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| author | Roger Frank <rfrank@pglaf.org> | 2025-10-15 04:41:44 -0700 |
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You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + + +Title: Zalacaín El Aventurero + +Author: Pío Baroja + +Release Date: August 23, 2004 [EBook #13264] + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK ZALACAÍN EL AVENTURERO *** + + + + +Produced by Stan Goodman, Virginia Paque and the Online Distributed +Proofreading Team. + + + + + +[Nota del Transcriptor: Este texto digital ha conservado las +irregularidades en puntuación, acentuación y ortografía del libro original.] + + + + + ZALACAÍN EL AVENTURERO + + + PÍO BAROJA + + + ZALACAÍN EL AVENTURERO + + (Historia de las buenas andanzas y fortunas de + Martín Zalacaín el Aventurero) + + MADRID.--1919. + + + + + +PRÓLOGO + +CÓMO ERA LA VILLA DE URBIA EN EL ÚLTIMO TERCIO DEL SIGLO XIX + + +Una muralla de piedra, negruzca y alta rodea a Urbia. Esta muralla sigue +a lo largo del camino real, limita el pueblo por el Norte y al llegar al +río se tuerce, tropieza con la iglesia, a la que coge, dejando parte del +ábside fuera de su recinto, y después escala una altura y envuelve la +ciudad por el Sur. + +Hay todavía, en los fosos, terrenos encharcados con hierbajos y +espadañas, poternas llenas de hierros, garitas desmochadas, escalerillas +musgosas, y alrededor, en los glacis, altas y románticas arboledas, +malezas y boscajes y verdes praderas salpicadas de florecillas. Cerca, +en la aguda colina a cuyo pie se sienta el pueblo, un castillo sombrío +se oculta entre gigantescos olmos. + +Desde el camino real, Urbia aparece como una agrupación de casas +decrépitas, leprosas, inclinadas, con balcones corridos de madera y +miradores que asoman por encima de la negra pared de piedra que las +circunda. + +Tiene Urbia una barriada vieja y otra nueva. La barriada vieja, la +_calle_, como se le llama por antonomasia en vascuence, está formada, +principalmente, por dos callejuelas estrechas, sinuosas y en cuesta que +se unen en la plaza. + +El pueblo viejo, desde la carretera, traza una línea quebrada de tejados +torcidos y mugrientos, que va descendiendo desde el Castillo hasta el +río. Las casas, encaramadas en la cintura de piedra de la ciudad, parece +a primera vista que se encuentran en una posición estrecha é incómoda, +pero no es así, sino todo lo contrario, porque, entre el pie de las +casas y los muros fortificados, existe un gran espacio ocupado por una +serie de magníficas huertas. Tales huertas, protegidas de los vientos +fríos, son excelentes. En ellas se pueden cultivar plantas de zona +cálida como naranjos y limoneros. + +La muralla, por la parte interior que da a las huertas, tiene un camino +formado por grandes losas, especie de acera de un metro de ancho con su +barandado de hierro. + +En los intersticios de estas losas viejas, y desgastadas por las +lluvias, crecen la venenosa cicuta y el beleño; junto a las paredes +brillan, en la primavera, las flores amarillentas del diente del león y +del verbasco, los gladiolos de hermoso color carmesí y las digitales +purpúreas. Otros muchos hierbajos, mezclados con ortigas y amapolas, se +extienden por la muralla y adornan con su verdura y con sus +constelaciones de flores pequeñas y simples las almenas, las aspilleras +y los matacanes. + +Durante el invierno, en las horas de sol, algunos viejos de la vecindad, +con traje de casa y zapatillas, pasean por la cornisa, y al llegar Marzo +o Abril contemplan los progresos de los hermosos perales y melocotoneros +de las huertas. + +Observan también, disimuladamente, por las aspilleras, si viene algún +coche o carro al pueblo, si hay novedades en las casas de la barriada +nueva, no sin cierta hostilidad, porque todos los habitantes del +interior sienten una obscura y mal explicada antipatía por sus +convecinos de extra-muros. + +La cintura de piedra del pueblo viejo se abre en unos sitios por puertas +ojivales; en otros se rompe irregularmente, dejando un boquete que por +días se ve agrandarse. + +En algunas de las puertas, debajo, de la ojiva primitiva, se hizo +posteriormente, no se sabe con qué objeto, un arco de medio punto. + +En las piedras de las jambas quedan empotrados hierros que sirvieron +para las poternas. Los puentes levadizos están substituídos por montones +de tierra que rellenan el foso hasta la necesaria altura. + +Urbia ofrece aspectos varios según el sitio de donde se le contemple; +desde lejos y viniendo desde la carretera, sobre todo al anochecer, +tiene la apariencia de un castillo feudal; la ciudadela sombría, +envuelta entre grandes árboles, prolongada después por el pueblo con sus +muros fortificados que chorrean agua, presentan un aspecto grave y +guerrero; en cambio, desde el puente y un día de sol, Urbia no da +ninguna impresión fosca, por el contrario, parece una diminuta +Florencia, asentada en las orillas de un riachuelo claro, pedregoso, +murmurador y de rápida corriente. + +Las dos filas de casas bañadas por el río son casas viejas con galerías +y miradores negruzcos, en los cuales cuelgan ropas puestas a secar, +ristras de ajos y de pimientos. Estas galerías tienen en un extremo una +polea y un cubo para subir agua. Al finalizar las casas, siguiendo las +orillas del río, hay algunos huertos, por cuyas tapias verdosas surgen +cipreses altos, delgados y espirituales, lo que da a este rincón un +mayor aspecto florentino. + +Urbia intra-muros se acaba pronto; fuera de las dos calles largas, solo +tiene callejones húmedos y estrechos y la plaza. Esta es una encrucijada +lóbrega, constituida por una pared de la iglesia con varias rejas +tapiadas, por la Casa del Ayuntamiento con sus balcones volados y su +gran portón coronado por el escudo de la villa, y por un caserón enorme +en cuyo bajo se halla instalado el almacén de Azpillaga. + +El almacén de Azpillaga, donde se encuentra de todo, debe dar a los +aldeanos la impresión de una caja de Pandora, de un mundo inexplorado y +lleno de maravillas. A la puerta de casa de Azpillaga, colgando de las +negras paredes, suelen verse chisteras para jugar a la pelota, albardas, +jáquimas, monturas de estilo andaluz; y en las ventanas, que hacen de +escaparate frascos con caramelos de color, aparejos complicados de +pesca, con su corcho rojo y sus cañas, redes sujetas a un mango, marcos +de hojadelata, santos de yeso y de latón y estampas viejas, sucias por +las moscas. + +En el interior hay ropas, mantas, lanas, jamón, botellas de Chartreuse +falsificado, loza fina... El Museo Británico no es nada, en variedad, al +lado de este almacén. + +A la puerta suele pasearse Azpillaga, grueso, majestuoso, con su aire +clerical, unas mangas azules y su boina. Las dos calles principales de +Urbia son estrechas, tortuosas y en cuesta. La mayoría de los vecinos de +esas dos calles son labradores, alpargateros y carpinteros de carros. +Los labradores, por la mañana, salen al campo con sus yuntas. Al +despertar el pueblo, al amanecer, se oyen los mugidos de los bueyes; +luego, los alpargateros sacan su banco a la acera, y los carpinteros +trabajan en medio de la calle en compañía de los chiquillos, de las +gallinas y de los perros. + +Algunas de las casas de las dos calles principales muestran su escudo, +otras, sentencias escritas en latín, y la generalidad, un número, la +fecha en que se hicieron y el nombre del matrimonio que las mandó +construir... + +Hoy, el pueblo lo forma casi exclusivamente la parte nueva, limpia, +coquetona, un poco presuntuosa. El verano cruzan la carretera un sin fin +de automóviles y casi todos se paran un momento en la casa de Ohando, +convertido en Gran Hotel de Urbia. Algunas señoritas, apasionadas por lo +pintoresco, mientras el grueso papá escribe postales en el hotel, suben +las escaleras del portal de la Antigua, recorren las dos calles +principales de la ciudad y sacan fotografías de los rincones que les +parecen románticos y de los grupos de alpargateros que se dejan retratar +sonriendo burlonamente. + +Hace cuarenta años la vida en Urbia era pacífica y sencilla; los +domingos había el acontecimiento de la misa mayor, y por la tarde el +acontecimiento de las vísperas. Después, en un prado anejo a la +Ciudadela y del cual se había apoderado la villa, iba el tamborilero y +la gente bailaba alegremente, al son del pito y del tamboril, hasta que +el toque del Ángelus terminaba con la zambra y los campesinos volvían a +sus casas después de hacer una estación en la taberna. + + + + +LIBRO PRIMERO + +La infancia de Zalacaín + + + + +CAPÍTULO PRIMERO + +CÓMO VIVIÓ Y SE EDUCÓ MARTÍN ZALACAÍN + + +Un camino en cuesta baja de la Ciudadela pasa por encima del cementerio +y atraviesa el portal de Francia. Este camino, en la parte alta, tiene a +los lados varias cruces de piedra, que terminan en una ermita y por la +parte baja, después de entrar en la ciudad, se convierte en calle. A la +izquierda del camino, antes de la muralla, había hace años un caserío +viejo, medio derruído, con el tejado terrero lleno de pedruscos y la +piedra arenisca de sus paredes desgastada por la acción de la humedad y +del aire. En el frente de la decrépita y pobre casa, un agujero indicaba +dónde estuvo en otro tiempo el escudo, y debajo de él se adivinaban, más +bien que se leían, varias letras que componían una frase latina: _Post +funera virtus vivit_. + +En este caserío nació y pasó los primeros años de su infancia Martín +Zalacaín de Urbia, el que, más tarde, había de ser llamado Zalacaín el +Aventurero; en este caserío soñó sus primeras aventuras y rompió los +primeros pantalones. + +Los Zalacaín vivían a pocos pasos de Urbia, pero ni Martín ni su familia +eran ciudadanos; faltaban a su casa unos metros para formar parte de la +villa. + +El padre de Martín fué labrador, un hombre obscuro y poco comunicativo, +muerto en una epidemia de viruelas; la madre de Martín tampoco era mujer +de carácter; vivió en esa obscuridad psicológica normal entre la gente +del campo, y pasó de soltera a casada y de casada a viuda con absoluta +inconsciencia. Al morir su marido, quedó con dos hijos Martín y una niña +menor, llamada Ignacia. + +El caserío donde habitaban los Zalacaín pertenecía a la familia de +Ohando, familia la más antigua aristocrática y rica de Urbia. + +Vivía la madre de Martín casi de la misericordia de los Ohandos. + +En tales condiciones de pobreza y de miseria, parecía lógico que, por +herencia y por la acción del ambiente, Martín fuese como su padre y su +madre, obscuro, tímido y apocado; pero el muchacho resultó decidido, +temerario y audaz. + +En esta época, los chicos no iban tanto a la escuela como ahora, y +Martín pasó mucho tiempo sin sentarse en sus bancos. No sabía de ella +más si no que era un sitio obscuro, con unos cartelones blancos en las +paredes, lo cual no le animaba a entrar. Le alejaba también de aquel +modesto centro de enseñanza el ver que los chicos de la calle no le +consideraban como uno de los suyos, a causa de vivir fuera del pueblo y +de andar siempre hecho un andrajoso. + +Por este motivo les tenía algún odio; así que cuando algunos chiquillos +de los caseríos de extramuros entraban en la calle y comenzaban a +pedradas con los ciudadanos, Martín era de los más encarnizados en el +combate; capitaneaba las hordas bárbaras, las dirigía y hasta las +dominaba. + +Tenía entre los demás chicos el ascendiente de su audacia y de su +temeridad. No había rincón del pueblo que Martín no conociera. Para él, +Urbia era la reunión de todas las bellezas, el compendio de todos los +intereses y magnificencias. + +Nadie se ocupaba de él, no compartía con los demás chicos la escuela y +huroneaba por todas partes. Su abandono le obligaba a formarse sus ideas +espontáneamente y a templar la osadía con la prudencia. + +Mientras los niños de su edad aprendían a leer, él daba la vuelta a la +muralla, sin que le asustasen las piedras derrumbadas, ni las zarzas que +cerraban el paso. + +Sabía dónde había palomas torcaces é intentaba coger sus nidos, robaba +fruta y cogía moras y fresas silvestres. + +A los ocho años, Martín gozaba de una mala fama digna ya de un hombre. +Un día, al salir de la escuela, Carlos Ohando, el hijo de la familia +rica que dejaba por limosna el caserío a la madre de Martín, señalándole +con el dedo, gritó: + +--¡Ese! Ese es un ladrón. + +--¡Yo!--exclamó Martín. + +--Tú, sí. El otro día te vi que estabas robando peras en mi casa. Toda +tu familia es de ladrones. + +Martín, aunque respecto a él no podía negar la exactitud del cargo, +creyó no debía permitir este ultraje dirigido a los Zalacaín y, +abalanzándose sobre el joven Ohando, le dió una bofetada morrocotuda. +Ohando contestó con un puñetazo, se agarraron los dos y cayeron al +suelo, se dieron de trompicones, pero Martín, más fuerte, tumbaba +siempre al contrario. Un alpargatero tuvo que intervenir en la contienda +y, a puntapiés y a empujones, separó a los dos adversarios. Martín se +separó triunfante y el joven Ohando, magullado y maltrecho, se fué a su +casa. + +La madre de Martín, al saber el suceso, quiso obligar a su hijo a +presentarse en casa de Ohando y a pedir perdón a Carlos, pero Martín +afirmó que antes lo matarían. Ella tuvo que encargarse de dar toda clase +de excusas y explicaciones a la poderosa familia. + +Desde entonces, la madre miraba a su hijo como a un réprobo. + +--¡De dónde ha salido este chico así!--decía, y experimentaba al pensar +en él un sentimiento confuso de amor y de pena, solo comparable con el +asombro y la desesperación de la gallina, cuando empolla huevos de pato +y ve que sus hijos se zambullen en el agua sin miedo y van nadando +valientemente. + + + + +CAPÍTULO II + +DONDE SE HABLA DEL VIEJO CÍNICO MIGUEL DE TELLAGORRI + + +Algunas veces, cuando su madre enviaba por vino o por sidra a la taberna +de Arcale a su hijo Martín, le solía decir: + +--Y si le encuentras, al viejo Tellagorri, no le hables, y si te dice +algo, respóndele a todo que no. + +Tellagorri, tío-abuelo de Martín, hermano de la madre de su padre, era +un hombre flaco, de nariz enorme y ganchuda, pelo gris, ojos grises, y +la pipa de barro siempre en la boca. Punto fuerte en la taberna de +Arcale, tenía allí su centro de operaciones, allí peroraba, discutía y +mantenía vivo el odio latente que hay entre los campesinos por el +propietario. + +Vivía el viejo Tellagorri de una porción de pequeños recursos que él se +agenciaba, y tenía mala fama entre las personas pudientes del pueblo. +Era, en el fondo, un hombre de rapiña, alegre y jovial, buen bebedor, +buen amigo y en el interior de su alma bastante violento para pegarle un +tiro a uno o para incendiar el pueblo entero. + +La madre de Martín presintió que, dado el carácter de su hijo, +terminaría haciéndose amigo de Tellagorri, a quien ella consideraba como +un hombre siniestro. Efectivamente, así fué; el mismo día en que el +viejo supo la paliza que su sobrino había adjudicado al joven Ohando, le +tomó bajo su protección y comenzó a iniciarle en su vida. + +El mismo señalado día en que Martín disfrutó de la amistad de +Tellagorri, obtuvo también la benevolencia de _Marqués. Marqués_ era el +perro de Tellagorri, un perro chiquito, feo, contagiado hasta tal punto +con las ideas, preocupaciones y mañas de su amo, que era como él; +ladrón, astuto, vagabundo, viejo, cínico, insociable é independiente. +Además, participaba del odio de Tellagorri por los ricos, cosa rara en +un perro. Si _Marqués_ entraba alguna vez en la iglesia, era para ver si +los chicos habían dejado en el suelo de los bancos donde se sentaban +algún mendrugo de pan, no por otra cosa. No tenía veleidades místicas. A +pesar de su título aristocrático, _Marqués_, no simpatizaba ni con el +clero ni con la nobleza. Tellagorri le llamaba siempre _Marquesch_, +alteración que en vasco parece más cariñosa. + +Tellagorri poseía un huertecillo que no valía nada, según los +inteligentes, en el extremo opuesto de su casa, y para ir a él le era +indispensable recorrer todo el balcón de la muralla. Muchas veces le +propusieron comprarle el huerto, pero él decía que le venía de familia y +que los higos de sus higueras eran tan excelentes, que por nada del +mundo vendería aquel pedazo de tierra. + +Todo el mundo creía que conservaba el huertecillo para tener derecho de +pasar por la muralla y robar, y esta opinión no se hallaba, ni mucho +menos, alejada de la realidad. + +Tellagorri era de la familia de los Galchagorris, la familia de los +pantalones colorados, y este consonante, entre el mote de su familia y +su nombre había servido al padre de la sacristana, viejo chusco que +odiaba a Tellagorri, de motivo a una canción que hasta los chicos la +sabían y que mortificaba profundamente a Tellagorri. + +La canción decía así: + + Tellagorri + Galchagorri + Ongui etorri + Onera. + Ostutzale + Erantzale + Nescatzale + Zu cerá. + +(Tellagorri, Galchagorri, bien venido seas aquí. Aficionado a robar, +aficionado a beber aficionado a las muchachas, eres tú.) + +Tellagorri, al oir la canción, fruncía el entrecejo y se ponía serio. + +Tellagorri era un individualista convencido, tenía el individualismo del +vasco reforzado y calafateado por el individualismo de los Tellagorris. + +--Cada cual que conserve lo que tenga y que robe lo que pueda--decía. + +Ésta era la más social de sus teorías, las más insociables se las +callaba. + +Tellagorri no necesitaba de nadie para vivir. Él se hacía la ropa, él se +afeitaba y se cortaba el pelo, se fabrica las abarcas, y no necesitaba +de nadie, ni de mujer ni de hombre. Así al menos lo aseguraba él. + +Tellagorri, cuando le tomó por su cuenta a Martín, le enseñó toda su +ciencia. Le explicó la manera de acogotar una gallina sin que +alborotase, le mostró la manera de coger los higos y las ciruelas de las +huertas sin peligro de ser visto, y le enseñó a conocer las setas buenas +de las venenosas por el color de la hierba en donde se crían. + +Esta cosecha de setas y la caza de caracoles constituía un ingreso para +Tellagorri, pero el mayor era otro. + +Había en la Ciudadela, en uno de los lienzos de la muralla, un rellano +formado por tierra, al cual parecía tan imposible llegar subiendo como +bajando. Sin embargo, Tellagorri dió con la vereda para escalar aquel +rincón y, en este sitio recóndito y soleado, puso una verdadera +plantación de tabaco, cuyas hojas secas vendía al tabernero Arcale. + +El camino que llevaba a la plantación de tabaco del viejo, partía de una +heredad de los Ohandos y pasaba por un foso de la Ciudadela. Abriendo +una puerta vieja y carcomida que había en este foso, por unos escalones +cubiertos de musgo, se llegaba al rincón de Tellagorri. + +Este camino subía apoyándose en las gruesas raíces de los árboles, +constituyendo una escalera de desiguales tramos, metida en un túnel de +ramaje. + +En verano, las hojas lo cubrían por completo. En los días calurosos de +Agosto se podía dormir allí a la sombra, arrullado por el piar de los +pájaros y el rezongar de los moscones. + +El foso era lugar también interesante para Martín; las paredes estaban +cubiertas de musgos rojos, amarillos y verdes; entre las piedras nacían +la lechetrezna, el beleño y el yezgo, y los grandes lagartos +tornasolados se tostaban al sol. En los huecos de la muralla tenían sus +nidos las lechuzas y los mochuelos. + +Tellagorri explicaba todo detenidamente a Martín. + +Tellagorri era un sabio, nadie conocía la comarca como él, nadie +dominaba la geografía del río Ibaya, la fauna y la flora de sus orillas +y de sus aguas como este viejo cínico. + +Guardaba, en los agujeros del puente romano, su aparejo y su red para +cuando la veda; sabía pescar al martillo, procedimiento que se reduce a +golpear algunas losas del fondo del río y luego a levantarlas, con lo +que quedan las truchas que han estado debajo inmóviles y aletargadas. + +Sabía cazar los peces a tiros; ponía lazos a las nutrias en la cueva de +Amaviturrieta, que se hunde en el suelo y está a medias llena de agua; +echaba las redes en Ocin beltz, el agujero negro en donde el río se +embalsa; pero no empleaba nunca la dinamita porque, aunque vagamente, +Tellagorri amaba la Naturaleza y no quería empobrecerla. + +Le gustaba también a este viejo embromar a la gente: decía que nada +gustaba tanto a las nutrias como un periódico con buenas noticias, y +aseguraba que si se dejaba un papel a la orilla del río, estos animales +salen a leerlo; contaba historias extraordinarias de la inteligencia de +los salmones y de otros peces. Para Tellagorri, los perros si no +hablaban era porque no querían, pero él los consideraba con tanta +inteligencia como una persona. Este entusiasmo por los canes le había +impulsado a pronunciar esta frase irrespetuosa: + +--«Yo le saludo con más respeto a un perro de aguas, que al señor +párroco.» + +La tal frase escandalizó el pueblo. + +Había gente que comenzaba a creer que Tellagorri y Voltaire eran los +causantes de la impiedad moderna. + +Cuando no tenían, el viejo y el chico, nada que hacer, iban de caza con +_Marquesch_ al monte. Arcale le prestaba a Tellagorri su escopeta. +Tellagorri, sin motivo conocido, comenzaba a insultar a su perro. Para +esto siempre tenía que emplear el castellano: + +--¡Canalla! ¡Granuja!--le decía--. ¡Viejo cochino! ¡Cobarde! + +_Marqués_ contestaba a los insultos con un ladrido suave, que parecía +una quejumbrosa protesta, movía la cola como un péndulo y se ponía a +andar en zig-zag, olfateando por todas partes. De pronto veía que +algunas hierbas se movían y se lanzaba a ellas como una flecha. + +Martín se divertía muchísimo con estos espectáculos. Tellagorri lo tenía +como acompañante para todo, menos para ir a la taberna; allí no le +quería a Martín. Al anochecer, solía decirle, cuando él iba a perorar al +parlamento de casa de Arcale: + +--Anda, vete a mi huerta y coge unas peras de allí, del rincón, y +llévatelas a casa. Mañana me darás la llave. + +Y le entregaba un pedazo de hierro que pesaba media tonelada por lo +menos. + +Martín recorría el balcón de la muralla. Así sabía que en casa de Tal +habían plantado alcachofas y en la de Cual judías. El ver las huertas y +las casas ajenas desde lo alto de la muralla, y el contemplar los +trabajos de los demás, iba dando a Martín cierta inclinación a la +filosofía y al robo. + +Como en el fondo el joven Zalacaín era agradecido y de buena pasta, +sentía por su viejo Mentor un gran entusiasmo y un gran respeto. +Tellagorri lo sabía, aunque daba a entender que lo ignoraba; pero en +buena reciprocidad, todo lo que comprendía que le gustaba al muchacho o +servía para su educación, lo hacía si estaba en su mano. + +¡Y qué rincones conocía Tellagorri! Como buen vagabundo era aficionado a +la contemplación de la Naturaleza. El viejo y el muchacho subían a las +alturas de la Ciudadela, y allá, tendidos sobre la hierba y las aliagas, +contemplaban el extenso paisaje. Sobre todo, las tardes de primavera era +una maravilla. El río Ibaya, limpio, claro, cruzaba el valle por entre +heredades verdes, por entre filas de álamos altísimos, ensanchándose y +saltando sobre las piedras, estrechándose después, convirtiéndose en +cascada de perlas al caer por la presa del molino. Cerraban el horizonte +montes ceñudos y en los huertos se veían arboledas y bosquecillos de +frutales. + +El sol daba en los grandes olmos de follaje espeso de la Ciudadela y los +enrojecía y los coloreaba con un tono de cobre. + +Bajando desde lo alto, por senderos de cabras, se llegaba a un camino +que corría junto a las aguas claras del Ibaya. Cerca del pueblo, +algunos pescadores de caña, se pasaban la tarde sentados en la orilla y +las lavanderas, con las piernas desnudas metidas en el río, sacudían las +ropas y cantaban. + +Tellagorri conocía de lejos a los pescadores.--Allí están Tal y Tal, +decía--. Seguramente no han pescado nada. No se reunía con ellos; él +sabía un rincón perfumado por las flores de las acacias y de los espinos +que caía sobre un sitio en donde el río estaba en sombra y a donde +afluían los peces. + +Tellagorri le curtía a Martín, le hacía andar, correr, subirse a los +árboles, meterse en los agujeros como un hurón, le educaba a su manera, +por el sistema pedagógico de los Tellagorris que se parecía bastante al +salvajismo. + +Mientras los demás chicos estudiaban la doctrina y el catón, él +contemplaba los espectáculos de la Naturaleza, entraba en la cueva de +Erroitza en donde hay salones inmensos llenos de grandes murciélagos que +se cuelgan de las paredes por las uñas de sus alas membranosas, se +bañaba en Ocin beltz, a pesar de que todo el pueblo consideraba este +remanso peligrosísimo, cazaba y daba grandes viajatas. + +Tellagorri hacía que su nieto entrara en el río cuando llevaban a bañar +los caballos de la diligencia, montado en uno de ellos. + +--¡Más adentro! ¡Más cerca de la presa, Martín!--le decía. + +Y Martín, riendo, llevaba los caballos hasta la misma presa. + +Algunas noches, Tellagorri, le llevó a Zalacaín al cementerio. + +--Espérame aquí un momento--le dijo. + +--Bueno. + +Al cabo de media hora, al volver por allí le preguntó: + +--¿Has tenido miedo, Martín? + +--¿Miedo de qué? + +--_¡Arrayua!_ Así hay que ser--decía Tellagorri--. Hay que estar firmes, +siempre firmes. + + + + +CAPÍTULO III + +LA REUNIÓN DE LA POSADA DE ARCALE + + +La posada de Arcale estaba en la calle del castillo y hacía esquina al +callejón Oquerra. Del callejón se salía al portal de la Antigua; +hendidura estrecha y lóbrega de la muralla que bajaba por una rampa en +zig-zag al camino real. La casa de Arcale era un caserón de piedra hasta +el primer piso, y lo demás de ladrillo, que dejaba ver sus vigas +cruzadas y ennegrecidas por la humedad. Era, al mismo tiempo, posada y +taberna con honores de club, pues allí por la noche se reunían varios +vecinos de la _calle_ y algunos campesinos a hablar y a discutir y los +domingos a emborracharse. El zaguán negro tenía un mostrador y un +armario repleto de vinos y licores; a un lado estaba la taberna, con +mesas de pino largas que podían levantarse y sujetarse a la pared, y en +el fondo la cocina. Arcale era un hombre grueso y activo, excosechero, +extratante de caballos y contrabandista. Tenía cuentas complicadas con +todo el mundo, administraba las diligencias, chalaneaba, gitaneaba, y +los días de fiesta añadía a sus oficios el de cocinero. Siempre estaba +yendo y viniendo, hablando, gritando, riñendo a su mujer y a su hermano, +a los criados y a los pobres; no paraba nunca de hacer algo. + +La tertulia de la noche en la taberna de Arcale la sostenían Tellagorri +y Pichía. Pichía, digno compinche de Tellagorri, le servía de contraste. +Tellagorri era flaco, Pichía gordo; Tellagorri vestía de obscuro, +Pichía, quizá para poner más en evidencia su volumen, de claro; +Tellagorri pasaba por pobre, Pichía era rico; Tellagorri era liberal, +Pichía carlista; Tellagorri no pisaba la iglesia, Pichía estaba siempre +en ella, pero a pesar de tantas divergencias Tellagorri y Pichía se +sentían almas gemelas que fraternizaban ante un vaso de buen vino. + +Tenían estos dos oradores de la taberna de Arcale hablando en castellano +un carácter común y era que invariablemente trabucaban las efes y las +pes. No había medio de que las pronunciasen a derechas. + +--¿Qué te _farece_ a tí el médico nuevo?--le preguntaba Pichía a +Tellagorri. + +--!Psé!--contestaba el otro--. La _frática_ es lo que le _palta_. + +--Pues es hombre listo, hombre de alguna _portuna,_ tiene su _fiano_ en +casa. + +No había manera de que uno u otro pronunciaran estas letras bien. + +Tellagorri se sentía poco aficionado a las cosas de iglesia, tenía poca +_apición_, como hubiera dicho él, y cuando bebía dos copas de más la +primera gente de quien empezaba a hablar mal era de los curas. Pichía +parecía natural que se indignara y no sólo no se indignaba como cerero y +religioso, sino que azuzaba a su amigo para que dijera cosas más fuertes +contra el vicario, los coadjutores, el sacristán o la cerora. + +Sin embargo, Tellagorri respetaba al vicario de Arbea, a quien los +clericales acusaban de liberal y de loco. El tal vicario tenía la +costumbre de coger su sueldo, cambiarlo en plata y dejarlo encima de la +mesa formando un montón, no muy grande, porque el sueldo no era mucho, +de duros y de pesetas. Luego, a todo el que iba a pedirle algo, después +de reñirle rudamente y de reprocharle sus vicios y de insultarle a +veces, le daba lo que le parecía, hasta que a mediados del mes se le +acababa el montón de pesetas y entonces daba maíz o habichuelas siempre +refunfuñando é insultando. + +Tellagorri decía:--Esos son curas, no como los de aquí, que no quieren +más que vivir bien y buenas _profinas_. + +Toda la torpeza de Tellagorri hablando castellano se trocaba en +facilidad, en rapidez y en gracia cuando peroraba en vascuence. Sin +embargo, él prefería hablar en castellano porque le parecía más +elegante. + +Cualquier cosa llegaba a ser graciosa en boca de aquel viejo truhán; +cuando pasaba por delante de la taberna alguna chica bonita, Tellagorri +lanzaba un ronquido tan socarrón que todo el mundo reía. + +Otro, haciendo lo mismo, hubiese parecido ordinario y grosero; él, no; +Tellagorri tenía una elegancia y una delicadeza innata que le alejaban +de la grosería. + +Era también hombre de refranes, y cuando estaba borracho cantaba muy +mal, sin afinación alguna, pero dando a las palabras mucha malicia. + +Las dos canciones favoritas suyas eran dos híbridas de vascuence y +castellano; traducidas literalmente no querían decir gran cosa, pero en +sus labios significaban todo. Una, probablemente de su invención, era +así: + + Ba dala sargentua + Ba dala quefia. + Erreguiñen bizcarretic + Artzen ditu cafia. + +(Ya sea sargento, ya sea jefe, a costa de la reina, toma su café). + +Esto, en boca de Tellagori, quiería decir que todo el mundo era un +pillo. + +La otra canción la tenía el viejo para los momentos solemnes, y era así: + + Manuelacho, escasayozu + Barcasiyua Andresí. + +(Manolita, pídele perdón a Andrés). + +Y hacía, al decir esto Tellagorri, una reverencia cómica, y continuaa +con voz gangosa: + + Beti orrela ibilli gabe + majo sharraren iguesí. + +(Sin andar siempre, de esa manera, huyendo de un viejecito tan majo). + +Y después, como una consecuencia grave de lo que había dicho antes, +añadía: + + Napoleonen pauso gaiztoac + ondó dituzu icasi. + +(Los malos pasos de Napoleón, bien los has aprendido). + +No era fácil comprender qué malos pasos de Napoleón habría aprendido +Manolita. Probablemente Manolita no tendría ni la más remota idea de la +existencia del héroe de Austerlitz, pero esto no era obstáculo para que +la canción en boca de Tellagorri tuviese muchísima gracia. + +Para los momentos en que Tellagorri estaba un tanto excitado o +borracho, tenía otra canción bilingüe, en que se celebraba el abrazo de +Vergara y que concluía así: + + ¡Viva Espartero! ¡Viva erreguiña! + ¡Ojalá de repente ilcobalizaque + Bere ama ciquiña! + +(¡Viva Espartero! ¡Viva la reina! Ojalá de repente se muriese su sucia +madre!). + +Este adjetivo, dirigido a la madre de Isabel II, indicaba cómo había +llegado el odio por María Cristina hasta los más alejados rincones de +España. + + + + +CAPÍTULO IV + +QUE SE REFIERE A LA NOBLE CASA DE OHANDO + + +A la entrada del pueblo nuevo, en la carretera, y por lo tanto, fuera de +las murallas, estaba la casa más antigua y linajuda de Urbia: la casa de +Ohando. + +Los Ohandos constituyeron durante mucho tiempo la única aristocracia de +la villa; fueron en tiempo remoto grandes hacendados y fundadores de +capellanías, luego algunos reveses de fortuna y la guerra civil, +amenguaron sus rentas y la llegada de otras familias ricas les quitó la +preponderancia absoluta que habían tenido. + +La casa Ohando estaba en la carretera, lo bastante retirada de ella para +dejar sitio a un hermoso jardín, en el cual, como haciendo guardia, se +levantaban seis magníficos tilos. Entre los grandes troncos de estos +árboles crecían viejos rosales que formaban guirnaldas en la primavera +cuajadas de flores. + +Otro rosal trepador, de retorcidas ramas y rosas de color de té, subía +por la fachada extendiéndose como una parra y daba al viejo casarón un +tono delicado y aéreo. Tenía además este jardín, en el lado que se unía +con la huerta, un bosquecillo de lilas y saúcos. En los meses de Abril y +Mayo, estos arbustos florecían y mezclaban sus tirsos perfumados, sus +corolas blancas y sus racimillos azules. + +En la casa solar, sobre el gran balcón del centro, campeaba el escudo de +los fundadores tallado en arenisca roja; se veían esculpidos en él dos +lobos rampantes con unas manos cortadas en la boca y un roble en el +fondo. En el lenguaje heráldico, el lobo indica encarnizamiento con los +enemigos; el roble, venerable antigüedad. + +A juzgar por el blasón de los Ohandos, estos eran de una familia +antigua, feroz con los enemigos. Si había que dar crédito a algunas +viejas historias, el escudo decía únicamente la verdad. + +La parte de atrás de la casa de los hidalgos daba a una hondonada; tenía +una gran galería de cristales y estaba hecha de ladrillo con entramado +negro; enfrente se erguía un monte de dos mil pies, según el mapa de la +provincia, con algunos caseríos en la parte baja, y en la alta, desnudo +de vegetación, y sólo cubierto a trechos por encinas y carrascas. + +Por un lado, el jardín se continuaba con una magnífica huerta en +declive, orientada al mediodía. + +La familia de los Ohandos se componía de la madre, doña Águeda, y de +sus hijos Carlos y Catalina. + +Doña Águeda, mujer débil, fanática y entermiza, de muy poco carácter, +estaba dominada constantemente en las cuestiones de la casa por alguna +criada antigua y en las cuestiones espirituales por el confesor. + +En esta época, el confesor era un curita joven llamado don Félix, hombre +de apariencia tranquila y dulce que ocultaba vagas ambiciones de dominio +bajo una capa de mansedumbre evangélica. + +Carlos de Ohando el hijo mayor de doña Águeda, era un muchacho cerril, +obscuro, tímido y de pasiones violentas. El odio y la envidia se +convertían en el en verdaderas enfermedades. + +A Martín Zalacaín le había odiado desde pequeño cuando Martín le calentó +las costillas al salir de la escuela, el odio de Carlos se convirtió en +furor. Cuando le veía a Martín andar a caballo y entrar en el río, le +deseaba un desliz peligroso. + +Le odiaba frenéticamente. + +Catalina, en vez de ser obscura y cerril como su hermano Carlos, era +pizpireta, sonriente, alegre y muy bonita. Cuando iba a la escuela con +su carita sonrosada, un traje gris y una boina roja en la cabeza rubia, +todas las mujeres del pueblo la acariciaban, las demás chicas querían +siempre andar con ella y decían que, a pesar de su posición +privilegiada, no era nada orgullosa. + +Una de sus amigas era Ignacita, la hermana de Martín. + +Catalina y Martín se encontraban muchas veces y se hablaban; él la veía +desde lo alto de la muralla, en el mirador de la casa, sentadita y muy +formal, jugando o aprendiendo a hacer media. Ella siempre estaba oyendo +hablar de las calaveradas de Martín. + +--Ya está ese diablo ahí en la muralla--decía doña Águeda--. Se va a +matar el mejor día. ¡Qué demonio de chico! ¡Qué malo es! + +Catalina ya sabía que diciendo ese demonio, o ese diablo, se referían a +Martín. + +Carlos alguna vez le había dicho a su hermana: + +--No hables con ese ladrón. + +Pero a Catalina no le parecía ningún crimen que Martín cogiera frutas de +los árboles y se las comiese, ni que corriese por la muralla. A ella se +le antojaban extravagancias, porque desde niña tenía un instinto de +orden y tranquilidad y le parecía mal que Martín fuese tan loco. + +Los Ohandos eran dueños de un jardín próximo al río, con grandes +magnolias y tilos y cercado por un seto de zarzas. + +Cuando Catalina solía ir allí con la criada a coger flores, Martín las +seguía muchas veces y se quedaba a la entrada del seto. + +--Entra si quieres--le decía Catalina. + +--Bueno--y Martín entraba y hablaba de sus correrías, de las +barbaridadas que iba a hacer y exponía las opiniones de Tellagorri, que +le parecían artículos de fe. + +--¡Más te valía ir a la escuela!--le decía Catalina. + +--¡Yo! ¡A la escuela!--exclamaba Martín--. Yo me iré a América o me iré +a la guerra. + +Catalina y la criada entraban por un sendero del jardín lleno de rosales +y hacían ramos de flores. Martín las veía y contemplaba la presa, cuyas +aguas brillaban al sol como perlas y se deshacían en espumas +blanquísimas. + +--Ya andaría por ahí, si tuviera una lancha--decía Martín. + +Catalina protestaba. + +--¿No se te van a ocurrir más que tonterías siempre? ¿Por qué no eres +como los demás chicos? + +--Yo les pego a todos--contestaba Martín, como si esto fuera una razón. + +...En la primavera, el camino próximo al río era una delicia. Las hojas +nuevas de las hayas comenzaban a verdear, el helecho lanzaba al aire sus +enroscados tallos, los manzanos y los perales de las huertas ostentaban +sus copas nevadas por la flor y se oían los cantos de las malvices y de +los ruiseñores en las enramadas. El cielo se mostraba azul, de un azul +suave, un poco pálido y sólo alguna nube blanca, de contornos duros, +como si fuera de mármol, aparecía en el cielo. + +Los sábados por la tarde, durante la primavera y el verano, Catalina y +otras chicas del pueblo, en compañía de alguna buena mujer, iban al +campo santo. Llevaba cada una un cestito de flores, hacían una escobilla +con los hierbajos secos, limpiaban el suelo de las lápidas en donde +estaban enterrados los muertos de su familia y adornaban las cruces con +rosas y con azucenas. Al volver hacia casa todas juntas, veían cómo en +el cielo comenzaban a brillar las estrellas y escuchaban a los sapos, +que lanzaban su misteriosa nota de flauta en el silencio del +crepúsculo... + +Muchas veces, en el mes de Mayo, cuando pasaban Tellagorri y Martín por +la orilla del río, al cruzar por detrás de la iglesia, llegaba hasta +ellos las voces de las niñas, que cantaban en el coro las flores de +María. + + Emenche gauzcatzu ama + +(Aquí nos tienes, madre.) + +Escuchaban un momento, y Martín distinguía la voz de Catalina, la chica +de Ohando. + +--Es _Cataliñ_, la de Ohando--decía Martín. + +--Si no eres tonto tú, te casarás con ella--replicaba Tellagorri. + +Y Martín se echaba a reir. + + + + +CAPÍTULO V + +DE CÓMO MURIÓ MARTÍN LÓPEZ DE ZALACAÍN, EN EL AÑO DE GRACIA +DE MIL CUATROCIENTOS Y DOCE. + + +Uno de los vecinos que con más frecuencia paseaba por la acera de la +muralla era un señor viejo, llamado don Fermín Soraberri. Durante +muchísimos años, don Fermín desempeñó el cargo de secretario del +Ayuntamiento de Urbia, hasta que se retiró, cuando su hija se casó con +un labrador de buena posición. + +El señor don Fermín Soraberri era un hombre alto, grueso, pesado, con +los párpados edematosos y la cara hinchada. Solía llevar una gorrita con +dos cintas colgantes por detrás, una esclavina azul y zapatillas. La +especialidad de don Fermín era la de ser distraído. Se olvidaba de todo. +Sus relaciones estaban cortadas por este patrón: + +--Una vez en Oñate... (para el señor Soraberri, Oñate era la Atenas +moderna.--En España hay veinte o treinta Atenas modernas.) Una vez en +Oñate pude presenciar una cosa sumamente interesante. Estábamos reunidos +el señor vicario, un señor profesor de primera enseñanza y...--y el +señor Soraberri miraba a todas partes, como espantado, con sus grandes +ojos turbios, y decía:--¿En qué iba?... Pues... se me ha olvidado la +especie. + +Al señor Soraberri siempre se le olvidaba la especie. Casi todos los +días el exsecretario se encontraba con Tellagorri y cambiaban un saludo +y algunas palabras acerca del tiempo y de la marcha de los árboles +frutales. Al comenzar a verle acompañado de Martín, el señor Soraberri +se extrañó y miraba al muchacho con su aire de elefante hinchado y +reblandecido. + +Pensó en dirigirle alguna pregunta, pero tardó varios días, porque el +señor Soraberri era tardo en todo. Al último le dijo, con su majestuosa +lentitud: + +--¿De quién es este niño, amigo Tellagorri? + +--¿Este chico? Es un pariente mío. + +--¿Algún Tellagorri? + +--No; se llama Martín Zalacaín. + +--¡Hombre! ¡Hombre! Martín López de Zalacaín. + +--No, López no--dijo Tellagorri. + +--Yo sé lo que me digo. Este niño se llama realmente Martín López de +Zalacaín y será de ese caserío que está ahí cerca del portal de Francia. + +--Sí, señor; de ahí es. + +--Pues conozco su historia, y López de Zalacaín ha sido y López de +Zalacaín será, y si quiere usted mañana vaya usted a mi casa y le leeré +a usted un papel que copié del archivo del Ayuntamiento acerca de esa +cuestión. + +Tellagorri dijo que iría y, efectivamente, al día siguiente, pensando +que quizá lo dicho por el exsecretario tuviese alguna importancia, se +presentó con Martín en su casa. + +Al señor Soraberri se le había olvidado la especie, pero recordó pronto +de qué se trataba; encargó a su hija que trajese un vaso de vino para +Tellagorri, entró él en su despacho y volvió poco después con unos +papeles viejos en la mano; se puso los anteojos, carraspeó, revolvió sus +notas, y dijo: + +--¡Ah! Aquí están. Esto--añadió--es una copia de una narración que hace +el cronista Iñigo Sánchez de Ezpeleta acerca de cómo fué vertida la +primera sangre en la guerra de los linajes, en Urbia, entre el solar de +Ohando y el de Zalacaín, y supone que estas luchas comenzaron en nuestra +villa a fines del siglo XIV o a principios del XV. + +--¿Y hace mucho tiempo de eso?--preguntó Tellagorri. + +--Cerca de quinientos años. + +--¿Y ya existían Zalacaín entonces? + +--No sólo existían, sino que eran nobles. + +--Oye, oye--dijo Tellagorri dando un codazo a Martín, que se distraía. + +--¿Quieren ustedes que lea lo que dice el cronista? + +--Sí, sí. + +--Bueno. Pues dice así: «Título: De cómo murió Martín López de Zalacaín, +en el año de gracia de mil cuatrocientos y doce.» + +Leído esto, Soraberri tosió, escupió y comenzó esta relación con gran +solemnidad: + +«Enemistad antigua señalada avya entre el solar d'Ohando, que es del +reino de Navarra, é el de Zalacaín, que es en tierra de la Borte. E +dícese que la causa della foe sobre envidia é a cual valía mas, é +ficieron muchos malheficios é los de Zalacaín quemaron vivo al senyor de +Sant Pedro en una pelea que ovyeron en el llano del Somo é porque no +dexo fijo el dicho senyor de Sant Pedro casaron una su fija con Martín +López de Zalacaín, home muy andariego. + +E dicho Martín López seyendo venido a la billa d'Urbia foe desafiado por +Mosen de Sant Pedro, del solar d'Ohando, que era sobrino del otro senyor +de Sant Pedro é que había fecho muchos malheficios, acechanzas é rrobos. + +E Martín López contestole a su desafiamiento: Como vos sabedes yo so +contado aquí por el mas esforzado ome y ardite en el fecho de las armas +en toda esta tierra y paresce que los d'Ohando a vos han traído por la +mejor lanza de Navarra por vengar la muertte de mi suegro que foe en la +pelea peleada con lealtad en el Somo é como el cuibdaba matar a mi, yo a +el. + +E por ende si a vos pluguiese que nos probemos vos é yo, uno para otro, +fasta que uno de nos o ambos por ventura muramos, a mi plasera mucho é +aquí presto. + +E respondiole Mosen de Sant Pedro que le plasia é se citaron en el prado +de Sant Ana. En esta sazon venya dicho Martín López encima de su cavallo +como esforzado cavallero é antes de pelear con Mosen de Sant Pedro foe +ferido de una saeta que le entró por un ojo é cayo muertto del cavallo +en medio del prado. E lo desjarretaron. E preparo la asechanza é armo la +ballestta é la disparo Velche de Micolalde, deudo é amigo de Mosen de +Sant Pedro d'Ohando. E los omes de Martín López como lo veyeron muertto +é eran pocos enfrente de los de Ohando, ovyeron muy grant miedo é +comenzaron todos a fugir. + +E cuando lo supo la muger de Martín López fué la triste al prado de Sant +Ana, é cuando vido el cuerpo de su marido, sangriento y mutilado, se +afinojó, prísole en sus brazos é comenzó a llorar, maldiciendo la guerra +é su mala fortuna. E esto pataba en el año de Nuestro Senyor de mil +cuatrociensos y doce.» + +Cuando concluyó el señor Soraberri, miro a través de sus anteojos a sus +dos oyentes. Martín no se había enterado de nada; Tellagorri dijo: + +--Sí, esos Ohandos es gente _palsa_. Mucho ir a la iglesia, pero luego +matan a traición. + +Soraberri recomendó eficazmente a su amigo Tellagorri que no hiciera +nunca juicios aventurados y temerarios, y con este motivo comenzó a +contar una historia, precisamente ocurrida en Oñate, pero al ir a +especificar los que habían intervenido en su historia, se le olvidó la +especie, y lo sintió, verdaderamente lo sintió, porque, según dijo, +tenía la seguridad de que el hecho era sumamente interesante y, además, +muy digno de mención. + + + + +CAPÍTULO VI + +DE CÓMO LLEGARON UNOS TITIRITEROS Y DE LO QUE SUCEDIÓ DESPUÉS + + +Un día de Mayo, al anochecer, se presentaron en el camino real tres +carros, tirados por caballos flacos, llenos de mataduras y de +esparavanes. Cruzaron la parte nueva del pueblo y se detuvieron en lo +alto del prado de Santa Ana. + +No podía Tellagorri, gaceta de la taberna de Arcale, quedar sin saber en +seguida de qué se trataba; así que se presentó al momento en el lugar, +seguido de _Marqués_. + +Trabó inmediatamente conversación con el jefe de la caravana, y después +de varias preguntas y respuestas y de decir el hombre que era francés y +domador de fieras, Tellagorri se lo llevó a la taberna de Arcale. + +Martín se enteró también de la llegada de los domadores con sus fieras +enjauladas, y a la mañana siguiente, al levantarse, lo primero que hizo +fué dirigirse al prado de Santa Ana. + +Comenzaba a salir el sol cuando llegó al campamento del domador. + +Uno de los carros era la casa de los saltimbanquis. Acababan de salir de +dentro el domador, su mujer, un viejo, un chico y una chica. Sólo una +niña de pocos meses quedó en la carreta-choza jugando con un perro. + +El domador no ofrecía ese aire, entre petulante y grotesco, tan común a +los acróbatas de barracas y gentes de feria; era sombrío, joven, con +aspecto de gitano, el pelo negro y rizoso, los ojos verdes, el bigote +alargado en las puntas por una especie de patillas pequeñas y la +expresión de maldad siniestra y repulsiva. + +El viejo, la mujer y los chicos tenían sólo carácter de pobres, eran de +esos tipos y figuras borrosas que el troquel de la miseria produce a +millares. + +El hombre, ayudado por el viejo y por el chico, trazó con una cuerda un +círculo en la tierra y en el centro plantó un palo grande, de cuya punta +partían varias cuerdas que se ataban en estacas clavadas fuertemente en +el suelo. + +El domador buscó a Tellagorri para que le proporcionara una escalera; le +indicó éste que había una en la taberna de Arcale, la sacaron de allí y +con ella sujetaron las lonas, hasta que formaron una tienda de campaña +de forma cónica. + +Los dos carros con jaulas en donde iban las fieras los colocaron +dejando entre ellos un espacio que servía de puerta al circo, y encima y +a los lados pusieron los saltimbanquis tres carteles pintarrajeados. Uno +representaba varios perros lanzándose sobre un oso, el otro una lucha +entre un león y un búfalo y el tercero unos indios atacando con lanzas a +un tigre que les esperaba en la rama de un árbol como si fuera un +jilguero. + +Dieron los hombres la última mano al circo, y el domingo, en el momento +en que la gente salía de vísperas, se presentó el domador seguido del +viejo en la plaza de Urbia, delante de la iglesia. Ante el pueblo +congregado, el domador comenzó a soplar en un cuerno de caza y su +ayudante redobló en el tambor. + +Recorrieron los dos hombres las calles del barrio viejo y luego salieron +fuera de puertas, y tomando por el puente, seguidos de una turba de +chicos y chicas llegaron al prado de Santa Ana, se acercaron a la +barraca y se detuvieron ante ella. + +A la entrada la mujer tocaba el bombo con la mano derecha y los +platillos con la izquierda, y una chica desmelenada agitaba una +campanilla. Uniéronse a estos sonidos discordantes las notas agudísimas +del cuerno de caza y el redoble del tambor, produciendo entre todo una +algarabía insoportable. + +Este ruido cesó a una señal imperiosa del domador, que con su +instrumento de viento en el brazo izquierdo se acercó a una escalera de +mano próxima a la entrada, subió dos o tres peldaños, tomó una varita y +señalando las monstruosas figuras pintarrajeadas en los lienzos, dijo +con voz enfática: + +--Aquí verán ustedes los osos, los lobos, el león y otras terribles +fieras. Verán ustedes la lucha del oso de los Pirineos con los perros +que saltan sobre él y acaban por sujetarle. Este es el león del desierto +cuyos rugidos espantan al más bravo de los cazadores. Sólo su voz pone +espanto en el corazón más valiente... ¡Oid! + +El domador se detuvo un momento y se oyeron en el interior de la barraca +terribles rugidos, y como contestándolos, el ladrar feroz de una docena +de perros. + +El público quedó aterrorizado. + +--En el desierto... + +El domador iba a seguir, pero viendo que el efecto de curiosidad en el +público estaba conseguido y que la multitud pretendía pasar sin tardanza +al interior del circo, gritó: + +--La entrada no cuesta más que un real. ¡Adelante, señores! ¡Adelante! + +Y volvió a atacar con el cuerno de caza un aire marcial, mientras el +viejo ayudante redoblaba en el tambor. + +La mujer abrió la lona que cerraba la puerta y se puso a recoger los +cuartos de los que iban pasando. + +Martín presenció todas estas maniobras con una curiosidad creciente, +hubiera dado cualquier cosa por entrar, pero no tenía dinero. + +Buscó una rendija entre las lonas para ver algo, pero no la pudo +encontrar; se tendió en el suelo y estaba así con la cara junto a la +tierra cuando se le acercó la chica haraposa del domador que tocaba la +campanilla a la puerta. + +--Eh, tú ¿qué haces ahí? + +--Mirar--dijo Martín. + +--No se puede. + +--¿Y por qué no se puede? + +--Porque no. Si no quédate ahí, ya verás si te pesca mi amo. + +--¿Y quién es tu amo? + +--¿Quién ha de ser? El domador. + +--¡Ah! ¿Pero tú eres de aquí? + +--Sí + +--¿Y no sabes pasar? + +--Si no dices a nadie nada ya te pasaré. + +--Yo también te traeré cerezas. + +--¿De dónde? + +--Yo sé donde las hay. + +--¿Cómo te llamas? + +--Martín, ¿y tú? + +--Yo, Linda. + +--Así se llamaba la perra del médico--dijo poco galantemente Martín. + +Linda no protestó de la comparación; fué detrás de la entrada del circo, +tiró de una lona, abrió un resquicio, y dijo a Martín: + +--Anda, pasa. + +Se deslizó Martín y luego ella. + +--¿Cuando me darás las cerezas?--preguntó la chica. + +--Cuando esto se concluya iré a buscarlas. + +Martín se colocó entre el público. El espectáculo que ofrecía el domador +de fieras era realmente repulsivo. + +Alrededor del circo, atados a los pies de un banco hecho con tablas, +había diez o doce perros flacos y sarnosos. El domador hizo restallar el +látigo, y todos los perros a una comenzaron a ladrar y a aullar +furiosamente. Luego el hombre vino con un oso atado a una cadena, con la +cabeza protegida por una cubierta de cuero. + +El domador obligó a ponerse de pie varias veces al oso, y a bailar con +el palo cruzado sobre los hombros y a tocar la pandereta. Luego soltó un +perro que se lanzó sobre el oso, y después de un momento de lucha se le +colgó de la piel. Tras de éste soltó otro perro y luego otro y otro, con +lo cual el público se comenzó a cansar. + +A Martín no le pareció bien, porque el pobre oso estaba sin defensa +alguna. Los perros se echaban con tal furia sobre el oso que para +obligarles a soltar la presa el domador o el viejo tenían que morderles +la cola. A Martín no le agradó el espectáculo y dijo en voz alta, y +algunos fueron de su opinión, que el oso atado no podía defenderse. + +Después todavía martirizaron más a la pobre bestia. El domador era un +verdadero canalla y pegaba al animal en los dedos de las patas, y el oso +babeaba y gemía con unos gemidos ahogados. + +--¡Basta! ¡Basta!--gritó un indiano que había estado en California. + +--Porque tiene el oso atado hace eso--dijo Martín--, sino no lo haría. + +El domador se fijó en el muchacho y le lanzó una mirada de odio. + +Lo que siguió fué más agradable, la mujer del domador, vestida con un +traje de lentejuelas, entró en la jaula del león, jugó con él, le hizo +saltar y ponerse de pie, y después Linda dió dos o tres volatines y vino +con un monillo vestido de rojo a quien obligó a hacer ejercicios +acrobáticos. + +El espectáculo concluía. La gente se disponía a salir. Martín vió que el +domador le miraba. Sin duda se había fijado en él. Martín se adelantó a +salir, y el domador le dijo: + +--Espera, tú no has pagado. Ahora nos veremos. Te voy a echar los perros +como al oso. + +Martín retrocedió espantado; el domador le contemplaba con una sonrisa +feroz. Martín recordó el sitio por donde entró y empujando violentamente +la lona la abrió y salió fuera de la barraca. El domador quedó +chasqueado. Dió después Martín la vuelta al prado de Santa Ana, hasta +detenerse prudentemente a quince o veinte metros de la entrada del +circo. + +Al ver a Linda le dijo: + +--¿Quieres venir? + +--No puedo. + +--Pues ahora te traeré las cerezas. + +En el momento que hablaban apareció corriendo el domador, pensó sin duda +en abalanzarse sobre Martín, pero comprendiendo que no le alcanzaría se +vengó en la niña y le dió una bofetada brutal. La chiquilla cayó al +suelo. Unas mujeres se interpusieron é impidieron al domador siguiera +pegando a la pobre Linda. + +--Tó lo has metido dentro, ¿verdad?--gritó el domador en francés. + +--No; ha sido él que ha entrado. + +--Mentira. Has sido tú. Confiesa o te deslomo. + +--Sí, he sido yo. + +--¿Y por qué? + +--Porque me ha dicho que me traería cerezas. + +--Ah, bueno--y el domador se tranquilizó--, que las traiga, pero si te +las comes te hartaré de palos. Ya lo sabes. + +Martín, al poco rato, volvió con la boina llena de cerezas. La Linda +las puso en su delantal y estaba con ellas cuando se presentó el domador +de nuevo. Martín se apartó dando un salto hacia atrás. + +--No, no te escapes--dijo el domador con una sonrisa que quería ser +amable. + +Martín se quedó. Luego, el hombre le preguntó quién era, y él al saber +su parentesco con Tellagorri, le dijo: + +--Ven cuando quieras, te dejaré pasar. + +Durante los demás días de la semana, la barraca del domador estuvo +vacía. El domingo, los saltimbanquis hicieron dar un bando por el +pregonero diciendo que representarían un número extraordinario é +interesantísimo. Martín se lo dijo a su madre y a su hermana. La chica +se asustaba al escuchar el relato de las fieras y no quiso ir. + +Acudieron solo la madre y el hijo. El número sensacional era la lucha de +la Linda con el oso. La chiquilla se presentó desnuda de medio cuerpo +arriba y con unos pantalones de percal rojo. Linda se abrazó al oso y +hacía que luchaba con él, pero el domador tiraba a cada paso de una +cuerda atada a la nariz del plantigrado. + +A pesar de que la gente pensaba que no había peligro para la niña, +producía una horrible impresión ver las grandes y peludas garras del +animal sobre las espaldas débiles de la niña. + +Después del número sensacional que no entusiasmó al público, entró la +mujer en la jaula del león. + +La fiera debía estar enferma, porque la domadora no halló medio de que +hiciese los ejercicios de costumbre. + +Viendo semejante fracaso el domador, poseído de una rabiosa furia, entró +en la jaula, mandó salir a la mujer y empezó a latigazos con el león. +Este se levantó enseñando los dientes, y lanzando un rugido se echó +sobre domador; el viejo ayudante metió, por entre los barrotes de la +jaula, una palanca de hierro para aislar el hombre de la fiera, pero con +tan poca fortuna, que la palanca se enganchó en las ropas del domador y +en vez de protegerle le inmovilizó y le dejó entregado a la fiera. + +El público vió al domador echando sangre, y se levantó despavorido y se +dispuso a huir. + +No había peligro para los espectadores, pero un pánico absurdo hizo que +todos se lanzasen atropelladamente a la salida; alguien, que luego no se +supo quién fué, disparó un tiro contra el león, y en aquel momento +insensato de fuga resultaron magullados y contusos varias mujeres y +niños. + +El domador quedó también gravemente herido. + +Dos mujeres fueron recogidas con contusiones de importancia, una de +ellas, una vieja de un caserío lejano que hacía diez años que no había +estado en Urbia, la otra, la madre de Martín, que además de las +magulladuras y golpes, presentaba una herida en el cuello, ocasionada, +según dijo el médico, por un trozo del barrote de la jaula, desprendido +al choque de la bala disparada por una persona desconocida. + +Se trasladó a la madre de Martín a su casa, y fuera que las contusiones +y la herida tuviesen gravedad, fuera como dijeron algunos que no +estuviese bien atendida, el caso fué que la pobre mujer murió a la +semana del accidente de la barraca, dejando huérfanos a Martín y a la +Ignacia. + + + + +CAPÍTULO VII + +CÓMO TELLAGORRI SUPO PROTEGER A LOS SUYOS + + +A la muerte de la madre de Martín, Tellagorri, con gran asombro del +pueblo, recogió a sus sobrinos y se los llevó a su casa. La señora de +Ohando dijo que era una lástima que aquellos niños fuesen a vivir con un +hombre desalmado, sin religión y sin costumbres, capaz de decir que +saludaba con más respeto a un perro de aguas que al señor párroco. + +La buena señora se lamentó, pero no hizo nada, y Tellagorri se encargó +de cuidar y alimentar a los huérfanos. + +La Ignacia entró en la posada de Arcale de niñera y hasta los catorce +años trabajó allí. + +Martín frecuentó la escuela durante algunos meses, pero le tuvo que +sacar Tellagorri antes del año porque se pegaba con todos los chicos y +hasta quiso zurrar al pasante. + +Arcale, que sabía que el muchacho era listo y de genio vivo, le utilizó +para recadista en el coche de Francia, y cuando aprendió a guiar, de +recadista le ascendieron a cochero interino y al cabo de un año le +pasaron a cochero en propiedad. + +Martín, a los diez y seis años, ganaba su vida y estaba en sus glorias. +Se jactaba de ser un poco bárbaro y vestía un tanto majo, con la +elegancia garbosa de los antiguos postillones. Llevaba chalecos de +color, y en la cadena del reloj colgantes de plata. Le gustaba lucirse +los domingos en el pueblo; pero no le gustaba menos los días de labor +marchar en el pescante por la carretera restallando el látigo, entrar en +las ventas del camino, contar y oir historias y llevar encargos. + +La señora de Ohando y Catalina se los hacían con mucha frecuencia, y le +recomendaban que les trajese de Francia telas, puntillas y algunas veces +alhajas. + +--¿Qué tal, Martín?--le decía Catalina en vascuence. + +--Bien--contestaba él rudamente, haciéndose más el hombre--. ¿Y en +vuestra casa? + +--Todos buenos. Cuando vayas a Francia, tienes que comprarme una +puntilla como la otra. ¿Sabes? + +--Sí, sí, ya te compraré. + +--¿Ya sabes francés? + +--Ahora empiezo a hablar. + +Martín se estaba haciendo un hombretón, alto, fuerte, decidido. Abusaba +un poco de su fuerza y de su valor, pero nunca atacaba a los débiles. Se +distinguía también como jugador de pelota y era uno de los primeros en +el trinquete. + +Un invierno hizo Martín una hazaña, de la que se habló en el pueblo. La +carretera estaba intransitable por la nieve y no pasaba el coche. +Zalacaín fué a Francia y volvió a pie, por la parte de Navarra, con un +vecino de Larrau. Pasaron los dos por el bosque de Iraty y les +acometieron unos cuantos jabalíes. + +Ninguno de los hombres llevaba armas, pero a garrotazos mataron tres de +aquellos furiosos animales, Zalacaín dos y el de Larrau otro. + +Cuando Martín volvió triunfante, muerto de fatiga y con sus dos +jabalíes, el pueblo entero le consideró como un héroe. + +Tellagorri también fué muy felicitado por tener un sobrino de tanto +valor y audacia. El viejo, muy contento, aunque haciéndose el +indiferente, decía: + +Este sobrino mío va a dar mucho que hablar. De casta le viene al galgo. +Porque yo no sé si vosotros habréis oído hablar de López de Zalacaín. +¿No? Pues preguntadle a ese viejo Soraberri, ya veréis lo que os +cuenta... + +--¿Y qué tiene que ver ese López con tu sobrino?--le replicaban. + +--Pues que es antepasado de Martín. No comprendéis nada. + +Tellagorri pagó caro el triunfo obtenido por su sobrino en la caza de +los jabalíes, porque de tanto beber se puso enfermo. + +La Ignacia y Martín, por consejo del médico, obligaron al viejo a que +suprimiese toda bebida, fuese vino o licor; pero Tellagorri, con tal +procedimiento de abstinencia, languidecía y se iba poniendo triste. + +--Sin vino y sin _patharra_ soy un hombre muerto--decía Tellagorri--; y, +viendo que el médico no se convencía de esta verdad, hizo que llamaran a +otro más joven. + +Éste le dió la razón al borracho, y no sólo le recomendó que bebiera +todos los días un poco de aguardiente, sino que le recetó una medicina +hecha con ron. La Ignacia tuvo que guardar la botella del medicamento, +para que el enfermo no se la bebiera de un trago. A medida que entraba +el alcohol en el cuerpo de Tellagorri, el viejo se erguía y se animaba. + +A la semana de tratamiento se encontraba tan bien, que comenzó a +levantarse y a ir a la posada de Arcale, pero se creyó en el caso de +hacer locuras, a pesar de sus años, y anduvo de noche entre la nieve y +cogió una pleuresía. + +--De esta no sale usted--le dijo el médico incomodado, al ver que había +faltado a sus prescripciones. + +Tellagorri lo comprendió así y se puso serio, hizo una confesión +rápida, arregló sus cosas y, llamando a Martín, le dijo en vascuence: + +--Martín, hijo mío, yo me voy. No llores. Por mí lo mismo me da. Eres +fuerte y valiente y eres buen chico. No abandones a tu hermana, ten +cuidado con ella. Por ahora, lo mejor que puedes hacer es llevarla a +casa de Ohando. Es un poco coqueta; pero Catalina la tomará. No le +olvides tampoco a _Marquesch_; es viejo, pero ha cumplido. + +--No, no le olvidaré--dijo Martín sollozando. + +--Ahora--prosiguió Tellagorri--te voy a decir una cosa y es que antes de +poco habrá guerra. Tú eres valiente, Martín, tú no tendrás miedo de las +balas. Vete a la guerra, pero no vayas de soldado. Ni con los blancos, +ni con los negros. ¡Al comercio, Martín! ¡Al comercio! Venderás a los +liberales y a los carlistas, harás tu pacotilla y te casarás con la +chica de Ohando. Si tenéis un chico, llamadle como yo, Miguel, o José +Miguel. + +--Bueno--dijo Martín, sin fijarse en lo extravagante de la +recomendación. + +--Dile a Arcale--siguió diciendo el viejo--dónde tengo el tabaco y las +setas. Ahora acércate más. Cuando yo me muera, registra mi jergón y +encontrarás en esta punta de la izquierda un calcetín con unas monedas +de oro. Ya te he dicho, no quiero que las emplees en tierras, sino en +géneros de comercio. + +--Así lo haré. + +--Creo que te lo he dicho todo. Ahora dame la mano. Firmes, ¿eh? + +--Firmes. + +El pobre Tellagorri se olvido de decir _Pirmes_, como hubiera dicho +estando sano. + +--A esa sosa de la Ignacia--añadió poco después el viejo--le puedes dar +lo que te parezca cuando se case. + +A todo dijo Martín que sí. Luego acompañó al viejo, contestando a sus +preguntas, algunas muy extrañas, y por la madrugada dejó de vivir Miguel +de Tellagorri, hombre de mala fama y de buen corazón. + + + + +CAPÍTULO VIII + +CÓMO AUMENTÓ EL ODIO ENTRE MARTÍN ZALACAÍN Y CARLOS OHANDO + + +Cuando murió Tellagorri, Catalina de Ohando, ya una señorita, habló a su +madre para que recogiera a la Ignacia, la hermana de Martín. Era ésta, +según se decía, un poco coqueta y estaba acostumbrada a los piropos de +la gente de casa de Arcale. + +La suposición de que la muchacha, siguiendo en la taberna, pudiese +echarse a perder, influyó en la señora de Ohando para llevarla a su casa +de doncella. Pensaba sermonearla hasta quitarla todos los malos resabios +y dirigirla por la senda de la más estrecha virtud. + +Con el motivo de ver a su hermana, Martín fué varias veces a casa de +Ohando y habló con Catalina y doña Águeda. Catalina seguía hablándole de +tú y doña Águeda manifestaba por él afecto y simpatía, expresados en un +sin fin de advertencias y de consejos. + +El verano se presentó Carlos Ohando, que venía de vacaciones del colegio +de Oñate. + +Pronto notó Martín que, con la ausencia, el odio que le profesaba Carlos +más había aumentado que disminuído. Al comprobar este sentimiento de +hostilidad, dejó de presentarse en casa de Ohando. + +--No vas ahora a vernos--le dijo alguna vez que le encontró en la calle, +Catalina. + +--No voy, porque tu hermano me odia--contestó claramente Martín. + +--No, no lo creas. + +--¡Bah! Yo sé lo que me digo. + +El odio existía. Se manifestó primeramente en el juego de pelota. + +Tenía Martín un rival en un chico navarro, de la Ribera del Ebro, hijo +de un carabinero. + +A este rival le llamaban _el Cacho_, porque era zurdo. + +Carlos de Ohando y algunos condiscípulos suyos, carlistas que se las +echaban de aristócratas, comenzaron a proteger al _Cacho_ y a excitarlo +y a lanzarlo contra Martín. + +_El Cacho_ tenía un juego furioso de hombre pequeño é iracundo; el juego +de Martín, tranquilo y reposado, era del que está seguro de sí mismo. +_El Cacho_, si comenzaba a ganar, se exaltaba, llevaba el partido al +vuelo; en cambio, desanimado, no tiraba una pelota que no fuese falta. + +Eran dos tipos, Zalacaín y _el Cacho_, completamente distintos; el uno, +la serenidad y la inteligencia del montañés, el otro, el furor y el brío +del ribereño. + +Semejante rivalidad, explotada por Ohando y los señoritos de su cuerda, +terminó en un partido que propusieron los amigos del _Cacho_. El desafío +se concertó así; _el Cacho_ é Isquiña, un jugador viejo de Urbia, contra +Zalacaín y el compañero que éste quisiera tomar. El partido sería a +cesta y a diez juegos. + +Martín eligió como zaguero a un muchacho vasco francés que estaba de +oficial en la panadería de Archipi y que se llamaba Bautista Urbide. + +Bautista era delgado, pero fuerte, sereno y muy dueño de sí mismo. + +Se apostó mucho dinero por ambas partes. Casi todo el elemento popular y +liberal estaba por Zalacaín y Urbide; los señoritos, el sacristán y la +gente carlista de los caseríos por _el Cacho_. + +El partido constituyó un acontecimiento en Urbia; el pueblo entero y +mucha gente de los alrededores se dirigió al juego de pelota a +presenciar el espectáculo. + +La lucha principal iba a ser entre los dos delanteros, entre Zalacaín y +_el Cacho. El Cacho_ ponía de su parte su nerviosidad, su furia, su +violencia en echar la pelota baja y arrinconada; Zalacaín se fiaba en su +serenidad, en su buena vista y en la fuerza de su brazo, que le +permitía coger la pelota y lanzarla a lo lejos. + +La montaña iba a pelear contra la llanura. + +Comenzó el partido en medio de una gran expectación; los primeros juegos +fueron llevados a la carrera por _el Cacho_, que tiraba las pelotas como +balas unas líneas solamente por encima de la raya, de tal modo que era +imposible recogerlas. + +A cada jugada maestra del navarro, los señoritos y los carlistas +aplaudían entusiasmados; Zalacaín sonreía, y Bautista le miraba con +cierto mal disimulado pánico. + +Iban cuatro juegos por nada, y ya parecía el triunfo del navarro casi +seguro cuando la suerte cambió y comenzaron a ganar Zalacaín y su +compañero. + +Al principio, _el Cacho_ se defendía bien y remataba el juego con golpes +furiosos, pero luego, como si hubiese perdido el tono, comenzó a hacer +faltas con una frecuencia lamentable y el partido se igualó. + +Desde entonces se vió que _el Cacho_ é Isquiña perdían el juego. Estaban +desmoralizados. _El Cacho_ se tiraba contra la pelota con ira, hacía una +falta y se indignaba; pegaba con la cesta en la tierra enfurecido y +echaba la culpa de todo a su zaguero. + +Zalacaín y el vasco francés, dueños de la situación, guardaban una +serenidad completa, corrían elásticamente y reían. + +--Ahí, Bautista--decía Zalacaín--. ¡Bien! + +--Corre, Martín--gritaba Bautista--. ¡Eso es! + +El juego terminó con el triunfo completo de Zalacaín y de Urbide. + +--_¡Viva gutarrac_. (¡Vivan los nuestros!)--gritaron los de la _calle_ +de Urbia aplaudiendo torpemente. + +Catalina sonrió a Martín y le felicitó varias veces. + +--¡Muy bien! ¡Muy bien! + +--Hemos hecho lo que hemos podido--contestó él sonriente. + +Carlos Ohando se acerco a Martín, y le dijo con mal ceño: + +--_El Cacho_ te juega mano a mano. + +--Estoy cansado--contestó Zalacaín. + +--¿No quieres jugar? + +--No. Juega tú si quieres. + +Carlos, que había comprobado una vez mas la simpatía de su hermana por +Martín, sintió avivarse su odio. + +Había venido aquella vez Carlos Ohando de Oñate más sombrío, más +fanático y más violento que nunca. + +Martín sabía el odio del hermano de Catalina y, cuando lo encontraba por +casualidad, huía de él, lo cual a Carlos le producía más ira y más +furor. + +Martín estaba preocupado, buscando la manera de seguir los consejos de +Tellagorri y de dedicarse al comercio; había dejado su oficio de +cochero y entrado con Arcale en algunos negocios de contrabando. + +Un día, una vieja criada de casa de Ohando, chismosa y murmuradora, fué +a buscarle y le contó que la Ignacia, su hermana, coqueteaba con Carlos, +el señorito de Ohando. + +Si doña Águeda lo notaba iba a despedir a la Ignacia, con lo cual el +escándalo dejaría a la muchacha en una mala situación. + +Martín, al saberlo, sintió deseos de presentarse a Carlos y de +insultarle y desafiarle. Luego, pensando que lo esencial era evitar las +murmuraciones, ideó varias cosas, hasta que al último le pareció lo +mejor ir a ver a su amigo Bautista Urbide. + +Había visto al vasco francés muchas veces bailando con la Ignacia y +creía que tenía alguna inclinación por ella. + +El mismo día que le dieron la noticia se presentó en la tahona de +Archipi en donde Urbide trabajaba. Lo encontró al vasco francés desnudo +de medio cuerpo arriba en la boca del horno. + +--Oye, Bautista--le dijo. + +--¿Qué pasa? + +--Te tengo que hablar. + +--Te escucho--dijo el francés mientras maniobraba con la pala. + +--¿A ti te gusta la _Iñasi_, mi hermana? + +--¡Hombre!... sí. ¡Qué pregunta!--exclamó Bautista--.¿Para eso vienes a +verme? + +--¿Te casarías con ella? + +--Si tuviera dinero para establecerme ya lo creo. + +--¿Cuánto necesitarías? + +--Unos ochenta o cien duros. + +--Yo te los doy. + +--¿Y por qué es esa prisa? ¿Le pasa algo a la Ignacia? + +--No, pero he sabido que Carlos Ohando la está haciendo el amor. ¡Y como +la tiene en su casa!... + +--Nada, nada. Hablale tú y, si ella quiere, ya está. Nos casamos en +seguida. + +Se despidieron Bautista y Martín, y éste, al día siguiente, llamó a su +hermana y le reprochó su coquetería y su estupidez. La Ignacia negó los +rumores que habían llegado hasta su hermano, pero al último confesó que +Carlos la pretendía, pero con buen fin. + +--¡Con buen fin!--exclamó Zalacaín--. Pero tú eres idiota, criatura. + +--¿Por qué? + +--Porque te quiere engañar, nada mas. + +--Me ha dicho que se casará conmigo. + +--¿Y tú le has creído? + +--¡Yo! Le he dicho que espere y que te preguntaré a ti, pero él me ha +contestado que no quiere que te diga a ti nada. + +--Claro. Porque yo echaría abajo sus planes. Te quiere engañar, y +quiere deshonrarnos, y que el pueblo entero nos desprecie porque me odia +a mí. Yo no te digo más que una cosa, que si pasa algo entre ese +sacristán y tú, te despellejo a ti y a él, y le pego fuego a la casa, +aunque me lleven a presidio para toda la vida. + +La Ignacia se echó a llorar, pero cuando Martín le dijo que Bautista se +quería casar con ella y que tenía dinero, se secaron pronto sus +lágrimas. + +--¿Bautista quiere casarse?--preguntó la Ignacia asombrada. + +--Sí. + +--¡Pero si no tiene dinero! + +--Pues ahora lo ha encontrado. + +La idea del casamiento con Bautista no soló consoló a la muchacha, sino +que pareció ofrecerle un halagador porvenir. + +--¿Y qué quieres que haga? ¿Salir de la casa?--preguntó la Ignacia, +secándose las lágrimas y sonriendo. + +--No, por de pronto sigue ahí, es lo mejor, y dentro de unos días +Bautista irá a ver a doña Águeda y a decirla que se casa contigo. + +Se hizo lo acordado por los dos hermanos. En los días siguientes, Carlos +Ohando vió que su conquista no seguía adelante, y el domingo, en la +plaza, pudo comprobar que la Ignacia se inclinaba definitivamente del +lado de Bautista. Bailaron la muchacha y el panadero toda la tarde con +gran entusiasmo. + +Carlos esperó a que la Ignacia se encontrara sola y la insultó y la echó +en cara su coquetería y su falsedad. La muchacha, que no tenía gran +inclinación por Carlos, al verle tan violento cobró por él desvío y +miedo. + +Poco después, Bautista Urbide se presentó en casa de Ohando, habló a +doña Águeda, se celebró la boda, y Bautista y la Ignacia fueron a vivir +a Zaro, un pueblecillo del país vasco francés. + + + + +CAPÍTULO IX + +CÓMO INTENTÓ VENGARSE CARLOS DE MARTÍN ZALACAÍN + + +Carlos Ohando enfermó de cólera y de rabia. Su naturaleza, violenta y +orgullosa, no podía soportar la humillación de ser vencido; sólo el +pensarlo le mortificaba y le corroía el alma. + +Al intentar seducir Carlos a la Ignacia, casi podía más en él su odio +contra Martín que su inclinación por la chica. Deshonrarle a ella y +hacerle a él la vida triste, era lo que le encantaba. En el fondo, el +aplomo de Zalacaín, su contento por vivir, su facilidad para +desenvolverse, ofendían a este hombre sombrío y fanático. + +Además, en Carlos la idea de orden, de categoría, de subordinación, era +esencial, fundamental, y Martín intentaba marchar por la vida sin +cuidarse gran cosa de las clasificaciones y de las categorías sociales. + +Esta audacia ofendía profundamente a Carlos y hubiese querido +humillarle para siempre, hacerle reconocer su inferioridad. Por otra +parte, el fracaso de su tentativa de seducción le hizo más malhumorado y +sombrío. + +Una noche, aún no convaleciente de su enfermedad, producida por el +despecho y la cólera, se levantó de la cama, en donde no podía dormir, y +bajó al comedor. + +Abrió una ventana y se asomó a ella. El cielo estaba sereno y puro. La +luna blanqueaba las copas de los manzanos, cubiertos por la nieve de sus +menudas flores. Los melocotoneros extendían a lo largo de las paredes +sus ramas, abiertas en abanico, llenas de capullos. Carlos respiraba el +aire tibio de la noche, cuando oyó un cuchicheo y prestó atención. + +Estaba hablando su hermana Catalina, desde la ventana de su cuarto, con +alguien que se encontraba en la huerta. Cuando Carlos comprendió que era +con Martín con quien hablaba, sintió un dolor agudísimo y una impresión +sofocante de ira. + +Siempre se había de encontrar enfrente de Martín. Parecía que el destino +de los dos era estorbarse y chocar el uno contra el otro. + +Martín contaba bromeando a Catalina la boda de Bautista y de la Ignacia, +en Zaro, el banquete celebrado en casa del padre del vasco francés, el +discurso del alcalde del pueblecillo... + +Carlos desfallecía de cólera. Martín le había impedido conquistar a la +Ignacia y deshonraba, además, a los Ohandos siendo el novio de su +hermana, hablando con ella de noche. Sobre todo, lo que más hería a +Carlos, aunque no lo quisiera reconocer, lo que más le mortificaba en el +fondo de su alma era la superioridad de Martín, que iba y venía sin +reconocer categorías, aspirando a todo y conquistándolo todo. + +Aquel granuja de la calle era capaz de subir, de prosperar, de hacerse +rico, de casarse con su hermana y de considerar todo esto lógico, +natural... Era una desesperación. + +Carlos hubiera gozado conquistando a la Ignacia, abandonándola luego, +paseándose desdeñosamente por delante de Martín; y Martín le ganaba la +partida sacando a la Ignacia de su alcance y enamorando a su hermana. + +¡Un vagabundo, un ladrón, se la había jugado a él, a un hidalgo rico +heredero de una casa solariega! Y lo que era peor, ¡esto no sería más +que el principio, el comienzo de su carrera espléndida! + +Carlos, mortificado por sus pensamientos, no prestó atención a lo que +hablaban; luego oyó un beso, y poco después las ramas de un árbol que se +movían. + +Tras de esto, se vió bajar un hombre por el tronco de un árbol, se vió +que cruzaba la huerta, montaba sobre la tapia y desaparecía. + +Se cerró la ventana del cuarto de Catalina, y en el mismo momento +Carlos se llevó la mano a la frente y pensó con rabia en la magnífica +ocasión perdida. ¡Qué soberbio instante para concluir con aquel hombre +que le estorbaba! + +¡Un tiro a boca de jarro! Y ya aquella mala hierba no crecería más, no +ambicionaría más, no intentaría salir de su clase. Si lo mataba, todo el +mundo consideraría el suyo un caso de legítima defensa contra un +salteador, contra un ladrón. + +Al día siguiente, Carlos buscó una escopeta de dos cañones de su padre, +la encontró, la limpió a escondidas y la cargó con perdigones loberos. +Estuvo vacilando en poner cartuchos con bala, pero como era difícil +hacer puntería de noche, optó por los perdigones gruesos. + +Ni en aquella noche, ni en la siguiente, se presentó Martín, pero cuatro +días después Carlos lo sintió en la huerta. Todavía no había salido la +luna y esto salvó al salteador enamorado. Carlos impaciente, al oir el +ruido de las hojas, apuntó y disparó. + +Al fogonazo, vió a Martín en el tronco del árbol y volvió a disparar. + +Se oyó un chillido agudo de mujer y el golpe de un cuerpo en el suelo. +La madre de Carlos y las criadas, alarmadas salieron de sus cuartos +gritando, preguntando lo que era. Catalina, pálida como una muerta, no +podía hablar de emoción. + +Doña Águeda, Carlos y las criadas salieron al jardín. Debajo del árbol, +en la tierra y sobre la hierba húmeda, se veían algunas gotas de sangre, +pero Martín había huído. + +--No tenga usted cuidado, señorita--le dijo a Catalina una de las +criadas--. Martín ha podido escapar. + +La señora de Ohando, que se enteró de lo ocurrido por su hijo, llamó en +su auxilio al cura don Félix para que le aconsejara. + +Se intentó hacer comprender a Catalina el absurdo de su propósito, pero +la muchacha era tenaz y estaba dispuesta a no ceder. + +--Martín ha venido a darme noticias de la Ignacia, y como saben que no +le quieren en la casa, por eso ha saltado la tapia. + +Cuando Carlos supo que Martín estaba solamente herido en un brazo y que +se paseaba vendado por el pueblo siendo el héroe, se sintió furioso, +pero por si acaso, no se atrevió a salir a la calle. + +Con el atentado, la hostilidad entre Carlos y Catalina, ya existente, se +acentuó de tal manera, que doña Águeda, para evitar agrias disputas, +envió de nuevo a Carlos a Oñate y ella se dedicó a vigilar a su hija. + + + + +LIBRO SEGUNDO + +Andanzas y correrías + + + + +CAPÍTULO PRIMERO + +EN EL QUE SE HABLA DE LOS PRELUDIOS DE LA ÚLTIMA GUERRA CARLISTA + + +Hay hombres para quienes la vida es de una facilidad extraordinaria. Son +algo así como una esfera que rueda por un plano inclinado, sin tropiezo, +sin dificultad alguna. + +¿Es talento, es instinto o es suerte? Los propios interesados aseguran +ser instinto o talento, sus enemigos dicen casualidad, suerte, y esto es +más probable que lo otro, porque hay hombres excelentemente dispuestos +para la vida, inteligentes, enérgicos, fuertes y que sin embargo, no +hacen más que detenerse y tropezar en todo. + +Un proverbio vasco dice: «El buen valor asusta a la mala suerte.» Y esto +es verdad a veces... cuando se tiene buena suerte. + +Zalacaín era afortunado; todo lo que intentaba lo llevaba bien. +Negocios, contrabando, amores, juego... + +Su ocupación principal era el comercio de caballos y de mulas que +compraba en Dax y pasaba de contrabando por los Alduides o por +Roncesvalles. + +Tenía como socio a Capistun _el Americano_, hombre inteligentísimo, ya +de edad, a quien todo el mundo llamaba el americano, aunque se sabía que +era gascón. Su mote procedía de haber vivido en América mucho tiempo. + +Bautista Urbide, antiguo panadero de la tahona de Archipe, formaba +muchas veces parte de las expediciones. Lo mismo Capistun que Martín, +tenían como punto de descanso el pueblo de Zaro, próximo a San Juan del +Pie del Puerto, donde vivía la Ignacia con Bautista. + +Capistun y Martín conocían, como pocos, los puertos de Ibantelly y de +Atchuria, de Alcorrunz y de Larratecoeguia, toda la línea de Mugas de +Zugarramurdi. Habían recorrido muchas veces los caminos que hay entre +Meaca y Urdax, entre Izpegui y San Estéban de Baigorri, entre Biriatu y +Enderlaza, entre Elorrieta, la Banca y Berdáriz. En casi todos los +pueblos de la frontera vasco-navarra, desde Fuenterrabía hasta +Valcarlos, tenían algún agente para sus negocios de contrabando. +Conocían también, palmo a palmo, las veredas que van por las vertientes +del monte Larrun y no había misterios para ellos hacia el lado Este de +Navarra en esas praderas altas, metidas entre los bosques de Irati y de +Ori. + +La vida de Capistun y Martín era accidentada y peligrosa. Para Martín, +la consigna del viejo Tellagorri era la norma de su vida. Cuando se +encontraba en una situación apurada, cercado por los carabineros, cuando +se perdía en el monte, en medio de la noche, cuando tenía que hacer un +esfuerzo sobre sí mismo, recordaba la actitud y la voz del viejo al +decir: ¡Firmes! ¡Siempre firmes! Y hacía lo necesario en aquel momento +con decisión. + +Tenía Martín serenidad y calma. Sabía medir el peligro y ver la +situación real de las cosas sin exageraciones y sin alarmas. Para los +negocios y para la guerra el hombre necesita ser frío. + +Martín comenzaba a impregnarse del liberalismo francés y a encontrar +atrasados y fanáticos a sus paisanos; pero, a pesar de esto, creía que +don Carlos, en el instante que iniciase la guerra, conseguiría la +victoria. + +En casi todo el Mediodía de Francia se creía lo mismo. + +El gobierno de la República, los subprefectos y demás funcionarios de la +frontera española dejaban pasar a los facciosos; y en los coches de +Elizondo, por los Alduides, por San Estéban de Baigorri, por Añoa, +viajaban los jefes carlistas, con sus uniformes é insignias de mando. + +Martín y Capistun, además de mulas y de caballos, habían llevado a +diferentes puntos de Guipúzcoa y de Navarra, armas y materias +necesarias para la fabricación de pólvora, cartuchos y proyectiles, y +hasta llegaron a pasar por la frontera un cañón, de desecho de la guerra +franco-prusiana, vendido por el Estado francés. + +Los comités carlistas funcionaban a la vista de todo el mundo. +Generalmente, Martín y Capistun se entendían con el de Bayona, pero +algunas veces tuvieron que relacionarse con el de Pau. + +Muchas veces habían dejado en manos de jóvenes carlistas, disfrazados de +boyerizos, barricas llenas de armas. Los carlistas montaban las barricas +en un carro y se internaban en España. + +--Es vino de la Rioja--solían decir en broma, al llegar a los pueblos +golpeando los toneles, y el alcalde y el secretario cómplices los +dejaban pasar. + +También solían cargar en carros, que cubrían de tejas, plomo en +lingotes, que había de servir para fundir balas. + +La alusión a la guerra próxima se notaba en una porción de indicios y +señales. Curas, alcaldes y _jaunchos_ [Nota: Jaunchos-caciques.] se +preparaban. Muchas veces, al cruzar un pueblo, se oía una voz aguda como +de Carnaval, que gritaba en vasco: ¿Noiz zuazté? (¿Cuándo os vais?) Lo +que quería decir: ¿Cuándo os echáis al campo? + +Se cantaba también en Guipúzcoa una canción en vascuence, que aludía a +la guerra y que se llamaba Gu guerá (Nosotros somos). Era así: + +UNA VOZ + + Bigarren chandan + aditutzendet + ate joca _dan dan_. + Ale onduan + norbait dago ta + galdezazu nor dan. + +(Por segunda vez oigo que están llamando a la puerta, _dan, dan_. Junto +a la puerta hay alguno. Pregunta quién es.) + +VARIAS VOCES + + Ta gu guerá + Ta gu guerá + gabiltzanac + gora berá + etorri nayean onera. + Ta gu guerá + Ta gu guerá + Quirlis Carlos + Carlos Quirlis + Ecarri nayean onerá. + +(Nosotros somos, nosotros somos los que andamos de arriba a abajo +queriendo venir aquí. Nosotros somos, nosotros somos Quirlis Carlos, +Carlos Quirlis, queriéndole traer aquí.) + +Y mientras en las provincias se organizaba y preparaba una guerra feroz +y sangrienta, en Madrid, políticos y oradores se dedicaban con fruición +a los bellos ejercicios de la retórica. + + * * * * * + +Un día de Mayo fueron Martín, Capistun y Bautista a Vera. La señora de +Ohando tenía una casa en el barrio de Alzate y había ido a pasar allí +una temporada. + +Martín quería hablar con su novia, y Capistun y Bautista le acompañaron. +Salieron de Sara y marcharon por el monte a Alzate. + +Martín contaba con una de las criadas de Ohando, partidaria suya, y ésta +le facilitaba el poder hablar con Catalina. Mientras Martín quedó en +Alzate, Capistun y Bautista entraron en Vera. + +En aquel mismo momento, don Carlos de Borbón, el pretendiente, llegaba +rodeado de un Estado Mayor de generales carlistas y de algunos vendeanos +franceses. + +Se leyó una alocución patriótica, y después don Carlos, repitiendo el +final de la alocución, exclamó: + +--Hoy dos de Mayo. ¡Día de fiesta _nasional! ¡Abaco_ el _extranquero_! + +El _extranquero_ era Amadeo de Saboya. + +Capistun y Bautista anduvieron entre los grupos. Se decía que uno de +aquellos caballeros era Cathelineau, el descendiente del célebre general +vendeano; se señalaba también al conde de Barrot y a un marqués navarro. + +Cuando llegó Martín a Vera se encontró la plaza llena de carlistas; +Bautista le dijo: + +--La guerra ha empezado. + +Martín se quedó pensativo. + +Volvieron Martín, Capistun y Bautista a Francia. Bautista gritaba +irónicamente a cada paso:--_¡Abaco_ el _extranquero!_--Zalacaín pensaba +en el giro que tomaría aquella guerra así iniciada y en lo que podría +influir en sus amores con Catalina. + + + + +CAPÍTULO II + +CÓMO MARTÍN, BAUTISTA Y CAPISTUN PASARON UNA NOCHE EN EL MONTE + + +Una noche de invierno marchaban tres hombres con cuatro magníficas mulas +cargadas con grandes fardos. Salidos de Zaro por la tarde, se dirigían +hacia los altos del monte Larrun. + +Costeando un arroyo que bajaba a unirse con la Nivelle y cruzando +prados, llegaron a una borda, donde se detuvieron a cenar. + +Los tres hombres eran Martín Zalacaín, Capistun el gascón y Bautista +Urbide. Llevaban una partida de uniformes y de capotes. + +El alijo iba consignado a Lesaca, en donde lo recogerían los carlistas. + +Después de cenar en la borda, los tres hombres sacaron las mulas y +continuaron el viaje subiendo por el monte Larrun. + +Era la noche fría, comenzaba a nevar. En los caminos y sendas, llenos +de lodo, se resbalaban los pies; a veces una mula entraba en un charco +hasta el vientre y a fuerza de fuerzas se lograba sacarla del aprieto. + +Los animales llevaban mucho peso. Era preciso seguir el camino largo, +sin utilizar las veredas, y la marcha se hacía pesada. Al llegar a la +cumbre y al entrar en el puerto de Ibantelly, les sorprendió a los +viandantes una tempestad de viento y de nieve. + +Se encontraban en la misma frontera. La nieve arreciaba; no era fácil +seguir adelante. Los tres hombres detuvieron las mulas, y mientras +quedaba Capistun con ellas, Martín y Bautista se echaron uno a un lado y +el otro al otro, para ver si encontraban cerca algún refugio, cabaña o +choza de pastor. + +Zalacaín vió a pocos pasos una casucha de carabineros cerrada. + +--¡Eup! ¡Eup!--gritó. + +No contestó nadie. + +Martín empujó la puerta, sujeta con un clavo, y entró dentro del chozo. +Inmediatamente corrió a dar parte a los amigos de su descubrimiento. Los +fardos que llevaban las mulas tenían mantas, y extendiéndolas y +sujetándolas por un extremo en la choza de los carabineros y por otro en +unas ramas, improvisaron un cobertizo para las caballerías. + +Puestas en seguridad la carga y las mulas, entraron los tres en la casa +de los carabineros y encendieron una hermosa hoguera. Bautista fabricó +en un momento, con fibras de pino, una antorcha para alumbrar aquel +rincón. + +Esperaron a que pasara el temporal y se dispusieron los tres a matar el +tiempo junto a la lumbre. Capistun llevaba una calabaza llena de +aguardiente de Armagnac y, mezclándolo con agua que calentaron, bebieron +los tres. + +Luego, como era natural, hablaron de la guerra. El carlismo se extendía +y marchaba de triunfo en triunfo. En Cataluña y en el país vasco-navarro +iba haciendo progresos. La República española era una calamidad. Los +periódicos hablaban de asesinatos en Málaga, de incendios en Alcoy, de +soldados que desobedecían a los jefes y se negaban a batirse. Era una +vergüenza. + +Los carlistas se apoderaban de una porción de pueblos abandonados por +los liberales. Habían entrado en Estella. + +En las dos orillas del Bidasoa, lo mismo en la frontera española que en +la francesa, se sentía un gran entusiasmo por la causa del Pretendiente. + +Capistun y Bautista señalaron sus conocidos alistados ya en la facción. +La mayoría eran mozos, pero no faltaban tampoco los viejos. Los fueron +citando. + +Allá estaban Juan Echeberrigaray, de Espeleta; Tomás Albandos, de Añoa; +el herrero Lerrumburo, de Zaro; Echebarría, de Irisarri; Galparzasoro, +el alpargatero de Urruña; Mearuberry, el carnicero de Ostabat, Miguel +Larralde, el de Azcain; Carricaburo, el mozo de un caserío de Arhamus; +Chaubandidegui, el hijo del confitero de Azcarat; Peyrohade y +Lafourchette, los dos mozos del bazar de Hasparren. + +--¡Valientes granujas!--murmuró Martín, que escuchaba. + +Capistun y Bautista siguieron su enumeración. Estaban también +Bordagorri, el de Meharín; Achucarro, de Urdax; Etchehun, el versolari +de Chacxu; Gañecoechia, de Osses; Bishiño, de Azparrain, Listurria, de +Briscus; Rebenacq, de Pourtalés; el propietario de Saint Palais con el +barón Lesbas d'Armagnac, de Mauleon; Detchesarry, el sacristán de +Biriatu; Guibeleguieta, de Barcus; Iturbide, de Hendaya; Echemendi, el +minero de Articuza; Chocoa, el cantero de San Estéban de Baigorri; +Garraiz, el cazador de palomas de Echalar; Setoain, el leñador de +Esterensuby; Isuribere, el pastor de Urepel; y Chiquierdi, el de +Zugarramurdi. + +Los vascos, siguiendo las tendencias de su raza, marchaban a defender lo +viejo contra lo nuevo. Así habían peleado en la antigüedad contra el +romano, contra el godo, contra el árabe, contra el castellano, siempre a +favor de la costumbre vieja y en contra de la idea nueva. + +Estos aldeanos y viejos hidalgos de Vasconia y de Navarra, esta +semiaristocracia campesina de las dos vertientes del Pirineo, creía en +aquel Borbón, vulgar extranjero y extranjerizado, y estaban dispuestos a +morir para satisfacer las ambiciones de un aventurero tan grotesco. + +Los legitimistas franceses se lo figuraban como un nuevo Enrique IV; y +como de allí, del Bearn, salieron en otro tiempo los Borbones para +reinar en España y en Francia, soñaban con que Carlos VII triunfaría en +España, acabaría con la maldita República Francesa, daría fueros a +Navarra, que sería el centro del mundo y, además, restablecería el poder +político del Papa en Roma. + +Zalacaín se sentía muy español y dijo que los franceses eran unos +cochinos, porque debían hacer la guerra en su tierra, si querían. + +Capistun, como buen republicano, afirmó que la guerra en todas partes +era una barbaridad. + +--Paz, paz es lo que se necesita--añadió el gascón--; paz para poder +trabajar y vivir. + +--¡Ah, la paz!--replicó Martín contradiciéndole--; es mejor la guerra. + +--No, no--repuso Capistun--. La guerra es la barbarie nada más. + +Discutieron el asunto; el gascón, como más ilustrado, aducía mejores +argumentos, pero Bautista y Martín replicaban: + +--Sí, todo eso es verdad, pero también es hermosa la guerra. + +Y los dos vascos especificaron lo que ellos consideraban como +hermosura. Ambos guardaban en el fondo de su alma un sueño cándido y +heroico, infantil y brutal. Se veían los dos por los montes de Navarra y +de Guipúzcoa al frente de una partida, viviendo siempre en acecho, en +una continua elasticidad de la voluntad, atacando, huyendo, +escondiéndose entre las matas, haciendo marchas forzadas, incendiando el +caserío enemigo... + +¡Y qué alegrías! ¡Qué triunfos! Entrar en las aldeas a caballo, la boina +sobre los ojos, el sable al cinto, mientras las campanas tocan en la +iglesia. Ver, al huir de una fuerza mayor, cómo aparece, entre el verde +de las heredades, el campanario de la aldea donde se tiene el asilo; +defender una trinchera heroicamente y plantar la bandera entre las balas +que silban; conservar la serenidad mientras las granadas caen, +estallando a pocos pasos, y caracolear en el caballo delante de la +partida, marchando todos al compás del tambor... + +¡Qué emociones debían de ser aquéllas! Y Bautista y Martín soñaban con +el placer de atacar y de huir, de bailar en las fiestas de los pueblos y +de robar en los Ayuntamientos, de acechar y de escapar por los senderos +húmedos y dormir en una borda sobre una cama de hierba seca... + +--¡Barbarie! ¡Barbarie!--replicaba a todo esto el gascón. + +--¡Que barbarie!--exclamó Martín--. ¿Se ha de estar siempre hecho un +esclavo, sembrando patatas o cuidando cerdos? Prefiero la guerra. + +--¿Y por qué prefieres la guerra? Para robar. + +--No hables, Capistun, que eres comerciante. + +--¿Y qué? + +--Que tú y yo robamos con el libro de cuentas. Entre robar en el camino, +o robar con el libro de cuentas, prefiero a los que roban en el camino. + +--Si el comercio fuera un robo, no habría sociedad--repuso el gascón. + +--¿Y qué?--dijo Martín. + +--Que acabarían las ciudades. + +--Para mí las ciudades están hechas por miserables y sirven para que las +saqueen los hombres fuertes--dijo Martín con violencia. + +--Eso es ser enemigo de la Humanidad. + +Martín se encogió de hombros. + +Poco después de media noche, la nieve comenzó a cesar y Capistun dió la +orden de marcha. El cielo había quedado estrellado. Los pies se hundían +en la nieve y se sentía un silencio de muerte. + +--_Cantats, amics_--dijo el gascón, a quien tanta tristeza y tanto +reposo imponían. + +--No nos vayan a oir--advirtió Bautista. + +--¡Ca!--y el gascón cantó: + + ¡Oan! ¡Oan! lus de deuan + lus de darrer que seguirán. + Lus de darrer oan, oan, + que seguirán a trot de can. + +(¡Adelante! Adelante, los de delante y los de atrás que seguirán. Los de +atrás, adelante, adelante, que seguirán al trote de can!) + +Era esta una vieja canción gascona para medir la marcha; muy buena para +el llano, pero poco oportuna en aquellos vericuetos. + +Bautista, animado por el ejemplo del gascón, cantó un zortzico vasco +francés, que decía así: + + Gau erdi da + errico orenean + iñon ez da + arguiric lurrean + ez diteque + mendian adi deuzic + aicearen + arrabotza baicic. + +(Es media noche en el reloj del pueblo, en ninguna parte hay luz, en la +tierra; no se puede, en el monte, oir más que el rumor estruendoso del +viento.) + +La canción de Bautista era de una salvaje melancolía; Martín lanzó un +grito, el _irrintzi_, como una larga carcajada, o un relincho salvaje +terminado en una risa burlona. Capistun, como protestando, cantó: + + Del castelet a l'aube + sort Isabeu, + es blanquette sa raube + como la neu. + +(Del castillete, al alba, sale Isabel; es blanquita su ropa como la +nieve.) + +A Martín y a Bautista no les gustaban las canciones del gascón que les +parecían empalagosas, y a éste tampoco las de sus amigos, a las cuales +encontraba siniestras. Discutieron acerca de las excelencias de sus +respectivos países, pasando de los cantos populares a hablar de las +costumbres y de la riqueza. + +Iba a amanecer; comenzaban a acercarse a Vera, cuando se oyeron a lo +lejos varios tiros. + +--¿Qué pasa aquí?--se preguntaron. + +Tras de un instante se volvieron a oir nuevos tiros y un lejano sonido +de campanas. + +--Hay que ver lo que es. + +Decidieron como más práctico que Capistun, con las cuatro mulas, se +volviera y se encaminara despacio hacia la choza de carabineros donde +habían pasado la noche. Si no ocurría nada en Vera, Bautista y Zalacaín +retornarían inmediatamente. Si en dos horas no estaban allá, Capistun +debía ganar la frontera y refugiarse en Francia: en Biriatu, en Zaro, +donde pudiese. + +Las mulas volvieron de nuevo camino del puerto, y Zalacaín y su cuñado +comenzaron a bajar del monte en línea recta, saltando, deslizándose +sobre la nieve, a riesgo de despeñarse. Media hora después, entraban en +las calles de Alzate, cuyas puertas se veían cerradas. + +Llamaron en una posada conocida. Tardaron en abrir, y al último el +posadero, amedrentado, se presentó en la puerta. + +--¿Qué pasa?--preguntó Zalacaín. + +--Que ha entrado en Vera otra vez la partida del Cura. + +Bautista y Martín sabían la reputación del Cura y su enemistad con +algunos generales carlistas y convinieron en que era peligroso llevar el +alijo a Vera o a Lesaca, mientras anduvieran por allí las gentes del +ensotanado cabecilla. + +--Vamos en seguida a darle el aviso a Capistun--dijo Bautista. + +--Bueno, vete tú--repuso Martín--yo te alcanzo en seguida. + +--¿Qué vas a hacer? + +--Voy a ver si veo a Catalina. + +--Yo te esperaré. + +Catalina y su madre vivían en una magnífica casa de Alzate. Llamó +Martín en ella, y a la criada, que ya le conocía, la dijo: + +--¿Está Catalina? + +--Sí... Pasa. + +Entró en la cocina. Era ésta grande y espaciosa y algo obscura. +Alrededor de la ancha campana de la chimenea colgaba una tela blanca +planchada, sujeta por clavos. Del centro de la campana bajaba una gruesa +cadena negra, en cuyo garfio final se enganchaba un caldero. A un lado +de la chimenea, había un banquillo de piedra, sobre el cual estaban en +fila tres herradas con los aros de hierro brillantes, como si fueran de +plata. En las paredes se veían cacerolas de cobre rojizo y lodos los +chismes de la cocina de la casa, desde las sartenes y cucharas de palo, +hasta el calentador, que también figuraba colgado en la pared como parte +integrante de la batería de cocina. + +Aquel orden parecía algo absurdo y extraordinario, contrastado con la +agitación exterior. + +La criada había subido la escalera y, tras de algún tiempo, bajó +Catalina envuelta en un mantón. + +--¿Eres tú?--dijo sollozando. + +--Sí, ¿qué pasa? + +Catalina, llorando, contó que su madre estaba muy enferma, su hermano se +había ido con los carlistas y a ella querían meterla en un convento. + +--¿A dónde te quieren llevar? + +--No sé, todavía no se ha decidido. + +--Cuando lo sepas, escríbeme. + +--Sí, no tengas cuidado. Ahora vete, Martín, porque mi madre habrá oído +que estamos hablando y, como ha sentido los tiros hace poco, está muy +alarmada. + +Efectivamente, se oyó poco después una voz débil que exclamaba: + +--¡Catalina! ¡Catalina! ¿Con quién hablas? + +Catalina tendió la mano a Martín, quien la estrechó en sus brazos. Ella +apoyó la cabeza en el hombro de su novio y, viendo que la volvían a +llamar subió la escalera. Zalacaín la contempló absorto y luego abrió la +puerta de la casa, la cerró despacio y, al encontrarse en la calle, se +vió con un espectáculo inesperado. Bautista discutía a gritos con tres +hombres armados, que no parecían tener para él muy buenas disposiciones. + +--¿Qué pasa?--preguntó Martín. + +Pasaba, sencillamente, que aquellos tres individuos eran de la partida +del Cura y habían presentado a Bautista Urbide este sencillo dilema: + +«O formar parte de la partida o quedar prisionero y recibir además, de +propina, una tanda de palos.» + +Martín iba a lanzarse a defender a su cuñado cuando vió que a un extremo +de la calle aparecían cinco o seis mozos armados. En el otro esperaban +diez o doce. Con su rápido instinto de comprender la situación, Martín +se dió cuenta de que no había más remedio que someterse y dijo a +Bautista, en vascuence, aparentando gran jovialidad: + +--¡Qué demonio, Bautista! ¿No querías tú entrar en una partida? ¿No +somos carlistas? Pues ahora estamos a tiempo. + +Uno de los tres hombres, viendo como se explicaba Zalacaín, exclamó +satisfecho: + +--_¡Arrayua!_ Este es de los nuestros. Venid los dos. + +El tal hombre era un aldeano alto, flaco, vestido con un uniforme +destrozado y una pipa de barro en la boca. Parecía el jefe y le llamaban +Luschía. + +Martín y Bautista siguieron a los mozos armados, pasaron de Alzate a +Vera y se detuvieron en una casa, en cuya puerta había un centinela. + +--¡Bajadlos! ¡Bajadlos!--dijo Luschía a su gente. + +Cuatro mozos entraron en el portal y subieron por la escalera. + +Luschía, mientras tanto, preguntó a Martín: + +--¿Vosotros de dónde sois? + +--De Zaro. + +--¿Sois franceses? + +--Sí--dijo Bautista. + +Martín no quiso decir que él no lo era, sabiendo que el decir que era +francés podía protegerle. + +--Bueno, bueno--murmuró el jefe. + +Los cuatro aldeanos de la partida que habían entrado en la casa trajeron +a dos viejos. + +--¡Atadlos!--dijo Luschía, el aldeano de la pipa. + +Sacaron a la calle un tambor de regimiento y un cesto, y a los dos +viejos los ataron. + +--¿Qué es lo que han hecho?--preguntó Martín a uno de la partida que +llevaba una boina a rayas. + +--Que son traidores--contestó éste. + +El uno era un maestro de escuela y el otro un expartidario de la +guerrilla del Cura. + +Cuando estuvieron las dos víctimas atadas y con las espaldas desnudas, +el ejecutor de la justicia, el mozo de la boina a rayas, se remangó el +brazo y cogió una vara. + +El maestro de escuela, suplicante, imploró: + +--¡Pero si todos somos unos! + +El exguerrillero no dijo nada. + +No hubo apelación ni misericordia. Al primer golpe, el maestro de +escuela perdió el sentido; el otro, el antiguo lugarteniente del Cura, +calló y comenzó a recibir los palos con un estoicismo siniestro. + +Luschía se puso a hablar con Zalacaín. Este le contó una porción de +mentiras. Entre ellas le dijo que él mismo había guardado cerca de +Urdax, en una cueva, más de treinta fusiles modernos. El hombre oía y, +de cuando en cuando, volviéndose al ejecutor de sus órdenes, decía con +voz gangosa: _¡Jo! ¡Jo!_ (Pega, pega). + +Y volvía a caer la vara cobre las espaldas desnudas. + + + + +CAPÍTULO III + +DE ALGUNOS HOMBRES DECIDIDOS QUE FORMABAN LA PARTIDA DEL CURA + + +Concluída la paliza, Luschía dió la orden de marcha, y los quince o +veinte hombres tomaron hacia Oyarzun, por el camino que pasa por la +Cuesta de la Agonía. + +La partida iba en dos grupos; en el primero marchaba Martín y en el +segundo Bautista. + +Ninguno de la partida tenía mal aspecto ni aire patibulario. La mayoría +parecían campesinos del país; casi todos llevaban traje negro, boina +azul pequeña y algunos, en vez de botas, calzaban abarcas con pieles de +carnero, que les envolvían las piernas. + +Luschía, el jefe, era uno de los tenientes del Cura y además capitaneaba +su guardia negra. Sin duda, gozaba de la confianza del cabecilla. Era +alto, huesudo, de nariz fenomenal, enjuto y seco. + +Tenía Luschía una cara que siempre daba la impresión de verla de +perfil, y la nuez puntiaguda. + +Parecía buena persona hasta cierto punto, insinuante y jovial. +Consideraba, sin duda, una magnífica adquisición la de Zalacaín y +Bautista, pero desconfiaba de ellos y, aunque no como prisioneros, los +llevaba separados y no les dejaba hablar a solas. + +Luschía tenía también sus lugartenientes; Praschcu, Belcha y el Corneta +de Lasala. Praschcu era un mocetón grueso, barbudo, sonriente y rojo, +que, a juzgar por sus palabras, no pensaba más que en comer y en beber +bien. Durante el camino no habló más que de guisos y de comidas, de la +cena que le quitaron al cura de tal pueblo o al maestro de escuela de +tal otro, del cordero asado que comieron en este caserío y de las +botellas de sidra que encontraron en una taberna. Para Praschcu la +guerra no era más que una serie de comilonas y de borracheras. + +Belcha y el Corneta de Lasala iban acompañando a Bautista. + +A Belcha (el negrito) le llamaban así por ser pequeño y moreno; el +Corneta de Lasala ostentaba una cicatriz violácea que le cruzaba la +frente. Su apodo procedía de su oficio de capataz de los que dan la +señal para el comienzo y el paro del trabajo con una bocina. + +Los de la partida llegaron a media noche a Arichulegui, un monte +cercano a Oyarzun, y entraron en una borda próxima a la ermita. + +Esta borda era la guarida del Cura. Allí estaba su depósito de +municiones. + +El cabecilla no estaba. Guardaba la borda un retén de unos veinte +hombres. Se hizo pronto de noche. Zalacaín y Bautista comieron un rancho +de habas y durmieron sobre una hermosa cama de heno seco. + +Al día siguiente, muy de mañana, sintieron los dos que les despertaban +de un empujón; se levantaron y oyeron la voz de Luschía: + +--Hala. Vamos andando. + +Era todavía de noche; la partida estuvo lista en un momento. Al mediodía +se detuvieron en Fagollaga y al anochecer llegaban a una venta próxima a +Andoain, en donde hicieron alto. Entraron en la cocina. Según dijo +Luschía, allí se encontraba el Cura. + +Efectivamente, poco después, Luschía llamó a Zalacaín y a Bautista. + +--Pasad--les dijo. + +Subieron por la escalera de madera hasta el desván y llamaron en una +puerta. + +--¿Se puede?--preguntó Luschía. + +--Adelante. + +Zalacaín, a pesar de ser templado, sintió un ligero estremecimiento en +todo el cuerpo, pero se irguió y entró sonriente en el cuarto. Bautista +llevaba el ánimo de protestar. + +--Yo hablaré--dijo Martín a su cuñado--tu no digas nada. + +A la luz de un farol, se veía un cuarto, de cuyo techo colgaban mazorcas +de maíz, y una mesa de pino, a la cual estaban sentados dos hombres. Uno +de ellos era el Cura, el otro su teniente, un cabecilla conocido por el +apodo de _el Jabonero_. + +--Buenas noches--dijo Zalacaín en vascuence. + +--Buenas noches--contestó _el Jabonero_ amablemente. + +El cura no contestó. Estaba leyendo un papel. + +Era un hombre regordete, más bajo que alto, de tipo insignificante, de +unos treinta y tantos años. Lo único que le daba carácter era la mirada, +amenazadora, oblicua y dura. + +Al cabo de algunos minutos, el cura levantó la vista y dijo: + +--Buenas noches. + +Luego siguió leyendo. + +Había en todo aquello algo ensayado para infundir terror. Zalacaín lo +comprendió y se mostró indiferente y contempló sin turbarse al cura. +Llevaba éste la boina negra inclinada sobre la frente, como si temiera +que le mirasen a los ojos; gastaba barba ya ruda y crecida, el pelo +corto, un pañuelo en el cuello, un chaquetón negro con todos los botones +abrochados y un garrote entre las piernas. + +Aquel hombre tenía algo de esa personalidad enigmática de los seres +sanguinarios, de los asesinos y de los verdugos; su fama de cruel y de +bárbaro se extendía por toda España. Él lo sabía y, probablemente, +estaba orgulloso del terror que causaba su nombre. En el fondo era un +pobre diablo histérico, enfermo, convencido de su misión providencial. +Nacido, según se decía, en el arroyo, en Elduayen, había llegado a +ordenarse y a tener un curato en un pueblecito próximo a Tolosa. Un día +estaba celebrando misa, cuando fueron a prenderle. Pretextó el cura el +ir a quitarse los hábitos y se tiró por una ventana y huyó y empezó a +organizar su partida. + +Aquel hombre siniestro se encontró sorprendido ante la presencia y la +serenidad de Zalacaín y de Bautista, y sin mirarles les preguntó: + +--¿Sois vascongados? + +--Sí--dijo Martín avanzando. + +--¿Qué hacíais? + +--Contrabando de armas. + +--¿Para quién? + +--Para los carlistas. + +--¿Con qué comité os entendíais? + +--Con Bayona. + +--¿Qué fusiles habéis traído? + +--Berdan y Chassepot. + +--¿Es verdad que tenéis armas escondidas cerca de Urdax? + +--Ahí y en otros puntos. + +--¿Para quién las traíais? + +--Para los navarros. + +--Bueno. Iremos a buscarlas. Si no las encontramos, os fusilaremos. + +--Está bien--dijo fríamente Zalacaín. + +--Marcháos--repuso el cura, molesto por no haber intimidado a sus +interlocutores. + +Al salir, en la escalera, _el Jabonero_ se acercó a ellos. + +Éste tenía aspecto de militar, de hombre amable y bien educado. + +Había sido guardia civil. + +--No temáis--dijo--. Si cumplís bien, nada os pasará. + +--Nada tememos--contestó Martín. + +Fueron los tres a la cocina de la posada, y _el Jabonero_ se mezcló +entre la gente de la partida, que esperaba la cena. + +Se reunieron en la misma mesa _el Jabonero_, Luschía, Belcha, el corneta +de Lasala y uno gordo, a quien llamaban Anchusa. + +_El Jabonero_ no quiso aceptar en la mesa a Praschcu, porque dijo que si +a aquel bárbaro le ponían a comer al principio, no dejaba nada a los +demás. + +Con este motivo, un muchacho joven, exseminarista, apellidado Dantchari +y conocido también por el mote de _el Estudiante_, que formaba parte de +la partida, recordó la canción de Vilinch, que se llama la Canción del +Potaje, y, como en ella el autor se burla de un cura tragón, tuvo que +cantarla en voz baja, para que no se enterara el cabecilla. + +El posadero trajo la cena y una porción de botellas de vino y de sidra, +y, como la caminata desde Arichulegui hasta allá les había abierto el +apetito, se lanzaron sobre las viandas como fieras hambrientas. + +Estaban cenando, cuando llamaron a la puerta: + +--¿Quién va?--dijo el posadero. + +--Yo. Un amigo--contestaron de fuera. + +--¿Quién eres tú? + +--Ipintza, _el Loco_. + +--Pasa. + +Se abrió la puerta y entró un viejo mendigo envuelto en una anguarina +parda, con una de las mangas atadas y convertida en bolsillo. Dantchari +_el Estudiante_ le conocía y dijo que era un vendedor de canciones a +quien tenían por loco, porque cantaba y bailaba recitándolas. + +Se sentó Ipintza, _el Loco_, a la mesa y le dió el posadero las sobras +de la cena. Luego se acercó al grupo que formaban los hombres de la +partida alrededor de la chimenea. + +--¿No queréis alguna canción?--dijo. + +--¿Qué canciones tienes?--le preguntó _el Estudiante_. + +--Tengo muchas. La de la mujer que se queja del marido, la del marido +que se queja de la mujer, Pello Joshepe... + +--Todo eso es viejo. + +--También tengo Hurra Pepito y la canción entre amo y criado. + +--Ese es liberal--dijo Dantchari. + +--No sé--contestó Ipintza, _el Loco_. + +--¿Cómo que no sabes? Yo creo que tú no eres del todo ortodoxo. + +--No sé lo que es eso. ¿No queréis canciones? + +--Pero, bueno, contesta. ¿Eres ortodoxo o heterodoxo? + +--Ya te he dicho que no sé. + +--Qué opinas de la Trinidad? + +--No sé. + +--¿Cómo que no sabes? ¡Y te atreves a decirlo! ¿De dónde procede el +Espíritu Santo? ¿Procede del Padre o procede del Hijo, o de los dos? ¿O +es que tú crees que su hipóstasis es consustancial con la hipóstasis del +Padre o la del Hijo? + +--No sé nada de eso. ¿Queréis canciones? ¿No queréis comprar canciones a +Ipintza, _el Loco_? + +--¡Ah! ¿De manera que no contestas? Entonces eres herético. _Anathema +sit_. Estás excomulgado. + +--¡Yo! ¿Excomulgado?--dijo Ipintza lleno de terror, y retrocedió y +enarboló su blanco garrote. + +--Bueno, bueno--gritó Luschía al estudiante--. Basta de bromas. + +Praschcu echó unas cuantas brazadas de ramas secas. Chisporroteó el +fuego alegremente; después, unos se pusieron a jugar al mus y Bautista +lució su magnífica voz cantando varios zortzicos. + +Dantchari, _el Estudiante_, desafió a echar versos a Bautista y éste +aceptó el desafío. Los dos comenzaron con el estribillo: + + Orain esango dizut + nic zuri eguia. + +(Ahora te diré yo la verdad.) + +Y la fuerza del consonante les hizo decir una porción de disparates y de +astracanadas que produjeron el entusiasmo de la reunión. + +Ambos merecieron plácemes y aplausos. Luego, Dantchari aseguró que sabía +imitar la voz de tiple, y entre Bautista y él cantaron la canción que +comienza diciendo: + + Marichu, ¿ñora zuaz + eder galant ori? + +(María, ¿a dónde vas tan bonita?) + +Bautista cantando de mozo y Dantchari de chica, dirigiéndose preguntas y +respuestas de burlona ingenuidad, hicieron las delicias de la +concurrencia. + +Luego, Bautista cantó la bella canción del país de Soul, que dice así: + + Urzo churia errazu + Nora yoaten cera zu + Ezpaniaco mendi guciac + Elurrez beteac dituzu + Gaur arratzean ostatu + Gure echean badezu. + +(Paloma blanca, dime a dónde vas. Todos los montes de España están +llenos de nieve. Si quieres albergue para esta noche, lo tienes en mi +casa.) + +Los de la partida aplaudieron, pero más que esta canción romántica les +gustó el dúo anterior, y _el Jabonero_, comprendiéndolo así, compró a +Ipintza, _el Loco_, un papel, que era la letra de la nueva canción de +Vilinch, llamada «Juana Vishenta Olave», escrita por el autor +adaptándola a un aire popular titulado ¡Orra Pepito! + +La canción de Vilinch era un diálogo amoroso entre el propietario de un +caserío y la hija del arrendador, a quien trata de conquistar. + +_El Estudiante_ se puso las enaguas de la posadera y se ató un pañuelo +en la cabeza, Bautista se caló un sombrero de copa que alguno encontró, +no se sabe dónde, y cantaron ambos el dúo ingenuo de Vilinch, y la +algazara fué tan grande que los cantores tuvieron que enmudecer porque +el Cura gritó desde arriba que no le dejaban dormir en paz. + +Cada cual fué a acostarse donde pudo, y Martín le dijo a Bautista en +francés: + +--Cuidado, eh. Hay que estar preparados para escapar a la mejor ocasión. + +Bautista movió la cabeza afirmativamente, dando a entender que no se +olvidaba. + + + + +CAPÍTULO IV + +HISTORIA CASI INVEROSÍMIL DE JOSHÉ CRACASCH + + +Los dos días siguientes estuvo lloviendo y se pasó la partida en la +venta haciendo algunos reconocimientos por los alrededores. Ni Zalacaín +ni Bautista vieron al cura. Sin duda éste no se presentaba más que en +las circunstancias graves. + +Como era natural entre tanta gente inactiva, se pasaron las horas al +lado del fuego hablando y contando diversos episodios y aventuras. + +Había en la partida un muchacho de Tolosa, muy melancólico, cuyas únicas +ocupaciones eran mirarse a un espejito de mano y tocar el acordeón. Este +muchacho se llamaba José Cacochipi y algunos, a sus espaldas, le decían +José Cracasch o sea en castellano José Manchas. + +Martín y Bautista le preguntaron varias veces qué le pasaba para estar +tan triste, si es que le dolían las muelas, si tenía las digestiones +lentas, disgustos de familia o algún desorden en la vejiga; a todas +estas preguntas contestaba Cacochipi, alias _Cracasch_, diciendo que no +le pasaba nada, pero suspiraba como si le ocurrieran todas esas +calamidades al mismo tiempo. + +Como el tal Cacochipi constituía un misterio, Martín preguntó a +Dantchari, _el Estudiante_, si por ser tolosano sabía la historia de su +conterráneo y amigo, y el exseminarista dijo: + +--Si no le decís nada, os contaré la historia de Joshé, pero habéis de +prometerme no burlaros de él. + +--No nos burlaremos de él ni le diremos nada. + +Dantchari hablaba en castellano con esa pedantería clásica de los curas +y seminaristas, que creen indispensable, para mayor claridad, decir de +cuando en cuando alguna palabra en latín entre personas que ignoran en +absoluto este idioma. + +--Pues habéis de saber--dijo Dantchari--que José Cacochipi, el hijo +menor de André Anthoni la confitera, ha sido conocido siempre, _urbi et +orbe_ por el apodo de Joshé Cracasch. + +Este apodo lo tenía muy merecido porque Joshé era hace años, y aun hace +meses, el mozo más abandonado de la ciudad y de los contornos; así que +todo el pueblo, _némine discrepante_, lo apodaba Cracasch. + +Joshé no ha tenido hasta hace poco más pasión que la música. + +Quisieron hacerle estudiar para cura y ordenarle _in sacris_, pero fué +imposible. + +Se puede decir de él que es músico _per se_ y hombre _per accidens_. + +Durante muchos años se ha pasado ocho o nueve horas en el piano haciendo +ejercicios y, como no ha tenido alma más que para la música, en todo lo +demás ha sido un descuidado horrible. + +Llevaba el traje lleno de lamparones, la boina sucia, el pelo largo, se +olvidaba la corbata. Era una verdadera calamidad. + +Por eso se le llamaba Joshé Cracasch, y a él no sólo no le ofendía el +apodo, sino que le hacía gracia; en cambio su madre, André Anthoni, se +ponía como una fiera cuando oía que a su hijo le daban este mote. + +Hará un año próximamente que un indiano rico llamado Arizmendi, y que +dicen que ha sido pirata... yo no lo sé, _relata refero_, llegó al +pueblo. Como digo, este señor le preguntó al párroco: + +--¿Qué profesor de música le podría yo poner a mi chico? + +--El mejor, José Cacochipi--contestó el cura. + +Le hablaron a Cracasch y éste se encogió de hombros y dijo que bueno. Su +madre le preparó ropa limpia y le advirtió que tuviera cuidado con lo +que decía y que fuera prudente, pues la colocación podía ser un _modus +vivendi_ para él. Cracasch prometió ser prudentísimo. + +Llegó el primer día a casa de Arizmendi y preguntó por el amo. + +Salió a abrirle una muchacha, y poco después se presentó un señor. La +muchacha le dijo que dejara la boina en el colgador. + +--¿Para qué?--replicó Joshé--y luego, dirigiéndose al señor, le +preguntó:--¿Es la criada, eh? + +--No, esta señorita es mi hija--contestó fríamente el señor Arizmendi. + +Cracasch comprendió que había dado un tropiezo y para enmendarlo, dijo: + +--Es muy guapa. ¡Ya se parece a usted, ya! + +--No. Si es hijastra mía--contestó el señor Arizmendi. + +--Ja, ja... ¡qué risa!... Ya tendrá novio, eh. + +Cacochipi fué a dar en un punto que preocupaba a la familia, pues la +muchacha tenía amores, a disgusto de los padres, con un primo. + +El señor Arizmendi le dijo que no hiciera más preguntas impertinentes, +que ya sabía que era medio bobo, pero que aprendiese a reportarse. + +Joshé, muy extrañado con tal exabrupto, fué al cuarto del chico, donde +dió su primera lección de solfeo. Aquellas palabras duras del señor +Arizmendi, más que ofender le extrañaron. Joshé no tenía ninguna +malicia, toda su vida la había pasado pensando en la música, y de otras +cosas nada sabía. + +A Cacochipi, que estuvo varias veces invitado a comer con la familia de +Arizmendi, le chocaba la tristeza del padre y de la madre y de las +hermanas y quiso alegrarles un poco; porque, como dice el profano: +_Omissis curis, jucunde vivendum esse_; lo cual quiere decir que se debe +vivir alegremente y sin cuidados. + +Lo primero que se le ocurrió a Cracasch, un día que se le figuró que ya +tenía confianza con la familia de Arizmendi, fué, a los postres, imitar +el ruido del tren; luego intentó cantar una canción que en la taberna +tenía mucho éxito. En esta canción se hace como si se tocara la flauta y +el bombo, y como si se comiera en una cazuela, y luego medio se desnuda +uno mientras canta. Joshé creía que, cuando él se quitara la chaqueta y +el chaleco, toda la familia rompería a reir a carcajadas, pero fué todo +lo contrario, porque el señor Arizmendi, mirándole con ojos terribles, +le dijo: + +--Bueno, Cacochipi: póngase usted el chaleco y no vuelva usted a +quitárselo delante de nosotros. + +Joshé se quedó frío, y no precisamente por la falta del chaleco. + +--A esta gente no les hace gracia nada--murmuró. + +Un día, apareció a dar la lección con la cara pintada con varios lunares +y no hizo efecto; otro, ayudado por su discípulo, ató los cubiertos a la +mesa... y nada. + +--¿Qué tal, Cracasch?--le preguntaba alguno en la calle--. ¿Cómo va la +familia de Arizmendi? + +--¡Ah! Es una gente que nada le gusta.--contestaba él--. Se hacen cosas +bonitas para divertirles... y nada. + +El día de Carnaval, Joshé Cracasch tuvo una idea de las suyas y fué +convencer a su discípulo para que sacara los trajes de su madre y de una +hermana. Se disfrazarían los dos y darían a la familia Arizmendi una +broma graciosísima. + +--Ahora sí que se van a reir--decía Cacochipi en su interior. + +El chico no se anduvo en retóricas y el domingo de Carnaval tomó los +mejores trajes que encontró y fué con ellos a la confitería. Maestro y +discípulo se pusieron las prendas femeninas, y armados de sendas +escobas, fueron a la puerta de la iglesia. + +Al salir Arizmendi con su mujer y sus hijas de misa, Cacochipi y su +discípulo cayeron sobre ellos y les dieron un sin fin de apretones y de +golpes; Joshé recordó a Arizmendi que tenía dentadura postiza, a su +mujer que se ponía añadidos y a la hija mayor el novio con quien había +reñido, y después de otra porción de cosas igualmente oportunas se +marcharon las dos máscaras dando brincos. + +Al día siguiente, cuando se presentó en casa de Arizmendi, pensó +Cracasch: + +--Nada, van a felicitarme por la broma de ayer. + +Entró y le pareció que todo el mundo estaba serio. De pronto, se le +acercó Arizmendi y con voz más que severa, iracunda, en un terrible _ab +irato_, le dijo: + +--No vuelva usted a poner los pies en mi casa. ¡Imbécil! Si no fuera +usted un idiota, le echaría a puntapiés. + +--Pero ¿por qué?--preguntó José. + +--¿Y lo pregunta usted todavía, majadero? Cuando no se sabe portarse +como una persona, no se debe alternar con los demás. Yo creía que era +usted un estúpido, pero no tanto. + +Cacochipi, por primera vez en su vida, se sintió ofendido. Se encerró en +su casa y empezó a pensar en la Celedonia, la segunda hija de Arizmendi +y en la voz suave y la _eloquendi suavitatem_ con que le saludaba por +las mañanas cuando le decía: + +--Buenos días, Joshé. + +Cacochipi se convenció de que, como le había dicho Arizmendi, era un +estúpido y de que además estaba enamorado. Estos dos convencimientos le +impulsaron a mudarse de traje, a cortarse el pelo, a ponerse una boina +nueva y a no permitir que nadie le llamara Cracasch. + +--Oye, Cracasch--le decía alguno en la calle. + +--¡Hombre! Creo que me has llamado Cracasch--decía él. + +--Sí, ¿y qué? + +--Que no quiero que me vuelvas a llamar así. + +--Pero hombre, Cracasch... + +--Toma--y Joshé empezaba a puñetazos y a golpes. + +En poco tiempo Joshé borró su apodo de Cracasch. La Celedonia Arizmendi +había notado la transformación de Joshé y sabía la parte que en este +cambio le correspondía a ella. Joshé veía que la muchacha le miraba con +buenos ojos; pero era tan tímido que nunca se hubiera atrevido a decirle +nada. + +Llevaban sus amores el camino de pasar a la historia sin llegar al +primer capítulo, cuando el hijo de un boticario se encargó de darles una +solución. + +Quería burlarse de Joshé y escribió una carta de amor grotesca a la hija +de Arizmendi, firmando Joshé Cracasch. + +La chica le envió la carta a Joshé diciéndole que se querían burlar de +él, pero que ella le estimaba y que pasara por delante de su casa y que +hablarían. + +Joshé fué y vió a la muchacha y le dió las buenas tardes y no se le +ocurrió más; ella le preguntó si su madre, André Anthoni, estaba buena, +él la contestó que sí y entonces ella le dijo: + +--Hasta mañana, Joshé. + +--Adiós. + +Cacochipi quedó como embobado; necesitaba respirar, tomar aire y salió +de Tolosa y tomó el camino de Anoeta y pasó Anoeta y luego Irura y cruzó +Villabona y fué andando, andando, hasta que se topó con la partida del +Cura, que iba a conquistar, _viribus et armís_, la gloria. Uno de la +partida le dió el alto y le hizo descender de las sublimidades +amatorio-musicales en que se hallaba sumido, presentándole el sencillo +dilema de recibir una paliza o de venirse con nosotros. + +José Cacochipi, por muy aficionado que sea a la música, no ha querido +que solfeen sobre él y ya hace un mes que está en la partida. + +Tal era la historia de Joshé Cracasch, que contó Dantchari, _el +Estudiante_, con algunos latinajos más de los que pone el autor. + + + + +CAPÍTULO V + +CÓMO LA PARTIDA DEL CURA DETUVO LA DILIGENCIA CERCA DE ANDOAIN + + +Al tercer día de estar en la venta, la inacción era grande, y entre _el +Jabonero_ y Luschía acordaron detener aquella mañana la diligencia que +iba desde San Sebastián a Tolosa. + +Se dispuso la gente a lo largo del camino, de dos en dos; los más +lejanos irían, avisando cuando apareciera la diligencia y replegándose +junto a la venta. + +Martín y Bautista se quedaron con el Cura y _el Jabonero_, porque el +cabecilla y su teniente no tenían bastante confianza en ellos. + +A eso de las once de la mañana, avisaron la llegada del coche. Los +hombres que espiaban el paso fueron acercándose a la venta, ocultándose +por los lados del camino. + +El coche iba casi lleno. El Cura, _el Jabonero_ y los siete u ocho +hombres que estaban con ellos se plantaron en medio de la carretera. + +Al acercarse el coche, el Cura levantó su garrote y gritó: + +--¡Alto! + +Anchusa y Luschía se agarraron a la cabezada de los caballos y el coche +se detuvo. + +--_¡Arrayua!_ ¡El Cura!--exclamó el cochero en voz alta--. Nos hemos +fastidiado. + +--Abajo todo el mundo--mandó el Cura. + +Egozcue abrió la portezuela de la diligencia. Se oyó en el interior un +coro de exclamaciones y de gritos. + +--Vaya. Bajen ustedes y no alboroten--dijo Egozcue con finura. + +Bajaron primero dos campesinos vascongados y un cura; luego, un hombre +rubio, al parecer extranjero, y después saltó una muchacha morena, que +ayudó a bajar a una señora gruesa, de pelo blanco. + +--Pero Dios mío, ¿adónde nos llevan?--exclamó ésta. + +Nadie le contestó. + +--¡Anchusa! ¡Luschía! Desenganchad los caballos--gritó el Cura--. Ahora, +todos a la posada. + +Anchusa y Luschía llevaron los caballos y no quedaron con el cura más +que unos ocho hombres, contando con Bautista, Zalacaín y Joshé Cracasch. + +--Acompañad a éstos--dijo el cabecilla a dos de sus hombres, señalando +a los campesinos y al cura. + +--Vosotros--é indicó a Bautista, Zalacaín, Joshé Cracasch y otros dos +hombres armados--id con la señora, la señorita y este viajero. + +La señora gruesa lloraba afligida. + +--Pero, ¿nos van a fusilar?--preguntó gimiendo. + +--¡Vamos! ¡Vamos!--dijo uno de los hombres armados, brutalmente. + +La señora se arrodilló en el suelo, pidiendo que la dejaran libre. + +La señorita, pálida, con los dientes apretados, lanzaba fuego por los +ojos. Sin duda, sabía los procedimientos usados por el cura con las +mujeres. + +A algunas solía desnudarlas de medio cuerpo arriba, les untaba con miel +el pecho y la espalda y las emplumaba; a otras les cortaba el pelo o lo +untaba de brea y luego se lo pegaba a la espalda. + +--Ande usted, señora--dijo Martín--, que no les pasará nada. + +--Pero, ¿adónde?--preguntó ella. + +--A la posada, que está aquí cerca. + +La joven nada dijo, pero lanzó a Martín una mirada de odio y de +desprecio. + +Las dos mujeres y el extranjero comenzaron a marchar por la carretera. + +--Atención, Bautista--dijo Martín en francés--, tú al uno, yo al otro. +Cuando no nos vean. + +El extranjero, extrañado, en el mismo idioma preguntó: + +--¿Qué van ustedes a hacer? + +--Escaparnos. Vamos a quitar los fusiles a estos hombres. Ayúdenos +usted. + +Los dos hombres armados, al oir que se entendían en una lengua que ellos +no comprendían, entraron en sospechas. + +--¿Qué habláis?--dijo uno, retrocediendo y preparando el fusil. + +No tuvo tiempo de hacer nada, porque Martín le dió un garrotazo en el +hombro y le hizo tirar el fusil al suelo, Bautista y el extranjero +forcejearon con el otro y le quitaron el arma y los cartuchos. Joshé +Cracasch estaba como en babia. + +Las dos mujeres, viéndose libres, echaron a correr por la carretera, en +dirección a Hernani. Cracasch las siguió. Éste llevaba una mala +escopeta, que podía servir en último caso. El extranjero y Martín tenían +cada uno su fusil, pero no contaba más que con pocos cartuchos. A uno le +habían podido quitar la cartuchera, al otro fué imposible. Éste volaba +corriendo a dar parte a los de la partida. + +El extranjero, Martín y Bautista corrieron y se reunieron con las dos +mujeres y con Joshé Cracasch. + +La ventaja que tenían era grande, pero las mujeres corrían poco; en +cambio, la gente del cura en cuatro saltos se plantaría junto a ellos. + +--¡Vamos! ¡Animo!--decía Martín--. En una hora llegamos. + +--No puedo--gemía la señora--. No puedo andar más. + +--¡Bautista!--exclamó Martín--. Corre a Hernani, busca gente y tráela. +Nosotros nos defenderemos aquí un momento. + +--Iré yo--dijo Joshé Cracasch. + +--Bueno, entonces deja el fusil y las municiones. + +Tiró el músico el fusil y la cartuchera y echó a correr, como alma que +lleva el diablo. + +--No me fío de ese músico simple--murmuró Martín--. Vete tú, Bautista. +La lástima es que quede un arma inútil. + +--Yo dispararé--dijo la muchacha. + +Se volvieron a hacer frente, porque los hombres de la partida se iban +acercando. + +Silbaban las balas. Se veía una nubecilla blanca y pasaba al mismo +tiempo una bala por encima de las cabezas de los fugitivos. El +extranjero, la señorita y Martín se guarecieron cada uno detrás de un +árbol y se repartieron los cartuchos. La señora vieja, sollozando, se +tiró en la hierba, por consejo de Martín. + +--¿Es usted buen tirador?--preguntó Zalacaín al extranjero. + +--¿Yo? Sí. Bastante regular. + +--¿Y usted, señorita? + +--También he tirado algunas veces. + +Seis hombres se fueron acercando a unos cien metros de donde estaban +guarecidos Martín, la señorita y el extranjero. Uno de ellos era +Luschía. + +--A ese ciudadano le voy a dejar cojo para toda su vida--dijo el +extranjero. + +Efectivamente, disparó y uno de los hombres cayó al suelo dando gritos. + +--Buena puntería--dijo Martín. + +--No es mala--contestó fríamente el extranjero. + +Los otros cinco hombres recogieron al herido y lo retiraron hacia un +declive. Luego, cuatro de ellos, dirigidos por Luschía, dispararon al +árbol de dónde había salido el tiro. Creían, sin duda, que allí estaban +refugiados Martín y Bautista y se fueron acercando al árbol. Entonces +disparó Martín é hirió a uno en una mano. + +Quedaban solo tres hábiles, y, retrocediendo y arrimándose a los +árboles, siguieron haciendo disparos. + +--¿Habrá descansado algo su madre?--preguntó Martín a la señorita. + +--Sí. + +--Que siga huyendo. Vaya usted también. + +--No, no. + +--No hay que perder tiempo--gritó Martín, dando una patada en el +suelo--. Ella sola o con usted. ¡Hala! En seguida. + +La señorita dejó el fusil a Martín y, en unión de su madre, comenzó a +marchar por la carretera. + +El extranjero y Martín esperaron, luego fueron retrocediendo sin +disparar, hasta que, al llegar a una vuelta del camino, comenzaron a +correr con toda la fuerza de sus piernas. Pronto se reunieron con la +señora y su hija. La carrera terminó a la media hora, al oir que las +balas comenzaban a silbar por encima de sus cabezas. + +Allí no había árboles donde guarecerse, pero sí unos montes de piedra +machacada para el lecho de la carretera, y en uno de ellos se tendió +Martín y en el otro el extranjero. La señora y su hija se echaron en el +suelo. + +Al poco tiempo, aparecieron varios hombres; sin duda, ninguno quería +acercarse y llevaban la idea de rodear a los fugitivos y de cogerlos +entre dos fuegos. + +Cuatro hombres fueron a campo traviesa por entre maizales, por un lado +de la carretera, mientras otros cuatro avanzaban por otro lado, entre +manzanos. + +Si Bautista no viene pronto con gente, creo que nos vamos a ver +apurados--exclamó Martín. + +La señora, al oirle, lanzó nuevos gemidos y comenzó a lamentarse, con +grandes sollozos, de haber escapado. + +El extranjero sacó un reloj y murmuró: + +--Tenía tiempo. No habrá encontrado nadie. + +--Eso debe ser--dijo Martín. + +--Veremos si aquí podemos resistir algo--repuso el extranjero. + +--¡Hermoso día!--murmuró Martín. + +La verdad es que un día tan hermoso convida a todo, hasta que le peguen +a uno un tiro. + +--Por si acaso, habrá que evitarlo en lo posible. + +Dos o tres balas pasaron silbando y fueron a estrellarse en el suelo. + +--¡Rendíos!--dijo la voz de Belcha, por entre unos manzanos. + +--Venid a cogernos--gritó Martín, y vió que uno le apuntaba en el monte, +desde cerca de un árbol; él apuntó a su vez, y los dos tiros sonaron +casi simultáneamente. Al poco tiempo, el hombre volvió a aparecer más +cerca, escondido entre unos helechos, y disparó sobre Martín. + +Éste sintió un golpe en el muslo y comprendió que estaba herido. Se +llevó la mano al sitio de la herida y notó una cosa tibia. Era sangre. +Con la mano ensangrentada cogió el fusil y, apoyándose en las piedras, +apuntó y disparó. Luego sintió que se le iban las fuerzas, al perder la +sangre, y cayó desmayado. + +El extranjero aguardó un momento, pero, en aquel instante, una compañía +de miqueletes avanzaba por la carretera, corriendo y haciendo disparos, +y la gente del Cura se retiraba. + + + + +CAPÍTULO VI + +CÓMO CUIDÓ LA SEÑORITA DE BRIONES A MARTÍN ZALACAÍN + + +Cuando de nuevo pudo darse Martín Zalacaín cuenta de que vivía, se +encontró en la cama, entre cortinas tupidas. + +Hizo un esfuerzo para moverse y se sintió muy débil y con un ligero +dolor en el muslo. + +Recordó vagamente lo pasado, la lucha en la carretera, y quiso saber +dónde estaba. + +--¡Eh!--gritó con voz apagada. + +Las cortinas se abrieron y una cara morena, de ojos negros, apareció +entre ellas. + +--Por fin. ¡Ya sé ha despertado usted! + +--Sí. ¿Dónde me han traído? + +--Luego le contaré a usted todo--dijo la muchacha morena. + +--¿Estoy prisionero? + +--No, no; está usted aquí en seguridad. + +--¿En qué pueblo? + +--En Hernani. + +--Ah, vamos. ¿No me podrían abrir esas cortinas? + +--No, por ahora no. Dentro de un momento vendrá el médico y, si le +encuentra a usted bien, abriremos las cortinas y le permitiremos hablar. +Con que ahora siga usted durmiendo. + +Martín sentía la cabeza débil y no le costó mucho trabajo seguir el +consejo de la muchacha. + +Al mediodía llegó el médico, que reconoció a Martín la herida, le tomó +el pulso y dijo: + +--Ya pueda empezar a comer. + +--¿Y le dejaremos hablar, doctor?--preguntó la muchacha. + +--Sí. + +Se fué el doctor, y la muchacha de los ojos negros descorrió las +cortinas y Martín se encontró en una habitación grande, algo baja de +techo, por cuya ventana entraba un dorado sol de invierno. Pocos +instantes después, apareció Bautista en el cuarto, de puntillas. + +--Hola, Bautista--dijo Martín burlonamente--. ¿Qué te ha parecido +nuestra primera aventura de guerra? ¿Eh? + +--¡Hombre! A mí, bien--contestó el cuñado--. A ti quizá no te haya +parecido tan bien. + +--¡Pse! Ya hemos salido de esta. + +La muchacha de los ojos negros, a quien al principio no reconoció +Martín, era la señorita a quien habían hecho bajar del coche los de la +partida del Cura y después se había fugado con ellos en compañía de su +madre. + +Esta señorita le contó a Martín cómo le llevaron hasta Hernani y le +extrajeron la bala. + +--Y yo no me he dado cuenta de todo esto--dijo Martín--. ¿Cuánto tiempo +llevo en la cama? + +--Cuatro días ha estado usted con una fiebre altísima. + +--¿Cuatro días? + +--Sí. + +--Por eso estoy rendido. ¿Y su madre de usted? + +--También ha estado enferma, pero ya se levanta. + +--Me alegro mucho. ¿Sabe usted? Es raro--dijo Martín--no me parece +usted la misma que vino en la carretera con nosotros. + +--¡No? + +--No. + +--¿Y por qué? + +--Le brillaban a usted los ojos de una manera tan rara, así como dura... + +--¿Y ahora no? + +--Ahora no, ahora me parecen sus ojos muy suaves. + +La muchacha se ruborizó sonriendo. + +--La verdad es--dijo Bautista--que has tenido suerte. Esta señorita te +ha cuidado como a un rey. + +--¡Qué menos podía hacer por uno de nuestros salvadores!--exclamó ella +ocultando su confusión--. Oh, pero no hable usted tanto. Para el primer +día es demasiado. + +--Una pregunta sólo--dijo Martín. + +--Veamos la pregunta--contestó ella. + +--Quisiera saber cómo se llama usted. + +--Rosa Briones. + +--Muchas gracias, señorita Rosa--murmuró. + +--¡Oh! no me llame usted señorita. Llámeme usted Rosa o Rosita, como me +dicen en casa. + +--Es que yo no soy caballero--repuso Martín. + +--¡Pues si usted no es caballero, quién lo será!--dijo ella. + +Martín se sintió halagado y, como Rosa le indicó que callara, llevándose +el dedo a los labios, cerró los ojos... + +La convalecencia de Martín fué muy rápida, tanto, que a él le pareció +que se curaba demasiado pronto. + +Bautista, al ver a su cuñado en vísperas de levantarse y en buenas +manos, como dijo algo irónicamente, se fué a Francia a reunirse con +Capistun y a seguir con los negocios. + +Martín pudo tomar Hernani por una Capua, una Capua espiritual. + +Rosita Briones y su madre doña Pepita le mimaban y le halagaban. + +De conocerlo, Martín hubiera podido recitar, refiriéndose a él mismo, +el romance antiguo de Lanzarote: + + Nunca fuera caballero + De damas tan bien servido + Como fuera Lanzarote + Cuando de su aldea vino. + +Rosita, durante la convalecencia, tuvo largas conversaciones con Martín. +Era de Logroño, donde vivía con su madre. Doña Pepita era la causante de +la desdichada aventura. A ella se le ocurrió ir a Villabona, para ver a +su hijo, que le habían dicho que se encontraba herido en este pueblo. +Afortunadamente, la noticia era falsa. + +Doña Pepita, la madre de Rosita, era una señora romántica, con unas +ideas absurdas. Adoraba a su hijo, vivía temblando de que le pasara +algo, pero, a pesar de todo, había querido que fuera militar. Al decidir +la aventura que terminó con la detención de la diligencia y al oir las +observaciones de su hija al malhadado proyecto, había contestado: + +--Los carlistas son españoles y caballeros y no pueden hacer daño a unas +señoras. + +A pesar de esta imposibilidad, estuvieron las dos a punto de ser +emplumadas o apaleadas por la gente del Cura. + +Martín llegó a convencerse de que la buena señora tenía una +imposibilidad irreductible para enterarse de la cosas. Lo veía todo a su +gusto y se convencía de que los hechos era como se los había pintado su +fantasía. Si de la madre cualquiera hubiese dicho que le faltaba un +tornillo, no podía decirse lo mismo de su hija. Ésta era lista y +avispada como pocas; tenía un juicio rápido, seguro y claro. + +Muchas veces, para distraer al herido, Rosa le leyó novelas de Dumas y +poesías de Bécquer. Martín nunca había oído versos y le hicieron un +efecto admirable, pero lo que más le sorprendió fué la discreción de los +comentarios de Rosita. No se le escapaba nada. + +Pronto Martín pudo levantarse y, cojeando, andar por la casa. Un día que +contaba su vida y sus aventuras, Rosita le preguntó de pronto: + +--¿Y Catalina quién es? ¿Es su novia de usted? + +--Sí. ¿Cómo lo sabe usted? + +--Porque ha hablado usted mucho de ella durante el delirio. + +--¡Ah! + +--¿Y es guapa? + +--¿Quién? + +--Su novia. + +--Sí, creo que sí. + +--¿Cómo? ¿Cree usted nada más? + +--Es que la conozco desde chico y estoy tan acostumbrado a verla que +casi no sé cómo es. + +--¿Pero no está usted enamorado de ella? + +--No sé, la verdad. + +--¡Qué cosa más rara! ¿Que tipo tiene? + +--Es así... algo rubia... + +--¿Y tiene hermosos ojos? + +--No tanto como usted--dijo Martín. + +A Rosita Briones le centellearon los ojos y envolvió a Martín en una de +sus miradas enigmáticas. + +Una tarde se presentó en Hernani el hermano de Rosita. + +Era un joven fino, atento, pero poco comunicativo. + +Doña Pepita le puso a Zalacaín delante de su hijo como un salvador, como +un héroe. + +Al día siguiente, Rosita y su madre iban a San Sebastián, para marcharse +desde allí a Logroño. + +Les acompañó Martín y su despedida fué muy afectuosa. Doña Pepita le +abrazó y Rosita le estrechó la mano varias veces y le dijo +imperiosamente: + +--Vaya usted a vernos. + +--Sí, ya iré. + +--Pero que sea de veras. Los ojos de Rosita prometían mucho. Al +marcharse madre é hija, Martín pareció despertar de un sueño; se acordó +de sus negocios, de su vida, y sin pérdida de tiempo se fué a Francia. + + + + +CAPÍTULO VII + +CÓMO MARTÍN ZALACAÍN BUSCÓ NUEVAS AVENTURAS + + +Una noche de invierno llovía en las calles de San Juan de Luz; algún +mechero de gas temblaba a impulsos del viento, y de las puertas de las +tabernas salían voces y sonido de acordeones. + +En Socoa, que es el puerto de San Juan de Luz, en una taberna de +marineros, cuatro hombres, sentados en una mesa, charlaban. De cuando en +cuando, uno de ellos abría la puerta de la taberna, avanzaba en el +muelle silencioso, miraba al mar y al volver decía: + +--Nada, la _Fleche_ no viene aún. + +El viento silbaba en bocanadas furiosas sobre la noche y el mar negros, +y se oía el ruido de las olas azotando la pared del muelle. + +En la taberna, Martín, Bautista, Capistun y un hombre viejo, a quien +llamaban Ospitalech, hablaban; hablaban de la guerra carlista, que +seguía como una enfermedad crónica sin resolverse. + +--La guerra acaba--dijo Martín. + +--¿Tú crees?--preguntó el viejo Ospitalech. + +--Sí, esto marcha mal, y yo me alegro--dijo Capistun. + +--No, todavía hay esperanza--repuso Ospitalech. + +--El bombardeo de Irún ha sido un fracaso completo para los +carlistas--dijo Martín--. ¡Y qué esperanzas tenían todos estos +legitimistas franceses! Hasta los hermanos de la Doctrina Cristiana +habían dado vacaciones a los niños para que fuesen a la frontera a ver +el espectáculo. ¡Canallas! Y ahí vimos a ese arrogante don Carlos, con +sus terribles batallones, echando granadas y granadas, para tener luego +que escaparse corriendo hacia Vera. + +--Si la guerra se pierde, nos arruinamos--murmuró Ospitalech. + +Capistun estaba tranquilo, pensaba retirarse a vivir a su país; +Bautista, con las ganancias del contrabando, había extendido sus +tierras. De los tres, Zalacaín no estaba contento. Si no le hubiese +retenido el pensamiento de encontrar a Catalina, se hubiera ido a +América. + +Llevaba ya más de un año sin saber nada de su novia; en Urbia se +ignoraba su paradero, se decía que doña Águeda había muerto, pero no se +hallaba confirmada la noticia. + +De estos cuatro hombres de la taberna de Socoa, los dos contentos, +Bautista y Capistun, charlaban; los otros dos rabiaban y se miraban sin +hablarse. Afuera llovía y venteaba. + +--¿Alguno de vosotros se encargaría de un negocio difícil, en que hay +que exponer la pelleja?--preguntó de pronto Ospitalech. + +--Yo no--dijo Capistun. + +--Ni yo--contestó distraídamente Bautista. + +--¿De qué se trata?--preguntó Martín. + +--Se trata de hacer un recorrido por entre las filas carlistas y +conseguir que varios generales y, además, el mismo don Carlos, firmen +unas letras. + +--¡Demonio! No es fácil la cosa--exclamó Zalacaín. + +--Ya lo sé que no; pero se pagaría bien. + +--¿Cuánto? + +--El patrón ha dicho que daría el veinte por ciento, si le trajeran las +letras firmadas. + +--¿Y a cuánto asciende el valor de las letras? + +--¿A cuánto? No sé de seguro la cantidad. ¿Pero es que tú irías? + +--¿Por qué no? Si se gana mucho... + +--Pues entonces espera un momento. Parece que llega el barco, luego +hablaremos. + +Efectivamente, se había oído en medio de la noche un agudo silbido. Los +cuatro salieron al puerto y se oyó el ruido de las aguas removidas por +una hélice, y luego aparecieron unos marineros en la escalera del +muelle, que sujetaron la amarra en un poste. + +--¡Eup! Manisch--gritó Ospitalech. + +--¡Eup!--contestaron desde el mar. + +--¿Todo bien? + +--Todo bien--respondió la voz. + +--Bueno, entremos--añadió Ospitalech--que la noche está de perros. + +Volvieron a meterse en la taberna los cuatro hombres, y poco después se +unieron a ellos Manisch, el patrón del barco la _Fleche_, que al entrar +se quitó el sudeste, y dos marineros más. + +--¿De manera que tú estás dispuesto a encargarte de ese +asunto?--preguntó Ospitalech a Martín. + +--Sí. + +--¿Solo? + +--Solo. + +--Bueno, vamos a dormir. Por la mañana iremos a ver al principal y te +dirá lo que se puede ganar. + +Los marineros de la _Fleche_ comenzaban a beber, y uno de ellos cantaba, +entre gritos y patadas, la canción de _Les matelot de la Belle Eugenie_. + +Al día siguiente, muy temprano, se levantó Martín y con Ospitalech tomó +el tren para Bayona. Fueron los dos a casa de un judío que se llamaba +Levi-Alvarez. Era este un hombre bajito, entre rubio y canoso, con la +nariz arqueada, el bigote blanco y los anteojos de oro. Ospitalech era +dependiente del señor Levi-Alvarez y contó a su principal cómo Martín se +brindaba a realizar la expedición difícil de entrar en el campo carlista +para volver con las letras firmadas. + +--¿Cuánto quiere usted por eso?--preguntó Levi-Alvarez. + +--El veinte por ciento. + +--¡Caramba! Es mucho. + +--Está bien, no hablemos, me voy. + +--Espere usted. ¿Sabe usted que las letras ascienden a ciento veinte mil +duros? El veinte por ciento sería una cantidad enorme. + +--Es lo que me ha ofrecido Ospitalech. Eso o nada. + +--¡Qué barbaridad! No tiene usted consideración... + +--Es mi última palabra. Eso o nada. + +--Bueno, bueno. Está bien. ¿Sabe usted que si tiene suerte se va usted a +ganar veinticuatro mil duros...? + +--Y si no me pegarán un tiro. + +--Exacto. ¿Acepta usted? + +--Sí, señor, acepto. + +--Bueno. Entonces estamos conformes. + +--Pero yo exijo que usted me formalice este contrato por escrito--dijo +Martín. + +--No tengo inconveniente. + +El judío quedó un poco perplejo y, después de vacilar un poco, preguntó: + +--¿Cómo quiere usted que lo haga? + +--En pagarés de mil duros cada uno. + +El judío, después de vacilar, llenó los pagarés y puso los sellos. + +--Si cobra usted--advirtió--de cada pueblo me puede usted ir enviando +las letras. + +--¿No las podría depositar en los pueblos en casa del notario? + +--Sí, es mejor. Un consejo. En Estella no vaya usted donde el ministro +de la guerra. Preséntese usted al general en jefe y le entrega usted las +cartas. + +--Eso haré. + +--Entonces, adiós, y buena suerte. + +Martín fué a casa de un notario de Bayona, le preguntó si los pagarés +estaban en regla y, habiéndole dicho que sí, los depositó bajo recibo. + +El mismo día se fué a Zaro. + +--Guardadme este papel--dijo a Bautista y a su hermana--dándoles el +recibo. + +Yo me voy. + +--¿Adónde vas?--preguntó Bautista. + +Martín le explicó sus proyectos. + +--Eso es un disparate--dijo Bautista--te van a matar. + +--¡Ca! + +--Cualquiera de la partida del Cura que te vea te denuncia. + +--No está ninguno en España. La mayoría andan por Buenos Aires. Algunos +los tienes por aquí, por Francia, trabajando. + +--No importa, es una barbaridad lo que quieres, hacer. + +--¡Hombre! Yo no obligo a nadie a que venga conmigo--dijo Martín. + +--Es que si tú crees que eres el único capaz de hacer eso, estás +equivocado--replicó Bautista--. Yo voy donde otro vaya. + +--No digo que no. + +--Pero parece que dudas. + +--No, hombre, no. + +--Sí, sí, y para que veas que no hay tal cosa, te voy a acompañar. No se +dirá que un vasco francés no se atreve a ir donde vaya un vasco español. + +--Pero hombre, tú estás casado--repuso Martín. + +--No importa. + +--Bueno, ya veo que lo tú quieres es acompañarme. Iremos juntos, y, si +conseguimos traer las letras firmadas te daré algo. + +--¿Cuánto? + +--Ya veremos. + +--¡Qué granuja eres!--exclamó Bautista--¿para qué quieres tanto dinero? + +--¿Qué sé yo? Ya veremos. Yo tengo en la cabeza algo. ¿Qué? No lo sé, +pero sirvo para alguna cosa. Es una idea que se me ha metido en la +cabeza hace poco. + +--¿Qué demonio de ambición tienes? + +--No sé, chico, no sé--contestó Martín--pero hay gente que se considera +como un cacharro viejo, que lo mismo puede servir de taza que de +escupidera. Yo no, yo siento en mí, aquí dentro, algo duro y fuerte... +no sé explicarme. + +A Bautista le extrañaba esta ambición obscura de Martín, porque él era +claro y ordenado y sabía muy bien lo que quería. + +Dejaron esta cuestión y hablaron del recorrido que tenían que hacer. + +Este comenzaría yendo en el vaporcito la _Fleche_ a Zumaya y siguiendo +de aquí a Azpeitia, de Azpeitia a Tolosa y de Tolosa a Estella. Para no +llevar la lista de todas las personas a quien tenían que ver y estar +consultando a cada paso lo que podía comprometerles, Bautista, que tenía +magnífica memoria, se la aprendió de corrido; cosieron las letras entre +el cuero de las polainas y por la noche se embarcaron. + +Entraron en el vaporcito de la _Fleche_ en Socoa y se echaron al mar. +Bautista y Zalacaín pasaron la travesía metidos en un camarote pequeño +dando tumbos. + +Al amanecer, el piloto vió hacia el cabo de Machichaco un barco que le +pareció de guerra, y forzando la marcha entró en Zumaya. + +Varias compañías carlistas salieron al puerto dispuestas a comenzar el +fuego, pero cuando reconocieron el barco francés se tranquilizaron. +Después de desembarcar, la memoria admirable de Bautista indicó las +personas a quienes tenían que visitar en este pueblo. Eran tres o cuatro +comerciantes. Los buscaron, firmaron las letras, compraron los viajeros +dos caballos, se agenciaron un salvo-conducto; y por la tarde, después +de comer, Martín y Bautista se encaminaron por la carretera de Cestona. + +Pasaron por el pueblecito de Oiquina, constituído por unos cuantos +caseríos colocados al borde del río Urola, luego por Aizarnazabal y en +la venta de Iraeta, cerca del puente, se detuvieron a cenar. + +La noche se echó pronto encima. Cenaron Martín y Bautista y discutieron +si sería mejor quedarse allí o seguir adelante, y optaron por esto +último. + +Montaron en sus jamelgos, y al echar a andar vieron que de una casa +próxima al puente de Iraeta salía un coche arrastrado por cuatro +caballos. El coche comenzó a subir el camino de Cestona al trote. Este +trozo de camino, desde Iraeta a Cestona, pasa entre dos montes y tiene +en el fondo el río. De noche, sobre todo, el tal paraje es triste y +siniestro. + +Martín y Bautista, por ese sentimiento de fraternidad que se siente en +las carreteras solitarias, quisieron acercarse al coche y ponerse al +habla con el cochero, pero sin duda el cochero tenía razones para no +querer compañía, porque, al notar que le seguían, puso los caballos al +trote largo y luego los hizo galopar. + +Así, el coche delante y Martín y Bautista detrás, subieron a Cestona, y +al llegar aquí el coche dió una vuelta rápida y poco después echó un +fardo al suelo. + +--Es algún contrabandista--dijo Martín. + +Efectivamente, lo era; hablaron con él y el hombre les confesó que había +estado dispuesto a dispararles al ver que le perseguían. Marcharon los +tres a la posada, ya hechos amigos, y Martín fué a ver a un confitero +carlista de la calle Mayor. + +Durmieron en la posada de Blas y muy de mañana Zalacaín y Bautista se +prepararon a seguir su camino. + +Era el día lluvioso y frío, la carretera, amarillenta, llena de baches, +ondulaba por entre campos verdes; no se veía el monte Itzarroiz, +envuelto entre la bruma. El río, crecido, iba de color de ocre. Se +detuvieron en Lasao, en la posesión de un barón carlista, a hacer que su +administrador firmara un documento y siguieron bordeando el Urola hasta +Azpeitia. + +Aquí el trabajo era bastante grande y tardaron en terminarle. Al +anochecer, estuvieron ya libres, y, como preferían no quedarse en +pueblos grandes, tomaron un camino de herradura que subía al monte +Hernio y fueron a dormir a una aldea llamada Regil. + +El tercer día, de Regil cogieron el camino de Vidania, y llegaron a +Tolosa, en donde estuvieron unas horas. + +De Tolosa fueron a dormir a un pueblo próximo. Les dijeron que por allá +andaba una partida, y prefirieron seguir adelante. Esta partida, días +antes, había apaleado bárbaramente a unas muchachas, porque no quisieron +bailar con unos cuantos de aquellos foragidos. Dejaron el pueblo, y, +unas veces al trote y otras al paso, llegaron hasta Amezqueta, en donde +se detuvieron. + + + + +CAPÍTULO VIII + +VARIAS ANÉCDOTAS DE FERNANDO DE AMEZQUETA Y LLEGADA A ESTELLA + + +En Amezqueta entraron en la posada próxima al juego de pelota. Llovía, +hacía frío y se refugiaron al lado de la lumbre. + +Había entre los reunidos en la venta un campesino chusco, que se puso a +contar historias. El campesino, al entrar otros dos en la cocina, sacó +su gran pañuelo a cuadros y comenzó a dar con él en las mesas y en las +sillas, como si estuviera espantando moscas. + +--¿Qué hay?--le dijo Martín--. ¿Qué hace usted? + +--Estas moscas fastidiosas--contestó el campesino seriamente. + +--Pero si no hay moscas. + +--Sí las hay, sí--replicó el hombre, dando de nuevo con el pañuelo. + +El posadero advirtió, riendo, a Martín y a Bautista que, como en +Amezqueta había tantas moscas de macho, a los del pueblo les llamaban, +en broma, _euliyac_ (las moscas), y que por eso el tipo aquel chistoso +sacudía las mesas y las sillas con el pañuelo, al entrar dos +amezquetanos. + +Rieron Martín y Bautista, y el campesino contó una porción de historias +y de anécdotas. + +--Yo no sé contar nada--dijo el hombre varias veces--. ¡Si estuviera +_Pernando_! + +--¿Y quién era _Pernando_?--preguntó Martín. + +--No habéis oído vosotros hablar de _Pernando_ de Amezqueta? + +--No. + +--¡Ah! Pues era el hombre más gracioso de toda esta provincia. ¡Las +cosas que contaba aquel hombre! + +Martín y Bautista le instaron para que contara alguna historia de +Fernando de Amezqueta, pero el campesino se resistía, porque aseguraba +que oirle a él contar estas chuscadas no daba más que una pálida idea de +las salidas de Fernando. + +Sin embargo, a instancias de los dos, el campesino contó esta anécdota +en vascuence: + +«Un día Fernando fué a casa del señor cura de Amezqueta, que era amigo +suyo y le convidaba a comer con frecuencia. Al entrar en la casa, husmeó +desde la cocina y vió que el ama estaba limpiando dos truchas: una, +hermosa, de cuatro libras lo menos, y la otra, pequeñita, que apenas +tenía carne. Pasó Fernando a ver al señor cura, y éste, según su +costumbre, le convidó a comer. Se sentaron a la mesa el señor cura y +Fernando. Sacaron dos sopas y Fernando comió de las dos; luego sacaron +el cocido, después una fuente de berzas con morcilla y, al llegar al +principio, Fernando se encontró con que, en vez de poner la trucha +grande, la condenada del ama había puesto la pequeña, que no tenía más +que raspa. + +--Hombre, trucha--exclamó Fernando--le voy a hacer una pregunta. + +--¿Qué le vas a preguntar?--dijo el cura riendo, en espera de un chiste. + +--Le voy a preguntar a ver si por los demás peces que ha conocido se ha +enterado algo de cómo están mis parientes al otro lado del mar, allí en +América. Porque estas truchas saben mucho. + +--Hombre, sí, pregúntale. + +Cogió Fernando la fuente en donde estaba la trucha y se la puso delante, +luego acercó el oído muy serio y escuchó. + +--¿Qué, contesta algo?--dijo burlonamente el ama del cura. + +--Sí, ya va contestando, ya va contestando. + +--¿Y qué dice? ¿Qué dice?--preguntó el cura. + +--Pues dice--contestó Fernando--que es muy pequeña, pero que ahí, en esa +despensa, hay guardada una trucha muy grande y que ella debe de saber +mejores noticias de mis parientes.» + +Una muchacha que estaba en la cocina, al oir la anécdota, se echó a reir +con una risa aguda y comunicó su risa a todos. + +Rieron también de buena gana Martín y Bautista la manera de señalar del +truhán, pero el campesino aseguró que él no tenía arte para estos +cuentos. + +Le instaron para que siguiera y el hombre contó una nueva ocurrencia de +_Pernando_. + +«--Otra vez--dijo--fué a Idiazabal, donde había un partido de pelota, y +llegó tarde a la posada, cuando ya todos estaban sentados. El amo le +dijo: + +--No hay sitio para ti, Fernando, ni probablemente tampoco habrá comida. + +--¡Bah!--replicó él--. ¡Si me diérais de balde lo que sobre! + +--Pues nada, todo lo que sobre para ti. + +Se paseó Fernando por el comedor. + +En la mesa redonda se habían sentado los dos bandos que habían jugado a +la pelota, separados. Fernando, viendo que traían en una fuente piernas +de carnero, dijo a dos o tres en voz baja: + +--Yo no sé de dónde saca el amo estas piernas de perro tan hermosas y +con tanta carne. + +--¿Pero son de perro?--dijeron ellos. + +--Sí, de perro; pero no se lo digáis a esos, que se fastidien. + +--¿Pero de veras, Fernando? + +--Sí, hombre; yo mismo he visto la cabeza en la cocina. ¡Era un perro de +aguas más hermoso! + +Dicho esto salió del comedor, y al volver tenían una cazuela con liebre. +Fué al otro extremo de la mesa y dijo a los del bando contrario: + +--¡Vaya unos gatos más buenos que compra este fondista a los +carabineros! + +--¡Ah!, ¿pero es gato eso? + +--Sí, no se lo digáis a esos, pero yo he visto las colas en la cocina. + +Poco después, Fernando comía solo y tenía liebre y carnero de sobra. Al +anochecer, salieron del pueblo todos, algo borrachos, y alguno se paró a +echar la papilla en el camino. + +--Es el perro, que le ha hecho daño--decían unos, burlándose. + +--Es el gato--decían los otros. + +Y nadie quería decir que era el vino. + +--Compañeros--dijo Fernando--, cuando se come gato y perro juntos no +pasa nada. Ellos riñen en el interior como perros y gatos, pero le dejan +a uno en paz.» + +La muchacha de la risa aguda rió de nuevo y el campesino comenzó a +contar otra anécdota, diciendo: + +--No estuvo mal tampoco la manera como Fernando deshizo la boda entre un +zapatero rico de Tolosa y una novia suya. + +--A ver, a ver cómo fué--dijeron todos. + +«--Pues estaba Fernando de aprendiz en la zapatería del difunto +Ichtaber, _el Chato de Tolosa_, y no sé si vosotros sabréis, pero +Ichtaber era un zapatero viejo y muy rico. Tenía Fernando de novia una +chica muy guapa, pero Ichtaber, _el Chato_, al verla la empezó a +cortejar y a decir si se quería casar con él, y, como era rico, ella +aceptó. Solían verse la muchacha y el viejo en la zapatería, y el +granuja de Ichtaber, para estar más libre, mandaba a Fernando, con +cualquier pretexto, a la trastienda. El hacía como que no se incomodaba, +pero se vengó. Fué a ver a su novia y habló con ella. + +--Sí--la dijo--. Ichtaber es buena persona y hombre de fortuna, es +verdad, pero como es zapatero y chato y ha andado toda la vida con +pieles, huele muy mal. + +--¡Mentiroso!--dijo ella. + +--No, no, fíjate. Ya verás. + +Fernando fué a la zapatería, cogió un fuelle grande y lo rellenó de esa +casca que queda después de curtidos los pellejos y que huele que apesta; +luego hizo un agujero en el tabique de la trastienda y esperó la ocasión +oportuna. Por la tarde llegó la chica, é Ichtaber dijo a su aprendiz: + +--Oye, Fernando, vete a la trastienda un momento a arreglar esas hormas +que hay en la caja. + +Salió Fernando; tomó el fuelle. Miró por el agujero. Ichtaber estaba +besando la mano de la chica; entonces le apuntó a ella con el fuelle y +metió por el agujero del tabique una corriente de aire de mal olor. +Cuando Fernando miró después, Ichtaber _el Chato_ estaba con la mano en +sus diminutas narices y la muchacha lo mismo. + +Luego Fernando siguió dándole al fuelle con intermitencias, hasta que se +cansó. + +Dos días después, fué de nuevo la chica y le pasó lo mismo; y ya no +volvió más, porque decía que Ichtaber _el Chato_ olía a muerto. + +Ichtaber hizo el amor a otra; pero Fernando le jugó la misma pasada con +el fuelle, y el zapatero decía a sus amigos: + +--_¡Arrayua!_ En mi tiempo era otra cosa; las chicas estaban sanas. +Ahora, la que más y la que menos huele a perros.» + +Volvió a oirse la risa alegre y chillona de la muchacha. + +Celebraron los demás circunstantes las granujerías de Fernando el de +Amezqueta y fueron a acostarse. + +A la mañana siguiente, Martín y Bautista dejaron a Amezqueta y por un +sendero llegaron a Ataun, lugar en donde Dorronsoro, el jefe civil +carlista, había sido escribano. + +Se encontraron en el camino a un muchacho de este pueblo que iba a +Echarri-Aranaz y en su compañía tomaron por un camino de herradura que +bordeaba la sierra de Aralar. + +Hablaron los tres de la marcha de la guerra, y el chico contó una +anécdota de Dorronsoro, que no dejaba de tener gracia. Se había +presentado a él un señorito de San Sebastián, de familia carlista, de +los que llamaban hojalateros, muy gordo y muy lucio. + +--Mire usted, don Miguel--había dicho al ex escribano--, yo soy muy +carlista y mi familia también lo es; quisiera servir a don Carlos, pero, +ya ve usted, no estoy para andar por el monte y desearía entrar en las +oficinas. + +--Bueno, ya veré si encuentro algo--le dijo Dorronsoro--; vuelva usted +mañana. + +Volvió al día siguiente el señorito y preguntó: + +--¿Qué, ha encontrado usted algo? + +--Sí, ya comprendo que no puede usted salir al monte; de manera que +entrará usted en las oficinas... y pagará usted tres pesetas al día. + +Celebraron Martín y Bautista la decisión de Dorronsoro. Por la noche +llegaron al valle de Araquil y se detuvieron en Echarri-Aranaz. + +Entraron en la cocina de la venta a calentarse al fuego. Allí, en vez de +las historias del buen truhán Fernando de Amezqueta, tuvieron que oir, +contada por una vieja, la historia de don Teodosio de Goñi, un caballero +navarro que, después de haber matado a su padre y a su madre, engañado +por el Diablo, se fué de penitencia al monte con una cadena al pie, +hasta que, pasados muchos años y siendo don Teodosio viejo, se le +presentó un dragón, y ya iba a devorarle, cuando apareció el arcángel +San Miguel y mató al dragón y rompió las cadenas al caballero. + +A Bautista y a Martín les parecieron más entretenidas que esta tonta +historia de dragones y de santos las ocurrencias del buen Fernando de +Amezqueta. + +Estaban oyendo los comentarios a la vida de don Teodosio, cuando se +presentó en la venta un señor rubio, que, al ver a Bautista y a Martín, +se les quedó mirando atentamente. + +--¡Pero son ustedes! + +--Usted es el de... + +--El mismo. + +Era el extranjero a quien habían libertado de las garras del cura. + +--¿A qué vienen ustedes por aquí?--preguntó el extranjero. + +--Vamos a Estella. + +--¿De veras? + +--Sí. + +--Yo también. Iremos juntos. ¿Conocen ustedes el camino? + +--No. + +--Yo sí. He estado ya una vez. + +--Pero, ¿qué hace usted andando siempre por estos parajes?--le preguntó +Martín. + +--Es mi oficio--le dijo el extranjero. + +--Pues, ¿qué es usted, si se puede saber? + +--Soy periodista. La fuga aquella me sirvió para hacer un artículo +interesantísimo. Hablaba de ustedes dos y de aquella señorita morena. +¡Qué chica más valiente, eh! + +--Ya lo creo. + +--Pues, si no tienen ustedes reparo, iremos juntos a Estella. + +--¿Reparo? Al revés. Satisfacción y grande. + +Quedaron de acuerdo en marchar juntos. + +A las siete de la mañana, hora en que empezó a aclarar, salieron los +tres, atravesaron el túnel de Lizárraga y comenzaron a descender hacia +la llanada de Estella. El extranjero montaba en un borriquillo, que +marchaba casi más deprisa que los matalones en que iban Martín y +Bautista. El camino serpenteaba subiendo el desnivel de la sierra de +Andía. + +Atravesaron posiciones ocupadas por batallones carlistas. Entre los +jefes había muchos extranjeros con flamantes uniformes austríacos, +italianos y franceses, un tanto carnavalescos. + +A media tarde comieron en Lezaun y, arreando las caballerías, pasaron +por Abarzuza. El extranjero explicó al paso la posición respectiva de +liberales y carlistas en la batalla de Monte Muru y el sitio donde se +desarrolló lo más fuerte de la acción, en la que murió el general +Concha. + +Al anochecer llegaron cerca de Estella. + +Mucho antes de entrar en la corte carlista encontraron una compañía con +un teniente que les ordenó detenerse. Mostraron los tres su pasaporte. + +Al llegar cerca del convento de Recoletos, era ya de noche. + +--¿Quién vive?--gritó el centinela. + +--España. + +--¿Qué gente? + +--Paisanos. + +--Adelante. + +Volvieron a mostrar sus documentos al cabo de guardia y entraron en la +ciudad carlista. + + + + +CAPÍTULO IX + +CÓMO MARTÍN Y EL EXTRANJERO PASEARON DE NOCHE POR ESTELLA +Y DE LO QUE HABLARON + + +Pasaron por el portal de Santiago, entraron en la calle Mayor y +preguntaron en la posada si había alojamiento. + +Una muchacha apareció en la escalera. + +--Está la casa llena--dijo--. No hay sitio para tres personas, sólo una +podría quedarse. + +--¿Y las caballerías?--preguntó Bautista. + +--Creo que hay sitio en la cuadra. + +Fué la muchacha a verlo y Martín dijo a Bautista. + +--Puesto que hay sitio para una persona, tú te puedes quedar aquí. Vale +más que estemos separados y que hagamos como si no nos conociéramos. + +--Sí, es verdad--contestó Bautista. + +--Mañana, a la mañana, en la plaza nos encontraremos. + +--Muy bien. + +Vino la muchacha y dijo que había sitio en la cuadra para los jacos. + +Entró Bautista en la casa con las caballerías, y el extranjero y Martín +fueron, preguntando, a otra posada del paseo de los Llanos, donde les +dieron alojamiento. + +Llevaron a Martín a un cuarto desmantelado y polvoriento, en cuyo fondo +había una alcoba estrecha, con las paredes cubiertas de unas manchas +negras de humo. Sin duda los huéspedes mataban las chinches quemándolas +con una vela o con la lamparilla y dejaban estos tranquilizadores +rastros. En el gabinete y en la alcoba olía a cuadra, olor que venía de +las junturas de las maderas del suelo. + +Martín sacó la carta de Levi-Alvarez y el paquete de letras cosido en el +cuero de la bota y separó las ya aceptadas y firmadas, de las otras. +Como estas todas eran para Estella, las encerró en un sobre y escribió: + +«Al general en jefe del ejército carlista.» + +--¿Será prudente--se dijo--entregar estas letras sin garantía alguna? + +No pensó mucho tiempo, porque comprendió enseguida que era una locura +pedir recibo o fianza. + +--La verdad es que, si no quieren firmar, no puedo obligarles, y si me +dan un recibo y luego se les ocurre quitármelo, con prenderme están al +cabo de la calle. Aquí hay que hacer como si a uno le fuera indiferente +la cosa y, si sale bien, aprovecharse de ella, y si no, dejarla. + +Esperó a que se secara el sobre. Salió a la calle. Vió en la calle un +sargento y, después de saludarle, le preguntó: + +--¿Dónde se podrá ver al general? + +--¡A qué general! + +--Al general en jefe. Traigo unas cartas para él. + +--Estará probablemente paseando en la plaza. Venga usted. + +Fueron a la plaza. En los arcos, a la luz de unos faroles tristes de +petróleo, paseaban algunos jefes carlistas. El sargento se acercó al +grupo y, encarándose con uno de ellos, dijo: + +--Mi general. + +--¿Qué hay? + +--Este paisano, que trae unas cartas para el general en jefe. + +Martín se acercó y entregó los sobres. El general carlista se arrimó a +un farol y los abrió. Era el general un hombre alto, flaco, de unos +cincuenta años, de barba negra, con el brazo en cabestrillo. Llevaba una +boina grande de gascón con una borla. + +--¿Quién ha traído esto?--preguntó el general con voz fuerte. + +--Yo--dijo Martín. + +--¿Sabe usted lo que venía aquí dentro? + +--No, señor. + +--¿Quién le ha dado a usted estos sobres? + +--El señor Levi-Alvarez de Bayona. + +--¿Cómo ha venido usted hasta aquí? + +--He ido de San Juan de Luz a Zumaya en barco, de Zumaya aquí a caballo. + +--¿Y no ha tenido usted ningún contratiempo en el camino? + +--Ninguno. + +--Aquí hay algunos papeles que hay que entregar al rey. ¿Quiere usted +entregarlos o que se los entregue yo? + +--No tengo más encargo que dar estos sobres y, si hay contestación, +volverla a Bayona. + +--¿No es usted carlista?--preguntó el general, sorprendido del tono de +indiferencia de Martín. + +--Vivo en Francia y soy comerciante. + +--Ah, vamos, es usted francés. + +Martín calló. + +--¿Dónde para usted?--siguió preguntando el general. + +--En una posada de ese paseo... + +--¿Del paseo de los Llanos? + +--Creo que sí. Así se llama. + +--¿Hay una administración de coches en el portal? ¿No? + +--Sí, señor. + +--Entonces, es la misma, ¿Piensa usted estar muchos días en Estella? + +--Hasta que me digan si hay contestación o no. + +--¿Cómo se llama usted? + +--Martín Tellagorri. + +--Está bien. Puede usted retirarse. + +Saludó Martín y se fué a la posada. A la puerta se encontró con el +extranjero. + +--¿Dónde se mete usted?--le dijo--. Le andaba buscando. + +--He ido a ver al general en jefe. + +--¿De veras? + +--Sí. + +--¿Y le ha visto usted? + +--Ya lo creo. Y le he dado las cartas que traía para él. + +--¡Demonio! Eso sí que es ir de prisa. No le quisiera tener a usted de +rival en un periódico. ¿Qué le ha dicho a usted? + +--Ha estado muy amable. + +--Tenga usted cuidado, por si acaso. Mire usted que estos son unos +bandidos. + +--Le he indicado que soy francés. + +--Bah, no importa. Este verano han fusilado a un periodista alemán amigo +mío. Tenga usted cuidado. + +--¡Oh! Lo tendré. + +--Ahora, vamos a cenar. + +Subieron las escaleras y entraron en una cocina grande. + +Varios paisanos y soldados, congregados allí, charlaban. Se sentaron a +cenar a una mesa larga, iluminada por un velón de varios mecheros que +colgaba del techo. + +Un hombre viejo, bajito, que presidía la mesa, se quitó la boina y +comenzó a rezar; todos los comensales hicieron lo mismo, menos el +extranjero a quien advirtió Martín de su olvido y que, al darse cuenta, +se quitó apresuradamente la gorra. + +En el transcurso de la cena, el hombre bajito habló más que nadie. Era +navarro de la Ribera. Tenía un tipo repulsivo, chato, de mirada oblicua, +pómulos salientes, la boina pequeña echada sobre los ojos, como si +instintivamente quisiera ocultar su mirada. Defendía la conducta del +cabecilla asesino Rosas Samaniego, que estaba entonces preso en Estella, +y le parecía poca cosa el echar a los hombres por la sima de Igusquiza, +tratándose de liberales y de hombres que blasfemaban de su Dios y de su +religión. + +Contó el tal viejo varias historias de la guerra carlista anterior. Una +de ellas era verdaderamente odiosa y cobarde. Una vez cerca de un río, +yendo con la partida, se encontraron con diez o doce soldados jovencitos +que lavaban sus camisas en el agua. + +--A bayonetazos acabamos con todos--dijo el hombre sonriendo, luego +añadió hipócritamente--Dios nos lo habrá perdonado. + +Durante la cena, el repulsivo viejo estuvo contando hazañas por el +estilo. Aquel tipo miserable y siniestro era fanático, violento y +cobarde, se recreaba contando sus fechorías, manifestaba crueldad +bastante para disimular su cobardía, tosquedad para darla como franqueza +y ruindad para darle el carácter de habilidad. Tenía la doble +bestialidad de ser fanático y de ser carlista. + +Este desagradable y antipático personaje se puso después a clasificar +los batallones carlistas según su valor; primero eran los navarros, como +era natural, siendo él navarro, luego los castellanos, después los +alaveses, luego los guipuzcoanos y al último los vizcaínos. + +Por el curso de la conversación se veía que había allá un ambiente de +odios terribles; navarros, vascongados, alaveses, aragoneses y +castellanos se odiaban a muerte. Todo ese fondo cabileño que duerme en +el instinto provincial español estaba despierto. Unos se reprochaban a +otros el ser cobardes, granujas y ladrones. + +Martín se ahogaba en aquel antro, y sin tomar el postre, se levantó de +la mesa para marcharse. El extranjero le siguió y salieron los dos a la +calle. + +Lloviznaba. En algunas tabernas obscuras, a la luz de un quinqué de +petróleo, se veían grupos de soldados. Se oía el rasguear de la +guitarra; de cuando en cuando una voz cantaba la jota, en la calle +negra y silenciosa. + +--Ya me está a mí cargando esta canción estólida--murmuró Martín. + +--¿Cuál?--preguntó el extranjero. + +--La jota. La encuentro como una cosa petulante. Me parece que le estoy +oyendo hablar a ese viejo navarro de la posada. El que la canta quiere +decir: «Yo soy más valiente que nadie, más noble que nadie, mas heroico +que nadie.» + +--¿Y estos no son más valientes que los demás españoles?--preguntó el +extranjero maliciosamente. + +--No lo sé; yo no lo creo, por lo menos. Yo, ahora mismo, si tuviera +quinientos hombres tomaba Estella por asalto y le pegaba fuego. + +--¡Ja! ¡Ja! Es usted un hombre extraordinario. + +--Es que lo digo porque lo creo. + +Yo también lo creo, y siento que no tenga usted los quinientos hombres. +¿Y que decía usted de la gente del Ebro? + +--Nada, que han decidido ellos mismos que son los únicos francos, los +únicos leales, porque hablan muy en bruto y cantan la jota. + +--¿De manera que para usted este canto es como una falsificación del +valor y de la energía? + +--Sí, algo así. + +--Está bien. Lo diré en mi próxima crónica. ¿No le parece a usted mal +que me sirva de sus opiniones? + +--De ningún modo, porque a mí no me sirven para nada. + +Siguieron paseando, pero al alejarse un poco, un centinela les dió el +alto y volvieron a la plaza. Se hallaba ésta solitaria. + +Dieron varias vueltas y un sereno les saludó y les dijo: + +--¿Qué hacen ustedes aquí? + +--¿No se puede pasear?--preguntó Zalacaín. + +--Hombre, sí; pero no es una hora muy a propósito. + +--Es que hemos cenado tarde y estábamos dando una vuelta--dijo el +extranjero--no quisiéramos acostarnos tan pronto. + +--¿Por qué no van ustedes allí?--dijo el sereno, señalando los balcones +de una casa que brillaban iluminados. + +--¿Qué es lo que hay allí?--preguntó Martín. + +--El Casino--contestó el sereno. + +--¿Y qué hacen ahora?--dijo el extranjero. + +--Estarán jugando. + +Se despidieron del vigilante nocturno y dejaron la plaza. + +Después, dando un rodeo, salieron al paseo de Los Llanos. Una campana de +un convento comenzó a tocar. + +--Juego, campanas, carlismo y jota. ¡Qué español es esto, mi querido +Martín!--dijo el extranjero. + +--Pues yo también soy español y todo eso me es muy antipático--contestó +Martín. + +--Sin embargo, son los caracteres que constituyen la tradición de su +país--dijo el extranjero. + +--Mi país es el monte--contestó Zalacaín. + + + + +CAPÍTULO X + +CÓMO TRANSCURRIÓ EL SEGUNDO DÍA EN ESTELLA + + +Conformes Martín y Bautista, se encontraron en la plaza. Martín +consideró que no convenía que le viesen hablar con su cuñado, y para +decir lo hecho por él la noche anterior escribió en un papel su +entrevista con el general. + +Luego se fué a la plaza. Tocaba la charanga. Había unos soldados +formados. En el balcón de una casa pequeña, enfrente de la iglesia de +San Juan, estaba don Carlos con algunos de sus oficiales. + +Esperó Martín a ver a Bautista y cuando le vió le dijo: + +--Que no nos vean juntos--y le entregó el papel. + +Bautista se alejó, y poco después se acercó de nuevo a Martín y le dió +otro pedazo de papel. + +--¿Qué pasará?--se dijo Martín. + +Se fué de la plaza, y cuando se vió solo, leyó el papel de Bautista que +decía: + +_Ten cuidado. Está aquí el Cacho de sargento. No andes por el centro +del pueblo_. + +La advertencia de Bautista la consideró Martín de gran importancia. +Sabía que el Cacho le odiaba y que colocado en una posición superior, +podía vengar sus antiguos rencores con toda la saña de aquel hombre +pequeño, violento y colérico. + +Martín pasó por el puente del Azucarero contemplando el agua verdosa del +río. Al llegar a la plazoleta donde comienza la Rua Mayor del pueblo +viejo, Martín se detuvo frente al palacio del duque de Granada, +convertido en cárcel, a contemplar una fuente con un león tenante en +medio, en cuyas garras sujeta un escudo de Navarra. + +Estaba allí parado, cuando vió que se le acercaba el extranjero. + +--¡Hola, querido Martín!--le dijo. + +--¡Hola! ¡Buenos días! + +--¿Va usted a echar un vistazo por este viejo barrio? + +--Sí. + +--Pues iré con usted. + +Tomaron por la Rua Mayor, la calle principal del pueblo antiguo. A un +lado y a otro se levantaban hermosas casas de piedra amarilla, con +escudos y figuras tallados. + +Luego, terminada la Rua, siguieron por la calle de Curtidores. Las +antiguas casas solariegas mostraban sus grandes puertas cerradas; en +algunos portales, convertidos en talleres de curtidores, se veían filas +de pellejos colgados y en el fondo el agua casi inmóvil del río Ega, +verdosa y turbia. + +Al final de esta calle se encontraron con la iglesia del Santo Sepulcro +y se pararon a contemplarla. A Martín le pareció aquella portada de +piedra amarilla, con sus santos desnarigados a pedradas, una cosa algo +grotesca, pero el extranjero aseguró que era magnífica. + +--¿De veras?--preguntó Martín. + +--¡Oh! ¡Ya lo creo! + +--¿Y la habrá hecho la gente de aquí?--preguntó Martín. + +--¿Le parece a usted imposible que los de Estella hagan una cosa +buena?--preguntó riendo el extranjero. + +--¡Qué sé yo! No me parece que en este pueblo se haya inventado la +pólvora. + +En una calle transversal, las paredes de las antiguas casas hidalgas +derrumbadas servían de cerca para los jardines. No se alejaron más +porque a pocos pasos estaba ya la guardia. Volvieron y subieron a San +Pedro de la Rua, iglesia colocada en un alto, a la cual se llegaba por +unas escaleras desgastadas, entre cuyas losas crecía la hierba. + +--Sentémonos aquí un momento--dijo el extranjero. + +--Bueno, como usted quiera. + +Desde allí se veía casi todo Estella, y los montes que le rodean, abajo +el tejado de la cárcel y en un alto la ermita del Puy. Una vieja +limpiaba las escaleras de piedra de la iglesia con una escoba y cantaba +a voz en grito: + + ¡Adiós los Llanos de Estella. + San Benito y Santa Clara, + Convento de Recoletos + donde yo me paseaba! + +--Ya ve usted--dijo el extranjero--que, aunque a usted le parezca este +pueblo tan desagradable, hay gente que le tiene cariño. + +--¿Quién?--dijo Martín. + +--El que ha inventado esa canción. + +--Era un hombre de mal gusto. + +La vieja se acercó al extranjero y a Martín y entabló conversación con +ellos. Era una mujer pequeña, de ojos vivos y tez tostada. + +--¿Usted será carlista? ¿Eh?--le preguntó el extranjero. + +--Ya lo creo. En Estella todos somos carlistas y tenemos la seguridad de +que vendrá don Carlos con ayuda de Dios. + +--Sí, es muy probable. + +--¿Cómo probable?--exclamó la vieja--. Es seguro. ¿Usted no será de +aquí? + +--No, no soy español. + +--Ah, vamos. + +Y la vieja, después de mirarle con curiosidad, siguió barriendo las +escaleras. + +--Creo que le ha tenido a usted lástima al saber que no es usted +español--dijo Martín. + +--Sí, parece que sí--contestó el extranjero--. La verdad es que es +triste que por ese estúpido hombre guapo se mate esta pobre gente. + +--¿Por quién lo dice usted, por don Carlos?--preguntó Martín. + +--Sí. + +--¿Usted también cree que no es hombre de talento? + +--¡Qué va a ser! Es un tipo vulgar sin ninguna condición. Luego, no +tiene idea de nada. Hablé con él cuando el bombardeo de Irún, y no se +puede usted figurar nada más plano y más opaco. + +--Pues no lo diga usted por ahí, porque le hacen a usted pedazos. Estos +bestias están dispuestos a morir por su rey. + +--Oh, no lo diría. Además ¿para qué? No había de convencer a nadie; unos +son fanáticos y otros aventureros y ninguno está dispuesto a dejarse +persuadir. Pero no crea usted que todos tienen un gran respeto ni por +don Carlos ni por sus generales. ¿No ha oído usted en la posada que +hablan algunas veces de don Bobo? pues se refieren al Pretendiente. + +Vieron el extranjero y Martín las otras iglesias del pueblo, la Peña de +los Castillos y la parroquia de Santa María, y volvieron a comer. + +Afortunadamente, el viejecillo antipático no se sentaba a la mesa y en +cambio estaban un legitimista francés, el conde de Haussonville, de la +legación extranjera, y un joven comandante carlista llamado Iceta. + +El conde de Haussonville fué la alegría de la mesa. El conde, hombre de +unos cuarenta años, alto, grueso, derecho, rubio, hablaba en un +castellano grotesco. + +Lo verdaderamente gracioso de Haussonville era su apetito voraz. Todo lo +que le daban de comer no le servía más que de aperitivo. Había venido +desde Caspe llevando prisionero a un brigadier valenciano carlista a que +conpareciera ante el Estado Mayor de don Carlos, y contaba su expedición +de tal manera que hacía morirse de risa a todos. + +Explicó su estancia en un pueblo, con el batallón metido en una iglesia, +sin poder moverse por estar los caminos intransitables por la nieve, no +comiendo más que habichuelas y teniendo por retrete un confesionario, y +dió tales detalles, que todo el mundo reía a carcajadas. + +--Un día, sobre todo, nos trajeron sidra--dijo el francés--y entre la +sidra y las habichuelas se nos armó una, que tuvimos que hacer cola +delante del confesionario. Pocas veces se ha visto una congregación de +fieles tan apenados para entrar en el confesionario como nosotros. Jefes +y soldados íbamos con gran dolor de corazón a cantar nuestra canción de +las habichuelas a la pequeña garita del señor cura. + +Después de maldecir de la alimentación leguminosa y de la alimentación +_patatosa_, habló del resto del viaje. + +Cada pueblo del tránsito le parecía una estación de calvario para su +estómago hambriento; recordaba las aldeas por lo que había comido, o +mejor dicho, por lo que había ayunado; aquí habían dado por toda comida +un caldo de berzas, allá por cena una colación de verduras cocidas; y +para colmo de desdichas, estaba alojado en Estella en casa de unas +viejas solteronas y por la mañana le daban chocolate con agua, por la +tarde cocido, y de noche una sopa de ajo infame. + +--Y siempre, siempre, poco--decía Haussonville, levantando los brazos al +cielo. + +Iceta era un aventurero. Había estado al principio en la guerra, luego +se fué a una república americana, tomó parte en una revolución y +después, expulsado de allí por rebelde, volvía al ejército carlista, en +donde estaba ya violento y deseando marcharse. + +Siguiéndole a todas partes como amigo y asesor, iba un antiguo criado +suyo que se llamaba Asensio, pero a quien se le conocía por estos dos +motes: Asensio Lapurrá (Asensio el Ladrón) y Asenchio Araguiarrapatzallia +(Asensio el decomisador de carne). + +Este mote lo debía Asensio a haber sido consumero en su pueblo. + +Asensio era graciosísimo hablando castellano; no había palabra que +empleara bien. + +Siempre que tenía que decir andamos, decía andemos; y al contrario, +empleaba vaiga por vaya, y hagáis por haced. + +La conversación entre el conde de Haussonville y Asenchio Lapurrá era de +lo más dislocada y pintoresca. + +--Si aquí hubiera un buen _quenerral_--decía Haussonville--la _querra_ +estaba resuelta. + +--_Pueda, pueda_ que sí--contestaba Asensio. + +--No saben _manecar_ un grande _equercito_, amigo Asensio. + +--Si _supieseis_ de _tática_, otra cosa sería. + +Martín y el extranjero intimaron con Haussonville, con Iceta y con +Asenchio Lapurrá y se rieron a carcajadas con los mil quidprocuos que +resultaban en la conversación del francés y del vasco. + +Asensio había estado en Cuba algún tiempo, de soldado, y contó anécdotas +de aquella tierra. Lo que más le gustaba era hablar de los chinos. + +--Son de _mal_ intención, pero buenos cocineros, eso si. _Digáis_ a un +chino que os haga un arroz. Os hace una cosa _manífica_. Es gente +_raro_. Luego se ponen a _chun, chun, chun_. ¿Y entenderles? nada. ¿A +nosotros? Rabia nos tenían. Y al que cogían _la_ martirizaban. ¡Pse! +Nosotros _tamíen_ algunos _matemos_. + +Martín se reía a carcajadas con las explicaciones de Asenchio Lapurrá. + +Después de comer en la posada, Martín, el extranjero, Iceta, +Haussonville y Asensio fueron a un café de la plaza, donde estuvieron +hablando. Había ejercicios espirituales en la iglesia de San Juan, y una +porción de beatos y de oficiales carlistas iban a la iglesia. + +--¡Qué país!--dijo Haussonville--la gente no hace más que ir a la +iglesia. Todo es para el señor cura: las buenas comidas, las buenas +chicas... Aquí no hay nada que hacer, todo para el señor cura. + +Iceta y Haussonville contemplaban con desprecio aquel tropel de gente +que se encaminaba hacia la iglesia. + +--¡Bestias!--exclamaba Iceta dando puñetazos en la mesa--. No quisiera +más que poder ametrallarlos. + +El francés murmuraba como diciéndoselo a sí mismo: + +--¡España! ¡España! _¡Jamais de la vie!_ Mucha hidalguía, mucha misa, +mucha jota, pero poco alimento. + +--La guerra--añadía Asensio, metiendo la cucharada--es cosa nada +_bueno_. + + + + +CAPÍTULO XI + +CÓMO LOS ACONTECIMIENTOS SE ENREDARON, HASTA EL PUNTO DE QUE +MARTÍN DURMIÓ EL TERCER DÍA DE ESTELLA EN LA CÁRCEL. + + +Al día siguiente, por la noche, iba a acostarse Martín, cuando la +posadera le llamó y le entregó una carta, que decía: + +«Preséntese usted mañana de madrugada en la ermita del Puy, en donde se +le devolverán las letras ya firmadas. El General en Jefe.» Debajo había +una firma ilegible. + +Martín se metió la carta en el bolsillo, y viendo que la posadera no se +marchaba de su cuarto, le preguntó: + +--¿Quería usted algo? + +--Sí; nos han traído dos militares heridos y quisiéramos el cuarto de +usted para uno de ellos. Si usted no tuviera inconveniente, le +trasladaríamos abajo. + +--Bueno, no tengo inconveniente. + +Bajó a un cuarto del piso principal, que era una sala muy grande con dos +alcobas. La sala tenía en medio un altar, iluminado con unas lámparas +tristes de aceite. Martín se acostó; desde su cama veía las luces +oscilantes, pero estas cosas no influían en su imaginación, y quedó +dormido. + +Era más de media noche, cuando se despertó algo sobresaltado. En la +alcoba próxima se oían quejas, alternando con voces de ¡Ay, Dios mío! +¡Ay, Jesús mío! + +--¡Qué demonio será esto!--pensó Martín. + +Miró el reloj. Eran las tres. Se volvió a tender en la cama, pero con +los lamentos no se pudo dormir y le pareció mejor levantarse. Se vistió +y se acercó a la alcoba próxima, y miró por entre las cortinas. Se veía +vagamente a un hombre tendido en la cama. + +--¿Qué le pasa a usted?--preguntó Martín. + +--Estoy herido--murmuró el enfermo. + +--¿Quiere usted alguna cosa? + +--Agua. + +A Martín le dió la impresión de conocer esta voz. Buscó por la sala una +botella de agua, y como no había en el cuarto, fué a la cocina. Al ruido +de sus pasos, la voz de la patrona preguntó: + +--¿Qué pasa? + +--El herido que quiere agua. + +--Voy. + +La patrona apareció en enaguas, y dijo, entregando a Martín una +lamparilla: + +--Alumbre usted. + +Tomaron el agua y volvieron a la sala. Al entrar en la alcoba, Martín +levantó el brazo, con lo que iluminó el rostro del enfermo y el suyo. El +herido tomó el vaso en la mano, é incorporándose y mirando a Martín +comenzó a gritar: + +--¿Eres tú? ¡Canalla! ¡Ladrón! ¡Prendedle! ¡Prendedle! + +El herido era Carlos Ohando. + +Martín dejó la lamparilla sobre la mesa de noche. + +--Márchese usted--dijo la patrona--. Está delirando. + +Martín sabía que no deliraba; se retiró a la sala y escuchó, por si +Carlos contaba alguna cosa a la patrona. Martín esperó en su alcoba. En +la sala, debajo del altar, estaba el equipaje de Ohando, consistente en +un baúl y una maleta. Martín pensó que quizá Carlos guardara alguna +carta de Catalina, y se dijo: + +--Si esta noche encuentro una buena ocasión, descerrajaré el baúl. + +--No la encontró. Iban a dar las cuatro de la mañana, cuando Martín, +envuelto en su capote, se marchó hacia la ermita del Puy. Los carlistas +estaban de maniobras. Llegó al campamento de don Carlos, y, mostrando su +carta, le dejaron pasar. + +--El Señor está con dos Reverendos Padres--le advirtió un oficial. + +--Vayan al diablo el Señor y los Reverendos Padres--refunfuñó +Zalacaín--. La verdad es que este rey es un rey ridículo. + +Esperó Martín a que despachara el Señor con los Reverendos, hasta que el +rozagante Borbón, con su aire de hombre bien cebado, salió de la ermita, +rodeado de su Estado Mayor. Junto al Pretendiente iba una mujer a +caballo, que Martín supuso sería doña Blanca. + +--Ahí está el Rey. Tiene usted que arrodillarse y besarle la mano--dijo +el oficial. + +Zalacaín no replicó. + +--Y darle el título de Majestad. + +Zalacaín no hizo caso. + +Don Carlos no se fijó en Martín y éste se acercó al general, quien le +entregó las letras firmadas. Zalacaín las examinó. Estaban bien. + +En aquel momento, un fraile castrense, con unos gestos de energúmeno, +comenzó a arengar a las tropas. + +Martín, sin que lo notara nadie, se fué alejando de allí y bajó al +pueblo corriendo. El llevar en su bolsillo su fortuna, le hacía ser más +asustadizo que una liebre. + +A la hora en que los soldados formaban en la plaza, se presentó Martín +y, al ver a Bautista, le dijo: + +--Vete a la iglesia y allí hablaremos. + +Entraron los dos en la iglesia, y en una capilla obscura se sentaron en +un banco. + +--Toma las letras--le dijo Martín a Bautista--. ¡Guárdalas! + +--¿Te las han dado ya firmadas? + +--Sí. + +--Hay que prepararse a salir de Estella en seguida. + +--No sé si podremos--dijo Bautista. + +--Aquí estamos en peligro. Además del Cacho, se encuentra en Estella +Carlos Ohando. + +--¿Cómo lo sabes? + +--Porque le he visto. + +--¿En dónde? + +--Está en mi casa herido. + +--¿Y te ha visto él? + +--Sí. + +--Claro, están los dos--exclamó Bautista. + +--¿Cómo los dos? ¿Qué quieres decir con eso? + +--¿Yo? Nada. + +--¿Tú sabes algo? + +--No, hombre, no. + +--O me lo dices, o se lo pregunto al mismo Carlos Ohando. ¿Es que está +aquí Catalina? + +--Sí, está aquí. + +--¿De veras? + +--Sí. + +--¿En dónde? + +--En el convento de Recoletas. + +--¡Encerrada! ¿Y cómo lo sabes tú? + +--Porque la he visto. + +--¡Qué suerte! ¿La has visto? + +--Sí. La he visto y la he hablado. + +--¡Y eso querías ocultarme! Tú no cres amigo mío, Bautista. + +Bautista protestó. + +--¿Y ella sabe que estoy aquí? + +--Sí, lo sabe. + +--¿Cómo se puede verla?--dijo Zalacaín. + +--Suele bordar en el convento, cerca de la ventana, y por la tarde sale +a pasear a la huerta. + +--Bueno. Me voy. Si me ocurre algo, le diré a ese señor extranjero que +vaya a avisarte. Mira a ver si puedes alquilar un coche para marcharnos +de aquí. + +--Lo veré. + +--Lo más pronto que puedas. + +--Bueno. + +--Adiós. + +--Adiós y prudencia. + +Martín salió de la iglesia, tomó por la calle Mayor hacia el convento de +las Recoletas, paseó arriba y abajo, horas y horas sin llegar a ver a +Catalina. Al anochecer tuvo la suerte de verla asomada a una ventana. +Martín levantó la mano, y su novia, haciendo como que no le conocía, se +retiró de la ventana. Martín quedó helado; luego Catalina volvió a +aparecer y lanzó un ovillo de hilo casi a los pies de Martín. Zalacaín +lo recogió; tenía dentro un papel que decía: «A las ocho podemos hablar +un momento. Espera cerca de la puerta de la tapia.» Martín volvió a la +posada, comió con un apetito extraordinario y a las ocho en punto estaba +en la puerta de la tapia esperando. Daban las ocho en el reloj de las +iglesias de Estella, cuando Martín oyó dos golpecitos en la puerta, +Martín contestó del mismo modo. + +--¿Eres tu, Martín?--preguntó Catalina en voz baja. + +--Sí, soy yo. ¿No nos podemos ver? + +--Imposible. + +--Yo me voy a marchar de Estella. ¿Querrás venir conmigo?--pregunto +Martín. + +--Sí; pero ¡cómo salir de aquí! + +--¿Estás dispuesta a hacer todo lo que yo te diga? + +--Si. + +--¿A seguirme a todas partes? + +--A todas partes. + +--¿De veras? + +--Aunque sea a morir. Ahora, vete. ¡Por Dios! No nos sorprendan. + +Martín se había olvidado de todos sus peligros; marchó a su casa y sin +pensar en espionajes entró en la posada a ver a Bautista y le abrazó con +entusiasmo. + +--Pasado mañana--dijo Bautista--tenemos el coche. + +--¿Lo has arreglado todo? + +--Sí. + +Martín salió de casa de su cuñado silbando alegremente. Al llegar cerca +de su posada, dos serenos que parecían estar espiándole se le acercaron +y le mandaron callar de mala manera. + +--¡Hombre! ¿No se puede silbar?--preguntó Martín. + +--No, señor. + +--Bueno. No silbaré. + +--Y si replica usted, va usted a la cárcel. + +--No replico. + +--¡Hala! ¡Hala! A la cárcel. + +Zalacaín vió que buscaban un pretexto para encerrarle y aguantó los +empellones que le dieron, y en medio de los dos serenos entró en la +cárcel. + + + + +CAPÍTULO XII + +EN QUE LOS ACONTECIMIENTOS MARCHAN AL GALOPE + + +Entregaron los serenos a Martín en manos del alcaide, y éste le llevó +hasta un cuarto obscuro con un banco y una cantarilla para el agua. + +--Demonio--exclamó Martín--, aquí hace mucho frío. ¿No hay sitio dónde +dormir? + +--Ahí tiene usted el banco. + +--¿No me podrían traer un jergón y una manta para tenderme? + +--Si paga usted... + +--Pagaré lo que sea. Que me traigan un jergón y dos mantas. + +El alcaide se fué, dejando a obscuras a Martín, y vino poco después con +un jergón y las mantas pedidas. Le dió Martín un duro, y el carcelero, +amansado, le preguntó: + +--¿Qué ha hecho usted para que le traigan aquí? + +--Nada. Venía distraído silbando por la calle. Y me ha dicho el sereno: +«No se silba.» Me he callado, y sin más ni más, me han traído a la +cárcel. + +--¿Usted no se ha resistido? + +--No. + +--Entonces será por otra cosa por lo que le han encerrado. + +Martín dijo que así se lo figuraba también él. Le dió las buenas noches +el carcelero; contestó Zalacaín amablemente, y se tendió en el suelo. + +--Aquí estoy tan seguro como en la posada--se dijo--. Allí me tienen en +sus manos, y aquí también, luego estoy igual. Durmamos. Veremos lo que +se hace mañana. + +A pesar de que su imaginación se le insubordinaba, pudo conciliar el +sueño y descansar profundamente. + +Cuando despertó, vió que entraba un rayo de sol por una alta ventana +iluminando el destartalado zaquizamí. Llamó a la puerta, vino el +carcelero, y le preguntó: + +--¿No le han dicho a usted por qué estoy preso? + +--No. + +--¿De manera que me van a tener encerrado sin motivo? + +--Quizá sea una equivocación. + +--Pues es un consuelo. + +--¡Cosas de la vida! Aquí no le puede pasar a usted nada. + +--¡Si le parece a usted poco estar en la cárcel! + +--Eso no deshonra a nadie. + +Martín se hizo el asustadizo y el tímido, y preguntó: + +--¿Me traerá usted de comer? + +--Sí. ¿Hay hambre, eh? + +--Ya lo creo. + +--¿No querrá usted rancho? + +--No. + +--Pues ahora le traerán la comida.--Y el carcelero se fué, cantando +alegremente. + +Comió Martín lo que le trajeron, se tendió envuelto en la manta, y +después de un momento de siesta, se levantó a tomar una resolución. + +--¿Qué podría hacer yo?--se dijo--. Sobornar al alcaide exigiría mucho +dinero. Llamar a Bautista es comprometerle. Esperar aquí a que me +suelten es exponerme a cárcel perpetua, por lo menos a estar preso hasta +que la guerra termine... Hay que escaparse, no hay más remedio. + +Con esta firme decisión, comenzó a pensar un plan de fuga. Salir por la +puerta era difícil. La puerta, además de ser fuerte, se cerraba por +fuera con llave y cerrojo. Después, aun en el caso de aprovechar una +ocasión y poder salir de allá, quedaba por recorrer un pasillo largo y +luego unas escaleras... Imposible. + +Había que escapar por la ventana. Era el único recurso. + +--¿A dónde dará esto?--se dijo. + +Arrimó el banco a la pared, se subió a él, se agarró a los barrotes y a +pulso se levantó hasta poder mirar por la reja. Daba el ventanillo a la +plaza de la fuente, en donde el día anterior se había encontrado con el +extranjero. + +Saltó al suelo y se sentó en el banco. La reja, era alta, pequeña, con +tres barrotes sin travesaño. + +--Arrancando uno, quizá puediera pasar--se dijo Martín--. Y esto no +sería difícil... luego necesitaría una cuerda. ¿De dónde sacaría yo una +cuerda?... La manta... la manta cortada en liras me podía servir... + +No tenía mas instrumento que un cortaplumas pequeño. + +--Hay que ver la solidez de la reja--murmuró. + +Volvió a subir. Se hallaba la reja empotrada en la pared, pero no tenía +gran resistencia. + +Los barrotes estaban sujetos por un marco de madera, y el marco en un +extremo se hallaba apolillado. Martín supuso que no sería difícil romper +la madera y quitar el barrote de un lado. + +Cortó una tira de la manta y pasándola por el barrote de en medio y +atándole después por los extremos formó una abrazadera y metió dos patas +del banco en este anillo y las otras dos las sujetó en el suelo. + +Contaba así con una especie de plano inclinado para llegar a la reja. +Subió por él deslizándose, se agarró con la mano izquierda a un barrote +y con la derecha armada del cortaplumas, comenzó a roer la madera del +marco. + +La postura no era cómoda, ni mucho menos, pero la constancia de Zalacaín +no cejaba, y tras de una hora de rudo trabajo, logró arrancar el barrote +de su alvéolo. + +Cuando lo tuvo ya suelto, lo volvió a poner como antes, quitó el banco +de su posición oblicua, ocultó las astillas arrancadas del marco de la +ventana en el jergón, y esperó la noche. + +El carcelero le llevó la cena, y Martín le preguntó con empeño si no +habían dispuesto nada respecto a él, si pensaban tenerlo encerrado sin +motivo alguno. + +El carcelero se encogió de hombros y se retiró en seguida tarareando. + +Inmediatamente que Zalacaín se vió solo, puso manos a la obra. + +Tenía la absoluta seguridad de poderse escapar. Sacó el cortaplumas y +comenzó a cortar las dos mantas de arriba abajo. Hecho esto, fué atando +las tiras una a otra hasta formar una cuerda de quince brazas. Era lo +que necesitaba. + +Después pensó dejar un recuerdo alegre y divertido en la cárcel. Cogió +la cantarilla del agua y le puso su boina y la dejó envuelta en el trozo +que quedaba de manta. + +--Cuando se asome el carcelero podrá creer que sigo aquí durmiendo. Si +gano con esto un par de horas, me pueden servir admirablemente para +escaparme. + +Contempló el bulto con una sonrisa, luego subió a la reja, ató un cabo +de la cuerda a los dos barrotes y el otro extremo lo echó fuera poco a +poco. Cuando toda la cuerda quedó a lo largo de la pared, pasó el cuerpo +con mil trabajos por la abertura, que dejaba el barrote arrancado, y +comenzó a descolgarse resbalándose por el muro. + +Cruzó por delante de una ventana iluminada. Vió a alguien que se movía a +través de un cristal. Estaba a cuatro o cinco metros de la calle, cuando +oyó ruido de pasos. Se detuvo en su descenso y ya comenzaban a dejar de +oirse los pasos cuando cayó a tierra, metiendo algún estrépito. + +Uno de los nudos debía de haberse soltado porque le quedaba un trozo de +cuerda entre los dedos. Se levantó. + +--No hay avería. No me he hecho nada--se dijo--. Al pasar por cerca de +la fuente de la plaza tiró el resto de la cuerda al agua. Luego, +deprisa, se dirigió por la calle de la Rua. + +Iba marchando volviéndose para mirar atrás, cuando vió a la luz de un +farol que oscilaba colgando de una cuerda dos hombres armados con +fusiles, cuyas bayonetas brillaban de un modo siniestro. Estos hombres +sin duda le seguían. Si se alejaba iba a dar a la guardia de +extra-muros. No sabiendo qué hacer y viendo un portal abierto, entró en +él, y empujando suavemente la puerta, la cerró. + +Oyó el ruido de los pasos de los hombres en la acera. Esperó a que +dejaran de oirse, y cuando estaba dispuesto a salir, bajó una mujer +vieja al zaguán y echó la llave y el cerrojo de la puerta. + +Martín se quedó encerrado. Volvieron a oirse los pasos de los que le +perseguían. + +--No se van--pensó. + +Efectivamente, no sólo no se fueron, sino que llamaron en la casa con +dos aldabonazos. + +Apareció de nuevo la vieja con un farol y se puso al habla con los de +fuera sin abrir. + +--¿Ha entrado aquí algún hombre?--preguntó uno de los perseguidores. + +--No. + +--¿Quiere usted verlo bien? Somos de la ronda. + +--Aquí no hay nadie. + +--Registre usted el portal. + +Martín, al oir esto, agazapándose, salió del portal y ganó la escalera. +La vieja paseó la luz del farol por todo el zaguán y dijo: + +--No hay nadie, no, no hay nadie. + +Martín pretendió volver al zaguán, pero la vieja puso el farol de tal +modo que iluminaba el comienzo de la escalera. Martín no tuvo más +remedio que retirarse hacia arriba y subir los escalones de dos en dos. + +--Pasaremos aquí la noche--se dijo. + +No había salida alguna. Lo mejor era esperar a que llegase el día y +abriesen la puerta. No quería exponerse a que lo encontraran dentro +estando la casa cerrada, y aguardó hasta muy entrada la mañana. + +Serían cerca de las nueve cuando comenzó a bajar las escaleras +cautelosamente. Al pasar por el primer piso vió en un cuarto muy lujoso, +y extendido sobre un sofá, un uniforme de oficial carlista, con su boina +y su espada. Tenía tal convencimiento Martín de que sólo a fuerza de +audacia se salvaría, que se desnudó con rapidez, se puso el uniforme y +la boina, luego se ciñó la espada, se echó el capote por encima y +comenzó a bajar las escaleras, taconeando. Se encontró con la vieja de +la noche anterior, y al verla la dijo: + +--¿Pero no hay nadie en esta casa? + +--¿Qué quería usted? No le había visto. + +--¿Vive aquí el comandante don Carlos Ohando? + +--No, señor, aquí no vive. + +--¡Muchas gracias! + +Martín salió a la calle, y embozado y con aire conquistador se dirigió a +la posada en donde vivía Bautista. + +--¡Tú!--exclamó Urbide--. ¿De dónde sales con ese uniforme? ¿Qué has +hecho en todo en todo el día de ayer? Estaba intranquilo. ¿Qué pasa? + +--Todo lo contaré. ¿Tienes el coche? + +--Sí, pero... + +--Nada, tráetelo en seguida, lo más pronto que puedas. Pero a escape. + +Martín se sentó a la mesa y escribió con lápiz en un papel: «Querida +hermana. Necesito verte. Estoy herido, gravísimo. Ven inmediatamente en +el coche con mi amigo Zalacaín. Tu hermano, Carlos.» + +Después de escribir el papel, Martín se paseó con impaciencia por el +cuarto. Cada minuto le parecía un siglo. Dos horas larguísimas tuvo que +estar esperando con angustias de muerte. Al fin, cerca de las doce, oyó +un ruido de campanillas. + +Se asomó al balcón. A la puerta aguardaba un coche tirado por cuatro +caballos. Entre éstos distinguió Martín los dos jacos en cuyos lomos +fueron desde Zumaya hasta Estella. El coche, un landó viejo y +destartalado, tenía un cristal y uno de los faroles atado con una +cuerda. + +Bajó las escaleras Martín embozado en la capa, abrió la portezuela del +coche, y dijo a Bautista: + +--Al convento de Recoletas. + +Bautista, sin replicar, se dirigió hacia el sitio indicado. Cuando el +coche se detuvo frente al convento, Bautista, al salir Zalacaín, le +dijo: + +--¿Qué disparate vas a hacer? Reflexiona. + +--¿Tú sabes cuál es el camino de Logroño?--preguntó Martín. + +--Si. + +--Pues toma por allá. + +--Pero... + +--Nada, nada, toma por allá. Al principio marcha despacio, para no +cansar a los caballos, porque luego habrá que correr. + +Hecha esta recomendación, Martín, muy erguido, se dirigió al convento. + +--Aquí va a pasar algo gordo--se dijo Bautista preparándose para la +catástrofe. + +Llamó Martín, entró en el portal, preguntó a la hermana tornera por la +señorita de Ohando y le dijo que necesitaba darle una carta. Le hicieron +pasar al locutorio y se encontró allí con Catalina y una monja gruesa, +que era la superiora. Las saludó profundamente y preguntó: + +--¿La señorita de Ohando? + +--Soy yo. + +--Traigo una carta para usted de su hermano. + +Catalina palideció y le temblaron las manos de la emoción. La superiora, +una mujer gruesa, de color de marfil, con los ojos grandes y obscuros +como dos manchas negras que le cogían la mitad de la cara, y varios +lunares en la barbilla, preguntó: + +--¿Qué pasa? ¿Qué dice ese papel? + +--Dice que mi hermano está grave... que vaya--balbuceó Catalina. + +--¿Está tan grave?--preguntó la superiora a Martín. + +--Si, creo que sí. + +--¿En dónde se encuentra? + +--En una casa de la carretera de Logroño--dijo Martín. + +--¿Hacia Azqueta quizá? + +--Sí, cerca de Azqueta. Le han herido en un reconocimiento. + +--Bueno. Vamos--dijo la superiora--. Que venga también el señor Benito +el demandadero. + +Martín no se opuso y esperó a que se preparasen para acompañarlas. Al +salir los cuatro a tomar el coche y al verles Bautista desde lo alto del +pescante, no pudo menos de hacer una mueca de asombro. El demandadero +montó junto a él. + +--Vamos--dijo Martín a Bautista. + +El coche partió; la misma superiora bajó las cortinas y sacando un +rosario comenzó a rezar. Recorrió el coche la calle Mayor, atravesó el +puente del Azucarero, la calle de San Nicolás, y tomó por la carretera +de Logroño. + +Al salir del pueblo, una patrulla carlista se acercó al coche. Alguien +abrió la portezuela y la volvió a cerrar en seguida. + +--Va la madre superiora de las Recoletas a visitar a un enfermo--dijo el +demandadero con voz gangosa. + +El coche siguió adelante al trote lento de los caballos. Lloviznaba, la +noche estaba negra, no brillaba ni una estrella en el cielo. Se pasó +una aldea, luego otra. + +--¡Qué lentitud!--exclamó la monja. + +--Es que los caballos son muy malos--contestó Martín. + +Pasaron deprisa otra aldea, y cuando no tenían delante ni atrás pueblos +ni casas próximos, Bautista aminoró la marcha. Comenzaba a anochecer. + +--¿Pero qué pasa?--dijo de pronto la superiora--. ¿No llegamos todavía? + +--Pasa, señora--contestó Zalacaín--que tenemos que seguir adelante. + +--¿Y por qué? + +--Hay esa orden. + +--¿Y quién ha dado esa orden? + +--Es un secreto. + +--Pues hagan el favor de parar el coche, porque voy a bajar. + +--Si quiere usted bajar sola, puede usted hacerlo. + +--No, iré con Catalina. + +--Imposible. + +La superiora lanzó una mirada furiosa a Catalina, y al ver que bajaba +los ojos, exclamó: + +--¡Ah! Estaban entendidos. + +--Sí, estamos entendidos--contestó Martín--.Esta señorita es mi novia y +no quiere estar en el convento, sino casarse conmigo. + +--No es verdad, yo lo impediré. + +--Usted no lo impedirá porque no podrá impedirlo. + +La superiora se calló. Siguió el coche en su marcha pesada y monótona +por la carretera. Era ya media noche cuando llegaron a la vista de Los +Arcos. + +Doscientos metros antes detuvo Bautista los caballos y saltó del +pescante. + +--Tú--le dijo a Zalacaín en vascuence--tenemos un caballo aspeado, si +pudieras cambiarlo aquí... + +--Intentaremos. + +--Y si se pudieran cambiar los dos, sería mejor. + +--Voy a ver. Cuidado con el demandadero y con la monja, que no salgan. + +Desenganchó Martín los caballos y fué con ellos a la venta. + +Le salió al paso una muchacha redondita, muy bonita y de muy mal humor. +Le dijo Martín, lo que necesitaba, y ella replicó que era imposible, que +el amo estaba acostado. + +--Pues hay que despertarle. + +Llamaron al posadero y éste presentó una porción de obstáculos, adujo +toda clase de pretextos, pero al ver el uniforme de Martín se avino a +obedecer y mandó despertar al mozo. El mozo no estaba. + +--Ya ve usted, no está el mozo. + +--Ayúdeme usted, no tenga usted mal genio--le dijo Martín a la muchacha +tomándole la mano y dándole un duro--. Me juego la vida en esto. + +La muchacha guardó el duro en el delantal, y ella misma sacó dos +caballos de la cuadra y fué con ellos cantando alegremente: + + La Virgen del Puy de Estella + le dijo a la del Pilar: + Si tú eres aragonesa + yo soy navarra y con sal. + +Martín pagó al posadero y quedó con él de acuerdo en el sitio en donde +tenía que dejar los caballos en Logroño. + +Entre Bautista, Martín y la moza, reemplazaron el tiro por completo. +Martín acompañó a la muchacha, y cuando la vió sola la estrechó por la +cintura y la besó en la mejilla. + +--¡También usted es posma!--exclamó ella con desgarro. + +--Es que usted es navarra y con sal y yo quiero probar de esa +sal--replicó Martín. + +--Pues tenga usted cuidado no le haga daño. + +--¿Quién lleva usted en el coche? + +--Unas viejas. + +--¿Volverá usted por aquí? + +--En cuanto pueda. + +--Pues, adiós. + +--Adiós, hermosa. Oiga usted. Si le preguntan por donde hemos ido diga +usted que nos hemos quedado aquí. + +--Bueno, así lo haré. + +El coche pasó por delante de Los Arcos. Al llegar cerca de Sansol, +cuatro hombres se plantaron en el camino. + +--¡Alto!--gritó uno de ellos que llevaba un farol. + +Martín saltó del coche y desenvainó la espada. + +--¿Quién es?--preguntó. + +--Voluntarios realistas--dijeron ellos. + +--¿Qué quieren? + +--Ver si tienen ustedes pasaporte. + +Martín sacó salvoconducto y lo enseñó. Un viejo, de aire respetable, +tomó el papel y se puso a leerlo. + +--¿No vé usted que soy oficial?--preguntó Martín. + +--No importa--replicó el viejo--. ¿Quién va adentro? + +--Dos madres recoletas que marchan a Logroño. + +--¿No saben ustedes que en Viana están los liberales?--preguntó el +viejo. + +--No importa, pasaremos. + +--Vamos a ver a esas señoras--murmuró el vejete. + +--¡Eh, Bautista! Ten cuidado--dijo Martín en vasco. + +Descendió Urbide del pescante y tras él saltó el demandadero. El viejo +jefe de la patrulla abrió la portezuela del coche y echó la luz del +farol al rostro de las viajeras. + +--¿Quiénes son ustedes?--preguntó la superiora con presteza. + +--Somos voluntarios de Carlos VII. + +--Entonces que nos detengan. Estos hombres nos llevan secuestradas. + +No acababa de decir esto cuando Martín dió una patada al farol que +llevaba el viejo, y después de un empujón echó al anciano respetable a +la cuneta de la carretera. Bautista arrancó el fusil a otro de la ronda, +y el demandadero se vió acometido por dos hombres a la vez. + +--¡Pero si yo no soy de estos. Yo soy carlista--gritó el demandadero. + +Los hombres, convencidos, se echaron sobre Zalacaín, éste cerró contra +los dos; uno de los voluntarios le dió un bayonetazo en el hombro +izquierdo, y Martín, furioso por el dolor, le tiró una estocada que le +atravesó de parte a parte. + +La patrulla se había declarado en fuga, dejando un fusil en el suelo. + +--¿Estás herido?--preguntó Bautista a su cuñado. + +--Sí, pero creo que no es nada. Hala, vámonos. + +--¿Llevamos este fusil? + +--Sí, quítale la cartuchera a ese que yo he tumbado, y vamos andando. + +Bautista entregó un fusil y una pistola a Martín. + +--Vamos, ¡adentro!--dijo Martín al demandadero. + +Éste se metió temblando en el coche que partió, llevado al galope por +los caballos. Pasaron por en medio de un pueblo. Algunas ventanas se +abrieron y salieron los vecinos, creyendo sin duda que pasaba un furgón +de artillería. A la media hora Bautista se paró. Se había roto una +correa y tuvieron que arreglarla, haciéndole un agujero con el +cortaplumas. Estaba cayendo un chaparrón que convertía la carretera en +un barrizal. + +--Habrá que ir más despacio--dijo Martín. + +Efectivamente, comenzaron a marchar más despacio, pero al cabo de un +cuarto de hora se oyó a lo lejos como un galope de caballos. Martín se +asomó a la ventana; indudablemente los perseguían. + +El ruido de las herraduras se iba acercando por momentos. + +--¡Alto! ¡Alto!--se oyó gritar. + +Bautista azotó los caballos y el coche tomó una una carrera vertiginosa. +Al llegar a las curvas, el viejo landó se torcía y rechinaba como si +fuera a hacerse pedazos. La superiora y Catalina rezaban; el demandadero +gemía en el fondo del coche. + +--¡Alto! ¡Alto!--gritaron de nuevo. + +--¡Adelante, Bautista! ¡Adelante!--dijo Martín, sacando la cabeza por la +ventanilla. + +En aquel momento sonó un tiro, y una bala pasó silbando a poca +distancia. Martín cargó la pistola, vió un caballo y un ginete que se +acercaban al coche, hizo fuego y el caballo cayó pesadamente al suelo. +Los perseguidores dispararon sobre el coche que fué atravesado por las +balas. Entonces Martín cargó el fusil y, sacando el cuerpo por la +ventanilla, comenzó a hacer disparos atendiendo al ruido de las pisadas +de los caballos; los que les seguían disparaban también, pero la noche +estaba negra y ni Martín ni los perseguidores afinaban la puntería. +Bautista, agazapado en el pescante, llevaba los caballos al galope; +ninguno de los animales estaba herido, la cosa iba bien. + +Al amanecer cesó la persecución. Ya no se veía a nadie en la carretera. + +--Creo que podemos parar--gritó Bautista--. ¿Eh? Llevamos otra vez el +tiro roto. ¿Paramos? + +--Sí, para--dijo Martín--; no se ve a nadie. + +Paró Bautista, y tuvieron que componer de nuevo otra correa. + +El demandadero rezaba y gemía en el coche; Zalacaín le hizo salir de +dentro a empujones. + +--Anda, al pescante--le dijo--. ¿Es que tú no tienes sangre en las +venas, sacristán de los demonios?--le preguntó. + +--Yo soy pacífico y no me gusta mezclarme en estas cosas ni hacer daño a +nadie--contestó refunfuñando. + +--¿No serás tú una monja disfrazada? + +--No, soy un hombre. + +--¿No te habrás equivocado? + +--No, soy un hombre, un pobre hombre, si le parece a usted mejor. + +--Eso no impedirá que te metan unas píldoras de plomo en esa grasa fría +que forma tu cuerpo. + +--¡Qué horror! + +--Por eso debes comprender, hombre linfático, que cuando se encuentra +uno en el caso de morir o de matar, no puede uno andarse con tonterías +ni con rezos. + +Las palabras rudas de Martín reanimaron un poco al demandadero. + +Al subir Bautista al pescante, le dijo Martín: + +--¿Quieres que guíe yo ahora? + +--No, no. Yo voy bien. Y tú, ¿cómo tienes la herida? + +--No debe de ser nada. + +--¿Vamos a verla? + +--Luego, luego; no hay que perder tiempo. + +Martín abrió la portezuela, y, al sentarse, dirigiéndose a la superiora, +dijo: + +--Respecto a usted, señora, si vuelve usted a chillar, la voy a atar a +un árbol y a dejarla en la carretera. + +Catalina, asustadísima, lloraba. Bautista subió al pescante y el +demandadero con él. Comenzó el carruaje a marchar despacio, pero, al +poco tiempo, volvieron a oirse como pisadas de caballos. + +Ya no quedaban municiones; los caballos del coche estaban cansados. + +--Vamos, Bautista, un esfuerzo--grito Martín, sacando la cabeza por la +ventanilla--. ¡Así! Echando chispas. + +Bautista, excitado, gritaba y chasqueaba el látigo. El coche pasaba con +la rapidez de una exhalación, y pronto dejó de oirse detrás el ruido de +pisadas de caballos. + +Ya estaba clareando; nubarrones de plomo corrían a impulsos del viento, +y en el fondo del cielo rojizo y triste del alba se adivinaba un pueblo +en un alto. Debía de ser Viana. + +Al acercarse a él, el coche tropezó con una piedra, se soltó una de las +ruedas, la caja se inclinó y vino a tierra. Todos los viajeros cayeron +revueltos en el barro. Martín se levantó primero y tomó en brazos a +Catalina. + +--¿Tienes algo?--la dijo. + +--No, creo que no--contestó ella, gimiendo. + +La superiora se había hecho un chichón en la trente y el demandadero +dislocado una muñeca. + +--No hay averías importantes--dijo Martín--.¡Adelante! + +Los viajeros entonaban un coro de quejas y de lamentos. + +--Desengancharemos y montaremos a caballo--dijo Bautista. + +--Yo no. Yo no me muevo de aquí--replicó la superiora. + +La llegada del coche y su batacazo no habían pasado inadvertidos, +porque, pocos momentos después, avanzó del lado de Viana media compañía +de soldados. + +--Son los _guiris_--dijo Bautista a Martín. + +--Me alegro. + +La media compañía se acercó al grupo. + +--¡Alto!--gritó el sargento--. ¿Quién vive? + +--España. + +--Daos prisioneros. + +--No nos resistimos. + +El sargento y su tropa quedaron asombrados, al ver a un militar +carlista, a dos monjas y a sus acompañantes llenos de barro. + +--Vamos hacia el pueblo--les ordenaron. + +Todos juntos, escoltados por los soldados, llegaron a Viana. + +Un teniente que apareció en la carretera, preguntó: + +--¿Qué hay, sargento? + +--Traemos prisioneros a un general carlista y a dos monjas. + +Martín se preguntó por qué le llamaba el sargento general carlista; +pero, al ver que el teniente le saludaba, comprendió que el uniforme, +cogido por él en Estella, era de un general. + + + + +CAPÍTULO XIII + +CÓMO LLEGARON A LOGROÑO Y LO QUE LES OCURRIÓ + + +Hicieron entrar a todos en el cuerpo de guardia, en donde, tendidos en +camastros, dormían unos cuantos soldados, y otros se calentaban al calor +de un gran brasero. Martín fué tratado con mucha consideración por su +uniforme. Rogó al oficial le dejara estar a Catalina a su lado. + +--¿Es la señora de usted? + +--Sí, es mi mujer. + +El oficial accedió y pasó a los dos a un cuarto destartalado que servía +para los oficiales. + +La superiora, Bautista y el demandadero, no merecieron las mismas +atenciones y quedaron en el cuartelillo. + +Un sargento viejo, andaluz, se amarteló con la superiora y comenzó a +echaría piropos de los clásicos; la dijo que tenía _loz ojoz_ como _doz +luceroz_ y que se parecía a la Virgen de _Conzolación_ de Utrera, y le +contó otra porción de cosas del repertorio de los almanaques. + +A Bautista le dieron tal risa los piropos del andaluz, que comenzó a +reirse con una risa contenida. + +--A ver _zi_ te _callaz_; cochino carca--le dijo el sargento. + +--Si yo no digo nada--replicó Bautista. + +--_Zi_ te _siguez_ riendo _azí_, te voy a _clavá_ como a un _zapo_. + +Bautista tuvo que ir a un rincón a reirse, y la superiora y el sargento +siguieron su conversación. + +Al mediodía llegó un coronel, que al ver a Martín le saludó +militarmente. Martín le contó sus aventuras, pero el coronel al oírlas +frunció las cejas. + +--A estos militares--pensó Martín--no les gusta que un paisano haga +cosas más difíciles que las suyas. + +--Irán ustedes a Logroño y allí veremos si identifican su personalidad. +¿Qué tiene usted? ¿Está usted herido? + +--Sí. + +--Ahora vendrá el físico a reconocerle. + +Efectivamente, llegó un doctor que reconoció a Martín, le vendó, y +redujo la dislocación del mandadero, que gritó y chilló como un +condenado. Después de comer trajeron los caballos del coche, les +obligaron a montar en ellos, y custodiados por toda compañía tomaron el +camino de Logroño. + +Al llegar cerca del puente sobre el Ebro, una porción de lavanderas y +de mujeres de carabineros salieron a ver la extraña comitiva, y varias +de ellas comenzaron a cantar, sobre todo dirigiéndose a la monja: + + Ahora sí que estarás contentona + Carlistona, mandilona; + Ahora sí que estarás contentón + Carlistón, mandilón, cobardón. + +La pobre superiora estaba lívida de rabia. Martín y Bautista se miraban +con cierto cómico estupor. + +En Logroño pararon en el cuartel y un oficial hizo subir a Martín a ver +al general. Le contó Zalacaín sus aventuras, y el general le dijo: + +--Si yo tuviera la seguridad de que lo que me dice usted es cierto, +inmediatamente dejaría libre a usted y a sus compañeros. + +--¿Y yo cómo voy a probar la verdad de mis palabras? + +--¡Si pudiera usted identificar su persona! ¿No conoce usted aquí a +nadie? ¿Algún comerciante? + +--No. + +--Es lástima. + +--Sí, sí, conozco a una persona--dijo de pronto Martín--, conozco a la +señora de Briones y a su hija. + +--¿Y el capitán Briones, también lo conocerá usted? + +--También. + +--Pues lo voy a llamar; dentro de un momento estará aquí. + +El general mandó un ayudante suyo, y media hora después estaba el +capitán Briones, que reconoció a Martín. El general los dejó a todos +libres. + +Martín, Catalina y Bautista iban a marcharse juntos, a pesar de la +oposición de la superiora, cuando el capitán Briones dijo: + +--Amigo Zalacaín, mi madre y mi hermana exigen que vaya usted a comer +con ellas. + +Martín explicó a su novia como no le era posible desatender la +invitación, y dejando a Bautista y a Catalina fué en compañía del +oficial. + +La casa de la señora de Briones estaba en una calle céntrica, con +soportales. + +Rosita y su madre recibieron a Martín con grandes muestras de amistad. +La aventura de su llegada a Logroño con un una señorita y una monja +había corrido por todas partes. + +Madre é hija le preguntaron un sin fin de cosas, y Martín tuvo que +contar sus aventuras. + +--¡Pero qué muchacho!--decía doña Pepita, haciéndose cruces--. Usted es +un verdadero diablo. + +Después de comer vinieron unas señoritas amigas de Rosa Briones, y +Martín tuvo que contar de nuevo sus aventuras. Luego se habló de +sobremesa y se cantó. Martín pensaba: ¿Qué hará Catalina? Pero luego se +olvidaba con la conversación. + +Doña Pepita dijo que su hija había tenido el capricho de aprender la +guitarra é incitó a Rosita para que cantara. + +--Sí, canta--dijeron las demás muchachas. + +--Sí, cante usted--añadió Zalacaín. + +Rosita sacó la guitarra y cantó algunas canciones, acompañándose con +ella, y luego, como en honor de Martín, entonó un zortzico con letra +castellana, que comenzaba así: + + Aunque la oración suene + Yo no me voy de aquí; + La del pañuelo rojo + Loco me ha vuelto a mí. + +Y el estribillo de la canción era: + + Aufa que el campanero + La oración va a tocar, + Aufa que yo te quiero + _Maitia, maitia_, ven acá. + +Y Rosita, al cantar esto, miraba a Martín de tal manera con los ojos +brillantes y negros, que él se olvidó de que le esperaba Catalina. + +Cuando salió de casa de la señora de Briones, eran cerca de las once de +la noche. Al encontrarse en la calle comprendió su falta brutal de +atención. Fué a buscar a su novia, preguntando en los hoteles. La +mayoría estaban cerrados. En uno del Espolón le dijeron: «Aquí ha venido +una señorita, pero está descansando en su cuarto.» + +--¿No podría usted avisarla? + +--No. + +Bautista tampoco parecía. + +Sin saber qué hacer, volvió Martín a los soportales y se puso a pasear +por ellos. Si no fuera por Catalina--pensó--era capaz de quedarme aquí +y ver si Rosita Briones está de veras por mí, como parece. + +Estaba embebido en estos pensamientos cuando un hombre, con aspecto de +criado, se paró ante él y le dijo: + +--¿Es usted don Martín Zalacaín? + +--El mismo. + +--¿Quiere usted venir conmigo? Mi señora quiere hablarle. + +--¿Y quién es la señora de usted? + +--Me ha encargado que le diga que es una amiga de su infancia. + +--¿Una amiga de mi infancia? + +--Sí. + +--Es posible--pensó Zalacaín--. Si habré conocido en mi infancia a +alguien que tenga criados, sin saberlo. En fin, vamos a ver a mi +amiga--dijo en voz alta. + +El criado siguió por los soportales, torció una esquina, y en una casa +grande empujó la puerta y entró en un zaguán elegante, iluminado por un +gran farol. + +--Pase el señorito--dijo el criado indicándole una escalera alfombrada. + +--Debe haber una equivocación--pensó Martín--. No es posible otra cosa. + +Subieron la escalera, el criado levantó una cortina y pasó Zalacaín. +Sentada en un sofá y hojeando un álbum, había una mujer desconocida, una +mujer pequeña, delgada, rubia, elegantísima. + +--Perdone usted, señora--dijo Martín--, creo que usted y yo somos +víctimas de una equivocación... + +--Yo, por mi parte, no--contestó ella riendo, con una risa zumbona. + +--¿Quiere algo más la señora?--preguntó el criado. + +--No, pueden ustedes retirarse. + +Martín quedó asombrado. El criado echó la pesada cortina y quedaron +solos. + +--Martín--dijo la dama, levantándose de su silla y poniéndole las manos +pequeñas en sus hombros--. ¿No te acuerdas de mí? + +--No, la verdad. + +--Soy Linda. + +--¿Qué Linda? + +--Linda, la que estuvo en Urbia cuando fué el domador, y murió tu madre. +¿No te acuerdas? + +--¿Usted es Linda? + +--¡Oh, no me hables de usted! Sí, yo soy Linda. He sabido como habías +venido a Logroño y he mandado que te buscaran. + +--¿De manera que tú eres aquella chiquilla que jugaba con el oso? + +--La misma. + +--¿Y me has conocido? + +--Sí. + +--Yo no te hubiera conocido. + +--Habla, cuenta de tu vida. Tú no sabes la gana que tenía de verte. Eres +el único hombre por quien me han pegado. ¿Te acuerdas? Para mí +constituías toda mi familia. ¿Qué hará? ¿Dónde estará Martín? pensaba. + +--¿De veras? ¡Que extraño! ¡Hace de esto tanto tiempo! Y somos jóvenes +los dos. + +--¡Cuenta! ¡Cuenta! ¿Cuál ha sido tu vida? ¿Qué has hecho por el mundo? + +Martín, emocionado, habló de su vida, de sus aventuras. Luego, Linda +contó las suyas, su existencia bohemia de volatinera, hasta que un señor +rico le sacó del circo y le brindó con su protección. Ahora este señor, +título, con grandes posesiones en la Rioja, quería casarse con ella. + +--¿Y tú te vas a casar?--la preguntó Martín. + +--Claro. + +--¿De manera que dentro de poco serás una señora condesa o marquesa? + +--Sí, marquesa, pero chico, esto no me entusiasma. He vivido siempre +libre y ya las cadenas no son para mí, aunque sean de oro. Pero estás +pálido. ¿Qué te pasa? + +Martín sentía un gran cansancio y le dolía el hombro. Linda, al saber +que estaba herido, le obligó a quedarse allí. + +Afortunadamente el rasguño no era grave y Zalacaín curó pronto. + +Al día siguiente, Linda no le dejó salir; y al verse dominado por ella, +por su suave encanto, encontró el herido que sus convalecencias eran más +peligrosas para sus sentimientos que para su salud. + +--Que le avisen a mi cuñado donde estoy--dijo Martín varias veces a +Linda. + +Ésta envió un criado a los hoteles, pero en ninguno daban noticias ni de +Bautista ni de Catalina. + + + + +CAPÍTULO XIV + +CÓMO ZALACAÍN Y BAUTISTA URBIDE TOMARON LOS DOS SOLOS LA CIUDAD DE +LAGUARDIA OCUPADA POR LOS CARLISTAS. + + +De conocer Martín la _Odisea_ es posible que hubiese tenido la +pretensión de comparar a Linda con la hechicera Circe y a sí mismo con +Ulises, pero como no había leído el poema de Homero no se le ocurrió tal +comparación. + +Sí se le ocurrió varias veces que se estaba portando como un bellaco, +pero Linda ¡era tan encantadora! ¡Tenía por él tan grande entusiasmo! Le +había hecho olvidar a Catalina. Muchos días maldecía de su barbarie, +pero no se determinaba a marcharse. Decidió en su fuero interno que la +culpa de todo era de Bautista y esta decisión le tranquilizó. + +--¿Dónde se ha metido ese hombre?--se preguntaba. + +Una semana después del encuentro con Linda, al pasar por los soportales +de la calle principal de Logroño se encontró con Bautista que venía +hacia él indiferente y tranquilo como de costumbre. + +--¿Pero dónde estás?--exclamó Martín incomodado. + +--Eso te pregunto yo, ¿dónde estás?--contestó Bautista. + +--¿Y Catalina? + +--¡Qué sé yo! Yo creí que tú sabrías dónde estaba, que os habíais +marchado los dos sin decirme nada. + +--¿De manera que no sabes?... + +--Yo no. + +--¿Cuándo hablaste tú con ella por última vez? + +--El mismo día de llegar aquí; hace ocho días. Cuando tú te fuistes a +comer a casa de la señora de Briones, Catalina, la monja y yo nos fuimos +a la fonda. Pasó el tiempo, pasó el tiempo y tú no venías.--¿Pero dónde +está?--preguntaba Catalina.--¿Qué sé yo?--la decía. A la una de la +mañana, viendo que tú no venías, yo me fuí a la cama. Estaba molido. Me +dormí y me desperté muy tarde y me encontré con que la monja y Catalina +se habían marchado y tú no habías venido. Esperé un día, y como no +aparecía nadie, creí que os habíais marchado y me fuí a Bayona y dejé +las letras en casa de Levi-Alvarez. Luego tu hermana empezó a +decirme:--¿Pero dónde estará Martín? ¿Le ha pasado algo?--Escribí a +Briones y me contestó que estabas aquí escandalizando el pueblo, y por +eso he venido. + +--Sí, la verdad es que yo tengo la culpa--dijo Martín--. ¿Pero dónde +puede estar Catalina? ¿Habrá seguido a la monja? + +--Es lo más probable. + +Martín, al encontrarse con Bautista y hablar con él, se sintió fuera de +la influencia del hechizo de Linda y comenzó a hacer indagaciones con +una actividad extraordinaria. De las dos viajeras del hotel, una se +había marchado por la estación; la otra, la monja, había partido en un +coche hacia Laguardia. + +Martín y Bautista supusieron si las dos estarían refugiadas en +Laguardia. Sin duda la monja recuperó su ascendiente sobre Catalina en +vista de la falta de Martín y la convenció de que volviera con ella al +convento. + +Era imposible que Catalina encontrándose en otro lado no hubiese +escrito. + +Se dedicaron a seguir la pista de la monja. Averiguaron en la venta de +Asa que días antes un coche con la monja intentó pasar a Laguardia, pero +al ver la carretera ocupada por el ejército liberal sitiando la ciudad y +atacando las trincheras retrocedió. Suponían los de la venta que la +monja habría vuelto a Logroño, a no ser que intentara entrar en la +ciudad sitiada, tomando en caballería el camino de Lanciego por Oyón y +Venaspre. + +Marcharon a Oyón y luego a Yécora, pero nadie les pudo dar razón. Los +dos pueblos estaban casi abandonados. + +Desde aquel camino alto se veía Laguardia rodeada de su muralla en medio +de una explanada enorme. Hacia el Norte limitaba esta explanada como una +muralla gris la cordillera de Cantabria; hacia el Sur podía extenderse +la vista hasta los montes de Pancorbo. + +En este polígono amarillento de Laguardia no se destacaban ni tejados ni +campanarios, no parecía aquello un pueblo, sino más bien una fortaleza. +En un extremo de la muralla se erguía un torreón envuelto en aquel +instante en una densa humareda. + +Al salir de Yécora, un hombre famélico y destrozado les salió al +encuentro y habló con ellos. Les contó que los carlistas iban a +abandonar Laguardia un día u otro. Le preguntó Martín si era posible +entrar en la ciudad. + +--Por la puerta es imposible--dijo el hombre--, pero yo he entrado +subiendo por unos agujeros que hay en el muro entre la Puerta de Paganos +y la de Mercadal. + +--¿Pero y los centinelas? + +--No suelen haber muchas veces. + +Bajaron Martín y Bautista por una senda desde Lanciego a la carretera y +llegaron al sitio en donde acampaba el ejército liberal. La tropa, +después de cañonear las trincheras carlistas, avanzaba, y el enemigo +abandonaba sus posiciones refugiándose en los muros. + +El regimiento del capitán Briones se encontraba en las avanzadas. Martín +preguntó por él y lo encontró. Briones presentó a Zalacaín y a Bautista +a algunos oficiales compañeros suyos, y por la noche tuvieron una +partida de cartas y jugaron y bebieron. Ganó Martín, y uno de los +compañeros de Briones, un teniente aragonés que había perdido toda su +paga, comenzó, para vengarse, a hablar mal de los vascongados, y +Zalacaín y él se encarzaron en una estúpida discusión de amor propio +regional, de esas tan frecuentes en España. + +Decía el teniente aragonés que los vascongados eran tan torpes, que un +capitán carlista, para enseñarles a marchar a la derecha y a la +izquierda elevaba un manojo de paja en la mano y les decía, por ejemplo: +¡Doble derecha! y en seguida pasaba el manojo a la derecha y decía. +¡Hacia el lado de la paja! Además, según el oficial, los vascongados +eran unos poltrones que no se querían batir más que estando cerca de sus +casas. + +Martín se estaba amoscando, y dijo al oficial: + +--Yo no sé como serán los vascongados, pero lo que le puedo decir a +usted es que lo que usted o cualquiera de estos señores haga, lo hago yo +por debajo de la pierna. + +--Y yo--dijo Bautista, colocándose al lado de Martín. + +--Vamos, hombre--dijo Briones--. No sean ustedes tontos. El teniente +Ramírez no ha querido ofenderles. + +--No nos ha llamado más que estúpidos y cobardes--dijo riendo Martín--. +Claro que a mí no me importa nada lo que este señor opine de nosotros, +pero me gustaría encontrar una ocasión para probarle que está +equivocado. + +--Salga usted--dijo el teniente. + +--Cuando usted quiera--contestó Martín. + +--No--replicó Briones--, yo lo prohibo. El teniente Ramírez quedará +arrestado. + +--Está bien--dijo refunfuñando el aludido. + +--Si estos señores quieren un poco de jaleo, cuando tomemos Laguardia +pueden venir con nosotros--advirtió el oficial. + +Martín creyó ver alguna ironía en las palabras del militar y replicó +burlonamente: + +--¡Cuando tomen ustedes Laguardia! No, hombre. Eso no es nada para +nosotros. Yo voy solo a Laguardia y la tomo, o a lo más con mi cuñado +Bautista. + +Se echaron todos a reir de la fanfarronada, pero viendo que Martín +insistía, diciendo que aquella misma noche iban a entrar en la ciudad +sitiada, pensaron que Martín estaba loco. Briones, que le conocía, +trató de disuadirse de hacer esta barbaridad, pero Zalacaín no se +convenció. + +--¿Ven ustedes este pañuelo blanco?--dijo--. Mañana al amanecer lo verán +ustedes en este palo flotando sobre Laguardia. ¿Habrá por aquí una +cuerda? + +Uno de los oficiales jóvenes trajo una cuerda, y Martín y Bautista, sin +hacer caso de las palabras de Briones, avanzaron por la carretera. + +El frío de la noche les serenó, y Martín y su cuñado se miraron algo +extrañados. Se dice que los antiguos godos tenían la costumbre de +resolver sus asuntos dos veces, una borrachos y otra serenos. De esta +manera unían en sus decisiones el atrevimiento y la prudencia. Martín +sintió no haber seguido esta prudente táctica goda, pero se calló y dió +a entender que se encontraba en uno de los momentos regocijados de su +vida. + +--¿Qué? ¿vamos a ir?--preguntó Bautista. + +--Probaremos. + +Se acercaron a Laguardia. A poca distancia de sus muros tomaron a la +izquierda, por la Senda de las Damas, hasta salir al camino de El Ciego +y cruzando éste se acercaron a la altura en donde se asienta la ciudad. +Dejaron a un lado el cementerio y llegaron a un paseo con árboles que +circunda el pueblo. + +Debían de encontrarse en el punto indicado por el hombre de Yécora, +entre la puerta de Mercadal y la de Paganos. + +Efectivamente, el sitio era aquél. Distinguieron los agujeros en el +muro que servía de escalera; los de abajo estaban tapados. + +--Podríamos abrir estos boquetes--dijo Bautista. + +--¡Hum! Tardaríamos mucho--contestó Martín--. Súbete encima de mí a ver +si llegas. Toma la cuerda. + +Bautista se encaramó sobre los hombros de Martín, y luego, viendo que se +podía subir sin dificultad, escaló la muralla hasta lo alto. Asomó la +cabeza y viendo que no había vigilancia saltó encima. + +--¿Nadie?--dijo Martín. + +--Nadie. + +Sujetó Bautista la cuerda con un lazo corredizo en un ángulo de un +torreón, v subió Martín a pulso, con el palo en los dientes. + +--Se deslizaron los dos por el borde de la muralla, hasta enfilar una +calleja. Ni guardia, ni centinela; no se veía ni se oía nada. El pueblo +parecía muerto. + +--¿Qué pasará aquí?--se dijo Martín. + +Se acercaron al otro extremo de la ciudad. El mismo silencio. Nadie. +Indudablemente, los carlistas habían huído de Laguardia. + +Martín y Bautista adquirieron el convencimiento de que el pueblo estaba +abandonado. Avanzaron con esta confianza hasta cerca de la puerta del +Mercadal; y enfrente del cementerio, hacia la carretera de Logroño, +sujetaron entre dos piedras el palo y ataron en su punta el pañuelo +blanco. + +Hecho esto, volvieron deprisa al punto por donde habían subido. La +cuerda seguía en el mismo sitio. Amanecía. Desde allá arriba se veía una +enorme extensión de campo. La luz comenzaba a indicar las sombras de los +viñedos y de los olivares. El viento fresco anunciaba la proximidad del +día. + +--Bueno, baja--dijo Martín--. Yo sujetaré la cuerda. + +--No, baja tú--replicó Bautista. + +--Vamos, no seas imbécil. + +--¿Quién vive?--gritó una voz en aquel mismo momento. + +Ninguno de los dos contestó. Bautista comenzó a bajar despacio. Martín +se tendió en la muralla. + +--¿Quién vive?--volvió a gritar el centinela. + +Martín se aplastó en el suelo todo lo que pudo; sonó un disparo y una +bala pasó por encima de su cabeza. Afortunadamente, el centinela estaba +lejos. Cuando Bautista descendió, Martín comenzó a bajar. Tuvo la suerte +de que la cuerda no se deslizase. Bautista le esperaba con el alma en un +hilo. Había movimiento en la muralla; cuatro o cinco hombres se asomaron +a ella, y Martín y Bautista se escondieron tras de los árboles del paseo +que circundaba el pueblo. Lo malo era que aclaraba cada vez más. Fueron +pasando de árbol a árbol, hasta llegar cerca del cementerio. + +--Ahora no hay más remedio que echar a correr a la descubierta--dijo +Martín--. A la una..., a las dos... Vamos allá. + +Echaron los dos a correr. Sonaron varios tiros. Ambos llegaron ilesos al +cementerio. De aquí ganaron pronto el camino de Logroño. Ya fuera de +peligro, miraron hacia atrás. El pañuelo seguía en la muralla ondeando +al viento. Briones y sus amigos recibieron a Martín y a Bautista como a +héroes. + +Al día siguiente, los carlistas abandonaron Laguardia y se refugiaron en +Peñacerrada. La población enarboló bandera de parlamento; y el ejército, +con el general al frente, entraba en la ciudad. + +Por más que Martín y Bautista preguntaron en todas las casas, no +encontraron a Catalina. + + + + +LIBRO TERCERO + +Las últimas aventuras + + + + +CAPÍTULO PRIMERO + +LOS RECIÉN CASADOS ESTÁN CONTENTOS + + +Catalina no fué inflexible. Pocos días después, Martín recibió una carta +de su hermana. Decía la Ignacia que Catalina estaba en su casa, en Zaro, +desde hacía algunos días. Al principio no había querido oir hablar de +Martín, pero ahora le perdonaba y le esperaba. + +Martín y Bautista se presentaron en Zaro inmediatamente, y los novios se +reconciliaron. + +Se preparó la boda. ¡Qué paz se disfrutaba allí, mientras se mataban en +España! La gente trabajaba en el campo. Los domingos, después de la +misa, los aldeanos endomingados, con la chaqueta al hombro, se reunían +en la sidrería y en el juego de pelota; las mujeres iban a la iglesia, +con un capuchón negro, que rodeaba su cabeza. Catalina cantaba en el +coro y Martín la oía, como en la infancia, cuando en la iglesia de Urbia +entonaba el Aleluya. + +Se celebró la boda, con la posible solemnidad, en la iglesia de Zaro y +luego la fiesta en la casa de Bautista. + +Hacía todavía frío, y los aldeanos amigos se reunieron en la cocina de +la casa, que era grande, hermosa y limpia. En la enorme chimenea redonda +se echaron montones de leña, y los invitados cantaron y bebieron hasta +bien entrada la noche, al resplandor de las llamas. Los padres de +Bautista, dos viejecitos arrugados, que hablaban solo vascuence, +cantaron una canción monótona de su tiempo, y Bautista lució su voz y su +repertorio completo y cantó una canción en honor de los novios. + + Ezcon berriyac + pozquidac daudé + pozquidac daudé + eguin diralaco gaur + alcarren jabé + clizan. + +(Los recién casados están muy alegres, porque hoy se han hecho dueños, +uno de otro, en la iglesia.) + +La fiesta acabó, con la mayor alegría, a la media noche, en que se +retiraron todos. + +Pasada la luna de miel, Martín volvió a las andadas. No paraba, iba y +venía de España a Francia, sin poder reposar. + +Catalina deseaba ardientemente que acabara la guerra é intentaba +retener a Martín a su lado. + +--Pero, ¿qué quieres más?--le decía--.¿No tienes ya bastante dinero? +¿Para qué exponerte de nuevo? + +--Si no me expongo--replicaba Martín. + +Pero no era verdad, tenía ambición, amor al peligro y una confianza +ciega en su estrella. La vida sedentaria le irritaba. + +Martín y Bautista dejaban solas a las dos mujeres y se iban a España. Al +año de casada, Catalina tuvo un hijo, al que llamaron José Miguel, +recordando Martín la recomendación del viejo Tellagorri. + + + + +CAPÍTULO II + +EN EL CUAL SE INICIA LA «DESHECHA» + + +Con la proclamación de la monarquía en España, comenzó el deshielo en el +campo carlista. La batalla de Lácar, perdida de una manera ridícula por +el ejército regular en presencia del nuevo rey, dió alientos a los +carlistas, pero a pesar del triunfo y del botín la causa del +Pretendiente iba de capa caída. + +La batalla de Lácar no hizo más que enriquecer el repertorio de las +canciones de la guerra con una copla que más que para soldados parecía +escrita para el coro de señoras de una zarzuela, y que decía así: + + En Lácar, chiquillo, + Te viste en un tris, + Si don Carlos te da con la bota + Como una pelota, + Te envía a París. + +Era difícil, al oir esta canción, no pensar en unas cuantas coristas +balanceando voluptuosamente las caderas. + +Los carlistas hablaban ya de traición. Con el fracaso del sitio de Irún +y con la retirada de don Carlos, los curas navarros y vascongados +empezaron a dudar del triunfo de la causa. Con la proclamación de +Sagunto, la desconfianza cundió por todas partes. + +--Son primos y ellos se entienden--decían los desconfiados, que eran +legión. + +Algunos que habían oído hablar de un don Alfonso, hermano de don Carlos, +creían que a este don Alfonso le habían hecho rey. + +Los ambiciosos de los pueblos veían que todas las clases ricas se +inclinaban a favor de la monarquía liberal. + +Los generales alfonsinos, después de hecho su agosto y ascendido en su +carrera todo lo posible, encontraban que era una estupidez continuar la +guerra durante más tiempo; habían matado la república, que ciertamente +por estólida merecía la muerte; el nuevo gobierno les miraba como +vencedores, pacificadores y héroes. ¡Qué más podían desear! + +En el campo carlista comenzaba la _Deshecha_. Ya se podía andar por las +carreteras sin peligro; el carlismo seguía por la fuerza de la inercia, +defendido débilmente y atacado más débilmente todavía. La única arma que +se blandía de veras era el dinero. + +Martín, viendo que no era difícil recorrer los caminos, tomó su +cochecito y se dirigió hacia Urbia una mañana de invierno. + +Todos los fuertes permanecían silenciosos, mudas las trincheras +carlistas, ni una detonación, ni una humareda cruzaban el aire. La nieve +cubría el campo con su mortaja blanca bajo el cielo entoldado y plomizo. + +Antes de llegar a Urbia, a un lado y a otro, se veían casas de campo +derrumbadas, fachadas con las ventanas tapiadas y rellenas de paja, +árboles con las ramas rotas, zanjas y parapetos por todas partes. + +Martín entró en Urbia. La casa de Catalina estaba destrozada; con los +techos atravesados por las granadas, las puertas y ventanas cerradas +herméticamente. Ofrecía el hermoso caserón un aspecto lamentable; en la +huerta abandonada, las lilas mostraban sus ramas rotas, y una de las más +grandes de un magnífico tilo, desgajada, llegaba hasta el suelo. Los +rosales trepadores, antes tan lozanos, se veían marchitos. + +Subió Martín por su calle a ver la casa en donde nació. + +La escuela estaba cerrada; por los cristales empolvados se veían los +cartelones con letras grandes y los mapas colgados de las paredes. Cerca +del caserío de Zalacaín había una viga de madera, de la que colgaba una +campana. + +--¿Para qué sirve esto?--preguntó a un mendigo que iba de puerta en +puerta. + +Era para el vigía. Cuando notaba un fogonazo tocaba la campana para +avisar a la gente de la parte baja. + +Entró Martín en el caserío Zalacaín. El tejado no existía; sólo quedaba +un rincón de la antigua cocina con cubierta. Bajo este techo, entre los +escombros, había un hombre sentado escribiendo y un chiquillo ocupado en +cuidar varios pucheros. + +--¿Quién vive aquí?--preguntó Martín. + +--Aquí vivo yo--contestó una voz. + +Martín quedó atónito. Era el extranjero. Al verse se estrecharon las +manos afectuosamente. + +--¡Lo que dió usted que hablar en Estella!--dijo el extranjero--. ¡Qué +golpe aquel más admirable! ¿Cómo se escaparon ustedes? + +Martín contó la historia de su escapatoria, y el periodista fué tomando +notas. + +--Puedo hacer una crónica admirable--dijo. + +Luego hablaron de la guerra. + +--¡Pobre país!--dijo el extranjero--. ¡Cuánta brutalidad! ¡Cuánto +absurdo! ¿Se acuerda usted del pobre Haussonville que conocimos en +Estella? + +--Sí. + +--Murió fusilado. ¿Y del Corneta de Lasala y de Praschcu que fueron de +los que nos persiguieron cerca de Hernani? + +--Sí. + +--Esos dos habían salvado al cabecilla Monserrat de la muerte. ¿Sabe +usted quién los ha fusilado? + +--¿Pero los han fusilado? + +--Sí, el mismo Monserrat, en Ormaiztegui. + +--¡Pobre gente! + +--A otro, llamado Anchusa, de la partida del Cura, debía usted también +conocer... + +--Sí, lo conocía. + +--A ese lo mandó fusilar Lizárraga. Y al _Jabonero_, el lugarteniente +del Cura... + +--¿También lo fusilaron? + +--También. Al _Jabonero_ le debía el Cura la única victoria que +consiguió en Usurbil cuando defendieron una ermita contra los liberales; +pero tenía celos de él y además creía que le hacía traición, y lo mandó +fusilar. + +--Si esto sigue así no vamos a quedar nadie. + +--Afortunadamente ya ha comenzado la _Deshecha_ como dicen los +aldeanos--contestó el extranjero--.¿Y usted a qué ha venido aquí? + +Martín dijo que él era de Urbia, así como su mujer, y contó sus +aventuras desde el tiempo en que había dejado de ver al extranjero. +Comieron juntos y por la tarde se despidieron. + +--Todavía creo que nos volveremos a ver--dijo el extranjero. + +--Quién sabe. Es muy posible. + + + + +CAPÍTULO III + +EN DONDE MARTÍN COMIENZA A TRABAJAR POR LA GLORIA + + +En la época de las nieves, un general audaz que venía de muy lejos +intentó envolver a los carlistas por el lado del Pirineo, y saliendo de +Pamplona avanzó por la carretera de Elizondo; pero al ver el alto de +Velate defendido y atrincherado por los carlistas, se retiró hacia Enguí +y luego tomó por el puerto de Olaberri, próximo a la frontera, por entre +bosques y sendas malísimas; y perdidos sus soldados en los bosques, +llegaron después de dos días y tres noches al Baztán. + +La imprudencia era grande, pero aquel general tuvo suerte, porque si la +terrible nevada que cayó al día siguiente de estar en Elizondo cae +antes, hubieran quedado la mitad de las tropas entre la nieve. + +El general pidió víveres a Francia, y gracias a la ayuda del país +vecino, pudo dar de comer a su gente y preparar alojamiento. Martín y +Bautista se hallaban en relación con una casa de Bayona, y fueron a Añoa +con sus carros. + +Añoa está a un kilómetro próximamente de la frontera, en donde se halla +establecida la aduana española de Dancharinea. + +Aquel día, una porción de gente de la frontera francesa se asomó a Añoa. +La carretera estaba atestada de carromatos, carretas y ómnibus, que +conducían al valle de Baztán para las tropas fardos de zapatos, sacos de +pan, cajones de galleta de Burdeos, esparto para las camas, barriles de +vino y de aguardiente. + +El camino estaba intransitable y lleno de barro. Además de todo aquel +convoy de mercancías consignado al ejército, hallábanse otros coches +atiborrados de géneros que algunos comerciantes de Bayona llevaban a ver +si vendían al por menor. + +Había también cerca del puente, sobre el riachuelo Ugarona, una porción +de cantineros con sus cestas, frascos y cachivaches. + +Martín con su mujer, y Bautista con la suya, se acercaron a Añoa y se +alojaron en la venta. Catalina quería ver si obtenía noticias de su +hermano. + +En la venta preguntaron a un muchacho desertor carlista, pero no supo +darles ninguna razón de Carlos Ohando. + +--Si no está en Peñaplata, irá camino de Burguete--les dijo. + +Se encontraban a la puerta de la venta Martín y Bautista, cuando pasó, +envuelto en su capote, Briones, el hermano de Rosita. Le saludó a Martín +muy afectuoso y entró en la venta. Vestía uniforme de comandante y +llevaba cordones dorados como los ayudantes de generales. + +--He hablado mucho de usted a mi general--le dijo a Martín. + +--¿Sí? + +--Ya lo creo. Tendría mucho gusto en conocer a usted. Le he contado sus +aventuras. ¿Quiere usted venir a saludarle? Tengo ahí un caballo de mi +asistente. + +--¿Dónde está el general? + +--En Elizondo. ¿Viene usted? + +--Vamos. + +Advirtió Martín a su mujer que se marchaba a Elizondo; montaron Briones +y Zalacaín a caballo y charlando de muchas cosas llegaron a esta villa, +centro del valle del Baztán. El general se alojaba en un palacio de la +plaza; a la puerta dos oficiales hablaban. + +Le hizo pasar Briones a Martín al cuarto en donde se encontraba el +general. Éste, sentado a una mesa donde tenía planos y papeles, fumaba +un cigarro puro y discutía con varias personas. + +Presentó Briones a Martín, y el general, después de estrecharle la mano, +le dijo bruscamente: + +--Me ha contado Briones sus aventuras. Le felicito a usted. + +--Muchas gracias, mi general. + +--¿Conoce usted toda esta zona de mugas de la frontera que domina el +valle del Baztán? + +--Sí, como mi propia mano. Creo que no habrá otro que las conozca tan +bien. + +--¿Sabe usted los caminos y las sendas? + +--No hay más que sendas. + +--¿Hay sendero para subir a Peñaplata por el lado de Zugarramurdi? + +--Lo hay. + +--¿Pueden subir caballos? + +--Sí, fácilmente. + +El general discutió con Briones y con el otro ayudante. Él había tenido +el proyecto de cerrar la frontera é impedir la retirada a Francia del +grueso del ejército carlista, pero era imposible. + +--Usted ¿qué ideas políticas tiene?--preguntó de pronto el general a +Martín. + +--Yo he trabajado para los carlistas, pero en el fondo creo que soy +liberal. + +--¿Querría usted servir de guía a la columna que subirá mañana a +Peñaplata? + +--No tengo inconveniente. + +El general se levantó de la silla en donde estaba sentado y se acercó +con Zalacaín a uno de los balcones. + +--Creo--le dijo--que actualmente soy el hombre de más influencia de +España. ¿Qué quiere usted ser? ¿No tiene usted ambiciones? + +--Actualmente soy casi rico; mi mujer lo es también... + +--¿De dónde es usted? + +--De Urbia. + +--¿Quiere usted que le nombremos alcalde de allá? + +Martín reflexionó. + +--Sí, eso me gusta--dijo. + +--Pues cuente usted con ello. Mañana por la mañana hay que estar aquí. + +--¿Van a ir tropas por Zugarramurdi? + +--Sí. + +--Yo les esperaré en la carretera, junto al alto de Maya. + +Martín se despidió del general y de Briones, y volvió a Añoa, para +tranquilizar a su mujer. Contó a Bautista su conversación con el +general; Bautista se lo dijo a su mujer y ésta a Catalina. + +A media noche, se preparaba Martín a montar a caballo, cuando se +presentó Catalina con su hijo en brazos. + +--¡Martín! ¡Martín!--le dijo sollozando--. Me han asegurado que quieres +ir con el ejército a subir a Peñaplata. + +--¿Yo? + +--Sí. + +--Es verdad. ¿Y eso te asusta? + +--No vayas. Te van a matar, Martín. ¡No vayas! ¡Por nuestro hijo! ¡Por +mí! + +--Bah, ¡tonterías! ¿Que miedo puedes tener? Si he estado otras veces +solo, ¿qué me va a pasar, yendo en compañía de tanta gente? + +--Sí, pero ahora no vayas, Martín. La guerra se va a acabar en seguida. +Que no te pase algo al final. + +--Me he comprometido. Tengo que ir. + +--¡Oh, Martín!--sollozó Catalina--. Tú eres todo para mí; yo no tengo +padre, ni madre, ni tengo hermano, porque el cariño que pudiese tenerle +a él lo he puesto en ti y en tu hijo. No vayas a dejarme viuda, Martín. + +--No tengas cuidado. Estáte tranquila. Mi vida está asegurada, pero +tengo que ir. He dado mi palabra... + +--Por tu hijo... + +--Sí, por mi hijo también... No quiero que, andando el tiempo, puedan +decir de él: «Este es el hijo de Zalacaín, que dió su palabra y no la +cumplió por miedo»; no, si dicen algo, que digan: «Este es Miguel +Zalacaín, el hijo de Martín Zalacaín, tan valiente como su padre... No. +Más valiente aún que su padre.» + +Y Martín, con sus palabras, llegó a infundir ánimo en su mujer, acarició +al niño, que le miraba sonriendo desde el regazo de su madre, abrazó a +ésta y, montando a caballo, desapareció por el camino de Elizondo. + + + + +CAPÍTULO IV + +LA BATALLA CERCA DEL MONTE AQUELARRE + + +Martín llegó al alto de Maya al amanecer, subió un poco por la carretera +y vió que venía la tropa. Se reunió con Briones y ambos se pusieron a la +cabeza de la columna. + +Al llegar a Zugarramurdi, comenzaba a clarear. Sobre el pueblo, las +cimas del monte, blancas y pulidas por la lluvia, brillaban con los +primeros rayos del sol. + +De esta blancura de las rocas precedía el nombre del monte Arrizuri +(piedra blanca) en vasco y Peñaplata en castellano. + +Martín tomó el sendero que bordea un torrente. Una capa de arcilla +humedecida cubría el camino, por el cual los caballos y los hombres se +resbalaban. El sendero tan pronto se acercaba a la torrentera, llena de +malezas y de troncos podridos de árboles, como se separaba de ella. Los +soldados caían en este terreno resbaladizo. A cierta altura, el +torrente era ya un precipicio, por cuyo fondo, lleno de matorrales, se +precipitaba el agua brillante. + +Mientras marchaban Martín y Briones a caballo, fueron hablando +amistosamente. Martín felicitó a Briones por sus ascensos. + +--Sí, no estoy descontento--dijo el comandante--; pero usted, amigo +Zalacaín, es el que avanza con rapidez, si sigue así; si en estos años +adelanta usted lo que ha adelantado en los cinco pasados, va usted a +llegar donde quiera. + +--¿Creerá usted que yo ya no tengo casi ambición? + +--¿No? + +--No. Sin duda, eran los obstáculos los que me daban antes bríos y +fuerza, el ver que todo el mundo se plantaba a mi paso para estorbarme. +Que uno quería vivir, el obstáculo; que uno quería a una mujer y la +mujer le quería a uno, el obstáculo también. Ahora no tengo obstáculos, +y ya no se qué hacer. Voy a tener que inventarme otras ocupaciones y +otros quebraderos de cabeza. + +--Es usted la inquietud personificada, Martín--dijo Briones. + +--¿Qué quiere usted? He crecido salvaje como las hierbas y necesito la +acción, la acción continua. Yo, muchas veces pienso que llegará un día +en que los hombres podrán aprovechar las pasiones de los demás en algo +bueno. + +--¿También es usted soñador? + +--También. + +--La verdad es que es usted un hombre pintoresco, amigo Zalacaín. + +--Pero la mayoría de los hombres son como yo. + +--Oh, no. La mayoría somos gente tranquila, pacífica, un poco muerta. + +--Pues yo estoy vivo, eso sí; pero la misma vida que no puedo emplear se +me queda dentro y se me pudre. Sabe usted, yo quisiera que todo viviese, +que todo comenzara a marchar, no dejar nada parado, empujar todo al +movimiento, hombres, mujeres, negocios, máquinas, minas, nada quieto, +nada inmóvil... + +--Extrañas ideas--murmuró Briones. + +Concluía el camino y comenzaban las sendas a dividirse y a subdividirse, +escalando la altura. + +Al llegar a este punto, Martín avisó a Briones que era conveniente que +sus tropas estuviesen preparadas, pues al final de estas sendas se +encontrarían en terreno descubierto y desprovisto de árboles. + +Briones mandó a los tiradores de la vanguardia preparasen sus armas y +fueran avanzando despacio en guerrilla. + +--Mientras unos van por aquí--dijo Martín a Briones--otros pueden subir +por el lado opuesto. Hay allá arriba una explanada grande. Si los +carlistas se parapetan entre las rocas van a hacer una mortandad +terrible. + +Briones dió cuenta al general de lo dicho por Martín, y aquél ordenó +que medio batallón fuera por el lado indicado por el guía. Mientras no +oyeran los tiros del grueso de la fuerza no debían atacar. + +Zalacaín y Briones bajaron de sus caballos y tomaron por una senda, y +durante un par de horas fueron rodeando el monte, marchando entre +helechos. + +--Por esta parte, en una calvera del monte, en donde hay como una +plazuela formada por hayas--dijo Martín--deben tener centinelas los +carlistas; sino por ahí podemos subir hasta los altos de Peñaplata sin +dificultad. + +Al acercarse al sitio indicado por Martín, oyeron una voz que cantaba. +Sorprendidos, fueron despacio acortando la distancia. + +--No serán las brujas--dijo Martín. + +--¿Por qué las brujas?--preguntó Briones. + +--¿No sabe usted que estos son los montes de las brujas? Aquel es el +monte Aquelarre--contestó Martín. + +--¿El Aquelarre? ¿Pero existe? + +--Sí. + +--¿Y quiere decir algo en vascuence, ese nombre? + +--¿Aquelarre?... Sí, quiere decir Prado del macho cabrío. + +--¿El macho cabrío será el demonio? + +--Probablemente. + +La canción no la cantaban las brujas, sino un muchacho que en compañía +de diez o doce estaba calentándose alrededor de una hoguera. + +Uno cantaba canciones liberales y carlistas y los otros le coreaban. + +No habían comenzado a oirse los primeros tiros, y Briones y su gente +esperaron tendidos entre los matorrales. + +Martín sentía como un remordimiento al pensar que aquellos alegres +muchachos iban a ser fusilados dentro de unos momentos. + +La señal no se hizo esperar y no fué un tiro, sino una serie de +descargas cerradas. + +--¡Fuego!--gritó Briones. + +Tres o cuatro de los cantores cayeron a tierra y los demás, saltando +entre breñales, comenzaron a huir y a disparar. + +La acción se generalizaba; debía de ser furiosa a juzgar por el ruido de +fusilería. Briones, con su tropa, y Martín subían por el monte a duras +penas. Al llegar a los altos, los carlistas, cogidos entre dos fuegos, +se retiraron. + +La gran explanada del monte estaba sembrada de heridos y de muertos. +Iban recogiéndolos en camillas. Todavía seguía la acción, pero poco +después una columna de ejército avanzaba por el monte por otro lado, y +los carlistas huían a la desbandada hacia Francia. + + + + +CAPÍTULO V + +DONDE LA HISTORIA MODERNA REPITE EL HECHO DE LA HISTORIA ANTIGUA + + +Fueron Martín y Catalina en su carricoche a Saint Jean Pied de Port. +Todo el grueso del ejército carlista entraba, en su retirada de España, +por el barranco de Roncesvalles y por Valcarlos. Una porción de +comerciantes se había descolgado por allí, como cuervos al olor de la +carne muerta, y compraban hermosos caballos por diez o doce duros, +espadas, fusiles y ropas a precios ínfimos. + +Era un poco repulsivo ver esta explotación, y Martín, sintiéndose +patriota, habló de la avaricia y de la sordidez de los franceses. Un +ropavejero de Bayona le dijo que el negocio es el negocio y que cada +cual se aprovechaba cuando podía. + +Martín no quiso discutir. Preguntaron Catalina y el a varios carlistas +de Urbia por Ohando, y uno le indico que Carlos, en compañía del +_Cacho_, había salido de Burguete muy tarde, porque estaba muy enfermo. + +Sin atender a que fuera o no prudente, Martín tomó el carricoche por el +camino de Arneguy; atravesaron este pueblecillo que tiene dos barrios, +uno español y otro francés, en las orillas de un riachuelo, y siguieron +hasta Valcarlos. + +Catalina, al ver aquel espectáculo, quedó horrorizada. La estrecha +carretera era un campo de desolación. Casas humeando aún por el +incendio, árboles rotos, zanjas, el suelo sembrado de municiones de +guerra, cajas, correas de artillería, bayonetas torcidas, instrumentos +musicales de cobre aplastados por los carros. + +En la cuneta de la carretera se veía a un muerto medio desnudo, sin +botas, con el cuerpo cubierto por hojas de helechos; el barro le +manchaba la cara. + +En el aire gris, una nube de cuervos avanzaba en el aire, siguiendo +aquel ejército funesto, para devorar sus despojos. + +Martín, atendiendo a la impresión de Catalina, volvió prudentemente +hasta llegar de nuevo al barrio francés de Arneguy. Entraron en la +posada. Allí estaba el extranjero. + +--¿No le decía a usted que nos veríamos todavía?--dijo éste. + +--Sí. Es verdad. + +Martín presentó a su mujer al periodista y los tres reunidos esperaron +a que llegaran los últimos soldados. + +Al anochecer, en un grupo de seis o siete, apareció Carlos Ohando y _el +Cacho_. + +Catalina se acercó a su hermano con los brazos abiertos. + +--¡Carlos! ¡Carlos!--gritó. + +Ohando quedó atónito al verla; luego con un gesto de ira y de desprecio +añadió: + +--Quítate de delante. ¡Perdida! ¡Nos has deshonrado! + +Y en su brutalidad escupió a Catalina en la cara. Martín, cegado, saltó +como un tigre sobre Carlos y le agarró por el cuello. + +--¡Canalla! ¡Cobarde!--rugió--. Ahora mismo vas a pedir perdón a tu +hermana. + +--¡Suelta! ¡Suelta!--exclamó Carlos ahogándose. + +--¡De rodillas! + +--¡Por Dios, Martín ¡Déjale!--gritó Catalina--. ¡Déjale! + +--No, porque es un miserable, un canalla cobarde, y te va a pedir perdón +de rodillas. + +--No--exclamó Ohando. + +--Sí--y Martín le llevó por el cuello, arrastrándole por el barro, hasta +donde estaba Catalina. + +--No sea usted bárbaro--exclamó el extranjero--. Déjelo usted. + +--¡A mí, _Cacho!_ ¡A mí!--gritó Carlos ahogadamente. + +Entonces, antes de que nadie lo pudiera evitar, _el Cacho_, desde la +esquina de la posada, levantó su fusil, apuntó; se oyó una detonación, y +Martín, herido en la espalda, vaciló, soltó a Ohando y cayó en la +tierra. + +Carlos se levantó y quedó mirando a su adversario. Catalina se lanzó +sobre el cuerpo de su marido y trató de incorporarle. Era inútil. + +Martín tomó la mano de su mujer y con un esfuerzo último se la llevó a +los labios--. ¡Adiós!--murmuró débilmente, se le nublaron los ojos y +quedó muerto. + +A lo lejos, un clarín guerrero hacía temblar el aire de Roncesvalles. + +Así se habían estremecido aquellos montes con el cuerno de Rolando. + +Así hacía cerca quinientos años había matado también a traición Velche +de Micolalde, deudo de los Ohando, a Martín López de Zalacaín. + +Catalina se desmayó al lado del cadáver de su marido. El extranjero con +la gente de la fonda le atendieron. Mientras tanto, unos gendarmes +franceses persiguieron al _Cacho_, y viendo que éste no se detenía, le +dispararon varios tiros hasta que cayó herido. + + * * * * * + +El cadáver de Martín se llevó al interior de la posada y estuvo toda la +noche rodeado de cirios. Los amigos no cabían en la casa. Acudieron a +rezar el oficio de difuntos el abad de Roncesvalles y los curas de +Arneguy, de Valcarlos y de Zaro. + +Por la mañana se verificó el entierro. El día estaba claro y alegre. Se +sacó la caja y se la colocó en el coche que habían mandado de San Juan +del Pie del Puerto. Todos los labradores de los caseríos propiedad de +los Ohandos estaban allí; habían venido de Urbia a pie para asistir al +entierro. Y presidieron el duelo Briones, vestido de uniforme, Bautista +Urbide y Capistun el americano. + +Y las mujeres lloraban. + +--Tan grande como era--decían--. ¡Pobre! ¡Quién había de decir que +tendríamos que asistir a su entierro, nosotros que le hemos conocido de +niño! + +El cortejo tomó el camino de Zaro y allí tuvo fin la triste ceremonia. + + * * * * * + +Meses después, Carlos Ohando entró en San Ignacio de Loyola; _el Cacho_ +estuvo en el hospital, en donde le cortaron una pierna, y luego fué +enviado a un presidio francés; y Catalina, con su hijo, marchó a Zaro a +vivir al lado de la Ignacia y de Bautista. + + + + +CAPÍTULO VI + +LAS TRES ROSAS DEL CEMENTERIO DE ZARO + + +Zaro es un pueblo pequeño, muy pequeño, asentado sobre una colina. Para +llegar a él se pasa por un camino, en algunas partes muy hondo, al cual +los arbustos frondosos forman en verano un túnel. + +A la entrada de Zaro, como en otros pueblos vasco-franceses, hay una +gran cruz de madera, muy alta, pintada de rojo, con diversos atributos +de la pasión: un gallo, las tenazas, la lanza y los clavos. Estas cruces +bárbaras, con estrellas y corazones grabados en negro, dan un carácter +sombrío y trágico a las aldeas vascas. + +En el vértice del cerro donde se asienta Zaro, en medio de una +plazoleta, estrecha y larga, se yergue un inmenso nogal copudo, con el +grueso tronco rodeado por un banco de piedra. + +Una de las caras que forman la plaza es grande, con pórtico espacioso, +alero avanzado y varias ventanas cubiertas por persianas verdes. Sobre +el escudo que se ostenta en el arco de la puerta, se ve escrita la fecha +en que se edificó la casa, y unas palabras en latín indicando quién la +hizo: + + _Bacalareus presbiterus Urbide + Hoc domicilium fecit in lapide_. + +En un extremo de la plazoleta se levanta la iglesia, pequeña, humilde, +con su atrio, su campanario y su tejadillo de pizarra. + +Rodeándola, sobre una tapia baja, se extiende el cementerio. + +En Zaro hay siempre un silencio absoluto, casi únicamente interrumpido +por la voz cascada del reloj de la iglesia, que da las horas de una +manera melancólica, con un tañido de lloro. + +En el reloj de la torre de otro pueblo vasco, en Urruña, se lee escrita +esta triste sentencia: _Vulnerant omnes, ultima necat_. Todas hieren, la +última acaba. Mejor todavía la triste sentencia podría estar escrita en +el reloj de la torre de Zaro. + +En el cementerio, alrededor de la iglesia, entre las cruces de piedra, +brillan durante la primavera rosales de varios colores, rojos, +amarillos, y azucenas blancas de aspecto triste. + +Desde este cementerio se ve un valle extensísimo, un paisaje amable y +pastoril. El grave silencio que reina en el camposanto, apenas lo +turbian los débiles rumores de la vida del pueblo. + +De cuando en cuando, se oye el chirriar de una puerta, el tintineo del +cencerro de las vacas, la voz de un chiquillo, el zumbido de los +moscones... y, de cuando en cuando, se oye también el golpe del martillo +del reloj, voz de muerte apagada, sombría, que tiene en el valle un +triste eco. + +Tras de estas campanadas fatídicas, el silencio que viene después parece +un tierno halago. + +Como protesta de la eterna vida, en el mismo camposanto las malas +hierbas crecen vigorosas, extienden sus vástagos robustos por el suelo y +dan un olor acre en el crepúsculo, tras de las horas de sol; pían los +pájaros con algarabía estrepitosa y los gallos lanzan al aire su cacareo +valiente, como un desafío. + +La vista alcanza desde allá un extenso panorama de líneas suaves, de +intenso verdor, sin rocas adustas, sin matorrales sombríos, sin nada +duro y salvaje. Los pueblecillos blancos duermen sobre las heredades, +las carretas rechinan en los caminos, los labradores trabajan con sus +bueyes en los campos, y la tierra, fértil y húmeda, reposa bajo la gran +sonrisa del cielo y la inmensa piedad del sol... + +En el cementerio de Zaro hay una tumba de piedra, y en la misma cruz +escrito con letras negras dice en vasco: + + AQUÍ YACE + MARTÍN ZALACAÍN + MUERTO A LOS + 24 AÑOS + + EL 29 DE FEBRERO DE 1876 + + * * * * * + +Una tarde de verano, muchos, muchos años después de la guerra, se vió +entrar en el mismo día en el cementerio de Zaro a tres viejecitas +vestidas de luto. + +Una de ellas era Linda; se acercó al sepulcro de Zalacaín y dejó sobre +él una rosa negra; la otra era la señorita de Briones, y puso una rosa +roja. Catalina, que iba todos los días al cementerio, vió las dos rosas +en la lápida de su marido y las respetó y depositó junto a ellas una +rosa blanca. + +Y las tres rosas duraron mucho tiempo lozanas sobre la tumba de +Zalacaín. + + + + +CAPÍTULO VII + +EPITAFIOS + + +He aquí el epitafio que improvisó el versolari Echehun de Zugarramurdi +en la tumba de Zalacaín el Aventurero: + + Lur santu onctan dago + Martín Zalacaín ló + Eriotzac hill zuen + Bazan salvatucó + Eliz aldeco itzalac + Gorde du beticó + Bere icena dedin + Honratu gaur gueró + Aurrena Euscal Errien + Gloriya izatecó. + +(En esta santa tierra está durmiendo Martín Zalacaín. La muerte lo +hirió, pero él logró salvarse. En el próximo presbiterio se guarda para +siempre su nombre, para honra primeramente del país vasco y después para +su gloria.) + +Y el joven poeta navarro Juan de Navascués glosó el epitafio del +versolari Echehun de Zugarramurdi, en esta décima castellana: + + Duerme en esta sepultura + Martín Zalacaín, el fuerte. + Venganza tomó la muerte + De su audacia y su bravura. + De su guerrera apostura + El vasco guarda memoria; + Y aunque el libro de la historia + Su rudo nombre rechaza, + ¡Caminante de su raza, + Descúbrete ante su gloria! + + +FIN + + + + + ÍNDICE + + + PRÓLOGO.--Cómo era la villa de Urbia en el + último tercio del siglo XIX + + + + + LIBRO PRIMERO + + LA INFANCIA DE ZALACAÍN + + + I.--Cómo vivió y se educó Martín Zalacaín. + + II.--Donde se habla del viejo cínico Miguel + de Tellagorri + + III.--La reunión de la posada de Arcale + + IV.--Que se refiere a la noble casa de Ohando + + V.--De cómo murió Martín López de Zalacaín, + en el año de gracia de mil cuatrocientos y doce + + VI.--De cómo llegaron unos titiriteros y de + lo que sucedió después + + VII.--Cómo Tellagorri supo proteger a los + suyos + + VIII.--Cómo aumentó el odio entre Martín Zalacaín + y Carlos Ohando + + IX.--Cómo intentó vengarse Carlos de Martín Zalacaín + + + + + LIBRO SEGUNDO + + ANDANZAS Y CORRERÍAS + + + I.--En el que se habla de los preludios de + la última guerra carlista + + II.--Cómo Martín, Bautista y Capistun pasaron + una noche en el monte + + III.--De algunos hombres decididos que formaban + la partida del Cura + + IV.--Historia casi inverosímil de Joshé Cracasch + + V.--Cómo la partida del Cura detuvo la diligencia + de Andoain + + VI.--Cómo cuidó la señora de Briones a + Martín Zalacaín + + VII.--Cómo Martín Zalacaín buscó nuevas + aventuras + + VIII.--Varias anécdotas de Fernando de + Amezqueta y llegada a Estella + + IX.--Cómo Martín y el extranjero pasearon + de noche por Estella y de lo que hablaron + + X.--Cómo transcurrió el segundo día en Estella + + XI.--Cómo los acontecimientos se enredaron, + hasta el punto de que Martín + durmió el tercer día de Estella en la + cárcel + + XII.--En que los acontecimientos marchan al galope + + XIII.--Cómo llegaron a Logroño y lo que les ocurrió + + XIV.--Cómo Zalacaín y Bautista Urbide tomaron + los dos solos la ciudad de Laguardia, + ocupada por los carlistas + + + + + LIBRO TERCERO + + LAS ÚLTIMAS AVENTURAS + + + I.--Los recién casados están contentos + + II.--En el cual se inicia la _Deshecha_ + + III.--En donde Martín comienza a trabajar + por la gloria + + IV.--La batalla cerca del monte Aquelarre + + V.--Donde la Historia Moderna repite el + hecho de la Historia Antigua + + VI.--Las tres rosas del cementerio de Zaro + + VII.--Epitafios + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of Zalacaín El Aventurero, by Pío Baroja + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK ZALACAÍN EL AVENTURERO *** + +***** This file should be named 13264-8.txt or 13264-8.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + https://www.gutenberg.org/1/3/2/6/13264/ + +Produced by Stan Goodman, Virginia Paque and the Online Distributed +Proofreading Team. + + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. 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You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + + +Title: Zalacain El Aventurero + +Author: Pio Baroja + +Release Date: August 23, 2004 [EBook #13264] + +Language: Spanish + +Character set encoding: ASCII + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK ZALACAIN EL AVENTURERO *** + + + + +Produced by Stan Goodman, Virginia Paque and the Online Distributed +Proofreading Team. + + + + + +[Nota del Transcriptor: Este texto digital ha conservado las +irregularidades en puntuacion, acentuacion y ortografia del libro original.] + + + + + ZALACAIN EL AVENTURERO + + + PIO BAROJA + + + ZALACAIN EL AVENTURERO + + (Historia de las buenas andanzas y fortunas de + Martin Zalacain el Aventurero) + + MADRID.--1919. + + + + + +PROLOGO + +COMO ERA LA VILLA DE URBIA EN EL ULTIMO TERCIO DEL SIGLO XIX + + +Una muralla de piedra, negruzca y alta rodea a Urbia. Esta muralla sigue +a lo largo del camino real, limita el pueblo por el Norte y al llegar al +rio se tuerce, tropieza con la iglesia, a la que coge, dejando parte del +abside fuera de su recinto, y despues escala una altura y envuelve la +ciudad por el Sur. + +Hay todavia, en los fosos, terrenos encharcados con hierbajos y +espadanas, poternas llenas de hierros, garitas desmochadas, escalerillas +musgosas, y alrededor, en los glacis, altas y romanticas arboledas, +malezas y boscajes y verdes praderas salpicadas de florecillas. Cerca, +en la aguda colina a cuyo pie se sienta el pueblo, un castillo sombrio +se oculta entre gigantescos olmos. + +Desde el camino real, Urbia aparece como una agrupacion de casas +decrepitas, leprosas, inclinadas, con balcones corridos de madera y +miradores que asoman por encima de la negra pared de piedra que las +circunda. + +Tiene Urbia una barriada vieja y otra nueva. La barriada vieja, la +_calle_, como se le llama por antonomasia en vascuence, esta formada, +principalmente, por dos callejuelas estrechas, sinuosas y en cuesta que +se unen en la plaza. + +El pueblo viejo, desde la carretera, traza una linea quebrada de tejados +torcidos y mugrientos, que va descendiendo desde el Castillo hasta el +rio. Las casas, encaramadas en la cintura de piedra de la ciudad, parece +a primera vista que se encuentran en una posicion estrecha e incomoda, +pero no es asi, sino todo lo contrario, porque, entre el pie de las +casas y los muros fortificados, existe un gran espacio ocupado por una +serie de magnificas huertas. Tales huertas, protegidas de los vientos +frios, son excelentes. En ellas se pueden cultivar plantas de zona +calida como naranjos y limoneros. + +La muralla, por la parte interior que da a las huertas, tiene un camino +formado por grandes losas, especie de acera de un metro de ancho con su +barandado de hierro. + +En los intersticios de estas losas viejas, y desgastadas por las +lluvias, crecen la venenosa cicuta y el beleno; junto a las paredes +brillan, en la primavera, las flores amarillentas del diente del leon y +del verbasco, los gladiolos de hermoso color carmesi y las digitales +purpureas. Otros muchos hierbajos, mezclados con ortigas y amapolas, se +extienden por la muralla y adornan con su verdura y con sus +constelaciones de flores pequenas y simples las almenas, las aspilleras +y los matacanes. + +Durante el invierno, en las horas de sol, algunos viejos de la vecindad, +con traje de casa y zapatillas, pasean por la cornisa, y al llegar Marzo +o Abril contemplan los progresos de los hermosos perales y melocotoneros +de las huertas. + +Observan tambien, disimuladamente, por las aspilleras, si viene algun +coche o carro al pueblo, si hay novedades en las casas de la barriada +nueva, no sin cierta hostilidad, porque todos los habitantes del +interior sienten una obscura y mal explicada antipatia por sus +convecinos de extra-muros. + +La cintura de piedra del pueblo viejo se abre en unos sitios por puertas +ojivales; en otros se rompe irregularmente, dejando un boquete que por +dias se ve agrandarse. + +En algunas de las puertas, debajo, de la ojiva primitiva, se hizo +posteriormente, no se sabe con que objeto, un arco de medio punto. + +En las piedras de las jambas quedan empotrados hierros que sirvieron +para las poternas. Los puentes levadizos estan substituidos por montones +de tierra que rellenan el foso hasta la necesaria altura. + +Urbia ofrece aspectos varios segun el sitio de donde se le contemple; +desde lejos y viniendo desde la carretera, sobre todo al anochecer, +tiene la apariencia de un castillo feudal; la ciudadela sombria, +envuelta entre grandes arboles, prolongada despues por el pueblo con sus +muros fortificados que chorrean agua, presentan un aspecto grave y +guerrero; en cambio, desde el puente y un dia de sol, Urbia no da +ninguna impresion fosca, por el contrario, parece una diminuta +Florencia, asentada en las orillas de un riachuelo claro, pedregoso, +murmurador y de rapida corriente. + +Las dos filas de casas banadas por el rio son casas viejas con galerias +y miradores negruzcos, en los cuales cuelgan ropas puestas a secar, +ristras de ajos y de pimientos. Estas galerias tienen en un extremo una +polea y un cubo para subir agua. Al finalizar las casas, siguiendo las +orillas del rio, hay algunos huertos, por cuyas tapias verdosas surgen +cipreses altos, delgados y espirituales, lo que da a este rincon un +mayor aspecto florentino. + +Urbia intra-muros se acaba pronto; fuera de las dos calles largas, solo +tiene callejones humedos y estrechos y la plaza. Esta es una encrucijada +lobrega, constituida por una pared de la iglesia con varias rejas +tapiadas, por la Casa del Ayuntamiento con sus balcones volados y su +gran porton coronado por el escudo de la villa, y por un caseron enorme +en cuyo bajo se halla instalado el almacen de Azpillaga. + +El almacen de Azpillaga, donde se encuentra de todo, debe dar a los +aldeanos la impresion de una caja de Pandora, de un mundo inexplorado y +lleno de maravillas. A la puerta de casa de Azpillaga, colgando de las +negras paredes, suelen verse chisteras para jugar a la pelota, albardas, +jaquimas, monturas de estilo andaluz; y en las ventanas, que hacen de +escaparate frascos con caramelos de color, aparejos complicados de +pesca, con su corcho rojo y sus canas, redes sujetas a un mango, marcos +de hojadelata, santos de yeso y de laton y estampas viejas, sucias por +las moscas. + +En el interior hay ropas, mantas, lanas, jamon, botellas de Chartreuse +falsificado, loza fina... El Museo Britanico no es nada, en variedad, al +lado de este almacen. + +A la puerta suele pasearse Azpillaga, grueso, majestuoso, con su aire +clerical, unas mangas azules y su boina. Las dos calles principales de +Urbia son estrechas, tortuosas y en cuesta. La mayoria de los vecinos de +esas dos calles son labradores, alpargateros y carpinteros de carros. +Los labradores, por la manana, salen al campo con sus yuntas. Al +despertar el pueblo, al amanecer, se oyen los mugidos de los bueyes; +luego, los alpargateros sacan su banco a la acera, y los carpinteros +trabajan en medio de la calle en compania de los chiquillos, de las +gallinas y de los perros. + +Algunas de las casas de las dos calles principales muestran su escudo, +otras, sentencias escritas en latin, y la generalidad, un numero, la +fecha en que se hicieron y el nombre del matrimonio que las mando +construir... + +Hoy, el pueblo lo forma casi exclusivamente la parte nueva, limpia, +coquetona, un poco presuntuosa. El verano cruzan la carretera un sin fin +de automoviles y casi todos se paran un momento en la casa de Ohando, +convertido en Gran Hotel de Urbia. Algunas senoritas, apasionadas por lo +pintoresco, mientras el grueso papa escribe postales en el hotel, suben +las escaleras del portal de la Antigua, recorren las dos calles +principales de la ciudad y sacan fotografias de los rincones que les +parecen romanticos y de los grupos de alpargateros que se dejan retratar +sonriendo burlonamente. + +Hace cuarenta anos la vida en Urbia era pacifica y sencilla; los +domingos habia el acontecimiento de la misa mayor, y por la tarde el +acontecimiento de las visperas. Despues, en un prado anejo a la +Ciudadela y del cual se habia apoderado la villa, iba el tamborilero y +la gente bailaba alegremente, al son del pito y del tamboril, hasta que +el toque del Angelus terminaba con la zambra y los campesinos volvian a +sus casas despues de hacer una estacion en la taberna. + + + + +LIBRO PRIMERO + +La infancia de Zalacain + + + + +CAPITULO PRIMERO + +COMO VIVIO Y SE EDUCO MARTIN ZALACAIN + + +Un camino en cuesta baja de la Ciudadela pasa por encima del cementerio +y atraviesa el portal de Francia. Este camino, en la parte alta, tiene a +los lados varias cruces de piedra, que terminan en una ermita y por la +parte baja, despues de entrar en la ciudad, se convierte en calle. A la +izquierda del camino, antes de la muralla, habia hace anos un caserio +viejo, medio derruido, con el tejado terrero lleno de pedruscos y la +piedra arenisca de sus paredes desgastada por la accion de la humedad y +del aire. En el frente de la decrepita y pobre casa, un agujero indicaba +donde estuvo en otro tiempo el escudo, y debajo de el se adivinaban, mas +bien que se leian, varias letras que componian una frase latina: _Post +funera virtus vivit_. + +En este caserio nacio y paso los primeros anos de su infancia Martin +Zalacain de Urbia, el que, mas tarde, habia de ser llamado Zalacain el +Aventurero; en este caserio sono sus primeras aventuras y rompio los +primeros pantalones. + +Los Zalacain vivian a pocos pasos de Urbia, pero ni Martin ni su familia +eran ciudadanos; faltaban a su casa unos metros para formar parte de la +villa. + +El padre de Martin fue labrador, un hombre obscuro y poco comunicativo, +muerto en una epidemia de viruelas; la madre de Martin tampoco era mujer +de caracter; vivio en esa obscuridad psicologica normal entre la gente +del campo, y paso de soltera a casada y de casada a viuda con absoluta +inconsciencia. Al morir su marido, quedo con dos hijos Martin y una nina +menor, llamada Ignacia. + +El caserio donde habitaban los Zalacain pertenecia a la familia de +Ohando, familia la mas antigua aristocratica y rica de Urbia. + +Vivia la madre de Martin casi de la misericordia de los Ohandos. + +En tales condiciones de pobreza y de miseria, parecia logico que, por +herencia y por la accion del ambiente, Martin fuese como su padre y su +madre, obscuro, timido y apocado; pero el muchacho resulto decidido, +temerario y audaz. + +En esta epoca, los chicos no iban tanto a la escuela como ahora, y +Martin paso mucho tiempo sin sentarse en sus bancos. No sabia de ella +mas si no que era un sitio obscuro, con unos cartelones blancos en las +paredes, lo cual no le animaba a entrar. Le alejaba tambien de aquel +modesto centro de ensenanza el ver que los chicos de la calle no le +consideraban como uno de los suyos, a causa de vivir fuera del pueblo y +de andar siempre hecho un andrajoso. + +Por este motivo les tenia algun odio; asi que cuando algunos chiquillos +de los caserios de extramuros entraban en la calle y comenzaban a +pedradas con los ciudadanos, Martin era de los mas encarnizados en el +combate; capitaneaba las hordas barbaras, las dirigia y hasta las +dominaba. + +Tenia entre los demas chicos el ascendiente de su audacia y de su +temeridad. No habia rincon del pueblo que Martin no conociera. Para el, +Urbia era la reunion de todas las bellezas, el compendio de todos los +intereses y magnificencias. + +Nadie se ocupaba de el, no compartia con los demas chicos la escuela y +huroneaba por todas partes. Su abandono le obligaba a formarse sus ideas +espontaneamente y a templar la osadia con la prudencia. + +Mientras los ninos de su edad aprendian a leer, el daba la vuelta a la +muralla, sin que le asustasen las piedras derrumbadas, ni las zarzas que +cerraban el paso. + +Sabia donde habia palomas torcaces e intentaba coger sus nidos, robaba +fruta y cogia moras y fresas silvestres. + +A los ocho anos, Martin gozaba de una mala fama digna ya de un hombre. +Un dia, al salir de la escuela, Carlos Ohando, el hijo de la familia +rica que dejaba por limosna el caserio a la madre de Martin, senalandole +con el dedo, grito: + +--iEse! Ese es un ladron. + +--iYo!--exclamo Martin. + +--Tu, si. El otro dia te vi que estabas robando peras en mi casa. Toda +tu familia es de ladrones. + +Martin, aunque respecto a el no podia negar la exactitud del cargo, +creyo no debia permitir este ultraje dirigido a los Zalacain y, +abalanzandose sobre el joven Ohando, le dio una bofetada morrocotuda. +Ohando contesto con un punetazo, se agarraron los dos y cayeron al +suelo, se dieron de trompicones, pero Martin, mas fuerte, tumbaba +siempre al contrario. Un alpargatero tuvo que intervenir en la contienda +y, a puntapies y a empujones, separo a los dos adversarios. Martin se +separo triunfante y el joven Ohando, magullado y maltrecho, se fue a su +casa. + +La madre de Martin, al saber el suceso, quiso obligar a su hijo a +presentarse en casa de Ohando y a pedir perdon a Carlos, pero Martin +afirmo que antes lo matarian. Ella tuvo que encargarse de dar toda clase +de excusas y explicaciones a la poderosa familia. + +Desde entonces, la madre miraba a su hijo como a un reprobo. + +--iDe donde ha salido este chico asi!--decia, y experimentaba al pensar +en el un sentimiento confuso de amor y de pena, solo comparable con el +asombro y la desesperacion de la gallina, cuando empolla huevos de pato +y ve que sus hijos se zambullen en el agua sin miedo y van nadando +valientemente. + + + + +CAPITULO II + +DONDE SE HABLA DEL VIEJO CINICO MIGUEL DE TELLAGORRI + + +Algunas veces, cuando su madre enviaba por vino o por sidra a la taberna +de Arcale a su hijo Martin, le solia decir: + +--Y si le encuentras, al viejo Tellagorri, no le hables, y si te dice +algo, respondele a todo que no. + +Tellagorri, tio-abuelo de Martin, hermano de la madre de su padre, era +un hombre flaco, de nariz enorme y ganchuda, pelo gris, ojos grises, y +la pipa de barro siempre en la boca. Punto fuerte en la taberna de +Arcale, tenia alli su centro de operaciones, alli peroraba, discutia y +mantenia vivo el odio latente que hay entre los campesinos por el +propietario. + +Vivia el viejo Tellagorri de una porcion de pequenos recursos que el se +agenciaba, y tenia mala fama entre las personas pudientes del pueblo. +Era, en el fondo, un hombre de rapina, alegre y jovial, buen bebedor, +buen amigo y en el interior de su alma bastante violento para pegarle un +tiro a uno o para incendiar el pueblo entero. + +La madre de Martin presintio que, dado el caracter de su hijo, +terminaria haciendose amigo de Tellagorri, a quien ella consideraba como +un hombre siniestro. Efectivamente, asi fue; el mismo dia en que el +viejo supo la paliza que su sobrino habia adjudicado al joven Ohando, le +tomo bajo su proteccion y comenzo a iniciarle en su vida. + +El mismo senalado dia en que Martin disfruto de la amistad de +Tellagorri, obtuvo tambien la benevolencia de _Marques. Marques_ era el +perro de Tellagorri, un perro chiquito, feo, contagiado hasta tal punto +con las ideas, preocupaciones y manas de su amo, que era como el; +ladron, astuto, vagabundo, viejo, cinico, insociable e independiente. +Ademas, participaba del odio de Tellagorri por los ricos, cosa rara en +un perro. Si _Marques_ entraba alguna vez en la iglesia, era para ver si +los chicos habian dejado en el suelo de los bancos donde se sentaban +algun mendrugo de pan, no por otra cosa. No tenia veleidades misticas. A +pesar de su titulo aristocratico, _Marques_, no simpatizaba ni con el +clero ni con la nobleza. Tellagorri le llamaba siempre _Marquesch_, +alteracion que en vasco parece mas carinosa. + +Tellagorri poseia un huertecillo que no valia nada, segun los +inteligentes, en el extremo opuesto de su casa, y para ir a el le era +indispensable recorrer todo el balcon de la muralla. Muchas veces le +propusieron comprarle el huerto, pero el decia que le venia de familia y +que los higos de sus higueras eran tan excelentes, que por nada del +mundo venderia aquel pedazo de tierra. + +Todo el mundo creia que conservaba el huertecillo para tener derecho de +pasar por la muralla y robar, y esta opinion no se hallaba, ni mucho +menos, alejada de la realidad. + +Tellagorri era de la familia de los Galchagorris, la familia de los +pantalones colorados, y este consonante, entre el mote de su familia y +su nombre habia servido al padre de la sacristana, viejo chusco que +odiaba a Tellagorri, de motivo a una cancion que hasta los chicos la +sabian y que mortificaba profundamente a Tellagorri. + +La cancion decia asi: + + Tellagorri + Galchagorri + Ongui etorri + Onera. + Ostutzale + Erantzale + Nescatzale + Zu cera. + +(Tellagorri, Galchagorri, bien venido seas aqui. Aficionado a robar, +aficionado a beber aficionado a las muchachas, eres tu.) + +Tellagorri, al oir la cancion, fruncia el entrecejo y se ponia serio. + +Tellagorri era un individualista convencido, tenia el individualismo del +vasco reforzado y calafateado por el individualismo de los Tellagorris. + +--Cada cual que conserve lo que tenga y que robe lo que pueda--decia. + +Esta era la mas social de sus teorias, las mas insociables se las +callaba. + +Tellagorri no necesitaba de nadie para vivir. El se hacia la ropa, el se +afeitaba y se cortaba el pelo, se fabrica las abarcas, y no necesitaba +de nadie, ni de mujer ni de hombre. Asi al menos lo aseguraba el. + +Tellagorri, cuando le tomo por su cuenta a Martin, le enseno toda su +ciencia. Le explico la manera de acogotar una gallina sin que +alborotase, le mostro la manera de coger los higos y las ciruelas de las +huertas sin peligro de ser visto, y le enseno a conocer las setas buenas +de las venenosas por el color de la hierba en donde se crian. + +Esta cosecha de setas y la caza de caracoles constituia un ingreso para +Tellagorri, pero el mayor era otro. + +Habia en la Ciudadela, en uno de los lienzos de la muralla, un rellano +formado por tierra, al cual parecia tan imposible llegar subiendo como +bajando. Sin embargo, Tellagorri dio con la vereda para escalar aquel +rincon y, en este sitio recondito y soleado, puso una verdadera +plantacion de tabaco, cuyas hojas secas vendia al tabernero Arcale. + +El camino que llevaba a la plantacion de tabaco del viejo, partia de una +heredad de los Ohandos y pasaba por un foso de la Ciudadela. Abriendo +una puerta vieja y carcomida que habia en este foso, por unos escalones +cubiertos de musgo, se llegaba al rincon de Tellagorri. + +Este camino subia apoyandose en las gruesas raices de los arboles, +constituyendo una escalera de desiguales tramos, metida en un tunel de +ramaje. + +En verano, las hojas lo cubrian por completo. En los dias calurosos de +Agosto se podia dormir alli a la sombra, arrullado por el piar de los +pajaros y el rezongar de los moscones. + +El foso era lugar tambien interesante para Martin; las paredes estaban +cubiertas de musgos rojos, amarillos y verdes; entre las piedras nacian +la lechetrezna, el beleno y el yezgo, y los grandes lagartos +tornasolados se tostaban al sol. En los huecos de la muralla tenian sus +nidos las lechuzas y los mochuelos. + +Tellagorri explicaba todo detenidamente a Martin. + +Tellagorri era un sabio, nadie conocia la comarca como el, nadie +dominaba la geografia del rio Ibaya, la fauna y la flora de sus orillas +y de sus aguas como este viejo cinico. + +Guardaba, en los agujeros del puente romano, su aparejo y su red para +cuando la veda; sabia pescar al martillo, procedimiento que se reduce a +golpear algunas losas del fondo del rio y luego a levantarlas, con lo +que quedan las truchas que han estado debajo inmoviles y aletargadas. + +Sabia cazar los peces a tiros; ponia lazos a las nutrias en la cueva de +Amaviturrieta, que se hunde en el suelo y esta a medias llena de agua; +echaba las redes en Ocin beltz, el agujero negro en donde el rio se +embalsa; pero no empleaba nunca la dinamita porque, aunque vagamente, +Tellagorri amaba la Naturaleza y no queria empobrecerla. + +Le gustaba tambien a este viejo embromar a la gente: decia que nada +gustaba tanto a las nutrias como un periodico con buenas noticias, y +aseguraba que si se dejaba un papel a la orilla del rio, estos animales +salen a leerlo; contaba historias extraordinarias de la inteligencia de +los salmones y de otros peces. Para Tellagorri, los perros si no +hablaban era porque no querian, pero el los consideraba con tanta +inteligencia como una persona. Este entusiasmo por los canes le habia +impulsado a pronunciar esta frase irrespetuosa: + +--"Yo le saludo con mas respeto a un perro de aguas, que al senor +parroco." + +La tal frase escandalizo el pueblo. + +Habia gente que comenzaba a creer que Tellagorri y Voltaire eran los +causantes de la impiedad moderna. + +Cuando no tenian, el viejo y el chico, nada que hacer, iban de caza con +_Marquesch_ al monte. Arcale le prestaba a Tellagorri su escopeta. +Tellagorri, sin motivo conocido, comenzaba a insultar a su perro. Para +esto siempre tenia que emplear el castellano: + +--iCanalla! iGranuja!--le decia--. iViejo cochino! iCobarde! + +_Marques_ contestaba a los insultos con un ladrido suave, que parecia +una quejumbrosa protesta, movia la cola como un pendulo y se ponia a +andar en zig-zag, olfateando por todas partes. De pronto veia que +algunas hierbas se movian y se lanzaba a ellas como una flecha. + +Martin se divertia muchisimo con estos espectaculos. Tellagorri lo tenia +como acompanante para todo, menos para ir a la taberna; alli no le +queria a Martin. Al anochecer, solia decirle, cuando el iba a perorar al +parlamento de casa de Arcale: + +--Anda, vete a mi huerta y coge unas peras de alli, del rincon, y +llevatelas a casa. Manana me daras la llave. + +Y le entregaba un pedazo de hierro que pesaba media tonelada por lo +menos. + +Martin recorria el balcon de la muralla. Asi sabia que en casa de Tal +habian plantado alcachofas y en la de Cual judias. El ver las huertas y +las casas ajenas desde lo alto de la muralla, y el contemplar los +trabajos de los demas, iba dando a Martin cierta inclinacion a la +filosofia y al robo. + +Como en el fondo el joven Zalacain era agradecido y de buena pasta, +sentia por su viejo Mentor un gran entusiasmo y un gran respeto. +Tellagorri lo sabia, aunque daba a entender que lo ignoraba; pero en +buena reciprocidad, todo lo que comprendia que le gustaba al muchacho o +servia para su educacion, lo hacia si estaba en su mano. + +iY que rincones conocia Tellagorri! Como buen vagabundo era aficionado a +la contemplacion de la Naturaleza. El viejo y el muchacho subian a las +alturas de la Ciudadela, y alla, tendidos sobre la hierba y las aliagas, +contemplaban el extenso paisaje. Sobre todo, las tardes de primavera era +una maravilla. El rio Ibaya, limpio, claro, cruzaba el valle por entre +heredades verdes, por entre filas de alamos altisimos, ensanchandose y +saltando sobre las piedras, estrechandose despues, convirtiendose en +cascada de perlas al caer por la presa del molino. Cerraban el horizonte +montes cenudos y en los huertos se veian arboledas y bosquecillos de +frutales. + +El sol daba en los grandes olmos de follaje espeso de la Ciudadela y los +enrojecia y los coloreaba con un tono de cobre. + +Bajando desde lo alto, por senderos de cabras, se llegaba a un camino +que corria junto a las aguas claras del Ibaya. Cerca del pueblo, +algunos pescadores de cana, se pasaban la tarde sentados en la orilla y +las lavanderas, con las piernas desnudas metidas en el rio, sacudian las +ropas y cantaban. + +Tellagorri conocia de lejos a los pescadores.--Alli estan Tal y Tal, +decia--. Seguramente no han pescado nada. No se reunia con ellos; el +sabia un rincon perfumado por las flores de las acacias y de los espinos +que caia sobre un sitio en donde el rio estaba en sombra y a donde +afluian los peces. + +Tellagorri le curtia a Martin, le hacia andar, correr, subirse a los +arboles, meterse en los agujeros como un huron, le educaba a su manera, +por el sistema pedagogico de los Tellagorris que se parecia bastante al +salvajismo. + +Mientras los demas chicos estudiaban la doctrina y el caton, el +contemplaba los espectaculos de la Naturaleza, entraba en la cueva de +Erroitza en donde hay salones inmensos llenos de grandes murcielagos que +se cuelgan de las paredes por las unas de sus alas membranosas, se +banaba en Ocin beltz, a pesar de que todo el pueblo consideraba este +remanso peligrosisimo, cazaba y daba grandes viajatas. + +Tellagorri hacia que su nieto entrara en el rio cuando llevaban a banar +los caballos de la diligencia, montado en uno de ellos. + +--iMas adentro! iMas cerca de la presa, Martin!--le decia. + +Y Martin, riendo, llevaba los caballos hasta la misma presa. + +Algunas noches, Tellagorri, le llevo a Zalacain al cementerio. + +--Esperame aqui un momento--le dijo. + +--Bueno. + +Al cabo de media hora, al volver por alli le pregunto: + +--?Has tenido miedo, Martin? + +--?Miedo de que? + +--_iArrayua!_ Asi hay que ser--decia Tellagorri--. Hay que estar firmes, +siempre firmes. + + + + +CAPITULO III + +LA REUNION DE LA POSADA DE ARCALE + + +La posada de Arcale estaba en la calle del castillo y hacia esquina al +callejon Oquerra. Del callejon se salia al portal de la Antigua; +hendidura estrecha y lobrega de la muralla que bajaba por una rampa en +zig-zag al camino real. La casa de Arcale era un caseron de piedra hasta +el primer piso, y lo demas de ladrillo, que dejaba ver sus vigas +cruzadas y ennegrecidas por la humedad. Era, al mismo tiempo, posada y +taberna con honores de club, pues alli por la noche se reunian varios +vecinos de la _calle_ y algunos campesinos a hablar y a discutir y los +domingos a emborracharse. El zaguan negro tenia un mostrador y un +armario repleto de vinos y licores; a un lado estaba la taberna, con +mesas de pino largas que podian levantarse y sujetarse a la pared, y en +el fondo la cocina. Arcale era un hombre grueso y activo, excosechero, +extratante de caballos y contrabandista. Tenia cuentas complicadas con +todo el mundo, administraba las diligencias, chalaneaba, gitaneaba, y +los dias de fiesta anadia a sus oficios el de cocinero. Siempre estaba +yendo y viniendo, hablando, gritando, rinendo a su mujer y a su hermano, +a los criados y a los pobres; no paraba nunca de hacer algo. + +La tertulia de la noche en la taberna de Arcale la sostenian Tellagorri +y Pichia. Pichia, digno compinche de Tellagorri, le servia de contraste. +Tellagorri era flaco, Pichia gordo; Tellagorri vestia de obscuro, +Pichia, quiza para poner mas en evidencia su volumen, de claro; +Tellagorri pasaba por pobre, Pichia era rico; Tellagorri era liberal, +Pichia carlista; Tellagorri no pisaba la iglesia, Pichia estaba siempre +en ella, pero a pesar de tantas divergencias Tellagorri y Pichia se +sentian almas gemelas que fraternizaban ante un vaso de buen vino. + +Tenian estos dos oradores de la taberna de Arcale hablando en castellano +un caracter comun y era que invariablemente trabucaban las efes y las +pes. No habia medio de que las pronunciasen a derechas. + +--?Que te _farece_ a ti el medico nuevo?--le preguntaba Pichia a +Tellagorri. + +--!Pse!--contestaba el otro--. La _fratica_ es lo que le _palta_. + +--Pues es hombre listo, hombre de alguna _portuna,_ tiene su _fiano_ en +casa. + +No habia manera de que uno u otro pronunciaran estas letras bien. + +Tellagorri se sentia poco aficionado a las cosas de iglesia, tenia poca +_apicion_, como hubiera dicho el, y cuando bebia dos copas de mas la +primera gente de quien empezaba a hablar mal era de los curas. Pichia +parecia natural que se indignara y no solo no se indignaba como cerero y +religioso, sino que azuzaba a su amigo para que dijera cosas mas fuertes +contra el vicario, los coadjutores, el sacristan o la cerora. + +Sin embargo, Tellagorri respetaba al vicario de Arbea, a quien los +clericales acusaban de liberal y de loco. El tal vicario tenia la +costumbre de coger su sueldo, cambiarlo en plata y dejarlo encima de la +mesa formando un monton, no muy grande, porque el sueldo no era mucho, +de duros y de pesetas. Luego, a todo el que iba a pedirle algo, despues +de renirle rudamente y de reprocharle sus vicios y de insultarle a +veces, le daba lo que le parecia, hasta que a mediados del mes se le +acababa el monton de pesetas y entonces daba maiz o habichuelas siempre +refunfunando e insultando. + +Tellagorri decia:--Esos son curas, no como los de aqui, que no quieren +mas que vivir bien y buenas _profinas_. + +Toda la torpeza de Tellagorri hablando castellano se trocaba en +facilidad, en rapidez y en gracia cuando peroraba en vascuence. Sin +embargo, el preferia hablar en castellano porque le parecia mas +elegante. + +Cualquier cosa llegaba a ser graciosa en boca de aquel viejo truhan; +cuando pasaba por delante de la taberna alguna chica bonita, Tellagorri +lanzaba un ronquido tan socarron que todo el mundo reia. + +Otro, haciendo lo mismo, hubiese parecido ordinario y grosero; el, no; +Tellagorri tenia una elegancia y una delicadeza innata que le alejaban +de la groseria. + +Era tambien hombre de refranes, y cuando estaba borracho cantaba muy +mal, sin afinacion alguna, pero dando a las palabras mucha malicia. + +Las dos canciones favoritas suyas eran dos hibridas de vascuence y +castellano; traducidas literalmente no querian decir gran cosa, pero en +sus labios significaban todo. Una, probablemente de su invencion, era +asi: + + Ba dala sargentua + Ba dala quefia. + Erreguinen bizcarretic + Artzen ditu cafia. + +(Ya sea sargento, ya sea jefe, a costa de la reina, toma su cafe). + +Esto, en boca de Tellagori, quieria decir que todo el mundo era un +pillo. + +La otra cancion la tenia el viejo para los momentos solemnes, y era asi: + + Manuelacho, escasayozu + Barcasiyua Andresi. + +(Manolita, pidele perdon a Andres). + +Y hacia, al decir esto Tellagorri, una reverencia comica, y continuaa +con voz gangosa: + + Beti orrela ibilli gabe + majo sharraren iguesi. + +(Sin andar siempre, de esa manera, huyendo de un viejecito tan majo). + +Y despues, como una consecuencia grave de lo que habia dicho antes, +anadia: + + Napoleonen pauso gaiztoac + ondo dituzu icasi. + +(Los malos pasos de Napoleon, bien los has aprendido). + +No era facil comprender que malos pasos de Napoleon habria aprendido +Manolita. Probablemente Manolita no tendria ni la mas remota idea de la +existencia del heroe de Austerlitz, pero esto no era obstaculo para que +la cancion en boca de Tellagorri tuviese muchisima gracia. + +Para los momentos en que Tellagorri estaba un tanto excitado o +borracho, tenia otra cancion bilinguee, en que se celebraba el abrazo de +Vergara y que concluia asi: + + iViva Espartero! iViva erreguina! + iOjala de repente ilcobalizaque + Bere ama ciquina! + +(iViva Espartero! iViva la reina! Ojala de repente se muriese su sucia +madre!). + +Este adjetivo, dirigido a la madre de Isabel II, indicaba como habia +llegado el odio por Maria Cristina hasta los mas alejados rincones de +Espana. + + + + +CAPITULO IV + +QUE SE REFIERE A LA NOBLE CASA DE OHANDO + + +A la entrada del pueblo nuevo, en la carretera, y por lo tanto, fuera de +las murallas, estaba la casa mas antigua y linajuda de Urbia: la casa de +Ohando. + +Los Ohandos constituyeron durante mucho tiempo la unica aristocracia de +la villa; fueron en tiempo remoto grandes hacendados y fundadores de +capellanias, luego algunos reveses de fortuna y la guerra civil, +amenguaron sus rentas y la llegada de otras familias ricas les quito la +preponderancia absoluta que habian tenido. + +La casa Ohando estaba en la carretera, lo bastante retirada de ella para +dejar sitio a un hermoso jardin, en el cual, como haciendo guardia, se +levantaban seis magnificos tilos. Entre los grandes troncos de estos +arboles crecian viejos rosales que formaban guirnaldas en la primavera +cuajadas de flores. + +Otro rosal trepador, de retorcidas ramas y rosas de color de te, subia +por la fachada extendiendose como una parra y daba al viejo casaron un +tono delicado y aereo. Tenia ademas este jardin, en el lado que se unia +con la huerta, un bosquecillo de lilas y saucos. En los meses de Abril y +Mayo, estos arbustos florecian y mezclaban sus tirsos perfumados, sus +corolas blancas y sus racimillos azules. + +En la casa solar, sobre el gran balcon del centro, campeaba el escudo de +los fundadores tallado en arenisca roja; se veian esculpidos en el dos +lobos rampantes con unas manos cortadas en la boca y un roble en el +fondo. En el lenguaje heraldico, el lobo indica encarnizamiento con los +enemigos; el roble, venerable antigueedad. + +A juzgar por el blason de los Ohandos, estos eran de una familia +antigua, feroz con los enemigos. Si habia que dar credito a algunas +viejas historias, el escudo decia unicamente la verdad. + +La parte de atras de la casa de los hidalgos daba a una hondonada; tenia +una gran galeria de cristales y estaba hecha de ladrillo con entramado +negro; enfrente se erguia un monte de dos mil pies, segun el mapa de la +provincia, con algunos caserios en la parte baja, y en la alta, desnudo +de vegetacion, y solo cubierto a trechos por encinas y carrascas. + +Por un lado, el jardin se continuaba con una magnifica huerta en +declive, orientada al mediodia. + +La familia de los Ohandos se componia de la madre, dona Agueda, y de +sus hijos Carlos y Catalina. + +Dona Agueda, mujer debil, fanatica y entermiza, de muy poco caracter, +estaba dominada constantemente en las cuestiones de la casa por alguna +criada antigua y en las cuestiones espirituales por el confesor. + +En esta epoca, el confesor era un curita joven llamado don Felix, hombre +de apariencia tranquila y dulce que ocultaba vagas ambiciones de dominio +bajo una capa de mansedumbre evangelica. + +Carlos de Ohando el hijo mayor de dona Agueda, era un muchacho cerril, +obscuro, timido y de pasiones violentas. El odio y la envidia se +convertian en el en verdaderas enfermedades. + +A Martin Zalacain le habia odiado desde pequeno cuando Martin le calento +las costillas al salir de la escuela, el odio de Carlos se convirtio en +furor. Cuando le veia a Martin andar a caballo y entrar en el rio, le +deseaba un desliz peligroso. + +Le odiaba freneticamente. + +Catalina, en vez de ser obscura y cerril como su hermano Carlos, era +pizpireta, sonriente, alegre y muy bonita. Cuando iba a la escuela con +su carita sonrosada, un traje gris y una boina roja en la cabeza rubia, +todas las mujeres del pueblo la acariciaban, las demas chicas querian +siempre andar con ella y decian que, a pesar de su posicion +privilegiada, no era nada orgullosa. + +Una de sus amigas era Ignacita, la hermana de Martin. + +Catalina y Martin se encontraban muchas veces y se hablaban; el la veia +desde lo alto de la muralla, en el mirador de la casa, sentadita y muy +formal, jugando o aprendiendo a hacer media. Ella siempre estaba oyendo +hablar de las calaveradas de Martin. + +--Ya esta ese diablo ahi en la muralla--decia dona Agueda--. Se va a +matar el mejor dia. iQue demonio de chico! iQue malo es! + +Catalina ya sabia que diciendo ese demonio, o ese diablo, se referian a +Martin. + +Carlos alguna vez le habia dicho a su hermana: + +--No hables con ese ladron. + +Pero a Catalina no le parecia ningun crimen que Martin cogiera frutas de +los arboles y se las comiese, ni que corriese por la muralla. A ella se +le antojaban extravagancias, porque desde nina tenia un instinto de +orden y tranquilidad y le parecia mal que Martin fuese tan loco. + +Los Ohandos eran duenos de un jardin proximo al rio, con grandes +magnolias y tilos y cercado por un seto de zarzas. + +Cuando Catalina solia ir alli con la criada a coger flores, Martin las +seguia muchas veces y se quedaba a la entrada del seto. + +--Entra si quieres--le decia Catalina. + +--Bueno--y Martin entraba y hablaba de sus correrias, de las +barbaridadas que iba a hacer y exponia las opiniones de Tellagorri, que +le parecian articulos de fe. + +--iMas te valia ir a la escuela!--le decia Catalina. + +--iYo! iA la escuela!--exclamaba Martin--. Yo me ire a America o me ire +a la guerra. + +Catalina y la criada entraban por un sendero del jardin lleno de rosales +y hacian ramos de flores. Martin las veia y contemplaba la presa, cuyas +aguas brillaban al sol como perlas y se deshacian en espumas +blanquisimas. + +--Ya andaria por ahi, si tuviera una lancha--decia Martin. + +Catalina protestaba. + +--?No se te van a ocurrir mas que tonterias siempre? ?Por que no eres +como los demas chicos? + +--Yo les pego a todos--contestaba Martin, como si esto fuera una razon. + +...En la primavera, el camino proximo al rio era una delicia. Las hojas +nuevas de las hayas comenzaban a verdear, el helecho lanzaba al aire sus +enroscados tallos, los manzanos y los perales de las huertas ostentaban +sus copas nevadas por la flor y se oian los cantos de las malvices y de +los ruisenores en las enramadas. El cielo se mostraba azul, de un azul +suave, un poco palido y solo alguna nube blanca, de contornos duros, +como si fuera de marmol, aparecia en el cielo. + +Los sabados por la tarde, durante la primavera y el verano, Catalina y +otras chicas del pueblo, en compania de alguna buena mujer, iban al +campo santo. Llevaba cada una un cestito de flores, hacian una escobilla +con los hierbajos secos, limpiaban el suelo de las lapidas en donde +estaban enterrados los muertos de su familia y adornaban las cruces con +rosas y con azucenas. Al volver hacia casa todas juntas, veian como en +el cielo comenzaban a brillar las estrellas y escuchaban a los sapos, +que lanzaban su misteriosa nota de flauta en el silencio del +crepusculo... + +Muchas veces, en el mes de Mayo, cuando pasaban Tellagorri y Martin por +la orilla del rio, al cruzar por detras de la iglesia, llegaba hasta +ellos las voces de las ninas, que cantaban en el coro las flores de +Maria. + + Emenche gauzcatzu ama + +(Aqui nos tienes, madre.) + +Escuchaban un momento, y Martin distinguia la voz de Catalina, la chica +de Ohando. + +--Es _Catalin_, la de Ohando--decia Martin. + +--Si no eres tonto tu, te casaras con ella--replicaba Tellagorri. + +Y Martin se echaba a reir. + + + + +CAPITULO V + +DE COMO MURIO MARTIN LOPEZ DE ZALACAIN, EN EL ANO DE GRACIA +DE MIL CUATROCIENTOS Y DOCE. + + +Uno de los vecinos que con mas frecuencia paseaba por la acera de la +muralla era un senor viejo, llamado don Fermin Soraberri. Durante +muchisimos anos, don Fermin desempeno el cargo de secretario del +Ayuntamiento de Urbia, hasta que se retiro, cuando su hija se caso con +un labrador de buena posicion. + +El senor don Fermin Soraberri era un hombre alto, grueso, pesado, con +los parpados edematosos y la cara hinchada. Solia llevar una gorrita con +dos cintas colgantes por detras, una esclavina azul y zapatillas. La +especialidad de don Fermin era la de ser distraido. Se olvidaba de todo. +Sus relaciones estaban cortadas por este patron: + +--Una vez en Onate... (para el senor Soraberri, Onate era la Atenas +moderna.--En Espana hay veinte o treinta Atenas modernas.) Una vez en +Onate pude presenciar una cosa sumamente interesante. Estabamos reunidos +el senor vicario, un senor profesor de primera ensenanza y...--y el +senor Soraberri miraba a todas partes, como espantado, con sus grandes +ojos turbios, y decia:--?En que iba?... Pues... se me ha olvidado la +especie. + +Al senor Soraberri siempre se le olvidaba la especie. Casi todos los +dias el exsecretario se encontraba con Tellagorri y cambiaban un saludo +y algunas palabras acerca del tiempo y de la marcha de los arboles +frutales. Al comenzar a verle acompanado de Martin, el senor Soraberri +se extrano y miraba al muchacho con su aire de elefante hinchado y +reblandecido. + +Penso en dirigirle alguna pregunta, pero tardo varios dias, porque el +senor Soraberri era tardo en todo. Al ultimo le dijo, con su majestuosa +lentitud: + +--?De quien es este nino, amigo Tellagorri? + +--?Este chico? Es un pariente mio. + +--?Algun Tellagorri? + +--No; se llama Martin Zalacain. + +--iHombre! iHombre! Martin Lopez de Zalacain. + +--No, Lopez no--dijo Tellagorri. + +--Yo se lo que me digo. Este nino se llama realmente Martin Lopez de +Zalacain y sera de ese caserio que esta ahi cerca del portal de Francia. + +--Si, senor; de ahi es. + +--Pues conozco su historia, y Lopez de Zalacain ha sido y Lopez de +Zalacain sera, y si quiere usted manana vaya usted a mi casa y le leere +a usted un papel que copie del archivo del Ayuntamiento acerca de esa +cuestion. + +Tellagorri dijo que iria y, efectivamente, al dia siguiente, pensando +que quiza lo dicho por el exsecretario tuviese alguna importancia, se +presento con Martin en su casa. + +Al senor Soraberri se le habia olvidado la especie, pero recordo pronto +de que se trataba; encargo a su hija que trajese un vaso de vino para +Tellagorri, entro el en su despacho y volvio poco despues con unos +papeles viejos en la mano; se puso los anteojos, carraspeo, revolvio sus +notas, y dijo: + +--iAh! Aqui estan. Esto--anadio--es una copia de una narracion que hace +el cronista Inigo Sanchez de Ezpeleta acerca de como fue vertida la +primera sangre en la guerra de los linajes, en Urbia, entre el solar de +Ohando y el de Zalacain, y supone que estas luchas comenzaron en nuestra +villa a fines del siglo XIV o a principios del XV. + +--?Y hace mucho tiempo de eso?--pregunto Tellagorri. + +--Cerca de quinientos anos. + +--?Y ya existian Zalacain entonces? + +--No solo existian, sino que eran nobles. + +--Oye, oye--dijo Tellagorri dando un codazo a Martin, que se distraia. + +--?Quieren ustedes que lea lo que dice el cronista? + +--Si, si. + +--Bueno. Pues dice asi: "Titulo: De como murio Martin Lopez de Zalacain, +en el ano de gracia de mil cuatrocientos y doce." + +Leido esto, Soraberri tosio, escupio y comenzo esta relacion con gran +solemnidad: + +"Enemistad antigua senalada avya entre el solar d'Ohando, que es del +reino de Navarra, e el de Zalacain, que es en tierra de la Borte. E +dicese que la causa della foe sobre envidia e a cual valia mas, e +ficieron muchos malheficios e los de Zalacain quemaron vivo al senyor de +Sant Pedro en una pelea que ovyeron en el llano del Somo e porque no +dexo fijo el dicho senyor de Sant Pedro casaron una su fija con Martin +Lopez de Zalacain, home muy andariego. + +E dicho Martin Lopez seyendo venido a la billa d'Urbia foe desafiado por +Mosen de Sant Pedro, del solar d'Ohando, que era sobrino del otro senyor +de Sant Pedro e que habia fecho muchos malheficios, acechanzas e rrobos. + +E Martin Lopez contestole a su desafiamiento: Como vos sabedes yo so +contado aqui por el mas esforzado ome y ardite en el fecho de las armas +en toda esta tierra y paresce que los d'Ohando a vos han traido por la +mejor lanza de Navarra por vengar la muertte de mi suegro que foe en la +pelea peleada con lealtad en el Somo e como el cuibdaba matar a mi, yo a +el. + +E por ende si a vos pluguiese que nos probemos vos e yo, uno para otro, +fasta que uno de nos o ambos por ventura muramos, a mi plasera mucho e +aqui presto. + +E respondiole Mosen de Sant Pedro que le plasia e se citaron en el prado +de Sant Ana. En esta sazon venya dicho Martin Lopez encima de su cavallo +como esforzado cavallero e antes de pelear con Mosen de Sant Pedro foe +ferido de una saeta que le entro por un ojo e cayo muertto del cavallo +en medio del prado. E lo desjarretaron. E preparo la asechanza e armo la +ballestta e la disparo Velche de Micolalde, deudo e amigo de Mosen de +Sant Pedro d'Ohando. E los omes de Martin Lopez como lo veyeron muertto +e eran pocos enfrente de los de Ohando, ovyeron muy grant miedo e +comenzaron todos a fugir. + +E cuando lo supo la muger de Martin Lopez fue la triste al prado de Sant +Ana, e cuando vido el cuerpo de su marido, sangriento y mutilado, se +afinojo, prisole en sus brazos e comenzo a llorar, maldiciendo la guerra +e su mala fortuna. E esto pataba en el ano de Nuestro Senyor de mil +cuatrociensos y doce." + +Cuando concluyo el senor Soraberri, miro a traves de sus anteojos a sus +dos oyentes. Martin no se habia enterado de nada; Tellagorri dijo: + +--Si, esos Ohandos es gente _palsa_. Mucho ir a la iglesia, pero luego +matan a traicion. + +Soraberri recomendo eficazmente a su amigo Tellagorri que no hiciera +nunca juicios aventurados y temerarios, y con este motivo comenzo a +contar una historia, precisamente ocurrida en Onate, pero al ir a +especificar los que habian intervenido en su historia, se le olvido la +especie, y lo sintio, verdaderamente lo sintio, porque, segun dijo, +tenia la seguridad de que el hecho era sumamente interesante y, ademas, +muy digno de mencion. + + + + +CAPITULO VI + +DE COMO LLEGARON UNOS TITIRITEROS Y DE LO QUE SUCEDIO DESPUES + + +Un dia de Mayo, al anochecer, se presentaron en el camino real tres +carros, tirados por caballos flacos, llenos de mataduras y de +esparavanes. Cruzaron la parte nueva del pueblo y se detuvieron en lo +alto del prado de Santa Ana. + +No podia Tellagorri, gaceta de la taberna de Arcale, quedar sin saber en +seguida de que se trataba; asi que se presento al momento en el lugar, +seguido de _Marques_. + +Trabo inmediatamente conversacion con el jefe de la caravana, y despues +de varias preguntas y respuestas y de decir el hombre que era frances y +domador de fieras, Tellagorri se lo llevo a la taberna de Arcale. + +Martin se entero tambien de la llegada de los domadores con sus fieras +enjauladas, y a la manana siguiente, al levantarse, lo primero que hizo +fue dirigirse al prado de Santa Ana. + +Comenzaba a salir el sol cuando llego al campamento del domador. + +Uno de los carros era la casa de los saltimbanquis. Acababan de salir de +dentro el domador, su mujer, un viejo, un chico y una chica. Solo una +nina de pocos meses quedo en la carreta-choza jugando con un perro. + +El domador no ofrecia ese aire, entre petulante y grotesco, tan comun a +los acrobatas de barracas y gentes de feria; era sombrio, joven, con +aspecto de gitano, el pelo negro y rizoso, los ojos verdes, el bigote +alargado en las puntas por una especie de patillas pequenas y la +expresion de maldad siniestra y repulsiva. + +El viejo, la mujer y los chicos tenian solo caracter de pobres, eran de +esos tipos y figuras borrosas que el troquel de la miseria produce a +millares. + +El hombre, ayudado por el viejo y por el chico, trazo con una cuerda un +circulo en la tierra y en el centro planto un palo grande, de cuya punta +partian varias cuerdas que se ataban en estacas clavadas fuertemente en +el suelo. + +El domador busco a Tellagorri para que le proporcionara una escalera; le +indico este que habia una en la taberna de Arcale, la sacaron de alli y +con ella sujetaron las lonas, hasta que formaron una tienda de campana +de forma conica. + +Los dos carros con jaulas en donde iban las fieras los colocaron +dejando entre ellos un espacio que servia de puerta al circo, y encima y +a los lados pusieron los saltimbanquis tres carteles pintarrajeados. Uno +representaba varios perros lanzandose sobre un oso, el otro una lucha +entre un leon y un bufalo y el tercero unos indios atacando con lanzas a +un tigre que les esperaba en la rama de un arbol como si fuera un +jilguero. + +Dieron los hombres la ultima mano al circo, y el domingo, en el momento +en que la gente salia de visperas, se presento el domador seguido del +viejo en la plaza de Urbia, delante de la iglesia. Ante el pueblo +congregado, el domador comenzo a soplar en un cuerno de caza y su +ayudante redoblo en el tambor. + +Recorrieron los dos hombres las calles del barrio viejo y luego salieron +fuera de puertas, y tomando por el puente, seguidos de una turba de +chicos y chicas llegaron al prado de Santa Ana, se acercaron a la +barraca y se detuvieron ante ella. + +A la entrada la mujer tocaba el bombo con la mano derecha y los +platillos con la izquierda, y una chica desmelenada agitaba una +campanilla. Unieronse a estos sonidos discordantes las notas agudisimas +del cuerno de caza y el redoble del tambor, produciendo entre todo una +algarabia insoportable. + +Este ruido ceso a una senal imperiosa del domador, que con su +instrumento de viento en el brazo izquierdo se acerco a una escalera de +mano proxima a la entrada, subio dos o tres peldanos, tomo una varita y +senalando las monstruosas figuras pintarrajeadas en los lienzos, dijo +con voz enfatica: + +--Aqui veran ustedes los osos, los lobos, el leon y otras terribles +fieras. Veran ustedes la lucha del oso de los Pirineos con los perros +que saltan sobre el y acaban por sujetarle. Este es el leon del desierto +cuyos rugidos espantan al mas bravo de los cazadores. Solo su voz pone +espanto en el corazon mas valiente... iOid! + +El domador se detuvo un momento y se oyeron en el interior de la barraca +terribles rugidos, y como contestandolos, el ladrar feroz de una docena +de perros. + +El publico quedo aterrorizado. + +--En el desierto... + +El domador iba a seguir, pero viendo que el efecto de curiosidad en el +publico estaba conseguido y que la multitud pretendia pasar sin tardanza +al interior del circo, grito: + +--La entrada no cuesta mas que un real. iAdelante, senores! iAdelante! + +Y volvio a atacar con el cuerno de caza un aire marcial, mientras el +viejo ayudante redoblaba en el tambor. + +La mujer abrio la lona que cerraba la puerta y se puso a recoger los +cuartos de los que iban pasando. + +Martin presencio todas estas maniobras con una curiosidad creciente, +hubiera dado cualquier cosa por entrar, pero no tenia dinero. + +Busco una rendija entre las lonas para ver algo, pero no la pudo +encontrar; se tendio en el suelo y estaba asi con la cara junto a la +tierra cuando se le acerco la chica haraposa del domador que tocaba la +campanilla a la puerta. + +--Eh, tu ?que haces ahi? + +--Mirar--dijo Martin. + +--No se puede. + +--?Y por que no se puede? + +--Porque no. Si no quedate ahi, ya veras si te pesca mi amo. + +--?Y quien es tu amo? + +--?Quien ha de ser? El domador. + +--iAh! ?Pero tu eres de aqui? + +--Si + +--?Y no sabes pasar? + +--Si no dices a nadie nada ya te pasare. + +--Yo tambien te traere cerezas. + +--?De donde? + +--Yo se donde las hay. + +--?Como te llamas? + +--Martin, ?y tu? + +--Yo, Linda. + +--Asi se llamaba la perra del medico--dijo poco galantemente Martin. + +Linda no protesto de la comparacion; fue detras de la entrada del circo, +tiro de una lona, abrio un resquicio, y dijo a Martin: + +--Anda, pasa. + +Se deslizo Martin y luego ella. + +--?Cuando me daras las cerezas?--pregunto la chica. + +--Cuando esto se concluya ire a buscarlas. + +Martin se coloco entre el publico. El espectaculo que ofrecia el domador +de fieras era realmente repulsivo. + +Alrededor del circo, atados a los pies de un banco hecho con tablas, +habia diez o doce perros flacos y sarnosos. El domador hizo restallar el +latigo, y todos los perros a una comenzaron a ladrar y a aullar +furiosamente. Luego el hombre vino con un oso atado a una cadena, con la +cabeza protegida por una cubierta de cuero. + +El domador obligo a ponerse de pie varias veces al oso, y a bailar con +el palo cruzado sobre los hombros y a tocar la pandereta. Luego solto un +perro que se lanzo sobre el oso, y despues de un momento de lucha se le +colgo de la piel. Tras de este solto otro perro y luego otro y otro, con +lo cual el publico se comenzo a cansar. + +A Martin no le parecio bien, porque el pobre oso estaba sin defensa +alguna. Los perros se echaban con tal furia sobre el oso que para +obligarles a soltar la presa el domador o el viejo tenian que morderles +la cola. A Martin no le agrado el espectaculo y dijo en voz alta, y +algunos fueron de su opinion, que el oso atado no podia defenderse. + +Despues todavia martirizaron mas a la pobre bestia. El domador era un +verdadero canalla y pegaba al animal en los dedos de las patas, y el oso +babeaba y gemia con unos gemidos ahogados. + +--iBasta! iBasta!--grito un indiano que habia estado en California. + +--Porque tiene el oso atado hace eso--dijo Martin--, sino no lo haria. + +El domador se fijo en el muchacho y le lanzo una mirada de odio. + +Lo que siguio fue mas agradable, la mujer del domador, vestida con un +traje de lentejuelas, entro en la jaula del leon, jugo con el, le hizo +saltar y ponerse de pie, y despues Linda dio dos o tres volatines y vino +con un monillo vestido de rojo a quien obligo a hacer ejercicios +acrobaticos. + +El espectaculo concluia. La gente se disponia a salir. Martin vio que el +domador le miraba. Sin duda se habia fijado en el. Martin se adelanto a +salir, y el domador le dijo: + +--Espera, tu no has pagado. Ahora nos veremos. Te voy a echar los perros +como al oso. + +Martin retrocedio espantado; el domador le contemplaba con una sonrisa +feroz. Martin recordo el sitio por donde entro y empujando violentamente +la lona la abrio y salio fuera de la barraca. El domador quedo +chasqueado. Dio despues Martin la vuelta al prado de Santa Ana, hasta +detenerse prudentemente a quince o veinte metros de la entrada del +circo. + +Al ver a Linda le dijo: + +--?Quieres venir? + +--No puedo. + +--Pues ahora te traere las cerezas. + +En el momento que hablaban aparecio corriendo el domador, penso sin duda +en abalanzarse sobre Martin, pero comprendiendo que no le alcanzaria se +vengo en la nina y le dio una bofetada brutal. La chiquilla cayo al +suelo. Unas mujeres se interpusieron e impidieron al domador siguiera +pegando a la pobre Linda. + +--To lo has metido dentro, ?verdad?--grito el domador en frances. + +--No; ha sido el que ha entrado. + +--Mentira. Has sido tu. Confiesa o te deslomo. + +--Si, he sido yo. + +--?Y por que? + +--Porque me ha dicho que me traeria cerezas. + +--Ah, bueno--y el domador se tranquilizo--, que las traiga, pero si te +las comes te hartare de palos. Ya lo sabes. + +Martin, al poco rato, volvio con la boina llena de cerezas. La Linda +las puso en su delantal y estaba con ellas cuando se presento el domador +de nuevo. Martin se aparto dando un salto hacia atras. + +--No, no te escapes--dijo el domador con una sonrisa que queria ser +amable. + +Martin se quedo. Luego, el hombre le pregunto quien era, y el al saber +su parentesco con Tellagorri, le dijo: + +--Ven cuando quieras, te dejare pasar. + +Durante los demas dias de la semana, la barraca del domador estuvo +vacia. El domingo, los saltimbanquis hicieron dar un bando por el +pregonero diciendo que representarian un numero extraordinario e +interesantisimo. Martin se lo dijo a su madre y a su hermana. La chica +se asustaba al escuchar el relato de las fieras y no quiso ir. + +Acudieron solo la madre y el hijo. El numero sensacional era la lucha de +la Linda con el oso. La chiquilla se presento desnuda de medio cuerpo +arriba y con unos pantalones de percal rojo. Linda se abrazo al oso y +hacia que luchaba con el, pero el domador tiraba a cada paso de una +cuerda atada a la nariz del plantigrado. + +A pesar de que la gente pensaba que no habia peligro para la nina, +producia una horrible impresion ver las grandes y peludas garras del +animal sobre las espaldas debiles de la nina. + +Despues del numero sensacional que no entusiasmo al publico, entro la +mujer en la jaula del leon. + +La fiera debia estar enferma, porque la domadora no hallo medio de que +hiciese los ejercicios de costumbre. + +Viendo semejante fracaso el domador, poseido de una rabiosa furia, entro +en la jaula, mando salir a la mujer y empezo a latigazos con el leon. +Este se levanto ensenando los dientes, y lanzando un rugido se echo +sobre domador; el viejo ayudante metio, por entre los barrotes de la +jaula, una palanca de hierro para aislar el hombre de la fiera, pero con +tan poca fortuna, que la palanca se engancho en las ropas del domador y +en vez de protegerle le inmovilizo y le dejo entregado a la fiera. + +El publico vio al domador echando sangre, y se levanto despavorido y se +dispuso a huir. + +No habia peligro para los espectadores, pero un panico absurdo hizo que +todos se lanzasen atropelladamente a la salida; alguien, que luego no se +supo quien fue, disparo un tiro contra el leon, y en aquel momento +insensato de fuga resultaron magullados y contusos varias mujeres y +ninos. + +El domador quedo tambien gravemente herido. + +Dos mujeres fueron recogidas con contusiones de importancia, una de +ellas, una vieja de un caserio lejano que hacia diez anos que no habia +estado en Urbia, la otra, la madre de Martin, que ademas de las +magulladuras y golpes, presentaba una herida en el cuello, ocasionada, +segun dijo el medico, por un trozo del barrote de la jaula, desprendido +al choque de la bala disparada por una persona desconocida. + +Se traslado a la madre de Martin a su casa, y fuera que las contusiones +y la herida tuviesen gravedad, fuera como dijeron algunos que no +estuviese bien atendida, el caso fue que la pobre mujer murio a la +semana del accidente de la barraca, dejando huerfanos a Martin y a la +Ignacia. + + + + +CAPITULO VII + +COMO TELLAGORRI SUPO PROTEGER A LOS SUYOS + + +A la muerte de la madre de Martin, Tellagorri, con gran asombro del +pueblo, recogio a sus sobrinos y se los llevo a su casa. La senora de +Ohando dijo que era una lastima que aquellos ninos fuesen a vivir con un +hombre desalmado, sin religion y sin costumbres, capaz de decir que +saludaba con mas respeto a un perro de aguas que al senor parroco. + +La buena senora se lamento, pero no hizo nada, y Tellagorri se encargo +de cuidar y alimentar a los huerfanos. + +La Ignacia entro en la posada de Arcale de ninera y hasta los catorce +anos trabajo alli. + +Martin frecuento la escuela durante algunos meses, pero le tuvo que +sacar Tellagorri antes del ano porque se pegaba con todos los chicos y +hasta quiso zurrar al pasante. + +Arcale, que sabia que el muchacho era listo y de genio vivo, le utilizo +para recadista en el coche de Francia, y cuando aprendio a guiar, de +recadista le ascendieron a cochero interino y al cabo de un ano le +pasaron a cochero en propiedad. + +Martin, a los diez y seis anos, ganaba su vida y estaba en sus glorias. +Se jactaba de ser un poco barbaro y vestia un tanto majo, con la +elegancia garbosa de los antiguos postillones. Llevaba chalecos de +color, y en la cadena del reloj colgantes de plata. Le gustaba lucirse +los domingos en el pueblo; pero no le gustaba menos los dias de labor +marchar en el pescante por la carretera restallando el latigo, entrar en +las ventas del camino, contar y oir historias y llevar encargos. + +La senora de Ohando y Catalina se los hacian con mucha frecuencia, y le +recomendaban que les trajese de Francia telas, puntillas y algunas veces +alhajas. + +--?Que tal, Martin?--le decia Catalina en vascuence. + +--Bien--contestaba el rudamente, haciendose mas el hombre--. ?Y en +vuestra casa? + +--Todos buenos. Cuando vayas a Francia, tienes que comprarme una +puntilla como la otra. ?Sabes? + +--Si, si, ya te comprare. + +--?Ya sabes frances? + +--Ahora empiezo a hablar. + +Martin se estaba haciendo un hombreton, alto, fuerte, decidido. Abusaba +un poco de su fuerza y de su valor, pero nunca atacaba a los debiles. Se +distinguia tambien como jugador de pelota y era uno de los primeros en +el trinquete. + +Un invierno hizo Martin una hazana, de la que se hablo en el pueblo. La +carretera estaba intransitable por la nieve y no pasaba el coche. +Zalacain fue a Francia y volvio a pie, por la parte de Navarra, con un +vecino de Larrau. Pasaron los dos por el bosque de Iraty y les +acometieron unos cuantos jabalies. + +Ninguno de los hombres llevaba armas, pero a garrotazos mataron tres de +aquellos furiosos animales, Zalacain dos y el de Larrau otro. + +Cuando Martin volvio triunfante, muerto de fatiga y con sus dos +jabalies, el pueblo entero le considero como un heroe. + +Tellagorri tambien fue muy felicitado por tener un sobrino de tanto +valor y audacia. El viejo, muy contento, aunque haciendose el +indiferente, decia: + +Este sobrino mio va a dar mucho que hablar. De casta le viene al galgo. +Porque yo no se si vosotros habreis oido hablar de Lopez de Zalacain. +?No? Pues preguntadle a ese viejo Soraberri, ya vereis lo que os +cuenta... + +--?Y que tiene que ver ese Lopez con tu sobrino?--le replicaban. + +--Pues que es antepasado de Martin. No comprendeis nada. + +Tellagorri pago caro el triunfo obtenido por su sobrino en la caza de +los jabalies, porque de tanto beber se puso enfermo. + +La Ignacia y Martin, por consejo del medico, obligaron al viejo a que +suprimiese toda bebida, fuese vino o licor; pero Tellagorri, con tal +procedimiento de abstinencia, languidecia y se iba poniendo triste. + +--Sin vino y sin _patharra_ soy un hombre muerto--decia Tellagorri--; y, +viendo que el medico no se convencia de esta verdad, hizo que llamaran a +otro mas joven. + +Este le dio la razon al borracho, y no solo le recomendo que bebiera +todos los dias un poco de aguardiente, sino que le receto una medicina +hecha con ron. La Ignacia tuvo que guardar la botella del medicamento, +para que el enfermo no se la bebiera de un trago. A medida que entraba +el alcohol en el cuerpo de Tellagorri, el viejo se erguia y se animaba. + +A la semana de tratamiento se encontraba tan bien, que comenzo a +levantarse y a ir a la posada de Arcale, pero se creyo en el caso de +hacer locuras, a pesar de sus anos, y anduvo de noche entre la nieve y +cogio una pleuresia. + +--De esta no sale usted--le dijo el medico incomodado, al ver que habia +faltado a sus prescripciones. + +Tellagorri lo comprendio asi y se puso serio, hizo una confesion +rapida, arreglo sus cosas y, llamando a Martin, le dijo en vascuence: + +--Martin, hijo mio, yo me voy. No llores. Por mi lo mismo me da. Eres +fuerte y valiente y eres buen chico. No abandones a tu hermana, ten +cuidado con ella. Por ahora, lo mejor que puedes hacer es llevarla a +casa de Ohando. Es un poco coqueta; pero Catalina la tomara. No le +olvides tampoco a _Marquesch_; es viejo, pero ha cumplido. + +--No, no le olvidare--dijo Martin sollozando. + +--Ahora--prosiguio Tellagorri--te voy a decir una cosa y es que antes de +poco habra guerra. Tu eres valiente, Martin, tu no tendras miedo de las +balas. Vete a la guerra, pero no vayas de soldado. Ni con los blancos, +ni con los negros. iAl comercio, Martin! iAl comercio! Venderas a los +liberales y a los carlistas, haras tu pacotilla y te casaras con la +chica de Ohando. Si teneis un chico, llamadle como yo, Miguel, o Jose +Miguel. + +--Bueno--dijo Martin, sin fijarse en lo extravagante de la +recomendacion. + +--Dile a Arcale--siguio diciendo el viejo--donde tengo el tabaco y las +setas. Ahora acercate mas. Cuando yo me muera, registra mi jergon y +encontraras en esta punta de la izquierda un calcetin con unas monedas +de oro. Ya te he dicho, no quiero que las emplees en tierras, sino en +generos de comercio. + +--Asi lo hare. + +--Creo que te lo he dicho todo. Ahora dame la mano. Firmes, ?eh? + +--Firmes. + +El pobre Tellagorri se olvido de decir _Pirmes_, como hubiera dicho +estando sano. + +--A esa sosa de la Ignacia--anadio poco despues el viejo--le puedes dar +lo que te parezca cuando se case. + +A todo dijo Martin que si. Luego acompano al viejo, contestando a sus +preguntas, algunas muy extranas, y por la madrugada dejo de vivir Miguel +de Tellagorri, hombre de mala fama y de buen corazon. + + + + +CAPITULO VIII + +COMO AUMENTO EL ODIO ENTRE MARTIN ZALACAIN Y CARLOS OHANDO + + +Cuando murio Tellagorri, Catalina de Ohando, ya una senorita, hablo a su +madre para que recogiera a la Ignacia, la hermana de Martin. Era esta, +segun se decia, un poco coqueta y estaba acostumbrada a los piropos de +la gente de casa de Arcale. + +La suposicion de que la muchacha, siguiendo en la taberna, pudiese +echarse a perder, influyo en la senora de Ohando para llevarla a su casa +de doncella. Pensaba sermonearla hasta quitarla todos los malos resabios +y dirigirla por la senda de la mas estrecha virtud. + +Con el motivo de ver a su hermana, Martin fue varias veces a casa de +Ohando y hablo con Catalina y dona Agueda. Catalina seguia hablandole de +tu y dona Agueda manifestaba por el afecto y simpatia, expresados en un +sin fin de advertencias y de consejos. + +El verano se presento Carlos Ohando, que venia de vacaciones del colegio +de Onate. + +Pronto noto Martin que, con la ausencia, el odio que le profesaba Carlos +mas habia aumentado que disminuido. Al comprobar este sentimiento de +hostilidad, dejo de presentarse en casa de Ohando. + +--No vas ahora a vernos--le dijo alguna vez que le encontro en la calle, +Catalina. + +--No voy, porque tu hermano me odia--contesto claramente Martin. + +--No, no lo creas. + +--iBah! Yo se lo que me digo. + +El odio existia. Se manifesto primeramente en el juego de pelota. + +Tenia Martin un rival en un chico navarro, de la Ribera del Ebro, hijo +de un carabinero. + +A este rival le llamaban _el Cacho_, porque era zurdo. + +Carlos de Ohando y algunos condiscipulos suyos, carlistas que se las +echaban de aristocratas, comenzaron a proteger al _Cacho_ y a excitarlo +y a lanzarlo contra Martin. + +_El Cacho_ tenia un juego furioso de hombre pequeno e iracundo; el juego +de Martin, tranquilo y reposado, era del que esta seguro de si mismo. +_El Cacho_, si comenzaba a ganar, se exaltaba, llevaba el partido al +vuelo; en cambio, desanimado, no tiraba una pelota que no fuese falta. + +Eran dos tipos, Zalacain y _el Cacho_, completamente distintos; el uno, +la serenidad y la inteligencia del montanes, el otro, el furor y el brio +del ribereno. + +Semejante rivalidad, explotada por Ohando y los senoritos de su cuerda, +termino en un partido que propusieron los amigos del _Cacho_. El desafio +se concerto asi; _el Cacho_ e Isquina, un jugador viejo de Urbia, contra +Zalacain y el companero que este quisiera tomar. El partido seria a +cesta y a diez juegos. + +Martin eligio como zaguero a un muchacho vasco frances que estaba de +oficial en la panaderia de Archipi y que se llamaba Bautista Urbide. + +Bautista era delgado, pero fuerte, sereno y muy dueno de si mismo. + +Se aposto mucho dinero por ambas partes. Casi todo el elemento popular y +liberal estaba por Zalacain y Urbide; los senoritos, el sacristan y la +gente carlista de los caserios por _el Cacho_. + +El partido constituyo un acontecimiento en Urbia; el pueblo entero y +mucha gente de los alrededores se dirigio al juego de pelota a +presenciar el espectaculo. + +La lucha principal iba a ser entre los dos delanteros, entre Zalacain y +_el Cacho. El Cacho_ ponia de su parte su nerviosidad, su furia, su +violencia en echar la pelota baja y arrinconada; Zalacain se fiaba en su +serenidad, en su buena vista y en la fuerza de su brazo, que le +permitia coger la pelota y lanzarla a lo lejos. + +La montana iba a pelear contra la llanura. + +Comenzo el partido en medio de una gran expectacion; los primeros juegos +fueron llevados a la carrera por _el Cacho_, que tiraba las pelotas como +balas unas lineas solamente por encima de la raya, de tal modo que era +imposible recogerlas. + +A cada jugada maestra del navarro, los senoritos y los carlistas +aplaudian entusiasmados; Zalacain sonreia, y Bautista le miraba con +cierto mal disimulado panico. + +Iban cuatro juegos por nada, y ya parecia el triunfo del navarro casi +seguro cuando la suerte cambio y comenzaron a ganar Zalacain y su +companero. + +Al principio, _el Cacho_ se defendia bien y remataba el juego con golpes +furiosos, pero luego, como si hubiese perdido el tono, comenzo a hacer +faltas con una frecuencia lamentable y el partido se igualo. + +Desde entonces se vio que _el Cacho_ e Isquina perdian el juego. Estaban +desmoralizados. _El Cacho_ se tiraba contra la pelota con ira, hacia una +falta y se indignaba; pegaba con la cesta en la tierra enfurecido y +echaba la culpa de todo a su zaguero. + +Zalacain y el vasco frances, duenos de la situacion, guardaban una +serenidad completa, corrian elasticamente y reian. + +--Ahi, Bautista--decia Zalacain--. iBien! + +--Corre, Martin--gritaba Bautista--. iEso es! + +El juego termino con el triunfo completo de Zalacain y de Urbide. + +--_iViva gutarrac_. (iVivan los nuestros!)--gritaron los de la _calle_ +de Urbia aplaudiendo torpemente. + +Catalina sonrio a Martin y le felicito varias veces. + +--iMuy bien! iMuy bien! + +--Hemos hecho lo que hemos podido--contesto el sonriente. + +Carlos Ohando se acerco a Martin, y le dijo con mal ceno: + +--_El Cacho_ te juega mano a mano. + +--Estoy cansado--contesto Zalacain. + +--?No quieres jugar? + +--No. Juega tu si quieres. + +Carlos, que habia comprobado una vez mas la simpatia de su hermana por +Martin, sintio avivarse su odio. + +Habia venido aquella vez Carlos Ohando de Onate mas sombrio, mas +fanatico y mas violento que nunca. + +Martin sabia el odio del hermano de Catalina y, cuando lo encontraba por +casualidad, huia de el, lo cual a Carlos le producia mas ira y mas +furor. + +Martin estaba preocupado, buscando la manera de seguir los consejos de +Tellagorri y de dedicarse al comercio; habia dejado su oficio de +cochero y entrado con Arcale en algunos negocios de contrabando. + +Un dia, una vieja criada de casa de Ohando, chismosa y murmuradora, fue +a buscarle y le conto que la Ignacia, su hermana, coqueteaba con Carlos, +el senorito de Ohando. + +Si dona Agueda lo notaba iba a despedir a la Ignacia, con lo cual el +escandalo dejaria a la muchacha en una mala situacion. + +Martin, al saberlo, sintio deseos de presentarse a Carlos y de +insultarle y desafiarle. Luego, pensando que lo esencial era evitar las +murmuraciones, ideo varias cosas, hasta que al ultimo le parecio lo +mejor ir a ver a su amigo Bautista Urbide. + +Habia visto al vasco frances muchas veces bailando con la Ignacia y +creia que tenia alguna inclinacion por ella. + +El mismo dia que le dieron la noticia se presento en la tahona de +Archipi en donde Urbide trabajaba. Lo encontro al vasco frances desnudo +de medio cuerpo arriba en la boca del horno. + +--Oye, Bautista--le dijo. + +--?Que pasa? + +--Te tengo que hablar. + +--Te escucho--dijo el frances mientras maniobraba con la pala. + +--?A ti te gusta la _Inasi_, mi hermana? + +--iHombre!... si. iQue pregunta!--exclamo Bautista--.?Para eso vienes a +verme? + +--?Te casarias con ella? + +--Si tuviera dinero para establecerme ya lo creo. + +--?Cuanto necesitarias? + +--Unos ochenta o cien duros. + +--Yo te los doy. + +--?Y por que es esa prisa? ?Le pasa algo a la Ignacia? + +--No, pero he sabido que Carlos Ohando la esta haciendo el amor. iY como +la tiene en su casa!... + +--Nada, nada. Hablale tu y, si ella quiere, ya esta. Nos casamos en +seguida. + +Se despidieron Bautista y Martin, y este, al dia siguiente, llamo a su +hermana y le reprocho su coqueteria y su estupidez. La Ignacia nego los +rumores que habian llegado hasta su hermano, pero al ultimo confeso que +Carlos la pretendia, pero con buen fin. + +--iCon buen fin!--exclamo Zalacain--. Pero tu eres idiota, criatura. + +--?Por que? + +--Porque te quiere enganar, nada mas. + +--Me ha dicho que se casara conmigo. + +--?Y tu le has creido? + +--iYo! Le he dicho que espere y que te preguntare a ti, pero el me ha +contestado que no quiere que te diga a ti nada. + +--Claro. Porque yo echaria abajo sus planes. Te quiere enganar, y +quiere deshonrarnos, y que el pueblo entero nos desprecie porque me odia +a mi. Yo no te digo mas que una cosa, que si pasa algo entre ese +sacristan y tu, te despellejo a ti y a el, y le pego fuego a la casa, +aunque me lleven a presidio para toda la vida. + +La Ignacia se echo a llorar, pero cuando Martin le dijo que Bautista se +queria casar con ella y que tenia dinero, se secaron pronto sus +lagrimas. + +--?Bautista quiere casarse?--pregunto la Ignacia asombrada. + +--Si. + +--iPero si no tiene dinero! + +--Pues ahora lo ha encontrado. + +La idea del casamiento con Bautista no solo consolo a la muchacha, sino +que parecio ofrecerle un halagador porvenir. + +--?Y que quieres que haga? ?Salir de la casa?--pregunto la Ignacia, +secandose las lagrimas y sonriendo. + +--No, por de pronto sigue ahi, es lo mejor, y dentro de unos dias +Bautista ira a ver a dona Agueda y a decirla que se casa contigo. + +Se hizo lo acordado por los dos hermanos. En los dias siguientes, Carlos +Ohando vio que su conquista no seguia adelante, y el domingo, en la +plaza, pudo comprobar que la Ignacia se inclinaba definitivamente del +lado de Bautista. Bailaron la muchacha y el panadero toda la tarde con +gran entusiasmo. + +Carlos espero a que la Ignacia se encontrara sola y la insulto y la echo +en cara su coqueteria y su falsedad. La muchacha, que no tenia gran +inclinacion por Carlos, al verle tan violento cobro por el desvio y +miedo. + +Poco despues, Bautista Urbide se presento en casa de Ohando, hablo a +dona Agueda, se celebro la boda, y Bautista y la Ignacia fueron a vivir +a Zaro, un pueblecillo del pais vasco frances. + + + + +CAPITULO IX + +COMO INTENTO VENGARSE CARLOS DE MARTIN ZALACAIN + + +Carlos Ohando enfermo de colera y de rabia. Su naturaleza, violenta y +orgullosa, no podia soportar la humillacion de ser vencido; solo el +pensarlo le mortificaba y le corroia el alma. + +Al intentar seducir Carlos a la Ignacia, casi podia mas en el su odio +contra Martin que su inclinacion por la chica. Deshonrarle a ella y +hacerle a el la vida triste, era lo que le encantaba. En el fondo, el +aplomo de Zalacain, su contento por vivir, su facilidad para +desenvolverse, ofendian a este hombre sombrio y fanatico. + +Ademas, en Carlos la idea de orden, de categoria, de subordinacion, era +esencial, fundamental, y Martin intentaba marchar por la vida sin +cuidarse gran cosa de las clasificaciones y de las categorias sociales. + +Esta audacia ofendia profundamente a Carlos y hubiese querido +humillarle para siempre, hacerle reconocer su inferioridad. Por otra +parte, el fracaso de su tentativa de seduccion le hizo mas malhumorado y +sombrio. + +Una noche, aun no convaleciente de su enfermedad, producida por el +despecho y la colera, se levanto de la cama, en donde no podia dormir, y +bajo al comedor. + +Abrio una ventana y se asomo a ella. El cielo estaba sereno y puro. La +luna blanqueaba las copas de los manzanos, cubiertos por la nieve de sus +menudas flores. Los melocotoneros extendian a lo largo de las paredes +sus ramas, abiertas en abanico, llenas de capullos. Carlos respiraba el +aire tibio de la noche, cuando oyo un cuchicheo y presto atencion. + +Estaba hablando su hermana Catalina, desde la ventana de su cuarto, con +alguien que se encontraba en la huerta. Cuando Carlos comprendio que era +con Martin con quien hablaba, sintio un dolor agudisimo y una impresion +sofocante de ira. + +Siempre se habia de encontrar enfrente de Martin. Parecia que el destino +de los dos era estorbarse y chocar el uno contra el otro. + +Martin contaba bromeando a Catalina la boda de Bautista y de la Ignacia, +en Zaro, el banquete celebrado en casa del padre del vasco frances, el +discurso del alcalde del pueblecillo... + +Carlos desfallecia de colera. Martin le habia impedido conquistar a la +Ignacia y deshonraba, ademas, a los Ohandos siendo el novio de su +hermana, hablando con ella de noche. Sobre todo, lo que mas heria a +Carlos, aunque no lo quisiera reconocer, lo que mas le mortificaba en el +fondo de su alma era la superioridad de Martin, que iba y venia sin +reconocer categorias, aspirando a todo y conquistandolo todo. + +Aquel granuja de la calle era capaz de subir, de prosperar, de hacerse +rico, de casarse con su hermana y de considerar todo esto logico, +natural... Era una desesperacion. + +Carlos hubiera gozado conquistando a la Ignacia, abandonandola luego, +paseandose desdenosamente por delante de Martin; y Martin le ganaba la +partida sacando a la Ignacia de su alcance y enamorando a su hermana. + +iUn vagabundo, un ladron, se la habia jugado a el, a un hidalgo rico +heredero de una casa solariega! Y lo que era peor, iesto no seria mas +que el principio, el comienzo de su carrera esplendida! + +Carlos, mortificado por sus pensamientos, no presto atencion a lo que +hablaban; luego oyo un beso, y poco despues las ramas de un arbol que se +movian. + +Tras de esto, se vio bajar un hombre por el tronco de un arbol, se vio +que cruzaba la huerta, montaba sobre la tapia y desaparecia. + +Se cerro la ventana del cuarto de Catalina, y en el mismo momento +Carlos se llevo la mano a la frente y penso con rabia en la magnifica +ocasion perdida. iQue soberbio instante para concluir con aquel hombre +que le estorbaba! + +iUn tiro a boca de jarro! Y ya aquella mala hierba no creceria mas, no +ambicionaria mas, no intentaria salir de su clase. Si lo mataba, todo el +mundo consideraria el suyo un caso de legitima defensa contra un +salteador, contra un ladron. + +Al dia siguiente, Carlos busco una escopeta de dos canones de su padre, +la encontro, la limpio a escondidas y la cargo con perdigones loberos. +Estuvo vacilando en poner cartuchos con bala, pero como era dificil +hacer punteria de noche, opto por los perdigones gruesos. + +Ni en aquella noche, ni en la siguiente, se presento Martin, pero cuatro +dias despues Carlos lo sintio en la huerta. Todavia no habia salido la +luna y esto salvo al salteador enamorado. Carlos impaciente, al oir el +ruido de las hojas, apunto y disparo. + +Al fogonazo, vio a Martin en el tronco del arbol y volvio a disparar. + +Se oyo un chillido agudo de mujer y el golpe de un cuerpo en el suelo. +La madre de Carlos y las criadas, alarmadas salieron de sus cuartos +gritando, preguntando lo que era. Catalina, palida como una muerta, no +podia hablar de emocion. + +Dona Agueda, Carlos y las criadas salieron al jardin. Debajo del arbol, +en la tierra y sobre la hierba humeda, se veian algunas gotas de sangre, +pero Martin habia huido. + +--No tenga usted cuidado, senorita--le dijo a Catalina una de las +criadas--. Martin ha podido escapar. + +La senora de Ohando, que se entero de lo ocurrido por su hijo, llamo en +su auxilio al cura don Felix para que le aconsejara. + +Se intento hacer comprender a Catalina el absurdo de su proposito, pero +la muchacha era tenaz y estaba dispuesta a no ceder. + +--Martin ha venido a darme noticias de la Ignacia, y como saben que no +le quieren en la casa, por eso ha saltado la tapia. + +Cuando Carlos supo que Martin estaba solamente herido en un brazo y que +se paseaba vendado por el pueblo siendo el heroe, se sintio furioso, +pero por si acaso, no se atrevio a salir a la calle. + +Con el atentado, la hostilidad entre Carlos y Catalina, ya existente, se +acentuo de tal manera, que dona Agueda, para evitar agrias disputas, +envio de nuevo a Carlos a Onate y ella se dedico a vigilar a su hija. + + + + +LIBRO SEGUNDO + +Andanzas y correrias + + + + +CAPITULO PRIMERO + +EN EL QUE SE HABLA DE LOS PRELUDIOS DE LA ULTIMA GUERRA CARLISTA + + +Hay hombres para quienes la vida es de una facilidad extraordinaria. Son +algo asi como una esfera que rueda por un plano inclinado, sin tropiezo, +sin dificultad alguna. + +?Es talento, es instinto o es suerte? Los propios interesados aseguran +ser instinto o talento, sus enemigos dicen casualidad, suerte, y esto es +mas probable que lo otro, porque hay hombres excelentemente dispuestos +para la vida, inteligentes, energicos, fuertes y que sin embargo, no +hacen mas que detenerse y tropezar en todo. + +Un proverbio vasco dice: "El buen valor asusta a la mala suerte." Y esto +es verdad a veces... cuando se tiene buena suerte. + +Zalacain era afortunado; todo lo que intentaba lo llevaba bien. +Negocios, contrabando, amores, juego... + +Su ocupacion principal era el comercio de caballos y de mulas que +compraba en Dax y pasaba de contrabando por los Alduides o por +Roncesvalles. + +Tenia como socio a Capistun _el Americano_, hombre inteligentisimo, ya +de edad, a quien todo el mundo llamaba el americano, aunque se sabia que +era gascon. Su mote procedia de haber vivido en America mucho tiempo. + +Bautista Urbide, antiguo panadero de la tahona de Archipe, formaba +muchas veces parte de las expediciones. Lo mismo Capistun que Martin, +tenian como punto de descanso el pueblo de Zaro, proximo a San Juan del +Pie del Puerto, donde vivia la Ignacia con Bautista. + +Capistun y Martin conocian, como pocos, los puertos de Ibantelly y de +Atchuria, de Alcorrunz y de Larratecoeguia, toda la linea de Mugas de +Zugarramurdi. Habian recorrido muchas veces los caminos que hay entre +Meaca y Urdax, entre Izpegui y San Esteban de Baigorri, entre Biriatu y +Enderlaza, entre Elorrieta, la Banca y Berdariz. En casi todos los +pueblos de la frontera vasco-navarra, desde Fuenterrabia hasta +Valcarlos, tenian algun agente para sus negocios de contrabando. +Conocian tambien, palmo a palmo, las veredas que van por las vertientes +del monte Larrun y no habia misterios para ellos hacia el lado Este de +Navarra en esas praderas altas, metidas entre los bosques de Irati y de +Ori. + +La vida de Capistun y Martin era accidentada y peligrosa. Para Martin, +la consigna del viejo Tellagorri era la norma de su vida. Cuando se +encontraba en una situacion apurada, cercado por los carabineros, cuando +se perdia en el monte, en medio de la noche, cuando tenia que hacer un +esfuerzo sobre si mismo, recordaba la actitud y la voz del viejo al +decir: iFirmes! iSiempre firmes! Y hacia lo necesario en aquel momento +con decision. + +Tenia Martin serenidad y calma. Sabia medir el peligro y ver la +situacion real de las cosas sin exageraciones y sin alarmas. Para los +negocios y para la guerra el hombre necesita ser frio. + +Martin comenzaba a impregnarse del liberalismo frances y a encontrar +atrasados y fanaticos a sus paisanos; pero, a pesar de esto, creia que +don Carlos, en el instante que iniciase la guerra, conseguiria la +victoria. + +En casi todo el Mediodia de Francia se creia lo mismo. + +El gobierno de la Republica, los subprefectos y demas funcionarios de la +frontera espanola dejaban pasar a los facciosos; y en los coches de +Elizondo, por los Alduides, por San Esteban de Baigorri, por Anoa, +viajaban los jefes carlistas, con sus uniformes e insignias de mando. + +Martin y Capistun, ademas de mulas y de caballos, habian llevado a +diferentes puntos de Guipuzcoa y de Navarra, armas y materias +necesarias para la fabricacion de polvora, cartuchos y proyectiles, y +hasta llegaron a pasar por la frontera un canon, de desecho de la guerra +franco-prusiana, vendido por el Estado frances. + +Los comites carlistas funcionaban a la vista de todo el mundo. +Generalmente, Martin y Capistun se entendian con el de Bayona, pero +algunas veces tuvieron que relacionarse con el de Pau. + +Muchas veces habian dejado en manos de jovenes carlistas, disfrazados de +boyerizos, barricas llenas de armas. Los carlistas montaban las barricas +en un carro y se internaban en Espana. + +--Es vino de la Rioja--solian decir en broma, al llegar a los pueblos +golpeando los toneles, y el alcalde y el secretario complices los +dejaban pasar. + +Tambien solian cargar en carros, que cubrian de tejas, plomo en +lingotes, que habia de servir para fundir balas. + +La alusion a la guerra proxima se notaba en una porcion de indicios y +senales. Curas, alcaldes y _jaunchos_ [Nota: Jaunchos-caciques.] se +preparaban. Muchas veces, al cruzar un pueblo, se oia una voz aguda como +de Carnaval, que gritaba en vasco: ?Noiz zuazte? (?Cuando os vais?) Lo +que queria decir: ?Cuando os echais al campo? + +Se cantaba tambien en Guipuzcoa una cancion en vascuence, que aludia a +la guerra y que se llamaba Gu guera (Nosotros somos). Era asi: + +UNA VOZ + + Bigarren chandan + aditutzendet + ate joca _dan dan_. + Ale onduan + norbait dago ta + galdezazu nor dan. + +(Por segunda vez oigo que estan llamando a la puerta, _dan, dan_. Junto +a la puerta hay alguno. Pregunta quien es.) + +VARIAS VOCES + + Ta gu guera + Ta gu guera + gabiltzanac + gora bera + etorri nayean onera. + Ta gu guera + Ta gu guera + Quirlis Carlos + Carlos Quirlis + Ecarri nayean onera. + +(Nosotros somos, nosotros somos los que andamos de arriba a abajo +queriendo venir aqui. Nosotros somos, nosotros somos Quirlis Carlos, +Carlos Quirlis, queriendole traer aqui.) + +Y mientras en las provincias se organizaba y preparaba una guerra feroz +y sangrienta, en Madrid, politicos y oradores se dedicaban con fruicion +a los bellos ejercicios de la retorica. + + * * * * * + +Un dia de Mayo fueron Martin, Capistun y Bautista a Vera. La senora de +Ohando tenia una casa en el barrio de Alzate y habia ido a pasar alli +una temporada. + +Martin queria hablar con su novia, y Capistun y Bautista le acompanaron. +Salieron de Sara y marcharon por el monte a Alzate. + +Martin contaba con una de las criadas de Ohando, partidaria suya, y esta +le facilitaba el poder hablar con Catalina. Mientras Martin quedo en +Alzate, Capistun y Bautista entraron en Vera. + +En aquel mismo momento, don Carlos de Borbon, el pretendiente, llegaba +rodeado de un Estado Mayor de generales carlistas y de algunos vendeanos +franceses. + +Se leyo una alocucion patriotica, y despues don Carlos, repitiendo el +final de la alocucion, exclamo: + +--Hoy dos de Mayo. iDia de fiesta _nasional! iAbaco_ el _extranquero_! + +El _extranquero_ era Amadeo de Saboya. + +Capistun y Bautista anduvieron entre los grupos. Se decia que uno de +aquellos caballeros era Cathelineau, el descendiente del celebre general +vendeano; se senalaba tambien al conde de Barrot y a un marques navarro. + +Cuando llego Martin a Vera se encontro la plaza llena de carlistas; +Bautista le dijo: + +--La guerra ha empezado. + +Martin se quedo pensativo. + +Volvieron Martin, Capistun y Bautista a Francia. Bautista gritaba +ironicamente a cada paso:--_iAbaco_ el _extranquero!_--Zalacain pensaba +en el giro que tomaria aquella guerra asi iniciada y en lo que podria +influir en sus amores con Catalina. + + + + +CAPITULO II + +COMO MARTIN, BAUTISTA Y CAPISTUN PASARON UNA NOCHE EN EL MONTE + + +Una noche de invierno marchaban tres hombres con cuatro magnificas mulas +cargadas con grandes fardos. Salidos de Zaro por la tarde, se dirigian +hacia los altos del monte Larrun. + +Costeando un arroyo que bajaba a unirse con la Nivelle y cruzando +prados, llegaron a una borda, donde se detuvieron a cenar. + +Los tres hombres eran Martin Zalacain, Capistun el gascon y Bautista +Urbide. Llevaban una partida de uniformes y de capotes. + +El alijo iba consignado a Lesaca, en donde lo recogerian los carlistas. + +Despues de cenar en la borda, los tres hombres sacaron las muias y +continuaron el viaje subiendo por el monte Larrun. + +Era la noche fria, comenzaba a nevar. En los caminos y sendas, llenos +de lodo, se resbalaban los pies; a veces una mula entraba en un charco +hasta el vientre y a fuerza de fuerzas se lograba sacarla del aprieto. + +Los animales llevaban mucho peso. Era preciso seguir el camino largo, +sin utilizar las veredas, y la marcha se hacia pesada. Al llegar a la +cumbre y al entrar en el puerto de Ibantelly, les sorprendio a los +viandantes una tempestad de viento y de nieve. + +Se encontraban en la misma frontera. La nieve arreciaba; no era facil +seguir adelante. Los tres hombres detuvieron las mulas, y mientras +quedaba Capistun con ellas, Martin y Bautista se echaron uno a un lado y +el otro al otro, para ver si encontraban cerca algun refugio, cabana o +choza de pastor. + +Zalacain vio a pocos pasos una casucha de carabineros cerrada. + +--iEup! iEup!--grito. + +No contesto nadie. + +Martin empujo la puerta, sujeta con un clavo, y entro dentro del chozo. +Inmediatamente corrio a dar parte a los amigos de su descubrimiento. Los +fardos que llevaban las mulas tenian mantas, y extendiendolas y +sujetandolas por un extremo en la choza de los carabineros y por otro en +unas ramas, improvisaron un cobertizo para las caballerias. + +Puestas en seguridad la carga y las mulas, entraron los tres en la casa +de los carabineros y encendieron una hermosa hoguera. Bautista fabrico +en un momento, con fibras de pino, una antorcha para alumbrar aquel +rincon. + +Esperaron a que pasara el temporal y se dispusieron los tres a matar el +tiempo junto a la lumbre. Capistun llevaba una calabaza llena de +aguardiente de Armagnac y, mezclandolo con agua que calentaron, bebieron +los tres. + +Luego, como era natural, hablaron de la guerra. El carlismo se extendia +y marchaba de triunfo en triunfo. En Cataluna y en el pais vasco-navarro +iba haciendo progresos. La Republica espanola era una calamidad. Los +periodicos hablaban de asesinatos en Malaga, de incendios en Alcoy, de +soldados que desobedecian a los jefes y se negaban a batirse. Era una +vergueenza. + +Los carlistas se apoderaban de una porcion de pueblos abandonados por +los liberales. Habian entrado en Estella. + +En las dos orillas del Bidasoa, lo mismo en la frontera espanola que en +la francesa, se sentia un gran entusiasmo por la causa del Pretendiente. + +Capistun y Bautista senalaron sus conocidos alistados ya en la faccion. +La mayoria eran mozos, pero no faltaban tampoco los viejos. Los fueron +citando. + +Alla estaban Juan Echeberrigaray, de Espeleta; Tomas Albandos, de Anoa; +el herrero Lerrumburo, de Zaro; Echebarria, de Irisarri; Galparzasoro, +el alpargatero de Urruna; Mearuberry, el carnicero de Ostabat, Miguel +Larralde, el de Azcain; Carricaburo, el mozo de un caserio de Arhamus; +Chaubandidegui, el hijo del confitero de Azcarat; Peyrohade y +Lafourchette, los dos mozos del bazar de Hasparren. + +--iValientes granujas!--murmuro Martin, que escuchaba. + +Capistun y Bautista siguieron su enumeracion. Estaban tambien +Bordagorri, el de Meharin; Achucarro, de Urdax; Etchehun, el versolari +de Chacxu; Ganecoechia, de Osses; Bishino, de Azparrain, Listurria, de +Briscus; Rebenacq, de Pourtales; el propietario de Saint Palais con el +baron Lesbas d'Armagnac, de Mauleon; Detchesarry, el sacristan de +Biriatu; Guibeleguieta, de Barcus; Iturbide, de Hendaya; Echemendi, el +minero de Articuza; Chocoa, el cantero de San Esteban de Baigorri; +Garraiz, el cazador de palomas de Echalar; Setoain, el lenador de +Esterensuby; Isuribere, el pastor de Urepel; y Chiquierdi, el de +Zugarramurdi. + +Los vascos, siguiendo las tendencias de su raza, marchaban a defender lo +viejo contra lo nuevo. Asi habian peleado en la antigueedad contra el +romano, contra el godo, contra el arabe, contra el castellano, siempre a +favor de la costumbre vieja y en contra de la idea nueva. + +Estos aldeanos y viejos hidalgos de Vasconia y de Navarra, esta +semiaristocracia campesina de las dos vertientes del Pirineo, creia en +aquel Borbon, vulgar extranjero y extranjerizado, y estaban dispuestos a +morir para satisfacer las ambiciones de un aventurero tan grotesco. + +Los legitimistas franceses se lo figuraban como un nuevo Enrique IV; y +como de alli, del Bearn, salieron en otro tiempo los Borbones para +reinar en Espana y en Francia, sonaban con que Carlos VII triunfaria en +Espana, acabaria con la maldita Republica Francesa, daria fueros a +Navarra, que seria el centro del mundo y, ademas, restableceria el poder +politico del Papa en Roma. + +Zalacain se sentia muy espanol y dijo que los franceses eran unos +cochinos, porque debian hacer la guerra en su tierra, si querian. + +Capistun, como buen republicano, afirmo que la guerra en todas partes +era una barbaridad. + +--Paz, paz es lo que se necesita--anadio el gascon--; paz para poder +trabajar y vivir. + +--iAh, la paz!--replico Martin contradiciendole--; es mejor la guerra. + +--No, no--repuso Capistun--. La guerra es la barbarie nada mas. + +Discutieron el asunto; el gascon, como mas ilustrado, aducia mejores +argumentos, pero Bautista y Martin replicaban: + +--Si, todo eso es verdad, pero tambien es hermosa la guerra. + +Y los dos vascos especificaron lo que ellos consideraban como +hermosura. Ambos guardaban en el fondo de su alma un sueno candido y +heroico, infantil y brutal. Se veian los dos por los montes de Navarra y +de Guipuzcoa al frente de una partida, viviendo siempre en acecho, en +una continua elasticidad de la voluntad, atacando, huyendo, +escondiendose entre las matas, haciendo marchas forzadas, incendiando el +caserio enemigo... + +iY que alegrias! iQue triunfos! Entrar en las aldeas a caballo, la boina +sobre los ojos, el sable al cinto, mientras las campanas tocan en la +iglesia. Ver, al huir de una fuerza mayor, como aparece, entre el verde +de las heredades, el campanario de la aldea donde se tiene el asilo; +defender una trinchera heroicamente y plantar la bandera entre las balas +que silban; conservar la serenidad mientras las granadas caen, +estallando a pocos pasos, y caracolear en el caballo delante de la +partida, marchando todos al compas del tambor... + +iQue emociones debian de ser aquellas! Y Bautista y Martin sonaban con +el placer de atacar y de huir, de bailar en las fiestas de los pueblos y +de robar en los Ayuntamientos, de acechar y de escapar por los senderos +humedos y dormir en una borda sobre una cama de hierba seca... + +--iBarbarie! iBarbarie!--replicaba a todo esto el gascon. + +--iQue barbarie!--exclamo Martin--. ?Se ha de estar siempre hecho un +esclavo, sembrando patatas o cuidando cerdos? Prefiero la guerra. + +--?Y por que prefieres la guerra? Para robar. + +--No hables, Capistun, que eres comerciante. + +--?Y que? + +--Que tu y yo robamos con el libro de cuentas. Entre robar en el camino, +o robar con el libro de cuentas, prefiero a los que roban en el camino. + +--Si el comercio fuera un robo, no habria sociedad--repuso el gascon. + +--?Y que?--dijo Martin. + +--Que acabarian las ciudades. + +--Para mi las ciudades estan hechas por miserables y sirven para que las +saqueen los hombres fuertes--dijo Martin con violencia. + +--Eso es ser enemigo de la Humanidad. + +Martin se encogio de hombros. + +Poco despues de media noche, la nieve comenzo a cesar y Capistun dio la +orden de marcha. El cielo habia quedado estrellado. Los pies se hundian +en la nieve y se sentia un silencio de muerte. + +--_Cantats, amics_--dijo el gascon, a quien tanta tristeza y tanto +reposo imponian. + +--No nos vayan a oir--advirtio Bautista. + +--iCa!--y el gascon canto: + + iOan! iOan! lus de deuan + lus de darrer que seguiran. + Lus de darrer oan, oan, + que seguiran a trot de can. + +(iAdelante! Adelante, los de delante y los de atras que seguiran. Los de +atras, adelante, adelante, que seguiran al trote de can!) + +Era esta una vieja cancion gascona para medir la marcha; muy buena para +el llano, pero poco oportuna en aquellos vericuetos. + +Bautista, animado por el ejemplo del gascon, canto un zortzico vasco +frances, que decia asi: + + Gau erdi da + errico orenean + inon ez da + arguiric lurrean + ez diteque + mendian adi deuzic + aicearen + arrabotza baicic. + +(Es media noche en el reloj del pueblo, en ninguna parte hay luz, en la +tierra; no se puede, en el monte, oir mas que el rumor estruendoso del +viento.) + +La cancion de Bautista era de una salvaje melancolia; Martin lanzo un +grito, el _irrintzi_, como una larga carcajada, o un relincho salvaje +terminado en una risa burlona. Capistun, como protestando, canto: + + Del castelet a l'aube + sort Isabeu, + es blanquette sa raube + como la neu. + +(Del castillete, al alba, sale Isabel; es blanquita su ropa como la +nieve.) + +A Martin y a Bautista no les gustaban las canciones del gascon que les +parecian empalagosas, y a este tampoco las de sus amigos, a las cuales +encontraba siniestras. Discutieron acerca de las excelencias de sus +respectivos paises, pasando de los cantos populares a hablar de las +costumbres y de la riqueza. + +Iba a amanecer; comenzaban a acercarse a Vera, cuando se oyeron a lo +lejos varios tiros. + +--?Que pasa aqui?--se preguntaron. + +Tras de un instante se volvieron a oir nuevos tiros y un lejano sonido +de campanas. + +--Hay que ver lo que es. + +Decidieron como mas practico que Capistun, con las cuatro mulas, se +volviera y se encaminara despacio hacia la choza de carabineros donde +habian pasado la noche. Si no ocurria nada en Vera, Bautista y Zalacain +retornarian inmediatamente. Si en dos horas no estaban alla, Capistun +debia ganar la frontera y refugiarse en Francia: en Biriatu, en Zaro, +donde pudiese. + +Las mulas volvieron de nuevo camino del puerto, y Zalacain y su cunado +comenzaron a bajar del monte en linea recta, saltando, deslizandose +sobre la nieve, a riesgo de despenarse. Media hora despues, entraban en +las calles de Alzate, cuyas puertas se veian cerradas. + +Llamaron en una posada conocida. Tardaron en abrir, y al ultimo el +posadero, amedrentado, se presento en la puerta. + +--?Que pasa?--pregunto Zalacain. + +--Que ha entrado en Vera otra vez la partida del Cura. + +Bautista y Martin sabian la reputacion del Cura y su enemistad con +algunos generales carlistas y convinieron en que era peligroso llevar el +alijo a Vera o a Lesaca, mientras anduvieran por alli las gentes del +ensotanado cabecilla. + +--Vamos en seguida a darle el aviso a Capistun--dijo Bautista. + +--Bueno, vete tu--repuso Martin--yo te alcanzo en seguida. + +--?Que vas a hacer? + +--Voy a ver si veo a Catalina. + +--Yo te esperare. + +Catalina y su madre vivian en una magnifica casa de Alzate. Llamo +Martin en ella, y a la criada, que ya le conocia, la dijo: + +--?Esta Catalina? + +--Si... Pasa. + +Entro en la cocina. Era esta grande y espaciosa y algo obscura. +Alrededor de la ancha campana de la chimenea colgaba una tela blanca +planchada, sujeta por clavos. Del centro de la campana bajaba una gruesa +cadena negra, en cuyo garfio final se enganchaba un caldero. A un lado +de la chimenea, habia un banquillo de piedra, sobre el cual estaban en +fila tres herradas con los aros de hierro brillantes, como si fueran de +plata. En las paredes se veian cacerolas de cobre rojizo y lodos los +chismes de la cocina de la casa, desde las sartenes y cucharas de palo, +hasta el calentador, que tambien figuraba colgado en la pared como parte +integrante de la bateria de cocina. + +Aquel orden parecia algo absurdo y extraordinario, contrastado con la +agitacion exterior. + +La criada habia subido la escalera y, tras de algun tiempo, bajo +Catalina envuelta en un manton. + +--?Eres tu?--dijo sollozando. + +--Si, ?que pasa? + +Catalina, llorando, conto que su madre estaba muy enferma, su hermano se +habia ido con los carlistas y a ella querian meterla en un convento. + +--?A donde te quieren llevar? + +--No se, todavia no se ha decidido. + +--Cuando lo sepas, escribeme. + +--Si, no tengas cuidado. Ahora vete, Martin, porque mi madre habra oido +que estamos hablando y, como ha sentido los tiros hace poco, esta muy +alarmada. + +Efectivamente, se oyo poco despues una voz debil que exclamaba: + +--iCatalina! iCatalina! ?Con quien hablas? + +Catalina tendio la mano a Martin, quien la estrecho en sus brazos. Ella +apoyo la cabeza en el hombro de su novio y, viendo que la volvian a +llamar subio la escalera. Zalacain la contemplo absorto y luego abrio la +puerta de la casa, la cerro despacio y, al encontrarse en la calle, se +vio con un espectaculo inesperado. Bautista discutia a gritos con tres +hombres armados, que no parecian tener para el muy buenas disposiciones. + +--?Que pasa?--pregunto Martin. + +Pasaba, sencillamente, que aquellos tres individuos eran de la partida +del Cura y habian presentado a Bautista Urbide este sencillo dilema: + +"O formar parte de la partida o quedar prisionero y recibir ademas, de +propina, una tanda de palos." + +Martin iba a lanzarse a defender a su cunado cuando vio que a un extremo +de la calle aparecian cinco o seis mozos armados. En el otro esperaban +diez o doce. Con su rapido instinto de comprender la situacion, Martin +se dio cuenta de que no habia mas remedio que someterse y dijo a +Bautista, en vascuence, aparentando gran jovialidad: + +--iQue demonio, Bautista! ?No querias tu entrar en una partida? ?No +somos carlistas? Pues ahora estamos a tiempo. + +Uno de los tres hombres, viendo como se explicaba Zalacain, exclamo +satisfecho: + +--_iArrayua!_ Este es de los nuestros. Venid los dos. + +El tal hombre era un aldeano alto, flaco, vestido con un uniforme +destrozado y una pipa de barro en la boca. Parecia el jefe y le llamaban +Luschia. + +Martin y Bautista siguieron a los mozos armados, pasaron de Alzate a +Vera y se detuvieron en una casa, en cuya puerta habia un centinela. + +--iBajadlos! iBajadlos!--dijo Luschia a su gente. + +Cuatro mozos entraron en el portal y subieron por la escalera. + +Luschia, mientras tanto, pregunto a Martin: + +--?Vosotros de donde sois? + +--De Zaro. + +--?Sois franceses? + +--Si--dijo Bautista. + +Martin no quiso decir que el no lo era, sabiendo que el decir que era +frances podia protegerle. + +--Bueno, bueno--murmuro el jefe. + +Los cuatro aldeanos de la partida que habian entrado en la casa trajeron +a dos viejos. + +--iAtadlos!--dijo Luschia, el aldeano de la pipa. + +Sacaron a la calle un tambor de regimiento y un cesto, y a los dos +viejos los ataron. + +--?Que es lo que han hecho?--pregunto Martin a uno de la partida que +llevaba una boina a rayas. + +--Que son traidores--contesto este. + +El uno era un maestro de escuela y el otro un expartidario de la +guerrilla del Cura. + +Cuando estuvieron las dos victimas atadas y con las espaldas desnudas, +el ejecutor de la justicia, el mozo de la boina a rayas, se remango el +brazo y cogio una vara. + +El maestro de escuela, suplicante, imploro: + +--iPero si todos somos unos! + +El exguerrillero no dijo nada. + +No hubo apelacion ni misericordia. Al primer golpe, el maestro de +escuela perdio el sentido; el otro, el antiguo lugarteniente del Cura, +callo y comenzo a recibir los palos con un estoicismo siniestro. + +Luschia se puso a hablar con Zalacain. Este le conto una porcion de +mentiras. Entre ellas le dijo que el mismo habia guardado cerca de +Urdax, en una cueva, mas de treinta fusiles modernos. El hombre oia y, +de cuando en cuando, volviendose al ejecutor de sus ordenes, decia con +voz gangosa: _iJo! iJo!_ (Pega, pega). + +Y volvia a caer la vara cobre las espaldas desnudas. + + + + +CAPITULO III + +DE ALGUNOS HOMBRES DECIDIDOS QUE FORMABAN LA PARTIDA DEL CURA + + +Concluida la paliza, Luschia dio la orden de marcha, y los quince o +veinte hombres tomaron hacia Oyarzun, por el camino que pasa por la +Cuesta de la Agonia. + +La partida iba en dos grupos; en el primero marchaba Martin y en el +segundo Bautista. + +Ninguno de la partida tenia mal aspecto ni aire patibulario. La mayoria +parecian campesinos del pais; casi todos llevaban traje negro, boina +azul pequena y algunos, en vez de botas, calzaban abarcas con pieles de +carnero, que les envolvian las piernas. + +Luschia, el jefe, era uno de los tenientes del Cura y ademas capitaneaba +su guardia negra. Sin duda, gozaba de la confianza del cabecilla. Era +alto, huesudo, de nariz fenomenal, enjuto y seco. + +Tenia Luschia una cara que siempre daba la impresion de verla de +perfil, y la nuez puntiaguda. + +Parecia buena persona hasta cierto punto, insinuante y jovial. +Consideraba, sin duda, una magnifica adquisicion la de Zalacain y +Bautista, pero desconfiaba de ellos y, aunque no como prisioneros, los +llevaba separados y no les dejaba hablar a solas. + +Luschia tenia tambien sus lugartenientes; Praschcu, Belcha y el Corneta +de Lasala. Praschcu era un moceton grueso, barbudo, sonriente y rojo, +que, a juzgar por sus palabras, no pensaba mas que en comer y en beber +bien. Durante el camino no hablo mas que de guisos y de comidas, de la +cena que le quitaron al cura de tal pueblo o al maestro de escuela de +tal otro, del cordero asado que comieron en este caserio y de las +botellas de sidra que encontraron en una taberna. Para Praschcu la +guerra no era mas que una serie de comilonas y de borracheras. + +Belcha y el Corneta de Lasala iban acompanando a Bautista. + +A Belcha (el negrito) le llamaban asi por ser pequeno y moreno; el +Corneta de Lasala ostentaba una cicatriz violacea que le cruzaba la +frente. Su apodo procedia de su oficio de capataz de los que dan la +senal para el comienzo y el paro del trabajo con una bocina. + +Los de la partida llegaron a media noche a Arichulegui, un monte +cercano a Oyarzun, y entraron en una borda proxima a la ermita. + +Esta borda era la guarida del Cura. Alli estaba su deposito de +municiones. + +El cabecilla no estaba. Guardaba la borda un reten de unos veinte +hombres. Se hizo pronto de noche. Zalacain y Bautista comieron un rancho +de habas y durmieron sobre una hermosa cama de heno seco. + +Al dia siguiente, muy de manana, sintieron los dos que les despertaban +de un empujon; se levantaron y oyeron la voz de Luschia: + +--Hala. Vamos andando. + +Era todavia de noche; la partida estuvo lista en un momento. Al mediodia +se detuvieron en Fagollaga y al anochecer llegaban a una venta proxima a +Andoain, en donde hicieron alto. Entraron en la cocina. Segun dijo +Luschia, alli se encontraba el Cura. + +Efectivamente, poco despues, Luschia llamo a Zalacain y a Bautista. + +--Pasad--les dijo. + +Subieron por la escalera de madera hasta el desvan y llamaron en una +puerta. + +--?Se puede?--pregunto Luschia. + +--Adelante. + +Zalacain, a pesar de ser templado, sintio un ligero estremecimiento en +todo el cuerpo, pero se irguio y entro sonriente en el cuarto. Bautista +llevaba el animo de protestar. + +--Yo hablare--dijo Martin a su cunado--tu no digas nada. + +A la luz de un farol, se veia un cuarto, de cuyo techo colgaban mazorcas +de maiz, y una mesa de pino, a la cual estaban sentados dos hombres. Uno +de ellos era el Cura, el otro su teniente, un cabecilla conocido por el +apodo de _el Jabonero_. + +--Buenas noches--dijo Zalacain en vascuence. + +--Buenas noches--contesto _el Jabonero_ amablemente. + +El cura no contesto. Estaba leyendo un papel. + +Era un hombre regordete, mas bajo que alto, de tipo insignificante, de +unos treinta y tantos anos. Lo unico que le daba caracter era la mirada, +amenazadora, oblicua y dura. + +Al cabo de algunos minutos, el cura levanto la vista y dijo: + +--Buenas noches. + +Luego siguio leyendo. + +Habia en todo aquello algo ensayado para infundir terror. Zalacain lo +comprendio y se mostro indiferente y contemplo sin turbarse al cura. +Llevaba este la boina negra inclinada sobre la frente, como si temiera +que le mirasen a los ojos; gastaba barba ya ruda y crecida, el pelo +corto, un panuelo en el cuello, un chaqueton negro con todos los botones +abrochados y un garrote entre las piernas. + +Aquel hombre tenia algo de esa personalidad enigmatica de los seres +sanguinarios, de los asesinos y de los verdugos; su fama de cruel y de +barbaro se extendia por toda Espana. El lo sabia y, probablemente, +estaba orgulloso del terror que causaba su nombre. En el fondo era un +pobre diablo histerico, enfermo, convencido de su mision providencial. +Nacido, segun se decia, en el arroyo, en Elduayen, habia llegado a +ordenarse y a tener un curato en un pueblecito proximo a Tolosa. Un dia +estaba celebrando misa, cuando fueron a prenderle. Pretexto el cura el +ir a quitarse los habitos y se tiro por una ventana y huyo y empezo a +organizar su partida. + +Aquel hombre siniestro se encontro sorprendido ante la presencia y la +serenidad de Zalacain y de Bautista, y sin mirarles les pregunto: + +--?Sois vascongados? + +--Si--dijo Martin avanzando. + +--?Que haciais? + +--Contrabando de armas. + +--?Para quien? + +--Para los carlistas. + +--?Con que comite os entendiais? + +--Con Bayona. + +--?Que fusiles habeis traido? + +--Berdan y Chassepot. + +--?Es verdad que teneis armas escondidas cerca de Urdax? + +--Ahi y en otros puntos. + +--?Para quien las traiais? + +--Para los navarros. + +--Bueno. Iremos a buscarlas. Si no las encontramos, os fusilaremos. + +--Esta bien--dijo friamente Zalacain. + +--Marchaos--repuso el cura, molesto por no haber intimidado a sus +interlocutores. + +Al salir, en la escalera, _el Jabonero_ se acerco a ellos. + +Este tenia aspecto de militar, de hombre amable y bien educado. + +Habia sido guardia civil. + +--No temais--dijo--. Si cumplis bien, nada os pasara. + +--Nada tememos--contesto Martin. + +Fueron los tres a la cocina de la posada, y _el Jabonero_ se mezclo +entre la gente de la partida, que esperaba la cena. + +Se reunieron en la misma mesa _el Jabonero_, Luschia, Belcha, el corneta +de Lasala y uno gordo, a quien llamaban Anchusa. + +_El Jabonero_ no quiso aceptar en la mesa a Praschcu, porque dijo que si +a aquel barbaro le ponian a comer al principio, no dejaba nada a los +demas. + +Con este motivo, un muchacho joven, exseminarista, apellidado Dantchari +y conocido tambien por el mote de _el Estudiante_, que formaba parte de +la partida, recordo la cancion de Vilinch, que se llama la Cancion del +Potaje, y, como en ella el autor se burla de un cura tragon, tuvo que +cantarla en voz baja, para que no se enterara el cabecilla. + +El posadero trajo la cena y una porcion de botellas de vino y de sidra, +y, como la caminata desde Arichulegui hasta alla les habia abierto el +apetito, se lanzaron sobre las viandas como fieras hambrientas. + +Estaban cenando, cuando llamaron a la puerta: + +--?Quien va?--dijo el posadero. + +--Yo. Un amigo--contestaron de fuera. + +--?Quien eres tu? + +--Ipintza, _el Loco_. + +--Pasa. + +Se abrio la puerta y entro un viejo mendigo envuelto en una anguarina +parda, con una de las mangas atadas y convertida en bolsillo. Dantchari +_el Estudiante_ le conocia y dijo que era un vendedor de canciones a +quien tenian por loco, porque cantaba y bailaba recitandolas. + +Se sento Ipintza, _el Loco_, a la mesa y le dio el posadero las sobras +de la cena. Luego se acerco al grupo que formaban los hombres de la +partida alrededor de la chimenea. + +--?No quereis alguna cancion?--dijo. + +--?Que canciones tienes?--le pregunto _el Estudiante_. + +--Tengo muchas. La de la mujer que se queja del marido, la del marido +que se queja de la mujer, Pello Joshepe... + +--Todo eso es viejo. + +--Tambien tengo Hurra Pepito y la cancion entre amo y criado. + +--Ese es liberal--dijo Dantchari. + +--No se--contesto Ipintza, _el Loco_. + +--?Como que no sabes? Yo creo que tu no eres del todo ortodoxo. + +--No se lo que es eso. ?No quereis canciones? + +--Pero, bueno, contesta. ?Eres ortodoxo o heterodoxo? + +--Ya te he dicho que no se. + +--Que opinas de la Trinidad? + +--No se. + +--?Como que no sabes? iY te atreves a decirlo! ?De donde procede el +Espiritu Santo? ?Procede del Padre o procede del Hijo, o de los dos? ?O +es que tu crees que su hipostasis es consustancial con la hipostasis del +Padre o la del Hijo? + +--No se nada de eso. ?Quereis canciones? ?No quereis comprar canciones a +Ipintza, _el Loco_? + +--iAh! ?De manera que no contestas? Entonces eres heretico. _Anathema +sit_. Estas excomulgado. + +--iYo! ?Excomulgado?--dijo Ipintza lleno de terror, y retrocedio y +enarbolo su blanco garrote. + +--Bueno, bueno--grito Luschia al estudiante--. Basta de bromas. + +Praschcu echo unas cuantas brazadas de ramas secas. Chisporroteo el +fuego alegremente; despues, unos se pusieron a jugar al mus y Bautista +lucio su magnifica voz cantando varios zortzicos. + +Dantchari, _el Estudiante_, desafio a echar versos a Bautista y este +acepto el desafio. Los dos comenzaron con el estribillo: + + Orain esango dizut + nic zuri eguia. + +(Ahora te dire yo la verdad.) + +Y la fuerza del consonante les hizo decir una porcion de disparates y de +astracanadas que produjeron el entusiasmo de la reunion. + +Ambos merecieron placemes y aplausos. Luego, Dantchari aseguro que sabia +imitar la voz de tiple, y entre Bautista y el cantaron la cancion que +comienza diciendo: + + Marichu, ?nora zuaz + eder galant ori? + +(Maria, ?a donde vas tan bonita?) + +Bautista cantando de mozo y Dantchari de chica, dirigiendose preguntas y +respuestas de burlona ingenuidad, hicieron las delicias de la +concurrencia. + +Luego, Bautista canto la bella cancion del pais de Soul, que dice asi: + + Urzo churia errazu + Nora yoaten cera zu + Ezpaniaco mendi guciac + Elurrez beteac dituzu + Gaur arratzean ostatu + Gure echean badezu. + +(Paloma blanca, dime a donde vas. Todos los montes de Espana estan +llenos de nieve. Si quieres albergue para esta noche, lo tienes en mi +casa.) + +Los de la partida aplaudieron, pero mas que esta cancion romantica les +gusto el duo anterior, y _el Jabonero_, comprendiendolo asi, compro a +Ipintza, _el Loco_, un papel, que era la letra de la nueva cancion de +Vilinch, llamada "Juana Vishenta Olave", escrita por el autor +adaptandola a un aire popular titulado iOrra Pepito! + +La cancion de Vilinch era un dialogo amoroso entre el propietario de un +caserio y la hija del arrendador, a quien trata de conquistar. + +_El Estudiante_ se puso las enaguas de la posadera y se ato un panuelo +en la cabeza, Bautista se calo un sombrero de copa que alguno encontro, +no se sabe donde, y cantaron ambos el duo ingenuo de Vilinch, y la +algazara fue tan grande que los cantores tuvieron que enmudecer porque +el Cura grito desde arriba que no le dejaban dormir en paz. + +Cada cual fue a acostarse donde pudo, y Martin le dijo a Bautista en +frances: + +--Cuidado, eh. Hay que estar preparados para escapar a la mejor ocasion. + +Bautista movio la cabeza afirmativamente, dando a entender que no se +olvidaba. + + + + +CAPITULO IV + +HISTORIA CASI INVEROSIMIL DE JOSHE CRACASCH + + +Los dos dias siguientes estuvo lloviendo y se paso la partida en la +venta haciendo algunos reconocimientos por los alrededores. Ni Zalacain +ni Bautista vieron al cura. Sin duda este no se presentaba mas que en +las circunstancias graves. + +Como era natural entre tanta gente inactiva, se pasaron las horas al +lado del fuego hablando y contando diversos episodios y aventuras. + +Habia en la partida un muchacho de Tolosa, muy melancolico, cuyas unicas +ocupaciones eran mirarse a un espejito de mano y tocar el acordeon. Este +muchacho se llamaba Jose Cacochipi y algunos, a sus espaldas, le decian +Jose Cracasch o sea en castellano Jose Manchas. + +Martin y Bautista le preguntaron varias veces que le pasaba para estar +tan triste, si es que le dolian las muelas, si tenia las digestiones +lentas, disgustos de familia o algun desorden en la vejiga; a todas +estas preguntas contestaba Cacochipi, alias _Cracasch_, diciendo que no +le pasaba nada, pero suspiraba como si le ocurrieran todas esas +calamidades al mismo tiempo. + +Como el tal Cacochipi constituia un misterio, Martin pregunto a +Dantchari, _el Estudiante_, si por ser tolosano sabia la historia de su +conterraneo y amigo, y el exseminarista dijo: + +--Si no le decis nada, os contare la historia de Joshe, pero habeis de +prometerme no burlaros de el. + +--No nos burlaremos de el ni le diremos nada. + +Dantchari hablaba en castellano con esa pedanteria clasica de los curas +y seminaristas, que creen indispensable, para mayor claridad, decir de +cuando en cuando alguna palabra en latin entre personas que ignoran en +absoluto este idioma. + +--Pues habeis de saber--dijo Dantchari--que Jose Cacochipi, el hijo +menor de Andre Anthoni la confitera, ha sido conocido siempre, _urbi et +orbe_ por el apodo de Joshe Cracasch. + +Este apodo lo tenia muy merecido porque Joshe era hace anos, y aun hace +meses, el mozo mas abandonado de la ciudad y de los contornos; asi que +todo el pueblo, _nemine discrepante_, lo apodaba Cracasch. + +Joshe no ha tenido hasta hace poco mas pasion que la musica. + +Quisieron hacerle estudiar para cura y ordenarle _in sacris_, pero fue +imposible. + +Se puede decir de el que es musico _per se_ y hombre _per accidens_. + +Durante muchos anos se ha pasado ocho o nueve horas en el piano haciendo +ejercicios y, como no ha tenido alma mas que para la musica, en todo lo +demas ha sido un descuidado horrible. + +Llevaba el traje lleno de lamparones, la boina sucia, el pelo largo, se +olvidaba la corbata. Era una verdadera calamidad. + +Por eso se le llamaba Joshe Cracasch, y a el no solo no le ofendia el +apodo, sino que le hacia gracia; en cambio su madre, Andre Anthoni, se +ponia como una fiera cuando oia que a su hijo le daban este mote. + +Hara un ano proximamente que un indiano rico llamado Arizmendi, y que +dicen que ha sido pirata... yo no lo se, _relata refero_, llego al +pueblo. Como digo, este senor le pregunto al parroco: + +--?Que profesor de musica le podria yo poner a mi chico? + +--El mejor, Jose Cacochipi--contesto el cura. + +Le hablaron a Cracasch y este se encogio de hombros y dijo que bueno. Su +madre le preparo ropa limpia y le advirtio que tuviera cuidado con lo +que decia y que fuera prudente, pues la colocacion podia ser un _modus +vivendi_ para el. Cracasch prometio ser prudentisimo. + +Llego el primer dia a casa de Arizmendi y pregunto por el amo. + +Salio a abrirle una muchacha, y poco despues se presento un senor. La +muchacha le dijo que dejara la boina en el colgador. + +--?Para que?--replico Joshe--y luego, dirigiendose al senor, le +pregunto:--?Es la criada, eh? + +--No, esta senorita es mi hija--contesto friamente el senor Arizmendi. + +Cracasch comprendio que habia dado un tropiezo y para enmendarlo, dijo: + +--Es muy guapa. iYa se parece a usted, ya! + +--No. Si es hijastra mia--contesto el senor Arizmendi. + +--Ja, ja... ique risa!... Ya tendra novio, eh. + +Cacochipi fue a dar en un punto que preocupaba a la familia, pues la +muchacha tenia amores, a disgusto de los padres, con un primo. + +El senor Arizmendi le dijo que no hiciera mas preguntas impertinentes, +que ya sabia que era medio bobo, pero que aprendiese a reportarse. + +Joshe, muy extranado con tal exabrupto, fue al cuarto del chico, donde +dio su primera leccion de solfeo. Aquellas palabras duras del senor +Arizmendi, mas que ofender le extranaron. Joshe no tenia ninguna +malicia, toda su vida la habia pasado pensando en la musica, y de otras +cosas nada sabia. + +A Cacochipi, que estuvo varias veces invitado a comer con la familia de +Arizmendi, le chocaba la tristeza del padre y de la madre y de las +hermanas y quiso alegrarles un poco; porque, como dice el profano: +_Omissis curis, jucunde vivendum esse_; lo cual quiere decir que se debe +vivir alegremente y sin cuidados. + +Lo primero que se le ocurrio a Cracasch, un dia que se le figuro que ya +tenia confianza con la familia de Arizmendi, fue, a los postres, imitar +el ruido del tren; luego intento cantar una cancion que en la taberna +tenia mucho exito. En esta cancion se hace como si se tocara la flauta y +el bombo, y como si se comiera en una cazuela, y luego medio se desnuda +uno mientras canta. Joshe creia que, cuando el se quitara la chaqueta y +el chaleco, toda la familia romperia a reir a carcajadas, pero fue todo +lo contrario, porque el senor Arizmendi, mirandole con ojos terribles, +le dijo: + +--Bueno, Cacochipi: pongase usted el chaleco y no vuelva usted a +quitarselo delante de nosotros. + +Joshe se quedo frio, y no precisamente por la falta del chaleco. + +--A esta gente no les hace gracia nada--murmuro. + +Un dia, aparecio a dar la leccion con la cara pintada con varios lunares +y no hizo efecto; otro, ayudado por su discipulo, ato los cubiertos a la +mesa... y nada. + +--?Que tal, Cracasch?--le preguntaba alguno en la calle--. ?Como va la +familia de Arizmendi? + +--iAh! Es una gente que nada le gusta.--contestaba el--. Se hacen cosas +bonitas para divertirles... y nada. + +El dia de Carnaval, Joshe Cracasch tuvo una idea de las suyas y fue +convencer a su discipulo para que sacara los trajes de su madre y de una +hermana. Se disfrazarian los dos y darian a la familia Arizmendi una +broma graciosisima. + +--Ahora si que se van a reir--decia Cacochipi en su interior. + +El chico no se anduvo en retoricas y el domingo de Carnaval tomo los +mejores trajes que encontro y fue con ellos a la confiteria. Maestro y +discipulo se pusieron las prendas femeninas, y armados de sendas +escobas, fueron a la puerta de la iglesia. + +Al salir Arizmendi con su mujer y sus hijas de misa, Cacochipi y su +discipulo cayeron sobre ellos y les dieron un sin fin de apretones y de +golpes; Joshe recordo a Arizmendi que tenia dentadura postiza, a su +mujer que se ponia anadidos y a la hija mayor el novio con quien habia +renido, y despues de otra porcion de cosas igualmente oportunas se +marcharon las dos mascaras dando brincos. + +Al dia siguiente, cuando se presento en casa de Arizmendi, penso +Cracasch: + +--Nada, van a felicitarme por la broma de ayer. + +Entro y le parecio que todo el mundo estaba serio. De pronto, se le +acerco Arizmendi y con voz mas que severa, iracunda, en un terrible _ab +irato_, le dijo: + +--No vuelva usted a poner los pies en mi casa. iImbecil! Si no fuera +usted un idiota, le echaria a puntapies. + +--Pero ?por que?--pregunto Jose. + +--?Y lo pregunta usted todavia, majadero? Cuando no se sabe portarse +como una persona, no se debe alternar con los demas. Yo creia que era +usted un estupido, pero no tanto. + +Cacochipi, por primera vez en su vida, se sintio ofendido. Se encerro en +su casa y empezo a pensar en la Celedonia, la segunda hija de Arizmendi +y en la voz suave y la _eloquendi suavitatem_ con que le saludaba por +las mananas cuando le decia: + +--Buenos dias, Joshe. + +Cacochipi se convencio de que, como le habia dicho Arizmendi, era un +estupido y de que ademas estaba enamorado. Estos dos convencimientos le +impulsaron a mudarse de traje, a cortarse el pelo, a ponerse una boina +nueva y a no permitir que nadie le llamara Cracasch. + +--Oye, Cracasch--le decia alguno en la calle. + +--iHombre! Creo que me has llamado Cracasch--decia el. + +--Si, ?y que? + +--Que no quiero que me vuelvas a llamar asi. + +--Pero hombre, Cracasch... + +--Toma--y Joshe empezaba a punetazos y a golpes. + +En poco tiempo Joshe borro su apodo de Cracasch. La Celedonia Arizmendi +habia notado la transformacion de Joshe y sabia la parte que en este +cambio le correspondia a ella. Joshe veia que la muchacha le miraba con +buenos ojos; pero era tan timido que nunca se hubiera atrevido a decirle +nada. + +Llevaban sus amores el camino de pasar a la historia sin llegar al +primer capitulo, cuando el hijo de un boticario se encargo de darles una +solucion. + +Queria burlarse de Joshe y escribio una carta de amor grotesca a la hija +de Arizmendi, firmando Joshe Cracasch. + +La chica le envio la carta a Joshe diciendole que se querian burlar de +el, pero que ella le estimaba y que pasara por delante de su casa y que +hablarian. + +Joshe fue y vio a la muchacha y le dio las buenas tardes y no se le +ocurrio mas; ella le pregunto si su madre, Andre Anthoni, estaba buena, +el la contesto que si y entonces ella le dijo: + +--Hasta manana, Joshe. + +--Adios. + +Cacochipi quedo como embobado; necesitaba respirar, tomar aire y salio +de Tolosa y tomo el camino de Anoeta y paso Anoeta y luego Irura y cruzo +Villabona y fue andando, andando, hasta que se topo con la partida del +Cura, que iba a conquistar, _viribus et armis_, la gloria. Uno de la +partida le dio el alto y le hizo descender de las sublimidades +amatorio-musicales en que se hallaba sumido, presentandole el sencillo +dilema de recibir una paliza o de venirse con nosotros. + +Jose Cacochipi, por muy aficionado que sea a la musica, no ha querido +que solfeen sobre el y ya hace un mes que esta en la partida. + +Tal era la historia de Joshe Cracasch, que conto Dantchari, _el +Estudiante_, con algunos latinajos mas de los que pone el autor. + + + + +CAPITULO V + +COMO LA PARTIDA DEL CURA DETUVO LA DILIGENCIA CERCA DE ANDOAIN + + +Al tercer dia de estar en la venta, la inaccion era grande, y entre _el +Jabonero_ y Luschia acordaron detener aquella manana la diligencia que +iba desde San Sebastian a Tolosa. + +Se dispuso la gente a lo largo del camino, de dos en dos; los mas +lejanos irian, avisando cuando apareciera la diligencia y replegandose +junto a la venta. + +Martin y Bautista se quedaron con el Cura y _el Jabonero_, porque el +cabecilla y su teniente no tenian bastante confianza en ellos. + +A eso de las once de la manana, avisaron la llegada del coche. Los +hombres que espiaban el paso fueron acercandose a la venta, ocultandose +por los lados del camino. + +El coche iba casi lleno. El Cura, _el Jabonero_ y los siete u ocho +hombres que estaban con ellos se plantaron en medio de la carretera. + +Al acercarse el coche, el Cura levanto su garrote y grito: + +--iAlto! + +Anchusa y Luschia se agarraron a la cabezada de los caballos y el coche +se detuvo. + +--_iArrayua!_ iEl Cura!--exclamo el cochero en voz alta--. Nos hemos +fastidiado. + +--Abajo todo el mundo--mando el Cura. + +Egozcue abrio la portezuela de la diligencia. Se oyo en el interior un +coro de exclamaciones y de gritos. + +--Vaya. Bajen ustedes y no alboroten--dijo Egozcue con finura. + +Bajaron primero dos campesinos vascongados y un cura; luego, un hombre +rubio, al parecer extranjero, y despues salto una muchacha morena, que +ayudo a bajar a una senora gruesa, de pelo blanco. + +--Pero Dios mio, ?adonde nos llevan?--exclamo esta. + +Nadie le contesto. + +--iAnchusa! iLuschia! Desenganchad los caballos--grito el Cura--. Ahora, +todos a la posada. + +Anchusa y Luschia llevaron los caballos y no quedaron con el cura mas +que unos ocho hombres, contando con Bautista, Zalacain y Joshe Cracasch. + +--Acompanad a estos--dijo el cabecilla a dos de sus hombres, senalando +a los campesinos y al cura. + +--Vosotros--e indico a Bautista, Zalacain, Joshe Cracasch y otros dos +hombres armados--id con la senora, la senorita y este viajero. + +La senora gruesa lloraba afligida. + +--Pero, ?nos van a fusilar?--pregunto gimiendo. + +--iVamos! iVamos!--dijo uno de los hombres armados, brutalmente. + +La senora se arrodillo en el suelo, pidiendo que la dejaran libre. + +La senorita, palida, con los dientes apretados, lanzaba fuego por los +ojos. Sin duda, sabia los procedimientos usados por el cura con las +mujeres. + +A algunas solia desnudarlas de medio cuerpo arriba, les untaba con miel +el pecho y la espalda y las emplumaba; a otras les cortaba el pelo o lo +untaba de brea y luego se lo pegaba a la espalda. + +--Ande usted, senora--dijo Martin--, que no les pasara nada. + +--Pero, ?adonde?--pregunto ella. + +--A la posada, que esta aqui cerca. + +La joven nada dijo, pero lanzo a Martin una mirada de odio y de +desprecio. + +Las dos mujeres y el extranjero comenzaron a marchar por la carretera. + +--Atencion, Bautista--dijo Martin en frances--, tu al uno, yo al otro. +Cuando no nos vean. + +El extranjero, extranado, en el mismo idioma pregunto: + +--?Que van ustedes a hacer? + +--Escaparnos. Vamos a quitar los fusiles a estos hombres. Ayudenos +usted. + +Los dos hombres armados, al oir que se entendian en una lengua que ellos +no comprendian, entraron en sospechas. + +--?Que hablais?--dijo uno, retrocediendo y preparando el fusil. + +No tuvo tiempo de hacer nada, porque Martin le dio un garrotazo en el +hombro y le hizo tirar el fusil al suelo, Bautista y el extranjero +forcejearon con el otro y le quitaron el arma y los cartuchos. Joshe +Cracasch estaba como en babia. + +Las dos mujeres, viendose libres, echaron a correr por la carretera, en +direccion a Hernani. Cracasch las siguio. Este llevaba una mala +escopeta, que podia servir en ultimo caso. El extranjero y Martin tenian +cada uno su fusil, pero no contaba mas que con pocos cartuchos. A uno le +habian podido quitar la cartuchera, al otro fue imposible. Este volaba +corriendo a dar parte a los de la partida. + +El extranjero, Martin y Bautista corrieron y se reunieron con las dos +mujeres y con Joshe Cracasch. + +La ventaja que tenian era grande, pero las mujeres corrian poco; en +cambio, la gente del cura en cuatro saltos se plantaria junto a ellos. + +--iVamos! iAnimo!--decia Martin--. En una hora llegamos. + +--No puedo--gemia la senora--. No puedo andar mas. + +--iBautista!--exclamo Martin--. Corre a Hernani, busca gente y traela. +Nosotros nos defenderemos aqui un momento. + +--Ire yo--dijo Joshe Cracasch. + +--Bueno, entonces deja el fusil y las municiones. + +Tiro el musico el fusil y la cartuchera y echo a correr, como alma que +lleva el diablo. + +--No me fio de ese musico simple--murmuro Martin--. Vete tu, Bautista. +La lastima es que quede un arma inutil. + +--Yo disparare--dijo la muchacha. + +Se volvieron a hacer frente, porque los hombres de la partida se iban +acercando. + +Silbaban las balas. Se veia una nubecilla blanca y pasaba al mismo +tiempo una bala por encima de las cabezas de los fugitivos. El +extranjero, la senorita y Martin se guarecieron cada uno detras de un +arbol y se repartieron los cartuchos. La senora vieja, sollozando, se +tiro en la hierba, por consejo de Martin. + +--?Es usted buen tirador?--pregunto Zalacain al extranjero. + +--?Yo? Si. Bastante regular. + +--?Y usted, senorita? + +--Tambien he tirado algunas veces. + +Seis hombres se fueron acercando a unos cien metros de donde estaban +guarecidos Martin, la senorita y el extranjero. Uno de ellos era +Luschia. + +--A ese ciudadano le voy a dejar cojo para toda su vida--dijo el +extranjero. + +Efectivamente, disparo y uno de los hombres cayo al suelo dando gritos. + +--Buena punteria--dijo Martin. + +--No es mala--contesto friamente el extranjero. + +Los otros cinco hombres recogieron al herido y lo retiraron hacia un +declive. Luego, cuatro de ellos, dirigidos por Luschia, dispararon al +arbol de donde habia salido el tiro. Creian, sin duda, que alli estaban +refugiados Martin y Bautista y se fueron acercando al arbol. Entonces +disparo Martin e hirio a uno en una mano. + +Quedaban solo tres habiles, y, retrocediendo y arrimandose a los +arboles, siguieron haciendo disparos. + +--?Habra descansado algo su madre?--pregunto Martin a la senorita. + +--Si. + +--Que siga huyendo. Vaya usted tambien. + +--No, no. + +--No hay que perder tiempo--grito Martin, dando una patada en el +suelo--. Ella sola o con usted. iHala! En seguida. + +La senorita dejo el fusil a Martin y, en union de su madre, comenzo a +marchar por la carretera. + +El extranjero y Martin esperaron, luego fueron retrocediendo sin +disparar, hasta que, al llegar a una vuelta del camino, comenzaron a +correr con toda la fuerza de sus piernas. Pronto se reunieron con la +senora y su hija. La carrera termino a la media hora, al oir que las +balas comenzaban a silbar por encima de sus cabezas. + +Alli no habia arboles donde guarecerse, pero si unos montes de piedra +machacada para el lecho de la carretera, y en uno de ellos se tendio +Martin y en el otro el extranjero. La senora y su hija se echaron en el +suelo. + +Al poco tiempo, aparecieron varios hombres; sin duda, ninguno queria +acercarse y llevaban la idea de rodear a los fugitivos y de cogerlos +entre dos fuegos. + +Cuatro hombres fueron a campo traviesa por entre maizales, por un lado +de la carretera, mientras otros cuatro avanzaban por otro lado, entre +manzanos. + +Si Bautista no viene pronto con gente, creo que nos vamos a ver +apurados--exclamo Martin. + +La senora, al oirle, lanzo nuevos gemidos y comenzo a lamentarse, con +grandes sollozos, de haber escapado. + +El extranjero saco un reloj y murmuro: + +--Tenia tiempo. No habra encontrado nadie. + +--Eso debe ser--dijo Martin. + +--Veremos si aqui podemos resistir algo--repuso el extranjero. + +--iHermoso dia!--murmuro Martin. + +La verdad es que un dia tan hermoso convida a todo, hasta que le peguen +a uno un tiro. + +--Por si acaso, habra que evitarlo en lo posible. + +Dos o tres balas pasaron silbando y fueron a estrellarse en el suelo. + +--iRendios!--dijo la voz de Belcha, por entre unos manzanos. + +--Venid a cogernos--grito Martin, y vio que uno le apuntaba en el monte, +desde cerca de un arbol; el apunto a su vez, y los dos tiros sonaron +casi simultaneamente. Al poco tiempo, el hombre volvio a aparecer mas +cerca, escondido entre unos helechos, y disparo sobre Martin. + +Este sintio un golpe en el muslo y comprendio que estaba herido. Se +llevo la mano al sitio de la herida y noto una cosa tibia. Era sangre. +Con la mano ensangrentada cogio el fusil y, apoyandose en las piedras, +apunto y disparo. Luego sintio que se le iban las fuerzas, al perder la +sangre, y cayo desmayado. + +El extranjero aguardo un momento, pero, en aquel instante, una compania +de miqueletes avanzaba por la carretera, corriendo y haciendo disparos, +y la gente del Cura se retiraba. + + + + +CAPITULO VI + +COMO CUIDO LA SENORITA DE BRIONES A MARTIN ZALACAIN + + +Cuando de nuevo pudo darse Martin Zalacain cuenta de que vivia, se +encontro en la cama, entre cortinas tupidas. + +Hizo un esfuerzo para moverse y se sintio muy debil y con un ligero +dolor en el muslo. + +Recordo vagamente lo pasado, la lucha en la carretera, y quiso saber +donde estaba. + +--iEh!--grito con voz apagada. + +Las cortinas se abrieron y una cara morena, de ojos negros, aparecio +entre ellas. + +--Por fin. iYa se ha despertado usted! + +--Si. ?Donde me han traido? + +--Luego le contare a usted todo--dijo la muchacha morena. + +--?Estoy prisionero? + +--No, no; esta usted aqui en seguridad. + +--?En que pueblo? + +--En Hernani. + +--Ah, vamos. ?No me podrian abrir esas cortinas? + +--No, por ahora no. Dentro de un momento vendra el medico y, si le +encuentra a usted bien, abriremos las cortinas y le permitiremos hablar. +Con que ahora siga usted durmiendo. + +Martin sentia la cabeza debil y no le costo mucho trabajo seguir el +consejo de la muchacha. + +Al mediodia llego el medico, que reconocio a Martin la herida, le tomo +el pulso y dijo: + +--Ya pueda empezar a comer. + +--?Y le dejaremos hablar, doctor?--pregunto la muchacha. + +--Si. + +Se fue el doctor, y la muchacha de los ojos negros descorrio las +cortinas y Martin se encontro en una habitacion grande, algo baja de +techo, por cuya ventana entraba un dorado sol de invierno. Pocos +instantes despues, aparecio Bautista en el cuarto, de puntillas. + +--Hola, Bautista--dijo Martin burlonamente--. ?Que te ha parecido +nuestra primera aventura de guerra? ?Eh? + +--iHombre! A mi, bien--contesto el cunado--. A ti quiza no te haya +parecido tan bien. + +--iPse! Ya hemos salido de esta. + +La muchacha de los ojos negros, a quien al principio no reconocio +Martin, era la senorita a quien habian hecho bajar del coche los de la +partida del Cura y despues se habia fugado con ellos en compania de su +madre. + +Esta senorita le conto a Martin como le llevaron hasta Hernani y le +extrajeron la bala. + +--Y yo no me he dado cuenta de todo esto--dijo Martin--. ?Cuanto tiempo +llevo en la cama? + +--Cuatro dias ha estado usted con una fiebre altisima. + +--?Cuatro dias? + +--Si. + +--Por eso estoy rendido. ?Y su madre de usted? + +--Tambien ha estado enferma, pero ya se levanta. + +--Me alegro mucho. ?Sabe usted? Es raro--dijo Martin--no me parece +usted la misma que vino en la carretera con nosotros. + +--iNo? + +--No. + +--?Y por que? + +--Le brillaban a usted los ojos de una manera tan rara, asi como dura... + +--?Y ahora no? + +--Ahora no, ahora me parecen sus ojos muy suaves. + +La muchacha se ruborizo sonriendo. + +--La verdad es--dijo Bautista--que has tenido suerte. Esta senorita te +ha cuidado como a un rey. + +--iQue menos podia hacer por uno de nuestros salvadores!--exclamo ella +ocultando su confusion--. Oh, pero no hable usted tanto. Para el primer +dia es demasiado. + +--Una pregunta solo--dijo Martin. + +--Veamos la pregunta--contesto ella. + +--Quisiera saber como se llama usted. + +--Rosa Briones. + +--Muchas gracias, senorita Rosa--murmuro. + +--iOh! no me llame usted senorita. Llameme usted Rosa o Rosita, como me +dicen en casa. + +--Es que yo no soy caballero--repuso Martin. + +--iPues si usted no es caballero, quien lo sera!--dijo ella. + +Martin se sintio halagado y, como Rosa le indico que callara, llevandose +el dedo a los labios, cerro los ojos... + +La convalecencia de Martin fue muy rapida, tanto, que a el le parecio +que se curaba demasiado pronto. + +Bautista, al ver a su cunado en visperas de levantarse y en buenas +manos, como dijo algo ironicamente, se fue a Francia a reunirse con +Capistun y a seguir con los negocios. + +Martin pudo tomar Hernani por una Capua, una Capua espiritual. + +Rosita Briones y su madre dona Pepita le mimaban y le halagaban. + +De conocerlo, Martin hubiera podido recitar, refiriendose a el mismo, +el romance antiguo de Lanzarote: + + Nunca fuera caballero + De damas tan bien servido + Como fuera Lanzarote + Cuando de su aldea vino. + +Rosita, durante la convalecencia, tuvo largas conversaciones con Martin. +Era de Logrono, donde vivia con su madre. Dona Pepita era la causante de +la desdichada aventura. A ella se le ocurrio ir a Villabona, para ver a +su hijo, que le habian dicho que se encontraba herido en este pueblo. +Afortunadamente, la noticia era falsa. + +Dona Pepita, la madre de Rosita, era una senora romantica, con unas +ideas absurdas. Adoraba a su hijo, vivia temblando de que le pasara +algo, pero, a pesar de todo, habia querido que fuera militar. Al decidir +la aventura que termino con la detencion de la diligencia y al oir las +observaciones de su hija al malhadado proyecto, habia contestado: + +--Los carlistas son espanoles y caballeros y no pueden hacer dano a unas +senoras. + +A pesar de esta imposibilidad, estuvieron las dos a punto de ser +emplumadas o apaleadas por la gente del Cura. + +Martin llego a convencerse de que la buena senora tenia una +imposibilidad irreductible para enterarse de la cosas. Lo veia todo a su +gusto y se convencia de que los hechos era como se los habia pintado su +fantasia. Si de la madre cualquiera hubiese dicho que le faltaba un +tornillo, no podia decirse lo mismo de su hija. Esta era lista y +avispada como pocas; tenia un juicio rapido, seguro y claro. + +Muchas veces, para distraer al herido, Rosa le leyo novelas de Dumas y +poesias de Becquer. Martin nunca habia oido versos y le hicieron un +efecto admirable, pero lo que mas le sorprendio fue la discrecion de los +comentarios de Rosita. No se le escapaba nada. + +Pronto Martin pudo levantarse y, cojeando, andar por la casa. Un dia que +contaba su vida y sus aventuras, Rosita le pregunto de pronto: + +--?Y Catalina quien es? ?Es su novia de usted? + +--Si. ?Como lo sabe usted? + +--Porque ha hablado usted mucho de ella durante el delirio. + +--iAh! + +--?Y es guapa? + +--?Quien? + +--Su novia. + +--Si, creo que si. + +--?Como? ?Cree usted nada mas? + +--Es que la conozco desde chico y estoy tan acostumbrado a verla que +casi no se como es. + +--?Pero no esta usted enamorado de ella? + +--No se, la verdad. + +--iQue cosa mas rara! ?Que tipo tiene? + +--Es asi... algo rubia... + +--?Y tiene hermosos ojos? + +--No tanto como usted--dijo Martin. + +A Rosita Briones le centellearon los ojos y envolvio a Martin en una de +sus miradas enigmaticas. + +Una tarde se presento en Hernani el hermano de Rosita. + +Era un joven fino, atento, pero poco comunicativo. + +Dona Pepita le puso a Zalacain delante de su hijo como un salvador, como +un heroe. + +Al dia siguiente, Rosita y su madre iban a San Sebastian, para marcharse +desde alli a Logrono. + +Les acompano Martin y su despedida fue muy afectuosa. Dona Pepita le +abrazo y Rosita le estrecho la mano varias veces y le dijo +imperiosamente: + +--Vaya usted a vernos. + +--Si, ya ire. + +--Pero que sea de veras. Los ojos de Rosita prometian mucho. Al +marcharse madre e hija, Martin parecio despertar de un sueno; se acordo +de sus negocios, de su vida, y sin perdida de tiempo se fue a Francia. + + + + +CAPITULO VII + +COMO MARTIN ZALACAIN BUSCO NUEVAS AVENTURAS + + +Una noche de invierno llovia en las calles de San Juan de Luz; algun +mechero de gas temblaba a impulsos del viento, y de las puertas de las +tabernas salian voces y sonido de acordeones. + +En Socoa, que es el puerto de San Juan de Luz, en una taberna de +marineros, cuatro hombres, sentados en una mesa, charlaban. De cuando en +cuando, uno de ellos abria la puerta de la taberna, avanzaba en el +muelle silencioso, miraba al mar y al volver decia: + +--Nada, la _Fleche_ no viene aun. + +El viento silbaba en bocanadas furiosas sobre la noche y el mar negros, +y se oia el ruido de las olas azotando la pared del muelle. + +En la taberna, Martin, Bautista, Capistun y un hombre viejo, a quien +llamaban Ospitalech, hablaban; hablaban de la guerra carlista, que +seguia como una enfermedad cronica sin resolverse. + +--La guerra acaba--dijo Martin. + +--?Tu crees?--pregunto el viejo Ospitalech. + +--Si, esto marcha mal, y yo me alegro--dijo Capistun. + +--No, todavia hay esperanza--repuso Ospitalech. + +--El bombardeo de Irun ha sido un fracaso completo para los +carlistas--dijo Martin--. iY que esperanzas tenian todos estos +legitimistas franceses! Hasta los hermanos de la Doctrina Cristiana +habian dado vacaciones a los ninos para que fuesen a la frontera a ver +el espectaculo. iCanallas! Y ahi vimos a ese arrogante don Carlos, con +sus terribles batallones, echando granadas y granadas, para tener luego +que escaparse corriendo hacia Vera. + +--Si la guerra se pierde, nos arruinamos--murmuro Ospitalech. + +Capistun estaba tranquilo, pensaba retirarse a vivir a su pais; +Bautista, con las ganancias del contrabando, habia extendido sus +tierras. De los tres, Zalacain no estaba contento. Si no le hubiese +retenido el pensamiento de encontrar a Catalina, se hubiera ido a +America. + +Llevaba ya mas de un ano sin saber nada de su novia; en Urbia se +ignoraba su paradero, se decia que dona Agueda habia muerto, pero no se +hallaba confirmada la noticia. + +De estos cuatro hombres de la taberna de Socoa, los dos contentos, +Bautista y Capistun, charlaban; los otros dos rabiaban y se miraban sin +hablarse. Afuera llovia y venteaba. + +--?Alguno de vosotros se encargaria de un negocio dificil, en que hay +que exponer la pelleja?--pregunto de pronto Ospitalech. + +--Yo no--dijo Capistun. + +--Ni yo--contesto distraidamente Bautista. + +--?De que se trata?--pregunto Martin. + +--Se trata de hacer un recorrido por entre las filas carlistas y +conseguir que varios generales y, ademas, el mismo don Carlos, firmen +unas letras. + +--iDemonio! No es facil la cosa--exclamo Zalacain. + +--Ya lo se que no; pero se pagaria bien. + +--?Cuanto? + +--El patron ha dicho que daria el veinte por ciento, si le trajeran las +letras firmadas. + +--?Y a cuanto asciende el valor de las letras? + +--?A cuanto? No se de seguro la cantidad. ?Pero es que tu irias? + +--?Por que no? Si se gana mucho... + +--Pues entonces espera un momento. Parece que llega el barco, luego +hablaremos. + +Efectivamente, se habia oido en medio de la noche un agudo silbido. Los +cuatro salieron al puerto y se oyo el ruido de las aguas removidas por +una helice, y luego aparecieron unos marineros en la escalera del +muelle, que sujetaron la amarra en un poste. + +--iEup! Manisch--grito Ospitalech. + +--iEup!--contestaron desde el mar. + +--?Todo bien? + +--Todo bien--respondio la voz. + +--Bueno, entremos--anadio Ospitalech--que la noche esta de perros. + +Volvieron a meterse en la taberna los cuatro hombres, y poco despues se +unieron a ellos Manisch, el patron del barco la _Fleche_, que al entrar +se quito el sudeste, y dos marineros mas. + +--?De manera que tu estas dispuesto a encargarte de ese +asunto?--pregunto Ospitalech a Martin. + +--Si. + +--?Solo? + +--Solo. + +--Bueno, vamos a dormir. Por la manana iremos a ver al principal y te +dira lo que se puede ganar. + +Los marineros de la _Fleche_ comenzaban a beber, y uno de ellos cantaba, +entre gritos y patadas, la cancion de _Les matelot de la Belle Eugenie_. + +Al dia siguiente, muy temprano, se levanto Martin y con Ospitalech tomo +el tren para Bayona. Fueron los dos a casa de un judio que se llamaba +Levi-Alvarez. Era este un hombre bajito, entre rubio y canoso, con la +nariz arqueada, el bigote blanco y los anteojos de oro. Ospitalech era +dependiente del senor Levi-Alvarez y conto a su principal como Martin se +brindaba a realizar la expedicion dificil de entrar en el campo carlista +para volver con las letras firmadas. + +--?Cuanto quiere usted por eso?--pregunto Levi-Alvarez. + +--El veinte por ciento. + +--iCaramba! Es mucho. + +--Esta bien, no hablemos, me voy. + +--Espere usted. ?Sabe usted que las letras ascienden a ciento veinte mil +duros? El veinte por ciento seria una cantidad enorme. + +--Es lo que me ha ofrecido Ospitalech. Eso o nada. + +--iQue barbaridad! No tiene usted consideracion... + +--Es mi ultima palabra. Eso o nada. + +--Bueno, bueno. Esta bien. ?Sabe usted que si tiene suerte se va usted a +ganar veinticuatro mil duros...? + +--Y si no me pegaran un tiro. + +--Exacto. ?Acepta usted? + +--Si, senor, acepto. + +--Bueno. Entonces estamos conformes. + +--Pero yo exijo que usted me formalice este contrato por escrito--dijo +Martin. + +--No tengo inconveniente. + +El judio quedo un poco perplejo y, despues de vacilar un poco, pregunto: + +--?Como quiere usted que lo haga? + +--En pagares de mil duros cada uno. + +El judio, despues de vacilar, lleno los pagares y puso los sellos. + +--Si cobra usted--advirtio--de cada pueblo me puede usted ir enviando +las letras. + +--?No las podria depositar en los pueblos en casa del notario? + +--Si, es mejor. Un consejo. En Estella no vaya usted donde el ministro +de la guerra. Presentese usted al general en jefe y le entrega usted las +cartas. + +--Eso hare. + +--Entonces, adios, y buena suerte. + +Martin fue a casa de un notario de Bayona, le pregunto si los pagares +estaban en regla y, habiendole dicho que si, los deposito bajo recibo. + +El mismo dia se fue a Zaro. + +--Guardadme este papel--dijo a Bautista y a su hermana--dandoles el +recibo. + +Yo me voy. + +--?Adonde vas?--pregunto Bautista. + +Martin le explico sus proyectos. + +--Eso es un disparate--dijo Bautista--te van a matar. + +--iCa! + +--Cualquiera de la partida del Cura que te vea te denuncia. + +--No esta ninguno en Espana. La mayoria andan por Buenos Aires. Algunos +los tienes por aqui, por Francia, trabajando. + +--No importa, es una barbaridad lo que quieres, hacer. + +--iHombre! Yo no obligo a nadie a que venga conmigo--dijo Martin. + +--Es que si tu crees que eres el unico capaz de hacer eso, estas +equivocado--replico Bautista--. Yo voy donde otro vaya. + +--No digo que no. + +--Pero parece que dudas. + +--No, hombre, no. + +--Si, si, y para que veas que no hay tal cosa, te voy a acompanar. No se +dira que un vasco frances no se atreve a ir donde vaya un vasco espanol. + +--Pero hombre, tu estas casado--repuso Martin. + +--No importa. + +--Bueno, ya veo que lo tu quieres es acompanarme. Iremos juntos, y, si +conseguimos traer las letras firmadas te dare algo. + +--?Cuanto? + +--Ya veremos. + +--iQue granuja eres!--exclamo Bautista--?para que quieres tanto dinero? + +--?Que se yo? Ya veremos. Yo tengo en la cabeza algo. ?Que? No lo se, +pero sirvo para alguna cosa. Es una idea que se me ha metido en la +cabeza hace poco. + +--?Que demonio de ambicion tienes? + +--No se, chico, no se--contesto Martin--pero hay gente que se considera +como un cacharro viejo, que lo mismo puede servir de taza que de +escupidera. Yo no, yo siento en mi, aqui dentro, algo duro y fuerte... +no se explicarme. + +A Bautista le extranaba esta ambicion obscura de Martin, porque el era +claro y ordenado y sabia muy bien lo que queria. + +Dejaron esta cuestion y hablaron del recorrido que tenian que hacer. + +Este comenzaria yendo en el vaporcito la _Fleche_ a Zumaya y siguiendo +de aqui a Azpeitia, de Azpeitia a Tolosa y de Tolosa a Estella. Para no +llevar la lista de todas las personas a quien tenian que ver y estar +consultando a cada paso lo que podia comprometerles, Bautista, que tenia +magnifica memoria, se la aprendio de corrido; cosieron las letras entre +el cuero de las polainas y por la noche se embarcaron. + +Entraron en el vaporcito de la _Fleche_ en Socoa y se echaron al mar. +Bautista y Zalacain pasaron la travesia metidos en un camarote pequeno +dando tumbos. + +Al amanecer, el piloto vio hacia el cabo de Machichaco un barco que le +parecio de guerra, y forzando la marcha entro en Zumaya. + +Varias companias carlistas salieron al puerto dispuestas a comenzar el +fuego, pero cuando reconocieron el barco frances se tranquilizaron. +Despues de desembarcar, la memoria admirable de Bautista indico las +personas a quienes tenian que visitar en este pueblo. Eran tres o cuatro +comerciantes. Los buscaron, firmaron las letras, compraron los viajeros +dos caballos, se agenciaron un salvo-conducto; y por la tarde, despues +de comer, Martin y Bautista se encaminaron por la carretera de Cestona. + +Pasaron por el pueblecito de Oiquina, constituido por unos cuantos +caserios colocados al borde del rio Urola, luego por Aizarnazabal y en +la venta de Iraeta, cerca del puente, se detuvieron a cenar. + +La noche se echo pronto encima. Cenaron Martin y Bautista y discutieron +si seria mejor quedarse alli o seguir adelante, y optaron por esto +ultimo. + +Montaron en sus jamelgos, y al echar a andar vieron que de una casa +proxima al puente de Iraeta salia un coche arrastrado por cuatro +caballos. El coche comenzo a subir el camino de Cestona al trote. Este +trozo de camino, desde Iraeta a Cestona, pasa entre dos montes y tiene +en el fondo el rio. De noche, sobre todo, el tal paraje es triste y +siniestro. + +Martin y Bautista, por ese sentimiento de fraternidad que se siente en +las carreteras solitarias, quisieron acercarse al coche y ponerse al +habla con el cochero, pero sin duda el cochero tenia razones para no +querer compania, porque, al notar que le seguian, puso los caballos al +trote largo y luego los hizo galopar. + +Asi, el coche delante y Martin y Bautista detras, subieron a Cestona, y +al llegar aqui el coche dio una vuelta rapida y poco despues echo un +fardo al suelo. + +--Es algun contrabandista--dijo Martin. + +Efectivamente, lo era; hablaron con el y el hombre les confeso que habia +estado dispuesto a dispararles al ver que le perseguian. Marcharon los +tres a la posada, ya hechos amigos, y Martin fue a ver a un confitero +carlista de la calle Mayor. + +Durmieron en la posada de Blas y muy de manana Zalacain y Bautista se +prepararon a seguir su camino. + +Era el dia lluvioso y frio, la carretera, amarillenta, llena de baches, +ondulaba por entre campos verdes; no se veia el monte Itzarroiz, +envuelto entre la bruma. El rio, crecido, iba de color de ocre. Se +detuvieron en Lasao, en la posesion de un baron carlista, a hacer que su +administrador firmara un documento y siguieron bordeando el Urola hasta +Azpeitia. + +Aqui el trabajo era bastante grande y tardaron en terminarle. Al +anochecer, estuvieron ya libres, y, como preferian no quedarse en +pueblos grandes, tomaron un camino de herradura que subia al monte +Hernio y fueron a dormir a una aldea llamada Regil. + +El tercer dia, de Regil cogieron el camino de Vidania, y llegaron a +Tolosa, en donde estuvieron unas horas. + +De Tolosa fueron a dormir a un pueblo proximo. Les dijeron que por alla +andaba una partida, y prefirieron seguir adelante. Esta partida, dias +antes, habia apaleado barbaramente a unas muchachas, porque no quisieron +bailar con unos cuantos de aquellos foragidos. Dejaron el pueblo, y, +unas veces al trote y otras al paso, llegaron hasta Amezqueta, en donde +se detuvieron. + + + + +CAPITULO VIII + +VARIAS ANECDOTAS DE FERNANDO DE AMEZQUETA Y LLEGADA A ESTELLA + + +En Amezqueta entraron en la posada proxima al juego de pelota. Llovia, +hacia frio y se refugiaron al lado de la lumbre. + +Habia entre los reunidos en la venta un campesino chusco, que se puso a +contar historias. El campesino, al entrar otros dos en la cocina, saco +su gran panuelo a cuadros y comenzo a dar con el en las mesas y en las +sillas, como si estuviera espantando moscas. + +--?Que hay?--le dijo Martin--. ?Que hace usted? + +--Estas moscas fastidiosas--contesto el campesino seriamente. + +--Pero si no hay moscas. + +--Si las hay, si--replico el hombre, dando de nuevo con el panuelo. + +El posadero advirtio, riendo, a Martin y a Bautista que, como en +Amezqueta habia tantas moscas de macho, a los del pueblo les llamaban, +en broma, _euliyac_ (las moscas), y que por eso el tipo aquel chistoso +sacudia las mesas y las sillas con el panuelo, al entrar dos +amezquetanos. + +Rieron Martin y Bautista, y el campesino conto una porcion de historias +y de anecdotas. + +--Yo no se contar nada--dijo el hombre varias veces--. iSi estuviera +_Pernando_! + +--?Y quien era _Pernando_?--pregunto Martin. + +--No habeis oido vosotros hablar de _Pernando_ de Amezqueta? + +--No. + +--iAh! Pues era el hombre mas gracioso de toda esta provincia. iLas +cosas que contaba aquel hombre! + +Martin y Bautista le instaron para que contara alguna historia de +Fernando de Amezqueta, pero el campesino se resistia, porque aseguraba +que oirle a el contar estas chuscadas no daba mas que una palida idea de +las salidas de Fernando. + +Sin embargo, a instancias de los dos, el campesino conto esta anecdota +en vascuence: + +"Un dia Fernando fue a casa del senor cura de Amezqueta, que era amigo +suyo y le convidaba a comer con frecuencia. Al entrar en la casa, husmeo +desde la cocina y vio que el ama estaba limpiando dos truchas: una, +hermosa, de cuatro libras lo menos, y la otra, pequenita, que apenas +tenia carne. Paso Fernando a ver al senor cura, y este, segun su +costumbre, le convido a comer. Se sentaron a la mesa el senor cura y +Fernando. Sacaron dos sopas y Fernando comio de las dos; luego sacaron +el cocido, despues una fuente de berzas con morcilla y, al llegar al +principio, Fernando se encontro con que, en vez de poner la trucha +grande, la condenada del ama habia puesto la pequena, que no tenia mas +que raspa. + +--Hombre, trucha--exclamo Fernando--le voy a hacer una pregunta. + +--?Que le vas a preguntar?--dijo el cura riendo, en espera de un chiste. + +--Le voy a preguntar a ver si por los demas peces que ha conocido se ha +enterado algo de como estan mis parientes al otro lado del mar, alli en +America. Porque estas truchas saben mucho. + +--Hombre, si, preguntale. + +Cogio Fernando la fuente en donde estaba la trucha y se la puso delante, +luego acerco el oido muy serio y escucho. + +--?Que, contesta algo?--dijo burlonamente el ama del cura. + +--Si, ya va contestando, ya va contestando. + +--?Y que dice? ?Que dice?--pregunto el cura. + +--Pues dice--contesto Fernando--que es muy pequena, pero que ahi, en esa +despensa, hay guardada una trucha muy grande y que ella debe de saber +mejores noticias de mis parientes." + +Una muchacha que estaba en la cocina, al oir la anecdota, se echo a reir +con una risa aguda y comunico su risa a todos. + +Rieron tambien de buena gana Martin y Bautista la manera de senalar del +truhan, pero el campesino aseguro que el no tenia arte para estos +cuentos. + +Le instaron para que siguiera y el hombre conto una nueva ocurrencia de +_Pernando_. + +"--Otra vez--dijo--fue a Idiazabal, donde habia un partido de pelota, y +llego tarde a la posada, cuando ya todos estaban sentados. El amo le +dijo: + +--No hay sitio para ti, Fernando, ni probablemente tampoco habra comida. + +--iBah!--replico el--. iSi me dierais de balde lo que sobre! + +--Pues nada, todo lo que sobre para ti. + +Se paseo Fernando por el comedor. + +En la mesa redonda se habian sentado los dos bandos que habian jugado a +la pelota, separados. Fernando, viendo que traian en una fuente piernas +de carnero, dijo a dos o tres en voz baja: + +--Yo no se de donde saca el amo estas piernas de perro tan hermosas y +con tanta carne. + +--?Pero son de perro?--dijeron ellos. + +--Si, de perro; pero no se lo digais a esos, que se fastidien. + +--?Pero de veras, Fernando? + +--Si, hombre; yo mismo he visto la cabeza en la cocina. iEra un perro de +aguas mas hermoso! + +Dicho esto salio del comedor, y al volver tenian una cazuela con liebre. +Fue al otro extremo de la mesa y dijo a los del bando contrario: + +--iVaya unos gatos mas buenos que compra este fondista a los +carabineros! + +--iAh!, ?pero es gato eso? + +--Si, no se lo digais a esos, pero yo he visto las colas en la cocina. + +Poco despues, Fernando comia solo y tenia liebre y carnero de sobra. Al +anochecer, salieron del pueblo todos, algo borrachos, y alguno se paro a +echar la papilla en el camino. + +--Es el perro, que le ha hecho dano--decian unos, burlandose. + +--Es el gato--decian los otros. + +Y nadie queria decir que era el vino. + +--Companeros--dijo Fernando--, cuando se come gato y perro juntos no +pasa nada. Ellos rinen en el interior como perros y gatos, pero le dejan +a uno en paz." + +La muchacha de la risa aguda rio de nuevo y el campesino comenzo a +contar otra anecdota, diciendo: + +--No estuvo mal tampoco la manera como Fernando deshizo la boda entre un +zapatero rico de Tolosa y una novia suya. + +--A ver, a ver como fue--dijeron todos. + +"--Pues estaba Fernando de aprendiz en la zapateria del difunto +Ichtaber, _el Chato de Tolosa_, y no se si vosotros sabreis, pero +Ichtaber era un zapatero viejo y muy rico. Tenia Fernando de novia una +chica muy guapa, pero Ichtaber, _el Chato_, al verla la empezo a +cortejar y a decir si se queria casar con el, y, como era rico, ella +acepto. Solian verse la muchacha y el viejo en la zapateria, y el +granuja de Ichtaber, para estar mas libre, mandaba a Fernando, con +cualquier pretexto, a la trastienda. El hacia como que no se incomodaba, +pero se vengo. Fue a ver a su novia y hablo con ella. + +--Si--la dijo--. Ichtaber es buena persona y hombre de fortuna, es +verdad, pero como es zapatero y chato y ha andado toda la vida con +pieles, huele muy mal. + +--iMentiroso!--dijo ella. + +--No, no, fijate. Ya veras. + +Fernando fue a la zapateria, cogio un fuelle grande y lo relleno de esa +casca que queda despues de curtidos los pellejos y que huele que apesta; +luego hizo un agujero en el tabique de la trastienda y espero la ocasion +oportuna. Por la tarde llego la chica, e Ichtaber dijo a su aprendiz: + +--Oye, Fernando, vete a la trastienda un momento a arreglar esas hormas +que hay en la caja. + +Salio Fernando; tomo el fuelle. Miro por el agujero. Ichtaber estaba +besando la mano de la chica; entonces le apunto a ella con el fuelle y +metio por el agujero del tabique una corriente de aire de mal olor. +Cuando Fernando miro despues, Ichtaber _el Chato_ estaba con la mano en +sus diminutas narices y la muchacha lo mismo. + +Luego Fernando siguio dandole al fuelle con intermitencias, hasta que se +canso. + +Dos dias despues, fue de nuevo la chica y le paso lo mismo; y ya no +volvio mas, porque decia que Ichtaber _el Chato_ olia a muerto. + +Ichtaber hizo el amor a otra; pero Fernando le jugo la misma pasada con +el fuelle, y el zapatero decia a sus amigos: + +--_iArrayua!_ En mi tiempo era otra cosa; las chicas estaban sanas. +Ahora, la que mas y la que menos huele a perros." + +Volvio a oirse la risa alegre y chillona de la muchacha. + +Celebraron los demas circunstantes las granujerias de Fernando el de +Amezqueta y fueron a acostarse. + +A la manana siguiente, Martin y Bautista dejaron a Amezqueta y por un +sendero llegaron a Ataun, lugar en donde Dorronsoro, el jefe civil +carlista, habia sido escribano. + +Se encontraron en el camino a un muchacho de este pueblo que iba a +Echarri-Aranaz y en su compania tomaron por un camino de herradura que +bordeaba la sierra de Aralar. + +Hablaron los tres de la marcha de la guerra, y el chico conto una +anecdota de Dorronsoro, que no dejaba de tener gracia. Se habia +presentado a el un senorito de San Sebastian, de familia carlista, de +los que llamaban hojalateros, muy gordo y muy lucio. + +--Mire usted, don Miguel--habia dicho al ex escribano--, yo soy muy +carlista y mi familia tambien lo es; quisiera servir a don Carlos, pero, +ya ve usted, no estoy para andar por el monte y desearia entrar en las +oficinas. + +--Bueno, ya vere si encuentro algo--le dijo Dorronsoro--; vuelva usted +manana. + +Volvio al dia siguiente el senorito y pregunto: + +--?Que, ha encontrado usted algo? + +--Si, ya comprendo que no puede usted salir al monte; de manera que +entrara usted en las oficinas... y pagara usted tres pesetas al dia. + +Celebraron Martin y Bautista la decision de Dorronsoro. Por la noche +llegaron al valle de Araquil y se detuvieron en Echarri-Aranaz. + +Entraron en la cocina de la venta a calentarse al fuego. Alli, en vez de +las historias del buen truhan Fernando de Amezqueta, tuvieron que oir, +contada por una vieja, la historia de don Teodosio de Goni, un caballero +navarro que, despues de haber matado a su padre y a su madre, enganado +por el Diablo, se fue de penitencia al monte con una cadena al pie, +hasta que, pasados muchos anos y siendo don Teodosio viejo, se le +presento un dragon, y ya iba a devorarle, cuando aparecio el arcangel +San Miguel y mato al dragon y rompio las cadenas al caballero. + +A Bautista y a Martin les parecieron mas entretenidas que esta tonta +historia de dragones y de santos las ocurrencias del buen Fernando de +Amezqueta. + +Estaban oyendo los comentarios a la vida de don Teodosio, cuando se +presento en la venta un senor rubio, que, al ver a Bautista y a Martin, +se les quedo mirando atentamente. + +--iPero son ustedes! + +--Usted es el de... + +--El mismo. + +Era el extranjero a quien habian libertado de las garras del cura. + +--?A que vienen ustedes por aqui?--pregunto el extranjero. + +--Vamos a Estella. + +--?De veras? + +--Si. + +--Yo tambien. Iremos juntos. ?Conocen ustedes el camino? + +--No. + +--Yo si. He estado ya una vez. + +--Pero, ?que hace usted andando siempre por estos parajes?--le pregunto +Martin. + +--Es mi oficio--le dijo el extranjero. + +--Pues, ?que es usted, si se puede saber? + +--Soy periodista. La fuga aquella me sirvio para hacer un articulo +interesantisimo. Hablaba de ustedes dos y de aquella senorita morena. +iQue chica mas valiente, eh! + +--Ya lo creo. + +--Pues, si no tienen ustedes reparo, iremos juntos a Estella. + +--?Reparo? Al reves. Satisfaccion y grande. + +Quedaron de acuerdo en marchar juntos. + +A las siete de la manana, hora en que empezo a aclarar, salieron los +tres, atravesaron el tunel de Lizarraga y comenzaron a descender hacia +la llanada de Estella. El extranjero montaba en un borriquillo, que +marchaba casi mas deprisa que los matalones en que iban Martin y +Bautista. El camino serpenteaba subiendo el desnivel de la sierra de +Andia. + +Atravesaron posiciones ocupadas por batallones carlistas. Entre los +jefes habia muchos extranjeros con flamantes uniformes austriacos, +italianos y franceses, un tanto carnavalescos. + +A media tarde comieron en Lezaun y, arreando las caballerias, pasaron +por Abarzuza. El extranjero explico al paso la posicion respectiva de +liberales y carlistas en la batalla de Monte Muru y el sitio donde se +desarrollo lo mas fuerte de la accion, en la que murio el general +Concha. + +Al anochecer llegaron cerca de Estella. + +Mucho antes de entrar en la corte carlista encontraron una compania con +un teniente que les ordeno detenerse. Mostraron los tres su pasaporte. + +Al llegar cerca del convento de Recoletos, era ya de noche. + +--?Quien vive?--grito el centinela. + +--Espana. + +--?Que gente? + +--Paisanos. + +--Adelante. + +Volvieron a mostrar sus documentos al cabo de guardia y entraron en la +ciudad carlista. + + + + +CAPITULO IX + +COMO MARTIN Y EL EXTRANJERO PASEARON DE NOCHE POR ESTELLA +Y DE LO QUE HABLARON + + +Pasaron por el portal de Santiago, entraron en la calle Mayor y +preguntaron en la posada si habia alojamiento. + +Una muchacha aparecio en la escalera. + +--Esta la casa llena--dijo--. No hay sitio para tres personas, solo una +podria quedarse. + +--?Y las caballerias?--pregunto Bautista. + +--Creo que hay sitio en la cuadra. + +Fue la muchacha a verlo y Martin dijo a Bautista. + +--Puesto que hay sitio para una persona, tu te puedes quedar aqui. Vale +mas que estemos separados y que hagamos como si no nos conocieramos. + +--Si, es verdad--contesto Bautista. + +--Manana, a la manana, en la plaza nos encontraremos. + +--Muy bien. + +Vino la muchacha y dijo que habia sitio en la cuadra para los jacos. + +Entro Bautista en la casa con las caballerias, y el extranjero y Martin +fueron, preguntando, a otra posada del paseo de los Llanos, donde les +dieron alojamiento. + +Llevaron a Martin a un cuarto desmantelado y polvoriento, en cuyo fondo +habia una alcoba estrecha, con las paredes cubiertas de unas manchas +negras de humo. Sin duda los huespedes mataban las chinches quemandolas +con una vela o con la lamparilla y dejaban estos tranquilizadores +rastros. En el gabinete y en la alcoba olia a cuadra, olor que venia de +las junturas de las maderas del suelo. + +Martin saco la carta de Levi-Alvarez y el paquete de letras cosido en el +cuero de la bota y separo las ya aceptadas y firmadas, de las otras. +Como estas todas eran para Estella, las encerro en un sobre y escribio: + +"Al general en jefe del ejercito carlista." + +--?Sera prudente--se dijo--entregar estas letras sin garantia alguna? + +No penso mucho tiempo, porque comprendio enseguida que era una locura +pedir recibo o fianza. + +--La verdad es que, si no quieren firmar, no puedo obligarles, y si me +dan un recibo y luego se les ocurre quitarmelo, con prenderme estan al +cabo de la calle. Aqui hay que hacer como si a uno le fuera indiferente +la cosa y, si sale bien, aprovecharse de ella, y si no, dejarla. + +Espero a que se secara el sobre. Salio a la calle. Vio en la calle un +sargento y, despues de saludarle, le pregunto: + +--?Donde se podra ver al general? + +--iA que general! + +--Al general en jefe. Traigo unas cartas para el. + +--Estara probablemente paseando en la plaza. Venga usted. + +Fueron a la plaza. En los arcos, a la luz de unos faroles tristes de +petroleo, paseaban algunos jefes carlistas. El sargento se acerco al +grupo y, encarandose con uno de ellos, dijo: + +--Mi general. + +--?Que hay? + +--Este paisano, que trae unas cartas para el general en jefe. + +Martin se acerco y entrego los sobres. El general carlista se arrimo a +un farol y los abrio. Era el general un hombre alto, flaco, de unos +cincuenta anos, de barba negra, con el brazo en cabestrillo. Llevaba una +boina grande de gascon con una borla. + +--?Quien ha traido esto?--pregunto el general con voz fuerte. + +--Yo--dijo Martin. + +--?Sabe usted lo que venia aqui dentro? + +--No, senor. + +--?Quien le ha dado a usted estos sobres? + +--El senor Levi-Alvarez de Bayona. + +--?Como ha venido usted hasta aqui? + +--He ido de San Juan de Luz a Zumaya en barco, de Zumaya aqui a caballo. + +--?Y no ha tenido usted ningun contratiempo en el camino? + +--Ninguno. + +--Aqui hay algunos papeles que hay que entregar al rey. ?Quiere usted +entregarlos o que se los entregue yo? + +--No tengo mas encargo que dar estos sobres y, si hay contestacion, +volverla a Bayona. + +--?No es usted carlista?--pregunto el general, sorprendido del tono de +indiferencia de Martin. + +--Vivo en Francia y soy comerciante. + +--Ah, vamos, es usted frances. + +Martin callo. + +--?Donde para usted?--siguio preguntando el general. + +--En una posada de ese paseo... + +--?Del paseo de los Llanos? + +--Creo que si. Asi se llama. + +--?Hay una administracion de coches en el portal? ?No? + +--Si, senor. + +--Entonces, es la misma, ?Piensa usted estar muchos dias en Estella? + +--Hasta que me digan si hay contestacion o no. + +--?Como se llama usted? + +--Martin Tellagorri. + +--Esta bien. Puede usted retirarse. + +Saludo Martin y se fue a la posada. A la puerta se encontro con el +extranjero. + +--?Donde se mete usted?--le dijo--. Le andaba buscando. + +--He ido a ver al general en jefe. + +--?De veras? + +--Si. + +--?Y le ha visto usted? + +--Ya lo creo. Y le he dado las cartas que traia para el. + +--iDemonio! Eso si que es ir de prisa. No le quisiera tener a usted de +rival en un periodico. ?Que le ha dicho a usted? + +--Ha estado muy amable. + +--Tenga usted cuidado, por si acaso. Mire usted que estos son unos +bandidos. + +--Le he indicado que soy frances. + +--Bah, no importa. Este verano han fusilado a un periodista aleman amigo +mio. Tenga usted cuidado. + +--iOh! Lo tendre. + +--Ahora, vamos a cenar. + +Subieron las escaleras y entraron en una cocina grande. + +Varios paisanos y soldados, congregados alli, charlaban. Se sentaron a +cenar a una mesa larga, iluminada por un velon de varios mecheros que +colgaba del techo. + +Un hombre viejo, bajito, que presidia la mesa, se quito la boina y +comenzo a rezar; todos los comensales hicieron lo mismo, menos el +extranjero a quien advirtio Martin de su olvido y que, al darse cuenta, +se quito apresuradamente la gorra. + +En el transcurso de la cena, el hombre bajito hablo mas que nadie. Era +navarro de la Ribera. Tenia un tipo repulsivo, chato, de mirada oblicua, +pomulos salientes, la boina pequena echada sobre los ojos, como si +instintivamente quisiera ocultar su mirada. Defendia la conducta del +cabecilla asesino Rosas Samaniego, que estaba entonces preso en Estella, +y le parecia poca cosa el echar a los hombres por la sima de Igusquiza, +tratandose de liberales y de hombres que blasfemaban de su Dios y de su +religion. + +Conto el tal viejo varias historias de la guerra carlista anterior. Una +de ellas era verdaderamente odiosa y cobarde. Una vez cerca de un rio, +yendo con la partida, se encontraron con diez o doce soldados jovencitos +que lavaban sus camisas en el agua. + +--A bayonetazos acabamos con todos--dijo el hombre sonriendo, luego +anadio hipocritamente--Dios nos lo habra perdonado. + +Durante la cena, el repulsivo viejo estuvo contando hazanas por el +estilo. Aquel tipo miserable y siniestro era fanatico, violento y +cobarde, se recreaba contando sus fechorias, manifestaba crueldad +bastante para disimular su cobardia, tosquedad para darla como franqueza +y ruindad para darle el caracter de habilidad. Tenia la doble +bestialidad de ser fanatico y de ser carlista. + +Este desagradable y antipatico personaje se puso despues a clasificar +los batallones carlistas segun su valor; primero eran los navarros, como +era natural, siendo el navarro, luego los castellanos, despues los +alaveses, luego los guipuzcoanos y al ultimo los vizcainos. + +Por el curso de la conversacion se veia que habia alla un ambiente de +odios terribles; navarros, vascongados, alaveses, aragoneses y +castellanos se odiaban a muerte. Todo ese fondo cabileno que duerme en +el instinto provincial espanol estaba despierto. Unos se reprochaban a +otros el ser cobardes, granujas y ladrones. + +Martin se ahogaba en aquel antro, y sin tomar el postre, se levanto de +la mesa para marcharse. El extranjero le siguio y salieron los dos a la +calle. + +Lloviznaba. En algunas tabernas obscuras, a la luz de un quinque de +petroleo, se veian grupos de soldados. Se oia el rasguear de la +guitarra; de cuando en cuando una voz cantaba la jota, en la calle +negra y silenciosa. + +--Ya me esta a mi cargando esta cancion estolida--murmuro Martin. + +--?Cual?--pregunto el extranjero. + +--La jota. La encuentro como una cosa petulante. Me parece que le estoy +oyendo hablar a ese viejo navarro de la posada. El que la canta quiere +decir: "Yo soy mas valiente que nadie, mas noble que nadie, mas heroico +que nadie." + +--?Y estos no son mas valientes que los demas espanoles?--pregunto el +extranjero maliciosamente. + +--No lo se; yo no lo creo, por lo menos. Yo, ahora mismo, si tuviera +quinientos hombres tomaba Estella por asalto y le pegaba fuego. + +--iJa! iJa! Es usted un hombre extraordinario. + +--Es que lo digo porque lo creo. + +Yo tambien lo creo, y siento que no tenga usted los quinientos hombres. +?Y que decia usted de la gente del Ebro? + +--Nada, que han decidido ellos mismos que son los unicos francos, los +unicos leales, porque hablan muy en bruto y cantan la jota. + +--?De manera que para usted este canto es como una falsificacion del +valor y de la energia? + +--Si, algo asi. + +--Esta bien. Lo dire en mi proxima cronica. ?No le parece a usted mal +que me sirva de sus opiniones? + +--De ningun modo, porque a mi no me sirven para nada. + +Siguieron paseando, pero al alejarse un poco, un centinela les dio el +alto y volvieron a la plaza. Se hallaba esta solitaria. + +Dieron varias vueltas y un sereno les saludo y les dijo: + +--?Que hacen ustedes aqui? + +--?No se puede pasear?--pregunto Zalacain. + +--Hombre, si; pero no es una hora muy a proposito. + +--Es que hemos cenado tarde y estabamos dando una vuelta--dijo el +extranjero--no quisieramos acostarnos tan pronto. + +--?Por que no van ustedes alli?--dijo el sereno, senalando los balcones +de una casa que brillaban iluminados. + +--?Que es lo que hay alli?--pregunto Martin. + +--El Casino--contesto el sereno. + +--?Y que hacen ahora?--dijo el extranjero. + +--Estaran jugando. + +Se despidieron del vigilante nocturno y dejaron la plaza. + +Despues, dando un rodeo, salieron al paseo de Los Llanos. Una campana de +un convento comenzo a tocar. + +--Juego, campanas, carlismo y jota. iQue espanol es esto, mi querido +Martin!--dijo el extranjero. + +--Pues yo tambien soy espanol y todo eso me es muy antipatico--contesto +Martin. + +--Sin embargo, son los caracteres que constituyen la tradicion de su +pais--dijo el extranjero. + +--Mi pais es el monte--contesto Zalacain. + + + + +CAPITULO X + +COMO TRANSCURRIO EL SEGUNDO DIA EN ESTELLA + + +Conformes Martin y Bautista, se encontraron en la plaza. Martin +considero que no convenia que le viesen hablar con su cunado, y para +decir lo hecho por el la noche anterior escribio en un papel su +entrevista con el general. + +Luego se fue a la plaza. Tocaba la charanga. Habia unos soldados +formados. En el balcon de una casa pequena, enfrente de la iglesia de +San Juan, estaba don Carlos con algunos de sus oficiales. + +Espero Martin a ver a Bautista y cuando le vio le dijo: + +--Que no nos vean juntos--y le entrego el papel. + +Bautista se alejo, y poco despues se acerco de nuevo a Martin y le dio +otro pedazo de papel. + +--?Que pasara?--se dijo Martin. + +Se fue de la plaza, y cuando se vio solo, leyo el papel de Bautista que +decia: + +_Ten cuidado. Esta aqui el Cacho de sargento. No andes por el centro +del pueblo_. + +La advertencia de Bautista la considero Martin de gran importancia. +Sabia que el Cacho le odiaba y que colocado en una posicion superior, +podia vengar sus antiguos rencores con toda la sana de aquel hombre +pequeno, violento y colerico. + +Martin paso por el puente del Azucarero contemplando el agua verdosa del +rio. Al llegar a la plazoleta donde comienza la Rua Mayor del pueblo +viejo, Martin se detuvo frente al palacio del duque de Granada, +convertido en carcel, a contemplar una fuente con un leon tenante en +medio, en cuyas garras sujeta un escudo de Navarra. + +Estaba alli parado, cuando vio que se le acercaba el extranjero. + +--iHola, querido Martin!--le dijo. + +--iHola! iBuenos dias! + +--?Va usted a echar un vistazo por este viejo barrio? + +--Si. + +--Pues ire con usted. + +Tomaron por la Rua Mayor, la calle principal del pueblo antiguo. A un +lado y a otro se levantaban hermosas casas de piedra amarilla, con +escudos y figuras tallados. + +Luego, terminada la Rua, siguieron por la calle de Curtidores. Las +antiguas casas solariegas mostraban sus grandes puertas cerradas; en +algunos portales, convertidos en talleres de curtidores, se veian filas +de pellejos colgados y en el fondo el agua casi inmovil del rio Ega, +verdosa y turbia. + +Al final de esta calle se encontraron con la iglesia del Santo Sepulcro +y se pararon a contemplarla. A Martin le parecio aquella portada de +piedra amarilla, con sus santos desnarigados a pedradas, una cosa algo +grotesca, pero el extranjero aseguro que era magnifica. + +--?De veras?--pregunto Martin. + +--iOh! iYa lo creo! + +--?Y la habra hecho la gente de aqui?--pregunto Martin. + +--?Le parece a usted imposible que los de Estella hagan una cosa +buena?--pregunto riendo el extranjero. + +--iQue se yo! No me parece que en este pueblo se haya inventado la +polvora. + +En una calle transversal, las paredes de las antiguas casas hidalgas +derrumbadas servian de cerca para los jardines. No se alejaron mas +porque a pocos pasos estaba ya la guardia. Volvieron y subieron a San +Pedro de la Rua, iglesia colocada en un alto, a la cual se llegaba por +unas escaleras desgastadas, entre cuyas losas crecia la hierba. + +--Sentemonos aqui un momento--dijo el extranjero. + +--Bueno, como usted quiera. + +Desde alli se veia casi todo Estella, y los montes que le rodean, abajo +el tejado de la carcel y en un alto la ermita del Puy. Una vieja +limpiaba las escaleras de piedra de la iglesia con una escoba y cantaba +a voz en grito: + + iAdios los Llanos de Estella. + San Benito y Santa Clara, + Convento de Recoletos + donde yo me paseaba! + +--Ya ve usted--dijo el extranjero--que, aunque a usted le parezca este +pueblo tan desagradable, hay gente que le tiene carino. + +--?Quien?--dijo Martin. + +--El que ha inventado esa cancion. + +--Era un hombre de mal gusto. + +La vieja se acerco al extranjero y a Martin y entablo conversacion con +ellos. Era una mujer pequena, de ojos vivos y tez tostada. + +--?Usted sera carlista? ?Eh?--le pregunto el extranjero. + +--Ya lo creo. En Estella todos somos carlistas y tenemos la seguridad de +que vendra don Carlos con ayuda de Dios. + +--Si, es muy probable. + +--?Como probable?--exclamo la vieja--. Es seguro. ?Usted no sera de +aqui? + +--No, no soy espanol. + +--Ah, vamos. + +Y la vieja, despues de mirarle con curiosidad, siguio barriendo las +escaleras. + +--Creo que le ha tenido a usted lastima al saber que no es usted +espanol--dijo Martin. + +--Si, parece que si--contesto el extranjero--. La verdad es que es +triste que por ese estupido hombre guapo se mate esta pobre gente. + +--?Por quien lo dice usted, por don Carlos?--pregunto Martin. + +--Si. + +--?Usted tambien cree que no es hombre de talento? + +--iQue va a ser! Es un tipo vulgar sin ninguna condicion. Luego, no +tiene idea de nada. Hable con el cuando el bombardeo de Irun, y no se +puede usted figurar nada mas plano y mas opaco. + +--Pues no lo diga usted por ahi, porque le hacen a usted pedazos. Estos +bestias estan dispuestos a morir por su rey. + +--Oh, no lo diria. Ademas ?para que? No habia de convencer a nadie; unos +son fanaticos y otros aventureros y ninguno esta dispuesto a dejarse +persuadir. Pero no crea usted que todos tienen un gran respeto ni por +don Carlos ni por sus generales. ?No ha oido usted en la posada que +hablan algunas veces de don Bobo? pues se refieren al Pretendiente. + +Vieron el extranjero y Martin las otras iglesias del pueblo, la Pena de +los Castillos y la parroquia de Santa Maria, y volvieron a comer. + +Afortunadamente, el viejecillo antipatico no se sentaba a la mesa y en +cambio estaban un legitimista frances, el conde de Haussonville, de la +legacion extranjera, y un joven comandante carlista llamado Iceta. + +El conde de Haussonville fue la alegria de la mesa. El conde, hombre de +unos cuarenta anos, alto, grueso, derecho, rubio, hablaba en un +castellano grotesco. + +Lo verdaderamente gracioso de Haussonville era su apetito voraz. Todo lo +que le daban de comer no le servia mas que de aperitivo. Habia venido +desde Caspe llevando prisionero a un brigadier valenciano carlista a que +conpareciera ante el Estado Mayor de don Carlos, y contaba su expedicion +de tal manera que hacia morirse de risa a todos. + +Explico su estancia en un pueblo, con el batallon metido en una iglesia, +sin poder moverse por estar los caminos intransitables por la nieve, no +comiendo mas que habichuelas y teniendo por retrete un confesionario, y +dio tales detalles, que todo el mundo reia a carcajadas. + +--Un dia, sobre todo, nos trajeron sidra--dijo el frances--y entre la +sidra y las habichuelas se nos armo una, que tuvimos que hacer cola +delante del confesionario. Pocas veces se ha visto una congregacion de +fieles tan apenados para entrar en el confesionario como nosotros. Jefes +y soldados ibamos con gran dolor de corazon a cantar nuestra cancion de +las habichuelas a la pequena garita del senor cura. + +Despues de maldecir de la alimentacion leguminosa y de la alimentacion +_patatosa_, hablo del resto del viaje. + +Cada pueblo del transito le parecia una estacion de calvario para su +estomago hambriento; recordaba las aldeas por lo que habia comido, o +mejor dicho, por lo que habia ayunado; aqui habian dado por toda comida +un caldo de berzas, alla por cena una colacion de verduras cocidas; y +para colmo de desdichas, estaba alojado en Estella en casa de unas +viejas solteronas y por la manana le daban chocolate con agua, por la +tarde cocido, y de noche una sopa de ajo infame. + +--Y siempre, siempre, poco--decia Haussonville, levantando los brazos al +cielo. + +Iceta era un aventurero. Habia estado al principio en la guerra, luego +se fue a una republica americana, tomo parte en una revolucion y +despues, expulsado de alli por rebelde, volvia al ejercito carlista, en +donde estaba ya violento y deseando marcharse. + +Siguiendole a todas partes como amigo y asesor, iba un antiguo criado +suyo que se llamaba Asensio, pero a quien se le conocia por estos dos +motes: Asensio Lapurra (Asensio el Ladron) y Asenchio Araguiarrapatzallia +(Asensio el decomisador de carne). + +Este mote lo debia Asensio a haber sido consumero en su pueblo. + +Asensio era graciosisimo hablando castellano; no habia palabra que +empleara bien. + +Siempre que tenia que decir andamos, decia andemos; y al contrario, +empleaba vaiga por vaya, y hagais por haced. + +La conversacion entre el conde de Haussonville y Asenchio Lapurra era de +lo mas dislocada y pintoresca. + +--Si aqui hubiera un buen _quenerral_--decia Haussonville--la _querra_ +estaba resuelta. + +--_Pueda, pueda_ que si--contestaba Asensio. + +--No saben _manecar_ un grande _equercito_, amigo Asensio. + +--Si _supieseis_ de _tatica_, otra cosa seria. + +Martin y el extranjero intimaron con Haussonville, con Iceta y con +Asenchio Lapurra y se rieron a carcajadas con los mil quidprocuos que +resultaban en la conversacion del frances y del vasco. + +Asensio habia estado en Cuba algun tiempo, de soldado, y conto anecdotas +de aquella tierra. Lo que mas le gustaba era hablar de los chinos. + +--Son de _mal_ intencion, pero buenos cocineros, eso si. _Digais_ a un +chino que os haga un arroz. Os hace una cosa _manifica_. Es gente +_raro_. Luego se ponen a _chun, chun, chun_. ?Y entenderles? nada. ?A +nosotros? Rabia nos tenian. Y al que cogian _la_ martirizaban. iPse! +Nosotros _tamien_ algunos _matemos_. + +Martin se reia a carcajadas con las explicaciones de Asenchio Lapurra. + +Despues de comer en la posada, Martin, el extranjero, Iceta, +Haussonville y Asensio fueron a un cafe de la plaza, donde estuvieron +hablando. Habia ejercicios espirituales en la iglesia de San Juan, y una +porcion de beatos y de oficiales carlistas iban a la iglesia. + +--iQue pais!--dijo Haussonville--la gente no hace mas que ir a la +iglesia. Todo es para el senor cura: las buenas comidas, las buenas +chicas... Aqui no hay nada que hacer, todo para el senor cura. + +Iceta y Haussonville contemplaban con desprecio aquel tropel de gente +que se encaminaba hacia la iglesia. + +--iBestias!--exclamaba Iceta dando punetazos en la mesa--. No quisiera +mas que poder ametrallarlos. + +El frances murmuraba como diciendoselo a si mismo: + +--iEspana! iEspana! _iJamais de la vie!_ Mucha hidalguia, mucha misa, +mucha jota, pero poco alimento. + +--La guerra--anadia Asensio, metiendo la cucharada--es cosa nada +_bueno_. + + + + +CAPITULO XI + +COMO LOS ACONTECIMIENTOS SE ENREDARON, HASTA EL PUNTO DE QUE +MARTIN DURMIO EL TERCER DIA DE ESTELLA EN LA CARCEL. + + +Al dia siguiente, por la noche, iba a acostarse Martin, cuando la +posadera le llamo y le entrego una carta, que decia: + +"Presentese usted manana de madrugada en la ermita del Puy, en donde se +le devolveran las letras ya firmadas. El General en Jefe." Debajo habia +una firma ilegible. + +Martin se metio la carta en el bolsillo, y viendo que la posadera no se +marchaba de su cuarto, le pregunto: + +--?Queria usted algo? + +--Si; nos han traido dos militares heridos y quisieramos el cuarto de +usted para uno de ellos. Si usted no tuviera inconveniente, le +trasladariamos abajo. + +--Bueno, no tengo inconveniente. + +Bajo a un cuarto del piso principal, que era una sala muy grande con dos +alcobas. La sala tenia en medio un altar, iluminado con unas lamparas +tristes de aceite. Martin se acosto; desde su cama veia las luces +oscilantes, pero estas cosas no influian en su imaginacion, y quedo +dormido. + +Era mas de media noche, cuando se desperto algo sobresaltado. En la +alcoba proxima se oian quejas, alternando con voces de iAy, Dios mio! +iAy, Jesus mio! + +--iQue demonio sera esto!--penso Martin. + +Miro el reloj. Eran las tres. Se volvio a tender en la cama, pero con +los lamentos no se pudo dormir y le parecio mejor levantarse. Se vistio +y se acerco a la alcoba proxima, y miro por entre las cortinas. Se veia +vagamente a un hombre tendido en la cama. + +--?Que le pasa a usted?--pregunto Martin. + +--Estoy herido--murmuro el enfermo. + +--?Quiere usted alguna cosa? + +--Agua. + +A Martin le dio la impresion de conocer esta voz. Busco por la sala una +botella de agua, y como no habia en el cuarto, fue a la cocina. Al ruido +de sus pasos, la voz de la patrona pregunto: + +--?Que pasa? + +--El herido que quiere agua. + +--Voy. + +La patrona aparecio en enaguas, y dijo, entregando a Martin una +lamparilla: + +--Alumbre usted. + +Tomaron el agua y volvieron a la sala. Al entrar en la alcoba, Martin +levanto el brazo, con lo que ilumino el rostro del enfermo y el suyo. El +herido tomo el vaso en la mano, e incorporandose y mirando a Martin +comenzo a gritar: + +--?Eres tu? iCanalla! iLadron! iPrendedle! iPrendedle! + +El herido era Carlos Ohando. + +Martin dejo la lamparilla sobre la mesa de noche. + +--Marchese usted--dijo la patrona--. Esta delirando. + +Martin sabia que no deliraba; se retiro a la sala y escucho, por si +Carlos contaba alguna cosa a la patrona. Martin espero en su alcoba. En +la sala, debajo del altar, estaba el equipaje de Ohando, consistente en +un baul y una maleta. Martin penso que quiza Carlos guardara alguna +carta de Catalina, y se dijo: + +--Si esta noche encuentro una buena ocasion, descerrajare el baul. + +--No la encontro. Iban a dar las cuatro de la manana, cuando Martin, +envuelto en su capote, se marcho hacia la ermita del Puy. Los carlistas +estaban de maniobras. Llego al campamento de don Carlos, y, mostrando su +carta, le dejaron pasar. + +--El Senor esta con dos Reverendos Padres--le advirtio un oficial. + +--Vayan al diablo el Senor y los Reverendos Padres--refunfuno +Zalacain--. La verdad es que este rey es un rey ridiculo. + +Espero Martin a que despachara el Senor con los Reverendos, hasta que el +rozagante Borbon, con su aire de hombre bien cebado, salio de la ermita, +rodeado de su Estado Mayor. Junto al Pretendiente iba una mujer a +caballo, que Martin supuso seria dona Blanca. + +--Ahi esta el Rey. Tiene usted que arrodillarse y besarle la mano--dijo +el oficial. + +Zalacain no replico. + +--Y darle el titulo de Majestad. + +Zalacain no hizo caso. + +Don Carlos no se fijo en Martin y este se acerco al general, quien le +entrego las letras firmadas. Zalacain las examino. Estaban bien. + +En aquel momento, un fraile castrense, con unos gestos de energumeno, +comenzo a arengar a las tropas. + +Martin, sin que lo notara nadie, se fue alejando de alli y bajo al +pueblo corriendo. El llevar en su bolsillo su fortuna, le hacia ser mas +asustadizo que una liebre. + +A la hora en que los soldados formaban en la plaza, se presento Martin +y, al ver a Bautista, le dijo: + +--Vete a la iglesia y alli hablaremos. + +Entraron los dos en la iglesia, y en una capilla obscura se sentaron en +un banco. + +--Toma las letras--le dijo Martin a Bautista--. iGuardalas! + +--?Te las han dado ya firmadas? + +--Si. + +--Hay que prepararse a salir de Estella en seguida. + +--No se si podremos--dijo Bautista. + +--Aqui estamos en peligro. Ademas del Cacho, se encuentra en Estella +Carlos Ohando. + +--?Como lo sabes? + +--Porque le he visto. + +--?En donde? + +--Esta en mi casa herido. + +--?Y te ha visto el? + +--Si. + +--Claro, estan los dos--exclamo Bautista. + +--?Como los dos? ?Que quieres decir con eso? + +--?Yo? Nada. + +--?Tu sabes algo? + +--No, hombre, no. + +--O me lo dices, o se lo pregunto al mismo Carlos Ohando. ?Es que esta +aqui Catalina? + +--Si, esta aqui. + +--?De veras? + +--Si. + +--?En donde? + +--En el convento de Recoletas. + +--iEncerrada! ?Y como lo sabes tu? + +--Porque la he visto. + +--iQue suerte! ?La has visto? + +--Si. La he visto y la he hablado. + +--iY eso querias ocultarme! Tu no cres amigo mio, Bautista. + +Bautista protesto. + +--?Y ella sabe que estoy aqui? + +--Si, lo sabe. + +--?Como se puede verla?--dijo Zalacain. + +--Suele bordar en el convento, cerca de la ventana, y por la tarde sale +a pasear a la huerta. + +--Bueno. Me voy. Si me ocurre algo, le dire a ese senor extranjero que +vaya a avisarte. Mira a ver si puedes alquilar un coche para marcharnos +de aqui. + +--Lo vere. + +--Lo mas pronto que puedas. + +--Bueno. + +--Adios. + +--Adios y prudencia. + +Martin salio de la iglesia, tomo por la calle Mayor hacia el convento de +las Recoletas, paseo arriba y abajo, horas y horas sin llegar a ver a +Catalina. Al anochecer tuvo la suerte de verla asomada a una ventana. +Martin levanto la mano, y su novia, haciendo como que no le conocia, se +retiro de la ventana. Martin quedo helado; luego Catalina volvio a +aparecer y lanzo un ovillo de hilo casi a los pies de Martin. Zalacain +lo recogio; tenia dentro un papel que decia: "A las ocho podemos hablar +un momento. Espera cerca de la puerta de la tapia." Martin volvio a la +posada, comio con un apetito extraordinario y a las ocho en punto estaba +en la puerta de la tapia esperando. Daban las ocho en el reloj de las +iglesias de Estella, cuando Martin oyo dos golpecitos en la puerta, +Martin contesto del mismo modo. + +--?Eres tu, Martin?--pregunto Catalina en voz baja. + +--Si, soy yo. ?No nos podemos ver? + +--Imposible. + +--Yo me voy a marchar de Estella. ?Querras venir conmigo?--pregunto +Martin. + +--Si; pero icomo salir de aqui! + +--?Estas dispuesta a hacer todo lo que yo te diga? + +--Si. + +--?A seguirme a todas partes? + +--A todas partes. + +--?De veras? + +--Aunque sea a morir. Ahora, vete. iPor Dios! No nos sorprendan. + +Martin se habia olvidado de todos sus peligros; marcho a su casa y sin +pensar en espionajes entro en la posada a ver a Bautista y le abrazo con +entusiasmo. + +--Pasado manana--dijo Bautista--tenemos el coche. + +--?Lo has arreglado todo? + +--Si. + +Martin salio de casa de su cunado silbando alegremente. Al llegar cerca +de su posada, dos serenos que parecian estar espiandole se le acercaron +y le mandaron callar de mala manera. + +--iHombre! ?No se puede silbar?--pregunto Martin. + +--No, senor. + +--Bueno. No silbare. + +--Y si replica usted, va usted a la carcel. + +--No replico. + +--iHala! iHala! A la carcel. + +Zalacain vio que buscaban un pretexto para encerrarle y aguanto los +empellones que le dieron, y en medio de los dos serenos entro en la +carcel. + + + + +CAPITULO XII + +EN QUE LOS ACONTECIMIENTOS MARCHAN AL GALOPE + + +Entregaron los serenos a Martin en manos del alcaide, y este le llevo +hasta un cuarto obscuro con un banco y una cantarilla para el agua. + +--Demonio--exclamo Martin--, aqui hace mucho frio. ?No hay sitio donde +dormir? + +--Ahi tiene usted el banco. + +--?No me podrian traer un jergon y una manta para tenderme? + +--Si paga usted... + +--Pagare lo que sea. Que me traigan un jergon y dos mantas. + +El alcaide se fue, dejando a obscuras a Martin, y vino poco despues con +un jergon y las mantas pedidas. Le dio Martin un duro, y el carcelero, +amansado, le pregunto: + +--?Que ha hecho usted para que le traigan aqui? + +--Nada. Venia distraido silbando por la calle. Y me ha dicho el sereno: +"No se silba." Me he callado, y sin mas ni mas, me han traido a la +carcel. + +--?Usted no se ha resistido? + +--No. + +--Entonces sera por otra cosa por lo que le han encerrado. + +Martin dijo que asi se lo figuraba tambien el. Le dio las buenas noches +el carcelero; contesto Zalacain amablemente, y se tendio en el suelo. + +--Aqui estoy tan seguro como en la posada--se dijo--. Alli me tienen en +sus manos, y aqui tambien, luego estoy igual. Durmamos. Veremos lo que +se hace manana. + +A pesar de que su imaginacion se le insubordinaba, pudo conciliar el +sueno y descansar profundamente. + +Cuando desperto, vio que entraba un rayo de sol por una alta ventana +iluminando el destartalado zaquizami. Llamo a la puerta, vino el +carcelero, y le pregunto: + +--?No le han dicho a usted por que estoy preso? + +--No. + +--?De manera que me van a tener encerrado sin motivo? + +--Quiza sea una equivocacion. + +--Pues es un consuelo. + +--iCosas de la vida! Aqui no le puede pasar a usted nada. + +--iSi le parece a usted poco estar en la carcel! + +--Eso no deshonra a nadie. + +Martin se hizo el asustadizo y el timido, y pregunto: + +--?Me traera usted de comer? + +--Si. ?Hay hambre, eh? + +--Ya lo creo. + +--?No querra usted rancho? + +--No. + +--Pues ahora le traeran la comida.--Y el carcelero se fue, cantando +alegremente. + +Comio Martin lo que le trajeron, se tendio envuelto en la manta, y +despues de un momento de siesta, se levanto a tomar una resolucion. + +--?Que podria hacer yo?--se dijo--. Sobornar al alcaide exigiria mucho +dinero. Llamar a Bautista es comprometerle. Esperar aqui a que me +suelten es exponerme a carcel perpetua, por lo menos a estar preso hasta +que la guerra termine... Hay que escaparse, no hay mas remedio. + +Con esta firme decision, comenzo a pensar un plan de fuga. Salir por la +puerta era dificil. La puerta, ademas de ser fuerte, se cerraba por +fuera con llave y cerrojo. Despues, aun en el caso de aprovechar una +ocasion y poder salir de alla, quedaba por recorrer un pasillo largo y +luego unas escaleras... Imposible. + +Habia que escapar por la ventana. Era el unico recurso. + +--?A donde dara esto?--se dijo. + +Arrimo el banco a la pared, se subio a el, se agarro a los barrotes y a +pulso se levanto hasta poder mirar por la reja. Daba el ventanillo a la +plaza de la fuente, en donde el dia anterior se habia encontrado con el +extranjero. + +Salto al suelo y se sento en el banco. La reja, era alta, pequena, con +tres barrotes sin travesano. + +--Arrancando uno, quiza puediera pasar--se dijo Martin--. Y esto no +seria dificil... luego necesitaria una cuerda. ?De donde sacaria yo una +cuerda?... La manta... la manta cortada en liras me podia servir... + +No tenia mas instrumento que un cortaplumas pequeno. + +--Hay que ver la solidez de la reja--murmuro. + +Volvio a subir. Se hallaba la reja empotrada en la pared, pero no tenia +gran resistencia. + +Los barrotes estaban sujetos por un marco de madera, y el marco en un +extremo se hallaba apolillado. Martin supuso que no seria dificil romper +la madera y quitar el barrote de un lado. + +Corto una tira de la manta y pasandola por el barrote de en medio y +atandole despues por los extremos formo una abrazadera y metio dos patas +del banco en este anillo y las otras dos las sujeto en el suelo. + +Contaba asi con una especie de plano inclinado para llegar a la reja. +Subio por el deslizandose, se agarro con la mano izquierda a un barrote +y con la derecha armada del cortaplumas, comenzo a roer la madera del +marco. + +La postura no era comoda, ni mucho menos, pero la constancia de Zalacain +no cejaba, y tras de una hora de rudo trabajo, logro arrancar el barrote +de su alveolo. + +Cuando lo tuvo ya suelto, lo volvio a poner como antes, quito el banco +de su posicion oblicua, oculto las astillas arrancadas del marco de la +ventana en el jergon, y espero la noche. + +El carcelero le llevo la cena, y Martin le pregunto con empeno si no +habian dispuesto nada respecto a el, si pensaban tenerlo encerrado sin +motivo alguno. + +El carcelero se encogio de hombros y se retiro en seguida tarareando. + +Inmediatamente que Zalacain se vio solo, puso manos a la obra. + +Tenia la absoluta seguridad de poderse escapar. Saco el cortaplumas y +comenzo a cortar las dos mantas de arriba abajo. Hecho esto, fue atando +las tiras una a otra hasta formar una cuerda de quince brazas. Era lo +que necesitaba. + +Despues penso dejar un recuerdo alegre y divertido en la carcel. Cogio +la cantarilla del agua y le puso su boina y la dejo envuelta en el trozo +que quedaba de manta. + +--Cuando se asome el carcelero podra creer que sigo aqui durmiendo. Si +gano con esto un par de horas, me pueden servir admirablemente para +escaparme. + +Contemplo el bulto con una sonrisa, luego subio a la reja, ato un cabo +de la cuerda a los dos barrotes y el otro extremo lo echo fuera poco a +poco. Cuando toda la cuerda quedo a lo largo de la pared, paso el cuerpo +con mil trabajos por la abertura, que dejaba el barrote arrancado, y +comenzo a descolgarse resbalandose por el muro. + +Cruzo por delante de una ventana iluminada. Vio a alguien que se movia a +traves de un cristal. Estaba a cuatro o cinco metros de la calle, cuando +oyo ruido de pasos. Se detuvo en su descenso y ya comenzaban a dejar de +oirse los pasos cuando cayo a tierra, metiendo algun estrepito. + +Uno de los nudos debia de haberse soltado porque le quedaba un trozo de +cuerda entre los dedos. Se levanto. + +--No hay averia. No me he hecho nada--se dijo--. Al pasar por cerca de +la fuente de la plaza tiro el resto de la cuerda al agua. Luego, +deprisa, se dirigio por la calle de la Rua. + +Iba marchando volviendose para mirar atras, cuando vio a la luz de un +farol que oscilaba colgando de una cuerda dos hombres armados con +fusiles, cuyas bayonetas brillaban de un modo siniestro. Estos hombres +sin duda le seguian. Si se alejaba iba a dar a la guardia de +extra-muros. No sabiendo que hacer y viendo un portal abierto, entro en +el, y empujando suavemente la puerta, la cerro. + +Oyo el ruido de los pasos de los hombres en la acera. Espero a que +dejaran de oirse, y cuando estaba dispuesto a salir, bajo una mujer +vieja al zaguan y echo la llave y el cerrojo de la puerta. + +Martin se quedo encerrado. Volvieron a oirse los pasos de los que le +perseguian. + +--No se van--penso. + +Efectivamente, no solo no se fueron, sino que llamaron en la casa con +dos aldabonazos. + +Aparecio de nuevo la vieja con un farol y se puso al habla con los de +fuera sin abrir. + +--?Ha entrado aqui algun hombre?--pregunto uno de los perseguidores. + +--No. + +--?Quiere usted verlo bien? Somos de la ronda. + +--Aqui no hay nadie. + +--Registre usted el portal. + +Martin, al oir esto, agazapandose, salio del portal y gano la escalera. +La vieja paseo la luz del farol por todo el zaguan y dijo: + +--No hay nadie, no, no hay nadie. + +Martin pretendio volver al zaguan, pero la vieja puso el farol de tal +modo que iluminaba el comienzo de la escalera. Martin no tuvo mas +remedio que retirarse hacia arriba y subir los escalones de dos en dos. + +--Pasaremos aqui la noche--se dijo. + +No habia salida alguna. Lo mejor era esperar a que llegase el dia y +abriesen la puerta. No queria exponerse a que lo encontraran dentro +estando la casa cerrada, y aguardo hasta muy entrada la manana. + +Serian cerca de las nueve cuando comenzo a bajar las escaleras +cautelosamente. Al pasar por el primer piso vio en un cuarto muy lujoso, +y extendido sobre un sofa, un uniforme de oficial carlista, con su boina +y su espada. Tenia tal convencimiento Martin de que solo a fuerza de +audacia se salvaria, que se desnudo con rapidez, se puso el uniforme y +la boina, luego se cino la espada, se echo el capote por encima y +comenzo a bajar las escaleras, taconeando. Se encontro con la vieja de +la noche anterior, y al verla la dijo: + +--?Pero no hay nadie en esta casa? + +--?Que queria usted? No le habia visto. + +--?Vive aqui el comandante don Carlos Ohando? + +--No, senor, aqui no vive. + +--iMuchas gracias! + +Martin salio a la calle, y embozado y con aire conquistador se dirigio a +la posada en donde vivia Bautista. + +--iTu!--exclamo Urbide--. ?De donde sales con ese uniforme? ?Que has +hecho en todo en todo el dia de ayer? Estaba intranquilo. ?Que pasa? + +--Todo lo contare. ?Tienes el coche? + +--Si, pero... + +--Nada, traetelo en seguida, lo mas pronto que puedas. Pero a escape. + +Martin se sento a la mesa y escribio con lapiz en un papel: "Querida +hermana. Necesito verte. Estoy herido, gravisimo. Ven inmediatamente en +el coche con mi amigo Zalacain. Tu hermano, Carlos." + +Despues de escribir el papel, Martin se paseo con impaciencia por el +cuarto. Cada minuto le parecia un siglo. Dos horas larguisimas tuvo que +estar esperando con angustias de muerte. Al fin, cerca de las doce, oyo +un ruido de campanillas. + +Se asomo al balcon. A la puerta aguardaba un coche tirado por cuatro +caballos. Entre estos distinguio Martin los dos jacos en cuyos lomos +fueron desde Zumaya hasta Estella. El coche, un lando viejo y +destartalado, tenia un cristal y uno de los faroles atado con una +cuerda. + +Bajo las escaleras Martin embozado en la capa, abrio la portezuela del +coche, y dijo a Bautista: + +--Al convento de Recoletas. + +Bautista, sin replicar, se dirigio hacia el sitio indicado. Cuando el +coche se detuvo frente al convento, Bautista, al salir Zalacain, le +dijo: + +--?Que disparate vas a hacer? Reflexiona. + +--?Tu sabes cual es el camino de Logrono?--pregunto Martin. + +--Si. + +--Pues toma por alla. + +--Pero... + +--Nada, nada, toma por alla. Al principio marcha despacio, para no +cansar a los caballos, porque luego habra que correr. + +Hecha esta recomendacion, Martin, muy erguido, se dirigio al convento. + +--Aqui va a pasar algo gordo--se dijo Bautista preparandose para la +catastrofe. + +Llamo Martin, entro en el portal, pregunto a la hermana tornera por la +senorita de Ohando y le dijo que necesitaba darle una carta. Le hicieron +pasar al locutorio y se encontro alli con Catalina y una monja gruesa, +que era la superiora. Las saludo profundamente y pregunto: + +--?La senorita de Ohando? + +--Soy yo. + +--Traigo una carta para usted de su hermano. + +Catalina palidecio y le temblaron las manos de la emocion. La superiora, +una mujer gruesa, de color de marfil, con los ojos grandes y obscuros +como dos manchas negras que le cogian la mitad de la cara, y varios +lunares en la barbilla, pregunto: + +--?Que pasa? ?Que dice ese papel? + +--Dice que mi hermano esta grave... que vaya--balbuceo Catalina. + +--?Esta tan grave?--pregunto la superiora a Martin. + +--Si, creo que si. + +--?En donde se encuentra? + +--En una casa de la carretera de Logrono--dijo Martin. + +--?Hacia Azqueta quiza? + +--Si, cerca de Azqueta. Le han herido en un reconocimiento. + +--Bueno. Vamos--dijo la superiora--. Que venga tambien el senor Benito +el demandadero. + +Martin no se opuso y espero a que se preparasen para acompanarlas. Al +salir los cuatro a tomar el coche y al verles Bautista desde lo alto del +pescante, no pudo menos de hacer una mueca de asombro. El demandadero +monto junto a el. + +--Vamos--dijo Martin a Bautista. + +El coche partio; la misma superiora bajo las cortinas y sacando un +rosario comenzo a rezar. Recorrio el coche la calle Mayor, atraveso el +puente del Azucarero, la calle de San Nicolas, y tomo por la carretera +de Logrono. + +Al salir del pueblo, una patrulla carlista se acerco al coche. Alguien +abrio la portezuela y la volvio a cerrar en seguida. + +--Va la madre superiora de las Recoletas a visitar a un enfermo--dijo el +demandadero con voz gangosa. + +El coche siguio adelante al trote lento de los caballos. Lloviznaba, la +noche estaba negra, no brillaba ni una estrella en el cielo. Se paso +una aldea, luego otra. + +--iQue lentitud!--exclamo la monja. + +--Es que los caballos son muy malos--contesto Martin. + +Pasaron deprisa otra aldea, y cuando no tenian delante ni atras pueblos +ni casas proximos, Bautista aminoro la marcha. Comenzaba a anochecer. + +--?Pero que pasa?--dijo de pronto la superiora--. ?No llegamos todavia? + +--Pasa, senora--contesto Zalacain--que tenemos que seguir adelante. + +--?Y por que? + +--Hay esa orden. + +--?Y quien ha dado esa orden? + +--Es un secreto. + +--Pues hagan el favor de parar el coche, porque voy a bajar. + +--Si quiere usted bajar sola, puede usted hacerlo. + +--No, ire con Catalina. + +--Imposible. + +La superiora lanzo una mirada furiosa a Catalina, y al ver que bajaba +los ojos, exclamo: + +--iAh! Estaban entendidos. + +--Si, estamos entendidos--contesto Martin--.Esta senorita es mi novia y +no quiere estar en el convento, sino casarse conmigo. + +--No es verdad, yo lo impedire. + +--Usted no lo impedira porque no podra impedirlo. + +La superiora se callo. Siguio el coche en su marcha pesada y monotona +por la carretera. Era ya media noche cuando llegaron a la vista de Los +Arcos. + +Doscientos metros antes detuvo Bautista los caballos y salto del +pescante. + +--Tu--le dijo a Zalacain en vascuence--tenemos un caballo aspeado, si +pudieras cambiarlo aqui... + +--Intentaremos. + +--Y si se pudieran cambiar los dos, seria mejor. + +--Voy a ver. Cuidado con el demandadero y con la monja, que no salgan. + +Desengancho Martin los caballos y fue con ellos a la venta. + +Le salio al paso una muchacha redondita, muy bonita y de muy mal humor. +Le dijo Martin, lo que necesitaba, y ella replico que era imposible, que +el amo estaba acostado. + +--Pues hay que despertarle. + +Llamaron al posadero y este presento una porcion de obstaculos, adujo +toda clase de pretextos, pero al ver el uniforme de Martin se avino a +obedecer y mando despertar al mozo. El mozo no estaba. + +--Ya ve usted, no esta el mozo. + +--Ayudeme usted, no tenga usted mal genio--le dijo Martin a la muchacha +tomandole la mano y dandole un duro--. Me juego la vida en esto. + +La muchacha guardo el duro en el delantal, y ella misma saco dos +caballos de la cuadra y fue con ellos cantando alegremente: + + La Virgen del Puy de Estella + le dijo a la del Pilar: + Si tu eres aragonesa + yo soy navarra y con sal. + +Martin pago al posadero y quedo con el de acuerdo en el sitio en donde +tenia que dejar los caballos en Logrono. + +Entre Bautista, Martin y la moza, reemplazaron el tiro por completo. +Martin acompano a la muchacha, y cuando la vio sola la estrecho por la +cintura y la beso en la mejilla. + +--iTambien usted es posma!--exclamo ella con desgarro. + +--Es que usted es navarra y con sal y yo quiero probar de esa +sal--replico Martin. + +--Pues tenga usted cuidado no le haga dano. + +--?Quien lleva usted en el coche? + +--Unas viejas. + +--?Volvera usted por aqui? + +--En cuanto pueda. + +--Pues, adios. + +--Adios, hermosa. Oiga usted. Si le preguntan por donde hemos ido diga +usted que nos hemos quedado aqui. + +--Bueno, asi lo hare. + +El coche paso por delante de Los Arcos. Al llegar cerca de Sansol, +cuatro hombres se plantaron en el camino. + +--iAlto!--grito uno de ellos que llevaba un farol. + +Martin salto del coche y desenvaino la espada. + +--?Quien es?--pregunto. + +--Voluntarios realistas--dijeron ellos. + +--?Que quieren? + +--Ver si tienen ustedes pasaporte. + +Martin saco salvoconducto y lo enseno. Un viejo, de aire respetable, +tomo el papel y se puso a leerlo. + +--?No ve usted que soy oficial?--pregunto Martin. + +--No importa--replico el viejo--. ?Quien va adentro? + +--Dos madres recoletas que marchan a Logrono. + +--?No saben ustedes que en Viana estan los liberales?--pregunto el +viejo. + +--No importa, pasaremos. + +--Vamos a ver a esas senoras--murmuro el vejete. + +--iEh, Bautista! Ten cuidado--dijo Martin en vasco. + +Descendio Urbide del pescante y tras el salto el demandadero. El viejo +jefe de la patrulla abrio la portezuela del coche y echo la luz del +farol al rostro de las viajeras. + +--?Quienes son ustedes?--pregunto la superiora con presteza. + +--Somos voluntarios de Carlos VII. + +--Entonces que nos detengan. Estos hombres nos llevan secuestradas. + +No acababa de decir esto cuando Martin dio una patada al farol que +llevaba el viejo, y despues de un empujon echo al anciano respetable a +la cuneta de la carretera. Bautista arranco el fusil a otro de la ronda, +y el demandadero se vio acometido por dos hombres a la vez. + +--iPero si yo no soy de estos. Yo soy carlista--grito el demandadero. + +Los hombres, convencidos, se echaron sobre Zalacain, este cerro contra +los dos; uno de los voluntarios le dio un bayonetazo en el hombro +izquierdo, y Martin, furioso por el dolor, le tiro una estocada que le +atraveso de parte a parte. + +La patrulla se habia declarado en fuga, dejando un fusil en el suelo. + +--?Estas herido?--pregunto Bautista a su cunado. + +--Si, pero creo que no es nada. Hala, vamonos. + +--?Llevamos este fusil? + +--Si, quitale la cartuchera a ese que yo he tumbado, y vamos andando. + +Bautista entrego un fusil y una pistola a Martin. + +--Vamos, iadentro!--dijo Martin al demandadero. + +Este se metio temblando en el coche que partio, llevado al galope por +los caballos. Pasaron por en medio de un pueblo. Algunas ventanas se +abrieron y salieron los vecinos, creyendo sin duda que pasaba un furgon +de artilleria. A la media hora Bautista se paro. Se habia roto una +correa y tuvieron que arreglarla, haciendole un agujero con el +cortaplumas. Estaba cayendo un chaparron que convertia la carretera en +un barrizal. + +--Habra que ir mas despacio--dijo Martin. + +Efectivamente, comenzaron a marchar mas despacio, pero al cabo de un +cuarto de hora se oyo a lo lejos como un galope de caballos. Martin se +asomo a la ventana; indudablemente los perseguian. + +El ruido de las herraduras se iba acercando por momentos. + +--iAlto! iAlto!--se oyo gritar. + +Bautista azoto los caballos y el coche tomo una una carrera vertiginosa. +Al llegar a las curvas, el viejo lando se torcia y rechinaba como si +fuera a hacerse pedazos. La superiora y Catalina rezaban; el demandadero +gemia en el fondo del coche. + +--iAlto! iAlto!--gritaron de nuevo. + +--iAdelante, Bautista! iAdelante!--dijo Martin, sacando la cabeza por la +ventanilla. + +En aquel momento sono un tiro, y una bala paso silbando a poca +distancia. Martin cargo la pistola, vio un caballo y un ginete que se +acercaban al coche, hizo fuego y el caballo cayo pesadamente al suelo. +Los perseguidores dispararon sobre el coche que fue atravesado por las +balas. Entonces Martin cargo el fusil y, sacando el cuerpo por la +ventanilla, comenzo a hacer disparos atendiendo al ruido de las pisadas +de los caballos; los que les seguian disparaban tambien, pero la noche +estaba negra y ni Martin ni los perseguidores afinaban la punteria. +Bautista, agazapado en el pescante, llevaba los caballos al galope; +ninguno de los animales estaba herido, la cosa iba bien. + +Al amanecer ceso la persecucion. Ya no se veia a nadie en la carretera. + +--Creo que podemos parar--grito Bautista--. ?Eh? Llevamos otra vez el +tiro roto. ?Paramos? + +--Si, para--dijo Martin--; no se ve a nadie. + +Paro Bautista, y tuvieron que componer de nuevo otra correa. + +El demandadero rezaba y gemia en el coche; Zalacain le hizo salir de +dentro a empujones. + +--Anda, al pescante--le dijo--. ?Es que tu no tienes sangre en las +venas, sacristan de los demonios?--le pregunto. + +--Yo soy pacifico y no me gusta mezclarme en estas cosas ni hacer dano a +nadie--contesto refunfunando. + +--?No seras tu una monja disfrazada? + +--No, soy un hombre. + +--?No te habras equivocado? + +--No, soy un hombre, un pobre hombre, si le parece a usted mejor. + +--Eso no impedira que te metan unas pildoras de plomo en esa grasa fria +que forma tu cuerpo. + +--iQue horror! + +--Por eso debes comprender, hombre linfatico, que cuando se encuentra +uno en el caso de morir o de matar, no puede uno andarse con tonterias +ni con rezos. + +Las palabras rudas de Martin reanimaron un poco al demandadero. + +Al subir Bautista al pescante, le dijo Martin: + +--?Quieres que guie yo ahora? + +--No, no. Yo voy bien. Y tu, ?como tienes la herida? + +--No debe de ser nada. + +--?Vamos a verla? + +--Luego, luego; no hay que perder tiempo. + +Martin abrio la portezuela, y, al sentarse, dirigiendose a la superiora, +dijo: + +--Respecto a usted, senora, si vuelve usted a chillar, la voy a atar a +un arbol y a dejarla en la carretera. + +Catalina, asustadisima, lloraba. Bautista subio al pescante y el +demandadero con el. Comenzo el carruaje a marchar despacio, pero, al +poco tiempo, volvieron a oirse como pisadas de caballos. + +Ya no quedaban municiones; los caballos del coche estaban cansados. + +--Vamos, Bautista, un esfuerzo--grito Martin, sacando la cabeza por la +ventanilla--. iAsi! Echando chispas. + +Bautista, excitado, gritaba y chasqueaba el latigo. El coche pasaba con +la rapidez de una exhalacion, y pronto dejo de oirse detras el ruido de +pisadas de caballos. + +Ya estaba clareando; nubarrones de plomo corrian a impulsos del viento, +y en el fondo del cielo rojizo y triste del alba se adivinaba un pueblo +en un alto. Debia de ser Viana. + +Al acercarse a el, el coche tropezo con una piedra, se solto una de las +ruedas, la caja se inclino y vino a tierra. Todos los viajeros cayeron +revueltos en el barro. Martin se levanto primero y tomo en brazos a +Catalina. + +--?Tienes algo?--la dijo. + +--No, creo que no--contesto ella, gimiendo. + +La superiora se habia hecho un chichon en la trente y el demandadero +dislocado una muneca. + +--No hay averias importantes--dijo Martin--.iAdelante! + +Los viajeros entonaban un coro de quejas y de lamentos. + +--Desengancharemos y montaremos a caballo--dijo Bautista. + +--Yo no. Yo no me muevo de aqui--replico la superiora. + +La llegada del coche y su batacazo no habian pasado inadvertidos, +porque, pocos momentos despues, avanzo del lado de Viana media compania +de soldados. + +--Son los _guiris_--dijo Bautista a Martin. + +--Me alegro. + +La media compania se acerco al grupo. + +--iAlto!--grito el sargento--. ?Quien vive? + +--Espana. + +--Daos prisioneros. + +--No nos resistimos. + +El sargento y su tropa quedaron asombrados, al ver a un militar +carlista, a dos monjas y a sus acompanantes llenos de barro. + +--Vamos hacia el pueblo--les ordenaron. + +Todos juntos, escoltados por los soldados, llegaron a Viana. + +Un teniente que aparecio en la carretera, pregunto: + +--?Que hay, sargento? + +--Traemos prisioneros a un general carlista y a dos monjas. + +Martin se pregunto por que le llamaba el sargento general carlista; +pero, al ver que el teniente le saludaba, comprendio que el uniforme, +cogido por el en Estella, era de un general. + + + + +CAPITULO XIII + +COMO LLEGARON A LOGRONO Y LO QUE LES OCURRIO + + +Hicieron entrar a todos en el cuerpo de guardia, en donde, tendidos en +camastros, dormian unos cuantos soldados, y otros se calentaban al calor +de un gran brasero. Martin fue tratado con mucha consideracion por su +uniforme. Rogo al oficial le dejara estar a Catalina a su lado. + +--?Es la senora de usted? + +--Si, es mi mujer. + +El oficial accedio y paso a los dos a un cuarto destartalado que servia +para los oficiales. + +La superiora, Bautista y el demandadero, no merecieron las mismas +atenciones y quedaron en el cuartelillo. + +Un sargento viejo, andaluz, se amartelo con la superiora y comenzo a +echaria piropos de los clasicos; la dijo que tenia _loz ojoz_ como _doz +luceroz_ y que se parecia a la Virgen de _Conzolacion_ de Utrera, y le +conto otra porcion de cosas del repertorio de los almanaques. + +A Bautista le dieron tal risa los piropos del andaluz, que comenzo a +reirse con una risa contenida. + +--A ver _zi_ te _callaz_; cochino carca--le dijo el sargento. + +--Si yo no digo nada--replico Bautista. + +--_Zi_ te _siguez_ riendo _azi_, te voy a _clava_ como a un _zapo_. + +Bautista tuvo que ir a un rincon a reirse, y la superiora y el sargento +siguieron su conversacion. + +Al mediodia llego un coronel, que al ver a Martin le saludo +militarmente. Martin le conto sus aventuras, pero el coronel al oirlas +fruncio las cejas. + +--A estos militares--penso Martin--no les gusta que un paisano haga +cosas mas dificiles que las suyas. + +--Iran ustedes a Logrono y alli veremos si identifican su personalidad. +?Que tiene usted? ?Esta usted herido? + +--Si. + +--Ahora vendra el fisico a reconocerle. + +Efectivamente, llego un doctor que reconocio a Martin, le vendo, y +redujo la dislocacion del mandadero, que grito y chillo como un +condenado. Despues de comer trajeron los caballos del coche, les +obligaron a montar en ellos, y custodiados por toda compania tomaron el +camino de Logrono. + +Al llegar cerca del puente sobre el Ebro, una porcion de lavanderas y +de mujeres de carabineros salieron a ver la extrana comitiva, y varias +de ellas comenzaron a cantar, sobre todo dirigiendose a la monja: + + Ahora si que estaras contentona + Carlistona, mandilona; + Ahora si que estaras contenton + Carliston, mandilon, cobardon. + +La pobre superiora estaba livida de rabia. Martin y Bautista se miraban +con cierto comico estupor. + +En Logrono pararon en el cuartel y un oficial hizo subir a Martin a ver +al general. Le conto Zalacain sus aventuras, y el general le dijo: + +--Si yo tuviera la seguridad de que lo que me dice usted es cierto, +inmediatamente dejaria libre a usted y a sus companeros. + +--?Y yo como voy a probar la verdad de mis palabras? + +--iSi pudiera usted identificar su persona! ?No conoce usted aqui a +nadie? ?Algun comerciante? + +--No. + +--Es lastima. + +--Si, si, conozco a una persona--dijo de pronto Martin--, conozco a la +senora de Briones y a su hija. + +--?Y el capitan Briones, tambien lo conocera usted? + +--Tambien. + +--Pues lo voy a llamar; dentro de un momento estara aqui. + +El general mando un ayudante suyo, y media hora despues estaba el +capitan Briones, que reconocio a Martin. El general los dejo a todos +libres. + +Martin, Catalina y Bautista iban a marcharse juntos, a pesar de la +oposicion de la superiora, cuando el capitan Briones dijo: + +--Amigo Zalacain, mi madre y mi hermana exigen que vaya usted a comer +con ellas. + +Martin explico a su novia como no le era posible desatender la +invitacion, y dejando a Bautista y a Catalina fue en compania del +oficial. + +La casa de la senora de Briones estaba en una calle centrica, con +soportales. + +Rosita y su madre recibieron a Martin con grandes muestras de amistad. +La aventura de su llegada a Logrono con un una senorita y una monja +habia corrido por todas partes. + +Madre e hija le preguntaron un sin fin de cosas, y Martin tuvo que +contar sus aventuras. + +--iPero que muchacho!--decia dona Pepita, haciendose cruces--. Usted es +un verdadero diablo. + +Despues de comer vinieron unas senoritas amigas de Rosa Briones, y +Martin tuvo que contar de nuevo sus aventuras. Luego se hablo de +sobremesa y se canto. Martin pensaba: ?Que hara Catalina? Pero luego se +olvidaba con la conversacion. + +Dona Pepita dijo que su hija habia tenido el capricho de aprender la +guitarra e incito a Rosita para que cantara. + +--Si, canta--dijeron las demas muchachas. + +--Si, cante usted--anadio Zalacain. + +Rosita saco la guitarra y canto algunas canciones, acompanandose con +ella, y luego, como en honor de Martin, entono un zortzico con letra +castellana, que comenzaba asi: + + Aunque la oracion suene + Yo no me voy de aqui; + La del panuelo rojo + Loco me ha vuelto a mi. + +Y el estribillo de la cancion era: + + Aufa que el campanero + La oracion va a tocar, + Aufa que yo te quiero + _Maitia, maitia_, ven aca. + +Y Rosita, al cantar esto, miraba a Martin de tal manera con los ojos +brillantes y negros, que el se olvido de que le esperaba Catalina. + +Cuando salio de casa de la senora de Briones, eran cerca de las once de +la noche. Al encontrarse en la calle comprendio su falta brutal de +atencion. Fue a buscar a su novia, preguntando en los hoteles. La +mayoria estaban cerrados. En uno del Espolon le dijeron: "Aqui ha venido +una senorita, pero esta descansando en su cuarto." + +--?No podria usted avisarla? + +--No. + +Bautista tampoco parecia. + +Sin saber que hacer, volvio Martin a los soportales y se puso a pasear +por ellos. Si no fuera por Catalina--penso--era capaz de quedarme aqui +y ver si Rosita Briones esta de veras por mi, como parece. + +Estaba embebido en estos pensamientos cuando un hombre, con aspecto de +criado, se paro ante el y le dijo: + +--?Es usted don Martin Zalacain? + +--El mismo. + +--?Quiere usted venir conmigo? Mi senora quiere hablarle. + +--?Y quien es la senora de usted? + +--Me ha encargado que le diga que es una amiga de su infancia. + +--?Una amiga de mi infancia? + +--Si. + +--Es posible--penso Zalacain--. Si habre conocido en mi infancia a +alguien que tenga criados, sin saberlo. En fin, vamos a ver a mi +amiga--dijo en voz alta. + +El criado siguio por los soportales, torcio una esquina, y en una casa +grande empujo la puerta y entro en un zaguan elegante, iluminado por un +gran farol. + +--Pase el senorito--dijo el criado indicandole una escalera alfombrada. + +--Debe haber una equivocacion--penso Martin--. No es posible otra cosa. + +Subieron la escalera, el criado levanto una cortina y paso Zalacain. +Sentada en un sofa y hojeando un album, habia una mujer desconocida, una +mujer pequena, delgada, rubia, elegantisima. + +--Perdone usted, senora--dijo Martin--, creo que usted y yo somos +victimas de una equivocacion... + +--Yo, por mi parte, no--contesto ella riendo, con una risa zumbona. + +--?Quiere algo mas la senora?--pregunto el criado. + +--No, pueden ustedes retirarse. + +Martin quedo asombrado. El criado echo la pesada cortina y quedaron +solos. + +--Martin--dijo la dama, levantandose de su silla y poniendole las manos +pequenas en sus hombros--. ?No te acuerdas de mi? + +--No, la verdad. + +--Soy Linda. + +--?Que Linda? + +--Linda, la que estuvo en Urbia cuando fue el domador, y murio tu madre. +?No te acuerdas? + +--?Usted es Linda? + +--iOh, no me hables de usted! Si, yo soy Linda. He sabido como habias +venido a Logrono y he mandado que te buscaran. + +--?De manera que tu eres aquella chiquilla que jugaba con el oso? + +--La misma. + +--?Y me has conocido? + +--Si. + +--Yo no te hubiera conocido. + +--Habla, cuenta de tu vida. Tu no sabes la gana que tenia de verte. Eres +el unico hombre por quien me han pegado. ?Te acuerdas? Para mi +constituias toda mi familia. ?Que hara? ?Donde estara Martin? pensaba. + +--?De veras? iQue extrano! iHace de esto tanto tiempo! Y somos jovenes +los dos. + +--iCuenta! iCuenta! ?Cual ha sido tu vida? ?Que has hecho por el mundo? + +Martin, emocionado, hablo de su vida, de sus aventuras. Luego, Linda +conto las suyas, su existencia bohemia de volatinera, hasta que un senor +rico le saco del circo y le brindo con su proteccion. Ahora este senor, +titulo, con grandes posesiones en la Rioja, queria casarse con ella. + +--?Y tu te vas a casar?--la pregunto Martin. + +--Claro. + +--?De manera que dentro de poco seras una senora condesa o marquesa? + +--Si, marquesa, pero chico, esto no me entusiasma. He vivido siempre +libre y ya las cadenas no son para mi, aunque sean de oro. Pero estas +palido. ?Que te pasa? + +Martin sentia un gran cansancio y le dolia el hombro. Linda, al saber +que estaba herido, le obligo a quedarse alli. + +Afortunadamente el rasguno no era grave y Zalacain curo pronto. + +Al dia siguiente, Linda no le dejo salir; y al verse dominado por ella, +por su suave encanto, encontro el herido que sus convalecencias eran mas +peligrosas para sus sentimientos que para su salud. + +--Que le avisen a mi cunado donde estoy--dijo Martin varias veces a +Linda. + +Esta envio un criado a los hoteles, pero en ninguno daban noticias ni de +Bautista ni de Catalina. + + + + +CAPITULO XIV + +COMO ZALACAIN Y BAUTISTA URBIDE TOMARON LOS DOS SOLOS LA CIUDAD DE +LAGUARDIA OCUPADA POR LOS CARLISTAS. + + +De conocer Martin la _Odisea_ es posible que hubiese tenido la +pretension de comparar a Linda con la hechicera Circe y a si mismo con +Ulises, pero como no habia leido el poema de Homero no se le ocurrio tal +comparacion. + +Si se le ocurrio varias veces que se estaba portando como un bellaco, +pero Linda iera tan encantadora! iTenia por el tan grande entusiasmo! Le +habia hecho olvidar a Catalina. Muchos dias maldecia de su barbarie, +pero no se determinaba a marcharse. Decidio en su fuero interno que la +culpa de todo era de Bautista y esta decision le tranquilizo. + +--?Donde se ha metido ese hombre?--se preguntaba. + +Una semana despues del encuentro con Linda, al pasar por los soportales +de la calle principal de Logrono se encontro con Bautista que venia +hacia el indiferente y tranquilo como de costumbre. + +--?Pero donde estas?--exclamo Martin incomodado. + +--Eso te pregunto yo, ?donde estas?--contesto Bautista. + +--?Y Catalina? + +--iQue se yo! Yo crei que tu sabrias donde estaba, que os habiais +marchado los dos sin decirme nada. + +--?De manera que no sabes?... + +--Yo no. + +--?Cuando hablaste tu con ella por ultima vez? + +--El mismo dia de llegar aqui; hace ocho dias. Cuando tu te fuistes a +comer a casa de la senora de Briones, Catalina, la monja y yo nos fuimos +a la fonda. Paso el tiempo, paso el tiempo y tu no venias.--?Pero donde +esta?--preguntaba Catalina.--?Que se yo?--la decia. A la una de la +manana, viendo que tu no venias, yo me fui a la cama. Estaba molido. Me +dormi y me desperte muy tarde y me encontre con que la monja y Catalina +se habian marchado y tu no habias venido. Espere un dia, y como no +aparecia nadie, crei que os habiais marchado y me fui a Bayona y deje +las letras en casa de Levi-Alvarez. Luego tu hermana empezo a +decirme:--?Pero donde estara Martin? ?Le ha pasado algo?--Escribi a +Briones y me contesto que estabas aqui escandalizando el pueblo, y por +eso he venido. + +--Si, la verdad es que yo tengo la culpa--dijo Martin--. ?Pero donde +puede estar Catalina? ?Habra seguido a la monja? + +--Es lo mas probable. + +Martin, al encontrarse con Bautista y hablar con el, se sintio fuera de +la influencia del hechizo de Linda y comenzo a hacer indagaciones con +una actividad extraordinaria. De las dos viajeras del hotel, una se +habia marchado por la estacion; la otra, la monja, habia partido en un +coche hacia Laguardia. + +Martin y Bautista supusieron si las dos estarian refugiadas en +Laguardia. Sin duda la monja recupero su ascendiente sobre Catalina en +vista de la falta de Martin y la convencio de que volviera con ella al +convento. + +Era imposible que Catalina encontrandose en otro lado no hubiese +escrito. + +Se dedicaron a seguir la pista de la monja. Averiguaron en la venta de +Asa que dias antes un coche con la monja intento pasar a Laguardia, pero +al ver la carretera ocupada por el ejercito liberal sitiando la ciudad y +atacando las trincheras retrocedio. Suponian los de la venta que la +monja habria vuelto a Logrono, a no ser que intentara entrar en la +ciudad sitiada, tomando en caballeria el camino de Lanciego por Oyon y +Venaspre. + +Marcharon a Oyon y luego a Yecora, pero nadie les pudo dar razon. Los +dos pueblos estaban casi abandonados. + +Desde aquel camino alto se veia Laguardia rodeada de su muralla en medio +de una explanada enorme. Hacia el Norte limitaba esta explanada como una +muralla gris la cordillera de Cantabria; hacia el Sur podia extenderse +la vista hasta los montes de Pancorbo. + +En este poligono amarillento de Laguardia no se destacaban ni tejados ni +campanarios, no parecia aquello un pueblo, sino mas bien una fortaleza. +En un extremo de la muralla se erguia un torreon envuelto en aquel +instante en una densa humareda. + +Al salir de Yecora, un hombre famelico y destrozado les salio al +encuentro y hablo con ellos. Les conto que los carlistas iban a +abandonar Laguardia un dia u otro. Le pregunto Martin si era posible +entrar en la ciudad. + +--Por la puerta es imposible--dijo el hombre--, pero yo he entrado +subiendo por unos agujeros que hay en el muro entre la Puerta de Paganos +y la de Mercadal. + +--?Pero y los centinelas? + +--No suelen haber muchas veces. + +Bajaron Martin y Bautista por una senda desde Lanciego a la carretera y +llegaron al sitio en donde acampaba el ejercito liberal. La tropa, +despues de canonear las trincheras carlistas, avanzaba, y el enemigo +abandonaba sus posiciones refugiandose en los muros. + +El regimiento del capitan Briones se encontraba en las avanzadas. Martin +pregunto por el y lo encontro. Briones presento a Zalacain y a Bautista +a algunos oficiales companeros suyos, y por la noche tuvieron una +partida de cartas y jugaron y bebieron. Gano Martin, y uno de los +companeros de Briones, un teniente aragones que habia perdido toda su +paga, comenzo, para vengarse, a hablar mal de los vascongados, y +Zalacain y el se encarzaron en una estupida discusion de amor propio +regional, de esas tan frecuentes en Espana. + +Decia el teniente aragones que los vascongados eran tan torpes, que un +capitan carlista, para ensenarles a marchar a la derecha y a la +izquierda elevaba un manojo de paja en la mano y les decia, por ejemplo: +iDoble derecha! y en seguida pasaba el manojo a la derecha y decia. +iHacia el lado de la paja! Ademas, segun el oficial, los vascongados +eran unos poltrones que no se querian batir mas que estando cerca de sus +casas. + +Martin se estaba amoscando, y dijo al oficial: + +--Yo no se como seran los vascongados, pero lo que le puedo decir a +usted es que lo que usted o cualquiera de estos senores haga, lo hago yo +por debajo de la pierna. + +--Y yo--dijo Bautista, colocandose al lado de Martin. + +--Vamos, hombre--dijo Briones--. No sean ustedes tontos. El teniente +Ramirez no ha querido ofenderles. + +--No nos ha llamado mas que estupidos y cobardes--dijo riendo Martin--. +Claro que a mi no me importa nada lo que este senor opine de nosotros, +pero me gustaria encontrar una ocasion para probarle que esta +equivocado. + +--Salga usted--dijo el teniente. + +--Cuando usted quiera--contesto Martin. + +--No--replico Briones--, yo lo prohibo. El teniente Ramirez quedara +arrestado. + +--Esta bien--dijo refunfunando el aludido. + +--Si estos senores quieren un poco de jaleo, cuando tomemos Laguardia +pueden venir con nosotros--advirtio el oficial. + +Martin creyo ver alguna ironia en las palabras del militar y replico +burlonamente: + +--iCuando tomen ustedes Laguardia! No, hombre. Eso no es nada para +nosotros. Yo voy solo a Laguardia y la tomo, o a lo mas con mi cunado +Bautista. + +Se echaron todos a reir de la fanfarronada, pero viendo que Martin +insistia, diciendo que aquella misma noche iban a entrar en la ciudad +sitiada, pensaron que Martin estaba loco. Briones, que le conocia, +trato de disuadirse de hacer esta barbaridad, pero Zalacain no se +convencio. + +--?Ven ustedes este panuelo blanco?--dijo--. Manana al amanecer lo veran +ustedes en este palo flotando sobre Laguardia. ?Habra por aqui una +cuerda? + +Uno de los oficiales jovenes trajo una cuerda, y Martin y Bautista, sin +hacer caso de las palabras de Briones, avanzaron por la carretera. + +El frio de la noche les sereno, y Martin y su cunado se miraron algo +extranados. Se dice que los antiguos godos tenian la costumbre de +resolver sus asuntos dos veces, una borrachos y otra serenos. De esta +manera unian en sus decisiones el atrevimiento y la prudencia. Martin +sintio no haber seguido esta prudente tactica goda, pero se callo y dio +a entender que se encontraba en uno de los momentos regocijados de su +vida. + +--?Que? ?vamos a ir?--pregunto Bautista. + +--Probaremos. + +Se acercaron a Laguardia. A poca distancia de sus muros tomaron a la +izquierda, por la Senda de las Damas, hasta salir al camino de El Ciego +y cruzando este se acercaron a la altura en donde se asienta la ciudad. +Dejaron a un lado el cementerio y llegaron a un paseo con arboles que +circunda el pueblo. + +Debian de encontrarse en el punto indicado por el hombre de Yecora, +entre la puerta de Mercadal y la de Paganos. + +Efectivamente, el sitio era aquel. Distinguieron los agujeros en el +muro que servia de escalera; los de abajo estaban tapados. + +--Podriamos abrir estos boquetes--dijo Bautista. + +--iHum! Tardariamos mucho--contesto Martin--. Subete encima de mi a ver +si llegas. Toma la cuerda. + +Bautista se encaramo sobre los hombros de Martin, y luego, viendo que se +podia subir sin dificultad, escalo la muralla hasta lo alto. Asomo la +cabeza y viendo que no habia vigilancia salto encima. + +--?Nadie?--dijo Martin. + +--Nadie. + +Sujeto Bautista la cuerda con un lazo corredizo en un angulo de un +torreon, v subio Martin a pulso, con el palo en los dientes. + +--Se deslizaron los dos por el borde de la muralla, hasta enfilar una +calleja. Ni guardia, ni centinela; no se veia ni se oia nada. El pueblo +parecia muerto. + +--?Que pasara aqui?--se dijo Martin. + +Se acercaron al otro extremo de la ciudad. El mismo silencio. Nadie. +Indudablemente, los carlistas habian huido de Laguardia. + +Martin y Bautista adquirieron el convencimiento de que el pueblo estaba +abandonado. Avanzaron con esta confianza hasta cerca de la puerta del +Mercadal; y enfrente del cementerio, hacia la carretera de Logrono, +sujetaron entre dos piedras el palo y ataron en su punta el panuelo +blanco. + +Hecho esto, volvieron deprisa al punto por donde habian subido. La +cuerda seguia en el mismo sitio. Amanecia. Desde alla arriba se veia una +enorme extension de campo. La luz comenzaba a indicar las sombras de los +vinedos y de los olivares. El viento fresco anunciaba la proximidad del +dia. + +--Bueno, baja--dijo Martin--. Yo sujetare la cuerda. + +--No, baja tu--replico Bautista. + +--Vamos, no seas imbecil. + +--?Quien vive?--grito una voz en aquel mismo momento. + +Ninguno de los dos contesto. Bautista comenzo a bajar despacio. Martin +se tendio en la muralla. + +--?Quien vive?--volvio a gritar el centinela. + +Martin se aplasto en el suelo todo lo que pudo; sono un disparo y una +bala paso por encima de su cabeza. Afortunadamente, el centinela estaba +lejos. Cuando Bautista descendio, Martin comenzo a bajar. Tuvo la suerte +de que la cuerda no se deslizase. Bautista le esperaba con el alma en un +hilo. Habia movimiento en la muralla; cuatro o cinco hombres se asomaron +a ella, y Martin y Bautista se escondieron tras de los arboles del paseo +que circundaba el pueblo. Lo malo era que aclaraba cada vez mas. Fueron +pasando de arbol a arbol, hasta llegar cerca del cementerio. + +--Ahora no hay mas remedio que echar a correr a la descubierta--dijo +Martin--. A la una..., a las dos... Vamos alla. + +Echaron los dos a correr. Sonaron varios tiros. Ambos llegaron ilesos al +cementerio. De aqui ganaron pronto el camino de Logrono. Ya fuera de +peligro, miraron hacia atras. El panuelo seguia en la muralla ondeando +al viento. Briones y sus amigos recibieron a Martin y a Bautista como a +heroes. + +Al dia siguiente, los carlistas abandonaron Laguardia y se refugiaron en +Penacerrada. La poblacion enarbolo bandera de parlamento; y el ejercito, +con el general al frente, entraba en la ciudad. + +Por mas que Martin y Bautista preguntaron en todas las casas, no +encontraron a Catalina. + + + + +LIBRO TERCERO + +Las ultimas aventuras + + + + +CAPITULO PRIMERO + +LOS RECIEN CASADOS ESTAN CONTENTOS + + +Catalina no fue inflexible. Pocos dias despues, Martin recibio una carta +de su hermana. Decia la Ignacia que Catalina estaba en su casa, en Zaro, +desde hacia algunos dias. Al principio no habia querido oir hablar de +Martin, pero ahora le perdonaba y le esperaba. + +Martin y Bautista se presentaron en Zaro inmediatamente, y los novios se +reconciliaron. + +Se preparo la boda. iQue paz se disfrutaba alli, mientras se mataban en +Espana! La gente trabajaba en el campo. Los domingos, despues de la +misa, los aldeanos endomingados, con la chaqueta al hombro, se reunian +en la sidreria y en el juego de pelota; las mujeres iban a la iglesia, +con un capuchon negro, que rodeaba su cabeza. Catalina cantaba en el +coro y Martin la oia, como en la infancia, cuando en la iglesia de Urbia +entonaba el Aleluya. + +Se celebro la boda, con la posible solemnidad, en la iglesia de Zaro y +luego la fiesta en la casa de Bautista. + +Hacia todavia frio, y los aldeanos amigos se reunieron en la cocina de +la casa, que era grande, hermosa y limpia. En la enorme chimenea redonda +se echaron montones de lena, y los invitados cantaron y bebieron hasta +bien entrada la noche, al resplandor de las llamas. Los padres de +Bautista, dos viejecitos arrugados, que hablaban solo vascuence, +cantaron una cancion monotona de su tiempo, y Bautista lucio su voz y su +repertorio completo y canto una cancion en honor de los novios. + + Ezcon berriyac + pozquidac daude + pozquidac daude + eguin diralaco gaur + alcarren jabe + clizan. + +(Los recien casados estan muy alegres, porque hoy se han hecho duenos, +uno de otro, en la iglesia.) + +La fiesta acabo, con la mayor alegria, a la media noche, en que se +retiraron todos. + +Pasada la luna de miel, Martin volvio a las andadas. No paraba, iba y +venia de Espana a Francia, sin poder reposar. + +Catalina deseaba ardientemente que acabara la guerra e intentaba +retener a Martin a su lado. + +--Pero, ?que quieres mas?--le decia--.?No tienes ya bastante dinero? +?Para que exponerte de nuevo? + +--Si no me expongo--replicaba Martin. + +Pero no era verdad, tenia ambicion, amor al peligro y una confianza +ciega en su estrella. La vida sedentaria le irritaba. + +Martin y Bautista dejaban solas a las dos mujeres y se iban a Espana. Al +ano de casada, Catalina tuvo un hijo, al que llamaron Jose Miguel, +recordando Martin la recomendacion del viejo Tellagorri. + + + + +CAPITULO II + +EN EL CUAL SE INICIA LA "DESHECHA" + + +Con la proclamacion de la monarquia en Espana, comenzo el deshielo en el +campo carlista. La batalla de Lacar, perdida de una manera ridicula por +el ejercito regular en presencia del nuevo rey, dio alientos a los +carlistas, pero a pesar del triunfo y del botin la causa del +Pretendiente iba de capa caida. + +La batalla de Lacar no hizo mas que enriquecer el repertorio de las +canciones de la guerra con una copla que mas que para soldados parecia +escrita para el coro de senoras de una zarzuela, y que decia asi: + + En Lacar, chiquillo, + Te viste en un tris, + Si don Carlos te da con la bota + Como una pelota, + Te envia a Paris. + +Era dificil, al oir esta cancion, no pensar en unas cuantas coristas +balanceando voluptuosamente las caderas. + +Los carlistas hablaban ya de traicion. Con el fracaso del sitio de Irun +y con la retirada de don Carlos, los curas navarros y vascongados +empezaron a dudar del triunfo de la causa. Con la proclamacion de +Sagunto, la desconfianza cundio por todas partes. + +--Son primos y ellos se entienden--decian los desconfiados, que eran +legion. + +Algunos que habian oido hablar de un don Alfonso, hermano de don Carlos, +creian que a este don Alfonso le habian hecho rey. + +Los ambiciosos de los pueblos veian que todas las clases ricas se +inclinaban a favor de la monarquia liberal. + +Los generales alfonsinos, despues de hecho su agosto y ascendido en su +carrera todo lo posible, encontraban que era una estupidez continuar la +guerra durante mas tiempo; habian matado la republica, que ciertamente +por estolida merecia la muerte; el nuevo gobierno les miraba como +vencedores, pacificadores y heroes. iQue mas podian desear! + +En el campo carlista comenzaba la _Deshecha_. Ya se podia andar por las +carreteras sin peligro; el carlismo seguia por la fuerza de la inercia, +defendido debilmente y atacado mas debilmente todavia. La unica arma que +se blandia de veras era el dinero. + +Martin, viendo que no era dificil recorrer los caminos, tomo su +cochecito y se dirigio hacia Urbia una manana de invierno. + +Todos los fuertes permanecian silenciosos, mudas las trincheras +carlistas, ni una detonacion, ni una humareda cruzaban el aire. La nieve +cubria el campo con su mortaja blanca bajo el cielo entoldado y plomizo. + +Antes de llegar a Urbia, a un lado y a otro, se veian casas de campo +derrumbadas, fachadas con las ventanas tapiadas y rellenas de paja, +arboles con las ramas rotas, zanjas y parapetos por todas partes. + +Martin entro en Urbia. La casa de Catalina estaba destrozada; con los +techos atravesados por las granadas, las puertas y ventanas cerradas +hermeticamente. Ofrecia el hermoso caseron un aspecto lamentable; en la +huerta abandonada, las lilas mostraban sus ramas rotas, y una de las mas +grandes de un magnifico tilo, desgajada, llegaba hasta el suelo. Los +rosales trepadores, antes tan lozanos, se veian marchitos. + +Subio Martin por su calle a ver la casa en donde nacio. + +La escuela estaba cerrada; por los cristales empolvados se veian los +cartelones con letras grandes y los mapas colgados de las paredes. Cerca +del caserio de Zalacain habia una viga de madera, de la que colgaba una +campana. + +--?Para que sirve esto?--pregunto a un mendigo que iba de puerta en +puerta. + +Era para el vigia. Cuando notaba un fogonazo tocaba la campana para +avisar a la gente de la parte baja. + +Entro Martin en el caserio Zalacain. El tejado no existia; solo quedaba +un rincon de la antigua cocina con cubierta. Bajo este techo, entre los +escombros, habia un hombre sentado escribiendo y un chiquillo ocupado en +cuidar varios pucheros. + +--?Quien vive aqui?--pregunto Martin. + +--Aqui vivo yo--contesto una voz. + +Martin quedo atonito. Era el extranjero. Al verse se estrecharon las +manos afectuosamente. + +--iLo que dio usted que hablar en Estella!--dijo el extranjero--. iQue +golpe aquel mas admirable! ?Como se escaparon ustedes? + +Martin conto la historia de su escapatoria, y el periodista fue tomando +notas. + +--Puedo hacer una cronica admirable--dijo. + +Luego hablaron de la guerra. + +--iPobre pais!--dijo el extranjero--. iCuanta brutalidad! iCuanto +absurdo! ?Se acuerda usted del pobre Haussonville que conocimos en +Estella? + +--Si. + +--Murio fusilado. ?Y del Corneta de Lasala y de Praschcu que fueron de +los que nos persiguieron cerca de Hernani? + +--Si. + +--Esos dos habian salvado al cabecilla Monserrat de la muerte. ?Sabe +usted quien los ha fusilado? + +--?Pero los han fusilado? + +--Si, el mismo Monserrat, en Ormaiztegui. + +--iPobre gente! + +--A otro, llamado Anchusa, de la partida del Cura, debia usted tambien +conocer... + +--Si, lo conocia. + +--A ese lo mando fusilar Lizarraga. Y al _Jabonero_, el lugarteniente +del Cura... + +--?Tambien lo fusilaron? + +--Tambien. Al _Jabonero_ le debia el Cura la unica victoria que +consiguio en Usurbil cuando defendieron una ermita contra los liberales; +pero tenia celos de el y ademas creia que le hacia traicion, y lo mando +fusilar. + +--Si esto sigue asi no vamos a quedar nadie. + +--Afortunadamente ya ha comenzado la _Deshecha_ como dicen los +aldeanos--contesto el extranjero--.?Y usted a que ha venido aqui? + +Martin dijo que el era de Urbia, asi como su mujer, y conto sus +aventuras desde el tiempo en que habia dejado de ver al extranjero. +Comieron juntos y por la tarde se despidieron. + +--Todavia creo que nos volveremos a ver--dijo el extranjero. + +--Quien sabe. Es muy posible. + + + + +CAPITULO III + +EN DONDE MARTIN COMIENZA A TRABAJAR POR LA GLORIA + + +En la epoca de las nieves, un general audaz que venia de muy lejos +intento envolver a los carlistas por el lado del Pirineo, y saliendo de +Pamplona avanzo por la carretera de Elizondo; pero al ver el alto de +Velate defendido y atrincherado por los carlistas, se retiro hacia Engui +y luego tomo por el puerto de Olaberri, proximo a la frontera, por entre +bosques y sendas malisimas; y perdidos sus soldados en los bosques, +llegaron despues de dos dias y tres noches al Baztan. + +La imprudencia era grande, pero aquel general tuvo suerte, porque si la +terrible nevada que cayo al dia siguiente de estar en Elizondo cae +antes, hubieran quedado la mitad de las tropas entre la nieve. + +El general pidio viveres a Francia, y gracias a la ayuda del pais +vecino, pudo dar de comer a su gente y preparar alojamiento. Martin y +Bautista se hallaban en relacion con una casa de Bayona, y fueron a Anoa +con sus carros. + +Anoa esta a un kilometro proximamente de la frontera, en donde se halla +establecida la aduana espanola de Dancharinea. + +Aquel dia, una porcion de gente de la frontera francesa se asomo a Anoa. +La carretera estaba atestada de carromatos, carretas y omnibus, que +conducian al valle de Baztan para las tropas fardos de zapatos, sacos de +pan, cajones de galleta de Burdeos, esparto para las camas, barriles de +vino y de aguardiente. + +El camino estaba intransitable y lleno de barro. Ademas de todo aquel +convoy de mercancias consignado al ejercito, hallabanse otros coches +atiborrados de generos que algunos comerciantes de Bayona llevaban a ver +si vendian al por menor. + +Habia tambien cerca del puente, sobre el riachuelo Ugarona, una porcion +de cantineros con sus cestas, frascos y cachivaches. + +Martin con su mujer, y Bautista con la suya, se acercaron a Anoa y se +alojaron en la venta. Catalina queria ver si obtenia noticias de su +hermano. + +En la venta preguntaron a un muchacho desertor carlista, pero no supo +darles ninguna razon de Carlos Ohando. + +--Si no esta en Penaplata, ira camino de Burguete--les dijo. + +Se encontraban a la puerta de la venta Martin y Bautista, cuando paso, +envuelto en su capote, Briones, el hermano de Rosita. Le saludo a Martin +muy afectuoso y entro en la venta. Vestia uniforme de comandante y +llevaba cordones dorados como los ayudantes de generales. + +--He hablado mucho de usted a mi general--le dijo a Martin. + +--?Si? + +--Ya lo creo. Tendria mucho gusto en conocer a usted. Le he contado sus +aventuras. ?Quiere usted venir a saludarle? Tengo ahi un caballo de mi +asistente. + +--?Donde esta el general? + +--En Elizondo. ?Viene usted? + +--Vamos. + +Advirtio Martin a su mujer que se marchaba a Elizondo; montaron Briones +y Zalacain a caballo y charlando de muchas cosas llegaron a esta villa, +centro del valle del Baztan. El general se alojaba en un palacio de la +plaza; a la puerta dos oficiales hablaban. + +Le hizo pasar Briones a Martin al cuarto en donde se encontraba el +general. Este, sentado a una mesa donde tenia planos y papeles, fumaba +un cigarro puro y discutia con varias personas. + +Presento Briones a Martin, y el general, despues de estrecharle la mano, +le dijo bruscamente: + +--Me ha contado Briones sus aventuras. Le felicito a usted. + +--Muchas gracias, mi general. + +--?Conoce usted toda esta zona de mugas de la frontera que domina el +valle del Baztan? + +--Si, como mi propia mano. Creo que no habra otro que las conozca tan +bien. + +--?Sabe usted los caminos y las sendas? + +--No hay mas que sendas. + +--?Hay sendero para subir a Penaplata por el lado de Zugarramurdi? + +--Lo hay. + +--?Pueden subir caballos? + +--Si, facilmente. + +El general discutio con Briones y con el otro ayudante. El habia tenido +el proyecto de cerrar la frontera e impedir la retirada a Francia del +grueso del ejercito carlista, pero era imposible. + +--Usted ?que ideas politicas tiene?--pregunto de pronto el general a +Martin. + +--Yo he trabajado para los carlistas, pero en el fondo creo que soy +liberal. + +--?Querria usted servir de guia a la columna que subira manana a +Penaplata? + +--No tengo inconveniente. + +El general se levanto de la silla en donde estaba sentado y se acerco +con Zalacain a uno de los balcones. + +--Creo--le dijo--que actualmente soy el hombre de mas influencia de +Espana. ?Que quiere usted ser? ?No tiene usted ambiciones? + +--Actualmente soy casi rico; mi mujer lo es tambien... + +--?De donde es usted? + +--De Urbia. + +--?Quiere usted que le nombremos alcalde de alla? + +Martin reflexiono. + +--Si, eso me gusta--dijo. + +--Pues cuente usted con ello. Manana por la manana hay que estar aqui. + +--?Van a ir tropas por Zugarramurdi? + +--Si. + +--Yo les esperare en la carretera, junto al alto de Maya. + +Martin se despidio del general y de Briones, y volvio a Anoa, para +tranquilizar a su mujer. Conto a Bautista su conversacion con el +general; Bautista se lo dijo a su mujer y esta a Catalina. + +A media noche, se preparaba Martin a montar a caballo, cuando se +presento Catalina con su hijo en brazos. + +--iMartin! iMartin!--le dijo sollozando--. Me han asegurado que quieres +ir con el ejercito a subir a Penaplata. + +--?Yo? + +--Si. + +--Es verdad. ?Y eso te asusta? + +--No vayas. Te van a matar, Martin. iNo vayas! iPor nuestro hijo! iPor +mi! + +--Bah, itonterias! ?Que miedo puedes tener? Si he estado otras veces +solo, ?que me va a pasar, yendo en compania de tanta gente? + +--Si, pero ahora no vayas, Martin. La guerra se va a acabar en seguida. +Que no te pase algo al final. + +--Me he comprometido. Tengo que ir. + +--iOh, Martin!--sollozo Catalina--. Tu eres todo para mi; yo no tengo +padre, ni madre, ni tengo hermano, porque el carino que pudiese tenerle +a el lo he puesto en ti y en tu hijo. No vayas a dejarme viuda, Martin. + +--No tengas cuidado. Estate tranquila. Mi vida esta asegurada, pero +tengo que ir. He dado mi palabra... + +--Por tu hijo... + +--Si, por mi hijo tambien... No quiero que, andando el tiempo, puedan +decir de el: "Este es el hijo de Zalacain, que dio su palabra y no la +cumplio por miedo"; no, si dicen algo, que digan: "Este es Miguel +Zalacain, el hijo de Martin Zalacain, tan valiente como su padre... No. +Mas valiente aun que su padre." + +Y Martin, con sus palabras, llego a infundir animo en su mujer, acaricio +al nino, que le miraba sonriendo desde el regazo de su madre, abrazo a +esta y, montando a caballo, desaparecio por el camino de Elizondo. + + + + +CAPITULO IV + +LA BATALLA CERCA DEL MONTE AQUELARRE + + +Martin llego al alto de Maya al amanecer, subio un poco por la carretera +y vio que venia la tropa. Se reunio con Briones y ambos se pusieron a la +cabeza de la columna. + +Al llegar a Zugarramurdi, comenzaba a clarear. Sobre el pueblo, las +cimas del monte, blancas y pulidas por la lluvia, brillaban con los +primeros rayos del sol. + +De esta blancura de las rocas precedia el nombre del monte Arrizuri +(piedra blanca) en vasco y Penaplata en castellano. + +Martin tomo el sendero que bordea un torrente. Una capa de arcilla +humedecida cubria el camino, por el cual los caballos y los hombres se +resbalaban. El sendero tan pronto se acercaba a la torrentera, llena de +malezas y de troncos podridos de arboles, como se separaba de ella. Los +soldados caian en este terreno resbaladizo. A cierta altura, el +torrente era ya un precipicio, por cuyo fondo, lleno de matorrales, se +precipitaba el agua brillante. + +Mientras marchaban Martin y Briones a caballo, fueron hablando +amistosamente. Martin felicito a Briones por sus ascensos. + +--Si, no estoy descontento--dijo el comandante--; pero usted, amigo +Zalacain, es el que avanza con rapidez, si sigue asi; si en estos anos +adelanta usted lo que ha adelantado en los cinco pasados, va usted a +llegar donde quiera. + +--?Creera usted que yo ya no tengo casi ambicion? + +--?No? + +--No. Sin duda, eran los obstaculos los que me daban antes brios y +fuerza, el ver que todo el mundo se plantaba a mi paso para estorbarme. +Que uno queria vivir, el obstaculo; que uno queria a una mujer y la +mujer le queria a uno, el obstaculo tambien. Ahora no tengo obstaculos, +y ya no se que hacer. Voy a tener que inventarme otras ocupaciones y +otros quebraderos de cabeza. + +--Es usted la inquietud personificada, Martin--dijo Briones. + +--?Que quiere usted? He crecido salvaje como las hierbas y necesito la +accion, la accion continua. Yo, muchas veces pienso que llegara un dia +en que los hombres podran aprovechar las pasiones de los demas en algo +bueno. + +--?Tambien es usted sonador? + +--Tambien. + +--La verdad es que es usted un hombre pintoresco, amigo Zalacain. + +--Pero la mayoria de los hombres son como yo. + +--Oh, no. La mayoria somos gente tranquila, pacifica, un poco muerta. + +--Pues yo estoy vivo, eso si; pero la misma vida que no puedo emplear se +me queda dentro y se me pudre. Sabe usted, yo quisiera que todo viviese, +que todo comenzara a marchar, no dejar nada parado, empujar todo al +movimiento, hombres, mujeres, negocios, maquinas, minas, nada quieto, +nada inmovil... + +--Extranas ideas--murmuro Briones. + +Concluia el camino y comenzaban las sendas a dividirse y a subdividirse, +escalando la altura. + +Al llegar a este punto, Martin aviso a Briones que era conveniente que +sus tropas estuviesen preparadas, pues al final de estas sendas se +encontrarian en terreno descubierto y desprovisto de arboles. + +Briones mando a los tiradores de la vanguardia preparasen sus armas y +fueran avanzando despacio en guerrilla. + +--Mientras unos van por aqui--dijo Martin a Briones--otros pueden subir +por el lado opuesto. Hay alla arriba una explanada grande. Si los +carlistas se parapetan entre las rocas van a hacer una mortandad +terrible. + +Briones dio cuenta al general de lo dicho por Martin, y aquel ordeno +que medio batallon fuera por el lado indicado por el guia. Mientras no +oyeran los tiros del grueso de la fuerza no debian atacar. + +Zalacain y Briones bajaron de sus caballos y tomaron por una senda, y +durante un par de horas fueron rodeando el monte, marchando entre +helechos. + +--Por esta parte, en una calvera del monte, en donde hay como una +plazuela formada por hayas--dijo Martin--deben tener centinelas los +carlistas; sino por ahi podemos subir hasta los altos de Penaplata sin +dificultad. + +Al acercarse al sitio indicado por Martin, oyeron una voz que cantaba. +Sorprendidos, fueron despacio acortando la distancia. + +--No seran las brujas--dijo Martin. + +--?Por que las brujas?--pregunto Briones. + +--?No sabe usted que estos son los montes de las brujas? Aquel es el +monte Aquelarre--contesto Martin. + +--?El Aquelarre? ?Pero existe? + +--Si. + +--?Y quiere decir algo en vascuence, ese nombre? + +--?Aquelarre?... Si, quiere decir Prado del macho cabrio. + +--?El macho cabrio sera el demonio? + +--Probablemente. + +La cancion no la cantaban las brujas, sino un muchacho que en compania +de diez o doce estaba calentandose alrededor de una hoguera. + +Uno cantaba canciones liberales y carlistas y los otros le coreaban. + +No habian comenzado a oirse los primeros tiros, y Briones y su gente +esperaron tendidos entre los matorrales. + +Martin sentia como un remordimiento al pensar que aquellos alegres +muchachos iban a ser fusilados dentro de unos momentos. + +La senal no se hizo esperar y no fue un tiro, sino una serie de +descargas cerradas. + +--iFuego!--grito Briones. + +Tres o cuatro de los cantores cayeron a tierra y los demas, saltando +entre brenales, comenzaron a huir y a disparar. + +La accion se generalizaba; debia de ser furiosa a juzgar por el ruido de +fusileria. Briones, con su tropa, y Martin subian por el monte a duras +penas. Al llegar a los altos, los carlistas, cogidos entre dos fuegos, +se retiraron. + +La gran explanada del monte estaba sembrada de heridos y de muertos. +Iban recogiendolos en camillas. Todavia seguia la accion, pero poco +despues una columna de ejercito avanzaba por el monte por otro lado, y +los carlistas huian a la desbandada hacia Francia. + + + + +CAPITULO V + +DONDE LA HISTORIA MODERNA REPITE EL HECHO DE LA HISTORIA ANTIGUA + + +Fueron Martin y Catalina en su carricoche a Saint Jean Pied de Port. +Todo el grueso del ejercito carlista entraba, en su retirada de Espana, +por el barranco de Roncesvalles y por Valcarlos. Una porcion de +comerciantes se habia descolgado por alli, como cuervos al olor de la +carne muerta, y compraban hermosos caballos por diez o doce duros, +espadas, fusiles y ropas a precios infimos. + +Era un poco repulsivo ver esta explotacion, y Martin, sintiendose +patriota, hablo de la avaricia y de la sordidez de los franceses. Un +ropavejero de Bayona le dijo que el negocio es el negocio y que cada +cual se aprovechaba cuando podia. + +Martin no quiso discutir. Preguntaron Catalina y el a varios carlistas +de Urbia por Ohando, y uno le indico que Carlos, en compania del +_Cacho_, habia salido de Burguete muy tarde, porque estaba muy enfermo. + +Sin atender a que fuera o no prudente, Martin tomo el carricoche por el +camino de Arneguy; atravesaron este pueblecillo que tiene dos barrios, +uno espanol y otro frances, en las orillas de un riachuelo, y siguieron +hasta Valcarlos. + +Catalina, al ver aquel espectaculo, quedo horrorizada. La estrecha +carretera era un campo de desolacion. Casas humeando aun por el +incendio, arboles rotos, zanjas, el suelo sembrado de municiones de +guerra, cajas, correas de artilleria, bayonetas torcidas, instrumentos +musicales de cobre aplastados por los carros. + +En la cuneta de la carretera se veia a un muerto medio desnudo, sin +botas, con el cuerpo cubierto por hojas de helechos; el barro le +manchaba la cara. + +En el aire gris, una nube de cuervos avanzaba en el aire, siguiendo +aquel ejercito funesto, para devorar sus despojos. + +Martin, atendiendo a la impresion de Catalina, volvio prudentemente +hasta llegar de nuevo al barrio frances de Arneguy. Entraron en la +posada. Alli estaba el extranjero. + +--?No le decia a usted que nos veriamos todavia?--dijo este. + +--Si. Es verdad. + +Martin presento a su mujer al periodista y los tres reunidos esperaron +a que llegaran los ultimos soldados. + +Al anochecer, en un grupo de seis o siete, aparecio Carlos Ohando y _el +Cacho_. + +Catalina se acerco a su hermano con los brazos abiertos. + +--iCarlos! iCarlos!--grito. + +Ohando quedo atonito al verla; luego con un gesto de ira y de desprecio +anadio: + +--Quitate de delante. iPerdida! iNos has deshonrado! + +Y en su brutalidad escupio a Catalina en la cara. Martin, cegado, salto +como un tigre sobre Carlos y le agarro por el cuello. + +--iCanalla! iCobarde!--rugio--. Ahora mismo vas a pedir perdon a tu +hermana. + +--iSuelta! iSuelta!--exclamo Carlos ahogandose. + +--iDe rodillas! + +--iPor Dios, Martin iDejale!--grito Catalina--. iDejale! + +--No, porque es un miserable, un canalla cobarde, y te va a pedir perdon +de rodillas. + +--No--exclamo Ohando. + +--Si--y Martin le llevo por el cuello, arrastrandole por el barro, hasta +donde estaba Catalina. + +--No sea usted barbaro--exclamo el extranjero--. Dejelo usted. + +--iA mi, _Cacho!_ iA mi!--grito Carlos ahogadamente. + +Entonces, antes de que nadie lo pudiera evitar, _el Cacho_, desde la +esquina de la posada, levanto su fusil, apunto; se oyo una detonacion, y +Martin, herido en la espalda, vacilo, solto a Ohando y cayo en la +tierra. + +Carlos se levanto y quedo mirando a su adversario. Catalina se lanzo +sobre el cuerpo de su marido y trato de incorporarle. Era inutil. + +Martin tomo la mano de su mujer y con un esfuerzo ultimo se la llevo a +los labios--. iAdios!--murmuro debilmente, se le nublaron los ojos y +quedo muerto. + +A lo lejos, un clarin guerrero hacia temblar el aire de Roncesvalles. + +Asi se habian estremecido aquellos montes con el cuerno de Rolando. + +Asi hacia cerca quinientos anos habia matado tambien a traicion Velche +de Micolalde, deudo de los Ohando, a Martin Lopez de Zalacain. + +Catalina se desmayo al lado del cadaver de su marido. El extranjero con +la gente de la fonda le atendieron. Mientras tanto, unos gendarmes +franceses persiguieron al _Cacho_, y viendo que este no se detenia, le +dispararon varios tiros hasta que cayo herido. + + * * * * * + +El cadaver de Martin se llevo al interior de la posada y estuvo toda la +noche rodeado de cirios. Los amigos no cabian en la casa. Acudieron a +rezar el oficio de difuntos el abad de Roncesvalles y los curas de +Arneguy, de Valcarlos y de Zaro. + +Por la manana se verifico el entierro. El dia estaba claro y alegre. Se +saco la caja y se la coloco en el coche que habian mandado de San Juan +del Pie del Puerto. Todos los labradores de los caserios propiedad de +los Ohandos estaban alli; habian venido de Urbia a pie para asistir al +entierro. Y presidieron el duelo Briones, vestido de uniforme, Bautista +Urbide y Capistun el americano. + +Y las mujeres lloraban. + +--Tan grande como era--decian--. iPobre! iQuien habia de decir que +tendriamos que asistir a su entierro, nosotros que le hemos conocido de +nino! + +El cortejo tomo el camino de Zaro y alli tuvo fin la triste ceremonia. + + * * * * * + +Meses despues, Carlos Ohando entro en San Ignacio de Loyola; _el Cacho_ +estuvo en el hospital, en donde le cortaron una pierna, y luego fue +enviado a un presidio frances; y Catalina, con su hijo, marcho a Zaro a +vivir al lado de la Ignacia y de Bautista. + + + + +CAPITULO VI + +LAS TRES ROSAS DEL CEMENTERIO DE ZARO + + +Zaro es un pueblo pequeno, muy pequeno, asentado sobre una colina. Para +llegar a el se pasa por un camino, en algunas partes muy hondo, al cual +los arbustos frondosos forman en verano un tunel. + +A la entrada de Zaro, como en otros pueblos vasco-franceses, hay una +gran cruz de madera, muy alta, pintada de rojo, con diversos atributos +de la pasion: un gallo, las tenazas, la lanza y los clavos. Estas cruces +barbaras, con estrellas y corazones grabados en negro, dan un caracter +sombrio y tragico a las aldeas vascas. + +En el vertice del cerro donde se asienta Zaro, en medio de una +plazoleta, estrecha y larga, se yergue un inmenso nogal copudo, con el +grueso tronco rodeado por un banco de piedra. + +Una de las caras que forman la plaza es grande, con portico espacioso, +alero avanzado y varias ventanas cubiertas por persianas verdes. Sobre +el escudo que se ostenta en el arco de la puerta, se ve escrita la fecha +en que se edifico la casa, y unas palabras en latin indicando quien la +hizo: + + _Bacalareus presbiterus Urbide + Hoc domicilium fecit in lapide_. + +En un extremo de la plazoleta se levanta la iglesia, pequena, humilde, +con su atrio, su campanario y su tejadillo de pizarra. + +Rodeandola, sobre una tapia baja, se extiende el cementerio. + +En Zaro hay siempre un silencio absoluto, casi unicamente interrumpido +por la voz cascada del reloj de la iglesia, que da las horas de una +manera melancolica, con un tanido de lloro. + +En el reloj de la torre de otro pueblo vasco, en Urruna, se lee escrita +esta triste sentencia: _Vulnerant omnes, ultima necat_. Todas hieren, la +ultima acaba. Mejor todavia la triste sentencia podria estar escrita en +el reloj de la torre de Zaro. + +En el cementerio, alrededor de la iglesia, entre las cruces de piedra, +brillan durante la primavera rosales de varios colores, rojos, +amarillos, y azucenas blancas de aspecto triste. + +Desde este cementerio se ve un valle extensisimo, un paisaje amable y +pastoril. El grave silencio que reina en el camposanto, apenas lo +turbian los debiles rumores de la vida del pueblo. + +De cuando en cuando, se oye el chirriar de una puerta, el tintineo del +cencerro de las vacas, la voz de un chiquillo, el zumbido de los +moscones... y, de cuando en cuando, se oye tambien el golpe del martillo +del reloj, voz de muerte apagada, sombria, que tiene en el valle un +triste eco. + +Tras de estas campanadas fatidicas, el silencio que viene despues parece +un tierno halago. + +Como protesta de la eterna vida, en el mismo camposanto las malas +hierbas crecen vigorosas, extienden sus vastagos robustos por el suelo y +dan un olor acre en el crepusculo, tras de las horas de sol; pian los +pajaros con algarabia estrepitosa y los gallos lanzan al aire su cacareo +valiente, como un desafio. + +La vista alcanza desde alla un extenso panorama de lineas suaves, de +intenso verdor, sin rocas adustas, sin matorrales sombrios, sin nada +duro y salvaje. Los pueblecillos blancos duermen sobre las heredades, +las carretas rechinan en los caminos, los labradores trabajan con sus +bueyes en los campos, y la tierra, fertil y humeda, reposa bajo la gran +sonrisa del cielo y la inmensa piedad del sol... + +En el cementerio de Zaro hay una tumba de piedra, y en la misma cruz +escrito con letras negras dice en vasco: + + AQUI YACE + MARTIN ZALACAIN + MUERTO A LOS + 24 ANOS + + EL 29 DE FEBRERO DE 1876 + + * * * * * + +Una tarde de verano, muchos, muchos anos despues de la guerra, se vio +entrar en el mismo dia en el cementerio de Zaro a tres viejecitas +vestidas de luto. + +Una de ellas era Linda; se acerco al sepulcro de Zalacain y dejo sobre +el una rosa negra; la otra era la senorita de Briones, y puso una rosa +roja. Catalina, que iba todos los dias al cementerio, vio las dos rosas +en la lapida de su marido y las respeto y deposito junto a ellas una +rosa blanca. + +Y las tres rosas duraron mucho tiempo lozanas sobre la tumba de +Zalacain. + + + + +CAPITULO VII + +EPITAFIOS + + +He aqui el epitafio que improviso el versolari Echehun de Zugarramurdi +en la tumba de Zalacain el Aventurero: + + Lur santu onctan dago + Martin Zalacain lo + Eriotzac hill zuen + Bazan salvatuco + Eliz aldeco itzalac + Gorde du betico + Bere icena dedin + Honratu gaur guero + Aurrena Euscal Errien + Gloriya izateco. + +(En esta santa tierra esta durmiendo Martin Zalacain. La muerte lo +hirio, pero el logro salvarse. En el proximo presbiterio se guarda para +siempre su nombre, para honra primeramente del pais vasco y despues para +su gloria.) + +Y el joven poeta navarro Juan de Navascues gloso el epitafio del +versolari Echehun de Zugarramurdi, en esta decima castellana: + + Duerme en esta sepultura + Martin Zalacain, el fuerte. + Venganza tomo la muerte + De su audacia y su bravura. + De su guerrera apostura + El vasco guarda memoria; + Y aunque el libro de la historia + Su rudo nombre rechaza, + iCaminante de su raza, + Descubrete ante su gloria! + + +FIN + + + + + INDICE + + + PROLOGO.--Como era la villa de Urbia en el + ultimo tercio del siglo XIX + + + + + LIBRO PRIMERO + + LA INFANCIA DE ZALACAIN + + + I.--Como vivio y se educo Martin Zalacain. + + II.--Donde se habla del viejo cinico Miguel + de Tellagorri + + III.--La reunion de la posada de Arcale + + IV.--Que se refiere a la noble casa de Ohando + + V.--De como murio Martin Lopez de Zalacain, + en el ano de gracia de mil cuatrocientos y doce + + VI.--De como llegaron unos titiriteros y de + lo que sucedio despues + + VII.--Como Tellagorri supo proteger a los + suyos + + VIII.--Como aumento el odio entre Martin Zalacain + y Carlos Ohando + + IX.--Como intento vengarse Carlos de Martin Zalacain + + + + + LIBRO SEGUNDO + + ANDANZAS Y CORRERIAS + + + I.--En el que se habla de los preludios de + la ultima guerra carlista + + II.--Como Martin, Bautista y Capistun pasaron + una noche en el monte + + III.--De algunos hombres decididos que formaban + la partida del Cura + + IV.--Historia casi inverosimil de Joshe Cracasch + + V.--Como la partida del Cura detuvo la diligencia + de Andoain + + VI.--Como cuido la senora de Briones a + Martin Zalacain + + VII.--Como Martin Zalacain busco nuevas + aventuras + + VIII.--Varias anecdotas de Fernando de + Amezqueta y llegada a Estella + + IX.--Como Martin y el extranjero pasearon + de noche por Estella y de lo que hablaron + + X.--Como transcurrio el segundo dia en Estella + + XI.--Como los acontecimientos se enredaron, + hasta el punto de que Martin + durmio el tercer dia de Estella en la + carcel + + XII.--En que los acontecimientos marchan al galope + + XIII.--Como llegaron a Logrono y lo que les ocurrio + + XIV.--Como Zalacain y Bautista Urbide tomaron + los dos solos la ciudad de Laguardia, + ocupada por los carlistas + + + + + LIBRO TERCERO + + LAS ULTIMAS AVENTURAS + + + I.--Los recien casados estan contentos + + II.--En el cual se inicia la _Deshecha_ + + III.--En donde Martin comienza a trabajar + por la gloria + + IV.--La batalla cerca del monte Aquelarre + + V.--Donde la Historia Moderna repite el + hecho de la Historia Antigua + + VI.--Las tres rosas del cementerio de Zaro + + VII.--Epitafios + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of Zalacain El Aventurero, by Pio Baroja + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK ZALACAIN EL AVENTURERO *** + +***** This file should be named 13264.txt or 13264.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + https://www.gutenberg.org/1/3/2/6/13264/ + +Produced by Stan Goodman, Virginia Paque and the Online Distributed +Proofreading Team. + + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. 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