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-The Project Gutenberg EBook of De Sobremesa; crónicas, Cuarta Parte (de 5), by
-Jacinto Benavente
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and most
-other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms of
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-
-Title: De Sobremesa; crónicas, Cuarta Parte (de 5)
-
-Author: Jacinto Benavente
-
-Release Date: December 17, 2018 [EBook #58484]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: ISO-8859-1
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-*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK DE SOBREMESA; CRONICAS, CUARTA PARTE ***
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-
-Produced by Carlos Colón, Josep Cols Canals, the University
-of Toronto and the Online Distributed Proofreading Team
-at http://www.pgdp.net (This file was produced from images
-generously made available by The Internet Archive/Canadian
-Libraries)
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- Nota del Transcriptor:
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- Se ha respetado la ortografía y la acentuación del original.
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- Errores obvios de imprenta han sido corregidos.
-
- Páginas en blanco han sido eliminadas.
-
- Letras itálicas son denotadas con _líneas_.
-
- Las versalitas (letras mayúsculas de tamaño igual a las minúsculas)
- han sido sustituidas por letras mayúsculas de tamaño normal.
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- De sobremesa
-
- CRÓNICAS
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-
- Cuarta serie
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-
- Jacinto Benavente
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-
- De sobremesa
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- CRÓNICAS
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- _CUARTA SERIE_
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-
- MADRID
- PERLADO, PÁEZ Y COMPAÑÍA
- SUCESORES DE HERNANDO
- Arenal, 11 y Quintana, 31 y 33
- 1912
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- ES PROPIEDAD.--DERECHOS RESERVADOS
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-
- Artes Gráficas MATEU.--Paseo del Prado, 30.--Madrid.
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-
-[Ilustración]
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-
-De sobremesa
-
-
-
-
-I
-
-
-La obra de Gregorio Martínez Sierra _Canción de cuna_ es una de las más
-bellas comedias estrenadas en estos últimos años. Fuí de los primeros
-en conocerla y en predecir su triunfo. Aunque el aplauso del público y
-los justos elogios de la crítica no hubieran sido en esta ocasión tan
-unánimes, en nada hubiera rectificado mi juicio. Además... ¡esperaba
-desde hace tanto tiempo esa comedia! ¿Os acordáis, mi querido Gregorio,
-de aquella Redacción del _Madrid Cómico_, y de aquel vuestro primer
-libro, y de vuestra timidez, que es el pudor de las inteligencias
-honradas; timidez y pudor que hoy desconocen tantos jovenzuelos osados
-que aun no escribieron una línea y ya creen haber conquistado el mundo?
-
-A cualquiera podrá haberle sorprendido el triunfo de ahora, el que
-muchos llaman definitivo, ¡haber llegado! A mí no podía sorprenderme:
-no es Gregorio Martínez Sierra de los que se revelan de pronto. ¡Dios
-nos libre de las revelaciones! Si esta obra es una cifra brillante en
-su haber literario, no vino por un golpe de audacia ó de fortuna; es
-la suma de muchos sumandos que ya indicaban la riqueza acumulada por
-un trabajo constante, progresivo, bien intencionado siempre. Gregorio
-Martínez Sierra no es de los que aciertan una vez á sorprender con
-relámpagos ó fuegos artificiales; la luz de su entendimiento es calor
-de hogar permanente, porque es calor de corazón...
-
-Y ahora, mi amigo de siempre, cuando yo sé que alguna vez juzgasteis
-tibieza de mi amistad el no haberse representado antes alguna de
-vuestras comedias, ¿lo deploráis ahora? ¿No veis cómo todo llega á su
-tiempo? ¿No veis cómo todo viene encadenado en la vida, y cuando á
-distancia vemos los años pasados, tan necesarias como las alegrías son
-las tristezas para armonizar el destino de nuestra existencia? Hora por
-hora procuramos huir del dolor que nos sale al paso y se levanta ante
-nosotros como obstáculo entorpecedor; al cabo de los años nos parece
-que algo hubiera faltado en nuestra vida si aquel dolor nos hubiera
-faltado.
-
-Y era cuanto yo quería decir en el día del triunfo, que yo no llamo
-definitivo, al autor de _Canción de cuna_. Y sabed, mi amigo de
-siempre, que una buena lágrima que tal vez visteis asomar á mis ojos
-al abrazaros después del estreno de vuestra obra, venía de más lejos
-que de la emoción causada por la obra misma: venía de muchos recuerdos,
-de muchas palabras calladas, de aquel vuestro primer libro, de aquella
-vuestra timidez de niño, y, ¿por qué no decirlo?, del orgullo de que,
-cuando para muchos se estrenaba en aquella noche _Canción de cuna_,
-para mí se había estrenado hace mucho tiempo.
-
- * * * * *
-
-Persona respetable y bien enterada me asegura que los restos de D.
-Manuel Bretón de los Herreros, sepultados en el antiguo cementerio
-de San Nicolás, caerán en la fosa común en breve plazo si nadie se
-presenta á pagar los gastos de traslación. Creo que bastará con la
-noticia, sin lamentaciones ni comentarios, para que la Sociedad de
-Autores, ó la de Escritores y Artistas, ó el Ateneo, ó la Academia
-Española, ó todos juntos, ó el primer buen español que tenga unas
-pesetas sobrantes, se apresuren á evitar esa... pequeña vergüenza.
-¡Ojalá pudieran evitarse á tan poca costa otras mayores! La persecución
-de mujeres por esas calles, sin ir más lejos. Cualquier medida que
-tomen las autoridades para ello, la más arbitraria, la más draconiana,
-será bien recibida. Hasta la de obligar á esos hombres valientes,
-insultadores de mujeres, á vestir las faldas-pantalones que tanto les
-indignan. Si entre las mujeres hubiera verdadera solidaridad, ellas
-son las que debieran correr por esas calles á esos varones sin otra
-apariencia de ello que el traje masculino. Aunque, bien mirado, hay
-para compadecerlos. ¿Qué mujeres tendrá ó habrá tenido en su casa el
-que no sabe que toda mujer es tan respetable en la calle para todo
-hombre como si fuera mujer de su propia familia? Pero, es claro, hay
-caballero que se echa á la calle, harto de haber insultado con mil
-groserías á las de casa. ¿Qué no hará con las extrañas? El hombre,
-como el caracol, lleva siempre su casa á cuestas. El que insulta á una
-mujer en la calle, es que le sobraron insultos de los que acostumbra á
-dirigir á su señora. O que devuelve los que su señora le ha dirigido,
-y no se atrevió á contestar, y ¡el pobre hombre no ha de quedarse con
-ellos!
-
- * * * * *
-
-Las modernas indagaciones de la crítica artística llevan la alegría
-por barrios. Cuando un Museo ó un coleccionista están más ufanos con
-un Velázquez ó con un Rafael ó con un Greco, sale un señor crítico de
-Arte aguándoles la fiesta con decirles que, lo que se creyó original,
-es copia, ó alegrándoles el duelo con la afirmación contraria. Nadie
-sabe ya lo que tiene. Es para creer en todos los cuadros viejos y para
-no creer en ninguno.
-
-El Museo del Louvre se ufanaba de poseer la verdadera _Gioconda_;
-nosotros mirábamos despectivamente la de nuestro Museo del Prado. Se
-volvieron las tornas; durante unos cuantos años la verdadera _Gioconda_
-será la nuestra. Aunque bien pudieran serlo las dos, y aun no serlo
-ninguna. Esta _Monna Lisa_, tan traída y llevada con el enigma de su
-sonrisa, quiere, por lo visto, ser enigmática en todo. Leonardo de
-Vinci era artista minucioso hasta el resobado, y es lo más probable que
-las dos _Giocondas_ fueran, en su intención, estudios y apuntes para
-una tercera, que acaso parezca el día menos pensado. Mucha importancia
-concedía Leonardo al fondo de sus figuras, y hasta procuraba infundirle
-algún simbolismo apropiado. Por esta consideración más parece la
-_Gioconda_ definitiva la del Louvre. Pero también pudo ser que,
-para mayor enigma, le pareciera mejor fondo el fondo indeterminado
-de la _Gioconda_ de Madrid. ¡El demonio de la señora! Nada, que
-se ha propuesto dar que hablar por los siglos de los siglos. Bien
-dijo su pintor y presunto enamorado: «Bella forma mortal passa é non
-d'arte». Ya sé yo cómo resolvería este pleito uno de nuestros chulos
-castizos; diciendo de una vez. «¡Vaya una tía _Gioconda_!» Sólo que, al
-pronunciarlo mal, estaría en lo cierto.
-
-
-
-
-II
-
-
-La comedia novelada de D. Eugenio Sellés, _Icara_, con satisfacer
-plenamente en la lectura, deja, no obstante, en nuestro espíritu el
-sinsabor que deja una vida truncada que nos pareció encaminarse á
-muy otro destino. No quiere esto decir que la serenidad del libro
-convenga menos, para una obra de serio y noble arte, que el bullicio
-de los teatros. Obras hay, en forma dramática, que nada ganarían al
-afrontar las luces de la batería: muchas de Byron; los admirables
-poemas de Browning; algunas comedias, quizás las mejores, de Musset.
-Pero _Icara_, no; se advierte, desde luego, que nació para el teatro, y
-todo en ella pide la expresión vigorosa que sólo en la representación
-escénica puede lograr la verdadera obra dramática. _Icara_ se malogra
-en el libro. Y cuando público, crítica y empresarios se lamentan de que
-faltan autores y obras en consecuencia, ¿qué razones hay, que la razón
-no alcanza, para que _Icara_ no haya sido representada? Descontemos la
-razón de méritos: tiene la obra muy sobrados, literarios y teatrales.
-Interesante asunto, de una importancia social que se sobrepone á lo
-que pudiera parecer de efímera actualidad. En cuanto á los papeles,
-razón suprema muchas veces para la admisión de una obra, nada dejan
-que desear al lucimiento de los actores. ¿Atrevimientos? Es el autor
-de _Icara_ bien probado señor de la pluma, para temer groserías de
-pensamientos y de lenguaje en obra suya. ¿Por qué, entonces, _Icara_
-no ha sido representada? No ha muchos días nos ofreció una espléndida
-empresa minuciosa estadística de las obras representadas por su
-compañía; todo ello para blasonar, á más de un trabajo constante, de
-una amplitud de criterio que sería laudable si estuviéramos seguros
-de que era sincera. Lo cierto es que, sin contar las que han dejado
-de escribirse, en la seguridad de que no hubieran sido admitidas por
-ninguna empresa, acaso las mejores obras dramáticas de estos últimos
-años impresas andan sin haber logrado el favor de ese amplio criterio.
-Díganlo las tragedias bárbaras de Valle-Inclán _Aguila de blasón_ y
-_Romance de lobos_; dígalo _Icara_; díganlo, del teatro extranjero,
-las verdaderas obras de arte: unas, traducidas para ser publicadas;
-otras, no traducidas por no perder el tiempo; mientras las empresas se
-desviven por traernos cualquier «comedieta» sin importancia ó cualquier
-dramón, al que se ha concedido demasiada. No es que me parezca mal, y
-cada uno en su casa es muy dueño de hacer lo que mejor le parezca y
-más crea que le conviene; pero no se pretenda darnos plaza de tontos,
-haciéndonos creer, cuando sólo se atiende á los legítimos ingresos de
-la contaduría, que se piensa, sobre todo, en los altos intereses del
-Arte.
-
- * * * * *
-
-El batallador obispo de Jaca, él pelea en Madrid y la diócesis á la
-puerta, se opone, en nombre de la religión cristiana, á la cremación
-de los cadáveres. No sabemos en qué texto sagrado podrá fundarse. No
-será, ciertamente, en el bíblico de la destrucción por el fuego ¡ay,
-Teresita! de las ciudades nefandas Sodoma y Gomorra. Si fuere, por
-dificultarse con la cremación, el prodigio final de la resurrección
-de la carne, grave ofensa de la divinidad, nos parece suponer que ha
-de serle más difícil resucitarnos de unas pavesas que de un montón de
-huesos. El que nos hizo de la nada, aun de la nada volverá á sacarnos,
-y, francamente, no valía la pena de molestarse.
-
-No era preciso que el señor obispo de Jaca tronara desde tan alto
-contra la cremación. Sin consideraciones religiosas de tanto peso,
-ya basta contra ella la natural y humana repugnancia á desaparecer
-de modo tan terminante. Queremos aferrarnos á la vida hasta en la
-muerte; de ahí esa vanidad de monumentos funerarios, los epitafios
-rimbombantes, las esculturas que perpetúen nuestra forma mortal. Los
-más descreídos en la imperecedera existencia del alma creen todavía
-en lo imperecedero de la materia al través de transformaciones; acaso
-creen que aun han de renacer, con los jugos de la tierra, en la
-flor, en la mariposa; que su «yo», su soberbio «yo», ha de existir
-por siempre, aunque algo desperdigado. ¿Cómo es posible que al morir
-se anule por siempre tanta grandeza? ¡Perderse así nuestras opiniones
-políticas, nuestros entusiasmos artísticos, nuestras preocupaciones
-sociales! ¡Saber que nuestro juicio particular sobre los más notables
-contemporáneos no significará ya nada en la armonía universal! ¡Que
-habremos oído el vals de los besos de _El conde de Luxemburgo_ para
-no recordarlo en toda una eternidad! ¿Qué significaría entonces esta
-vida nuestra? No es cosa de perder, por una medida de higiene y de
-estética como la cremación, las posibles transformaciones de nuestro
-cuerpo miserable. No defraudemos á los gusanos. ¡Es tan numerosa la
-fauna de los sepulcros! Hay libros muy interesantes en que se estudia.
-Hay gusanos especialistas de cada parte de nuestro apetitoso individuo:
-unos, para el corazón; otros, para roernos los sesos; otros, los más
-golosos, tienen á su cargo, como los del romance, «donde más pecado
-había». Tienen nombres distintos, nombres científicos, sonoros y
-expresivos. ¡Oh, es muy curioso! ¡Animalitos! ¡Hermanos gusanos!--como
-diría San Francisco.--La cremación sería una estafa para ellos. Dejemos
-á la Naturaleza completar su obra; sólo ella es sabia, sólo ella sabe
-lo que nos conviene. De este modo, las cenizas de Alejandro podrían
-tapar un barril de cerveza, como razona Hamlet en el cementerio. ¡Pobre
-príncipe! Aunque al morir sólo desea el silencio, como suprema paz para
-su espíritu, antes había soñado para sus cenizas la posible utilidad de
-tapar barriles. Todo, menos desaparecer del todo y para siempre.
-
-He aquí por qué la cremación tiene tan pocos partidarios. Entre
-una sepultura en la tierra y una pequeña urna en poder de nuestros
-allegados... La tierra nos ofrece mayor seguridad. La familia puede que
-perdiera la urna en una mudanza.
-
-
-
-
-III
-
-
-El señor obispo de Jaca es de incesante actualidad. Los cronistas le
-deben un homenaje de gratitud. Su último grito es un llamamiento á
-las plumas ociosas--no confundirlas con las ociosas plumas; de dormir
-son éstas, y aquéllas de no dormirse.--El señor obispo tiene por
-lema: «A Dios rogando y con la pluma dando». Si en su mano estuviera
-proponer alguna inusitada advocación, en todas las iglesias de la
-cristiandad tendría especial culto Nuestra Señora de la Rotativa. Es de
-agradecer este singularísimo aprecio á las letras periodísticas. Pero
-¡ay! en vez de tocar llamada á las plumas, ¿no fuera más pertinente
-llamar á los bolsillos? ¿A qué están las plumas? No, no es: «¡El
-que sepa escribir, que escriba!», lo que hay que gritar. «¡El que
-pueda pagar, que pague!» Ahí está el toque, el verdadero toque de
-llamada. Todos nos lamentamos de la indiferencia general, nadie se
-apasiona por una idea, todas ellas están indefensas: las religiosas,
-las antirreligiosas, las políticas y las artísticas. Y es que ¡está
-todo tan mal pagado! La literatura, en general; la periodística, en
-particular, no halla mejor recompensa que la de ser retirado de ella
-para ocupar algún puesto oficial. No hay mejor premio para los que
-valen; de donde resulta que los premiados, son baja por ascenso; los
-que quedan, baja por inútiles, y los postergados por la soberbia ajena
-ó la modestia propia, baja por desilusión y desmayo, por falta de esa
-interior satisfacción tan necesaria en todo militante. Si el periodismo
-fuera por sí mismo un buen fin, y no un medio para otros fines, nadie
-cambiaría su puesto de honor en el combate por otros puestos que han
-de quedar indefensos al faltar los mejores para defenderlos. Entre los
-que van de pasada, con la ambición más alta, y los que á nada pueden
-aspirar, ya desesperanzados, las ideas quedan á merced del enemigo,
-abandonadas como impedimenta. Menos cargos políticos y mejores
-sueldos. Así habrá menos impaciencias y menos desfallecimientos. ¡El
-que pueda pagar, que pague! Veremos entonces cómo todo el que sepa
-escribir, escribe. Procure, procure el señor obispo de Jaca conmover
-el bolsillo de los fieles, funde un periódico, pague á los periodistas
-con sueldo de obispo y verá leones defendiendo los obispados. Con 25
-ó 30 duros al mes, ¿qué ha de hacer el redactor del periódico más
-piadoso sino ayudarse y defenderse escribiendo algún entremés para el
-Salón Madrileño, sin licencia del ordinario? Y ¿qué ha de hacer el
-redactor del órgano más revolucionario más que escribir los gozos á
-unas monjitas, si se los encargasen? ¡Felices los que ignoran lo que
-pueden pesar 25 pesetas sobre nuestras convicciones más íntimas y nunca
-hicieron traición á una idea por menos de dos ó tres millones!
-
- * * * * *
-
-Las tiples han dado en fugarse. Es el modo más delicado de
-participarnos su efectuado enlace, que no sería bien anunciar más
-claramente. Hoy todo se anuncia, hasta las defunciones de la virtud;
-para las que está más indicado que en ninguna otra el: «Se suplica el
-coche».
-
-¡Y hay quien cree que en el teatro todo es libertad! Ya ven que no es
-así, cuando las tiples necesitan fugarse para poder amar libremente.
-Hay muchas señoritas de buena casa que, para mucho más, no pasan de la
-escalera. Verdad es que unas piensan en el contrato matrimonial, al
-que nada favorecen los anuncios previos, y las otras en la contrata
-artística, á la que favorece cualquier reclamo, aunque sea de codorniz
-y tan redoblado como el de las «verdecillas» del sainete. Ya se pagará
-á las tiples por fugas; siempre es una garantía de buenas formas y
-hasta de algún conocimiento musical, á falta de otros. Con todo esto,
-los perjudicados son el público y los empresarios; no porque se fuguen,
-sino porque vuelven.
-
- * * * * *
-
-Algunos escritores de provincias claman contra nosotros los de Madrid
-porque, según ellos, tenemos establecido un _trust_ de los bombos y nos
-pasamos la vida en batalla de flores: elogio va, elogio viene; siempre
-entre los mismos del corro. Y ¿qué se le va á hacer si el corro es
-tan reducido? Pero ¡lo que son las cosas y qué difícil es contentar á
-todos! Aquí, aun de los del corro, hay quien se queja si no se le cita
-á cada paso y se deja pasar sin referencia la comedia, el libro, la
-crónica ó el artículo. Claro está que sería preferible fuera el público
-quien nos diera á cada cual lo nuestro y nosotros lo suyo al público;
-pero con público tan indiferente y distraído, ¿no será obra meritoria
-la de bombearnos los unos á los otros? Ya procuramos destruir el efecto
-de las caricias públicas con los arañazos y mordiscos privados. ¡Pues
-sí que reina la paz entre los príncipes cristianos! Da gusto discurrir
-por cualquier Círculo literario.--¿Has leído la imbecilidad que publica
-hoy Fulano?--Nunca leo esas latas.--¿Has leído lo que dice de ti el
-idiota de Mengano?--Esto cuando se trata de un elogio, para darle todo
-su valor.
-
-Y se habla mal de todo lo que se lee, y peor de lo que no se lee; y
-todo es tabarra, todo es lata, ¡tan vaporosos estamos que todo nos
-pesa! Y nada es original y todo está dicho, ¡tan enterados estamos de
-todo!
-
-Dejad, dejad que funcione el bombo mutuo; es cuanto queda de agrado
-y cortesanía en nuestras relaciones literarias. ¿Será mejor que nos
-destrocemos los unos á los otros y los artículos sólo sirvan para
-alabanza de los políticos y de los _sportsmen_, de las marquesas
-viejas y de los toreros; las críticas de teatros para celebrar las
-decoraciones y el rumbo de los empresarios y la belleza de las
-espectadoras, y que todos suban, triunfen y medren sobre nuestras
-costillas, molidas por nosotros mismos? ¿Para todos hemos de guardar
-el secreto y entre nosotros no hemos de guardarlo? ¿Vale el público
-más que nosotros, para que le debamos la verdad? La verdad es para
-los iguales. El que quiera saberla, que llegue con la inteligencia ó
-con el corazón. Y si aun hablando bien unos de otros no engañamos al
-público sobre nuestro mérito, ya que nos crea malos escritores que nos
-crea siquiera buenas personas.
-
-
-
-
-IV
-
-
-Todos los años nieva en primavera y todos los años reaparece el
-invierno por Abril ó por Mayo, con un frío, según frase consagrada,
-impropio de la estación. Todo esto no tiene nada de particular; lo
-particular es que, sucediendo lo mismo todos los años, todos los años
-nos produzca la misma sorpresa, como algo fuera del orden natural.--¿Ha
-visto usted qué frío se nos ha echado encima? Aquí todo se nos echa
-encima: la nieve, como la revisión del proceso Ferrer, como el problema
-de Marruecos. Nada se aprende de un año para otro. En el año próximo
-volverá á nevar en primavera y volverá á parecemos que la Naturaleza
-padece graves trastornos y volveremos á sorprendernos del frío impropio
-de la estación.
-
-En las actuales circunstancias, la nieve ha sido tal vez la más
-elocuente manifestación de la opinión pública; el verdadero jarro de
-agua fría sobre el ardor, más ó menos sincero, de tantos acalorados
-discursos. La temperatura de la calle no ha correspondido con la del
-salón de sesiones. Verdad es que ¡tan pocas veces está á tono lo que se
-discute dentro con lo que se opina fuera!
-
- * * * * *
-
-Los que se habrán tranquilizado mucho serán todos los que se hallan
-bien avenidos con el orden social, venga de donde venga y lo imponga
-quien lo imponga. ¡Si estarán convencidos de la apacible condición de
-nuestros revolucionarios! Para una vez que podían disputarse la gloria
-de haber intervenido en una revolución, chica ó grande, todos, por el
-contrario, han procurado á toda costa convencernos de que ni ellos ni
-sus amigos pudieron tener la menor intervención en ella. ¡No faltaba
-más! Ellos no están conformes con nada de lo existente, pero en el
-fondo son gente de orden. Con creyentes así poco hubiera prosperado el
-cristianismo. Al primer mártir sacrificado, en vez de ensalzarle por
-su fe, hubieran tratado de probar que era tan pagano como el primero y
-que su martirio... había sido una lamentable equivocación imperial; con
-lo cual el calendario hubiera perdido un santo y mártir y el emperador
-se hubiera quedado tan fresco. Yo no sé, pero me parece que siempre es
-más lucido ser mártir de las ideas propias que de las ajenas.
-
- * * * * *
-
-Sin eufemismos de contaduría, Ivette Guilbert ha sido un fracaso ante
-nuestro público. ¿Por falta de ambiente? No puedo creerlo: el público
-que asistía á la presentación de Ivette Guilbert era justamente el
-público selecto para quien París y sus artistas no son una novedad ni
-una rareza. ¿Es que la artista ha perdido con los años? No, Ivette
-Guilbert ha ganado físicamente, y artísticamente, si nada podía ganar,
-porque en su arte llegó á la perfección hace mucho tiempo, nada ha
-perdido tampoco. Su repertorio es hoy más variado, más extenso; á las
-canciones canallescas y macabras, que eran su especialidad, ha unido
-canciones del siglo XVIII, ingenuas unas, como canciones de niñas al
-corro; galantemente picarescas otras. Ivette Guilbert es la Duse de
-este género, que, por ser muy de Francia, no es de un particularismo
-tal que no pueda interesarnos y justifique el desvío de nuestro
-público. No hay arte chico ni grande; hay artistas muy chicos y grandes
-artistas. Ivette Guilbert sabe hacer de una canción una comedia ó una
-tragedia; en su voz, en su gesto, en sus actitudes, viven, á cada
-estrofa, almas diversas. ¿No es todo un drama la canción _Le roi fait
-battre tambour_--escrita á la muerte de la famosa Adriana Lecouvreur?
-
-El público de Madrid ha sido injusto en esta ocasión. Es ya tarde para
-reparar la injusticia. Se comprende que haya público para todo, y hasta
-me parecería mal que todo el público entendiera de todo, mientras
-haya clases; pero, la verdad, que precisamente cuando hay que admirar
-verdadero arte sea cuando falte el público, es algo triste.
-
- * * * * *
-
-Gracias á los que se interesan por mi salud ó por mi estado de ánimo
-cuando falta una _Sobremesa_. Váyase por los que desearían que
-reventara de indigestión en una de ellas. Gracias también á los que
-creen que algunas, por impublicables, van al cesto de los papeles.
-Basta con que sepamos que no es así los que debemos saberlo. La verdad
-es que no ha de trabajar uno siempre para fuera y quizás escribe uno
-más cuando menos escribe, y aun en páginas más duraderas, y no siempre
-está uno para expansionarse, y más cuando se va para viejo, y rara vez
-rompería uno el silencio de oro sin apremios de plata. Conque ya lo
-saben todos los molestos ó contrariados con que uno escriba: no tienen
-más que organizar una suscripción, á unas pesetitas por molestia, y yo
-prometo no volver á tomar la pluma en mi vida, ni aun para agradecerles
-la mala voluntad de su buena obra. Con dinero se arregla todo.
-
-
-
-
-V
-
-
-Yo no sé si se ha escrito--la erudición no es mi fuerte;--pero de
-no haberse escrito, debiera escribirse un libro de las procesiones
-de Semana Santa en España. Decía un gran actor francés, maestro de
-actores, que el verdadero actor debe aprovecharse, en primer lugar, de
-sus buenas cualidades, y, en segundo lugar, de las malas. Este buen
-consejo puede hacerse extensivo á toda persona, cualquiera que sea su
-condición social, y á todos los pueblos, cualquiera que sea su estado
-de civilización. Cuando no se puede sobresalir por adelantados, se
-debe procurar sobresalir por el atraso; el caso es sobresalir de algún
-modo. Esto de las procesiones no es precisamente como la aviación ó
-la telegrafía sin hilos; pero es mucho más pintoresco y mucho más
-castizo y, bien anunciado, pudiera ser de una gran atracción para los
-extranjeros, curiosos de algo típico, cada vez más escaso, por culpa
-de la civilización, tan niveladora de costumbres como desniveladora
-de peculios. Sólo las procesiones de Sevilla han conseguido lo que
-ahora se dice reputación mundial. Sin rebajar nada de su bien ganado
-renombre, hay muchas otras que merecen ser conocidas. Las de Murcia,
-con sus imágenes de Salcillo, el Murillo de la escultura española,
-y, con él, una de las pocas notas de dulzura en el Arte español;
-con aquel ángel de la Oración del Huerto, bello como los de Rafael,
-símbolo artístico, al erguirse en su pagana belleza sobre la postración
-dolorosa del Nazareno, de todo el Renacimiento, protestante en nombre
-de la vida triunfadora y del Arte embellecedor de la vida.
-
-Las procesiones de Cartagena, con pasos de Montañés, de Salcillo,
-comparación interesante. Las de Lorca, de primitiva ingenuidad, con sus
-escenas bíblicas y evangélicas, representadas por personajes de carne
-y hueso; reñidas competidoras en propiedad y en lujo. Y en poblaciones
-más humildes, en pueblos ignorados, ¡qué tesoros de observación para
-el curioso! Las legiones de armados, los nazarenos, el pretorio con
-sus trompetas destempladas... Y sobre la devoción y la austeridad y
-las tinieblas en el templo, y las Siete Palabras en el púlpito, y los
-siete cuchillos clavados en el corazón de la Dolorosa, y sobre la Cruz
-redentora y el Santo Sepulcro, miradas y palabras y silencios de amor y
-de deseos que van encendiéndose por la boca y por los ojos de hombres
-y mujeres... Y la vida triunfa sobre toda tristeza, como el ángel
-murciano en la Oración del Huerto.
-
- * * * * *
-
-Las Sociedades de aficionados protestan contra el aumento en los
-derechos de representación de las obras teatrales exigido por la
-Sociedad de Autores. Todo el que conozca la organización íntima de esas
-Sociedades ha de estar conforme con la protesta. No se comprende que
-pueda haber animadversión contra ellas por parte de los autores, de los
-actores ni de los empresarios. Para estos últimos, las Sociedades de
-aficionados son una saneada fuente de ingresos; los actores no deben,
-sin ingratitud, mirarlas con malos ojos; casi todos se dieron á conocer
-en alguna de esas Sociedades, que vienen á ser las novilladas del arte
-dramático. En cuanto á los autores, por ellas ven popularizadas sus
-obras y por ellas ven representarse obras de repertorio olvidadas por
-las empresas. Las Sociedades apenas cubren gastos; de su desinterés no
-cabe sospechar. Son un interesante ensayo de socialismo aplicado al fin
-de proporcionar honesto recreo á muchas familias que no pueden pagar
-el lujo del teatro, si barato en Madrid, comparado con otras grandes
-capitales, muy caro en comparación con la riqueza de esas capitales y
-la madrileña.
-
-Con la subida de los derechos sólo se conseguirá, como siempre, que
-la autoridad se excede, que el favor solicitado con recomendaciones
-se sustituya á la justicia, y, como el favor no es nunca equitativo
-ni desapasionado, todo parará en intrigas, desigualdades y molestias
-para ambas partes beligerantes: Sociedades dramáticas y Sociedad de
-Autores. De nada sirve el general acuerdo si, después, unos autores
-ofrecen rebaja en sus derechos, y otros, por el contrario, exigen
-montes y morenas y anticipos y un número fijo de representaciones,
-cuando de obras estrenadas con aplauso se trate. Todo ello sólo sirve
-para que medren los que están en el secreto y hagan el tonto de la
-pantomima los que se atienen á la letra de los reglamentos. Lo mejor
-sería dejar á cada uno en libertad de estipular sus derechos con las
-empresas y con las Sociedades. Y ya que todo sea comercio, libertad de
-comercio y competencia libre. Es el sistema inglés, y hemos convenido
-en que Inglaterra es el mejor modelo para todo.
-
- * * * * *
-
-El prefecto de Atenas ¡oh, cuán poco ateniense! ha dado á rajatabla
-la orden de que todas las artistas extranjeras que se exhiben en los
-teatrillos y salones--cines en griego--sean sometidas--¡oh, manes de
-Friné! ¿dónde hallar aticismo para expresar el ultrajante concepto?--á
-una inspección facultativa, muy relacionada en verdad con algunos
-dioses de la Mitología: la diosa del Amor y el dios del Comercio; pero,
-hasta ahora, nada relacionada con Apolo, dios de las Artes, á no ser
-por parte de hijo, ó sea Esculapio, dios de la Medicina.
-
-Las ofendidas han puesto el grito en el Olimpo, y mientras, de allí
-vienen los rayos, en sus Embajadas y Consulados respectivos. Sí
-que hay para una intervención. Por lo pronto, en la primera ojeada
-han resultado dos virtudes sin detrimento. No es mal reclamo, con
-certificación facultativa y todo. Pero el que luzcan dos virtudes no
-es razón para deslucir las de otras señoritas. Siempre se dijo que
-las comparaciones son odiosas. Aparte de que es ocasionado á errores
-localizar la virtud en estos tiempos, y la ciencia no ve el fondo de
-los corazones.
-
-Lo malo será que algún prefecto de por acá se sienta helenista y quiera
-traducir al ateniense. Cierto que hay escenarios por esos teatros que
-más parecen aceras, y aun arroyos; pero, en fin, aunque en ellos el
-Arte no sea ni su sombra, todavía debe amparar con su nombre á las
-pobres mujeres que en él buscan sagrado. Y, en todo caso, la inspección
-no debiera aplicarse sólo á las artistas, sino á los espectadores,
-especialmente al cerebro. Puede que no se encontrara uno sin tacha,
-como la virtud de esas dos chicas, en Atenas.
-
-
-
-
-VI
-
-
-Por los que hacen ostentación de lo superfluo cuando lo más preciso
-escasea, se dijo: «Gran tocado y chico recado». Nuestra vanidad
-de hidalgos ha cambiado los términos, y ahora, con el monumental
-evacuatorio de la Puerta del Sol, bien puede decirse de nosotros lo
-contrario: «Chico tocado y gran recado», con la significación que la
-palabra _recado_ tiene en Andalucía.
-
-Si las _preciosas_ ridiculizadas por Molière poetizaban, denominando
-_Le superflú de la boisson_, á lo que tiene más bajo nombre, los
-madrileños hemos puesto una superfluidad al servicio de esas
-superfluidades.
-
-El suntuoso evacuatorio vendrá á ser, como el mondadientes paseado
-por aquellos hidalgos del siglo XVII: más para engañar la
-curiosidad ajena que el estómago propio.
-
-Todo quiere principio, y bueno es empezar por algo, aunque se empiece
-por el final; como en este caso se ha procedido, en el orden de las
-funciones digestivas.
-
-Lo que no me parece tan bien es el emplazamiento; pues si Madrid es el
-centro de España y la Puerta del Sol el centro oficial de Madrid y de
-ella ha venido á ser ornamento principal, con perjuicio del ministerio
-de la Gobernación, ese precioso evacuatorio, véase lo que viene á ser
-el centro de España. Esperemos que no haya confusión en tiempos de
-elecciones y cada asunto se despache en su departamento adecuado.
-
- * * * * *
-
-Un periódico de París, en cariñoso saludo de despedida á Mlle. Sorel,
-la pronostica un gran triunfo entre nosotros y nos dice de paso
-que, gracias á la bella _socia_ de la Comedia Francesa, podremos
-aquí admirar esos monumentos de la literatura francesa que son:
-_Demi-monde_, _Antony_, _L'Aventuriere_, etc.
-
-De ayer por la tarde fué cuando D. José Valero representaba el
-_Antony_, de Dumas padre, y también de hoy por la mañana cuando la
-Virginia Marini, en italiano, y María Tubau con Emilio Mario y Sánchez
-de León, en castellano, nos dieron á conocer el _Demi-monde_, de Dumas
-hijo. En cuanto á _L'Aventuriere_, representada en el teatro de la
-Comedia, de Madrid, por Coquelin, admirable de todo punto en el papel
-de D. Aníbal, el rufianesco hermano de doña Clorinda, había sido
-representada muchos años antes, en excelente traducción, no recuerdo
-ahora si de doña Gertrudis Gómez de Avellaneda ó de doña Carolina
-Coronado. De modo que si no es por mademoiselle Sorel, nos quedamos tan
-ignorantes.
-
-Algo hubiera ganado la distinguida actriz con seguir cultivando
-nuestra ignorancia y dejarnos la impresión de su elegante silueta
-en la favorable y lejana irrealidad de las postales y de las cajas
-de cerillas, poetizada por ese encanto en que París envuelve á sus
-artistas, siempre hermosas, siempre jóvenes, siempre espirituales,
-siempre vestidas de armiños y de encajes, siempre cubiertas de perlas
-y diamantes... ¡Oh presencia, presencia, destructora de encantos! Ayer
-fué la Cleo de Merode, hoy es la Sorel... Los adolescentes ilusionados
-que os vieron de cerca, ya no volverán á extasiarse ante las postales y
-las cajas de cerillas. ¡Oh princesas lejanas, como la de Rostand! ¿Por
-qué os acercasteis nunca para decirnos que no sois como érais?
-
- * * * * *
-
-Los tripulantes de un barco, en mares de Australia, han presenciado
-la más descomunal batalla imaginable. Treinta y seis ballenas machos
-luchando por una sola hembra, Elena de esta _Iliada_ entre cetáceos. Ya
-no es sólo por las calles de Madrid por donde no puede andar una señora
-sola. Cierto que los batalladores cetáceos tenían en su disculpa la
-enorme desproporción entre el género masculino y el femenino. ¡Treinta
-y seis para una! ¡Pobre ballena, que no encontraría en tal apuro ni á
-un pez espada para defenderla!
-
-Este suceso es el que ha determinado, sin duda, la formación de una
-Liga contra la pornografía. Todos los días no puede uno hacerse cargo
-de todo; así es que cada cuatro ó cinco años nos hacemos cargo de una
-cosa. Ahora que va decayendo la pornografía, conseguiremos que vuelva á
-tomar incremento con dedicarnos á combatirla.
-
-Parece ser que el medio indicado es el _sport_. ¿De veras? ¿No será el
-exceso de _sport_ y el de los ejercicios físicos lo que haya embotado
-las inteligencias para goces más espirituales y más artísticos?
-Adviértase quiénes son los que gozan en el teatro con las groserías y
-las marranadas; no son los que han leído á Ibsen: suelen ser los que
-se aburren con la representación de cualquier obra de verdadero arte.
-¿Quiénes son los que leen las novelas pornográficas? Los que no leen
-ninguna otra, porque nada dice á su inteligencia.
-
-Bueno está fortalecer los músculos; pero no estará de más fortalecer
-el cerebro. Un error lamentable de educación tiende á suprimir todo
-esfuerzo mental en el estudio, ya nadie quiere calentarse la cabeza;
-queremos que todo sea agradable, fácil, ligero; ya todo el _lata_ para
-el vaporoso cerebro moderno.
-
-Es preciso que la inteligencia tenga también su gimnasia; porque si
-durante todo el día no hemos hecho más que correr, saltar y darnos de
-puñetazos, ¿cómo vamos á entender por la noche _La vida es sueño_ mejor
-que unas canciones por todo lo bajo y un garrotín por todo lo alto?
-
-Yo sé que en los tiempos de mi juventud nos obligaban á estudiar con
-trabajo, y todo el _sport_ era algún marro, jugado en algunos sabrosos
-novillos; pero sé que llegaba un domingo por la tarde y preferíamos
-gastarnos los cuartos de nuestro pobre peculio de estudiantes, en
-admirar á Elisa Boldún y á Rafael Calvo en alguna obra del teatro
-antiguo. Y los mozos de ahora se van al _cine_ á relinchar como potros,
-á insultar á las pobres mujeres, y cuando van á un teatro serio, por
-moda, no por gusto, creen que es todavía el _cine_. Pues estos mozos
-son los que, por higiene, tienen seis horas de gimnasia, de _sports_,
-de armas, y media hora de estudio ligero, muy ligero, no se caliente
-el niño la cabeza. No; más vale que se le rompa por fuera de un golpe
-ó de un batacazo, que no se le caldee por dentro al chocar de dos
-ideas.
-
-
-
-
-VII
-
-
-Debe de ser un encanto gobernar un país, como ser jefe de una familia
-en que reine de continuo la mayor unanimidad de pareceres. Si el
-Gobierno no se ha enterado todavía de la verdadera opinión nacional
-en los asuntos de Marruecos... Unos que: «Vamos allá, que para luego
-es tarde, que allí está nuestro porvenir». Otros que: «Nada tenemos
-que hacer allí, que Marruecos es como los amores y las zarzas, donde,
-según el refrán, quien en ellos se metiere entrará cuando guste, mas no
-saldrá cuando quisiere».
-
-Hay señor, de los expansivos y belicosos, que, como caballero
-particular, le basta con un piso muy reducido, con habitaciones de
-un metro en cuadro, para todas sus expansiones; pero, como ciudadano
-español, teme ahogarse entre las fronteras naturales y le parece que
-le va á faltar aire si, por abajo, no llegamos hasta Tetuán y, por
-arriba, hasta qué sé yo dónde; como si, por mucho que se dilaten
-las fronteras, no vinieran á parar al fin en vecindades más ó menos
-molestas y peligrosas. El Imperio universal está muy desacreditado,
-por aquello de: «Quien mucho abarca, poco aprieta». Y nadie abarcó ni
-apretó más que nosotros, y no es cosa lo que nos ha lucido el pelo.
-
-Otros lo toman por lo agrícola, y como en España ¡á Dios gracias! ya no
-queda sitio para plantar una mata de habas, se extasían considerando
-las siembras y plantaciones que podemos extender por los territorios
-conquistados. Por aquí, tabaco; más allá, pimientos; detrás, unas
-coles, y, entre col y col, lechugas. ¡Qué porvenir, qué riqueza!
-
-A todo esto, la verdadera opinión, que, como siempre, es la que nada
-dice, y hace mal, como siempre, piensa que: del lobo un pelo, y de la
-hermosa Dulcinea de esos andantes caballeros, que no andan, un retrato,
-siquiera tamaño como el blanco de una uña; como pedían los mercaderes á
-Don Quijote, para proclamar, con algún fundamento, la soberana beldad
-de su dama.
-
-Lo cierto es que, de América, con todos los errores y todas las
-torpezas, se sacó algún provecho, y aun colea; pero de Africa no
-sacamos más que romances; muy heroicos, pero nada prácticos. Las
-guerras modernas van por otros caminos. Los ejércitos son hoy avanzadas
-de los viajantes de comercio. Pero es muy triste cosa que, cuando un
-ejército se haya cubierto de gloria y pueda decirnos: «Aquí está todo
-este territorio que os hemos conquistado», haya que responderle: «¿Y
-qué hago yo con esto?»
-
- * * * * *
-
-¡Dichosos tiempos éstos en que, por cada pierna que podemos mover, y
-aun echar por alto, tenemos una liga que nos sujete y nos impida andar
-en malos pasos! Hay ligas femeninas, hay ligas masculinas, las hay de
-ambos sexos; las hay para todo y contra todo. Esta de ahora, contra
-la pornografía, promete ser de las más batalladoras. ¿Será verdad
-que estamos tan encenagados? ¿Se escriben y se publican más libros
-pornográficos que en otros tiempos? ¿El teatro es más inmoral que lo ha
-sido nunca? ¿Se escandaliza por esas calles como en ningún otro período
-histórico?
-
-Yo creo que no; lo que yo creo es que ahora, como nunca, le ha dado á
-todo el mundo por enterarse de todo y por hablar de todo, y... ¡oye
-uno á señoras y señoritas, niñas y niños, tratar de unos asuntos!
-Sucede como en esos países de clima templado en que las casas están
-mal acondicionadas para el invierno: cuando quiere uno estar abrigado,
-hay que echarse á la calle. Lo mismo es con la pornografía moderna. La
-calle está á mejor temperatura que las casas.
-
-Ciertos libros, ciertos teatros, solicitan á un público especial.
-¿Qué culpa tienen ellos de que todo el público los busque? Los que
-se indignan con la literatura pornográfica, ¿están seguros de haber
-dispensado su protección á la literatura honesta? Los que protestan
-contra las obras inmorales en el teatro, ¿están seguros de no haberse
-aburrido en la representación de alguna comedia moralísima?
-
-No me cansaré de decirlo; lo que llamais pornografía tiene su origen
-principal en la exagerada ñoñería. Por ñoñería cultivais la incultura,
-y ahí tenéis el fruto. Impedís que vuestros hijos y vuestras hijas
-afronten cara á cara, como la luz del sol, una verdadera obra de
-arte, y, es claro, como algo han de leer, leen á escondidas cualquier
-porquería; y como no tienen formado el gusto para saborear cosa mejor,
-les parece excelente.
-
-Si no les permitís admirar las obras maestras de la escultura, ni los
-desnudos del Tiziano, ¿cómo no han de recrearse, á hurtadillas, con
-alguna colección de postales que sólo puede causar asco en quien más
-alta y más pura belleza haya contemplado?
-
-Cuidad de vuestros hijos en casa y no os cuidéis tanto de la calle; que
-nadie sale á buscar en ella lo que le prohibieron que buscara, sino lo
-que le enseñaron á buscar.
-
-
-
-
-VIII
-
-
-En los Estados Unidos un matrimonio ha realizado, efectivamente, ese
-duelo á muerte que es todo matrimonio. La esposa, el adversario, según
-Capús, lo ha sido en este caso con todas sus consecuencias. Con mayor
-lealtad, al batirse á pistola con su marido, que tantas otras mujeres
-en ese duelo continuo á pinchazos, pellizcos y mordisquitos--morales,
-por supuesto--que tienen su campo de honor á todas horas, en la mesa,
-en el despacho, en el cuarto de costura, en el mismo tálamo, y por
-testigos, á parientes, criados, vecinos, visitantes y á la misma prole
-de los combatientes.
-
---Contigo no hay quien pueda. No haces más que tonterías. Ahí tienes
-á Fulano; ¡si fueras como él! ¿Por qué seremos tan tontas las mujeres
-honradas?--¡Oh, la perfecta comunicación de vidas! ¡Oh, mujer nuestra,
-nunca nuestra! Si sabemos alguna vez cuál es tu pensamiento, es porque
-piensas siempre lo contrario, y aun sabes burlar nuestras suposiciones,
-pensando en una distinta contrariedad contraria á cuanto pensamos. Tú
-eres la conciencia del hogar cuando, por la Patria ó por la Humanidad,
-sacrificamos conveniencias familiares, y eres la conciencia acusadora,
-en nombre de la Patria y de la Humanidad, si nos dejamos seducir por tu
-voz de sirena doméstica. Nos quieres mezquinos por ti, y nos quisieras
-después grandes á pesar tuyo.--Déjate de cuentos; sé como todos--nos
-dices antes.--Déjate de cuentos. ¿No ves cómo eres lo mismo que
-todos?--nos dices después.
-
-¿De qué es tu cariño, que siempre nos quiere otros? ¡Oh, mujer nuestra;
-siempre dolorida; malograda siempre, y nunca nuestra!
-
- * * * * *
-
-Al aficionado de sangre--no diremos á la sangre, por no ofenderle--no
-le basta con la lucha entre el torero y el toro; necesita que haya
-lucha también--en este caso se llama competencia--entre los toreros.
-Cuanto mayor y más enzarzada es la competencia, mayor brillantez logra
-el espectáculo. No hay duda; del toro puede huirse, pero ¿cómo huir
-del competidor que viene azuzando? En todos los órdenes de la vida es
-bueno que haya conservadores y liberales, y hasta revolucionarios á la
-expectativa, que son los no contratados, que de todo murmuran. ¡Pues
-digo si los que van llegando y los que están al llegar no empujaran
-á los que han llegado! ¿Qué sería de nosotros si Maura y Bombita,
-La Cierva y Machaquito se vieran dueños y señores del redondel? Por
-fortuna, las empresas comprenden sus intereses y avivan la competencia.
-El que quiera torear que no sea conservador... de su piel. Y el que
-quiera gobernarnos que no sea liberal... de la nuestra.
-
- * * * * *
-
-Como nuestra buena amiga, la de Trafalgar, nos ha salido algo «cocota»,
-pero de las prácticas, ahora hemos caído en la cuenta de que mejor nos
-hubiera estado poner nuestros amores y nuestra confianza en la señora
-Germania, que, aunque burguesota y carillena, es señora formal y de
-peso.
-
-A buena hora, mangas verdes; para que nos respondan con el ademán más
-adecuado á esa parte de la indumentaria. Bien que, para justificar
-nuestra conducta, podíamos recordar el cuento de aquella novia á quien,
-en vísperas de la boda, el novio apremiaba para la concesión de ciertos
-anticipos á cuenta, y como ella se resistiera bravamente, y después
-de todas las ceremonias nupciales el novio la dijera: «Anduviste muy
-discreta; si me haces el menor anticipo, no me caso contigo»; ella
-entonces, con la mayor inocencia: «Sí, ¡que soy yo tonta! Ya me había
-pasado dos veces».
-
-De donde se deduce que para sacar marido ó aliado no conviene hacer el
-menor anticipo, sino estar á las resultas, que es la mejor proporción y
-acomodo.
-
- * * * * *
-
-Max Rheinhardt, el primer director escénico de Alemania, ha obtenido un
-triunfo de alabanzas, de burlas y de discusiones en la representación,
-en la pista de un circo, del _Edipo_, de Sófocles, y el _Ricardo II_,
-de Shakespeare. La prueba es digna del inteligente director, y según
-sus admiradores incondicionales, en los tiempos modernos no se había
-logrado tan exacta presentación de la tragedia griega en toda su
-grandeza. El coro, verdadero protagonista en ella, recobra así toda su
-importancia, invadiendo la pista por diferentes partes, como verdadera
-masa popular, interviniendo en la acción á cada paso espectador y actor
-al mismo tiempo.
-
-En cuanto al _Ricardo II_, de Shakespeare, como todos los dramas
-históricos del mismo autor, creo que sólo en un circo pueden hallar
-su verdadero escenario. Allí pueden evolucionar guerreros y caballos;
-allí pueden sucederse los varios episodios, todos interesantes y todos
-necesarios. Y, en efecto, las representaciones primitivas de esas
-obras, en tiempos de su autor, actor y empresario, más semejanza tenían
-con la representación de una pantomima de circo en nuestros tiempos,
-que con las representaciones de esas mismas obras en nuestros modernos
-teatros. Los actores pasaban á caballo entre el público; como aun hoy,
-por tradición teatral, puede verse en Granada, en las representaciones
-de la famosa Toma, y como era uso también en nuestros corrales; y
-actriz hubo, como la Bárbara Coronel, más celebrada por su arrogancia
-de amazona que por sus méritos de comedianta.
-
-Todo vuelve á fuerza de buscar novedades, y el mayor progreso
-escenográfico está en volver á la sencillez de los teatros primitivos.
-El teatro vive, ante todo, de la imaginación, y á la imaginación, ó se
-la engaña con muy poco ó no se la engaña con nada. Hay algo con que se
-la engaña siempre: el interés y la emoción. Sófocles y Shakespeare no
-necesitaban de los ojos del espectador; con los oídos les bastaba.
-
-
-
-
-IX
-
-
-Después de leer el libro _L'art de bien tenir sa maison_, publicado
-en París por la biblioteca «Fémina», cae uno en la cuenta de cómo es
-preciso renovarse ó morir, según la frase de Gabriel D'Annunzio. Hay
-que renovar nuestra educación cada diez años, por lo menos, si no
-quiere uno caer en graves faltas de tacto y de buen gusto. Parece que
-esto de la urbanidad y del trato social debiera estar sujeto á leyes
-más permanentes; nada de eso; lo que ayer era exquisita cortesía,
-hoy es ordinariez; lo que ayer acreditaba á cualquiera como hombre
-de sociedad, hoy le pondría en el más lastimoso ridículo. La exacta
-observación de las famosas máximas del barón de Andilla podrá hacer
-del más zafio patán el más cumplido cortesano. ¡Eran tan claras,
-tan sencillas, tan aplicables! Ya por los tiempos de su publicación
-empezaba á desecharse tradicionales reglas de buena crianza. Dice el
-barón:
-
- «Hoy, en la mesa principal, es uso
- servir trinchado ya: sistema ruso.»
-
-Nadie ignora que allá en los años en que Larra escribía su _Castellano
-viejo_, nada acreditaba tanto á una persona de finura y cortesanía como
-su habilidad en el arte cisoria, mostrada al trinchar un ave entre la
-admiración y el aplauso de los comensales... Arte y habilidad perdidos,
-cuya tradición sólo conservan algunos cirujanos modernos, tal vez por
-atavismo, tal vez porque consideren, como el filósofo, que el hombre es
-un ave sin plumas.
-
-Lo cierto es que ha de estar uno siempre pendiente de estos utilísimos
-Códigos de la buena crianza, que, con los títulos de _El modo de vivir
-en sociedad_, _El perfecto caballero_, _La verdadera gran dama_,
-_El arte de servir la mesa_, _La educación y las buenas maneras en
-sociedad_, _Las buenas formas en el cine_, y otros por el estilo, más
-ó menos afrancesados, como á toda fiel traducción corresponde, nos
-impiden estar en ridículo ante las nuevas generaciones. Ya debe uno
-entrar con los guantes puestos en un salón, ya debe uno quitárselo; ya
-debe uno besar la mano á la señora de la casa, ya no debe besarse nada;
-ya está bien ofrecer el brazo á las señoras, ya es una ridiculez de mal
-tono; ya deben presentarse unas á otras todas las personas reunidas
-en un salón, ya no debe presentarse á nadie para no imponer nuestras
-relaciones, aunque el sistema de la abstención es muy peligroso.
-¡Cualquiera empieza á murmurar de nadie en una reunión donde la mayoría
-de las personas nos son desconocidas! A lo mejor suelta usted su
-murmuración y se hace un silencio de hielo; mira usted á su alrededor
-y todo son risitas mordidas para no soltarlas; sólo ve usted dos caras
-muy serias: la de la señora de la casa y la de otra señora. No hay
-duda: se ha metido la pata. Y si la murmuración se dificulta, ¿de qué
-se habla en sociedad? El tema teatral se agota pronto. ¿De toros? No
-es conversación para señoras y pueden hallar alusiones molestas en lo
-más inocente. Yo creo que, no sólo se debía presentar á todo el mundo,
-sino que todos debiéramos llevar colgado un pequeño cuadro de nuestra
-genealogía: profesión, opiniones religiosas y políticas, asuntos de que
-se puede hablar en nuestra presencia y asuntos que no deben mentarse.
-En toda reunión está siempre pendiente la plancha de Damocles, pronta á
-caer sobre la cabeza del primer indiscreto.
-
-¿Y las comidas? Cualquiera se sienta hoy á una mesa de etiqueta sin
-llevarse muy aprendido el destino y aplicación del sinnúmero de
-utensilios de diferente forma indispensables en toda mesa de buen tono.
-Pinzas, garfios, tijeras, cuchillos de mil formas: unos para comer los
-espárragos con pulcritud; otros para triturar con gracia los cangrejos;
-un chisme para cada cosa, y viceversa. ¡El ideal feminista! Una mesa
-moderna parece el aparador de un dentista, con su imponente colección
-de instrumentos relucientes. Y ya se estila adornar la mesa; ya es de
-mal gusto recargarla de adornos; y hoy no es de buen gusto comer mucho
-pan; y mañana se debe comer tostado... Hay para llenar una existencia
-con el estudio de estas que no pueden considerarse menudencias, pero
-que á lo mejor deciden de nuestra suerte en la vida.
-
- * * * * *
-
-Publicación muy interesante y muy digna de que se solicite atención
-para ella es la nueva revista _Archivo de Investigaciones Históricas_.
-Por el contenido de los números publicados puede apreciarse su
-importancia. Seguramente su editor no aspirará á enriquecerse con
-ella; ya se contentará con no empobrecerse, de dinero y de ilusiones,
-que también valen algo. En España no hay gran afición á los estudios
-históricos documentales, y mucho menos á enfrascarse en la lectura de
-documentos auténticos. Estudiamos la Historia; mejor dicho, nos la dan
-estudiada, si estudiar puede llamarse á esto, por grandes síntesis. Las
-grandes síntesis son de una gran comodidad. Con decir: «La Historia
-se divide en tres edades: antigua, media y moderna»; con atribuir á
-cada una de ellas un carácter general, según las opiniones políticas
-del historiador, ya estamos al cabo de la calle y de los siglos. Y es
-lástima, porque sólo por el conocimiento de la Historia puede formarse
-la verdadera conciencia de un pueblo. Si la verdadera ciencia de
-gobernar consiste, como la ciencia del agricultor, en el conocimiento
-del terreno que ha de cultivarse, sólo el conocimiento de la Historia
-puede enseñarnos cómo puede cultivarse el espíritu de los pueblos para
-no exponerse á sembrar en terreno estéril ó á malograr cosechas por no
-conocer el terreno y lo que en él puede sembrarse con esperanza de buen
-fruto. Aquí sembramos á tontas y á locas; allá van leyes y allá van
-proyectos; esta ley de Francia; aquélla de Inglaterra; sin cuidarse si
-en esta tierra española podrán tener buen arraigo y floración lucida.
-
- * * * * *
-
-Un libro raro también entre los libros recientemente publicados: _Mundo
-interior_, de un escritor joven: García Martí, que se nos presenta en
-su libro con esa serenidad espiritual que sólo la fe religiosa ó la fe
-en nosotros mismos pueden asentar en nuestro espíritu. Si esa serenidad
-fuera literatura, aun sería estimable el libro; mas tengo razones
-para creer que llegó al libro después de luchas muy hondas. Aun llora
-la resignación en esas páginas; aun se percibe el fragor del combate.
-Lo que pudiera parecer inspiración de otros escritores, es aquí como
-nueva emoción, acrecida por las palabras de un amigo que supo acertar
-con el secreto de nuestra alma. Y así llega también á nosotros este
-libro, como un buen amigo que todo lo comprende y lo perdona todo y con
-la serenidad de sus palabras viene á poner calma en nuestro corazón
-atormentado.
-
-Y un saludo para un libro de cuentos: _La Serafina_, del veterano
-escritor Sr. Tusquets, no tan conocido como debiera serlo; pero sí
-muy estimado de cuantos le conocen. Escritor que no vivió atento á
-veleidades de modas literarias; que emprendió su camino por la novela
-naturalista, cuando apenas se hablaba del naturalismo en España. Otros,
-con menos merecimientos, lograron más ruidosos aplausos. Olvidamos
-demasiado pronto. No es el Sr. Tusquets, el autor de _La hembra_, de
-los que deben ser tan injustamente olvidados.
-
-
-
-
-X
-
-
-A nadie como á los políticos y á los escritores conviene, de cuando
-en cuando, descentralizarse. ¡Unos y otros son tan inclinados á creer
-que es todo el mundo el pequeño mundo que les rodea! Y en el mundo
-hay más, siempre hay algo más. Sólo alejándonos de nuestro medio,
-que es alejarnos en parte de nosotros mismos, podemos apreciar el
-verdadero valor de nuestra obra. Nuestra vida, como nuestra obra, sólo
-á distancia parecen lo que son en realidad. De aquí la conveniencia de
-los viajes para políticos y escritores. Al observar cómo nos juzgan los
-espectadores lejanos, aprendemos á juzgarnos mejor nosotros mismos.
-Tanto más ganará nuestra conciencia cuanto más castigada quede nuestra
-vanidad.
-
-Convienen también los viajes para curarnos de nuestra impertinente
-superioridad de madrileños. Hay en provincias más reposado ambiente
-de intelectualidad; el tacto de codos no llevó hasta sus Círculos
-literarios la complicidad de las admiraciones ó de los odios. Se
-juzga con menos pasión, porque se sabe más de las obras y menos de
-las personas. Justo es que desde Madrid correspondamos con nuestra
-atención y nuestra simpatía á los que trabajan en provincias, con mayor
-desinterés que en Madrid se trabaja, por un noble ideal de cultura.
-
-Mi saludo al Ateneo de Badajoz que, con sus propios recursos, bien
-escasos, organiza Exposiciones de pintura, Certámenes literarios,
-Conferencias científicas y artísticas. Mi saludo á los poetas y
-escritores premiados en los Juegos florales; sus poesías y sus
-cuentos en prosa no eran las acostumbradas vulgaridades que tanto han
-desacreditado estos tradicionales concursos. Luis Bardaje, Antonio
-Teixeira, Montero, Enrique Segura, son poetas y cuentistas superiores
-á la flor natural y á los objetos de arte, obligado premio en estos
-Certámenes.
-
-No vea nadie en mis elogios obligación del agradecimiento. Es justo
-pago á la verdad. Mi corazón no paga con tan poco.
-
- * * * * *
-
-Como casi todo el año, aunque no nos demos cuenta como ahora, hemos
-estado viviendo en el aire. Nuestra imaginación, de suyo perezosa,
-aunque tenga, por meridional, fama de lo contrario, ha volado por
-esta vez siguiendo, y aun adelantándose, al vuelo de los aeroplanos.
-Como actores, no es cosa lo que nos lucimos en estas emocionantes
-luchas por la conquista del aire; pero ¡como espectadores!, aquí
-nos las den todas, en un día de sol, entre buenas mozas y con una
-buena merienda. Este, éste es nuestro papel: contemplativos y algo
-escépticos, hasta que llegue el día en que podamos aprovecharnos de
-lo que otros inventaron y trabajaron para nosotros. ¡Sí, que somos
-primos! Cuando el invento esté bien perfeccionado y no haya riesgo que
-temer ni peligros en que aventurarse, el volar será para nosotros un
-divertido _sport_. Entretanto, bien estamos de espectadores. Nuestro
-terreno es la Teología y la Mística, según D. Miguel de Unamuno. Ya
-es bastante que nos dignemos admirar. ¡Y vaya usted á saber, si de la
-admiración se quita la bulla del viaje y las buenas mozas y la merienda
-y la juerguecita, lo que quedaría para el valor de los voladores y
-el triunfo de sus máquinas! Como decía Cromwell, al ver la multitud
-agolpada para aclamarle: «La misma gente habría si me llevaran á
-ahorcar.» No digo yo la misma; pero alguna más sí hubiera acudido, si
-en estas corridas aéreas no estuviera comprobado que el «hule» suele
-alcanzar también á los espectadores. Y que, alguna vez, como en París
-ahora, los viajeros no son de tercera, como, según el comentario de
-un periódico, lo fueron, afortunadamente, todas las víctimas de un
-descarrilamiento.
-
- * * * * *
-
-Como algunos críticos le hubieran acusado de plagiario, lamentábase
-Bernardo Shaw de la triste idea que dichos críticos tenían de la
-mentalidad inglesa, que, apenas daban con una obra sobresaliente, ya
-no podían creer que en cerebro inglés hubiera sido concebida. Si de los
-críticos y del público inglés se quejaba Bernardo Shaw, ¿qué podremos
-decir en España, donde todo lo de casa está siempre en entredicho y
-nadie cree en la capacidad intelectual de nadie, y así andamos todos de
-acobardados y desconfiados de nuestras propias fuerzas? ¿Quién piensa
-aquí en acometer empresa alguna si, en vez de alientos y esperanzas,
-sólo ha de oir el cubrefuego que paraliza su resolución? ¿Qué va á
-hacer ese hombre? ¿Ha visto usted qué atrevimiento? Y si alguien da con
-una idea original, todos se preguntarán: ¿De dónde la habrá copiado?
-Y cualquier atrevimiento parece desvergüenza, y cualquier resolución,
-osadía y falta de respeto. ¡Admirable país, en que sólo los holgazanes
-y los ociosos viven tranquilos y respetados!
-
-Pensaba yo todo esto viendo al actor italiano Caravaglia representar
-_Hamlet_. No es que estuviera mal del todo; pero yo pensaba qué se
-hubiera dicho de un actor nuestro si se hubiera atrevido á una mitad
-de las cosas raras y de mal gusto á que el actor extranjero se atreve
-en la interpretación de la obra de Shakespeare. Y á la mayoría de los
-espectadores estaba á punto de parecerles todo aquello algo maravilloso
-y de un soberano arte. Risa para todo el año hubiéramos tenido con uno
-de casa. ¿No tomamos á broma á Tallaví porque se atrevió á representar
-_Los espectros_, de Ibsen, después de Zacconi? ¿Era tan gran osadía?
-¡Ah! ¡Si Tallaví hubiera sido extranjero! Pero nuestros actores no
-pueden atreverse á nada; los queremos discretos, muy discretos,
-medrositos y respetuosos siempre; les pedimos que ni se molesten ni nos
-molesten demasiado; nada de gritos, ni de gestos, ni escenas mudas, ni
-desplantes; á decir su papelito, y á salir del paso; aquí nos conocemos
-todos; ya sabemos todos de lo que somos capaces. Los extranjeros, ya es
-otra cosa; ya pueden atreverse á todo; es otra cosa, sobre que no se
-entiende lo que dicen si no hacen algo raro...
-
-Y no es que Caravaglia sea un mal actor; al contrario, es demasiado
-actor; no hay modo con él de olvidarse de que estamos en el teatro.
-Pero, la verdad, como Hamlet era algo más que un comediante, y
-Shakespeare algo más que un autor de teatro... ¡Oh, la _Cleopatra_,
-toda humanidad, de Eleonora Duse! ¡Oh, el _Hamlet_ de ensueño de Sarah!
-¡Y cómo el teatro dejaba de ser teatro al encanto de las dos divinas
-intérpretes de Shakespeare!
-
-
-
-
-XI
-
-
-Aunque la supresión del impuesto de Consumos en nada favoreciera al
-contribuyente, aunque sólo cambiara la forma del cobro, ya sería de
-agradecer y de estimar la supresión. Como hay una Ética, debe haber una
-Estética en el arte de gobernar, y el impuesto de Consumos no puede
-negarse que era de lo más antiestético. Ese registro del viajero,
-que tal vez llega angustiado por tristes preocupaciones, tal vez
-todo ilusiones y esperanzas, y, como anticipo de hospitalidad, se le
-ofrece la mirada hosca del vigilante, á quien tampoco hay que culpar
-demasiado, expuesto siempre á desconfiar cuando menos debiera ó á
-dejarse engañar cuando mejor le engañan.
-
-Ya se necesita ser conservador para obstinarse en conservar el lindo
-impuesto. Ojalá pudiera suprimirse tan fácilmente el registro
-y el pago en las Aduanas. Todo sería caminar deprisita hacia la
-civilización. Los dos impuestos, por la forma del cobro, recuerdan
-la dulce manera con que los señores de horca y cuchillo ponían á
-contribución, en especie ó en dinero, á todo viandante que pasara por
-sus dominios. Ya que todo venga á parar en sacarnos el dinero, que
-se nos saque con buenas formas, que es como ponen á contribución las
-mujeres, y á ver si hay quien se dé mejor arte para sacar dinero.
-
-Mientras lo mejor de nuestras clases directoras anda preocupado
-con la supresión de dicho impuesto, y lo más mejor con el Congreso
-Eucarístico, cuya perentoria necesidad se dejaba sentir desde los
-comienzos del siglo XX, no sale uno á esparcirse un poco por esas
-calles que no vea uno, dos, tres... ¿quién puede contarlos? entierros
-de niños, con sus cajitas blancas, como de juguete, cubiertas de flores
-algunas, otras muy pobres, sin adorno alguno. Detrás, si el entierro
-no es de niño rico, van dos ó tres simones; la gente va sin pena.
-¡Angelitos al cielo!
-
-La muerte de los niños sólo es tristeza para los padres, para los más
-allegados; los demás... ¡pensamos tantas veces lo bien que nos hubiera
-sido morir apenas nacimos; mejor, no haber nacido! Todo el pesimismo
-y toda la tristeza de nuestra vida caen, como gran consuelo, sobre
-esas cajitas blancas, como de juguete; un juguete que nos trajeron por
-equivocación, y vuelve á su destino.
-
-Y en esas cajitas blancas, como en esas otras grandes cajas, que
-también tienen algo de ataúd, los barcos de emigrantes, tal vez se va
-lo mejor de España. No son los fríos del invierno, son las heladas de
-primavera las que deshojan la flor que había de ser fruto sazonado.
-Procuremos que nada muera prematuramente. No miremos con indiferencia
-esos barcos grandes ni esas cajas pequeñas. Miremos en la flor el
-fruto, y pongamos todos más solicitud, más cariño en defenderla de
-esos hielos, que son la miseria y la ignorancia de muchos entre la
-indiferencia de casi todos. Y los menos indiferentes suelen ser de
-la raza de los poetas, que ni han gobernado nunca el mundo, ni han
-conseguido nunca hacerse oir de los que lo gobiernan.
-
- * * * * *
-
-La representación de _El rey Lear_ ha renovado la discusión sobre la
-teatralidad de las obras de Shakespeare; esto es: si son mejor para
-leídas que para representadas. Desde muy antiguo, los admiradores
-literarios de Shakespeare están contra la representación. Carlos
-Lamb, uno de los mayores idólatras del gran autor, se lamentaba del
-deplorable efecto que le había producido la representación de este
-mismo _Rey Lear_, representado ahora en Madrid por Garavaglia. «La
-figura del rey Lear no cabe en la escena--decía;--sus proporciones son
-demasiado gigantescas.» Ceguedad de idólatra; porque yo creo que jamás
-obras dramáticas fueron tan obras de teatro como las de Shakespeare.
-Lo que hay es que pesa demasiada crítica literaria sobre ellas, y que
-cualquier auditorio moderno, al juzgarlas, como cualquier actor de
-nuestros días, al representarlas, se empeña en buscarles, como suele
-decirse, tres pies al gato. Las obras de Shakespeare siguen siendo lo
-que fueron en su tiempo: obras para un público popular, un público de
-emoción. La literatura apenas tiene que ver con ellas. Los asuntos de
-todas sus obras son como cuentos populares, á los que no es difícil
-hallar correspondencia en todos los tiempos y en todos los países. Esta
-historia del rey Lear, ¿no es el eterno cuento de las tres hijas de un
-rey; las mayores, perversas, y la menor, dechado de perfecciones; la
-menor, perseguida por la maldad de sus hermanas, hasta que triunfa,
-al fin, por el poder de sus virtudes? Tragedia para los corazones más
-que para las inteligencias. Tragedia que lo mismo comprende el rey que
-haya dividido sus Estados entre sus hijos, que el pobre labriego que
-les haya repartido sus tierras y después padezca la ingratitud y el
-abandono de sus hijos.
-
-En cuanto á la decantada psicología de los personajes de Shakespeare,
-¿puede haber nada más sencillo, más infantil? Son los actores los que
-se empeñan, según frase del mismo Shakespeare, en dorar el oro, en
-pintar la azucena y en endulzar lo dulce. Actores ingenuos que se
-limitaran á decir su papel, con la natural emoción en algunos momentos,
-obtendrán mayor efecto que estos críticos alambicadores actores
-modernos. La Duse era la sencillez misma en _Cleopatra_, y quien la
-recuerde en esta obra ¿no cree recordar á la misma reina de Egipto?
-
-La crítica literaria tampoco se ha fijado en _El rey Lear_ más que en
-un solo aspecto del drama: la ingratitud de las dos hijas mayores del
-rey. Por eso les parece esta tragedia de un pesimismo desolador. Pero
-adviértase que la ingratitud de las dos hijas del rey Lear es justo
-castigo de su injusticia al repartir su reino. Como el viejo rey, todos
-somos alguna vez injustos en nuestra generosidad y en nuestro cariño.
-Hallamos siempre buenas razones para recompensar á quien nos halaga, y
-la verdad de un sincero afecto nos parece falta de cariño.
-
-En pocos dramas resplandece la idea de justicia tan alta como en _El
-rey Lear_. Solo que la justicia de Shakespeare no es la de un autor
-de melodramas ó de folletines; no es tampoco justicia de directora de
-colegio que premia con dulces ó estampistas, y castiga privando del
-recreo; es justicia como la de Dios: la muerte es igual para todos;
-para todos es igual el dolor. Nuestra conciencia es la que dice que
-no es igual morir como Regania y Gonerila que morir como Cordelia.
-Y el que diga «¡qué atrocidad! Todos mueren lo mismo: los buenos y
-los malos...», ese ni puede comprender á Dios ni puede comprender á
-Shakespeare.
-
-
-
-
-XII
-
-
-A la carta abierta que me dirige _Caramanchel_ sólo he de contestar
-que, al referirme á la crítica, tratándose de _El rey Lear_, no me
-refería á la crítica de actualidad, sino al conjunto de críticas
-referentes, á las obras de Shakespeare. En todas ellas la excepción,
-por ser excepción, confirma la opinión general, se considera al rey
-Lear como víctima de sus dos hijas mayores, sin tener para nada en
-cuenta la desconsiderada conducta del rey con su hija menor, Cordelia.
-Regania y Gonerila son odiosas; pero es mucho cuento que sobre ellas
-caiga toda la culpa de las desdichas de su padre. Yo siempre he sentido
-cierta simpatía por Judas y por Pilatos cuando, en los sermones de
-Semana Santa, caen sobre ellos, desde esos púlpitos, los mayores
-improperios y los más terribles anatemas. No puedo por menos de
-considerar que si todo lo que sucedió en la Pasión y Muerte de Jesús
-estaba así ordenado; si Jesús sabía de antemano que Judas había de
-venderle y Pilatos entregarle al pueblo judío, Judas y Pilatos fueron
-víctimas del papel que les había tocado en suerte, y no hay para qué
-insultarlos cuando, sin su intervención, no hubieran podido cumplirse
-las Escrituras. Y ahí es nada; siendo Escrituras y cosa del pueblo
-judío, ¿cómo habían de dejar de cumplirse? Buenos son los judíos para
-no hacer cumplir sus escrituras. Del mismo modo Regania y Gonerila me
-inspiran compasión en fuerza de verlas tan maldecidas.
-
-En cuanto á que nada nuevo puede decirse de Shakespeare y de sus
-obras, la crítica universal es buena demostración de lo contrario.
-Continuamente se publican estudios biográficos y críticos que aportan
-nuevos é interesantes datos al copioso caudal de la literatura
-shakespiriana.
-
-Lo del carácter infantil y la sencilla psicología de los personajes
-de Shakespeare no lo dije como reproche, antes como excelencia de sus
-obras. Pero ¿hay nada más sencillo que la psicología de Otello? ¿Nada
-más infantil que su credulidad ante las burdas maquinaciones de Yago?
-¿Hay nada más infantil que la conducta de Yago? Un malvado que nos
-avisa él mismo de que es un malvado. ¿Hay nada más infantil que Romeo
-y Julieta? Ni sería bien que fuera de otro modo. El mismo Hamlet,
-considerado como prototipo de la complejidad psicológica, ¿hay nada
-más ondulantemente rectilíneo, valga el contrasentido? No soy en nada
-opuesto, antes muy partidario, de las polémicas literarias, cuando se
-entablan sin animosidad personal y con la cortesía que _Caramanchel_ no
-olvida nunca aun en sus críticas más apasionadas.
-
-Respecto á Garavaglia, yo sólo quise hacer constar que si un actor
-español hubiera representado el _Hamlet_ tan desdichadamente como
-el actor italiano, la rechifla hubiera sido soberana. Aparte
-las mutilaciones y alteraciones del texto, no justificadas por
-conveniencias escénicas, dígase qué momento de acierto tuvo Garavaglia
-en toda la obra. Falsa y en oposición con el texto su llegada á las
-murallas del castillo de Elsingor, cuando viene á esperar la aparición
-de su padre. Se presenta poseído ya del mayor espanto, y el texto
-indica, por lo contrario, que Hamlet, natural ó forzadamente, habla
-de cosas triviales como para distraer su pensamiento. Con el modo de
-entender Garavaglia la situación, además de tener que mutilar el texto,
-el momento de la aparición pierde toda su terrible grandeza.
-
-Además, dado el carácter de Hamlet, que, aun después de ver y de oir
-al espectro de su padre, duda de la realidad de la aparición, debe
-llegar á las murallas del castillo creyendo que el espectro no ha de
-aparecerse; por eso mismo es mayor su espanto al verle aparecer.
-
-Por este orden, pudiera citar caprichosas interpretaciones en cada
-situación de la obra. Sin duda Garavaglia estudió esta obra más
-cuidadoso de producir un efecto momentáneo de originalidad, de
-sugestión sobre el público. Si valiera mi consejo, yo le diría á
-Garavaglia con toda lealtad que, por algún tiempo, debiera dejar de
-representar el _Hamlet_ y estudiarlo de nuevo, más atento al texto
-original que á los efectismos teatrales. Así hizo Talma muchas veces
-cuando creyó haberse equivocado en la interpretación de una obra.
-
- * * * * *
-
-Si los tiempos fueran de creer en presagios y en agüeros, bien podía
-dar qué pensar á los mejicanos la espantosa sacudida de terremotos
-que ha sucedido á la caída de D. Porfirio «Imperator». Quiera Dios, y
-quieran también los mejicanos, que esos materiales terremotos no sean
-anuncio de otras sacudidas en el orden público, económico y político de
-la que fué de nombre gran República y ahora puede serlo de nombre y de
-hecho. Aun no es llegado el día en que la fiel balanza de la Historia
-pueda pesar los méritos y las culpas de D. Porfirio. Como todos los
-grandes tiranos, fué la paz á su hora. Achaque es de todos los tiranos
-no conocer la hora en que ha de empezar á ser la justicia. Llegan á
-la suprema dictadura en momentos de perturbación de la conciencia
-pública; impone el orden, más que su propia fuerza, la misma fuerza
-del desorden, que ha llegado á ser intolerable, y no aciertan á darse
-cuenta como Chantecler, de que ellos sólo fueron el gallo que cantó á
-la hora de salir el sol, pero el sol no estaba sujeto á su quiquiriquí.
-La eterna historia de todos los tiranos; pero mala maestra debe ser la
-Historia cuando ninguno aprovecha sus avisos ni sus enseñanzas.
-
-Alguien dirá que Méjico debía alguna gratitud á D. Porfirio, y que los
-mejicanos acaso debieron respetar su ancianidad, dejándole morir en su
-sitio. Los mejicanos responderán que también D. Porfirio debió respetar
-la mayor edad de Méjico. Es error de padres severos creer que los hijos
-son siempre niños. No aprendemos á calcular por nuestra edad la edad
-de los que hemos visto nacer. La dictadura había envejecido; el pueblo
-había dejado de ser niño. Esperemos que, en pleno uso de su razón, sepa
-justificar que puede gobernarse por sí solo.
-
-En cuanto á D. Porfirio, bien pueden quedarle muchos años de vida para
-meditar en la realidad lo que no supo aprender en la Historia.
-
- * * * * *
-
-En una casa del mejor tono se celebra una suntuosa fiesta. De pronto,
-uno de los invitados se acerca al señor de la casa, dando muestras del
-mayor disgusto.
-
---Yo no hubiera querido decirle á usted nada; pero es tan horrible...
-Usted no puede saber quién es todo el mundo; recibe á tanta gente...
-Pero debe usted saberlo: aquel caballero, al parecer, tan distinguido...
-
---¿Qué?
-
---Acaba de quitarme el reloj.
-
---¿Qué me dice usted? ¿Está usted seguro?
-
---Sí, señor, sí; lo he visto, no me cabe duda; ha sido él.
-
---Descuide usted. Tendrá usted su reloj. Voy yo mismo...
-
---De ningún modo. Yo sólo quería advertirle á usted... pero no le diga
-usted nada; sería una escena violenta, desagradable.
-
---Déjeme usted, déjeme usted.
-
-Al poco rato el señor de la casa vuelve y entrega su reloj al invitado;
-el invitado se deshace en excusas.
-
---¡Por Dios! Yo deploro... ¡Cuánto siento!... ¡Qué disgusto!... ¿Habrá
-sido una escena horrible?... ¿Qué le ha dicho usted? ¿Qué ha dicho
-él?... He debido callarme...
-
-Y el señor de la casa, imperturbable:
-
---No se preocupe usted. Se lo he quitado sin que se enterara.
-
-
-
-
-XIII
-
-
-Las verbenas, excelente pretexto para que los retrógrados del Arte nos
-cantaran todos los años las gracias de chisperos y majas, han perdido
-todo carácter popular. El pueblo ya no es nada bullanguero; la misma
-baja chulería, que nunca debe confundirse con el verdadero pueblo, no
-está tampoco por exhibirse gratuitamente en romerías y verbenas. El
-público de estas fiestas, actor y espectador á un tiempo, es el de la
-última sección de los teatrillos alegres; señoritos todos, que ya es lo
-único alegre, lo único chulo y lo único castizo que nos va quedando.
-
-Las clases populares ¿quién lo dijera? se han hecho cosmopolitas.
-Estas fiestas tradicionales no les dicen nada. La aristocracia, como
-sabe que ya no es querida ni respetada, ni siquiera admirada, por el
-pueblo, huye de mezclarse con él. Acabaron las pintorescas aventuras
-de duquesas y toreros. El señorito es el único que alegra estas fiestas
-tristes, con la artificial alegría de los teatros y de las novelas;
-alegría de literatura. ¿Alegría espontánea, verdadera alegría?...
-Esa alegría es para los pueblos fuertes y ricos, de los que sabemos
-burlarnos también. Esa alegría sólo es posible cuando se ha trabajado
-mucho y hemos visto justamente recompensado nuestro trabajo... Pero
-¡esta pobre alegría nuestra, es como borrachera de olvido!... Tirar
-los cinco duros que sobran porque no llegan para nada. Ni con ellos se
-ha de comer mejor, ni se ha de pagar al casero, ni al sastre... ¿Puede
-hacerse cosa mejor con ellos que gastarlos en olvidar alegremente?
-Por eso parece que hay tanto dinero de sobra en España, precisamente
-porque falta para todo. ¿Qué hago yo con un duro? Tomar un décimo de la
-lotería. ¿Qué hago yo con dos pesetas? Gastármelas en el teatro... Es
-lo único que se puede comprar con poco dinero: un poco de ilusión y un
-poco de olvido. Las realidades son muy caras.
-
- * * * * *
-
-Aunque él no lo crea, yo siento una gran admiración por D. Miguel de
-Unamuno. Aquí donde cada escritor ha decidido no leerse más que á sí
-propio y, salvo el caso de alguna cooperativa de bombos, nos dedicamos
-á espantarnos el público los unos á los otros, ya puede significar
-la atención á lo que otros escriben, tanto como en otras partes
-significa la admiración. Ya es bastante que nos atiendan, aunque sea,
-como vulgarmente se dice, para hacernos polvo. Lo triste, lo malo es
-que, casi siempre, los pulverizadores son los que no se han tomado la
-molestia de leernos. Váyase por los que admiran con el mismo motivo.
-Entre esos dos viciosos extremos, ha de labrarse penosamente la
-reputación del escritor en España. Y, en resumidas cuentas, con ser la
-envidia gran defecto nacional, como aun es mayor la pereza, todavía es
-más fácil ser admirado que atendido. Conste, de una vez para siempre,
-que yo atiendo y admiro á D. Miguel de Unamuno.
-
-Acabo de leer su libro último: _Rosario lírico de sonetos_. Bien
-puede ser que estos sonetos no resistan una lectura pública, ni
-los chistosos comentarios de un grupo de amigos... Son para leídos
-á solas, en intimidad con lo más intenso de nosotros mismos. Como
-fueron pensados y sentidos, como fueron escritos. ¿Han de ser siempre
-estimables cualidades de la poesía la dulzura y la suavidad? ¿No ha
-de haber también poesía amarga y poesía áspera? Si á lo que más puede
-aspirar la poesía es á llegar á lo más hondo de nuestra alma, ¿no se
-entrarán más adentro estas asperezas, que las suavidades resbaladizas?
-Leed el libro: al principio tal vez sonriáis un poco; ya os iréis
-poniendo serios. Quizás al terminar su lectura no quede un solo dulce
-verso en vuestra memoria, pero sí más graves pensamientos en vuestra
-conciencia.
-
-De esta áspera, rocosa calidad, eran los versos de Wordsworth, tan
-admirado por Unamuno. También su poesía fué donosamente comentada por
-algunos críticos. _A sonnet is a moment's monument_, definía Rossetti.
-El soneto es un monumento elevado á la memoria de un instante, pudiera
-traducirse. No diré yo que todos los monumentos elevados en estos
-sonetos sean igualmente admirables; pero sí que todos los instantes
-del espíritu de D. Miguel de Unamuno tienen un gran valor. Los más
-grandes poetas no son los que aciertan á contenerse en la más perfecta
-forma, sino los que no caben en ninguna.
-
- * * * * *
-
-_Vida interna_ es otro libro de poesías, de Rafael Torromé, autor
-dramático, á quien nunca perdonará el teatro español desvíos ó
-desalientos injustificados. Precédele un sabroso prólogo, donde se
-ponen las cosas muy en su punto respecto á la frondosidad de nuestra
-poesía lírica, que tan poco tiene de lírica, hasta llegar á tiempos muy
-cercanos y... aún, aún. Hemos sido siempre muy de exterior, para que la
-cuerda lírica sonara entre nosotros. En esta misma _Vida interna_ de
-Rafael Torromé, parece, á pesar suyo--y no lo digo como censura,--más
-el autor dramático que el poeta lírico... No es un lirismo egoísta
-el suyo, antes muy objetivo; más de tristezas y dolores de todos,
-que de melancolías cultivadas en un espíritu reconcentrado. Poesía
-de generosa expansión, poesía á lo Schiller, que también era autor
-dramático y por eso tampoco fué lírico del todo en sus poesías líricas,
-con ser tal vez demasiado lírico en sus obras dramáticas. Por fin de
-cuentas: ¿qué importa esta confusión de géneros? _Vida interna_ es un
-libro de un buen poeta y, lo que más importa, de un poeta bueno.
-
-
-
-
-XIV
-
-
-La revista _Je Sais Tout_ abrió concurso para conceder un premio
-al más elegante ó al más práctico figurín de traje masculino. El
-resultado del concurso no ha sido muy brillante. La inventiva, ninguna.
-En el capítulo de las elegancias, todo es volver á la moda del año
-30; en el capítulo del trapillo diario, no salimos de los modelos
-generalmente adoptados para campo, caza, automóvil, canoa ó aeroplano.
-De donde se deduce que la moda, tanto femenina como masculina, no es
-algo caprichoso que puede imponerse por dictadura: es producto de
-elaboración social; á la que todos contribuímos. Obra de evolución;
-nunca de revolución. En la moda, más que en nada, se observa el
-serpenteo, avance y retroceso alternados; que es el andar de la
-humanidad, según la escuela positivista.
-
-La fantasía de un sastre, el humor de un _dandy_, no cambiarán
-la tendencia niveladora del traje masculino en nuestro tiempo. La
-aspiración social es la confusión de clases. Va desapareciendo el
-sombrero de copa, que ha venido á quedar en algo así como prenda de
-uniforme honorario, para lucirlo sólo en determinadas solemnidades.
-La levita sigue la suerte de su inseparable aditamento el sombrero de
-copa. Desaparece también la capa, y el sombrero flexible, intermedio
-entre la gorrilla y el hongo, iguala al artesano con el artista y al
-obrero con el empleado.
-
-Por desgracia, la nivelación va también por dentro, y si desnivel
-hubiere, no está la mayor altura por lo más alto. Es posible que, si os
-volvéis en la calle al escuchar alguna palabrota, os encontréis con un
-señorito. El alcoholismo disminuye por días entre las clases populares;
-en cambio, ¡hay cada manga aristocrática en todas las aristocracias, y
-en la intelectual las más holgadas! Si hoy viviera Horacio, tendría que
-rectificar lo de: _pauperum_ tabernas.
-
-Mucho preocupa á las clases directoras cualquier huelga de obreros,
-al fin pasajera... ¡Si fueran á preocuparse por la constante huelga
-de señoritos! ¡Y quién sabe cuáles son más perturbadores de la
-vida social! ¡Y si holgaran sólo los incapaces, los verdaderamente
-inútiles! Al fin esos no pueden rendir mejor tributo al bien general,
-que el de consumir lo más pronto posible su hacienda y su vida. Pero
-¡cuánta capacidad, cuántos buenos ingenios malogrados en esa huelga
-de voluntades pobres con inteligencias ricas! Cierto que el ambiente
-moral en nada favorece ni alienta al luchador; que es tierra la nuestra
-en que todo se le perdona al ocioso y nada al que trabaja. Pero ese
-ambiente ¿es causa, ó efecto? ¿No sería un lucido _sport_, no tan
-arriesgado como la aviación, el de sobreponerse á ese ambiente?
-
- * * * * *
-
-El Congreso Eucarístico va á presentarse muy bien. Esas tramoyas á lo
-divino requieren mucho gasto. Por fortuna, entre los fieles católicos
-figura la gente más adinerada. Convendría saber si tienen dinero por
-haber sido fieles católicos, ó si son fieles católicos porque tienen
-dinero. Yo no sé si continuará siendo más fácil que entre un camello
-por el ojo de una aguja que un rico en el reino de los cielos; pero un
-camello cargado de dinero entra por todas partes. Si el reino de los
-cielos se gana también por violencia, según textos sagrados, ¿no ha
-de producir su efecto amenazador, así en la tierra como en el cielo,
-ese alarde de número y de numerario, ese recuento de fuerzas con que
-nos asombrarán los buenos católicos? No, no están solitos, como los
-gallegos del cuento. Aunque el día en que les faltara el dinero puede
-que no estuvieran tan acompañados. Acaso faltarían los figurantes,
-parte la más lucida del espectáculo. Nos presentarán sus carrozas de
-gala, sus automóviles, su servidumbre, hasta sus colonos y sus guardas
-jurados y tal vez sus pastores, como en Belén. Hay que movilizar todas
-las fuerzas, como en un día de elecciones reñidas.
-
-¡Pobres ilusos! Con estas aparatosas exhibiciones creen haber puesto el
-mejor pararrayos sobre el tinglado social que les cobija. ¡La Fe los
-salve!
-
- * * * * *
-
-La Exposición de perros y gatos será durante unos días, y desde el
-punto de vista de los perros y de los gatos, exposición de personas
-distinguidas. Si los perros y los gatos tienen un poco de imaginación,
-¿por qué no han de creer que son ellos los espectadores, y señoras y
-caballeros los expuestos?--¡Qué amable es toda esta gente!--pensarán
-tal vez.--Se molestan en venir para que los veamos.
-
-Para el perro y el gato de lujo la sociedad elegante es muy conocida.
-Los perros y los gatos son los que mejor viven en ella. Los criados lo
-saben: antes que á los señores hay que tener contentos al perro ó al
-gato favoritos.
-
-Pero los perrazos de campo ¿qué pensarán de nuestra sociedad? ¿Volverán
-á sus soledades monteses llevando el germen de una revolución social?
-En adelante ¿no mirarán con más simpatía al lobo? ¿Y el día en que los
-perros se unieran á los lobos?... ¡Bah! Todavía quedarían los pastores,
-que, aunque dejaran de ser perros, no sabrían ser lobos.
-
-
-
-
-XV
-
-
-Que el hombre es un animal social, aunque haya muchos insociables,
-lo sabíamos desde muy antiguo. Tan social, que no satisfecho con
-formar parte de la sociedad civil que, por nacimiento y consiguiente
-inscripción en el Registro le corresponde, todavía se desvive por
-ingresar en otras muchas Sociedades, Círculos, Corporaciones, Cofradías
-ó Logias; que hay designaciones para todos los gustos. Esta natural
-tendencia del hombre á la agrupación, parece que debiera facilitar
-el triunfo del socialismo en breve plazo. Mas ¡ay! una cosa es la
-Sociedad grande, donde el individuo se encuentra disminuído, y otra
-esas Sociedades pequeñas, donde cada uno se crece y se refuerza y se
-envalentona, hasta adquirir un carácter que él mismo no se conocía.
-
-A mi juicio, esto es lo más interesante que puede observarse al
-paso de una procesión religiosa ó de una manifestación laica: el
-aire altivo, enérgico, arrogante, con que se nos muestran muchos
-buenos señores y pobres hombres, conocidos por tales en su vida y
-costumbres particulares y casi desconocidos en aquella transfiguración
-procesional. Hay cofrade que, con su cetro en mano ó su cordón de
-estandarte, su medalla al cuello y su levita cívico-religiosa, parece
-que desafía al mundo entero, una vez metido en procesión:--¡Eh!
-¿Qué tal?--nos va diciendo á cada solemne paso.--Creo que somos una
-fuerza.--¡Habrá que verle en casa, zarandeado por la señora y las
-niñas, ó en la oficina, burro de carga de todos sus compañeros!
-
-Por eso los Gobiernos no deben temer nunca esas manifestaciones
-colectivas. De cuando en cuando hay que contarse; miedosos que se dan
-valor unos á otros. El peligro está en los que van solos por el mundo.
-Por fortuna, van quedando pocos. ¡Es tan caro andar solo! ¡Es tan
-conveniente andar en procesión!
-
- * * * * *
-
-El demonio lo enreda--no hay nadie más enredador que el demonio.--El
-primer contragolpe de la supresión de los consumos ha ido á dar sobre
-las corridas de toros. ¡Ahora que estábamos en pleno renacimiento de
-la afición, tal vez á consecuencia de cómo anda la afición! Nunca
-es tan fácil contentar á un público como cuando se contenta con
-poco. ¡Si Lagartijo y Frascuelo, y Guerra, después, á quien se le
-denostaba muchas tardes por faenas de las que ahora valen orejas y
-salidas triunfales; si Fuentes y Machaquito y Bombita, en tiempos más
-recientes, hubieran gozado de un público tan amable y tan consecuente,
-como dicen los chulos! No hay duda, las costumbres se dulcifican. Ya
-es hora de que el público se haga cargo de la dificultad y del riesgo
-en la lucha con brutos, bravos ó mansos, y no sea tan exigente. Cuatro
-mantazos, pegadito el torero al costillar del toro, muy abierto de
-piernas y sacudiendo el trapo como unos zorros, es lo que ahora se
-llama y se aplaude como verónicas. A que el toro pase por debajo de la
-muleta, como pasaría por la Puerta de Alcalá, se llama pase de cabeza
-á rabo. A cualquier cosa se le llama quiebro y á cualquier estocada
-volapié. Asistimos, en efecto, á un renacimiento de la afición. Como
-que los únicos que ya no van á la Plaza son los verdaderos aficionados.
-
-Es que, renacimientos así, son peor que la irrupción de los bárbaros.
-
- * * * * *
-
-Después de las mudanzas propias, nada hay tan molesto como las mudanzas
-de los vecinos. Hasta que nuestros simpáticos cuanto suspicaces
-vecinos los portugueses no se hallen instalados á satisfacción en su
-nuevo régimen, habrá que conllevar amablemente sus reclamaciones,
-desconfianzas y alarmas, ante el temor de que se les entre por la
-vecindad lo que ellos mismos serán los primeros en desear algún día.
-Pero aun es pronto, y el derecho á la experiencia propia no debe
-negársele á nadie.
-
-El día en que Portugal comprendiera su verdadero interés nacional, no
-miraría con recelo á nuestra frontera; borrada quedaría de tal modo,
-que no volviera á saberse dónde empezaba Portugal y dónde acababa
-España. Cosas son éstas en que el tiempo trabaja más que los hombres.
-Ni es justo pedir, aunque para bien de todos sea, que ellos sólo sean á
-enmendar errores que fueron nuestros.
-
- * * * * *
-
-En rigor, es fuerte cosa para una empresa, aun á cambio de positivas
-ventajas, exigirle el contrato de determinados artistas, entregándola,
-así, atada de pies y manos á sus exigencias. Con muy buen acuerdo, el
-Ayuntamiento se ha limitado á recomendar, sin imposición, el contrato
-de una primera actriz para la compañía del teatro Español.
-
-Bien están las estrellas y los luceros, y aun los soles; aunque en el
-cielo teatral es difícil ver una ordenada república de estrellas, como
-decían los autores del siglo de oro.
-
-Astros de primera magnitud no faltan en la compañía. Todos sabemos lo
-que vale Borrás. Los que no lo saben aún, se enterarán de lo que vale
-Codina. Hay otros actores muy estimados por el público madrileño. Entre
-las actrices... todas son estrellitas. Alguna hay de quien yo espero
-mucho, si le dan ocasión y mimbres. No he de nombrarla. El público
-no la conoce en todo su valor. Téngola por una de las más discretas
-actrices españolas. ¿Discreta, es poco? ¡Ay, señor; si las eminencias
-fueran discretas, ya nos contentaríamos! ¡Ser discreto, según va el
-mundo--diremos, parafraseando á Hamlet,--es como ser elegido uno entre
-mil.
-
-
-
-
-XVI
-
-
-Bien mirado, había que agradecer á los franceses el trabajo que se
-toman por la conquista de Marruecos, como antes se lo tomaron por la
-de Argelia. De ellos puede decirse: _Sic vos non vobis_... Porque si
-el verdadero y magno problema de Francia es la disminución constante y
-progresiva en el nacimiento de ciudadanos franceses, ¿para qué diablos
-querrá aumentar la extensión de sus territorios?
-
-Si se considera también el espíritu poco aventurero de los franceses,
-su apego á Francia--dicho sea en honor de ella,--su mal arte para
-comerciar fuera de su casa, ¿no les vendrá á suceder, después de darse
-tan malos ratos y de indisponerse, sin necesidad, con estos pobres
-vecinos y, necesariamente, acaso con otros de más campanillas, que,
-cuando dueños en absoluto del Imperio marroquí, puedan exclamar: ¡Al
-fin, solos!, tan solos sea que, como en Argelia, la agricultura y los
-oficios vengan á ser de los españoles, y el comercio, como en todo el
-mundo, de los alemanes? Sin contar con los indígenas, que seguirán
-reproduciéndose, como si hubieran leído _Fecundidad_, de Zola, que
-no se escribió para ellos, precisamente. Y, hay que desengañarse, el
-porvenir será de quien más hijos tenga; aunque sean muy brutos; tiempo
-habrá de educarlos.
-
-Lo que no sabemos es si es preferible vivir de brutos ó morir de
-civilizados. Hay quien piensa que lo importante es vivir, aunque se
-viva mal. Es decir, los brutos no suelen vivir mal; lo desagradable es
-que no dejan vivir bien á los inteligentes. Entre el contador de las
-gentes civilizadas y el caño libre de las incultas, siempre llevarán
-las de perder los civilizados. A mí me asusta pensar que, si á muchas
-personas de regular posición, se les dijera: ¿Por qué no tiene usted un
-perro danés en su casa?, la mayor parte contestaría: ¡Hombre! Porque
-un perro de ese tamaño se come lo menos dos pesetas diarias. Y esos
-mismos que tasan la alimentación del perro en lo justo, con la mayor
-inconsciencia se llenan de hijos, que, por lo visto, cuestan menos de
-mantener que los perros.
-
-Entre el exceso de previsión á la francesa y la imprevisión de otros
-pueblos y de otras razas, ¿no habría un buen término medio? La Iglesia
-católica no sabe de ellos. O aconseja la castidad absoluta ó, una vez
-en faena matrimonial, cuantos más cristianitos, mejor. La potestad
-civil también está por que se aumente el número de ciudadanos, sea
-como sea; todos son buenos, los legítimos y los naturales. Por leyes
-económicas y por otras muchas leyes restrictivas del matrimonio, se
-diría que más favorece el nacimiento de los naturales. En cuanto á la
-Naturaleza, ¡tan maestra, tan sabia! ¡Oh! Ella sabe más que todos.
-
-Recuerdo de una gata que tuvo de una vez siete gatitos. La más vulgar
-precaución aconsejaba que se le quitaran tres ó cuatro, por lo menos.
-Pero, ¡eran todos tan lindos y traían tantas ganas de vivir! Y ¡era tan
-cruel sentirse Providencia y decidir entre unos y otros!
-
-Alguien dijo:--¿Por qué no dejarlos todos? Por algo han nacido. No hay
-que enmendar á la Naturaleza.
-
-A los ocho días todos los gatitos habían muerto y la madre también,
-extenuada. En efecto; no hay que enmendar á la Naturaleza; ella sola se
-basta para enmendarse.
-
- * * * * *
-
-¡Oh, mi querida y amable lectora! Al protestar contra alguna ligera
-broma que me he permitido alrededor del Congreso Eucarístico, me dice
-usted que, hablar mal de la Religión, no es de buen gusto. No lo crea
-usted, según como se habla. Además, conozco demasiado esa tecla del
-buen gusto, para saber lo que significa tocada por ustedes. Y, si por
-no tomarles á ustedes en serio, he de pasar por persona de mal gusto,
-desde ahora me declaro cursi y hasta ordinario, como ustedes prefieran.
-Ya sé yo que esto del descreimiento no está muy bien visto, ni le
-coloca á uno en sociedad, como en otros tiempos, cuando los descreídos
-se llamaban Voltaire y Federico el Grande, y las más bellas y nobles
-damas se prendían graciosamente con un tanto de volterianismo.
-
-Pero nada tema usted; las bromas ligeras de las cuatro personas de mal
-gusto que nos las permitimos, poniéndonos á mal con nuestros intereses,
-no perturban en lo más mínimo el espíritu de los creyentes.
-
-Al que más y al que menos le va un sueldo ó una prebenda. ¡Valladar
-inexpugnable contra la duda!
-
-Pero, ¡son ustedes de tanto cuidado y conviene tanto no perderles de
-vista! Ahora mismo, entre el furor de sus preces, ¿no han deslizado
-ustedes, mansamente, no sé que proposiciones de leyes, derechamente
-torcidas, como todas sus intenciones, contra la libertad de la Prensa y
-la libre emisión del pensamiento?
-
-¡Sí que son ustedes para dejarles de la mano!
-
-En los asuntos mismos de Marruecos: ¿no convendría poner en claro hasta
-dónde el interés patriótico y dónde empiezan otros intereses de algunas
-Ordenes religiosas, que, como Calipso, de la partida de Ulises, no
-pueden consolarse de la pérdida de las Filipinas, y acaso sueñan con
-que les conquistemos otras para su particular disfrute? Y eso no, mi
-querida y amable lectora; sea lo que podamos obtener ó conquistar en
-Marruecos, del soldado, del agricultor, del comerciante, del doctor
-Maestre, que bien se lo habrá ganado y otros lo gobernarían peor...
-Pero nada de frailes, en comunidad ni sueltos. Una cosa es continuar la
-Historia y otra repetirla.
-
-
-
-
-XVII
-
-
-Aquella _Theroigne de Mericourt_, intrépida amazona de la Revolución
-francesa, que, á consecuencia de una formidable azotina, administrada
-en público y á lo pajarero, se volvió loca de remate, bien parece un
-símbolo de lo que años después y por muy parecidos motivos había de
-sucederle á Francia.
-
-¡Lástima de nación! Desde que, para desgracia de todo el mundo latino,
-fué derrotada por Alemania, apenas ha vuelto á dar señales de juicio.
-Ella, la encantadora, la atractiva, la adorable, se tornó hosca y
-atrabiliaria. Nos entristeció la vida con una literatura y un arte, que
-en futuras historias literarias se llamará de la derrota. Su delirio
-persecutorio tuvo su crisis aguda y terrible en aquel asunto Dreyfus,
-aun palpitante con el nombre de cuestión judía. ¿No es una pena ver
-renovarse, en la nación que debía ser faro del mundo civilizado,
-cuestiones de la Edad Media, y en la moderna, patrimonio de pueblos
-atrasados como Rusia? Con la inquietud y el malestar de su derrota,
-con el dolor de su mermado territorio, la nación que fué siempre más
-generosamente romántica en su política, á última hora y en plena
-República democrática se vé atacada de furia conquistadora y pone en
-juego artimañas y habilidades políticas, desacreditadas ya en todo el
-mundo, hasta en Inglaterra. Por fortuna, ya va siendo verdad práctica y
-practicada, que la honradez es la mejor política. _Honesty is the best
-policy_, que han dicho siempre los ingleses, por si los demás gustaban
-de practicarlo. Pero en estos últimos tiempos hay que convenir en que
-no son los ingleses los que se creen llamados á intervenir para poner
-orden en los desórdenes interiores de cualquier pueblo.
-
-Y ahora, la conducta de Francia con España, ¿puede justificarse de
-ningún modo? Eramos buenos para tapadera de codicias; somos un estorbo
-á la hora en que se destapan. Mal corresponde, mal ha correspondido
-siempre Francia á nuestra debilidad por ella. Porque lo cierto es que
-nunca hemos podido odiarla; hemos sido con ella como esos enamorados de
-poco carácter, más rendidos á una mujer cuanto más lo desprecia y más
-se burla de ellos.
-
-Hasta cuando hemos peleado con ella no hemos dejado de admirarla, y
-nuestro odio se personalizaba en los soberanos ó en los ministros,
-dejando siempre á salvo nuestra invencible simpatía por la nación
-francesa. Durante la guerra de la Independencia, la más nacional de
-cuantas sostuvimos contra Francia, el odio popular se fijaba sobre
-Napoleón y á él sólo se hacía responsable de la injusta guerra.
-
-Hoy tampoco, aunque no haya un Napoleón en quien fijarse, no queremos
-ni podemos suponer que es toda Francia nuestra enemiga. Preferimos
-culpar á unos cuantos políticos, á unos cuantos periódicos, á una parte
-del organismo, irritada todavía por la funesta derrota, impaciente
-de glorias y desquites, vengan por donde vengan y sea como sea.
-Involuntariamente fuimos ocasión ó pretexto para el desastre. Quizás
-no nos lo han perdonado todavía, aunque parece que lo hayan olvidado
-muy pronto.
-
- * * * * *
-
-Los más terribles desengaños proceden casi siempre del desconocimiento
-de la realidad. En la supresión de los Consumos debimos limitarnos á
-considerar su aspecto estético y nada más. Todos los procedimientos
-para extraer dinero, como para extraer muelas, son desagradables, pero
-aquél lo era sobremanera, y aunque algunos aristocráticos escritores
-opinan que sólo habían de padecer sus molestias matuteros y gente de
-poco más ó menos, sólo el verlo ya era repugnante; había de salir más
-caro cualquier otro impuesto y podía darse por bien empleado. Pero
-hay quien no se conforma con este aspecto artístico y aspiraba ¡loca
-ceguedad! á un abaratamiento rápido y simultáneo de las subsistencias.
-¡Qué desconocimiento del corazón humano en general y de los proveedores
-en particular!
-
-En todo lo referente á subsistencias, los madrileños estaremos
-destinados de por vida al papel de víctimas en las aplaudidas obras de
-repertorio _La corte de los venenos_ y _Robo y envenenamiento_.
-
-Sobre todo, el inocente y parvulillo boquerón ha causado más estragos
-en estos días que un espantable cetáceo ó aquella mitológica serpiente
-de mar, tan socorrida como notición de los veranos del antiguo régimen.
-De la leche no hablemos, porque es antigua enemiga nuestra, y yo
-creo que la que produce los cólicos es la poca expendida en buenas
-condiciones, por la falta de costumbre. Cada madrileño llevamos un
-Mitrídates en esto de irnos haciendo día por día á ingerir toda clase
-de tósigos.
-
- * * * * *
-
-No sé hasta qué punto la pasión de partido podrá influir en los
-encomios ó en las censuras á la obra _Carlos II y su corte_, cuyo
-primer tomo acaba de publicar D. Gabriel Maura y Gamazo. Muy lamentable
-sería que la pasión interviniera al juzgarla, ocultando al público el
-verdadero mérito de la obra, haciendo creer á unos y á otros que se
-trataba de una obra _toda conservadora_. El autor es de los que merecen
-no pertenecer á ningún partido. En pocos libros de historia parecerá
-menos el amigo de Platón antes que de la verdad, sin que peque tampoco
-de esa glacial indiferencia que tan mal sienta en todo arte, aunque
-este arte sea el de historiar, más cercano á la ciencia.
-
-Bien dice, sobre la noble serenidad del historiador, la simpática
-emoción del artista. Buena muestra es la descripción del bautizo del
-príncipe Carlos, modelo de narración histórica y poética al mismo
-tiempo.
-
-Lo que no comprendemos es, cómo después de leer cualquier libro de
-historia, hay quien suspira y vuelve los ojos á cualquier tiempo
-pasado. A ese no le daría mayor castigo que decirle: ¿En qué siglo, en
-qué época de las pasadas hubiera usted querido vivir? Y cuando hubiera
-elegido, poderle decir: ¿Sí? Pues va usted á vivir ocho días en ella,
-nada más que ocho días, y luego, vuelva usted á contarme cómo le ha
-ido.
-
-
-
-
-XVIII
-
-
-Si ya es difícil en esta brega literaria agradar á los amigos y
-complacer á los más halagados en sus ideas ó sentimientos ó vanidades
-por lo que uno escribe, ¿qué puede uno esperar de los enemigos y de los
-mortificados?
-
-Dije que las Comunidades religiosas acaso buscaban en Marruecos otras
-Filipinas, y hay quien muy indignado protesta, diciéndome que nunca las
-Comunidades han sido tan respetadas en Filipinas y en toda América como
-ahora, desde que allí no tenemos arte ni parte en el material dominio.
-No lo dudo, que Ordenes y Comunidades religiosas fueron siempre de
-condición de gato; ni yo dije que por ellas se hubiera perdido nada;
-pero, en fin, se perdió con ellas y todo. Por eso creo que, llegado
-el caso de conquistar nuevos territorios, vale la pena de ensayar
-si nos iría mejor sin ellas. Porque ellas evangelizarían todo lo
-posible, pero españolizar no fué cosa mayor, si hemos de juzgar por
-los resultados. Tampoco dudo que bajo la autoridad de los americanos
-en Filipinas y de otras Repúblicas en toda América, las Comunidades
-no presten excelentes servicios. Es cualidad de religiosos españoles
-ser candilitos de casa ajena. Todo lo que tienen de turbulentos y
-amenazadores con los Gobiernos de casa, tienen de complacientes y
-serviciales con los de fuera. Tal vez consista en ellos; tal vez
-consista en los Gobiernos. De seguro que ningún presidente de los
-Estados Unidos habrá tenido que decir de las Comunidades lo que, según
-fama, dijo en cierta ocasión de graves complicaciones don Antonio
-Cánovas del Castillo, que no era ningún demagogo, aunque hoy andaría á
-dos dedos de parecerlo, según va todo.
-
-En cuanto á lo que asegura un airado articulista, que gracias á las
-Comunidades religiosas cobramos los autores dramáticos españoles
-pingües derechos de toda América... ¡Ay, mi buen señor! Deseche,
-deseche esas ilusiones del dinero americano. ¡Si los autores españoles
-no tuviéramos otros rendimientos de los que vienen de América! Y ¡para
-lo que van á durar! Porque con toda la influencia españolizadora de
-las Comunidades, con todo eso de los lazos espirituales y la madre
-y los hijos y demás tópicos de Congresos, banquetes y conferencias
-hispanoamericanas, ¿sabe usted en qué parará todo ello? Pues en que
-dentro de algunos años--y quisiera ser mal profeta--media América será
-yankee y la otra media italiana, con mucho de alemana.
-
-Y lo peor para los autores españoles no es que dejásemos de cobrar
-lo poco que todavía se cobra de América, sino que tampoco cobrásemos
-nada en España, gracias á las Comunidades y Ordenes religiosas que
-han educado á unas cuantas generaciones incapaces de admirar otra
-literatura que sea tan combatida en sus efectos por los mismos que
-admiran, sostienen y fomentan la verdadera causa.
-
- * * * * *
-
-¿Por qué razones psíquico-fisiológicas el sentido de la vista y el
-sentido estético modernos admiten en los trajes femeninos colores
-y combinaciones de colores que por mucho tiempo habían parecido
-intolerables al buen gusto y á los ojos? Nada de _academicismo_ en
-la moda; la paleta de sus artistas no es la paleta académica, de
-tonalidades y mezclas severamente ordenadas. El color de moda es
-el más peligroso de los colores: el azul, considerado siempre como
-divisa arrogante que sólo alguna soberana belleza blanca y rubia podía
-atreverse á ostentar, sin dar que reir al enemigo, en su doble acepción
-de demonio y de mujer amiga. Vulgarmente solía decirse: A las morenas,
-azul en ellas, para que luego el diablo se ría de ellas. Hoy, morenas
-y rubias, se atreven con el azul, y no es á las morenas á las que peor
-les dice. El gran pintor inglés Gainsborough, como alarde pictórico,
-venció en su famoso _Niño Azul_ las dificultades del temible color.
-Hoy casi todas las mujeres son _niñas azules_, y lo que entonces fué
-atrevimiento de un artista, hoy sería sujeción á la realidad.
-
-Mis _Lily Elsie_, muy linda artista inglesa, en _El conde de
-Luxemburgo_, estrenado recientemente en Londres--no siempre han de
-ir los ingleses á la cabeza de la civilización,--luce un ideal traje
-del más brillante azul: un azul de cielo andaluz, un azul de turquesa,
-adornado con plata y menudas rosas de coral; el sombrero, una airosa
-monterilla del mismo color que el vestido, con enhiestas plumas también
-azules, y suavizándolo todo un abrigo color malva, un malva de ocaso
-otoñal, un malva de lejanía, de confín entre cielo y tierra, entre mar
-y nube.
-
-Y años antes, ¿quién nos hubiera dicho, sin escándalo, que habían de
-combinarse en elegantes vestidos el morado con el amarillo, el carmesí
-con el verde, el negro con el botón de oro, el naranjado con el azul?
-Entre los modistos y los escenógrafos rusos están revolucionando
-nuestro sentido del color. ¿Se han enterado nuestros pintores y
-nuestros directores de escena? Las mujeres sí se han enterado. ¡Oh, si
-fueran en todo tan atrevidas y emprendedoras!
-
- * * * * *
-
-Digamos, como el otro, de los catecúmenos en la iglesia: Por mí, que
-entren. Bien estarían, ¡oh, mis buenos amigos D. Mariano de Cávia y
-D. Antonio Zozaya!, el periodismo sin periodistas y la literatura
-sin literatos y el Arte en general sin artistas, si en esta nueva
-irrupción, que pudiéramos llamar de los bárbaros, no en el sentido
-ofensivo de la palabra, sino en el suyo original de gente extraña,
-los tales aportaran al periodismo, á la literatura y al Arte algo
-que mejor fuera; esto es, vida, espontaneidad, frescura... Pero,
-¡ay!, que nada más literario que un iliterato. Lo sé por experiencia.
-De continuo recibo dramas y comedias, pues bien, siempre que el
-remitente me anuncia «Sin estudios de ninguna clase, sin conocer el
-teatro, he escrito esta obra, inspirada en algo que me sucedió y creo
-interesante...», se puede asegurar que la obra es un compendio de toda
-la mala literatura dramática y de todas las triquiñuelas teatrales del
-peor género, exornado de la más ramplona retórica de folletín. Si todo
-el que ha pasado por algo supiera decírnoslo, el mundo estaría lleno
-de grandes artistas. Pero si muy difícil es saber ver, aun es más
-difícil saber contar. Se refiere el caso de un procesado que, al oir la
-elocuente oración de su defensor y cómo enumeraba con patéticas frases
-las desdichas que le habían traído á tan triste pasó, exclamó:--¡Hasta
-ahora no me había yo dado cuenta de lo que he padecido! Y es que, hasta
-del propio dolor, es mal intérprete la ignorancia.
-
-Nadie sabe la literatura que hace falta para no parecer literato, ni lo
-que hay que saber de dibujo para desdibujar. Para ocultar todo arte hay
-que ser un supremo artista.
-
-
-
-
-XIX
-
-
-El caso de _La Croix_, periódico de París, órgano conservador y
-católico, es curiosísimo. Se pasa la vida bombeándonos como país
-católico, poniéndonos de ejemplo á los empecatados Gobiernos franceses,
-que han llegado á la separación de la Iglesia y del Estado, y cuando
-pudiera creerse que somos el mejor modelo que todos los países del
-mundo debieran copiar, llega la cuestión de Marruecos y, ¡adiós mis
-pavos!, nos pone de atrasados, de bárbaros y hasta incapaces de
-Sacramentos, á pesar de todo nuestro catolicismo, que no tiene Muley
-Hafid por dónde cogernos. ¡Aten ustedes esa mosca por el rabo! De
-suerte, que muy buenos cristianos, pero en lo demás, cosa perdida; pues
-sí que es para animarnos á perseverar si son esas las consecuencias de
-nuestro fervor religioso.
-
-Como los nuestros de á cuarto, tienen los beatos franceses cosas de á
-_sou_.
-
-Para consuelo nuestro, y en honor del decantado _bon sens_ de los
-franceses, no toda la Prensa se ha despeñado por el precipicio de
-las tonterías. Espíritus belicosos se complacen en trasladarnos lo
-desagradable; justo es consignar que hay quien no ha perdido los
-estribos y que la razón y el sentido común no han huído todavía de
-Francia, aunque estén pasando muy malos ratos, como en todas partes,
-cuando los energúmenos vocean.
-
-El _Diario de los Debates_, _La Humanidad_ y algunos otros periódicos
-hablan como la razón y la cordura mismas. Bueno es que nuestros
-energúmenos colonistas, que por aquí también los tenemos, se den
-por enterados. En Francia, como en España, es deber patriótico y de
-humanidad no contribuir en lo más mínimo á enconar rozamientos. Un
-choque entre las dos naciones sería dar que reir á las demás, que no
-habían de intervenir en favor de ninguna y muy tranquilamente estarían
-á las resultas. Lo urgente es tirar bien la raya, cerca ó lejos; hasta
-aquí unos, desde aquí otros. Esas zonas neutrales, esas policías
-internacionales, esas divisiones de mandos, desde la más remota
-antigüedad vienen dando el mismo resultado. La diplomacia lo combina
-todo muy bien, y todo iría perfectamente si, al decir Francia y España
-unidas, se tratara, en efecto, de una abstracción ideal de las dos
-naciones, ó si fueran los propios diplomáticos con toda su corrección,
-exquisitas maneras y excelentes formas los encargados de traer y llevar
-por esas zonas neutrales. Pero eso de que las buenas relaciones entre
-dos pueblos y su tranquilidad y su honor estén pendientes de que el
-último policía internacional, que ni siquiera es francés, ni español
-en muchos casos, tuvo unas palabras con otro de la misma categoría y
-casta, francamente, es poner en ocasión cosas que mucho valen para
-fiarlas en tan poco.
-
- * * * * *
-
-El bailarín, así el de rango francés como el clásico bolero español,
-el que tuvo su canto del cisne con música de Barbieri: «Aquí viene un
-bolero muy afligido...», había desaparecido de los teatros. Para el
-público de nuestros días la presencia de un bailarín era intolerable.
-Pero todo tiene su renacimiento. La directora de baile de la Opera
-Cómica, de París, la célebre madame Mariquita, ¡oh, predestinación
-de los nombres!, ha declarado que se propone restaurar el bailarín
-masculino en los bailes encomendados á su dirección:--Es una nota
-necesaria--ha dicho;--es preciso el contraste; el «travestí» es
-antiartístico, el público empieza á cansarse de las mujeres vestidas
-de hombre. Claro está que madame Mariquita se atreve á tanto fiada en
-el triunfo de Nijinsky, el extraordinario bailarín ruso que ha sido la
-_coqueluche_ de París en las dos últimas temporadas de primavera, que
-ha inspirado infinidad de crónicas y de versos, de quien ha dicho un
-poeta:
-
- C'est un monstre ingénu qui naquit pour la gloire.
-
-Y más adelante, cosas de este calibre:
-
- Il met le coeur en doute et l'instinct en danger.
-
-Pero, ¡ay, que todos los bailarines y danzantes no serán Nijinskys! En
-nada se marca tanto la diferencia de clases como en lo que no tiene
-clasificación posible.
-
- * * * * *
-
-La Banda municipal es objeto de controversia en el seno mismo del
-Ayuntamiento. Hay quien la quiere aristocrática; hay quien la quiere
-popular. Unos quisieran que no tocara nunca de _La Walkyria_ para
-abajo; otros, del «Himno de Riego» para arriba. Popular, sí; debe
-serlo. Pero todos sabemos que lo de popular es valor entendido. Cuando
-decimos teatro popular, música popular, escritor popular, todos sabemos
-hasta dónde llega esa popularidad y dónde termina ese pueblo. Más allá
-sabemos que ni el teatro, ni la música, ni el escritor han de ser
-comprendidos. ¿Que debe aspirarse á que lo sean? Sí, muy bien. Pero si
-ha de educarse al pueblo artísticamente ha de ser presentándole el Arte
-con cierto respeto, no poniéndolo á sus pies, sino sobre su cabeza.
-Que oiga la música, la mejor, cuando de oir música se trate; cuando se
-trate de bailotear en una verbena ó jolgorio de barrio, con una buena
-charanga tiene bastante; sobra la Banda municipal, como sobraría la
-Orquesta Sinfónica en el palacio más aristocrático si sólo de bailar
-rigodones, valses y cotillón era el caso. Cada ocasión pide su lujo
-particular; no hay que ser _rastaqueres_, señores concejales.
-
-
-
-
-XX
-
-
-Nuestra pobre vida, ahogada entre las cuatro paredes de la actualidad
-prosaica, sólo en lo misterioso halla asidero para lanzarse iluminada
-hacia donde algo novelesco ó poético se vislumbra. Sabemos que de nada
-extraordinario somos capaces; sabemos hasta dónde nos llevan nuestras
-pasiones, nuestros vicios, nuestras maldades y nuestras virtudes;
-hemos perdido toda ilusión en nosotros mismos, hemos renunciado á ser
-actores hasta en la propia comedia de nuestra vida; por lo mismo, somos
-espectadores curiosos de la vida de los demás y esperamos de cualquiera
-de ellos la emoción que divierta un poco la monotonía de nuestra vida.
-¿No hay quien quiera ser héroe, para que, de espectadores, ascendamos,
-siquiera por unos días, á ser coro de la tragedia?
-
-La muerte de Mad. Lantelme, lindo artículo de París--ciudad única en
-la fabricación de esas muñecas vivientes, imitación perfecta de todo,
-de la hermosura, de la elegancia, hasta del talento,--nos defraudaría
-como espectadores si, en efecto, hubiera sido causada por un accidente
-de los que llamamos casuales. Y he aquí cómo, hasta cuando queremos
-poetizar, nos asimos de la más vulgar lógica.
-
-La casualidad es un desenlace, pero no es una explicación. La
-casualidad es algo que irrumpe por nuestra vida, fuera de todo cauce;
-algo que, de puro fatal, parece desviarnos de la fatalidad de nuestro
-destino. Son pocos los espíritus que saben percibir en la casualidad
-algo que sea lógico y necesario en esa armonía que es toda vida humana.
-
-A nadie le parece buena explicación el accidente casual. Todas las
-mujeres que envidiaban á la Lantelme, creyéndola muy dichosa, caen
-ahora en la cuenta de que era muy desgraciada. Menos mal que la muerte
-pone un poco de moralidad en la vida. Las que más la envidiaban han
-dejado de envidiarla ahora: «No, no era feliz; no podía serlo--se
-dicen unas á otras.--La felicidad no es sólo el dinero...» Pero, á
-estas horas, todas pensarán en el opulento viudo, por si acaso. Todo es
-poner barandal más alto á las ventanas del yate.
-
-Todos prefieren creer que la linda muñeca de lujo se ha suicidado. Esta
-explicación, que es más lógica, es, por lo mismo, más vulgar, queriendo
-ser poética. Hasta en Francia, donde aun florece la tragedia con toda
-la pompa de sus alejandrinos, se ha perdido el sentido de lo trágico.
-Buscando la tragedia, se cae en el melodrama.
-
-¿Un suicidio? Según eso, las mariposas efímeras también se suicidan
-cuando se queman á la luz. No; cumplen su destino: vuelan hacia la
-luz y se abrasan. Igual, ese bonito juguete, mariposa-mujer con alas
-de encajes y colores de pedrería, volaba en torno de esas luces
-deslumbradoras que son el amor, la riqueza, el arte, la gloria... y se
-abrasó en cualquiera de ellas, tal vez en la que menos calor daba.
-
- * * * * *
-
-Los que no salen de Madrid por sus ocupaciones ó por su gusto--por
-falta de dinero no será; por esa razón sólo podrían veranear dos
-docenas de madrileños,--con nada se divierten. En la Ciudad Lineal,
-unas luchas greco-romanas, que más transcienden á barraca de feria
-francesa que á Grecia y Roma. En los nuevos Jardines del Retiro, en
-oposición al clasicismo de la Ciudad Lineal, triunfa el romanticismo
-con don Jenaro, «el Feo», por mal nombre. Un bufo de la tierra que,
-sin saberlo, como M. Jourdain, hablaba en prosa, ha traducido muy
-castizamente excentricidades de _minstrel_ inglés. Con eso, y con
-el mujerío de verano, un mujerío que se oculta en invierno como los
-pájaros se ocultan para morir, según el poeta, no se pasa del todo mal
-en Madrid.
-
-Para los que no pueden vivir sin emociones de Arte, en cualquier tiempo
-que sea, ahí tienen el Gran Teatro, con una mínima de 40 grados al sol
-de sus baterías y á la sombra de sus tiples.
-
-Mucho es, aquí, donde todo se copia, que no tenemos ya, al modo de
-Francia, teatros de la Naturaleza, teatros al aire libre ó teatros
-de verdura, que de las tres maneras los llaman, aunque en la última
-acepción ya podríamos competir ventajosamente con los franceses. De
-verdura tenemos aquí muchos teatros que, si el público tuviera mejor
-gusto, aun había de justificar más su nombre, sembrando el escenario de
-hortalizas.
-
-El teatro de la Naturaleza cunde en Francia que es una bendición...
-de los campos. No hay ciudad de alguna importancia, villa de
-aguas--traducción literal--villaje,--esto ya es más castizo, aunque no
-lo parezca,--donde no se represente alguna obra, con montañas y cielo
-por telón de fondo y árboles seculares por bastidores--suprimidas las
-bambalinas. Por fortuna, entre los actores franceses, gracias á la
-frecuente interpretación de sus insoportables tragedias, los hay de
-hermosa voz y grandes facultades, que les permite ser oídos sin el
-recurso de la máscara bocina de los actores griegos y romanos.
-
-Lo malo es que, si al principio sólo se representaba en estos
-teatros obras adecuadas á la grandiosidad de la escena, hoy, por el
-consumo excesivo, cualquier obra parece buena para servirla en plena
-Naturaleza. Así se ha representado _La estrella de Sevilla_, de Lope de
-Vega, y así se representará el mejor día _La dama de las camelias_, que
-acaso no llegue al quinto acto, expuesta á los cuatro vientos, ó acaso
-se reponga antes del cuarto con este tratamiento al aire libre.
-
-Lo que sí podrá decir cualquiera en Francia, sin ponderación y sin
-sacrilegio, cuando quiera recordar que estuvo en un teatro de estos, es
-que fué allá, donde _Mounet Sully_ dió las tres voces. Como decía un
-abonado del Real á otro que le preguntaba el lugar de la acción en _La
-Walkyria_ y era en una representación muy desdichada:
-
---¿No lo ve usted? Donde Wotan dió los tres gallos.
-
- * * * * *
-
-Los vaticinadores y agoreros de acontecimientos mundiales, barajan sin
-cesar el nombre de las grandes naciones. Lo que hará Alemania, lo que
-piensa Francia, la actitud de Inglaterra. Parece que son los tiempos
-en que se nombraba á los reyes por el nombre del Estado donde eran
-soberanos. Cuando se decía: Francia se casa; Inglaterra se muere. Hoy
-esos nombres, con significar mucho, no lo significan todo... Lo que
-hará Alemania, lo que piensa Francia, la actitud de Inglaterra... Muy
-bien, sí; pero ¿no convendría más saber lo que harán los alemanes, lo
-que piensan los franceses y la actitud de los ingleses?
-
-
-
-
-XXI
-
-
-No es de extrañar, siendo la noble aspiración del socialismo la
-realización de un estado social paradisíaco, que los socialistas
-sean á veces de una inocente simplicidad, tan paradisíaca, por lo
-menos, como el mundo de sus ideales. Sobre todo, los socialistas
-españoles más noveles y, por lo tanto, menos baqueteados por las
-impurezas de la realidad. De otro modo, al escuchar el otro día á esos
-oradores franceses en _tornée_--y nunca pudo anunciarse con mayor
-fundamento--_pour l'Espagne et le Maroc_, y oirles amenazar con la
-huelga general internacional si el Gobierno de Francia ó cualquiera
-otro se lanzaba á guerreras aventuras, nuestros buenos socialistas, en
-vez de aplaudir, debieron preguntar, desconfiados, á los compañeros
-franceses:--¿Qué apostamos á que ustedes no? En el mayor silencio
-dejaron ustedes pasar la ocupación de Casablanca; sin ruidosas
-protestas han consentido ustedes en la ocupación de Fez, llevada á
-cabo con todos los pretextos y malas artes usuales en el viejo juego
-de las ocupaciones. ¿Por qué en cualquiera de estos dos casos no han
-ensayado ustedes esa terrible huelga general con que vienen ustedes
-á conminarnos á nosotros, que ninguna deslealtad hemos cometido en
-Marruecos? ¿Es que han tomado ustedes á España como una especie de
-colonia agrícola ó granja de experimentación, buena para ensayar ese
-cultivo de la huelga general y la protesta airada? Internacionalismo, y
-no por mi casa, ¿verdad? Como si no supiéramos que en Francia hasta los
-anarquistas son _chauvinistas_.
-
-Y no hay que recordar el levantamiento de la _Commune_, porque
-aquello mismo no fué sino exasperación del patriotismo dolorido.
-Mientras se creyó fácil llegar á Berlín, no hubo en Francia un solo
-internacional que protestara contra la guerra. Y hoy sucedería lo
-mismo; y sólo nuestros inocentes socialistas, creyendo hacer el juego
-del internacionalismo, no hacen más que enseñar las cartas del suyo á
-quienes menos conviene.
-
-De los socialistas alemanes no hablemos; el día en que el Kaiser
-desenvainara su imperial espada, ¡boca abajo todo el mundo! ¿A que
-nadie hablaba de huelga general en Alemania?
-
-Hablen, trabajen en favor de la paz cuanto quieran y puedan nuestros
-socialistas; están en su razón y en su derecho. Pero no fíen demasiado
-en los de fuera. Hasta ahora no los hemos visto protestar ni contra la
-injustificada ocupación de Fez ni contra las injustas provocaciones á
-España. Si hay que ser internacionalistas, bien es que empiecen otros.
-Aquí hemos sido siempre algo retrasados en todo; no hay por qué tomar
-carrerilla en esto.
-
- * * * * *
-
-En Nueva York se ha inaugurado un Círculo literario hispano.
-Discursos, poesías, música... De todo ello, lo más interesante, por
-ser más del extranjero, ha sido el breve discurso del Dr. William R.
-Shepherd, vicepresidente del nuevo Círculo, profesor de Historia de
-la Universidad de Columbia. Ya que tan pocas veces nos llegan gratas
-palabras, bueno es que conozcamos, para agradecerlas, las del ilustre
-profesor, que dijo así:
-
-«Aun cuando hiciera uso de mi lengua nativa para expresar el
-sentimiento que me conmueve en estos momentos, al pensar en mis
-impresiones de España, de la América hispana, del alma española,
-aquende y allende los mares, las palabras me faltarían.
-
-¡Cuánto más débiles y pobres no serán, pues, las breves frases que
-podré pronunciar en una lengua que, si la amo al par de la mía, no deja
-de ser siempre extraña para mí!
-
-Os ruego, por tanto, que seáis indulgentes con mis faltas de dicción y
-que miréis tan sólo á la sinceridad y al calor que las animan.
-
-Quienes no conocen los países hispanos, quienes nunca han sondeado el
-corazón de los pueblos de origen español, suelen á veces referirse á
-ellos con todo el menosprecio. Los que así hacen, debe notarse son
-hombres propensos á tomar lo accidental de la vida como característico;
-lo temporal, como permanente; lo superficial, como esencial; la sombra,
-como si fuera substancia.
-
-¿Me será permitido á mí, un extranjero, un norteamericano, un yanqui,
-si así lo queréis, un hispanófilo, sin embargo, de buena ley, el
-aventurarse á deciros lo que creo, mejor dicho, lo que me consta
-personalmente que significa la frase: España en América? Pues España
-en América significa las cualidades de amabilidad y hospitalidad, de
-cordialidad y caballerosidad, de afecto y fraternidad que distingue
-tan marcadamente los pensamientos y los hechos de España y sus hijos.
-Las colonias de antaño, las diez y ocho Repúblicas americanas de hoy,
-las cualidades, en fin, que ennoblecen tan gloriosamente su múltiple
-contribución á la cultura y al bienestar de la Humanidad entera.
-
-Así es que en la fundación del Círculo literario hispano abrigamos
-la esperanza de que podamos hacer todo lo que esté dentro de nuestro
-alcance para que las virtudes del alma, las bellezas de la literatura
-y la dulzura de la lengua que anhelamos fomentar sean más y más
-conocidas, para que vivan, crezcan y florezcan, para que sean en el
-porvenir aun más que lo que han sido en el pasado, para que sigan
-siendo la luz, la alegría, la verdad, la vida, siempre bondadosa,
-siempre fiel.»
-
-También pronunciaron elocuentes discursos D. Manuel González, cónsul
-de Costa Rica; D. Máximo Iturralde, catedrático de Castellano en la
-Universidad de Nueva York; D. Francisco Borda, ministro de Colombia en
-Wáshington.
-
-Una verdadera fiesta española que bien merece aplauso y gratitud.
-
-En Nueva Orleans se anuncia también la publicación de una Revista
-española con el título _Mercurio_, y dirigida por míster Allen H.
-Borden, que se propone fomentar nuestra literatura, nuestras artes y,
-en general, nuestro progreso en todo orden.
-
-Parafraseando á Voltaire cuando decía: _C'est du nord aujourd'oui qui
-nous vient la lumière_, diremos: Es de los Estados Unidos de donde
-hoy nos viene la luz. Aquí tienen un buen argumento los partidarios
-y defensores de la guerra. ¿No será, al combatir unos contra otros,
-como los pueblos se comprendan mejor y por comprenderse lleguen á
-estimarse?
-
-
-
-
-XXII
-
-
-Cuando los sucesos tienen por sí solos la suficiente fuerza de
-penetración ¿qué puede añadirles el comentario? Las noticias de
-Inglaterra se comentan por sí mismas. De un lado, el esplendor de sus
-fiestas marítimas, el más insolente lujo ostentado por los poderosos
-más poderosos del mundo, señores de la tierra y de los mares. De otro
-lado, la huelga sangrienta, el alarido desesperado de los hambrientos,
-que, por ser legión, quieren también ser poderosos un día á su manera,
-que es destruirlo todo, aunque no estén muy seguros de lo que después
-ha de edificarse. No hay colosal ídolo de oro que no tenga los pies
-de barro. El relato de esas huelgas de Londres y de Liverpool,
-cortando bruscamente la admiración envidiosa que pudiera causarnos
-la descripción de las fiestas brillantes, viene á ser consuelo de
-pobres, ya que no de tontos. En todas partes cuecen habas; menos mal
-donde también asan perdices; lo peor es donde sólo cuecen habas y de
-la peor calidad. Aquí tenemos huelgas y no tenemos yates ni duques de
-Westminster, que siempre es un entretenimiento hasta ver en qué para
-todo.
-
-Y aun pretenderán los soberbios lores oponerse á la sabia política de
-Lloyd George, de quien bien pudiera decirse, como dijo Calderón de la
-Cruz redentora, que es «Iris de paz que se puso entre las iras del
-Cielo y los pecados del mundo».
-
-Si con política tan previsora de lo que está viendo venir el más ciego,
-no se consigue evitar algún tremendo choque, ¿qué sucederá donde nadie
-piensa en nada ó se piensa en lo que menos importa?
-
-Los ricos de Inglaterra han recibido en estos días una buena lección de
-Economía política. Con todo su dinero se han visto carecer de muchas
-cosas. En los muelles se pudrían las frutas, se derretía el hielo, se
-estropeaban las golosinas, que por una vez estimaban en todo su valor
-los que nunca creyeron que todo eso significaba más que dinero. Por
-una vez, se han permitido los hambrientos el lujo que los hartos se
-permiten toda la vida: desperdiciar.
-
- * * * * *
-
-Explicaba un señor que había viajado mucho, cómo la razón de ser España
-el país más democrático en su trato y costumbres consistía justamente
-en ser el más aristocrático. Y esto que parecía implicar contradicción
-ó paradoja, lo resolvía él muy en su punto. En otras partes, sólo las
-personas que, por su rango ó su elevada posición social, se creen
-lo bastante seguras de sí mismas para saber que en nada desmerecen
-por alternar con quien mejor les plazca, son las que se permiten esa
-familiaridad y llaneza, que aquí nos permitimos todos porque todos
-llevamos un gran señor dentro y todos nos creemos autorizados para
-dispensar nuestra confianza á quien mejor nos parece; y así, de nuestra
-misma altivez procede el ser sencillos, y de ser todos aristócratas el
-vivir en plena democracia.
-
-Esta española confusión de castas y linajes se acentúa en el veraneo,
-donde apenas es posible distinguir de clases, y tal vez no haya dato
-más seguro de información que las diferentes tertulias, formadas, no al
-calor, sino al fresco de playas ó montañas.
-
-Dime en qué tertulia andas y te diré quién eres; por lo menos te diré
-lo que buscas, ya que saber quién sea cada uno es imposible.
-
-Puestos á considerar las tertulias y sus afinadas electivas, tenemos:
-la tertulia de los selectos, alrededor de alguna gran señora, ya
-entrada en años; tertulia aburrida, pero de mucho tono. Por lo regular,
-aparte los que quieren tomar alternativa, exhibiéndose en ella, los que
-para nada la necesitan, saludan y pasan de largo.
-
-Tenemos la tertulia de los despreocupados, en torno de alguna
-profesional belleza; como es de rigor, acompañada por una
-sobresaliente, vestida con los desechos y en todo atenida á lo mismo;
-pero no es la que menos se divierte. Al pasar por esta tertulia hay que
-hacerse los desentendidos cuando se va con señoras respetables.
-
-Tenemos la tertulia del prohombre político: un corro muy ancho, con las
-sillas muy espaciadas; al lado del prohombre una silla de respeto,
-con el bastón y el sombrero y muchos periódicos. Esta silla sólo la
-ocupa algún otro prohombre del partido ó algún enemigo político muy
-caracterizado. El prohombre sólo deja oir su voz grave y sentenciosa,
-hasta cuando quiere parecer familiarmente trivial, cuando hay
-_repórter_ nuevo de periódico importante ó persona significada á quien
-deslumbrar. De otro modo, queda encargado de amenizar la tertulia el
-bufón del partido. En todos los partidos hay bufones de cámara.--El
-hacer frases y chistes á costa de los correligionarios ausentes,
-espiando las que son bien acogidas por una sonrisa del jefe, mal
-disimulada entre protestas:--¡Oh! ¡Este Fulano es terrible! ¡No diga
-usted eso! ¡Son cosas de usted! ¡No vaya á creer nadie que yo pienso lo
-mismo!
-
-En esta tertulia hay siempre un proveedor de cerillas, porque el
-prohombre, gran fumador, nunca lleva cerillas.
-
-Tenemos la tertulia del torero; muy parecida á la del político, salvo
-que es más desinteresada. Con su bufón también, que habla mal de los
-rivales en arte y de los revisteros apasionados por otros diestros,
-con las mismas sonrisas de agrado y protestas hipócritas del ídolo.
-
-En esta tertulia, como en la del prohombre, hay terribles celos y
-envidias, que no suele haber entre los amigos de la profesional
-belleza, con estar allí más justificados. Las preferencias del ídolo se
-cotizan muy alto. Se recibe con hostilidad á cualquier amigo nuevo. Los
-desairados desahogan su pena unos con otros.
-
---¿No le dijo á usted que almorzaría hoy con nosotros?
-
---Sí; pero llegó ese imbécil...
-
---Este Manolo es del último que llega...
-
-Los asiduos á esta tertulia, siempre que se encuentran, antes de
-saludarse, se preguntan:--¿Ha visto usted al «hombre»?--¿Qué sabe usted
-del «hombre»?--¿Ha visto usted cómo ha quedado el «hombre»?
-
-Les digo á ustedes que estas tertulias de veraneo son un manantial
-inagotable de amenidades.
-
- * * * * *
-
-Muy de temer es que, á esos graciosos canastillos, última importación
-con que el Ayuntamiento prosigue la tarea de europeizarnos, no les
-caiga del todo mal la clásica definición de la escupidera: «Un
-recipiente alrededor del cual se escupe y se tiran las colillas.»
-
-¿Servirán precisamente los nuevos recipientes para el uso á que parecen
-destinados? ¿Será el órgano engendrador de la función? ¿O cuando
-tengamos todo lo necesario para ser limpios, nos seguirá faltando
-la limpieza, como cuando tengamos todo lo que hace falta para estar
-educados nos seguirá faltando la educación?
-
-
-
-
-XXIII
-
-
-Si alguna traducción se impone por su propia virtud, es la de esos
-tribunales que han de juzgar á los niños precoces delincuentes;
-institución establecida en varios países de Europa; en París, desde
-algunos años, y ahora extensiva á toda Francia.
-
-Discútase por criminalistas y sociólogos si la Justicia ha de tener
-cara de perro ó rostro más benigno, cuando de juzgar á los hombres se
-trate. Pero, tratándose de niños, ¿no podrá sustituir la severa balanza
-por un pesa-bebés, blando como una cuna, y la imponente espada, cuando
-menos por aquella caña tradicional en los antiguos maestros de escuela?
-
-Yo no sé si hay niños rematadamente malos; pero sé que, en niños y
-en hombres, nada hace tan malos á los malos como el saberse tenidos
-por incapaces de toda bondad. Repetid á un niño continuamente:--¡Qué
-malo es! ¡Es muy malo!,--y lo será en efecto. Aunque lo sea, dejadle
-alguna ilusión sobre su bondad. Cuando queráis conseguir algo de él
-y estéis seguros de su desobediencia, no vea que la dais por segura;
-al contrario, decidle:--Sí lo hará, porque él es muy bueno.--Para
-gobernar pueblos, como para educar niños, hay que hacerles ver que son
-gobernables y educables, aunque no se crea.
-
-Yo creo que si el pueblo español es de tan difícil gobernar ha sido de
-tanto decirle que lo era.
-
-Es humana tendencia la de sobresalir, la de afirmar nuestra
-personalidad destacada. Hay quien, no pudiendo distinguirse de otro
-modo, se contenta con presumir de sus achaques:--Como las jaquecas que
-tengo yo no las tiene nadie.
-
-Entre las señoras, no digamos; la que ha conseguido tener el parto más
-laborioso se considera dichosa cuando lo echa á competir entre las
-amigas.
-
-Por esto, la sociedad y los Tribunales de Justicia, que la representan,
-ni al juzgar á un criminal, á un delincuente nato é incorregible,
-deben darse por entendidos de que se hallan en presencia de algún
-monstruo. Esto envanece al criminal, y hay que procurar que los
-criminales sean modestos. Hay que persuadirles de que no son tan malos
-como ellos se creen. Es el sistema de los confesores sabios y prudentes
-con los más empedernidos pecadores, y así consiguen conversiones
-notables.
-
-En los niños, vanidosillos de suyo, nadie sabe lo que puede importar
-esta estudiada indiferencia ante sus precoces delitos.
-
-En Francia, con muy buen acuerdo, se ha evitado toda publicidad en las
-vistas y sentencias de estos tribunales para niños. Y aquí, si llegaran
-á establecerse, habría que suplicar á la insaciable información, en sus
-dos aspectos, literario y fotográfico, un discreto silencio.
-
-¿Será ilusión, ó falta de memoria? Tengo entendido que algo se ha
-legislado en España sobre tribunales para niños. Si así no fuera ó algo
-faltara para llegar á la perfección en su funcionamiento, nada más
-urgente.
-
-Habiendo de tener estos tribunales mucho de patronato, debieran
-constituirse por distritos y, aparte el juez especial designado,
-formarse por jurados cuidadosamente elegidos. Entre ellos figurará
-siempre un médico, un maestro, y, como ha indicado muy bien un
-distinguido escritor, nunca mejor ocasión para que la mujer entrara en
-funciones judiciales. Un voto de mujer no puede faltar al juzgar la
-culpa de un niño. Un voto que sería una lágrima y un beso.
-
- * * * * *
-
-Un periódico inglés--_Daily Mirror_--propone lo que bien pudiera
-llamarse vacaciones matrimoniales. Esto es, que, en los matrimonios,
-debe veranear el marido de una parte y la mujer de otra, sin dejar de
-escribirse durante la ausencia largas cartas de amor. Sería--añade
-_Daily Mirror_--el mejor medio de mantener y reanimar la llama de
-un sentimiento siempre expuesto á extinguirse _by the friction of
-every day life_. Una tregua anual es muy conveniente, y escribiéndose
-cartas que recordaran las adorables cartas de novios, los esposos
-encontrarían, al reunirse de nuevo, una frescura de emociones que
-despertaría en ellos al _boy_ y á la _girl_ adormecidos por el
-matrimonio.
-
-Hasta aquí el periódico inglés.
-
-Yo no sé si en Inglaterra sería una novedad este descanso conyugal
-ó vacaciones matrimoniales. En los países latinos no hay nada
-más corriente, y, hasta ahora, los resultados no han sido muy
-satisfactorios. Más de una separación á cencerros tapados y más de
-un divorcio á cencerrada libre han tenido su origen en estos ensayos
-veraniegos de libertad.
-
-Un soltero pierde su libertad fácilmente, porque, en la mayoría de
-los casos, no hay tal libertad. Hay que saber lo que es un padre
-de familia á la española y la familia que se agrupa á su alrededor
-en consecuencia, para comprender que cualquier medio es bueno para
-emanciparse. Y como nuestro terrible padre de familia no comprende que
-su hijo salga de su casa más que para casarse... pues se casa y en paz,
-es decir, en guerra, la misma guerra que en la casa paterna; pero en la
-suya siquiera, puede gritar él más que nadie.
-
-Pero ¡ay! cuando un casado prueba unos días de libertad... matrimonio
-perdido. Si es el marido quien veranea y la mujer la que se queda en
-casa, la vida de fonda es para él un paraíso. Aunque los que viven en
-casa de huéspedes aseguran que se está muy mal en las fondas, crean
-ustedes que en cualquier casa de huéspedes se está mejor que en la
-mayoría de las casas de la clase media española. En alimentación y
-comodidades materiales hay poca diferencia; pero en cuanto á educación
-y trato y ambiente espiritual, todas las ventajas están en favor de las
-casas de huéspedes.
-
-En el caso de ser la esposa la que veranea y el marido el que se queda
-en casa, con ó sin criada, no hay idea del orden que puede reinar
-en una casa cuando falta quien ponga orden en ella. Este ramo de la
-limpieza y del buen orden doméstico, que, con la honradez, son los
-últimos baluartes de las mujeres que no tienen otras gracias, están muy
-desacreditados desde que se ha caído en la cuenta de que nada hay más
-en orden ni con más limpieza que los tres lugares justamente en que
-para nada intervienen las mujeres: un cuartel, un convento de frailes
-y un barco de guerra.
-
-Por todo esto y otras muchas cosas, no conviene dejar solos á los
-maridos. En cuanto á las mujeres... ellas vuelven siempre encantadas al
-hogar, por bien que lo hayan pasado fuera. ¿A quién podrán decir con el
-tono de superioridad despreciativa que al marido:--¡Como éste es así!
-¡Si éste no fuera así!
-
-
-
-
-XXIV
-
-
-Los que quieran oir, que oigan; los que quieran entender, que
-entiendan. En algo habíamos de ser precursores. Nuestro género chico,
-que no tuvo nunca mayor enemigo que sus propios cultivadores, va siendo
-ya imitado en todas partes. En París son ya muchos los teatros mejor
-defendidos con variedad de piezas en un acto, que con la obra grande,
-de tres ó más actos; obra que no suele tener de grande más que las
-dimensiones, y en donde, por dos ó tres escenas, que vienen á ser en
-resumidas cuentas toda la substancia de la obra, hay que soportar todo
-el ripio y cascote, que no es patrimonio exclusivo de las obras en
-verso. En Londres, autores y actores famosos pasan sin desdorarse del
-teatro al _music-hall_, y en bocetos dramáticos ó cómicos, _sketches_,
-ofrecen, ganando en intensidad lo que pierden en extensión, brillante
-muestra de su talento. Graves autores y críticos protestan contra la
-innovación, que ellos estiman contra el Arte; pero el público la halla
-muy de su gusto.
-
-Y hay que abrir los ojos á la evidencia: La obra _grande_, en tres
-ó más actos, es contemporánea de aquellas novelas en cuatro ó cinco
-tomos, lectura reposada para todas las largas noches de un largo
-invierno. Hoy nadie las escribiría, porque nadie había de leerlas.
-En la vida moderna, hasta los desocupados tienen más ocupaciones que
-los más activos de otros tiempos. El fracaso de muchas obras muy
-estimables, la dificultad de sostenerlas en el cartel mucho tiempo,
-no puede explicarse por su mayor ó menor mérito, sino sencillamente
-porque es preciso tener muy pocas cosas en qué pensar y ninguna en
-qué distraerse, para dedicar una velada entera á escuchar á un autor
-y á unos actores, por muy lindas cosas que nos digan muy lindamente
-dichas. Pesa mucha literatura sobre la Humanidad, y los autores están
-en la obligación de decirnos lo más brevemente posible las novedades
-que tengan que comunicarnos. ¿No es bastante un acto? Los autores y
-los actores ingleses demuestran que aun el acto es mucho; el _sketch_
-les basta para dar al público completa muestra de su arte. El teatro
-del porvenir será como estos _music-halls_ ingleses á la moderna, donde
-alterna la cupletista con la gran cantante, el excéntrico con el actor,
-el baile con la tragedia condensada; donde hay espectáculo y arte, y
-falta el arte también para todos los gustos; en donde cada espectador
-puede elegir la hora y el número que le conviene, y al que le convenga
-verlo y oirlo todo, no fatigará su atención con un mismo tema, y en la
-diversidad de impresiones hallará el mayor encanto del espectáculo.
-
-Todo el secreto y el arte de ganar dinero como empresario de teatros,
-consiste en ofrecer al público, no lo que le ha gustado ayer y le gusta
-hoy, sino lo que le gustará mañana.
-
-En el teatro sólo han podido enriquecerse alguna vez los previsores,
-los que han sabido anticiparse al gusto del público. Por desgracia
-suya, aun estos previsores, encariñados con su hallazgo, no saben
-entender que otro de los secretos del teatro consiste en abandonar un
-género precisamente cuando más le está gustando al público. En todo lo
-humano, la cumbre ya empieza á ser decadencia.
-
-¿Qué podrá decirse del género grande, que de puro bajar hasta parece
-que está empezando á subir? Pero una golondrina no hace verano, ni una
-ola temporales. El género grande está muerto. Y no es porque las obras
-sean mejores ó peores, tampoco los actores: ha muerto de grande, de los
-tres actos y de las tres horas de duración. Y lo sorprendente es que
-haya vivido tanto y conserve todavía apariencia de vida. ¿Hay algo en
-la vida moderna á lo que dedique nadie tres horas seguidas de atención?
-Pero el autor que no es vanidoso, sabe que de esas tres horas, una
-corresponde á los entreactos, otra á los espectadores, y una, todo lo
-más, á la obra, si no es día de abono aristocrático.
-
- * * * * *
-
-Todos los veranos leemos las mismas consideraciones sobre el veraneo y
-sobre la predilección de los veraneantes por los grandes centros de
-atracción veraniega, traslado en todo, con un poco más de ventilación,
-de la vida madrileña.
-
-Y aquí del problema: ¿No se hace vida de campo porque nuestros campos
-son inhospitalarios?, ó ¿son nuestros campos inhospitalarios porque
-nadie quiere vivir en ellos?
-
-No es razón pedir á los cortesanos que vayan á pasar molestias, sin la
-recompensa siquiera de pasar á la Historia como colonizadores. No es
-razón tampoco pedir á los campesinos que vayan disponiendo comodidades
-y atracciones, sin la seguridad de que los cortesanos han de acudir á
-compensar los gastos. El problema es de solución difícil. Alguien ha de
-empezar. En otras partes, han sido los viajeros los que han hecho el
-camino, y los huéspedes los hoteles. En España, acaso necesitemos lo
-contrario. Así empezaron Biarritz y Trouville, en Francia. En España
-mismo, así empezaron San Sebastián y Zarauz y Deva; así empezaron,
-más cercanos á Madrid, Cercedilla y otros lugares de la Sierra. Los
-primeros en acudir pasaron lo suyo; tuvieron, en cambio, el supremo
-goce de la virginidad.
-
-Y como decía un buen señor, que siempre prolongaba su estancia en un
-lugar de estos hasta muy entrado el otoño, cuando ya no quedaba nadie
-de la colonia veraniega: «Ahora es cuando se está aquí á gusto. Si la
-gente no fuera tonta, ahora es cuando debía venir aquí todo el mundo.»
-
- * * * * *
-
-Una escritora de entendimiento y de corazón propone que los niños
-asistentes á las escuelas públicas tengan al entrar ellos, no sólo
-alimento espiritual, sino algo también de ese alimento material, tan
-necesario para bien disponer el espíritu; que si tripas llevan pies--y
-andamos tan malamente,--también llevan cerebro: y si de la panza sale
-la danza, también la enseñanza, si ha de ser provechosa.
-
-Plausible idea es la del desayuno escolar, y es preciso que no quede en
-idea. Es triste cosa que, por amor propio mal entendido ó por temor
-á que pueda parecer bombo mutuo ó tacto de codos, nadie patrocine más
-ideas que las propias, y así queden perdidas y malogradas las mejores.
-
-Ese desayuno de los niños pobres debe quedar á cuenta de los niños
-ricos, y las madres que enseñan á rezar á sus hijos, deben hacerles
-comprender que por algo en el Padrenuestro no se dice: «El pan mío
-de cada día», sino «el pan nuestro». ¿Qué menos puede comprender ese
-plural que el pan de todos los niños? ¿Qué almas pueden unirse mejor en
-ese acto de compartir el pan, que siendo de comunión cristiana, lo es
-también de solidaridad social?
-
- * * * * *
-
-Lances de veraneo: Un tenorio de playa, locamente enamorado de una
-bella compañera de hospedaje, la persigue día y noche dispuesto á
-todo. Un día, por fin, acompañándola desde la calle, se entra decidido
-hasta el mismo cuarto de la señora, que protesta muy indignada. El,
-sin oirla, se entrega á los transportes más apasionados. La dama le
-rechaza con toda su fuerza: «¡Está usted loco! ¿Qué hace usted? ¿Quiere
-usted que grite? ¡Qué atrevimiento! Y... ¿á que no ha echado usted el
-pestillo?»
-
-
-
-
-XXV
-
-
-Que si Francia, que si Alemania... Cuando aun saboreamos las
-delicias del _ménage à trois_, anglo-franco-español, concertado en
-la Conferencia de Algeciras, á la ligera, de pasada y como para que
-nadie haga caso, como puede decirse en estas notas por quien no tiene
-autoridad, me permití decir que el sentido común más rudimentario
-aconsejaba la alianza con Alemania, como más conveniente á los
-intereses españoles. De modo que no se dirá que me apasiono por
-Francia. Ahora, cuando veo que el apasionamiento por Alemania llega
-hasta desconocer y negar todo valor positivo á la cultura francesa,
-creo que, por lo menos, debemos acordarnos de que lo que sabemos de
-Alemania lo sabemos por Francia. Con todos sus defectos y su influencia
-más ó menos funesta en nuestra política, en nuestras costumbres, en
-nuestro arte--y tal vez el pro contrapesara la contra,--todavía
-podíamos imitarla en mucho, que nos sería muy conveniente. Por ejemplo:
-en su patriotismo, no limitado al aspecto bélico. Bien haremos al no
-confundir en nuestra admiración á un Cousin con un Kant, á Corneille
-con Shakespeare; pero, ¿no es altamente plausible y no debiéramos
-imitar nosotros ese laudable afán de los franceses por elevar sus
-glorias y presentarlas rodeadas de todo respeto á la consideración de
-los extraños? Cierto que es más ocasionada al ridículo la exagerada
-admiración, y nosotros somos un pueblo serio, que, por salvarnos del
-ridículo, caemos en la odiosidad de rebajar y denigrarlo todo.
-
-La compañía de la Opera Cómica, de París, con su director, M. Carré,
-y su esposa, la espiritual artista Margarita Carré, han ido á Buenos
-Aires á dar unas representaciones de ópera francesa. Los periódicos
-hablan del valor, en sus dos acepciones, _courage et valeur_, de
-los artistas expedicionarios, de su abnegación al marchar á lejanas
-tierras á predicar la buena nueva del arte musical francés; el público
-se dispone á recibir en triunfo á la gentil Margarita Carré y á su
-esposo... Lo mismo que aquí. María Guerrero, Rosario Pino, han hecho en
-América, por nuestro arte y por nuestro buen nombre, más que todos los
-embajadores y diplomáticos. A su vuelta nos contentamos con contarles
-el dinero; á la ida... no falta quien envíe un extracto ó crónica
-desacreditándolas. No digamos si el que viaja es algún escritor: ya
-nos encargamos de prepararle desde aquí el terreno, y cuando llega, va
-precedido de cartas particulares y artículos de muy buena firma, que
-vienen á decir en substancia: «Ahí les mandamos á ustedes ese pendejo,
-á quien aquí no admira nadie ni nadie toma en serio; suponemos que
-ustedes tampoco. ¡Ah! cuidado con los cubiertos». Lo mismo que enviaron
-los franceses á Clemenceau y á Anatole France; lo mismo que envían al
-más insignificante de sus cómicos ó cantantes. Aquí nos reimos mucho
-de esas cosas; pero con esas cosas pueden atreverse á escribir: «La
-Argentina, hija de Francia», y con razón se indigna Mariano de Cávia,
-y con razón no se indigna sólo con el autor de la fanfarronada, sino
-también con los que desde aquí, por su desidia, la hicieron posible.
-
-Entretanto, que si Francia, que si Alemania. Y ¿nadie se acuerda de
-Italia, que es la verdadera madre de todos los cerebros latinos?
-
-Y no sólo de los latinos, sino de toda la cultura europea.
-
-¿No debemos á Italia lo mejor de nuestro arte? ¿Nuestros poetas,
-nuestros novelistas, nuestros pintores? ¿No están Velázquez, Ribera, el
-Greco, en los pintores venecianos? ¿No está Murillo en Rafael? ¿No está
-Cervantes en _Bocaccio_ y el Ariosto? ¿No está Calderón en Dante? Y ¿no
-está toda Italia en Lope de Vega?
-
-Allá que la sombra negra del Vaticano se interponga entre las
-relaciones oficiales de los dos pueblos más hermanos en carácter, en
-glorias y hasta en desdichas: los demás no debemos ser ingratos ni
-olvidadizos. Aceptada la clasificación de pueblos latinos, si todos son
-hermanos, sólo Italia es madre de todos, y, sobre todos, gloriosa.
-
- * * * * *
-
-La cuestión de las «capeas» ocasiona muchos disgustos en este año por
-esos pueblos de nuestros pecados. Mayores disgustos, pues que, con
-desigual injusticia, mientras en este pueblo se prohibe la «capea», se
-permite en el de al lado, sin duda por disfrutar de mayor influencia
-cerca de los gobernadores. Mientras aquí se hace la ley gorda, dos
-leguas más allá se hila muy delgado. Sabido es que nada irrita tanto
-como estas diferencias y distinciones. Entretanto, llueven multas sobre
-muchos infelices alcaldes, á quien se quiere exigir que se impongan á
-todo un pueblo con tres números de la Guardia civil; bastantes menos de
-los que se envía en día de elecciones, cuando hay que poner miedo en
-los electores de oposición.
-
-Gobernadores que, cuando presiden una corrida de toros en su diócesis,
-pasan por cuanto les pide el público, aun sin razón, en el natural
-deseo de evitar conflictos, quieren que estos pobres alcaldes, sin
-fuerza material, y con poca autoridad moral, se basten y se sobren para
-prohibir las «capeas». No saben los gobernadores que el conflicto
-sería mayor para ellos si los alcaldes se obstinaran en prohibirlas á
-raja tabla.
-
-Además, donde se paga á los maestros como aquí se les paga, ¿hay
-derecho á prohibir «las capeas»? De unas cosas provienen las otras, y
-cuando se quiere educar á un pueblo, hay que empezar por el principio.
-
- * * * * *
-
-Otra de las especialidades del veraneo es, al derramarse por las
-varias regiones de España, los agricultores, que pudiéramos llamar de
-la cátedra; cuerdos en casa ajena que pretenden saber más que el loco
-en la propia.--Aquí tienen ustedes una riqueza sin explotar... Si se
-sirvieran ustedes de máquinas...
-
---Como no las despeñáramos por esos cerros--piensa el labrador
-socarrón.--Aquí tienen ustedes una riqueza en fruta. ¿Qué hacen
-ustedes con ella?--Nos la comemos.--¿Por qué no la exportan ustedes á
-Inglaterra?--Pues, ¡qué sé yo!
-
---¡Qué país éste! ¿Ustedes saben lo que pagarían por esta fruta en
-Londres?
-
-El agricultor de gabinete, á los pocos días de regresar á la corte,
-recibe, muy bien acondicionado, un cajón de aquella riquísima fruta; la
-mitad llega para tirarla, y el viaje no ha sido muy largo. ¿No es ésta
-la mejor contestación á todos estos que quieren saber de la tierra y
-de sus productos más que sus cultivadores, que no se chupan el dedo,
-aunque otra cosa parezca, y saben muy bien dónde les aprieta el zapato?
-
-Sí, algo hay que hacer por esos campos de España; pero ni es tanto ni
-lo que creen muchos que todo lo aprendieron en los libros. A la mayor
-parte de los campesinos, cuando van á enseñarles algo, ya están ellos
-de vuelta, y el viaje no ha sido muy fructífero. Y lo que dicen ellos:
-De consejos, la mitad en dinero.
-
-
-
-
-XXVI
-
-
-Tan sobresaltados nos han tenido durante todo el verano con amenazas de
-conflagraciones europeas, cólera, disturbios interiores; tanto nos han
-gritado «¡el lobo, el lobo!», que cuando el lobo ha venido, en efecto,
-casi estábamos curados de espanto; y la verdad es que la intranquilidad
-de los espíritus no corresponde á lo crítico de las circunstancias. No
-parece sino que no fuera nada con nosotros. El ilustre político que
-consideró á España incorregible é ingobernable porque había perdido
-el pulso, hallaría ahora nuevas razones para reforzar su diagnóstico.
-No creo yo que hayamos perdido el pulso; lo que sucede es que no se
-nos altera por nada. ¡Nos hemos visto con el agua al cuello tantas
-veces! Sólo una gran catástrofe nacional, como la cogida de un torero,
-es capaz ya de conmovernos y alterar el ritmo normal de nuestras
-pulsaciones. Menos mal; si fuéramos á emocionarnos por todo lo que
-vale la pena, estaríamos enfermos del corazón todos los españoles. Y
-¿para qué hay una Providencia allá arriba y un Gobierno aquí abajo?
-
-Pero los ricos son egoístas; ellos se toman sus vacaciones del veraneo
-y se molestan porque los pobres se declaren en huelga, que es, salvo
-enfermedad ó paro forzoso, su único modo de tener vacaciones. Con la
-diferencia de que no son tan divertidas como las de los ricos; porque
-las Cajas de resistencia no dan para tanto como las Cajas de los Bancos
-y las rentas de casas y tierras. ¡Ah! Si los pobres tuvieran algún
-dinero para jugárselo en algún Casino mientras dura la huelga, nadie
-tendría que decir nada de ellos. Sería gente que se divierte; la gente
-que se divierte, no perturba. Pero ¿á quién se le ocurre holgar sin
-dinero? Peor todavía: á costa del dinero de los demás. ¿No piensan esos
-obreros que sus días de huelga significan tal vez el automóvil, la
-partida de «bac» del señor que veranea tranquilamente? Pues bueno sería
-que lo pensaran, que eso de no pensar más que en sí mismos se queda
-también para los ricos. Bueno es que ellos no piensen que su automóvil,
-y su «bac», y sus «cocottes» significan el pan que falta muchos días
-en muchas mesas; porque si lo pensaran no se divertirían tanto, y
-conviene que los ricos se diviertan para que los pobres vivan. Cuando
-se han pagado seis reales ó dos pesetas por el trabajo de un hombre en
-todo un día, bien puede uno jugarse 1.000 pesetas á una carta, con la
-conciencia tranquila, y pedir energía á los Gobiernos para reprimir
-cualquier desorden, y espantarse de que haya quien hable todavía de
-problemas y cuestiones sociales.
-
- * * * * *
-
-Una millonaria americana ha celebrado en París el segundo cumpleaños
-de un lindo perrillo de su pertenencia con una original y espléndida
-fiesta. Invitó á todos los perros y perras de sus amigas, que acudieron
-acompañados de sus distinguidas amitas, naturalmente. Hubo verdadera
-competencia en el atavío de los perros: collares y pulseras con
-piedras preciosas, golas de magníficos encajes, mantas de fantasía,
-pañuelitos bordados. El héroe de la fiesta lucía un suntuoso manto,
-que era llevado graciosamente del pico por un pato blanco que, según
-dicen, cometió mil incorrecciones y acabó por tragarse un anillo de
-oro y brillantes que dejó caer una de las más espirituales falderas
-asistentes á la reunión. Se sirvió un delicado agasajo, y las revistas
-no dicen si se bailó ó se hizo música, ni si las alfombras y cortinajes
-ó las faldas de las amitas padecieron graves ultrajes. Tampoco dicen si
-el _flirt_ se contuvo en límites decorosos ó hubo que lamentar algunas
-expansiones de dudoso gusto. Se supone que, siendo todos los perritos
-de buena casa y educados por señoras tan distinguidas, la reunión
-tendría el mejor tono. De seguro que no se mordieron unos á otros como
-sus señoras y dueñas, que saldrían encantadas de la fiesta. Sería
-interesante saber lo que pensaron los perros, y más interesante saber
-lo que dijeron los criados de la casa. De los maridos y los hijos de
-las señoras, no se sabe nada.
-
- * * * * *
-
-No se dirá que nos descuidamos en los preparativos para solemnizar el
-centenario de Cervantes. El Salón Nacional, nombre ya de suyo sonoro
-y significativo, se llamará teatro de Cervantes, y, al anunciar el
-cambio de nombre, se anunció primeramente que actuaría en él una buena
-compañía dramática; pero después referencias muy autorizadas dan por
-seguro que actuará en él una de esas compañías de _varietés_ tan poco
-variadas. Era lo único que le faltaba á Cervantes. Con un guiñol iría
-mejor servido; siquiera recordaría aquel retablo de Maravillas ó el
-famoso de maese Pedro; pero estas _varietés_ á la moderna no sé qué
-puedan recordar, como no sean las desdichas que le persiguieron en vida
-y no dejaron de perseguirle en muerte, sin la tregua del centenario,
-que ya veremos cómo nos lo deparan entre unos y otros.
-
-Admirable sería que, al engaño del nombre, acudiera algún extranjero
-al teatro de Cervantes creyendo hallar el verdadero teatro nacional, ó
-poco menos, y se encontrara con su buen garrotín y sus buenas coplitas
-en el más puro estilo cervantesco. Triste sería que, sólo por los
-artistas y el público, pudiera creerse transportado á lo más triste
-de la triste España de Cervantes, y que, viniendo á festejar al autor
-del _Quijote_, sólo pudiera admirar al de _Rinconete y Cortadillo_, no
-tanto por la certera observación de su tiempo como por la penetrante
-visión del porvenir.
-
- * * * * *
-
-Los franceses nos pondrán en solfa, y por eso, sin duda, padecen la
-obsesión musical de España. De diez ó doce conciertos anunciados
-en días pasados, de los que dan en París continuamente las bandas
-militares, no había uno solo en que no figurara alguna pieza de
-inspiración española. La _España_, de Chabrier; fantasías de _Carmen_;
-un Vito; fantasía de _El Cid_, de Massenet; serenata española. Eso sí,
-entre tanta música española ni un sólo compositor español. Basta con
-que la inspiración sea nuestra; ellos se bastan para instrumentarlo
-todo. Lo mismo que en Marruecos, y que en todas partes. Aquí cantamos y
-bailamos; ellos instrumentan... y cobran. ¿No ha sido ésta siempre la
-suprema habilidad francesa: instrumentar todas las músicas de todo el
-mundo? Sólo que hay músicas bravías que se resisten á todo pentagrama y
-á toda batuta. Napoleón, aquel gran director de orquesta, lo aprendió
-á su costa. Pudo con los pueblos entonces más civilizados y fué á
-estrellarse en los que él despreciaba más por incultos.
-
-
-
-
-XXVII
-
-
-Si para todo Gobierno es siempre desagradable la perturbación del orden
-público, es natural que lo sea doblemente para un Gobierno liberal y
-democrático. Siendo el primer deber de un Gobierno el sostenimiento del
-orden, ¿cómo conciliar las ideas liberales con las medidas necesarias
-de previsión y de represión? Según frase de un eminente novelista y
-lastimoso republicano, en la vida los hechos van dando de puntapiés á
-las ideas. Pero no deja de ser triste cosa, cuando de ideas liberales
-se trata, que los hechos brutales puedan despedirlas de tan brutal
-manera.
-
-Convalecientes todavía de un acceso de fiebre, en que, por fortuna, no
-todos han perdido la cabeza, aunque bien pudo temerse, no es ocasión de
-aquilatar errores y responsabilidades.
-
-Hay en estos accesos agudos el peligro de que, por atender con premura
-á lo sintomático, se desatienda la dolencia esencial. Es indudable
-que los vínculos de solidaridad social entre unas clases y otras
-están muy relajados. Nadie sabe á qué alta claridad han de llegar las
-inteligencias para suplir el calor que falta en los corazones. Hemos
-apagado la lumbre antes de encender la luz, y todos vamos á tientas por
-la vida; no es extraño que nos tropecemos unos á otros á cada paso.
-Se ha destruído mucho y no se ha edificado lo bastante. La voluntad
-moderna es negativa. Sabemos muy bien lo que no queremos; nadie sabe de
-cierto lo que quiere.
-
-Sería injusto desconocer, y los más apasionados enemigos y los más
-condicionales amigos, que son peores, no podrán negarlo, que el
-Gobierno ha salvado con gran cordura, digan otros con gran suerte, las
-difíciles circunstancias en que tanto podía pecarse por falta como por
-exceso.
-
-El pueblo de Madrid, tan desconocido, tan calumniado á veces, ha dado
-una vez más pruebas de su ánimo sereno y bien templado. Nadie se ha
-intimidado. El comercio abrió sus tiendas confiadamente; nadie dejó sus
-habituales ocupaciones y esparcimientos. La clase media, sobre todo,
-la que bien tendría motivos justificados para ir á la huelga y á la
-protesta violenta, puede decirse que ha sido en este caso el muro de
-contención contra posibles desbordamientos del motín amenazador, por
-una parte, de la represión excesiva, por otra. No olviden la Monarquía
-ni sus Gobiernos dónde está su más firme apoyo. ¿Los de abajo? Aun sin
-razones sentimentales. ¡Hay tantas razones de conciencia para perdonar
-sus errores y sus extravíos! La grey es buena... ¿Los pastores? ¡Pobre
-pueblo! ¡La vida es tan dura para él! ¿Cómo culparle si, para soñar y
-esperanzarse, prefiere todavía la blandura y dulzor de las mentiras
-lisonjeras al áspero y sano amargor de las verdades? ¡Si sólo se le
-acercan los que tienen aspiraciones de ídolos y ninguno que tenga
-vocación de mártir! ¿Cómo ha de escuchar nunca palabras de verdad?
-Hasta la entrada en Jerusalén, entre aclamaciones y palmas, hay muchos
-Cristos; hasta la Cruz, sólo hubo uno: El que era todo amor.
-
- * * * * *
-
-Bien merecen una especial recompensa los reservistas y licenciados
-temporalmente que se han presentado espontáneamente en sus respectivos
-Cuerpos, anticipándose á la orden de incorporarse á ellos.
-
-Merecedores son también del mayor encomio los aristócratas veraneantes,
-los próceres ilustres, políticos y financieros, lo más saneado de
-nuestras clases conservadoras, que se han apresurado á dejar las
-comodidades y el descanso de sus residencias veraniegas para mostrar
-á la Monarquía y al Gobierno su lealtad acrisolada. Imponente fué la
-manifestación de todos ellos realizada en Madrid, pareciendo en los
-sitios de mayor peligro, ofreciéndose con sus servidores y empleados á
-defender y sostener el orden. No podían hacer menos por la Monarquía
-los que tanto hicieron por la Religión en los días del Congreso
-Eucarístico. Sólo los impedidos y achacosos se han limitado á enviar
-sus adhesiones por escrito. Y, aun á éstos, habría que oirles en
-la terraza del Casino de Biarritz y en otros puntos del extranjero
-abominar de los viles afrancesados, que se aprovechan de los momentos
-difíciles para perturbar el orden y traer graves complicaciones sobre
-España.
-
-Admirable ha sido su conducta, y razón es que, después de tan
-significativo acto de presencia, vuelvan á reanudar sus vacaciones,
-interrumpidas hasta que llegue el invierno y, con él, ocasiones en que
-lucir más tranquilamente Toisones, bandas y cruces, que tan bien saben
-ostentarse en los momentos de peligro como en las ceremonias pacíficas.
-
-La Monarquía y los Gobiernos deben tener muy en cuenta la actitud de
-estas clases privilegiadas, que aun no han hallado por aquí su Lloyd
-George como en Inglaterra.
-
- * * * * *
-
-Y nada más. De todo ello el Gobierno del Sr. Canalejas ha salido
-incólume, cuando sus mejores enemigos y sus peores amigos esperaban
-que saldría muy quebrantado. Algo que importa más ha salido también
-incólume: la vitalidad de esta España nuestra, más resistente con su
-apariencia de debilidad que muchos organismos de robustez engañosa.
-
-Y á este nuestro Madrid bien puede perdonársele su femenina debilidad
-por algún torero, en gracia de su masculina serenidad ante un
-espectáculo en que la mayor prueba de cordura era permanecer impasibles
-como espectadores; único medio de que no se hicieran locuras en el
-redondel, que, por fortuna, en esta ocasión ha sido todo olivo,
-considerado como símbolo de la Paz, para los bien intencionados. En
-su sentido taurino; para los que gritando ¡al toro, al toro!, no se
-contentan con quedarse entre barreras, sino que se suben al palco de
-la presidencia apenas suenan los clarines y, de paso que se ponen en
-seguro, le piden algún favorcillo al presidente, mientras los incautos
-lidiadores, jaleados por estos capitanes Araña, se juegan la vida en el
-ruedo.
-
-
-
-
-XXVIII
-
-
-Gran revuelo en París. Cuestión de faldas: faldas de bailarina. Osados
-reformadores tratan de suprimir en el cuerpo de baile de la Gran
-Opera, el «tutú» ó sea la tradicional faldilla de las bailarinas.
-Dicen que es inverosímil--¡miren ustedes dónde demonios van á buscar
-la verosimilitud!--que en un baile de campesinos, ó de griegos, ó de
-romanos, se presenten las danzarinas con ese traje, sin época y sin
-estilo, que es sólo de bailarina, por unos de esos convencionalismos
-teatrales que, si bien se mira, ¡ay!, son todo el teatro. Hay quien,
-dejando á un lado la propiedad escénica, que nada importa cuando se
-trata de admirar bellezas femeninas, protesta contra el «tutú», en
-nombre de la Estética. Dicen que el «tutú» destruye la armonía de
-líneas. ¡Picarones!
-
-En seguida han levantado partido, de una parte, los tradicionalistas;
-de otra, los innovadores. Entre las mismas interesadas, las hay que
-están por las faldillas; las hay que están por las líneas. Las madres,
-corporación respetabilísima en el cuerpo de baile, inmortalizadas por
-Halevy en su _Madame Cardinal_, con su experiencia de madres, están
-por la falda: saben cuánto importa reservar alguna sorpresa para los
-momentos definitivos. La juventud, con sus impaciencias á la moderna,
-está por la línea. Saben que, como en Geometría la línea recta, en Amor
-la curva es la distancia más corta entre el escenario y el hotelito de
-sus sueños.
-
-Hay también un partido intermedio: el partido templado de un
-transigente eclecticismo. Adóptese la innovación para las óperas y
-bailes modernos, y respétese la tradición para los del antiguo régimen.
-Hay tal vez abonados viejos, «fetichistas» de amor, para quien el
-«tutú» es toda la bailarina. Sería una crueldad privarles de la prenda
-sugestiva y evocadora.
-
-Hay también un partido revolucionario y avanzado que, no sólo pide
-la supresión de los tules y gasas, sino la supresión de las mallas,
-que, si no destruyen, ocultan las líneas. Dicen que siendo el baile
-exhibición de la belleza corporal femenina, ritmo plástico de formas
-y actitudes, tapar las formas de una bailarina es como tapar la boca
-á un cantante. Estos señores quieren que les canten á toda voz, y que
-les bailen... aquí no puede decirse á todo trapo; al contrario: ¡fuera
-trapitos!
-
-Para comprender lo que esta cuestión interesa en París, es preciso
-saber lo que significa el cuerpo de baile de la Gran Opera, que es
-toda una institución nacional. Wágner tuvo que sucumbir ante su
-tiranía, amenizando _Tannhauser_ con un bailecito, pues de otro modo
-no se hubiera representado nunca. Verdi, en todo el esplendor de su
-gloria, tuvo que intercalar también unas danzas en su _Otelo_ cuando
-fué representado en la Gran Opera. Hasta el _Don Juan_, de Mozart, se
-ameniza con un añadido bailable, para el cual se aplica uno de los
-minués del mismo divino maestro, y la marcha turca, que cae en el _Don
-Juan_ como el calañé en la cabeza de Dulcinea--véase la ópera de
-Massenet _Don Quichote_, cuya representación en Madrid demandan algunos
-cervantófilos.--Buena obra para inaugurar el nuevo teatro de Cervantes,
-para que al «Inri» no le falte letra... ni música.
-
- * * * * *
-
-Ahora que se agita la idea--en España se agitan mucho las ideas,
-por eso llegan las pobres tan cansadas cuando hay que ponerlas en
-práctica--de fomentar el turismo por los medios más adecuados,
-no sería malo convocar una Asamblea de veraneantes ó abrir una
-información pública para que expusieran sus observaciones, sus agrados
-y sus quejas. De este modo, podría trazarse algo así como un mapa
-hospitalario de España, que podría ser muy útil para los turistas.
-
-¡Hay que oir á muchos de los que regresan! Claro es que muchas veces
-el espectáculo está en el espectador y el viaje en el viajero. Los que
-buscan pueblecillos ignorados y tranquilos para su descanso, vuelven
-encantados. ¡Qué amabilidad y dulzura en el trato de los campesinos!
-¡Qué sencillez! ¡Qué arte para adulterar los alimentos y encarecer los
-precios, para que el veraneante no eche de menos las comodidades de
-Madrid! ¡Qué modo de amenizar la vida al forastero! Eso sí; el paisaje
-y el aire sano del campo compensan de todo. Salvo que el paisaje está
-todo acotado, para consuelo de los que no quieren terrenos baldíos, y
-no hay por dónde pasear ni por dónde asomarse al campo; salvo que el
-aire huele á paja quemada ó á carroña de animales muertos que se pudren
-al aire libre; salvo que los niños, que fueron de Madrid tan sanos,
-atrapan la tos ferina ó el sarampión, ó unas calenturas, gracias á la
-higiene de esos admirables lugares, reino eterno de Herodes.
-
-¡Oh, el campo, los pueblecitos! ¡Qué bien se vive en ellos con una
-casa á estilo de Madrid, con criados de Madrid, haciéndose llevar los
-alimentos de Madrid, con periódicos de Madrid, amigos de Madrid y mucha
-agua de Colonia... de cualquier parte!
-
-Los más exaltados africanistas debieran emprender frecuentes
-exploraciones por muchos de estos lugares. Tal vez á la vuelta se
-hubiera enturbiado su fervor de civilizadores y conquistadores de
-tierras extrañas. ¡Pues no hay poco que civilizar y que conquistar
-sin salir de casa! Y no vale decir que para eso siempre hay tiempo, y
-para eso los tenemos cerca. Precisamente porque están cerca es posible
-que, si no los conquistamos pronto, nos conquisten ellos. Y que, á los
-bárbaros de fuera, se les ve venir; pero los de casa, no han avisado y
-ya están encima. Todo será que el hambre apriete un día demasiado. Así
-como así, con los remedios que proponen algunos economistas, dignos
-de los mejores tiempos de la Edad Media... Proteccionismo y cierre
-de puertas. Es el mejor remedio. Bien decía D. Juan Valera que la
-Humanidad estaba empezando á vivir.
-
-
-
-
-XXIX
-
-
-El malestar ocasionado por la carestía de la vida es universal. Las
-gentes andan mal humoradas, y el mal humor se traduce en motines,
-huelgas y disturbios, con cualquier pretexto, que, no pareciendo
-suficiente á los que no quieren enterarse de la verdadera causa, les
-hace pensar en el oro extranjero, en traidores y agitadores extraños.
-Aquí pensamos en el afrancesado, como en tiempos de la invasión
-napoleónica.--Todo esto es como pensar en polvos misteriosos que
-envenenan las aguas, en tiempo de mortífera epidemia.
-
-Claro es que, muchas veces, los mismos que protestan y se enfurecen,
-no se dan cuenta de la verdadera causa de sus furores. ¡Pesan sobre
-el dinero y sobre las necesidades materiales tantos anatemas poéticos
-y románticos, que á todos nos da cierta vergüenza confesar, cuando
-andamos tristes y cariacontecidos, que la causa primordial es la falta
-de metales preciosos y precisos! ¡Hay tanta pasión de ánimo y tanta
-neurastenia que se curaría con unos cuantos billetes de mil pesetas! Y
-¡hay tanto socialismo, tanto republicanismo y tanto idealismo que se
-curaría del mismo modo!
-
-Los médicos y los gobernantes, para acertar en sus diagnósticos, han de
-ser algo materialistas. El estado financiero del paciente, individuo ó
-pueblo, es de gran importancia para diagnosticar y recetar con acierto.
-Hay tristezas que parecen, y así lo asegura el enfermo, de lo más
-espiritual del mundo; y con buena alimentación, diversiones y algún
-dinero, desaparecen en cuatro días, sin dejar señales. No hay más que
-comparar lo que dura un duelo en una casa donde la familia queda muy
-bien, con lo que dura donde, como suele decirse, el difunto se llevó la
-llave de la despensa.
-
-Yo estimo en mucho á esas buenas señoras, serviciales y conocedoras del
-corazón humano, que, en las grandes catástrofes familiares, se dedican
-á ofrecer y servir tazas de caldo, vasos de leche y yemas de huevo.
-
-Este sistema, aplicado al gobierno de los pueblos, produciría los
-mejores efectos. ¿Que los pueblos se agitan y se inquietan por alguna
-idea política? Leyes económicas, de lo más grosero y materialista: la
-taza de caldo, el vasito de leche y las yemitas de huevos.--Llore usted
-lo que quiera, pero hay que tener fuerzas.--Así dicen esas señoras
-solícitas que, por haber asistido á muchos duelos de familia, saben el
-modo de curar desmayos y síncopes de viudas y huérfanas. ¡Al estómago,
-al estómago! No hay que tomar el corazón muy en serio, ni en los
-pueblos ni en los individuos.
-
- * * * * *
-
-Hasta ahora, el público del teatro de Apolo era el que ofrecía mayor
-resistencia á dejarse emocionar por la pura emoción artística. Los
-mejores éxitos literarios obtenidos por algunas obras en aquel teatro
-fueron logrados á punta de chiste. Presentarse allí á cuerpo limpio era
-empresa arriesgada. Sinesio Delgado es testigo de mayor excepción. El
-éxito de _Lirio entre espinas_ ¿será sólo un acierto de una obra y de
-un autor?, ó ¿será también un acierto del público? Mucho habría que
-celebrar lo primero; lo segundo, doblemente.
-
-Una de las grandes ventajas de los teatrillos y salones en que se
-cultiva el género llamado _varietés_, es haber sido un derivativo para
-que cierto público no busque en teatros donde debe cultivarse otro
-género, lo que en esos salones puede encontrar en abundancia.
-
-Bueno es que se deslinde el campo. A un lado, el teatro; á otro, el
-escaparate. Que cada cual sepa dónde debe ir y dónde no, á satisfacer
-sus gustos y sus aficiones.
-
-Hasta ahora, el arte y la literatura habían sido para esos teatros
-lirio entre espinas.
-
-Esperemos que, en adelante, aunque no todo sean lirios, todas sean
-flores.
-
- * * * * *
-
-Con los comienzos de la temporada teatral anuncia su alegre entrada en
-Madrid el invierno de los dichosos.
-
-Como en las procesiones españolas, Dios grande y Dios chico, hay
-siempre dos estaciones en cada estación del año. Una, para los que
-tienen sus diversiones distintas en cada una; otra, para los que pasan
-los mismos apuros en todas ellas.
-
-En unas casas se piensa ahora en el abono á los teatros, en bailes y
-fiestas, en las nuevas noches de invierno, en alfombras y pieles. En
-otras se piensa en la falta de trabajo, en la pobre ropa empeñada.
-
-El invierno acusa, como ninguna otra estación, lo terrible de las
-desigualdades sociales.
-
-El hielo que endurece la tierra y dificulta al pobre labrador sus
-labores, sirve para que los ricos patinen sobre él, bien aforrados
-en pieles. Por si el hielo natural falta para su diversión, tienen
-patinaderos de hielo artificial.
-
-La industria de los hombres no se ha cuidado tanto de aliviar males al
-pobre como de aumentar goces al rico. Verdad es que los pobres pagan
-mal y agradecen peor.
-
-Por eso nadie trabaja para ellos; ni ellos mismos. Todas las
-comodidades, todo el lujo, todo lo que embellece y alegra la vida,
-pasa por sus manos sin dejar rastro de bienestar, de belleza ni de
-alegría. En sus manos todo es trabajo, pena y miseria.
-
-
-
-
-XXX
-
-
-¡Buenas reprimendas se está ganando Italia, de la parte de las señoras
-mayores, por querer ella jugar también á la señora mayor y hacer de
-gran potencia! ¡Como si fuéramos todos unos, frailes y tamborileros!
-
-¡Tendría que ver! Cuando las grandes andan con mil remilgos y
-miramientos por no tropezarse ni ofenderse, que una loquilla viniera á
-enredarlas á todas.
-
-Están Francia y Alemania, muy señoras y muy reverendas, nota va, nota
-viene, hasta aquí cedo y de aquí no paso, por si pueden evitarse el
-venir á las manos, que las dos tienen muy ocupadas, y se le ocurre á la
-señorita sin juicio de las tarantelas echarse de conquista y de bulla
-por esos mares.
-
-Las grandes señoras, acostumbradas á ponerse el mundo por montera,
-dicen, escandalizadas ante la empresa de Trípoli, que esas no son
-formas entre naciones decentes y que de quién las habrá aprendido
-Italia.
-
---Ella no tiene posición para eso--como decía una aristócrata,
-censurando á una burguesa que se permitía tener amantes.
-
-El que tiene posición puede permitírselo todo en este mundo. Pero el
-que no la tiene ¿cómo llega á tenerla? ¿Cómo van á llegar los pequeños
-á grandes, si los grandes tienen monopolizados todos los medios de
-engrandecerse?: el atraco, el despojo, la estafa; los medios más
-usuales entre naciones decentes y civilizadas.
-
- * * * * *
-
-Peligroso, peligrosísimo juego, que no aconsejaríamos á ningún
-Gobierno, es el de ilusionar y desilusionar de un día á otro.
-
-Contra su certero instinto de gato escaldado, el pueblo español está
-como quien quiere creer, si no cree; en las mejores disposiciones
-para terminar en creyente. No pide milagros, pero... ¡si se los
-cuentan! Casi, casi, se dará por contento con volver de la aventura,
-como el gitano tuerto, por lo menos con el ojo que le quedaba sano.
-No pretendamos ponerle vendas en los ojos, que la verdadera fe no
-se falsifica con nada; y no hagamos que, por querer infundírsela
-con milagrerías, acabe por no creer ni en los milagreros ni en los
-verdaderos apóstoles. Hasta ahora sólo cree en los mártires.
-
- * * * * *
-
-La Biblioteca Nacional era una institución intangible é inviolable. Un
-distinguido escritor se lamentaba días pasados de que nadie sostuviera
-una campaña contra esa plaza fuerte. Sólo algunos artículos en broma y
-algunas quejas tenues.
-
-Las bromas no sientan mal, y, por desgracia, es más fácil llamar la
-atención sobre un asunto echándolo á broma que tomándolo en serio.
-Las quejas... ¡Caramba! ¡Cualquiera se atreve á insistir! Apenas se
-atreve uno á protestar contra una deficiencia, un descuido, salen
-como energúmenos unos cuantos señores, clamando que todo ello es
-ganas de molestar, que la Biblioteca es una perfección y no hay nada
-que mejorar ni que corregir en ella ni en sus servicios. ¡Admirable
-institución que ha llegado á ese punto en que ya nada puede mejorarse!
-
-Cuidado que en esas quejas nada iba contra el respetable Cuerpo de
-Archiveros y Bibliotecarios; al contrario; más se procuraba que se les
-aliviara en trabajo y se les aumentara el sueldo. Pero nada, ni aun así
-agradecen las quejas.
-
-En cuanto á los señores de la casa, los eruditos y bibliófilos del
-santo y seña, esos ya es sabido que son como los devotos beatones:
-parroquianos fieles de una iglesia, les molesta cualquier extraño que
-venga á turbarles en sus oraciones. Dicen que para cuatro golfos que
-van á la Biblioteca á destrozar los libros... Yo tengo la seguridad de
-que peligra más un libro en manos de un bibliófilo, rata de biblioteca,
-que en manos de un golfo. La verdad, no veo á un golfo arrancando hojas
-de un libro, para ahorrarse el trabajo de copiarlas ó para evitar que
-otro las copie. Además, cuanto mayor sea el número de golfos que acuda
-á la Biblioteca, menor será el peligro de que manchen ó estropeen los
-libros. Cuantos más sean los que pueden verse unos á otros, más cuidado
-tendrán de que alguno pudiera delatarlos en su vandálica tarea. Sabido
-es que en París estaba más seguro el Museo del Louvre cuando, por ser
-gratuita la entrada, acudían numerosos golfos, que cuando, por costar
-dinero, apenas si acudían más que los extranjeros y provincianos. En
-los tiempos de la entrada libre y popular no hubo ningún robo. Acaso
-hubiera sido imposible el de _La Gioconda_ con el sistema de la puerta
-franca. Del mismo modo, facilitando la asistencia de numeroso público
-á las bibliotecas, serán más difíciles esos actos de destrucción y de
-mala crianza. El público es el mejor vigilante del público. Y aunque se
-destrocen algunos volúmenes... Todos hemos aprendido á leer ensuciando
-y rompiendo libros; si por eso no hubieran vuelto á poner un libro en
-nuestras manos, ni hubiéramos aprendido á leer... y ¡pobre libro el que
-hubiera caído después en poder nuestro! Siempre hubiera sido el enemigo
-odioso.
-
-La Biblioteca popular puede servir para todo esto: para que se
-desahogue el odio al libro, rompiendo y ensuciando unos cuantos; y
-después... para que se le vaya perdiendo el miedo, y, por fin, para que
-se le vaya tomando cariño.
-
-
-
-
-XXXI
-
-
-La buena obra del desayuno escolar, de las cantinas escolares, está en
-buenas manos, y es seguro que se salvará del infructuoso destino de ir
-á estrellar el cielo.--¿Por qué ha de decirse empedrar el infierno,
-cuando de buenas intenciones se trate?--Ninguna buena intención se
-pierde, aunque no pase de la intención. Toda simiente espiritual
-fructifica, más tarde ó más temprano, en la realidad práctica.
-
-Si fueran graves y sesudos varones los encargados de llevar á cabo el
-buen propósito, no habría que fiar mucho en su realización. Todo se
-perdería en discusiones, Memorias y nombramiento de cargos. Las señoras
-son más expeditivas en todas sus resoluciones, discuten andando; sus
-discusiones no son por discursos en severas sesiones, sino por réplicas
-animadas y vivas en charla amistosa. Las señoras son únicas también
-en el manejo y dominio de las cifras. Mientras los hombres necesitan
-servirse de la tabla de logaritmos para averiguar el precio de las
-patatas, con todo rigor científico, las señoras, por los dedos muchas
-veces, calculan y resuelven los problemas más dificultosos mejor que
-Inaudi.
-
-No quisiera yo actuar solamente de jaleador y tocador de palmas en
-empresa tan loable. Desde ahora me ofrezco á las distinguidas señoras
-para cuanto crean que pueda serles mi cooperación de alguna eficacia.
-
-Muy explotado está el teatro y cuanto con él se relaciona, para
-pensar en recargarle con un nuevo tributo. Algo queda todavía sin
-explotar, que bien pudiera explotarse en beneficio de tan buena
-obra. Los gorrones y los _pelmazos_. ¿Por qué no ha de cobrarse un
-impuesto de caridad sobre los vales? El que asiste gratuitamente á
-un espectáculo, con mayor razón debe pagar ese impuesto. Son muchos
-también los aficionados á curiosear en lecturas, ensayos, sobre todo en
-los generales. ¿No estaría muy en razón también que pagaran con algo
-las primicias y el fisgoneo? En todo lo de este mundo--¿no es verdad,
-viejos verdes?--las primicias es lo que más se paga. Sólo en el teatro
-son gratuitas.
-
-Por mi parte, y desde ahora, fuera de los precisos operarios, como dice
-el cartel de las corridas de toros, á todo curioso, fisgón, _pelmazo_
-ó buen amigo que asista al ensayo de una obra mía, le sablearé sin
-consideración alguna y pondré á disposición de las damas lo recaudado.
-¿Que entonces no habrá curiosos? Por lo pronto, eso iremos ganando.
-
-De cualquier modo, bueno sería que las empresas y los autores se
-pusieran de acuerdo para explotar á todo _pelmazo_.--Entiéndase lo de
-_pelmazo_ en el mejor sentido de la palabra.--Cada cual puede aplicar
-este ingreso, que al cabo del año sería importante, á la obra meritoria
-más de su agrado y de su simpatía.
-
-También pueden rendir un tributo los ejemplares regalados, las tarjetas
-postales firmadas y demás molestias hasta ahora gratuitas y, por lo
-regular, poco agradecidas.
-
-Los tiempos son prácticos, pero como los escritores y artistas hemos
-convenido que no está bien serlo en provecho propio, sigamos siendo
-desprendidos y generosos; pero ya que hemos de padecer tanta _lata_ por
-amor al Arte, que nos sirva á lo menos de satisfacción padecerla en
-provecho de alguna obra de caridad.
-
- * * * * *
-
-En los salones de variedades se inicia un renacimiento nacional.
-Hasta ahora las canciones eran imitación ó traslado de _couplets_
-extranjeros. Hoy se cantan canciones españolas, antiguas y modernas;
-las artistas se tocan con la mantilla blanca, gran peineta y
-claveles--también se tocan de otras mil maneras; pero quédese esto de
-jugar del vocablo para sus intencionadas canciones.--Renace también el
-baile clásico español: fandango, bolero y panaderos; hay trajes del
-siglo XVIII y bailarinas de la misma época. ¡Ese siglo XVIII, el más
-afrancesado, que muchos tienen por el prototipo de lo castizo! ¿No hay
-quien tiene á Goya por el más español de nuestros pintores? A Goya, que
-unas veces pintó como los ingleses, otra como los franceses, y cuando
-pintó á su manera pintó de muy mala manera.
-
-Verdad es que yo he leído en papeles de la época cómo se censuraban los
-sainetes de D. Ramón de la Cruz, como género á la francesa.
-
-También creo que en este españolismo de bailarinas y cantadoras hay más
-de afrancesamiento que de españolismo. La prueba es que cuando vienen
-más españolas es cuando vienen de París. Y es que, ante la niveladora
-civilización, lo castizo va emigrando de unos pueblos á otros, como
-curiosidad de exportación. Dentro de poco será lo más difícil, para
-los curiosos de costumbres pintorescas y características, saber dónde
-han de hallar las de cada pueblo, porque lo más italiano estará en la
-Argentina, lo más americano en París, lo más francés en Nueva York, lo
-español, en Rusia, y lo ruso, en China. En Arte sucederá lo mismo: el
-del Norte habrá pasado al Mediodía, y viceversa. Los europeos pintarán
-como los japoneses, y los japoneses como los europeos. Habrá corridas
-de toros en Londres y boxeo en Sevilla. En Alemania no gustarán
-más óperas que las italianas, y en Italia, las de Wágner y Strauss.
-En Madrid se representarán operetas vienesas, y en Viena, zarzuelas
-españolas. Los pueblos juegan á las cuatro esquinas, y cuando alguien
-pide un poco de casticismo, en todas partes le dicen:--Por allí
-rebulle.--El cosmopolitismo es ya castizo en todas partes; lo castizo
-se ha hecho cosmopolita.
-
-
-
-
-XXXII
-
-
-Muy doloroso es ver renovarse á cada paso de nuestra historia la negra
-leyenda de las torturas inquisitoriales. Pero hay que confesar, por muy
-triste que sea, que no hay leyenda ni calumnia sin fundamento. Cuando
-se ha pecado mucho, son necesarias muchas y muy seguras pruebas de
-virtud, hasta llegar á convencer á las gentes de que en verdad hemos
-mejorado nuestra vida y costumbres.
-
-En realidad, sólo nos alarmamos cuando los de fuera nos llaman
-la atención sobre estos supuestos actos de crueldad. Pero, en
-familia, entre nosotros, todos los días celebramos y alentamos estos
-procedimientos, más frecuentes de lo que parece, en actuaciones
-procesales, en cárceles, en Juzgados y hasta en Delegaciones. ¿Vale
-hacernos los ignorantes, si todo ello es á ciencia y aquiescencia de
-todos? ¿Quién no ha oído celebrar, hasta por personas muy cultas,
-la oportunidad del empleo de estos procedimientos, sobre todo si de
-descubrir y castigar un delito que personalmente le perjudicaba era el
-caso?
-
-Lo que no está bien es que se pretenda culpar á ningún Gobierno, sea
-conservador ó liberal, ni hacer cuestión política lo que es cuestión
-de educación nacional. No cabe en cabeza humana que ningún Gobierno
-español, sobrado advertido ya, ordene, autorice ó consienta semejantes
-procedimientos; todo lo contrario.
-
-Esa negra leyenda está fundamentada en nuestro carácter. Tan es así,
-que, siendo España, seguramente, digan lo que quieran historiadores
-parciales, el pueblo en que menos se ha perseguido y atormentado por
-ideas políticas y religiosas, es, no obstante, el pueblo en que más se
-destaca y perdura la triste fama de estas persecuciones y fanatismos.
-
-Y es que, en otros pueblos, eran los altos poderes los que imponían la
-intolerancia y las crueldades, contra la conciencia de los gobernados.
-En España, fueron siempre los gobernados los que impusieron á los
-gobernantes la crueldad y la intolerancia. Por eso en otras partes,
-aunque más terribles en sus efectos, fueron menos permanentes en sus
-causas.
-
-La verdad es que el espíritu de cada español está como amurallado,
-y todo lo que está fuera de su recinto, juzgado como extraño é
-incomprensible. No simpatizan unos espíritus con otros, porque no
-se comprenden, y no se comprenden porque se ignoran. En cada uno
-de nosotros hay un pequeño inquisidor por el poder, grande por la
-intención.
-
-¿No oímos decir á cada paso, no habremos dicho todos alguna vez:--Yo,
-al que hace esto, al que hace esto otro, al que piensa de este modo,
-al que no piensa de esta manera, le mataría?--Mataríamos por todo. La
-justicia no nos satisface por completo si no tiene algo de venganza.
-Aplaudimos al que venga una injuria por su mano, tenemos por cobarde al
-que pide reparación de una ofensa por justicia.
-
-Con las mujeres, pecamos de afectada retórica galantería en el trato
-superficial y, digámoslo así, poético y literario. En el trato
-ordinario ¡y tan ordinario! de la vida, somos groseros, brutales,
-duros. Para los niños no hay pueblo de menos delicadeza. Para los
-animales, no se diga. Y á todas horas, en la vida familiar, en la vida
-política, en el teatro, en las plazas de toros, puede observarse esta
-dureza de nuestro carácter, esta carencia del sentido de la simpatía y
-de la comprensión.
-
-Ahora mismo, al protestar indignados contra los que vuelven á propalar
-la leyenda negra, tal vez decimos:--¡Es para matarlos!
-
-Aceptemos en penitencia de nuestros pecados esa leyenda, que ya estaría
-destruida, si no fuera tan verosímil. Procuremos hacerla imposible, y,
-para ello, antes de protestar y de indignarnos, hagamos un buen examen
-de conciencia.
-
- * * * * *
-
-_El Porvenir Postal_ dedica todo un número á los carteros y peatones,
-elevando sentida y razonada exposición á los Poderes públicos,
-para que no tarden en mejorar la triste situación de tan humildes y
-desatendidos funcionarios.
-
-Debiera ser obligatorio para todo gobernante un certificado cierto
-de haber vivido durante algunos años en algún pueblecillo, de esos
-abandonados de Dios y de los hombres. «Quien ve un pueblo, ve un
-reino», dícese en Castilla. Y más enseña la observación directa de uno
-de esos lugares, que todos los libros de Ciencias sociales y políticas.
-
-¡El cartero rural, el peatón! ¿Quién piensa en las grandes capitales
-lo que sus servicios significan? Con nada están bien pagados. Cuando
-se aprecia de cerca su penoso servicio, ¿cómo no llamar la atención
-á gritos contra la injusticia, iniquidad en muchos casos, con que se
-desatiende á esos modestos héroes?
-
-Pensando en esto y en muchas cosas más, es cuando se aprecian en todo
-su valor las brillantes campañas parlamentarias de republicanos y
-socialistas. Pequeñeces son éstas que no merecen fijar su atención.
-Es más importante demostrar que Maura es reaccionario y Canalejas
-poco liberal. Ser el eterno obstáculo y, como el alcalde famoso de
-Valdemorillo, que entraba por el Ayuntamiento diciendo desde la
-puerta:--¿De qué se trata? Que yo me opongo,--oponerse á todo y no
-oponerse á nada.
-
-Próxima la discusión de nuevos presupuestos, ¿no habrá quien se acuerde
-de los carteros y peatones?
-
- * * * * *
-
-La fecunda imaginación de nuestros hacendistas, cuando de arbitrar
-nuevos recursos se trata, ya se sabe: al teatro por ellos. Como
-en ninguna otra industria ó negocio es tan fácil la investigación
-y comprobación de los ingresos, aquí que no peco ni me caliento
-la cabeza. Verdad es que los empresarios, actores y autores son
-pacientísimos corderos y, por verse unos á otros perjudicados, se
-conforman, muy satisfechos, con el perjuicio propio. El precio de las
-localidades aumenta, el público se queda en casa ó se va á la sesión
-continua del _cine_, y todos tan contentos.
-
-Entretanto, los grandes caciques y terratenientes seguirán defraudando
-á la Hacienda y serán los primeros en decir que el teatro está muy caro
-y hay que organizar loterías caseras para esparcimiento de los niños
-y de los amiguitos. Porque ya se sabe que, cuando todo está caro, los
-únicos que pueden hacer economías son los ricos.
-
-
-
-
-XXXIII
-
-
-Lamentable es la conducta de los partidos revolucionarios no reparando,
-por servir á su causa, en propalar y sostener especies que más
-desacreditan á la nación española que á un Gobierno y á determinado
-régimen.
-
-Pero tan lamentable como la conducta de estos partidos, es candorosa
-la actitud de aquellos monárquicos que piden lealtad al enemigo en sus
-procedimientos de combate. Lo malo en nuestros enemigos es que nos
-ataquen de buena manera. El enemigo sólo empieza á ser temible cuando
-empieza á tener razón. Si los partidos revolucionarios tuvieran un
-programa económico bien estudiado y bien definido; si tuvieran para los
-problemas nacionales más soluciones constructoras que destructoras; si
-trabajaran por España más que por el triunfo de sus ideas, venga por
-donde venga y salga como salga, entonces es cuando serían temibles.
-Como son, la Monarquía no puede desear mejores enemigos; ni de encargo.
-¡Si parece que trabajan por la causa enemiga más que por su propia
-causa! Más han hecho en estos últimos años por la Monarquía los
-partidos republicanos y revolucionarios que los Gobiernos y los amigos
-del régimen. No es para que éstos estén orgullosos, porque es muy
-triste que nuestros aciertos sólo consistan en los desaciertos ajenos.
-Más eres tú es una razón que tiene su fuerza por el momento; pero, en
-definitiva, el país viene á caer en la cuenta de que, unas veces unos,
-otras veces otros, todos tienen sus más y sus menos.
-
-Se preguntaba en una ocasión á Filipo de Macedonia cómo se vengaría de
-alguien que le había calumniado. «Mejorando mis costumbres»--respondió
-el rey magnánimo.--De este modo, con su lealtad al servicio de la
-Patria, es como deben responder los monárquicos á deslealtades del
-enemigo. No hay mejor protesta. Pedir que el enemigo emplee mejores
-armas es candidez sin ejemplo. Dejadle, dejadle que siga con ese
-viejo armamento de mala ley, que suele dispararse por la culata
-y hacer explosión en manos de quien lo maneja torpemente. En la
-opinión nacional tal vez pudiera caer la mancha sobre un Gobierno y
-sobre el régimen; en la opinión extranjera esas manchas caen sobre
-España entera; y esas manchas no se quitan con bencina republicana ni
-revolucionaria.
-
- * * * * *
-
-Joaquín Dicenta ha presentado al Ayuntamiento de Madrid una razonada
-Memoria: Proyecto para construcción de edificios escolares.
-
-Esta obra que, llevada á la realidad, debiera ser la mejor obra de
-quien tantas obras admirables ha escrito, porque es como el resumen
-de todas ellas, no ha sido admitida, á lo que parece, por la empresa
-á quien estaba destinada. Los hombres de carne y hueso, aunque tengan
-también corazón y cerebro, no son tan fáciles de manejar como los
-personajes teatrales, creación de nuestra fantasía, aunque materiales
-de la realidad los informen. Pero es una realidad sumisa á nuestro
-esfuerzo creador. Por lo pronto, los personajes dramáticos viven con
-muy poco. Esta otra ilusión de Joaquín Dicenta, que aspiraba á ser
-realidad en la práctica, es mucho más costosa. Pero es de esas obras
-que el público debe imponer á una empresa, porque el público tiene
-derecho á ello. Esa obra no puede ser un fracaso. Y, en todo caso,
-nunca sería un fracaso del autor, sino de la empresa que no ha querido
-admitirla.
-
- * * * * *
-
-Está visto que hay que ponerse machacón para que algunas gentes
-entiendan lo que uno quiere decir. Algo que dije referente á Goya ha
-indignado á muchos. Muchos también me han expresado su conformidad.
-Váyase lo uno por lo otro. No seré yo quien estime la calidad de los
-votos. Para mí todos son respetables. A los indignados debo decir: que
-soy el primero en admirar á Goya; en lo que no estoy conforme es en
-que se le considere como genuino producto de la tierra, representación
-la más pura del casticismo. Que hay retratos de Goya que pudiera
-firmarlos Reynolds, basta con verlos. ¿Que siempre hay en él un
-elemento de raza y mucho de personal? ¿Quién lo duda? Como en todo
-artista, por servil imitador que sea.
-
-Lo que yo quise decir es que eso del casticismo á todo trapo no es una
-gracia para celebrada; que en todo tiempo los pueblos han influído
-unos sobre otros, y que no hay gran artista en quien, sobre la raza y
-la personalidad, no predomine la influencia de una cultura superior á
-su tiempo y á su nación. Bueno es ser de la tierra; pero no como la
-patata. Arraigue muy hondo nuestro arte; pero tienda á lo alto, al sol
-y al cielo, que es de toda la tierra y de todos los hombres.
-
-Por lo demás, claro está que yo no entiendo una palabra de pintura;
-juzgo por sentimiento nada más. Y decir lo que siento podrá ser osadía,
-ignorancia, todo lo que se quiera; todo menos «desaprensión», como dice
-uno de los indignados. Poca aprensión será decir lo contrario de lo que
-se siente, sobre todo si es por alguna consideración interesada. Y
-por Goya, pueden ustedes creerme, no tengo antipatía personal ninguna;
-todo lo contrario, su persona, su vida, sus obras me son igualmente
-simpáticas. Le admiro hasta cuando pintó la alegoría _Salutación al rey
-José_, que esa sí que no me negarán los más admiradores del castizo
-pintor que está pintada, como sentida, á la francesa.
-
-
-
-
-XXXIV
-
-
-Nunca he rebatido censuras á mis obras, en lo que á ellas y á mi
-persona particularmente se ha referido. Más veces he sido tentado de
-rebatir elogios excesivos. Pero cuando se trata de algo que puede ser
-de interés general para el público y para otros autores, creo que bien
-se puede discutir sin acritud y sin soberbia.
-
-De _La losa de los sueños_ se ha dicho que era una obra pesimista.
-¿Pesimista? ¿Por qué? Cierto que su desenlace no es de esa alegría toda
-exterior que suele ser la más apetecida. Pero es de fortaleza y temple
-espiritual, es de triunfo sobre el instinto, que, por una satisfacción
-pasajera, nos hace olvidarnos de nuestra responsabilidad y de las
-consecuencias de nuestra ligereza. ¿Pesimista una obra en que la mujer
-que pecó por amor y por confianza, tal vez porque no se creyera que su
-desconfianza era cálculo interesado, acepta las consecuencias de su
-falta y consagra toda su vida al amor de su hijo? ¿Pesimista una obra
-en que el hombre que amaba á esa mujer perdona la falta, ofrece al
-hijo y á la madre nombre y cariño, y si no llega á hacerla su esposa
-es porque no está seguro de poder librarla de la miseria y del dolor?
-Si esto no es idealismo, si esto no es optimismo, confieso que he
-perdido la noción de lo que sean. ¡Ah! ¡Los pesimismos con amarguras!
-¡Qué distinto hubiera sido el cuadro y el desenlace de la obra sin
-falsificar para nada la realidad! Para todas las amarguras y las
-tristezas de la obra he tenido modelos vivos; sólo para la bondad y la
-grandeza de alma he tenido que poetizar. He respetado la figura de la
-madre que no se ensaña en la hija perdida. Un buen amigo me lo decía
-antes del estreno: «Con la madre no se ha quedado usted corto». Y, en
-efecto. ¡He conocido algunas en ese caso!...
-
-En cuanto á la tendencia moral de la obra, sólo un periódico,
-considerado por la voz pública como inspiración de determinada
-institución religiosa, ha puesto graves reparos á su moralidad. Mi
-sorpresa ha sido grande, porque he de confesar que, por primera vez
-en mi vida, atento á los intereses de la empresa, y deseoso de no
-tropezar con esos reparos, antes del estreno sometí la obra al examen
-de un docto padre de dicha institución, cuyo nombre no he de revelar,
-quien no sólo no halló en ella nada contra la Religión y las buenas
-costumbres, sino que la conceptuó como obra de elevada moralidad y
-de saludable advertencia y ejemplo. Por lo visto, no reina la mayor
-uniformidad de pareceres en la religiosa institución de referencia.
-
-Deseoso también de no molestar á nadie, ni con la inmoralidad, mi
-conciencia estaba tranquila con el visto bueno de tan docto religioso;
-pero vi el ambiente tristón de la obra é indiqué á la empresa del
-teatro de Lara la conveniencia de que no se representara en los días
-de abono aristocrático. Así se dispuso, y sólo á ruego de los mismos
-abonados se representó ante el abono, sin la menor protesta. Esto
-indica que el censor estaba en lo cierto. Nadie más enemigo que yo de
-escandalizar con obras ni con acciones. Nunca defenderé mis obras como
-obras literarias, pero sí como obras de moralidad intachable. Si en
-alguna hay algo que, en apariencia, puede parecer pecaminoso, no soy yo
-quien habla: es algún personaje, de cuya moralidad no soy responsable.
-Tengo por costumbre dejar expresarse á los personajes de mis obras
-según su carácter y temperamento. Por desgracia, estos malos personajes
-son los que hablan más verdad siempre. ¡Sólo Dios y mi conciencia
-artística saben lo que hay que mentir cuando se quiere moralizar!
-
- * * * * *
-
-La ignorancia de un daño puede ser muy cómoda y muy optimista--aquí
-del optimismo;--pero nunca es provechosa. Tal vez retarde el remedio y
-no lo haya cuando nos demos cuenta de la magnitud del mal. Por cartas,
-por referencias particulares, sabemos que en Méjico se manifiesta de
-modo ostensible el odio á España y á los españoles. ¡Oh, Congresos
-hispano-americanos! ¡Oh, amables tópicos de maternidad y fraternidad
-en discursos y brindis elocuentes! Diariamente aparecen en las calles
-rótulos insultantes y despectivos: «¡Muerte á los gachupines! ¿Quién
-quiere carne de gachupín muy barata?» Y otros por este orden y de este
-elegante aticismo.
-
-Sabemos que para los españoles se ha hecho la vida intolerable. Hasta
-en las revistas de toros transciende esta animosidad injustificada.
-Los toreros españoles tienen que atarse muy bien la taleguilla para no
-verse expuestos á ser insultados. En una corrida tuvieron la desgracia
-de ser cogidos algunos de ellos, y un periódico proponía nada menos
-que la expulsión de las plazas y del territorio de los toreros que se
-dejaban coger por torpes.
-
-No puede creerse que estas y otras manifestaciones menos visibles de
-hostilidad expresen el general sentir del pueblo mejicano, sobre todo
-de las personas sensatas y cultas; pero ¡ay! como éstas son la minoría
-en todas partes, bueno será que no desatienda el Gobierno español y
-su representación diplomática en Méjico lo que todo esto significa,
-sus causas y sus remedios. Si fuesen circunstanciales y políticas,
-no será difícil dar en la causa y atender al remedio. Si fueran más
-fundamentales deber es de todos estudiar lealmente dónde está la culpa
-y dónde ha de estar la enmienda.
-
-Son muchos los intereses materiales y morales de España en Méjico para
-no preocuparnos de este estado de opinión actual, y es de esperar que
-pasajero.
-
-Cierto que del amor de la América española por España vivimos en plena
-ilusión. Pero de la ilusión á la simpleza, hay todavía una buena
-distancia, que conviene salvar con algún conocimiento de la verdad.
-
-
-
-
-XXXV
-
-
-A tiempo está España de satisfacer una deuda de honor. Nadie, entre
-los escritores españoles, merece el premio Nobel como D. Benito
-Pérez Galdós. Pero el premio de este año ya está concedido al belga
-Maeterlink. Hagan el Gobierno español y cuantos puedan, cuanto esté
-en su mano para que el premio del año próximo sea para Pérez Galdós.
-Sea el premio Nobel la coronación del homenaje nacional, que debe
-anticiparse, porque no estaría bien que confiáramos al extranjero el
-pago de una deuda nacional. Y sea el homenaje todo lo práctico que
-pueda ser, sin que dejemos de poner en él toda nuestra alma.
-
-Yo deploro, aunque lo haya agradecido, que un distinguido escritor, á
-quien ni siquiera conozco personalmente--y hago esta salvedad porque
-hay gente capaz de creerlo todo,--se haya acordado de mi nombre como
-candidato al premio Nobel. Tengo conciencia de mi significación para
-alejar de mí esas pretensiones. No quisiera, por eso, que alguien
-juzgara mis palabras forzada cortesía. Cuantos me conocen, cuantos me
-hayan oído, saben cuánta es mi admiración por el que he proclamado
-siempre como maestro. En sus novelas aprendí á escribir comedias, antes
-que en modelos extranjeros, por los que se me ha juzgado influído.
-
-Yo he leído las novelas de Galdós antes que las de Julio Verne, antes
-que las de Dumas, antes que _Robinsón_ y antes que los cuentos de
-hadas, lecturas obligadas en la niñez y en la mocedad. Mi padre, gran
-admirador del novelista, puso en mis manos sus libros cuando yo era muy
-niño. ¡Cómo no ha de ser el primero en mi admiración! ¡Cuántas veces
-me habré peleado, yo que no me tengo por patriotero, con algunos que
-lo eran en cosas sin importancia y no podían tolerar que yo estimara
-á nuestro gran novelista como superior á Dickens, á Balzac, á Daudet
-y á Zola! ¡Cuántas veces habré sostenido que, con ser nuestro mejor
-novelista, era también nuestro mejor autor dramático!
-
-De haber nacido en cualquier otro país del mundo, el estudio crítico
-de sus obras, de los personajes que figuran en ellas, de los lugares
-que en ellas se describen, completísimo mapa moral de España, formarían
-una copiosa biblioteca, como los libros dedicados á Shakespeare y á
-Dickens, en Inglaterra. Habría ediciones á todo lujo de sus obras, y
-ediciones populares que podría adquirir todo el mundo.
-
-¡Dichosos los pueblos grandes y fuertes que agrandan con su poderío la
-gloria de sus hijos! ¿Comprendéis la diferencia que hay entre decir:
-Shakespeare es inglés, á decir: España es la patria de Cervantes?
-
- * * * * *
-
-Y Pérez Galdós no es rico. Y dirán muchos hombres prácticos: ¿Cómo
-es eso? Sus obras deben haber producido un dineral. Sin duda. Un
-dineral para mucha gente que no ha necesitado perder su tiempo en
-escribirlas. Porque el escribir pide mucho tiempo, y el tiempo es
-dinero, como dicen los ingleses. ¡Ah! ¡El dinero de la literatura!
-El público empieza á contarlo desde la hora de la celebridad. ¿Y los
-primeros libros? ¿Y los años en que hay que luchar con la indiferencia
-del público, el desvío de los editores y la cuquería de los que
-saben mostrarse generosos, cuando todo se agradece ante la general
-indiferencia? Dinero que tarde llega, pronto pasa, como suele decirse.
-Y así es el dinero de la literatura.
-
-Pues bien; es preciso que el dinero, por una vez siquiera, se haga
-romántico, idealista, expresión palpable de la gloria. Los españoles
-hemos estado cobrando crecidos intereses, en páginas gloriosas que nos
-han hecho pensar y sentir hondamente, de una deuda que no hemos pagado.
-Es empeño de honor nacional satisfacerla.
-
- * * * * *
-
-La empresa del teatro Real, de acuerdo con la naciente Sociedad
-Wagneriana, ha dispuesto que los miércoles sean dedicados á la
-representación de óperas de Wágner. Son noches de alivio para la
-empresa y de luto riguroso para Wágner y para los wagneristas, si
-continúan como han empezado. Una descolorida interpretación de _El oro
-del Rhin_ y una lastimosa representación de _La Walkyria_, han sido,
-hasta ahora, el homenaje al músico inmortal.
-
-Yo no sé en qué teatro de drama, ó de comedia, ó de opereta, ó de
-género chico, hubiera tolerado el público tan pacientemente una cosa
-tan desdichada como la representación de _La Walkyria_. ¡Y aun dicen
-que el público de nuestro teatro Real es de los más severos del mundo!
-No hay Jurado de crimen pasional que sea más benévolo. ¡Qué dioses
-y qué diosas! ¡Qué walkyrias! Aquello era un tejado por foso. La
-orquesta, dirigida por ese admirable metrónomo que es el maestro Rabl,
-tan fría y tan desapasionada como la batuta ordenaba. Los cantantes
-desafinaban en frío, que es el modo más triste de desafinar; pero la
-orquesta, ni en frío ni en caliente. No hay cuidado. Las walkyrias
-cabalgaron al paso; todo lo más, á trote cochinero.
-
-Si ese es todo el homenaje á Wágner y eso es todo lo que la empresa
-del Real ofrece como obsequio á la Sociedad Wagneriana, habrá que
-decir, como el corregidor al padre de la bolera que daba satisfacción
-al público por ciertos ademanes descompuestos de su hija, y al
-explicarlos, soltó una palabra más inconveniente que los ademanes de la
-niña: ¡Basta! ¡Que no dé más satisfacciones!
-
-
-
-
-XXXVI
-
-
-Algunas señoritas estudiantes se quejaron de que sus compañeros
-masculinos las habían tratado con cierta desconsideración, que no era
-por ningún modo en menosprecio del sexo, como suele apreciarse en
-veredictos judiciales, más bien todo lo contrario. Algunos escritores,
-y en particular una vehemente escritora, afearon, en artículos llenos
-de indignación, la conducta de los estudiantes. Estos, por su parte,
-protestaron contra las quejas de sus compañeras, por juzgarlas
-infundadas, y doblemente contra la indignación de los escritores, que
-de tanto extremar su agradecido papel de paladines de damas, venían á
-parar en ponerlas de vuelta y media en la parte más noble y elevada
-de la feminidad: en la de madres. De suerte que, al arremeter contra
-el sexo fuerte, era el débil el que venía á pagar de rechazo. Esto me
-recuerda á un amigo mío que, refiriéndole en cierta ocasión cómo un
-sujeto había insultado á su propia madre de muy mala manera, exclamaba
-indignado:--¿Qué me dice usted? ¡Que ha insultado á su madre, ese hijo
-de!...--Y aquí ponía un calificativo con el que quedaba la pobre señora
-peor parada que con todo cuanto su hijo hubiera podido decirla.
-
-Yo no sé si, en efecto, algún estudiante se habrá propasado algún
-día con alguna de sus compañeras; es muy difícil apreciar lo que se
-entiende por propasarse, concepto puramente subjetivo, como la poesía
-lírica. Vaya porque alguna expansión masculina haya podido alarmar
-el pudor femenino. Las horas de estudio no son horas de galanteos,
-dicen los estudiantes. ¡Ay! Este es el error. En contacto hombres y
-mujeres, no es posible otra cosa. Este será el eterno obstáculo de
-la coeducación. O las compañeras estudiantes serán desgraciadillas,
-y en ese caso, ¿cuánto va á que no agradecen la indiferencia de sus
-compañeros?; ó si algo valen, no hay remedio, con mejores ó peores
-formas, han de sentir á su alrededor el resoplido del deseo excitado á
-su paso.
-
- * * * * *
-
-Habrá quien diga que esto es sólo entre los meridionales; que en los
-países del Norte esto de la coeducación y de la comunicación frecuente
-entre los dos sexos se lleva mucho sin riesgo y sin ofensa de nadie.
-Convengo en ello. En los países del Norte parece otra cosa, porque es
-de otra manera. La manera es todo.
-
-Me hallaba yo una vez en Tánger y llegó al hotel una lucida compañía
-de jóvenes ingleses, muchachos y muchachas, amigos todos, que viajaban
-en sociedad, sin padres ni madres las jóvenes, sólo autorizadas por
-dos ó tres señoras de compañía. ¡Qué inglés es esto!--me decía yo.--En
-España no podría hacerse. ¡Cualquiera echaba por esos mundos á sus
-hijas, acompañadas de tantos muchachos jóvenes y bien parecidos, sin
-más vigilancia que la de unas ayas aburridas!
-
-En efecto, pronto me convencí de que hombres y mujeres son lo mismo
-en todos los climas y latitudes. Lo que cambia es la manera, el
-procedimiento. Los meridionales tenemos la endiablada costumbre de
-unir la acción á la palabra. Nos gusta que nos expliquen y explicar
-todo lo que se hace. Así, en el teatro, sale una guapa mujer y no nos
-contentamos con que se presente, más ó menos vestida, á recitarnos
-alguna fábula candorosa ó á cantarnos alguna canción delicada y
-poética, todo lo cual nos permitiría recrearnos en sus encantos físicos
-con el pretexto de que asistimos á un espectáculo moral y hasta
-instructivo. Espectáculo de Arte, como dicen por ahí á los cuadros
-plásticos. Reproducción de cuadros y estatuas de los grandes Museos del
-mundo. Ya ven ustedes si todo esto se presta á muy agradables vistas,
-como quien no hace nada de particular.
-
-Pues, no señor; los meridionales no nos contentamos con recrear la
-vista; es preciso que al exhibirse la señora, vestida ó desnuda,
-explique su argumento en alguna relación muy expresiva, ó en canciones
-de doble sentido ó de un solo sentido. Así no es posible engañar á
-nadie. Los pueblos del Norte ven mucho más que nosotros, pero no oyen
-nada de particular.
-
-Aquellas inglesitas y aquellos inglesitos del hotel de Tánger, con
-el pretexto de juegos infantiles de la mayor inocencia, se daban
-cada sobo por aquellas galerías del hotel y por todos los rincones
-y divanes, que ¡ríanse ustedes de nosotros, pobres meridionales!
-Pero allí no se oía nada que tuviera la menor relación con lo que se
-hacía. Aquí no puede ser; al achuchón precede siempre el comentario,
-al pellizco sigue el chillido, que no deje lugar á dudas sobre la
-intención y el lugar.
-
-Allí, hasta los besos ¡y granizaba! parecían la pura inocencia. Aquí,
-hasta las miradas parecen mordiscos. La manera es todo. ¿Para qué se ha
-inventado tanto gracioso _sport_ en los países del Norte? Para exhibir
-pantorrillas y biceps, para correr unos detrás de otros, y tropezar,
-y caer, y revolcarse por el suelo; pero sin más comentarios que los
-pertinentes al juego. En cuanto se oyera un suspiro anheloso ó un «¡Sí
-que está usted bueno!», se deshizo el encanto.
-
- * * * * *
-
-Por estas y otras razones, la coeducación no será nunca posible en los
-países meridionales. Aquí todo es cantar juego, y el toque está en que
-el juego vaya por un lado y la canción por otro.
-
-Si las muchachas y los muchachos españoles fueran capaces de retozar
-con la corrección que aquellos jóvenes ingleses, no habría ningún
-inconveniente en que viajaran juntos y solos y se coeducaran á todas
-horas.
-
-Estoy seguro de que ninguna de aquellas lindas inglesitas tendría que
-lamentar un percance. ¡Oh! Se advertía de sobra que la coeducación no
-tenía secretos para ellas.
-
-
-
-
-XXXVII
-
-
-Con motivo del concurso abierto por un empresario de Buenos Aires, para
-premiar varias zarzuelas en uno ó dos actos, han vuelto á protestar los
-noveles por haber sido excluídos del concurso. La protesta, en este
-caso, es muy natural, aunque no puede tener mucha fuerza, por tratarse
-de una empresa particular que, en uso de su perfecto derecho, convoca
-al concurso á quien mejor le parece. Otra cosa sería si de un concurso
-oficial se tratara, ó de teatros subvencionados por algún Gobierno.
-
-Esta cuestión de los noveles será siempre difícil de resolver
-á gusto de todos. Sucede con los noveles lo mismo que con los
-liberales. No pueden serlo más que en la oposición. En cuanto pasan
-á ser gobierno dejan de ser liberales. Es principal deber de un
-Gobierno el de sostener el orden social; por muchas que sean las
-libertades concedidas y las reformas implantadas, todavía habrá
-gentes más avanzadas, más radicales, á quienes todas ellas parezcan
-insignificantes. Reducida la legalidad á la mínima expresión de fuerza
-restrictiva, siempre habrá rebeldes y descontentos mal hallados en esa
-estricta restricción.
-
-Del mismo modo, en cuanto un novel logra estrenar una obra, ya deja de
-ser considerado como novel por sus mismos compañeros de la víspera, ya
-empieza á ser combatido como un consagrado. Cuando todos los noveles
-dignos de ser conocidos llegaran á serlo, siempre quedarán los que se
-creen tan dignos de serlo como los otros. Siempre habrá descontentos y
-mal avenidos. Todo ello, sin duda, es necesario para la mejor armonía
-del mundo, formada, en apariencia, de discordancias, como gran parte
-de la música moderna. Tal vez todo no sea más que música en el mundo,
-hasta llegar á la suprema armonía del silencio infinito.
-
-Cuando el espíritu en hora de serenidad ha llegado á penetrarse de ese
-gran silencio, ladridos y vocinglerías suenan á cánticos celestiales.
-
- * * * * *
-
-No hay duda que, sin los rebeldes, el mundo no hubiera progresado gran
-cosa. Todo el que ha hecho algo de provecho en el mundo se ha visto
-precisado á perturbar la tranquilidad de su familia, tal vez la de su
-patria, tal vez á toda la humanidad.
-
-Los mismos santos perturban la vida familiar á la misma Iglesia en
-ocasiones. Recuérdese los graves disgustos que San Francisco de Asís
-ocasionó á su padre. El mismo Jesús tuvo en continuo sobresalto á su
-amantísima Madre, desde que, muy niño aún, se perdió y fué encontrado
-en el templo, entre los doctores, hasta el trance doloroso del Calvario.
-
-La rebeldía tiene precedentes gloriosos; no es extraño que se vea con
-simpatía.
-
-En España han sido muchos los príncipes rebeldes, y todos ellos
-perduran en la historia con resplandores de leyenda. Hermenegildo,
-santificado; Sancho el Bravo, el príncipe de Viana, el príncipe D.
-Carlos, tan esclarecido por historiadores, poetas y autores dramáticos,
-que entre él y D. Juan de Austria se han llevado toda la claridad del
-reinado de Felipe II, y para este rey sólo ha quedado la sombra más
-tenebrosa. Hasta Fernando VII, cuando era príncipe de Asturias, tuvo su
-hora de poesía como rebelde.
-
-Entre príncipes extranjeros abundan también los poéticos ejemplos,
-desde la antigüedad hasta nuestros días.
-
-En estos últimos tiempos, feministas por excelencia, las princesas se
-han llevado la palma en la historia, que no es todavía más que crónica
-escandalosa, de las rebeldías.
-
-Han sido muchas y muy ilustres las princesas que han lanzado su diadema
-por encima de los molinos.
-
-Los periodistas republicanos, los caricaturistas, los autores de
-cancioncillas y de revistas de París, ya se relamían de gusto con la
-esperanza de haber hallado un tema con que remozar sus inspiraciones.
-
-Por fortuna, pocas veces fué la actualidad tan efímera.
-
-En lo que tiene de actualidad el asunto, los comentarios serían ya
-irrespetuosos. Contra lo que creen los avanzados en ideas políticas,
-una mujer no es menos respetable por ser princesa.
-
-Y en nadie son tan disculpables los errores como en los príncipes.
-Nadie les dice la verdad. Los amigos celebran sus equivocaciones por
-adulación; los enemigos por conveniencia.
-
-Pero hay un modo seguro de acertar para los príncipes, y quizá para
-todos: hacer siempre lo contrario de lo que sería nuestro gusto. Al
-principio molesta, después acaba por agradar, y entonces es ocasión
-de volver á contrariarnos; porque hasta la virtud, cuando empieza á
-agradarnos, está en camino de no ser virtud. Es doctrina de nuestros
-místicos, tan provechosa, por lo menos, como la filosofía de Kant,
-aunque adorne menos.
-
- * * * * *
-
-En menos de un año han dado cima los hermanos Quintero á su noble y
-generosa empresa de levantar en Sevilla un monumento á Bécquer.
-
-Yo no sé si esta obra de los aplaudidos autores será también discutida.
-Todo es de esperar en los tiempos de confraternidad que corren.
-
-Ya sé que algunos escritores de provincias suponen que aquí tenemos
-establecida una Sociedad de bombos mutuos. No será una, sino varias, y
-en oposición constante; porque yo no sé que seamos más de tres ó cuatro
-los escritores que nos profesamos franca y leal amistad, y no somos
-ciertamente los que más andamos elogiándonos unos á otros.
-
-Pero á tal extremo hemos llegado que, no ya de bombos mutuos, de justa
-y legítima defensa, habrá que formar Sociedades.
-
-En esta ocasión, no es que nadie haya censurado á los hermanos
-Quintero. ¡No faltaba otra cosa! Pero hay silencios tan malignos como
-las censuras. Callar del bien es mil veces peor intencionado que decir
-del mal.
-
-
-
-
-XXXVIII
-
-
-Que el concepto de la moralidad varía con las latitudes y los tiempos,
-ya lo sabíamos. Sobre todo, siempre que por moralidad se entienda algo
-que no pasa de ser conveniencias sociales, y justamente por lo que
-tienen de _conveniencias_, la sociedad ha querido elevarlas á preceptos
-morales. La verdadera moral está sobre estas conveniencias.
-
-Lo que nos desconcierta un poco es que el concepto de la moralidad
-varíe de un distrito á otro, sin más imperativo categórico que el
-criterio de un delegado ó inspector. Y esto es lo que sucede con los
-salones de variedades y teatros del género chico.
-
-En unos se prohibe lo que en otros se consiente. Aquí se escandaliza
-la autoridad por todo y más allá no se escandaliza por nada. Los
-empresarios, los directores y los artistas no saben á qué moral
-quedarse.
-
-El autor de la parodia de _Lirio entre espinas--Chumbo entre
-jazmines_--ha tenido la mala suerte de estrenar su obra en uno de
-los distritos comprendidos en la zona moral más rigurosa. Su obra ha
-padecido persecuciones sin cuento y, por fin, ha desaparecido de los
-carteles.
-
-El autor apela á mi testimonio en defensa de su obra. Como para mí no
-hay nada más injusto que la justicia desigual, digo y declaro que nada
-vi ni oí en dicha parodia que justifique ese rigor excepcional.
-
-Pero es posible que yo esté equivocado. En un periódico de los que
-celebraron siempre cualquier obra en que frailes ó curas salieran
-malparados, he leído la más enérgica protesta contra la obra. En
-cambio, un periódico de los más conservadores y respetuosos con la
-clerecía, se limitaba á celebrar la gracia de la parodia sin la
-menor protesta. Es para perder los papeles de la moralidad, y no es
-extraño que los delegados no logren ponerse de acuerdo en punto en que
-discrepan los filósofos.
-
-Desde ahora habrá una moralidad en el Centro, otra en la Latina, y así
-en cada distrito y aun en cada calle.
-
-Un empresario dirá á una cupletista:--¡Mucho cuidado con lo que se
-canta, que aquí no está usted en el Hospicio!--Y otro dirá:--Aquí cante
-usted lo que quiera, que estamos en la Inclusa.
-
-¿Dónde hallar el definidor que nos unifique el concepto de la moralidad?
-
-Mal ha de ser mientras sean los delegados y no el público los que hayan
-de definirla.
-
- * * * * *
-
-Pues no es tan triste que la moralidad vaya por distritos, como que la
-piedad, fundamento de la moral, según Schopenhauer, vaya por partidos
-políticos.
-
-Y parece ser, como la libertad se hizo en tiempos conservadora, que la
-piedad se ha hecho ahora revolucionaria.
-
-Aunque lo que se ha hecho más que nada, en esta ocasión, es inoportuno.
-Verdad es que tan inoportunos como los compasivos han estado los
-crueles, y ni éstos han debido azuzar á la justicia para que fuera
-inexorable en su fallo, ni aquéllos conmover su serenidad con
-llamamientos que, en ciertos casos, pueden parecer amenazas. Todo
-ello es perturbar el ejercicio de las leyes. Unos y otros han debido
-callar mientras la justicia sentenciaba. La compasión y la crueldad,
-disfrazadas con sed de justicia, han sido por igual indiscretas. Ante
-todo, ha debido respetarse á los jueces.
-
-Después, era llegada la hora de unirnos todos en la compasión, que debe
-alzarse siempre majestuosa: por algo es el más alto atributo de los
-reyes sobre la justicia de los hombres.
-
-No hay delito, por horrible que sea, en que no tengamos todos una
-parte de responsabilidad; volvamos algo de esa justicia inexorable
-sobre nosotros mismos, para corregir en lo que podamos nuestra vida, y
-vaya toda nuestra compasión al delincuente; pero como sentimiento de
-humanidad, no como idea política. Que al decir al que delinquió: «Te
-perdono», vea en nosotros al hermano, no al correligionario.
-
-Que las manos que se tienden implorantes no parezca que se alzan
-amenazadoras, porque, ante la amenaza, hasta el perdón pudiera parecer
-cobardía, y bien está que la justicia ceda á la compasión, pero no al
-miedo.
-
- * * * * *
-
-La empresa del teatro de Romea ha dignificado por unas horas el género
-de variedades. Una sesión entera sin groserías. Tórtola Valencia con
-sus danzas, graciosas evocaciones de arte. Música selecta, vistas
-cinematográficas agradables, público... público que lo llevó todo con
-paciencia, menos la Quinta sinfonía de Beethoven. No se puede cargar la
-dosis en la primera toma. Pero todo se andará. El género ínfimo puede y
-debe dignificarse. Sobre todo ahora que los teatros de género chico van
-perdiendo todo su atractivo: el de ser baratos y el de que sus obras
-fueran chicas. Profundo error del que volverán pronto las empresas.
-Como volverán pronto del abuso de obscuridad. Es mucha obscuridad. Esta
-noche que Wágner impuso en su teatro, y que el _snobismo_ universal
-ha aceptado como condición indispensable para admirar, empieza á ser
-ridícula y sigue siendo perjudicial para la vista. No sé por qué ha de
-escucharse á Wágner á obscuras--¿será un símbolo?--cuando á Beethoven y
-á Bach se les escucha á toda luz en los conciertos. Y pase con Wágner,
-aunque ya es pasar toda una ópera atormentando la vista para brujulear
-lo que pasa en la escena; pero como hasta los gatos quieren zapatos, ya
-no hay piececilla ni esperpento que no pretenda fijar la atención del
-espectador con este recurso.
-
-Los oculistas y los ópticos deben de estar en grande con los
-espectáculos modernos.
-
-
-
-
-XXXIX
-
-
-Las tiendas de juguetes son en vísperas de Reyes el verdadero paraíso
-de los niños. Todos se aprestan para recibir la visita de los Reyes
-Magos, los reyes de leyenda y de ensueño, que vienen de tierras lejanas
-con su cabalgada de dromedarios cargados de juguetes y golosinas por
-tesoro.
-
-De todas las leyendas piadosas ninguna tan arraigada en nuestro
-espíritu. Los padres más racionalistas y librepensadores la respetan
-en sus hijos, y al poner los regalos de misterio en la ventana, tal
-vez los padres estén más ilusionados que á la mañana los niños al
-descubrirlos.
-
-Y ¿quién no espera toda la vida y cada día la llegada de los Reyes
-Magos?
-
-El prosaico cartero es el mago de Oriente. A cada carta de letra
-desconocida, pensamos al abrirla, trémulos de ilusión y de esperanza:
-¿Será el amor? ¿Será la riqueza? ¿Será nuestra felicidad?
-
-Nuestro corazón está siempre en la torre, como la hermana Ana en el
-cuento de Barba Azul, y sin cesar le preguntamos:--¿Qué ves? ¿Quién
-llega por el camino? Y hasta la hora de morir esperamos, y cuando llega
-la muerte, acaso esperamos todavía que sea la felicidad.
-
- * * * * *
-
-Entre los libros de estrena--esta palabra, traducción exacta de los
-êtrennes franceses, fué muy usada por nuestros clásicos Lope de
-Rueda, Mateo Alemán y otros,--se destacan por su elegante y graciosa
-presentación los libros ingleses. Maestros en las artes tipográficas,
-grandes artistas ilustrados, todos los años nos presentan nuevas
-ediciones de sus autores clásicos y de sus poetas, los primeros del
-mundo.
-
-En libros para niños ofrecen maravillas de buen gusto, libros
-educadores, aunque sólo fuera por su artística presentación.
-
-Las ilustraciones de _Rackam_ en _El sueño en noche estival_, de
-Shakespeare; la trilogía de Wágner, los cuentos de Grimm y Peter Pan,
-son admirables obras de arte.
-
-De inspiración japonesa, unen á la más graciosa espontaneidad, la
-ejecución minuciosa. Parecen acotaciones ligeras, apuntadas, como
-por juego, al hojear el libro, y nos muestran, como profundo estudio
-crítico, el espíritu de la obra ilustrada. Ilustrar de ese modo, bien
-puede llamarse ilustrar.
-
-En España son raras las ediciones de libros ilustrados. ¿No hay
-editores de ellos por falta de ilustradores, ó no hay ilustradores por
-falta de editores? Este es uno de tantos problemas nacionales en que es
-difícil precisar cuál sea la causa, cuál sea el efecto. ¿No hay oferta
-porque no hay demanda ó no hay demanda porque no hay oferta?
-
-España, tierra de grandes pintores, no lo ha sido de grandes
-dibujantes. Nuestros artistas consideran el arte de la ilustración
-como un arte inferior; sólo obligados por la necesidad consienten en
-rebajarse hasta él, y siempre con cierta displicencia, que no es la
-mejor disposición de espíritu para producir obras de arte.
-
- * * * * *
-
-Mucho bueno creemos que puede hacerse en la Escuela del Hogar, proyecto
-y realización muy laudables del ministro de Instrucción pública, hombre
-muy de su tiempo.
-
-Podrá decirse que la mejor escuela del hogar debiera ser el hogar
-mismo, pero como lo cierto es que la mayoría de los hogares no pueden
-ser escuelas, preciso es que haya escuelas que parezcan hogares.
-
-Mas, como no sólo en el hogar vive el hombre, no como protesta, ni
-en oposición, todo lo contrario, como complemento, algo así como las
-clases de adorno en los colegios, yo sé que algunos señores de buen
-humor se proponen fundar otra escuela que pudiera llamarse... el nombre
-es difícil; vamos, algo así... lo que no es hogar... Ya me entienden
-ustedes.
-
-Aunque con la buena enseñanza de la escuela oficial es seguro que
-disminuirá el número de solterones, todavía quedarán algunos
-recalcitrantes que tienen derecho á la vida, sin contar con los muchos
-casados de alternativa y algunos eclesiásticos.
-
-En todos ellos han pensado los fundadores de la escuela, que pudiéramos
-llamar libre, para prevenirles una existencia placentera en que, sin
-el calor un poco atufante del hogar doméstico, no les falte nunca una
-agradable calefacción.
-
-También han pensado en las innumerables jóvenes distinguidas, sin
-vocación de vestales de hogares, que ven malogradas sus aptitudes por
-falta de una esmerada enseñanza, que no siempre pueden dar las madres,
-aunque haya casos excepcionales.
-
-Se organizarán cursos teóricos y prácticos de asignaturas muy
-interesantes. Las alumnas podrán ser matriculadas ó libres, aunque
-siempre serán preferidas las segundas á las primeras.
-
-Las faltas de asistencia serán dispensadas, siempre que la alumna las
-justifique con haber repasado en su casa la asignatura ó haber salido
-de prácticas.
-
-En el claustro de profesores y de profesoras figurarán personas muy
-poco respetables, verdaderas autoridades en las asignaturas cuya
-explicación les ha sido confiada.
-
-Algunas distinguidas escritoras fluctúan entre ocupar una cátedra en la
-Escuela del Hogar ó en esta nueva escuela. Hay algunas que estarán con
-un pie en cada una y su actitud parecerá naturalísima á todo el mundo.
-No hay la menor incompatibilidad. Ni en la comida casera dice mal algún
-plato de fonda, ni en la comida de fonda algún plato casero.
-
-A las señoras de su casa les convendrá matricularse en alguna clase
-de adorno, aunque sólo apliquen las enseñanzas á las necesidades
-domésticas; como á las otras les convendrán algunas asignaturas de la
-Escuela del Hogar, porque el mundo da muchas vueltas, y hay hombres
-tan de hogar que, cuando dejan uno, es para buscar otro, y son los
-que compran á pares los pares de zapatillas alfombradas, y quieren
-encontrar en todas partes las mismas cosas en el mismo sitio. No
-varían, continúan. Son fieles hasta en las infidelidades.
-
-
-
-
-XL
-
-
-Si en torno á los reos de Cullera sólo hubieran disputado bandos
-políticos contrarios por la vida ó la muerte de los condenados á la
-última pena, tal vez, en este caso, no fueran los compasivos los que
-tuvieran razón.
-
-Mas pasada la turbia que estas revueltas aguas de la actualidad traen
-de origen consigo, los espíritus desinteresados, los que no pierden
-nunca la noble serenidad inteligente, comprenderán, aunque por algo del
-momento se apasionaran unos y otros, que algo sobre la actualidad, con
-aspiración á lo definitivo, se eleva sobre las discusiones apasionadas.
-
-Nada sería el perdón de hoy si no significara la abolición de la pena
-de muerte en España. Esa pena, que es vergüenza en toda sociedad
-civilizada, y si la civilización se enorgullece con el nombre de
-cristiana, no es ya sólo vergüenza, es crimen y es pecado.
-
-La pena de muerte es la negación de la Justicia: es la pena bárbara
-del Talión, es la venganza que el propio ofendido se tomaría por su
-mano, sin necesidad de que unos jueces togados se interpusieran para
-dilatar fríamente la ejecución, cuando quizás los propios ofendidos han
-perdonado.
-
-Pena que nada remedia y nada evita. Cuando más se aplicaba, más
-numerosos eran los crímenes. Hasta en delitos de imaginación, como en
-los brujos y posesos, puede comprobarse: cuanto más arreciaba el rigor
-en los suplicios, más se recrudecía el contagio, y eran en mayor número
-los que á sí mismos se acusaban de practicar diabólicas artes.
-
-¿Ejemplaridad? No debe ser mucha la de una pena que todos los modernos
-legisladores creen más conveniente rodear en su ejecución de misterio y
-hasta se ha consignado, al término de largas discusiones en Congresos
-penitenciarios, la conveniencia de que la Prensa periódica se abstenga
-de publicar detallados relatos de toda ejecución capital. ¿Por qué todo
-esto, si de tan provechoso aviso y ejemplo fuera la pena de muerte?
-¿No es todo esto palmaria confesión de que tan contagioso es el crimen
-como la pena, cuando se iguala al crimen en el procedimiento?
-
-Ya es sobrada concesión que los hombres podamos juzgarnos unos á otros,
-pero nunca de un modo irreparable. Porque andamos individualmente
-sueltos por el mundo, nos creemos desligados unos de otros, y hay
-un espiritual cordón umbilical que á todos nos une como á un solo
-organismo humano.
-
-En toda gloria de la humanidad tenemos todos nuestra parte de gloria, y
-en todo crimen, nuestra parte de culpa.
-
-¿Por qué ante las hazañas de nuestros soldados, ante los triunfos
-de nuestros grandes artistas, algún buen hombre, ajeno á todo valor
-y á todo arte, exclama con orgullo: «¡Somos muy valientes! ¡Somos
-muy artistas!» Hay quien ante las gallardías de un torero se ufana
-de ellas, como si fueran propias, y dice muy orgulloso: «¿Han visto
-ustedes cómo hemos quedado en Méjico?» ¿Por qué no se considera del
-mismo modo solidario de crímenes y errores?
-
-¿Quién sabe de dónde cayó la piedra propulsora de las ondas sociales?
-¿Quién sabe de qué baja bestialidad llegó la inspiración al artista?
-¿Quién sabe de qué alta inteligencia luminosa llegó la negrura del
-crimen á un alma de tinieblas?
-
-Los pueblos tienen sus héroes y sus artistas y sus grandes hombres,
-como tienen sus criminales. En todos hay algo de todos.
-
-No lo olvidemos al juzgarlos. Por todo esto, ya veis si un Gobierno
-español tiene siempre razón para perdonar, y todos para agradecerle que
-perdone. Es como si nos perdonaran á todos y todos nos perdonáramos
-unos á otros.
-
- * * * * *
-
-Persona, al parecer eclesiástica, me escribe muy indignada porque yo he
-dicho que los santos en vida no fueron muy bien mirados por la Iglesia.
-¿Habré de recordar á persona tan docta los muchos santos que anduvieron
-en opinión de herejes y padecieron persecuciones y entredicho? ¿Bastará
-con recordar á San Francisco de Asís, San Juan de la Cruz y Santa
-Teresa de Jesús? ¿No tiene el primero que pasar los imposibles hasta
-ver aprobados los Estatutos de su Orden? ¿No padecieron los de casa
-persecuciones de la Inquisición y de sus superiores? ¿No llamó el
-Nuncio de Roma fémina inquieta y andariega á Santa Teresa?
-
-No es que á mí me parezca mal; todo ello es naturalísimo. Los espíritus
-superiores, en cualquier esfera de actividad, son una perturbación.
-
-Parafraseando un refrán algo brutal, bien puede decirse: «El grande
-hombre muerto, y el apio en el huerto».
-
-Digan ustedes á cualquier familia de un grande hombre: «¡Qué orgullosos
-estarán ustedes!» Y por vergüenza no se atreverán á decirlo; pero,
-¡vaya si lo piensan!: «Lo que estamos es... que no le podemos aguantar.»
-
-Los santos y los genios no tienen vista más que á muchos siglos
-de distancia, cuando ya no les queda ni descendencia; porque hay
-descendientes que, sin ser santos ni genios, abusan del nombre del
-antecesor ilustre para seguir molestando.
-
-
-
-
-XLI
-
-
-En literatura destinada á los niños hemos sido, por mucho tiempo,
-importadores de libros extranjeros. El _Juanito_ de nuestra niñez, el
-admirable _Corazón_, de Amicis; los cuentos de Grimm, de Andersen, no
-tienen en España equivalentes. Las mismas fábulas de Samaniego, la más
-castiza lectura en nuestros tiempos de colegiales, al través de Esopo
-y de Fedro, llegan á España por el francés La Fontaine, tan odioso á
-Lamartine como educador. En efecto, la moral de las fábulas es algo
-sanchopancesca, rastrera, y el gran poeta tenía sobrada razón para
-abominar de ellas como libro iniciador de poesía en el espíritu del
-niño.
-
-Los cuentos de Perrault, por su asunto, serán eternamente encanto de
-los niños, aunque su erudito autor, al contarlos, puso en ellos cierta
-socarronería, como para las damas y cortesanos de colmillo retorcido,
-en quienes pensaba al escribirlos más que en los ingenuos lectores
-infantiles.
-
-Las _Mil y una noches_, por mucho que se expurgen, no son de lectura
-muy conveniente para niños. Trascienden á sensualidad oriental y
-perturban la imaginación.
-
-Nuestro _Don Quijote_, fuerza es confesarlo, es de incomprensible y
-aburridísima lectura para chicos. Es libro para leerlo después de los
-treinta años. Por eso hay tan pocas mujeres que lo hayan leído.
-
-En publicaciones periódicas para la infancia tampoco hemos sido muy
-fecundos. La mejor, sin duda, fué _Los Niños_, periódico fundado y
-dirigido por D. Carlos Frontaura, de grata memoria, y sus artículos y
-cuentos más amenos traducciones eran también casi siempre.
-
-En colaboración con D. Teodoro Guerrero publicó el mismo D. Carlos
-Frontaura unas cuantas comedias para niños, de moral un tanto
-sensiblera, pero muy bien intencionadas; y una entre todas, titulada
-_Una lección de historia_, muy bien compuesta para grabar en la
-imaginación de los niños gloriosas páginas de la Historia de España.
-
-Otro distinguido escritor, Segovia Rocaberti, publicó también una
-colección de obritas teatrales infantiles. Hoy día publica también una
-el Sr. Espasa, en Barcelona. De Buenos Aires recibí, poco tiempo ha,
-otra numerosa colección.
-
-De Fernán-Caballero tenemos una Mitología, explicada á los niños,
-verdadera obra maestra de discreción y de buen gusto.
-
-Para niños de librepensadores y racionalistas es obra muy apreciable
-_Ponos ó La Comedia Humana_, de D. Melitón Martín, obra injustamente
-olvidada, á mi entender; tal vez famosa en todo el mundo si no fuera
-española.
-
-Como nuestra enseñanza, cuando no es de una estrechez de miras
-clerical, es de una pedantería filosófica aún más estrecha, la obra de
-D. Melitón Martín ha padecido bajo el natural desvío de los unos, que
-no quieren que nadie sepa de nada, y de los otros, que se lo saben todo.
-
-Entre la infinita ignorancia y la infinita sabiduría, extremos, sin
-término medio, de la mentalidad española, ó no nos enteramos de nada,
-ó sólo de Kant para arriba. O en el zaguán ó en el quinto cielo. Y en
-el quinto cielo de un salto, sin tomarnos el trabajo de subir por las
-escaleras.
-
-Género muy difícil de literatura es un género en que ha de olvidarse
-el escritor de toda literatura; cosa muy difícil para el verdadero
-literato y cosa imposible al que no lo es: que se acuerde de toda la
-mala literatura á la hora de escribir.
-
-Para escribir un buen cuento de niños hay que tener alma de madre. Lo
-que es lo mismo, ser un gran artista, verdadero artista. El alma del
-Arte es alma de madre, como el alma de la Naturaleza.
-
-Género de arte en que debieran triunfar las mujeres, si no fuera que la
-mayoría de las mujeres escritoras tienen muy poco de femenino.
-
-Cuando la mujer es mujer antes que escritora y mucho antes que
-literata, escribe, cuenta, mejor dicho, deliciosos cuentos de niños,
-todos de ingenua imaginación y candoroso sentimiento. Cuentos que
-pueden interesar á los niños de todos los tiempos y de todos los
-países; porque el alma del niño es siempre universalmente primitiva.
-
-En cada niño nace la Humanidad. En cada nación, desde las capitales
-civilizadas, emporio de cultura, hasta las aldehuelas pastoriles, más
-que unidas, apartadas por senderos riscosos de las ciudades, puede
-estudiarse, mejor que en los libros, la historia de las razas y los
-pueblos en su más remota ascendencia. No son códices y monumentos,
-cronicones y sepulcros los que mejor nos hablan de edades pasadas;
-son seres vivos, hombres y mujeres, que viven hoy en el alma de otras
-edades, las más remotas, hasta la misma edad de piedra.
-
-Los grandes escritores, cuya gloria perdura sobre los pueblos y los
-siglos, son los que acertaron á contar mejor esos eternos cuentos que
-interesa siempre al espíritu infantil de la Humanidad.
-
-Todas las grandes obras de la literatura, si bien se advierte, son
-cuentos de niños. Obras que conmoverán eternamente lo que hay de niño
-en el alma de todos los hombres y de todos los pueblos.
-
-Cuentos de niños, _La Iliada_ y _La Odisea_; cuentos de niños, _La
-Divina Comedia_, y nuestro _Romancero_, y _La Canción_, de Roldán, y
-los _Fabliaux_ franceses, y los cuentos de Chaucer, y las tragedias de
-Shakespeare, y los dramas legendarios de nuestro teatro...
-
-Hoy, entre el espíritu del escritor y el espíritu del pueblo, el
-eterno niño, media una distancia que no basta á salvar una artificiosa
-sencillez toda de habilidades literarias. La sencillez no se imita con
-nada; con la bobería, mucho menos. Ni con místicos ó castizos vocablos.
-
-Sin afectación, alegre, claro, limpio, llega un libro de cuentos para
-niños, _Cuentos de hechos_, de Gertrudis Segovia, libro de mujer,
-como yo quisiera todos los libros escritos por mujeres; libro que
-añade á nuestra pobre literatura infantil unas flores, más valiosas
-que joyas. Hay en él cuentos comparables en interés al delicioso del
-_Pájaro Azul_, de Mme. D'Aulnoy, y á _La Bella y la Bestia_, de Mme.
-de Beaumont. Son verdaderos cuentos para niños. Y doy fe de ello,
-porque sé de varios niños que los han leído con entusiasmo y sé de una
-señorita distinguida que se ha aburrido mucho. Una señorita distinguida
-es lo menos infantil que se conoce. Una señorita distinguida, si la
-dicen que puede tener hijos, suele exclamar: ¡Por Dios! Chiquillos, no.
-¡Qué lata!
-
-A señoritas de estas de ¡Qué lata! no hay que ofrecerles cuentos para
-niños. Con la conversación de algún joven, tan distinguido como ellas,
-tienen bastante pasto intelectual.
-
-
-
-
-XLII
-
-
-El príncipe de Mónaco es un príncipe dichoso. Su minúsculo Estado, el
-más pacífico del mundo. No agobian á sus súbditos contribuciones ni
-cargas. Su ejército es un elegante Cuerpo de Policía; sus barcos no son
-de guerra, son de paz, y su insignia, la más alta y más noble expresión
-de paz, la Ciencia.
-
-En el _Princesa Alicia_ no van, con el noble príncipe de Mónaco, ni el
-conquistador, ni el colonizador, ni el aventurero, ni el viajante de
-comercio, ni el deportista; va el sabio explorador de tierras y mares,
-sin otro interés que el estudio mismo.
-
-Al contrario de otros príncipes, para este afortunado, el gobernar es
-un descanso. Por eso puede hacer del estudio su deporte.
-
-Contra siete vicios hay siete virtudes en este mundo. Pero en los
-felices dominios de este príncipe, contra innumerables virtudes hay un
-solo vicio.
-
-Él es fuente de prosperidad y bienandanza, él costea las exploraciones
-científicas, él permite en Exposiciones universales, al minúsculo
-Estado, tan lucido papel como á muchas grandes potencias. El amor á la
-Ciencia de un príncipe sabio contrapesa, muy justamente, grandeza y
-poderío de otras naciones.
-
-Con todo esto, ¿no pudiera escribirse algo muy interesante sobre la
-moral de lo inmoral?
-
-Como toda la moralidad de un Estado no puede ser, en resumidas cuentas,
-más que hipocresía, en los Estados moralistas son los trabajadores y
-los honrados los que vienen á pagar y á sostener vicios y holganza.
-
-El Principado de Mónaco, sin hipocresía, logra algo más justo: el vicio
-tributario y el trabajo exento.
-
-No hay persecución capaz de exterminar un vicio, como el vicio sea de
-los arraigados en la naturaleza humana. La persecución infructuosa sólo
-conseguirá añadir al vicio del vicioso el delito del encubridor: más
-repugnante todavía, cuando tras de encubrir, delata.
-
-En cuanto á que no hay nada tan elástico como la moralidad, ¿es preciso
-insistir? Yo confío mucho en la discreción de nuestras autoridades.
-Pero, ¿se imaginan ustedes el contraste, si en estos días se le
-ocurriera á un delegado sorprender alguna partidita de juego?
-
-El Gobierno, que honra, agasaja, condecora y recibe como se merece al
-noble príncipe, soberano dichoso del más dichoso Estado, no podría
-consentir esa inconveniencia.
-
-¡Envidiable suerte la de este príncipe! ¡Ay! Tanto como él la Ciencia,
-amaría yo el Arte, si se me permitiera explotar siquiera una ruletita
-con un par de ceros.
-
- * * * * *
-
-A los partidarios de la pena de muerte les ha parecido crisis de
-sentimentalismo y aun de histerismo el movimiento abolicionista
-determinado con ocasión de recientes indultos.
-
-Si á histerismo fuéramos, también pudiera haberlo sanguinario, y
-siempre sería más expuesto que el filantrópico y sentimental. Pero, ¿á
-qué agraviarnos mutuamente? Siempre habrá dos conceptos fundamentales
-de la vida: conservador y liberal. En el más amplio sentido de estas
-palabras.
-
-El sentido conservador considera la vida con escepticismo oportunista.
-La humanidad es mala de suyo y las sociedades constituídas por los
-hombres adolecen de sus mismas imperfecciones. Siempre ha sido lo mismo
-y lo mismo será mientras el mundo exista. Es inútil aspirar á mejoría ó
-perfección.
-
-Contra los perturbadores del orden social no hay más defensa que...
-defenderse. Contra los malos, el castigo. ¿La enmienda? ¡Ilusión,
-utopía progresista!
-
-Este sentido es muy respetable, y más lo sería llevado al extremo.
-Supresión radical de cuanto hay de inútil, perjudicial y parasitario.
-A defenderse del criminal como del apestado, del inútil como del vago,
-del loco como del imbécil.
-
-¿Quién sabe si esta despiadada selección no sería el medio más eficaz
-de cultura?
-
-Pero hay quien considera, tal vez ilusionado, que el espíritu humano es
-perfectible y perfectible la vida, y perfectibles las sociedades. La
-historia conocida de la humanidad es de muy poco tiempo y son días los
-siglos de que podemos tener noticias, y aun esos bastan para decirnos
-que es hacia el bien el lento caminar y hacia la perfección todo el
-camino. Poco á poco y despacio, eso sí. El efectivo avance apenas
-responde al aliento espiritual.
-
-El poeta del premio Nobel, en este año, Maeterlink, lo dice: «Para
-realizar siquiera un bien pequeño en nuestras acciones, hay que soñar
-con las más altas y generosas empresas de bondad.»
-
-En cuanto á la parte de responsabilidad social, de solidaridad, mejor,
-en virtudes y en crímenes, ¿no habéis leído _Resurrección_, de Tolstoi?
-
-Antes de juzgar debemos juzgarnos. Será la mejor lección de todo delito.
-
-Consideremos el caso de Cullera. Ya parece lejano, como un suceso
-histórico. No puede haber ofensa para la memoria del juez cruelmente
-asesinado. Doy por supuesto que era el juez más íntegro, más justo,
-más digno. Lo era. Pero, ¿es siempre así? El que haya vivido algún
-tiempo en un pueblo, ¿sabe de las injusticias, de las iniquidades, de
-las tropelías de la justicia al servicio de los caciques?
-
-Los pueblos sufren años y años, y en un día, por fin, se cobran, con
-aparente injusticia, quizás cuando menos debieran y en quien menos mal
-hizo, todas las injusticias padecidas... Hicieron mal, no hay duda.
-Pero, ¿dónde empezó el mal?
-
-Eranse dos amigos, de los cuales el uno en cuanto ponía mano prosperaba
-y juntó un cuantioso capital en poco tiempo. El otro era tan
-desdichado, que el negocio más seguro acababa para él en un desastre.
-Por si su mala suerte consistía en ser más honrado en sus tratos
-que el amigo, se dejó de escrúpulos y quiso imitarle, por ver si se
-desquitaba. Todo le salía mal del mismo modo.
-
-Un día jugaban al tute los dos amigos, mano á mano, y el infeliz no
-lograba baza, mientras el otro no dejaba de acusarle las cuarenta, más
-veinte, y vuelta á lo mismo, y así toda la partida.
-
-El perdidoso bramaba y para sus adentros iba repasando su historia y
-la de su amigo, la sinrazón de sus malos negocios y los buenos del
-otro, las pillerías que al amigo le habían enriquecido y á él sólo
-le habían traído pleitos y disgustos. Y al fin, cuando una vez más
-le acusaba el amigo las cuarenta, se levantó, rojo de cólera, tiró
-cartas, mesa, sillas y luces y la emprendió á golpes con el ganancioso,
-gritándole:--¡Ladrón! ¡Pillo! ¡Granuja! ¡Si toda tu vida has sido lo
-mismo!
-
-Nadie podía explicarse aquel arrebato; todos se lo afearon mucho.
-¡Ponerse así porque le acusaban las cuarenta!
-
-Pero, lo que él decía:--¡Señor! ¿Si creerán que ha sido por estas
-cuarenta de hoy? ¡Si es que toda su vida me las ha estado acusando y...
-ya no podía más, ea, ya no podía más!
-
-Hay muchas cosas, inexplicables en un momento, que tienen su
-explicación en toda una vida.
-
-
-
-
-XLIII
-
-
-El Municipio de la opulenta Bilbao, al discutir sus presupuestos,
-acordó grandes economías en las subvenciones á las cantinas y á las
-colonias escolares.
-
-Cuando en todos los países civilizados se concede la mayor protección,
-moral y espiritual, á estas instituciones, en el Ayuntamiento de Bilbao
-se alzan destempladas voces para protestar contra ellas.
-
-Un edil dice que las colonias escolares no pasan de ser un recreo, una
-diversión para los niños. ¡Gran argumento! Y si no fueran más que eso,
-si no fueran salud y vida, ¿estaría tan mal empleado el dinero?
-
-Otro dice que no hay para qué contribuir á la regeneración de los hijos
-de los borrachos. ¡Admirable argumento también! Y, ¡admirable espíritu
-de caridad cristiana!
-
-Para ellos hacen y para sus hijos, al no hacer por los hijos de los
-demás, por borrachos que fueran.
-
-A un hombre muy inteligente le oí yo decir muchas veces que, para
-tratar en cualquier negocio, si había de ser un pillo, le diera
-Dios pillos muy pillos, que éstos, al fin, por interés propio,
-atinaban siempre con el interés ajeno. No como el pillo bruto--mezcla
-detonante,--que por quererlo todo para sí, malogra las mejores empresas.
-
-Del mismo modo, ya que sea el egoísmo primer móvil de las acciones
-humanas, seamos de veras egoístas, y, por verdadero egoísmo,
-comprenderemos la conveniencia del bien ajeno. Por nuestra salud, nos
-cuidaremos de la salud de los otros; por nuestra seguridad, de su
-honradez; por nuestra inteligencia, de su cultura; por nuestra riqueza,
-de su bienestar. No es lo malo que seamos egoístas, sino que lo somos
-malamente. Los grandes bienhechores de la humanidad han sido los
-grandes egoístas. Querían un mundo mejor para vivir mejor ellos.
-
-A los que no son egoístas, cualquier cosa les está bien y viven tan
-á gusto en una pocilga. Esos no moverán pie ni mano por mejor cosa
-propia ni ajena.
-
- * * * * *
-
-Nada más gracioso y artístico que las danzas de Loie Fuller y sus
-discípulas. Loie Fuller, inventora de la famosa danza serpentina tan
-copiada y tan imitada después, ha comprendido toda la verdad de la
-máxima de D'Annunzio: Renovarse ó perecer. Y si es cierto que en la
-parte física no ha podido contrarrestar el irreparable ultraje de los
-años, como dijo el trágico, en la parte artística, ya que no renovado
-del todo, ha rejuvenecido su arte con artísticas variaciones sobre
-el antiguo tema: «Bella forma mortal passa, é non d'arte», que dijo
-Leonardo, y adoptó después por lema el mismo Gabriel D'Annunzio.
-
-Loie Fuller, con sus vaporosos contornos de nube, de llamarada, de
-viviente flor, de mariposa, con sus combinaciones de luces y colores,
-ha sido una gran innovadora en arte. Con especialidad, en el arte
-decorativo llamado modernista. La moda femenina también ha encontrado
-en ella atrevidas inspiraciones coloristas.
-
-En el arte de la danza, su influencia ha sido decisiva. Loie Fuller,
-según ella misma refiere, halló en la India la inspiración de sus
-bailes. Hoy todo el moderno arte del baile busca en la antigüedad
-ritmos de líneas y colores. Y son Isadora Duncan, Maud Allens, Regina
-Budet, Ida Rubenstein, la Truhanowa, Tórtola de Valencia, toda una
-pléyade de bailarinas, evocadoras de las antiguas danzas de Grecia y de
-la India, danzas religiosas, sacerdotales, de iniciación y de misterio.
-
-Unas por instinto, otras por arte. La mujer es siempre vaso de
-elección, propicio al hervor del fuego sagrado.
-
-El baile moderno ha dejado de ser acrobatismo. Hoy pueden danzar las
-bailarinas con los pies desnudos; las bailarinas más famosas de antes
-no hubieran podido mostrar sus pies, atormentados por el horrible
-ejercicio al bailar sobre las puntas de los dedos; pies que habían
-perdido su forma, ensangrentados muchas veces al cabo de horas y horas
-de ensayos mil veces repetidos para lograr fuerza y agilidad. ¡Las
-vueltas de cintura de la Pinchiara, los punteados de Rosita Mauri! Todo
-ello pasó para no volver, hasta que de puro viejo sea antiguo, que la
-antigüedad es la juventud de las cosas viejas.
-
- * * * * *
-
-Pero una de nuestras autoridades se ha propuesto cumplir con la ley
-de protección á la infancia y ha prohibido la presentación de las
-discípulas de Loie Fuller en el teatro.
-
-De todos los trabajos que puede hacer un niño, ninguno menos penoso
-que el de estas danzas. Nada más parecido á un juego infantil. Nada en
-ellas da idea de pena ó de esfuerzo.
-
-La directora ha protestado contra esa medida de la autoridad. Es que
-está mal acostumbrada. Viene de otros países donde no se concede
-la menor importancia á los niños. Aquí no habrá podido ver niños
-abandonados por las calles, ni vendedores de periódicos menores de
-trece años expuestos al frío en estas noches de invierno y alternando
-con golfos y golfas de la peor especie. Y si recorriera esos pueblos de
-Dios, no vería niños y niñas, al sol de Agosto, en las faenas del campo.
-
-Como nada de esto ha podido ver, comprenderá lo justo de la
-determinación al prohibir ese espectáculo de unas niñas sanas y alegres
-que, seguramente, no lo habrán pasado mejor en su vida.
-
-Pero nuestras autoridades no se enteran más que de lo que pasa en los
-teatros. Verdad es que, cuando no se encuentre á una autoridad por
-esas calles, ya se sabe dónde hay que buscarlas, en los teatros del
-distrito.
-
-
-
-
-XLIV
-
-
-Como los encendedores mecánicos han obtenido tan general aceptación, y
-es de suponer que lo mejor de su clientela se halle entre las personas
-más liberales, por lo que tienen de novedad y adelanto, ó entre
-gentes inquietas y viciosas, por lo que tienen de azaroso, la caja de
-cerillas, orgullo de la fabricación española, ha quedado relegada á los
-fieles espíritus tradicionalistas, donde toda virtud y toda moralidad
-se asientan.
-
-Reducido el consumo de las cerillas retrógadas á esta noble y severa
-parroquia, no es extraño que los fabricantes de cerillas cuiden la
-honestidad de los envases, como empresa de teatro aristocrático la
-honestidad de las comedias.
-
-¿No han reparado ustedes? En las fotografías de célebres y lindas
-artistas, ornamento de las cajas de fósforos, de algún tiempo á
-esta parte no se descubre descote ni desnudez pecaminosa. Hábiles
-retocadores lo han tapado todo. Ya con un chal, ya con una pañoleta,
-ya con un remiendo de la misma tela del vestido. No ha faltado más que
-poner un antifaz á los rostros, mientras se sustituye la emisión de
-retratos femeninos por una de santos varones de la cristiandad, ó de
-políticos conservadores, ó de coristas masculinos del teatro Real, ó
-cualquiera otra tan incombustible como éstas.
-
-Entretanto se agotan las existencias de caras bonitas con las
-precauciones indicadas, no hay peligro de inflamación en las cerillas
-ni en el consumidor. Todo es economizar fósforo, y en esta parte hay
-que alabar el desprendimiento de los expendedores.
-
-Según tengo entendido, la venta de cerillas corre ahora por cuenta
-del Estado, y vean ustedes cómo en tiempos de Gobierno liberal y
-democrático se moraliza y se honestiza. ¡Para que digan y murmuren
-luego cuatro viejas beatonas!
-
-¡Oh, aquel empecatado Molière! Al presentarnos á su Tartuffe en escena,
-con pincelada maestra, le vemos encararse con la traviesa Dorina y
-decirle:
-
- --Ah! mon Dieu! je vous prie
- Avant que de parler, prenez-moi ce mouchoir.
- ... Couvrez ce sein que je ne saurais voir.
- Par de pareils objets les âmes sont blessées,
- et cela fait venir de coupables pensées.
-
-Como Tartuffe y como estos moralistas fosforeros de ahora, conocí yo
-un señor que, apenas veía uno de estos descotes de caja de cerillas,
-pedía tintero y pluma y lo emborronaba con presteza. Alguien le dijo
-un día:--¡Pues si fuera usted al teatro Real y viera usted á muchas
-señoras! ¿Qué haría usted?--A esas, ¡todo el tintero, hijo mío, todo el
-tintero!
-
-Ahora, ¡alerta, diosas de Ticiano y de Rubens, maja desnuda de Goya!
-Estos moralistas de ahora pueden trataros un día como á fotografías de
-caja de fósforos, ya que la luz gloriosa del Arte vale para ellos tanto
-como una cerilla y menos que un pitillo.
-
-Es gente que sólo ve la Belleza por donde, como se dice vulgarmente,
-ven los gigantones de Burgos. Y se figuran que todos la ven como ellos.
-
-
-
-
-
-End of the Project Gutenberg EBook of De Sobremesa; crónicas, Cuarta Parte
-(de 5), by Jacinto Benavente
-
-*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK DE SOBREMESA; CRONICAS, CUARTA PARTE ***
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