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-Project Gutenberg's Cabezas: Pensadores y Artistas. Políticos, by Rubén Darío
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
-almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
-re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
-with this eBook or online at www.gutenberg.org/license
-
-
-Title: Cabezas: Pensadores y Artistas. Políticos
- Obras Completas Vol. XXII
-
-Author: Rubén Darío
-
-Release Date: November 25, 2017 [EBook #56047]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: ISO-8859-1
-
-*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK CABEZAS ***
-
-
-
-
-Produced by Carlos Colón, Josep Cols Canals and the Online
-Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This
-file was produced from images generously made available
-by The Internet Archive/Canadian Libraries)
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- Nota del Transcriptor:
-
-
- Se ha respetado la ortografía y la acentuación del original.
-
- Errores obvios de imprenta han sido corregidos.
-
- Páginas en blanco han sido eliminadas.
-
- Ilustraciones han sido eliminadas. Solo las leyendas correspondientes
- han sido incluídas.
-
- Letras itálicas son denotadas con _líneas_.
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- Las versalitas (letras mayúsculas de tamaño igual a las minúsculas)
- han sido sustituidas por letras mayúsculas de tamaño normal.
-
- Letras oscuras son denotadas con =signos de igual=.
-
-
-
-
- CABEZAS
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- RUBÉN DARÍO
-
- CABEZAS
-
- PENSADORES
- Y ARTISTAS
- POLÍTICOS
-
- [Ilustración]
-
- VOLUMEN XXII
- DE LAS OBRAS COMPLETAS
- ADMINISTRACIÓN
- EDITORIAL «MUNDO LATINO»
- MADRID
-
-
-
-
- ES PROPIEDAD (Ilustraciones de E. Ochoa.)
-
-
-
-
- PENSADORES
- Y
- ARTISTAS
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-JACINTO BENAVENTE
-
-
-Cuando Jacinto Benavente entró a la Real Academia Española, se
-preguntaron muchos: «¿A qué va Benavente a la Academia?» Contestaron
-algunos: «A hacer lo que todos los académicos hacen; limpiar, fijar y
-dar esplendor».
-
-No, no iba a eso. En tal recinto, e intelectualmente hablando, para
-limpiar, necesitaría la representación de Hércules; para fijar, la de
-Minerva; para dar esplendor, la del mismo Apolo. Iba sencillamente
-a demostrar que, por opinión general, quien había logrado todos los
-triunfos populares merecía también todos los honores oficiales. He
-dicho populares, porque, aunque Benavente sea un autor de _élite_ su
-nombre es famoso en todas partes en donde se habla nuestro idioma y aun
-en otras.
-
-Benavente representa para España lo que un Capus o un Bernstein para
-Francia, o mejor, lo que un Bernard Shaw para Inglaterra. Y aun, en
-condiciones especiales, es el único que haya logrado dar verdadero
-brillo y resonancia a las Máscaras castellanas.
-
-Poco avisados los que le juzgan con el oído puesto al Boulevard. El
-mundo en que se mueven sus tipos, en la mayor parte de sus comedias,
-es ese mundo universal que tiene por norma, desde luego, más o menos
-aplicada a sus medios respectivos, la vida parisiense; y si no, fijaos
-en las escenas de los comediógrafos italianos del día. Ese mundo es _le
-monde_. Mas los personajes benaventinos que se mueven y expresan en
-el ambiente de Madrid, son de la legítima descendencia clásica; y sus
-diálogos chispeantes del ingenio que les presta su creador, no son sino
-los antiguos discreteos de Calderón o Lope modernizados.
-
-Ni tan solo en lo cotidiano social y de lo mundano inmediato ha de
-entretenerse este cultivador de agudas y frívolas filosofías. De cuando
-en cuando le veréis salir con su cara de Shakespeare--pues es harto
-semejante a algunos retratos del gran Will--impregnado de esencias
-hamletianas, o húmedo de los rocíos de las florestas por donde vayan
-las Rosalindas, las Perditas y las Cordelias.
-
-[Ilustración: JACINTO BENAVENTE]
-
-A pesar de su fama de amargor, confiaos a él. Hay entre sus macizos de
-floridas espinas muy exquisitos de miel, mucho consuelo humano, mucha
-ternura compensadora de desesperanza.
-
-Entrad en su teatro de ensueño y en su teatro de bondad. Dejaos llevar
-por la mano que sabe apartar los ramajes hostiles. Él os hará el regalo
-de la poética dulzura, del rayo de luna, del canto cristalino del
-ruiseñor; y como es conveniente, a su tiempo, en el instante preciso,
-os hará una pirueta; y le daréis las gracias por el palmo de narices
-con que os gratifique.
-
-Y os dejará plantados. No le sigáis. Él se va, como murmurando, porque
-sabe muchas cosas del cielo y de la tierra. No le sigáis. Podréis creer
-por el movimiento de sus hombros que se va riendo, pero no podéis
-afirmar que no vaya llorando. ¿No acaba de daros vida, vida brutal,
-trágica, dolorosa, en esa _Malquerida_ en que ha concentrado todas las
-fatalidades y el apocalíptico misterio de la mujer: _Misterium?_
-
-El verdadero poder de Benavente consiste en que es un poeta, en que
-posee la intra y supervisión del poeta, y en que todo a lo que toca le
-comunica la virtud mágica de su secreto.
-
-Su inquietud viene de la intensa vibración de su espíritu. Estará en
-la soledad consigo mismo. Irá a pasar sus horas con sus amigos los
-poetas. Luego--no lo dudéis--tras alguna cabriola, entrará a la casa
-del Diccionario para hablar con las momias. Y las dejará aún más
-estupefactas.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-JOSE ENRIQUE RODO
-
-
-El oficio de pensar es de los más graves y peligrosos sobre la faz
-de la tierra, bajo la bóveda del cielo. Es como el del aeronauta, el
-del marino y el del minero. Ir muy lejos explorando, muy arriba o
-muy abajo, mantiene alrededor la continua amenaza del vértigo, del
-naufragio o del aplastamiento. Así, la principal condición del pensador
-es la serenidad.
-
-En la América nuestra no hemos tenido casi pensadores; no ha habido
-tiempo, todo ha sido fecundidad verbal, más o menos feliz, declamación
-sibilina, _pastiche_ oratoria, expansión, panfleto. Con dificultad se
-encontrará en toda la historia de nuestro desarrollo intelectual este
-producto de otras civilizaciones: el ensayista.
-
-José Enrique Rodó es el pensador de nuestros nuevos tiempos, y, para
-buscar siempre el parangón en el otro plato de la balanza americana,
-diré que corresponde a Emerson. Es Emerson latino, cuya serenidad viene
-de Grecia, y cuya oración dominical es la salutación a Palas Atenea, la
-plegaria ante el acrópolis. Y advertid que, a pesar de lo que se afirme
-y comente, Rodó no es un renaniano, en el sentido que en el común
-dialecto literario se da a esta palabra. Su tranquila visión está llena
-de profundidad. El cristal de su oración arrastra arenas de oro de las
-más diversas filosofías, y más encontraréis en él del más optimista de
-los ensayistas, que del gordo cura laico biógrafo de N. S. Jesucristo,
-abate de Jouarres, _in partibus infidelium_.
-
-Desde sus comienzos, la obra de Rodó se concreta en ideas, en ideas
-decoradas con pulcritud por la gracia dignamente seductora de un
-estilo de alabastros y mármoles. Solamente que él pigmalioniza, y el
-temor de impasibilidad, de frialdad desaparece cuando se ve la piedra
-cincelada que se anima, la estatua que canta. Nació con vocación de
-belleza y enseñanza. Enseñanza, es decir conducción de almas. A
-tal pedagogía es a la que se refiere el Dante en un verso referente a
-Virgilio. Cuando apareció su primer opúsculo, _Vida Nueva_, se vió el
-surgir de un maestro en su generación, en la generación continental. Su
-segundo opúsculo sobre el autor de _Prosas Profanas_, o mejor dicho,
-sobre este libro de poesías, le afirmó virtuoso de la prosa, de la
-erudición elegante, y en la última parte de su trabajo, profeta. Altas
-y generosas especulaciones le ocuparon, y _Ariel_ señala un nuevo
-triunfo de su espíritu y una nueva conquista de sus predicaciones,
-por la hermosura de la existencia, por la elevación de los intelectos
-hispanoamericanos, por el culto nunca desfalleciente ni claudicante
-del más puro y alentador de los ideales. Definíase más y más su
-personalidad, y se hubiera dicho un filósofo platónico de la flor del
-paganismo antiguo, resucitado en tierras americanas. Y tuvo el más
-bello de sus gestos, cuando, llevado a las controversias de la Prensa
-y a las agitaciones de la Cámara, por los caprichos de la política,
-el adorador de los dioses de la Hélade salió a la defensa de nuestro
-pálido Dios Cristiano, Desterrado allá, como en Francia, de los lugares
-de la Justicia, por obra de la roja cosa jacobina.
-
-[Ilustración: JOSÉ ENRIQUE RODÓ]
-
-Por último, aparece su obra magna hasta hoy, esos _Motivos de Proteo_,
-aires mentales, sinfonías, de ideas que llevan dentro tanta virtud
-bienhechora, libro que ha sido acogido en todas partes con entusiasmo
-y con razonada admiración. Es un libro fragmentario, ¡pero cuan lleno
-de riqueza! fragmentario ocasional o decididamente. Ello hace que
-su prosecución sea indefinida, y que el encanto y el provecho se
-prolonguen en la esperanza después de cada aporte. El tesoro está allí.
-Cada vez que Aladino baje, estemos atentos.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-GRAÇA ARANHA
-
-
-Uno de los críticos que han estudiado la personalidad intelectual de
-Graça Aranha--el señor Elysio de Carvalho--hace notar que antes de
-que la gloria iluminase el nombre del autor de _Chanaan_, era éste un
-escritor de cenáculos «apenas conocido de sus íntimos, que lo sabían
-un talento peregrino, un espíritu culto, un artista de raza capaz
-de realizar el gran sueño de arte que le acariciaba el alma». Hoy
-Graça Aranha ha conquistado los más justos laureles, y es conocido y
-celebrado en todo el mundo literario. Mas su universal renombre no ha
-hecho más que hacer brillar mejor el puro diamante de su nacionalismo.
-Él es brasileño ante todo. Con satisfacción y con orgullo, me decía
-hace pocos días: «Me place más ser comprendido por el último de
-los estudiantes de mi tierra, que por el primero de los escritores
-europeos». Y en el Brasil se le devuelve su afecto con creces. Es de
-los que encarnan el alma de la raza, es de los representativos. Él
-ha expresado en una prosa impecable y admirable el ideal patriótico,
-y ha pintado magistralmente el escenario fabuloso de ese vasto y
-vigoroso país, animado como ninguno de las savias de la tierra y de
-los fuegos fecundantes del sol. Muchos ilustres varones de pensamiento
-tuvo el pasado imperio y tiene la joven república; pero ninguno
-había expresado el espíritu nacional, ni tenido tan hermosamente, en
-simbólicas figuras, la visión del porvenir, como el joven pensador que
-llegaba señalando el rumbo de la vida nueva, y cuyo libro resonante
-era--escribía el noble y grande José Verissimo--«nuevo por el tema,
-nuevo por la inspiración y concepción, nuevo por el estilo».
-
-_Chanaan_, que tuvo tan estupenda acogida en la patria brasileña,
-en toda la América del Sur; y cuando presentada a los públicos de
-Europa por el introductor de Ibsen, el diplomático y escritor ruso
-conde Prozor--un gran señor de letras--, que fué quien la tradujo al
-francés, _Chanaan_ fué conocida mayormente, y el talento del autor
-adquirió fama y autoridad internacionales. Así al representarse en
-París, por el teatro de l'OEuvre _Malazarte_, que interpretaron actores
-como Lugne-Poe, De Max, y esa sutil y encantadora Greta Prozor, flor
-teatral cultivada por la maga Suzanne Despres, ya se sabía quién era
-el autor, que ofrecía a los exigentes lutecianos un ramo de sus rosas
-radiantes y de sus orquídeas tropicales.
-
-Yo he visto al glorioso novelista brasileño en París, en reuniones
-en donde ha estado representado el pensamiento francés por sus
-personalidades más eminentes; y le he conocido en su propio medio,
-frente a aquel espectáculo de ensueño y de fantasía, que es la bahía
-de la capital fluminense. El vapor en que íbamos los miembros de las
-delegaciones de varios países a la Conferencia Panamericana, había
-anclado. Iba con nosotros el ilustre embajador y poderoso intelectual,
-que era Joaquín Nabuco. Llegaban a rodear nuestro barco _ferry-boats_
-llenos de estudiantes y de músicas, que lanzaban al aire himnos y
-vivas. Y un balandro apareció en donde venían varios caballeros de
-distinción. Entre ellos me fué señalado por Nabuco uno:--«¡Vea usted,
-aquél es Graça Aranha!»--me decía alegre y conmovido el magnífico
-anciano, quien admiraba y quería al triunfante joven. Luego nos
-presentó, y desde entonces he cultivado con el creador de _Chanaan_ la
-más cordial de las amistades intelectuales.
-
-El Brasil es un país de tradiciones aristocráticas, y la cultura
-social se impone desde luego. Se ha aprovechado de todo lo que ha
-producido la civilización europea, y se ha plasmado una característica
-nacional inconfundible, que podría servir de modelo en otras naciones
-del continente. Al núcleo principal pertenecen hombres como Graça
-Aranha, en quien las distintas situaciones oficiales y sus condiciones
-de intelecto y de civilidad han hecho uno de esos representantes
-que tanto brillo han dado a la historia diplomática de su tierra.
-Individualmente, junta el _gentleman_ al caballero; es esto decir que
-su trato no se resiste de sequedad, antes bien, hace transparentarse la
-buena fe, la cordialidad y la generosa nobleza. Cuando uno ha tenido la
-feliz oportunidad de conocer a cancilleres como el barón de Río Branco
-y el doctor Lauro Muller; a embajadores como Nabuco, y en la joven
-diplomacia a representantes como Fontoura Xavier, como Barros Moreira,
-como Belloso Rebello, como Graça Aranha, comprende cómo los estadistas
-brasileños han querido que los que llevan el nombre y la autoridad del
-Brasil al exterior, veteranos y nuevos, formen un cuerpo de excelentes,
-una _élite_ que pueda, en todo y en cada uno, ser a la Patria motivos
-de complacencia. Y Graça Aranha honra no solamente a su patria natal,
-sino a su lengua, que es una más grande patria.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-ZORRILLA DE SAN MARTIN
-
-
-Hace veinte años que vi por la primera vez a este admirable uruguayo.
-Los que le conocen me han dicho que, hoy como antes, anima un espíritu
-encendido y palpitante aquel cuerpo que crece al resplandor de la frase
-oratoria, aquella cabeza de tribuno, aquella cabeza de poeta. Y como
-vive de fe y respira esperanza, se diría que una inagotable juventud
-conserva firmes sus nervios, airoso su gesto, cálida y vivificante su
-palabra, toda energía y ritmo.
-
-Le recuerdo en días de triunfos y de gozos, entre fiestas y pompas
-españolas. Las delegaciones de las repúblicas americanas contaban,
-como era de razón, sobre todo las tropicales, con sujetos verbosos
-y hábiles para el discurso; pero en conjunto, no podíamos presentar
-delante de un Castelar, sino al delegado uruguayo, a la sazón ministro
-de su país ante Su Majestad Católica. A su fama asentada de gran poeta
-unía el dominante prestigio de una elocuencia, si a veces harto fogosa,
-por lo mismo plenamente representativa de nuestros entusiasmos y
-vivacidades continentales. Su negra y copiosa cabellera se agitaba en
-la conmoción de las arengas; el brazo diestro se alzaba como arrojando,
-como esparciendo, como regando las oraciones; los ojos, la máscara
-toda contribuían a la conquista de los auditorios; y un común orgullo
-nos producía a los neomundiales la victoria de aquel hombre generoso
-y lírico, que había cantado al épico charrúa Tabaré, y saludaba en
-vibradores y musicales períodos, en nombre de las naciones nuevas, a
-la regia decaída y maternal España. Con _Tabaré_ y con la _Leyenda
-Patria_--que celebraron poetas como Olegario Andrade, autoridades como
-Paul Groussac--se colocó Zorrilla de San Martín en el escaso número de
-los grandes líricos americanos. Se ha dicho que siempre en el poeta
-aparece la amplitud, la exuberancia oratorias. No olvidemos que
-ello es una característica de Víctor Hugo, y más cerca y no a tantas
-alturas, de Núñez de Arce. Es una elocuencia llena de lirismo, y esto
-lo admiramos hasta en el mismo viejo Esquilo. Cuando en mi primaveral
-juventud llegó a mis manos el poema épico lírico del célebre uruguayo,
-me impresionó por su belleza armoniosa, y por el contagio entusiástico
-de lo que antaño se calificaba con el nombre de «inspiración». En
-_Tabaré_--«ese extraño y hermoso poema, con el que acaso sean más
-justicieras que las actuales las generaciones que vendrán», según el
-decir de un meditativo y decoroso pensador que brilla en la juventud
-uruguaya, Amadeo Almada--encontré en días en que imperaban endémicas
-doctrinas, una novedad sana y un sentido de musicalidad honda y
-trascendente, que venían de la influencia de un poeta «menor» pero de
-los más dignos de admiración y amor en la España del siglo pasado:
-Bécquer. «Mi Gustavo Bécquer, genio admirable y querido, despertador de
-mi adolescencia poética», dice Zorrilla de San Martín en una confesión
-reciente publicada en _Mundial_. Había, en efecto, un eco del arpa de
-Bécquer, pero sinfonizado en un órgano que se diría hecho de las más
-robustas y sonantes cañas y bambúes de nuestras selvas americanas.
-
-_Tabaré_ fué celebrado en España y en toda la América latina con loas y
-palmas merecidas.
-
-Zorrilla de San Martín reconoce el perjuicio que posteriores
-correcciones causaron a su obra... «Quise quitar, ¡pecado de mí!,
-ingenuidades en una obra ingenua; quise razonar.» Sí, su obra es
-ingenua como una planta, como una flor, como el agua de un manantial,
-y ella guardará el frescor y el perfume de la más grata estación de su
-existencia.
-
-También ha citado estos conceptos de Carlyle referentes a Dante: «Si
-vuestra composición es auténticamente musical, no solamente en la
-palabra, sino en el corazón y en la sustancia, en los pensamientos
-y articulaciones, en toda la concepción, entonces será poética; mas
-no de otra manera. ¡Musical! ¡Cuánto se encierra en esta palabra! Un
-pensamiento musical es el que ha penetrado hasta lo más íntimo del
-corazón de las cosas, y puesto al descubierto lo más recóndito de sus
-misterios...»
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-FRANCISCO GARCIA CALDERON
-
-
-Un joven sabio; palabras difíciles de juntar en nuestra América. A
-Francisco García Calderón siéntanle por igual manera los calificativos
-de _savant_ y de _sage_. La gravedad espiritual, el desdén de las
-literaturas fáciles, y diremos así de simple adorno, el alejamiento del
-_dilettantismo_, y su copioso saber, sostenido por una inteligencia
-fuerte y ponderada, le han dado un lugar especial en nuestra reciente
-intelectualidad. Habita en París, y busca los jardines apacibles de
-la filosofía, en vez de entregarse a las bellas y ligeras letras de
-la luminosa capital del _esprit_. Cuando, por la fatalidad que pesa
-sobre muchos de los escritores que aquí residimos, «hace periodismo», y
-finge de corresponsal a diarios hispanoamericanos, se ocupa en Gabriel
-Tarde; en el soliloquio platónico de Renouvier, en Brunetière que juzga
-a Renan, en Menéndez Pidal y la cultura española, en los estudios
-penales de Dorado Montero, en el fenómeno religioso de los Estados
-Unidos, en los ideales de la vida, según William James, y en otros
-tópicos semejantes. Como veis, todo eso está muy lejos del _boulevard_.
-Sus relaciones intelectuales son las que convienen a semejante monge
-laico, fraile de la filosofía. «Monsieur F. García Calderón est un
-jeune peroubien qui connait admirablement la France, son histoire,
-ses ecrivains, ses philosophes.» ¿Quién escribe esos conceptos? Es M.
-Gabriel Seailles, profesor en la Soborna. «Esprit ouvert et curieux,
-auditeur et auditeur attentif, ardent, consciencieux intelligent,
-vous mettez votre effort et votre joie à penetrer dans la pensée,
-dans l'âme des hommes que vous voluez connaître». «Donc s'assimiler
-appliquer l'experience de l'âgé mur et même temps garder l'elan, la
-foi et même les ilusions de la jeunesse, trover enfin le moyen de
-réunir en un tout vivant et harmonieux ces deux ordres de qualités,
-en apparence contradictoires, ce est le conseil que, for de vos études
-et de vos reflexions, vous donnez à votre Patrie. Je crois bien que ce
-conseil convient a tous les hommes, et qu'en tout pays on aura intérêt
-et profit à lire un livre tel que le votre.» ¿Quién expresa tales
-opiniones? Monsieur Émile Boutroux, del Instituto. Díme con quien andas
-y te diré quién eres. Es raro, sí, muy raro, que en nuestros países un
-espíritu joven y bizarro, como el de García Calderón, deje el verjel de
-los lirios y los mirtos y los laureles para inclinarse al pozo de donde
-se espera ver salir el blanco cuerpo de la verdad. Pocos van a las
-honduras de los problemas espirituales, pocos se consagran al ejercicio
-del pensamiento en los altos asuntos religiosos y morales.
-
-Pocos visten el sayal pesado del estudioso y se encaran con las
-gravedades de la vida y de la conciencia humanas. Francisco García
-Calderón se ha dedicado a tales tareas. «_Vous n'etes pas mu par un
-frivole esprit de diletanttisme_», le dice uno de los sabios que he
-dictado anteriormente. Y él mismo declaraba en uno de sus primeros
-libros el propósito de «levantarse sobre la parcialidad benedictina del
-análisis, sobre la frivolidad estéril de la hora y dar a su espíritu
-el grave recogimiento que conviene a la eclosión de futuras obras
-durables.»
-
-La obra fundamental, hasta ahora, de nuestro amable pensador, es la
-que consagrara a su patria, _Le Perou contemporain_. Es una obra
-fuerte de medula, y que indica un vigor de espíritu y un estudio tan
-sólido y de trascendencia, que se diría de años mayores. La obra está
-escrita, a pesar de la particularidad patriótica, bajo un concepto
-universal, y puede ser leída con interés en cualquier parte, pues
-su fondo filosófico, su hondura ideológica, llamarán la atención, a
-no importa qué hombre de pensamiento, en todo lugar del mundo. La
-sagacidad de intelecto de esta «cabeza», que no sólo pertenece al
-Perú, sino a todo el continente, se une al vigor y a la rapidez con
-que abarca y profundiza cualquier cuestión de interés humano. En tales
-especulaciones, y siguiendo cada cual su ideal mental y su modalidad,
-se junta con Rodó y con Sanin Cano.
-
-Para contrapesar en la balanza psíquica el valor de tales
-especialísimos _mediums_ habría que poner, es indiscutible, en el
-platillo opuesto un buen número de toneladas de perlas y de rosas.
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-SANTIAGO RUSIÑOL
-
-
-Ved aquí al catalán de los jardines, príncipe en el país de Bohemia, de
-una Bohemia de oro, de lindos colores, de sutiles letras y de «hierros
-viejos». Con su cabeza gris y su barba de _roi-chevalier_, atesora y
-comunica juventud, y con su arte fino, su palabra suave y animadora a
-un tiempo, su sonrisa fraterna con sus pares, subyugadora con todos, va
-llevando su corona de gloria con la misma descuidada naturalidad que
-su fieltro característico, en el cual no podríais suponer un invisible
-penacho, sino una pluma de seda.
-
-Pinta y escribe y sabe de muchas disciplinas, como los artistas del
-Renacimiento. Y mucha música íntima y mucha poesía encuentra el
-observador meditativo en su pintura, como mucha sutileza y gracia
-pictórica en sus prosas, en que el pensador artista deja ver su alma
-profunda y delicada.
-
-Comunicar con Rusiñol es una fiesta para el espíritu. Yo me he
-complacido con tales momentos, ya en su morada principesca de Sitges,
-ya en la corte madrileña, ya en la divina isla de Mallorca, en la
-múltiple Barcelona, en este París que él ama y que le ha sonreído.
-
-¡Sus jardines de España! Los días pasados, Pérez de Ayala, que hace
-cantos bellos, hizo uno muy bello. Como al tamborilero de Provenza, eso
-debe habérsele ocurrido alguna tarde «que _vió_ cantar a Rusiñol...»
-Pues cantan esos jardines de pintura con sus ramas de verde, sus
-acordes de oros y rojos, sus árboles ojivales, sus fuentes en que vibra
-el cristal fugaz de la pluma de agua.
-
-[Ilustración: SANTIAGO RUSIÑOL]
-
-Tengo a la vista una serie de planchas coloreadas de esos hechiceros
-jardines, que son, como dice el gran Santiago el «_paisatge posat en
-vers, i els versos escrits en plantes... versos vius, versos am saba
-i amb aroma_» y se diría que en la transposición están la misma
-vida, la misma armonía y el mismo perfume que en el propio paraíso
-vegetal. Son los dulces vergeles mallorquines, con sus aguas, sus
-arquitecturas, sus rosales, los edenes moriscos de Granada; arcadas,
-templetes, floralias casi religiosas; árboles como ramilletes, como
-pinceles, como obeliscos; macizos arcos como en el _Caminal de rosers_
-de Aranjuez; bóvedas de verdura; «_les grands jets d'eau sveltes
-parmi les marbres_», a la verlainiana caricia de la Luna, pues en
-plena tierra del Mediodía pone Rusiñol, a veces, escenarios de fiesta
-galante. La _Raixa_ de Mallorca que evoca algo de romano; visiones del
-Generalife, con sus canales, sus arbustos en flor, sus tiestos como
-cálices; o el _Pati de l'Alberca_, en Granada, en cuyo fondo, reflejado
-por el espejo del estanque, parece fuera a surgir alguna figura de
-Zobeida, de Leila, o de Lindaraja; o bien los viejos cipreses o los
-_bouquets_ de almendros en flor, que primorosamente nieva o sonrosa la
-primavera mallorquina; o esa _Glorieta_ de la bailarina, que es como
-una decoración de poema; y el fantástico _Recó de boixos_ granadino; y
-esa prodigiosa «arquitectura verde» de Granada, en donde parece que por
-obra de Alah--¡sobre él la plegaria y la paz!--se animase una princesa
-de las Mil y una noches, por ejemplo, Dulce Amiga, y recitase estas
-estrofas del poeta:
-
-«¿Vas a escapar lejos de mi, ¡oh, pura sangre de mi corazón! tú,
-cuyo lugar está en este corazón adolorido, entre mi pecho y mis
-entrañas?--¡Ah! te suplico, oh Tú, el Clemente sin límites, reunir lo
-que está separado, Tú, el generoso que distribuyes a tu placer los
-beneficios humanos.»
-
-¿Y ese _Jardi del pirata_ en Mallorca, con sus terrazas vecinas, su
-fuente redonda, su horizonte marino? ¿Y el _altar de flors_ y el _Jardi
-clasic_ y la _Glorieta_ de Aranjuez, que recuerda el Templo del Amor
-versallés; y _El Laberinte_ de Barcelona, con sus verdes en sordina,
-sus azules angélicos, sus fanfarrias ocres del fondo, sus recortados
-macizos y su ambiente al par lírico y galante? ¿Y tantos poemas que
-siguen, todos un encanto para los ojos y para el alma?
-
-En horas secas, complázcome en abrir esta provisión de sueños, y al son
-de estas flautas y liras de la vista, por obra de Rusiñol, se me abre
-un edén de ruiseñores, y mi instante aburrido florece y se encanta.
-
-O bien, para pensar o sonreír, con razonada tristeza o gentil y
-filosófico humor, leo algún libro o comedia del autor de _Oracions_ y
-de _El Mistich_, en su catalán original, aunque haga algún esfuerzo,
-por más que Gregorio Martínez Sierra haya realizado la difícil y
-hermosa tarea de verter al castellano la prosa exquisita de nuestro
-amigo victorioso.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-FEDERICO GAMBOA
-
-
-Paso a paso, ganado a puro cerebro y a puro carácter, Federico Gamboa
-ha llegado a uno de los más altos puestos del Gobierno de su país: a la
-Cancillería mejicana. Hablando de su desaparecido hermano José María, y
-de él mismo, escribía hace años en su _Diario_: «Secreta satisfacción
-de vernos él y yo ascendiendo por nosotros mismos, sin ayudas que nos
-enrojezcan, ni apoyos que nos avergüencen o humillen».
-
-No habrá uno solo de sus compatriotas que no aplauda su reciente
-nombramiento, pues sus principios siempre han estado basados, ante
-todo, en un profundo amor a su Patria. Oid sus palabras: «La idea de
-Patria--la Patria en forma de carta geográfica a veces, y a veces en
-abstracción luminosa--, acariciándome de lejos... Desligamiento con
-gobernantes y partidos políticos...» Esto demuestra la razón de las
-generales simpatías. Ni al César mismo--ese César anciano y fuera del
-poder, a quien habrá que aplaudir por las enormes etapas de progreso
-que hizo adelantar a Méjico--se acercó nunca Federico Gamboa con bajas
-adulaciones o súplicas de granjería. El verdadero valor del nuevo
-ministro de Relaciones exteriores de los Estados unidos mejicanos es
-completamente individual: lo constituyen el talento, su nobleza de
-espíritu, su voluntad, una limpia, larga y honrosa carrera diplomática,
-y un alto nombre literario, que contribuye a la gloria de su país.
-
-¿Quién que conozca al Sr. Gamboa no está seguro de que sus prestigios
-morales e intelectuales no contribuirán a pacificar y a hacer brillar
-en una nueva era la Nación, cuyos intereses internacionales hoy le
-toca dirigir? Mas, hablaré de su obra literaria, que es lo que con mi
-competencia mejor se aviene.
-
-Es ante todo Gamboa independiente y personal: «Mis escritos y mis
-actos siempre obedecieron a mis propias inspiraciones». Pocas páginas
-autobiográficas más decisivas y más conmovedoras que la dedicatoria de
-_Mi diario_: «PARA MI HIJO; PARA CUANDO SEPA LEER», páginas de gran
-literatura y de gran corazón ordenado: _Le coeur a son ordre_, dice
-Pascal.
-
-Sabe del mundo, sabe de la vida, lo cual es decir que sabe de amor y de
-dolor. Y una vasta piedad impregna toda su obra.
-
-Yo le conocí en Buenos Aires, en la tertulia literaria de Rafael
-Obligado. Ya había publicado sus _Esbozos contemporáneos_, _Del natural
-y Apariencias_. Se encontraba al frente de la legación mejicana como
-encargado de Negocios, por ausencia del ministro Sánchez Azcona. El
-ingenio y el _charme_ personal de Gamboa le hacían grato a todos.
-Allí dió a la imprenta su volumen de _Impresiones y recuerdos_.
-Después vendrán, ya alejado de la República Argentina, _Suprema ley_,
-_Metamorfosis_, _Santa_, _Reconquista_ y dos volúmenes del _Diario_.
-En estos días debe aparecer _La llaga_, por la Casa «Renacimiento»,
-de Madrid. Todo esto, recuerdos y novelas, fuera de su labor para el
-teatro. En todo terreno ha recogido aplausos y laureles. Su estilo es
-castizo en dicción y libre en ideas. Su filosofía es sana y alta; y si
-alguna vez hubiese vacilado en sus creencias, la experiencia vital
-y el misterioso influjo de lo divino le han apuntalado el alma. Por
-ello, en el fondo de sus novelas, de sus obras dramáticas, hay mucho
-de reconfortante. «Las novelas de usted me hacen meditar--le escribía
-en una ocasión aquel brillante espíritu que se llamó Gustavo Baz--; y
-guarde usted este elogio que, sobre ser sincero, viene de un lector
-asiduo de Balzac y de un comentador escuchado de Stendhal.» Y el sutil
-Domingo Estrada, entre otros entusiásticos juicios: «_Metamorfosis_, al
-menos bajo ciertos puntos de vista, puede compararse con las mejores
-novelas de Pereda, de Valera y de Pérez Galdós». Y más adelante: «El
-secreto del encanto que su libro produce, y que hace que no se pueda
-dejarlo de la mano una vez comenzada su lectura (yo me he pasado
-cuatro noches sin poner un pie en la calle; ¡en París!...), finca
-principalmente en el estilo. No conozco otro que sea más sencillo sin
-vulgaridad, más imaginado sin pedantería, más elegante sin esfuerzo».
-
-No es Federico Gamboa de aquellos pensadores meritorios de quienes
-se pueda temer que por los cuidados y pasiones, por la política,
-abandonen la labor mental, que constituye lo más característico de su
-personalidad. El hombre de estado cumplirá como bueno sus tareas, y
-su discreción y su conocimiento de los graves asuntos en que habrá de
-ejercitar su pericia no han de quitarle ni la vivacidad y frescura del
-ingenio, ni el pensamiento creador ni el _intelletto d'amore_ para su
-pasión artística.
-
-Otras obras vendrán, llenas de amor humano y de fe en la suprema
-idea, que enriquecerán mayormente el acervo intelectual de su patria
-mejicana, o mejor dicho de nuestra América, otras novelas, otras obras
-para el teatro; y otros posteriores volúmenes de ese _Diario_, tan
-lleno de ideas, tan interesantemente anecdótico y que fué dedicado
-desde su primer tomo a un mi joven amigo que ya sabe más que _leer_...
-el hijo amado, Miguel Félix Gamboa y Sagaceta.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-AMADO NERVO
-
-
-En varias ocasiones he escrito sobre la singular personalidad de
-Amado Nervo, y siempre con igual simpatía y con el mismo _intelleto
-d'amore_. ¡Ha sido tan gentil compañero de sueños, en nuestro París
-amado, hace ya tanto tiempo! ¡Y es tan sutil poeta, tan comprensivo
-artista y tan dulce filósofo! Con decir que a pesar de los medios a
-que necesariamente conduce la diplomacia, su espíritu y su corazón
-de sensitivo no han sido contaminados por las promiscuidades de la
-carrera...
-
-Yo no leeré nunca sin cierta emoción el libro titulado _El éxodo y
-las flores del camino_, en el cual, entre versos deliciosos y prosas
-llenas del encanto de la juventud y del prestigio de un buen arte,
-recuerda, en conceptos ya de humor, ya de melancolía, nuestras horas
-parisienses, nuestra amistad con curiosos ejemplares de humanidad, y la
-persecución de los favores de Nuestra Señora y Reina la Belleza.
-
-La evolución de Nervo, desde _Místicas y Perlas Negras_
-hasta sus últimas producciones de piadosa, o irónica--¡muy
-suavemente!--filosofía, y sus poemas cortos y sentimentales en que un
-gran dolor, de los íntimos y profundos, le ha hecho producir rítmicos y
-trémulos sollozos y llantos, es de un gran interés en el conocimiento
-de su personalidad intelectual. Una faz nueva se le ha reconocido:
-sus aficiones a los estudios astronómicos, disciplina que se aviene
-convenientemente con los vuelos líricos y las excursiones, en que el
-pegásico ímpetu es el conductor.
-
-Su antigua _fe_ había tomado en los últimos tiempos un vago tinte
-dubitativo; mas el buen maestro Dolor le ha hecho de nuevo recordar
-la senda azul. Y luego, siendo favorecido por la Lira, tendrá siempre
-tiempo de ver reflorecer la primavera, con ojos, si conocedores de los
-lacerantes duelos, siempre brillantes al resurgir de las auroras y
-al inmortal llamamiento de las esperanzas. El poeta está intacto. No
-es Amado Nervo el que la duquesa conoce, el que la marquesa invita a
-almorzar, el que tiene ya honrosamente marchitos los oros de su casaca
-diplomática. El sabe bien que en los salones, y sobre todo delante de
-sus colegas--como no sean de la familia apolínea--no está bien confesar
-intimidades con las Piérides, ni proclamar afección al viejo y sagrado
-laurel, a menos de ser poeta como tal excelentísimo señor ministro,
-que lo mismo confecciona un soneto circunstancial que pone asombro en
-los más intrépidos jugadores de _bridge_. ¿Sabrá el _bridge_ ya Amado
-Nervo?...
-
-Lo que sí sabe y sabrá siempre, es infundir en sus versos, que
-se visten de sencillez y de claridad como las horas de cristal
-que anuncian la paz de los amables días, un misterio delicado y
-comunicativo que nos pone en contacto con el mundo armonioso que crea
-su voluntad intensa.
-
-A veces, se creería en un desmayo de energía o en un desvío de forma.
-No hay nada de eso. Los conocedores saben lo que hay que saber, para
-llegar a conmover lo hondo de nuestro sensorio con los procedimientos
-menos complicados, más simples y transparentes. Todo ello está, por
-cierto, lejos de la pirotecnia verbal, y de los descoyuntamientos de
-pianista que suelen tomarse como distintivos de una fuerza poética
-incontestable, y que se achaca al influjo de un modernismo--llamémosle
-así--que no hizo bien sino a quienes se lo merecían.
-
-Una particularidad que he advertido en Amado Nervo, desde sus obras
-de comienzo, es un vago soplo bíblico que suele hacerse percibir en
-estrofas, que se dirían acompañadas de música sacra.
-
-No olvidaré nunca la Semana Santa que pasara en París, allá por el
-tiempo de la Exposición, en constante compañía del pintor Henri de
-Groux, de otro pintor mejicano, de un joven gallardo aficionado al
-teatro, también mejicano, y de Amado Nervo. Una noche, este soñador
-se nos desapareció, y hartos de buscarle en los lugares que solíamos
-frecuentar, se me ocurrió indicar que probablemente le encontraríamos
-en una de las iglesias en donde, por las sagradas celebraciones,
-se cantaba canto llano y se sonaban órganos sabios. Le buscamos,
-pues, en varias de ellas, y por fin le encontramos, lleno de fervor
-místico-artístico, en Notre-Dame, adonde había llegado después de
-recorrer Saint-Severin, la capilla de la Sorbonne, Val de Grâce,
-Saint-Sulpice, hasta que fué a recalar en la Catedral que, según un
-hugólatra, es la _H_ del nom de Hugo.
-
-Había que oir, en aquel tiempo, a Amado Nervo, a quien yo llamara
-fraile, o monje del arte. Su unción, su saber de cosas religiosas,
-su aire mismo, daban idea de un admirable oblato, de un seguidor de
-Huysmans, a quien desde luego el mejicano ponía sobre su cabeza.
-¡Todo pasa, en verdad, y la juventud más pronto que todo! De aquellos
-años quedaron para el poeta los versos, imperecederos, y un amor,
-perecedero, cual la triste carne que Dios nos dió como armadura, frágil
-armadura, ante lo inevitable. El poeta ha clamado trenos y elegías.
-_¡Mas es suya el alba de oro!_
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-ENRIQUE RODRIGUEZ LARRETA
-
-
-Cuando el autor de _La Gloria de Don Ramiro_ publicó, para gloria suya,
-esa obra admirable que le dió fama rápida y triunfante en todo el
-mundo literario, yo me llené de entusiasmo, y escribí en España, donde
-a la sazón me encontraba, un artículo que expresaba mi sentir, ante
-ese esfuerzo que honra, no sólo a la República Argentina, sino a todo
-nuestro continente. Y decíale al Sr. Larreta, entre otros conceptos,
-que las únicas cosas que le faltaban para la victoria completa eran la
-hostilidad y el ataque consecuentes, y se diría indispensables, a toda
-realización superior. Ello vino a su tiempo, y sin más consecuencias
-que la de consagrar la solidez de la obra.
-
-¿Qué más podría desear el autor de _La Gloria de Don Ramiro_? Encono de
-letras semejante habría que buscarlo, en los últimos tiempos, en los
-_panfletos_ contra la obra y la personalidad de Hugo, y que él resumía
-en el dístico que comienza:
-
- _Voici le triple aspect de cet homme féroce_...
-
-Yo no conocía al Sr. Larreta, sino por haber conversado con él dos o
-tres veces, hará cerca de veinte años, en el antiguo Ateneo de Buenos
-Aires. Luego publicó una bella _nouvelle_ de reconstrucción histórica
-en la _Biblioteca_, revista que dirigía la autoridad de M. Paul
-Groussac. Ya en ese tiempo se hablaba de que tenía el joven escritor
-una novela en preparación que le costaba largos estudios, y en la cual
-aparecería la personalidad de Santa Rosa de Lima. El plan se llevó a
-cabo más tarde. Ya sabemos que la mística flor peruana perfuma, en el
-final de la obra combatida y victoriosa, la muerte de Don Ramiro.
-
-Es notorio que el autor argentino es un gran señor y un diplomático
-que ayuda al prestigio de su país. En París--le habré visitado, a
-sus amables instancias, unas tres o cuatro veces--, sin descuidar
-sus tareas oficiales, cultiva en sus vagares las letras y las artes.
-He recordado a su propósito al autor de _Zanoni_, a un Irving, a un
-Valera, a un Salvador Bermúdez de Castro. El Sr. Larreta, que es joven,
-que tiene la felicidad en su noble hogar, en su alto puesto, en su
-salud excelente, en su renombre universal, posee junto con su gran
-talento una crecida fortuna. Ello es imperdonable. El _homo sapiens_,
-que es el _lupus_ hobbesiano, se eriza ante semejante anomalía,
-protesta y se indigna. Al hombre muy rico, o simplemente rico, se
-le pueden admitir, cuando más, como a Chatelain o MM. de Rotschild,
-obras mediocres. Lo demás es un abuso de la suerte o una parcialidad
-manifiesta de la Omnipotencia. Pero el Sr. Larreta, que no tiene la
-culpa de su excepción, debe sonreír y seguir adelante.
-
-Escritores europeos como M. Remy de Gourmont, M. Maurice Barrés,
-M. Henri Roujon, M. Paul Adam, etc., han dicho las excelencias del
-único trabajo publicado en volumen por el señor Larreta. La versión
-francesa hecha por el primero de esos escritores, da una idea al lector
-extranjero de lo que puede ser fundamentalmente la novela en su idioma
-original. Pero las calidades de esa escritura flaubertiana, de que
-tanto se ha hablado, tan solamente las podemos apreciar los artistas y
-conocedores de nuestra lengua.
-
-Intelectualmente, el autor de _La Gloria de Don Ramiro_ está entre las
-pocas dominantes figuras de Hispano-América. Su libro es, en su género,
-con la honesta abuelita _María_ del colombiano Isaacs, lo mejor que en
-asunto de novelas ha producido nuestra literatura neomundial. Hágase
-algo superior, y Larreta pasará a segundo término.
-
-Entre tanto...
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-LEOPOLDO LUGONES
-
-
-He visto los comienzos de este otro y americano _Spectacle magnifique_.
-Enorme suma de condiciones geniales apoyadas por la más potente y sana
-voluntad. Encontrábame en lo vivo de mi sabida campaña intelectual,
-en la querida gran ciudad de Buenos Aires, cuando un día se presentó
-en nuestra vibradora hermandad del Ateneo un joven que, al mostrar
-sus credenciales rimadas, fué considerado ya triunfante. ¡Un astro!
-nos comunicamos todos, con el gentil entusiasmo que allí animaba a
-coetáneos y menores. Nuestra unanimidad vaticinó cosas grandes. Para
-saludar tal orto escogí la más sonante y dorada de mis trompetas.
-Y todas las previsiones tenidas se han ido cumpliendo. La obra de
-Leopoldo Lugones es, según la expresión de uno de sus críticos, _vasta
-y bella como una creación natural_, o bien, _como una vasta serie
-panorámica de montañas_. En verdad, las que han atraído mayormente
-en esa encantada cordillera, son, por el brillo de sus cumbres, por
-la riqueza de sus entrañas, por más de un misterio cabalístico, o
-miliunanchesco, _las montañas del oro_. Fijaos bien en las otras
-alturas: hay amontonamientos de rocas, entre las cuales históricas
-ruinas; hay colinas fértiles, con pequeñas ciudades, jardines y
-quioscos de arte; hay aglomeraciones de fábricas con chimeneas y casas
-de veinte pisos como las de los yanquis; hay intrincadas y sabias
-arquitecturas, y abajo, la extensa pampa con sus bíblicos ganados.
-Pero las Montañas del Oro, que conocen bien tan sólo los simbades del
-castellano, montañas que consagrará la primavera, y en donde tiene
-su palacio la juventud, digo en verdad que atraerán siempre a todos
-los buscadores de milagro y cateadores de poesía. ¡Aureo, bravo, caro
-Lugones! Vigoroso por temperamento, nutrido de los mejores saberes y
-remiso en toda aplastadora apretura escolar, desde muy temprano supo
-aprovechar el don, rarísimo si se mira bien, de la autocomprensión
-y valorizamiento propio. Tal, por mayor suma de aristocracias,
-se denunciara anarquista de los más encendidos. La violencia del
-color--¡Aplaudido sea el profeta!--fué con el tiempo comida por el sol,
-no sin que hoy subsista el nato combativo caza-coronas y amigo de la
-República francesa, a pesar de las Españas ancestrales.
-
- Antiguamente decían
- a los Lugones, Lunones,
- por venir estos varones
- del gran castillo. Y tenían
- de Luna los sus blasones.
-
-Su genealogía mental--¡por Dios, siempre descendemos, o ascendemos de
-alguien, y ha existido el Adán literario!--¿le emparenta con cuáles
-antecesores? Pero ningún espíritu encuentro más fraternal para el suyo
-que el de Edgar Poe--tanto en todo va buscando su equilibrio nuestra
-balanza continental. ¿Mas, a donde no llega la vista, a cualquiera de
-los puntos cardinales que se dirija, desde la cumbre de sus montañas?
-
-Listo para todos los combates, apolíneo, hercúleo, perséico, davídico,
-ello transmutado en sangre neomundial, su iniciación en la orden del
-Arte, queda como un acontecimiento en la historia del pensamiento
-hispanoamericano, y no es uno de mis menores orgullos el haberme tocado
-ser, en días floridos, Anquises de tal Marcelo.
-
-Todo conquistado: renombre, respeto y consideración en los propios
-patrios sanedrines, admiración y afecto entre sus iguales. Todo,
-hasta el denuesto regocijador y la parodia plausible. Todo, menos la
-verdadera comprensión de ciertas cosas suyas al lado de las cuales se
-ha pasado sin penetrar lo que dentro se contiene. Mas, ¿desde cuando es
-comunicado a todos el _sckiboleth_?
-
-La obra primigenia de tal héroe, cuyo análisis sea para estudiosos y
-minuciosos críticos, háceme pensar en las adolescencias proféticas,
-en una pérdida y encuentro, no en el templo entre los doctores,
-sino en el bosque entre los leones. Hay allí, sobre todo, un infuso
-conocimiento de cosas inmemoriales que se ha transmitido a través de
-innúmeras generaciones, y que hace vagamente reconocerse, apenas, con
-algún rarísimo _contemporáneo_, en un rápido choque de miradas, o en la
-similitud de interpretación de un gesto, de un signo, de una palabra.
-
-Ya en la tarea de ideas, revélase la inagotable mina verbal, la
-facultad enciclopédica, el dominio absoluto del instrumento y la
-preponderancia del don principal y distintivo: la fuerza. Propaganda
-patriótica, ciencia civil, historia, cuento, enseñanza, discurso
-ocasional, todo es pletórico, todo está lleno de vital y viril fuerza.
-Verdad que oiréis un son de flauta en los Crepúsculos del Jardín.
-Acordaos del Polifemo que canta Teócrito y Poussin pinta. Y luego:
-_¿Quid dulcius melle et quid fortius leone?_ ¿No habían vibrado antes
-en una lengua de potente amor versos capaces de encender estatuas?
-
-No creo yo que en nuestras tierras de América haya hoy personalidad
-superior a la de Leopoldo Lugones, quien antes de llegar al medio del
-camino de la vida, se ha levantado ya inconmovible pedestal para el
-futuro monumento. _Las Montañas del Oro_, _Los crepúsculos del jardín_,
-_El imperio jesuítico_, _La guerra gaucha_, _Las fuerzas extrañas_,
-_Lunario sentimental_, _Piedras liminares_, _Didáctica_, _Prometeo_,
-_Odas seculares_.
-
-Allá en la lejana Córdoba del Plata, una anciana tiembla aún de
-temeroso gozo maternal. ¡Misia Custodia, qué nombre el de usted, para
-ser llevado en la Catedral de las glorias argentinas!...
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-ENRIQUE GOMEZ CARRILLO
-
-
-En una de las muchas cartas que conservo del Sr. Gómez Carrillo--de un
-interés para más tarde--, hay una en que me agradece el haber venido a
-París. ¿Cómo fué ello? Ya lo he contado alguna vez. Dirigía yo, allá
-por el año de 1890, en Guatemala, un diario: _El Correo de la Tarde_.
-Un día se presentó con unos trabajos un joven, muy joven, de un moreno
-dorado, de copiosos cabellos y ojos de soñador, y que manejaba ya
-cierta sonrisa caprichosa, con cuyas consecuencias habría de cargar yo
-mismo pasando el tiempo. Intimamos. Y entonces yo señalé el camino de
-París.
-
-¡El camino de París! ¿Sabría Gómez Carrillo que era el de su tierra
-prometida? Cierto que en él, por su madre, había sangre francesa;
-pero su padre, historiador notorio y escritor de cepa castiza, era de
-puro origen español, severo en dogmas de gramática y de bien decir, y
-con entronques aristocráticos en la Península. Era, pues, quizás, el
-camino de Madrid el que hubiese tomado, sin mi dichosa intervención, el
-futuro autor de tanto libro de prosa danzante, preciosa y armoniosa,
-que había de ser tenido después como un parisiense adoptado, y alabado
-por escritores de renombre en esta capital de las capitales. Llegó
-a París a luchas y luchó. Luchó primero en la inevitable Casa de
-Garnier Frères. ¿Quién diría que el escritor sutil y libérrimo hubiera
-colaborado en la seria y académica tarea de hacer un diccionario?
-
-Pronto el guatemalteco se saturó de París. Su primera producción, una
-_plaquete_ hoy inencontrable, a punto de que creo que el propio autor
-no la tiene, suda el más amizclado y enfermizo de los Parises por todas
-sus letras. Llegado en pleno hervor simbolista, Gómez Carrillo había ya
-conocido a todos los dioses, semidioses y corifeos del movimiento. Era
-amigo de Verlaine, de Moreas, de Reynaud, de Duplessis, de todos los
-concurrentes a las comidas y reuniones de _La Plume_.
-
-[Ilustración: ENRIQUE GÓMEZ CARRILLO]
-
-Su cultura aumentó día por día en este ambiente de arte; y, relacionado
-con España, comenzó a escribir en la Prensa de Madrid, tan constante
-y brillantemente, que le han llamado «Príncipe de los cronistas».
-Entró con el tiempo a formar parte del cuerpo de corresponsales de _La
-Nación_ de Buenos Aires, y su producción adquirió mayores quilates.
-
-Se dedicó, por higiene, a la esgrima, y esas prácticas le convirtieron
-en uno de los más conocidos duelistas parisienses. Conoce varias armas,
-y creo que también el _box_.
-
-En su obra pasada prevalecen, junto con un inesperado sentimentalismo
-que se diría romántico, mucha modernidad, la euritmia, las elegancias
-femeninas, la danza, los personajes de la «comedia» italiana, la
-anécdota maliciosa, la conversación con sus amigos célebres, la ironía,
-el halago, la perversidad, el goce, todo lleno de una sutileza francesa
-de modo que se diría escrito, o por lo menos pensado en francés, en
-parisiense.
-
-Luego llegaron sus libros de viajes, que le hicieron considerar como
-el Loti castellano, pues aparecieron dones de penetración, afinidades
-filosóficas, calma y serenidad, además de sus condiciones de paisajista
-y descriptor, dueño de una rica paleta, y siempre vibrante ante el
-espectáculo artístico o la figura sugestiva. Su libro sobre Grecia
-señaló principalmente la nueva manera. Y su libro sobre la Tierra
-Santa, adonde hiciera recientemente una visita, es, a mi entender,
-lo más firme, lo más sentido, lo más meditado y estudiado de toda su
-obra; pues quizás, así fuese por un momento, influencias ancestrales
-despertaron en él la verdadera emoción y la seguridad ideal, sin lo
-cual nada se escribe de duradero y de firme. Y realizó un bello,
-armonioso y erudito libro. Es un escritor dichoso.
-
-¡Antes de aparecer su obra, un obispo de Colombia le ha excomulgado! Lo
-cual hará para _Jerusalén y la Tierra Santa_ una singular propaganda.
-
-Le han prologado y alabado sus libros, escritores como Paul, Adam,
-Jean Moreas, Emile Faguet, Catulle Mendes, Vicenti, Cortón, quien
-estas líneas escribe, y otros nombres más. ¡Si este diablo de hombre
-quisiese, aun después de la excomunión, le prologaría ahora un cardenal!
-
-El Gobierno francés le hizo caballero de la Legión de Honor.
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-RICARDO ROJAS
-
-
-Poned a esta cabeza un turbante de seda, y diréis ser la de un joven
-maharadja; un fez, y tendriais a un noble egipcio. De la India, del
-Igipto, de Ceylán, de Oriente en su aspecto; y ello no os sorprenderá,
-puesto que sabéis de las discusiones sobre las relaciones orientales
-prehistóricas, entre los aborígenes americanos y los pueblos de
-Oriente: La cabeza de Ricardo Rojas, la cabeza física, es la de un
-cacique. A él ello le complace, pues alienta y vive de su América. Un
-espíritu seductor y un poeta gentil, Eduardo Talero, cuando Ricardo
-Rojas se preparaba para venir Europa, exclamaba: «¿El poeta Rojas en
-Europa?... ¿Qué va a hacer? ¿Por qué exponerse a que las grisetas
-del bulevar lo miren de hito en hito, sin sospechar que bajo el color
-oliva de su rostro hierve el aceite de una lámpara de oro, y que bajo
-esas fibras de carbón adusto al peine yacen en huacas de indio las
-cristalizaciones del sol más linajudo de la tierra? A Rojas, como a
-los demás poetas bien raigales, debía la República coronarles de roble
-y ñandubay, y en vez de permitirles estas excursiones por Europa,
-ponerles en lo mas intrincado de la selva a recoger mieles líricas
-en los panales y los nidos, a ver de olvidar lo que aprendieron
-en la escuela y a ponerse en acecho de los sátiros y mafirihadas
-aborígenes».--«¡Ah!--Contesta Ricardo Rojas, desde París, no sin
-tristeza siquier dominada por su preexistente carácter--¡si la
-República coronara de roble y de ñandubay a sus poetas, no buscaran
-ellos en el éxodo y las peregrinaciones azarosas el lenitivo de sus
-secretas amarguras, ni recurrieran, para el sustento del camino a la
-producción forzada y premiosa, que, si no malogra, retarda al menos
-la obra donde florece el genio de una raza!»--Y luego... «Yo procuré
-ser útil a mi patria y digno de ella en el extranjero. Yo no llevé mi
-ofrenda de mirra salvaje a la casa de los pontífices literarios. Yo
-desdeñé el elogio fácil de los _maîtres_ que ignoraban mi idioma. Yo me
-acerqué a hombres y monumentos con tal independencia mental, que mis
-opiniones de meteco sublevaron algo una protesta. Yo dije a públicos
-del viejo mundo las esperanzas del nuevo. Yo torné más alto y puro mi
-corazón ante las nobles figuras del arte clásico. Yo admiré de Europa
-la razón secular de su cultura, e inspirándome en ella, prediqué a mis
-lectores del Plata un evangelio de belleza...; la devoción al ideal
-como contrapeso a los esplendores materiales. Ahí reside para mí la
-diferencia entre las viejas y las nuevas civilizaciones, y al admirar
-de estas sociedades la tradición civil de su cultura, no lo hice en
-detrimento de las cosas nativas: antes bien, procuré dar nueva vida a
-ese culto europeo del ideal como la pasión americana de mi alma, que
-enardeció la ausencia.» Este es el hombre. Y al conocerle os conquistan
-bondad y talento. Y la primera condición ¡cuán rara ahora en un
-intelectual! Su pensar crece ampliamente. Consagrado al culto patrio,
-lucha porque se mantenga el principio nacionalista a través de las
-invasiones que el mundo todo envía a la proficua tierra argentina. Su
-americanismo y su patriotismo tienen muchos puntos de contacto con los
-del gran cubano Martí. El trabaja en lo que llama su «evangelización
-idealista», y dotado del don pedagógico inculca sus enseñanzas en la
-generación universitaria que le escucha. Todo eso en el comienzo de su
-camino.
-
-Hace cinco años, en el _manoir_ de Boultous, después de haber yo hecho
-la presentación del poeta argentino al príncipe lírico de las analogías
-y de las imágenes en lengua francesa, al grande y bueno Saint-Pol-Roux,
-llamado el magnífico en los bellos tiempos del simbolismo francés,
-nos pusimos a hablar, durante el almuerzo y a la hora del champaña,
-de nuestras respectivas edades. Y al decir Ricardo Rojas la suya,
-una palabra brota de labios del _maître_ de _réans_, de la señora
-de Saint-Pol-Roux, linda y gentil, de los hijos, Divine, Coecilian,
-Loredan; y esa misma palabra era: ¡Bravo! Se aplaudía, como un bello
-verso o como una música amable, la confesión de la más lozana juventud.
-
-En plena juventud, pues, trabaja ese cultivador de ideales y
-constructor de sueños. La producción que ha dado ya, garantiza para
-mañana copiosas y firmes obras. Pocos como él poseen igual suma de
-inquebrantables y nobles deseos y esa virtud de consagración, sin
-aportar constante brega o sacrificio para llegar al punto ambicionado,
-que no es sino, en los señalados, una etapa que inicia nuevos caminos y
-ascensiones.
-
-Sus calidades de pensador y de estudioso y sus disposiciones
-catedráticas, se advierte en obras como _La restauración nacionalista_,
-la introducción a la _Bibliografía_ de Sarmiento, y el excelente libro
-sobre el abolengo de los argentinos titulado: _Blasón de plata_.
-Asimismo, en sus _Cartas de Europa_, hábil, documentada y nutrida labor
-de periodismo, pero en donde, como en todo lo de Rojas, encontraréis de
-pronto el poder lírico, el tender a la trascendencia, y una armoniosa y
-aun elocuente riqueza verbal. Y a esto no dejéis de agregar la emoción,
-pues él también es un sentimental, un sensible y un sensitivo.
-
-En estas líneas, concentradas y sintéticas, no quiero ni puedo hablaros
-de sus procedimientos, de sus parentescos mentales, de su técnica. Ello
-conviene a otra clase de estudio. El poeta se inició con _La Victoria
-del hombre_, obra poemal que no se avenía con mis gustos, pero en la
-cual hallé, como me acontece con cualquier obra de cualquier escuela
-o de cualquier autor, la parte de belleza que podía satisfacerme y
-que podía admirar. Luego he leído _Los lises del blasón_, libro de
-un excelente artífice, exquisito y frío, trabajado y pulido, y en el
-cual se siente el dominio de la forma, erudición poética, y voluntaria
-o involuntaria fuerza de asimilación. ¿Mas en quién, aun entre los
-mas grandes, no encontrar un antecedente o semejanza en el prodigioso
-universo de la Lira?
-
-Este libro de poesías me ha hecho pasar gratos momentos; no seré yo
-quien se detenga a señalar lo que por completo no satisfaga. Sólo
-afirmaré que si peca, es por exceso en el deseo de perfección, o
-por dilectantismo en los descuidos. Marmóreo, amador de lo clásico,
-moderno, sapiente o «funambulesco», quien ha escrito esos versos es
-un apolonida, un prestigioso tocador del instrumento divino. Yo me
-precio de comprender su espíritu y de admirar su feliz consagración.
-Mucho debo también a sus gallardos entusiasmos y a su afecto. Gongora,
-Banville, Montesquieu, celebrarían más de una de sus ejecuciones. ¿Y
-quién no alabará a quien en su retiro compuso esos poemas, varios como
-las cosas y los días, en loa del Amor, de la Amistad, de la Belleza, de
-la Patria, que fueron tregua y ornamento en medio de la vida amarga
-y bella? Vendrán frutos de mayor jugo y más completa sazón; vendrán
-productos más temperados y de vastas proyecciones; pero el frescor de
-las horas primaverales permanecerá en las cosechas primigenias.
-
-Hay un soneto final en el volumen en que me ocupo, que hace ver un
-Ricardo Rojas supersticioso, como cumple a un verdadero interrogador
-de los misterios del mundo. Tratan esos catorce versos de la
-malhadada profecía de una gitana, que al probar en el poeta su saber
-quiromántico, interpretó el fatídico signo de una muerte temprana:
-
- Deme esa triste dicha de perecer mañana
- La Lívida que acecha mi paso en el camino,
- Cuando aún mi carne llore por el arte divino
- Y arda mi alma en la lumbre de su pasión humana.
- Corte el hilo invisible de mi vida su diente,
- Antes que se marchite la rosa de mi frente;
- Mas concédame, al menos, en mi destino raro,
- Realizar en el mundo la visión de mis sueños,
- Que es dejar a otra frente mi corona de ensueños,
- Y mi amor en el ritmo de poema preclaro.
-
-Las gitanas, como todas las sibilas, suelen con bastante frecuencia
-equivocarse, y el poeta tiene posiblemente en su vigor de voluntad el
-secreto de su vivir. Después de _Los lises del blasón_, después de _El
-Libro de Perséphone_, después de _La Sangre del Sol_, dos libros, estos
-últimos, que aun no conozco, han de venir otros más firmes y melodiosos
-poemas. Y el patriótico idealista completará también la tarea para la
-que ha nacido.
-
-[Ilustración]
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-[Ilustración]
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-
-MANUEL UGARTE
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-El Sr. Manuel Ugarte, tan ventajosa y profusamente conocido en
-la Prensa hispanoamericana, en España, en el elemento socialista
-de Francia; que ha sido un ferviente adorador de las musas y de
-las gracias; que recientísimamente ha publicado un libro de gran
-resonancia, que ha tenido comentadores hasta en el lejano Japón, _El
-porvenir de la América latina_, recorre hoy los países de nuestro
-continente e islas castellanas, dando en conferencias voces de alarma,
-señalando, _gesto_ complementario de su doctrina opuesta, el peligro
-yanqui. Ya en Cuba, y a pesar de que ha mentado la soga en casa del
-ahorcado, fué recibido con la usual ferviente gentileza que, para
-los escritores extranjeros tienen los hombres de letras cubanos. Los
-merecimientos de Manuel Ugarte harán, desde luego, que en todos los
-países que visite sea acogido con fraternal cordialidad.
-
-Supongo que las prédicas del nuevo cruzado expondrán y desarrollarán el
-espíritu de su libro, que él llama sencillo, pero que no lo es tanto
-como su modestia lo declara. Hay en él ideas, estilo, entusiasmo, y,
-hasta el águila de la cubierta, que lleva en las garras el pabellón de
-los Estados Unidos, había de llamar la atención sobre todo al yanqui.
-Así fué que, en la tierra de los dólares, fué examinada o combatida
-su obra, mayor y más detenidamente que en ninguna otra parte. Tal
-libro es un libro _de buena fe_, que diría Montaigne, un libro que,
-para el ideal que sostiene, hacía falta. El grito de alarma se había
-dado ya líricamente. Vargas Vila, entre otros, había lanzado terribles
-clamores; José Martí, más de una vez, había dicho cosas bellas y
-proféticas sobre el acecho de los hombres del Norte. Yo mismo, hace
-ya bastante tiempo, lancé a Mr. Roosevelt, el fuerte cazador, un
-trompetazo, por otra parte inofensivo. Pero esas son cosas de poetas.
-El volumen de Manuel Ugarte es trabajo de estudioso, con observaciones
-felices, erudición, método, y, aunque el autor no lo quiera,
-literatura. Y, sobre todo, ha sido un volumen _sensacional_. Todo ello
-es hermoso, plausible y meritorio.
-
-«Claro está--dice Manuel Ugarte--que todo grito de polémica tiene que
-levantar objeciones. Unos censurarán la desconfianza que nace acaso de
-la contradicción, entre el valor inapreciable de nuestro porvenir y la
-debilidad que nos imposibilita para defenderlo. Sois, nos dirán, como
-el niño que ha cogido una mariposa y la aprieta en el hueco de la mano
-a riesgo de destruirla. Otros criticarán el optimismo, brote espontáneo
-de una concepción batalladora y enérgica de la vida. Los más hostiles
-pondrán en tela de juicio el interés del estudio. Los más hábiles le
-darán un alcance que no tiene. Éstos le motejarán de antipatriótico.
-Aquéllos verán en él un síntoma de imperialismo. Y condenada aquí a una
-circulación silenciosa por las conspiraciones inútiles, levantada allá
-por las olas confusas de las divergencias, la obra estará siempre lejos
-de conseguir una aprobación unánime.» Yo no soy de los hostiles, y
-digo: el libro es interesante, muy interesante. Aplaudo el optimismo,
-porque es bello y saludable. Celebro la intención romántica y generosa.
-Y después de aplaudir el libro, aplaudo el viaje. Pero... en cuanto
-a los resultados, me declaro absolutamente pesimista. Unos pueblos
-en donde el dólar impera ya, están contentísimos según parece. Y en
-los otros, hay quienes tienen envidia a los primeros, y desean que el
-monstruo les devore. «Conozco al monstruo porque he vivido mucho tiempo
-en sus entrañas», decía José Martí, desde New-York. Y los _pueblos
-enfermos_ parece que dijesen: «Señor monstruo, le damos las gracias,
-puesto que nos va a comer en salsa de oro».
-
-Por lo que toca al autor y oral propagandista, no es detalle secundario
-lo que se diga de él. Y yo digo que, aunque el porvenir de la América
-Latina sea el previsto fatalmente, Manuel Ugarte, con sus esfuerzos en
-el libro, en la Sorbona y en el viaje, habrá ganado el mejor laurel
-para su cabeza.
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-[Ilustración]
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-[Ilustración]
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-ANGEL ZARRAGA
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-Llegó de tierra mejicana a Europa joven, muy joven.
-
-Escribía versos, pintaba cuadros, estaba lleno de ilusiones de gloria.
-
-Los versos y las pinturas revelaban un hermoso y fresco talento, en el
-cual se encontraba una cuidada cultura, la decisión y la pasión del
-artista nacido y la chispa americana.
-
-Se fué a la madre patria, a España; los versos fueron poco a poco
-quedando en segundo término y Angel Zárraga, como poseído de su
-verdadera vocación, buscó a los maestros pintores peninsulares, visitó
-y estudió el Museo del Prado, entró al taller del admirable técnico
-que es Sorolla; aprendió todo lo que pudo aprender; se relacionó con
-los intelectuales, fué íntimo de Valle Inclán, de los Baroja; se unió
-a los jóvenes que hoy brillan en el arte español. Luego fué a Bélgica,
-ensayó tales o cuales novedades, neo-impresionismo, divisionismo; dejó
-piafar su juventud ansiosa. La reflexión llegó, y cambió los nuevos
-buscadores por los viejos maestros. Quintín, Metsys, Memling, todos los
-grandes flamencos fueron admirados y comprendidos por el hijo del país
-azteca, que lleva sangre vasca en las venas. En Holanda conoció y trató
-a más de un raro de la pintura, como ese misterioso y singular Toorop,
-sobre quien se diría ha soplado una ráfaga venida de las entrañas de la
-antigua India. Luego, Angel Zárraga pasó a Italia, y fué encantado por
-la más maravillosa y deleitable música de los ojos, con los poderosos
-creadores del Renacimiento, con los príncipes del dibujo y reyes del
-color, con los suntuosos y soberbios decoradores de iglesias y palacios
-que dejaron a los siglos sus tesoros de gracia y fuerza pictóricas.
-Mas no fueron solamente los italianos, sino otros grandes de otras
-partes quienes prefiriera su deseo de perfeccionamiento. Y así ha
-escrito Rodolfo Panichi: «Il Rembrandt, il Morone, il Tintoretto, il
-Velázquez, il Goya, sono i veri maestri che lo Zárraga ha nell' ánima e
-nell' ochio, ed egli si pone il principio che, coi mezzi meravigliosi
-dei Veneti del decimosesto secolo e degli Spagnuoli del decimosettimo
-si possa esprimere tutta la complessità e l'inquietudine della vita
-contemporanea. Egli trascura pertanto ogni artificio di tecnica
-moderna, riescendo ad ottenere una luminositá composta, una intonazione
-gradevole e poetica, alla quale tuttavia i suoi studi sulla divisione e
-sovraposizione del colore devono avergli giovato notevolmente. Cosi, se
-c'e talora nei suoi lavori un senso di manierismo nella distribuzione
-delle parti principali, e di convenzionalismo negli accessori che
-ricordano le composizioni del nostro risorgimento, egli resta però
-psicologicamente indipendente». Y es lo cierto que, de su incursión
-por el espíritu del arte moderno, han resultado obras que tienen una
-característica, un sello personal inconfundible en figuras magistrales,
-sólo que, como lo hace notar el mismo Panichi, el tipo de los campos
-es distinto, «es el país castellano, son los contornos de Toledo y
-de Segovia los que el pintor siente y reproduce: un país lleno de
-melancolía y de tristeza...» En España ha encontrado Zárraga muchas de
-sus figuras. _La vieja que ora_, arrugada y triste de una pena secular;
-_La mala consejera_, la celestina de cara de buho, junto a la muchacha
-rozagante, carne de vicio; _La bailarina desnuda y la trotaconventos
-maternal_; _La mendiga y la vieja del rosario_ y _El Tríptico_ de las
-dos mozas ferrosas y el viejo del escapulario, apretado, amojamado,
-pero viviente de su vida sórdida, devota y tradicional.
-
-¡Y las lindas figuras femeninas de Angel Zárraga! La del _Don, Marta
-y María_, ascetismo y voluptuosidad; el otro cálido desnudo de la
-_Alegoría del Otoño_, cuadro digno de los buenos tiempos de Venecia;
-un precioso retrato de adolescente; la dama arrodillada ante el San
-Sebastián, un tanto paganizado del _Voto_, que se expuso en el pasado
-Salón de Otoño; la hembra de _la femme et le pantin_; y, sobre todos,
-esa maravillosa _Novia_, cuadro que con sus dos desnudos es un canto
-misterioso a la _arcilla ideal_, al hechizo enigmático de la mujer, y
-que, vagamente sugiere en la simbólica Granada entreabierta, el arcano
-amoroso y la iniciación de las iniciaciones. Paso a paso, consciente y
-con seguridad, va Angel Zárraga camino de la gloria.
-
-
-
-
-[Ilustración]
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-
-ALBERTO DEL SOLAR
-
-
-La Real Academia Española, que acaba de abrir sus puertas al escritor
-chileno Alberto del Solar en calidad de miembro correspondiente, ha
-realizado un acto de completa justicia. Ha tiempo que el autor de
-tantos libros plausibles, que acaban de aparecer compilados en una
-bella edición de _Obras Completas_, era merecedor de tal homenaje.
-Fuera de sus méritos de novelista, de narrador, de poeta, de autor
-dramático, ha sido siempre cultivador de la tradición castiza de
-nuestra lengua, y no ha transigido ni aun con la singular costumbre,
-que creo que se debe a D. Andrés Bello, de usar la i latina como
-conjunción en los casos en que todos usamos la _y_ griega o _ye_.
-Va bien, pues, Del Solar, entre los que tienen por especial misión
-limpiar, fijar y dar esplendor al idioma castellano.
-
-Una de las particularidades que distinguen a Alberto del Solar es su
-americanismo, demostrado desde antaño. Desde sus recuerdos sobre la
-guerra del Pacífico, en la cual, siendo muy joven, tomó parte por mar
-y por tierra, hasta sus últimos trabajos, casi todos, todos puede
-decirse, se refieren a nuestra América, y principalmente a Chile, su
-patria, o a la República Argentina, patria de sus hijos.
-
-En esos recuerdos a que me he referido brilla un vibrante amor de la
-tierra natal, y de sus glorias, y se habla con palabras de verdad y de
-entusiasmo--«yo vi, yo estaba allí»--del heroísmo del soldado chileno,
-de su terribleza y de su resistencia. Y no hay, desde luego, ninguna
-manifestación de odio o rencor al enemigo. En la novela _Huincahual_,
-que pasa en tiempos del antiguo Arauco, y que habría regocijado a
-Marmontel y logrado la aprobación de Chateaubriand, se trata de luchas
-y amores entre personajes de las razas contrarias: la conquistadora
-y la autóctona. La narración es clara, sencilla, con justa y precisa
-erudición, como que se apoyaba el autor en documentos del eminente
-americanista Medina, y de un interés sostenido y atrayente. «Me ha
-gustado e interesado tanto, que pienso hablar de ella cuando hable de
-otras novelas hispanoamericanas», escribía D. Juan Valera.
-
-En _Rastaquouere_, otra novela, trabaja Del Solar en materia
-contemporánea y graciosísima; está muy galanamente escrita, y contiene
-muchas y muy saludables enseñanzas.
-
-La novela _Contra la marea_, entusiasmó a poetas como Rafael Obligado,
-cuando fué leída en reuniones literarias en casa de ese noble e ilustre
-amigo; yo asistí a algunas durante mi permanencia en Buenos Aires. Es
-también labor americana, de ambiente argentino, y en ella, como en
-_El Faro_, otra novela escrita sin que conociese el autor _La Tour
-d'Amour_, de Rachilde, aparece uno de los elementos que ejercen mayor
-atracción en la facultad imaginativa y creadora de Alberto del Solar:
-el mar.
-
-En las concertadas líneas de esta «cabeza» no podría ni someramente
-juzgar ni presentar toda la obra ya numerosa de mi eminente amigo.
-Alguna vez--hace ya años--expresé mis elogiosos pensares en el prólogo
-de uno de sus libros. Hoy podría agregar que ha contribuído a la
-formación del teatro nacional argentino, con la presentación de más
-de una obra celebrada a pesar de lo dificultoso de la empresa. De su
-comedia _El doctor Morris_, que creo se ha representado también en
-inglés, decía el poeta Díaz Romero: «Es una de las obras de teatro
-más seductoras que se hayan representado en este país». Y de _El
-Faro_, _Chacabuco_ y otros trabajos se han hecho los juicios más
-satisfactorios.
-
-Mucho habría que decir del crítico, del conferencista, de algún
-excelente ensayo de historia; mas ello no cabría sino en líneas
-mayores. Debo, sin embargo, hablar del poeta. Y aquí volveré a recordar
-cómo aviva su fantasía, y le mueve a expresarse métrica, sonoramente la
-vasta influencia oceánica, advertida desde su infancia en la pintoresca
-y encantadora Valparaíso. Cuando aparecieron en _La Nación_, de Buenos
-Aires, versos de Del Solar, el hecho causó asombro. Sus colegas de
-la prosa se asombraron: ante los mundanos y ante los de los millones
-perdió méritos; los poetas, celosos de su ciudad sagrada, le exigieron
-el _schiboleth_. Con todos ellos supo entenderse; y al publicar
-recientemente su poema _El Diamante azul_, en que siempre aparece la
-prodigiosa Thalassa, se ha visto que se trata de un verdadero lírico,
-conocedor de nuestro parnaso y de los grandes poetas ingleses, y cuya
-factura de corte clásico no le impide vuelos muy modernos, pegaso y
-aeroplano. Páginas entusiásticas se han escrito sobre ese hermoso
-poema--entre ellas una notable de Luis Berisso--, y en ellas se alaba
-el dominio de la expresión y la fuerza imaginativa. Yo he leído con
-detención esos resonantes y ágiles versos que expresan un significativo
-«mito» y que juntan la gracia de las ficciones y metamorfosis antiguas
-a un tema que no puede ser más real, en las férreas y mecánicas
-tragedias de nuestros días: el naufragio del _Titanic_. Una leyenda
-comentada por los diarios a raíz de la pérdida de aquel colosal barco,
-dió motivo a que Del Solar escribiese su conmovedora y musical obra, y
-el poema surgió, digno del poeta y de la poesía.
-
-[Ilustración]
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-
-
-[Ilustración]
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-
-JACINTO OCTAVIO PICON
-
-
-La reciente elección de la Real Academia Española ha sido, con
-justicia, muy bien recibida en los círculos intelectuales. El elemento
-antineo se ha sentido con gran regocijo; pues hubo lucha en el reino
-gramatical, y, sin la oportuna llegada de votos importantes como
-Galdós y Sellés, es casi seguro que hubiera triunfado el candidato
-conservador, el eminente anónimo D. Angel María Decarrete. Picón es un
-espíritu simpáticamente vivaz, uno de los mejores escritores de su país
-y un _gentleman_ cuya corrección se viste de amabilidad: hice, pues, mi
-visita a Picón.
-
-Yo no le conocía personalmente; no obstante, un académico siempre
-tiene ante nuestra imaginación cierta gravedad doctoral: así, mi
-sorpresa, al ser presentado, no pudo disimularse: nada de lo imaginado,
-¡ni siquiera anteojos! En su _garçonniére_, donde preside el más
-discreto y elegante gusto en el arreglo y decoración, vive entre libros
-y obras de arte: viudo que parece más joven que sus hijos ya hombres.
-Hidalgo antiguo con el aspecto de un clubman moderno: dedicado a sus
-libros viejos para saber y decir cosas nuevas. Al mirar, los ojos finos
-parecen que registran las intenciones; el ademán es franco y noble,
-el apretón de manos da la sensación de la sinceridad. Es afectuoso y
-varonil, sin melosidades falsas ni chinerías de fórmulas. A poco, ya
-estamos viendo una nueva edición del _Quijote_ hecha en Inglaterra; y
-con tal causa admiro su conversación erudita, su pericia de bibliófilo
-y su seguridad crítica. Me muestra buena parte de sus libros raros, de
-sus ejemplares preciosos, con orgullo de buen artesano que supiera la
-calidad de sus útiles, con el aire de un maestro de armas que enseñase
-sus mejores espadas y floretes. Ya es un curiosísimo libro de refranes,
-ya un Quevedo que tuvo entre sus manos la censura de la Inquisición,
-con versos y estrofas tachados, que en las ediciones posteriores,
-o están reemplazados por puntos suspensivos, o suprimidos; o ya por
-mostrar lo que es el lujo aristocrático de la tipografía española,
-volúmenes de Monfort, de la imprenta real, o de Sancha.
-
---«¿Un cigarrillo?»
-
-Tengo que confesar, con verdadero encogimiento, que me es extraño el
-
- Agréable tabac, charmant amusement
- Qui d'un langage muet entretient en fumant,
-
-como dice el ramplón rimador del _Portrait Universel_; y como se
-sorprendiese--¡Un americano que no fuma!--sostengo el honor de nuestro
-continente citando a nuestros más ilustres fumadores, comenzando con el
-general Mitre.
-
-Le pregunto algo sobre la recepción en la Academia y cuándo se
-verificaría.--«Vea usted--me dice--, ha sido costumbre generalmente
-adoptada en este Instituto, que los académicos elegidos dejen pasar
-tres, cuatro, cinco y hasta nueve años para ingresar en sesión pública
-y pronunciar el discurso de reglamento. Yo pienso hacerlo probablemente
-a principios de año, quizá en el próximo marzo. Y me salgo de la regla
-por varias razones, y no es la menor el que sea D. Juan Valera quien
-tenga que contestarme. Nuestro D. Juan está, aunque todavía fuerte, en
-una edad muy avanzada, ciego: y una enfermedad a sus años, por leve
-que fuera, le impediría ocupar su puesto en mi recepción. Confieso
-que prefiero salirme de la costumbre académica a privarme de la honra
-y el placer de que sea Valera quien me reciba al ocupar mi sillón.
-Además... (y aquí no sé si sea indiscreto como amigo, aunque lleno
-mi labor de periodista, al reproducir las palabras del Sr. Picón),
-además, los neos se han portado muy mal conmigo en esta emergencia. Los
-académicos que me apoyaban, habían anteriormente ayudado a la elección
-de un candidato conservador, con la condición de que mi candidatura no
-encontraría obstáculo de parte de aquéllos. Pues bien, ahora, si he
-podido vencer, ha sido con la oposición de ellos, y gracias a que dos
-votos que faltaban llegaron a tiempo, haciendo viaje exprofeso Galdós
-de Santander y Sellés de Portugal, en donde a la sazón se encontraban.
-Quiero, pues, entrar pronto y ocupar el puesto que me corresponde
-entre los de filiación; contribuir a evitar algunas cosas y a realizar
-otras...»
-
-Yo miraba a aquel hombre nervioso, vibrante de intelectualidad, en lo
-más firme de sus años, extranjero entre calvas y «pelucas», y recordaba
-sus páginas valientes de arte y de idea; sus varios pinchazos a la
-misma Academia, como aquella graciosa nota de un capítulo de _Dulce
-y sabrosa_: «El autor había escrito _manguitos_. La Academia dice
-_mangotes_. ¡Paciencia!»; su libertad de juicio, su continuo volar
-hacia adelante sin perder por esto sus adoraciones antiguas y cultos
-clásicos; sus declaraciones de partidario del progreso moderno y hasta
-sus audacias de socialista; y frases como aquella que en un prólogo
-suyo le declara «soldado raso, contra todas las ideas casi vencidas de
-lo pasado y a favor de las esperanzas de lo porvenir, no triunfantes
-todavía». No llega, pues, con las simpatías de los inmortales
-ortodoxos. Mas puede decir al entrar las palabras de Warburton a lord
-Sandwich: _Orthodoxy my Lord, is my doxy_.
-
---Lo que será reñido--le dije--, es la elección de presidente, que debe
-estar próxima, pues el conde de Cheste enfermo, y cerca de los cien
-años, deberá tener pronto reemplazante.
-
---Sí. Los neos querrán imponer a su candidato y nosotros haremos lo
-posible por impedirlo.
-
---Pero usted atacaría a Menéndez y Pelayo--le pregunté, pensando en el
-más meritorio del grupo conservador.
-
---No se trata de Menéndez y Pelayo. Marcelino, que, con su alto pensar
-y su inmenso saber, no se ha sujetado al cenáculo intransigente, ni
-se ha prestado a ciertas combinaciones, es ahora poco simpático a
-una parte de los académicos de su partido. Así es que, al llegar el
-momento de elegir sucesor al conde de Cheste, como habría disidencia al
-tratarse de Menéndez y Pelayo, todos por unanimidad votarán a Pidal.
-
---Debe estar usted muy satisfecho de ir a ocupar el sillón de Castelar.
-
---Ciertamente, y en esto saldré también de los usos de la Academia:
-en que no haré el exordio acostumbrado sino que, como «Castelar» es
-el tema de mi discurso, entraré llanamente a hablar de Castelar y su
-obra, tal como yo pienso del asunto. Para eso estoy leyendo todo lo que
-sobre Castelar se ha escrito. Fuí muy amigo suyo. Ha sido el último de
-nuestros grandes estadistas. Hombres, así, soñadores o no, nos hacen
-falta...
-
-Aquí la conversación entró en otro terreno. Dos diamantes de energía
-pasaron por los ojos penetrantes. Era el hombre amante de su pobre
-patria venida a menos; el conocedor de las desgracias actuales y de sus
-causas.
-
---Ha venido usted a vernos en momentos terribles para España. Ha caído
-nuestra amada y grande España muy abajo; y lo peor es la espantosa
-enfermedad nueva aquí, que ha atacado a esta tierra: la conformidad,
-la indiferencia con el desastre, el encogimiento de hombros ante la
-ruina. Crea usted: aquí no nos hacen falta inteligencias, no estamos
-necesitados de talentos que se encuentran a cada paso: lo que no
-tenemos son voluntades, la abulia es la adolencia actual nuestra.
-
-La antigua alma española ha sufrido como una transformación.
-Antes se habría puesto el pecho al frente, se habría luchado por
-la reconstrucción del perdido poderío; se habrían multiplicado
-los esfuerzos. Hoy, apenas se oye el levantamiento de iniciativas
-individuales. Y el primero en impedirlas es el Gobierno. Por un lado
-apatía, por otro políticas dañosas y descuido de los verdaderos
-intereses del pueblo español; saque usted la consecuencia.
-
-Y nuestro eterno enemigo: ¡el expediente! El papelerio cierra el paso
-a toda obra, desde la más elevada hasta la más modesta. ¿Cómo va a
-prosperar España si lo primero que hay que pasar, para la menor cosa
-que implique un adelanto, es una montaña de expedientes y ríos de tinta
-oficinesca? Voy a contar a usted un caso:
-
-En cierta provincia hubo un individuo que quiso dotar al pueblo de su
-residencia con una cañería. Creyó que para hacer aquel bien municipal
-le bastaría con su dinero y con su buena voluntad, y encargó los tubos
-y materiales necesarios para llevar a cabo la obra. Pero sucede que,
-junto al pueblo de que hablo hay una carretera, y precisamente bajo esa
-carretera debía pasar la cañería que conduciría el agua a la población.
-Comenzaron los trabajos, pero como había que remover el terreno de
-la carretera, la Autoridad manifestó al vecino generoso que tenía
-que pedir el permiso necesario para continuar la obra. Se dirigió al
-Ministro y en el Ministerio se tardaron largos días para, por último,
-ponerle «pase a la Junta consultiva»: la tal Junta consultiva envió
-a su vez, después de un tiempo enorme gastado, el expediente a otra
-Comisión, creo que de ingenieros oficiales. Allí la cosa tardó no sé
-cuántos meses, para pasar después a la Junta y al Ministerio, y ¡no sé
-a dónde más! Resumen: mientras los papeles iban de Herodes a Pilatos,
-los materiales de la cañería se arruinaron; el pueblo no tuvo agua, el
-vecino gastó su dinero y su paciencia; ¡pero triunfó el papel sellado!
-
-Toqué el punto de la intelectualidad, del trabajo mental, de la
-producción literaria. No se manifestó Picón muy optimista. Desde
-luego, al hablar de la crítica expresó más o menos--con gran placer
-de mi parte--, ideas, opiniones y observaciones iguales o semejantes
-a las que os he comunicado ya. Pero, llamáronme bastante la atención
-revelaciones como ésta: que aquí no puede haber crítica imparcial, o
-con simples preocupaciones de arte, por razones de pura consideración
-personal y a veces hasta de caridad... Un autor publica un libro,
-cuando no es un escritor rico, para tener que echar algo al flaco
-puchero de su casa. Ese autor tiene familia, mujer, hijos; conoce a
-todo el mundo y todo el mundo le conoce, pues en el de las letras se
-vive en Madrid como en familia, y el crítico que «pega un palo», como
-dicen aquí, al libro de aquel autor, sabe que contribuirá al hambre de
-muchos inocentes. (Desde luego, yo tenía deseos de observarle a este
-propósito que en la campaña argentina se necesitan brazos y se hacen
-fortunas.)
-
-Lo propio que con los autores acontece con los cómicos. Una infeliz
-tiple que sostiene con sus sacrificios artísticos a su familia, tiene
-de su parte el buen corazón de la crítica, que no querrá evitarla los
-garbanzos. Luego, críticos y autores se ven a cada paso y son más
-o menos amigos. «Si _Clarín_ residiera en la Corte y no en Oviedo,
-le aseguro que no escribiría con la independencia relativa con que
-escribe.»
-
-Y esto traía a mi recuerdo el aspecto de la mayor parte de los
-«luchadores por la vida» o _struggleforlifers_ de la pluma que circulan
-por Madrid en situaciones lamentables. La perpetua preocupación del
-«sablista» en los artículos satíricos y caricaturas, las levitas
-melancólicas, los sombreros imposibles, la indumentaria toda
-amargamente reveladora en el gremio. ¡Ah! los felices que logran seis
-duros en un periódico por un artículo. ¡Ah! los que hablan de cosas
-fabulosas, entre envidiosos y asombrados: «¿Sabe usted cuánto le pagan
-a Valera por artículo? ¡treinta duros!» «¿Sabe usted cuánto gana Cávia
-al mes? ¡Una barbaridad!» ¿Y el joven que mira la suerte del autor de
-teatro que logra triunfar, lo cual constituye ciertamente una verdadera
-ganga, y se lanza a buscar su Eldorado de las tablas con una pieza que
-no le han de representar nunca? ¿Y el soñador infeliz que tiene que
-contentarse--¡y gracias!--con dejarse de literaturas y reportear largo
-y tendido por doce o quince duros mensuales?
-
-Tal pensaba al despedirme del nuevo académico, al salir de su
-encantadora casita de rico, donde se da los lujos que le vienen en
-antojo y compra estampas raras y ediciones _princeps_.
-
-Su obra es ya considerable, desde sus _Apuntes para la historia de la
-caricatura_, hasta su valioso volumen sobre Velázquez recién publicado,
-en la crítica de arte, y desde _Lázaro_ hasta sus _Novelitas_. Pero
-para mí, y para todo el que tenga el gusto de lo humano y de lo
-pulcro, aparece como el más preciado fruto de su árbol literario esa
-_Dulce y sabrosa_, manzana de Garcilaso, novela de maestro, figuración
-llena de vida y hechizo. Libro es ese en que se nos presenta el deseo
-incontenido de lo lejano, de lo que no poseemos, de lo difícil, antes
-que el deseo de lo imposible, tan íntimo en los artistas. _Dulce
-y sabrosa_ es la mujer amada, lograda y dejada; pero que luego en
-poder ajeno despierta una nueva ansia de posesión y arrastra hasta la
-locura por conseguirla. Todos hemos tenido nuestra Cristeta; todos
-en lo hondo de nuestro pecho somos un poco Todellas. Y esa fabulación
-sencilla y vestida de una realidad que admite una confrontación
-inmediata, deja al gustarlo una grata sensación de descanso. Jamás un
-final semejante ha establecido más bellamente la libertad del amor como
-cuando acaba «esta entre verídica e imaginada historia, con el raro
-ejemplo de una mujer que todo lo pospone al deseo de ser amada». En
-lo que respecta al estilo, Picón es castizo hasta la medula, pero con
-una cultura moderna como la suya, junta a los donaires y elegancias
-de sus viejos autores la manera de describir, por ejemplo, y de
-sentir ciertas cosas, que poseen los maestros contemporáneos de las
-literaturas extranjeras. Lo que constituye una característica suya,
-su especialidad, es el modo cómo penetra el arte y cómo agrega, con
-elementos plásticos, a la arquitectura de su obra, singulares bizarrías
-y gracias. Tanto más que, por haber leído seguramente mucho a los
-místicos españoles, hay en el alma de su discurso, casi a cada paso,
-un ímpetu espiritual, un deseo de vuelo, un querer y un aspirar a la
-altura, que en pocos escritores contemporáneos se pueden hallar en
-España. No es un incrédulo este liberal. Cree, ¡al contrario!, en la
-eterna Divinidad, esto es, en la eterna justicia, en la eterna bondad
-y en la eterna belleza. Por eso se deleita en la construcción de sus
-ensueños de regeneración social, quiere a los infelices de abajo, y
-canta los besos y celebra las «batallas de amor en campo de pluma» con
-las mujeres hermosas.
-
-[Ilustración]
-
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-
-[Ilustración]
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-
-FRAY CRESCENTE ERRAZURIS
-
-
-Esta cabeza religiosa está llena de cordura, de ciencia, de erudición y
-de sutileza. Es una de las más fuertes de Chile. Si estáis ante él, sus
-miradas agudas penetrarán hasta lo mas hondo de vuestras intenciones.
-Si os enseña, tendréis que aprender mucho en saberes humanos y divinos.
-Si queréis ser su contrincante, tendréis que prepararos a la derrota.
-No solamente se ha ejercitado en disciplinas teológicas y de religión,
-conforme con su vocación y estado, sino que se ha nutrido de letras
-profanas, de acuerdo con San Buenaventura o San Gregorio Nacianceno,
-San Juan Damasceno u Orígenes. Podría, como Sedulio, ser llamado _vir
-scholasticissimus_.
-
-Cuenta ya largos años de vida, y ha dado a su patria vigorosos
-productos de su entendimiento, y habiéndola servido en el siglo,
-continúa en el claustro dándole lustre y sana gloria.
-
-Se dedicó a los estudios históricos, y ello me hace recordar el párrafo
-en que Cicerón habla de que: «uno de los principales deberes de los
-Pontífices máximos de la antigua Roma, era el escribir lo que se
-llamaba «grandes anales», y ponerlos de manifiesto en su casa, para que
-todo el mundo tuviese la libertad de tomar lo que quisiera de aquel
-tesoro de la república».
-
-La Memoria sobre _Seis años de la historia de Chile_, dió al P.
-Errazuris fama de concienzudo narrador y escritor gallardo. El Sr.
-Huneeus Gana dice de esta obra, en su libro sobre la producción
-intelectual de Chile, que es «por su extensión, y también por su
-prolijidad, uno de los libros de mayor erudición histórica que
-conocemos, sobre sucesos parciales y épocas determinadas. Abraza la
-narración fidedigna y comprobada, escrupulosa y completa, de los días
-mas aciagos y sangrientos de toda la Era colonial (23 de diciembre de
-1598 a 9 de abril de 1605), es decir, desde la muerte del lamentado
-gobernador D. Martín García Oñez de Loyola, hasta la segunda llegada
-del gobernador D. Alonso García Ramón». Y agrega con justificado
-entusiasmo el Sr. Huneeus: «Esta narración, que atraviesa el campo
-áspero y luctuoso de una de las epopeyas más sangrientas y heroicas
-de la Humanidad, que refiere minuciosamente las jornadas homéricas y
-casi increíbles de Curalaba y Cadeguala, y que narra con serenidad la
-espantable destrucción de Villarrica, y las sublimes heroicidades que
-allí desplegaron vencidos y vencedores; este libro, que resume, en
-fin, el período álgido y crítico de la guerra inmortal entre españoles
-y araucanos, y que parece más la obra de un valiente soldado escritor
-que la de un fraile literato, debe considerarse, en justicia, como la
-obra histórica de más empuje y de más vigorosa unidad que se ha escrito
-sobre período alguno de nuestra vida colonial». Tales palabras se
-justifican con el conocimiento de la labor fuerte, elegante y minuciosa
-de ese estudioso admirable, a quien la soledad y el retiro dará mayor
-concentración para sus actividades mentales. Ya sus _Orígenes de la
-iglesia Chilena_, que le dan el puesto de un Baronio hispanoamericano,
-afianzaron su autoridad y su prestigio. Fr. Crescente será más tarde
-un clásico, por su estilo lleno de pulcritud y elegancia, y porque
-todo en su obra es ordenado. El ha seguido bien la palabra de San
-Agustín: _Illud a me accipiatis volo. Si quis temere de sine ordine
-disciplinarum inrerum cognitionem audet irruere, pro studioso illum
-curiosum pro docto credulum, pro cauto incredulum fieri._
-
-En la Historia del pensamiento en Chile siempre surge alguna figura
-sacerdotal. Desde el ocurrente P. López, el P. Escudero, Fr. Manuel
-Oteira, cada cual con sus méritos y sus defectos de época y de
-temperamento, el historiador P. Ovalle, el jesuíta P. Diego de Rosales,
-Fr. Juan de Jesús María, el P. Suárez de Vidaurre, y los jesuítas
-Pastor, Olivares, Bel, Ceballos, Ferrufino, Caldera, Rivadeneira,
-Sobriño, el P. Miguel de Olivares, S. J. historiador, el famoso abate
-Molina, que escribió en italiano, el obispo Lizarraga, los frailes Oré,
-también obispos, como Fr. R. Jacinto Jorquera y Fr. G. de Villarroel,
-el P. P. de Torres, Fr. Alonso Briceño, y otros cuantos notables, como
-el P. Lacunza, Fr. Antonio Aguilar, el P. Parra y Fr. J. Ramírez,
-citados por Huneeus, hasta el gran Fr. Camilo Henriquez, Fr. Melchor
-Martínez, hasta los Eizaguirre, Valdivieso, Salas, Orrego, Casanova,
-Fernández Concha, Donoso, Jara el crisóstomo, Taforó y otros más, la
-Iglesia chilena ha tenido activa y aquilatada representación en la
-intelectualidad del país. Y entre todos resalta con aspecto singular y
-señalado Fr. Crescente Errazuris, con sus ancestrales cualidades vascas
-y sus particularidades del carácter nacional, que hacen de él «un
-hombre», incrustado en un ministro del catolicismo.
-
-Y Chile, su patria le respeta y le admira.
-
-[Ilustración]
-
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-[Ilustración]
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-
-EUGENIO GARZON
-
-
-Caballeros, he aquí un caballero. Caballero probado en los combates de
-su tierra uruguaya, caballero de la pluma, caballero de los salones; y
-con todo eso: _quel charmant Garzón!_
-
-Su padre fué un bravo, aquel general Garzón de las guerras patrióticas,
-que en la historia del Uruguay es figura épica, y que ha pintado
-tan bellamente la palabra del crisóstomo Zorrilla de San Martín.
-El Sr. D. Eugenio Garzón nació para hermosas empresas, que ha
-llevado a término con su carácter reflexivo y firme, y su talento
-de diplomático prodigioso. Este último adjetivo no es mío, es de
-ese famoso director de diario--¡saludad!--que se llama M. Gaston
-Calmette... «Notre collaborateur mérite tous nos remerciements et tous
-vos applaudissements. Son oeuvre patriotique est splendide, presque
-feerique: il a rapproche deux continents! Il a uni les republiques
-sud-americaines à la republique française, avec une même capitale:
-Paris. Dont vous avez fait votre ville d'adoption, en même temps que
-vous faisiez du _Figaro_ votre journal de predilection... Je vous
-dedande de feter ce diplomate prodigieux...»
-
-Diplomático prodigioso. Él ha contado su aventura figaresca en frases
-de sabroso humor, en que vemos cómo su paciencia tesonera logra el
-triunfo. ¡Y qué triunfo! El ilustre ministro de la República Argentina,
-Sr. Rodríguez Larreta, ha dicho de la obra de Eugenio Garzón en el
-_Figaro_, por cierto en un francés amable que intentaré traducir...
-«es una obra de arte y una obra maestra de tacto, de noble sagacidad y
-de previsión. No os extrañéis si ella produce en ciertos espíritus la
-ilusión engañadora de la facilidad, como tantas otras obras maestras».
-
-Una vez lograda la toma de la fortaleza de Villemessant, de Magnard, de
-Calmatte, he allí a quien yo llamara en otra ocasión el gaucho-dandy,
-en la prosecución de su proficua labor. Y ella es en su apariencia,
-sencilla, y en sus resultados, formidable. Son unos pequeños
-telegramas, llenos de cifras; unos pequeños telegramas que dicen al
-mundo de los negocios y de las grandes empresas económicas, el estado
-de progreso, de vitalidad, de las repúblicas hispanoamericanas,
-especialmente de aquellas que han logrado grandeza y prestigio por
-el desarrollo de su trabajo y de su riqueza. Y esos telegramitas se
-ven en los mercados de Europa con un admirable termómetro financiero.
-De cuando en cuando, un personaje de nuestros países llega a París,
-y Eugenio Garzón conversa con él, y expone en el _Figaro_ miras y
-proyectos patrióticos. Y hay en el expositor una serena ecuanimidad,
-prudencia, mesura, tacto, claridad y habilidad. Luego Eugenio
-Garzón es un solicitado elemento en la vida social de las colonias
-hispanoamericanas. Sabidos son su don de gentes, su dandismo discreto,
-sus facultades singulares de _causeur_ y la multiplicidad de sus
-vinculaciones amistosas, pues quien le trata una vez queda sujeto al
-_charme_ de ese gentil filósofo de «monocle» que nos favorece con el
-bienhechor contagio de su optimismo.
-
-¿Y el escritor? Probado ha sido en el Río de la Plata en los
-entreveros de la polémica política, en las bregas del diarismo. Mas
-siempre ha cultivado con esmero su jardín literario, y un libro
-ruidoso, sobre el archiduque enigmático Jean Orth, le dió no hace
-mucho tiempo renombre europeo, o, mejor dicho, universal. Tiene por
-publicar _La entraña del boulevard_, libro parisiense escrito por un
-psicólogo y un estilista que no ha perdido la savia criolla, a pesar
-de sus asimilaciones de París. _Mundial_ publica un capítulo de esa
-obra, y allí se podrán apreciar las condiciones de nervio y brillo
-que caracterizan las prosas producidas por esa «cabeza». Su figura
-es de aquellas que llaman la atención al presentarse, y nada podría
-yo decir mejor de lo que contiene este párrafo del Sr. Larreta: «Su
-persona evoca para mí todo lo que en la vieja España servía para
-distinguir desde lejos la sangre noble y el honor. Creo ver a veces en
-sus espaldas el negro manto de velludo, con la cruz de Santiago o de
-Calatrava bordada sobre el lado izquierdo en seda roja. Cuando anda,
-pienso en el rumor de las espuelas de oro de los antiguos caballeros de
-Castilla; y si lleva ahora «monocle» es, sin duda, porque ese trozo de
-cristal hace levantar la cabeza con el mismo gesto altivo e imponente
-que suscitaba en el rostro la pluma caprichosa que rodeaba el sombrero
-y caía hacia atrás». Ello vale por la figura de un soneto de Heredia; y
-Eugenio Garzón es merecedor de tal homenaje.
-
-Célibe--¡Garzón para su _garçonniere_!--es admirador de las damas
-hermosas, gusta de las obras de arte, de las grandes empresas, de los
-altos ideales, de la elegancia, de la cordura, de la distinción. Es
-sobrio y abstemio. Y realiza este prodigio: tener sus mejores amigos
-entre políticos, banqueros y poetas.
-
-[Ilustración]
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-[Ilustración: POLÍTICOS]
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-
-[Ilustración]
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-
-S. M. EL REY DON ALFONSO XIII
-
-
-Al entrar en el salón de recepciones--se lo explicará el lector
-fácilmente--el poeta prevaleció sobre el ministro. Aquella pompa,
-aquella ceremonia, aquel joven descendiente de los más gloriosos reyes,
-fueron, por unos instantes, la Historia. Como es costumbre en la corte
-de España--costumbre que, a pesar de todo, han infringido algunos
-talentosos y verbosos hispanoamericanos--, no pronuncian discurso
-ante el Rey sino los embajadores. Yo dije dos palabras para entregar
-mis credenciales, y luego, pronto estuvo Don Alfonso en conversación
-conmigo. ¿Podría juzgarlo por esa vez? Desde luego que no. Todos
-sabemos las preparaciones del Protocolo. Pero, en otras ocasiones, sea
-que hablase conmigo, sea que se dirigiese a otros diplomáticos al
-lado mío, pude darme cuenta de la seguridad y cordura con que trata
-cualquier asunto que inicia. El retrato que en pocas palabras ha
-hecho de él un observador como el famoso M. Paoli, es de una absoluta
-exactitud: «Sa haute et fine silhouette s'accusait avec une élégante
-aisance dans un complet gris clair; un large sourire éclairait son
-visage fortement hâle, son visage imberbe d'adolescent qu'ornaid un
-grand nez à la barbe courbe bourbonienne, cumpé en bec d'aigle entre
-deux yeux très noirs, pleins de flamme et de malice». Y luego la
-impresión oficial: «Quelle ne fut pas ma surprise, ensuite, lorsque,
-à Orléans, où l'on avait fixé la première étape officielle, je le vis
-apparaître, cette fois, en gran uniforme de capitaine général, la
-physionomie empreinte d'une singulière noblesse, la démarche altière,
-imposant à toux le respect, par l'impressionnante dignité qui se
-dégageait de sa personne, ayant le mot juste pour chacun, souceux des
-moindres nuances de l'étiquette, évoluant, causant, souriant au milieu
-des uniformes chamarrés, avec une aisance souveraine, montrant du
-premier coup qu'il connaissait mieux que quiconque son métier de roi».
-Su oficio de rey. Arduo oficio en los días actuales. Porque la mayoría
-de las gentes no ven sino la parte dorada y legendaria de esas vidas
-principales. No saben los cuidados y las inquietudes de hombres que hay
-en esos personajes simbólicos que encarnan a los pueblos. Por eso es
-absurda, sobre todo, la ciega preocupación anarquista.
-
-Generalmente se quiere ver en el Rey de España un rey _sportmant_ por
-su conocida afición a los ejercicios físicos. Ya he dicho en otra
-ocasión a ese respecto lo siguiente:
-
-La educación del Rey fué como correspondía. Se procuró, sin fatigar su
-espíritu, darle una cultura apropiada, y teniendo muy en cuenta la poca
-fortaleza de sus primeros años, se tendió a su mejoramiento progresivo
-físico, al cultivo prudente y eficaz del _corpore sano_. De ahí que
-desde niño se haya aficionado a toda clase de deportes, sin menoscabo
-de sus condiciones intelectuales y sin descuido de una instrucción
-tan metódica como variada. Los principales principios científicos
-y literarios, la historia y las disciplinas militares le fueron
-inculcados. Inútil decir que la religión tuvo la mejor parte, en quien
-debía ostentar el hispánico y consagrado título de S. M. Católica, y en
-quien tuvo por padrino al Pontífice León XIII. Una vez en el caso de
-tomar esposa, eligió a la bella princesa protestante que, convertida
-al Catolicismo, trajo sus prestigios y encantos al Palacio de Madrid.
-Entre la reina Cristina, maternalmente amorosa, austera y tradicional,
-y la reina Victoria, primaveral, reina de cuento azul, se alza la
-figura del rey joven, mirando hacia el porvenir en los comienzos del
-siglo XX. Es un rey caballero. Es un rey _gentleman_. No es un rey
-fanático, ni un rey del pasado. Es de su instante histórico, sin perder
-natural y felizmente el antiguo e invariable concepto de la jerarquía,
-base de todo Gobierno monárquico. Ama el aire libre, la agilidad, el
-vigor. Dichosamente libre de la oratoria, en otros soberanos tan puesta
-de manifiesto, sabe hablar cuando la ocasión llega, y sabe conversar.
-Posee algo que atrae a las muchedumbres: la simpatía, y algo que seduce
-al mundo: el valor. Es uno más de la serie de los ilustres Alfonsos de
-España.
-
-Para el soberano de España no haré nunca mejor que repetir la
-enumeración de un mi pasado capítulo de mi _España contemporánea_,
-sobre los ilustres Alfonsos españoles:
-
-«El I, férrea flor de Covadonga, todavía con la pura savia goda,
-fuerte como un roble de sus bosques, lancero formidable de Cristo,
-terror de la morería, y en el corazón primitivo un diamante de nobleza;
-el II, casi iluminado, favorecido con manifestaciones extranaturales,
-hombre de lecturas y meditaciones, Alfonso _el Casto_; el III, _el
-Magno_, bizarro y aguerrido desde lo fresco de la juventud, terror
-del mogrebita, varón de tanta fe como valor; el IV, quien como más
-tarde el César Carlos V buscaría en un monasterio la tranquilidad
-espiritual; el V, el de los buenos fueros, legislador y espíritu de
-Consejo, también luchador feliz con los infieles y sostenedor de la
-fe; el VI, que aparece soberanamente a su lado la figura del mío Cid
-el rey de la conquista de Toledo, y que tuvo la previsión de ver hacia
-abajo y favorecer al pueblo con leyes bondadosas y fueros justos; el
-VII, Alfonso _el Emperador_; el VIII, que perpetuó el nombre suyo en
-las Navas de Tolosa; siendo después, al propio tiempo que caballero de
-combate, amante de la Sabiduría el IX; el X, formidable figura, cerebro
-y brazo, el rey de las Partidas, alquimista y poeta, astrónomo y
-filósofo, cuya palabra aun se escucha y se escuchará en los siglos, ya
-comience: «Ficieron los omes...», o inicie los balbuceos encantadores
-de sus toscas estrofas; el XI, que juntó la habilidad política al
-vigor militar, monarca de largas vistas y uno de los más amantes de
-sus súbditos; «y a quien verá muy cerca--agregaba--animado por la
-palabra maternal, por el inmediato eco de su vida; será su padre. Será
-para él el rey modelo y honrará la memoria de _el Pacificador_. A él
-le ha tocado un tiempo de decadencia de todo ideal, de despertamiento
-de odios, de exacerbamiento de pasiones y violencias sociales, de
-locuras colectivas que se traducen en furiosos ímpetus aislados;
-de ansia de goces, agonía de esperanzas y luchas terribles por la
-consecución del dinero. El Dinero, el Dios de la época. El bíblico
-Becerro del Sinaí, multiplicado en los toros auricoronados que se
-apacientan en el Far West y en las Pampas, y que se propagan por toda
-la redondez de la Tierra entre una creciente desbandada de águilas y
-cisnes». Acontecimientos posteriores han puesto a la vista del mundo,
-en muy hermosa luz, la figura de ese excelente príncipe, que ha podido
-dignamente encarnar la España moderna, conservando las dos virtudes
-tradicionales de su país: inteligencia y valor. Recordé al comenzar
-este artículo a M. Paoli, el veterano conductor de reyes. Concluiré
-con una frase suya referente a Don Alfonso XIII; _C'est un charmeur_.
-¿Y cómo podría ser de otro modo puesto que es hijo de aquel rey querido
-del pueblo que se llamó Don Alfonso XII y de Doña María Cristina, que
-junta a la amabilidad personal más exquisita, la dignidad de las más
-rígidas aristocracias?
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
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-
-
-EL GENERAL D. RAFAEL REYES
-
-
-La política suele velar con nubes engañosas las proporciones de las
-altas figuras. No sean esos vapores transitorios un obstáculo para el
-buscador y ensalzador de las bellas verdades.
-
-He conocido a un ex presidente de Colombia, que ha demostrado, antes
-de ocupar el más elevado puesto de su patria, como en la tradicional
-tierra de los talentos literarios la acción es también demostrativa de
-la fuerza vital de tan glorioso país. Reino de sueños, pero asimismo,
-con sus héroes y trabajadores, república de energías. Hubiera habido
-paz desde luengos años, y ya vería allí el mundo otro emporio de labor
-y riqueza hispanoamericano.
-
-Al tratar al general D. Rafael Reyes uno encuentra, desde luego,
-esa cultura colombiana, distintiva y propia, que hiciera antaño de
-Bogotá la primada de las letras de América, algo como el _Alma mater_
-continental. Se sabe que se habla con un militar, con un explorador,
-con un varón de hechos, y sin embargo, surge el hombre diserto, el
-conversador sagaz, el estudioso y el cultivado; y si se han leído las
-narraciones de ese bravo _pioneer_, que supo de bregas y de penas en
-el corazón de ásperas selvas, hay que saludar a un descendiente de
-aquellos conquistadores, hierro y fe, que asombran a la Historia.
-Hablando de tales hazañas del general Reyes, ha escrito estas palabras
-Santiago Pérez Triana: «...recorrió en su juventud aquellas inmensas
-selvas (las marañas amazónicas) realizando en ellas, en compañía de sus
-hermanos D. Néstor y D. Enrique, labores de explorador dignas de los
-más heroicos esfuerzos en ese fecundo campo de la actividad humana,
-de cuantos registra la historia americana desde las atrevidas y cuasi
-temerarias empresas de los conquistadores hasta nuestros días. Cuando
-se escriba la historia, cualesquiera que sean los veredictos que ella
-pronuncie sobre los hechos de su vida, respecto de los de cualquier
-hombre, que en lo general poco pueden vaticinar los contemporáneos,
-seguramente habrá una hermosa página en que se consignen los esfuerzos
-hechos para llevar la civilización a aquellas regiones de la patria
-colombiana, tan remotas de los centros habitados por el general Reyes
-y por sus dos hermanos, esfuerzos consagrados, como si fuera por el
-martirio, ya que dos de los exploradores pagaron con su propia vida su
-atrevida incursión en la selva primitiva».
-
-Pues la obra de este colombiano eminente es de aquellas que en
-países europeos se vinculan a la propia grandeza de la Patria, y la
-que ha hecho el renombre y el reconocimiento debido a los Brazza, a
-los Shakleton, a los Marchand. Las Sociedades geográficas del mundo
-han sabido apreciar la labor del general Reyes, y el nombre de este
-prestigioso americano ha sido honrado con el elogio de los sabios
-europeos.
-
-Cuando, lejos de los combates de partido y las malezas políticas--más
-llenas de azares y peligros que las de las florestas vírgenes--el
-general Reyes ha venido al viejo continente, ha sido recibido en todas
-partes con la imparcial justicia que es debida a sus merecimientos.
-Y ha sido sobre todo en la Madre patria, en la tierra de las
-hidalguías y de los nobles heroísmos, donde se le han hecho mayores
-manifestaciones de cordialidad y de aprecio, como si se viese en
-él, a quien, como he dicho antes, es un vástago de los audaces y
-luchadores caballeros que hicieron en América poemas de vida y de
-acción, cantos de gesta realizados. Nada tiene que ver el consenso
-universal de intereses, de pasión, de disensiones de hermanos, en las
-interioridades de un país, de un Gobierno o de un partido, cuando
-la personalidad tiene sobre las circunstancias del momento altura y
-brillo individuales, que aislan el mérito, poniéndole bien lejos de las
-lluvias de dardos que casi siempre caen sobre la cabeza de los hombres
-públicos, en nuestras arduas y crespas democracias.
-
-La justicia se hace definitiva, con la sanción inapelable del tiempo,
-y la Patria no ve sino los hechos meritorios que señalan en el
-recuento a los hijos preclaros y beneméritos. Colombia, entre todos
-nuestros países americanos, si ha sido caldeada por tantas hogueras de
-guerra y agitada por tantos contrarios huracanes de odios fraternos,
-de violencias luctuosas, ha sabido siempre tener el orgullo de sus
-_élites_, de la progenie que ilustra sus historias y fastos. Y
-tened por cierto, que en el futuro, cuando se hable de las energías
-memorables que se han dirigido en pro del verdadero progreso y del
-engrandecimiento de la patria colombiana, el nombre del general D.
-Rafael Reyes quedará ante los ojos de las generaciones futuras, en su
-definido, indestructible prestigio.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-CANOVAS DEL CASTILLO
-
-Medalla ocasional.
-
-
-Preciso es no haber conocido a Cánovas del Castillo para asombrarse del
-incidente de corte que hoy preocupa a Madrid.
-
-Cánovas es la energía, muy mucho, y un poco la violencia.
-
-Populares son por la caricatura sus ojos, sus espejuelos, sus bigotes y
-su imperante gesto.
-
-Cuando Cánovas ocupa la presidencia del Consejo de Ministros, el gran
-Palacio Real, rico y legendario, adquiere su verdadera alma; mientras
-la honrada y buena reina extranjera recuerda, el pequeño rey juega, y
-la infanta Isabel, distinguida _sportsman_, monta a caballo, inicia
-fiestas o caza.
-
-Cánovas es de la raza de aquellos fuertes ministros antiguos que eran
-verdaderos tutores de los reyes. Y ese andaluz de Andalucía, ese
-andaluz «andalucísimo», tiene un orgullo del peso de su talento.
-
-Si no es cierta, es bien inventada la frase que se asegura dijo al
-rey Alfonso XII, en ocasión en que este monarca, a quien él había
-colocado en el Trono, le manifestó deseos de agraciarle con el título
-de príncipe que ostentara antaño el memorable Godoy: «No se preocupe
-Vuestra Majestad de eso. ¡Príncipes los hago yo!»
-
- * * * * *
-
-No es el tiempo ya en que la pobre francesa Isabel pasaba por las
-torturas de la más apretada e inflexible de las cortes, pero si
-hay algún país del mundo en donde la etiqueta sea conservadora y
-estricta, es en el país de Felipe II. Y Cánovas, gran cortesano y
-gran conservador, tiene el don que hace la fuerza de los hombres: el
-carácter.
-
-En vida de Alfonso XII, Cánovas, en sus tiempos de gobierno, fué
-siempre el absoluto imperante.
-
-Asimismo profesaba al joven rey un afecto profundo y una lealtad
-inquebrantable. A la muerte de Doña María de las Mercedes, y cuando
-la reina Doña María Cristina llegó a ocupar su puesto en el trono
-de España como nueva esposa de Alfonso, Cánovas fué grande amigo de
-la Reina desde el primer momento. Y el anecdotario de esa época es
-copioso. Y no es la nota menos saliente el excelente humor del hijo de
-Isabel II, que gustaba de la broma, alegre y atrayente Borbón.
-
-Cuéntanse en la corte muchas de esas anécdotas que no sabemos si
-quedarán más tarde confirmadas por algún Saint-Simon de la época.
-
-Entre ellas, esta: Cuando la reina Doña María Cristina llegó a Madrid,
-y fué esposa de Alfonso XII, no hablaba casi español, y lo comprendía
-muy poco. Su real consorte era su profesor.
-
-Un día le dice ella: «Deseo saludar a Cánovas con una frase española
-que le agrade, cuando venga mañana».
-
---«Bien--dice Don Alfonso--dile sencillamente: ¡Qué chispero estás,
-Cánovas!»
-
-Al día siguiente, el primer ministro llega y se dirige a besar la mano
-de la Reina.
-
-Y ella, arrastrando las erres germánicamente:
-
---«¡Qué chispeggo estás, Cánovas!»
-
-No se dice lo que contestó el andaluz, pero sí que Alfonso tuvo para
-muchos días de buen humor.
-
- * * * * *
-
-Cánovas vive en su mansión de La Huerta, como un potentado. Muchas
-veces se ha hablado de esa rica morada en donde vive el primer
-estadista del mundo actual, según opinan algunos.
-
-Su _serre_ es famosa, la biblioteca mucho más: todo el recinto es
-un encanto, y la emperatriz de todo eso y de D. Antonio además,
-es la dama elegante y vivaz a quien los amigos de la casa llaman
-concisamente «Joaquina»--doña Joaquina de Osma, una espléndida peruana,
-exuberante de vida, hermosa y culta, que habla el español con la _erre_
-parisiense. Cierto es que en las recepciones de Cánovas lo que más se
-oye hablar es francés.
-
-En casa de Cánovas llama la atención de quien observa la profusión de
-los desnudos.
-
-Entre tanto rico mueble y obra de arte, mármol, bronce, _bibelot_, el
-desnudo se impone. En cada salón os llamará la atención ese detalle.
-
-Sobre todo, en el jardín, si os acercáis a una magnífica gruta,
-adornada de enredaderas verdes y frescas, en donde el agua cae y gotea
-armoniosamente, veréis una ninfa de tamaño natural, blanca, de mármol
-puro y línea admirable y de una gracia mastoidea y calipigia que os
-hará pensar en muchas mitologías.
-
-Entre todas esas elegancias, la dueña de casa discurre llenando con su
-amable presencia y animando con su conversación los grupos de invitados
-en las recepciones.
-
-En esas fiestas el talento del viejo Cánovas chispea.
-
-Quien estas líneas traza, hale visto y oído entre un sinnúmero de
-personajes de distintas nacionalidades, con un tacto que revelaba la
-frecuencia de la vida cortesana y diplomática, hablar a cada cual
-de lo que más de cerca le interesaba, sin olvidar nombres, detalles
-personales, títulos de libro, cuestiones, anécdotas y toda suerte de
-asuntos. Y el viejo Cánovas, con la firmeza de quien conoce su poder,
-vibraba, iba y venía, tan lleno de una brava y contagiosa juventud.
-
- * * * * *
-
-En su mesa solía reunir, en la época a que se refieren las anteriores
-palabras, a algunos americanos. Sus preferidos eran el mejicano Riva
-Palacio, el argentino Quesada, el centroamericano de Peralta, y algún
-otro.
-
-Siempre tiene extranjeros notables invitados.
-
-Su mesa es de primer orden; aunque no iguale a la luculeana mesa
-de Castelar. Allí, al amor de los mejores vinos, se oye un alegre
-brotar de ideas, de ocurrencias, de alusiones, de anécdotas en que
-el anfitrión muestra toda su Andalucía, y doña Joaquina su Lima, su
-París y su Madrid. Y uno ve al vigoroso ministro, lleno de vida, con
-sus cabellos blancos, relampagueándole los ojos, gesteando como un
-dominador.
-
-Y se explica que en el Palacio Real Su Majestad la Reina Regente se
-apresure a presentarle sus excusas después de un caso como ese de la
-salida al balcón.
-
-Doña María Cristina no ha leído las cartas de Isabel de Francia.
-
-20 mayo 1897.
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-JOSE PEDRO RAMIREZ
-
-
-Es en la vida pública como en la privada, este gran repúblico uruguayo,
-como en su credo político y en el civismo que nos muestra en la
-historia contemporánea de su nación, algo suave que se desliza por
-senderos cercanos a vergeles revestidos de paz y de amor.
-
-Obediente sólo a los deberes de su conciencia, alerta siempre a las
-naturales exigencias y necesidades de su patria, toda su existencia la
-encamina al cumplimiento del deber; y con facilidad traspasa, alta la
-frente, tranquila la mirada, todos los escollos de todas las miserias
-sociales por las que pasó, como tantos otros prohombres, como son
-concusiones, ignominias y hasta crímenes, que pudieron atajar su paso
-por la vida política.
-
-Pero esto pasó ya, y obtuvo gallardamente sus reivindicaciones. Así, en
-cierta ocasión, el presidente Batlle, que por cierto estaba de él algo
-distanciado, dijo, para hacer callar a determinados murmuradores:
-
-«A fin de que la actitud del Dr. Ramírez no se despoje de la majestad
-que le rodea, es necesario no se falte al más humilde de los habitantes
-de la República, y el que tal haga, o será castigado o derribará
-a dicho ministro, porque su política no es de mañas ni astucias,
-sino política de actitudes francas y decididas.» Cuando estalló la
-guerra civil, calamidad perniciosa que sufrieron la mayoría de las
-jóvenes repúblicas americanas, y después de varias tentativas para
-el restablecimiento de la normalidad, que, claro está, resultaron
-infecundas, se recurrió a él, como caso extremo. Enfermo como estaba,
-prometió su decidido concurso, y lo cumplió con sagacidad y fe. Salió,
-pues, a través de campos verdes, que bien podían simbolizar para él
-esperanzas; enarbolaba la bandera de paz, y a poco de comenzadas las
-negociaciones, por doquiera que pasaba, surgían los vítores y saludos;
-y los labradores abandonaban las armas y tornaban a los aperos, y
-las mujeres y los niños agitaban sonrientes sus pañuelos en señal
-de albricias. Al encontrarse con un regimiento mandado por Mesa, los
-bravos soldados, estimulados por sus jefes, levantaban sus quepis y le
-saludaban, como debe saludarse a un varón bienhechor, porque ya todos,
-militares y revolucionarios, el pueblo entero, parecía aspirar al
-consuelo de la paz.
-
-Pero anotad esto también. Más tarde ¡acaso seis años después! la
-República hierve nuevamente en otra guerra civil; y de ahí a poco, el
-Sr. Ramírez es de nuevo requerido. Noble y lealmente, lleno de bondad y
-bríos humanos, se lanza a calmar el estallido que amenaza.
-
-La labor es más costosa, su gestión más ardua; pero al fin logra vencer
-dificultades, y si hubo de luchar por conseguir el éxito, mayor es la
-gloria que, como nimbo, corona sus esfuerzos; y mayor es la ansiedad
-pública, por explotar de júbilo ante el hombre ya dos veces benemérito
-de su patria.
-
-Y es de ver en esta ocasión, como en la pasada, al pueblo de todas
-las ciudades que corre a amontonarse a su encuentro, vitoreándole,
-abrazándole, atropellando a éstos los otros que les siguen; y cómo
-desde las terrazas y azoteas, en aceras y balcones, no se ven sino
-flores que caen a su paso y llenan su coche, ni se oyen más que
-palabras gratas, llenas de sonoridades, que celebran al mensajero de la
-concordia.
-
-El Dr. Ramírez presidió en 1886 el ministerio de la Conciliación.
-Nadie como él ofreció testimonio más alto de patriotismo e integridad.
-Desde entonces, su nombre es popular, su prestigio aumentó, y su
-moralidad fué saludable. Pues, ¿quién pudo añadir al ardoroso ímpetu
-que señalan sus grandes entusiasmos iniciales, la serenidad equilibrada
-y heterogénea que se sobrepone al espíritu, al contraste en la lucha?
-
-Fué periodista, y en el periodismo pasó la parte más agitada de su
-existencia; y las páginas más intensas de la vida nacional uruguaya
-nacieron de su pluma.
-
-Por esto pláceme mucho, en ocasión en que acaba de ser glorificado por
-su patria, ofrecer al prestigioso representante del alma de su país,
-a esa figura respetable y respetada, ajena en la actualidad a las
-pasiones del momento, un homenaje, la confirmación del reconocimiento
-de tan gran patricio, cuyos títulos cívicos y méritos intelectuales
-y morales testifican su personalidad política y bienhechora en la
-República Oriental del Uruguay.
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-CASTELAR
-
-
-No hace mucho tiempo he hablado de mi entrevista con Castelar. Debía
-ser la última. Ya reposa en San Isidro, junto a los huesos de su
-hermana. Su caída ¡buen roble! conmovió al mundo. Cuando le vi, cuando
-le hablé por la postrera vez, ya estaba señalado por la Intrusa,
-pálido, enflaquecido, viejo, él que fué todo juventud y vida. Partió
-al imperio silencioso de lo no sabido, después de haber clarineado su
-verbo de poeta de las multitudes hacia los cuatro vientos del espíritu.
-Y España queda hoy sin su representativo emersoniano, sin el hombre
-noble que fué en su siglo lengua y gesto de su raza, como Italia sin
-Garibaldi, Inglaterra sin Gladstone, Alemania sin Bismarck y Francia
-sin Hugo. En su tierra ardiente y sonora fué el crisostómico parlante y
-el caballero de su ideal. Ahí queda la inmensa Mancha democrática por
-donde cabalgó en su pegaso-rocinante; ahí los molinos de viento, ahí
-las armas de su lírica grandilocuencia, que nadie moverá; ahí Dulcinea,
-sin más enamorado verdadero que el frío y analizador Pi y Margall.
-Español de España, español netísimo, con toda España en el corazón y
-en el cerebro, era la concreción del orbe cervantino; en el generoso
-combate de su ilusión no se ocultaba Don Quijote; como Sancho mismo,
-no dejaba de comparecer en su célebre buen apetito. Cuéntase que Taine
-en una ocasión, al verle en la redacción del _Journal des Débats_,
-preguntó desdeñoso: «¿Es ese el famoso canario español?» Cierto, un
-alma de pájaro de Floreal, como el ruiseñor Lamartine, pero a quien no
-faltaba la fuerza para la realización de obras enormes, así la libertad
-de los negros de las Antillas. Quedará en los siglos el recuerdo de
-esta singular figura en el décimonono la más alta de España entre las
-altas de la tierra; y aparecerá, a medida que el tiempo vuelque su
-urna, rodeado del resplandor que tan solamente ofrece a los preferidos
-suyos la divina Poesía. Fué uno de los más potentes órganos de la
-Humanidad. Por su boca habló el espíritu de su patria, y, siempre
-en obra de bien, si algunas veces no le prestó su apoyo la Verdad,
-jamás dejó de escudarle con sus alas mágicas la Belleza. Sus mismos
-errores caían vestidos de púrpura. Era el apolonida de la Democracia,
-el decorador de sus ambiguos y confusos laberintos. Hermosa llama
-latina, de esas llamas guías de pueblos que el Sol de Dios enciende en
-las naciones para que señalen los saludables rumbos, o para que a su
-rededor se junten los hombres y realicen hechos grandes. Aquella alma
-venía de Atenas, cuando fué a encarnarse un día en la fenicia Cádiz;
-venía de Atenas, después de haberse impregnado de Oriente; de este
-modo explico la pompa asiática de su discurso y el amor a las bellas
-líneas, la pasión pitagórica de los celestes números y el imperio de la
-música bajo el cual hacía galopar sus cuadrigas de ideas y sus tropas
-de palabras. En su huerto, junto a las flores andaluzas, se alzaba un
-esbelto y reverdecido plátano, rama un tiempo del que movieran las
-brisas de Academo, mientras fluía, como el agua de la fuente de mármol,
-la doctrina platónica.
-
-La obra, que fatiga en su masa, es como un inmenso museo, que hay
-que admirar por fragmentos: ya un fresco vasto, ya una estatua del
-más blanco pentélico, ya un bajo relieve, en que las frases van como
-ordenadas teorías de graciosas jóvenes o danzantes efebos. Fué un
-gran cultivador del entusiasmo. Y si ya en los postreros años de su
-existencia tuvo alguna vez que padecer tristezas y decaimientos, para
-morir, viejo gladiador, supo esculpir su última actitud en el discurso
-que cierra la diluvial serie comenzada el 1854 en el Teatro de Oriente,
-discurso en que volvió a surgir su elocuencia empachada y sonora,
-para mostrar el camino que hay que seguir, según su entender, a los
-partidarios de la República. Su elocuencia cautivó a las generaciones
-que escucharon el decir de sus labios de oro. Se recuerdan sus
-discursos como hermosas manifestaciones de la Naturaleza, inusitados
-iris o boreales auroras: «Yo le oí tal año». «Yo en tal otro». En el
-tiempo de su aparición, el principio democrático era lo más avanzado,
-lo más atrayente para los espíritus libres, la fórmula del progreso.
-Él se consagró por tal manera, y con pasión tanta, que al saber su
-muerte, los españoles demócratas no han podido menos de exclamar:
-«¡La democracia ha muerto!» A aquel inconmovible individualista no
-pudieron ganarle los mirajes aurorales del movimiento social de estos
-últimos años; y discurso suyo hay en que combatiendo al socialismo,
-maravilla su esfuerzo de soñador, al resonar delante del muro de la
-verdad la suntuosa orquestación de sus líricos argumentos. Porque,
-ante todo, fué el orador, el hombre que convence encantando, o que,
-aunque no convence, canta y encanta. Parecía que, como en lo antiguo,
-un flautista maestro acompañase sus oraciones, tal era la melodiosa
-geometría, el hilo armónico, la sucesión de ondas verbales regidas por
-un compás, en la musicalidad de los giros; y él propio se escuchaba
-como deben hacerlo las aves de más fino canto y los poetas orgullosos
-de haber visto cuanto es crespa y dorada la crin del Dios de arco de
-plata. No olvidaré una noche, en una recepción dada por doña Emilia
-Pardo Bazán, a los delegados americanos a las fiestas colombinas, el
-año de 1892. Castelar había concurrido, y como en todas partes en donde
-Castelar estaba presente, un corrillo se formó alrededor suyo, en uno
-de los salones. Nadie hablaba, fuera de Castelar, porque es sabido
-que en su presencia el primer deber era la atención. El tema de sus
-palabras se relacionaba con la oratoria, y vino él a recordar a este
-propósito a los distintos oradores que había oído en su vida. Y como
-su excepcional memoria estaba siempre lista, ilustraba sus recuerdos
-con citas y fragmentos de discursos. Así nos pintaba a Gambetta, de
-tal guisa que le veíamos encarnado delante de nosotros, y luego decía
-una parte de un discurso de Gambetta, a Víctor Hugo, y luego decía un
-trozo de discurso de Víctor Hugo, y así de varios oradores extranjeros.
-Después llegó a los españoles, y comenzando con Ríos Rosas, recorrió
-buena parte de la lista de bravos oradores con que cuenta este país
-de varones verbosos, explicando sus maneras y facultades hasta llegar
-a él mismo, y entonces se nos transfiguró momentáneamente, se nos
-presentó con sus atavíos reales. Y a pedido de un amigo circunstante,
-trajo a su memoria una parte de su célebre discurso del 12 de abril
-de 1869, pronunciado en ocasión famosa, y que hizo pensar a su propio
-contrincante el cardenal Manterola si no tendría ante sus ojos un nuevo
-Saulo. Aun veo los ojos iluminados y la mano como guiando el período:
-«Grande es el Dios de Sinaí; el trueno le precede, el rayo le acompaña,
-la luz le envuelve, la tierra tiembla, los montes se desgajan; pero
-hay un Dios más grande, más grande todavía, que no es el majestuoso
-Dios del Sinaí, sino el humilde Dios del Calvario, clavado en una
-cruz, herido, yerto, coronado de espinas, con la hiel en los labios y
-sin embargo diciendo: «Padre mío, perdónalos, perdona a mis verdugos,
-perdona a mis perseguidores, porque no saben lo que hacen». Grande
-es la religión del poder, pero es más grande la religión del amor;
-grande es la religión de la justicia implacable, pero es más grande
-la religión del perdón misericordioso: y yo, en nombre del Evangelio,
-vengo aquí a pediros que escribáis en vuestro código fundamental la
-libertad religiosa, es decir, libertad, fraternidad, igualdad entre
-todos los hombres». Se recordarán sus discursos célebres, en lo futuro,
-como hoy las históricas arengas de Demóstenes; desde el primero en
-que se presentó como aeda y paladín de su amada Democracia, hasta el
-último en que ya para morir, apóstol consecuente, dejó su disposición
-testamentaria de política, fiel a su credo republicano; señalada la
-larga carrera por las innumerables brillantes estaciones, entre las que
-más resplandecen el discurso en favor de la libertad religiosa, que
-es el de la redención de los esclavos de Cuba, y al cual se refería
-cuando oí de su boca la frase admirable: «Yo he libertado a doscientos
-mil negros con un discurso»; el del sufragio universal, de ágil y
-elástica dialéctica; el de la entrada a la Real Academia de la Lengua,
-lección colosal de un lirismo cósmico; el de París, en la Sorbona,
-cuando los estudiantes le recibieron con el aplauso clásico, como a un
-nuevo Lulio.
-
-Lejos la oratoria amartillada de los hombres del Norte, en la suya
-reventaba como una rosa de color perenne el sol Meridional; suya era la
-profusión y la riqueza latinas, y nunca se escuchó, en lo inmenso de
-los siglos, más rítmico y sonante torrente en cátedra o tribuna. Los
-franceses, tan parcos con lo extranjero, le admiraron y celebraron,
-en su francés claudicante, o en el español de bronce y plata que no
-comprendían al oirle. ¿Qué importa que dijese, como en una ocasión: _La
-France, cette «belle soeur» de l'Espagne_? Tras la sonrisa del oyente
-venía la tempestad de la ovación, pues el orador soberano triunfaba
-contra el mal políglota. Hugo le tenía en su alto valer, y sabida es
-la anécdota en que el César de los poetas le ofreció, al sentarse a
-su mesa, una silla imperial: «Os he señalado esta silla, en que se
-sienta siempre D. Pedro del Brasil.--¡Pues no me siento!»--respondió
-Castelar, fiel hasta en esto a su idealizada Aldonza Lorenzo. Nuestro
-compañero Ladevese cuenta las acogidas respetuosas y afectuosas, en
-casa de madame Adam, de Cernuschi, de la Rattazzi, las intimidades con
-políticos como Thiers y Gambetta y Julio Simón. Francia, como el mundo,
-veía en Castelar la encarnación de España; de la España caballeresca
-e idealista, hidalga y pintoresca. Oxford quiso escucharle, invitó a
-su «doctor» honorario para que fuese a dar conferencias, y él declinó
-la honra. A América pensó ir en varias ocasiones, pero, por desgracia,
-se cumplió lo que yo decía en 1892: «Castelar no irá nunca a América».
-Y en América quizás más que en parte alguna, su palabra resonaba como
-una campana de gloria. Los yanquis le avaluaban abiertamente: si la
-Libertad de Bartholdi tiene la antorcha, Castelar «tenía la palabra».
-Sus discursos niagarescos fueron más de una vez por el cable; los
-_magazines_ no le quitaban la mira y los dólares venían sin regateo. En
-nuestra América de lengua Castellana, no habrá pueblo o villorrio donde
-no haya llegado su fama. Creo, sin equivocarme, que en la República
-Argentina hay una colonia o villa que lleva su nombre. Y él amaba
-a la América nuestra, agradecido. Es el momento de manifestar cómo
-fué para ese continente gran parte de su producción, ya en tiempos
-de destierro penoso, ya en el apogeo de su existencia, tan solamente
-interrumpido su trabajo cuando se excusara con la dirección de los
-diarios de que era corresponsal, por verse obligado a suspender la
-labor «a causa de tener que ocupar la presidencia de la República
-española»; y cómo tenía en el recuerdo de su gratitud a _La Nación_,
-de Buenos Aires, y al _Monitor Republicano_, de Méjico, entre todas
-las publicaciones que fueron honradas con su colaboración. Y América
-toda fué con él siempre simpática, a pesar de aquel resentimiento
-memorable, cuando el político lírico quisiera ser político práctico y
-pronunciara la trascendente frase: «Antes que republicano soy español».
-Pues fué siempre el levita fanático, inspirado ante el fatal resplandor
-del ídolo Patria; y a la suya salvara, como se observa justamente
-después de la reciente catástrofe, en ocasión en que ejerciendo la
-presidencia de la República, estuvo en un cabello que no se rompieran
-las relaciones entre España y los Estados Unidos por la cuestión del
-_Virginius_. Jovellar estaba en Cuba y se resistía a la entrega del
-apresado barco norteamericano, después de los fusilamientos de cubanos
-y yanquis que tripulaban la nave revolucionaria, y entonces fué la
-palabra de Castelar, jefe del Estado, haciendo entender al general
-«que en España nadie comprende que, ni en pensamiento, se resistan a
-cumplir un compromiso internacional del Gobierno, y no comprende que
-quiera ser Cuba más española que España. Una guerra con los Estados
-Unidos sería hoy una demencia verdadera, y aunque fuera popularísima
-la guerra, para esto están los Gobiernos, para impedir la locura de
-los pueblos. Recuerde V. E. lo que hizo Thiers cuando los franceses
-gritaban: ¡A Berlín!; demostrarles que la guerra sería un desastre. Y
-ahí se ha capturado un buque en alta mar, se ha fusilado españoles y
-extranjeros, sin esperar a conocer el espíritu del Gobierno central,
-que preveía grandes catástrofes, y ahora se quiere cometer la última
-demencia desobedeciendo al Gobierno nacional. Todos los argumentos de
-los Estados Unidos consisten en decir que España no manda en Cuba,
-y van ahora a confirmar ese argumento. No se puede discutir un acto
-del Gobierno. Hay que obedecerle. Inflúyase en la opinión; tomándose
-las debidas precauciones, entréguese el _Virginius_ y la tripulación
-superviviente, de la manera que menos pueda herir el sentimiento
-público, pero entréguese sin dilación ni excusa. El mayor servicio que
-puede prestarse a la Patria, es obedecerla ciegamente. No mencione V.
-E. la dimisión mientras no estén cumplidas las órdenes del Gobierno.
-Cúmplalas con rigorismo militar. Y no se vuelva a hablar de Bayona:
-allí hubo reyes traidores que vendieron la Patria al extranjero; aquí
-hay patriotas que quieren salvarla de las locuras de ahí, avivadas
-por una incomprensible debilidad». Esto fué en 1873. Cuán distinto
-veinticinco años después el criterio de un Gobierno de hombres _útiles_
-que llevó al país a la derrota, al vencimiento y a la mutilación, del
-criterio de aquel «poeta» que libró a España de un peligro seguro y
-supo ser en sus obras y en sus sueños el primer patriota, el primer
-español de su tiempo, el más español de los españoles. Porque desde su
-Patmos, desde su Guernesey, desde su nube, desde su trípode, sabía ser
-certero en su vistazo aquilino. No era tan iluso cuando dió su flecha
-tantas veces en el blanco, cuando llegó bizarramente a la primera
-magistratura del Estado, y cuando ya en su vejez, al ver con desilusión
-que su república cuasi platónica no correspondía a su himno incesante,
-se retiró de la lucha, no sin antes declarar su invariable fe en el
-ideal por toda su existencia perseguido y su ningún contacto con la
-monarquía. Jamás habló a la Reina Regente. Cuando murió su hermana, a
-quien él amaba tanto, la Reina le envió su pésame. En San Sebastián un
-día se encontró frente a frente Su Genio con Su Majestad. Su Genio se
-quitó el sombrero y saludó. Hubo demócratas que murmuraron. ¿Quienes
-fueron esos hidalgos que por tan mal lado tomaban la democracia? Aquel
-caballero creía en la caballerosidad. Creía en la Patria. Creía en Dios.
-
-En el liberal, en el hombre de «la fórmula del progreso» había un
-creyente. Jesucristo aparecía a sus ojos a través de sentimentales
-_vitraux_ en que estaban representados su España portadora de la
-cruz y su infancia doméstica: la buena madre, quien a la continua es
-nombrada por él como origen de sus creencias religiosas. Cuando habla
-de asuntos de religión, su órgano se desborda en los más augustos
-_magnificat_, o en los más profundos _misereres_. Sus conferencias
-sobre la civilización en los cinco primeros siglos del Cristianismo, su
-_Redención del esclavo_, muchos de sus discursos, son la glorificación
-cristiana expresada por incesantes fervientes ondas de vocablos, de
-frases, saturados de un cálido misticismo, de un misticismo español.
-Casto como era, se pensó alguna ocasión en que, cuando cansado de
-las fatigas de la vida civil quisiera recogerse en el reposo de su
-espíritu, se ordenaría sacramentalmente. Y aun él mismo, al admirar un
-día cierta antigua casulla de la Catedral de Avila, dió a entender, con
-un decir, que no andaban muy en error los que tenían ese pensamiento.
-Un poeta de América publicó una vez un futuro sermón de Castelar en San
-Pedro de Roma, que al orador hizo amablemente sonreír. No hace mucho
-tiempo su entrevista con el Sumo Pontífice avivó la general curiosidad;
-y él propio confesó ser la conversación con el Papa de hondo interés,
-pero que no estaba autorizado para publicar nada de ella hasta después
-de la muerte de León XIII. Y él ha muerto antes, besando un crucifijo.
-El Papa blanco ha podido todavía autorizar que se hiciesen, a pesar
-de la liturgia, honras fúnebres a su interlocutor ilustre, en San
-Francisco el Grande, con todo y ser las honras el día de San Fernando.
-
-En la religiosidad de Castelar hay algo de profano como en la
-religiosidad de Murillo. Sus pinturas de las gracias divinas son
-como las pinturas de aquel pintor coloreadas de cierto sensualismo,
-que en este caso se agrava con la castidad sabida del imaginativo
-artífice de la palabra. Al pintar una virgen se nota en su verba cierta
-complacencia humana, y sus ángeles imaginados en la gloria o juzgados
-en los cuadros de los Museos, semejantes a esos ángeles voluptuosos que
-animara Goya en sus frescos de San Antonio de la Florida, nos parecen
-mujeres hechiceras, tan carnales como espirituales. La castidad de
-Castelar, bien sabida y explotada por los bufones de copla y lápiz en
-las enemistades de la política, fué uno de esos casos de absorción
-cerebral en que todas las facultades humanas se condensan en la obra
-del pensamiento; casos como el de Juan el del Apocalipsis, que Hugo
-ha rememorado en página que no perece. ¿Qué unión, qué matrimonio
-no habría podido efectuar este dueño de la fama? Célibe y casto
-vivió, célibe y casto murió. Y aquí es de recordar al paso al hombre
-privado. Supo pasar buenos años hermosamente, como debe vivir antes
-que nadie todo artista aristocrático. Se le tacharon alguna vez sus
-lujos y grandezas, sin saber que aquel hombre vivió siempre de su
-trabajo apenas ayudado por la fraternal simpatía de señalados amigos;
-y que si se regalaba con ciertos lujos, no cabía en ello vanidad
-ninguna, sino la comprensión de la estética de la existencia, la cual
-tiene obligación de procurar, quien como él poseía, como adorador
-y sacerdote de la belleza, el don incomparable del gusto. Los que
-fuimos favorecidos con la invitación a su mesa, sabemos lo que Luculo
-comía en casa de Castelar. Tenía en esto, como en otras cosas, una
-cualidad eclesiástica. Comía con el gusto de un _monsignor_ y con el
-apetito de un abad. Tenía la amable costumbre que Quincey nos revela
-de Kant; siempre había invitados a su mesa, y, siguiendo la regla de
-lord Chesterfield, el número de los que se sentaban, él comprendido,
-no era nunca inferior al de las Gracias ni superior al de las Musas. Y
-el mejor condimento era su charla monopolizadora del tiempo, a la cual
-ayudaba su memoria única con el más copioso anecdotario que sea posible
-imaginar. Después en su salón, al conversar, según fueren los asuntos,
-se dejaba llevar de su fuga tribunicia, y sus palabras se convertían en
-párrafos de verdaderos discursos; y su vibración era contagiosa, y él
-se trasladaba en un salto invisible, fuera del momento. Cuéntase que
-un día aconteciole encontrarse en molestos apuros de dinero. Era en
-invierno y la chimenea estaba encendida, como su conversación, sobre un
-asunto político, delante de varios íntimos. Llega una carta de América,
-con una letra por mil duros. Grata sorpresa que interrumpe un instante
-su hablar. Pero continúa, con carta y letra en la mano; el discurso,
-a poco, se precipita, y con una frase rotunda y un gesto supremo,
-carta y letra hechos nerviosamente una pelota, ya están ardiendo en la
-chimenea. Otra vez hizo aguardar largas horas a un personaje político,
-cuya presencia en la antesala se le anunciaba repetidas veces, porque
-le tenía asidos lengua y pensamiento una disertación sobre Botticelli
-y los primitivos. Y de la casa en que aquel obrero tenía el obrador
-mental puesto para servicio de tantos diarios y revistas del globo,
-salía mucho bien, mucho favor personal, mucho consuelo a los pequeños,
-apoyo intelectual a quien lo necesitaba, consejo o aplauso, y la ayuda
-eficaz al pobre que le pedía, pues entre los humildes como entre los
-grandes, entre las palmas y lauros sobre los cuales sobresalía su
-calva cabeza pensadora, resplandecía la virtud moral de aquel hombre
-sencillo, de aquel corazón bueno.
-
-Por eso su muerte ha causado un doloroso estremecimiento en España
-entera, paralelo al estremecimiento simpático del mundo. Había ido
-Castelar a buscar vigor a la orilla del Mediterráneo--el mar tantas
-veces cantado en sus hímnicas proas--; había ido después de su último
-esfuerzo en la arena política, cuando los republicanos le rodeaban como
-al hombre fuerte de las pasadas campañas, creyendo ver en él la salud
-de la patria hoy tan maltrecha y extenuada. Pero así estaba el tribuno,
-el que sufrió tanto con el gran desastre, y que sintiendo llegar su
-última hora, comunicó en una carta a una amiga extranjera: «Muero
-con la agonía de España». Una tarde, a la orilla del mar, ve a unos
-pescadores y se acerca a ellos. Los peces que se asfixiaban saltando
-sobre la tierra, fueron para él triste impresión: «¡Si iré a morir
-como estos peces, faltos de oxígeno!» Y así murió. Al día siguiente
-de la noticia, mientras el pueblo de Madrid comentaba ya la actitud
-de un ministro incorrecto y falto de seso, cerca de la Puerta del
-Sol tuve una sensación que jamás se borrará de mi memoria. Un ciego,
-de esos que aquí andan por las calles pidiendo limosna, improvisando
-coplas de actualidad al son de sus lamentables guitarras, cantaba en
-tono doloroso delante de un círculo de transeúntes que aumentaba a
-cada paso. Por curiosidad me detuve, al oir en el canto el nombre de
-Castelar. El pobre coplero del arroyo, en versos muy malos decía cosas
-sentidas y húmedas de llanto sincero; y aun no sé qué arte singular
-hacía coincidir su pena con el decir ingenuo, el acompañar de las
-cuerdas afónicas de aquel instrumento imposible. Cuando volví la vista,
-las mujeres lloraban; los obreros tenían las caras serias y tristes. Y
-la maligna política apareció, con el instinto popular que sabe soltar
-su avispa certera para que pique en donde se debe, con estrofas como
-ésta que recuerdo:
-
- Don Emilio Castelar,
- Que toda Europa conoce,
- Quiso Dios que se muriera
- Antes que abrieran las Cortes...
-
-En la puerta del Sol, en los cafés, en las calles todas, el rumor se
-acentuaba contra el Gobierno y en especial contra el ministro de la
-Guerra, general Polavieja. Se acababa de publicar un decreto absurdo en
-que se leía: «Resultando: que D. Emilio Castelar ha muerto en honrada
-pobreza;--Artículo 1.º, los gastos que ocasionen su enterramiento
-y honras fúnebres, serán de cuenta del Estado». Así, frío como
-un compromiso, duro como una limosna. ¡Y esto en el país de las
-prosopopeyas y fórmulas, en la tierra de «Beso a usted la mano» y donde
-para nombrar a un ministro con sus títulos, se llena un medio pliego!
-El pueblo irritado no contenía sus censuras. ¡En aquellos momentos,
-las Cámaras italianas y portuguesas enviaban su pésame a ese mismo
-Gobierno mezquino; el Senado de la República Argentina se ponía de
-pie; el autocrático Gobierno ruso manifestaba su pesar; el Instituto
-de Francia lamentaba a su ilustre miembro; la Prensa de la tierra se
-enlutaba, el pensamiento universal estaba de duelo! Después se supo que
-Castelar no tendría honores militares; que se había prohibido a los
-artilleros reunirse para tributar homenajes al organizador del Cuerpo
-de Artillería, al antiguo presidente que tanto hizo por el ejército;
-después, que se autorizaba a los generales que quisiesen concurrir,
-para que lo hiciesen con traje de diario y con banda. La Prensa cumplió
-con su deber. Se habló claro; se dijeron verdades al rojo blanco.
-Entretanto, el cadáver de Castelar llega a Madrid en doloroso triunfo;
-y se deposita en el palacio del Congreso. Allí desfiló el pueblo, en
-homenaje último al gran pastor de multitudes; por allí pasó, entre
-tantas gentes, el ciego que yo oí cantar y de cuya visita al cadáver
-habló _El Liberal_. Pues le preguntaron al verle con su guitarra bajo
-el brazo, con sus ojos sin sol: «¿Para qué vienes, si no has de verle?»
-Y él contestó: «¡Por mí le verá mi lazarillo!» ¿Y el obrero humildísimo
-que llegó con su hijita de luto, la cual llevaba un pequeño ramo de
-flores, y pidió permiso para ponerlo sobre el féretro, entre tanta
-monumental corona?
-
-Y llegó el entierro. Fluía en el ambiente de la tarde la dulzura de
-un cielo de acuarela. Madrid se desbordaba como un hirviente vaso.
-Suspendida la circulación por las calles que debía recorrer el fúnebre
-cortejo, la concurrencia se aglomeraba, los balcones se tupían. La
-calle de Alcalá, la Puerta del Sol, la calle Mayor estaban inundadas
-por el río humano. Desde temprano se esperó por largas horas. Por fin
-apareció a lo lejos el pelotón azul de la Guardia civil de a caballo.
-Se abre paso entre el espeso gentío, y comienza el desfile. Van,
-precediendo, las profusas coronas; se destaca la de _El Liberal_,
-enorme y negra, sobre un fondo de seda blanco; van los recogidos
-del hospicio y del asilo de San Bernardino; los grupos de varias
-asociaciones; los comerciantes, numerosos; la Academia de la Historia,
-el Ateneo, el Círculo de Bellas Artes; ahí distingo a Núñez de Arce,
-pálido y como nervioso; ahí va la barbilla canosa de Zapata, junto
-al músico Bretón; allí Echegaray, con su aire enfermizo y gastado.
-Ahí el todo Madrid de la celebridad: periodistas, artistas, sabios,
-académicos. Y el clero, de sobrepelliz, anunciado por la manga de
-la parroquia, embudo negro y oro. Y ahí va Castelar muerto, en su
-carroza severa. Todo el mundo se descubre, todo el mundo le da su
-último saludo. Sobre el féretro no se ve más que un aislado ramito de
-flores... ¡es el ramito de la niña del obrero! La guardia de honor
-sigue, de soldados de la Civil. De pronto se oye entre la muchedumbre:
-«¡Bravo! ¡bien!» Son los militares que vienen, a pesar de la mezquindad
-ministerial. ¡Bravo! ¡Bien! Es el penacho blanco de Martínez Campos,
-el último gran guerrero, que asiste de toda gala; es Weyler, que viene
-sin penacho, pero acorazado el pecho de condecoraciones y medallas,
-Weyler, de fama terrible, pero que hoy se conquista por un momento las
-simpatías, pequeño, acerado, ceñudo, apretada y reveladora la saliente
-mandíbula. ¡Bien! ¡Bravo! Son los penachos, son los entorchados, son
-los uniformes de otros tantos generales, de innumerables jefes y
-oficiales que honran a Castelar a pesar de todo; es la comisión del
-Cuerpo de artilleros, que lleva su ofrenda. ¡Bien! ¡Bravo! Es España
-la antigua que aplaude a las espadas que no han echado en olvido la
-hidalguía. ¡Viva España!
-
-Y pasan más comisiones y los diplomáticos, llenos de oro, entre los
-cuales resaltan el Nuncio y el embajador de China, vestido de seda,
-con su botón de cristal y su pluma de pavón. Y luego la presidencia
-del Consejo de Ministros, y la Guardia civil que cierra la procesión,
-y detrás aún más gente, y más gente. Y el murmullo general se acentúa
-contra quienes no han sabido honrar la memoria del más grande de los
-españoles de su época, a quien sus mismos enemigos tienen una palma que
-ofrecer cuando va camino de la eternidad, a quien no ha habido una sola
-lengua española que no haya consagrado una palabra de admiración, como
-al hijo que mejor supo sobre la faz del universo, honrar a su madre
-patria. Y quienes han herido a esa amada patria con rencores inauditos
-ante el cadáver de aquel que supo combatirles frente a frente en su
-vida gloriosa y nobilísima, son los mismos que han contribuído a la
-desgracia nacional por degenerados o débiles, o ciegos instrumentos de
-errores y desidias; son los que han vuelto de la derrota con pasmosa
-frescura y a quienes una voz, harto elocuente en el Congreso, condenó a
-ser ahorcados con los fajines de sus uniformes... _Militaribus curis et
-severitate morum_... ¿No era Castelar tan gran admirador de Tácito?
-
-Siendo la oratoria casi un arte teatral y basado de manera principal en
-dotes físicas que el tiempo va aminorando poco a poco, el Castelar de
-los últimos años no era sino el reflejo del de las pasadas victorias.
-Decía él mismo en un discurso no hace mucho tiempo: «Por esto los
-oradores se acaban, por la misma razón que se acaban, cuando no hay
-guerra, los héroes. Por esto nuestra imaginación se amortigua, nuestro
-entendimiento se atrofia, las en otros tiempos armoniosas cuerdas
-bucales marran, el estro lírico plega sus alas, el acento conmovedor
-concluye; pues, implacables, la sociedad y la naturaleza destrozan en
-sus inmensas y complicadas máquinas a todos aquellos seres que ya no
-les sirven para cosa ninguna, y que no han de cumplir fin alguno en
-el plan histórico de la Providencia». Pero desde los umbrales de la
-ciudad oscura podía él volverse y contemplar la obra que queda fuera
-de aquella que tenía la vida de un eco, basada de manera exclusiva en
-lo sonoro de su perorar, en lo arrebatador de sus actitudes o en la
-cascada de sus alientos; es una serie de edificios de maravillosas
-arquitecturas construídos en su república, sobre sólidos terrenos o
-sobre montones de arena movediza, o apoyados apenas en el aire en
-que flotaban los colores y las líneas de su fantasía; o paisajes,
-frescos cíclicos de las luchas de pueblos y Gobiernos, de ideas y de
-hombres en el continente europeo, en América, en Asia, en Africa; o
-cinceladas alhambras, kioscos de capricho, o preciosas _loggias_ que
-improvisaba por deleite de arte; o la novela que le resulta vasto
-poema en prosa; o la historia que le resulta himno multiplicado, o la
-semblanza de personaje o boceto de idea que le resulta oda fascinante;
-o el gran poema en estrofas de prosa, a ondas o a bloques, métrica
-ciclópea; o la villa de mármol y de riquezas antiguas que labra
-con sus recuerdos de Italia; o el monumento de mármol también, a
-Byron, y cien estatuas, y mil bustos, y un millón de camafeos, todos
-al amor de un jardín singular en donde mueve el viento armoniosos
-laureles griegos y robustas encinas romanas. Y aquel idealista, aquel
-optimista, no ha partido contemplando sobre el mundo nubes de color
-de rosa que presagien un día de dicha y de tranquilidad, antes
-bien muy negros, muy amenazadores nubarrones, mientras se reúnen y
-deliberan los congregados de la paz en La Haya. Su último artículo
-que ha publicado el _Temps_ hace ver a Francia poco favorable a un
-olvido de sus rencores con Alemania; a Alemania, más militarizada
-cada día, sin permitir el menor menoscabo en su preponderancia; a
-Inglaterra y a los Estados Unidos en un acuerdo tácito para imponer
-en el globo la hegemonía de los países de lengua inglesa. Y concluye:
-«El descontento del Gobierno italiano, producido recientemente a
-consecuencia de sus fracasos diplomáticos en la cuestión de China;
-las dificultades suscitadas entre Francia e Inglaterra por el Sudán
-y el Nilo; el aumento de la escuadra inglesa, que ha necesitado una
-suspensión de la amortización y un déficit de importancia; el cambio
-de América, que ha modificado su temperamento industrial y trabajador
-para marchar a la guerra y a la conquista; el reparto de la China,
-deseado por universales ambiciones; los progresos del ferrocarril ruso
-en la Mongolia; los conflictos del Transvaal entre la presidencia
-de Krúger y la dictadura del desequilibrado Napoleón del Cabo; las
-amenazas contra Portugal y sus colonias; los temores y los espantos,
-tan fundados como legítimos de nuestra desgraciada España; la rivalidad
-de Turquía y de Grecia, de Francia y de Prusia, de Rusia e Inglaterra;
-los motines en Austria; el movimiento interior que reclama y pide
-una Alemania más considerable y numerosa que la Alemania actual; los
-gérmenes de desacuerdo entre las primeras potencias por consecuencia de
-las extensiones territoriales de sus colonias. Todas estas cosas dicen
-que después de la Exposición de 1909 no tendremos ni una hora de paz, y
-elementos de guerra estarán diseminados y extendidos por todas partes».
-Y al finalizar bendice, a pesar de todo, el Congreso de la paz.
-
-En la única, en la eterna, en la que todo entra, en la infinita, ha
-penetrado el prodigioso príncipe de la elocuencia castellana, el
-estupendo artista de la idea escrita, el predicador de la libertad.
-El «canario» de Taine ha volado como un águila. ¿En qué roca celeste
-se detendrá, para que su alma diamantina y pura, en la libertad de
-la muerte tome un rumbo nuevo, bajo el viento de Dios? España le
-levantará un monumento de mármol y de bronce; su nombre irá resonante
-por el tiempo como un orbe de oro. Un tiempo quizá llegue en que su
-espíritu se regocije, desde la sombra de su misterio, al ver florecido
-en una inesperada primavera su ideal. Figuraos una ciudad, Walhalla o
-Jerusalén de las almas soberanas que giraron por la tierra, actualmente
-cumpliendo con su misión semidivina, ciudad de héroes, de artistas, de
-santos, de sabios y de poetas, los genios de la fuerza, los genios de
-la belleza, los genios del carácter y del corazón, los genios de la
-voluntad. En un aire de luz cruzarán las ondas de los pensamientos como
-en una electricidad suprema. La personalidad que subsiste no obstará a
-una comunidad de gloria ambiente. Pues bien, yo me imagino a nuestro
-bueno y grande Castelar en el coro magno de esos inmortales sintiendo
-en un instante del futuro como una voz que le da al oirla un nuevo
-esplendor, una inesperada voz de la tierra que llega a conmoverle a lo
-infinito. Será cuando España haya vuelto a alzar la cabeza como en días
-antiguos, poseída del orgullo de su fuerza nueva, de las palpitaciones
-de su nueva sangre. Junto a los boscajes de ensueño de esa sublime
-ciudad, Jerusalén o Walhalla, los pensadores y los soñadores siguen en
-progresiva ascensión, construyendo las fábricas de sus cálculos, los
-palacios de sus fantasías. Me imagino en esa hora del Señor, que el
-lírico tribuno sonríe al escuchar en lo eterno, del lado de la tierra,
-del lado de las columnas de Hércules, algo semejante a una salutación y
-a un trueno: un rugido.
-
-PLATÓN.--¿Qué es eso?
-
-CASTELAR.--¡Es mi león!
-
-30 mayo 1899.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
- ÍNDICE
-
-
- Páginas.
-
-
-Pensadores y artistas:
-
- Jacinto Benavente. 3
-
- José Enrique Rodó. 9
-
- Graça Aranha. 15
-
- Zorrilla de San Martín. 21
-
- Francisco García Calderón. 25
-
- Santiago Rusiñol. 29
-
- Federico Gamboa. 37
-
- Amado Nervo. 43
-
- Enrique Rodríguez Larreta. 49
-
- Leopoldo Lugones. 53
-
- Enrique Gómez Carrillo. 59
-
- Ricardo Rojas. 65
-
- Manuel Ugarte. 73
-
- Angel Zárraga. 77
-
- Alberto del Solar. 81
-
- Jacinto Octavio Picón. 87
-
- Fray Crescente Errazuris. 101
-
- Eugenio Garzón. 107
-
-
-Políticos:
-
- Su Majestad el Rey Don Alfonso XIII. 115
-
- El General D. Rafael Reyes. 123
-
- Cánovas del Castillo. 129
-
- José Pedro Ramírez. 135
-
- Castelar. 139
-
-
-
-
- EDITORIAL "MUNDO LATINO"
- APARTADO 502.--MADRID.
-
-
- CATÁLOGO PROVISIONAL
- (EXTRACTO DEL CATÁLOGO GENERAL)
-
-
- OBRAS COMPLETAS
- DE RICARDO DE LEÓN
- (De la Real Academia Española)
-
-
- Pesetas.
-
- Edición del Banco de España. Ocho volúmenes en 4.º,
- encuadernados en tela, con alegorías de Coullaut Valera
- y retrato del autor, por Vacqué 50,00
-
- A plazos (5 pesetas mensuales) 60,00
-
-
- DE FRANCISCO VILLAESPESA
-
- I.--Intimidades.--Flores de Almendro 3,00
-
- II.--Luchas.--Confidencias 3,00
-
- III.--La copa del Rey de Thule.--La musa enferma 3,00
-
- IV.--El alto de los Bohemios.--Rapsodias 3,00
-
- V.--Las horas que pasan. (Veladas de amor) 3,00
-
- VI.--Las joyas de Margarita: Breviario de amor.--La
- tela de Penélope.--El milagro del vaso de agua 3,00
-
- VII.--Doña María de Padilla.--La cena de los cardenales 3,00
-
- VIII.--El milagro de las rosas.--Resurrección.--Amigas
- viejas 3,00
-
- IX.--Las granadas de rubíes.--Las pupilas de
- Almotadid.--Las garras de la pantera.--El último
- Abderramán 3,00
-
- X.--Tristitiæ rerum 3,00
-
- XI.--La leona de Castilla.--En el desierto 3,00
-
- XII.--El rey Galaor.--El triunfo del amor 3,00
-
-
- DE RUBÉN DARÍO
- (Ilustraciones de Ochoa)
-
- Tomos publicados:
-
- I.--La caravana pasa 3,50
-
- II.--Prosas profanas 3,50
-
- III.--Tierras solares 3,50
-
- IV.--Azul 3,50
-
- V.--Parisiana 3,50
-
- VI.--Los raros 3,50
-
- VII.--Cantos de vida y esperanza 3,50
-
- VIII.--Letras 3,50
-
- IX.--Canto a la Argentina 3,50
-
- X.--Opiniones 3,50
-
- XI.--Poemas del otoño y otros poemas 3,50
-
- XII.--Peregrinaciones 3,50
-
- XIII.--Prosas políticas 3,50
-
- XIV.--Cuentos y crónicas 3,50
-
- XV.--Autobiografía 3,50
-
- XVI.--El Canto Errante 3,50
-
- XVII.--Viaje a Nicaragua o Historia de mis libros 3,50
-
- Ediciones especiales de lujo, con decoraciones a mano de
- Enrique Ochoa.
-
-
- HENRIK IBSEN
- TEATRO COMPLETO
-
- I.--Catilina. La tumba del guerrero. La castellana de
- Ostrat 3,50
-
- II.--La fiesta de Solhaug. Olaf Liliekrans. Los
- guerreros en Helgeland 3,50
-
- III.--Los pretendientes a la corona y La comedia del
- amor 3,50
-
- IV.--Brand 3,50
-
- V.--Peer Gynt 3,50
-
- VI.--La unión de la juventud. Las columnas de la
- sociedad. La casa de una muñeca 3,50
-
- VII.--Emperador y Galileo 3,50
-
- VIII.--Espectros. Un enemigo del pueblo. El pato
- Silvestre 3,50
-
- IX.--La casa de Rosmer. La dama del mar. Hedda Gabler 3,50
-
- X.--El constructor Solness. El niño Eyolf. Al
- despertar de nuestra muerte 3,50
-
-
- JOSÉ FRANCÉS
-
- El año artístico 1915 6,00
-
- -- -- tela 8,00
-
- El año artístico 1916 (con 250 grabados) 10,00
-
- -- -- -- -- tela 12,00
-
- El año artístico 1917 (con 250 grabados) 11,50
-
- -- -- -- -- tela 13,00
- En preparación el de 1918.
-
-
- COLECCIÓN DE AUTORES ESPAÑOLES
-
- NOVELAS
-
- _Edmundo González Blanco._--Jesús de Nazareht 3,00
-
- _José Francés._--La estatua de carne 3,00
-
- -- El alma viajera 3,50
-
- _López de Saá._--Los indianos vuelven 3,50
-
- -- Bruja de amor 3,50
-
- -- Por un milagro de amor 3,50
-
- _W. Fernández Flórez._--La procesión de los días 3,00
-
- _Elías Cerdá._--Don Quijote en la guerra 2,00
-
- _V. García Martí._--Don Severo Carvallo 2,50
-
- _María Luisa Latil._--Según labremos 3,00
-
- -- Genoveva 2,50
-
- _Eugenio Noel._--El allegreto de la Sinfonía VII 3,00
-
- _Rafael Cansinos Assens._--Las cuatro gracias 3,50
-
- _Francisco Delicado._--La lozana andaluza 3,00
-
- _J. de Lucas Acevedo._--La Caja de Pandora 3,00
-
- _Martín de la Cámara._--Vidas llameantes 3,00
-
- _Mañara._--Historia en camisa 3,00
-
-
- ESTUDIOS Y CRÓNICAS
-
- _Emiliano Ramírez Angel._--Bombilla-Sol-Ventas 3,00
-
- _J. M. Carretero._--Lo que sé por mí (dos series) 3,00
-
- _J. Costa._--Alemania contra España 3,00
-
- _Pedro Pellicena._--Los Cosacos 3,50
-
- _Margarita de la Torre._--Jardín de damas curiosas 3,50
-
- _Fola Igurbide._--El Actor 3,50
-
- _Alberto Ghiraldo._--Los nuevos caminos 3,50
-
- _Enciso._--El soneto en España 3,00
-
-
- POESÍAS
-
- _José Montero._--Yelmo florido (con ilustraciones) 4,00
-
- _Zurita._--Pícaros y donosos 3,00
-
- _Mauricio Bacarisse._--El esfuerzo 3,00
-
- _Eliodoro Puche._--Libro de los elogios galantes y de
- los crepúsculos de otoño 2,50
-
- -- Corazón de la noche 2,50
-
- -- Motivos líricos 2,50
-
- _Emilio Carrere._--El retablo de los poetas. (Antología) 3.50
-
-
- TEATRO
-
- _Muñoz Seca y López Núñez._--El Rayo 3,00
-
- _H. Ibsen._--Dramas líricos 2,00
-
- -- La castellana de Ostrat 2,00
-
- -- Espectros 2,00
-
-
- LAS GRANDES FIGURAS DE LA GUERRA
- EUROPEA
-
- Biografías de los generales: =Alberto I de Bélgica.=
- --=Joffre.=--=Sir Jhon French.=--=Lord Kitchener.= Con
- preciosas fototipias, a 3,00
-
-
- COLECCIÓN DE AUTORES
- EXTRANJEROS
-
- Traducidas por _Felipe Trigo_, _Rafael Cansinos_ _y
- Pedro de Répide_.
-
- _Victoriano de Saussay._--La ciencia del beso 3,50
-
- _René Emery._--Santa María Magdalena 3,50
-
- _Maquiavelo._--Obras festivas: La Mandrágora.--El P.
- Alberico.--La Celestina.--El archidiablo Belfegor 3,00
-
- _Claudia Lamaitre._--Juegos de Damas 3,50
-
-
- CELEBRIDADES ESPAÑOLAS
-
-
- I.--Bécquer (encuadernados en tela) 3,50
-
- II.--Zorrilla -- 3,50
-
- III.--Espronceda -- 3,50
-
-
- COLECCIÓN SELECTA
-
- _Tomás de Quincey._--Los últimos días de Kant 1,00
-
- _Kalidasa._--El reconocimiento de Sakuntala 1,00
-
- _Rousseau._--Discurso sobre las artes y las ciencias 1,00
-
- _Luciano de Samosata._--La diosa de Siria 1,00
-
- _L. Sterne._--Viaje sentimental de un inglés a Francia 1,00
-
- _F. Alvarado._--El filósofo rancio. (Cartas) 1,50
-
-
- COLECCIÓN CIENCIA Y ARTE
-
- _Ricardo Yesares._--¿Qué quieres aprender? Electricidad.
- Encuadernado en tela 3,50
-
- -- ¿Qué quieres ser? Automovilista.
- Encuadernado en tela 3,50
-
-
- OBRAS VARIAS
-
- _Sthendal._--Del amor 6,00
-
- _E. M. Segovia_ (Oficial del Banco de España).--Los
- documentos de crédito 5,00
-
- _Rivero._--Legislación de clases pasivas. Volumen de
- 500 páginas, encuadernado en tela 10,00
-
- _R. Yesares._--Ayuda memoria del mecánico electricista.
- Un volumen, encuadernado en tela 1,50
-
-
- LIBROS DE CARTAS
-
- El arte de escribir cartas 1,00
-
- Manual epistolar (encuadernado en tela) 2,00
-
- Cartas amorosas 0,60
-
- Epistolario de amor (encuadernado) 2,00
-
-
- COLECCIONES POPULARES
-
- COLECCIÓN «MAC-BULL»
-
- Obras sensacionales, originales del conocido escritor
- señor _Bedoya_, cuya maestría en esta literatura es
- universal:
-
- El millonario detective 1,50
-
- El secreto del Kaiser 1,50
-
- La bola de sangre 2,00
-
- El alma de las brujas 2,00
-
-
- COLECCIÓN PICARESCA
-
- Tomos de 130 páginas, de amena lectura de índole
- burlesca y galante, con bonitas portadas en bicolor.
- Van publicados:
-
- Voluptuosidad y perversión 0,50
-
- En camino de la mala vida 0,50
-
- Corazón de piedra 0,50
-
- Memorias galantes de un { Juventud 0,50
-
- abate del siglo XVIII { Mis amores en París 0,50
-
- { Amores de otoño 0,50
-
- Lágrimas de amor 0,50
-
- De flor en flor (Historia de un cínico) 0,50
-
- El maldito dinero (Historia de amor y de maldad) 0,50
-
-
- COLECCIÓN FOLLETÍN
-
- Esta colección contendrá las obras más famosas de la
- Literatura Universal, en elegantes volúmenes de 150 a
- 200 páginas, con primorosas cubiertas en color. Van
- publicados:
-
- El último Mohicano 0,50
-
- El misterio de los Apaches 0,50
-
- Amor salvaje 0,50
-
- Margarita de Borgoña 0,50
-
- Lucrecia Borgia 0,50
-
- La Dama de las Camelias 0,50
-
- Flecha de oro 0,50
-
- El Capitán rojo 0,50
-
- Werther 0,50
-
- El Espía de las rocas 0,50
-
- Manon Lescaut 0,50
-
- Un viaje a la luna 0,50
-
- Mignon 0,50
-
-
- COLECCIÓN MARAVILLAS DE LA GUERRA
-
- Narraciones sensacionales del conocido periodista señor
- _López Moya_, cuya fantasía corre parejas con su
- amenidad. Van publicados:
-
- Azañas de Vedrines 0,50
-
- Proezas de un submarino inglés 0,50
-
- Tragedia en los aires 0,50
-
- El misterio de los Zeppelines 0,50
-
- El fantasma del mar del Norte 0,50
-
- Buzo heroico 0,50
-
-
- COLECCIÓN MEFISTÓFELES
-
- Primorosos volúmenes de sugestiva lectura. Van
- publicados:
-
- La magia negra 0,50
-
- El A B C del hipnotismo 0,50
-
- Los misterios del sonambulismo 0,50
-
- Ocultismo experimental 0,50
-
- Los misterios de las piedras preciosas 0,50
-
- Las plantas en las habitaciones 0,50
-
-
- LIBROS TAURINOS
-
- _El Caballero Audaz._--El libro de los toreros: epílogo
- de José Francés. (Bomba, Joselito, Gallo, Belmonte,
- Pastor, Gaona, Carpio.) Con fotografías. Libro de
- éxito enorme 2,00
-
- Los amores de los toreros. Cuadernos de gran tamaño y
- muy interesantes para la afición a toros. Van
- publicados: Belmonte.--Pastor.--Gallo--Gallito.
- --Gaona.--Los crímenes del gallismo. Cada cuaderno 0,20
-
-
-
-
-
-End of the Project Gutenberg EBook of Cabezas: Pensadores y Artistas.
-Políticos, by Rubén Darío
-
-*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK CABEZAS ***
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-Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this agreement
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-is also defective, you may demand a refund in writing without further
-opportunities to fix the problem.
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-in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS' WITH NO OTHER
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-WARRANTIES OF MERCHANTABILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE.
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-warranties or the exclusion or limitation of certain types of damages.
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-provision of this agreement shall not void the remaining provisions.
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-1.F.6. INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the
-trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone
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-with this agreement, and any volunteers associated with the production,
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-work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
-Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.
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-Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
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-Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
-electronic works in formats readable by the widest variety of computers
-including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
-because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
-people in all walks of life.
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-Volunteers and financial support to provide volunteers with the
-assistance they need, are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
-goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
-remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
-Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
-and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
-To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
-and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
-and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.
-
-
-Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
-Foundation
-
-The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
-501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
-state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
-Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
-number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
-http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
-Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
-permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
-
-The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
-Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
-throughout numerous locations. Its business office is located at
-809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
-business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
-information can be found at the Foundation's web site and official
-page at http://pglaf.org
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- gbnewby@pglaf.org
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-Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
-Literary Archive Foundation
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-Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
-spread public support and donations to carry out its mission of
-increasing the number of public domain and licensed works that can be
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-States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
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-SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
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-While we cannot and do not solicit contributions from states where we
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-Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
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-This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
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-Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
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- The Project Gutenberg eBook of Cabezas, Pensadores y Artistas, by Rubén Darío.
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- </head>
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-
-<pre>
-
-Project Gutenberg's Cabezas: Pensadores y Artistas. Políticos, by Rubén Darío
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
-almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
-re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
-with this eBook or online at www.gutenberg.org/license
-
-
-Title: Cabezas: Pensadores y Artistas. Políticos
- Obras Completas Vol. XXII
-
-Author: Rubén Darío
-
-Release Date: November 25, 2017 [EBook #56047]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: ISO-8859-1
-
-*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK CABEZAS ***
-
-
-
-
-Produced by Carlos Colón, Josep Cols Canals and the Online
-Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This
-file was produced from images generously made available
-by The Internet Archive/Canadian Libraries)
-
-
-
-
-
-
-</pre>
-
-
-<p class="box">Nota del Transcriptor:<br/><br/>
-
-Se ha respetado la ortografía y la acentuación del original.<br/><br />
- Errores obvios de imprenta han sido corregidos.<br/><br />
-
- Páginas en blanco han sido eliminadas.<br/><br/>
-La portada fue diseñada por el transcriptor y se considera dominio público.<br /></p>
-<hr class="chap" />
-
-<p class="large center p6">CABEZAS</p>
-
-<div class="figcenter2em">
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-</div>
-<hr class="chap" />
-
-<div class="chapter">
-
-<div class="figcenter4em">
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-</div></div>
-<hr class="chap" />
-
-
-<div class="chapter">
-<p class="p6 center large">RUBÉN DARÍO</p>
-
-<h1>CABEZAS<br />
-
-<span class="medium">PENSADORES Y ARTISTAS POLÍTICOS</span></h1>
-
-<p class="p4 center">VOLUMEN XXII<br />
-DE LAS OBRAS COMPLETAS<br />
-ADMINISTRACIÓN<br />
-EDITORIAL «MUNDO LATINO»<br />
-MADRID</p></div>
-<hr class="chap" />
-
-
-<div class="chapter">
-<div class="figcenter4em">
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-</div></div>
-
-<p class="center">ES PROPIEDAD</p>
-<p class="center">(Ilustraciones de E. Ochoa.)</p>
-<hr class="chap" />
-
-<div class="chapter">
-<div class="figcenter4em">
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-</div></div>
-<hr class="chap" />
-
-
-
-<h2>PENSADORES Y ARTISTAS</h2>
-
-
-<p class="p4"><span class="pagenum"><a name="Page_3" id="Page_3">[3]</a></span></p>
-<div class="figcenter4em">
- <img src="images/illusb003.png" width="500" height="210" alt=""/>
-</div>
-
-
-<h3 id="BENAVENTE">JACINTO BENAVENTE</h3>
-
-
-<p>Cuando Jacinto Benavente entró a la Real Academia
-Española, se preguntaron muchos: «¿A qué
-va Benavente a la Academia?» Contestaron algunos:
-«A hacer lo que todos los académicos hacen;
-limpiar, fijar y dar esplendor».</p>
-
-<p>No, no iba a eso. En tal recinto, e intelectualmente
-hablando, para limpiar, necesitaría la representación
-de Hércules; para fijar, la de Minerva;
-para dar esplendor, la del mismo Apolo. Iba sencillamente
-a demostrar que, por opinión general,
-quien había logrado todos los triunfos populares
-merecía también todos los honores oficiales. He
-dicho populares, porque, aunque Benavente sea
-<span class="pagenum"><a name="Page_4" id="Page_4">[4]</a></span>
-un autor de <i>élite</i> su nombre es famoso en todas
-partes en donde se habla nuestro idioma y aun en
-otras.</p>
-
-<p>Benavente representa para España lo que un
-Capus o un Bernstein para Francia, o mejor, lo
-que un Bernard Shaw para Inglaterra. Y aun, en
-condiciones especiales, es el único que haya logrado
-dar verdadero brillo y resonancia a las Máscaras
-castellanas.</p>
-
-<p>Poco avisados los que le juzgan con el oído
-puesto al Boulevard. El mundo en que se mueven
-sus tipos, en la mayor parte de sus comedias, es
-ese mundo universal que tiene por norma, desde
-luego, más o menos aplicada a sus medios respectivos,
-la vida parisiense; y si no, fijaos en las escenas
-de los comediógrafos italianos del día. Ese
-mundo es <i>le monde</i>. Mas los personajes benaventinos
-que se mueven y expresan en el ambiente de
-Madrid, son de la legítima descendencia clásica;
-y sus diálogos chispeantes del ingenio que les
-presta su creador, no son sino los antiguos discreteos
-de Calderón o Lope modernizados.</p>
-
-<p>Ni tan solo en lo cotidiano social y de lo mundano
-inmediato ha de entretenerse este cultivador
-de agudas y frívolas filosofías. De cuando en cuando
-<span class="pagenum"><a name="Page_7" id="Page_7">[7]</a></span>
-le veréis salir con su cara de Shakespeare&mdash;pues
-es harto semejante a algunos retratos del
-gran Will&mdash;impregnado de esencias hamletianas,
-o húmedo de los rocíos de las florestas por donde
-vayan las Rosalindas, las Perditas y las Cordelias.</p>
-
-<div class="figcenter2em">
- <img src="images/illusb005.png" width="400" height="754" alt=""/>
- <div class="caption">
- <p>JACINTO BENAVENTE</p>
- </div>
-</div>
-
-<p>A pesar de su fama de amargor, confiaos a él.
-Hay entre sus macizos de floridas espinas muy
-exquisitos de miel, mucho consuelo humano, mucha
-ternura compensadora de desesperanza.</p>
-
-<p>Entrad en su teatro de ensueño y en su teatro
-de bondad. Dejaos llevar por la mano que sabe
-apartar los ramajes hostiles. Él os hará el regalo
-de la poética dulzura, del rayo de luna, del canto
-cristalino del ruiseñor; y como es conveniente, a
-su tiempo, en el instante preciso, os hará una pirueta;
-y le daréis las gracias por el palmo de narices
-con que os gratifique.</p>
-
-<p>Y os dejará plantados. No le sigáis. Él se va,
-como murmurando, porque sabe muchas cosas del
-cielo y de la tierra. No le sigáis. Podréis creer
-por el movimiento de sus hombros que se va
-riendo, pero no podéis afirmar que no vaya llorando.
-¿No acaba de daros vida, vida brutal, trágica,
-dolorosa, en esa <i>Malquerida</i> en que ha concentrado
-<span class="pagenum"><a name="Page_8" id="Page_8">[8]</a></span>
-todas las fatalidades y el apocalíptico misterio de
-la mujer: <i>Misterium?</i></p>
-
-<p>El verdadero poder de Benavente consiste en
-que es un poeta, en que posee la intra y supervisión
-del poeta, y en que todo a lo que toca le comunica
-la virtud mágica de su secreto.</p>
-
-<p>Su inquietud viene de la intensa vibración de
-su espíritu. Estará en la soledad consigo mismo.
-Irá a pasar sus horas con sus amigos los poetas.
-Luego&mdash;no lo dudéis&mdash;tras alguna cabriola, entrará
-a la casa del Diccionario para hablar con las
-momias. Y las dejará aún más estupefactas.</p>
-
-<div class="figcenter2em">
- <img src="images/illusb008.png" width="250" height="189" alt=""/>
-</div>
-
-<hr class="chap" />
-
-<div class="chapter">
-<p class="p4"><span class="pagenum"><a name="Page_9" id="Page_9">[9]</a></span></p>
-
-<div class="figcenter4em">
- <img src="images/illusb009.png" width="500" height="119" alt=""/>
-</div></div>
-
-
-<h3 id="RODO1">JOSE ENRIQUE RODO</h3>
-
-
-<p>El oficio de pensar es de los más graves y peligrosos
-sobre la faz de la tierra, bajo la bóveda del
-cielo. Es como el del aeronauta, el del marino y el
-del minero. Ir muy lejos explorando, muy arriba
-o muy abajo, mantiene alrededor la continua
-amenaza del vértigo, del naufragio o del aplastamiento.
-Así, la principal condición del pensador es
-la serenidad.</p>
-
-<p>En la América nuestra no hemos tenido casi
-pensadores; no ha habido tiempo, todo ha sido fecundidad
-verbal, más o menos feliz, declamación
-sibilina, <i>pastiche</i> oratoria, expansión, panfleto.
-Con dificultad se encontrará en toda la historia de<span class="pagenum"><a name="Page_10" id="Page_10">[10]</a></span>
-nuestro desarrollo intelectual este producto de otras
-civilizaciones: el ensayista.</p>
-
-<p>José Enrique Rodó es el pensador de nuestros
-nuevos tiempos, y, para buscar siempre el parangón
-en el otro plato de la balanza americana, diré
-que corresponde a Emerson. Es Emerson latino,
-cuya serenidad viene de Grecia, y cuya oración dominical
-es la salutación a Palas Atenea, la plegaria
-ante el acrópolis. Y advertid que, a pesar de lo que
-se afirme y comente, Rodó no es un renaniano, en
-el sentido que en el común dialecto literario se da
-a esta palabra. Su tranquila visión está llena de
-profundidad. El cristal de su oración arrastra arenas
-de oro de las más diversas filosofías, y más encontraréis
-en él del más optimista de los ensayistas,
-que del gordo cura laico biógrafo de N. S. Jesucristo,
-abate de Jouarres, <i>in partibus infidelium</i>.</p>
-
-<p>Desde sus comienzos, la obra de Rodó se concreta
-en ideas, en ideas decoradas con pulcritud por la
-gracia dignamente seductora de un estilo de alabastros
-y mármoles. Solamente que él pigmalioniza,
-y el temor de impasibilidad, de frialdad desaparece
-cuando se ve la piedra cincelada que se anima,
-la estatua que canta. Nació con vocación de belleza
-y enseñanza. Enseñanza, es decir conducción de
-<span class="pagenum"><a name="Page_13" id="Page_13">[13]</a></span>
-almas. A tal pedagogía es a la que se refiere el
-Dante en un verso referente a Virgilio. Cuando
-apareció su primer opúsculo, <i>Vida Nueva</i>, se vió el
-surgir de un maestro en su generación, en la generación
-continental. Su segundo opúsculo sobre el
-autor de <i>Prosas Profanas</i>, o mejor dicho, sobre este
-libro de poesías, le afirmó virtuoso de la prosa, de
-la erudición elegante, y en la última parte de su
-trabajo, profeta. Altas y generosas especulaciones
-le ocuparon, y <i>Ariel</i> señala un nuevo triunfo de su
-espíritu y una nueva conquista de sus predicaciones,
-por la hermosura de la existencia, por la elevación
-de los intelectos hispanoamericanos, por el
-culto nunca desfalleciente ni claudicante del más
-puro y alentador de los ideales. Definíase más y más
-su personalidad, y se hubiera dicho un filósofo platónico
-de la flor del paganismo antiguo, resucitado
-en tierras americanas. Y tuvo el más bello de sus
-gestos, cuando, llevado a las controversias de la
-Prensa y a las agitaciones de la Cámara, por los
-caprichos de la política, el adorador de los dioses
-de la Hélade salió a la defensa de nuestro pálido
-Dios Cristiano, Desterrado allá, como en Francia,
-de los lugares de la Justicia, por obra de la roja
-cosa jacobina.</p>
-
-
-<div class="figcenter2em">
- <img src="images/illusb011.png" width="400" height="610" alt=""/>
- <div class="caption">
- <p>JOSÉ ENRIQUE RODÓ</p>
- </div>
-</div>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_14" id="Page_14">[14]</a></span>
-Por último, aparece su obra magna hasta hoy,
-esos <i>Motivos de Proteo</i>, aires mentales, sinfonías,
-de ideas que llevan dentro tanta virtud bienhechora,
-libro que ha sido acogido en todas partes con
-entusiasmo y con razonada admiración. Es un libro
-fragmentario, ¡pero cuan lleno de riqueza! fragmentario
-ocasional o decididamente. Ello hace que
-su prosecución sea indefinida, y que el encanto y
-el provecho se prolonguen en la esperanza después
-de cada aporte. El tesoro está allí. Cada vez que
-Aladino baje, estemos atentos.</p>
-
-<div class="figcenter2em">
- <img src="images/illusb014.png" width="400" height="125" alt=""/>
-</div>
-
-<hr class="chap" />
-
-<div class="chapter">
-<p class="p4"><span class="pagenum"><a name="Page_15" id="Page_15">[15]</a></span></p>
-
-<div class="figcenter4em">
- <img src="images/illusb015.png" width="500" height="150" alt=""/>
-</div></div>
-
-
-<h3 id="ARANHA">GRAÇA ARANHA</h3>
-
-
-<p>Uno de los críticos que han estudiado la personalidad
-intelectual de Graça Aranha&mdash;el señor
-Elysio de Carvalho&mdash;hace notar que antes de que la
-gloria iluminase el nombre del autor de <i>Chanaan</i>,
-era éste un escritor de cenáculos «apenas conocido
-de sus íntimos, que lo sabían un talento peregrino,
-un espíritu culto, un artista de raza capaz de realizar
-el gran sueño de arte que le acariciaba el alma».
-Hoy Graça Aranha ha conquistado los más justos
-laureles, y es conocido y celebrado en todo el mundo
-literario. Mas su universal renombre no ha hecho
-más que hacer brillar mejor el puro diamante
-de su nacionalismo. Él es brasileño ante todo. Con<span class="pagenum"><a name="Page_16" id="Page_16">[16]</a></span>
-satisfacción y con orgullo, me decía hace pocos
-días: «Me place más ser comprendido por el último
-de los estudiantes de mi tierra, que por el primero
-de los escritores europeos». Y en el Brasil se le devuelve
-su afecto con creces. Es de los que encarnan
-el alma de la raza, es de los representativos. Él ha
-expresado en una prosa impecable y admirable el
-ideal patriótico, y ha pintado magistralmente el
-escenario fabuloso de ese vasto y vigoroso país,
-animado como ninguno de las savias de la tierra y
-de los fuegos fecundantes del sol. Muchos ilustres
-varones de pensamiento tuvo el pasado imperio y
-tiene la joven república; pero ninguno había expresado
-el espíritu nacional, ni tenido tan hermosamente,
-en simbólicas figuras, la visión del porvenir,
-como el joven pensador que llegaba señalando
-el rumbo de la vida nueva, y cuyo libro
-resonante era&mdash;escribía el noble y grande José Verissimo&mdash;«nuevo
-por el tema, nuevo por la inspiración
-y concepción, nuevo por el estilo».</p>
-
-<p><i>Chanaan</i>, que tuvo tan estupenda acogida en la
-patria brasileña, en toda la América del Sur; y
-cuando presentada a los públicos de Europa por el
-introductor de Ibsen, el diplomático y escritor ruso
-conde Prozor&mdash;un gran señor de letras&mdash;, que fué<span class="pagenum"><a name="Page_17" id="Page_17">[17]</a></span>
-quien la tradujo al francés, <i>Chanaan</i> fué conocida
-mayormente, y el talento del autor adquirió fama
-y autoridad internacionales. Así al representarse en
-París, por el teatro de l'&OElig;uvre <i>Malazarte</i>, que interpretaron
-actores como Lugne-Poe, De Max, y
-esa sutil y encantadora Greta Prozor, flor teatral
-cultivada por la maga Suzanne Despres, ya se sabía
-quién era el autor, que ofrecía a los exigentes lutecianos
-un ramo de sus rosas radiantes y de sus
-orquídeas tropicales.</p>
-
-<p>Yo he visto al glorioso novelista brasileño en
-París, en reuniones en donde ha estado representado
-el pensamiento francés por sus personalidades
-más eminentes; y le he conocido en su propio medio,
-frente a aquel espectáculo de ensueño y de fantasía,
-que es la bahía de la capital fluminense. El
-vapor en que íbamos los miembros de las delegaciones
-de varios países a la Conferencia Panamericana,
-había anclado. Iba con nosotros el ilustre
-embajador y poderoso intelectual, que era Joaquín
-Nabuco. Llegaban a rodear nuestro barco <i>ferry-boats</i>
-llenos de estudiantes y de músicas, que lanzaban
-al aire himnos y vivas. Y un balandro
-apareció en donde venían varios caballeros de distinción.
-Entre ellos me fué señalado por Nabuco<span class="pagenum"><a name="Page_18" id="Page_18">[18]</a></span>
-uno:&mdash;«¡Vea usted, aquél es Graça Aranha!»&mdash;me
-decía alegre y conmovido el magnífico anciano,
-quien admiraba y quería al triunfante joven. Luego
-nos presentó, y desde entonces he cultivado con
-el creador de <i>Chanaan</i> la más cordial de las amistades
-intelectuales.</p>
-
-<p>El Brasil es un país de tradiciones aristocráticas,
-y la cultura social se impone desde luego. Se
-ha aprovechado de todo lo que ha producido la
-civilización europea, y se ha plasmado una característica
-nacional inconfundible, que podría servir
-de modelo en otras naciones del continente. Al
-núcleo principal pertenecen hombres como Graça
-Aranha, en quien las distintas situaciones oficiales
-y sus condiciones de intelecto y de civilidad han
-hecho uno de esos representantes que tanto brillo
-han dado a la historia diplomática de su tierra. Individualmente,
-junta el <i>gentleman</i> al caballero; es
-esto decir que su trato no se resiste de sequedad,
-antes bien, hace transparentarse la buena fe, la
-cordialidad y la generosa nobleza. Cuando uno ha
-tenido la feliz oportunidad de conocer a cancilleres
-como el barón de Río Branco y el doctor Lauro
-Muller; a embajadores como Nabuco, y en la joven
-diplomacia a representantes como Fontoura Xavier,<span class="pagenum"><a name="Page_19" id="Page_19">[19]</a></span>
-como Barros Moreira, como Belloso Rebello, como
-Graça Aranha, comprende cómo los estadistas brasileños
-han querido que los que llevan el nombre y
-la autoridad del Brasil al exterior, veteranos y nuevos,
-formen un cuerpo de excelentes, una <i>élite</i> que
-pueda, en todo y en cada uno, ser a la Patria motivos
-de complacencia. Y Graça Aranha honra no
-solamente a su patria natal, sino a su lengua, que
-es una más grande patria.</p>
-
-<div class="figcenter2em">
- <img src="images/illusb019.png" width="125" height="307" alt=""/>
-</div>
-
-<hr class="chap" />
-
-<div class="chapter">
-<p class="p4"><span class="pagenum"><a name="Page_21" id="Page_21">[21]</a></span></p>
-
-<div class="figcenter4em">
- <img src="images/illusb021.png" width="500" height="124" alt=""/>
-</div></div>
-<h3 id="MARTIN">ZORRILLA DE SAN MARTIN</h3>
-
-
-<p>Hace veinte años que vi por la primera vez a
-este admirable uruguayo. Los que le conocen me
-han dicho que, hoy como antes, anima un espíritu
-encendido y palpitante aquel cuerpo que crece
-al resplandor de la frase oratoria, aquella cabeza
-de tribuno, aquella cabeza de poeta. Y como vive de
-fe y respira esperanza, se diría que una inagotable
-juventud conserva firmes sus nervios, airoso su
-gesto, cálida y vivificante su palabra, toda energía
-y ritmo.</p>
-
-<p>Le recuerdo en días de triunfos y de gozos, entre
-fiestas y pompas españolas. Las delegaciones de las<span class="pagenum"><a name="Page_22" id="Page_22">[22]</a></span>
-repúblicas americanas contaban, como era de razón,
-sobre todo las tropicales, con sujetos verbosos
-y hábiles para el discurso; pero en conjunto, no
-podíamos presentar delante de un Castelar, sino al
-delegado uruguayo, a la sazón ministro de su país
-ante Su Majestad Católica. A su fama asentada de
-gran poeta unía el dominante prestigio de una elocuencia,
-si a veces harto fogosa, por lo mismo plenamente
-representativa de nuestros entusiasmos y
-vivacidades continentales. Su negra y copiosa cabellera
-se agitaba en la conmoción de las arengas;
-el brazo diestro se alzaba como arrojando, como
-esparciendo, como regando las oraciones; los ojos,
-la máscara toda contribuían a la conquista de los
-auditorios; y un común orgullo nos producía a los
-neomundiales la victoria de aquel hombre generoso
-y lírico, que había cantado al épico charrúa
-Tabaré, y saludaba en vibradores y musicales períodos,
-en nombre de las naciones nuevas, a la regia
-decaída y maternal España. Con <i>Tabaré</i> y con
-la <i>Leyenda Patria</i>&mdash;que celebraron poetas como
-Olegario Andrade, autoridades como Paul Groussac&mdash;se
-colocó Zorrilla de San Martín en el escaso
-número de los grandes líricos americanos. Se ha
-dicho que siempre en el poeta aparece la amplitud,<span class="pagenum"><a name="Page_23" id="Page_23">[23]</a></span>
-la exuberancia oratorias. No olvidemos que ello
-es una característica de Víctor Hugo, y más cerca
-y no a tantas alturas, de Núñez de Arce. Es una
-elocuencia llena de lirismo, y esto lo admiramos
-hasta en el mismo viejo Esquilo. Cuando en mi
-primaveral juventud llegó a mis manos el poema
-épico lírico del célebre uruguayo, me impresionó
-por su belleza armoniosa, y por el contagio entusiástico
-de lo que antaño se calificaba con el nombre
-de «inspiración». En <i>Tabaré</i>&mdash;«ese extraño y
-hermoso poema, con el que acaso sean más justicieras
-que las actuales las generaciones que vendrán»,
-según el decir de un meditativo y decoroso
-pensador que brilla en la juventud uruguaya,
-Amadeo Almada&mdash;encontré en días en que imperaban
-endémicas doctrinas, una novedad sana y un
-sentido de musicalidad honda y trascendente, que
-venían de la influencia de un poeta «menor» pero de
-los más dignos de admiración y amor en la España
-del siglo pasado: Bécquer. «Mi Gustavo Bécquer,
-genio admirable y querido, despertador de mi adolescencia
-poética», dice Zorrilla de San Martín en
-una confesión reciente publicada en <i>Mundial</i>. Había,
-en efecto, un eco del arpa de Bécquer, pero
-sinfonizado en un órgano que se diría hecho de las<span class="pagenum"><a name="Page_24" id="Page_24">[24]</a></span>
-más robustas y sonantes cañas y bambúes de nuestras
-selvas americanas.</p>
-
-<p><i>Tabaré</i> fué celebrado en España y en toda la
-América latina con loas y palmas merecidas.</p>
-
-<p>Zorrilla de San Martín reconoce el perjuicio que
-posteriores correcciones causaron a su obra...
-«Quise quitar, ¡pecado de mí!, ingenuidades en una
-obra ingenua; quise razonar.» Sí, su obra es ingenua
-como una planta, como una flor, como el agua
-de un manantial, y ella guardará el frescor y el
-perfume de la más grata estación de su existencia.</p>
-
-<p>También ha citado estos conceptos de Carlyle
-referentes a Dante: «Si vuestra composición es auténticamente
-musical, no solamente en la palabra,
-sino en el corazón y en la sustancia, en los pensamientos
-y articulaciones, en toda la concepción,
-entonces será poética; mas no de otra manera.
-¡Musical! ¡Cuánto se encierra en esta palabra! Un
-pensamiento musical es el que ha penetrado hasta
-lo más íntimo del corazón de las cosas, y puesto al
-descubierto lo más recóndito de sus misterios...»</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-<div class="chapter">
-<p class="p4"><span class="pagenum"><a name="Page_25" id="Page_25">[25]</a></span></p>
-
-<div class="figcenter4em">
- <img src="images/illusb025.png" width="500" height="107" alt=""/>
-</div></div>
-
-<h3 id="CALDERON">FRANCISCO GARCIA CALDERON</h3>
-
-
-<p>Un joven sabio; palabras difíciles de juntar en
-nuestra América. A Francisco García Calderón
-siéntanle por igual manera los calificativos de <i>savant</i>
-y de <i>sage</i>. La gravedad espiritual, el desdén
-de las literaturas fáciles, y diremos así de simple
-adorno, el alejamiento del <i>dilettantismo</i>, y su copioso
-saber, sostenido por una inteligencia fuerte
-y ponderada, le han dado un lugar especial en
-nuestra reciente intelectualidad. Habita en París,
-y busca los jardines apacibles de la filosofía, en
-vez de entregarse a las bellas y ligeras letras de la
-luminosa capital del <i>esprit</i>. Cuando, por la fata<span class="pagenum"><a name="Page_26" id="Page_26">[26]</a></span>lidad
-que pesa sobre muchos de los escritores que
-aquí residimos, «hace periodismo», y finge de corresponsal
-a diarios hispanoamericanos, se ocupa
-en Gabriel Tarde; en el soliloquio platónico de
-Renouvier, en Brunetière que juzga a Renan, en
-Menéndez Pidal y la cultura española, en los estudios
-penales de Dorado Montero, en el fenómeno
-religioso de los Estados Unidos, en los ideales de
-la vida, según William James, y en otros tópicos
-semejantes. Como veis, todo eso está muy lejos del
-<i>boulevard</i>. Sus relaciones intelectuales son las que
-convienen a semejante monge laico, fraile de la
-filosofía. «Monsieur F. García Calderón est un jeune
-peroubien qui connait admirablement la France,
-son histoire, ses ecrivains, ses philosophes.»
-¿Quién escribe esos conceptos? Es M. Gabriel
-Seailles, profesor en la Soborna. «Esprit ouvert et
-curieux, auditeur et auditeur attentif, ardent, consciencieux
-intelligent, vous mettez votre effort et votre
-joie à penetrer dans la pensée, dans l'âme des
-hommes que vous voluez connaître». «Donc s'assimiler
-appliquer l'experience de l'âgé mur et même
-temps garder l'elan, la foi et même les ilusions
-de la jeunesse, trover enfin le moyen de réunir
-en un tout vivant et harmonieux ces deux ordres<span class="pagenum"><a name="Page_27" id="Page_27">[27]</a></span>
-de qualités, en apparence contradictoires, ce est le
-conseil que, for de vos études et de vos reflexions,
-vous donnez à votre Patrie. Je crois bien que ce
-conseil convient a tous les hommes, et qu'en tout
-pays on aura intérêt et profit à lire un livre tel
-que le votre.» ¿Quién expresa tales opiniones?
-Monsieur Émile Boutroux, del Instituto. Díme con
-quien andas y te diré quién eres. Es raro, sí, muy
-raro, que en nuestros países un espíritu joven y
-bizarro, como el de García Calderón, deje el verjel
-de los lirios y los mirtos y los laureles para inclinarse
-al pozo de donde se espera ver salir el
-blanco cuerpo de la verdad. Pocos van a las honduras
-de los problemas espirituales, pocos se consagran
-al ejercicio del pensamiento en los altos
-asuntos religiosos y morales.</p>
-
-<p>Pocos visten el sayal pesado del estudioso y se
-encaran con las gravedades de la vida y de la conciencia
-humanas. Francisco García Calderón se ha
-dedicado a tales tareas. «<i>Vous n'etes pas mu par un
-frivole esprit de diletanttisme</i>», le dice uno de los
-sabios que he dictado anteriormente. Y él mismo
-declaraba en uno de sus primeros libros el propósito
-de «levantarse sobre la parcialidad benedictina
-del análisis, sobre la frivolidad estéril de la hora y<span class="pagenum"><a name="Page_28" id="Page_28">[28]</a></span>
-dar a su espíritu el grave recogimiento que conviene
-a la eclosión de futuras obras durables.»</p>
-
-<p>La obra fundamental, hasta ahora, de nuestro
-amable pensador, es la que consagrara a su patria,
-<i>Le Perou contemporain</i>. Es una obra fuerte de medula,
-y que indica un vigor de espíritu y un estudio
-tan sólido y de trascendencia, que se diría de
-años mayores. La obra está escrita, a pesar de la
-particularidad patriótica, bajo un concepto universal,
-y puede ser leída con interés en cualquier parte,
-pues su fondo filosófico, su hondura ideológica,
-llamarán la atención, a no importa qué hombre de
-pensamiento, en todo lugar del mundo. La sagacidad
-de intelecto de esta «cabeza», que no sólo pertenece
-al Perú, sino a todo el continente, se une al
-vigor y a la rapidez con que abarca y profundiza
-cualquier cuestión de interés humano. En tales especulaciones,
-y siguiendo cada cual su ideal mental
-y su modalidad, se junta con Rodó y con Sanin
-Cano.</p>
-
-<p>Para contrapesar en la balanza psíquica el valor
-de tales especialísimos <i>mediums</i> habría que poner,
-es indiscutible, en el platillo opuesto un buen número
-de toneladas de perlas y de rosas.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-<div class="chapter">
-<p class="p4"><span class="pagenum"><a name="Page_29" id="Page_29">[29]</a></span></p>
-
-<div class="figcenter4em">
- <img src="images/illusb029.png" width="500" height="192" alt=""/>
-</div></div>
-
-
-<h3 id="RUSINOL">SANTIAGO RUSIÑOL</h3>
-
-
-<p>Ved aquí al catalán de los jardines, príncipe en
-el país de Bohemia, de una Bohemia de oro, de lindos
-colores, de sutiles letras y de «hierros viejos».
-Con su cabeza gris y su barba de <i>roi-chevalier</i>,
-atesora y comunica juventud, y con su arte fino, su
-palabra suave y animadora a un tiempo, su sonrisa
-fraterna con sus pares, subyugadora con todos,
-va llevando su corona de gloria con la misma descuidada
-naturalidad que su fieltro característico,
-en el cual no podríais suponer un invisible penacho,
-sino una pluma de seda.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_30" id="Page_30">[30]</a></span></p>
-
-<p>Pinta y escribe y sabe de muchas disciplinas,
-como los artistas del Renacimiento. Y mucha música
-íntima y mucha poesía encuentra el observador
-meditativo en su pintura, como mucha sutileza
-y gracia pictórica en sus prosas, en que el pensador
-artista deja ver su alma profunda y delicada.</p>
-
-<p>Comunicar con Rusiñol es una fiesta para el espíritu.
-Yo me he complacido con tales momentos,
-ya en su morada principesca de Sitges, ya en la
-corte madrileña, ya en la divina isla de Mallorca,
-en la múltiple Barcelona, en este París que él
-ama y que le ha sonreído.</p>
-
-<p>¡Sus jardines de España! Los días pasados, Pérez
-de Ayala, que hace cantos bellos, hizo uno
-muy bello. Como al tamborilero de Provenza, eso
-debe habérsele ocurrido alguna tarde «que <i>vió</i> cantar
-a Rusiñol...» Pues cantan esos jardines de pintura
-con sus ramas de verde, sus acordes de oros
-y rojos, sus árboles ojivales, sus fuentes en que
-vibra el cristal fugaz de la pluma de agua.</p>
-
-<div class="figcenter2em">
- <img src="images/illusb031.png" width="400" height="467" alt=""/>
- <div class="caption">
- <p>SANTIAGO RUSIÑOL</p>
- </div>
-</div>
-
-<p>Tengo a la vista una serie de planchas coloreadas
-de esos hechiceros jardines, que son, como
-dice el gran Santiago el «<i>paisatge posat en vers,
-i els versos escrits en plantes... versos vius, versos
-am saba i amb aroma</i>» y se diría que en la
-<span class="pagenum"><a name="Page_33" id="Page_33">[33]</a></span>
-transposición están la misma vida, la misma armonía
-y el mismo perfume que en el propio paraíso
-vegetal. Son los dulces vergeles mallorquines, con
-sus aguas, sus arquitecturas, sus rosales, los
-edenes moriscos de Granada; arcadas, templetes,
-floralias casi religiosas; árboles como ramilletes,
-como pinceles, como obeliscos; macizos arcos como
-en el <i>Caminal de rosers</i> de Aranjuez; bóvedas
-de verdura; «<i>les grands jets d'eau sveltes parmi
-les marbres</i>», a la verlainiana caricia de la Luna,
-pues en plena tierra del Mediodía pone Rusiñol, a
-veces, escenarios de fiesta galante. La <i>Raixa</i> de
-Mallorca que evoca algo de romano; visiones del
-Generalife, con sus canales, sus arbustos en flor,
-sus tiestos como cálices; o el <i>Pati de l'Alberca</i>, en
-Granada, en cuyo fondo, reflejado por el espejo del
-estanque, parece fuera a surgir alguna figura de
-Zobeida, de Leila, o de Lindaraja; o bien los viejos
-cipreses o los <i>bouquets</i> de almendros en flor,
-que primorosamente nieva o sonrosa la primavera
-mallorquina; o esa <i>Glorieta</i> de la bailarina, que es
-como una decoración de poema; y el fantástico
-<i>Recó de boixos</i> granadino; y esa prodigiosa «arquitectura
-verde» de Granada, en donde parece
-que por obra de Alah&mdash;¡sobre él la plegaria y la<span class="pagenum"><a name="Page_34" id="Page_34">[34]</a></span>
-paz!&mdash;se animase una princesa de las Mil y una
-noches, por ejemplo, Dulce Amiga, y recitase estas
-estrofas del poeta:</p>
-
-<p>«¿Vas a escapar lejos de mi, ¡oh, pura sangre de
-mi corazón! tú, cuyo lugar está en este corazón
-adolorido, entre mi pecho y mis entrañas?&mdash;¡Ah!
-te suplico, oh Tú, el Clemente sin límites, reunir
-lo que está separado, Tú, el generoso que distribuyes
-a tu placer los beneficios humanos.»</p>
-
-<p>¿Y ese <i>Jardi del pirata</i> en Mallorca, con sus terrazas
-vecinas, su fuente redonda, su horizonte marino?
-¿Y el <i>altar de flors</i> y el <i>Jardi clasic</i> y la <i>Glorieta</i>
-de Aranjuez, que recuerda el Templo del
-Amor versallés; y <i>El Laberinte</i> de Barcelona, con
-sus verdes en sordina, sus azules angélicos, sus
-fanfarrias ocres del fondo, sus recortados macizos y
-su ambiente al par lírico y galante? ¿Y tantos poemas
-que siguen, todos un encanto para los ojos y
-para el alma?</p>
-
-<p>En horas secas, complázcome en abrir esta provisión
-de sueños, y al son de estas flautas y liras
-de la vista, por obra de Rusiñol, se me abre un
-edén de ruiseñores, y mi instante aburrido florece
-y se encanta.</p>
-
-<p>O bien, para pensar o sonreír, con razonada<span class="pagenum"><a name="Page_35" id="Page_35">[35]</a></span>
-tristeza o gentil y filosófico humor, leo algún libro
-o comedia del autor de <i>Oracions</i> y de <i>El Mistich</i>, en
-su catalán original, aunque haga algún esfuerzo,
-por más que Gregorio Martínez Sierra haya realizado
-la difícil y hermosa tarea de verter al castellano
-la prosa exquisita de nuestro amigo victorioso.</p>
-
-<div class="figcenter2em">
- <img src="images/illusb035.png" width="125" height="261" alt=""/>
-</div>
-
-<hr class="chap" />
-
-<div class="chapter">
-<p class="p4"><span class="pagenum"><a name="Page_37" id="Page_37">[37]</a></span></p>
-
-<div class="figcenter4em">
- <img src="images/illusb037.png" width="500" height="84" alt=""/>
-</div></div>
-
-<h3 id="GAMBOA">FEDERICO GAMBOA</h3>
-
-
-<p>Paso a paso, ganado a puro cerebro y a puro
-carácter, Federico Gamboa ha llegado a uno de
-los más altos puestos del Gobierno de su país: a la
-Cancillería mejicana. Hablando de su desaparecido
-hermano José María, y de él mismo, escribía hace
-años en su <i>Diario</i>: «Secreta satisfacción de vernos
-él y yo ascendiendo por nosotros mismos, sin ayudas
-que nos enrojezcan, ni apoyos que nos avergüencen
-o humillen».</p>
-
-<p>No habrá uno solo de sus compatriotas que no
-aplauda su reciente nombramiento, pues sus principios
-siempre han estado basados, ante todo, en
-un profundo amor a su Patria. Oid sus palabras:<span class="pagenum"><a name="Page_38" id="Page_38">[38]</a></span>
-«La idea de Patria&mdash;la Patria en forma de carta
-geográfica a veces, y a veces en abstracción luminosa&mdash;,
-acariciándome de lejos... Desligamiento
-con gobernantes y partidos políticos...» Esto demuestra
-la razón de las generales simpatías. Ni al
-César mismo&mdash;ese César anciano y fuera del poder,
-a quien habrá que aplaudir por las enormes etapas
-de progreso que hizo adelantar a Méjico&mdash;se acercó
-nunca Federico Gamboa con bajas adulaciones o
-súplicas de granjería. El verdadero valor del nuevo
-ministro de Relaciones exteriores de los Estados
-unidos mejicanos es completamente individual: lo
-constituyen el talento, su nobleza de espíritu, su
-voluntad, una limpia, larga y honrosa carrera diplomática,
-y un alto nombre literario, que contribuye
-a la gloria de su país.</p>
-
-<p>¿Quién que conozca al Sr. Gamboa no está seguro
-de que sus prestigios morales e intelectuales no
-contribuirán a pacificar y a hacer brillar en una
-nueva era la Nación, cuyos intereses internacionales
-hoy le toca dirigir? Mas, hablaré de su obra literaria,
-que es lo que con mi competencia mejor
-se aviene.</p>
-
-<p>Es ante todo Gamboa independiente y personal:
-«Mis escritos y mis actos siempre obedecieron a<span class="pagenum"><a name="Page_39" id="Page_39">[39]</a></span>
-mis propias inspiraciones». Pocas páginas autobiográficas
-más decisivas y más conmovedoras que la
-dedicatoria de <i>Mi diario</i>: «<span class="smcap">para mi hijo; para cuando
-sepa leer</span>», páginas de gran literatura y de gran
-corazón ordenado: <i>Le c&oelig;ur a son ordre</i>, dice Pascal.</p>
-
-<p>Sabe del mundo, sabe de la vida, lo cual es decir
-que sabe de amor y de dolor. Y una vasta piedad
-impregna toda su obra.</p>
-
-<p>Yo le conocí en Buenos Aires, en la tertulia literaria
-de Rafael Obligado. Ya había publicado sus
-<i>Esbozos contemporáneos</i>, <i>Del natural y Apariencias</i>.
-Se encontraba al frente de la legación mejicana
-como encargado de Negocios, por ausencia del ministro
-Sánchez Azcona. El ingenio y el <i>charme</i>
-personal de Gamboa le hacían grato a todos. Allí
-dió a la imprenta su volumen de <i>Impresiones y recuerdos</i>.
-Después vendrán, ya alejado de la República
-Argentina, <i>Suprema ley</i>, <i>Metamorfosis</i>, <i>Santa</i>,
-<i>Reconquista</i> y dos volúmenes del <i>Diario</i>. En estos
-días debe aparecer <i>La llaga</i>, por la Casa «Renacimiento»,
-de Madrid. Todo esto, recuerdos y novelas,
-fuera de su labor para el teatro. En todo terreno
-ha recogido aplausos y laureles. Su estilo es
-castizo en dicción y libre en ideas. Su filosofía
-es sana y alta; y si alguna vez hubiese vacilado<span class="pagenum"><a name="Page_40" id="Page_40">[40]</a></span>
-en sus creencias, la experiencia vital y el misterioso
-influjo de lo divino le han apuntalado el alma.
-Por ello, en el fondo de sus novelas, de sus obras
-dramáticas, hay mucho de reconfortante. «Las novelas
-de usted me hacen meditar&mdash;le escribía en
-una ocasión aquel brillante espíritu que se llamó
-Gustavo Baz&mdash;; y guarde usted este elogio que,
-sobre ser sincero, viene de un lector asiduo de
-Balzac y de un comentador escuchado de Stendhal.»
-Y el sutil Domingo Estrada, entre otros entusiásticos
-juicios: «<i>Metamorfosis</i>, al menos bajo
-ciertos puntos de vista, puede compararse con las
-mejores novelas de Pereda, de Valera y de Pérez
-Galdós». Y más adelante: «El secreto del encanto
-que su libro produce, y que hace que no se pueda
-dejarlo de la mano una vez comenzada su lectura
-(yo me he pasado cuatro noches sin poner un pie
-en la calle; ¡en París!...), finca principalmente en
-el estilo. No conozco otro que sea más sencillo sin
-vulgaridad, más imaginado sin pedantería, más
-elegante sin esfuerzo».</p>
-
-<p>No es Federico Gamboa de aquellos pensadores
-meritorios de quienes se pueda temer que por los
-cuidados y pasiones, por la política, abandonen la
-labor mental, que constituye lo más característico<span class="pagenum"><a name="Page_41" id="Page_41">[41]</a></span>
-de su personalidad. El hombre de estado cumplirá
-como bueno sus tareas, y su discreción y su conocimiento
-de los graves asuntos en que habrá de ejercitar
-su pericia no han de quitarle ni la vivacidad
-y frescura del ingenio, ni el pensamiento creador
-ni el <i>intelletto d'amore</i> para su pasión artística.</p>
-
-<p>Otras obras vendrán, llenas de amor humano y
-de fe en la suprema idea, que enriquecerán mayormente
-el acervo intelectual de su patria mejicana,
-o mejor dicho de nuestra América, otras novelas,
-otras obras para el teatro; y otros posteriores volúmenes
-de ese <i>Diario</i>, tan lleno de ideas, tan interesantemente
-anecdótico y que fué dedicado desde
-su primer tomo a un mi joven amigo que ya sabe
-más que <i>leer</i>... el hijo amado, Miguel Félix Gamboa
-y Sagaceta.</p>
-
-<div class="figcenter2em">
- <img src="images/illusb041.png" width="350" height="76" alt=""/>
-</div>
-
-<hr class="chap" />
-
-<div class="chapter">
-<p class="p4"><span class="pagenum"><a name="Page_43" id="Page_43">[43]</a></span></p>
-
-<div class="figcenter4em">
- <img src="images/illusb003.png" width="500" height="210" alt=""/>
-</div></div>
-
-
-<h3 id="NERVO">AMADO NERVO</h3>
-
-
-<p>En varias ocasiones he escrito sobre la singular
-personalidad de Amado Nervo, y siempre con igual
-simpatía y con el mismo <i>intelleto d'amore</i>. ¡Ha sido
-tan gentil compañero de sueños, en nuestro París
-amado, hace ya tanto tiempo! ¡Y es tan sutil poeta,
-tan comprensivo artista y tan dulce filósofo! Con
-decir que a pesar de los medios a que necesariamente
-conduce la diplomacia, su espíritu y su corazón
-de sensitivo no han sido contaminados por
-las promiscuidades de la carrera...</p>
-
-<p>Yo no leeré nunca sin cierta emoción el libro
-titulado <i>El éxodo y las flores del camino</i>, en el cual,<span class="pagenum"><a name="Page_44" id="Page_44">[44]</a></span>
-entre versos deliciosos y prosas llenas del encanto de
-la juventud y del prestigio de un buen arte, recuerda,
-en conceptos ya de humor, ya de melancolía,
-nuestras horas parisienses, nuestra amistad con
-curiosos ejemplares de humanidad, y la persecución
-de los favores de Nuestra Señora y Reina la
-Belleza.</p>
-
-<p>La evolución de Nervo, desde <i>Místicas y Perlas
-Negras</i> hasta sus últimas producciones de piadosa,
-o irónica&mdash;¡muy suavemente!&mdash;filosofía, y sus
-poemas cortos y sentimentales en que un gran dolor,
-de los íntimos y profundos, le ha hecho producir
-rítmicos y trémulos sollozos y llantos, es de un
-gran interés en el conocimiento de su personalidad
-intelectual. Una faz nueva se le ha reconocido: sus
-aficiones a los estudios astronómicos, disciplina
-que se aviene convenientemente con los vuelos líricos
-y las excursiones, en que el pegásico ímpetu es
-el conductor.</p>
-
-<p>Su antigua <i>fe</i> había tomado en los últimos tiempos
-un vago tinte dubitativo; mas el buen maestro
-Dolor le ha hecho de nuevo recordar la senda azul.
-Y luego, siendo favorecido por la Lira, tendrá siempre
-tiempo de ver reflorecer la primavera, con ojos,
-si conocedores de los lacerantes duelos, siempre<span class="pagenum"><a name="Page_45" id="Page_45">[45]</a></span>
-brillantes al resurgir de las auroras y al inmortal
-llamamiento de las esperanzas. El poeta está intacto.
-No es Amado Nervo el que la duquesa conoce,
-el que la marquesa invita a almorzar, el que tiene
-ya honrosamente marchitos los oros de su casaca diplomática.
-El sabe bien que en los salones, y sobre
-todo delante de sus colegas&mdash;como no sean de la
-familia apolínea&mdash;no está bien confesar intimidades
-con las Piérides, ni proclamar afección al viejo
-y sagrado laurel, a menos de ser poeta como tal
-excelentísimo señor ministro, que lo mismo confecciona
-un soneto circunstancial que pone asombro
-en los más intrépidos jugadores de <i>bridge</i>.
-¿Sabrá el <i>bridge</i> ya Amado Nervo?...</p>
-
-<p>Lo que sí sabe y sabrá siempre, es infundir en
-sus versos, que se visten de sencillez y de claridad
-como las horas de cristal que anuncian la paz de
-los amables días, un misterio delicado y comunicativo
-que nos pone en contacto con el mundo armonioso
-que crea su voluntad intensa.</p>
-
-<p>A veces, se creería en un desmayo de energía o
-en un desvío de forma. No hay nada de eso. Los
-conocedores saben lo que hay que saber, para llegar
-a conmover lo hondo de nuestro sensorio con
-los procedimientos menos complicados, más sim<span class="pagenum"><a name="Page_46" id="Page_46">[46]</a></span>ples
-y transparentes. Todo ello está, por cierto,
-lejos de la pirotecnia verbal, y de los descoyuntamientos
-de pianista que suelen tomarse como distintivos
-de una fuerza poética incontestable, y que
-se achaca al influjo de un modernismo&mdash;llamémosle
-así&mdash;que no hizo bien sino a quienes se lo merecían.</p>
-
-<p>Una particularidad que he advertido en Amado
-Nervo, desde sus obras de comienzo, es un vago
-soplo bíblico que suele hacerse percibir en estrofas,
-que se dirían acompañadas de música sacra.</p>
-
-<p>No olvidaré nunca la Semana Santa que pasara
-en París, allá por el tiempo de la Exposición, en
-constante compañía del pintor Henri de Groux, de
-otro pintor mejicano, de un joven gallardo aficionado
-al teatro, también mejicano, y de Amado
-Nervo. Una noche, este soñador se nos desapareció,
-y hartos de buscarle en los lugares que solíamos
-frecuentar, se me ocurrió indicar que probablemente
-le encontraríamos en una de las iglesias en
-donde, por las sagradas celebraciones, se cantaba
-canto llano y se sonaban órganos sabios. Le buscamos,
-pues, en varias de ellas, y por fin le encontramos,
-lleno de fervor místico-artístico, en Notre-Dame,
-adonde había llegado después de recorrer<span class="pagenum"><a name="Page_47" id="Page_47">[47]</a></span>
-Saint-Severin, la capilla de la Sorbonne, Val de
-Grâce, Saint-Sulpice, hasta que fué a recalar en la
-Catedral que, según un hugólatra, es la <i>H</i> del nom
-de Hugo.</p>
-
-<p>Había que oir, en aquel tiempo, a Amado Nervo,
-a quien yo llamara fraile, o monje del arte. Su
-unción, su saber de cosas religiosas, su aire mismo,
-daban idea de un admirable oblato, de un seguidor
-de Huysmans, a quien desde luego el mejicano ponía
-sobre su cabeza. ¡Todo pasa, en verdad, y la
-juventud más pronto que todo! De aquellos años
-quedaron para el poeta los versos, imperecederos,
-y un amor, perecedero, cual la triste carne que
-Dios nos dió como armadura, frágil armadura,
-ante lo inevitable. El poeta ha clamado trenos y
-elegías. <i>¡Mas es suya el alba de oro!</i></p>
-
-<div class="figcenter2em">
- <img src="images/illusb047.png" width="125" height="91" alt=""/>
-</div>
-
-<hr class="chap" />
-
-<div class="chapter">
-<p class="p4"><span class="pagenum"><a name="Page_49" id="Page_49">[49]</a></span></p>
-
-<div class="figcenter4em">
- <img src="images/illusb009.png" width="500" height="119" alt=""/>
-</div></div>
-
-<h3 id="LARRETA">ENRIQUE RODRIGUEZ LARRETA</h3>
-
-
-<p>Cuando el autor de <i>La Gloria de Don Ramiro</i> publicó,
-para gloria suya, esa obra admirable que le
-dió fama rápida y triunfante en todo el mundo literario,
-yo me llené de entusiasmo, y escribí en España,
-donde a la sazón me encontraba, un artículo
-que expresaba mi sentir, ante ese esfuerzo que
-honra, no sólo a la República Argentina, sino a
-todo nuestro continente. Y decíale al Sr. Larreta,
-entre otros conceptos, que las únicas cosas que le
-faltaban para la victoria completa eran la hostilidad
-y el ataque consecuentes, y se diría indispensables,
-a toda realización superior. Ello vino a su<span class="pagenum"><a name="Page_50" id="Page_50">[50]</a></span>
-tiempo, y sin más consecuencias que la de consagrar
-la solidez de la obra.</p>
-
-<p>¿Qué más podría desear el autor de <i>La Gloria de
-Don Ramiro</i>? Encono de letras semejante habría que
-buscarlo, en los últimos tiempos, en los <i>panfletos</i>
-contra la obra y la personalidad de Hugo, y que él
-resumía en el dístico que comienza:</p>
-
-<p class="p2 center"><i>Voici le triple aspect de cet homme féroce</i>...</p>
-
-<p class="p2">Yo no conocía al Sr. Larreta, sino por haber
-conversado con él dos o tres veces, hará cerca de
-veinte años, en el antiguo Ateneo de Buenos Aires.
-Luego publicó una bella <i>nouvelle</i> de reconstrucción
-histórica en la <i>Biblioteca</i>, revista que dirigía la autoridad
-de M. Paul Groussac. Ya en ese tiempo
-se hablaba de que tenía el joven escritor una novela
-en preparación que le costaba largos estudios, y
-en la cual aparecería la personalidad de Santa Rosa
-de Lima. El plan se llevó a cabo más tarde. Ya sabemos
-que la mística flor peruana perfuma, en el
-final de la obra combatida y victoriosa, la muerte
-de Don Ramiro.</p>
-
-<p>Es notorio que el autor argentino es un gran
-señor y un diplomático que ayuda al prestigio de<span class="pagenum"><a name="Page_51" id="Page_51">[51]</a></span>
-su país. En París&mdash;le habré visitado, a sus amables
-instancias, unas tres o cuatro veces&mdash;, sin descuidar
-sus tareas oficiales, cultiva en sus vagares las letras
-y las artes. He recordado a su propósito al autor
-de <i>Zanoni</i>, a un Irving, a un Valera, a un Salvador
-Bermúdez de Castro. El Sr. Larreta, que es
-joven, que tiene la felicidad en su noble hogar, en
-su alto puesto, en su salud excelente, en su renombre
-universal, posee junto con su gran talento una
-crecida fortuna. Ello es imperdonable. El <i>homo sapiens</i>,
-que es el <i>lupus</i> hobbesiano, se eriza ante semejante
-anomalía, protesta y se indigna. Al hombre
-muy rico, o simplemente rico, se le pueden
-admitir, cuando más, como a Chatelain o MM. de
-Rotschild, obras mediocres. Lo demás es un abuso
-de la suerte o una parcialidad manifiesta de la
-Omnipotencia. Pero el Sr. Larreta, que no tiene
-la culpa de su excepción, debe sonreír y seguir
-adelante.</p>
-
-<p>Escritores europeos como M. Remy de Gourmont,
-M. Maurice Barrés, M. Henri Roujon,
-M. Paul Adam, etc., han dicho las excelencias
-del único trabajo publicado en volumen por el señor
-Larreta. La versión francesa hecha por el primero
-de esos escritores, da una idea al lector ex<span class="pagenum"><a name="Page_52" id="Page_52">[52]</a></span>tranjero
-de lo que puede ser fundamentalmente la
-novela en su idioma original. Pero las calidades de
-esa escritura flaubertiana, de que tanto se ha hablado,
-tan solamente las podemos apreciar los artistas
-y conocedores de nuestra lengua.</p>
-
-<p>Intelectualmente, el autor de <i>La Gloria de Don
-Ramiro</i> está entre las pocas dominantes figuras de
-Hispano-América. Su libro es, en su género, con
-la honesta abuelita <i>María</i> del colombiano Isaacs,
-lo mejor que en asunto de novelas ha producido
-nuestra literatura neomundial. Hágase algo superior,
-y Larreta pasará a segundo término.</p>
-
-<p>Entre tanto...</p>
-
-<div class="figcenter2em">
- <img src="images/illusb052.png" width="150" height="175" alt=""/>
-</div>
-
-<hr class="chap" />
-
-<div class="chapter">
-<p class="p4"><span class="pagenum"><a name="Page_53" id="Page_53">[53]</a></span></p>
-
-<div class="figcenter4em">
- <img src="images/illusb015.png" width="500" height="150" alt=""/>
-</div></div>
-
-<h3 id="LUGONES">LEOPOLDO LUGONES</h3>
-
-
-<p>He visto los comienzos de este otro y americano
-<i>Spectacle magnifique</i>. Enorme suma de condiciones
-geniales apoyadas por la más potente y sana voluntad.
-Encontrábame en lo vivo de mi sabida campaña
-intelectual, en la querida gran ciudad de Buenos
-Aires, cuando un día se presentó en nuestra
-vibradora hermandad del Ateneo un joven que, al
-mostrar sus credenciales rimadas, fué considerado
-ya triunfante. ¡Un astro! nos comunicamos todos,
-con el gentil entusiasmo que allí animaba a coetáneos
-y menores. Nuestra unanimidad vaticinó cosas
-grandes. Para saludar tal orto escogí la más sonante
-y dorada de mis trompetas. Y todas las previsio<span class="pagenum"><a name="Page_54" id="Page_54">[54]</a></span>nes
-tenidas se han ido cumpliendo. La obra de
-Leopoldo Lugones es, según la expresión de uno de
-sus críticos, <i>vasta y bella como una creación natural</i>,
-o bien, <i>como una vasta serie panorámica de montañas</i>.
-En verdad, las que han atraído mayormente
-en esa encantada cordillera, son, por el brillo de
-sus cumbres, por la riqueza de sus entrañas, por
-más de un misterio cabalístico, o miliunanchesco,
-<i>las montañas del oro</i>. Fijaos bien en las otras alturas:
-hay amontonamientos de rocas, entre las cuales
-históricas ruinas; hay colinas fértiles, con pequeñas
-ciudades, jardines y quioscos de arte; hay
-aglomeraciones de fábricas con chimeneas y casas
-de veinte pisos como las de los yanquis; hay intrincadas
-y sabias arquitecturas, y abajo, la extensa
-pampa con sus bíblicos ganados. Pero las Montañas
-del Oro, que conocen bien tan sólo los simbades
-del castellano, montañas que consagrará la
-primavera, y en donde tiene su palacio la juventud,
-digo en verdad que atraerán siempre a todos
-los buscadores de milagro y cateadores de poesía.
-¡Aureo, bravo, caro Lugones! Vigoroso por temperamento,
-nutrido de los mejores saberes y remiso
-en toda aplastadora apretura escolar, desde muy
-temprano supo aprovechar el don, rarísimo si se<span class="pagenum"><a name="Page_55" id="Page_55">[55]</a></span>
-mira bien, de la autocomprensión y valorizamiento
-propio. Tal, por mayor suma de aristocracias, se
-denunciara anarquista de los más encendidos. La
-violencia del color&mdash;¡Aplaudido sea el profeta!&mdash;fué
-con el tiempo comida por el sol, no sin que
-hoy subsista el nato combativo caza-coronas y amigo
-de la República francesa, a pesar de las Españas
-ancestrales.</p>
-
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry"><div class="stanza">
-<div class="line i1">Antiguamente decían</div>
-<div class="line">a los Lugones, Lunones,</div>
-<div class="line">por venir estos varones</div>
-<div class="line">del gran castillo. Y tenían</div>
-<div class="line">de Luna los sus blasones.</div>
-</div></div></div>
-
-<p>Su genealogía mental&mdash;¡por Dios, siempre descendemos,
-o ascendemos de alguien, y ha existido
-el Adán literario!&mdash;¿le emparenta con cuáles antecesores?
-Pero ningún espíritu encuentro más fraternal
-para el suyo que el de Edgar Poe&mdash;tanto en
-todo va buscando su equilibrio nuestra balanza
-continental. ¿Mas, a donde no llega la vista, a cualquiera
-de los puntos cardinales que se dirija, desde
-la cumbre de sus montañas?</p>
-
-<p>Listo para todos los combates, apolíneo, hercúleo,
-perséico, davídico, ello transmutado en sangre
-neomundial, su iniciación en la orden del Arte,
-queda como un acontecimiento en la historia del<span class="pagenum"><a name="Page_56" id="Page_56">[56]</a></span>
-pensamiento hispanoamericano, y no es uno de
-mis menores orgullos el haberme tocado ser, en
-días floridos, Anquises de tal Marcelo.</p>
-
-<p>Todo conquistado: renombre, respeto y consideración
-en los propios patrios sanedrines, admiración
-y afecto entre sus iguales. Todo, hasta el denuesto
-regocijador y la parodia plausible. Todo,
-menos la verdadera comprensión de ciertas cosas
-suyas al lado de las cuales se ha pasado sin penetrar
-lo que dentro se contiene. Mas, ¿desde cuando
-es comunicado a todos el <i>sckiboleth</i>?</p>
-
-<p>La obra primigenia de tal héroe, cuyo análisis
-sea para estudiosos y minuciosos críticos, háceme
-pensar en las adolescencias proféticas, en una pérdida
-y encuentro, no en el templo entre los doctores,
-sino en el bosque entre los leones. Hay allí,
-sobre todo, un infuso conocimiento de cosas inmemoriales
-que se ha transmitido a través de innúmeras
-generaciones, y que hace vagamente reconocerse,
-apenas, con algún rarísimo <i>contemporáneo</i>, en
-un rápido choque de miradas, o en la similitud de
-interpretación de un gesto, de un signo, de una
-palabra.</p>
-
-<p>Ya en la tarea de ideas, revélase la inagotable
-mina verbal, la facultad enciclopédica, el dominio<span class="pagenum"><a name="Page_57" id="Page_57">[57]</a></span>
-absoluto del instrumento y la preponderancia del
-don principal y distintivo: la fuerza. Propaganda
-patriótica, ciencia civil, historia, cuento, enseñanza,
-discurso ocasional, todo es pletórico, todo está
-lleno de vital y viril fuerza. Verdad que oiréis un
-son de flauta en los Crepúsculos del Jardín. Acordaos
-del Polifemo que canta Teócrito y Poussin
-pinta. Y luego: <i>¿Quid dulcius melle et quid fortius
-leone?</i> ¿No habían vibrado antes en una lengua de
-potente amor versos capaces de encender estatuas?</p>
-
-<p>No creo yo que en nuestras tierras de América
-haya hoy personalidad superior a la de Leopoldo
-Lugones, quien antes de llegar al medio del camino
-de la vida, se ha levantado ya inconmovible pedestal
-para el futuro monumento. <i>Las Montañas del
-Oro</i>, <i>Los crepúsculos del jardín</i>, <i>El imperio jesuítico</i>,
-<i>La guerra gaucha</i>, <i>Las fuerzas extrañas</i>, <i>Lunario
-sentimental</i>, <i>Piedras liminares</i>, <i>Didáctica</i>, <i>Prometeo</i>,
-<i>Odas seculares</i>.</p>
-
-<p>Allá en la lejana Córdoba del Plata, una anciana
-tiembla aún de temeroso gozo maternal. ¡Misia
-Custodia, qué nombre el de usted, para ser llevado
-en la Catedral de las glorias argentinas!...</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-<div class="chapter">
-<p class="p4"><span class="pagenum"><a name="Page_59" id="Page_59">[59]</a></span></p>
-
-<div class="figcenter4em">
- <img src="images/illusb021.png" width="500" height="124" alt=""/>
-</div></div>
-
-
-<h3 id="CARRILLO">ENRIQUE GOMEZ CARRILLO</h3>
-
-
-<p>En una de las muchas cartas que conservo del
-Sr. Gómez Carrillo&mdash;de un interés para más tarde&mdash;,
-hay una en que me agradece el haber venido
-a París. ¿Cómo fué ello? Ya lo he contado alguna
-vez. Dirigía yo, allá por el año de 1890, en Guatemala,
-un diario: <i>El Correo de la Tarde</i>. Un día se
-presentó con unos trabajos un joven, muy joven,
-de un moreno dorado, de copiosos cabellos y ojos
-de soñador, y que manejaba ya cierta sonrisa caprichosa,
-con cuyas consecuencias habría de cargar yo
-mismo pasando el tiempo. Intimamos. Y entonces
-yo señalé el camino de París.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_60" id="Page_60">[60]</a></span></p>
-
-<p>¡El camino de París! ¿Sabría Gómez Carrillo que
-era el de su tierra prometida? Cierto que en él, por
-su madre, había sangre francesa; pero su padre,
-historiador notorio y escritor de cepa castiza, era
-de puro origen español, severo en dogmas de gramática
-y de bien decir, y con entronques aristocráticos
-en la Península. Era, pues, quizás, el camino
-de Madrid el que hubiese tomado, sin mi dichosa
-intervención, el futuro autor de tanto libro de prosa
-danzante, preciosa y armoniosa, que había de
-ser tenido después como un parisiense adoptado, y
-alabado por escritores de renombre en esta capital
-de las capitales. Llegó a París a luchas y luchó.
-Luchó primero en la inevitable Casa de Garnier
-Frères. ¿Quién diría que el escritor sutil y libérrimo
-hubiera colaborado en la seria y académica tarea
-de hacer un diccionario?</p>
-
-<p>Pronto el guatemalteco se saturó de París. Su
-primera producción, una <i>plaquete</i> hoy inencontrable,
-a punto de que creo que el propio autor no la
-tiene, suda el más amizclado y enfermizo de los
-Parises por todas sus letras. Llegado en pleno hervor
-simbolista, Gómez Carrillo había ya conocido
-a todos los dioses, semidioses y corifeos del movimiento.
-Era amigo de Verlaine, de Moreas, de<span class="pagenum"><a name="Page_63" id="Page_63">[63]</a></span>
-Reynaud, de Duplessis, de todos los concurrentes
-a las comidas y reuniones de <i>La Plume</i>.</p>
-
-<div class="figcenter2em">
- <img src="images/illusb061.png" width="400" height="551" alt=""/>
- <div class="caption">
- <p>ENRIQUE GÓMEZ CARRILLO</p>
- </div>
-</div>
-
-<p>Su cultura aumentó día por día en este ambiente
-de arte; y, relacionado con España, comenzó a
-escribir en la Prensa de Madrid, tan constante y
-brillantemente, que le han llamado «Príncipe de
-los cronistas». Entró con el tiempo a formar parte
-del cuerpo de corresponsales de <i>La Nación</i> de Buenos
-Aires, y su producción adquirió mayores quilates.</p>
-
-<p>Se dedicó, por higiene, a la esgrima, y esas prácticas
-le convirtieron en uno de los más conocidos
-duelistas parisienses. Conoce varias armas, y creo
-que también el <i>box</i>.</p>
-
-<p>En su obra pasada prevalecen, junto con un inesperado
-sentimentalismo que se diría romántico,
-mucha modernidad, la euritmia, las elegancias femeninas,
-la danza, los personajes de la «comedia»
-italiana, la anécdota maliciosa, la conversación con
-sus amigos célebres, la ironía, el halago, la perversidad,
-el goce, todo lleno de una sutileza francesa
-de modo que se diría escrito, o por lo menos pensado
-en francés, en parisiense.</p>
-
-<p>Luego llegaron sus libros de viajes, que le hicieron
-considerar como el Loti castellano, pues apare<span class="pagenum"><a name="Page_64" id="Page_64">[64]</a></span>cieron
-dones de penetración, afinidades filosóficas,
-calma y serenidad, además de sus condiciones de
-paisajista y descriptor, dueño de una rica paleta, y
-siempre vibrante ante el espectáculo artístico o la
-figura sugestiva. Su libro sobre Grecia señaló principalmente
-la nueva manera. Y su libro sobre la
-Tierra Santa, adonde hiciera recientemente una
-visita, es, a mi entender, lo más firme, lo más sentido,
-lo más meditado y estudiado de toda su obra;
-pues quizás, así fuese por un momento, influencias
-ancestrales despertaron en él la verdadera emoción
-y la seguridad ideal, sin lo cual nada se escribe de
-duradero y de firme. Y realizó un bello, armonioso
-y erudito libro. Es un escritor dichoso.</p>
-
-<p>¡Antes de aparecer su obra, un obispo de Colombia
-le ha excomulgado! Lo cual hará para <i>Jerusalén
-y la Tierra Santa</i> una singular propaganda.</p>
-
-<p>Le han prologado y alabado sus libros, escritores
-como Paul, Adam, Jean Moreas, Emile Faguet,
-Catulle Mendes, Vicenti, Cortón, quien estas líneas
-escribe, y otros nombres más. ¡Si este diablo de
-hombre quisiese, aun después de la excomunión,
-le prologaría ahora un cardenal!</p>
-
-<p>El Gobierno francés le hizo caballero de la Legión
-de Honor.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-<div class="chapter">
-<p class="p4"><span class="pagenum"><a name="Page_65" id="Page_65">[65]</a></span></p>
-
-<div class="figcenter4em">
- <img src="images/illusb025.png" width="500" height="107" alt=""/>
-</div></div>
-
-<h3 id="ROJAS">RICARDO ROJAS</h3>
-
-
-<p>Poned a esta cabeza un turbante de seda, y diréis
-ser la de un joven maharadja; un fez, y tendriais
-a un noble egipcio. De la India, del Igipto,
-de Ceylán, de Oriente en su aspecto; y ello no os
-sorprenderá, puesto que sabéis de las discusiones
-sobre las relaciones orientales prehistóricas, entre
-los aborígenes americanos y los pueblos de Oriente:
-La cabeza de Ricardo Rojas, la cabeza física, es
-la de un cacique. A él ello le complace, pues
-alienta y vive de su América. Un espíritu seductor
-y un poeta gentil, Eduardo Talero, cuando Ricardo
-Rojas se preparaba para venir Europa, exclamaba:
-«¿El poeta Rojas en Europa?... ¿Qué va a<span class="pagenum"><a name="Page_66" id="Page_66">[66]</a></span>
-hacer? ¿Por qué exponerse a que las grisetas del bulevar
-lo miren de hito en hito, sin sospechar que
-bajo el color oliva de su rostro hierve el aceite de
-una lámpara de oro, y que bajo esas fibras de carbón
-adusto al peine yacen en huacas de indio las
-cristalizaciones del sol más linajudo de la tierra?
-A Rojas, como a los demás poetas bien raigales,
-debía la República coronarles de roble y ñandubay,
-y en vez de permitirles estas excursiones por Europa,
-ponerles en lo mas intrincado de la selva a
-recoger mieles líricas en los panales y los nidos, a
-ver de olvidar lo que aprendieron en la escuela y
-a ponerse en acecho de los sátiros y mafirihadas
-aborígenes».&mdash;«¡Ah!&mdash;Contesta Ricardo Rojas,
-desde París, no sin tristeza siquier dominada por
-su preexistente carácter&mdash;¡si la República coronara
-de roble y de ñandubay a sus poetas, no buscaran
-ellos en el éxodo y las peregrinaciones azarosas el
-lenitivo de sus secretas amarguras, ni recurrieran,
-para el sustento del camino a la producción forzada
-y premiosa, que, si no malogra, retarda al menos
-la obra donde florece el genio de una raza!»&mdash;Y
-luego... «Yo procuré ser útil a mi patria y
-digno de ella en el extranjero. Yo no llevé mi
-ofrenda de mirra salvaje a la casa de los pontífices<span class="pagenum"><a name="Page_67" id="Page_67">[67]</a></span>
-literarios. Yo desdeñé el elogio fácil de los
-<i>maîtres</i> que ignoraban mi idioma. Yo me acerqué
-a hombres y monumentos con tal independencia
-mental, que mis opiniones de meteco sublevaron
-algo una protesta. Yo dije a públicos del viejo
-mundo las esperanzas del nuevo. Yo torné más alto
-y puro mi corazón ante las nobles figuras del
-arte clásico. Yo admiré de Europa la razón secular
-de su cultura, e inspirándome en ella, prediqué a
-mis lectores del Plata un evangelio de belleza...;
-la devoción al ideal como contrapeso a los esplendores
-materiales. Ahí reside para mí la diferencia
-entre las viejas y las nuevas civilizaciones, y al
-admirar de estas sociedades la tradición civil de
-su cultura, no lo hice en detrimento de las cosas
-nativas: antes bien, procuré dar nueva vida a ese
-culto europeo del ideal como la pasión americana
-de mi alma, que enardeció la ausencia.» Este es el
-hombre. Y al conocerle os conquistan bondad y
-talento. Y la primera condición ¡cuán rara ahora
-en un intelectual! Su pensar crece ampliamente.
-Consagrado al culto patrio, lucha porque se mantenga
-el principio nacionalista a través de las invasiones
-que el mundo todo envía a la proficua
-tierra argentina. Su americanismo y su patrio<span class="pagenum"><a name="Page_68" id="Page_68">[68]</a></span>tismo
-tienen muchos puntos de contacto con los del
-gran cubano Martí. El trabaja en lo que llama su
-«evangelización idealista», y dotado del don pedagógico
-inculca sus enseñanzas en la generación
-universitaria que le escucha. Todo eso en el comienzo
-de su camino.</p>
-
-<p>Hace cinco años, en el <i>manoir</i> de Boultous, después
-de haber yo hecho la presentación del poeta
-argentino al príncipe lírico de las analogías y de
-las imágenes en lengua francesa, al grande y bueno
-Saint-Pol-Roux, llamado el magnífico en los
-bellos tiempos del simbolismo francés, nos pusimos
-a hablar, durante el almuerzo y a la hora del
-champaña, de nuestras respectivas edades. Y al decir
-Ricardo Rojas la suya, una palabra brota de
-labios del <i>maître</i> de <i>réans</i>, de la señora de
-Saint-Pol-Roux, linda y gentil, de los hijos, Divine,
-Coecilian, Loredan; y esa misma palabra era:
-¡Bravo! Se aplaudía, como un bello verso o como
-una música amable, la confesión de la más lozana
-juventud.</p>
-
-<p>En plena juventud, pues, trabaja ese cultivador
-de ideales y constructor de sueños. La producción
-que ha dado ya, garantiza para mañana copiosas
-y firmes obras. Pocos como él poseen igual<span class="pagenum"><a name="Page_69" id="Page_69">[69]</a></span>
-suma de inquebrantables y nobles deseos y esa
-virtud de consagración, sin aportar constante brega
-o sacrificio para llegar al punto ambicionado,
-que no es sino, en los señalados, una etapa que
-inicia nuevos caminos y ascensiones.</p>
-
-<p>Sus calidades de pensador y de estudioso y sus
-disposiciones catedráticas, se advierte en obras como
-<i>La restauración nacionalista</i>, la introducción a la
-<i>Bibliografía</i> de Sarmiento, y el excelente libro sobre
-el abolengo de los argentinos titulado: <i>Blasón
-de plata</i>. Asimismo, en sus <i>Cartas de Europa</i>, hábil,
-documentada y nutrida labor de periodismo,
-pero en donde, como en todo lo de Rojas, encontraréis
-de pronto el poder lírico, el tender a la
-trascendencia, y una armoniosa y aun elocuente
-riqueza verbal. Y a esto no dejéis de agregar la
-emoción, pues él también es un sentimental, un
-sensible y un sensitivo.</p>
-
-<p>En estas líneas, concentradas y sintéticas, no
-quiero ni puedo hablaros de sus procedimientos,
-de sus parentescos mentales, de su técnica. Ello
-conviene a otra clase de estudio. El poeta se inició
-con <i>La Victoria del hombre</i>, obra poemal que no
-se avenía con mis gustos, pero en la cual hallé,
-como me acontece con cualquier obra de cual<span class="pagenum"><a name="Page_70" id="Page_70">[70]</a></span>quier
-escuela o de cualquier autor, la parte de belleza
-que podía satisfacerme y que podía admirar.
-Luego he leído <i>Los lises del blasón</i>, libro de un excelente
-artífice, exquisito y frío, trabajado y pulido,
-y en el cual se siente el dominio de la forma,
-erudición poética, y voluntaria o involuntaria fuerza
-de asimilación. ¿Mas en quién, aun entre los
-mas grandes, no encontrar un antecedente o semejanza
-en el prodigioso universo de la Lira?</p>
-
-<p>Este libro de poesías me ha hecho pasar gratos
-momentos; no seré yo quien se detenga a señalar
-lo que por completo no satisfaga. Sólo afirmaré
-que si peca, es por exceso en el deseo de perfección,
-o por dilectantismo en los descuidos. Marmóreo,
-amador de lo clásico, moderno, sapiente o
-«funambulesco», quien ha escrito esos versos es
-un apolonida, un prestigioso tocador del instrumento
-divino. Yo me precio de comprender su
-espíritu y de admirar su feliz consagración. Mucho
-debo también a sus gallardos entusiasmos y a su
-afecto. Gongora, Banville, Montesquieu, celebrarían
-más de una de sus ejecuciones. ¿Y quién no
-alabará a quien en su retiro compuso esos poemas,
-varios como las cosas y los días, en loa del Amor,
-de la Amistad, de la Belleza, de la Patria, que<span class="pagenum"><a name="Page_71" id="Page_71">[71]</a></span>
-fueron tregua y ornamento en medio de la vida
-amarga y bella? Vendrán frutos de mayor jugo y
-más completa sazón; vendrán productos más temperados
-y de vastas proyecciones; pero el frescor
-de las horas primaverales permanecerá en las cosechas
-primigenias.</p>
-
-<p>Hay un soneto final en el volumen en que me
-ocupo, que hace ver un Ricardo Rojas supersticioso,
-como cumple a un verdadero interrogador
-de los misterios del mundo. Tratan esos catorce
-versos de la malhadada profecía de una gitana,
-que al probar en el poeta su saber quiromántico,
-interpretó el fatídico signo de una muerte temprana:</p>
-
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry"><div class="stanza">
-<div class="line i1">Deme esa triste dicha de perecer mañana</div>
-<div class="line">La Lívida que acecha mi paso en el camino,</div>
-<div class="line">Cuando aún mi carne llore por el arte divino</div>
-<div class="line">Y arda mi alma en la lumbre de su pasión humana.</div>
-<div class="line i1">Corte el hilo invisible de mi vida su diente,</div>
-<div class="line">Antes que se marchite la rosa de mi frente;</div>
-<div class="line">Mas concédame, al menos, en mi destino raro,</div>
-<div class="line i1">Realizar en el mundo la visión de mis sueños,</div>
-<div class="line">Que es dejar a otra frente mi corona de ensueños,</div>
-<div class="line">Y mi amor en el ritmo de poema preclaro.</div>
-</div></div></div>
-
-<p>Las gitanas, como todas las sibilas, suelen con
-bastante frecuencia equivocarse, y el poeta tiene
-posiblemente en su vigor de voluntad el secreto de<span class="pagenum"><a name="Page_72" id="Page_72">[72]</a></span>
-su vivir. Después de <i>Los lises del blasón</i>, después
-de <i>El Libro de Perséphone</i>, después de <i>La Sangre
-del Sol</i>, dos libros, estos últimos, que aun no conozco,
-han de venir otros más firmes y melodiosos
-poemas. Y el patriótico idealista completará también
-la tarea para la que ha nacido.</p>
-
-<div class="figcenter2em">
- <img src="images/illusb008.png" width="250" height="189" alt=""/>
-</div>
-
-<hr class="chap" />
-
-<div class="chapter">
-<p class="p4"><span class="pagenum"><a name="Page_73" id="Page_73">[73]</a></span></p>
-
-<div class="figcenter4em">
- <img src="images/illusb029.png" width="500" height="192" alt=""/>
-</div></div>
-
-<h3 id="UGARTE">MANUEL UGARTE</h3>
-
-
-<p>El Sr. Manuel Ugarte, tan ventajosa y profusamente
-conocido en la Prensa hispanoamericana, en
-España, en el elemento socialista de Francia; que
-ha sido un ferviente adorador de las musas y de las
-gracias; que recientísimamente ha publicado un
-libro de gran resonancia, que ha tenido comentadores
-hasta en el lejano Japón, <i>El porvenir de la
-América latina</i>, recorre hoy los países de nuestro
-continente e islas castellanas, dando en conferencias
-voces de alarma, señalando, <i>gesto</i> complementario
-de su doctrina opuesta, el peligro yanqui. Ya
-en Cuba, y a pesar de que ha mentado la soga en<span class="pagenum"><a name="Page_74" id="Page_74">[74]</a></span>
-casa del ahorcado, fué recibido con la usual ferviente
-gentileza que, para los escritores extranjeros
-tienen los hombres de letras cubanos. Los merecimientos
-de Manuel Ugarte harán, desde luego, que
-en todos los países que visite sea acogido con fraternal
-cordialidad.</p>
-
-<p>Supongo que las prédicas del nuevo cruzado expondrán
-y desarrollarán el espíritu de su libro, que
-él llama sencillo, pero que no lo es tanto como su
-modestia lo declara. Hay en él ideas, estilo, entusiasmo,
-y, hasta el águila de la cubierta, que lleva
-en las garras el pabellón de los Estados Unidos,
-había de llamar la atención sobre todo al yanqui.
-Así fué que, en la tierra de los dólares, fué examinada
-o combatida su obra, mayor y más detenidamente
-que en ninguna otra parte. Tal libro es un
-libro <i>de buena fe</i>, que diría Montaigne, un libro
-que, para el ideal que sostiene, hacía falta. El grito
-de alarma se había dado ya líricamente. Vargas
-Vila, entre otros, había lanzado terribles clamores;
-José Martí, más de una vez, había dicho cosas bellas
-y proféticas sobre el acecho de los hombres del
-Norte. Yo mismo, hace ya bastante tiempo, lancé
-a Mr. Roosevelt, el fuerte cazador, un trompetazo,
-por otra parte inofensivo. Pero esas son cosas<span class="pagenum"><a name="Page_75" id="Page_75">[75]</a></span>
-de poetas. El volumen de Manuel Ugarte es trabajo
-de estudioso, con observaciones felices, erudición,
-método, y, aunque el autor no lo quiera, literatura.
-Y, sobre todo, ha sido un volumen
-<i>sensacional</i>. Todo ello es hermoso, plausible y meritorio.</p>
-
-<p>«Claro está&mdash;dice Manuel Ugarte&mdash;que todo grito
-de polémica tiene que levantar objeciones. Unos
-censurarán la desconfianza que nace acaso de la
-contradicción, entre el valor inapreciable de nuestro
-porvenir y la debilidad que nos imposibilita
-para defenderlo. Sois, nos dirán, como el niño que
-ha cogido una mariposa y la aprieta en el hueco
-de la mano a riesgo de destruirla. Otros criticarán
-el optimismo, brote espontáneo de una concepción
-batalladora y enérgica de la vida. Los más hostiles
-pondrán en tela de juicio el interés del estudio.
-Los más hábiles le darán un alcance que no tiene.
-Éstos le motejarán de antipatriótico. Aquéllos verán
-en él un síntoma de imperialismo. Y condenada
-aquí a una circulación silenciosa por las conspiraciones
-inútiles, levantada allá por las olas
-confusas de las divergencias, la obra estará siempre
-lejos de conseguir una aprobación unánime.» Yo
-no soy de los hostiles, y digo: el libro es interesan<span class="pagenum"><a name="Page_76" id="Page_76">[76]</a></span>te,
-muy interesante. Aplaudo el optimismo, porque
-es bello y saludable. Celebro la intención romántica
-y generosa. Y después de aplaudir el libro,
-aplaudo el viaje. Pero... en cuanto a los resultados,
-me declaro absolutamente pesimista. Unos pueblos
-en donde el dólar impera ya, están contentísimos
-según parece. Y en los otros, hay quienes tienen
-envidia a los primeros, y desean que el monstruo
-les devore. «Conozco al monstruo porque he vivido
-mucho tiempo en sus entrañas», decía José Martí,
-desde New-York. Y los <i>pueblos enfermos</i> parece que
-dijesen: «Señor monstruo, le damos las gracias,
-puesto que nos va a comer en salsa de oro».</p>
-
-<p>Por lo que toca al autor y oral propagandista,
-no es detalle secundario lo que se diga de él. Y yo
-digo que, aunque el porvenir de la América Latina
-sea el previsto fatalmente, Manuel Ugarte, con sus
-esfuerzos en el libro, en la Sorbona y en el viaje,
-habrá ganado el mejor laurel para su cabeza.</p>
-
-<div class="figcenter2em">
- <img src="images/illusb014.png" width="400" height="125" alt=""/>
-</div>
-
-<hr class="chap" />
-
-<div class="chapter">
-<p class="p4"><span class="pagenum"><a name="Page_77" id="Page_77">[77]</a></span></p>
-
-<div class="figcenter4em">
- <img src="images/illusb003.png" width="500" height="210" alt=""/>
-</div></div>
-
-<h3 id="ZARRAGA">ANGEL ZARRAGA</h3>
-
-
-<p>Llegó de tierra mejicana a Europa joven, muy
-joven.</p>
-
-<p>Escribía versos, pintaba cuadros, estaba lleno de
-ilusiones de gloria.</p>
-
-<p>Los versos y las pinturas revelaban un hermoso
-y fresco talento, en el cual se encontraba una cuidada
-cultura, la decisión y la pasión del artista
-nacido y la chispa americana.</p>
-
-<p>Se fué a la madre patria, a España; los versos
-fueron poco a poco quedando en segundo término
-y Angel Zárraga, como poseído de su verdadera vocación,
-buscó a los maestros pintores peninsulares,<span class="pagenum"><a name="Page_78" id="Page_78">[78]</a></span>
-visitó y estudió el Museo del Prado, entró al taller
-del admirable técnico que es Sorolla; aprendió todo
-lo que pudo aprender; se relacionó con los intelectuales,
-fué íntimo de Valle Inclán, de los Baroja;
-se unió a los jóvenes que hoy brillan en el arte español.
-Luego fué a Bélgica, ensayó tales o cuales
-novedades, neo-impresionismo, divisionismo; dejó
-piafar su juventud ansiosa. La reflexión llegó, y
-cambió los nuevos buscadores por los viejos maestros.
-Quintín, Metsys, Memling, todos los grandes
-flamencos fueron admirados y comprendidos por el
-hijo del país azteca, que lleva sangre vasca en las
-venas. En Holanda conoció y trató a más de un
-raro de la pintura, como ese misterioso y singular
-Toorop, sobre quien se diría ha soplado una ráfaga
-venida de las entrañas de la antigua India. Luego,
-Angel Zárraga pasó a Italia, y fué encantado por la
-más maravillosa y deleitable música de los ojos,
-con los poderosos creadores del Renacimiento, con
-los príncipes del dibujo y reyes del color, con los
-suntuosos y soberbios decoradores de iglesias y palacios
-que dejaron a los siglos sus tesoros de gracia
-y fuerza pictóricas. Mas no fueron solamente los
-italianos, sino otros grandes de otras partes quienes
-prefiriera su deseo de perfeccionamiento. Y así<span class="pagenum"><a name="Page_79" id="Page_79">[79]</a></span>
-ha escrito Rodolfo Panichi: «Il Rembrandt, il Morone,
-il Tintoretto, il Velázquez, il Goya, sono
-i veri maestri che lo Zárraga ha nell' ánima e nell'
-ochio, ed egli si pone il principio che, coi mezzi
-meravigliosi dei Veneti del decimosesto secolo e
-degli Spagnuoli del decimosettimo si possa esprimere
-tutta la complessità e l'inquietudine della
-vita contemporanea. Egli trascura pertanto ogni
-artificio di tecnica moderna, riescendo ad ottenere
-una luminositá composta, una intonazione gradevole
-e poetica, alla quale tuttavia i suoi studi sulla
-divisione e sovraposizione del colore devono avergli
-giovato notevolmente. Cosi, se c'e talora nei
-suoi lavori un senso di manierismo nella distribuzione
-delle parti principali, e di convenzionalismo
-negli accessori che ricordano le composizioni del
-nostro risorgimento, egli resta però psicologicamente
-indipendente». Y es lo cierto que, de su incursión
-por el espíritu del arte moderno, han resultado
-obras que tienen una característica, un
-sello personal inconfundible en figuras magistrales,
-sólo que, como lo hace notar el mismo Panichi, el
-tipo de los campos es distinto, «es el país castellano,
-son los contornos de Toledo y de Segovia los
-que el pintor siente y reproduce: un país lleno de<span class="pagenum"><a name="Page_80" id="Page_80">[80]</a></span>
-melancolía y de tristeza...» En España ha encontrado
-Zárraga muchas de sus figuras. <i>La vieja que
-ora</i>, arrugada y triste de una pena secular; <i>La mala
-consejera</i>, la celestina de cara de buho, junto a la
-muchacha rozagante, carne de vicio; <i>La bailarina
-desnuda y la trotaconventos maternal</i>; <i>La mendiga y
-la vieja del rosario</i> y <i>El Tríptico</i> de las dos mozas
-ferrosas y el viejo del escapulario, apretado, amojamado,
-pero viviente de su vida sórdida, devota
-y tradicional.</p>
-
-<p>¡Y las lindas figuras femeninas de Angel Zárraga!
-La del <i>Don, Marta y María</i>, ascetismo y voluptuosidad;
-el otro cálido desnudo de la <i>Alegoría del
-Otoño</i>, cuadro digno de los buenos tiempos de Venecia;
-un precioso retrato de adolescente; la dama
-arrodillada ante el San Sebastián, un tanto paganizado
-del <i>Voto</i>, que se expuso en el pasado Salón de
-Otoño; la hembra de <i>la femme et le pantin</i>; y, sobre
-todos, esa maravillosa <i>Novia</i>, cuadro que con sus
-dos desnudos es un canto misterioso a la <i>arcilla
-ideal</i>, al hechizo enigmático de la mujer, y que, vagamente
-sugiere en la simbólica Granada entreabierta,
-el arcano amoroso y la iniciación de las
-iniciaciones. Paso a paso, consciente y con seguridad,
-va Angel Zárraga camino de la gloria.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-<div class="chapter">
-<p class="p4"><span class="pagenum"><a name="Page_81" id="Page_81">[81]</a></span></p>
-
-<div class="figcenter4em">
- <img src="images/illusb037.png" width="500" height="84" alt=""/>
-</div></div>
-
-
-<h3 id="SOLAR">ALBERTO DEL SOLAR</h3>
-
-
-<p>La Real Academia Española, que acaba de abrir
-sus puertas al escritor chileno Alberto del Solar en
-calidad de miembro correspondiente, ha realizado
-un acto de completa justicia. Ha tiempo que el
-autor de tantos libros plausibles, que acaban de aparecer
-compilados en una bella edición de <i>Obras
-Completas</i>, era merecedor de tal homenaje. Fuera
-de sus méritos de novelista, de narrador, de poeta,
-de autor dramático, ha sido siempre cultivador de
-la tradición castiza de nuestra lengua, y no ha transigido
-ni aun con la singular costumbre, que creo
-que se debe a D. Andrés Bello, de usar la i latina
-como conjunción en los casos en que todos usamos<span class="pagenum"><a name="Page_82" id="Page_82">[82]</a></span>
-la <i>y</i> griega o <i>ye</i>. Va bien, pues, Del Solar, entre los
-que tienen por especial misión limpiar, fijar y dar
-esplendor al idioma castellano.</p>
-
-<p>Una de las particularidades que distinguen a Alberto
-del Solar es su americanismo, demostrado
-desde antaño. Desde sus recuerdos sobre la guerra
-del Pacífico, en la cual, siendo muy joven, tomó
-parte por mar y por tierra, hasta sus últimos trabajos,
-casi todos, todos puede decirse, se refieren a
-nuestra América, y principalmente a Chile, su patria,
-o a la República Argentina, patria de sus
-hijos.</p>
-
-<p>En esos recuerdos a que me he referido brilla
-un vibrante amor de la tierra natal, y de sus glorias,
-y se habla con palabras de verdad y de entusiasmo&mdash;«yo
-vi, yo estaba allí»&mdash;del heroísmo
-del soldado chileno, de su terribleza y de su resistencia.
-Y no hay, desde luego, ninguna manifestación
-de odio o rencor al enemigo. En la novela
-<i>Huincahual</i>, que pasa en tiempos del antiguo Arauco,
-y que habría regocijado a Marmontel y logrado
-la aprobación de Chateaubriand, se trata de luchas
-y amores entre personajes de las razas contrarias:
-la conquistadora y la autóctona. La narración es
-clara, sencilla, con justa y precisa erudición, como<span class="pagenum"><a name="Page_83" id="Page_83">[83]</a></span>
-que se apoyaba el autor en documentos del eminente
-americanista Medina, y de un interés sostenido
-y atrayente. «Me ha gustado e interesado tanto,
-que pienso hablar de ella cuando hable de otras
-novelas hispanoamericanas», escribía D. Juan
-Valera.</p>
-
-<p>En <i>Rastaquouere</i>, otra novela, trabaja Del Solar
-en materia contemporánea y graciosísima; está
-muy galanamente escrita, y contiene muchas y
-muy saludables enseñanzas.</p>
-
-<p>La novela <i>Contra la marea</i>, entusiasmó a poetas
-como Rafael Obligado, cuando fué leída en reuniones
-literarias en casa de ese noble e ilustre amigo;
-yo asistí a algunas durante mi permanencia en
-Buenos Aires. Es también labor americana, de ambiente
-argentino, y en ella, como en <i>El Faro</i>, otra
-novela escrita sin que conociese el autor <i>La Tour
-d'Amour</i>, de Rachilde, aparece uno de los elementos
-que ejercen mayor atracción en la facultad imaginativa
-y creadora de Alberto del Solar: el mar.</p>
-
-<p>En las concertadas líneas de esta «cabeza» no
-podría ni someramente juzgar ni presentar toda
-la obra ya numerosa de mi eminente amigo. Alguna
-vez&mdash;hace ya años&mdash;expresé mis elogiosos
-pensares en el prólogo de uno de sus libros. Hoy<span class="pagenum"><a name="Page_84" id="Page_84">[84]</a></span>
-podría agregar que ha contribuído a la formación
-del teatro nacional argentino, con la presentación
-de más de una obra celebrada a pesar
-de lo dificultoso de la empresa. De su comedia <i>El
-doctor Morris</i>, que creo se ha representado también
-en inglés, decía el poeta Díaz Romero: «Es una
-de las obras de teatro más seductoras que se hayan
-representado en este país». Y de <i>El Faro</i>, <i>Chacabuco</i>
-y otros trabajos se han hecho los juicios más
-satisfactorios.</p>
-
-<p>Mucho habría que decir del crítico, del conferencista,
-de algún excelente ensayo de historia; mas
-ello no cabría sino en líneas mayores. Debo, sin
-embargo, hablar del poeta. Y aquí volveré a recordar
-cómo aviva su fantasía, y le mueve a expresarse
-métrica, sonoramente la vasta influencia oceánica,
-advertida desde su infancia en la pintoresca y
-encantadora Valparaíso. Cuando aparecieron en <i>La
-Nación</i>, de Buenos Aires, versos de Del Solar, el
-hecho causó asombro. Sus colegas de la prosa se
-asombraron: ante los mundanos y ante los de los
-millones perdió méritos; los poetas, celosos de su
-ciudad sagrada, le exigieron el <i>schiboleth</i>. Con todos
-ellos supo entenderse; y al publicar recientemente
-su poema <i>El Diamante azul</i>, en que siempre apare<span class="pagenum"><a name="Page_85" id="Page_85">[85]</a></span>ce
-la prodigiosa Thalassa, se ha visto que se trata
-de un verdadero lírico, conocedor de nuestro parnaso
-y de los grandes poetas ingleses, y cuya factura
-de corte clásico no le impide vuelos muy modernos,
-pegaso y aeroplano. Páginas entusiásticas
-se han escrito sobre ese hermoso poema&mdash;entre
-ellas una notable de Luis Berisso&mdash;, y en ellas se
-alaba el dominio de la expresión y la fuerza imaginativa.
-Yo he leído con detención esos resonantes
-y ágiles versos que expresan un significativo «mito»
-y que juntan la gracia de las ficciones y metamorfosis
-antiguas a un tema que no puede ser más real,
-en las férreas y mecánicas tragedias de nuestros
-días: el naufragio del <i>Titanic</i>. Una leyenda comentada
-por los diarios a raíz de la pérdida de aquel
-colosal barco, dió motivo a que Del Solar escribiese
-su conmovedora y musical obra, y el poema
-surgió, digno del poeta y de la poesía.</p>
-
-<div class="figcenter2em">
- <img src="images/illusb041.png" width="350" height="76" alt=""/>
-</div>
-
-<hr class="chap" />
-
-<div class="chapter">
-<p class="p4"><span class="pagenum"><a name="Page_87" id="Page_87">[87]</a></span></p>
-
-<div class="figcenter4em">
- <img src="images/illusb003.png" width="500" height="210" alt=""/>
-</div></div>
-
-<h3 id="PICON">JACINTO OCTAVIO PICON</h3>
-
-
-<p>La reciente elección de la Real Academia Española
-ha sido, con justicia, muy bien recibida en los
-círculos intelectuales. El elemento antineo se ha
-sentido con gran regocijo; pues hubo lucha en el
-reino gramatical, y, sin la oportuna llegada de votos
-importantes como Galdós y Sellés, es casi seguro
-que hubiera triunfado el candidato conservador,
-el eminente anónimo D. Angel María Decarrete.
-Picón es un espíritu simpáticamente vivaz,
-uno de los mejores escritores de su país y un <i>gentleman</i>
-cuya corrección se viste de amabilidad: hice,
-pues, mi visita a Picón.</p>
-
-<p>Yo no le conocía personalmente; no obstante,<span class="pagenum"><a name="Page_88" id="Page_88">[88]</a></span>
-un académico siempre tiene ante nuestra imaginación
-cierta gravedad doctoral: así, mi sorpresa,
-al ser presentado, no pudo disimularse: nada de lo
-imaginado, ¡ni siquiera anteojos! En su <i>garçonniére</i>,
-donde preside el más discreto y elegante gusto
-en el arreglo y decoración, vive entre libros y
-obras de arte: viudo que parece más joven que
-sus hijos ya hombres. Hidalgo antiguo con el aspecto
-de un clubman moderno: dedicado a sus libros
-viejos para saber y decir cosas nuevas. Al
-mirar, los ojos finos parecen que registran las intenciones;
-el ademán es franco y noble, el apretón
-de manos da la sensación de la sinceridad. Es
-afectuoso y varonil, sin melosidades falsas ni chinerías
-de fórmulas. A poco, ya estamos viendo
-una nueva edición del <i>Quijote</i> hecha en Inglaterra;
-y con tal causa admiro su conversación erudita,
-su pericia de bibliófilo y su seguridad crítica. Me
-muestra buena parte de sus libros raros, de sus
-ejemplares preciosos, con orgullo de buen artesano
-que supiera la calidad de sus útiles, con el aire
-de un maestro de armas que enseñase sus mejores
-espadas y floretes. Ya es un curiosísimo libro de
-refranes, ya un Quevedo que tuvo entre sus manos
-la censura de la Inquisición, con versos y estrofas<span class="pagenum"><a name="Page_89" id="Page_89">[89]</a></span>
-tachados, que en las ediciones posteriores, o están
-reemplazados por puntos suspensivos, o suprimidos;
-o ya por mostrar lo que es el lujo aristocrático de
-la tipografía española, volúmenes de Monfort, de
-la imprenta real, o de Sancha.</p>
-
-<p>&mdash;«¿Un cigarrillo?»</p>
-
-<p>Tengo que confesar, con verdadero encogimiento,
-que me es extraño el</p>
-
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry"><div class="stanza">
-<div class="line">Agréable tabac, charmant amusement</div>
-<div class="line">Qui d'un langage muet entretient en fumant,</div>
-</div></div></div>
-
-<p>como dice el ramplón rimador del <i>Portrait Universel</i>;
-y como se sorprendiese&mdash;¡Un americano que
-no fuma!&mdash;sostengo el honor de nuestro continente
-citando a nuestros más ilustres fumadores,
-comenzando con el general Mitre.</p>
-
-<p>Le pregunto algo sobre la recepción en la Academia
-y cuándo se verificaría.&mdash;«Vea usted&mdash;me
-dice&mdash;, ha sido costumbre generalmente adoptada
-en este Instituto, que los académicos elegidos dejen
-pasar tres, cuatro, cinco y hasta nueve años para
-ingresar en sesión pública y pronunciar el discurso
-de reglamento. Yo pienso hacerlo probablemente a
-principios de año, quizá en el próximo marzo. Y
-me salgo de la regla por varias razones, y no es la<span class="pagenum"><a name="Page_90" id="Page_90">[90]</a></span>
-menor el que sea D. Juan Valera quien tenga que
-contestarme. Nuestro D. Juan está, aunque todavía
-fuerte, en una edad muy avanzada, ciego: y
-una enfermedad a sus años, por leve que fuera, le
-impediría ocupar su puesto en mi recepción. Confieso
-que prefiero salirme de la costumbre académica
-a privarme de la honra y el placer de que
-sea Valera quien me reciba al ocupar mi sillón.
-Además... (y aquí no sé si sea indiscreto como
-amigo, aunque lleno mi labor de periodista, al reproducir
-las palabras del Sr. Picón), además, los
-neos se han portado muy mal conmigo en esta
-emergencia. Los académicos que me apoyaban,
-habían anteriormente ayudado a la elección de un
-candidato conservador, con la condición de que mi
-candidatura no encontraría obstáculo de parte de
-aquéllos. Pues bien, ahora, si he podido vencer,
-ha sido con la oposición de ellos, y gracias a que
-dos votos que faltaban llegaron a tiempo, haciendo
-viaje exprofeso Galdós de Santander y Sellés de
-Portugal, en donde a la sazón se encontraban.
-Quiero, pues, entrar pronto y ocupar el puesto
-que me corresponde entre los de filiación; contribuir
-a evitar algunas cosas y a realizar otras...»</p>
-
-<p>Yo miraba a aquel hombre nervioso, vibrante<span class="pagenum"><a name="Page_91" id="Page_91">[91]</a></span>
-de intelectualidad, en lo más firme de sus años,
-extranjero entre calvas y «pelucas», y recordaba
-sus páginas valientes de arte y de idea; sus varios
-pinchazos a la misma Academia, como aquella
-graciosa nota de un capítulo de <i>Dulce y sabrosa</i>:
-«El autor había escrito <i>manguitos</i>. La Academia
-dice <i>mangotes</i>. ¡Paciencia!»; su libertad de juicio,
-su continuo volar hacia adelante sin perder por
-esto sus adoraciones antiguas y cultos clásicos; sus
-declaraciones de partidario del progreso moderno
-y hasta sus audacias de socialista; y frases como
-aquella que en un prólogo suyo le declara «soldado
-raso, contra todas las ideas casi vencidas
-de lo pasado y a favor de las esperanzas de
-lo porvenir, no triunfantes todavía». No llega,
-pues, con las simpatías de los inmortales ortodoxos.
-Mas puede decir al entrar las palabras de
-Warburton a lord Sandwich: <i>Orthodoxy my Lord,
-is my doxy</i>.</p>
-
-<p>&mdash;Lo que será reñido&mdash;le dije&mdash;, es la elección de
-presidente, que debe estar próxima, pues el conde
-de Cheste enfermo, y cerca de los cien años, deberá
-tener pronto reemplazante.</p>
-
-<p>&mdash;Sí. Los neos querrán imponer a su candidato
-y nosotros haremos lo posible por impedirlo.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_92" id="Page_92">[92]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Pero usted atacaría a Menéndez y Pelayo&mdash;le
-pregunté, pensando en el más meritorio del
-grupo conservador.</p>
-
-<p>&mdash;No se trata de Menéndez y Pelayo. Marcelino,
-que, con su alto pensar y su inmenso saber, no se
-ha sujetado al cenáculo intransigente, ni se ha
-prestado a ciertas combinaciones, es ahora poco
-simpático a una parte de los académicos de su partido.
-Así es que, al llegar el momento de elegir
-sucesor al conde de Cheste, como habría disidencia
-al tratarse de Menéndez y Pelayo, todos por
-unanimidad votarán a Pidal.</p>
-
-<p>&mdash;Debe estar usted muy satisfecho de ir a ocupar
-el sillón de Castelar.</p>
-
-<p>&mdash;Ciertamente, y en esto saldré también de los
-usos de la Academia: en que no haré el exordio
-acostumbrado sino que, como «Castelar» es el
-tema de mi discurso, entraré llanamente a hablar
-de Castelar y su obra, tal como yo pienso del asunto.
-Para eso estoy leyendo todo lo que sobre Castelar
-se ha escrito. Fuí muy amigo suyo. Ha sido
-el último de nuestros grandes estadistas. Hombres,
-así, soñadores o no, nos hacen falta...</p>
-
-<p>Aquí la conversación entró en otro terreno. Dos
-diamantes de energía pasaron por los ojos pene<span class="pagenum"><a name="Page_93" id="Page_93">[93]</a></span>trantes.
-Era el hombre amante de su pobre patria
-venida a menos; el conocedor de las desgracias actuales
-y de sus causas.</p>
-
-<p>&mdash;Ha venido usted a vernos en momentos terribles
-para España. Ha caído nuestra amada y
-grande España muy abajo; y lo peor es la espantosa
-enfermedad nueva aquí, que ha atacado a esta
-tierra: la conformidad, la indiferencia con el desastre,
-el encogimiento de hombros ante la ruina.
-Crea usted: aquí no nos hacen falta inteligencias,
-no estamos necesitados de talentos que se encuentran
-a cada paso: lo que no tenemos son voluntades,
-la abulia es la adolencia actual nuestra.</p>
-
-<p>La antigua alma española ha sufrido como una
-transformación. Antes se habría puesto el pecho al
-frente, se habría luchado por la reconstrucción del
-perdido poderío; se habrían multiplicado los esfuerzos.
-Hoy, apenas se oye el levantamiento de
-iniciativas individuales. Y el primero en impedirlas
-es el Gobierno. Por un lado apatía, por otro
-políticas dañosas y descuido de los verdaderos intereses
-del pueblo español; saque usted la consecuencia.</p>
-
-<p>Y nuestro eterno enemigo: ¡el expediente! El papelerio
-cierra el paso a toda obra, desde la más ele<span class="pagenum"><a name="Page_94" id="Page_94">[94]</a></span>vada
-hasta la más modesta. ¿Cómo va a prosperar
-España si lo primero que hay que pasar, para la
-menor cosa que implique un adelanto, es una montaña
-de expedientes y ríos de tinta oficinesca? Voy
-a contar a usted un caso:</p>
-
-<p>En cierta provincia hubo un individuo que quiso
-dotar al pueblo de su residencia con una cañería.
-Creyó que para hacer aquel bien municipal le
-bastaría con su dinero y con su buena voluntad, y
-encargó los tubos y materiales necesarios para llevar
-a cabo la obra. Pero sucede que, junto al pueblo
-de que hablo hay una carretera, y precisamente
-bajo esa carretera debía pasar la cañería que conduciría
-el agua a la población. Comenzaron los trabajos,
-pero como había que remover el terreno de
-la carretera, la Autoridad manifestó al vecino generoso
-que tenía que pedir el permiso necesario para
-continuar la obra. Se dirigió al Ministro y en el
-Ministerio se tardaron largos días para, por último,
-ponerle «pase a la Junta consultiva»: la tal Junta
-consultiva envió a su vez, después de un tiempo
-enorme gastado, el expediente a otra Comisión,
-creo que de ingenieros oficiales. Allí la cosa tardó
-no sé cuántos meses, para pasar después a la Junta
-y al Ministerio, y ¡no sé a dónde más! Resumen:<span class="pagenum"><a name="Page_95" id="Page_95">[95]</a></span>
-mientras los papeles iban de Herodes a Pilatos, los
-materiales de la cañería se arruinaron; el pueblo
-no tuvo agua, el vecino gastó su dinero y su paciencia;
-¡pero triunfó el papel sellado!</p>
-
-<p>Toqué el punto de la intelectualidad, del trabajo
-mental, de la producción literaria. No se manifestó
-Picón muy optimista. Desde luego, al hablar de
-la crítica expresó más o menos&mdash;con gran placer
-de mi parte&mdash;, ideas, opiniones y observaciones
-iguales o semejantes a las que os he comunicado
-ya. Pero, llamáronme bastante la atención revelaciones
-como ésta: que aquí no puede haber crítica
-imparcial, o con simples preocupaciones de arte,
-por razones de pura consideración personal y a veces
-hasta de caridad... Un autor publica un libro,
-cuando no es un escritor rico, para tener que echar
-algo al flaco puchero de su casa. Ese autor tiene
-familia, mujer, hijos; conoce a todo el mundo y
-todo el mundo le conoce, pues en el de las letras
-se vive en Madrid como en familia, y el crítico que
-«pega un palo», como dicen aquí, al libro de aquel
-autor, sabe que contribuirá al hambre de muchos
-inocentes. (Desde luego, yo tenía deseos de observarle
-a este propósito que en la campaña argentina
-se necesitan brazos y se hacen fortunas.)</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_96" id="Page_96">[96]</a></span></p>
-
-<p>Lo propio que con los autores acontece con los
-cómicos. Una infeliz tiple que sostiene con sus sacrificios
-artísticos a su familia, tiene de su parte el
-buen corazón de la crítica, que no querrá evitarla
-los garbanzos. Luego, críticos y autores se ven a
-cada paso y son más o menos amigos. «Si <i>Clarín</i>
-residiera en la Corte y no en Oviedo, le aseguro que
-no escribiría con la independencia relativa con que
-escribe.»</p>
-
-<p>Y esto traía a mi recuerdo el aspecto de la mayor
-parte de los «luchadores por la vida» o <i>struggleforlifers</i>
-de la pluma que circulan por Madrid en situaciones
-lamentables. La perpetua preocupación
-del «sablista» en los artículos satíricos y caricaturas,
-las levitas melancólicas, los sombreros imposibles,
-la indumentaria toda amargamente reveladora
-en el gremio. ¡Ah! los felices que logran seis
-duros en un periódico por un artículo. ¡Ah! los
-que hablan de cosas fabulosas, entre envidiosos y
-asombrados: «¿Sabe usted cuánto le pagan a Valera
-por artículo? ¡treinta duros!» «¿Sabe usted cuánto
-gana Cávia al mes? ¡Una barbaridad!» ¿Y el joven
-que mira la suerte del autor de teatro que logra
-triunfar, lo cual constituye ciertamente una verdadera
-ganga, y se lanza a buscar su Eldorado de las<span class="pagenum"><a name="Page_97" id="Page_97">[97]</a></span>
-tablas con una pieza que no le han de representar
-nunca? ¿Y el soñador infeliz que tiene que contentarse&mdash;¡y gracias!&mdash;con
-dejarse de literaturas y
-reportear largo y tendido por doce o quince duros
-mensuales?</p>
-
-<p>Tal pensaba al despedirme del nuevo académico,
-al salir de su encantadora casita de rico, donde se
-da los lujos que le vienen en antojo y compra estampas
-raras y ediciones <i>princeps</i>.</p>
-
-<p>Su obra es ya considerable, desde sus <i>Apuntes
-para la historia de la caricatura</i>, hasta su valioso
-volumen sobre Velázquez recién publicado, en la
-crítica de arte, y desde <i>Lázaro</i> hasta sus <i>Novelitas</i>.
-Pero para mí, y para todo el que tenga el gusto de
-lo humano y de lo pulcro, aparece como el más
-preciado fruto de su árbol literario esa <i>Dulce y sabrosa</i>,
-manzana de Garcilaso, novela de maestro,
-figuración llena de vida y hechizo. Libro es ese en
-que se nos presenta el deseo incontenido de lo lejano,
-de lo que no poseemos, de lo difícil, antes
-que el deseo de lo imposible, tan íntimo en los artistas.
-<i>Dulce y sabrosa</i> es la mujer amada, lograda
-y dejada; pero que luego en poder ajeno despierta
-una nueva ansia de posesión y arrastra hasta la locura
-por conseguirla. Todos hemos tenido nuestra<span class="pagenum"><a name="Page_98" id="Page_98">[98]</a></span>
-Cristeta; todos en lo hondo de nuestro pecho somos
-un poco Todellas. Y esa fabulación sencilla y vestida
-de una realidad que admite una confrontación
-inmediata, deja al gustarlo una grata sensación de
-descanso. Jamás un final semejante ha establecido
-más bellamente la libertad del amor como cuando
-acaba «esta entre verídica e imaginada historia,
-con el raro ejemplo de una mujer que todo lo pospone
-al deseo de ser amada». En lo que respecta al
-estilo, Picón es castizo hasta la medula, pero con
-una cultura moderna como la suya, junta a los
-donaires y elegancias de sus viejos autores la manera
-de describir, por ejemplo, y de sentir ciertas
-cosas, que poseen los maestros contemporáneos de
-las literaturas extranjeras. Lo que constituye una
-característica suya, su especialidad, es el modo
-cómo penetra el arte y cómo agrega, con elementos
-plásticos, a la arquitectura de su obra, singulares
-bizarrías y gracias. Tanto más que, por haber leído
-seguramente mucho a los místicos españoles, hay en
-el alma de su discurso, casi a cada paso, un ímpetu
-espiritual, un deseo de vuelo, un querer y un aspirar
-a la altura, que en pocos escritores contemporáneos
-se pueden hallar en España. No es un incrédulo
-este liberal. Cree, ¡al contrario!, en la eterna<span class="pagenum"><a name="Page_99" id="Page_99">[99]</a></span>
-Divinidad, esto es, en la eterna justicia, en la eterna
-bondad y en la eterna belleza. Por eso se deleita en
-la construcción de sus ensueños de regeneración
-social, quiere a los infelices de abajo, y canta los
-besos y celebra las «batallas de amor en campo de
-pluma» con las mujeres hermosas.</p>
-
-<div class="figcenter2em">
- <img src="images/illusb019.png" width="125" height="307" alt=""/>
-</div>
-
-<hr class="chap" />
-
-<div class="chapter">
-<p class="p4"><span class="pagenum"><a name="Page_101" id="Page_101">[101]</a></span></p>
-
-<div class="figcenter4em">
- <img src="images/illusb025.png" width="500" height="107" alt=""/>
-</div></div>
-
-<h3 id="ERRAZURIS">FRAY CRESCENTE ERRAZURIS</h3>
-
-
-<p>Esta cabeza religiosa está llena de cordura, de
-ciencia, de erudición y de sutileza. Es una de las
-más fuertes de Chile. Si estáis ante él, sus miradas
-agudas penetrarán hasta lo mas hondo de vuestras
-intenciones. Si os enseña, tendréis que aprender
-mucho en saberes humanos y divinos. Si queréis
-ser su contrincante, tendréis que prepararos a la
-derrota. No solamente se ha ejercitado en disciplinas
-teológicas y de religión, conforme con su
-vocación y estado, sino que se ha nutrido de letras
-profanas, de acuerdo con San Buenaventura o San
-Gregorio Nacianceno, San Juan Damasceno u Orí<span class="pagenum"><a name="Page_102" id="Page_102">[102]</a></span>genes.
-Podría, como Sedulio, ser llamado <i>vir scholasticissimus</i>.</p>
-
-<p>Cuenta ya largos años de vida, y ha dado a su
-patria vigorosos productos de su entendimiento, y
-habiéndola servido en el siglo, continúa en el
-claustro dándole lustre y sana gloria.</p>
-
-<p>Se dedicó a los estudios históricos, y ello me
-hace recordar el párrafo en que Cicerón habla de
-que: «uno de los principales deberes de los Pontífices
-máximos de la antigua Roma, era el escribir
-lo que se llamaba «grandes anales», y ponerlos
-de manifiesto en su casa, para que todo el mundo
-tuviese la libertad de tomar lo que quisiera de
-aquel tesoro de la república».</p>
-
-<p>La Memoria sobre <i>Seis años de la historia de
-Chile</i>, dió al P. Errazuris fama de concienzudo narrador
-y escritor gallardo. El Sr. Huneeus Gana
-dice de esta obra, en su libro sobre la producción
-intelectual de Chile, que es «por su extensión, y
-también por su prolijidad, uno de los libros de
-mayor erudición histórica que conocemos, sobre
-sucesos parciales y épocas determinadas. Abraza
-la narración fidedigna y comprobada, escrupulosa
-y completa, de los días mas aciagos y sangrientos
-de toda la Era colonial (23 de diciembre de 1598<span class="pagenum"><a name="Page_103" id="Page_103">[103]</a></span>
-a 9 de abril de 1605), es decir, desde la muerte
-del lamentado gobernador D. Martín García
-Oñez de Loyola, hasta la segunda llegada del gobernador
-D. Alonso García Ramón». Y agrega con
-justificado entusiasmo el Sr. Huneeus: «Esta narración,
-que atraviesa el campo áspero y luctuoso
-de una de las epopeyas más sangrientas y heroicas
-de la Humanidad, que refiere minuciosamente las
-jornadas homéricas y casi increíbles de Curalaba
-y Cadeguala, y que narra con serenidad la espantable
-destrucción de Villarrica, y las sublimes heroicidades
-que allí desplegaron vencidos y vencedores;
-este libro, que resume, en fin, el período
-álgido y crítico de la guerra inmortal entre españoles
-y araucanos, y que parece más la obra de
-un valiente soldado escritor que la de un fraile literato,
-debe considerarse, en justicia, como la
-obra histórica de más empuje y de más vigorosa
-unidad que se ha escrito sobre período alguno de
-nuestra vida colonial». Tales palabras se justifican
-con el conocimiento de la labor fuerte, elegante y
-minuciosa de ese estudioso admirable, a quien la soledad
-y el retiro dará mayor concentración para sus
-actividades mentales. Ya sus <i>Orígenes de la iglesia
-Chilena</i>, que le dan el puesto de un Baronio hispa<span class="pagenum"><a name="Page_104" id="Page_104">[104]</a></span>noamericano,
-afianzaron su autoridad y su prestigio.
-Fr. Crescente será más tarde un clásico, por su
-estilo lleno de pulcritud y elegancia, y porque todo
-en su obra es ordenado. El ha seguido bien la palabra
-de San Agustín: <i>Illud a me accipiatis volo. Si
-quis temere de sine ordine disciplinarum inrerum
-cognitionem audet irruere, pro studioso illum curiosum
-pro docto credulum, pro cauto incredulum fieri.</i></p>
-
-<p>En la Historia del pensamiento en Chile siempre
-surge alguna figura sacerdotal. Desde el ocurrente
-P. López, el P. Escudero, Fr. Manuel Oteira,
-cada cual con sus méritos y sus defectos de
-época y de temperamento, el historiador P. Ovalle,
-el jesuíta P. Diego de Rosales, Fr. Juan de
-Jesús María, el P. Suárez de Vidaurre, y los jesuítas
-Pastor, Olivares, Bel, Ceballos, Ferrufino,
-Caldera, Rivadeneira, Sobriño, el P. Miguel de
-Olivares, S. J. historiador, el famoso abate Molina,
-que escribió en italiano, el obispo Lizarraga,
-los frailes Oré, también obispos, como Fr. R. Jacinto
-Jorquera y Fr. G. de Villarroel, el P. P. de
-Torres, Fr. Alonso Briceño, y otros cuantos notables,
-como el P. Lacunza, Fr. Antonio Aguilar,
-el P. Parra y Fr. J. Ramírez, citados por Huneeus,
-hasta el gran Fr. Camilo Henriquez, Fr. Melchor<span class="pagenum"><a name="Page_105" id="Page_105">[105]</a></span>
-Martínez, hasta los Eizaguirre, Valdivieso, Salas,
-Orrego, Casanova, Fernández Concha, Donoso,
-Jara el crisóstomo, Taforó y otros más, la Iglesia
-chilena ha tenido activa y aquilatada representación
-en la intelectualidad del país. Y entre todos
-resalta con aspecto singular y señalado Fr. Crescente
-Errazuris, con sus ancestrales cualidades
-vascas y sus particularidades del carácter nacional,
-que hacen de él «un hombre», incrustado en
-un ministro del catolicismo.</p>
-
-<p>Y Chile, su patria le respeta y le admira.</p>
-
-<div class="figcenter2em">
- <img src="images/illusb008.png" width="250" height="189" alt=""/>
-</div>
-
-<hr class="chap" />
-
-<div class="chapter">
-<p class="p4"><span class="pagenum"><a name="Page_107" id="Page_107">[107]</a></span></p>
-
-<div class="figcenter4em">
- <img src="images/illusb015.png" width="500" height="150" alt=""/>
-</div></div>
-
-<h3 id="GARZON">EUGENIO GARZON</h3>
-
-
-<p>Caballeros, he aquí un caballero. Caballero probado
-en los combates de su tierra uruguaya, caballero
-de la pluma, caballero de los salones; y con
-todo eso: <i>quel charmant Garzón!</i></p>
-
-<p>Su padre fué un bravo, aquel general Garzón de
-las guerras patrióticas, que en la historia del Uruguay
-es figura épica, y que ha pintado tan bellamente
-la palabra del crisóstomo Zorrilla de San
-Martín. El Sr. D. Eugenio Garzón nació para hermosas
-empresas, que ha llevado a término con su
-carácter reflexivo y firme, y su talento de diplomático
-prodigioso. Este último adjetivo no es mío, es
-de ese famoso director de diario&mdash;¡saludad!&mdash;que<span class="pagenum"><a name="Page_108" id="Page_108">[108]</a></span>
-se llama M. Gaston Calmette... «Notre collaborateur
-mérite tous nos remerciements et tous vos
-applaudissements. Son &oelig;uvre patriotique est splendide,
-presque feerique: il a rapproche deux continents!
-Il a uni les republiques sud-americaines à
-la republique française, avec une même capitale:
-Paris. Dont vous avez fait votre ville d'adoption, en
-même temps que vous faisiez du <i>Figaro</i> votre journal
-de predilection... Je vous dedande de feter ce
-diplomate prodigieux...»</p>
-
-<p>Diplomático prodigioso. Él ha contado su aventura
-figaresca en frases de sabroso humor, en que
-vemos cómo su paciencia tesonera logra el triunfo.
-¡Y qué triunfo! El ilustre ministro de la República
-Argentina, Sr. Rodríguez Larreta, ha dicho de la
-obra de Eugenio Garzón en el <i>Figaro</i>, por cierto en
-un francés amable que intentaré traducir... «es
-una obra de arte y una obra maestra de tacto, de
-noble sagacidad y de previsión. No os extrañéis si
-ella produce en ciertos espíritus la ilusión engañadora
-de la facilidad, como tantas otras obras maestras».</p>
-
-<p>Una vez lograda la toma de la fortaleza de Villemessant,
-de Magnard, de Calmatte, he allí a quien
-yo llamara en otra ocasión el gaucho-dandy, en la<span class="pagenum"><a name="Page_109" id="Page_109">[109]</a></span>
-prosecución de su proficua labor. Y ella es en su
-apariencia, sencilla, y en sus resultados, formidable.
-Son unos pequeños telegramas, llenos de
-cifras; unos pequeños telegramas que dicen al mundo
-de los negocios y de las grandes empresas económicas,
-el estado de progreso, de vitalidad, de las
-repúblicas hispanoamericanas, especialmente de
-aquellas que han logrado grandeza y prestigio por
-el desarrollo de su trabajo y de su riqueza. Y esos
-telegramitas se ven en los mercados de Europa con
-un admirable termómetro financiero. De cuando
-en cuando, un personaje de nuestros países llega a
-París, y Eugenio Garzón conversa con él, y expone
-en el <i>Figaro</i> miras y proyectos patrióticos. Y hay
-en el expositor una serena ecuanimidad, prudencia,
-mesura, tacto, claridad y habilidad. Luego
-Eugenio Garzón es un solicitado elemento en la
-vida social de las colonias hispanoamericanas. Sabidos
-son su don de gentes, su dandismo discreto,
-sus facultades singulares de <i>causeur</i> y la multiplicidad
-de sus vinculaciones amistosas, pues quien
-le trata una vez queda sujeto al <i>charme</i> de ese gentil
-filósofo de «monocle» que nos favorece con el
-bienhechor contagio de su optimismo.</p>
-
-<p>¿Y el escritor? Probado ha sido en el Río de la<span class="pagenum"><a name="Page_110" id="Page_110">[110]</a></span>
-Plata en los entreveros de la polémica política, en
-las bregas del diarismo. Mas siempre ha cultivado
-con esmero su jardín literario, y un libro ruidoso,
-sobre el archiduque enigmático Jean Orth, le dió
-no hace mucho tiempo renombre europeo, o, mejor
-dicho, universal. Tiene por publicar <i>La entraña
-del boulevard</i>, libro parisiense escrito por un
-psicólogo y un estilista que no ha perdido la savia
-criolla, a pesar de sus asimilaciones de París.
-<i>Mundial</i> publica un capítulo de esa obra, y allí se
-podrán apreciar las condiciones de nervio y brillo
-que caracterizan las prosas producidas por esa «cabeza».
-Su figura es de aquellas que llaman la atención
-al presentarse, y nada podría yo decir mejor
-de lo que contiene este párrafo del Sr. Larreta:
-«Su persona evoca para mí todo lo que en la vieja
-España servía para distinguir desde lejos la sangre
-noble y el honor. Creo ver a veces en sus espaldas
-el negro manto de velludo, con la cruz de Santiago
-o de Calatrava bordada sobre el lado izquierdo en
-seda roja. Cuando anda, pienso en el rumor de las
-espuelas de oro de los antiguos caballeros de Castilla;
-y si lleva ahora «monocle» es, sin duda, porque
-ese trozo de cristal hace levantar la cabeza con
-el mismo gesto altivo e imponente que suscitaba<span class="pagenum"><a name="Page_111" id="Page_111">[111]</a></span>
-en el rostro la pluma caprichosa que rodeaba el
-sombrero y caía hacia atrás». Ello vale por la figura
-de un soneto de Heredia; y Eugenio Garzón es
-merecedor de tal homenaje.</p>
-
-<p>Célibe&mdash;¡Garzón para su <i>garçonniere</i>!&mdash;es admirador
-de las damas hermosas, gusta de las obras de
-arte, de las grandes empresas, de los altos ideales,
-de la elegancia, de la cordura, de la distinción. Es
-sobrio y abstemio. Y realiza este prodigio: tener
-sus mejores amigos entre políticos, banqueros y
-poetas.</p>
-
-<div class="figcenter2em">
- <img src="images/illusb047.png" width="125" height="91" alt=""/>
-</div>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<div class="figcenter4em">
- <img src="images/illusb113.png" width="500" height="674" alt=""/>
-</div></div>
-<hr class="chap" />
-
-<h2>POLÍTICOS</h2>
-
-<div class="chapter">
-<p class="p4"><span class="pagenum"><a name="Page_115" id="Page_115">[115]</a></span></p>
-
-<div class="figcenter4em">
- <img src="images/illusb003.png" width="500" height="210" alt=""/>
-</div></div>
-<h3 id="XIII">S. M. EL REY DON ALFONSO XIII</h3>
-
-
-<p>Al entrar en el salón de recepciones&mdash;se lo explicará
-el lector fácilmente&mdash;el poeta prevaleció
-sobre el ministro. Aquella pompa, aquella ceremonia,
-aquel joven descendiente de los más gloriosos
-reyes, fueron, por unos instantes, la Historia.
-Como es costumbre en la corte de España&mdash;costumbre
-que, a pesar de todo, han infringido algunos
-talentosos y verbosos hispanoamericanos&mdash;, no pronuncian
-discurso ante el Rey sino los embajadores.
-Yo dije dos palabras para entregar mis credenciales,
-y luego, pronto estuvo Don Alfonso en conversación
-conmigo. ¿Podría juzgarlo por esa vez?
-Desde luego que no. Todos sabemos las preparaciones
-del Protocolo. Pero, en otras ocasiones, sea que<span class="pagenum"><a name="Page_116" id="Page_116">[116]</a></span>
-hablase conmigo, sea que se dirigiese a otros diplomáticos
-al lado mío, pude darme cuenta de la seguridad
-y cordura con que trata cualquier asunto
-que inicia. El retrato que en pocas palabras ha hecho
-de él un observador como el famoso M. Paoli,
-es de una absoluta exactitud: «Sa haute et fine
-silhouette s'accusait avec une élégante aisance dans
-un complet gris clair; un large sourire éclairait son
-visage fortement hâle, son visage imberbe d'adolescent
-qu'ornaid un grand nez à la barbe courbe
-bourbonienne, cumpé en bec d'aigle entre deux
-yeux très noirs, pleins de flamme et de malice». Y
-luego la impresión oficial: «Quelle ne fut pas ma
-surprise, ensuite, lorsque, à Orléans, où l'on avait
-fixé la première étape officielle, je le vis apparaître,
-cette fois, en gran uniforme de capitaine général,
-la physionomie empreinte d'une singulière noblesse,
-la démarche altière, imposant à toux le
-respect, par l'impressionnante dignité qui se dégageait
-de sa personne, ayant le mot juste pour chacun,
-souceux des moindres nuances de l'étiquette,
-évoluant, causant, souriant au milieu des uniformes
-chamarrés, avec une aisance souveraine, montrant
-du premier coup qu'il connaissait mieux que
-quiconque son métier de roi». Su oficio de rey.<span class="pagenum"><a name="Page_117" id="Page_117">[117]</a></span>
-Arduo oficio en los días actuales. Porque la mayoría
-de las gentes no ven sino la parte dorada y legendaria
-de esas vidas principales. No saben los
-cuidados y las inquietudes de hombres que hay en
-esos personajes simbólicos que encarnan a los pueblos.
-Por eso es absurda, sobre todo, la ciega preocupación
-anarquista.</p>
-
-<p>Generalmente se quiere ver en el Rey de España
-un rey <i>sportmant</i> por su conocida afición a los
-ejercicios físicos. Ya he dicho en otra ocasión a ese
-respecto lo siguiente:</p>
-
-<p>La educación del Rey fué como correspondía. Se
-procuró, sin fatigar su espíritu, darle una cultura
-apropiada, y teniendo muy en cuenta la poca fortaleza
-de sus primeros años, se tendió a su mejoramiento
-progresivo físico, al cultivo prudente y eficaz
-del <i>corpore sano</i>. De ahí que desde niño se
-haya aficionado a toda clase de deportes, sin menoscabo
-de sus condiciones intelectuales y sin descuido
-de una instrucción tan metódica como variada.
-Los principales principios científicos y literarios,
-la historia y las disciplinas militares le fueron inculcados.
-Inútil decir que la religión tuvo la mejor
-parte, en quien debía ostentar el hispánico y consagrado
-título de S. M. Católica, y en quien tuvo<span class="pagenum"><a name="Page_118" id="Page_118">[118]</a></span>
-por padrino al Pontífice León XIII. Una vez en el
-caso de tomar esposa, eligió a la bella princesa
-protestante que, convertida al Catolicismo, trajo
-sus prestigios y encantos al Palacio de Madrid.
-Entre la reina Cristina, maternalmente amorosa,
-austera y tradicional, y la reina Victoria, primaveral,
-reina de cuento azul, se alza la figura del
-rey joven, mirando hacia el porvenir en los comienzos
-del siglo XX. Es un rey caballero. Es un
-rey <i>gentleman</i>. No es un rey fanático, ni un rey
-del pasado. Es de su instante histórico, sin perder
-natural y felizmente el antiguo e invariable concepto
-de la jerarquía, base de todo Gobierno monárquico.
-Ama el aire libre, la agilidad, el vigor.
-Dichosamente libre de la oratoria, en otros soberanos
-tan puesta de manifiesto, sabe hablar cuando
-la ocasión llega, y sabe conversar. Posee algo
-que atrae a las muchedumbres: la simpatía, y algo
-que seduce al mundo: el valor. Es uno más de la
-serie de los ilustres Alfonsos de España.</p>
-
-<p>Para el soberano de España no haré nunca mejor
-que repetir la enumeración de un mi pasado
-capítulo de mi <i>España contemporánea</i>, sobre los
-ilustres Alfonsos españoles:</p>
-
-<p>«El I, férrea flor de Covadonga, todavía con la<span class="pagenum"><a name="Page_119" id="Page_119">[119]</a></span>
-pura savia goda, fuerte como un roble de sus bosques,
-lancero formidable de Cristo, terror de la
-morería, y en el corazón primitivo un diamante de
-nobleza; el II, casi iluminado, favorecido con manifestaciones
-extranaturales, hombre de lecturas y
-meditaciones, Alfonso <i>el Casto</i>; el III, <i>el Magno</i>,
-bizarro y aguerrido desde lo fresco de la juventud,
-terror del mogrebita, varón de tanta fe como valor;
-el IV, quien como más tarde el César Carlos
-V buscaría en un monasterio la tranquilidad
-espiritual; el V, el de los buenos fueros, legislador
-y espíritu de Consejo, también luchador feliz con
-los infieles y sostenedor de la fe; el VI, que aparece
-soberanamente a su lado la figura del mío Cid
-el rey de la conquista de Toledo, y que tuvo la
-previsión de ver hacia abajo y favorecer al pueblo
-con leyes bondadosas y fueros justos; el VII, Alfonso
-<i>el Emperador</i>; el VIII, que perpetuó el nombre
-suyo en las Navas de Tolosa; siendo después,
-al propio tiempo que caballero de combate, amante
-de la Sabiduría el IX; el X, formidable figura,
-cerebro y brazo, el rey de las Partidas, alquimista
-y poeta, astrónomo y filósofo, cuya palabra aun se
-escucha y se escuchará en los siglos, ya comience:
-«Ficieron los omes...», o inicie los balbuceos en<span class="pagenum"><a name="Page_120" id="Page_120">[120]</a></span>cantadores
-de sus toscas estrofas; el XI, que juntó
-la habilidad política al vigor militar, monarca de
-largas vistas y uno de los más amantes de sus súbditos;
-«y a quien verá muy cerca&mdash;agregaba&mdash;animado
-por la palabra maternal, por el inmediato
-eco de su vida; será su padre. Será para él el
-rey modelo y honrará la memoria de <i>el Pacificador</i>.
-A él le ha tocado un tiempo de decadencia de todo
-ideal, de despertamiento de odios, de exacerbamiento
-de pasiones y violencias sociales, de locuras
-colectivas que se traducen en furiosos ímpetus
-aislados; de ansia de goces, agonía de esperanzas
-y luchas terribles por la consecución del dinero.
-El Dinero, el Dios de la época. El bíblico Becerro
-del Sinaí, multiplicado en los toros auricoronados
-que se apacientan en el Far West y en las Pampas,
-y que se propagan por toda la redondez de la Tierra
-entre una creciente desbandada de águilas y
-cisnes». Acontecimientos posteriores han puesto a
-la vista del mundo, en muy hermosa luz, la figura
-de ese excelente príncipe, que ha podido dignamente
-encarnar la España moderna, conservando
-las dos virtudes tradicionales de su país: inteligencia
-y valor. Recordé al comenzar este artículo a
-M. Paoli, el veterano conductor de reyes. Conclui<span class="pagenum"><a name="Page_121" id="Page_121">[121]</a></span>ré
-con una frase suya referente a Don Alfonso XIII;
-<i>C'est un charmeur</i>. ¿Y cómo podría ser de otro modo
-puesto que es hijo de aquel rey querido del
-pueblo que se llamó Don Alfonso XII y de Doña
-María Cristina, que junta a la amabilidad personal
-más exquisita, la dignidad de las más rígidas aristocracias?</p>
-
-<div class="figcenter2em">
- <img src="images/illusb052.png" width="150" height="175" alt=""/>
-</div>
-
-<hr class="chap" />
-
-<div class="chapter">
-<p class="p4"><span class="pagenum"><a name="Page_123" id="Page_123">[123]</a></span></p>
-
-<div class="figcenter4em">
- <img src="images/illusb029.png" width="500" height="192" alt=""/>
-</div></div>
-
-<h3 id="REYES">EL GENERAL D. RAFAEL REYES</h3>
-
-
-<p>La política suele velar con nubes engañosas las
-proporciones de las altas figuras. No sean esos vapores
-transitorios un obstáculo para el buscador y
-ensalzador de las bellas verdades.</p>
-
-<p>He conocido a un ex presidente de Colombia, que
-ha demostrado, antes de ocupar el más elevado
-puesto de su patria, como en la tradicional tierra
-de los talentos literarios la acción es también demostrativa
-de la fuerza vital de tan glorioso país.
-Reino de sueños, pero asimismo, con sus héroes y
-trabajadores, república de energías. Hubiera habido
-paz desde luengos años, y ya vería allí el mundo
-otro emporio de labor y riqueza hispanoamericano.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_124" id="Page_124">[124]</a></span></p>
-
-<p>Al tratar al general D. Rafael Reyes uno encuentra,
-desde luego, esa cultura colombiana, distintiva
-y propia, que hiciera antaño de Bogotá la
-primada de las letras de América, algo como el
-<i>Alma mater</i> continental. Se sabe que se habla con
-un militar, con un explorador, con un varón de
-hechos, y sin embargo, surge el hombre diserto, el
-conversador sagaz, el estudioso y el cultivado; y si
-se han leído las narraciones de ese bravo <i>pioneer</i>,
-que supo de bregas y de penas en el corazón de ásperas
-selvas, hay que saludar a un descendiente de
-aquellos conquistadores, hierro y fe, que asombran
-a la Historia. Hablando de tales hazañas del general
-Reyes, ha escrito estas palabras Santiago Pérez
-Triana: «...recorrió en su juventud aquellas inmensas
-selvas (las marañas amazónicas) realizando
-en ellas, en compañía de sus hermanos D. Néstor
-y D. Enrique, labores de explorador dignas de los
-más heroicos esfuerzos en ese fecundo campo de la
-actividad humana, de cuantos registra la historia
-americana desde las atrevidas y cuasi temerarias
-empresas de los conquistadores hasta nuestros días.
-Cuando se escriba la historia, cualesquiera que sean
-los veredictos que ella pronuncie sobre los hechos
-de su vida, respecto de los de cualquier hombre,<span class="pagenum"><a name="Page_125" id="Page_125">[125]</a></span>
-que en lo general poco pueden vaticinar los contemporáneos,
-seguramente habrá una hermosa página
-en que se consignen los esfuerzos hechos para
-llevar la civilización a aquellas regiones de la patria
-colombiana, tan remotas de los centros habitados
-por el general Reyes y por sus dos hermanos,
-esfuerzos consagrados, como si fuera por el martirio,
-ya que dos de los exploradores pagaron con su
-propia vida su atrevida incursión en la selva primitiva».</p>
-
-<p>Pues la obra de este colombiano eminente es de
-aquellas que en países europeos se vinculan a la
-propia grandeza de la Patria, y la que ha hecho el
-renombre y el reconocimiento debido a los Brazza,
-a los Shakleton, a los Marchand. Las Sociedades
-geográficas del mundo han sabido apreciar la labor
-del general Reyes, y el nombre de este prestigioso
-americano ha sido honrado con el elogio de los sabios
-europeos.</p>
-
-<p>Cuando, lejos de los combates de partido y las
-malezas políticas&mdash;más llenas de azares y peligros
-que las de las florestas vírgenes&mdash;el general Reyes
-ha venido al viejo continente, ha sido recibido en
-todas partes con la imparcial justicia que es debida a
-sus merecimientos. Y ha sido sobre todo en la Ma<span class="pagenum"><a name="Page_126" id="Page_126">[126]</a></span>dre
-patria, en la tierra de las hidalguías y de los
-nobles heroísmos, donde se le han hecho mayores
-manifestaciones de cordialidad y de aprecio, como
-si se viese en él, a quien, como he dicho antes, es
-un vástago de los audaces y luchadores caballeros
-que hicieron en América poemas de vida y de acción,
-cantos de gesta realizados. Nada tiene que
-ver el consenso universal de intereses, de pasión,
-de disensiones de hermanos, en las interioridades
-de un país, de un Gobierno o de un partido, cuando
-la personalidad tiene sobre las circunstancias
-del momento altura y brillo individuales, que aislan
-el mérito, poniéndole bien lejos de las lluvias
-de dardos que casi siempre caen sobre la cabeza de
-los hombres públicos, en nuestras arduas y crespas
-democracias.</p>
-
-<p>La justicia se hace definitiva, con la sanción inapelable
-del tiempo, y la Patria no ve sino los hechos
-meritorios que señalan en el recuento a los
-hijos preclaros y beneméritos. Colombia, entre
-todos nuestros países americanos, si ha sido caldeada
-por tantas hogueras de guerra y agitada por tantos
-contrarios huracanes de odios fraternos, de
-violencias luctuosas, ha sabido siempre tener el
-orgullo de sus <i>élites</i>, de la progenie que ilustra sus<span class="pagenum"><a name="Page_127" id="Page_127">[127]</a></span>
-historias y fastos. Y tened por cierto, que en el futuro,
-cuando se hable de las energías memorables
-que se han dirigido en pro del verdadero progreso
-y del engrandecimiento de la patria colombiana, el
-nombre del general D. Rafael Reyes quedará ante
-los ojos de las generaciones futuras, en su definido,
-indestructible prestigio.</p>
-
-<div class="figcenter2em">
- <img src="images/illusb035.png" width="125" height="261" alt=""/>
-</div>
-
-<hr class="chap" />
-
-<div class="chapter">
-<p class="p4"><span class="pagenum"><a name="Page_129" id="Page_129">[129]</a></span></p>
-
-<div class="figcenter4em">
- <img src="images/illusb021.png" width="500" height="124" alt=""/>
-</div></div>
-
-<h3 id="CASTILLO">CANOVAS DEL CASTILLO</h3>
-
-<p>Medalla ocasional.</p>
-
-
-<p>Preciso es no haber conocido a Cánovas del
-Castillo para asombrarse del incidente de corte que
-hoy preocupa a Madrid.</p>
-
-<p>Cánovas es la energía, muy mucho, y un poco
-la violencia.</p>
-
-<p>Populares son por la caricatura sus ojos, sus espejuelos,
-sus bigotes y su imperante gesto.</p>
-
-<p>Cuando Cánovas ocupa la presidencia del Consejo
-de Ministros, el gran Palacio Real, rico y legendario,
-adquiere su verdadera alma; mientras la
-honrada y buena reina extranjera recuerda, el pequeño
-rey juega, y la infanta Isabel, distinguida<span class="pagenum"><a name="Page_130" id="Page_130">[130]</a></span>
-<i>sportsman</i>, monta a caballo, inicia fiestas o caza.</p>
-
-<p>Cánovas es de la raza de aquellos fuertes ministros
-antiguos que eran verdaderos tutores de los
-reyes. Y ese andaluz de Andalucía, ese andaluz
-«andalucísimo», tiene un orgullo del peso de su
-talento.</p>
-
-<p>Si no es cierta, es bien inventada la frase que se
-asegura dijo al rey Alfonso XII, en ocasión en que
-este monarca, a quien él había colocado en el Trono,
-le manifestó deseos de agraciarle con el título
-de príncipe que ostentara antaño el memorable
-Godoy: «No se preocupe Vuestra Majestad de eso.
-¡Príncipes los hago yo!»</p>
-
-<hr class="tb" />
-
-<p>No es el tiempo ya en que la pobre francesa Isabel
-pasaba por las torturas de la más apretada e
-inflexible de las cortes, pero si hay algún país del
-mundo en donde la etiqueta sea conservadora y
-estricta, es en el país de Felipe II. Y Cánovas, gran
-cortesano y gran conservador, tiene el don que
-hace la fuerza de los hombres: el carácter.</p>
-
-<p>En vida de Alfonso XII, Cánovas, en sus tiempos
-de gobierno, fué siempre el absoluto imperante.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_131" id="Page_131">[131]</a></span></p>
-
-<p>Asimismo profesaba al joven rey un afecto profundo
-y una lealtad inquebrantable. A la muerte
-de Doña María de las Mercedes, y cuando la reina
-Doña María Cristina llegó a ocupar su puesto en el
-trono de España como nueva esposa de Alfonso,
-Cánovas fué grande amigo de la Reina desde el primer
-momento. Y el anecdotario de esa época es
-copioso. Y no es la nota menos saliente el excelente
-humor del hijo de Isabel II, que gustaba de la
-broma, alegre y atrayente Borbón.</p>
-
-<p>Cuéntanse en la corte muchas de esas anécdotas
-que no sabemos si quedarán más tarde confirmadas
-por algún Saint-Simon de la época.</p>
-
-<p>Entre ellas, esta: Cuando la reina Doña María
-Cristina llegó a Madrid, y fué esposa de Alfonso
-XII, no hablaba casi español, y lo comprendía muy
-poco. Su real consorte era su profesor.</p>
-
-<p>Un día le dice ella: «Deseo saludar a Cánovas
-con una frase española que le agrade, cuando venga
-mañana».</p>
-
-<p>&mdash;«Bien&mdash;dice Don Alfonso&mdash;dile sencillamente:
-¡Qué chispero estás, Cánovas!»</p>
-
-<p>Al día siguiente, el primer ministro llega y se
-dirige a besar la mano de la Reina.</p>
-
-<p>Y ella, arrastrando las erres germánicamente:</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_132" id="Page_132">[132]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;«¡Qué chispeggo estás, Cánovas!»</p>
-
-<p>No se dice lo que contestó el andaluz, pero sí
-que Alfonso tuvo para muchos días de buen humor.</p>
-
-<hr class="tb" />
-
-<p>Cánovas vive en su mansión de La Huerta, como
-un potentado. Muchas veces se ha hablado de esa
-rica morada en donde vive el primer estadista del
-mundo actual, según opinan algunos.</p>
-
-<p>Su <i>serre</i> es famosa, la biblioteca mucho más:
-todo el recinto es un encanto, y la emperatriz de
-todo eso y de D. Antonio además, es la dama elegante
-y vivaz a quien los amigos de la casa llaman
-concisamente «Joaquina»&mdash;doña Joaquina de Osma,
-una espléndida peruana, exuberante de vida,
-hermosa y culta, que habla el español con la <i>erre</i>
-parisiense. Cierto es que en las recepciones de Cánovas
-lo que más se oye hablar es francés.</p>
-
-<p>En casa de Cánovas llama la atención de quien
-observa la profusión de los desnudos.</p>
-
-<p>Entre tanto rico mueble y obra de arte, mármol,
-bronce, <i>bibelot</i>, el desnudo se impone. En cada salón
-os llamará la atención ese detalle.</p>
-
-<p>Sobre todo, en el jardín, si os acercáis a una
-magnífica gruta, adornada de enredaderas verdes y<span class="pagenum"><a name="Page_133" id="Page_133">[133]</a></span>
-frescas, en donde el agua cae y gotea armoniosamente,
-veréis una ninfa de tamaño natural, blanca,
-de mármol puro y línea admirable y de una
-gracia mastoidea y calipigia que os hará pensar en
-muchas mitologías.</p>
-
-<p>Entre todas esas elegancias, la dueña de casa discurre
-llenando con su amable presencia y animando
-con su conversación los grupos de invitados en
-las recepciones.</p>
-
-<p>En esas fiestas el talento del viejo Cánovas
-chispea.</p>
-
-<p>Quien estas líneas traza, hale visto y oído entre
-un sinnúmero de personajes de distintas nacionalidades,
-con un tacto que revelaba la frecuencia de la
-vida cortesana y diplomática, hablar a cada cual
-de lo que más de cerca le interesaba, sin olvidar
-nombres, detalles personales, títulos de libro, cuestiones,
-anécdotas y toda suerte de asuntos. Y el
-viejo Cánovas, con la firmeza de quien conoce su
-poder, vibraba, iba y venía, tan lleno de una brava
-y contagiosa juventud.</p>
-
-<hr class="tb" />
-
-<p>En su mesa solía reunir, en la época a que se refieren
-las anteriores palabras, a algunos america<span class="pagenum"><a name="Page_134" id="Page_134">[134]</a></span>nos.
-Sus preferidos eran el mejicano Riva Palacio,
-el argentino Quesada, el centroamericano de Peralta,
-y algún otro.</p>
-
-<p>Siempre tiene extranjeros notables invitados.</p>
-
-<p>Su mesa es de primer orden; aunque no iguale
-a la luculeana mesa de Castelar. Allí, al amor de
-los mejores vinos, se oye un alegre brotar de ideas,
-de ocurrencias, de alusiones, de anécdotas en que
-el anfitrión muestra toda su Andalucía, y doña
-Joaquina su Lima, su París y su Madrid. Y uno
-ve al vigoroso ministro, lleno de vida, con sus cabellos
-blancos, relampagueándole los ojos, gesteando
-como un dominador.</p>
-
-<p>Y se explica que en el Palacio Real Su Majestad
-la Reina Regente se apresure a presentarle sus
-excusas después de un caso como ese de la salida
-al balcón.</p>
-
-<p>Doña María Cristina no ha leído las cartas de
-Isabel de Francia.</p>
-
-<p class="i2 p2">20 mayo 1897.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-<div class="chapter">
-<p class="p4"><span class="pagenum"><a name="Page_135" id="Page_135">[135]</a></span></p>
-
-<div class="figcenter4em">
- <img src="images/illusb009.png" width="500" height="119" alt=""/>
-</div></div>
-
-<h3 id="RAMIREZ">JOSE PEDRO RAMIREZ</h3>
-
-
-<p>Es en la vida pública como en la privada, este
-gran repúblico uruguayo, como en su credo político
-y en el civismo que nos muestra en la historia
-contemporánea de su nación, algo suave que se
-desliza por senderos cercanos a vergeles revestidos
-de paz y de amor.</p>
-
-<p>Obediente sólo a los deberes de su conciencia,
-alerta siempre a las naturales exigencias y necesidades
-de su patria, toda su existencia la encamina
-al cumplimiento del deber; y con facilidad traspasa,
-alta la frente, tranquila la mirada, todos los
-escollos de todas las miserias sociales por las que
-pasó, como tantos otros prohombres, como son
-concusiones, ignominias y hasta crímenes, que
-pudieron atajar su paso por la vida política.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_136" id="Page_136">[136]</a></span></p>
-
-<p>Pero esto pasó ya, y obtuvo gallardamente sus
-reivindicaciones. Así, en cierta ocasión, el presidente
-Batlle, que por cierto estaba de él algo distanciado,
-dijo, para hacer callar a determinados
-murmuradores:</p>
-
-<p>«A fin de que la actitud del Dr. Ramírez no se
-despoje de la majestad que le rodea, es necesario
-no se falte al más humilde de los habitantes de la
-República, y el que tal haga, o será castigado o derribará
-a dicho ministro, porque su política no es
-de mañas ni astucias, sino política de actitudes
-francas y decididas.» Cuando estalló la guerra civil,
-calamidad perniciosa que sufrieron la mayoría
-de las jóvenes repúblicas americanas, y después de
-varias tentativas para el restablecimiento de la normalidad,
-que, claro está, resultaron infecundas, se
-recurrió a él, como caso extremo. Enfermo como
-estaba, prometió su decidido concurso, y lo cumplió
-con sagacidad y fe. Salió, pues, a través de
-campos verdes, que bien podían simbolizar para él
-esperanzas; enarbolaba la bandera de paz, y a poco
-de comenzadas las negociaciones, por doquiera que
-pasaba, surgían los vítores y saludos; y los labradores
-abandonaban las armas y tornaban a los aperos,
-y las mujeres y los niños agitaban sonrientes<span class="pagenum"><a name="Page_137" id="Page_137">[137]</a></span>
-sus pañuelos en señal de albricias. Al encontrarse
-con un regimiento mandado por Mesa, los bravos
-soldados, estimulados por sus jefes, levantaban sus
-quepis y le saludaban, como debe saludarse a un
-varón bienhechor, porque ya todos, militares y revolucionarios,
-el pueblo entero, parecía aspirar al
-consuelo de la paz.</p>
-
-<p>Pero anotad esto también. Más tarde ¡acaso seis
-años después! la República hierve nuevamente en
-otra guerra civil; y de ahí a poco, el Sr. Ramírez
-es de nuevo requerido. Noble y lealmente, lleno de
-bondad y bríos humanos, se lanza a calmar el estallido
-que amenaza.</p>
-
-<p>La labor es más costosa, su gestión más ardua;
-pero al fin logra vencer dificultades, y si hubo de
-luchar por conseguir el éxito, mayor es la gloria
-que, como nimbo, corona sus esfuerzos; y mayor
-es la ansiedad pública, por explotar de júbilo ante
-el hombre ya dos veces benemérito de su patria.</p>
-
-<p>Y es de ver en esta ocasión, como en la pasada,
-al pueblo de todas las ciudades que corre a amontonarse
-a su encuentro, vitoreándole, abrazándole,
-atropellando a éstos los otros que les siguen; y
-cómo desde las terrazas y azoteas, en aceras y balcones,
-no se ven sino flores que caen a su paso y<span class="pagenum"><a name="Page_138" id="Page_138">[138]</a></span>
-llenan su coche, ni se oyen más que palabras gratas,
-llenas de sonoridades, que celebran al mensajero
-de la concordia.</p>
-
-<p>El Dr. Ramírez presidió en 1886 el ministerio
-de la Conciliación. Nadie como él ofreció testimonio
-más alto de patriotismo e integridad. Desde
-entonces, su nombre es popular, su prestigio
-aumentó, y su moralidad fué saludable. Pues,
-¿quién pudo añadir al ardoroso ímpetu que señalan
-sus grandes entusiasmos iniciales, la serenidad
-equilibrada y heterogénea que se sobrepone al espíritu,
-al contraste en la lucha?</p>
-
-<p>Fué periodista, y en el periodismo pasó la parte
-más agitada de su existencia; y las páginas más intensas
-de la vida nacional uruguaya nacieron de su
-pluma.</p>
-
-<p>Por esto pláceme mucho, en ocasión en que acaba
-de ser glorificado por su patria, ofrecer al prestigioso
-representante del alma de su país, a esa
-figura respetable y respetada, ajena en la actualidad
-a las pasiones del momento, un homenaje, la confirmación
-del reconocimiento de tan gran patricio,
-cuyos títulos cívicos y méritos intelectuales y morales
-testifican su personalidad política y bienhechora
-en la República Oriental del Uruguay.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-<div class="chapter">
-<p class="p4"><span class="pagenum"><a name="Page_139" id="Page_139">[139]</a></span></p>
-
-<div class="figcenter4em">
- <img src="images/illusb037.png" width="500" height="84" alt=""/>
-</div></div>
-
-<h3 id="CASTELAR">CASTELAR</h3>
-
-
-<p>No hace mucho tiempo he hablado de mi entrevista
-con Castelar. Debía ser la última. Ya reposa
-en San Isidro, junto a los huesos de su hermana.
-Su caída ¡buen roble! conmovió al mundo. Cuando
-le vi, cuando le hablé por la postrera vez, ya
-estaba señalado por la Intrusa, pálido, enflaquecido,
-viejo, él que fué todo juventud y vida. Partió
-al imperio silencioso de lo no sabido, después de
-haber clarineado su verbo de poeta de las multitudes
-hacia los cuatro vientos del espíritu. Y España
-queda hoy sin su representativo emersoniano, sin
-el hombre noble que fué en su siglo lengua y gesto
-de su raza, como Italia sin Garibaldi, Inglaterra<span class="pagenum"><a name="Page_140" id="Page_140">[140]</a></span>
-sin Gladstone, Alemania sin Bismarck y Francia
-sin Hugo. En su tierra ardiente y sonora fué el
-crisostómico parlante y el caballero de su ideal.
-Ahí queda la inmensa Mancha democrática por
-donde cabalgó en su pegaso-rocinante; ahí los molinos
-de viento, ahí las armas de su lírica grandilocuencia,
-que nadie moverá; ahí Dulcinea, sin
-más enamorado verdadero que el frío y analizador
-Pi y Margall. Español de España, español netísimo,
-con toda España en el corazón y en el cerebro,
-era la concreción del orbe cervantino; en el generoso
-combate de su ilusión no se ocultaba Don
-Quijote; como Sancho mismo, no dejaba de comparecer
-en su célebre buen apetito. Cuéntase que
-Taine en una ocasión, al verle en la redacción del
-<i>Journal des Débats</i>, preguntó desdeñoso: «¿Es ese
-el famoso canario español?» Cierto, un alma de
-pájaro de Floreal, como el ruiseñor Lamartine,
-pero a quien no faltaba la fuerza para la realización
-de obras enormes, así la libertad de los negros
-de las Antillas. Quedará en los siglos el recuerdo
-de esta singular figura en el décimonono la
-más alta de España entre las altas de la tierra; y
-aparecerá, a medida que el tiempo vuelque su urna,
-rodeado del resplandor que tan solamente ofre<span class="pagenum"><a name="Page_141" id="Page_141">[141]</a></span>ce
-a los preferidos suyos la divina Poesía. Fué uno
-de los más potentes órganos de la Humanidad. Por
-su boca habló el espíritu de su patria, y, siempre
-en obra de bien, si algunas veces no le prestó su
-apoyo la Verdad, jamás dejó de escudarle con sus
-alas mágicas la Belleza. Sus mismos errores caían
-vestidos de púrpura. Era el apolonida de la Democracia,
-el decorador de sus ambiguos y confusos
-laberintos. Hermosa llama latina, de esas llamas
-guías de pueblos que el Sol de Dios enciende en
-las naciones para que señalen los saludables rumbos,
-o para que a su rededor se junten los hombres
-y realicen hechos grandes. Aquella alma venía de
-Atenas, cuando fué a encarnarse un día en la fenicia
-Cádiz; venía de Atenas, después de haberse
-impregnado de Oriente; de este modo explico la
-pompa asiática de su discurso y el amor a las bellas
-líneas, la pasión pitagórica de los celestes números
-y el imperio de la música bajo el cual hacía
-galopar sus cuadrigas de ideas y sus tropas de
-palabras. En su huerto, junto a las flores andaluzas,
-se alzaba un esbelto y reverdecido
-plátano, rama un tiempo del que movieran las
-brisas de Academo, mientras fluía, como el agua
-de la fuente de mármol, la doctrina platónica.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_142" id="Page_142">[142]</a></span></p>
-
-<p>La obra, que fatiga en su masa, es como un
-inmenso museo, que hay que admirar por fragmentos:
-ya un fresco vasto, ya una estatua del más
-blanco pentélico, ya un bajo relieve, en que las
-frases van como ordenadas teorías de graciosas jóvenes
-o danzantes efebos. Fué un gran cultivador
-del entusiasmo. Y si ya en los postreros años de su
-existencia tuvo alguna vez que padecer tristezas y
-decaimientos, para morir, viejo gladiador, supo esculpir
-su última actitud en el discurso que cierra
-la diluvial serie comenzada el 1854 en el Teatro de
-Oriente, discurso en que volvió a surgir su elocuencia
-empachada y sonora, para mostrar el camino
-que hay que seguir, según su entender, a los partidarios
-de la República. Su elocuencia cautivó a
-las generaciones que escucharon el decir de sus labios
-de oro. Se recuerdan sus discursos como hermosas
-manifestaciones de la Naturaleza, inusitados
-iris o boreales auroras: «Yo le oí tal año». «Yo en
-tal otro». En el tiempo de su aparición, el principio
-democrático era lo más avanzado, lo más atrayente
-para los espíritus libres, la fórmula del progreso.
-Él se consagró por tal manera, y con pasión
-tanta, que al saber su muerte, los españoles demócratas
-no han podido menos de exclamar: «¡La<span class="pagenum"><a name="Page_143" id="Page_143">[143]</a></span>
-democracia ha muerto!» A aquel inconmovible individualista
-no pudieron ganarle los mirajes aurorales
-del movimiento social de estos últimos años;
-y discurso suyo hay en que combatiendo al socialismo,
-maravilla su esfuerzo de soñador, al resonar
-delante del muro de la verdad la suntuosa orquestación
-de sus líricos argumentos. Porque, ante todo,
-fué el orador, el hombre que convence encantando,
-o que, aunque no convence, canta y encanta. Parecía
-que, como en lo antiguo, un flautista maestro
-acompañase sus oraciones, tal era la melodiosa
-geometría, el hilo armónico, la sucesión de ondas
-verbales regidas por un compás, en la musicalidad
-de los giros; y él propio se escuchaba como deben
-hacerlo las aves de más fino canto y los poetas orgullosos
-de haber visto cuanto es crespa y dorada
-la crin del Dios de arco de plata. No olvidaré una
-noche, en una recepción dada por doña Emilia
-Pardo Bazán, a los delegados americanos a las fiestas
-colombinas, el año de 1892. Castelar había concurrido,
-y como en todas partes en donde Castelar
-estaba presente, un corrillo se formó alrededor
-suyo, en uno de los salones. Nadie hablaba, fuera
-de Castelar, porque es sabido que en su presencia
-el primer deber era la atención. El tema de sus pa<span class="pagenum"><a name="Page_144" id="Page_144">[144]</a></span>labras
-se relacionaba con la oratoria, y vino él a
-recordar a este propósito a los distintos oradores
-que había oído en su vida. Y como su excepcional
-memoria estaba siempre lista, ilustraba sus recuerdos
-con citas y fragmentos de discursos. Así nos
-pintaba a Gambetta, de tal guisa que le veíamos
-encarnado delante de nosotros, y luego decía una
-parte de un discurso de Gambetta, a Víctor Hugo,
-y luego decía un trozo de discurso de Víctor Hugo,
-y así de varios oradores extranjeros. Después llegó
-a los españoles, y comenzando con Ríos Rosas, recorrió
-buena parte de la lista de bravos oradores
-con que cuenta este país de varones verbosos, explicando
-sus maneras y facultades hasta llegar a él
-mismo, y entonces se nos transfiguró momentáneamente,
-se nos presentó con sus atavíos reales. Y a
-pedido de un amigo circunstante, trajo a su memoria
-una parte de su célebre discurso del 12 de abril
-de 1869, pronunciado en ocasión famosa, y que
-hizo pensar a su propio contrincante el cardenal
-Manterola si no tendría ante sus ojos un nuevo Saulo.
-Aun veo los ojos iluminados y la mano como
-guiando el período: «Grande es el Dios de Sinaí; el
-trueno le precede, el rayo le acompaña, la luz le
-envuelve, la tierra tiembla, los montes se desgajan;<span class="pagenum"><a name="Page_145" id="Page_145">[145]</a></span>
-pero hay un Dios más grande, más grande todavía,
-que no es el majestuoso Dios del Sinaí, sino el humilde
-Dios del Calvario, clavado en una cruz, herido,
-yerto, coronado de espinas, con la hiel en los
-labios y sin embargo diciendo: «Padre mío, perdónalos,
-perdona a mis verdugos, perdona a mis perseguidores,
-porque no saben lo que hacen». Grande
-es la religión del poder, pero es más grande la
-religión del amor; grande es la religión de la justicia
-implacable, pero es más grande la religión del
-perdón misericordioso: y yo, en nombre del Evangelio,
-vengo aquí a pediros que escribáis en vuestro
-código fundamental la libertad religiosa, es decir,
-libertad, fraternidad, igualdad entre todos los
-hombres». Se recordarán sus discursos célebres, en
-lo futuro, como hoy las históricas arengas de Demóstenes;
-desde el primero en que se presentó
-como aeda y paladín de su amada Democracia,
-hasta el último en que ya para morir, apóstol consecuente,
-dejó su disposición testamentaria de política,
-fiel a su credo republicano; señalada la larga
-carrera por las innumerables brillantes estaciones,
-entre las que más resplandecen el discurso en favor
-de la libertad religiosa, que es el de la redención
-de los esclavos de Cuba, y al cual se refería cuando<span class="pagenum"><a name="Page_146" id="Page_146">[146]</a></span>
-oí de su boca la frase admirable: «Yo he libertado
-a doscientos mil negros con un discurso»; el del
-sufragio universal, de ágil y elástica dialéctica;
-el de la entrada a la Real Academia de la Lengua,
-lección colosal de un lirismo cósmico; el
-de París, en la Sorbona, cuando los estudiantes le
-recibieron con el aplauso clásico, como a un nuevo
-Lulio.</p>
-
-<p>Lejos la oratoria amartillada de los hombres del
-Norte, en la suya reventaba como una rosa de color
-perenne el sol Meridional; suya era la profusión
-y la riqueza latinas, y nunca se escuchó, en lo inmenso
-de los siglos, más rítmico y sonante torrente
-en cátedra o tribuna. Los franceses, tan parcos
-con lo extranjero, le admiraron y celebraron, en
-su francés claudicante, o en el español de bronce y
-plata que no comprendían al oirle. ¿Qué importa
-que dijese, como en una ocasión: <i>La France, cette
-«belle s&oelig;ur» de l'Espagne</i>? Tras la sonrisa del oyente
-venía la tempestad de la ovación, pues el orador
-soberano triunfaba contra el mal políglota. Hugo
-le tenía en su alto valer, y sabida es la anécdota
-en que el César de los poetas le ofreció, al sentarse
-a su mesa, una silla imperial: «Os he señalado
-esta silla, en que se sienta siempre D. Pedro del<span class="pagenum"><a name="Page_147" id="Page_147">[147]</a></span>
-Brasil.&mdash;¡Pues no me siento!»&mdash;respondió Castelar,
-fiel hasta en esto a su idealizada Aldonza Lorenzo.
-Nuestro compañero Ladevese cuenta las acogidas
-respetuosas y afectuosas, en casa de madame
-Adam, de Cernuschi, de la Rattazzi, las intimidades
-con políticos como Thiers y Gambetta y
-Julio Simón. Francia, como el mundo, veía en
-Castelar la encarnación de España; de la España
-caballeresca e idealista, hidalga y pintoresca.
-Oxford quiso escucharle, invitó a su «doctor» honorario
-para que fuese a dar conferencias, y él declinó
-la honra. A América pensó ir en varias ocasiones,
-pero, por desgracia, se cumplió lo que yo decía en
-1892: «Castelar no irá nunca a América». Y en
-América quizás más que en parte alguna, su palabra
-resonaba como una campana de gloria. Los
-yanquis le avaluaban abiertamente: si la Libertad
-de Bartholdi tiene la antorcha, Castelar «tenía la
-palabra». Sus discursos niagarescos fueron más de
-una vez por el cable; los <i>magazines</i> no le quitaban
-la mira y los dólares venían sin regateo. En nuestra
-América de lengua Castellana, no habrá pueblo
-o villorrio donde no haya llegado su fama. Creo, sin
-equivocarme, que en la República Argentina hay
-una colonia o villa que lleva su nombre. Y él ama<span class="pagenum"><a name="Page_148" id="Page_148">[148]</a></span>ba
-a la América nuestra, agradecido. Es el momento
-de manifestar cómo fué para ese continente
-gran parte de su producción, ya en tiempos
-de destierro penoso, ya en el apogeo de su
-existencia, tan solamente interrumpido su trabajo
-cuando se excusara con la dirección de los diarios
-de que era corresponsal, por verse obligado a suspender
-la labor «a causa de tener que ocupar la
-presidencia de la República española»; y cómo tenía
-en el recuerdo de su gratitud a <i>La Nación</i>, de
-Buenos Aires, y al <i>Monitor Republicano</i>, de Méjico,
-entre todas las publicaciones que fueron honradas
-con su colaboración. Y América toda fué con él
-siempre simpática, a pesar de aquel resentimiento
-memorable, cuando el político lírico quisiera ser
-político práctico y pronunciara la trascendente
-frase: «Antes que republicano soy español». Pues
-fué siempre el levita fanático, inspirado ante el
-fatal resplandor del ídolo Patria; y a la suya salvara,
-como se observa justamente después de la reciente
-catástrofe, en ocasión en que ejerciendo la
-presidencia de la República, estuvo en un cabello
-que no se rompieran las relaciones entre España y
-los Estados Unidos por la cuestión del <i>Virginius</i>.
-Jovellar estaba en Cuba y se resistía a la entrega<span class="pagenum"><a name="Page_149" id="Page_149">[149]</a></span>
-del apresado barco norteamericano, después de
-los fusilamientos de cubanos y yanquis que tripulaban
-la nave revolucionaria, y entonces fué la palabra
-de Castelar, jefe del Estado, haciendo entender
-al general «que en España nadie comprende
-que, ni en pensamiento, se resistan a cumplir un
-compromiso internacional del Gobierno, y no comprende
-que quiera ser Cuba más española que España.
-Una guerra con los Estados Unidos sería hoy
-una demencia verdadera, y aunque fuera popularísima
-la guerra, para esto están los Gobiernos, para
-impedir la locura de los pueblos. Recuerde V. E.
-lo que hizo Thiers cuando los franceses gritaban:
-¡A Berlín!; demostrarles que la guerra sería un
-desastre. Y ahí se ha capturado un buque en alta
-mar, se ha fusilado españoles y extranjeros, sin esperar
-a conocer el espíritu del Gobierno central,
-que preveía grandes catástrofes, y ahora se quiere
-cometer la última demencia desobedeciendo al Gobierno
-nacional. Todos los argumentos de los Estados
-Unidos consisten en decir que España no
-manda en Cuba, y van ahora a confirmar ese argumento.
-No se puede discutir un acto del Gobierno.
-Hay que obedecerle. Inflúyase en la opinión;
-tomándose las debidas precauciones, entréguese el<span class="pagenum"><a name="Page_150" id="Page_150">[150]</a></span>
-<i>Virginius</i> y la tripulación superviviente, de la manera
-que menos pueda herir el sentimiento público,
-pero entréguese sin dilación ni excusa. El mayor
-servicio que puede prestarse a la Patria, es
-obedecerla ciegamente. No mencione V. E. la dimisión
-mientras no estén cumplidas las órdenes
-del Gobierno. Cúmplalas con rigorismo militar. Y
-no se vuelva a hablar de Bayona: allí hubo reyes
-traidores que vendieron la Patria al extranjero;
-aquí hay patriotas que quieren salvarla de las locuras
-de ahí, avivadas por una incomprensible debilidad».
-Esto fué en 1873. Cuán distinto veinticinco
-años después el criterio de un Gobierno de hombres
-<i>útiles</i> que llevó al país a la derrota, al vencimiento
-y a la mutilación, del criterio de aquel
-«poeta» que libró a España de un peligro seguro y
-supo ser en sus obras y en sus sueños el primer
-patriota, el primer español de su tiempo, el más español
-de los españoles. Porque desde su Patmos,
-desde su Guernesey, desde su nube, desde su trípode,
-sabía ser certero en su vistazo aquilino. No
-era tan iluso cuando dió su flecha tantas veces en
-el blanco, cuando llegó bizarramente a la primera
-magistratura del Estado, y cuando ya en su vejez,
-al ver con desilusión que su república cuasi plató<span class="pagenum"><a name="Page_151" id="Page_151">[151]</a></span>nica
-no correspondía a su himno incesante, se retiró
-de la lucha, no sin antes declarar su invariable
-fe en el ideal por toda su existencia perseguido
-y su ningún contacto con la monarquía. Jamás
-habló a la Reina Regente. Cuando murió su hermana,
-a quien él amaba tanto, la Reina le envió su
-pésame. En San Sebastián un día se encontró frente
-a frente Su Genio con Su Majestad. Su Genio se
-quitó el sombrero y saludó. Hubo demócratas que
-murmuraron. ¿Quienes fueron esos hidalgos que
-por tan mal lado tomaban la democracia? Aquel
-caballero creía en la caballerosidad. Creía en la Patria.
-Creía en Dios.</p>
-
-<p>En el liberal, en el hombre de «la fórmula del
-progreso» había un creyente. Jesucristo aparecía a
-sus ojos a través de sentimentales <i>vitraux</i> en que
-estaban representados su España portadora de la
-cruz y su infancia doméstica: la buena madre,
-quien a la continua es nombrada por él como origen
-de sus creencias religiosas. Cuando habla de
-asuntos de religión, su órgano se desborda en los
-más augustos <i>magnificat</i>, o en los más profundos
-<i>misereres</i>. Sus conferencias sobre la civilización en
-los cinco primeros siglos del Cristianismo, su <i>Redención
-del esclavo</i>, muchos de sus discursos, son la<span class="pagenum"><a name="Page_152" id="Page_152">[152]</a></span>
-glorificación cristiana expresada por incesantes fervientes
-ondas de vocablos, de frases, saturados de
-un cálido misticismo, de un misticismo español.
-Casto como era, se pensó alguna ocasión en que,
-cuando cansado de las fatigas de la vida civil quisiera
-recogerse en el reposo de su espíritu, se ordenaría
-sacramentalmente. Y aun él mismo, al admirar
-un día cierta antigua casulla de la Catedral de
-Avila, dió a entender, con un decir, que no andaban
-muy en error los que tenían ese pensamiento. Un
-poeta de América publicó una vez un futuro sermón
-de Castelar en San Pedro de Roma, que al orador
-hizo amablemente sonreír. No hace mucho tiempo
-su entrevista con el Sumo Pontífice avivó la general
-curiosidad; y él propio confesó ser la conversación
-con el Papa de hondo interés, pero que no estaba
-autorizado para publicar nada de ella hasta
-después de la muerte de León XIII. Y él ha muerto
-antes, besando un crucifijo. El Papa blanco ha podido
-todavía autorizar que se hiciesen, a pesar de
-la liturgia, honras fúnebres a su interlocutor ilustre,
-en San Francisco el Grande, con todo y ser las
-honras el día de San Fernando.</p>
-
-<p>En la religiosidad de Castelar hay algo de profano
-como en la religiosidad de Murillo. Sus pintu<span class="pagenum"><a name="Page_153" id="Page_153">[153]</a></span>ras
-de las gracias divinas son como las pinturas de
-aquel pintor coloreadas de cierto sensualismo, que
-en este caso se agrava con la castidad sabida del
-imaginativo artífice de la palabra. Al pintar una
-virgen se nota en su verba cierta complacencia humana,
-y sus ángeles imaginados en la gloria o juzgados
-en los cuadros de los Museos, semejantes a
-esos ángeles voluptuosos que animara Goya en sus
-frescos de San Antonio de la Florida, nos parecen
-mujeres hechiceras, tan carnales como espirituales.
-La castidad de Castelar, bien sabida y explotada
-por los bufones de copla y lápiz en las enemistades
-de la política, fué uno de esos casos de absorción
-cerebral en que todas las facultades humanas se
-condensan en la obra del pensamiento; casos como
-el de Juan el del Apocalipsis, que Hugo ha rememorado
-en página que no perece. ¿Qué unión, qué
-matrimonio no habría podido efectuar este dueño
-de la fama? Célibe y casto vivió, célibe y casto murió.
-Y aquí es de recordar al paso al hombre privado.
-Supo pasar buenos años hermosamente,
-como debe vivir antes que nadie todo artista aristocrático.
-Se le tacharon alguna vez sus lujos y
-grandezas, sin saber que aquel hombre vivió siempre
-de su trabajo apenas ayudado por la fraternal<span class="pagenum"><a name="Page_154" id="Page_154">[154]</a></span>
-simpatía de señalados amigos; y que si se regalaba
-con ciertos lujos, no cabía en ello vanidad ninguna,
-sino la comprensión de la estética de la existencia,
-la cual tiene obligación de procurar, quien como él
-poseía, como adorador y sacerdote de la belleza, el
-don incomparable del gusto. Los que fuimos favorecidos
-con la invitación a su mesa, sabemos lo
-que Luculo comía en casa de Castelar. Tenía en
-esto, como en otras cosas, una cualidad eclesiástica.
-Comía con el gusto de un <i>monsignor</i> y con el
-apetito de un abad. Tenía la amable costumbre que
-Quincey nos revela de Kant; siempre había invitados
-a su mesa, y, siguiendo la regla de lord Chesterfield,
-el número de los que se sentaban, él comprendido,
-no era nunca inferior al de las Gracias
-ni superior al de las Musas. Y el mejor condimento
-era su charla monopolizadora del tiempo, a la
-cual ayudaba su memoria única con el más copioso
-anecdotario que sea posible imaginar. Después
-en su salón, al conversar, según fueren los asuntos,
-se dejaba llevar de su fuga tribunicia, y sus
-palabras se convertían en párrafos de verdaderos
-discursos; y su vibración era contagiosa, y él se
-trasladaba en un salto invisible, fuera del momento.
-Cuéntase que un día aconteciole encontrarse en<span class="pagenum"><a name="Page_155" id="Page_155">[155]</a></span>
-molestos apuros de dinero. Era en invierno y la
-chimenea estaba encendida, como su conversación,
-sobre un asunto político, delante de varios íntimos.
-Llega una carta de América, con una letra por mil
-duros. Grata sorpresa que interrumpe un instante
-su hablar. Pero continúa, con carta y letra en la
-mano; el discurso, a poco, se precipita, y con una
-frase rotunda y un gesto supremo, carta y letra
-hechos nerviosamente una pelota, ya están ardiendo
-en la chimenea. Otra vez hizo aguardar largas
-horas a un personaje político, cuya presencia en la
-antesala se le anunciaba repetidas veces, porque le
-tenía asidos lengua y pensamiento una disertación
-sobre Botticelli y los primitivos. Y de la casa en
-que aquel obrero tenía el obrador mental puesto
-para servicio de tantos diarios y revistas del globo,
-salía mucho bien, mucho favor personal, mucho
-consuelo a los pequeños, apoyo intelectual a quien
-lo necesitaba, consejo o aplauso, y la ayuda eficaz
-al pobre que le pedía, pues entre los humildes
-como entre los grandes, entre las palmas y lauros
-sobre los cuales sobresalía su calva cabeza pensadora,
-resplandecía la virtud moral de aquel hombre
-sencillo, de aquel corazón bueno.</p>
-
-<p>Por eso su muerte ha causado un doloroso estre<span class="pagenum"><a name="Page_156" id="Page_156">[156]</a></span>mecimiento
-en España entera, paralelo al estremecimiento
-simpático del mundo. Había ido Castelar
-a buscar vigor a la orilla del Mediterráneo&mdash;el mar
-tantas veces cantado en sus hímnicas proas&mdash;;
-había ido después de su último esfuerzo en la arena
-política, cuando los republicanos le rodeaban como
-al hombre fuerte de las pasadas campañas, creyendo
-ver en él la salud de la patria hoy tan maltrecha
-y extenuada. Pero así estaba el tribuno, el que sufrió
-tanto con el gran desastre, y que sintiendo llegar
-su última hora, comunicó en una carta a una
-amiga extranjera: «Muero con la agonía de España».
-Una tarde, a la orilla del mar, ve a unos pescadores
-y se acerca a ellos. Los peces que se asfixiaban
-saltando sobre la tierra, fueron para él triste
-impresión: «¡Si iré a morir como estos peces, faltos
-de oxígeno!» Y así murió. Al día siguiente de
-la noticia, mientras el pueblo de Madrid comentaba
-ya la actitud de un ministro incorrecto y falto de
-seso, cerca de la Puerta del Sol tuve una sensación
-que jamás se borrará de mi memoria. Un ciego, de
-esos que aquí andan por las calles pidiendo limosna,
-improvisando coplas de actualidad al son de
-sus lamentables guitarras, cantaba en tono doloroso
-delante de un círculo de transeúntes que aumen<span class="pagenum"><a name="Page_157" id="Page_157">[157]</a></span>taba
-a cada paso. Por curiosidad me detuve, al oir
-en el canto el nombre de Castelar. El pobre coplero
-del arroyo, en versos muy malos decía cosas sentidas
-y húmedas de llanto sincero; y aun no sé qué
-arte singular hacía coincidir su pena con el decir
-ingenuo, el acompañar de las cuerdas afónicas de
-aquel instrumento imposible. Cuando volví la vista,
-las mujeres lloraban; los obreros tenían las caras
-serias y tristes. Y la maligna política apareció,
-con el instinto popular que sabe soltar su avispa
-certera para que pique en donde se debe, con estrofas
-como ésta que recuerdo:</p>
-
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry"><div class="stanza">
-<div class="line i1">Don Emilio Castelar,</div>
-<div class="line">Que toda Europa conoce,</div>
-<div class="line">Quiso Dios que se muriera</div>
-<div class="line">Antes que abrieran las Cortes...</div>
-</div></div></div>
-
-<p>En la puerta del Sol, en los cafés, en las calles
-todas, el rumor se acentuaba contra el Gobierno y
-en especial contra el ministro de la Guerra, general
-Polavieja. Se acababa de publicar un decreto
-absurdo en que se leía: «Resultando: que D. Emilio
-Castelar ha muerto en honrada pobreza;&mdash;Artículo
-1.º, los gastos que ocasionen su enterramiento
-y honras fúnebres, serán de cuenta del Estado».
-Así, frío como un compromiso, duro como una li<span class="pagenum"><a name="Page_158" id="Page_158">[158]</a></span>mosna.
-¡Y esto en el país de las prosopopeyas y
-fórmulas, en la tierra de «Beso a usted la mano»
-y donde para nombrar a un ministro con sus títulos,
-se llena un medio pliego! El pueblo irritado
-no contenía sus censuras. ¡En aquellos momentos,
-las Cámaras italianas y portuguesas enviaban su
-pésame a ese mismo Gobierno mezquino; el Senado
-de la República Argentina se ponía de pie; el autocrático
-Gobierno ruso manifestaba su pesar; el Instituto
-de Francia lamentaba a su ilustre miembro;
-la Prensa de la tierra se enlutaba, el pensamiento
-universal estaba de duelo! Después se supo que
-Castelar no tendría honores militares; que se había
-prohibido a los artilleros reunirse para tributar
-homenajes al organizador del Cuerpo de Artillería,
-al antiguo presidente que tanto hizo por el ejército;
-después, que se autorizaba a los generales que
-quisiesen concurrir, para que lo hiciesen con traje
-de diario y con banda. La Prensa cumplió con su
-deber. Se habló claro; se dijeron verdades al rojo
-blanco. Entretanto, el cadáver de Castelar llega a
-Madrid en doloroso triunfo; y se deposita en el palacio
-del Congreso. Allí desfiló el pueblo, en homenaje
-último al gran pastor de multitudes; por
-allí pasó, entre tantas gentes, el ciego que yo oí<span class="pagenum"><a name="Page_159" id="Page_159">[159]</a></span>
-cantar y de cuya visita al cadáver habló <i>El Liberal</i>.
-Pues le preguntaron al verle con su guitarra bajo
-el brazo, con sus ojos sin sol: «¿Para qué vienes,
-si no has de verle?» Y él contestó: «¡Por mí le
-verá mi lazarillo!» ¿Y el obrero humildísimo que
-llegó con su hijita de luto, la cual llevaba un pequeño
-ramo de flores, y pidió permiso para ponerlo
-sobre el féretro, entre tanta monumental corona?</p>
-
-<p>Y llegó el entierro. Fluía en el ambiente de la
-tarde la dulzura de un cielo de acuarela. Madrid se
-desbordaba como un hirviente vaso. Suspendida la
-circulación por las calles que debía recorrer el fúnebre
-cortejo, la concurrencia se aglomeraba, los
-balcones se tupían. La calle de Alcalá, la Puerta
-del Sol, la calle Mayor estaban inundadas por el
-río humano. Desde temprano se esperó por largas
-horas. Por fin apareció a lo lejos el pelotón azul de
-la Guardia civil de a caballo. Se abre paso entre el
-espeso gentío, y comienza el desfile. Van, precediendo,
-las profusas coronas; se destaca la de <i>El Liberal</i>,
-enorme y negra, sobre un fondo de seda
-blanco; van los recogidos del hospicio y del asilo
-de San Bernardino; los grupos de varias asociaciones;
-los comerciantes, numerosos; la Academia de
-la Historia, el Ateneo, el Círculo de Bellas Artes;<span class="pagenum"><a name="Page_160" id="Page_160">[160]</a></span>
-ahí distingo a Núñez de Arce, pálido y como nervioso;
-ahí va la barbilla canosa de Zapata, junto al
-músico Bretón; allí Echegaray, con su aire enfermizo
-y gastado. Ahí el todo Madrid de la celebridad:
-periodistas, artistas, sabios, académicos. Y el
-clero, de sobrepelliz, anunciado por la manga de
-la parroquia, embudo negro y oro. Y ahí va Castelar
-muerto, en su carroza severa. Todo el mundo
-se descubre, todo el mundo le da su último saludo.
-Sobre el féretro no se ve más que un aislado
-ramito de flores... ¡es el ramito de la niña del
-obrero! La guardia de honor sigue, de soldados de
-la Civil. De pronto se oye entre la muchedumbre:
-«¡Bravo! ¡bien!» Son los militares que vienen, a
-pesar de la mezquindad ministerial. ¡Bravo! ¡Bien!
-Es el penacho blanco de Martínez Campos, el último
-gran guerrero, que asiste de toda gala; es Weyler,
-que viene sin penacho, pero acorazado el pecho
-de condecoraciones y medallas, Weyler, de
-fama terrible, pero que hoy se conquista por un
-momento las simpatías, pequeño, acerado, ceñudo,
-apretada y reveladora la saliente mandíbula. ¡Bien!
-¡Bravo! Son los penachos, son los entorchados, son
-los uniformes de otros tantos generales, de innumerables
-jefes y oficiales que honran a Castelar a<span class="pagenum"><a name="Page_161" id="Page_161">[161]</a></span>
-pesar de todo; es la comisión del Cuerpo de artilleros,
-que lleva su ofrenda. ¡Bien! ¡Bravo! Es España
-la antigua que aplaude a las espadas que no
-han echado en olvido la hidalguía. ¡Viva España!</p>
-
-<p>Y pasan más comisiones y los diplomáticos, llenos
-de oro, entre los cuales resaltan el Nuncio y el
-embajador de China, vestido de seda, con su botón
-de cristal y su pluma de pavón. Y luego la
-presidencia del Consejo de Ministros, y la Guardia
-civil que cierra la procesión, y detrás aún más
-gente, y más gente. Y el murmullo general se
-acentúa contra quienes no han sabido honrar la
-memoria del más grande de los españoles de su
-época, a quien sus mismos enemigos tienen una
-palma que ofrecer cuando va camino de la eternidad,
-a quien no ha habido una sola lengua española
-que no haya consagrado una palabra de admiración,
-como al hijo que mejor supo sobre la faz del
-universo, honrar a su madre patria. Y quienes han
-herido a esa amada patria con rencores inauditos
-ante el cadáver de aquel que supo combatirles frente
-a frente en su vida gloriosa y nobilísima, son los
-mismos que han contribuído a la desgracia nacional
-por degenerados o débiles, o ciegos instrumentos
-de errores y desidias; son los que han vuelto<span class="pagenum"><a name="Page_162" id="Page_162">[162]</a></span>
-de la derrota con pasmosa frescura y a quienes una
-voz, harto elocuente en el Congreso, condenó a ser
-ahorcados con los fajines de sus uniformes... <i>Militaribus
-curis et severitate morum</i>... ¿No era Castelar
-tan gran admirador de Tácito?</p>
-
-<p>Siendo la oratoria casi un arte teatral y basado
-de manera principal en dotes físicas que el tiempo
-va aminorando poco a poco, el Castelar de los últimos
-años no era sino el reflejo del de las pasadas
-victorias. Decía él mismo en un discurso no hace
-mucho tiempo: «Por esto los oradores se acaban,
-por la misma razón que se acaban, cuando no hay
-guerra, los héroes. Por esto nuestra imaginación
-se amortigua, nuestro entendimiento se atrofia, las
-en otros tiempos armoniosas cuerdas bucales marran,
-el estro lírico plega sus alas, el acento conmovedor
-concluye; pues, implacables, la sociedad
-y la naturaleza destrozan en sus inmensas y complicadas
-máquinas a todos aquellos seres que ya no
-les sirven para cosa ninguna, y que no han de
-cumplir fin alguno en el plan histórico de la Providencia».
-Pero desde los umbrales de la ciudad
-oscura podía él volverse y contemplar la obra que
-queda fuera de aquella que tenía la vida de un eco,
-basada de manera exclusiva en lo sonoro de su pe<span class="pagenum"><a name="Page_163" id="Page_163">[163]</a></span>rorar,
-en lo arrebatador de sus actitudes o en la
-cascada de sus alientos; es una serie de edificios de
-maravillosas arquitecturas construídos en su república,
-sobre sólidos terrenos o sobre montones de
-arena movediza, o apoyados apenas en el aire en
-que flotaban los colores y las líneas de su fantasía;
-o paisajes, frescos cíclicos de las luchas de pueblos
-y Gobiernos, de ideas y de hombres en el continente
-europeo, en América, en Asia, en Africa; o cinceladas
-alhambras, kioscos de capricho, o preciosas
-<i>loggias</i> que improvisaba por deleite de arte; o la
-novela que le resulta vasto poema en prosa; o la
-historia que le resulta himno multiplicado, o
-la semblanza de personaje o boceto de idea que le
-resulta oda fascinante; o el gran poema en estrofas
-de prosa, a ondas o a bloques, métrica ciclópea; o
-la villa de mármol y de riquezas antiguas que labra
-con sus recuerdos de Italia; o el monumento
-de mármol también, a Byron, y cien estatuas, y
-mil bustos, y un millón de camafeos, todos al
-amor de un jardín singular en donde mueve el
-viento armoniosos laureles griegos y robustas encinas
-romanas. Y aquel idealista, aquel optimista,
-no ha partido contemplando sobre el mundo nubes
-de color de rosa que presagien un día de dicha y<span class="pagenum"><a name="Page_164" id="Page_164">[164]</a></span>
-de tranquilidad, antes bien muy negros, muy amenazadores
-nubarrones, mientras se reúnen y deliberan
-los congregados de la paz en La Haya. Su
-último artículo que ha publicado el <i>Temps</i> hace ver
-a Francia poco favorable a un olvido de sus rencores
-con Alemania; a Alemania, más militarizada
-cada día, sin permitir el menor menoscabo en su
-preponderancia; a Inglaterra y a los Estados Unidos
-en un acuerdo tácito para imponer en el globo
-la hegemonía de los países de lengua inglesa. Y
-concluye: «El descontento del Gobierno italiano,
-producido recientemente a consecuencia de sus fracasos
-diplomáticos en la cuestión de China; las dificultades
-suscitadas entre Francia e Inglaterra por
-el Sudán y el Nilo; el aumento de la escuadra
-inglesa, que ha necesitado una suspensión de la
-amortización y un déficit de importancia; el cambio
-de América, que ha modificado su temperamento
-industrial y trabajador para marchar a la
-guerra y a la conquista; el reparto de la China, deseado
-por universales ambiciones; los progresos
-del ferrocarril ruso en la Mongolia; los conflictos
-del Transvaal entre la presidencia de Krúger y la
-dictadura del desequilibrado Napoleón del Cabo;
-las amenazas contra Portugal y sus colonias; los<span class="pagenum"><a name="Page_165" id="Page_165">[165]</a></span>
-temores y los espantos, tan fundados como legítimos
-de nuestra desgraciada España; la rivalidad de
-Turquía y de Grecia, de Francia y de Prusia, de
-Rusia e Inglaterra; los motines en Austria; el movimiento
-interior que reclama y pide una Alemania
-más considerable y numerosa que la Alemania actual;
-los gérmenes de desacuerdo entre las primeras
-potencias por consecuencia de las extensiones territoriales
-de sus colonias. Todas estas cosas dicen que
-después de la Exposición de 1909 no tendremos ni
-una hora de paz, y elementos de guerra estarán
-diseminados y extendidos por todas partes». Y al
-finalizar bendice, a pesar de todo, el Congreso de
-la paz.</p>
-
-<p>En la única, en la eterna, en la que todo entra,
-en la infinita, ha penetrado el prodigioso príncipe
-de la elocuencia castellana, el estupendo artista de
-la idea escrita, el predicador de la libertad. El «canario»
-de Taine ha volado como un águila. ¿En
-qué roca celeste se detendrá, para que su alma diamantina
-y pura, en la libertad de la muerte tome
-un rumbo nuevo, bajo el viento de Dios? España
-le levantará un monumento de mármol y de bronce;
-su nombre irá resonante por el tiempo como
-un orbe de oro. Un tiempo quizá llegue en que su<span class="pagenum"><a name="Page_166" id="Page_166">[166]</a></span>
-espíritu se regocije, desde la sombra de su misterio,
-al ver florecido en una inesperada primavera
-su ideal. Figuraos una ciudad, Walhalla o Jerusalén
-de las almas soberanas que giraron por la tierra,
-actualmente cumpliendo con su misión semidivina,
-ciudad de héroes, de artistas, de santos, de
-sabios y de poetas, los genios de la fuerza, los genios
-de la belleza, los genios del carácter y del corazón,
-los genios de la voluntad. En un aire de luz
-cruzarán las ondas de los pensamientos como en
-una electricidad suprema. La personalidad que
-subsiste no obstará a una comunidad de gloria ambiente.
-Pues bien, yo me imagino a nuestro bueno
-y grande Castelar en el coro magno de esos inmortales
-sintiendo en un instante del futuro como una
-voz que le da al oirla un nuevo esplendor, una
-inesperada voz de la tierra que llega a conmoverle
-a lo infinito. Será cuando España haya vuelto a
-alzar la cabeza como en días antiguos, poseída
-del orgullo de su fuerza nueva, de las palpitaciones
-de su nueva sangre. Junto a los boscajes de
-ensueño de esa sublime ciudad, Jerusalén o Walhalla,
-los pensadores y los soñadores siguen en
-progresiva ascensión, construyendo las fábricas de
-sus cálculos, los palacios de sus fantasías. Me ima<span class="pagenum"><a name="Page_167" id="Page_167">[167]</a></span>gino
-en esa hora del Señor, que el lírico tribuno
-sonríe al escuchar en lo eterno, del lado de la tierra,
-del lado de las columnas de Hércules, algo
-semejante a una salutación y a un trueno: un
-rugido.</p>
-
-<p><span class="smcap">Platón.</span>&mdash;¿Qué es eso?</p>
-
-<p><span class="smcap">Castelar.</span>&mdash;¡Es mi león!</p>
-
-<p class="p2 i2">30 mayo 1899.</p>
-
-<div class="figcenter2em">
- <img src="images/illusb014.png" width="400" height="125" alt=""/>
-</div>
-
-<hr class="chap" />
-
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_169" id="Page_169">[169]</a></span></p>
-
-
-
-<div class="chapter">
-<h2>ÍNDICE</h2></div>
-
-<table border="0" cellpadding="5" cellspacing="5" summary="indice">
-
-<tr>
- <td class="tdrp" colspan="2">Páginas.</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdcc large" colspan="2"><b>Pensadores y artistas:</b></td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#BENAVENTE">Jacinto Benavente.</a></td>
-<td class="tdrb">3</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#RODO1">José Enrique Rodó.</a></td>
-<td class="tdrb">9</td>
-</tr>
-
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#ARANHA">Graça Aranha.</a></td>
-<td class="tdrb">15</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#MARTIN">Zorrilla de San Martín.</a></td>
-<td class="tdrb">21</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#CALDERON">Francisco García Calderón.</a></td>
-<td class="tdrb">25</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#RUSINOL">Santiago Rusiñol.</a></td>
-<td class="tdrb">29</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#GAMBOA">Federico Gamboa.</a></td>
-<td class="tdrb">37</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#NERVO">Amado Nervo.</a></td>
-<td class="tdrb">43</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#LARRETA">Enrique Rodríguez Larreta.</a></td>
-<td class="tdrb">49</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#LUGONES">Leopoldo Lugones.</a></td>
-<td class="tdrb">53</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#CARRILLO">Enrique Gómez Carrillo.</a></td>
-<td class="tdrb">59</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#ROJAS">Ricardo Rojas.</a></td>
-<td class="tdrb">65</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#UGARTE">Manuel Ugarte.</a></td>
-<td class="tdrb">73</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#ZARRAGA">Angel Zárraga.</a></td>
-<td class="tdrb">77</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#SOLAR">Alberto del Solar.</a></td>
-<td class="tdrb">81</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#PICON">Jacinto Octavio Picón.</a></td>
-<td class="tdrb">87</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#ERRAZURIS">Fray Crescente Errazuris.</a></td>
-<td class="tdrb">101</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#GARZON">Eugenio Garzón.</a></td>
-<td class="tdrb">107</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdcc large" colspan="2"><b>Políticos:</b></td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#XIII">Su Majestad el Rey Don Alfonso XIII.</a></td>
-<td class="tdrb">115</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#REYES">El General D. Rafael Reyes.</a></td>
-<td class="tdrb">123</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#CASTILLO">Cánovas del Castillo.</a></td>
-<td class="tdrb">129</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#RAMIREZ">José Pedro Ramírez.</a></td>
-<td class="tdrb">135</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#CASTELAR">Castelar.</a></td>
-<td class="tdrb">139</td>
-</tr>
-
-</table>
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6 center"><span class="pagenum"><a name="Page_171" id="Page_171">[171]</a></span>
-<span class="large">EDITORIAL "MUNDO LATINO"<br />
-APARTADO 502.&mdash;MADRID.</span></p>
-
-<h2>CATÁLOGO PROVISIONAL</h2>
-<p class="center">(EXTRACTO DEL CATÁLOGO GENERAL)</p></div>
-
-<h3>OBRAS COMPLETAS<br />
-DE RICARDO DE LEÓN</h3>
-<p class="center">(De la Real Academia Española)</p>
-
-<table border="0" cellpadding="5" cellspacing="5" summary="catalogo">
-
-<tr>
- <td class="tdrp" colspan="3">Pesetas.</td>
-</tr>
-
-<tr><td class="tdl" colspan="2">Edición del Banco de España. Ocho volúmenes en 4.º,
-encuadernados en tela, con alegorías de Coullaut Valera
-y retrato del autor, por Vacqué</td>
-<td class="tdrb">50,00</td>
-</tr>
-
-<tr><td class="tdlp" colspan="2">A plazos (5 pesetas mensuales)</td>
-<td class="tdrb">60,00</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdcc" colspan="3"><h3>DE FRANCISCO VILLAESPESA</h3></td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdrt">I.</td>
-<td class="tdl">Intimidades.&mdash;Flores de Almendro</td>
-<td class="tdrb">3,00</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdrt">II.</td>
-<td class="tdl">Luchas.&mdash;Confidencias</td>
-<td class="tdrb">3,00</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdrt">III.</td>
-<td class="tdl">La copa del Rey de Thule.&mdash;La musa enferma</td>
-<td class="tdrb">3,00</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdrt">IV.</td>
-<td class="tdl">El alto de los Bohemios.&mdash;Rapsodias</td>
-<td class="tdrb">3,00</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdrt">V.</td>
-<td class="tdl">Las horas que pasan. (Veladas de amor)</td>
-<td class="tdrb">3,00</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdrt">VI.</td>
-<td class="tdl">Las joyas de Margarita: Breviario de amor.&mdash;La
-tela de Penélope.&mdash;El milagro del vaso de agua</td>
-<td class="tdrb">3,00</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdrt">VII.</td>
-<td class="tdl">Doña María de Padilla.&mdash;La cena de los cardenales</td>
-<td class="tdrb">3,00</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdrt">VIII.</td>
-<td class="tdl">El milagro de las rosas.&mdash;Resurrección.&mdash;Amigas
-viejas</td>
-<td class="tdrb">3,00<span class="pagenum"><a name="Page_172" id="Page_172">[172]</a></span></td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdrt">IX.</td>
-<td class="tdl">Las granadas de rubíes.&mdash;Las pupilas de
-Almotadid.&mdash;Las garras de la pantera.&mdash;El último
-Abderramán</td>
-<td class="tdrb">3,00</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdrt">X.</td>
-<td class="tdl">Tristitiæ rerum</td>
-<td class="tdrb">3,00</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdrt">XI.</td>
-<td class="tdl">La leona de Castilla.&mdash;En el desierto</td>
-<td class="tdrb">3,00</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdrt">XII.</td>
-<td class="tdl">El rey Galaor.&mdash;El triunfo del amor</td>
-<td class="tdrb">3,00</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdcc" colspan="3"><h3>DE RUBÉN DARÍO<br />(Ilustraciones de Ochoa)</h3></td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl">&nbsp;</td>
-<td class="tdlp">Tomos publicados:</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdrt">I.</td>
-<td class="tdl">La caravana pasa</td>
-<td class="tdrb">3,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdrt">II.</td>
-<td class="tdl">Prosas profanas</td>
-<td class="tdrb">3,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdrt">III.</td>
-<td class="tdl">Tierras solares</td>
-<td class="tdrb">3,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdrt">IV.</td>
-<td class="tdl">Azul</td>
-<td class="tdrb">3,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdrt">V.</td>
-<td class="tdl">Parisiana</td>
-<td class="tdrb">3,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdrt">VI.</td>
-<td class="tdl">Los raros</td>
-<td class="tdrb">3,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdrt">VII.</td>
-<td class="tdl">Cantos de vida y esperanza</td>
-<td class="tdrb">3,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdrt">VIII.</td>
-<td class="tdl">Letras</td>
-<td class="tdrb">3,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdrt">IX.</td>
-<td class="tdl">Canto a la Argentina</td>
-<td class="tdrb">3,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdrt">X.</td>
-<td class="tdl">Opiniones</td>
-<td class="tdrb">3,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdrt">XI.</td>
-<td class="tdl">Poemas del otoño y otros poemas</td>
-<td class="tdrb">3,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdrt">XII.</td>
-<td class="tdl">Peregrinaciones</td>
-<td class="tdrb">3,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdrt">XIII.</td>
-<td class="tdl">Prosas políticas</td>
-<td class="tdrb">3,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdrt">XIV.</td>
-<td class="tdl">Cuentos y crónicas</td>
-<td class="tdrb">3,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdrt">XV.</td>
-<td class="tdl">Autobiografía</td>
-<td class="tdrb">3,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdrt">XVI.</td>
-<td class="tdl">El Canto Errante</td>
-<td class="tdrb">3,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdrt">XVII.</td>
-<td class="tdl">Viaje a Nicaragua o Historia de mis libros</td>
-<td class="tdrb">3,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2">Ediciones especiales de lujo, con decoraciones a mano de Enrique Ochoa.</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdcc" colspan="3"><h3>
-<span class="pagenum"><a name="Page_173" id="Page_173">[173]</a></span>
-HENRIK IBSEN<br />TEATRO COMPLETO</h3></td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdrt">I.</td>
-<td class="tdl">Catilina. La tumba del guerrero. La castellana de
-Ostrat</td>
-<td class="tdrb">3,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdrt">II.</td>
-<td class="tdl">La fiesta de Solhaug. Olaf Liliekrans. Los
-guerreros en Helgeland</td>
-<td class="tdrb">3,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdrt">III.</td>
-<td class="tdl">Los pretendientes a la corona y La comedia del
-amor</td>
-<td class="tdrb">3,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdrt">IV.</td>
-<td class="tdl">Brand</td>
-<td class="tdrb">3,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdrt">V.</td>
-<td class="tdl">Peer Gynt</td>
-<td class="tdrb">3,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdrt">VI.</td>
-<td class="tdl">La unión de la juventud. Las columnas de la
-sociedad. La casa de una muñeca</td>
-<td class="tdrb">3,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdrt">VII.</td>
-<td class="tdl">Emperador y Galileo</td>
-<td class="tdrb">3,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdrt">VIII.</td>
-<td class="tdl">Espectros. Un enemigo del pueblo. El pato
-Silvestre</td>
-<td class="tdrb">3,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdrt">IX.</td>
-<td class="tdl">La casa de Rosmer. La dama del mar. Hedda Gabler</td>
-<td class="tdrb">3,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdrt">X.</td>
-<td class="tdl">El constructor Solness. El niño Eyolf. Al
-despertar de nuestra muerte</td>
-<td class="tdrb">3,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdcc" colspan="3"><h3>JOSÉ FRANCÉS</h3></td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2">El año artístico 1915</td>
-<td class="tdrb">6,00</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdrr" colspan="2">tela</td>
-<td class="tdrb">8,00</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2">El año artístico 1916 (con 250 grabados)</td>
-<td class="tdrb">10,00</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdrr" colspan="2">tela</td>
-<td class="tdrb">12,00</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2">El año artístico 1917 (con 250 grabados)</td>
-<td class="tdrb">11,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdrr" colspan="2">tela</td>
-<td class="tdrb">13,00</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdlp" colspan="2">En preparación el de 1918</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdcc" colspan="3"><h3><span class="pagenum"><a name="Page_174" id="Page_174">[174]</a></span>
-COLECCIÓN DE AUTORES ESPAÑOLES</h3></td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdcc" colspan="3">NOVELAS</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2"><i>Edmundo González Blanco.</i>&mdash;Jesús de Nazareht</td>
-<td class="tdrb">3,00</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2"><i>José Francés.</i>&mdash;La estatua de carne</td>
-<td class="tdrb">3,00</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdlp" colspan="2">&mdash;El alma viajera</td>
-<td class="tdrb">3,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2"><i>López de Saá.</i>&mdash;Los indianos vuelven</td>
-<td class="tdrb">3,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdlp" colspan="2">&mdash;Bruja de amor</td>
-<td class="tdrb">3,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdlp" colspan="2">&mdash;Por un milagro de amor</td>
-<td class="tdrb">3,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2"><i>W. Fernández Flórez.</i>&mdash;La procesión de los días</td>
-<td class="tdrb">3,00</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2"><i>Elías Cerdá.</i>&mdash;Don Quijote en la guerra</td>
-<td class="tdrb">2,00</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2"><i>V. García Martí.</i>&mdash;Don Severo Carvallo</td>
-<td class="tdrb">2,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2"><i>María Luisa Latil.</i>&mdash;Según labremos</td>
-<td class="tdrb">3,00</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdlp" colspan="2">&mdash;Genoveva</td>
-<td class="tdrb">2,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2"><i>Eugenio Noel.</i>&mdash;El allegreto de la Sinfonía VII</td>
-<td class="tdrb">3,00</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2"><i>Rafael Cansinos Assens.</i>&mdash;Las cuatro gracias</td>
-<td class="tdrb">3,00</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2"><i>Francisco Delicado.</i>&mdash;La lozana andaluza</td>
-<td class="tdrb">3,00</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2"><i>J. de Lucas Acevedo.</i>&mdash;La Caja de Pandora</td>
-<td class="tdrb">3,00</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2"><i>Martín de la Cámara.</i>&mdash;Vidas llameantes</td>
-<td class="tdrb">3,00</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2"><i>Mañara.</i>&mdash;Historia en camisa</td>
-<td class="tdrb">3,00</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdcc" colspan="3">ESTUDIOS Y CRÓNICAS</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2"><i>Emiliano Ramírez Angel.</i>&mdash;Bombilla-Sol-Ventas</td>
-<td class="tdrb">3,00</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2"><i>J. M. Carretero.</i>&mdash;Lo que sé por mí (dos series)</td>
-<td class="tdrb">3,00</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2"><i>J. Costa.</i>&mdash;Alemania contra España</td>
-<td class="tdrb">3,00</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2"><i>Pedro Pellicena.</i>&mdash;Los Cosacos</td>
-<td class="tdrb">3,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2"><i>Margarita de la Torre.</i>&mdash;Jardín de damas curiosas</td>
-<td class="tdrb">3,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2"><i>Fola Igurbide.</i>&mdash;El Actor</td>
-<td class="tdrb">3,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2"><i>Alberto Ghiraldo.</i>&mdash;Los nuevos caminos</td>
-<td class="tdrb">3,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2"><i>Enciso.</i>&mdash;El soneto en España</td>
-<td class="tdrb">3,00</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdcc" colspan="3">POESÍAS</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2"><i>José Montero.</i>&mdash;Yelmo florido (con ilustraciones)</td>
-<td class="tdrb">4,00</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2"><i>Zurita.</i>&mdash;Pícaros y donosos</td>
-<td class="tdrb">3,00</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2"><span class="pagenum"><a name="Page_175" id="Page_175">[175]</a></span>
-<i>Mauricio Bacarisse.</i>&mdash;El esfuerzo</td>
-<td class="tdrb">3,00</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2"><i>Eliodoro Puche.</i>&mdash;Libro de los elogios galantes y de
-los crepúsculos de otoño</td>
-<td class="tdrb">2,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdlp" colspan="2">&mdash;Corazón de la noche</td>
-<td class="tdrb">2,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdlp" colspan="2">&mdash;Motivos líricos</td>
-<td class="tdrb">2,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2"><i>Emilio Carrere.</i>&mdash;El retablo de los poetas. (Antología)</td>
-<td class="tdrb">3,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdcc" colspan="3">TEATRO</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2"><i>Muñoz Seca y López Núñez.</i>&mdash;El Rayo</td>
-<td class="tdrb">3,00</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2"><i>H. Ibsen.</i>&mdash;Dramas líricos</td>
-<td class="tdrb">2,00</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdlp" colspan="2">&mdash;La castellana de Ostrat</td>
-<td class="tdrb">2,00</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdlp" colspan="2">&mdash;Espectros</td>
-<td class="tdrb">2,00</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdcc" colspan="3"><h3>LAS GRANDES FIGURAS DE LA GUERRA EUROPEA</h3></td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2">Biografías de los generales: <b>Alberto I de Bélgica.</b>&mdash;<b>Joffre.</b>&mdash;<b>Sir Jhon French.</b>&mdash;<b>Lord Kitchener.</b> Con
-preciosas fototipias, a</td>
-<td class="tdrb">3,00</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdcc" colspan="3"><h3>COLECCIÓN DE AUTORES EXTRANJEROS</h3></td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2">Traducidas por <i>Felipe Trigo</i>, <i>Rafael Cansinos</i> <i>y</i>
-<i>Pedro de Répide</i>.</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2"><i>Victoriano de Saussay.</i>&mdash;La ciencia del beso</td>
-<td class="tdrb">3,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2"><i>René Emery.</i>&mdash;Santa María Magdalena</td>
-<td class="tdrb">3,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2"><i>Maquiavelo.</i>&mdash;Obras festivas: La Mandrágora.&mdash;El P.
-Alberico.&mdash;La Celestina.&mdash;El archidiablo Belfegor</td>
-<td class="tdrb">3,00</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2"><i>Claudia Lamaitre.</i>&mdash;Juegos de Damas</td>
-<td class="tdrb">3,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdcc" colspan="3"><h3><span class="pagenum"><a name="Page_176" id="Page_176">[176]</a></span>
-CELEBRIDADES ESPAÑOLAS</h3></td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdrt">I.</td>
-<td class="tdl">Bécquer (encuadernados en tela)</td>
-<td class="tdrb">3,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdrt">II.</td>
-<td class="tdl">Zorrilla (encuadernados en tela)</td>
-<td class="tdrb">3,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdrt">II.</td>
-<td class="tdl">Espronceda (encuadernados en tela)</td>
-<td class="tdrb">3,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdcc" colspan="3"><h3>COLECCIÓN SELECTA</h3></td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2"><i>Tomás de Quincey.</i>&mdash;Los últimos días de Kant</td>
-<td class="tdrb">1,00</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2"><i>Kalidasa.</i>&mdash;El reconocimiento de Sakuntala</td>
-<td class="tdrb">1,00</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2"><i>Rousseau.</i>&mdash;Discurso sobre las artes y las ciencias</td>
-<td class="tdrb">1,00</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2"><i>Luciano de Samosata.</i>&mdash;La diosa de Siria</td>
-<td class="tdrb">1,00</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2"><i>L. Sterne.</i>&mdash;Viaje sentimental de un inglés a Francia</td>
-<td class="tdrb">1,00</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2"><i>F. Alvarado.</i>&mdash;El filósofo rancio. (Cartas)</td>
-<td class="tdrb">1,00</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdcc" colspan="3"><h3>COLECCIÓN CIENCIA Y ARTE</h3></td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2"><i>Ricardo Yesares.</i>&mdash;¿Qué quieres aprender? Electricidad.
-Encuadernado en tela</td>
-<td class="tdrb">3,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdlp" colspan="2">&mdash;¿Qué quieres ser? Automovilista. Encuadernado en tela</td>
-<td class="tdrb">3,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdcc" colspan="3"><h3>OBRAS VARIAS</h3></td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2"><i>Sthendal.</i>&mdash;Del amor</td>
-<td class="tdrb">6,00</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2"><i>E. M. Segovia</i> (Oficial del Banco de España).&mdash;Los
-documentos de crédito</td>
-<td class="tdrb">5,00</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2"><i>Rivero.</i>&mdash;Legislación de clases pasivas. Volumen de
-500 páginas, encuadernado en tela</td>
-<td class="tdrb">10,00</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2"><i>R. Yesares.</i>&mdash;Ayuda memoria del mecánico electricista.
-Un volumen, encuadernado en tela</td>
-<td class="tdrb">1,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdcc" colspan="3"><h3><span class="pagenum"><a name="Page_177" id="Page_177">[177]</a></span>
-LIBROS DE CARTAS</h3></td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2">El arte de escribir cartas</td>
-<td class="tdrb">1,00</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2">Manual epistolar (encuadernado en tela)</td>
-<td class="tdrb">2,00</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2">Cartas amorosas</td>
-<td class="tdrb">0,60</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2">Epistolario de amor (encuadernado)</td>
-<td class="tdrb">2,00</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdcc" colspan="3"><h3>COLECCIONES POPULARES</h3></td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdcc" colspan="3">COLECCIÓN «MAC-BULL»</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2">Obras sensacionales, originales del conocido escritor
-señor <i>Bedoya</i>, cuya maestría en esta literatura es universal:</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2">El millonario detective</td>
-<td class="tdrb">1,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2">El secreto del Kaiser</td>
-<td class="tdrb">1,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2">La bola de sangre</td>
-<td class="tdrb">2,00</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2">El alma de las brujas</td>
-<td class="tdrb">2,00</td>
-</tr>
-</table>
-
-<table border="0" cellpadding="5" cellspacing="5" summary="catalogo2">
-<tr>
-<td class="tdcc" colspan="3">COLECCIÓN PICARESCA</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2">Tomos de 130 páginas, de amena lectura de índole
-burlesca y galante, con bonitas portadas en bicolor. Van publicados:</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2">Voluptuosidad y perversión</td>
-<td class="tdrb">0,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2">En camino de la mala vida</td>
-<td class="tdrb">0,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2">Corazón de piedra</td>
-<td class="tdrb">0,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdlbrd" rowspan="3">Memorias galantes de un abate del siglo <span class="smcap">xviii</span></td>
-<td class="tdl">Juventud</td>
-<td class="tdrb">0,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl">Mis amores en París</td>
-<td class="tdrb">0,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl">Amores de otoño</td>
-<td class="tdrb">0,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2">Lágrimas de amor</td>
-<td class="tdrb">0,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2">De flor en flor (Historia de un cínico)</td>
-<td class="tdrb">0,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2">El maldito dinero (Historia de amor y de maldad)</td>
-<td class="tdrb">0,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdcc" colspan="3"><span class="pagenum"><a name="Page_178" id="Page_178">[178]</a></span>
-COLECCIÓN FOLLETÍN</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2">Esta colección contendrá las obras más famosas de la
-Literatura Universal, en elegantes volúmenes de 150 a
-200 páginas, con primorosas cubiertas en color. Van publicados:</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2">El último Mohicano</td>
-<td class="tdrb">0,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2">El misterio de los Apaches</td>
-<td class="tdrb">0,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2">Amor salvaje</td>
-<td class="tdrb">0,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2">Margarita de Borgoña</td>
-<td class="tdrb">0,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2">Lucrecia Borgia</td>
-<td class="tdrb">0,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2">La Dama de las Camelias</td>
-<td class="tdrb">0,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2">Flecha de oro</td>
-<td class="tdrb">0,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2">El Capitán rojo</td>
-<td class="tdrb">0,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2">Werther</td>
-<td class="tdrb">0,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2">El Espía de las rocas</td>
-<td class="tdrb">0,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2">Manon Lescaut</td>
-<td class="tdrb">0,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2">Un viaje a la luna</td>
-<td class="tdrb">0,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2">Mignon</td>
-<td class="tdrb">0,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdcc" colspan="3">COLECCIÓN MARAVILLAS DE LA GUERRA</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2">Narraciones sensacionales del conocido periodista señor
-<i>López Moya</i>, cuya fantasía corre parejas con su amenidad. Van publicados:</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2">Azañas de Vedrines</td>
-<td class="tdrb">0,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2">Proezas de un submarino inglés</td>
-<td class="tdrb">0,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2">Tragedia en los aires</td>
-<td class="tdrb">0,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2">El misterio de los Zeppelines</td>
-<td class="tdrb">0,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2">El fantasma del mar del Norte</td>
-<td class="tdrb">0,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2">Buzo heroico</td>
-<td class="tdrb">0,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdcc" colspan="3"><span class="pagenum"><a name="Page_179" id="Page_179">[179]</a></span>
-COLECCIÓN MEFISTÓFELES</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2">Primorosos volúmenes de sugestiva lectura. Van publicados:</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2">La magia negra</td>
-<td class="tdrb">0,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2">El A B C del hipnotismo</td>
-<td class="tdrb">0,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2">Los misterios del sonambulismo</td>
-<td class="tdrb">0,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2">Ocultismo experimental</td>
-<td class="tdrb">0,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2">Los misterios de las piedras preciosas</td>
-<td class="tdrb">0,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2">Las plantas en las habitaciones</td>
-<td class="tdrb">0,50</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdcc" colspan="3"><h3>LIBROS TAURINOS</h3></td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2"><i>El Caballero Audaz.</i>&mdash;El libro de los toreros: epílogo
-de José Francés. (Bomba, Joselito, Gallo, Belmonte,
-Pastor, Gaona, Carpio.) Con fotografías. Libro de éxito enorme</td>
-<td class="tdrb">2,00</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl" colspan="2">Los amores de los toreros. Cuadernos de gran tamaño y
-muy interesantes para la afición a toros. Van
-publicados: Belmonte.&mdash;Pastor.&mdash;Gallo&mdash;Gallito.
-&mdash;Gaona.&mdash;Los crímenes del gallismo. Cada cuaderno</td>
-<td class="tdrb">0,20</td>
-</tr>
-
-
-</table>
-
-
-
-
-
-
-
-
-
-<pre>
-
-
-
-
-
-End of the Project Gutenberg EBook of Cabezas: Pensadores y Artistas.
-Políticos, by Rubén Darío
-
-*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK CABEZAS ***
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-and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
-and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.
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-Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
-Foundation
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-501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
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diff --git a/old/56047-h/images/cover.jpg b/old/56047-h/images/cover.jpg
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deleted file mode 100644
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+++ /dev/null
Binary files differ
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deleted file mode 100644
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Binary files differ
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Binary files differ
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Binary files differ
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Binary files differ
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Binary files differ
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Binary files differ
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Binary files differ
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Binary files differ
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Binary files differ
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Binary files differ
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Binary files differ
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Binary files differ
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Binary files differ
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Binary files differ
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Binary files differ
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Binary files differ
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Binary files differ
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Binary files differ
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Binary files differ
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Binary files differ
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Binary files differ
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Binary files differ