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| author | nfenwick <nfenwick@pglaf.org> | 2025-02-08 19:37:41 -0800 |
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If you are not located in the United States, you'll have -to check the laws of the country where you are located before using this ebook. - -Title: De Sobremesa; crónicas, Cuarta Parte (de 5) - -Author: Jacinto Benavente - -Release Date: December 17, 2018 [EBook #58484] - -Language: Spanish - -Character set encoding: ISO-8859-1 - -*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK DE SOBREMESA; CRONICAS, CUARTA PARTE *** - - - - -Produced by Carlos Colón, Josep Cols Canals, the University -of Toronto and the Online Distributed Proofreading Team -at http://www.pgdp.net (This file was produced from images -generously made available by The Internet Archive/Canadian -Libraries) - - - - - - - - - - - Nota del Transcriptor: - - - Se ha respetado la ortografía y la acentuación del original. - - Errores obvios de imprenta han sido corregidos. - - Páginas en blanco han sido eliminadas. - - Letras itálicas son denotadas con _líneas_. - - Las versalitas (letras mayúsculas de tamaño igual a las minúsculas) - han sido sustituidas por letras mayúsculas de tamaño normal. - - - - - De sobremesa - - CRÓNICAS - - - Cuarta serie - - - - - Jacinto Benavente - - - De sobremesa - - - CRÓNICAS - - - _CUARTA SERIE_ - - - MADRID - PERLADO, PÁEZ Y COMPAÑÍA - SUCESORES DE HERNANDO - Arenal, 11 y Quintana, 31 y 33 - 1912 - - - - - ES PROPIEDAD.--DERECHOS RESERVADOS - - - Artes Gráficas MATEU.--Paseo del Prado, 30.--Madrid. - - - - -[Ilustración] - - - - -De sobremesa - - - - -I - - -La obra de Gregorio Martínez Sierra _Canción de cuna_ es una de las más -bellas comedias estrenadas en estos últimos años. Fuí de los primeros -en conocerla y en predecir su triunfo. Aunque el aplauso del público y -los justos elogios de la crítica no hubieran sido en esta ocasión tan -unánimes, en nada hubiera rectificado mi juicio. Además... ¡esperaba -desde hace tanto tiempo esa comedia! ¿Os acordáis, mi querido Gregorio, -de aquella Redacción del _Madrid Cómico_, y de aquel vuestro primer -libro, y de vuestra timidez, que es el pudor de las inteligencias -honradas; timidez y pudor que hoy desconocen tantos jovenzuelos osados -que aun no escribieron una línea y ya creen haber conquistado el mundo? - -A cualquiera podrá haberle sorprendido el triunfo de ahora, el que -muchos llaman definitivo, ¡haber llegado! A mí no podía sorprenderme: -no es Gregorio Martínez Sierra de los que se revelan de pronto. ¡Dios -nos libre de las revelaciones! Si esta obra es una cifra brillante en -su haber literario, no vino por un golpe de audacia ó de fortuna; es -la suma de muchos sumandos que ya indicaban la riqueza acumulada por -un trabajo constante, progresivo, bien intencionado siempre. Gregorio -Martínez Sierra no es de los que aciertan una vez á sorprender con -relámpagos ó fuegos artificiales; la luz de su entendimiento es calor -de hogar permanente, porque es calor de corazón... - -Y ahora, mi amigo de siempre, cuando yo sé que alguna vez juzgasteis -tibieza de mi amistad el no haberse representado antes alguna de -vuestras comedias, ¿lo deploráis ahora? ¿No veis cómo todo llega á su -tiempo? ¿No veis cómo todo viene encadenado en la vida, y cuando á -distancia vemos los años pasados, tan necesarias como las alegrías son -las tristezas para armonizar el destino de nuestra existencia? Hora por -hora procuramos huir del dolor que nos sale al paso y se levanta ante -nosotros como obstáculo entorpecedor; al cabo de los años nos parece -que algo hubiera faltado en nuestra vida si aquel dolor nos hubiera -faltado. - -Y era cuanto yo quería decir en el día del triunfo, que yo no llamo -definitivo, al autor de _Canción de cuna_. Y sabed, mi amigo de -siempre, que una buena lágrima que tal vez visteis asomar á mis ojos -al abrazaros después del estreno de vuestra obra, venía de más lejos -que de la emoción causada por la obra misma: venía de muchos recuerdos, -de muchas palabras calladas, de aquel vuestro primer libro, de aquella -vuestra timidez de niño, y, ¿por qué no decirlo?, del orgullo de que, -cuando para muchos se estrenaba en aquella noche _Canción de cuna_, -para mí se había estrenado hace mucho tiempo. - - * * * * * - -Persona respetable y bien enterada me asegura que los restos de D. -Manuel Bretón de los Herreros, sepultados en el antiguo cementerio -de San Nicolás, caerán en la fosa común en breve plazo si nadie se -presenta á pagar los gastos de traslación. Creo que bastará con la -noticia, sin lamentaciones ni comentarios, para que la Sociedad de -Autores, ó la de Escritores y Artistas, ó el Ateneo, ó la Academia -Española, ó todos juntos, ó el primer buen español que tenga unas -pesetas sobrantes, se apresuren á evitar esa... pequeña vergüenza. -¡Ojalá pudieran evitarse á tan poca costa otras mayores! La persecución -de mujeres por esas calles, sin ir más lejos. Cualquier medida que -tomen las autoridades para ello, la más arbitraria, la más draconiana, -será bien recibida. Hasta la de obligar á esos hombres valientes, -insultadores de mujeres, á vestir las faldas-pantalones que tanto les -indignan. Si entre las mujeres hubiera verdadera solidaridad, ellas -son las que debieran correr por esas calles á esos varones sin otra -apariencia de ello que el traje masculino. Aunque, bien mirado, hay -para compadecerlos. ¿Qué mujeres tendrá ó habrá tenido en su casa el -que no sabe que toda mujer es tan respetable en la calle para todo -hombre como si fuera mujer de su propia familia? Pero, es claro, hay -caballero que se echa á la calle, harto de haber insultado con mil -groserías á las de casa. ¿Qué no hará con las extrañas? El hombre, -como el caracol, lleva siempre su casa á cuestas. El que insulta á una -mujer en la calle, es que le sobraron insultos de los que acostumbra á -dirigir á su señora. O que devuelve los que su señora le ha dirigido, -y no se atrevió á contestar, y ¡el pobre hombre no ha de quedarse con -ellos! - - * * * * * - -Las modernas indagaciones de la crítica artística llevan la alegría -por barrios. Cuando un Museo ó un coleccionista están más ufanos con -un Velázquez ó con un Rafael ó con un Greco, sale un señor crítico de -Arte aguándoles la fiesta con decirles que, lo que se creyó original, -es copia, ó alegrándoles el duelo con la afirmación contraria. Nadie -sabe ya lo que tiene. Es para creer en todos los cuadros viejos y para -no creer en ninguno. - -El Museo del Louvre se ufanaba de poseer la verdadera _Gioconda_; -nosotros mirábamos despectivamente la de nuestro Museo del Prado. Se -volvieron las tornas; durante unos cuantos años la verdadera _Gioconda_ -será la nuestra. Aunque bien pudieran serlo las dos, y aun no serlo -ninguna. Esta _Monna Lisa_, tan traída y llevada con el enigma de su -sonrisa, quiere, por lo visto, ser enigmática en todo. Leonardo de -Vinci era artista minucioso hasta el resobado, y es lo más probable que -las dos _Giocondas_ fueran, en su intención, estudios y apuntes para -una tercera, que acaso parezca el día menos pensado. Mucha importancia -concedía Leonardo al fondo de sus figuras, y hasta procuraba infundirle -algún simbolismo apropiado. Por esta consideración más parece la -_Gioconda_ definitiva la del Louvre. Pero también pudo ser que, -para mayor enigma, le pareciera mejor fondo el fondo indeterminado -de la _Gioconda_ de Madrid. ¡El demonio de la señora! Nada, que -se ha propuesto dar que hablar por los siglos de los siglos. Bien -dijo su pintor y presunto enamorado: «Bella forma mortal passa é non -d'arte». Ya sé yo cómo resolvería este pleito uno de nuestros chulos -castizos; diciendo de una vez. «¡Vaya una tía _Gioconda_!» Sólo que, al -pronunciarlo mal, estaría en lo cierto. - - - - -II - - -La comedia novelada de D. Eugenio Sellés, _Icara_, con satisfacer -plenamente en la lectura, deja, no obstante, en nuestro espíritu el -sinsabor que deja una vida truncada que nos pareció encaminarse á -muy otro destino. No quiere esto decir que la serenidad del libro -convenga menos, para una obra de serio y noble arte, que el bullicio -de los teatros. Obras hay, en forma dramática, que nada ganarían al -afrontar las luces de la batería: muchas de Byron; los admirables -poemas de Browning; algunas comedias, quizás las mejores, de Musset. -Pero _Icara_, no; se advierte, desde luego, que nació para el teatro, y -todo en ella pide la expresión vigorosa que sólo en la representación -escénica puede lograr la verdadera obra dramática. _Icara_ se malogra -en el libro. Y cuando público, crítica y empresarios se lamentan de que -faltan autores y obras en consecuencia, ¿qué razones hay, que la razón -no alcanza, para que _Icara_ no haya sido representada? Descontemos la -razón de méritos: tiene la obra muy sobrados, literarios y teatrales. -Interesante asunto, de una importancia social que se sobrepone á lo -que pudiera parecer de efímera actualidad. En cuanto á los papeles, -razón suprema muchas veces para la admisión de una obra, nada dejan -que desear al lucimiento de los actores. ¿Atrevimientos? Es el autor -de _Icara_ bien probado señor de la pluma, para temer groserías de -pensamientos y de lenguaje en obra suya. ¿Por qué, entonces, _Icara_ -no ha sido representada? No ha muchos días nos ofreció una espléndida -empresa minuciosa estadística de las obras representadas por su -compañía; todo ello para blasonar, á más de un trabajo constante, de -una amplitud de criterio que sería laudable si estuviéramos seguros -de que era sincera. Lo cierto es que, sin contar las que han dejado -de escribirse, en la seguridad de que no hubieran sido admitidas por -ninguna empresa, acaso las mejores obras dramáticas de estos últimos -años impresas andan sin haber logrado el favor de ese amplio criterio. -Díganlo las tragedias bárbaras de Valle-Inclán _Aguila de blasón_ y -_Romance de lobos_; dígalo _Icara_; díganlo, del teatro extranjero, -las verdaderas obras de arte: unas, traducidas para ser publicadas; -otras, no traducidas por no perder el tiempo; mientras las empresas se -desviven por traernos cualquier «comedieta» sin importancia ó cualquier -dramón, al que se ha concedido demasiada. No es que me parezca mal, y -cada uno en su casa es muy dueño de hacer lo que mejor le parezca y -más crea que le conviene; pero no se pretenda darnos plaza de tontos, -haciéndonos creer, cuando sólo se atiende á los legítimos ingresos de -la contaduría, que se piensa, sobre todo, en los altos intereses del -Arte. - - * * * * * - -El batallador obispo de Jaca, él pelea en Madrid y la diócesis á la -puerta, se opone, en nombre de la religión cristiana, á la cremación -de los cadáveres. No sabemos en qué texto sagrado podrá fundarse. No -será, ciertamente, en el bíblico de la destrucción por el fuego ¡ay, -Teresita! de las ciudades nefandas Sodoma y Gomorra. Si fuere, por -dificultarse con la cremación, el prodigio final de la resurrección -de la carne, grave ofensa de la divinidad, nos parece suponer que ha -de serle más difícil resucitarnos de unas pavesas que de un montón de -huesos. El que nos hizo de la nada, aun de la nada volverá á sacarnos, -y, francamente, no valía la pena de molestarse. - -No era preciso que el señor obispo de Jaca tronara desde tan alto -contra la cremación. Sin consideraciones religiosas de tanto peso, -ya basta contra ella la natural y humana repugnancia á desaparecer -de modo tan terminante. Queremos aferrarnos á la vida hasta en la -muerte; de ahí esa vanidad de monumentos funerarios, los epitafios -rimbombantes, las esculturas que perpetúen nuestra forma mortal. Los -más descreídos en la imperecedera existencia del alma creen todavía -en lo imperecedero de la materia al través de transformaciones; acaso -creen que aun han de renacer, con los jugos de la tierra, en la -flor, en la mariposa; que su «yo», su soberbio «yo», ha de existir -por siempre, aunque algo desperdigado. ¿Cómo es posible que al morir -se anule por siempre tanta grandeza? ¡Perderse así nuestras opiniones -políticas, nuestros entusiasmos artísticos, nuestras preocupaciones -sociales! ¡Saber que nuestro juicio particular sobre los más notables -contemporáneos no significará ya nada en la armonía universal! ¡Que -habremos oído el vals de los besos de _El conde de Luxemburgo_ para -no recordarlo en toda una eternidad! ¿Qué significaría entonces esta -vida nuestra? No es cosa de perder, por una medida de higiene y de -estética como la cremación, las posibles transformaciones de nuestro -cuerpo miserable. No defraudemos á los gusanos. ¡Es tan numerosa la -fauna de los sepulcros! Hay libros muy interesantes en que se estudia. -Hay gusanos especialistas de cada parte de nuestro apetitoso individuo: -unos, para el corazón; otros, para roernos los sesos; otros, los más -golosos, tienen á su cargo, como los del romance, «donde más pecado -había». Tienen nombres distintos, nombres científicos, sonoros y -expresivos. ¡Oh, es muy curioso! ¡Animalitos! ¡Hermanos gusanos!--como -diría San Francisco.--La cremación sería una estafa para ellos. Dejemos -á la Naturaleza completar su obra; sólo ella es sabia, sólo ella sabe -lo que nos conviene. De este modo, las cenizas de Alejandro podrían -tapar un barril de cerveza, como razona Hamlet en el cementerio. ¡Pobre -príncipe! Aunque al morir sólo desea el silencio, como suprema paz para -su espíritu, antes había soñado para sus cenizas la posible utilidad de -tapar barriles. Todo, menos desaparecer del todo y para siempre. - -He aquí por qué la cremación tiene tan pocos partidarios. Entre -una sepultura en la tierra y una pequeña urna en poder de nuestros -allegados... La tierra nos ofrece mayor seguridad. La familia puede que -perdiera la urna en una mudanza. - - - - -III - - -El señor obispo de Jaca es de incesante actualidad. Los cronistas le -deben un homenaje de gratitud. Su último grito es un llamamiento á -las plumas ociosas--no confundirlas con las ociosas plumas; de dormir -son éstas, y aquéllas de no dormirse.--El señor obispo tiene por -lema: «A Dios rogando y con la pluma dando». Si en su mano estuviera -proponer alguna inusitada advocación, en todas las iglesias de la -cristiandad tendría especial culto Nuestra Señora de la Rotativa. Es de -agradecer este singularísimo aprecio á las letras periodísticas. Pero -¡ay! en vez de tocar llamada á las plumas, ¿no fuera más pertinente -llamar á los bolsillos? ¿A qué están las plumas? No, no es: «¡El -que sepa escribir, que escriba!», lo que hay que gritar. «¡El que -pueda pagar, que pague!» Ahí está el toque, el verdadero toque de -llamada. Todos nos lamentamos de la indiferencia general, nadie se -apasiona por una idea, todas ellas están indefensas: las religiosas, -las antirreligiosas, las políticas y las artísticas. Y es que ¡está -todo tan mal pagado! La literatura, en general; la periodística, en -particular, no halla mejor recompensa que la de ser retirado de ella -para ocupar algún puesto oficial. No hay mejor premio para los que -valen; de donde resulta que los premiados, son baja por ascenso; los -que quedan, baja por inútiles, y los postergados por la soberbia ajena -ó la modestia propia, baja por desilusión y desmayo, por falta de esa -interior satisfacción tan necesaria en todo militante. Si el periodismo -fuera por sí mismo un buen fin, y no un medio para otros fines, nadie -cambiaría su puesto de honor en el combate por otros puestos que han -de quedar indefensos al faltar los mejores para defenderlos. Entre los -que van de pasada, con la ambición más alta, y los que á nada pueden -aspirar, ya desesperanzados, las ideas quedan á merced del enemigo, -abandonadas como impedimenta. Menos cargos políticos y mejores -sueldos. Así habrá menos impaciencias y menos desfallecimientos. ¡El -que pueda pagar, que pague! Veremos entonces cómo todo el que sepa -escribir, escribe. Procure, procure el señor obispo de Jaca conmover -el bolsillo de los fieles, funde un periódico, pague á los periodistas -con sueldo de obispo y verá leones defendiendo los obispados. Con 25 -ó 30 duros al mes, ¿qué ha de hacer el redactor del periódico más -piadoso sino ayudarse y defenderse escribiendo algún entremés para el -Salón Madrileño, sin licencia del ordinario? Y ¿qué ha de hacer el -redactor del órgano más revolucionario más que escribir los gozos á -unas monjitas, si se los encargasen? ¡Felices los que ignoran lo que -pueden pesar 25 pesetas sobre nuestras convicciones más íntimas y nunca -hicieron traición á una idea por menos de dos ó tres millones! - - * * * * * - -Las tiples han dado en fugarse. Es el modo más delicado de -participarnos su efectuado enlace, que no sería bien anunciar más -claramente. Hoy todo se anuncia, hasta las defunciones de la virtud; -para las que está más indicado que en ninguna otra el: «Se suplica el -coche». - -¡Y hay quien cree que en el teatro todo es libertad! Ya ven que no es -así, cuando las tiples necesitan fugarse para poder amar libremente. -Hay muchas señoritas de buena casa que, para mucho más, no pasan de la -escalera. Verdad es que unas piensan en el contrato matrimonial, al -que nada favorecen los anuncios previos, y las otras en la contrata -artística, á la que favorece cualquier reclamo, aunque sea de codorniz -y tan redoblado como el de las «verdecillas» del sainete. Ya se pagará -á las tiples por fugas; siempre es una garantía de buenas formas y -hasta de algún conocimiento musical, á falta de otros. Con todo esto, -los perjudicados son el público y los empresarios; no porque se fuguen, -sino porque vuelven. - - * * * * * - -Algunos escritores de provincias claman contra nosotros los de Madrid -porque, según ellos, tenemos establecido un _trust_ de los bombos y nos -pasamos la vida en batalla de flores: elogio va, elogio viene; siempre -entre los mismos del corro. Y ¿qué se le va á hacer si el corro es -tan reducido? Pero ¡lo que son las cosas y qué difícil es contentar á -todos! Aquí, aun de los del corro, hay quien se queja si no se le cita -á cada paso y se deja pasar sin referencia la comedia, el libro, la -crónica ó el artículo. Claro está que sería preferible fuera el público -quien nos diera á cada cual lo nuestro y nosotros lo suyo al público; -pero con público tan indiferente y distraído, ¿no será obra meritoria -la de bombearnos los unos á los otros? Ya procuramos destruir el efecto -de las caricias públicas con los arañazos y mordiscos privados. ¡Pues -sí que reina la paz entre los príncipes cristianos! Da gusto discurrir -por cualquier Círculo literario.--¿Has leído la imbecilidad que publica -hoy Fulano?--Nunca leo esas latas.--¿Has leído lo que dice de ti el -idiota de Mengano?--Esto cuando se trata de un elogio, para darle todo -su valor. - -Y se habla mal de todo lo que se lee, y peor de lo que no se lee; y -todo es tabarra, todo es lata, ¡tan vaporosos estamos que todo nos -pesa! Y nada es original y todo está dicho, ¡tan enterados estamos de -todo! - -Dejad, dejad que funcione el bombo mutuo; es cuanto queda de agrado -y cortesanía en nuestras relaciones literarias. ¿Será mejor que nos -destrocemos los unos á los otros y los artículos sólo sirvan para -alabanza de los políticos y de los _sportsmen_, de las marquesas -viejas y de los toreros; las críticas de teatros para celebrar las -decoraciones y el rumbo de los empresarios y la belleza de las -espectadoras, y que todos suban, triunfen y medren sobre nuestras -costillas, molidas por nosotros mismos? ¿Para todos hemos de guardar -el secreto y entre nosotros no hemos de guardarlo? ¿Vale el público -más que nosotros, para que le debamos la verdad? La verdad es para -los iguales. El que quiera saberla, que llegue con la inteligencia ó -con el corazón. Y si aun hablando bien unos de otros no engañamos al -público sobre nuestro mérito, ya que nos crea malos escritores que nos -crea siquiera buenas personas. - - - - -IV - - -Todos los años nieva en primavera y todos los años reaparece el -invierno por Abril ó por Mayo, con un frío, según frase consagrada, -impropio de la estación. Todo esto no tiene nada de particular; lo -particular es que, sucediendo lo mismo todos los años, todos los años -nos produzca la misma sorpresa, como algo fuera del orden natural.--¿Ha -visto usted qué frío se nos ha echado encima? Aquí todo se nos echa -encima: la nieve, como la revisión del proceso Ferrer, como el problema -de Marruecos. Nada se aprende de un año para otro. En el año próximo -volverá á nevar en primavera y volverá á parecemos que la Naturaleza -padece graves trastornos y volveremos á sorprendernos del frío impropio -de la estación. - -En las actuales circunstancias, la nieve ha sido tal vez la más -elocuente manifestación de la opinión pública; el verdadero jarro de -agua fría sobre el ardor, más ó menos sincero, de tantos acalorados -discursos. La temperatura de la calle no ha correspondido con la del -salón de sesiones. Verdad es que ¡tan pocas veces está á tono lo que se -discute dentro con lo que se opina fuera! - - * * * * * - -Los que se habrán tranquilizado mucho serán todos los que se hallan -bien avenidos con el orden social, venga de donde venga y lo imponga -quien lo imponga. ¡Si estarán convencidos de la apacible condición de -nuestros revolucionarios! Para una vez que podían disputarse la gloria -de haber intervenido en una revolución, chica ó grande, todos, por el -contrario, han procurado á toda costa convencernos de que ni ellos ni -sus amigos pudieron tener la menor intervención en ella. ¡No faltaba -más! Ellos no están conformes con nada de lo existente, pero en el -fondo son gente de orden. Con creyentes así poco hubiera prosperado el -cristianismo. Al primer mártir sacrificado, en vez de ensalzarle por -su fe, hubieran tratado de probar que era tan pagano como el primero y -que su martirio... había sido una lamentable equivocación imperial; con -lo cual el calendario hubiera perdido un santo y mártir y el emperador -se hubiera quedado tan fresco. Yo no sé, pero me parece que siempre es -más lucido ser mártir de las ideas propias que de las ajenas. - - * * * * * - -Sin eufemismos de contaduría, Ivette Guilbert ha sido un fracaso ante -nuestro público. ¿Por falta de ambiente? No puedo creerlo: el público -que asistía á la presentación de Ivette Guilbert era justamente el -público selecto para quien París y sus artistas no son una novedad ni -una rareza. ¿Es que la artista ha perdido con los años? No, Ivette -Guilbert ha ganado físicamente, y artísticamente, si nada podía ganar, -porque en su arte llegó á la perfección hace mucho tiempo, nada ha -perdido tampoco. Su repertorio es hoy más variado, más extenso; á las -canciones canallescas y macabras, que eran su especialidad, ha unido -canciones del siglo XVIII, ingenuas unas, como canciones de niñas al -corro; galantemente picarescas otras. Ivette Guilbert es la Duse de -este género, que, por ser muy de Francia, no es de un particularismo -tal que no pueda interesarnos y justifique el desvío de nuestro -público. No hay arte chico ni grande; hay artistas muy chicos y grandes -artistas. Ivette Guilbert sabe hacer de una canción una comedia ó una -tragedia; en su voz, en su gesto, en sus actitudes, viven, á cada -estrofa, almas diversas. ¿No es todo un drama la canción _Le roi fait -battre tambour_--escrita á la muerte de la famosa Adriana Lecouvreur? - -El público de Madrid ha sido injusto en esta ocasión. Es ya tarde para -reparar la injusticia. Se comprende que haya público para todo, y hasta -me parecería mal que todo el público entendiera de todo, mientras -haya clases; pero, la verdad, que precisamente cuando hay que admirar -verdadero arte sea cuando falte el público, es algo triste. - - * * * * * - -Gracias á los que se interesan por mi salud ó por mi estado de ánimo -cuando falta una _Sobremesa_. Váyase por los que desearían que -reventara de indigestión en una de ellas. Gracias también á los que -creen que algunas, por impublicables, van al cesto de los papeles. -Basta con que sepamos que no es así los que debemos saberlo. La verdad -es que no ha de trabajar uno siempre para fuera y quizás escribe uno -más cuando menos escribe, y aun en páginas más duraderas, y no siempre -está uno para expansionarse, y más cuando se va para viejo, y rara vez -rompería uno el silencio de oro sin apremios de plata. Conque ya lo -saben todos los molestos ó contrariados con que uno escriba: no tienen -más que organizar una suscripción, á unas pesetitas por molestia, y yo -prometo no volver á tomar la pluma en mi vida, ni aun para agradecerles -la mala voluntad de su buena obra. Con dinero se arregla todo. - - - - -V - - -Yo no sé si se ha escrito--la erudición no es mi fuerte;--pero de -no haberse escrito, debiera escribirse un libro de las procesiones -de Semana Santa en España. Decía un gran actor francés, maestro de -actores, que el verdadero actor debe aprovecharse, en primer lugar, de -sus buenas cualidades, y, en segundo lugar, de las malas. Este buen -consejo puede hacerse extensivo á toda persona, cualquiera que sea su -condición social, y á todos los pueblos, cualquiera que sea su estado -de civilización. Cuando no se puede sobresalir por adelantados, se -debe procurar sobresalir por el atraso; el caso es sobresalir de algún -modo. Esto de las procesiones no es precisamente como la aviación ó -la telegrafía sin hilos; pero es mucho más pintoresco y mucho más -castizo y, bien anunciado, pudiera ser de una gran atracción para los -extranjeros, curiosos de algo típico, cada vez más escaso, por culpa -de la civilización, tan niveladora de costumbres como desniveladora -de peculios. Sólo las procesiones de Sevilla han conseguido lo que -ahora se dice reputación mundial. Sin rebajar nada de su bien ganado -renombre, hay muchas otras que merecen ser conocidas. Las de Murcia, -con sus imágenes de Salcillo, el Murillo de la escultura española, -y, con él, una de las pocas notas de dulzura en el Arte español; -con aquel ángel de la Oración del Huerto, bello como los de Rafael, -símbolo artístico, al erguirse en su pagana belleza sobre la postración -dolorosa del Nazareno, de todo el Renacimiento, protestante en nombre -de la vida triunfadora y del Arte embellecedor de la vida. - -Las procesiones de Cartagena, con pasos de Montañés, de Salcillo, -comparación interesante. Las de Lorca, de primitiva ingenuidad, con sus -escenas bíblicas y evangélicas, representadas por personajes de carne -y hueso; reñidas competidoras en propiedad y en lujo. Y en poblaciones -más humildes, en pueblos ignorados, ¡qué tesoros de observación para -el curioso! Las legiones de armados, los nazarenos, el pretorio con -sus trompetas destempladas... Y sobre la devoción y la austeridad y -las tinieblas en el templo, y las Siete Palabras en el púlpito, y los -siete cuchillos clavados en el corazón de la Dolorosa, y sobre la Cruz -redentora y el Santo Sepulcro, miradas y palabras y silencios de amor y -de deseos que van encendiéndose por la boca y por los ojos de hombres -y mujeres... Y la vida triunfa sobre toda tristeza, como el ángel -murciano en la Oración del Huerto. - - * * * * * - -Las Sociedades de aficionados protestan contra el aumento en los -derechos de representación de las obras teatrales exigido por la -Sociedad de Autores. Todo el que conozca la organización íntima de esas -Sociedades ha de estar conforme con la protesta. No se comprende que -pueda haber animadversión contra ellas por parte de los autores, de los -actores ni de los empresarios. Para estos últimos, las Sociedades de -aficionados son una saneada fuente de ingresos; los actores no deben, -sin ingratitud, mirarlas con malos ojos; casi todos se dieron á conocer -en alguna de esas Sociedades, que vienen á ser las novilladas del arte -dramático. En cuanto á los autores, por ellas ven popularizadas sus -obras y por ellas ven representarse obras de repertorio olvidadas por -las empresas. Las Sociedades apenas cubren gastos; de su desinterés no -cabe sospechar. Son un interesante ensayo de socialismo aplicado al fin -de proporcionar honesto recreo á muchas familias que no pueden pagar -el lujo del teatro, si barato en Madrid, comparado con otras grandes -capitales, muy caro en comparación con la riqueza de esas capitales y -la madrileña. - -Con la subida de los derechos sólo se conseguirá, como siempre, que -la autoridad se excede, que el favor solicitado con recomendaciones -se sustituya á la justicia, y, como el favor no es nunca equitativo -ni desapasionado, todo parará en intrigas, desigualdades y molestias -para ambas partes beligerantes: Sociedades dramáticas y Sociedad de -Autores. De nada sirve el general acuerdo si, después, unos autores -ofrecen rebaja en sus derechos, y otros, por el contrario, exigen -montes y morenas y anticipos y un número fijo de representaciones, -cuando de obras estrenadas con aplauso se trate. Todo ello sólo sirve -para que medren los que están en el secreto y hagan el tonto de la -pantomima los que se atienen á la letra de los reglamentos. Lo mejor -sería dejar á cada uno en libertad de estipular sus derechos con las -empresas y con las Sociedades. Y ya que todo sea comercio, libertad de -comercio y competencia libre. Es el sistema inglés, y hemos convenido -en que Inglaterra es el mejor modelo para todo. - - * * * * * - -El prefecto de Atenas ¡oh, cuán poco ateniense! ha dado á rajatabla -la orden de que todas las artistas extranjeras que se exhiben en los -teatrillos y salones--cines en griego--sean sometidas--¡oh, manes de -Friné! ¿dónde hallar aticismo para expresar el ultrajante concepto?--á -una inspección facultativa, muy relacionada en verdad con algunos -dioses de la Mitología: la diosa del Amor y el dios del Comercio; pero, -hasta ahora, nada relacionada con Apolo, dios de las Artes, á no ser -por parte de hijo, ó sea Esculapio, dios de la Medicina. - -Las ofendidas han puesto el grito en el Olimpo, y mientras, de allí -vienen los rayos, en sus Embajadas y Consulados respectivos. Sí -que hay para una intervención. Por lo pronto, en la primera ojeada -han resultado dos virtudes sin detrimento. No es mal reclamo, con -certificación facultativa y todo. Pero el que luzcan dos virtudes no -es razón para deslucir las de otras señoritas. Siempre se dijo que -las comparaciones son odiosas. Aparte de que es ocasionado á errores -localizar la virtud en estos tiempos, y la ciencia no ve el fondo de -los corazones. - -Lo malo será que algún prefecto de por acá se sienta helenista y quiera -traducir al ateniense. Cierto que hay escenarios por esos teatros que -más parecen aceras, y aun arroyos; pero, en fin, aunque en ellos el -Arte no sea ni su sombra, todavía debe amparar con su nombre á las -pobres mujeres que en él buscan sagrado. Y, en todo caso, la inspección -no debiera aplicarse sólo á las artistas, sino á los espectadores, -especialmente al cerebro. Puede que no se encontrara uno sin tacha, -como la virtud de esas dos chicas, en Atenas. - - - - -VI - - -Por los que hacen ostentación de lo superfluo cuando lo más preciso -escasea, se dijo: «Gran tocado y chico recado». Nuestra vanidad -de hidalgos ha cambiado los términos, y ahora, con el monumental -evacuatorio de la Puerta del Sol, bien puede decirse de nosotros lo -contrario: «Chico tocado y gran recado», con la significación que la -palabra _recado_ tiene en Andalucía. - -Si las _preciosas_ ridiculizadas por Molière poetizaban, denominando -_Le superflú de la boisson_, á lo que tiene más bajo nombre, los -madrileños hemos puesto una superfluidad al servicio de esas -superfluidades. - -El suntuoso evacuatorio vendrá á ser, como el mondadientes paseado -por aquellos hidalgos del siglo XVII: más para engañar la -curiosidad ajena que el estómago propio. - -Todo quiere principio, y bueno es empezar por algo, aunque se empiece -por el final; como en este caso se ha procedido, en el orden de las -funciones digestivas. - -Lo que no me parece tan bien es el emplazamiento; pues si Madrid es el -centro de España y la Puerta del Sol el centro oficial de Madrid y de -ella ha venido á ser ornamento principal, con perjuicio del ministerio -de la Gobernación, ese precioso evacuatorio, véase lo que viene á ser -el centro de España. Esperemos que no haya confusión en tiempos de -elecciones y cada asunto se despache en su departamento adecuado. - - * * * * * - -Un periódico de París, en cariñoso saludo de despedida á Mlle. Sorel, -la pronostica un gran triunfo entre nosotros y nos dice de paso -que, gracias á la bella _socia_ de la Comedia Francesa, podremos -aquí admirar esos monumentos de la literatura francesa que son: -_Demi-monde_, _Antony_, _L'Aventuriere_, etc. - -De ayer por la tarde fué cuando D. José Valero representaba el -_Antony_, de Dumas padre, y también de hoy por la mañana cuando la -Virginia Marini, en italiano, y María Tubau con Emilio Mario y Sánchez -de León, en castellano, nos dieron á conocer el _Demi-monde_, de Dumas -hijo. En cuanto á _L'Aventuriere_, representada en el teatro de la -Comedia, de Madrid, por Coquelin, admirable de todo punto en el papel -de D. Aníbal, el rufianesco hermano de doña Clorinda, había sido -representada muchos años antes, en excelente traducción, no recuerdo -ahora si de doña Gertrudis Gómez de Avellaneda ó de doña Carolina -Coronado. De modo que si no es por mademoiselle Sorel, nos quedamos tan -ignorantes. - -Algo hubiera ganado la distinguida actriz con seguir cultivando -nuestra ignorancia y dejarnos la impresión de su elegante silueta -en la favorable y lejana irrealidad de las postales y de las cajas -de cerillas, poetizada por ese encanto en que París envuelve á sus -artistas, siempre hermosas, siempre jóvenes, siempre espirituales, -siempre vestidas de armiños y de encajes, siempre cubiertas de perlas -y diamantes... ¡Oh presencia, presencia, destructora de encantos! Ayer -fué la Cleo de Merode, hoy es la Sorel... Los adolescentes ilusionados -que os vieron de cerca, ya no volverán á extasiarse ante las postales y -las cajas de cerillas. ¡Oh princesas lejanas, como la de Rostand! ¿Por -qué os acercasteis nunca para decirnos que no sois como érais? - - * * * * * - -Los tripulantes de un barco, en mares de Australia, han presenciado -la más descomunal batalla imaginable. Treinta y seis ballenas machos -luchando por una sola hembra, Elena de esta _Iliada_ entre cetáceos. Ya -no es sólo por las calles de Madrid por donde no puede andar una señora -sola. Cierto que los batalladores cetáceos tenían en su disculpa la -enorme desproporción entre el género masculino y el femenino. ¡Treinta -y seis para una! ¡Pobre ballena, que no encontraría en tal apuro ni á -un pez espada para defenderla! - -Este suceso es el que ha determinado, sin duda, la formación de una -Liga contra la pornografía. Todos los días no puede uno hacerse cargo -de todo; así es que cada cuatro ó cinco años nos hacemos cargo de una -cosa. Ahora que va decayendo la pornografía, conseguiremos que vuelva á -tomar incremento con dedicarnos á combatirla. - -Parece ser que el medio indicado es el _sport_. ¿De veras? ¿No será el -exceso de _sport_ y el de los ejercicios físicos lo que haya embotado -las inteligencias para goces más espirituales y más artísticos? -Adviértase quiénes son los que gozan en el teatro con las groserías y -las marranadas; no son los que han leído á Ibsen: suelen ser los que -se aburren con la representación de cualquier obra de verdadero arte. -¿Quiénes son los que leen las novelas pornográficas? Los que no leen -ninguna otra, porque nada dice á su inteligencia. - -Bueno está fortalecer los músculos; pero no estará de más fortalecer -el cerebro. Un error lamentable de educación tiende á suprimir todo -esfuerzo mental en el estudio, ya nadie quiere calentarse la cabeza; -queremos que todo sea agradable, fácil, ligero; ya todo el _lata_ para -el vaporoso cerebro moderno. - -Es preciso que la inteligencia tenga también su gimnasia; porque si -durante todo el día no hemos hecho más que correr, saltar y darnos de -puñetazos, ¿cómo vamos á entender por la noche _La vida es sueño_ mejor -que unas canciones por todo lo bajo y un garrotín por todo lo alto? - -Yo sé que en los tiempos de mi juventud nos obligaban á estudiar con -trabajo, y todo el _sport_ era algún marro, jugado en algunos sabrosos -novillos; pero sé que llegaba un domingo por la tarde y preferíamos -gastarnos los cuartos de nuestro pobre peculio de estudiantes, en -admirar á Elisa Boldún y á Rafael Calvo en alguna obra del teatro -antiguo. Y los mozos de ahora se van al _cine_ á relinchar como potros, -á insultar á las pobres mujeres, y cuando van á un teatro serio, por -moda, no por gusto, creen que es todavía el _cine_. Pues estos mozos -son los que, por higiene, tienen seis horas de gimnasia, de _sports_, -de armas, y media hora de estudio ligero, muy ligero, no se caliente -el niño la cabeza. No; más vale que se le rompa por fuera de un golpe -ó de un batacazo, que no se le caldee por dentro al chocar de dos -ideas. - - - - -VII - - -Debe de ser un encanto gobernar un país, como ser jefe de una familia -en que reine de continuo la mayor unanimidad de pareceres. Si el -Gobierno no se ha enterado todavía de la verdadera opinión nacional -en los asuntos de Marruecos... Unos que: «Vamos allá, que para luego -es tarde, que allí está nuestro porvenir». Otros que: «Nada tenemos -que hacer allí, que Marruecos es como los amores y las zarzas, donde, -según el refrán, quien en ellos se metiere entrará cuando guste, mas no -saldrá cuando quisiere». - -Hay señor, de los expansivos y belicosos, que, como caballero -particular, le basta con un piso muy reducido, con habitaciones de -un metro en cuadro, para todas sus expansiones; pero, como ciudadano -español, teme ahogarse entre las fronteras naturales y le parece que -le va á faltar aire si, por abajo, no llegamos hasta Tetuán y, por -arriba, hasta qué sé yo dónde; como si, por mucho que se dilaten -las fronteras, no vinieran á parar al fin en vecindades más ó menos -molestas y peligrosas. El Imperio universal está muy desacreditado, -por aquello de: «Quien mucho abarca, poco aprieta». Y nadie abarcó ni -apretó más que nosotros, y no es cosa lo que nos ha lucido el pelo. - -Otros lo toman por lo agrícola, y como en España ¡á Dios gracias! ya no -queda sitio para plantar una mata de habas, se extasían considerando -las siembras y plantaciones que podemos extender por los territorios -conquistados. Por aquí, tabaco; más allá, pimientos; detrás, unas -coles, y, entre col y col, lechugas. ¡Qué porvenir, qué riqueza! - -A todo esto, la verdadera opinión, que, como siempre, es la que nada -dice, y hace mal, como siempre, piensa que: del lobo un pelo, y de la -hermosa Dulcinea de esos andantes caballeros, que no andan, un retrato, -siquiera tamaño como el blanco de una uña; como pedían los mercaderes á -Don Quijote, para proclamar, con algún fundamento, la soberana beldad -de su dama. - -Lo cierto es que, de América, con todos los errores y todas las -torpezas, se sacó algún provecho, y aun colea; pero de Africa no -sacamos más que romances; muy heroicos, pero nada prácticos. Las -guerras modernas van por otros caminos. Los ejércitos son hoy avanzadas -de los viajantes de comercio. Pero es muy triste cosa que, cuando un -ejército se haya cubierto de gloria y pueda decirnos: «Aquí está todo -este territorio que os hemos conquistado», haya que responderle: «¿Y -qué hago yo con esto?» - - * * * * * - -¡Dichosos tiempos éstos en que, por cada pierna que podemos mover, y -aun echar por alto, tenemos una liga que nos sujete y nos impida andar -en malos pasos! Hay ligas femeninas, hay ligas masculinas, las hay de -ambos sexos; las hay para todo y contra todo. Esta de ahora, contra -la pornografía, promete ser de las más batalladoras. ¿Será verdad -que estamos tan encenagados? ¿Se escriben y se publican más libros -pornográficos que en otros tiempos? ¿El teatro es más inmoral que lo ha -sido nunca? ¿Se escandaliza por esas calles como en ningún otro período -histórico? - -Yo creo que no; lo que yo creo es que ahora, como nunca, le ha dado á -todo el mundo por enterarse de todo y por hablar de todo, y... ¡oye -uno á señoras y señoritas, niñas y niños, tratar de unos asuntos! -Sucede como en esos países de clima templado en que las casas están -mal acondicionadas para el invierno: cuando quiere uno estar abrigado, -hay que echarse á la calle. Lo mismo es con la pornografía moderna. La -calle está á mejor temperatura que las casas. - -Ciertos libros, ciertos teatros, solicitan á un público especial. -¿Qué culpa tienen ellos de que todo el público los busque? Los que -se indignan con la literatura pornográfica, ¿están seguros de haber -dispensado su protección á la literatura honesta? Los que protestan -contra las obras inmorales en el teatro, ¿están seguros de no haberse -aburrido en la representación de alguna comedia moralísima? - -No me cansaré de decirlo; lo que llamais pornografía tiene su origen -principal en la exagerada ñoñería. Por ñoñería cultivais la incultura, -y ahí tenéis el fruto. Impedís que vuestros hijos y vuestras hijas -afronten cara á cara, como la luz del sol, una verdadera obra de -arte, y, es claro, como algo han de leer, leen á escondidas cualquier -porquería; y como no tienen formado el gusto para saborear cosa mejor, -les parece excelente. - -Si no les permitís admirar las obras maestras de la escultura, ni los -desnudos del Tiziano, ¿cómo no han de recrearse, á hurtadillas, con -alguna colección de postales que sólo puede causar asco en quien más -alta y más pura belleza haya contemplado? - -Cuidad de vuestros hijos en casa y no os cuidéis tanto de la calle; que -nadie sale á buscar en ella lo que le prohibieron que buscara, sino lo -que le enseñaron á buscar. - - - - -VIII - - -En los Estados Unidos un matrimonio ha realizado, efectivamente, ese -duelo á muerte que es todo matrimonio. La esposa, el adversario, según -Capús, lo ha sido en este caso con todas sus consecuencias. Con mayor -lealtad, al batirse á pistola con su marido, que tantas otras mujeres -en ese duelo continuo á pinchazos, pellizcos y mordisquitos--morales, -por supuesto--que tienen su campo de honor á todas horas, en la mesa, -en el despacho, en el cuarto de costura, en el mismo tálamo, y por -testigos, á parientes, criados, vecinos, visitantes y á la misma prole -de los combatientes. - ---Contigo no hay quien pueda. No haces más que tonterías. Ahí tienes -á Fulano; ¡si fueras como él! ¿Por qué seremos tan tontas las mujeres -honradas?--¡Oh, la perfecta comunicación de vidas! ¡Oh, mujer nuestra, -nunca nuestra! Si sabemos alguna vez cuál es tu pensamiento, es porque -piensas siempre lo contrario, y aun sabes burlar nuestras suposiciones, -pensando en una distinta contrariedad contraria á cuanto pensamos. Tú -eres la conciencia del hogar cuando, por la Patria ó por la Humanidad, -sacrificamos conveniencias familiares, y eres la conciencia acusadora, -en nombre de la Patria y de la Humanidad, si nos dejamos seducir por tu -voz de sirena doméstica. Nos quieres mezquinos por ti, y nos quisieras -después grandes á pesar tuyo.--Déjate de cuentos; sé como todos--nos -dices antes.--Déjate de cuentos. ¿No ves cómo eres lo mismo que -todos?--nos dices después. - -¿De qué es tu cariño, que siempre nos quiere otros? ¡Oh, mujer nuestra; -siempre dolorida; malograda siempre, y nunca nuestra! - - * * * * * - -Al aficionado de sangre--no diremos á la sangre, por no ofenderle--no -le basta con la lucha entre el torero y el toro; necesita que haya -lucha también--en este caso se llama competencia--entre los toreros. -Cuanto mayor y más enzarzada es la competencia, mayor brillantez logra -el espectáculo. No hay duda; del toro puede huirse, pero ¿cómo huir -del competidor que viene azuzando? En todos los órdenes de la vida es -bueno que haya conservadores y liberales, y hasta revolucionarios á la -expectativa, que son los no contratados, que de todo murmuran. ¡Pues -digo si los que van llegando y los que están al llegar no empujaran -á los que han llegado! ¿Qué sería de nosotros si Maura y Bombita, -La Cierva y Machaquito se vieran dueños y señores del redondel? Por -fortuna, las empresas comprenden sus intereses y avivan la competencia. -El que quiera torear que no sea conservador... de su piel. Y el que -quiera gobernarnos que no sea liberal... de la nuestra. - - * * * * * - -Como nuestra buena amiga, la de Trafalgar, nos ha salido algo «cocota», -pero de las prácticas, ahora hemos caído en la cuenta de que mejor nos -hubiera estado poner nuestros amores y nuestra confianza en la señora -Germania, que, aunque burguesota y carillena, es señora formal y de -peso. - -A buena hora, mangas verdes; para que nos respondan con el ademán más -adecuado á esa parte de la indumentaria. Bien que, para justificar -nuestra conducta, podíamos recordar el cuento de aquella novia á quien, -en vísperas de la boda, el novio apremiaba para la concesión de ciertos -anticipos á cuenta, y como ella se resistiera bravamente, y después -de todas las ceremonias nupciales el novio la dijera: «Anduviste muy -discreta; si me haces el menor anticipo, no me caso contigo»; ella -entonces, con la mayor inocencia: «Sí, ¡que soy yo tonta! Ya me había -pasado dos veces». - -De donde se deduce que para sacar marido ó aliado no conviene hacer el -menor anticipo, sino estar á las resultas, que es la mejor proporción y -acomodo. - - * * * * * - -Max Rheinhardt, el primer director escénico de Alemania, ha obtenido un -triunfo de alabanzas, de burlas y de discusiones en la representación, -en la pista de un circo, del _Edipo_, de Sófocles, y el _Ricardo II_, -de Shakespeare. La prueba es digna del inteligente director, y según -sus admiradores incondicionales, en los tiempos modernos no se había -logrado tan exacta presentación de la tragedia griega en toda su -grandeza. El coro, verdadero protagonista en ella, recobra así toda su -importancia, invadiendo la pista por diferentes partes, como verdadera -masa popular, interviniendo en la acción á cada paso espectador y actor -al mismo tiempo. - -En cuanto al _Ricardo II_, de Shakespeare, como todos los dramas -históricos del mismo autor, creo que sólo en un circo pueden hallar -su verdadero escenario. Allí pueden evolucionar guerreros y caballos; -allí pueden sucederse los varios episodios, todos interesantes y todos -necesarios. Y, en efecto, las representaciones primitivas de esas -obras, en tiempos de su autor, actor y empresario, más semejanza tenían -con la representación de una pantomima de circo en nuestros tiempos, -que con las representaciones de esas mismas obras en nuestros modernos -teatros. Los actores pasaban á caballo entre el público; como aun hoy, -por tradición teatral, puede verse en Granada, en las representaciones -de la famosa Toma, y como era uso también en nuestros corrales; y -actriz hubo, como la Bárbara Coronel, más celebrada por su arrogancia -de amazona que por sus méritos de comedianta. - -Todo vuelve á fuerza de buscar novedades, y el mayor progreso -escenográfico está en volver á la sencillez de los teatros primitivos. -El teatro vive, ante todo, de la imaginación, y á la imaginación, ó se -la engaña con muy poco ó no se la engaña con nada. Hay algo con que se -la engaña siempre: el interés y la emoción. Sófocles y Shakespeare no -necesitaban de los ojos del espectador; con los oídos les bastaba. - - - - -IX - - -Después de leer el libro _L'art de bien tenir sa maison_, publicado -en París por la biblioteca «Fémina», cae uno en la cuenta de cómo es -preciso renovarse ó morir, según la frase de Gabriel D'Annunzio. Hay -que renovar nuestra educación cada diez años, por lo menos, si no -quiere uno caer en graves faltas de tacto y de buen gusto. Parece que -esto de la urbanidad y del trato social debiera estar sujeto á leyes -más permanentes; nada de eso; lo que ayer era exquisita cortesía, -hoy es ordinariez; lo que ayer acreditaba á cualquiera como hombre -de sociedad, hoy le pondría en el más lastimoso ridículo. La exacta -observación de las famosas máximas del barón de Andilla podrá hacer -del más zafio patán el más cumplido cortesano. ¡Eran tan claras, -tan sencillas, tan aplicables! Ya por los tiempos de su publicación -empezaba á desecharse tradicionales reglas de buena crianza. Dice el -barón: - - «Hoy, en la mesa principal, es uso - servir trinchado ya: sistema ruso.» - -Nadie ignora que allá en los años en que Larra escribía su _Castellano -viejo_, nada acreditaba tanto á una persona de finura y cortesanía como -su habilidad en el arte cisoria, mostrada al trinchar un ave entre la -admiración y el aplauso de los comensales... Arte y habilidad perdidos, -cuya tradición sólo conservan algunos cirujanos modernos, tal vez por -atavismo, tal vez porque consideren, como el filósofo, que el hombre es -un ave sin plumas. - -Lo cierto es que ha de estar uno siempre pendiente de estos utilísimos -Códigos de la buena crianza, que, con los títulos de _El modo de vivir -en sociedad_, _El perfecto caballero_, _La verdadera gran dama_, -_El arte de servir la mesa_, _La educación y las buenas maneras en -sociedad_, _Las buenas formas en el cine_, y otros por el estilo, más -ó menos afrancesados, como á toda fiel traducción corresponde, nos -impiden estar en ridículo ante las nuevas generaciones. Ya debe uno -entrar con los guantes puestos en un salón, ya debe uno quitárselo; ya -debe uno besar la mano á la señora de la casa, ya no debe besarse nada; -ya está bien ofrecer el brazo á las señoras, ya es una ridiculez de mal -tono; ya deben presentarse unas á otras todas las personas reunidas -en un salón, ya no debe presentarse á nadie para no imponer nuestras -relaciones, aunque el sistema de la abstención es muy peligroso. -¡Cualquiera empieza á murmurar de nadie en una reunión donde la mayoría -de las personas nos son desconocidas! A lo mejor suelta usted su -murmuración y se hace un silencio de hielo; mira usted á su alrededor -y todo son risitas mordidas para no soltarlas; sólo ve usted dos caras -muy serias: la de la señora de la casa y la de otra señora. No hay -duda: se ha metido la pata. Y si la murmuración se dificulta, ¿de qué -se habla en sociedad? El tema teatral se agota pronto. ¿De toros? No -es conversación para señoras y pueden hallar alusiones molestas en lo -más inocente. Yo creo que, no sólo se debía presentar á todo el mundo, -sino que todos debiéramos llevar colgado un pequeño cuadro de nuestra -genealogía: profesión, opiniones religiosas y políticas, asuntos de que -se puede hablar en nuestra presencia y asuntos que no deben mentarse. -En toda reunión está siempre pendiente la plancha de Damocles, pronta á -caer sobre la cabeza del primer indiscreto. - -¿Y las comidas? Cualquiera se sienta hoy á una mesa de etiqueta sin -llevarse muy aprendido el destino y aplicación del sinnúmero de -utensilios de diferente forma indispensables en toda mesa de buen tono. -Pinzas, garfios, tijeras, cuchillos de mil formas: unos para comer los -espárragos con pulcritud; otros para triturar con gracia los cangrejos; -un chisme para cada cosa, y viceversa. ¡El ideal feminista! Una mesa -moderna parece el aparador de un dentista, con su imponente colección -de instrumentos relucientes. Y ya se estila adornar la mesa; ya es de -mal gusto recargarla de adornos; y hoy no es de buen gusto comer mucho -pan; y mañana se debe comer tostado... Hay para llenar una existencia -con el estudio de estas que no pueden considerarse menudencias, pero -que á lo mejor deciden de nuestra suerte en la vida. - - * * * * * - -Publicación muy interesante y muy digna de que se solicite atención -para ella es la nueva revista _Archivo de Investigaciones Históricas_. -Por el contenido de los números publicados puede apreciarse su -importancia. Seguramente su editor no aspirará á enriquecerse con -ella; ya se contentará con no empobrecerse, de dinero y de ilusiones, -que también valen algo. En España no hay gran afición á los estudios -históricos documentales, y mucho menos á enfrascarse en la lectura de -documentos auténticos. Estudiamos la Historia; mejor dicho, nos la dan -estudiada, si estudiar puede llamarse á esto, por grandes síntesis. Las -grandes síntesis son de una gran comodidad. Con decir: «La Historia -se divide en tres edades: antigua, media y moderna»; con atribuir á -cada una de ellas un carácter general, según las opiniones políticas -del historiador, ya estamos al cabo de la calle y de los siglos. Y es -lástima, porque sólo por el conocimiento de la Historia puede formarse -la verdadera conciencia de un pueblo. Si la verdadera ciencia de -gobernar consiste, como la ciencia del agricultor, en el conocimiento -del terreno que ha de cultivarse, sólo el conocimiento de la Historia -puede enseñarnos cómo puede cultivarse el espíritu de los pueblos para -no exponerse á sembrar en terreno estéril ó á malograr cosechas por no -conocer el terreno y lo que en él puede sembrarse con esperanza de buen -fruto. Aquí sembramos á tontas y á locas; allá van leyes y allá van -proyectos; esta ley de Francia; aquélla de Inglaterra; sin cuidarse si -en esta tierra española podrán tener buen arraigo y floración lucida. - - * * * * * - -Un libro raro también entre los libros recientemente publicados: _Mundo -interior_, de un escritor joven: García Martí, que se nos presenta en -su libro con esa serenidad espiritual que sólo la fe religiosa ó la fe -en nosotros mismos pueden asentar en nuestro espíritu. Si esa serenidad -fuera literatura, aun sería estimable el libro; mas tengo razones -para creer que llegó al libro después de luchas muy hondas. Aun llora -la resignación en esas páginas; aun se percibe el fragor del combate. -Lo que pudiera parecer inspiración de otros escritores, es aquí como -nueva emoción, acrecida por las palabras de un amigo que supo acertar -con el secreto de nuestra alma. Y así llega también á nosotros este -libro, como un buen amigo que todo lo comprende y lo perdona todo y con -la serenidad de sus palabras viene á poner calma en nuestro corazón -atormentado. - -Y un saludo para un libro de cuentos: _La Serafina_, del veterano -escritor Sr. Tusquets, no tan conocido como debiera serlo; pero sí -muy estimado de cuantos le conocen. Escritor que no vivió atento á -veleidades de modas literarias; que emprendió su camino por la novela -naturalista, cuando apenas se hablaba del naturalismo en España. Otros, -con menos merecimientos, lograron más ruidosos aplausos. Olvidamos -demasiado pronto. No es el Sr. Tusquets, el autor de _La hembra_, de -los que deben ser tan injustamente olvidados. - - - - -X - - -A nadie como á los políticos y á los escritores conviene, de cuando -en cuando, descentralizarse. ¡Unos y otros son tan inclinados á creer -que es todo el mundo el pequeño mundo que les rodea! Y en el mundo -hay más, siempre hay algo más. Sólo alejándonos de nuestro medio, -que es alejarnos en parte de nosotros mismos, podemos apreciar el -verdadero valor de nuestra obra. Nuestra vida, como nuestra obra, sólo -á distancia parecen lo que son en realidad. De aquí la conveniencia de -los viajes para políticos y escritores. Al observar cómo nos juzgan los -espectadores lejanos, aprendemos á juzgarnos mejor nosotros mismos. -Tanto más ganará nuestra conciencia cuanto más castigada quede nuestra -vanidad. - -Convienen también los viajes para curarnos de nuestra impertinente -superioridad de madrileños. Hay en provincias más reposado ambiente -de intelectualidad; el tacto de codos no llevó hasta sus Círculos -literarios la complicidad de las admiraciones ó de los odios. Se -juzga con menos pasión, porque se sabe más de las obras y menos de -las personas. Justo es que desde Madrid correspondamos con nuestra -atención y nuestra simpatía á los que trabajan en provincias, con mayor -desinterés que en Madrid se trabaja, por un noble ideal de cultura. - -Mi saludo al Ateneo de Badajoz que, con sus propios recursos, bien -escasos, organiza Exposiciones de pintura, Certámenes literarios, -Conferencias científicas y artísticas. Mi saludo á los poetas y -escritores premiados en los Juegos florales; sus poesías y sus -cuentos en prosa no eran las acostumbradas vulgaridades que tanto han -desacreditado estos tradicionales concursos. Luis Bardaje, Antonio -Teixeira, Montero, Enrique Segura, son poetas y cuentistas superiores -á la flor natural y á los objetos de arte, obligado premio en estos -Certámenes. - -No vea nadie en mis elogios obligación del agradecimiento. Es justo -pago á la verdad. Mi corazón no paga con tan poco. - - * * * * * - -Como casi todo el año, aunque no nos demos cuenta como ahora, hemos -estado viviendo en el aire. Nuestra imaginación, de suyo perezosa, -aunque tenga, por meridional, fama de lo contrario, ha volado por -esta vez siguiendo, y aun adelantándose, al vuelo de los aeroplanos. -Como actores, no es cosa lo que nos lucimos en estas emocionantes -luchas por la conquista del aire; pero ¡como espectadores!, aquí -nos las den todas, en un día de sol, entre buenas mozas y con una -buena merienda. Este, éste es nuestro papel: contemplativos y algo -escépticos, hasta que llegue el día en que podamos aprovecharnos de -lo que otros inventaron y trabajaron para nosotros. ¡Sí, que somos -primos! Cuando el invento esté bien perfeccionado y no haya riesgo que -temer ni peligros en que aventurarse, el volar será para nosotros un -divertido _sport_. Entretanto, bien estamos de espectadores. Nuestro -terreno es la Teología y la Mística, según D. Miguel de Unamuno. Ya -es bastante que nos dignemos admirar. ¡Y vaya usted á saber, si de la -admiración se quita la bulla del viaje y las buenas mozas y la merienda -y la juerguecita, lo que quedaría para el valor de los voladores y -el triunfo de sus máquinas! Como decía Cromwell, al ver la multitud -agolpada para aclamarle: «La misma gente habría si me llevaran á -ahorcar.» No digo yo la misma; pero alguna más sí hubiera acudido, si -en estas corridas aéreas no estuviera comprobado que el «hule» suele -alcanzar también á los espectadores. Y que, alguna vez, como en París -ahora, los viajeros no son de tercera, como, según el comentario de -un periódico, lo fueron, afortunadamente, todas las víctimas de un -descarrilamiento. - - * * * * * - -Como algunos críticos le hubieran acusado de plagiario, lamentábase -Bernardo Shaw de la triste idea que dichos críticos tenían de la -mentalidad inglesa, que, apenas daban con una obra sobresaliente, ya -no podían creer que en cerebro inglés hubiera sido concebida. Si de los -críticos y del público inglés se quejaba Bernardo Shaw, ¿qué podremos -decir en España, donde todo lo de casa está siempre en entredicho y -nadie cree en la capacidad intelectual de nadie, y así andamos todos de -acobardados y desconfiados de nuestras propias fuerzas? ¿Quién piensa -aquí en acometer empresa alguna si, en vez de alientos y esperanzas, -sólo ha de oir el cubrefuego que paraliza su resolución? ¿Qué va á -hacer ese hombre? ¿Ha visto usted qué atrevimiento? Y si alguien da con -una idea original, todos se preguntarán: ¿De dónde la habrá copiado? -Y cualquier atrevimiento parece desvergüenza, y cualquier resolución, -osadía y falta de respeto. ¡Admirable país, en que sólo los holgazanes -y los ociosos viven tranquilos y respetados! - -Pensaba yo todo esto viendo al actor italiano Caravaglia representar -_Hamlet_. No es que estuviera mal del todo; pero yo pensaba qué se -hubiera dicho de un actor nuestro si se hubiera atrevido á una mitad -de las cosas raras y de mal gusto á que el actor extranjero se atreve -en la interpretación de la obra de Shakespeare. Y á la mayoría de los -espectadores estaba á punto de parecerles todo aquello algo maravilloso -y de un soberano arte. Risa para todo el año hubiéramos tenido con uno -de casa. ¿No tomamos á broma á Tallaví porque se atrevió á representar -_Los espectros_, de Ibsen, después de Zacconi? ¿Era tan gran osadía? -¡Ah! ¡Si Tallaví hubiera sido extranjero! Pero nuestros actores no -pueden atreverse á nada; los queremos discretos, muy discretos, -medrositos y respetuosos siempre; les pedimos que ni se molesten ni nos -molesten demasiado; nada de gritos, ni de gestos, ni escenas mudas, ni -desplantes; á decir su papelito, y á salir del paso; aquí nos conocemos -todos; ya sabemos todos de lo que somos capaces. Los extranjeros, ya es -otra cosa; ya pueden atreverse á todo; es otra cosa, sobre que no se -entiende lo que dicen si no hacen algo raro... - -Y no es que Caravaglia sea un mal actor; al contrario, es demasiado -actor; no hay modo con él de olvidarse de que estamos en el teatro. -Pero, la verdad, como Hamlet era algo más que un comediante, y -Shakespeare algo más que un autor de teatro... ¡Oh, la _Cleopatra_, -toda humanidad, de Eleonora Duse! ¡Oh, el _Hamlet_ de ensueño de Sarah! -¡Y cómo el teatro dejaba de ser teatro al encanto de las dos divinas -intérpretes de Shakespeare! - - - - -XI - - -Aunque la supresión del impuesto de Consumos en nada favoreciera al -contribuyente, aunque sólo cambiara la forma del cobro, ya sería de -agradecer y de estimar la supresión. Como hay una Ética, debe haber una -Estética en el arte de gobernar, y el impuesto de Consumos no puede -negarse que era de lo más antiestético. Ese registro del viajero, -que tal vez llega angustiado por tristes preocupaciones, tal vez -todo ilusiones y esperanzas, y, como anticipo de hospitalidad, se le -ofrece la mirada hosca del vigilante, á quien tampoco hay que culpar -demasiado, expuesto siempre á desconfiar cuando menos debiera ó á -dejarse engañar cuando mejor le engañan. - -Ya se necesita ser conservador para obstinarse en conservar el lindo -impuesto. Ojalá pudiera suprimirse tan fácilmente el registro -y el pago en las Aduanas. Todo sería caminar deprisita hacia la -civilización. Los dos impuestos, por la forma del cobro, recuerdan -la dulce manera con que los señores de horca y cuchillo ponían á -contribución, en especie ó en dinero, á todo viandante que pasara por -sus dominios. Ya que todo venga á parar en sacarnos el dinero, que -se nos saque con buenas formas, que es como ponen á contribución las -mujeres, y á ver si hay quien se dé mejor arte para sacar dinero. - -Mientras lo mejor de nuestras clases directoras anda preocupado -con la supresión de dicho impuesto, y lo más mejor con el Congreso -Eucarístico, cuya perentoria necesidad se dejaba sentir desde los -comienzos del siglo XX, no sale uno á esparcirse un poco por esas -calles que no vea uno, dos, tres... ¿quién puede contarlos? entierros -de niños, con sus cajitas blancas, como de juguete, cubiertas de flores -algunas, otras muy pobres, sin adorno alguno. Detrás, si el entierro -no es de niño rico, van dos ó tres simones; la gente va sin pena. -¡Angelitos al cielo! - -La muerte de los niños sólo es tristeza para los padres, para los más -allegados; los demás... ¡pensamos tantas veces lo bien que nos hubiera -sido morir apenas nacimos; mejor, no haber nacido! Todo el pesimismo -y toda la tristeza de nuestra vida caen, como gran consuelo, sobre -esas cajitas blancas, como de juguete; un juguete que nos trajeron por -equivocación, y vuelve á su destino. - -Y en esas cajitas blancas, como en esas otras grandes cajas, que -también tienen algo de ataúd, los barcos de emigrantes, tal vez se va -lo mejor de España. No son los fríos del invierno, son las heladas de -primavera las que deshojan la flor que había de ser fruto sazonado. -Procuremos que nada muera prematuramente. No miremos con indiferencia -esos barcos grandes ni esas cajas pequeñas. Miremos en la flor el -fruto, y pongamos todos más solicitud, más cariño en defenderla de -esos hielos, que son la miseria y la ignorancia de muchos entre la -indiferencia de casi todos. Y los menos indiferentes suelen ser de -la raza de los poetas, que ni han gobernado nunca el mundo, ni han -conseguido nunca hacerse oir de los que lo gobiernan. - - * * * * * - -La representación de _El rey Lear_ ha renovado la discusión sobre la -teatralidad de las obras de Shakespeare; esto es: si son mejor para -leídas que para representadas. Desde muy antiguo, los admiradores -literarios de Shakespeare están contra la representación. Carlos -Lamb, uno de los mayores idólatras del gran autor, se lamentaba del -deplorable efecto que le había producido la representación de este -mismo _Rey Lear_, representado ahora en Madrid por Garavaglia. «La -figura del rey Lear no cabe en la escena--decía;--sus proporciones son -demasiado gigantescas.» Ceguedad de idólatra; porque yo creo que jamás -obras dramáticas fueron tan obras de teatro como las de Shakespeare. -Lo que hay es que pesa demasiada crítica literaria sobre ellas, y que -cualquier auditorio moderno, al juzgarlas, como cualquier actor de -nuestros días, al representarlas, se empeña en buscarles, como suele -decirse, tres pies al gato. Las obras de Shakespeare siguen siendo lo -que fueron en su tiempo: obras para un público popular, un público de -emoción. La literatura apenas tiene que ver con ellas. Los asuntos de -todas sus obras son como cuentos populares, á los que no es difícil -hallar correspondencia en todos los tiempos y en todos los países. Esta -historia del rey Lear, ¿no es el eterno cuento de las tres hijas de un -rey; las mayores, perversas, y la menor, dechado de perfecciones; la -menor, perseguida por la maldad de sus hermanas, hasta que triunfa, -al fin, por el poder de sus virtudes? Tragedia para los corazones más -que para las inteligencias. Tragedia que lo mismo comprende el rey que -haya dividido sus Estados entre sus hijos, que el pobre labriego que -les haya repartido sus tierras y después padezca la ingratitud y el -abandono de sus hijos. - -En cuanto á la decantada psicología de los personajes de Shakespeare, -¿puede haber nada más sencillo, más infantil? Son los actores los que -se empeñan, según frase del mismo Shakespeare, en dorar el oro, en -pintar la azucena y en endulzar lo dulce. Actores ingenuos que se -limitaran á decir su papel, con la natural emoción en algunos momentos, -obtendrán mayor efecto que estos críticos alambicadores actores -modernos. La Duse era la sencillez misma en _Cleopatra_, y quien la -recuerde en esta obra ¿no cree recordar á la misma reina de Egipto? - -La crítica literaria tampoco se ha fijado en _El rey Lear_ más que en -un solo aspecto del drama: la ingratitud de las dos hijas mayores del -rey. Por eso les parece esta tragedia de un pesimismo desolador. Pero -adviértase que la ingratitud de las dos hijas del rey Lear es justo -castigo de su injusticia al repartir su reino. Como el viejo rey, todos -somos alguna vez injustos en nuestra generosidad y en nuestro cariño. -Hallamos siempre buenas razones para recompensar á quien nos halaga, y -la verdad de un sincero afecto nos parece falta de cariño. - -En pocos dramas resplandece la idea de justicia tan alta como en _El -rey Lear_. Solo que la justicia de Shakespeare no es la de un autor -de melodramas ó de folletines; no es tampoco justicia de directora de -colegio que premia con dulces ó estampistas, y castiga privando del -recreo; es justicia como la de Dios: la muerte es igual para todos; -para todos es igual el dolor. Nuestra conciencia es la que dice que -no es igual morir como Regania y Gonerila que morir como Cordelia. -Y el que diga «¡qué atrocidad! Todos mueren lo mismo: los buenos y -los malos...», ese ni puede comprender á Dios ni puede comprender á -Shakespeare. - - - - -XII - - -A la carta abierta que me dirige _Caramanchel_ sólo he de contestar -que, al referirme á la crítica, tratándose de _El rey Lear_, no me -refería á la crítica de actualidad, sino al conjunto de críticas -referentes, á las obras de Shakespeare. En todas ellas la excepción, -por ser excepción, confirma la opinión general, se considera al rey -Lear como víctima de sus dos hijas mayores, sin tener para nada en -cuenta la desconsiderada conducta del rey con su hija menor, Cordelia. -Regania y Gonerila son odiosas; pero es mucho cuento que sobre ellas -caiga toda la culpa de las desdichas de su padre. Yo siempre he sentido -cierta simpatía por Judas y por Pilatos cuando, en los sermones de -Semana Santa, caen sobre ellos, desde esos púlpitos, los mayores -improperios y los más terribles anatemas. No puedo por menos de -considerar que si todo lo que sucedió en la Pasión y Muerte de Jesús -estaba así ordenado; si Jesús sabía de antemano que Judas había de -venderle y Pilatos entregarle al pueblo judío, Judas y Pilatos fueron -víctimas del papel que les había tocado en suerte, y no hay para qué -insultarlos cuando, sin su intervención, no hubieran podido cumplirse -las Escrituras. Y ahí es nada; siendo Escrituras y cosa del pueblo -judío, ¿cómo habían de dejar de cumplirse? Buenos son los judíos para -no hacer cumplir sus escrituras. Del mismo modo Regania y Gonerila me -inspiran compasión en fuerza de verlas tan maldecidas. - -En cuanto á que nada nuevo puede decirse de Shakespeare y de sus -obras, la crítica universal es buena demostración de lo contrario. -Continuamente se publican estudios biográficos y críticos que aportan -nuevos é interesantes datos al copioso caudal de la literatura -shakespiriana. - -Lo del carácter infantil y la sencilla psicología de los personajes -de Shakespeare no lo dije como reproche, antes como excelencia de sus -obras. Pero ¿hay nada más sencillo que la psicología de Otello? ¿Nada -más infantil que su credulidad ante las burdas maquinaciones de Yago? -¿Hay nada más infantil que la conducta de Yago? Un malvado que nos -avisa él mismo de que es un malvado. ¿Hay nada más infantil que Romeo -y Julieta? Ni sería bien que fuera de otro modo. El mismo Hamlet, -considerado como prototipo de la complejidad psicológica, ¿hay nada -más ondulantemente rectilíneo, valga el contrasentido? No soy en nada -opuesto, antes muy partidario, de las polémicas literarias, cuando se -entablan sin animosidad personal y con la cortesía que _Caramanchel_ no -olvida nunca aun en sus críticas más apasionadas. - -Respecto á Garavaglia, yo sólo quise hacer constar que si un actor -español hubiera representado el _Hamlet_ tan desdichadamente como -el actor italiano, la rechifla hubiera sido soberana. Aparte -las mutilaciones y alteraciones del texto, no justificadas por -conveniencias escénicas, dígase qué momento de acierto tuvo Garavaglia -en toda la obra. Falsa y en oposición con el texto su llegada á las -murallas del castillo de Elsingor, cuando viene á esperar la aparición -de su padre. Se presenta poseído ya del mayor espanto, y el texto -indica, por lo contrario, que Hamlet, natural ó forzadamente, habla -de cosas triviales como para distraer su pensamiento. Con el modo de -entender Garavaglia la situación, además de tener que mutilar el texto, -el momento de la aparición pierde toda su terrible grandeza. - -Además, dado el carácter de Hamlet, que, aun después de ver y de oir -al espectro de su padre, duda de la realidad de la aparición, debe -llegar á las murallas del castillo creyendo que el espectro no ha de -aparecerse; por eso mismo es mayor su espanto al verle aparecer. - -Por este orden, pudiera citar caprichosas interpretaciones en cada -situación de la obra. Sin duda Garavaglia estudió esta obra más -cuidadoso de producir un efecto momentáneo de originalidad, de -sugestión sobre el público. Si valiera mi consejo, yo le diría á -Garavaglia con toda lealtad que, por algún tiempo, debiera dejar de -representar el _Hamlet_ y estudiarlo de nuevo, más atento al texto -original que á los efectismos teatrales. Así hizo Talma muchas veces -cuando creyó haberse equivocado en la interpretación de una obra. - - * * * * * - -Si los tiempos fueran de creer en presagios y en agüeros, bien podía -dar qué pensar á los mejicanos la espantosa sacudida de terremotos -que ha sucedido á la caída de D. Porfirio «Imperator». Quiera Dios, y -quieran también los mejicanos, que esos materiales terremotos no sean -anuncio de otras sacudidas en el orden público, económico y político de -la que fué de nombre gran República y ahora puede serlo de nombre y de -hecho. Aun no es llegado el día en que la fiel balanza de la Historia -pueda pesar los méritos y las culpas de D. Porfirio. Como todos los -grandes tiranos, fué la paz á su hora. Achaque es de todos los tiranos -no conocer la hora en que ha de empezar á ser la justicia. Llegan á -la suprema dictadura en momentos de perturbación de la conciencia -pública; impone el orden, más que su propia fuerza, la misma fuerza -del desorden, que ha llegado á ser intolerable, y no aciertan á darse -cuenta como Chantecler, de que ellos sólo fueron el gallo que cantó á -la hora de salir el sol, pero el sol no estaba sujeto á su quiquiriquí. -La eterna historia de todos los tiranos; pero mala maestra debe ser la -Historia cuando ninguno aprovecha sus avisos ni sus enseñanzas. - -Alguien dirá que Méjico debía alguna gratitud á D. Porfirio, y que los -mejicanos acaso debieron respetar su ancianidad, dejándole morir en su -sitio. Los mejicanos responderán que también D. Porfirio debió respetar -la mayor edad de Méjico. Es error de padres severos creer que los hijos -son siempre niños. No aprendemos á calcular por nuestra edad la edad -de los que hemos visto nacer. La dictadura había envejecido; el pueblo -había dejado de ser niño. Esperemos que, en pleno uso de su razón, sepa -justificar que puede gobernarse por sí solo. - -En cuanto á D. Porfirio, bien pueden quedarle muchos años de vida para -meditar en la realidad lo que no supo aprender en la Historia. - - * * * * * - -En una casa del mejor tono se celebra una suntuosa fiesta. De pronto, -uno de los invitados se acerca al señor de la casa, dando muestras del -mayor disgusto. - ---Yo no hubiera querido decirle á usted nada; pero es tan horrible... -Usted no puede saber quién es todo el mundo; recibe á tanta gente... -Pero debe usted saberlo: aquel caballero, al parecer, tan distinguido... - ---¿Qué? - ---Acaba de quitarme el reloj. - ---¿Qué me dice usted? ¿Está usted seguro? - ---Sí, señor, sí; lo he visto, no me cabe duda; ha sido él. - ---Descuide usted. Tendrá usted su reloj. Voy yo mismo... - ---De ningún modo. Yo sólo quería advertirle á usted... pero no le diga -usted nada; sería una escena violenta, desagradable. - ---Déjeme usted, déjeme usted. - -Al poco rato el señor de la casa vuelve y entrega su reloj al invitado; -el invitado se deshace en excusas. - ---¡Por Dios! Yo deploro... ¡Cuánto siento!... ¡Qué disgusto!... ¿Habrá -sido una escena horrible?... ¿Qué le ha dicho usted? ¿Qué ha dicho -él?... He debido callarme... - -Y el señor de la casa, imperturbable: - ---No se preocupe usted. Se lo he quitado sin que se enterara. - - - - -XIII - - -Las verbenas, excelente pretexto para que los retrógrados del Arte nos -cantaran todos los años las gracias de chisperos y majas, han perdido -todo carácter popular. El pueblo ya no es nada bullanguero; la misma -baja chulería, que nunca debe confundirse con el verdadero pueblo, no -está tampoco por exhibirse gratuitamente en romerías y verbenas. El -público de estas fiestas, actor y espectador á un tiempo, es el de la -última sección de los teatrillos alegres; señoritos todos, que ya es lo -único alegre, lo único chulo y lo único castizo que nos va quedando. - -Las clases populares ¿quién lo dijera? se han hecho cosmopolitas. -Estas fiestas tradicionales no les dicen nada. La aristocracia, como -sabe que ya no es querida ni respetada, ni siquiera admirada, por el -pueblo, huye de mezclarse con él. Acabaron las pintorescas aventuras -de duquesas y toreros. El señorito es el único que alegra estas fiestas -tristes, con la artificial alegría de los teatros y de las novelas; -alegría de literatura. ¿Alegría espontánea, verdadera alegría?... -Esa alegría es para los pueblos fuertes y ricos, de los que sabemos -burlarnos también. Esa alegría sólo es posible cuando se ha trabajado -mucho y hemos visto justamente recompensado nuestro trabajo... Pero -¡esta pobre alegría nuestra, es como borrachera de olvido!... Tirar -los cinco duros que sobran porque no llegan para nada. Ni con ellos se -ha de comer mejor, ni se ha de pagar al casero, ni al sastre... ¿Puede -hacerse cosa mejor con ellos que gastarlos en olvidar alegremente? -Por eso parece que hay tanto dinero de sobra en España, precisamente -porque falta para todo. ¿Qué hago yo con un duro? Tomar un décimo de la -lotería. ¿Qué hago yo con dos pesetas? Gastármelas en el teatro... Es -lo único que se puede comprar con poco dinero: un poco de ilusión y un -poco de olvido. Las realidades son muy caras. - - * * * * * - -Aunque él no lo crea, yo siento una gran admiración por D. Miguel de -Unamuno. Aquí donde cada escritor ha decidido no leerse más que á sí -propio y, salvo el caso de alguna cooperativa de bombos, nos dedicamos -á espantarnos el público los unos á los otros, ya puede significar -la atención á lo que otros escriben, tanto como en otras partes -significa la admiración. Ya es bastante que nos atiendan, aunque sea, -como vulgarmente se dice, para hacernos polvo. Lo triste, lo malo es -que, casi siempre, los pulverizadores son los que no se han tomado la -molestia de leernos. Váyase por los que admiran con el mismo motivo. -Entre esos dos viciosos extremos, ha de labrarse penosamente la -reputación del escritor en España. Y, en resumidas cuentas, con ser la -envidia gran defecto nacional, como aun es mayor la pereza, todavía es -más fácil ser admirado que atendido. Conste, de una vez para siempre, -que yo atiendo y admiro á D. Miguel de Unamuno. - -Acabo de leer su libro último: _Rosario lírico de sonetos_. Bien -puede ser que estos sonetos no resistan una lectura pública, ni -los chistosos comentarios de un grupo de amigos... Son para leídos -á solas, en intimidad con lo más intenso de nosotros mismos. Como -fueron pensados y sentidos, como fueron escritos. ¿Han de ser siempre -estimables cualidades de la poesía la dulzura y la suavidad? ¿No ha -de haber también poesía amarga y poesía áspera? Si á lo que más puede -aspirar la poesía es á llegar á lo más hondo de nuestra alma, ¿no se -entrarán más adentro estas asperezas, que las suavidades resbaladizas? -Leed el libro: al principio tal vez sonriáis un poco; ya os iréis -poniendo serios. Quizás al terminar su lectura no quede un solo dulce -verso en vuestra memoria, pero sí más graves pensamientos en vuestra -conciencia. - -De esta áspera, rocosa calidad, eran los versos de Wordsworth, tan -admirado por Unamuno. También su poesía fué donosamente comentada por -algunos críticos. _A sonnet is a moment's monument_, definía Rossetti. -El soneto es un monumento elevado á la memoria de un instante, pudiera -traducirse. No diré yo que todos los monumentos elevados en estos -sonetos sean igualmente admirables; pero sí que todos los instantes -del espíritu de D. Miguel de Unamuno tienen un gran valor. Los más -grandes poetas no son los que aciertan á contenerse en la más perfecta -forma, sino los que no caben en ninguna. - - * * * * * - -_Vida interna_ es otro libro de poesías, de Rafael Torromé, autor -dramático, á quien nunca perdonará el teatro español desvíos ó -desalientos injustificados. Precédele un sabroso prólogo, donde se -ponen las cosas muy en su punto respecto á la frondosidad de nuestra -poesía lírica, que tan poco tiene de lírica, hasta llegar á tiempos muy -cercanos y... aún, aún. Hemos sido siempre muy de exterior, para que la -cuerda lírica sonara entre nosotros. En esta misma _Vida interna_ de -Rafael Torromé, parece, á pesar suyo--y no lo digo como censura,--más -el autor dramático que el poeta lírico... No es un lirismo egoísta -el suyo, antes muy objetivo; más de tristezas y dolores de todos, -que de melancolías cultivadas en un espíritu reconcentrado. Poesía -de generosa expansión, poesía á lo Schiller, que también era autor -dramático y por eso tampoco fué lírico del todo en sus poesías líricas, -con ser tal vez demasiado lírico en sus obras dramáticas. Por fin de -cuentas: ¿qué importa esta confusión de géneros? _Vida interna_ es un -libro de un buen poeta y, lo que más importa, de un poeta bueno. - - - - -XIV - - -La revista _Je Sais Tout_ abrió concurso para conceder un premio -al más elegante ó al más práctico figurín de traje masculino. El -resultado del concurso no ha sido muy brillante. La inventiva, ninguna. -En el capítulo de las elegancias, todo es volver á la moda del año -30; en el capítulo del trapillo diario, no salimos de los modelos -generalmente adoptados para campo, caza, automóvil, canoa ó aeroplano. -De donde se deduce que la moda, tanto femenina como masculina, no es -algo caprichoso que puede imponerse por dictadura: es producto de -elaboración social; á la que todos contribuímos. Obra de evolución; -nunca de revolución. En la moda, más que en nada, se observa el -serpenteo, avance y retroceso alternados; que es el andar de la -humanidad, según la escuela positivista. - -La fantasía de un sastre, el humor de un _dandy_, no cambiarán -la tendencia niveladora del traje masculino en nuestro tiempo. La -aspiración social es la confusión de clases. Va desapareciendo el -sombrero de copa, que ha venido á quedar en algo así como prenda de -uniforme honorario, para lucirlo sólo en determinadas solemnidades. -La levita sigue la suerte de su inseparable aditamento el sombrero de -copa. Desaparece también la capa, y el sombrero flexible, intermedio -entre la gorrilla y el hongo, iguala al artesano con el artista y al -obrero con el empleado. - -Por desgracia, la nivelación va también por dentro, y si desnivel -hubiere, no está la mayor altura por lo más alto. Es posible que, si os -volvéis en la calle al escuchar alguna palabrota, os encontréis con un -señorito. El alcoholismo disminuye por días entre las clases populares; -en cambio, ¡hay cada manga aristocrática en todas las aristocracias, y -en la intelectual las más holgadas! Si hoy viviera Horacio, tendría que -rectificar lo de: _pauperum_ tabernas. - -Mucho preocupa á las clases directoras cualquier huelga de obreros, -al fin pasajera... ¡Si fueran á preocuparse por la constante huelga -de señoritos! ¡Y quién sabe cuáles son más perturbadores de la -vida social! ¡Y si holgaran sólo los incapaces, los verdaderamente -inútiles! Al fin esos no pueden rendir mejor tributo al bien general, -que el de consumir lo más pronto posible su hacienda y su vida. Pero -¡cuánta capacidad, cuántos buenos ingenios malogrados en esa huelga -de voluntades pobres con inteligencias ricas! Cierto que el ambiente -moral en nada favorece ni alienta al luchador; que es tierra la nuestra -en que todo se le perdona al ocioso y nada al que trabaja. Pero ese -ambiente ¿es causa, ó efecto? ¿No sería un lucido _sport_, no tan -arriesgado como la aviación, el de sobreponerse á ese ambiente? - - * * * * * - -El Congreso Eucarístico va á presentarse muy bien. Esas tramoyas á lo -divino requieren mucho gasto. Por fortuna, entre los fieles católicos -figura la gente más adinerada. Convendría saber si tienen dinero por -haber sido fieles católicos, ó si son fieles católicos porque tienen -dinero. Yo no sé si continuará siendo más fácil que entre un camello -por el ojo de una aguja que un rico en el reino de los cielos; pero un -camello cargado de dinero entra por todas partes. Si el reino de los -cielos se gana también por violencia, según textos sagrados, ¿no ha -de producir su efecto amenazador, así en la tierra como en el cielo, -ese alarde de número y de numerario, ese recuento de fuerzas con que -nos asombrarán los buenos católicos? No, no están solitos, como los -gallegos del cuento. Aunque el día en que les faltara el dinero puede -que no estuvieran tan acompañados. Acaso faltarían los figurantes, -parte la más lucida del espectáculo. Nos presentarán sus carrozas de -gala, sus automóviles, su servidumbre, hasta sus colonos y sus guardas -jurados y tal vez sus pastores, como en Belén. Hay que movilizar todas -las fuerzas, como en un día de elecciones reñidas. - -¡Pobres ilusos! Con estas aparatosas exhibiciones creen haber puesto el -mejor pararrayos sobre el tinglado social que les cobija. ¡La Fe los -salve! - - * * * * * - -La Exposición de perros y gatos será durante unos días, y desde el -punto de vista de los perros y de los gatos, exposición de personas -distinguidas. Si los perros y los gatos tienen un poco de imaginación, -¿por qué no han de creer que son ellos los espectadores, y señoras y -caballeros los expuestos?--¡Qué amable es toda esta gente!--pensarán -tal vez.--Se molestan en venir para que los veamos. - -Para el perro y el gato de lujo la sociedad elegante es muy conocida. -Los perros y los gatos son los que mejor viven en ella. Los criados lo -saben: antes que á los señores hay que tener contentos al perro ó al -gato favoritos. - -Pero los perrazos de campo ¿qué pensarán de nuestra sociedad? ¿Volverán -á sus soledades monteses llevando el germen de una revolución social? -En adelante ¿no mirarán con más simpatía al lobo? ¿Y el día en que los -perros se unieran á los lobos?... ¡Bah! Todavía quedarían los pastores, -que, aunque dejaran de ser perros, no sabrían ser lobos. - - - - -XV - - -Que el hombre es un animal social, aunque haya muchos insociables, -lo sabíamos desde muy antiguo. Tan social, que no satisfecho con -formar parte de la sociedad civil que, por nacimiento y consiguiente -inscripción en el Registro le corresponde, todavía se desvive por -ingresar en otras muchas Sociedades, Círculos, Corporaciones, Cofradías -ó Logias; que hay designaciones para todos los gustos. Esta natural -tendencia del hombre á la agrupación, parece que debiera facilitar -el triunfo del socialismo en breve plazo. Mas ¡ay! una cosa es la -Sociedad grande, donde el individuo se encuentra disminuído, y otra -esas Sociedades pequeñas, donde cada uno se crece y se refuerza y se -envalentona, hasta adquirir un carácter que él mismo no se conocía. - -A mi juicio, esto es lo más interesante que puede observarse al -paso de una procesión religiosa ó de una manifestación laica: el -aire altivo, enérgico, arrogante, con que se nos muestran muchos -buenos señores y pobres hombres, conocidos por tales en su vida y -costumbres particulares y casi desconocidos en aquella transfiguración -procesional. Hay cofrade que, con su cetro en mano ó su cordón de -estandarte, su medalla al cuello y su levita cívico-religiosa, parece -que desafía al mundo entero, una vez metido en procesión:--¡Eh! -¿Qué tal?--nos va diciendo á cada solemne paso.--Creo que somos una -fuerza.--¡Habrá que verle en casa, zarandeado por la señora y las -niñas, ó en la oficina, burro de carga de todos sus compañeros! - -Por eso los Gobiernos no deben temer nunca esas manifestaciones -colectivas. De cuando en cuando hay que contarse; miedosos que se dan -valor unos á otros. El peligro está en los que van solos por el mundo. -Por fortuna, van quedando pocos. ¡Es tan caro andar solo! ¡Es tan -conveniente andar en procesión! - - * * * * * - -El demonio lo enreda--no hay nadie más enredador que el demonio.--El -primer contragolpe de la supresión de los consumos ha ido á dar sobre -las corridas de toros. ¡Ahora que estábamos en pleno renacimiento de -la afición, tal vez á consecuencia de cómo anda la afición! Nunca -es tan fácil contentar á un público como cuando se contenta con -poco. ¡Si Lagartijo y Frascuelo, y Guerra, después, á quien se le -denostaba muchas tardes por faenas de las que ahora valen orejas y -salidas triunfales; si Fuentes y Machaquito y Bombita, en tiempos más -recientes, hubieran gozado de un público tan amable y tan consecuente, -como dicen los chulos! No hay duda, las costumbres se dulcifican. Ya -es hora de que el público se haga cargo de la dificultad y del riesgo -en la lucha con brutos, bravos ó mansos, y no sea tan exigente. Cuatro -mantazos, pegadito el torero al costillar del toro, muy abierto de -piernas y sacudiendo el trapo como unos zorros, es lo que ahora se -llama y se aplaude como verónicas. A que el toro pase por debajo de la -muleta, como pasaría por la Puerta de Alcalá, se llama pase de cabeza -á rabo. A cualquier cosa se le llama quiebro y á cualquier estocada -volapié. Asistimos, en efecto, á un renacimiento de la afición. Como -que los únicos que ya no van á la Plaza son los verdaderos aficionados. - -Es que, renacimientos así, son peor que la irrupción de los bárbaros. - - * * * * * - -Después de las mudanzas propias, nada hay tan molesto como las mudanzas -de los vecinos. Hasta que nuestros simpáticos cuanto suspicaces -vecinos los portugueses no se hallen instalados á satisfacción en su -nuevo régimen, habrá que conllevar amablemente sus reclamaciones, -desconfianzas y alarmas, ante el temor de que se les entre por la -vecindad lo que ellos mismos serán los primeros en desear algún día. -Pero aun es pronto, y el derecho á la experiencia propia no debe -negársele á nadie. - -El día en que Portugal comprendiera su verdadero interés nacional, no -miraría con recelo á nuestra frontera; borrada quedaría de tal modo, -que no volviera á saberse dónde empezaba Portugal y dónde acababa -España. Cosas son éstas en que el tiempo trabaja más que los hombres. -Ni es justo pedir, aunque para bien de todos sea, que ellos sólo sean á -enmendar errores que fueron nuestros. - - * * * * * - -En rigor, es fuerte cosa para una empresa, aun á cambio de positivas -ventajas, exigirle el contrato de determinados artistas, entregándola, -así, atada de pies y manos á sus exigencias. Con muy buen acuerdo, el -Ayuntamiento se ha limitado á recomendar, sin imposición, el contrato -de una primera actriz para la compañía del teatro Español. - -Bien están las estrellas y los luceros, y aun los soles; aunque en el -cielo teatral es difícil ver una ordenada república de estrellas, como -decían los autores del siglo de oro. - -Astros de primera magnitud no faltan en la compañía. Todos sabemos lo -que vale Borrás. Los que no lo saben aún, se enterarán de lo que vale -Codina. Hay otros actores muy estimados por el público madrileño. Entre -las actrices... todas son estrellitas. Alguna hay de quien yo espero -mucho, si le dan ocasión y mimbres. No he de nombrarla. El público -no la conoce en todo su valor. Téngola por una de las más discretas -actrices españolas. ¿Discreta, es poco? ¡Ay, señor; si las eminencias -fueran discretas, ya nos contentaríamos! ¡Ser discreto, según va el -mundo--diremos, parafraseando á Hamlet,--es como ser elegido uno entre -mil. - - - - -XVI - - -Bien mirado, había que agradecer á los franceses el trabajo que se -toman por la conquista de Marruecos, como antes se lo tomaron por la -de Argelia. De ellos puede decirse: _Sic vos non vobis_... Porque si -el verdadero y magno problema de Francia es la disminución constante y -progresiva en el nacimiento de ciudadanos franceses, ¿para qué diablos -querrá aumentar la extensión de sus territorios? - -Si se considera también el espíritu poco aventurero de los franceses, -su apego á Francia--dicho sea en honor de ella,--su mal arte para -comerciar fuera de su casa, ¿no les vendrá á suceder, después de darse -tan malos ratos y de indisponerse, sin necesidad, con estos pobres -vecinos y, necesariamente, acaso con otros de más campanillas, que, -cuando dueños en absoluto del Imperio marroquí, puedan exclamar: ¡Al -fin, solos!, tan solos sea que, como en Argelia, la agricultura y los -oficios vengan á ser de los españoles, y el comercio, como en todo el -mundo, de los alemanes? Sin contar con los indígenas, que seguirán -reproduciéndose, como si hubieran leído _Fecundidad_, de Zola, que -no se escribió para ellos, precisamente. Y, hay que desengañarse, el -porvenir será de quien más hijos tenga; aunque sean muy brutos; tiempo -habrá de educarlos. - -Lo que no sabemos es si es preferible vivir de brutos ó morir de -civilizados. Hay quien piensa que lo importante es vivir, aunque se -viva mal. Es decir, los brutos no suelen vivir mal; lo desagradable es -que no dejan vivir bien á los inteligentes. Entre el contador de las -gentes civilizadas y el caño libre de las incultas, siempre llevarán -las de perder los civilizados. A mí me asusta pensar que, si á muchas -personas de regular posición, se les dijera: ¿Por qué no tiene usted un -perro danés en su casa?, la mayor parte contestaría: ¡Hombre! Porque -un perro de ese tamaño se come lo menos dos pesetas diarias. Y esos -mismos que tasan la alimentación del perro en lo justo, con la mayor -inconsciencia se llenan de hijos, que, por lo visto, cuestan menos de -mantener que los perros. - -Entre el exceso de previsión á la francesa y la imprevisión de otros -pueblos y de otras razas, ¿no habría un buen término medio? La Iglesia -católica no sabe de ellos. O aconseja la castidad absoluta ó, una vez -en faena matrimonial, cuantos más cristianitos, mejor. La potestad -civil también está por que se aumente el número de ciudadanos, sea -como sea; todos son buenos, los legítimos y los naturales. Por leyes -económicas y por otras muchas leyes restrictivas del matrimonio, se -diría que más favorece el nacimiento de los naturales. En cuanto á la -Naturaleza, ¡tan maestra, tan sabia! ¡Oh! Ella sabe más que todos. - -Recuerdo de una gata que tuvo de una vez siete gatitos. La más vulgar -precaución aconsejaba que se le quitaran tres ó cuatro, por lo menos. -Pero, ¡eran todos tan lindos y traían tantas ganas de vivir! Y ¡era tan -cruel sentirse Providencia y decidir entre unos y otros! - -Alguien dijo:--¿Por qué no dejarlos todos? Por algo han nacido. No hay -que enmendar á la Naturaleza. - -A los ocho días todos los gatitos habían muerto y la madre también, -extenuada. En efecto; no hay que enmendar á la Naturaleza; ella sola se -basta para enmendarse. - - * * * * * - -¡Oh, mi querida y amable lectora! Al protestar contra alguna ligera -broma que me he permitido alrededor del Congreso Eucarístico, me dice -usted que, hablar mal de la Religión, no es de buen gusto. No lo crea -usted, según como se habla. Además, conozco demasiado esa tecla del -buen gusto, para saber lo que significa tocada por ustedes. Y, si por -no tomarles á ustedes en serio, he de pasar por persona de mal gusto, -desde ahora me declaro cursi y hasta ordinario, como ustedes prefieran. -Ya sé yo que esto del descreimiento no está muy bien visto, ni le -coloca á uno en sociedad, como en otros tiempos, cuando los descreídos -se llamaban Voltaire y Federico el Grande, y las más bellas y nobles -damas se prendían graciosamente con un tanto de volterianismo. - -Pero nada tema usted; las bromas ligeras de las cuatro personas de mal -gusto que nos las permitimos, poniéndonos á mal con nuestros intereses, -no perturban en lo más mínimo el espíritu de los creyentes. - -Al que más y al que menos le va un sueldo ó una prebenda. ¡Valladar -inexpugnable contra la duda! - -Pero, ¡son ustedes de tanto cuidado y conviene tanto no perderles de -vista! Ahora mismo, entre el furor de sus preces, ¿no han deslizado -ustedes, mansamente, no sé que proposiciones de leyes, derechamente -torcidas, como todas sus intenciones, contra la libertad de la Prensa y -la libre emisión del pensamiento? - -¡Sí que son ustedes para dejarles de la mano! - -En los asuntos mismos de Marruecos: ¿no convendría poner en claro hasta -dónde el interés patriótico y dónde empiezan otros intereses de algunas -Ordenes religiosas, que, como Calipso, de la partida de Ulises, no -pueden consolarse de la pérdida de las Filipinas, y acaso sueñan con -que les conquistemos otras para su particular disfrute? Y eso no, mi -querida y amable lectora; sea lo que podamos obtener ó conquistar en -Marruecos, del soldado, del agricultor, del comerciante, del doctor -Maestre, que bien se lo habrá ganado y otros lo gobernarían peor... -Pero nada de frailes, en comunidad ni sueltos. Una cosa es continuar la -Historia y otra repetirla. - - - - -XVII - - -Aquella _Theroigne de Mericourt_, intrépida amazona de la Revolución -francesa, que, á consecuencia de una formidable azotina, administrada -en público y á lo pajarero, se volvió loca de remate, bien parece un -símbolo de lo que años después y por muy parecidos motivos había de -sucederle á Francia. - -¡Lástima de nación! Desde que, para desgracia de todo el mundo latino, -fué derrotada por Alemania, apenas ha vuelto á dar señales de juicio. -Ella, la encantadora, la atractiva, la adorable, se tornó hosca y -atrabiliaria. Nos entristeció la vida con una literatura y un arte, que -en futuras historias literarias se llamará de la derrota. Su delirio -persecutorio tuvo su crisis aguda y terrible en aquel asunto Dreyfus, -aun palpitante con el nombre de cuestión judía. ¿No es una pena ver -renovarse, en la nación que debía ser faro del mundo civilizado, -cuestiones de la Edad Media, y en la moderna, patrimonio de pueblos -atrasados como Rusia? Con la inquietud y el malestar de su derrota, -con el dolor de su mermado territorio, la nación que fué siempre más -generosamente romántica en su política, á última hora y en plena -República democrática se vé atacada de furia conquistadora y pone en -juego artimañas y habilidades políticas, desacreditadas ya en todo el -mundo, hasta en Inglaterra. Por fortuna, ya va siendo verdad práctica y -practicada, que la honradez es la mejor política. _Honesty is the best -policy_, que han dicho siempre los ingleses, por si los demás gustaban -de practicarlo. Pero en estos últimos tiempos hay que convenir en que -no son los ingleses los que se creen llamados á intervenir para poner -orden en los desórdenes interiores de cualquier pueblo. - -Y ahora, la conducta de Francia con España, ¿puede justificarse de -ningún modo? Eramos buenos para tapadera de codicias; somos un estorbo -á la hora en que se destapan. Mal corresponde, mal ha correspondido -siempre Francia á nuestra debilidad por ella. Porque lo cierto es que -nunca hemos podido odiarla; hemos sido con ella como esos enamorados de -poco carácter, más rendidos á una mujer cuanto más lo desprecia y más -se burla de ellos. - -Hasta cuando hemos peleado con ella no hemos dejado de admirarla, y -nuestro odio se personalizaba en los soberanos ó en los ministros, -dejando siempre á salvo nuestra invencible simpatía por la nación -francesa. Durante la guerra de la Independencia, la más nacional de -cuantas sostuvimos contra Francia, el odio popular se fijaba sobre -Napoleón y á él sólo se hacía responsable de la injusta guerra. - -Hoy tampoco, aunque no haya un Napoleón en quien fijarse, no queremos -ni podemos suponer que es toda Francia nuestra enemiga. Preferimos -culpar á unos cuantos políticos, á unos cuantos periódicos, á una parte -del organismo, irritada todavía por la funesta derrota, impaciente -de glorias y desquites, vengan por donde vengan y sea como sea. -Involuntariamente fuimos ocasión ó pretexto para el desastre. Quizás -no nos lo han perdonado todavía, aunque parece que lo hayan olvidado -muy pronto. - - * * * * * - -Los más terribles desengaños proceden casi siempre del desconocimiento -de la realidad. En la supresión de los Consumos debimos limitarnos á -considerar su aspecto estético y nada más. Todos los procedimientos -para extraer dinero, como para extraer muelas, son desagradables, pero -aquél lo era sobremanera, y aunque algunos aristocráticos escritores -opinan que sólo habían de padecer sus molestias matuteros y gente de -poco más ó menos, sólo el verlo ya era repugnante; había de salir más -caro cualquier otro impuesto y podía darse por bien empleado. Pero -hay quien no se conforma con este aspecto artístico y aspiraba ¡loca -ceguedad! á un abaratamiento rápido y simultáneo de las subsistencias. -¡Qué desconocimiento del corazón humano en general y de los proveedores -en particular! - -En todo lo referente á subsistencias, los madrileños estaremos -destinados de por vida al papel de víctimas en las aplaudidas obras de -repertorio _La corte de los venenos_ y _Robo y envenenamiento_. - -Sobre todo, el inocente y parvulillo boquerón ha causado más estragos -en estos días que un espantable cetáceo ó aquella mitológica serpiente -de mar, tan socorrida como notición de los veranos del antiguo régimen. -De la leche no hablemos, porque es antigua enemiga nuestra, y yo -creo que la que produce los cólicos es la poca expendida en buenas -condiciones, por la falta de costumbre. Cada madrileño llevamos un -Mitrídates en esto de irnos haciendo día por día á ingerir toda clase -de tósigos. - - * * * * * - -No sé hasta qué punto la pasión de partido podrá influir en los -encomios ó en las censuras á la obra _Carlos II y su corte_, cuyo -primer tomo acaba de publicar D. Gabriel Maura y Gamazo. Muy lamentable -sería que la pasión interviniera al juzgarla, ocultando al público el -verdadero mérito de la obra, haciendo creer á unos y á otros que se -trataba de una obra _toda conservadora_. El autor es de los que merecen -no pertenecer á ningún partido. En pocos libros de historia parecerá -menos el amigo de Platón antes que de la verdad, sin que peque tampoco -de esa glacial indiferencia que tan mal sienta en todo arte, aunque -este arte sea el de historiar, más cercano á la ciencia. - -Bien dice, sobre la noble serenidad del historiador, la simpática -emoción del artista. Buena muestra es la descripción del bautizo del -príncipe Carlos, modelo de narración histórica y poética al mismo -tiempo. - -Lo que no comprendemos es, cómo después de leer cualquier libro de -historia, hay quien suspira y vuelve los ojos á cualquier tiempo -pasado. A ese no le daría mayor castigo que decirle: ¿En qué siglo, en -qué época de las pasadas hubiera usted querido vivir? Y cuando hubiera -elegido, poderle decir: ¿Sí? Pues va usted á vivir ocho días en ella, -nada más que ocho días, y luego, vuelva usted á contarme cómo le ha -ido. - - - - -XVIII - - -Si ya es difícil en esta brega literaria agradar á los amigos y -complacer á los más halagados en sus ideas ó sentimientos ó vanidades -por lo que uno escribe, ¿qué puede uno esperar de los enemigos y de los -mortificados? - -Dije que las Comunidades religiosas acaso buscaban en Marruecos otras -Filipinas, y hay quien muy indignado protesta, diciéndome que nunca las -Comunidades han sido tan respetadas en Filipinas y en toda América como -ahora, desde que allí no tenemos arte ni parte en el material dominio. -No lo dudo, que Ordenes y Comunidades religiosas fueron siempre de -condición de gato; ni yo dije que por ellas se hubiera perdido nada; -pero, en fin, se perdió con ellas y todo. Por eso creo que, llegado -el caso de conquistar nuevos territorios, vale la pena de ensayar -si nos iría mejor sin ellas. Porque ellas evangelizarían todo lo -posible, pero españolizar no fué cosa mayor, si hemos de juzgar por -los resultados. Tampoco dudo que bajo la autoridad de los americanos -en Filipinas y de otras Repúblicas en toda América, las Comunidades -no presten excelentes servicios. Es cualidad de religiosos españoles -ser candilitos de casa ajena. Todo lo que tienen de turbulentos y -amenazadores con los Gobiernos de casa, tienen de complacientes y -serviciales con los de fuera. Tal vez consista en ellos; tal vez -consista en los Gobiernos. De seguro que ningún presidente de los -Estados Unidos habrá tenido que decir de las Comunidades lo que, según -fama, dijo en cierta ocasión de graves complicaciones don Antonio -Cánovas del Castillo, que no era ningún demagogo, aunque hoy andaría á -dos dedos de parecerlo, según va todo. - -En cuanto á lo que asegura un airado articulista, que gracias á las -Comunidades religiosas cobramos los autores dramáticos españoles -pingües derechos de toda América... ¡Ay, mi buen señor! Deseche, -deseche esas ilusiones del dinero americano. ¡Si los autores españoles -no tuviéramos otros rendimientos de los que vienen de América! Y ¡para -lo que van á durar! Porque con toda la influencia españolizadora de -las Comunidades, con todo eso de los lazos espirituales y la madre -y los hijos y demás tópicos de Congresos, banquetes y conferencias -hispanoamericanas, ¿sabe usted en qué parará todo ello? Pues en que -dentro de algunos años--y quisiera ser mal profeta--media América será -yankee y la otra media italiana, con mucho de alemana. - -Y lo peor para los autores españoles no es que dejásemos de cobrar -lo poco que todavía se cobra de América, sino que tampoco cobrásemos -nada en España, gracias á las Comunidades y Ordenes religiosas que -han educado á unas cuantas generaciones incapaces de admirar otra -literatura que sea tan combatida en sus efectos por los mismos que -admiran, sostienen y fomentan la verdadera causa. - - * * * * * - -¿Por qué razones psíquico-fisiológicas el sentido de la vista y el -sentido estético modernos admiten en los trajes femeninos colores -y combinaciones de colores que por mucho tiempo habían parecido -intolerables al buen gusto y á los ojos? Nada de _academicismo_ en -la moda; la paleta de sus artistas no es la paleta académica, de -tonalidades y mezclas severamente ordenadas. El color de moda es -el más peligroso de los colores: el azul, considerado siempre como -divisa arrogante que sólo alguna soberana belleza blanca y rubia podía -atreverse á ostentar, sin dar que reir al enemigo, en su doble acepción -de demonio y de mujer amiga. Vulgarmente solía decirse: A las morenas, -azul en ellas, para que luego el diablo se ría de ellas. Hoy, morenas -y rubias, se atreven con el azul, y no es á las morenas á las que peor -les dice. El gran pintor inglés Gainsborough, como alarde pictórico, -venció en su famoso _Niño Azul_ las dificultades del temible color. -Hoy casi todas las mujeres son _niñas azules_, y lo que entonces fué -atrevimiento de un artista, hoy sería sujeción á la realidad. - -Mis _Lily Elsie_, muy linda artista inglesa, en _El conde de -Luxemburgo_, estrenado recientemente en Londres--no siempre han de -ir los ingleses á la cabeza de la civilización,--luce un ideal traje -del más brillante azul: un azul de cielo andaluz, un azul de turquesa, -adornado con plata y menudas rosas de coral; el sombrero, una airosa -monterilla del mismo color que el vestido, con enhiestas plumas también -azules, y suavizándolo todo un abrigo color malva, un malva de ocaso -otoñal, un malva de lejanía, de confín entre cielo y tierra, entre mar -y nube. - -Y años antes, ¿quién nos hubiera dicho, sin escándalo, que habían de -combinarse en elegantes vestidos el morado con el amarillo, el carmesí -con el verde, el negro con el botón de oro, el naranjado con el azul? -Entre los modistos y los escenógrafos rusos están revolucionando -nuestro sentido del color. ¿Se han enterado nuestros pintores y -nuestros directores de escena? Las mujeres sí se han enterado. ¡Oh, si -fueran en todo tan atrevidas y emprendedoras! - - * * * * * - -Digamos, como el otro, de los catecúmenos en la iglesia: Por mí, que -entren. Bien estarían, ¡oh, mis buenos amigos D. Mariano de Cávia y -D. Antonio Zozaya!, el periodismo sin periodistas y la literatura -sin literatos y el Arte en general sin artistas, si en esta nueva -irrupción, que pudiéramos llamar de los bárbaros, no en el sentido -ofensivo de la palabra, sino en el suyo original de gente extraña, -los tales aportaran al periodismo, á la literatura y al Arte algo -que mejor fuera; esto es, vida, espontaneidad, frescura... Pero, -¡ay!, que nada más literario que un iliterato. Lo sé por experiencia. -De continuo recibo dramas y comedias, pues bien, siempre que el -remitente me anuncia «Sin estudios de ninguna clase, sin conocer el -teatro, he escrito esta obra, inspirada en algo que me sucedió y creo -interesante...», se puede asegurar que la obra es un compendio de toda -la mala literatura dramática y de todas las triquiñuelas teatrales del -peor género, exornado de la más ramplona retórica de folletín. Si todo -el que ha pasado por algo supiera decírnoslo, el mundo estaría lleno -de grandes artistas. Pero si muy difícil es saber ver, aun es más -difícil saber contar. Se refiere el caso de un procesado que, al oir la -elocuente oración de su defensor y cómo enumeraba con patéticas frases -las desdichas que le habían traído á tan triste pasó, exclamó:--¡Hasta -ahora no me había yo dado cuenta de lo que he padecido! Y es que, hasta -del propio dolor, es mal intérprete la ignorancia. - -Nadie sabe la literatura que hace falta para no parecer literato, ni lo -que hay que saber de dibujo para desdibujar. Para ocultar todo arte hay -que ser un supremo artista. - - - - -XIX - - -El caso de _La Croix_, periódico de París, órgano conservador y -católico, es curiosísimo. Se pasa la vida bombeándonos como país -católico, poniéndonos de ejemplo á los empecatados Gobiernos franceses, -que han llegado á la separación de la Iglesia y del Estado, y cuando -pudiera creerse que somos el mejor modelo que todos los países del -mundo debieran copiar, llega la cuestión de Marruecos y, ¡adiós mis -pavos!, nos pone de atrasados, de bárbaros y hasta incapaces de -Sacramentos, á pesar de todo nuestro catolicismo, que no tiene Muley -Hafid por dónde cogernos. ¡Aten ustedes esa mosca por el rabo! De -suerte, que muy buenos cristianos, pero en lo demás, cosa perdida; pues -sí que es para animarnos á perseverar si son esas las consecuencias de -nuestro fervor religioso. - -Como los nuestros de á cuarto, tienen los beatos franceses cosas de á -_sou_. - -Para consuelo nuestro, y en honor del decantado _bon sens_ de los -franceses, no toda la Prensa se ha despeñado por el precipicio de -las tonterías. Espíritus belicosos se complacen en trasladarnos lo -desagradable; justo es consignar que hay quien no ha perdido los -estribos y que la razón y el sentido común no han huído todavía de -Francia, aunque estén pasando muy malos ratos, como en todas partes, -cuando los energúmenos vocean. - -El _Diario de los Debates_, _La Humanidad_ y algunos otros periódicos -hablan como la razón y la cordura mismas. Bueno es que nuestros -energúmenos colonistas, que por aquí también los tenemos, se den -por enterados. En Francia, como en España, es deber patriótico y de -humanidad no contribuir en lo más mínimo á enconar rozamientos. Un -choque entre las dos naciones sería dar que reir á las demás, que no -habían de intervenir en favor de ninguna y muy tranquilamente estarían -á las resultas. Lo urgente es tirar bien la raya, cerca ó lejos; hasta -aquí unos, desde aquí otros. Esas zonas neutrales, esas policías -internacionales, esas divisiones de mandos, desde la más remota -antigüedad vienen dando el mismo resultado. La diplomacia lo combina -todo muy bien, y todo iría perfectamente si, al decir Francia y España -unidas, se tratara, en efecto, de una abstracción ideal de las dos -naciones, ó si fueran los propios diplomáticos con toda su corrección, -exquisitas maneras y excelentes formas los encargados de traer y llevar -por esas zonas neutrales. Pero eso de que las buenas relaciones entre -dos pueblos y su tranquilidad y su honor estén pendientes de que el -último policía internacional, que ni siquiera es francés, ni español -en muchos casos, tuvo unas palabras con otro de la misma categoría y -casta, francamente, es poner en ocasión cosas que mucho valen para -fiarlas en tan poco. - - * * * * * - -El bailarín, así el de rango francés como el clásico bolero español, -el que tuvo su canto del cisne con música de Barbieri: «Aquí viene un -bolero muy afligido...», había desaparecido de los teatros. Para el -público de nuestros días la presencia de un bailarín era intolerable. -Pero todo tiene su renacimiento. La directora de baile de la Opera -Cómica, de París, la célebre madame Mariquita, ¡oh, predestinación -de los nombres!, ha declarado que se propone restaurar el bailarín -masculino en los bailes encomendados á su dirección:--Es una nota -necesaria--ha dicho;--es preciso el contraste; el «travestí» es -antiartístico, el público empieza á cansarse de las mujeres vestidas -de hombre. Claro está que madame Mariquita se atreve á tanto fiada en -el triunfo de Nijinsky, el extraordinario bailarín ruso que ha sido la -_coqueluche_ de París en las dos últimas temporadas de primavera, que -ha inspirado infinidad de crónicas y de versos, de quien ha dicho un -poeta: - - C'est un monstre ingénu qui naquit pour la gloire. - -Y más adelante, cosas de este calibre: - - Il met le coeur en doute et l'instinct en danger. - -Pero, ¡ay, que todos los bailarines y danzantes no serán Nijinskys! En -nada se marca tanto la diferencia de clases como en lo que no tiene -clasificación posible. - - * * * * * - -La Banda municipal es objeto de controversia en el seno mismo del -Ayuntamiento. Hay quien la quiere aristocrática; hay quien la quiere -popular. Unos quisieran que no tocara nunca de _La Walkyria_ para -abajo; otros, del «Himno de Riego» para arriba. Popular, sí; debe -serlo. Pero todos sabemos que lo de popular es valor entendido. Cuando -decimos teatro popular, música popular, escritor popular, todos sabemos -hasta dónde llega esa popularidad y dónde termina ese pueblo. Más allá -sabemos que ni el teatro, ni la música, ni el escritor han de ser -comprendidos. ¿Que debe aspirarse á que lo sean? Sí, muy bien. Pero si -ha de educarse al pueblo artísticamente ha de ser presentándole el Arte -con cierto respeto, no poniéndolo á sus pies, sino sobre su cabeza. -Que oiga la música, la mejor, cuando de oir música se trate; cuando se -trate de bailotear en una verbena ó jolgorio de barrio, con una buena -charanga tiene bastante; sobra la Banda municipal, como sobraría la -Orquesta Sinfónica en el palacio más aristocrático si sólo de bailar -rigodones, valses y cotillón era el caso. Cada ocasión pide su lujo -particular; no hay que ser _rastaqueres_, señores concejales. - - - - -XX - - -Nuestra pobre vida, ahogada entre las cuatro paredes de la actualidad -prosaica, sólo en lo misterioso halla asidero para lanzarse iluminada -hacia donde algo novelesco ó poético se vislumbra. Sabemos que de nada -extraordinario somos capaces; sabemos hasta dónde nos llevan nuestras -pasiones, nuestros vicios, nuestras maldades y nuestras virtudes; -hemos perdido toda ilusión en nosotros mismos, hemos renunciado á ser -actores hasta en la propia comedia de nuestra vida; por lo mismo, somos -espectadores curiosos de la vida de los demás y esperamos de cualquiera -de ellos la emoción que divierta un poco la monotonía de nuestra vida. -¿No hay quien quiera ser héroe, para que, de espectadores, ascendamos, -siquiera por unos días, á ser coro de la tragedia? - -La muerte de Mad. Lantelme, lindo artículo de París--ciudad única en -la fabricación de esas muñecas vivientes, imitación perfecta de todo, -de la hermosura, de la elegancia, hasta del talento,--nos defraudaría -como espectadores si, en efecto, hubiera sido causada por un accidente -de los que llamamos casuales. Y he aquí cómo, hasta cuando queremos -poetizar, nos asimos de la más vulgar lógica. - -La casualidad es un desenlace, pero no es una explicación. La -casualidad es algo que irrumpe por nuestra vida, fuera de todo cauce; -algo que, de puro fatal, parece desviarnos de la fatalidad de nuestro -destino. Son pocos los espíritus que saben percibir en la casualidad -algo que sea lógico y necesario en esa armonía que es toda vida humana. - -A nadie le parece buena explicación el accidente casual. Todas las -mujeres que envidiaban á la Lantelme, creyéndola muy dichosa, caen -ahora en la cuenta de que era muy desgraciada. Menos mal que la muerte -pone un poco de moralidad en la vida. Las que más la envidiaban han -dejado de envidiarla ahora: «No, no era feliz; no podía serlo--se -dicen unas á otras.--La felicidad no es sólo el dinero...» Pero, á -estas horas, todas pensarán en el opulento viudo, por si acaso. Todo es -poner barandal más alto á las ventanas del yate. - -Todos prefieren creer que la linda muñeca de lujo se ha suicidado. Esta -explicación, que es más lógica, es, por lo mismo, más vulgar, queriendo -ser poética. Hasta en Francia, donde aun florece la tragedia con toda -la pompa de sus alejandrinos, se ha perdido el sentido de lo trágico. -Buscando la tragedia, se cae en el melodrama. - -¿Un suicidio? Según eso, las mariposas efímeras también se suicidan -cuando se queman á la luz. No; cumplen su destino: vuelan hacia la -luz y se abrasan. Igual, ese bonito juguete, mariposa-mujer con alas -de encajes y colores de pedrería, volaba en torno de esas luces -deslumbradoras que son el amor, la riqueza, el arte, la gloria... y se -abrasó en cualquiera de ellas, tal vez en la que menos calor daba. - - * * * * * - -Los que no salen de Madrid por sus ocupaciones ó por su gusto--por -falta de dinero no será; por esa razón sólo podrían veranear dos -docenas de madrileños,--con nada se divierten. En la Ciudad Lineal, -unas luchas greco-romanas, que más transcienden á barraca de feria -francesa que á Grecia y Roma. En los nuevos Jardines del Retiro, en -oposición al clasicismo de la Ciudad Lineal, triunfa el romanticismo -con don Jenaro, «el Feo», por mal nombre. Un bufo de la tierra que, -sin saberlo, como M. Jourdain, hablaba en prosa, ha traducido muy -castizamente excentricidades de _minstrel_ inglés. Con eso, y con -el mujerío de verano, un mujerío que se oculta en invierno como los -pájaros se ocultan para morir, según el poeta, no se pasa del todo mal -en Madrid. - -Para los que no pueden vivir sin emociones de Arte, en cualquier tiempo -que sea, ahí tienen el Gran Teatro, con una mínima de 40 grados al sol -de sus baterías y á la sombra de sus tiples. - -Mucho es, aquí, donde todo se copia, que no tenemos ya, al modo de -Francia, teatros de la Naturaleza, teatros al aire libre ó teatros -de verdura, que de las tres maneras los llaman, aunque en la última -acepción ya podríamos competir ventajosamente con los franceses. De -verdura tenemos aquí muchos teatros que, si el público tuviera mejor -gusto, aun había de justificar más su nombre, sembrando el escenario de -hortalizas. - -El teatro de la Naturaleza cunde en Francia que es una bendición... -de los campos. No hay ciudad de alguna importancia, villa de -aguas--traducción literal--villaje,--esto ya es más castizo, aunque no -lo parezca,--donde no se represente alguna obra, con montañas y cielo -por telón de fondo y árboles seculares por bastidores--suprimidas las -bambalinas. Por fortuna, entre los actores franceses, gracias á la -frecuente interpretación de sus insoportables tragedias, los hay de -hermosa voz y grandes facultades, que les permite ser oídos sin el -recurso de la máscara bocina de los actores griegos y romanos. - -Lo malo es que, si al principio sólo se representaba en estos -teatros obras adecuadas á la grandiosidad de la escena, hoy, por el -consumo excesivo, cualquier obra parece buena para servirla en plena -Naturaleza. Así se ha representado _La estrella de Sevilla_, de Lope de -Vega, y así se representará el mejor día _La dama de las camelias_, que -acaso no llegue al quinto acto, expuesta á los cuatro vientos, ó acaso -se reponga antes del cuarto con este tratamiento al aire libre. - -Lo que sí podrá decir cualquiera en Francia, sin ponderación y sin -sacrilegio, cuando quiera recordar que estuvo en un teatro de estos, es -que fué allá, donde _Mounet Sully_ dió las tres voces. Como decía un -abonado del Real á otro que le preguntaba el lugar de la acción en _La -Walkyria_ y era en una representación muy desdichada: - ---¿No lo ve usted? Donde Wotan dió los tres gallos. - - * * * * * - -Los vaticinadores y agoreros de acontecimientos mundiales, barajan sin -cesar el nombre de las grandes naciones. Lo que hará Alemania, lo que -piensa Francia, la actitud de Inglaterra. Parece que son los tiempos -en que se nombraba á los reyes por el nombre del Estado donde eran -soberanos. Cuando se decía: Francia se casa; Inglaterra se muere. Hoy -esos nombres, con significar mucho, no lo significan todo... Lo que -hará Alemania, lo que piensa Francia, la actitud de Inglaterra... Muy -bien, sí; pero ¿no convendría más saber lo que harán los alemanes, lo -que piensan los franceses y la actitud de los ingleses? - - - - -XXI - - -No es de extrañar, siendo la noble aspiración del socialismo la -realización de un estado social paradisíaco, que los socialistas -sean á veces de una inocente simplicidad, tan paradisíaca, por lo -menos, como el mundo de sus ideales. Sobre todo, los socialistas -españoles más noveles y, por lo tanto, menos baqueteados por las -impurezas de la realidad. De otro modo, al escuchar el otro día á esos -oradores franceses en _tornée_--y nunca pudo anunciarse con mayor -fundamento--_pour l'Espagne et le Maroc_, y oirles amenazar con la -huelga general internacional si el Gobierno de Francia ó cualquiera -otro se lanzaba á guerreras aventuras, nuestros buenos socialistas, en -vez de aplaudir, debieron preguntar, desconfiados, á los compañeros -franceses:--¿Qué apostamos á que ustedes no? En el mayor silencio -dejaron ustedes pasar la ocupación de Casablanca; sin ruidosas -protestas han consentido ustedes en la ocupación de Fez, llevada á -cabo con todos los pretextos y malas artes usuales en el viejo juego -de las ocupaciones. ¿Por qué en cualquiera de estos dos casos no han -ensayado ustedes esa terrible huelga general con que vienen ustedes -á conminarnos á nosotros, que ninguna deslealtad hemos cometido en -Marruecos? ¿Es que han tomado ustedes á España como una especie de -colonia agrícola ó granja de experimentación, buena para ensayar ese -cultivo de la huelga general y la protesta airada? Internacionalismo, y -no por mi casa, ¿verdad? Como si no supiéramos que en Francia hasta los -anarquistas son _chauvinistas_. - -Y no hay que recordar el levantamiento de la _Commune_, porque -aquello mismo no fué sino exasperación del patriotismo dolorido. -Mientras se creyó fácil llegar á Berlín, no hubo en Francia un solo -internacional que protestara contra la guerra. Y hoy sucedería lo -mismo; y sólo nuestros inocentes socialistas, creyendo hacer el juego -del internacionalismo, no hacen más que enseñar las cartas del suyo á -quienes menos conviene. - -De los socialistas alemanes no hablemos; el día en que el Kaiser -desenvainara su imperial espada, ¡boca abajo todo el mundo! ¿A que -nadie hablaba de huelga general en Alemania? - -Hablen, trabajen en favor de la paz cuanto quieran y puedan nuestros -socialistas; están en su razón y en su derecho. Pero no fíen demasiado -en los de fuera. Hasta ahora no los hemos visto protestar ni contra la -injustificada ocupación de Fez ni contra las injustas provocaciones á -España. Si hay que ser internacionalistas, bien es que empiecen otros. -Aquí hemos sido siempre algo retrasados en todo; no hay por qué tomar -carrerilla en esto. - - * * * * * - -En Nueva York se ha inaugurado un Círculo literario hispano. -Discursos, poesías, música... De todo ello, lo más interesante, por -ser más del extranjero, ha sido el breve discurso del Dr. William R. -Shepherd, vicepresidente del nuevo Círculo, profesor de Historia de -la Universidad de Columbia. Ya que tan pocas veces nos llegan gratas -palabras, bueno es que conozcamos, para agradecerlas, las del ilustre -profesor, que dijo así: - -«Aun cuando hiciera uso de mi lengua nativa para expresar el -sentimiento que me conmueve en estos momentos, al pensar en mis -impresiones de España, de la América hispana, del alma española, -aquende y allende los mares, las palabras me faltarían. - -¡Cuánto más débiles y pobres no serán, pues, las breves frases que -podré pronunciar en una lengua que, si la amo al par de la mía, no deja -de ser siempre extraña para mí! - -Os ruego, por tanto, que seáis indulgentes con mis faltas de dicción y -que miréis tan sólo á la sinceridad y al calor que las animan. - -Quienes no conocen los países hispanos, quienes nunca han sondeado el -corazón de los pueblos de origen español, suelen á veces referirse á -ellos con todo el menosprecio. Los que así hacen, debe notarse son -hombres propensos á tomar lo accidental de la vida como característico; -lo temporal, como permanente; lo superficial, como esencial; la sombra, -como si fuera substancia. - -¿Me será permitido á mí, un extranjero, un norteamericano, un yanqui, -si así lo queréis, un hispanófilo, sin embargo, de buena ley, el -aventurarse á deciros lo que creo, mejor dicho, lo que me consta -personalmente que significa la frase: España en América? Pues España -en América significa las cualidades de amabilidad y hospitalidad, de -cordialidad y caballerosidad, de afecto y fraternidad que distingue -tan marcadamente los pensamientos y los hechos de España y sus hijos. -Las colonias de antaño, las diez y ocho Repúblicas americanas de hoy, -las cualidades, en fin, que ennoblecen tan gloriosamente su múltiple -contribución á la cultura y al bienestar de la Humanidad entera. - -Así es que en la fundación del Círculo literario hispano abrigamos -la esperanza de que podamos hacer todo lo que esté dentro de nuestro -alcance para que las virtudes del alma, las bellezas de la literatura -y la dulzura de la lengua que anhelamos fomentar sean más y más -conocidas, para que vivan, crezcan y florezcan, para que sean en el -porvenir aun más que lo que han sido en el pasado, para que sigan -siendo la luz, la alegría, la verdad, la vida, siempre bondadosa, -siempre fiel.» - -También pronunciaron elocuentes discursos D. Manuel González, cónsul -de Costa Rica; D. Máximo Iturralde, catedrático de Castellano en la -Universidad de Nueva York; D. Francisco Borda, ministro de Colombia en -Wáshington. - -Una verdadera fiesta española que bien merece aplauso y gratitud. - -En Nueva Orleans se anuncia también la publicación de una Revista -española con el título _Mercurio_, y dirigida por míster Allen H. -Borden, que se propone fomentar nuestra literatura, nuestras artes y, -en general, nuestro progreso en todo orden. - -Parafraseando á Voltaire cuando decía: _C'est du nord aujourd'oui qui -nous vient la lumière_, diremos: Es de los Estados Unidos de donde -hoy nos viene la luz. Aquí tienen un buen argumento los partidarios -y defensores de la guerra. ¿No será, al combatir unos contra otros, -como los pueblos se comprendan mejor y por comprenderse lleguen á -estimarse? - - - - -XXII - - -Cuando los sucesos tienen por sí solos la suficiente fuerza de -penetración ¿qué puede añadirles el comentario? Las noticias de -Inglaterra se comentan por sí mismas. De un lado, el esplendor de sus -fiestas marítimas, el más insolente lujo ostentado por los poderosos -más poderosos del mundo, señores de la tierra y de los mares. De otro -lado, la huelga sangrienta, el alarido desesperado de los hambrientos, -que, por ser legión, quieren también ser poderosos un día á su manera, -que es destruirlo todo, aunque no estén muy seguros de lo que después -ha de edificarse. No hay colosal ídolo de oro que no tenga los pies -de barro. El relato de esas huelgas de Londres y de Liverpool, -cortando bruscamente la admiración envidiosa que pudiera causarnos -la descripción de las fiestas brillantes, viene á ser consuelo de -pobres, ya que no de tontos. En todas partes cuecen habas; menos mal -donde también asan perdices; lo peor es donde sólo cuecen habas y de -la peor calidad. Aquí tenemos huelgas y no tenemos yates ni duques de -Westminster, que siempre es un entretenimiento hasta ver en qué para -todo. - -Y aun pretenderán los soberbios lores oponerse á la sabia política de -Lloyd George, de quien bien pudiera decirse, como dijo Calderón de la -Cruz redentora, que es «Iris de paz que se puso entre las iras del -Cielo y los pecados del mundo». - -Si con política tan previsora de lo que está viendo venir el más ciego, -no se consigue evitar algún tremendo choque, ¿qué sucederá donde nadie -piensa en nada ó se piensa en lo que menos importa? - -Los ricos de Inglaterra han recibido en estos días una buena lección de -Economía política. Con todo su dinero se han visto carecer de muchas -cosas. En los muelles se pudrían las frutas, se derretía el hielo, se -estropeaban las golosinas, que por una vez estimaban en todo su valor -los que nunca creyeron que todo eso significaba más que dinero. Por -una vez, se han permitido los hambrientos el lujo que los hartos se -permiten toda la vida: desperdiciar. - - * * * * * - -Explicaba un señor que había viajado mucho, cómo la razón de ser España -el país más democrático en su trato y costumbres consistía justamente -en ser el más aristocrático. Y esto que parecía implicar contradicción -ó paradoja, lo resolvía él muy en su punto. En otras partes, sólo las -personas que, por su rango ó su elevada posición social, se creen -lo bastante seguras de sí mismas para saber que en nada desmerecen -por alternar con quien mejor les plazca, son las que se permiten esa -familiaridad y llaneza, que aquí nos permitimos todos porque todos -llevamos un gran señor dentro y todos nos creemos autorizados para -dispensar nuestra confianza á quien mejor nos parece; y así, de nuestra -misma altivez procede el ser sencillos, y de ser todos aristócratas el -vivir en plena democracia. - -Esta española confusión de castas y linajes se acentúa en el veraneo, -donde apenas es posible distinguir de clases, y tal vez no haya dato -más seguro de información que las diferentes tertulias, formadas, no al -calor, sino al fresco de playas ó montañas. - -Dime en qué tertulia andas y te diré quién eres; por lo menos te diré -lo que buscas, ya que saber quién sea cada uno es imposible. - -Puestos á considerar las tertulias y sus afinadas electivas, tenemos: -la tertulia de los selectos, alrededor de alguna gran señora, ya -entrada en años; tertulia aburrida, pero de mucho tono. Por lo regular, -aparte los que quieren tomar alternativa, exhibiéndose en ella, los que -para nada la necesitan, saludan y pasan de largo. - -Tenemos la tertulia de los despreocupados, en torno de alguna -profesional belleza; como es de rigor, acompañada por una -sobresaliente, vestida con los desechos y en todo atenida á lo mismo; -pero no es la que menos se divierte. Al pasar por esta tertulia hay que -hacerse los desentendidos cuando se va con señoras respetables. - -Tenemos la tertulia del prohombre político: un corro muy ancho, con las -sillas muy espaciadas; al lado del prohombre una silla de respeto, -con el bastón y el sombrero y muchos periódicos. Esta silla sólo la -ocupa algún otro prohombre del partido ó algún enemigo político muy -caracterizado. El prohombre sólo deja oir su voz grave y sentenciosa, -hasta cuando quiere parecer familiarmente trivial, cuando hay -_repórter_ nuevo de periódico importante ó persona significada á quien -deslumbrar. De otro modo, queda encargado de amenizar la tertulia el -bufón del partido. En todos los partidos hay bufones de cámara.--El -hacer frases y chistes á costa de los correligionarios ausentes, -espiando las que son bien acogidas por una sonrisa del jefe, mal -disimulada entre protestas:--¡Oh! ¡Este Fulano es terrible! ¡No diga -usted eso! ¡Son cosas de usted! ¡No vaya á creer nadie que yo pienso lo -mismo! - -En esta tertulia hay siempre un proveedor de cerillas, porque el -prohombre, gran fumador, nunca lleva cerillas. - -Tenemos la tertulia del torero; muy parecida á la del político, salvo -que es más desinteresada. Con su bufón también, que habla mal de los -rivales en arte y de los revisteros apasionados por otros diestros, -con las mismas sonrisas de agrado y protestas hipócritas del ídolo. - -En esta tertulia, como en la del prohombre, hay terribles celos y -envidias, que no suele haber entre los amigos de la profesional -belleza, con estar allí más justificados. Las preferencias del ídolo se -cotizan muy alto. Se recibe con hostilidad á cualquier amigo nuevo. Los -desairados desahogan su pena unos con otros. - ---¿No le dijo á usted que almorzaría hoy con nosotros? - ---Sí; pero llegó ese imbécil... - ---Este Manolo es del último que llega... - -Los asiduos á esta tertulia, siempre que se encuentran, antes de -saludarse, se preguntan:--¿Ha visto usted al «hombre»?--¿Qué sabe usted -del «hombre»?--¿Ha visto usted cómo ha quedado el «hombre»? - -Les digo á ustedes que estas tertulias de veraneo son un manantial -inagotable de amenidades. - - * * * * * - -Muy de temer es que, á esos graciosos canastillos, última importación -con que el Ayuntamiento prosigue la tarea de europeizarnos, no les -caiga del todo mal la clásica definición de la escupidera: «Un -recipiente alrededor del cual se escupe y se tiran las colillas.» - -¿Servirán precisamente los nuevos recipientes para el uso á que parecen -destinados? ¿Será el órgano engendrador de la función? ¿O cuando -tengamos todo lo necesario para ser limpios, nos seguirá faltando -la limpieza, como cuando tengamos todo lo que hace falta para estar -educados nos seguirá faltando la educación? - - - - -XXIII - - -Si alguna traducción se impone por su propia virtud, es la de esos -tribunales que han de juzgar á los niños precoces delincuentes; -institución establecida en varios países de Europa; en París, desde -algunos años, y ahora extensiva á toda Francia. - -Discútase por criminalistas y sociólogos si la Justicia ha de tener -cara de perro ó rostro más benigno, cuando de juzgar á los hombres se -trate. Pero, tratándose de niños, ¿no podrá sustituir la severa balanza -por un pesa-bebés, blando como una cuna, y la imponente espada, cuando -menos por aquella caña tradicional en los antiguos maestros de escuela? - -Yo no sé si hay niños rematadamente malos; pero sé que, en niños y -en hombres, nada hace tan malos á los malos como el saberse tenidos -por incapaces de toda bondad. Repetid á un niño continuamente:--¡Qué -malo es! ¡Es muy malo!,--y lo será en efecto. Aunque lo sea, dejadle -alguna ilusión sobre su bondad. Cuando queráis conseguir algo de él -y estéis seguros de su desobediencia, no vea que la dais por segura; -al contrario, decidle:--Sí lo hará, porque él es muy bueno.--Para -gobernar pueblos, como para educar niños, hay que hacerles ver que son -gobernables y educables, aunque no se crea. - -Yo creo que si el pueblo español es de tan difícil gobernar ha sido de -tanto decirle que lo era. - -Es humana tendencia la de sobresalir, la de afirmar nuestra -personalidad destacada. Hay quien, no pudiendo distinguirse de otro -modo, se contenta con presumir de sus achaques:--Como las jaquecas que -tengo yo no las tiene nadie. - -Entre las señoras, no digamos; la que ha conseguido tener el parto más -laborioso se considera dichosa cuando lo echa á competir entre las -amigas. - -Por esto, la sociedad y los Tribunales de Justicia, que la representan, -ni al juzgar á un criminal, á un delincuente nato é incorregible, -deben darse por entendidos de que se hallan en presencia de algún -monstruo. Esto envanece al criminal, y hay que procurar que los -criminales sean modestos. Hay que persuadirles de que no son tan malos -como ellos se creen. Es el sistema de los confesores sabios y prudentes -con los más empedernidos pecadores, y así consiguen conversiones -notables. - -En los niños, vanidosillos de suyo, nadie sabe lo que puede importar -esta estudiada indiferencia ante sus precoces delitos. - -En Francia, con muy buen acuerdo, se ha evitado toda publicidad en las -vistas y sentencias de estos tribunales para niños. Y aquí, si llegaran -á establecerse, habría que suplicar á la insaciable información, en sus -dos aspectos, literario y fotográfico, un discreto silencio. - -¿Será ilusión, ó falta de memoria? Tengo entendido que algo se ha -legislado en España sobre tribunales para niños. Si así no fuera ó algo -faltara para llegar á la perfección en su funcionamiento, nada más -urgente. - -Habiendo de tener estos tribunales mucho de patronato, debieran -constituirse por distritos y, aparte el juez especial designado, -formarse por jurados cuidadosamente elegidos. Entre ellos figurará -siempre un médico, un maestro, y, como ha indicado muy bien un -distinguido escritor, nunca mejor ocasión para que la mujer entrara en -funciones judiciales. Un voto de mujer no puede faltar al juzgar la -culpa de un niño. Un voto que sería una lágrima y un beso. - - * * * * * - -Un periódico inglés--_Daily Mirror_--propone lo que bien pudiera -llamarse vacaciones matrimoniales. Esto es, que, en los matrimonios, -debe veranear el marido de una parte y la mujer de otra, sin dejar de -escribirse durante la ausencia largas cartas de amor. Sería--añade -_Daily Mirror_--el mejor medio de mantener y reanimar la llama de -un sentimiento siempre expuesto á extinguirse _by the friction of -every day life_. Una tregua anual es muy conveniente, y escribiéndose -cartas que recordaran las adorables cartas de novios, los esposos -encontrarían, al reunirse de nuevo, una frescura de emociones que -despertaría en ellos al _boy_ y á la _girl_ adormecidos por el -matrimonio. - -Hasta aquí el periódico inglés. - -Yo no sé si en Inglaterra sería una novedad este descanso conyugal -ó vacaciones matrimoniales. En los países latinos no hay nada -más corriente, y, hasta ahora, los resultados no han sido muy -satisfactorios. Más de una separación á cencerros tapados y más de -un divorcio á cencerrada libre han tenido su origen en estos ensayos -veraniegos de libertad. - -Un soltero pierde su libertad fácilmente, porque, en la mayoría de -los casos, no hay tal libertad. Hay que saber lo que es un padre -de familia á la española y la familia que se agrupa á su alrededor -en consecuencia, para comprender que cualquier medio es bueno para -emanciparse. Y como nuestro terrible padre de familia no comprende que -su hijo salga de su casa más que para casarse... pues se casa y en paz, -es decir, en guerra, la misma guerra que en la casa paterna; pero en la -suya siquiera, puede gritar él más que nadie. - -Pero ¡ay! cuando un casado prueba unos días de libertad... matrimonio -perdido. Si es el marido quien veranea y la mujer la que se queda en -casa, la vida de fonda es para él un paraíso. Aunque los que viven en -casa de huéspedes aseguran que se está muy mal en las fondas, crean -ustedes que en cualquier casa de huéspedes se está mejor que en la -mayoría de las casas de la clase media española. En alimentación y -comodidades materiales hay poca diferencia; pero en cuanto á educación -y trato y ambiente espiritual, todas las ventajas están en favor de las -casas de huéspedes. - -En el caso de ser la esposa la que veranea y el marido el que se queda -en casa, con ó sin criada, no hay idea del orden que puede reinar -en una casa cuando falta quien ponga orden en ella. Este ramo de la -limpieza y del buen orden doméstico, que, con la honradez, son los -últimos baluartes de las mujeres que no tienen otras gracias, están muy -desacreditados desde que se ha caído en la cuenta de que nada hay más -en orden ni con más limpieza que los tres lugares justamente en que -para nada intervienen las mujeres: un cuartel, un convento de frailes -y un barco de guerra. - -Por todo esto y otras muchas cosas, no conviene dejar solos á los -maridos. En cuanto á las mujeres... ellas vuelven siempre encantadas al -hogar, por bien que lo hayan pasado fuera. ¿A quién podrán decir con el -tono de superioridad despreciativa que al marido:--¡Como éste es así! -¡Si éste no fuera así! - - - - -XXIV - - -Los que quieran oir, que oigan; los que quieran entender, que -entiendan. En algo habíamos de ser precursores. Nuestro género chico, -que no tuvo nunca mayor enemigo que sus propios cultivadores, va siendo -ya imitado en todas partes. En París son ya muchos los teatros mejor -defendidos con variedad de piezas en un acto, que con la obra grande, -de tres ó más actos; obra que no suele tener de grande más que las -dimensiones, y en donde, por dos ó tres escenas, que vienen á ser en -resumidas cuentas toda la substancia de la obra, hay que soportar todo -el ripio y cascote, que no es patrimonio exclusivo de las obras en -verso. En Londres, autores y actores famosos pasan sin desdorarse del -teatro al _music-hall_, y en bocetos dramáticos ó cómicos, _sketches_, -ofrecen, ganando en intensidad lo que pierden en extensión, brillante -muestra de su talento. Graves autores y críticos protestan contra la -innovación, que ellos estiman contra el Arte; pero el público la halla -muy de su gusto. - -Y hay que abrir los ojos á la evidencia: La obra _grande_, en tres -ó más actos, es contemporánea de aquellas novelas en cuatro ó cinco -tomos, lectura reposada para todas las largas noches de un largo -invierno. Hoy nadie las escribiría, porque nadie había de leerlas. -En la vida moderna, hasta los desocupados tienen más ocupaciones que -los más activos de otros tiempos. El fracaso de muchas obras muy -estimables, la dificultad de sostenerlas en el cartel mucho tiempo, -no puede explicarse por su mayor ó menor mérito, sino sencillamente -porque es preciso tener muy pocas cosas en qué pensar y ninguna en -qué distraerse, para dedicar una velada entera á escuchar á un autor -y á unos actores, por muy lindas cosas que nos digan muy lindamente -dichas. Pesa mucha literatura sobre la Humanidad, y los autores están -en la obligación de decirnos lo más brevemente posible las novedades -que tengan que comunicarnos. ¿No es bastante un acto? Los autores y -los actores ingleses demuestran que aun el acto es mucho; el _sketch_ -les basta para dar al público completa muestra de su arte. El teatro -del porvenir será como estos _music-halls_ ingleses á la moderna, donde -alterna la cupletista con la gran cantante, el excéntrico con el actor, -el baile con la tragedia condensada; donde hay espectáculo y arte, y -falta el arte también para todos los gustos; en donde cada espectador -puede elegir la hora y el número que le conviene, y al que le convenga -verlo y oirlo todo, no fatigará su atención con un mismo tema, y en la -diversidad de impresiones hallará el mayor encanto del espectáculo. - -Todo el secreto y el arte de ganar dinero como empresario de teatros, -consiste en ofrecer al público, no lo que le ha gustado ayer y le gusta -hoy, sino lo que le gustará mañana. - -En el teatro sólo han podido enriquecerse alguna vez los previsores, -los que han sabido anticiparse al gusto del público. Por desgracia -suya, aun estos previsores, encariñados con su hallazgo, no saben -entender que otro de los secretos del teatro consiste en abandonar un -género precisamente cuando más le está gustando al público. En todo lo -humano, la cumbre ya empieza á ser decadencia. - -¿Qué podrá decirse del género grande, que de puro bajar hasta parece -que está empezando á subir? Pero una golondrina no hace verano, ni una -ola temporales. El género grande está muerto. Y no es porque las obras -sean mejores ó peores, tampoco los actores: ha muerto de grande, de los -tres actos y de las tres horas de duración. Y lo sorprendente es que -haya vivido tanto y conserve todavía apariencia de vida. ¿Hay algo en -la vida moderna á lo que dedique nadie tres horas seguidas de atención? -Pero el autor que no es vanidoso, sabe que de esas tres horas, una -corresponde á los entreactos, otra á los espectadores, y una, todo lo -más, á la obra, si no es día de abono aristocrático. - - * * * * * - -Todos los veranos leemos las mismas consideraciones sobre el veraneo y -sobre la predilección de los veraneantes por los grandes centros de -atracción veraniega, traslado en todo, con un poco más de ventilación, -de la vida madrileña. - -Y aquí del problema: ¿No se hace vida de campo porque nuestros campos -son inhospitalarios?, ó ¿son nuestros campos inhospitalarios porque -nadie quiere vivir en ellos? - -No es razón pedir á los cortesanos que vayan á pasar molestias, sin la -recompensa siquiera de pasar á la Historia como colonizadores. No es -razón tampoco pedir á los campesinos que vayan disponiendo comodidades -y atracciones, sin la seguridad de que los cortesanos han de acudir á -compensar los gastos. El problema es de solución difícil. Alguien ha de -empezar. En otras partes, han sido los viajeros los que han hecho el -camino, y los huéspedes los hoteles. En España, acaso necesitemos lo -contrario. Así empezaron Biarritz y Trouville, en Francia. En España -mismo, así empezaron San Sebastián y Zarauz y Deva; así empezaron, -más cercanos á Madrid, Cercedilla y otros lugares de la Sierra. Los -primeros en acudir pasaron lo suyo; tuvieron, en cambio, el supremo -goce de la virginidad. - -Y como decía un buen señor, que siempre prolongaba su estancia en un -lugar de estos hasta muy entrado el otoño, cuando ya no quedaba nadie -de la colonia veraniega: «Ahora es cuando se está aquí á gusto. Si la -gente no fuera tonta, ahora es cuando debía venir aquí todo el mundo.» - - * * * * * - -Una escritora de entendimiento y de corazón propone que los niños -asistentes á las escuelas públicas tengan al entrar ellos, no sólo -alimento espiritual, sino algo también de ese alimento material, tan -necesario para bien disponer el espíritu; que si tripas llevan pies--y -andamos tan malamente,--también llevan cerebro: y si de la panza sale -la danza, también la enseñanza, si ha de ser provechosa. - -Plausible idea es la del desayuno escolar, y es preciso que no quede en -idea. Es triste cosa que, por amor propio mal entendido ó por temor -á que pueda parecer bombo mutuo ó tacto de codos, nadie patrocine más -ideas que las propias, y así queden perdidas y malogradas las mejores. - -Ese desayuno de los niños pobres debe quedar á cuenta de los niños -ricos, y las madres que enseñan á rezar á sus hijos, deben hacerles -comprender que por algo en el Padrenuestro no se dice: «El pan mío -de cada día», sino «el pan nuestro». ¿Qué menos puede comprender ese -plural que el pan de todos los niños? ¿Qué almas pueden unirse mejor en -ese acto de compartir el pan, que siendo de comunión cristiana, lo es -también de solidaridad social? - - * * * * * - -Lances de veraneo: Un tenorio de playa, locamente enamorado de una -bella compañera de hospedaje, la persigue día y noche dispuesto á -todo. Un día, por fin, acompañándola desde la calle, se entra decidido -hasta el mismo cuarto de la señora, que protesta muy indignada. El, -sin oirla, se entrega á los transportes más apasionados. La dama le -rechaza con toda su fuerza: «¡Está usted loco! ¿Qué hace usted? ¿Quiere -usted que grite? ¡Qué atrevimiento! Y... ¿á que no ha echado usted el -pestillo?» - - - - -XXV - - -Que si Francia, que si Alemania... Cuando aun saboreamos las -delicias del _ménage à trois_, anglo-franco-español, concertado en -la Conferencia de Algeciras, á la ligera, de pasada y como para que -nadie haga caso, como puede decirse en estas notas por quien no tiene -autoridad, me permití decir que el sentido común más rudimentario -aconsejaba la alianza con Alemania, como más conveniente á los -intereses españoles. De modo que no se dirá que me apasiono por -Francia. Ahora, cuando veo que el apasionamiento por Alemania llega -hasta desconocer y negar todo valor positivo á la cultura francesa, -creo que, por lo menos, debemos acordarnos de que lo que sabemos de -Alemania lo sabemos por Francia. Con todos sus defectos y su influencia -más ó menos funesta en nuestra política, en nuestras costumbres, en -nuestro arte--y tal vez el pro contrapesara la contra,--todavía -podíamos imitarla en mucho, que nos sería muy conveniente. Por ejemplo: -en su patriotismo, no limitado al aspecto bélico. Bien haremos al no -confundir en nuestra admiración á un Cousin con un Kant, á Corneille -con Shakespeare; pero, ¿no es altamente plausible y no debiéramos -imitar nosotros ese laudable afán de los franceses por elevar sus -glorias y presentarlas rodeadas de todo respeto á la consideración de -los extraños? Cierto que es más ocasionada al ridículo la exagerada -admiración, y nosotros somos un pueblo serio, que, por salvarnos del -ridículo, caemos en la odiosidad de rebajar y denigrarlo todo. - -La compañía de la Opera Cómica, de París, con su director, M. Carré, -y su esposa, la espiritual artista Margarita Carré, han ido á Buenos -Aires á dar unas representaciones de ópera francesa. Los periódicos -hablan del valor, en sus dos acepciones, _courage et valeur_, de -los artistas expedicionarios, de su abnegación al marchar á lejanas -tierras á predicar la buena nueva del arte musical francés; el público -se dispone á recibir en triunfo á la gentil Margarita Carré y á su -esposo... Lo mismo que aquí. María Guerrero, Rosario Pino, han hecho en -América, por nuestro arte y por nuestro buen nombre, más que todos los -embajadores y diplomáticos. A su vuelta nos contentamos con contarles -el dinero; á la ida... no falta quien envíe un extracto ó crónica -desacreditándolas. No digamos si el que viaja es algún escritor: ya -nos encargamos de prepararle desde aquí el terreno, y cuando llega, va -precedido de cartas particulares y artículos de muy buena firma, que -vienen á decir en substancia: «Ahí les mandamos á ustedes ese pendejo, -á quien aquí no admira nadie ni nadie toma en serio; suponemos que -ustedes tampoco. ¡Ah! cuidado con los cubiertos». Lo mismo que enviaron -los franceses á Clemenceau y á Anatole France; lo mismo que envían al -más insignificante de sus cómicos ó cantantes. Aquí nos reimos mucho -de esas cosas; pero con esas cosas pueden atreverse á escribir: «La -Argentina, hija de Francia», y con razón se indigna Mariano de Cávia, -y con razón no se indigna sólo con el autor de la fanfarronada, sino -también con los que desde aquí, por su desidia, la hicieron posible. - -Entretanto, que si Francia, que si Alemania. Y ¿nadie se acuerda de -Italia, que es la verdadera madre de todos los cerebros latinos? - -Y no sólo de los latinos, sino de toda la cultura europea. - -¿No debemos á Italia lo mejor de nuestro arte? ¿Nuestros poetas, -nuestros novelistas, nuestros pintores? ¿No están Velázquez, Ribera, el -Greco, en los pintores venecianos? ¿No está Murillo en Rafael? ¿No está -Cervantes en _Bocaccio_ y el Ariosto? ¿No está Calderón en Dante? Y ¿no -está toda Italia en Lope de Vega? - -Allá que la sombra negra del Vaticano se interponga entre las -relaciones oficiales de los dos pueblos más hermanos en carácter, en -glorias y hasta en desdichas: los demás no debemos ser ingratos ni -olvidadizos. Aceptada la clasificación de pueblos latinos, si todos son -hermanos, sólo Italia es madre de todos, y, sobre todos, gloriosa. - - * * * * * - -La cuestión de las «capeas» ocasiona muchos disgustos en este año por -esos pueblos de nuestros pecados. Mayores disgustos, pues que, con -desigual injusticia, mientras en este pueblo se prohibe la «capea», se -permite en el de al lado, sin duda por disfrutar de mayor influencia -cerca de los gobernadores. Mientras aquí se hace la ley gorda, dos -leguas más allá se hila muy delgado. Sabido es que nada irrita tanto -como estas diferencias y distinciones. Entretanto, llueven multas sobre -muchos infelices alcaldes, á quien se quiere exigir que se impongan á -todo un pueblo con tres números de la Guardia civil; bastantes menos de -los que se envía en día de elecciones, cuando hay que poner miedo en -los electores de oposición. - -Gobernadores que, cuando presiden una corrida de toros en su diócesis, -pasan por cuanto les pide el público, aun sin razón, en el natural -deseo de evitar conflictos, quieren que estos pobres alcaldes, sin -fuerza material, y con poca autoridad moral, se basten y se sobren para -prohibir las «capeas». No saben los gobernadores que el conflicto -sería mayor para ellos si los alcaldes se obstinaran en prohibirlas á -raja tabla. - -Además, donde se paga á los maestros como aquí se les paga, ¿hay -derecho á prohibir «las capeas»? De unas cosas provienen las otras, y -cuando se quiere educar á un pueblo, hay que empezar por el principio. - - * * * * * - -Otra de las especialidades del veraneo es, al derramarse por las -varias regiones de España, los agricultores, que pudiéramos llamar de -la cátedra; cuerdos en casa ajena que pretenden saber más que el loco -en la propia.--Aquí tienen ustedes una riqueza sin explotar... Si se -sirvieran ustedes de máquinas... - ---Como no las despeñáramos por esos cerros--piensa el labrador -socarrón.--Aquí tienen ustedes una riqueza en fruta. ¿Qué hacen -ustedes con ella?--Nos la comemos.--¿Por qué no la exportan ustedes á -Inglaterra?--Pues, ¡qué sé yo! - ---¡Qué país éste! ¿Ustedes saben lo que pagarían por esta fruta en -Londres? - -El agricultor de gabinete, á los pocos días de regresar á la corte, -recibe, muy bien acondicionado, un cajón de aquella riquísima fruta; la -mitad llega para tirarla, y el viaje no ha sido muy largo. ¿No es ésta -la mejor contestación á todos estos que quieren saber de la tierra y -de sus productos más que sus cultivadores, que no se chupan el dedo, -aunque otra cosa parezca, y saben muy bien dónde les aprieta el zapato? - -Sí, algo hay que hacer por esos campos de España; pero ni es tanto ni -lo que creen muchos que todo lo aprendieron en los libros. A la mayor -parte de los campesinos, cuando van á enseñarles algo, ya están ellos -de vuelta, y el viaje no ha sido muy fructífero. Y lo que dicen ellos: -De consejos, la mitad en dinero. - - - - -XXVI - - -Tan sobresaltados nos han tenido durante todo el verano con amenazas de -conflagraciones europeas, cólera, disturbios interiores; tanto nos han -gritado «¡el lobo, el lobo!», que cuando el lobo ha venido, en efecto, -casi estábamos curados de espanto; y la verdad es que la intranquilidad -de los espíritus no corresponde á lo crítico de las circunstancias. No -parece sino que no fuera nada con nosotros. El ilustre político que -consideró á España incorregible é ingobernable porque había perdido -el pulso, hallaría ahora nuevas razones para reforzar su diagnóstico. -No creo yo que hayamos perdido el pulso; lo que sucede es que no se -nos altera por nada. ¡Nos hemos visto con el agua al cuello tantas -veces! Sólo una gran catástrofe nacional, como la cogida de un torero, -es capaz ya de conmovernos y alterar el ritmo normal de nuestras -pulsaciones. Menos mal; si fuéramos á emocionarnos por todo lo que -vale la pena, estaríamos enfermos del corazón todos los españoles. Y -¿para qué hay una Providencia allá arriba y un Gobierno aquí abajo? - -Pero los ricos son egoístas; ellos se toman sus vacaciones del veraneo -y se molestan porque los pobres se declaren en huelga, que es, salvo -enfermedad ó paro forzoso, su único modo de tener vacaciones. Con la -diferencia de que no son tan divertidas como las de los ricos; porque -las Cajas de resistencia no dan para tanto como las Cajas de los Bancos -y las rentas de casas y tierras. ¡Ah! Si los pobres tuvieran algún -dinero para jugárselo en algún Casino mientras dura la huelga, nadie -tendría que decir nada de ellos. Sería gente que se divierte; la gente -que se divierte, no perturba. Pero ¿á quién se le ocurre holgar sin -dinero? Peor todavía: á costa del dinero de los demás. ¿No piensan esos -obreros que sus días de huelga significan tal vez el automóvil, la -partida de «bac» del señor que veranea tranquilamente? Pues bueno sería -que lo pensaran, que eso de no pensar más que en sí mismos se queda -también para los ricos. Bueno es que ellos no piensen que su automóvil, -y su «bac», y sus «cocottes» significan el pan que falta muchos días -en muchas mesas; porque si lo pensaran no se divertirían tanto, y -conviene que los ricos se diviertan para que los pobres vivan. Cuando -se han pagado seis reales ó dos pesetas por el trabajo de un hombre en -todo un día, bien puede uno jugarse 1.000 pesetas á una carta, con la -conciencia tranquila, y pedir energía á los Gobiernos para reprimir -cualquier desorden, y espantarse de que haya quien hable todavía de -problemas y cuestiones sociales. - - * * * * * - -Una millonaria americana ha celebrado en París el segundo cumpleaños -de un lindo perrillo de su pertenencia con una original y espléndida -fiesta. Invitó á todos los perros y perras de sus amigas, que acudieron -acompañados de sus distinguidas amitas, naturalmente. Hubo verdadera -competencia en el atavío de los perros: collares y pulseras con -piedras preciosas, golas de magníficos encajes, mantas de fantasía, -pañuelitos bordados. El héroe de la fiesta lucía un suntuoso manto, -que era llevado graciosamente del pico por un pato blanco que, según -dicen, cometió mil incorrecciones y acabó por tragarse un anillo de -oro y brillantes que dejó caer una de las más espirituales falderas -asistentes á la reunión. Se sirvió un delicado agasajo, y las revistas -no dicen si se bailó ó se hizo música, ni si las alfombras y cortinajes -ó las faldas de las amitas padecieron graves ultrajes. Tampoco dicen si -el _flirt_ se contuvo en límites decorosos ó hubo que lamentar algunas -expansiones de dudoso gusto. Se supone que, siendo todos los perritos -de buena casa y educados por señoras tan distinguidas, la reunión -tendría el mejor tono. De seguro que no se mordieron unos á otros como -sus señoras y dueñas, que saldrían encantadas de la fiesta. Sería -interesante saber lo que pensaron los perros, y más interesante saber -lo que dijeron los criados de la casa. De los maridos y los hijos de -las señoras, no se sabe nada. - - * * * * * - -No se dirá que nos descuidamos en los preparativos para solemnizar el -centenario de Cervantes. El Salón Nacional, nombre ya de suyo sonoro -y significativo, se llamará teatro de Cervantes, y, al anunciar el -cambio de nombre, se anunció primeramente que actuaría en él una buena -compañía dramática; pero después referencias muy autorizadas dan por -seguro que actuará en él una de esas compañías de _varietés_ tan poco -variadas. Era lo único que le faltaba á Cervantes. Con un guiñol iría -mejor servido; siquiera recordaría aquel retablo de Maravillas ó el -famoso de maese Pedro; pero estas _varietés_ á la moderna no sé qué -puedan recordar, como no sean las desdichas que le persiguieron en vida -y no dejaron de perseguirle en muerte, sin la tregua del centenario, -que ya veremos cómo nos lo deparan entre unos y otros. - -Admirable sería que, al engaño del nombre, acudiera algún extranjero -al teatro de Cervantes creyendo hallar el verdadero teatro nacional, ó -poco menos, y se encontrara con su buen garrotín y sus buenas coplitas -en el más puro estilo cervantesco. Triste sería que, sólo por los -artistas y el público, pudiera creerse transportado á lo más triste -de la triste España de Cervantes, y que, viniendo á festejar al autor -del _Quijote_, sólo pudiera admirar al de _Rinconete y Cortadillo_, no -tanto por la certera observación de su tiempo como por la penetrante -visión del porvenir. - - * * * * * - -Los franceses nos pondrán en solfa, y por eso, sin duda, padecen la -obsesión musical de España. De diez ó doce conciertos anunciados -en días pasados, de los que dan en París continuamente las bandas -militares, no había uno solo en que no figurara alguna pieza de -inspiración española. La _España_, de Chabrier; fantasías de _Carmen_; -un Vito; fantasía de _El Cid_, de Massenet; serenata española. Eso sí, -entre tanta música española ni un sólo compositor español. Basta con -que la inspiración sea nuestra; ellos se bastan para instrumentarlo -todo. Lo mismo que en Marruecos, y que en todas partes. Aquí cantamos y -bailamos; ellos instrumentan... y cobran. ¿No ha sido ésta siempre la -suprema habilidad francesa: instrumentar todas las músicas de todo el -mundo? Sólo que hay músicas bravías que se resisten á todo pentagrama y -á toda batuta. Napoleón, aquel gran director de orquesta, lo aprendió -á su costa. Pudo con los pueblos entonces más civilizados y fué á -estrellarse en los que él despreciaba más por incultos. - - - - -XXVII - - -Si para todo Gobierno es siempre desagradable la perturbación del orden -público, es natural que lo sea doblemente para un Gobierno liberal y -democrático. Siendo el primer deber de un Gobierno el sostenimiento del -orden, ¿cómo conciliar las ideas liberales con las medidas necesarias -de previsión y de represión? Según frase de un eminente novelista y -lastimoso republicano, en la vida los hechos van dando de puntapiés á -las ideas. Pero no deja de ser triste cosa, cuando de ideas liberales -se trata, que los hechos brutales puedan despedirlas de tan brutal -manera. - -Convalecientes todavía de un acceso de fiebre, en que, por fortuna, no -todos han perdido la cabeza, aunque bien pudo temerse, no es ocasión de -aquilatar errores y responsabilidades. - -Hay en estos accesos agudos el peligro de que, por atender con premura -á lo sintomático, se desatienda la dolencia esencial. Es indudable -que los vínculos de solidaridad social entre unas clases y otras -están muy relajados. Nadie sabe á qué alta claridad han de llegar las -inteligencias para suplir el calor que falta en los corazones. Hemos -apagado la lumbre antes de encender la luz, y todos vamos á tientas por -la vida; no es extraño que nos tropecemos unos á otros á cada paso. -Se ha destruído mucho y no se ha edificado lo bastante. La voluntad -moderna es negativa. Sabemos muy bien lo que no queremos; nadie sabe de -cierto lo que quiere. - -Sería injusto desconocer, y los más apasionados enemigos y los más -condicionales amigos, que son peores, no podrán negarlo, que el -Gobierno ha salvado con gran cordura, digan otros con gran suerte, las -difíciles circunstancias en que tanto podía pecarse por falta como por -exceso. - -El pueblo de Madrid, tan desconocido, tan calumniado á veces, ha dado -una vez más pruebas de su ánimo sereno y bien templado. Nadie se ha -intimidado. El comercio abrió sus tiendas confiadamente; nadie dejó sus -habituales ocupaciones y esparcimientos. La clase media, sobre todo, -la que bien tendría motivos justificados para ir á la huelga y á la -protesta violenta, puede decirse que ha sido en este caso el muro de -contención contra posibles desbordamientos del motín amenazador, por -una parte, de la represión excesiva, por otra. No olviden la Monarquía -ni sus Gobiernos dónde está su más firme apoyo. ¿Los de abajo? Aun sin -razones sentimentales. ¡Hay tantas razones de conciencia para perdonar -sus errores y sus extravíos! La grey es buena... ¿Los pastores? ¡Pobre -pueblo! ¡La vida es tan dura para él! ¿Cómo culparle si, para soñar y -esperanzarse, prefiere todavía la blandura y dulzor de las mentiras -lisonjeras al áspero y sano amargor de las verdades? ¡Si sólo se le -acercan los que tienen aspiraciones de ídolos y ninguno que tenga -vocación de mártir! ¿Cómo ha de escuchar nunca palabras de verdad? -Hasta la entrada en Jerusalén, entre aclamaciones y palmas, hay muchos -Cristos; hasta la Cruz, sólo hubo uno: El que era todo amor. - - * * * * * - -Bien merecen una especial recompensa los reservistas y licenciados -temporalmente que se han presentado espontáneamente en sus respectivos -Cuerpos, anticipándose á la orden de incorporarse á ellos. - -Merecedores son también del mayor encomio los aristócratas veraneantes, -los próceres ilustres, políticos y financieros, lo más saneado de -nuestras clases conservadoras, que se han apresurado á dejar las -comodidades y el descanso de sus residencias veraniegas para mostrar -á la Monarquía y al Gobierno su lealtad acrisolada. Imponente fué la -manifestación de todos ellos realizada en Madrid, pareciendo en los -sitios de mayor peligro, ofreciéndose con sus servidores y empleados á -defender y sostener el orden. No podían hacer menos por la Monarquía -los que tanto hicieron por la Religión en los días del Congreso -Eucarístico. Sólo los impedidos y achacosos se han limitado á enviar -sus adhesiones por escrito. Y, aun á éstos, habría que oirles en -la terraza del Casino de Biarritz y en otros puntos del extranjero -abominar de los viles afrancesados, que se aprovechan de los momentos -difíciles para perturbar el orden y traer graves complicaciones sobre -España. - -Admirable ha sido su conducta, y razón es que, después de tan -significativo acto de presencia, vuelvan á reanudar sus vacaciones, -interrumpidas hasta que llegue el invierno y, con él, ocasiones en que -lucir más tranquilamente Toisones, bandas y cruces, que tan bien saben -ostentarse en los momentos de peligro como en las ceremonias pacíficas. - -La Monarquía y los Gobiernos deben tener muy en cuenta la actitud de -estas clases privilegiadas, que aun no han hallado por aquí su Lloyd -George como en Inglaterra. - - * * * * * - -Y nada más. De todo ello el Gobierno del Sr. Canalejas ha salido -incólume, cuando sus mejores enemigos y sus peores amigos esperaban -que saldría muy quebrantado. Algo que importa más ha salido también -incólume: la vitalidad de esta España nuestra, más resistente con su -apariencia de debilidad que muchos organismos de robustez engañosa. - -Y á este nuestro Madrid bien puede perdonársele su femenina debilidad -por algún torero, en gracia de su masculina serenidad ante un -espectáculo en que la mayor prueba de cordura era permanecer impasibles -como espectadores; único medio de que no se hicieran locuras en el -redondel, que, por fortuna, en esta ocasión ha sido todo olivo, -considerado como símbolo de la Paz, para los bien intencionados. En -su sentido taurino; para los que gritando ¡al toro, al toro!, no se -contentan con quedarse entre barreras, sino que se suben al palco de -la presidencia apenas suenan los clarines y, de paso que se ponen en -seguro, le piden algún favorcillo al presidente, mientras los incautos -lidiadores, jaleados por estos capitanes Araña, se juegan la vida en el -ruedo. - - - - -XXVIII - - -Gran revuelo en París. Cuestión de faldas: faldas de bailarina. Osados -reformadores tratan de suprimir en el cuerpo de baile de la Gran -Opera, el «tutú» ó sea la tradicional faldilla de las bailarinas. -Dicen que es inverosímil--¡miren ustedes dónde demonios van á buscar -la verosimilitud!--que en un baile de campesinos, ó de griegos, ó de -romanos, se presenten las danzarinas con ese traje, sin época y sin -estilo, que es sólo de bailarina, por unos de esos convencionalismos -teatrales que, si bien se mira, ¡ay!, son todo el teatro. Hay quien, -dejando á un lado la propiedad escénica, que nada importa cuando se -trata de admirar bellezas femeninas, protesta contra el «tutú», en -nombre de la Estética. Dicen que el «tutú» destruye la armonía de -líneas. ¡Picarones! - -En seguida han levantado partido, de una parte, los tradicionalistas; -de otra, los innovadores. Entre las mismas interesadas, las hay que -están por las faldillas; las hay que están por las líneas. Las madres, -corporación respetabilísima en el cuerpo de baile, inmortalizadas por -Halevy en su _Madame Cardinal_, con su experiencia de madres, están -por la falda: saben cuánto importa reservar alguna sorpresa para los -momentos definitivos. La juventud, con sus impaciencias á la moderna, -está por la línea. Saben que, como en Geometría la línea recta, en Amor -la curva es la distancia más corta entre el escenario y el hotelito de -sus sueños. - -Hay también un partido intermedio: el partido templado de un -transigente eclecticismo. Adóptese la innovación para las óperas y -bailes modernos, y respétese la tradición para los del antiguo régimen. -Hay tal vez abonados viejos, «fetichistas» de amor, para quien el -«tutú» es toda la bailarina. Sería una crueldad privarles de la prenda -sugestiva y evocadora. - -Hay también un partido revolucionario y avanzado que, no sólo pide -la supresión de los tules y gasas, sino la supresión de las mallas, -que, si no destruyen, ocultan las líneas. Dicen que siendo el baile -exhibición de la belleza corporal femenina, ritmo plástico de formas -y actitudes, tapar las formas de una bailarina es como tapar la boca -á un cantante. Estos señores quieren que les canten á toda voz, y que -les bailen... aquí no puede decirse á todo trapo; al contrario: ¡fuera -trapitos! - -Para comprender lo que esta cuestión interesa en París, es preciso -saber lo que significa el cuerpo de baile de la Gran Opera, que es -toda una institución nacional. Wágner tuvo que sucumbir ante su -tiranía, amenizando _Tannhauser_ con un bailecito, pues de otro modo -no se hubiera representado nunca. Verdi, en todo el esplendor de su -gloria, tuvo que intercalar también unas danzas en su _Otelo_ cuando -fué representado en la Gran Opera. Hasta el _Don Juan_, de Mozart, se -ameniza con un añadido bailable, para el cual se aplica uno de los -minués del mismo divino maestro, y la marcha turca, que cae en el _Don -Juan_ como el calañé en la cabeza de Dulcinea--véase la ópera de -Massenet _Don Quichote_, cuya representación en Madrid demandan algunos -cervantófilos.--Buena obra para inaugurar el nuevo teatro de Cervantes, -para que al «Inri» no le falte letra... ni música. - - * * * * * - -Ahora que se agita la idea--en España se agitan mucho las ideas, -por eso llegan las pobres tan cansadas cuando hay que ponerlas en -práctica--de fomentar el turismo por los medios más adecuados, -no sería malo convocar una Asamblea de veraneantes ó abrir una -información pública para que expusieran sus observaciones, sus agrados -y sus quejas. De este modo, podría trazarse algo así como un mapa -hospitalario de España, que podría ser muy útil para los turistas. - -¡Hay que oir á muchos de los que regresan! Claro es que muchas veces -el espectáculo está en el espectador y el viaje en el viajero. Los que -buscan pueblecillos ignorados y tranquilos para su descanso, vuelven -encantados. ¡Qué amabilidad y dulzura en el trato de los campesinos! -¡Qué sencillez! ¡Qué arte para adulterar los alimentos y encarecer los -precios, para que el veraneante no eche de menos las comodidades de -Madrid! ¡Qué modo de amenizar la vida al forastero! Eso sí; el paisaje -y el aire sano del campo compensan de todo. Salvo que el paisaje está -todo acotado, para consuelo de los que no quieren terrenos baldíos, y -no hay por dónde pasear ni por dónde asomarse al campo; salvo que el -aire huele á paja quemada ó á carroña de animales muertos que se pudren -al aire libre; salvo que los niños, que fueron de Madrid tan sanos, -atrapan la tos ferina ó el sarampión, ó unas calenturas, gracias á la -higiene de esos admirables lugares, reino eterno de Herodes. - -¡Oh, el campo, los pueblecitos! ¡Qué bien se vive en ellos con una -casa á estilo de Madrid, con criados de Madrid, haciéndose llevar los -alimentos de Madrid, con periódicos de Madrid, amigos de Madrid y mucha -agua de Colonia... de cualquier parte! - -Los más exaltados africanistas debieran emprender frecuentes -exploraciones por muchos de estos lugares. Tal vez á la vuelta se -hubiera enturbiado su fervor de civilizadores y conquistadores de -tierras extrañas. ¡Pues no hay poco que civilizar y que conquistar -sin salir de casa! Y no vale decir que para eso siempre hay tiempo, y -para eso los tenemos cerca. Precisamente porque están cerca es posible -que, si no los conquistamos pronto, nos conquisten ellos. Y que, á los -bárbaros de fuera, se les ve venir; pero los de casa, no han avisado y -ya están encima. Todo será que el hambre apriete un día demasiado. Así -como así, con los remedios que proponen algunos economistas, dignos -de los mejores tiempos de la Edad Media... Proteccionismo y cierre -de puertas. Es el mejor remedio. Bien decía D. Juan Valera que la -Humanidad estaba empezando á vivir. - - - - -XXIX - - -El malestar ocasionado por la carestía de la vida es universal. Las -gentes andan mal humoradas, y el mal humor se traduce en motines, -huelgas y disturbios, con cualquier pretexto, que, no pareciendo -suficiente á los que no quieren enterarse de la verdadera causa, les -hace pensar en el oro extranjero, en traidores y agitadores extraños. -Aquí pensamos en el afrancesado, como en tiempos de la invasión -napoleónica.--Todo esto es como pensar en polvos misteriosos que -envenenan las aguas, en tiempo de mortífera epidemia. - -Claro es que, muchas veces, los mismos que protestan y se enfurecen, -no se dan cuenta de la verdadera causa de sus furores. ¡Pesan sobre -el dinero y sobre las necesidades materiales tantos anatemas poéticos -y románticos, que á todos nos da cierta vergüenza confesar, cuando -andamos tristes y cariacontecidos, que la causa primordial es la falta -de metales preciosos y precisos! ¡Hay tanta pasión de ánimo y tanta -neurastenia que se curaría con unos cuantos billetes de mil pesetas! Y -¡hay tanto socialismo, tanto republicanismo y tanto idealismo que se -curaría del mismo modo! - -Los médicos y los gobernantes, para acertar en sus diagnósticos, han de -ser algo materialistas. El estado financiero del paciente, individuo ó -pueblo, es de gran importancia para diagnosticar y recetar con acierto. -Hay tristezas que parecen, y así lo asegura el enfermo, de lo más -espiritual del mundo; y con buena alimentación, diversiones y algún -dinero, desaparecen en cuatro días, sin dejar señales. No hay más que -comparar lo que dura un duelo en una casa donde la familia queda muy -bien, con lo que dura donde, como suele decirse, el difunto se llevó la -llave de la despensa. - -Yo estimo en mucho á esas buenas señoras, serviciales y conocedoras del -corazón humano, que, en las grandes catástrofes familiares, se dedican -á ofrecer y servir tazas de caldo, vasos de leche y yemas de huevo. - -Este sistema, aplicado al gobierno de los pueblos, produciría los -mejores efectos. ¿Que los pueblos se agitan y se inquietan por alguna -idea política? Leyes económicas, de lo más grosero y materialista: la -taza de caldo, el vasito de leche y las yemitas de huevos.--Llore usted -lo que quiera, pero hay que tener fuerzas.--Así dicen esas señoras -solícitas que, por haber asistido á muchos duelos de familia, saben el -modo de curar desmayos y síncopes de viudas y huérfanas. ¡Al estómago, -al estómago! No hay que tomar el corazón muy en serio, ni en los -pueblos ni en los individuos. - - * * * * * - -Hasta ahora, el público del teatro de Apolo era el que ofrecía mayor -resistencia á dejarse emocionar por la pura emoción artística. Los -mejores éxitos literarios obtenidos por algunas obras en aquel teatro -fueron logrados á punta de chiste. Presentarse allí á cuerpo limpio era -empresa arriesgada. Sinesio Delgado es testigo de mayor excepción. El -éxito de _Lirio entre espinas_ ¿será sólo un acierto de una obra y de -un autor?, ó ¿será también un acierto del público? Mucho habría que -celebrar lo primero; lo segundo, doblemente. - -Una de las grandes ventajas de los teatrillos y salones en que se -cultiva el género llamado _varietés_, es haber sido un derivativo para -que cierto público no busque en teatros donde debe cultivarse otro -género, lo que en esos salones puede encontrar en abundancia. - -Bueno es que se deslinde el campo. A un lado, el teatro; á otro, el -escaparate. Que cada cual sepa dónde debe ir y dónde no, á satisfacer -sus gustos y sus aficiones. - -Hasta ahora, el arte y la literatura habían sido para esos teatros -lirio entre espinas. - -Esperemos que, en adelante, aunque no todo sean lirios, todas sean -flores. - - * * * * * - -Con los comienzos de la temporada teatral anuncia su alegre entrada en -Madrid el invierno de los dichosos. - -Como en las procesiones españolas, Dios grande y Dios chico, hay -siempre dos estaciones en cada estación del año. Una, para los que -tienen sus diversiones distintas en cada una; otra, para los que pasan -los mismos apuros en todas ellas. - -En unas casas se piensa ahora en el abono á los teatros, en bailes y -fiestas, en las nuevas noches de invierno, en alfombras y pieles. En -otras se piensa en la falta de trabajo, en la pobre ropa empeñada. - -El invierno acusa, como ninguna otra estación, lo terrible de las -desigualdades sociales. - -El hielo que endurece la tierra y dificulta al pobre labrador sus -labores, sirve para que los ricos patinen sobre él, bien aforrados -en pieles. Por si el hielo natural falta para su diversión, tienen -patinaderos de hielo artificial. - -La industria de los hombres no se ha cuidado tanto de aliviar males al -pobre como de aumentar goces al rico. Verdad es que los pobres pagan -mal y agradecen peor. - -Por eso nadie trabaja para ellos; ni ellos mismos. Todas las -comodidades, todo el lujo, todo lo que embellece y alegra la vida, -pasa por sus manos sin dejar rastro de bienestar, de belleza ni de -alegría. En sus manos todo es trabajo, pena y miseria. - - - - -XXX - - -¡Buenas reprimendas se está ganando Italia, de la parte de las señoras -mayores, por querer ella jugar también á la señora mayor y hacer de -gran potencia! ¡Como si fuéramos todos unos, frailes y tamborileros! - -¡Tendría que ver! Cuando las grandes andan con mil remilgos y -miramientos por no tropezarse ni ofenderse, que una loquilla viniera á -enredarlas á todas. - -Están Francia y Alemania, muy señoras y muy reverendas, nota va, nota -viene, hasta aquí cedo y de aquí no paso, por si pueden evitarse el -venir á las manos, que las dos tienen muy ocupadas, y se le ocurre á la -señorita sin juicio de las tarantelas echarse de conquista y de bulla -por esos mares. - -Las grandes señoras, acostumbradas á ponerse el mundo por montera, -dicen, escandalizadas ante la empresa de Trípoli, que esas no son -formas entre naciones decentes y que de quién las habrá aprendido -Italia. - ---Ella no tiene posición para eso--como decía una aristócrata, -censurando á una burguesa que se permitía tener amantes. - -El que tiene posición puede permitírselo todo en este mundo. Pero el -que no la tiene ¿cómo llega á tenerla? ¿Cómo van á llegar los pequeños -á grandes, si los grandes tienen monopolizados todos los medios de -engrandecerse?: el atraco, el despojo, la estafa; los medios más -usuales entre naciones decentes y civilizadas. - - * * * * * - -Peligroso, peligrosísimo juego, que no aconsejaríamos á ningún -Gobierno, es el de ilusionar y desilusionar de un día á otro. - -Contra su certero instinto de gato escaldado, el pueblo español está -como quien quiere creer, si no cree; en las mejores disposiciones -para terminar en creyente. No pide milagros, pero... ¡si se los -cuentan! Casi, casi, se dará por contento con volver de la aventura, -como el gitano tuerto, por lo menos con el ojo que le quedaba sano. -No pretendamos ponerle vendas en los ojos, que la verdadera fe no -se falsifica con nada; y no hagamos que, por querer infundírsela -con milagrerías, acabe por no creer ni en los milagreros ni en los -verdaderos apóstoles. Hasta ahora sólo cree en los mártires. - - * * * * * - -La Biblioteca Nacional era una institución intangible é inviolable. Un -distinguido escritor se lamentaba días pasados de que nadie sostuviera -una campaña contra esa plaza fuerte. Sólo algunos artículos en broma y -algunas quejas tenues. - -Las bromas no sientan mal, y, por desgracia, es más fácil llamar la -atención sobre un asunto echándolo á broma que tomándolo en serio. -Las quejas... ¡Caramba! ¡Cualquiera se atreve á insistir! Apenas se -atreve uno á protestar contra una deficiencia, un descuido, salen -como energúmenos unos cuantos señores, clamando que todo ello es -ganas de molestar, que la Biblioteca es una perfección y no hay nada -que mejorar ni que corregir en ella ni en sus servicios. ¡Admirable -institución que ha llegado á ese punto en que ya nada puede mejorarse! - -Cuidado que en esas quejas nada iba contra el respetable Cuerpo de -Archiveros y Bibliotecarios; al contrario; más se procuraba que se les -aliviara en trabajo y se les aumentara el sueldo. Pero nada, ni aun así -agradecen las quejas. - -En cuanto á los señores de la casa, los eruditos y bibliófilos del -santo y seña, esos ya es sabido que son como los devotos beatones: -parroquianos fieles de una iglesia, les molesta cualquier extraño que -venga á turbarles en sus oraciones. Dicen que para cuatro golfos que -van á la Biblioteca á destrozar los libros... Yo tengo la seguridad de -que peligra más un libro en manos de un bibliófilo, rata de biblioteca, -que en manos de un golfo. La verdad, no veo á un golfo arrancando hojas -de un libro, para ahorrarse el trabajo de copiarlas ó para evitar que -otro las copie. Además, cuanto mayor sea el número de golfos que acuda -á la Biblioteca, menor será el peligro de que manchen ó estropeen los -libros. Cuantos más sean los que pueden verse unos á otros, más cuidado -tendrán de que alguno pudiera delatarlos en su vandálica tarea. Sabido -es que en París estaba más seguro el Museo del Louvre cuando, por ser -gratuita la entrada, acudían numerosos golfos, que cuando, por costar -dinero, apenas si acudían más que los extranjeros y provincianos. En -los tiempos de la entrada libre y popular no hubo ningún robo. Acaso -hubiera sido imposible el de _La Gioconda_ con el sistema de la puerta -franca. Del mismo modo, facilitando la asistencia de numeroso público -á las bibliotecas, serán más difíciles esos actos de destrucción y de -mala crianza. El público es el mejor vigilante del público. Y aunque se -destrocen algunos volúmenes... Todos hemos aprendido á leer ensuciando -y rompiendo libros; si por eso no hubieran vuelto á poner un libro en -nuestras manos, ni hubiéramos aprendido á leer... y ¡pobre libro el que -hubiera caído después en poder nuestro! Siempre hubiera sido el enemigo -odioso. - -La Biblioteca popular puede servir para todo esto: para que se -desahogue el odio al libro, rompiendo y ensuciando unos cuantos; y -después... para que se le vaya perdiendo el miedo, y, por fin, para que -se le vaya tomando cariño. - - - - -XXXI - - -La buena obra del desayuno escolar, de las cantinas escolares, está en -buenas manos, y es seguro que se salvará del infructuoso destino de ir -á estrellar el cielo.--¿Por qué ha de decirse empedrar el infierno, -cuando de buenas intenciones se trate?--Ninguna buena intención se -pierde, aunque no pase de la intención. Toda simiente espiritual -fructifica, más tarde ó más temprano, en la realidad práctica. - -Si fueran graves y sesudos varones los encargados de llevar á cabo el -buen propósito, no habría que fiar mucho en su realización. Todo se -perdería en discusiones, Memorias y nombramiento de cargos. Las señoras -son más expeditivas en todas sus resoluciones, discuten andando; sus -discusiones no son por discursos en severas sesiones, sino por réplicas -animadas y vivas en charla amistosa. Las señoras son únicas también -en el manejo y dominio de las cifras. Mientras los hombres necesitan -servirse de la tabla de logaritmos para averiguar el precio de las -patatas, con todo rigor científico, las señoras, por los dedos muchas -veces, calculan y resuelven los problemas más dificultosos mejor que -Inaudi. - -No quisiera yo actuar solamente de jaleador y tocador de palmas en -empresa tan loable. Desde ahora me ofrezco á las distinguidas señoras -para cuanto crean que pueda serles mi cooperación de alguna eficacia. - -Muy explotado está el teatro y cuanto con él se relaciona, para -pensar en recargarle con un nuevo tributo. Algo queda todavía sin -explotar, que bien pudiera explotarse en beneficio de tan buena -obra. Los gorrones y los _pelmazos_. ¿Por qué no ha de cobrarse un -impuesto de caridad sobre los vales? El que asiste gratuitamente á -un espectáculo, con mayor razón debe pagar ese impuesto. Son muchos -también los aficionados á curiosear en lecturas, ensayos, sobre todo en -los generales. ¿No estaría muy en razón también que pagaran con algo -las primicias y el fisgoneo? En todo lo de este mundo--¿no es verdad, -viejos verdes?--las primicias es lo que más se paga. Sólo en el teatro -son gratuitas. - -Por mi parte, y desde ahora, fuera de los precisos operarios, como dice -el cartel de las corridas de toros, á todo curioso, fisgón, _pelmazo_ -ó buen amigo que asista al ensayo de una obra mía, le sablearé sin -consideración alguna y pondré á disposición de las damas lo recaudado. -¿Que entonces no habrá curiosos? Por lo pronto, eso iremos ganando. - -De cualquier modo, bueno sería que las empresas y los autores se -pusieran de acuerdo para explotar á todo _pelmazo_.--Entiéndase lo de -_pelmazo_ en el mejor sentido de la palabra.--Cada cual puede aplicar -este ingreso, que al cabo del año sería importante, á la obra meritoria -más de su agrado y de su simpatía. - -También pueden rendir un tributo los ejemplares regalados, las tarjetas -postales firmadas y demás molestias hasta ahora gratuitas y, por lo -regular, poco agradecidas. - -Los tiempos son prácticos, pero como los escritores y artistas hemos -convenido que no está bien serlo en provecho propio, sigamos siendo -desprendidos y generosos; pero ya que hemos de padecer tanta _lata_ por -amor al Arte, que nos sirva á lo menos de satisfacción padecerla en -provecho de alguna obra de caridad. - - * * * * * - -En los salones de variedades se inicia un renacimiento nacional. -Hasta ahora las canciones eran imitación ó traslado de _couplets_ -extranjeros. Hoy se cantan canciones españolas, antiguas y modernas; -las artistas se tocan con la mantilla blanca, gran peineta y -claveles--también se tocan de otras mil maneras; pero quédese esto de -jugar del vocablo para sus intencionadas canciones.--Renace también el -baile clásico español: fandango, bolero y panaderos; hay trajes del -siglo XVIII y bailarinas de la misma época. ¡Ese siglo XVIII, el más -afrancesado, que muchos tienen por el prototipo de lo castizo! ¿No hay -quien tiene á Goya por el más español de nuestros pintores? A Goya, que -unas veces pintó como los ingleses, otra como los franceses, y cuando -pintó á su manera pintó de muy mala manera. - -Verdad es que yo he leído en papeles de la época cómo se censuraban los -sainetes de D. Ramón de la Cruz, como género á la francesa. - -También creo que en este españolismo de bailarinas y cantadoras hay más -de afrancesamiento que de españolismo. La prueba es que cuando vienen -más españolas es cuando vienen de París. Y es que, ante la niveladora -civilización, lo castizo va emigrando de unos pueblos á otros, como -curiosidad de exportación. Dentro de poco será lo más difícil, para -los curiosos de costumbres pintorescas y características, saber dónde -han de hallar las de cada pueblo, porque lo más italiano estará en la -Argentina, lo más americano en París, lo más francés en Nueva York, lo -español, en Rusia, y lo ruso, en China. En Arte sucederá lo mismo: el -del Norte habrá pasado al Mediodía, y viceversa. Los europeos pintarán -como los japoneses, y los japoneses como los europeos. Habrá corridas -de toros en Londres y boxeo en Sevilla. En Alemania no gustarán -más óperas que las italianas, y en Italia, las de Wágner y Strauss. -En Madrid se representarán operetas vienesas, y en Viena, zarzuelas -españolas. Los pueblos juegan á las cuatro esquinas, y cuando alguien -pide un poco de casticismo, en todas partes le dicen:--Por allí -rebulle.--El cosmopolitismo es ya castizo en todas partes; lo castizo -se ha hecho cosmopolita. - - - - -XXXII - - -Muy doloroso es ver renovarse á cada paso de nuestra historia la negra -leyenda de las torturas inquisitoriales. Pero hay que confesar, por muy -triste que sea, que no hay leyenda ni calumnia sin fundamento. Cuando -se ha pecado mucho, son necesarias muchas y muy seguras pruebas de -virtud, hasta llegar á convencer á las gentes de que en verdad hemos -mejorado nuestra vida y costumbres. - -En realidad, sólo nos alarmamos cuando los de fuera nos llaman -la atención sobre estos supuestos actos de crueldad. Pero, en -familia, entre nosotros, todos los días celebramos y alentamos estos -procedimientos, más frecuentes de lo que parece, en actuaciones -procesales, en cárceles, en Juzgados y hasta en Delegaciones. ¿Vale -hacernos los ignorantes, si todo ello es á ciencia y aquiescencia de -todos? ¿Quién no ha oído celebrar, hasta por personas muy cultas, -la oportunidad del empleo de estos procedimientos, sobre todo si de -descubrir y castigar un delito que personalmente le perjudicaba era el -caso? - -Lo que no está bien es que se pretenda culpar á ningún Gobierno, sea -conservador ó liberal, ni hacer cuestión política lo que es cuestión -de educación nacional. No cabe en cabeza humana que ningún Gobierno -español, sobrado advertido ya, ordene, autorice ó consienta semejantes -procedimientos; todo lo contrario. - -Esa negra leyenda está fundamentada en nuestro carácter. Tan es así, -que, siendo España, seguramente, digan lo que quieran historiadores -parciales, el pueblo en que menos se ha perseguido y atormentado por -ideas políticas y religiosas, es, no obstante, el pueblo en que más se -destaca y perdura la triste fama de estas persecuciones y fanatismos. - -Y es que, en otros pueblos, eran los altos poderes los que imponían la -intolerancia y las crueldades, contra la conciencia de los gobernados. -En España, fueron siempre los gobernados los que impusieron á los -gobernantes la crueldad y la intolerancia. Por eso en otras partes, -aunque más terribles en sus efectos, fueron menos permanentes en sus -causas. - -La verdad es que el espíritu de cada español está como amurallado, -y todo lo que está fuera de su recinto, juzgado como extraño é -incomprensible. No simpatizan unos espíritus con otros, porque no -se comprenden, y no se comprenden porque se ignoran. En cada uno -de nosotros hay un pequeño inquisidor por el poder, grande por la -intención. - -¿No oímos decir á cada paso, no habremos dicho todos alguna vez:--Yo, -al que hace esto, al que hace esto otro, al que piensa de este modo, -al que no piensa de esta manera, le mataría?--Mataríamos por todo. La -justicia no nos satisface por completo si no tiene algo de venganza. -Aplaudimos al que venga una injuria por su mano, tenemos por cobarde al -que pide reparación de una ofensa por justicia. - -Con las mujeres, pecamos de afectada retórica galantería en el trato -superficial y, digámoslo así, poético y literario. En el trato -ordinario ¡y tan ordinario! de la vida, somos groseros, brutales, -duros. Para los niños no hay pueblo de menos delicadeza. Para los -animales, no se diga. Y á todas horas, en la vida familiar, en la vida -política, en el teatro, en las plazas de toros, puede observarse esta -dureza de nuestro carácter, esta carencia del sentido de la simpatía y -de la comprensión. - -Ahora mismo, al protestar indignados contra los que vuelven á propalar -la leyenda negra, tal vez decimos:--¡Es para matarlos! - -Aceptemos en penitencia de nuestros pecados esa leyenda, que ya estaría -destruida, si no fuera tan verosímil. Procuremos hacerla imposible, y, -para ello, antes de protestar y de indignarnos, hagamos un buen examen -de conciencia. - - * * * * * - -_El Porvenir Postal_ dedica todo un número á los carteros y peatones, -elevando sentida y razonada exposición á los Poderes públicos, -para que no tarden en mejorar la triste situación de tan humildes y -desatendidos funcionarios. - -Debiera ser obligatorio para todo gobernante un certificado cierto -de haber vivido durante algunos años en algún pueblecillo, de esos -abandonados de Dios y de los hombres. «Quien ve un pueblo, ve un -reino», dícese en Castilla. Y más enseña la observación directa de uno -de esos lugares, que todos los libros de Ciencias sociales y políticas. - -¡El cartero rural, el peatón! ¿Quién piensa en las grandes capitales -lo que sus servicios significan? Con nada están bien pagados. Cuando -se aprecia de cerca su penoso servicio, ¿cómo no llamar la atención -á gritos contra la injusticia, iniquidad en muchos casos, con que se -desatiende á esos modestos héroes? - -Pensando en esto y en muchas cosas más, es cuando se aprecian en todo -su valor las brillantes campañas parlamentarias de republicanos y -socialistas. Pequeñeces son éstas que no merecen fijar su atención. -Es más importante demostrar que Maura es reaccionario y Canalejas -poco liberal. Ser el eterno obstáculo y, como el alcalde famoso de -Valdemorillo, que entraba por el Ayuntamiento diciendo desde la -puerta:--¿De qué se trata? Que yo me opongo,--oponerse á todo y no -oponerse á nada. - -Próxima la discusión de nuevos presupuestos, ¿no habrá quien se acuerde -de los carteros y peatones? - - * * * * * - -La fecunda imaginación de nuestros hacendistas, cuando de arbitrar -nuevos recursos se trata, ya se sabe: al teatro por ellos. Como -en ninguna otra industria ó negocio es tan fácil la investigación -y comprobación de los ingresos, aquí que no peco ni me caliento -la cabeza. Verdad es que los empresarios, actores y autores son -pacientísimos corderos y, por verse unos á otros perjudicados, se -conforman, muy satisfechos, con el perjuicio propio. El precio de las -localidades aumenta, el público se queda en casa ó se va á la sesión -continua del _cine_, y todos tan contentos. - -Entretanto, los grandes caciques y terratenientes seguirán defraudando -á la Hacienda y serán los primeros en decir que el teatro está muy caro -y hay que organizar loterías caseras para esparcimiento de los niños -y de los amiguitos. Porque ya se sabe que, cuando todo está caro, los -únicos que pueden hacer economías son los ricos. - - - - -XXXIII - - -Lamentable es la conducta de los partidos revolucionarios no reparando, -por servir á su causa, en propalar y sostener especies que más -desacreditan á la nación española que á un Gobierno y á determinado -régimen. - -Pero tan lamentable como la conducta de estos partidos, es candorosa -la actitud de aquellos monárquicos que piden lealtad al enemigo en sus -procedimientos de combate. Lo malo en nuestros enemigos es que nos -ataquen de buena manera. El enemigo sólo empieza á ser temible cuando -empieza á tener razón. Si los partidos revolucionarios tuvieran un -programa económico bien estudiado y bien definido; si tuvieran para los -problemas nacionales más soluciones constructoras que destructoras; si -trabajaran por España más que por el triunfo de sus ideas, venga por -donde venga y salga como salga, entonces es cuando serían temibles. -Como son, la Monarquía no puede desear mejores enemigos; ni de encargo. -¡Si parece que trabajan por la causa enemiga más que por su propia -causa! Más han hecho en estos últimos años por la Monarquía los -partidos republicanos y revolucionarios que los Gobiernos y los amigos -del régimen. No es para que éstos estén orgullosos, porque es muy -triste que nuestros aciertos sólo consistan en los desaciertos ajenos. -Más eres tú es una razón que tiene su fuerza por el momento; pero, en -definitiva, el país viene á caer en la cuenta de que, unas veces unos, -otras veces otros, todos tienen sus más y sus menos. - -Se preguntaba en una ocasión á Filipo de Macedonia cómo se vengaría de -alguien que le había calumniado. «Mejorando mis costumbres»--respondió -el rey magnánimo.--De este modo, con su lealtad al servicio de la -Patria, es como deben responder los monárquicos á deslealtades del -enemigo. No hay mejor protesta. Pedir que el enemigo emplee mejores -armas es candidez sin ejemplo. Dejadle, dejadle que siga con ese -viejo armamento de mala ley, que suele dispararse por la culata -y hacer explosión en manos de quien lo maneja torpemente. En la -opinión nacional tal vez pudiera caer la mancha sobre un Gobierno y -sobre el régimen; en la opinión extranjera esas manchas caen sobre -España entera; y esas manchas no se quitan con bencina republicana ni -revolucionaria. - - * * * * * - -Joaquín Dicenta ha presentado al Ayuntamiento de Madrid una razonada -Memoria: Proyecto para construcción de edificios escolares. - -Esta obra que, llevada á la realidad, debiera ser la mejor obra de -quien tantas obras admirables ha escrito, porque es como el resumen -de todas ellas, no ha sido admitida, á lo que parece, por la empresa -á quien estaba destinada. Los hombres de carne y hueso, aunque tengan -también corazón y cerebro, no son tan fáciles de manejar como los -personajes teatrales, creación de nuestra fantasía, aunque materiales -de la realidad los informen. Pero es una realidad sumisa á nuestro -esfuerzo creador. Por lo pronto, los personajes dramáticos viven con -muy poco. Esta otra ilusión de Joaquín Dicenta, que aspiraba á ser -realidad en la práctica, es mucho más costosa. Pero es de esas obras -que el público debe imponer á una empresa, porque el público tiene -derecho á ello. Esa obra no puede ser un fracaso. Y, en todo caso, -nunca sería un fracaso del autor, sino de la empresa que no ha querido -admitirla. - - * * * * * - -Está visto que hay que ponerse machacón para que algunas gentes -entiendan lo que uno quiere decir. Algo que dije referente á Goya ha -indignado á muchos. Muchos también me han expresado su conformidad. -Váyase lo uno por lo otro. No seré yo quien estime la calidad de los -votos. Para mí todos son respetables. A los indignados debo decir: que -soy el primero en admirar á Goya; en lo que no estoy conforme es en -que se le considere como genuino producto de la tierra, representación -la más pura del casticismo. Que hay retratos de Goya que pudiera -firmarlos Reynolds, basta con verlos. ¿Que siempre hay en él un -elemento de raza y mucho de personal? ¿Quién lo duda? Como en todo -artista, por servil imitador que sea. - -Lo que yo quise decir es que eso del casticismo á todo trapo no es una -gracia para celebrada; que en todo tiempo los pueblos han influído -unos sobre otros, y que no hay gran artista en quien, sobre la raza y -la personalidad, no predomine la influencia de una cultura superior á -su tiempo y á su nación. Bueno es ser de la tierra; pero no como la -patata. Arraigue muy hondo nuestro arte; pero tienda á lo alto, al sol -y al cielo, que es de toda la tierra y de todos los hombres. - -Por lo demás, claro está que yo no entiendo una palabra de pintura; -juzgo por sentimiento nada más. Y decir lo que siento podrá ser osadía, -ignorancia, todo lo que se quiera; todo menos «desaprensión», como dice -uno de los indignados. Poca aprensión será decir lo contrario de lo que -se siente, sobre todo si es por alguna consideración interesada. Y -por Goya, pueden ustedes creerme, no tengo antipatía personal ninguna; -todo lo contrario, su persona, su vida, sus obras me son igualmente -simpáticas. Le admiro hasta cuando pintó la alegoría _Salutación al rey -José_, que esa sí que no me negarán los más admiradores del castizo -pintor que está pintada, como sentida, á la francesa. - - - - -XXXIV - - -Nunca he rebatido censuras á mis obras, en lo que á ellas y á mi -persona particularmente se ha referido. Más veces he sido tentado de -rebatir elogios excesivos. Pero cuando se trata de algo que puede ser -de interés general para el público y para otros autores, creo que bien -se puede discutir sin acritud y sin soberbia. - -De _La losa de los sueños_ se ha dicho que era una obra pesimista. -¿Pesimista? ¿Por qué? Cierto que su desenlace no es de esa alegría toda -exterior que suele ser la más apetecida. Pero es de fortaleza y temple -espiritual, es de triunfo sobre el instinto, que, por una satisfacción -pasajera, nos hace olvidarnos de nuestra responsabilidad y de las -consecuencias de nuestra ligereza. ¿Pesimista una obra en que la mujer -que pecó por amor y por confianza, tal vez porque no se creyera que su -desconfianza era cálculo interesado, acepta las consecuencias de su -falta y consagra toda su vida al amor de su hijo? ¿Pesimista una obra -en que el hombre que amaba á esa mujer perdona la falta, ofrece al -hijo y á la madre nombre y cariño, y si no llega á hacerla su esposa -es porque no está seguro de poder librarla de la miseria y del dolor? -Si esto no es idealismo, si esto no es optimismo, confieso que he -perdido la noción de lo que sean. ¡Ah! ¡Los pesimismos con amarguras! -¡Qué distinto hubiera sido el cuadro y el desenlace de la obra sin -falsificar para nada la realidad! Para todas las amarguras y las -tristezas de la obra he tenido modelos vivos; sólo para la bondad y la -grandeza de alma he tenido que poetizar. He respetado la figura de la -madre que no se ensaña en la hija perdida. Un buen amigo me lo decía -antes del estreno: «Con la madre no se ha quedado usted corto». Y, en -efecto. ¡He conocido algunas en ese caso!... - -En cuanto á la tendencia moral de la obra, sólo un periódico, -considerado por la voz pública como inspiración de determinada -institución religiosa, ha puesto graves reparos á su moralidad. Mi -sorpresa ha sido grande, porque he de confesar que, por primera vez -en mi vida, atento á los intereses de la empresa, y deseoso de no -tropezar con esos reparos, antes del estreno sometí la obra al examen -de un docto padre de dicha institución, cuyo nombre no he de revelar, -quien no sólo no halló en ella nada contra la Religión y las buenas -costumbres, sino que la conceptuó como obra de elevada moralidad y -de saludable advertencia y ejemplo. Por lo visto, no reina la mayor -uniformidad de pareceres en la religiosa institución de referencia. - -Deseoso también de no molestar á nadie, ni con la inmoralidad, mi -conciencia estaba tranquila con el visto bueno de tan docto religioso; -pero vi el ambiente tristón de la obra é indiqué á la empresa del -teatro de Lara la conveniencia de que no se representara en los días -de abono aristocrático. Así se dispuso, y sólo á ruego de los mismos -abonados se representó ante el abono, sin la menor protesta. Esto -indica que el censor estaba en lo cierto. Nadie más enemigo que yo de -escandalizar con obras ni con acciones. Nunca defenderé mis obras como -obras literarias, pero sí como obras de moralidad intachable. Si en -alguna hay algo que, en apariencia, puede parecer pecaminoso, no soy yo -quien habla: es algún personaje, de cuya moralidad no soy responsable. -Tengo por costumbre dejar expresarse á los personajes de mis obras -según su carácter y temperamento. Por desgracia, estos malos personajes -son los que hablan más verdad siempre. ¡Sólo Dios y mi conciencia -artística saben lo que hay que mentir cuando se quiere moralizar! - - * * * * * - -La ignorancia de un daño puede ser muy cómoda y muy optimista--aquí -del optimismo;--pero nunca es provechosa. Tal vez retarde el remedio y -no lo haya cuando nos demos cuenta de la magnitud del mal. Por cartas, -por referencias particulares, sabemos que en Méjico se manifiesta de -modo ostensible el odio á España y á los españoles. ¡Oh, Congresos -hispano-americanos! ¡Oh, amables tópicos de maternidad y fraternidad -en discursos y brindis elocuentes! Diariamente aparecen en las calles -rótulos insultantes y despectivos: «¡Muerte á los gachupines! ¿Quién -quiere carne de gachupín muy barata?» Y otros por este orden y de este -elegante aticismo. - -Sabemos que para los españoles se ha hecho la vida intolerable. Hasta -en las revistas de toros transciende esta animosidad injustificada. -Los toreros españoles tienen que atarse muy bien la taleguilla para no -verse expuestos á ser insultados. En una corrida tuvieron la desgracia -de ser cogidos algunos de ellos, y un periódico proponía nada menos -que la expulsión de las plazas y del territorio de los toreros que se -dejaban coger por torpes. - -No puede creerse que estas y otras manifestaciones menos visibles de -hostilidad expresen el general sentir del pueblo mejicano, sobre todo -de las personas sensatas y cultas; pero ¡ay! como éstas son la minoría -en todas partes, bueno será que no desatienda el Gobierno español y -su representación diplomática en Méjico lo que todo esto significa, -sus causas y sus remedios. Si fuesen circunstanciales y políticas, -no será difícil dar en la causa y atender al remedio. Si fueran más -fundamentales deber es de todos estudiar lealmente dónde está la culpa -y dónde ha de estar la enmienda. - -Son muchos los intereses materiales y morales de España en Méjico para -no preocuparnos de este estado de opinión actual, y es de esperar que -pasajero. - -Cierto que del amor de la América española por España vivimos en plena -ilusión. Pero de la ilusión á la simpleza, hay todavía una buena -distancia, que conviene salvar con algún conocimiento de la verdad. - - - - -XXXV - - -A tiempo está España de satisfacer una deuda de honor. Nadie, entre -los escritores españoles, merece el premio Nobel como D. Benito -Pérez Galdós. Pero el premio de este año ya está concedido al belga -Maeterlink. Hagan el Gobierno español y cuantos puedan, cuanto esté -en su mano para que el premio del año próximo sea para Pérez Galdós. -Sea el premio Nobel la coronación del homenaje nacional, que debe -anticiparse, porque no estaría bien que confiáramos al extranjero el -pago de una deuda nacional. Y sea el homenaje todo lo práctico que -pueda ser, sin que dejemos de poner en él toda nuestra alma. - -Yo deploro, aunque lo haya agradecido, que un distinguido escritor, á -quien ni siquiera conozco personalmente--y hago esta salvedad porque -hay gente capaz de creerlo todo,--se haya acordado de mi nombre como -candidato al premio Nobel. Tengo conciencia de mi significación para -alejar de mí esas pretensiones. No quisiera, por eso, que alguien -juzgara mis palabras forzada cortesía. Cuantos me conocen, cuantos me -hayan oído, saben cuánta es mi admiración por el que he proclamado -siempre como maestro. En sus novelas aprendí á escribir comedias, antes -que en modelos extranjeros, por los que se me ha juzgado influído. - -Yo he leído las novelas de Galdós antes que las de Julio Verne, antes -que las de Dumas, antes que _Robinsón_ y antes que los cuentos de -hadas, lecturas obligadas en la niñez y en la mocedad. Mi padre, gran -admirador del novelista, puso en mis manos sus libros cuando yo era muy -niño. ¡Cómo no ha de ser el primero en mi admiración! ¡Cuántas veces -me habré peleado, yo que no me tengo por patriotero, con algunos que -lo eran en cosas sin importancia y no podían tolerar que yo estimara -á nuestro gran novelista como superior á Dickens, á Balzac, á Daudet -y á Zola! ¡Cuántas veces habré sostenido que, con ser nuestro mejor -novelista, era también nuestro mejor autor dramático! - -De haber nacido en cualquier otro país del mundo, el estudio crítico -de sus obras, de los personajes que figuran en ellas, de los lugares -que en ellas se describen, completísimo mapa moral de España, formarían -una copiosa biblioteca, como los libros dedicados á Shakespeare y á -Dickens, en Inglaterra. Habría ediciones á todo lujo de sus obras, y -ediciones populares que podría adquirir todo el mundo. - -¡Dichosos los pueblos grandes y fuertes que agrandan con su poderío la -gloria de sus hijos! ¿Comprendéis la diferencia que hay entre decir: -Shakespeare es inglés, á decir: España es la patria de Cervantes? - - * * * * * - -Y Pérez Galdós no es rico. Y dirán muchos hombres prácticos: ¿Cómo -es eso? Sus obras deben haber producido un dineral. Sin duda. Un -dineral para mucha gente que no ha necesitado perder su tiempo en -escribirlas. Porque el escribir pide mucho tiempo, y el tiempo es -dinero, como dicen los ingleses. ¡Ah! ¡El dinero de la literatura! -El público empieza á contarlo desde la hora de la celebridad. ¿Y los -primeros libros? ¿Y los años en que hay que luchar con la indiferencia -del público, el desvío de los editores y la cuquería de los que -saben mostrarse generosos, cuando todo se agradece ante la general -indiferencia? Dinero que tarde llega, pronto pasa, como suele decirse. -Y así es el dinero de la literatura. - -Pues bien; es preciso que el dinero, por una vez siquiera, se haga -romántico, idealista, expresión palpable de la gloria. Los españoles -hemos estado cobrando crecidos intereses, en páginas gloriosas que nos -han hecho pensar y sentir hondamente, de una deuda que no hemos pagado. -Es empeño de honor nacional satisfacerla. - - * * * * * - -La empresa del teatro Real, de acuerdo con la naciente Sociedad -Wagneriana, ha dispuesto que los miércoles sean dedicados á la -representación de óperas de Wágner. Son noches de alivio para la -empresa y de luto riguroso para Wágner y para los wagneristas, si -continúan como han empezado. Una descolorida interpretación de _El oro -del Rhin_ y una lastimosa representación de _La Walkyria_, han sido, -hasta ahora, el homenaje al músico inmortal. - -Yo no sé en qué teatro de drama, ó de comedia, ó de opereta, ó de -género chico, hubiera tolerado el público tan pacientemente una cosa -tan desdichada como la representación de _La Walkyria_. ¡Y aun dicen -que el público de nuestro teatro Real es de los más severos del mundo! -No hay Jurado de crimen pasional que sea más benévolo. ¡Qué dioses -y qué diosas! ¡Qué walkyrias! Aquello era un tejado por foso. La -orquesta, dirigida por ese admirable metrónomo que es el maestro Rabl, -tan fría y tan desapasionada como la batuta ordenaba. Los cantantes -desafinaban en frío, que es el modo más triste de desafinar; pero la -orquesta, ni en frío ni en caliente. No hay cuidado. Las walkyrias -cabalgaron al paso; todo lo más, á trote cochinero. - -Si ese es todo el homenaje á Wágner y eso es todo lo que la empresa -del Real ofrece como obsequio á la Sociedad Wagneriana, habrá que -decir, como el corregidor al padre de la bolera que daba satisfacción -al público por ciertos ademanes descompuestos de su hija, y al -explicarlos, soltó una palabra más inconveniente que los ademanes de la -niña: ¡Basta! ¡Que no dé más satisfacciones! - - - - -XXXVI - - -Algunas señoritas estudiantes se quejaron de que sus compañeros -masculinos las habían tratado con cierta desconsideración, que no era -por ningún modo en menosprecio del sexo, como suele apreciarse en -veredictos judiciales, más bien todo lo contrario. Algunos escritores, -y en particular una vehemente escritora, afearon, en artículos llenos -de indignación, la conducta de los estudiantes. Estos, por su parte, -protestaron contra las quejas de sus compañeras, por juzgarlas -infundadas, y doblemente contra la indignación de los escritores, que -de tanto extremar su agradecido papel de paladines de damas, venían á -parar en ponerlas de vuelta y media en la parte más noble y elevada -de la feminidad: en la de madres. De suerte que, al arremeter contra -el sexo fuerte, era el débil el que venía á pagar de rechazo. Esto me -recuerda á un amigo mío que, refiriéndole en cierta ocasión cómo un -sujeto había insultado á su propia madre de muy mala manera, exclamaba -indignado:--¿Qué me dice usted? ¡Que ha insultado á su madre, ese hijo -de!...--Y aquí ponía un calificativo con el que quedaba la pobre señora -peor parada que con todo cuanto su hijo hubiera podido decirla. - -Yo no sé si, en efecto, algún estudiante se habrá propasado algún -día con alguna de sus compañeras; es muy difícil apreciar lo que se -entiende por propasarse, concepto puramente subjetivo, como la poesía -lírica. Vaya porque alguna expansión masculina haya podido alarmar -el pudor femenino. Las horas de estudio no son horas de galanteos, -dicen los estudiantes. ¡Ay! Este es el error. En contacto hombres y -mujeres, no es posible otra cosa. Este será el eterno obstáculo de -la coeducación. O las compañeras estudiantes serán desgraciadillas, -y en ese caso, ¿cuánto va á que no agradecen la indiferencia de sus -compañeros?; ó si algo valen, no hay remedio, con mejores ó peores -formas, han de sentir á su alrededor el resoplido del deseo excitado á -su paso. - - * * * * * - -Habrá quien diga que esto es sólo entre los meridionales; que en los -países del Norte esto de la coeducación y de la comunicación frecuente -entre los dos sexos se lleva mucho sin riesgo y sin ofensa de nadie. -Convengo en ello. En los países del Norte parece otra cosa, porque es -de otra manera. La manera es todo. - -Me hallaba yo una vez en Tánger y llegó al hotel una lucida compañía -de jóvenes ingleses, muchachos y muchachas, amigos todos, que viajaban -en sociedad, sin padres ni madres las jóvenes, sólo autorizadas por -dos ó tres señoras de compañía. ¡Qué inglés es esto!--me decía yo.--En -España no podría hacerse. ¡Cualquiera echaba por esos mundos á sus -hijas, acompañadas de tantos muchachos jóvenes y bien parecidos, sin -más vigilancia que la de unas ayas aburridas! - -En efecto, pronto me convencí de que hombres y mujeres son lo mismo -en todos los climas y latitudes. Lo que cambia es la manera, el -procedimiento. Los meridionales tenemos la endiablada costumbre de -unir la acción á la palabra. Nos gusta que nos expliquen y explicar -todo lo que se hace. Así, en el teatro, sale una guapa mujer y no nos -contentamos con que se presente, más ó menos vestida, á recitarnos -alguna fábula candorosa ó á cantarnos alguna canción delicada y -poética, todo lo cual nos permitiría recrearnos en sus encantos físicos -con el pretexto de que asistimos á un espectáculo moral y hasta -instructivo. Espectáculo de Arte, como dicen por ahí á los cuadros -plásticos. Reproducción de cuadros y estatuas de los grandes Museos del -mundo. Ya ven ustedes si todo esto se presta á muy agradables vistas, -como quien no hace nada de particular. - -Pues, no señor; los meridionales no nos contentamos con recrear la -vista; es preciso que al exhibirse la señora, vestida ó desnuda, -explique su argumento en alguna relación muy expresiva, ó en canciones -de doble sentido ó de un solo sentido. Así no es posible engañar á -nadie. Los pueblos del Norte ven mucho más que nosotros, pero no oyen -nada de particular. - -Aquellas inglesitas y aquellos inglesitos del hotel de Tánger, con -el pretexto de juegos infantiles de la mayor inocencia, se daban -cada sobo por aquellas galerías del hotel y por todos los rincones -y divanes, que ¡ríanse ustedes de nosotros, pobres meridionales! -Pero allí no se oía nada que tuviera la menor relación con lo que se -hacía. Aquí no puede ser; al achuchón precede siempre el comentario, -al pellizco sigue el chillido, que no deje lugar á dudas sobre la -intención y el lugar. - -Allí, hasta los besos ¡y granizaba! parecían la pura inocencia. Aquí, -hasta las miradas parecen mordiscos. La manera es todo. ¿Para qué se ha -inventado tanto gracioso _sport_ en los países del Norte? Para exhibir -pantorrillas y biceps, para correr unos detrás de otros, y tropezar, -y caer, y revolcarse por el suelo; pero sin más comentarios que los -pertinentes al juego. En cuanto se oyera un suspiro anheloso ó un «¡Sí -que está usted bueno!», se deshizo el encanto. - - * * * * * - -Por estas y otras razones, la coeducación no será nunca posible en los -países meridionales. Aquí todo es cantar juego, y el toque está en que -el juego vaya por un lado y la canción por otro. - -Si las muchachas y los muchachos españoles fueran capaces de retozar -con la corrección que aquellos jóvenes ingleses, no habría ningún -inconveniente en que viajaran juntos y solos y se coeducaran á todas -horas. - -Estoy seguro de que ninguna de aquellas lindas inglesitas tendría que -lamentar un percance. ¡Oh! Se advertía de sobra que la coeducación no -tenía secretos para ellas. - - - - -XXXVII - - -Con motivo del concurso abierto por un empresario de Buenos Aires, para -premiar varias zarzuelas en uno ó dos actos, han vuelto á protestar los -noveles por haber sido excluídos del concurso. La protesta, en este -caso, es muy natural, aunque no puede tener mucha fuerza, por tratarse -de una empresa particular que, en uso de su perfecto derecho, convoca -al concurso á quien mejor le parece. Otra cosa sería si de un concurso -oficial se tratara, ó de teatros subvencionados por algún Gobierno. - -Esta cuestión de los noveles será siempre difícil de resolver -á gusto de todos. Sucede con los noveles lo mismo que con los -liberales. No pueden serlo más que en la oposición. En cuanto pasan -á ser gobierno dejan de ser liberales. Es principal deber de un -Gobierno el de sostener el orden social; por muchas que sean las -libertades concedidas y las reformas implantadas, todavía habrá -gentes más avanzadas, más radicales, á quienes todas ellas parezcan -insignificantes. Reducida la legalidad á la mínima expresión de fuerza -restrictiva, siempre habrá rebeldes y descontentos mal hallados en esa -estricta restricción. - -Del mismo modo, en cuanto un novel logra estrenar una obra, ya deja de -ser considerado como novel por sus mismos compañeros de la víspera, ya -empieza á ser combatido como un consagrado. Cuando todos los noveles -dignos de ser conocidos llegaran á serlo, siempre quedarán los que se -creen tan dignos de serlo como los otros. Siempre habrá descontentos y -mal avenidos. Todo ello, sin duda, es necesario para la mejor armonía -del mundo, formada, en apariencia, de discordancias, como gran parte -de la música moderna. Tal vez todo no sea más que música en el mundo, -hasta llegar á la suprema armonía del silencio infinito. - -Cuando el espíritu en hora de serenidad ha llegado á penetrarse de ese -gran silencio, ladridos y vocinglerías suenan á cánticos celestiales. - - * * * * * - -No hay duda que, sin los rebeldes, el mundo no hubiera progresado gran -cosa. Todo el que ha hecho algo de provecho en el mundo se ha visto -precisado á perturbar la tranquilidad de su familia, tal vez la de su -patria, tal vez á toda la humanidad. - -Los mismos santos perturban la vida familiar á la misma Iglesia en -ocasiones. Recuérdese los graves disgustos que San Francisco de Asís -ocasionó á su padre. El mismo Jesús tuvo en continuo sobresalto á su -amantísima Madre, desde que, muy niño aún, se perdió y fué encontrado -en el templo, entre los doctores, hasta el trance doloroso del Calvario. - -La rebeldía tiene precedentes gloriosos; no es extraño que se vea con -simpatía. - -En España han sido muchos los príncipes rebeldes, y todos ellos -perduran en la historia con resplandores de leyenda. Hermenegildo, -santificado; Sancho el Bravo, el príncipe de Viana, el príncipe D. -Carlos, tan esclarecido por historiadores, poetas y autores dramáticos, -que entre él y D. Juan de Austria se han llevado toda la claridad del -reinado de Felipe II, y para este rey sólo ha quedado la sombra más -tenebrosa. Hasta Fernando VII, cuando era príncipe de Asturias, tuvo su -hora de poesía como rebelde. - -Entre príncipes extranjeros abundan también los poéticos ejemplos, -desde la antigüedad hasta nuestros días. - -En estos últimos tiempos, feministas por excelencia, las princesas se -han llevado la palma en la historia, que no es todavía más que crónica -escandalosa, de las rebeldías. - -Han sido muchas y muy ilustres las princesas que han lanzado su diadema -por encima de los molinos. - -Los periodistas republicanos, los caricaturistas, los autores de -cancioncillas y de revistas de París, ya se relamían de gusto con la -esperanza de haber hallado un tema con que remozar sus inspiraciones. - -Por fortuna, pocas veces fué la actualidad tan efímera. - -En lo que tiene de actualidad el asunto, los comentarios serían ya -irrespetuosos. Contra lo que creen los avanzados en ideas políticas, -una mujer no es menos respetable por ser princesa. - -Y en nadie son tan disculpables los errores como en los príncipes. -Nadie les dice la verdad. Los amigos celebran sus equivocaciones por -adulación; los enemigos por conveniencia. - -Pero hay un modo seguro de acertar para los príncipes, y quizá para -todos: hacer siempre lo contrario de lo que sería nuestro gusto. Al -principio molesta, después acaba por agradar, y entonces es ocasión -de volver á contrariarnos; porque hasta la virtud, cuando empieza á -agradarnos, está en camino de no ser virtud. Es doctrina de nuestros -místicos, tan provechosa, por lo menos, como la filosofía de Kant, -aunque adorne menos. - - * * * * * - -En menos de un año han dado cima los hermanos Quintero á su noble y -generosa empresa de levantar en Sevilla un monumento á Bécquer. - -Yo no sé si esta obra de los aplaudidos autores será también discutida. -Todo es de esperar en los tiempos de confraternidad que corren. - -Ya sé que algunos escritores de provincias suponen que aquí tenemos -establecida una Sociedad de bombos mutuos. No será una, sino varias, y -en oposición constante; porque yo no sé que seamos más de tres ó cuatro -los escritores que nos profesamos franca y leal amistad, y no somos -ciertamente los que más andamos elogiándonos unos á otros. - -Pero á tal extremo hemos llegado que, no ya de bombos mutuos, de justa -y legítima defensa, habrá que formar Sociedades. - -En esta ocasión, no es que nadie haya censurado á los hermanos -Quintero. ¡No faltaba otra cosa! Pero hay silencios tan malignos como -las censuras. Callar del bien es mil veces peor intencionado que decir -del mal. - - - - -XXXVIII - - -Que el concepto de la moralidad varía con las latitudes y los tiempos, -ya lo sabíamos. Sobre todo, siempre que por moralidad se entienda algo -que no pasa de ser conveniencias sociales, y justamente por lo que -tienen de _conveniencias_, la sociedad ha querido elevarlas á preceptos -morales. La verdadera moral está sobre estas conveniencias. - -Lo que nos desconcierta un poco es que el concepto de la moralidad -varíe de un distrito á otro, sin más imperativo categórico que el -criterio de un delegado ó inspector. Y esto es lo que sucede con los -salones de variedades y teatros del género chico. - -En unos se prohibe lo que en otros se consiente. Aquí se escandaliza -la autoridad por todo y más allá no se escandaliza por nada. Los -empresarios, los directores y los artistas no saben á qué moral -quedarse. - -El autor de la parodia de _Lirio entre espinas--Chumbo entre -jazmines_--ha tenido la mala suerte de estrenar su obra en uno de -los distritos comprendidos en la zona moral más rigurosa. Su obra ha -padecido persecuciones sin cuento y, por fin, ha desaparecido de los -carteles. - -El autor apela á mi testimonio en defensa de su obra. Como para mí no -hay nada más injusto que la justicia desigual, digo y declaro que nada -vi ni oí en dicha parodia que justifique ese rigor excepcional. - -Pero es posible que yo esté equivocado. En un periódico de los que -celebraron siempre cualquier obra en que frailes ó curas salieran -malparados, he leído la más enérgica protesta contra la obra. En -cambio, un periódico de los más conservadores y respetuosos con la -clerecía, se limitaba á celebrar la gracia de la parodia sin la -menor protesta. Es para perder los papeles de la moralidad, y no es -extraño que los delegados no logren ponerse de acuerdo en punto en que -discrepan los filósofos. - -Desde ahora habrá una moralidad en el Centro, otra en la Latina, y así -en cada distrito y aun en cada calle. - -Un empresario dirá á una cupletista:--¡Mucho cuidado con lo que se -canta, que aquí no está usted en el Hospicio!--Y otro dirá:--Aquí cante -usted lo que quiera, que estamos en la Inclusa. - -¿Dónde hallar el definidor que nos unifique el concepto de la moralidad? - -Mal ha de ser mientras sean los delegados y no el público los que hayan -de definirla. - - * * * * * - -Pues no es tan triste que la moralidad vaya por distritos, como que la -piedad, fundamento de la moral, según Schopenhauer, vaya por partidos -políticos. - -Y parece ser, como la libertad se hizo en tiempos conservadora, que la -piedad se ha hecho ahora revolucionaria. - -Aunque lo que se ha hecho más que nada, en esta ocasión, es inoportuno. -Verdad es que tan inoportunos como los compasivos han estado los -crueles, y ni éstos han debido azuzar á la justicia para que fuera -inexorable en su fallo, ni aquéllos conmover su serenidad con -llamamientos que, en ciertos casos, pueden parecer amenazas. Todo -ello es perturbar el ejercicio de las leyes. Unos y otros han debido -callar mientras la justicia sentenciaba. La compasión y la crueldad, -disfrazadas con sed de justicia, han sido por igual indiscretas. Ante -todo, ha debido respetarse á los jueces. - -Después, era llegada la hora de unirnos todos en la compasión, que debe -alzarse siempre majestuosa: por algo es el más alto atributo de los -reyes sobre la justicia de los hombres. - -No hay delito, por horrible que sea, en que no tengamos todos una -parte de responsabilidad; volvamos algo de esa justicia inexorable -sobre nosotros mismos, para corregir en lo que podamos nuestra vida, y -vaya toda nuestra compasión al delincuente; pero como sentimiento de -humanidad, no como idea política. Que al decir al que delinquió: «Te -perdono», vea en nosotros al hermano, no al correligionario. - -Que las manos que se tienden implorantes no parezca que se alzan -amenazadoras, porque, ante la amenaza, hasta el perdón pudiera parecer -cobardía, y bien está que la justicia ceda á la compasión, pero no al -miedo. - - * * * * * - -La empresa del teatro de Romea ha dignificado por unas horas el género -de variedades. Una sesión entera sin groserías. Tórtola Valencia con -sus danzas, graciosas evocaciones de arte. Música selecta, vistas -cinematográficas agradables, público... público que lo llevó todo con -paciencia, menos la Quinta sinfonía de Beethoven. No se puede cargar la -dosis en la primera toma. Pero todo se andará. El género ínfimo puede y -debe dignificarse. Sobre todo ahora que los teatros de género chico van -perdiendo todo su atractivo: el de ser baratos y el de que sus obras -fueran chicas. Profundo error del que volverán pronto las empresas. -Como volverán pronto del abuso de obscuridad. Es mucha obscuridad. Esta -noche que Wágner impuso en su teatro, y que el _snobismo_ universal -ha aceptado como condición indispensable para admirar, empieza á ser -ridícula y sigue siendo perjudicial para la vista. No sé por qué ha de -escucharse á Wágner á obscuras--¿será un símbolo?--cuando á Beethoven y -á Bach se les escucha á toda luz en los conciertos. Y pase con Wágner, -aunque ya es pasar toda una ópera atormentando la vista para brujulear -lo que pasa en la escena; pero como hasta los gatos quieren zapatos, ya -no hay piececilla ni esperpento que no pretenda fijar la atención del -espectador con este recurso. - -Los oculistas y los ópticos deben de estar en grande con los -espectáculos modernos. - - - - -XXXIX - - -Las tiendas de juguetes son en vísperas de Reyes el verdadero paraíso -de los niños. Todos se aprestan para recibir la visita de los Reyes -Magos, los reyes de leyenda y de ensueño, que vienen de tierras lejanas -con su cabalgada de dromedarios cargados de juguetes y golosinas por -tesoro. - -De todas las leyendas piadosas ninguna tan arraigada en nuestro -espíritu. Los padres más racionalistas y librepensadores la respetan -en sus hijos, y al poner los regalos de misterio en la ventana, tal -vez los padres estén más ilusionados que á la mañana los niños al -descubrirlos. - -Y ¿quién no espera toda la vida y cada día la llegada de los Reyes -Magos? - -El prosaico cartero es el mago de Oriente. A cada carta de letra -desconocida, pensamos al abrirla, trémulos de ilusión y de esperanza: -¿Será el amor? ¿Será la riqueza? ¿Será nuestra felicidad? - -Nuestro corazón está siempre en la torre, como la hermana Ana en el -cuento de Barba Azul, y sin cesar le preguntamos:--¿Qué ves? ¿Quién -llega por el camino? Y hasta la hora de morir esperamos, y cuando llega -la muerte, acaso esperamos todavía que sea la felicidad. - - * * * * * - -Entre los libros de estrena--esta palabra, traducción exacta de los -êtrennes franceses, fué muy usada por nuestros clásicos Lope de -Rueda, Mateo Alemán y otros,--se destacan por su elegante y graciosa -presentación los libros ingleses. Maestros en las artes tipográficas, -grandes artistas ilustrados, todos los años nos presentan nuevas -ediciones de sus autores clásicos y de sus poetas, los primeros del -mundo. - -En libros para niños ofrecen maravillas de buen gusto, libros -educadores, aunque sólo fuera por su artística presentación. - -Las ilustraciones de _Rackam_ en _El sueño en noche estival_, de -Shakespeare; la trilogía de Wágner, los cuentos de Grimm y Peter Pan, -son admirables obras de arte. - -De inspiración japonesa, unen á la más graciosa espontaneidad, la -ejecución minuciosa. Parecen acotaciones ligeras, apuntadas, como -por juego, al hojear el libro, y nos muestran, como profundo estudio -crítico, el espíritu de la obra ilustrada. Ilustrar de ese modo, bien -puede llamarse ilustrar. - -En España son raras las ediciones de libros ilustrados. ¿No hay -editores de ellos por falta de ilustradores, ó no hay ilustradores por -falta de editores? Este es uno de tantos problemas nacionales en que es -difícil precisar cuál sea la causa, cuál sea el efecto. ¿No hay oferta -porque no hay demanda ó no hay demanda porque no hay oferta? - -España, tierra de grandes pintores, no lo ha sido de grandes -dibujantes. Nuestros artistas consideran el arte de la ilustración -como un arte inferior; sólo obligados por la necesidad consienten en -rebajarse hasta él, y siempre con cierta displicencia, que no es la -mejor disposición de espíritu para producir obras de arte. - - * * * * * - -Mucho bueno creemos que puede hacerse en la Escuela del Hogar, proyecto -y realización muy laudables del ministro de Instrucción pública, hombre -muy de su tiempo. - -Podrá decirse que la mejor escuela del hogar debiera ser el hogar -mismo, pero como lo cierto es que la mayoría de los hogares no pueden -ser escuelas, preciso es que haya escuelas que parezcan hogares. - -Mas, como no sólo en el hogar vive el hombre, no como protesta, ni -en oposición, todo lo contrario, como complemento, algo así como las -clases de adorno en los colegios, yo sé que algunos señores de buen -humor se proponen fundar otra escuela que pudiera llamarse... el nombre -es difícil; vamos, algo así... lo que no es hogar... Ya me entienden -ustedes. - -Aunque con la buena enseñanza de la escuela oficial es seguro que -disminuirá el número de solterones, todavía quedarán algunos -recalcitrantes que tienen derecho á la vida, sin contar con los muchos -casados de alternativa y algunos eclesiásticos. - -En todos ellos han pensado los fundadores de la escuela, que pudiéramos -llamar libre, para prevenirles una existencia placentera en que, sin -el calor un poco atufante del hogar doméstico, no les falte nunca una -agradable calefacción. - -También han pensado en las innumerables jóvenes distinguidas, sin -vocación de vestales de hogares, que ven malogradas sus aptitudes por -falta de una esmerada enseñanza, que no siempre pueden dar las madres, -aunque haya casos excepcionales. - -Se organizarán cursos teóricos y prácticos de asignaturas muy -interesantes. Las alumnas podrán ser matriculadas ó libres, aunque -siempre serán preferidas las segundas á las primeras. - -Las faltas de asistencia serán dispensadas, siempre que la alumna las -justifique con haber repasado en su casa la asignatura ó haber salido -de prácticas. - -En el claustro de profesores y de profesoras figurarán personas muy -poco respetables, verdaderas autoridades en las asignaturas cuya -explicación les ha sido confiada. - -Algunas distinguidas escritoras fluctúan entre ocupar una cátedra en la -Escuela del Hogar ó en esta nueva escuela. Hay algunas que estarán con -un pie en cada una y su actitud parecerá naturalísima á todo el mundo. -No hay la menor incompatibilidad. Ni en la comida casera dice mal algún -plato de fonda, ni en la comida de fonda algún plato casero. - -A las señoras de su casa les convendrá matricularse en alguna clase -de adorno, aunque sólo apliquen las enseñanzas á las necesidades -domésticas; como á las otras les convendrán algunas asignaturas de la -Escuela del Hogar, porque el mundo da muchas vueltas, y hay hombres -tan de hogar que, cuando dejan uno, es para buscar otro, y son los -que compran á pares los pares de zapatillas alfombradas, y quieren -encontrar en todas partes las mismas cosas en el mismo sitio. No -varían, continúan. Son fieles hasta en las infidelidades. - - - - -XL - - -Si en torno á los reos de Cullera sólo hubieran disputado bandos -políticos contrarios por la vida ó la muerte de los condenados á la -última pena, tal vez, en este caso, no fueran los compasivos los que -tuvieran razón. - -Mas pasada la turbia que estas revueltas aguas de la actualidad traen -de origen consigo, los espíritus desinteresados, los que no pierden -nunca la noble serenidad inteligente, comprenderán, aunque por algo del -momento se apasionaran unos y otros, que algo sobre la actualidad, con -aspiración á lo definitivo, se eleva sobre las discusiones apasionadas. - -Nada sería el perdón de hoy si no significara la abolición de la pena -de muerte en España. Esa pena, que es vergüenza en toda sociedad -civilizada, y si la civilización se enorgullece con el nombre de -cristiana, no es ya sólo vergüenza, es crimen y es pecado. - -La pena de muerte es la negación de la Justicia: es la pena bárbara -del Talión, es la venganza que el propio ofendido se tomaría por su -mano, sin necesidad de que unos jueces togados se interpusieran para -dilatar fríamente la ejecución, cuando quizás los propios ofendidos han -perdonado. - -Pena que nada remedia y nada evita. Cuando más se aplicaba, más -numerosos eran los crímenes. Hasta en delitos de imaginación, como en -los brujos y posesos, puede comprobarse: cuanto más arreciaba el rigor -en los suplicios, más se recrudecía el contagio, y eran en mayor número -los que á sí mismos se acusaban de practicar diabólicas artes. - -¿Ejemplaridad? No debe ser mucha la de una pena que todos los modernos -legisladores creen más conveniente rodear en su ejecución de misterio y -hasta se ha consignado, al término de largas discusiones en Congresos -penitenciarios, la conveniencia de que la Prensa periódica se abstenga -de publicar detallados relatos de toda ejecución capital. ¿Por qué todo -esto, si de tan provechoso aviso y ejemplo fuera la pena de muerte? -¿No es todo esto palmaria confesión de que tan contagioso es el crimen -como la pena, cuando se iguala al crimen en el procedimiento? - -Ya es sobrada concesión que los hombres podamos juzgarnos unos á otros, -pero nunca de un modo irreparable. Porque andamos individualmente -sueltos por el mundo, nos creemos desligados unos de otros, y hay -un espiritual cordón umbilical que á todos nos une como á un solo -organismo humano. - -En toda gloria de la humanidad tenemos todos nuestra parte de gloria, y -en todo crimen, nuestra parte de culpa. - -¿Por qué ante las hazañas de nuestros soldados, ante los triunfos -de nuestros grandes artistas, algún buen hombre, ajeno á todo valor -y á todo arte, exclama con orgullo: «¡Somos muy valientes! ¡Somos -muy artistas!» Hay quien ante las gallardías de un torero se ufana -de ellas, como si fueran propias, y dice muy orgulloso: «¿Han visto -ustedes cómo hemos quedado en Méjico?» ¿Por qué no se considera del -mismo modo solidario de crímenes y errores? - -¿Quién sabe de dónde cayó la piedra propulsora de las ondas sociales? -¿Quién sabe de qué baja bestialidad llegó la inspiración al artista? -¿Quién sabe de qué alta inteligencia luminosa llegó la negrura del -crimen á un alma de tinieblas? - -Los pueblos tienen sus héroes y sus artistas y sus grandes hombres, -como tienen sus criminales. En todos hay algo de todos. - -No lo olvidemos al juzgarlos. Por todo esto, ya veis si un Gobierno -español tiene siempre razón para perdonar, y todos para agradecerle que -perdone. Es como si nos perdonaran á todos y todos nos perdonáramos -unos á otros. - - * * * * * - -Persona, al parecer eclesiástica, me escribe muy indignada porque yo he -dicho que los santos en vida no fueron muy bien mirados por la Iglesia. -¿Habré de recordar á persona tan docta los muchos santos que anduvieron -en opinión de herejes y padecieron persecuciones y entredicho? ¿Bastará -con recordar á San Francisco de Asís, San Juan de la Cruz y Santa -Teresa de Jesús? ¿No tiene el primero que pasar los imposibles hasta -ver aprobados los Estatutos de su Orden? ¿No padecieron los de casa -persecuciones de la Inquisición y de sus superiores? ¿No llamó el -Nuncio de Roma fémina inquieta y andariega á Santa Teresa? - -No es que á mí me parezca mal; todo ello es naturalísimo. Los espíritus -superiores, en cualquier esfera de actividad, son una perturbación. - -Parafraseando un refrán algo brutal, bien puede decirse: «El grande -hombre muerto, y el apio en el huerto». - -Digan ustedes á cualquier familia de un grande hombre: «¡Qué orgullosos -estarán ustedes!» Y por vergüenza no se atreverán á decirlo; pero, -¡vaya si lo piensan!: «Lo que estamos es... que no le podemos aguantar.» - -Los santos y los genios no tienen vista más que á muchos siglos -de distancia, cuando ya no les queda ni descendencia; porque hay -descendientes que, sin ser santos ni genios, abusan del nombre del -antecesor ilustre para seguir molestando. - - - - -XLI - - -En literatura destinada á los niños hemos sido, por mucho tiempo, -importadores de libros extranjeros. El _Juanito_ de nuestra niñez, el -admirable _Corazón_, de Amicis; los cuentos de Grimm, de Andersen, no -tienen en España equivalentes. Las mismas fábulas de Samaniego, la más -castiza lectura en nuestros tiempos de colegiales, al través de Esopo -y de Fedro, llegan á España por el francés La Fontaine, tan odioso á -Lamartine como educador. En efecto, la moral de las fábulas es algo -sanchopancesca, rastrera, y el gran poeta tenía sobrada razón para -abominar de ellas como libro iniciador de poesía en el espíritu del -niño. - -Los cuentos de Perrault, por su asunto, serán eternamente encanto de -los niños, aunque su erudito autor, al contarlos, puso en ellos cierta -socarronería, como para las damas y cortesanos de colmillo retorcido, -en quienes pensaba al escribirlos más que en los ingenuos lectores -infantiles. - -Las _Mil y una noches_, por mucho que se expurgen, no son de lectura -muy conveniente para niños. Trascienden á sensualidad oriental y -perturban la imaginación. - -Nuestro _Don Quijote_, fuerza es confesarlo, es de incomprensible y -aburridísima lectura para chicos. Es libro para leerlo después de los -treinta años. Por eso hay tan pocas mujeres que lo hayan leído. - -En publicaciones periódicas para la infancia tampoco hemos sido muy -fecundos. La mejor, sin duda, fué _Los Niños_, periódico fundado y -dirigido por D. Carlos Frontaura, de grata memoria, y sus artículos y -cuentos más amenos traducciones eran también casi siempre. - -En colaboración con D. Teodoro Guerrero publicó el mismo D. Carlos -Frontaura unas cuantas comedias para niños, de moral un tanto -sensiblera, pero muy bien intencionadas; y una entre todas, titulada -_Una lección de historia_, muy bien compuesta para grabar en la -imaginación de los niños gloriosas páginas de la Historia de España. - -Otro distinguido escritor, Segovia Rocaberti, publicó también una -colección de obritas teatrales infantiles. Hoy día publica también una -el Sr. Espasa, en Barcelona. De Buenos Aires recibí, poco tiempo ha, -otra numerosa colección. - -De Fernán-Caballero tenemos una Mitología, explicada á los niños, -verdadera obra maestra de discreción y de buen gusto. - -Para niños de librepensadores y racionalistas es obra muy apreciable -_Ponos ó La Comedia Humana_, de D. Melitón Martín, obra injustamente -olvidada, á mi entender; tal vez famosa en todo el mundo si no fuera -española. - -Como nuestra enseñanza, cuando no es de una estrechez de miras -clerical, es de una pedantería filosófica aún más estrecha, la obra de -D. Melitón Martín ha padecido bajo el natural desvío de los unos, que -no quieren que nadie sepa de nada, y de los otros, que se lo saben todo. - -Entre la infinita ignorancia y la infinita sabiduría, extremos, sin -término medio, de la mentalidad española, ó no nos enteramos de nada, -ó sólo de Kant para arriba. O en el zaguán ó en el quinto cielo. Y en -el quinto cielo de un salto, sin tomarnos el trabajo de subir por las -escaleras. - -Género muy difícil de literatura es un género en que ha de olvidarse -el escritor de toda literatura; cosa muy difícil para el verdadero -literato y cosa imposible al que no lo es: que se acuerde de toda la -mala literatura á la hora de escribir. - -Para escribir un buen cuento de niños hay que tener alma de madre. Lo -que es lo mismo, ser un gran artista, verdadero artista. El alma del -Arte es alma de madre, como el alma de la Naturaleza. - -Género de arte en que debieran triunfar las mujeres, si no fuera que la -mayoría de las mujeres escritoras tienen muy poco de femenino. - -Cuando la mujer es mujer antes que escritora y mucho antes que -literata, escribe, cuenta, mejor dicho, deliciosos cuentos de niños, -todos de ingenua imaginación y candoroso sentimiento. Cuentos que -pueden interesar á los niños de todos los tiempos y de todos los -países; porque el alma del niño es siempre universalmente primitiva. - -En cada niño nace la Humanidad. En cada nación, desde las capitales -civilizadas, emporio de cultura, hasta las aldehuelas pastoriles, más -que unidas, apartadas por senderos riscosos de las ciudades, puede -estudiarse, mejor que en los libros, la historia de las razas y los -pueblos en su más remota ascendencia. No son códices y monumentos, -cronicones y sepulcros los que mejor nos hablan de edades pasadas; -son seres vivos, hombres y mujeres, que viven hoy en el alma de otras -edades, las más remotas, hasta la misma edad de piedra. - -Los grandes escritores, cuya gloria perdura sobre los pueblos y los -siglos, son los que acertaron á contar mejor esos eternos cuentos que -interesa siempre al espíritu infantil de la Humanidad. - -Todas las grandes obras de la literatura, si bien se advierte, son -cuentos de niños. Obras que conmoverán eternamente lo que hay de niño -en el alma de todos los hombres y de todos los pueblos. - -Cuentos de niños, _La Iliada_ y _La Odisea_; cuentos de niños, _La -Divina Comedia_, y nuestro _Romancero_, y _La Canción_, de Roldán, y -los _Fabliaux_ franceses, y los cuentos de Chaucer, y las tragedias de -Shakespeare, y los dramas legendarios de nuestro teatro... - -Hoy, entre el espíritu del escritor y el espíritu del pueblo, el -eterno niño, media una distancia que no basta á salvar una artificiosa -sencillez toda de habilidades literarias. La sencillez no se imita con -nada; con la bobería, mucho menos. Ni con místicos ó castizos vocablos. - -Sin afectación, alegre, claro, limpio, llega un libro de cuentos para -niños, _Cuentos de hechos_, de Gertrudis Segovia, libro de mujer, -como yo quisiera todos los libros escritos por mujeres; libro que -añade á nuestra pobre literatura infantil unas flores, más valiosas -que joyas. Hay en él cuentos comparables en interés al delicioso del -_Pájaro Azul_, de Mme. D'Aulnoy, y á _La Bella y la Bestia_, de Mme. -de Beaumont. Son verdaderos cuentos para niños. Y doy fe de ello, -porque sé de varios niños que los han leído con entusiasmo y sé de una -señorita distinguida que se ha aburrido mucho. Una señorita distinguida -es lo menos infantil que se conoce. Una señorita distinguida, si la -dicen que puede tener hijos, suele exclamar: ¡Por Dios! Chiquillos, no. -¡Qué lata! - -A señoritas de estas de ¡Qué lata! no hay que ofrecerles cuentos para -niños. Con la conversación de algún joven, tan distinguido como ellas, -tienen bastante pasto intelectual. - - - - -XLII - - -El príncipe de Mónaco es un príncipe dichoso. Su minúsculo Estado, el -más pacífico del mundo. No agobian á sus súbditos contribuciones ni -cargas. Su ejército es un elegante Cuerpo de Policía; sus barcos no son -de guerra, son de paz, y su insignia, la más alta y más noble expresión -de paz, la Ciencia. - -En el _Princesa Alicia_ no van, con el noble príncipe de Mónaco, ni el -conquistador, ni el colonizador, ni el aventurero, ni el viajante de -comercio, ni el deportista; va el sabio explorador de tierras y mares, -sin otro interés que el estudio mismo. - -Al contrario de otros príncipes, para este afortunado, el gobernar es -un descanso. Por eso puede hacer del estudio su deporte. - -Contra siete vicios hay siete virtudes en este mundo. Pero en los -felices dominios de este príncipe, contra innumerables virtudes hay un -solo vicio. - -Él es fuente de prosperidad y bienandanza, él costea las exploraciones -científicas, él permite en Exposiciones universales, al minúsculo -Estado, tan lucido papel como á muchas grandes potencias. El amor á la -Ciencia de un príncipe sabio contrapesa, muy justamente, grandeza y -poderío de otras naciones. - -Con todo esto, ¿no pudiera escribirse algo muy interesante sobre la -moral de lo inmoral? - -Como toda la moralidad de un Estado no puede ser, en resumidas cuentas, -más que hipocresía, en los Estados moralistas son los trabajadores y -los honrados los que vienen á pagar y á sostener vicios y holganza. - -El Principado de Mónaco, sin hipocresía, logra algo más justo: el vicio -tributario y el trabajo exento. - -No hay persecución capaz de exterminar un vicio, como el vicio sea de -los arraigados en la naturaleza humana. La persecución infructuosa sólo -conseguirá añadir al vicio del vicioso el delito del encubridor: más -repugnante todavía, cuando tras de encubrir, delata. - -En cuanto á que no hay nada tan elástico como la moralidad, ¿es preciso -insistir? Yo confío mucho en la discreción de nuestras autoridades. -Pero, ¿se imaginan ustedes el contraste, si en estos días se le -ocurriera á un delegado sorprender alguna partidita de juego? - -El Gobierno, que honra, agasaja, condecora y recibe como se merece al -noble príncipe, soberano dichoso del más dichoso Estado, no podría -consentir esa inconveniencia. - -¡Envidiable suerte la de este príncipe! ¡Ay! Tanto como él la Ciencia, -amaría yo el Arte, si se me permitiera explotar siquiera una ruletita -con un par de ceros. - - * * * * * - -A los partidarios de la pena de muerte les ha parecido crisis de -sentimentalismo y aun de histerismo el movimiento abolicionista -determinado con ocasión de recientes indultos. - -Si á histerismo fuéramos, también pudiera haberlo sanguinario, y -siempre sería más expuesto que el filantrópico y sentimental. Pero, ¿á -qué agraviarnos mutuamente? Siempre habrá dos conceptos fundamentales -de la vida: conservador y liberal. En el más amplio sentido de estas -palabras. - -El sentido conservador considera la vida con escepticismo oportunista. -La humanidad es mala de suyo y las sociedades constituídas por los -hombres adolecen de sus mismas imperfecciones. Siempre ha sido lo mismo -y lo mismo será mientras el mundo exista. Es inútil aspirar á mejoría ó -perfección. - -Contra los perturbadores del orden social no hay más defensa que... -defenderse. Contra los malos, el castigo. ¿La enmienda? ¡Ilusión, -utopía progresista! - -Este sentido es muy respetable, y más lo sería llevado al extremo. -Supresión radical de cuanto hay de inútil, perjudicial y parasitario. -A defenderse del criminal como del apestado, del inútil como del vago, -del loco como del imbécil. - -¿Quién sabe si esta despiadada selección no sería el medio más eficaz -de cultura? - -Pero hay quien considera, tal vez ilusionado, que el espíritu humano es -perfectible y perfectible la vida, y perfectibles las sociedades. La -historia conocida de la humanidad es de muy poco tiempo y son días los -siglos de que podemos tener noticias, y aun esos bastan para decirnos -que es hacia el bien el lento caminar y hacia la perfección todo el -camino. Poco á poco y despacio, eso sí. El efectivo avance apenas -responde al aliento espiritual. - -El poeta del premio Nobel, en este año, Maeterlink, lo dice: «Para -realizar siquiera un bien pequeño en nuestras acciones, hay que soñar -con las más altas y generosas empresas de bondad.» - -En cuanto á la parte de responsabilidad social, de solidaridad, mejor, -en virtudes y en crímenes, ¿no habéis leído _Resurrección_, de Tolstoi? - -Antes de juzgar debemos juzgarnos. Será la mejor lección de todo delito. - -Consideremos el caso de Cullera. Ya parece lejano, como un suceso -histórico. No puede haber ofensa para la memoria del juez cruelmente -asesinado. Doy por supuesto que era el juez más íntegro, más justo, -más digno. Lo era. Pero, ¿es siempre así? El que haya vivido algún -tiempo en un pueblo, ¿sabe de las injusticias, de las iniquidades, de -las tropelías de la justicia al servicio de los caciques? - -Los pueblos sufren años y años, y en un día, por fin, se cobran, con -aparente injusticia, quizás cuando menos debieran y en quien menos mal -hizo, todas las injusticias padecidas... Hicieron mal, no hay duda. -Pero, ¿dónde empezó el mal? - -Eranse dos amigos, de los cuales el uno en cuanto ponía mano prosperaba -y juntó un cuantioso capital en poco tiempo. El otro era tan -desdichado, que el negocio más seguro acababa para él en un desastre. -Por si su mala suerte consistía en ser más honrado en sus tratos -que el amigo, se dejó de escrúpulos y quiso imitarle, por ver si se -desquitaba. Todo le salía mal del mismo modo. - -Un día jugaban al tute los dos amigos, mano á mano, y el infeliz no -lograba baza, mientras el otro no dejaba de acusarle las cuarenta, más -veinte, y vuelta á lo mismo, y así toda la partida. - -El perdidoso bramaba y para sus adentros iba repasando su historia y -la de su amigo, la sinrazón de sus malos negocios y los buenos del -otro, las pillerías que al amigo le habían enriquecido y á él sólo -le habían traído pleitos y disgustos. Y al fin, cuando una vez más -le acusaba el amigo las cuarenta, se levantó, rojo de cólera, tiró -cartas, mesa, sillas y luces y la emprendió á golpes con el ganancioso, -gritándole:--¡Ladrón! ¡Pillo! ¡Granuja! ¡Si toda tu vida has sido lo -mismo! - -Nadie podía explicarse aquel arrebato; todos se lo afearon mucho. -¡Ponerse así porque le acusaban las cuarenta! - -Pero, lo que él decía:--¡Señor! ¿Si creerán que ha sido por estas -cuarenta de hoy? ¡Si es que toda su vida me las ha estado acusando y... -ya no podía más, ea, ya no podía más! - -Hay muchas cosas, inexplicables en un momento, que tienen su -explicación en toda una vida. - - - - -XLIII - - -El Municipio de la opulenta Bilbao, al discutir sus presupuestos, -acordó grandes economías en las subvenciones á las cantinas y á las -colonias escolares. - -Cuando en todos los países civilizados se concede la mayor protección, -moral y espiritual, á estas instituciones, en el Ayuntamiento de Bilbao -se alzan destempladas voces para protestar contra ellas. - -Un edil dice que las colonias escolares no pasan de ser un recreo, una -diversión para los niños. ¡Gran argumento! Y si no fueran más que eso, -si no fueran salud y vida, ¿estaría tan mal empleado el dinero? - -Otro dice que no hay para qué contribuir á la regeneración de los hijos -de los borrachos. ¡Admirable argumento también! Y, ¡admirable espíritu -de caridad cristiana! - -Para ellos hacen y para sus hijos, al no hacer por los hijos de los -demás, por borrachos que fueran. - -A un hombre muy inteligente le oí yo decir muchas veces que, para -tratar en cualquier negocio, si había de ser un pillo, le diera -Dios pillos muy pillos, que éstos, al fin, por interés propio, -atinaban siempre con el interés ajeno. No como el pillo bruto--mezcla -detonante,--que por quererlo todo para sí, malogra las mejores empresas. - -Del mismo modo, ya que sea el egoísmo primer móvil de las acciones -humanas, seamos de veras egoístas, y, por verdadero egoísmo, -comprenderemos la conveniencia del bien ajeno. Por nuestra salud, nos -cuidaremos de la salud de los otros; por nuestra seguridad, de su -honradez; por nuestra inteligencia, de su cultura; por nuestra riqueza, -de su bienestar. No es lo malo que seamos egoístas, sino que lo somos -malamente. Los grandes bienhechores de la humanidad han sido los -grandes egoístas. Querían un mundo mejor para vivir mejor ellos. - -A los que no son egoístas, cualquier cosa les está bien y viven tan -á gusto en una pocilga. Esos no moverán pie ni mano por mejor cosa -propia ni ajena. - - * * * * * - -Nada más gracioso y artístico que las danzas de Loie Fuller y sus -discípulas. Loie Fuller, inventora de la famosa danza serpentina tan -copiada y tan imitada después, ha comprendido toda la verdad de la -máxima de D'Annunzio: Renovarse ó perecer. Y si es cierto que en la -parte física no ha podido contrarrestar el irreparable ultraje de los -años, como dijo el trágico, en la parte artística, ya que no renovado -del todo, ha rejuvenecido su arte con artísticas variaciones sobre -el antiguo tema: «Bella forma mortal passa, é non d'arte», que dijo -Leonardo, y adoptó después por lema el mismo Gabriel D'Annunzio. - -Loie Fuller, con sus vaporosos contornos de nube, de llamarada, de -viviente flor, de mariposa, con sus combinaciones de luces y colores, -ha sido una gran innovadora en arte. Con especialidad, en el arte -decorativo llamado modernista. La moda femenina también ha encontrado -en ella atrevidas inspiraciones coloristas. - -En el arte de la danza, su influencia ha sido decisiva. Loie Fuller, -según ella misma refiere, halló en la India la inspiración de sus -bailes. Hoy todo el moderno arte del baile busca en la antigüedad -ritmos de líneas y colores. Y son Isadora Duncan, Maud Allens, Regina -Budet, Ida Rubenstein, la Truhanowa, Tórtola de Valencia, toda una -pléyade de bailarinas, evocadoras de las antiguas danzas de Grecia y de -la India, danzas religiosas, sacerdotales, de iniciación y de misterio. - -Unas por instinto, otras por arte. La mujer es siempre vaso de -elección, propicio al hervor del fuego sagrado. - -El baile moderno ha dejado de ser acrobatismo. Hoy pueden danzar las -bailarinas con los pies desnudos; las bailarinas más famosas de antes -no hubieran podido mostrar sus pies, atormentados por el horrible -ejercicio al bailar sobre las puntas de los dedos; pies que habían -perdido su forma, ensangrentados muchas veces al cabo de horas y horas -de ensayos mil veces repetidos para lograr fuerza y agilidad. ¡Las -vueltas de cintura de la Pinchiara, los punteados de Rosita Mauri! Todo -ello pasó para no volver, hasta que de puro viejo sea antiguo, que la -antigüedad es la juventud de las cosas viejas. - - * * * * * - -Pero una de nuestras autoridades se ha propuesto cumplir con la ley -de protección á la infancia y ha prohibido la presentación de las -discípulas de Loie Fuller en el teatro. - -De todos los trabajos que puede hacer un niño, ninguno menos penoso -que el de estas danzas. Nada más parecido á un juego infantil. Nada en -ellas da idea de pena ó de esfuerzo. - -La directora ha protestado contra esa medida de la autoridad. Es que -está mal acostumbrada. Viene de otros países donde no se concede -la menor importancia á los niños. Aquí no habrá podido ver niños -abandonados por las calles, ni vendedores de periódicos menores de -trece años expuestos al frío en estas noches de invierno y alternando -con golfos y golfas de la peor especie. Y si recorriera esos pueblos de -Dios, no vería niños y niñas, al sol de Agosto, en las faenas del campo. - -Como nada de esto ha podido ver, comprenderá lo justo de la -determinación al prohibir ese espectáculo de unas niñas sanas y alegres -que, seguramente, no lo habrán pasado mejor en su vida. - -Pero nuestras autoridades no se enteran más que de lo que pasa en los -teatros. Verdad es que, cuando no se encuentre á una autoridad por -esas calles, ya se sabe dónde hay que buscarlas, en los teatros del -distrito. - - - - -XLIV - - -Como los encendedores mecánicos han obtenido tan general aceptación, y -es de suponer que lo mejor de su clientela se halle entre las personas -más liberales, por lo que tienen de novedad y adelanto, ó entre -gentes inquietas y viciosas, por lo que tienen de azaroso, la caja de -cerillas, orgullo de la fabricación española, ha quedado relegada á los -fieles espíritus tradicionalistas, donde toda virtud y toda moralidad -se asientan. - -Reducido el consumo de las cerillas retrógadas á esta noble y severa -parroquia, no es extraño que los fabricantes de cerillas cuiden la -honestidad de los envases, como empresa de teatro aristocrático la -honestidad de las comedias. - -¿No han reparado ustedes? En las fotografías de célebres y lindas -artistas, ornamento de las cajas de fósforos, de algún tiempo á -esta parte no se descubre descote ni desnudez pecaminosa. Hábiles -retocadores lo han tapado todo. Ya con un chal, ya con una pañoleta, -ya con un remiendo de la misma tela del vestido. No ha faltado más que -poner un antifaz á los rostros, mientras se sustituye la emisión de -retratos femeninos por una de santos varones de la cristiandad, ó de -políticos conservadores, ó de coristas masculinos del teatro Real, ó -cualquiera otra tan incombustible como éstas. - -Entretanto se agotan las existencias de caras bonitas con las -precauciones indicadas, no hay peligro de inflamación en las cerillas -ni en el consumidor. Todo es economizar fósforo, y en esta parte hay -que alabar el desprendimiento de los expendedores. - -Según tengo entendido, la venta de cerillas corre ahora por cuenta -del Estado, y vean ustedes cómo en tiempos de Gobierno liberal y -democrático se moraliza y se honestiza. ¡Para que digan y murmuren -luego cuatro viejas beatonas! - -¡Oh, aquel empecatado Molière! Al presentarnos á su Tartuffe en escena, -con pincelada maestra, le vemos encararse con la traviesa Dorina y -decirle: - - --Ah! mon Dieu! je vous prie - Avant que de parler, prenez-moi ce mouchoir. - ... Couvrez ce sein que je ne saurais voir. - Par de pareils objets les âmes sont blessées, - et cela fait venir de coupables pensées. - -Como Tartuffe y como estos moralistas fosforeros de ahora, conocí yo -un señor que, apenas veía uno de estos descotes de caja de cerillas, -pedía tintero y pluma y lo emborronaba con presteza. Alguien le dijo -un día:--¡Pues si fuera usted al teatro Real y viera usted á muchas -señoras! ¿Qué haría usted?--A esas, ¡todo el tintero, hijo mío, todo el -tintero! - -Ahora, ¡alerta, diosas de Ticiano y de Rubens, maja desnuda de Goya! -Estos moralistas de ahora pueden trataros un día como á fotografías de -caja de fósforos, ya que la luz gloriosa del Arte vale para ellos tanto -como una cerilla y menos que un pitillo. - -Es gente que sólo ve la Belleza por donde, como se dice vulgarmente, -ven los gigantones de Burgos. Y se figuran que todos la ven como ellos. - - - - - -End of the Project Gutenberg EBook of De Sobremesa; crónicas, Cuarta Parte -(de 5), by Jacinto Benavente - -*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK DE SOBREMESA; CRONICAS, CUARTA PARTE *** - -***** This file should be named 58484-8.txt or 58484-8.zip ***** -This and all associated files of various formats will be found in: - http://www.gutenberg.org/5/8/4/8/58484/ - -Produced by Carlos Colón, Josep Cols Canals, the University -of Toronto and the Online Distributed Proofreading Team -at http://www.pgdp.net (This file was produced from images -generously made available by The Internet Archive/Canadian -Libraries) - -Updated editions will replace the previous one--the old editions will -be renamed. - -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the United -States without permission and without paying copyright -royalties. 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