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+*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 14311 ***
+
+BAILÉN
+
+Episodios Nacionales
+
+Primera Serie
+
+B. PEREZ GALDOS
+
+
+
+
+
+
+
+I
+
+
+--Me hacen ustedes reír con su sencilla ignorancia respecto al hombre
+más grande y más poderoso que ha existido en el mundo. ¡Si sabré yo
+quién es Napoleón!, yo que le he visto, que le he hablado, que le he
+servido, que tengo aquí en el brazo derecho la señal de las herraduras
+de su caballo, cuando... Fué en la batalla de Austerlitz: él subía a
+todo escape la loma de Pratzen, después de haber mandado destruir a
+cañonazos el hielo de los pantanos donde perecieron ahogados más de
+cuatro mil rusos. Yo, que estaba en el 17.º de línea, de la división
+de Vandamme, yacía en tierra gravemente herido en la cabeza. De veras
+creí que había llegado mi última hora. Pues, como digo, al pasar él
+con todo su Estado Mayor y la infantería de la Guardia, las patas de
+su caballo me magullaron el brazo en tales términos, que todavía me
+duele. Sin embargo, tan grande era nuestro entusiasmo en aquel célebre
+día, que incorporándome como pude, grité: «¡Viva el Emperador!»
+
+Así hablaba un hombre para mi desconocido, como de cuarenta años, no
+malcarado, antes bien con rasgos y expresión de cierta hermosura
+marchita, aunque no destruída por las pasiones o los vicios; alto de
+cuerpo, de mirada viva y sonrisa entre melancólica y truhanesca, como
+la de persona muy corrida en las cosas del mundo, y especialmente en
+las luchas de ese vivir al par holgazán y trabajoso a que conducen la
+sobra de imaginación y la falta de dineros; persona de ademanes
+francos y desenvueltos, de hablar facilísimo, lo mismo en las bromas
+que en las veras; individuo cuya personalidad tenía complemento en el
+desaliño casi elegante de su traje, más viejo que nuevo, y no menos
+descosido que roto, aunque todo esto se echaba poco de ver, gracias a
+la disimuladora aguja, que había corregido así las rozaduras del
+chupetín como la ortografía de las medias.
+
+Éstas eran, si mal no recuerdo, negras, y el pantalón de color de
+clavo pasado. Llevaba corto el pelo, con dos mechoncitos sobre ambas
+sienes, sin polvo alguno, como no fuera el del camino; su casaca
+obscura, y de un corte no muy usual entre nosotros; su chaleco
+ombliguero, forma un poco extranjera también, y su corbata,
+informemente escarolada, le hacían pasar como nacido fuera de España
+aunque era español. Mas por otra circunstancia distinta de las
+singularidades de su vestir, causaba sorpresa la tal persona, y éste
+es un capitalísimo punto que no debe pasarse en silencio. Aquel hombre
+tenía bigote. Esto fué, ¿a qué negarlo?, lo que más que otra cosa
+alguna llamó mi atención cuando le vi inclinado sobre la mesa,
+comiendo ávidamente en descomunal escudilla unas al modo de sopas,
+puches o no sé qué endemoniado manjar, mientras amenizaba la cena
+contando entre cucharada y cucharada las proezas de Napoleón I. Dos
+personas, ambas de edad avanzada y de distinto sexo, componían su
+auditorio: el varón, que desde luego me pareció un viejo militar
+retirado del servicio, oía con fruncido ceño y taciturnamente los
+encomios del invasor de España; pero la señora anciana, más
+despabilada y locuaz que su consorte, contestaba al panegirista con
+cierto desenfado tan chistoso como impertinente.
+
+--Por Dios, Sr. de Santorcaz--decía la vieja--, no grite usted ni
+hable tales cosas donde le puedan oír. Mi marido y yo, que ya le
+conocemos de antes, no nos espantamos de sus extravagancias; pero,
+¡ay!, la vecindad de esta casa es muy entremetida, muy enredadora, y
+no se ocupa más que de chismes y trampantojos. Como que ayer las niñas
+de la bordadora en fino, que vive en el cuarto número 8, llegaron
+pasito a pasito a nuestra puerta para oír lo que usted decía cuando
+nos contaba con desaforados gritos lo que pasó allá en las Austrias en
+la batalla de Pirrinclum, o no sé qué..., pues esos enrevesados
+nombres no se han hecho para mi lengua... Esta mañana, cuando usted
+entró de la calle, la comadre del número 3 y la mujer del lañador,
+dijeron: «Ahí va el pícaro _flamasón_ que está en casa del Gran
+Capitán. Apuesto a que es espía de la _canalla_, para ver lo que se
+dice en esta casa y contarlo a sus mercedes.» El mejor día nos van a
+dar que sentir, porque como dice usted esas cosas, y tiene esos modos,
+y hace ascos de la comida cuando tiene azafrán, y siempre saca lo que
+ha visto en las tierras de allá, le traen entre ojos, y sabe Dios...
+¡Como aquí están tan rabiosos con lo del día 2!...
+
+--Ya se aplacarán los humos de esta buena gente--dijo Santorcaz,
+apartando de sí escudilla y cuchara--. Cuando se organicen bien los
+cuerpos de ejército y venga el Emperador en persona a dirigir la
+guerra, España no podrá menos de someterse; y esto, que es la pura
+verdad, lo digo aquí para entre los tres, de modo que no lo oigan
+nuestras camisas.
+
+--España no se somete, no, señor, no se somete--exclamó de improviso
+el anciano, quebrantando el voto de su antes silenciosa prudencia, y
+levantándose de la silla para expresar con frases y gestos más
+desembarazados los sentimientos de su alma patriota--. España no se
+somete, Sr. D. Luis de Santorcaz, porque aquí no somos como esos
+cobardes prusianos y austriacos de que usted nos habla. España echará
+a los franceses, aunque los manden todos los Emperadores nacidos y por
+nacer; porque si Francia tiene a Napoleón, España tiene a Santiago,
+que es, además de general, un santo del Cielo. ¿Cree usted que no
+entiendo de batallas? Pues sí: soy perro viejo, y callos tengo en los
+oídos de tanto oír el redoblar de los tambores y los tiros de cañón.
+
+--No te sofoques, Santiago--dijo apaciblemente la anciana--, que ya
+andas en los tres duros y medio, y aunque yo creo como tú que España
+no bajará la cabeza, no es cosa de que te dé el reuma en la cara por
+lo que hable este mala cabeza de Santorcaz.
+
+--Pues lo digo y lo repito--añadió el viejo soldado--. ¡Venir
+hablándome a mí de cuerpos de ejército, y de brigadas de caballería, y
+de cuadros...!
+
+--¿En qué batallas se ha encontrado usted?--preguntó con sonrisa
+burlona Santorcaz.
+
+--¡Que en qué batallas me encontré!--exclamó D. Santiago Fernández,
+cuadrándose ante su interpelante y mirándole con el desprecio propio
+de los grandes genios que tienen puesta en duda su superioridad--.
+¿Pues no sabe todo el mundo que fuí asistente del señor marqués de
+Sarriá el año 1762, cuando aquella famosa campaña de Portugal, la más
+terrible y hábil y estratégica que ha habido en el mundo, así como
+también digo que después de Alejandro el Macedonio no ha nacido otro
+marqués de Sarriá?... ¡Qué cosas tiene este caballerito! ¡Preguntar en
+qué acciones me encontré! Aquélla fué una gran campaña, sí, señor:
+entramos en Portugal, y aunque al poco tiempo tuvimos que volvernos,
+porque el inglés se nos puso por delante, se dieron unas batallas...,
+¡qué batallitas, mi Dios! Yo era asistente del Sr. Marqués, y todas
+las mañanas le hacía los rizos y le empolvaba la peluca, de tal modo,
+que la cabeza de nuestro General parecía un sol. Él me decía:
+«Santiago, ten cuidado de que los rizos vayan parejos, y que uno de
+otro no discrepen ni el canto de un duro, porque no hay nada que
+aterre tanto al enemigo como la conveniencia y buen parecer de
+nuestras personas.» ¡Y cuánto le querían los soldados! Como que en
+toda aquella guerra apenas murieron tres o cuatro.
+
+Santorcaz, al oír esto, se desternillaba de risa, haciendo subir de
+punto con sus irreverentes manifestaciones el enfado de D. Santiago
+Fernández, el cual, dando una fuerte puñada en la mesa, continuó así:
+
+--¿Qué valen todos los generales de hoy, ni los emperadores todos,
+comparados con el marqués de Sarriá? El marqués de Sarriá era
+partidario de la táctica prusiana, que consiste en estarse quieto
+esperando a que venga el enemigo muy desaforadamente, con lo cual éste
+se cansa pronto y se le remata luego en un dos por tres. En la primera
+batalla que dimos con los aldeanos portugueses, todos echaron a correr
+en cuanto nos vieron, y el General mandó a la caballería que se
+apoderara de un hato de carneros, lo cual se verificó sin efusión de
+sangre.
+
+--No, no ha habido en el mundo batallas como ésas, Sr. D.
+Santiago--dijo Santorcaz, moderando su risa--; y si usted me las
+cuenta todas, confesaré que las que yo he visto son juegos de chicos.
+Y como desde aquella fecha ha conservado usted los hábitos de campaña,
+y gusta tanto de conversar sobre el tema de la guerra, los vecinos le
+llaman el Gran Capitán.
+
+--Ese es un mote, y a mi no me gustan motes--dijo D.ª Gregoria, que
+así se llamaba la mujer del valiente expedicionario de Portugal--.
+Cuando nos mudamos aquí, y dieron los vecinos en llamarte Gran
+Capitán, bien te dije que alzaras la mano y regalaras un bofetón al
+primero que en tus propias barbas te dijera tal insolencia; pero tú,
+con tu santa pachorra, en vez de llenarte de coraje, se te caía la
+baba siempre que los chicos te saludaban con el apodo, y ahora Gran
+Capitán eres y Gran Capitán serás por los siglos de los siglos.
+
+--Yo no me paro en pequeñeces--dijo don Santiago Fernández--, y aunque
+tolero un apodo honroso, no consiento que nadie se burle de mí. A fe,
+a fe que cuando uno ha servido en las milicias del Rey por espacio de
+veinte años; cuando uno ha estado en la campaña de Portugal; cuando
+uno ha tenido también el honor de encontrarse en la expedición de
+Argel que mandó el Sr. D. Alejandro O'Reilly en 1774; cuando después
+de tan gloriosas jornadas se le han podrido a uno las nalgas sentado
+en la portería de la oficina del Detall y Cuenta y Razón del arma de
+Artillería, viendo entrar y salir a los señores oficiales, y
+haciéndoles un recadito hoy y otro mañana, bien se puede alzar la
+cabeza y tener una opinión sobre cosas militares.
+
+--Eso mismo digo yo--indicó D.ª Gregoria--. Bien saben todos que tú no
+eres ningún rana, y que has escupido en corro con guardias de Corps y
+valonas, y con generales de aquellos que había antes, tan valientes,
+que sólo con mirar al enemigo le hacían correr.
+
+--Y no se trate--prosiguió el Gran Capitán--de embobarnos con cuentos
+de brujas como los que desembucha el Sr. de Santorcaz. A las niñas del
+lañador y a D.ª Melchora, la que borda en fino, les puede trastornar
+el seso este caballero contándoles esas batallas fabulosas de
+prusianos y rusos, con lo de que si el Emperador fué por aquí o vino
+por allí. Hombres como yo no se tragan bolas tan terribles, ni ha
+estado uno veinte años mordiendo el cartucho y peinando los rizos del
+Sr. Marqués de Sarriá, para dar crédito a tales novelas de
+caballerías. Conque ¿cómo fué aquello?--añadió en tono de mofa y
+sentándose junto a Santorcaz--. Dijo usted que cuatro mil franceses
+atacaron a la bayoneta a diez mil rusos, y les hicieron caer en un
+pantano, donde se ahogó la mitad. Pues ¡y lo de que rompieron el hielo
+a cañonazos para que se hundieran los enemigos que estaban encima!...
+¡Bonito modo de hacer la guerra! Pero, hombre de Dios, si andaban por
+sobre el hielo se resbalarían y... pobres nalgas del Emperador...,
+digo, de los tres Emperadores, pues ahí dice usted que eran tres nada
+menos. ¿Sabes, Gregoria, que es aprovechada la familia?
+
+El Gran Capitán hizo reír a su digna esposa con estos chistes, hijos
+de su inexperta fatuidad, y ambos celebraron recíprocamente sus
+ocurrencias.
+
+--Si es novela de caballerías lo que he contado--dijo Santorcaz--,
+pronto lo hemos de ver en España, porque pasan de cien mil los
+Esplandianes que andan desparramados por ahí esperando que su amo y
+señor les mande empezar la función.
+
+--¡Los asesinos de Madrid!--exclamó el Gran Capitán, inflamándose en
+patriótico ardor--. ¿Y cree usted que les tenemos miedo? ¡Santa María
+de la Cabeza! Ya veo que están fortificando el Retiro, y que no
+permiten que vuele una mosca alrededor de sus señorías; pero ya
+hablaremos. Esto es ahora porque estamos sin tropa; pero ¿sabe usted
+lo que se va a formar en Andalucía? Un ejército. ¿Y en Valencia? Otro
+ejército. Y en Galicia y en Castilla, otro y otro ejército. ¿Cuántos
+españoles hay en España, Sr. de Santorcaz? Pues ponga usted en el
+tablero tantos soldados como hombres somos aquí, y veremos. ¿A que no
+sabe usted lo que me ha dicho hoy el portero de la Secretaría de la
+Guerra? Pues me ha dicho que mi pueblo ha declarado la guerra á
+Napoleón, ¿Qué tal?
+
+--¿Cuál es el pueblo de usted?
+
+--Valdesogo de Abajo. Y no es cualquier cosa, pues bien se pueden
+juntar allí hasta cien hombres como castillos, no como esos rusos de
+alfeñique de que usted habla, sino tan feroces, que despacharán un
+regimiento francés como quien sorbe un huevo.
+
+--Pues una mujer que ha venido hoy de la sierra--dijo D.ª Gregoria--me
+ha contado que también mi pueblo va a declarar la guerra a ese ladrón
+de caminos; sí, Sr. de Santorcaz, mi pueblo, Navalagamella. Y allí no
+se andarán con juegos, sino al bulto derechitos. Si esos pueblos que
+usted nombra, las Austrias y las Prusias, fueran como Navalagamella,
+la _canalla_ no los hubiera vencido, y se conoce que todos los
+austriacos y prusiacos son gente de mucha facha y nada más.
+
+--No se dice prusiacos, sino prusianos--indicó enfáticamente a su
+esposa el Gran Capitán.
+
+--Bien, hombre: los rusos y los prusos, lo mismo da. Lo que digo es
+que si Valdesogo de Abajo y Navalagamella, que son dos pueblos como
+dos lentejas comparados con la grandeza de todo el reino, se ponen en
+ese pie, los demás lugares y ciudades harán lo mismo, y entonces,
+áteme esa mosca el Sr. de Santorcaz. No, no quedará un francés para
+contarlo, y la que hicieron aquí a primeros del mes, la pagarán muy
+cara. ¿Hase visto alguna vez bribonada semejante? ¡Fusilar en
+cuadrilla a tantos pobrecitos, sin perdonar a sacerdotes ancianos, a
+inocentes doncellas y a infelices muchachos como el que está en esa
+cama! ¡Ay! Usted no vió aquello, Sr. de Santorcaz, porque llegó a
+Madrid tres días después; ¡pero si usted lo hubiera visto! Por esta
+calle del Barquillo pasaron esas fieras, y como les arrojaron algunos
+ladrillos desde los andamios de la casa que se está fabricando en la
+esquina, mataron a una pobre mujer que pasaba con un niño en brazos.
+Al ver esto, todas las vecinas de la casa que estábamos en los
+balcones, empezamos a tirarles cuanto teníamos. Una les echaba una
+cazuela de agua hirviendo, otra la sartén con el aceite frito; yo cogí
+el puchero que había empezado a cocer, y sin pensarlo dije: «Allá va»;
+y aunque aquel día nos quedamos sin comer, no me pesó, no, señor.
+Después, entre Juanita la lañadora, las niñas de al lado y yo,
+cogimos una cómoda, y echándola a la calle aplastamos a dos. Querían
+subir a matarnos; pero ¡quía! Todo facha, nada más que facha. Más de
+cuarenta mujeres nos apostamos en la escalera, unas con tenedores,
+otras con tenacillas, estas con asadores, aquella con un berbiquí,
+estotra con una vara de apalear lana. Si llegan a subir, les hacemos
+pedazos. Mi marido tomó aquella lanza vieja que tiene allí desde las
+tan famosas campañas, y poniéndose delante de nosotras en la escalera,
+nos arengó y dispuso cómo nos habíamos de colocar. ¡Ah, si llegan a
+subir esos perros! Yo era la más vieja de todas, y la más valiente,
+aunque me esté mal el decirlo. Mi marido quería salir a la calle al
+frente de todas nosotras; pero le convencimos de que esto era una
+locura. Con su carga de setenta a la espalda, él hubiera partido de un
+lanzazo a cuantos mamelucos encontrara en la calle. ¡Ay, qué día!
+Cuando nos retiramos cada una a nuestro cuarto, en toda la casa no se
+oía más que «¡Viva el Gran Capitán!»
+
+--¡Qué día!--exclamó melancólicamente Fernández, disimulando el
+legítimo orgullo que el recuerdo de sus proezas le causaba--. A eso de
+las ocho de la mañana vi salir de la oficina al capitán D. Luis Daoiz.
+El día anterior me había mandado por unas botas a la zapatería de la
+calle del Lobo, y desde allí se las llevé a su casa de la calle de la
+Ternera, y cuando volví después de hacer el mandado, viendo que había
+cumplido con la puntualidad y el esmero que son peculiares en mí, me
+dió dos reales, que guardo en este pañuelo como memoria de hombre tan
+valiente.
+
+Diciendo esto, trajo un pañuelo, y desdoblando una de las puntas
+despaciosamente, y como si se tratara de la más venerable y santa
+reliquia, sacó una moneda de plata que puso ante la vista de
+Santorcaz, sin permitirle que la tocara.
+
+--Esto me dió--dijo, enjugando con el mismísimo sagrado pañuelo las
+lágrimas que de improviso corrieron de sus ojos--; esto me dió con sus
+propias manos aquel que vivirá en la memoria de los españoles mientras
+haya españoles en el mundo, Yo estaba barriendo la oficina cuando
+entró D. Pedro Velarde buscándole, y le dije: «Mi capitán, hace un
+rato que salió con D. Jacinto Ruiz.» Después, don Pedro entró y estuvo
+disputando con el coronel; al cabo de un cuarto de hora volvió a pasar
+por delante de mi. ¡Quién me había de decir...!
+
+El Gran Capitán no pudo continuar, porque la pena ahogaba su voz; D.ª
+Gregoria se llevó también la punta del delantal a los ojos, y
+Santorcaz, más serio y grave que antes, respetaba el dolor de sus dos
+amigos.
+
+--Me han asegurado--dijo, después de una pausa--que ese D. Pedro
+Velarde iba a comer todos los días en casa de Murat. ¿Es que
+simpatizaba con los franceses?
+
+--No, no; y quien lo dijere miente--exclamó D. Santiago, dejando caer
+de plano sobre la mesa sus dos pesadísimas manos--. Don Pedro Velarde
+pasaba por un oficial muy entendido en el arma, y como fué de los que
+el Rey envió a Somosierra a recibir al _melenudo_, éste le trató, supo
+conocer sus buenas dotes, y quiso atraérselo. ¡Bonito genio tenía D.
+Pedro Velarde para andarse con mieles! Le convidaban a comer,
+obsequiábanle mucho; pero bien sabían todos que si nuestro capitán
+pisaba las alfombras de aquel palacio, era «para conocer más de cerca
+a la canalla», como él mismo decía.
+
+--Él y sus compañeros de Monteleón--dijo Santorcaz--demostraron un
+valor tanto más admirable cuanto que es completamente inútil. Aquí
+están ciegos y locos. Creen que es posible luchar ventajosamente
+contra las tropas más aguerridas del mundo, sin otros elementos que un
+ejército escaso, mal instruído, y esas nubes de paisanos que quieren
+armarse en todos los pueblos. La obstinación ridícula de esta gente
+hará que sean más dolorosos los sacrificios, y el número de víctimas
+mucho más grande, sin que puedan vanagloriarse al morir de haber
+comprado con su sangre la independencia de la patria. España
+sucumbirá, como han sucumbido Austria y Prusia, naciones poderosas,
+que contaban con buenos ejércitos y reyes muy valientes.
+
+--¡Esos países no tienen vergüenza!--gritó con furor D. Santiago
+Fernández, levantándose otra vez de su asiento--. En Austria y Prusia
+habrá lo que usted quiera; pero no hay un Valdesogo de Abajo ni un
+Navalagamella. Discretísimo lector: no te rías de esta presuntuosa
+afirmación del Gran Capitán, porque bajo su aparente simpleza
+encierra una profunda verdad histórica.
+
+Santorcaz soltó de nuevo la risa al ver el acaloramiento de Fernández,
+cuyas patrióticas opiniones apoyó de nuevo su esposa, hablando así:
+
+--Aquí somos de otra manera, Sr. de Santorcaz. Usted, viviendo por
+allá tanto tiempo, se ha hecho ya muy extranjero y no comprende cómo
+se toman aquí las cosas.
+
+--Por lo mismo que he estado fuera tantos años, tengo motivos para
+saber lo que digo. He servido algunos años en el ejército francés;
+conozco lo que es Napoleón para la guerra, y lo que son capaces de
+hacer sus soldados y sus generales. Cien mil de aquéllos han entrado
+en España al mando de los jefes más queridos del Emperador. ¿Saben
+ustedes quién es Lefebvre? Pues es el vencedor de Dantzig. ¿Saben
+ustedes quién es Pedro Dupont de l'Etang? Pues es el héroe de
+Friedland. ¿Conocen ustedes al duque de Istria? Pues es quien
+principalmente decidió la victoria de Rívoli. ¿Y qué me dicen de
+Joaquín Murat? Pues es el gran soldado de las Pirámides, y el que
+mandó la caballería en Marengo...
+
+--No, no le nombre usted--dijo D.ª Gregoria--, porque si todos los
+demás son como ese de _las melenas_, buena gavilla de perdidos ha
+metido Napoleón en España.
+
+--Sr. de Santorcaz--añadió con grave comedimiento el Gran Capitán--,
+ya sabe usted que un hombre como yo, testigo de cien combates, no se
+traga ruedas de molino, y todas esas heroicidades del general Pitos y
+del general Flautas las vamos a ver de manifiesto ahora, sí, señor. Y
+supongo que usted habrá venido para ponerse de parte de ellos, pues
+quien tanto les alaba y admira es natural que les ayude.
+
+--No--replicó Santorcaz--; yo he vuelto a España para un asunto de
+intereses, y dentro de unos días partiré para Andalucía. Cuando
+arregle mi negocio, me volveré a Francia.
+
+
+
+
+II
+
+
+--¡Qué mal hombre es usted!--exclamo Dª Gregoria--. Y su pobre padre y
+toda la familia llorando su ausencia, y muertos de pena sin poder
+traer al buen camino a este calaverilla que durante quince años y
+desde aquella famosa aventura... Pero chitón--añadió, volviendo la
+cara hacia mí--: me parece que el chico se ha despertado y nos está
+oyendo.
+
+Los tres me miraron, y yo observé claramente cuanto me rodeaba,
+pudiendo apreciarlo todo sin mezcla de vagas imágenes ni mentirosas
+visiones. Hallábame en una cama, de cuyo durísimo colchón daban fe las
+mortificaciones de mis huesos y la instintiva tendencia de mi cuerpo
+a arrojarse fuera de ella, mientras uno de mis brazos, fuertemente
+vendado, se negaba a prestarme apoyo, tan inmóvil y rígido como si no
+me perteneciera. Asimismo rodeaba mi cabeza complicado turbante de
+trapos que olían a ungüentos y vinagre, y mi débil y extenuado cuerpo
+sentía por aquí y por allí terribles picazones. El lecho en que yacía
+tan incómodamente ocupaba el rincón del cuarto, el cual era de
+ordinarias dimensiones, con blancos muros y suelo de ladrillos, mal
+cubiertos por una vieja y acribillada estera de esparto. Láminas de
+santos, a quienes el artista grabador había dado nuevo martirio en sus
+impíos troqueles, adornaban la desnuda pared, en uno de cuyos testeros
+ostentaba su temerosa longitud la lanza del Gran Capitán. En el centro
+de la pieza hallábase la mesa, que sostenía un candil de cuatro
+mecheros, y junto a ella, sentados en sendas sillas de cuero, que
+lastimosamente gemían al menor movimiento, estaban los tres personajes
+cuya conversación hirió mis oídos cuando volví de un largo paroxismo.
+
+Todos fijaron en mí la atención, y D.ª Gregoria, acercándose
+maternalmente a mi cama, me habló así:
+
+--¿Estás despierto, niño? ¿Ves y entiendes? ¿Puedes hablar? Pobrecito,
+ya se te ha quitado la terrible calentura, y el Santo Ángel de tu
+Guarda ha conseguido del Padre Eterno que te otorgue el seguir
+viviendo. ¿Cómo estás? ¿Ves a los que estamos aquí? ¿Nos conoces?
+¿Entiendes lo que decimos? Debes de estar bien, porque ya no dices
+desatinos, ni quieres echarte de la cama, ni nos insultas, ni dices
+que nos vas a matar, ni llamas a D. Celestino ni a la D.ª Inés, que te
+traían trastornado el juicio. Estás bien, ya estás fuera de peligro, y
+vivirás, pobre niño; pero ¿has perdido la razón, o Dios quiere que te
+veamos en tu ser natural, sano y cuerdo, tal y como estabas antes de
+que aquellos caribes...?
+
+--Y, en verdad, no sé cómo ha escapado el infeliz--dijo Fernández a
+Santorcaz--. Tres balazos tenía en su cuerpecito: uno en la cabeza, el
+cual no es más que una rozadura; otro en el brazo izquierdo, que no le
+dejará manco, y el tercero en un costado, y en parte sensible, tanto
+que si no le hubieran sacado la bala, no le veríamos ahora tan
+despiertillo.
+
+Instáronme todos para que hablase, mostrándoles que mi razón, como mi
+cuerpo, se había repuesto de la tremenda crisis. También acudió con
+cariñosa solicitud a darme alimento la ejemplar D.ª Gregoria, y tomado
+aquél ávidamente por mí me sentí muy bien. ¿Había resucitado o había
+nacido en aquella noche?
+
+--Ahora, chiquillo, estáte tranquilo--continuó D.ª Gregoria,
+sentándose a mi lado--. ¡Cuánto se va a alegrar el Sr. Juan de Dios
+cuando te vea!
+
+--¡Cómo!--exclamé con la mayor sorpresa--. ¿Juan de Dios vive aquí?
+¿Pues en dónde estoy? ¿Y ustedes quiénes son? ¿Qué ha sido de Inés?
+
+--¡Otra vez Inés! Este joven no está todavía bueno. Dejémonos de
+Ineses, y a descansar. Santorcaz se llegó a mi, y mostrándome algún
+interés, me dijo:
+
+--¡Pobrecito! ¡Conque te fusilaron! El Gran Duque de Berg es hombre
+terrible y sabe sentar la mano. Dicen que mataste mas de veinte
+franceses. Ya me contarás tus hazañas, picarón. Y di, ¿tienes ánimos
+de volver a hacer de las tuyas? Me parece que no..., porque habrás
+visto que esa gente gasta unas bromas un poco pesadas.
+
+Dicho esto, Santorcaz, tomando su capa, se marchó.
+
+Mi sorpresa y estupor al verme allí, tornado nuevamente y de
+improviso, según mi entender, a la vida, en presencia de personas
+desconocidas, y volviendo sin cesar al pasado mi pensamiento, recién
+salido de una sombra profunda; las impresiones de mi alma, a quien el
+repentino despertar, después de un largo entumecimiento, había dado
+cierta actividad ansiosa, fueron causa de que no pudiera estar
+tranquilo, como me rogaban el Gran Capitán y su mujer. Hacíales mil
+preguntas con la curiosidad del que, volviendo al mundo después de un
+siglo de muerte real, deseara conocer en un instante cuanto ha pasado
+en el planeta durante su ausencia. A todo contestaban que me estuviese
+quieto y sin cuidarme de nada, para que no me repitiesen los accesos
+de fiebre; pero no pude conseguirlo, y si descansé un poco, procurando
+poner a un lado mis terribles recuerdos y apartar de la vista las
+siniestras figuras que se habían hecho compañeras inseparables de mi
+espíritu, poco después, cuando, ya avanzada la noche, llegó Juan de
+Dios, me sentí tan vivamente inquieto al verle, que a no impedírmelo
+mi debilidad, habría saltado del lecho para correr hacia él,
+arrastrado por un odio terrible y una curiosidad más fuerte aún que el
+odio. El antiguo mancebo de D. Mauro Requejo hallábase tan demacrado,
+tan excesivamente amarillo y mustio, como si hubiera vivido diez años
+de penas en el transcurso de algunos días. Sus ojos encendidos
+conservaban huellas de recientes lágrimas, y su desmadejado cuerpo se
+movía con pesadez, como si le fatigara su propio peso. Arrojóse en una
+silla junto a mi cama, y cuando los dos ancianos se retiraban a su
+aposento, me habló así:
+
+--Gabriel, ¿ya estás bueno? ¿Has recobrado el juicio? ¿Entiendes lo
+que se te dice?
+
+--¿Dónde está Inés?--le pregunté con ansiedad.
+
+--¡Oh, desgraciado de mí!--exclamó, ocultando el rostro entre las
+manos--. Tú estás enfermo todavía, y si te doy la noticia... ¿Que
+dónde está Inés? Espántate, Gabriel, porque no lo sé. Yo estoy loco,
+yo estoy imbécil. Llevo quince días de dolores que a nada son
+comparables. Las lágrimas que he derramado podrían agujerear una peña.
+Ahora mismo..., ¿de dónde crees que vengo? Pues vengo de la bóveda de
+San Ginés, adonde voy todas las noches a mortificarme el cuerpo con
+disciplinazos, por ver si Dios se apiada de mí y me devuelve lo que me
+quitó, sin duda en castigo de mis grandes pecados.
+
+Después de enjugar sus lágrimas y sonarse con estrépito, prosiguió:
+
+--Yo saqué a Inés de la huerta del Príncipe Pío. ¡Ay!, si no te
+salvaste también tú, fué porque no pude, que bien lo intenté, te juro
+que lo intenté. Inés se desmayó, y no pudiendo traerla aquí, por ser
+esto muy lejos, Lobo me indujo a llevarla a casa de unas que él
+llamaba honradísimas señoras, donde permanecería hasta tanto que fuera
+posible traerla aquí para casarme con ella... ¡Oh, infame legista,
+miserable enredador, tramposo y falsario! Inés me abofeteó, Gabriel,
+al verse en aquella casa, y me clavó en las mejillas sus deditos. No
+puedes formarte idea de las palabras tiernas que le dije para que se
+calmara; pero nada podía consolarla de que no os hubierais salvado
+también tú y el buen sacerdote. En vano le dije que sería mi mujer; en
+vano le dije que la adoraba con profundísimo amor; también le mostré
+mi dinero, prometiéndole gastar una buena parte en huir para siempre
+de Madrid y de España, si así lo deseaba. ¡Infeliz de mí! A estas
+irrecusables pruebas de mi cariño sólo contestaba llamándome bestia y
+ordenándome que de su presencia me quitara... A cada momento te
+llamaba, y luego se deshacía en lágrimas, y quería después arrojarse
+fuera de la casa para volver a la Montaña. A pesar de esto yo era
+feliz, porque la tenía en mis brazos, apartábale de la frente los
+desordenados cabellos, y con mi pañuelo limpiaba sus lágrimas divinas,
+con las cuales se refrescarían, si las bebieran, los condenados del
+Infierno... El pérfido Lobo no se apartaba de allí, y desde luego me
+parecieron sospechosos el esmero y solicitud con que la atendía. Inés
+no cesaba un momento de gemir, y tanto a mi compañero como a mí nos
+mostraba repugnancia, ordenándonos que la dejáramos sola, porque no
+quería vernos, y que la matáramos, porque no quería vivir. Su
+desesperación llegó a tal punto, que no la podíamos contener, y se nos
+escapaba de entre los brazos, diciendo que pues no le era posible
+salvaros la vida, quería daros a entrambos sepultura. Por último, a
+fuerza de ruegos logramos calmarla un poco, prometiéndole yo acudir al
+lugar del suplicio a cumplir tan triste obligación. Cuando esto le
+dije, me miró con tanta ternura, y después me lo ordenó de un modo tan
+persuasivo, tan elocuente, que no vacilé un instante en hacer lo
+prometido, y salí dejándola al cuidado de Lobo. ¡Nunca tal hiciera, y
+maldito sea el instante en que me separé de aquel tesoro de mi vida,
+de aquel imán de mi espíritu! Gabriel, corrí a la Moncloa, me acerqué
+a los grupos en que eran reconocidos los cadáveres, y anduve de un
+lado para otro esperando encontrarte entre aquellos que, abandonados
+hasta en tan triste ocasión, no tenían quien formara a su alrededor
+concierto de llantos y exclamaciones... Al fin encontré al sacerdote;
+pero tú no estabas a su lado, pues unas mujeres compasivas, habiendo
+notado que vivías, te habían llevado a un paraje próximo para
+prodigarte algunos cuidados. Grande fué mi alegría cuando te vi abrir
+los ojos, cuando te oí pronunciar frases obscuras, y observé que tus
+heridas no parecían de mucha gravedad; así es que en cuanto dimos
+sepultura a tu buen amigo, me ocupé de los medios de traerte a mi
+casa. Rogué a las pobres mujeres que te cuidaran un momento más,
+mientras yo volvía con una camilla, y al salir de la huerta me
+regocijaba con la idea de participar a Inés que estabas vivo. «¡Cuánto
+se alegrará la pobrecita!», decía para mí, y yo me alegraba también,
+porque había comprendido por sus palabras que aquella flor de Jericó
+te apreciaba bastante, ¿no es verdad? ¡Ay!, Gabriel, tú hubieras sido
+nuestro criado, tú nos hubieras servido fielmente, ¿no es verdad?...
+Pues bien, hijo: como te iba diciendo, corrí desalado a comunicarle la
+feliz nueva de tu salvación, y cuando entré en la casa donde la había
+dejado, Inés ya no estaba allí. Aquellas señoras desconocidas
+dijéronme que Lobo se había llevado a Inés, y como yo les manifestara
+mi extrañeza, mi indignación, llamáronme estúpido y me arrojaron de su
+casa. Volé a la de ese miserable ladrón; mas no le pude ver ni en todo
+aquel día ni en los siguientes. Figúrate mi desesperación, mi agonía,
+mi locura; yo no sé cómo no entregué el alma a Dios en aquellos días,
+porque además de mi gran pena, me consumía una fuerte calentura, a
+consecuencia de la herida de esta mano, pues bien viste que perdí dedo
+y medio en la calle de San José... ¿Crees que me curaba? Ni por
+pienso. Después que el boticario de la Palma Alta me vendó la mano no
+volví a acordarme de tal cosa, y no digo yo dedo y medio, sino los
+cinco de cada mano me hubiera yo arrancado con los dientes, con tal de
+hallar a mi idolatrada Inés, ¡a aquella rosa temprana, a aquel jazmín
+de Alejandría!... Durante este tiempo no me olvidé de ti, pues el
+mismo día 3 te hice conducir a esta casa, que es la mía, en la cual
+has permanecido hasta hoy, y donde, gracias a los cuidados de tan
+buena gente, has recobrado la salud.
+
+--¿Pero Lobo ha desaparecido también?--pregunté con afán--. Si no ha
+desaparecido, bien puede obligársele a decir qué ha hecho de Inés.
+
+--Al cabo de diez días le encontré al fin en su casa. ¿Sabes tú lo que
+me dijo el muy embustero? Pues verás. Después de reírse de mí,
+llamándome bobo y mentecato, me dijo que no pensara en volver a ver a
+Inés, porque la había entregado a sus padres. «¿Pues acaso Inés tiene
+padres?», le dije. Y él me contestó: «Sí, y son personas de las
+principales de España, por lo cual he creído de mi deber entregarles
+la infeliz jovenzuela, desde tanto tiempo condenada a vivir fuera de
+su rango y entre personas de inferior condición.» Me quedé atónito;
+pero al punto comprendí que esto era invención de aquel inicuo
+tramposo, embaucador, y en mi cólera le dije las más atroces
+insolencias que han salido de estos labios. ¿No crees tú como yo que
+lo de entregarla a sus desconocidos padres es pura fábula de Lobo para
+ocultar así su crimen? Gabriel, ¿no te estremeces de espanto como yo?
+¿Dónde estará Inés? ¿Dónde la tendrá ese monstruo? ¿Qué habrá hecho de
+ella? ¡Ay! Yo la he buscado sin cesar por todo Madrid; he pasado
+noches enteras junto a la casa de la calle de la Sal examinando quién
+entraba y quién salía; he dado dinero a los criados, aguadores,
+lavanderas, a los escribientes del licenciado, a cuantas personas
+visitaban la casa; pero nadie me ha sabido dar razón, nadie, nadie.
+¿Es esto para desesperarse? ¿Es esto para morirse de pena? ¡Trabajar
+tanto, cavilar tanto para sacarla del poder de sus tíos; cometer
+grandes pecados y exponer uno su alma a las horribles penas del
+Infierno para ver desvanecida como el humo aquella esperanza
+encantadora, aquella soñada dicha y suprema felicidad!... ¿Será
+castigo de Dios por mis culpas, Gabriel? ¿Lo crees tú así? ¿Apruebas
+lo que estoy haciendo ahora, que es rezar mucho y pedir a Dios que me
+perdone o que me devuelva mi Inesita, aunque no me perdone? ¿Crees tú
+que concurriendo a la bóveda de San Ginés con gran constancia y
+devoción podré alcanzar de Dios alguna misericordia? ¡Ay! Si las
+lágrimas que he derramado hubiesen caído todas en el corazón de ese
+infame Lobo, habríanle atravesado de parte a parte haciendo el efecto
+de un puñal. ¿Dónde está Inés? ¿Qué es de ella? ¿Vive o muere?
+Gabriel, tú tienes ingenio, y Dios ha querido que recobres tu preciosa
+vida para que desbarates los inicuos planes de ese monstruo abominable
+y devuelvas a la niña su anhelada libertad, así como a mí la paz del
+alma, que he perdido quizás para siempre.
+
+Así habló el afligido hortera, y oyéndole no pude menos de
+compadecerle por los tormentos de su alma, tan apasionada como
+inocente. No se cansó de hablar hasta muy avanzada la noche, siempre
+sobre el mismo tema y con iguales demostraciones dolorosas. Al fin su
+voz se perdió para mí en el vacío de un silencio profundo, porque me
+quedé dormido, cediendo mi atención y curiosidad a la fatiga y
+flaqueza de ánimo que me consumían aún.
+
+
+
+
+III
+
+
+Al día siguiente, la primera persona que vieron mis ojos fué D.ª
+Gregoria, a quien ya había empezado a tomar cariño, pues tan propio de
+la caridad es inspirarlo en poco tiempo. La mujer del Gran Capitán
+limpiaba la sala, procurando mover los trastos lentamente para no
+hacer ruido, cuando desperté, y al punto lo dejó todo para correr a mi
+lado.
+
+--Esa cara está respirando salud--me dijo--. Veremos lo que dice hoy
+D. Pedro Nolasco cuando te vea.
+
+--¿Y quién es ese D. Pedro Nolasco?--pregunté, sospechando fuera algún
+médico afamado de la vecindad.
+
+--¿Quién ha de ser, hijo? El albéitar, que vive en el cuarto número
+14. Aquí no gastamos médico porque es bocado de príncipes. Y cuando
+Fernández padece del reuma, le ve D. Pedro Nolasco, que es un gran
+doctor. A él debes la vida, chiquillo, y él te sacó del costado la
+bala; que si no a estas horas estarías en el otro mundo.
+
+Oído esto, hícele varias preguntas acerca de su condición y la calidad
+de la casa, a las que satisfizo bondadosamente, diciendo que su esposo
+era portero en una oficina del ramo de la Guerra, y que con su sueldo
+y lo que el Sr. Juan de Dios les daba por su modesto pupilaje pasaban
+la vida pobres y contentos.
+
+--Esta no es casa de huéspedes, porque nosotros no queremos
+barullo--añadió--; pero hace mucho tiempo que conocemos al Sr. de
+Arróiz y por eso le tenemos aquí. Este Sr. de Santorcaz que has visto
+anoche, y que no ha de tardar en venir, es un joven a quien conocimos
+en Alcalá, cuando estábamos allí establecidos y él dejaba sus estudios
+en aquella célebre Universidad para correr la tuna. Ha sido muy
+calavera, y sus padres no le han vuelto a ver desde que se marchó a
+Francia hace quince años huyendo de una persecución muy merecida _por
+mor_ de sus barrabasadas y viciosas costumbres. ¡Desgraciado joven!
+Allá fué soldado, y cuando nos cuenta sus trabajos y penalidades, nos
+quedamos como si oyéramos leer la novela _El asombro de la Francia,
+Marta la Romarantina_, aunque Santiago dice que todo lo que cuenta es
+mentira. A pesar de su mala cabeza, nosotros apreciamos a este
+tarambana de Santorcaz, y él no nos quiere mal; así es que cuando se
+aparece por España, siempre viene a parar a nuestra casa, donde le
+damos hospitalidad por bien poco dinero. ¡Ay!, sí, por bien poco
+dinero; verdad que si le pidiéramos mucho, el infeliz no podría
+dárnoslo, porque no lo tiene. Y no es porque haya nacido de las
+hierbas del campo, pues a un buen solar de tierra de Salamanca
+pertenece su familia; sólo que como no es primogénito..., su padre se
+empeñó en dedicarle a la Iglesia y el pobre chico no tenía afición de
+misacantano...
+
+Estábamos D.ª Gregoria y yo enfrascados en este coloquio, que no
+dejaba de interesarme, cuando volviendo de su oficina D. Santiago
+Fernández, quitóse gravemente el pesado uniforme, que su consorte
+colgó en la percha, no lejos de la amenazadora lanza, y se dispuso a
+comer.
+
+--Grandes noticias te traigo, mujer--dijo con retozona sonrisa,
+sentado ya en el sillón de cuero y con ambas manos posadas en las
+respectivas rodillas, mientras con lento compás movía el cuerpo--. Te
+vas a poner más contenta...
+
+--No puede ser sino que el Gran Duque ha reventado ya de los cólicos
+que padecía.
+
+-No, no es eso, mujer. ¿Quién te dijo que Navalagamella le había
+declarado la guerra a la _canalla_? No es Navalagamella sólo, mujer:
+es Asturias, León, Galicia, Valencia, Toledo, Burgos, Valladolid, y se
+cree que también Sevilla, Badajoz, Granada y Cádiz. En la oficina lo
+han dicho; y si vieras cómo están todos bailando de contento...
+Oficial conozco que no ha dormido en toda la noche esperando el
+correo; ¡y si supieras, mujer...! A ti te lo puedo decir, y no importa
+que lo oiga este chico. Oye, oíd los dos: muchos oficiales se han
+fugado, sin que en los cuarteles ni en sus casas se sepa dónde están.
+Y dirás tú: «¿Pues dónde están?» Yo lo sé, sí señora, yo lo sé: han
+ido a unirse a los ejércitos españoles que se están formando... ¿A
+que no sabes dónde se están formando? Pues yo lo sé, sí, señora, yo lo
+sé: uno se está formando en Valladolid, y lo mandará D. Gregorio de la
+Cuesta; otro en Asturias y Galicia, que corre a cargo de Blake..., y
+el tercero... Esta es la más gorda de todas: ¿te la digo?
+
+--Hombre, sí, dila: no nos dejes a media miel.
+
+--Pues se dice por ahí que las tropas de Andalucía se sublevarán, sí,
+señor, se sublevarán. ¡Pues no han de sublevarse!... Si en cuanto uno
+dé la voz empieza a desfilar nuestra gente y ni un ranchero español
+quedará a las órdenes de Murat ni de la Junta.
+
+--Veo que lo van a pasar mal, Santiago. Pero siento golpes en la
+puerta. Son los vecinos que vienen a saber noticias... Pase usted,
+Sr. D. Roque; pasen ustedes, niñas; adelante, Sr. de Cuervatón.
+
+Abrió D.ª Gregoria la puerta, y penetraron en ordenada falange como
+una docena de personas de uno y otro sexo, y de diferentes edades y
+fachas, las cuales personas eran los vecinos más adictos al Gran
+Capitán, y además entusiastas creyentes de sus noticias, por lo cual
+acudían todas las mañanas cuando aquél regresaba de la oficina, con el
+anhelo de saciar en la fuente más pura y cristalina la ardorosa
+curiosidad que entonces devoraba a los habitantes de Madrid. ¿Debo
+detenerme en enumerar a tan dignas personas? ¿Para qué, si el lector
+no necesita conocer al lañador, ni al talabartero, ni tampoco a D.
+Roque, el arruinado comerciante, ni al Sr. de Cuervatón, ni menos a
+las niñas de la bordadora en fino? Dejémosles envueltos en el velo de
+su discreto incógnito, y oigamos a Fernández, que desbordándose de su
+propio ser, a causa de la exorbitante hinchazón de su orgulloso
+júbilo, iba contando lo que oyera, sin dejar de aderezar sus relatos
+con la sal y pimienta de la hipérbole.
+
+--Pues en Andalucía--dijo--, en Andalucía..., ya saben ustedes dónde
+está Andalucía; como si dijéramos en Cádiz..., pues. Dicen que la
+Junta de Sevilla ha armado un gran ejército con las tropas que estaban
+en San Roque. ¿Saben ustedes lo que es San Roque? Pues es como si
+dijéramos...; supongan ustedes que aquí está Gibraltar, pues aquí
+cerquita está San Roque.
+
+--Este D. Santiago lo sabe todo.
+
+--Ya, como quien ha visto tantas tierras y ha estado en tantas
+batallas.
+
+--En San Roque están las mejores tropas de España, tanto en infantería
+como en artillería y caballos; de modo que si se forma ese ejército, y
+viene sobre Madrid... ¡Jesús!
+
+--¡Jesús!--repitió un coro de diez voces.
+
+--¿Usted cree que vendrá sobre Madrid?--preguntó uno de los
+concurrentes.
+
+--Eso es lo que no puedo asegurar--repuso con énfasis el Gran
+Capitán--. Pero a lo que yo entiendo, y según la experiencia que
+adquirí en aquellas terribles guerras, me atrevo a decir que el
+ejército de Andalucía viene sobre Madrid, y si hace lo mismo el de D.
+Gregorio de la Cuesta, juzguen ustedes el susto que pasarán los
+franceses. Hay que guardar el secreto: mucho cuidado, señores, y
+ustedes, niñas, guárdense muy bien de ir contando estas cosas cuando
+vayan a la costura, porque puede llegar a oídos del Gran Duque de
+Berg... Yo creo que pasará lo siguiente: el ejército de Andalucía
+vendrá a la Mancha; los franceses irán a batirlos, dejando libre a
+Madrid, donde entrará D. Gregorio de la Cuesta, el cual, si sigue
+después hacia el Mediodía, les picará la retaguardia por Tarancón; y
+como al mismo tiempo los de allí le harán retroceder hacía el Tajo,
+viéndose los franceses atacados por un lado y otro, por fuerza tendrán
+que caer al río, donde se ahogarán.
+
+--¡Cuánto sabe este hombre! Es un asombro que de esa manera pueda
+anunciar los movimientos del enemigo. Y no hay duda: así tiene que
+suceder.
+
+--Y como la sublevación es general--añadió Fernández--, no podrán
+acudir a todos lados. Además, no pueden contar con un solo soldado
+español que les ayude, porque todos desertan; de modo que si Napoleón
+quiere continuar la guerra en España, ya puede mandar gente.
+
+--Y como de los que vienen, la mitad mueren de borrachera...
+
+--El mismo Murat está padeciendo unos cólicos, que se lo llevarán al
+otro mundo.
+
+--¡Quía!, si lo que tiene es una enfermedad vergonzosa.
+
+--Así pagará las que ha hecho. ¿Pues qué puede ser eso sino castigo de
+Dios por su barbarie y crueldad?
+
+--No es eso, señora; es que, según dicen, es aficionado a la bebida.
+
+--¡Menudas _turcas_ habrá tomado desde que está aquí! ¿Y se marchará,
+o no se marchará?
+
+--Yo creo que sí--dijo Fernández--. Tengo entendido que está muy
+disgustado porque Napoleón no le quiere hacer rey de España.
+
+--¡Angelito!, pues no pide poco que digamos.
+
+--Y como parece que mandan de rey al que lo es de Nápoles, un D. José,
+al cual, según dicen, también le gusta aquello...
+
+--Se conoce que es afición de familia.
+
+--Lo que debiera hacer el Sr. Fernández--dijo el lañador--es irse a
+cualquiera de esos ejércitos, donde sin duda se había de lucir, y
+quién sabe si nos le harían general de la noche a la mañana.
+
+--Yo no sirvo para nada--contestó el Gran Capitán--. Yo tuve mi época,
+y ahora que trabajen otros como trabajamos los de entonces. ¡Aquellas
+sí que eran guerras, señores! Esto de ahora es una bobada, y si no, ya
+verán ustedes cómo en menos que canta un gallo se acaba todo.
+
+--Pero lo del ejército de Andalucía, ¿es cierto, o es puro barrunto de
+usted? Sepámoslo de una vez.
+
+--Es cierto, señores. Me parece que Santiago Fernández tiene motivos
+para saber lo que hace un ejército y lo que deja de hacer. Cuando
+empiecen nuestros generales a decir «Por aquí te doy», ya les tendré a
+ustedes al tanto de todo, día por día.
+
+A este punto llegaba, cuando entró Santorcaz, y no bien le vieron las
+honradas personas que formaban el auditorio del buen Fernández,
+empezaron a desfilar de muy mal talante, porque la presencia del
+citado _flamasón_ era harto desagradable a todos los habitantes de la
+casa.
+
+--Grandes noticias, grandes noticias traigo, Sr. D. Gonzalo Fernández
+de Córdova--exclamó desde la puerta--. Aguárdense todos, si quieren
+saber la verdad pura. ¿Pero se van estas niñas? ¿Por qué me tienen
+miedo? ¿Y usted, D. Roque, no quiere escuchar?... Vayan noramala,
+pues, y ustedes se lo pierden, por que no saben lo que ocurre... La
+lanza, señor Fernández, tome usted al punto la lanza, y prepárese al
+combate, porque se acerca lo tremendo, y ahora verá quiénes son buenos
+patriotas y quiénes no lo son.
+
+--No tomemos a broma estas graves cosas, Sr. D. Luis--dijo algo
+amoscado el que podremos llamar vencedor de Ceriñola--, ni nos
+escandalice a la vecindad con sus aspavientos.
+
+--¿A que no sabe usted lo que yo sé?--añadió Santorcaz--. ¿A que no
+sabe usted que el general Dupont, que estaba en Toledo, ha recibido
+orden de marchar a Andalucía, y que Moncey sale mañana de aquí para
+Valencia, y que Lefebvre, que está en Pamplona, irá pronto sobre la
+capital de Aragón; que Duhesme se extenderá por Cataluña, y que
+Bessières baja hacia Valladolid a toda prisa con las divisiones de
+Lasalle y de Merle?
+
+--¡Cómo se conoce que usted escupe en corro con la canalla! ¿Y cómo
+están sus mercedes del estómago? ¿Se han hecho al fin al vino de
+España? Y el Gran Duque de Berg, ¿cómo anda de sus calenturas? ¿Hay
+mieditis? Porque yo tengo para mi que si a esos señores se les caen
+los calzones es porque, como dijo el otro, al que mal vive, el miedo
+le sigue. Yo, en verdad, no sabía lo que usted acaba de decir; pero
+allá en la oficina oí decir otras cosillas que no sé si sonarán bien
+en las orejas de la canalla. ¿Por qué no va mi Sr. D. Luis a
+contárselas, a ver si con el gusto se les quita el destemple?
+
+--¿Qué noticias son ésas?
+
+--Nada, poca cosa. Cuando el francés las sepa, verá usted qué contento
+se pone... Que en todas las ciudades se han nombrado o se van a
+nombrar Juntas, las cuales no harán caso de lo que se mande en Bayona,
+sino que...
+
+--Pero si Fernando VII no es ya rey de España, porque ha cedido sus
+derechos al Emperador, lo mismo que Carlos IV. ¿Qué son esas Juntas
+más que cuadrillas de insurgentes?
+
+--Sí..., pues que las quiten; es cosa fácil. ¡Demonios de Juntas! Y
+las muy simples están formando unos ejércitos..., cosa de juego, señor
+de Santorcaz; cuatro gatos que estaban ahí en el Campo de San Roque
+con unos cuantos cañoncillos... Y también han dado en armarse los
+paisanos, lo mismo en Castilla que en Cataluña, así en Valencia como
+en Andalucía... Pero eso no vale nada; son hombres de alfeñique y
+alcorza, y no digo yo con balas, con saliva les destruirán los
+franceses.
+
+--¿Y todo lo que sabe usted se reduce a que la Junta de Sevilla está
+formando un ejército con las tropas de San Roque, que manda Castaños,
+y las de Granada, que están a las órdenes de Reding? Pues eso lo sabe
+todo Madrid.
+
+--Mira, Fernández--dijo oficiosamente doña Gregoria--, haces mal en
+revelar lo que sabes por tan buen conducto, porque yo no soy lerda
+para conocer que lo que hace nuestro ejército no debe decirse. Y si
+no, pongo por caso: si tú, que estás enterado de todo, a causa de tu
+gran tino para la guerra, descubres lo que hace el ejército de
+Andalucía y llega a oídos del francés, puede aprovecharse de la
+noticia, y entonces...
+
+--¡Qué ha de aprovecharse, mujer, ni qué entiendes tú de estas cosas!
+Al contrario, yo quiero que el Sr. de Santorcaz vaya con el cuento. Y
+también en Castilla...
+
+--Otro ejército, sí, compuesto de Guardias de Corps, acostumbrados a
+hacer la guerra en los palacios, de estudiantes, de paletos y
+contrabandistas--dijo Santorcaz, dando tregua a las bromas y hablando
+con completa seriedad--. Es una desgracia para nosotros el tener que
+confesar que no podemos batirnos con los franceses. ¿Qué importa que
+se armen multitud de paisanos, si esas turbas indisciplinadas, antes
+que ayuda, serán elemento de ruina para el escaso ejército español?
+¿Qué obstáculo pueden ofrecer a los que han sometido la Europa entera
+estos infelices alucinados, a quienes engaña su ignorancia? ¿Tienen
+idea de lo que significan la previsión, la táctica, el genio de un
+jefe experto, para decidir la victoria? Es triste cosa haber llegado a
+tal extremo por las torpezas de nuestros reyes; pero una vez aquí, no
+hay más remedio que someterse a lo que la Providencia ha querido hacer
+de nosotros. España no puede resistir la invasión, porque si la
+resistiera haría un milagro, una sobrenatural hazaña nunca vista.
+Condenada a ser de Napoleón y a ver sentado en su trono a un rey de la
+familia imperial, lo más cuerdo es resignarse a ésta con la conciencia
+de haberla merecido.
+
+--¡Que España será francesa, que España será de Napoleón!--exclamó el
+Gran Capitán, encendido en violenta ira--. Sr. de Santorcaz, usted es
+un insolente, usted es un deslenguado, usted no tiene respeto a mis
+canas. Ya, ¿qué se puede esperar de un trapisondista calavera, como
+usted, que abandonó a su familia por irse a _extranjis_ a aprender
+malas mañas? ¡Decir que España ha de ser francesa! Salga usted de mi
+casa, y no ponga más los pies en ella. ¿Qué te parece, Gregoria?
+Mujer, ¿te estás con esa calma y no bufas de cólera como yo?
+
+Y levantándose de su asiento, indicó a Santorcaz con majestuoso gesto
+la puerta de la sala; mas como D. Luis no tuviera humor de marcharse,
+porque todos los días se repetía la misma escena sin resultado alguno,
+preparábase a comer tranquilamente, dejando que se desvaneciera, como
+efectivamente se desvaneció, sin efusión de sangre, la ira de su
+honrado amigo. Durante la comida gruñó un poco D. Santiago; pero la
+prudencia y discreción de su esposa evitaron un choque que pudo haber
+tenido calamitosas consecuencias.
+
+
+
+
+IV
+
+
+Lo que he contado pasaba el 20 de mayo, si no me engaña la memoria.
+Poco a poco fuí avanzando en mi convalecencia, y en pocos días me
+hallé ya con fuerzas suficientes para levantarme y dar algunos paseos
+por los grandes corredores de la casa, pues la vivienda del Gran
+Capitán tenía como único desahogo el largo pasillo, en cuya pared se
+abrían hasta veinte puertas numeradas, albergues de otras tantas
+familias. Peor que mi cuerpo se hallaba mi alma, llena de turbaciones,
+de sobresaltos y congojas, tan apenada por terribles recuerdos como
+por angustiosas presunciones, de tal modo, que mi pensamiento corría
+de lo pasado a lo futuro alternativamente, buscando en vano un poco de
+paz.
+
+La muerte del cura de Aranjuez, sin dejar de formar en mi alma un gran
+vacío, me era menos sensible de lo que a primera vista pudiera
+parecer, porque conceptuándola yo como tránsito que había llevado un
+nuevo santo a las falanges del Paraíso, consideré a mi amigo en su
+verdadero lugar, y no tan lejos de nosotros que pudiera desampararnos
+si le invocábamos.
+
+En cuanto a Inés, no dudaba que existía en poder de alguien que la
+protegiera por encargo de los parientes de su madre; y aunque para
+esta creencia no tenía más dato que la relación del alucinado Juan de
+Dios, yo me confirmaba cada vez más en ella, fundándome en
+antecedentes que omito por ser de mis lectores conocidos, y en la
+sórdida avaricia del licenciado Lobo, carácter muy abonado para
+apoderarse de la joven y entregarla, mediante una buena recompensa, a
+quien deseaba poseerla.
+
+Todo mi afán consistía en restablecerme completamente para poder salir
+a la calle; y cuando lo conseguí, tuve el gusto de darme a conocer a
+todos mis amigos como un verdadero resucitado, o alma del otro mundo
+que vuelve con forma corporal a cobrar deudas atrasadas.
+
+No tendrán ustedes idea del aspecto que ofrecía entonces Madrid si no
+les digo que la gente toda andaba azorada y aturdida, a veces llena de
+miedo, a veces haciendo esfuerzos para disimular su alegría. El odio a
+los franceses no era odio: era un fanatismo de que no he conocido
+después ningún ejemplo; un sentimiento que ocupaba los corazones por
+entero sin dejar hueco para otro alguno; de modo que el amar a los
+semejantes, el amarse a sí mismo, y hasta me atrevo a decir el amar a
+Dios, se adaptaban y sometían como fenómenos secundarios al gran
+aborrecimiento que inspiraban los verdugos del pueblo de Madrid.
+
+A éstos se les veía solos en todos los sitios: su presencia hacía
+detener o apresurar a los transeúntes; y era tan extraordinario este
+desvío, que hasta parecían ellos mismos afectados de profundo pesar, y
+se les observaba taciturnos y foscos, sintiendo que el suelo les
+quemaba las plantas de los pies. Habían llenado de trincheras y
+baterías el Retiro, y para ver en todo su orgullo y presunción a los
+invasores, no había más que dirigir el paseo hacia Oriente, y se les
+encontraba en grandes grupos alrededor de las cantinas, o paseando por
+la carretera de Aragón. Ningún español se encaminaba hacia allí, a no
+ser los granujas, que, entonces como ahora, gustaban de meter las
+narices en todas partes. Llevado de mi curiosidad, me acerqué al
+Retiro, y también recorrí otros sitios hacia el Mediodía, igualmente
+ocupados como posiciones ventajosas.
+
+En el interior de Madrid las tiendas estaban desiertas, pues todas las
+personas que se juntaban para pedir o comunicar noticias se reunían en
+parajes ocultos, siendo de notar que ya entonces comenzaban a dar sus
+primeras señales de vida las sociedades secretas, aunque yo no vi
+ninguna, y digo esto sólo con referencia a vagos rumores. Como el afán
+por tener noticias relativas al levantamiento de las provincias era
+una fiebre de que no estaban exentos ni los niños, ni los ancianos, ni
+las mujeres, cuando se sabía que D. Fulano de Tal había recibido una
+carta de Andalucía, de Galicia o de Cataluña, la casa se llenaba de
+amigos, y hasta los desconocidos se permitían invadirla ruidosamente
+para no esperar a que se les contara el gran suceso. Sacábanse copias
+de las cartas que hablaban de la Junta de Sevilla y de la sublevación
+de las tropas de San Roque, y aquellas copias circulaban con una
+rapidez que envidiaría la moderna Prensa periódica.
+
+Todos los días y a todas horas se hablaba de los oficiales que habían
+huído de Madrid para unirse a los ejércitos de Cuesta o de Blake, y
+cuando se tropezaba con un militar o con algún joven paisano de buen
+porte y bríos, no se le hacia otra pregunta que ésta: «¿Usted cuándo
+se va?» Las familias de las víctimas se habían olvidado ya de rezar
+por los muertos, y pensaban en equipar a los vivos. Escaseaban los
+jornaleros y menestrales, porque de los barrios bajos partían
+diariamente muchos hombres a engrosar las partidas de Toledo y la
+Mancha; y a pesar de los brutales bandos del General francés, ni
+faltaban armas en las casas, ni los fugitivos partían con las manos
+vacías.
+
+Los invasores, que vigilaban el odio de la capital con la suspicacia
+medrosa del que ha padecido sus terribles efectos, no permitían,
+siendo tan grande su número y fuerza, que se manifestara lo que los
+madrileños pensaban y sentían; pero aun así, ¡cuántos cantares,
+cuantas jácaras, romances y décimas brotaron de improviso de la vena
+popular, ya amenazando con rencor, ya zahiriendo con picantes chistes
+a los que nadie conocía sino por el injurioso nombre de _la canalla_!
+
+En el fondo de aquella grande agitación, y entre tantos recelos, había
+un secreto júbilo, pues como un día y otro llegaban noticias de nuevos
+levantamientos, todos consideraban a los franceses como puestos en el
+vergonzoso trance de retirarse. Aquel júbilo, aquella confianza,
+aquella fe ciega en la superioridad de las heterogéneas y discordes
+fuerzas populares, aquel esperar siempre, aquel no creer en la
+derrota, aquel _no importa_ con que curaban el descalabro, fueron
+causa de la definitiva victoria en tan larga guerra, y bien puede
+decirse que la estrategia, la fuerza y la táctica, que son cosas
+humanas, no pueden ni podrán nunca nada contra el entusiasmo, que es
+divino.
+
+Como era natural, las noticias, del levantamiento se exageraban
+locamente, y el delirio popular veía miles de hombres donde no había
+sino centenares. Cuando las noticias venían de Bayona, eran objeto de
+sistemático desprecio, y las disposiciones del palacio de Marras, así
+como la convocatoria de irrisorias Cortes en la ciudad del Adour, y el
+pleito homenaje por algunos grandes tributado a Bonaparte, daban
+pábulo a sátiras sangrientas. Cuando alguno decía que vendría de rey a
+Madrid el hermano de Napoleón, daba pie para las más ingeniosas
+improvisaciones del género epigramático.
+
+Todas las tertulias, que entonces eran muchas, pues la sociedad no se
+desparramaba aún por los cafés, eran, digámoslo así, verdaderos clubs
+donde latía sorda y terrible la conspiración nacional. Se conspiraba
+con el deseo, con las noticias, con las sospechas, con las hipérboles,
+con las sátiras, con verdades y mentiras, con el llanto tributado a
+los muertos y las oraciones por el triunfo de los vivos.
+
+
+
+
+V
+
+
+Tal era Madrid a fines de mayo de 1808, antes de que sonaran los
+primeros cañonazos de Cabezón y los primeros tiros del Bruch. Dicho
+esto se me permitirá que hable un poco de mi persona, pues atendiendo
+a que la desgracia halla siempre eco en toda persona discreta y
+sensible, creo que no soy saco de paja a los ojos de mis lectores, y
+que algún interés les inspiran los penosos trances de mi borrascosa
+existencia. Necesito, además, explicar por qué causas emprendí mi
+viaje a Andalucía entre mayo y junio; y si de buenas a primeras me
+presentara camino de Despeñaperros en compañía del desconocido
+Santorcaz, ustedes no acertarían a explicarse ni los móviles de
+jornada tan peligrosa, ni mi repentino acomodamiento con aquel hombre
+singular.
+
+Es, pues, el caso que, no satisfecho con las noticias que acerca de
+Inés me dió Juan de Dios, traté de averiguar la verdad y tuve la feliz
+ocurrencia, mejor dicho, la inspiración, de presentarme en casa de la
+Marquesa, a quien no hallé; mas quiso la Divina Providencia que un
+criado, conocido mío desde la famosa noche de la representación, me
+saliera al encuentro, y después de mostrarse muy obsequioso,
+satisficiera mi curiosidad sobre aquel punto. Según me dijo, el mismo
+día 3 de mayo se presentó allí un hombre de antiparras verdes, el cual
+conducía dentro de una litera a cierta joven llorosa y al parecer
+enferma. No encontrando a la señora, preguntó por su hermano, con el
+cual hubo de conferenciar más de dos horas. Despidióse al cabo,
+dejando a la madamita en la casa.
+
+El hermano de la Sra. Marquesa, que no era otro que aquel festivo
+diplomático a quien conocimos en octubre de 1807, partió el día 4 para
+Córdoba a unirse con su hermana y sobrina, y, ¡cosa rara!--me dijo
+aquel curioso servidor--, se llevó consigo a la jovenzuela.
+
+--¿De suerte que ahora están todos en Córdoba?--le pregunté.
+
+--Sí, y según noticias, no piensan venir hasta que no se acaben estas
+cosas. Eso de la señorita que trajeron en la litera ha dado mucho que
+hablar a la servidumbre, y dice mi mujer..., pero más vale callar. El
+hombre aquél de las antiparras verdes había estado ya algunos días
+aquí, y unas veces la Sra. Condesa, otras su tía, le recibían. Mal
+hombre parece.
+
+--¿Y la joven no hizo resistencia cuando quisieron llevársela?
+
+--Si parecía muerta, ¿qué resistencia podía hacer? Como que tuvimos
+que cargarla entre dos para ponerla en el coche...
+
+Ignoro si esto que oí y puntualmente refiero llamará la atención de
+mis lectores; pero lo que sí les ha de causar sorpresa, ¡qué digo
+sorpresa!, asombro grandísimo, es el saber que me atreví a desafiar
+las iras del licenciado Lobo, del mismo Lobo de marras, no vacilando
+en arriesgarlo todo por esclarecer lo que tan hondamente me
+inquietaba. No queriendo aparecer ni aun en sombra por la aborrecida
+calle de la Sal, busquéle allá por la Alcaldía de Casa y Corte, donde
+con toda seguridad pensaba encontrarle, y al punto que me vió... No,
+no es verosímil, no lo van ustedes a creer. ¿Necesitaré jurarlo? Pues
+lo juro: juro que es la pura verdad. Pues bien: al pronto que me vió,
+echóme los brazos al cuello, demostrando gran interés por mi persona,
+y no sólo me pidió nuevas acerca de mi salud, sino que me rogó le
+contase algunos pormenores de mi fusilamiento y para él milagrosa
+resurrección.
+
+Quedéme atónito, aunque no tranquilo, presumiendo que tan desusadas
+blanduras serían obra de su refinada astucia y preparación de algún
+nuevo golpe contra mí; pero cuando le pregunté por el estado en que se
+hallaba el proceso célebre, respondióme que ya no se pensaba en tal
+cosa, porque como los franceses eran amigos del Príncipe de la Paz, no
+convenía molestar a los servidores y amigos de éste.
+
+--No quiero--añadió--que Su Alteza el Gran Duque se amosque. Aquello
+fué una broma, y de haberte prendido, al punto hubieras sido puesto en
+libertad. Pero di, picarón..., ¿conque tú eras galán de D.ª Inés?
+Cuéntame todo: ¿dónde la conociste? ¡Ah, bien comprendía Requejo que
+guardaba un tesoro en su casa! Yo lo sabía todo..., ¿y tú?; sospecho
+que también, perillán. Pero no sabías que a fines del mes de abril se
+acordó en consejo de familia recoger e identificar a esa jovencita
+para darle la posición que le corresponde. Como yo estaba al tanto de
+todo, y además tenía el honor de conocer a la Sra. Marquesa,
+comprometíme a entregarla, haciéndoles creer que había grandes
+dificultades para arrancarla del poder de los parientes de su supuesta
+madre. Hijo, es preciso hacer algo por la vida: considera que es uno
+un pobre, con mujer, nueve hijos, dos suegras y tres cuñadas; dos
+suegras, sí señor, la madre y la abuela de mi mujer, y si uno no se da
+maña para mantener a este familión... La verdad es que a todos les di
+cordelejo: a D. Mauro, al papanatas de Juan de Dios, y a ti mismo, que
+ahora resucitas para pedirme a Inés. ¿Pero la amabas tú? Anda,
+zanguango, cortéjala, a ver si logras casarte con ella, lo cual,
+aunque difícil, no es imposible...; la niña tendrá una dote regular, y
+quizás pueda heredar el mayorazgo y título, lo cual será, según el
+tenor de las escrituras... ¡Ah, pelafustán! Me parece que tú traes un
+proyectillo entre ceja y ceja. ¿Vas a Córdoba? Oye: recuerdo que la
+palomita te llamaba con exclamaciones muy tiernas, cuando medio muerta
+la conducíamos en la litera mi pasante y yo. ¡Ja, ja, ja! ¿Sabes de
+qué me río? De ese ganso de Juan de Dios, que estuvo aquí el otro
+día, y poniéndose de rodillas delante de mí, me dijo: «¡Déme usted a
+Inés, porque me muero sin ella! ¡Démela usted hoy y máteme mañana!»
+Fué una comedia, Gabriel, y aunque nos reímos mucho, al fin nos cansó
+tanto, que tuvimos que echarle a palos de la escribanía.
+
+Atención sostenida presté yo a estas y otras muchas razones del
+licenciado Lobo, el cual, para que nada faltara en su inexplicable
+benignidad y cortesanía, al tiempo de despedirme díjome que quizás
+pudiera proporcionarme algunas lecciones de latín, si me hallaba con
+ánimos, puesto que era tan gran humanista, de ganarme el pan con la
+enseñanza. Dile las gracias, y tan satisfecho me retiré del resultado
+de mis investigaciones, que el mismo día decidí marchar a Córdoba
+cuando estuviera restablecido.
+
+¿Me seguirán ustedes, o, fatigados de estas aventuras, dejarán que
+marche solo a resolver cuestiones que a nadie interesan más que al que
+esto escribe? No; espero que no nos separaremos tan a deshora, y
+cuando parece probable que, siguiéndome, asistan ustedes a algún
+espectáculo que les haga más llevadero el fastidio de mis personales
+narraciones. Vamos, pues, y tengan en cuenta que nos acompaña el Sr.
+de Santorcaz, a quien llevan al país andaluz asuntos de familia. Yo le
+manifesté que deseaba me llevase como escudero; mas él dijo que no
+tenía con qué pagar mis servicios, porque su bolsa no estaba en
+disposición de atender a gastos de servidumbre, y que harto se
+congratularía de llevarme como compañero y amigo. Así fué, en efecto;
+y como yo necesitara algunos días más de restablecimiento, él me
+esperó, y en uno de los últimos días de mayo o de los primeros de
+junio, luego que me despedí de mis obsequiosos protectores,
+correspondiéndoles como pude, y de Juan de Dios, a quien oculté el
+objeto de mi expedición, nos pusimos en marcha.
+
+
+
+
+VI
+
+
+Como Santorcaz era pobre, y yo más pobre todavía, nuestro viaje fué
+tan irregular, cual los que en antiguas novelas vemos descritos. No
+adoptamos sistemáticamente ninguna de las clases de incómodos
+vehículos conocidos en nuestra España; en varias ocasiones anduvimos
+en galera, otras en macho, si nos franqueaban sus caballerías los
+arrieros que tornaban a la Mancha de vacío, y las más veces a pie.
+Hacíamos noche en las posadas y ventas del camino, donde Santorcaz
+lucía su prodigiosa habilidad en el no gastar, logrando siempre que se
+le sirviese bien. Para estas y otras picardías, mi compañero se hacía
+pasar por un insigne personaje, mandándome que le llamase Excelencia y
+que me descubriese ante él siempre que nos mirara el mesonero. Yo lo
+cumplía puntualmente; y con tal artificio, más de una vez, además de
+no cobrarnos nada, salían a despedirnos humildemente, rogándonos que
+les dispensáramos el mal servicio.
+
+Más allá de Noblejas y Villarrubia de Santiago, y cuando después de
+una larga jornada sesteábamos, apartados del camino, junto a la ermita
+del _Santo Niño_, se nos agregó un mozo que nos dijo llevaba el mismo
+camino que nosotros y que desde entonces fué nuestro inseparable
+compañero. Tenía como veinte años, llamábase Andresillo Marijuán, y
+aunque era natural de Aragón, iba a servir de mozo de mulas a un
+pueblo de Andalucía, en casa de la condesa de Rumblar, su ama y
+señora, pues en las fincas que ésta poseía en tierra de Almunia de
+Doña Godina había nacido aquel mancebo. Al punto su genio franco y
+alegre simpatizó con el mío y nos hicimos muy amigos. Santorcaz nos
+trataba con superioridad, aunque sin tiranía. Cuando al llegar a una
+posada, cabalgando él en perverso macho y nosotros a pie, íbamos a
+tenerle el estribo y después a quitarle las espuelas, deshaciéndonos
+en cumplidos y cortesías, teníamos que apretar los dientes para no
+soltar la risa. Marijuán, que mejor que yo sabía fingir, era el
+encargado de ordenar al ventero que le diese al amo lo mejor de la
+despensa, porque Su Excelencia, que iba de Regente a Sevilla, era
+hombre terrible y castigaba con fiereza a los posaderos que no le
+servían bien.
+
+Así atravesamos la Mancha, triste y solitario país, donde el sol está
+en su reino y el hombre parece obra exclusiva del sol y del polvo;
+país entre todos famoso desde que el mundo entero hase acostumbrado a
+suponer la inmensidad de sus llanuras recorrida por el caballo de D.
+Quijote. En opinión general es la Mancha la más fea y la menos
+pintoresca de todas las tierras conocidas, y el viajero que viene hoy
+de la costa de Levante o de Andalucía, se aburre junto al ventanillo
+del vagón, anhelando que se acabe pronto aquella desnuda estepa, que
+como inmóvil y estancado mar de tierra, no ofrece a sus ojos
+accidente, ni sorpresa, ni variedad, ni recreo alguno. Ésto es lo
+cierto: la Mancha, si alguna belleza tiene, es la belleza de su
+conjunto, su propia desnudez y monotonía, que, si no distraen ni
+suspenden la imaginación, la dejan libre, dándole espacio y luz donde
+se precipite sin tropiezo alguno. La grandeza del pensamiento de D.
+Quijote no se comprende sino en la grandeza de la Mancha. En un país
+montuoso, fresco, verde, poblado de agradables sombras, con lindas
+casas, huertos floridos, luz templada y ambiente espeso, D. Quijote no
+hubiera podido existir y habría muerto en flor, tras la primera
+salida, sin asombrar al mundo con las grandes hazañas de la segunda.
+
+Don Quijote necesitaba aquel horizonte, aquel suelo sin caminos, y
+que, sin embargo, todo él es camino; aquella tierra sin direcciones,
+pues por ella se va a todas partes, sin ir determinadamente a ninguna;
+tierras surcadas por las veredas del acaso, de la aventura, y donde
+todo cuanto pase ha de pareer cobra de la casualidad o de los genios
+de la fábula; necesitaba de aquel sol que derrite los sesos y hace a
+los cuerdos locos; aquel campo sin fin donde se levanta el polvo de
+imaginarias batallas, produciendo, al transparentar de la luz,
+visiones de ejércitos de gigantes, de torres, de castillos; necesitaba
+aquella escasez de ciudades que hace más rara y extraordinaria la
+presencia de un hombre o de un animal; necesitaba aquel silencio
+cuando hay calma, y aquel desaforado rugir de los vientos cuando hay
+tempestad; calma y ruido que son igualmente tristes y extienden su
+tristeza a todo lo que pasa, de modo que si se encuentra un ser humano
+en aquellas soledades, al punto se le tiene por un desgraciado, un
+afligido, un menesteroso, un agraviado que anda buscando quien le
+ampare contra los opresores y tiranos; necesitaba, repito, aquella
+total ausencia de obras humanas que representen el positivismo, el
+sentido práctico, cortapisas de la imaginación, que la detendrían en
+su insensato vuelo; necesitaba, en fin, que el hombre no pusiera en
+aquellos campos más muestras de su industria y de su ciencia que los
+patriarcales molinos de viento, a los cuales sólo el lenguaje faltaría
+para ser colosos, inquietos y furibundos, que desde lejos llaman y
+espantan al viajero con sus gestos amenazadores.
+
+
+
+
+VII
+
+
+Así es la Mancha. Al atravesarla no podía menos de acordarme de D.
+Quijote, cuya lectura estaba fresca en mi imaginación. Durante
+nuestras jornadas nos aburríamos bastante, menos cuando Santorcaz nos
+contaba algún extraordinario suceso de los que en lejanos países había
+presenciado. Una vez nos dejó con la boca abierta contándonos la
+fiesta de la coronación de Bonaparte, con todos sus pelos y señales, y
+otra vez nos puso los cabellos de punta refiriendo la más famosa
+batalla de las muchas en que se había encontrado. Cuando lo contaba
+íbamos caballeros en sendos machos que nos facilitaron por poco dinero
+unos arrieros de Villarta, y no estoy seguro de si habíamos traspasado
+ya el término de Puerto Lápiche o íbamos a entrar en él. Lo que sí
+recuerdo es que por huir del calor emprendimos nuestra jornada mucho
+antes de la salida del sol, y que la noche estaba brumosa, el cielo
+encapotado y sombrío, la tierra húmeda a consecuencia del fuerte
+temporal de agua que descargara el día anterior.
+
+Debo indicar el paisaje que teníamos delante, porque no menos que la
+pintoresca relación de Santorcaz, contribuyó aquél a impresionar mis
+sentidos. El camino seguía en línea recta ante nosotros; a la
+izquierda elevábanse unos cerros cuyas suaves ondulaciones se perdían
+en el horizonte formando dilatadas curvas; en el fondo y muy lejos se
+alcanzaba a ver una colina más alta, en cuya falda parecían
+distinguirse las casas de un pueblo; a la derecha el suelo se extendía
+completamente llano, y en su inmensa costra la tarda corriente de un
+arroyo y el agua de la lluvia formaban multitud de pequeños charcos,
+cuyas superficies, iluminadas por la luna, ofrecían a la vista la
+engañosa perspectiva de una gran ciénaga o pantano. He hablado de la
+luna, y debo añadir que aquel astro, desfigurador de las cosas de la
+tierra, prestaba imponente solemnidad al desnudo y solitario paisaje,
+esclareciéndolo o dejándolo a obscuras alternativamente, según que
+daban paso o no a sus pálidos rayos los boquetes, desgarrones y
+acribilladuras de las nubes.
+
+Santorcaz, después de un rato de silencio y meditación, contuvo su
+cabalgadura, paróse en mitad del camino, y contemplando con cierto
+arrobamiento el horizonte lejano, las colinas de la izquierda y los
+charcos de la derecha, habló así:
+
+--Estoy asombrado, porque nunca he visto dos cosas que tanto se
+parezcan como este país a otro muy distante donde me encontraba hace
+tres años a esta misma hora, en la madrugada del 2 de diciembre. ¿Es
+mi imaginación la que me reproduce las formas de aquel célebre lugar,
+o por arte milagroso nos encontramos en él? Gabriel, ¿no hay enfrente
+y hacia la derecha unos grandes pantanos? ¿No se ven a la izquierda
+unos cerros que terminan en lo alto con un pequeño bosque? ¿No se
+eleva delante una colina en cuya falda blanquea un pueblecillo? Y
+aquellas torres que distingo al otro lado de dicha colina, ¿no son las
+del castillo de Austerlitz?
+
+Marijuán y yo nos reímos, diciéndole que se le quitaran de la cabeza
+tales cosas, y que si bien lo de los charcos era cierto, por allí no
+había ningún castillo de Terlin ni nada parecido. Pero él, poniendo
+al paso la cabalgadura y mandándonos que le siguiéramos uno a cada
+lado, continuó hablando así:
+
+--Muchachos, no puedo olvidar aquella célebre jornada, que llamamos de
+los Tres Emperadores, y que es sin duda la más sangrienta, la más
+gloriosa, la más hábil con que ha ilustrado su nombre el gran tirano,
+ese hombre casi divino, a quien ahora puedo nombrar a boca llena,
+porque no nos oyen más que el cielo y la tierra. Os contaré,
+muchachos, para que sepáis lo que es el hacha de la guerra en manos de
+ese leñador de Europa. Yo me hallaba en París sin recursos, después de
+haber sido sucesivamente maestro de latín, pintor de muestras, corista
+en Ventadour, espadachín, servidor de los emigrados de Coblentza,
+postillón de diligencias, carbonero y cajista de imprenta, cuando
+senté plaza en el ejército de Boulogne, destinado a dar un golpe de
+mano contra Inglaterra... Cuando el Emperador nos trasladó de
+improviso, sin revelar su pensamiento, al centro de Europa, estábamos
+un tanto amoscados, porque las violentas marchas nos mortificaban
+mucho, y como éramos unos zopencos, no comprendíamos los grandes
+planes de nuestro jefe. Pero después de la capitulación de Ulm, nos
+creíamos los primeros soldados del mundo, y al hablar de los prusianos
+y de los rusos, nos reíamos de ellos, juzgándoles hasta indignos de
+nuestras balas. Cuando pasamos el Inn, ya presumíamos que se
+preparaban grandes cosas; al internarnos en la Moravia, después de la
+acción de Hollabrünn, comprendimos que el ejército ruso-austriaco nos
+iba a presentar batalla formal. Lo que no estaba reservado a nuestras
+cabezas era el discurrir si tomaríamos la ofensiva o si operaríamos a
+la defensiva. Pero la gran cabeza, aquella que tiene un mechón en la
+frente y el rayo en el entrecejo, lo iba a decidir bien pronto.
+
+A este punto llegaba, cuando el camino por que marchábamos torció
+hacia la derecha, describiendo una gran vuelta, de modo que formaba
+ángulo recto con su primitiva dirección. Santorcaz, nuevamente
+alucinado con aquello que parecía para él extraordinaria coincidencia,
+prosiguió así:
+
+--¿Pero no es éste el camino de Olmutz? Gabriel, o esto es aquello
+mismo, o se le parece como una gota a otra gota. Mira, ahora tenemos
+enfrente los pantanos de Satzchan y a nuestra izquierda la colina de
+Pratzen. Mira hacia allá. ¿No se oye ruido de tambores? ¿No se ven
+algunas luces? Pues allí están los rusos y los austriacos. ¿Sabes cuál
+es su intención? Pues quieren cortarnos el camino de Viena, para lo
+cual tendrán que bajar de la colina de Pratzen y situarse entre
+nuestra derecha y los pantanos. ¡Mira si son estúpidos! Eso
+precisamente es lo que quiere el Emperador, y todo lo dispone de modo
+que parezca que nos retiramos hacia Viena. Figúrate que aquí está
+nuestro ejército, compuesto de setenta mil hombres, cuyo inmenso
+frente ocupan todas las colinas de la izquierda, el camino y parte de
+la llanura que hay a la derecha. El Emperador, después de llenarse las
+narices de tabaco, sale a media noche a recorrer el campo y observar
+los movimientos del enemigo. ¿Veis?; por allí va. ¿No se oyen las
+pisadas de su caballo y los gritos de entusiasmo con que le saludan
+los soldados? ¿No se ve el resplandor de las hogueras que encienden a
+su paso? ¿Pero ustedes no ven todo esto? ¡Bah! Es ilusión mía; pero de
+tal modo aviva mis recuerdos la similitud del paisaje, que me parece
+ver y oír lo que estoy contando... Pero querréis saber cómo fué que
+vencimos a los rusos y a los austriacos, y os lo voy a referir. Al
+amanecer, ¡oh, chiquillos!, los rusos bajaban maquinalmente por
+aquella alta colina de enfrente, con objeto de venir hacia nuestra
+derecha para cortarnos el camino. No olvidéis que aquí delante tenemos
+un arroyo que viene serpenteando de izquierda a derecha hasta perderse
+en los pantanos. El Emperador manda que la derecha pase el arroyo, y
+verificado esto, los rusos la atacan. El centro, mandado por Soult, y
+la izquierda por Lannes, ansiaba entrar en fuego; pero el Emperador
+contenía el ardor de aquellos generales, para aguardar a que los rusos
+acabasen de cometer el desatino de bajar de las alturas de Pratzen
+para meterse en la madre del arroyo de Golbasch. Os explicaré bien.
+Allá, en lontananza y al pie de la loma, están las aldeas de Telnitz y
+Sokolnitz...
+
+--Si aquí no hay tales aldeas, señor--interrumpió Marijuán, indócil a
+la mixtificación.
+
+--Necio, ¿querrás callar?--continuó el francmasón--. Yo sé lo que me
+digo, y es que todo el afán de Napoleón, después que vió bajar a los
+rusos, consistía en tomar aquellas aldeas para apoderarse luego de la
+loma que tenemos enfrente. ¿No le veis? Pues bien: los generales Soult
+y Lannes partieron al galope para dirigir las operaciones del centro y
+de la izquierda. Yo pertenecía al centro, y estaba en el 17.º de línea
+y a las órdenes de Vandamme. Avanzamos hacia el arroyo: ¿veis?, fuimos
+por aquí a toda prisa.
+
+-Si aquí no hay tal arroyo--dijo Marijuán, riendo--. Usted si que
+tiene la cabeza llena de arroyos y aldeas, y derechas e izquierdas.
+
+--Llegamos a la aldea de Telnitz y allí comenzó el ataque--continuó
+imperturbablemente Santorcaz--. En la loma quedaban todavía
+veintisiete batallones de infantería rusa y austriaca, mandados en
+persona por los dos Emperadores y por el General en Jefe ruso
+Kutusof.¡Ah, muchachos, si hubierais visto aquello! Mirad hacia
+enfrente, pues desde aquí se distingue muy bien la posición que
+respectivamente teníamos: ellos encima, nosotros debajo... Al
+principio nos acribillaban; pero Soult nos mandó subir a todo trance,
+y subimos desafiando la lluvia de balas. Para ayudarnos, el general
+Thiebault, de la división de Saint-Hilaire, refuerza nuestra derecha
+con doce piezas de artillería, que, bien disparadas, hacen grandes
+claros en las filas contrarias. Éstas tienen al fin que retroceder al
+otro lado de la loma. ¿Veis aquel repecho que hay a la izquierda? Pues
+allí fué el 17.º de línea. Piquemos nuestras cabalgaduras, y nos
+hallaremos en el mismo sitio. Estúpidos, ¿no os entusiasmáis con estas
+cosas? Mira, Gabriel, ya estamos subiendo: ésta es la loma que veíamos
+desde lejos; este repecho que miráis a la izquierda es el repecho de
+Estari-Winobradi, adonde el general Vandamme nos condujo. ¿Pero creéis
+que era cosa de juego? El repecho estaba defendido por numerosas
+tropas rusas y una formidable artillería. La cosa era peliaguda; pero
+cuando los generales dicen «Adelante, siempre adelante», no es posible
+resistir, y aunque del 17.º de línea no quedamos más que la tercera
+parte para contarlo, ayudados por el 24.º de ligeros tomamos al fin el
+repecho, apoderándonos de la artillería. Los rusos se desbandaron por
+el otro lado de la loma, dirigiéndose hacia aquel caserío que a lo
+lejos clarea, a la luz de la luna, y que no es otro que el castillo de
+Austerliz.
+
+Marijuán reventaba de hilaridad. Yo a mi vez no pude menos de hacer
+alguna observación al narrador, diciéndole:
+
+--Señor de Santorcaz, allá no se ve ningún castillo, como no sea que
+se le antoje fortaleza la cabaña de algún pastor de ovejas, únicos
+rusos que andan por estos lugares.
+
+--Tú si que no sabes lo que te dices--prosiguió Santorcaz, deteniendo
+su macho en medio del camino--. Os seguiré contando. Mientras los del
+centro hacíamos lo que habéis oído, allá por la izquierda, en esa
+tierra llana que tenemos a este lado, la caballería cargaba
+portentosamente al mando de Lannes y Murat. Francamente, rapaces, de
+esto poco os puedo hablar, porque caí herido: por un buen rato se me
+pusieron telarañas ante los ojos, y mis oídos no percibían sino un
+vago zumbido. Pero ahí, hacia la derecha, se remataba a los rusos y
+austriacos del modo más admirable. ¿No veis los pantanos de Satzchan?
+A lo lejos brilla su engañosa superficie; están helados, y los rusos,
+impelidos por Soult, se precipitan sobre ellos. En el acto, el
+Emperador manda que la artillería de la Guardia dispare algunos
+cañonazos sobre el hielo para que se hunda, y entre los desmenuzados
+cristales caen al agua dos mil rusos con sus cañones, caballos,
+pertrechos, armas, municiones y carros, precipitándose confusamente,
+sin que sus compañeros les prestaran socorro, porque no pensaban más
+que en huir, y huyendo se ahogaban, y quedándose morían barridos por
+la metralla francesa. ¡Qué espantoso desastre para aquella pobre
+gente, y qué gran victoria para nosotros! Estábamos locos de
+entusiasmo. ¡Pero qué veo! Gabriel, y tú, Marijuán, ¿no os
+entusiasmáis? Sois unos gaznápiros. Aquello fué prodigioso. Sólo
+entramos en fuego cuarenta mil hombres, y merced a las hábiles
+disposiciones del gran tirano, derrotamos a noventa mil aliados,
+matándoles o ahogando quince mil, cogiendo veinte mil prisioneros y
+ciento veinte cañones. ¿No había motivo para que nos volviéramos
+locos con nuestro jefe? ¡Ah, muchachos, si hubierais estado allí
+cuando recorrió el campo de batalla mandando recoger los heridos! Creo
+que hasta los muertos se levantaban para gritar «¡Viva el Emperador!»,
+y cuando a la noche siguiente encendimos una gran hoguera en este
+mismo sitio donde ahora estamos, y vino él a situarse allí enfrente
+para recibir al Emperador de Austria, parecía un dios rodeado de
+aureola de fuego y teniendo al alcance de su mano los rayos con que
+destruía tronos y reyes, imperios y coronas.
+
+Marijuán y yo nos reíamos; pero pronto nos fué forzoso disimular
+nuestra hilaridad, porque habiendo preguntado el joven aragonés con
+mucha sorna que cuál fué la ventaja sacada de tal lucha, Santorcaz se
+amoscó, y amenazando castigarnos si no nos entusiasmábamos como él,
+nos dijo:
+
+--Mentecatos, podencos, ¿acaso la paz y Tratado de Presburgo es paja?
+Prusia quedó aliada de Francia, perdiendo Austria el apoyo de su
+hermana. Austria abandonó a Francia el Estado de Venecia y cedió el
+Tirol a Baviera, reconociendo al mismo tiempo la soberanía de los
+electores de Baviera, Wurtemberg y Baden, después de pagar a Francia
+cuarenta millones de indemnización de guerra. Al mismo tiempo, pedazos
+de alcornoque, por el Tratado de Schöenbrunn, Francia cedió a Prusia
+el Hannover, Prusia a Baviera el marquesado de Anspach y a Francia el
+principado de Neufchâtel y el ducado de Cleves.
+
+Marijuán y yo volvimos a mirarnos y nos volvimos a reír, lo cual,
+advertido por Santorcaz, fué causa de que éste nos sacudiera un par de
+latigazos que, a ser repetidos, nos habrían obligado a defendernos,
+haciendo allí mismo un segundo Austerlitz. Más bien estábamos para
+burlas que para veras, y Marijuán especialmente no dejaba pasar
+coyuntura en que pudiera zaherir a nuestro compañero. Como acertáramos
+a encontrar un rebaño de ovejas y cabras, dijo el aragonés:
+
+--Apartémonos aquí junto al charco para ver de derrotar a estos
+austriacos y rusiacos, que vienen mandados por el tío Parranclof,
+emperador del Zurrón y rey de los guarros, y subamos a la loma de la
+Panza para quitarles la artillería y hacerles meter en el castillo.
+
+Yo en tanto, acordándome de D. Quijote, contemplaba el cielo, en cuyo
+sombrío fondo las pardas y desgarradas nubes, tan pronto negras como
+radiantes de luz, dibujaban mil figuras de colosal tamaño, con esa
+expresión que, sin dejar de ser cercana a la caricatura, tiene no sé
+qué sello de solemne y pavorosa grandeza. Fuera por efecto de lo que
+acababa de oír, fuera simplemente que mi fantasía se hallase por sí
+dispuesta a la alucinación, que siempre produce un bello espectáculo
+en la solitaria y muda noche, lo cierto es que vi en aquellas
+irregulares manchas del cielo veloces escuadrones que corrían de Norte
+a Sur, y en su revuelta masa las cabezas de los caballos y sus
+poderosos pechos, pasando unos delante de otros, ya negros, ya
+blancos, como disputándose el mayor avance de la carrera. Las
+recortaduras, varias hasta lo infinito, de las nubes hacían visajes de
+distintas formas: vi colosales sombreros o morriones con plumas,
+penachos, bandas, picos, testuces, colas, crines, garzotas; aquí y
+allí se alzaban manos con sables y fusiles, banderas con águilas,
+picas, lanzas, que corrían sin cesar; y al fin, en medio de toda esa
+baraúnda, se me figuró que aquellas mil formas se deshacían, y que las
+nubes se conglomeraban para formar un inmenso sombrero apuntado de dos
+candiles, bajo el cual los difuminados resplandores de la luna como
+que bosquejaban una cara redonda y hundida entre altas solapas, desde
+las cuales se extendía un largo brazo negro, señalando con insistente
+fijeza el horizonte.
+
+Yo contemplaba esto, preguntándome si la terrible imagen estaba
+realmente ante mis ojos, o dentro de ellos, cuando Santorcaz exclamó
+de improviso:
+
+--¡Miradle, miradle allí! ¿Le veis? ¡Estúpidos! ¡Y queréis luchar con
+este rayo de la guerra, con este enviado de Dios que viene a
+transformar a los pueblos!
+
+--¡Sí, allí lo veo!--exclamó Marijuán, riendo a carcajadas--. Es D.
+Quijote de la Mancha que viene en su caballo, y tras él Sancho Panza
+en burro. Déjenlo venir, que ahora le aguarda la gran paliza.
+
+Las nubes se movieron, y todo se tornó en caricatura.
+
+
+
+
+VIII
+
+
+El sol no tardó en salir, aclarando el país y haciendo ver que no
+estábamos en Moravia, como vamos de Brunn a Olmutz, sino en la Mancha,
+célebre tierra española.
+
+El pueblo donde paramos a eso de las ocho de la mañana era Villarta; y
+dejando allí nuestros machos, tomamos unas galeras que en nueve horas
+nos hicieron recorrer las cinco leguas que hay desde aquel pueblo a
+Manzanares: ¡tal era la rapidez de los vehículos en aquellos felices
+tiempos! Cuando entrábamos en esta villa al caer de la tarde,
+distinguimos a lo lejos una gran polvareda, levantada al parecer por
+la marcha de un ejército, y dejando los perezosos carros, entramos a
+pie en el pueblo para llegar más pronto, y saber qué tropas eran
+aquéllas y adónde iban.
+
+Allí supimos que eran las del general Ligier-Belair, que iba en
+auxilio del destacamento de Santa Cruz de Mudela, sorprendido y
+derrotado el día anterior por los habitantes de esta villa. En la de
+Manzanares reinaba gran inquietud; y una vez que los franceses
+desaparecieron, ocupábanse todos en armarse para acudir a socorrer a
+los de Valdepeñas, punto donde se creía próximo un reñido combate.
+Dormimos en Manzanares, y al siguiente día, no encontrando ni
+cabalgaduras ni carro alguno, partimos a pie para la venta de la
+Consolación, donde nos detuvimos a oír las estupendas nuevas que allí
+se referían.
+
+Transitaban constantemente por el camino paisanos armados con
+escopetas y garrotes, todos muy decididos, y según la muchedumbre de
+gente que hacia Valdepeñas acudía, en Manzanares y en los pueblos
+vecinos de Membrilla y la Solana no debían de quedar más que las
+mujeres y los niños, porque hasta los inútiles viejos acudían a la
+guerra. Por último, resolvimos asistir nosotros también al espectáculo
+que se preparaba en la vecina villa, y poniéndonos en marcha, pronto
+recorrimos las dos leguas de camino llano. Mucho antes de llegar
+divisamos una gran columna de humo que el viento difundía en el cielo.
+La villa de Valdepeñas ardía por los cuatro costados.
+
+Apretando el paso, oímos ya cerca del pueblo prolongado rumor de
+voces, algunos tiros de fusil, pero no descargas de artillería. Bien
+pronto nos fué imposible seguir por el arrecife, porque la retaguardia
+francesa nos lo impedía, y siguiendo el ejemplo de los demás paisanos,
+nos apartamos del camino, corriendo por entre viñas y sembrados, sin
+poder acercarnos a la villa. En esto vimos que la caballería francesa
+se retiraba del pueblo, ocupando el llano que hay a la izquierda, y al
+mismo tiempo el incendio tomaba tales proporciones, que Valdepeñas
+parecía un inmenso horno. Los gritos, los quejidos, las imprecaciones
+que salían de aquel infierno llenaban de espanto el ánimo más
+esforzado.
+
+Al punto comprendimos que el interior del pueblo se defendía
+heroicamente y que el plan de los franceses consistía en apoderarse de
+los extremos, incendiando todas las casas que no pudiera ocupar. De
+vez en cuando, un estruendo espantoso indicaba que alguno de los
+endebles edificios de adobes había venido al suelo, y el polvo se
+confundía en los aires con el humo. Los escombros sofocaban
+momentáneamente el fuego; pero éste surgía con más fuerza, cundiendo a
+las casas inmediatas. Al fin pareció que todo iba a cesar, y, según
+dijeron los que estaban cerca, habían salido del pueblo algunos
+hombres a conferenciar con el General francés. Mucho tiempo debieron
+de durar las conferencias, porque no vimos que éstos se retiraran ni
+que concluyese el ruido y algazara en el interior; pero al cabo de
+largo rato un movimiento general de la multitud nos indicó que algo
+importante ocurría. En efecto; los franceses, replegando sus caballos
+en la calzada, retrocedían hacia Manzanares.
+
+Cuando entramos en Valdepeñas, el espectáculo de la población era
+horroroso. Parece increíble que los hombres tengan en sus manos
+instrumentos capaces de destruir en pocas horas las obras de la
+paciencia, de la laboriosidad, del interés, fuerzas acumuladas por el
+brazo trabajador de los años y los siglos. La calle Real, la más
+grande de aquella villa, y como si dijéramos la columna vertebral que
+sirve a las otras de engaste y punto de partida, estaba materialmente
+cubierta de jinetes franceses y de caballos. Aunque la mayor parte
+eran cadáveres, había muchos gravemente heridos que pugnaban por
+levantarse; pero clavándose de nuevo en las agudas puntas del suelo,
+volvían a caer. Sabido es que bajo las arenas que artificiosamente
+cubrían el pavimento de la vía, el suelo estaba erizado de clavos y
+picos de hierro, de tal modo que la caballería iba tropezando y
+cayendo conforme entraba para no levantarse más.
+
+A la calle se habían arrojado cuantos objetos mortíferos se creyeron
+convenientes para hostilizar a los dragones, y aun después del combate
+surcaban la arena turbios arroyos de agua hirviendo, que, mezclada con
+la sangre, producía sofocante y horrible vapor. En algunas ventanas
+vimos cadáveres que pendían con medio cuerpo fuera, apretando aún en
+sus crispados dedos la hoz o el trabuco. En el interior de las casas
+que no eran presa de las llamas, el espectáculo era más lastimoso,
+porque no sólo los hombres, sino las mujeres y niños, aparecían
+cosidos a bayonetazos en las cuevas, y si se trataba de entrar en
+alguna casa, por dar auxilio a los heridos que lo habían menester, era
+preciso salir a toda prisa, abandonándoles a su desgraciada suerte,
+porque el fuego, no saciado con devorar la habitación cercana,
+penetraba en aquélla con furia irresistible.
+
+En resumen: franceses y españoles se habían destrozado unos a otros
+con implacable saña; pero al fin aquéllos creyeron prudente retirarse,
+como lo hicieron, no parando hasta Madridejos. Cuando Santorcaz,
+Marijuán y yo seguimos nuestra marcha para hacer noche en Santa Cruz
+de Mudela, el espíritu de los valerosos paisanos de Valdepeñas no
+había decaído, y tratando de reparar los estragos de aquella
+sangrienta jornada, parecían capaces de repetirla al siguiente día.
+
+De lejos y al caer de la tarde distinguíamos la columna de humo
+cubriendo el cielo de vagabundas y sombrías ráfagas, y el aragonés y
+yo no pudimos menos de maldecir en voz alta y expresivamente al tirano
+invasor de España. Contra lo que esperábamos, Santorcaz no nos
+contestó una palabra, y seguía su camino profundamente pensativo.
+
+
+
+
+IX
+
+
+Al pasar la tierra, me reconocí completamente sano de mi anterior
+enfermedad. La influencia sin duda de aquel hermoso país, el vivo sol,
+el viaje, el ejercicio, equilibraron al punto las fuerzas de mi
+cuerpo, y respiraba con desahogo, andaba con soltura, sin sentir
+malestar alguno en mis heridas. Todo rastro de dolor o debilidad
+desapareció, y me encontré más fuerte que nunca. Nada de particular
+hallamos durante nuestro tránsito por las nuevas poblaciones, a no ser
+la inquietud alarmante y los preparativos de defensa. En La Carolina y
+en Santa Elena escaseaban mucho los hombres, porque la mayor parte
+habían ido a incorporarse a la legión formada por D. Pedro Agustín de
+Echevarri, partida cuya base fueron los valerosos contrabandistas del
+país. Quedaba, no obstante, en los desfiladeros de Despeñaperros
+bastante gente para detener todos o la mayor parte de los correos, y
+en varios puntos, apostadas las mujeres o los chiquillos en lo
+escabroso de aquellas angosturas, avisaban la proximidad del convoy
+para que luego cayeran sobre él los hombres. También advertimos gran
+abandono en los primeros campos de pan que se ofrecieron a nuestra
+vista, y en algunos sitios las mujeres se ocupaban en segar a toda
+prisa los trigos todavía lejos de sazón. Cerca de Guarromán vimos
+grandes sementeras quemadas, señal de que había comenzado allí su
+oficio la horrible tea del invasor.
+
+Hasta entonces no había ocurrido ninguna colisión sangrienta entre
+imperiales y andaluces. Éstos, al ver que de improviso, por entre los
+romeros y lentiscos de la sierra, desfilaban aquellos soldados de la
+fábula, tan hermosos y al mismo tiempo tan justamente engreídos de su
+valor, no volvieron de su asombro sino cuando los vieron desaparecer
+camino de Córdoba, y sólo entonces, sintiendo requemadas sus mejillas
+por generosa vergüenza, cayeron en la cuenta de que el suelo patrio no
+debía ser hollado por extranjeras botas. Los franceses encontraron el
+país tranquilo, y creyeron llegar felizmente a Cádiz; pero bajo las
+herraduras de sus caballos iba naciendo la hierba de la insurrección.
+Aquellos corceles no eran como el de Atila, que imprimía sello de
+muerte a la tierra, sino que, por el contrario, sus pisadas, como un
+toque de rebato, iban despertando a los hombres y convocándoles detrás
+de sí.
+
+Llegamos por último a Bailén, y explicaré por qué nos detuvimos en
+esta villa algunos días. Allí residía el ama de Marijuán, quien al
+presentarse a ella nos rogó que le acompañásemos, y esta apreciable
+señora, que era doña María Castro de Oro de Afán de Ribera, condesa de
+Rumblar, nos recibió con tanto agasajo, nos ponderó de tal modo la
+ruindad de las posadas y ventas de la villa, que no tuvimos por
+conveniente hacernos de rogar y aceptamos la hospitalidad que se nos
+ofrecía. La casa era grandísima y no faltaba hueco para nosotros, ni
+tampoco excelente comida y bebida de lo más selecto de Montilla y
+Aguilar.
+
+--A estas horas--nos dijo la Condesa--los franceses deben haber
+empeñado una acción con el ejército de paisanos que dicen salió de
+Córdoba para defender el paso del puente de Alcolea. Si ganan los
+españoles, los franceses retrocederán hacia Andújar, y como han de
+estar muy rabiosos, cometerán mil atrocidades en el camino. No
+conviene que salgan ustedes de aquí, a no ser que tengan intención,
+como mi hijo, de incorporarse al ejército que se está formando en
+Utrera.
+
+No eran necesarias tantas razones para convencernos. Nos quedamos,
+pues, en la ilustre casa; y ahora, señores míos, con todo reposo voy a
+contaros puntualmente lo que recuerdo de aquella mansión y de sus
+esclarecidos habitantes, destinados a figurar bastante en la historia
+que voy refiriendo.
+
+El palacio de Rumblar era un caserón del siglo pasado, de feísimo
+aspecto en su exterior, pero con todas las comodidades interiores que
+alcanzaban los tiempos. Las altas paredes de ladrillo; las rejas
+enmohecidas y rematadas en cruces; los dos escudos de piedra obscura
+que ocupaban las enjutas de la puerta, cuyo marco apainelado y con
+vuelta de cordel parecía remontarse a fecha más antigua que el resto
+de la casa; las dos ventanas angreladas junto a un mirador moderno; el
+farol sostenido por pesada armadura de hierro dulce, en cuyo centro se
+retorcían algunas letras iniciales y una corona dibujadas con las
+vueltas del lingote; las guarniciones jalbegadas alrededor de los
+huecos; los pequeños vidrios, las celosías, y la diversidad y variedad
+de aberturas practicadas en el muro, según las exigencias del
+interior, le asemejaban a todas las antiguas mansiones de nuestros
+grandes, bastante desprendidos siempre para gastar en la fábrica de
+los conventos el gusto y el dinero que exigían las fachadas de sus
+palacios. Por dentro resplandecía el blanco aseo de las casas de
+Andalucía. Tenía gran sala baja, capilla, patio con flores,
+habitaciones con zócalo de azulejos amarillos y verdes; puertas de
+pino, lustradas y chapeadas; gran número de arcones, muchas obras de
+talla, cuadros viejos y nuevos, algunas jaulas de pájaros, finísimas
+esteras, y, sobre todo, una tranquilidad, un reposo y plácido silencio
+que convidaban a residir largo tiempo en aquella mansión.
+
+Hablemos ahora de la familia de Afán de Ribera, o Perafán de Ribera,
+que en esto no están acordes los cronistas. Ocupará el primer lugar en
+esta enumeración reverente la señora Condesa viuda D.ª María Castro de
+Oro de Afán, etc., aragonesa de nacimiento, la cual era de lo más
+severo, venerando y solemne que ha existido en el mundo. Parecía mayor
+de cincuenta años, y era alta, gruesa, arrogante, varonil, usaba para
+leer sus libros devotos o las cuentas de la casa, unos grandes
+espejuelos engastados en gruesa armazón de plata, y vestía
+constantemente de negro, con traje que a las mil maravillas a su cara
+y figura convenía. Aquélla y ésta eran de las que tienen el privilegio
+de no ser nunca olvidadas, pues su curva nariz, sus cabellos
+entrecanos, su barba echada hacia afuera, y la despejada y correcta
+superficie de su hermosa frente, hacían de ella un tipo cual no he
+visto otro. Era la imagen del respeto antiguo, conservada para educar
+a las presentes generaciones.
+
+Tendrá el segundo lugar su hijo, joven de veinte años, niño aún por
+sus hábitos, su lenguaje, sus juegos y su escasa ciencia. Era el único
+varón, y, por tanto, el mayorazgo de aquella noble casa, cuyo origen,
+como el del majestuoso Guadalquivir, se remontaba a las fragosidades
+de la Sierra de Cazorla, donde los primeros Afán de Ribera hicieron no
+sé qué hazañas durante la conquista de Jaén. El joven D. Diego
+Hipólito Félix de Cantalicio había sido educado conforme a sus altos
+destinos en el mundo, bajo la dirección de un ayo, de que después
+hablaremos, y aunque era voluntarioso y propenso a sacudir el
+cascarón de la niñez, arrastrando por el polvo de la travesura juvenil
+el purpúreo manto de la primogenitura, su madre le tenía metido en un
+puño, como suele decirse, y ejercía sobre él todos los rigores de su
+carácter. Verdad es que el muchacho, con su instinto y buen ingenio,
+había descubierto un medio habilísimo para atacar la severidad
+materna; y era que cuando su ayo o la Condesa no le hacían el gusto en
+alguna cosa, poníase los puños en los ojos, comenzaba a regar con
+pueriles lágrimas los veinte años de su cuerpo, y exclamaba: «Señora
+madre, yo me quiero meter fraile.» Estas palabras, esta resolución del
+muchachuelo, que de ser llevada adelante troncharía implacablemente el
+frondoso árbol mayorazguil, difundía el pánico por todos los ámbitos
+de la casa. Procuraban todos aplacarle, y la madre decía: «No seas
+loco, hijo mío. Vaya, puedes montarte a caballo en la viga del patio,
+y te permito que le pongas al gato las cáscaras de nuez en sus cuatro
+patitas.»
+
+A estos dos personajes seguirán forzosamente las dos hijas de la
+Marquesa: dos pimpollos, dos flores de Andalucía, lindas, modestas,
+pequeñas, frescas, sonrosadas, alegres, sin pretensiones, a pesar de
+su nobleza, rezadoras de noche y cantadoras por la mañana; dos
+avecillas que encantaban la vista con el aleteo de su inocente
+frivolidad y de cierta ingenua coquetería, de ellas mismas ignorada.
+Eran pequeñas como el resedá; pero como el resedá tenían la seducción
+de un aroma que se anuncia desde lejos, pues al sentirles los pasos se
+alegraba uno, y su proximidad era aspirada con delicia. Asunción y
+Presentación eran dos angelitos con quienes se deseaba jugar para
+verles reír, y para reírse uno mismo del grave gesto con que
+enmascaraban sus lindas facciones cuando su madre les mandaba estar
+serias. La de menor edad era destinada al claustro, y mientras
+acariciaba D.ª María la grandiosa idea de ponerla en las Huelgas de
+Burgos, se acordó que tomara las lecciones necesarias para ser
+doctora, por lo cual el ayo de su hermano había empezado a enseñarle
+la primera declinación latina, que aprendió en un periquete,
+encontrando aquello muy bonito. La primera, esto es, Asunción, no
+tenía necesidad de aprender nada, porque era destinada al matrimonio.
+
+Y, por último, no quiero dejar en la obscuridad al ayo del joven D.
+Diego. Llamábanle comúnmente D. Paco, y era un varón de gran sencillez
+y moderación en sus costumbres, aunque algo pedante. Estaba él
+convencido de que sabía latín, y citaba a veces los autores más
+célebres, aplicándoles lo que estos desgraciados no pensaron nunca en
+decir. ¡A tales imputaciones calumniosas está expuesta la celebridad!
+También se preciaba D. Paco de enseñar a sus discípulos acertadamente
+la historia antigua y moderna, aunque sabemos por documentos de
+autenticidad incontestable, que en sus explicaciones nunca pasó más
+acá del arca de Noé. Era, sí, muy fuerte en la vida de Alejandro el
+Grande, y podemos asegurar que poseía en altísimo grado un arte que no
+a todos los mortales es dado cultivar con regular acierto. Don Paco
+era un gran pendolista, que pudiera competir con esos colosos de la
+Caligrafía: Torío el Sublime y Palomares el Divino, y hasta con el
+moderno Iturzaeta; habilidad que en parte había transmitido a su
+discípulo, pues las planas del heredero de Rumblar llenaban de admiración
+al señor Obispo de Guadix cuando iba a pasar unos días en la casa.
+Además, D. Paco era un hombre excelente, y temblaba de miedo delante de
+la Condesa cuando ésta le achacaba las faltas del niño. Vestía de negro,
+siempre en traje ceremonioso, aunque no nuevo, usando asimismo peluca
+blanca, rematada en descomunal bolsa. A los forasteros huéspedes nos
+trataba con mucha dulzura; porque «la hospitalidad--decía--fué don
+particular de los pueblos antiguos, y debe ser practicada por los
+presentes para enseñanza de los venideros».
+
+
+
+
+X
+
+
+El patrimonio de aquella casa era bueno, aunque muy inferior al de
+otras familias de Andalucía y de Castilla; pero contaba la Condesa con
+que sería de los primeros de España luego que su hijo heredara el
+mayorazgo de unos parientes por línea colateral, que carecían de
+sucesión directa. Para facilitar esto, D.ª María concibió un proyecto
+gigantesco, del cual dependía, como el lector verá, la perpetuidad de
+aquella casa y solar ilustre por el largo discurso de los siglos;
+trató de casar a su hijo con una hembra de la familia de aquellos sus
+parientes, a la sazón poseedores del mayorazgo, y residentes en
+Córdoba, aunque su habitual morada era Madrid. No era obstáculo para
+esto la niñez, más bien moral que física, de D. Diego, pues siendo
+entonces costumbre emparentar lo más pronto posible a los mayorazgos,
+los casaban fresquitos y antes que tuvieran tiempo de asomar las
+narices por las rendijas de la puerta del mundo, donde, al decir de D.
+Paco, no había sino perdición y desvanecimiento para la juventud,
+porque las dulzuras de la copa de los placeres duraban breves
+instantes, mientras que sus amargas heces trascendían por luengos
+años.
+
+Pero alguien hubo de producir trastorno en los planes sabiamente
+trazados por D.ª María y sus ilustres primas; desconcertólos Napoleón,
+Emperador de los franceses, al poner sus ojos en esta joya del
+continente y al invadirla. La guerra, aquella santa guerra de que no
+nos muestra otro ejemplo la Historia en tiempos cercanos, obligó a
+suspender este como otros proyectos, y D.ª María, aragonesa y muy
+patriota, hubo de llamar a D. Diego, y desde lo alto de su sitial le
+aterró con estas palabras, confiadas después a mi discreción por D.
+Paco:
+
+--Hijo mío, mucho te quiero. Tu muerte no sólo nos mataría de pena,
+sino que aniquilaría nuestra casa y linaje. Eres mi único varón, eres
+el alma de esta casa, y, sin embargo, es preciso que vayas a la
+guerra. Sangre valerosa corre por tus venas, y estoy bien segura de
+que a pesar de tus pocos años dejarás en buen lugar el nombre que
+llevas. Todos los jóvenes se deben a su rey y a su patria en estos
+terribles días en que un miserable extranjero se atreve a conquistar a
+España. Hijo mío, mucho te amo; pero prefiero verte muerto en los
+campos de batalla y pisoteado por los caballos franceses a que se diga
+que el hijo del conde de Rumblar no disparó un tiro en defensa de su
+patria. Los hijos de todas las familias nobles de Andalucía se han
+alistado ya en el ejército de Castaños; tú irás también, con una
+escolta de criados, que armaré y mantendré a mis expensas mientras
+dure la guerra.
+
+Al decir esto, la marmórea cara de D.ª María no se inmutó; pero
+Asunción y Presentación lloraron a moco y baba. El joven palpitó de
+entusiasmo al tomar parte en un juego que no conocía, y que, visto de
+lejos, es muy bonito.
+
+Nosotros llegamos precisamente cuando se estaban haciendo los
+preparativos y el equipo de guerra del mayorazgo. Todos trabajaban en
+aquella casa, y no eran las menos atareadas las hermanitas del Sr.
+Conde, porque a más de la delicadísima ropa blanca que con sus propias
+manos y bajo la inspección de su madre aparejaron, poniéndola con
+mucho orden en las gruperas, se ocupaban a toda prisa en arreglar unos
+muy lindos escapularios, no sólo para él, sino para todos los de la
+comitiva.
+
+No sé qué aquellos preparativos tenían de semejante con los que se
+hacen para mandar a un chico al colegio; verdad es que nada hay tan
+instructivo y despabilador como un campamento, y por eso decía D. Paco
+que la guerra es maestra del ingenio y domeñadora de las
+impetuosidades juveniles.
+
+Marijuán fué destinado a acompañar al señorito. Con él y otros criados
+formóse una legioncilla de cinco hombres; mas sabedora doña María de
+que otros jóvenes de familias ricas de Baeza, Bujalance y Andújar
+habían llevado hasta diez, mandó que se aumentara aquel número,
+fijándose al instante en Santorcaz y en mí. Se nos ofrecía una peseta
+diaria, además de lo que cayera si volvíamos con vida y salud. Mi
+compañero y yo nos miramos, consultando con elocuente silencio el
+aspecto de nuestras respectivas fachas. Hallábamonos ambos muy
+derrotados; y con aquella escrutadora penetración que da la carencia
+de posibles, cada cual conoció la escualidez y vanidad de la bolsa del
+otro. Santorcaz opinó que yo debía aceptar el enganche, y yo fuí del
+mismo dictamen respecto a mi amigo; D.ª María ofreció equiparnos,
+mudando nuestras ropas por otras nuevas y mejores, y además
+comprometíase a mantener por algún tiempo a los que ya comenzaban a
+tener dudas acerca del pan que comerían al llegar a Córdoba. No
+vacilamos, y henos convertidos en soldados de caballería, prontos a
+incorporarnos al reducido, pero brillante ejército de San Roque.
+Comprendí que aquél era mi destino, y que para el fin que a Córdoba me
+llevaba, más me convenía penetrar en esta ciudad como soldado obscuro
+que como desalmado y andrajoso vagabundo. Santorcaz se decidió después
+de meditarlo mucho, dando paseos en la habitación donde se nos había
+albergado. Una vez resuelto a ello, pareció muy alegre y le oí
+pronunciar algunas palabras que me demostraron la agitación de su alma
+por causas para mí desconocidas entonces. Luego expuso a D.ª María que
+no partiría de Bailén hasta no recibir unas cartas que esperaba de
+Córdoba y de Madrid, relativas a sus intereses, a lo cual accedió la
+señora, diciéndole que permaneciese en la casa hasta cuando quisiera,
+con la condición de incorporarse después a la escolta de D. Diego si
+ésta salía antes.
+
+No tardó mucho el día de la partida. El joven mayorazgo estaba vestido
+del modo siguiente: una ancha faja de seda color de amaranto le ceñía
+el cuerpo; sus calzones de ante se ataban bajo la rodilla, y sobre las
+medias de seda llevaba gruesas botas de cordobán con espuelas de
+plata. El marsellés de paño pardo fino con adornos rojos y azules daba
+singular elegancia a su cuerpo, así como el ladeado sombrero
+portugués, con moña de felpa negra y cordón de oro. Guarnecía su
+cintura sobre el fajín lo que llamaban charpa, y era un ancho cinturón
+de cuero con diversos compartimientos ocupados por dos pistolas, un
+puñal y un cuchillo de monte, de modo que llevaba el niño en los lomos
+un completo arsenal, propio para hacer frente a todas las
+circunstancias imaginables.
+
+Ocupábanse la madre y las hijas en arreglar los últimos pormenores
+del vestido, ésta cosiendo el postrer botón, aquélla poniendo un
+alfiler a la cinta del sombrero, la otra calzando la espuela al mozo,
+cuando D.ª María dijo con la viveza propia del que recuerda de
+improviso la cosa mas importante:
+
+--Falta lo principal: falta la espada.
+
+Al punto las miradas de todos fijáronse con cierto respeto en un
+venerable armario de añejo roble que en el testero principal de la
+habitación desde largos años existía. Acercóse a él la Sra. Condesa, y
+abriéndolo, sacó una espada larguísima, con su vaina y tahalí, las
+tres piezas muy marcadas con el sello de honrosa antigüedad.
+Desenvainó el acero la propia D.ª María con gesto majestuoso, aunque
+sin ninguna afectación de brío varonil, y luego que lo hubo
+contemplado un instante, volvió a meterlo en la vaina, entregándolo
+después a su hijo. Era una hermosa hoja toledana de cuatro mesas y de
+una vara y seis pulgadas de largo. En la cazoleta o taza cabía
+holgadamente un azumbre, y sus gavilanes nielados de oro, lo mismo que
+el arriaz, daban aspecto artístico y lujoso a la empuñadura. Tenía en
+las dos fachadas del puño el escudo de los Rumblares, y en el pomo una
+cabeza con la empresa del armero toledado Sebastián Hernández. En la
+hoja, algo roñosa, se podía deletrear, aunque con trabajo, la
+inscripción grabada en uno de sus lados: _Pro Fide et Patria, Pro
+Christo et Patria, Pro Aris et Focis, Inter Arma silent Leges_.
+
+Colgóse al cinto esta poderosa ilustre tizona el joven D. Diego, para
+cuyas manos era peso exorbitante; mas él, orgulloso de llevarlo, hizo
+un gesto poco favorable a los propósitos del invasor de España, y se
+preparó a salir. Prorrumpieron en copioso llanto Asunción y
+Presentación, lo cual dió al traste con la forzada entereza del
+Condesito, destinado a ser el terror de la Francia, y pasando de los
+pucheros a los hipidos, y de los hipidos a una violenta explosión de
+lágrimas, atronó la casa por espacio de un cuarto de hora. Ni por esas
+perdió D.ª María su serenidad, hablando a su hijo de asuntos extraños
+a la guerra.
+
+--Lo primero que has de hacer cuando llegues a Córdoba es visitar a
+mis primas y entregarles estas cartas. Mira, aquí van las señas de su
+palacio. Harto sentimos que no pueda celebrarse la boda concertada;
+pero Dios lo quiere así, y la patria es lo primero. Algún día será. Di
+a esas señoras que si vuelven pronto a Madrid, no les perdono que
+pasen sin detenerse algunos días en ésta su casa.
+
+Luego, tomando distinto tono, habló así:
+
+--_Hijo mío, cuidado con lo que haces. Observa la mejor conducta: mira
+que vas a combatir al enemigo y a defender la Religión, la Patria, el
+Estado y el Rey. Si cobarde vuelves la espalda, no vuelvas jamás a mi
+casa, ni te acuerdes nunca de tu madre, ni cuentes ya con su tierno
+cariño... Su indignación, su aborrecimiento eterno: he aquí la
+recompensa que te aguarda_.
+
+He subrayado estas palabras porque son puntualmente históricas:
+constan en papeles impresos de aquel tiempo, que puedo mostrar al que
+verlos desee. La mujer que los pronunciara (pues no fué D.ª María, y
+el atribuirlo a ésta es de mi exclusiva responsabilidad) añadió lo
+siguiente, dirigiéndose a otras madres que despedían a sus hijos en
+las puertas del pueblo:
+
+--_Compañeras, si en las batallas llegan a morir todos los hombres,
+triunfaremos nosotras_.[1]
+
+Salimos de la casa, tomando cada cual la cabalgadura que se le había
+destinado, juntamente con un sable y dos pistolas. El bagaje se
+repartió entre todos. Un criado antiguo se había encargado del dinero,
+otro llevaba las ropas del señorito; Marijuán llenaba sus alforjas con
+abundantes provisiones, y en mi grupera pusimos varios encargos y las
+cartas que D. Diego debía entregar en Córdoba. Cuando yo las acomodaba
+en mi equipaje, pude ver de soslayo los sobres, y me quedé frío de
+sorpresa y casi diré de terror: leí los nombres de Amaranta, de la
+Marquesa su tía y del señor diplomático.
+
+Santorcaz, que aún no había recibido lo que aguardaba, se quedó,
+prometiendo juntarse con nosotros al día siguiente o a los dos días.
+Yo lo vi muy pensativo y tétrico, las manos a la espalda, paseando por
+el portal de la casa cuando salíamos de ella. Hasta fuera de la villa
+fué en nuestra compañía D. Paco, el cual recordaba a su discípulo las
+máximas de Alejandro sobre la guerra, recomendándole una y otra vez
+que las pusiera en práctica al pelear contra los franceses, y que
+cuidase de sostener siempre el orden oblicuo, disponiendo una segunda
+línea para asegurar las espaldas y los flancos, «porque a
+esto--decía--debió el gran Macedonio que siempre quedaran victoriosas
+sus difalangarquías y tetrafalangarquías».
+
+Con tan sabía máxima, que el heredero de Rumblar juró cumplir al pie
+de la letra, despidióse D. Paco, y seguimos nuestra marcha muy
+contentos. No tomamos el camino real desde Bailén a Córdoba por no
+tropezar con la retaguardia del general Dupont, o con los muchos
+destacamentos que había dejado en todos los pueblos, y en vez de las
+diez y ocho leguas y media de que consta aquella vía, tuvimos que
+andar unas veinticuatro, pues en nuestro rodeo fuimos a Menjíbar;
+desde allí, por Torre Jimeno, siguiendo un detestable camino de
+herradura, pasamos a Martos, y de Martos, por Alcaudete y Baena,
+fuimos a buscar en Castro del Río la margen derecha del Guadajoz, que
+nos condujo a las inmediaciones da Córdoba.
+
+Al salir de Bailén supimos la derrota de los paisanos y soldados de
+regimientos provinciales en el puente de Alcolea, y en Alcaudete nos
+dieron otra terrible noticia, referente a la entrada de los franceses
+en Córdoba y al saqueo de aquella hermosa ciudad. Esto y el encuentro
+de algunos dispersos de la partida de Echevarri nos inclinó a tomar el
+camino de Écija; pero el día 16 supimos que los franceses habían
+evacuado a Córdoba; y adoptando nuestro primitivo itinerario,
+divisamos en la mañana del 18 un inmenso caserío blanco, que destacaba
+sobre el verde azul de la lejana sierra infinidad de torres,
+minaretes, espadañas y cimborrios.
+
+
+#Nota a pie de página:#
+
+[1] Esto pasó en Mérida en 23 de junio.
+
+
+
+
+XI
+
+
+Córdoba, la ciudad de Abdherranmán; la Meca de Occidente, la que fué
+maestra del género humano, la vieja andaluza, que aún se engalana con
+algunos restos de su antigua grandeza; todavía hermosa, a pesar de los
+siglos guerreros que han pasado por ella; ya sin Zahara, sin
+academias, sin pensiles, sin aquellas doscientas mil casas de que
+hablan los cronistas árabes; sin califa, sin sabios, pero orgullosa
+aún de su mezquita-catedral, la de las ochocientas columnas; triste y
+religiosa, habiendo substituído el bullicio de sus bazares con el
+culto de sus sesenta iglesias y sus cuarenta conventos; siempre
+poética y no menos rica en la decadencia cristiana que en el apogeo
+musulmán; ciudad que hasta en los más pequeños accidentes lleva el
+sello de los siglos; tortuosa, arrugada, defendiéndose de la luz como
+si quisiera ocultar su vejez; escondida en sus interiores, donde
+guarda innumerables maravillas, y siempre asustada al paso del
+transeúnte; protectora de los enamorados, para quienes ha hecho sus
+mil rejas y ha obscurecido sus calles; devota y coqueta a la vez,
+porque cubre con sus joyas las imágenes sagradas, y se engalana y
+perfuma aún con los jazmines de sus patios... Tal era la ciudad que
+había estado entregada por tres días a la brutal codicia de los
+soldados de Dupont. Este desgraciado caudillo, que desde entonces
+comenzó a sentir la indecisión y el aturdimiento que le acompañaron
+hasta capitular, temeroso de ser sorprendido allí por las tropas de
+Castaños, se retiró el 16 de junio, dirigiéndose a Andújar, desde
+donde pidió refuerzos a Madrid.
+
+El 18 entramos nosotros en la ciudad saqueada, aún llena de mortal
+espanto. Aún no había sido lavada la sangre que manchaba sus calles,
+ni sabían exactamente los cordobeses a ciencia cierta el dinero y
+cantidad de alhajas que les habían robado. Antes que en contar lo que
+les quedaba pensaron en armarse, y si antes habían ido a la lucha los
+campesinos, siguiendo a los regimientos provinciales y las milicias
+urbanas, después del saqueo todas las clases de la sociedad se
+apercibieron para lo que más que la guerra era un ciego plan de
+exterminio, pues no se decía _vamos a la guerra_, sino a _matar
+franceses_.
+
+Desde que entré en la desgraciada ciudad, a la emoción producida por
+el espectáculo del reciente desastre se agregaba la que yo sentía por
+asuntos de mi propia cuenta, y por la supuesta proximidad a quien era
+el faro de mi vida. Así es que luego que el Conde y los de la comitiva
+nos arreglamos en una de las mejores posadas, salí con objeto de
+buscar la casa de la Sra. Amaranta y de su tía, lo cual érame
+sumamente fácil, por haber visto los sobrescritos de las cartas que
+traíamos para aquellas personas. Las doce serían cuando llegué a la
+calle de la Espartería, donde era la residencia de la tía de Amaranta.
+En lo sucesivo, y para evitar confusiones, ya que no puedo nombrarla
+con su verdadero nombre, usaré el título convencional de marquesa de
+Leiva.
+
+Cuando di los primeros aldabonazos en la puerta, parecíame que
+golpeaba en mi propio corazón. ¿Estaría allí Inés? ¿Estaría allí, ya
+olvidada de que antes existiera en el mundo un chico llamado Gabriel,
+arcabuceado por los franceses? Y si estaba y de improviso me veía, ¿no
+era posible que se me presentara deslumbrada por los esplendores de su
+nueva posición, y que a la palidez de la primera sorpresa sucediera en
+su rostro el rubor de haberme amado? ¿Se acercaba el momento de que yo
+cayese de la inconmensurable altura de mi fatuidad amorosa,
+encontrando una sonrisa de desdén y la mano de un criado que me
+pusiera en la calle? ¿Por ventura el trance que me esperaba era
+hermano gemelo de aquella otra gran caída ocurrida en El Escorial,
+cuando por el favor de Amaranta soñaba con los primeros puestos de la
+nación? ¿Bajaría mi alma desde príncipe a lacayo, como poco antes bajó
+mi ambición?
+
+Abrióme la puerta un criado conocido, a quien rogué me llevase a
+presencia de mi antigua ama la Sra. Condesa. Mientras atravesábamos el
+patio, buscaba afanosamente algún objeto que me indicase la proximidad
+de Inés. Como olfatea el perro el rastro de su amo, así aspiraba yo
+las emanaciones de la casa buscando el aire que había sido aliento de
+aquella naturaleza querida. No oí su voz, ni sentí sus pasos, ni ví
+cosa alguna que tuviera las huellas de su mano. A mí se me antojaba
+que en cualquier objeto podía notar un sello especial que indicara
+pertenecerle. Pero en nada de lo que vieron mis ojos encontré la
+huella indefinible que debía tener todo aquello en que Inés pusiera
+los suyos. Esto se comprende y no se explica. El corazón es el único
+adivino, y el mío me dijo que Inés no estaba allí.
+
+El patio era fresco y risueño, como todos los de las buenas casas de
+Andalucía. Entre los jazmines reales, que abrazándose a una columna
+ostentaban sus mil florecillas llenas del perfume más grato a los
+enamorados; entre los naranjos de la China, graciosas miniaturas del
+naranjo común; entre los rosales de la tierra y esos claveles
+indígenas, cuya imperial hermosura no ha logrado eclipsar ninguna de
+las elegantes flores modernas; entre los tiestos de reseda, de
+mejorana, de albahaca y de sándalo, saltaban los chorros de una fuente
+habladora, con cuyo monólogo se concertaba el canto de algunos pájaros
+prisioneros en doradas jaulas. El pavimento era de mármol y los
+zócalos de azulejos; sobre éstos, y cubriendo gran parte de la pared,
+había cuadros al óleo de aquella escuela andaluza que ha llevado a los
+lienzos el tono caliente de la tierra, la esplendidez de la inflamada
+atmósfera y la agraciada melancolía de los semblantes.
+
+Afortunadamente para mí, Amaranta se dignó recibirme. Estaba en una
+sala baja, fresca y obscura, y cuando yo entré se ocupaba en armar
+unas flores de altar. ¿Se había entregado a la devoción? Vestía
+completamente de blanco, y a la exigencia de la moda se unía el rigor
+de la estación para que aquel ligero traje fuera nada más que lo
+absolutamente necesario para cubrir su hermoso cuerpo. Entonces, entre
+las miradas de fuera y el pudor interno no se ponía tan gran baluarte
+de telas como se pone hoy.
+
+Abrumadoramente hermosa estaba, y sus ojos negros, que eran, como otra
+vez he dicho, los primeros ojos del mundo, es decir, los Bonapartes de
+la mirada humana, conquistaban al punto todo aquello a que dirigían su
+pupila. Sentí en su presencia mucha cortedad, gran turbación; sentíme
+sin ideas y sin palabra.
+
+--¿Qué vienes a buscar aquí?--me dijo.
+
+--Señora, he venido a Córdoba para afiliarme en el ejército del
+general Castaños, y sabiendo que Su Excelencia y apreciable familia
+estaban en esta población, he querido visitar a mi antigua y querida
+ama.
+
+--Eres tan hipócrita como intrigantuelo y trapisondista--repuso entre
+severa y amable.
+
+--¿Conque me tienes ley? ¿Por qué te portaste tan mal
+conmigo?
+
+--Señora--exclamé, haciendo aspavientos de respeto--. ¡Yo portarme
+mal! ¡Si no podré olvidar nunca lo bien que estaba al servicio de Su
+Excelencia!
+
+--¿Quieres ser otra vez mi criado?--me preguntó.
+
+Esta proposición cayó sobre mí como un rayo. Pensé en Inés, en el
+repentino engrandecimiento de la que había juzgado compañera de mi
+existencia, y al considerarme criado de aquella casa, temblé de
+indignación.
+
+--No, señora, no quiero servir más. Soy soldado--repuse--. Sin
+embargo, estoy a las órdenes de Vuecencia para lo que guste mandarme.
+
+--¿Conque soldado? ¿Y vas a la guerra? Dentro de un mes serás
+general--dijo con punzante ironía.
+
+--No aspiro a tanto. Quiero servir a mi país y nada más. Con tal de
+que mañana pueda decir: «Contribuí a echar de España a la canalla»,
+quedaré satisfecho.
+
+--¿Y crees que España podrá echar fuera a la canalla? ¡Ah!, yo no
+participo de la ilusión de esta buena gente. ¿Qué pasó el día 9 en el
+puente de Alcolea? Aquellos pobres paisanos a quienes no se puede
+negar el valor, huyeron ante las tropas disciplinadas del general
+Dupont. En Córdoba tampoco se les opuso resistencia, y ¡qué horror,
+Dios mío! ¡Qué tres días de angustia! Todos creíamos que los franceses
+entrarían con bandera de paz, porque la gente de Echevarri abandonó la
+ciudad, y los de aquí no trataban de hacer resistencia. Llegaron los
+franceses a la Puerta Nueva, y mientras las autoridades hablaban con
+ellos para darles entrada, de una casa cercana salieron algunos tiros.
+Furiosos los enemigos, después de derribar a cañonazos la puerta,
+desparramáronse por las calles de Córdoba, asesinando a cuantos se
+encontraban al paso y metiéndose en las casas para coger cuanto había.
+No puedes figurarte lo que era aquello. Mudos de espanto y ansiedad
+estábamos todos aquí, atento el oído a los rumores de la calle, cuando
+sentimos que las puertas caían a golpes, y penetraba aquella
+soldadesca bestial, diciendo que se les entregasen todos los objetos
+de valor. El miedo nos impidió andar en contestaciones con ellos, y al
+punto les dimos alhajas, dinero, plata de mesa y cuanto había,
+deseando que se lo llevasen todo de una vez para no escuchar sus
+insultos. Mas luego bajaron a la bodega, sedientos de vino; no
+contentos con echar fuera las cubas pequeñas, bebían en las llaves de
+las pipas grandes, y dejándolas luego abiertas, corría el Montilla de
+setenta y cinco años, inundando las cuevas. Uno de aquellos salvajes
+pereció ahogado en vino. Pero al fin se fueron de casa sin cometer
+atrocidades de otra clase y nos vimos libres de semejante chusma. En
+otras partes los horrores no pueden contarse. Robaron todo el dinero
+de la Administración, toda la plata de los conventos, los vasos
+sagrados, los cálices, las custodias, las alhajas de las imágenes;
+penetraron también en los conventos de frailes, muchos de los cuales
+murieron asesinados; convirtieron en lupanar la iglesia de Fuensanta,
+y por tres días Córdoba no fué una ciudad, fué un infierno, porque
+todos los demonios, todas las maldades, sacrilegios y abominaciones
+cayeron sobre ella. Por las calles se les encontraba borrachos, llenos
+de inmundicia y revolcándose en el lodo, engullendo vorazmente la
+comida que sacaban a viva fuerza de las casas. Los generales
+franceses, avergonzados de tanta bajeza, querían someterlos a palos;
+pero fué preciso emplear mucho rigor, y algunos hubieron de ser
+fusilados para que entraran en razón los demás. Por último, saliendo
+de Córdoba para Andújar, esos cafres nos han dejado en paz por algún
+tiempo. ¡Qué espantoso estado el de España! Y lo peor es que
+sucumbirá. ¡Qué días terribles nos aguardan! Quisiera yo tener las
+ilusiones de esta gente, y creer, que como ellos creen, que con unas
+cuantas batallas ganadas por nosotros..., y por cierto que no sé cómo
+será eso de ganar batallas, sin ejército, ni generales, ni dinero, ni
+nada..., que con unas cuantas batallas se va a concluir todo
+felizmente. Hay quien sueña con ir a Francia, después de echar a los
+franceses, y traerse a Napoleón con un grillete al pie. ¡Dios quiera
+que no perezcamos todos! ¡Dios nos dé valor para resistir la tormenta
+que se nos viene encima!... Aquí vivimos sin saber a qué santo
+encomendarnos. Casi no nos tratamos con nadie, y si tememos que
+Francia nos tome por exaltadas patriotas, más nos duele que los
+vecinos nos crean afrancesadas. Quisiéramos estar bien con todos y que
+ni unos ni otros nos molestaran... Pero qué sé yo...; creo
+difícil... ¿Y en Madrid qué tal se vive?
+
+--¿Piensa Usía volver a la Corte?
+
+--¡Oh!, sí... Pensamos marcharnos pronto, porque nos llama un asunto
+en que está interesada toda la familia. A ser por mí, ya estaríamos
+allá. No puedo vivir en Córdoba, y menos en el estado actual de la
+guerra. Esto no es vivir. Si en Madrid no hubiese tranquilidad, nos
+iríamos a Bayona con toda la familia.
+
+--¿Y ninguna de las personas de esta casa fué maltratada por la
+soldadesca francesa?--pregunté, deseando saber qué personas había en
+la casa.
+
+--Ninguna; sólo mi tío el Marqués tuvo una contusión en la cabeza;
+pero recibióla al esconderse debajo de una cama, y lo hizo con tanto
+ímpetu, que se dió un golpe muy fuerte contra el suelo. Un amigo de
+casa, que nos visita todos los días, D. José María de Malespina,
+también recibió un ligero rasguño en la mano derecha al ocultarse
+detrás de un armario.
+
+--¿Y las señoras? Oí decir que una sobrinita de la Sra. Marquesa... o
+sobrinita de Su Excelencia, no estoy bien seguro, había venido de
+Madrid con objeto de acompañarlas.
+
+--No--contestó Amaranta, mirando al suelo.
+
+--Pues entonces lo confundo yo con otra cosa. Paréceme que en Madrid
+lo oí decir al señor licenciado Lobo, aquel famoso escribano...; pero
+no, seguramente se equivocó.
+
+--¿Conoces tú al Sr. de Lobo?--me preguntó con inquietud.
+
+--Ya lo creo; somos muy amigos. Le conocí cuando yo servía en casa de
+D. Mauro Requejo..., y por cierto que el señor licenciado y yo tuvimos
+una cuestión con motivo de cierta jovencita..., una infeliz, señora,
+una desgraciada chiquilla, huérfana de padre y madre.
+
+--A ver, cuéntame eso.
+
+--Pues los Sres. de Requejo, que eran dos puerco-espines martirizaban
+a la damisela. Yo tenía lástima de ella y quise sacarla de allí...,
+pero me fusilaron los franceses.
+
+--¡Te fusilaron!
+
+--Sí, señora, y el Sr. de Lobo...; pues..., lo cierto fué que la niña
+desapareció.
+
+--Ya... Cuéntamelo todo.
+
+Con el mayor afán, con el interés más grande que durante mi vida he
+sentido por cosa alguna, empezaba yo a contar a la Condesa lo que
+sabía, cuando la entrada de dos personas me interrumpió.
+
+Eran el diplomático y D. José María de Malespina, aquél por tantos
+títulos famoso, aunque retirado, coronel de Artillería, de quien hablé
+cuando lo de Trafalgar. El primero me reconoció y tuvo la bondad de
+dirigirme algunas bromas.
+
+
+
+
+XII
+
+
+--Sobrina--dijo el Marqués--, pronto tendremos aquí las tropas de
+Castaños. ¿Sabes lo que ahora le decía al Sr. de Malespina? Pues le
+decía que si la Junta de Sevilla me comisionara para entrar en
+negociaciones con los franceses, tal vez lograría poner fin a esta
+desastrosa guerra.
+
+--¿Qué negociaciones ni qué ocho cuartos?--dijo con desprecio
+Malespina--. ¡Oh! ¡Si la Junta de Sevilla siguiera el plan que imaginé
+estos días. Mientras no demos a la artillería el lugar que le
+corresponde no es posible alcanzar ventaja alguna. Mis recientes
+estudios sobre cyclodiatomía y capóltica me han hecho descubrir
+importantes principios que ahora debieran llevarse a la práctica.
+
+--Reniego de la ciencia que inventa medios de destrucción--declaró con
+gesto elocuente el Marqués--. Por las vías diplomáticas pudieran las
+naciones resolver todas sus querellas. ¡La guerra! ¿De qué sirve la
+guerra? ¿Vale la pena de que perezcan miles de seres humanos por una
+cuestión que podría arreglarse con un pedazo de papel y una pluma
+mojada en tinta, puesta en manos de alguna persona que yo me sé?
+
+--Hombre de Dios, sin la guerra, ¿qué sería del mundo? Y sobre todo,
+¿qué sería del mundo sin la artillería? Montecúculi dice que las
+batallas «dan y quitan las coronas, concluyen las guerras e
+inmortalizan al vencedor».
+
+--¡Sangre y luto y desolación! Pero no disputemos sobre el volcán,
+amigo. La guerra es un mal, y existe hoy entre nosotros. Lo que
+conviene es buscar alianzas en Europa. Por eso, desde que llegué a
+Andalucía, sugerí a la Junta Suprema la idea de pedir auxilio a
+Inglaterra. ¡Magnífico pensamiento, que ni a Saavedra ni al P. Gil se
+les había ocurrido.
+
+--¡Y usted se atribuye la invención!--dijo con sorna Malespina--.
+Pero, hombre de Dios, si los asturianos fueron los primeros que en tal
+cosa pensaron, y desde el 30 de mayo salieron de Gijón mis
+queridísimos amigos D. Andrés Ángel de la Vega y el vizconde de
+Matarrosa, hijo del conde de Toreno... ¡Bah, bah!... Estos
+diplomáticos han perdido la chaveta. Nada, amigo mío: yo le dije al P.
+Gil que cuidara de aumentar la artillería, adoptando los adelantos que
+yo quiero introducir en el arma. Pues qué, ¿cree usted que Napoleón no
+tiene noticia de ellos? Yo he descubierto que antes de invadir a
+España mandó una Comisión secreta para que averiguara si estaba yo
+aquí. Como entonces mi familia hizo correr la voz de que yo había
+pasado a América, Napoleón dijo: «Pues no hay cuidado ninguno», y
+ordenó la invasión. Ya, ya me conoce de antiguo.
+
+--¡Qué vanaglorioso es usted!--dijo el diplomático, superando en
+fatuidad a su amigo--. Eso lo dice usted por obligarme a hablar, por
+obligarme a que revele... No: es secreto de Estado, del cual quizás
+depende la paz de España y de Europa; no saldrá de mis labios, ni soy
+hombre que cede fácilmente a las sugestiones de la imprudente
+amistad.
+
+--Todo eso es pura farsa. Sepamos de una vez esos secretos.
+
+--¡Farsa!--exclamó con enojo el diplomático--. Pero ya comprendo el
+juego. Lo mismo hace mi sobrina cuando quiere obligarme a que revele
+los secretos de Estado. No: callaré, callaré, aunque usted me insulte,
+aunque usted aparente dudar de mi veracidad para que la indignación me
+haga romper el silencio. ¡Pues qué!, si yo dijera que un elevado
+personaje, el más poderoso que hoy existe en el mundo, se decidió al
+fin a transigir conmigo, después de una enemistad que data de la paz
+de Luneville; si yo dijera que los preliminares de negociación que
+entablé para evitar a España los horrores de la guerra comenzaban a
+dar resultado, cuando algunos hombres pérfidos, ¡ah!..., si yo dijera
+esto... Pero no: mi sobrina me mira como para incitarme a seguir
+hablando, y usted, Sr. de Malespina, me mira también... Mas no: punto
+en boca, y cesen las impertinentes preguntas que en vano amenazan el
+inexpugnable alcázar de mi discreción.
+
+--Todo eso es pura fábula--afirmó D. José María con desenfado--.
+Aborrezco la falsedad y la jactancia, pues soy hombre que se dejaría
+matar antes que decir una palabra contraria a la rigurosa verdad. Por
+tanto, basta de fingidas diplomacias y de tratados que no han existido
+sino en la cabeza de usted. En estos momentos seamos soldados, y
+dejemos a un lado los protocolos. Veremos si ahora, cuando en Bayona
+se sepa que yo sigo en España y que no pienso partir a las Américas,
+se retiran los franceses de nuestro país, porque..., francamente...,
+Napoleón me conoce.
+
+--¡Hombre, eso es demasiado fuerte!--exclamó el diplomático, soltando
+la risa--. Conque Napoleón...
+
+--No extraño esas risas--dijo muy amoscado el artillero--. ¿Qué ha de
+hacer quien no conoce el peligro personal? ¿Qué ha de hacer un hombre
+que cuando entraron los franceses a saquear esta casa, se escondió
+debajo de la cama?
+
+--Yo...--contestó con turbación el Marqués--si penetré en aquel
+apartado sitio, bien saben todos la causa, que no fué miedo ni mucho
+menos. En aquel instante me ocupaba mentalmente en buscar los términos
+más propios de un arreglo y transacción con aquella gente, y como el
+ruido no me dejaba pensar, busqué la soledad de aquel lugar recogido y
+pacífico, donde sin estorbo pudiera entregarme a mis cavilaciones. Lo
+incomprensible es que un militar viejo como usted buscase asilo detrás
+de un armario mientras los franceses insultaban a las señoras.
+
+--Nada, lo que he dicho siempre--repuso Malespina--. Es inútil esperar
+que los profanos hagan nunca justicia a las combinaciones de la
+ciencia. Todo lo ven bajo el aspecto vulgar, y lanzan al público las
+acusaciones más irreverentes. Hombre de Dios, ¿necesitaré decir que,
+convencido desde el principio de la imposibilidad de establecer en el
+patio un campo atrincherado, tuve que retirarme a esta sala, y apoyar
+mi centro de retaguardia en aquel armario, para operar con el ala
+derecha? Viendo que se acercaban con ímpetu formidable los franceses,
+hice un movimiento envolvente sobre mi ala izquierda, y me metí tras
+el armario, dirigiendo el raso de metales de la terrible arma de fuego
+que llevaba en mi bolsillo hacia el marco de la puerta, para que la
+trayectoria fuese directamente al patio. El enemigo, al ver mi
+actitud, retrocedió lleno de espanto, y he aquí cómo sin efusión de
+sangre se les obligó a la retirada.
+
+Amaranta no podía contener la risa oyendo la disputa entre los dos
+vejetes. Antes de que ésta concluyera, entró la de Leiva y dijo:
+
+--Acaba de llegar la _Gaceta Ministerial de Sevilla_. Creo que hoy
+trae la noticia de que ha muerto Napoleón.
+
+--¡Jesús! ¿Qué dice usted?
+
+--¿Dónde está, dónde está esa _Gaceta_?
+
+Al punto corrieron el Marqués y D. José María a la habitación
+inmediata. La Marquesa, que no había parado mientes en mi persona
+aunque le hice reverencias muy profundas, acercóse a su sobrina, y
+mostrándole un medallón que en la mano traía, le dijo:
+
+¿Te gusta? ¿No es verdad que está parecido? El pintor ha hecho un
+hermoso retrato.
+
+--Está muy bonito y se parece mucho--dijo mi antigua señora--. Veremos
+qué le parece a ese barbilindo cuando lo vea.
+
+--Es extraño que no haya llegado ya. Su madre me decía que para el 12
+pasaría por aquí.
+
+El diplomático y Malespina aparecieron de nuevo, trayendo cada cual
+una hoja de papel impreso.
+
+--Efectivamente, aquí está en letras de molde--dijo con grandes
+aspavientos el diplomático, preparándose a leer--. Oigan ustedes:
+«Madrid, 6 de junio. El descontento de las tropas enemigas parece
+general, y corre muy válida la voz de que en Bayona hay insurrección,
+y de que el Emperador está oculto, añadiendo algunos que herido.»
+
+--Hombre, eso es importantísimo--dijo Malespina--, aunque no me coge
+de nuevo, porque ya tenía noticias detalladas de este suceso.
+
+--¿Que los franceses se sublevan contra Bonaparte?--dijo la
+Marquesa--. Dios les habrá tocado el corazón.
+
+--Pero oigan ustedes estotra noticia--añadió el artillero--: «Toledo,
+4. Dícese que cerca de Gallur los franceses han sido derrotados por
+Palafox, dejando en el campo de batalla 12.000 muertos y un número
+infinito de heridos. Los españoles les tomaron 48 cañones y 12
+águilas.»
+
+--¡Hombre, magnífica victoria!--exclamó el diplomático--. ¿Pero qué
+dice aquí? ¡Oh, ésta sí que es gorda!: «Reus, 8 de junio. Aquí se
+habla de la muerte de Josef Napoleón, de los varios partidos que
+dividen la Francia y de la sublevación del Rosellón. Si estas noticias
+salen ciertas, podemos asegurar que llegó ya el día de la venganza y
+de la libertad de España.»
+
+--Vienen muy satisfactorios estos dos números de la _Gaceta_--dijo
+Amaranta.
+
+--Ya sabía yo todo eso--afirmó con aplomo el Marqués--. ¡Pero qué veo,
+santos cielos! Este sí que es notición. Oigan todos, oiga usted, Sr.
+D. José María: «Valencia, 10 de junio. El ejército de Duhesme ha sido
+derrotado. Corren voces de que el castillo de Figueras está en nuestro
+poder; se repite la noticia del levantamiento del Rosellón y de la
+indignación con que ha visto toda la Francia la conducta de su
+Emperador con la España.»
+
+Los sueltos que oí leer en aquella ocasión pueden verse en la _Gaceta
+Ministerial de Sevilla_, periódico oficial de la Junta Suprema. En sus
+breves columnas se insertaban diariamente despachos y noticias que
+remitían de todas partes... Dictábalas el entusiasmo y las devoraba
+la credulidad, y como nadie las discutía, el efecto era inmenso. Según
+la _Gaceta Ministerial_, todos los días era derrotado un ejército
+francés, y todos los días ocurría en Francia una insurrección para
+destronar al azotador de Europa. ¡Ah!, entonces corrían unas bolas,
+junto a las cuales son flor de cantueso las equivocaciones del moderno
+telégrafo.
+
+--Oigan ustedes--indicó la de Leiva, que había tomado el periódico de
+manos del Marqués--; ésta sí que es noticia extraordinaria. Y no digan
+ustedes que la sabían, porque hasta ahora no se ha hablado en España
+ni en el mundo de semejante cosa. Atención: «Cádiz, 14. Corre muy
+válida la voz de que la Francia está dividida en tres partidos:
+borbónico, republicano y bonapartista.» También dice que han
+desembarcado en Rosas 11.000 hombres con armas, que vienen de
+Mallorca.
+
+--¡Tres partidos!--gritó el Marqués diplomático, mirando a D. José
+María.
+
+--¡Tres partidos! Ya lo sabía.
+
+--¡Y yo también!... Pero corro a comunicar esta nueva a nuestros
+amigos--dijo el Marqués, levantándose.
+
+--Aguarda--le insinuó su hermana--. No olvides que esta tarde tienes
+que pasar por allí.
+
+--¡Otra vez! Si no hay quien la haga salir. Le he prometido, le he
+rogado, le he amenazado, le he dicho mil finezas y ternuras, y nada,
+no quiere salir. ¿Por qué no vais vosotras?
+
+--Sí, esta tarde iremos--afirmó detenidamente la Marquesa--. Es
+preciso que salga, porque sin ella no podemos volver a Madrid.
+
+--¡Oh!, picarón..., ya sabemos el secreto--dijo Malespina,
+dirigiéndose con maliciosa expresión al Marqués--. Ayer me hablaron
+del caso en varias tertulias... Ya sabía yo que había usted sido un
+terrible seductor... ¿Pero ahora salimos con eso?
+
+--Amigo, es preciso reparar de algún modo los extravíos de una
+borrascosa juventud. Ya sabe usted que hasta hace quince años me
+llamaban el _azote de las familias_. Pero ya pasaron aquellos tiempos,
+y ahora...
+
+--¿De modo que no vas esta tarde?
+
+--Francamente--dijo el Marqués--, en estos días me gusta salir a la
+calle lo menos posible. Suele haber tumultos..., ¡la gente anda tan
+excitada!... ¡Qué susto me llevé la otra tarde en el barrio de San
+Lorenzo!..., y como a causa de la gota no puedo correr...
+
+--Y como en la calle no se encuentran camas para esconderse debajo de
+ellas... Vamos, vamos, Marqués, y leeremos a los amigos estas
+estupendas novedades.
+
+Salieron la Artillería y la Diplomacia, y como la Marquesa había
+salido de la habitación un momento antes, quedamos solos otra vez
+Amaranta y yo.
+
+--Sigue contando--me dijo--. Y ese señor tendero con quien servías,
+¿ha venido contigo a Córdoba?
+
+--No, señora: yo no he vuelto más a su casa. Salí de Madrid
+acompañando al Sr. de Santorcaz.
+
+--¡Santorcaz!--exclamó la dama, poniéndose encarnada y después pálida
+como una difunta. ¿Quién? ¿Quién has dicho?
+
+--Don Luis de Santorcaz, señora; un caballero castellano que ha venido
+ahora de Francia.
+
+Amaranta parecía sentir una emoción profunda. Para disimularse
+levantó fingiendo buscar algo, dió media vuelta, sentóse de nuevo,
+después se puso la mano sobre los ojos, y finalmente, rompió una flor
+de trapo que tenía entre sus manos.
+
+--¿Qué estabas diciendo, que no te oí...?
+
+Que el Sr. de Santorcaz...
+
+--Deja a ese hombre..., no hables de lo que no me interesa. ¿Conque
+antes decías que los tenderos de la calle de la Sal martirizaban a la
+chiquilla...?
+
+--Sí, señora, mucho. Me desgarraba el corazón--contesté sin cuidarme
+de disimular los sentimientos de mi alma.
+
+--Era natural que te interesaras por la desgracia.
+
+--Es que yo había conocido a Inés antes de que a tal casa fuera.
+Habíala conocido cuando estaba con su tío, el buen D. Celestino del
+Malvar. Nos conocíamos los dos, señora, y como ella era tan buena, y
+yo también..., porque yo era muy bueno... En fin, señora, yo no puedo
+ocultar a Usía la verdad.
+
+--Dímela de una vez.
+
+Dejándome llevar de la impetuosa pena que pugnaba por desbordarse en
+mi afligido pecho, y olvidando toda la consideración, todo tacto, toda
+prudencia, con el acento de la verdad y de un dolor inmenso, dije lo
+siguiente, sin reflexión ni cálculo alguno:
+
+--Señora, Inés y yo éramos novios... Yo la quiero, yo la adoro...;
+ella también...
+
+Levantóse Amaranta rápidamente, y en su semblante observé señales de
+repentina cólera. Mandándome callar, después de decirme que era un
+desvergonzado y un truhán, agitó con inquieta mano una campanilla.
+
+¡Altos cielos, por qué no os hundisteis sobre mí! Entró un criado, y
+Amaranta le mandó que me pusiera al instante en la puerta de la calle.
+
+
+
+
+XIII
+
+
+El criado, cumplidor de la ignominiosa orden, era un segundo mayordomo
+llamado Román, que desde su niñez servía en la casa. Desde que le
+conocí en El Escorial, aquel hombre me había inspirado inexplicable
+antipatía, y digo esto y además le nombro, para que mis lectores le
+tengan presente, por si figurase después un poco en los peregrinos
+sucesos de esta historia.
+
+¿Será preciso que hable de mis tormentos morales en los días
+siguientes a aquel suceso? ¡Dios mío! Aburriré a mis lectores,
+abusando de la gentil cortesía que les movió a fijar sus ojos en estas
+relaciones. No: más vale que devore en silencio mis penas y les hable
+de otros asuntos, que así alcanzaré la doble ventaja de
+proporcionarles útil entretenimiento, y de calmar mis pesares,
+adormeciéndoles con el beleño de patriótico entusiasmo.
+
+En Córdoba reinaba gran impaciencia por la tardanza del ejército de
+Castaños. Entonces, como ahora y como siempre, los profanos en el
+arte de la guerra arreglaban fácilmente las cuestiones más arduas,
+charlando en cafés y en tertulias, y para ellos era muy fácil, como lo
+es hoy, organizar ejércitos, ganar batallas, sitiar plazas y coger
+prisionero a medio mundo. A los profanos se unían los bullangueros y
+voceadores, que entonces, ¡Santo Dios!, pululaban tanto como en
+nuestros felices días, y entre aquéllos y éstos y el torpe vulgo
+armaban tal algazara, que no sé cómo las Juntas y los Generales podían
+resistirla.
+
+Principió el chaparrón de comentarios sobre la lentitud con que
+Castaños organizaba sus tropas: unos aseguraban que tenía miedo;
+otros, que estaba decidido a dar la batalla, pero que, seguro de
+perderla, tenía tomadas sus medidas para retirarse a Cádiz y huir a
+las Américas con lo más granado de sus tropas; otros en fin, se
+atrevieron a más, y pronunciaron la palabra _traidor_. Esta palabra no
+era entonces palabra, era un puñal: víctimas de ella fueron Solano en
+Cádiz, Perales en Madrid, Filangieri en Galicia, Cevallos en
+Valladolid, Ordóñez en Palencia, El conde del Águila en Sevilla,
+Trujillo en Granada, Torre del Fresno en Badajoz, el barón de Albalat
+en Valencia. Inútil era decir a los impacientes de Córdoba que un
+ejército no se instruye, arma y equipa en cuatro días: nada de esto
+entendían. Aunque al través del tiempo nos parezca lo contrario,
+entonces se chillaba mucho, y también había quien tomara muy a pechos
+los asuntos de la guerra sólo por el simple placer de meter ruido, y
+también por hacerse de notar. Todos los días oíamos decir: «Mañana
+viene el ejército», o «Ya ha salido de Utrera, ya está en Carmona...»
+Pero pasaban los días y el ejército no venía.
+
+En tanto, en Córdoba no cesaban los trabajos. Si no tienen ustedes
+idea de lo que es el delirio la guerra, entérense de aquello. En los
+tiempos actuales, si hay guerra, las señoras, llevadas de sus
+humanitarios sentimientos, se ocupan en hacer hilas. ¡Ay!, entonces
+las señoras tenían alma para ocuparse en fundir cañones. ¡Cuando tal
+era el espíritu de las mujeres, cómo estarían los hombres! ¡Hilas!
+Allí nadie pensaba en tales morondangas.
+
+Los voluntarios y cuerpos francos se uniformaban según el gusto
+indumentario de cada uno, y aquí de la imaginación de las hembras de
+la familia para galonar marselleses, para emplumar sombreros y
+guarnecer charpas y polainas. Se hicieron muchos uniformes; pero no
+bastaban para equipar los dos regimientos, uno de caballería y otro de
+infantería, que organizó la Junta de Córdoba. Sin embargo, este
+inconveniente se obvió disponiendo que con cada prenda de vestir se
+cubriesen dos: el uno llevaba los calzones, casaca y sombrero, y el
+otro el pantalón, chaqueta y gorra de cuartel. El correaje también
+servía para dos: uno llevaba la bayoneta en la cartuchera y el otro en
+el porta-bayoneta, y no alcanzando las cartucheras y cananas, se
+suplían con saquillos de lienzo. Más adelante, cuando tenga el gusto
+de describiros en su conjunto el ejército de Andalucía, daré completa
+idea de su abigarrada conformación y aspecto. Francamente, señores,
+era aquél un ejército que causaba risa.
+
+Durante los días que aguardamos la llegada de Castaños para
+incorporarnos a él (y necesariamente tengo que volver a hablar de mí),
+yo hacía una vida vagabunda y holgazana. Como el servicio del joven D.
+Diego no exigía más que presentarme en la posada a la hora de comer,
+pasaba el día y parte de la noche discurriendo por aquellas tortuosas
+calles, que convidan al transeúnte a perderse en ellas, entregándose
+al azar, a lo aventurero, a lo desconocido, sin saber adónde se va ni
+de dónde se viene. Por ser la soledad mi mayor gusto, rechazaba la
+compañía de mis camaradas, buscando errante y solo aquellos lugares
+donde más pronto me perdía.
+
+El único sitio adonde iba deliberadamente todos los días era la casa
+de Amaranta, y pasaba largas horas contemplando su puerta, fijos los
+ojos en las desnudas paredes, como si quisiese leer en ellas alguna
+mal escrita página de mi destino. Sus cerradas ventanas, sus espesas
+celosías, no daban paso a ninguna esperanza. Sin embargo, aquella
+fachada era tan elocuente, que no podía dejar de mirarla. Al apartarme
+de allí, el viejo muro con su puerta, sus ventanas, sus aleros y sus
+miradores, quedaba tan presente en mi imaginación como si fuese una
+fisonomía. ¡Cara funesta, que nunca tuvo una sonrisa para mí! Los
+criados de la casa, a quienes impacientemente preguntaba por Inés, no
+sabían o no querían darme noticia alguna.
+
+Pero un día, precisamente el 1.º de julio, cambió repentinamente la
+situación de mi espíritu. Atiendan ustedes, que esto es de suma
+importancia. Por fin, tras larga espera, llegó el ejército del general
+Castaños, y al anochecer debía partir para el Carpio. Entre los
+paisanos armados que se juntaron con Echevarri existía un grupo
+compuesto de contrabandistas de Sierra Morena, de Villamanrique y de
+Pozo Alcón, con los cuales fraternizaron bien pronto, formando
+amistosa cuadrilla, los licenciados de Málaga, batallón que se formó
+con alguna gente condenada por faltas, y que la Junta tuvo a bien
+indultar. Estos caballeros, para cuya domesticación emplearon grandes
+rigores los jefes militares, tuvieron una reyerta en Córdoba con los
+suizos de Reding. Fué cuestión de vino, prontamente aplacada, pero
+que, sin embargo, alarmó el barrio de Santa Marina durante media hora,
+produciendo sustos, algunas corridas, tal cual desmayo de sensibles
+mujeres, las que, al oír los dos o tres tiros disparados en la
+colisión, creyeron que los franceses estaban otra vez sobre Córdoba, y
+así lo gritaban corriendo desordenadamente por las calles. La parte
+mayor de la ciudad no se enteró de este suceso, que insignificante en
+las páginas de la historia patria, fué para mí de trascendencia suma,
+y más digno de mención que si hubiese derribado añejos tronos y
+alterado la geografía del Continente. Así, los granos de arena pesan a
+veces como montañas en el destino de un ser humano, y lo que es gota
+de agua en el cauce de la generalidad, es río impetuoso en el de uno
+solo, o viceversa, según lo que nosotros llamamos antojos de allá
+arriba, y no es sino concierto sublime, que no podemos comprender,
+como no puede una hormiga tragarse el Sol.
+
+Pues bien: algunas horas antes de la que señalaron para la partida
+salí a la calle, impulsado por un sentimiento de amor hacia los
+laberintos de aquella ciudad que en sus repliegues escondidos había
+dado un asilo a mi tristeza. Sentía salir de Córdoba como siente el
+ermitaño dejar su cueva. Habíame acostumbrado a pasear mi aburrimiento
+y soledad por aquellos callejones, a quienes en cierto modo había
+hecho confidentes de mi pesar; hallaba tantas perspectivas amigas en
+un recodo, en una torre, en un ajimez, en una encrucijada, en un
+poste, en una reja, en una piedra corroída por el tiempo, en un zócalo
+garabateado por los chicos, que no pude menos de salir a dar el último
+adiós a todas aquellas mudas compañías de mi tristeza. Aquel día
+estaba más triste que nunca.
+
+Era de tarde: pasé por una plazuela irregular y solitaria, de esas que
+son la desesperación de los arquitectos modernos: a un lado muros de
+ladrillo, en los cuales, por la disposición de este material, se ha
+querido imitar una decoración greco-romana, con jambas, dentículas,
+capiteles, metopas y triglifos; a otro una pared sin puertas ni
+ventanas; luego un descomunal portalón, una esquina cargada de
+escudos, un farol, un santo, torres medio caídas y machones que se van
+a caer, una plazuela, en fin, de esas que nos salen al paso cuando
+visitamos cualquier vieja metrópoli, tal como Toledo, Granada,
+Valladolid, León, etc. Al atravesarla sentí el ruido que cerca
+producía la citada reyerta entre los licenciados y los suizos; oíase
+lejana algazara, y al extremo de largo callejón vi algunas mujeres que
+corrían gritando. Esto despertó mi curiosidad y marché hacia allí;
+pero no había dado dos pasos, cuando me detuve asombrado y
+estremecido, porque en el fondo de la plazuela, y en el ángulo que
+ésta formaba con una calle, vi una mano que me hacia señas; sí, una
+mano blanca que me llamaba.
+
+Dirigíme allá, y en unos cuantos segundos se disipó la ilusión. Me
+reí de mi torpeza al observar que en el ángulo mencionado había una
+imagen de la Virgen, de esas que la devoción de los españoles ha
+puesto en las antiguas calles. La Virgen tenía una corona de hierro,
+en cuyos picos debió de haberse enredado una cometa de algún chico de
+la vecindad, pues un jirón de papel, todavía suspendido junto al
+cuerpo de la sagrada estatua, a impulsos del viento se movía. El
+papelejo fué lo que a mí me pareció un brazo que se movía y una mano
+que me llamaba. Tal alucinación en pleno día era señal de mi
+estupidez, por lo cual, burlándome de mí propio, seguí mi camino.
+
+Pasando bajo la imagen, contemplaba el jirón de la cometa, cuando me
+detuve de nuevo, porque un objeto rozó mi cara, produciéndome
+escalofrío. El jirón de papel se había desprendido de la imagen,
+cayendo sobre mi. ¡Vean ustedes lo que es el estado del ánimo! Aquel
+hecho insignificante, tan insignificante como el aplastar un grano de
+arena con nuestro pie, me hizo detener el paso, me hizo temblar, me
+hizo mirar a todos lados, puso en mis labios esta pregunta, que me
+dirigí lleno de confusión: «Pero, Gabriel, ¿te has vuelto bobo, o lo
+has sido toda tu vida?»
+
+Seguí andando hacia la acera de enfrente, cuando de nuevo me detuve,
+me quedé helado, absorto, estupefacto, porque detrás de mi había
+sonado claramente mi nombre. ¿Quién me llamaba? Volvime y nada vi. La
+plazuela estaba enteramente desierta y muda: sólo a lo lejos se oían
+apenas algunas voces del altercado, que de ningún modo podían
+confundirse con la que a mi espalda había dicho «Gabriel.»
+
+Al volverme, mis ojos se fijaron en una puerta: era la puerta de una
+iglesia. Abiertas de par en par las hojas de madera chapeada, se veía
+el cancel de mugriento cuero, con dos puertecillas laterales. Una
+vieja, al salir, puso en movimiento las mohosas bisagras, y al ruido
+de la herrumbre, un sonido lastimero llegó a mis oídos, modulando
+aquella voz que a mí me había parecido mi nombre. Esta vez no me reí,
+sino que entré decididamente en la iglesia. Vi muchos santos pintados
+o de escultura, y, ¡cosa singular!, parecióme que todas las imágenes
+sonreían apaciblemente. La iglesia era modesta, blanca, obscura. En
+los lustrosos bancos se sentaban algunas señoras de edad. Las luces
+del altar, al reflejarse en los oropeles de un luengo cortinón rojo
+que servía de dosel a la Virgen, brillaban estrellas tembladoras de
+aquella dulce obscuridad, indicando adónde debían dirigirse los
+piadosos ojos. Al poco rato de estar allí, parecióme aquel interior
+menos obscuro y comencé a ver distintamente todos los objetos. En el
+fondo de la iglesia, frente al altar, había una gran reja que se
+alzaba desde el suelo al techo; tras esta reja percibíanse vagas
+claridades movibles y un murmullo sordo, de cuyo conjunto se destacaba
+de rato en rato una tos o una sílaba que repetían los ecos de la
+bóveda. Acercándome a la reja, pude fácilmente distinguir tras ella
+bultos blancos y negros, entre los cuales algunos desfilaron
+pausadamente y sin ruido hacia una puerta que se abría en el ángulo
+del fondo, y otros permanecían inmóviles y de rodillas. Eran las
+monjas.
+
+Contemplando la tranquilidad de aquellas santas mujeres, su apacible
+recogimiento, la vaguedad aparente de sus formas corpóreas, aquel
+silencio de sus pasos que les asemejaba a simples creaciones de la luz
+en el fondo de la cámara obscura; contemplando aquella calma de sus
+rezos, que nadie oía, sentí envidia de los que sumergen su vida en la
+dulce sombra de un claustro. Yo no apartaba mis ojos del coro,
+observando indiscretamente los movimientos de las buenas Madres, y
+mientras mayor era mi atención, con más claridad se me iban
+presentando los distintos objetos de aquel recinto, y vi poco a poco
+los sillones, el facistol, el órgano, los cuadros. Tan lentamente
+salían de la obscuridad los perfiles de estos objetos, que mi propia
+imaginación podía creerse autora de aquel espectáculo.
+
+El día iba descendiendo, y la iglesia se obscurecía por grados; pero
+una de las Madres, tirando de unas cuerdas, descorrió la cortina negra
+de la alta ventana del coro, y entonces entró la luz crepuscular,
+dando a todo su verdadera forma. Retiráronse algunas monjas; yo sentí
+el tenue chocar de las medallas de sus rosarios cuando levantaban la
+rodilla, y luego besos. Era fácil contar el número de las que salían
+por el número de los suaves estallidos que resonaban en aquel espacio,
+porque todas al salir besaban los pies de un Cristo colgado junto a
+la puerta. A esto atendía yo, cuando de las figuras que aún quedaban
+de rodillas en el centro del coro se levantó una, dirigiéndose a la
+reja y al mismo lugar en que yo estaba. Mi impresión al verla, al ver
+su cara, al ver sus ojos que me miraban, fué tan viva, tan aterradora,
+que hube de quedar petrificado, la sangre helada, la vida en suspenso,
+hecho una estatua de plomo. Lo que estaba viendo, ¿qué era? ¿Era una
+aberración, un delirio, una imagen del sueño, un juguete fantástico,
+obra de los ángeles traviesos para burlarse de los que con sus
+mundanas tristezas van a profanar la casa de Dios? La miré fijamente,
+atónito ante aquel enigma, ante aquel misterio; pero la visión no duró
+más que algunos segundos, porque la monja, llamada por otra, se apartó
+de la reja, y salió rápidamente del coro sin besar el pie del Santo
+Cristo.
+
+Al hallarme solo, reuní todos, absolutamente todos los rayos de mi
+razón, y juntándolos, los dirigí a la confusa y negra obscuridad de
+aquel fenómeno. Quise desvanecer el celaje que envolvía mi
+inteligencia haciéndome estúpido, y me pregunté si lo que acababa de
+presenciar era reproducción de aquella burla de mis sentidos que poco
+antes me había hecho ver una mano en un pedazo de papel y oír mi
+nombre en el chirrido de una puerta. Me di golpes en la cabeza; busqué
+un sitio más solitario, donde, serenándome, pudiera poner en claro
+cuestión tan ardua, y sin saber cómo, di conmigo en el fondo de una
+capilla. En un cuadro que se ofreció de improviso a mis ojos vi una
+falange de ángeles, mil encantadoras criaturas de esas que sin más
+naturaleza corporal que una cabeza y dos alas, han creado los artistas
+para regocijar los asuntos de la pintura mística. Atrajeron mi
+atención aquellos seres juguetones y enredadores: todos se reían con
+infantiles carcajadas, y entremezclándose volaban, rasgando nubes,
+esparciendo flores con el batir de sus alas de pollo, y dándose de
+coscorrones al chocar unas con otras las rubias cabecitas. Por
+momentos me parecía que avanzaba sobre mí la bandada de rostros
+voladores, y luego retrocedían haciendo con alegre algazara
+movimientos de miedo, para esconderse después tras una nube, y hacerme
+desde allí guiños con sus ojuelos, y encantadoras muecas con sus
+bocas.
+
+A tal situación habían llegado mis sentidos, cuando el sacristán,
+agitando un grueso manojo de llaves con cencerril estruendo, me hizo
+salir de la iglesia, pues yo era la única persona que en ella quedaba.
+Salí; la luz de la calle pareció devolverme el sentido común, que,
+según mi propia opinión, había perdido. El tumulto de que poco antes
+hablé, continuaba más reciamente, y algunas personas atravesaron a
+toda prisa la plazuela. Entre éstas vi un hombre, un caballero que
+azorado y con miedo corría, volviendo la vista atrás, deteniéndose a
+cada dos pasos, y vacilando luego sobre qué dirección tomaría. Fijóse
+en mi, y al punto, llamándome por mi nombre, se me acercó con muestras
+de alegría por haberme encontrado. Era el diplomático.
+
+
+
+
+XIV
+
+
+--Gabriel--me dijo con voz temblorosa y sin dejar de mirar hacia el
+sitio del tumulto--, vas a hacerme un favor... ¡Los franceses! ¡Están
+ahí los franceses! Sí..., yo he visto pasar por esas calles las gorras
+de pelo de a dos varas de alto... Bien lo decía yo... ¡Mi sobrinita
+y mi hermana tienen unas cosas...! A ellas solas se les ocurre
+mandarme con esta comisión, sin reparar que la pierna gotosa no me
+deja correr. Pero no doy un paso más..., me retiro a casa...; tú te
+encargarás de llevarlas flores, la carta y el recado... ¿No oíste un
+tiro? Me parece que vienen por ese lado. ¡Jesús, esto es atroz! Si
+viene una bala perdida... Adiós, me voy; toma, chiquillo, encárgate
+tú de esto. Es muy fácil. Ahí está el convento. Mira, en aquel
+callejón está la puerta del torno. Entras, preguntas por la Srta.
+Inés, la novicia..., pues. Dices que vas de parte de la Sra. Marquesa
+de Leiva. ¿Lo olvidarás?... ¡Dios mío! ¡Esas mujeres que pasan
+corriendo!... Sin duda los muy tunantes intentan deshonrarlas. Me
+voy... Toma, entra tú en el locutorio. ¡Para qué vendría yo a estos
+malditos barrios! Toma el ramo de flores contrahechas..., toma la
+carta, que darás a la Srta. Inés...; le dices que la Sra. Marquesa
+está enojada con ella, y que es preciso que a salir del convento se
+decida. Insiste mucho en esto, ¿eh?; dile que nos vamos para Madrid, y
+que en la Corte del nuevo rey José I... ¡Demonio, eso que ha sonado
+es un tiro de obús!... Me parece que ha caído una granada en el techo
+de esa casa.
+
+--¿Una granada? Lo menos cincuenta van disparadas ya--dije yo,
+atizando el fuego de su miedo para que se marchara pronto y me dejase
+tan sublime comisión.
+
+--Conque, chiquillo--continuó, temblando como un azogado--, ¿lo harás
+bien? Si te dan contestación la llevas a casa. Ve pronto. Yo me
+escaparé corriendo por esta calle donde no se siente ruido...; adiós.
+
+Desapareció el diplomático, llevado por su miedo, y al punto entré en
+la portería del convento con febril alegría, y di fuertes porrazos en
+el torno. Una voz regañona me contestó.
+
+--_Deo gratias_--dije--. Vengo de parte de mi ama, la Sra. Marquesa de
+Leiva, a traer un recado a la Srta. Inés.
+
+La portera me dijo que esperara en el locutorio, y al poco rato de
+estar allí corrióse la cortina de éste y vi dos monjas. No sé cómo
+pude mantenerme en pie. Una de ellas era Inés.
+
+No me cabía duda, era ella misma: en su semblante, adelgazado y
+pálido, habían impreso terribles huellas los sesenta días de
+incesantes pesares transcurridos desde el 2 de mayo; pero la reconocí,
+a pesar de la escasísima luz del locutorio, y la hubiera reconocido
+en la obscuridad de las entrañas de la tierra. Parecióme que al verme
+cerró los ojos, y que asió las rejas con sus dos manos para
+sostenerse. Cuando me dirigió la primera pregunta, temblaba su voz de
+tal modo, que era imposible entender sus palabras. Sin poder decir una
+sola, incapaz de discurso y de movimiento, permanecí yo breve rato con
+la cara apoyada en la reja.
+
+La monja que la acompañaba me obligó por fin a romper el silencio.
+
+--La Sra. Marquesa me ha dado este ramo de flores y esta carta--dije,
+introduciendo ambas cosas para que las tomara Inés.
+
+--¡Ah, el ramo para el Santo Niño de la Enfermería!--dijo la monja
+vieja--. La señora Condesa no se olvida de nosotras.
+
+--También me ha dado un recado de palabra para la Srta.
+Inés--continué--, y es que se prepare a salir del convento para partir
+con ella a Madrid dentro de algunos días.
+
+--¡Oh!--exclamó la vieja--. La Sra. Condesa y la Sra. Marquesa hacen
+mal en contrariar la decidida vocación de esta niña. ¡Por qué ese
+empeño de llevarla a Madrid, cuando ella quiere dejar las maldades y
+abominaciones del siglo! La pobrecita no quiere cuentas con nadie más
+que con su prometido Esposo, que es Nuestro Señor Jesucristo.
+
+--Madre Transverberación--dijo Inés con voz más entera--, el chocolate
+y los bollos que han hecho sus mercedes ayer para la señora Condesa,
+¿dónde están? ¿Los ha traído su merced?
+
+--No por cierto.
+
+--¡Si tuviera su merced la bondad de ir a buscarlos para que los lleve
+este mozo...!
+
+--Bien pudo usted haberlos traído--replicó gruñendo la vieja.
+
+--Si la Sra. Condesa no lo recibe esta tarde, se enojará mucho, y me
+será difícil convencerla de que no quiero dejar nunca más esta santa
+morada.
+
+--Voy por él..., ¡qué niñas éstas!
+
+Dejónos solos la Madre Transverberación, y entonces hablé así:
+
+--Inés mía, estoy vivo, he resucitado. Salí vivo de aquel montón de
+muertos, donde perdimos para siempre a nuestro buen amigo don
+Celestino. Al verme vivo y sin ti, pensé que Dios me había devuelto la
+vida para castigarme; pero ahora que te encuentro, alabo a Dios porque
+veo que no una, sino dos veces, me ha dado la vida.
+
+--¿Debo salir de aquí? ¿Debo hacer lo que me mandan esas señoras?--me
+preguntó Inés con impaciencia, porque temía la vuelta de la Madre
+Transverberación.
+
+--Si, Inés, sal de aquí. Haz lo que te mandan esas señoras. ¿Qué dicen
+en esa carta?
+
+--Toma, léela--dijo, alargándola al través de la reja.
+
+A la escasa luz del locutorio pude leer la carta, que decía, entre
+otras cosas relativas al ramo y al chocolate, lo siguiente: «Esperamos
+que cesará tu obstinación en profesar. Nos oponemos resueltamente a
+ello, y no queremos que tu ingreso en el seno de esta familia sea
+señal de aniquilamiento de nuestra casa. Ya te dijimos que habíamos
+determinado casarte con un joven de alto linaje, proyecto en el cual
+estriba la felicidad, grandeza y lustre de la familia a que
+perteneces. Todo está concertado, y aunque se aplace por motivo de la
+guerra, al fin tiene que ser; de modo que si persistes en profesar,
+nos llenarás de dolor. ¿No anhelas servirnos de consuelo en nuestra
+soledad? ¿No correspondes al mucho amor que te profesamos? ¿No deseas
+ocupar el puesto que te pertenece en nuestro corazón y en nuestra
+casa? Mi sobrina y yo iremos a convencerte, y en tanto disponemos el
+viaje a Madrid, adonde nos acompañarás, porque tu presencia es
+indispensable a las diligencias de tu legitimación.»
+
+--Sí, saldré--dijo Inés cuando acabó de leer la carta--. Ya no quiero
+estar más aquí.
+
+--¿Pues qué, estabas decidida a profesar?
+
+--Sí, muy decidida. No tenía yo más consuelo que la idea de encerrarme
+aquí para siempre. Cuando me trajeron a Córdoba..., ¡qué días y qué
+viaje!, yo no sabía lo que era de mí. Me encerraron en este
+convento..., luego vinieron esas señoras a decirme que era su
+sobrina..., me besaron..., lloraron mucho las dos...; luego dijeron
+que me iban a casar, y cuando les contesté: «Pues ya que me han puesto
+aquí, aquí he de quedarme toda la vida», ambas se afligieron mucho...
+Me visitan con frecuencia, acompañadas de un señor de edad, que me
+hace mil caricias y asegura quererme mucho; pero nunca he cedido a sus
+ruegos para salir.
+
+--¿Y ahora?
+
+--Las paredes del convento se me caen encima, y anhelo salir.
+
+--¡Pero te van a casar!--exclamé indignado--. Te quieren casar, y no
+se hunde el mundo.
+
+Entonces se rió, creo que por primera vez desde mucho tiempo, y
+aquella espontánea alegría me pareció expresión de una renaciente
+vida. Inés salía del seno del claustro como yo del montón de muertos
+de la Moncloa, y al contestar con una sonrisa a mis amorosas quejas,
+sacaba del sepulcro de la Orden el pie que tan impremeditadamente
+había metido dentro. Viéndola reír, reíme yo también, y al punto,
+olvidando la situación, nos hablamos con la confianza de aquellos
+tiempos en que de nuestras penas hacíamos una sola.
+
+--¡Ay, chiquilla! Ahora que eres archiduquesa y archipámpana, ¿no
+tienes vergüenza de quererme?
+
+--¿Pero qué quieren hacer de mí?--preguntó, poniéndose triste otra
+vez.
+
+--Mira, princesa, haz lo que te mandan esas señoras: obedécelas en
+todo. Ya habrás conocido el parentesco que tienes con ellas. Dios te
+ha puesto en sus manos; acepta lo que Dios te da, y Él arreglará lo
+demás.
+
+--Saldré del convento--afirmó ella--. ¡Ay! No se asustarán poco las
+Madres cuando me lo oigan decir. Pero ya Dios no quiere que yo sea
+monja.
+
+--No lo serás, no; y cuando yo vuelva de la guerra...
+
+--¿Pero vas tú a la guerra? Chiquillo, ¿quién te ha metido a ti en
+guerras?
+
+--¿Pues qué he de hacer? ¿Quieres que toda la vida sea criado?
+Escucha, Inés, lo que me pasó hace días en casa de la Sra. Condesa.
+Fuí a visitarla, y habiendo cometido la indiscreción de decirle que te
+quería, se enfureció de tal modo, que me hizo poner en la puerta de la
+calle.
+
+Inés cruzó las manos, dejándolas caer luego con desaliento sobre su
+falda, mientras elevaba sus ojos al cielo, sin decir nada.
+
+--¡No soy más que un criado, Inés!--exclamé, agarrándome con fuerza a
+la reja y sacudiéndola, como si quisiera hacerla pedazos--; no soy más
+que un miserable chico de las calles, indigno de ser mirado por
+personas de tu categoría. Después que nos separamos, mira qué
+distantes estamos uno de otro. Pero no creas que lo siento; me gusta
+verte donde estar debes.
+
+--¿Y tú?--me preguntó con perplejidad.
+
+--Yo haré lo que deba, Inesilla. Sal de este convento, ve con esas
+señoras y espérame tranquila, con la segundad de que iré a buscarte.
+Si para entonces no has variado..., si te encuentro la misma...
+
+Contestóme al instante pasando su dedo índice por uno de los huecos de
+la reja. Yo se lo besé, se lo mordí tan sin pensarlo, que ella no pudo
+contener un ligero grito, a punto que la Madre Transverberación
+regresaba con el chocolate y los bollos.
+
+--¿Qué es eso, niña?--preguntó la vieja, asombrada de oírla chillar.
+
+--Nada, Madre Transverberación. Esta reja tiene unos picos... Al
+mover la mano me lastimé un dedo--dijo Inés, chupándose la coyuntura
+del dedo índice y sacudiéndolo después para fingir el dolor del
+supuesto rasguño.
+
+--Aquí están el chocolate y los bollos--añadió la monja--. Vaya, ya es
+tiempo de que se marche ese mocito, porque obscurece y no es ésta hora
+de tener abierto el locutorio.
+
+--Rabiando estoy por marcharme--repliqué--. Vengan acá esos bollos y
+ese chocolate, que la Sra. Marquesa estará con el alma en un hilo
+aguardando tan buenas cosas. ¿Y qué le digo a su merced en
+contestación al recado que tuve el honor de traer?
+
+--Que está muy bien--contestó Inés, apretando su cara contra la
+reja.--Que haré lo que me mandan, y que cuando quieran venir por mí,
+estoy dispuesta a salir del convento.
+
+--¿Cómo es eso, niña?--gruñó alarmada la monja--. ¡Que quiere usted
+salir! ¡Qué pensará su futuro Esposo Jesucristo si llega a sus oídos
+lo que usted ha dicho! Y tiene que saberlo forzosamente, porque Él
+está en todas partes y todo lo oye. Nada, nada--añadió, arrimando su
+hocico a la verja--. Rapaz, a la Sra. Marquesa dirá usted que la niña
+persiste en su ejemplar vocación, y que si quieren verla enfadada y
+bufando de rabia, que le hablen del siglo y sus tentaciones.
+
+Inés prorrumpió en una carcajada tan natural, tan graciosa, tan
+fresca, tan jovial, que hasta las paredes del convento parecían
+regocijarse con tan alegre música.
+
+--¿Qué risas tan mundanas son ésas?--dijo la Madre Transverberación--.
+Es la primera vez que se ríe usted de ese modo en esta casa. ¿Qué pasa
+para tanta alegría?... Adentro, niña, adentro; daremos parte de este
+inaudito desenfado a la Madre Abadesa.
+
+Cerróse el locutorio y salí a la calle. Sentíame con nueva vida, con
+centuplicadas fuerzas en mi espíritu y en mi cuerpo; sentíame capaz de
+todo, de la abnegación, de la lucha, hasta del heroísmo, porque la
+presencia y las palabras de Inés habían abierto desconocidos
+horizontes, inmensos espacios delante de mí.
+
+
+
+
+XV
+
+
+Antes de llegar a la posada, fuerte ruido de tambores y cornetas me
+anunció la salida del ejército. Corrí a buscar mis armas y mi
+caballo, y antes de que se notara mi falta, ya estaba en fila con el
+señorito conde de Rumblar, Marijuán y los demás de la partida. Era ya
+de noche cuando salimos, y el pueblo todo tomó parte en aquella
+espontánea fiesta de nuestra despedida: millares de luces se
+encendieron a nuestro paso en balcones y puertas; ninguna mujer dejó
+de saludarnos desde la reja, ya sin galán, y todos los chicos
+engendrados por aquella fecunda generación salieron delante de los
+tambores, acompañándonos hasta más allá de la Puerta Nueva.
+
+Anduvimos toda la noche, y al día siguiente, al salir del Carpio, nos
+desviamos del camino real de Andalucía, tomando a la derecha en
+dirección a Bujalance. Durante esta primera jornada encontramos a
+Santorcaz, que había salido de Bailén para incorporarse a su
+cuadrilla, y a todos nos dió mucho gusto el verle.
+
+--Aquí traigo varios regalitos que le manda a usted su señora
+mamá--dijo a mi amo, entregándole unos paquetes--. La señora estaba
+desazonada por no haber tenido noticias de usted, y me encargó que le
+cuidase bien. ¿Hizo el Sr. Conde las visitas que D.ª María le encargó?
+
+--Puntualmente--contestó mi amo--. Y usted, ¿por qué no ha venido
+antes?
+
+--¡Qué demonio! Con estas cosas ni tenemos posta ni quien lleve una
+carta. Sin embargo, yo recibí las que esperaba, y aquí estoy al fin,
+deseando, como los demás, que tropecemos con los franceses.
+
+Desde entonces fué Santorcaz el principal personaje de la cuadrilla
+después del amo, lugar que supo conquistarse con la desenvoltura
+subyugadora de su conversación. Ponía él todo suesmero en agradar a D.
+Diego, cosa fácil de conseguir, y siempre fijo al lado de éste,
+cautivó prontamente el ánimo del buen chico, ya contándole hazañas y
+extraordinarios hechos, ya sugiriéndole con su fértil imaginación
+ideas y conceptos propios para enloquecer a un joven de chispa, pero
+muy atrasado en su desarrollo intelectual.
+
+Y a todas estas, señores míos, ni una palabra os he dicho de aquel
+ejército, ni de su extraña composición; pero atended ahora, que lejos
+de ser tarde, es ésta la coyuntura propicia de hacerlo, según el
+refrán que dice: «Cada cosa en su tiempo, y los nabos en Adviento.»
+
+La base del ejército de Andalucía estaba en las tropas del campo de
+San Roque, mandadas por Castaños, y en las que después trajo don
+Teodoro Reding de Granada. Componíase de lo más selecto de nuestra
+infantería de línea, con algunos caballos y muy buena artillería, no
+excediendo su número de trece a catorce mil hombres. Agregáronse
+algunos regimientos provinciales y los paisanos que espontáneamente o
+por disposición de las Juntas se engancharon en las principales
+ciudades de Andalucía. Difícil es conocer la cifra exacta a que se
+elevaron las fuerzas de paisanos armados; pero seguramente eran
+muchos, porque la convocatoria había llamado a todos los mozos de diez
+y seis a cuarenta y cinco años, solteros, casados y viudos sin hijos,
+de cinco pies menos una pulgada, medidos descalzos. Además de los
+notoriamente inútiles, como cojos, mancos, ciegos, etc., eran
+exceptuados los que tenían su mujer encinta o ejercían cargos
+públicos, así como a los ordenados de Epístola; pero no había
+excepción por razón de cosecha o labores del campo. Los únicos
+rechazados de las filas, sin tener aquellos reparos, eran los _negros,
+mulatos, carniceros, verdugos_ y _pregoneros_. Con paisanos, pues,
+creó Sevilla cinco batallones y dos regimientos de caballería; Cádiz
+mandó el batallón de tiradores que llevaba su nombre, y las ciudades y
+villas de Utrera, Jerez, Osuna, Carmona, Jaén, Montoro y Cabra
+enviaron cuerpos de infantería y caballería de número irregular.
+
+Esto aumentó el ejército; pero aún debía crecer un poco más aquél, que
+empezó enano y debía ser gigante terrible, si no por su tamaño, por su
+fuerza. Los militares españoles que el Gobierno de Madrid incorporaba
+a las divisiones de Moncey, de Vedel o de Lefebvre iban huyendo de sus
+traidoras filas en cuanto se les presentaba ocasión para ello, de tal
+modo, que al verificar sus marchas aquellos ejércitos por parajes
+montuosos o quebrados, veían que los españoles se les escapaban por
+entre los dedos, como suele decirse. Los desertores acudían a engrosar
+las tropas del ejército de Blake, del de Cuesta o del de Castaños; y a
+Carmona y a Córdoba llegaron muchos, escapados de las filas de Moncey,
+así como casi todos los que hacían la campaña de Portugal con Junot.
+Aquellos oficiales y soldados, al romper la disciplina literal que los
+sujetaba a la Francia invasora para acudir al llamamiento de la
+disciplina moral de su patria oprimida, hacían el viaje disfrazados,
+traspasaban a pie las altas montañas y los ardientes llanos, hasta
+encontrar un núcleo de fuerza española. Daba lástima verles llegar
+rotos, descalzos y hambrientos, aunque su gozo por hallarse al fin en
+tierra no invadida les hacía olvidar todas las penas. Con estos
+desertores, entre quienes había guardias de Corps, valones,
+ingenieros y artilleros, aumentó un poco nuestro ejército.
+
+Pero aún creció algo más. La Junta de Sevilla había indultado el 15 de
+mayo a todos los contrabandistas y a los penados que no lo fueran por
+los delitos de homicidio, alevosía o lesa majestad humana o divina, y
+esto trajo una partida, que si no era la mejor tropa del mundo por sus
+costumbres, en cambio no temía combatir, y fuertemente disciplinada,
+dió al ejército excelentes soldados. Ibros, lugar célebre en los
+fastos del contrabando; Jandulilla, Campillo de Arenas, y otras
+localidades, entregadas más tarde al sable de la Guardia civil y de
+los Carabineros, enviaron respetables escuadrones, con la
+particularidad de que por venir armados hasta los dientes, y ser todos
+unos caballeros de muy buen temple, que sabían dónde echaban la boca
+del trabuco, se les reputó como auxiliares muy eficaces del ejército.
+Cuerpos reglamentados españoles, con algunos suizos y valones;
+regimientos de línea, que eran la flor de la tropa española;
+regimientos provinciales, que ignoraban la guerra, pero que se
+disponían a aprenderla; honrados paisanos, en su mayor parte muy
+duchos en el arte de la caza, y por lo general tiraban admirablemente;
+y, por último, contrabandistas, granujas, vagabundos de la sierra,
+chulillos de Córdoba, holgazanes convertidos en guerreros al calor de
+aquel fuego patriótico que inflamaba el país; perdidos y merodeadores,
+que ponían al servicio de la causa nacional sus malas artes; lo bueno
+y lo malo, lo noble y lo innoble que el país tenía, desde su general
+más hábil hasta el último pelaire del Potro de Córdoba, paisano y
+colega de los que mantearon a Sancho: tales eran los elementos del
+ejército andaluz.
+
+Se formó de lo que existía: entraron a componer aquel gran amasijo la
+flor y la escoria de la nación; nada quedó escondido, porque la
+fermentación lo sacó todo a la superficie, y el cráter de nuestra
+venganza esputaba lo mismo el puro fuego que las pestilentes lavas.
+Removido el seno de la patria, echó fuera cuanto habían engendrado en
+él los gloriosos y los degenerados siglos, y no alcanzando a
+defenderse con un solo brazo, trabajó con el derecho y el izquierdo,
+blandiendo con aquél la espada histórica y con éste la navaja.
+
+En cuanto a uniformes y trajes, habíalos de todas las formas
+conocidas. Es prodigioso cómo se equipó aquel ejército de paisanos en
+diez y seis días. La Administración actual, con todos sus recursos, es
+un sastre de portal comparada con aquel confeccionador que puso en
+movimiento millones de agujas en dos semanas. En cierto estado que la
+Historia no ha creído digno de sus páginas, pero que existe aún,
+aunque en el olvido, se consigna el número de piezas de vestuario que
+hicieron gratuitamente las monjas y señoras de Sevilla. Dice así:
+
+«Por las Comunidades y señoras de distinción se han hecho 3.335
+camisas, 1.768 pantalones y 167 casacas de soldado; 1.001 camisas, 312
+pantalones y 700 chalecos de sargento; 374 botines de paño, 149 sacos
+de caballería, 16 mochilas y 1.684 escarapelas.» Las señoras de
+Alcolea, las de Carmona, Lora del Río y otros pueblos figuran en la
+cuenta con cifras parecidas.
+
+Esta diversidad de manos en la hechura de vestimenta indica que la voz
+_uniforme_, en lo tocante a voluntarios, era una vana palabra. Al lado
+de las casacas blancas con solapa negra, carmesí o azul, que vestían
+la mayor parte de los regimientos de línea; al lado de las levitas
+azules con bandolera que vestían valones y suizos, veíamos los
+chaquetones de paño pardo con que se cubría la gente colecticia. Entre
+los altos morriones de la artillería y las gorras de los granaderos,
+llamaban la atención nuestros blancos sombreros portugueses, y las
+gorras de cuartel, y los tocados de innumerables clases con que
+cubrían sus chollas los tiradores y voluntarios de los pueblos. Como
+antes he dicho, aquel ejército hacía reír.
+
+¿Y el dinero para la guerra? Causa risa ver cómo se da hoy de
+calabazas un ministro de Hacienda para _arbitrar_, con destino a otra
+guerra, unos cuantos millones que nadie quiere darle si no hipoteca
+hasta el último pingajo de la nación. Aprended, generaciones egoístas.
+Leed las listas de donativos hechos por los gremios, por los
+comerciantes, por los nobles y hasta por los mendigos. ¡Aquel sí era
+llover de dinero, y reunirlo a montones, sin que ni un realito de
+vellón se escapase por entre los agujeros del cesto administrativo! En
+la lista de donaciones hay una partida conmovedora que dice así: «La
+Sra. Condesa viuda de Montelirios ha entregado su _toaleta_ de plata,
+manifestando el sentimiento de que sus medios no alcancen tanto como
+su voluntad.»
+
+¿Habrá hoy quien dé su _toaleta_?...
+
+
+
+
+XVI
+
+
+Nuestra marcha por Cañete de las Torres en dirección al río Salado era
+un verdadero paseo triunfal, mejor dicho, casi no parecía que
+marchábamos, porque la gente de los pueblos, incluso mujeres, ancianos
+y chicuelos, nos seguían a un lado y otro del camino, improvisando
+fiestas y bailes en todas las paradas. Cuando el ejército se detenía,
+eclipsábanse en apariencia todos los males de la patria, porque la
+tropa, recobrando el buen humor, convertía el campamento en una feria.
+Yo no sé de dónde salían tantas guitarras; no pude comprender de qué
+estaban hechos aquellos cuerpos, tan incansables en el baile como en
+el ejercicio, ni de qué metal durísimo eran las gargantas, para ser
+tan constantes en el gritar y cantar.
+
+Como durante la primera semana del mes de julio no nos faltaron
+víveres abundantes, lo pasábamos perfectamente; y como tampoco
+tropezamos con los franceses, establecidos, aunque muy inquietos, al
+otro lado del río, a todos, especialmente a los inexpertos, nos
+parecía la guerra una ocupación dulcísima. Sobre todo, el condesito de
+Rumblar no cabía en su pellejo de puro alborozado; y como con el roce
+de tanta y tan diversa gente se iba despabilando por extremo, llegó a
+adquirir un desembarazo, un dominio de su propia persona que antes no
+tenía. Santorcaz, como dije, había logrado en poco tiempo gran
+ascendiente sobre D. Diego, de tal modo, que cuanto nuestro mozalbete
+ponía por obra, lo consultaba con aquél. Marijuán, en cambio, hacía
+buenas migas con un servidor de ustedes, y siempre juntos en las
+marchas y en los descansos, nos contábamos nuestras cosas,
+compadeciéndonos y consolándonos mutuamente. Nosotros dos solos, y sin
+dar parte a nadie, nos comimos el divino chocolate y los bollos de la
+Madre Transverberación.
+
+Todo el ejército tenía gran impaciencia por venir a las manos con la
+_canalla_. Como existen en todo campamento, además del supremo consejo
+que se celebra en la tienda del General, tantos consejillos como
+grupos de soldados se escalonan aquí y allá, en la cantina o en campo
+raso, para echar una caña o tirar un par de cartas, nosotros siempre
+estábamos dilucidando en corros más o menos grandes la eterna cuestión
+de nuestro encuentro con los franceses. ¡Cuántas veces, reunidos junto
+a un tambor, donde había un jarro de vino, dispusimos el paso del río,
+el ataque del enemigo en su posición de Andújar, u otras hazañas de la
+misma harina!
+
+Un día, hallándonos en Porcuna, y después que se nos unió el ejército
+de Reding, resolvimos, tras de ardiente discusión, que los generales
+estaban atolondrados y sin saber qué plan adoptarían. El conde de
+Rumblar dijo que iba a escribir a su maestro D. Paco, para que le
+dijera qué operaciones convenían más; pero como todos se rieran de
+esta ocurrencia, nuestro generalito se amoscó y fué a que le consolara
+con sus adulaciones interminables el lugarteniente Santorcaz.
+
+Por último, tras largo consejo celebrado por los generales, se dijo
+que iban a ser distribuídas las divisiones para tomar la ofensiva
+inmediatamente. Aquél día, que fué, si no recuerdo mal, el 12 o el 13
+de julio, vi por primera vez al general Castaños, cuando nos pasó
+revista. Parecía tener cincuenta años, y por cierto que me causó
+sorpresa su rostro, pues yo me lo figuraba con semblante fiero y
+ceñudo, según a mi entender debía tenerlo todo general en jefe puesto
+al frente de tan valientes tropas. Muy al contrario, la cara del
+general Castaños no causaba espanto a nadie, aunque sí respeto, pues
+los chascarrillos y las ingeniosas ocurrencias que le eran propias las
+guardaba para las intimidades de su tienda. Montaba airosamente a
+caballo, y en sus modales y apostura había aquella gracia cortés y
+urbana que tan común ha sido a nuestros Césares y Pompeyos. Es preciso
+confesar que a caballo y en las paradas hemos tenido grandes figuras.
+Esto no es decir que Castaños fuera simplemente un general de parada,
+pues en 1808, y antes de inmortalizar su nombre, tenía muy buenos
+antecedentes militares, aunque había hecho su carrera con rapidez
+grande, si no desusada en aquellos tiempos. A los doce años de edad
+obtuvo el mando de una compañía; a los veintiocho le hicieron teniente
+coronel, y a los treinta y tres, coronel. Si en su juventud no asistió
+a ninguna campaña, en 1794, y cuando contaba treinta y ocho años y
+poseía la faja de mariscal de campo, estuvo en la del Rosellón a las
+órdenes del general Caro, y allí le hirieron gravemente en el lado
+izquierdo del cuello. Cuentan que la ligera inclinación de su cabeza
+hacia aquel lado provenía de la tal herida.
+
+Voy a decir de qué manera nos distribuyeron. La primera división la
+mandaba Reding; la segunda, Coupigny, y la tercera, Jones; la reserva
+estaba a las órdenes de D. Juan de la Peña, y mandaban destacamentos
+sueltos, de mil hombres poco más o menos, en calidad de tropas
+volantes para mortificar al enemigo, D. Juan de la Cruz, el marqués de
+Valdecañas y D. Pedro Echevarri, que después fué uno de los más
+famosos polizontes de la reacción. Trescientos escopeteros, que habían
+salido Dios sabe de dónde, eran capitaneados por el presbítero D.
+Ramón de Argote. ¿No es verdad que hubiera estado mejor diciendo misa?
+
+A caballo éramos tres mil, fuerza no muy grande si se considera que
+íbamos a operar en país entrellano y contra jinetes muy aguerridos;
+pero, en cambio, nuestra artillería era de primer orden. Teníamos
+veinticuatro piezas, servidas por el Real Cuerpo, con lo más florido
+de aquella oficialidad a quien estaba reservado la mayor gloria de la
+guerra, desde el 2 de mayo hasta la batalla de Vitoria.
+
+Nosotros nos extendíamos por la izquierda del Guadalquivir, ocupando
+los pueblos de Porcuna y Lopera; y alargando una de nuestras alas por
+el camino de Arjonilla, observábamos la orilla derecha, mientras la
+otra ala se extendía hacia Higuera de Arjona buscando a Menjíbar.
+Ocupaba el francés a Andújar con las fuerzas que primitivamente trajo
+a la tierra andaluza, y que habían vencido en el puente de Alcolea y
+saqueado a Córdoba. La división de Vedel, fuerte de diez mil hombres,
+hallábase en Bailén, y la pequeña división de Ligier-Belair, el mismo
+general que vimos batirse con los vecinos de Valdepeñas en los
+primeros días de junio, estaba en Menjíbar guardando el paso del río.
+Andújar, Bailén, Menjíbar. Del primero al segundo punto corría la
+carretera general de Andalucía, desde Bailén a Menjíbar el camino que
+iba a Jaén, y desde Menjíbar a Andújar el río. Conserven ustedes en la
+memoria la disposición de este triángulo para comprender la
+importancia de los movimientos de ambos ejércitos.
+
+Cualquiera que fuese el pensamiento de nuestros generales, lo cierto
+es que la primera división recibió orden inmediata de ponerse en
+marcha, mientras Castaños con la tercera y la reserva se dirigía hacia
+el puente de Marmolejo para pasarlo y atacar a Dupont en Andújar. Ya
+he dicho que mandaba D. Teodoro Reding la primera división; lo que aún
+no ha sido escrito por la Historia ni dicho por mí es que yo formaba
+parte de ella, porque toda la caballería voluntaria había sido
+incorporada, mejor dicho, fundida en los batallones del ejército, que
+apenas contaban con la mitad del contingente. A mi amo y a los que le
+seguían nos tocó formar en las filas del regimiento de Farnesio,
+mientras que los lanceros de Sevilla fueron casi todos incorporados al
+regimiento de España.
+
+El día 13 nos separamos de nuestros compañeros y tomamos el camino,
+mejor dicho, las veredas y trochas que conducen a Menjíbar. No
+llegábamos a seis mil; pero éramos buena gente, aunque me esté mal el
+decirlo. El regimiento de guardias valones, los suizos, el de la
+Corona, el de Irlanda, el de Jaén, los granaderos provinciales, los
+fusileros de Carmona, la caballería de Farnesio y las seis bocas de
+fuego que mandaba D. Antonio de la Cruz, eran piezas respetables,
+orgullosas de sí mismas. Teníamos por General a un hombre impetuoso,
+de más arrojo que prudencia; mediano táctico, pero incansable en las
+marchas. Nuestro Jefe de Estado Mayor, D. Francisco Javier Abadía, era
+un militar muy entendido, quizás de los mejores que entonces tenía el
+ejército español, y el coronel puesto al frente de la artillería
+pasaba por un oficial de mucho entendimiento en su arma. Nosotros le
+llamábamos el _sainetero_, por ser hijo de D. Ramón de la Cruz.
+
+Adelante, pues al llegar a Menjíbar, encontramos la población muy
+alborotada porque un destacamento francés, enviado a Jaén en busca de
+víveres, después de saquear horriblemente esta ciudad, había
+retrocedido a su cuartel general, asolando a su paso la comarca. De
+Jaén se contaban atrocidades que apenas son creíbles en militares de
+un país europeo. Dijéronnos que mujeres y niños habían sido
+inhumanamente degollados, y que igual muerte padecieron dentro de sus
+mismos hospitales varios frailes agustinos y dominicos enfermos. La
+consternación de aquellos pueblos era excesiva, y al aproximarse las
+tropas, acudían en tropel a nuestro encuentro, derramando lágrimas de
+ira, suplicándonos que no dejáramos vivo un francés, y pidiendo los
+viejos aún fuertes y los rapaces de doce años que se les dejase
+marchar entre las filas para ayudarnos. Según nos decían después del
+saqueo, en los caseríos inmediatos al tránsito, Almenara, Fuente del
+Rey, Grañena y otros, no habían dejado ni un grano de trigo, ni un
+azumbre de vino, ni un puñado de paja. Hasta las medicinas de las
+boticas y de los hospitales de Jaén fueron robadas, y al propio
+tiempo, ni un carro ni una mula quedaron en todos aquellos contornos.
+
+Muchas familias expoliadas habían acudido a Menjíbar. En la plaza del
+pueblo dos frailes escapados a las carnicerías de Jaén, predicaban el
+exterminio de los franceses. Al ver la indignación de aquella infeliz
+gente robada y vejada, al ver las mujeres que acudían frenéticas y
+rabiosas pidiéndonos que vengáramos a sus inocentes hijos, degollados
+sin piedad en la cuna, comprendí las crueldades de que por su parte
+empezaban a ser víctimas los franceses cuando se rezagaban.
+
+
+
+
+XVII
+
+
+Antes de decidirse a pasar el río, nuestro General mandó una pequeña
+fuerza en reconocimiento de la situación de las tropas de Coupigny.
+Algunos jinetes de Farnesio tomaron parte en esta expedición, y
+Marijuán, que fué en ella, nos contó a su regreso, en la tarde del 15,
+que habían encontrado la división del Marqués hacia Villanueva de la
+Reina, donde le entregaron los pliegos de Reding. Desde el campamento
+de Coupigny se había visto una gran polvareda en la orilla derecha, y
+parecía que la división de Vedel marchaba desde Bailén a Andújar, para
+reforzar a Dupont, que ya había trabado la lucha con Castaños. La
+gente venida de Arjonilla aseguraba haber oído fuerte cañoneo hacia la
+parte de los Visos.
+
+--A estas horas--decía Marijuán--, o ellos o los de Castaños han de
+estar derrotados.
+
+--¿Y qué esperaba el Marqués en Villanueva de la Reina?--preguntó
+Santorcaz con aquella suficiencia estratégica que le hiciera tan digno
+de admiración a los ojos del joven D. Diego.
+
+--Allí se estaba tan quieto--repuso Marijuán--. Parece que está de
+acuerdo con nuestro General para operar en combinación y atacar
+juntos a Bailén.
+
+--¿Pero qué estrategia es ésa, ni a qué conduce atacar a Bailén?--dijo
+Santorcaz, atrayendo en su alrededor un círculo de soldados--. ¿No
+dices que la división Vedel salió de Bailén y está ya sobre Andújar?
+
+--Sí; así lo decían en Villanueva.
+
+--Pues si no hay enemigos en Bailén, ¿qué es eso de atacar a Bailén?
+Se tratará de ocuparlo para luego avanzar por el arrecife y embestir a
+Dupont y a Vedel por la espalda, mientras Castaños, Jones y Peña lo
+atacan de frente.
+
+--Eso, eso será--dijimos todos--. De ese modo les cogeremos entre dos
+fuegos, y no escapará ni una patena de las que robaron en Córdoba.
+
+--Pero si ése es el plan, ya debía estar puesto en ejecución. Si se
+están batiendo en Andújar, a estas horas deberíamos estar nosotros
+cayendo sobre la retaguardia francesa; mientras que si nos ponemos en
+marcha esta noche y llegamos mañana, sabe Dios...
+
+Al anochecer se nos ordenó marchar río arriba, lo cual no comprendimos
+ni poco ni mucho hasta que algunos compañeros, que eran del país y
+conocían el terreno, nos dijeron que íbamos buscando el vado del
+Rincón para pasar al otro lado. Por la noche, algunas fuerzas de
+infantería y dos piezas pasaron por junto a la barca, mientras el
+grueso del ejército con la caballería nos disponíamos a hacerlo media
+legua más arriba. Antes de amanecer sentimos algunos tiros del otro
+lado, y diósenos orden de hacer el menor ruido posible y de no
+encender lumbre. La noche era calurosa; habíamos comido poco y mal el
+día anterior, y con esto y el no dormir no estábamos del mejor humor;
+pero la guerra tiene mil contrariedades, y ojalá fueran todas como
+aquélla. Entramos al fin en el río, cuyo frescor agradecieron mucho
+nuestros cuerpos, secos e irritados por el calor y el polvo, y algún
+tiempo después, cuando comenzaban a iluminar el horizonte los primeros
+vislumbres de la aurora, ya éramos dueños de la orilla derecha. El
+Mayor General Abadía, que había dirigido el paso, nos mandó
+replegarnos a un sitio bajo, donde casi toda la fuerza podía
+permanecer oculta, y allí aguardamos más de media hora. No se veían
+los enemigos por ningún lado; pero allá lejos, hacia la barca,
+continuaba cada vez más vivo el tiroteo de fusil.
+
+El terreno es por allí bastante quebrado, abundando los matojos, y
+entre éstos designaron un camino de trocha por donde avanzó la
+infantería, mientras a los de a caballo se nos mandó caminar por
+terreno más alto. Habíamos tomado tan al pie de la letra la orden de
+no hacer ruido, que avanzamos despacio y silenciosamente con el alma
+en suspenso, los ojos atentamente fijos en el último término del
+terreno hacia la izquierda, punto donde se había trabado la acción.
+Vimos al fin a los franceses tiroteándose con nuestros compañeros, con
+aquellos que habían pasado la barca durante la noche, y luchaban en un
+campo bajo, salpicado de espesos matorrales.
+
+En una loma, y como a dos tiros de fusil de aquel sitio, brillaba
+inmóvil e imponente una cosa que desde el primer momento atrajo
+nuestras miradas, infundiéndonos algún recelo. Era un escuadrón de
+coraceros, la mejor caballería del ejército de Dupont. Todos los
+jinetes contemplamos el resplandor de las bruñidas corazas, en cuyos
+petos el sol naciente producía plateados reflejos; y después de mirar
+aquello sin decir nada, nos miramos unos a otros, como si nos
+contáramos. Ni una voz se oía en nuestras filas; a todos se nos había
+cambiado el color, y temblábamos, aunque cada cual hiciera esfuerzos
+para disimularlo. El único rumor que turbaba el profundo silencio de
+nuestro regimiento, donde hasta los caballos parecían contener el
+aliento y explorar el campo con atónitos ojos, era un ligero y casi
+imperceptible son metálico producido por las estrellas de las
+espuelas. Aquel temblor de piernas es un accidente que la caballería
+observa siempre en el comienzo de toda batalla.
+
+El combate, principiado en guerrillas, arreciaba desde que empezó la
+infantería a desplegar un frente compacto de consideración. Pero casi
+toda la tropa española se mantenía en reserva, esperando a saber
+fijamente si los franceses ocultaban una gran fuerza en la carretera
+de Bailén. Mientras el frente español aumentaba sus tiros,
+resistiendo a las innumerables guerrillas francesas que al abrigo de
+sus posiciones medio atrincheradas hacían fuego mortífero, la
+artillería continuaba a retaguardia, y la caballería, asimismo fuera
+de acción, recibió orden de ocupar un cerro a mano derecha. Fijos
+allí, no quitábamos los ojos de la tremenda fila de corazas que
+resplandecían en la loma de enfrente, quietas y confiadas en su valor
+y pesadumbre. Aquella fuerza era muy superior a la nuestra por su
+organización y marcialidad; pero nosotros teníamos sobre ella, además
+de la ventaja numérica, que no era de gran valor, dada nuestra
+impericia, la siguiente ventaja moral: puestos ellos en la vertiente
+anterior de una loma, todo su poder y su número se presentaban a
+nuestra vista; no había más coraceros que aquéllos, y podíamos
+contarlos uno por uno. Nosotros, en cambio, estábamos sabiamente
+colocados por el Mayor General en otra altura parecida; pero sólo una
+quinta parte del regimiento ocupaba la parte culminante de la loma,
+mientras que todo lo demás se extendía en la vertiente posterior,
+permaneciendo oculto a la vista del enemigo; de modo que si nosotros
+les contábamos perfectamente a ellos, los franceses, engañados por la
+apariencia, se reirían de los cuarenta jinetes sin uniforme,
+enseñoreados del cerro con aire de perdonavidas.
+
+Nosotros teníamos sobre ellos la ventaja de lo desconocido, que es el
+genio tutelar de las batallas, de eso que no se ve y que en el momento
+apurado y crítico sale inopinadamente de lo hondo de un camino, del
+respaldo de una loma, de la espesura de un bosque; combatiente de
+última hora que la tierra echa de su seno, y se presenta fresco, sin
+heridas ni cansancio, a decidir la victoria.
+
+Nuestras filas habían desalojado a los franceses de sus posiciones.
+Les vimos replegarse en desorden, y entonces cesó la inmovilidad de
+los coraceros. Los resplandecientes petos despedían reflejos
+múltiples, y ordenadamente descendieron de la colina en perfecta fila.
+Relincharon sus caballos, y los nuestros relincharon también,
+aceptando el reto. Pero entonces ocurrió uno de esos cambios de escena
+tan frecuentes en la guerra, y cuyo artificio, si cae en buenas manos,
+basta a decidir la victoria. Arrojadas nuestras filas sobre las
+guerrillas enemigas, clareado el terreno y puestas en juego algunas
+piezas de artillería, vióse que los franceses vacilaban, agrupándose y
+retrocediendo como si buscaran nuevas posiciones. Se nos dió orden de
+avanzar bajando, y una vez en llano, convertirnos sobre nuestro
+flanco, para formar un largo frente de batalla. La infantería francesa
+estaba delante de nosotros, resguardada por sus coraceros; pero éstos,
+observando nuestro movimiento y reconociendo al instante su indudable
+inferioridad, invadieron precipitadamente la carretera. La retirada
+era cierta. Se nos formó en columnas, dándonos orden de cargar, y el
+regimiento se puso rápidamente al galope. Parecía que la misma tierra,
+sacudiéndose bajo las herraduras de nuestros caballos, hacia adelante
+nos lanzaba. A aquellos primeros pasos tras un ideal de gloria
+acompañaron voces de guerra mezcladas con piadosas invocaciones.
+
+--¡Madre nuestra, santa Virgen de Araceli, ven con nosotros!
+
+--¡Viva España, Fernando VII y la Virgen de la Fuensanta!
+
+Ya nadie pensaba en tener miedo; muy lejos de esto, todos los de mi
+fila rabiábamos por no estar en las de vanguardia, en aquellas filas
+dichosas que acometían a sablazos a los franceses de a pie, ya
+pronunciados en completa dispersión. Tal era nuestro furor bélico en
+aquella fácil victoria, que D. Diego, Marijuán y yo, no encontrando a
+derecha e izquierda francés alguno, hacíamos grande estrago con
+nuestros sables en los arbustos del camino, diciendo: «Perros,
+canallas, ya sabréis cómo las gastamos los españoles.»
+
+La gloria de cargar sobre la infantería francesa perteneció tan sólo a
+las primeras filas, aunque no les duró mucho el regocijo, porque los
+enemigos, convencidos ya de que no tenían fuerza bastante para
+hacernos frente, tomaban a toda prisa el camino de Bailén. Una vez
+posesionados del camino, seguimos adelante; pero los caballos
+franceses corrían a todo escape, y la infantería se puso en salvo por
+las veredas, dispersándose a un lado y otro de la carretera. Sobre las
+diez nos detuvimos, y, puestas en orden las columnas, avanzamos
+despacio, porque recelábamos de ser atacados por una división entera.
+Entretanto, nuestras pérdidas habían sido nulas en la caballería, y
+escasas, aunque sensibles, en la infantería, qué perdió un capitán del
+regimiento de la Reina y bastantes soldados.
+
+Después de haber perdido de vista a los enemigos, continuamos la
+marcha hacia Bailén, si bien con mucha cautela, pues había la
+presunción de que los franceses, reforzados con gran número de tropas,
+caballos y artillería, se nos presentarían de nuevo en mitad del
+camino, sorprendiéndonos en nuestra triunfal carrera. Así fué, en
+efecto. A eso del mediodía nuestras columnas avanzadas recibieron el
+fuego de los imperiales, que rehechos con un destacamento que de
+Linares había llegado, trataban de ganar lo perdido.
+
+Furiosos por el reciente desastre, acometieron briosamente a nuestra
+vanguardia. Tomamos posiciones, y las tropas ligeras, ayudadas de un
+enjambre de paisanos, se diseminaron por las escabrosidades próximas,
+desde cuyos matorrales mortificaban a los franceses con fuego menudo.
+La caballería, entretanto, continuaba muy lejos de la acción, y aunque
+nuestro deseo hubiera sido que a lo más recio se nos enviara para
+desahogar nuestro enardecido pecho, Dios quiso por fortuna que no
+llegase esta ocasión, pues la escaramuza terminó de improviso, cesaron
+los tiros, y vimos con sorpresa que los franceses, como poseídos de
+súbito pavor, retrocedían a la desbandada hacia Bailén, recogiendo
+precipitadamente sus heridos.
+
+¿Qué ocurría? Según después supimos, Francia había tenido una pérdida
+funesta, la de su general Gobert, el cual cayó mortalmente herido por
+una de esas balas de guerrero invisible, que salían de entre las
+malezas para taladrar el corazón del Imperio. Aquel valiente militar
+murió pocas horas después en Guarromán. Dueños nosotros del campo, y
+sin enemigos a la vista, parecía natural que fuéramos sobre Bailén;
+pero el ejército volvió hacia Menjíbar para repasar el río, movimiento
+que no fué por nosotros comprendido. Muy orgullosos estábamos, y
+especialmente los inexpertos paisanos no cabíamos en el pellejo.
+
+--¡Hoy es día del Carmen!--exclamó don Diego--. ¡Viva la Virgen del
+Carmen, y mueran los franceses!
+
+Ruidosas exclamaciones alegraron y conmovieron nuestras filas. Era el
+16 de julio; en este día la Iglesia celebra, además de la advocación
+del Carmen, el Triunfo de la Santa Cruz, fiesta conmemorativa de la
+gran batalla de las Navas de Tolosa, ganada contra los infieles por
+castellanos, aragoneses y navarros, en aquellos mismos sitios donde
+nosotros nos batíamos con Francia, y en el mismo 16 del mes de julio.
+Habían pasado quinientos noventa y seis años. La coincidencia del
+lugar y la fecha nos inflamaba más, y añadido a nuestro patriotismo
+una profunda fe religiosa, nos creímos héroes, aunque hasta entonces
+no habíamos tenido ocasión de probarlo.
+
+Antes de cruzar el río, descansamos para llevar algo a la boca. ¡Oh,
+qué desengaño! Estábamos muertos de hambre y cansancio, y se nos dijo
+que no había más que un tercio de ración. Pero como buenos chicos que
+éramos nos conformamos, supliendo los dos tercios restantes con la
+substancia moral del entusiasmo.
+
+--Pero, Sr. de Santorcaz--pregunté a mi compañero, cuando, con el agua
+al estribo, vadeábamos el Guadalquivir--, ¿nos quiere usted decir por
+qué no se nos ha llevado adelante? ¿Por qué después de esta victoria
+desandamos lo andado?
+
+--¡Zopenco!--me contestó--. Esto no ha sido más que una fiestecilla de
+pólvora, y todavía no ha empezado lo bueno. ¿Crees que no hay más
+franceses que esos cuatro gatos de Ligier-Belair? ¿Qué sabes tú si a
+estas horas Vedel, que a Andújar fué en auxilio de Dupont, habrá
+regresado a Bailén? Ahora, o yo me engaño mucho, o vamos en busca del
+marqués de Coupigny para reunirnos y emprender juntos un nuevo ataque.
+¿Estás al tanto de lo que digo? ¿Ves cómo no en vano ha mordido uno el
+cebo en Hollabrün, en Austerlitz y en Jena?
+
+Efectivamente, la intención de nuestro General era reunirse con
+Coupigny; pero esto no se verificó hasta la noche del 17 al 18.
+
+
+
+
+XVIII
+
+
+Se nos acampó en un alto a espaldas de Menjíbar, y supimos con gusto
+que aquella noche no haríamos movimiento alguno. Nuestro gozo, como
+nuestra fatiga, necesitaba descanso; necesitábamos dar desahogo al
+efervescente júbilo, no sólo renovando en la memoria todos los
+incidentes de la acción de aquel día, sino también refiriendo cuanto
+cada uno hizo y cuanto dejó de hacer para que la batalla fuese
+completamente ganada. Los suizos y los soldados de línea no estaban
+tan engreídos como nosotros los paisanos, que creíamos haber asistido
+a la más grande y gloriosa acción de los modernos tiempos. Mirábamos
+con desdén a los que quedaron de reserva, y al contarles lo que pasó,
+hacíamos subir a cifras fabulosas el número de franceses segados por
+nuestros cortadores sables en la refriega.
+
+Largas horas pasamos sobre el campo saboreando los deliciosos
+recuerdos de tanta gloria, que como dejos de un manjar muy rico nos
+renovaban el placer del vencimiento. La noche era como de verano y
+como de Andalucía, serena, caliente, con un cielo inmenso y una
+atmósfera clara, donde algo sonoro fluctúa, cuya forma visible
+buscamos en vano en derredor nuestro. Tendidos sobre la caldeada
+tierra a orillas del río, cuyas frescas emanaciones buscábamos con
+anhelo, entreteníamos las horas hablando, cantando o haciendo eruditas
+disertaciones sobre la campaña tan felizmente emprendida. En un grupo
+se jugaba a las cartas, en otro se decía un romance de héroes o de
+santos, en este algunos cantaores echaban al vuelo las más románticas
+endechas de la tierra, pues desde entonces era romántica Andalucía; en
+aquel se narraban cuentos de brujas, y en algunos, finalmente, se
+dormía sin inquietud por el día venidero.
+
+Nuestro D. Diego, siempre al arrimo de Santorcaz; Marijuán, yo y
+algunos más formábamos un grupo bastante animado, en el cual no cesó
+el ruido hasta muy alta la noche. Después de cantar, no escasearon los
+cuentos, acertijos y adivinanzas, y, por último, la conversación
+recayó en tema de mujeres.
+
+--Yo--dijo D. Diego con su natural ingenuidad--me voy a casar. A todos
+les convido a mi boda. «¿Y quién es la novia?», dirán ustedes. Pues
+sepan que no la he visto. Mi señora madre lo ha arreglado todo con
+otras dos señoras de Córdoba, y, según me han dicho, es más bonita que
+el Sol, aunque ahora da en la manía de no salir del convento.
+
+--Será para cuando acabe la guerra, porque ahora no está el horno para
+bollos--dijo Marijuán--. Yo también voy a casarme con una muchacha de
+Almunia, que tiene siete parras, media casa y burro y medio de
+hijuela. También será cuando acabe la campaña, y a todos les convido a
+mi boda. ¿Y tú, Gabriel, no piensas casarte?
+
+--Pues yo, para no ser menos--contesté--, digo que cuando termine la
+guerra me casaré también. «¿Y con quién?», diréis. Pues me caso con
+una condesa.
+
+--¡Con una condesa!
+
+--Sí, señores, con una condesa que posee todas estas tierras que
+estamos viendo y otras más allá, y tiene dos escudos con ocho lobos
+sobre plata y catorce calderos, con media cabeza de moro y un letrero
+que dice...
+
+--_Toma casa con hogar y mujer que sepa hilar_--dijo Marijuán,
+interrumpiéndome--. ¿Pues no dice que se casa con una condesa? Será
+con alguna duquesa del estropajo. Pero dí, ¿en qué alcázares reales
+está tu novia?
+
+--Este es un bobalicón que no sabe lo que se habla--observó D.
+Diego--. ¡Lucida condesa será ella! Pues, como os decía, muchachos, mi
+novia está muy desazonada esperando a que se acabe la guerra para
+casarse conmigo. Así me lo han dicho, y lo creo. Apuesto que estáis
+rabiando por saber quién es y cómo se llama; pero eso no lo he de
+mentar, porque mi señora madre y D. Paco me dijeron que si hablaba de
+esto antes de llegar la ocasión, me castigarían no dejándome montar en
+el potro. ¡Qué guapa es, señores! Sus ojos son dos luceros, como aquel
+grande y muy claro que está sobre el tejado de esa casa; su boca se
+compone de dos hojas de rosa; sus dientes hacen que todas las perlas
+echen a correr de envidia; sus mejillas son claveles abiertos, y
+cuando llora, sus lágrimas son diamantes. Yo no la he visto más que en
+figura; porque han de saber ustedes que cuando fuí a visitar a sus
+tías en Córdoba, me dieron un medalloncito con el retrato de la que ha
+de ser mi mujer, el cual retrato, por temor a que se me perdiera, lo
+he dado a guardar al Sr. de Santorcaz.
+
+--Eso se parece--dijo uno de los oyentes--la historia de la princesa
+Laureola, por quien vinieron de la Meca los tres reyes moros, y dice
+el cuento que tenía los ojos de azabache ardiendo, la boca de flor de
+granado, y las orejas de caracolitos del mar. ¿Lo sabes tú?
+
+--Eso está en el romance de la _Reina mora_, bruto. ¿Qué tiene eso que
+ver con la princesa Laureola?
+
+--Yo sé el romance de la _Reina mora_--gritó D. Diego, batiendo
+palmas--. ¿Lo echo?
+
+--Venga.
+
+--No: el del _Barandal del cielo_, que es más bonito y habla de la
+Virgen--añadió el Condesito, gozoso de poder lucir sus habilidades--.
+Me lo enseñó mi hermana Presentación, que sabe veintisiete y los dijo
+todos arreo delante del Sr. Obispo de Guadix, cuando Su Ilustrísima
+paró en casa el mes pasado.
+
+Y sin esperar a que le rogasen, el mayorazguito de Rumblar, con
+sonsonete de escuela, voz agridulce y afeminados gestos, dió principio
+a la siguiente retahila:
+
+ Por el barandal del cielo
+ se pasea una doncella
+ blanca, rubia y encarnada,
+ que alumbra como una estrella,
+ San Juan le dice a Jesús:
+ «¿Quién es aquella doncella?»
+ «Nuestra Madre, buen San Juan,
+ nuestra Madre linda y bella»;
+ la Virgen no viene sola:
+ ángeles vienen con ella;
+ no viene vestida de oro,
+ ni de plata, ni de seda:
+ viene vestida de grana....
+ ..........................
+
+Y como al concluir fuera acogida esta relación con una salva de
+aplausos, animóse el recitador y nos endilgó otra, no menos famosa,
+que empezaba:
+
+ Allá arriba, en aquel alto,
+ hay una fuente muy clara,
+ donde se lava la Virgen
+ sus santos pechos y cara....
+ ............................
+
+--¡Basta de romances!--exclamó de improviso Santorcaz, asustándonos a
+todos con su interrupción--. Eso es cosa de chiquillos, y no de
+hombres formales. ¿No sabe usted más que eso?
+
+--Sé muchos más--dijo tímidamente el joven--. Don Paco me ha enseñado
+muchos, y me los hace aprender de memoria para que los diga en las
+tertulias.
+
+--¿Y nada más le ha enseñado a usted ese Sr. D. Paco, a quien desde
+el primer momento tuve y diputé por un gran zopenco?
+
+--También me ha enseñado Historia, sí, señor. Y sé lo de nuestro padre
+Adán y aquello de Alejandro cuando fué a dar batallas a los persas,
+como ahora vamos nosotros a dárselas a los franceses.
+
+--¿Y nada más?
+
+--¡Toma!, también latín; pero mi señora madre mandó que no me
+atarugasen la cabeza de latín, puesto que no era necesario; y por
+último, D. Paco dijo que con saber un poquito de _Musa musæ_ bastaba.
+
+--¿Y qué libros ha leído usted?
+
+--Nada más que la _Guía de Pecadores_, donde está aquello del
+Infierno. Es libro muy feo, y mi señora madre no me dejaba leer más
+que lo del Infierno, que da mucho espanto y sueña uno con ello. Pero
+mi señora madre tiene otros libros en el cofre, y cuando iba a misa,
+yo, con mucha cautela, los sacaba para leerlos. Uno se titula _La
+farfulla, o la cómica convertida_, novela escrita por un fraile de
+mínimos, y otra, _Princesa, ramera y mártir, Santa Afra_. Ambos libros
+son muy bonitos, y traen un aquel de amores y besos, que me daba mucho
+gusto ouando a escondidas los leía yo.
+
+Santorcaz sonreía. Después de una pausa, dijo con cierta petulancia:
+
+--¿De modo que no ha leído usted la _Enciclopedia_?
+
+--¿Qué es eso?
+
+--La _Cincopedia_--gritó uno--. ¡Eh!, ¿sabes tú adónde cae la
+_Cincopedia_?
+
+Esta palabra, que adquirió fortuna aquella noche, fué pasando de boca
+en boca, y más de cien la repitieron entre zumbas y chacota.
+
+--Veo que sois unos animales--dijo Santorcaz, un poco avispado--. De
+todos modos, Sr. D. Diego, la educación que usted ha recibido no puede
+ser más deplorable en un joven mayorazgo, que por lo mismo que ha de
+sobresalir entre los demás en la sociedad, debe cultivar su
+entendimiento.
+
+--A ver, amigo--indicó Rumblar--, hábleme usted de esas cosas, que me
+gustan. Todo lo que usted me decía anteayer, cuando íbamos de camino
+por aquí, me tenía encantado, y le juro que si no estuviera en
+vísperas de casarme y fuera preciso seguir con ayo, le diría a mi
+señora madre que me le pusiera a usted en lugar de D. Paco, el cual
+bien se me alcanza que no me ha enseñado más que gansadas y tonterías.
+
+--Pues repito que un joven destinado a ocupar tan alta posición en el
+mundo debe saber algo más que el romance del _Barandal del cielo_.
+Verdad es que, o mucho me equivoco, o todo eso de los mayorazgos se lo
+llevará la trampa, y tarde o temprano se pondrán las cosas de manera
+que cada cual sea hijo de sus obras.
+
+--Así debe ser--añadió Marijuán--. ¿No somos todos hijos de Dios?
+
+--Vengan acá y respondan--dijo Santorcaz, excitando la curiosidad de
+sus oyentes--. ¿No les parece que el mundo está muy mal arreglado?
+
+Abriéronse varias bocas con estupefacción, y no se oyó ninguna
+respuesta.
+
+--Pues yo, que no he leído ningún libro--afirmó al fin uno de los
+circunstantes--, digo que Dios tiene que volver a hacer el mundo,
+porque eso de que se lo lleve todo el que primero salió del vientre de
+la madre, y los demás se queden bailando el pelao, no está bien. Mi
+hermano el mayor, sólo porque le dió la gana de nacer antes que yo,
+tiene tres dehesas y dos casas; y los demás..., uno hubo de meterse
+fraile, otro se fué al Perú, otro está muerto de hambre en un hospital
+de Sevilla, y yo, señores, tuve que meterme en el contrabando para que
+no se me helara el cielo de la boca.
+
+--Oye, tú, Marijuán--dijo otro--, ¿sabes lo que contaban en Sevilla?
+Pues que la Junta se iba a poner de compinche con las otras Juntas
+para ver de quitar muchas cosas malas que hay en el gobierno de
+España, lo cual podemos hacer nosotros _sin necesidad de que vengan
+los franceses a enseñárnoslo_.[2]
+
+--Así ha de ser--observó Santorcaz--. Me han dicho que en Sevilla hay
+sociedades secretas.
+
+--¿Qué es eso?
+
+--Ya sé--replicó uno--. Tiene razón don Luis. En Sevilla hay lo que
+llaman _flamasones_, hombres malos que se juntan de noche para hacer
+maleficios y brujerías.
+
+--¿Qué estás diciendo? No hay tales maleficios. Mi amo iba también a
+esas Juntas, y cuando su mujer se lo echaba en cara, respondía que los
+que allí iban entraban al modo de filósofos y no hacían mal a nadie.
+
+--Pues en Madrid las sociedades secretas están todavía en la
+infancia--añadió Santorcaz--. En Francia las hay a miles, y todo el
+mundo se inscribe en ellas.
+
+--Pues si voy a Madrid--dijo con énfasis el mayorazguito--, lo primero
+que haré será meterme en una de esas sociedades, donde sin duda se han
+de aprender muy buenas cosas. ¿No es verdad, D. Luis? Yo no tengo nada
+de torpe: me lo conozco, sí, señores. ¿Creerá usted, Sr. Santorcaz,
+que eso que usted ha dicho de los mayorazgos se me había ocurrido a mí
+muchas veces cuando jugaba en el patio de casa con las gallinas? Pero
+ya que me enseña usted lo que ignoro, contésteme a una duda: ¿por qué
+tenemos nosotros en nuestras casas tantos papelotes llenos de
+garabatos, y por qué usamos esos escudos con sapos y culebras? El de
+mi casa tiene cuatro lagartos y un tablero de ajedrez con dos
+calderitos muy monos.
+
+--Si esos signos representan algo--repuso Santorcaz--, es referente al
+primero que los usó, a sus hazañas, si las hizo, o a sus privilegios,
+si los tuvo; pero hoy, amiguito, tales pinturas no valen de nada, y
+dentro de algunos años, los que las posean sin dinero, serán unos
+pobres pelagatos, a quienes nadie se arrimará, así como todo aquel que
+haya hecho una fortuna con su trabajo o descuelle por su talento, será
+bienquisto en el mundo, aunque no tenga ni un adarme de lagartija en
+su escudo.
+
+--¿De modo--preguntó el mozalbete--que yo seré un pelagatos si llego a
+perder mi patrimonio o soy un bruto? Esto sí que es bueno.
+
+--Nada, nada--dijo uno--. Fuera mayorazgos, y que todos los hermanos
+varones y hembras entren a heredar por partes iguales.
+
+--Eso no puede ser--observó Marijuán--, porque entonces no habría las
+grandes casas que dan lustre al reino.
+
+--Eso no puede ser--afirmó un tercero--. Pues qué, ¿el Rey iba a ser
+tan tonto que quitara los mayorazgos? Nada, nada; los dejará siempre
+por la cuenta que le tiene.
+
+--Es que si el Rey no quiere quitarlos, no faltará quien los
+quite--añadió Santorcaz.
+
+Todos se rieron al oír sostener la idea de que existe alguna voluntad
+superior a la voluntad del Rey.
+
+--¿Cómo puede ser eso? Si el Rey no quiere... ¿Hay quien esté por
+cima del Rey? El Rey manda en todas partes, y digan lo que quieran, no
+hay más que su sacra real voluntad. ¡Muchachos, viva Fernando VII!
+
+--Pero vengan acá, zopencos--dijo Santorcaz--. ¿Dicen ustedes que
+nadie manda más que el Rey?
+
+--Nadie más.
+
+--Y si todos los españoles dijeran a una voz: «¿Queremos esto, señor
+Rey; nos da la gana de hacer esto», ¿qué haría el Rey?
+
+Abriéronse de nuevo todas las bocas, y nadie supo contestar.
+
+
+#Nota a pie de página:#
+
+[2] Palabras textuales de la Junta Suprema de Sevilla.
+
+
+
+
+XIX
+
+
+--Gaznápiros, animales, si estáis probando lo que digo--añadió con
+energía D. Luis--. Lo que pasa en España, ¿qué es? Es que el reino ha
+tenido voluntad de hacer una cosa y la está haciendo, contra el
+parecer del Rey y del Emperador. Hace tres meses había en Aranjuez un
+mal Ministro, sostenido por un Rey bobo, y dijisteis: «No queremos ese
+Ministro ni ese Rey», y Godoy se fué y Carlos abdicó. Después Fernando
+VII puso sus tropas en manos de Napoleón, y las autoridades todas, así
+como los generales y los jefes de la guarnición, recibieron orden de
+doblar la cabeza ante Joaquín Murat; pero los madrileños dijeron: «No
+nos da la gana de obedecer al Rey, ni a los Infantes, ni al Consejo,
+ni a la Junta, ni a Murat», y acuchillaron a los franceses en el
+Parque y en las calles. ¿Qué pasa después? El nuevo y el viejo Rey van
+a Bayona, donde les aguarda el tirano del mundo. Fernando le dice: «La
+Corona de España me pertenece a mí; pero yo se la regalo a usted, Sr.
+Bonaparte». Y Carlos dice: «La Coronita no es de mi hijo, sino mía;
+pero para acabar disputas, yo se la regalo a usted, Sr. Napoleón,
+porque aquello está muy revuelto y usted solo lo podrá arreglar». Y
+Napoleón coge la Corona y se la da a su hermano, mientras volviéndose
+a ustedes les dice: «Españoles, conozco vuestros males y voy a
+remediarlos.» Pero ustedes se encabritan con aquello, y contestan:
+«No, camarada, aquí no entra usted. Si tenemos sarna, nosotros nos la
+rascaremos: no hay más Rey de España que Fernando VII.» Fernando se
+dirige entonces a los españoles y les dice que obedezcan a Napoleón;
+pero entretanto, muchachos, un señor que se titula alcalde de un
+pueblo de doscientos vecinos escribe un papelucho diciendo que se
+armen todos contra los franceses: este papelucho va de pueblo en
+pueblo, y como si fuera una mecha que prende fuego a varias minas
+esparcidas aquí y allí, a su paso se va levantando la nación desde
+Madrid hasta Cádiz. Por el Norte pasa lo propio, y los pueblos
+grandes, lo mismo que los pequeños, forman sus Juntas, que dicen: «No;
+si aquí no manda nadie más que nosotros. Si no reconocemos las
+abdicaciones, ni admitiremos de Rey a ese D. José, ni nos da la gana
+de obedecer al Emperador, porque los españoles mandamos en nuestra
+casa, y si los reyes se han hecho para gobernarnos, a nosotros no nos
+han parido nuestras madres para que ellos nos lleven y nos traigan
+como si fuéramos manadas de carneros...» ¿Estamos? ¿Lo comprendéis?
+Pues esto, ni más ni menos, es lo que está pasando aquí. Y ahora
+contéstenme los alcornoques que me oyen: ¿quién manda, quién dispone
+las cosas, quién hace y deshace, el Rey o el reino?
+
+El estupor que produjeron estas palabras reveladoras en el atento
+concurso, compuesto de muchachos rudos e ignorantes, pero de gran
+viveza de imaginación, fué tan extraordinario, que por un corto rato
+no se oyó la más insignificante voz, señal cierta de que las ideas
+vertidas por Santorcaz, entrando de improviso en los obscuros
+cacúmenes de sus oyentes, habían armado allí gran zipizape y
+polvareda, dejándoles aturdidos, confusos y sin palabra. El primero
+que rompió el silencio fué Rumblar, diciendo:
+
+--Todo eso está muy bien dicho. ¿Creeréis que hace días me ocurrió una
+idea parecida cuando estaba cazando moscas y poniéndoles rabos en
+cierta parte, para que al volar hicieran reír a mis dos hermanas, que
+estaban rezando? Sólo que yo no sabía cómo decir aquello que pensaba.
+
+--Si, señores, ¡vivan las Juntas!--exclamó uno, levantándose--. Yo me
+sé de memoria aquel papel que echó a la calle la de Córdoba,
+diciendo... Óiganme: «¡Cordobeses: los reinos de Andalucía se ven
+acometidos por los asesinos del Norte; vuestra patria va a ser
+oprimida bajo el yugo de un tirano; vosotros mismos seréis arrancados
+de vuestros hogares y de vuestras casas. Cuarenta argollas está
+labrando el lascivo Murat para conduciros al Norte como a los animales
+más inmundos... ¡Soldados, gemid de rabia y furor!... Doce millones
+de hombres os están mirando y envidiando vuestra gloria, y aun la
+Francia misma ansia por vuestros triunfos.»
+
+Ruidosos aplausos y gritos acogieron esta proclama, fielmente recitada
+con dramáticos gestos por el muchacho.
+
+--Pues sí los españoles--continuó luego Santorcaz--pueden hacer lo que
+están haciendo, ¿no pueden también decir el día de mañana: «Vamos, no
+queremos que haya más Inquisición ni más vinculaciones...?», pongo por
+caso... O que digan: «En lugar de mil conventos, que haya tan sólo la
+mitad, con lo cual basta y sobra», o «No me da la gana de que haya
+diezmos...»
+
+--Eso sí que estaría bueno--dijo Marijuán--. Pero si todos los
+españoles van a hacer eso, y cada uno empieza a tirar por su lado
+diciendo lo que quiere, se armará un laberinto tal que no podrán
+entenderse.
+
+--Vaya unos zotes--añadió Santorcaz--. Pero venid acá: ¿no veis que
+hay en Sevilla una Junta, que es la que dispone? ¿No veis que hay otra
+en Granada, otra en Córdoba y otra en Málaga, etc.? Pues en lugar de
+todas esas Juntas pequeñas que gobiernan en cada pueblo, ¿no puede
+haber una muy grande que se reuna en Madrid y acuerde lo que se ha de
+hacer?
+
+Miráronse los oyentes unos a, otros, y los monosílabos de aquiescencia
+y de admiración corrieron de boca en boca, demostrando la prontitud
+con que aquellas juveniles inteligencias desplegaban sus alas, aún
+entumecidas y vacilantes, para intentar describir los primeros
+círculos en el espacio del pensamiento.
+
+Estas conversaciones me enamoran--dijo el condesito de Rumblar--. Me
+estaría toda la noche oyendo a este hombre, sin cansarme. Ya, ya voy
+aprendiendo muchas cosas que no sabía.
+
+Así, aquella fantasía encerrada en el capullo de una educación
+mezquina, agujeraba con entusiasmo su encierro, porque había
+vislumbrado fuera alguna cosa que tenía la fascinación de lo nuevo.
+Así, aquel germen de pasión y de inteligencia, guardado en un huevo,
+se reconocía con vida, se reconocía con fuerza, y empezaba a dar
+picotazos en su cárcel, anhelando respirar fuera de ella otros aires y
+calentarse con calores más enérgicos. Así, aquella ceguera abría sus
+párpados, gozándose en la desconocida luz.
+
+La conversación terminó en el punto en que la he dejado, porque la
+noche estaba muy avanzada y casi todos empezaron a rendirse al sueño,
+excepto el mayorazguito, cuyo despabilamiento era casi febril. Largo
+tiempo continuaron él y Santorcaz hablando en diálogo animadísimo,
+como si discutieran planes y expusieran proyectos de gran
+trascendencia para los dos. Yo me aparté del grupo, fingiendo
+retirarme a dormir; pero con ánimo de satisfacer una imperiosa
+exigencia de mi alma, que a veces me pedía soledad y meditación. Todos
+los ruidos habían cesado en el campamento: las guitarras y
+castañuelas, así como las cajas y las cornetas, estaban mudas, porque
+el ejército dormía. Lejos del grupo de mis amigos, echéme sobre el
+suelo, aguardando la aurora, sin poder ni querer cerrar los ojos; y
+allí me puse a meditar sobre lo que desde mi salida de Madrid había
+visto y oído: ¡Cuántas personas nuevas para mí había encontrado en
+aquella breve jornada de mi vida! ¡Con cuánto afán, meditando a solas
+y mirándolas al lado, preguntaba a los caminantes si tenían alguna
+noticia de lo que me reservaba el Destino! De todas aquellas personas,
+ninguna estaba tan enérgicamente fija en mi pensamiento como
+Santorcaz, hombre para mí incomprensible y sospechoso, y que empezaba
+a inspirarme secreta antipatía, sin que acertara a explicarme por qué.
+
+
+
+
+XX
+
+
+Al siguiente día hicimos un movimiento por la orilla izquierda, río
+arriba, hasta un punto mucho más alto que Menjíbar. Nada entendíamos;
+pero Santorcaz, o por petulancia o porque realmente había penetrado la
+intención de Reding, nos dijo:
+
+--Nuestro General sabe lo que se hace, y es hombre que conoce la
+filosofía de las marchas.
+
+Después de detenernos a orillas del Guadalimas, parte del ejército se
+entretuvo en marchas incomprensibles, y empleando en esto más de un
+día, nos encontramos de nuevo sobre Menjíbar al anochecer del 18,
+punto al cual había llegado horas antes la división del marqués de
+Coupigny. Reunidos ambos ejércitos, no hubo allí más parada que la
+precisa para recoger las provisiones de que estábamos tan escasos, y
+ya muy de noche emprendimos el camino de Bailén. Éramos catorce mil
+hombres. Todo anunciaba que íbamos a tener un encuentro formal con el
+ejército francés.
+
+Según nuestras noticias, Dupont continuaba en Andújar, reforzado por
+la división de Vedel. ¿Habían trabado acción con nuestro tercer cuerpo
+y el de reserva, que, pasando el río por Marmolejo, estaban situados
+en la orilla derecha? Nosotros creíamos que sí, a menos que Castaños
+no aguardase para atacar enérgicamente a que la primera y segunda
+división cayeran sobre la espalda del ejército de Dupont, bajando
+desde Bailén. ¿Era éste el objeto que nos guiaba en nuestra marcha?
+Parecíanos que sí.
+
+Mientras llegaba el momento del drama, lejos de nosotros y en los
+flancos del ejército imperial, mil dramáticas peripecias debían
+precipitar la catástrofe, irritando paulatinamente al enemigo. Los
+cuerpos y columnas de guerrilleros, mandados por D. Juan de la Cruz,
+el conde de Valdecañas y el clérigo Argote, se habían desparramado
+como enjambre mortífero por los pueblos y caseríos que dominaba el
+Cuartel General francés en las primeras estribaciones de la sierra, al
+Norte de Andújar. De tal modo perseguían aquellos ardorosos paisanos a
+los franceses, y con tanta rapidez se dispersaban para evitar ser
+atacados, que a los invasores les era de todo punto imposible estar
+tranquilos un solo momento. El poderoso gigante sacudía de una
+manotada aquellos moscones venenosos; pero éstos volvían a zumbar en
+derredor suyo, le molestaban con sus terribles picaduras, y huían
+incólumes, sin temer la espada ni el cañón, pues estas armas no se han
+hecho para mosquitos.
+
+No podían los franceses apartarse de su Cuartel General como no fuera
+en grandes destacamentos. Frecuentemente iban mil hombres a llenar en
+la fuente próxima unas cuantas alcarrazas de agua. Si por acaso salían
+a merodear pelotones de poca fuerza, eran despachados por los
+guerrilleros en menos que canta un gallo. Antes que consentir que se
+apoderasen de una panera, la quemaban; las fuentes eran enturbiadas
+con lodo y estiércol, para que no pudieran beber; los molinos,
+desmontados y enterradas sus piedras para que no molieran un solo
+grano. ¡Ay de aquel francés que se rezagara en las marchas de su
+destacamento! Sentíase de improviso asido por mil coléricas manos;
+sentíase arrastrado por las mujeres, pellizcado por los chicos y
+acuchillado por los hombres, hasta que su existencia se apagaba con
+horrible choque en la fría profundidad de un pozo. El invasor no
+encontraba asilo en ninguna parte, y forzosamente encerrado en los
+límites del Cuartel General, veía conjurados contra sí hombres y
+Naturaleza. Por esto, rabioso y desesperado, anhelaba batirse en
+función campal, seguro de su destreza y costumbre de guerrear; y
+lamentando la estupefacción del General en Jefe, exclamaba: «Demos una
+batalla, y, aunque muera la mitad del ejército, la otra mitad
+conquistará un charco en que beber y un puñado de trigo seco que
+llevar a la boca.»
+
+Habían dejado los franceses en Montoro un destacamento de setenta
+hombres para custodiar un molino donde fabricaban con dificultad
+harina malísima. El alcalde de aquella villa, donde no había quedado
+ni una sola arma de fuego, se atreve, sin embargo, a dar cuenta de los
+setenta franceses, para lo cual era preciso despachar primero a los
+veinticinco que a todas horas estaban de guardia en el puente. Reúne,
+pues, algunos paisanos decididos, y usando la arma blanca, ataca con
+furia a la guardia; los veinticinco son exterminados; apodérase de sus
+fusiles la valiente cuadrilla, sorprende el resto del destacamento en
+la casa donde se albergaba, hace prisioneros a soldados y jefes, y les
+manda a la isla de León. El parte en que se notificó este suceso a la
+Junta Suprema decía que todo se hizo con las _varas de los harrieros_
+(conservo la ortografía del original); pero esto ha de ser una
+hipérbole andaluza.
+
+Sintiéndose llamado a mas grandes acciones, D. José de la Torre (que
+así se nombraba aquel alcaldito) sale al encuentro de un convoy que
+venía de Córdoba, y de los cincuenta y nueve franceses que custodiaban
+éste, los cincuenta quedan tendidos en el camino, y los nueve
+restantes corren a contar a Dupont lo que ha pasado. Entonces Dupont
+envía mil hombres a Montoro con encargo de que incendien el pueblo y
+lleven vivo o muerto al alcalde. Arde Montoro, y La Torre, conducido
+vivo, va a ser pasado por las armas; pero un general francés, a quien
+poco antes había dado hospitalidad, intercede por él; es puesto en
+libertad, y aquel _petit caporal_ de las guerrillas marcha a Sevilla y
+recibe de la Junta los galones de capitán de ejército.
+
+Pues bien: lo que pasaba en Montoro ocurría en todos los pueblos de la
+carretera de Andalucía, desde Córdoba hasta Santa Elena. El gigante
+que incendiaba lugares y destrozaba ejércitos no podía dar un paso sin
+encontrar un avispero, y frenético con aquel zumbido, envenenado por
+los aguijones, maldecía la hora de la invasión. El águila, devorada
+por los insectos, graznaba a orillas del Guadalquivir con hambre y
+calentura, afilando sus garras en el tronco de los olivos, con el
+ansia de que llegara pronto la ocasión de destrozar alguna cosa.
+
+
+
+
+XXI
+
+
+Cuando entramos en Bailén, ya muy avanzada la noche, nos sorprendió
+mucho el no ver ninguna fuerza francesa a la entrada del pueblo para
+disputarnos el paso. ¿Adónde habían ido los franceses? ¿Qué les
+pasaba, cuando ni por precaución dejaron allí un par de batallones
+para guardar punto tan importante? Pronto salimos de dudas, porque de
+boca de los habitantes de Bailén, que salieron en masa a recibirnos,
+supimos que la división Vedel había pasado por allí en dirección a La
+Carolina.
+
+--Nosotros les hacíamos a ustedes en Linares--dijo D. Paco, que
+también salió a nuestro encuentro, rebosando de júbilo--. ¡Oh!, Sr.
+Conde, niño mío... ¿Está por ventura herido Vuestra Excelencia? Vamos
+un rato a casa, donde la Sra. Condesa y las niñas están rezando por el
+buen éxito de la guerra. ¿No darán un descanso a las tropas?
+
+Nuestro General había determinado salir en seguida para Andújar; pero
+como ocupábamos todo el pueblo, pudimos llegarnos a la casa de
+nuestro amo, en cuya sala baja se nos dió un tentempié muy
+confortante.
+
+--Es un milagro que podamos daros estos cuantos panes y estas onzas de
+chocolate crudo--nos dijo D. Paco al ofrecernos aquellos artículos--.
+Los franceses no han dejado nada. ¡Qué horroroso saqueo! Y gracias que
+quedamos con vida. ¡Ay!, la Sra. Condesa salió a recibirlos con una
+serenidad que me espantó. Yo temblaba, y tuve que esconderme en el
+oratorio, porque delante de ellos hubiera perdido la dignidad de mi
+carácter. ¡Qué modo de saquear!...; en una palabra, la paja de los
+caballos, las gallinas del corral, los huevos, hasta unos tomates que
+tenía yo guardaditos en mi escritorio para hacer un gazpachito...,
+todo, todo se lo llevaron. El pueblo está muerto de miseria, y yo sé
+de mucha gente que hechó la harina en los muladares para que ellos no
+se la llevaran. ¿No lo creéis? ¿Pues y el Sr. Salvador, que sacó al
+campo los doscientos pellejos de aceite y ciento de vino que tenía en
+su cueva, y destapándolos dejó correr aquel precioso caldo hasta que
+todo se lo chupó la tierra? Otros hicieron una grande hoguera con los
+carros y la paja. Las alhajas de las imágenes y la plata de las
+iglesias están todas enterradas, porque esto parece que es lo que más
+les abre el ojo a esos señores. Así estaban ellos de rabiosos cuando
+vieron que no sacaban de aquí gran cosa. El día 16, después de haber
+pasado un gran miedo, gozamos lo indecible cuando les vimos llegar de
+la barca de Menjíbar, derrotados y con su General muerto. ¡Cómo
+corrían por esas calles, y qué gritos daban, y qué cosas tan atroces
+e indecentes echaron por aquellas bocazas! ¡Así se vengaban los muy
+perros! ¿Pues qué creéis? Dieron muerte a muchas personas que no les
+hacían daño, lo cual creo yo que no se vió en ninguna de las guerras
+de Alejandro. Pero también se les molió de firme. Unos cuantos pasaron
+por la calle de enfrente hechando bravatas, y detuviéronse en la
+puerta de la posada de Gil, donde tenían encendido el horno para cocer
+la loza. ¡Ay! Mis francesitos se ponen a decir no sé qué insolencias
+obscenas a la mujer de Gil, cuando salen los mozos, me les agarran, y
+con morriones y todo..., ¡plaf!..., al horno... Pero ahí viene la
+Sra. Condesa, que estaba en el oratorio con las niñas.
+
+En efecto; vimos desfilar gravemente, cubierta de negro manto, a la
+señora de la casa, seguida de los dos tiernos pimpollitos de sus
+hijas, las cuales arrojáronse llorando en los brazos de su hermano.
+Doña María abrazó a su hijo sin perder ni por un instante su solemne y
+estirado empaque, y luego saludónos a todos con mucho afecto,
+nombrándonos uno por uno. Cuantos componían la cuadrilla estaban
+presentes, menos Santorcaz, el cual desde nuestra llegada había pedido
+con mucha prisa a D. Paco recado de escribir y puéstose a trazar unas
+cartas en el despacho de éste.
+
+La Condesa, después de saludarnos, tomó asiento y dirigió a D. Diego
+estas palabras dignas de la Historia:
+
+--Hijo mío, sé todo lo que pasó en la acción del 16, y nadie me ha
+dicho que hicieras algo notable. ¿Has tenido miedo?
+
+--¡Miedo!--exclamó el muchacho, riendo--No, señora. He cumplido con mi
+deber en las filas, y nada más hasta ahora; pero su merced no se
+impaciente, porque aunque no soy más que soldado, espero lucirme.
+
+--¡Nada más que soldado!--dijo la Condesa--. Tú no eres soldado,
+aunque así parezca. Cualquiera que sea el puesto que se ocupe, cada
+cual debe obrar conforme a su nombre y a la posición que tiene en el
+mundo. ¿Qué se diría de ti, de mí, de esta casa, de tu difunto padre,
+si en estas guerras no hicieras algo superior a lo que corresponde a
+un simple soldado?
+
+--Señora--repuso el mozo con un desenfado que sorprendió a su
+familia--, yo haré lo que pueda, y según lo que haga, así seré más o
+menos que los demás. Y ya que hablo de esto, señora madre, yo quiero
+seguir en el ejército, yo quiero que su merced pida al Rey, ¿qué digo
+al Rey?, a la Junta, una bandolera.
+
+--Tú no estás destinado a ser militar sino en esta ocasión suprema, en
+que la patria necesita de todos sus hijos, desde el más alto al más
+bajo.
+
+--Pero, señora madre, no soy nada y quiero ser algo--insistió el
+joven, mostrando una energía que nadie hasta entonces le había
+conocido.
+
+--¡Que no eres nada!--exclamó la madre, con sorpresa primero, después
+con cólera, y mirándonos a todos como para preguntarnos si su hijo se
+había vuelto loco durante la campaña.
+
+--Yo no soy nada, no soy más que un papamoscas--repuso el chico--. ¿De
+qué me valen esos papeluchos viejos y esos escudos de armas, si todos
+se ríen de mi desde que abro la boca, porque no digo más que
+necedades?
+
+La Condesa se puso encendida como la grana, y, sin decir palabra, miró
+a D. Paco, el cual, confuso, absorto, aterrado, por lo que acababa de
+oír, revolvía sus espantados ojos de un lado para otro.
+
+--Este joven--dijo al fin el ayo--parece que ha perdido el juicio.
+Señora, cuando vuelva de cumplir sus deberes de caballero en los
+campos de batalla, le haremos que se penetre bien de las máximas
+contenidas en la historia de Alejandro el Grande.
+
+Doña María, cuya dignidad no podía consentir que semejante asunto se
+tratara delante de personas extrañas, hizo callar a D. Paco, y también
+impuso silencio a su hijo con gesto aterrador. Asunción y
+Presentación, después de registrar los bolsillos de su hermano,
+examinaban las polainas, el sombrero y la charpa, por ver, según
+dijeron, si aquellas prendas estaban agujereadas por alguna bala de
+cañón.
+
+Pero el D. Diego, sintiendo sin duda en su cabeza un hervidero de
+palabras, que atropelladamente se le ocurrían conforme a la repentina
+fecundidad de su entender, no pudo estar callado mucho tiempo, y habló
+para poner en mayores cuidados a la Sra. de Rumblar. Estábamos, como
+he dicho, en una sala baja, donde la Condesa había hecho traer, para
+nuestro regalo, un par de zaques, milagrosamente salvados de la
+rapacidad francesa. Don Diego, luego que tal vió, volvióse a nosotros,
+que permanecíamos respetuosamente detenidos en la puerta, y con gesto
+de campechana confianza nos dijo:
+
+--Ea, muchachos, entrad todos aquí ¿Por qué estáis en la puerta? Vaya,
+poneos los sombreros, que aquí todos somos iguales, todos somos
+compañeros de armas, y lo mismo puede matarme a mí una bala que a
+vosotros. Ea, bebamos juntos. ¿Tenéis vergüenza porque soy noble y
+mayorazgo, y vosotros unos pobres hambrones? Fuera necedades; que hoy
+o mañana las Juntas quitarán todas esas antiguallas, y entonces cada
+cual valdrá según lo que tenga y lo que sepa.
+
+Don Paco se puso verde al oír tales despropósitos, y llevándose la
+mano al corazón, miró a la Condesa con semblante dolorido y
+contristado, como para manifestarle, en la sola elocuencia de una
+mirada, que él no había enseñado tales cosas al joven discípulo. Doña
+María encerraba su enojo en lo más hondo del pecho, y aunque harto se
+le conocían la inquietud y la ira en el furtivo centellear de sus
+negros ojos, nada dijo que comprometiera su dignidad, y deseando que
+su hijo variase de conversación, le preguntó si había hecho en Córdoba
+las visitas a la Sra. Marquesa de Leiva y su sobrina.
+
+--Sí, señora--contestó el rapaz--. Las vi: la Sra. Condesa me dió
+muchos dulces, y la Marquesa me preguntó si sabía ayudar a misa. Una y
+otra me dijeron que la joven con quien está concertado mi matrimonio
+se obstina en no salir del convento, asegurando que antes se casará
+con Jesucristo que conmigo. ¡Qué ranciedades, señora madre!--añadió
+con nuevo arrebato--. Yo quiero seguir en el ejército, yo quiero ir a
+Madrid para tratar a la gente que sabe, y a los filósofos, y leer la
+_Enciclopedia_, y ver las sociedades secretas, si las hay para
+entonces, y aprender lo que no sé, pues D. Paco no me ha enseñado más
+que esa sandez de _Por el barandal del cielo_.
+
+El ayo volvió a mirar compungidamente a la Condesa, pintando en sus
+húmedos ojos la persuasión de que no había instruído al mayorazgo en
+tales iniquidades, y D.ª María reprendió a su hijo con majestad
+verdaderamente regia, diciéndole con pausa y aplomo estas amargas
+palabras:
+
+--Hijo mío, recordarás que te entregué una espada que fué de tus
+abuelos. Honra da al que la ciñe ese acero antiguo; pero también ella
+la recibe de las manos de su poseedor, si éste es persona que sabe
+adquirirla en los campos de batalla. ¿Deshonrarás tú esa espada que
+llevó el tatarabuelo de tu padre en el sitio de Maestrich, cuando
+medio mundo se llamaba España?
+
+--¡La espada!--exclamó el chico con sorpresa--. Ya no me acordaba de
+la dichosa espada. Si ya no la tengo.
+
+--¿Que no la tienes?--preguntó D.ª María ton estupefacción.
+
+--No, señora. ¡Si no sirve para nada! Cuando dimos el primer ataque en
+Menjíbar, saqué yo mi espadita, y a los primeros golpes que di en unas
+hierbas observé que no cortaba.
+
+--¡Que no cortaba!
+
+--No, señora. Era una hoja mellada, llena de garabatos, letreros,
+sapos por aquí, culebras por allí, y cubierta de moho desde la punta a
+la empuñadura. ¿Para qué me servía? Como no tenía filo, la cambié por
+un sable nuevo que me dió un sargento.
+
+--¡Y diste la espada, la espada!...--exclamó la Condesa, levantándose
+de su asiento.
+
+La señora estaba sublime en su indignación. Parecía la imagen de la
+Historia levantándose de su sepulcro a pedir cuentas a la generación
+contemporánea.
+
+--Sí, señora: se la di al sargento--añadió el mozo, sacando de la
+vaina un sable nuevo, reluciente y de agudísimo filo--. ¡Si aquello no
+servía más que de estorbo! Muy bonita, eso si, toda llena de dibujos
+de plata y oro; pero, señora madre, si no cortaba..., si estaba llena
+de orín... Vea usted este sable: no tiene letrero, ni cabecitas, ni
+garrapatos, ni nada; pero corta que es un gusto.
+
+Observamos que la Condesa dió un paso hacia su hijo; que su semblante
+hermoso y venerable se contrajo, desfigurado por la ira; que extendió
+sus brazos; que comenzó a balbucir con locución atropellada, cual si
+su indignada lengua no acertara a encontrar una palabra bastante dura,
+bastante enérgica para tal situación; la vimos después llevarse ambas
+manos a la cabeza, retroceder, vacilar, apoyarse en el hombro de D.
+Paco, y por último, reponerse, erguirse, serenarse, mirar a su hijo
+con desdén, señalar a la calle, donde de improviso empezaba a oírse
+fuerte redoblar de tambores, y decir:
+
+--El ejército se va. Marcha, corre. Cuando se acabe la guerra,
+ajustaremos cuentas. Si eres valiente y vuelves vivo, a palmetazos te
+enseñaré a respetar tu nombre. Pero si eres cobarde, no vuelvas acá.
+
+Salimos a toda prisa, y montando en nuestras cabalgaduras, ocupamos
+las filas. Al punto se nos unió Santorcaz. Don Paco no quiso salir a
+despedirnos, porque estaba traspasado de dolor, al ver--según dijo
+después--cómo en una semana se torciera, al soplo de las malas
+compañías, el derecho arbolito criado con tanto esmero en el apacible
+huerto de sus lecciones.
+
+Las dos señoritas salieron a las ventanas, y nos despedían agitando
+los mismos pañuelos con que secaban sus lágrimas. Ninguna de las dos,
+ni la destinada al matrimonio, que era, por tanto, ignorante, ni la
+consagrada al claustro, que era ya medio doctora, habían entendido la
+conversación que acabo de referir.
+
+Las pobrecillas veían desaparecer un mundo y nacer otro nuevo sin
+darse cuenta de ello.
+
+
+
+
+XXII
+
+
+Era la madrugada cuando las columnas de vanguardia comenzaron a salir
+de Bailén. Mi regimiento debía salir de los últimos, y mientras se
+pusieron en movimiento la artillería y los cuerpos de a pie, estuvimos
+más de media hora formados a la salida del pueblo, a mano derecha del
+camino, esperando la orden de la marcha. Íbamos a Andújar, resueltos a
+tomar la ofensiva contra el ejército francés, que al mismo tiempo
+debía ser atacado por Castaños, del lado de Marmolejo. ¿Y la división
+de Vedel, cuyos movimientos eran la clave de aquel problema
+estratégico? La división de Vedel estaba en Andújar el día 16, cuando
+ocurrió la acción de Menjíbar, que antes he descrito. Al saber Dupont
+la derrota de Ligier-Belair y la muerte de Gobert, dispuso que Vedel
+marchase sobre Bailén, con intención de seguirle él al día siguiente.
+
+Mientras éste iba sobre Andújar, Ligier-Belair, al vernos retirar y
+pasar el río, creyó que las tropas de Reding, unidas con las de
+Coupigny, intentaban extenderse cautelosamente por la orilla
+izquierda, río arriba, tomando el camino de Linares a Guarromán, para
+ocupar luego La Carolina y cortar el paso de la sierra. Persuadido de
+esto, y sin hacer averiguaciones, emprendió la marcha hacia el Norte,
+creyendo anticiparse a lo que creía un rasgo de ingenio estratégico
+del general Reding. Llega Vedel a Bailén creyendo encontrarnos, y los
+franceses que quedaron allí le dicen: «Quía, los _insurgentes_ han
+repasado el río y van por Linares a ocupar el paso de la sierra; pero
+el general Ligier-Belair, que ha comprendido el juego, ha marchado en
+seguida a ocupar La Carolina, de modo que cuando lleguen los
+españoles, creyendo haber hecho un movimiento de primer orden, se lo
+encontrarán allí.» Vedel oye esto y dice: «Han ido a cortar el paso de
+la sierra para impedirnos la retirada y matarnos aquí de hambre y sed.
+Pues corramos a La Carolina. Vamos; en marcha.» Manda un emisario a
+Dupont, diciéndole: «Sr. General en Jefe, los _insurgentes_ han ido a
+cortar el paso de la sierra. Corro a La Carolina; venga usted tras mí,
+y acabaremos con ellos.»
+
+Esto pasaba en los días 17 y 18. En tanto, los _insurgentes_,
+replegados a la orilla izquierda, como he dicho, fingíamos un
+movimiento hacia Linares; pero en cuanto cerró la noche, los
+_insurgentes_ caminamos a marchas forzadas hacia Bailén. Por eso en
+este pueblo nos decían: «Por aquí pasó Vedel esta mañana en dirección
+a La Carolina, para impedirles a ustedes que cortasen el paso de la
+sierra. ¿No ibais hacia Linares?»
+
+No; nosotros íbamos a Andújar, con objeto de atacar a Dupont. Por
+causa de los torpísimos movimientos de los generales franceses, una
+gran parte de la fuerza imperial corría hacia la sierra, buscando un
+fantasma. Los _insurgentes_, a quien ellos suponían en marcha hacia La
+Carolina, estaban en Bailén, en marcha para Andújar. He aquí la
+verdadera y exacta situación de las divisiones españolas y francesas
+en la noche del 18 al 19 de julio.
+
+Íbamos a luchar con Dupont, sólo con Dupont. Pero ¿y si Vedel,
+conociendo a tiempo su error, retrocedía velozmente para caer de
+improviso sobre nuestra espalda durante el combate? Esta funesta
+probabilidad estaba compensada con el hecho seguro de que el ejército
+francés de Andújar tendría que defenderse al mismo tiempo de nosotros
+y de la reserva, que le amenazaba del lado de Poniente. De todos
+modos, nuestra posición era arriesgada; por lo cual, deseando Reding
+cerciorarse de la verdadera distancia a que se hallaba Vedel, había
+despachado camino arriba, desde Menjíbar, al teniente de ingenieros D.
+José Jiménez, con encargo de averiguarlo.
+
+Este valiente oficial, cuyo nombre no está en la Historia, se disfrazó
+de arriero, y en una fatigosa jornada supo desempeñar muy bien su
+comisión, volviendo por la noche a decir que Vedel había pasado ya más
+allá de La Carolina.
+
+Así andaban las cosas cuando nos preparábamos a salir de Bailén al
+amanecer del 19. Pero no lo habíamos previsto todo: no habíamos
+previsto que Dupont, muy receloso de aquella ilusoria ocupación de la
+sierra por los insurgentes, había levantado su campo en la misma
+noche, y silenciosamente, sofocando los ruidos de su tropa, abandonaba
+la funesta y para ellos maldita ciudad de Andújar.
+
+Cerca de la madrugada, nuestros jefes disponían las columnas para la
+marcha. Si al comienzo de aquella misma noche, que ya se iba a
+extinguir, una mirada humana hubiera podido escudriñar desde la altura
+de los cielos lo que pasaba en aquella larga faja de sementeras y
+olivares que se extiende a la vera de los montes, entre éstos y el
+Guadalquivir, habría visto que del obscuro caserío de Andújar se
+destacaba cautelosamente, escurriéndose por detrás de las casas, una
+hilera de hombres y caballos; que esta hilera se iba alargando por la
+carretera en interminable procesión, y serpenteaba con lento paso, sin
+ruido y sin luces; habría visto cómo se iba extendiendo la negra raya,
+destacándose a ratos sobre la tierra blanquecina, a ratos
+confundiéndose con los obscuros olivos, sin dejar de seguir paso a
+paso, como si no quisiera ser vista y anhelara apagar en el polvo el
+ruido de las cureñas; habría visto que iban delante unos tres mil
+hombres de infantería, después un escuadrón de caballos, después seis
+cañones, después un número inmenso de carros, tantos, tantos carros,
+que ocupaban dos leguas; detrás de los carros nuevos grupos de
+infantería y muchos generales; después otros seis cañones, dos
+regimientos de coraceros; luego cuatro cañones, y al fin otro grupo de
+jefes, seguidos de quinientos hombres de a pie. Esta raya no se
+detenía en parte alguna, y avanzaba despacio y con precaución,
+custodiando sus dos leguas de convoy. Los hombres que la formaban,
+mudos y cabizbajos, presagiando sin duda funestos acontecimientos,
+dirían para sí: «Llegaremos a La Carolina, donde ya estará Vedel, y
+batiendo a los _insurgentes_, nos abriremos paso por desfiladeros para
+abandonar esta tierra maldita, a la cual el Emperador ha tenido la
+mala ocurrencia de enviarnos... ¡Oh! ¡Cuándo os veremos, tierras de
+la Turenne, del Poitou, de la Charente, de los Vosgos, del Artois, del
+Limosin!...»
+
+
+
+
+XXIII
+
+
+Mientras aguardábamos la salida, nuestras lenguas no estaban ociosas,
+y, aunque Marijuán me entretenía por un lado con sus donaires y
+chuscadas, por el otro era de tanto interés un diálogo entablado entre
+Santorcaz y D. Diego, que a las palabras de éstos dirigí toda mi
+atención. No puedo menos de copiarlo íntegro y tal cual lo oí, por si
+mis lectores quieren meditar un poco sobre el mismo tema.
+
+--Lo que me indicaba usted hace poco--decía Santorcaz--acerca de que
+esa linda joven que se le destina para esposa no quiere salir del
+convento, debe tenerle sin cuidado. Esas son gazmoñerías de las
+muchachas españolas, que, engañadas por su fantasía, se creen
+enamoradas de Jesucristo, cuando lo que sienten es verdadera pasión
+por un ideal mundano.
+
+--Y si no quiere salir, que no salga--respondió el joven--. ¡Si yo no
+la he visto, si yo no comprendo por qué razón he podido pensar en ella
+una sola vez!
+
+--¿Pero la quiere usted?
+
+--Confesaré a usted lo que me pasa. Cuando mi madre me llamó un día, y
+después de darme dos palmetazos porque tenía las manos manchadas de
+tinta, me dijo que había determinado casarme, sentí mucha alegría, y
+al volver a mi cuarto rompí todas las planas de escritura, diciendo a
+D. Paco que yo era un hombre y no me daba la gana de obedecerle. A
+todas horas pensaba en mi mujercita y en las delicias del matrimonio.
+Mi madre escribía cartas y más cartas para concertar mi boda, y cuando
+yo le preguntaba con la mayor curiosidad: «Señora madre, ¿cómo va
+eso?», me respondía: «Anda a estudiar, mocoso. Ahora, con la novelería
+del casamiento no coges un libro en la mano.» Por fin mi mamá, a
+fuerza de cartas, lo arregló todo. Cuando fuí a Córdoba, creí que me
+la enseñarían; pero aquellas señoras dijéronme que la discreta joven
+no quería salir del convento, y, por último, me dieron el medallón que
+usted tiene guardado. Después la sobrina me regaló unos dulces, y su
+tía un pito para que fuera pitando por las calles, y en mi segunda y
+tercera visita pasó lo mismo, excepto que no me dieron más pitos.
+Cuando vi el retrato me gustó tanto la niña, que por la calle le iba
+dando besos, y por la noche la acosté conmigo en mi cama. Estoy
+prendado de ella; mejor dicho, lo estuve estos días atrás, porque ya,
+habiendo discurrido sobre la necedad de prendarme de un retrato, me
+río de mí mismo y digo: «¡Si de carne y hueso encontraré tantas, a qué
+volverme loco por una pintura!»
+
+--Pues no, Sr. D. Diego--dijo Santorcaz--. Puesto que la Sra. Condesa
+le escogió a usted esa esposa, sin duda es un gran partido, y usted
+debe insistir en casarse con ella.
+
+--¿Si? Pues vaya usted a sacarla del convento--añadió Rumblar--.
+Vamos, que, según me dijeron, no hay quien le hable de otro esposo que
+Jesucristo.
+
+--Ya lo he dicho: gazmoñerías de las españolas, por lo general mujeres
+nerviosas, muy extremadas en sus pasiones, y dispuestas siempre a
+confundir en un mismo sentimiento la voluptuosidad y el misticismo.
+Cuidado con las monjitas de quince años, que reniegan del siglo y
+juran que han de morir de viejas en el claustro. Yo conocí una joven y
+linda novicia que tampoco quería tener más esposo que Jesucristo, y
+que se ponía furiosa cuando le hablaban de salir del convento, hasta
+que un Viernes Santo vió a cierto joven al través de la verja del
+coro. A los quince días la hermosa novicia abrió por la noche una de
+las rejas del convento y se arrojó a la calle, donde le esperaba su
+amante y hoy feliz esposo.
+
+--¡Oh! ¡Bonitísimo suceso!--exclamó con entusiasmo D. Diego--. ¡Cuánto
+daría porque a mí me pasase uno semejante!
+
+--¿Ella le ha visto a usted?
+
+--No.
+
+--Pues en cuanto le vea, apuesto a que se apresura a salir por la
+puerta, sin exponerse a los peligros de arrojarse por la ventana. Pero
+ahora que me ocurre, Sr. D. Diego: si usted, en vez de ser un muchacho
+apocadito, educado a la antigua y sencillo como un fraile motilón,
+fuera un hombre atrevido, arrojado..., pues..., como somos todos
+aquellos que no hemos recibido la educación de Grandes de España; si
+usted se echara de una vez fuera del cascarón de huevo en que le ha
+empollado la ciencia de D. Paco y los mimos de sus hermanitas, ahora
+podríamos lanzarnos a una aventura deliciosa.
+
+--¿Cuál, amigo Santorcaz?
+
+--Mire usted. Después de la batalla, y cuando volvamos a Córdoba,
+sacar a esa joven del convento.
+
+--¿Cómo?
+
+--Demonio, ¿cómo se hacen las cosas? ¡Si viera usted! Eso es muy
+divertido. ¿Ve usted este rasguño que tengo en la mano derecha? Me lo
+hice saltando las tapias de un convento. Son cinco los que escalé, por
+trapicheos con otras tantas novicias y monjas. ¡Ay, señor D. Diego de
+mi alma! El recuerdo de estas y otras cosillas es lo que le alegra a
+uno, cuando se siente ya en las puertas de la triste vejez.
+
+--Hombre, eso me parece muy bonito--dijo D. Diego, saltando sobre la
+silla--. Pues yo quiero hacer lo mismo, yo quiero rasguñarme saltando
+tapias de convento. Conque diga usted, ¿qué hacemos? ¿Nos entramos de
+rondón en el convento, y cogiendo a la monjita me la llevo a mi casa?
+Si; y habrá que pegarle un par de sablazos a alguien, y romper
+puertas, y apagar luces. Hombre, ¡magnífico! ¡Si dije que usted es el
+hombre de las grandes ideas! ¡Qué cosas tan nuevas y tan preciosas me
+dice! Estoy entusiasmado, y me parece que antes de venir al ejército
+era yo un zoquete. Cabalmente recuerdo que he pensado alguna vez en
+eso que usted me dice ahora...; sí..., allá, cuando iba a misa con mi
+madre a las Dominicas.
+
+--Estas cosas, D. Diego, son la vida--añadió Santorcaz--; son la
+juventud y la alegría.
+
+--¡Soberbia idea! ¿Conque vamos a buscar a esa jovenzuela, mi futura
+esposa? ¡Qué preciosa ocurrencia! Verá ella si yo soy hombre que se
+deja burlar por niñerías de novicia. Nada, nada: mi esposa tiene que
+ser, quiera o no quiera. Pero oiga usted, ¿y si nos descubren los
+alguaciles y nos llevan presos?
+
+--Por eso hay que andar con cuidado; pero en ese mismo cuidado, en las
+precauciones que es preciso tomar, consiste el mayor gusto de la
+empresa. Si no hubiera obstáculos y peligros, no valía la pena de
+intentarla.
+
+--Efectivamente; a mí me gustan los peligros, Sr. D. Luis. A mí me
+gusta todo aquello que no se sabe adonde va a parar. Siga usted
+hablandóme del mismo asunto. ¿Qué precauciones tomaremos?
+
+--¡Oh! Cuando llegue el caso se verá. Yo soy muy corrido en esas
+cosas. Ya no estoy para fiestas, es verdad, y por cuenta mía no
+intentaría aventuras de esta especie; pero son tan grandes las
+disposiciones que descubro en usted para ser hombre a la moderna,
+hombre de ideas atrevidas y para echar a un lado las ranciedades y
+rutinas de España, que volveré a las andadas y entre los dos haremos
+alguna cosa.
+
+--Pero, hombre, ¿cuándo se dará esa batalla, cuándo volveremos a
+Córdoba, para enseñarle yo a mi señorita cómo se portan los caballeros
+de ideas modernas, que han recibido un desaire de las novias de
+Jesucristo? Pero diga usted, Santorcaz: si perdemos la batalla, si nos
+matan...
+
+--Todavía no se ha hecho la bala que ha de matarme a mí. Y usted, ¿qué
+presentimientos tiene?
+
+--Creo que tampoco he de morir por ahora. ¡Ay! ¡Si me viera usted!,
+tengo un fuego dentro de la cabeza... Me hierven aquí tantos
+pensamientos nuevos, tantas aventuras, tantos proyectos, que se me
+figura he de vivir lo necesario para que sepa el mundo que existe un
+D. Diego Afán de Ribera, conde de Rumblar.
+
+--¡Bueno, magnífico! Lo mismo era yo cuando niño. Fuí después a
+Francia, donde aprendí muchísimas cosas que aquí ignoraban hasta los
+sabios. Al volver he encontrado a esta gente un poco menos atrasada.
+Parece que hay aquí cierta disposición a las cosas atrevidas y nuevas.
+En Madrid se han fundado varias sociedades secretas.
+
+--¿Para asaltar conventos?
+
+--No, no son sociedades de enamorados. Si algún día se ocupan de
+conventos, será para echar fuera a los frailes y vender luego los
+edificios...
+
+--Pues yo no los compraría.
+
+--¿Por qué?
+
+--Porque esas casas son de Dios, y el que se las quite se condenará.
+
+--¿Qué es eso de condenarse? Me río de vuestras simplezas. Pues, hijo,
+adelantado estáis.
+
+--Vivamos en paz con Dios--dijo D. Diego--. Por eso creo que antes de
+robar del convento a mi novia, debemos confesar y comulgar, diciéndole
+al Señor que nos perdone lo que vamos a hacer, pues no es más que una
+broma para divertirnos, sin que nos mueva la intención de ofenderle.
+
+Santorcaz rompió a reír desahogadamente.
+
+--¿Conque usted es de los que encienden una vela a Dios y otra al
+Diablo? Robamos a la muchacha, ¿sí o no?
+
+--Sí, y mil veces sí. Ese proyecto me tiene entusiasmado. Y me
+marcharé con ella a Madrid; porque yo quiero ir a Madrid. Dicen que
+allí suele haber alborotos. ¡Oh!, ¡cuánto deseo ver un alboroto, un
+motín, cualquier cosa de esas en que se grita, se corre, se pega! ¿Ha
+visto usted alguno?
+
+--Más de mil.
+
+--Eso debe de ser encantador. Me gustaría a mí verme en un alboroto;
+me gustaría gritar con los demás, diciendo: «¡Abajo esto, abajo lo
+otro!» ¡Ay! ¡Como me alegraba cuando mi señora madre reñía a D. Paco,
+y éste a los criados, y los criados unos con otros! No pudiendo
+resistir el alborozo que esto me causaba, iba al corral, ponía
+canutillos de pólvora a los gatos, y encerrándolos en un cuarto con
+las gallinas, me moría de risa.
+
+Santorcaz, lejos de reír con esta nueva barrabasada de su discípulo,
+fijaba la mirada en el horizonte, completamente abstraído de todo, y
+meditando sin duda sobre graves asuntos de su propio interés. No sé
+cuál será la opinión que el lector forme de las ideas de aquel hombre;
+pero no se les habrá ocultado que sus ingeniosas sugestiones
+encerraban segundo intento. El atolondrado rapaz, lanzado a las filas
+de un ejército sin tener conocimiento del mundo, con viva imaginación,
+arrebatado temperamento y ningún criterio; igualmente fascinado por
+las ideas buenas y las malas, con tal que fueran nuevas, pues todas
+echaban súbita raíz en su feraz cerebro, acogía con júbilo las
+lecciones del astuto amigo; y su lenguaje, su nervioso entusiasmo, sus
+planes entre abominables e inocentes, todo anunciaba que don Diego se
+disponía a cometer en el mundo mil disparates.
+
+Santorcaz, después de permanecer por algunos minutos indiferente a las
+preguntas de su discípulo, reanudó la conversación; pero, apenas
+comenzada ésta, oímos un tiro, en seguida otro, luego otro y otro.
+
+
+
+
+XXIV
+
+
+Todos callamos; detuviéronse las columnas que habían comenzado a
+marchar, y desde el primero al último soldado prestamos atención al
+tiroteo, que sonaba delante de nosotros a la derecha del camino y a
+bastante distancia. Corrieron por las filas opiniones contradictorias
+respecto a la causa del hecho. Yo me alzaba sobre los estribos,
+procurando distinguir algo; pero además de ser la noche obscurísima,
+las descargas eran tan lejanas, que no se alcanzaba a ver el fogonazo.
+
+--Nuestras columnas avanzadas--dijo Santorcaz--habrán encontrado algún
+destacamento francés que viene a reconocer el camino.
+
+--Ha cesado el fuego--dije yo--. ¿Echamos a andar? Parece que dan
+orden de marcha.
+
+--O yo estoy lelo, o la artillería de la vanguardia ha salido del
+camino.
+
+Oyóse otra vez el tiroteo, más vivo aún y más cercano, y en la
+vanguardia se operaron varios movimientos, cuyas oscilaciones llegaron
+hasta nosotros. Sin duda algo grave pasaba, puesto que el ejército
+todo se estremeció desde su cabeza hasta su cola. Un largo rato
+permanecimos en la mayor ansiedad, pidiéndonos unos a otros noticias
+de lo que ocurría; pero en nuestro regimiento no se sabía nada; todos
+los generales corrieron hacia la izquierda del camino, y los jefes de
+los batallones aguardaban órdenes decisivas del Estado Mayor. Por
+último, un oficial que a escape volvía en dirección a la retaguardia,
+nos sacó de dudas, confirmando lo que en todo el ejército no era más
+que halagüeña sospecha. ¡Los franceses, los franceses venían a nuestro
+encuentro! Teníamos enfrente a Dupont con todo su ejército, cuyas
+avanzadas principiaban a escaramucear con las nuestras. Cuando
+nosotros nos preparábamos a salir para buscarle en Andújar, llegaba él
+a Bailén de paso para La Carolina, donde creía encontrarnos. De
+improviso unos cuantos tiros les sorprenden a ellos tanto como a
+nosotros; detienen el paso; extendemos nosotros la vista con ansiedad
+y recelo en la obscura noche; todos ponemos atento el oído, y al fin
+nos reconocemos, sin vernos, porque el corazón a unos y otros nos
+dice: «Ahí están.»
+
+Cuando no quedó duda de que teníamos enfrente al enemigo, el ejército
+se sintió al pronto electrizado por cierto religioso entusiasmo. Vivas
+y mueras sonaron en las filas; pero al poco rato todo calló. Los
+ejércitos tienen momentos de entusiasmo y momentos de meditación:
+nosotros meditábamos.
+
+Sin embargo, no tardó en producirse fuertísimo ruido. Los generales
+empezaron a señalar posiciones. Todas las tropas que aún permanecían
+en las calles del pueblo, salieron más que de prisa, y la caballería
+fué sacada de la carretera por el lado derecho. Corrimos un rato por
+terreno de ligera pendiente; bajamos después, volvimos a subir, y al
+fin se nos mandó hacer alto. Nada se veía, ni el terreno ni el
+enemigo; únicamente distinguíamos desde nuestra posición los
+movimientos de la artillería española, que avanzaba por la carretera
+con bastante presteza. Entonces sentimos camino abajo, y como a
+distancia de tres cuartos de legua, un nuevo tiroteo que cesó al poco
+rato, reproduciéndose después a mayor distancia. Las avanzadas
+francesas retrocedían y Dupont tomaba posiciones.
+
+--¿Qué hora es?--nos preguntábamos unos a otros, anhelando que un rayo
+de sol alumbrase el terreno en que íbamos a combatir.
+
+No veíamos nada, a no ser vagas formas del suelo a lo lejos; y las
+manchas de olivos nos parecían gigantes, y las lomas de los cerros el
+perfil de un gigantesco convoy. Un accidente noté que prestaba extraña
+tristeza a la situación: era el canto de los gallos que a lo lejos se
+oía, anunciando la aurora. Jamás escuché un sonido que tan
+profundamente me conmoviera como aquella voz de los vigilantes del
+hogar desgañitándose por llamar al hombre a la guerra.
+
+Nuevamente se nos hizo cambiar de posición, llevándonos más adelante a
+espaldas de una batería, y flanqueados por una columna de tropa de
+línea. Gran parte de la caballería fué trasladada al lado izquierdo;
+pero a mí, con el regimiento de Farnesio, me tocó permanecer en el ala
+derecha.
+
+De repente una granada visitó con estruendo nuestro campo, reventando
+hacia la izquierda, por donde estaban los generales. Era como un
+saludo de cortesanía entre dos guerreros que se van a matar; un tanteo
+de fuerzas, una bravata echada al aire para explorar el ánimo del
+contrario. Nuestra artillería, poco amiga de fanfarronadas, calló. Sin
+embargo, los franceses, ansiando tomar la ofensiva, con ánimo de
+aterrarnos, acometieron a una columna de la vanguardia que se
+destacaba para ocupar una altura, y la lóbrega noche se iluminó con
+relámpagos, que interrumpiéndose luego, volvieron a encenderse al
+poco rato en la misma dirección.
+
+Por último, aquellas tinieblas en que se habían cruzado los
+resplandores de los primeros tiros, comenzaron a disiparse;
+vislumbramos las recortaduras de los cerros lejanos, de aquel suave,
+inmóvil oleaje de tierra, semejante a un mar de fango, petrificado en
+el apogeo de sus tempestades; principiamos a distinguir el ondular de
+la carretera, blanqueada por su propio polvo, y las masas negras del
+ejército, diseminado en columnas y en líneas; empezamos a ver la
+azulada masa de los olivares en el fondo y a mano derecha; a la
+izquierda las colinas que iban descendiendo hacia el río. Débil y
+blanquecina claridad azuló el cielo antes negro. Volviendo atrás
+nuestros ojos, vimos la irradiación de la aurora, un resplandor que
+surgía detrás de las montañas; y mirándonos después unos a otros, nos
+vimos, nos reconocimos, observamos claramente a los de la segunda
+fila, a los de la tercera, a los de más allá, y nos encontramos con
+las mismas caras del día anterior. La claridad aumentaba por grados;
+distinguíamos los rastrojos, las hierbas agostadas, y después las
+bayonetas de la infantería, las bocas de los cañones, y a lo lejos las
+masas enemigas, moviéndose sin cesar de derecha a izquierda. Volvieron
+a cantar los gallos. La luz, única cosa que faltaba para dar la
+batalla, había llegado, y con la presencia del gran testigo, todo era
+completo.
+
+Ya se podía conocer perfectamente todo el campo. Prestad atención y
+sabréis cómo era. El centro de la fuerza española ocupaba la carretera
+con la espalda hacia Bailén, de allí poco distante; a la derecha del
+camino por nuestra parte se alzaban unas pequeñas lomas que a lo lejos
+subían lentamente hasta confundirse con los primeros estribos de la
+sierra; a la izquierda también había un cerro; pero éste caía después
+en la margen del río Guadiel, casi seco en verano, y que desembocaba
+en el Guadalquivir, cerca de Espelúy. Ocupaba el centro, a un lado y
+otro del camino, poderosa batería de cañones, apoyada por
+considerables fuerzas de infantería; a la izquierda estaba Coupigny
+con los regimientos de Bujalance, Ciudad Real, Trujillo, Cuenca,
+Zapadores y la caballería de España; a la derecha estábamos, además de
+la caballería de Farnesio, los tercios de Tejas, los suizos, los
+valones, el regimiento de Órdenes, el de Jaén, Irlanda y voluntarios
+de Utrera. Mandábanos el Brigadier D. Pedro Grimarest. Los franceses
+ocupaban la carretera por la dirección de Andújar y tenían su
+principal punto de apoyo en un espeso olivar situado frente a nuestra
+derecha; por consiguiente, servía de resguardo a su ala izquierda.
+Asimismo ocupaban los cerros del lado opuesto con numerosa infantería
+y un regimiento de coraceros, y a su espalda tenían el arroyo de
+Herrumblar, también seco en verano, que habían pasado. Tal era la
+situación de los dos ejércitos, cuando la primera luz nos permitió
+vernos las caras. Creo que entrambos nos encontramos respectivamente
+muy feos.
+
+--¿Qué le parece a usted esta aventura, Sr. D. Diego?--dijo
+Santorcaz.
+
+--Estoy entusiasmado--replicó el mozuelo--, y deseo que nos manden
+cargar sobre las filas francesas. ¡Y mi señora madre empeñada en que
+conservara yo aquella espada vieja sin filo ni punta...!
+
+--¿Está usía sereno?--le preguntó Marijuán.
+
+--Tan sereno que no me cambiaría por el emperador Napoleón--repuso el
+Conde--. Yo sé que no puede pasarme nada, porque llevo el escapulario
+de la Virgen de Araceli que me dieron mis hermanitas, con lo cual
+dicho se está que me puedo poner delante de un cañón. ¿Y usted, Sr. de
+Santorcaz, tiene miedo?
+
+--¿Yo?--repuso D. Luis con cierta tristeza--. Ya sabe usted que estuve
+en Hollabrünn, en Austerlitz y en Jena.
+
+--Pues entonces...
+
+--Por lo mismo que presencié tan terribles acciones de guerra, tengo
+miedo.
+
+--¡Miedo! Pues fuera de la fila. Aquí no se quiere gente medrosa.
+
+--No hay soldado aguerrido--afirmó Santorcaz--que no tenga miedo al
+empezar la batalla, por lo mismo que sabe lo que es.
+
+Oído esto, casi todos los bisoños que poco antes reíamos a carcajada
+tendida, saludándonos con bravatas y dicharachos, conforme a la
+guerrera exaltación que nos poseía, callamos, mirándonos unos a otros,
+para cerciorarse cada cual de que no era él solo quien tenía miedo.
+
+--¿Sabéis lo que me ordenó mi señora madre que hiciera al comenzar la
+batalla?--indicó Rumblar--. Pues que rezara un Avemaría con toda
+devoción. Ha llegado el momento. «Dios te salve, María...»
+
+El mayorazguito continuó en voz baja el Avemaría que había empezado en
+alta voz, y todos los de nuestra fila le imitaron, como si aquello en
+vez de escuadrón fuera un coro de religioso rezo, y lo más extraño fué
+que Santorcaz, poniéndose pálido, cerrando los ojos, y quitándose el
+sombrero con humilde gesto, dijo también «Santa María...»
+
+Aún resonaba en el aire la fervorosa invocación, cuando un estruendo
+formidable retumbó en las avanzadas de ambos ejércitos. Las columnas
+francesas del ala derecha se desplegaron en línea y rompieron el fuego
+contra nuestra izquierda.
+
+
+
+
+XXV
+
+
+No poco tiempo se me ha ido en describir la posición de los
+combatientes, la configuración del terreno y el principio del ataque;
+pero no necesito advertir que todo esto pasó en menos tiempo del
+empleado por mi tarda pluma en contarlo. Nuestras fuerzas no estaban
+convenientemente distribuidas cuando tuvo lugar la primera embestida
+de los imperiales. Verificada ésta, no podéis figuraros qué
+precipitados movimientos hubo en la tropa española. Las de retaguardia
+que aún llenaban la carretera, corrían velozmente a sostener la
+izquierda; los cañones ocupaban su puesto; todo era atropellarse y
+correr, de tal modo, que por un instante pareció que el primer ataque
+de los franceses había producido confusión y pánico en las filas de
+Coupigny. En tanto, los de la derecha permanecíamos quietos, y los de
+a caballo que ocupábamos parte de la altura, podíamos ver
+perfectamente los movimientos del combate.
+
+Tras las primeras descargas de las líneas francesas, éstas se
+replegaron, y avanzando la artillería disparó varios tiros a bala
+rasa. Ponían ellos en ejecución su táctica propia, consistente en
+atacar con mucha energía sobre el punto que juzgaban más débil, para
+desconcertar al enemigo desde los primeros momentos. Algo de esto
+lograron al principio; pero nosotros teníamos excelente artillería, y
+disparando también con bala rasa las seis piezas colocadas en la
+carretera y a sus flancos, el centro francés se resintió al instante,
+y para reforzarle tuvo que replegar su ala derecha, produciendo esto
+un pequeño avance en la división de Coupigny. Entretanto, todos
+teníamos fija la vista en el otro extremo de la línea y hacia la
+carretera, y olvidábamos la espesura del olivar que estaba delante. De
+pronto, las columnas ocultas entre los árboles salieron y se
+desplegaron, arrojando un diluvio de balas sobre el frente del ala
+derecha. Desde entonces, el fuego, corriéndose de un extremo a otro,
+se hizo general en el frente de ambos ejércitos. La caballería, brazo
+de los momentos terribles, no funcionaba aún y permanecía detrás,
+quieta y relinchante, conteniéndose con sus propias riendas.
+
+Pero a pesar de generalizarse la lucha, en aquel primer período de la
+batalla todo el interés continuaba, como he dicho, en el ala
+izquierda. Atacada por los franceses con valentía pasmosa, nuestros
+batallones de línea retrocedieron un momento. Casi parecía que iban a
+abandonar su posición al enemigo; pero bien pronto se rehicieron
+tomando la ofensiva al amparo de dos bocas de fuego y de la caballería
+de España, que cargó a los franceses por el flanco. Vacilaron un tanto
+los imperiales de aquella ala, y gran parte de las fuerzas que habían
+salido del olivar se transportaron al otro lado. Su artillería hizo
+grandes estragos en nuestra gente; mas con tanta intrepidez se lanzó
+ésta sobre las lomas que ocupaba el enemigo entre el camino y el río
+Guadiel; con tanta bravura y desprecio de la vida afrontaron los
+soldados de línea la mortífera bala rasa y las cargas de la caballería
+del general Privé, que llegaron a dominar tan fuerte posición.
+
+Antes que esto sucediera, ocurrieron mil lances de esos que ponen a
+cada minuto en duda el éxito de una batalla. Se clareaban nuestras
+líneas, especialmente las formadas con voluntarios; volvían a verse
+compactas y formidables, avanzando como una muralla de carne;
+oscilaban después y parecían resbalar por la pendiente cuando las
+patas delanteras de los caballos de los coraceros principiaban a
+martillar sobre los pechos de nuestros soldados; luego éstos
+rechazaban a los animales con sus haces de bayonetas; caían para
+levantarse con frenético ardor o no levantarse nunca, hasta que, por
+último, el ala francesa se puso en dispersión, replegándose hacia la
+carretera.
+
+Mientras esto pasaba, los de la derecha se sostenían a la defensiva, y
+el centro cañoneaba para mantener en respeto al enemigo, porque casi
+gran parte de la fuerza había acudido a la izquierda; pero una vez que
+se oyeron los gritos de júbilo de los soldados de ésta, posesionados
+de la altura, antes en poder de los franceses, y cuando se vió a éstos
+aglomerarse sobre su centro, dióse orden de avance a las seis piezas
+del nuestro, y por un instante el pánico y desorden del enemigo fueron
+extraordinarios. Para concertarse de nuevo y formar otra vez sus
+columnas tuvieron que retroceder al otro lado del puente del
+Herrumblar. Viéndoles en mal estado, se trató de lanzar toda la
+caballería en su persecución; pero varias de sus piezas, desmontadas
+por nuestras balas, obstruían el camino, también entorpecido con los
+espaldones que habían empezado a formar. El sol esparcía ya sus rayos
+por el horizonte. Nuestros cuerpos proyectaban en la tierra y hacia
+adelante larguísimas sombras negras. Cada animal, con su jinete,
+dibujaba en el suelo una caricatura de hombre y caballo, escueta,
+enjuta, disparatada, y todo el suelo estaba lleno de aquellas absurdas
+legiones de sombras que harían reír a un chico de escuela.
+
+Os reiréis de verme ocupado en tan triviales observaciones; pero así
+era, y no tengo por qué ocultarlo. En aquel momento estábamos en una
+corta tregua, aunque la cosa no pareciera próxima a concluir. Hasta
+entonces sólo habíamos sido atacados por una parte de las fuerzas
+enemigas, pues la división de Barbou, algo rezagada, no estaba aún en
+el campo francés. Entretanto, y mientras se tomaban disposiciones para
+rechazar un segundo ataque, que no sabíamos si sería por la derecha o
+por el centro, retiraban los españoles sus heridos, que no eran pocos;
+mas no ciertamente en mi división, la cual estuviera hasta entonces a
+la defensiva, tiroteándose ambos frentes a alguna distancia. Mi
+regimiento permanecía intacto, reservado sin duda para alguna ocasión
+solemne.
+
+Los franceses no tardaron en intentar la adquisición del puente
+perdido. Su primer ataque fué débil, pero el segundo violentísimo. Oíd
+cómo fué el primero. La infantería española, desplegándose en
+guerrillas a un lado y a otro del camino, les azotaba con espeso
+tiroteo. Lanzaron ellos sus caballos por el puente; mas con tan poca
+fortuna, que tras de una pequeña ventaja obtenida por el empuje de
+aquella poderosa fuerza, tuvieron que retirarse; pasada la sorpresa,
+nuestros infantes les acribillaron a bayonetazos, dejando un
+sinnúmero de jinetes en el suelo y otros precipitados por cima de los
+pretiles al lecho del arroyo. No tuvimos tan buena suerte en el
+segundo ataque, porque renunciando ellos a poner en movimiento la
+caballería en lugar angosto, atacaron a la bayoneta con tanta fiereza,
+que nuestros regimientos de línea, y aun los valientes valones y
+suizos, retrocedieron aterrados. Oí contar en la tarde de aquel mismo
+día a un soldado de los tiradores de Utrera, presente en aquel lance,
+que los franceses, en su mayor parte militares viejos, cargaron a la
+bayoneta con furia sublime, que producía en los nuestros, además del
+desastre físico, una gran inferioridad moral. Me dijo que se
+espantaron, que en un momento viéronse pequeños, mientras que los
+franceses se agrandaban, presentándose como una falange de millones de
+hombres; que los vivas al Emperador y los gritos de cólera eran tan
+furiosamente pronunciados, que parecían matar también por el solo
+efecto del sonido, y que, por último, sintiendo los de acá desfallecer
+su entusiasmo y al mismo tiempo un repentino, invencible cariño a la
+vida, abandonaron aquel puente mezquino, ardientemente disputado por
+dos naciones, y que al fin quedó por Francia. El efecto moral de esta
+pérdida fué muy notable entre nosotros. Advirtióse claramente en todo
+el ejército como un estremecimiento de inquietud que, partiendo de
+aquel gran corazón compuesto de diez y ocho mil corazones, se
+transmitía al tembloroso fusil, asido por la indecisa mano.
+
+Entonces pude observar cómo se individualiza un ejército, cómo se hace
+de tantos uno solo, resumiendo de un modo milagroso los sentimientos
+lo mismo que se resume la fuerza; pude observar cómo aquella gran masa
+recibe y transmite las impresiones del combate con la presteza y
+uniformidad de un solo sistema nervioso; cómo todos los movimientos
+del organismo físico, desde la mano del General en Jefe hasta el casco
+del último caballo, obedecen a la alegría de un momento, a la pena de
+otro momento, a las angustiosas alternativas que en el discurso de
+pocas horas consiente y dispone Dios, espectador no indiferente de
+estas barbaridades de los hombres.
+
+La pérdida del puente sobre el Herrumblar, que al amanecer se había
+ganado, hizo que el ala derecha retrocediera buscando mejor posición.
+Casi todas las posiciones se variaron. Los generales conocían la
+inminencia de un ataque terrible, los soldados viejos la preveían, los
+bisoños la sospechábamos, y nuestros caballos, reculando y
+estrechándose unos contra otros, olían en el espacio, digámoslo así,
+la proximidad de una gran carnicería.
+
+Eran las seis de la mañana y el calor principiaba a dejarse sentir con
+mucha fuerza. Sentíamos ya en las espaldas aquel fuego que más tarde
+había de hacernos el efecto de tener por medula espinal una barra de
+metal fundido. No habíamos probado cosa alguna desde la noche
+anterior, y una parte del ejército ni aun en la noche anterior había
+comido nada. Pero este malestar era insignificante comparado con otro
+que desde la mañana principió a atormentarnos: la sed, que todo lo
+destruye, alma y cuerpo, infundiendo una rabia inútil para la guerra,
+porque no se sacia matando. Es verdad que de Bailén salían en bandadas
+multitud de mujeres con cántaros de agua para refrescarnos; pero de
+este socorro apenas podía participar una pequeña parte de la tropa,
+porque los que estaban en el frente no tenían tiempo para ello. Más de
+una vez aquellas valerosas mujeres se expusieron al fuego, penetrando
+en los sitios de mayor peligro, y llevando sus alcarrazas a los
+artilleros del centro. En los puntos de mayor peligro, y donde era
+preciso estar con el arma en el puño constantemente, nos disputábamos
+un chorro de agua con atropellada brutalidad: rompíanse los cántaros
+al choque de veinte manos que los querían coger, caía el agua al
+suelo, y la tierra, más sedienta aún que los hombres, se la chupaba en
+un segundo.
+
+
+
+
+XXVI
+
+
+¿Por qué sitio pensaban atacarnos los franceses? Conociendo que el
+centro era inexpugnable por entonces, siendo el principal objeto de
+Dupont abrirse camino hacia Bailén, y considerando peligroso
+intentarlo por el ala izquierda, no sólo porque allí la posición de
+los españoles era excelente, sino porque les ofrecía un gran peligro
+la cuenca del Guadiel, determinaron atacar nuestra ala derecha,
+esperando abrir en ella un boquete que les diera paso. Su artillería
+no cesaba de arrojar bala rasa, protegiendo la formación de las
+poderosas columnas que bien pronto debían hostilizarnos. Al punto se
+reforzó el ala derecha, se desplegaron en línea varios batallones, y
+sin esperar el ataque marcharon hacia el enemigo, amparados por dos
+piezas de artillería. El primer momento nos fué favorable. Pero el
+olivar vomitó gente y más gente sobre nuestra infantería. Por un
+instante confundidas ambas líneas en densa nube de polvo y humo, no se
+podía saber cuál llevaba ventaja. Caían los nuestros sobre los
+imperiales, y la metralla enemiga les hacía retroceder; avanzaban
+ellos, y adquiríamos a nuestra vez momentánea inferioridad.
+
+Por largo tiempo duró este combate, tanto más cruel, cuanto era más
+proporcionado el empuje de una y otra parte, hasta que al fin
+observamos síntomas de confusión en nuestras filas; vimos que se
+quebraban aquellas compactas líneas, que retrocedían sin orden, que
+chocaban unos con otros los grupos de soldados. La división se
+conmovió toda, y dos batallones de reserva avanzaron para restablecer
+el orden. Gritaban los jefes hasta quedarse sin voz, y todos se ponían
+a la cabeza de las columnas, conteniendo a los que flaqueaban y
+excitando con ardorosas palabras a los más valientes. Los tercios de
+Tejas y el regimiento de Órdenes al frente se lanzaron, mientras el
+concierto se restablecía en los cuerpos que hasta entonces habían
+sostenido el fuego. Sobre todo el regimiento de Órdenes, uno de los
+más valientes del ejército, se arrojó sobre el enemigo con una
+impavidez que a todos nos dejó conmovidos de entusiasmo. Su coronel,
+D. Francisco de Paula Soler, parecía dar fuego a todos los fusiles con
+la arrebatadora llama de sus ojos; con el gesto de su mano derecha
+empuñando la espada, que parecía un rayo; con sus gritos, que
+sobresalían entre el granizado tiroteo, sublimando a los soldados.
+
+De tal modo arreciaron la metralla y la fusilería enemiga, que casi
+toda la primera fila del valiente regimiento de Órdenes cayó, cual si
+una gigantesca hoz la segara. Pero sobre los cuerpos palpitantes de la
+primera fila pasó la segunda, continuando el fuego. Como si los tiros
+franceses persiguieran con inteligente saña las charreteras, el
+regimiento vió desaparecer a muchos de sus oficiales.
+
+Reforzáronse también los enemigos, y desplegando nueva línea con gente
+de reserva, avanzaron a la bayoneta, pujantes, aterradores,
+irresistibles. ¡Momento de incomparable horror! Figurábaseme ver a dos
+monstruos que se baten, mordiéndose con rabia, igualmente fuertes, y
+que hallan en sus heridas, en vez de cansancio y muerte, nueva cólera
+para seguir luchando.
+
+Cuando las bayonetas se cruzaban, el campo ocupado por nuestra
+infantería se clareó a trozos; sentimos el crujido de poderosas
+cureñas, rebotando en el suelo de hoyo en hoyo al arrastre de las
+mulas, castigadas sin piedad, los cañones de a 12 enfilaron el eje de
+sus ánimas hacia las líneas enemigas; los botes de metralla penetraron
+en el bronce; se atacaron con prontitud febril, y un diluvio de puntas
+de hierro, hendiendo horizontalmente el aire, contuvo la marcha del
+frente francés. A un disparo sucedía otro; la infantería, rehecha,
+flanqueaba los cañones, y para completar el acto de desesperación, un
+grito resonó en nuestro regimiento. Todos los caballos patalearon,
+expresando en su ignoto lenguaje que comprendían la sublimidad del
+momento; apretamos con fuerte puño los sables, y medimos la tierra que
+se extendía delante de nosotros. La caballería iba a cargar.
+
+Vimos que a todo escape se nos acercó un General, seguido de gran
+número de oficiales. Era el marqués de Coupigny, alto, fuerte, rubio,
+colorado de suyo, y en aquella ocasión encendido, como si toda su cara
+despidiera fuego. Era Coupigny hombre de pocas palabras; pero suplía
+su escasez oratoria con la llama de su mirar, que era por sí una
+proclama. Nosotros pusimos atención esperando que nos dijera alguna
+cosa; pero el General dispuso con un gesto la dirección del
+movimiento, y después nos miró. No necesitamos más.
+
+--¡Viva España! ¡Viva el rey Fernando! ¡Mueran los
+franceses!--exclamamos todos; y el escuadrón se puso en movimiento.
+
+Estábamos formados en columna, y nos desplegamos en batalla sobre los
+costados, bajando a buen paso, pero sin precipitación, de la altura
+donde habíamos estado. Maniobramos luego para tener a nuestro frente
+el flanco enemigo; las tropas que por allí atacaban dicho flanco
+doblaron por cuartas para darnos paso por los claros; el jefe gritó:
+«A la carga»; picamos espuela, y ciegamente caímos sobre el enemigo
+como repentina avalancha. Yo, lo mismo que Santorcaz, el mayorazgo y
+los demás de la partida, íbamos en la segunda fila. Penetraron
+impetuosamente los de la primera, acuchillando sin piedad; los
+caballos bramaban de furor, sintiéndose heridos a fuego y a hierro.
+Algunos caían, dejando morir a sus jinetes, y otros se arrojaban con
+más fuerza, destrozando cuanto hallaban bajo sus poderosas manos. Los
+de la primera fila hicieron gran destrozo; pero a los de la segunda
+nos costó más trabajo, porque avanzando demasiado los delanteros,
+quedamos envueltos por la infantería, lo cual atenuaba un poco nuestra
+superioridad. Sin embargo, destrozábamos pechos y cráneos sin piedad.
+
+Yo ví a Rumblar, ciego de ira, luchando cuerpo a cuerpo con un
+francés; vi a Santorcaz dando pruebas de tener un puño formidable para
+el manejo del sable; usélo con toda la destreza que me era posible, y
+lo mismo yo que mis amigos y otros muchos jinetes de mi fila nos
+internamos locamente por el grueso de la infantería contraria. Otro
+escuadrón daba nueva carga por el mismo flanco, lo cual, observado por
+nosotros, nos reanimó. No íbamos mal; pero los franceses eran muchos,
+estaban muy hechos a tales embestidas, y sabían defenderse bien de la
+pesadumbre de los caballos, así como de los sablazos.
+
+Sin embargo, no retrocedían delante de nosotros. Ya se sabe que siendo
+el objeto de la caballería producir un gran sacudimiento y pavor en
+las filas enemigas por la violencia del primer choque, cuando éste no
+da el resultado apetecido, y se empeñan combates parciales entre los
+caballos y una numerosa infantería, los primeros corren gran riesgo de
+desaparecer, brutales masas, devoradas en aquel hervidero de agilidad
+y destreza. Aunque en la carga les causamos gran daño, no les pusimos
+en dispersión: los combates parciales se entablaron pronto, y fué
+preciso que la caballería de España, a escape traída del ala
+izquierda, nos reforzase, para no ser envueltos y perdidos sin
+remisión. Hubo un momento en que me vi próximo a la muerte. A mi lado
+no había más que dos o tres jinetes, que se hallaban en trance tan
+apurado como yo; nos miramos, y comprendiendo que era preciso hacer un
+supremo esfuerzo, arremetimos a sablazos con bastante fortuna. Con
+esto y el pronto auxilio de la carga hecha en el mismo instante por la
+caballería de España, salimos del apuro. Revolviendo atrás, hundí las
+espuelas, y mi caballo se puso de un salto en la nueva fila. No vi a
+mi lado más cara conocida que la de Marijuán. El Conde y Santorcaz
+habían desaparecido.
+
+En el mismo instante mi caballo flaqueó de sus cuartos traseros.
+Intenté hacerle avanzar, clavándole impíamente las espuelas; el noble
+animal, comprendiendo sin duda la inmensidad de su deber y tratando de
+sobreponerle a la agudeza de su dolor, dió algunos botes; pero cayó al
+fin, escarbando la tierra con furia. El desgraciado había recibido una
+terrible herida en el vientre, y falto de palabra para expresar su
+padecimiento, bramaba, aspirando con ansia el aire inflamado, sacudía
+el cuello; parecía dar a entender que hallando un charco de agua en
+que remojar la lengua, sus dolores serían menos vivos, y al fin se
+abandonó a su suerte, tendiéndose sobre el campo, indiferente al ruido
+del cañón y al toque de degüello.
+
+
+
+
+XXVII
+
+
+Viéndome desmontado, me dirigí a buscar un puesto entre las escoltas
+de la artillería o en el servicio de municiones, que se hacía
+precipitadamente por los tambores entre los carros y las piezas. Al
+dar los primeros pasos, advertí el extraordinario decaimiento de mis
+fuerzas físicas; no podía tenerme en pie, y el ardor de mi sangre,
+llegado a su último extremo, me paralizaba cual si estuviese enfermo.
+No es propio decir que hacía calor, porque esta frase, común al verano
+de todos los países europeos, es inexpresiva para indicar la espantosa
+inflamación de aquella atmósfera de Andalucía en el día infernal que
+presenció la batalla de Bailén. El efecto que hacía en nuestros
+cuerpos era el de una llamarada que los azotaba por todos lados: la
+cara se nos abrasaba como cuando nos asomamos a un horno encendido, y
+deshechos en sudor, nuestros cuerpos hervían, descomponiéndose la
+economía entera, desde el instante en que fuertes excitaciones del
+espíritu dejaban de sostenerla.
+
+Cuando me encontré a pie y a regular distancia del combate, que seguía
+con ventaja para los españoles, empecé a sentir vivamente y de un modo
+irresistible el aguijón candente de la sed que horadaba mi lengua, y
+la corriente de fuego que envolvía mi cuerpo. Esto me daba tal
+desesperación, que de prolongarse mucho hubiérame impelido a beber la
+sangre de mis propias venas. Por ninguna parte divisaba a la gente del
+pueblo que antes trajera cántaros con agua, y al buscar con ansiosa
+inspiración en el seco aire una partícula de agua, bebía y respiraba
+oleadas de polvo abrasador.
+
+Por un rato perdí toda la exaltación guerrera y el furor patriótico
+que antes me dominaban, para no pensar más que en la probabilidad de
+beber, previendo las delicias de un sorbo de agua, y anhelando apagar
+aquellas ascuas pegajosas que en mi boca revolvía. Con este deseo
+caminé largo trecho entre las filas de retaguardia del centro: los
+soldados de los regimientos que allí se rehacían para salir de nuevo
+al frente, clamaban también pidiendo agua. Vimos con alegría que desde
+el pueblo venían corriendo algunos hombres con cubos; pero al punto se
+nos dijo que aquella agua no era para nosotros: era para otros
+sedientos cuyas bocas necesitaban refrescarse antes que las nuestras
+si el combate había de tener buen éxito; era para los cañones.
+
+La resistencia enérgica de las dos piezas del ala derecha, combinadas
+con las seis de la batería central, y el auxilio de la caballería
+atacando por el flanco la línea enemiga, hizo que ésta fuese
+rechazada, a pesar de su frente compacto, de su incomparable bravura.
+Los franceses se retiraron, dejándose perseguir y desposicionar por la
+infantería y caballos de nuestra derecha. Harto se conocía este
+resultado en los gritos de alegría, en aquel concierto de injurias con
+que el vencedor confirma la catástrofe del vencido, cuando éste vuelve
+la espalda. El sitio donde yo estaba se vió despejado por el avance de
+nuestras tropas, y en casi todos los jefes que allí había observé tal
+expresión de gozo, que sin duda consideraban asegurada la victoria.
+¡Oh, momento feliz! Ya se podía pensar en beber. ¿Pero dónde?
+
+Después del avance de nuestras tropas, que no ocuparon enteramente las
+posiciones francesas por ofrecer esto algún peligro, los soldados del
+regimiento de Órdenes divisaron una noria, en el momento en que los
+franceses, que durante la acción habíanla ocupado, se hallaban en el
+caso de abandonarla. Vieron todos aquel lugar como un santuario cuya
+conquista era el supremo galardón de la victoria, y se arrojaron sobre
+los defensores del agua escasa y corrompida que arrojaban unos
+cuantos arcaduces en un estanquillo. Los enemigos, que no querían
+desprenderse de aquel tesoro, lo defendían con la rabia del sediento.
+Apenas disparados los primeros tiros, otros muchos franceses,
+extenuados de fatiga, y encontrándose ya sin fuerzas para combatir si
+no les caía del cielo o les brotaba de la tierra una gota de agua,
+acudieron a beber, y viéndola tan reciamente disputada, se unieron a
+los defensores.
+
+Oí decir: «¡Allí hay agua, allí se están disputando la noria!», y no
+necesité más. Lancéme, y conmigo se lanzaron otros en aquella
+dirección; tomé del suelo un fusil que aún apretaba en sus manos un
+soldado muerto, y corrí con los demás a todo escape en dirección a la
+noria. Penetramos en un campo a medio segar, a trechos cubierto de
+altos trigos secos, a trechos en rastrojo. La lucha en la noria se
+hacía en guerrillas; acerquéme a la que me pareció más floja, y
+desprecié la vida, lleno mi espíritu del frenético afán de conquistar
+un buche de agua. Aquel imperio, compuesto de dos mal engranadas
+ruedas de madera, por las cuales se escurría un miserable lagrimeo de
+agua turbia, era para nosotros el imperio del mundo. La hidrofagia,
+que a veces amilana, a ratos también convierte al hombre en fiera,
+llevándole con sublime ardor a desangrarse por no quemarse.
+
+Los franceses defendían su vaso de agua, y nosotros se lo
+disputábamos; pero de improviso sentimos que se duplicaba el calor a
+nuestras espaldas. Mirando atrás, vimos que las secas espigas ardían
+como yesca, inflamadas por algunos cartuchos caídos por allí, y sus
+terribles llamaradas nos freían de lejos la espalda. «O tomar la noria
+o morir», pensamos todos. Nos batíamos apoyados contra una hoguera, y
+la hambrienta llama, al morder con su diente insaciable en aquel
+pasto, extendía alguna de sus lenguas de fuego azotándonos la cara. La
+desesperación nos hizo redoblar el esfuerzo, porque nos asábamos,
+literalmente hablando; y por último, arrojándonos sobre el enemigo,
+resueltos a morir, la gota de agua quedó por España al grito de «¡Viva
+Fernando VII!»
+
+Por un momento dejamos de ser soldados, dejamos de ser hombres, para
+no ser sino animales. Si cuando sumergimos nuestras bocas en el agua,
+hubiera venido un solo francés con un látigo, habríanos azotado, sin
+que intentáramos defendernos. Después de emborracharnos en aquel
+néctar fangoso, superior al vino de los dioses, nos reconocimos otra
+vez en la plenitud de nuestras facultades. ¡Qué Inmensa alegría! ¡Qué
+superabundancia de fuerza y de orgullo!
+
+¿Pero habíamos vencido definitivamente a los franceses? Cuando se
+disipó aquella lobreguez moral con que la horrible sequedad del cuerpo
+había envuelto el espíritu, nos vimos en situación muy difícil.
+Corriendo hacia la noria nos habíamos apartado de nuestro campo, y
+adviértase que si el ejército francés fué rechazado con grandes
+pérdidas, conservaba aún sus posiciones. ¿Iba a emprender nuevo
+ataque, con el último esfuerzo de la desesperación? Creíamos que sí,
+y señales de esto notamos en el campo enemigo que teníamos tan cerca.
+Al punto corrimos desbandados hacia el nuestro, que estaba algo lejos,
+y saltando por junto a los trigos incendiados, abandonamos la noria,
+por temor a que fuerzas más numerosas que las nuestras nos hicieran
+prisioneros.
+
+Verdad que los franceses, no dando ya ninguna importancia a las
+acciones parciales, se ocupaban en organizar el resto y lo mejor de su
+fuerza para dar un golpe de mano, última estocada del gigante que se
+sentía morir. Corrimos, pues, hacia nuestro campo. Ya cerca de él,
+pasó rápidamente por delante de mí un caballo sin jinete, arrogante,
+vanaglorioso, con la crin al aire, sano y sin heridas, algo azorado y
+aturdido. Era un animal de pura casta cordobesa, lo mismo que el mío.
+Le seguí, y apoderándome de sus bridas, cuando volvía, me monté en él;
+después de ser por un rato soldado de a pie, tornaba a ser jinete.
+Busqué con la vista el escuadrón más próximo, y vi que a retaguardia
+del centro se formaba en columna con distancias el de España. Entré en
+las primeras filas, a punto que dijeron junto a mí.
+
+--Los generales franceses harán el último esfuerzo. Dicen que hay unas
+tropas que todavía no han entrado en fuego, y son las mejores que
+Napoleón ha traído a España.
+
+Efectivamente, el centro se preparaba a una defensa valerosa, y
+guarnecía sus baterías, distribuía los regimientos a un lado y otro,
+agrupando a retaguardia fuerzas considerables de caballería. Cuando
+esto pasaba, sentí un vivo clamor de la naturaleza dentro de mí, sentí
+hambre, pero ¡qué hambre!... Francamente, y sin ruborizarme, digo que
+tenía más ganas de comer que de batirme. ¿Y qué? ¿Este miserable hijo
+de España no había hecho ya bastante por su Rey y por su patria, para
+permitir llevarse a la boca un pedazo de pan?
+
+En estas reflexiones, registré primero la grupa de mi cabalgadura
+allegadiza, donde no había más que alguna ropa blanca, y después las
+pistoleras, donde encontré un mendrugo. ¡Hallazgo incomparable! No
+satisfecho, sin embargo, con tan poca ración, llevé mis exploraciones
+hasta lo más profundo de aquellos sacos de cuero, y mis dedos
+sintieron el contacto de unos papeles. Saquélos, y vi un pequeño
+envoltorio y tres cartas, la una cerrada y las otras dos cubiertas,
+todas con sobrescrito. Leí el primer sobre que se me vino a la mano, y
+decía así: «Al Sr. D. Luis de Santorcaz, en Madrid, calle de...»
+
+Había montado en el caballo de Santorcaz.
+
+
+
+
+XXVIII
+
+
+Olvidándome al instante de todo, no pensé más que en examinar bien lo
+que tenía en las manos. El sobrescrito de la primera carta que saqué
+y que estaba abierta, era de letra femenina, que reconocí al momento.
+El de la carta cerrada, que sin duda no estaba ya en la estafeta por
+detención involuntaria, era de hombre y decía: «Sra. Condesa de...
+(aquí el título de Amaranta), en Córdoba, calle de la Espartería.»
+El tercer sobre, también de carta abierta, era de letra de hombre y
+dirigido a Santorcaz. Desenvolví en seguida el envoltorio de papeles,
+que guardaba un bulto como del tamaño de un duro, y al ver lo que
+contenía, una luz vivísima inundó mi alma y sentí dolorosa punzada en
+el corazón. Era el retrato de Inés.
+
+Aquella aparición en el campo de batalla, en medio del zumbido de los
+cañones y del choque de las armas; la inesperada presencia ante mí de
+aquella cara celestial, fielmente reproducida por un buen artista; la
+sonrisa iluminada que creí observar sobre la placa, cuando fijé en
+ella mis ojos; aquella repentina visita, pues no era otra cosa, de mi
+fiel amiga, cuando yo hacía tan vivos esfuerzos para ser digno de
+ella, me regocijaron de un modo inexplicable. Para iluminar los rasgos
+y colores de aquel retrato que sonreía, valía la pena de que saliese
+el sol, de que existiese el mundo, de que la serie del tiempo trajera
+aquel día, aunque deslustrado por los horrores de una batalla.
+
+Estreché a la Inés de dos pulgadas contra mi corazón y la guardé en mi
+pecho, resuelto a no darla, aunque la materialidad del pedazo de cobre
+pintado no me pertenecía. Mas era preciso leer aquellos papeles, que
+podían esclarecer alguna de mis dudas. Detúvome al principio la
+vergüenza de leer cartas ajenas, lo cual es cosa fea; pero consideré
+que Santorcaz habría muerto, fundándome en la dispersión de su caballo
+abandonado, y además, como la curiosidad me picaba, me escocía, me
+quemaba de un modo muy vivo, decidíme a leer la carta abierta, porque
+el deseo de hacerlo era más fuerte que todas las consideraciones.
+
+Yo estaba completamente absorto en aquel asunto de interés íntimo; yo
+no atendía a la batalla; yo no hacía caso de los cañonazos; yo no me
+fijaba en los gritos; yo no apartaba del papel los ojos, aunque sentía
+correr por junto a mis oídos el estrepitoso aliento de la lucha. En
+aquel instante, entre los veinte mil hombres que, formando dos grandes
+conjuntos, se disputaban unas cuantas varas de terreno, yo era quizás
+el único que merecía el nombre de individuo. Átomo disgregado
+momentáneamente de la masa, se ocupaba de sus propias batallas.
+
+La carta abierta, que llevaba la firma de Amaranta, decía así, después
+de las fórmulas de encabezamiento:
+
+«¿Eres un malvado o un desgraciado? En verdad no sé qué creer, pues de
+tu conducta todo puede deducirse. Después de una ausencia de muchos
+años, durante los cuales nadie ha logrado traerte al buen camino,
+ahora vuelves a España sin más objeto que hostigarme con pretensiones
+absurdas a que mi dignidad no me permite acceder. Harto he hecho por
+tí, y ahora mismo, cuando me has manifestado tu situación, te he
+propuesto un medio decoroso de remediarla. ¿Qué más puedo hacer? Pero
+no te satisface lo que en la actualidad y siempre bastaría a calmar la
+ambición de un hombre menos degradado que tú; te rebelas contra mis
+beneficios, y aspiras a más, amenazándome sin miramiento alguno. A
+todo eso contesto diciéndote que desprecio tus amenazas, y que no las
+temo. No; no es posible que por la amenaza consiga nadie de mí lo que
+me impelen a negar mi dignidad, mi categoría, mi familia y mi nombre.
+Nunca creí que aspiraras a tanto, y siempre pensé que te conceptuarías
+muy feliz con lo que otras veces has alcanzado de mí, y hoy te
+ofrezco, haciendo un verdadero sacrificio, porque el estado del reino
+ha disminuido nuestras rentas...»
+
+Al llegar aquí, el golpe de un peso que cayó, chocando con mi rodilla,
+me hizo levantar la vista de la carta. El soldado que formaba junto a
+mí, herido mortalmente por una bala perdida, había rodado al suelo. En
+aquel intervalo vi hacia el frente, envueltas en espeso humo, las
+columnas francesas que venían a atacar el centro. Pero mi ánimo no
+estaba para fijar la atención en aquello. Pude notar que la caballería
+avanzaba un poco, pero después retrocedía y oscilaba de flanco; pero
+dejándome llevar por el caballo, con los ojos fijos en el papel, que
+sostenía a la altura de las riendas, no puse ni un desperdicio de
+voluntad en aquellos movimientos de la máquina en que estaba
+engranado. La carta continuaba así:
+
+«...En vano para conmoverme finges gran interés por aquel ser
+desgraciado que vino al mundo como testimonio vivo de la funesta
+alucinación y del fatal error de su madre. ¿A qué ese sentimiento
+tardío? ¿A qué acusarme de su abandono? No, esa niña no existe; te han
+engañado los que te han dicho que yo la he recogido. Mal podría
+recogerla cuando ya es un hecho evidente que Dios se la llevó de este
+mundo. ¿A qué conduce el amenazarme con ella, haciéndola instrumento
+de tus malas artes para conmigo? No pienses en esto. Por última vez te
+aconsejo que desistas de tus locas pretensiones, y te presentes ante
+mí con bandera de paz. ¿Eres un malvado o un desgraciado? Yo sería muy
+feliz si me probaras lo segundo, porque uno de mis mayores tormentos
+consiste en suponer tan profundamente corrompido el corazón que hace
+años sólo existía para amarme...»
+
+Con esto y la firma de Amaranta terminaba la epístola, cuya lectura,
+absorbiendo mi atención, me distraía de la batalla. El fragor de ésta
+zumbaba en mis oídos como el rumor del mar, a quien generalmente no se
+hace caso desde tierra. ¿Es tal vuestra impertinencia que queréis
+obligarme a contaros lo que allí pasaba? Pues oíd. Cuando la tropa
+francesa de línea retrocedió por tercera vez, extenuada de hambre, de
+sed y de cansancio; cuando los soldados que no habían sido heridos se
+arrojaban al suelo maldiciendo la guerra, negándose a batirse,
+insultando a los oficiales que les llevaran a tan terrible situación,
+el General en Jefe reunió la plana mayor, y expuesto en breve consejo
+el estado de las cosas, se decidió intentar un último ataque con los
+marinos de la guardia imperial, aún intactos, poniéndose a la cabeza
+todos los generales.
+
+Por eso cuando, leída la carta, alcé los ojos, vi delante de las
+primeras filas de caballería algunas masas de tropa escoltando los
+seis cañones de la carretera, cuyo fuego certero y terrible había sido
+el nudo gordiano de la batalla. Servidos siempre con destreza y al fin
+con exaltación, aquellos seis cañones eran durante unos minutos la
+pieza de dos cuartos arrojada por España y Francia, por la usurpación
+y la nacionalidad, en un corrillo de veinte mil soldados. ¿Cara o
+cruz? ¿Las tomarían los franceses? ¿Se dejarían quitar los españoles
+aquellos cañones? ¿Quién podría más, nuestros valientes y hábiles
+oficiales de artillería, o los quinientos marinos?
+
+Yo vi a éstos avanzar por la carretera, y entre el denso humo
+distinguimos un hombre puesto al frente del valiente batallón y
+blandiendo con furia la espada; un hombre de alta estatura, el rostro
+desfigurado por la costra de polvo que amasaban los sudores de la
+angustia; de uniforme lujoso y destrozado en la garganta y seno, como
+si lo hubiera hecho pedazos con las uñas para dar desahogo al oprimido
+pecho. Aquella imagen de la desesperación, que tan pronto señalaba la
+boca de los cañones como el cielo, indicando a sus soldados un alto
+ideal al conducirles a la muerte, era el desgraciado general Dupont,
+que había venido a Andalucía seguro de alcanzar el bastón de Mariscal
+de Francia. El paseo triunfal de que al partir de Toledo habló, había
+tenido aquel tropiezo.
+
+Los repetidos disparos de metralla no detenían a los franceses.
+Brillaban los dorados uniformes de los generales puestos al frente, y
+tras ellos la hilera de marinos, todos vestidos de azul y con grandes
+gorras de pelo, avanzaba sin vacilación. De rato en rato, como si una
+manotada gigantesca arrebatase la mitad de la fila, así desaparecían
+hombres y hombres. Pero en cada claro asomaba otro soldado azul, y el
+frente de columna se rehacía al instante, acercándose imponente y
+aterrador. Acelerábase su marcha al hallarse cerca; iban a caer como
+legión de invencibles demonios sobre las piezas para clavarlas y
+degollar sin piedad a los artilleros.
+
+Los que asistían a aquel espectáculo, sin ser actores de él, estaban
+mudos de estupor, con el alma y la vida en suspenso, cual si
+aguardaran el resultado de la porfía para dejar de existir o seguir
+existiendo. No obstante, ¿creerán mis lectores que algo ocupaba mi
+espíritu más de lleno que la última peripecia? Pues sí: yo tenía en mi
+mano la carta cerrada, y la curiosidad por leerla no era curiosidad;
+era una sed moral más terrible que la sed física que poco antes me
+atormentara. Incapaz de resistirla, sintiendo que todo se eclipsaba
+ante la inmensidad del interés despertado en mí por los asuntos de dos
+o tres personas que no habían de decidir la suerte del mundo, tomé la
+carta, la abrí sin reparar en lo vituperable de esta acción, y al
+punto la devoré con los ojos, leyendo lo siguiente:
+
+«Señora Condesa: Vuestra carta me anuncia que nada puedo esperar de
+vos por los honrados medios que os he propuesto. No me sorprende, y si
+en la última que me dirigisteis, dictada sin duda por vuestro propio
+corazón, mostrabais bastante generosidad, en ésta reconozco las ideas
+de vuestra tía la señora Marquesa, que en otro tiempo os dijo que
+antes quería veros muerta que casada con un hombre inferior a vuestra
+clase. Preguntáis que si soy un malvado o un desgraciado, y contesto
+que ya que os alcanza la responsabilidad de lo segundo, a vos también
+os tocará sin duda la triste gloria de lo primero. Esta será la última
+que os escriba el que en algún tiempo no hubiera cambiado por todas
+las delicias del Paraíso el gozo de leer una letra de vuestra mano.
+Quizás por mucho tiempo no oigáis hablar de mí; quizás disfrutéis la
+inefable satisfacción de creer que he muerto; pero en la obscuridad y
+lejos de vos, yo me ocuparé de lo que me pertenece. ¿Quién es el
+culpable, vos o yo? Cuando supe en Madrid que habíais recogido a
+nuestra hija después de largo abandono, os prometí legitimarla por
+subsiguiente matrimonio, como correspondía a personas honradas.
+Primero me contestasteis indecisa, y luego furiosa, rechazando una
+proposición que calificabais de absurda, de irreverente, y llamándome
+jacobino, francmasón, calavera, perdido, tramposo, con otras injurias
+que quisiera oír en tan linda boca. Yo acepto el bofetón de vuestro
+orgullo. Lo que no me explico es la desfachatez con que negáis haber
+recogido a vuestra hija. ¿Y decís que esto no me importa? Ya veréis
+si me importa o no. Yo sé que la habéis recogido; yo sé que está en un
+convento; yo sé que su boda con el conde de Rumblar está concertada;
+yo sé que para realizarla se han tenido en cuenta poderosos intereses
+de ambas familias, que la hacen imprescindible; yo sé que para llevar
+a efecto la legitimación se ha consumado una superchería poco digna de
+personas como...»
+
+Una conmoción inmensa, un estrépito indescriptible me obligaron a
+apartar de la carta mi atención. Los marinos llegaban a la boca de los
+cañones, y un combate terrible, en que parecíamos llevar lo mejor, se
+había trabado. Esto era sin duda sublime; esto sacaba de quicio y
+conmovía el alma en su fundamento; pero ¿no había algo más en el
+mundo? Inés, su madre, su padre, su porvenir, su casamiento, y yo con
+mi desmedido y leal amor; yo, preguntándome si podría subir hasta
+ella, o si era preciso hacerla descender hasta mí... ¡Oh! ésta sí que
+era batalla; ésta sí que era lucha, señores. Su campo estaba dentro de
+mí, y sus fuerzas terribles chocaban dentro del espacio silencioso de
+mi pensamiento. ¿Cómo no atender a ella más que a otra alguna? El
+corazón, tirano indiscutible, agrandando inconmensurablemente las
+proporciones de mi batalla, habíala hecho mayor que aquella de que tal
+vez dependían los destinos del mundo.
+
+Yo vi los marinos próximos ya, muy próximos a nuestros cañones; sentí
+gritos de júbilo y de victoria pronunciados en española lengua, y,
+aunque todo esto me conmovía mucho, la carta no concluida me quemaba
+la mano. Decid que yo era un estúpido egoísta; pero, señores, ¿y la
+carta, y aquel _casamiento imprescindible_, y aquella _superchería_
+misteriosa?... ¿Se ganaba la batalla? Creo que sí, y la faz de Europa
+variaría sin duda. ¿Pero qué me importaba el enojo del Imperio, el
+júbilo de Inglaterra, el estupor de Rusia, los preparativos de la
+coalición, el descrédito del Grande Ejército?
+
+¿Hemos de sobreponer el interés de los conjuntos lanzados a bárbaras
+guerras, al interés del inocente individuo que a solas lucha por el
+bien y por el amor? ¿Hemos de sobreponer el interés de la guerra, que
+destruye, al del amor, que crea y aumenta y embellece lo creado? Reíos
+de mí; pero al mismo tiempo pensad en el modo de probarme que un
+corazón ocupa menos espacio en la totalidad del universo que los
+quinientos diez millones de kilómetros cuadrados de la pelota de
+tierra en que habitamos.
+
+Si es egoísmo, confieso mi egoísmo, y declaro a la faz de mi auditorio
+que en el punto en que se eclipsaba la estrella que por diez años
+había iluminado la Europa, volví a fijar los ojos en la carta para
+continuar leyendo. Si no quieren ustedes enterarse de ello, no se
+enteren; pero es mi deber decir que la carta concluía así:
+
+«...una superchería poco digna de personas como vos. Segura estáis, y
+con razón, de que nada puedo contra vos. En efecto; yo sé que si algo
+intentara, sería vencido. Pobre, sin recursos, sin valimiento, ¿qué
+podría contra la justicia, que sólo defiende a los poderosos? Pero mi
+hija me pertenece, y si hoy no está en mi poder, os aseguro que lo
+estará mañana. Entretanto guardaos vuestro dinero.»
+
+No decía más. Pero cuando acabé de leerla, ¡qué nueva y terrible fase
+tomaba la refriega entre los marinos y nuestros soldados! ¡Santo Dios!
+¿Perderíase la batalla? Destrozados en el primer ataque los franceses,
+lo repetían sacando el último resto de bravura de sus corazones
+resecados por el calor, y volvían a la carga resueltos a dejarse hacer
+trizas en la boca de los cañones, o tomarlos. Nuestros soldados
+sacaban fuerzas de su espíritu, porque en el cuerpo ya no las tenían.
+Hasta los artilleros empezaban a desfallecer, y heridos casi todos los
+primeros de izquierda y derecha, atacaban los segundos, daban fuego
+los terceros, y el servicio de municiones era hecho por paisanos. Los
+franceses, medio resucitados con la valentía de los marinos, pudieron
+habilitar dos piezas, y desde lejos, y tomando por blanco la masa de
+nuestra caballería, disparaban bastantes tiros. Su larga trayectoria,
+pasando por encima de la batería española, hería las primeras filas de
+mi regimiento. Este se encabritó como si fuera un solo caballo;
+chocamos unos con otros, y el espectáculo de dos compañeros muertos
+sin combatir nos llenó de terror. Al mismo tiempo oímos decir que
+escaseaban las municiones de cañón. ¡Terrible palabra! Si nuestros
+cañones llegaban a carecer de pólvora, si en sus almas de bronce se
+extinguía aquella indignación artificial, cuyo resoplido conmueve y
+trastorna el aire, estremece el suelo y arrasa cuanto encuentra por
+delante, bien pronto serían tomados por los valientes marinos, y les
+aguardaba el morir inutilizados por el denigrante clavo, fruslería que
+destruye un gigante, alfiler que mata a Aquiles.
+
+Esta consideración ponía los pelos de punta. ¿Sucumbiría España? ¿No
+le reservaba Dios la gloria de dar el primer golpe en el pedestal del
+tirano de Europa?... No, no es posible asistir indiferente al
+espectáculo de tan sublime esfuerzo, ¡oh patria!; pero te confieso que
+yo rabiaba por conocer al autor de aquella tercera carta que tenía en
+mi mano, y cuando sin desatender a tu admirable heroísmo miré la firma
+y vi el nombre de _Román_, segundo mayordomo de mi inolvidable ama;
+cuando consideré que aquel papel contendría revelaciones importantes,
+me dominó de tal modo la curiosidad, que por un instante desapareciste
+de mi espíritu, ¡oh hermoso rincón de tierra, destinado más de una vez
+a ser equilibrio del mundo! ¡Adiós, España; adiós, Napoleón; adiós,
+guerra; adiós, batalla de Bailén! Como borra la esponja del escolar el
+problema escrito con tiza en la pizarra, para entregarse al juego, así
+se borró todo en mí para no ver más que lo siguiente:
+
+«Sr. D. Luis de Santorcaz: Voy a decirle lo ocurrido. Todo está
+resuelto, y por ahora le dan a usted con la puerta en los hocicos. La
+Sra. Marquesa de Leiva, al recoger a la señorita Inés, pensó en el
+modo de legitimarla. Advierto a usted que desde que la trataron, ambas
+la quieren mucho, y se desviven por decidirla a que salga del
+convento. Cuando la Sra. Condesa recibió la carta de usted, en que le
+proponía la legitimación por subsiguiente matrimonio, mostróla a su
+tía, y ésta, furiosa y fuera de sí, preguntó si quería deshonrarse
+para siempre siendo esposa de semejante perdido. Lloró un poco la
+Condesa, lo cual es indicio de que aún le queda algo de aquel amor; y
+por último, después de muchas reconvenciones, convinieron las dos en
+no admitirle a usted en su familia por ningún caso. Ya sabe usted que,
+según consta en la fundación de este gran mayorazgo, uno de los
+principales de España, no habiendo herederos directos, pasa a los de
+segundo grado en línea recta, por lo cual ahora correspondería al
+primogénito del conde Rumblar. La actual condesa de Rumblar, enterada
+de la aparición de una heredera, anunció a mi ama que entablaría un
+pleito, y vea usted aquí el motivo de que en casa se haya trabajado
+tanto por la legitimación. Por fin, las dos familias acordaron evitar
+la ruina de un pleito, y se han puesto de acuerdo sobre esta base:
+casar a la Srta. Inés con D. Diego de Rumblar, previa legitimación de
+aquélla, por lo que llaman autorización del Rey, con lo cual ambos
+derechos se funden en uno solo, evitando cuestiones. En cuanto al
+punto más difícil, la Sra. Marquesa lo ha resuelto al fin de un modo
+ingenioso y seguro. La niña ha entrado al fin con pie derecho en la
+familia. No pudiendo legitimar la madre, porque a ello se oponen las
+leyes; no pudiendo aceptarse la fórmula del subsiguiente matrimonio,
+ni conviniendo tampoco la adopción, por no dar esto derecho a la
+herencia del mayorazgo, se acordó lo que voy a decir a usted, y que
+sin duda le llenará de admiración. Este sesgo del asunto tiene para la
+familia la ventaja de que mi Sra. la Condesa no pasará ningún
+bochorno. La Srta. Inés ha sido reconocida por aquel...»
+
+Un violento golpe arrebató el papel de mis manos. Encabritóse mi
+caballo, y al avanzar siguiendo el escuadrón, sentí la estrepitosa
+risa de un soldado que decía: «Aquí no se viene a leer cartas.»
+Corrimos fuera de la carretera, y todos mis compañeros proferían
+exclamaciones de frenética alegría. Vi los cañones inmóviles y delante
+una espesa cortina de humo, que al disiparse permitía distinguir los
+restos del batallón de marinos. En el frente francés flotaba una
+bandera blanca avanzando hacia nuestro frente. La batalla había
+concluído.
+
+Nuestros soldados se abrazaban con júbilo. Confundíanse los diversos
+regimientos y los paisanos advenedizos con la tropa. La gente del
+vecino pueblo de Bailén acudía con cántaros y botijos de agua.
+Agrupábanse hombres y mujeres junto a los heridos para recogerlos. Los
+caballos recorrían orgullosos la carretera, y los generales,
+confundidos con la gente de tropa, demostraban su alegría con tanta
+llaneza como ésta. Los gritos de «¡Viva España!, ¡Viva Fernando VII!»
+parecían sublime concierto que llenaba el espacio, como antes el ruido
+del cañón; y el mundo todo se estremecía con el júbilo de nuestra
+victoria y con el desastre de la Francia, primera vacilación del
+orgulloso Imperio. En tanto, yo recorría el campamento, miraba al
+suelo, miraba las manos de todos, las cureñas de los cañones, los
+charcos de sangre, los mil rincones del suelo, junto al cuerpo de un
+herido, y bajo la cabeza del caballo moribundo. Marijuán se llegó a mí
+con los brazos abiertos y gritó:
+
+--Los vencimos, Gabriel. ¡Viva España y los españoles, y la Virgen del
+Pilar, a quien se debe todo! Pero ¿qué buscas, que así miras al suelo?
+
+--Busco un papel que se me ha perdido.
+
+
+
+
+XXIX
+
+
+--Déjate de papeles--me dijo Marijuán--. ¡Demonios de marinos! ¿Viste
+cómo atacaban?
+
+--La hacen hija legitima por autorización real.
+
+--¿Qué estás diciendo? Ya no queda duda que hemos vencido a Napoleón,
+y como éste ha vencido a todo el mundo, resulta que nosotros hemos
+vencido al mundo entero. ¿Pero, chico, no te vuelves loco? Mira cómo
+alzan los brazos, gritando, aquellos generales que vienen por el
+llano. ¡Benditas penas, benditos golpes, bendito calor y bendita sed,
+puesto que al fin hemos salido vencedores! ¡Viva España!
+
+--De esa manera--le dije yo, pensando en mis guerras--entra a
+disfrutar el mayorazgo, casándose con D. Diego, para evitar un litigio
+que arruinaría a las dos familias.
+
+--¿Qué hablas ahí muchacho?--exclamó con sorpresa--. Ya sabes que los
+franceses se van a entregar todos. ¡Qué vergüenza! ¡Que vuelva
+Napoleón a meterse con los españoles! Chico, nos vamos a comer el
+mundo, y digo que la Junta de Sevilla es una remilgada si no nos manda
+conquistar a París. ¡Viva España!
+
+--Y nuestro amo, ¿dónde está?--pregunté intranquilo--. ¿Qué ha sido
+del señorito de Rumblar?
+
+--¡Creo que ha muerto!--me contestó lacónicamente Marijuán, picando
+espuelas y alejándose de mí.
+
+Tan estupenda noticia dió nueva dirección a mis alborotados
+pensamientos. El aspecto de la refriega interior, que me sacudía el
+alma, cambió de improviso y por completo. Todo vino abajo, todo se
+puso de otro color, y el mundo fué distinto a mis ojos. Ignoro si en
+aquel momento sentí la muerte de mi amo, o si, por el contrario,
+desbordado el corruptor egoísmo en mi alma, acepté con regocijo la
+desaparición de quien, interponiéndose entre mi ideal y yo, alteraba a
+mis ojos el equilibrio del universo, más que Napoleón el de Europa...
+En medio del delirio de aquella gran victoria, una de las más
+trascendentales que han ocurrido en el mundo, yo permanecía mudo y mi
+caballo me transportaba de un lado para otro, según su albedrío. En mi
+derredor la efervescencia de aquella patriótica alegría, de aquel
+entusiasmo febril, causaba estrepitoso oleaje. Allí la persona humana
+había desaparecido, fundiéndose en el hermoso conjunto de la sociedad
+o la nación, que era sin duda la que conmovía a la tierra con sus
+gritos de gozo. El único que se conservaba aislado y podía llamarse
+hombre era el egoísta Gabriel, grano de arena no conglomerado con la
+montaña, y que rodaba solo, haciendo por su propia cuenta las
+revoluciones establecidas para la armonía del mundo.
+
+«Es preciso averiguar si realmente ha muerto Rumblar... ¿Entrará al
+fin Inés en la familia de su madre? ¿La perderé para siempre? ¿Debo
+reírme de mi necia y ridícula aspiración? ¿Un hombre como yo puede
+subir a tanta altura? ¿La misteriosa obscuridad de los tiempos
+venideros ocultará alguna cosa que destruya este nivel espantoso?
+¿Puedo esperar o resignarme desde ahora, bendiciendo la mano de la
+Providencia que me arroja en el polvo de donde nunca debí intentar
+salir?»
+
+Estas preguntas me hacía, cuando un acontecimiento no previsto vino a
+alterar repentinamente la situación de las cosas fuera de mí. Corría
+el ejército a ocupar sus posiciones; la corneta y el tambor convocaban
+a todos los soldados, y gran número de gentes del pueblo, hombres y
+mujeres, corrían hacia las calles de Bailén. Nuestros destacamentos
+habían divisado las columnas avanzadas del general Vedel, que venía de
+Guarromán en auxilio de Dupont, y, a poca distancia ya, un cañonazo
+nos anunció la presencia de un nuevo enemigo. ¡Ay! ¡Si Vedel hubiese
+llegado un momento antes, poniéndonos entre dos fuegos! Pero Dios,
+protector en aquel día de la España oprimida y saqueada, permitió que
+Vedel llegase cuando estaba convenida ya la tregua y se había
+principiado a negociar la capitulación.
+
+Al instante mandó Reding un oficio al General francés dándole cuenta
+de lo ocurrido, y los enemigos se detuvieron más allá de una ermita
+que llaman de San Cristóbal, situada a mano izquierda del camino real,
+yendo de Bailén a Guarromán. Al poco rato vimos un oficial francés que
+llegó al pueblo con un oficio para Reding y otro para Dupont, y como
+en el Cuartel General de éste se estaban ya negociando las bases de la
+capitulación, nos consideramos seguros de no ser atacados por la parte
+alta del camino, a causa de que la acordada suspensión de armas debía
+afectar a todas las fuerzas que componían el ejército imperial de
+Andalucía.
+
+A pesar de esta confianza, varios regimientos, entre ellos el de
+Irlanda y el famosísimo de Órdenes militares, que tanto se había
+distinguido en la batalla, ocuparon el camino frente a las tropas de
+Vedel, las cuales iban llegando por momentos y tomando posiciones. Mi
+regimiento fué colocado en la entrada oriental del pueblo. Sería poco
+más de la una cuando los franceses de Vedel, sin aguardar a que les
+contestara Dupont, rompieron el fuego contra Irlanda, sorprendiéndoles
+con fuerzas considerables. Gran efervescencia y algazara y tumulto en
+nuestras filas. Todos querían ir, no a combatir con los franceses,
+sino a pasarlos a cuchillo, por violar las leyes de la guerra. Pero
+nosotros teníamos, para sojuzgar a los traidores, rehenes preciosos,
+cuales eran los restos del ejército de Dupont, que estaban en nuestro
+poder, como una víctima maniatada y con la cabeza sobre el tajo.
+Durante la confusión que siguió al ataque, algunas tropas acudieron a
+cercar el campo francés vencido, y otras corrieron en auxilio de los
+regimientos de Irlanda y Órdenes, puestos en gran compromiso.
+
+A pesar de la inferioridad de número y de posición de nuestras tropas,
+todo anunciaba que se iba a trabar un combate tan encarnizado como el
+primero, y los valerosos paisanos, lo mismo que los soldados de línea,
+ardían en generoso anhelo de morir, si era preciso, por rematar con
+una épica tarde la mañana gloriosa.
+
+Pero la Providencia, como he dicho, estaba de nuestra parte. Casi
+juntamente con los primeros tiros de la embestida de Vedel, sonaron
+cañonazos lejanos, que al principio no supimos a qué dirección
+referir.
+
+--¿Qué es eso? ¿Hacen fuego por el Herrumblar, o es de la gente de
+Menjíbar?--preguntaban allí.
+
+--Es la división de D. Manuel de la Peña, que viene por la Casa del
+Rey--contestó uno que a todo escape venía del primer campo de batalla.
+
+La tercera división, enviada al amanecer desde Andújar por Castaños
+en seguimiento de Dupont, había llegado, y al enemigo se anunciaba con
+disparos de pólvora seca. Aterrado con este nuevo refuerzo, que
+aniquilaría los restos del ejército si Vedel al armisticio no se
+sometía, Dupont dió enérgicas órdenes para que cesara el fuego de la
+división recién venida de Guarromán, y el fuego cesó. Con esto, los
+nueve mil hombres de Vedel se sometieron de antemano al pacto que
+ajustaba su General en Jefe.
+
+Seguimos, sin embargo, sobre las armas, y las entradas de la villa
+continuaron custodiadas por numerosas fuerzas, que se relevaban para
+proporcionarnos algún descanso. Cuando me tocó dejar la guardia,
+dirigíme a una de las muchas casas del pueblo en que curaban heridos,
+para que me pusieran algo en la mano izquierda, donde había recibido
+una contusión que, aunque ligera, me escocía bastante. Regresaba luego
+a pie en busca de mi puesto, cuando sintiendo una mano en mi hombro,
+miré y tuve el gusto de encontrarme cara a cara con D. Paco, el
+maestro y ayo de don Diego.
+
+--¿Qué ha sido del niño? ¿Dónde está? No ha venido por casa--me dijo
+con tono angustiado y poniéndose pálido.
+
+--Sr. D. Paco--le contesté--, francamente, no sé dónde está el Sr.
+Conde, aunque me parece que debe de estar vivo.
+
+--¡Qué miedo, qué pavor! ¡La santa Virgen de Araceli, la de
+Fuensanta, la del Pilar y la del Tremedal todas juntas nos favorezcan!
+Las piernas me tiemblan, Gabriel, y si mi señor y discípulo no parece,
+yo no me atrevo a decírselo a la señora.
+
+--Ya parecerá; yo le vi poco antes de concluir la batalla. Andará por
+cualquier lado.
+
+--Es raro que estando sano y salvo no viniese a casa o mandara un
+recado. ¿En dónde hay caballería?
+
+--En San Cristóbal, en donde estaba la batería, en la noria; en los
+altos de la derecha, en los del Guadiel, hacia el Herrumblar, en
+muchas partes. Ya andará el Sr. D. Diego por ahí.
+
+--Dios lo quiera. Voy, corro a buscarle. Dime tú..., ya no harán
+fuego, ¿eh? ¿Habrá peligro en andar por aquí? Si quisieras
+acompañarme... ¡Diantre con el niño, y si supiera él qué buenas
+noticias le traigo, cómo se apresuraría a venir a mi encuentro!
+
+--¿Qué noticias, Sr. D. Francisco? ¿Se pueden saber?--pregunté,
+disponiéndome a acompañar al ayo por el campo de batalla.
+
+--¡Noticias estupendas y que le harán saltar de gozo! Esta mañana
+recibió la señora un propio de la marquesa de Leiva, anunciando que Su
+Excelencia, con la Condesa, con la señorita Inés y el Sr. Marqués,
+salen de Córdoba para Madrid, adonde les llama un negocio de mucho
+interés para las dos familias.
+
+--El camino no está para viajes, señor D. Paco.
+
+--Vienen por Menjíbar, y anuncian que de esta noche a mañana llegarán
+a casa, donde piensan detenerse algunos días, no sólo para tomar
+descanso, sino para que ambas familias se conozcan y traten, pues son
+ramas que van a injertarse, formando un solo árbol frondoso que eche
+profundas raíces en el suelo de la nación, y dé sombra a numerosa,
+ilustre prole.
+
+--Sí; ya sé que el señorito se casa...
+
+--¡Ay! ¡Dónde estará ese Juan Enreda de D. Diego!... Sí, se casa. He
+visto el retrato de la Srta. Inés, que es un portento de hermosura.
+Pues sí; la niña no quería salir del convento, aunque se lo predicaran
+frailes teatinos; pero yo no sé: algo pasó allá a principios del mes,
+o sin duda la joven, al ver el retrato de don Diego, sintió la flecha
+del dios ceguezuelo en su corazón. Lo cierto es que ha pedido salir
+del convento con gran regocijo de sus parientes, y ahora marchan todos
+a Madrid para las diligencias de la legitimación, porque ya sabes tú
+que...
+
+--Sí: yo había entendido que esa joven era hija de la Sra. Condesa.
+
+--¡Calla, deslenguado procaz! ¿Qué has dicho? La Sra. Condesa, prima
+de mi señora, ¿había de tener semejantes tapujos? No hay tal cosa,
+chiquillo desvergonzado. La señorita Inés es hija de una dama
+extranjera que ya no existe y que floreció hace quince años en la
+Corte, dando que hablar por sus amores con un célebre caballero de
+esta ilustre familia. ¿Sabes quién es el padre de D.ª Inés? Pues no es
+otro que ese espejo de los diplomáticos, ese discretísimo hermano de
+la Sra. Marquesa de Leiva, el cual ha reconocido a la señorita por
+hija suya, y ahora se apresura a legitimarla por autorización real
+para que entre en posesión del mayorazgo cuando Dios se sirva llamar a
+su seno a la Sra. Marquesa de Leiva.
+
+--¡Qué bien lo han compuesto todo!--exclamé, sin poder contener mi
+asombro.
+
+--¿Cómo compuesto? Mi señora me ha participado esta mañana lo que
+acabo de decir. ¡Ah! Ese sin par diplomático, que tanta fama tiene en
+todas las Cortes de Europa, ha dado una prueba de caballerosidad
+poniendo su nombre a ese fruto de sus fogosidades juveniles,
+abandonado hasta hoy, y que en lo sucesivo descollará cual arbusto
+lozano en el pensil de la sociedad española... ¡Pero ese D. Diego!...
+¿En dónde está D. Diego? Hablemos al General en Jefe..., preguntemos a
+esos soldados... Digan ustedes, héroes de este día, que se anotará en
+los fastos de la Historia con piedra blanca, _albo notanda lapillo_;
+oigan ustedes: ¿han visto por casualidad a D. Diego?
+
+Y así iba preguntando a todos, sin que nadie le diese razón.
+
+
+
+
+XXX
+
+
+Vino la noche. Los franceses, muertos de fatiga y de hambre en su
+campamento, aguardaban con anhelo a que la capitulación estuviese
+firmada. Los que menos paciencia tenían eran los suizos afiliados en
+el ejército imperial, y así que obscureció, empezaron a pasarse a
+nuestro campo. Un historiador francés, queriendo atenuar el desastre
+de los suyos, ha escrito que la defección ocurrió durante la batalla:
+pero esto es falso. Lo peor es que otro historiador, no francés, sino
+español, lo ha repetido con lamentable ligereza, faltando así a su
+patria y a la verdad, que es superior a todo.
+
+La capitulación iba despaciosamente, porque los parlamentarios se
+habían juntado en Andújar, residencia del General en Jefe, y en Bailén
+no teníamos noticia de lo que allí pasaba. Temiendo que los enemigos
+intentaran escaparse, nuestros generales tomaron acertadas
+precauciones, y la artillería ocupó, mecha encendida, los puestos
+convenientes. Al mismo tiempo millares de paisanos, discurriendo por
+cerros y alturas, hostigaban de tal modo a los franceses, que no les
+era posible moverse. Esta vigilancia permitía descansar a una parte
+del ejército; y especialmente los heridos, aunque sólo lo fueran muy
+levemente, como yo, teníamos libertad para estar en el pueblo, donde
+nos ocupábamos en reunir víveres y llevarlos a los del campamento, así
+como en acomodar a los heridos graves en las principales casas.
+
+Salía yo de Bailén con un cesto de víveres para unos jefes de
+artillería, cuando tropecé con Santorcaz, que volvía seguido de
+algunos voluntarios de Utrera y licenciados de Málaga.
+
+--¡Oh, Sr. de Santorcaz!--exclamé con la mayor sorpresa--. ¿Está usted
+vivo? Yo le hacía en el otro barrio.
+
+--No, muchacho, vivo estoy--me respondió--. Dios quiere que todavía el
+que está dentro de esta camisa dé mucho que hacer en el mundo.
+
+--¿Pero tampoco está usted herido?
+
+--Aquí tengo un par de rasguños; pero esto no es nada para un hombre
+como yo. Ya sabes que me han hecho sargento. No vine aquí para ganar
+charreteras; pero puesto que me las dan, las tomo.
+
+--Grandes hazañas habrá hecho el señor D. Luis.
+
+--Poca cosa. Caí del caballo, y a pie defendíme rabiosamente contra
+tres o cuatro franceses. Reventé a uno, descalabré a otro, y me volví
+a nuestro campo con un águila que entregué al marqués de Coupigny. Al
+recoger de mis manos la bandera, el General, después de preguntarme si
+era licenciado de presidio, me dijo: «Es usted sargento.» ¿Ves? Me han
+puesto al frente de este pelotón de buenos muchachos; ¿quieres venirte
+con nosotros?
+
+Diciendo esto, señaló a los esclarecidos varones que le seguían, los
+cuales, o yo me engaño mucho, o eran la flor y nata de Ibros, Sierra
+de Cazorla y Despeñaperros, todos gente de ligerísimas piernas y
+manos. Dile las gracias por el ofrecimiento, y seguí mi camino.
+
+--¡Ah! ¿Qué sabe usted de D. Diego?--le pregunté, volviendo atrás.
+
+--Pues qué--dijo, retrocediendo--, ¿no se sabe dónde está D. Diego?
+¿Ha muerto? ¿Se ha extraviado? Es preciso averiguarlo. Y di, ¿tú has
+visto por casualidad mi caballo? ¿Sabes si alguien lo recogió?
+
+--No sé nada de tal caballo--repliqué, alejándome.
+
+Avanzada la noche regresé a Bailén, donde me causó sorpresa ver una
+triste procesión compuesta de tres mujeres vestidas de negro, a las
+cuales seguían hasta media docena de hombres, llevando por delante dos
+criados con sendos farolillos para alumbrar el camino. Acerquéme y
+reconocí a D.ª María, con sus dos hijas, las tres cubiertas con negros
+mantones, muy afligidas y llorosas. Digo mal, porque si las dos
+muchachas se deshacían en lágrimas, la Sra. Condesa conservaba seco el
+rostro, aunque visiblemente alterado, la mirada fija y valerosa y el
+andar muy firme. Al instante me presenté a ella, saludándola con el
+mayor respeto y ofreciéndole mi ayuda si, como parecía, iban en busca
+de D. Diego.
+
+--¿Conque no parece el niño? ¿Cuándo le perdiste de vista durante la
+batalla?--me preguntó.
+
+--Señora, desde la gran carga que dimos sobre el ala izquierda de los
+franceses dejé de ver a D. Diego.
+
+--Yo creí que estuviera entre los heridos; pero no está. ¿Todos los
+muertos han sido recogidos del campo de batalla?
+
+--Sí, señora; sólo quedan los desconocidos, los paisanos que no
+estaban afiliados a ningún regimiento.
+
+--Vamos a verlo--dijo con un aplomo, con una firmeza que me
+asombraron, pues no suponía tanto valor en alma de mujer.
+
+--Yo acompañaré a usía con mucho gusto.
+
+--¿Y qué tal se ha portado mi hijo?--me preguntó cuando marchábamos
+juntos.
+
+--Señora, se ha portado como un héroe; se ha portado como quien es.
+
+--¿Los jefes advirtieron su valor, elogiaron su bizarría, recordando
+el linaje de mi hijo?
+
+--Sí, señora; los jefes estaban con la boca abierta presenciando las
+hazañas de don Diego--repuse, por halagar el amor propio de la noble
+señora, cuyo dolor se atenuaría sabiendo que su vástago había honrado
+el nombre de Rumblar.
+
+--¿Y amabais vosotros a mi hijo?
+
+--¡Oh!, sí, señora. ¡D. Diego es tan bueno...! Y nos trata como si
+fuéramos todos iguales.
+
+--¡Como si fuerais iguales!--exclamó doña María con ligeras muestras
+de enfado.
+
+--No..., vamos al decir...--indiqué corrigiendo mi _lapsus_--. D.
+Diego es un caballero, y nosotros unos badulaques..., quiero decir que
+nos trataba sin tiranía... ¡Pobre D. Diego! Pero hemos de
+encontrarle, señora; D. Diego está sano y salvo. Me lo dice el
+corazón.
+
+--Tú eres un buen muchacho. Ayúdanos a buscar a mi hijo y te
+recompensaré. Si parece, yo te prometo que serás su paje cuando se
+case.
+
+--¡Ah, gracias, señora!, muchas gracias--contesté con viveza.
+
+--Eres modesto. ¿Crees que no mereces este honor? Aunque no lo
+merezcas, yo te lo concedo.
+
+Llegamos a un punto en que se distinguía un cuerpo tendido boca abajo
+sobre el suelo. Nos estremecimos todos, y Asunción y Presentación se
+abrazaron llorando a gritos. La curiosidad luchó un instante en
+nosotros con el temor, pues deseábamos acercarnos al cadáver por ver
+si era D. Diego, y temíamos llegar a él por si acaso era. Doña María
+fué la primera que dió un paso, y la seguimos todos. Aquel cadáver
+solitario de un hombre muerto por la patria no había encontrado
+todavía ni un pariente, ni un amigo, ni un camarada que se cuidase de
+él. No era D. Diego.
+
+La Condesa, después de examinarlo, alzó los ojos al cielo, cruzó las
+manos y rezó en voz alta el _Padrenuestro_, a cuya oración contestamos
+todos muy devotamente con _El pan nuestro..._
+
+Seguimos andando, y en otro sitio encontramos algunos cadáveres, que
+D.ª María, con heroísmo sobrenatural, examinaba cara a cara hasta
+convencerse de que su hijo no estaba allí. Si nos acontecía llegar en
+el momento de abrir a alguno la sepultura, todos echábamos un puñado
+de tierra en la fosa del patriota, que bien pronto desaparecía en la
+vasta superficie del campo, no quedando huella ni marca alguna en el
+suelo, como no queda noticia del heroísmo individual en la Historia.
+
+Nuestras pesquisas por todo el campamento no dieron resultado alguno.
+Las dos hermanitas no podían tenerse en pie, ni cesaban de rezar en
+castellano y en latín, recitando con fervorosa declamación cuantas
+oraciones sabían. Tales eran la confusión y anonadamiento de D. Paco,
+que más de una vez se cayó al suelo. Sólo D.ª María conservaba una
+entereza heroica y casi bárbara, que hacía creer en la superioridad
+del temple moral de algunos linajes sobre el plebeyo vulgo. No en vano
+tenía aquella señora por su línea materna la sangre de Guzmán el
+Bueno.
+
+Era muy tarde cuando volvimos a la casa. Mientras reinaba en ella la
+desolación, ni una lágrima brotó de los ojos de D.ª María.
+
+--Si Dios ha querido disponer de la vida de mi hijo--declaró,
+sentándose en el clásico sillón de cuero--, concédame al menos el
+consuelo de saber que ha muerto con honor.
+
+--Don Diego ha de parecer, señora--dije yo, conmovido--. Si hubiera
+muerto, ¿no habríamos encontrado su cuerpo?
+
+Esta razón devolvió a D. Paco su perdida fuerza dialéctica, y habló
+así:
+
+--¿Pero no hubo también un pequeño combate allá donde estaba Vedel?
+¡Quién sabe si cogerían prisionero al niño!
+
+--Los prisioneros fueron devueltos esta tarde por orden de
+Dupont--afirmó D.ª María.
+
+--¿Y si el niño estaba herido y le metieron en el hospital francés?...
+
+--Yo he de averiguarlo, señora--exclamé--. Mañana mismo pediremos un
+salvoconducto para ir al campo enemigo. Me parece que allí le
+encontraremos.
+
+--Ya sabes que te he prometido una gran recompensa. Si haces lo que
+dices y encuentras a mi hijo y le traes--me dijo la de Rumblar--la
+recompensa será aún mayor. Dios dispone de todo, y las glorias de la
+tierra son a veces trocadas en miseria, en tristeza, en nada, por su
+mano poderosa. Si mi hijo no parece, ¿qué soy, qué me queda, qué resta
+a mi casa y a mi nombre? Dios habrá decidido que todo perezca, y que
+las grandezas de ayer sean hoy ruinas, donde nos ocultemos para
+llorar. ¿La victoria se había de alcanzar sin desgracias? Napoleón es
+vencido en España, y ante la salvación de nuestro país, ¿qué significa
+una vida, por noble que sea? ¿Qué una familia, por grande que sea su
+lustre?
+
+El enérgico tesón de aquella mujer de acero me llenó de asombro.
+Después continuó así:
+
+--Yo creí que éste sería un día de júbilo en mi casa. Después de la
+victoria alcanzada, hubiéramos sido muy felices teniendo aquí a mi
+hijo, y recibiendo a la prometida esposa que con mis primas debe de
+llegar aquí esta noche... ¿No ha llegado? Cuide usted, D. Paco, de
+que nada les falte. ¿Está todo preparado, las camas, la cena, las
+habitaciones? Niñas, ¿qué hacéis ahí mano sobre mano?
+
+Asunción y Presentación lloraron con más fuerza al oírse nombrar por
+su madre. Parecióme que ésta también comenzaba a sentir vacilante su
+varonil espíritu, y que apagándose la llama de sus ojos, se desmayaban
+sus enérgicos brazos, cayendo con desaliento sobre los del sillón.
+Pero sin duda no quería perder su dignidad de gran señora delante de
+nosotros, y mandándonos salir a todos, a sus hijas, a D. Paco, a los
+criados y a mí, se quedó sola.
+
+Un rato después sentí ruido de coches y mulas en la calle; luego una
+gran algazara en el patio, y al oír esto dióme un gran vuelco el
+corazón. Escondido tras uno de los pilares vi descender de los coches
+y subir pausadamente a las personas que eran esperadas, y al mirar al
+diplomático, que cargaba en sus brazos a una mujer para bajarla del
+carruaje, reconocí a la monjita de Córdoba.
+
+Temía yo ser visto de Amaranta; pero como ésta y su tía habíanse
+adelantado y estaban ya arriba, me aventuré a seguir al diplomático,
+que subió detrás de todos con Inés, sosteniéndola por la cintura.
+Delante iban los criados con hachas, detrás yo solo. Inés se envolvía
+con un gran manto, chal o cabriolé que tenía larguísimos flecos en sus
+orillas. Subíamos lentamente, ellos delante, yo detrás, y aquellos
+menudos hilos de seda, pendientes de la espalda y de la cintura de
+Inés, flotaban delante de mis ojos. Como quien llega a la puerta del
+Cielo y tira del cordón de la campanilla para que le abran, así cogí
+yo entre mis dedos uno de aquellos cordoncitos rojos y tiré
+suavemente. Inés volvió la cabeza y me vió.
+
+
+
+
+XXXI
+
+
+Una vez arriba, el ayo informó a los viajeros de lo que ocurría, y
+pasando adentro las tres señoras, el diplomático se quedó con don Paco
+en el comedor.
+
+--Aquí estamos consternados, Sr. D. Felipe--dijo el ayo--. Y si mi amo
+no parece, el mundo habrá perdido en el fragor de horripilante batalla
+a un joven que prometía ser gran filósofo y que ya era insigne
+calígrafo.
+
+--¡Demonio de contrariedad!--dijo el diplomático, sacando su caja de
+tabaco y ofreciendo un polvo al ayo, después de tomarlo él--. Lo
+siento... A nuestra edad nos gusta tener quien nos suceda y herede
+nuestras glorias para desparramar su luz por los venideros siglos. Vea
+usted la razón por qué me apresuré a reconocer a mi querida hija...
+¡Ah!, Sr. D. Francisco, yo he tenido una juventud muy borrascosa, como
+todo el mundo sabe, y hartas noticias tendrá usted de mis aventuras,
+pues no había en las Cortes de Europa dama alguna, casada ni soltera,
+que no se me rindiese. Después de todo, es una desgracia haber nacido
+con tal fuerza de atracción en la persona, señor D. Francisco; tanto,
+que todavía..., pero dejemos esto. Ahora no me ocupo más que del
+bienestar de mi idolatrada niña. Y a fe que si es cierto que no existe
+D. Diego, no por eso se quedará soltera, pues cartas tengo aquí del
+príncipe de Lichenstein, del archiduque Carlos Eugenio, del conde de
+Schöenbrunn y de otros esclarecidos jóvenes de sangre real
+pidiéndomela en matrimonio. Como tengo tantos amigos en las Cortes de
+Europa, y en España mismo, pues... ya he sabido que las principales
+familias acogidas en Bayona o residentes en Madrid, se disputan la
+mano de mi hija. ¿La ha visto usted, Sr. D. Francisco? ¿Ha observado
+usted en su cara los rasgos que indican la noble sangre mía y la de
+aquella hermosísima cuanto desgraciada señora extranjera...? ¡Oh!, me
+enternezco, Sr. D. Francisco... Pero hablemos de otra cosa: cuénteme
+usted cómo ha sido esa batalla. ¿Conque hemos ganado? ¿Y hay
+capitulación? De modo que he llegado a tiempo. ¡Oh!, Sr. D. Francisco,
+temo que hagan un desatino, si no les asisto con mis luces, porque los
+militares son tan legos en esto de tratados... Yo traigo un
+proyectillo, mediante el cual la Rusia ocupará Despeñaperros, España
+pasará a guarnecer las orillas del Don y de la Moscowa, y Prusia...
+
+Cuando me marché, el diplomático continuaba calentando los cascos al
+buen preceptor, que le ofreció algunos manjares y vino de Montilla
+para reparar sus fuerzas. Al salir de la casa, vi en la puerta de la
+calle a varios hombres, no de muy buena facha por cierto, uno de los
+cuales llegóse a mí, y tomándome por el brazo, me dijo:
+
+--¿Conoces tú a esa gente que acaba de llegar?
+
+--No, Sr. de Santorcaz--repuse--. No sé qué gente es ésa ni me importa
+saberlo.
+
+Apartámonos todos de la casa, y por el camino me dijo otra vez D. Luis
+que tendría mucho gusto en verme en las filas de su compañía.
+
+Al día siguiente, que era el 20, nos ocupamos Marijuán y yo en buscar
+otra vez a nuestro amo. Uniósenos D. Paco, y el General español
+escribió un oficio a Dupont, rogándole que nos permitiera hacer
+indagaciones en el campamento francés, para ver si se encontraba allí
+a D. Diego, herido o muerto. Visitamos el hospital enemigo, y entre
+los heridos no había ningún español, lo cual nos desconsoló
+sobremanera. Yo no era el que menos se acongojaba con esta
+contrariedad, aunque sabía el casamiento de Inés. ¿Qué significaba
+aquel generoso sentimiento mío? ¿Era pura bondad, era puro interés por
+la vida del semejante, aunque fuese enemigo, o era un sentimiento
+mixto de benevolencia y orgullo, en virtud del cual yo, convencido de
+que Inés no amaba sino a mí, quería proporcionarme el gozo de ver a D.
+Diego despreciado por ella? Francamente, yo no lo sabía, ni lo sé aún.
+
+Cuando recorrimos el campo francés, pudimos observar la terrible
+situación de nuestros enemigos. Los carros de heridos ocupaban una
+extensión inmensa, y para sepultar sus tres mil muertos, habían
+abierto profundas zanjas, donde los iban arrojando en montón,
+cubriéndoles luego con la mortaja común de la tierra. Algunos heridos
+de distinción estaban en las Ventas del Rey; pero la mayor parte, como
+he dicho, tenían su hospital a lo largo del camino, y allí los
+cirujanos no daban paz a la mano para vendar y amputar, salvando de la
+muerte a los que podían. Los soldados sanos sufrían los horrores del
+hambre, alimentándose muy mal con caldos de cebada y un pan de avena,
+que parecía tierra amasada.
+
+Todos anhelaban que se firmase de una vez la capitulación para salir
+de tan lastimoso estado; pero la capitulación iba despacio, porque
+los generales españoles querían sacar el mejor partido posible de su
+triunfo. Según oí decir aquel día, cuando regresamos a Bailén, ya
+estaba acordado que se concediese a los franceses el paso de la sierra
+para regresar a Madrid, cuando se interceptó un oficio en que el
+Lugarteniente general del reino mandaba a Dupont replegarse a la
+Mancha. Comprendieron entonces los españoles que conceder a los
+franceses lo mismo que querían, era muy desairado para nuestras armas.
+Pero aún el día 21 los contratantes del lado francés, generales
+Chabert y Marescot, y los del lado español, Castaños y conde de Tilly,
+no habían llegado a ponerse de acuerdo sobre las particularidades de
+la rendición.
+
+También alcanzamos a ver a lo largo del camino la interminable fila de
+carros donde los imperiales llevaban todo lo cogido en Córdoba.
+¡Funestas riquezas! Dicen algunos historiadores que si los franceses
+no hubieran llevado botín tan valioso, habrían podido salvarse
+retirándose por la sierra; pero que el afán de no dejar atrás aquellos
+quinientos carros llenos de riquezas les puso en el aprieto de
+rendirse, con la esperanza de salvar el convoy. Yo no creo hubieran
+podido escapar con carros ni sin ellos, porque allí estábamos nosotros
+para impedírselo; pero sea lo que quiera, lo cierto es que Napoleón
+dijo algún tiempo después a Savary en Tolosa, hablando de aquel
+desastre tan funesto al Imperio: «Más hubiera querido saber su muerte
+que su deshonra. No me explico tan indigna cobardía sino por el temor
+de comprometer lo que había robado[3]».
+
+No nos atrevimos a volver a la casa con la mala noticia de que el niño
+no parecía, y seguimos visitando todos los contornos, para preguntar a
+la gente del campo. Don Paco estaba tan fatigado, que no pudiendo dar
+un paso más, se arrojó al suelo; pero al fin pudimos reanimarle, y
+firmes en nuestra santa empresa, nos dirigimos al campamento de Vedel,
+con otro oficio del general Reding. Mas vino la noche, y los
+centinelas no nos dejaron pasar, viéndonos por esto obligados a
+diferir nuestra expedición para el día siguiente muy temprano. Ni
+Marijuán, ni D. Paco, ni yo teníamos esperanza alguna, y
+considerábamos al mayorazgo perdido para siempre.
+
+Desde que amaneció corrían voces de que la capitulación estaba
+firmada, y más nos lo hacia creer la circunstancia de que varios
+oficiales pasaron frecuentemente de un campo a otro, trayendo y
+llevando despachos.
+
+No distábamos mucho de la ermita de San Cristóbal, cuando advertimos
+gran movimiento en el ejército de Vedel. Apretando el paso hasta que
+les tuvimos muy cerca, observamos que camino abajo venía hacia
+nosotros un joven saltando y jugando, con aquella volubilidad y
+ligereza propia de los chicos al salir de la escuela. A ratos corría
+velozmente; luego se detenía, y acercándose a los matorrales sacaba su
+sable y la emprendía a cintarazos con un chaparro o una pita; luego
+parecía bailar, moviendo brazos y piernas al compás de su propio
+canto, y también echaba al aire su sombrero portugués para recogerlo
+en la punta del sable.
+
+--¡Qué veo!--exclamó D. Paco con súbita exaltación--. ¿No es aquel
+mozalbete el propio D. Diego; no es mi niño querido, la joya de la
+casa, la antorcha de los Rumblares?... ¡Eh... D. Dieguito, aquí
+estamos..., venid acá!
+
+En efecto; cuando estuvimos cerca, no nos quedó duda de que el mozuelo
+bailarín era D. Diego en persona. Nos vió, y al punto vino corriendo
+para abrazarnos a todos con mucha alegría.
+
+--Venid acá, venid a mis brazos, esperanza del mundo--exclamó D. Paco,
+loco de contento--. ¡Si supiera usted cómo está mamá!... ¡Buen susto
+nos ha dado el picaroncillo!... ¿Pero qué ha sido eso, niño? ¿Estaba
+usía prisionero?
+
+--Me cogieron prisionero junto a la ermita--dijo D. Diego--. ¿Pero
+estás vivo, Gabriel? ¿Y tú también, Marijuán? Yo creí que os habían
+matado en aquella furiosa carga. ¿Y Santorcaz?... Pero os contaré lo
+que me pasó. Después de la carga, y cuando entró la caballería de
+España, quedé a retaguardia del regimiento; se me murió el caballo, y
+corrí a las filas del regimiento de Irlanda. Cuando vinimos aquí, nos
+cogieron prisioneros los franceses, y yo les dije tantas picardías que
+quisieron fusilarme.
+
+--¡Qué horror!--exclamó D. Paco--. Pero veo que es usted un héroe,
+¡oh mi niño querido! Creo que la mamá piensa dirigir una exposición a
+la Junta para que le den a usted la faja de capitán general.
+
+--Iban a fusilarme--continuó el rapaz--, cuando un oficial francés
+tuvo lástima de mí y me salvó la vida. Después lleváronme a sus
+tiendas, donde me dieron vino y...
+
+--Vamos, vamos pronto a casa, y allí contará usted todo--dijo D.
+Paco--. ¡Qué alegría! Volemos, señores. ¡Cuando la Sra. Condesa sepa
+que le hemos encontrado!... ¡Ah! ¿No sabe usted que está ahí su
+novia?... ¡Qué guapísima es!... La pobre no cesa de llorar la ausencia
+del niño, y si no hubiese usted parecido, creo que la tendríamos que
+amortajar. Vamos, vamos al punto.
+
+Corrimos todos a Bailén muy contentos. Al llegar al pueblo, uno de
+nosotros propuso anticiparse para anunciar a Dª. María la fausta
+nueva; pero no permitió D. Paco que nadie sino él en persona se
+encargase de tan dulce comisión, y con sus piernas vacilantes corrió
+hasta entrar en la casa, diciendo con desaforados gritos: «¡Ya
+pareció, ya pareció!» Cuando nosotros llegamos con el joven, todos
+salieron a recibirle, excepto Amaranta, a quien un fuerte dolor de
+cabeza retenía en su cuarto. Era de ver cómo los criados, las
+hermanitas, y la misma D.ª María, sin poder contener en los límites de
+la dignidad su maternal cariño, le abrazaban y besaban a porfía, y uno
+le coge, otro le deja, durante un buen rato le estrujaron sin
+compasión. Al fin, reuniéndose todos, incluso los huéspedes, en la
+sala baja, D. Diego fué solemnemente presentado a su novia. No puedo
+olvidar aquella escena que presencié desde la puerta con otros
+criados, y voy a referirla.
+
+
+#Nota a pie de página:#
+
+[3] «Je ne m'explique cette indigne lacheté que par la crainte de
+compromettre ce que l'on avait volé» (_Mem_ Duc dé Rovigo, vol. IV.)
+
+
+
+
+XXXII
+
+
+Inés, confusa y ruborosa, no contestó nada, cuando el diplomático se
+fué derecho a ella llevando de la mano a D. Diego, y le dijo:
+
+--Hija mía, aquí tienes al que te destinamos por esposo: mi sobrino,
+varón ilustre, a quien veremos general dentro de poco, como siga la
+guerra.
+
+--Hijo mío--añadió Dª. María--, las altas prendas de la que va a ser
+irremisiblemente tu mujer no necesitan ser ponderadas en esta ocasión,
+porque harto las conocemos todos. Ahora, con el trato, se avivará el
+inmenso cariño que os profesáis desde hace algunos años, señal
+evidente de que Dios tenía ya decidida vuestra unión en sus altos
+designios.
+
+--Bonito es el retrato--dijo D. Diego, con un desenfado impropio de la
+situación--; pero usted, Inés, lo es más todavía. ¿Y por qué no quería
+usted salir del maldito convento? Sin duda las pícaras monjas la
+retenían a usted por fuerza, esperando que al profesar les llevara un
+buen dote. Pero no; yo juro que estaba decidido a sacar de allí a mi
+monjita, y ya discurría el modo de saltar por las tapias de la huerta
+y romper rejas y celosías para conseguir mi objeto.
+
+Doña María, al escuchar esto, palideció, y luego las centellas de la
+ira brillaron en sus ojos. Pero con disimulo habló de otro asunto,
+procurando que el noble concurso y discreto senado olvidara las
+palabras del incipiente chico.
+
+--Pero cuéntanos de una vez lo que te ha pasado en el campamento
+francés--dijo a don Diego.
+
+--Pues quisieron fusilarme--repuso el mayorazgo, sentándose--. Ya me
+tenían puesto de rodillas cuando un oficial mandó suspender la
+ejecución.
+
+--¿Y por qué te querían asesinar esos cafres?
+
+--Porque les dije mil perrerías. Después, cuando me llevaron a la
+tienda, todos se reían de mí. Luego me dieron vino, obligándome a
+beberlo, y yo mientras más bebía más charlaba, diciendo atroces
+disparates y frases graciosas, hasta que me quedé como un cuerpo
+muerto.
+
+--¿Y no sabes tú--observó D.ª María, sin poder disimular su
+indignación--que las personas de buena crianza no beben sino poquito?
+
+--Es verdad; pero aquel vino tenía un saborcillo que me gustaba, y los
+franceses se reían mucho conmigo. Todos iban a verme, llamándome _le
+petit espagnol_.
+
+--Lo cual quiere decir _el pequeño español_--dijo D. Paco.
+
+--Pero no debió usted dejarse emborrachar, joven--indicó el
+diplomático--. Juro que si eso hubiera pasado conmigo, de un sablazo
+descalabro a todos los oficiales de la división de Vedel.
+
+Doña María, profundamente indignada, silenciosa, ceñuda, parecía una
+sibila de Miguel Ángel.
+
+--Pero si todos aquellos señores me querían mucho...--continuó D.
+Diego--. Por la tarde, y luego que desperté de aquel largo sueño, me
+dijeron que si sabía yo lidiar un toro. Les dije que sí, y poniéndose
+muy contentos, me mandaron que diese al punto una corrida. No quería
+yo más para divertirme: así es que, poniendo una silla en lugar de
+toro, le capeé, le puse banderillas y le dí muerte con mi sable,
+pasándole de parte a parte. ¡Cuánto se rieron aquellos condenados!
+Hasta el General acudió a verme.
+
+--Veo que has aprovechado el tiempo en el campamento francés--dijo la
+señora madre con tremenda ironía.
+
+--Si no querían dejarme venir. Después me dijeron que les cantase el
+jaleo, y lo canté de pie sobre una banqueta. ¡Ave María Purísima!
+Hasta los soldados se acercaban a la tienda para oír. Entre los
+oficiales había dos que no me dejaban de la mano, y me decían que si
+me pasaba al ejército francés me tomarían por ayudante, llevándome a
+Francia, a París, y de París a recorrer toda la Europa.
+
+--¡Y no les diste una bofetada!--exclamó D.ª María, clavando sus dedos
+en el cuero del sillón.
+
+--¡Quía! Me eché a reír y les dije que ya pensaba ir a Francia con el
+Sr. de Santorcaz, que es mi amigo y ha de ser mi maestro cuando me
+case.
+
+Esta vez no fué D.ª María la que se estremeció de sorpresa e
+indignación: fué la marquesa de Leiva, quien mudando el color y con
+absortos ojos miró sucesivamente a su prima, a su primo y al ayo.
+
+--Pero ¿qué está diciendo el niño?--preguntó éste mirando a la
+Condesa--. ¿Quién dice que es su maestro y su amigo?
+
+--Cualquiera menos usted--contestó con insolencia el heredero--. ¡Vaya
+un maestro, que no sabe enseñar sino mentecatadas y simplezas!
+
+--¡Jesús! Diego, mira lo que hablas...--dijo D.ª María, conteniendo
+con grandes esfuerzos los gestos amenazadores, natural expresión de su
+ira.
+
+Don Paco se llevó el pañuelo a los ojos para enjugar una lágrima. Inés
+a todo atendía discretamente y sin hablar. ¡Ah! Mientras allí la
+juzgaban indiferente al peligroso diálogo, ¡qué admirables
+observaciones, qué exactos juicios le sugeriría semejante escena! Su
+talento y alto criterio dominarían sobre las pasiones, los errores y
+las querellas de la histórica familia como el sol inmutable sobre la
+volteadora tierra.
+
+Asunción y Presentación, que aguardaban coyuntura para dar expansión
+al comprimido gozo de sus almas, hubieran querido reír como su
+hermano; pero la seriedad de su madre las tenía mudas de terror.
+
+--Esta predisposición de usted--dijo el Marqués--a visitar las Cortes
+europeas me indica que se siente el niño con inclinaciones a la
+diplomacia. Hija mía--añadió, dirigiéndose a Inés--, cada vez descubro
+más eminentes cualidades en el que te destinamos por esposo, y veo
+justificado el amor que desde hace tiempo en silencio le profesas, y
+que, en tu delicadeza y castidad, procuras disimular hasta el último
+instante.
+
+--¡Ah!, se me olvidaba decir--añadió don Diego, riendo a carcajadas--,
+que los franceses me han enseñado a decir algunas palabras en su
+lengua.
+
+Y levantándose al punto, hizo profundas reverencias ante Inés,
+diciéndole:
+
+--_Ponchú, madama. ¿Cómo la porta vú?_
+
+Asunción y Presentación, después de mirarse una a otra, creyeron que
+había llegado el momento de reír, y rieron dando desahogo a sus
+oprimidos corazones; pero como D.ª María no desplegó sus labios, las
+dos madamitas tuvieron que ponerse serias otra vez.
+
+--¡Oh! ¡_Très bien_!--dijo el diplomático--. Sr. D. Francisco, su
+alumno de usted demuestra las luces y copiosa doctrina de tan erudito
+maestro.
+
+Hizo D. Paco graciosa reverencia, y su rostro compungido y lloroso se
+esclareció con una sonrisa.
+
+Doña María callaba; pero en su pecho rugía la tempestad. Ella y su
+prima la de Leiva se miraban de vez en cuando, transmitiéndose una a
+otra el fuego de sus iracundos sentimientos.
+
+--Otras muchas palabras sé--continuó el rapaz--, como _Crenom de Dieu,
+sacrebleu!_, exclamaciones que se dicen cuando uno esta rabioso, en
+vez de ¡_Caracoles! ¡Canastos_!
+
+Doña María se levantó de su asiento... y se volvió a sentar.
+
+--¡Cómo me querían aquellos demonios de franceses! Uno de ellos sabía
+español y hablaba a ratos conmigo. Me dijo que los españoles eran muy
+valientes y muy honrados; pero que hacían mal en defender a Fernando
+VII, porque este Príncipe es un farsantuelo que engañó a su padre y
+ahora está engañando a la nación y al Emperador.
+
+Doña María se llevó la mano a los ojos.
+
+--Yo le aseguré que los españoles les echaríamos de España, y él me
+contestó que parecía probable, porque la guerra iba tomando mal
+aspecto; pero que esto sería un mal para nosotros, porque de venir
+otra vez Fernando VII, España seguiría con su mal gobierno y con las
+muchas cosas perversas, injustas y anticuadas que hay aquí.
+
+--¡Oh! ¿Y no se le ocurrió a usted la contestación a tan atrevido y
+antipatriótico aserto?--preguntó con énfasis el diplomático.
+
+--Yo le dije que aquí pensábamos arreglar todas esas cosas, y quitar
+la Santa Inquisición, y los diezmos, y los mayorazgos, como me decía
+el Sr. de Santorcaz.
+
+Doña María aferró sus manos a los brazos de la silla como si quisiera
+estrujar la madera entre sus dedos.
+
+--Sobre todo los mayorazgos--prosiguió Rumblar--. También le dije al
+francés que yo soy mayorazgo, y que después de casado tendré dos
+vinculaciones. ¡Como se reía cuando le dije que era Grande de España!
+Todos acudían a verme y me volvieron a dar de beber, y me caí otra vez
+al suelo, cantando que me las pelaba.
+
+¡Ay! Doña María se llevó las manos a la cabeza; D.ª María cerró los
+ojos; D.ª María golpeó el suelo con su pie derecho; D.ª María semejaba
+la imponente imagen de la Tradición aplastando la hidra
+revolucionaria.
+
+--Esta mañana me preguntaron si yo tenía hermanas guapas. Díjeles que
+eran muy bonitas, y ellos me dijeron que vendrían a verlas, y que si
+queríamos dárselas para casarse con ellas, puesto que también serían
+mayorazgas. Yo les contesté que mayorazgo era el que había nacido
+primero.
+
+Y luego, dirigiéndose a sus hermanitas, les dijo:
+
+--Os fastidiasteis, chicas, por haber nacido hembras y después que yo.
+Una de ustedes se casará con cualquier pelele, y la otra se meterá en
+un conventito a rezar por nosotros los pecadores, a no ser que algún
+día vea un galán por la reja, y se enamore, y luego se tire por la
+ventana a la calle.
+
+Doña María no podía resistir más. Iba a estallar su furibunda cólera;
+pero aún era mayor el caudal de su prudencia que el caudal de su
+enojo...; se contuvo y cerró otra vez los ojos, ya que no podía cerrar
+los oídos.
+
+--Después--siguió el mancebo--me preguntaron si mis hermanas usaban
+navaja, si tocaban la guitarra, si iban a los toros y si yo era
+familiar de la Inquisición. ¡Cómo se reían aquellos condenados! Lo
+gracioso era que no me dejaban salir de allí, y a cada rato me decían
+_so, so, so_.
+
+--_Un sot_--dijo el diplomático--. Pues sospecho que os llamaron
+tonto. ¡Oh iniquidad de la nación francesa! ¡Vea usted, Sr. D. Paco,
+lo que es un pueblo carcomido por el jacobinismo!... ¿Y no les dió
+usted un par de sablazos?
+
+--¡Si me querían mucho...! Ayer me tuvieron toda la noche bailando el
+bolero y la cachucha, en medio de un corrillo donde había más de
+cuarenta oficiales.
+
+Asunción y Presentación seguían esperando con ansia la ocasión de
+reír; pero ésta no llegaba, y consultando el rostro de su madre,
+veíanle cada vez más borrascoso. Las dos estaban muertas de miedo.
+
+Don Paco, conociendo que se preparaba un cataclismo, quiso conjurarlo
+y dijo a su discípulo:
+
+--Vamos, basta de franceses, D. Diego. Hable usted de otra cosa. Si no
+fuera demasiado largo, os mandaría que recitarais aquel capitulo sobre
+la batalla del Gránico que os hice aprender de memoria; mas para que
+tan escogido concurso, y especialmente este fresco azahar de
+Andalucía, vuestra prometida; para que todos, en una palabra, puedan
+apreciar la buena pronunciación de usted y su oído cadencioso, échenos
+cualquiera de esos romances que sabe..., vamos. Atención, señores.
+
+--El del _Barandal del cielo_--dijo Asunción, respirando con alegría.
+
+--El de los _Santos pechos_--dijo Presentación.
+
+--Vamos, no se haga usted de rogar.
+
+--Pues voy a echarles una canción que me enseñaron los franceses.
+
+--No, nada de franceses.
+
+--Si es muy bonita, aunque a decir verdad, yo no la entiendo.
+
+Y sin esperar más, púsose en pie D. Diego, y accionando como un
+cómico, con voz fuerte y exaltado acento, cantó así:
+
+ _Allons, enfants de la patrie,
+ le jour de gloire est arrivé!
+ Contre nous de la tyrannie
+ l'étandart sanglant est levé!_
+
+
+Asunción y Presentación reían como locas y D.ª María no dijo nada.
+Ninguno de la familia había entendido una palabra.
+
+--Es bonita la canción--dijo D. Paco--; pero no la comprendemos.
+
+Entonces el diplomático levantóse ceremoniosa y gravemente, y tomando
+un tono de hombre severo habló así:
+
+--¿Sabe usted lo que está cantando? Pues está cantando la
+_Marsellesa_, esa canción impía y sanguinaria, señores; esa canción
+que acompañó al suplicio a todos los mártires de la Revolución,
+incluso Luis XVI, mi querido amigo..., porque han de saber ustedes que
+Luis XVI y yo teníamos muchas bromas y nos echábamos el brazo por el
+hombro, paseándonos por Versalles... ¡La _Marsellesa_, señores, la
+_Marsellesa_! También acompañó al cadalso a María Antonieta... ¡y qué
+buena era aquella señora! ¡Cuántas veces la vi marcando pañuelos en
+una ventana baja del pequeño Trianon! ¡Cómo me quería!... En fin, este
+joven me ha horripilado con la tal tonadilla... Señora Condesa, ¿está
+usted indispuesta? ¿Y tú, hermana? ¡El caso no es para menos! Hija
+mía, ¿estás nerviosa? ¿Te has puesto mala? ¿Te causa miedo esa
+canción?
+
+Inés le contestó que no tenía pizca de miedo. En tanto, D.ª María, no
+pudiendo resistir más, salió del cuarto con sus hijas. Desconcertóse
+al punto aquella ilustre reunión, y luego no quedó en la sala más que
+la familia de Inés con D. Diego. Al poco rato tuvo lugar una escena
+lamentable, y fué que D.ª María, ciega de furor, y necesitando
+desahogar aquella tormenta de su espíritu sobre alguien, descargó su
+enojo al fin; ¿pero sobre quién?, dirán ustedes... Sobre las dos
+inocentes niñas, sobre los dos angelitos celestiales, Asunción y
+Presentación. ¿Y todo por qué? Porque entusiasmadillas con la llegada
+de su hermano, habían dejado de hacer no sé qué cosa encomendada a sus
+tiernas manos. ¡Pobres pimpollitos! La dignidad impedía a mi señora
+Condesa castigar al primogénito delante de la novia y del suegro, y
+era forzoso que pagaran el pato las dos niñas desheredadas. Yo las ví
+llorando como unas Magdalenas y soplándose las palmas de las manos,
+escaldadas por aquel fatídico instrumento de cinco agujeros que pendía
+de fatal espetera en el despacho de D. Paco. Las pobrecillas
+estuvieron a moco y baba todo el día.
+
+
+
+
+XXXIII
+
+
+Este libro concluye, queridísimos lectores, a quienes adoro y
+reverencio; se acaba, y los notables y jamás vistos sucesos que me
+acontecieron por el proyectado matrimonio de Inés y por el encuentro
+de aquellas dos familias en el tortuoso y difícil camino de mis
+amores, serán escritos, por no caber en este volumen, en otro que
+pondré a vuestra disposición lo más pronto posible. Tened, pues, un
+adarme de paciencia, y mientras aquellas distinguidas personas se
+preparan para ponerse en camino hacia Madrid, adonde con vuestra venía
+pienso acompañarlas, atended un poco más.
+
+El mismo día 22 encontré a Santorcaz, puesto ya al frente de su
+partidilla, la cual, como he dicho, estaba formada de lo mejorcito del
+país. Les digo a ustedes que tropa más escogida que aquélla no la
+capitanearon los famosos _caballistas_ José María y Diego Corrientes.
+
+--¿Va usted ya de marcha?--le pregunté.
+
+--Sí; dispusieron que fuera alguna fuerza de paisanos a guardar el
+paso de Despeñaperros, y yo solicité esa comisión, que me agrada
+mucho. Allá voy con mi gente. ¿Quieres venir? ¿Has estado en casa de
+Rumblar?
+
+--De allá vengo.
+
+--¿Y esa familia que está ahí es la de la novia de D. Diego?
+
+--Justamente.
+
+--Creo que van todos para Madrid.
+
+--Así parece.
+
+--¿No sabes cuándo?
+
+--Según he oído, pasado mañana. Esperan saber lo de la capitulación
+para llevar la noticia.
+
+--¿Conque pasado mañana? Bien... Adiós. ¿Quieres venir en mi partida?
+
+--Gracias; adiós.
+
+Les vi partir, y todo el día y toda la noche estuve pensando en
+aquella gente.
+
+Yo no vi el triste desfile de los ocho mil soldados de Dupont cuando
+entregaron sus armas ante el general Castaños, porque esto tuvo lugar
+en Andújar. A pesar de que la primera y segunda división habían sido
+las vencedoras de los franceses, la honra de presenciar la rendición
+fué otorgada a la tercera y a la de reserva, por una de esas
+injusticias tan comunes en nuestra tierra, lo mismo en estos días de
+vergüenza que en aquellos de gloria. Por delante de nosotros
+desfilaron las tropas de Vedel, en número de nueve mil trescientos
+hombres, y dejando sus armas en pabellón, nos entregaron muchas
+águilas y cuarenta cañones.
+
+Les mirábamos y nos parecía imposible que aquéllos fueran los
+vencedores de Europa. Después de haber borrado la geografía del
+continente para hacer otra nueva, clavando sus banderas donde mejor
+les pareció, desbaratando imperios y haciendo con tronos y reyes un
+juego de títeres, tropezaban en una piedra del camino de aquella
+remota Andalucía, tierra casi olvidada del mundo desde la expulsión
+del islamismo. Su caída hizo estremecer de gozosa esperanza a todas
+las naciones oprimidas. Ninguna victoria francesa resonó en Europa
+tanto como aquella derrota, que fué, sin disputa, el primer traspiés
+del Imperio. Desde entonces caminó mucho, pero siempre cojeando.
+España, armándose toda y rechazando la invasión con la espada y la
+tea, con la navaja, con las uñas y con los dientes, probaría, como
+dijo un francés, que los ejércitos sucumben, pero que las naciones son
+invencibles.
+
+--¡Cuánto siento que no esté aquí el señor de Santorcaz!--me dijo
+Marijuán, al ver pasar por delante de nosotros a aquellos hermosos
+soldados, medio muertos de fatiga y de vergüenza--. ¿Te acuerdas de
+las grandes bolas que nos contaba cuando veníamos por la Mancha y nos
+refería las batallas ganadas por éstos contra todo el mundo?
+
+--Lo que nos contaba Santorcaz--respondí--era pura verdad; pero esto
+que ahora vemos, amigo Marijuán..., verdad es también.
+
+
+
+
+XXXIV
+
+
+Considerad ahora lo que pasaba del otro lado de Sierra Morena en aquel
+mismo mes de julio. El día 7 había jurado José en Bayona la
+Constitución hecha por unos españoles vendidos al extranjero. El día
+9, el mismo José traspasaba la frontera para venir a gobernarnos. El
+día 15 ganaba Bessières en los campos de Ríoseco una sangrienta
+batalla, y al tener de ella noticia Napoleón, decía lleno de gozo: «La
+batalla de Ríoseco pone a mi hermano en el trono de España, como la de
+Villaviciosa puso a Felipe V.» Napoleón partió para París el 21,
+creyendo que lo de España no ofrecía cuidado alguno. El 20, un día
+después de nuestra batalla, entró José en Madrid, y aunque la
+recepción glacial que se le hizo le causara suma aflicción, aún le
+parecía que el buen momio de la Corona duraría bastante tiempo.
+
+Pero hacia los días 25, 26 y 27 se esparce por la capital un rumor
+misterioso que conmueve de alegría a los españoles y llena de terror a
+los franceses: corre la voz de que los paisanos andaluces y algunas
+tropas de línea han derrotado a Dupont, obligándole a capitular. Este
+rumor crece y se extiende; pero nadie quiere creerlo, los españoles
+por parecerles demasiado lisonjero, y los franceses por considerarlo
+demasiado terrible. El absurdo se propaga y parece confirmarse; pero
+la Corte de José se ríe y no da crédito a aquel cuento de viejas.
+Cuando no queda duda de que semejante imposible es un hecho real, la
+Corte, que aún no había instalado sus bártulos, huye despavorida; las
+tropas de Moncey, que rechazadas de Valencia se habían replegado a la
+Mancha, se unen a las de Madrid, y todos juntos, soldados, generales y
+Rey intruso, corren precipitadamente hacia el Norte, asolando el país
+por donde pasan. Aquel fantasma de reino napoleónico se disipaba como
+el humo de un cañonazo.
+
+Y ahora os he de hablar de cómo la guerra, que parecía próxima a
+concluir, se trabó de nuevo con más fuerza; he de hablaros de aquel
+infeliz y bondadoso rey José, y de su Corte, y de su hermano, y del
+paso de Somosierra con la famosa carga de los lanceros polacos, y del
+sitio de Madrid, y de otras muchas curiosísimas cosas; pero todo se ha
+de quedar para el libro siguiente, donde estos históricos sucesos han
+de tener feliz consorcio con los no menos dramáticos de mi vida, y
+todo lo mucho y bueno que ocurrió en el matrimonio de Inés.
+
+Ahora guardaré prudente silencio sobre estos sucesos, pues decidido
+estoy a seguir al pie de la letra la reservadísima escuela del
+diplomático, y así os digo:
+
+«No, no me obliguéis, abusando de la dulce amistad, a que revele estos
+secretos de que tal vez depende la suerte del mundo. No me seduzcáis
+con ruegos y cariñosas sugestiones que en vano atacan el inexpugnable
+alcázar de mi discreción.»
+
+A pesar de esto, ¿insistís, importunos amigos? Nada más os digo por
+ahora, sino que la familia de Inés salió para Madrid hacia fin de mes
+y en los días en que el ejército vencedor marchaba hacia la capital de
+España.
+
+Esta circunstancia me permitió ir en la escolta que por el camino
+debía custodiar a tan esclarecida familia; así es que formé con los
+diez a caballo que galopaban a la zaga de los dos coches. ¡Ay! Por la
+portezuela de uno de ellos solía asomarse durante las paradas una
+linda cabeza, cuyos ojos se recreaban en la marcial apostura del
+pequeño escuadrón.
+
+--Estos valerosos muchachos, hija mía--le decía su padre--, son los
+que en los campos de Bailén echaron por tierra con belicosa furia al
+coloso de Europa. Veo que les miras mucho, lo cual me prueba tu
+entusiasmo por las glorias patrias.
+
+Basta con esto, señores, y no digo más. En vano me hacéis señas;
+excitándome a hablar; en vano fingen conocer mentirosos hechos, para
+que yo les cuente los verídicos. ¿A qué conduce el anticipar la
+relación de lo que no es de este lugar? A los impacientes les diré que
+nada ocurrió hasta que llegamos al desfiladero de Despeñaperros. Lo
+pasábamos en una noche muy obscura, cuando de pronto detuviéronse los
+coches, oímos gritos, sonó un disparo, y algunos hombres de mal
+aspecto, saltando desde los cercanos matorrales, se arrojaron al
+camino. Al instante corrimos sable en mano hacia ellos...; pero basta
+ya, y déjenme dormir, pues ni con tenazas me han de sacar una palabra
+más.
+
+FIN DE «BAILÉN»
+
+Octubre-noviembre de 1878.
+
+
+
+
+TRADUCCIONES DE DIVERSAS OBRAS
+
+DE
+
+Don BENITO PEREZ GALDOS
+
+
+EN INGLÉS:
+
+_Doña Perfecta_, a tale of modern Spain. Traducción de D.P.N.--London,
+Samuel Tinsley, 1886.
+
+_Idem._ Traducción de Clara Bell. New-York, Gottsberger, 1883.
+
+_Idem._. New-York, 1884.
+
+_Idem._ Traducción de D.P.W. New-York. George Munro, Publisher, 17 a
+27, Vandewater Street, 1883.
+
+_Gloria._ Traducción de Clara Bell. New-York, William S. Gottsberger,
+Publisher. 11 Murray Street, 1882.
+
+_Idem._ Traducción de Nathan Wetherell. London, Remigton and Co., 5,
+Arundel Street, Strand. W.C., 1879.
+
+_León Roch._ Traducción de Clara Bell. New-York, William S.
+Gottsberqer, Publisher, 11. Murray Street, 1888.
+
+_Marianela._ Traducción de Clara Bell. New-York. William S.
+Gottsberger, Publisher, 11, Murray Street. 1883.
+
+_Marianela._ Traducción de Helen W. Lester. Chicago, A.C. Mac-Clurg
+and Company, 1892.
+
+_Trafalgar._ Traducción de Clara Bell. New-York, William S.
+Gottsberger, Publisher, 11, Murray Street, 1884.
+
+_Zaragoza._. Traducción de Minna Carolina Smith. Boston, Little. Brown
+and Company, 1899.
+
+_La batalla de los Arapiles._ Traducción de Rollo Ogden. Filadelfia,
+J.B. Lippincot Company, 1895.
+
+
+EN FRANCÉS:
+
+_Doña Perfecta._ Traducción de L. Lugol. París, Giraud, 1885.
+
+_Idem._ Traducción de L. Lugol. París, Hachette.
+
+_La campaña del Maestrazgo_ (Le Roman de Soeur Marcela). Traducción de
+L. de L***. París, Calmann-Levy, Editeurs, 3, rue Auber.
+
+_Marianela._ Traducción de Julien Lugol. París. Librairie des
+publications a 50 centimes; 34, rue de la Montagne-Sainte-Geneviève.
+
+_Idem._ Traducción de A. Germond de Lavigne. París, Librairie Hachette
+et Cie., 79, Boulevard Saint-Germain, 1884.
+
+_El amigo Manso._ Traducción de Julien Lugol. París, Librairie
+Hachette et Cie., 79, Boulevard Saint-Germain, 1888.
+
+_Misericordia._ Traducción de Maurice Bixio. París, Librairie
+Hachette. 1900.
+
+
+EN ALEMÁN:
+
+_Doña Perfecta._ Dos tomos, traducción de J. Reichell. Dresde y
+Leipzig, Pierson's Verlag, 1886.
+
+_Electra._ Traducción de Rodolfo Beer. Wiener Verlag. 1901.
+
+_Electra._ Traducción de Rodolfo Beer, arreglada para la escena
+alemana por Ricardo Fellner. Berlín. 1901.
+
+_Gloria._ Traducción del Dr. Augusto Hartmann. Berlín, Verlag von L.
+Schleiermacher, 1880.
+
+_El amigo Manso_ (Freund Manso). Traducción de E. von Buddenbrock.
+Berlín, Verlag von Karl Siegesmund, 1894.
+
+_Trafalgar._ Traducción de Hans Parlow. Dresde y Leipzig, Verlag von
+Karl Reitzner, 1896.
+
+_Marianela._ Traducción de E. Plücher. Breslau, Auterhaltungsblatt,
+1888.
+
+
+EN SUECO:
+
+_Doña Perfecta._ Traducción de K.A. Hagberg. Stockolm, Skoglunuds
+Förlag.
+
+_León Roch._ Traducción de A.P. de la Cruz Frölich. Kjöpenhaun
+(Copenhague). Förlag. Andr. Schous, 1881.
+
+_Torquemada en la hoguera._ (Torquemada paa baalet). Traducción de
+Johanne Alleu. Cristiania y Copenhague, Förlag A. Christiansens, 1898.
+
+
+EN ITALIANO:
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+_Nazarín_ (Sicut-Christus). Traducción de Guido Rubetti y José León
+Pagano. Firenze, G. Nerbini.
+
+_Gloria._ Traducción de Italo Argenti. Firenze, R. Bemporad & Figlio,
+1901.
+
+_Marianela._ Traducción de G. de Michelis. Bologna, Tipografía Pont.
+Maregiani, vía Volturno. 3, 1880.
+
+_La Fontana de Oro._ Traducción de G. de Michelis. Milán. Fratelli
+Treves. 1890.
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+_Doña Perfecta._ Traducción de Cunes. Milán. Fratelli Treves. 1897.
+
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+EN HOLANDÉS:
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+_Doña Perfecta._ Traducción de M.A. de Goeje Leiden. Brill, 1883.
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+_Electra._ Leiden, A.H. Adriani, 1901.
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+EN PORTUGUÉS:
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+_Electra._ Traducción de Ramalho Ortigão. Oporto, Librería Chardron.
+de Lello & Irmao, editores, 1901.
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+EN DINAMARQUÉS:
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+_Fru Perfecta._ Traducción de Gigas. Copenhague, Priors, 1895.
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+*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 14311 ***