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+The Project Gutenberg EBook of Zalacaín El Aventurero, by Pío Baroja
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
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+
+Title: Zalacaín El Aventurero
+
+Author: Pío Baroja
+
+Release Date: August 23, 2004 [EBook #13264]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK ZALACAÍN EL AVENTURERO ***
+
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+
+Produced by Stan Goodman, Virginia Paque and the Online Distributed
+Proofreading Team.
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+[Nota del Transcriptor: Este texto digital ha conservado las
+irregularidades en puntuación, acentuación y ortografía del libro original.]
+
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+
+ ZALACAÍN EL AVENTURERO
+
+
+ PÍO BAROJA
+
+
+ ZALACAÍN EL AVENTURERO
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+ (Historia de las buenas andanzas y fortunas de
+ Martín Zalacaín el Aventurero)
+
+ MADRID.--1919.
+
+
+
+
+
+PRÓLOGO
+
+CÓMO ERA LA VILLA DE URBIA EN EL ÚLTIMO TERCIO DEL SIGLO XIX
+
+
+Una muralla de piedra, negruzca y alta rodea a Urbia. Esta muralla sigue
+a lo largo del camino real, limita el pueblo por el Norte y al llegar al
+río se tuerce, tropieza con la iglesia, a la que coge, dejando parte del
+ábside fuera de su recinto, y después escala una altura y envuelve la
+ciudad por el Sur.
+
+Hay todavía, en los fosos, terrenos encharcados con hierbajos y
+espadañas, poternas llenas de hierros, garitas desmochadas, escalerillas
+musgosas, y alrededor, en los glacis, altas y románticas arboledas,
+malezas y boscajes y verdes praderas salpicadas de florecillas. Cerca,
+en la aguda colina a cuyo pie se sienta el pueblo, un castillo sombrío
+se oculta entre gigantescos olmos.
+
+Desde el camino real, Urbia aparece como una agrupación de casas
+decrépitas, leprosas, inclinadas, con balcones corridos de madera y
+miradores que asoman por encima de la negra pared de piedra que las
+circunda.
+
+Tiene Urbia una barriada vieja y otra nueva. La barriada vieja, la
+_calle_, como se le llama por antonomasia en vascuence, está formada,
+principalmente, por dos callejuelas estrechas, sinuosas y en cuesta que
+se unen en la plaza.
+
+El pueblo viejo, desde la carretera, traza una línea quebrada de tejados
+torcidos y mugrientos, que va descendiendo desde el Castillo hasta el
+río. Las casas, encaramadas en la cintura de piedra de la ciudad, parece
+a primera vista que se encuentran en una posición estrecha é incómoda,
+pero no es así, sino todo lo contrario, porque, entre el pie de las
+casas y los muros fortificados, existe un gran espacio ocupado por una
+serie de magníficas huertas. Tales huertas, protegidas de los vientos
+fríos, son excelentes. En ellas se pueden cultivar plantas de zona
+cálida como naranjos y limoneros.
+
+La muralla, por la parte interior que da a las huertas, tiene un camino
+formado por grandes losas, especie de acera de un metro de ancho con su
+barandado de hierro.
+
+En los intersticios de estas losas viejas, y desgastadas por las
+lluvias, crecen la venenosa cicuta y el beleño; junto a las paredes
+brillan, en la primavera, las flores amarillentas del diente del león y
+del verbasco, los gladiolos de hermoso color carmesí y las digitales
+purpúreas. Otros muchos hierbajos, mezclados con ortigas y amapolas, se
+extienden por la muralla y adornan con su verdura y con sus
+constelaciones de flores pequeñas y simples las almenas, las aspilleras
+y los matacanes.
+
+Durante el invierno, en las horas de sol, algunos viejos de la vecindad,
+con traje de casa y zapatillas, pasean por la cornisa, y al llegar Marzo
+o Abril contemplan los progresos de los hermosos perales y melocotoneros
+de las huertas.
+
+Observan también, disimuladamente, por las aspilleras, si viene algún
+coche o carro al pueblo, si hay novedades en las casas de la barriada
+nueva, no sin cierta hostilidad, porque todos los habitantes del
+interior sienten una obscura y mal explicada antipatía por sus
+convecinos de extra-muros.
+
+La cintura de piedra del pueblo viejo se abre en unos sitios por puertas
+ojivales; en otros se rompe irregularmente, dejando un boquete que por
+días se ve agrandarse.
+
+En algunas de las puertas, debajo, de la ojiva primitiva, se hizo
+posteriormente, no se sabe con qué objeto, un arco de medio punto.
+
+En las piedras de las jambas quedan empotrados hierros que sirvieron
+para las poternas. Los puentes levadizos están substituídos por montones
+de tierra que rellenan el foso hasta la necesaria altura.
+
+Urbia ofrece aspectos varios según el sitio de donde se le contemple;
+desde lejos y viniendo desde la carretera, sobre todo al anochecer,
+tiene la apariencia de un castillo feudal; la ciudadela sombría,
+envuelta entre grandes árboles, prolongada después por el pueblo con sus
+muros fortificados que chorrean agua, presentan un aspecto grave y
+guerrero; en cambio, desde el puente y un día de sol, Urbia no da
+ninguna impresión fosca, por el contrario, parece una diminuta
+Florencia, asentada en las orillas de un riachuelo claro, pedregoso,
+murmurador y de rápida corriente.
+
+Las dos filas de casas bañadas por el río son casas viejas con galerías
+y miradores negruzcos, en los cuales cuelgan ropas puestas a secar,
+ristras de ajos y de pimientos. Estas galerías tienen en un extremo una
+polea y un cubo para subir agua. Al finalizar las casas, siguiendo las
+orillas del río, hay algunos huertos, por cuyas tapias verdosas surgen
+cipreses altos, delgados y espirituales, lo que da a este rincón un
+mayor aspecto florentino.
+
+Urbia intra-muros se acaba pronto; fuera de las dos calles largas, solo
+tiene callejones húmedos y estrechos y la plaza. Esta es una encrucijada
+lóbrega, constituida por una pared de la iglesia con varias rejas
+tapiadas, por la Casa del Ayuntamiento con sus balcones volados y su
+gran portón coronado por el escudo de la villa, y por un caserón enorme
+en cuyo bajo se halla instalado el almacén de Azpillaga.
+
+El almacén de Azpillaga, donde se encuentra de todo, debe dar a los
+aldeanos la impresión de una caja de Pandora, de un mundo inexplorado y
+lleno de maravillas. A la puerta de casa de Azpillaga, colgando de las
+negras paredes, suelen verse chisteras para jugar a la pelota, albardas,
+jáquimas, monturas de estilo andaluz; y en las ventanas, que hacen de
+escaparate frascos con caramelos de color, aparejos complicados de
+pesca, con su corcho rojo y sus cañas, redes sujetas a un mango, marcos
+de hojadelata, santos de yeso y de latón y estampas viejas, sucias por
+las moscas.
+
+En el interior hay ropas, mantas, lanas, jamón, botellas de Chartreuse
+falsificado, loza fina... El Museo Británico no es nada, en variedad, al
+lado de este almacén.
+
+A la puerta suele pasearse Azpillaga, grueso, majestuoso, con su aire
+clerical, unas mangas azules y su boina. Las dos calles principales de
+Urbia son estrechas, tortuosas y en cuesta. La mayoría de los vecinos de
+esas dos calles son labradores, alpargateros y carpinteros de carros.
+Los labradores, por la mañana, salen al campo con sus yuntas. Al
+despertar el pueblo, al amanecer, se oyen los mugidos de los bueyes;
+luego, los alpargateros sacan su banco a la acera, y los carpinteros
+trabajan en medio de la calle en compañía de los chiquillos, de las
+gallinas y de los perros.
+
+Algunas de las casas de las dos calles principales muestran su escudo,
+otras, sentencias escritas en latín, y la generalidad, un número, la
+fecha en que se hicieron y el nombre del matrimonio que las mandó
+construir...
+
+Hoy, el pueblo lo forma casi exclusivamente la parte nueva, limpia,
+coquetona, un poco presuntuosa. El verano cruzan la carretera un sin fin
+de automóviles y casi todos se paran un momento en la casa de Ohando,
+convertido en Gran Hotel de Urbia. Algunas señoritas, apasionadas por lo
+pintoresco, mientras el grueso papá escribe postales en el hotel, suben
+las escaleras del portal de la Antigua, recorren las dos calles
+principales de la ciudad y sacan fotografías de los rincones que les
+parecen románticos y de los grupos de alpargateros que se dejan retratar
+sonriendo burlonamente.
+
+Hace cuarenta años la vida en Urbia era pacífica y sencilla; los
+domingos había el acontecimiento de la misa mayor, y por la tarde el
+acontecimiento de las vísperas. Después, en un prado anejo a la
+Ciudadela y del cual se había apoderado la villa, iba el tamborilero y
+la gente bailaba alegremente, al son del pito y del tamboril, hasta que
+el toque del Ángelus terminaba con la zambra y los campesinos volvían a
+sus casas después de hacer una estación en la taberna.
+
+
+
+
+LIBRO PRIMERO
+
+La infancia de Zalacaín
+
+
+
+
+CAPÍTULO PRIMERO
+
+CÓMO VIVIÓ Y SE EDUCÓ MARTÍN ZALACAÍN
+
+
+Un camino en cuesta baja de la Ciudadela pasa por encima del cementerio
+y atraviesa el portal de Francia. Este camino, en la parte alta, tiene a
+los lados varias cruces de piedra, que terminan en una ermita y por la
+parte baja, después de entrar en la ciudad, se convierte en calle. A la
+izquierda del camino, antes de la muralla, había hace años un caserío
+viejo, medio derruído, con el tejado terrero lleno de pedruscos y la
+piedra arenisca de sus paredes desgastada por la acción de la humedad y
+del aire. En el frente de la decrépita y pobre casa, un agujero indicaba
+dónde estuvo en otro tiempo el escudo, y debajo de él se adivinaban, más
+bien que se leían, varias letras que componían una frase latina: _Post
+funera virtus vivit_.
+
+En este caserío nació y pasó los primeros años de su infancia Martín
+Zalacaín de Urbia, el que, más tarde, había de ser llamado Zalacaín el
+Aventurero; en este caserío soñó sus primeras aventuras y rompió los
+primeros pantalones.
+
+Los Zalacaín vivían a pocos pasos de Urbia, pero ni Martín ni su familia
+eran ciudadanos; faltaban a su casa unos metros para formar parte de la
+villa.
+
+El padre de Martín fué labrador, un hombre obscuro y poco comunicativo,
+muerto en una epidemia de viruelas; la madre de Martín tampoco era mujer
+de carácter; vivió en esa obscuridad psicológica normal entre la gente
+del campo, y pasó de soltera a casada y de casada a viuda con absoluta
+inconsciencia. Al morir su marido, quedó con dos hijos Martín y una niña
+menor, llamada Ignacia.
+
+El caserío donde habitaban los Zalacaín pertenecía a la familia de
+Ohando, familia la más antigua aristocrática y rica de Urbia.
+
+Vivía la madre de Martín casi de la misericordia de los Ohandos.
+
+En tales condiciones de pobreza y de miseria, parecía lógico que, por
+herencia y por la acción del ambiente, Martín fuese como su padre y su
+madre, obscuro, tímido y apocado; pero el muchacho resultó decidido,
+temerario y audaz.
+
+En esta época, los chicos no iban tanto a la escuela como ahora, y
+Martín pasó mucho tiempo sin sentarse en sus bancos. No sabía de ella
+más si no que era un sitio obscuro, con unos cartelones blancos en las
+paredes, lo cual no le animaba a entrar. Le alejaba también de aquel
+modesto centro de enseñanza el ver que los chicos de la calle no le
+consideraban como uno de los suyos, a causa de vivir fuera del pueblo y
+de andar siempre hecho un andrajoso.
+
+Por este motivo les tenía algún odio; así que cuando algunos chiquillos
+de los caseríos de extramuros entraban en la calle y comenzaban a
+pedradas con los ciudadanos, Martín era de los más encarnizados en el
+combate; capitaneaba las hordas bárbaras, las dirigía y hasta las
+dominaba.
+
+Tenía entre los demás chicos el ascendiente de su audacia y de su
+temeridad. No había rincón del pueblo que Martín no conociera. Para él,
+Urbia era la reunión de todas las bellezas, el compendio de todos los
+intereses y magnificencias.
+
+Nadie se ocupaba de él, no compartía con los demás chicos la escuela y
+huroneaba por todas partes. Su abandono le obligaba a formarse sus ideas
+espontáneamente y a templar la osadía con la prudencia.
+
+Mientras los niños de su edad aprendían a leer, él daba la vuelta a la
+muralla, sin que le asustasen las piedras derrumbadas, ni las zarzas que
+cerraban el paso.
+
+Sabía dónde había palomas torcaces é intentaba coger sus nidos, robaba
+fruta y cogía moras y fresas silvestres.
+
+A los ocho años, Martín gozaba de una mala fama digna ya de un hombre.
+Un día, al salir de la escuela, Carlos Ohando, el hijo de la familia
+rica que dejaba por limosna el caserío a la madre de Martín, señalándole
+con el dedo, gritó:
+
+--¡Ese! Ese es un ladrón.
+
+--¡Yo!--exclamó Martín.
+
+--Tú, sí. El otro día te vi que estabas robando peras en mi casa. Toda
+tu familia es de ladrones.
+
+Martín, aunque respecto a él no podía negar la exactitud del cargo,
+creyó no debía permitir este ultraje dirigido a los Zalacaín y,
+abalanzándose sobre el joven Ohando, le dió una bofetada morrocotuda.
+Ohando contestó con un puñetazo, se agarraron los dos y cayeron al
+suelo, se dieron de trompicones, pero Martín, más fuerte, tumbaba
+siempre al contrario. Un alpargatero tuvo que intervenir en la contienda
+y, a puntapiés y a empujones, separó a los dos adversarios. Martín se
+separó triunfante y el joven Ohando, magullado y maltrecho, se fué a su
+casa.
+
+La madre de Martín, al saber el suceso, quiso obligar a su hijo a
+presentarse en casa de Ohando y a pedir perdón a Carlos, pero Martín
+afirmó que antes lo matarían. Ella tuvo que encargarse de dar toda clase
+de excusas y explicaciones a la poderosa familia.
+
+Desde entonces, la madre miraba a su hijo como a un réprobo.
+
+--¡De dónde ha salido este chico así!--decía, y experimentaba al pensar
+en él un sentimiento confuso de amor y de pena, solo comparable con el
+asombro y la desesperación de la gallina, cuando empolla huevos de pato
+y ve que sus hijos se zambullen en el agua sin miedo y van nadando
+valientemente.
+
+
+
+
+CAPÍTULO II
+
+DONDE SE HABLA DEL VIEJO CÍNICO MIGUEL DE TELLAGORRI
+
+
+Algunas veces, cuando su madre enviaba por vino o por sidra a la taberna
+de Arcale a su hijo Martín, le solía decir:
+
+--Y si le encuentras, al viejo Tellagorri, no le hables, y si te dice
+algo, respóndele a todo que no.
+
+Tellagorri, tío-abuelo de Martín, hermano de la madre de su padre, era
+un hombre flaco, de nariz enorme y ganchuda, pelo gris, ojos grises, y
+la pipa de barro siempre en la boca. Punto fuerte en la taberna de
+Arcale, tenía allí su centro de operaciones, allí peroraba, discutía y
+mantenía vivo el odio latente que hay entre los campesinos por el
+propietario.
+
+Vivía el viejo Tellagorri de una porción de pequeños recursos que él se
+agenciaba, y tenía mala fama entre las personas pudientes del pueblo.
+Era, en el fondo, un hombre de rapiña, alegre y jovial, buen bebedor,
+buen amigo y en el interior de su alma bastante violento para pegarle un
+tiro a uno o para incendiar el pueblo entero.
+
+La madre de Martín presintió que, dado el carácter de su hijo,
+terminaría haciéndose amigo de Tellagorri, a quien ella consideraba como
+un hombre siniestro. Efectivamente, así fué; el mismo día en que el
+viejo supo la paliza que su sobrino había adjudicado al joven Ohando, le
+tomó bajo su protección y comenzó a iniciarle en su vida.
+
+El mismo señalado día en que Martín disfrutó de la amistad de
+Tellagorri, obtuvo también la benevolencia de _Marqués. Marqués_ era el
+perro de Tellagorri, un perro chiquito, feo, contagiado hasta tal punto
+con las ideas, preocupaciones y mañas de su amo, que era como él;
+ladrón, astuto, vagabundo, viejo, cínico, insociable é independiente.
+Además, participaba del odio de Tellagorri por los ricos, cosa rara en
+un perro. Si _Marqués_ entraba alguna vez en la iglesia, era para ver si
+los chicos habían dejado en el suelo de los bancos donde se sentaban
+algún mendrugo de pan, no por otra cosa. No tenía veleidades místicas. A
+pesar de su título aristocrático, _Marqués_, no simpatizaba ni con el
+clero ni con la nobleza. Tellagorri le llamaba siempre _Marquesch_,
+alteración que en vasco parece más cariñosa.
+
+Tellagorri poseía un huertecillo que no valía nada, según los
+inteligentes, en el extremo opuesto de su casa, y para ir a él le era
+indispensable recorrer todo el balcón de la muralla. Muchas veces le
+propusieron comprarle el huerto, pero él decía que le venía de familia y
+que los higos de sus higueras eran tan excelentes, que por nada del
+mundo vendería aquel pedazo de tierra.
+
+Todo el mundo creía que conservaba el huertecillo para tener derecho de
+pasar por la muralla y robar, y esta opinión no se hallaba, ni mucho
+menos, alejada de la realidad.
+
+Tellagorri era de la familia de los Galchagorris, la familia de los
+pantalones colorados, y este consonante, entre el mote de su familia y
+su nombre había servido al padre de la sacristana, viejo chusco que
+odiaba a Tellagorri, de motivo a una canción que hasta los chicos la
+sabían y que mortificaba profundamente a Tellagorri.
+
+La canción decía así:
+
+ Tellagorri
+ Galchagorri
+ Ongui etorri
+ Onera.
+ Ostutzale
+ Erantzale
+ Nescatzale
+ Zu cerá.
+
+(Tellagorri, Galchagorri, bien venido seas aquí. Aficionado a robar,
+aficionado a beber aficionado a las muchachas, eres tú.)
+
+Tellagorri, al oir la canción, fruncía el entrecejo y se ponía serio.
+
+Tellagorri era un individualista convencido, tenía el individualismo del
+vasco reforzado y calafateado por el individualismo de los Tellagorris.
+
+--Cada cual que conserve lo que tenga y que robe lo que pueda--decía.
+
+Ésta era la más social de sus teorías, las más insociables se las
+callaba.
+
+Tellagorri no necesitaba de nadie para vivir. Él se hacía la ropa, él se
+afeitaba y se cortaba el pelo, se fabrica las abarcas, y no necesitaba
+de nadie, ni de mujer ni de hombre. Así al menos lo aseguraba él.
+
+Tellagorri, cuando le tomó por su cuenta a Martín, le enseñó toda su
+ciencia. Le explicó la manera de acogotar una gallina sin que
+alborotase, le mostró la manera de coger los higos y las ciruelas de las
+huertas sin peligro de ser visto, y le enseñó a conocer las setas buenas
+de las venenosas por el color de la hierba en donde se crían.
+
+Esta cosecha de setas y la caza de caracoles constituía un ingreso para
+Tellagorri, pero el mayor era otro.
+
+Había en la Ciudadela, en uno de los lienzos de la muralla, un rellano
+formado por tierra, al cual parecía tan imposible llegar subiendo como
+bajando. Sin embargo, Tellagorri dió con la vereda para escalar aquel
+rincón y, en este sitio recóndito y soleado, puso una verdadera
+plantación de tabaco, cuyas hojas secas vendía al tabernero Arcale.
+
+El camino que llevaba a la plantación de tabaco del viejo, partía de una
+heredad de los Ohandos y pasaba por un foso de la Ciudadela. Abriendo
+una puerta vieja y carcomida que había en este foso, por unos escalones
+cubiertos de musgo, se llegaba al rincón de Tellagorri.
+
+Este camino subía apoyándose en las gruesas raíces de los árboles,
+constituyendo una escalera de desiguales tramos, metida en un túnel de
+ramaje.
+
+En verano, las hojas lo cubrían por completo. En los días calurosos de
+Agosto se podía dormir allí a la sombra, arrullado por el piar de los
+pájaros y el rezongar de los moscones.
+
+El foso era lugar también interesante para Martín; las paredes estaban
+cubiertas de musgos rojos, amarillos y verdes; entre las piedras nacían
+la lechetrezna, el beleño y el yezgo, y los grandes lagartos
+tornasolados se tostaban al sol. En los huecos de la muralla tenían sus
+nidos las lechuzas y los mochuelos.
+
+Tellagorri explicaba todo detenidamente a Martín.
+
+Tellagorri era un sabio, nadie conocía la comarca como él, nadie
+dominaba la geografía del río Ibaya, la fauna y la flora de sus orillas
+y de sus aguas como este viejo cínico.
+
+Guardaba, en los agujeros del puente romano, su aparejo y su red para
+cuando la veda; sabía pescar al martillo, procedimiento que se reduce a
+golpear algunas losas del fondo del río y luego a levantarlas, con lo
+que quedan las truchas que han estado debajo inmóviles y aletargadas.
+
+Sabía cazar los peces a tiros; ponía lazos a las nutrias en la cueva de
+Amaviturrieta, que se hunde en el suelo y está a medias llena de agua;
+echaba las redes en Ocin beltz, el agujero negro en donde el río se
+embalsa; pero no empleaba nunca la dinamita porque, aunque vagamente,
+Tellagorri amaba la Naturaleza y no quería empobrecerla.
+
+Le gustaba también a este viejo embromar a la gente: decía que nada
+gustaba tanto a las nutrias como un periódico con buenas noticias, y
+aseguraba que si se dejaba un papel a la orilla del río, estos animales
+salen a leerlo; contaba historias extraordinarias de la inteligencia de
+los salmones y de otros peces. Para Tellagorri, los perros si no
+hablaban era porque no querían, pero él los consideraba con tanta
+inteligencia como una persona. Este entusiasmo por los canes le había
+impulsado a pronunciar esta frase irrespetuosa:
+
+--«Yo le saludo con más respeto a un perro de aguas, que al señor
+párroco.»
+
+La tal frase escandalizó el pueblo.
+
+Había gente que comenzaba a creer que Tellagorri y Voltaire eran los
+causantes de la impiedad moderna.
+
+Cuando no tenían, el viejo y el chico, nada que hacer, iban de caza con
+_Marquesch_ al monte. Arcale le prestaba a Tellagorri su escopeta.
+Tellagorri, sin motivo conocido, comenzaba a insultar a su perro. Para
+esto siempre tenía que emplear el castellano:
+
+--¡Canalla! ¡Granuja!--le decía--. ¡Viejo cochino! ¡Cobarde!
+
+_Marqués_ contestaba a los insultos con un ladrido suave, que parecía
+una quejumbrosa protesta, movía la cola como un péndulo y se ponía a
+andar en zig-zag, olfateando por todas partes. De pronto veía que
+algunas hierbas se movían y se lanzaba a ellas como una flecha.
+
+Martín se divertía muchísimo con estos espectáculos. Tellagorri lo tenía
+como acompañante para todo, menos para ir a la taberna; allí no le
+quería a Martín. Al anochecer, solía decirle, cuando él iba a perorar al
+parlamento de casa de Arcale:
+
+--Anda, vete a mi huerta y coge unas peras de allí, del rincón, y
+llévatelas a casa. Mañana me darás la llave.
+
+Y le entregaba un pedazo de hierro que pesaba media tonelada por lo
+menos.
+
+Martín recorría el balcón de la muralla. Así sabía que en casa de Tal
+habían plantado alcachofas y en la de Cual judías. El ver las huertas y
+las casas ajenas desde lo alto de la muralla, y el contemplar los
+trabajos de los demás, iba dando a Martín cierta inclinación a la
+filosofía y al robo.
+
+Como en el fondo el joven Zalacaín era agradecido y de buena pasta,
+sentía por su viejo Mentor un gran entusiasmo y un gran respeto.
+Tellagorri lo sabía, aunque daba a entender que lo ignoraba; pero en
+buena reciprocidad, todo lo que comprendía que le gustaba al muchacho o
+servía para su educación, lo hacía si estaba en su mano.
+
+¡Y qué rincones conocía Tellagorri! Como buen vagabundo era aficionado a
+la contemplación de la Naturaleza. El viejo y el muchacho subían a las
+alturas de la Ciudadela, y allá, tendidos sobre la hierba y las aliagas,
+contemplaban el extenso paisaje. Sobre todo, las tardes de primavera era
+una maravilla. El río Ibaya, limpio, claro, cruzaba el valle por entre
+heredades verdes, por entre filas de álamos altísimos, ensanchándose y
+saltando sobre las piedras, estrechándose después, convirtiéndose en
+cascada de perlas al caer por la presa del molino. Cerraban el horizonte
+montes ceñudos y en los huertos se veían arboledas y bosquecillos de
+frutales.
+
+El sol daba en los grandes olmos de follaje espeso de la Ciudadela y los
+enrojecía y los coloreaba con un tono de cobre.
+
+Bajando desde lo alto, por senderos de cabras, se llegaba a un camino
+que corría junto a las aguas claras del Ibaya. Cerca del pueblo,
+algunos pescadores de caña, se pasaban la tarde sentados en la orilla y
+las lavanderas, con las piernas desnudas metidas en el río, sacudían las
+ropas y cantaban.
+
+Tellagorri conocía de lejos a los pescadores.--Allí están Tal y Tal,
+decía--. Seguramente no han pescado nada. No se reunía con ellos; él
+sabía un rincón perfumado por las flores de las acacias y de los espinos
+que caía sobre un sitio en donde el río estaba en sombra y a donde
+afluían los peces.
+
+Tellagorri le curtía a Martín, le hacía andar, correr, subirse a los
+árboles, meterse en los agujeros como un hurón, le educaba a su manera,
+por el sistema pedagógico de los Tellagorris que se parecía bastante al
+salvajismo.
+
+Mientras los demás chicos estudiaban la doctrina y el catón, él
+contemplaba los espectáculos de la Naturaleza, entraba en la cueva de
+Erroitza en donde hay salones inmensos llenos de grandes murciélagos que
+se cuelgan de las paredes por las uñas de sus alas membranosas, se
+bañaba en Ocin beltz, a pesar de que todo el pueblo consideraba este
+remanso peligrosísimo, cazaba y daba grandes viajatas.
+
+Tellagorri hacía que su nieto entrara en el río cuando llevaban a bañar
+los caballos de la diligencia, montado en uno de ellos.
+
+--¡Más adentro! ¡Más cerca de la presa, Martín!--le decía.
+
+Y Martín, riendo, llevaba los caballos hasta la misma presa.
+
+Algunas noches, Tellagorri, le llevó a Zalacaín al cementerio.
+
+--Espérame aquí un momento--le dijo.
+
+--Bueno.
+
+Al cabo de media hora, al volver por allí le preguntó:
+
+--¿Has tenido miedo, Martín?
+
+--¿Miedo de qué?
+
+--_¡Arrayua!_ Así hay que ser--decía Tellagorri--. Hay que estar firmes,
+siempre firmes.
+
+
+
+
+CAPÍTULO III
+
+LA REUNIÓN DE LA POSADA DE ARCALE
+
+
+La posada de Arcale estaba en la calle del castillo y hacía esquina al
+callejón Oquerra. Del callejón se salía al portal de la Antigua;
+hendidura estrecha y lóbrega de la muralla que bajaba por una rampa en
+zig-zag al camino real. La casa de Arcale era un caserón de piedra hasta
+el primer piso, y lo demás de ladrillo, que dejaba ver sus vigas
+cruzadas y ennegrecidas por la humedad. Era, al mismo tiempo, posada y
+taberna con honores de club, pues allí por la noche se reunían varios
+vecinos de la _calle_ y algunos campesinos a hablar y a discutir y los
+domingos a emborracharse. El zaguán negro tenía un mostrador y un
+armario repleto de vinos y licores; a un lado estaba la taberna, con
+mesas de pino largas que podían levantarse y sujetarse a la pared, y en
+el fondo la cocina. Arcale era un hombre grueso y activo, excosechero,
+extratante de caballos y contrabandista. Tenía cuentas complicadas con
+todo el mundo, administraba las diligencias, chalaneaba, gitaneaba, y
+los días de fiesta añadía a sus oficios el de cocinero. Siempre estaba
+yendo y viniendo, hablando, gritando, riñendo a su mujer y a su hermano,
+a los criados y a los pobres; no paraba nunca de hacer algo.
+
+La tertulia de la noche en la taberna de Arcale la sostenían Tellagorri
+y Pichía. Pichía, digno compinche de Tellagorri, le servía de contraste.
+Tellagorri era flaco, Pichía gordo; Tellagorri vestía de obscuro,
+Pichía, quizá para poner más en evidencia su volumen, de claro;
+Tellagorri pasaba por pobre, Pichía era rico; Tellagorri era liberal,
+Pichía carlista; Tellagorri no pisaba la iglesia, Pichía estaba siempre
+en ella, pero a pesar de tantas divergencias Tellagorri y Pichía se
+sentían almas gemelas que fraternizaban ante un vaso de buen vino.
+
+Tenían estos dos oradores de la taberna de Arcale hablando en castellano
+un carácter común y era que invariablemente trabucaban las efes y las
+pes. No había medio de que las pronunciasen a derechas.
+
+--¿Qué te _farece_ a tí el médico nuevo?--le preguntaba Pichía a
+Tellagorri.
+
+--!Psé!--contestaba el otro--. La _frática_ es lo que le _palta_.
+
+--Pues es hombre listo, hombre de alguna _portuna,_ tiene su _fiano_ en
+casa.
+
+No había manera de que uno u otro pronunciaran estas letras bien.
+
+Tellagorri se sentía poco aficionado a las cosas de iglesia, tenía poca
+_apición_, como hubiera dicho él, y cuando bebía dos copas de más la
+primera gente de quien empezaba a hablar mal era de los curas. Pichía
+parecía natural que se indignara y no sólo no se indignaba como cerero y
+religioso, sino que azuzaba a su amigo para que dijera cosas más fuertes
+contra el vicario, los coadjutores, el sacristán o la cerora.
+
+Sin embargo, Tellagorri respetaba al vicario de Arbea, a quien los
+clericales acusaban de liberal y de loco. El tal vicario tenía la
+costumbre de coger su sueldo, cambiarlo en plata y dejarlo encima de la
+mesa formando un montón, no muy grande, porque el sueldo no era mucho,
+de duros y de pesetas. Luego, a todo el que iba a pedirle algo, después
+de reñirle rudamente y de reprocharle sus vicios y de insultarle a
+veces, le daba lo que le parecía, hasta que a mediados del mes se le
+acababa el montón de pesetas y entonces daba maíz o habichuelas siempre
+refunfuñando é insultando.
+
+Tellagorri decía:--Esos son curas, no como los de aquí, que no quieren
+más que vivir bien y buenas _profinas_.
+
+Toda la torpeza de Tellagorri hablando castellano se trocaba en
+facilidad, en rapidez y en gracia cuando peroraba en vascuence. Sin
+embargo, él prefería hablar en castellano porque le parecía más
+elegante.
+
+Cualquier cosa llegaba a ser graciosa en boca de aquel viejo truhán;
+cuando pasaba por delante de la taberna alguna chica bonita, Tellagorri
+lanzaba un ronquido tan socarrón que todo el mundo reía.
+
+Otro, haciendo lo mismo, hubiese parecido ordinario y grosero; él, no;
+Tellagorri tenía una elegancia y una delicadeza innata que le alejaban
+de la grosería.
+
+Era también hombre de refranes, y cuando estaba borracho cantaba muy
+mal, sin afinación alguna, pero dando a las palabras mucha malicia.
+
+Las dos canciones favoritas suyas eran dos híbridas de vascuence y
+castellano; traducidas literalmente no querían decir gran cosa, pero en
+sus labios significaban todo. Una, probablemente de su invención, era
+así:
+
+ Ba dala sargentua
+ Ba dala quefia.
+ Erreguiñen bizcarretic
+ Artzen ditu cafia.
+
+(Ya sea sargento, ya sea jefe, a costa de la reina, toma su café).
+
+Esto, en boca de Tellagori, quiería decir que todo el mundo era un
+pillo.
+
+La otra canción la tenía el viejo para los momentos solemnes, y era así:
+
+ Manuelacho, escasayozu
+ Barcasiyua Andresí.
+
+(Manolita, pídele perdón a Andrés).
+
+Y hacía, al decir esto Tellagorri, una reverencia cómica, y continuaa
+con voz gangosa:
+
+ Beti orrela ibilli gabe
+ majo sharraren iguesí.
+
+(Sin andar siempre, de esa manera, huyendo de un viejecito tan majo).
+
+Y después, como una consecuencia grave de lo que había dicho antes,
+añadía:
+
+ Napoleonen pauso gaiztoac
+ ondó dituzu icasi.
+
+(Los malos pasos de Napoleón, bien los has aprendido).
+
+No era fácil comprender qué malos pasos de Napoleón habría aprendido
+Manolita. Probablemente Manolita no tendría ni la más remota idea de la
+existencia del héroe de Austerlitz, pero esto no era obstáculo para que
+la canción en boca de Tellagorri tuviese muchísima gracia.
+
+Para los momentos en que Tellagorri estaba un tanto excitado o
+borracho, tenía otra canción bilingüe, en que se celebraba el abrazo de
+Vergara y que concluía así:
+
+ ¡Viva Espartero! ¡Viva erreguiña!
+ ¡Ojalá de repente ilcobalizaque
+ Bere ama ciquiña!
+
+(¡Viva Espartero! ¡Viva la reina! Ojalá de repente se muriese su sucia
+madre!).
+
+Este adjetivo, dirigido a la madre de Isabel II, indicaba cómo había
+llegado el odio por María Cristina hasta los más alejados rincones de
+España.
+
+
+
+
+CAPÍTULO IV
+
+QUE SE REFIERE A LA NOBLE CASA DE OHANDO
+
+
+A la entrada del pueblo nuevo, en la carretera, y por lo tanto, fuera de
+las murallas, estaba la casa más antigua y linajuda de Urbia: la casa de
+Ohando.
+
+Los Ohandos constituyeron durante mucho tiempo la única aristocracia de
+la villa; fueron en tiempo remoto grandes hacendados y fundadores de
+capellanías, luego algunos reveses de fortuna y la guerra civil,
+amenguaron sus rentas y la llegada de otras familias ricas les quitó la
+preponderancia absoluta que habían tenido.
+
+La casa Ohando estaba en la carretera, lo bastante retirada de ella para
+dejar sitio a un hermoso jardín, en el cual, como haciendo guardia, se
+levantaban seis magníficos tilos. Entre los grandes troncos de estos
+árboles crecían viejos rosales que formaban guirnaldas en la primavera
+cuajadas de flores.
+
+Otro rosal trepador, de retorcidas ramas y rosas de color de té, subía
+por la fachada extendiéndose como una parra y daba al viejo casarón un
+tono delicado y aéreo. Tenía además este jardín, en el lado que se unía
+con la huerta, un bosquecillo de lilas y saúcos. En los meses de Abril y
+Mayo, estos arbustos florecían y mezclaban sus tirsos perfumados, sus
+corolas blancas y sus racimillos azules.
+
+En la casa solar, sobre el gran balcón del centro, campeaba el escudo de
+los fundadores tallado en arenisca roja; se veían esculpidos en él dos
+lobos rampantes con unas manos cortadas en la boca y un roble en el
+fondo. En el lenguaje heráldico, el lobo indica encarnizamiento con los
+enemigos; el roble, venerable antigüedad.
+
+A juzgar por el blasón de los Ohandos, estos eran de una familia
+antigua, feroz con los enemigos. Si había que dar crédito a algunas
+viejas historias, el escudo decía únicamente la verdad.
+
+La parte de atrás de la casa de los hidalgos daba a una hondonada; tenía
+una gran galería de cristales y estaba hecha de ladrillo con entramado
+negro; enfrente se erguía un monte de dos mil pies, según el mapa de la
+provincia, con algunos caseríos en la parte baja, y en la alta, desnudo
+de vegetación, y sólo cubierto a trechos por encinas y carrascas.
+
+Por un lado, el jardín se continuaba con una magnífica huerta en
+declive, orientada al mediodía.
+
+La familia de los Ohandos se componía de la madre, doña Águeda, y de
+sus hijos Carlos y Catalina.
+
+Doña Águeda, mujer débil, fanática y entermiza, de muy poco carácter,
+estaba dominada constantemente en las cuestiones de la casa por alguna
+criada antigua y en las cuestiones espirituales por el confesor.
+
+En esta época, el confesor era un curita joven llamado don Félix, hombre
+de apariencia tranquila y dulce que ocultaba vagas ambiciones de dominio
+bajo una capa de mansedumbre evangélica.
+
+Carlos de Ohando el hijo mayor de doña Águeda, era un muchacho cerril,
+obscuro, tímido y de pasiones violentas. El odio y la envidia se
+convertían en el en verdaderas enfermedades.
+
+A Martín Zalacaín le había odiado desde pequeño cuando Martín le calentó
+las costillas al salir de la escuela, el odio de Carlos se convirtió en
+furor. Cuando le veía a Martín andar a caballo y entrar en el río, le
+deseaba un desliz peligroso.
+
+Le odiaba frenéticamente.
+
+Catalina, en vez de ser obscura y cerril como su hermano Carlos, era
+pizpireta, sonriente, alegre y muy bonita. Cuando iba a la escuela con
+su carita sonrosada, un traje gris y una boina roja en la cabeza rubia,
+todas las mujeres del pueblo la acariciaban, las demás chicas querían
+siempre andar con ella y decían que, a pesar de su posición
+privilegiada, no era nada orgullosa.
+
+Una de sus amigas era Ignacita, la hermana de Martín.
+
+Catalina y Martín se encontraban muchas veces y se hablaban; él la veía
+desde lo alto de la muralla, en el mirador de la casa, sentadita y muy
+formal, jugando o aprendiendo a hacer media. Ella siempre estaba oyendo
+hablar de las calaveradas de Martín.
+
+--Ya está ese diablo ahí en la muralla--decía doña Águeda--. Se va a
+matar el mejor día. ¡Qué demonio de chico! ¡Qué malo es!
+
+Catalina ya sabía que diciendo ese demonio, o ese diablo, se referían a
+Martín.
+
+Carlos alguna vez le había dicho a su hermana:
+
+--No hables con ese ladrón.
+
+Pero a Catalina no le parecía ningún crimen que Martín cogiera frutas de
+los árboles y se las comiese, ni que corriese por la muralla. A ella se
+le antojaban extravagancias, porque desde niña tenía un instinto de
+orden y tranquilidad y le parecía mal que Martín fuese tan loco.
+
+Los Ohandos eran dueños de un jardín próximo al río, con grandes
+magnolias y tilos y cercado por un seto de zarzas.
+
+Cuando Catalina solía ir allí con la criada a coger flores, Martín las
+seguía muchas veces y se quedaba a la entrada del seto.
+
+--Entra si quieres--le decía Catalina.
+
+--Bueno--y Martín entraba y hablaba de sus correrías, de las
+barbaridadas que iba a hacer y exponía las opiniones de Tellagorri, que
+le parecían artículos de fe.
+
+--¡Más te valía ir a la escuela!--le decía Catalina.
+
+--¡Yo! ¡A la escuela!--exclamaba Martín--. Yo me iré a América o me iré
+a la guerra.
+
+Catalina y la criada entraban por un sendero del jardín lleno de rosales
+y hacían ramos de flores. Martín las veía y contemplaba la presa, cuyas
+aguas brillaban al sol como perlas y se deshacían en espumas
+blanquísimas.
+
+--Ya andaría por ahí, si tuviera una lancha--decía Martín.
+
+Catalina protestaba.
+
+--¿No se te van a ocurrir más que tonterías siempre? ¿Por qué no eres
+como los demás chicos?
+
+--Yo les pego a todos--contestaba Martín, como si esto fuera una razón.
+
+...En la primavera, el camino próximo al río era una delicia. Las hojas
+nuevas de las hayas comenzaban a verdear, el helecho lanzaba al aire sus
+enroscados tallos, los manzanos y los perales de las huertas ostentaban
+sus copas nevadas por la flor y se oían los cantos de las malvices y de
+los ruiseñores en las enramadas. El cielo se mostraba azul, de un azul
+suave, un poco pálido y sólo alguna nube blanca, de contornos duros,
+como si fuera de mármol, aparecía en el cielo.
+
+Los sábados por la tarde, durante la primavera y el verano, Catalina y
+otras chicas del pueblo, en compañía de alguna buena mujer, iban al
+campo santo. Llevaba cada una un cestito de flores, hacían una escobilla
+con los hierbajos secos, limpiaban el suelo de las lápidas en donde
+estaban enterrados los muertos de su familia y adornaban las cruces con
+rosas y con azucenas. Al volver hacia casa todas juntas, veían cómo en
+el cielo comenzaban a brillar las estrellas y escuchaban a los sapos,
+que lanzaban su misteriosa nota de flauta en el silencio del
+crepúsculo...
+
+Muchas veces, en el mes de Mayo, cuando pasaban Tellagorri y Martín por
+la orilla del río, al cruzar por detrás de la iglesia, llegaba hasta
+ellos las voces de las niñas, que cantaban en el coro las flores de
+María.
+
+ Emenche gauzcatzu ama
+
+(Aquí nos tienes, madre.)
+
+Escuchaban un momento, y Martín distinguía la voz de Catalina, la chica
+de Ohando.
+
+--Es _Cataliñ_, la de Ohando--decía Martín.
+
+--Si no eres tonto tú, te casarás con ella--replicaba Tellagorri.
+
+Y Martín se echaba a reir.
+
+
+
+
+CAPÍTULO V
+
+DE CÓMO MURIÓ MARTÍN LÓPEZ DE ZALACAÍN, EN EL AÑO DE GRACIA
+DE MIL CUATROCIENTOS Y DOCE.
+
+
+Uno de los vecinos que con más frecuencia paseaba por la acera de la
+muralla era un señor viejo, llamado don Fermín Soraberri. Durante
+muchísimos años, don Fermín desempeñó el cargo de secretario del
+Ayuntamiento de Urbia, hasta que se retiró, cuando su hija se casó con
+un labrador de buena posición.
+
+El señor don Fermín Soraberri era un hombre alto, grueso, pesado, con
+los párpados edematosos y la cara hinchada. Solía llevar una gorrita con
+dos cintas colgantes por detrás, una esclavina azul y zapatillas. La
+especialidad de don Fermín era la de ser distraído. Se olvidaba de todo.
+Sus relaciones estaban cortadas por este patrón:
+
+--Una vez en Oñate... (para el señor Soraberri, Oñate era la Atenas
+moderna.--En España hay veinte o treinta Atenas modernas.) Una vez en
+Oñate pude presenciar una cosa sumamente interesante. Estábamos reunidos
+el señor vicario, un señor profesor de primera enseñanza y...--y el
+señor Soraberri miraba a todas partes, como espantado, con sus grandes
+ojos turbios, y decía:--¿En qué iba?... Pues... se me ha olvidado la
+especie.
+
+Al señor Soraberri siempre se le olvidaba la especie. Casi todos los
+días el exsecretario se encontraba con Tellagorri y cambiaban un saludo
+y algunas palabras acerca del tiempo y de la marcha de los árboles
+frutales. Al comenzar a verle acompañado de Martín, el señor Soraberri
+se extrañó y miraba al muchacho con su aire de elefante hinchado y
+reblandecido.
+
+Pensó en dirigirle alguna pregunta, pero tardó varios días, porque el
+señor Soraberri era tardo en todo. Al último le dijo, con su majestuosa
+lentitud:
+
+--¿De quién es este niño, amigo Tellagorri?
+
+--¿Este chico? Es un pariente mío.
+
+--¿Algún Tellagorri?
+
+--No; se llama Martín Zalacaín.
+
+--¡Hombre! ¡Hombre! Martín López de Zalacaín.
+
+--No, López no--dijo Tellagorri.
+
+--Yo sé lo que me digo. Este niño se llama realmente Martín López de
+Zalacaín y será de ese caserío que está ahí cerca del portal de Francia.
+
+--Sí, señor; de ahí es.
+
+--Pues conozco su historia, y López de Zalacaín ha sido y López de
+Zalacaín será, y si quiere usted mañana vaya usted a mi casa y le leeré
+a usted un papel que copié del archivo del Ayuntamiento acerca de esa
+cuestión.
+
+Tellagorri dijo que iría y, efectivamente, al día siguiente, pensando
+que quizá lo dicho por el exsecretario tuviese alguna importancia, se
+presentó con Martín en su casa.
+
+Al señor Soraberri se le había olvidado la especie, pero recordó pronto
+de qué se trataba; encargó a su hija que trajese un vaso de vino para
+Tellagorri, entró él en su despacho y volvió poco después con unos
+papeles viejos en la mano; se puso los anteojos, carraspeó, revolvió sus
+notas, y dijo:
+
+--¡Ah! Aquí están. Esto--añadió--es una copia de una narración que hace
+el cronista Iñigo Sánchez de Ezpeleta acerca de cómo fué vertida la
+primera sangre en la guerra de los linajes, en Urbia, entre el solar de
+Ohando y el de Zalacaín, y supone que estas luchas comenzaron en nuestra
+villa a fines del siglo XIV o a principios del XV.
+
+--¿Y hace mucho tiempo de eso?--preguntó Tellagorri.
+
+--Cerca de quinientos años.
+
+--¿Y ya existían Zalacaín entonces?
+
+--No sólo existían, sino que eran nobles.
+
+--Oye, oye--dijo Tellagorri dando un codazo a Martín, que se distraía.
+
+--¿Quieren ustedes que lea lo que dice el cronista?
+
+--Sí, sí.
+
+--Bueno. Pues dice así: «Título: De cómo murió Martín López de Zalacaín,
+en el año de gracia de mil cuatrocientos y doce.»
+
+Leído esto, Soraberri tosió, escupió y comenzó esta relación con gran
+solemnidad:
+
+«Enemistad antigua señalada avya entre el solar d'Ohando, que es del
+reino de Navarra, é el de Zalacaín, que es en tierra de la Borte. E
+dícese que la causa della foe sobre envidia é a cual valía mas, é
+ficieron muchos malheficios é los de Zalacaín quemaron vivo al senyor de
+Sant Pedro en una pelea que ovyeron en el llano del Somo é porque no
+dexo fijo el dicho senyor de Sant Pedro casaron una su fija con Martín
+López de Zalacaín, home muy andariego.
+
+E dicho Martín López seyendo venido a la billa d'Urbia foe desafiado por
+Mosen de Sant Pedro, del solar d'Ohando, que era sobrino del otro senyor
+de Sant Pedro é que había fecho muchos malheficios, acechanzas é rrobos.
+
+E Martín López contestole a su desafiamiento: Como vos sabedes yo so
+contado aquí por el mas esforzado ome y ardite en el fecho de las armas
+en toda esta tierra y paresce que los d'Ohando a vos han traído por la
+mejor lanza de Navarra por vengar la muertte de mi suegro que foe en la
+pelea peleada con lealtad en el Somo é como el cuibdaba matar a mi, yo a
+el.
+
+E por ende si a vos pluguiese que nos probemos vos é yo, uno para otro,
+fasta que uno de nos o ambos por ventura muramos, a mi plasera mucho é
+aquí presto.
+
+E respondiole Mosen de Sant Pedro que le plasia é se citaron en el prado
+de Sant Ana. En esta sazon venya dicho Martín López encima de su cavallo
+como esforzado cavallero é antes de pelear con Mosen de Sant Pedro foe
+ferido de una saeta que le entró por un ojo é cayo muertto del cavallo
+en medio del prado. E lo desjarretaron. E preparo la asechanza é armo la
+ballestta é la disparo Velche de Micolalde, deudo é amigo de Mosen de
+Sant Pedro d'Ohando. E los omes de Martín López como lo veyeron muertto
+é eran pocos enfrente de los de Ohando, ovyeron muy grant miedo é
+comenzaron todos a fugir.
+
+E cuando lo supo la muger de Martín López fué la triste al prado de Sant
+Ana, é cuando vido el cuerpo de su marido, sangriento y mutilado, se
+afinojó, prísole en sus brazos é comenzó a llorar, maldiciendo la guerra
+é su mala fortuna. E esto pataba en el año de Nuestro Senyor de mil
+cuatrociensos y doce.»
+
+Cuando concluyó el señor Soraberri, miro a través de sus anteojos a sus
+dos oyentes. Martín no se había enterado de nada; Tellagorri dijo:
+
+--Sí, esos Ohandos es gente _palsa_. Mucho ir a la iglesia, pero luego
+matan a traición.
+
+Soraberri recomendó eficazmente a su amigo Tellagorri que no hiciera
+nunca juicios aventurados y temerarios, y con este motivo comenzó a
+contar una historia, precisamente ocurrida en Oñate, pero al ir a
+especificar los que habían intervenido en su historia, se le olvidó la
+especie, y lo sintió, verdaderamente lo sintió, porque, según dijo,
+tenía la seguridad de que el hecho era sumamente interesante y, además,
+muy digno de mención.
+
+
+
+
+CAPÍTULO VI
+
+DE CÓMO LLEGARON UNOS TITIRITEROS Y DE LO QUE SUCEDIÓ DESPUÉS
+
+
+Un día de Mayo, al anochecer, se presentaron en el camino real tres
+carros, tirados por caballos flacos, llenos de mataduras y de
+esparavanes. Cruzaron la parte nueva del pueblo y se detuvieron en lo
+alto del prado de Santa Ana.
+
+No podía Tellagorri, gaceta de la taberna de Arcale, quedar sin saber en
+seguida de qué se trataba; así que se presentó al momento en el lugar,
+seguido de _Marqués_.
+
+Trabó inmediatamente conversación con el jefe de la caravana, y después
+de varias preguntas y respuestas y de decir el hombre que era francés y
+domador de fieras, Tellagorri se lo llevó a la taberna de Arcale.
+
+Martín se enteró también de la llegada de los domadores con sus fieras
+enjauladas, y a la mañana siguiente, al levantarse, lo primero que hizo
+fué dirigirse al prado de Santa Ana.
+
+Comenzaba a salir el sol cuando llegó al campamento del domador.
+
+Uno de los carros era la casa de los saltimbanquis. Acababan de salir de
+dentro el domador, su mujer, un viejo, un chico y una chica. Sólo una
+niña de pocos meses quedó en la carreta-choza jugando con un perro.
+
+El domador no ofrecía ese aire, entre petulante y grotesco, tan común a
+los acróbatas de barracas y gentes de feria; era sombrío, joven, con
+aspecto de gitano, el pelo negro y rizoso, los ojos verdes, el bigote
+alargado en las puntas por una especie de patillas pequeñas y la
+expresión de maldad siniestra y repulsiva.
+
+El viejo, la mujer y los chicos tenían sólo carácter de pobres, eran de
+esos tipos y figuras borrosas que el troquel de la miseria produce a
+millares.
+
+El hombre, ayudado por el viejo y por el chico, trazó con una cuerda un
+círculo en la tierra y en el centro plantó un palo grande, de cuya punta
+partían varias cuerdas que se ataban en estacas clavadas fuertemente en
+el suelo.
+
+El domador buscó a Tellagorri para que le proporcionara una escalera; le
+indicó éste que había una en la taberna de Arcale, la sacaron de allí y
+con ella sujetaron las lonas, hasta que formaron una tienda de campaña
+de forma cónica.
+
+Los dos carros con jaulas en donde iban las fieras los colocaron
+dejando entre ellos un espacio que servía de puerta al circo, y encima y
+a los lados pusieron los saltimbanquis tres carteles pintarrajeados. Uno
+representaba varios perros lanzándose sobre un oso, el otro una lucha
+entre un león y un búfalo y el tercero unos indios atacando con lanzas a
+un tigre que les esperaba en la rama de un árbol como si fuera un
+jilguero.
+
+Dieron los hombres la última mano al circo, y el domingo, en el momento
+en que la gente salía de vísperas, se presentó el domador seguido del
+viejo en la plaza de Urbia, delante de la iglesia. Ante el pueblo
+congregado, el domador comenzó a soplar en un cuerno de caza y su
+ayudante redobló en el tambor.
+
+Recorrieron los dos hombres las calles del barrio viejo y luego salieron
+fuera de puertas, y tomando por el puente, seguidos de una turba de
+chicos y chicas llegaron al prado de Santa Ana, se acercaron a la
+barraca y se detuvieron ante ella.
+
+A la entrada la mujer tocaba el bombo con la mano derecha y los
+platillos con la izquierda, y una chica desmelenada agitaba una
+campanilla. Uniéronse a estos sonidos discordantes las notas agudísimas
+del cuerno de caza y el redoble del tambor, produciendo entre todo una
+algarabía insoportable.
+
+Este ruido cesó a una señal imperiosa del domador, que con su
+instrumento de viento en el brazo izquierdo se acercó a una escalera de
+mano próxima a la entrada, subió dos o tres peldaños, tomó una varita y
+señalando las monstruosas figuras pintarrajeadas en los lienzos, dijo
+con voz enfática:
+
+--Aquí verán ustedes los osos, los lobos, el león y otras terribles
+fieras. Verán ustedes la lucha del oso de los Pirineos con los perros
+que saltan sobre él y acaban por sujetarle. Este es el león del desierto
+cuyos rugidos espantan al más bravo de los cazadores. Sólo su voz pone
+espanto en el corazón más valiente... ¡Oid!
+
+El domador se detuvo un momento y se oyeron en el interior de la barraca
+terribles rugidos, y como contestándolos, el ladrar feroz de una docena
+de perros.
+
+El público quedó aterrorizado.
+
+--En el desierto...
+
+El domador iba a seguir, pero viendo que el efecto de curiosidad en el
+público estaba conseguido y que la multitud pretendía pasar sin tardanza
+al interior del circo, gritó:
+
+--La entrada no cuesta más que un real. ¡Adelante, señores! ¡Adelante!
+
+Y volvió a atacar con el cuerno de caza un aire marcial, mientras el
+viejo ayudante redoblaba en el tambor.
+
+La mujer abrió la lona que cerraba la puerta y se puso a recoger los
+cuartos de los que iban pasando.
+
+Martín presenció todas estas maniobras con una curiosidad creciente,
+hubiera dado cualquier cosa por entrar, pero no tenía dinero.
+
+Buscó una rendija entre las lonas para ver algo, pero no la pudo
+encontrar; se tendió en el suelo y estaba así con la cara junto a la
+tierra cuando se le acercó la chica haraposa del domador que tocaba la
+campanilla a la puerta.
+
+--Eh, tú ¿qué haces ahí?
+
+--Mirar--dijo Martín.
+
+--No se puede.
+
+--¿Y por qué no se puede?
+
+--Porque no. Si no quédate ahí, ya verás si te pesca mi amo.
+
+--¿Y quién es tu amo?
+
+--¿Quién ha de ser? El domador.
+
+--¡Ah! ¿Pero tú eres de aquí?
+
+--Sí
+
+--¿Y no sabes pasar?
+
+--Si no dices a nadie nada ya te pasaré.
+
+--Yo también te traeré cerezas.
+
+--¿De dónde?
+
+--Yo sé donde las hay.
+
+--¿Cómo te llamas?
+
+--Martín, ¿y tú?
+
+--Yo, Linda.
+
+--Así se llamaba la perra del médico--dijo poco galantemente Martín.
+
+Linda no protestó de la comparación; fué detrás de la entrada del circo,
+tiró de una lona, abrió un resquicio, y dijo a Martín:
+
+--Anda, pasa.
+
+Se deslizó Martín y luego ella.
+
+--¿Cuando me darás las cerezas?--preguntó la chica.
+
+--Cuando esto se concluya iré a buscarlas.
+
+Martín se colocó entre el público. El espectáculo que ofrecía el domador
+de fieras era realmente repulsivo.
+
+Alrededor del circo, atados a los pies de un banco hecho con tablas,
+había diez o doce perros flacos y sarnosos. El domador hizo restallar el
+látigo, y todos los perros a una comenzaron a ladrar y a aullar
+furiosamente. Luego el hombre vino con un oso atado a una cadena, con la
+cabeza protegida por una cubierta de cuero.
+
+El domador obligó a ponerse de pie varias veces al oso, y a bailar con
+el palo cruzado sobre los hombros y a tocar la pandereta. Luego soltó un
+perro que se lanzó sobre el oso, y después de un momento de lucha se le
+colgó de la piel. Tras de éste soltó otro perro y luego otro y otro, con
+lo cual el público se comenzó a cansar.
+
+A Martín no le pareció bien, porque el pobre oso estaba sin defensa
+alguna. Los perros se echaban con tal furia sobre el oso que para
+obligarles a soltar la presa el domador o el viejo tenían que morderles
+la cola. A Martín no le agradó el espectáculo y dijo en voz alta, y
+algunos fueron de su opinión, que el oso atado no podía defenderse.
+
+Después todavía martirizaron más a la pobre bestia. El domador era un
+verdadero canalla y pegaba al animal en los dedos de las patas, y el oso
+babeaba y gemía con unos gemidos ahogados.
+
+--¡Basta! ¡Basta!--gritó un indiano que había estado en California.
+
+--Porque tiene el oso atado hace eso--dijo Martín--, sino no lo haría.
+
+El domador se fijó en el muchacho y le lanzó una mirada de odio.
+
+Lo que siguió fué más agradable, la mujer del domador, vestida con un
+traje de lentejuelas, entró en la jaula del león, jugó con él, le hizo
+saltar y ponerse de pie, y después Linda dió dos o tres volatines y vino
+con un monillo vestido de rojo a quien obligó a hacer ejercicios
+acrobáticos.
+
+El espectáculo concluía. La gente se disponía a salir. Martín vió que el
+domador le miraba. Sin duda se había fijado en él. Martín se adelantó a
+salir, y el domador le dijo:
+
+--Espera, tú no has pagado. Ahora nos veremos. Te voy a echar los perros
+como al oso.
+
+Martín retrocedió espantado; el domador le contemplaba con una sonrisa
+feroz. Martín recordó el sitio por donde entró y empujando violentamente
+la lona la abrió y salió fuera de la barraca. El domador quedó
+chasqueado. Dió después Martín la vuelta al prado de Santa Ana, hasta
+detenerse prudentemente a quince o veinte metros de la entrada del
+circo.
+
+Al ver a Linda le dijo:
+
+--¿Quieres venir?
+
+--No puedo.
+
+--Pues ahora te traeré las cerezas.
+
+En el momento que hablaban apareció corriendo el domador, pensó sin duda
+en abalanzarse sobre Martín, pero comprendiendo que no le alcanzaría se
+vengó en la niña y le dió una bofetada brutal. La chiquilla cayó al
+suelo. Unas mujeres se interpusieron é impidieron al domador siguiera
+pegando a la pobre Linda.
+
+--Tó lo has metido dentro, ¿verdad?--gritó el domador en francés.
+
+--No; ha sido él que ha entrado.
+
+--Mentira. Has sido tú. Confiesa o te deslomo.
+
+--Sí, he sido yo.
+
+--¿Y por qué?
+
+--Porque me ha dicho que me traería cerezas.
+
+--Ah, bueno--y el domador se tranquilizó--, que las traiga, pero si te
+las comes te hartaré de palos. Ya lo sabes.
+
+Martín, al poco rato, volvió con la boina llena de cerezas. La Linda
+las puso en su delantal y estaba con ellas cuando se presentó el domador
+de nuevo. Martín se apartó dando un salto hacia atrás.
+
+--No, no te escapes--dijo el domador con una sonrisa que quería ser
+amable.
+
+Martín se quedó. Luego, el hombre le preguntó quién era, y él al saber
+su parentesco con Tellagorri, le dijo:
+
+--Ven cuando quieras, te dejaré pasar.
+
+Durante los demás días de la semana, la barraca del domador estuvo
+vacía. El domingo, los saltimbanquis hicieron dar un bando por el
+pregonero diciendo que representarían un número extraordinario é
+interesantísimo. Martín se lo dijo a su madre y a su hermana. La chica
+se asustaba al escuchar el relato de las fieras y no quiso ir.
+
+Acudieron solo la madre y el hijo. El número sensacional era la lucha de
+la Linda con el oso. La chiquilla se presentó desnuda de medio cuerpo
+arriba y con unos pantalones de percal rojo. Linda se abrazó al oso y
+hacía que luchaba con él, pero el domador tiraba a cada paso de una
+cuerda atada a la nariz del plantigrado.
+
+A pesar de que la gente pensaba que no había peligro para la niña,
+producía una horrible impresión ver las grandes y peludas garras del
+animal sobre las espaldas débiles de la niña.
+
+Después del número sensacional que no entusiasmó al público, entró la
+mujer en la jaula del león.
+
+La fiera debía estar enferma, porque la domadora no halló medio de que
+hiciese los ejercicios de costumbre.
+
+Viendo semejante fracaso el domador, poseído de una rabiosa furia, entró
+en la jaula, mandó salir a la mujer y empezó a latigazos con el león.
+Este se levantó enseñando los dientes, y lanzando un rugido se echó
+sobre domador; el viejo ayudante metió, por entre los barrotes de la
+jaula, una palanca de hierro para aislar el hombre de la fiera, pero con
+tan poca fortuna, que la palanca se enganchó en las ropas del domador y
+en vez de protegerle le inmovilizó y le dejó entregado a la fiera.
+
+El público vió al domador echando sangre, y se levantó despavorido y se
+dispuso a huir.
+
+No había peligro para los espectadores, pero un pánico absurdo hizo que
+todos se lanzasen atropelladamente a la salida; alguien, que luego no se
+supo quién fué, disparó un tiro contra el león, y en aquel momento
+insensato de fuga resultaron magullados y contusos varias mujeres y
+niños.
+
+El domador quedó también gravemente herido.
+
+Dos mujeres fueron recogidas con contusiones de importancia, una de
+ellas, una vieja de un caserío lejano que hacía diez años que no había
+estado en Urbia, la otra, la madre de Martín, que además de las
+magulladuras y golpes, presentaba una herida en el cuello, ocasionada,
+según dijo el médico, por un trozo del barrote de la jaula, desprendido
+al choque de la bala disparada por una persona desconocida.
+
+Se trasladó a la madre de Martín a su casa, y fuera que las contusiones
+y la herida tuviesen gravedad, fuera como dijeron algunos que no
+estuviese bien atendida, el caso fué que la pobre mujer murió a la
+semana del accidente de la barraca, dejando huérfanos a Martín y a la
+Ignacia.
+
+
+
+
+CAPÍTULO VII
+
+CÓMO TELLAGORRI SUPO PROTEGER A LOS SUYOS
+
+
+A la muerte de la madre de Martín, Tellagorri, con gran asombro del
+pueblo, recogió a sus sobrinos y se los llevó a su casa. La señora de
+Ohando dijo que era una lástima que aquellos niños fuesen a vivir con un
+hombre desalmado, sin religión y sin costumbres, capaz de decir que
+saludaba con más respeto a un perro de aguas que al señor párroco.
+
+La buena señora se lamentó, pero no hizo nada, y Tellagorri se encargó
+de cuidar y alimentar a los huérfanos.
+
+La Ignacia entró en la posada de Arcale de niñera y hasta los catorce
+años trabajó allí.
+
+Martín frecuentó la escuela durante algunos meses, pero le tuvo que
+sacar Tellagorri antes del año porque se pegaba con todos los chicos y
+hasta quiso zurrar al pasante.
+
+Arcale, que sabía que el muchacho era listo y de genio vivo, le utilizó
+para recadista en el coche de Francia, y cuando aprendió a guiar, de
+recadista le ascendieron a cochero interino y al cabo de un año le
+pasaron a cochero en propiedad.
+
+Martín, a los diez y seis años, ganaba su vida y estaba en sus glorias.
+Se jactaba de ser un poco bárbaro y vestía un tanto majo, con la
+elegancia garbosa de los antiguos postillones. Llevaba chalecos de
+color, y en la cadena del reloj colgantes de plata. Le gustaba lucirse
+los domingos en el pueblo; pero no le gustaba menos los días de labor
+marchar en el pescante por la carretera restallando el látigo, entrar en
+las ventas del camino, contar y oir historias y llevar encargos.
+
+La señora de Ohando y Catalina se los hacían con mucha frecuencia, y le
+recomendaban que les trajese de Francia telas, puntillas y algunas veces
+alhajas.
+
+--¿Qué tal, Martín?--le decía Catalina en vascuence.
+
+--Bien--contestaba él rudamente, haciéndose más el hombre--. ¿Y en
+vuestra casa?
+
+--Todos buenos. Cuando vayas a Francia, tienes que comprarme una
+puntilla como la otra. ¿Sabes?
+
+--Sí, sí, ya te compraré.
+
+--¿Ya sabes francés?
+
+--Ahora empiezo a hablar.
+
+Martín se estaba haciendo un hombretón, alto, fuerte, decidido. Abusaba
+un poco de su fuerza y de su valor, pero nunca atacaba a los débiles. Se
+distinguía también como jugador de pelota y era uno de los primeros en
+el trinquete.
+
+Un invierno hizo Martín una hazaña, de la que se habló en el pueblo. La
+carretera estaba intransitable por la nieve y no pasaba el coche.
+Zalacaín fué a Francia y volvió a pie, por la parte de Navarra, con un
+vecino de Larrau. Pasaron los dos por el bosque de Iraty y les
+acometieron unos cuantos jabalíes.
+
+Ninguno de los hombres llevaba armas, pero a garrotazos mataron tres de
+aquellos furiosos animales, Zalacaín dos y el de Larrau otro.
+
+Cuando Martín volvió triunfante, muerto de fatiga y con sus dos
+jabalíes, el pueblo entero le consideró como un héroe.
+
+Tellagorri también fué muy felicitado por tener un sobrino de tanto
+valor y audacia. El viejo, muy contento, aunque haciéndose el
+indiferente, decía:
+
+Este sobrino mío va a dar mucho que hablar. De casta le viene al galgo.
+Porque yo no sé si vosotros habréis oído hablar de López de Zalacaín.
+¿No? Pues preguntadle a ese viejo Soraberri, ya veréis lo que os
+cuenta...
+
+--¿Y qué tiene que ver ese López con tu sobrino?--le replicaban.
+
+--Pues que es antepasado de Martín. No comprendéis nada.
+
+Tellagorri pagó caro el triunfo obtenido por su sobrino en la caza de
+los jabalíes, porque de tanto beber se puso enfermo.
+
+La Ignacia y Martín, por consejo del médico, obligaron al viejo a que
+suprimiese toda bebida, fuese vino o licor; pero Tellagorri, con tal
+procedimiento de abstinencia, languidecía y se iba poniendo triste.
+
+--Sin vino y sin _patharra_ soy un hombre muerto--decía Tellagorri--; y,
+viendo que el médico no se convencía de esta verdad, hizo que llamaran a
+otro más joven.
+
+Éste le dió la razón al borracho, y no sólo le recomendó que bebiera
+todos los días un poco de aguardiente, sino que le recetó una medicina
+hecha con ron. La Ignacia tuvo que guardar la botella del medicamento,
+para que el enfermo no se la bebiera de un trago. A medida que entraba
+el alcohol en el cuerpo de Tellagorri, el viejo se erguía y se animaba.
+
+A la semana de tratamiento se encontraba tan bien, que comenzó a
+levantarse y a ir a la posada de Arcale, pero se creyó en el caso de
+hacer locuras, a pesar de sus años, y anduvo de noche entre la nieve y
+cogió una pleuresía.
+
+--De esta no sale usted--le dijo el médico incomodado, al ver que había
+faltado a sus prescripciones.
+
+Tellagorri lo comprendió así y se puso serio, hizo una confesión
+rápida, arregló sus cosas y, llamando a Martín, le dijo en vascuence:
+
+--Martín, hijo mío, yo me voy. No llores. Por mí lo mismo me da. Eres
+fuerte y valiente y eres buen chico. No abandones a tu hermana, ten
+cuidado con ella. Por ahora, lo mejor que puedes hacer es llevarla a
+casa de Ohando. Es un poco coqueta; pero Catalina la tomará. No le
+olvides tampoco a _Marquesch_; es viejo, pero ha cumplido.
+
+--No, no le olvidaré--dijo Martín sollozando.
+
+--Ahora--prosiguió Tellagorri--te voy a decir una cosa y es que antes de
+poco habrá guerra. Tú eres valiente, Martín, tú no tendrás miedo de las
+balas. Vete a la guerra, pero no vayas de soldado. Ni con los blancos,
+ni con los negros. ¡Al comercio, Martín! ¡Al comercio! Venderás a los
+liberales y a los carlistas, harás tu pacotilla y te casarás con la
+chica de Ohando. Si tenéis un chico, llamadle como yo, Miguel, o José
+Miguel.
+
+--Bueno--dijo Martín, sin fijarse en lo extravagante de la
+recomendación.
+
+--Dile a Arcale--siguió diciendo el viejo--dónde tengo el tabaco y las
+setas. Ahora acércate más. Cuando yo me muera, registra mi jergón y
+encontrarás en esta punta de la izquierda un calcetín con unas monedas
+de oro. Ya te he dicho, no quiero que las emplees en tierras, sino en
+géneros de comercio.
+
+--Así lo haré.
+
+--Creo que te lo he dicho todo. Ahora dame la mano. Firmes, ¿eh?
+
+--Firmes.
+
+El pobre Tellagorri se olvido de decir _Pirmes_, como hubiera dicho
+estando sano.
+
+--A esa sosa de la Ignacia--añadió poco después el viejo--le puedes dar
+lo que te parezca cuando se case.
+
+A todo dijo Martín que sí. Luego acompañó al viejo, contestando a sus
+preguntas, algunas muy extrañas, y por la madrugada dejó de vivir Miguel
+de Tellagorri, hombre de mala fama y de buen corazón.
+
+
+
+
+CAPÍTULO VIII
+
+CÓMO AUMENTÓ EL ODIO ENTRE MARTÍN ZALACAÍN Y CARLOS OHANDO
+
+
+Cuando murió Tellagorri, Catalina de Ohando, ya una señorita, habló a su
+madre para que recogiera a la Ignacia, la hermana de Martín. Era ésta,
+según se decía, un poco coqueta y estaba acostumbrada a los piropos de
+la gente de casa de Arcale.
+
+La suposición de que la muchacha, siguiendo en la taberna, pudiese
+echarse a perder, influyó en la señora de Ohando para llevarla a su casa
+de doncella. Pensaba sermonearla hasta quitarla todos los malos resabios
+y dirigirla por la senda de la más estrecha virtud.
+
+Con el motivo de ver a su hermana, Martín fué varias veces a casa de
+Ohando y habló con Catalina y doña Águeda. Catalina seguía hablándole de
+tú y doña Águeda manifestaba por él afecto y simpatía, expresados en un
+sin fin de advertencias y de consejos.
+
+El verano se presentó Carlos Ohando, que venía de vacaciones del colegio
+de Oñate.
+
+Pronto notó Martín que, con la ausencia, el odio que le profesaba Carlos
+más había aumentado que disminuído. Al comprobar este sentimiento de
+hostilidad, dejó de presentarse en casa de Ohando.
+
+--No vas ahora a vernos--le dijo alguna vez que le encontró en la calle,
+Catalina.
+
+--No voy, porque tu hermano me odia--contestó claramente Martín.
+
+--No, no lo creas.
+
+--¡Bah! Yo sé lo que me digo.
+
+El odio existía. Se manifestó primeramente en el juego de pelota.
+
+Tenía Martín un rival en un chico navarro, de la Ribera del Ebro, hijo
+de un carabinero.
+
+A este rival le llamaban _el Cacho_, porque era zurdo.
+
+Carlos de Ohando y algunos condiscípulos suyos, carlistas que se las
+echaban de aristócratas, comenzaron a proteger al _Cacho_ y a excitarlo
+y a lanzarlo contra Martín.
+
+_El Cacho_ tenía un juego furioso de hombre pequeño é iracundo; el juego
+de Martín, tranquilo y reposado, era del que está seguro de sí mismo.
+_El Cacho_, si comenzaba a ganar, se exaltaba, llevaba el partido al
+vuelo; en cambio, desanimado, no tiraba una pelota que no fuese falta.
+
+Eran dos tipos, Zalacaín y _el Cacho_, completamente distintos; el uno,
+la serenidad y la inteligencia del montañés, el otro, el furor y el brío
+del ribereño.
+
+Semejante rivalidad, explotada por Ohando y los señoritos de su cuerda,
+terminó en un partido que propusieron los amigos del _Cacho_. El desafío
+se concertó así; _el Cacho_ é Isquiña, un jugador viejo de Urbia, contra
+Zalacaín y el compañero que éste quisiera tomar. El partido sería a
+cesta y a diez juegos.
+
+Martín eligió como zaguero a un muchacho vasco francés que estaba de
+oficial en la panadería de Archipi y que se llamaba Bautista Urbide.
+
+Bautista era delgado, pero fuerte, sereno y muy dueño de sí mismo.
+
+Se apostó mucho dinero por ambas partes. Casi todo el elemento popular y
+liberal estaba por Zalacaín y Urbide; los señoritos, el sacristán y la
+gente carlista de los caseríos por _el Cacho_.
+
+El partido constituyó un acontecimiento en Urbia; el pueblo entero y
+mucha gente de los alrededores se dirigió al juego de pelota a
+presenciar el espectáculo.
+
+La lucha principal iba a ser entre los dos delanteros, entre Zalacaín y
+_el Cacho. El Cacho_ ponía de su parte su nerviosidad, su furia, su
+violencia en echar la pelota baja y arrinconada; Zalacaín se fiaba en su
+serenidad, en su buena vista y en la fuerza de su brazo, que le
+permitía coger la pelota y lanzarla a lo lejos.
+
+La montaña iba a pelear contra la llanura.
+
+Comenzó el partido en medio de una gran expectación; los primeros juegos
+fueron llevados a la carrera por _el Cacho_, que tiraba las pelotas como
+balas unas líneas solamente por encima de la raya, de tal modo que era
+imposible recogerlas.
+
+A cada jugada maestra del navarro, los señoritos y los carlistas
+aplaudían entusiasmados; Zalacaín sonreía, y Bautista le miraba con
+cierto mal disimulado pánico.
+
+Iban cuatro juegos por nada, y ya parecía el triunfo del navarro casi
+seguro cuando la suerte cambió y comenzaron a ganar Zalacaín y su
+compañero.
+
+Al principio, _el Cacho_ se defendía bien y remataba el juego con golpes
+furiosos, pero luego, como si hubiese perdido el tono, comenzó a hacer
+faltas con una frecuencia lamentable y el partido se igualó.
+
+Desde entonces se vió que _el Cacho_ é Isquiña perdían el juego. Estaban
+desmoralizados. _El Cacho_ se tiraba contra la pelota con ira, hacía una
+falta y se indignaba; pegaba con la cesta en la tierra enfurecido y
+echaba la culpa de todo a su zaguero.
+
+Zalacaín y el vasco francés, dueños de la situación, guardaban una
+serenidad completa, corrían elásticamente y reían.
+
+--Ahí, Bautista--decía Zalacaín--. ¡Bien!
+
+--Corre, Martín--gritaba Bautista--. ¡Eso es!
+
+El juego terminó con el triunfo completo de Zalacaín y de Urbide.
+
+--_¡Viva gutarrac_. (¡Vivan los nuestros!)--gritaron los de la _calle_
+de Urbia aplaudiendo torpemente.
+
+Catalina sonrió a Martín y le felicitó varias veces.
+
+--¡Muy bien! ¡Muy bien!
+
+--Hemos hecho lo que hemos podido--contestó él sonriente.
+
+Carlos Ohando se acerco a Martín, y le dijo con mal ceño:
+
+--_El Cacho_ te juega mano a mano.
+
+--Estoy cansado--contestó Zalacaín.
+
+--¿No quieres jugar?
+
+--No. Juega tú si quieres.
+
+Carlos, que había comprobado una vez mas la simpatía de su hermana por
+Martín, sintió avivarse su odio.
+
+Había venido aquella vez Carlos Ohando de Oñate más sombrío, más
+fanático y más violento que nunca.
+
+Martín sabía el odio del hermano de Catalina y, cuando lo encontraba por
+casualidad, huía de él, lo cual a Carlos le producía más ira y más
+furor.
+
+Martín estaba preocupado, buscando la manera de seguir los consejos de
+Tellagorri y de dedicarse al comercio; había dejado su oficio de
+cochero y entrado con Arcale en algunos negocios de contrabando.
+
+Un día, una vieja criada de casa de Ohando, chismosa y murmuradora, fué
+a buscarle y le contó que la Ignacia, su hermana, coqueteaba con Carlos,
+el señorito de Ohando.
+
+Si doña Águeda lo notaba iba a despedir a la Ignacia, con lo cual el
+escándalo dejaría a la muchacha en una mala situación.
+
+Martín, al saberlo, sintió deseos de presentarse a Carlos y de
+insultarle y desafiarle. Luego, pensando que lo esencial era evitar las
+murmuraciones, ideó varias cosas, hasta que al último le pareció lo
+mejor ir a ver a su amigo Bautista Urbide.
+
+Había visto al vasco francés muchas veces bailando con la Ignacia y
+creía que tenía alguna inclinación por ella.
+
+El mismo día que le dieron la noticia se presentó en la tahona de
+Archipi en donde Urbide trabajaba. Lo encontró al vasco francés desnudo
+de medio cuerpo arriba en la boca del horno.
+
+--Oye, Bautista--le dijo.
+
+--¿Qué pasa?
+
+--Te tengo que hablar.
+
+--Te escucho--dijo el francés mientras maniobraba con la pala.
+
+--¿A ti te gusta la _Iñasi_, mi hermana?
+
+--¡Hombre!... sí. ¡Qué pregunta!--exclamó Bautista--.¿Para eso vienes a
+verme?
+
+--¿Te casarías con ella?
+
+--Si tuviera dinero para establecerme ya lo creo.
+
+--¿Cuánto necesitarías?
+
+--Unos ochenta o cien duros.
+
+--Yo te los doy.
+
+--¿Y por qué es esa prisa? ¿Le pasa algo a la Ignacia?
+
+--No, pero he sabido que Carlos Ohando la está haciendo el amor. ¡Y como
+la tiene en su casa!...
+
+--Nada, nada. Hablale tú y, si ella quiere, ya está. Nos casamos en
+seguida.
+
+Se despidieron Bautista y Martín, y éste, al día siguiente, llamó a su
+hermana y le reprochó su coquetería y su estupidez. La Ignacia negó los
+rumores que habían llegado hasta su hermano, pero al último confesó que
+Carlos la pretendía, pero con buen fin.
+
+--¡Con buen fin!--exclamó Zalacaín--. Pero tú eres idiota, criatura.
+
+--¿Por qué?
+
+--Porque te quiere engañar, nada mas.
+
+--Me ha dicho que se casará conmigo.
+
+--¿Y tú le has creído?
+
+--¡Yo! Le he dicho que espere y que te preguntaré a ti, pero él me ha
+contestado que no quiere que te diga a ti nada.
+
+--Claro. Porque yo echaría abajo sus planes. Te quiere engañar, y
+quiere deshonrarnos, y que el pueblo entero nos desprecie porque me odia
+a mí. Yo no te digo más que una cosa, que si pasa algo entre ese
+sacristán y tú, te despellejo a ti y a él, y le pego fuego a la casa,
+aunque me lleven a presidio para toda la vida.
+
+La Ignacia se echó a llorar, pero cuando Martín le dijo que Bautista se
+quería casar con ella y que tenía dinero, se secaron pronto sus
+lágrimas.
+
+--¿Bautista quiere casarse?--preguntó la Ignacia asombrada.
+
+--Sí.
+
+--¡Pero si no tiene dinero!
+
+--Pues ahora lo ha encontrado.
+
+La idea del casamiento con Bautista no soló consoló a la muchacha, sino
+que pareció ofrecerle un halagador porvenir.
+
+--¿Y qué quieres que haga? ¿Salir de la casa?--preguntó la Ignacia,
+secándose las lágrimas y sonriendo.
+
+--No, por de pronto sigue ahí, es lo mejor, y dentro de unos días
+Bautista irá a ver a doña Águeda y a decirla que se casa contigo.
+
+Se hizo lo acordado por los dos hermanos. En los días siguientes, Carlos
+Ohando vió que su conquista no seguía adelante, y el domingo, en la
+plaza, pudo comprobar que la Ignacia se inclinaba definitivamente del
+lado de Bautista. Bailaron la muchacha y el panadero toda la tarde con
+gran entusiasmo.
+
+Carlos esperó a que la Ignacia se encontrara sola y la insultó y la echó
+en cara su coquetería y su falsedad. La muchacha, que no tenía gran
+inclinación por Carlos, al verle tan violento cobró por él desvío y
+miedo.
+
+Poco después, Bautista Urbide se presentó en casa de Ohando, habló a
+doña Águeda, se celebró la boda, y Bautista y la Ignacia fueron a vivir
+a Zaro, un pueblecillo del país vasco francés.
+
+
+
+
+CAPÍTULO IX
+
+CÓMO INTENTÓ VENGARSE CARLOS DE MARTÍN ZALACAÍN
+
+
+Carlos Ohando enfermó de cólera y de rabia. Su naturaleza, violenta y
+orgullosa, no podía soportar la humillación de ser vencido; sólo el
+pensarlo le mortificaba y le corroía el alma.
+
+Al intentar seducir Carlos a la Ignacia, casi podía más en él su odio
+contra Martín que su inclinación por la chica. Deshonrarle a ella y
+hacerle a él la vida triste, era lo que le encantaba. En el fondo, el
+aplomo de Zalacaín, su contento por vivir, su facilidad para
+desenvolverse, ofendían a este hombre sombrío y fanático.
+
+Además, en Carlos la idea de orden, de categoría, de subordinación, era
+esencial, fundamental, y Martín intentaba marchar por la vida sin
+cuidarse gran cosa de las clasificaciones y de las categorías sociales.
+
+Esta audacia ofendía profundamente a Carlos y hubiese querido
+humillarle para siempre, hacerle reconocer su inferioridad. Por otra
+parte, el fracaso de su tentativa de seducción le hizo más malhumorado y
+sombrío.
+
+Una noche, aún no convaleciente de su enfermedad, producida por el
+despecho y la cólera, se levantó de la cama, en donde no podía dormir, y
+bajó al comedor.
+
+Abrió una ventana y se asomó a ella. El cielo estaba sereno y puro. La
+luna blanqueaba las copas de los manzanos, cubiertos por la nieve de sus
+menudas flores. Los melocotoneros extendían a lo largo de las paredes
+sus ramas, abiertas en abanico, llenas de capullos. Carlos respiraba el
+aire tibio de la noche, cuando oyó un cuchicheo y prestó atención.
+
+Estaba hablando su hermana Catalina, desde la ventana de su cuarto, con
+alguien que se encontraba en la huerta. Cuando Carlos comprendió que era
+con Martín con quien hablaba, sintió un dolor agudísimo y una impresión
+sofocante de ira.
+
+Siempre se había de encontrar enfrente de Martín. Parecía que el destino
+de los dos era estorbarse y chocar el uno contra el otro.
+
+Martín contaba bromeando a Catalina la boda de Bautista y de la Ignacia,
+en Zaro, el banquete celebrado en casa del padre del vasco francés, el
+discurso del alcalde del pueblecillo...
+
+Carlos desfallecía de cólera. Martín le había impedido conquistar a la
+Ignacia y deshonraba, además, a los Ohandos siendo el novio de su
+hermana, hablando con ella de noche. Sobre todo, lo que más hería a
+Carlos, aunque no lo quisiera reconocer, lo que más le mortificaba en el
+fondo de su alma era la superioridad de Martín, que iba y venía sin
+reconocer categorías, aspirando a todo y conquistándolo todo.
+
+Aquel granuja de la calle era capaz de subir, de prosperar, de hacerse
+rico, de casarse con su hermana y de considerar todo esto lógico,
+natural... Era una desesperación.
+
+Carlos hubiera gozado conquistando a la Ignacia, abandonándola luego,
+paseándose desdeñosamente por delante de Martín; y Martín le ganaba la
+partida sacando a la Ignacia de su alcance y enamorando a su hermana.
+
+¡Un vagabundo, un ladrón, se la había jugado a él, a un hidalgo rico
+heredero de una casa solariega! Y lo que era peor, ¡esto no sería más
+que el principio, el comienzo de su carrera espléndida!
+
+Carlos, mortificado por sus pensamientos, no prestó atención a lo que
+hablaban; luego oyó un beso, y poco después las ramas de un árbol que se
+movían.
+
+Tras de esto, se vió bajar un hombre por el tronco de un árbol, se vió
+que cruzaba la huerta, montaba sobre la tapia y desaparecía.
+
+Se cerró la ventana del cuarto de Catalina, y en el mismo momento
+Carlos se llevó la mano a la frente y pensó con rabia en la magnífica
+ocasión perdida. ¡Qué soberbio instante para concluir con aquel hombre
+que le estorbaba!
+
+¡Un tiro a boca de jarro! Y ya aquella mala hierba no crecería más, no
+ambicionaría más, no intentaría salir de su clase. Si lo mataba, todo el
+mundo consideraría el suyo un caso de legítima defensa contra un
+salteador, contra un ladrón.
+
+Al día siguiente, Carlos buscó una escopeta de dos cañones de su padre,
+la encontró, la limpió a escondidas y la cargó con perdigones loberos.
+Estuvo vacilando en poner cartuchos con bala, pero como era difícil
+hacer puntería de noche, optó por los perdigones gruesos.
+
+Ni en aquella noche, ni en la siguiente, se presentó Martín, pero cuatro
+días después Carlos lo sintió en la huerta. Todavía no había salido la
+luna y esto salvó al salteador enamorado. Carlos impaciente, al oir el
+ruido de las hojas, apuntó y disparó.
+
+Al fogonazo, vió a Martín en el tronco del árbol y volvió a disparar.
+
+Se oyó un chillido agudo de mujer y el golpe de un cuerpo en el suelo.
+La madre de Carlos y las criadas, alarmadas salieron de sus cuartos
+gritando, preguntando lo que era. Catalina, pálida como una muerta, no
+podía hablar de emoción.
+
+Doña Águeda, Carlos y las criadas salieron al jardín. Debajo del árbol,
+en la tierra y sobre la hierba húmeda, se veían algunas gotas de sangre,
+pero Martín había huído.
+
+--No tenga usted cuidado, señorita--le dijo a Catalina una de las
+criadas--. Martín ha podido escapar.
+
+La señora de Ohando, que se enteró de lo ocurrido por su hijo, llamó en
+su auxilio al cura don Félix para que le aconsejara.
+
+Se intentó hacer comprender a Catalina el absurdo de su propósito, pero
+la muchacha era tenaz y estaba dispuesta a no ceder.
+
+--Martín ha venido a darme noticias de la Ignacia, y como saben que no
+le quieren en la casa, por eso ha saltado la tapia.
+
+Cuando Carlos supo que Martín estaba solamente herido en un brazo y que
+se paseaba vendado por el pueblo siendo el héroe, se sintió furioso,
+pero por si acaso, no se atrevió a salir a la calle.
+
+Con el atentado, la hostilidad entre Carlos y Catalina, ya existente, se
+acentuó de tal manera, que doña Águeda, para evitar agrias disputas,
+envió de nuevo a Carlos a Oñate y ella se dedicó a vigilar a su hija.
+
+
+
+
+LIBRO SEGUNDO
+
+Andanzas y correrías
+
+
+
+
+CAPÍTULO PRIMERO
+
+EN EL QUE SE HABLA DE LOS PRELUDIOS DE LA ÚLTIMA GUERRA CARLISTA
+
+
+Hay hombres para quienes la vida es de una facilidad extraordinaria. Son
+algo así como una esfera que rueda por un plano inclinado, sin tropiezo,
+sin dificultad alguna.
+
+¿Es talento, es instinto o es suerte? Los propios interesados aseguran
+ser instinto o talento, sus enemigos dicen casualidad, suerte, y esto es
+más probable que lo otro, porque hay hombres excelentemente dispuestos
+para la vida, inteligentes, enérgicos, fuertes y que sin embargo, no
+hacen más que detenerse y tropezar en todo.
+
+Un proverbio vasco dice: «El buen valor asusta a la mala suerte.» Y esto
+es verdad a veces... cuando se tiene buena suerte.
+
+Zalacaín era afortunado; todo lo que intentaba lo llevaba bien.
+Negocios, contrabando, amores, juego...
+
+Su ocupación principal era el comercio de caballos y de mulas que
+compraba en Dax y pasaba de contrabando por los Alduides o por
+Roncesvalles.
+
+Tenía como socio a Capistun _el Americano_, hombre inteligentísimo, ya
+de edad, a quien todo el mundo llamaba el americano, aunque se sabía que
+era gascón. Su mote procedía de haber vivido en América mucho tiempo.
+
+Bautista Urbide, antiguo panadero de la tahona de Archipe, formaba
+muchas veces parte de las expediciones. Lo mismo Capistun que Martín,
+tenían como punto de descanso el pueblo de Zaro, próximo a San Juan del
+Pie del Puerto, donde vivía la Ignacia con Bautista.
+
+Capistun y Martín conocían, como pocos, los puertos de Ibantelly y de
+Atchuria, de Alcorrunz y de Larratecoeguia, toda la línea de Mugas de
+Zugarramurdi. Habían recorrido muchas veces los caminos que hay entre
+Meaca y Urdax, entre Izpegui y San Estéban de Baigorri, entre Biriatu y
+Enderlaza, entre Elorrieta, la Banca y Berdáriz. En casi todos los
+pueblos de la frontera vasco-navarra, desde Fuenterrabía hasta
+Valcarlos, tenían algún agente para sus negocios de contrabando.
+Conocían también, palmo a palmo, las veredas que van por las vertientes
+del monte Larrun y no había misterios para ellos hacia el lado Este de
+Navarra en esas praderas altas, metidas entre los bosques de Irati y de
+Ori.
+
+La vida de Capistun y Martín era accidentada y peligrosa. Para Martín,
+la consigna del viejo Tellagorri era la norma de su vida. Cuando se
+encontraba en una situación apurada, cercado por los carabineros, cuando
+se perdía en el monte, en medio de la noche, cuando tenía que hacer un
+esfuerzo sobre sí mismo, recordaba la actitud y la voz del viejo al
+decir: ¡Firmes! ¡Siempre firmes! Y hacía lo necesario en aquel momento
+con decisión.
+
+Tenía Martín serenidad y calma. Sabía medir el peligro y ver la
+situación real de las cosas sin exageraciones y sin alarmas. Para los
+negocios y para la guerra el hombre necesita ser frío.
+
+Martín comenzaba a impregnarse del liberalismo francés y a encontrar
+atrasados y fanáticos a sus paisanos; pero, a pesar de esto, creía que
+don Carlos, en el instante que iniciase la guerra, conseguiría la
+victoria.
+
+En casi todo el Mediodía de Francia se creía lo mismo.
+
+El gobierno de la República, los subprefectos y demás funcionarios de la
+frontera española dejaban pasar a los facciosos; y en los coches de
+Elizondo, por los Alduides, por San Estéban de Baigorri, por Añoa,
+viajaban los jefes carlistas, con sus uniformes é insignias de mando.
+
+Martín y Capistun, además de mulas y de caballos, habían llevado a
+diferentes puntos de Guipúzcoa y de Navarra, armas y materias
+necesarias para la fabricación de pólvora, cartuchos y proyectiles, y
+hasta llegaron a pasar por la frontera un cañón, de desecho de la guerra
+franco-prusiana, vendido por el Estado francés.
+
+Los comités carlistas funcionaban a la vista de todo el mundo.
+Generalmente, Martín y Capistun se entendían con el de Bayona, pero
+algunas veces tuvieron que relacionarse con el de Pau.
+
+Muchas veces habían dejado en manos de jóvenes carlistas, disfrazados de
+boyerizos, barricas llenas de armas. Los carlistas montaban las barricas
+en un carro y se internaban en España.
+
+--Es vino de la Rioja--solían decir en broma, al llegar a los pueblos
+golpeando los toneles, y el alcalde y el secretario cómplices los
+dejaban pasar.
+
+También solían cargar en carros, que cubrían de tejas, plomo en
+lingotes, que había de servir para fundir balas.
+
+La alusión a la guerra próxima se notaba en una porción de indicios y
+señales. Curas, alcaldes y _jaunchos_ [Nota: Jaunchos-caciques.] se
+preparaban. Muchas veces, al cruzar un pueblo, se oía una voz aguda como
+de Carnaval, que gritaba en vasco: ¿Noiz zuazté? (¿Cuándo os vais?) Lo
+que quería decir: ¿Cuándo os echáis al campo?
+
+Se cantaba también en Guipúzcoa una canción en vascuence, que aludía a
+la guerra y que se llamaba Gu guerá (Nosotros somos). Era así:
+
+UNA VOZ
+
+ Bigarren chandan
+ aditutzendet
+ ate joca _dan dan_.
+ Ale onduan
+ norbait dago ta
+ galdezazu nor dan.
+
+(Por segunda vez oigo que están llamando a la puerta, _dan, dan_. Junto
+a la puerta hay alguno. Pregunta quién es.)
+
+VARIAS VOCES
+
+ Ta gu guerá
+ Ta gu guerá
+ gabiltzanac
+ gora berá
+ etorri nayean onera.
+ Ta gu guerá
+ Ta gu guerá
+ Quirlis Carlos
+ Carlos Quirlis
+ Ecarri nayean onerá.
+
+(Nosotros somos, nosotros somos los que andamos de arriba a abajo
+queriendo venir aquí. Nosotros somos, nosotros somos Quirlis Carlos,
+Carlos Quirlis, queriéndole traer aquí.)
+
+Y mientras en las provincias se organizaba y preparaba una guerra feroz
+y sangrienta, en Madrid, políticos y oradores se dedicaban con fruición
+a los bellos ejercicios de la retórica.
+
+ * * * * *
+
+Un día de Mayo fueron Martín, Capistun y Bautista a Vera. La señora de
+Ohando tenía una casa en el barrio de Alzate y había ido a pasar allí
+una temporada.
+
+Martín quería hablar con su novia, y Capistun y Bautista le acompañaron.
+Salieron de Sara y marcharon por el monte a Alzate.
+
+Martín contaba con una de las criadas de Ohando, partidaria suya, y ésta
+le facilitaba el poder hablar con Catalina. Mientras Martín quedó en
+Alzate, Capistun y Bautista entraron en Vera.
+
+En aquel mismo momento, don Carlos de Borbón, el pretendiente, llegaba
+rodeado de un Estado Mayor de generales carlistas y de algunos vendeanos
+franceses.
+
+Se leyó una alocución patriótica, y después don Carlos, repitiendo el
+final de la alocución, exclamó:
+
+--Hoy dos de Mayo. ¡Día de fiesta _nasional! ¡Abaco_ el _extranquero_!
+
+El _extranquero_ era Amadeo de Saboya.
+
+Capistun y Bautista anduvieron entre los grupos. Se decía que uno de
+aquellos caballeros era Cathelineau, el descendiente del célebre general
+vendeano; se señalaba también al conde de Barrot y a un marqués navarro.
+
+Cuando llegó Martín a Vera se encontró la plaza llena de carlistas;
+Bautista le dijo:
+
+--La guerra ha empezado.
+
+Martín se quedó pensativo.
+
+Volvieron Martín, Capistun y Bautista a Francia. Bautista gritaba
+irónicamente a cada paso:--_¡Abaco_ el _extranquero!_--Zalacaín pensaba
+en el giro que tomaría aquella guerra así iniciada y en lo que podría
+influir en sus amores con Catalina.
+
+
+
+
+CAPÍTULO II
+
+CÓMO MARTÍN, BAUTISTA Y CAPISTUN PASARON UNA NOCHE EN EL MONTE
+
+
+Una noche de invierno marchaban tres hombres con cuatro magníficas mulas
+cargadas con grandes fardos. Salidos de Zaro por la tarde, se dirigían
+hacia los altos del monte Larrun.
+
+Costeando un arroyo que bajaba a unirse con la Nivelle y cruzando
+prados, llegaron a una borda, donde se detuvieron a cenar.
+
+Los tres hombres eran Martín Zalacaín, Capistun el gascón y Bautista
+Urbide. Llevaban una partida de uniformes y de capotes.
+
+El alijo iba consignado a Lesaca, en donde lo recogerían los carlistas.
+
+Después de cenar en la borda, los tres hombres sacaron las mulas y
+continuaron el viaje subiendo por el monte Larrun.
+
+Era la noche fría, comenzaba a nevar. En los caminos y sendas, llenos
+de lodo, se resbalaban los pies; a veces una mula entraba en un charco
+hasta el vientre y a fuerza de fuerzas se lograba sacarla del aprieto.
+
+Los animales llevaban mucho peso. Era preciso seguir el camino largo,
+sin utilizar las veredas, y la marcha se hacía pesada. Al llegar a la
+cumbre y al entrar en el puerto de Ibantelly, les sorprendió a los
+viandantes una tempestad de viento y de nieve.
+
+Se encontraban en la misma frontera. La nieve arreciaba; no era fácil
+seguir adelante. Los tres hombres detuvieron las mulas, y mientras
+quedaba Capistun con ellas, Martín y Bautista se echaron uno a un lado y
+el otro al otro, para ver si encontraban cerca algún refugio, cabaña o
+choza de pastor.
+
+Zalacaín vió a pocos pasos una casucha de carabineros cerrada.
+
+--¡Eup! ¡Eup!--gritó.
+
+No contestó nadie.
+
+Martín empujó la puerta, sujeta con un clavo, y entró dentro del chozo.
+Inmediatamente corrió a dar parte a los amigos de su descubrimiento. Los
+fardos que llevaban las mulas tenían mantas, y extendiéndolas y
+sujetándolas por un extremo en la choza de los carabineros y por otro en
+unas ramas, improvisaron un cobertizo para las caballerías.
+
+Puestas en seguridad la carga y las mulas, entraron los tres en la casa
+de los carabineros y encendieron una hermosa hoguera. Bautista fabricó
+en un momento, con fibras de pino, una antorcha para alumbrar aquel
+rincón.
+
+Esperaron a que pasara el temporal y se dispusieron los tres a matar el
+tiempo junto a la lumbre. Capistun llevaba una calabaza llena de
+aguardiente de Armagnac y, mezclándolo con agua que calentaron, bebieron
+los tres.
+
+Luego, como era natural, hablaron de la guerra. El carlismo se extendía
+y marchaba de triunfo en triunfo. En Cataluña y en el país vasco-navarro
+iba haciendo progresos. La República española era una calamidad. Los
+periódicos hablaban de asesinatos en Málaga, de incendios en Alcoy, de
+soldados que desobedecían a los jefes y se negaban a batirse. Era una
+vergüenza.
+
+Los carlistas se apoderaban de una porción de pueblos abandonados por
+los liberales. Habían entrado en Estella.
+
+En las dos orillas del Bidasoa, lo mismo en la frontera española que en
+la francesa, se sentía un gran entusiasmo por la causa del Pretendiente.
+
+Capistun y Bautista señalaron sus conocidos alistados ya en la facción.
+La mayoría eran mozos, pero no faltaban tampoco los viejos. Los fueron
+citando.
+
+Allá estaban Juan Echeberrigaray, de Espeleta; Tomás Albandos, de Añoa;
+el herrero Lerrumburo, de Zaro; Echebarría, de Irisarri; Galparzasoro,
+el alpargatero de Urruña; Mearuberry, el carnicero de Ostabat, Miguel
+Larralde, el de Azcain; Carricaburo, el mozo de un caserío de Arhamus;
+Chaubandidegui, el hijo del confitero de Azcarat; Peyrohade y
+Lafourchette, los dos mozos del bazar de Hasparren.
+
+--¡Valientes granujas!--murmuró Martín, que escuchaba.
+
+Capistun y Bautista siguieron su enumeración. Estaban también
+Bordagorri, el de Meharín; Achucarro, de Urdax; Etchehun, el versolari
+de Chacxu; Gañecoechia, de Osses; Bishiño, de Azparrain, Listurria, de
+Briscus; Rebenacq, de Pourtalés; el propietario de Saint Palais con el
+barón Lesbas d'Armagnac, de Mauleon; Detchesarry, el sacristán de
+Biriatu; Guibeleguieta, de Barcus; Iturbide, de Hendaya; Echemendi, el
+minero de Articuza; Chocoa, el cantero de San Estéban de Baigorri;
+Garraiz, el cazador de palomas de Echalar; Setoain, el leñador de
+Esterensuby; Isuribere, el pastor de Urepel; y Chiquierdi, el de
+Zugarramurdi.
+
+Los vascos, siguiendo las tendencias de su raza, marchaban a defender lo
+viejo contra lo nuevo. Así habían peleado en la antigüedad contra el
+romano, contra el godo, contra el árabe, contra el castellano, siempre a
+favor de la costumbre vieja y en contra de la idea nueva.
+
+Estos aldeanos y viejos hidalgos de Vasconia y de Navarra, esta
+semiaristocracia campesina de las dos vertientes del Pirineo, creía en
+aquel Borbón, vulgar extranjero y extranjerizado, y estaban dispuestos a
+morir para satisfacer las ambiciones de un aventurero tan grotesco.
+
+Los legitimistas franceses se lo figuraban como un nuevo Enrique IV; y
+como de allí, del Bearn, salieron en otro tiempo los Borbones para
+reinar en España y en Francia, soñaban con que Carlos VII triunfaría en
+España, acabaría con la maldita República Francesa, daría fueros a
+Navarra, que sería el centro del mundo y, además, restablecería el poder
+político del Papa en Roma.
+
+Zalacaín se sentía muy español y dijo que los franceses eran unos
+cochinos, porque debían hacer la guerra en su tierra, si querían.
+
+Capistun, como buen republicano, afirmó que la guerra en todas partes
+era una barbaridad.
+
+--Paz, paz es lo que se necesita--añadió el gascón--; paz para poder
+trabajar y vivir.
+
+--¡Ah, la paz!--replicó Martín contradiciéndole--; es mejor la guerra.
+
+--No, no--repuso Capistun--. La guerra es la barbarie nada más.
+
+Discutieron el asunto; el gascón, como más ilustrado, aducía mejores
+argumentos, pero Bautista y Martín replicaban:
+
+--Sí, todo eso es verdad, pero también es hermosa la guerra.
+
+Y los dos vascos especificaron lo que ellos consideraban como
+hermosura. Ambos guardaban en el fondo de su alma un sueño cándido y
+heroico, infantil y brutal. Se veían los dos por los montes de Navarra y
+de Guipúzcoa al frente de una partida, viviendo siempre en acecho, en
+una continua elasticidad de la voluntad, atacando, huyendo,
+escondiéndose entre las matas, haciendo marchas forzadas, incendiando el
+caserío enemigo...
+
+¡Y qué alegrías! ¡Qué triunfos! Entrar en las aldeas a caballo, la boina
+sobre los ojos, el sable al cinto, mientras las campanas tocan en la
+iglesia. Ver, al huir de una fuerza mayor, cómo aparece, entre el verde
+de las heredades, el campanario de la aldea donde se tiene el asilo;
+defender una trinchera heroicamente y plantar la bandera entre las balas
+que silban; conservar la serenidad mientras las granadas caen,
+estallando a pocos pasos, y caracolear en el caballo delante de la
+partida, marchando todos al compás del tambor...
+
+¡Qué emociones debían de ser aquéllas! Y Bautista y Martín soñaban con
+el placer de atacar y de huir, de bailar en las fiestas de los pueblos y
+de robar en los Ayuntamientos, de acechar y de escapar por los senderos
+húmedos y dormir en una borda sobre una cama de hierba seca...
+
+--¡Barbarie! ¡Barbarie!--replicaba a todo esto el gascón.
+
+--¡Que barbarie!--exclamó Martín--. ¿Se ha de estar siempre hecho un
+esclavo, sembrando patatas o cuidando cerdos? Prefiero la guerra.
+
+--¿Y por qué prefieres la guerra? Para robar.
+
+--No hables, Capistun, que eres comerciante.
+
+--¿Y qué?
+
+--Que tú y yo robamos con el libro de cuentas. Entre robar en el camino,
+o robar con el libro de cuentas, prefiero a los que roban en el camino.
+
+--Si el comercio fuera un robo, no habría sociedad--repuso el gascón.
+
+--¿Y qué?--dijo Martín.
+
+--Que acabarían las ciudades.
+
+--Para mí las ciudades están hechas por miserables y sirven para que las
+saqueen los hombres fuertes--dijo Martín con violencia.
+
+--Eso es ser enemigo de la Humanidad.
+
+Martín se encogió de hombros.
+
+Poco después de media noche, la nieve comenzó a cesar y Capistun dió la
+orden de marcha. El cielo había quedado estrellado. Los pies se hundían
+en la nieve y se sentía un silencio de muerte.
+
+--_Cantats, amics_--dijo el gascón, a quien tanta tristeza y tanto
+reposo imponían.
+
+--No nos vayan a oir--advirtió Bautista.
+
+--¡Ca!--y el gascón cantó:
+
+ ¡Oan! ¡Oan! lus de deuan
+ lus de darrer que seguirán.
+ Lus de darrer oan, oan,
+ que seguirán a trot de can.
+
+(¡Adelante! Adelante, los de delante y los de atrás que seguirán. Los de
+atrás, adelante, adelante, que seguirán al trote de can!)
+
+Era esta una vieja canción gascona para medir la marcha; muy buena para
+el llano, pero poco oportuna en aquellos vericuetos.
+
+Bautista, animado por el ejemplo del gascón, cantó un zortzico vasco
+francés, que decía así:
+
+ Gau erdi da
+ errico orenean
+ iñon ez da
+ arguiric lurrean
+ ez diteque
+ mendian adi deuzic
+ aicearen
+ arrabotza baicic.
+
+(Es media noche en el reloj del pueblo, en ninguna parte hay luz, en la
+tierra; no se puede, en el monte, oir más que el rumor estruendoso del
+viento.)
+
+La canción de Bautista era de una salvaje melancolía; Martín lanzó un
+grito, el _irrintzi_, como una larga carcajada, o un relincho salvaje
+terminado en una risa burlona. Capistun, como protestando, cantó:
+
+ Del castelet a l'aube
+ sort Isabeu,
+ es blanquette sa raube
+ como la neu.
+
+(Del castillete, al alba, sale Isabel; es blanquita su ropa como la
+nieve.)
+
+A Martín y a Bautista no les gustaban las canciones del gascón que les
+parecían empalagosas, y a éste tampoco las de sus amigos, a las cuales
+encontraba siniestras. Discutieron acerca de las excelencias de sus
+respectivos países, pasando de los cantos populares a hablar de las
+costumbres y de la riqueza.
+
+Iba a amanecer; comenzaban a acercarse a Vera, cuando se oyeron a lo
+lejos varios tiros.
+
+--¿Qué pasa aquí?--se preguntaron.
+
+Tras de un instante se volvieron a oir nuevos tiros y un lejano sonido
+de campanas.
+
+--Hay que ver lo que es.
+
+Decidieron como más práctico que Capistun, con las cuatro mulas, se
+volviera y se encaminara despacio hacia la choza de carabineros donde
+habían pasado la noche. Si no ocurría nada en Vera, Bautista y Zalacaín
+retornarían inmediatamente. Si en dos horas no estaban allá, Capistun
+debía ganar la frontera y refugiarse en Francia: en Biriatu, en Zaro,
+donde pudiese.
+
+Las mulas volvieron de nuevo camino del puerto, y Zalacaín y su cuñado
+comenzaron a bajar del monte en línea recta, saltando, deslizándose
+sobre la nieve, a riesgo de despeñarse. Media hora después, entraban en
+las calles de Alzate, cuyas puertas se veían cerradas.
+
+Llamaron en una posada conocida. Tardaron en abrir, y al último el
+posadero, amedrentado, se presentó en la puerta.
+
+--¿Qué pasa?--preguntó Zalacaín.
+
+--Que ha entrado en Vera otra vez la partida del Cura.
+
+Bautista y Martín sabían la reputación del Cura y su enemistad con
+algunos generales carlistas y convinieron en que era peligroso llevar el
+alijo a Vera o a Lesaca, mientras anduvieran por allí las gentes del
+ensotanado cabecilla.
+
+--Vamos en seguida a darle el aviso a Capistun--dijo Bautista.
+
+--Bueno, vete tú--repuso Martín--yo te alcanzo en seguida.
+
+--¿Qué vas a hacer?
+
+--Voy a ver si veo a Catalina.
+
+--Yo te esperaré.
+
+Catalina y su madre vivían en una magnífica casa de Alzate. Llamó
+Martín en ella, y a la criada, que ya le conocía, la dijo:
+
+--¿Está Catalina?
+
+--Sí... Pasa.
+
+Entró en la cocina. Era ésta grande y espaciosa y algo obscura.
+Alrededor de la ancha campana de la chimenea colgaba una tela blanca
+planchada, sujeta por clavos. Del centro de la campana bajaba una gruesa
+cadena negra, en cuyo garfio final se enganchaba un caldero. A un lado
+de la chimenea, había un banquillo de piedra, sobre el cual estaban en
+fila tres herradas con los aros de hierro brillantes, como si fueran de
+plata. En las paredes se veían cacerolas de cobre rojizo y lodos los
+chismes de la cocina de la casa, desde las sartenes y cucharas de palo,
+hasta el calentador, que también figuraba colgado en la pared como parte
+integrante de la batería de cocina.
+
+Aquel orden parecía algo absurdo y extraordinario, contrastado con la
+agitación exterior.
+
+La criada había subido la escalera y, tras de algún tiempo, bajó
+Catalina envuelta en un mantón.
+
+--¿Eres tú?--dijo sollozando.
+
+--Sí, ¿qué pasa?
+
+Catalina, llorando, contó que su madre estaba muy enferma, su hermano se
+había ido con los carlistas y a ella querían meterla en un convento.
+
+--¿A dónde te quieren llevar?
+
+--No sé, todavía no se ha decidido.
+
+--Cuando lo sepas, escríbeme.
+
+--Sí, no tengas cuidado. Ahora vete, Martín, porque mi madre habrá oído
+que estamos hablando y, como ha sentido los tiros hace poco, está muy
+alarmada.
+
+Efectivamente, se oyó poco después una voz débil que exclamaba:
+
+--¡Catalina! ¡Catalina! ¿Con quién hablas?
+
+Catalina tendió la mano a Martín, quien la estrechó en sus brazos. Ella
+apoyó la cabeza en el hombro de su novio y, viendo que la volvían a
+llamar subió la escalera. Zalacaín la contempló absorto y luego abrió la
+puerta de la casa, la cerró despacio y, al encontrarse en la calle, se
+vió con un espectáculo inesperado. Bautista discutía a gritos con tres
+hombres armados, que no parecían tener para él muy buenas disposiciones.
+
+--¿Qué pasa?--preguntó Martín.
+
+Pasaba, sencillamente, que aquellos tres individuos eran de la partida
+del Cura y habían presentado a Bautista Urbide este sencillo dilema:
+
+«O formar parte de la partida o quedar prisionero y recibir además, de
+propina, una tanda de palos.»
+
+Martín iba a lanzarse a defender a su cuñado cuando vió que a un extremo
+de la calle aparecían cinco o seis mozos armados. En el otro esperaban
+diez o doce. Con su rápido instinto de comprender la situación, Martín
+se dió cuenta de que no había más remedio que someterse y dijo a
+Bautista, en vascuence, aparentando gran jovialidad:
+
+--¡Qué demonio, Bautista! ¿No querías tú entrar en una partida? ¿No
+somos carlistas? Pues ahora estamos a tiempo.
+
+Uno de los tres hombres, viendo como se explicaba Zalacaín, exclamó
+satisfecho:
+
+--_¡Arrayua!_ Este es de los nuestros. Venid los dos.
+
+El tal hombre era un aldeano alto, flaco, vestido con un uniforme
+destrozado y una pipa de barro en la boca. Parecía el jefe y le llamaban
+Luschía.
+
+Martín y Bautista siguieron a los mozos armados, pasaron de Alzate a
+Vera y se detuvieron en una casa, en cuya puerta había un centinela.
+
+--¡Bajadlos! ¡Bajadlos!--dijo Luschía a su gente.
+
+Cuatro mozos entraron en el portal y subieron por la escalera.
+
+Luschía, mientras tanto, preguntó a Martín:
+
+--¿Vosotros de dónde sois?
+
+--De Zaro.
+
+--¿Sois franceses?
+
+--Sí--dijo Bautista.
+
+Martín no quiso decir que él no lo era, sabiendo que el decir que era
+francés podía protegerle.
+
+--Bueno, bueno--murmuró el jefe.
+
+Los cuatro aldeanos de la partida que habían entrado en la casa trajeron
+a dos viejos.
+
+--¡Atadlos!--dijo Luschía, el aldeano de la pipa.
+
+Sacaron a la calle un tambor de regimiento y un cesto, y a los dos
+viejos los ataron.
+
+--¿Qué es lo que han hecho?--preguntó Martín a uno de la partida que
+llevaba una boina a rayas.
+
+--Que son traidores--contestó éste.
+
+El uno era un maestro de escuela y el otro un expartidario de la
+guerrilla del Cura.
+
+Cuando estuvieron las dos víctimas atadas y con las espaldas desnudas,
+el ejecutor de la justicia, el mozo de la boina a rayas, se remangó el
+brazo y cogió una vara.
+
+El maestro de escuela, suplicante, imploró:
+
+--¡Pero si todos somos unos!
+
+El exguerrillero no dijo nada.
+
+No hubo apelación ni misericordia. Al primer golpe, el maestro de
+escuela perdió el sentido; el otro, el antiguo lugarteniente del Cura,
+calló y comenzó a recibir los palos con un estoicismo siniestro.
+
+Luschía se puso a hablar con Zalacaín. Este le contó una porción de
+mentiras. Entre ellas le dijo que él mismo había guardado cerca de
+Urdax, en una cueva, más de treinta fusiles modernos. El hombre oía y,
+de cuando en cuando, volviéndose al ejecutor de sus órdenes, decía con
+voz gangosa: _¡Jo! ¡Jo!_ (Pega, pega).
+
+Y volvía a caer la vara cobre las espaldas desnudas.
+
+
+
+
+CAPÍTULO III
+
+DE ALGUNOS HOMBRES DECIDIDOS QUE FORMABAN LA PARTIDA DEL CURA
+
+
+Concluída la paliza, Luschía dió la orden de marcha, y los quince o
+veinte hombres tomaron hacia Oyarzun, por el camino que pasa por la
+Cuesta de la Agonía.
+
+La partida iba en dos grupos; en el primero marchaba Martín y en el
+segundo Bautista.
+
+Ninguno de la partida tenía mal aspecto ni aire patibulario. La mayoría
+parecían campesinos del país; casi todos llevaban traje negro, boina
+azul pequeña y algunos, en vez de botas, calzaban abarcas con pieles de
+carnero, que les envolvían las piernas.
+
+Luschía, el jefe, era uno de los tenientes del Cura y además capitaneaba
+su guardia negra. Sin duda, gozaba de la confianza del cabecilla. Era
+alto, huesudo, de nariz fenomenal, enjuto y seco.
+
+Tenía Luschía una cara que siempre daba la impresión de verla de
+perfil, y la nuez puntiaguda.
+
+Parecía buena persona hasta cierto punto, insinuante y jovial.
+Consideraba, sin duda, una magnífica adquisición la de Zalacaín y
+Bautista, pero desconfiaba de ellos y, aunque no como prisioneros, los
+llevaba separados y no les dejaba hablar a solas.
+
+Luschía tenía también sus lugartenientes; Praschcu, Belcha y el Corneta
+de Lasala. Praschcu era un mocetón grueso, barbudo, sonriente y rojo,
+que, a juzgar por sus palabras, no pensaba más que en comer y en beber
+bien. Durante el camino no habló más que de guisos y de comidas, de la
+cena que le quitaron al cura de tal pueblo o al maestro de escuela de
+tal otro, del cordero asado que comieron en este caserío y de las
+botellas de sidra que encontraron en una taberna. Para Praschcu la
+guerra no era más que una serie de comilonas y de borracheras.
+
+Belcha y el Corneta de Lasala iban acompañando a Bautista.
+
+A Belcha (el negrito) le llamaban así por ser pequeño y moreno; el
+Corneta de Lasala ostentaba una cicatriz violácea que le cruzaba la
+frente. Su apodo procedía de su oficio de capataz de los que dan la
+señal para el comienzo y el paro del trabajo con una bocina.
+
+Los de la partida llegaron a media noche a Arichulegui, un monte
+cercano a Oyarzun, y entraron en una borda próxima a la ermita.
+
+Esta borda era la guarida del Cura. Allí estaba su depósito de
+municiones.
+
+El cabecilla no estaba. Guardaba la borda un retén de unos veinte
+hombres. Se hizo pronto de noche. Zalacaín y Bautista comieron un rancho
+de habas y durmieron sobre una hermosa cama de heno seco.
+
+Al día siguiente, muy de mañana, sintieron los dos que les despertaban
+de un empujón; se levantaron y oyeron la voz de Luschía:
+
+--Hala. Vamos andando.
+
+Era todavía de noche; la partida estuvo lista en un momento. Al mediodía
+se detuvieron en Fagollaga y al anochecer llegaban a una venta próxima a
+Andoain, en donde hicieron alto. Entraron en la cocina. Según dijo
+Luschía, allí se encontraba el Cura.
+
+Efectivamente, poco después, Luschía llamó a Zalacaín y a Bautista.
+
+--Pasad--les dijo.
+
+Subieron por la escalera de madera hasta el desván y llamaron en una
+puerta.
+
+--¿Se puede?--preguntó Luschía.
+
+--Adelante.
+
+Zalacaín, a pesar de ser templado, sintió un ligero estremecimiento en
+todo el cuerpo, pero se irguió y entró sonriente en el cuarto. Bautista
+llevaba el ánimo de protestar.
+
+--Yo hablaré--dijo Martín a su cuñado--tu no digas nada.
+
+A la luz de un farol, se veía un cuarto, de cuyo techo colgaban mazorcas
+de maíz, y una mesa de pino, a la cual estaban sentados dos hombres. Uno
+de ellos era el Cura, el otro su teniente, un cabecilla conocido por el
+apodo de _el Jabonero_.
+
+--Buenas noches--dijo Zalacaín en vascuence.
+
+--Buenas noches--contestó _el Jabonero_ amablemente.
+
+El cura no contestó. Estaba leyendo un papel.
+
+Era un hombre regordete, más bajo que alto, de tipo insignificante, de
+unos treinta y tantos años. Lo único que le daba carácter era la mirada,
+amenazadora, oblicua y dura.
+
+Al cabo de algunos minutos, el cura levantó la vista y dijo:
+
+--Buenas noches.
+
+Luego siguió leyendo.
+
+Había en todo aquello algo ensayado para infundir terror. Zalacaín lo
+comprendió y se mostró indiferente y contempló sin turbarse al cura.
+Llevaba éste la boina negra inclinada sobre la frente, como si temiera
+que le mirasen a los ojos; gastaba barba ya ruda y crecida, el pelo
+corto, un pañuelo en el cuello, un chaquetón negro con todos los botones
+abrochados y un garrote entre las piernas.
+
+Aquel hombre tenía algo de esa personalidad enigmática de los seres
+sanguinarios, de los asesinos y de los verdugos; su fama de cruel y de
+bárbaro se extendía por toda España. Él lo sabía y, probablemente,
+estaba orgulloso del terror que causaba su nombre. En el fondo era un
+pobre diablo histérico, enfermo, convencido de su misión providencial.
+Nacido, según se decía, en el arroyo, en Elduayen, había llegado a
+ordenarse y a tener un curato en un pueblecito próximo a Tolosa. Un día
+estaba celebrando misa, cuando fueron a prenderle. Pretextó el cura el
+ir a quitarse los hábitos y se tiró por una ventana y huyó y empezó a
+organizar su partida.
+
+Aquel hombre siniestro se encontró sorprendido ante la presencia y la
+serenidad de Zalacaín y de Bautista, y sin mirarles les preguntó:
+
+--¿Sois vascongados?
+
+--Sí--dijo Martín avanzando.
+
+--¿Qué hacíais?
+
+--Contrabando de armas.
+
+--¿Para quién?
+
+--Para los carlistas.
+
+--¿Con qué comité os entendíais?
+
+--Con Bayona.
+
+--¿Qué fusiles habéis traído?
+
+--Berdan y Chassepot.
+
+--¿Es verdad que tenéis armas escondidas cerca de Urdax?
+
+--Ahí y en otros puntos.
+
+--¿Para quién las traíais?
+
+--Para los navarros.
+
+--Bueno. Iremos a buscarlas. Si no las encontramos, os fusilaremos.
+
+--Está bien--dijo fríamente Zalacaín.
+
+--Marcháos--repuso el cura, molesto por no haber intimidado a sus
+interlocutores.
+
+Al salir, en la escalera, _el Jabonero_ se acercó a ellos.
+
+Éste tenía aspecto de militar, de hombre amable y bien educado.
+
+Había sido guardia civil.
+
+--No temáis--dijo--. Si cumplís bien, nada os pasará.
+
+--Nada tememos--contestó Martín.
+
+Fueron los tres a la cocina de la posada, y _el Jabonero_ se mezcló
+entre la gente de la partida, que esperaba la cena.
+
+Se reunieron en la misma mesa _el Jabonero_, Luschía, Belcha, el corneta
+de Lasala y uno gordo, a quien llamaban Anchusa.
+
+_El Jabonero_ no quiso aceptar en la mesa a Praschcu, porque dijo que si
+a aquel bárbaro le ponían a comer al principio, no dejaba nada a los
+demás.
+
+Con este motivo, un muchacho joven, exseminarista, apellidado Dantchari
+y conocido también por el mote de _el Estudiante_, que formaba parte de
+la partida, recordó la canción de Vilinch, que se llama la Canción del
+Potaje, y, como en ella el autor se burla de un cura tragón, tuvo que
+cantarla en voz baja, para que no se enterara el cabecilla.
+
+El posadero trajo la cena y una porción de botellas de vino y de sidra,
+y, como la caminata desde Arichulegui hasta allá les había abierto el
+apetito, se lanzaron sobre las viandas como fieras hambrientas.
+
+Estaban cenando, cuando llamaron a la puerta:
+
+--¿Quién va?--dijo el posadero.
+
+--Yo. Un amigo--contestaron de fuera.
+
+--¿Quién eres tú?
+
+--Ipintza, _el Loco_.
+
+--Pasa.
+
+Se abrió la puerta y entró un viejo mendigo envuelto en una anguarina
+parda, con una de las mangas atadas y convertida en bolsillo. Dantchari
+_el Estudiante_ le conocía y dijo que era un vendedor de canciones a
+quien tenían por loco, porque cantaba y bailaba recitándolas.
+
+Se sentó Ipintza, _el Loco_, a la mesa y le dió el posadero las sobras
+de la cena. Luego se acercó al grupo que formaban los hombres de la
+partida alrededor de la chimenea.
+
+--¿No queréis alguna canción?--dijo.
+
+--¿Qué canciones tienes?--le preguntó _el Estudiante_.
+
+--Tengo muchas. La de la mujer que se queja del marido, la del marido
+que se queja de la mujer, Pello Joshepe...
+
+--Todo eso es viejo.
+
+--También tengo Hurra Pepito y la canción entre amo y criado.
+
+--Ese es liberal--dijo Dantchari.
+
+--No sé--contestó Ipintza, _el Loco_.
+
+--¿Cómo que no sabes? Yo creo que tú no eres del todo ortodoxo.
+
+--No sé lo que es eso. ¿No queréis canciones?
+
+--Pero, bueno, contesta. ¿Eres ortodoxo o heterodoxo?
+
+--Ya te he dicho que no sé.
+
+--Qué opinas de la Trinidad?
+
+--No sé.
+
+--¿Cómo que no sabes? ¡Y te atreves a decirlo! ¿De dónde procede el
+Espíritu Santo? ¿Procede del Padre o procede del Hijo, o de los dos? ¿O
+es que tú crees que su hipóstasis es consustancial con la hipóstasis del
+Padre o la del Hijo?
+
+--No sé nada de eso. ¿Queréis canciones? ¿No queréis comprar canciones a
+Ipintza, _el Loco_?
+
+--¡Ah! ¿De manera que no contestas? Entonces eres herético. _Anathema
+sit_. Estás excomulgado.
+
+--¡Yo! ¿Excomulgado?--dijo Ipintza lleno de terror, y retrocedió y
+enarboló su blanco garrote.
+
+--Bueno, bueno--gritó Luschía al estudiante--. Basta de bromas.
+
+Praschcu echó unas cuantas brazadas de ramas secas. Chisporroteó el
+fuego alegremente; después, unos se pusieron a jugar al mus y Bautista
+lució su magnífica voz cantando varios zortzicos.
+
+Dantchari, _el Estudiante_, desafió a echar versos a Bautista y éste
+aceptó el desafío. Los dos comenzaron con el estribillo:
+
+ Orain esango dizut
+ nic zuri eguia.
+
+(Ahora te diré yo la verdad.)
+
+Y la fuerza del consonante les hizo decir una porción de disparates y de
+astracanadas que produjeron el entusiasmo de la reunión.
+
+Ambos merecieron plácemes y aplausos. Luego, Dantchari aseguró que sabía
+imitar la voz de tiple, y entre Bautista y él cantaron la canción que
+comienza diciendo:
+
+ Marichu, ¿ñora zuaz
+ eder galant ori?
+
+(María, ¿a dónde vas tan bonita?)
+
+Bautista cantando de mozo y Dantchari de chica, dirigiéndose preguntas y
+respuestas de burlona ingenuidad, hicieron las delicias de la
+concurrencia.
+
+Luego, Bautista cantó la bella canción del país de Soul, que dice así:
+
+ Urzo churia errazu
+ Nora yoaten cera zu
+ Ezpaniaco mendi guciac
+ Elurrez beteac dituzu
+ Gaur arratzean ostatu
+ Gure echean badezu.
+
+(Paloma blanca, dime a dónde vas. Todos los montes de España están
+llenos de nieve. Si quieres albergue para esta noche, lo tienes en mi
+casa.)
+
+Los de la partida aplaudieron, pero más que esta canción romántica les
+gustó el dúo anterior, y _el Jabonero_, comprendiéndolo así, compró a
+Ipintza, _el Loco_, un papel, que era la letra de la nueva canción de
+Vilinch, llamada «Juana Vishenta Olave», escrita por el autor
+adaptándola a un aire popular titulado ¡Orra Pepito!
+
+La canción de Vilinch era un diálogo amoroso entre el propietario de un
+caserío y la hija del arrendador, a quien trata de conquistar.
+
+_El Estudiante_ se puso las enaguas de la posadera y se ató un pañuelo
+en la cabeza, Bautista se caló un sombrero de copa que alguno encontró,
+no se sabe dónde, y cantaron ambos el dúo ingenuo de Vilinch, y la
+algazara fué tan grande que los cantores tuvieron que enmudecer porque
+el Cura gritó desde arriba que no le dejaban dormir en paz.
+
+Cada cual fué a acostarse donde pudo, y Martín le dijo a Bautista en
+francés:
+
+--Cuidado, eh. Hay que estar preparados para escapar a la mejor ocasión.
+
+Bautista movió la cabeza afirmativamente, dando a entender que no se
+olvidaba.
+
+
+
+
+CAPÍTULO IV
+
+HISTORIA CASI INVEROSÍMIL DE JOSHÉ CRACASCH
+
+
+Los dos días siguientes estuvo lloviendo y se pasó la partida en la
+venta haciendo algunos reconocimientos por los alrededores. Ni Zalacaín
+ni Bautista vieron al cura. Sin duda éste no se presentaba más que en
+las circunstancias graves.
+
+Como era natural entre tanta gente inactiva, se pasaron las horas al
+lado del fuego hablando y contando diversos episodios y aventuras.
+
+Había en la partida un muchacho de Tolosa, muy melancólico, cuyas únicas
+ocupaciones eran mirarse a un espejito de mano y tocar el acordeón. Este
+muchacho se llamaba José Cacochipi y algunos, a sus espaldas, le decían
+José Cracasch o sea en castellano José Manchas.
+
+Martín y Bautista le preguntaron varias veces qué le pasaba para estar
+tan triste, si es que le dolían las muelas, si tenía las digestiones
+lentas, disgustos de familia o algún desorden en la vejiga; a todas
+estas preguntas contestaba Cacochipi, alias _Cracasch_, diciendo que no
+le pasaba nada, pero suspiraba como si le ocurrieran todas esas
+calamidades al mismo tiempo.
+
+Como el tal Cacochipi constituía un misterio, Martín preguntó a
+Dantchari, _el Estudiante_, si por ser tolosano sabía la historia de su
+conterráneo y amigo, y el exseminarista dijo:
+
+--Si no le decís nada, os contaré la historia de Joshé, pero habéis de
+prometerme no burlaros de él.
+
+--No nos burlaremos de él ni le diremos nada.
+
+Dantchari hablaba en castellano con esa pedantería clásica de los curas
+y seminaristas, que creen indispensable, para mayor claridad, decir de
+cuando en cuando alguna palabra en latín entre personas que ignoran en
+absoluto este idioma.
+
+--Pues habéis de saber--dijo Dantchari--que José Cacochipi, el hijo
+menor de André Anthoni la confitera, ha sido conocido siempre, _urbi et
+orbe_ por el apodo de Joshé Cracasch.
+
+Este apodo lo tenía muy merecido porque Joshé era hace años, y aun hace
+meses, el mozo más abandonado de la ciudad y de los contornos; así que
+todo el pueblo, _némine discrepante_, lo apodaba Cracasch.
+
+Joshé no ha tenido hasta hace poco más pasión que la música.
+
+Quisieron hacerle estudiar para cura y ordenarle _in sacris_, pero fué
+imposible.
+
+Se puede decir de él que es músico _per se_ y hombre _per accidens_.
+
+Durante muchos años se ha pasado ocho o nueve horas en el piano haciendo
+ejercicios y, como no ha tenido alma más que para la música, en todo lo
+demás ha sido un descuidado horrible.
+
+Llevaba el traje lleno de lamparones, la boina sucia, el pelo largo, se
+olvidaba la corbata. Era una verdadera calamidad.
+
+Por eso se le llamaba Joshé Cracasch, y a él no sólo no le ofendía el
+apodo, sino que le hacía gracia; en cambio su madre, André Anthoni, se
+ponía como una fiera cuando oía que a su hijo le daban este mote.
+
+Hará un año próximamente que un indiano rico llamado Arizmendi, y que
+dicen que ha sido pirata... yo no lo sé, _relata refero_, llegó al
+pueblo. Como digo, este señor le preguntó al párroco:
+
+--¿Qué profesor de música le podría yo poner a mi chico?
+
+--El mejor, José Cacochipi--contestó el cura.
+
+Le hablaron a Cracasch y éste se encogió de hombros y dijo que bueno. Su
+madre le preparó ropa limpia y le advirtió que tuviera cuidado con lo
+que decía y que fuera prudente, pues la colocación podía ser un _modus
+vivendi_ para él. Cracasch prometió ser prudentísimo.
+
+Llegó el primer día a casa de Arizmendi y preguntó por el amo.
+
+Salió a abrirle una muchacha, y poco después se presentó un señor. La
+muchacha le dijo que dejara la boina en el colgador.
+
+--¿Para qué?--replicó Joshé--y luego, dirigiéndose al señor, le
+preguntó:--¿Es la criada, eh?
+
+--No, esta señorita es mi hija--contestó fríamente el señor Arizmendi.
+
+Cracasch comprendió que había dado un tropiezo y para enmendarlo, dijo:
+
+--Es muy guapa. ¡Ya se parece a usted, ya!
+
+--No. Si es hijastra mía--contestó el señor Arizmendi.
+
+--Ja, ja... ¡qué risa!... Ya tendrá novio, eh.
+
+Cacochipi fué a dar en un punto que preocupaba a la familia, pues la
+muchacha tenía amores, a disgusto de los padres, con un primo.
+
+El señor Arizmendi le dijo que no hiciera más preguntas impertinentes,
+que ya sabía que era medio bobo, pero que aprendiese a reportarse.
+
+Joshé, muy extrañado con tal exabrupto, fué al cuarto del chico, donde
+dió su primera lección de solfeo. Aquellas palabras duras del señor
+Arizmendi, más que ofender le extrañaron. Joshé no tenía ninguna
+malicia, toda su vida la había pasado pensando en la música, y de otras
+cosas nada sabía.
+
+A Cacochipi, que estuvo varias veces invitado a comer con la familia de
+Arizmendi, le chocaba la tristeza del padre y de la madre y de las
+hermanas y quiso alegrarles un poco; porque, como dice el profano:
+_Omissis curis, jucunde vivendum esse_; lo cual quiere decir que se debe
+vivir alegremente y sin cuidados.
+
+Lo primero que se le ocurrió a Cracasch, un día que se le figuró que ya
+tenía confianza con la familia de Arizmendi, fué, a los postres, imitar
+el ruido del tren; luego intentó cantar una canción que en la taberna
+tenía mucho éxito. En esta canción se hace como si se tocara la flauta y
+el bombo, y como si se comiera en una cazuela, y luego medio se desnuda
+uno mientras canta. Joshé creía que, cuando él se quitara la chaqueta y
+el chaleco, toda la familia rompería a reir a carcajadas, pero fué todo
+lo contrario, porque el señor Arizmendi, mirándole con ojos terribles,
+le dijo:
+
+--Bueno, Cacochipi: póngase usted el chaleco y no vuelva usted a
+quitárselo delante de nosotros.
+
+Joshé se quedó frío, y no precisamente por la falta del chaleco.
+
+--A esta gente no les hace gracia nada--murmuró.
+
+Un día, apareció a dar la lección con la cara pintada con varios lunares
+y no hizo efecto; otro, ayudado por su discípulo, ató los cubiertos a la
+mesa... y nada.
+
+--¿Qué tal, Cracasch?--le preguntaba alguno en la calle--. ¿Cómo va la
+familia de Arizmendi?
+
+--¡Ah! Es una gente que nada le gusta.--contestaba él--. Se hacen cosas
+bonitas para divertirles... y nada.
+
+El día de Carnaval, Joshé Cracasch tuvo una idea de las suyas y fué
+convencer a su discípulo para que sacara los trajes de su madre y de una
+hermana. Se disfrazarían los dos y darían a la familia Arizmendi una
+broma graciosísima.
+
+--Ahora sí que se van a reir--decía Cacochipi en su interior.
+
+El chico no se anduvo en retóricas y el domingo de Carnaval tomó los
+mejores trajes que encontró y fué con ellos a la confitería. Maestro y
+discípulo se pusieron las prendas femeninas, y armados de sendas
+escobas, fueron a la puerta de la iglesia.
+
+Al salir Arizmendi con su mujer y sus hijas de misa, Cacochipi y su
+discípulo cayeron sobre ellos y les dieron un sin fin de apretones y de
+golpes; Joshé recordó a Arizmendi que tenía dentadura postiza, a su
+mujer que se ponía añadidos y a la hija mayor el novio con quien había
+reñido, y después de otra porción de cosas igualmente oportunas se
+marcharon las dos máscaras dando brincos.
+
+Al día siguiente, cuando se presentó en casa de Arizmendi, pensó
+Cracasch:
+
+--Nada, van a felicitarme por la broma de ayer.
+
+Entró y le pareció que todo el mundo estaba serio. De pronto, se le
+acercó Arizmendi y con voz más que severa, iracunda, en un terrible _ab
+irato_, le dijo:
+
+--No vuelva usted a poner los pies en mi casa. ¡Imbécil! Si no fuera
+usted un idiota, le echaría a puntapiés.
+
+--Pero ¿por qué?--preguntó José.
+
+--¿Y lo pregunta usted todavía, majadero? Cuando no se sabe portarse
+como una persona, no se debe alternar con los demás. Yo creía que era
+usted un estúpido, pero no tanto.
+
+Cacochipi, por primera vez en su vida, se sintió ofendido. Se encerró en
+su casa y empezó a pensar en la Celedonia, la segunda hija de Arizmendi
+y en la voz suave y la _eloquendi suavitatem_ con que le saludaba por
+las mañanas cuando le decía:
+
+--Buenos días, Joshé.
+
+Cacochipi se convenció de que, como le había dicho Arizmendi, era un
+estúpido y de que además estaba enamorado. Estos dos convencimientos le
+impulsaron a mudarse de traje, a cortarse el pelo, a ponerse una boina
+nueva y a no permitir que nadie le llamara Cracasch.
+
+--Oye, Cracasch--le decía alguno en la calle.
+
+--¡Hombre! Creo que me has llamado Cracasch--decía él.
+
+--Sí, ¿y qué?
+
+--Que no quiero que me vuelvas a llamar así.
+
+--Pero hombre, Cracasch...
+
+--Toma--y Joshé empezaba a puñetazos y a golpes.
+
+En poco tiempo Joshé borró su apodo de Cracasch. La Celedonia Arizmendi
+había notado la transformación de Joshé y sabía la parte que en este
+cambio le correspondía a ella. Joshé veía que la muchacha le miraba con
+buenos ojos; pero era tan tímido que nunca se hubiera atrevido a decirle
+nada.
+
+Llevaban sus amores el camino de pasar a la historia sin llegar al
+primer capítulo, cuando el hijo de un boticario se encargó de darles una
+solución.
+
+Quería burlarse de Joshé y escribió una carta de amor grotesca a la hija
+de Arizmendi, firmando Joshé Cracasch.
+
+La chica le envió la carta a Joshé diciéndole que se querían burlar de
+él, pero que ella le estimaba y que pasara por delante de su casa y que
+hablarían.
+
+Joshé fué y vió a la muchacha y le dió las buenas tardes y no se le
+ocurrió más; ella le preguntó si su madre, André Anthoni, estaba buena,
+él la contestó que sí y entonces ella le dijo:
+
+--Hasta mañana, Joshé.
+
+--Adiós.
+
+Cacochipi quedó como embobado; necesitaba respirar, tomar aire y salió
+de Tolosa y tomó el camino de Anoeta y pasó Anoeta y luego Irura y cruzó
+Villabona y fué andando, andando, hasta que se topó con la partida del
+Cura, que iba a conquistar, _viribus et armís_, la gloria. Uno de la
+partida le dió el alto y le hizo descender de las sublimidades
+amatorio-musicales en que se hallaba sumido, presentándole el sencillo
+dilema de recibir una paliza o de venirse con nosotros.
+
+José Cacochipi, por muy aficionado que sea a la música, no ha querido
+que solfeen sobre él y ya hace un mes que está en la partida.
+
+Tal era la historia de Joshé Cracasch, que contó Dantchari, _el
+Estudiante_, con algunos latinajos más de los que pone el autor.
+
+
+
+
+CAPÍTULO V
+
+CÓMO LA PARTIDA DEL CURA DETUVO LA DILIGENCIA CERCA DE ANDOAIN
+
+
+Al tercer día de estar en la venta, la inacción era grande, y entre _el
+Jabonero_ y Luschía acordaron detener aquella mañana la diligencia que
+iba desde San Sebastián a Tolosa.
+
+Se dispuso la gente a lo largo del camino, de dos en dos; los más
+lejanos irían, avisando cuando apareciera la diligencia y replegándose
+junto a la venta.
+
+Martín y Bautista se quedaron con el Cura y _el Jabonero_, porque el
+cabecilla y su teniente no tenían bastante confianza en ellos.
+
+A eso de las once de la mañana, avisaron la llegada del coche. Los
+hombres que espiaban el paso fueron acercándose a la venta, ocultándose
+por los lados del camino.
+
+El coche iba casi lleno. El Cura, _el Jabonero_ y los siete u ocho
+hombres que estaban con ellos se plantaron en medio de la carretera.
+
+Al acercarse el coche, el Cura levantó su garrote y gritó:
+
+--¡Alto!
+
+Anchusa y Luschía se agarraron a la cabezada de los caballos y el coche
+se detuvo.
+
+--_¡Arrayua!_ ¡El Cura!--exclamó el cochero en voz alta--. Nos hemos
+fastidiado.
+
+--Abajo todo el mundo--mandó el Cura.
+
+Egozcue abrió la portezuela de la diligencia. Se oyó en el interior un
+coro de exclamaciones y de gritos.
+
+--Vaya. Bajen ustedes y no alboroten--dijo Egozcue con finura.
+
+Bajaron primero dos campesinos vascongados y un cura; luego, un hombre
+rubio, al parecer extranjero, y después saltó una muchacha morena, que
+ayudó a bajar a una señora gruesa, de pelo blanco.
+
+--Pero Dios mío, ¿adónde nos llevan?--exclamó ésta.
+
+Nadie le contestó.
+
+--¡Anchusa! ¡Luschía! Desenganchad los caballos--gritó el Cura--. Ahora,
+todos a la posada.
+
+Anchusa y Luschía llevaron los caballos y no quedaron con el cura más
+que unos ocho hombres, contando con Bautista, Zalacaín y Joshé Cracasch.
+
+--Acompañad a éstos--dijo el cabecilla a dos de sus hombres, señalando
+a los campesinos y al cura.
+
+--Vosotros--é indicó a Bautista, Zalacaín, Joshé Cracasch y otros dos
+hombres armados--id con la señora, la señorita y este viajero.
+
+La señora gruesa lloraba afligida.
+
+--Pero, ¿nos van a fusilar?--preguntó gimiendo.
+
+--¡Vamos! ¡Vamos!--dijo uno de los hombres armados, brutalmente.
+
+La señora se arrodilló en el suelo, pidiendo que la dejaran libre.
+
+La señorita, pálida, con los dientes apretados, lanzaba fuego por los
+ojos. Sin duda, sabía los procedimientos usados por el cura con las
+mujeres.
+
+A algunas solía desnudarlas de medio cuerpo arriba, les untaba con miel
+el pecho y la espalda y las emplumaba; a otras les cortaba el pelo o lo
+untaba de brea y luego se lo pegaba a la espalda.
+
+--Ande usted, señora--dijo Martín--, que no les pasará nada.
+
+--Pero, ¿adónde?--preguntó ella.
+
+--A la posada, que está aquí cerca.
+
+La joven nada dijo, pero lanzó a Martín una mirada de odio y de
+desprecio.
+
+Las dos mujeres y el extranjero comenzaron a marchar por la carretera.
+
+--Atención, Bautista--dijo Martín en francés--, tú al uno, yo al otro.
+Cuando no nos vean.
+
+El extranjero, extrañado, en el mismo idioma preguntó:
+
+--¿Qué van ustedes a hacer?
+
+--Escaparnos. Vamos a quitar los fusiles a estos hombres. Ayúdenos
+usted.
+
+Los dos hombres armados, al oir que se entendían en una lengua que ellos
+no comprendían, entraron en sospechas.
+
+--¿Qué habláis?--dijo uno, retrocediendo y preparando el fusil.
+
+No tuvo tiempo de hacer nada, porque Martín le dió un garrotazo en el
+hombro y le hizo tirar el fusil al suelo, Bautista y el extranjero
+forcejearon con el otro y le quitaron el arma y los cartuchos. Joshé
+Cracasch estaba como en babia.
+
+Las dos mujeres, viéndose libres, echaron a correr por la carretera, en
+dirección a Hernani. Cracasch las siguió. Éste llevaba una mala
+escopeta, que podía servir en último caso. El extranjero y Martín tenían
+cada uno su fusil, pero no contaba más que con pocos cartuchos. A uno le
+habían podido quitar la cartuchera, al otro fué imposible. Éste volaba
+corriendo a dar parte a los de la partida.
+
+El extranjero, Martín y Bautista corrieron y se reunieron con las dos
+mujeres y con Joshé Cracasch.
+
+La ventaja que tenían era grande, pero las mujeres corrían poco; en
+cambio, la gente del cura en cuatro saltos se plantaría junto a ellos.
+
+--¡Vamos! ¡Animo!--decía Martín--. En una hora llegamos.
+
+--No puedo--gemía la señora--. No puedo andar más.
+
+--¡Bautista!--exclamó Martín--. Corre a Hernani, busca gente y tráela.
+Nosotros nos defenderemos aquí un momento.
+
+--Iré yo--dijo Joshé Cracasch.
+
+--Bueno, entonces deja el fusil y las municiones.
+
+Tiró el músico el fusil y la cartuchera y echó a correr, como alma que
+lleva el diablo.
+
+--No me fío de ese músico simple--murmuró Martín--. Vete tú, Bautista.
+La lástima es que quede un arma inútil.
+
+--Yo dispararé--dijo la muchacha.
+
+Se volvieron a hacer frente, porque los hombres de la partida se iban
+acercando.
+
+Silbaban las balas. Se veía una nubecilla blanca y pasaba al mismo
+tiempo una bala por encima de las cabezas de los fugitivos. El
+extranjero, la señorita y Martín se guarecieron cada uno detrás de un
+árbol y se repartieron los cartuchos. La señora vieja, sollozando, se
+tiró en la hierba, por consejo de Martín.
+
+--¿Es usted buen tirador?--preguntó Zalacaín al extranjero.
+
+--¿Yo? Sí. Bastante regular.
+
+--¿Y usted, señorita?
+
+--También he tirado algunas veces.
+
+Seis hombres se fueron acercando a unos cien metros de donde estaban
+guarecidos Martín, la señorita y el extranjero. Uno de ellos era
+Luschía.
+
+--A ese ciudadano le voy a dejar cojo para toda su vida--dijo el
+extranjero.
+
+Efectivamente, disparó y uno de los hombres cayó al suelo dando gritos.
+
+--Buena puntería--dijo Martín.
+
+--No es mala--contestó fríamente el extranjero.
+
+Los otros cinco hombres recogieron al herido y lo retiraron hacia un
+declive. Luego, cuatro de ellos, dirigidos por Luschía, dispararon al
+árbol de dónde había salido el tiro. Creían, sin duda, que allí estaban
+refugiados Martín y Bautista y se fueron acercando al árbol. Entonces
+disparó Martín é hirió a uno en una mano.
+
+Quedaban solo tres hábiles, y, retrocediendo y arrimándose a los
+árboles, siguieron haciendo disparos.
+
+--¿Habrá descansado algo su madre?--preguntó Martín a la señorita.
+
+--Sí.
+
+--Que siga huyendo. Vaya usted también.
+
+--No, no.
+
+--No hay que perder tiempo--gritó Martín, dando una patada en el
+suelo--. Ella sola o con usted. ¡Hala! En seguida.
+
+La señorita dejó el fusil a Martín y, en unión de su madre, comenzó a
+marchar por la carretera.
+
+El extranjero y Martín esperaron, luego fueron retrocediendo sin
+disparar, hasta que, al llegar a una vuelta del camino, comenzaron a
+correr con toda la fuerza de sus piernas. Pronto se reunieron con la
+señora y su hija. La carrera terminó a la media hora, al oir que las
+balas comenzaban a silbar por encima de sus cabezas.
+
+Allí no había árboles donde guarecerse, pero sí unos montes de piedra
+machacada para el lecho de la carretera, y en uno de ellos se tendió
+Martín y en el otro el extranjero. La señora y su hija se echaron en el
+suelo.
+
+Al poco tiempo, aparecieron varios hombres; sin duda, ninguno quería
+acercarse y llevaban la idea de rodear a los fugitivos y de cogerlos
+entre dos fuegos.
+
+Cuatro hombres fueron a campo traviesa por entre maizales, por un lado
+de la carretera, mientras otros cuatro avanzaban por otro lado, entre
+manzanos.
+
+Si Bautista no viene pronto con gente, creo que nos vamos a ver
+apurados--exclamó Martín.
+
+La señora, al oirle, lanzó nuevos gemidos y comenzó a lamentarse, con
+grandes sollozos, de haber escapado.
+
+El extranjero sacó un reloj y murmuró:
+
+--Tenía tiempo. No habrá encontrado nadie.
+
+--Eso debe ser--dijo Martín.
+
+--Veremos si aquí podemos resistir algo--repuso el extranjero.
+
+--¡Hermoso día!--murmuró Martín.
+
+La verdad es que un día tan hermoso convida a todo, hasta que le peguen
+a uno un tiro.
+
+--Por si acaso, habrá que evitarlo en lo posible.
+
+Dos o tres balas pasaron silbando y fueron a estrellarse en el suelo.
+
+--¡Rendíos!--dijo la voz de Belcha, por entre unos manzanos.
+
+--Venid a cogernos--gritó Martín, y vió que uno le apuntaba en el monte,
+desde cerca de un árbol; él apuntó a su vez, y los dos tiros sonaron
+casi simultáneamente. Al poco tiempo, el hombre volvió a aparecer más
+cerca, escondido entre unos helechos, y disparó sobre Martín.
+
+Éste sintió un golpe en el muslo y comprendió que estaba herido. Se
+llevó la mano al sitio de la herida y notó una cosa tibia. Era sangre.
+Con la mano ensangrentada cogió el fusil y, apoyándose en las piedras,
+apuntó y disparó. Luego sintió que se le iban las fuerzas, al perder la
+sangre, y cayó desmayado.
+
+El extranjero aguardó un momento, pero, en aquel instante, una compañía
+de miqueletes avanzaba por la carretera, corriendo y haciendo disparos,
+y la gente del Cura se retiraba.
+
+
+
+
+CAPÍTULO VI
+
+CÓMO CUIDÓ LA SEÑORITA DE BRIONES A MARTÍN ZALACAÍN
+
+
+Cuando de nuevo pudo darse Martín Zalacaín cuenta de que vivía, se
+encontró en la cama, entre cortinas tupidas.
+
+Hizo un esfuerzo para moverse y se sintió muy débil y con un ligero
+dolor en el muslo.
+
+Recordó vagamente lo pasado, la lucha en la carretera, y quiso saber
+dónde estaba.
+
+--¡Eh!--gritó con voz apagada.
+
+Las cortinas se abrieron y una cara morena, de ojos negros, apareció
+entre ellas.
+
+--Por fin. ¡Ya sé ha despertado usted!
+
+--Sí. ¿Dónde me han traído?
+
+--Luego le contaré a usted todo--dijo la muchacha morena.
+
+--¿Estoy prisionero?
+
+--No, no; está usted aquí en seguridad.
+
+--¿En qué pueblo?
+
+--En Hernani.
+
+--Ah, vamos. ¿No me podrían abrir esas cortinas?
+
+--No, por ahora no. Dentro de un momento vendrá el médico y, si le
+encuentra a usted bien, abriremos las cortinas y le permitiremos hablar.
+Con que ahora siga usted durmiendo.
+
+Martín sentía la cabeza débil y no le costó mucho trabajo seguir el
+consejo de la muchacha.
+
+Al mediodía llegó el médico, que reconoció a Martín la herida, le tomó
+el pulso y dijo:
+
+--Ya pueda empezar a comer.
+
+--¿Y le dejaremos hablar, doctor?--preguntó la muchacha.
+
+--Sí.
+
+Se fué el doctor, y la muchacha de los ojos negros descorrió las
+cortinas y Martín se encontró en una habitación grande, algo baja de
+techo, por cuya ventana entraba un dorado sol de invierno. Pocos
+instantes después, apareció Bautista en el cuarto, de puntillas.
+
+--Hola, Bautista--dijo Martín burlonamente--. ¿Qué te ha parecido
+nuestra primera aventura de guerra? ¿Eh?
+
+--¡Hombre! A mí, bien--contestó el cuñado--. A ti quizá no te haya
+parecido tan bien.
+
+--¡Pse! Ya hemos salido de esta.
+
+La muchacha de los ojos negros, a quien al principio no reconoció
+Martín, era la señorita a quien habían hecho bajar del coche los de la
+partida del Cura y después se había fugado con ellos en compañía de su
+madre.
+
+Esta señorita le contó a Martín cómo le llevaron hasta Hernani y le
+extrajeron la bala.
+
+--Y yo no me he dado cuenta de todo esto--dijo Martín--. ¿Cuánto tiempo
+llevo en la cama?
+
+--Cuatro días ha estado usted con una fiebre altísima.
+
+--¿Cuatro días?
+
+--Sí.
+
+--Por eso estoy rendido. ¿Y su madre de usted?
+
+--También ha estado enferma, pero ya se levanta.
+
+--Me alegro mucho. ¿Sabe usted? Es raro--dijo Martín--no me parece
+usted la misma que vino en la carretera con nosotros.
+
+--¡No?
+
+--No.
+
+--¿Y por qué?
+
+--Le brillaban a usted los ojos de una manera tan rara, así como dura...
+
+--¿Y ahora no?
+
+--Ahora no, ahora me parecen sus ojos muy suaves.
+
+La muchacha se ruborizó sonriendo.
+
+--La verdad es--dijo Bautista--que has tenido suerte. Esta señorita te
+ha cuidado como a un rey.
+
+--¡Qué menos podía hacer por uno de nuestros salvadores!--exclamó ella
+ocultando su confusión--. Oh, pero no hable usted tanto. Para el primer
+día es demasiado.
+
+--Una pregunta sólo--dijo Martín.
+
+--Veamos la pregunta--contestó ella.
+
+--Quisiera saber cómo se llama usted.
+
+--Rosa Briones.
+
+--Muchas gracias, señorita Rosa--murmuró.
+
+--¡Oh! no me llame usted señorita. Llámeme usted Rosa o Rosita, como me
+dicen en casa.
+
+--Es que yo no soy caballero--repuso Martín.
+
+--¡Pues si usted no es caballero, quién lo será!--dijo ella.
+
+Martín se sintió halagado y, como Rosa le indicó que callara, llevándose
+el dedo a los labios, cerró los ojos...
+
+La convalecencia de Martín fué muy rápida, tanto, que a él le pareció
+que se curaba demasiado pronto.
+
+Bautista, al ver a su cuñado en vísperas de levantarse y en buenas
+manos, como dijo algo irónicamente, se fué a Francia a reunirse con
+Capistun y a seguir con los negocios.
+
+Martín pudo tomar Hernani por una Capua, una Capua espiritual.
+
+Rosita Briones y su madre doña Pepita le mimaban y le halagaban.
+
+De conocerlo, Martín hubiera podido recitar, refiriéndose a él mismo,
+el romance antiguo de Lanzarote:
+
+ Nunca fuera caballero
+ De damas tan bien servido
+ Como fuera Lanzarote
+ Cuando de su aldea vino.
+
+Rosita, durante la convalecencia, tuvo largas conversaciones con Martín.
+Era de Logroño, donde vivía con su madre. Doña Pepita era la causante de
+la desdichada aventura. A ella se le ocurrió ir a Villabona, para ver a
+su hijo, que le habían dicho que se encontraba herido en este pueblo.
+Afortunadamente, la noticia era falsa.
+
+Doña Pepita, la madre de Rosita, era una señora romántica, con unas
+ideas absurdas. Adoraba a su hijo, vivía temblando de que le pasara
+algo, pero, a pesar de todo, había querido que fuera militar. Al decidir
+la aventura que terminó con la detención de la diligencia y al oir las
+observaciones de su hija al malhadado proyecto, había contestado:
+
+--Los carlistas son españoles y caballeros y no pueden hacer daño a unas
+señoras.
+
+A pesar de esta imposibilidad, estuvieron las dos a punto de ser
+emplumadas o apaleadas por la gente del Cura.
+
+Martín llegó a convencerse de que la buena señora tenía una
+imposibilidad irreductible para enterarse de la cosas. Lo veía todo a su
+gusto y se convencía de que los hechos era como se los había pintado su
+fantasía. Si de la madre cualquiera hubiese dicho que le faltaba un
+tornillo, no podía decirse lo mismo de su hija. Ésta era lista y
+avispada como pocas; tenía un juicio rápido, seguro y claro.
+
+Muchas veces, para distraer al herido, Rosa le leyó novelas de Dumas y
+poesías de Bécquer. Martín nunca había oído versos y le hicieron un
+efecto admirable, pero lo que más le sorprendió fué la discreción de los
+comentarios de Rosita. No se le escapaba nada.
+
+Pronto Martín pudo levantarse y, cojeando, andar por la casa. Un día que
+contaba su vida y sus aventuras, Rosita le preguntó de pronto:
+
+--¿Y Catalina quién es? ¿Es su novia de usted?
+
+--Sí. ¿Cómo lo sabe usted?
+
+--Porque ha hablado usted mucho de ella durante el delirio.
+
+--¡Ah!
+
+--¿Y es guapa?
+
+--¿Quién?
+
+--Su novia.
+
+--Sí, creo que sí.
+
+--¿Cómo? ¿Cree usted nada más?
+
+--Es que la conozco desde chico y estoy tan acostumbrado a verla que
+casi no sé cómo es.
+
+--¿Pero no está usted enamorado de ella?
+
+--No sé, la verdad.
+
+--¡Qué cosa más rara! ¿Que tipo tiene?
+
+--Es así... algo rubia...
+
+--¿Y tiene hermosos ojos?
+
+--No tanto como usted--dijo Martín.
+
+A Rosita Briones le centellearon los ojos y envolvió a Martín en una de
+sus miradas enigmáticas.
+
+Una tarde se presentó en Hernani el hermano de Rosita.
+
+Era un joven fino, atento, pero poco comunicativo.
+
+Doña Pepita le puso a Zalacaín delante de su hijo como un salvador, como
+un héroe.
+
+Al día siguiente, Rosita y su madre iban a San Sebastián, para marcharse
+desde allí a Logroño.
+
+Les acompañó Martín y su despedida fué muy afectuosa. Doña Pepita le
+abrazó y Rosita le estrechó la mano varias veces y le dijo
+imperiosamente:
+
+--Vaya usted a vernos.
+
+--Sí, ya iré.
+
+--Pero que sea de veras. Los ojos de Rosita prometían mucho. Al
+marcharse madre é hija, Martín pareció despertar de un sueño; se acordó
+de sus negocios, de su vida, y sin pérdida de tiempo se fué a Francia.
+
+
+
+
+CAPÍTULO VII
+
+CÓMO MARTÍN ZALACAÍN BUSCÓ NUEVAS AVENTURAS
+
+
+Una noche de invierno llovía en las calles de San Juan de Luz; algún
+mechero de gas temblaba a impulsos del viento, y de las puertas de las
+tabernas salían voces y sonido de acordeones.
+
+En Socoa, que es el puerto de San Juan de Luz, en una taberna de
+marineros, cuatro hombres, sentados en una mesa, charlaban. De cuando en
+cuando, uno de ellos abría la puerta de la taberna, avanzaba en el
+muelle silencioso, miraba al mar y al volver decía:
+
+--Nada, la _Fleche_ no viene aún.
+
+El viento silbaba en bocanadas furiosas sobre la noche y el mar negros,
+y se oía el ruido de las olas azotando la pared del muelle.
+
+En la taberna, Martín, Bautista, Capistun y un hombre viejo, a quien
+llamaban Ospitalech, hablaban; hablaban de la guerra carlista, que
+seguía como una enfermedad crónica sin resolverse.
+
+--La guerra acaba--dijo Martín.
+
+--¿Tú crees?--preguntó el viejo Ospitalech.
+
+--Sí, esto marcha mal, y yo me alegro--dijo Capistun.
+
+--No, todavía hay esperanza--repuso Ospitalech.
+
+--El bombardeo de Irún ha sido un fracaso completo para los
+carlistas--dijo Martín--. ¡Y qué esperanzas tenían todos estos
+legitimistas franceses! Hasta los hermanos de la Doctrina Cristiana
+habían dado vacaciones a los niños para que fuesen a la frontera a ver
+el espectáculo. ¡Canallas! Y ahí vimos a ese arrogante don Carlos, con
+sus terribles batallones, echando granadas y granadas, para tener luego
+que escaparse corriendo hacia Vera.
+
+--Si la guerra se pierde, nos arruinamos--murmuró Ospitalech.
+
+Capistun estaba tranquilo, pensaba retirarse a vivir a su país;
+Bautista, con las ganancias del contrabando, había extendido sus
+tierras. De los tres, Zalacaín no estaba contento. Si no le hubiese
+retenido el pensamiento de encontrar a Catalina, se hubiera ido a
+América.
+
+Llevaba ya más de un año sin saber nada de su novia; en Urbia se
+ignoraba su paradero, se decía que doña Águeda había muerto, pero no se
+hallaba confirmada la noticia.
+
+De estos cuatro hombres de la taberna de Socoa, los dos contentos,
+Bautista y Capistun, charlaban; los otros dos rabiaban y se miraban sin
+hablarse. Afuera llovía y venteaba.
+
+--¿Alguno de vosotros se encargaría de un negocio difícil, en que hay
+que exponer la pelleja?--preguntó de pronto Ospitalech.
+
+--Yo no--dijo Capistun.
+
+--Ni yo--contestó distraídamente Bautista.
+
+--¿De qué se trata?--preguntó Martín.
+
+--Se trata de hacer un recorrido por entre las filas carlistas y
+conseguir que varios generales y, además, el mismo don Carlos, firmen
+unas letras.
+
+--¡Demonio! No es fácil la cosa--exclamó Zalacaín.
+
+--Ya lo sé que no; pero se pagaría bien.
+
+--¿Cuánto?
+
+--El patrón ha dicho que daría el veinte por ciento, si le trajeran las
+letras firmadas.
+
+--¿Y a cuánto asciende el valor de las letras?
+
+--¿A cuánto? No sé de seguro la cantidad. ¿Pero es que tú irías?
+
+--¿Por qué no? Si se gana mucho...
+
+--Pues entonces espera un momento. Parece que llega el barco, luego
+hablaremos.
+
+Efectivamente, se había oído en medio de la noche un agudo silbido. Los
+cuatro salieron al puerto y se oyó el ruido de las aguas removidas por
+una hélice, y luego aparecieron unos marineros en la escalera del
+muelle, que sujetaron la amarra en un poste.
+
+--¡Eup! Manisch--gritó Ospitalech.
+
+--¡Eup!--contestaron desde el mar.
+
+--¿Todo bien?
+
+--Todo bien--respondió la voz.
+
+--Bueno, entremos--añadió Ospitalech--que la noche está de perros.
+
+Volvieron a meterse en la taberna los cuatro hombres, y poco después se
+unieron a ellos Manisch, el patrón del barco la _Fleche_, que al entrar
+se quitó el sudeste, y dos marineros más.
+
+--¿De manera que tú estás dispuesto a encargarte de ese
+asunto?--preguntó Ospitalech a Martín.
+
+--Sí.
+
+--¿Solo?
+
+--Solo.
+
+--Bueno, vamos a dormir. Por la mañana iremos a ver al principal y te
+dirá lo que se puede ganar.
+
+Los marineros de la _Fleche_ comenzaban a beber, y uno de ellos cantaba,
+entre gritos y patadas, la canción de _Les matelot de la Belle Eugenie_.
+
+Al día siguiente, muy temprano, se levantó Martín y con Ospitalech tomó
+el tren para Bayona. Fueron los dos a casa de un judío que se llamaba
+Levi-Alvarez. Era este un hombre bajito, entre rubio y canoso, con la
+nariz arqueada, el bigote blanco y los anteojos de oro. Ospitalech era
+dependiente del señor Levi-Alvarez y contó a su principal cómo Martín se
+brindaba a realizar la expedición difícil de entrar en el campo carlista
+para volver con las letras firmadas.
+
+--¿Cuánto quiere usted por eso?--preguntó Levi-Alvarez.
+
+--El veinte por ciento.
+
+--¡Caramba! Es mucho.
+
+--Está bien, no hablemos, me voy.
+
+--Espere usted. ¿Sabe usted que las letras ascienden a ciento veinte mil
+duros? El veinte por ciento sería una cantidad enorme.
+
+--Es lo que me ha ofrecido Ospitalech. Eso o nada.
+
+--¡Qué barbaridad! No tiene usted consideración...
+
+--Es mi última palabra. Eso o nada.
+
+--Bueno, bueno. Está bien. ¿Sabe usted que si tiene suerte se va usted a
+ganar veinticuatro mil duros...?
+
+--Y si no me pegarán un tiro.
+
+--Exacto. ¿Acepta usted?
+
+--Sí, señor, acepto.
+
+--Bueno. Entonces estamos conformes.
+
+--Pero yo exijo que usted me formalice este contrato por escrito--dijo
+Martín.
+
+--No tengo inconveniente.
+
+El judío quedó un poco perplejo y, después de vacilar un poco, preguntó:
+
+--¿Cómo quiere usted que lo haga?
+
+--En pagarés de mil duros cada uno.
+
+El judío, después de vacilar, llenó los pagarés y puso los sellos.
+
+--Si cobra usted--advirtió--de cada pueblo me puede usted ir enviando
+las letras.
+
+--¿No las podría depositar en los pueblos en casa del notario?
+
+--Sí, es mejor. Un consejo. En Estella no vaya usted donde el ministro
+de la guerra. Preséntese usted al general en jefe y le entrega usted las
+cartas.
+
+--Eso haré.
+
+--Entonces, adiós, y buena suerte.
+
+Martín fué a casa de un notario de Bayona, le preguntó si los pagarés
+estaban en regla y, habiéndole dicho que sí, los depositó bajo recibo.
+
+El mismo día se fué a Zaro.
+
+--Guardadme este papel--dijo a Bautista y a su hermana--dándoles el
+recibo.
+
+Yo me voy.
+
+--¿Adónde vas?--preguntó Bautista.
+
+Martín le explicó sus proyectos.
+
+--Eso es un disparate--dijo Bautista--te van a matar.
+
+--¡Ca!
+
+--Cualquiera de la partida del Cura que te vea te denuncia.
+
+--No está ninguno en España. La mayoría andan por Buenos Aires. Algunos
+los tienes por aquí, por Francia, trabajando.
+
+--No importa, es una barbaridad lo que quieres, hacer.
+
+--¡Hombre! Yo no obligo a nadie a que venga conmigo--dijo Martín.
+
+--Es que si tú crees que eres el único capaz de hacer eso, estás
+equivocado--replicó Bautista--. Yo voy donde otro vaya.
+
+--No digo que no.
+
+--Pero parece que dudas.
+
+--No, hombre, no.
+
+--Sí, sí, y para que veas que no hay tal cosa, te voy a acompañar. No se
+dirá que un vasco francés no se atreve a ir donde vaya un vasco español.
+
+--Pero hombre, tú estás casado--repuso Martín.
+
+--No importa.
+
+--Bueno, ya veo que lo tú quieres es acompañarme. Iremos juntos, y, si
+conseguimos traer las letras firmadas te daré algo.
+
+--¿Cuánto?
+
+--Ya veremos.
+
+--¡Qué granuja eres!--exclamó Bautista--¿para qué quieres tanto dinero?
+
+--¿Qué sé yo? Ya veremos. Yo tengo en la cabeza algo. ¿Qué? No lo sé,
+pero sirvo para alguna cosa. Es una idea que se me ha metido en la
+cabeza hace poco.
+
+--¿Qué demonio de ambición tienes?
+
+--No sé, chico, no sé--contestó Martín--pero hay gente que se considera
+como un cacharro viejo, que lo mismo puede servir de taza que de
+escupidera. Yo no, yo siento en mí, aquí dentro, algo duro y fuerte...
+no sé explicarme.
+
+A Bautista le extrañaba esta ambición obscura de Martín, porque él era
+claro y ordenado y sabía muy bien lo que quería.
+
+Dejaron esta cuestión y hablaron del recorrido que tenían que hacer.
+
+Este comenzaría yendo en el vaporcito la _Fleche_ a Zumaya y siguiendo
+de aquí a Azpeitia, de Azpeitia a Tolosa y de Tolosa a Estella. Para no
+llevar la lista de todas las personas a quien tenían que ver y estar
+consultando a cada paso lo que podía comprometerles, Bautista, que tenía
+magnífica memoria, se la aprendió de corrido; cosieron las letras entre
+el cuero de las polainas y por la noche se embarcaron.
+
+Entraron en el vaporcito de la _Fleche_ en Socoa y se echaron al mar.
+Bautista y Zalacaín pasaron la travesía metidos en un camarote pequeño
+dando tumbos.
+
+Al amanecer, el piloto vió hacia el cabo de Machichaco un barco que le
+pareció de guerra, y forzando la marcha entró en Zumaya.
+
+Varias compañías carlistas salieron al puerto dispuestas a comenzar el
+fuego, pero cuando reconocieron el barco francés se tranquilizaron.
+Después de desembarcar, la memoria admirable de Bautista indicó las
+personas a quienes tenían que visitar en este pueblo. Eran tres o cuatro
+comerciantes. Los buscaron, firmaron las letras, compraron los viajeros
+dos caballos, se agenciaron un salvo-conducto; y por la tarde, después
+de comer, Martín y Bautista se encaminaron por la carretera de Cestona.
+
+Pasaron por el pueblecito de Oiquina, constituído por unos cuantos
+caseríos colocados al borde del río Urola, luego por Aizarnazabal y en
+la venta de Iraeta, cerca del puente, se detuvieron a cenar.
+
+La noche se echó pronto encima. Cenaron Martín y Bautista y discutieron
+si sería mejor quedarse allí o seguir adelante, y optaron por esto
+último.
+
+Montaron en sus jamelgos, y al echar a andar vieron que de una casa
+próxima al puente de Iraeta salía un coche arrastrado por cuatro
+caballos. El coche comenzó a subir el camino de Cestona al trote. Este
+trozo de camino, desde Iraeta a Cestona, pasa entre dos montes y tiene
+en el fondo el río. De noche, sobre todo, el tal paraje es triste y
+siniestro.
+
+Martín y Bautista, por ese sentimiento de fraternidad que se siente en
+las carreteras solitarias, quisieron acercarse al coche y ponerse al
+habla con el cochero, pero sin duda el cochero tenía razones para no
+querer compañía, porque, al notar que le seguían, puso los caballos al
+trote largo y luego los hizo galopar.
+
+Así, el coche delante y Martín y Bautista detrás, subieron a Cestona, y
+al llegar aquí el coche dió una vuelta rápida y poco después echó un
+fardo al suelo.
+
+--Es algún contrabandista--dijo Martín.
+
+Efectivamente, lo era; hablaron con él y el hombre les confesó que había
+estado dispuesto a dispararles al ver que le perseguían. Marcharon los
+tres a la posada, ya hechos amigos, y Martín fué a ver a un confitero
+carlista de la calle Mayor.
+
+Durmieron en la posada de Blas y muy de mañana Zalacaín y Bautista se
+prepararon a seguir su camino.
+
+Era el día lluvioso y frío, la carretera, amarillenta, llena de baches,
+ondulaba por entre campos verdes; no se veía el monte Itzarroiz,
+envuelto entre la bruma. El río, crecido, iba de color de ocre. Se
+detuvieron en Lasao, en la posesión de un barón carlista, a hacer que su
+administrador firmara un documento y siguieron bordeando el Urola hasta
+Azpeitia.
+
+Aquí el trabajo era bastante grande y tardaron en terminarle. Al
+anochecer, estuvieron ya libres, y, como preferían no quedarse en
+pueblos grandes, tomaron un camino de herradura que subía al monte
+Hernio y fueron a dormir a una aldea llamada Regil.
+
+El tercer día, de Regil cogieron el camino de Vidania, y llegaron a
+Tolosa, en donde estuvieron unas horas.
+
+De Tolosa fueron a dormir a un pueblo próximo. Les dijeron que por allá
+andaba una partida, y prefirieron seguir adelante. Esta partida, días
+antes, había apaleado bárbaramente a unas muchachas, porque no quisieron
+bailar con unos cuantos de aquellos foragidos. Dejaron el pueblo, y,
+unas veces al trote y otras al paso, llegaron hasta Amezqueta, en donde
+se detuvieron.
+
+
+
+
+CAPÍTULO VIII
+
+VARIAS ANÉCDOTAS DE FERNANDO DE AMEZQUETA Y LLEGADA A ESTELLA
+
+
+En Amezqueta entraron en la posada próxima al juego de pelota. Llovía,
+hacía frío y se refugiaron al lado de la lumbre.
+
+Había entre los reunidos en la venta un campesino chusco, que se puso a
+contar historias. El campesino, al entrar otros dos en la cocina, sacó
+su gran pañuelo a cuadros y comenzó a dar con él en las mesas y en las
+sillas, como si estuviera espantando moscas.
+
+--¿Qué hay?--le dijo Martín--. ¿Qué hace usted?
+
+--Estas moscas fastidiosas--contestó el campesino seriamente.
+
+--Pero si no hay moscas.
+
+--Sí las hay, sí--replicó el hombre, dando de nuevo con el pañuelo.
+
+El posadero advirtió, riendo, a Martín y a Bautista que, como en
+Amezqueta había tantas moscas de macho, a los del pueblo les llamaban,
+en broma, _euliyac_ (las moscas), y que por eso el tipo aquel chistoso
+sacudía las mesas y las sillas con el pañuelo, al entrar dos
+amezquetanos.
+
+Rieron Martín y Bautista, y el campesino contó una porción de historias
+y de anécdotas.
+
+--Yo no sé contar nada--dijo el hombre varias veces--. ¡Si estuviera
+_Pernando_!
+
+--¿Y quién era _Pernando_?--preguntó Martín.
+
+--No habéis oído vosotros hablar de _Pernando_ de Amezqueta?
+
+--No.
+
+--¡Ah! Pues era el hombre más gracioso de toda esta provincia. ¡Las
+cosas que contaba aquel hombre!
+
+Martín y Bautista le instaron para que contara alguna historia de
+Fernando de Amezqueta, pero el campesino se resistía, porque aseguraba
+que oirle a él contar estas chuscadas no daba más que una pálida idea de
+las salidas de Fernando.
+
+Sin embargo, a instancias de los dos, el campesino contó esta anécdota
+en vascuence:
+
+«Un día Fernando fué a casa del señor cura de Amezqueta, que era amigo
+suyo y le convidaba a comer con frecuencia. Al entrar en la casa, husmeó
+desde la cocina y vió que el ama estaba limpiando dos truchas: una,
+hermosa, de cuatro libras lo menos, y la otra, pequeñita, que apenas
+tenía carne. Pasó Fernando a ver al señor cura, y éste, según su
+costumbre, le convidó a comer. Se sentaron a la mesa el señor cura y
+Fernando. Sacaron dos sopas y Fernando comió de las dos; luego sacaron
+el cocido, después una fuente de berzas con morcilla y, al llegar al
+principio, Fernando se encontró con que, en vez de poner la trucha
+grande, la condenada del ama había puesto la pequeña, que no tenía más
+que raspa.
+
+--Hombre, trucha--exclamó Fernando--le voy a hacer una pregunta.
+
+--¿Qué le vas a preguntar?--dijo el cura riendo, en espera de un chiste.
+
+--Le voy a preguntar a ver si por los demás peces que ha conocido se ha
+enterado algo de cómo están mis parientes al otro lado del mar, allí en
+América. Porque estas truchas saben mucho.
+
+--Hombre, sí, pregúntale.
+
+Cogió Fernando la fuente en donde estaba la trucha y se la puso delante,
+luego acercó el oído muy serio y escuchó.
+
+--¿Qué, contesta algo?--dijo burlonamente el ama del cura.
+
+--Sí, ya va contestando, ya va contestando.
+
+--¿Y qué dice? ¿Qué dice?--preguntó el cura.
+
+--Pues dice--contestó Fernando--que es muy pequeña, pero que ahí, en esa
+despensa, hay guardada una trucha muy grande y que ella debe de saber
+mejores noticias de mis parientes.»
+
+Una muchacha que estaba en la cocina, al oir la anécdota, se echó a reir
+con una risa aguda y comunicó su risa a todos.
+
+Rieron también de buena gana Martín y Bautista la manera de señalar del
+truhán, pero el campesino aseguró que él no tenía arte para estos
+cuentos.
+
+Le instaron para que siguiera y el hombre contó una nueva ocurrencia de
+_Pernando_.
+
+«--Otra vez--dijo--fué a Idiazabal, donde había un partido de pelota, y
+llegó tarde a la posada, cuando ya todos estaban sentados. El amo le
+dijo:
+
+--No hay sitio para ti, Fernando, ni probablemente tampoco habrá comida.
+
+--¡Bah!--replicó él--. ¡Si me diérais de balde lo que sobre!
+
+--Pues nada, todo lo que sobre para ti.
+
+Se paseó Fernando por el comedor.
+
+En la mesa redonda se habían sentado los dos bandos que habían jugado a
+la pelota, separados. Fernando, viendo que traían en una fuente piernas
+de carnero, dijo a dos o tres en voz baja:
+
+--Yo no sé de dónde saca el amo estas piernas de perro tan hermosas y
+con tanta carne.
+
+--¿Pero son de perro?--dijeron ellos.
+
+--Sí, de perro; pero no se lo digáis a esos, que se fastidien.
+
+--¿Pero de veras, Fernando?
+
+--Sí, hombre; yo mismo he visto la cabeza en la cocina. ¡Era un perro de
+aguas más hermoso!
+
+Dicho esto salió del comedor, y al volver tenían una cazuela con liebre.
+Fué al otro extremo de la mesa y dijo a los del bando contrario:
+
+--¡Vaya unos gatos más buenos que compra este fondista a los
+carabineros!
+
+--¡Ah!, ¿pero es gato eso?
+
+--Sí, no se lo digáis a esos, pero yo he visto las colas en la cocina.
+
+Poco después, Fernando comía solo y tenía liebre y carnero de sobra. Al
+anochecer, salieron del pueblo todos, algo borrachos, y alguno se paró a
+echar la papilla en el camino.
+
+--Es el perro, que le ha hecho daño--decían unos, burlándose.
+
+--Es el gato--decían los otros.
+
+Y nadie quería decir que era el vino.
+
+--Compañeros--dijo Fernando--, cuando se come gato y perro juntos no
+pasa nada. Ellos riñen en el interior como perros y gatos, pero le dejan
+a uno en paz.»
+
+La muchacha de la risa aguda rió de nuevo y el campesino comenzó a
+contar otra anécdota, diciendo:
+
+--No estuvo mal tampoco la manera como Fernando deshizo la boda entre un
+zapatero rico de Tolosa y una novia suya.
+
+--A ver, a ver cómo fué--dijeron todos.
+
+«--Pues estaba Fernando de aprendiz en la zapatería del difunto
+Ichtaber, _el Chato de Tolosa_, y no sé si vosotros sabréis, pero
+Ichtaber era un zapatero viejo y muy rico. Tenía Fernando de novia una
+chica muy guapa, pero Ichtaber, _el Chato_, al verla la empezó a
+cortejar y a decir si se quería casar con él, y, como era rico, ella
+aceptó. Solían verse la muchacha y el viejo en la zapatería, y el
+granuja de Ichtaber, para estar más libre, mandaba a Fernando, con
+cualquier pretexto, a la trastienda. El hacía como que no se incomodaba,
+pero se vengó. Fué a ver a su novia y habló con ella.
+
+--Sí--la dijo--. Ichtaber es buena persona y hombre de fortuna, es
+verdad, pero como es zapatero y chato y ha andado toda la vida con
+pieles, huele muy mal.
+
+--¡Mentiroso!--dijo ella.
+
+--No, no, fíjate. Ya verás.
+
+Fernando fué a la zapatería, cogió un fuelle grande y lo rellenó de esa
+casca que queda después de curtidos los pellejos y que huele que apesta;
+luego hizo un agujero en el tabique de la trastienda y esperó la ocasión
+oportuna. Por la tarde llegó la chica, é Ichtaber dijo a su aprendiz:
+
+--Oye, Fernando, vete a la trastienda un momento a arreglar esas hormas
+que hay en la caja.
+
+Salió Fernando; tomó el fuelle. Miró por el agujero. Ichtaber estaba
+besando la mano de la chica; entonces le apuntó a ella con el fuelle y
+metió por el agujero del tabique una corriente de aire de mal olor.
+Cuando Fernando miró después, Ichtaber _el Chato_ estaba con la mano en
+sus diminutas narices y la muchacha lo mismo.
+
+Luego Fernando siguió dándole al fuelle con intermitencias, hasta que se
+cansó.
+
+Dos días después, fué de nuevo la chica y le pasó lo mismo; y ya no
+volvió más, porque decía que Ichtaber _el Chato_ olía a muerto.
+
+Ichtaber hizo el amor a otra; pero Fernando le jugó la misma pasada con
+el fuelle, y el zapatero decía a sus amigos:
+
+--_¡Arrayua!_ En mi tiempo era otra cosa; las chicas estaban sanas.
+Ahora, la que más y la que menos huele a perros.»
+
+Volvió a oirse la risa alegre y chillona de la muchacha.
+
+Celebraron los demás circunstantes las granujerías de Fernando el de
+Amezqueta y fueron a acostarse.
+
+A la mañana siguiente, Martín y Bautista dejaron a Amezqueta y por un
+sendero llegaron a Ataun, lugar en donde Dorronsoro, el jefe civil
+carlista, había sido escribano.
+
+Se encontraron en el camino a un muchacho de este pueblo que iba a
+Echarri-Aranaz y en su compañía tomaron por un camino de herradura que
+bordeaba la sierra de Aralar.
+
+Hablaron los tres de la marcha de la guerra, y el chico contó una
+anécdota de Dorronsoro, que no dejaba de tener gracia. Se había
+presentado a él un señorito de San Sebastián, de familia carlista, de
+los que llamaban hojalateros, muy gordo y muy lucio.
+
+--Mire usted, don Miguel--había dicho al ex escribano--, yo soy muy
+carlista y mi familia también lo es; quisiera servir a don Carlos, pero,
+ya ve usted, no estoy para andar por el monte y desearía entrar en las
+oficinas.
+
+--Bueno, ya veré si encuentro algo--le dijo Dorronsoro--; vuelva usted
+mañana.
+
+Volvió al día siguiente el señorito y preguntó:
+
+--¿Qué, ha encontrado usted algo?
+
+--Sí, ya comprendo que no puede usted salir al monte; de manera que
+entrará usted en las oficinas... y pagará usted tres pesetas al día.
+
+Celebraron Martín y Bautista la decisión de Dorronsoro. Por la noche
+llegaron al valle de Araquil y se detuvieron en Echarri-Aranaz.
+
+Entraron en la cocina de la venta a calentarse al fuego. Allí, en vez de
+las historias del buen truhán Fernando de Amezqueta, tuvieron que oir,
+contada por una vieja, la historia de don Teodosio de Goñi, un caballero
+navarro que, después de haber matado a su padre y a su madre, engañado
+por el Diablo, se fué de penitencia al monte con una cadena al pie,
+hasta que, pasados muchos años y siendo don Teodosio viejo, se le
+presentó un dragón, y ya iba a devorarle, cuando apareció el arcángel
+San Miguel y mató al dragón y rompió las cadenas al caballero.
+
+A Bautista y a Martín les parecieron más entretenidas que esta tonta
+historia de dragones y de santos las ocurrencias del buen Fernando de
+Amezqueta.
+
+Estaban oyendo los comentarios a la vida de don Teodosio, cuando se
+presentó en la venta un señor rubio, que, al ver a Bautista y a Martín,
+se les quedó mirando atentamente.
+
+--¡Pero son ustedes!
+
+--Usted es el de...
+
+--El mismo.
+
+Era el extranjero a quien habían libertado de las garras del cura.
+
+--¿A qué vienen ustedes por aquí?--preguntó el extranjero.
+
+--Vamos a Estella.
+
+--¿De veras?
+
+--Sí.
+
+--Yo también. Iremos juntos. ¿Conocen ustedes el camino?
+
+--No.
+
+--Yo sí. He estado ya una vez.
+
+--Pero, ¿qué hace usted andando siempre por estos parajes?--le preguntó
+Martín.
+
+--Es mi oficio--le dijo el extranjero.
+
+--Pues, ¿qué es usted, si se puede saber?
+
+--Soy periodista. La fuga aquella me sirvió para hacer un artículo
+interesantísimo. Hablaba de ustedes dos y de aquella señorita morena.
+¡Qué chica más valiente, eh!
+
+--Ya lo creo.
+
+--Pues, si no tienen ustedes reparo, iremos juntos a Estella.
+
+--¿Reparo? Al revés. Satisfacción y grande.
+
+Quedaron de acuerdo en marchar juntos.
+
+A las siete de la mañana, hora en que empezó a aclarar, salieron los
+tres, atravesaron el túnel de Lizárraga y comenzaron a descender hacia
+la llanada de Estella. El extranjero montaba en un borriquillo, que
+marchaba casi más deprisa que los matalones en que iban Martín y
+Bautista. El camino serpenteaba subiendo el desnivel de la sierra de
+Andía.
+
+Atravesaron posiciones ocupadas por batallones carlistas. Entre los
+jefes había muchos extranjeros con flamantes uniformes austríacos,
+italianos y franceses, un tanto carnavalescos.
+
+A media tarde comieron en Lezaun y, arreando las caballerías, pasaron
+por Abarzuza. El extranjero explicó al paso la posición respectiva de
+liberales y carlistas en la batalla de Monte Muru y el sitio donde se
+desarrolló lo más fuerte de la acción, en la que murió el general
+Concha.
+
+Al anochecer llegaron cerca de Estella.
+
+Mucho antes de entrar en la corte carlista encontraron una compañía con
+un teniente que les ordenó detenerse. Mostraron los tres su pasaporte.
+
+Al llegar cerca del convento de Recoletos, era ya de noche.
+
+--¿Quién vive?--gritó el centinela.
+
+--España.
+
+--¿Qué gente?
+
+--Paisanos.
+
+--Adelante.
+
+Volvieron a mostrar sus documentos al cabo de guardia y entraron en la
+ciudad carlista.
+
+
+
+
+CAPÍTULO IX
+
+CÓMO MARTÍN Y EL EXTRANJERO PASEARON DE NOCHE POR ESTELLA
+Y DE LO QUE HABLARON
+
+
+Pasaron por el portal de Santiago, entraron en la calle Mayor y
+preguntaron en la posada si había alojamiento.
+
+Una muchacha apareció en la escalera.
+
+--Está la casa llena--dijo--. No hay sitio para tres personas, sólo una
+podría quedarse.
+
+--¿Y las caballerías?--preguntó Bautista.
+
+--Creo que hay sitio en la cuadra.
+
+Fué la muchacha a verlo y Martín dijo a Bautista.
+
+--Puesto que hay sitio para una persona, tú te puedes quedar aquí. Vale
+más que estemos separados y que hagamos como si no nos conociéramos.
+
+--Sí, es verdad--contestó Bautista.
+
+--Mañana, a la mañana, en la plaza nos encontraremos.
+
+--Muy bien.
+
+Vino la muchacha y dijo que había sitio en la cuadra para los jacos.
+
+Entró Bautista en la casa con las caballerías, y el extranjero y Martín
+fueron, preguntando, a otra posada del paseo de los Llanos, donde les
+dieron alojamiento.
+
+Llevaron a Martín a un cuarto desmantelado y polvoriento, en cuyo fondo
+había una alcoba estrecha, con las paredes cubiertas de unas manchas
+negras de humo. Sin duda los huéspedes mataban las chinches quemándolas
+con una vela o con la lamparilla y dejaban estos tranquilizadores
+rastros. En el gabinete y en la alcoba olía a cuadra, olor que venía de
+las junturas de las maderas del suelo.
+
+Martín sacó la carta de Levi-Alvarez y el paquete de letras cosido en el
+cuero de la bota y separó las ya aceptadas y firmadas, de las otras.
+Como estas todas eran para Estella, las encerró en un sobre y escribió:
+
+«Al general en jefe del ejército carlista.»
+
+--¿Será prudente--se dijo--entregar estas letras sin garantía alguna?
+
+No pensó mucho tiempo, porque comprendió enseguida que era una locura
+pedir recibo o fianza.
+
+--La verdad es que, si no quieren firmar, no puedo obligarles, y si me
+dan un recibo y luego se les ocurre quitármelo, con prenderme están al
+cabo de la calle. Aquí hay que hacer como si a uno le fuera indiferente
+la cosa y, si sale bien, aprovecharse de ella, y si no, dejarla.
+
+Esperó a que se secara el sobre. Salió a la calle. Vió en la calle un
+sargento y, después de saludarle, le preguntó:
+
+--¿Dónde se podrá ver al general?
+
+--¡A qué general!
+
+--Al general en jefe. Traigo unas cartas para él.
+
+--Estará probablemente paseando en la plaza. Venga usted.
+
+Fueron a la plaza. En los arcos, a la luz de unos faroles tristes de
+petróleo, paseaban algunos jefes carlistas. El sargento se acercó al
+grupo y, encarándose con uno de ellos, dijo:
+
+--Mi general.
+
+--¿Qué hay?
+
+--Este paisano, que trae unas cartas para el general en jefe.
+
+Martín se acercó y entregó los sobres. El general carlista se arrimó a
+un farol y los abrió. Era el general un hombre alto, flaco, de unos
+cincuenta años, de barba negra, con el brazo en cabestrillo. Llevaba una
+boina grande de gascón con una borla.
+
+--¿Quién ha traído esto?--preguntó el general con voz fuerte.
+
+--Yo--dijo Martín.
+
+--¿Sabe usted lo que venía aquí dentro?
+
+--No, señor.
+
+--¿Quién le ha dado a usted estos sobres?
+
+--El señor Levi-Alvarez de Bayona.
+
+--¿Cómo ha venido usted hasta aquí?
+
+--He ido de San Juan de Luz a Zumaya en barco, de Zumaya aquí a caballo.
+
+--¿Y no ha tenido usted ningún contratiempo en el camino?
+
+--Ninguno.
+
+--Aquí hay algunos papeles que hay que entregar al rey. ¿Quiere usted
+entregarlos o que se los entregue yo?
+
+--No tengo más encargo que dar estos sobres y, si hay contestación,
+volverla a Bayona.
+
+--¿No es usted carlista?--preguntó el general, sorprendido del tono de
+indiferencia de Martín.
+
+--Vivo en Francia y soy comerciante.
+
+--Ah, vamos, es usted francés.
+
+Martín calló.
+
+--¿Dónde para usted?--siguió preguntando el general.
+
+--En una posada de ese paseo...
+
+--¿Del paseo de los Llanos?
+
+--Creo que sí. Así se llama.
+
+--¿Hay una administración de coches en el portal? ¿No?
+
+--Sí, señor.
+
+--Entonces, es la misma, ¿Piensa usted estar muchos días en Estella?
+
+--Hasta que me digan si hay contestación o no.
+
+--¿Cómo se llama usted?
+
+--Martín Tellagorri.
+
+--Está bien. Puede usted retirarse.
+
+Saludó Martín y se fué a la posada. A la puerta se encontró con el
+extranjero.
+
+--¿Dónde se mete usted?--le dijo--. Le andaba buscando.
+
+--He ido a ver al general en jefe.
+
+--¿De veras?
+
+--Sí.
+
+--¿Y le ha visto usted?
+
+--Ya lo creo. Y le he dado las cartas que traía para él.
+
+--¡Demonio! Eso sí que es ir de prisa. No le quisiera tener a usted de
+rival en un periódico. ¿Qué le ha dicho a usted?
+
+--Ha estado muy amable.
+
+--Tenga usted cuidado, por si acaso. Mire usted que estos son unos
+bandidos.
+
+--Le he indicado que soy francés.
+
+--Bah, no importa. Este verano han fusilado a un periodista alemán amigo
+mío. Tenga usted cuidado.
+
+--¡Oh! Lo tendré.
+
+--Ahora, vamos a cenar.
+
+Subieron las escaleras y entraron en una cocina grande.
+
+Varios paisanos y soldados, congregados allí, charlaban. Se sentaron a
+cenar a una mesa larga, iluminada por un velón de varios mecheros que
+colgaba del techo.
+
+Un hombre viejo, bajito, que presidía la mesa, se quitó la boina y
+comenzó a rezar; todos los comensales hicieron lo mismo, menos el
+extranjero a quien advirtió Martín de su olvido y que, al darse cuenta,
+se quitó apresuradamente la gorra.
+
+En el transcurso de la cena, el hombre bajito habló más que nadie. Era
+navarro de la Ribera. Tenía un tipo repulsivo, chato, de mirada oblicua,
+pómulos salientes, la boina pequeña echada sobre los ojos, como si
+instintivamente quisiera ocultar su mirada. Defendía la conducta del
+cabecilla asesino Rosas Samaniego, que estaba entonces preso en Estella,
+y le parecía poca cosa el echar a los hombres por la sima de Igusquiza,
+tratándose de liberales y de hombres que blasfemaban de su Dios y de su
+religión.
+
+Contó el tal viejo varias historias de la guerra carlista anterior. Una
+de ellas era verdaderamente odiosa y cobarde. Una vez cerca de un río,
+yendo con la partida, se encontraron con diez o doce soldados jovencitos
+que lavaban sus camisas en el agua.
+
+--A bayonetazos acabamos con todos--dijo el hombre sonriendo, luego
+añadió hipócritamente--Dios nos lo habrá perdonado.
+
+Durante la cena, el repulsivo viejo estuvo contando hazañas por el
+estilo. Aquel tipo miserable y siniestro era fanático, violento y
+cobarde, se recreaba contando sus fechorías, manifestaba crueldad
+bastante para disimular su cobardía, tosquedad para darla como franqueza
+y ruindad para darle el carácter de habilidad. Tenía la doble
+bestialidad de ser fanático y de ser carlista.
+
+Este desagradable y antipático personaje se puso después a clasificar
+los batallones carlistas según su valor; primero eran los navarros, como
+era natural, siendo él navarro, luego los castellanos, después los
+alaveses, luego los guipuzcoanos y al último los vizcaínos.
+
+Por el curso de la conversación se veía que había allá un ambiente de
+odios terribles; navarros, vascongados, alaveses, aragoneses y
+castellanos se odiaban a muerte. Todo ese fondo cabileño que duerme en
+el instinto provincial español estaba despierto. Unos se reprochaban a
+otros el ser cobardes, granujas y ladrones.
+
+Martín se ahogaba en aquel antro, y sin tomar el postre, se levantó de
+la mesa para marcharse. El extranjero le siguió y salieron los dos a la
+calle.
+
+Lloviznaba. En algunas tabernas obscuras, a la luz de un quinqué de
+petróleo, se veían grupos de soldados. Se oía el rasguear de la
+guitarra; de cuando en cuando una voz cantaba la jota, en la calle
+negra y silenciosa.
+
+--Ya me está a mí cargando esta canción estólida--murmuró Martín.
+
+--¿Cuál?--preguntó el extranjero.
+
+--La jota. La encuentro como una cosa petulante. Me parece que le estoy
+oyendo hablar a ese viejo navarro de la posada. El que la canta quiere
+decir: «Yo soy más valiente que nadie, más noble que nadie, mas heroico
+que nadie.»
+
+--¿Y estos no son más valientes que los demás españoles?--preguntó el
+extranjero maliciosamente.
+
+--No lo sé; yo no lo creo, por lo menos. Yo, ahora mismo, si tuviera
+quinientos hombres tomaba Estella por asalto y le pegaba fuego.
+
+--¡Ja! ¡Ja! Es usted un hombre extraordinario.
+
+--Es que lo digo porque lo creo.
+
+Yo también lo creo, y siento que no tenga usted los quinientos hombres.
+¿Y que decía usted de la gente del Ebro?
+
+--Nada, que han decidido ellos mismos que son los únicos francos, los
+únicos leales, porque hablan muy en bruto y cantan la jota.
+
+--¿De manera que para usted este canto es como una falsificación del
+valor y de la energía?
+
+--Sí, algo así.
+
+--Está bien. Lo diré en mi próxima crónica. ¿No le parece a usted mal
+que me sirva de sus opiniones?
+
+--De ningún modo, porque a mí no me sirven para nada.
+
+Siguieron paseando, pero al alejarse un poco, un centinela les dió el
+alto y volvieron a la plaza. Se hallaba ésta solitaria.
+
+Dieron varias vueltas y un sereno les saludó y les dijo:
+
+--¿Qué hacen ustedes aquí?
+
+--¿No se puede pasear?--preguntó Zalacaín.
+
+--Hombre, sí; pero no es una hora muy a propósito.
+
+--Es que hemos cenado tarde y estábamos dando una vuelta--dijo el
+extranjero--no quisiéramos acostarnos tan pronto.
+
+--¿Por qué no van ustedes allí?--dijo el sereno, señalando los balcones
+de una casa que brillaban iluminados.
+
+--¿Qué es lo que hay allí?--preguntó Martín.
+
+--El Casino--contestó el sereno.
+
+--¿Y qué hacen ahora?--dijo el extranjero.
+
+--Estarán jugando.
+
+Se despidieron del vigilante nocturno y dejaron la plaza.
+
+Después, dando un rodeo, salieron al paseo de Los Llanos. Una campana de
+un convento comenzó a tocar.
+
+--Juego, campanas, carlismo y jota. ¡Qué español es esto, mi querido
+Martín!--dijo el extranjero.
+
+--Pues yo también soy español y todo eso me es muy antipático--contestó
+Martín.
+
+--Sin embargo, son los caracteres que constituyen la tradición de su
+país--dijo el extranjero.
+
+--Mi país es el monte--contestó Zalacaín.
+
+
+
+
+CAPÍTULO X
+
+CÓMO TRANSCURRIÓ EL SEGUNDO DÍA EN ESTELLA
+
+
+Conformes Martín y Bautista, se encontraron en la plaza. Martín
+consideró que no convenía que le viesen hablar con su cuñado, y para
+decir lo hecho por él la noche anterior escribió en un papel su
+entrevista con el general.
+
+Luego se fué a la plaza. Tocaba la charanga. Había unos soldados
+formados. En el balcón de una casa pequeña, enfrente de la iglesia de
+San Juan, estaba don Carlos con algunos de sus oficiales.
+
+Esperó Martín a ver a Bautista y cuando le vió le dijo:
+
+--Que no nos vean juntos--y le entregó el papel.
+
+Bautista se alejó, y poco después se acercó de nuevo a Martín y le dió
+otro pedazo de papel.
+
+--¿Qué pasará?--se dijo Martín.
+
+Se fué de la plaza, y cuando se vió solo, leyó el papel de Bautista que
+decía:
+
+_Ten cuidado. Está aquí el Cacho de sargento. No andes por el centro
+del pueblo_.
+
+La advertencia de Bautista la consideró Martín de gran importancia.
+Sabía que el Cacho le odiaba y que colocado en una posición superior,
+podía vengar sus antiguos rencores con toda la saña de aquel hombre
+pequeño, violento y colérico.
+
+Martín pasó por el puente del Azucarero contemplando el agua verdosa del
+río. Al llegar a la plazoleta donde comienza la Rua Mayor del pueblo
+viejo, Martín se detuvo frente al palacio del duque de Granada,
+convertido en cárcel, a contemplar una fuente con un león tenante en
+medio, en cuyas garras sujeta un escudo de Navarra.
+
+Estaba allí parado, cuando vió que se le acercaba el extranjero.
+
+--¡Hola, querido Martín!--le dijo.
+
+--¡Hola! ¡Buenos días!
+
+--¿Va usted a echar un vistazo por este viejo barrio?
+
+--Sí.
+
+--Pues iré con usted.
+
+Tomaron por la Rua Mayor, la calle principal del pueblo antiguo. A un
+lado y a otro se levantaban hermosas casas de piedra amarilla, con
+escudos y figuras tallados.
+
+Luego, terminada la Rua, siguieron por la calle de Curtidores. Las
+antiguas casas solariegas mostraban sus grandes puertas cerradas; en
+algunos portales, convertidos en talleres de curtidores, se veían filas
+de pellejos colgados y en el fondo el agua casi inmóvil del río Ega,
+verdosa y turbia.
+
+Al final de esta calle se encontraron con la iglesia del Santo Sepulcro
+y se pararon a contemplarla. A Martín le pareció aquella portada de
+piedra amarilla, con sus santos desnarigados a pedradas, una cosa algo
+grotesca, pero el extranjero aseguró que era magnífica.
+
+--¿De veras?--preguntó Martín.
+
+--¡Oh! ¡Ya lo creo!
+
+--¿Y la habrá hecho la gente de aquí?--preguntó Martín.
+
+--¿Le parece a usted imposible que los de Estella hagan una cosa
+buena?--preguntó riendo el extranjero.
+
+--¡Qué sé yo! No me parece que en este pueblo se haya inventado la
+pólvora.
+
+En una calle transversal, las paredes de las antiguas casas hidalgas
+derrumbadas servían de cerca para los jardines. No se alejaron más
+porque a pocos pasos estaba ya la guardia. Volvieron y subieron a San
+Pedro de la Rua, iglesia colocada en un alto, a la cual se llegaba por
+unas escaleras desgastadas, entre cuyas losas crecía la hierba.
+
+--Sentémonos aquí un momento--dijo el extranjero.
+
+--Bueno, como usted quiera.
+
+Desde allí se veía casi todo Estella, y los montes que le rodean, abajo
+el tejado de la cárcel y en un alto la ermita del Puy. Una vieja
+limpiaba las escaleras de piedra de la iglesia con una escoba y cantaba
+a voz en grito:
+
+ ¡Adiós los Llanos de Estella.
+ San Benito y Santa Clara,
+ Convento de Recoletos
+ donde yo me paseaba!
+
+--Ya ve usted--dijo el extranjero--que, aunque a usted le parezca este
+pueblo tan desagradable, hay gente que le tiene cariño.
+
+--¿Quién?--dijo Martín.
+
+--El que ha inventado esa canción.
+
+--Era un hombre de mal gusto.
+
+La vieja se acercó al extranjero y a Martín y entabló conversación con
+ellos. Era una mujer pequeña, de ojos vivos y tez tostada.
+
+--¿Usted será carlista? ¿Eh?--le preguntó el extranjero.
+
+--Ya lo creo. En Estella todos somos carlistas y tenemos la seguridad de
+que vendrá don Carlos con ayuda de Dios.
+
+--Sí, es muy probable.
+
+--¿Cómo probable?--exclamó la vieja--. Es seguro. ¿Usted no será de
+aquí?
+
+--No, no soy español.
+
+--Ah, vamos.
+
+Y la vieja, después de mirarle con curiosidad, siguió barriendo las
+escaleras.
+
+--Creo que le ha tenido a usted lástima al saber que no es usted
+español--dijo Martín.
+
+--Sí, parece que sí--contestó el extranjero--. La verdad es que es
+triste que por ese estúpido hombre guapo se mate esta pobre gente.
+
+--¿Por quién lo dice usted, por don Carlos?--preguntó Martín.
+
+--Sí.
+
+--¿Usted también cree que no es hombre de talento?
+
+--¡Qué va a ser! Es un tipo vulgar sin ninguna condición. Luego, no
+tiene idea de nada. Hablé con él cuando el bombardeo de Irún, y no se
+puede usted figurar nada más plano y más opaco.
+
+--Pues no lo diga usted por ahí, porque le hacen a usted pedazos. Estos
+bestias están dispuestos a morir por su rey.
+
+--Oh, no lo diría. Además ¿para qué? No había de convencer a nadie; unos
+son fanáticos y otros aventureros y ninguno está dispuesto a dejarse
+persuadir. Pero no crea usted que todos tienen un gran respeto ni por
+don Carlos ni por sus generales. ¿No ha oído usted en la posada que
+hablan algunas veces de don Bobo? pues se refieren al Pretendiente.
+
+Vieron el extranjero y Martín las otras iglesias del pueblo, la Peña de
+los Castillos y la parroquia de Santa María, y volvieron a comer.
+
+Afortunadamente, el viejecillo antipático no se sentaba a la mesa y en
+cambio estaban un legitimista francés, el conde de Haussonville, de la
+legación extranjera, y un joven comandante carlista llamado Iceta.
+
+El conde de Haussonville fué la alegría de la mesa. El conde, hombre de
+unos cuarenta años, alto, grueso, derecho, rubio, hablaba en un
+castellano grotesco.
+
+Lo verdaderamente gracioso de Haussonville era su apetito voraz. Todo lo
+que le daban de comer no le servía más que de aperitivo. Había venido
+desde Caspe llevando prisionero a un brigadier valenciano carlista a que
+conpareciera ante el Estado Mayor de don Carlos, y contaba su expedición
+de tal manera que hacía morirse de risa a todos.
+
+Explicó su estancia en un pueblo, con el batallón metido en una iglesia,
+sin poder moverse por estar los caminos intransitables por la nieve, no
+comiendo más que habichuelas y teniendo por retrete un confesionario, y
+dió tales detalles, que todo el mundo reía a carcajadas.
+
+--Un día, sobre todo, nos trajeron sidra--dijo el francés--y entre la
+sidra y las habichuelas se nos armó una, que tuvimos que hacer cola
+delante del confesionario. Pocas veces se ha visto una congregación de
+fieles tan apenados para entrar en el confesionario como nosotros. Jefes
+y soldados íbamos con gran dolor de corazón a cantar nuestra canción de
+las habichuelas a la pequeña garita del señor cura.
+
+Después de maldecir de la alimentación leguminosa y de la alimentación
+_patatosa_, habló del resto del viaje.
+
+Cada pueblo del tránsito le parecía una estación de calvario para su
+estómago hambriento; recordaba las aldeas por lo que había comido, o
+mejor dicho, por lo que había ayunado; aquí habían dado por toda comida
+un caldo de berzas, allá por cena una colación de verduras cocidas; y
+para colmo de desdichas, estaba alojado en Estella en casa de unas
+viejas solteronas y por la mañana le daban chocolate con agua, por la
+tarde cocido, y de noche una sopa de ajo infame.
+
+--Y siempre, siempre, poco--decía Haussonville, levantando los brazos al
+cielo.
+
+Iceta era un aventurero. Había estado al principio en la guerra, luego
+se fué a una república americana, tomó parte en una revolución y
+después, expulsado de allí por rebelde, volvía al ejército carlista, en
+donde estaba ya violento y deseando marcharse.
+
+Siguiéndole a todas partes como amigo y asesor, iba un antiguo criado
+suyo que se llamaba Asensio, pero a quien se le conocía por estos dos
+motes: Asensio Lapurrá (Asensio el Ladrón) y Asenchio Araguiarrapatzallia
+(Asensio el decomisador de carne).
+
+Este mote lo debía Asensio a haber sido consumero en su pueblo.
+
+Asensio era graciosísimo hablando castellano; no había palabra que
+empleara bien.
+
+Siempre que tenía que decir andamos, decía andemos; y al contrario,
+empleaba vaiga por vaya, y hagáis por haced.
+
+La conversación entre el conde de Haussonville y Asenchio Lapurrá era de
+lo más dislocada y pintoresca.
+
+--Si aquí hubiera un buen _quenerral_--decía Haussonville--la _querra_
+estaba resuelta.
+
+--_Pueda, pueda_ que sí--contestaba Asensio.
+
+--No saben _manecar_ un grande _equercito_, amigo Asensio.
+
+--Si _supieseis_ de _tática_, otra cosa sería.
+
+Martín y el extranjero intimaron con Haussonville, con Iceta y con
+Asenchio Lapurrá y se rieron a carcajadas con los mil quidprocuos que
+resultaban en la conversación del francés y del vasco.
+
+Asensio había estado en Cuba algún tiempo, de soldado, y contó anécdotas
+de aquella tierra. Lo que más le gustaba era hablar de los chinos.
+
+--Son de _mal_ intención, pero buenos cocineros, eso si. _Digáis_ a un
+chino que os haga un arroz. Os hace una cosa _manífica_. Es gente
+_raro_. Luego se ponen a _chun, chun, chun_. ¿Y entenderles? nada. ¿A
+nosotros? Rabia nos tenían. Y al que cogían _la_ martirizaban. ¡Pse!
+Nosotros _tamíen_ algunos _matemos_.
+
+Martín se reía a carcajadas con las explicaciones de Asenchio Lapurrá.
+
+Después de comer en la posada, Martín, el extranjero, Iceta,
+Haussonville y Asensio fueron a un café de la plaza, donde estuvieron
+hablando. Había ejercicios espirituales en la iglesia de San Juan, y una
+porción de beatos y de oficiales carlistas iban a la iglesia.
+
+--¡Qué país!--dijo Haussonville--la gente no hace más que ir a la
+iglesia. Todo es para el señor cura: las buenas comidas, las buenas
+chicas... Aquí no hay nada que hacer, todo para el señor cura.
+
+Iceta y Haussonville contemplaban con desprecio aquel tropel de gente
+que se encaminaba hacia la iglesia.
+
+--¡Bestias!--exclamaba Iceta dando puñetazos en la mesa--. No quisiera
+más que poder ametrallarlos.
+
+El francés murmuraba como diciéndoselo a sí mismo:
+
+--¡España! ¡España! _¡Jamais de la vie!_ Mucha hidalguía, mucha misa,
+mucha jota, pero poco alimento.
+
+--La guerra--añadía Asensio, metiendo la cucharada--es cosa nada
+_bueno_.
+
+
+
+
+CAPÍTULO XI
+
+CÓMO LOS ACONTECIMIENTOS SE ENREDARON, HASTA EL PUNTO DE QUE
+MARTÍN DURMIÓ EL TERCER DÍA DE ESTELLA EN LA CÁRCEL.
+
+
+Al día siguiente, por la noche, iba a acostarse Martín, cuando la
+posadera le llamó y le entregó una carta, que decía:
+
+«Preséntese usted mañana de madrugada en la ermita del Puy, en donde se
+le devolverán las letras ya firmadas. El General en Jefe.» Debajo había
+una firma ilegible.
+
+Martín se metió la carta en el bolsillo, y viendo que la posadera no se
+marchaba de su cuarto, le preguntó:
+
+--¿Quería usted algo?
+
+--Sí; nos han traído dos militares heridos y quisiéramos el cuarto de
+usted para uno de ellos. Si usted no tuviera inconveniente, le
+trasladaríamos abajo.
+
+--Bueno, no tengo inconveniente.
+
+Bajó a un cuarto del piso principal, que era una sala muy grande con dos
+alcobas. La sala tenía en medio un altar, iluminado con unas lámparas
+tristes de aceite. Martín se acostó; desde su cama veía las luces
+oscilantes, pero estas cosas no influían en su imaginación, y quedó
+dormido.
+
+Era más de media noche, cuando se despertó algo sobresaltado. En la
+alcoba próxima se oían quejas, alternando con voces de ¡Ay, Dios mío!
+¡Ay, Jesús mío!
+
+--¡Qué demonio será esto!--pensó Martín.
+
+Miró el reloj. Eran las tres. Se volvió a tender en la cama, pero con
+los lamentos no se pudo dormir y le pareció mejor levantarse. Se vistió
+y se acercó a la alcoba próxima, y miró por entre las cortinas. Se veía
+vagamente a un hombre tendido en la cama.
+
+--¿Qué le pasa a usted?--preguntó Martín.
+
+--Estoy herido--murmuró el enfermo.
+
+--¿Quiere usted alguna cosa?
+
+--Agua.
+
+A Martín le dió la impresión de conocer esta voz. Buscó por la sala una
+botella de agua, y como no había en el cuarto, fué a la cocina. Al ruido
+de sus pasos, la voz de la patrona preguntó:
+
+--¿Qué pasa?
+
+--El herido que quiere agua.
+
+--Voy.
+
+La patrona apareció en enaguas, y dijo, entregando a Martín una
+lamparilla:
+
+--Alumbre usted.
+
+Tomaron el agua y volvieron a la sala. Al entrar en la alcoba, Martín
+levantó el brazo, con lo que iluminó el rostro del enfermo y el suyo. El
+herido tomó el vaso en la mano, é incorporándose y mirando a Martín
+comenzó a gritar:
+
+--¿Eres tú? ¡Canalla! ¡Ladrón! ¡Prendedle! ¡Prendedle!
+
+El herido era Carlos Ohando.
+
+Martín dejó la lamparilla sobre la mesa de noche.
+
+--Márchese usted--dijo la patrona--. Está delirando.
+
+Martín sabía que no deliraba; se retiró a la sala y escuchó, por si
+Carlos contaba alguna cosa a la patrona. Martín esperó en su alcoba. En
+la sala, debajo del altar, estaba el equipaje de Ohando, consistente en
+un baúl y una maleta. Martín pensó que quizá Carlos guardara alguna
+carta de Catalina, y se dijo:
+
+--Si esta noche encuentro una buena ocasión, descerrajaré el baúl.
+
+--No la encontró. Iban a dar las cuatro de la mañana, cuando Martín,
+envuelto en su capote, se marchó hacia la ermita del Puy. Los carlistas
+estaban de maniobras. Llegó al campamento de don Carlos, y, mostrando su
+carta, le dejaron pasar.
+
+--El Señor está con dos Reverendos Padres--le advirtió un oficial.
+
+--Vayan al diablo el Señor y los Reverendos Padres--refunfuñó
+Zalacaín--. La verdad es que este rey es un rey ridículo.
+
+Esperó Martín a que despachara el Señor con los Reverendos, hasta que el
+rozagante Borbón, con su aire de hombre bien cebado, salió de la ermita,
+rodeado de su Estado Mayor. Junto al Pretendiente iba una mujer a
+caballo, que Martín supuso sería doña Blanca.
+
+--Ahí está el Rey. Tiene usted que arrodillarse y besarle la mano--dijo
+el oficial.
+
+Zalacaín no replicó.
+
+--Y darle el título de Majestad.
+
+Zalacaín no hizo caso.
+
+Don Carlos no se fijó en Martín y éste se acercó al general, quien le
+entregó las letras firmadas. Zalacaín las examinó. Estaban bien.
+
+En aquel momento, un fraile castrense, con unos gestos de energúmeno,
+comenzó a arengar a las tropas.
+
+Martín, sin que lo notara nadie, se fué alejando de allí y bajó al
+pueblo corriendo. El llevar en su bolsillo su fortuna, le hacía ser más
+asustadizo que una liebre.
+
+A la hora en que los soldados formaban en la plaza, se presentó Martín
+y, al ver a Bautista, le dijo:
+
+--Vete a la iglesia y allí hablaremos.
+
+Entraron los dos en la iglesia, y en una capilla obscura se sentaron en
+un banco.
+
+--Toma las letras--le dijo Martín a Bautista--. ¡Guárdalas!
+
+--¿Te las han dado ya firmadas?
+
+--Sí.
+
+--Hay que prepararse a salir de Estella en seguida.
+
+--No sé si podremos--dijo Bautista.
+
+--Aquí estamos en peligro. Además del Cacho, se encuentra en Estella
+Carlos Ohando.
+
+--¿Cómo lo sabes?
+
+--Porque le he visto.
+
+--¿En dónde?
+
+--Está en mi casa herido.
+
+--¿Y te ha visto él?
+
+--Sí.
+
+--Claro, están los dos--exclamó Bautista.
+
+--¿Cómo los dos? ¿Qué quieres decir con eso?
+
+--¿Yo? Nada.
+
+--¿Tú sabes algo?
+
+--No, hombre, no.
+
+--O me lo dices, o se lo pregunto al mismo Carlos Ohando. ¿Es que está
+aquí Catalina?
+
+--Sí, está aquí.
+
+--¿De veras?
+
+--Sí.
+
+--¿En dónde?
+
+--En el convento de Recoletas.
+
+--¡Encerrada! ¿Y cómo lo sabes tú?
+
+--Porque la he visto.
+
+--¡Qué suerte! ¿La has visto?
+
+--Sí. La he visto y la he hablado.
+
+--¡Y eso querías ocultarme! Tú no cres amigo mío, Bautista.
+
+Bautista protestó.
+
+--¿Y ella sabe que estoy aquí?
+
+--Sí, lo sabe.
+
+--¿Cómo se puede verla?--dijo Zalacaín.
+
+--Suele bordar en el convento, cerca de la ventana, y por la tarde sale
+a pasear a la huerta.
+
+--Bueno. Me voy. Si me ocurre algo, le diré a ese señor extranjero que
+vaya a avisarte. Mira a ver si puedes alquilar un coche para marcharnos
+de aquí.
+
+--Lo veré.
+
+--Lo más pronto que puedas.
+
+--Bueno.
+
+--Adiós.
+
+--Adiós y prudencia.
+
+Martín salió de la iglesia, tomó por la calle Mayor hacia el convento de
+las Recoletas, paseó arriba y abajo, horas y horas sin llegar a ver a
+Catalina. Al anochecer tuvo la suerte de verla asomada a una ventana.
+Martín levantó la mano, y su novia, haciendo como que no le conocía, se
+retiró de la ventana. Martín quedó helado; luego Catalina volvió a
+aparecer y lanzó un ovillo de hilo casi a los pies de Martín. Zalacaín
+lo recogió; tenía dentro un papel que decía: «A las ocho podemos hablar
+un momento. Espera cerca de la puerta de la tapia.» Martín volvió a la
+posada, comió con un apetito extraordinario y a las ocho en punto estaba
+en la puerta de la tapia esperando. Daban las ocho en el reloj de las
+iglesias de Estella, cuando Martín oyó dos golpecitos en la puerta,
+Martín contestó del mismo modo.
+
+--¿Eres tu, Martín?--preguntó Catalina en voz baja.
+
+--Sí, soy yo. ¿No nos podemos ver?
+
+--Imposible.
+
+--Yo me voy a marchar de Estella. ¿Querrás venir conmigo?--pregunto
+Martín.
+
+--Sí; pero ¡cómo salir de aquí!
+
+--¿Estás dispuesta a hacer todo lo que yo te diga?
+
+--Si.
+
+--¿A seguirme a todas partes?
+
+--A todas partes.
+
+--¿De veras?
+
+--Aunque sea a morir. Ahora, vete. ¡Por Dios! No nos sorprendan.
+
+Martín se había olvidado de todos sus peligros; marchó a su casa y sin
+pensar en espionajes entró en la posada a ver a Bautista y le abrazó con
+entusiasmo.
+
+--Pasado mañana--dijo Bautista--tenemos el coche.
+
+--¿Lo has arreglado todo?
+
+--Sí.
+
+Martín salió de casa de su cuñado silbando alegremente. Al llegar cerca
+de su posada, dos serenos que parecían estar espiándole se le acercaron
+y le mandaron callar de mala manera.
+
+--¡Hombre! ¿No se puede silbar?--preguntó Martín.
+
+--No, señor.
+
+--Bueno. No silbaré.
+
+--Y si replica usted, va usted a la cárcel.
+
+--No replico.
+
+--¡Hala! ¡Hala! A la cárcel.
+
+Zalacaín vió que buscaban un pretexto para encerrarle y aguantó los
+empellones que le dieron, y en medio de los dos serenos entró en la
+cárcel.
+
+
+
+
+CAPÍTULO XII
+
+EN QUE LOS ACONTECIMIENTOS MARCHAN AL GALOPE
+
+
+Entregaron los serenos a Martín en manos del alcaide, y éste le llevó
+hasta un cuarto obscuro con un banco y una cantarilla para el agua.
+
+--Demonio--exclamó Martín--, aquí hace mucho frío. ¿No hay sitio dónde
+dormir?
+
+--Ahí tiene usted el banco.
+
+--¿No me podrían traer un jergón y una manta para tenderme?
+
+--Si paga usted...
+
+--Pagaré lo que sea. Que me traigan un jergón y dos mantas.
+
+El alcaide se fué, dejando a obscuras a Martín, y vino poco después con
+un jergón y las mantas pedidas. Le dió Martín un duro, y el carcelero,
+amansado, le preguntó:
+
+--¿Qué ha hecho usted para que le traigan aquí?
+
+--Nada. Venía distraído silbando por la calle. Y me ha dicho el sereno:
+«No se silba.» Me he callado, y sin más ni más, me han traído a la
+cárcel.
+
+--¿Usted no se ha resistido?
+
+--No.
+
+--Entonces será por otra cosa por lo que le han encerrado.
+
+Martín dijo que así se lo figuraba también él. Le dió las buenas noches
+el carcelero; contestó Zalacaín amablemente, y se tendió en el suelo.
+
+--Aquí estoy tan seguro como en la posada--se dijo--. Allí me tienen en
+sus manos, y aquí también, luego estoy igual. Durmamos. Veremos lo que
+se hace mañana.
+
+A pesar de que su imaginación se le insubordinaba, pudo conciliar el
+sueño y descansar profundamente.
+
+Cuando despertó, vió que entraba un rayo de sol por una alta ventana
+iluminando el destartalado zaquizamí. Llamó a la puerta, vino el
+carcelero, y le preguntó:
+
+--¿No le han dicho a usted por qué estoy preso?
+
+--No.
+
+--¿De manera que me van a tener encerrado sin motivo?
+
+--Quizá sea una equivocación.
+
+--Pues es un consuelo.
+
+--¡Cosas de la vida! Aquí no le puede pasar a usted nada.
+
+--¡Si le parece a usted poco estar en la cárcel!
+
+--Eso no deshonra a nadie.
+
+Martín se hizo el asustadizo y el tímido, y preguntó:
+
+--¿Me traerá usted de comer?
+
+--Sí. ¿Hay hambre, eh?
+
+--Ya lo creo.
+
+--¿No querrá usted rancho?
+
+--No.
+
+--Pues ahora le traerán la comida.--Y el carcelero se fué, cantando
+alegremente.
+
+Comió Martín lo que le trajeron, se tendió envuelto en la manta, y
+después de un momento de siesta, se levantó a tomar una resolución.
+
+--¿Qué podría hacer yo?--se dijo--. Sobornar al alcaide exigiría mucho
+dinero. Llamar a Bautista es comprometerle. Esperar aquí a que me
+suelten es exponerme a cárcel perpetua, por lo menos a estar preso hasta
+que la guerra termine... Hay que escaparse, no hay más remedio.
+
+Con esta firme decisión, comenzó a pensar un plan de fuga. Salir por la
+puerta era difícil. La puerta, además de ser fuerte, se cerraba por
+fuera con llave y cerrojo. Después, aun en el caso de aprovechar una
+ocasión y poder salir de allá, quedaba por recorrer un pasillo largo y
+luego unas escaleras... Imposible.
+
+Había que escapar por la ventana. Era el único recurso.
+
+--¿A dónde dará esto?--se dijo.
+
+Arrimó el banco a la pared, se subió a él, se agarró a los barrotes y a
+pulso se levantó hasta poder mirar por la reja. Daba el ventanillo a la
+plaza de la fuente, en donde el día anterior se había encontrado con el
+extranjero.
+
+Saltó al suelo y se sentó en el banco. La reja, era alta, pequeña, con
+tres barrotes sin travesaño.
+
+--Arrancando uno, quizá puediera pasar--se dijo Martín--. Y esto no
+sería difícil... luego necesitaría una cuerda. ¿De dónde sacaría yo una
+cuerda?... La manta... la manta cortada en liras me podía servir...
+
+No tenía mas instrumento que un cortaplumas pequeño.
+
+--Hay que ver la solidez de la reja--murmuró.
+
+Volvió a subir. Se hallaba la reja empotrada en la pared, pero no tenía
+gran resistencia.
+
+Los barrotes estaban sujetos por un marco de madera, y el marco en un
+extremo se hallaba apolillado. Martín supuso que no sería difícil romper
+la madera y quitar el barrote de un lado.
+
+Cortó una tira de la manta y pasándola por el barrote de en medio y
+atándole después por los extremos formó una abrazadera y metió dos patas
+del banco en este anillo y las otras dos las sujetó en el suelo.
+
+Contaba así con una especie de plano inclinado para llegar a la reja.
+Subió por él deslizándose, se agarró con la mano izquierda a un barrote
+y con la derecha armada del cortaplumas, comenzó a roer la madera del
+marco.
+
+La postura no era cómoda, ni mucho menos, pero la constancia de Zalacaín
+no cejaba, y tras de una hora de rudo trabajo, logró arrancar el barrote
+de su alvéolo.
+
+Cuando lo tuvo ya suelto, lo volvió a poner como antes, quitó el banco
+de su posición oblicua, ocultó las astillas arrancadas del marco de la
+ventana en el jergón, y esperó la noche.
+
+El carcelero le llevó la cena, y Martín le preguntó con empeño si no
+habían dispuesto nada respecto a él, si pensaban tenerlo encerrado sin
+motivo alguno.
+
+El carcelero se encogió de hombros y se retiró en seguida tarareando.
+
+Inmediatamente que Zalacaín se vió solo, puso manos a la obra.
+
+Tenía la absoluta seguridad de poderse escapar. Sacó el cortaplumas y
+comenzó a cortar las dos mantas de arriba abajo. Hecho esto, fué atando
+las tiras una a otra hasta formar una cuerda de quince brazas. Era lo
+que necesitaba.
+
+Después pensó dejar un recuerdo alegre y divertido en la cárcel. Cogió
+la cantarilla del agua y le puso su boina y la dejó envuelta en el trozo
+que quedaba de manta.
+
+--Cuando se asome el carcelero podrá creer que sigo aquí durmiendo. Si
+gano con esto un par de horas, me pueden servir admirablemente para
+escaparme.
+
+Contempló el bulto con una sonrisa, luego subió a la reja, ató un cabo
+de la cuerda a los dos barrotes y el otro extremo lo echó fuera poco a
+poco. Cuando toda la cuerda quedó a lo largo de la pared, pasó el cuerpo
+con mil trabajos por la abertura, que dejaba el barrote arrancado, y
+comenzó a descolgarse resbalándose por el muro.
+
+Cruzó por delante de una ventana iluminada. Vió a alguien que se movía a
+través de un cristal. Estaba a cuatro o cinco metros de la calle, cuando
+oyó ruido de pasos. Se detuvo en su descenso y ya comenzaban a dejar de
+oirse los pasos cuando cayó a tierra, metiendo algún estrépito.
+
+Uno de los nudos debía de haberse soltado porque le quedaba un trozo de
+cuerda entre los dedos. Se levantó.
+
+--No hay avería. No me he hecho nada--se dijo--. Al pasar por cerca de
+la fuente de la plaza tiró el resto de la cuerda al agua. Luego,
+deprisa, se dirigió por la calle de la Rua.
+
+Iba marchando volviéndose para mirar atrás, cuando vió a la luz de un
+farol que oscilaba colgando de una cuerda dos hombres armados con
+fusiles, cuyas bayonetas brillaban de un modo siniestro. Estos hombres
+sin duda le seguían. Si se alejaba iba a dar a la guardia de
+extra-muros. No sabiendo qué hacer y viendo un portal abierto, entró en
+él, y empujando suavemente la puerta, la cerró.
+
+Oyó el ruido de los pasos de los hombres en la acera. Esperó a que
+dejaran de oirse, y cuando estaba dispuesto a salir, bajó una mujer
+vieja al zaguán y echó la llave y el cerrojo de la puerta.
+
+Martín se quedó encerrado. Volvieron a oirse los pasos de los que le
+perseguían.
+
+--No se van--pensó.
+
+Efectivamente, no sólo no se fueron, sino que llamaron en la casa con
+dos aldabonazos.
+
+Apareció de nuevo la vieja con un farol y se puso al habla con los de
+fuera sin abrir.
+
+--¿Ha entrado aquí algún hombre?--preguntó uno de los perseguidores.
+
+--No.
+
+--¿Quiere usted verlo bien? Somos de la ronda.
+
+--Aquí no hay nadie.
+
+--Registre usted el portal.
+
+Martín, al oir esto, agazapándose, salió del portal y ganó la escalera.
+La vieja paseó la luz del farol por todo el zaguán y dijo:
+
+--No hay nadie, no, no hay nadie.
+
+Martín pretendió volver al zaguán, pero la vieja puso el farol de tal
+modo que iluminaba el comienzo de la escalera. Martín no tuvo más
+remedio que retirarse hacia arriba y subir los escalones de dos en dos.
+
+--Pasaremos aquí la noche--se dijo.
+
+No había salida alguna. Lo mejor era esperar a que llegase el día y
+abriesen la puerta. No quería exponerse a que lo encontraran dentro
+estando la casa cerrada, y aguardó hasta muy entrada la mañana.
+
+Serían cerca de las nueve cuando comenzó a bajar las escaleras
+cautelosamente. Al pasar por el primer piso vió en un cuarto muy lujoso,
+y extendido sobre un sofá, un uniforme de oficial carlista, con su boina
+y su espada. Tenía tal convencimiento Martín de que sólo a fuerza de
+audacia se salvaría, que se desnudó con rapidez, se puso el uniforme y
+la boina, luego se ciñó la espada, se echó el capote por encima y
+comenzó a bajar las escaleras, taconeando. Se encontró con la vieja de
+la noche anterior, y al verla la dijo:
+
+--¿Pero no hay nadie en esta casa?
+
+--¿Qué quería usted? No le había visto.
+
+--¿Vive aquí el comandante don Carlos Ohando?
+
+--No, señor, aquí no vive.
+
+--¡Muchas gracias!
+
+Martín salió a la calle, y embozado y con aire conquistador se dirigió a
+la posada en donde vivía Bautista.
+
+--¡Tú!--exclamó Urbide--. ¿De dónde sales con ese uniforme? ¿Qué has
+hecho en todo en todo el día de ayer? Estaba intranquilo. ¿Qué pasa?
+
+--Todo lo contaré. ¿Tienes el coche?
+
+--Sí, pero...
+
+--Nada, tráetelo en seguida, lo más pronto que puedas. Pero a escape.
+
+Martín se sentó a la mesa y escribió con lápiz en un papel: «Querida
+hermana. Necesito verte. Estoy herido, gravísimo. Ven inmediatamente en
+el coche con mi amigo Zalacaín. Tu hermano, Carlos.»
+
+Después de escribir el papel, Martín se paseó con impaciencia por el
+cuarto. Cada minuto le parecía un siglo. Dos horas larguísimas tuvo que
+estar esperando con angustias de muerte. Al fin, cerca de las doce, oyó
+un ruido de campanillas.
+
+Se asomó al balcón. A la puerta aguardaba un coche tirado por cuatro
+caballos. Entre éstos distinguió Martín los dos jacos en cuyos lomos
+fueron desde Zumaya hasta Estella. El coche, un landó viejo y
+destartalado, tenía un cristal y uno de los faroles atado con una
+cuerda.
+
+Bajó las escaleras Martín embozado en la capa, abrió la portezuela del
+coche, y dijo a Bautista:
+
+--Al convento de Recoletas.
+
+Bautista, sin replicar, se dirigió hacia el sitio indicado. Cuando el
+coche se detuvo frente al convento, Bautista, al salir Zalacaín, le
+dijo:
+
+--¿Qué disparate vas a hacer? Reflexiona.
+
+--¿Tú sabes cuál es el camino de Logroño?--preguntó Martín.
+
+--Si.
+
+--Pues toma por allá.
+
+--Pero...
+
+--Nada, nada, toma por allá. Al principio marcha despacio, para no
+cansar a los caballos, porque luego habrá que correr.
+
+Hecha esta recomendación, Martín, muy erguido, se dirigió al convento.
+
+--Aquí va a pasar algo gordo--se dijo Bautista preparándose para la
+catástrofe.
+
+Llamó Martín, entró en el portal, preguntó a la hermana tornera por la
+señorita de Ohando y le dijo que necesitaba darle una carta. Le hicieron
+pasar al locutorio y se encontró allí con Catalina y una monja gruesa,
+que era la superiora. Las saludó profundamente y preguntó:
+
+--¿La señorita de Ohando?
+
+--Soy yo.
+
+--Traigo una carta para usted de su hermano.
+
+Catalina palideció y le temblaron las manos de la emoción. La superiora,
+una mujer gruesa, de color de marfil, con los ojos grandes y obscuros
+como dos manchas negras que le cogían la mitad de la cara, y varios
+lunares en la barbilla, preguntó:
+
+--¿Qué pasa? ¿Qué dice ese papel?
+
+--Dice que mi hermano está grave... que vaya--balbuceó Catalina.
+
+--¿Está tan grave?--preguntó la superiora a Martín.
+
+--Si, creo que sí.
+
+--¿En dónde se encuentra?
+
+--En una casa de la carretera de Logroño--dijo Martín.
+
+--¿Hacia Azqueta quizá?
+
+--Sí, cerca de Azqueta. Le han herido en un reconocimiento.
+
+--Bueno. Vamos--dijo la superiora--. Que venga también el señor Benito
+el demandadero.
+
+Martín no se opuso y esperó a que se preparasen para acompañarlas. Al
+salir los cuatro a tomar el coche y al verles Bautista desde lo alto del
+pescante, no pudo menos de hacer una mueca de asombro. El demandadero
+montó junto a él.
+
+--Vamos--dijo Martín a Bautista.
+
+El coche partió; la misma superiora bajó las cortinas y sacando un
+rosario comenzó a rezar. Recorrió el coche la calle Mayor, atravesó el
+puente del Azucarero, la calle de San Nicolás, y tomó por la carretera
+de Logroño.
+
+Al salir del pueblo, una patrulla carlista se acercó al coche. Alguien
+abrió la portezuela y la volvió a cerrar en seguida.
+
+--Va la madre superiora de las Recoletas a visitar a un enfermo--dijo el
+demandadero con voz gangosa.
+
+El coche siguió adelante al trote lento de los caballos. Lloviznaba, la
+noche estaba negra, no brillaba ni una estrella en el cielo. Se pasó
+una aldea, luego otra.
+
+--¡Qué lentitud!--exclamó la monja.
+
+--Es que los caballos son muy malos--contestó Martín.
+
+Pasaron deprisa otra aldea, y cuando no tenían delante ni atrás pueblos
+ni casas próximos, Bautista aminoró la marcha. Comenzaba a anochecer.
+
+--¿Pero qué pasa?--dijo de pronto la superiora--. ¿No llegamos todavía?
+
+--Pasa, señora--contestó Zalacaín--que tenemos que seguir adelante.
+
+--¿Y por qué?
+
+--Hay esa orden.
+
+--¿Y quién ha dado esa orden?
+
+--Es un secreto.
+
+--Pues hagan el favor de parar el coche, porque voy a bajar.
+
+--Si quiere usted bajar sola, puede usted hacerlo.
+
+--No, iré con Catalina.
+
+--Imposible.
+
+La superiora lanzó una mirada furiosa a Catalina, y al ver que bajaba
+los ojos, exclamó:
+
+--¡Ah! Estaban entendidos.
+
+--Sí, estamos entendidos--contestó Martín--.Esta señorita es mi novia y
+no quiere estar en el convento, sino casarse conmigo.
+
+--No es verdad, yo lo impediré.
+
+--Usted no lo impedirá porque no podrá impedirlo.
+
+La superiora se calló. Siguió el coche en su marcha pesada y monótona
+por la carretera. Era ya media noche cuando llegaron a la vista de Los
+Arcos.
+
+Doscientos metros antes detuvo Bautista los caballos y saltó del
+pescante.
+
+--Tú--le dijo a Zalacaín en vascuence--tenemos un caballo aspeado, si
+pudieras cambiarlo aquí...
+
+--Intentaremos.
+
+--Y si se pudieran cambiar los dos, sería mejor.
+
+--Voy a ver. Cuidado con el demandadero y con la monja, que no salgan.
+
+Desenganchó Martín los caballos y fué con ellos a la venta.
+
+Le salió al paso una muchacha redondita, muy bonita y de muy mal humor.
+Le dijo Martín, lo que necesitaba, y ella replicó que era imposible, que
+el amo estaba acostado.
+
+--Pues hay que despertarle.
+
+Llamaron al posadero y éste presentó una porción de obstáculos, adujo
+toda clase de pretextos, pero al ver el uniforme de Martín se avino a
+obedecer y mandó despertar al mozo. El mozo no estaba.
+
+--Ya ve usted, no está el mozo.
+
+--Ayúdeme usted, no tenga usted mal genio--le dijo Martín a la muchacha
+tomándole la mano y dándole un duro--. Me juego la vida en esto.
+
+La muchacha guardó el duro en el delantal, y ella misma sacó dos
+caballos de la cuadra y fué con ellos cantando alegremente:
+
+ La Virgen del Puy de Estella
+ le dijo a la del Pilar:
+ Si tú eres aragonesa
+ yo soy navarra y con sal.
+
+Martín pagó al posadero y quedó con él de acuerdo en el sitio en donde
+tenía que dejar los caballos en Logroño.
+
+Entre Bautista, Martín y la moza, reemplazaron el tiro por completo.
+Martín acompañó a la muchacha, y cuando la vió sola la estrechó por la
+cintura y la besó en la mejilla.
+
+--¡También usted es posma!--exclamó ella con desgarro.
+
+--Es que usted es navarra y con sal y yo quiero probar de esa
+sal--replicó Martín.
+
+--Pues tenga usted cuidado no le haga daño.
+
+--¿Quién lleva usted en el coche?
+
+--Unas viejas.
+
+--¿Volverá usted por aquí?
+
+--En cuanto pueda.
+
+--Pues, adiós.
+
+--Adiós, hermosa. Oiga usted. Si le preguntan por donde hemos ido diga
+usted que nos hemos quedado aquí.
+
+--Bueno, así lo haré.
+
+El coche pasó por delante de Los Arcos. Al llegar cerca de Sansol,
+cuatro hombres se plantaron en el camino.
+
+--¡Alto!--gritó uno de ellos que llevaba un farol.
+
+Martín saltó del coche y desenvainó la espada.
+
+--¿Quién es?--preguntó.
+
+--Voluntarios realistas--dijeron ellos.
+
+--¿Qué quieren?
+
+--Ver si tienen ustedes pasaporte.
+
+Martín sacó salvoconducto y lo enseñó. Un viejo, de aire respetable,
+tomó el papel y se puso a leerlo.
+
+--¿No vé usted que soy oficial?--preguntó Martín.
+
+--No importa--replicó el viejo--. ¿Quién va adentro?
+
+--Dos madres recoletas que marchan a Logroño.
+
+--¿No saben ustedes que en Viana están los liberales?--preguntó el
+viejo.
+
+--No importa, pasaremos.
+
+--Vamos a ver a esas señoras--murmuró el vejete.
+
+--¡Eh, Bautista! Ten cuidado--dijo Martín en vasco.
+
+Descendió Urbide del pescante y tras él saltó el demandadero. El viejo
+jefe de la patrulla abrió la portezuela del coche y echó la luz del
+farol al rostro de las viajeras.
+
+--¿Quiénes son ustedes?--preguntó la superiora con presteza.
+
+--Somos voluntarios de Carlos VII.
+
+--Entonces que nos detengan. Estos hombres nos llevan secuestradas.
+
+No acababa de decir esto cuando Martín dió una patada al farol que
+llevaba el viejo, y después de un empujón echó al anciano respetable a
+la cuneta de la carretera. Bautista arrancó el fusil a otro de la ronda,
+y el demandadero se vió acometido por dos hombres a la vez.
+
+--¡Pero si yo no soy de estos. Yo soy carlista--gritó el demandadero.
+
+Los hombres, convencidos, se echaron sobre Zalacaín, éste cerró contra
+los dos; uno de los voluntarios le dió un bayonetazo en el hombro
+izquierdo, y Martín, furioso por el dolor, le tiró una estocada que le
+atravesó de parte a parte.
+
+La patrulla se había declarado en fuga, dejando un fusil en el suelo.
+
+--¿Estás herido?--preguntó Bautista a su cuñado.
+
+--Sí, pero creo que no es nada. Hala, vámonos.
+
+--¿Llevamos este fusil?
+
+--Sí, quítale la cartuchera a ese que yo he tumbado, y vamos andando.
+
+Bautista entregó un fusil y una pistola a Martín.
+
+--Vamos, ¡adentro!--dijo Martín al demandadero.
+
+Éste se metió temblando en el coche que partió, llevado al galope por
+los caballos. Pasaron por en medio de un pueblo. Algunas ventanas se
+abrieron y salieron los vecinos, creyendo sin duda que pasaba un furgón
+de artillería. A la media hora Bautista se paró. Se había roto una
+correa y tuvieron que arreglarla, haciéndole un agujero con el
+cortaplumas. Estaba cayendo un chaparrón que convertía la carretera en
+un barrizal.
+
+--Habrá que ir más despacio--dijo Martín.
+
+Efectivamente, comenzaron a marchar más despacio, pero al cabo de un
+cuarto de hora se oyó a lo lejos como un galope de caballos. Martín se
+asomó a la ventana; indudablemente los perseguían.
+
+El ruido de las herraduras se iba acercando por momentos.
+
+--¡Alto! ¡Alto!--se oyó gritar.
+
+Bautista azotó los caballos y el coche tomó una una carrera vertiginosa.
+Al llegar a las curvas, el viejo landó se torcía y rechinaba como si
+fuera a hacerse pedazos. La superiora y Catalina rezaban; el demandadero
+gemía en el fondo del coche.
+
+--¡Alto! ¡Alto!--gritaron de nuevo.
+
+--¡Adelante, Bautista! ¡Adelante!--dijo Martín, sacando la cabeza por la
+ventanilla.
+
+En aquel momento sonó un tiro, y una bala pasó silbando a poca
+distancia. Martín cargó la pistola, vió un caballo y un ginete que se
+acercaban al coche, hizo fuego y el caballo cayó pesadamente al suelo.
+Los perseguidores dispararon sobre el coche que fué atravesado por las
+balas. Entonces Martín cargó el fusil y, sacando el cuerpo por la
+ventanilla, comenzó a hacer disparos atendiendo al ruido de las pisadas
+de los caballos; los que les seguían disparaban también, pero la noche
+estaba negra y ni Martín ni los perseguidores afinaban la puntería.
+Bautista, agazapado en el pescante, llevaba los caballos al galope;
+ninguno de los animales estaba herido, la cosa iba bien.
+
+Al amanecer cesó la persecución. Ya no se veía a nadie en la carretera.
+
+--Creo que podemos parar--gritó Bautista--. ¿Eh? Llevamos otra vez el
+tiro roto. ¿Paramos?
+
+--Sí, para--dijo Martín--; no se ve a nadie.
+
+Paró Bautista, y tuvieron que componer de nuevo otra correa.
+
+El demandadero rezaba y gemía en el coche; Zalacaín le hizo salir de
+dentro a empujones.
+
+--Anda, al pescante--le dijo--. ¿Es que tú no tienes sangre en las
+venas, sacristán de los demonios?--le preguntó.
+
+--Yo soy pacífico y no me gusta mezclarme en estas cosas ni hacer daño a
+nadie--contestó refunfuñando.
+
+--¿No serás tú una monja disfrazada?
+
+--No, soy un hombre.
+
+--¿No te habrás equivocado?
+
+--No, soy un hombre, un pobre hombre, si le parece a usted mejor.
+
+--Eso no impedirá que te metan unas píldoras de plomo en esa grasa fría
+que forma tu cuerpo.
+
+--¡Qué horror!
+
+--Por eso debes comprender, hombre linfático, que cuando se encuentra
+uno en el caso de morir o de matar, no puede uno andarse con tonterías
+ni con rezos.
+
+Las palabras rudas de Martín reanimaron un poco al demandadero.
+
+Al subir Bautista al pescante, le dijo Martín:
+
+--¿Quieres que guíe yo ahora?
+
+--No, no. Yo voy bien. Y tú, ¿cómo tienes la herida?
+
+--No debe de ser nada.
+
+--¿Vamos a verla?
+
+--Luego, luego; no hay que perder tiempo.
+
+Martín abrió la portezuela, y, al sentarse, dirigiéndose a la superiora,
+dijo:
+
+--Respecto a usted, señora, si vuelve usted a chillar, la voy a atar a
+un árbol y a dejarla en la carretera.
+
+Catalina, asustadísima, lloraba. Bautista subió al pescante y el
+demandadero con él. Comenzó el carruaje a marchar despacio, pero, al
+poco tiempo, volvieron a oirse como pisadas de caballos.
+
+Ya no quedaban municiones; los caballos del coche estaban cansados.
+
+--Vamos, Bautista, un esfuerzo--grito Martín, sacando la cabeza por la
+ventanilla--. ¡Así! Echando chispas.
+
+Bautista, excitado, gritaba y chasqueaba el látigo. El coche pasaba con
+la rapidez de una exhalación, y pronto dejó de oirse detrás el ruido de
+pisadas de caballos.
+
+Ya estaba clareando; nubarrones de plomo corrían a impulsos del viento,
+y en el fondo del cielo rojizo y triste del alba se adivinaba un pueblo
+en un alto. Debía de ser Viana.
+
+Al acercarse a él, el coche tropezó con una piedra, se soltó una de las
+ruedas, la caja se inclinó y vino a tierra. Todos los viajeros cayeron
+revueltos en el barro. Martín se levantó primero y tomó en brazos a
+Catalina.
+
+--¿Tienes algo?--la dijo.
+
+--No, creo que no--contestó ella, gimiendo.
+
+La superiora se había hecho un chichón en la trente y el demandadero
+dislocado una muñeca.
+
+--No hay averías importantes--dijo Martín--.¡Adelante!
+
+Los viajeros entonaban un coro de quejas y de lamentos.
+
+--Desengancharemos y montaremos a caballo--dijo Bautista.
+
+--Yo no. Yo no me muevo de aquí--replicó la superiora.
+
+La llegada del coche y su batacazo no habían pasado inadvertidos,
+porque, pocos momentos después, avanzó del lado de Viana media compañía
+de soldados.
+
+--Son los _guiris_--dijo Bautista a Martín.
+
+--Me alegro.
+
+La media compañía se acercó al grupo.
+
+--¡Alto!--gritó el sargento--. ¿Quién vive?
+
+--España.
+
+--Daos prisioneros.
+
+--No nos resistimos.
+
+El sargento y su tropa quedaron asombrados, al ver a un militar
+carlista, a dos monjas y a sus acompañantes llenos de barro.
+
+--Vamos hacia el pueblo--les ordenaron.
+
+Todos juntos, escoltados por los soldados, llegaron a Viana.
+
+Un teniente que apareció en la carretera, preguntó:
+
+--¿Qué hay, sargento?
+
+--Traemos prisioneros a un general carlista y a dos monjas.
+
+Martín se preguntó por qué le llamaba el sargento general carlista;
+pero, al ver que el teniente le saludaba, comprendió que el uniforme,
+cogido por él en Estella, era de un general.
+
+
+
+
+CAPÍTULO XIII
+
+CÓMO LLEGARON A LOGROÑO Y LO QUE LES OCURRIÓ
+
+
+Hicieron entrar a todos en el cuerpo de guardia, en donde, tendidos en
+camastros, dormían unos cuantos soldados, y otros se calentaban al calor
+de un gran brasero. Martín fué tratado con mucha consideración por su
+uniforme. Rogó al oficial le dejara estar a Catalina a su lado.
+
+--¿Es la señora de usted?
+
+--Sí, es mi mujer.
+
+El oficial accedió y pasó a los dos a un cuarto destartalado que servía
+para los oficiales.
+
+La superiora, Bautista y el demandadero, no merecieron las mismas
+atenciones y quedaron en el cuartelillo.
+
+Un sargento viejo, andaluz, se amarteló con la superiora y comenzó a
+echaría piropos de los clásicos; la dijo que tenía _loz ojoz_ como _doz
+luceroz_ y que se parecía a la Virgen de _Conzolación_ de Utrera, y le
+contó otra porción de cosas del repertorio de los almanaques.
+
+A Bautista le dieron tal risa los piropos del andaluz, que comenzó a
+reirse con una risa contenida.
+
+--A ver _zi_ te _callaz_; cochino carca--le dijo el sargento.
+
+--Si yo no digo nada--replicó Bautista.
+
+--_Zi_ te _siguez_ riendo _azí_, te voy a _clavá_ como a un _zapo_.
+
+Bautista tuvo que ir a un rincón a reirse, y la superiora y el sargento
+siguieron su conversación.
+
+Al mediodía llegó un coronel, que al ver a Martín le saludó
+militarmente. Martín le contó sus aventuras, pero el coronel al oírlas
+frunció las cejas.
+
+--A estos militares--pensó Martín--no les gusta que un paisano haga
+cosas más difíciles que las suyas.
+
+--Irán ustedes a Logroño y allí veremos si identifican su personalidad.
+¿Qué tiene usted? ¿Está usted herido?
+
+--Sí.
+
+--Ahora vendrá el físico a reconocerle.
+
+Efectivamente, llegó un doctor que reconoció a Martín, le vendó, y
+redujo la dislocación del mandadero, que gritó y chilló como un
+condenado. Después de comer trajeron los caballos del coche, les
+obligaron a montar en ellos, y custodiados por toda compañía tomaron el
+camino de Logroño.
+
+Al llegar cerca del puente sobre el Ebro, una porción de lavanderas y
+de mujeres de carabineros salieron a ver la extraña comitiva, y varias
+de ellas comenzaron a cantar, sobre todo dirigiéndose a la monja:
+
+ Ahora sí que estarás contentona
+ Carlistona, mandilona;
+ Ahora sí que estarás contentón
+ Carlistón, mandilón, cobardón.
+
+La pobre superiora estaba lívida de rabia. Martín y Bautista se miraban
+con cierto cómico estupor.
+
+En Logroño pararon en el cuartel y un oficial hizo subir a Martín a ver
+al general. Le contó Zalacaín sus aventuras, y el general le dijo:
+
+--Si yo tuviera la seguridad de que lo que me dice usted es cierto,
+inmediatamente dejaría libre a usted y a sus compañeros.
+
+--¿Y yo cómo voy a probar la verdad de mis palabras?
+
+--¡Si pudiera usted identificar su persona! ¿No conoce usted aquí a
+nadie? ¿Algún comerciante?
+
+--No.
+
+--Es lástima.
+
+--Sí, sí, conozco a una persona--dijo de pronto Martín--, conozco a la
+señora de Briones y a su hija.
+
+--¿Y el capitán Briones, también lo conocerá usted?
+
+--También.
+
+--Pues lo voy a llamar; dentro de un momento estará aquí.
+
+El general mandó un ayudante suyo, y media hora después estaba el
+capitán Briones, que reconoció a Martín. El general los dejó a todos
+libres.
+
+Martín, Catalina y Bautista iban a marcharse juntos, a pesar de la
+oposición de la superiora, cuando el capitán Briones dijo:
+
+--Amigo Zalacaín, mi madre y mi hermana exigen que vaya usted a comer
+con ellas.
+
+Martín explicó a su novia como no le era posible desatender la
+invitación, y dejando a Bautista y a Catalina fué en compañía del
+oficial.
+
+La casa de la señora de Briones estaba en una calle céntrica, con
+soportales.
+
+Rosita y su madre recibieron a Martín con grandes muestras de amistad.
+La aventura de su llegada a Logroño con un una señorita y una monja
+había corrido por todas partes.
+
+Madre é hija le preguntaron un sin fin de cosas, y Martín tuvo que
+contar sus aventuras.
+
+--¡Pero qué muchacho!--decía doña Pepita, haciéndose cruces--. Usted es
+un verdadero diablo.
+
+Después de comer vinieron unas señoritas amigas de Rosa Briones, y
+Martín tuvo que contar de nuevo sus aventuras. Luego se habló de
+sobremesa y se cantó. Martín pensaba: ¿Qué hará Catalina? Pero luego se
+olvidaba con la conversación.
+
+Doña Pepita dijo que su hija había tenido el capricho de aprender la
+guitarra é incitó a Rosita para que cantara.
+
+--Sí, canta--dijeron las demás muchachas.
+
+--Sí, cante usted--añadió Zalacaín.
+
+Rosita sacó la guitarra y cantó algunas canciones, acompañándose con
+ella, y luego, como en honor de Martín, entonó un zortzico con letra
+castellana, que comenzaba así:
+
+ Aunque la oración suene
+ Yo no me voy de aquí;
+ La del pañuelo rojo
+ Loco me ha vuelto a mí.
+
+Y el estribillo de la canción era:
+
+ Aufa que el campanero
+ La oración va a tocar,
+ Aufa que yo te quiero
+ _Maitia, maitia_, ven acá.
+
+Y Rosita, al cantar esto, miraba a Martín de tal manera con los ojos
+brillantes y negros, que él se olvidó de que le esperaba Catalina.
+
+Cuando salió de casa de la señora de Briones, eran cerca de las once de
+la noche. Al encontrarse en la calle comprendió su falta brutal de
+atención. Fué a buscar a su novia, preguntando en los hoteles. La
+mayoría estaban cerrados. En uno del Espolón le dijeron: «Aquí ha venido
+una señorita, pero está descansando en su cuarto.»
+
+--¿No podría usted avisarla?
+
+--No.
+
+Bautista tampoco parecía.
+
+Sin saber qué hacer, volvió Martín a los soportales y se puso a pasear
+por ellos. Si no fuera por Catalina--pensó--era capaz de quedarme aquí
+y ver si Rosita Briones está de veras por mí, como parece.
+
+Estaba embebido en estos pensamientos cuando un hombre, con aspecto de
+criado, se paró ante él y le dijo:
+
+--¿Es usted don Martín Zalacaín?
+
+--El mismo.
+
+--¿Quiere usted venir conmigo? Mi señora quiere hablarle.
+
+--¿Y quién es la señora de usted?
+
+--Me ha encargado que le diga que es una amiga de su infancia.
+
+--¿Una amiga de mi infancia?
+
+--Sí.
+
+--Es posible--pensó Zalacaín--. Si habré conocido en mi infancia a
+alguien que tenga criados, sin saberlo. En fin, vamos a ver a mi
+amiga--dijo en voz alta.
+
+El criado siguió por los soportales, torció una esquina, y en una casa
+grande empujó la puerta y entró en un zaguán elegante, iluminado por un
+gran farol.
+
+--Pase el señorito--dijo el criado indicándole una escalera alfombrada.
+
+--Debe haber una equivocación--pensó Martín--. No es posible otra cosa.
+
+Subieron la escalera, el criado levantó una cortina y pasó Zalacaín.
+Sentada en un sofá y hojeando un álbum, había una mujer desconocida, una
+mujer pequeña, delgada, rubia, elegantísima.
+
+--Perdone usted, señora--dijo Martín--, creo que usted y yo somos
+víctimas de una equivocación...
+
+--Yo, por mi parte, no--contestó ella riendo, con una risa zumbona.
+
+--¿Quiere algo más la señora?--preguntó el criado.
+
+--No, pueden ustedes retirarse.
+
+Martín quedó asombrado. El criado echó la pesada cortina y quedaron
+solos.
+
+--Martín--dijo la dama, levantándose de su silla y poniéndole las manos
+pequeñas en sus hombros--. ¿No te acuerdas de mí?
+
+--No, la verdad.
+
+--Soy Linda.
+
+--¿Qué Linda?
+
+--Linda, la que estuvo en Urbia cuando fué el domador, y murió tu madre.
+¿No te acuerdas?
+
+--¿Usted es Linda?
+
+--¡Oh, no me hables de usted! Sí, yo soy Linda. He sabido como habías
+venido a Logroño y he mandado que te buscaran.
+
+--¿De manera que tú eres aquella chiquilla que jugaba con el oso?
+
+--La misma.
+
+--¿Y me has conocido?
+
+--Sí.
+
+--Yo no te hubiera conocido.
+
+--Habla, cuenta de tu vida. Tú no sabes la gana que tenía de verte. Eres
+el único hombre por quien me han pegado. ¿Te acuerdas? Para mí
+constituías toda mi familia. ¿Qué hará? ¿Dónde estará Martín? pensaba.
+
+--¿De veras? ¡Que extraño! ¡Hace de esto tanto tiempo! Y somos jóvenes
+los dos.
+
+--¡Cuenta! ¡Cuenta! ¿Cuál ha sido tu vida? ¿Qué has hecho por el mundo?
+
+Martín, emocionado, habló de su vida, de sus aventuras. Luego, Linda
+contó las suyas, su existencia bohemia de volatinera, hasta que un señor
+rico le sacó del circo y le brindó con su protección. Ahora este señor,
+título, con grandes posesiones en la Rioja, quería casarse con ella.
+
+--¿Y tú te vas a casar?--la preguntó Martín.
+
+--Claro.
+
+--¿De manera que dentro de poco serás una señora condesa o marquesa?
+
+--Sí, marquesa, pero chico, esto no me entusiasma. He vivido siempre
+libre y ya las cadenas no son para mí, aunque sean de oro. Pero estás
+pálido. ¿Qué te pasa?
+
+Martín sentía un gran cansancio y le dolía el hombro. Linda, al saber
+que estaba herido, le obligó a quedarse allí.
+
+Afortunadamente el rasguño no era grave y Zalacaín curó pronto.
+
+Al día siguiente, Linda no le dejó salir; y al verse dominado por ella,
+por su suave encanto, encontró el herido que sus convalecencias eran más
+peligrosas para sus sentimientos que para su salud.
+
+--Que le avisen a mi cuñado donde estoy--dijo Martín varias veces a
+Linda.
+
+Ésta envió un criado a los hoteles, pero en ninguno daban noticias ni de
+Bautista ni de Catalina.
+
+
+
+
+CAPÍTULO XIV
+
+CÓMO ZALACAÍN Y BAUTISTA URBIDE TOMARON LOS DOS SOLOS LA CIUDAD DE
+LAGUARDIA OCUPADA POR LOS CARLISTAS.
+
+
+De conocer Martín la _Odisea_ es posible que hubiese tenido la
+pretensión de comparar a Linda con la hechicera Circe y a sí mismo con
+Ulises, pero como no había leído el poema de Homero no se le ocurrió tal
+comparación.
+
+Sí se le ocurrió varias veces que se estaba portando como un bellaco,
+pero Linda ¡era tan encantadora! ¡Tenía por él tan grande entusiasmo! Le
+había hecho olvidar a Catalina. Muchos días maldecía de su barbarie,
+pero no se determinaba a marcharse. Decidió en su fuero interno que la
+culpa de todo era de Bautista y esta decisión le tranquilizó.
+
+--¿Dónde se ha metido ese hombre?--se preguntaba.
+
+Una semana después del encuentro con Linda, al pasar por los soportales
+de la calle principal de Logroño se encontró con Bautista que venía
+hacia él indiferente y tranquilo como de costumbre.
+
+--¿Pero dónde estás?--exclamó Martín incomodado.
+
+--Eso te pregunto yo, ¿dónde estás?--contestó Bautista.
+
+--¿Y Catalina?
+
+--¡Qué sé yo! Yo creí que tú sabrías dónde estaba, que os habíais
+marchado los dos sin decirme nada.
+
+--¿De manera que no sabes?...
+
+--Yo no.
+
+--¿Cuándo hablaste tú con ella por última vez?
+
+--El mismo día de llegar aquí; hace ocho días. Cuando tú te fuistes a
+comer a casa de la señora de Briones, Catalina, la monja y yo nos fuimos
+a la fonda. Pasó el tiempo, pasó el tiempo y tú no venías.--¿Pero dónde
+está?--preguntaba Catalina.--¿Qué sé yo?--la decía. A la una de la
+mañana, viendo que tú no venías, yo me fuí a la cama. Estaba molido. Me
+dormí y me desperté muy tarde y me encontré con que la monja y Catalina
+se habían marchado y tú no habías venido. Esperé un día, y como no
+aparecía nadie, creí que os habíais marchado y me fuí a Bayona y dejé
+las letras en casa de Levi-Alvarez. Luego tu hermana empezó a
+decirme:--¿Pero dónde estará Martín? ¿Le ha pasado algo?--Escribí a
+Briones y me contestó que estabas aquí escandalizando el pueblo, y por
+eso he venido.
+
+--Sí, la verdad es que yo tengo la culpa--dijo Martín--. ¿Pero dónde
+puede estar Catalina? ¿Habrá seguido a la monja?
+
+--Es lo más probable.
+
+Martín, al encontrarse con Bautista y hablar con él, se sintió fuera de
+la influencia del hechizo de Linda y comenzó a hacer indagaciones con
+una actividad extraordinaria. De las dos viajeras del hotel, una se
+había marchado por la estación; la otra, la monja, había partido en un
+coche hacia Laguardia.
+
+Martín y Bautista supusieron si las dos estarían refugiadas en
+Laguardia. Sin duda la monja recuperó su ascendiente sobre Catalina en
+vista de la falta de Martín y la convenció de que volviera con ella al
+convento.
+
+Era imposible que Catalina encontrándose en otro lado no hubiese
+escrito.
+
+Se dedicaron a seguir la pista de la monja. Averiguaron en la venta de
+Asa que días antes un coche con la monja intentó pasar a Laguardia, pero
+al ver la carretera ocupada por el ejército liberal sitiando la ciudad y
+atacando las trincheras retrocedió. Suponían los de la venta que la
+monja habría vuelto a Logroño, a no ser que intentara entrar en la
+ciudad sitiada, tomando en caballería el camino de Lanciego por Oyón y
+Venaspre.
+
+Marcharon a Oyón y luego a Yécora, pero nadie les pudo dar razón. Los
+dos pueblos estaban casi abandonados.
+
+Desde aquel camino alto se veía Laguardia rodeada de su muralla en medio
+de una explanada enorme. Hacia el Norte limitaba esta explanada como una
+muralla gris la cordillera de Cantabria; hacia el Sur podía extenderse
+la vista hasta los montes de Pancorbo.
+
+En este polígono amarillento de Laguardia no se destacaban ni tejados ni
+campanarios, no parecía aquello un pueblo, sino más bien una fortaleza.
+En un extremo de la muralla se erguía un torreón envuelto en aquel
+instante en una densa humareda.
+
+Al salir de Yécora, un hombre famélico y destrozado les salió al
+encuentro y habló con ellos. Les contó que los carlistas iban a
+abandonar Laguardia un día u otro. Le preguntó Martín si era posible
+entrar en la ciudad.
+
+--Por la puerta es imposible--dijo el hombre--, pero yo he entrado
+subiendo por unos agujeros que hay en el muro entre la Puerta de Paganos
+y la de Mercadal.
+
+--¿Pero y los centinelas?
+
+--No suelen haber muchas veces.
+
+Bajaron Martín y Bautista por una senda desde Lanciego a la carretera y
+llegaron al sitio en donde acampaba el ejército liberal. La tropa,
+después de cañonear las trincheras carlistas, avanzaba, y el enemigo
+abandonaba sus posiciones refugiándose en los muros.
+
+El regimiento del capitán Briones se encontraba en las avanzadas. Martín
+preguntó por él y lo encontró. Briones presentó a Zalacaín y a Bautista
+a algunos oficiales compañeros suyos, y por la noche tuvieron una
+partida de cartas y jugaron y bebieron. Ganó Martín, y uno de los
+compañeros de Briones, un teniente aragonés que había perdido toda su
+paga, comenzó, para vengarse, a hablar mal de los vascongados, y
+Zalacaín y él se encarzaron en una estúpida discusión de amor propio
+regional, de esas tan frecuentes en España.
+
+Decía el teniente aragonés que los vascongados eran tan torpes, que un
+capitán carlista, para enseñarles a marchar a la derecha y a la
+izquierda elevaba un manojo de paja en la mano y les decía, por ejemplo:
+¡Doble derecha! y en seguida pasaba el manojo a la derecha y decía.
+¡Hacia el lado de la paja! Además, según el oficial, los vascongados
+eran unos poltrones que no se querían batir más que estando cerca de sus
+casas.
+
+Martín se estaba amoscando, y dijo al oficial:
+
+--Yo no sé como serán los vascongados, pero lo que le puedo decir a
+usted es que lo que usted o cualquiera de estos señores haga, lo hago yo
+por debajo de la pierna.
+
+--Y yo--dijo Bautista, colocándose al lado de Martín.
+
+--Vamos, hombre--dijo Briones--. No sean ustedes tontos. El teniente
+Ramírez no ha querido ofenderles.
+
+--No nos ha llamado más que estúpidos y cobardes--dijo riendo Martín--.
+Claro que a mí no me importa nada lo que este señor opine de nosotros,
+pero me gustaría encontrar una ocasión para probarle que está
+equivocado.
+
+--Salga usted--dijo el teniente.
+
+--Cuando usted quiera--contestó Martín.
+
+--No--replicó Briones--, yo lo prohibo. El teniente Ramírez quedará
+arrestado.
+
+--Está bien--dijo refunfuñando el aludido.
+
+--Si estos señores quieren un poco de jaleo, cuando tomemos Laguardia
+pueden venir con nosotros--advirtió el oficial.
+
+Martín creyó ver alguna ironía en las palabras del militar y replicó
+burlonamente:
+
+--¡Cuando tomen ustedes Laguardia! No, hombre. Eso no es nada para
+nosotros. Yo voy solo a Laguardia y la tomo, o a lo más con mi cuñado
+Bautista.
+
+Se echaron todos a reir de la fanfarronada, pero viendo que Martín
+insistía, diciendo que aquella misma noche iban a entrar en la ciudad
+sitiada, pensaron que Martín estaba loco. Briones, que le conocía,
+trató de disuadirse de hacer esta barbaridad, pero Zalacaín no se
+convenció.
+
+--¿Ven ustedes este pañuelo blanco?--dijo--. Mañana al amanecer lo verán
+ustedes en este palo flotando sobre Laguardia. ¿Habrá por aquí una
+cuerda?
+
+Uno de los oficiales jóvenes trajo una cuerda, y Martín y Bautista, sin
+hacer caso de las palabras de Briones, avanzaron por la carretera.
+
+El frío de la noche les serenó, y Martín y su cuñado se miraron algo
+extrañados. Se dice que los antiguos godos tenían la costumbre de
+resolver sus asuntos dos veces, una borrachos y otra serenos. De esta
+manera unían en sus decisiones el atrevimiento y la prudencia. Martín
+sintió no haber seguido esta prudente táctica goda, pero se calló y dió
+a entender que se encontraba en uno de los momentos regocijados de su
+vida.
+
+--¿Qué? ¿vamos a ir?--preguntó Bautista.
+
+--Probaremos.
+
+Se acercaron a Laguardia. A poca distancia de sus muros tomaron a la
+izquierda, por la Senda de las Damas, hasta salir al camino de El Ciego
+y cruzando éste se acercaron a la altura en donde se asienta la ciudad.
+Dejaron a un lado el cementerio y llegaron a un paseo con árboles que
+circunda el pueblo.
+
+Debían de encontrarse en el punto indicado por el hombre de Yécora,
+entre la puerta de Mercadal y la de Paganos.
+
+Efectivamente, el sitio era aquél. Distinguieron los agujeros en el
+muro que servía de escalera; los de abajo estaban tapados.
+
+--Podríamos abrir estos boquetes--dijo Bautista.
+
+--¡Hum! Tardaríamos mucho--contestó Martín--. Súbete encima de mí a ver
+si llegas. Toma la cuerda.
+
+Bautista se encaramó sobre los hombros de Martín, y luego, viendo que se
+podía subir sin dificultad, escaló la muralla hasta lo alto. Asomó la
+cabeza y viendo que no había vigilancia saltó encima.
+
+--¿Nadie?--dijo Martín.
+
+--Nadie.
+
+Sujetó Bautista la cuerda con un lazo corredizo en un ángulo de un
+torreón, v subió Martín a pulso, con el palo en los dientes.
+
+--Se deslizaron los dos por el borde de la muralla, hasta enfilar una
+calleja. Ni guardia, ni centinela; no se veía ni se oía nada. El pueblo
+parecía muerto.
+
+--¿Qué pasará aquí?--se dijo Martín.
+
+Se acercaron al otro extremo de la ciudad. El mismo silencio. Nadie.
+Indudablemente, los carlistas habían huído de Laguardia.
+
+Martín y Bautista adquirieron el convencimiento de que el pueblo estaba
+abandonado. Avanzaron con esta confianza hasta cerca de la puerta del
+Mercadal; y enfrente del cementerio, hacia la carretera de Logroño,
+sujetaron entre dos piedras el palo y ataron en su punta el pañuelo
+blanco.
+
+Hecho esto, volvieron deprisa al punto por donde habían subido. La
+cuerda seguía en el mismo sitio. Amanecía. Desde allá arriba se veía una
+enorme extensión de campo. La luz comenzaba a indicar las sombras de los
+viñedos y de los olivares. El viento fresco anunciaba la proximidad del
+día.
+
+--Bueno, baja--dijo Martín--. Yo sujetaré la cuerda.
+
+--No, baja tú--replicó Bautista.
+
+--Vamos, no seas imbécil.
+
+--¿Quién vive?--gritó una voz en aquel mismo momento.
+
+Ninguno de los dos contestó. Bautista comenzó a bajar despacio. Martín
+se tendió en la muralla.
+
+--¿Quién vive?--volvió a gritar el centinela.
+
+Martín se aplastó en el suelo todo lo que pudo; sonó un disparo y una
+bala pasó por encima de su cabeza. Afortunadamente, el centinela estaba
+lejos. Cuando Bautista descendió, Martín comenzó a bajar. Tuvo la suerte
+de que la cuerda no se deslizase. Bautista le esperaba con el alma en un
+hilo. Había movimiento en la muralla; cuatro o cinco hombres se asomaron
+a ella, y Martín y Bautista se escondieron tras de los árboles del paseo
+que circundaba el pueblo. Lo malo era que aclaraba cada vez más. Fueron
+pasando de árbol a árbol, hasta llegar cerca del cementerio.
+
+--Ahora no hay más remedio que echar a correr a la descubierta--dijo
+Martín--. A la una..., a las dos... Vamos allá.
+
+Echaron los dos a correr. Sonaron varios tiros. Ambos llegaron ilesos al
+cementerio. De aquí ganaron pronto el camino de Logroño. Ya fuera de
+peligro, miraron hacia atrás. El pañuelo seguía en la muralla ondeando
+al viento. Briones y sus amigos recibieron a Martín y a Bautista como a
+héroes.
+
+Al día siguiente, los carlistas abandonaron Laguardia y se refugiaron en
+Peñacerrada. La población enarboló bandera de parlamento; y el ejército,
+con el general al frente, entraba en la ciudad.
+
+Por más que Martín y Bautista preguntaron en todas las casas, no
+encontraron a Catalina.
+
+
+
+
+LIBRO TERCERO
+
+Las últimas aventuras
+
+
+
+
+CAPÍTULO PRIMERO
+
+LOS RECIÉN CASADOS ESTÁN CONTENTOS
+
+
+Catalina no fué inflexible. Pocos días después, Martín recibió una carta
+de su hermana. Decía la Ignacia que Catalina estaba en su casa, en Zaro,
+desde hacía algunos días. Al principio no había querido oir hablar de
+Martín, pero ahora le perdonaba y le esperaba.
+
+Martín y Bautista se presentaron en Zaro inmediatamente, y los novios se
+reconciliaron.
+
+Se preparó la boda. ¡Qué paz se disfrutaba allí, mientras se mataban en
+España! La gente trabajaba en el campo. Los domingos, después de la
+misa, los aldeanos endomingados, con la chaqueta al hombro, se reunían
+en la sidrería y en el juego de pelota; las mujeres iban a la iglesia,
+con un capuchón negro, que rodeaba su cabeza. Catalina cantaba en el
+coro y Martín la oía, como en la infancia, cuando en la iglesia de Urbia
+entonaba el Aleluya.
+
+Se celebró la boda, con la posible solemnidad, en la iglesia de Zaro y
+luego la fiesta en la casa de Bautista.
+
+Hacía todavía frío, y los aldeanos amigos se reunieron en la cocina de
+la casa, que era grande, hermosa y limpia. En la enorme chimenea redonda
+se echaron montones de leña, y los invitados cantaron y bebieron hasta
+bien entrada la noche, al resplandor de las llamas. Los padres de
+Bautista, dos viejecitos arrugados, que hablaban solo vascuence,
+cantaron una canción monótona de su tiempo, y Bautista lució su voz y su
+repertorio completo y cantó una canción en honor de los novios.
+
+ Ezcon berriyac
+ pozquidac daudé
+ pozquidac daudé
+ eguin diralaco gaur
+ alcarren jabé
+ clizan.
+
+(Los recién casados están muy alegres, porque hoy se han hecho dueños,
+uno de otro, en la iglesia.)
+
+La fiesta acabó, con la mayor alegría, a la media noche, en que se
+retiraron todos.
+
+Pasada la luna de miel, Martín volvió a las andadas. No paraba, iba y
+venía de España a Francia, sin poder reposar.
+
+Catalina deseaba ardientemente que acabara la guerra é intentaba
+retener a Martín a su lado.
+
+--Pero, ¿qué quieres más?--le decía--.¿No tienes ya bastante dinero?
+¿Para qué exponerte de nuevo?
+
+--Si no me expongo--replicaba Martín.
+
+Pero no era verdad, tenía ambición, amor al peligro y una confianza
+ciega en su estrella. La vida sedentaria le irritaba.
+
+Martín y Bautista dejaban solas a las dos mujeres y se iban a España. Al
+año de casada, Catalina tuvo un hijo, al que llamaron José Miguel,
+recordando Martín la recomendación del viejo Tellagorri.
+
+
+
+
+CAPÍTULO II
+
+EN EL CUAL SE INICIA LA «DESHECHA»
+
+
+Con la proclamación de la monarquía en España, comenzó el deshielo en el
+campo carlista. La batalla de Lácar, perdida de una manera ridícula por
+el ejército regular en presencia del nuevo rey, dió alientos a los
+carlistas, pero a pesar del triunfo y del botín la causa del
+Pretendiente iba de capa caída.
+
+La batalla de Lácar no hizo más que enriquecer el repertorio de las
+canciones de la guerra con una copla que más que para soldados parecía
+escrita para el coro de señoras de una zarzuela, y que decía así:
+
+ En Lácar, chiquillo,
+ Te viste en un tris,
+ Si don Carlos te da con la bota
+ Como una pelota,
+ Te envía a París.
+
+Era difícil, al oir esta canción, no pensar en unas cuantas coristas
+balanceando voluptuosamente las caderas.
+
+Los carlistas hablaban ya de traición. Con el fracaso del sitio de Irún
+y con la retirada de don Carlos, los curas navarros y vascongados
+empezaron a dudar del triunfo de la causa. Con la proclamación de
+Sagunto, la desconfianza cundió por todas partes.
+
+--Son primos y ellos se entienden--decían los desconfiados, que eran
+legión.
+
+Algunos que habían oído hablar de un don Alfonso, hermano de don Carlos,
+creían que a este don Alfonso le habían hecho rey.
+
+Los ambiciosos de los pueblos veían que todas las clases ricas se
+inclinaban a favor de la monarquía liberal.
+
+Los generales alfonsinos, después de hecho su agosto y ascendido en su
+carrera todo lo posible, encontraban que era una estupidez continuar la
+guerra durante más tiempo; habían matado la república, que ciertamente
+por estólida merecía la muerte; el nuevo gobierno les miraba como
+vencedores, pacificadores y héroes. ¡Qué más podían desear!
+
+En el campo carlista comenzaba la _Deshecha_. Ya se podía andar por las
+carreteras sin peligro; el carlismo seguía por la fuerza de la inercia,
+defendido débilmente y atacado más débilmente todavía. La única arma que
+se blandía de veras era el dinero.
+
+Martín, viendo que no era difícil recorrer los caminos, tomó su
+cochecito y se dirigió hacia Urbia una mañana de invierno.
+
+Todos los fuertes permanecían silenciosos, mudas las trincheras
+carlistas, ni una detonación, ni una humareda cruzaban el aire. La nieve
+cubría el campo con su mortaja blanca bajo el cielo entoldado y plomizo.
+
+Antes de llegar a Urbia, a un lado y a otro, se veían casas de campo
+derrumbadas, fachadas con las ventanas tapiadas y rellenas de paja,
+árboles con las ramas rotas, zanjas y parapetos por todas partes.
+
+Martín entró en Urbia. La casa de Catalina estaba destrozada; con los
+techos atravesados por las granadas, las puertas y ventanas cerradas
+herméticamente. Ofrecía el hermoso caserón un aspecto lamentable; en la
+huerta abandonada, las lilas mostraban sus ramas rotas, y una de las más
+grandes de un magnífico tilo, desgajada, llegaba hasta el suelo. Los
+rosales trepadores, antes tan lozanos, se veían marchitos.
+
+Subió Martín por su calle a ver la casa en donde nació.
+
+La escuela estaba cerrada; por los cristales empolvados se veían los
+cartelones con letras grandes y los mapas colgados de las paredes. Cerca
+del caserío de Zalacaín había una viga de madera, de la que colgaba una
+campana.
+
+--¿Para qué sirve esto?--preguntó a un mendigo que iba de puerta en
+puerta.
+
+Era para el vigía. Cuando notaba un fogonazo tocaba la campana para
+avisar a la gente de la parte baja.
+
+Entró Martín en el caserío Zalacaín. El tejado no existía; sólo quedaba
+un rincón de la antigua cocina con cubierta. Bajo este techo, entre los
+escombros, había un hombre sentado escribiendo y un chiquillo ocupado en
+cuidar varios pucheros.
+
+--¿Quién vive aquí?--preguntó Martín.
+
+--Aquí vivo yo--contestó una voz.
+
+Martín quedó atónito. Era el extranjero. Al verse se estrecharon las
+manos afectuosamente.
+
+--¡Lo que dió usted que hablar en Estella!--dijo el extranjero--. ¡Qué
+golpe aquel más admirable! ¿Cómo se escaparon ustedes?
+
+Martín contó la historia de su escapatoria, y el periodista fué tomando
+notas.
+
+--Puedo hacer una crónica admirable--dijo.
+
+Luego hablaron de la guerra.
+
+--¡Pobre país!--dijo el extranjero--. ¡Cuánta brutalidad! ¡Cuánto
+absurdo! ¿Se acuerda usted del pobre Haussonville que conocimos en
+Estella?
+
+--Sí.
+
+--Murió fusilado. ¿Y del Corneta de Lasala y de Praschcu que fueron de
+los que nos persiguieron cerca de Hernani?
+
+--Sí.
+
+--Esos dos habían salvado al cabecilla Monserrat de la muerte. ¿Sabe
+usted quién los ha fusilado?
+
+--¿Pero los han fusilado?
+
+--Sí, el mismo Monserrat, en Ormaiztegui.
+
+--¡Pobre gente!
+
+--A otro, llamado Anchusa, de la partida del Cura, debía usted también
+conocer...
+
+--Sí, lo conocía.
+
+--A ese lo mandó fusilar Lizárraga. Y al _Jabonero_, el lugarteniente
+del Cura...
+
+--¿También lo fusilaron?
+
+--También. Al _Jabonero_ le debía el Cura la única victoria que
+consiguió en Usurbil cuando defendieron una ermita contra los liberales;
+pero tenía celos de él y además creía que le hacía traición, y lo mandó
+fusilar.
+
+--Si esto sigue así no vamos a quedar nadie.
+
+--Afortunadamente ya ha comenzado la _Deshecha_ como dicen los
+aldeanos--contestó el extranjero--.¿Y usted a qué ha venido aquí?
+
+Martín dijo que él era de Urbia, así como su mujer, y contó sus
+aventuras desde el tiempo en que había dejado de ver al extranjero.
+Comieron juntos y por la tarde se despidieron.
+
+--Todavía creo que nos volveremos a ver--dijo el extranjero.
+
+--Quién sabe. Es muy posible.
+
+
+
+
+CAPÍTULO III
+
+EN DONDE MARTÍN COMIENZA A TRABAJAR POR LA GLORIA
+
+
+En la época de las nieves, un general audaz que venía de muy lejos
+intentó envolver a los carlistas por el lado del Pirineo, y saliendo de
+Pamplona avanzó por la carretera de Elizondo; pero al ver el alto de
+Velate defendido y atrincherado por los carlistas, se retiró hacia Enguí
+y luego tomó por el puerto de Olaberri, próximo a la frontera, por entre
+bosques y sendas malísimas; y perdidos sus soldados en los bosques,
+llegaron después de dos días y tres noches al Baztán.
+
+La imprudencia era grande, pero aquel general tuvo suerte, porque si la
+terrible nevada que cayó al día siguiente de estar en Elizondo cae
+antes, hubieran quedado la mitad de las tropas entre la nieve.
+
+El general pidió víveres a Francia, y gracias a la ayuda del país
+vecino, pudo dar de comer a su gente y preparar alojamiento. Martín y
+Bautista se hallaban en relación con una casa de Bayona, y fueron a Añoa
+con sus carros.
+
+Añoa está a un kilómetro próximamente de la frontera, en donde se halla
+establecida la aduana española de Dancharinea.
+
+Aquel día, una porción de gente de la frontera francesa se asomó a Añoa.
+La carretera estaba atestada de carromatos, carretas y ómnibus, que
+conducían al valle de Baztán para las tropas fardos de zapatos, sacos de
+pan, cajones de galleta de Burdeos, esparto para las camas, barriles de
+vino y de aguardiente.
+
+El camino estaba intransitable y lleno de barro. Además de todo aquel
+convoy de mercancías consignado al ejército, hallábanse otros coches
+atiborrados de géneros que algunos comerciantes de Bayona llevaban a ver
+si vendían al por menor.
+
+Había también cerca del puente, sobre el riachuelo Ugarona, una porción
+de cantineros con sus cestas, frascos y cachivaches.
+
+Martín con su mujer, y Bautista con la suya, se acercaron a Añoa y se
+alojaron en la venta. Catalina quería ver si obtenía noticias de su
+hermano.
+
+En la venta preguntaron a un muchacho desertor carlista, pero no supo
+darles ninguna razón de Carlos Ohando.
+
+--Si no está en Peñaplata, irá camino de Burguete--les dijo.
+
+Se encontraban a la puerta de la venta Martín y Bautista, cuando pasó,
+envuelto en su capote, Briones, el hermano de Rosita. Le saludó a Martín
+muy afectuoso y entró en la venta. Vestía uniforme de comandante y
+llevaba cordones dorados como los ayudantes de generales.
+
+--He hablado mucho de usted a mi general--le dijo a Martín.
+
+--¿Sí?
+
+--Ya lo creo. Tendría mucho gusto en conocer a usted. Le he contado sus
+aventuras. ¿Quiere usted venir a saludarle? Tengo ahí un caballo de mi
+asistente.
+
+--¿Dónde está el general?
+
+--En Elizondo. ¿Viene usted?
+
+--Vamos.
+
+Advirtió Martín a su mujer que se marchaba a Elizondo; montaron Briones
+y Zalacaín a caballo y charlando de muchas cosas llegaron a esta villa,
+centro del valle del Baztán. El general se alojaba en un palacio de la
+plaza; a la puerta dos oficiales hablaban.
+
+Le hizo pasar Briones a Martín al cuarto en donde se encontraba el
+general. Éste, sentado a una mesa donde tenía planos y papeles, fumaba
+un cigarro puro y discutía con varias personas.
+
+Presentó Briones a Martín, y el general, después de estrecharle la mano,
+le dijo bruscamente:
+
+--Me ha contado Briones sus aventuras. Le felicito a usted.
+
+--Muchas gracias, mi general.
+
+--¿Conoce usted toda esta zona de mugas de la frontera que domina el
+valle del Baztán?
+
+--Sí, como mi propia mano. Creo que no habrá otro que las conozca tan
+bien.
+
+--¿Sabe usted los caminos y las sendas?
+
+--No hay más que sendas.
+
+--¿Hay sendero para subir a Peñaplata por el lado de Zugarramurdi?
+
+--Lo hay.
+
+--¿Pueden subir caballos?
+
+--Sí, fácilmente.
+
+El general discutió con Briones y con el otro ayudante. Él había tenido
+el proyecto de cerrar la frontera é impedir la retirada a Francia del
+grueso del ejército carlista, pero era imposible.
+
+--Usted ¿qué ideas políticas tiene?--preguntó de pronto el general a
+Martín.
+
+--Yo he trabajado para los carlistas, pero en el fondo creo que soy
+liberal.
+
+--¿Querría usted servir de guía a la columna que subirá mañana a
+Peñaplata?
+
+--No tengo inconveniente.
+
+El general se levantó de la silla en donde estaba sentado y se acercó
+con Zalacaín a uno de los balcones.
+
+--Creo--le dijo--que actualmente soy el hombre de más influencia de
+España. ¿Qué quiere usted ser? ¿No tiene usted ambiciones?
+
+--Actualmente soy casi rico; mi mujer lo es también...
+
+--¿De dónde es usted?
+
+--De Urbia.
+
+--¿Quiere usted que le nombremos alcalde de allá?
+
+Martín reflexionó.
+
+--Sí, eso me gusta--dijo.
+
+--Pues cuente usted con ello. Mañana por la mañana hay que estar aquí.
+
+--¿Van a ir tropas por Zugarramurdi?
+
+--Sí.
+
+--Yo les esperaré en la carretera, junto al alto de Maya.
+
+Martín se despidió del general y de Briones, y volvió a Añoa, para
+tranquilizar a su mujer. Contó a Bautista su conversación con el
+general; Bautista se lo dijo a su mujer y ésta a Catalina.
+
+A media noche, se preparaba Martín a montar a caballo, cuando se
+presentó Catalina con su hijo en brazos.
+
+--¡Martín! ¡Martín!--le dijo sollozando--. Me han asegurado que quieres
+ir con el ejército a subir a Peñaplata.
+
+--¿Yo?
+
+--Sí.
+
+--Es verdad. ¿Y eso te asusta?
+
+--No vayas. Te van a matar, Martín. ¡No vayas! ¡Por nuestro hijo! ¡Por
+mí!
+
+--Bah, ¡tonterías! ¿Que miedo puedes tener? Si he estado otras veces
+solo, ¿qué me va a pasar, yendo en compañía de tanta gente?
+
+--Sí, pero ahora no vayas, Martín. La guerra se va a acabar en seguida.
+Que no te pase algo al final.
+
+--Me he comprometido. Tengo que ir.
+
+--¡Oh, Martín!--sollozó Catalina--. Tú eres todo para mí; yo no tengo
+padre, ni madre, ni tengo hermano, porque el cariño que pudiese tenerle
+a él lo he puesto en ti y en tu hijo. No vayas a dejarme viuda, Martín.
+
+--No tengas cuidado. Estáte tranquila. Mi vida está asegurada, pero
+tengo que ir. He dado mi palabra...
+
+--Por tu hijo...
+
+--Sí, por mi hijo también... No quiero que, andando el tiempo, puedan
+decir de él: «Este es el hijo de Zalacaín, que dió su palabra y no la
+cumplió por miedo»; no, si dicen algo, que digan: «Este es Miguel
+Zalacaín, el hijo de Martín Zalacaín, tan valiente como su padre... No.
+Más valiente aún que su padre.»
+
+Y Martín, con sus palabras, llegó a infundir ánimo en su mujer, acarició
+al niño, que le miraba sonriendo desde el regazo de su madre, abrazó a
+ésta y, montando a caballo, desapareció por el camino de Elizondo.
+
+
+
+
+CAPÍTULO IV
+
+LA BATALLA CERCA DEL MONTE AQUELARRE
+
+
+Martín llegó al alto de Maya al amanecer, subió un poco por la carretera
+y vió que venía la tropa. Se reunió con Briones y ambos se pusieron a la
+cabeza de la columna.
+
+Al llegar a Zugarramurdi, comenzaba a clarear. Sobre el pueblo, las
+cimas del monte, blancas y pulidas por la lluvia, brillaban con los
+primeros rayos del sol.
+
+De esta blancura de las rocas precedía el nombre del monte Arrizuri
+(piedra blanca) en vasco y Peñaplata en castellano.
+
+Martín tomó el sendero que bordea un torrente. Una capa de arcilla
+humedecida cubría el camino, por el cual los caballos y los hombres se
+resbalaban. El sendero tan pronto se acercaba a la torrentera, llena de
+malezas y de troncos podridos de árboles, como se separaba de ella. Los
+soldados caían en este terreno resbaladizo. A cierta altura, el
+torrente era ya un precipicio, por cuyo fondo, lleno de matorrales, se
+precipitaba el agua brillante.
+
+Mientras marchaban Martín y Briones a caballo, fueron hablando
+amistosamente. Martín felicitó a Briones por sus ascensos.
+
+--Sí, no estoy descontento--dijo el comandante--; pero usted, amigo
+Zalacaín, es el que avanza con rapidez, si sigue así; si en estos años
+adelanta usted lo que ha adelantado en los cinco pasados, va usted a
+llegar donde quiera.
+
+--¿Creerá usted que yo ya no tengo casi ambición?
+
+--¿No?
+
+--No. Sin duda, eran los obstáculos los que me daban antes bríos y
+fuerza, el ver que todo el mundo se plantaba a mi paso para estorbarme.
+Que uno quería vivir, el obstáculo; que uno quería a una mujer y la
+mujer le quería a uno, el obstáculo también. Ahora no tengo obstáculos,
+y ya no se qué hacer. Voy a tener que inventarme otras ocupaciones y
+otros quebraderos de cabeza.
+
+--Es usted la inquietud personificada, Martín--dijo Briones.
+
+--¿Qué quiere usted? He crecido salvaje como las hierbas y necesito la
+acción, la acción continua. Yo, muchas veces pienso que llegará un día
+en que los hombres podrán aprovechar las pasiones de los demás en algo
+bueno.
+
+--¿También es usted soñador?
+
+--También.
+
+--La verdad es que es usted un hombre pintoresco, amigo Zalacaín.
+
+--Pero la mayoría de los hombres son como yo.
+
+--Oh, no. La mayoría somos gente tranquila, pacífica, un poco muerta.
+
+--Pues yo estoy vivo, eso sí; pero la misma vida que no puedo emplear se
+me queda dentro y se me pudre. Sabe usted, yo quisiera que todo viviese,
+que todo comenzara a marchar, no dejar nada parado, empujar todo al
+movimiento, hombres, mujeres, negocios, máquinas, minas, nada quieto,
+nada inmóvil...
+
+--Extrañas ideas--murmuró Briones.
+
+Concluía el camino y comenzaban las sendas a dividirse y a subdividirse,
+escalando la altura.
+
+Al llegar a este punto, Martín avisó a Briones que era conveniente que
+sus tropas estuviesen preparadas, pues al final de estas sendas se
+encontrarían en terreno descubierto y desprovisto de árboles.
+
+Briones mandó a los tiradores de la vanguardia preparasen sus armas y
+fueran avanzando despacio en guerrilla.
+
+--Mientras unos van por aquí--dijo Martín a Briones--otros pueden subir
+por el lado opuesto. Hay allá arriba una explanada grande. Si los
+carlistas se parapetan entre las rocas van a hacer una mortandad
+terrible.
+
+Briones dió cuenta al general de lo dicho por Martín, y aquél ordenó
+que medio batallón fuera por el lado indicado por el guía. Mientras no
+oyeran los tiros del grueso de la fuerza no debían atacar.
+
+Zalacaín y Briones bajaron de sus caballos y tomaron por una senda, y
+durante un par de horas fueron rodeando el monte, marchando entre
+helechos.
+
+--Por esta parte, en una calvera del monte, en donde hay como una
+plazuela formada por hayas--dijo Martín--deben tener centinelas los
+carlistas; sino por ahí podemos subir hasta los altos de Peñaplata sin
+dificultad.
+
+Al acercarse al sitio indicado por Martín, oyeron una voz que cantaba.
+Sorprendidos, fueron despacio acortando la distancia.
+
+--No serán las brujas--dijo Martín.
+
+--¿Por qué las brujas?--preguntó Briones.
+
+--¿No sabe usted que estos son los montes de las brujas? Aquel es el
+monte Aquelarre--contestó Martín.
+
+--¿El Aquelarre? ¿Pero existe?
+
+--Sí.
+
+--¿Y quiere decir algo en vascuence, ese nombre?
+
+--¿Aquelarre?... Sí, quiere decir Prado del macho cabrío.
+
+--¿El macho cabrío será el demonio?
+
+--Probablemente.
+
+La canción no la cantaban las brujas, sino un muchacho que en compañía
+de diez o doce estaba calentándose alrededor de una hoguera.
+
+Uno cantaba canciones liberales y carlistas y los otros le coreaban.
+
+No habían comenzado a oirse los primeros tiros, y Briones y su gente
+esperaron tendidos entre los matorrales.
+
+Martín sentía como un remordimiento al pensar que aquellos alegres
+muchachos iban a ser fusilados dentro de unos momentos.
+
+La señal no se hizo esperar y no fué un tiro, sino una serie de
+descargas cerradas.
+
+--¡Fuego!--gritó Briones.
+
+Tres o cuatro de los cantores cayeron a tierra y los demás, saltando
+entre breñales, comenzaron a huir y a disparar.
+
+La acción se generalizaba; debía de ser furiosa a juzgar por el ruido de
+fusilería. Briones, con su tropa, y Martín subían por el monte a duras
+penas. Al llegar a los altos, los carlistas, cogidos entre dos fuegos,
+se retiraron.
+
+La gran explanada del monte estaba sembrada de heridos y de muertos.
+Iban recogiéndolos en camillas. Todavía seguía la acción, pero poco
+después una columna de ejército avanzaba por el monte por otro lado, y
+los carlistas huían a la desbandada hacia Francia.
+
+
+
+
+CAPÍTULO V
+
+DONDE LA HISTORIA MODERNA REPITE EL HECHO DE LA HISTORIA ANTIGUA
+
+
+Fueron Martín y Catalina en su carricoche a Saint Jean Pied de Port.
+Todo el grueso del ejército carlista entraba, en su retirada de España,
+por el barranco de Roncesvalles y por Valcarlos. Una porción de
+comerciantes se había descolgado por allí, como cuervos al olor de la
+carne muerta, y compraban hermosos caballos por diez o doce duros,
+espadas, fusiles y ropas a precios ínfimos.
+
+Era un poco repulsivo ver esta explotación, y Martín, sintiéndose
+patriota, habló de la avaricia y de la sordidez de los franceses. Un
+ropavejero de Bayona le dijo que el negocio es el negocio y que cada
+cual se aprovechaba cuando podía.
+
+Martín no quiso discutir. Preguntaron Catalina y el a varios carlistas
+de Urbia por Ohando, y uno le indico que Carlos, en compañía del
+_Cacho_, había salido de Burguete muy tarde, porque estaba muy enfermo.
+
+Sin atender a que fuera o no prudente, Martín tomó el carricoche por el
+camino de Arneguy; atravesaron este pueblecillo que tiene dos barrios,
+uno español y otro francés, en las orillas de un riachuelo, y siguieron
+hasta Valcarlos.
+
+Catalina, al ver aquel espectáculo, quedó horrorizada. La estrecha
+carretera era un campo de desolación. Casas humeando aún por el
+incendio, árboles rotos, zanjas, el suelo sembrado de municiones de
+guerra, cajas, correas de artillería, bayonetas torcidas, instrumentos
+musicales de cobre aplastados por los carros.
+
+En la cuneta de la carretera se veía a un muerto medio desnudo, sin
+botas, con el cuerpo cubierto por hojas de helechos; el barro le
+manchaba la cara.
+
+En el aire gris, una nube de cuervos avanzaba en el aire, siguiendo
+aquel ejército funesto, para devorar sus despojos.
+
+Martín, atendiendo a la impresión de Catalina, volvió prudentemente
+hasta llegar de nuevo al barrio francés de Arneguy. Entraron en la
+posada. Allí estaba el extranjero.
+
+--¿No le decía a usted que nos veríamos todavía?--dijo éste.
+
+--Sí. Es verdad.
+
+Martín presentó a su mujer al periodista y los tres reunidos esperaron
+a que llegaran los últimos soldados.
+
+Al anochecer, en un grupo de seis o siete, apareció Carlos Ohando y _el
+Cacho_.
+
+Catalina se acercó a su hermano con los brazos abiertos.
+
+--¡Carlos! ¡Carlos!--gritó.
+
+Ohando quedó atónito al verla; luego con un gesto de ira y de desprecio
+añadió:
+
+--Quítate de delante. ¡Perdida! ¡Nos has deshonrado!
+
+Y en su brutalidad escupió a Catalina en la cara. Martín, cegado, saltó
+como un tigre sobre Carlos y le agarró por el cuello.
+
+--¡Canalla! ¡Cobarde!--rugió--. Ahora mismo vas a pedir perdón a tu
+hermana.
+
+--¡Suelta! ¡Suelta!--exclamó Carlos ahogándose.
+
+--¡De rodillas!
+
+--¡Por Dios, Martín ¡Déjale!--gritó Catalina--. ¡Déjale!
+
+--No, porque es un miserable, un canalla cobarde, y te va a pedir perdón
+de rodillas.
+
+--No--exclamó Ohando.
+
+--Sí--y Martín le llevó por el cuello, arrastrándole por el barro, hasta
+donde estaba Catalina.
+
+--No sea usted bárbaro--exclamó el extranjero--. Déjelo usted.
+
+--¡A mí, _Cacho!_ ¡A mí!--gritó Carlos ahogadamente.
+
+Entonces, antes de que nadie lo pudiera evitar, _el Cacho_, desde la
+esquina de la posada, levantó su fusil, apuntó; se oyó una detonación, y
+Martín, herido en la espalda, vaciló, soltó a Ohando y cayó en la
+tierra.
+
+Carlos se levantó y quedó mirando a su adversario. Catalina se lanzó
+sobre el cuerpo de su marido y trató de incorporarle. Era inútil.
+
+Martín tomó la mano de su mujer y con un esfuerzo último se la llevó a
+los labios--. ¡Adiós!--murmuró débilmente, se le nublaron los ojos y
+quedó muerto.
+
+A lo lejos, un clarín guerrero hacía temblar el aire de Roncesvalles.
+
+Así se habían estremecido aquellos montes con el cuerno de Rolando.
+
+Así hacía cerca quinientos años había matado también a traición Velche
+de Micolalde, deudo de los Ohando, a Martín López de Zalacaín.
+
+Catalina se desmayó al lado del cadáver de su marido. El extranjero con
+la gente de la fonda le atendieron. Mientras tanto, unos gendarmes
+franceses persiguieron al _Cacho_, y viendo que éste no se detenía, le
+dispararon varios tiros hasta que cayó herido.
+
+ * * * * *
+
+El cadáver de Martín se llevó al interior de la posada y estuvo toda la
+noche rodeado de cirios. Los amigos no cabían en la casa. Acudieron a
+rezar el oficio de difuntos el abad de Roncesvalles y los curas de
+Arneguy, de Valcarlos y de Zaro.
+
+Por la mañana se verificó el entierro. El día estaba claro y alegre. Se
+sacó la caja y se la colocó en el coche que habían mandado de San Juan
+del Pie del Puerto. Todos los labradores de los caseríos propiedad de
+los Ohandos estaban allí; habían venido de Urbia a pie para asistir al
+entierro. Y presidieron el duelo Briones, vestido de uniforme, Bautista
+Urbide y Capistun el americano.
+
+Y las mujeres lloraban.
+
+--Tan grande como era--decían--. ¡Pobre! ¡Quién había de decir que
+tendríamos que asistir a su entierro, nosotros que le hemos conocido de
+niño!
+
+El cortejo tomó el camino de Zaro y allí tuvo fin la triste ceremonia.
+
+ * * * * *
+
+Meses después, Carlos Ohando entró en San Ignacio de Loyola; _el Cacho_
+estuvo en el hospital, en donde le cortaron una pierna, y luego fué
+enviado a un presidio francés; y Catalina, con su hijo, marchó a Zaro a
+vivir al lado de la Ignacia y de Bautista.
+
+
+
+
+CAPÍTULO VI
+
+LAS TRES ROSAS DEL CEMENTERIO DE ZARO
+
+
+Zaro es un pueblo pequeño, muy pequeño, asentado sobre una colina. Para
+llegar a él se pasa por un camino, en algunas partes muy hondo, al cual
+los arbustos frondosos forman en verano un túnel.
+
+A la entrada de Zaro, como en otros pueblos vasco-franceses, hay una
+gran cruz de madera, muy alta, pintada de rojo, con diversos atributos
+de la pasión: un gallo, las tenazas, la lanza y los clavos. Estas cruces
+bárbaras, con estrellas y corazones grabados en negro, dan un carácter
+sombrío y trágico a las aldeas vascas.
+
+En el vértice del cerro donde se asienta Zaro, en medio de una
+plazoleta, estrecha y larga, se yergue un inmenso nogal copudo, con el
+grueso tronco rodeado por un banco de piedra.
+
+Una de las caras que forman la plaza es grande, con pórtico espacioso,
+alero avanzado y varias ventanas cubiertas por persianas verdes. Sobre
+el escudo que se ostenta en el arco de la puerta, se ve escrita la fecha
+en que se edificó la casa, y unas palabras en latín indicando quién la
+hizo:
+
+ _Bacalareus presbiterus Urbide
+ Hoc domicilium fecit in lapide_.
+
+En un extremo de la plazoleta se levanta la iglesia, pequeña, humilde,
+con su atrio, su campanario y su tejadillo de pizarra.
+
+Rodeándola, sobre una tapia baja, se extiende el cementerio.
+
+En Zaro hay siempre un silencio absoluto, casi únicamente interrumpido
+por la voz cascada del reloj de la iglesia, que da las horas de una
+manera melancólica, con un tañido de lloro.
+
+En el reloj de la torre de otro pueblo vasco, en Urruña, se lee escrita
+esta triste sentencia: _Vulnerant omnes, ultima necat_. Todas hieren, la
+última acaba. Mejor todavía la triste sentencia podría estar escrita en
+el reloj de la torre de Zaro.
+
+En el cementerio, alrededor de la iglesia, entre las cruces de piedra,
+brillan durante la primavera rosales de varios colores, rojos,
+amarillos, y azucenas blancas de aspecto triste.
+
+Desde este cementerio se ve un valle extensísimo, un paisaje amable y
+pastoril. El grave silencio que reina en el camposanto, apenas lo
+turbian los débiles rumores de la vida del pueblo.
+
+De cuando en cuando, se oye el chirriar de una puerta, el tintineo del
+cencerro de las vacas, la voz de un chiquillo, el zumbido de los
+moscones... y, de cuando en cuando, se oye también el golpe del martillo
+del reloj, voz de muerte apagada, sombría, que tiene en el valle un
+triste eco.
+
+Tras de estas campanadas fatídicas, el silencio que viene después parece
+un tierno halago.
+
+Como protesta de la eterna vida, en el mismo camposanto las malas
+hierbas crecen vigorosas, extienden sus vástagos robustos por el suelo y
+dan un olor acre en el crepúsculo, tras de las horas de sol; pían los
+pájaros con algarabía estrepitosa y los gallos lanzan al aire su cacareo
+valiente, como un desafío.
+
+La vista alcanza desde allá un extenso panorama de líneas suaves, de
+intenso verdor, sin rocas adustas, sin matorrales sombríos, sin nada
+duro y salvaje. Los pueblecillos blancos duermen sobre las heredades,
+las carretas rechinan en los caminos, los labradores trabajan con sus
+bueyes en los campos, y la tierra, fértil y húmeda, reposa bajo la gran
+sonrisa del cielo y la inmensa piedad del sol...
+
+En el cementerio de Zaro hay una tumba de piedra, y en la misma cruz
+escrito con letras negras dice en vasco:
+
+ AQUÍ YACE
+ MARTÍN ZALACAÍN
+ MUERTO A LOS
+ 24 AÑOS
+
+ EL 29 DE FEBRERO DE 1876
+
+ * * * * *
+
+Una tarde de verano, muchos, muchos años después de la guerra, se vió
+entrar en el mismo día en el cementerio de Zaro a tres viejecitas
+vestidas de luto.
+
+Una de ellas era Linda; se acercó al sepulcro de Zalacaín y dejó sobre
+él una rosa negra; la otra era la señorita de Briones, y puso una rosa
+roja. Catalina, que iba todos los días al cementerio, vió las dos rosas
+en la lápida de su marido y las respetó y depositó junto a ellas una
+rosa blanca.
+
+Y las tres rosas duraron mucho tiempo lozanas sobre la tumba de
+Zalacaín.
+
+
+
+
+CAPÍTULO VII
+
+EPITAFIOS
+
+
+He aquí el epitafio que improvisó el versolari Echehun de Zugarramurdi
+en la tumba de Zalacaín el Aventurero:
+
+ Lur santu onctan dago
+ Martín Zalacaín ló
+ Eriotzac hill zuen
+ Bazan salvatucó
+ Eliz aldeco itzalac
+ Gorde du beticó
+ Bere icena dedin
+ Honratu gaur gueró
+ Aurrena Euscal Errien
+ Gloriya izatecó.
+
+(En esta santa tierra está durmiendo Martín Zalacaín. La muerte lo
+hirió, pero él logró salvarse. En el próximo presbiterio se guarda para
+siempre su nombre, para honra primeramente del país vasco y después para
+su gloria.)
+
+Y el joven poeta navarro Juan de Navascués glosó el epitafio del
+versolari Echehun de Zugarramurdi, en esta décima castellana:
+
+ Duerme en esta sepultura
+ Martín Zalacaín, el fuerte.
+ Venganza tomó la muerte
+ De su audacia y su bravura.
+ De su guerrera apostura
+ El vasco guarda memoria;
+ Y aunque el libro de la historia
+ Su rudo nombre rechaza,
+ ¡Caminante de su raza,
+ Descúbrete ante su gloria!
+
+
+FIN
+
+
+
+
+ ÍNDICE
+
+
+ PRÓLOGO.--Cómo era la villa de Urbia en el
+ último tercio del siglo XIX
+
+
+
+
+ LIBRO PRIMERO
+
+ LA INFANCIA DE ZALACAÍN
+
+
+ I.--Cómo vivió y se educó Martín Zalacaín.
+
+ II.--Donde se habla del viejo cínico Miguel
+ de Tellagorri
+
+ III.--La reunión de la posada de Arcale
+
+ IV.--Que se refiere a la noble casa de Ohando
+
+ V.--De cómo murió Martín López de Zalacaín,
+ en el año de gracia de mil cuatrocientos y doce
+
+ VI.--De cómo llegaron unos titiriteros y de
+ lo que sucedió después
+
+ VII.--Cómo Tellagorri supo proteger a los
+ suyos
+
+ VIII.--Cómo aumentó el odio entre Martín Zalacaín
+ y Carlos Ohando
+
+ IX.--Cómo intentó vengarse Carlos de Martín Zalacaín
+
+
+
+
+ LIBRO SEGUNDO
+
+ ANDANZAS Y CORRERÍAS
+
+
+ I.--En el que se habla de los preludios de
+ la última guerra carlista
+
+ II.--Cómo Martín, Bautista y Capistun pasaron
+ una noche en el monte
+
+ III.--De algunos hombres decididos que formaban
+ la partida del Cura
+
+ IV.--Historia casi inverosímil de Joshé Cracasch
+
+ V.--Cómo la partida del Cura detuvo la diligencia
+ de Andoain
+
+ VI.--Cómo cuidó la señora de Briones a
+ Martín Zalacaín
+
+ VII.--Cómo Martín Zalacaín buscó nuevas
+ aventuras
+
+ VIII.--Varias anécdotas de Fernando de
+ Amezqueta y llegada a Estella
+
+ IX.--Cómo Martín y el extranjero pasearon
+ de noche por Estella y de lo que hablaron
+
+ X.--Cómo transcurrió el segundo día en Estella
+
+ XI.--Cómo los acontecimientos se enredaron,
+ hasta el punto de que Martín
+ durmió el tercer día de Estella en la
+ cárcel
+
+ XII.--En que los acontecimientos marchan al galope
+
+ XIII.--Cómo llegaron a Logroño y lo que les ocurrió
+
+ XIV.--Cómo Zalacaín y Bautista Urbide tomaron
+ los dos solos la ciudad de Laguardia,
+ ocupada por los carlistas
+
+
+
+
+ LIBRO TERCERO
+
+ LAS ÚLTIMAS AVENTURAS
+
+
+ I.--Los recién casados están contentos
+
+ II.--En el cual se inicia la _Deshecha_
+
+ III.--En donde Martín comienza a trabajar
+ por la gloria
+
+ IV.--La batalla cerca del monte Aquelarre
+
+ V.--Donde la Historia Moderna repite el
+ hecho de la Historia Antigua
+
+ VI.--Las tres rosas del cementerio de Zaro
+
+ VII.--Epitafios
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of Zalacaín El Aventurero, by Pío Baroja
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK ZALACAÍN EL AVENTURERO ***
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+all copies of Project Gutenberg-tm electronic works in your possession.
+If you paid a fee for obtaining a copy of or access to a Project
+Gutenberg-tm electronic work and you do not agree to be bound by the
+terms of this agreement, you may obtain a refund from the person or
+entity to whom you paid the fee as set forth in paragraph 1.E.8.
+
+1.B. "Project Gutenberg" is a registered trademark. It may only be
+used on or associated in any way with an electronic work by people who
+agree to be bound by the terms of this agreement. There are a few
+things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works
+even without complying with the full terms of this agreement. See
+paragraph 1.C below. There are a lot of things you can do with Project
+Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this agreement
+and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm electronic
+works. See paragraph 1.E below.
+
+1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the Foundation"
+or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project
+Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual works in the
+collection are in the public domain in the United States. If an
+individual work is in the public domain in the United States and you are
+located in the United States, we do not claim a right to prevent you from
+copying, distributing, performing, displaying or creating derivative
+works based on the work as long as all references to Project Gutenberg
+are removed. Of course, we hope that you will support the Project
+Gutenberg-tm mission of promoting free access to electronic works by
+freely sharing Project Gutenberg-tm works in compliance with the terms of
+this agreement for keeping the Project Gutenberg-tm name associated with
+the work. You can easily comply with the terms of this agreement by
+keeping this work in the same format with its attached full Project
+Gutenberg-tm License when you share it without charge with others.
+
+1.D. The copyright laws of the place where you are located also govern
+what you can do with this work. Copyright laws in most countries are in
+a constant state of change. If you are outside the United States, check
+the laws of your country in addition to the terms of this agreement
+before downloading, copying, displaying, performing, distributing or
+creating derivative works based on this work or any other Project
+Gutenberg-tm work. The Foundation makes no representations concerning
+the copyright status of any work in any country outside the United
+States.
+
+1.E. Unless you have removed all references to Project Gutenberg:
+
+1.E.1. The following sentence, with active links to, or other immediate
+access to, the full Project Gutenberg-tm License must appear prominently
+whenever any copy of a Project Gutenberg-tm work (any work on which the
+phrase "Project Gutenberg" appears, or with which the phrase "Project
+Gutenberg" is associated) is accessed, displayed, performed, viewed,
+copied or distributed:
+
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+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+1.E.2. If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is derived
+from the public domain (does not contain a notice indicating that it is
+posted with permission of the copyright holder), the work can be copied
+and distributed to anyone in the United States without paying any fees
+or charges. If you are redistributing or providing access to a work
+with the phrase "Project Gutenberg" associated with or appearing on the
+work, you must comply either with the requirements of paragraphs 1.E.1
+through 1.E.7 or obtain permission for the use of the work and the
+Project Gutenberg-tm trademark as set forth in paragraphs 1.E.8 or
+1.E.9.
+
+1.E.3. If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is posted
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+must comply with both paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 and any additional
+terms imposed by the copyright holder. Additional terms will be linked
+to the Project Gutenberg-tm License for all works posted with the
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+
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+License terms from this work, or any files containing a part of this
+work or any other work associated with Project Gutenberg-tm.
+
+1.E.5. Do not copy, display, perform, distribute or redistribute this
+electronic work, or any part of this electronic work, without
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+Gutenberg-tm License.
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+"Plain Vanilla ASCII" or other format used in the official version
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+request, of the work in its original "Plain Vanilla ASCII" or other
+form. Any alternate format must include the full Project Gutenberg-tm
+License as specified in paragraph 1.E.1.
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+1.E.7. Do not charge a fee for access to, viewing, displaying,
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+unless you comply with paragraph 1.E.8 or 1.E.9.
+
+1.E.8. You may charge a reasonable fee for copies of or providing
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+
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+ the use of Project Gutenberg-tm works calculated using the method
+ you already use to calculate your applicable taxes. The fee is
+ owed to the owner of the Project Gutenberg-tm trademark, but he
+ has agreed to donate royalties under this paragraph to the
+ Project Gutenberg Literary Archive Foundation. Royalty payments
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+ prepare (or are legally required to prepare) your periodic tax
+ returns. Royalty payments should be clearly marked as such and
+ sent to the Project Gutenberg Literary Archive Foundation at the
+ address specified in Section 4, "Information about donations to
+ the Project Gutenberg Literary Archive Foundation."
+
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+ you in writing (or by e-mail) within 30 days of receipt that s/he
+ does not agree to the terms of the full Project Gutenberg-tm
+ License. You must require such a user to return or
+ destroy all copies of the works possessed in a physical medium
+ and discontinue all use of and all access to other copies of
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+
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+ money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the
+ electronic work is discovered and reported to you within 90 days
+ of receipt of the work.
+
+- You comply with all other terms of this agreement for free
+ distribution of Project Gutenberg-tm works.
+
+1.E.9. If you wish to charge a fee or distribute a Project Gutenberg-tm
+electronic work or group of works on different terms than are set
+forth in this agreement, you must obtain permission in writing from
+both the Project Gutenberg Literary Archive Foundation and Michael
+Hart, the owner of the Project Gutenberg-tm trademark. Contact the
+Foundation as set forth in Section 3 below.
+
+1.F.
+
+1.F.1. Project Gutenberg volunteers and employees expend considerable
+effort to identify, do copyright research on, transcribe and proofread
+public domain works in creating the Project Gutenberg-tm
+collection. Despite these efforts, Project Gutenberg-tm electronic
+works, and the medium on which they may be stored, may contain
+"Defects," such as, but not limited to, incomplete, inaccurate or
+corrupt data, transcription errors, a copyright or other intellectual
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+computer virus, or computer codes that damage or cannot be read by
+your equipment.
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+of Replacement or Refund" described in paragraph 1.F.3, the Project
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+Gutenberg-tm electronic work under this agreement, disclaim all
+liability to you for damages, costs and expenses, including legal
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+defect in this electronic work within 90 days of receiving it, you can
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+your written explanation. The person or entity that provided you with
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+is also defective, you may demand a refund in writing without further
+opportunities to fix the problem.
+
+1.F.4. Except for the limited right of replacement or refund set forth
+in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS' WITH NO OTHER
+WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT LIMITED TO
+WARRANTIES OF MERCHANTIBILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE.
+
+1.F.5. Some states do not allow disclaimers of certain implied
+warranties or the exclusion or limitation of certain types of damages.
+If any disclaimer or limitation set forth in this agreement violates the
+law of the state applicable to this agreement, the agreement shall be
+interpreted to make the maximum disclaimer or limitation permitted by
+the applicable state law. The invalidity or unenforceability of any
+provision of this agreement shall not void the remaining provisions.
+
+1.F.6. INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the
+trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone
+providing copies of Project Gutenberg-tm electronic works in accordance
+with this agreement, and any volunteers associated with the production,
+promotion and distribution of Project Gutenberg-tm electronic works,
+harmless from all liability, costs and expenses, including legal fees,
+that arise directly or indirectly from any of the following which you do
+or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm
+work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
+Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.
+
+
+Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
+
+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
+electronic works in formats readable by the widest variety of computers
+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
+people in all walks of life.
+
+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at https://www.pglaf.org.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+https://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at https://pglaf.org
+
+For additional contact information:
+ Dr. Gregory B. Newby
+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
+
+
+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit https://pglaf.org
+
+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including including checks, online payments and credit card
+donations. To donate, please visit: https://pglaf.org/donate
+
+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart was the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
+
+
+Most people start at our Web site which has the main PG search facility:
+
+ https://www.gutenberg.org
+
+This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
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