde la había +dejado, Inés ya no estaba allí. Aquellas señoras desconocidas +dijéronme que Lobo se había llevado a Inés, y como yo les manifestara +mi extrañeza, mi indignación, llamáronme estúpido y me arrojaron de su +casa. Volé a la de ese miserable ladrón; mas no le pude ver ni en todo +aquel día ni en los siguientes. Figúrate mi desesperación, mi agonía, +mi locura; yo no sé cómo no entregué el alma a Dios en aquellos días, +porque además de mi gran pena, me consumía una fuerte calentura, a +consecuencia de la herida de esta mano, pues bien viste que perdí dedo +y medio en la calle de San José... ¿Crees que me curaba? Ni por +pienso. Después que el boticario de la Palma Alta me vendó la mano no +volví a acordarme de tal cosa, y no digo yo dedo y medio, sino los +cinco de cada mano me hubiera yo arrancado con los dientes, con tal de +hallar a mi idolatrada Inés, ¡a aquella rosa temprana, a aquel jazmín +de Alejandría!... Durante este tiempo no me olvidé de ti, pues el +mismo día 3 te hice conducir a esta casa, que es la mía, en la cual +has permanecido hasta hoy, y donde, gracias a los cuidados de tan +buena gente, has recobrado la salud. + +--¿Pero Lobo ha desaparecido también?--pregunté con afán--. Si no ha +desaparecido, bien puede obligársele a decir qué ha hecho de Inés. + +--Al cabo de diez días le encontré al fin en su casa. ¿Sabes tú lo que +me dijo el muy embustero? Pues verás. Después de reírse de mí, +llamándome bobo y mentecato, me dijo que no pensara en volver a ver a +Inés, porque la había entregado a sus padres. «¿Pues acaso Inés tiene +padres?», le dije. Y él me contestó: «Sí, y son personas de las +principales de España, por lo cual he creído de mi deber entregarles +la infeliz jovenzuela, desde tanto tiempo condenada a vivir fuera de +su rango y entre personas de inferior condición.» Me quedé atónito; +pero al punto comprendí que esto era invención de aquel inicuo +tramposo, embaucador, y en mi cólera le dije las más atroces +insolencias que han salido de estos labios. ¿No crees tú como yo que +lo de entregarla a sus desconocidos padres es pura fábula de Lobo para +ocultar así su crimen? Gabriel, ¿no te estremeces de espanto como yo? +¿Dónde estará Inés? ¿Dónde la tendrá ese monstruo? ¿Qué habrá hecho de +ella? ¡Ay! Yo la he buscado sin cesar por todo Madrid; he pasado +noches enteras junto a la casa de la calle de la Sal examinando quién +entraba y quién salía; he dado dinero a los criados, aguadores, +lavanderas, a los escribientes del licenciado, a cuantas personas +visitaban la casa; pero nadie me ha sabido dar razón, nadie, nadie. +¿Es esto para desesperarse? ¿Es esto para morirse de pena? ¡Trabajar +tanto, cavilar tanto para sacarla del poder de sus tíos; cometer +grandes pecados y exponer uno su alma a las horribles penas del +Infierno para ver desvanecida como el humo aquella esperanza +encantadora, aquella soñada dicha y suprema felicidad!... ¿Será +castigo de Dios por mis culpas, Gabriel? ¿Lo crees tú así? ¿Apruebas +lo que estoy haciendo ahora, que es rezar mucho y pedir a Dios que me +perdone o que me devuelva mi Inesita, aunque no me perdone? ¿Crees tú +que concurriendo a la bóveda de San Ginés con gran constancia y +devoción podré alcanzar de Dios alguna misericordia? ¡Ay! Si las +lágrimas que he derramado hubiesen caído todas en el corazón de ese +infame Lobo, habríanle atravesado de parte a parte haciendo el efecto +de un puñal. ¿Dónde está Inés? ¿Qué es de ella? ¿Vive o muere? +Gabriel, tú tienes ingenio, y Dios ha querido que recobres tu preciosa +vida para que desbarates los inicuos planes de ese monstruo abominable +y devuelvas a la niña su anhelada libertad, así como a mí la paz del +alma, que he perdido quizás para siempre. + +Así habló el afligido hortera, y oyéndole no pude menos de +compadecerle por los tormentos de su alma, tan apasionada como +inocente. No se cansó de hablar hasta muy avanzada la noche, siempre +sobre el mismo tema y con iguales demostraciones dolorosas. Al fin su +voz se perdió para mí en el vacío de un silencio profundo, porque me +quedé dormido, cediendo mi atención y curiosidad a la fatiga y +flaqueza de ánimo que me consumían aún. + + + + +III + + +Al día siguiente, la primera persona que vieron mis ojos fué D.ª +Gregoria, a quien ya había empezado a tomar cariño, pues tan propio de +la caridad es inspirarlo en poco tiempo. La mujer del Gran Capitán +limpiaba la sala, procurando mover los trastos lentamente para no +hacer ruido, cuando desperté, y al punto lo dejó todo para correr a mi +lado. + +--Esa cara está respirando salud--me dijo--. Veremos lo que dice hoy +D. Pedro Nolasco cuando te vea. + +--¿Y quién es ese D. Pedro Nolasco?--pregunté, sospechando fuera algún +médico afamado de la vecindad. + +--¿Quién ha de ser, hijo? El albéitar, que vive en el cuarto número +14. Aquí no gastamos médico porque es bocado de príncipes. Y cuando +Fernández padece del reuma, le ve D. Pedro Nolasco, que es un gran +doctor. A él debes la vida, chiquillo, y él te sacó del costado la +bala; que si no a estas horas estarías en el otro mundo. + +Oído esto, hícele varias preguntas acerca de su condición y la calidad +de la casa, a las que satisfizo bondadosamente, diciendo que su esposo +era portero en una oficina del ramo de la Guerra, y que con su sueldo +y lo que el Sr. Juan de Dios les daba por su modesto pupilaje pasaban +la vida pobres y contentos. + +--Esta no es casa de huéspedes, porque nosotros no queremos +barullo--añadió--; pero hace mucho tiempo que conocemos al Sr. de +Arróiz y por eso le tenemos aquí. Este Sr. de Santorcaz que has visto +anoche, y que no ha de tardar en venir, es un joven a quien conocimos +en Alcalá, cuando estábamos allí establecidos y él dejaba sus estudios +en aquella célebre Universidad para correr la tuna. Ha sido muy +calavera, y sus padres no le han vuelto a ver desde que se marchó a +Francia hace quince años huyendo de una persecución muy merecida _por +mor_ de sus barrabasadas y viciosas costumbres. ¡Desgraciado joven! +Allá fué soldado, y cuando nos cuenta sus trabajos y penalidades, nos +quedamos como si oyéramos leer la novela _El asombro de la Francia, +Marta la Romarantina_, aunque Santiago dice que todo lo que cuenta es +mentira. A pesar de su mala cabeza, nosotros apreciamos a este +tarambana de Santorcaz, y él no nos quiere mal; así es que cuando se +aparece por España, siempre viene a parar a nuestra casa, donde le +damos hospitalidad por bien poco dinero. ¡Ay!, sí, por bien poco +dinero; verdad que si le pidiéramos mucho, el infeliz no podría +dárnoslo, porque no lo tiene. Y no es porque haya nacido de las +hierbas del campo, pues a un buen solar de tierra de Salamanca +pertenece su familia; sólo que como no es primogénito..., su padre se +empeñó en dedicarle a la Iglesia y el pobre chico no tenía afición de +misacantano... + +Estábamos D.ª Gregoria y yo enfrascados en este coloquio, que no +dejaba de interesarme, cuando volviendo de su oficina D. Santiago +Fernández, quitóse gravemente el pesado uniforme, que su consorte +colgó en la percha, no lejos de la amenazadora lanza, y se dispuso a +comer. + +--Grandes noticias te traigo, mujer--dijo con retozona sonrisa, +sentado ya en el sillón de cuero y con ambas manos posadas en las +respectivas rodillas, mientras con lento compás movía el cuerpo--. Te +vas a poner más contenta... + +--No puede ser sino que el Gran Duque ha reventado ya de los cólicos +que padecía. + +-No, no es eso, mujer. ¿Quién te dijo que Navalagamella le había +declarado la guerra a la _canalla_? No es Navalagamella sólo, mujer: +es Asturias, León, Galicia, Valencia, Toledo, Burgos, Valladolid, y se +cree que también Sevilla, Badajoz, Granada y Cádiz. En la oficina lo +han dicho; y si vieras cómo están todos bailando de contento... +Oficial conozco que no ha dormido en toda la noche esperando el +correo; ¡y si supieras, mujer...! A ti te lo puedo decir, y no importa +que lo oiga este chico. Oye, oíd los dos: muchos oficiales se han +fugado, sin que en los cuarteles ni en sus casas se sepa dónde están. +Y dirás tú: «¿Pues dónde están?» Yo lo sé, sí señora, yo lo sé: han +ido a unirse a los ejércitos españoles que se están formando... ¿A +que no sabes dónde se están formando? Pues yo lo sé, sí, señora, yo lo +sé: uno se está formando en Valladolid, y lo mandará D. Gregorio de la +Cuesta; otro en Asturias y Galicia, que corre a cargo de Blake..., y +el tercero... Esta es la más gorda de todas: ¿te la digo? + +--Hombre, sí, dila: no nos dejes a media miel. + +--Pues se dice por ahí que las tropas de Andalucía se sublevarán, sí, +señor, se sublevarán. ¡Pues no han de sublevarse!... Si en cuanto uno +dé la voz empieza a desfilar nuestra gente y ni un ranchero español +quedará a las órdenes de Murat ni de la Junta. + +--Veo que lo van a pasar mal, Santiago. Pero siento golpes en la +puerta. Son los vecinos que vienen a saber noticias... Pase usted, +Sr. D. Roque; pasen ustedes, niñas; adelante, Sr. de Cuervatón. + +Abrió D.ª Gregoria la puerta, y penetraron en ordenada falange como +una docena de personas de uno y otro sexo, y de diferentes edades y +fachas, las cuales personas eran los vecinos más adictos al Gran +Capitán, y además entusiastas creyentes de sus noticias, por lo cual +acudían todas las mañanas cuando aquél regresaba de la oficina, con el +anhelo de saciar en la fuente más pura y cristalina la ardorosa +curiosidad que entonces devoraba a los habitantes de Madrid. ¿Debo +detenerme en enumerar a tan dignas personas? ¿Para qué, si el lector +no necesita conocer al lañador, ni al talabartero, ni tampoco a D. +Roque, el arruinado comerciante, ni al Sr. de Cuervatón, ni menos a +las niñas de la bordadora en fino? Dejémosles envueltos en el velo de +su discreto incógnito, y oigamos a Fernández, que desbordándose de su +propio ser, a causa de la exorbitante hinchazón de su orgulloso +júbilo, iba contando lo que oyera, sin dejar de aderezar sus relatos +con la sal y pimienta de la hipérbole. + +--Pues en Andalucía--dijo--, en Andalucía..., ya saben ustedes dónde +está Andalucía; como si dijéramos en Cádiz..., pues. Dicen que la +Junta de Sevilla ha armado un gran ejército con las tropas que estaban +en San Roque. ¿Saben ustedes lo que es San Roque? Pues es como si +dijéramos...; supongan ustedes que aquí está Gibraltar, pues aquí +cerquita está San Roque. + +--Este D. Santiago lo sabe todo. + +--Ya, como quien ha visto tantas tierras y ha estado en tantas +batallas. + +--En San Roque están las mejores tropas de España, tanto en infantería +como en artillería y caballos; de modo que si se forma ese ejército, y +viene sobre Madrid... ¡Jesús! + +--¡Jesús!--repitió un coro de diez voces. + +--¿Usted cree que vendrá sobre Madrid?--preguntó uno de los +concurrentes. + +--Eso es lo que no puedo asegurar--repuso con énfasis el Gran +Capitán--. Pero a lo que yo entiendo, y según la experiencia que +adquirí en aquellas terribles guerras, me atrevo a decir que el +ejército de Andalucía viene sobre Madrid, y si hace lo mismo el de D. +Gregorio de la Cuesta, juzguen ustedes el susto que pasarán los +franceses. Hay que guardar el secreto: mucho cuidado, señores, y +ustedes, niñas, guárdense muy bien de ir contando estas cosas cuando +vayan a la costura, porque puede llegar a oídos del Gran Duque de +Berg... Yo creo que pasará lo siguiente: el ejército de Andalucía +vendrá a la Mancha; los franceses irán a batirlos, dejando libre a +Madrid, donde entrará D. Gregorio de la Cuesta, el cual, si sigue +después hacia el Mediodía, les picará la retaguardia por Tarancón; y +como al mismo tiempo los de allí le harán retroceder hacía el Tajo, +viéndose los franceses atacados por un lado y otro, por fuerza tendrán +que caer al río, donde se ahogarán. + +--¡Cuánto sabe este hombre! Es un asombro que de esa manera pueda +anunciar los movimientos del enemigo. Y no hay duda: así tiene que +suceder. + +--Y como la sublevación es general--añadió Fernández--, no podrán +acudir a todos lados. Además, no pueden contar con un solo soldado +español que les ayude, porque todos desertan; de modo que si Napoleón +quiere continuar la guerra en España, ya puede mandar gente. + +--Y como de los que vienen, la mitad mueren de borrachera... + +--El mismo Murat está padeciendo unos cólicos, que se lo llevarán al +otro mundo. + +--¡Quía!, si lo que tiene es una enfermedad vergonzosa. + +--Así pagará las que ha hecho. ¿Pues qué puede ser eso sino castigo de +Dios por su barbarie y crueldad? + +--No es eso, señora; es que, según dicen, es aficionado a la bebida. + +--¡Menudas _turcas_ habrá tomado desde que está aquí! ¿Y se marchará, +o no se marchará? + +--Yo creo que sí--dijo Fernández--. Tengo entendido que está muy +disgustado porque Napoleón no le quiere hacer rey de España. + +--¡Angelito!, pues no pide poco que digamos. + +--Y como parece que mandan de rey al que lo es de Nápoles, un D. José, +al cual, según dicen, también le gusta aquello... + +--Se conoce que es afición de familia. + +--Lo que debiera hacer el Sr. Fernández--dijo el lañador--es irse a +cualquiera de esos ejércitos, donde sin duda se había de lucir, y +quién sabe si nos le harían general de la noche a la mañana. + +--Yo no sirvo para nada--contestó el Gran Capitán--. Yo tuve mi época, +y ahora que trabajen otros como trabajamos los de entonces. ¡Aquellas +sí que eran guerras, señores! Esto de ahora es una bobada, y si no, ya +verán ustedes cómo en menos que canta un gallo se acaba todo. + +--Pero lo del ejército de Andalucía, ¿es cierto, o es puro barrunto de +usted? Sepámoslo de una vez. + +--Es cierto, señores. Me parece que Santiago Fernández tiene motivos +para saber lo que hace un ejército y lo que deja de hacer. Cuando +empiecen nuestros generales a decir «Por aquí te doy», ya les tendré a +ustedes al tanto de todo, día por día. + +A este punto llegaba, cuando entró Santorcaz, y no bien le vieron las +honradas personas que formaban el auditorio del buen Fernández, +empezaron a desfilar de muy mal talante, porque la presencia del +citado _flamasón_ era harto desagradable a todos los habitantes de la +casa. + +--Grandes noticias, grandes noticias traigo, Sr. D. Gonzalo Fernández +de Córdova--exclamó desde la puerta--. Aguárdense todos, si quieren +saber la verdad pura. ¿Pero se van estas niñas? ¿Por qué me tienen +miedo? ¿Y usted, D. Roque, no quiere escuchar?... Vayan noramala, +pues, y ustedes se lo pierden, por que no saben lo que ocurre... La +lanza, señor Fernández, tome usted al punto la lanza, y prepárese al +combate, porque se acerca lo tremendo, y ahora verá quiénes son buenos +patriotas y quiénes no lo son. + +--No tomemos a broma estas graves cosas, Sr. D. Luis--dijo algo +amoscado el que podremos llamar vencedor de Ceriñola--, ni nos +escandalice a la vecindad con sus aspavientos. + +--¿A que no sabe usted lo que yo sé?--añadió Santorcaz--. ¿A que no +sabe usted que el general Dupont, que estaba en Toledo, ha recibido +orden de marchar a Andalucía, y que Moncey sale mañana de aquí para +Valencia, y que Lefebvre, que está en Pamplona, irá pronto sobre la +capital de Aragón; que Duhesme se extenderá por Cataluña, y que +Bessières baja hacia Valladolid a toda prisa con las divisiones de +Lasalle y de Merle? + +--¡Cómo se conoce que usted escupe en corro con la canalla! ¿Y cómo +están sus mercedes del estómago? ¿Se han hecho al fin al vino de +España? Y el Gran Duque de Berg, ¿cómo anda de sus calenturas? ¿Hay +mieditis? Porque yo tengo para mi que si a esos señores se les caen +los calzones es porque, como dijo el otro, al que mal vive, el miedo +le sigue. Yo, en verdad, no sabía lo que usted acaba de decir; pero +allá en la oficina oí decir otras cosillas que no sé si sonarán bien +en las orejas de la canalla. ¿Por qué no va mi Sr. D. Luis a +contárselas, a ver si con el gusto se les quita el destemple? + +--¿Qué noticias son ésas? + +--Nada, poca cosa. Cuando el francés las sepa, verá usted qué contento +se pone... Que en todas las ciudades se han nombrado o se van a +nombrar Juntas, las cuales no harán caso de lo que se mande en Bayona, +sino que... + +--Pero si Fernando VII no es ya rey de España, porque ha cedido sus +derechos al Emperador, lo mismo que Carlos IV. ¿Qué son esas Juntas +más que cuadrillas de insurgentes? + +--Sí..., pues que las quiten; es cosa fácil. ¡Demonios de Juntas! Y +las muy simples están formando unos ejércitos..., cosa de juego, señor +de Santorcaz; cuatro gatos que estaban ahí en el Campo de San Roque +con unos cuantos cañoncillos... Y también han dado en armarse los +paisanos, lo mismo en Castilla que en Cataluña, así en Valencia como +en Andalucía... Pero eso no vale nada; son hombres de alfeñique y +alcorza, y no digo yo con balas, con saliva les destruirán los +franceses. + +--¿Y todo lo que sabe usted se reduce a que la Junta de Sevilla está +formando un ejército con las tropas de San Roque, que manda Castaños, +y las de Granada, que están a las órdenes de Reding? Pues eso lo sabe +todo Madrid. + +--Mira, Fernández--dijo oficiosamente doña Gregoria--, haces mal en +revelar lo que sabes por tan buen conducto, porque yo no soy lerda +para conocer que lo que hace nuestro ejército no debe decirse. Y si +no, pongo por caso: si tú, que estás enterado de todo, a causa de tu +gran tino para la guerra, descubres lo que hace el ejército de +Andalucía y llega a oídos del francés, puede aprovecharse de la +noticia, y entonces... + +--¡Qué ha de aprovecharse, mujer, ni qué entiendes tú de estas cosas! +Al contrario, yo quiero que el Sr. de Santorcaz vaya con el cuento. Y +también en Castilla... + +--Otro ejército, sí, compuesto de Guardias de Corps, acostumbrados a +hacer la guerra en los palacios, de estudiantes, de paletos y +contrabandistas--dijo Santorcaz, dando tregua a las bromas y hablando +con completa seriedad--. Es una desgracia para nosotros el tener que +confesar que no podemos batirnos con los franceses. ¿Qué importa que +se armen multitud de paisanos, si esas turbas indisciplinadas, antes +que ayuda, serán elemento de ruina para el escaso ejército español? +¿Qué obstáculo pueden ofrecer a los que han sometido la Europa entera +estos infelices alucinados, a quienes engaña su ignorancia? ¿Tienen +idea de lo que significan la previsión, la táctica, el genio de un +jefe experto, para decidir la victoria? Es triste cosa haber llegado a +tal extremo por las torpezas de nuestros reyes; pero una vez aquí, no +hay más remedio que someterse a lo que la Providencia ha querido hacer +de nosotros. España no puede resistir la invasión, porque si la +resistiera haría un milagro, una sobrenatural hazaña nunca vista. +Condenada a ser de Napoleón y a ver sentado en su trono a un rey de la +familia imperial, lo más cuerdo es resignarse a ésta con la conciencia +de haberla merecido. + +--¡Que España será francesa, que España será de Napoleón!--exclamó el +Gran Capitán, encendido en violenta ira--. Sr. de Santorcaz, usted es +un insolente, usted es un deslenguado, usted no tiene respeto a mis +canas. Ya, ¿qué se puede esperar de un trapisondista calavera, como +usted, que abandonó a su familia por irse a _extranjis_ a aprender +malas mañas? ¡Decir que España ha de ser francesa! Salga usted de mi +casa, y no ponga más los pies en ella. ¿Qué te parece, Gregoria? +Mujer, ¿te estás con esa calma y no bufas de cólera como yo? + +Y levantándose de su asiento, indicó a Santorcaz con majestuoso gesto +la puerta de la sala; mas como D. Luis no tuviera humor de marcharse, +porque todos los días se repetía la misma escena sin resultado alguno, +preparábase a comer tranquilamente, dejando que se desvaneciera, como +efectivamente se desvaneció, sin efusión de sangre, la ira de su +honrado amigo. Durante la comida gruñó un poco D. Santiago; pero la +prudencia y discreción de su esposa evitaron un choque que pudo haber +tenido calamitosas consecuencias. + + + + +IV + + +Lo que he contado pasaba el 20 de mayo, si no me engaña la memoria. +Poco a poco fuí avanzando en mi convalecencia, y en pocos días me +hallé ya con fuerzas suficientes para levantarme y dar algunos paseos +por los grandes corredores de la casa, pues la vivienda del Gran +Capitán tenía como único desahogo el largo pasillo, en cuya pared se +abrían hasta veinte puertas numeradas, albergues de otras tantas +familias. Peor que mi cuerpo se hallaba mi alma, llena de turbaciones, +de sobresaltos y congojas, tan apenada por terribles recuerdos como +por angustiosas presunciones, de tal modo, que mi pensamiento corría +de lo pasado a lo futuro alternativamente, buscando en vano un poco de +paz. + +La muerte del cura de Aranjuez, sin dejar de formar en mi alma un gran +vacío, me era menos sensible de lo que a primera vista pudiera +parecer, porque conceptuándola yo como tránsito que había llevado un +nuevo santo a las falanges del Paraíso, consideré a mi amigo en su +verdadero lugar, y no tan lejos de nosotros que pudiera desampararnos +si le invocábamos. + +En cuanto a Inés, no dudaba que existía en poder de alguien que la +protegiera por encargo de los parientes de su madre; y aunque para +esta creencia no tenía más dato que la relación del alucinado Juan de +Dios, yo me confirmaba cada vez más en ella, fundándome en +antecedentes que omito por ser de mis lectores conocidos, y en la +sórdida avaricia del licenciado Lobo, carácter muy abonado para +apoderarse de la joven y entregarla, mediante una buena recompensa, a +quien deseaba poseerla. + +Todo mi afán consistía en restablecerme completamente para poder salir +a la calle; y cuando lo conseguí, tuve el gusto de darme a conocer a +todos mis amigos como un verdadero resucitado, o alma del otro mundo +que vuelve con forma corporal a cobrar deudas atrasadas. + +No tendrán ustedes idea del aspecto que ofrecía entonces Madrid si no +les digo que la gente toda andaba azorada y aturdida, a veces llena de +miedo, a veces haciendo esfuerzos para disimular su alegría. El odio a +los franceses no era odio: era un fanatismo de que no he conocido +después ningún ejemplo; un sentimiento que ocupaba los corazones por +entero sin dejar hueco para otro alguno; de modo que el amar a los +semejantes, el amarse a sí mismo, y hasta me atrevo a decir el amar a +Dios, se adaptaban y sometían como fenómenos secundarios al gran +aborrecimiento que inspiraban los verdugos del pueblo de Madrid. + +A éstos se les veía solos en todos los sitios: su presencia hacía +detener o apresurar a los transeúntes; y era tan extraordinario este +desvío, que hasta parecían ellos mismos afectados de profundo pesar, y +se les observaba taciturnos y foscos, sintiendo que el suelo les +quemaba las plantas de los pies. Habían llenado de trincheras y +baterías el Retiro, y para ver en todo su orgullo y presunción a los +invasores, no había más que dirigir el paseo hacia Oriente, y se les +encontraba en grandes grupos alrededor de las cantinas, o paseando por +la carretera de Aragón. Ningún español se encaminaba hacia allí, a no +ser los granujas, que, entonces como ahora, gustaban de meter las +narices en todas partes. Llevado de mi curiosidad, me acerqué al +Retiro, y también recorrí otros sitios hacia el Mediodía, igualmente +ocupados como posiciones ventajosas. + +En el interior de Madrid las tiendas estaban desiertas, pues todas las +personas que se juntaban para pedir o comunicar noticias se reunían en +parajes ocultos, siendo de notar que ya entonces comenzaban a dar sus +primeras señales de vida las sociedades secretas, aunque yo no vi +ninguna, y digo esto sólo con referencia a vagos rumores. Como el afán +por tener noticias relativas al levantamiento de las provincias era +una fiebre de que no estaban exentos ni los niños, ni los ancianos, ni +las mujeres, cuando se sabía que D. Fulano de Tal había recibido una +carta de Andalucía, de Galicia o de Cataluña, la casa se llenaba de +amigos, y hasta los desconocidos se permitían invadirla ruidosamente +para no esperar a que se les contara el gran suceso. Sacábanse copias +de las cartas que hablaban de la Junta de Sevilla y de la sublevación +de las tropas de San Roque, y aquellas copias circulaban con una +rapidez que envidiaría la moderna Prensa periódica. + +Todos los días y a todas horas se hablaba de los oficiales que habían +huído de Madrid para unirse a los ejércitos de Cuesta o de Blake, y +cuando se tropezaba con un militar o con algún joven paisano de buen +porte y bríos, no se le hacia otra pregunta que ésta: «¿Usted cuándo +se va?» Las familias de las víctimas se habían olvidado ya de rezar +por los muertos, y pensaban en equipar a los vivos. Escaseaban los +jornaleros y menestrales, porque de los barrios bajos partían +diariamente muchos hombres a engrosar las partidas de Toledo y la +Mancha; y a pesar de los brutales bandos del General francés, ni +faltaban armas en las casas, ni los fugitivos partían con las manos +vacías. + +Los invasores, que vigilaban el odio de la capital con la suspicacia +medrosa del que ha padecido sus terribles efectos, no permitían, +siendo tan grande su número y fuerza, que se manifestara lo que los +madrileños pensaban y sentían; pero aun así, ¡cuántos cantares, +cuantas jácaras, romances y décimas brotaron de improviso de la vena +popular, ya amenazando con rencor, ya zahiriendo con picantes chistes +a los que nadie conocía sino por el injurioso nombre de _la canalla_! + +En el fondo de aquella grande agitación, y entre tantos recelos, había +un secreto júbilo, pues como un día y otro llegaban noticias de nuevos +levantamientos, todos consideraban a los franceses como puestos en el +vergonzoso trance de retirarse. Aquel júbilo, aquella confianza, +aquella fe ciega en la superioridad de las heterogéneas y discordes +fuerzas populares, aquel esperar siempre, aquel no creer en la +derrota, aquel _no importa_ con que curaban el descalabro, fueron +causa de la definitiva victoria en tan larga guerra, y bien puede +decirse que la estrategia, la fuerza y la táctica, que son cosas +humanas, no pueden ni podrán nunca nada contra el entusiasmo, que es +divino. + +Como era natural, las noticias, del levantamiento se exageraban +locamente, y el delirio popular veía miles de hombres donde no había +sino centenares. Cuando las noticias venían de Bayona, eran objeto de +sistemático desprecio, y las disposiciones del palacio de Marras, así +como la convocatoria de irrisorias Cortes en la ciudad del Adour, y el +pleito homenaje por algunos grandes tributado a Bonaparte, daban +pábulo a sátiras sangrientas. Cuando alguno decía que vendría de rey a +Madrid el hermano de Napoleón, daba pie para las más ingeniosas +improvisaciones del género epigramático. + +Todas las tertulias, que entonces eran muchas, pues la sociedad no se +desparramaba aún por los cafés, eran, digámoslo así, verdaderos clubs +donde latía sorda y terrible la conspiración nacional. Se conspiraba +con el deseo, con las noticias, con las sospechas, con las hipérboles, +con las sátiras, con verdades y mentiras, con el llanto tributado a +los muertos y las oraciones por el triunfo de los vivos. + + + + +V + + +Tal era Madrid a fines de mayo de 1808, antes de que sonaran los +primeros cañonazos de Cabezón y los primeros tiros del Bruch. Dicho +esto se me permitirá que hable un poco de mi persona, pues atendiendo +a que la desgracia halla siempre eco en toda persona discreta y +sensible, creo que no soy saco de paja a los ojos de mis lectores, y +que algún interés les inspiran los penosos trances de mi borrascosa +existencia. Necesito, además, explicar por qué causas emprendí mi +viaje a Andalucía entre mayo y junio; y si de buenas a primeras me +presentara camino de Despeñaperros en compañía del desconocido +Santorcaz, ustedes no acertarían a explicarse ni los móviles de +jornada tan peligrosa, ni mi repentino acomodamiento con aquel hombre +singular. + +Es, pues, el caso que, no satisfecho con las noticias que acerca de +Inés me dió Juan de Dios, traté de averiguar la verdad y tuve la feliz +ocurrencia, mejor dicho, la inspiración, de presentarme en casa de la +Marquesa, a quien no hallé; mas quiso la Divina Providencia que un +criado, conocido mío desde la famosa noche de la representación, me +saliera al encuentro, y después de mostrarse muy obsequioso, +satisficiera mi curiosidad sobre aquel punto. Según me dijo, el mismo +día 3 de mayo se presentó allí un hombre de antiparras verdes, el cual +conducía dentro de una litera a cierta joven llorosa y al parecer +enferma. No encontrando a la señora, preguntó por su hermano, con el +cual hubo de conferenciar más de dos horas. Despidióse al cabo, +dejando a la madamita en la casa. + +El hermano de la Sra. Marquesa, que no era otro que aquel festivo +diplomático a quien conocimos en octubre de 1807, partió el día 4 para +Córdoba a unirse con su hermana y sobrina, y, ¡cosa rara!--me dijo +aquel curioso servidor--, se llevó consigo a la jovenzuela. + +--¿De suerte que ahora están todos en Córdoba?--le pregunté. + +--Sí, y según noticias, no piensan venir hasta que no se acaben estas +cosas. Eso de la señorita que trajeron en la litera ha dado mucho que +hablar a la servidumbre, y dice mi mujer..., pero más vale callar. El +hombre aquél de las antiparras verdes había estado ya algunos días +aquí, y unas veces la Sra. Condesa, otras su tía, le recibían. Mal +hombre parece. + +--¿Y la joven no hizo resistencia cuando quisieron llevársela? + +--Si parecía muerta, ¿qué resistencia podía hacer? Como que tuvimos +que cargarla entre dos para ponerla en el coche... + +Ignoro si esto que oí y puntualmente refiero llamará la atención de +mis lectores; pero lo que sí les ha de causar sorpresa, ¡qué digo +sorpresa!, asombro grandísimo, es el saber que me atreví a desafiar +las iras del licenciado Lobo, del mismo Lobo de marras, no vacilando +en arriesgarlo todo por esclarecer lo que tan hondamente me +inquietaba. No queriendo aparecer ni aun en sombra por la aborrecida +calle de la Sal, busquéle allá por la Alcaldía de Casa y Corte, donde +con toda seguridad pensaba encontrarle, y al punto que me vió... No, +no es verosímil, no lo van ustedes a creer. ¿Necesitaré jurarlo? Pues +lo juro: juro que es la pura verdad. Pues bien: al pronto que me vió, +echóme los brazos al cuello, demostrando gran interés por mi persona, +y no sólo me pidió nuevas acerca de mi salud, sino que me rogó le +contase algunos pormenores de mi fusilamiento y para él milagrosa +resurrección. + +Quedéme atónito, aunque no tranquilo, presumiendo que tan desusadas +blanduras serían obra de su refinada astucia y preparación de algún +nuevo golpe contra mí; pero cuando le pregunté por el estado en que se +hallaba el proceso célebre, respondióme que ya no se pensaba en tal +cosa, porque como los franceses eran amigos del Príncipe de la Paz, no +convenía molestar a los servidores y amigos de éste. + +--No quiero--añadió--que Su Alteza el Gran Duque se amosque. Aquello +fué una broma, y de haberte prendido, al punto hubieras sido puesto en +libertad. Pero di, picarón..., ¿conque tú eras galán de D.ª Inés? +Cuéntame todo: ¿dónde la conociste? ¡Ah, bien comprendía Requejo que +guardaba un tesoro en su casa! Yo lo sabía todo..., ¿y tú?; sospecho +que también, perillán. Pero no sabías que a fines del mes de abril se +acordó en consejo de familia recoger e identificar a esa jovencita +para darle la posición que le corresponde. Como yo estaba al tanto de +todo, y además tenía el honor de conocer a la Sra. Marquesa, +comprometíme a entregarla, haciéndoles creer que había grandes +dificultades para arrancarla del poder de los parientes de su supuesta +madre. Hijo, es preciso hacer algo por la vida: considera que es uno +un pobre, con mujer, nueve hijos, dos suegras y tres cuñadas; dos +suegras, sí señor, la madre y la abuela de mi mujer, y si uno no se da +maña para mantener a este familión... La verdad es que a todos les di +cordelejo: a D. Mauro, al papanatas de Juan de Dios, y a ti mismo, que +ahora resucitas para pedirme a Inés. ¿Pero la amabas tú? Anda, +zanguango, cortéjala, a ver si logras casarte con ella, lo cual, +aunque difícil, no es imposible...; la niña tendrá una dote regular, y +quizás pueda heredar el mayorazgo y título, lo cual será, según el +tenor de las escrituras... ¡Ah, pelafustán! Me parece que tú traes un +proyectillo entre ceja y ceja. ¿Vas a Córdoba? Oye: recuerdo que la +palomita te llamaba con exclamaciones muy tiernas, cuando medio muerta +la conducíamos en la litera mi pasante y yo. ¡Ja, ja, ja! ¿Sabes de +qué me río? De ese ganso de Juan de Dios, que estuvo aquí el otro +día, y poniéndose de rodillas delante de mí, me dijo: «¡Déme usted a +Inés, porque me muero sin ella! ¡Démela usted hoy y máteme mañana!» +Fué una comedia, Gabriel, y aunque nos reímos mucho, al fin nos cansó +tanto, que tuvimos que echarle a palos de la escribanía. + +Atención sostenida presté yo a estas y otras muchas razones del +licenciado Lobo, el cual, para que nada faltara en su inexplicable +benignidad y cortesanía, al tiempo de despedirme díjome que quizás +pudiera proporcionarme algunas lecciones de latín, si me hallaba con +ánimos, puesto que era tan gran humanista, de ganarme el pan con la +enseñanza. Dile las gracias, y tan satisfecho me retiré del resultado +de mis investigaciones, que el mismo día decidí marchar a Córdoba +cuando estuviera restablecido. + +¿Me seguirán ustedes, o, fatigados de estas aventuras, dejarán que +marche solo a resolver cuestiones que a nadie interesan más que al que +esto escribe? No; espero que no nos separaremos tan a deshora, y +cuando parece probable que, siguiéndome, asistan ustedes a algún +espectáculo que les haga más llevadero el fastidio de mis personales +narraciones. Vamos, pues, y tengan en cuenta que nos acompaña el Sr. +de Santorcaz, a quien llevan al país andaluz asuntos de familia. Yo le +manifesté que deseaba me llevase como escudero; mas él dijo que no +tenía con qué pagar mis servicios, porque su bolsa no estaba en +disposición de atender a gastos de servidumbre, y que harto se +congratularía de llevarme como compañero y amigo. Así fué, en efecto; +y como yo necesitara algunos días más de restablecimiento, él me +esperó, y en uno de los últimos días de mayo o de los primeros de +junio, luego que me despedí de mis obsequiosos protectores, +correspondiéndoles como pude, y de Juan de Dios, a quien oculté el +objeto de mi expedición, nos pusimos en marcha. + + + + +VI + + +Como Santorcaz era pobre, y yo más pobre todavía, nuestro viaje fué +tan irregular, cual los que en antiguas novelas vemos descritos. No +adoptamos sistemáticamente ninguna de las clases de incómodos +vehículos conocidos en nuestra España; en varias ocasiones anduvimos +en galera, otras en macho, si nos franqueaban sus caballerías los +arrieros que tornaban a la Mancha de vacío, y las más veces a pie. +Hacíamos noche en las posadas y ventas del camino, donde Santorcaz +lucía su prodigiosa habilidad en el no gastar, logrando siempre que se +le sirviese bien. Para estas y otras picardías, mi compañero se hacía +pasar por un insigne personaje, mandándome que le llamase Excelencia y +que me descubriese ante él siempre que nos mirara el mesonero. Yo lo +cumplía puntualmente; y con tal artificio, más de una vez, además de +no cobrarnos nada, salían a despedirnos humildemente, rogándonos que +les dispensáramos el mal servicio. + +Más allá de Noblejas y Villarrubia de Santiago, y cuando después de +una larga jornada sesteábamos, apartados del camino, junto a la ermita +del _Santo Niño_, se nos agregó un mozo que nos dijo llevaba el mismo +camino que nosotros y que desde entonces fué nuestro inseparable +compañero. Tenía como veinte años, llamábase Andresillo Marijuán, y +aunque era natural de Aragón, iba a servir de mozo de mulas a un +pueblo de Andalucía, en casa de la condesa de Rumblar, su ama y +señora, pues en las fincas que ésta poseía en tierra de Almunia de +Doña Godina había nacido aquel mancebo. Al punto su genio franco y +alegre simpatizó con el mío y nos hicimos muy amigos. Santorcaz nos +trataba con superioridad, aunque sin tiranía. Cuando al llegar a una +posada, cabalgando él en perverso macho y nosotros a pie, íbamos a +tenerle el estribo y después a quitarle las espuelas, deshaciéndonos +en cumplidos y cortesías, teníamos que apretar los dientes para no +soltar la risa. Marijuán, que mejor que yo sabía fingir, era el +encargado de ordenar al ventero que le diese al amo lo mejor de la +despensa, porque Su Excelencia, que iba de Regente a Sevilla, era +hombre terrible y castigaba con fiereza a los posaderos que no le +servían bien. + +Así atravesamos la Mancha, triste y solitario país, donde el sol está +en su reino y el hombre parece obra exclusiva del sol y del polvo; +país entre todos famoso desde que el mundo entero hase acostumbrado a +suponer la inmensidad de sus llanuras recorrida por el caballo de D. +Quijote. En opinión general es la Mancha la más fea y la menos +pintoresca de todas las tierras conocidas, y el viajero que viene hoy +de la costa de Levante o de Andalucía, se aburre junto al ventanillo +del vagón, anhelando que se acabe pronto aquella desnuda estepa, que +como inmóvil y estancado mar de tierra, no ofrece a sus ojos +accidente, ni sorpresa, ni variedad, ni recreo alguno. Ésto es lo +cierto: la Mancha, si alguna belleza tiene, es la belleza de su +conjunto, su propia desnudez y monotonía, que, si no distraen ni +suspenden la imaginación, la dejan libre, dándole espacio y luz donde +se precipite sin tropiezo alguno. La grandeza del pensamiento de D. +Quijote no se comprende sino en la grandeza de la Mancha. En un país +montuoso, fresco, verde, poblado de agradables sombras, con lindas +casas, huertos floridos, luz templada y ambiente espeso, D. Quijote no +hubiera podido existir y habría muerto en flor, tras la primera +salida, sin asombrar al mundo con las grandes hazañas de la segunda. + +Don Quijote necesitaba aquel horizonte, aquel suelo sin caminos, y +que, sin embargo, todo él es camino; aquella tierra sin direcciones, +pues por ella se va a todas partes, sin ir determinadamente a ninguna; +tierras surcadas por las veredas del acaso, de la aventura, y donde +todo cuanto pase ha de pareer cobra de la casualidad o de los genios +de la fábula; necesitaba de aquel sol que derrite los sesos y hace a +los cuerdos locos; aquel campo sin fin donde se levanta el polvo de +imaginarias batallas, produciendo, al transparentar de la luz, +visiones de ejércitos de gigantes, de torres, de castillos; necesitaba +aquella escasez de ciudades que hace más rara y extraordinaria la +presencia de un hombre o de un animal; necesitaba aquel silencio +cuando hay calma, y aquel desaforado rugir de los vientos cuando hay +tempestad; calma y ruido que son igualmente tristes y extienden su +tristeza a todo lo que pasa, de modo que si se encuentra un ser humano +en aquellas soledades, al punto se le tiene por un desgraciado, un +afligido, un menesteroso, un agraviado que anda buscando quien le +ampare contra los opresores y tiranos; necesitaba, repito, aquella +total ausencia de obras humanas que representen el positivismo, el +sentido práctico, cortapisas de la imaginación, que la detendrían en +su insensato vuelo; necesitaba, en fin, que el hombre no pusiera en +aquellos campos más muestras de su industria y de su ciencia que los +patriarcales molinos de viento, a los cuales sólo el lenguaje faltaría +para ser colosos, inquietos y furibundos, que desde lejos llaman y +espantan al viajero con sus gestos amenazadores. + + + + +VII + + +Así es la Mancha. Al atravesarla no podía menos de acordarme de D. +Quijote, cuya lectura estaba fresca en mi imaginación. Durante +nuestras jornadas nos aburríamos bastante, menos cuando Santorcaz nos +contaba algún extraordinario suceso de los que en lejanos países había +presenciado. Una vez nos dejó con la boca abierta contándonos la +fiesta de la coronación de Bonaparte, con todos sus pelos y señales, y +otra vez nos puso los cabellos de punta refiriendo la más famosa +batalla de las muchas en que se había encontrado. Cuando lo contaba +íbamos caballeros en sendos machos que nos facilitaron por poco dinero +unos arrieros de Villarta, y no estoy seguro de si habíamos traspasado +ya el término de Puerto Lápiche o íbamos a entrar en él. Lo que sí +recuerdo es que por huir del calor emprendimos nuestra jornada mucho +antes de la salida del sol, y que la noche estaba brumosa, el cielo +encapotado y sombrío, la tierra húmeda a consecuencia del fuerte +temporal de agua que descargara el día anterior. + +Debo indicar el paisaje que teníamos delante, porque no menos que la +pintoresca relación de Santorcaz, contribuyó aquél a impresionar mis +sentidos. El camino seguía en línea recta ante nosotros; a la +izquierda elevábanse unos cerros cuyas suaves ondulaciones se perdían +en el horizonte formando dilatadas curvas; en el fondo y muy lejos se +alcanzaba a ver una colina más alta, en cuya falda parecían +distinguirse las casas de un pueblo; a la derecha el suelo se extendía +completamente llano, y en su inmensa costra la tarda corriente de un +arroyo y el agua de la lluvia formaban multitud de pequeños charcos, +cuyas superficies, iluminadas por la luna, ofrecían a la vista la +engañosa perspectiva de una gran ciénaga o pantano. He hablado de la +luna, y debo añadir que aquel astro, desfigurador de las cosas de la +tierra, prestaba imponente solemnidad al desnudo y solitario paisaje, +esclareciéndolo o dejándolo a obscuras alternativamente, según que +daban paso o no a sus pálidos rayos los boquetes, desgarrones y +acribilladuras de las nubes. + +Santorcaz, después de un rato de silencio y meditación, contuvo su +cabalgadura, paróse en mitad del camino, y contemplando con cierto +arrobamiento el horizonte lejano, las colinas de la izquierda y los +charcos de la derecha, habló así: + +--Estoy asombrado, porque nunca he visto dos cosas que tanto se +parezcan como este país a otro muy distante donde me encontraba hace +tres años a esta misma hora, en la madrugada del 2 de diciembre. ¿Es +mi imaginación la que me reproduce las formas de aquel célebre lugar, +o por arte milagroso nos encontramos en él? Gabriel, ¿no hay enfrente +y hacia la derecha unos grandes pantanos? ¿No se ven a la izquierda +unos cerros que terminan en lo alto con un pequeño bosque? ¿No se +eleva delante una colina en cuya falda blanquea un pueblecillo? Y +aquellas torres que distingo al otro lado de dicha colina, ¿no son las +del castillo de Austerlitz? + +Marijuán y yo nos reímos, diciéndole que se le quitaran de la cabeza +tales cosas, y que si bien lo de los charcos era cierto, por allí no +había ningún castillo de Terlin ni nada parecido. Pero él, poniendo +al paso la cabalgadura y mandándonos que le siguiéramos uno a cada +lado, continuó hablando así: + +--Muchachos, no puedo olvidar aquella célebre jornada, que llamamos de +los Tres Emperadores, y que es sin duda la más sangrienta, la más +gloriosa, la más hábil con que ha ilustrado su nombre el gran tirano, +ese hombre casi divino, a quien ahora puedo nombrar a boca llena, +porque no nos oyen más que el cielo y la tierra. Os contaré, +muchachos, para que sepáis lo que es el hacha de la guerra en manos de +ese leñador de Europa. Yo me hallaba en París sin recursos, después de +haber sido sucesivamente maestro de latín, pintor de muestras, corista +en Ventadour, espadachín, servidor de los emigrados de Coblentza, +postillón de diligencias, carbonero y cajista de imprenta, cuando +senté plaza en el ejército de Boulogne, destinado a dar un golpe de +mano contra Inglaterra... Cuando el Emperador nos trasladó de +improviso, sin revelar su pensamiento, al centro de Europa, estábamos +un tanto amoscados, porque las violentas marchas nos mortificaban +mucho, y como éramos unos zopencos, no comprendíamos los grandes +planes de nuestro jefe. Pero después de la capitulación de Ulm, nos +creíamos los primeros soldados del mundo, y al hablar de los prusianos +y de los rusos, nos reíamos de ellos, juzgándoles hasta indignos de +nuestras balas. Cuando pasamos el Inn, ya presumíamos que se +preparaban grandes cosas; al internarnos en la Moravia, después de la +acción de Hollabrünn, comprendimos que el ejército ruso-austriaco nos +iba a presentar batalla formal. Lo que no estaba reservado a nuestras +cabezas era el discurrir si tomaríamos la ofensiva o si operaríamos a +la defensiva. Pero la gran cabeza, aquella que tiene un mechón en la +frente y el rayo en el entrecejo, lo iba a decidir bien pronto. + +A este punto llegaba, cuando el camino por que marchábamos torció +hacia la derecha, describiendo una gran vuelta, de modo que formaba +ángulo recto con su primitiva dirección. Santorcaz, nuevamente +alucinado con aquello que parecía para él extraordinaria coincidencia, +prosiguió así: + +--¿Pero no es éste el camino de Olmutz? Gabriel, o esto es aquello +mismo, o se le parece como una gota a otra gota. Mira, ahora tenemos +enfrente los pantanos de Satzchan y a nuestra izquierda la colina de +Pratzen. Mira hacia allá. ¿No se oye ruido de tambores? ¿No se ven +algunas luces? Pues allí están los rusos y los austriacos. ¿Sabes cuál +es su intención? Pues quieren cortarnos el camino de Viena, para lo +cual tendrán que bajar de la colina de Pratzen y situarse entre +nuestra derecha y los pantanos. ¡Mira si son estúpidos! Eso +precisamente es lo que quiere el Emperador, y todo lo dispone de modo +que parezca que nos retiramos hacia Viena. Figúrate que aquí está +nuestro ejército, compuesto de setenta mil hombres, cuyo inmenso +frente ocupan todas las colinas de la izquierda, el camino y parte de +la llanura que hay a la derecha. El Emperador, después de llenarse las +narices de tabaco, sale a media noche a recorrer el campo y observar +los movimientos del enemigo. ¿Veis?; por allí va. ¿No se oyen las +pisadas de su caballo y los gritos de entusiasmo con que le saludan +los soldados? ¿No se ve el resplandor de las hogueras que encienden a +su paso? ¿Pero ustedes no ven todo esto? ¡Bah! Es ilusión mía; pero de +tal modo aviva mis recuerdos la similitud del paisaje, que me parece +ver y oír lo que estoy contando... Pero querréis saber cómo fué que +vencimos a los rusos y a los austriacos, y os lo voy a referir. Al +amanecer, ¡oh, chiquillos!, los rusos bajaban maquinalmente por +aquella alta colina de enfrente, con objeto de venir hacia nuestra +derecha para cortarnos el camino. No olvidéis que aquí delante tenemos +un arroyo que viene serpenteando de izquierda a derecha hasta perderse +en los pantanos. El Emperador manda que la derecha pase el arroyo, y +verificado esto, los rusos la atacan. El centro, mandado por Soult, y +la izquierda por Lannes, ansiaba entrar en fuego; pero el Emperador +contenía el ardor de aquellos generales, para aguardar a que los rusos +acabasen de cometer el desatino de bajar de las alturas de Pratzen +para meterse en la madre del arroyo de Golbasch. Os explicaré bien. +Allá, en lontananza y al pie de la loma, están las aldeas de Telnitz y +Sokolnitz... + +--Si aquí no hay tales aldeas, señor--interrumpió Marijuán, indócil a +la mixtificación. + +--Necio, ¿querrás callar?--continuó el francmasón--. Yo sé lo que me +digo, y es que todo el afán de Napoleón, después que vió bajar a los +rusos, consistía en tomar aquellas aldeas para apoderarse luego de la +loma que tenemos enfrente. ¿No le veis? Pues bien: los generales Soult +y Lannes partieron al galope para dirigir las operaciones del centro y +de la izquierda. Yo pertenecía al centro, y estaba en el 17.º de línea +y a las órdenes de Vandamme. Avanzamos hacia el arroyo: ¿veis?, fuimos +por aquí a toda prisa. + +-Si aquí no hay tal arroyo--dijo Marijuán, riendo--. Usted si que +tiene la cabeza llena de arroyos y aldeas, y derechas e izquierdas. + +--Llegamos a la aldea de Telnitz y allí comenzó el ataque--continuó +imperturbablemente Santorcaz--. En la loma quedaban todavía +veintisiete batallones de infantería rusa y austriaca, mandados en +persona por los dos Emperadores y por el General en Jefe ruso +Kutusof.¡Ah, muchachos, si hubierais visto aquello! Mirad hacia +enfrente, pues desde aquí se distingue muy bien la posición que +respectivamente teníamos: ellos encima, nosotros debajo... Al +principio nos acribillaban; pero Soult nos mandó subir a todo trance, +y subimos desafiando la lluvia de balas. Para ayudarnos, el general +Thiebault, de la división de Saint-Hilaire, refuerza nuestra derecha +con doce piezas de artillería, que, bien disparadas, hacen grandes +claros en las filas contrarias. Éstas tienen al fin que retroceder al +otro lado de la loma. ¿Veis aquel repecho que hay a la izquierda? Pues +allí fué el 17.º de línea. Piquemos nuestras cabalgaduras, y nos +hallaremos en el mismo sitio. Estúpidos, ¿no os entusiasmáis con estas +cosas? Mira, Gabriel, ya estamos subiendo: ésta es la loma que veíamos +desde lejos; este repecho que miráis a la izquierda es el repecho de +Estari-Winobradi, adonde el general Vandamme nos condujo. ¿Pero creéis +que era cosa de juego? El repecho estaba defendido por numerosas +tropas rusas y una formidable artillería. La cosa era peliaguda; pero +cuando los generales dicen «Adelante, siempre adelante», no es posible +resistir, y aunque del 17.º de línea no quedamos más que la tercera +parte para contarlo, ayudados por el 24.º de ligeros tomamos al fin el +repecho, apoderándonos de la artillería. Los rusos se desbandaron por +el otro lado de la loma, dirigiéndose hacia aquel caserío que a lo +lejos clarea, a la luz de la luna, y que no es otro que el castillo de +Austerliz. + +Marijuán reventaba de hilaridad. Yo a mi vez no pude menos de hacer +alguna observación al narrador, diciéndole: + +--Señor de Santorcaz, allá no se ve ningún castillo, como no sea que +se le antoje fortaleza la cabaña de algún pastor de ovejas, únicos +rusos que andan por estos lugares. + +--Tú si que no sabes lo que te dices--prosiguió Santorcaz, deteniendo +su macho en medio del camino--. Os seguiré contando. Mientras los del +centro hacíamos lo que habéis oído, allá por la izquierda, en esa +tierra llana que tenemos a este lado, la caballería cargaba +portentosamente al mando de Lannes y Murat. Francamente, rapaces, de +esto poco os puedo hablar, porque caí herido: por un buen rato se me +pusieron telarañas ante los ojos, y mis oídos no percibían sino un +vago zumbido. Pero ahí, hacia la derecha, se remataba a los rusos y +austriacos del modo más admirable. ¿No veis los pantanos de Satzchan? +A lo lejos brilla su engañosa superficie; están helados, y los rusos, +impelidos por Soult, se precipitan sobre ellos. En el acto, el +Emperador manda que la artillería de la Guardia dispare algunos +cañonazos sobre el hielo para que se hunda, y entre los desmenuzados +cristales caen al agua dos mil rusos con sus cañones, caballos, +pertrechos, armas, municiones y carros, precipitándose confusamente, +sin que sus compañeros les prestaran socorro, porque no pensaban más +que en huir, y huyendo se ahogaban, y quedándose morían barridos por +la metralla francesa. ¡Qué espantoso desastre para aquella pobre +gente, y qué gran victoria para nosotros! Estábamos locos de +entusiasmo. ¡Pero qué veo! Gabriel, y tú, Marijuán, ¿no os +entusiasmáis? Sois unos gaznápiros. Aquello fué prodigioso. Sólo +entramos en fuego cuarenta mil hombres, y merced a las hábiles +disposiciones del gran tirano, derrotamos a noventa mil aliados, +matándoles o ahogando quince mil, cogiendo veinte mil prisioneros y +ciento veinte cañones. ¿No había motivo para que nos volviéramos +locos con nuestro jefe? ¡Ah, muchachos, si hubierais estado allí +cuando recorrió el campo de batalla mandando recoger los heridos! Creo +que hasta los muertos se levantaban para gritar «¡Viva el Emperador!», +y cuando a la noche siguiente encendimos una gran hoguera en este +mismo sitio donde ahora estamos, y vino él a situarse allí enfrente +para recibir al Emperador de Austria, parecía un dios rodeado de +aureola de fuego y teniendo al alcance de su mano los rayos con que +destruía tronos y reyes, imperios y coronas. + +Marijuán y yo nos reíamos; pero pronto nos fué forzoso disimular +nuestra hilaridad, porque habiendo preguntado el joven aragonés con +mucha sorna que cuál fué la ventaja sacada de tal lucha, Santorcaz se +amoscó, y amenazando castigarnos si no nos entusiasmábamos como él, +nos dijo: + +--Mentecatos, podencos, ¿acaso la paz y Tratado de Presburgo es paja? +Prusia quedó aliada de Francia, perdiendo Austria el apoyo de su +hermana. Austria abandonó a Francia el Estado de Venecia y cedió el +Tirol a Baviera, reconociendo al mismo tiempo la soberanía de los +electores de Baviera, Wurtemberg y Baden, después de pagar a Francia +cuarenta millones de indemnización de guerra. Al mismo tiempo, pedazos +de alcornoque, por el Tratado de Schöenbrunn, Francia cedió a Prusia +el Hannover, Prusia a Baviera el marquesado de Anspach y a Francia el +principado de Neufchâtel y el ducado de Cleves. + +Marijuán y yo volvimos a mirarnos y nos volvimos a reír, lo cual, +advertido por Santorcaz, fué causa de que éste nos sacudiera un par de +latigazos que, a ser repetidos, nos habrían obligado a defendernos, +haciendo allí mismo un segundo Austerlitz. Más bien estábamos para +burlas que para veras, y Marijuán especialmente no dejaba pasar +coyuntura en que pudiera zaherir a nuestro compañero. Como acertáramos +a encontrar un rebaño de ovejas y cabras, dijo el aragonés: + +--Apartémonos aquí junto al charco para ver de derrotar a estos +austriacos y rusiacos, que vienen mandados por el tío Parranclof, +emperador del Zurrón y rey de los guarros, y subamos a la loma de la +Panza para quitarles la artillería y hacerles meter en el castillo. + +Yo en tanto, acordándome de D. Quijote, contemplaba el cielo, en cuyo +sombrío fondo las pardas y desgarradas nubes, tan pronto negras como +radiantes de luz, dibujaban mil figuras de colosal tamaño, con esa +expresión que, sin dejar de ser cercana a la caricatura, tiene no sé +qué sello de solemne y pavorosa grandeza. Fuera por efecto de lo que +acababa de oír, fuera simplemente que mi fantasía se hallase por sí +dispuesta a la alucinación, que siempre produce un bello espectáculo +en la solitaria y muda noche, lo cierto es que vi en aquellas +irregulares manchas del cielo veloces escuadrones que corrían de Norte +a Sur, y en su revuelta masa las cabezas de los caballos y sus +poderosos pechos, pasando unos delante de otros, ya negros, ya +blancos, como disputándose el mayor avance de la carrera. Las +recortaduras, varias hasta lo infinito, de las nubes hacían visajes de +distintas formas: vi colosales sombreros o morriones con plumas, +penachos, bandas, picos, testuces, colas, crines, garzotas; aquí y +allí se alzaban manos con sables y fusiles, banderas con águilas, +picas, lanzas, que corrían sin cesar; y al fin, en medio de toda esa +baraúnda, se me figuró que aquellas mil formas se deshacían, y que las +nubes se conglomeraban para formar un inmenso sombrero apuntado de dos +candiles, bajo el cual los difuminados resplandores de la luna como +que bosquejaban una cara redonda y hundida entre altas solapas, desde +las cuales se extendía un largo brazo negro, señalando con insistente +fijeza el horizonte. + +Yo contemplaba esto, preguntándome si la terrible imagen estaba +realmente ante mis ojos, o dentro de ellos, cuando Santorcaz exclamó +de improviso: + +--¡Miradle, miradle allí! ¿Le veis? ¡Estúpidos! ¡Y queréis luchar con +este rayo de la guerra, con este enviado de Dios que viene a +transformar a los pueblos! + +--¡Sí, allí lo veo!--exclamó Marijuán, riendo a carcajadas--. Es D. +Quijote de la Mancha que viene en su caballo, y tras él Sancho Panza +en burro. Déjenlo venir, que ahora le aguarda la gran paliza. + +Las nubes se movieron, y todo se tornó en caricatura. + + + + +VIII + + +El sol no tardó en salir, aclarando el país y haciendo ver que no +estábamos en Moravia, como vamos de Brunn a Olmutz, sino en la Mancha, +célebre tierra española. + +El pueblo donde paramos a eso de las ocho de la mañana era Villarta; y +dejando allí nuestros machos, tomamos unas galeras que en nueve horas +nos hicieron recorrer las cinco leguas que hay desde aquel pueblo a +Manzanares: ¡tal era la rapidez de los vehículos en aquellos felices +tiempos! Cuando entrábamos en esta villa al caer de la tarde, +distinguimos a lo lejos una gran polvareda, levantada al parecer por +la marcha de un ejército, y dejando los perezosos carros, entramos a +pie en el pueblo para llegar más pronto, y saber qué tropas eran +aquéllas y adónde iban. + +Allí supimos que eran las del general Ligier-Belair, que iba en +auxilio del destacamento de Santa Cruz de Mudela, sorprendido y +derrotado el día anterior por los habitantes de esta villa. En la de +Manzanares reinaba gran inquietud; y una vez que los franceses +desaparecieron, ocupábanse todos en armarse para acudir a socorrer a +los de Valdepeñas, punto donde se creía próximo un reñido combate. +Dormimos en Manzanares, y al siguiente día, no encontrando ni +cabalgaduras ni carro alguno, partimos a pie para la venta de la +Consolación, donde nos detuvimos a oír las estupendas nuevas que allí +se referían. + +Transitaban constantemente por el camino paisanos armados con +escopetas y garrotes, todos muy decididos, y según la muchedumbre de +gente que hacia Valdepeñas acudía, en Manzanares y en los pueblos +vecinos de Membrilla y la Solana no debían de quedar más que las +mujeres y los niños, porque hasta los inútiles viejos acudían a la +guerra. Por último, resolvimos asistir nosotros también al espectáculo +que se preparaba en la vecina villa, y poniéndonos en marcha, pronto +recorrimos las dos leguas de camino llano. Mucho antes de llegar +divisamos una gran columna de humo que el viento difundía en el cielo. +La villa de Valdepeñas ardía por los cuatro costados. + +Apretando el paso, oímos ya cerca del pueblo prolongado rumor de +voces, algunos tiros de fusil, pero no descargas de artillería. Bien +pronto nos fué imposible seguir por el arrecife, porque la retaguardia +francesa nos lo impedía, y siguiendo el ejemplo de los demás paisanos, +nos apartamos del camino, corriendo por entre viñas y sembrados, sin +poder acercarnos a la villa. En esto vimos que la caballería francesa +se retiraba del pueblo, ocupando el llano que hay a la izquierda, y al +mismo tiempo el incendio tomaba tales proporciones, que Valdepeñas +parecía un inmenso horno. Los gritos, los quejidos, las imprecaciones +que salían de aquel infierno llenaban de espanto el ánimo más +esforzado. + +Al punto comprendimos que el interior del pueblo se defendía +heroicamente y que el plan de los franceses consistía en apoderarse de +los extremos, incendiando todas las casas que no pudiera ocupar. De +vez en cuando, un estruendo espantoso indicaba que alguno de los +endebles edificios de adobes había venido al suelo, y el polvo se +confundía en los aires con el humo. Los escombros sofocaban +momentáneamente el fuego; pero éste surgía con más fuerza, cundiendo a +las casas inmediatas. Al fin pareció que todo iba a cesar, y, según +dijeron los que estaban cerca, habían salido del pueblo algunos +hombres a conferenciar con el General francés. Mucho tiempo debieron +de durar las conferencias, porque no vimos que éstos se retiraran ni +que concluyese el ruido y algazara en el interior; pero al cabo de +largo rato un movimiento general de la multitud nos indicó que algo +importante ocurría. En efecto; los franceses, replegando sus caballos +en la calzada, retrocedían hacia Manzanares. + +Cuando entramos en Valdepeñas, el espectáculo de la población era +horroroso. Parece increíble que los hombres tengan en sus manos +instrumentos capaces de destruir en pocas horas las obras de la +paciencia, de la laboriosidad, del interés, fuerzas acumuladas por el +brazo trabajador de los años y los siglos. La calle Real, la más +grande de aquella villa, y como si dijéramos la columna vertebral que +sirve a las otras de engaste y punto de partida, estaba materialmente +cubierta de jinetes franceses y de caballos. Aunque la mayor parte +eran cadáveres, había muchos gravemente heridos que pugnaban por +levantarse; pero clavándose de nuevo en las agudas puntas del suelo, +volvían a caer. Sabido es que bajo las arenas que artificiosamente +cubrían el pavimento de la vía, el suelo estaba erizado de clavos y +picos de hierro, de tal modo que la caballería iba tropezando y +cayendo conforme entraba para no levantarse más. + +A la calle se habían arrojado cuantos objetos mortíferos se creyeron +convenientes para hostilizar a los dragones, y aun después del combate +surcaban la arena turbios arroyos de agua hirviendo, que, mezclada con +la sangre, producía sofocante y horrible vapor. En algunas ventanas +vimos cadáveres que pendían con medio cuerpo fuera, apretando aún en +sus crispados dedos la hoz o el trabuco. En el interior de las casas +que no eran presa de las llamas, el espectáculo era más lastimoso, +porque no sólo los hombres, sino las mujeres y niños, aparecían +cosidos a bayonetazos en las cuevas, y si se trataba de entrar en +alguna casa, por dar auxilio a los heridos que lo habían menester, era +preciso salir a toda prisa, abandonándoles a su desgraciada suerte, +porque el fuego, no saciado con devorar la habitación cercana, +penetraba en aquélla con furia irresistible. + +En resumen: franceses y españoles se habían destrozado unos a otros +con implacable saña; pero al fin aquéllos creyeron prudente retirarse, +como lo hicieron, no parando hasta Madridejos. Cuando Santorcaz, +Marijuán y yo seguimos nuestra marcha para hacer noche en Santa Cruz +de Mudela, el espíritu de los valerosos paisanos de Valdepeñas no +había decaído, y tratando de reparar los estragos de aquella +sangrienta jornada, parecían capaces de repetirla al siguiente día. + +De lejos y al caer de la tarde distinguíamos la columna de humo +cubriendo el cielo de vagabundas y sombrías ráfagas, y el aragonés y +yo no pudimos menos de maldecir en voz alta y expresivamente al tirano +invasor de España. Contra lo que esperábamos, Santorcaz no nos +contestó una palabra, y seguía su camino profundamente pensativo. + + + + +IX + + +Al pasar la tierra, me reconocí completamente sano de mi anterior +enfermedad. La influencia sin duda de aquel hermoso país, el vivo sol, +el viaje, el ejercicio, equilibraron al punto las fuerzas de mi +cuerpo, y respiraba con desahogo, andaba con soltura, sin sentir +malestar alguno en mis heridas. Todo rastro de dolor o debilidad +desapareció, y me encontré más fuerte que nunca. Nada de particular +hallamos durante nuestro tránsito por las nuevas poblaciones, a no ser +la inquietud alarmante y los preparativos de defensa. En La Carolina y +en Santa Elena escaseaban mucho los hombres, porque la mayor parte +habían ido a incorporarse a la legión formada por D. Pedro Agustín de +Echevarri, partida cuya base fueron los valerosos contrabandistas del +país. Quedaba, no obstante, en los desfiladeros de Despeñaperros +bastante gente para detener todos o la mayor parte de los correos, y +en varios puntos, apostadas las mujeres o los chiquillos en lo +escabroso de aquellas angosturas, avisaban la proximidad del convoy +para que luego cayeran sobre él los hombres. También advertimos gran +abandono en los primeros campos de pan que se ofrecieron a nuestra +vista, y en algunos sitios las mujeres se ocupaban en segar a toda +prisa los trigos todavía lejos de sazón. Cerca de Guarromán vimos +grandes sementeras quemadas, señal de que había comenzado allí su +oficio la horrible tea del invasor. + +Hasta entonces no había ocurrido ninguna colisión sangrienta entre +imperiales y andaluces. Éstos, al ver que de improviso, por entre los +romeros y lentiscos de la sierra, desfilaban aquellos soldados de la +fábula, tan hermosos y al mismo tiempo tan justamente engreídos de su +valor, no volvieron de su asombro sino cuando los vieron desaparecer +camino de Córdoba, y sólo entonces, sintiendo requemadas sus mejillas +por generosa vergüenza, cayeron en la cuenta de que el suelo patrio no +debía ser hollado por extranjeras botas. Los franceses encontraron el +país tranquilo, y creyeron llegar felizmente a Cádiz; pero bajo las +herraduras de sus caballos iba naciendo la hierba de la insurrección. +Aquellos corceles no eran como el de Atila, que imprimía sello de +muerte a la tierra, sino que, por el contrario, sus pisadas, como un +toque de rebato, iban despertando a los hombres y convocándoles detrás +de sí. + +Llegamos por último a Bailén, y explicaré por qué nos detuvimos en +esta villa algunos días. Allí residía el ama de Marijuán, quien al +presentarse a ella nos rogó que le acompañásemos, y esta apreciable +señora, que era doña María Castro de Oro de Afán de Ribera, condesa de +Rumblar, nos recibió con tanto agasajo, nos ponderó de tal modo la +ruindad de las posadas y ventas de la villa, que no tuvimos por +conveniente hacernos de rogar y aceptamos la hospitalidad que se nos +ofrecía. La casa era grandísima y no faltaba hueco para nosotros, ni +tampoco excelente comida y bebida de lo más selecto de Montilla y +Aguilar. + +--A estas horas--nos dijo la Condesa--los franceses deben haber +empeñado una acción con el ejército de paisanos que dicen salió de +Córdoba para defender el paso del puente de Alcolea. Si ganan los +españoles, los franceses retrocederán hacia Andújar, y como han de +estar muy rabiosos, cometerán mil atrocidades en el camino. No +conviene que salgan ustedes de aquí, a no ser que tengan intención, +como mi hijo, de incorporarse al ejército que se está formando en +Utrera. + +No eran necesarias tantas razones para convencernos. Nos quedamos, +pues, en la ilustre casa; y ahora, señores míos, con todo reposo voy a +contaros puntualmente lo que recuerdo de aquella mansión y de sus +esclarecidos habitantes, destinados a figurar bastante en la historia +que voy refiriendo. + +El palacio de Rumblar era un caserón del siglo pasado, de feísimo +aspecto en su exterior, pero con todas las comodidades interiores que +alcanzaban los tiempos. Las altas paredes de ladrillo; las rejas +enmohecidas y rematadas en cruces; los dos escudos de piedra obscura +que ocupaban las enjutas de la puerta, cuyo marco apainelado y con +vuelta de cordel parecía remontarse a fecha más antigua que el resto +de la casa; las dos ventanas angreladas junto a un mirador moderno; el +farol sostenido por pesada armadura de hierro dulce, en cuyo centro se +retorcían algunas letras iniciales y una corona dibujadas con las +vueltas del lingote; las guarniciones jalbegadas alrededor de los +huecos; los pequeños vidrios, las celosías, y la diversidad y variedad +de aberturas practicadas en el muro, según las exigencias del +interior, le asemejaban a todas las antiguas mansiones de nuestros +grandes, bastante desprendidos siempre para gastar en la fábrica de +los conventos el gusto y el dinero que exigían las fachadas de sus +palacios. Por dentro resplandecía el blanco aseo de las casas de +Andalucía. Tenía gran sala baja, capilla, patio con flores, +habitaciones con zócalo de azulejos amarillos y verdes; puertas de +pino, lustradas y chapeadas; gran número de arcones, muchas obras de +talla, cuadros viejos y nuevos, algunas jaulas de pájaros, finísimas +esteras, y, sobre todo, una tranquilidad, un reposo y plácido silencio +que convidaban a residir largo tiempo en aquella mansión. + +Hablemos ahora de la familia de Afán de Ribera, o Perafán de Ribera, +que en esto no están acordes los cronistas. Ocupará el primer lugar en +esta enumeración reverente la señora Condesa viuda D.ª María Castro de +Oro de Afán, etc., aragonesa de nacimiento, la cual era de lo más +severo, venerando y solemne que ha existido en el mundo. Parecía mayor +de cincuenta años, y era alta, gruesa, arrogante, varonil, usaba para +leer sus libros devotos o las cuentas de la casa, unos grandes +espejuelos engastados en gruesa armazón de plata, y vestía +constantemente de negro, con traje que a las mil maravillas a su cara +y figura convenía. Aquélla y ésta eran de las que tienen el privilegio +de no ser nunca olvidadas, pues su curva nariz, sus cabellos +entrecanos, su barba echada hacia afuera, y la despejada y correcta +superficie de su hermosa frente, hacían de ella un tipo cual no he +visto otro. Era la imagen del respeto antiguo, conservada para educar +a las presentes generaciones. + +Tendrá el segundo lugar su hijo, joven de veinte años, niño aún por +sus hábitos, su lenguaje, sus juegos y su escasa ciencia. Era el único +varón, y, por tanto, el mayorazgo de aquella noble casa, cuyo origen, +como el del majestuoso Guadalquivir, se remontaba a las fragosidades +de la Sierra de Cazorla, donde los primeros Afán de Ribera hicieron no +sé qué hazañas durante la conquista de Jaén. El joven D. Diego +Hipólito Félix de Cantalicio había sido educado conforme a sus altos +destinos en el mundo, bajo la dirección de un ayo, de que después +hablaremos, y aunque era voluntarioso y propenso a sacudir el +cascarón de la niñez, arrastrando por el polvo de la travesura juvenil +el purpúreo manto de la primogenitura, su madre le tenía metido en un +puño, como suele decirse, y ejercía sobre él todos los rigores de su +carácter. Verdad es que el muchacho, con su instinto y buen ingenio, +había descubierto un medio habilísimo para atacar la severidad +materna; y era que cuando su ayo o la Condesa no le hacían el gusto en +alguna cosa, poníase los puños en los ojos, comenzaba a regar con +pueriles lágrimas los veinte años de su cuerpo, y exclamaba: «Señora +madre, yo me quiero meter fraile.» Estas palabras, esta resolución del +muchachuelo, que de ser llevada adelante troncharía implacablemente el +frondoso árbol mayorazguil, difundía el pánico por todos los ámbitos +de la casa. Procuraban todos aplacarle, y la madre decía: «No seas +loco, hijo mío. Vaya, puedes montarte a caballo en la viga del patio, +y te permito que le pongas al gato las cáscaras de nuez en sus cuatro +patitas.» + +A estos dos personajes seguirán forzosamente las dos hijas de la +Marquesa: dos pimpollos, dos flores de Andalucía, lindas, modestas, +pequeñas, frescas, sonrosadas, alegres, sin pretensiones, a pesar de +su nobleza, rezadoras de noche y cantadoras por la mañana; dos +avecillas que encantaban la vista con el aleteo de su inocente +frivolidad y de cierta ingenua coquetería, de ellas mismas ignorada. +Eran pequeñas como el resedá; pero como el resedá tenían la seducción +de un aroma que se anuncia desde lejos, pues al sentirles los pasos se +alegraba uno, y su proximidad era aspirada con delicia. Asunción y +Presentación eran dos angelitos con quienes se deseaba jugar para +verles reír, y para reírse uno mismo del grave gesto con que +enmascaraban sus lindas facciones cuando su madre les mandaba estar +serias. La de menor edad era destinada al claustro, y mientras +acariciaba D.ª María la grandiosa idea de ponerla en las Huelgas de +Burgos, se acordó que tomara las lecciones necesarias para ser +doctora, por lo cual el ayo de su hermano había empezado a enseñarle +la primera declinación latina, que aprendió en un periquete, +encontrando aquello muy bonito. La primera, esto es, Asunción, no +tenía necesidad de aprender nada, porque era destinada al matrimonio. + +Y, por último, no quiero dejar en la obscuridad al ayo del joven D. +Diego. Llamábanle comúnmente D. Paco, y era un varón de gran sencillez +y moderación en sus costumbres, aunque algo pedante. Estaba él +convencido de que sabía latín, y citaba a veces los autores más +célebres, aplicándoles lo que estos desgraciados no pensaron nunca en +decir. ¡A tales imputaciones calumniosas está expuesta la celebridad! +También se preciaba D. Paco de enseñar a sus discípulos acertadamente +la historia antigua y moderna, aunque sabemos por documentos de +autenticidad incontestable, que en sus explicaciones nunca pasó más +acá del arca de Noé. Era, sí, muy fuerte en la vida de Alejandro el +Grande, y podemos asegurar que poseía en altísimo grado un arte que no +a todos los mortales es dado cultivar con regular acierto. Don Paco +era un gran pendolista, que pudiera competir con esos colosos de la +Caligrafía: Torío el Sublime y Palomares el Divino, y hasta con el +moderno Iturzaeta; habilidad que en parte había transmitido a su +discípulo, pues las planas del heredero de Rumblar llenaban de admiración +al señor Obispo de Guadix cuando iba a pasar unos días en la casa. +Además, D. Paco era un hombre excelente, y temblaba de miedo delante de +la Condesa cuando ésta le achacaba las faltas del niño. Vestía de negro, +siempre en traje ceremonioso, aunque no nuevo, usando asimismo peluca +blanca, rematada en descomunal bolsa. A los forasteros huéspedes nos +trataba con mucha dulzura; porque «la hospitalidad--decía--fué don +particular de los pueblos antiguos, y debe ser practicada por los +presentes para enseñanza de los venideros». + + + + +X + + +El patrimonio de aquella casa era bueno, aunque muy inferior al de +otras familias de Andalucía y de Castilla; pero contaba la Condesa con +que sería de los primeros de España luego que su hijo heredara el +mayorazgo de unos parientes por línea colateral, que carecían de +sucesión directa. Para facilitar esto, D.ª María concibió un proyecto +gigantesco, del cual dependía, como el lector verá, la perpetuidad de +aquella casa y solar ilustre por el largo discurso de los siglos; +trató de casar a su hijo con una hembra de la familia de aquellos sus +parientes, a la sazón poseedores del mayorazgo, y residentes en +Córdoba, aunque su habitual morada era Madrid. No era obstáculo para +esto la niñez, más bien moral que física, de D. Diego, pues siendo +entonces costumbre emparentar lo más pronto posible a los mayorazgos, +los casaban fresquitos y antes que tuvieran tiempo de asomar las +narices por las rendijas de la puerta del mundo, donde, al decir de D. +Paco, no había sino perdición y desvanecimiento para la juventud, +porque las dulzuras de la copa de los placeres duraban breves +instantes, mientras que sus amargas heces trascendían por luengos +años. + +Pero alguien hubo de producir trastorno en los planes sabiamente +trazados por D.ª María y sus ilustres primas; desconcertólos Napoleón, +Emperador de los franceses, al poner sus ojos en esta joya del +continente y al invadirla. La guerra, aquella santa guerra de que no +nos muestra otro ejemplo la Historia en tiempos cercanos, obligó a +suspender este como otros proyectos, y D.ª María, aragonesa y muy +patriota, hubo de llamar a D. Diego, y desde lo alto de su sitial le +aterró con estas palabras, confiadas después a mi discreción por D. +Paco: + +--Hijo mío, mucho te quiero. Tu muerte no sólo nos mataría de pena, +sino que aniquilaría nuestra casa y linaje. Eres mi único varón, eres +el alma de esta casa, y, sin embargo, es preciso que vayas a la +guerra. Sangre valerosa corre por tus venas, y estoy bien segura de +que a pesar de tus pocos años dejarás en buen lugar el nombre que +llevas. Todos los jóvenes se deben a su rey y a su patria en estos +terribles días en que un miserable extranjero se atreve a conquistar a +España. Hijo mío, mucho te amo; pero prefiero verte muerto en los +campos de batalla y pisoteado por los caballos franceses a que se diga +que el hijo del conde de Rumblar no disparó un tiro en defensa de su +patria. Los hijos de todas las familias nobles de Andalucía se han +alistado ya en el ejército de Castaños; tú irás también, con una +escolta de criados, que armaré y mantendré a mis expensas mientras +dure la guerra. + +Al decir esto, la marmórea cara de D.ª María no se inmutó; pero +Asunción y Presentación lloraron a moco y baba. El joven palpitó de +entusiasmo al tomar parte en un juego que no conocía, y que, visto de +lejos, es muy bonito. + +Nosotros llegamos precisamente cuando se estaban haciendo los +preparativos y el equipo de guerra del mayorazgo. Todos trabajaban en +aquella casa, y no eran las menos atareadas las hermanitas del Sr. +Conde, porque a más de la delicadísima ropa blanca que con sus propias +manos y bajo la inspección de su madre aparejaron, poniéndola con +mucho orden en las gruperas, se ocupaban a toda prisa en arreglar unos +muy lindos escapularios, no sólo para él, sino para todos los de la +comitiva. + +No sé qué aquellos preparativos tenían de semejante con los que se +hacen para mandar a un chico al colegio; verdad es que nada hay tan +instructivo y despabilador como un campamento, y por eso decía D. Paco +que la guerra es maestra del ingenio y domeñadora de las +impetuosidades juveniles. + +Marijuán fué destinado a acompañar al señorito. Con él y otros criados +formóse una legioncilla de cinco hombres; mas sabedora doña María de +que otros jóvenes de familias ricas de Baeza, Bujalance y Andújar +habían llevado hasta diez, mandó que se aumentara aquel número, +fijándose al instante en Santorcaz y en mí. Se nos ofrecía una peseta +diaria, además de lo que cayera si volvíamos con vida y salud. Mi +compañero y yo nos miramos, consultando con elocuente silencio el +aspecto de nuestras respectivas fachas. Hallábamonos ambos muy +derrotados; y con aquella escrutadora penetración que da la carencia +de posibles, cada cual conoció la escualidez y vanidad de la bolsa del +otro. Santorcaz opinó que yo debía aceptar el enganche, y yo fuí del +mismo dictamen respecto a mi amigo; D.ª María ofreció equiparnos, +mudando nuestras ropas por otras nuevas y mejores, y además +comprometíase a mantener por algún tiempo a los que ya comenzaban a +tener dudas acerca del pan que comerían al llegar a Córdoba. No +vacilamos, y henos convertidos en soldados de caballería, prontos a +incorporarnos al reducido, pero brillante ejército de San Roque. +Comprendí que aquél era mi destino, y que para el fin que a Córdoba me +llevaba, más me convenía penetrar en esta ciudad como soldado obscuro +que como desalmado y andrajoso vagabundo. Santorcaz se decidió después +de meditarlo mucho, dando paseos en la habitación donde se nos había +albergado. Una vez resuelto a ello, pareció muy alegre y le oí +pronunciar algunas palabras que me demostraron la agitación de su alma +por causas para mí desconocidas entonces. Luego expuso a D.ª María que +no partiría de Bailén hasta no recibir unas cartas que esperaba de +Córdoba y de Madrid, relativas a sus intereses, a lo cual accedió la +señora, diciéndole que permaneciese en la casa hasta cuando quisiera, +con la condición de incorporarse después a la escolta de D. Diego si +ésta salía antes. + +No tardó mucho el día de la partida. El joven mayorazgo estaba vestido +del modo siguiente: una ancha faja de seda color de amaranto le ceñía +el cuerpo; sus calzones de ante se ataban bajo la rodilla, y sobre las +medias de seda llevaba gruesas botas de cordobán con espuelas de +plata. El marsellés de paño pardo fino con adornos rojos y azules daba +singular elegancia a su cuerpo, así como el ladeado sombrero +portugués, con moña de felpa negra y cordón de oro. Guarnecía su +cintura sobre el fajín lo que llamaban charpa, y era un ancho cinturón +de cuero con diversos compartimientos ocupados por dos pistolas, un +puñal y un cuchillo de monte, de modo que llevaba el niño en los lomos +un completo arsenal, propio para hacer frente a todas las +circunstancias imaginables. + +Ocupábanse la madre y las hijas en arreglar los últimos pormenores +del vestido, ésta cosiendo el postrer botón, aquélla poniendo un +alfiler a la cinta del sombrero, la otra calzando la espuela al mozo, +cuando D.ª María dijo con la viveza propia del que recuerda de +improviso la cosa mas importante: + +--Falta lo principal: falta la espada. + +Al punto las miradas de todos fijáronse con cierto respeto en un +venerable armario de añejo roble que en el testero principal de la +habitación desde largos años existía. Acercóse a él la Sra. Condesa, y +abriéndolo, sacó una espada larguísima, con su vaina y tahalí, las +tres piezas muy marcadas con el sello de honrosa antigüedad. +Desenvainó el acero la propia D.ª María con gesto majestuoso, aunque +sin ninguna afectación de brío varonil, y luego que lo hubo +contemplado un instante, volvió a meterlo en la vaina, entregándolo +después a su hijo. Era una hermosa hoja toledana de cuatro mesas y de +una vara y seis pulgadas de largo. En la cazoleta o taza cabía +holgadamente un azumbre, y sus gavilanes nielados de oro, lo mismo que +el arriaz, daban aspecto artístico y lujoso a la empuñadura. Tenía en +las dos fachadas del puño el escudo de los Rumblares, y en el pomo una +cabeza con la empresa del armero toledado Sebastián Hernández. En la +hoja, algo roñosa, se podía deletrear, aunque con trabajo, la +inscripción grabada en uno de sus lados: _Pro Fide et Patria, Pro +Christo et Patria, Pro Aris et Focis, Inter Arma silent Leges_. + +Colgóse al cinto esta poderosa ilustre tizona el joven D. Diego, para +cuyas manos era peso exorbitante; mas él, orgulloso de llevarlo, hizo +un gesto poco favorable a los propósitos del invasor de España, y se +preparó a salir. Prorrumpieron en copioso llanto Asunción y +Presentación, lo cual dió al traste con la forzada entereza del +Condesito, destinado a ser el terror de la Francia, y pasando de los +pucheros a los hipidos, y de los hipidos a una violenta explosión de +lágrimas, atronó la casa por espacio de un cuarto de hora. Ni por esas +perdió D.ª María su serenidad, hablando a su hijo de asuntos extraños +a la guerra. + +--Lo primero que has de hacer cuando llegues a Córdoba es visitar a +mis primas y entregarles estas cartas. Mira, aquí van las señas de su +palacio. Harto sentimos que no pueda celebrarse la boda concertada; +pero Dios lo quiere así, y la patria es lo primero. Algún día será. Di +a esas señoras que si vuelven pronto a Madrid, no les perdono que +pasen sin detenerse algunos días en ésta su casa. + +Luego, tomando distinto tono, habló así: + +--_Hijo mío, cuidado con lo que haces. Observa la mejor conducta: mira +que vas a combatir al enemigo y a defender la Religión, la Patria, el +Estado y el Rey. Si cobarde vuelves la espalda, no vuelvas jamás a mi +casa, ni te acuerdes nunca de tu madre, ni cuentes ya con su tierno +cariño... Su indignación, su aborrecimiento eterno: he aquí la +recompensa que te aguarda_. + +He subrayado estas palabras porque son puntualmente históricas: +constan en papeles impresos de aquel tiempo, que puedo mostrar al que +verlos desee. La mujer que los pronunciara (pues no fué D.ª María, y +el atribuirlo a ésta es de mi exclusiva responsabilidad) añadió lo +siguiente, dirigiéndose a otras madres que despedían a sus hijos en +las puertas del pueblo: + +--_Compañeras, si en las batallas llegan a morir todos los hombres, +triunfaremos nosotras_.[1] + +Salimos de la casa, tomando cada cual la cabalgadura que se le había +destinado, juntamente con un sable y dos pistolas. El bagaje se +repartió entre todos. Un criado antiguo se había encargado del dinero, +otro llevaba las ropas del señorito; Marijuán llenaba sus alforjas con +abundantes provisiones, y en mi grupera pusimos varios encargos y las +cartas que D. Diego debía entregar en Córdoba. Cuando yo las acomodaba +en mi equipaje, pude ver de soslayo los sobres, y me quedé frío de +sorpresa y casi diré de terror: leí los nombres de Amaranta, de la +Marquesa su tía y del señor diplomático. + +Santorcaz, que aún no había recibido lo que aguardaba, se quedó, +prometiendo juntarse con nosotros al día siguiente o a los dos días. +Yo lo vi muy pensativo y tétrico, las manos a la espalda, paseando por +el portal de la casa cuando salíamos de ella. Hasta fuera de la villa +fué en nuestra compañía D. Paco, el cual recordaba a su discípulo las +máximas de Alejandro sobre la guerra, recomendándole una y otra vez +que las pusiera en práctica al pelear contra los franceses, y que +cuidase de sostener siempre el orden oblicuo, disponiendo una segunda +línea para asegurar las espaldas y los flancos, «porque a +esto--decía--debió el gran Macedonio que siempre quedaran victoriosas +sus difalangarquías y tetrafalangarquías». + +Con tan sabía máxima, que el heredero de Rumblar juró cumplir al pie +de la letra, despidióse D. Paco, y seguimos nuestra marcha muy +contentos. No tomamos el camino real desde Bailén a Córdoba por no +tropezar con la retaguardia del general Dupont, o con los muchos +destacamentos que había dejado en todos los pueblos, y en vez de las +diez y ocho leguas y media de que consta aquella vía, tuvimos que +andar unas veinticuatro, pues en nuestro rodeo fuimos a Menjíbar; +desde allí, por Torre Jimeno, siguiendo un detestable camino de +herradura, pasamos a Martos, y de Martos, por Alcaudete y Baena, +fuimos a buscar en Castro del Río la margen derecha del Guadajoz, que +nos condujo a las inmediaciones da Córdoba. + +Al salir de Bailén supimos la derrota de los paisanos y soldados de +regimientos provinciales en el puente de Alcolea, y en Alcaudete nos +dieron otra terrible noticia, referente a la entrada de los franceses +en Córdoba y al saqueo de aquella hermosa ciudad. Esto y el encuentro +de algunos dispersos de la partida de Echevarri nos inclinó a tomar el +camino de Écija; pero el día 16 supimos que los franceses habían +evacuado a Córdoba; y adoptando nuestro primitivo itinerario, +divisamos en la mañana del 18 un inmenso caserío blanco, que destacaba +sobre el verde azul de la lejana sierra infinidad de torres, +minaretes, espadañas y cimborrios. + + +#Nota a pie de página:# + +[1] Esto pasó en Mérida en 23 de junio. + + + + +XI + + +Córdoba, la ciudad de Abdherranmán; la Meca de Occidente, la que fué +maestra del género humano, la vieja andaluza, que aún se engalana con +algunos restos de su antigua grandeza; todavía hermosa, a pesar de los +siglos guerreros que han pasado por ella; ya sin Zahara, sin +academias, sin pensiles, sin aquellas doscientas mil casas de que +hablan los cronistas árabes; sin califa, sin sabios, pero orgullosa +aún de su mezquita-catedral, la de las ochocientas columnas; triste y +religiosa, habiendo substituído el bullicio de sus bazares con el +culto de sus sesenta iglesias y sus cuarenta conventos; siempre +poética y no menos rica en la decadencia cristiana que en el apogeo +musulmán; ciudad que hasta en los más pequeños accidentes lleva el +sello de los siglos; tortuosa, arrugada, defendiéndose de la luz como +si quisiera ocultar su vejez; escondida en sus interiores, donde +guarda innumerables maravillas, y siempre asustada al paso del +transeúnte; protectora de los enamorados, para quienes ha hecho sus +mil rejas y ha obscurecido sus calles; devota y coqueta a la vez, +porque cubre con sus joyas las imágenes sagradas, y se engalana y +perfuma aún con los jazmines de sus patios... Tal era la ciudad que +había estado entregada por tres días a la brutal codicia de los +soldados de Dupont. Este desgraciado caudillo, que desde entonces +comenzó a sentir la indecisión y el aturdimiento que le acompañaron +hasta capitular, temeroso de ser sorprendido allí por las tropas de +Castaños, se retiró el 16 de junio, dirigiéndose a Andújar, desde +donde pidió refuerzos a Madrid. + +El 18 entramos nosotros en la ciudad saqueada, aún llena de mortal +espanto. Aún no había sido lavada la sangre que manchaba sus calles, +ni sabían exactamente los cordobeses a ciencia cierta el dinero y +cantidad de alhajas que les habían robado. Antes que en contar lo que +les quedaba pensaron en armarse, y si antes habían ido a la lucha los +campesinos, siguiendo a los regimientos provinciales y las milicias +urbanas, después del saqueo todas las clases de la sociedad se +apercibieron para lo que más que la guerra era un ciego plan de +exterminio, pues no se decía _vamos a la guerra_, sino a _matar +franceses_. + +Desde que entré en la desgraciada ciudad, a la emoción producida por +el espectáculo del reciente desastre se agregaba la que yo sentía por +asuntos de mi propia cuenta, y por la supuesta proximidad a quien era +el faro de mi vida. Así es que luego que el Conde y los de la comitiva +nos arreglamos en una de las mejores posadas, salí con objeto de +buscar la casa de la Sra. Amaranta y de su tía, lo cual érame +sumamente fácil, por haber visto los sobrescritos de las cartas que +traíamos para aquellas personas. Las doce serían cuando llegué a la +calle de la Espartería, donde era la residencia de la tía de Amaranta. +En lo sucesivo, y para evitar confusiones, ya que no puedo nombrarla +con su verdadero nombre, usaré el título convencional de marquesa de +Leiva. + +Cuando di los primeros aldabonazos en la puerta, parecíame que +golpeaba en mi propio corazón. ¿Estaría allí Inés? ¿Estaría allí, ya +olvidada de que antes existiera en el mundo un chico llamado Gabriel, +arcabuceado por los franceses? Y si estaba y de improviso me veía, ¿no +era posible que se me presentara deslumbrada por los esplendores de su +nueva posición, y que a la palidez de la primera sorpresa sucediera en +su rostro el rubor de haberme amado? ¿Se acercaba el momento de que yo +cayese de la inconmensurable altura de mi fatuidad amorosa, +encontrando una sonrisa de desdén y la mano de un criado que me +pusiera en la calle? ¿Por ventura el trance que me esperaba era +hermano gemelo de aquella otra gran caída ocurrida en El Escorial, +cuando por el favor de Amaranta soñaba con los primeros puestos de la +nación? ¿Bajaría mi alma desde príncipe a lacayo, como poco antes bajó +mi ambición? + +Abrióme la puerta un criado conocido, a quien rogué me llevase a +presencia de mi antigua ama la Sra. Condesa. Mientras atravesábamos el +patio, buscaba afanosamente algún objeto que me indicase la proximidad +de Inés. Como olfatea el perro el rastro de su amo, así aspiraba yo +las emanaciones de la casa buscando el aire que había sido aliento de +aquella naturaleza querida. No oí su voz, ni sentí sus pasos, ni ví +cosa alguna que tuviera las huellas de su mano. A mí se me antojaba +que en cualquier objeto podía notar un sello especial que indicara +pertenecerle. Pero en nada de lo que vieron mis ojos encontré la +huella indefinible que debía tener todo aquello en que Inés pusiera +los suyos. Esto se comprende y no se explica. El corazón es el único +adivino, y el mío me dijo que Inés no estaba allí. + +El patio era fresco y risueño, como todos los de las buenas casas de +Andalucía. Entre los jazmines reales, que abrazándose a una columna +ostentaban sus mil florecillas llenas del perfume más grato a los +enamorados; entre los naranjos de la China, graciosas miniaturas del +naranjo común; entre los rosales de la tierra y esos claveles +indígenas, cuya imperial hermosura no ha logrado eclipsar ninguna de +las elegantes flores modernas; entre los tiestos de reseda, de +mejorana, de albahaca y de sándalo, saltaban los chorros de una fuente +habladora, con cuyo monólogo se concertaba el canto de algunos pájaros +prisioneros en doradas jaulas. El pavimento era de mármol y los +zócalos de azulejos; sobre éstos, y cubriendo gran parte de la pared, +había cuadros al óleo de aquella escuela andaluza que ha llevado a los +lienzos el tono caliente de la tierra, la esplendidez de la inflamada +atmósfera y la agraciada melancolía de los semblantes. + +Afortunadamente para mí, Amaranta se dignó recibirme. Estaba en una +sala baja, fresca y obscura, y cuando yo entré se ocupaba en armar +unas flores de altar. ¿Se había entregado a la devoción? Vestía +completamente de blanco, y a la exigencia de la moda se unía el rigor +de la estación para que aquel ligero traje fuera nada más que lo +absolutamente necesario para cubrir su hermoso cuerpo. Entonces, entre +las miradas de fuera y el pudor interno no se ponía tan gran baluarte +de telas como se pone hoy. + +Abrumadoramente hermosa estaba, y sus ojos negros, que eran, como otra +vez he dicho, los primeros ojos del mundo, es decir, los Bonapartes de +la mirada humana, conquistaban al punto todo aquello a que dirigían su +pupila. Sentí en su presencia mucha cortedad, gran turbación; sentíme +sin ideas y sin palabra. + +--¿Qué vienes a buscar aquí?--me dijo. + +--Señora, he venido a Córdoba para afiliarme en el ejército del +general Castaños, y sabiendo que Su Excelencia y apreciable familia +estaban en esta población, he querido visitar a mi antigua y querida +ama. + +--Eres tan hipócrita como intrigantuelo y trapisondista--repuso entre +severa y amable. + +--¿Conque me tienes ley? ¿Por qué te portaste tan mal +conmigo? + +--Señora--exclamé, haciendo aspavientos de respeto--. ¡Yo portarme +mal! ¡Si no podré olvidar nunca lo bien que estaba al servicio de Su +Excelencia! + +--¿Quieres ser otra vez mi criado?--me preguntó. + +Esta proposición cayó sobre mí como un rayo. Pensé en Inés, en el +repentino engrandecimiento de la que había juzgado compañera de mi +existencia, y al considerarme criado de aquella casa, temblé de +indignación. + +--No, señora, no quiero servir más. Soy soldado--repuse--. Sin +embargo, estoy a las órdenes de Vuecencia para lo que guste mandarme. + +--¿Conque soldado? ¿Y vas a la guerra? Dentro de un mes serás +general--dijo con punzante ironía. + +--No aspiro a tanto. Quiero servir a mi país y nada más. Con tal de +que mañana pueda decir: «Contribuí a echar de España a la canalla», +quedaré satisfecho. + +--¿Y crees que España podrá echar fuera a la canalla? ¡Ah!, yo no +participo de la ilusión de esta buena gente. ¿Qué pasó el día 9 en el +puente de Alcolea? Aquellos pobres paisanos a quienes no se puede +negar el valor, huyeron ante las tropas disciplinadas del general +Dupont. En Córdoba tampoco se les opuso resistencia, y ¡qué horror, +Dios mío! ¡Qué tres días de angustia! Todos creíamos que los franceses +entrarían con bandera de paz, porque la gente de Echevarri abandonó la +ciudad, y los de aquí no trataban de hacer resistencia. Llegaron los +franceses a la Puerta Nueva, y mientras las autoridades hablaban con +ellos para darles entrada, de una casa cercana salieron algunos tiros. +Furiosos los enemigos, después de derribar a cañonazos la puerta, +desparramáronse por las calles de Córdoba, asesinando a cuantos se +encontraban al paso y metiéndose en las casas para coger cuanto había. +No puedes figurarte lo que era aquello. Mudos de espanto y ansiedad +estábamos todos aquí, atento el oído a los rumores de la calle, cuando +sentimos que las puertas caían a golpes, y penetraba aquella +soldadesca bestial, diciendo que se les entregasen todos los objetos +de valor. El miedo nos impidió andar en contestaciones con ellos, y al +punto les dimos alhajas, dinero, plata de mesa y cuanto había, +deseando que se lo llevasen todo de una vez para no escuchar sus +insultos. Mas luego bajaron a la bodega, sedientos de vino; no +contentos con echar fuera las cubas pequeñas, bebían en las llaves de +las pipas grandes, y dejándolas luego abiertas, corría el Montilla de +setenta y cinco años, inundando las cuevas. Uno de aquellos salvajes +pereció ahogado en vino. Pero al fin se fueron de casa sin cometer +atrocidades de otra clase y nos vimos libres de semejante chusma. En +otras partes los horrores no pueden contarse. Robaron todo el dinero +de la Administración, toda la plata de los conventos, los vasos +sagrados, los cálices, las custodias, las alhajas de las imágenes; +penetraron también en los conventos de frailes, muchos de los cuales +murieron asesinados; convirtieron en lupanar la iglesia de Fuensanta, +y por tres días Córdoba no fué una ciudad, fué un infierno, porque +todos los demonios, todas las maldades, sacrilegios y abominaciones +cayeron sobre ella. Por las calles se les encontraba borrachos, llenos +de inmundicia y revolcándose en el lodo, engullendo vorazmente la +comida que sacaban a viva fuerza de las casas. Los generales +franceses, avergonzados de tanta bajeza, querían someterlos a palos; +pero fué preciso emplear mucho rigor, y algunos hubieron de ser +fusilados para que entraran en razón los demás. Por último, saliendo +de Córdoba para Andújar, esos cafres nos han dejado en paz por algún +tiempo. ¡Qué espantoso estado el de España! Y lo peor es que +sucumbirá. ¡Qué días terribles nos aguardan! Quisiera yo tener las +ilusiones de esta gente, y creer, que como ellos creen, que con unas +cuantas batallas ganadas por nosotros..., y por cierto que no sé cómo +será eso de ganar batallas, sin ejército, ni generales, ni dinero, ni +nada..., que con unas cuantas batallas se va a concluir todo +felizmente. Hay quien sueña con ir a Francia, después de echar a los +franceses, y traerse a Napoleón con un grillete al pie. ¡Dios quiera +que no perezcamos todos! ¡Dios nos dé valor para resistir la tormenta +que se nos viene encima!... Aquí vivimos sin saber a qué santo +encomendarnos. Casi no nos tratamos con nadie, y si tememos que +Francia nos tome por exaltadas patriotas, más nos duele que los +vecinos nos crean afrancesadas. Quisiéramos estar bien con todos y que +ni unos ni otros nos molestaran... Pero qué sé yo...; creo +difícil... ¿Y en Madrid qué tal se vive? + +--¿Piensa Usía volver a la Corte? + +--¡Oh!, sí... Pensamos marcharnos pronto, porque nos llama un asunto +en que está interesada toda la familia. A ser por mí, ya estaríamos +allá. No puedo vivir en Córdoba, y menos en el estado actual de la +guerra. Esto no es vivir. Si en Madrid no hubiese tranquilidad, nos +iríamos a Bayona con toda la familia. + +--¿Y ninguna de las personas de esta casa fué maltratada por la +soldadesca francesa?--pregunté, deseando saber qué personas había en +la casa. + +--Ninguna; sólo mi tío el Marqués tuvo una contusión en la cabeza; +pero recibióla al esconderse debajo de una cama, y lo hizo con tanto +ímpetu, que se dió un golpe muy fuerte contra el suelo. Un amigo de +casa, que nos visita todos los días, D. José María de Malespina, +también recibió un ligero rasguño en la mano derecha al ocultarse +detrás de un armario. + +--¿Y las señoras? Oí decir que una sobrinita de la Sra. Marquesa... o +sobrinita de Su Excelencia, no estoy bien seguro, había venido de +Madrid con objeto de acompañarlas. + +--No--contestó Amaranta, mirando al suelo. + +--Pues entonces lo confundo yo con otra cosa. Paréceme que en Madrid +lo oí decir al señor licenciado Lobo, aquel famoso escribano...; pero +no, seguramente se equivocó. + +--¿Conoces tú al Sr. de Lobo?--me preguntó con inquietud. + +--Ya lo creo; somos muy amigos. Le conocí cuando yo servía en casa de +D. Mauro Requejo..., y por cierto que el señor licenciado y yo tuvimos +una cuestión con motivo de cierta jovencita..., una infeliz, señora, +una desgraciada chiquilla, huérfana de padre y madre. + +--A ver, cuéntame eso. + +--Pues los Sres. de Requejo, que eran dos puerco-espines martirizaban +a la damisela. Yo tenía lástima de ella y quise sacarla de allí..., +pero me fusilaron los franceses. + +--¡Te fusilaron! + +--Sí, señora, y el Sr. de Lobo...; pues..., lo cierto fué que la niña +desapareció. + +--Ya... Cuéntamelo todo. + +Con el mayor afán, con el interés más grande que durante mi vida he +sentido por cosa alguna, empezaba yo a contar a la Condesa lo que +sabía, cuando la entrada de dos personas me interrumpió. + +Eran el diplomático y D. José María de Malespina, aquél por tantos +títulos famoso, aunque retirado, coronel de Artillería, de quien hablé +cuando lo de Trafalgar. El primero me reconoció y tuvo la bondad de +dirigirme algunas bromas. + + + + +XII + + +--Sobrina--dijo el Marqués--, pronto tendremos aquí las tropas de +Castaños. ¿Sabes lo que ahora le decía al Sr. de Malespina? Pues le +decía que si la Junta de Sevilla me comisionara para entrar en +negociaciones con los franceses, tal vez lograría poner fin a esta +desastrosa guerra. + +--¿Qué negociaciones ni qué ocho cuartos?--dijo con desprecio +Malespina--. ¡Oh! ¡Si la Junta de Sevilla siguiera el plan que imaginé +estos días. Mientras no demos a la artillería el lugar que le +corresponde no es posible alcanzar ventaja alguna. Mis recientes +estudios sobre cyclodiatomía y capóltica me han hecho descubrir +importantes principios que ahora debieran llevarse a la práctica. + +--Reniego de la ciencia que inventa medios de destrucción--declaró con +gesto elocuente el Marqués--. Por las vías diplomáticas pudieran las +naciones resolver todas sus querellas. ¡La guerra! ¿De qué sirve la +guerra? ¿Vale la pena de que perezcan miles de seres humanos por una +cuestión que podría arreglarse con un pedazo de papel y una pluma +mojada en tinta, puesta en manos de alguna persona que yo me sé? + +--Hombre de Dios, sin la guerra, ¿qué sería del mundo? Y sobre todo, +¿qué sería del mundo sin la artillería? Montecúculi dice que las +batallas «dan y quitan las coronas, concluyen las guerras e +inmortalizan al vencedor». + +--¡Sangre y luto y desolación! Pero no disputemos sobre el volcán, +amigo. La guerra es un mal, y existe hoy entre nosotros. Lo que +conviene es buscar alianzas en Europa. Por eso, desde que llegué a +Andalucía, sugerí a la Junta Suprema la idea de pedir auxilio a +Inglaterra. ¡Magnífico pensamiento, que ni a Saavedra ni al P. Gil se +les había ocurrido. + +--¡Y usted se atribuye la invención!--dijo con sorna Malespina--. +Pero, hombre de Dios, si los asturianos fueron los primeros que en tal +cosa pensaron, y desde el 30 de mayo salieron de Gijón mis +queridísimos amigos D. Andrés Ángel de la Vega y el vizconde de +Matarrosa, hijo del conde de Toreno... ¡Bah, bah!... Estos +diplomáticos han perdido la chaveta. Nada, amigo mío: yo le dije al P. +Gil que cuidara de aumentar la artillería, adoptando los adelantos que +yo quiero introducir en el arma. Pues qué, ¿cree usted que Napoleón no +tiene noticia de ellos? Yo he descubierto que antes de invadir a +España mandó una Comisión secreta para que averiguara si estaba yo +aquí. Como entonces mi familia hizo correr la voz de que yo había +pasado a América, Napoleón dijo: «Pues no hay cuidado ninguno», y +ordenó la invasión. Ya, ya me conoce de antiguo. + +--¡Qué vanaglorioso es usted!--dijo el diplomático, superando en +fatuidad a su amigo--. Eso lo dice usted por obligarme a hablar, por +obligarme a que revele... No: es secreto de Estado, del cual quizás +depende la paz de España y de Europa; no saldrá de mis labios, ni soy +hombre que cede fácilmente a las sugestiones de la imprudente +amistad. + +--Todo eso es pura farsa. Sepamos de una vez esos secretos. + +--¡Farsa!--exclamó con enojo el diplomático--. Pero ya comprendo el +juego. Lo mismo hace mi sobrina cuando quiere obligarme a que revele +los secretos de Estado. No: callaré, callaré, aunque usted me insulte, +aunque usted aparente dudar de mi veracidad para que la indignación me +haga romper el silencio. ¡Pues qué!, si yo dijera que un elevado +personaje, el más poderoso que hoy existe en el mundo, se decidió al +fin a transigir conmigo, después de una enemistad que data de la paz +de Luneville; si yo dijera que los preliminares de negociación que +entablé para evitar a España los horrores de la guerra comenzaban a +dar resultado, cuando algunos hombres pérfidos, ¡ah!..., si yo dijera +esto... Pero no: mi sobrina me mira como para incitarme a seguir +hablando, y usted, Sr. de Malespina, me mira también... Mas no: punto +en boca, y cesen las impertinentes preguntas que en vano amenazan el +inexpugnable alcázar de mi discreción. + +--Todo eso es pura fábula--afirmó D. José María con desenfado--. +Aborrezco la falsedad y la jactancia, pues soy hombre que se dejaría +matar antes que decir una palabra contraria a la rigurosa verdad. Por +tanto, basta de fingidas diplomacias y de tratados que no han existido +sino en la cabeza de usted. En estos momentos seamos soldados, y +dejemos a un lado los protocolos. Veremos si ahora, cuando en Bayona +se sepa que yo sigo en España y que no pienso partir a las Américas, +se retiran los franceses de nuestro país, porque..., francamente..., +Napoleón me conoce. + +--¡Hombre, eso es demasiado fuerte!--exclamó el diplomático, soltando +la risa--. Conque Napoleón... + +--No extraño esas risas--dijo muy amoscado el artillero--. ¿Qué ha de +hacer quien no conoce el peligro personal? ¿Qué ha de hacer un hombre +que cuando entraron los franceses a saquear esta casa, se escondió +debajo de la cama? + +--Yo...--contestó con turbación el Marqués--si penetré en aquel +apartado sitio, bien saben todos la causa, que no fué miedo ni mucho +menos. En aquel instante me ocupaba mentalmente en buscar los términos +más propios de un arreglo y transacción con aquella gente, y como el +ruido no me dejaba pensar, busqué la soledad de aquel lugar recogido y +pacífico, donde sin estorbo pudiera entregarme a mis cavilaciones. Lo +incomprensible es que un militar viejo como usted buscase asilo detrás +de un armario mientras los franceses insultaban a las señoras. + +--Nada, lo que he dicho siempre--repuso Malespina--. Es inútil esperar +que los profanos hagan nunca justicia a las combinaciones de la +ciencia. Todo lo ven bajo el aspecto vulgar, y lanzan al público las +acusaciones más irreverentes. Hombre de Dios, ¿necesitaré decir que, +convencido desde el principio de la imposibilidad de establecer en el +patio un campo atrincherado, tuve que retirarme a esta sala, y apoyar +mi centro de retaguardia en aquel armario, para operar con el ala +derecha? Viendo que se acercaban con ímpetu formidable los franceses, +hice un movimiento envolvente sobre mi ala izquierda, y me metí tras +el armario, dirigiendo el raso de metales de la terrible arma de fuego +que llevaba en mi bolsillo hacia el marco de la puerta, para que la +trayectoria fuese directamente al patio. El enemigo, al ver mi +actitud, retrocedió lleno de espanto, y he aquí cómo sin efusión de +sangre se les obligó a la retirada. + +Amaranta no podía contener la risa oyendo la disputa entre los dos +vejetes. Antes de que ésta concluyera, entró la de Leiva y dijo: + +--Acaba de llegar la _Gaceta Ministerial de Sevilla_. Creo que hoy +trae la noticia de que ha muerto Napoleón. + +--¡Jesús! ¿Qué dice usted? + +--¿Dónde está, dónde está esa _Gaceta_? + +Al punto corrieron el Marqués y D. José María a la habitación +inmediata. La Marquesa, que no había parado mientes en mi persona +aunque le hice reverencias muy profundas, acercóse a su sobrina, y +mostrándole un medallón que en la mano traía, le dijo: + +¿Te gusta? ¿No es verdad que está parecido? El pintor ha hecho un +hermoso retrato. + +--Está muy bonito y se parece mucho--dijo mi antigua señora--. Veremos +qué le parece a ese barbilindo cuando lo vea. + +--Es extraño que no haya llegado ya. Su madre me decía que para el 12 +pasaría por aquí. + +El diplomático y Malespina aparecieron de nuevo, trayendo cada cual +una hoja de papel impreso. + +--Efectivamente, aquí está en letras de molde--dijo con grandes +aspavientos el diplomático, preparándose a leer--. Oigan ustedes: +«Madrid, 6 de junio. El descontento de las tropas enemigas parece +general, y corre muy válida la voz de que en Bayona hay insurrección, +y de que el Emperador está oculto, añadiendo algunos que herido.» + +--Hombre, eso es importantísimo--dijo Malespina--, aunque no me coge +de nuevo, porque ya tenía noticias detalladas de este suceso. + +--¿Que los franceses se sublevan contra Bonaparte?--dijo la +Marquesa--. Dios les habrá tocado el corazón. + +--Pero oigan ustedes estotra noticia--añadió el artillero--: «Toledo, +4. Dícese que cerca de Gallur los franceses han sido derrotados por +Palafox, dejando en el campo de batalla 12.000 muertos y un número +infinito de heridos. Los españoles les tomaron 48 cañones y 12 +águilas.» + +--¡Hombre, magnífica victoria!--exclamó el diplomático--. ¿Pero qué +dice aquí? ¡Oh, ésta sí que es gorda!: «Reus, 8 de junio. Aquí se +habla de la muerte de Josef Napoleón, de los varios partidos que +dividen la Francia y de la sublevación del Rosellón. Si estas noticias +salen ciertas, podemos asegurar que llegó ya el día de la venganza y +de la libertad de España.» + +--Vienen muy satisfactorios estos dos números de la _Gaceta_--dijo +Amaranta. + +--Ya sabía yo todo eso--afirmó con aplomo el Marqués--. ¡Pero qué veo, +santos cielos! Este sí que es notición. Oigan todos, oiga usted, Sr. +D. José María: «Valencia, 10 de junio. El ejército de Duhesme ha sido +derrotado. Corren voces de que el castillo de Figueras está en nuestro +poder; se repite la noticia del levantamiento del Rosellón y de la +indignación con que ha visto toda la Francia la conducta de su +Emperador con la España.» + +Los sueltos que oí leer en aquella ocasión pueden verse en la _Gaceta +Ministerial de Sevilla_, periódico oficial de la Junta Suprema. En sus +breves columnas se insertaban diariamente despachos y noticias que +remitían de todas partes... Dictábalas el entusiasmo y las devoraba +la credulidad, y como nadie las discutía, el efecto era inmenso. Según +la _Gaceta Ministerial_, todos los días era derrotado un ejército +francés, y todos los días ocurría en Francia una insurrección para +destronar al azotador de Europa. ¡Ah!, entonces corrían unas bolas, +junto a las cuales son flor de cantueso las equivocaciones del moderno +telégrafo. + +--Oigan ustedes--indicó la de Leiva, que había tomado el periódico de +manos del Marqués--; ésta sí que es noticia extraordinaria. Y no digan +ustedes que la sabían, porque hasta ahora no se ha hablado en España +ni en el mundo de semejante cosa. Atención: «Cádiz, 14. Corre muy +válida la voz de que la Francia está dividida en tres partidos: +borbónico, republicano y bonapartista.» También dice que han +desembarcado en Rosas 11.000 hombres con armas, que vienen de +Mallorca. + +--¡Tres partidos!--gritó el Marqués diplomático, mirando a D. José +María. + +--¡Tres partidos! Ya lo sabía. + +--¡Y yo también!... Pero corro a comunicar esta nueva a nuestros +amigos--dijo el Marqués, levantándose. + +--Aguarda--le insinuó su hermana--. No olvides que esta tarde tienes +que pasar por allí. + +--¡Otra vez! Si no hay quien la haga salir. Le he prometido, le he +rogado, le he amenazado, le he dicho mil finezas y ternuras, y nada, +no quiere salir. ¿Por qué no vais vosotras? + +--Sí, esta tarde iremos--afirmó detenidamente la Marquesa--. Es +preciso que salga, porque sin ella no podemos volver a Madrid. + +--¡Oh!, picarón..., ya sabemos el secreto--dijo Malespina, +dirigiéndose con maliciosa expresión al Marqués--. Ayer me hablaron +del caso en varias tertulias... Ya sabía yo que había usted sido un +terrible seductor... ¿Pero ahora salimos con eso? + +--Amigo, es preciso reparar de algún modo los extravíos de una +borrascosa juventud. Ya sabe usted que hasta hace quince años me +llamaban el _azote de las familias_. Pero ya pasaron aquellos tiempos, +y ahora... + +--¿De modo que no vas esta tarde? + +--Francamente--dijo el Marqués--, en estos días me gusta salir a la +calle lo menos posible. Suele haber tumultos..., ¡la gente anda tan +excitada!... ¡Qué susto me llevé la otra tarde en el barrio de San +Lorenzo!..., y como a causa de la gota no puedo correr... + +--Y como en la calle no se encuentran camas para esconderse debajo de +ellas... Vamos, vamos, Marqués, y leeremos a los amigos estas +estupendas novedades. + +Salieron la Artillería y la Diplomacia, y como la Marquesa había +salido de la habitación un momento antes, quedamos solos otra vez +Amaranta y yo. + +--Sigue contando--me dijo--. Y ese señor tendero con quien servías, +¿ha venido contigo a Córdoba? + +--No, señora: yo no he vuelto más a su casa. Salí de Madrid +acompañando al Sr. de Santorcaz. + +--¡Santorcaz!--exclamó la dama, poniéndose encarnada y después pálida +como una difunta. ¿Quién? ¿Quién has dicho? + +--Don Luis de Santorcaz, señora; un caballero castellano que ha venido +ahora de Francia. + +Amaranta parecía sentir una emoción profunda. Para disimularse +levantó fingiendo buscar algo, dió media vuelta, sentóse de nuevo, +después se puso la mano sobre los ojos, y finalmente, rompió una flor +de trapo que tenía entre sus manos. + +--¿Qué estabas diciendo, que no te oí...? + +Que el Sr. de Santorcaz... + +--Deja a ese hombre..., no hables de lo que no me interesa. ¿Conque +antes decías que los tenderos de la calle de la Sal martirizaban a la +chiquilla...? + +--Sí, señora, mucho. Me desgarraba el corazón--contesté sin cuidarme +de disimular los sentimientos de mi alma. + +--Era natural que te interesaras por la desgracia. + +--Es que yo había conocido a Inés antes de que a tal casa fuera. +Habíala conocido cuando estaba con su tío, el buen D. Celestino del +Malvar. Nos conocíamos los dos, señora, y como ella era tan buena, y +yo también..., porque yo era muy bueno... En fin, señora, yo no puedo +ocultar a Usía la verdad. + +--Dímela de una vez. + +Dejándome llevar de la impetuosa pena que pugnaba por desbordarse en +mi afligido pecho, y olvidando toda la consideración, todo tacto, toda +prudencia, con el acento de la verdad y de un dolor inmenso, dije lo +siguiente, sin reflexión ni cálculo alguno: + +--Señora, Inés y yo éramos novios... Yo la quiero, yo la adoro...; +ella también... + +Levantóse Amaranta rápidamente, y en su semblante observé señales de +repentina cólera. Mandándome callar, después de decirme que era un +desvergonzado y un truhán, agitó con inquieta mano una campanilla. + +¡Altos cielos, por qué no os hundisteis sobre mí! Entró un criado, y +Amaranta le mandó que me pusiera al instante en la puerta de la calle. + + + + +XIII + + +El criado, cumplidor de la ignominiosa orden, era un segundo mayordomo +llamado Román, que desde su niñez servía en la casa. Desde que le +conocí en El Escorial, aquel hombre me había inspirado inexplicable +antipatía, y digo esto y además le nombro, para que mis lectores le +tengan presente, por si figurase después un poco en los peregrinos +sucesos de esta historia. + +¿Será preciso que hable de mis tormentos morales en los días +siguientes a aquel suceso? ¡Dios mío! Aburriré a mis lectores, +abusando de la gentil cortesía que les movió a fijar sus ojos en estas +relaciones. No: más vale que devore en silencio mis penas y les hable +de otros asuntos, que así alcanzaré la doble ventaja de +proporcionarles útil entretenimiento, y de calmar mis pesares, +adormeciéndoles con el beleño de patriótico entusiasmo. + +En Córdoba reinaba gran impaciencia por la tardanza del ejército de +Castaños. Entonces, como ahora y como siempre, los profanos en el +arte de la guerra arreglaban fácilmente las cuestiones más arduas, +charlando en cafés y en tertulias, y para ellos era muy fácil, como lo +es hoy, organizar ejércitos, ganar batallas, sitiar plazas y coger +prisionero a medio mundo. A los profanos se unían los bullangueros y +voceadores, que entonces, ¡Santo Dios!, pululaban tanto como en +nuestros felices días, y entre aquéllos y éstos y el torpe vulgo +armaban tal algazara, que no sé cómo las Juntas y los Generales podían +resistirla. + +Principió el chaparrón de comentarios sobre la lentitud con que +Castaños organizaba sus tropas: unos aseguraban que tenía miedo; +otros, que estaba decidido a dar la batalla, pero que, seguro de +perderla, tenía tomadas sus medidas para retirarse a Cádiz y huir a +las Américas con lo más granado de sus tropas; otros en fin, se +atrevieron a más, y pronunciaron la palabra _traidor_. Esta palabra no +era entonces palabra, era un puñal: víctimas de ella fueron Solano en +Cádiz, Perales en Madrid, Filangieri en Galicia, Cevallos en +Valladolid, Ordóñez en Palencia, El conde del Águila en Sevilla, +Trujillo en Granada, Torre del Fresno en Badajoz, el barón de Albalat +en Valencia. Inútil era decir a los impacientes de Córdoba que un +ejército no se instruye, arma y equipa en cuatro días: nada de esto +entendían. Aunque al través del tiempo nos parezca lo contrario, +entonces se chillaba mucho, y también había quien tomara muy a pechos +los asuntos de la guerra sólo por el simple placer de meter ruido, y +también por hacerse de notar. Todos los días oíamos decir: «Mañana +viene el ejército», o «Ya ha salido de Utrera, ya está en Carmona...» +Pero pasaban los días y el ejército no venía. + +En tanto, en Córdoba no cesaban los trabajos. Si no tienen ustedes +idea de lo que es el delirio la guerra, entérense de aquello. En los +tiempos actuales, si hay guerra, las señoras, llevadas de sus +humanitarios sentimientos, se ocupan en hacer hilas. ¡Ay!, entonces +las señoras tenían alma para ocuparse en fundir cañones. ¡Cuando tal +era el espíritu de las mujeres, cómo estarían los hombres! ¡Hilas! +Allí nadie pensaba en tales morondangas. + +Los voluntarios y cuerpos francos se uniformaban según el gusto +indumentario de cada uno, y aquí de la imaginación de las hembras de +la familia para galonar marselleses, para emplumar sombreros y +guarnecer charpas y polainas. Se hicieron muchos uniformes; pero no +bastaban para equipar los dos regimientos, uno de caballería y otro de +infantería, que organizó la Junta de Córdoba. Sin embargo, este +inconveniente se obvió disponiendo que con cada prenda de vestir se +cubriesen dos: el uno llevaba los calzones, casaca y sombrero, y el +otro el pantalón, chaqueta y gorra de cuartel. El correaje también +servía para dos: uno llevaba la bayoneta en la cartuchera y el otro en +el porta-bayoneta, y no alcanzando las cartucheras y cananas, se +suplían con saquillos de lienzo. Más adelante, cuando tenga el gusto +de describiros en su conjunto el ejército de Andalucía, daré completa +idea de su abigarrada conformación y aspecto. Francamente, señores, +era aquél un ejército que causaba risa. + +Durante los días que aguardamos la llegada de Castaños para +incorporarnos a él (y necesariamente tengo que volver a hablar de mí), +yo hacía una vida vagabunda y holgazana. Como el servicio del joven D. +Diego no exigía más que presentarme en la posada a la hora de comer, +pasaba el día y parte de la noche discurriendo por aquellas tortuosas +calles, que convidan al transeúnte a perderse en ellas, entregándose +al azar, a lo aventurero, a lo desconocido, sin saber adónde se va ni +de dónde se viene. Por ser la soledad mi mayor gusto, rechazaba la +compañía de mis camaradas, buscando errante y solo aquellos lugares +donde más pronto me perdía. + +El único sitio adonde iba deliberadamente todos los días era la casa +de Amaranta, y pasaba largas horas contemplando su puerta, fijos los +ojos en las desnudas paredes, como si quisiese leer en ellas alguna +mal escrita página de mi destino. Sus cerradas ventanas, sus espesas +celosías, no daban paso a ninguna esperanza. Sin embargo, aquella +fachada era tan elocuente, que no podía dejar de mirarla. Al apartarme +de allí, el viejo muro con su puerta, sus ventanas, sus aleros y sus +miradores, quedaba tan presente en mi imaginación como si fuese una +fisonomía. ¡Cara funesta, que nunca tuvo una sonrisa para mí! Los +criados de la casa, a quienes impacientemente preguntaba por Inés, no +sabían o no querían darme noticia alguna. + +Pero un día, precisamente el 1.º de julio, cambió repentinamente la +situación de mi espíritu. Atiendan ustedes, que esto es de suma +importancia. Por fin, tras larga espera, llegó el ejército del general +Castaños, y al anochecer debía partir para el Carpio. Entre los +paisanos armados que se juntaron con Echevarri existía un grupo +compuesto de contrabandistas de Sierra Morena, de Villamanrique y de +Pozo Alcón, con los cuales fraternizaron bien pronto, formando +amistosa cuadrilla, los licenciados de Málaga, batallón que se formó +con alguna gente condenada por faltas, y que la Junta tuvo a bien +indultar. Estos caballeros, para cuya domesticación emplearon grandes +rigores los jefes militares, tuvieron una reyerta en Córdoba con los +suizos de Reding. Fué cuestión de vino, prontamente aplacada, pero +que, sin embargo, alarmó el barrio de Santa Marina durante media hora, +produciendo sustos, algunas corridas, tal cual desmayo de sensibles +mujeres, las que, al oír los dos o tres tiros disparados en la +colisión, creyeron que los franceses estaban otra vez sobre Córdoba, y +así lo gritaban corriendo desordenadamente por las calles. La parte +mayor de la ciudad no se enteró de este suceso, que insignificante en +las páginas de la historia patria, fué para mí de trascendencia suma, +y más digno de mención que si hubiese derribado añejos tronos y +alterado la geografía del Continente. Así, los granos de arena pesan a +veces como montañas en el destino de un ser humano, y lo que es gota +de agua en el cauce de la generalidad, es río impetuoso en el de uno +solo, o viceversa, según lo que nosotros llamamos antojos de allá +arriba, y no es sino concierto sublime, que no podemos comprender, +como no puede una hormiga tragarse el Sol. + +Pues bien: algunas horas antes de la que señalaron para la partida +salí a la calle, impulsado por un sentimiento de amor hacia los +laberintos de aquella ciudad que en sus repliegues escondidos había +dado un asilo a mi tristeza. Sentía salir de Córdoba como siente el +ermitaño dejar su cueva. Habíame acostumbrado a pasear mi aburrimiento +y soledad por aquellos callejones, a quienes en cierto modo había +hecho confidentes de mi pesar; hallaba tantas perspectivas amigas en +un recodo, en una torre, en un ajimez, en una encrucijada, en un +poste, en una reja, en una piedra corroída por el tiempo, en un zócalo +garabateado por los chicos, que no pude menos de salir a dar el último +adiós a todas aquellas mudas compañías de mi tristeza. Aquel día +estaba más triste que nunca. + +Era de tarde: pasé por una plazuela irregular y solitaria, de esas que +son la desesperación de los arquitectos modernos: a un lado muros de +ladrillo, en los cuales, por la disposición de este material, se ha +querido imitar una decoración greco-romana, con jambas, dentículas, +capiteles, metopas y triglifos; a otro una pared sin puertas ni +ventanas; luego un descomunal portalón, una esquina cargada de +escudos, un farol, un santo, torres medio caídas y machones que se van +a caer, una plazuela, en fin, de esas que nos salen al paso cuando +visitamos cualquier vieja metrópoli, tal como Toledo, Granada, +Valladolid, León, etc. Al atravesarla sentí el ruido que cerca +producía la citada reyerta entre los licenciados y los suizos; oíase +lejana algazara, y al extremo de largo callejón vi algunas mujeres que +corrían gritando. Esto despertó mi curiosidad y marché hacia allí; +pero no había dado dos pasos, cuando me detuve asombrado y +estremecido, porque en el fondo de la plazuela, y en el ángulo que +ésta formaba con una calle, vi una mano que me hacia señas; sí, una +mano blanca que me llamaba. + +Dirigíme allá, y en unos cuantos segundos se disipó la ilusión. Me +reí de mi torpeza al observar que en el ángulo mencionado había una +imagen de la Virgen, de esas que la devoción de los españoles ha +puesto en las antiguas calles. La Virgen tenía una corona de hierro, +en cuyos picos debió de haberse enredado una cometa de algún chico de +la vecindad, pues un jirón de papel, todavía suspendido junto al +cuerpo de la sagrada estatua, a impulsos del viento se movía. El +papelejo fué lo que a mí me pareció un brazo que se movía y una mano +que me llamaba. Tal alucinación en pleno día era señal de mi +estupidez, por lo cual, burlándome de mí propio, seguí mi camino. + +Pasando bajo la imagen, contemplaba el jirón de la cometa, cuando me +detuve de nuevo, porque un objeto rozó mi cara, produciéndome +escalofrío. El jirón de papel se había desprendido de la imagen, +cayendo sobre mi. ¡Vean ustedes lo que es el estado del ánimo! Aquel +hecho insignificante, tan insignificante como el aplastar un grano de +arena con nuestro pie, me hizo detener el paso, me hizo temblar, me +hizo mirar a todos lados, puso en mis labios esta pregunta, que me +dirigí lleno de confusión: «Pero, Gabriel, ¿te has vuelto bobo, o lo +has sido toda tu vida?» + +Seguí andando hacia la acera de enfrente, cuando de nuevo me detuve, +me quedé helado, absorto, estupefacto, porque detrás de mi había +sonado claramente mi nombre. ¿Quién me llamaba? Volvime y nada vi. La +plazuela estaba enteramente desierta y muda: sólo a lo lejos se oían +apenas algunas voces del altercado, que de ningún modo podían +confundirse con la que a mi espalda había dicho «Gabriel.» + +Al volverme, mis ojos se fijaron en una puerta: era la puerta de una +iglesia. Abiertas de par en par las hojas de madera chapeada, se veía +el cancel de mugriento cuero, con dos puertecillas laterales. Una +vieja, al salir, puso en movimiento las mohosas bisagras, y al ruido +de la herrumbre, un sonido lastimero llegó a mis oídos, modulando +aquella voz que a mí me había parecido mi nombre. Esta vez no me reí, +sino que entré decididamente en la iglesia. Vi muchos santos pintados +o de escultura, y, ¡cosa singular!, parecióme que todas las imágenes +sonreían apaciblemente. La iglesia era modesta, blanca, obscura. En +los lustrosos bancos se sentaban algunas señoras de edad. Las luces +del altar, al reflejarse en los oropeles de un luengo cortinón rojo +que servía de dosel a la Virgen, brillaban estrellas tembladoras de +aquella dulce obscuridad, indicando adónde debían dirigirse los +piadosos ojos. Al poco rato de estar allí, parecióme aquel interior +menos obscuro y comencé a ver distintamente todos los objetos. En el +fondo de la iglesia, frente al altar, había una gran reja que se +alzaba desde el suelo al techo; tras esta reja percibíanse vagas +claridades movibles y un murmullo sordo, de cuyo conjunto se destacaba +de rato en rato una tos o una sílaba que repetían los ecos de la +bóveda. Acercándome a la reja, pude fácilmente distinguir tras ella +bultos blancos y negros, entre los cuales algunos desfilaron +pausadamente y sin ruido hacia una puerta que se abría en el ángulo +del fondo, y otros permanecían inmóviles y de rodillas. Eran las +monjas. + +Contemplando la tranquilidad de aquellas santas mujeres, su apacible +recogimiento, la vaguedad aparente de sus formas corpóreas, aquel +silencio de sus pasos que les asemejaba a simples creaciones de la luz +en el fondo de la cámara obscura; contemplando aquella calma de sus +rezos, que nadie oía, sentí envidia de los que sumergen su vida en la +dulce sombra de un claustro. Yo no apartaba mis ojos del coro, +observando indiscretamente los movimientos de las buenas Madres, y +mientras mayor era mi atención, con más claridad se me iban +presentando los distintos objetos de aquel recinto, y vi poco a poco +los sillones, el facistol, el órgano, los cuadros. Tan lentamente +salían de la obscuridad los perfiles de estos objetos, que mi propia +imaginación podía creerse autora de aquel espectáculo. + +El día iba descendiendo, y la iglesia se obscurecía por grados; pero +una de las Madres, tirando de unas cuerdas, descorrió la cortina negra +de la alta ventana del coro, y entonces entró la luz crepuscular, +dando a todo su verdadera forma. Retiráronse algunas monjas; yo sentí +el tenue chocar de las medallas de sus rosarios cuando levantaban la +rodilla, y luego besos. Era fácil contar el número de las que salían +por el número de los suaves estallidos que resonaban en aquel espacio, +porque todas al salir besaban los pies de un Cristo colgado junto a +la puerta. A esto atendía yo, cuando de las figuras que aún quedaban +de rodillas en el centro del coro se levantó una, dirigiéndose a la +reja y al mismo lugar en que yo estaba. Mi impresión al verla, al ver +su cara, al ver sus ojos que me miraban, fué tan viva, tan aterradora, +que hube de quedar petrificado, la sangre helada, la vida en suspenso, +hecho una estatua de plomo. Lo que estaba viendo, ¿qué era? ¿Era una +aberración, un delirio, una imagen del sueño, un juguete fantástico, +obra de los ángeles traviesos para burlarse de los que con sus +mundanas tristezas van a profanar la casa de Dios? La miré fijamente, +atónito ante aquel enigma, ante aquel misterio; pero la visión no duró +más que algunos segundos, porque la monja, llamada por otra, se apartó +de la reja, y salió rápidamente del coro sin besar el pie del Santo +Cristo. + +Al hallarme solo, reuní todos, absolutamente todos los rayos de mi +razón, y juntándolos, los dirigí a la confusa y negra obscuridad de +aquel fenómeno. Quise desvanecer el celaje que envolvía mi +inteligencia haciéndome estúpido, y me pregunté si lo que acababa de +presenciar era reproducción de aquella burla de mis sentidos que poco +antes me había hecho ver una mano en un pedazo de papel y oír mi +nombre en el chirrido de una puerta. Me di golpes en la cabeza; busqué +un sitio más solitario, donde, serenándome, pudiera poner en claro +cuestión tan ardua, y sin saber cómo, di conmigo en el fondo de una +capilla. En un cuadro que se ofreció de improviso a mis ojos vi una +falange de ángeles, mil encantadoras criaturas de esas que sin más +naturaleza corporal que una cabeza y dos alas, han creado los artistas +para regocijar los asuntos de la pintura mística. Atrajeron mi +atención aquellos seres juguetones y enredadores: todos se reían con +infantiles carcajadas, y entremezclándose volaban, rasgando nubes, +esparciendo flores con el batir de sus alas de pollo, y dándose de +coscorrones al chocar unas con otras las rubias cabecitas. Por +momentos me parecía que avanzaba sobre mí la bandada de rostros +voladores, y luego retrocedían haciendo con alegre algazara +movimientos de miedo, para esconderse después tras una nube, y hacerme +desde allí guiños con sus ojuelos, y encantadoras muecas con sus +bocas. + +A tal situación habían llegado mis sentidos, cuando el sacristán, +agitando un grueso manojo de llaves con cencerril estruendo, me hizo +salir de la iglesia, pues yo era la única persona que en ella quedaba. +Salí; la luz de la calle pareció devolverme el sentido común, que, +según mi propia opinión, había perdido. El tumulto de que poco antes +hablé, continuaba más reciamente, y algunas personas atravesaron a +toda prisa la plazuela. Entre éstas vi un hombre, un caballero que +azorado y con miedo corría, volviendo la vista atrás, deteniéndose a +cada dos pasos, y vacilando luego sobre qué dirección tomaría. Fijóse +en mi, y al punto, llamándome por mi nombre, se me acercó con muestras +de alegría por haberme encontrado. Era el diplomático. + + + + +XIV + + +--Gabriel--me dijo con voz temblorosa y sin dejar de mirar hacia el +sitio del tumulto--, vas a hacerme un favor... ¡Los franceses! ¡Están +ahí los franceses! Sí..., yo he visto pasar por esas calles las gorras +de pelo de a dos varas de alto... Bien lo decía yo... ¡Mi sobrinita +y mi hermana tienen unas cosas...! A ellas solas se les ocurre +mandarme con esta comisión, sin reparar que la pierna gotosa no me +deja correr. Pero no doy un paso más..., me retiro a casa...; tú te +encargarás de llevarlas flores, la carta y el recado... ¿No oíste un +tiro? Me parece que vienen por ese lado. ¡Jesús, esto es atroz! Si +viene una bala perdida... Adiós, me voy; toma, chiquillo, encárgate +tú de esto. Es muy fácil. Ahí está el convento. Mira, en aquel +callejón está la puerta del torno. Entras, preguntas por la Srta. +Inés, la novicia..., pues. Dices que vas de parte de la Sra. Marquesa +de Leiva. ¿Lo olvidarás?... ¡Dios mío! ¡Esas mujeres que pasan +corriendo!... Sin duda los muy tunantes intentan deshonrarlas. Me +voy... Toma, entra tú en el locutorio. ¡Para qué vendría yo a estos +malditos barrios! Toma el ramo de flores contrahechas..., toma la +carta, que darás a la Srta. Inés...; le dices que la Sra. Marquesa +está enojada con ella, y que es preciso que a salir del convento se +decida. Insiste mucho en esto, ¿eh?; dile que nos vamos para Madrid, y +que en la Corte del nuevo rey José I... ¡Demonio, eso que ha sonado +es un tiro de obús!... Me parece que ha caído una granada en el techo +de esa casa. + +--¿Una granada? Lo menos cincuenta van disparadas ya--dije yo, +atizando el fuego de su miedo para que se marchara pronto y me dejase +tan sublime comisión. + +--Conque, chiquillo--continuó, temblando como un azogado--, ¿lo harás +bien? Si te dan contestación la llevas a casa. Ve pronto. Yo me +escaparé corriendo por esta calle donde no se siente ruido...; adiós. + +Desapareció el diplomático, llevado por su miedo, y al punto entré en +la portería del convento con febril alegría, y di fuertes porrazos en +el torno. Una voz regañona me contestó. + +--_Deo gratias_--dije--. Vengo de parte de mi ama, la Sra. Marquesa de +Leiva, a traer un recado a la Srta. Inés. + +La portera me dijo que esperara en el locutorio, y al poco rato de +estar allí corrióse la cortina de éste y vi dos monjas. No sé cómo +pude mantenerme en pie. Una de ellas era Inés. + +No me cabía duda, era ella misma: en su semblante, adelgazado y +pálido, habían impreso terribles huellas los sesenta días de +incesantes pesares transcurridos desde el 2 de mayo; pero la reconocí, +a pesar de la escasísima luz del locutorio, y la hubiera reconocido +en la obscuridad de las entrañas de la tierra. Parecióme que al verme +cerró los ojos, y que asió las rejas con sus dos manos para +sostenerse. Cuando me dirigió la primera pregunta, temblaba su voz de +tal modo, que era imposible entender sus palabras. Sin poder decir una +sola, incapaz de discurso y de movimiento, permanecí yo breve rato con +la cara apoyada en la reja. + +La monja que la acompañaba me obligó por fin a romper el silencio. + +--La Sra. Marquesa me ha dado este ramo de flores y esta carta--dije, +introduciendo ambas cosas para que las tomara Inés. + +--¡Ah, el ramo para el Santo Niño de la Enfermería!--dijo la monja +vieja--. La señora Condesa no se olvida de nosotras. + +--También me ha dado un recado de palabra para la Srta. +Inés--continué--, y es que se prepare a salir del convento para partir +con ella a Madrid dentro de algunos días. + +--¡Oh!--exclamó la vieja--. La Sra. Condesa y la Sra. Marquesa hacen +mal en contrariar la decidida vocación de esta niña. ¡Por qué ese +empeño de llevarla a Madrid, cuando ella quiere dejar las maldades y +abominaciones del siglo! La pobrecita no quiere cuentas con nadie más +que con su prometido Esposo, que es Nuestro Señor Jesucristo. + +--Madre Transverberación--dijo Inés con voz más entera--, el chocolate +y los bollos que han hecho sus mercedes ayer para la señora Condesa, +¿dónde están? ¿Los ha traído su merced? + +--No por cierto. + +--¡Si tuviera su merced la bondad de ir a buscarlos para que los lleve +este mozo...! + +--Bien pudo usted haberlos traído--replicó gruñendo la vieja. + +--Si la Sra. Condesa no lo recibe esta tarde, se enojará mucho, y me +será difícil convencerla de que no quiero dejar nunca más esta santa +morada. + +--Voy por él..., ¡qué niñas éstas! + +Dejónos solos la Madre Transverberación, y entonces hablé así: + +--Inés mía, estoy vivo, he resucitado. Salí vivo de aquel montón de +muertos, donde perdimos para siempre a nuestro buen amigo don +Celestino. Al verme vivo y sin ti, pensé que Dios me había devuelto la +vida para castigarme; pero ahora que te encuentro, alabo a Dios porque +veo que no una, sino dos veces, me ha dado la vida. + +--¿Debo salir de aquí? ¿Debo hacer lo que me mandan esas señoras?--me +preguntó Inés con impaciencia, porque temía la vuelta de la Madre +Transverberación. + +--Si, Inés, sal de aquí. Haz lo que te mandan esas señoras. ¿Qué dicen +en esa carta? + +--Toma, léela--dijo, alargándola al través de la reja. + +A la escasa luz del locutorio pude leer la carta, que decía, entre +otras cosas relativas al ramo y al chocolate, lo siguiente: «Esperamos +que cesará tu obstinación en profesar. Nos oponemos resueltamente a +ello, y no queremos que tu ingreso en el seno de esta familia sea +señal de aniquilamiento de nuestra casa. Ya te dijimos que habíamos +determinado casarte con un joven de alto linaje, proyecto en el cual +estriba la felicidad, grandeza y lustre de la familia a que +perteneces. Todo está concertado, y aunque se aplace por motivo de la +guerra, al fin tiene que ser; de modo que si persistes en profesar, +nos llenarás de dolor. ¿No anhelas servirnos de consuelo en nuestra +soledad? ¿No correspondes al mucho amor que te profesamos? ¿No deseas +ocupar el puesto que te pertenece en nuestro corazón y en nuestra +casa? Mi sobrina y yo iremos a convencerte, y en tanto disponemos el +viaje a Madrid, adonde nos acompañarás, porque tu presencia es +indispensable a las diligencias de tu legitimación.» + +--Sí, saldré--dijo Inés cuando acabó de leer la carta--. Ya no quiero +estar más aquí. + +--¿Pues qué, estabas decidida a profesar? + +--Sí, muy decidida. No tenía yo más consuelo que la idea de encerrarme +aquí para siempre. Cuando me trajeron a Córdoba..., ¡qué días y qué +viaje!, yo no sabía lo que era de mí. Me encerraron en este +convento..., luego vinieron esas señoras a decirme que era su +sobrina..., me besaron..., lloraron mucho las dos...; luego dijeron +que me iban a casar, y cuando les contesté: «Pues ya que me han puesto +aquí, aquí he de quedarme toda la vida», ambas se afligieron mucho... +Me visitan con frecuencia, acompañadas de un señor de edad, que me +hace mil caricias y asegura quererme mucho; pero nunca he cedido a sus +ruegos para salir. + +--¿Y ahora? + +--Las paredes del convento se me caen encima, y anhelo salir. + +--¡Pero te van a casar!--exclamé indignado--. Te quieren casar, y no +se hunde el mundo. + +Entonces se rió, creo que por primera vez desde mucho tiempo, y +aquella espontánea alegría me pareció expresión de una renaciente +vida. Inés salía del seno del claustro como yo del montón de muertos +de la Moncloa, y al contestar con una sonrisa a mis amorosas quejas, +sacaba del sepulcro de la Orden el pie que tan impremeditadamente +había metido dentro. Viéndola reír, reíme yo también, y al punto, +olvidando la situación, nos hablamos con la confianza de aquellos +tiempos en que de nuestras penas hacíamos una sola. + +--¡Ay, chiquilla! Ahora que eres archiduquesa y archipámpana, ¿no +tienes vergüenza de quererme? + +--¿Pero qué quieren hacer de mí?--preguntó, poniéndose triste otra +vez. + +--Mira, princesa, haz lo que te mandan esas señoras: obedécelas en +todo. Ya habrás conocido el parentesco que tienes con ellas. Dios te +ha puesto en sus manos; acepta lo que Dios te da, y Él arreglará lo +demás. + +--Saldré del convento--afirmó ella--. ¡Ay! No se asustarán poco las +Madres cuando me lo oigan decir. Pero ya Dios no quiere que yo sea +monja. + +--No lo serás, no; y cuando yo vuelva de la guerra... + +--¿Pero vas tú a la guerra? Chiquillo, ¿quién te ha metido a ti en +guerras? + +--¿Pues qué he de hacer? ¿Quieres que toda la vida sea criado? +Escucha, Inés, lo que me pasó hace días en casa de la Sra. Condesa. +Fuí a visitarla, y habiendo cometido la indiscreción de decirle que te +quería, se enfureció de tal modo, que me hizo poner en la puerta de la +calle. + +Inés cruzó las manos, dejándolas caer luego con desaliento sobre su +falda, mientras elevaba sus ojos al cielo, sin decir nada. + +--¡No soy más que un criado, Inés!--exclamé, agarrándome con fuerza a +la reja y sacudiéndola, como si quisiera hacerla pedazos--; no soy más +que un miserable chico de las calles, indigno de ser mirado por +personas de tu categoría. Después que nos separamos, mira qué +distantes estamos uno de otro. Pero no creas que lo siento; me gusta +verte donde estar debes. + +--¿Y tú?--me preguntó con perplejidad. + +--Yo haré lo que deba, Inesilla. Sal de este convento, ve con esas +señoras y espérame tranquila, con la segundad de que iré a buscarte. +Si para entonces no has variado..., si te encuentro la misma... + +Contestóme al instante pasando su dedo índice por uno de los huecos de +la reja. Yo se lo besé, se lo mordí tan sin pensarlo, que ella no pudo +contener un ligero grito, a punto que la Madre Transverberación +regresaba con el chocolate y los bollos. + +--¿Qué es eso, niña?--preguntó la vieja, asombrada de oírla chillar. + +--Nada, Madre Transverberación. Esta reja tiene unos picos... Al +mover la mano me lastimé un dedo--dijo Inés, chupándose la coyuntura +del dedo índice y sacudiéndolo después para fingir el dolor del +supuesto rasguño. + +--Aquí están el chocolate y los bollos--añadió la monja--. Vaya, ya es +tiempo de que se marche ese mocito, porque obscurece y no es ésta hora +de tener abierto el locutorio. + +--Rabiando estoy por marcharme--repliqué--. Vengan acá esos bollos y +ese chocolate, que la Sra. Marquesa estará con el alma en un hilo +aguardando tan buenas cosas. ¿Y qué le digo a su merced en +contestación al recado que tuve el honor de traer? + +--Que está muy bien--contestó Inés, apretando su cara contra la +reja.--Que haré lo que me mandan, y que cuando quieran venir por mí, +estoy dispuesta a salir del convento. + +--¿Cómo es eso, niña?--gruñó alarmada la monja--. ¡Que quiere usted +salir! ¡Qué pensará su futuro Esposo Jesucristo si llega a sus oídos +lo que usted ha dicho! Y tiene que saberlo forzosamente, porque Él +está en todas partes y todo lo oye. Nada, nada--añadió, arrimando su +hocico a la verja--. Rapaz, a la Sra. Marquesa dirá usted que la niña +persiste en su ejemplar vocación, y que si quieren verla enfadada y +bufando de rabia, que le hablen del siglo y sus tentaciones. + +Inés prorrumpió en una carcajada tan natural, tan graciosa, tan +fresca, tan jovial, que hasta las paredes del convento parecían +regocijarse con tan alegre música. + +--¿Qué risas tan mundanas son ésas?--dijo la Madre Transverberación--. +Es la primera vez que se ríe usted de ese modo en esta casa. ¿Qué pasa +para tanta alegría?... Adentro, niña, adentro; daremos parte de este +inaudito desenfado a la Madre Abadesa. + +Cerróse el locutorio y salí a la calle. Sentíame con nueva vida, con +centuplicadas fuerzas en mi espíritu y en mi cuerpo; sentíame capaz de +todo, de la abnegación, de la lucha, hasta del heroísmo, porque la +presencia y las palabras de Inés habían abierto desconocidos +horizontes, inmensos espacios delante de mí. + + + + +XV + + +Antes de llegar a la posada, fuerte ruido de tambores y cornetas me +anunció la salida del ejército. Corrí a buscar mis armas y mi +caballo, y antes de que se notara mi falta, ya estaba en fila con el +señorito conde de Rumblar, Marijuán y los demás de la partida. Era ya +de noche cuando salimos, y el pueblo todo tomó parte en aquella +espontánea fiesta de nuestra despedida: millares de luces se +encendieron a nuestro paso en balcones y puertas; ninguna mujer dejó +de saludarnos desde la reja, ya sin galán, y todos los chicos +engendrados por aquella fecunda generación salieron delante de los +tambores, acompañándonos hasta más allá de la Puerta Nueva. + +Anduvimos toda la noche, y al día siguiente, al salir del Carpio, nos +desviamos del camino real de Andalucía, tomando a la derecha en +dirección a Bujalance. Durante esta primera jornada encontramos a +Santorcaz, que había salido de Bailén para incorporarse a su +cuadrilla, y a todos nos dió mucho gusto el verle. + +--Aquí traigo varios regalitos que le manda a usted su señora +mamá--dijo a mi amo, entregándole unos paquetes--. La señora estaba +desazonada por no haber tenido noticias de usted, y me encargó que le +cuidase bien. ¿Hizo el Sr. Conde las visitas que D.ª María le encargó? + +--Puntualmente--contestó mi amo--. Y usted, ¿por qué no ha venido +antes? + +--¡Qué demonio! Con estas cosas ni tenemos posta ni quien lleve una +carta. Sin embargo, yo recibí las que esperaba, y aquí estoy al fin, +deseando, como los demás, que tropecemos con los franceses. + +Desde entonces fué Santorcaz el principal personaje de la cuadrilla +después del amo, lugar que supo conquistarse con la desenvoltura +subyugadora de su conversación. Ponía él todo suesmero en agradar a D. +Diego, cosa fácil de conseguir, y siempre fijo al lado de éste, +cautivó prontamente el ánimo del buen chico, ya contándole hazañas y +extraordinarios hechos, ya sugiriéndole con su fértil imaginación +ideas y conceptos propios para enloquecer a un joven de chispa, pero +muy atrasado en su desarrollo intelectual. + +Y a todas estas, señores míos, ni una palabra os he dicho de aquel +ejército, ni de su extraña composición; pero atended ahora, que lejos +de ser tarde, es ésta la coyuntura propicia de hacerlo, según el +refrán que dice: «Cada cosa en su tiempo, y los nabos en Adviento.» + +La base del ejército de Andalucía estaba en las tropas del campo de +San Roque, mandadas por Castaños, y en las que después trajo don +Teodoro Reding de Granada. Componíase de lo más selecto de nuestra +infantería de línea, con algunos caballos y muy buena artillería, no +excediendo su número de trece a catorce mil hombres. Agregáronse +algunos regimientos provinciales y los paisanos que espontáneamente o +por disposición de las Juntas se engancharon en las principales +ciudades de Andalucía. Difícil es conocer la cifra exacta a que se +elevaron las fuerzas de paisanos armados; pero seguramente eran +muchos, porque la convocatoria había llamado a todos los mozos de diez +y seis a cuarenta y cinco años, solteros, casados y viudos sin hijos, +de cinco pies menos una pulgada, medidos descalzos. Además de los +notoriamente inútiles, como cojos, mancos, ciegos, etc., eran +exceptuados los que tenían su mujer encinta o ejercían cargos +públicos, así como a los ordenados de Epístola; pero no había +excepción por razón de cosecha o labores del campo. Los únicos +rechazados de las filas, sin tener aquellos reparos, eran los _negros, +mulatos, carniceros, verdugos_ y _pregoneros_. Con paisanos, pues, +creó Sevilla cinco batallones y dos regimientos de caballería; Cádiz +mandó el batallón de tiradores que llevaba su nombre, y las ciudades y +villas de Utrera, Jerez, Osuna, Carmona, Jaén, Montoro y Cabra +enviaron cuerpos de infantería y caballería de número irregular. + +Esto aumentó el ejército; pero aún debía crecer un poco más aquél, que +empezó enano y debía ser gigante terrible, si no por su tamaño, por su +fuerza. Los militares españoles que el Gobierno de Madrid incorporaba +a las divisiones de Moncey, de Vedel o de Lefebvre iban huyendo de sus +traidoras filas en cuanto se les presentaba ocasión para ello, de tal +modo, que al verificar sus marchas aquellos ejércitos por parajes +montuosos o quebrados, veían que los españoles se les escapaban por +entre los dedos, como suele decirse. Los desertores acudían a engrosar +las tropas del ejército de Blake, del de Cuesta o del de Castaños; y a +Carmona y a Córdoba llegaron muchos, escapados de las filas de Moncey, +así como casi todos los que hacían la campaña de Portugal con Junot. +Aquellos oficiales y soldados, al romper la disciplina literal que los +sujetaba a la Francia invasora para acudir al llamamiento de la +disciplina moral de su patria oprimida, hacían el viaje disfrazados, +traspasaban a pie las altas montañas y los ardientes llanos, hasta +encontrar un núcleo de fuerza española. Daba lástima verles llegar +rotos, descalzos y hambrientos, aunque su gozo por hallarse al fin en +tierra no invadida les hacía olvidar todas las penas. Con estos +desertores, entre quienes había guardias de Corps, valones, +ingenieros y artilleros, aumentó un poco nuestro ejército. + +Pero aún creció algo más. La Junta de Sevilla había indultado el 15 de +mayo a todos los contrabandistas y a los penados que no lo fueran por +los delitos de homicidio, alevosía o lesa majestad humana o divina, y +esto trajo una partida, que si no era la mejor tropa del mundo por sus +costumbres, en cambio no temía combatir, y fuertemente disciplinada, +dió al ejército excelentes soldados. Ibros, lugar célebre en los +fastos del contrabando; Jandulilla, Campillo de Arenas, y otras +localidades, entregadas más tarde al sable de la Guardia civil y de +los Carabineros, enviaron respetables escuadrones, con la +particularidad de que por venir armados hasta los dientes, y ser todos +unos caballeros de muy buen temple, que sabían dónde echaban la boca +del trabuco, se les reputó como auxiliares muy eficaces del ejército. +Cuerpos reglamentados españoles, con algunos suizos y valones; +regimientos de línea, que eran la flor de la tropa española; +regimientos provinciales, que ignoraban la guerra, pero que se +disponían a aprenderla; honrados paisanos, en su mayor parte muy +duchos en el arte de la caza, y por lo general tiraban admirablemente; +y, por último, contrabandistas, granujas, vagabundos de la sierra, +chulillos de Córdoba, holgazanes convertidos en guerreros al calor de +aquel fuego patriótico que inflamaba el país; perdidos y merodeadores, +que ponían al servicio de la causa nacional sus malas artes; lo bueno +y lo malo, lo noble y lo innoble que el país tenía, desde su general +más hábil hasta el último pelaire del Potro de Córdoba, paisano y +colega de los que mantearon a Sancho: tales eran los elementos del +ejército andaluz. + +Se formó de lo que existía: entraron a componer aquel gran amasijo la +flor y la escoria de la nación; nada quedó escondido, porque la +fermentación lo sacó todo a la superficie, y el cráter de nuestra +venganza esputaba lo mismo el puro fuego que las pestilentes lavas. +Removido el seno de la patria, echó fuera cuanto habían engendrado en +él los gloriosos y los degenerados siglos, y no alcanzando a +defenderse con un solo brazo, trabajó con el derecho y el izquierdo, +blandiendo con aquél la espada histórica y con éste la navaja. + +En cuanto a uniformes y trajes, habíalos de todas las formas +conocidas. Es prodigioso cómo se equipó aquel ejército de paisanos en +diez y seis días. La Administración actual, con todos sus recursos, es +un sastre de portal comparada con aquel confeccionador que puso en +movimiento millones de agujas en dos semanas. En cierto estado que la +Historia no ha creído digno de sus páginas, pero que existe aún, +aunque en el olvido, se consigna el número de piezas de vestuario que +hicieron gratuitamente las monjas y señoras de Sevilla. Dice así: + +«Por las Comunidades y señoras de distinción se han hecho 3.335 +camisas, 1.768 pantalones y 167 casacas de soldado; 1.001 camisas, 312 +pantalones y 700 chalecos de sargento; 374 botines de paño, 149 sacos +de caballería, 16 mochilas y 1.684 escarapelas.» Las señoras de +Alcolea, las de Carmona, Lora del Río y otros pueblos figuran en la +cuenta con cifras parecidas. + +Esta diversidad de manos en la hechura de vestimenta indica que la voz +_uniforme_, en lo tocante a voluntarios, era una vana palabra. Al lado +de las casacas blancas con solapa negra, carmesí o azul, que vestían +la mayor parte de los regimientos de línea; al lado de las levitas +azules con bandolera que vestían valones y suizos, veíamos los +chaquetones de paño pardo con que se cubría la gente colecticia. Entre +los altos morriones de la artillería y las gorras de los granaderos, +llamaban la atención nuestros blancos sombreros portugueses, y las +gorras de cuartel, y los tocados de innumerables clases con que +cubrían sus chollas los tiradores y voluntarios de los pueblos. Como +antes he dicho, aquel ejército hacía reír. + +¿Y el dinero para la guerra? Causa risa ver cómo se da hoy de +calabazas un ministro de Hacienda para _arbitrar_, con destino a otra +guerra, unos cuantos millones que nadie quiere darle si no hipoteca +hasta el último pingajo de la nación. Aprended, generaciones egoístas. +Leed las listas de donativos hechos por los gremios, por los +comerciantes, por los nobles y hasta por los mendigos. ¡Aquel sí era +llover de dinero, y reunirlo a montones, sin que ni un realito de +vellón se escapase por entre los agujeros del cesto administrativo! En +la lista de donaciones hay una partida conmovedora que dice así: «La +Sra. Condesa viuda de Montelirios ha entregado su _toaleta_ de plata, +manifestando el sentimiento de que sus medios no alcancen tanto como +su voluntad.» + +¿Habrá hoy quien dé su _toaleta_?... + + + + +XVI + + +Nuestra marcha por Cañete de las Torres en dirección al río Salado era +un verdadero paseo triunfal, mejor dicho, casi no parecía que +marchábamos, porque la gente de los pueblos, incluso mujeres, ancianos +y chicuelos, nos seguían a un lado y otro del camino, improvisando +fiestas y bailes en todas las paradas. Cuando el ejército se detenía, +eclipsábanse en apariencia todos los males de la patria, porque la +tropa, recobrando el buen humor, convertía el campamento en una feria. +Yo no sé de dónde salían tantas guitarras; no pude comprender de qué +estaban hechos aquellos cuerpos, tan incansables en el baile como en +el ejercicio, ni de qué metal durísimo eran las gargantas, para ser +tan constantes en el gritar y cantar. + +Como durante la primera semana del mes de julio no nos faltaron +víveres abundantes, lo pasábamos perfectamente; y como tampoco +tropezamos con los franceses, establecidos, aunque muy inquietos, al +otro lado del río, a todos, especialmente a los inexpertos, nos +parecía la guerra una ocupación dulcísima. Sobre todo, el condesito de +Rumblar no cabía en su pellejo de puro alborozado; y como con el roce +de tanta y tan diversa gente se iba despabilando por extremo, llegó a +adquirir un desembarazo, un dominio de su propia persona que antes no +tenía. Santorcaz, como dije, había logrado en poco tiempo gran +ascendiente sobre D. Diego, de tal modo, que cuanto nuestro mozalbete +ponía por obra, lo consultaba con aquél. Marijuán, en cambio, hacía +buenas migas con un servidor de ustedes, y siempre juntos en las +marchas y en los descansos, nos contábamos nuestras cosas, +compadeciéndonos y consolándonos mutuamente. Nosotros dos solos, y sin +dar parte a nadie, nos comimos el divino chocolate y los bollos de la +Madre Transverberación. + +Todo el ejército tenía gran impaciencia por venir a las manos con la +_canalla_. Como existen en todo campamento, además del supremo consejo +que se celebra en la tienda del General, tantos consejillos como +grupos de soldados se escalonan aquí y allá, en la cantina o en campo +raso, para echar una caña o tirar un par de cartas, nosotros siempre +estábamos dilucidando en corros más o menos grandes la eterna cuestión +de nuestro encuentro con los franceses. ¡Cuántas veces, reunidos junto +a un tambor, donde había un jarro de vino, dispusimos el paso del río, +el ataque del enemigo en su posición de Andújar, u otras hazañas de la +misma harina! + +Un día, hallándonos en Porcuna, y después que se nos unió el ejército +de Reding, resolvimos, tras de ardiente discusión, que los generales +estaban atolondrados y sin saber qué plan adoptarían. El conde de +Rumblar dijo que iba a escribir a su maestro D. Paco, para que le +dijera qué operaciones convenían más; pero como todos se rieran de +esta ocurrencia, nuestro generalito se amoscó y fué a que le consolara +con sus adulaciones interminables el lugarteniente Santorcaz. + +Por último, tras largo consejo celebrado por los generales, se dijo +que iban a ser distribuídas las divisiones para tomar la ofensiva +inmediatamente. Aquél día, que fué, si no recuerdo mal, el 12 o el 13 +de julio, vi por primera vez al general Castaños, cuando nos pasó +revista. Parecía tener cincuenta años, y por cierto que me causó +sorpresa su rostro, pues yo me lo figuraba con semblante fiero y +ceñudo, según a mi entender debía tenerlo todo general en jefe puesto +al frente de tan valientes tropas. Muy al contrario, la cara del +general Castaños no causaba espanto a nadie, aunque sí respeto, pues +los chascarrillos y las ingeniosas ocurrencias que le eran propias las +guardaba para las intimidades de su tienda. Montaba airosamente a +caballo, y en sus modales y apostura había aquella gracia cortés y +urbana que tan común ha sido a nuestros Césares y Pompeyos. Es preciso +confesar que a caballo y en las paradas hemos tenido grandes figuras. +Esto no es decir que Castaños fuera simplemente un general de parada, +pues en 1808, y antes de inmortalizar su nombre, tenía muy buenos +antecedentes militares, aunque había hecho su carrera con rapidez +grande, si no desusada en aquellos tiempos. A los doce años de edad +obtuvo el mando de una compañía; a los veintiocho le hicieron teniente +coronel, y a los treinta y tres, coronel. Si en su juventud no asistió +a ninguna campaña, en 1794, y cuando contaba treinta y ocho años y +poseía la faja de mariscal de campo, estuvo en la del Rosellón a las +órdenes del general Caro, y allí le hirieron gravemente en el lado +izquierdo del cuello. Cuentan que la ligera inclinación de su cabeza +hacia aquel lado provenía de la tal herida. + +Voy a decir de qué manera nos distribuyeron. La primera división la +mandaba Reding; la segunda, Coupigny, y la tercera, Jones; la reserva +estaba a las órdenes de D. Juan de la Peña, y mandaban destacamentos +sueltos, de mil hombres poco más o menos, en calidad de tropas +volantes para mortificar al enemigo, D. Juan de la Cruz, el marqués de +Valdecañas y D. Pedro Echevarri, que después fué uno de los más +famosos polizontes de la reacción. Trescientos escopeteros, que habían +salido Dios sabe de dónde, eran capitaneados por el presbítero D. +Ramón de Argote. ¿No es verdad que hubiera estado mejor diciendo misa? + +A caballo éramos tres mil, fuerza no muy grande si se considera que +íbamos a operar en país entrellano y contra jinetes muy aguerridos; +pero, en cambio, nuestra artillería era de primer orden. Teníamos +veinticuatro piezas, servidas por el Real Cuerpo, con lo más florido +de aquella oficialidad a quien estaba reservado la mayor gloria de la +guerra, desde el 2 de mayo hasta la batalla de Vitoria. + +Nosotros nos extendíamos por la izquierda del Guadalquivir, ocupando +los pueblos de Porcuna y Lopera; y alargando una de nuestras alas por +el camino de Arjonilla, observábamos la orilla derecha, mientras la +otra ala se extendía hacia Higuera de Arjona buscando a Menjíbar. +Ocupaba el francés a Andújar con las fuerzas que primitivamente trajo +a la tierra andaluza, y que habían vencido en el puente de Alcolea y +saqueado a Córdoba. La división de Vedel, fuerte de diez mil hombres, +hallábase en Bailén, y la pequeña división de Ligier-Belair, el mismo +general que vimos batirse con los vecinos de Valdepeñas en los +primeros días de junio, estaba en Menjíbar guardando el paso del río. +Andújar, Bailén, Menjíbar. Del primero al segundo punto corría la +carretera general de Andalucía, desde Bailén a Menjíbar el camino que +iba a Jaén, y desde Menjíbar a Andújar el río. Conserven ustedes en la +memoria la disposición de este triángulo para comprender la +importancia de los movimientos de ambos ejércitos. + +Cualquiera que fuese el pensamiento de nuestros generales, lo cierto +es que la primera división recibió orden inmediata de ponerse en +marcha, mientras Castaños con la tercera y la reserva se dirigía hacia +el puente de Marmolejo para pasarlo y atacar a Dupont en Andújar. Ya +he dicho que mandaba D. Teodoro Reding la primera división; lo que aún +no ha sido escrito por la Historia ni dicho por mí es que yo formaba +parte de ella, porque toda la caballería voluntaria había sido +incorporada, mejor dicho, fundida en los batallones del ejército, que +apenas contaban con la mitad del contingente. A mi amo y a los que le +seguían nos tocó formar en las filas del regimiento de Farnesio, +mientras que los lanceros de Sevilla fueron casi todos incorporados al +regimiento de España. + +El día 13 nos separamos de nuestros compañeros y tomamos el camino, +mejor dicho, las veredas y trochas que conducen a Menjíbar. No +llegábamos a seis mil; pero éramos buena gente, aunque me esté mal el +decirlo. El regimiento de guardias valones, los suizos, el de la +Corona, el de Irlanda, el de Jaén, los granaderos provinciales, los +fusileros de Carmona, la caballería de Farnesio y las seis bocas de +fuego que mandaba D. Antonio de la Cruz, eran piezas respetables, +orgullosas de sí mismas. Teníamos por General a un hombre impetuoso, +de más arrojo que prudencia; mediano táctico, pero incansable en las +marchas. Nuestro Jefe de Estado Mayor, D. Francisco Javier Abadía, era +un militar muy entendido, quizás de los mejores que entonces tenía el +ejército español, y el coronel puesto al frente de la artillería +pasaba por un oficial de mucho entendimiento en su arma. Nosotros le +llamábamos el _sainetero_, por ser hijo de D. Ramón de la Cruz. + +Adelante, pues al llegar a Menjíbar, encontramos la población muy +alborotada porque un destacamento francés, enviado a Jaén en busca de +víveres, después de saquear horriblemente esta ciudad, había +retrocedido a su cuartel general, asolando a su paso la comarca. De +Jaén se contaban atrocidades que apenas son creíbles en militares de +un país europeo. Dijéronnos que mujeres y niños habían sido +inhumanamente degollados, y que igual muerte padecieron dentro de sus +mismos hospitales varios frailes agustinos y dominicos enfermos. La +consternación de aquellos pueblos era excesiva, y al aproximarse las +tropas, acudían en tropel a nuestro encuentro, derramando lágrimas de +ira, suplicándonos que no dejáramos vivo un francés, y pidiendo los +viejos aún fuertes y los rapaces de doce años que se les dejase +marchar entre las filas para ayudarnos. Según nos decían después del +saqueo, en los caseríos inmediatos al tránsito, Almenara, Fuente del +Rey, Grañena y otros, no habían dejado ni un grano de trigo, ni un +azumbre de vino, ni un puñado de paja. Hasta las medicinas de las +boticas y de los hospitales de Jaén fueron robadas, y al propio +tiempo, ni un carro ni una mula quedaron en todos aquellos contornos. + +Muchas familias expoliadas habían acudido a Menjíbar. En la plaza del +pueblo dos frailes escapados a las carnicerías de Jaén, predicaban el +exterminio de los franceses. Al ver la indignación de aquella infeliz +gente robada y vejada, al ver las mujeres que acudían frenéticas y +rabiosas pidiéndonos que vengáramos a sus inocentes hijos, degollados +sin piedad en la cuna, comprendí las crueldades de que por su parte +empezaban a ser víctimas los franceses cuando se rezagaban. + + + + +XVII + + +Antes de decidirse a pasar el río, nuestro General mandó una pequeña +fuerza en reconocimiento de la situación de las tropas de Coupigny. +Algunos jinetes de Farnesio tomaron parte en esta expedición, y +Marijuán, que fué en ella, nos contó a su regreso, en la tarde del 15, +que habían encontrado la división del Marqués hacia Villanueva de la +Reina, donde le entregaron los pliegos de Reding. Desde el campamento +de Coupigny se había visto una gran polvareda en la orilla derecha, y +parecía que la división de Vedel marchaba desde Bailén a Andújar, para +reforzar a Dupont, que ya había trabado la lucha con Castaños. La +gente venida de Arjonilla aseguraba haber oído fuerte cañoneo hacia la +parte de los Visos. + +--A estas horas--decía Marijuán--, o ellos o los de Castaños han de +estar derrotados. + +--¿Y qué esperaba el Marqués en Villanueva de la Reina?--preguntó +Santorcaz con aquella suficiencia estratégica que le hiciera tan digno +de admiración a los ojos del joven D. Diego. + +--Allí se estaba tan quieto--repuso Marijuán--. Parece que está de +acuerdo con nuestro General para operar en combinación y atacar +juntos a Bailén. + +--¿Pero qué estrategia es ésa, ni a qué conduce atacar a Bailén?--dijo +Santorcaz, atrayendo en su alrededor un círculo de soldados--. ¿No +dices que la división Vedel salió de Bailén y está ya sobre Andújar? + +--Sí; así lo decían en Villanueva. + +--Pues si no hay enemigos en Bailén, ¿qué es eso de atacar a Bailén? +Se tratará de ocuparlo para luego avanzar por el arrecife y embestir a +Dupont y a Vedel por la espalda, mientras Castaños, Jones y Peña lo +atacan de frente. + +--Eso, eso será--dijimos todos--. De ese modo les cogeremos entre dos +fuegos, y no escapará ni una patena de las que robaron en Córdoba. + +--Pero si ése es el plan, ya debía estar puesto en ejecución. Si se +están batiendo en Andújar, a estas horas deberíamos estar nosotros +cayendo sobre la retaguardia francesa; mientras que si nos ponemos en +marcha esta noche y llegamos mañana, sabe Dios... + +Al anochecer se nos ordenó marchar río arriba, lo cual no comprendimos +ni poco ni mucho hasta que algunos compañeros, que eran del país y +conocían el terreno, nos dijeron que íbamos buscando el vado del +Rincón para pasar al otro lado. Por la noche, algunas fuerzas de +infantería y dos piezas pasaron por junto a la barca, mientras el +grueso del ejército con la caballería nos disponíamos a hacerlo media +legua más arriba. Antes de amanecer sentimos algunos tiros del otro +lado, y diósenos orden de hacer el menor ruido posible y de no +encender lumbre. La noche era calurosa; habíamos comido poco y mal el +día anterior, y con esto y el no dormir no estábamos del mejor humor; +pero la guerra tiene mil contrariedades, y ojalá fueran todas como +aquélla. Entramos al fin en el río, cuyo frescor agradecieron mucho +nuestros cuerpos, secos e irritados por el calor y el polvo, y algún +tiempo después, cuando comenzaban a iluminar el horizonte los primeros +vislumbres de la aurora, ya éramos dueños de la orilla derecha. El +Mayor General Abadía, que había dirigido el paso, nos mandó +replegarnos a un sitio bajo, donde casi toda la fuerza podía +permanecer oculta, y allí aguardamos más de media hora. No se veían +los enemigos por ningún lado; pero allá lejos, hacia la barca, +continuaba cada vez más vivo el tiroteo de fusil. + +El terreno es por allí bastante quebrado, abundando los matojos, y +entre éstos designaron un camino de trocha por donde avanzó la +infantería, mientras a los de a caballo se nos mandó caminar por +terreno más alto. Habíamos tomado tan al pie de la letra la orden de +no hacer ruido, que avanzamos despacio y silenciosamente con el alma +en suspenso, los ojos atentamente fijos en el último término del +terreno hacia la izquierda, punto donde se había trabado la acción. +Vimos al fin a los franceses tiroteándose con nuestros compañeros, con +aquellos que habían pasado la barca durante la noche, y luchaban en un +campo bajo, salpicado de espesos matorrales. + +En una loma, y como a dos tiros de fusil de aquel sitio, brillaba +inmóvil e imponente una cosa que desde el primer momento atrajo +nuestras miradas, infundiéndonos algún recelo. Era un escuadrón de +coraceros, la mejor caballería del ejército de Dupont. Todos los +jinetes contemplamos el resplandor de las bruñidas corazas, en cuyos +petos el sol naciente producía plateados reflejos; y después de mirar +aquello sin decir nada, nos miramos unos a otros, como si nos +contáramos. Ni una voz se oía en nuestras filas; a todos se nos había +cambiado el color, y temblábamos, aunque cada cual hiciera esfuerzos +para disimularlo. El único rumor que turbaba el profundo silencio de +nuestro regimiento, donde hasta los caballos parecían contener el +aliento y explorar el campo con atónitos ojos, era un ligero y casi +imperceptible son metálico producido por las estrellas de las +espuelas. Aquel temblor de piernas es un accidente que la caballería +observa siempre en el comienzo de toda batalla. + +El combate, principiado en guerrillas, arreciaba desde que empezó la +infantería a desplegar un frente compacto de consideración. Pero casi +toda la tropa española se mantenía en reserva, esperando a saber +fijamente si los franceses ocultaban una gran fuerza en la carretera +de Bailén. Mientras el frente español aumentaba sus tiros, +resistiendo a las innumerables guerrillas francesas que al abrigo de +sus posiciones medio atrincheradas hacían fuego mortífero, la +artillería continuaba a retaguardia, y la caballería, asimismo fuera +de acción, recibió orden de ocupar un cerro a mano derecha. Fijos +allí, no quitábamos los ojos de la tremenda fila de corazas que +resplandecían en la loma de enfrente, quietas y confiadas en su valor +y pesadumbre. Aquella fuerza era muy superior a la nuestra por su +organización y marcialidad; pero nosotros teníamos sobre ella, además +de la ventaja numérica, que no era de gran valor, dada nuestra +impericia, la siguiente ventaja moral: puestos ellos en la vertiente +anterior de una loma, todo su poder y su número se presentaban a +nuestra vista; no había más coraceros que aquéllos, y podíamos +contarlos uno por uno. Nosotros, en cambio, estábamos sabiamente +colocados por el Mayor General en otra altura parecida; pero sólo una +quinta parte del regimiento ocupaba la parte culminante de la loma, +mientras que todo lo demás se extendía en la vertiente posterior, +permaneciendo oculto a la vista del enemigo; de modo que si nosotros +les contábamos perfectamente a ellos, los franceses, engañados por la +apariencia, se reirían de los cuarenta jinetes sin uniforme, +enseñoreados del cerro con aire de perdonavidas. + +Nosotros teníamos sobre ellos la ventaja de lo desconocido, que es el +genio tutelar de las batallas, de eso que no se ve y que en el momento +apurado y crítico sale inopinadamente de lo hondo de un camino, del +respaldo de una loma, de la espesura de un bosque; combatiente de +última hora que la tierra echa de su seno, y se presenta fresco, sin +heridas ni cansancio, a decidir la victoria. + +Nuestras filas habían desalojado a los franceses de sus posiciones. +Les vimos replegarse en desorden, y entonces cesó la inmovilidad de +los coraceros. Los resplandecientes petos despedían reflejos +múltiples, y ordenadamente descendieron de la colina en perfecta fila. +Relincharon sus caballos, y los nuestros relincharon también, +aceptando el reto. Pero entonces ocurrió uno de esos cambios de escena +tan frecuentes en la guerra, y cuyo artificio, si cae en buenas manos, +basta a decidir la victoria. Arrojadas nuestras filas sobre las +guerrillas enemigas, clareado el terreno y puestas en juego algunas +piezas de artillería, vióse que los franceses vacilaban, agrupándose y +retrocediendo como si buscaran nuevas posiciones. Se nos dió orden de +avanzar bajando, y una vez en llano, convertirnos sobre nuestro +flanco, para formar un largo frente de batalla. La infantería francesa +estaba delante de nosotros, resguardada por sus coraceros; pero éstos, +observando nuestro movimiento y reconociendo al instante su indudable +inferioridad, invadieron precipitadamente la carretera. La retirada +era cierta. Se nos formó en columnas, dándonos orden de cargar, y el +regimiento se puso rápidamente al galope. Parecía que la misma tierra, +sacudiéndose bajo las herraduras de nuestros caballos, hacia adelante +nos lanzaba. A aquellos primeros pasos tras un ideal de gloria +acompañaron voces de guerra mezcladas con piadosas invocaciones. + +--¡Madre nuestra, santa Virgen de Araceli, ven con nosotros! + +--¡Viva España, Fernando VII y la Virgen de la Fuensanta! + +Ya nadie pensaba en tener miedo; muy lejos de esto, todos los de mi +fila rabiábamos por no estar en las de vanguardia, en aquellas filas +dichosas que acometían a sablazos a los franceses de a pie, ya +pronunciados en completa dispersión. Tal era nuestro furor bélico en +aquella fácil victoria, que D. Diego, Marijuán y yo, no encontrando a +derecha e izquierda francés alguno, hacíamos grande estrago con +nuestros sables en los arbustos del camino, diciendo: «Perros, +canallas, ya sabréis cómo las gastamos los españoles.» + +La gloria de cargar sobre la infantería francesa perteneció tan sólo a +las primeras filas, aunque no les duró mucho el regocijo, porque los +enemigos, convencidos ya de que no tenían fuerza bastante para +hacernos frente, tomaban a toda prisa el camino de Bailén. Una vez +posesionados del camino, seguimos adelante; pero los caballos +franceses corrían a todo escape, y la infantería se puso en salvo por +las veredas, dispersándose a un lado y otro de la carretera. Sobre las +diez nos detuvimos, y, puestas en orden las columnas, avanzamos +despacio, porque recelábamos de ser atacados por una división entera. +Entretanto, nuestras pérdidas habían sido nulas en la caballería, y +escasas, aunque sensibles, en la infantería, qué perdió un capitán del +regimiento de la Reina y bastantes soldados. + +Después de haber perdido de vista a los enemigos, continuamos la +marcha hacia Bailén, si bien con mucha cautela, pues había la +presunción de que los franceses, reforzados con gran número de tropas, +caballos y artillería, se nos presentarían de nuevo en mitad del +camino, sorprendiéndonos en nuestra triunfal carrera. Así fué, en +efecto. A eso del mediodía nuestras columnas avanzadas recibieron el +fuego de los imperiales, que rehechos con un destacamento que de +Linares había llegado, trataban de ganar lo perdido. + +Furiosos por el reciente desastre, acometieron briosamente a nuestra +vanguardia. Tomamos posiciones, y las tropas ligeras, ayudadas de un +enjambre de paisanos, se diseminaron por las escabrosidades próximas, +desde cuyos matorrales mortificaban a los franceses con fuego menudo. +La caballería, entretanto, continuaba muy lejos de la acción, y aunque +nuestro deseo hubiera sido que a lo más recio se nos enviara para +desahogar nuestro enardecido pecho, Dios quiso por fortuna que no +llegase esta ocasión, pues la escaramuza terminó de improviso, cesaron +los tiros, y vimos con sorpresa que los franceses, como poseídos de +súbito pavor, retrocedían a la desbandada hacia Bailén, recogiendo +precipitadamente sus heridos. + +¿Qué ocurría? Según después supimos, Francia había tenido una pérdida +funesta, la de su general Gobert, el cual cayó mortalmente herido por +una de esas balas de guerrero invisible, que salían de entre las +malezas para taladrar el corazón del Imperio. Aquel valiente militar +murió pocas horas después en Guarromán. Dueños nosotros del campo, y +sin enemigos a la vista, parecía natural que fuéramos sobre Bailén; +pero el ejército volvió hacia Menjíbar para repasar el río, movimiento +que no fué por nosotros comprendido. Muy orgullosos estábamos, y +especialmente los inexpertos paisanos no cabíamos en el pellejo. + +--¡Hoy es día del Carmen!--exclamó don Diego--. ¡Viva la Virgen del +Carmen, y mueran los franceses! + +Ruidosas exclamaciones alegraron y conmovieron nuestras filas. Era el +16 de julio; en este día la Iglesia celebra, además de la advocación +del Carmen, el Triunfo de la Santa Cruz, fiesta conmemorativa de la +gran batalla de las Navas de Tolosa, ganada contra los infieles por +castellanos, aragoneses y navarros, en aquellos mismos sitios donde +nosotros nos batíamos con Francia, y en el mismo 16 del mes de julio. +Habían pasado quinientos noventa y seis años. La coincidencia del +lugar y la fecha nos inflamaba más, y añadido a nuestro patriotismo +una profunda fe religiosa, nos creímos héroes, aunque hasta entonces +no habíamos tenido ocasión de probarlo. + +Antes de cruzar el río, descansamos para llevar algo a la boca. ¡Oh, +qué desengaño! Estábamos muertos de hambre y cansancio, y se nos dijo +que no había más que un tercio de ración. Pero como buenos chicos que +éramos nos conformamos, supliendo los dos tercios restantes con la +substancia moral del entusiasmo. + +--Pero, Sr. de Santorcaz--pregunté a mi compañero, cuando, con el agua +al estribo, vadeábamos el Guadalquivir--, ¿nos quiere usted decir por +qué no se nos ha llevado adelante? ¿Por qué después de esta victoria +desandamos lo andado? + +--¡Zopenco!--me contestó--. Esto no ha sido más que una fiestecilla de +pólvora, y todavía no ha empezado lo bueno. ¿Crees que no hay más +franceses que esos cuatro gatos de Ligier-Belair? ¿Qué sabes tú si a +estas horas Vedel, que a Andújar fué en auxilio de Dupont, habrá +regresado a Bailén? Ahora, o yo me engaño mucho, o vamos en busca del +marqués de Coupigny para reunirnos y emprender juntos un nuevo ataque. +¿Estás al tanto de lo que digo? ¿Ves cómo no en vano ha mordido uno el +cebo en Hollabrün, en Austerlitz y en Jena? + +Efectivamente, la intención de nuestro General era reunirse con +Coupigny; pero esto no se verificó hasta la noche del 17 al 18. + + + + +XVIII + + +Se nos acampó en un alto a espaldas de Menjíbar, y supimos con gusto +que aquella noche no haríamos movimiento alguno. Nuestro gozo, como +nuestra fatiga, necesitaba descanso; necesitábamos dar desahogo al +efervescente júbilo, no sólo renovando en la memoria todos los +incidentes de la acción de aquel día, sino también refiriendo cuanto +cada uno hizo y cuanto dejó de hacer para que la batalla fuese +completamente ganada. Los suizos y los soldados de línea no estaban +tan engreídos como nosotros los paisanos, que creíamos haber asistido +a la más grande y gloriosa acción de los modernos tiempos. Mirábamos +con desdén a los que quedaron de reserva, y al contarles lo que pasó, +hacíamos subir a cifras fabulosas el número de franceses segados por +nuestros cortadores sables en la refriega. + +Largas horas pasamos sobre el campo saboreando los deliciosos +recuerdos de tanta gloria, que como dejos de un manjar muy rico nos +renovaban el placer del vencimiento. La noche era como de verano y +como de Andalucía, serena, caliente, con un cielo inmenso y una +atmósfera clara, donde algo sonoro fluctúa, cuya forma visible +buscamos en vano en derredor nuestro. Tendidos sobre la caldeada +tierra a orillas del río, cuyas frescas emanaciones buscábamos con +anhelo, entreteníamos las horas hablando, cantando o haciendo eruditas +disertaciones sobre la campaña tan felizmente emprendida. En un grupo +se jugaba a las cartas, en otro se decía un romance de héroes o de +santos, en este algunos cantaores echaban al vuelo las más románticas +endechas de la tierra, pues desde entonces era romántica Andalucía; en +aquel se narraban cuentos de brujas, y en algunos, finalmente, se +dormía sin inquietud por el día venidero. + +Nuestro D. Diego, siempre al arrimo de Santorcaz; Marijuán, yo y +algunos más formábamos un grupo bastante animado, en el cual no cesó +el ruido hasta muy alta la noche. Después de cantar, no escasearon los +cuentos, acertijos y adivinanzas, y, por último, la conversación +recayó en tema de mujeres. + +--Yo--dijo D. Diego con su natural ingenuidad--me voy a casar. A todos +les convido a mi boda. «¿Y quién es la novia?», dirán ustedes. Pues +sepan que no la he visto. Mi señora madre lo ha arreglado todo con +otras dos señoras de Córdoba, y, según me han dicho, es más bonita que +el Sol, aunque ahora da en la manía de no salir del convento. + +--Será para cuando acabe la guerra, porque ahora no está el horno para +bollos--dijo Marijuán--. Yo también voy a casarme con una muchacha de +Almunia, que tiene siete parras, media casa y burro y medio de +hijuela. También será cuando acabe la campaña, y a todos les convido a +mi boda. ¿Y tú, Gabriel, no piensas casarte? + +--Pues yo, para no ser menos--contesté--, digo que cuando termine la +guerra me casaré también. «¿Y con quién?», diréis. Pues me caso con +una condesa. + +--¡Con una condesa! + +--Sí, señores, con una condesa que posee todas estas tierras que +estamos viendo y otras más allá, y tiene dos escudos con ocho lobos +sobre plata y catorce calderos, con media cabeza de moro y un letrero +que dice... + +--_Toma casa con hogar y mujer que sepa hilar_--dijo Marijuán, +interrumpiéndome--. ¿Pues no dice que se casa con una condesa? Será +con alguna duquesa del estropajo. Pero dí, ¿en qué alcázares reales +está tu novia? + +--Este es un bobalicón que no sabe lo que se habla--observó D. +Diego--. ¡Lucida condesa será ella! Pues, como os decía, muchachos, mi +novia está muy desazonada esperando a que se acabe la guerra para +casarse conmigo. Así me lo han dicho, y lo creo. Apuesto que estáis +rabiando por saber quién es y cómo se llama; pero eso no lo he de +mentar, porque mi señora madre y D. Paco me dijeron que si hablaba de +esto antes de llegar la ocasión, me castigarían no dejándome montar en +el potro. ¡Qué guapa es, señores! Sus ojos son dos luceros, como aquel +grande y muy claro que está sobre el tejado de esa casa; su boca se +compone de dos hojas de rosa; sus dientes hacen que todas las perlas +echen a correr de envidia; sus mejillas son claveles abiertos, y +cuando llora, sus lágrimas son diamantes. Yo no la he visto más que en +figura; porque han de saber ustedes que cuando fuí a visitar a sus +tías en Córdoba, me dieron un medalloncito con el retrato de la que ha +de ser mi mujer, el cual retrato, por temor a que se me perdiera, lo +he dado a guardar al Sr. de Santorcaz. + +--Eso se parece--dijo uno de los oyentes--la historia de la princesa +Laureola, por quien vinieron de la Meca los tres reyes moros, y dice +el cuento que tenía los ojos de azabache ardiendo, la boca de flor de +granado, y las orejas de caracolitos del mar. ¿Lo sabes tú? + +--Eso está en el romance de la _Reina mora_, bruto. ¿Qué tiene eso que +ver con la princesa Laureola? + +--Yo sé el romance de la _Reina mora_--gritó D. Diego, batiendo +palmas--. ¿Lo echo? + +--Venga. + +--No: el del _Barandal del cielo_, que es más bonito y habla de la +Virgen--añadió el Condesito, gozoso de poder lucir sus habilidades--. +Me lo enseñó mi hermana Presentación, que sabe veintisiete y los dijo +todos arreo delante del Sr. Obispo de Guadix, cuando Su Ilustrísima +paró en casa el mes pasado. + +Y sin esperar a que le rogasen, el mayorazguito de Rumblar, con +sonsonete de escuela, voz agridulce y afeminados gestos, dió principio +a la siguiente retahila: + + Por el barandal del cielo + se pasea una doncella + blanca, rubia y encarnada, + que alumbra como una estrella, + San Juan le dice a Jesús: + «¿Quién es aquella doncella?» + «Nuestra Madre, buen San Juan, + nuestra Madre linda y bella»; + la Virgen no viene sola: + ángeles vienen con ella; + no viene vestida de oro, + ni de plata, ni de seda: + viene vestida de grana.... + .......................... + +Y como al concluir fuera acogida esta relación con una salva de +aplausos, animóse el recitador y nos endilgó otra, no menos famosa, +que empezaba: + + Allá arriba, en aquel alto, + hay una fuente muy clara, + donde se lava la Virgen + sus santos pechos y cara.... + ............................ + +--¡Basta de romances!--exclamó de improviso Santorcaz, asustándonos a +todos con su interrupción--. Eso es cosa de chiquillos, y no de +hombres formales. ¿No sabe usted más que eso? + +--Sé muchos más--dijo tímidamente el joven--. Don Paco me ha enseñado +muchos, y me los hace aprender de memoria para que los diga en las +tertulias. + +--¿Y nada más le ha enseñado a usted ese Sr. D. Paco, a quien desde +el primer momento tuve y diputé por un gran zopenco? + +--También me ha enseñado Historia, sí, señor. Y sé lo de nuestro padre +Adán y aquello de Alejandro cuando fué a dar batallas a los persas, +como ahora vamos nosotros a dárselas a los franceses. + +--¿Y nada más? + +--¡Toma!, también latín; pero mi señora madre mandó que no me +atarugasen la cabeza de latín, puesto que no era necesario; y por +último, D. Paco dijo que con saber un poquito de _Musa musæ_ bastaba. + +--¿Y qué libros ha leído usted? + +--Nada más que la _Guía de Pecadores_, donde está aquello del +Infierno. Es libro muy feo, y mi señora madre no me dejaba leer más +que lo del Infierno, que da mucho espanto y sueña uno con ello. Pero +mi señora madre tiene otros libros en el cofre, y cuando iba a misa, +yo, con mucha cautela, los sacaba para leerlos. Uno se titula _La +farfulla, o la cómica convertida_, novela escrita por un fraile de +mínimos, y otra, _Princesa, ramera y mártir, Santa Afra_. Ambos libros +son muy bonitos, y traen un aquel de amores y besos, que me daba mucho +gusto ouando a escondidas los leía yo. + +Santorcaz sonreía. Después de una pausa, dijo con cierta petulancia: + +--¿De modo que no ha leído usted la _Enciclopedia_? + +--¿Qué es eso? + +--La _Cincopedia_--gritó uno--. ¡Eh!, ¿sabes tú adónde cae la +_Cincopedia_? + +Esta palabra, que adquirió fortuna aquella noche, fué pasando de boca +en boca, y más de cien la repitieron entre zumbas y chacota. + +--Veo que sois unos animales--dijo Santorcaz, un poco avispado--. De +todos modos, Sr. D. Diego, la educación que usted ha recibido no puede +ser más deplorable en un joven mayorazgo, que por lo mismo que ha de +sobresalir entre los demás en la sociedad, debe cultivar su +entendimiento. + +--A ver, amigo--indicó Rumblar--, hábleme usted de esas cosas, que me +gustan. Todo lo que usted me decía anteayer, cuando íbamos de camino +por aquí, me tenía encantado, y le juro que si no estuviera en +vísperas de casarme y fuera preciso seguir con ayo, le diría a mi +señora madre que me le pusiera a usted en lugar de D. Paco, el cual +bien se me alcanza que no me ha enseñado más que gansadas y tonterías. + +--Pues repito que un joven destinado a ocupar tan alta posición en el +mundo debe saber algo más que el romance del _Barandal del cielo_. +Verdad es que, o mucho me equivoco, o todo eso de los mayorazgos se lo +llevará la trampa, y tarde o temprano se pondrán las cosas de manera +que cada cual sea hijo de sus obras. + +--Así debe ser--añadió Marijuán--. ¿No somos todos hijos de Dios? + +--Vengan acá y respondan--dijo Santorcaz, excitando la curiosidad de +sus oyentes--. ¿No les parece que el mundo está muy mal arreglado? + +Abriéronse varias bocas con estupefacción, y no se oyó ninguna +respuesta. + +--Pues yo, que no he leído ningún libro--afirmó al fin uno de los +circunstantes--, digo que Dios tiene que volver a hacer el mundo, +porque eso de que se lo lleve todo el que primero salió del vientre de +la madre, y los demás se queden bailando el pelao, no está bien. Mi +hermano el mayor, sólo porque le dió la gana de nacer antes que yo, +tiene tres dehesas y dos casas; y los demás..., uno hubo de meterse +fraile, otro se fué al Perú, otro está muerto de hambre en un hospital +de Sevilla, y yo, señores, tuve que meterme en el contrabando para que +no se me helara el cielo de la boca. + +--Oye, tú, Marijuán--dijo otro--, ¿sabes lo que contaban en Sevilla? +Pues que la Junta se iba a poner de compinche con las otras Juntas +para ver de quitar muchas cosas malas que hay en el gobierno de +España, lo cual podemos hacer nosotros _sin necesidad de que vengan +los franceses a enseñárnoslo_.[2] + +--Así ha de ser--observó Santorcaz--. Me han dicho que en Sevilla hay +sociedades secretas. + +--¿Qué es eso? + +--Ya sé--replicó uno--. Tiene razón don Luis. En Sevilla hay lo que +llaman _flamasones_, hombres malos que se juntan de noche para hacer +maleficios y brujerías. + +--¿Qué estás diciendo? No hay tales maleficios. Mi amo iba también a +esas Juntas, y cuando su mujer se lo echaba en cara, respondía que los +que allí iban entraban al modo de filósofos y no hacían mal a nadie. + +--Pues en Madrid las sociedades secretas están todavía en la +infancia--añadió Santorcaz--. En Francia las hay a miles, y todo el +mundo se inscribe en ellas. + +--Pues si voy a Madrid--dijo con énfasis el mayorazguito--, lo primero +que haré será meterme en una de esas sociedades, donde sin duda se han +de aprender muy buenas cosas. ¿No es verdad, D. Luis? Yo no tengo nada +de torpe: me lo conozco, sí, señores. ¿Creerá usted, Sr. Santorcaz, +que eso que usted ha dicho de los mayorazgos se me había ocurrido a mí +muchas veces cuando jugaba en el patio de casa con las gallinas? Pero +ya que me enseña usted lo que ignoro, contésteme a una duda: ¿por qué +tenemos nosotros en nuestras casas tantos papelotes llenos de +garabatos, y por qué usamos esos escudos con sapos y culebras? El de +mi casa tiene cuatro lagartos y un tablero de ajedrez con dos +calderitos muy monos. + +--Si esos signos representan algo--repuso Santorcaz--, es referente al +primero que los usó, a sus hazañas, si las hizo, o a sus privilegios, +si los tuvo; pero hoy, amiguito, tales pinturas no valen de nada, y +dentro de algunos años, los que las posean sin dinero, serán unos +pobres pelagatos, a quienes nadie se arrimará, así como todo aquel que +haya hecho una fortuna con su trabajo o descuelle por su talento, será +bienquisto en el mundo, aunque no tenga ni un adarme de lagartija en +su escudo. + +--¿De modo--preguntó el mozalbete--que yo seré un pelagatos si llego a +perder mi patrimonio o soy un bruto? Esto sí que es bueno. + +--Nada, nada--dijo uno--. Fuera mayorazgos, y que todos los hermanos +varones y hembras entren a heredar por partes iguales. + +--Eso no puede ser--observó Marijuán--, porque entonces no habría las +grandes casas que dan lustre al reino. + +--Eso no puede ser--afirmó un tercero--. Pues qué, ¿el Rey iba a ser +tan tonto que quitara los mayorazgos? Nada, nada; los dejará siempre +por la cuenta que le tiene. + +--Es que si el Rey no quiere quitarlos, no faltará quien los +quite--añadió Santorcaz. + +Todos se rieron al oír sostener la idea de que existe alguna voluntad +superior a la voluntad del Rey. + +--¿Cómo puede ser eso? Si el Rey no quiere... ¿Hay quien esté por +cima del Rey? El Rey manda en todas partes, y digan lo que quieran, no +hay más que su sacra real voluntad. ¡Muchachos, viva Fernando VII! + +--Pero vengan acá, zopencos--dijo Santorcaz--. ¿Dicen ustedes que +nadie manda más que el Rey? + +--Nadie más. + +--Y si todos los españoles dijeran a una voz: «¿Queremos esto, señor +Rey; nos da la gana de hacer esto», ¿qué haría el Rey? + +Abriéronse de nuevo todas las bocas, y nadie supo contestar. + + +#Nota a pie de página:# + +[2] Palabras textuales de la Junta Suprema de Sevilla. + + + + +XIX + + +--Gaznápiros, animales, si estáis probando lo que digo--añadió con +energía D. Luis--. Lo que pasa en España, ¿qué es? Es que el reino ha +tenido voluntad de hacer una cosa y la está haciendo, contra el +parecer del Rey y del Emperador. Hace tres meses había en Aranjuez un +mal Ministro, sostenido por un Rey bobo, y dijisteis: «No queremos ese +Ministro ni ese Rey», y Godoy se fué y Carlos abdicó. Después Fernando +VII puso sus tropas en manos de Napoleón, y las autoridades todas, así +como los generales y los jefes de la guarnición, recibieron orden de +doblar la cabeza ante Joaquín Murat; pero los madrileños dijeron: «No +nos da la gana de obedecer al Rey, ni a los Infantes, ni al Consejo, +ni a la Junta, ni a Murat», y acuchillaron a los franceses en el +Parque y en las calles. ¿Qué pasa después? El nuevo y el viejo Rey van +a Bayona, donde les aguarda el tirano del mundo. Fernando le dice: «La +Corona de España me pertenece a mí; pero yo se la regalo a usted, Sr. +Bonaparte». Y Carlos dice: «La Coronita no es de mi hijo, sino mía; +pero para acabar disputas, yo se la regalo a usted, Sr. Napoleón, +porque aquello está muy revuelto y usted solo lo podrá arreglar». Y +Napoleón coge la Corona y se la da a su hermano, mientras volviéndose +a ustedes les dice: «Españoles, conozco vuestros males y voy a +remediarlos.» Pero ustedes se encabritan con aquello, y contestan: +«No, camarada, aquí no entra usted. Si tenemos sarna, nosotros nos la +rascaremos: no hay más Rey de España que Fernando VII.» Fernando se +dirige entonces a los españoles y les dice que obedezcan a Napoleón; +pero entretanto, muchachos, un señor que se titula alcalde de un +pueblo de doscientos vecinos escribe un papelucho diciendo que se +armen todos contra los franceses: este papelucho va de pueblo en +pueblo, y como si fuera una mecha que prende fuego a varias minas +esparcidas aquí y allí, a su paso se va levantando la nación desde +Madrid hasta Cádiz. Por el Norte pasa lo propio, y los pueblos +grandes, lo mismo que los pequeños, forman sus Juntas, que dicen: «No; +si aquí no manda nadie más que nosotros. Si no reconocemos las +abdicaciones, ni admitiremos de Rey a ese D. José, ni nos da la gana +de obedecer al Emperador, porque los españoles mandamos en nuestra +casa, y si los reyes se han hecho para gobernarnos, a nosotros no nos +han parido nuestras madres para que ellos nos lleven y nos traigan +como si fuéramos manadas de carneros...» ¿Estamos? ¿Lo comprendéis? +Pues esto, ni más ni menos, es lo que está pasando aquí. Y ahora +contéstenme los alcornoques que me oyen: ¿quién manda, quién dispone +las cosas, quién hace y deshace, el Rey o el reino? + +El estupor que produjeron estas palabras reveladoras en el atento +concurso, compuesto de muchachos rudos e ignorantes, pero de gran +viveza de imaginación, fué tan extraordinario, que por un corto rato +no se oyó la más insignificante voz, señal cierta de que las ideas +vertidas por Santorcaz, entrando de improviso en los obscuros +cacúmenes de sus oyentes, habían armado allí gran zipizape y +polvareda, dejándoles aturdidos, confusos y sin palabra. El primero +que rompió el silencio fué Rumblar, diciendo: + +--Todo eso está muy bien dicho. ¿Creeréis que hace días me ocurrió una +idea parecida cuando estaba cazando moscas y poniéndoles rabos en +cierta parte, para que al volar hicieran reír a mis dos hermanas, que +estaban rezando? Sólo que yo no sabía cómo decir aquello que pensaba. + +--Si, señores, ¡vivan las Juntas!--exclamó uno, levantándose--. Yo me +sé de memoria aquel papel que echó a la calle la de Córdoba, +diciendo... Óiganme: «¡Cordobeses: los reinos de Andalucía se ven +acometidos por los asesinos del Norte; vuestra patria va a ser +oprimida bajo el yugo de un tirano; vosotros mismos seréis arrancados +de vuestros hogares y de vuestras casas. Cuarenta argollas está +labrando el lascivo Murat para conduciros al Norte como a los animales +más inmundos... ¡Soldados, gemid de rabia y furor!... Doce millones +de hombres os están mirando y envidiando vuestra gloria, y aun la +Francia misma ansia por vuestros triunfos.» + +Ruidosos aplausos y gritos acogieron esta proclama, fielmente recitada +con dramáticos gestos por el muchacho. + +--Pues sí los españoles--continuó luego Santorcaz--pueden hacer lo que +están haciendo, ¿no pueden también decir el día de mañana: «Vamos, no +queremos que haya más Inquisición ni más vinculaciones...?», pongo por +caso... O que digan: «En lugar de mil conventos, que haya tan sólo la +mitad, con lo cual basta y sobra», o «No me da la gana de que haya +diezmos...» + +--Eso sí que estaría bueno--dijo Marijuán--. Pero si todos los +españoles van a hacer eso, y cada uno empieza a tirar por su lado +diciendo lo que quiere, se armará un laberinto tal que no podrán +entenderse. + +--Vaya unos zotes--añadió Santorcaz--. Pero venid acá: ¿no veis que +hay en Sevilla una Junta, que es la que dispone? ¿No veis que hay otra +en Granada, otra en Córdoba y otra en Málaga, etc.? Pues en lugar de +todas esas Juntas pequeñas que gobiernan en cada pueblo, ¿no puede +haber una muy grande que se reuna en Madrid y acuerde lo que se ha de +hacer? + +Miráronse los oyentes unos a, otros, y los monosílabos de aquiescencia +y de admiración corrieron de boca en boca, demostrando la prontitud +con que aquellas juveniles inteligencias desplegaban sus alas, aún +entumecidas y vacilantes, para intentar describir los primeros +círculos en el espacio del pensamiento. + +Estas conversaciones me enamoran--dijo el condesito de Rumblar--. Me +estaría toda la noche oyendo a este hombre, sin cansarme. Ya, ya voy +aprendiendo muchas cosas que no sabía. + +Así, aquella fantasía encerrada en el capullo de una educación +mezquina, agujeraba con entusiasmo su encierro, porque había +vislumbrado fuera alguna cosa que tenía la fascinación de lo nuevo. +Así, aquel germen de pasión y de inteligencia, guardado en un huevo, +se reconocía con vida, se reconocía con fuerza, y empezaba a dar +picotazos en su cárcel, anhelando respirar fuera de ella otros aires y +calentarse con calores más enérgicos. Así, aquella ceguera abría sus +párpados, gozándose en la desconocida luz. + +La conversación terminó en el punto en que la he dejado, porque la +noche estaba muy avanzada y casi todos empezaron a rendirse al sueño, +excepto el mayorazguito, cuyo despabilamiento era casi febril. Largo +tiempo continuaron él y Santorcaz hablando en diálogo animadísimo, +como si discutieran planes y expusieran proyectos de gran +trascendencia para los dos. Yo me aparté del grupo, fingiendo +retirarme a dormir; pero con ánimo de satisfacer una imperiosa +exigencia de mi alma, que a veces me pedía soledad y meditación. Todos +los ruidos habían cesado en el campamento: las guitarras y +castañuelas, así como las cajas y las cornetas, estaban mudas, porque +el ejército dormía. Lejos del grupo de mis amigos, echéme sobre el +suelo, aguardando la aurora, sin poder ni querer cerrar los ojos; y +allí me puse a meditar sobre lo que desde mi salida de Madrid había +visto y oído: ¡Cuántas personas nuevas para mí había encontrado en +aquella breve jornada de mi vida! ¡Con cuánto afán, meditando a solas +y mirándolas al lado, preguntaba a los caminantes si tenían alguna +noticia de lo que me reservaba el Destino! De todas aquellas personas, +ninguna estaba tan enérgicamente fija en mi pensamiento como +Santorcaz, hombre para mí incomprensible y sospechoso, y que empezaba +a inspirarme secreta antipatía, sin que acertara a explicarme por qué. + + + + +XX + + +Al siguiente día hicimos un movimiento por la orilla izquierda, río +arriba, hasta un punto mucho más alto que Menjíbar. Nada entendíamos; +pero Santorcaz, o por petulancia o porque realmente había penetrado la +intención de Reding, nos dijo: + +--Nuestro General sabe lo que se hace, y es hombre que conoce la +filosofía de las marchas. + +Después de detenernos a orillas del Guadalimas, parte del ejército se +entretuvo en marchas incomprensibles, y empleando en esto más de un +día, nos encontramos de nuevo sobre Menjíbar al anochecer del 18, +punto al cual había llegado horas antes la división del marqués de +Coupigny. Reunidos ambos ejércitos, no hubo allí más parada que la +precisa para recoger las provisiones de que estábamos tan escasos, y +ya muy de noche emprendimos el camino de Bailén. Éramos catorce mil +hombres. Todo anunciaba que íbamos a tener un encuentro formal con el +ejército francés. + +Según nuestras noticias, Dupont continuaba en Andújar, reforzado por +la división de Vedel. ¿Habían trabado acción con nuestro tercer cuerpo +y el de reserva, que, pasando el río por Marmolejo, estaban situados +en la orilla derecha? Nosotros creíamos que sí, a menos que Castaños +no aguardase para atacar enérgicamente a que la primera y segunda +división cayeran sobre la espalda del ejército de Dupont, bajando +desde Bailén. ¿Era éste el objeto que nos guiaba en nuestra marcha? +Parecíanos que sí. + +Mientras llegaba el momento del drama, lejos de nosotros y en los +flancos del ejército imperial, mil dramáticas peripecias debían +precipitar la catástrofe, irritando paulatinamente al enemigo. Los +cuerpos y columnas de guerrilleros, mandados por D. Juan de la Cruz, +el conde de Valdecañas y el clérigo Argote, se habían desparramado +como enjambre mortífero por los pueblos y caseríos que dominaba el +Cuartel General francés en las primeras estribaciones de la sierra, al +Norte de Andújar. De tal modo perseguían aquellos ardorosos paisanos a +los franceses, y con tanta rapidez se dispersaban para evitar ser +atacados, que a los invasores les era de todo punto imposible estar +tranquilos un solo momento. El poderoso gigante sacudía de una +manotada aquellos moscones venenosos; pero éstos volvían a zumbar en +derredor suyo, le molestaban con sus terribles picaduras, y huían +incólumes, sin temer la espada ni el cañón, pues estas armas no se han +hecho para mosquitos. + +No podían los franceses apartarse de su Cuartel General como no fuera +en grandes destacamentos. Frecuentemente iban mil hombres a llenar en +la fuente próxima unas cuantas alcarrazas de agua. Si por acaso salían +a merodear pelotones de poca fuerza, eran despachados por los +guerrilleros en menos que canta un gallo. Antes que consentir que se +apoderasen de una panera, la quemaban; las fuentes eran enturbiadas +con lodo y estiércol, para que no pudieran beber; los molinos, +desmontados y enterradas sus piedras para que no molieran un solo +grano. ¡Ay de aquel francés que se rezagara en las marchas de su +destacamento! Sentíase de improviso asido por mil coléricas manos; +sentíase arrastrado por las mujeres, pellizcado por los chicos y +acuchillado por los hombres, hasta que su existencia se apagaba con +horrible choque en la fría profundidad de un pozo. El invasor no +encontraba asilo en ninguna parte, y forzosamente encerrado en los +límites del Cuartel General, veía conjurados contra sí hombres y +Naturaleza. Por esto, rabioso y desesperado, anhelaba batirse en +función campal, seguro de su destreza y costumbre de guerrear; y +lamentando la estupefacción del General en Jefe, exclamaba: «Demos una +batalla, y, aunque muera la mitad del ejército, la otra mitad +conquistará un charco en que beber y un puñado de trigo seco que +llevar a la boca.» + +Habían dejado los franceses en Montoro un destacamento de setenta +hombres para custodiar un molino donde fabricaban con dificultad +harina malísima. El alcalde de aquella villa, donde no había quedado +ni una sola arma de fuego, se atreve, sin embargo, a dar cuenta de los +setenta franceses, para lo cual era preciso despachar primero a los +veinticinco que a todas horas estaban de guardia en el puente. Reúne, +pues, algunos paisanos decididos, y usando la arma blanca, ataca con +furia a la guardia; los veinticinco son exterminados; apodérase de sus +fusiles la valiente cuadrilla, sorprende el resto del destacamento en +la casa donde se albergaba, hace prisioneros a soldados y jefes, y les +manda a la isla de León. El parte en que se notificó este suceso a la +Junta Suprema decía que todo se hizo con las _varas de los harrieros_ +(conservo la ortografía del original); pero esto ha de ser una +hipérbole andaluza. + +Sintiéndose llamado a mas grandes acciones, D. José de la Torre (que +así se nombraba aquel alcaldito) sale al encuentro de un convoy que +venía de Córdoba, y de los cincuenta y nueve franceses que custodiaban +éste, los cincuenta quedan tendidos en el camino, y los nueve +restantes corren a contar a Dupont lo que ha pasado. Entonces Dupont +envía mil hombres a Montoro con encargo de que incendien el pueblo y +lleven vivo o muerto al alcalde. Arde Montoro, y La Torre, conducido +vivo, va a ser pasado por las armas; pero un general francés, a quien +poco antes había dado hospitalidad, intercede por él; es puesto en +libertad, y aquel _petit caporal_ de las guerrillas marcha a Sevilla y +recibe de la Junta los galones de capitán de ejército. + +Pues bien: lo que pasaba en Montoro ocurría en todos los pueblos de la +carretera de Andalucía, desde Córdoba hasta Santa Elena. El gigante +que incendiaba lugares y destrozaba ejércitos no podía dar un paso sin +encontrar un avispero, y frenético con aquel zumbido, envenenado por +los aguijones, maldecía la hora de la invasión. El águila, devorada +por los insectos, graznaba a orillas del Guadalquivir con hambre y +calentura, afilando sus garras en el tronco de los olivos, con el +ansia de que llegara pronto la ocasión de destrozar alguna cosa. + + + + +XXI + + +Cuando entramos en Bailén, ya muy avanzada la noche, nos sorprendió +mucho el no ver ninguna fuerza francesa a la entrada del pueblo para +disputarnos el paso. ¿Adónde habían ido los franceses? ¿Qué les +pasaba, cuando ni por precaución dejaron allí un par de batallones +para guardar punto tan importante? Pronto salimos de dudas, porque de +boca de los habitantes de Bailén, que salieron en masa a recibirnos, +supimos que la división Vedel había pasado por allí en dirección a La +Carolina. + +--Nosotros les hacíamos a ustedes en Linares--dijo D. Paco, que +también salió a nuestro encuentro, rebosando de júbilo--. ¡Oh!, Sr. +Conde, niño mío... ¿Está por ventura herido Vuestra Excelencia? Vamos +un rato a casa, donde la Sra. Condesa y las niñas están rezando por el +buen éxito de la guerra. ¿No darán un descanso a las tropas? + +Nuestro General había determinado salir en seguida para Andújar; pero +como ocupábamos todo el pueblo, pudimos llegarnos a la casa de +nuestro amo, en cuya sala baja se nos dió un tentempié muy +confortante. + +--Es un milagro que podamos daros estos cuantos panes y estas onzas de +chocolate crudo--nos dijo D. Paco al ofrecernos aquellos artículos--. +Los franceses no han dejado nada. ¡Qué horroroso saqueo! Y gracias que +quedamos con vida. ¡Ay!, la Sra. Condesa salió a recibirlos con una +serenidad que me espantó. Yo temblaba, y tuve que esconderme en el +oratorio, porque delante de ellos hubiera perdido la dignidad de mi +carácter. ¡Qué modo de saquear!...; en una palabra, la paja de los +caballos, las gallinas del corral, los huevos, hasta unos tomates que +tenía yo guardaditos en mi escritorio para hacer un gazpachito..., +todo, todo se lo llevaron. El pueblo está muerto de miseria, y yo sé +de mucha gente que hechó la harina en los muladares para que ellos no +se la llevaran. ¿No lo creéis? ¿Pues y el Sr. Salvador, que sacó al +campo los doscientos pellejos de aceite y ciento de vino que tenía en +su cueva, y destapándolos dejó correr aquel precioso caldo hasta que +todo se lo chupó la tierra? Otros hicieron una grande hoguera con los +carros y la paja. Las alhajas de las imágenes y la plata de las +iglesias están todas enterradas, porque esto parece que es lo que más +les abre el ojo a esos señores. Así estaban ellos de rabiosos cuando +vieron que no sacaban de aquí gran cosa. El día 16, después de haber +pasado un gran miedo, gozamos lo indecible cuando les vimos llegar de +la barca de Menjíbar, derrotados y con su General muerto. ¡Cómo +corrían por esas calles, y qué gritos daban, y qué cosas tan atroces +e indecentes echaron por aquellas bocazas! ¡Así se vengaban los muy +perros! ¿Pues qué creéis? Dieron muerte a muchas personas que no les +hacían daño, lo cual creo yo que no se vió en ninguna de las guerras +de Alejandro. Pero también se les molió de firme. Unos cuantos pasaron +por la calle de enfrente hechando bravatas, y detuviéronse en la +puerta de la posada de Gil, donde tenían encendido el horno para cocer +la loza. ¡Ay! Mis francesitos se ponen a decir no sé qué insolencias +obscenas a la mujer de Gil, cuando salen los mozos, me les agarran, y +con morriones y todo..., ¡plaf!..., al horno... Pero ahí viene la +Sra. Condesa, que estaba en el oratorio con las niñas. + +En efecto; vimos desfilar gravemente, cubierta de negro manto, a la +señora de la casa, seguida de los dos tiernos pimpollitos de sus +hijas, las cuales arrojáronse llorando en los brazos de su hermano. +Doña María abrazó a su hijo sin perder ni por un instante su solemne y +estirado empaque, y luego saludónos a todos con mucho afecto, +nombrándonos uno por uno. Cuantos componían la cuadrilla estaban +presentes, menos Santorcaz, el cual desde nuestra llegada había pedido +con mucha prisa a D. Paco recado de escribir y puéstose a trazar unas +cartas en el despacho de éste. + +La Condesa, después de saludarnos, tomó asiento y dirigió a D. Diego +estas palabras dignas de la Historia: + +--Hijo mío, sé todo lo que pasó en la acción del 16, y nadie me ha +dicho que hicieras algo notable. ¿Has tenido miedo? + +--¡Miedo!--exclamó el muchacho, riendo--No, señora. He cumplido con mi +deber en las filas, y nada más hasta ahora; pero su merced no se +impaciente, porque aunque no soy más que soldado, espero lucirme. + +--¡Nada más que soldado!--dijo la Condesa--. Tú no eres soldado, +aunque así parezca. Cualquiera que sea el puesto que se ocupe, cada +cual debe obrar conforme a su nombre y a la posición que tiene en el +mundo. ¿Qué se diría de ti, de mí, de esta casa, de tu difunto padre, +si en estas guerras no hicieras algo superior a lo que corresponde a +un simple soldado? + +--Señora--repuso el mozo con un desenfado que sorprendió a su +familia--, yo haré lo que pueda, y según lo que haga, así seré más o +menos que los demás. Y ya que hablo de esto, señora madre, yo quiero +seguir en el ejército, yo quiero que su merced pida al Rey, ¿qué digo +al Rey?, a la Junta, una bandolera. + +--Tú no estás destinado a ser militar sino en esta ocasión suprema, en +que la patria necesita de todos sus hijos, desde el más alto al más +bajo. + +--Pero, señora madre, no soy nada y quiero ser algo--insistió el +joven, mostrando una energía que nadie hasta entonces le había +conocido. + +--¡Que no eres nada!--exclamó la madre, con sorpresa primero, después +con cólera, y mirándonos a todos como para preguntarnos si su hijo se +había vuelto loco durante la campaña. + +--Yo no soy nada, no soy más que un papamoscas--repuso el chico--. ¿De +qué me valen esos papeluchos viejos y esos escudos de armas, si todos +se ríen de mi desde que abro la boca, porque no digo más que +necedades? + +La Condesa se puso encendida como la grana, y, sin decir palabra, miró +a D. Paco, el cual, confuso, absorto, aterrado, por lo que acababa de +oír, revolvía sus espantados ojos de un lado para otro. + +--Este joven--dijo al fin el ayo--parece que ha perdido el juicio. +Señora, cuando vuelva de cumplir sus deberes de caballero en los +campos de batalla, le haremos que se penetre bien de las máximas +contenidas en la historia de Alejandro el Grande. + +Doña María, cuya dignidad no podía consentir que semejante asunto se +tratara delante de personas extrañas, hizo callar a D. Paco, y también +impuso silencio a su hijo con gesto aterrador. Asunción y +Presentación, después de registrar los bolsillos de su hermano, +examinaban las polainas, el sombrero y la charpa, por ver, según +dijeron, si aquellas prendas estaban agujereadas por alguna bala de +cañón. + +Pero el D. Diego, sintiendo sin duda en su cabeza un hervidero de +palabras, que atropelladamente se le ocurrían conforme a la repentina +fecundidad de su entender, no pudo estar callado mucho tiempo, y habló +para poner en mayores cuidados a la Sra. de Rumblar. Estábamos, como +he dicho, en una sala baja, donde la Condesa había hecho traer, para +nuestro regalo, un par de zaques, milagrosamente salvados de la +rapacidad francesa. Don Diego, luego que tal vió, volvióse a nosotros, +que permanecíamos respetuosamente detenidos en la puerta, y con gesto +de campechana confianza nos dijo: + +--Ea, muchachos, entrad todos aquí ¿Por qué estáis en la puerta? Vaya, +poneos los sombreros, que aquí todos somos iguales, todos somos +compañeros de armas, y lo mismo puede matarme a mí una bala que a +vosotros. Ea, bebamos juntos. ¿Tenéis vergüenza porque soy noble y +mayorazgo, y vosotros unos pobres hambrones? Fuera necedades; que hoy +o mañana las Juntas quitarán todas esas antiguallas, y entonces cada +cual valdrá según lo que tenga y lo que sepa. + +Don Paco se puso verde al oír tales despropósitos, y llevándose la +mano al corazón, miró a la Condesa con semblante dolorido y +contristado, como para manifestarle, en la sola elocuencia de una +mirada, que él no había enseñado tales cosas al joven discípulo. Doña +María encerraba su enojo en lo más hondo del pecho, y aunque harto se +le conocían la inquietud y la ira en el furtivo centellear de sus +negros ojos, nada dijo que comprometiera su dignidad, y deseando que +su hijo variase de conversación, le preguntó si había hecho en Córdoba +las visitas a la Sra. Marquesa de Leiva y su sobrina. + +--Sí, señora--contestó el rapaz--. Las vi: la Sra. Condesa me dió +muchos dulces, y la Marquesa me preguntó si sabía ayudar a misa. Una y +otra me dijeron que la joven con quien está concertado mi matrimonio +se obstina en no salir del convento, asegurando que antes se casará +con Jesucristo que conmigo. ¡Qué ranciedades, señora madre!--añadió +con nuevo arrebato--. Yo quiero seguir en el ejército, yo quiero ir a +Madrid para tratar a la gente que sabe, y a los filósofos, y leer la +_Enciclopedia_, y ver las sociedades secretas, si las hay para +entonces, y aprender lo que no sé, pues D. Paco no me ha enseñado más +que esa sandez de _Por el barandal del cielo_. + +El ayo volvió a mirar compungidamente a la Condesa, pintando en sus +húmedos ojos la persuasión de que no había instruído al mayorazgo en +tales iniquidades, y D.ª María reprendió a su hijo con majestad +verdaderamente regia, diciéndole con pausa y aplomo estas amargas +palabras: + +--Hijo mío, recordarás que te entregué una espada que fué de tus +abuelos. Honra da al que la ciñe ese acero antiguo; pero también ella +la recibe de las manos de su poseedor, si éste es persona que sabe +adquirirla en los campos de batalla. ¿Deshonrarás tú esa espada que +llevó el tatarabuelo de tu padre en el sitio de Maestrich, cuando +medio mundo se llamaba España? + +--¡La espada!--exclamó el chico con sorpresa--. Ya no me acordaba de +la dichosa espada. Si ya no la tengo. + +--¿Que no la tienes?--preguntó D.ª María ton estupefacción. + +--No, señora. ¡Si no sirve para nada! Cuando dimos el primer ataque en +Menjíbar, saqué yo mi espadita, y a los primeros golpes que di en unas +hierbas observé que no cortaba. + +--¡Que no cortaba! + +--No, señora. Era una hoja mellada, llena de garabatos, letreros, +sapos por aquí, culebras por allí, y cubierta de moho desde la punta a +la empuñadura. ¿Para qué me servía? Como no tenía filo, la cambié por +un sable nuevo que me dió un sargento. + +--¡Y diste la espada, la espada!...--exclamó la Condesa, levantándose +de su asiento. + +La señora estaba sublime en su indignación. Parecía la imagen de la +Historia levantándose de su sepulcro a pedir cuentas a la generación +contemporánea. + +--Sí, señora: se la di al sargento--añadió el mozo, sacando de la +vaina un sable nuevo, reluciente y de agudísimo filo--. ¡Si aquello no +servía más que de estorbo! Muy bonita, eso si, toda llena de dibujos +de plata y oro; pero, señora madre, si no cortaba..., si estaba llena +de orín... Vea usted este sable: no tiene letrero, ni cabecitas, ni +garrapatos, ni nada; pero corta que es un gusto. + +Observamos que la Condesa dió un paso hacia su hijo; que su semblante +hermoso y venerable se contrajo, desfigurado por la ira; que extendió +sus brazos; que comenzó a balbucir con locución atropellada, cual si +su indignada lengua no acertara a encontrar una palabra bastante dura, +bastante enérgica para tal situación; la vimos después llevarse ambas +manos a la cabeza, retroceder, vacilar, apoyarse en el hombro de D. +Paco, y por último, reponerse, erguirse, serenarse, mirar a su hijo +con desdén, señalar a la calle, donde de improviso empezaba a oírse +fuerte redoblar de tambores, y decir: + +--El ejército se va. Marcha, corre. Cuando se acabe la guerra, +ajustaremos cuentas. Si eres valiente y vuelves vivo, a palmetazos te +enseñaré a respetar tu nombre. Pero si eres cobarde, no vuelvas acá. + +Salimos a toda prisa, y montando en nuestras cabalgaduras, ocupamos +las filas. Al punto se nos unió Santorcaz. Don Paco no quiso salir a +despedirnos, porque estaba traspasado de dolor, al ver--según dijo +después--cómo en una semana se torciera, al soplo de las malas +compañías, el derecho arbolito criado con tanto esmero en el apacible +huerto de sus lecciones. + +Las dos señoritas salieron a las ventanas, y nos despedían agitando +los mismos pañuelos con que secaban sus lágrimas. Ninguna de las dos, +ni la destinada al matrimonio, que era, por tanto, ignorante, ni la +consagrada al claustro, que era ya medio doctora, habían entendido la +conversación que acabo de referir. + +Las pobrecillas veían desaparecer un mundo y nacer otro nuevo sin +darse cuenta de ello. + + + + +XXII + + +Era la madrugada cuando las columnas de vanguardia comenzaron a salir +de Bailén. Mi regimiento debía salir de los últimos, y mientras se +pusieron en movimiento la artillería y los cuerpos de a pie, estuvimos +más de media hora formados a la salida del pueblo, a mano derecha del +camino, esperando la orden de la marcha. Íbamos a Andújar, resueltos a +tomar la ofensiva contra el ejército francés, que al mismo tiempo +debía ser atacado por Castaños, del lado de Marmolejo. ¿Y la división +de Vedel, cuyos movimientos eran la clave de aquel problema +estratégico? La división de Vedel estaba en Andújar el día 16, cuando +ocurrió la acción de Menjíbar, que antes he descrito. Al saber Dupont +la derrota de Ligier-Belair y la muerte de Gobert, dispuso que Vedel +marchase sobre Bailén, con intención de seguirle él al día siguiente. + +Mientras éste iba sobre Andújar, Ligier-Belair, al vernos retirar y +pasar el río, creyó que las tropas de Reding, unidas con las de +Coupigny, intentaban extenderse cautelosamente por la orilla +izquierda, río arriba, tomando el camino de Linares a Guarromán, para +ocupar luego La Carolina y cortar el paso de la sierra. Persuadido de +esto, y sin hacer averiguaciones, emprendió la marcha hacia el Norte, +creyendo anticiparse a lo que creía un rasgo de ingenio estratégico +del general Reding. Llega Vedel a Bailén creyendo encontrarnos, y los +franceses que quedaron allí le dicen: «Quía, los _insurgentes_ han +repasado el río y van por Linares a ocupar el paso de la sierra; pero +el general Ligier-Belair, que ha comprendido el juego, ha marchado en +seguida a ocupar La Carolina, de modo que cuando lleguen los +españoles, creyendo haber hecho un movimiento de primer orden, se lo +encontrarán allí.» Vedel oye esto y dice: «Han ido a cortar el paso de +la sierra para impedirnos la retirada y matarnos aquí de hambre y sed. +Pues corramos a La Carolina. Vamos; en marcha.» Manda un emisario a +Dupont, diciéndole: «Sr. General en Jefe, los _insurgentes_ han ido a +cortar el paso de la sierra. Corro a La Carolina; venga usted tras mí, +y acabaremos con ellos.» + +Esto pasaba en los días 17 y 18. En tanto, los _insurgentes_, +replegados a la orilla izquierda, como he dicho, fingíamos un +movimiento hacia Linares; pero en cuanto cerró la noche, los +_insurgentes_ caminamos a marchas forzadas hacia Bailén. Por eso en +este pueblo nos decían: «Por aquí pasó Vedel esta mañana en dirección +a La Carolina, para impedirles a ustedes que cortasen el paso de la +sierra. ¿No ibais hacia Linares?» + +No; nosotros íbamos a Andújar, con objeto de atacar a Dupont. Por +causa de los torpísimos movimientos de los generales franceses, una +gran parte de la fuerza imperial corría hacia la sierra, buscando un +fantasma. Los _insurgentes_, a quien ellos suponían en marcha hacia La +Carolina, estaban en Bailén, en marcha para Andújar. He aquí la +verdadera y exacta situación de las divisiones españolas y francesas +en la noche del 18 al 19 de julio. + +Íbamos a luchar con Dupont, sólo con Dupont. Pero ¿y si Vedel, +conociendo a tiempo su error, retrocedía velozmente para caer de +improviso sobre nuestra espalda durante el combate? Esta funesta +probabilidad estaba compensada con el hecho seguro de que el ejército +francés de Andújar tendría que defenderse al mismo tiempo de nosotros +y de la reserva, que le amenazaba del lado de Poniente. De todos +modos, nuestra posición era arriesgada; por lo cual, deseando Reding +cerciorarse de la verdadera distancia a que se hallaba Vedel, había +despachado camino arriba, desde Menjíbar, al teniente de ingenieros D. +José Jiménez, con encargo de averiguarlo. + +Este valiente oficial, cuyo nombre no está en la Historia, se disfrazó +de arriero, y en una fatigosa jornada supo desempeñar muy bien su +comisión, volviendo por la noche a decir que Vedel había pasado ya más +allá de La Carolina. + +Así andaban las cosas cuando nos preparábamos a salir de Bailén al +amanecer del 19. Pero no lo habíamos previsto todo: no habíamos +previsto que Dupont, muy receloso de aquella ilusoria ocupación de la +sierra por los insurgentes, había levantado su campo en la misma +noche, y silenciosamente, sofocando los ruidos de su tropa, abandonaba +la funesta y para ellos maldita ciudad de Andújar. + +Cerca de la madrugada, nuestros jefes disponían las columnas para la +marcha. Si al comienzo de aquella misma noche, que ya se iba a +extinguir, una mirada humana hubiera podido escudriñar desde la altura +de los cielos lo que pasaba en aquella larga faja de sementeras y +olivares que se extiende a la vera de los montes, entre éstos y el +Guadalquivir, habría visto que del obscuro caserío de Andújar se +destacaba cautelosamente, escurriéndose por detrás de las casas, una +hilera de hombres y caballos; que esta hilera se iba alargando por la +carretera en interminable procesión, y serpenteaba con lento paso, sin +ruido y sin luces; habría visto cómo se iba extendiendo la negra raya, +destacándose a ratos sobre la tierra blanquecina, a ratos +confundiéndose con los obscuros olivos, sin dejar de seguir paso a +paso, como si no quisiera ser vista y anhelara apagar en el polvo el +ruido de las cureñas; habría visto que iban delante unos tres mil +hombres de infantería, después un escuadrón de caballos, después seis +cañones, después un número inmenso de carros, tantos, tantos carros, +que ocupaban dos leguas; detrás de los carros nuevos grupos de +infantería y muchos generales; después otros seis cañones, dos +regimientos de coraceros; luego cuatro cañones, y al fin otro grupo de +jefes, seguidos de quinientos hombres de a pie. Esta raya no se +detenía en parte alguna, y avanzaba despacio y con precaución, +custodiando sus dos leguas de convoy. Los hombres que la formaban, +mudos y cabizbajos, presagiando sin duda funestos acontecimientos, +dirían para sí: «Llegaremos a La Carolina, donde ya estará Vedel, y +batiendo a los _insurgentes_, nos abriremos paso por desfiladeros para +abandonar esta tierra maldita, a la cual el Emperador ha tenido la +mala ocurrencia de enviarnos... ¡Oh! ¡Cuándo os veremos, tierras de +la Turenne, del Poitou, de la Charente, de los Vosgos, del Artois, del +Limosin!...» + + + + +XXIII + + +Mientras aguardábamos la salida, nuestras lenguas no estaban ociosas, +y, aunque Marijuán me entretenía por un lado con sus donaires y +chuscadas, por el otro era de tanto interés un diálogo entablado entre +Santorcaz y D. Diego, que a las palabras de éstos dirigí toda mi +atención. No puedo menos de copiarlo íntegro y tal cual lo oí, por si +mis lectores quieren meditar un poco sobre el mismo tema. + +--Lo que me indicaba usted hace poco--decía Santorcaz--acerca de que +esa linda joven que se le destina para esposa no quiere salir del +convento, debe tenerle sin cuidado. Esas son gazmoñerías de las +muchachas españolas, que, engañadas por su fantasía, se creen +enamoradas de Jesucristo, cuando lo que sienten es verdadera pasión +por un ideal mundano. + +--Y si no quiere salir, que no salga--respondió el joven--. ¡Si yo no +la he visto, si yo no comprendo por qué razón he podido pensar en ella +una sola vez! + +--¿Pero la quiere usted? + +--Confesaré a usted lo que me pasa. Cuando mi madre me llamó un día, y +después de darme dos palmetazos porque tenía las manos manchadas de +tinta, me dijo que había determinado casarme, sentí mucha alegría, y +al volver a mi cuarto rompí todas las planas de escritura, diciendo a +D. Paco que yo era un hombre y no me daba la gana de obedecerle. A +todas horas pensaba en mi mujercita y en las delicias del matrimonio. +Mi madre escribía cartas y más cartas para concertar mi boda, y cuando +yo le preguntaba con la mayor curiosidad: «Señora madre, ¿cómo va +eso?», me respondía: «Anda a estudiar, mocoso. Ahora, con la novelería +del casamiento no coges un libro en la mano.» Por fin mi mamá, a +fuerza de cartas, lo arregló todo. Cuando fuí a Córdoba, creí que me +la enseñarían; pero aquellas señoras dijéronme que la discreta joven +no quería salir del convento, y, por último, me dieron el medallón que +usted tiene guardado. Después la sobrina me regaló unos dulces, y su +tía un pito para que fuera pitando por las calles, y en mi segunda y +tercera visita pasó lo mismo, excepto que no me dieron más pitos. +Cuando vi el retrato me gustó tanto la niña, que por la calle le iba +dando besos, y por la noche la acosté conmigo en mi cama. Estoy +prendado de ella; mejor dicho, lo estuve estos días atrás, porque ya, +habiendo discurrido sobre la necedad de prendarme de un retrato, me +río de mí mismo y digo: «¡Si de carne y hueso encontraré tantas, a qué +volverme loco por una pintura!» + +--Pues no, Sr. D. Diego--dijo Santorcaz--. Puesto que la Sra. Condesa +le escogió a usted esa esposa, sin duda es un gran partido, y usted +debe insistir en casarse con ella. + +--¿Si? Pues vaya usted a sacarla del convento--añadió Rumblar--. +Vamos, que, según me dijeron, no hay quien le hable de otro esposo que +Jesucristo. + +--Ya lo he dicho: gazmoñerías de las españolas, por lo general mujeres +nerviosas, muy extremadas en sus pasiones, y dispuestas siempre a +confundir en un mismo sentimiento la voluptuosidad y el misticismo. +Cuidado con las monjitas de quince años, que reniegan del siglo y +juran que han de morir de viejas en el claustro. Yo conocí una joven y +linda novicia que tampoco quería tener más esposo que Jesucristo, y +que se ponía furiosa cuando le hablaban de salir del convento, hasta +que un Viernes Santo vió a cierto joven al través de la verja del +coro. A los quince días la hermosa novicia abrió por la noche una de +las rejas del convento y se arrojó a la calle, donde le esperaba su +amante y hoy feliz esposo. + +--¡Oh! ¡Bonitísimo suceso!--exclamó con entusiasmo D. Diego--. ¡Cuánto +daría porque a mí me pasase uno semejante! + +--¿Ella le ha visto a usted? + +--No. + +--Pues en cuanto le vea, apuesto a que se apresura a salir por la +puerta, sin exponerse a los peligros de arrojarse por la ventana. Pero +ahora que me ocurre, Sr. D. Diego: si usted, en vez de ser un muchacho +apocadito, educado a la antigua y sencillo como un fraile motilón, +fuera un hombre atrevido, arrojado..., pues..., como somos todos +aquellos que no hemos recibido la educación de Grandes de España; si +usted se echara de una vez fuera del cascarón de huevo en que le ha +empollado la ciencia de D. Paco y los mimos de sus hermanitas, ahora +podríamos lanzarnos a una aventura deliciosa. + +--¿Cuál, amigo Santorcaz? + +--Mire usted. Después de la batalla, y cuando volvamos a Córdoba, +sacar a esa joven del convento. + +--¿Cómo? + +--Demonio, ¿cómo se hacen las cosas? ¡Si viera usted! Eso es muy +divertido. ¿Ve usted este rasguño que tengo en la mano derecha? Me lo +hice saltando las tapias de un convento. Son cinco los que escalé, por +trapicheos con otras tantas novicias y monjas. ¡Ay, señor D. Diego de +mi alma! El recuerdo de estas y otras cosillas es lo que le alegra a +uno, cuando se siente ya en las puertas de la triste vejez. + +--Hombre, eso me parece muy bonito--dijo D. Diego, saltando sobre la +silla--. Pues yo quiero hacer lo mismo, yo quiero rasguñarme saltando +tapias de convento. Conque diga usted, ¿qué hacemos? ¿Nos entramos de +rondón en el convento, y cogiendo a la monjita me la llevo a mi casa? +Si; y habrá que pegarle un par de sablazos a alguien, y romper +puertas, y apagar luces. Hombre, ¡magnífico! ¡Si dije que usted es el +hombre de las grandes ideas! ¡Qué cosas tan nuevas y tan preciosas me +dice! Estoy entusiasmado, y me parece que antes de venir al ejército +era yo un zoquete. Cabalmente recuerdo que he pensado alguna vez en +eso que usted me dice ahora...; sí..., allá, cuando iba a misa con mi +madre a las Dominicas. + +--Estas cosas, D. Diego, son la vida--añadió Santorcaz--; son la +juventud y la alegría. + +--¡Soberbia idea! ¿Conque vamos a buscar a esa jovenzuela, mi futura +esposa? ¡Qué preciosa ocurrencia! Verá ella si yo soy hombre que se +deja burlar por niñerías de novicia. Nada, nada: mi esposa tiene que +ser, quiera o no quiera. Pero oiga usted, ¿y si nos descubren los +alguaciles y nos llevan presos? + +--Por eso hay que andar con cuidado; pero en ese mismo cuidado, en las +precauciones que es preciso tomar, consiste el mayor gusto de la +empresa. Si no hubiera obstáculos y peligros, no valía la pena de +intentarla. + +--Efectivamente; a mí me gustan los peligros, Sr. D. Luis. A mí me +gusta todo aquello que no se sabe adonde va a parar. Siga usted +hablandóme del mismo asunto. ¿Qué precauciones tomaremos? + +--¡Oh! Cuando llegue el caso se verá. Yo soy muy corrido en esas +cosas. Ya no estoy para fiestas, es verdad, y por cuenta mía no +intentaría aventuras de esta especie; pero son tan grandes las +disposiciones que descubro en usted para ser hombre a la moderna, +hombre de ideas atrevidas y para echar a un lado las ranciedades y +rutinas de España, que volveré a las andadas y entre los dos haremos +alguna cosa. + +--Pero, hombre, ¿cuándo se dará esa batalla, cuándo volveremos a +Córdoba, para enseñarle yo a mi señorita cómo se portan los caballeros +de ideas modernas, que han recibido un desaire de las novias de +Jesucristo? Pero diga usted, Santorcaz: si perdemos la batalla, si nos +matan... + +--Todavía no se ha hecho la bala que ha de matarme a mí. Y usted, ¿qué +presentimientos tiene? + +--Creo que tampoco he de morir por ahora. ¡Ay! ¡Si me viera usted!, +tengo un fuego dentro de la cabeza... Me hierven aquí tantos +pensamientos nuevos, tantas aventuras, tantos proyectos, que se me +figura he de vivir lo necesario para que sepa el mundo que existe un +D. Diego Afán de Ribera, conde de Rumblar. + +--¡Bueno, magnífico! Lo mismo era yo cuando niño. Fuí después a +Francia, donde aprendí muchísimas cosas que aquí ignoraban hasta los +sabios. Al volver he encontrado a esta gente un poco menos atrasada. +Parece que hay aquí cierta disposición a las cosas atrevidas y nuevas. +En Madrid se han fundado varias sociedades secretas. + +--¿Para asaltar conventos? + +--No, no son sociedades de enamorados. Si algún día se ocupan de +conventos, será para echar fuera a los frailes y vender luego los +edificios... + +--Pues yo no los compraría. + +--¿Por qué? + +--Porque esas casas son de Dios, y el que se las quite se condenará. + +--¿Qué es eso de condenarse? Me río de vuestras simplezas. Pues, hijo, +adelantado estáis. + +--Vivamos en paz con Dios--dijo D. Diego--. Por eso creo que antes de +robar del convento a mi novia, debemos confesar y comulgar, diciéndole +al Señor que nos perdone lo que vamos a hacer, pues no es más que una +broma para divertirnos, sin que nos mueva la intención de ofenderle. + +Santorcaz rompió a reír desahogadamente. + +--¿Conque usted es de los que encienden una vela a Dios y otra al +Diablo? Robamos a la muchacha, ¿sí o no? + +--Sí, y mil veces sí. Ese proyecto me tiene entusiasmado. Y me +marcharé con ella a Madrid; porque yo quiero ir a Madrid. Dicen que +allí suele haber alborotos. ¡Oh!, ¡cuánto deseo ver un alboroto, un +motín, cualquier cosa de esas en que se grita, se corre, se pega! ¿Ha +visto usted alguno? + +--Más de mil. + +--Eso debe de ser encantador. Me gustaría a mí verme en un alboroto; +me gustaría gritar con los demás, diciendo: «¡Abajo esto, abajo lo +otro!» ¡Ay! ¡Como me alegraba cuando mi señora madre reñía a D. Paco, +y éste a los criados, y los criados unos con otros! No pudiendo +resistir el alborozo que esto me causaba, iba al corral, ponía +canutillos de pólvora a los gatos, y encerrándolos en un cuarto con +las gallinas, me moría de risa. + +Santorcaz, lejos de reír con esta nueva barrabasada de su discípulo, +fijaba la mirada en el horizonte, completamente abstraído de todo, y +meditando sin duda sobre graves asuntos de su propio interés. No sé +cuál será la opinión que el lector forme de las ideas de aquel hombre; +pero no se les habrá ocultado que sus ingeniosas sugestiones +encerraban segundo intento. El atolondrado rapaz, lanzado a las filas +de un ejército sin tener conocimiento del mundo, con viva imaginación, +arrebatado temperamento y ningún criterio; igualmente fascinado por +las ideas buenas y las malas, con tal que fueran nuevas, pues todas +echaban súbita raíz en su feraz cerebro, acogía con júbilo las +lecciones del astuto amigo; y su lenguaje, su nervioso entusiasmo, sus +planes entre abominables e inocentes, todo anunciaba que don Diego se +disponía a cometer en el mundo mil disparates. + +Santorcaz, después de permanecer por algunos minutos indiferente a las +preguntas de su discípulo, reanudó la conversación; pero, apenas +comenzada ésta, oímos un tiro, en seguida otro, luego otro y otro. + + + + +XXIV + + +Todos callamos; detuviéronse las columnas que habían comenzado a +marchar, y desde el primero al último soldado prestamos atención al +tiroteo, que sonaba delante de nosotros a la derecha del camino y a +bastante distancia. Corrieron por las filas opiniones contradictorias +respecto a la causa del hecho. Yo me alzaba sobre los estribos, +procurando distinguir algo; pero además de ser la noche obscurísima, +las descargas eran tan lejanas, que no se alcanzaba a ver el fogonazo. + +--Nuestras columnas avanzadas--dijo Santorcaz--habrán encontrado algún +destacamento francés que viene a reconocer el camino. + +--Ha cesado el fuego--dije yo--. ¿Echamos a andar? Parece que dan +orden de marcha. + +--O yo estoy lelo, o la artillería de la vanguardia ha salido del +camino. + +Oyóse otra vez el tiroteo, más vivo aún y más cercano, y en la +vanguardia se operaron varios movimientos, cuyas oscilaciones llegaron +hasta nosotros. Sin duda algo grave pasaba, puesto que el ejército +todo se estremeció desde su cabeza hasta su cola. Un largo rato +permanecimos en la mayor ansiedad, pidiéndonos unos a otros noticias +de lo que ocurría; pero en nuestro regimiento no se sabía nada; todos +los generales corrieron hacia la izquierda del camino, y los jefes de +los batallones aguardaban órdenes decisivas del Estado Mayor. Por +último, un oficial que a escape volvía en dirección a la retaguardia, +nos sacó de dudas, confirmando lo que en todo el ejército no era más +que halagüeña sospecha. ¡Los franceses, los franceses venían a nuestro +encuentro! Teníamos enfrente a Dupont con todo su ejército, cuyas +avanzadas principiaban a escaramucear con las nuestras. Cuando +nosotros nos preparábamos a salir para buscarle en Andújar, llegaba él +a Bailén de paso para La Carolina, donde creía encontrarnos. De +improviso unos cuantos tiros les sorprenden a ellos tanto como a +nosotros; detienen el paso; extendemos nosotros la vista con ansiedad +y recelo en la obscura noche; todos ponemos atento el oído, y al fin +nos reconocemos, sin vernos, porque el corazón a unos y otros nos +dice: «Ahí están.» + +Cuando no quedó duda de que teníamos enfrente al enemigo, el ejército +se sintió al pronto electrizado por cierto religioso entusiasmo. Vivas +y mueras sonaron en las filas; pero al poco rato todo calló. Los +ejércitos tienen momentos de entusiasmo y momentos de meditación: +nosotros meditábamos. + +Sin embargo, no tardó en producirse fuertísimo ruido. Los generales +empezaron a señalar posiciones. Todas las tropas que aún permanecían +en las calles del pueblo, salieron más que de prisa, y la caballería +fué sacada de la carretera por el lado derecho. Corrimos un rato por +terreno de ligera pendiente; bajamos después, volvimos a subir, y al +fin se nos mandó hacer alto. Nada se veía, ni el terreno ni el +enemigo; únicamente distinguíamos desde nuestra posición los +movimientos de la artillería española, que avanzaba por la carretera +con bastante presteza. Entonces sentimos camino abajo, y como a +distancia de tres cuartos de legua, un nuevo tiroteo que cesó al poco +rato, reproduciéndose después a mayor distancia. Las avanzadas +francesas retrocedían y Dupont tomaba posiciones. + +--¿Qué hora es?--nos preguntábamos unos a otros, anhelando que un rayo +de sol alumbrase el terreno en que íbamos a combatir. + +No veíamos nada, a no ser vagas formas del suelo a lo lejos; y las +manchas de olivos nos parecían gigantes, y las lomas de los cerros el +perfil de un gigantesco convoy. Un accidente noté que prestaba extraña +tristeza a la situación: era el canto de los gallos que a lo lejos se +oía, anunciando la aurora. Jamás escuché un sonido que tan +profundamente me conmoviera como aquella voz de los vigilantes del +hogar desgañitándose por llamar al hombre a la guerra. + +Nuevamente se nos hizo cambiar de posición, llevándonos más adelante a +espaldas de una batería, y flanqueados por una columna de tropa de +línea. Gran parte de la caballería fué trasladada al lado izquierdo; +pero a mí, con el regimiento de Farnesio, me tocó permanecer en el ala +derecha. + +De repente una granada visitó con estruendo nuestro campo, reventando +hacia la izquierda, por donde estaban los generales. Era como un +saludo de cortesanía entre dos guerreros que se van a matar; un tanteo +de fuerzas, una bravata echada al aire para explorar el ánimo del +contrario. Nuestra artillería, poco amiga de fanfarronadas, calló. Sin +embargo, los franceses, ansiando tomar la ofensiva, con ánimo de +aterrarnos, acometieron a una columna de la vanguardia que se +destacaba para ocupar una altura, y la lóbrega noche se iluminó con +relámpagos, que interrumpiéndose luego, volvieron a encenderse al +poco rato en la misma dirección. + +Por último, aquellas tinieblas en que se habían cruzado los +resplandores de los primeros tiros, comenzaron a disiparse; +vislumbramos las recortaduras de los cerros lejanos, de aquel suave, +inmóvil oleaje de tierra, semejante a un mar de fango, petrificado en +el apogeo de sus tempestades; principiamos a distinguir el ondular de +la carretera, blanqueada por su propio polvo, y las masas negras del +ejército, diseminado en columnas y en líneas; empezamos a ver la +azulada masa de los olivares en el fondo y a mano derecha; a la +izquierda las colinas que iban descendiendo hacia el río. Débil y +blanquecina claridad azuló el cielo antes negro. Volviendo atrás +nuestros ojos, vimos la irradiación de la aurora, un resplandor que +surgía detrás de las montañas; y mirándonos después unos a otros, nos +vimos, nos reconocimos, observamos claramente a los de la segunda +fila, a los de la tercera, a los de más allá, y nos encontramos con +las mismas caras del día anterior. La claridad aumentaba por grados; +distinguíamos los rastrojos, las hierbas agostadas, y después las +bayonetas de la infantería, las bocas de los cañones, y a lo lejos las +masas enemigas, moviéndose sin cesar de derecha a izquierda. Volvieron +a cantar los gallos. La luz, única cosa que faltaba para dar la +batalla, había llegado, y con la presencia del gran testigo, todo era +completo. + +Ya se podía conocer perfectamente todo el campo. Prestad atención y +sabréis cómo era. El centro de la fuerza española ocupaba la carretera +con la espalda hacia Bailén, de allí poco distante; a la derecha del +camino por nuestra parte se alzaban unas pequeñas lomas que a lo lejos +subían lentamente hasta confundirse con los primeros estribos de la +sierra; a la izquierda también había un cerro; pero éste caía después +en la margen del río Guadiel, casi seco en verano, y que desembocaba +en el Guadalquivir, cerca de Espelúy. Ocupaba el centro, a un lado y +otro del camino, poderosa batería de cañones, apoyada por +considerables fuerzas de infantería; a la izquierda estaba Coupigny +con los regimientos de Bujalance, Ciudad Real, Trujillo, Cuenca, +Zapadores y la caballería de España; a la derecha estábamos, además de +la caballería de Farnesio, los tercios de Tejas, los suizos, los +valones, el regimiento de Órdenes, el de Jaén, Irlanda y voluntarios +de Utrera. Mandábanos el Brigadier D. Pedro Grimarest. Los franceses +ocupaban la carretera por la dirección de Andújar y tenían su +principal punto de apoyo en un espeso olivar situado frente a nuestra +derecha; por consiguiente, servía de resguardo a su ala izquierda. +Asimismo ocupaban los cerros del lado opuesto con numerosa infantería +y un regimiento de coraceros, y a su espalda tenían el arroyo de +Herrumblar, también seco en verano, que habían pasado. Tal era la +situación de los dos ejércitos, cuando la primera luz nos permitió +vernos las caras. Creo que entrambos nos encontramos respectivamente +muy feos. + +--¿Qué le parece a usted esta aventura, Sr. D. Diego?--dijo +Santorcaz. + +--Estoy entusiasmado--replicó el mozuelo--, y deseo que nos manden +cargar sobre las filas francesas. ¡Y mi señora madre empeñada en que +conservara yo aquella espada vieja sin filo ni punta...! + +--¿Está usía sereno?--le preguntó Marijuán. + +--Tan sereno que no me cambiaría por el emperador Napoleón--repuso el +Conde--. Yo sé que no puede pasarme nada, porque llevo el escapulario +de la Virgen de Araceli que me dieron mis hermanitas, con lo cual +dicho se está que me puedo poner delante de un cañón. ¿Y usted, Sr. de +Santorcaz, tiene miedo? + +--¿Yo?--repuso D. Luis con cierta tristeza--. Ya sabe usted que estuve +en Hollabrünn, en Austerlitz y en Jena. + +--Pues entonces... + +--Por lo mismo que presencié tan terribles acciones de guerra, tengo +miedo. + +--¡Miedo! Pues fuera de la fila. Aquí no se quiere gente medrosa. + +--No hay soldado aguerrido--afirmó Santorcaz--que no tenga miedo al +empezar la batalla, por lo mismo que sabe lo que es. + +Oído esto, casi todos los bisoños que poco antes reíamos a carcajada +tendida, saludándonos con bravatas y dicharachos, conforme a la +guerrera exaltación que nos poseía, callamos, mirándonos unos a otros, +para cerciorarse cada cual de que no era él solo quien tenía miedo. + +--¿Sabéis lo que me ordenó mi señora madre que hiciera al comenzar la +batalla?--indicó Rumblar--. Pues que rezara un Avemaría con toda +devoción. Ha llegado el momento. «Dios te salve, María...» + +El mayorazguito continuó en voz baja el Avemaría que había empezado en +alta voz, y todos los de nuestra fila le imitaron, como si aquello en +vez de escuadrón fuera un coro de religioso rezo, y lo más extraño fué +que Santorcaz, poniéndose pálido, cerrando los ojos, y quitándose el +sombrero con humilde gesto, dijo también «Santa María...» + +Aún resonaba en el aire la fervorosa invocación, cuando un estruendo +formidable retumbó en las avanzadas de ambos ejércitos. Las columnas +francesas del ala derecha se desplegaron en línea y rompieron el fuego +contra nuestra izquierda. + + + + +XXV + + +No poco tiempo se me ha ido en describir la posición de los +combatientes, la configuración del terreno y el principio del ataque; +pero no necesito advertir que todo esto pasó en menos tiempo del +empleado por mi tarda pluma en contarlo. Nuestras fuerzas no estaban +convenientemente distribuidas cuando tuvo lugar la primera embestida +de los imperiales. Verificada ésta, no podéis figuraros qué +precipitados movimientos hubo en la tropa española. Las de retaguardia +que aún llenaban la carretera, corrían velozmente a sostener la +izquierda; los cañones ocupaban su puesto; todo era atropellarse y +correr, de tal modo, que por un instante pareció que el primer ataque +de los franceses había producido confusión y pánico en las filas de +Coupigny. En tanto, los de la derecha permanecíamos quietos, y los de +a caballo que ocupábamos parte de la altura, podíamos ver +perfectamente los movimientos del combate. + +Tras las primeras descargas de las líneas francesas, éstas se +replegaron, y avanzando la artillería disparó varios tiros a bala +rasa. Ponían ellos en ejecución su táctica propia, consistente en +atacar con mucha energía sobre el punto que juzgaban más débil, para +desconcertar al enemigo desde los primeros momentos. Algo de esto +lograron al principio; pero nosotros teníamos excelente artillería, y +disparando también con bala rasa las seis piezas colocadas en la +carretera y a sus flancos, el centro francés se resintió al instante, +y para reforzarle tuvo que replegar su ala derecha, produciendo esto +un pequeño avance en la división de Coupigny. Entretanto, todos +teníamos fija la vista en el otro extremo de la línea y hacia la +carretera, y olvidábamos la espesura del olivar que estaba delante. De +pronto, las columnas ocultas entre los árboles salieron y se +desplegaron, arrojando un diluvio de balas sobre el frente del ala +derecha. Desde entonces, el fuego, corriéndose de un extremo a otro, +se hizo general en el frente de ambos ejércitos. La caballería, brazo +de los momentos terribles, no funcionaba aún y permanecía detrás, +quieta y relinchante, conteniéndose con sus propias riendas. + +Pero a pesar de generalizarse la lucha, en aquel primer período de la +batalla todo el interés continuaba, como he dicho, en el ala +izquierda. Atacada por los franceses con valentía pasmosa, nuestros +batallones de línea retrocedieron un momento. Casi parecía que iban a +abandonar su posición al enemigo; pero bien pronto se rehicieron +tomando la ofensiva al amparo de dos bocas de fuego y de la caballería +de España, que cargó a los franceses por el flanco. Vacilaron un tanto +los imperiales de aquella ala, y gran parte de las fuerzas que habían +salido del olivar se transportaron al otro lado. Su artillería hizo +grandes estragos en nuestra gente; mas con tanta intrepidez se lanzó +ésta sobre las lomas que ocupaba el enemigo entre el camino y el río +Guadiel; con tanta bravura y desprecio de la vida afrontaron los +soldados de línea la mortífera bala rasa y las cargas de la caballería +del general Privé, que llegaron a dominar tan fuerte posición. + +Antes que esto sucediera, ocurrieron mil lances de esos que ponen a +cada minuto en duda el éxito de una batalla. Se clareaban nuestras +líneas, especialmente las formadas con voluntarios; volvían a verse +compactas y formidables, avanzando como una muralla de carne; +oscilaban después y parecían resbalar por la pendiente cuando las +patas delanteras de los caballos de los coraceros principiaban a +martillar sobre los pechos de nuestros soldados; luego éstos +rechazaban a los animales con sus haces de bayonetas; caían para +levantarse con frenético ardor o no levantarse nunca, hasta que, por +último, el ala francesa se puso en dispersión, replegándose hacia la +carretera. + +Mientras esto pasaba, los de la derecha se sostenían a la defensiva, y +el centro cañoneaba para mantener en respeto al enemigo, porque casi +gran parte de la fuerza había acudido a la izquierda; pero una vez que +se oyeron los gritos de júbilo de los soldados de ésta, posesionados +de la altura, antes en poder de los franceses, y cuando se vió a éstos +aglomerarse sobre su centro, dióse orden de avance a las seis piezas +del nuestro, y por un instante el pánico y desorden del enemigo fueron +extraordinarios. Para concertarse de nuevo y formar otra vez sus +columnas tuvieron que retroceder al otro lado del puente del +Herrumblar. Viéndoles en mal estado, se trató de lanzar toda la +caballería en su persecución; pero varias de sus piezas, desmontadas +por nuestras balas, obstruían el camino, también entorpecido con los +espaldones que habían empezado a formar. El sol esparcía ya sus rayos +por el horizonte. Nuestros cuerpos proyectaban en la tierra y hacia +adelante larguísimas sombras negras. Cada animal, con su jinete, +dibujaba en el suelo una caricatura de hombre y caballo, escueta, +enjuta, disparatada, y todo el suelo estaba lleno de aquellas absurdas +legiones de sombras que harían reír a un chico de escuela. + +Os reiréis de verme ocupado en tan triviales observaciones; pero así +era, y no tengo por qué ocultarlo. En aquel momento estábamos en una +corta tregua, aunque la cosa no pareciera próxima a concluir. Hasta +entonces sólo habíamos sido atacados por una parte de las fuerzas +enemigas, pues la división de Barbou, algo rezagada, no estaba aún en +el campo francés. Entretanto, y mientras se tomaban disposiciones para +rechazar un segundo ataque, que no sabíamos si sería por la derecha o +por el centro, retiraban los españoles sus heridos, que no eran pocos; +mas no ciertamente en mi división, la cual estuviera hasta entonces a +la defensiva, tiroteándose ambos frentes a alguna distancia. Mi +regimiento permanecía intacto, reservado sin duda para alguna ocasión +solemne. + +Los franceses no tardaron en intentar la adquisición del puente +perdido. Su primer ataque fué débil, pero el segundo violentísimo. Oíd +cómo fué el primero. La infantería española, desplegándose en +guerrillas a un lado y a otro del camino, les azotaba con espeso +tiroteo. Lanzaron ellos sus caballos por el puente; mas con tan poca +fortuna, que tras de una pequeña ventaja obtenida por el empuje de +aquella poderosa fuerza, tuvieron que retirarse; pasada la sorpresa, +nuestros infantes les acribillaron a bayonetazos, dejando un +sinnúmero de jinetes en el suelo y otros precipitados por cima de los +pretiles al lecho del arroyo. No tuvimos tan buena suerte en el +segundo ataque, porque renunciando ellos a poner en movimiento la +caballería en lugar angosto, atacaron a la bayoneta con tanta fiereza, +que nuestros regimientos de línea, y aun los valientes valones y +suizos, retrocedieron aterrados. Oí contar en la tarde de aquel mismo +día a un soldado de los tiradores de Utrera, presente en aquel lance, +que los franceses, en su mayor parte militares viejos, cargaron a la +bayoneta con furia sublime, que producía en los nuestros, además del +desastre físico, una gran inferioridad moral. Me dijo que se +espantaron, que en un momento viéronse pequeños, mientras que los +franceses se agrandaban, presentándose como una falange de millones de +hombres; que los vivas al Emperador y los gritos de cólera eran tan +furiosamente pronunciados, que parecían matar también por el solo +efecto del sonido, y que, por último, sintiendo los de acá desfallecer +su entusiasmo y al mismo tiempo un repentino, invencible cariño a la +vida, abandonaron aquel puente mezquino, ardientemente disputado por +dos naciones, y que al fin quedó por Francia. El efecto moral de esta +pérdida fué muy notable entre nosotros. Advirtióse claramente en todo +el ejército como un estremecimiento de inquietud que, partiendo de +aquel gran corazón compuesto de diez y ocho mil corazones, se +transmitía al tembloroso fusil, asido por la indecisa mano. + +Entonces pude observar cómo se individualiza un ejército, cómo se hace +de tantos uno solo, resumiendo de un modo milagroso los sentimientos +lo mismo que se resume la fuerza; pude observar cómo aquella gran masa +recibe y transmite las impresiones del combate con la presteza y +uniformidad de un solo sistema nervioso; cómo todos los movimientos +del organismo físico, desde la mano del General en Jefe hasta el casco +del último caballo, obedecen a la alegría de un momento, a la pena de +otro momento, a las angustiosas alternativas que en el discurso de +pocas horas consiente y dispone Dios, espectador no indiferente de +estas barbaridades de los hombres. + +La pérdida del puente sobre el Herrumblar, que al amanecer se había +ganado, hizo que el ala derecha retrocediera buscando mejor posición. +Casi todas las posiciones se variaron. Los generales conocían la +inminencia de un ataque terrible, los soldados viejos la preveían, los +bisoños la sospechábamos, y nuestros caballos, reculando y +estrechándose unos contra otros, olían en el espacio, digámoslo así, +la proximidad de una gran carnicería. + +Eran las seis de la mañana y el calor principiaba a dejarse sentir con +mucha fuerza. Sentíamos ya en las espaldas aquel fuego que más tarde +había de hacernos el efecto de tener por medula espinal una barra de +metal fundido. No habíamos probado cosa alguna desde la noche +anterior, y una parte del ejército ni aun en la noche anterior había +comido nada. Pero este malestar era insignificante comparado con otro +que desde la mañana principió a atormentarnos: la sed, que todo lo +destruye, alma y cuerpo, infundiendo una rabia inútil para la guerra, +porque no se sacia matando. Es verdad que de Bailén salían en bandadas +multitud de mujeres con cántaros de agua para refrescarnos; pero de +este socorro apenas podía participar una pequeña parte de la tropa, +porque los que estaban en el frente no tenían tiempo para ello. Más de +una vez aquellas valerosas mujeres se expusieron al fuego, penetrando +en los sitios de mayor peligro, y llevando sus alcarrazas a los +artilleros del centro. En los puntos de mayor peligro, y donde era +preciso estar con el arma en el puño constantemente, nos disputábamos +un chorro de agua con atropellada brutalidad: rompíanse los cántaros +al choque de veinte manos que los querían coger, caía el agua al +suelo, y la tierra, más sedienta aún que los hombres, se la chupaba en +un segundo. + + + + +XXVI + + +¿Por qué sitio pensaban atacarnos los franceses? Conociendo que el +centro era inexpugnable por entonces, siendo el principal objeto de +Dupont abrirse camino hacia Bailén, y considerando peligroso +intentarlo por el ala izquierda, no sólo porque allí la posición de +los españoles era excelente, sino porque les ofrecía un gran peligro +la cuenca del Guadiel, determinaron atacar nuestra ala derecha, +esperando abrir en ella un boquete que les diera paso. Su artillería +no cesaba de arrojar bala rasa, protegiendo la formación de las +poderosas columnas que bien pronto debían hostilizarnos. Al punto se +reforzó el ala derecha, se desplegaron en línea varios batallones, y +sin esperar el ataque marcharon hacia el enemigo, amparados por dos +piezas de artillería. El primer momento nos fué favorable. Pero el +olivar vomitó gente y más gente sobre nuestra infantería. Por un +instante confundidas ambas líneas en densa nube de polvo y humo, no se +podía saber cuál llevaba ventaja. Caían los nuestros sobre los +imperiales, y la metralla enemiga les hacía retroceder; avanzaban +ellos, y adquiríamos a nuestra vez momentánea inferioridad. + +Por largo tiempo duró este combate, tanto más cruel, cuanto era más +proporcionado el empuje de una y otra parte, hasta que al fin +observamos síntomas de confusión en nuestras filas; vimos que se +quebraban aquellas compactas líneas, que retrocedían sin orden, que +chocaban unos con otros los grupos de soldados. La división se +conmovió toda, y dos batallones de reserva avanzaron para restablecer +el orden. Gritaban los jefes hasta quedarse sin voz, y todos se ponían +a la cabeza de las columnas, conteniendo a los que flaqueaban y +excitando con ardorosas palabras a los más valientes. Los tercios de +Tejas y el regimiento de Órdenes al frente se lanzaron, mientras el +concierto se restablecía en los cuerpos que hasta entonces habían +sostenido el fuego. Sobre todo el regimiento de Órdenes, uno de los +más valientes del ejército, se arrojó sobre el enemigo con una +impavidez que a todos nos dejó conmovidos de entusiasmo. Su coronel, +D. Francisco de Paula Soler, parecía dar fuego a todos los fusiles con +la arrebatadora llama de sus ojos; con el gesto de su mano derecha +empuñando la espada, que parecía un rayo; con sus gritos, que +sobresalían entre el granizado tiroteo, sublimando a los soldados. + +De tal modo arreciaron la metralla y la fusilería enemiga, que casi +toda la primera fila del valiente regimiento de Órdenes cayó, cual si +una gigantesca hoz la segara. Pero sobre los cuerpos palpitantes de la +primera fila pasó la segunda, continuando el fuego. Como si los tiros +franceses persiguieran con inteligente saña las charreteras, el +regimiento vió desaparecer a muchos de sus oficiales. + +Reforzáronse también los enemigos, y desplegando nueva línea con gente +de reserva, avanzaron a la bayoneta, pujantes, aterradores, +irresistibles. ¡Momento de incomparable horror! Figurábaseme ver a dos +monstruos que se baten, mordiéndose con rabia, igualmente fuertes, y +que hallan en sus heridas, en vez de cansancio y muerte, nueva cólera +para seguir luchando. + +Cuando las bayonetas se cruzaban, el campo ocupado por nuestra +infantería se clareó a trozos; sentimos el crujido de poderosas +cureñas, rebotando en el suelo de hoyo en hoyo al arrastre de las +mulas, castigadas sin piedad, los cañones de a 12 enfilaron el eje de +sus ánimas hacia las líneas enemigas; los botes de metralla penetraron +en el bronce; se atacaron con prontitud febril, y un diluvio de puntas +de hierro, hendiendo horizontalmente el aire, contuvo la marcha del +frente francés. A un disparo sucedía otro; la infantería, rehecha, +flanqueaba los cañones, y para completar el acto de desesperación, un +grito resonó en nuestro regimiento. Todos los caballos patalearon, +expresando en su ignoto lenguaje que comprendían la sublimidad del +momento; apretamos con fuerte puño los sables, y medimos la tierra que +se extendía delante de nosotros. La caballería iba a cargar. + +Vimos que a todo escape se nos acercó un General, seguido de gran +número de oficiales. Era el marqués de Coupigny, alto, fuerte, rubio, +colorado de suyo, y en aquella ocasión encendido, como si toda su cara +despidiera fuego. Era Coupigny hombre de pocas palabras; pero suplía +su escasez oratoria con la llama de su mirar, que era por sí una +proclama. Nosotros pusimos atención esperando que nos dijera alguna +cosa; pero el General dispuso con un gesto la dirección del +movimiento, y después nos miró. No necesitamos más. + +--¡Viva España! ¡Viva el rey Fernando! ¡Mueran los +franceses!--exclamamos todos; y el escuadrón se puso en movimiento. + +Estábamos formados en columna, y nos desplegamos en batalla sobre los +costados, bajando a buen paso, pero sin precipitación, de la altura +donde habíamos estado. Maniobramos luego para tener a nuestro frente +el flanco enemigo; las tropas que por allí atacaban dicho flanco +doblaron por cuartas para darnos paso por los claros; el jefe gritó: +«A la carga»; picamos espuela, y ciegamente caímos sobre el enemigo +como repentina avalancha. Yo, lo mismo que Santorcaz, el mayorazgo y +los demás de la partida, íbamos en la segunda fila. Penetraron +impetuosamente los de la primera, acuchillando sin piedad; los +caballos bramaban de furor, sintiéndose heridos a fuego y a hierro. +Algunos caían, dejando morir a sus jinetes, y otros se arrojaban con +más fuerza, destrozando cuanto hallaban bajo sus poderosas manos. Los +de la primera fila hicieron gran destrozo; pero a los de la segunda +nos costó más trabajo, porque avanzando demasiado los delanteros, +quedamos envueltos por la infantería, lo cual atenuaba un poco nuestra +superioridad. Sin embargo, destrozábamos pechos y cráneos sin piedad. + +Yo ví a Rumblar, ciego de ira, luchando cuerpo a cuerpo con un +francés; vi a Santorcaz dando pruebas de tener un puño formidable para +el manejo del sable; usélo con toda la destreza que me era posible, y +lo mismo yo que mis amigos y otros muchos jinetes de mi fila nos +internamos locamente por el grueso de la infantería contraria. Otro +escuadrón daba nueva carga por el mismo flanco, lo cual, observado por +nosotros, nos reanimó. No íbamos mal; pero los franceses eran muchos, +estaban muy hechos a tales embestidas, y sabían defenderse bien de la +pesadumbre de los caballos, así como de los sablazos. + +Sin embargo, no retrocedían delante de nosotros. Ya se sabe que siendo +el objeto de la caballería producir un gran sacudimiento y pavor en +las filas enemigas por la violencia del primer choque, cuando éste no +da el resultado apetecido, y se empeñan combates parciales entre los +caballos y una numerosa infantería, los primeros corren gran riesgo de +desaparecer, brutales masas, devoradas en aquel hervidero de agilidad +y destreza. Aunque en la carga les causamos gran daño, no les pusimos +en dispersión: los combates parciales se entablaron pronto, y fué +preciso que la caballería de España, a escape traída del ala +izquierda, nos reforzase, para no ser envueltos y perdidos sin +remisión. Hubo un momento en que me vi próximo a la muerte. A mi lado +no había más que dos o tres jinetes, que se hallaban en trance tan +apurado como yo; nos miramos, y comprendiendo que era preciso hacer un +supremo esfuerzo, arremetimos a sablazos con bastante fortuna. Con +esto y el pronto auxilio de la carga hecha en el mismo instante por la +caballería de España, salimos del apuro. Revolviendo atrás, hundí las +espuelas, y mi caballo se puso de un salto en la nueva fila. No vi a +mi lado más cara conocida que la de Marijuán. El Conde y Santorcaz +habían desaparecido. + +En el mismo instante mi caballo flaqueó de sus cuartos traseros. +Intenté hacerle avanzar, clavándole impíamente las espuelas; el noble +animal, comprendiendo sin duda la inmensidad de su deber y tratando de +sobreponerle a la agudeza de su dolor, dió algunos botes; pero cayó al +fin, escarbando la tierra con furia. El desgraciado había recibido una +terrible herida en el vientre, y falto de palabra para expresar su +padecimiento, bramaba, aspirando con ansia el aire inflamado, sacudía +el cuello; parecía dar a entender que hallando un charco de agua en +que remojar la lengua, sus dolores serían menos vivos, y al fin se +abandonó a su suerte, tendiéndose sobre el campo, indiferente al ruido +del cañón y al toque de degüello. + + + + +XXVII + + +Viéndome desmontado, me dirigí a buscar un puesto entre las escoltas +de la artillería o en el servicio de municiones, que se hacía +precipitadamente por los tambores entre los carros y las piezas. Al +dar los primeros pasos, advertí el extraordinario decaimiento de mis +fuerzas físicas; no podía tenerme en pie, y el ardor de mi sangre, +llegado a su último extremo, me paralizaba cual si estuviese enfermo. +No es propio decir que hacía calor, porque esta frase, común al verano +de todos los países europeos, es inexpresiva para indicar la espantosa +inflamación de aquella atmósfera de Andalucía en el día infernal que +presenció la batalla de Bailén. El efecto que hacía en nuestros +cuerpos era el de una llamarada que los azotaba por todos lados: la +cara se nos abrasaba como cuando nos asomamos a un horno encendido, y +deshechos en sudor, nuestros cuerpos hervían, descomponiéndose la +economía entera, desde el instante en que fuertes excitaciones del +espíritu dejaban de sostenerla. + +Cuando me encontré a pie y a regular distancia del combate, que seguía +con ventaja para los españoles, empecé a sentir vivamente y de un modo +irresistible el aguijón candente de la sed que horadaba mi lengua, y +la corriente de fuego que envolvía mi cuerpo. Esto me daba tal +desesperación, que de prolongarse mucho hubiérame impelido a beber la +sangre de mis propias venas. Por ninguna parte divisaba a la gente del +pueblo que antes trajera cántaros con agua, y al buscar con ansiosa +inspiración en el seco aire una partícula de agua, bebía y respiraba +oleadas de polvo abrasador. + +Por un rato perdí toda la exaltación guerrera y el furor patriótico +que antes me dominaban, para no pensar más que en la probabilidad de +beber, previendo las delicias de un sorbo de agua, y anhelando apagar +aquellas ascuas pegajosas que en mi boca revolvía. Con este deseo +caminé largo trecho entre las filas de retaguardia del centro: los +soldados de los regimientos que allí se rehacían para salir de nuevo +al frente, clamaban también pidiendo agua. Vimos con alegría que desde +el pueblo venían corriendo algunos hombres con cubos; pero al punto se +nos dijo que aquella agua no era para nosotros: era para otros +sedientos cuyas bocas necesitaban refrescarse antes que las nuestras +si el combate había de tener buen éxito; era para los cañones. + +La resistencia enérgica de las dos piezas del ala derecha, combinadas +con las seis de la batería central, y el auxilio de la caballería +atacando por el flanco la línea enemiga, hizo que ésta fuese +rechazada, a pesar de su frente compacto, de su incomparable bravura. +Los franceses se retiraron, dejándose perseguir y desposicionar por la +infantería y caballos de nuestra derecha. Harto se conocía este +resultado en los gritos de alegría, en aquel concierto de injurias con +que el vencedor confirma la catástrofe del vencido, cuando éste vuelve +la espalda. El sitio donde yo estaba se vió despejado por el avance de +nuestras tropas, y en casi todos los jefes que allí había observé tal +expresión de gozo, que sin duda consideraban asegurada la victoria. +¡Oh, momento feliz! Ya se podía pensar en beber. ¿Pero dónde? + +Después del avance de nuestras tropas, que no ocuparon enteramente las +posiciones francesas por ofrecer esto algún peligro, los soldados del +regimiento de Órdenes divisaron una noria, en el momento en que los +franceses, que durante la acción habíanla ocupado, se hallaban en el +caso de abandonarla. Vieron todos aquel lugar como un santuario cuya +conquista era el supremo galardón de la victoria, y se arrojaron sobre +los defensores del agua escasa y corrompida que arrojaban unos +cuantos arcaduces en un estanquillo. Los enemigos, que no querían +desprenderse de aquel tesoro, lo defendían con la rabia del sediento. +Apenas disparados los primeros tiros, otros muchos franceses, +extenuados de fatiga, y encontrándose ya sin fuerzas para combatir si +no les caía del cielo o les brotaba de la tierra una gota de agua, +acudieron a beber, y viéndola tan reciamente disputada, se unieron a +los defensores. + +Oí decir: «¡Allí hay agua, allí se están disputando la noria!», y no +necesité más. Lancéme, y conmigo se lanzaron otros en aquella +dirección; tomé del suelo un fusil que aún apretaba en sus manos un +soldado muerto, y corrí con los demás a todo escape en dirección a la +noria. Penetramos en un campo a medio segar, a trechos cubierto de +altos trigos secos, a trechos en rastrojo. La lucha en la noria se +hacía en guerrillas; acerquéme a la que me pareció más floja, y +desprecié la vida, lleno mi espíritu del frenético afán de conquistar +un buche de agua. Aquel imperio, compuesto de dos mal engranadas +ruedas de madera, por las cuales se escurría un miserable lagrimeo de +agua turbia, era para nosotros el imperio del mundo. La hidrofagia, +que a veces amilana, a ratos también convierte al hombre en fiera, +llevándole con sublime ardor a desangrarse por no quemarse. + +Los franceses defendían su vaso de agua, y nosotros se lo +disputábamos; pero de improviso sentimos que se duplicaba el calor a +nuestras espaldas. Mirando atrás, vimos que las secas espigas ardían +como yesca, inflamadas por algunos cartuchos caídos por allí, y sus +terribles llamaradas nos freían de lejos la espalda. «O tomar la noria +o morir», pensamos todos. Nos batíamos apoyados contra una hoguera, y +la hambrienta llama, al morder con su diente insaciable en aquel +pasto, extendía alguna de sus lenguas de fuego azotándonos la cara. La +desesperación nos hizo redoblar el esfuerzo, porque nos asábamos, +literalmente hablando; y por último, arrojándonos sobre el enemigo, +resueltos a morir, la gota de agua quedó por España al grito de «¡Viva +Fernando VII!» + +Por un momento dejamos de ser soldados, dejamos de ser hombres, para +no ser sino animales. Si cuando sumergimos nuestras bocas en el agua, +hubiera venido un solo francés con un látigo, habríanos azotado, sin +que intentáramos defendernos. Después de emborracharnos en aquel +néctar fangoso, superior al vino de los dioses, nos reconocimos otra +vez en la plenitud de nuestras facultades. ¡Qué Inmensa alegría! ¡Qué +superabundancia de fuerza y de orgullo! + +¿Pero habíamos vencido definitivamente a los franceses? Cuando se +disipó aquella lobreguez moral con que la horrible sequedad del cuerpo +había envuelto el espíritu, nos vimos en situación muy difícil. +Corriendo hacia la noria nos habíamos apartado de nuestro campo, y +adviértase que si el ejército francés fué rechazado con grandes +pérdidas, conservaba aún sus posiciones. ¿Iba a emprender nuevo +ataque, con el último esfuerzo de la desesperación? Creíamos que sí, +y señales de esto notamos en el campo enemigo que teníamos tan cerca. +Al punto corrimos desbandados hacia el nuestro, que estaba algo lejos, +y saltando por junto a los trigos incendiados, abandonamos la noria, +por temor a que fuerzas más numerosas que las nuestras nos hicieran +prisioneros. + +Verdad que los franceses, no dando ya ninguna importancia a las +acciones parciales, se ocupaban en organizar el resto y lo mejor de su +fuerza para dar un golpe de mano, última estocada del gigante que se +sentía morir. Corrimos, pues, hacia nuestro campo. Ya cerca de él, +pasó rápidamente por delante de mí un caballo sin jinete, arrogante, +vanaglorioso, con la crin al aire, sano y sin heridas, algo azorado y +aturdido. Era un animal de pura casta cordobesa, lo mismo que el mío. +Le seguí, y apoderándome de sus bridas, cuando volvía, me monté en él; +después de ser por un rato soldado de a pie, tornaba a ser jinete. +Busqué con la vista el escuadrón más próximo, y vi que a retaguardia +del centro se formaba en columna con distancias el de España. Entré en +las primeras filas, a punto que dijeron junto a mí. + +--Los generales franceses harán el último esfuerzo. Dicen que hay unas +tropas que todavía no han entrado en fuego, y son las mejores que +Napoleón ha traído a España. + +Efectivamente, el centro se preparaba a una defensa valerosa, y +guarnecía sus baterías, distribuía los regimientos a un lado y otro, +agrupando a retaguardia fuerzas considerables de caballería. Cuando +esto pasaba, sentí un vivo clamor de la naturaleza dentro de mí, sentí +hambre, pero ¡qué hambre!... Francamente, y sin ruborizarme, digo que +tenía más ganas de comer que de batirme. ¿Y qué? ¿Este miserable hijo +de España no había hecho ya bastante por su Rey y por su patria, para +permitir llevarse a la boca un pedazo de pan? + +En estas reflexiones, registré primero la grupa de mi cabalgadura +allegadiza, donde no había más que alguna ropa blanca, y después las +pistoleras, donde encontré un mendrugo. ¡Hallazgo incomparable! No +satisfecho, sin embargo, con tan poca ración, llevé mis exploraciones +hasta lo más profundo de aquellos sacos de cuero, y mis dedos +sintieron el contacto de unos papeles. Saquélos, y vi un pequeño +envoltorio y tres cartas, la una cerrada y las otras dos cubiertas, +todas con sobrescrito. Leí el primer sobre que se me vino a la mano, y +decía así: «Al Sr. D. Luis de Santorcaz, en Madrid, calle de...» + +Había montado en el caballo de Santorcaz. + + + + +XXVIII + + +Olvidándome al instante de todo, no pensé más que en examinar bien lo +que tenía en las manos. El sobrescrito de la primera carta que saqué +y que estaba abierta, era de letra femenina, que reconocí al momento. +El de la carta cerrada, que sin duda no estaba ya en la estafeta por +detención involuntaria, era de hombre y decía: «Sra. Condesa de... +(aquí el título de Amaranta), en Córdoba, calle de la Espartería.» +El tercer sobre, también de carta abierta, era de letra de hombre y +dirigido a Santorcaz. Desenvolví en seguida el envoltorio de papeles, +que guardaba un bulto como del tamaño de un duro, y al ver lo que +contenía, una luz vivísima inundó mi alma y sentí dolorosa punzada en +el corazón. Era el retrato de Inés. + +Aquella aparición en el campo de batalla, en medio del zumbido de los +cañones y del choque de las armas; la inesperada presencia ante mí de +aquella cara celestial, fielmente reproducida por un buen artista; la +sonrisa iluminada que creí observar sobre la placa, cuando fijé en +ella mis ojos; aquella repentina visita, pues no era otra cosa, de mi +fiel amiga, cuando yo hacía tan vivos esfuerzos para ser digno de +ella, me regocijaron de un modo inexplicable. Para iluminar los rasgos +y colores de aquel retrato que sonreía, valía la pena de que saliese +el sol, de que existiese el mundo, de que la serie del tiempo trajera +aquel día, aunque deslustrado por los horrores de una batalla. + +Estreché a la Inés de dos pulgadas contra mi corazón y la guardé en mi +pecho, resuelto a no darla, aunque la materialidad del pedazo de cobre +pintado no me pertenecía. Mas era preciso leer aquellos papeles, que +podían esclarecer alguna de mis dudas. Detúvome al principio la +vergüenza de leer cartas ajenas, lo cual es cosa fea; pero consideré +que Santorcaz habría muerto, fundándome en la dispersión de su caballo +abandonado, y además, como la curiosidad me picaba, me escocía, me +quemaba de un modo muy vivo, decidíme a leer la carta abierta, porque +el deseo de hacerlo era más fuerte que todas las consideraciones. + +Yo estaba completamente absorto en aquel asunto de interés íntimo; yo +no atendía a la batalla; yo no hacía caso de los cañonazos; yo no me +fijaba en los gritos; yo no apartaba del papel los ojos, aunque sentía +correr por junto a mis oídos el estrepitoso aliento de la lucha. En +aquel instante, entre los veinte mil hombres que, formando dos grandes +conjuntos, se disputaban unas cuantas varas de terreno, yo era quizás +el único que merecía el nombre de individuo. Átomo disgregado +momentáneamente de la masa, se ocupaba de sus propias batallas. + +La carta abierta, que llevaba la firma de Amaranta, decía así, después +de las fórmulas de encabezamiento: + +«¿Eres un malvado o un desgraciado? En verdad no sé qué creer, pues de +tu conducta todo puede deducirse. Después de una ausencia de muchos +años, durante los cuales nadie ha logrado traerte al buen camino, +ahora vuelves a España sin más objeto que hostigarme con pretensiones +absurdas a que mi dignidad no me permite acceder. Harto he hecho por +tí, y ahora mismo, cuando me has manifestado tu situación, te he +propuesto un medio decoroso de remediarla. ¿Qué más puedo hacer? Pero +no te satisface lo que en la actualidad y siempre bastaría a calmar la +ambición de un hombre menos degradado que tú; te rebelas contra mis +beneficios, y aspiras a más, amenazándome sin miramiento alguno. A +todo eso contesto diciéndote que desprecio tus amenazas, y que no las +temo. No; no es posible que por la amenaza consiga nadie de mí lo que +me impelen a negar mi dignidad, mi categoría, mi familia y mi nombre. +Nunca creí que aspiraras a tanto, y siempre pensé que te conceptuarías +muy feliz con lo que otras veces has alcanzado de mí, y hoy te +ofrezco, haciendo un verdadero sacrificio, porque el estado del reino +ha disminuido nuestras rentas...» + +Al llegar aquí, el golpe de un peso que cayó, chocando con mi rodilla, +me hizo levantar la vista de la carta. El soldado que formaba junto a +mí, herido mortalmente por una bala perdida, había rodado al suelo. En +aquel intervalo vi hacia el frente, envueltas en espeso humo, las +columnas francesas que venían a atacar el centro. Pero mi ánimo no +estaba para fijar la atención en aquello. Pude notar que la caballería +avanzaba un poco, pero después retrocedía y oscilaba de flanco; pero +dejándome llevar por el caballo, con los ojos fijos en el papel, que +sostenía a la altura de las riendas, no puse ni un desperdicio de +voluntad en aquellos movimientos de la máquina en que estaba +engranado. La carta continuaba así: + +«...En vano para conmoverme finges gran interés por aquel ser +desgraciado que vino al mundo como testimonio vivo de la funesta +alucinación y del fatal error de su madre. ¿A qué ese sentimiento +tardío? ¿A qué acusarme de su abandono? No, esa niña no existe; te han +engañado los que te han dicho que yo la he recogido. Mal podría +recogerla cuando ya es un hecho evidente que Dios se la llevó de este +mundo. ¿A qué conduce el amenazarme con ella, haciéndola instrumento +de tus malas artes para conmigo? No pienses en esto. Por última vez te +aconsejo que desistas de tus locas pretensiones, y te presentes ante +mí con bandera de paz. ¿Eres un malvado o un desgraciado? Yo sería muy +feliz si me probaras lo segundo, porque uno de mis mayores tormentos +consiste en suponer tan profundamente corrompido el corazón que hace +años sólo existía para amarme...» + +Con esto y la firma de Amaranta terminaba la epístola, cuya lectura, +absorbiendo mi atención, me distraía de la batalla. El fragor de ésta +zumbaba en mis oídos como el rumor del mar, a quien generalmente no se +hace caso desde tierra. ¿Es tal vuestra impertinencia que queréis +obligarme a contaros lo que allí pasaba? Pues oíd. Cuando la tropa +francesa de línea retrocedió por tercera vez, extenuada de hambre, de +sed y de cansancio; cuando los soldados que no habían sido heridos se +arrojaban al suelo maldiciendo la guerra, negándose a batirse, +insultando a los oficiales que les llevaran a tan terrible situación, +el General en Jefe reunió la plana mayor, y expuesto en breve consejo +el estado de las cosas, se decidió intentar un último ataque con los +marinos de la guardia imperial, aún intactos, poniéndose a la cabeza +todos los generales. + +Por eso cuando, leída la carta, alcé los ojos, vi delante de las +primeras filas de caballería algunas masas de tropa escoltando los +seis cañones de la carretera, cuyo fuego certero y terrible había sido +el nudo gordiano de la batalla. Servidos siempre con destreza y al fin +con exaltación, aquellos seis cañones eran durante unos minutos la +pieza de dos cuartos arrojada por España y Francia, por la usurpación +y la nacionalidad, en un corrillo de veinte mil soldados. ¿Cara o +cruz? ¿Las tomarían los franceses? ¿Se dejarían quitar los españoles +aquellos cañones? ¿Quién podría más, nuestros valientes y hábiles +oficiales de artillería, o los quinientos marinos? + +Yo vi a éstos avanzar por la carretera, y entre el denso humo +distinguimos un hombre puesto al frente del valiente batallón y +blandiendo con furia la espada; un hombre de alta estatura, el rostro +desfigurado por la costra de polvo que amasaban los sudores de la +angustia; de uniforme lujoso y destrozado en la garganta y seno, como +si lo hubiera hecho pedazos con las uñas para dar desahogo al oprimido +pecho. Aquella imagen de la desesperación, que tan pronto señalaba la +boca de los cañones como el cielo, indicando a sus soldados un alto +ideal al conducirles a la muerte, era el desgraciado general Dupont, +que había venido a Andalucía seguro de alcanzar el bastón de Mariscal +de Francia. El paseo triunfal de que al partir de Toledo habló, había +tenido aquel tropiezo. + +Los repetidos disparos de metralla no detenían a los franceses. +Brillaban los dorados uniformes de los generales puestos al frente, y +tras ellos la hilera de marinos, todos vestidos de azul y con grandes +gorras de pelo, avanzaba sin vacilación. De rato en rato, como si una +manotada gigantesca arrebatase la mitad de la fila, así desaparecían +hombres y hombres. Pero en cada claro asomaba otro soldado azul, y el +frente de columna se rehacía al instante, acercándose imponente y +aterrador. Acelerábase su marcha al hallarse cerca; iban a caer como +legión de invencibles demonios sobre las piezas para clavarlas y +degollar sin piedad a los artilleros. + +Los que asistían a aquel espectáculo, sin ser actores de él, estaban +mudos de estupor, con el alma y la vida en suspenso, cual si +aguardaran el resultado de la porfía para dejar de existir o seguir +existiendo. No obstante, ¿creerán mis lectores que algo ocupaba mi +espíritu más de lleno que la última peripecia? Pues sí: yo tenía en mi +mano la carta cerrada, y la curiosidad por leerla no era curiosidad; +era una sed moral más terrible que la sed física que poco antes me +atormentara. Incapaz de resistirla, sintiendo que todo se eclipsaba +ante la inmensidad del interés despertado en mí por los asuntos de dos +o tres personas que no habían de decidir la suerte del mundo, tomé la +carta, la abrí sin reparar en lo vituperable de esta acción, y al +punto la devoré con los ojos, leyendo lo siguiente: + +«Señora Condesa: Vuestra carta me anuncia que nada puedo esperar de +vos por los honrados medios que os he propuesto. No me sorprende, y si +en la última que me dirigisteis, dictada sin duda por vuestro propio +corazón, mostrabais bastante generosidad, en ésta reconozco las ideas +de vuestra tía la señora Marquesa, que en otro tiempo os dijo que +antes quería veros muerta que casada con un hombre inferior a vuestra +clase. Preguntáis que si soy un malvado o un desgraciado, y contesto +que ya que os alcanza la responsabilidad de lo segundo, a vos también +os tocará sin duda la triste gloria de lo primero. Esta será la última +que os escriba el que en algún tiempo no hubiera cambiado por todas +las delicias del Paraíso el gozo de leer una letra de vuestra mano. +Quizás por mucho tiempo no oigáis hablar de mí; quizás disfrutéis la +inefable satisfacción de creer que he muerto; pero en la obscuridad y +lejos de vos, yo me ocuparé de lo que me pertenece. ¿Quién es el +culpable, vos o yo? Cuando supe en Madrid que habíais recogido a +nuestra hija después de largo abandono, os prometí legitimarla por +subsiguiente matrimonio, como correspondía a personas honradas. +Primero me contestasteis indecisa, y luego furiosa, rechazando una +proposición que calificabais de absurda, de irreverente, y llamándome +jacobino, francmasón, calavera, perdido, tramposo, con otras injurias +que quisiera oír en tan linda boca. Yo acepto el bofetón de vuestro +orgullo. Lo que no me explico es la desfachatez con que negáis haber +recogido a vuestra hija. ¿Y decís que esto no me importa? Ya veréis +si me importa o no. Yo sé que la habéis recogido; yo sé que está en un +convento; yo sé que su boda con el conde de Rumblar está concertada; +yo sé que para realizarla se han tenido en cuenta poderosos intereses +de ambas familias, que la hacen imprescindible; yo sé que para llevar +a efecto la legitimación se ha consumado una superchería poco digna de +personas como...» + +Una conmoción inmensa, un estrépito indescriptible me obligaron a +apartar de la carta mi atención. Los marinos llegaban a la boca de los +cañones, y un combate terrible, en que parecíamos llevar lo mejor, se +había trabado. Esto era sin duda sublime; esto sacaba de quicio y +conmovía el alma en su fundamento; pero ¿no había algo más en el +mundo? Inés, su madre, su padre, su porvenir, su casamiento, y yo con +mi desmedido y leal amor; yo, preguntándome si podría subir hasta +ella, o si era preciso hacerla descender hasta mí... ¡Oh! ésta sí que +era batalla; ésta sí que era lucha, señores. Su campo estaba dentro de +mí, y sus fuerzas terribles chocaban dentro del espacio silencioso de +mi pensamiento. ¿Cómo no atender a ella más que a otra alguna? El +corazón, tirano indiscutible, agrandando inconmensurablemente las +proporciones de mi batalla, habíala hecho mayor que aquella de que tal +vez dependían los destinos del mundo. + +Yo vi los marinos próximos ya, muy próximos a nuestros cañones; sentí +gritos de júbilo y de victoria pronunciados en española lengua, y, +aunque todo esto me conmovía mucho, la carta no concluida me quemaba +la mano. Decid que yo era un estúpido egoísta; pero, señores, ¿y la +carta, y aquel _casamiento imprescindible_, y aquella _superchería_ +misteriosa?... ¿Se ganaba la batalla? Creo que sí, y la faz de Europa +variaría sin duda. ¿Pero qué me importaba el enojo del Imperio, el +júbilo de Inglaterra, el estupor de Rusia, los preparativos de la +coalición, el descrédito del Grande Ejército? + +¿Hemos de sobreponer el interés de los conjuntos lanzados a bárbaras +guerras, al interés del inocente individuo que a solas lucha por el +bien y por el amor? ¿Hemos de sobreponer el interés de la guerra, que +destruye, al del amor, que crea y aumenta y embellece lo creado? Reíos +de mí; pero al mismo tiempo pensad en el modo de probarme que un +corazón ocupa menos espacio en la totalidad del universo que los +quinientos diez millones de kilómetros cuadrados de la pelota de +tierra en que habitamos. + +Si es egoísmo, confieso mi egoísmo, y declaro a la faz de mi auditorio +que en el punto en que se eclipsaba la estrella que por diez años +había iluminado la Europa, volví a fijar los ojos en la carta para +continuar leyendo. Si no quieren ustedes enterarse de ello, no se +enteren; pero es mi deber decir que la carta concluía así: + +«...una superchería poco digna de personas como vos. Segura estáis, y +con razón, de que nada puedo contra vos. En efecto; yo sé que si algo +intentara, sería vencido. Pobre, sin recursos, sin valimiento, ¿qué +podría contra la justicia, que sólo defiende a los poderosos? Pero mi +hija me pertenece, y si hoy no está en mi poder, os aseguro que lo +estará mañana. Entretanto guardaos vuestro dinero.» + +No decía más. Pero cuando acabé de leerla, ¡qué nueva y terrible fase +tomaba la refriega entre los marinos y nuestros soldados! ¡Santo Dios! +¿Perderíase la batalla? Destrozados en el primer ataque los franceses, +lo repetían sacando el último resto de bravura de sus corazones +resecados por el calor, y volvían a la carga resueltos a dejarse hacer +trizas en la boca de los cañones, o tomarlos. Nuestros soldados +sacaban fuerzas de su espíritu, porque en el cuerpo ya no las tenían. +Hasta los artilleros empezaban a desfallecer, y heridos casi todos los +primeros de izquierda y derecha, atacaban los segundos, daban fuego +los terceros, y el servicio de municiones era hecho por paisanos. Los +franceses, medio resucitados con la valentía de los marinos, pudieron +habilitar dos piezas, y desde lejos, y tomando por blanco la masa de +nuestra caballería, disparaban bastantes tiros. Su larga trayectoria, +pasando por encima de la batería española, hería las primeras filas de +mi regimiento. Este se encabritó como si fuera un solo caballo; +chocamos unos con otros, y el espectáculo de dos compañeros muertos +sin combatir nos llenó de terror. Al mismo tiempo oímos decir que +escaseaban las municiones de cañón. ¡Terrible palabra! Si nuestros +cañones llegaban a carecer de pólvora, si en sus almas de bronce se +extinguía aquella indignación artificial, cuyo resoplido conmueve y +trastorna el aire, estremece el suelo y arrasa cuanto encuentra por +delante, bien pronto serían tomados por los valientes marinos, y les +aguardaba el morir inutilizados por el denigrante clavo, fruslería que +destruye un gigante, alfiler que mata a Aquiles. + +Esta consideración ponía los pelos de punta. ¿Sucumbiría España? ¿No +le reservaba Dios la gloria de dar el primer golpe en el pedestal del +tirano de Europa?... No, no es posible asistir indiferente al +espectáculo de tan sublime esfuerzo, ¡oh patria!; pero te confieso que +yo rabiaba por conocer al autor de aquella tercera carta que tenía en +mi mano, y cuando sin desatender a tu admirable heroísmo miré la firma +y vi el nombre de _Román_, segundo mayordomo de mi inolvidable ama; +cuando consideré que aquel papel contendría revelaciones importantes, +me dominó de tal modo la curiosidad, que por un instante desapareciste +de mi espíritu, ¡oh hermoso rincón de tierra, destinado más de una vez +a ser equilibrio del mundo! ¡Adiós, España; adiós, Napoleón; adiós, +guerra; adiós, batalla de Bailén! Como borra la esponja del escolar el +problema escrito con tiza en la pizarra, para entregarse al juego, así +se borró todo en mí para no ver más que lo siguiente: + +«Sr. D. Luis de Santorcaz: Voy a decirle lo ocurrido. Todo está +resuelto, y por ahora le dan a usted con la puerta en los hocicos. La +Sra. Marquesa de Leiva, al recoger a la señorita Inés, pensó en el +modo de legitimarla. Advierto a usted que desde que la trataron, ambas +la quieren mucho, y se desviven por decidirla a que salga del +convento. Cuando la Sra. Condesa recibió la carta de usted, en que le +proponía la legitimación por subsiguiente matrimonio, mostróla a su +tía, y ésta, furiosa y fuera de sí, preguntó si quería deshonrarse +para siempre siendo esposa de semejante perdido. Lloró un poco la +Condesa, lo cual es indicio de que aún le queda algo de aquel amor; y +por último, después de muchas reconvenciones, convinieron las dos en +no admitirle a usted en su familia por ningún caso. Ya sabe usted que, +según consta en la fundación de este gran mayorazgo, uno de los +principales de España, no habiendo herederos directos, pasa a los de +segundo grado en línea recta, por lo cual ahora correspondería al +primogénito del conde Rumblar. La actual condesa de Rumblar, enterada +de la aparición de una heredera, anunció a mi ama que entablaría un +pleito, y vea usted aquí el motivo de que en casa se haya trabajado +tanto por la legitimación. Por fin, las dos familias acordaron evitar +la ruina de un pleito, y se han puesto de acuerdo sobre esta base: +casar a la Srta. Inés con D. Diego de Rumblar, previa legitimación de +aquélla, por lo que llaman autorización del Rey, con lo cual ambos +derechos se funden en uno solo, evitando cuestiones. En cuanto al +punto más difícil, la Sra. Marquesa lo ha resuelto al fin de un modo +ingenioso y seguro. La niña ha entrado al fin con pie derecho en la +familia. No pudiendo legitimar la madre, porque a ello se oponen las +leyes; no pudiendo aceptarse la fórmula del subsiguiente matrimonio, +ni conviniendo tampoco la adopción, por no dar esto derecho a la +herencia del mayorazgo, se acordó lo que voy a decir a usted, y que +sin duda le llenará de admiración. Este sesgo del asunto tiene para la +familia la ventaja de que mi Sra. la Condesa no pasará ningún +bochorno. La Srta. Inés ha sido reconocida por aquel...» + +Un violento golpe arrebató el papel de mis manos. Encabritóse mi +caballo, y al avanzar siguiendo el escuadrón, sentí la estrepitosa +risa de un soldado que decía: «Aquí no se viene a leer cartas.» +Corrimos fuera de la carretera, y todos mis compañeros proferían +exclamaciones de frenética alegría. Vi los cañones inmóviles y delante +una espesa cortina de humo, que al disiparse permitía distinguir los +restos del batallón de marinos. En el frente francés flotaba una +bandera blanca avanzando hacia nuestro frente. La batalla había +concluído. + +Nuestros soldados se abrazaban con júbilo. Confundíanse los diversos +regimientos y los paisanos advenedizos con la tropa. La gente del +vecino pueblo de Bailén acudía con cántaros y botijos de agua. +Agrupábanse hombres y mujeres junto a los heridos para recogerlos. Los +caballos recorrían orgullosos la carretera, y los generales, +confundidos con la gente de tropa, demostraban su alegría con tanta +llaneza como ésta. Los gritos de «¡Viva España!, ¡Viva Fernando VII!» +parecían sublime concierto que llenaba el espacio, como antes el ruido +del cañón; y el mundo todo se estremecía con el júbilo de nuestra +victoria y con el desastre de la Francia, primera vacilación del +orgulloso Imperio. En tanto, yo recorría el campamento, miraba al +suelo, miraba las manos de todos, las cureñas de los cañones, los +charcos de sangre, los mil rincones del suelo, junto al cuerpo de un +herido, y bajo la cabeza del caballo moribundo. Marijuán se llegó a mí +con los brazos abiertos y gritó: + +--Los vencimos, Gabriel. ¡Viva España y los españoles, y la Virgen del +Pilar, a quien se debe todo! Pero ¿qué buscas, que así miras al suelo? + +--Busco un papel que se me ha perdido. + + + + +XXIX + + +--Déjate de papeles--me dijo Marijuán--. ¡Demonios de marinos! ¿Viste +cómo atacaban? + +--La hacen hija legitima por autorización real. + +--¿Qué estás diciendo? Ya no queda duda que hemos vencido a Napoleón, +y como éste ha vencido a todo el mundo, resulta que nosotros hemos +vencido al mundo entero. ¿Pero, chico, no te vuelves loco? Mira cómo +alzan los brazos, gritando, aquellos generales que vienen por el +llano. ¡Benditas penas, benditos golpes, bendito calor y bendita sed, +puesto que al fin hemos salido vencedores! ¡Viva España! + +--De esa manera--le dije yo, pensando en mis guerras--entra a +disfrutar el mayorazgo, casándose con D. Diego, para evitar un litigio +que arruinaría a las dos familias. + +--¿Qué hablas ahí muchacho?--exclamó con sorpresa--. Ya sabes que los +franceses se van a entregar todos. ¡Qué vergüenza! ¡Que vuelva +Napoleón a meterse con los españoles! Chico, nos vamos a comer el +mundo, y digo que la Junta de Sevilla es una remilgada si no nos manda +conquistar a París. ¡Viva España! + +--Y nuestro amo, ¿dónde está?--pregunté intranquilo--. ¿Qué ha sido +del señorito de Rumblar? + +--¡Creo que ha muerto!--me contestó lacónicamente Marijuán, picando +espuelas y alejándose de mí. + +Tan estupenda noticia dió nueva dirección a mis alborotados +pensamientos. El aspecto de la refriega interior, que me sacudía el +alma, cambió de improviso y por completo. Todo vino abajo, todo se +puso de otro color, y el mundo fué distinto a mis ojos. Ignoro si en +aquel momento sentí la muerte de mi amo, o si, por el contrario, +desbordado el corruptor egoísmo en mi alma, acepté con regocijo la +desaparición de quien, interponiéndose entre mi ideal y yo, alteraba a +mis ojos el equilibrio del universo, más que Napoleón el de Europa... +En medio del delirio de aquella gran victoria, una de las más +trascendentales que han ocurrido en el mundo, yo permanecía mudo y mi +caballo me transportaba de un lado para otro, según su albedrío. En mi +derredor la efervescencia de aquella patriótica alegría, de aquel +entusiasmo febril, causaba estrepitoso oleaje. Allí la persona humana +había desaparecido, fundiéndose en el hermoso conjunto de la sociedad +o la nación, que era sin duda la que conmovía a la tierra con sus +gritos de gozo. El único que se conservaba aislado y podía llamarse +hombre era el egoísta Gabriel, grano de arena no conglomerado con la +montaña, y que rodaba solo, haciendo por su propia cuenta las +revoluciones establecidas para la armonía del mundo. + +«Es preciso averiguar si realmente ha muerto Rumblar... ¿Entrará al +fin Inés en la familia de su madre? ¿La perderé para siempre? ¿Debo +reírme de mi necia y ridícula aspiración? ¿Un hombre como yo puede +subir a tanta altura? ¿La misteriosa obscuridad de los tiempos +venideros ocultará alguna cosa que destruya este nivel espantoso? +¿Puedo esperar o resignarme desde ahora, bendiciendo la mano de la +Providencia que me arroja en el polvo de donde nunca debí intentar +salir?» + +Estas preguntas me hacía, cuando un acontecimiento no previsto vino a +alterar repentinamente la situación de las cosas fuera de mí. Corría +el ejército a ocupar sus posiciones; la corneta y el tambor convocaban +a todos los soldados, y gran número de gentes del pueblo, hombres y +mujeres, corrían hacia las calles de Bailén. Nuestros destacamentos +habían divisado las columnas avanzadas del general Vedel, que venía de +Guarromán en auxilio de Dupont, y, a poca distancia ya, un cañonazo +nos anunció la presencia de un nuevo enemigo. ¡Ay! ¡Si Vedel hubiese +llegado un momento antes, poniéndonos entre dos fuegos! Pero Dios, +protector en aquel día de la España oprimida y saqueada, permitió que +Vedel llegase cuando estaba convenida ya la tregua y se había +principiado a negociar la capitulación. + +Al instante mandó Reding un oficio al General francés dándole cuenta +de lo ocurrido, y los enemigos se detuvieron más allá de una ermita +que llaman de San Cristóbal, situada a mano izquierda del camino real, +yendo de Bailén a Guarromán. Al poco rato vimos un oficial francés que +llegó al pueblo con un oficio para Reding y otro para Dupont, y como +en el Cuartel General de éste se estaban ya negociando las bases de la +capitulación, nos consideramos seguros de no ser atacados por la parte +alta del camino, a causa de que la acordada suspensión de armas debía +afectar a todas las fuerzas que componían el ejército imperial de +Andalucía. + +A pesar de esta confianza, varios regimientos, entre ellos el de +Irlanda y el famosísimo de Órdenes militares, que tanto se había +distinguido en la batalla, ocuparon el camino frente a las tropas de +Vedel, las cuales iban llegando por momentos y tomando posiciones. Mi +regimiento fué colocado en la entrada oriental del pueblo. Sería poco +más de la una cuando los franceses de Vedel, sin aguardar a que les +contestara Dupont, rompieron el fuego contra Irlanda, sorprendiéndoles +con fuerzas considerables. Gran efervescencia y algazara y tumulto en +nuestras filas. Todos querían ir, no a combatir con los franceses, +sino a pasarlos a cuchillo, por violar las leyes de la guerra. Pero +nosotros teníamos, para sojuzgar a los traidores, rehenes preciosos, +cuales eran los restos del ejército de Dupont, que estaban en nuestro +poder, como una víctima maniatada y con la cabeza sobre el tajo. +Durante la confusión que siguió al ataque, algunas tropas acudieron a +cercar el campo francés vencido, y otras corrieron en auxilio de los +regimientos de Irlanda y Órdenes, puestos en gran compromiso. + +A pesar de la inferioridad de número y de posición de nuestras tropas, +todo anunciaba que se iba a trabar un combate tan encarnizado como el +primero, y los valerosos paisanos, lo mismo que los soldados de línea, +ardían en generoso anhelo de morir, si era preciso, por rematar con +una épica tarde la mañana gloriosa. + +Pero la Providencia, como he dicho, estaba de nuestra parte. Casi +juntamente con los primeros tiros de la embestida de Vedel, sonaron +cañonazos lejanos, que al principio no supimos a qué dirección +referir. + +--¿Qué es eso? ¿Hacen fuego por el Herrumblar, o es de la gente de +Menjíbar?--preguntaban allí. + +--Es la división de D. Manuel de la Peña, que viene por la Casa del +Rey--contestó uno que a todo escape venía del primer campo de batalla. + +La tercera división, enviada al amanecer desde Andújar por Castaños +en seguimiento de Dupont, había llegado, y al enemigo se anunciaba con +disparos de pólvora seca. Aterrado con este nuevo refuerzo, que +aniquilaría los restos del ejército si Vedel al armisticio no se +sometía, Dupont dió enérgicas órdenes para que cesara el fuego de la +división recién venida de Guarromán, y el fuego cesó. Con esto, los +nueve mil hombres de Vedel se sometieron de antemano al pacto que +ajustaba su General en Jefe. + +Seguimos, sin embargo, sobre las armas, y las entradas de la villa +continuaron custodiadas por numerosas fuerzas, que se relevaban para +proporcionarnos algún descanso. Cuando me tocó dejar la guardia, +dirigíme a una de las muchas casas del pueblo en que curaban heridos, +para que me pusieran algo en la mano izquierda, donde había recibido +una contusión que, aunque ligera, me escocía bastante. Regresaba luego +a pie en busca de mi puesto, cuando sintiendo una mano en mi hombro, +miré y tuve el gusto de encontrarme cara a cara con D. Paco, el +maestro y ayo de don Diego. + +--¿Qué ha sido del niño? ¿Dónde está? No ha venido por casa--me dijo +con tono angustiado y poniéndose pálido. + +--Sr. D. Paco--le contesté--, francamente, no sé dónde está el Sr. +Conde, aunque me parece que debe de estar vivo. + +--¡Qué miedo, qué pavor! ¡La santa Virgen de Araceli, la de +Fuensanta, la del Pilar y la del Tremedal todas juntas nos favorezcan! +Las piernas me tiemblan, Gabriel, y si mi señor y discípulo no parece, +yo no me atrevo a decírselo a la señora. + +--Ya parecerá; yo le vi poco antes de concluir la batalla. Andará por +cualquier lado. + +--Es raro que estando sano y salvo no viniese a casa o mandara un +recado. ¿En dónde hay caballería? + +--En San Cristóbal, en donde estaba la batería, en la noria; en los +altos de la derecha, en los del Guadiel, hacia el Herrumblar, en +muchas partes. Ya andará el Sr. D. Diego por ahí. + +--Dios lo quiera. Voy, corro a buscarle. Dime tú..., ya no harán +fuego, ¿eh? ¿Habrá peligro en andar por aquí? Si quisieras +acompañarme... ¡Diantre con el niño, y si supiera él qué buenas +noticias le traigo, cómo se apresuraría a venir a mi encuentro! + +--¿Qué noticias, Sr. D. Francisco? ¿Se pueden saber?--pregunté, +disponiéndome a acompañar al ayo por el campo de batalla. + +--¡Noticias estupendas y que le harán saltar de gozo! Esta mañana +recibió la señora un propio de la marquesa de Leiva, anunciando que Su +Excelencia, con la Condesa, con la señorita Inés y el Sr. Marqués, +salen de Córdoba para Madrid, adonde les llama un negocio de mucho +interés para las dos familias. + +--El camino no está para viajes, señor D. Paco. + +--Vienen por Menjíbar, y anuncian que de esta noche a mañana llegarán +a casa, donde piensan detenerse algunos días, no sólo para tomar +descanso, sino para que ambas familias se conozcan y traten, pues son +ramas que van a injertarse, formando un solo árbol frondoso que eche +profundas raíces en el suelo de la nación, y dé sombra a numerosa, +ilustre prole. + +--Sí; ya sé que el señorito se casa... + +--¡Ay! ¡Dónde estará ese Juan Enreda de D. Diego!... Sí, se casa. He +visto el retrato de la Srta. Inés, que es un portento de hermosura. +Pues sí; la niña no quería salir del convento, aunque se lo predicaran +frailes teatinos; pero yo no sé: algo pasó allá a principios del mes, +o sin duda la joven, al ver el retrato de don Diego, sintió la flecha +del dios ceguezuelo en su corazón. Lo cierto es que ha pedido salir +del convento con gran regocijo de sus parientes, y ahora marchan todos +a Madrid para las diligencias de la legitimación, porque ya sabes tú +que... + +--Sí: yo había entendido que esa joven era hija de la Sra. Condesa. + +--¡Calla, deslenguado procaz! ¿Qué has dicho? La Sra. Condesa, prima +de mi señora, ¿había de tener semejantes tapujos? No hay tal cosa, +chiquillo desvergonzado. La señorita Inés es hija de una dama +extranjera que ya no existe y que floreció hace quince años en la +Corte, dando que hablar por sus amores con un célebre caballero de +esta ilustre familia. ¿Sabes quién es el padre de D.ª Inés? Pues no es +otro que ese espejo de los diplomáticos, ese discretísimo hermano de +la Sra. Marquesa de Leiva, el cual ha reconocido a la señorita por +hija suya, y ahora se apresura a legitimarla por autorización real +para que entre en posesión del mayorazgo cuando Dios se sirva llamar a +su seno a la Sra. Marquesa de Leiva. + +--¡Qué bien lo han compuesto todo!--exclamé, sin poder contener mi +asombro. + +--¿Cómo compuesto? Mi señora me ha participado esta mañana lo que +acabo de decir. ¡Ah! Ese sin par diplomático, que tanta fama tiene en +todas las Cortes de Europa, ha dado una prueba de caballerosidad +poniendo su nombre a ese fruto de sus fogosidades juveniles, +abandonado hasta hoy, y que en lo sucesivo descollará cual arbusto +lozano en el pensil de la sociedad española... ¡Pero ese D. Diego!... +¿En dónde está D. Diego? Hablemos al General en Jefe..., preguntemos a +esos soldados... Digan ustedes, héroes de este día, que se anotará en +los fastos de la Historia con piedra blanca, _albo notanda lapillo_; +oigan ustedes: ¿han visto por casualidad a D. Diego? + +Y así iba preguntando a todos, sin que nadie le diese razón. + + + + +XXX + + +Vino la noche. Los franceses, muertos de fatiga y de hambre en su +campamento, aguardaban con anhelo a que la capitulación estuviese +firmada. Los que menos paciencia tenían eran los suizos afiliados en +el ejército imperial, y así que obscureció, empezaron a pasarse a +nuestro campo. Un historiador francés, queriendo atenuar el desastre +de los suyos, ha escrito que la defección ocurrió durante la batalla: +pero esto es falso. Lo peor es que otro historiador, no francés, sino +español, lo ha repetido con lamentable ligereza, faltando así a su +patria y a la verdad, que es superior a todo. + +La capitulación iba despaciosamente, porque los parlamentarios se +habían juntado en Andújar, residencia del General en Jefe, y en Bailén +no teníamos noticia de lo que allí pasaba. Temiendo que los enemigos +intentaran escaparse, nuestros generales tomaron acertadas +precauciones, y la artillería ocupó, mecha encendida, los puestos +convenientes. Al mismo tiempo millares de paisanos, discurriendo por +cerros y alturas, hostigaban de tal modo a los franceses, que no les +era posible moverse. Esta vigilancia permitía descansar a una parte +del ejército; y especialmente los heridos, aunque sólo lo fueran muy +levemente, como yo, teníamos libertad para estar en el pueblo, donde +nos ocupábamos en reunir víveres y llevarlos a los del campamento, así +como en acomodar a los heridos graves en las principales casas. + +Salía yo de Bailén con un cesto de víveres para unos jefes de +artillería, cuando tropecé con Santorcaz, que volvía seguido de +algunos voluntarios de Utrera y licenciados de Málaga. + +--¡Oh, Sr. de Santorcaz!--exclamé con la mayor sorpresa--. ¿Está usted +vivo? Yo le hacía en el otro barrio. + +--No, muchacho, vivo estoy--me respondió--. Dios quiere que todavía el +que está dentro de esta camisa dé mucho que hacer en el mundo. + +--¿Pero tampoco está usted herido? + +--Aquí tengo un par de rasguños; pero esto no es nada para un hombre +como yo. Ya sabes que me han hecho sargento. No vine aquí para ganar +charreteras; pero puesto que me las dan, las tomo. + +--Grandes hazañas habrá hecho el señor D. Luis. + +--Poca cosa. Caí del caballo, y a pie defendíme rabiosamente contra +tres o cuatro franceses. Reventé a uno, descalabré a otro, y me volví +a nuestro campo con un águila que entregué al marqués de Coupigny. Al +recoger de mis manos la bandera, el General, después de preguntarme si +era licenciado de presidio, me dijo: «Es usted sargento.» ¿Ves? Me han +puesto al frente de este pelotón de buenos muchachos; ¿quieres venirte +con nosotros? + +Diciendo esto, señaló a los esclarecidos varones que le seguían, los +cuales, o yo me engaño mucho, o eran la flor y nata de Ibros, Sierra +de Cazorla y Despeñaperros, todos gente de ligerísimas piernas y +manos. Dile las gracias por el ofrecimiento, y seguí mi camino. + +--¡Ah! ¿Qué sabe usted de D. Diego?--le pregunté, volviendo atrás. + +--Pues qué--dijo, retrocediendo--, ¿no se sabe dónde está D. Diego? +¿Ha muerto? ¿Se ha extraviado? Es preciso averiguarlo. Y di, ¿tú has +visto por casualidad mi caballo? ¿Sabes si alguien lo recogió? + +--No sé nada de tal caballo--repliqué, alejándome. + +Avanzada la noche regresé a Bailén, donde me causó sorpresa ver una +triste procesión compuesta de tres mujeres vestidas de negro, a las +cuales seguían hasta media docena de hombres, llevando por delante dos +criados con sendos farolillos para alumbrar el camino. Acerquéme y +reconocí a D.ª María, con sus dos hijas, las tres cubiertas con negros +mantones, muy afligidas y llorosas. Digo mal, porque si las dos +muchachas se deshacían en lágrimas, la Sra. Condesa conservaba seco el +rostro, aunque visiblemente alterado, la mirada fija y valerosa y el +andar muy firme. Al instante me presenté a ella, saludándola con el +mayor respeto y ofreciéndole mi ayuda si, como parecía, iban en busca +de D. Diego. + +--¿Conque no parece el niño? ¿Cuándo le perdiste de vista durante la +batalla?--me preguntó. + +--Señora, desde la gran carga que dimos sobre el ala izquierda de los +franceses dejé de ver a D. Diego. + +--Yo creí que estuviera entre los heridos; pero no está. ¿Todos los +muertos han sido recogidos del campo de batalla? + +--Sí, señora; sólo quedan los desconocidos, los paisanos que no +estaban afiliados a ningún regimiento. + +--Vamos a verlo--dijo con un aplomo, con una firmeza que me +asombraron, pues no suponía tanto valor en alma de mujer. + +--Yo acompañaré a usía con mucho gusto. + +--¿Y qué tal se ha portado mi hijo?--me preguntó cuando marchábamos +juntos. + +--Señora, se ha portado como un héroe; se ha portado como quien es. + +--¿Los jefes advirtieron su valor, elogiaron su bizarría, recordando +el linaje de mi hijo? + +--Sí, señora; los jefes estaban con la boca abierta presenciando las +hazañas de don Diego--repuse, por halagar el amor propio de la noble +señora, cuyo dolor se atenuaría sabiendo que su vástago había honrado +el nombre de Rumblar. + +--¿Y amabais vosotros a mi hijo? + +--¡Oh!, sí, señora. ¡D. Diego es tan bueno...! Y nos trata como si +fuéramos todos iguales. + +--¡Como si fuerais iguales!--exclamó doña María con ligeras muestras +de enfado. + +--No..., vamos al decir...--indiqué corrigiendo mi _lapsus_--. D. +Diego es un caballero, y nosotros unos badulaques..., quiero decir que +nos trataba sin tiranía... ¡Pobre D. Diego! Pero hemos de +encontrarle, señora; D. Diego está sano y salvo. Me lo dice el +corazón. + +--Tú eres un buen muchacho. Ayúdanos a buscar a mi hijo y te +recompensaré. Si parece, yo te prometo que serás su paje cuando se +case. + +--¡Ah, gracias, señora!, muchas gracias--contesté con viveza. + +--Eres modesto. ¿Crees que no mereces este honor? Aunque no lo +merezcas, yo te lo concedo. + +Llegamos a un punto en que se distinguía un cuerpo tendido boca abajo +sobre el suelo. Nos estremecimos todos, y Asunción y Presentación se +abrazaron llorando a gritos. La curiosidad luchó un instante en +nosotros con el temor, pues deseábamos acercarnos al cadáver por ver +si era D. Diego, y temíamos llegar a él por si acaso era. Doña María +fué la primera que dió un paso, y la seguimos todos. Aquel cadáver +solitario de un hombre muerto por la patria no había encontrado +todavía ni un pariente, ni un amigo, ni un camarada que se cuidase de +él. No era D. Diego. + +La Condesa, después de examinarlo, alzó los ojos al cielo, cruzó las +manos y rezó en voz alta el _Padrenuestro_, a cuya oración contestamos +todos muy devotamente con _El pan nuestro..._ + +Seguimos andando, y en otro sitio encontramos algunos cadáveres, que +D.ª María, con heroísmo sobrenatural, examinaba cara a cara hasta +convencerse de que su hijo no estaba allí. Si nos acontecía llegar en +el momento de abrir a alguno la sepultura, todos echábamos un puñado +de tierra en la fosa del patriota, que bien pronto desaparecía en la +vasta superficie del campo, no quedando huella ni marca alguna en el +suelo, como no queda noticia del heroísmo individual en la Historia. + +Nuestras pesquisas por todo el campamento no dieron resultado alguno. +Las dos hermanitas no podían tenerse en pie, ni cesaban de rezar en +castellano y en latín, recitando con fervorosa declamación cuantas +oraciones sabían. Tales eran la confusión y anonadamiento de D. Paco, +que más de una vez se cayó al suelo. Sólo D.ª María conservaba una +entereza heroica y casi bárbara, que hacía creer en la superioridad +del temple moral de algunos linajes sobre el plebeyo vulgo. No en vano +tenía aquella señora por su línea materna la sangre de Guzmán el +Bueno. + +Era muy tarde cuando volvimos a la casa. Mientras reinaba en ella la +desolación, ni una lágrima brotó de los ojos de D.ª María. + +--Si Dios ha querido disponer de la vida de mi hijo--declaró, +sentándose en el clásico sillón de cuero--, concédame al menos el +consuelo de saber que ha muerto con honor. + +--Don Diego ha de parecer, señora--dije yo, conmovido--. Si hubiera +muerto, ¿no habríamos encontrado su cuerpo? + +Esta razón devolvió a D. Paco su perdida fuerza dialéctica, y habló +así: + +--¿Pero no hubo también un pequeño combate allá donde estaba Vedel? +¡Quién sabe si cogerían prisionero al niño! + +--Los prisioneros fueron devueltos esta tarde por orden de +Dupont--afirmó D.ª María. + +--¿Y si el niño estaba herido y le metieron en el hospital francés?... + +--Yo he de averiguarlo, señora--exclamé--. Mañana mismo pediremos un +salvoconducto para ir al campo enemigo. Me parece que allí le +encontraremos. + +--Ya sabes que te he prometido una gran recompensa. Si haces lo que +dices y encuentras a mi hijo y le traes--me dijo la de Rumblar--la +recompensa será aún mayor. Dios dispone de todo, y las glorias de la +tierra son a veces trocadas en miseria, en tristeza, en nada, por su +mano poderosa. Si mi hijo no parece, ¿qué soy, qué me queda, qué resta +a mi casa y a mi nombre? Dios habrá decidido que todo perezca, y que +las grandezas de ayer sean hoy ruinas, donde nos ocultemos para +llorar. ¿La victoria se había de alcanzar sin desgracias? Napoleón es +vencido en España, y ante la salvación de nuestro país, ¿qué significa +una vida, por noble que sea? ¿Qué una familia, por grande que sea su +lustre? + +El enérgico tesón de aquella mujer de acero me llenó de asombro. +Después continuó así: + +--Yo creí que éste sería un día de júbilo en mi casa. Después de la +victoria alcanzada, hubiéramos sido muy felices teniendo aquí a mi +hijo, y recibiendo a la prometida esposa que con mis primas debe de +llegar aquí esta noche... ¿No ha llegado? Cuide usted, D. Paco, de +que nada les falte. ¿Está todo preparado, las camas, la cena, las +habitaciones? Niñas, ¿qué hacéis ahí mano sobre mano? + +Asunción y Presentación lloraron con más fuerza al oírse nombrar por +su madre. Parecióme que ésta también comenzaba a sentir vacilante su +varonil espíritu, y que apagándose la llama de sus ojos, se desmayaban +sus enérgicos brazos, cayendo con desaliento sobre los del sillón. +Pero sin duda no quería perder su dignidad de gran señora delante de +nosotros, y mandándonos salir a todos, a sus hijas, a D. Paco, a los +criados y a mí, se quedó sola. + +Un rato después sentí ruido de coches y mulas en la calle; luego una +gran algazara en el patio, y al oír esto dióme un gran vuelco el +corazón. Escondido tras uno de los pilares vi descender de los coches +y subir pausadamente a las personas que eran esperadas, y al mirar al +diplomático, que cargaba en sus brazos a una mujer para bajarla del +carruaje, reconocí a la monjita de Córdoba. + +Temía yo ser visto de Amaranta; pero como ésta y su tía habíanse +adelantado y estaban ya arriba, me aventuré a seguir al diplomático, +que subió detrás de todos con Inés, sosteniéndola por la cintura. +Delante iban los criados con hachas, detrás yo solo. Inés se envolvía +con un gran manto, chal o cabriolé que tenía larguísimos flecos en sus +orillas. Subíamos lentamente, ellos delante, yo detrás, y aquellos +menudos hilos de seda, pendientes de la espalda y de la cintura de +Inés, flotaban delante de mis ojos. Como quien llega a la puerta del +Cielo y tira del cordón de la campanilla para que le abran, así cogí +yo entre mis dedos uno de aquellos cordoncitos rojos y tiré +suavemente. Inés volvió la cabeza y me vió. + + + + +XXXI + + +Una vez arriba, el ayo informó a los viajeros de lo que ocurría, y +pasando adentro las tres señoras, el diplomático se quedó con don Paco +en el comedor. + +--Aquí estamos consternados, Sr. D. Felipe--dijo el ayo--. Y si mi amo +no parece, el mundo habrá perdido en el fragor de horripilante batalla +a un joven que prometía ser gran filósofo y que ya era insigne +calígrafo. + +--¡Demonio de contrariedad!--dijo el diplomático, sacando su caja de +tabaco y ofreciendo un polvo al ayo, después de tomarlo él--. Lo +siento... A nuestra edad nos gusta tener quien nos suceda y herede +nuestras glorias para desparramar su luz por los venideros siglos. Vea +usted la razón por qué me apresuré a reconocer a mi querida hija... +¡Ah!, Sr. D. Francisco, yo he tenido una juventud muy borrascosa, como +todo el mundo sabe, y hartas noticias tendrá usted de mis aventuras, +pues no había en las Cortes de Europa dama alguna, casada ni soltera, +que no se me rindiese. Después de todo, es una desgracia haber nacido +con tal fuerza de atracción en la persona, señor D. Francisco; tanto, +que todavía..., pero dejemos esto. Ahora no me ocupo más que del +bienestar de mi idolatrada niña. Y a fe que si es cierto que no existe +D. Diego, no por eso se quedará soltera, pues cartas tengo aquí del +príncipe de Lichenstein, del archiduque Carlos Eugenio, del conde de +Schöenbrunn y de otros esclarecidos jóvenes de sangre real +pidiéndomela en matrimonio. Como tengo tantos amigos en las Cortes de +Europa, y en España mismo, pues... ya he sabido que las principales +familias acogidas en Bayona o residentes en Madrid, se disputan la +mano de mi hija. ¿La ha visto usted, Sr. D. Francisco? ¿Ha observado +usted en su cara los rasgos que indican la noble sangre mía y la de +aquella hermosísima cuanto desgraciada señora extranjera...? ¡Oh!, me +enternezco, Sr. D. Francisco... Pero hablemos de otra cosa: cuénteme +usted cómo ha sido esa batalla. ¿Conque hemos ganado? ¿Y hay +capitulación? De modo que he llegado a tiempo. ¡Oh!, Sr. D. Francisco, +temo que hagan un desatino, si no les asisto con mis luces, porque los +militares son tan legos en esto de tratados... Yo traigo un +proyectillo, mediante el cual la Rusia ocupará Despeñaperros, España +pasará a guarnecer las orillas del Don y de la Moscowa, y Prusia... + +Cuando me marché, el diplomático continuaba calentando los cascos al +buen preceptor, que le ofreció algunos manjares y vino de Montilla +para reparar sus fuerzas. Al salir de la casa, vi en la puerta de la +calle a varios hombres, no de muy buena facha por cierto, uno de los +cuales llegóse a mí, y tomándome por el brazo, me dijo: + +--¿Conoces tú a esa gente que acaba de llegar? + +--No, Sr. de Santorcaz--repuse--. No sé qué gente es ésa ni me importa +saberlo. + +Apartámonos todos de la casa, y por el camino me dijo otra vez D. Luis +que tendría mucho gusto en verme en las filas de su compañía. + +Al día siguiente, que era el 20, nos ocupamos Marijuán y yo en buscar +otra vez a nuestro amo. Uniósenos D. Paco, y el General español +escribió un oficio a Dupont, rogándole que nos permitiera hacer +indagaciones en el campamento francés, para ver si se encontraba allí +a D. Diego, herido o muerto. Visitamos el hospital enemigo, y entre +los heridos no había ningún español, lo cual nos desconsoló +sobremanera. Yo no era el que menos se acongojaba con esta +contrariedad, aunque sabía el casamiento de Inés. ¿Qué significaba +aquel generoso sentimiento mío? ¿Era pura bondad, era puro interés por +la vida del semejante, aunque fuese enemigo, o era un sentimiento +mixto de benevolencia y orgullo, en virtud del cual yo, convencido de +que Inés no amaba sino a mí, quería proporcionarme el gozo de ver a D. +Diego despreciado por ella? Francamente, yo no lo sabía, ni lo sé aún. + +Cuando recorrimos el campo francés, pudimos observar la terrible +situación de nuestros enemigos. Los carros de heridos ocupaban una +extensión inmensa, y para sepultar sus tres mil muertos, habían +abierto profundas zanjas, donde los iban arrojando en montón, +cubriéndoles luego con la mortaja común de la tierra. Algunos heridos +de distinción estaban en las Ventas del Rey; pero la mayor parte, como +he dicho, tenían su hospital a lo largo del camino, y allí los +cirujanos no daban paz a la mano para vendar y amputar, salvando de la +muerte a los que podían. Los soldados sanos sufrían los horrores del +hambre, alimentándose muy mal con caldos de cebada y un pan de avena, +que parecía tierra amasada. + +Todos anhelaban que se firmase de una vez la capitulación para salir +de tan lastimoso estado; pero la capitulación iba despacio, porque +los generales españoles querían sacar el mejor partido posible de su +triunfo. Según oí decir aquel día, cuando regresamos a Bailén, ya +estaba acordado que se concediese a los franceses el paso de la sierra +para regresar a Madrid, cuando se interceptó un oficio en que el +Lugarteniente general del reino mandaba a Dupont replegarse a la +Mancha. Comprendieron entonces los españoles que conceder a los +franceses lo mismo que querían, era muy desairado para nuestras armas. +Pero aún el día 21 los contratantes del lado francés, generales +Chabert y Marescot, y los del lado español, Castaños y conde de Tilly, +no habían llegado a ponerse de acuerdo sobre las particularidades de +la rendición. + +También alcanzamos a ver a lo largo del camino la interminable fila de +carros donde los imperiales llevaban todo lo cogido en Córdoba. +¡Funestas riquezas! Dicen algunos historiadores que si los franceses +no hubieran llevado botín tan valioso, habrían podido salvarse +retirándose por la sierra; pero que el afán de no dejar atrás aquellos +quinientos carros llenos de riquezas les puso en el aprieto de +rendirse, con la esperanza de salvar el convoy. Yo no creo hubieran +podido escapar con carros ni sin ellos, porque allí estábamos nosotros +para impedírselo; pero sea lo que quiera, lo cierto es que Napoleón +dijo algún tiempo después a Savary en Tolosa, hablando de aquel +desastre tan funesto al Imperio: «Más hubiera querido saber su muerte +que su deshonra. No me explico tan indigna cobardía sino por el temor +de comprometer lo que había robado[3]». + +No nos atrevimos a volver a la casa con la mala noticia de que el niño +no parecía, y seguimos visitando todos los contornos, para preguntar a +la gente del campo. Don Paco estaba tan fatigado, que no pudiendo dar +un paso más, se arrojó al suelo; pero al fin pudimos reanimarle, y +firmes en nuestra santa empresa, nos dirigimos al campamento de Vedel, +con otro oficio del general Reding. Mas vino la noche, y los +centinelas no nos dejaron pasar, viéndonos por esto obligados a +diferir nuestra expedición para el día siguiente muy temprano. Ni +Marijuán, ni D. Paco, ni yo teníamos esperanza alguna, y +considerábamos al mayorazgo perdido para siempre. + +Desde que amaneció corrían voces de que la capitulación estaba +firmada, y más nos lo hacia creer la circunstancia de que varios +oficiales pasaron frecuentemente de un campo a otro, trayendo y +llevando despachos. + +No distábamos mucho de la ermita de San Cristóbal, cuando advertimos +gran movimiento en el ejército de Vedel. Apretando el paso hasta que +les tuvimos muy cerca, observamos que camino abajo venía hacia +nosotros un joven saltando y jugando, con aquella volubilidad y +ligereza propia de los chicos al salir de la escuela. A ratos corría +velozmente; luego se detenía, y acercándose a los matorrales sacaba su +sable y la emprendía a cintarazos con un chaparro o una pita; luego +parecía bailar, moviendo brazos y piernas al compás de su propio +canto, y también echaba al aire su sombrero portugués para recogerlo +en la punta del sable. + +--¡Qué veo!--exclamó D. Paco con súbita exaltación--. ¿No es aquel +mozalbete el propio D. Diego; no es mi niño querido, la joya de la +casa, la antorcha de los Rumblares?... ¡Eh... D. Dieguito, aquí +estamos..., venid acá! + +En efecto; cuando estuvimos cerca, no nos quedó duda de que el mozuelo +bailarín era D. Diego en persona. Nos vió, y al punto vino corriendo +para abrazarnos a todos con mucha alegría. + +--Venid acá, venid a mis brazos, esperanza del mundo--exclamó D. Paco, +loco de contento--. ¡Si supiera usted cómo está mamá!... ¡Buen susto +nos ha dado el picaroncillo!... ¿Pero qué ha sido eso, niño? ¿Estaba +usía prisionero? + +--Me cogieron prisionero junto a la ermita--dijo D. Diego--. ¿Pero +estás vivo, Gabriel? ¿Y tú también, Marijuán? Yo creí que os habían +matado en aquella furiosa carga. ¿Y Santorcaz?... Pero os contaré lo +que me pasó. Después de la carga, y cuando entró la caballería de +España, quedé a retaguardia del regimiento; se me murió el caballo, y +corrí a las filas del regimiento de Irlanda. Cuando vinimos aquí, nos +cogieron prisioneros los franceses, y yo les dije tantas picardías que +quisieron fusilarme. + +--¡Qué horror!--exclamó D. Paco--. Pero veo que es usted un héroe, +¡oh mi niño querido! Creo que la mamá piensa dirigir una exposición a +la Junta para que le den a usted la faja de capitán general. + +--Iban a fusilarme--continuó el rapaz--, cuando un oficial francés +tuvo lástima de mí y me salvó la vida. Después lleváronme a sus +tiendas, donde me dieron vino y... + +--Vamos, vamos pronto a casa, y allí contará usted todo--dijo D. +Paco--. ¡Qué alegría! Volemos, señores. ¡Cuando la Sra. Condesa sepa +que le hemos encontrado!... ¡Ah! ¿No sabe usted que está ahí su +novia?... ¡Qué guapísima es!... La pobre no cesa de llorar la ausencia +del niño, y si no hubiese usted parecido, creo que la tendríamos que +amortajar. Vamos, vamos al punto. + +Corrimos todos a Bailén muy contentos. Al llegar al pueblo, uno de +nosotros propuso anticiparse para anunciar a Dª. María la fausta +nueva; pero no permitió D. Paco que nadie sino él en persona se +encargase de tan dulce comisión, y con sus piernas vacilantes corrió +hasta entrar en la casa, diciendo con desaforados gritos: «¡Ya +pareció, ya pareció!» Cuando nosotros llegamos con el joven, todos +salieron a recibirle, excepto Amaranta, a quien un fuerte dolor de +cabeza retenía en su cuarto. Era de ver cómo los criados, las +hermanitas, y la misma D.ª María, sin poder contener en los límites de +la dignidad su maternal cariño, le abrazaban y besaban a porfía, y uno +le coge, otro le deja, durante un buen rato le estrujaron sin +compasión. Al fin, reuniéndose todos, incluso los huéspedes, en la +sala baja, D. Diego fué solemnemente presentado a su novia. No puedo +olvidar aquella escena que presencié desde la puerta con otros +criados, y voy a referirla. + + +#Nota a pie de página:# + +[3] «Je ne m'explique cette indigne lacheté que par la crainte de +compromettre ce que l'on avait volé» (_Mem_ Duc dé Rovigo, vol. IV.) + + + + +XXXII + + +Inés, confusa y ruborosa, no contestó nada, cuando el diplomático se +fué derecho a ella llevando de la mano a D. Diego, y le dijo: + +--Hija mía, aquí tienes al que te destinamos por esposo: mi sobrino, +varón ilustre, a quien veremos general dentro de poco, como siga la +guerra. + +--Hijo mío--añadió Dª. María--, las altas prendas de la que va a ser +irremisiblemente tu mujer no necesitan ser ponderadas en esta ocasión, +porque harto las conocemos todos. Ahora, con el trato, se avivará el +inmenso cariño que os profesáis desde hace algunos años, señal +evidente de que Dios tenía ya decidida vuestra unión en sus altos +designios. + +--Bonito es el retrato--dijo D. Diego, con un desenfado impropio de la +situación--; pero usted, Inés, lo es más todavía. ¿Y por qué no quería +usted salir del maldito convento? Sin duda las pícaras monjas la +retenían a usted por fuerza, esperando que al profesar les llevara un +buen dote. Pero no; yo juro que estaba decidido a sacar de allí a mi +monjita, y ya discurría el modo de saltar por las tapias de la huerta +y romper rejas y celosías para conseguir mi objeto. + +Doña María, al escuchar esto, palideció, y luego las centellas de la +ira brillaron en sus ojos. Pero con disimulo habló de otro asunto, +procurando que el noble concurso y discreto senado olvidara las +palabras del incipiente chico. + +--Pero cuéntanos de una vez lo que te ha pasado en el campamento +francés--dijo a don Diego. + +--Pues quisieron fusilarme--repuso el mayorazgo, sentándose--. Ya me +tenían puesto de rodillas cuando un oficial mandó suspender la +ejecución. + +--¿Y por qué te querían asesinar esos cafres? + +--Porque les dije mil perrerías. Después, cuando me llevaron a la +tienda, todos se reían de mí. Luego me dieron vino, obligándome a +beberlo, y yo mientras más bebía más charlaba, diciendo atroces +disparates y frases graciosas, hasta que me quedé como un cuerpo +muerto. + +--¿Y no sabes tú--observó D.ª María, sin poder disimular su +indignación--que las personas de buena crianza no beben sino poquito? + +--Es verdad; pero aquel vino tenía un saborcillo que me gustaba, y los +franceses se reían mucho conmigo. Todos iban a verme, llamándome _le +petit espagnol_. + +--Lo cual quiere decir _el pequeño español_--dijo D. Paco. + +--Pero no debió usted dejarse emborrachar, joven--indicó el +diplomático--. Juro que si eso hubiera pasado conmigo, de un sablazo +descalabro a todos los oficiales de la división de Vedel. + +Doña María, profundamente indignada, silenciosa, ceñuda, parecía una +sibila de Miguel Ángel. + +--Pero si todos aquellos señores me querían mucho...--continuó D. +Diego--. Por la tarde, y luego que desperté de aquel largo sueño, me +dijeron que si sabía yo lidiar un toro. Les dije que sí, y poniéndose +muy contentos, me mandaron que diese al punto una corrida. No quería +yo más para divertirme: así es que, poniendo una silla en lugar de +toro, le capeé, le puse banderillas y le dí muerte con mi sable, +pasándole de parte a parte. ¡Cuánto se rieron aquellos condenados! +Hasta el General acudió a verme. + +--Veo que has aprovechado el tiempo en el campamento francés--dijo la +señora madre con tremenda ironía. + +--Si no querían dejarme venir. Después me dijeron que les cantase el +jaleo, y lo canté de pie sobre una banqueta. ¡Ave María Purísima! +Hasta los soldados se acercaban a la tienda para oír. Entre los +oficiales había dos que no me dejaban de la mano, y me decían que si +me pasaba al ejército francés me tomarían por ayudante, llevándome a +Francia, a París, y de París a recorrer toda la Europa. + +--¡Y no les diste una bofetada!--exclamó D.ª María, clavando sus dedos +en el cuero del sillón. + +--¡Quía! Me eché a reír y les dije que ya pensaba ir a Francia con el +Sr. de Santorcaz, que es mi amigo y ha de ser mi maestro cuando me +case. + +Esta vez no fué D.ª María la que se estremeció de sorpresa e +indignación: fué la marquesa de Leiva, quien mudando el color y con +absortos ojos miró sucesivamente a su prima, a su primo y al ayo. + +--Pero ¿qué está diciendo el niño?--preguntó éste mirando a la +Condesa--. ¿Quién dice que es su maestro y su amigo? + +--Cualquiera menos usted--contestó con insolencia el heredero--. ¡Vaya +un maestro, que no sabe enseñar sino mentecatadas y simplezas! + +--¡Jesús! Diego, mira lo que hablas...--dijo D.ª María, conteniendo +con grandes esfuerzos los gestos amenazadores, natural expresión de su +ira. + +Don Paco se llevó el pañuelo a los ojos para enjugar una lágrima. Inés +a todo atendía discretamente y sin hablar. ¡Ah! Mientras allí la +juzgaban indiferente al peligroso diálogo, ¡qué admirables +observaciones, qué exactos juicios le sugeriría semejante escena! Su +talento y alto criterio dominarían sobre las pasiones, los errores y +las querellas de la histórica familia como el sol inmutable sobre la +volteadora tierra. + +Asunción y Presentación, que aguardaban coyuntura para dar expansión +al comprimido gozo de sus almas, hubieran querido reír como su +hermano; pero la seriedad de su madre las tenía mudas de terror. + +--Esta predisposición de usted--dijo el Marqués--a visitar las Cortes +europeas me indica que se siente el niño con inclinaciones a la +diplomacia. Hija mía--añadió, dirigiéndose a Inés--, cada vez descubro +más eminentes cualidades en el que te destinamos por esposo, y veo +justificado el amor que desde hace tiempo en silencio le profesas, y +que, en tu delicadeza y castidad, procuras disimular hasta el último +instante. + +--¡Ah!, se me olvidaba decir--añadió don Diego, riendo a carcajadas--, +que los franceses me han enseñado a decir algunas palabras en su +lengua. + +Y levantándose al punto, hizo profundas reverencias ante Inés, +diciéndole: + +--_Ponchú, madama. ¿Cómo la porta vú?_ + +Asunción y Presentación, después de mirarse una a otra, creyeron que +había llegado el momento de reír, y rieron dando desahogo a sus +oprimidos corazones; pero como D.ª María no desplegó sus labios, las +dos madamitas tuvieron que ponerse serias otra vez. + +--¡Oh! ¡_Très bien_!--dijo el diplomático--. Sr. D. Francisco, su +alumno de usted demuestra las luces y copiosa doctrina de tan erudito +maestro. + +Hizo D. Paco graciosa reverencia, y su rostro compungido y lloroso se +esclareció con una sonrisa. + +Doña María callaba; pero en su pecho rugía la tempestad. Ella y su +prima la de Leiva se miraban de vez en cuando, transmitiéndose una a +otra el fuego de sus iracundos sentimientos. + +--Otras muchas palabras sé--continuó el rapaz--, como _Crenom de Dieu, +sacrebleu!_, exclamaciones que se dicen cuando uno esta rabioso, en +vez de ¡_Caracoles! ¡Canastos_! + +Doña María se levantó de su asiento... y se volvió a sentar. + +--¡Cómo me querían aquellos demonios de franceses! Uno de ellos sabía +español y hablaba a ratos conmigo. Me dijo que los españoles eran muy +valientes y muy honrados; pero que hacían mal en defender a Fernando +VII, porque este Príncipe es un farsantuelo que engañó a su padre y +ahora está engañando a la nación y al Emperador. + +Doña María se llevó la mano a los ojos. + +--Yo le aseguré que los españoles les echaríamos de España, y él me +contestó que parecía probable, porque la guerra iba tomando mal +aspecto; pero que esto sería un mal para nosotros, porque de venir +otra vez Fernando VII, España seguiría con su mal gobierno y con las +muchas cosas perversas, injustas y anticuadas que hay aquí. + +--¡Oh! ¿Y no se le ocurrió a usted la contestación a tan atrevido y +antipatriótico aserto?--preguntó con énfasis el diplomático. + +--Yo le dije que aquí pensábamos arreglar todas esas cosas, y quitar +la Santa Inquisición, y los diezmos, y los mayorazgos, como me decía +el Sr. de Santorcaz. + +Doña María aferró sus manos a los brazos de la silla como si quisiera +estrujar la madera entre sus dedos. + +--Sobre todo los mayorazgos--prosiguió Rumblar--. También le dije al +francés que yo soy mayorazgo, y que después de casado tendré dos +vinculaciones. ¡Como se reía cuando le dije que era Grande de España! +Todos acudían a verme y me volvieron a dar de beber, y me caí otra vez +al suelo, cantando que me las pelaba. + +¡Ay! Doña María se llevó las manos a la cabeza; D.ª María cerró los +ojos; D.ª María golpeó el suelo con su pie derecho; D.ª María semejaba +la imponente imagen de la Tradición aplastando la hidra +revolucionaria. + +--Esta mañana me preguntaron si yo tenía hermanas guapas. Díjeles que +eran muy bonitas, y ellos me dijeron que vendrían a verlas, y que si +queríamos dárselas para casarse con ellas, puesto que también serían +mayorazgas. Yo les contesté que mayorazgo era el que había nacido +primero. + +Y luego, dirigiéndose a sus hermanitas, les dijo: + +--Os fastidiasteis, chicas, por haber nacido hembras y después que yo. +Una de ustedes se casará con cualquier pelele, y la otra se meterá en +un conventito a rezar por nosotros los pecadores, a no ser que algún +día vea un galán por la reja, y se enamore, y luego se tire por la +ventana a la calle. + +Doña María no podía resistir más. Iba a estallar su furibunda cólera; +pero aún era mayor el caudal de su prudencia que el caudal de su +enojo...; se contuvo y cerró otra vez los ojos, ya que no podía cerrar +los oídos. + +--Después--siguió el mancebo--me preguntaron si mis hermanas usaban +navaja, si tocaban la guitarra, si iban a los toros y si yo era +familiar de la Inquisición. ¡Cómo se reían aquellos condenados! Lo +gracioso era que no me dejaban salir de allí, y a cada rato me decían +_so, so, so_. + +--_Un sot_--dijo el diplomático--. Pues sospecho que os llamaron +tonto. ¡Oh iniquidad de la nación francesa! ¡Vea usted, Sr. D. Paco, +lo que es un pueblo carcomido por el jacobinismo!... ¿Y no les dió +usted un par de sablazos? + +--¡Si me querían mucho...! Ayer me tuvieron toda la noche bailando el +bolero y la cachucha, en medio de un corrillo donde había más de +cuarenta oficiales. + +Asunción y Presentación seguían esperando con ansia la ocasión de +reír; pero ésta no llegaba, y consultando el rostro de su madre, +veíanle cada vez más borrascoso. Las dos estaban muertas de miedo. + +Don Paco, conociendo que se preparaba un cataclismo, quiso conjurarlo +y dijo a su discípulo: + +--Vamos, basta de franceses, D. Diego. Hable usted de otra cosa. Si no +fuera demasiado largo, os mandaría que recitarais aquel capitulo sobre +la batalla del Gránico que os hice aprender de memoria; mas para que +tan escogido concurso, y especialmente este fresco azahar de +Andalucía, vuestra prometida; para que todos, en una palabra, puedan +apreciar la buena pronunciación de usted y su oído cadencioso, échenos +cualquiera de esos romances que sabe..., vamos. Atención, señores. + +--El del _Barandal del cielo_--dijo Asunción, respirando con alegría. + +--El de los _Santos pechos_--dijo Presentación. + +--Vamos, no se haga usted de rogar. + +--Pues voy a echarles una canción que me enseñaron los franceses. + +--No, nada de franceses. + +--Si es muy bonita, aunque a decir verdad, yo no la entiendo. + +Y sin esperar más, púsose en pie D. Diego, y accionando como un +cómico, con voz fuerte y exaltado acento, cantó así: + + _Allons, enfants de la patrie, + le jour de gloire est arrivé! + Contre nous de la tyrannie + l'étandart sanglant est levé!_ + + +Asunción y Presentación reían como locas y D.ª María no dijo nada. +Ninguno de la familia había entendido una palabra. + +--Es bonita la canción--dijo D. Paco--; pero no la comprendemos. + +Entonces el diplomático levantóse ceremoniosa y gravemente, y tomando +un tono de hombre severo habló así: + +--¿Sabe usted lo que está cantando? Pues está cantando la +_Marsellesa_, esa canción impía y sanguinaria, señores; esa canción +que acompañó al suplicio a todos los mártires de la Revolución, +incluso Luis XVI, mi querido amigo..., porque han de saber ustedes que +Luis XVI y yo teníamos muchas bromas y nos echábamos el brazo por el +hombro, paseándonos por Versalles... ¡La _Marsellesa_, señores, la +_Marsellesa_! También acompañó al cadalso a María Antonieta... ¡y qué +buena era aquella señora! ¡Cuántas veces la vi marcando pañuelos en +una ventana baja del pequeño Trianon! ¡Cómo me quería!... En fin, este +joven me ha horripilado con la tal tonadilla... Señora Condesa, ¿está +usted indispuesta? ¿Y tú, hermana? ¡El caso no es para menos! Hija +mía, ¿estás nerviosa? ¿Te has puesto mala? ¿Te causa miedo esa +canción? + +Inés le contestó que no tenía pizca de miedo. En tanto, D.ª María, no +pudiendo resistir más, salió del cuarto con sus hijas. Desconcertóse +al punto aquella ilustre reunión, y luego no quedó en la sala más que +la familia de Inés con D. Diego. Al poco rato tuvo lugar una escena +lamentable, y fué que D.ª María, ciega de furor, y necesitando +desahogar aquella tormenta de su espíritu sobre alguien, descargó su +enojo al fin; ¿pero sobre quién?, dirán ustedes... Sobre las dos +inocentes niñas, sobre los dos angelitos celestiales, Asunción y +Presentación. ¿Y todo por qué? Porque entusiasmadillas con la llegada +de su hermano, habían dejado de hacer no sé qué cosa encomendada a sus +tiernas manos. ¡Pobres pimpollitos! La dignidad impedía a mi señora +Condesa castigar al primogénito delante de la novia y del suegro, y +era forzoso que pagaran el pato las dos niñas desheredadas. Yo las ví +llorando como unas Magdalenas y soplándose las palmas de las manos, +escaldadas por aquel fatídico instrumento de cinco agujeros que pendía +de fatal espetera en el despacho de D. Paco. Las pobrecillas +estuvieron a moco y baba todo el día. + + + + +XXXIII + + +Este libro concluye, queridísimos lectores, a quienes adoro y +reverencio; se acaba, y los notables y jamás vistos sucesos que me +acontecieron por el proyectado matrimonio de Inés y por el encuentro +de aquellas dos familias en el tortuoso y difícil camino de mis +amores, serán escritos, por no caber en este volumen, en otro que +pondré a vuestra disposición lo más pronto posible. Tened, pues, un +adarme de paciencia, y mientras aquellas distinguidas personas se +preparan para ponerse en camino hacia Madrid, adonde con vuestra venía +pienso acompañarlas, atended un poco más. + +El mismo día 22 encontré a Santorcaz, puesto ya al frente de su +partidilla, la cual, como he dicho, estaba formada de lo mejorcito del +país. Les digo a ustedes que tropa más escogida que aquélla no la +capitanearon los famosos _caballistas_ José María y Diego Corrientes. + +--¿Va usted ya de marcha?--le pregunté. + +--Sí; dispusieron que fuera alguna fuerza de paisanos a guardar el +paso de Despeñaperros, y yo solicité esa comisión, que me agrada +mucho. Allá voy con mi gente. ¿Quieres venir? ¿Has estado en casa de +Rumblar? + +--De allá vengo. + +--¿Y esa familia que está ahí es la de la novia de D. Diego? + +--Justamente. + +--Creo que van todos para Madrid. + +--Así parece. + +--¿No sabes cuándo? + +--Según he oído, pasado mañana. Esperan saber lo de la capitulación +para llevar la noticia. + +--¿Conque pasado mañana? Bien... Adiós. ¿Quieres venir en mi partida? + +--Gracias; adiós. + +Les vi partir, y todo el día y toda la noche estuve pensando en +aquella gente. + +Yo no vi el triste desfile de los ocho mil soldados de Dupont cuando +entregaron sus armas ante el general Castaños, porque esto tuvo lugar +en Andújar. A pesar de que la primera y segunda división habían sido +las vencedoras de los franceses, la honra de presenciar la rendición +fué otorgada a la tercera y a la de reserva, por una de esas +injusticias tan comunes en nuestra tierra, lo mismo en estos días de +vergüenza que en aquellos de gloria. Por delante de nosotros +desfilaron las tropas de Vedel, en número de nueve mil trescientos +hombres, y dejando sus armas en pabellón, nos entregaron muchas +águilas y cuarenta cañones. + +Les mirábamos y nos parecía imposible que aquéllos fueran los +vencedores de Europa. Después de haber borrado la geografía del +continente para hacer otra nueva, clavando sus banderas donde mejor +les pareció, desbaratando imperios y haciendo con tronos y reyes un +juego de títeres, tropezaban en una piedra del camino de aquella +remota Andalucía, tierra casi olvidada del mundo desde la expulsión +del islamismo. Su caída hizo estremecer de gozosa esperanza a todas +las naciones oprimidas. Ninguna victoria francesa resonó en Europa +tanto como aquella derrota, que fué, sin disputa, el primer traspiés +del Imperio. Desde entonces caminó mucho, pero siempre cojeando. +España, armándose toda y rechazando la invasión con la espada y la +tea, con la navaja, con las uñas y con los dientes, probaría, como +dijo un francés, que los ejércitos sucumben, pero que las naciones son +invencibles. + +--¡Cuánto siento que no esté aquí el señor de Santorcaz!--me dijo +Marijuán, al ver pasar por delante de nosotros a aquellos hermosos +soldados, medio muertos de fatiga y de vergüenza--. ¿Te acuerdas de +las grandes bolas que nos contaba cuando veníamos por la Mancha y nos +refería las batallas ganadas por éstos contra todo el mundo? + +--Lo que nos contaba Santorcaz--respondí--era pura verdad; pero esto +que ahora vemos, amigo Marijuán..., verdad es también. + + + + +XXXIV + + +Considerad ahora lo que pasaba del otro lado de Sierra Morena en aquel +mismo mes de julio. El día 7 había jurado José en Bayona la +Constitución hecha por unos españoles vendidos al extranjero. El día +9, el mismo José traspasaba la frontera para venir a gobernarnos. El +día 15 ganaba Bessières en los campos de Ríoseco una sangrienta +batalla, y al tener de ella noticia Napoleón, decía lleno de gozo: «La +batalla de Ríoseco pone a mi hermano en el trono de España, como la de +Villaviciosa puso a Felipe V.» Napoleón partió para París el 21, +creyendo que lo de España no ofrecía cuidado alguno. El 20, un día +después de nuestra batalla, entró José en Madrid, y aunque la +recepción glacial que se le hizo le causara suma aflicción, aún le +parecía que el buen momio de la Corona duraría bastante tiempo. + +Pero hacia los días 25, 26 y 27 se esparce por la capital un rumor +misterioso que conmueve de alegría a los españoles y llena de terror a +los franceses: corre la voz de que los paisanos andaluces y algunas +tropas de línea han derrotado a Dupont, obligándole a capitular. Este +rumor crece y se extiende; pero nadie quiere creerlo, los españoles +por parecerles demasiado lisonjero, y los franceses por considerarlo +demasiado terrible. El absurdo se propaga y parece confirmarse; pero +la Corte de José se ríe y no da crédito a aquel cuento de viejas. +Cuando no queda duda de que semejante imposible es un hecho real, la +Corte, que aún no había instalado sus bártulos, huye despavorida; las +tropas de Moncey, que rechazadas de Valencia se habían replegado a la +Mancha, se unen a las de Madrid, y todos juntos, soldados, generales y +Rey intruso, corren precipitadamente hacia el Norte, asolando el país +por donde pasan. Aquel fantasma de reino napoleónico se disipaba como +el humo de un cañonazo. + +Y ahora os he de hablar de cómo la guerra, que parecía próxima a +concluir, se trabó de nuevo con más fuerza; he de hablaros de aquel +infeliz y bondadoso rey José, y de su Corte, y de su hermano, y del +paso de Somosierra con la famosa carga de los lanceros polacos, y del +sitio de Madrid, y de otras muchas curiosísimas cosas; pero todo se ha +de quedar para el libro siguiente, donde estos históricos sucesos han +de tener feliz consorcio con los no menos dramáticos de mi vida, y +todo lo mucho y bueno que ocurrió en el matrimonio de Inés. + +Ahora guardaré prudente silencio sobre estos sucesos, pues decidido +estoy a seguir al pie de la letra la reservadísima escuela del +diplomático, y así os digo: + +«No, no me obliguéis, abusando de la dulce amistad, a que revele estos +secretos de que tal vez depende la suerte del mundo. No me seduzcáis +con ruegos y cariñosas sugestiones que en vano atacan el inexpugnable +alcázar de mi discreción.» + +A pesar de esto, ¿insistís, importunos amigos? Nada más os digo por +ahora, sino que la familia de Inés salió para Madrid hacia fin de mes +y en los días en que el ejército vencedor marchaba hacia la capital de +España. + +Esta circunstancia me permitió ir en la escolta que por el camino +debía custodiar a tan esclarecida familia; así es que formé con los +diez a caballo que galopaban a la zaga de los dos coches. ¡Ay! Por la +portezuela de uno de ellos solía asomarse durante las paradas una +linda cabeza, cuyos ojos se recreaban en la marcial apostura del +pequeño escuadrón. + +--Estos valerosos muchachos, hija mía--le decía su padre--, son los +que en los campos de Bailén echaron por tierra con belicosa furia al +coloso de Europa. Veo que les miras mucho, lo cual me prueba tu +entusiasmo por las glorias patrias. + +Basta con esto, señores, y no digo más. En vano me hacéis señas; +excitándome a hablar; en vano fingen conocer mentirosos hechos, para +que yo les cuente los verídicos. ¿A qué conduce el anticipar la +relación de lo que no es de este lugar? A los impacientes les diré que +nada ocurrió hasta que llegamos al desfiladero de Despeñaperros. Lo +pasábamos en una noche muy obscura, cuando de pronto detuviéronse los +coches, oímos gritos, sonó un disparo, y algunos hombres de mal +aspecto, saltando desde los cercanos matorrales, se arrojaron al +camino. Al instante corrimos sable en mano hacia ellos...; pero basta +ya, y déjenme dormir, pues ni con tenazas me han de sacar una palabra +más. + +FIN DE «BAILÉN» + +Octubre-noviembre de 1878. + + + + +TRADUCCIONES DE DIVERSAS OBRAS + +DE + +Don BENITO PEREZ GALDOS + + +EN INGLÉS: + +_Doña Perfecta_, a tale of modern Spain. Traducción de D.P.N.--London, +Samuel Tinsley, 1886. + +_Idem._ Traducción de Clara Bell. New-York, Gottsberger, 1883. + +_Idem._. New-York, 1884. + +_Idem._ Traducción de D.P.W. New-York. George Munro, Publisher, 17 a +27, Vandewater Street, 1883. + +_Gloria._ Traducción de Clara Bell. New-York, William S. Gottsberger, +Publisher. 11 Murray Street, 1882. + +_Idem._ Traducción de Nathan Wetherell. London, Remigton and Co., 5, +Arundel Street, Strand. W.C., 1879. + +_León Roch._ Traducción de Clara Bell. New-York, William S. +Gottsberqer, Publisher, 11. Murray Street, 1888. + +_Marianela._ Traducción de Clara Bell. New-York. William S. +Gottsberger, Publisher, 11, Murray Street. 1883. + +_Marianela._ Traducción de Helen W. Lester. Chicago, A.C. Mac-Clurg +and Company, 1892. + +_Trafalgar._ Traducción de Clara Bell. New-York, William S. +Gottsberger, Publisher, 11, Murray Street, 1884. + +_Zaragoza._. Traducción de Minna Carolina Smith. Boston, Little. Brown +and Company, 1899. + +_La batalla de los Arapiles._ Traducción de Rollo Ogden. Filadelfia, +J.B. Lippincot Company, 1895. + + +EN FRANCÉS: + +_Doña Perfecta._ Traducción de L. Lugol. París, Giraud, 1885. + +_Idem._ Traducción de L. Lugol. París, Hachette. + +_La campaña del Maestrazgo_ (Le Roman de Soeur Marcela). Traducción de +L. de L***. París, Calmann-Levy, Editeurs, 3, rue Auber. + +_Marianela._ Traducción de Julien Lugol. París. Librairie des +publications a 50 centimes; 34, rue de la Montagne-Sainte-Geneviève. + +_Idem._ Traducción de A. Germond de Lavigne. París, Librairie Hachette +et Cie., 79, Boulevard Saint-Germain, 1884. + +_El amigo Manso._ Traducción de Julien Lugol. París, Librairie +Hachette et Cie., 79, Boulevard Saint-Germain, 1888. + +_Misericordia._ Traducción de Maurice Bixio. París, Librairie +Hachette. 1900. + + +EN ALEMÁN: + +_Doña Perfecta._ Dos tomos, traducción de J. Reichell. Dresde y +Leipzig, Pierson's Verlag, 1886. + +_Electra._ Traducción de Rodolfo Beer. Wiener Verlag. 1901. + +_Electra._ Traducción de Rodolfo Beer, arreglada para la escena +alemana por Ricardo Fellner. Berlín. 1901. + +_Gloria._ Traducción del Dr. Augusto Hartmann. Berlín, Verlag von L. +Schleiermacher, 1880. + +_El amigo Manso_ (Freund Manso). Traducción de E. von Buddenbrock. +Berlín, Verlag von Karl Siegesmund, 1894. + +_Trafalgar._ Traducción de Hans Parlow. Dresde y Leipzig, Verlag von +Karl Reitzner, 1896. + +_Marianela._ Traducción de E. Plücher. Breslau, Auterhaltungsblatt, +1888. + + +EN SUECO: + +_Doña Perfecta._ Traducción de K.A. Hagberg. Stockolm, Skoglunuds +Förlag. + +_León Roch._ Traducción de A.P. de la Cruz Frölich. Kjöpenhaun +(Copenhague). Förlag. Andr. Schous, 1881. + +_Torquemada en la hoguera._ (Torquemada paa baalet). Traducción de +Johanne Alleu. Cristiania y Copenhague, Förlag A. Christiansens, 1898. + + +EN ITALIANO: + +_Nazarín_ (Sicut-Christus). Traducción de Guido Rubetti y José León +Pagano. Firenze, G. Nerbini. + +_Gloria._ Traducción de Italo Argenti. Firenze, R. Bemporad & Figlio, +1901. + +_Marianela._ Traducción de G. de Michelis. Bologna, Tipografía Pont. +Maregiani, vía Volturno. 3, 1880. + +_La Fontana de Oro._ Traducción de G. de Michelis. Milán. Fratelli +Treves. 1890. + +_Doña Perfecta._ Traducción de Cunes. Milán. Fratelli Treves. 1897. + + +EN HOLANDÉS: + +_Doña Perfecta._ Traducción de M.A. de Goeje Leiden. Brill, 1883. + +_Electra._ Leiden, A.H. Adriani, 1901. + + +EN PORTUGUÉS: + +_Electra._ Traducción de Ramalho Ortigão. Oporto, Librería Chardron. +de Lello & Irmao, editores, 1901. + + +EN DINAMARQUÉS: + +_Fru Perfecta._ Traducción de Gigas. Copenhague, Priors, 1895. + +*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 14311 *** |
