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Políticos - Obras Completas Vol. XXII - -Author: Rubén Darío - -Release Date: November 25, 2017 [EBook #56047] - -Language: Spanish - -Character set encoding: ISO-8859-1 - -*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK CABEZAS *** - - - - -Produced by Carlos Colón, Josep Cols Canals and the Online -Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This -file was produced from images generously made available -by The Internet Archive/Canadian Libraries) - - - - - - - - - - Nota del Transcriptor: - - - Se ha respetado la ortografía y la acentuación del original. - - Errores obvios de imprenta han sido corregidos. - - Páginas en blanco han sido eliminadas. - - Ilustraciones han sido eliminadas. Solo las leyendas correspondientes - han sido incluídas. - - Letras itálicas son denotadas con _líneas_. - - Las versalitas (letras mayúsculas de tamaño igual a las minúsculas) - han sido sustituidas por letras mayúsculas de tamaño normal. - - Letras oscuras son denotadas con =signos de igual=. - - - - - CABEZAS - - [Ilustración] - - - - - RUBÉN DARÍO - - CABEZAS - - PENSADORES - Y ARTISTAS - POLÍTICOS - - [Ilustración] - - VOLUMEN XXII - DE LAS OBRAS COMPLETAS - ADMINISTRACIÓN - EDITORIAL «MUNDO LATINO» - MADRID - - - - - ES PROPIEDAD (Ilustraciones de E. Ochoa.) - - - - - PENSADORES - Y - ARTISTAS - - [Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -JACINTO BENAVENTE - - -Cuando Jacinto Benavente entró a la Real Academia Española, se -preguntaron muchos: «¿A qué va Benavente a la Academia?» Contestaron -algunos: «A hacer lo que todos los académicos hacen; limpiar, fijar y -dar esplendor». - -No, no iba a eso. En tal recinto, e intelectualmente hablando, para -limpiar, necesitaría la representación de Hércules; para fijar, la de -Minerva; para dar esplendor, la del mismo Apolo. Iba sencillamente -a demostrar que, por opinión general, quien había logrado todos los -triunfos populares merecía también todos los honores oficiales. He -dicho populares, porque, aunque Benavente sea un autor de _élite_ su -nombre es famoso en todas partes en donde se habla nuestro idioma y aun -en otras. - -Benavente representa para España lo que un Capus o un Bernstein para -Francia, o mejor, lo que un Bernard Shaw para Inglaterra. Y aun, en -condiciones especiales, es el único que haya logrado dar verdadero -brillo y resonancia a las Máscaras castellanas. - -Poco avisados los que le juzgan con el oído puesto al Boulevard. El -mundo en que se mueven sus tipos, en la mayor parte de sus comedias, -es ese mundo universal que tiene por norma, desde luego, más o menos -aplicada a sus medios respectivos, la vida parisiense; y si no, fijaos -en las escenas de los comediógrafos italianos del día. Ese mundo es _le -monde_. Mas los personajes benaventinos que se mueven y expresan en -el ambiente de Madrid, son de la legítima descendencia clásica; y sus -diálogos chispeantes del ingenio que les presta su creador, no son sino -los antiguos discreteos de Calderón o Lope modernizados. - -Ni tan solo en lo cotidiano social y de lo mundano inmediato ha de -entretenerse este cultivador de agudas y frívolas filosofías. De cuando -en cuando le veréis salir con su cara de Shakespeare--pues es harto -semejante a algunos retratos del gran Will--impregnado de esencias -hamletianas, o húmedo de los rocíos de las florestas por donde vayan -las Rosalindas, las Perditas y las Cordelias. - -[Ilustración: JACINTO BENAVENTE] - -A pesar de su fama de amargor, confiaos a él. Hay entre sus macizos de -floridas espinas muy exquisitos de miel, mucho consuelo humano, mucha -ternura compensadora de desesperanza. - -Entrad en su teatro de ensueño y en su teatro de bondad. Dejaos llevar -por la mano que sabe apartar los ramajes hostiles. Él os hará el regalo -de la poética dulzura, del rayo de luna, del canto cristalino del -ruiseñor; y como es conveniente, a su tiempo, en el instante preciso, -os hará una pirueta; y le daréis las gracias por el palmo de narices -con que os gratifique. - -Y os dejará plantados. No le sigáis. Él se va, como murmurando, porque -sabe muchas cosas del cielo y de la tierra. No le sigáis. Podréis creer -por el movimiento de sus hombros que se va riendo, pero no podéis -afirmar que no vaya llorando. ¿No acaba de daros vida, vida brutal, -trágica, dolorosa, en esa _Malquerida_ en que ha concentrado todas las -fatalidades y el apocalíptico misterio de la mujer: _Misterium?_ - -El verdadero poder de Benavente consiste en que es un poeta, en que -posee la intra y supervisión del poeta, y en que todo a lo que toca le -comunica la virtud mágica de su secreto. - -Su inquietud viene de la intensa vibración de su espíritu. Estará en -la soledad consigo mismo. Irá a pasar sus horas con sus amigos los -poetas. Luego--no lo dudéis--tras alguna cabriola, entrará a la casa -del Diccionario para hablar con las momias. Y las dejará aún más -estupefactas. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -JOSE ENRIQUE RODO - - -El oficio de pensar es de los más graves y peligrosos sobre la faz -de la tierra, bajo la bóveda del cielo. Es como el del aeronauta, el -del marino y el del minero. Ir muy lejos explorando, muy arriba o -muy abajo, mantiene alrededor la continua amenaza del vértigo, del -naufragio o del aplastamiento. Así, la principal condición del pensador -es la serenidad. - -En la América nuestra no hemos tenido casi pensadores; no ha habido -tiempo, todo ha sido fecundidad verbal, más o menos feliz, declamación -sibilina, _pastiche_ oratoria, expansión, panfleto. Con dificultad se -encontrará en toda la historia de nuestro desarrollo intelectual este -producto de otras civilizaciones: el ensayista. - -José Enrique Rodó es el pensador de nuestros nuevos tiempos, y, para -buscar siempre el parangón en el otro plato de la balanza americana, -diré que corresponde a Emerson. Es Emerson latino, cuya serenidad viene -de Grecia, y cuya oración dominical es la salutación a Palas Atenea, la -plegaria ante el acrópolis. Y advertid que, a pesar de lo que se afirme -y comente, Rodó no es un renaniano, en el sentido que en el común -dialecto literario se da a esta palabra. Su tranquila visión está llena -de profundidad. El cristal de su oración arrastra arenas de oro de las -más diversas filosofías, y más encontraréis en él del más optimista de -los ensayistas, que del gordo cura laico biógrafo de N. S. Jesucristo, -abate de Jouarres, _in partibus infidelium_. - -Desde sus comienzos, la obra de Rodó se concreta en ideas, en ideas -decoradas con pulcritud por la gracia dignamente seductora de un -estilo de alabastros y mármoles. Solamente que él pigmalioniza, y el -temor de impasibilidad, de frialdad desaparece cuando se ve la piedra -cincelada que se anima, la estatua que canta. Nació con vocación de -belleza y enseñanza. Enseñanza, es decir conducción de almas. A -tal pedagogía es a la que se refiere el Dante en un verso referente a -Virgilio. Cuando apareció su primer opúsculo, _Vida Nueva_, se vió el -surgir de un maestro en su generación, en la generación continental. Su -segundo opúsculo sobre el autor de _Prosas Profanas_, o mejor dicho, -sobre este libro de poesías, le afirmó virtuoso de la prosa, de la -erudición elegante, y en la última parte de su trabajo, profeta. Altas -y generosas especulaciones le ocuparon, y _Ariel_ señala un nuevo -triunfo de su espíritu y una nueva conquista de sus predicaciones, -por la hermosura de la existencia, por la elevación de los intelectos -hispanoamericanos, por el culto nunca desfalleciente ni claudicante -del más puro y alentador de los ideales. Definíase más y más su -personalidad, y se hubiera dicho un filósofo platónico de la flor del -paganismo antiguo, resucitado en tierras americanas. Y tuvo el más -bello de sus gestos, cuando, llevado a las controversias de la Prensa -y a las agitaciones de la Cámara, por los caprichos de la política, -el adorador de los dioses de la Hélade salió a la defensa de nuestro -pálido Dios Cristiano, Desterrado allá, como en Francia, de los lugares -de la Justicia, por obra de la roja cosa jacobina. - -[Ilustración: JOSÉ ENRIQUE RODÓ] - -Por último, aparece su obra magna hasta hoy, esos _Motivos de Proteo_, -aires mentales, sinfonías, de ideas que llevan dentro tanta virtud -bienhechora, libro que ha sido acogido en todas partes con entusiasmo -y con razonada admiración. Es un libro fragmentario, ¡pero cuan lleno -de riqueza! fragmentario ocasional o decididamente. Ello hace que -su prosecución sea indefinida, y que el encanto y el provecho se -prolonguen en la esperanza después de cada aporte. El tesoro está allí. -Cada vez que Aladino baje, estemos atentos. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -GRAÇA ARANHA - - -Uno de los críticos que han estudiado la personalidad intelectual de -Graça Aranha--el señor Elysio de Carvalho--hace notar que antes de -que la gloria iluminase el nombre del autor de _Chanaan_, era éste un -escritor de cenáculos «apenas conocido de sus íntimos, que lo sabían -un talento peregrino, un espíritu culto, un artista de raza capaz -de realizar el gran sueño de arte que le acariciaba el alma». Hoy -Graça Aranha ha conquistado los más justos laureles, y es conocido y -celebrado en todo el mundo literario. Mas su universal renombre no ha -hecho más que hacer brillar mejor el puro diamante de su nacionalismo. -Él es brasileño ante todo. Con satisfacción y con orgullo, me decía -hace pocos días: «Me place más ser comprendido por el último de -los estudiantes de mi tierra, que por el primero de los escritores -europeos». Y en el Brasil se le devuelve su afecto con creces. Es de -los que encarnan el alma de la raza, es de los representativos. Él -ha expresado en una prosa impecable y admirable el ideal patriótico, -y ha pintado magistralmente el escenario fabuloso de ese vasto y -vigoroso país, animado como ninguno de las savias de la tierra y de -los fuegos fecundantes del sol. Muchos ilustres varones de pensamiento -tuvo el pasado imperio y tiene la joven república; pero ninguno -había expresado el espíritu nacional, ni tenido tan hermosamente, en -simbólicas figuras, la visión del porvenir, como el joven pensador que -llegaba señalando el rumbo de la vida nueva, y cuyo libro resonante -era--escribía el noble y grande José Verissimo--«nuevo por el tema, -nuevo por la inspiración y concepción, nuevo por el estilo». - -_Chanaan_, que tuvo tan estupenda acogida en la patria brasileña, -en toda la América del Sur; y cuando presentada a los públicos de -Europa por el introductor de Ibsen, el diplomático y escritor ruso -conde Prozor--un gran señor de letras--, que fué quien la tradujo al -francés, _Chanaan_ fué conocida mayormente, y el talento del autor -adquirió fama y autoridad internacionales. Así al representarse en -París, por el teatro de l'OEuvre _Malazarte_, que interpretaron actores -como Lugne-Poe, De Max, y esa sutil y encantadora Greta Prozor, flor -teatral cultivada por la maga Suzanne Despres, ya se sabía quién era -el autor, que ofrecía a los exigentes lutecianos un ramo de sus rosas -radiantes y de sus orquídeas tropicales. - -Yo he visto al glorioso novelista brasileño en París, en reuniones -en donde ha estado representado el pensamiento francés por sus -personalidades más eminentes; y le he conocido en su propio medio, -frente a aquel espectáculo de ensueño y de fantasía, que es la bahía -de la capital fluminense. El vapor en que íbamos los miembros de las -delegaciones de varios países a la Conferencia Panamericana, había -anclado. Iba con nosotros el ilustre embajador y poderoso intelectual, -que era Joaquín Nabuco. Llegaban a rodear nuestro barco _ferry-boats_ -llenos de estudiantes y de músicas, que lanzaban al aire himnos y -vivas. Y un balandro apareció en donde venían varios caballeros de -distinción. Entre ellos me fué señalado por Nabuco uno:--«¡Vea usted, -aquél es Graça Aranha!»--me decía alegre y conmovido el magnífico -anciano, quien admiraba y quería al triunfante joven. Luego nos -presentó, y desde entonces he cultivado con el creador de _Chanaan_ la -más cordial de las amistades intelectuales. - -El Brasil es un país de tradiciones aristocráticas, y la cultura -social se impone desde luego. Se ha aprovechado de todo lo que ha -producido la civilización europea, y se ha plasmado una característica -nacional inconfundible, que podría servir de modelo en otras naciones -del continente. Al núcleo principal pertenecen hombres como Graça -Aranha, en quien las distintas situaciones oficiales y sus condiciones -de intelecto y de civilidad han hecho uno de esos representantes -que tanto brillo han dado a la historia diplomática de su tierra. -Individualmente, junta el _gentleman_ al caballero; es esto decir que -su trato no se resiste de sequedad, antes bien, hace transparentarse la -buena fe, la cordialidad y la generosa nobleza. Cuando uno ha tenido la -feliz oportunidad de conocer a cancilleres como el barón de Río Branco -y el doctor Lauro Muller; a embajadores como Nabuco, y en la joven -diplomacia a representantes como Fontoura Xavier, como Barros Moreira, -como Belloso Rebello, como Graça Aranha, comprende cómo los estadistas -brasileños han querido que los que llevan el nombre y la autoridad del -Brasil al exterior, veteranos y nuevos, formen un cuerpo de excelentes, -una _élite_ que pueda, en todo y en cada uno, ser a la Patria motivos -de complacencia. Y Graça Aranha honra no solamente a su patria natal, -sino a su lengua, que es una más grande patria. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -ZORRILLA DE SAN MARTIN - - -Hace veinte años que vi por la primera vez a este admirable uruguayo. -Los que le conocen me han dicho que, hoy como antes, anima un espíritu -encendido y palpitante aquel cuerpo que crece al resplandor de la frase -oratoria, aquella cabeza de tribuno, aquella cabeza de poeta. Y como -vive de fe y respira esperanza, se diría que una inagotable juventud -conserva firmes sus nervios, airoso su gesto, cálida y vivificante su -palabra, toda energía y ritmo. - -Le recuerdo en días de triunfos y de gozos, entre fiestas y pompas -españolas. Las delegaciones de las repúblicas americanas contaban, -como era de razón, sobre todo las tropicales, con sujetos verbosos -y hábiles para el discurso; pero en conjunto, no podíamos presentar -delante de un Castelar, sino al delegado uruguayo, a la sazón ministro -de su país ante Su Majestad Católica. A su fama asentada de gran poeta -unía el dominante prestigio de una elocuencia, si a veces harto fogosa, -por lo mismo plenamente representativa de nuestros entusiasmos y -vivacidades continentales. Su negra y copiosa cabellera se agitaba en -la conmoción de las arengas; el brazo diestro se alzaba como arrojando, -como esparciendo, como regando las oraciones; los ojos, la máscara -toda contribuían a la conquista de los auditorios; y un común orgullo -nos producía a los neomundiales la victoria de aquel hombre generoso -y lírico, que había cantado al épico charrúa Tabaré, y saludaba en -vibradores y musicales períodos, en nombre de las naciones nuevas, a -la regia decaída y maternal España. Con _Tabaré_ y con la _Leyenda -Patria_--que celebraron poetas como Olegario Andrade, autoridades como -Paul Groussac--se colocó Zorrilla de San Martín en el escaso número de -los grandes líricos americanos. Se ha dicho que siempre en el poeta -aparece la amplitud, la exuberancia oratorias. No olvidemos que -ello es una característica de Víctor Hugo, y más cerca y no a tantas -alturas, de Núñez de Arce. Es una elocuencia llena de lirismo, y esto -lo admiramos hasta en el mismo viejo Esquilo. Cuando en mi primaveral -juventud llegó a mis manos el poema épico lírico del célebre uruguayo, -me impresionó por su belleza armoniosa, y por el contagio entusiástico -de lo que antaño se calificaba con el nombre de «inspiración». En -_Tabaré_--«ese extraño y hermoso poema, con el que acaso sean más -justicieras que las actuales las generaciones que vendrán», según el -decir de un meditativo y decoroso pensador que brilla en la juventud -uruguaya, Amadeo Almada--encontré en días en que imperaban endémicas -doctrinas, una novedad sana y un sentido de musicalidad honda y -trascendente, que venían de la influencia de un poeta «menor» pero de -los más dignos de admiración y amor en la España del siglo pasado: -Bécquer. «Mi Gustavo Bécquer, genio admirable y querido, despertador de -mi adolescencia poética», dice Zorrilla de San Martín en una confesión -reciente publicada en _Mundial_. Había, en efecto, un eco del arpa de -Bécquer, pero sinfonizado en un órgano que se diría hecho de las más -robustas y sonantes cañas y bambúes de nuestras selvas americanas. - -_Tabaré_ fué celebrado en España y en toda la América latina con loas y -palmas merecidas. - -Zorrilla de San Martín reconoce el perjuicio que posteriores -correcciones causaron a su obra... «Quise quitar, ¡pecado de mí!, -ingenuidades en una obra ingenua; quise razonar.» Sí, su obra es -ingenua como una planta, como una flor, como el agua de un manantial, -y ella guardará el frescor y el perfume de la más grata estación de su -existencia. - -También ha citado estos conceptos de Carlyle referentes a Dante: «Si -vuestra composición es auténticamente musical, no solamente en la -palabra, sino en el corazón y en la sustancia, en los pensamientos -y articulaciones, en toda la concepción, entonces será poética; mas -no de otra manera. ¡Musical! ¡Cuánto se encierra en esta palabra! Un -pensamiento musical es el que ha penetrado hasta lo más íntimo del -corazón de las cosas, y puesto al descubierto lo más recóndito de sus -misterios...» - - - - -[Ilustración] - - - - -FRANCISCO GARCIA CALDERON - - -Un joven sabio; palabras difíciles de juntar en nuestra América. A -Francisco García Calderón siéntanle por igual manera los calificativos -de _savant_ y de _sage_. La gravedad espiritual, el desdén de las -literaturas fáciles, y diremos así de simple adorno, el alejamiento del -_dilettantismo_, y su copioso saber, sostenido por una inteligencia -fuerte y ponderada, le han dado un lugar especial en nuestra reciente -intelectualidad. Habita en París, y busca los jardines apacibles de -la filosofía, en vez de entregarse a las bellas y ligeras letras de -la luminosa capital del _esprit_. Cuando, por la fatalidad que pesa -sobre muchos de los escritores que aquí residimos, «hace periodismo», y -finge de corresponsal a diarios hispanoamericanos, se ocupa en Gabriel -Tarde; en el soliloquio platónico de Renouvier, en Brunetière que juzga -a Renan, en Menéndez Pidal y la cultura española, en los estudios -penales de Dorado Montero, en el fenómeno religioso de los Estados -Unidos, en los ideales de la vida, según William James, y en otros -tópicos semejantes. Como veis, todo eso está muy lejos del _boulevard_. -Sus relaciones intelectuales son las que convienen a semejante monge -laico, fraile de la filosofía. «Monsieur F. García Calderón est un -jeune peroubien qui connait admirablement la France, son histoire, -ses ecrivains, ses philosophes.» ¿Quién escribe esos conceptos? Es M. -Gabriel Seailles, profesor en la Soborna. «Esprit ouvert et curieux, -auditeur et auditeur attentif, ardent, consciencieux intelligent, -vous mettez votre effort et votre joie à penetrer dans la pensée, -dans l'âme des hommes que vous voluez connaître». «Donc s'assimiler -appliquer l'experience de l'âgé mur et même temps garder l'elan, la -foi et même les ilusions de la jeunesse, trover enfin le moyen de -réunir en un tout vivant et harmonieux ces deux ordres de qualités, -en apparence contradictoires, ce est le conseil que, for de vos études -et de vos reflexions, vous donnez à votre Patrie. Je crois bien que ce -conseil convient a tous les hommes, et qu'en tout pays on aura intérêt -et profit à lire un livre tel que le votre.» ¿Quién expresa tales -opiniones? Monsieur Émile Boutroux, del Instituto. Díme con quien andas -y te diré quién eres. Es raro, sí, muy raro, que en nuestros países un -espíritu joven y bizarro, como el de García Calderón, deje el verjel de -los lirios y los mirtos y los laureles para inclinarse al pozo de donde -se espera ver salir el blanco cuerpo de la verdad. Pocos van a las -honduras de los problemas espirituales, pocos se consagran al ejercicio -del pensamiento en los altos asuntos religiosos y morales. - -Pocos visten el sayal pesado del estudioso y se encaran con las -gravedades de la vida y de la conciencia humanas. Francisco García -Calderón se ha dedicado a tales tareas. «_Vous n'etes pas mu par un -frivole esprit de diletanttisme_», le dice uno de los sabios que he -dictado anteriormente. Y él mismo declaraba en uno de sus primeros -libros el propósito de «levantarse sobre la parcialidad benedictina del -análisis, sobre la frivolidad estéril de la hora y dar a su espíritu -el grave recogimiento que conviene a la eclosión de futuras obras -durables.» - -La obra fundamental, hasta ahora, de nuestro amable pensador, es la -que consagrara a su patria, _Le Perou contemporain_. Es una obra -fuerte de medula, y que indica un vigor de espíritu y un estudio tan -sólido y de trascendencia, que se diría de años mayores. La obra está -escrita, a pesar de la particularidad patriótica, bajo un concepto -universal, y puede ser leída con interés en cualquier parte, pues -su fondo filosófico, su hondura ideológica, llamarán la atención, a -no importa qué hombre de pensamiento, en todo lugar del mundo. La -sagacidad de intelecto de esta «cabeza», que no sólo pertenece al -Perú, sino a todo el continente, se une al vigor y a la rapidez con -que abarca y profundiza cualquier cuestión de interés humano. En tales -especulaciones, y siguiendo cada cual su ideal mental y su modalidad, -se junta con Rodó y con Sanin Cano. - -Para contrapesar en la balanza psíquica el valor de tales -especialísimos _mediums_ habría que poner, es indiscutible, en el -platillo opuesto un buen número de toneladas de perlas y de rosas. - - - - -[Ilustración] - - - - -SANTIAGO RUSIÑOL - - -Ved aquí al catalán de los jardines, príncipe en el país de Bohemia, de -una Bohemia de oro, de lindos colores, de sutiles letras y de «hierros -viejos». Con su cabeza gris y su barba de _roi-chevalier_, atesora y -comunica juventud, y con su arte fino, su palabra suave y animadora a -un tiempo, su sonrisa fraterna con sus pares, subyugadora con todos, va -llevando su corona de gloria con la misma descuidada naturalidad que -su fieltro característico, en el cual no podríais suponer un invisible -penacho, sino una pluma de seda. - -Pinta y escribe y sabe de muchas disciplinas, como los artistas del -Renacimiento. Y mucha música íntima y mucha poesía encuentra el -observador meditativo en su pintura, como mucha sutileza y gracia -pictórica en sus prosas, en que el pensador artista deja ver su alma -profunda y delicada. - -Comunicar con Rusiñol es una fiesta para el espíritu. Yo me he -complacido con tales momentos, ya en su morada principesca de Sitges, -ya en la corte madrileña, ya en la divina isla de Mallorca, en la -múltiple Barcelona, en este París que él ama y que le ha sonreído. - -¡Sus jardines de España! Los días pasados, Pérez de Ayala, que hace -cantos bellos, hizo uno muy bello. Como al tamborilero de Provenza, eso -debe habérsele ocurrido alguna tarde «que _vió_ cantar a Rusiñol...» -Pues cantan esos jardines de pintura con sus ramas de verde, sus -acordes de oros y rojos, sus árboles ojivales, sus fuentes en que vibra -el cristal fugaz de la pluma de agua. - -[Ilustración: SANTIAGO RUSIÑOL] - -Tengo a la vista una serie de planchas coloreadas de esos hechiceros -jardines, que son, como dice el gran Santiago el «_paisatge posat en -vers, i els versos escrits en plantes... versos vius, versos am saba -i amb aroma_» y se diría que en la transposición están la misma -vida, la misma armonía y el mismo perfume que en el propio paraíso -vegetal. Son los dulces vergeles mallorquines, con sus aguas, sus -arquitecturas, sus rosales, los edenes moriscos de Granada; arcadas, -templetes, floralias casi religiosas; árboles como ramilletes, como -pinceles, como obeliscos; macizos arcos como en el _Caminal de rosers_ -de Aranjuez; bóvedas de verdura; «_les grands jets d'eau sveltes -parmi les marbres_», a la verlainiana caricia de la Luna, pues en -plena tierra del Mediodía pone Rusiñol, a veces, escenarios de fiesta -galante. La _Raixa_ de Mallorca que evoca algo de romano; visiones del -Generalife, con sus canales, sus arbustos en flor, sus tiestos como -cálices; o el _Pati de l'Alberca_, en Granada, en cuyo fondo, reflejado -por el espejo del estanque, parece fuera a surgir alguna figura de -Zobeida, de Leila, o de Lindaraja; o bien los viejos cipreses o los -_bouquets_ de almendros en flor, que primorosamente nieva o sonrosa la -primavera mallorquina; o esa _Glorieta_ de la bailarina, que es como -una decoración de poema; y el fantástico _Recó de boixos_ granadino; y -esa prodigiosa «arquitectura verde» de Granada, en donde parece que por -obra de Alah--¡sobre él la plegaria y la paz!--se animase una princesa -de las Mil y una noches, por ejemplo, Dulce Amiga, y recitase estas -estrofas del poeta: - -«¿Vas a escapar lejos de mi, ¡oh, pura sangre de mi corazón! tú, -cuyo lugar está en este corazón adolorido, entre mi pecho y mis -entrañas?--¡Ah! te suplico, oh Tú, el Clemente sin límites, reunir lo -que está separado, Tú, el generoso que distribuyes a tu placer los -beneficios humanos.» - -¿Y ese _Jardi del pirata_ en Mallorca, con sus terrazas vecinas, su -fuente redonda, su horizonte marino? ¿Y el _altar de flors_ y el _Jardi -clasic_ y la _Glorieta_ de Aranjuez, que recuerda el Templo del Amor -versallés; y _El Laberinte_ de Barcelona, con sus verdes en sordina, -sus azules angélicos, sus fanfarrias ocres del fondo, sus recortados -macizos y su ambiente al par lírico y galante? ¿Y tantos poemas que -siguen, todos un encanto para los ojos y para el alma? - -En horas secas, complázcome en abrir esta provisión de sueños, y al son -de estas flautas y liras de la vista, por obra de Rusiñol, se me abre -un edén de ruiseñores, y mi instante aburrido florece y se encanta. - -O bien, para pensar o sonreír, con razonada tristeza o gentil y -filosófico humor, leo algún libro o comedia del autor de _Oracions_ y -de _El Mistich_, en su catalán original, aunque haga algún esfuerzo, -por más que Gregorio Martínez Sierra haya realizado la difícil y -hermosa tarea de verter al castellano la prosa exquisita de nuestro -amigo victorioso. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -FEDERICO GAMBOA - - -Paso a paso, ganado a puro cerebro y a puro carácter, Federico Gamboa -ha llegado a uno de los más altos puestos del Gobierno de su país: a la -Cancillería mejicana. Hablando de su desaparecido hermano José María, y -de él mismo, escribía hace años en su _Diario_: «Secreta satisfacción -de vernos él y yo ascendiendo por nosotros mismos, sin ayudas que nos -enrojezcan, ni apoyos que nos avergüencen o humillen». - -No habrá uno solo de sus compatriotas que no aplauda su reciente -nombramiento, pues sus principios siempre han estado basados, ante -todo, en un profundo amor a su Patria. Oid sus palabras: «La idea de -Patria--la Patria en forma de carta geográfica a veces, y a veces en -abstracción luminosa--, acariciándome de lejos... Desligamiento con -gobernantes y partidos políticos...» Esto demuestra la razón de las -generales simpatías. Ni al César mismo--ese César anciano y fuera del -poder, a quien habrá que aplaudir por las enormes etapas de progreso -que hizo adelantar a Méjico--se acercó nunca Federico Gamboa con bajas -adulaciones o súplicas de granjería. El verdadero valor del nuevo -ministro de Relaciones exteriores de los Estados unidos mejicanos es -completamente individual: lo constituyen el talento, su nobleza de -espíritu, su voluntad, una limpia, larga y honrosa carrera diplomática, -y un alto nombre literario, que contribuye a la gloria de su país. - -¿Quién que conozca al Sr. Gamboa no está seguro de que sus prestigios -morales e intelectuales no contribuirán a pacificar y a hacer brillar -en una nueva era la Nación, cuyos intereses internacionales hoy le -toca dirigir? Mas, hablaré de su obra literaria, que es lo que con mi -competencia mejor se aviene. - -Es ante todo Gamboa independiente y personal: «Mis escritos y mis -actos siempre obedecieron a mis propias inspiraciones». Pocas páginas -autobiográficas más decisivas y más conmovedoras que la dedicatoria de -_Mi diario_: «PARA MI HIJO; PARA CUANDO SEPA LEER», páginas de gran -literatura y de gran corazón ordenado: _Le coeur a son ordre_, dice -Pascal. - -Sabe del mundo, sabe de la vida, lo cual es decir que sabe de amor y de -dolor. Y una vasta piedad impregna toda su obra. - -Yo le conocí en Buenos Aires, en la tertulia literaria de Rafael -Obligado. Ya había publicado sus _Esbozos contemporáneos_, _Del natural -y Apariencias_. Se encontraba al frente de la legación mejicana como -encargado de Negocios, por ausencia del ministro Sánchez Azcona. El -ingenio y el _charme_ personal de Gamboa le hacían grato a todos. -Allí dió a la imprenta su volumen de _Impresiones y recuerdos_. -Después vendrán, ya alejado de la República Argentina, _Suprema ley_, -_Metamorfosis_, _Santa_, _Reconquista_ y dos volúmenes del _Diario_. -En estos días debe aparecer _La llaga_, por la Casa «Renacimiento», -de Madrid. Todo esto, recuerdos y novelas, fuera de su labor para el -teatro. En todo terreno ha recogido aplausos y laureles. Su estilo es -castizo en dicción y libre en ideas. Su filosofía es sana y alta; y si -alguna vez hubiese vacilado en sus creencias, la experiencia vital -y el misterioso influjo de lo divino le han apuntalado el alma. Por -ello, en el fondo de sus novelas, de sus obras dramáticas, hay mucho -de reconfortante. «Las novelas de usted me hacen meditar--le escribía -en una ocasión aquel brillante espíritu que se llamó Gustavo Baz--; y -guarde usted este elogio que, sobre ser sincero, viene de un lector -asiduo de Balzac y de un comentador escuchado de Stendhal.» Y el sutil -Domingo Estrada, entre otros entusiásticos juicios: «_Metamorfosis_, al -menos bajo ciertos puntos de vista, puede compararse con las mejores -novelas de Pereda, de Valera y de Pérez Galdós». Y más adelante: «El -secreto del encanto que su libro produce, y que hace que no se pueda -dejarlo de la mano una vez comenzada su lectura (yo me he pasado -cuatro noches sin poner un pie en la calle; ¡en París!...), finca -principalmente en el estilo. No conozco otro que sea más sencillo sin -vulgaridad, más imaginado sin pedantería, más elegante sin esfuerzo». - -No es Federico Gamboa de aquellos pensadores meritorios de quienes -se pueda temer que por los cuidados y pasiones, por la política, -abandonen la labor mental, que constituye lo más característico de su -personalidad. El hombre de estado cumplirá como bueno sus tareas, y -su discreción y su conocimiento de los graves asuntos en que habrá de -ejercitar su pericia no han de quitarle ni la vivacidad y frescura del -ingenio, ni el pensamiento creador ni el _intelletto d'amore_ para su -pasión artística. - -Otras obras vendrán, llenas de amor humano y de fe en la suprema -idea, que enriquecerán mayormente el acervo intelectual de su patria -mejicana, o mejor dicho de nuestra América, otras novelas, otras obras -para el teatro; y otros posteriores volúmenes de ese _Diario_, tan -lleno de ideas, tan interesantemente anecdótico y que fué dedicado -desde su primer tomo a un mi joven amigo que ya sabe más que _leer_... -el hijo amado, Miguel Félix Gamboa y Sagaceta. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -AMADO NERVO - - -En varias ocasiones he escrito sobre la singular personalidad de -Amado Nervo, y siempre con igual simpatía y con el mismo _intelleto -d'amore_. ¡Ha sido tan gentil compañero de sueños, en nuestro París -amado, hace ya tanto tiempo! ¡Y es tan sutil poeta, tan comprensivo -artista y tan dulce filósofo! Con decir que a pesar de los medios a -que necesariamente conduce la diplomacia, su espíritu y su corazón -de sensitivo no han sido contaminados por las promiscuidades de la -carrera... - -Yo no leeré nunca sin cierta emoción el libro titulado _El éxodo y -las flores del camino_, en el cual, entre versos deliciosos y prosas -llenas del encanto de la juventud y del prestigio de un buen arte, -recuerda, en conceptos ya de humor, ya de melancolía, nuestras horas -parisienses, nuestra amistad con curiosos ejemplares de humanidad, y la -persecución de los favores de Nuestra Señora y Reina la Belleza. - -La evolución de Nervo, desde _Místicas y Perlas Negras_ -hasta sus últimas producciones de piadosa, o irónica--¡muy -suavemente!--filosofía, y sus poemas cortos y sentimentales en que un -gran dolor, de los íntimos y profundos, le ha hecho producir rítmicos y -trémulos sollozos y llantos, es de un gran interés en el conocimiento -de su personalidad intelectual. Una faz nueva se le ha reconocido: -sus aficiones a los estudios astronómicos, disciplina que se aviene -convenientemente con los vuelos líricos y las excursiones, en que el -pegásico ímpetu es el conductor. - -Su antigua _fe_ había tomado en los últimos tiempos un vago tinte -dubitativo; mas el buen maestro Dolor le ha hecho de nuevo recordar -la senda azul. Y luego, siendo favorecido por la Lira, tendrá siempre -tiempo de ver reflorecer la primavera, con ojos, si conocedores de los -lacerantes duelos, siempre brillantes al resurgir de las auroras y -al inmortal llamamiento de las esperanzas. El poeta está intacto. No -es Amado Nervo el que la duquesa conoce, el que la marquesa invita a -almorzar, el que tiene ya honrosamente marchitos los oros de su casaca -diplomática. El sabe bien que en los salones, y sobre todo delante de -sus colegas--como no sean de la familia apolínea--no está bien confesar -intimidades con las Piérides, ni proclamar afección al viejo y sagrado -laurel, a menos de ser poeta como tal excelentísimo señor ministro, -que lo mismo confecciona un soneto circunstancial que pone asombro en -los más intrépidos jugadores de _bridge_. ¿Sabrá el _bridge_ ya Amado -Nervo?... - -Lo que sí sabe y sabrá siempre, es infundir en sus versos, que -se visten de sencillez y de claridad como las horas de cristal -que anuncian la paz de los amables días, un misterio delicado y -comunicativo que nos pone en contacto con el mundo armonioso que crea -su voluntad intensa. - -A veces, se creería en un desmayo de energía o en un desvío de forma. -No hay nada de eso. Los conocedores saben lo que hay que saber, para -llegar a conmover lo hondo de nuestro sensorio con los procedimientos -menos complicados, más simples y transparentes. Todo ello está, por -cierto, lejos de la pirotecnia verbal, y de los descoyuntamientos de -pianista que suelen tomarse como distintivos de una fuerza poética -incontestable, y que se achaca al influjo de un modernismo--llamémosle -así--que no hizo bien sino a quienes se lo merecían. - -Una particularidad que he advertido en Amado Nervo, desde sus obras -de comienzo, es un vago soplo bíblico que suele hacerse percibir en -estrofas, que se dirían acompañadas de música sacra. - -No olvidaré nunca la Semana Santa que pasara en París, allá por el -tiempo de la Exposición, en constante compañía del pintor Henri de -Groux, de otro pintor mejicano, de un joven gallardo aficionado al -teatro, también mejicano, y de Amado Nervo. Una noche, este soñador -se nos desapareció, y hartos de buscarle en los lugares que solíamos -frecuentar, se me ocurrió indicar que probablemente le encontraríamos -en una de las iglesias en donde, por las sagradas celebraciones, -se cantaba canto llano y se sonaban órganos sabios. Le buscamos, -pues, en varias de ellas, y por fin le encontramos, lleno de fervor -místico-artístico, en Notre-Dame, adonde había llegado después de -recorrer Saint-Severin, la capilla de la Sorbonne, Val de Grâce, -Saint-Sulpice, hasta que fué a recalar en la Catedral que, según un -hugólatra, es la _H_ del nom de Hugo. - -Había que oir, en aquel tiempo, a Amado Nervo, a quien yo llamara -fraile, o monje del arte. Su unción, su saber de cosas religiosas, -su aire mismo, daban idea de un admirable oblato, de un seguidor de -Huysmans, a quien desde luego el mejicano ponía sobre su cabeza. -¡Todo pasa, en verdad, y la juventud más pronto que todo! De aquellos -años quedaron para el poeta los versos, imperecederos, y un amor, -perecedero, cual la triste carne que Dios nos dió como armadura, frágil -armadura, ante lo inevitable. El poeta ha clamado trenos y elegías. -_¡Mas es suya el alba de oro!_ - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -ENRIQUE RODRIGUEZ LARRETA - - -Cuando el autor de _La Gloria de Don Ramiro_ publicó, para gloria suya, -esa obra admirable que le dió fama rápida y triunfante en todo el -mundo literario, yo me llené de entusiasmo, y escribí en España, donde -a la sazón me encontraba, un artículo que expresaba mi sentir, ante -ese esfuerzo que honra, no sólo a la República Argentina, sino a todo -nuestro continente. Y decíale al Sr. Larreta, entre otros conceptos, -que las únicas cosas que le faltaban para la victoria completa eran la -hostilidad y el ataque consecuentes, y se diría indispensables, a toda -realización superior. Ello vino a su tiempo, y sin más consecuencias -que la de consagrar la solidez de la obra. - -¿Qué más podría desear el autor de _La Gloria de Don Ramiro_? Encono de -letras semejante habría que buscarlo, en los últimos tiempos, en los -_panfletos_ contra la obra y la personalidad de Hugo, y que él resumía -en el dístico que comienza: - - _Voici le triple aspect de cet homme féroce_... - -Yo no conocía al Sr. Larreta, sino por haber conversado con él dos o -tres veces, hará cerca de veinte años, en el antiguo Ateneo de Buenos -Aires. Luego publicó una bella _nouvelle_ de reconstrucción histórica -en la _Biblioteca_, revista que dirigía la autoridad de M. Paul -Groussac. Ya en ese tiempo se hablaba de que tenía el joven escritor -una novela en preparación que le costaba largos estudios, y en la cual -aparecería la personalidad de Santa Rosa de Lima. El plan se llevó a -cabo más tarde. Ya sabemos que la mística flor peruana perfuma, en el -final de la obra combatida y victoriosa, la muerte de Don Ramiro. - -Es notorio que el autor argentino es un gran señor y un diplomático -que ayuda al prestigio de su país. En París--le habré visitado, a -sus amables instancias, unas tres o cuatro veces--, sin descuidar -sus tareas oficiales, cultiva en sus vagares las letras y las artes. -He recordado a su propósito al autor de _Zanoni_, a un Irving, a un -Valera, a un Salvador Bermúdez de Castro. El Sr. Larreta, que es joven, -que tiene la felicidad en su noble hogar, en su alto puesto, en su -salud excelente, en su renombre universal, posee junto con su gran -talento una crecida fortuna. Ello es imperdonable. El _homo sapiens_, -que es el _lupus_ hobbesiano, se eriza ante semejante anomalía, -protesta y se indigna. Al hombre muy rico, o simplemente rico, se -le pueden admitir, cuando más, como a Chatelain o MM. de Rotschild, -obras mediocres. Lo demás es un abuso de la suerte o una parcialidad -manifiesta de la Omnipotencia. Pero el Sr. Larreta, que no tiene la -culpa de su excepción, debe sonreír y seguir adelante. - -Escritores europeos como M. Remy de Gourmont, M. Maurice Barrés, -M. Henri Roujon, M. Paul Adam, etc., han dicho las excelencias del -único trabajo publicado en volumen por el señor Larreta. La versión -francesa hecha por el primero de esos escritores, da una idea al lector -extranjero de lo que puede ser fundamentalmente la novela en su idioma -original. Pero las calidades de esa escritura flaubertiana, de que -tanto se ha hablado, tan solamente las podemos apreciar los artistas y -conocedores de nuestra lengua. - -Intelectualmente, el autor de _La Gloria de Don Ramiro_ está entre las -pocas dominantes figuras de Hispano-América. Su libro es, en su género, -con la honesta abuelita _María_ del colombiano Isaacs, lo mejor que en -asunto de novelas ha producido nuestra literatura neomundial. Hágase -algo superior, y Larreta pasará a segundo término. - -Entre tanto... - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -LEOPOLDO LUGONES - - -He visto los comienzos de este otro y americano _Spectacle magnifique_. -Enorme suma de condiciones geniales apoyadas por la más potente y sana -voluntad. Encontrábame en lo vivo de mi sabida campaña intelectual, -en la querida gran ciudad de Buenos Aires, cuando un día se presentó -en nuestra vibradora hermandad del Ateneo un joven que, al mostrar -sus credenciales rimadas, fué considerado ya triunfante. ¡Un astro! -nos comunicamos todos, con el gentil entusiasmo que allí animaba a -coetáneos y menores. Nuestra unanimidad vaticinó cosas grandes. Para -saludar tal orto escogí la más sonante y dorada de mis trompetas. -Y todas las previsiones tenidas se han ido cumpliendo. La obra de -Leopoldo Lugones es, según la expresión de uno de sus críticos, _vasta -y bella como una creación natural_, o bien, _como una vasta serie -panorámica de montañas_. En verdad, las que han atraído mayormente -en esa encantada cordillera, son, por el brillo de sus cumbres, por -la riqueza de sus entrañas, por más de un misterio cabalístico, o -miliunanchesco, _las montañas del oro_. Fijaos bien en las otras -alturas: hay amontonamientos de rocas, entre las cuales históricas -ruinas; hay colinas fértiles, con pequeñas ciudades, jardines y -quioscos de arte; hay aglomeraciones de fábricas con chimeneas y casas -de veinte pisos como las de los yanquis; hay intrincadas y sabias -arquitecturas, y abajo, la extensa pampa con sus bíblicos ganados. -Pero las Montañas del Oro, que conocen bien tan sólo los simbades del -castellano, montañas que consagrará la primavera, y en donde tiene -su palacio la juventud, digo en verdad que atraerán siempre a todos -los buscadores de milagro y cateadores de poesía. ¡Aureo, bravo, caro -Lugones! Vigoroso por temperamento, nutrido de los mejores saberes y -remiso en toda aplastadora apretura escolar, desde muy temprano supo -aprovechar el don, rarísimo si se mira bien, de la autocomprensión -y valorizamiento propio. Tal, por mayor suma de aristocracias, -se denunciara anarquista de los más encendidos. La violencia del -color--¡Aplaudido sea el profeta!--fué con el tiempo comida por el sol, -no sin que hoy subsista el nato combativo caza-coronas y amigo de la -República francesa, a pesar de las Españas ancestrales. - - Antiguamente decían - a los Lugones, Lunones, - por venir estos varones - del gran castillo. Y tenían - de Luna los sus blasones. - -Su genealogía mental--¡por Dios, siempre descendemos, o ascendemos de -alguien, y ha existido el Adán literario!--¿le emparenta con cuáles -antecesores? Pero ningún espíritu encuentro más fraternal para el suyo -que el de Edgar Poe--tanto en todo va buscando su equilibrio nuestra -balanza continental. ¿Mas, a donde no llega la vista, a cualquiera de -los puntos cardinales que se dirija, desde la cumbre de sus montañas? - -Listo para todos los combates, apolíneo, hercúleo, perséico, davídico, -ello transmutado en sangre neomundial, su iniciación en la orden del -Arte, queda como un acontecimiento en la historia del pensamiento -hispanoamericano, y no es uno de mis menores orgullos el haberme tocado -ser, en días floridos, Anquises de tal Marcelo. - -Todo conquistado: renombre, respeto y consideración en los propios -patrios sanedrines, admiración y afecto entre sus iguales. Todo, -hasta el denuesto regocijador y la parodia plausible. Todo, menos la -verdadera comprensión de ciertas cosas suyas al lado de las cuales se -ha pasado sin penetrar lo que dentro se contiene. Mas, ¿desde cuando es -comunicado a todos el _sckiboleth_? - -La obra primigenia de tal héroe, cuyo análisis sea para estudiosos y -minuciosos críticos, háceme pensar en las adolescencias proféticas, -en una pérdida y encuentro, no en el templo entre los doctores, -sino en el bosque entre los leones. Hay allí, sobre todo, un infuso -conocimiento de cosas inmemoriales que se ha transmitido a través de -innúmeras generaciones, y que hace vagamente reconocerse, apenas, con -algún rarísimo _contemporáneo_, en un rápido choque de miradas, o en la -similitud de interpretación de un gesto, de un signo, de una palabra. - -Ya en la tarea de ideas, revélase la inagotable mina verbal, la -facultad enciclopédica, el dominio absoluto del instrumento y la -preponderancia del don principal y distintivo: la fuerza. Propaganda -patriótica, ciencia civil, historia, cuento, enseñanza, discurso -ocasional, todo es pletórico, todo está lleno de vital y viril fuerza. -Verdad que oiréis un son de flauta en los Crepúsculos del Jardín. -Acordaos del Polifemo que canta Teócrito y Poussin pinta. Y luego: -_¿Quid dulcius melle et quid fortius leone?_ ¿No habían vibrado antes -en una lengua de potente amor versos capaces de encender estatuas? - -No creo yo que en nuestras tierras de América haya hoy personalidad -superior a la de Leopoldo Lugones, quien antes de llegar al medio del -camino de la vida, se ha levantado ya inconmovible pedestal para el -futuro monumento. _Las Montañas del Oro_, _Los crepúsculos del jardín_, -_El imperio jesuítico_, _La guerra gaucha_, _Las fuerzas extrañas_, -_Lunario sentimental_, _Piedras liminares_, _Didáctica_, _Prometeo_, -_Odas seculares_. - -Allá en la lejana Córdoba del Plata, una anciana tiembla aún de -temeroso gozo maternal. ¡Misia Custodia, qué nombre el de usted, para -ser llevado en la Catedral de las glorias argentinas!... - - - - -[Ilustración] - - - - -ENRIQUE GOMEZ CARRILLO - - -En una de las muchas cartas que conservo del Sr. Gómez Carrillo--de un -interés para más tarde--, hay una en que me agradece el haber venido a -París. ¿Cómo fué ello? Ya lo he contado alguna vez. Dirigía yo, allá -por el año de 1890, en Guatemala, un diario: _El Correo de la Tarde_. -Un día se presentó con unos trabajos un joven, muy joven, de un moreno -dorado, de copiosos cabellos y ojos de soñador, y que manejaba ya -cierta sonrisa caprichosa, con cuyas consecuencias habría de cargar yo -mismo pasando el tiempo. Intimamos. Y entonces yo señalé el camino de -París. - -¡El camino de París! ¿Sabría Gómez Carrillo que era el de su tierra -prometida? Cierto que en él, por su madre, había sangre francesa; -pero su padre, historiador notorio y escritor de cepa castiza, era de -puro origen español, severo en dogmas de gramática y de bien decir, y -con entronques aristocráticos en la Península. Era, pues, quizás, el -camino de Madrid el que hubiese tomado, sin mi dichosa intervención, el -futuro autor de tanto libro de prosa danzante, preciosa y armoniosa, -que había de ser tenido después como un parisiense adoptado, y alabado -por escritores de renombre en esta capital de las capitales. Llegó -a París a luchas y luchó. Luchó primero en la inevitable Casa de -Garnier Frères. ¿Quién diría que el escritor sutil y libérrimo hubiera -colaborado en la seria y académica tarea de hacer un diccionario? - -Pronto el guatemalteco se saturó de París. Su primera producción, una -_plaquete_ hoy inencontrable, a punto de que creo que el propio autor -no la tiene, suda el más amizclado y enfermizo de los Parises por todas -sus letras. Llegado en pleno hervor simbolista, Gómez Carrillo había ya -conocido a todos los dioses, semidioses y corifeos del movimiento. Era -amigo de Verlaine, de Moreas, de Reynaud, de Duplessis, de todos los -concurrentes a las comidas y reuniones de _La Plume_. - -[Ilustración: ENRIQUE GÓMEZ CARRILLO] - -Su cultura aumentó día por día en este ambiente de arte; y, relacionado -con España, comenzó a escribir en la Prensa de Madrid, tan constante -y brillantemente, que le han llamado «Príncipe de los cronistas». -Entró con el tiempo a formar parte del cuerpo de corresponsales de _La -Nación_ de Buenos Aires, y su producción adquirió mayores quilates. - -Se dedicó, por higiene, a la esgrima, y esas prácticas le convirtieron -en uno de los más conocidos duelistas parisienses. Conoce varias armas, -y creo que también el _box_. - -En su obra pasada prevalecen, junto con un inesperado sentimentalismo -que se diría romántico, mucha modernidad, la euritmia, las elegancias -femeninas, la danza, los personajes de la «comedia» italiana, la -anécdota maliciosa, la conversación con sus amigos célebres, la ironía, -el halago, la perversidad, el goce, todo lleno de una sutileza francesa -de modo que se diría escrito, o por lo menos pensado en francés, en -parisiense. - -Luego llegaron sus libros de viajes, que le hicieron considerar como -el Loti castellano, pues aparecieron dones de penetración, afinidades -filosóficas, calma y serenidad, además de sus condiciones de paisajista -y descriptor, dueño de una rica paleta, y siempre vibrante ante el -espectáculo artístico o la figura sugestiva. Su libro sobre Grecia -señaló principalmente la nueva manera. Y su libro sobre la Tierra -Santa, adonde hiciera recientemente una visita, es, a mi entender, -lo más firme, lo más sentido, lo más meditado y estudiado de toda su -obra; pues quizás, así fuese por un momento, influencias ancestrales -despertaron en él la verdadera emoción y la seguridad ideal, sin lo -cual nada se escribe de duradero y de firme. Y realizó un bello, -armonioso y erudito libro. Es un escritor dichoso. - -¡Antes de aparecer su obra, un obispo de Colombia le ha excomulgado! Lo -cual hará para _Jerusalén y la Tierra Santa_ una singular propaganda. - -Le han prologado y alabado sus libros, escritores como Paul, Adam, -Jean Moreas, Emile Faguet, Catulle Mendes, Vicenti, Cortón, quien -estas líneas escribe, y otros nombres más. ¡Si este diablo de hombre -quisiese, aun después de la excomunión, le prologaría ahora un cardenal! - -El Gobierno francés le hizo caballero de la Legión de Honor. - - - - -[Ilustración] - - - - -RICARDO ROJAS - - -Poned a esta cabeza un turbante de seda, y diréis ser la de un joven -maharadja; un fez, y tendriais a un noble egipcio. De la India, del -Igipto, de Ceylán, de Oriente en su aspecto; y ello no os sorprenderá, -puesto que sabéis de las discusiones sobre las relaciones orientales -prehistóricas, entre los aborígenes americanos y los pueblos de -Oriente: La cabeza de Ricardo Rojas, la cabeza física, es la de un -cacique. A él ello le complace, pues alienta y vive de su América. Un -espíritu seductor y un poeta gentil, Eduardo Talero, cuando Ricardo -Rojas se preparaba para venir Europa, exclamaba: «¿El poeta Rojas en -Europa?... ¿Qué va a hacer? ¿Por qué exponerse a que las grisetas -del bulevar lo miren de hito en hito, sin sospechar que bajo el color -oliva de su rostro hierve el aceite de una lámpara de oro, y que bajo -esas fibras de carbón adusto al peine yacen en huacas de indio las -cristalizaciones del sol más linajudo de la tierra? A Rojas, como a -los demás poetas bien raigales, debía la República coronarles de roble -y ñandubay, y en vez de permitirles estas excursiones por Europa, -ponerles en lo mas intrincado de la selva a recoger mieles líricas -en los panales y los nidos, a ver de olvidar lo que aprendieron -en la escuela y a ponerse en acecho de los sátiros y mafirihadas -aborígenes».--«¡Ah!--Contesta Ricardo Rojas, desde París, no sin -tristeza siquier dominada por su preexistente carácter--¡si la -República coronara de roble y de ñandubay a sus poetas, no buscaran -ellos en el éxodo y las peregrinaciones azarosas el lenitivo de sus -secretas amarguras, ni recurrieran, para el sustento del camino a la -producción forzada y premiosa, que, si no malogra, retarda al menos -la obra donde florece el genio de una raza!»--Y luego... «Yo procuré -ser útil a mi patria y digno de ella en el extranjero. Yo no llevé mi -ofrenda de mirra salvaje a la casa de los pontífices literarios. Yo -desdeñé el elogio fácil de los _maîtres_ que ignoraban mi idioma. Yo me -acerqué a hombres y monumentos con tal independencia mental, que mis -opiniones de meteco sublevaron algo una protesta. Yo dije a públicos -del viejo mundo las esperanzas del nuevo. Yo torné más alto y puro mi -corazón ante las nobles figuras del arte clásico. Yo admiré de Europa -la razón secular de su cultura, e inspirándome en ella, prediqué a mis -lectores del Plata un evangelio de belleza...; la devoción al ideal -como contrapeso a los esplendores materiales. Ahí reside para mí la -diferencia entre las viejas y las nuevas civilizaciones, y al admirar -de estas sociedades la tradición civil de su cultura, no lo hice en -detrimento de las cosas nativas: antes bien, procuré dar nueva vida a -ese culto europeo del ideal como la pasión americana de mi alma, que -enardeció la ausencia.» Este es el hombre. Y al conocerle os conquistan -bondad y talento. Y la primera condición ¡cuán rara ahora en un -intelectual! Su pensar crece ampliamente. Consagrado al culto patrio, -lucha porque se mantenga el principio nacionalista a través de las -invasiones que el mundo todo envía a la proficua tierra argentina. Su -americanismo y su patriotismo tienen muchos puntos de contacto con los -del gran cubano Martí. El trabaja en lo que llama su «evangelización -idealista», y dotado del don pedagógico inculca sus enseñanzas en la -generación universitaria que le escucha. Todo eso en el comienzo de su -camino. - -Hace cinco años, en el _manoir_ de Boultous, después de haber yo hecho -la presentación del poeta argentino al príncipe lírico de las analogías -y de las imágenes en lengua francesa, al grande y bueno Saint-Pol-Roux, -llamado el magnífico en los bellos tiempos del simbolismo francés, -nos pusimos a hablar, durante el almuerzo y a la hora del champaña, -de nuestras respectivas edades. Y al decir Ricardo Rojas la suya, -una palabra brota de labios del _maître_ de _réans_, de la señora -de Saint-Pol-Roux, linda y gentil, de los hijos, Divine, Coecilian, -Loredan; y esa misma palabra era: ¡Bravo! Se aplaudía, como un bello -verso o como una música amable, la confesión de la más lozana juventud. - -En plena juventud, pues, trabaja ese cultivador de ideales y -constructor de sueños. La producción que ha dado ya, garantiza para -mañana copiosas y firmes obras. Pocos como él poseen igual suma de -inquebrantables y nobles deseos y esa virtud de consagración, sin -aportar constante brega o sacrificio para llegar al punto ambicionado, -que no es sino, en los señalados, una etapa que inicia nuevos caminos y -ascensiones. - -Sus calidades de pensador y de estudioso y sus disposiciones -catedráticas, se advierte en obras como _La restauración nacionalista_, -la introducción a la _Bibliografía_ de Sarmiento, y el excelente libro -sobre el abolengo de los argentinos titulado: _Blasón de plata_. -Asimismo, en sus _Cartas de Europa_, hábil, documentada y nutrida labor -de periodismo, pero en donde, como en todo lo de Rojas, encontraréis de -pronto el poder lírico, el tender a la trascendencia, y una armoniosa y -aun elocuente riqueza verbal. Y a esto no dejéis de agregar la emoción, -pues él también es un sentimental, un sensible y un sensitivo. - -En estas líneas, concentradas y sintéticas, no quiero ni puedo hablaros -de sus procedimientos, de sus parentescos mentales, de su técnica. Ello -conviene a otra clase de estudio. El poeta se inició con _La Victoria -del hombre_, obra poemal que no se avenía con mis gustos, pero en la -cual hallé, como me acontece con cualquier obra de cualquier escuela -o de cualquier autor, la parte de belleza que podía satisfacerme y -que podía admirar. Luego he leído _Los lises del blasón_, libro de -un excelente artífice, exquisito y frío, trabajado y pulido, y en el -cual se siente el dominio de la forma, erudición poética, y voluntaria -o involuntaria fuerza de asimilación. ¿Mas en quién, aun entre los -mas grandes, no encontrar un antecedente o semejanza en el prodigioso -universo de la Lira? - -Este libro de poesías me ha hecho pasar gratos momentos; no seré yo -quien se detenga a señalar lo que por completo no satisfaga. Sólo -afirmaré que si peca, es por exceso en el deseo de perfección, o -por dilectantismo en los descuidos. Marmóreo, amador de lo clásico, -moderno, sapiente o «funambulesco», quien ha escrito esos versos es -un apolonida, un prestigioso tocador del instrumento divino. Yo me -precio de comprender su espíritu y de admirar su feliz consagración. -Mucho debo también a sus gallardos entusiasmos y a su afecto. Gongora, -Banville, Montesquieu, celebrarían más de una de sus ejecuciones. ¿Y -quién no alabará a quien en su retiro compuso esos poemas, varios como -las cosas y los días, en loa del Amor, de la Amistad, de la Belleza, de -la Patria, que fueron tregua y ornamento en medio de la vida amarga -y bella? Vendrán frutos de mayor jugo y más completa sazón; vendrán -productos más temperados y de vastas proyecciones; pero el frescor de -las horas primaverales permanecerá en las cosechas primigenias. - -Hay un soneto final en el volumen en que me ocupo, que hace ver un -Ricardo Rojas supersticioso, como cumple a un verdadero interrogador -de los misterios del mundo. Tratan esos catorce versos de la -malhadada profecía de una gitana, que al probar en el poeta su saber -quiromántico, interpretó el fatídico signo de una muerte temprana: - - Deme esa triste dicha de perecer mañana - La Lívida que acecha mi paso en el camino, - Cuando aún mi carne llore por el arte divino - Y arda mi alma en la lumbre de su pasión humana. - Corte el hilo invisible de mi vida su diente, - Antes que se marchite la rosa de mi frente; - Mas concédame, al menos, en mi destino raro, - Realizar en el mundo la visión de mis sueños, - Que es dejar a otra frente mi corona de ensueños, - Y mi amor en el ritmo de poema preclaro. - -Las gitanas, como todas las sibilas, suelen con bastante frecuencia -equivocarse, y el poeta tiene posiblemente en su vigor de voluntad el -secreto de su vivir. Después de _Los lises del blasón_, después de _El -Libro de Perséphone_, después de _La Sangre del Sol_, dos libros, estos -últimos, que aun no conozco, han de venir otros más firmes y melodiosos -poemas. Y el patriótico idealista completará también la tarea para la -que ha nacido. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -MANUEL UGARTE - - -El Sr. Manuel Ugarte, tan ventajosa y profusamente conocido en -la Prensa hispanoamericana, en España, en el elemento socialista -de Francia; que ha sido un ferviente adorador de las musas y de -las gracias; que recientísimamente ha publicado un libro de gran -resonancia, que ha tenido comentadores hasta en el lejano Japón, _El -porvenir de la América latina_, recorre hoy los países de nuestro -continente e islas castellanas, dando en conferencias voces de alarma, -señalando, _gesto_ complementario de su doctrina opuesta, el peligro -yanqui. Ya en Cuba, y a pesar de que ha mentado la soga en casa del -ahorcado, fué recibido con la usual ferviente gentileza que, para -los escritores extranjeros tienen los hombres de letras cubanos. Los -merecimientos de Manuel Ugarte harán, desde luego, que en todos los -países que visite sea acogido con fraternal cordialidad. - -Supongo que las prédicas del nuevo cruzado expondrán y desarrollarán el -espíritu de su libro, que él llama sencillo, pero que no lo es tanto -como su modestia lo declara. Hay en él ideas, estilo, entusiasmo, y, -hasta el águila de la cubierta, que lleva en las garras el pabellón de -los Estados Unidos, había de llamar la atención sobre todo al yanqui. -Así fué que, en la tierra de los dólares, fué examinada o combatida -su obra, mayor y más detenidamente que en ninguna otra parte. Tal -libro es un libro _de buena fe_, que diría Montaigne, un libro que, -para el ideal que sostiene, hacía falta. El grito de alarma se había -dado ya líricamente. Vargas Vila, entre otros, había lanzado terribles -clamores; José Martí, más de una vez, había dicho cosas bellas y -proféticas sobre el acecho de los hombres del Norte. Yo mismo, hace -ya bastante tiempo, lancé a Mr. Roosevelt, el fuerte cazador, un -trompetazo, por otra parte inofensivo. Pero esas son cosas de poetas. -El volumen de Manuel Ugarte es trabajo de estudioso, con observaciones -felices, erudición, método, y, aunque el autor no lo quiera, -literatura. Y, sobre todo, ha sido un volumen _sensacional_. Todo ello -es hermoso, plausible y meritorio. - -«Claro está--dice Manuel Ugarte--que todo grito de polémica tiene que -levantar objeciones. Unos censurarán la desconfianza que nace acaso de -la contradicción, entre el valor inapreciable de nuestro porvenir y la -debilidad que nos imposibilita para defenderlo. Sois, nos dirán, como -el niño que ha cogido una mariposa y la aprieta en el hueco de la mano -a riesgo de destruirla. Otros criticarán el optimismo, brote espontáneo -de una concepción batalladora y enérgica de la vida. Los más hostiles -pondrán en tela de juicio el interés del estudio. Los más hábiles le -darán un alcance que no tiene. Éstos le motejarán de antipatriótico. -Aquéllos verán en él un síntoma de imperialismo. Y condenada aquí a una -circulación silenciosa por las conspiraciones inútiles, levantada allá -por las olas confusas de las divergencias, la obra estará siempre lejos -de conseguir una aprobación unánime.» Yo no soy de los hostiles, y -digo: el libro es interesante, muy interesante. Aplaudo el optimismo, -porque es bello y saludable. Celebro la intención romántica y generosa. -Y después de aplaudir el libro, aplaudo el viaje. Pero... en cuanto -a los resultados, me declaro absolutamente pesimista. Unos pueblos -en donde el dólar impera ya, están contentísimos según parece. Y en -los otros, hay quienes tienen envidia a los primeros, y desean que el -monstruo les devore. «Conozco al monstruo porque he vivido mucho tiempo -en sus entrañas», decía José Martí, desde New-York. Y los _pueblos -enfermos_ parece que dijesen: «Señor monstruo, le damos las gracias, -puesto que nos va a comer en salsa de oro». - -Por lo que toca al autor y oral propagandista, no es detalle secundario -lo que se diga de él. Y yo digo que, aunque el porvenir de la América -Latina sea el previsto fatalmente, Manuel Ugarte, con sus esfuerzos en -el libro, en la Sorbona y en el viaje, habrá ganado el mejor laurel -para su cabeza. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -ANGEL ZARRAGA - - -Llegó de tierra mejicana a Europa joven, muy joven. - -Escribía versos, pintaba cuadros, estaba lleno de ilusiones de gloria. - -Los versos y las pinturas revelaban un hermoso y fresco talento, en el -cual se encontraba una cuidada cultura, la decisión y la pasión del -artista nacido y la chispa americana. - -Se fué a la madre patria, a España; los versos fueron poco a poco -quedando en segundo término y Angel Zárraga, como poseído de su -verdadera vocación, buscó a los maestros pintores peninsulares, visitó -y estudió el Museo del Prado, entró al taller del admirable técnico -que es Sorolla; aprendió todo lo que pudo aprender; se relacionó con -los intelectuales, fué íntimo de Valle Inclán, de los Baroja; se unió -a los jóvenes que hoy brillan en el arte español. Luego fué a Bélgica, -ensayó tales o cuales novedades, neo-impresionismo, divisionismo; dejó -piafar su juventud ansiosa. La reflexión llegó, y cambió los nuevos -buscadores por los viejos maestros. Quintín, Metsys, Memling, todos los -grandes flamencos fueron admirados y comprendidos por el hijo del país -azteca, que lleva sangre vasca en las venas. En Holanda conoció y trató -a más de un raro de la pintura, como ese misterioso y singular Toorop, -sobre quien se diría ha soplado una ráfaga venida de las entrañas de la -antigua India. Luego, Angel Zárraga pasó a Italia, y fué encantado por -la más maravillosa y deleitable música de los ojos, con los poderosos -creadores del Renacimiento, con los príncipes del dibujo y reyes del -color, con los suntuosos y soberbios decoradores de iglesias y palacios -que dejaron a los siglos sus tesoros de gracia y fuerza pictóricas. -Mas no fueron solamente los italianos, sino otros grandes de otras -partes quienes prefiriera su deseo de perfeccionamiento. Y así ha -escrito Rodolfo Panichi: «Il Rembrandt, il Morone, il Tintoretto, il -Velázquez, il Goya, sono i veri maestri che lo Zárraga ha nell' ánima e -nell' ochio, ed egli si pone il principio che, coi mezzi meravigliosi -dei Veneti del decimosesto secolo e degli Spagnuoli del decimosettimo -si possa esprimere tutta la complessità e l'inquietudine della vita -contemporanea. Egli trascura pertanto ogni artificio di tecnica -moderna, riescendo ad ottenere una luminositá composta, una intonazione -gradevole e poetica, alla quale tuttavia i suoi studi sulla divisione e -sovraposizione del colore devono avergli giovato notevolmente. Cosi, se -c'e talora nei suoi lavori un senso di manierismo nella distribuzione -delle parti principali, e di convenzionalismo negli accessori che -ricordano le composizioni del nostro risorgimento, egli resta però -psicologicamente indipendente». Y es lo cierto que, de su incursión -por el espíritu del arte moderno, han resultado obras que tienen una -característica, un sello personal inconfundible en figuras magistrales, -sólo que, como lo hace notar el mismo Panichi, el tipo de los campos -es distinto, «es el país castellano, son los contornos de Toledo y -de Segovia los que el pintor siente y reproduce: un país lleno de -melancolía y de tristeza...» En España ha encontrado Zárraga muchas de -sus figuras. _La vieja que ora_, arrugada y triste de una pena secular; -_La mala consejera_, la celestina de cara de buho, junto a la muchacha -rozagante, carne de vicio; _La bailarina desnuda y la trotaconventos -maternal_; _La mendiga y la vieja del rosario_ y _El Tríptico_ de las -dos mozas ferrosas y el viejo del escapulario, apretado, amojamado, -pero viviente de su vida sórdida, devota y tradicional. - -¡Y las lindas figuras femeninas de Angel Zárraga! La del _Don, Marta -y María_, ascetismo y voluptuosidad; el otro cálido desnudo de la -_Alegoría del Otoño_, cuadro digno de los buenos tiempos de Venecia; -un precioso retrato de adolescente; la dama arrodillada ante el San -Sebastián, un tanto paganizado del _Voto_, que se expuso en el pasado -Salón de Otoño; la hembra de _la femme et le pantin_; y, sobre todos, -esa maravillosa _Novia_, cuadro que con sus dos desnudos es un canto -misterioso a la _arcilla ideal_, al hechizo enigmático de la mujer, y -que, vagamente sugiere en la simbólica Granada entreabierta, el arcano -amoroso y la iniciación de las iniciaciones. Paso a paso, consciente y -con seguridad, va Angel Zárraga camino de la gloria. - - - - -[Ilustración] - - - - -ALBERTO DEL SOLAR - - -La Real Academia Española, que acaba de abrir sus puertas al escritor -chileno Alberto del Solar en calidad de miembro correspondiente, ha -realizado un acto de completa justicia. Ha tiempo que el autor de -tantos libros plausibles, que acaban de aparecer compilados en una -bella edición de _Obras Completas_, era merecedor de tal homenaje. -Fuera de sus méritos de novelista, de narrador, de poeta, de autor -dramático, ha sido siempre cultivador de la tradición castiza de -nuestra lengua, y no ha transigido ni aun con la singular costumbre, -que creo que se debe a D. Andrés Bello, de usar la i latina como -conjunción en los casos en que todos usamos la _y_ griega o _ye_. -Va bien, pues, Del Solar, entre los que tienen por especial misión -limpiar, fijar y dar esplendor al idioma castellano. - -Una de las particularidades que distinguen a Alberto del Solar es su -americanismo, demostrado desde antaño. Desde sus recuerdos sobre la -guerra del Pacífico, en la cual, siendo muy joven, tomó parte por mar -y por tierra, hasta sus últimos trabajos, casi todos, todos puede -decirse, se refieren a nuestra América, y principalmente a Chile, su -patria, o a la República Argentina, patria de sus hijos. - -En esos recuerdos a que me he referido brilla un vibrante amor de la -tierra natal, y de sus glorias, y se habla con palabras de verdad y de -entusiasmo--«yo vi, yo estaba allí»--del heroísmo del soldado chileno, -de su terribleza y de su resistencia. Y no hay, desde luego, ninguna -manifestación de odio o rencor al enemigo. En la novela _Huincahual_, -que pasa en tiempos del antiguo Arauco, y que habría regocijado a -Marmontel y logrado la aprobación de Chateaubriand, se trata de luchas -y amores entre personajes de las razas contrarias: la conquistadora -y la autóctona. La narración es clara, sencilla, con justa y precisa -erudición, como que se apoyaba el autor en documentos del eminente -americanista Medina, y de un interés sostenido y atrayente. «Me ha -gustado e interesado tanto, que pienso hablar de ella cuando hable de -otras novelas hispanoamericanas», escribía D. Juan Valera. - -En _Rastaquouere_, otra novela, trabaja Del Solar en materia -contemporánea y graciosísima; está muy galanamente escrita, y contiene -muchas y muy saludables enseñanzas. - -La novela _Contra la marea_, entusiasmó a poetas como Rafael Obligado, -cuando fué leída en reuniones literarias en casa de ese noble e ilustre -amigo; yo asistí a algunas durante mi permanencia en Buenos Aires. Es -también labor americana, de ambiente argentino, y en ella, como en -_El Faro_, otra novela escrita sin que conociese el autor _La Tour -d'Amour_, de Rachilde, aparece uno de los elementos que ejercen mayor -atracción en la facultad imaginativa y creadora de Alberto del Solar: -el mar. - -En las concertadas líneas de esta «cabeza» no podría ni someramente -juzgar ni presentar toda la obra ya numerosa de mi eminente amigo. -Alguna vez--hace ya años--expresé mis elogiosos pensares en el prólogo -de uno de sus libros. Hoy podría agregar que ha contribuído a la -formación del teatro nacional argentino, con la presentación de más -de una obra celebrada a pesar de lo dificultoso de la empresa. De su -comedia _El doctor Morris_, que creo se ha representado también en -inglés, decía el poeta Díaz Romero: «Es una de las obras de teatro -más seductoras que se hayan representado en este país». Y de _El -Faro_, _Chacabuco_ y otros trabajos se han hecho los juicios más -satisfactorios. - -Mucho habría que decir del crítico, del conferencista, de algún -excelente ensayo de historia; mas ello no cabría sino en líneas -mayores. Debo, sin embargo, hablar del poeta. Y aquí volveré a recordar -cómo aviva su fantasía, y le mueve a expresarse métrica, sonoramente la -vasta influencia oceánica, advertida desde su infancia en la pintoresca -y encantadora Valparaíso. Cuando aparecieron en _La Nación_, de Buenos -Aires, versos de Del Solar, el hecho causó asombro. Sus colegas de -la prosa se asombraron: ante los mundanos y ante los de los millones -perdió méritos; los poetas, celosos de su ciudad sagrada, le exigieron -el _schiboleth_. Con todos ellos supo entenderse; y al publicar -recientemente su poema _El Diamante azul_, en que siempre aparece la -prodigiosa Thalassa, se ha visto que se trata de un verdadero lírico, -conocedor de nuestro parnaso y de los grandes poetas ingleses, y cuya -factura de corte clásico no le impide vuelos muy modernos, pegaso y -aeroplano. Páginas entusiásticas se han escrito sobre ese hermoso -poema--entre ellas una notable de Luis Berisso--, y en ellas se alaba -el dominio de la expresión y la fuerza imaginativa. Yo he leído con -detención esos resonantes y ágiles versos que expresan un significativo -«mito» y que juntan la gracia de las ficciones y metamorfosis antiguas -a un tema que no puede ser más real, en las férreas y mecánicas -tragedias de nuestros días: el naufragio del _Titanic_. Una leyenda -comentada por los diarios a raíz de la pérdida de aquel colosal barco, -dió motivo a que Del Solar escribiese su conmovedora y musical obra, y -el poema surgió, digno del poeta y de la poesía. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -JACINTO OCTAVIO PICON - - -La reciente elección de la Real Academia Española ha sido, con -justicia, muy bien recibida en los círculos intelectuales. El elemento -antineo se ha sentido con gran regocijo; pues hubo lucha en el reino -gramatical, y, sin la oportuna llegada de votos importantes como -Galdós y Sellés, es casi seguro que hubiera triunfado el candidato -conservador, el eminente anónimo D. Angel María Decarrete. Picón es un -espíritu simpáticamente vivaz, uno de los mejores escritores de su país -y un _gentleman_ cuya corrección se viste de amabilidad: hice, pues, mi -visita a Picón. - -Yo no le conocía personalmente; no obstante, un académico siempre -tiene ante nuestra imaginación cierta gravedad doctoral: así, mi -sorpresa, al ser presentado, no pudo disimularse: nada de lo imaginado, -¡ni siquiera anteojos! En su _garçonniére_, donde preside el más -discreto y elegante gusto en el arreglo y decoración, vive entre libros -y obras de arte: viudo que parece más joven que sus hijos ya hombres. -Hidalgo antiguo con el aspecto de un clubman moderno: dedicado a sus -libros viejos para saber y decir cosas nuevas. Al mirar, los ojos finos -parecen que registran las intenciones; el ademán es franco y noble, -el apretón de manos da la sensación de la sinceridad. Es afectuoso y -varonil, sin melosidades falsas ni chinerías de fórmulas. A poco, ya -estamos viendo una nueva edición del _Quijote_ hecha en Inglaterra; y -con tal causa admiro su conversación erudita, su pericia de bibliófilo -y su seguridad crítica. Me muestra buena parte de sus libros raros, de -sus ejemplares preciosos, con orgullo de buen artesano que supiera la -calidad de sus útiles, con el aire de un maestro de armas que enseñase -sus mejores espadas y floretes. Ya es un curiosísimo libro de refranes, -ya un Quevedo que tuvo entre sus manos la censura de la Inquisición, -con versos y estrofas tachados, que en las ediciones posteriores, -o están reemplazados por puntos suspensivos, o suprimidos; o ya por -mostrar lo que es el lujo aristocrático de la tipografía española, -volúmenes de Monfort, de la imprenta real, o de Sancha. - ---«¿Un cigarrillo?» - -Tengo que confesar, con verdadero encogimiento, que me es extraño el - - Agréable tabac, charmant amusement - Qui d'un langage muet entretient en fumant, - -como dice el ramplón rimador del _Portrait Universel_; y como se -sorprendiese--¡Un americano que no fuma!--sostengo el honor de nuestro -continente citando a nuestros más ilustres fumadores, comenzando con el -general Mitre. - -Le pregunto algo sobre la recepción en la Academia y cuándo se -verificaría.--«Vea usted--me dice--, ha sido costumbre generalmente -adoptada en este Instituto, que los académicos elegidos dejen pasar -tres, cuatro, cinco y hasta nueve años para ingresar en sesión pública -y pronunciar el discurso de reglamento. Yo pienso hacerlo probablemente -a principios de año, quizá en el próximo marzo. Y me salgo de la regla -por varias razones, y no es la menor el que sea D. Juan Valera quien -tenga que contestarme. Nuestro D. Juan está, aunque todavía fuerte, en -una edad muy avanzada, ciego: y una enfermedad a sus años, por leve -que fuera, le impediría ocupar su puesto en mi recepción. Confieso -que prefiero salirme de la costumbre académica a privarme de la honra -y el placer de que sea Valera quien me reciba al ocupar mi sillón. -Además... (y aquí no sé si sea indiscreto como amigo, aunque lleno -mi labor de periodista, al reproducir las palabras del Sr. Picón), -además, los neos se han portado muy mal conmigo en esta emergencia. Los -académicos que me apoyaban, habían anteriormente ayudado a la elección -de un candidato conservador, con la condición de que mi candidatura no -encontraría obstáculo de parte de aquéllos. Pues bien, ahora, si he -podido vencer, ha sido con la oposición de ellos, y gracias a que dos -votos que faltaban llegaron a tiempo, haciendo viaje exprofeso Galdós -de Santander y Sellés de Portugal, en donde a la sazón se encontraban. -Quiero, pues, entrar pronto y ocupar el puesto que me corresponde -entre los de filiación; contribuir a evitar algunas cosas y a realizar -otras...» - -Yo miraba a aquel hombre nervioso, vibrante de intelectualidad, en lo -más firme de sus años, extranjero entre calvas y «pelucas», y recordaba -sus páginas valientes de arte y de idea; sus varios pinchazos a la -misma Academia, como aquella graciosa nota de un capítulo de _Dulce -y sabrosa_: «El autor había escrito _manguitos_. La Academia dice -_mangotes_. ¡Paciencia!»; su libertad de juicio, su continuo volar -hacia adelante sin perder por esto sus adoraciones antiguas y cultos -clásicos; sus declaraciones de partidario del progreso moderno y hasta -sus audacias de socialista; y frases como aquella que en un prólogo -suyo le declara «soldado raso, contra todas las ideas casi vencidas de -lo pasado y a favor de las esperanzas de lo porvenir, no triunfantes -todavía». No llega, pues, con las simpatías de los inmortales -ortodoxos. Mas puede decir al entrar las palabras de Warburton a lord -Sandwich: _Orthodoxy my Lord, is my doxy_. - ---Lo que será reñido--le dije--, es la elección de presidente, que debe -estar próxima, pues el conde de Cheste enfermo, y cerca de los cien -años, deberá tener pronto reemplazante. - ---Sí. Los neos querrán imponer a su candidato y nosotros haremos lo -posible por impedirlo. - ---Pero usted atacaría a Menéndez y Pelayo--le pregunté, pensando en el -más meritorio del grupo conservador. - ---No se trata de Menéndez y Pelayo. Marcelino, que, con su alto pensar -y su inmenso saber, no se ha sujetado al cenáculo intransigente, ni -se ha prestado a ciertas combinaciones, es ahora poco simpático a -una parte de los académicos de su partido. Así es que, al llegar el -momento de elegir sucesor al conde de Cheste, como habría disidencia al -tratarse de Menéndez y Pelayo, todos por unanimidad votarán a Pidal. - ---Debe estar usted muy satisfecho de ir a ocupar el sillón de Castelar. - ---Ciertamente, y en esto saldré también de los usos de la Academia: -en que no haré el exordio acostumbrado sino que, como «Castelar» es -el tema de mi discurso, entraré llanamente a hablar de Castelar y su -obra, tal como yo pienso del asunto. Para eso estoy leyendo todo lo que -sobre Castelar se ha escrito. Fuí muy amigo suyo. Ha sido el último de -nuestros grandes estadistas. Hombres, así, soñadores o no, nos hacen -falta... - -Aquí la conversación entró en otro terreno. Dos diamantes de energía -pasaron por los ojos penetrantes. Era el hombre amante de su pobre -patria venida a menos; el conocedor de las desgracias actuales y de sus -causas. - ---Ha venido usted a vernos en momentos terribles para España. Ha caído -nuestra amada y grande España muy abajo; y lo peor es la espantosa -enfermedad nueva aquí, que ha atacado a esta tierra: la conformidad, -la indiferencia con el desastre, el encogimiento de hombros ante la -ruina. Crea usted: aquí no nos hacen falta inteligencias, no estamos -necesitados de talentos que se encuentran a cada paso: lo que no -tenemos son voluntades, la abulia es la adolencia actual nuestra. - -La antigua alma española ha sufrido como una transformación. -Antes se habría puesto el pecho al frente, se habría luchado por -la reconstrucción del perdido poderío; se habrían multiplicado -los esfuerzos. Hoy, apenas se oye el levantamiento de iniciativas -individuales. Y el primero en impedirlas es el Gobierno. Por un lado -apatía, por otro políticas dañosas y descuido de los verdaderos -intereses del pueblo español; saque usted la consecuencia. - -Y nuestro eterno enemigo: ¡el expediente! El papelerio cierra el paso -a toda obra, desde la más elevada hasta la más modesta. ¿Cómo va a -prosperar España si lo primero que hay que pasar, para la menor cosa -que implique un adelanto, es una montaña de expedientes y ríos de tinta -oficinesca? Voy a contar a usted un caso: - -En cierta provincia hubo un individuo que quiso dotar al pueblo de su -residencia con una cañería. Creyó que para hacer aquel bien municipal -le bastaría con su dinero y con su buena voluntad, y encargó los tubos -y materiales necesarios para llevar a cabo la obra. Pero sucede que, -junto al pueblo de que hablo hay una carretera, y precisamente bajo esa -carretera debía pasar la cañería que conduciría el agua a la población. -Comenzaron los trabajos, pero como había que remover el terreno de -la carretera, la Autoridad manifestó al vecino generoso que tenía -que pedir el permiso necesario para continuar la obra. Se dirigió al -Ministro y en el Ministerio se tardaron largos días para, por último, -ponerle «pase a la Junta consultiva»: la tal Junta consultiva envió -a su vez, después de un tiempo enorme gastado, el expediente a otra -Comisión, creo que de ingenieros oficiales. Allí la cosa tardó no sé -cuántos meses, para pasar después a la Junta y al Ministerio, y ¡no sé -a dónde más! Resumen: mientras los papeles iban de Herodes a Pilatos, -los materiales de la cañería se arruinaron; el pueblo no tuvo agua, el -vecino gastó su dinero y su paciencia; ¡pero triunfó el papel sellado! - -Toqué el punto de la intelectualidad, del trabajo mental, de la -producción literaria. No se manifestó Picón muy optimista. Desde -luego, al hablar de la crítica expresó más o menos--con gran placer -de mi parte--, ideas, opiniones y observaciones iguales o semejantes -a las que os he comunicado ya. Pero, llamáronme bastante la atención -revelaciones como ésta: que aquí no puede haber crítica imparcial, o -con simples preocupaciones de arte, por razones de pura consideración -personal y a veces hasta de caridad... Un autor publica un libro, -cuando no es un escritor rico, para tener que echar algo al flaco -puchero de su casa. Ese autor tiene familia, mujer, hijos; conoce a -todo el mundo y todo el mundo le conoce, pues en el de las letras se -vive en Madrid como en familia, y el crítico que «pega un palo», como -dicen aquí, al libro de aquel autor, sabe que contribuirá al hambre de -muchos inocentes. (Desde luego, yo tenía deseos de observarle a este -propósito que en la campaña argentina se necesitan brazos y se hacen -fortunas.) - -Lo propio que con los autores acontece con los cómicos. Una infeliz -tiple que sostiene con sus sacrificios artísticos a su familia, tiene -de su parte el buen corazón de la crítica, que no querrá evitarla los -garbanzos. Luego, críticos y autores se ven a cada paso y son más -o menos amigos. «Si _Clarín_ residiera en la Corte y no en Oviedo, -le aseguro que no escribiría con la independencia relativa con que -escribe.» - -Y esto traía a mi recuerdo el aspecto de la mayor parte de los -«luchadores por la vida» o _struggleforlifers_ de la pluma que circulan -por Madrid en situaciones lamentables. La perpetua preocupación del -«sablista» en los artículos satíricos y caricaturas, las levitas -melancólicas, los sombreros imposibles, la indumentaria toda -amargamente reveladora en el gremio. ¡Ah! los felices que logran seis -duros en un periódico por un artículo. ¡Ah! los que hablan de cosas -fabulosas, entre envidiosos y asombrados: «¿Sabe usted cuánto le pagan -a Valera por artículo? ¡treinta duros!» «¿Sabe usted cuánto gana Cávia -al mes? ¡Una barbaridad!» ¿Y el joven que mira la suerte del autor de -teatro que logra triunfar, lo cual constituye ciertamente una verdadera -ganga, y se lanza a buscar su Eldorado de las tablas con una pieza que -no le han de representar nunca? ¿Y el soñador infeliz que tiene que -contentarse--¡y gracias!--con dejarse de literaturas y reportear largo -y tendido por doce o quince duros mensuales? - -Tal pensaba al despedirme del nuevo académico, al salir de su -encantadora casita de rico, donde se da los lujos que le vienen en -antojo y compra estampas raras y ediciones _princeps_. - -Su obra es ya considerable, desde sus _Apuntes para la historia de la -caricatura_, hasta su valioso volumen sobre Velázquez recién publicado, -en la crítica de arte, y desde _Lázaro_ hasta sus _Novelitas_. Pero -para mí, y para todo el que tenga el gusto de lo humano y de lo -pulcro, aparece como el más preciado fruto de su árbol literario esa -_Dulce y sabrosa_, manzana de Garcilaso, novela de maestro, figuración -llena de vida y hechizo. Libro es ese en que se nos presenta el deseo -incontenido de lo lejano, de lo que no poseemos, de lo difícil, antes -que el deseo de lo imposible, tan íntimo en los artistas. _Dulce -y sabrosa_ es la mujer amada, lograda y dejada; pero que luego en -poder ajeno despierta una nueva ansia de posesión y arrastra hasta la -locura por conseguirla. Todos hemos tenido nuestra Cristeta; todos -en lo hondo de nuestro pecho somos un poco Todellas. Y esa fabulación -sencilla y vestida de una realidad que admite una confrontación -inmediata, deja al gustarlo una grata sensación de descanso. Jamás un -final semejante ha establecido más bellamente la libertad del amor como -cuando acaba «esta entre verídica e imaginada historia, con el raro -ejemplo de una mujer que todo lo pospone al deseo de ser amada». En -lo que respecta al estilo, Picón es castizo hasta la medula, pero con -una cultura moderna como la suya, junta a los donaires y elegancias -de sus viejos autores la manera de describir, por ejemplo, y de -sentir ciertas cosas, que poseen los maestros contemporáneos de las -literaturas extranjeras. Lo que constituye una característica suya, -su especialidad, es el modo cómo penetra el arte y cómo agrega, con -elementos plásticos, a la arquitectura de su obra, singulares bizarrías -y gracias. Tanto más que, por haber leído seguramente mucho a los -místicos españoles, hay en el alma de su discurso, casi a cada paso, -un ímpetu espiritual, un deseo de vuelo, un querer y un aspirar a la -altura, que en pocos escritores contemporáneos se pueden hallar en -España. No es un incrédulo este liberal. Cree, ¡al contrario!, en la -eterna Divinidad, esto es, en la eterna justicia, en la eterna bondad -y en la eterna belleza. Por eso se deleita en la construcción de sus -ensueños de regeneración social, quiere a los infelices de abajo, y -canta los besos y celebra las «batallas de amor en campo de pluma» con -las mujeres hermosas. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -FRAY CRESCENTE ERRAZURIS - - -Esta cabeza religiosa está llena de cordura, de ciencia, de erudición y -de sutileza. Es una de las más fuertes de Chile. Si estáis ante él, sus -miradas agudas penetrarán hasta lo mas hondo de vuestras intenciones. -Si os enseña, tendréis que aprender mucho en saberes humanos y divinos. -Si queréis ser su contrincante, tendréis que prepararos a la derrota. -No solamente se ha ejercitado en disciplinas teológicas y de religión, -conforme con su vocación y estado, sino que se ha nutrido de letras -profanas, de acuerdo con San Buenaventura o San Gregorio Nacianceno, -San Juan Damasceno u Orígenes. Podría, como Sedulio, ser llamado _vir -scholasticissimus_. - -Cuenta ya largos años de vida, y ha dado a su patria vigorosos -productos de su entendimiento, y habiéndola servido en el siglo, -continúa en el claustro dándole lustre y sana gloria. - -Se dedicó a los estudios históricos, y ello me hace recordar el párrafo -en que Cicerón habla de que: «uno de los principales deberes de los -Pontífices máximos de la antigua Roma, era el escribir lo que se -llamaba «grandes anales», y ponerlos de manifiesto en su casa, para que -todo el mundo tuviese la libertad de tomar lo que quisiera de aquel -tesoro de la república». - -La Memoria sobre _Seis años de la historia de Chile_, dió al P. -Errazuris fama de concienzudo narrador y escritor gallardo. El Sr. -Huneeus Gana dice de esta obra, en su libro sobre la producción -intelectual de Chile, que es «por su extensión, y también por su -prolijidad, uno de los libros de mayor erudición histórica que -conocemos, sobre sucesos parciales y épocas determinadas. Abraza la -narración fidedigna y comprobada, escrupulosa y completa, de los días -mas aciagos y sangrientos de toda la Era colonial (23 de diciembre de -1598 a 9 de abril de 1605), es decir, desde la muerte del lamentado -gobernador D. Martín García Oñez de Loyola, hasta la segunda llegada -del gobernador D. Alonso García Ramón». Y agrega con justificado -entusiasmo el Sr. Huneeus: «Esta narración, que atraviesa el campo -áspero y luctuoso de una de las epopeyas más sangrientas y heroicas -de la Humanidad, que refiere minuciosamente las jornadas homéricas y -casi increíbles de Curalaba y Cadeguala, y que narra con serenidad la -espantable destrucción de Villarrica, y las sublimes heroicidades que -allí desplegaron vencidos y vencedores; este libro, que resume, en -fin, el período álgido y crítico de la guerra inmortal entre españoles -y araucanos, y que parece más la obra de un valiente soldado escritor -que la de un fraile literato, debe considerarse, en justicia, como la -obra histórica de más empuje y de más vigorosa unidad que se ha escrito -sobre período alguno de nuestra vida colonial». Tales palabras se -justifican con el conocimiento de la labor fuerte, elegante y minuciosa -de ese estudioso admirable, a quien la soledad y el retiro dará mayor -concentración para sus actividades mentales. Ya sus _Orígenes de la -iglesia Chilena_, que le dan el puesto de un Baronio hispanoamericano, -afianzaron su autoridad y su prestigio. Fr. Crescente será más tarde -un clásico, por su estilo lleno de pulcritud y elegancia, y porque -todo en su obra es ordenado. El ha seguido bien la palabra de San -Agustín: _Illud a me accipiatis volo. Si quis temere de sine ordine -disciplinarum inrerum cognitionem audet irruere, pro studioso illum -curiosum pro docto credulum, pro cauto incredulum fieri._ - -En la Historia del pensamiento en Chile siempre surge alguna figura -sacerdotal. Desde el ocurrente P. López, el P. Escudero, Fr. Manuel -Oteira, cada cual con sus méritos y sus defectos de época y de -temperamento, el historiador P. Ovalle, el jesuíta P. Diego de Rosales, -Fr. Juan de Jesús María, el P. Suárez de Vidaurre, y los jesuítas -Pastor, Olivares, Bel, Ceballos, Ferrufino, Caldera, Rivadeneira, -Sobriño, el P. Miguel de Olivares, S. J. historiador, el famoso abate -Molina, que escribió en italiano, el obispo Lizarraga, los frailes Oré, -también obispos, como Fr. R. Jacinto Jorquera y Fr. G. de Villarroel, -el P. P. de Torres, Fr. Alonso Briceño, y otros cuantos notables, como -el P. Lacunza, Fr. Antonio Aguilar, el P. Parra y Fr. J. Ramírez, -citados por Huneeus, hasta el gran Fr. Camilo Henriquez, Fr. Melchor -Martínez, hasta los Eizaguirre, Valdivieso, Salas, Orrego, Casanova, -Fernández Concha, Donoso, Jara el crisóstomo, Taforó y otros más, la -Iglesia chilena ha tenido activa y aquilatada representación en la -intelectualidad del país. Y entre todos resalta con aspecto singular y -señalado Fr. Crescente Errazuris, con sus ancestrales cualidades vascas -y sus particularidades del carácter nacional, que hacen de él «un -hombre», incrustado en un ministro del catolicismo. - -Y Chile, su patria le respeta y le admira. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -EUGENIO GARZON - - -Caballeros, he aquí un caballero. Caballero probado en los combates de -su tierra uruguaya, caballero de la pluma, caballero de los salones; y -con todo eso: _quel charmant Garzón!_ - -Su padre fué un bravo, aquel general Garzón de las guerras patrióticas, -que en la historia del Uruguay es figura épica, y que ha pintado -tan bellamente la palabra del crisóstomo Zorrilla de San Martín. -El Sr. D. Eugenio Garzón nació para hermosas empresas, que ha -llevado a término con su carácter reflexivo y firme, y su talento -de diplomático prodigioso. Este último adjetivo no es mío, es de -ese famoso director de diario--¡saludad!--que se llama M. Gaston -Calmette... «Notre collaborateur mérite tous nos remerciements et tous -vos applaudissements. Son oeuvre patriotique est splendide, presque -feerique: il a rapproche deux continents! Il a uni les republiques -sud-americaines à la republique française, avec une même capitale: -Paris. Dont vous avez fait votre ville d'adoption, en même temps que -vous faisiez du _Figaro_ votre journal de predilection... Je vous -dedande de feter ce diplomate prodigieux...» - -Diplomático prodigioso. Él ha contado su aventura figaresca en frases -de sabroso humor, en que vemos cómo su paciencia tesonera logra el -triunfo. ¡Y qué triunfo! El ilustre ministro de la República Argentina, -Sr. Rodríguez Larreta, ha dicho de la obra de Eugenio Garzón en el -_Figaro_, por cierto en un francés amable que intentaré traducir... -«es una obra de arte y una obra maestra de tacto, de noble sagacidad y -de previsión. No os extrañéis si ella produce en ciertos espíritus la -ilusión engañadora de la facilidad, como tantas otras obras maestras». - -Una vez lograda la toma de la fortaleza de Villemessant, de Magnard, de -Calmatte, he allí a quien yo llamara en otra ocasión el gaucho-dandy, -en la prosecución de su proficua labor. Y ella es en su apariencia, -sencilla, y en sus resultados, formidable. Son unos pequeños -telegramas, llenos de cifras; unos pequeños telegramas que dicen al -mundo de los negocios y de las grandes empresas económicas, el estado -de progreso, de vitalidad, de las repúblicas hispanoamericanas, -especialmente de aquellas que han logrado grandeza y prestigio por -el desarrollo de su trabajo y de su riqueza. Y esos telegramitas se -ven en los mercados de Europa con un admirable termómetro financiero. -De cuando en cuando, un personaje de nuestros países llega a París, -y Eugenio Garzón conversa con él, y expone en el _Figaro_ miras y -proyectos patrióticos. Y hay en el expositor una serena ecuanimidad, -prudencia, mesura, tacto, claridad y habilidad. Luego Eugenio -Garzón es un solicitado elemento en la vida social de las colonias -hispanoamericanas. Sabidos son su don de gentes, su dandismo discreto, -sus facultades singulares de _causeur_ y la multiplicidad de sus -vinculaciones amistosas, pues quien le trata una vez queda sujeto al -_charme_ de ese gentil filósofo de «monocle» que nos favorece con el -bienhechor contagio de su optimismo. - -¿Y el escritor? Probado ha sido en el Río de la Plata en los -entreveros de la polémica política, en las bregas del diarismo. Mas -siempre ha cultivado con esmero su jardín literario, y un libro -ruidoso, sobre el archiduque enigmático Jean Orth, le dió no hace -mucho tiempo renombre europeo, o, mejor dicho, universal. Tiene por -publicar _La entraña del boulevard_, libro parisiense escrito por un -psicólogo y un estilista que no ha perdido la savia criolla, a pesar -de sus asimilaciones de París. _Mundial_ publica un capítulo de esa -obra, y allí se podrán apreciar las condiciones de nervio y brillo -que caracterizan las prosas producidas por esa «cabeza». Su figura -es de aquellas que llaman la atención al presentarse, y nada podría -yo decir mejor de lo que contiene este párrafo del Sr. Larreta: «Su -persona evoca para mí todo lo que en la vieja España servía para -distinguir desde lejos la sangre noble y el honor. Creo ver a veces en -sus espaldas el negro manto de velludo, con la cruz de Santiago o de -Calatrava bordada sobre el lado izquierdo en seda roja. Cuando anda, -pienso en el rumor de las espuelas de oro de los antiguos caballeros de -Castilla; y si lleva ahora «monocle» es, sin duda, porque ese trozo de -cristal hace levantar la cabeza con el mismo gesto altivo e imponente -que suscitaba en el rostro la pluma caprichosa que rodeaba el sombrero -y caía hacia atrás». Ello vale por la figura de un soneto de Heredia; y -Eugenio Garzón es merecedor de tal homenaje. - -Célibe--¡Garzón para su _garçonniere_!--es admirador de las damas -hermosas, gusta de las obras de arte, de las grandes empresas, de los -altos ideales, de la elegancia, de la cordura, de la distinción. Es -sobrio y abstemio. Y realiza este prodigio: tener sus mejores amigos -entre políticos, banqueros y poetas. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración: POLÍTICOS] - - - - -[Ilustración] - - - - -S. M. EL REY DON ALFONSO XIII - - -Al entrar en el salón de recepciones--se lo explicará el lector -fácilmente--el poeta prevaleció sobre el ministro. Aquella pompa, -aquella ceremonia, aquel joven descendiente de los más gloriosos reyes, -fueron, por unos instantes, la Historia. Como es costumbre en la corte -de España--costumbre que, a pesar de todo, han infringido algunos -talentosos y verbosos hispanoamericanos--, no pronuncian discurso -ante el Rey sino los embajadores. Yo dije dos palabras para entregar -mis credenciales, y luego, pronto estuvo Don Alfonso en conversación -conmigo. ¿Podría juzgarlo por esa vez? Desde luego que no. Todos -sabemos las preparaciones del Protocolo. Pero, en otras ocasiones, sea -que hablase conmigo, sea que se dirigiese a otros diplomáticos al -lado mío, pude darme cuenta de la seguridad y cordura con que trata -cualquier asunto que inicia. El retrato que en pocas palabras ha -hecho de él un observador como el famoso M. Paoli, es de una absoluta -exactitud: «Sa haute et fine silhouette s'accusait avec une élégante -aisance dans un complet gris clair; un large sourire éclairait son -visage fortement hâle, son visage imberbe d'adolescent qu'ornaid un -grand nez à la barbe courbe bourbonienne, cumpé en bec d'aigle entre -deux yeux très noirs, pleins de flamme et de malice». Y luego la -impresión oficial: «Quelle ne fut pas ma surprise, ensuite, lorsque, -à Orléans, où l'on avait fixé la première étape officielle, je le vis -apparaître, cette fois, en gran uniforme de capitaine général, la -physionomie empreinte d'une singulière noblesse, la démarche altière, -imposant à toux le respect, par l'impressionnante dignité qui se -dégageait de sa personne, ayant le mot juste pour chacun, souceux des -moindres nuances de l'étiquette, évoluant, causant, souriant au milieu -des uniformes chamarrés, avec une aisance souveraine, montrant du -premier coup qu'il connaissait mieux que quiconque son métier de roi». -Su oficio de rey. Arduo oficio en los días actuales. Porque la mayoría -de las gentes no ven sino la parte dorada y legendaria de esas vidas -principales. No saben los cuidados y las inquietudes de hombres que hay -en esos personajes simbólicos que encarnan a los pueblos. Por eso es -absurda, sobre todo, la ciega preocupación anarquista. - -Generalmente se quiere ver en el Rey de España un rey _sportmant_ por -su conocida afición a los ejercicios físicos. Ya he dicho en otra -ocasión a ese respecto lo siguiente: - -La educación del Rey fué como correspondía. Se procuró, sin fatigar su -espíritu, darle una cultura apropiada, y teniendo muy en cuenta la poca -fortaleza de sus primeros años, se tendió a su mejoramiento progresivo -físico, al cultivo prudente y eficaz del _corpore sano_. De ahí que -desde niño se haya aficionado a toda clase de deportes, sin menoscabo -de sus condiciones intelectuales y sin descuido de una instrucción -tan metódica como variada. Los principales principios científicos -y literarios, la historia y las disciplinas militares le fueron -inculcados. Inútil decir que la religión tuvo la mejor parte, en quien -debía ostentar el hispánico y consagrado título de S. M. Católica, y en -quien tuvo por padrino al Pontífice León XIII. Una vez en el caso de -tomar esposa, eligió a la bella princesa protestante que, convertida -al Catolicismo, trajo sus prestigios y encantos al Palacio de Madrid. -Entre la reina Cristina, maternalmente amorosa, austera y tradicional, -y la reina Victoria, primaveral, reina de cuento azul, se alza la -figura del rey joven, mirando hacia el porvenir en los comienzos del -siglo XX. Es un rey caballero. Es un rey _gentleman_. No es un rey -fanático, ni un rey del pasado. Es de su instante histórico, sin perder -natural y felizmente el antiguo e invariable concepto de la jerarquía, -base de todo Gobierno monárquico. Ama el aire libre, la agilidad, el -vigor. Dichosamente libre de la oratoria, en otros soberanos tan puesta -de manifiesto, sabe hablar cuando la ocasión llega, y sabe conversar. -Posee algo que atrae a las muchedumbres: la simpatía, y algo que seduce -al mundo: el valor. Es uno más de la serie de los ilustres Alfonsos de -España. - -Para el soberano de España no haré nunca mejor que repetir la -enumeración de un mi pasado capítulo de mi _España contemporánea_, -sobre los ilustres Alfonsos españoles: - -«El I, férrea flor de Covadonga, todavía con la pura savia goda, -fuerte como un roble de sus bosques, lancero formidable de Cristo, -terror de la morería, y en el corazón primitivo un diamante de nobleza; -el II, casi iluminado, favorecido con manifestaciones extranaturales, -hombre de lecturas y meditaciones, Alfonso _el Casto_; el III, _el -Magno_, bizarro y aguerrido desde lo fresco de la juventud, terror -del mogrebita, varón de tanta fe como valor; el IV, quien como más -tarde el César Carlos V buscaría en un monasterio la tranquilidad -espiritual; el V, el de los buenos fueros, legislador y espíritu de -Consejo, también luchador feliz con los infieles y sostenedor de la -fe; el VI, que aparece soberanamente a su lado la figura del mío Cid -el rey de la conquista de Toledo, y que tuvo la previsión de ver hacia -abajo y favorecer al pueblo con leyes bondadosas y fueros justos; el -VII, Alfonso _el Emperador_; el VIII, que perpetuó el nombre suyo en -las Navas de Tolosa; siendo después, al propio tiempo que caballero de -combate, amante de la Sabiduría el IX; el X, formidable figura, cerebro -y brazo, el rey de las Partidas, alquimista y poeta, astrónomo y -filósofo, cuya palabra aun se escucha y se escuchará en los siglos, ya -comience: «Ficieron los omes...», o inicie los balbuceos encantadores -de sus toscas estrofas; el XI, que juntó la habilidad política al -vigor militar, monarca de largas vistas y uno de los más amantes de -sus súbditos; «y a quien verá muy cerca--agregaba--animado por la -palabra maternal, por el inmediato eco de su vida; será su padre. Será -para él el rey modelo y honrará la memoria de _el Pacificador_. A él -le ha tocado un tiempo de decadencia de todo ideal, de despertamiento -de odios, de exacerbamiento de pasiones y violencias sociales, de -locuras colectivas que se traducen en furiosos ímpetus aislados; -de ansia de goces, agonía de esperanzas y luchas terribles por la -consecución del dinero. El Dinero, el Dios de la época. El bíblico -Becerro del Sinaí, multiplicado en los toros auricoronados que se -apacientan en el Far West y en las Pampas, y que se propagan por toda -la redondez de la Tierra entre una creciente desbandada de águilas y -cisnes». Acontecimientos posteriores han puesto a la vista del mundo, -en muy hermosa luz, la figura de ese excelente príncipe, que ha podido -dignamente encarnar la España moderna, conservando las dos virtudes -tradicionales de su país: inteligencia y valor. Recordé al comenzar -este artículo a M. Paoli, el veterano conductor de reyes. Concluiré -con una frase suya referente a Don Alfonso XIII; _C'est un charmeur_. -¿Y cómo podría ser de otro modo puesto que es hijo de aquel rey querido -del pueblo que se llamó Don Alfonso XII y de Doña María Cristina, que -junta a la amabilidad personal más exquisita, la dignidad de las más -rígidas aristocracias? - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -EL GENERAL D. RAFAEL REYES - - -La política suele velar con nubes engañosas las proporciones de las -altas figuras. No sean esos vapores transitorios un obstáculo para el -buscador y ensalzador de las bellas verdades. - -He conocido a un ex presidente de Colombia, que ha demostrado, antes -de ocupar el más elevado puesto de su patria, como en la tradicional -tierra de los talentos literarios la acción es también demostrativa de -la fuerza vital de tan glorioso país. Reino de sueños, pero asimismo, -con sus héroes y trabajadores, república de energías. Hubiera habido -paz desde luengos años, y ya vería allí el mundo otro emporio de labor -y riqueza hispanoamericano. - -Al tratar al general D. Rafael Reyes uno encuentra, desde luego, -esa cultura colombiana, distintiva y propia, que hiciera antaño de -Bogotá la primada de las letras de América, algo como el _Alma mater_ -continental. Se sabe que se habla con un militar, con un explorador, -con un varón de hechos, y sin embargo, surge el hombre diserto, el -conversador sagaz, el estudioso y el cultivado; y si se han leído las -narraciones de ese bravo _pioneer_, que supo de bregas y de penas en -el corazón de ásperas selvas, hay que saludar a un descendiente de -aquellos conquistadores, hierro y fe, que asombran a la Historia. -Hablando de tales hazañas del general Reyes, ha escrito estas palabras -Santiago Pérez Triana: «...recorrió en su juventud aquellas inmensas -selvas (las marañas amazónicas) realizando en ellas, en compañía de sus -hermanos D. Néstor y D. Enrique, labores de explorador dignas de los -más heroicos esfuerzos en ese fecundo campo de la actividad humana, -de cuantos registra la historia americana desde las atrevidas y cuasi -temerarias empresas de los conquistadores hasta nuestros días. Cuando -se escriba la historia, cualesquiera que sean los veredictos que ella -pronuncie sobre los hechos de su vida, respecto de los de cualquier -hombre, que en lo general poco pueden vaticinar los contemporáneos, -seguramente habrá una hermosa página en que se consignen los esfuerzos -hechos para llevar la civilización a aquellas regiones de la patria -colombiana, tan remotas de los centros habitados por el general Reyes -y por sus dos hermanos, esfuerzos consagrados, como si fuera por el -martirio, ya que dos de los exploradores pagaron con su propia vida su -atrevida incursión en la selva primitiva». - -Pues la obra de este colombiano eminente es de aquellas que en -países europeos se vinculan a la propia grandeza de la Patria, y la -que ha hecho el renombre y el reconocimiento debido a los Brazza, a -los Shakleton, a los Marchand. Las Sociedades geográficas del mundo -han sabido apreciar la labor del general Reyes, y el nombre de este -prestigioso americano ha sido honrado con el elogio de los sabios -europeos. - -Cuando, lejos de los combates de partido y las malezas políticas--más -llenas de azares y peligros que las de las florestas vírgenes--el -general Reyes ha venido al viejo continente, ha sido recibido en todas -partes con la imparcial justicia que es debida a sus merecimientos. -Y ha sido sobre todo en la Madre patria, en la tierra de las -hidalguías y de los nobles heroísmos, donde se le han hecho mayores -manifestaciones de cordialidad y de aprecio, como si se viese en -él, a quien, como he dicho antes, es un vástago de los audaces y -luchadores caballeros que hicieron en América poemas de vida y de -acción, cantos de gesta realizados. Nada tiene que ver el consenso -universal de intereses, de pasión, de disensiones de hermanos, en las -interioridades de un país, de un Gobierno o de un partido, cuando -la personalidad tiene sobre las circunstancias del momento altura y -brillo individuales, que aislan el mérito, poniéndole bien lejos de las -lluvias de dardos que casi siempre caen sobre la cabeza de los hombres -públicos, en nuestras arduas y crespas democracias. - -La justicia se hace definitiva, con la sanción inapelable del tiempo, -y la Patria no ve sino los hechos meritorios que señalan en el -recuento a los hijos preclaros y beneméritos. Colombia, entre todos -nuestros países americanos, si ha sido caldeada por tantas hogueras de -guerra y agitada por tantos contrarios huracanes de odios fraternos, -de violencias luctuosas, ha sabido siempre tener el orgullo de sus -_élites_, de la progenie que ilustra sus historias y fastos. Y -tened por cierto, que en el futuro, cuando se hable de las energías -memorables que se han dirigido en pro del verdadero progreso y del -engrandecimiento de la patria colombiana, el nombre del general D. -Rafael Reyes quedará ante los ojos de las generaciones futuras, en su -definido, indestructible prestigio. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -CANOVAS DEL CASTILLO - -Medalla ocasional. - - -Preciso es no haber conocido a Cánovas del Castillo para asombrarse del -incidente de corte que hoy preocupa a Madrid. - -Cánovas es la energía, muy mucho, y un poco la violencia. - -Populares son por la caricatura sus ojos, sus espejuelos, sus bigotes y -su imperante gesto. - -Cuando Cánovas ocupa la presidencia del Consejo de Ministros, el gran -Palacio Real, rico y legendario, adquiere su verdadera alma; mientras -la honrada y buena reina extranjera recuerda, el pequeño rey juega, y -la infanta Isabel, distinguida _sportsman_, monta a caballo, inicia -fiestas o caza. - -Cánovas es de la raza de aquellos fuertes ministros antiguos que eran -verdaderos tutores de los reyes. Y ese andaluz de Andalucía, ese -andaluz «andalucísimo», tiene un orgullo del peso de su talento. - -Si no es cierta, es bien inventada la frase que se asegura dijo al -rey Alfonso XII, en ocasión en que este monarca, a quien él había -colocado en el Trono, le manifestó deseos de agraciarle con el título -de príncipe que ostentara antaño el memorable Godoy: «No se preocupe -Vuestra Majestad de eso. ¡Príncipes los hago yo!» - - * * * * * - -No es el tiempo ya en que la pobre francesa Isabel pasaba por las -torturas de la más apretada e inflexible de las cortes, pero si -hay algún país del mundo en donde la etiqueta sea conservadora y -estricta, es en el país de Felipe II. Y Cánovas, gran cortesano y -gran conservador, tiene el don que hace la fuerza de los hombres: el -carácter. - -En vida de Alfonso XII, Cánovas, en sus tiempos de gobierno, fué -siempre el absoluto imperante. - -Asimismo profesaba al joven rey un afecto profundo y una lealtad -inquebrantable. A la muerte de Doña María de las Mercedes, y cuando -la reina Doña María Cristina llegó a ocupar su puesto en el trono -de España como nueva esposa de Alfonso, Cánovas fué grande amigo de -la Reina desde el primer momento. Y el anecdotario de esa época es -copioso. Y no es la nota menos saliente el excelente humor del hijo de -Isabel II, que gustaba de la broma, alegre y atrayente Borbón. - -Cuéntanse en la corte muchas de esas anécdotas que no sabemos si -quedarán más tarde confirmadas por algún Saint-Simon de la época. - -Entre ellas, esta: Cuando la reina Doña María Cristina llegó a Madrid, -y fué esposa de Alfonso XII, no hablaba casi español, y lo comprendía -muy poco. Su real consorte era su profesor. - -Un día le dice ella: «Deseo saludar a Cánovas con una frase española -que le agrade, cuando venga mañana». - ---«Bien--dice Don Alfonso--dile sencillamente: ¡Qué chispero estás, -Cánovas!» - -Al día siguiente, el primer ministro llega y se dirige a besar la mano -de la Reina. - -Y ella, arrastrando las erres germánicamente: - ---«¡Qué chispeggo estás, Cánovas!» - -No se dice lo que contestó el andaluz, pero sí que Alfonso tuvo para -muchos días de buen humor. - - * * * * * - -Cánovas vive en su mansión de La Huerta, como un potentado. Muchas -veces se ha hablado de esa rica morada en donde vive el primer -estadista del mundo actual, según opinan algunos. - -Su _serre_ es famosa, la biblioteca mucho más: todo el recinto es -un encanto, y la emperatriz de todo eso y de D. Antonio además, -es la dama elegante y vivaz a quien los amigos de la casa llaman -concisamente «Joaquina»--doña Joaquina de Osma, una espléndida peruana, -exuberante de vida, hermosa y culta, que habla el español con la _erre_ -parisiense. Cierto es que en las recepciones de Cánovas lo que más se -oye hablar es francés. - -En casa de Cánovas llama la atención de quien observa la profusión de -los desnudos. - -Entre tanto rico mueble y obra de arte, mármol, bronce, _bibelot_, el -desnudo se impone. En cada salón os llamará la atención ese detalle. - -Sobre todo, en el jardín, si os acercáis a una magnífica gruta, -adornada de enredaderas verdes y frescas, en donde el agua cae y gotea -armoniosamente, veréis una ninfa de tamaño natural, blanca, de mármol -puro y línea admirable y de una gracia mastoidea y calipigia que os -hará pensar en muchas mitologías. - -Entre todas esas elegancias, la dueña de casa discurre llenando con su -amable presencia y animando con su conversación los grupos de invitados -en las recepciones. - -En esas fiestas el talento del viejo Cánovas chispea. - -Quien estas líneas traza, hale visto y oído entre un sinnúmero de -personajes de distintas nacionalidades, con un tacto que revelaba la -frecuencia de la vida cortesana y diplomática, hablar a cada cual -de lo que más de cerca le interesaba, sin olvidar nombres, detalles -personales, títulos de libro, cuestiones, anécdotas y toda suerte de -asuntos. Y el viejo Cánovas, con la firmeza de quien conoce su poder, -vibraba, iba y venía, tan lleno de una brava y contagiosa juventud. - - * * * * * - -En su mesa solía reunir, en la época a que se refieren las anteriores -palabras, a algunos americanos. Sus preferidos eran el mejicano Riva -Palacio, el argentino Quesada, el centroamericano de Peralta, y algún -otro. - -Siempre tiene extranjeros notables invitados. - -Su mesa es de primer orden; aunque no iguale a la luculeana mesa -de Castelar. Allí, al amor de los mejores vinos, se oye un alegre -brotar de ideas, de ocurrencias, de alusiones, de anécdotas en que -el anfitrión muestra toda su Andalucía, y doña Joaquina su Lima, su -París y su Madrid. Y uno ve al vigoroso ministro, lleno de vida, con -sus cabellos blancos, relampagueándole los ojos, gesteando como un -dominador. - -Y se explica que en el Palacio Real Su Majestad la Reina Regente se -apresure a presentarle sus excusas después de un caso como ese de la -salida al balcón. - -Doña María Cristina no ha leído las cartas de Isabel de Francia. - -20 mayo 1897. - - - - -[Ilustración] - - - - -JOSE PEDRO RAMIREZ - - -Es en la vida pública como en la privada, este gran repúblico uruguayo, -como en su credo político y en el civismo que nos muestra en la -historia contemporánea de su nación, algo suave que se desliza por -senderos cercanos a vergeles revestidos de paz y de amor. - -Obediente sólo a los deberes de su conciencia, alerta siempre a las -naturales exigencias y necesidades de su patria, toda su existencia la -encamina al cumplimiento del deber; y con facilidad traspasa, alta la -frente, tranquila la mirada, todos los escollos de todas las miserias -sociales por las que pasó, como tantos otros prohombres, como son -concusiones, ignominias y hasta crímenes, que pudieron atajar su paso -por la vida política. - -Pero esto pasó ya, y obtuvo gallardamente sus reivindicaciones. Así, en -cierta ocasión, el presidente Batlle, que por cierto estaba de él algo -distanciado, dijo, para hacer callar a determinados murmuradores: - -«A fin de que la actitud del Dr. Ramírez no se despoje de la majestad -que le rodea, es necesario no se falte al más humilde de los habitantes -de la República, y el que tal haga, o será castigado o derribará -a dicho ministro, porque su política no es de mañas ni astucias, -sino política de actitudes francas y decididas.» Cuando estalló la -guerra civil, calamidad perniciosa que sufrieron la mayoría de las -jóvenes repúblicas americanas, y después de varias tentativas para -el restablecimiento de la normalidad, que, claro está, resultaron -infecundas, se recurrió a él, como caso extremo. Enfermo como estaba, -prometió su decidido concurso, y lo cumplió con sagacidad y fe. Salió, -pues, a través de campos verdes, que bien podían simbolizar para él -esperanzas; enarbolaba la bandera de paz, y a poco de comenzadas las -negociaciones, por doquiera que pasaba, surgían los vítores y saludos; -y los labradores abandonaban las armas y tornaban a los aperos, y -las mujeres y los niños agitaban sonrientes sus pañuelos en señal -de albricias. Al encontrarse con un regimiento mandado por Mesa, los -bravos soldados, estimulados por sus jefes, levantaban sus quepis y le -saludaban, como debe saludarse a un varón bienhechor, porque ya todos, -militares y revolucionarios, el pueblo entero, parecía aspirar al -consuelo de la paz. - -Pero anotad esto también. Más tarde ¡acaso seis años después! la -República hierve nuevamente en otra guerra civil; y de ahí a poco, el -Sr. Ramírez es de nuevo requerido. Noble y lealmente, lleno de bondad y -bríos humanos, se lanza a calmar el estallido que amenaza. - -La labor es más costosa, su gestión más ardua; pero al fin logra vencer -dificultades, y si hubo de luchar por conseguir el éxito, mayor es la -gloria que, como nimbo, corona sus esfuerzos; y mayor es la ansiedad -pública, por explotar de júbilo ante el hombre ya dos veces benemérito -de su patria. - -Y es de ver en esta ocasión, como en la pasada, al pueblo de todas -las ciudades que corre a amontonarse a su encuentro, vitoreándole, -abrazándole, atropellando a éstos los otros que les siguen; y cómo -desde las terrazas y azoteas, en aceras y balcones, no se ven sino -flores que caen a su paso y llenan su coche, ni se oyen más que -palabras gratas, llenas de sonoridades, que celebran al mensajero de la -concordia. - -El Dr. Ramírez presidió en 1886 el ministerio de la Conciliación. -Nadie como él ofreció testimonio más alto de patriotismo e integridad. -Desde entonces, su nombre es popular, su prestigio aumentó, y su -moralidad fué saludable. Pues, ¿quién pudo añadir al ardoroso ímpetu -que señalan sus grandes entusiasmos iniciales, la serenidad equilibrada -y heterogénea que se sobrepone al espíritu, al contraste en la lucha? - -Fué periodista, y en el periodismo pasó la parte más agitada de su -existencia; y las páginas más intensas de la vida nacional uruguaya -nacieron de su pluma. - -Por esto pláceme mucho, en ocasión en que acaba de ser glorificado por -su patria, ofrecer al prestigioso representante del alma de su país, -a esa figura respetable y respetada, ajena en la actualidad a las -pasiones del momento, un homenaje, la confirmación del reconocimiento -de tan gran patricio, cuyos títulos cívicos y méritos intelectuales -y morales testifican su personalidad política y bienhechora en la -República Oriental del Uruguay. - - - - -[Ilustración] - - - - -CASTELAR - - -No hace mucho tiempo he hablado de mi entrevista con Castelar. Debía -ser la última. Ya reposa en San Isidro, junto a los huesos de su -hermana. Su caída ¡buen roble! conmovió al mundo. Cuando le vi, cuando -le hablé por la postrera vez, ya estaba señalado por la Intrusa, -pálido, enflaquecido, viejo, él que fué todo juventud y vida. Partió -al imperio silencioso de lo no sabido, después de haber clarineado su -verbo de poeta de las multitudes hacia los cuatro vientos del espíritu. -Y España queda hoy sin su representativo emersoniano, sin el hombre -noble que fué en su siglo lengua y gesto de su raza, como Italia sin -Garibaldi, Inglaterra sin Gladstone, Alemania sin Bismarck y Francia -sin Hugo. En su tierra ardiente y sonora fué el crisostómico parlante y -el caballero de su ideal. Ahí queda la inmensa Mancha democrática por -donde cabalgó en su pegaso-rocinante; ahí los molinos de viento, ahí -las armas de su lírica grandilocuencia, que nadie moverá; ahí Dulcinea, -sin más enamorado verdadero que el frío y analizador Pi y Margall. -Español de España, español netísimo, con toda España en el corazón y -en el cerebro, era la concreción del orbe cervantino; en el generoso -combate de su ilusión no se ocultaba Don Quijote; como Sancho mismo, -no dejaba de comparecer en su célebre buen apetito. Cuéntase que Taine -en una ocasión, al verle en la redacción del _Journal des Débats_, -preguntó desdeñoso: «¿Es ese el famoso canario español?» Cierto, un -alma de pájaro de Floreal, como el ruiseñor Lamartine, pero a quien no -faltaba la fuerza para la realización de obras enormes, así la libertad -de los negros de las Antillas. Quedará en los siglos el recuerdo de -esta singular figura en el décimonono la más alta de España entre las -altas de la tierra; y aparecerá, a medida que el tiempo vuelque su -urna, rodeado del resplandor que tan solamente ofrece a los preferidos -suyos la divina Poesía. Fué uno de los más potentes órganos de la -Humanidad. Por su boca habló el espíritu de su patria, y, siempre -en obra de bien, si algunas veces no le prestó su apoyo la Verdad, -jamás dejó de escudarle con sus alas mágicas la Belleza. Sus mismos -errores caían vestidos de púrpura. Era el apolonida de la Democracia, -el decorador de sus ambiguos y confusos laberintos. Hermosa llama -latina, de esas llamas guías de pueblos que el Sol de Dios enciende en -las naciones para que señalen los saludables rumbos, o para que a su -rededor se junten los hombres y realicen hechos grandes. Aquella alma -venía de Atenas, cuando fué a encarnarse un día en la fenicia Cádiz; -venía de Atenas, después de haberse impregnado de Oriente; de este -modo explico la pompa asiática de su discurso y el amor a las bellas -líneas, la pasión pitagórica de los celestes números y el imperio de la -música bajo el cual hacía galopar sus cuadrigas de ideas y sus tropas -de palabras. En su huerto, junto a las flores andaluzas, se alzaba un -esbelto y reverdecido plátano, rama un tiempo del que movieran las -brisas de Academo, mientras fluía, como el agua de la fuente de mármol, -la doctrina platónica. - -La obra, que fatiga en su masa, es como un inmenso museo, que hay -que admirar por fragmentos: ya un fresco vasto, ya una estatua del -más blanco pentélico, ya un bajo relieve, en que las frases van como -ordenadas teorías de graciosas jóvenes o danzantes efebos. Fué un -gran cultivador del entusiasmo. Y si ya en los postreros años de su -existencia tuvo alguna vez que padecer tristezas y decaimientos, para -morir, viejo gladiador, supo esculpir su última actitud en el discurso -que cierra la diluvial serie comenzada el 1854 en el Teatro de Oriente, -discurso en que volvió a surgir su elocuencia empachada y sonora, -para mostrar el camino que hay que seguir, según su entender, a los -partidarios de la República. Su elocuencia cautivó a las generaciones -que escucharon el decir de sus labios de oro. Se recuerdan sus -discursos como hermosas manifestaciones de la Naturaleza, inusitados -iris o boreales auroras: «Yo le oí tal año». «Yo en tal otro». En el -tiempo de su aparición, el principio democrático era lo más avanzado, -lo más atrayente para los espíritus libres, la fórmula del progreso. -Él se consagró por tal manera, y con pasión tanta, que al saber su -muerte, los españoles demócratas no han podido menos de exclamar: -«¡La democracia ha muerto!» A aquel inconmovible individualista no -pudieron ganarle los mirajes aurorales del movimiento social de estos -últimos años; y discurso suyo hay en que combatiendo al socialismo, -maravilla su esfuerzo de soñador, al resonar delante del muro de la -verdad la suntuosa orquestación de sus líricos argumentos. Porque, -ante todo, fué el orador, el hombre que convence encantando, o que, -aunque no convence, canta y encanta. Parecía que, como en lo antiguo, -un flautista maestro acompañase sus oraciones, tal era la melodiosa -geometría, el hilo armónico, la sucesión de ondas verbales regidas por -un compás, en la musicalidad de los giros; y él propio se escuchaba -como deben hacerlo las aves de más fino canto y los poetas orgullosos -de haber visto cuanto es crespa y dorada la crin del Dios de arco de -plata. No olvidaré una noche, en una recepción dada por doña Emilia -Pardo Bazán, a los delegados americanos a las fiestas colombinas, el -año de 1892. Castelar había concurrido, y como en todas partes en donde -Castelar estaba presente, un corrillo se formó alrededor suyo, en uno -de los salones. Nadie hablaba, fuera de Castelar, porque es sabido -que en su presencia el primer deber era la atención. El tema de sus -palabras se relacionaba con la oratoria, y vino él a recordar a este -propósito a los distintos oradores que había oído en su vida. Y como -su excepcional memoria estaba siempre lista, ilustraba sus recuerdos -con citas y fragmentos de discursos. Así nos pintaba a Gambetta, de -tal guisa que le veíamos encarnado delante de nosotros, y luego decía -una parte de un discurso de Gambetta, a Víctor Hugo, y luego decía un -trozo de discurso de Víctor Hugo, y así de varios oradores extranjeros. -Después llegó a los españoles, y comenzando con Ríos Rosas, recorrió -buena parte de la lista de bravos oradores con que cuenta este país -de varones verbosos, explicando sus maneras y facultades hasta llegar -a él mismo, y entonces se nos transfiguró momentáneamente, se nos -presentó con sus atavíos reales. Y a pedido de un amigo circunstante, -trajo a su memoria una parte de su célebre discurso del 12 de abril -de 1869, pronunciado en ocasión famosa, y que hizo pensar a su propio -contrincante el cardenal Manterola si no tendría ante sus ojos un nuevo -Saulo. Aun veo los ojos iluminados y la mano como guiando el período: -«Grande es el Dios de Sinaí; el trueno le precede, el rayo le acompaña, -la luz le envuelve, la tierra tiembla, los montes se desgajan; pero -hay un Dios más grande, más grande todavía, que no es el majestuoso -Dios del Sinaí, sino el humilde Dios del Calvario, clavado en una -cruz, herido, yerto, coronado de espinas, con la hiel en los labios y -sin embargo diciendo: «Padre mío, perdónalos, perdona a mis verdugos, -perdona a mis perseguidores, porque no saben lo que hacen». Grande -es la religión del poder, pero es más grande la religión del amor; -grande es la religión de la justicia implacable, pero es más grande -la religión del perdón misericordioso: y yo, en nombre del Evangelio, -vengo aquí a pediros que escribáis en vuestro código fundamental la -libertad religiosa, es decir, libertad, fraternidad, igualdad entre -todos los hombres». Se recordarán sus discursos célebres, en lo futuro, -como hoy las históricas arengas de Demóstenes; desde el primero en -que se presentó como aeda y paladín de su amada Democracia, hasta el -último en que ya para morir, apóstol consecuente, dejó su disposición -testamentaria de política, fiel a su credo republicano; señalada la -larga carrera por las innumerables brillantes estaciones, entre las que -más resplandecen el discurso en favor de la libertad religiosa, que -es el de la redención de los esclavos de Cuba, y al cual se refería -cuando oí de su boca la frase admirable: «Yo he libertado a doscientos -mil negros con un discurso»; el del sufragio universal, de ágil y -elástica dialéctica; el de la entrada a la Real Academia de la Lengua, -lección colosal de un lirismo cósmico; el de París, en la Sorbona, -cuando los estudiantes le recibieron con el aplauso clásico, como a un -nuevo Lulio. - -Lejos la oratoria amartillada de los hombres del Norte, en la suya -reventaba como una rosa de color perenne el sol Meridional; suya era la -profusión y la riqueza latinas, y nunca se escuchó, en lo inmenso de -los siglos, más rítmico y sonante torrente en cátedra o tribuna. Los -franceses, tan parcos con lo extranjero, le admiraron y celebraron, -en su francés claudicante, o en el español de bronce y plata que no -comprendían al oirle. ¿Qué importa que dijese, como en una ocasión: _La -France, cette «belle soeur» de l'Espagne_? Tras la sonrisa del oyente -venía la tempestad de la ovación, pues el orador soberano triunfaba -contra el mal políglota. Hugo le tenía en su alto valer, y sabida es -la anécdota en que el César de los poetas le ofreció, al sentarse a -su mesa, una silla imperial: «Os he señalado esta silla, en que se -sienta siempre D. Pedro del Brasil.--¡Pues no me siento!»--respondió -Castelar, fiel hasta en esto a su idealizada Aldonza Lorenzo. Nuestro -compañero Ladevese cuenta las acogidas respetuosas y afectuosas, en -casa de madame Adam, de Cernuschi, de la Rattazzi, las intimidades con -políticos como Thiers y Gambetta y Julio Simón. Francia, como el mundo, -veía en Castelar la encarnación de España; de la España caballeresca -e idealista, hidalga y pintoresca. Oxford quiso escucharle, invitó a -su «doctor» honorario para que fuese a dar conferencias, y él declinó -la honra. A América pensó ir en varias ocasiones, pero, por desgracia, -se cumplió lo que yo decía en 1892: «Castelar no irá nunca a América». -Y en América quizás más que en parte alguna, su palabra resonaba como -una campana de gloria. Los yanquis le avaluaban abiertamente: si la -Libertad de Bartholdi tiene la antorcha, Castelar «tenía la palabra». -Sus discursos niagarescos fueron más de una vez por el cable; los -_magazines_ no le quitaban la mira y los dólares venían sin regateo. En -nuestra América de lengua Castellana, no habrá pueblo o villorrio donde -no haya llegado su fama. Creo, sin equivocarme, que en la República -Argentina hay una colonia o villa que lleva su nombre. Y él amaba -a la América nuestra, agradecido. Es el momento de manifestar cómo -fué para ese continente gran parte de su producción, ya en tiempos -de destierro penoso, ya en el apogeo de su existencia, tan solamente -interrumpido su trabajo cuando se excusara con la dirección de los -diarios de que era corresponsal, por verse obligado a suspender la -labor «a causa de tener que ocupar la presidencia de la República -española»; y cómo tenía en el recuerdo de su gratitud a _La Nación_, -de Buenos Aires, y al _Monitor Republicano_, de Méjico, entre todas -las publicaciones que fueron honradas con su colaboración. Y América -toda fué con él siempre simpática, a pesar de aquel resentimiento -memorable, cuando el político lírico quisiera ser político práctico y -pronunciara la trascendente frase: «Antes que republicano soy español». -Pues fué siempre el levita fanático, inspirado ante el fatal resplandor -del ídolo Patria; y a la suya salvara, como se observa justamente -después de la reciente catástrofe, en ocasión en que ejerciendo la -presidencia de la República, estuvo en un cabello que no se rompieran -las relaciones entre España y los Estados Unidos por la cuestión del -_Virginius_. Jovellar estaba en Cuba y se resistía a la entrega del -apresado barco norteamericano, después de los fusilamientos de cubanos -y yanquis que tripulaban la nave revolucionaria, y entonces fué la -palabra de Castelar, jefe del Estado, haciendo entender al general -«que en España nadie comprende que, ni en pensamiento, se resistan a -cumplir un compromiso internacional del Gobierno, y no comprende que -quiera ser Cuba más española que España. Una guerra con los Estados -Unidos sería hoy una demencia verdadera, y aunque fuera popularísima -la guerra, para esto están los Gobiernos, para impedir la locura de -los pueblos. Recuerde V. E. lo que hizo Thiers cuando los franceses -gritaban: ¡A Berlín!; demostrarles que la guerra sería un desastre. Y -ahí se ha capturado un buque en alta mar, se ha fusilado españoles y -extranjeros, sin esperar a conocer el espíritu del Gobierno central, -que preveía grandes catástrofes, y ahora se quiere cometer la última -demencia desobedeciendo al Gobierno nacional. Todos los argumentos de -los Estados Unidos consisten en decir que España no manda en Cuba, -y van ahora a confirmar ese argumento. No se puede discutir un acto -del Gobierno. Hay que obedecerle. Inflúyase en la opinión; tomándose -las debidas precauciones, entréguese el _Virginius_ y la tripulación -superviviente, de la manera que menos pueda herir el sentimiento -público, pero entréguese sin dilación ni excusa. El mayor servicio que -puede prestarse a la Patria, es obedecerla ciegamente. No mencione V. -E. la dimisión mientras no estén cumplidas las órdenes del Gobierno. -Cúmplalas con rigorismo militar. Y no se vuelva a hablar de Bayona: -allí hubo reyes traidores que vendieron la Patria al extranjero; aquí -hay patriotas que quieren salvarla de las locuras de ahí, avivadas -por una incomprensible debilidad». Esto fué en 1873. Cuán distinto -veinticinco años después el criterio de un Gobierno de hombres _útiles_ -que llevó al país a la derrota, al vencimiento y a la mutilación, del -criterio de aquel «poeta» que libró a España de un peligro seguro y -supo ser en sus obras y en sus sueños el primer patriota, el primer -español de su tiempo, el más español de los españoles. Porque desde su -Patmos, desde su Guernesey, desde su nube, desde su trípode, sabía ser -certero en su vistazo aquilino. No era tan iluso cuando dió su flecha -tantas veces en el blanco, cuando llegó bizarramente a la primera -magistratura del Estado, y cuando ya en su vejez, al ver con desilusión -que su república cuasi platónica no correspondía a su himno incesante, -se retiró de la lucha, no sin antes declarar su invariable fe en el -ideal por toda su existencia perseguido y su ningún contacto con la -monarquía. Jamás habló a la Reina Regente. Cuando murió su hermana, a -quien él amaba tanto, la Reina le envió su pésame. En San Sebastián un -día se encontró frente a frente Su Genio con Su Majestad. Su Genio se -quitó el sombrero y saludó. Hubo demócratas que murmuraron. ¿Quienes -fueron esos hidalgos que por tan mal lado tomaban la democracia? Aquel -caballero creía en la caballerosidad. Creía en la Patria. Creía en Dios. - -En el liberal, en el hombre de «la fórmula del progreso» había un -creyente. Jesucristo aparecía a sus ojos a través de sentimentales -_vitraux_ en que estaban representados su España portadora de la -cruz y su infancia doméstica: la buena madre, quien a la continua es -nombrada por él como origen de sus creencias religiosas. Cuando habla -de asuntos de religión, su órgano se desborda en los más augustos -_magnificat_, o en los más profundos _misereres_. Sus conferencias -sobre la civilización en los cinco primeros siglos del Cristianismo, su -_Redención del esclavo_, muchos de sus discursos, son la glorificación -cristiana expresada por incesantes fervientes ondas de vocablos, de -frases, saturados de un cálido misticismo, de un misticismo español. -Casto como era, se pensó alguna ocasión en que, cuando cansado de -las fatigas de la vida civil quisiera recogerse en el reposo de su -espíritu, se ordenaría sacramentalmente. Y aun él mismo, al admirar un -día cierta antigua casulla de la Catedral de Avila, dió a entender, con -un decir, que no andaban muy en error los que tenían ese pensamiento. -Un poeta de América publicó una vez un futuro sermón de Castelar en San -Pedro de Roma, que al orador hizo amablemente sonreír. No hace mucho -tiempo su entrevista con el Sumo Pontífice avivó la general curiosidad; -y él propio confesó ser la conversación con el Papa de hondo interés, -pero que no estaba autorizado para publicar nada de ella hasta después -de la muerte de León XIII. Y él ha muerto antes, besando un crucifijo. -El Papa blanco ha podido todavía autorizar que se hiciesen, a pesar -de la liturgia, honras fúnebres a su interlocutor ilustre, en San -Francisco el Grande, con todo y ser las honras el día de San Fernando. - -En la religiosidad de Castelar hay algo de profano como en la -religiosidad de Murillo. Sus pinturas de las gracias divinas son -como las pinturas de aquel pintor coloreadas de cierto sensualismo, -que en este caso se agrava con la castidad sabida del imaginativo -artífice de la palabra. Al pintar una virgen se nota en su verba cierta -complacencia humana, y sus ángeles imaginados en la gloria o juzgados -en los cuadros de los Museos, semejantes a esos ángeles voluptuosos que -animara Goya en sus frescos de San Antonio de la Florida, nos parecen -mujeres hechiceras, tan carnales como espirituales. La castidad de -Castelar, bien sabida y explotada por los bufones de copla y lápiz en -las enemistades de la política, fué uno de esos casos de absorción -cerebral en que todas las facultades humanas se condensan en la obra -del pensamiento; casos como el de Juan el del Apocalipsis, que Hugo -ha rememorado en página que no perece. ¿Qué unión, qué matrimonio -no habría podido efectuar este dueño de la fama? Célibe y casto -vivió, célibe y casto murió. Y aquí es de recordar al paso al hombre -privado. Supo pasar buenos años hermosamente, como debe vivir antes -que nadie todo artista aristocrático. Se le tacharon alguna vez sus -lujos y grandezas, sin saber que aquel hombre vivió siempre de su -trabajo apenas ayudado por la fraternal simpatía de señalados amigos; -y que si se regalaba con ciertos lujos, no cabía en ello vanidad -ninguna, sino la comprensión de la estética de la existencia, la cual -tiene obligación de procurar, quien como él poseía, como adorador -y sacerdote de la belleza, el don incomparable del gusto. Los que -fuimos favorecidos con la invitación a su mesa, sabemos lo que Luculo -comía en casa de Castelar. Tenía en esto, como en otras cosas, una -cualidad eclesiástica. Comía con el gusto de un _monsignor_ y con el -apetito de un abad. Tenía la amable costumbre que Quincey nos revela -de Kant; siempre había invitados a su mesa, y, siguiendo la regla de -lord Chesterfield, el número de los que se sentaban, él comprendido, -no era nunca inferior al de las Gracias ni superior al de las Musas. Y -el mejor condimento era su charla monopolizadora del tiempo, a la cual -ayudaba su memoria única con el más copioso anecdotario que sea posible -imaginar. Después en su salón, al conversar, según fueren los asuntos, -se dejaba llevar de su fuga tribunicia, y sus palabras se convertían en -párrafos de verdaderos discursos; y su vibración era contagiosa, y él -se trasladaba en un salto invisible, fuera del momento. Cuéntase que -un día aconteciole encontrarse en molestos apuros de dinero. Era en -invierno y la chimenea estaba encendida, como su conversación, sobre un -asunto político, delante de varios íntimos. Llega una carta de América, -con una letra por mil duros. Grata sorpresa que interrumpe un instante -su hablar. Pero continúa, con carta y letra en la mano; el discurso, -a poco, se precipita, y con una frase rotunda y un gesto supremo, -carta y letra hechos nerviosamente una pelota, ya están ardiendo en la -chimenea. Otra vez hizo aguardar largas horas a un personaje político, -cuya presencia en la antesala se le anunciaba repetidas veces, porque -le tenía asidos lengua y pensamiento una disertación sobre Botticelli -y los primitivos. Y de la casa en que aquel obrero tenía el obrador -mental puesto para servicio de tantos diarios y revistas del globo, -salía mucho bien, mucho favor personal, mucho consuelo a los pequeños, -apoyo intelectual a quien lo necesitaba, consejo o aplauso, y la ayuda -eficaz al pobre que le pedía, pues entre los humildes como entre los -grandes, entre las palmas y lauros sobre los cuales sobresalía su -calva cabeza pensadora, resplandecía la virtud moral de aquel hombre -sencillo, de aquel corazón bueno. - -Por eso su muerte ha causado un doloroso estremecimiento en España -entera, paralelo al estremecimiento simpático del mundo. Había ido -Castelar a buscar vigor a la orilla del Mediterráneo--el mar tantas -veces cantado en sus hímnicas proas--; había ido después de su último -esfuerzo en la arena política, cuando los republicanos le rodeaban como -al hombre fuerte de las pasadas campañas, creyendo ver en él la salud -de la patria hoy tan maltrecha y extenuada. Pero así estaba el tribuno, -el que sufrió tanto con el gran desastre, y que sintiendo llegar su -última hora, comunicó en una carta a una amiga extranjera: «Muero -con la agonía de España». Una tarde, a la orilla del mar, ve a unos -pescadores y se acerca a ellos. Los peces que se asfixiaban saltando -sobre la tierra, fueron para él triste impresión: «¡Si iré a morir -como estos peces, faltos de oxígeno!» Y así murió. Al día siguiente -de la noticia, mientras el pueblo de Madrid comentaba ya la actitud -de un ministro incorrecto y falto de seso, cerca de la Puerta del -Sol tuve una sensación que jamás se borrará de mi memoria. Un ciego, -de esos que aquí andan por las calles pidiendo limosna, improvisando -coplas de actualidad al son de sus lamentables guitarras, cantaba en -tono doloroso delante de un círculo de transeúntes que aumentaba a -cada paso. Por curiosidad me detuve, al oir en el canto el nombre de -Castelar. El pobre coplero del arroyo, en versos muy malos decía cosas -sentidas y húmedas de llanto sincero; y aun no sé qué arte singular -hacía coincidir su pena con el decir ingenuo, el acompañar de las -cuerdas afónicas de aquel instrumento imposible. Cuando volví la vista, -las mujeres lloraban; los obreros tenían las caras serias y tristes. Y -la maligna política apareció, con el instinto popular que sabe soltar -su avispa certera para que pique en donde se debe, con estrofas como -ésta que recuerdo: - - Don Emilio Castelar, - Que toda Europa conoce, - Quiso Dios que se muriera - Antes que abrieran las Cortes... - -En la puerta del Sol, en los cafés, en las calles todas, el rumor se -acentuaba contra el Gobierno y en especial contra el ministro de la -Guerra, general Polavieja. Se acababa de publicar un decreto absurdo en -que se leía: «Resultando: que D. Emilio Castelar ha muerto en honrada -pobreza;--Artículo 1.º, los gastos que ocasionen su enterramiento -y honras fúnebres, serán de cuenta del Estado». Así, frío como -un compromiso, duro como una limosna. ¡Y esto en el país de las -prosopopeyas y fórmulas, en la tierra de «Beso a usted la mano» y donde -para nombrar a un ministro con sus títulos, se llena un medio pliego! -El pueblo irritado no contenía sus censuras. ¡En aquellos momentos, -las Cámaras italianas y portuguesas enviaban su pésame a ese mismo -Gobierno mezquino; el Senado de la República Argentina se ponía de -pie; el autocrático Gobierno ruso manifestaba su pesar; el Instituto -de Francia lamentaba a su ilustre miembro; la Prensa de la tierra se -enlutaba, el pensamiento universal estaba de duelo! Después se supo que -Castelar no tendría honores militares; que se había prohibido a los -artilleros reunirse para tributar homenajes al organizador del Cuerpo -de Artillería, al antiguo presidente que tanto hizo por el ejército; -después, que se autorizaba a los generales que quisiesen concurrir, -para que lo hiciesen con traje de diario y con banda. La Prensa cumplió -con su deber. Se habló claro; se dijeron verdades al rojo blanco. -Entretanto, el cadáver de Castelar llega a Madrid en doloroso triunfo; -y se deposita en el palacio del Congreso. Allí desfiló el pueblo, en -homenaje último al gran pastor de multitudes; por allí pasó, entre -tantas gentes, el ciego que yo oí cantar y de cuya visita al cadáver -habló _El Liberal_. Pues le preguntaron al verle con su guitarra bajo -el brazo, con sus ojos sin sol: «¿Para qué vienes, si no has de verle?» -Y él contestó: «¡Por mí le verá mi lazarillo!» ¿Y el obrero humildísimo -que llegó con su hijita de luto, la cual llevaba un pequeño ramo de -flores, y pidió permiso para ponerlo sobre el féretro, entre tanta -monumental corona? - -Y llegó el entierro. Fluía en el ambiente de la tarde la dulzura de -un cielo de acuarela. Madrid se desbordaba como un hirviente vaso. -Suspendida la circulación por las calles que debía recorrer el fúnebre -cortejo, la concurrencia se aglomeraba, los balcones se tupían. La -calle de Alcalá, la Puerta del Sol, la calle Mayor estaban inundadas -por el río humano. Desde temprano se esperó por largas horas. Por fin -apareció a lo lejos el pelotón azul de la Guardia civil de a caballo. -Se abre paso entre el espeso gentío, y comienza el desfile. Van, -precediendo, las profusas coronas; se destaca la de _El Liberal_, -enorme y negra, sobre un fondo de seda blanco; van los recogidos -del hospicio y del asilo de San Bernardino; los grupos de varias -asociaciones; los comerciantes, numerosos; la Academia de la Historia, -el Ateneo, el Círculo de Bellas Artes; ahí distingo a Núñez de Arce, -pálido y como nervioso; ahí va la barbilla canosa de Zapata, junto -al músico Bretón; allí Echegaray, con su aire enfermizo y gastado. -Ahí el todo Madrid de la celebridad: periodistas, artistas, sabios, -académicos. Y el clero, de sobrepelliz, anunciado por la manga de -la parroquia, embudo negro y oro. Y ahí va Castelar muerto, en su -carroza severa. Todo el mundo se descubre, todo el mundo le da su -último saludo. Sobre el féretro no se ve más que un aislado ramito de -flores... ¡es el ramito de la niña del obrero! La guardia de honor -sigue, de soldados de la Civil. De pronto se oye entre la muchedumbre: -«¡Bravo! ¡bien!» Son los militares que vienen, a pesar de la mezquindad -ministerial. ¡Bravo! ¡Bien! Es el penacho blanco de Martínez Campos, -el último gran guerrero, que asiste de toda gala; es Weyler, que viene -sin penacho, pero acorazado el pecho de condecoraciones y medallas, -Weyler, de fama terrible, pero que hoy se conquista por un momento las -simpatías, pequeño, acerado, ceñudo, apretada y reveladora la saliente -mandíbula. ¡Bien! ¡Bravo! Son los penachos, son los entorchados, son -los uniformes de otros tantos generales, de innumerables jefes y -oficiales que honran a Castelar a pesar de todo; es la comisión del -Cuerpo de artilleros, que lleva su ofrenda. ¡Bien! ¡Bravo! Es España -la antigua que aplaude a las espadas que no han echado en olvido la -hidalguía. ¡Viva España! - -Y pasan más comisiones y los diplomáticos, llenos de oro, entre los -cuales resaltan el Nuncio y el embajador de China, vestido de seda, -con su botón de cristal y su pluma de pavón. Y luego la presidencia -del Consejo de Ministros, y la Guardia civil que cierra la procesión, -y detrás aún más gente, y más gente. Y el murmullo general se acentúa -contra quienes no han sabido honrar la memoria del más grande de los -españoles de su época, a quien sus mismos enemigos tienen una palma que -ofrecer cuando va camino de la eternidad, a quien no ha habido una sola -lengua española que no haya consagrado una palabra de admiración, como -al hijo que mejor supo sobre la faz del universo, honrar a su madre -patria. Y quienes han herido a esa amada patria con rencores inauditos -ante el cadáver de aquel que supo combatirles frente a frente en su -vida gloriosa y nobilísima, son los mismos que han contribuído a la -desgracia nacional por degenerados o débiles, o ciegos instrumentos de -errores y desidias; son los que han vuelto de la derrota con pasmosa -frescura y a quienes una voz, harto elocuente en el Congreso, condenó a -ser ahorcados con los fajines de sus uniformes... _Militaribus curis et -severitate morum_... ¿No era Castelar tan gran admirador de Tácito? - -Siendo la oratoria casi un arte teatral y basado de manera principal en -dotes físicas que el tiempo va aminorando poco a poco, el Castelar de -los últimos años no era sino el reflejo del de las pasadas victorias. -Decía él mismo en un discurso no hace mucho tiempo: «Por esto los -oradores se acaban, por la misma razón que se acaban, cuando no hay -guerra, los héroes. Por esto nuestra imaginación se amortigua, nuestro -entendimiento se atrofia, las en otros tiempos armoniosas cuerdas -bucales marran, el estro lírico plega sus alas, el acento conmovedor -concluye; pues, implacables, la sociedad y la naturaleza destrozan en -sus inmensas y complicadas máquinas a todos aquellos seres que ya no -les sirven para cosa ninguna, y que no han de cumplir fin alguno en -el plan histórico de la Providencia». Pero desde los umbrales de la -ciudad oscura podía él volverse y contemplar la obra que queda fuera -de aquella que tenía la vida de un eco, basada de manera exclusiva en -lo sonoro de su perorar, en lo arrebatador de sus actitudes o en la -cascada de sus alientos; es una serie de edificios de maravillosas -arquitecturas construídos en su república, sobre sólidos terrenos o -sobre montones de arena movediza, o apoyados apenas en el aire en -que flotaban los colores y las líneas de su fantasía; o paisajes, -frescos cíclicos de las luchas de pueblos y Gobiernos, de ideas y de -hombres en el continente europeo, en América, en Asia, en Africa; o -cinceladas alhambras, kioscos de capricho, o preciosas _loggias_ que -improvisaba por deleite de arte; o la novela que le resulta vasto -poema en prosa; o la historia que le resulta himno multiplicado, o la -semblanza de personaje o boceto de idea que le resulta oda fascinante; -o el gran poema en estrofas de prosa, a ondas o a bloques, métrica -ciclópea; o la villa de mármol y de riquezas antiguas que labra -con sus recuerdos de Italia; o el monumento de mármol también, a -Byron, y cien estatuas, y mil bustos, y un millón de camafeos, todos -al amor de un jardín singular en donde mueve el viento armoniosos -laureles griegos y robustas encinas romanas. Y aquel idealista, aquel -optimista, no ha partido contemplando sobre el mundo nubes de color -de rosa que presagien un día de dicha y de tranquilidad, antes -bien muy negros, muy amenazadores nubarrones, mientras se reúnen y -deliberan los congregados de la paz en La Haya. Su último artículo -que ha publicado el _Temps_ hace ver a Francia poco favorable a un -olvido de sus rencores con Alemania; a Alemania, más militarizada -cada día, sin permitir el menor menoscabo en su preponderancia; a -Inglaterra y a los Estados Unidos en un acuerdo tácito para imponer -en el globo la hegemonía de los países de lengua inglesa. Y concluye: -«El descontento del Gobierno italiano, producido recientemente a -consecuencia de sus fracasos diplomáticos en la cuestión de China; -las dificultades suscitadas entre Francia e Inglaterra por el Sudán -y el Nilo; el aumento de la escuadra inglesa, que ha necesitado una -suspensión de la amortización y un déficit de importancia; el cambio -de América, que ha modificado su temperamento industrial y trabajador -para marchar a la guerra y a la conquista; el reparto de la China, -deseado por universales ambiciones; los progresos del ferrocarril ruso -en la Mongolia; los conflictos del Transvaal entre la presidencia -de Krúger y la dictadura del desequilibrado Napoleón del Cabo; las -amenazas contra Portugal y sus colonias; los temores y los espantos, -tan fundados como legítimos de nuestra desgraciada España; la rivalidad -de Turquía y de Grecia, de Francia y de Prusia, de Rusia e Inglaterra; -los motines en Austria; el movimiento interior que reclama y pide -una Alemania más considerable y numerosa que la Alemania actual; los -gérmenes de desacuerdo entre las primeras potencias por consecuencia de -las extensiones territoriales de sus colonias. Todas estas cosas dicen -que después de la Exposición de 1909 no tendremos ni una hora de paz, y -elementos de guerra estarán diseminados y extendidos por todas partes». -Y al finalizar bendice, a pesar de todo, el Congreso de la paz. - -En la única, en la eterna, en la que todo entra, en la infinita, ha -penetrado el prodigioso príncipe de la elocuencia castellana, el -estupendo artista de la idea escrita, el predicador de la libertad. -El «canario» de Taine ha volado como un águila. ¿En qué roca celeste -se detendrá, para que su alma diamantina y pura, en la libertad de -la muerte tome un rumbo nuevo, bajo el viento de Dios? España le -levantará un monumento de mármol y de bronce; su nombre irá resonante -por el tiempo como un orbe de oro. Un tiempo quizá llegue en que su -espíritu se regocije, desde la sombra de su misterio, al ver florecido -en una inesperada primavera su ideal. Figuraos una ciudad, Walhalla o -Jerusalén de las almas soberanas que giraron por la tierra, actualmente -cumpliendo con su misión semidivina, ciudad de héroes, de artistas, de -santos, de sabios y de poetas, los genios de la fuerza, los genios de -la belleza, los genios del carácter y del corazón, los genios de la -voluntad. En un aire de luz cruzarán las ondas de los pensamientos como -en una electricidad suprema. La personalidad que subsiste no obstará a -una comunidad de gloria ambiente. Pues bien, yo me imagino a nuestro -bueno y grande Castelar en el coro magno de esos inmortales sintiendo -en un instante del futuro como una voz que le da al oirla un nuevo -esplendor, una inesperada voz de la tierra que llega a conmoverle a lo -infinito. Será cuando España haya vuelto a alzar la cabeza como en días -antiguos, poseída del orgullo de su fuerza nueva, de las palpitaciones -de su nueva sangre. Junto a los boscajes de ensueño de esa sublime -ciudad, Jerusalén o Walhalla, los pensadores y los soñadores siguen en -progresiva ascensión, construyendo las fábricas de sus cálculos, los -palacios de sus fantasías. Me imagino en esa hora del Señor, que el -lírico tribuno sonríe al escuchar en lo eterno, del lado de la tierra, -del lado de las columnas de Hércules, algo semejante a una salutación y -a un trueno: un rugido. - -PLATÓN.--¿Qué es eso? - -CASTELAR.--¡Es mi león! - -30 mayo 1899. - -[Ilustración] - - - - - ÍNDICE - - - Páginas. - - -Pensadores y artistas: - - Jacinto Benavente. 3 - - José Enrique Rodó. 9 - - Graça Aranha. 15 - - Zorrilla de San Martín. 21 - - Francisco García Calderón. 25 - - Santiago Rusiñol. 29 - - Federico Gamboa. 37 - - Amado Nervo. 43 - - Enrique Rodríguez Larreta. 49 - - Leopoldo Lugones. 53 - - Enrique Gómez Carrillo. 59 - - Ricardo Rojas. 65 - - Manuel Ugarte. 73 - - Angel Zárraga. 77 - - Alberto del Solar. 81 - - Jacinto Octavio Picón. 87 - - Fray Crescente Errazuris. 101 - - Eugenio Garzón. 107 - - -Políticos: - - Su Majestad el Rey Don Alfonso XIII. 115 - - El General D. Rafael Reyes. 123 - - Cánovas del Castillo. 129 - - José Pedro Ramírez. 135 - - Castelar. 139 - - - - - EDITORIAL "MUNDO LATINO" - APARTADO 502.--MADRID. - - - CATÁLOGO PROVISIONAL - (EXTRACTO DEL CATÁLOGO GENERAL) - - - OBRAS COMPLETAS - DE RICARDO DE LEÓN - (De la Real Academia Española) - - - Pesetas. - - Edición del Banco de España. Ocho volúmenes en 4.º, - encuadernados en tela, con alegorías de Coullaut Valera - y retrato del autor, por Vacqué 50,00 - - A plazos (5 pesetas mensuales) 60,00 - - - DE FRANCISCO VILLAESPESA - - I.--Intimidades.--Flores de Almendro 3,00 - - II.--Luchas.--Confidencias 3,00 - - III.--La copa del Rey de Thule.--La musa enferma 3,00 - - IV.--El alto de los Bohemios.--Rapsodias 3,00 - - V.--Las horas que pasan. (Veladas de amor) 3,00 - - VI.--Las joyas de Margarita: Breviario de amor.--La - tela de Penélope.--El milagro del vaso de agua 3,00 - - VII.--Doña María de Padilla.--La cena de los cardenales 3,00 - - VIII.--El milagro de las rosas.--Resurrección.--Amigas - viejas 3,00 - - IX.--Las granadas de rubíes.--Las pupilas de - Almotadid.--Las garras de la pantera.--El último - Abderramán 3,00 - - X.--Tristitiæ rerum 3,00 - - XI.--La leona de Castilla.--En el desierto 3,00 - - XII.--El rey Galaor.--El triunfo del amor 3,00 - - - DE RUBÉN DARÍO - (Ilustraciones de Ochoa) - - Tomos publicados: - - I.--La caravana pasa 3,50 - - II.--Prosas profanas 3,50 - - III.--Tierras solares 3,50 - - IV.--Azul 3,50 - - V.--Parisiana 3,50 - - VI.--Los raros 3,50 - - VII.--Cantos de vida y esperanza 3,50 - - VIII.--Letras 3,50 - - IX.--Canto a la Argentina 3,50 - - X.--Opiniones 3,50 - - XI.--Poemas del otoño y otros poemas 3,50 - - XII.--Peregrinaciones 3,50 - - XIII.--Prosas políticas 3,50 - - XIV.--Cuentos y crónicas 3,50 - - XV.--Autobiografía 3,50 - - XVI.--El Canto Errante 3,50 - - XVII.--Viaje a Nicaragua o Historia de mis libros 3,50 - - Ediciones especiales de lujo, con decoraciones a mano de - Enrique Ochoa. - - - HENRIK IBSEN - TEATRO COMPLETO - - I.--Catilina. La tumba del guerrero. La castellana de - Ostrat 3,50 - - II.--La fiesta de Solhaug. Olaf Liliekrans. Los - guerreros en Helgeland 3,50 - - III.--Los pretendientes a la corona y La comedia del - amor 3,50 - - IV.--Brand 3,50 - - V.--Peer Gynt 3,50 - - VI.--La unión de la juventud. Las columnas de la - sociedad. La casa de una muñeca 3,50 - - VII.--Emperador y Galileo 3,50 - - VIII.--Espectros. Un enemigo del pueblo. El pato - Silvestre 3,50 - - IX.--La casa de Rosmer. La dama del mar. Hedda Gabler 3,50 - - X.--El constructor Solness. El niño Eyolf. Al - despertar de nuestra muerte 3,50 - - - JOSÉ FRANCÉS - - El año artístico 1915 6,00 - - -- -- tela 8,00 - - El año artístico 1916 (con 250 grabados) 10,00 - - -- -- -- -- tela 12,00 - - El año artístico 1917 (con 250 grabados) 11,50 - - -- -- -- -- tela 13,00 - En preparación el de 1918. - - - COLECCIÓN DE AUTORES ESPAÑOLES - - NOVELAS - - _Edmundo González Blanco._--Jesús de Nazareht 3,00 - - _José Francés._--La estatua de carne 3,00 - - -- El alma viajera 3,50 - - _López de Saá._--Los indianos vuelven 3,50 - - -- Bruja de amor 3,50 - - -- Por un milagro de amor 3,50 - - _W. Fernández Flórez._--La procesión de los días 3,00 - - _Elías Cerdá._--Don Quijote en la guerra 2,00 - - _V. García Martí._--Don Severo Carvallo 2,50 - - _María Luisa Latil._--Según labremos 3,00 - - -- Genoveva 2,50 - - _Eugenio Noel._--El allegreto de la Sinfonía VII 3,00 - - _Rafael Cansinos Assens._--Las cuatro gracias 3,50 - - _Francisco Delicado._--La lozana andaluza 3,00 - - _J. de Lucas Acevedo._--La Caja de Pandora 3,00 - - _Martín de la Cámara._--Vidas llameantes 3,00 - - _Mañara._--Historia en camisa 3,00 - - - ESTUDIOS Y CRÓNICAS - - _Emiliano Ramírez Angel._--Bombilla-Sol-Ventas 3,00 - - _J. M. Carretero._--Lo que sé por mí (dos series) 3,00 - - _J. Costa._--Alemania contra España 3,00 - - _Pedro Pellicena._--Los Cosacos 3,50 - - _Margarita de la Torre._--Jardín de damas curiosas 3,50 - - _Fola Igurbide._--El Actor 3,50 - - _Alberto Ghiraldo._--Los nuevos caminos 3,50 - - _Enciso._--El soneto en España 3,00 - - - POESÍAS - - _José Montero._--Yelmo florido (con ilustraciones) 4,00 - - _Zurita._--Pícaros y donosos 3,00 - - _Mauricio Bacarisse._--El esfuerzo 3,00 - - _Eliodoro Puche._--Libro de los elogios galantes y de - los crepúsculos de otoño 2,50 - - -- Corazón de la noche 2,50 - - -- Motivos líricos 2,50 - - _Emilio Carrere._--El retablo de los poetas. (Antología) 3.50 - - - TEATRO - - _Muñoz Seca y López Núñez._--El Rayo 3,00 - - _H. Ibsen._--Dramas líricos 2,00 - - -- La castellana de Ostrat 2,00 - - -- Espectros 2,00 - - - LAS GRANDES FIGURAS DE LA GUERRA - EUROPEA - - Biografías de los generales: =Alberto I de Bélgica.= - --=Joffre.=--=Sir Jhon French.=--=Lord Kitchener.= Con - preciosas fototipias, a 3,00 - - - COLECCIÓN DE AUTORES - EXTRANJEROS - - Traducidas por _Felipe Trigo_, _Rafael Cansinos_ _y - Pedro de Répide_. - - _Victoriano de Saussay._--La ciencia del beso 3,50 - - _René Emery._--Santa María Magdalena 3,50 - - _Maquiavelo._--Obras festivas: La Mandrágora.--El P. - Alberico.--La Celestina.--El archidiablo Belfegor 3,00 - - _Claudia Lamaitre._--Juegos de Damas 3,50 - - - CELEBRIDADES ESPAÑOLAS - - - I.--Bécquer (encuadernados en tela) 3,50 - - II.--Zorrilla -- 3,50 - - III.--Espronceda -- 3,50 - - - COLECCIÓN SELECTA - - _Tomás de Quincey._--Los últimos días de Kant 1,00 - - _Kalidasa._--El reconocimiento de Sakuntala 1,00 - - _Rousseau._--Discurso sobre las artes y las ciencias 1,00 - - _Luciano de Samosata._--La diosa de Siria 1,00 - - _L. Sterne._--Viaje sentimental de un inglés a Francia 1,00 - - _F. Alvarado._--El filósofo rancio. (Cartas) 1,50 - - - COLECCIÓN CIENCIA Y ARTE - - _Ricardo Yesares._--¿Qué quieres aprender? Electricidad. - Encuadernado en tela 3,50 - - -- ¿Qué quieres ser? Automovilista. - Encuadernado en tela 3,50 - - - OBRAS VARIAS - - _Sthendal._--Del amor 6,00 - - _E. M. Segovia_ (Oficial del Banco de España).--Los - documentos de crédito 5,00 - - _Rivero._--Legislación de clases pasivas. Volumen de - 500 páginas, encuadernado en tela 10,00 - - _R. Yesares._--Ayuda memoria del mecánico electricista. - Un volumen, encuadernado en tela 1,50 - - - LIBROS DE CARTAS - - El arte de escribir cartas 1,00 - - Manual epistolar (encuadernado en tela) 2,00 - - Cartas amorosas 0,60 - - Epistolario de amor (encuadernado) 2,00 - - - COLECCIONES POPULARES - - COLECCIÓN «MAC-BULL» - - Obras sensacionales, originales del conocido escritor - señor _Bedoya_, cuya maestría en esta literatura es - universal: - - El millonario detective 1,50 - - El secreto del Kaiser 1,50 - - La bola de sangre 2,00 - - El alma de las brujas 2,00 - - - COLECCIÓN PICARESCA - - Tomos de 130 páginas, de amena lectura de índole - burlesca y galante, con bonitas portadas en bicolor. - Van publicados: - - Voluptuosidad y perversión 0,50 - - En camino de la mala vida 0,50 - - Corazón de piedra 0,50 - - Memorias galantes de un { Juventud 0,50 - - abate del siglo XVIII { Mis amores en París 0,50 - - { Amores de otoño 0,50 - - Lágrimas de amor 0,50 - - De flor en flor (Historia de un cínico) 0,50 - - El maldito dinero (Historia de amor y de maldad) 0,50 - - - COLECCIÓN FOLLETÍN - - Esta colección contendrá las obras más famosas de la - Literatura Universal, en elegantes volúmenes de 150 a - 200 páginas, con primorosas cubiertas en color. Van - publicados: - - El último Mohicano 0,50 - - El misterio de los Apaches 0,50 - - Amor salvaje 0,50 - - Margarita de Borgoña 0,50 - - Lucrecia Borgia 0,50 - - La Dama de las Camelias 0,50 - - Flecha de oro 0,50 - - El Capitán rojo 0,50 - - Werther 0,50 - - El Espía de las rocas 0,50 - - Manon Lescaut 0,50 - - Un viaje a la luna 0,50 - - Mignon 0,50 - - - COLECCIÓN MARAVILLAS DE LA GUERRA - - Narraciones sensacionales del conocido periodista señor - _López Moya_, cuya fantasía corre parejas con su - amenidad. Van publicados: - - Azañas de Vedrines 0,50 - - Proezas de un submarino inglés 0,50 - - Tragedia en los aires 0,50 - - El misterio de los Zeppelines 0,50 - - El fantasma del mar del Norte 0,50 - - Buzo heroico 0,50 - - - COLECCIÓN MEFISTÓFELES - - Primorosos volúmenes de sugestiva lectura. Van - publicados: - - La magia negra 0,50 - - El A B C del hipnotismo 0,50 - - Los misterios del sonambulismo 0,50 - - Ocultismo experimental 0,50 - - Los misterios de las piedras preciosas 0,50 - - Las plantas en las habitaciones 0,50 - - - LIBROS TAURINOS - - _El Caballero Audaz._--El libro de los toreros: epílogo - de José Francés. (Bomba, Joselito, Gallo, Belmonte, - Pastor, Gaona, Carpio.) Con fotografías. Libro de - éxito enorme 2,00 - - Los amores de los toreros. Cuadernos de gran tamaño y - muy interesantes para la afición a toros. Van - publicados: Belmonte.--Pastor.--Gallo--Gallito. - --Gaona.--Los crímenes del gallismo. Cada cuaderno 0,20 - - - - - -End of the Project Gutenberg EBook of Cabezas: Pensadores y Artistas. -Políticos, by Rubén Darío - -*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK CABEZAS *** - -***** This file should be named 56047-8.txt or 56047-8.zip ***** -This and all associated files of various formats will be found in: - http://www.gutenberg.org/5/6/0/4/56047/ - -Produced by Carlos Colón, Josep Cols Canals and the Online -Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This -file was produced from images generously made available -by The Internet Archive/Canadian Libraries) - - -Updated editions will replace the previous one--the old editions -will be renamed. - -Creating the works from public domain print editions means that no -one owns a United States copyright in these works, so the Foundation -(and you!) can copy and distribute it in the United States without -permission and without paying copyright royalties. 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Políticos, by Rubén Darío - -This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with -almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or -re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included -with this eBook or online at www.gutenberg.org/license - - -Title: Cabezas: Pensadores y Artistas. Políticos - Obras Completas Vol. XXII - -Author: Rubén Darío - -Release Date: November 25, 2017 [EBook #56047] - -Language: Spanish - -Character set encoding: ISO-8859-1 - -*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK CABEZAS *** - - - - -Produced by Carlos Colón, Josep Cols Canals and the Online -Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This -file was produced from images generously made available -by The Internet Archive/Canadian Libraries) - - - - - - -</pre> - - -<p class="box">Nota del Transcriptor:<br/><br/> - -Se ha respetado la ortografía y la acentuación del original.<br/><br /> - Errores obvios de imprenta han sido corregidos.<br/><br /> - - Páginas en blanco han sido eliminadas.<br/><br/> -La portada fue diseñada por el transcriptor y se considera dominio público.<br /></p> -<hr class="chap" /> - -<p class="large center p6">CABEZAS</p> - -<div class="figcenter2em"> - <img src="images/illusa001.png" width="125" height="96" alt=""/> -</div> -<hr class="chap" /> - -<div class="chapter"> - -<div class="figcenter4em"> - <img src="images/illusa003.png" width="500" height="815" alt=""/> -</div></div> -<hr class="chap" /> - - -<div class="chapter"> -<p class="p6 center large">RUBÉN DARÍO</p> - -<h1>CABEZAS<br /> - -<span class="medium">PENSADORES Y ARTISTAS POLÍTICOS</span></h1> - -<p class="p4 center">VOLUMEN XXII<br /> -DE LAS OBRAS COMPLETAS<br /> -ADMINISTRACIÓN<br /> -EDITORIAL «MUNDO LATINO»<br /> -MADRID</p></div> -<hr class="chap" /> - - -<div class="chapter"> -<div class="figcenter4em"> - <img src="images/illusa004.png" width="50" height="52" alt=""/> -</div></div> - -<p class="center">ES PROPIEDAD</p> -<p class="center">(Ilustraciones de E. Ochoa.)</p> -<hr class="chap" /> - -<div class="chapter"> -<div class="figcenter4em"> - <img src="images/illusb001.png" width="500" height="674" alt=""/> -</div></div> -<hr class="chap" /> - - - -<h2>PENSADORES Y ARTISTAS</h2> - - -<p class="p4"><span class="pagenum"><a name="Page_3" id="Page_3">[3]</a></span></p> -<div class="figcenter4em"> - <img src="images/illusb003.png" width="500" height="210" alt=""/> -</div> - - -<h3 id="BENAVENTE">JACINTO BENAVENTE</h3> - - -<p>Cuando Jacinto Benavente entró a la Real Academia -Española, se preguntaron muchos: «¿A qué -va Benavente a la Academia?» Contestaron algunos: -«A hacer lo que todos los académicos hacen; -limpiar, fijar y dar esplendor».</p> - -<p>No, no iba a eso. En tal recinto, e intelectualmente -hablando, para limpiar, necesitaría la representación -de Hércules; para fijar, la de Minerva; -para dar esplendor, la del mismo Apolo. Iba sencillamente -a demostrar que, por opinión general, -quien había logrado todos los triunfos populares -merecía también todos los honores oficiales. He -dicho populares, porque, aunque Benavente sea -<span class="pagenum"><a name="Page_4" id="Page_4">[4]</a></span> -un autor de <i>élite</i> su nombre es famoso en todas -partes en donde se habla nuestro idioma y aun en -otras.</p> - -<p>Benavente representa para España lo que un -Capus o un Bernstein para Francia, o mejor, lo -que un Bernard Shaw para Inglaterra. Y aun, en -condiciones especiales, es el único que haya logrado -dar verdadero brillo y resonancia a las Máscaras -castellanas.</p> - -<p>Poco avisados los que le juzgan con el oído -puesto al Boulevard. El mundo en que se mueven -sus tipos, en la mayor parte de sus comedias, es -ese mundo universal que tiene por norma, desde -luego, más o menos aplicada a sus medios respectivos, -la vida parisiense; y si no, fijaos en las escenas -de los comediógrafos italianos del día. Ese -mundo es <i>le monde</i>. Mas los personajes benaventinos -que se mueven y expresan en el ambiente de -Madrid, son de la legítima descendencia clásica; -y sus diálogos chispeantes del ingenio que les -presta su creador, no son sino los antiguos discreteos -de Calderón o Lope modernizados.</p> - -<p>Ni tan solo en lo cotidiano social y de lo mundano -inmediato ha de entretenerse este cultivador -de agudas y frívolas filosofías. De cuando en cuando -<span class="pagenum"><a name="Page_7" id="Page_7">[7]</a></span> -le veréis salir con su cara de Shakespeare—pues -es harto semejante a algunos retratos del -gran Will—impregnado de esencias hamletianas, -o húmedo de los rocíos de las florestas por donde -vayan las Rosalindas, las Perditas y las Cordelias.</p> - -<div class="figcenter2em"> - <img src="images/illusb005.png" width="400" height="754" alt=""/> - <div class="caption"> - <p>JACINTO BENAVENTE</p> - </div> -</div> - -<p>A pesar de su fama de amargor, confiaos a él. -Hay entre sus macizos de floridas espinas muy -exquisitos de miel, mucho consuelo humano, mucha -ternura compensadora de desesperanza.</p> - -<p>Entrad en su teatro de ensueño y en su teatro -de bondad. Dejaos llevar por la mano que sabe -apartar los ramajes hostiles. Él os hará el regalo -de la poética dulzura, del rayo de luna, del canto -cristalino del ruiseñor; y como es conveniente, a -su tiempo, en el instante preciso, os hará una pirueta; -y le daréis las gracias por el palmo de narices -con que os gratifique.</p> - -<p>Y os dejará plantados. No le sigáis. Él se va, -como murmurando, porque sabe muchas cosas del -cielo y de la tierra. No le sigáis. Podréis creer -por el movimiento de sus hombros que se va -riendo, pero no podéis afirmar que no vaya llorando. -¿No acaba de daros vida, vida brutal, trágica, -dolorosa, en esa <i>Malquerida</i> en que ha concentrado -<span class="pagenum"><a name="Page_8" id="Page_8">[8]</a></span> -todas las fatalidades y el apocalíptico misterio de -la mujer: <i>Misterium?</i></p> - -<p>El verdadero poder de Benavente consiste en -que es un poeta, en que posee la intra y supervisión -del poeta, y en que todo a lo que toca le comunica -la virtud mágica de su secreto.</p> - -<p>Su inquietud viene de la intensa vibración de -su espíritu. Estará en la soledad consigo mismo. -Irá a pasar sus horas con sus amigos los poetas. -Luego—no lo dudéis—tras alguna cabriola, entrará -a la casa del Diccionario para hablar con las -momias. Y las dejará aún más estupefactas.</p> - -<div class="figcenter2em"> - <img src="images/illusb008.png" width="250" height="189" alt=""/> -</div> - -<hr class="chap" /> - -<div class="chapter"> -<p class="p4"><span class="pagenum"><a name="Page_9" id="Page_9">[9]</a></span></p> - -<div class="figcenter4em"> - <img src="images/illusb009.png" width="500" height="119" alt=""/> -</div></div> - - -<h3 id="RODO1">JOSE ENRIQUE RODO</h3> - - -<p>El oficio de pensar es de los más graves y peligrosos -sobre la faz de la tierra, bajo la bóveda del -cielo. Es como el del aeronauta, el del marino y el -del minero. Ir muy lejos explorando, muy arriba -o muy abajo, mantiene alrededor la continua -amenaza del vértigo, del naufragio o del aplastamiento. -Así, la principal condición del pensador es -la serenidad.</p> - -<p>En la América nuestra no hemos tenido casi -pensadores; no ha habido tiempo, todo ha sido fecundidad -verbal, más o menos feliz, declamación -sibilina, <i>pastiche</i> oratoria, expansión, panfleto. -Con dificultad se encontrará en toda la historia de<span class="pagenum"><a name="Page_10" id="Page_10">[10]</a></span> -nuestro desarrollo intelectual este producto de otras -civilizaciones: el ensayista.</p> - -<p>José Enrique Rodó es el pensador de nuestros -nuevos tiempos, y, para buscar siempre el parangón -en el otro plato de la balanza americana, diré -que corresponde a Emerson. Es Emerson latino, -cuya serenidad viene de Grecia, y cuya oración dominical -es la salutación a Palas Atenea, la plegaria -ante el acrópolis. Y advertid que, a pesar de lo que -se afirme y comente, Rodó no es un renaniano, en -el sentido que en el común dialecto literario se da -a esta palabra. Su tranquila visión está llena de -profundidad. El cristal de su oración arrastra arenas -de oro de las más diversas filosofías, y más encontraréis -en él del más optimista de los ensayistas, -que del gordo cura laico biógrafo de N. S. Jesucristo, -abate de Jouarres, <i>in partibus infidelium</i>.</p> - -<p>Desde sus comienzos, la obra de Rodó se concreta -en ideas, en ideas decoradas con pulcritud por la -gracia dignamente seductora de un estilo de alabastros -y mármoles. Solamente que él pigmalioniza, -y el temor de impasibilidad, de frialdad desaparece -cuando se ve la piedra cincelada que se anima, -la estatua que canta. Nació con vocación de belleza -y enseñanza. Enseñanza, es decir conducción de -<span class="pagenum"><a name="Page_13" id="Page_13">[13]</a></span> -almas. A tal pedagogía es a la que se refiere el -Dante en un verso referente a Virgilio. Cuando -apareció su primer opúsculo, <i>Vida Nueva</i>, se vió el -surgir de un maestro en su generación, en la generación -continental. Su segundo opúsculo sobre el -autor de <i>Prosas Profanas</i>, o mejor dicho, sobre este -libro de poesías, le afirmó virtuoso de la prosa, de -la erudición elegante, y en la última parte de su -trabajo, profeta. Altas y generosas especulaciones -le ocuparon, y <i>Ariel</i> señala un nuevo triunfo de su -espíritu y una nueva conquista de sus predicaciones, -por la hermosura de la existencia, por la elevación -de los intelectos hispanoamericanos, por el -culto nunca desfalleciente ni claudicante del más -puro y alentador de los ideales. Definíase más y más -su personalidad, y se hubiera dicho un filósofo platónico -de la flor del paganismo antiguo, resucitado -en tierras americanas. Y tuvo el más bello de sus -gestos, cuando, llevado a las controversias de la -Prensa y a las agitaciones de la Cámara, por los -caprichos de la política, el adorador de los dioses -de la Hélade salió a la defensa de nuestro pálido -Dios Cristiano, Desterrado allá, como en Francia, -de los lugares de la Justicia, por obra de la roja -cosa jacobina.</p> - - -<div class="figcenter2em"> - <img src="images/illusb011.png" width="400" height="610" alt=""/> - <div class="caption"> - <p>JOSÉ ENRIQUE RODÓ</p> - </div> -</div> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_14" id="Page_14">[14]</a></span> -Por último, aparece su obra magna hasta hoy, -esos <i>Motivos de Proteo</i>, aires mentales, sinfonías, -de ideas que llevan dentro tanta virtud bienhechora, -libro que ha sido acogido en todas partes con -entusiasmo y con razonada admiración. Es un libro -fragmentario, ¡pero cuan lleno de riqueza! fragmentario -ocasional o decididamente. Ello hace que -su prosecución sea indefinida, y que el encanto y -el provecho se prolonguen en la esperanza después -de cada aporte. El tesoro está allí. Cada vez que -Aladino baje, estemos atentos.</p> - -<div class="figcenter2em"> - <img src="images/illusb014.png" width="400" height="125" alt=""/> -</div> - -<hr class="chap" /> - -<div class="chapter"> -<p class="p4"><span class="pagenum"><a name="Page_15" id="Page_15">[15]</a></span></p> - -<div class="figcenter4em"> - <img src="images/illusb015.png" width="500" height="150" alt=""/> -</div></div> - - -<h3 id="ARANHA">GRAÇA ARANHA</h3> - - -<p>Uno de los críticos que han estudiado la personalidad -intelectual de Graça Aranha—el señor -Elysio de Carvalho—hace notar que antes de que la -gloria iluminase el nombre del autor de <i>Chanaan</i>, -era éste un escritor de cenáculos «apenas conocido -de sus íntimos, que lo sabían un talento peregrino, -un espíritu culto, un artista de raza capaz de realizar -el gran sueño de arte que le acariciaba el alma». -Hoy Graça Aranha ha conquistado los más justos -laureles, y es conocido y celebrado en todo el mundo -literario. Mas su universal renombre no ha hecho -más que hacer brillar mejor el puro diamante -de su nacionalismo. Él es brasileño ante todo. Con<span class="pagenum"><a name="Page_16" id="Page_16">[16]</a></span> -satisfacción y con orgullo, me decía hace pocos -días: «Me place más ser comprendido por el último -de los estudiantes de mi tierra, que por el primero -de los escritores europeos». Y en el Brasil se le devuelve -su afecto con creces. Es de los que encarnan -el alma de la raza, es de los representativos. Él ha -expresado en una prosa impecable y admirable el -ideal patriótico, y ha pintado magistralmente el -escenario fabuloso de ese vasto y vigoroso país, -animado como ninguno de las savias de la tierra y -de los fuegos fecundantes del sol. Muchos ilustres -varones de pensamiento tuvo el pasado imperio y -tiene la joven república; pero ninguno había expresado -el espíritu nacional, ni tenido tan hermosamente, -en simbólicas figuras, la visión del porvenir, -como el joven pensador que llegaba señalando -el rumbo de la vida nueva, y cuyo libro -resonante era—escribía el noble y grande José Verissimo—«nuevo -por el tema, nuevo por la inspiración -y concepción, nuevo por el estilo».</p> - -<p><i>Chanaan</i>, que tuvo tan estupenda acogida en la -patria brasileña, en toda la América del Sur; y -cuando presentada a los públicos de Europa por el -introductor de Ibsen, el diplomático y escritor ruso -conde Prozor—un gran señor de letras—, que fué<span class="pagenum"><a name="Page_17" id="Page_17">[17]</a></span> -quien la tradujo al francés, <i>Chanaan</i> fué conocida -mayormente, y el talento del autor adquirió fama -y autoridad internacionales. Así al representarse en -París, por el teatro de l'Œuvre <i>Malazarte</i>, que interpretaron -actores como Lugne-Poe, De Max, y -esa sutil y encantadora Greta Prozor, flor teatral -cultivada por la maga Suzanne Despres, ya se sabía -quién era el autor, que ofrecía a los exigentes lutecianos -un ramo de sus rosas radiantes y de sus -orquídeas tropicales.</p> - -<p>Yo he visto al glorioso novelista brasileño en -París, en reuniones en donde ha estado representado -el pensamiento francés por sus personalidades -más eminentes; y le he conocido en su propio medio, -frente a aquel espectáculo de ensueño y de fantasía, -que es la bahía de la capital fluminense. El -vapor en que íbamos los miembros de las delegaciones -de varios países a la Conferencia Panamericana, -había anclado. Iba con nosotros el ilustre -embajador y poderoso intelectual, que era Joaquín -Nabuco. Llegaban a rodear nuestro barco <i>ferry-boats</i> -llenos de estudiantes y de músicas, que lanzaban -al aire himnos y vivas. Y un balandro -apareció en donde venían varios caballeros de distinción. -Entre ellos me fué señalado por Nabuco<span class="pagenum"><a name="Page_18" id="Page_18">[18]</a></span> -uno:—«¡Vea usted, aquél es Graça Aranha!»—me -decía alegre y conmovido el magnífico anciano, -quien admiraba y quería al triunfante joven. Luego -nos presentó, y desde entonces he cultivado con -el creador de <i>Chanaan</i> la más cordial de las amistades -intelectuales.</p> - -<p>El Brasil es un país de tradiciones aristocráticas, -y la cultura social se impone desde luego. Se -ha aprovechado de todo lo que ha producido la -civilización europea, y se ha plasmado una característica -nacional inconfundible, que podría servir -de modelo en otras naciones del continente. Al -núcleo principal pertenecen hombres como Graça -Aranha, en quien las distintas situaciones oficiales -y sus condiciones de intelecto y de civilidad han -hecho uno de esos representantes que tanto brillo -han dado a la historia diplomática de su tierra. Individualmente, -junta el <i>gentleman</i> al caballero; es -esto decir que su trato no se resiste de sequedad, -antes bien, hace transparentarse la buena fe, la -cordialidad y la generosa nobleza. Cuando uno ha -tenido la feliz oportunidad de conocer a cancilleres -como el barón de Río Branco y el doctor Lauro -Muller; a embajadores como Nabuco, y en la joven -diplomacia a representantes como Fontoura Xavier,<span class="pagenum"><a name="Page_19" id="Page_19">[19]</a></span> -como Barros Moreira, como Belloso Rebello, como -Graça Aranha, comprende cómo los estadistas brasileños -han querido que los que llevan el nombre y -la autoridad del Brasil al exterior, veteranos y nuevos, -formen un cuerpo de excelentes, una <i>élite</i> que -pueda, en todo y en cada uno, ser a la Patria motivos -de complacencia. Y Graça Aranha honra no -solamente a su patria natal, sino a su lengua, que -es una más grande patria.</p> - -<div class="figcenter2em"> - <img src="images/illusb019.png" width="125" height="307" alt=""/> -</div> - -<hr class="chap" /> - -<div class="chapter"> -<p class="p4"><span class="pagenum"><a name="Page_21" id="Page_21">[21]</a></span></p> - -<div class="figcenter4em"> - <img src="images/illusb021.png" width="500" height="124" alt=""/> -</div></div> -<h3 id="MARTIN">ZORRILLA DE SAN MARTIN</h3> - - -<p>Hace veinte años que vi por la primera vez a -este admirable uruguayo. Los que le conocen me -han dicho que, hoy como antes, anima un espíritu -encendido y palpitante aquel cuerpo que crece -al resplandor de la frase oratoria, aquella cabeza -de tribuno, aquella cabeza de poeta. Y como vive de -fe y respira esperanza, se diría que una inagotable -juventud conserva firmes sus nervios, airoso su -gesto, cálida y vivificante su palabra, toda energía -y ritmo.</p> - -<p>Le recuerdo en días de triunfos y de gozos, entre -fiestas y pompas españolas. Las delegaciones de las<span class="pagenum"><a name="Page_22" id="Page_22">[22]</a></span> -repúblicas americanas contaban, como era de razón, -sobre todo las tropicales, con sujetos verbosos -y hábiles para el discurso; pero en conjunto, no -podíamos presentar delante de un Castelar, sino al -delegado uruguayo, a la sazón ministro de su país -ante Su Majestad Católica. A su fama asentada de -gran poeta unía el dominante prestigio de una elocuencia, -si a veces harto fogosa, por lo mismo plenamente -representativa de nuestros entusiasmos y -vivacidades continentales. Su negra y copiosa cabellera -se agitaba en la conmoción de las arengas; -el brazo diestro se alzaba como arrojando, como -esparciendo, como regando las oraciones; los ojos, -la máscara toda contribuían a la conquista de los -auditorios; y un común orgullo nos producía a los -neomundiales la victoria de aquel hombre generoso -y lírico, que había cantado al épico charrúa -Tabaré, y saludaba en vibradores y musicales períodos, -en nombre de las naciones nuevas, a la regia -decaída y maternal España. Con <i>Tabaré</i> y con -la <i>Leyenda Patria</i>—que celebraron poetas como -Olegario Andrade, autoridades como Paul Groussac—se -colocó Zorrilla de San Martín en el escaso -número de los grandes líricos americanos. Se ha -dicho que siempre en el poeta aparece la amplitud,<span class="pagenum"><a name="Page_23" id="Page_23">[23]</a></span> -la exuberancia oratorias. No olvidemos que ello -es una característica de Víctor Hugo, y más cerca -y no a tantas alturas, de Núñez de Arce. Es una -elocuencia llena de lirismo, y esto lo admiramos -hasta en el mismo viejo Esquilo. Cuando en mi -primaveral juventud llegó a mis manos el poema -épico lírico del célebre uruguayo, me impresionó -por su belleza armoniosa, y por el contagio entusiástico -de lo que antaño se calificaba con el nombre -de «inspiración». En <i>Tabaré</i>—«ese extraño y -hermoso poema, con el que acaso sean más justicieras -que las actuales las generaciones que vendrán», -según el decir de un meditativo y decoroso -pensador que brilla en la juventud uruguaya, -Amadeo Almada—encontré en días en que imperaban -endémicas doctrinas, una novedad sana y un -sentido de musicalidad honda y trascendente, que -venían de la influencia de un poeta «menor» pero de -los más dignos de admiración y amor en la España -del siglo pasado: Bécquer. «Mi Gustavo Bécquer, -genio admirable y querido, despertador de mi adolescencia -poética», dice Zorrilla de San Martín en -una confesión reciente publicada en <i>Mundial</i>. Había, -en efecto, un eco del arpa de Bécquer, pero -sinfonizado en un órgano que se diría hecho de las<span class="pagenum"><a name="Page_24" id="Page_24">[24]</a></span> -más robustas y sonantes cañas y bambúes de nuestras -selvas americanas.</p> - -<p><i>Tabaré</i> fué celebrado en España y en toda la -América latina con loas y palmas merecidas.</p> - -<p>Zorrilla de San Martín reconoce el perjuicio que -posteriores correcciones causaron a su obra... -«Quise quitar, ¡pecado de mí!, ingenuidades en una -obra ingenua; quise razonar.» Sí, su obra es ingenua -como una planta, como una flor, como el agua -de un manantial, y ella guardará el frescor y el -perfume de la más grata estación de su existencia.</p> - -<p>También ha citado estos conceptos de Carlyle -referentes a Dante: «Si vuestra composición es auténticamente -musical, no solamente en la palabra, -sino en el corazón y en la sustancia, en los pensamientos -y articulaciones, en toda la concepción, -entonces será poética; mas no de otra manera. -¡Musical! ¡Cuánto se encierra en esta palabra! Un -pensamiento musical es el que ha penetrado hasta -lo más íntimo del corazón de las cosas, y puesto al -descubierto lo más recóndito de sus misterios...»</p> - -<hr class="chap" /> - -<div class="chapter"> -<p class="p4"><span class="pagenum"><a name="Page_25" id="Page_25">[25]</a></span></p> - -<div class="figcenter4em"> - <img src="images/illusb025.png" width="500" height="107" alt=""/> -</div></div> - -<h3 id="CALDERON">FRANCISCO GARCIA CALDERON</h3> - - -<p>Un joven sabio; palabras difíciles de juntar en -nuestra América. A Francisco García Calderón -siéntanle por igual manera los calificativos de <i>savant</i> -y de <i>sage</i>. La gravedad espiritual, el desdén -de las literaturas fáciles, y diremos así de simple -adorno, el alejamiento del <i>dilettantismo</i>, y su copioso -saber, sostenido por una inteligencia fuerte -y ponderada, le han dado un lugar especial en -nuestra reciente intelectualidad. Habita en París, -y busca los jardines apacibles de la filosofía, en -vez de entregarse a las bellas y ligeras letras de la -luminosa capital del <i>esprit</i>. Cuando, por la fata<span class="pagenum"><a name="Page_26" id="Page_26">[26]</a></span>lidad -que pesa sobre muchos de los escritores que -aquí residimos, «hace periodismo», y finge de corresponsal -a diarios hispanoamericanos, se ocupa -en Gabriel Tarde; en el soliloquio platónico de -Renouvier, en Brunetière que juzga a Renan, en -Menéndez Pidal y la cultura española, en los estudios -penales de Dorado Montero, en el fenómeno -religioso de los Estados Unidos, en los ideales de -la vida, según William James, y en otros tópicos -semejantes. Como veis, todo eso está muy lejos del -<i>boulevard</i>. Sus relaciones intelectuales son las que -convienen a semejante monge laico, fraile de la -filosofía. «Monsieur F. García Calderón est un jeune -peroubien qui connait admirablement la France, -son histoire, ses ecrivains, ses philosophes.» -¿Quién escribe esos conceptos? Es M. Gabriel -Seailles, profesor en la Soborna. «Esprit ouvert et -curieux, auditeur et auditeur attentif, ardent, consciencieux -intelligent, vous mettez votre effort et votre -joie à penetrer dans la pensée, dans l'âme des -hommes que vous voluez connaître». «Donc s'assimiler -appliquer l'experience de l'âgé mur et même -temps garder l'elan, la foi et même les ilusions -de la jeunesse, trover enfin le moyen de réunir -en un tout vivant et harmonieux ces deux ordres<span class="pagenum"><a name="Page_27" id="Page_27">[27]</a></span> -de qualités, en apparence contradictoires, ce est le -conseil que, for de vos études et de vos reflexions, -vous donnez à votre Patrie. Je crois bien que ce -conseil convient a tous les hommes, et qu'en tout -pays on aura intérêt et profit à lire un livre tel -que le votre.» ¿Quién expresa tales opiniones? -Monsieur Émile Boutroux, del Instituto. Díme con -quien andas y te diré quién eres. Es raro, sí, muy -raro, que en nuestros países un espíritu joven y -bizarro, como el de García Calderón, deje el verjel -de los lirios y los mirtos y los laureles para inclinarse -al pozo de donde se espera ver salir el -blanco cuerpo de la verdad. Pocos van a las honduras -de los problemas espirituales, pocos se consagran -al ejercicio del pensamiento en los altos -asuntos religiosos y morales.</p> - -<p>Pocos visten el sayal pesado del estudioso y se -encaran con las gravedades de la vida y de la conciencia -humanas. Francisco García Calderón se ha -dedicado a tales tareas. «<i>Vous n'etes pas mu par un -frivole esprit de diletanttisme</i>», le dice uno de los -sabios que he dictado anteriormente. Y él mismo -declaraba en uno de sus primeros libros el propósito -de «levantarse sobre la parcialidad benedictina -del análisis, sobre la frivolidad estéril de la hora y<span class="pagenum"><a name="Page_28" id="Page_28">[28]</a></span> -dar a su espíritu el grave recogimiento que conviene -a la eclosión de futuras obras durables.»</p> - -<p>La obra fundamental, hasta ahora, de nuestro -amable pensador, es la que consagrara a su patria, -<i>Le Perou contemporain</i>. Es una obra fuerte de medula, -y que indica un vigor de espíritu y un estudio -tan sólido y de trascendencia, que se diría de -años mayores. La obra está escrita, a pesar de la -particularidad patriótica, bajo un concepto universal, -y puede ser leída con interés en cualquier parte, -pues su fondo filosófico, su hondura ideológica, -llamarán la atención, a no importa qué hombre de -pensamiento, en todo lugar del mundo. La sagacidad -de intelecto de esta «cabeza», que no sólo pertenece -al Perú, sino a todo el continente, se une al -vigor y a la rapidez con que abarca y profundiza -cualquier cuestión de interés humano. En tales especulaciones, -y siguiendo cada cual su ideal mental -y su modalidad, se junta con Rodó y con Sanin -Cano.</p> - -<p>Para contrapesar en la balanza psíquica el valor -de tales especialísimos <i>mediums</i> habría que poner, -es indiscutible, en el platillo opuesto un buen número -de toneladas de perlas y de rosas.</p> - -<hr class="chap" /> - -<div class="chapter"> -<p class="p4"><span class="pagenum"><a name="Page_29" id="Page_29">[29]</a></span></p> - -<div class="figcenter4em"> - <img src="images/illusb029.png" width="500" height="192" alt=""/> -</div></div> - - -<h3 id="RUSINOL">SANTIAGO RUSIÑOL</h3> - - -<p>Ved aquí al catalán de los jardines, príncipe en -el país de Bohemia, de una Bohemia de oro, de lindos -colores, de sutiles letras y de «hierros viejos». -Con su cabeza gris y su barba de <i>roi-chevalier</i>, -atesora y comunica juventud, y con su arte fino, su -palabra suave y animadora a un tiempo, su sonrisa -fraterna con sus pares, subyugadora con todos, -va llevando su corona de gloria con la misma descuidada -naturalidad que su fieltro característico, -en el cual no podríais suponer un invisible penacho, -sino una pluma de seda.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_30" id="Page_30">[30]</a></span></p> - -<p>Pinta y escribe y sabe de muchas disciplinas, -como los artistas del Renacimiento. Y mucha música -íntima y mucha poesía encuentra el observador -meditativo en su pintura, como mucha sutileza -y gracia pictórica en sus prosas, en que el pensador -artista deja ver su alma profunda y delicada.</p> - -<p>Comunicar con Rusiñol es una fiesta para el espíritu. -Yo me he complacido con tales momentos, -ya en su morada principesca de Sitges, ya en la -corte madrileña, ya en la divina isla de Mallorca, -en la múltiple Barcelona, en este París que él -ama y que le ha sonreído.</p> - -<p>¡Sus jardines de España! Los días pasados, Pérez -de Ayala, que hace cantos bellos, hizo uno -muy bello. Como al tamborilero de Provenza, eso -debe habérsele ocurrido alguna tarde «que <i>vió</i> cantar -a Rusiñol...» Pues cantan esos jardines de pintura -con sus ramas de verde, sus acordes de oros -y rojos, sus árboles ojivales, sus fuentes en que -vibra el cristal fugaz de la pluma de agua.</p> - -<div class="figcenter2em"> - <img src="images/illusb031.png" width="400" height="467" alt=""/> - <div class="caption"> - <p>SANTIAGO RUSIÑOL</p> - </div> -</div> - -<p>Tengo a la vista una serie de planchas coloreadas -de esos hechiceros jardines, que son, como -dice el gran Santiago el «<i>paisatge posat en vers, -i els versos escrits en plantes... versos vius, versos -am saba i amb aroma</i>» y se diría que en la -<span class="pagenum"><a name="Page_33" id="Page_33">[33]</a></span> -transposición están la misma vida, la misma armonía -y el mismo perfume que en el propio paraíso -vegetal. Son los dulces vergeles mallorquines, con -sus aguas, sus arquitecturas, sus rosales, los -edenes moriscos de Granada; arcadas, templetes, -floralias casi religiosas; árboles como ramilletes, -como pinceles, como obeliscos; macizos arcos como -en el <i>Caminal de rosers</i> de Aranjuez; bóvedas -de verdura; «<i>les grands jets d'eau sveltes parmi -les marbres</i>», a la verlainiana caricia de la Luna, -pues en plena tierra del Mediodía pone Rusiñol, a -veces, escenarios de fiesta galante. La <i>Raixa</i> de -Mallorca que evoca algo de romano; visiones del -Generalife, con sus canales, sus arbustos en flor, -sus tiestos como cálices; o el <i>Pati de l'Alberca</i>, en -Granada, en cuyo fondo, reflejado por el espejo del -estanque, parece fuera a surgir alguna figura de -Zobeida, de Leila, o de Lindaraja; o bien los viejos -cipreses o los <i>bouquets</i> de almendros en flor, -que primorosamente nieva o sonrosa la primavera -mallorquina; o esa <i>Glorieta</i> de la bailarina, que es -como una decoración de poema; y el fantástico -<i>Recó de boixos</i> granadino; y esa prodigiosa «arquitectura -verde» de Granada, en donde parece -que por obra de Alah—¡sobre él la plegaria y la<span class="pagenum"><a name="Page_34" id="Page_34">[34]</a></span> -paz!—se animase una princesa de las Mil y una -noches, por ejemplo, Dulce Amiga, y recitase estas -estrofas del poeta:</p> - -<p>«¿Vas a escapar lejos de mi, ¡oh, pura sangre de -mi corazón! tú, cuyo lugar está en este corazón -adolorido, entre mi pecho y mis entrañas?—¡Ah! -te suplico, oh Tú, el Clemente sin límites, reunir -lo que está separado, Tú, el generoso que distribuyes -a tu placer los beneficios humanos.»</p> - -<p>¿Y ese <i>Jardi del pirata</i> en Mallorca, con sus terrazas -vecinas, su fuente redonda, su horizonte marino? -¿Y el <i>altar de flors</i> y el <i>Jardi clasic</i> y la <i>Glorieta</i> -de Aranjuez, que recuerda el Templo del -Amor versallés; y <i>El Laberinte</i> de Barcelona, con -sus verdes en sordina, sus azules angélicos, sus -fanfarrias ocres del fondo, sus recortados macizos y -su ambiente al par lírico y galante? ¿Y tantos poemas -que siguen, todos un encanto para los ojos y -para el alma?</p> - -<p>En horas secas, complázcome en abrir esta provisión -de sueños, y al son de estas flautas y liras -de la vista, por obra de Rusiñol, se me abre un -edén de ruiseñores, y mi instante aburrido florece -y se encanta.</p> - -<p>O bien, para pensar o sonreír, con razonada<span class="pagenum"><a name="Page_35" id="Page_35">[35]</a></span> -tristeza o gentil y filosófico humor, leo algún libro -o comedia del autor de <i>Oracions</i> y de <i>El Mistich</i>, en -su catalán original, aunque haga algún esfuerzo, -por más que Gregorio Martínez Sierra haya realizado -la difícil y hermosa tarea de verter al castellano -la prosa exquisita de nuestro amigo victorioso.</p> - -<div class="figcenter2em"> - <img src="images/illusb035.png" width="125" height="261" alt=""/> -</div> - -<hr class="chap" /> - -<div class="chapter"> -<p class="p4"><span class="pagenum"><a name="Page_37" id="Page_37">[37]</a></span></p> - -<div class="figcenter4em"> - <img src="images/illusb037.png" width="500" height="84" alt=""/> -</div></div> - -<h3 id="GAMBOA">FEDERICO GAMBOA</h3> - - -<p>Paso a paso, ganado a puro cerebro y a puro -carácter, Federico Gamboa ha llegado a uno de -los más altos puestos del Gobierno de su país: a la -Cancillería mejicana. Hablando de su desaparecido -hermano José María, y de él mismo, escribía hace -años en su <i>Diario</i>: «Secreta satisfacción de vernos -él y yo ascendiendo por nosotros mismos, sin ayudas -que nos enrojezcan, ni apoyos que nos avergüencen -o humillen».</p> - -<p>No habrá uno solo de sus compatriotas que no -aplauda su reciente nombramiento, pues sus principios -siempre han estado basados, ante todo, en -un profundo amor a su Patria. Oid sus palabras:<span class="pagenum"><a name="Page_38" id="Page_38">[38]</a></span> -«La idea de Patria—la Patria en forma de carta -geográfica a veces, y a veces en abstracción luminosa—, -acariciándome de lejos... Desligamiento -con gobernantes y partidos políticos...» Esto demuestra -la razón de las generales simpatías. Ni al -César mismo—ese César anciano y fuera del poder, -a quien habrá que aplaudir por las enormes etapas -de progreso que hizo adelantar a Méjico—se acercó -nunca Federico Gamboa con bajas adulaciones o -súplicas de granjería. El verdadero valor del nuevo -ministro de Relaciones exteriores de los Estados -unidos mejicanos es completamente individual: lo -constituyen el talento, su nobleza de espíritu, su -voluntad, una limpia, larga y honrosa carrera diplomática, -y un alto nombre literario, que contribuye -a la gloria de su país.</p> - -<p>¿Quién que conozca al Sr. Gamboa no está seguro -de que sus prestigios morales e intelectuales no -contribuirán a pacificar y a hacer brillar en una -nueva era la Nación, cuyos intereses internacionales -hoy le toca dirigir? Mas, hablaré de su obra literaria, -que es lo que con mi competencia mejor -se aviene.</p> - -<p>Es ante todo Gamboa independiente y personal: -«Mis escritos y mis actos siempre obedecieron a<span class="pagenum"><a name="Page_39" id="Page_39">[39]</a></span> -mis propias inspiraciones». Pocas páginas autobiográficas -más decisivas y más conmovedoras que la -dedicatoria de <i>Mi diario</i>: «<span class="smcap">para mi hijo; para cuando -sepa leer</span>», páginas de gran literatura y de gran -corazón ordenado: <i>Le cœur a son ordre</i>, dice Pascal.</p> - -<p>Sabe del mundo, sabe de la vida, lo cual es decir -que sabe de amor y de dolor. Y una vasta piedad -impregna toda su obra.</p> - -<p>Yo le conocí en Buenos Aires, en la tertulia literaria -de Rafael Obligado. Ya había publicado sus -<i>Esbozos contemporáneos</i>, <i>Del natural y Apariencias</i>. -Se encontraba al frente de la legación mejicana -como encargado de Negocios, por ausencia del ministro -Sánchez Azcona. El ingenio y el <i>charme</i> -personal de Gamboa le hacían grato a todos. Allí -dió a la imprenta su volumen de <i>Impresiones y recuerdos</i>. -Después vendrán, ya alejado de la República -Argentina, <i>Suprema ley</i>, <i>Metamorfosis</i>, <i>Santa</i>, -<i>Reconquista</i> y dos volúmenes del <i>Diario</i>. En estos -días debe aparecer <i>La llaga</i>, por la Casa «Renacimiento», -de Madrid. Todo esto, recuerdos y novelas, -fuera de su labor para el teatro. En todo terreno -ha recogido aplausos y laureles. Su estilo es -castizo en dicción y libre en ideas. Su filosofía -es sana y alta; y si alguna vez hubiese vacilado<span class="pagenum"><a name="Page_40" id="Page_40">[40]</a></span> -en sus creencias, la experiencia vital y el misterioso -influjo de lo divino le han apuntalado el alma. -Por ello, en el fondo de sus novelas, de sus obras -dramáticas, hay mucho de reconfortante. «Las novelas -de usted me hacen meditar—le escribía en -una ocasión aquel brillante espíritu que se llamó -Gustavo Baz—; y guarde usted este elogio que, -sobre ser sincero, viene de un lector asiduo de -Balzac y de un comentador escuchado de Stendhal.» -Y el sutil Domingo Estrada, entre otros entusiásticos -juicios: «<i>Metamorfosis</i>, al menos bajo -ciertos puntos de vista, puede compararse con las -mejores novelas de Pereda, de Valera y de Pérez -Galdós». Y más adelante: «El secreto del encanto -que su libro produce, y que hace que no se pueda -dejarlo de la mano una vez comenzada su lectura -(yo me he pasado cuatro noches sin poner un pie -en la calle; ¡en París!...), finca principalmente en -el estilo. No conozco otro que sea más sencillo sin -vulgaridad, más imaginado sin pedantería, más -elegante sin esfuerzo».</p> - -<p>No es Federico Gamboa de aquellos pensadores -meritorios de quienes se pueda temer que por los -cuidados y pasiones, por la política, abandonen la -labor mental, que constituye lo más característico<span class="pagenum"><a name="Page_41" id="Page_41">[41]</a></span> -de su personalidad. El hombre de estado cumplirá -como bueno sus tareas, y su discreción y su conocimiento -de los graves asuntos en que habrá de ejercitar -su pericia no han de quitarle ni la vivacidad -y frescura del ingenio, ni el pensamiento creador -ni el <i>intelletto d'amore</i> para su pasión artística.</p> - -<p>Otras obras vendrán, llenas de amor humano y -de fe en la suprema idea, que enriquecerán mayormente -el acervo intelectual de su patria mejicana, -o mejor dicho de nuestra América, otras novelas, -otras obras para el teatro; y otros posteriores volúmenes -de ese <i>Diario</i>, tan lleno de ideas, tan interesantemente -anecdótico y que fué dedicado desde -su primer tomo a un mi joven amigo que ya sabe -más que <i>leer</i>... el hijo amado, Miguel Félix Gamboa -y Sagaceta.</p> - -<div class="figcenter2em"> - <img src="images/illusb041.png" width="350" height="76" alt=""/> -</div> - -<hr class="chap" /> - -<div class="chapter"> -<p class="p4"><span class="pagenum"><a name="Page_43" id="Page_43">[43]</a></span></p> - -<div class="figcenter4em"> - <img src="images/illusb003.png" width="500" height="210" alt=""/> -</div></div> - - -<h3 id="NERVO">AMADO NERVO</h3> - - -<p>En varias ocasiones he escrito sobre la singular -personalidad de Amado Nervo, y siempre con igual -simpatía y con el mismo <i>intelleto d'amore</i>. ¡Ha sido -tan gentil compañero de sueños, en nuestro París -amado, hace ya tanto tiempo! ¡Y es tan sutil poeta, -tan comprensivo artista y tan dulce filósofo! Con -decir que a pesar de los medios a que necesariamente -conduce la diplomacia, su espíritu y su corazón -de sensitivo no han sido contaminados por -las promiscuidades de la carrera...</p> - -<p>Yo no leeré nunca sin cierta emoción el libro -titulado <i>El éxodo y las flores del camino</i>, en el cual,<span class="pagenum"><a name="Page_44" id="Page_44">[44]</a></span> -entre versos deliciosos y prosas llenas del encanto de -la juventud y del prestigio de un buen arte, recuerda, -en conceptos ya de humor, ya de melancolía, -nuestras horas parisienses, nuestra amistad con -curiosos ejemplares de humanidad, y la persecución -de los favores de Nuestra Señora y Reina la -Belleza.</p> - -<p>La evolución de Nervo, desde <i>Místicas y Perlas -Negras</i> hasta sus últimas producciones de piadosa, -o irónica—¡muy suavemente!—filosofía, y sus -poemas cortos y sentimentales en que un gran dolor, -de los íntimos y profundos, le ha hecho producir -rítmicos y trémulos sollozos y llantos, es de un -gran interés en el conocimiento de su personalidad -intelectual. Una faz nueva se le ha reconocido: sus -aficiones a los estudios astronómicos, disciplina -que se aviene convenientemente con los vuelos líricos -y las excursiones, en que el pegásico ímpetu es -el conductor.</p> - -<p>Su antigua <i>fe</i> había tomado en los últimos tiempos -un vago tinte dubitativo; mas el buen maestro -Dolor le ha hecho de nuevo recordar la senda azul. -Y luego, siendo favorecido por la Lira, tendrá siempre -tiempo de ver reflorecer la primavera, con ojos, -si conocedores de los lacerantes duelos, siempre<span class="pagenum"><a name="Page_45" id="Page_45">[45]</a></span> -brillantes al resurgir de las auroras y al inmortal -llamamiento de las esperanzas. El poeta está intacto. -No es Amado Nervo el que la duquesa conoce, -el que la marquesa invita a almorzar, el que tiene -ya honrosamente marchitos los oros de su casaca diplomática. -El sabe bien que en los salones, y sobre -todo delante de sus colegas—como no sean de la -familia apolínea—no está bien confesar intimidades -con las Piérides, ni proclamar afección al viejo -y sagrado laurel, a menos de ser poeta como tal -excelentísimo señor ministro, que lo mismo confecciona -un soneto circunstancial que pone asombro -en los más intrépidos jugadores de <i>bridge</i>. -¿Sabrá el <i>bridge</i> ya Amado Nervo?...</p> - -<p>Lo que sí sabe y sabrá siempre, es infundir en -sus versos, que se visten de sencillez y de claridad -como las horas de cristal que anuncian la paz de -los amables días, un misterio delicado y comunicativo -que nos pone en contacto con el mundo armonioso -que crea su voluntad intensa.</p> - -<p>A veces, se creería en un desmayo de energía o -en un desvío de forma. No hay nada de eso. Los -conocedores saben lo que hay que saber, para llegar -a conmover lo hondo de nuestro sensorio con -los procedimientos menos complicados, más sim<span class="pagenum"><a name="Page_46" id="Page_46">[46]</a></span>ples -y transparentes. Todo ello está, por cierto, -lejos de la pirotecnia verbal, y de los descoyuntamientos -de pianista que suelen tomarse como distintivos -de una fuerza poética incontestable, y que -se achaca al influjo de un modernismo—llamémosle -así—que no hizo bien sino a quienes se lo merecían.</p> - -<p>Una particularidad que he advertido en Amado -Nervo, desde sus obras de comienzo, es un vago -soplo bíblico que suele hacerse percibir en estrofas, -que se dirían acompañadas de música sacra.</p> - -<p>No olvidaré nunca la Semana Santa que pasara -en París, allá por el tiempo de la Exposición, en -constante compañía del pintor Henri de Groux, de -otro pintor mejicano, de un joven gallardo aficionado -al teatro, también mejicano, y de Amado -Nervo. Una noche, este soñador se nos desapareció, -y hartos de buscarle en los lugares que solíamos -frecuentar, se me ocurrió indicar que probablemente -le encontraríamos en una de las iglesias en -donde, por las sagradas celebraciones, se cantaba -canto llano y se sonaban órganos sabios. Le buscamos, -pues, en varias de ellas, y por fin le encontramos, -lleno de fervor místico-artístico, en Notre-Dame, -adonde había llegado después de recorrer<span class="pagenum"><a name="Page_47" id="Page_47">[47]</a></span> -Saint-Severin, la capilla de la Sorbonne, Val de -Grâce, Saint-Sulpice, hasta que fué a recalar en la -Catedral que, según un hugólatra, es la <i>H</i> del nom -de Hugo.</p> - -<p>Había que oir, en aquel tiempo, a Amado Nervo, -a quien yo llamara fraile, o monje del arte. Su -unción, su saber de cosas religiosas, su aire mismo, -daban idea de un admirable oblato, de un seguidor -de Huysmans, a quien desde luego el mejicano ponía -sobre su cabeza. ¡Todo pasa, en verdad, y la -juventud más pronto que todo! De aquellos años -quedaron para el poeta los versos, imperecederos, -y un amor, perecedero, cual la triste carne que -Dios nos dió como armadura, frágil armadura, -ante lo inevitable. El poeta ha clamado trenos y -elegías. <i>¡Mas es suya el alba de oro!</i></p> - -<div class="figcenter2em"> - <img src="images/illusb047.png" width="125" height="91" alt=""/> -</div> - -<hr class="chap" /> - -<div class="chapter"> -<p class="p4"><span class="pagenum"><a name="Page_49" id="Page_49">[49]</a></span></p> - -<div class="figcenter4em"> - <img src="images/illusb009.png" width="500" height="119" alt=""/> -</div></div> - -<h3 id="LARRETA">ENRIQUE RODRIGUEZ LARRETA</h3> - - -<p>Cuando el autor de <i>La Gloria de Don Ramiro</i> publicó, -para gloria suya, esa obra admirable que le -dió fama rápida y triunfante en todo el mundo literario, -yo me llené de entusiasmo, y escribí en España, -donde a la sazón me encontraba, un artículo -que expresaba mi sentir, ante ese esfuerzo que -honra, no sólo a la República Argentina, sino a -todo nuestro continente. Y decíale al Sr. Larreta, -entre otros conceptos, que las únicas cosas que le -faltaban para la victoria completa eran la hostilidad -y el ataque consecuentes, y se diría indispensables, -a toda realización superior. Ello vino a su<span class="pagenum"><a name="Page_50" id="Page_50">[50]</a></span> -tiempo, y sin más consecuencias que la de consagrar -la solidez de la obra.</p> - -<p>¿Qué más podría desear el autor de <i>La Gloria de -Don Ramiro</i>? Encono de letras semejante habría que -buscarlo, en los últimos tiempos, en los <i>panfletos</i> -contra la obra y la personalidad de Hugo, y que él -resumía en el dístico que comienza:</p> - -<p class="p2 center"><i>Voici le triple aspect de cet homme féroce</i>...</p> - -<p class="p2">Yo no conocía al Sr. Larreta, sino por haber -conversado con él dos o tres veces, hará cerca de -veinte años, en el antiguo Ateneo de Buenos Aires. -Luego publicó una bella <i>nouvelle</i> de reconstrucción -histórica en la <i>Biblioteca</i>, revista que dirigía la autoridad -de M. Paul Groussac. Ya en ese tiempo -se hablaba de que tenía el joven escritor una novela -en preparación que le costaba largos estudios, y -en la cual aparecería la personalidad de Santa Rosa -de Lima. El plan se llevó a cabo más tarde. Ya sabemos -que la mística flor peruana perfuma, en el -final de la obra combatida y victoriosa, la muerte -de Don Ramiro.</p> - -<p>Es notorio que el autor argentino es un gran -señor y un diplomático que ayuda al prestigio de<span class="pagenum"><a name="Page_51" id="Page_51">[51]</a></span> -su país. En París—le habré visitado, a sus amables -instancias, unas tres o cuatro veces—, sin descuidar -sus tareas oficiales, cultiva en sus vagares las letras -y las artes. He recordado a su propósito al autor -de <i>Zanoni</i>, a un Irving, a un Valera, a un Salvador -Bermúdez de Castro. El Sr. Larreta, que es -joven, que tiene la felicidad en su noble hogar, en -su alto puesto, en su salud excelente, en su renombre -universal, posee junto con su gran talento una -crecida fortuna. Ello es imperdonable. El <i>homo sapiens</i>, -que es el <i>lupus</i> hobbesiano, se eriza ante semejante -anomalía, protesta y se indigna. Al hombre -muy rico, o simplemente rico, se le pueden -admitir, cuando más, como a Chatelain o MM. de -Rotschild, obras mediocres. Lo demás es un abuso -de la suerte o una parcialidad manifiesta de la -Omnipotencia. Pero el Sr. Larreta, que no tiene -la culpa de su excepción, debe sonreír y seguir -adelante.</p> - -<p>Escritores europeos como M. Remy de Gourmont, -M. Maurice Barrés, M. Henri Roujon, -M. Paul Adam, etc., han dicho las excelencias -del único trabajo publicado en volumen por el señor -Larreta. La versión francesa hecha por el primero -de esos escritores, da una idea al lector ex<span class="pagenum"><a name="Page_52" id="Page_52">[52]</a></span>tranjero -de lo que puede ser fundamentalmente la -novela en su idioma original. Pero las calidades de -esa escritura flaubertiana, de que tanto se ha hablado, -tan solamente las podemos apreciar los artistas -y conocedores de nuestra lengua.</p> - -<p>Intelectualmente, el autor de <i>La Gloria de Don -Ramiro</i> está entre las pocas dominantes figuras de -Hispano-América. Su libro es, en su género, con -la honesta abuelita <i>María</i> del colombiano Isaacs, -lo mejor que en asunto de novelas ha producido -nuestra literatura neomundial. Hágase algo superior, -y Larreta pasará a segundo término.</p> - -<p>Entre tanto...</p> - -<div class="figcenter2em"> - <img src="images/illusb052.png" width="150" height="175" alt=""/> -</div> - -<hr class="chap" /> - -<div class="chapter"> -<p class="p4"><span class="pagenum"><a name="Page_53" id="Page_53">[53]</a></span></p> - -<div class="figcenter4em"> - <img src="images/illusb015.png" width="500" height="150" alt=""/> -</div></div> - -<h3 id="LUGONES">LEOPOLDO LUGONES</h3> - - -<p>He visto los comienzos de este otro y americano -<i>Spectacle magnifique</i>. Enorme suma de condiciones -geniales apoyadas por la más potente y sana voluntad. -Encontrábame en lo vivo de mi sabida campaña -intelectual, en la querida gran ciudad de Buenos -Aires, cuando un día se presentó en nuestra -vibradora hermandad del Ateneo un joven que, al -mostrar sus credenciales rimadas, fué considerado -ya triunfante. ¡Un astro! nos comunicamos todos, -con el gentil entusiasmo que allí animaba a coetáneos -y menores. Nuestra unanimidad vaticinó cosas -grandes. Para saludar tal orto escogí la más sonante -y dorada de mis trompetas. Y todas las previsio<span class="pagenum"><a name="Page_54" id="Page_54">[54]</a></span>nes -tenidas se han ido cumpliendo. La obra de -Leopoldo Lugones es, según la expresión de uno de -sus críticos, <i>vasta y bella como una creación natural</i>, -o bien, <i>como una vasta serie panorámica de montañas</i>. -En verdad, las que han atraído mayormente -en esa encantada cordillera, son, por el brillo de -sus cumbres, por la riqueza de sus entrañas, por -más de un misterio cabalístico, o miliunanchesco, -<i>las montañas del oro</i>. Fijaos bien en las otras alturas: -hay amontonamientos de rocas, entre las cuales -históricas ruinas; hay colinas fértiles, con pequeñas -ciudades, jardines y quioscos de arte; hay -aglomeraciones de fábricas con chimeneas y casas -de veinte pisos como las de los yanquis; hay intrincadas -y sabias arquitecturas, y abajo, la extensa -pampa con sus bíblicos ganados. Pero las Montañas -del Oro, que conocen bien tan sólo los simbades -del castellano, montañas que consagrará la -primavera, y en donde tiene su palacio la juventud, -digo en verdad que atraerán siempre a todos -los buscadores de milagro y cateadores de poesía. -¡Aureo, bravo, caro Lugones! Vigoroso por temperamento, -nutrido de los mejores saberes y remiso -en toda aplastadora apretura escolar, desde muy -temprano supo aprovechar el don, rarísimo si se<span class="pagenum"><a name="Page_55" id="Page_55">[55]</a></span> -mira bien, de la autocomprensión y valorizamiento -propio. Tal, por mayor suma de aristocracias, se -denunciara anarquista de los más encendidos. La -violencia del color—¡Aplaudido sea el profeta!—fué -con el tiempo comida por el sol, no sin que -hoy subsista el nato combativo caza-coronas y amigo -de la República francesa, a pesar de las Españas -ancestrales.</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line i1">Antiguamente decían</div> -<div class="line">a los Lugones, Lunones,</div> -<div class="line">por venir estos varones</div> -<div class="line">del gran castillo. Y tenían</div> -<div class="line">de Luna los sus blasones.</div> -</div></div></div> - -<p>Su genealogía mental—¡por Dios, siempre descendemos, -o ascendemos de alguien, y ha existido -el Adán literario!—¿le emparenta con cuáles antecesores? -Pero ningún espíritu encuentro más fraternal -para el suyo que el de Edgar Poe—tanto en -todo va buscando su equilibrio nuestra balanza -continental. ¿Mas, a donde no llega la vista, a cualquiera -de los puntos cardinales que se dirija, desde -la cumbre de sus montañas?</p> - -<p>Listo para todos los combates, apolíneo, hercúleo, -perséico, davídico, ello transmutado en sangre -neomundial, su iniciación en la orden del Arte, -queda como un acontecimiento en la historia del<span class="pagenum"><a name="Page_56" id="Page_56">[56]</a></span> -pensamiento hispanoamericano, y no es uno de -mis menores orgullos el haberme tocado ser, en -días floridos, Anquises de tal Marcelo.</p> - -<p>Todo conquistado: renombre, respeto y consideración -en los propios patrios sanedrines, admiración -y afecto entre sus iguales. Todo, hasta el denuesto -regocijador y la parodia plausible. Todo, -menos la verdadera comprensión de ciertas cosas -suyas al lado de las cuales se ha pasado sin penetrar -lo que dentro se contiene. Mas, ¿desde cuando -es comunicado a todos el <i>sckiboleth</i>?</p> - -<p>La obra primigenia de tal héroe, cuyo análisis -sea para estudiosos y minuciosos críticos, háceme -pensar en las adolescencias proféticas, en una pérdida -y encuentro, no en el templo entre los doctores, -sino en el bosque entre los leones. Hay allí, -sobre todo, un infuso conocimiento de cosas inmemoriales -que se ha transmitido a través de innúmeras -generaciones, y que hace vagamente reconocerse, -apenas, con algún rarísimo <i>contemporáneo</i>, en -un rápido choque de miradas, o en la similitud de -interpretación de un gesto, de un signo, de una -palabra.</p> - -<p>Ya en la tarea de ideas, revélase la inagotable -mina verbal, la facultad enciclopédica, el dominio<span class="pagenum"><a name="Page_57" id="Page_57">[57]</a></span> -absoluto del instrumento y la preponderancia del -don principal y distintivo: la fuerza. Propaganda -patriótica, ciencia civil, historia, cuento, enseñanza, -discurso ocasional, todo es pletórico, todo está -lleno de vital y viril fuerza. Verdad que oiréis un -son de flauta en los Crepúsculos del Jardín. Acordaos -del Polifemo que canta Teócrito y Poussin -pinta. Y luego: <i>¿Quid dulcius melle et quid fortius -leone?</i> ¿No habían vibrado antes en una lengua de -potente amor versos capaces de encender estatuas?</p> - -<p>No creo yo que en nuestras tierras de América -haya hoy personalidad superior a la de Leopoldo -Lugones, quien antes de llegar al medio del camino -de la vida, se ha levantado ya inconmovible pedestal -para el futuro monumento. <i>Las Montañas del -Oro</i>, <i>Los crepúsculos del jardín</i>, <i>El imperio jesuítico</i>, -<i>La guerra gaucha</i>, <i>Las fuerzas extrañas</i>, <i>Lunario -sentimental</i>, <i>Piedras liminares</i>, <i>Didáctica</i>, <i>Prometeo</i>, -<i>Odas seculares</i>.</p> - -<p>Allá en la lejana Córdoba del Plata, una anciana -tiembla aún de temeroso gozo maternal. ¡Misia -Custodia, qué nombre el de usted, para ser llevado -en la Catedral de las glorias argentinas!...</p> - -<hr class="chap" /> - -<div class="chapter"> -<p class="p4"><span class="pagenum"><a name="Page_59" id="Page_59">[59]</a></span></p> - -<div class="figcenter4em"> - <img src="images/illusb021.png" width="500" height="124" alt=""/> -</div></div> - - -<h3 id="CARRILLO">ENRIQUE GOMEZ CARRILLO</h3> - - -<p>En una de las muchas cartas que conservo del -Sr. Gómez Carrillo—de un interés para más tarde—, -hay una en que me agradece el haber venido -a París. ¿Cómo fué ello? Ya lo he contado alguna -vez. Dirigía yo, allá por el año de 1890, en Guatemala, -un diario: <i>El Correo de la Tarde</i>. Un día se -presentó con unos trabajos un joven, muy joven, -de un moreno dorado, de copiosos cabellos y ojos -de soñador, y que manejaba ya cierta sonrisa caprichosa, -con cuyas consecuencias habría de cargar yo -mismo pasando el tiempo. Intimamos. Y entonces -yo señalé el camino de París.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_60" id="Page_60">[60]</a></span></p> - -<p>¡El camino de París! ¿Sabría Gómez Carrillo que -era el de su tierra prometida? Cierto que en él, por -su madre, había sangre francesa; pero su padre, -historiador notorio y escritor de cepa castiza, era -de puro origen español, severo en dogmas de gramática -y de bien decir, y con entronques aristocráticos -en la Península. Era, pues, quizás, el camino -de Madrid el que hubiese tomado, sin mi dichosa -intervención, el futuro autor de tanto libro de prosa -danzante, preciosa y armoniosa, que había de -ser tenido después como un parisiense adoptado, y -alabado por escritores de renombre en esta capital -de las capitales. Llegó a París a luchas y luchó. -Luchó primero en la inevitable Casa de Garnier -Frères. ¿Quién diría que el escritor sutil y libérrimo -hubiera colaborado en la seria y académica tarea -de hacer un diccionario?</p> - -<p>Pronto el guatemalteco se saturó de París. Su -primera producción, una <i>plaquete</i> hoy inencontrable, -a punto de que creo que el propio autor no la -tiene, suda el más amizclado y enfermizo de los -Parises por todas sus letras. Llegado en pleno hervor -simbolista, Gómez Carrillo había ya conocido -a todos los dioses, semidioses y corifeos del movimiento. -Era amigo de Verlaine, de Moreas, de<span class="pagenum"><a name="Page_63" id="Page_63">[63]</a></span> -Reynaud, de Duplessis, de todos los concurrentes -a las comidas y reuniones de <i>La Plume</i>.</p> - -<div class="figcenter2em"> - <img src="images/illusb061.png" width="400" height="551" alt=""/> - <div class="caption"> - <p>ENRIQUE GÓMEZ CARRILLO</p> - </div> -</div> - -<p>Su cultura aumentó día por día en este ambiente -de arte; y, relacionado con España, comenzó a -escribir en la Prensa de Madrid, tan constante y -brillantemente, que le han llamado «Príncipe de -los cronistas». Entró con el tiempo a formar parte -del cuerpo de corresponsales de <i>La Nación</i> de Buenos -Aires, y su producción adquirió mayores quilates.</p> - -<p>Se dedicó, por higiene, a la esgrima, y esas prácticas -le convirtieron en uno de los más conocidos -duelistas parisienses. Conoce varias armas, y creo -que también el <i>box</i>.</p> - -<p>En su obra pasada prevalecen, junto con un inesperado -sentimentalismo que se diría romántico, -mucha modernidad, la euritmia, las elegancias femeninas, -la danza, los personajes de la «comedia» -italiana, la anécdota maliciosa, la conversación con -sus amigos célebres, la ironía, el halago, la perversidad, -el goce, todo lleno de una sutileza francesa -de modo que se diría escrito, o por lo menos pensado -en francés, en parisiense.</p> - -<p>Luego llegaron sus libros de viajes, que le hicieron -considerar como el Loti castellano, pues apare<span class="pagenum"><a name="Page_64" id="Page_64">[64]</a></span>cieron -dones de penetración, afinidades filosóficas, -calma y serenidad, además de sus condiciones de -paisajista y descriptor, dueño de una rica paleta, y -siempre vibrante ante el espectáculo artístico o la -figura sugestiva. Su libro sobre Grecia señaló principalmente -la nueva manera. Y su libro sobre la -Tierra Santa, adonde hiciera recientemente una -visita, es, a mi entender, lo más firme, lo más sentido, -lo más meditado y estudiado de toda su obra; -pues quizás, así fuese por un momento, influencias -ancestrales despertaron en él la verdadera emoción -y la seguridad ideal, sin lo cual nada se escribe de -duradero y de firme. Y realizó un bello, armonioso -y erudito libro. Es un escritor dichoso.</p> - -<p>¡Antes de aparecer su obra, un obispo de Colombia -le ha excomulgado! Lo cual hará para <i>Jerusalén -y la Tierra Santa</i> una singular propaganda.</p> - -<p>Le han prologado y alabado sus libros, escritores -como Paul, Adam, Jean Moreas, Emile Faguet, -Catulle Mendes, Vicenti, Cortón, quien estas líneas -escribe, y otros nombres más. ¡Si este diablo de -hombre quisiese, aun después de la excomunión, -le prologaría ahora un cardenal!</p> - -<p>El Gobierno francés le hizo caballero de la Legión -de Honor.</p> - -<hr class="chap" /> - -<div class="chapter"> -<p class="p4"><span class="pagenum"><a name="Page_65" id="Page_65">[65]</a></span></p> - -<div class="figcenter4em"> - <img src="images/illusb025.png" width="500" height="107" alt=""/> -</div></div> - -<h3 id="ROJAS">RICARDO ROJAS</h3> - - -<p>Poned a esta cabeza un turbante de seda, y diréis -ser la de un joven maharadja; un fez, y tendriais -a un noble egipcio. De la India, del Igipto, -de Ceylán, de Oriente en su aspecto; y ello no os -sorprenderá, puesto que sabéis de las discusiones -sobre las relaciones orientales prehistóricas, entre -los aborígenes americanos y los pueblos de Oriente: -La cabeza de Ricardo Rojas, la cabeza física, es -la de un cacique. A él ello le complace, pues -alienta y vive de su América. Un espíritu seductor -y un poeta gentil, Eduardo Talero, cuando Ricardo -Rojas se preparaba para venir Europa, exclamaba: -«¿El poeta Rojas en Europa?... ¿Qué va a<span class="pagenum"><a name="Page_66" id="Page_66">[66]</a></span> -hacer? ¿Por qué exponerse a que las grisetas del bulevar -lo miren de hito en hito, sin sospechar que -bajo el color oliva de su rostro hierve el aceite de -una lámpara de oro, y que bajo esas fibras de carbón -adusto al peine yacen en huacas de indio las -cristalizaciones del sol más linajudo de la tierra? -A Rojas, como a los demás poetas bien raigales, -debía la República coronarles de roble y ñandubay, -y en vez de permitirles estas excursiones por Europa, -ponerles en lo mas intrincado de la selva a -recoger mieles líricas en los panales y los nidos, a -ver de olvidar lo que aprendieron en la escuela y -a ponerse en acecho de los sátiros y mafirihadas -aborígenes».—«¡Ah!—Contesta Ricardo Rojas, -desde París, no sin tristeza siquier dominada por -su preexistente carácter—¡si la República coronara -de roble y de ñandubay a sus poetas, no buscaran -ellos en el éxodo y las peregrinaciones azarosas el -lenitivo de sus secretas amarguras, ni recurrieran, -para el sustento del camino a la producción forzada -y premiosa, que, si no malogra, retarda al menos -la obra donde florece el genio de una raza!»—Y -luego... «Yo procuré ser útil a mi patria y -digno de ella en el extranjero. Yo no llevé mi -ofrenda de mirra salvaje a la casa de los pontífices<span class="pagenum"><a name="Page_67" id="Page_67">[67]</a></span> -literarios. Yo desdeñé el elogio fácil de los -<i>maîtres</i> que ignoraban mi idioma. Yo me acerqué -a hombres y monumentos con tal independencia -mental, que mis opiniones de meteco sublevaron -algo una protesta. Yo dije a públicos del viejo -mundo las esperanzas del nuevo. Yo torné más alto -y puro mi corazón ante las nobles figuras del -arte clásico. Yo admiré de Europa la razón secular -de su cultura, e inspirándome en ella, prediqué a -mis lectores del Plata un evangelio de belleza...; -la devoción al ideal como contrapeso a los esplendores -materiales. Ahí reside para mí la diferencia -entre las viejas y las nuevas civilizaciones, y al -admirar de estas sociedades la tradición civil de -su cultura, no lo hice en detrimento de las cosas -nativas: antes bien, procuré dar nueva vida a ese -culto europeo del ideal como la pasión americana -de mi alma, que enardeció la ausencia.» Este es el -hombre. Y al conocerle os conquistan bondad y -talento. Y la primera condición ¡cuán rara ahora -en un intelectual! Su pensar crece ampliamente. -Consagrado al culto patrio, lucha porque se mantenga -el principio nacionalista a través de las invasiones -que el mundo todo envía a la proficua -tierra argentina. Su americanismo y su patrio<span class="pagenum"><a name="Page_68" id="Page_68">[68]</a></span>tismo -tienen muchos puntos de contacto con los del -gran cubano Martí. El trabaja en lo que llama su -«evangelización idealista», y dotado del don pedagógico -inculca sus enseñanzas en la generación -universitaria que le escucha. Todo eso en el comienzo -de su camino.</p> - -<p>Hace cinco años, en el <i>manoir</i> de Boultous, después -de haber yo hecho la presentación del poeta -argentino al príncipe lírico de las analogías y de -las imágenes en lengua francesa, al grande y bueno -Saint-Pol-Roux, llamado el magnífico en los -bellos tiempos del simbolismo francés, nos pusimos -a hablar, durante el almuerzo y a la hora del -champaña, de nuestras respectivas edades. Y al decir -Ricardo Rojas la suya, una palabra brota de -labios del <i>maître</i> de <i>réans</i>, de la señora de -Saint-Pol-Roux, linda y gentil, de los hijos, Divine, -Coecilian, Loredan; y esa misma palabra era: -¡Bravo! Se aplaudía, como un bello verso o como -una música amable, la confesión de la más lozana -juventud.</p> - -<p>En plena juventud, pues, trabaja ese cultivador -de ideales y constructor de sueños. La producción -que ha dado ya, garantiza para mañana copiosas -y firmes obras. Pocos como él poseen igual<span class="pagenum"><a name="Page_69" id="Page_69">[69]</a></span> -suma de inquebrantables y nobles deseos y esa -virtud de consagración, sin aportar constante brega -o sacrificio para llegar al punto ambicionado, -que no es sino, en los señalados, una etapa que -inicia nuevos caminos y ascensiones.</p> - -<p>Sus calidades de pensador y de estudioso y sus -disposiciones catedráticas, se advierte en obras como -<i>La restauración nacionalista</i>, la introducción a la -<i>Bibliografía</i> de Sarmiento, y el excelente libro sobre -el abolengo de los argentinos titulado: <i>Blasón -de plata</i>. Asimismo, en sus <i>Cartas de Europa</i>, hábil, -documentada y nutrida labor de periodismo, -pero en donde, como en todo lo de Rojas, encontraréis -de pronto el poder lírico, el tender a la -trascendencia, y una armoniosa y aun elocuente -riqueza verbal. Y a esto no dejéis de agregar la -emoción, pues él también es un sentimental, un -sensible y un sensitivo.</p> - -<p>En estas líneas, concentradas y sintéticas, no -quiero ni puedo hablaros de sus procedimientos, -de sus parentescos mentales, de su técnica. Ello -conviene a otra clase de estudio. El poeta se inició -con <i>La Victoria del hombre</i>, obra poemal que no -se avenía con mis gustos, pero en la cual hallé, -como me acontece con cualquier obra de cual<span class="pagenum"><a name="Page_70" id="Page_70">[70]</a></span>quier -escuela o de cualquier autor, la parte de belleza -que podía satisfacerme y que podía admirar. -Luego he leído <i>Los lises del blasón</i>, libro de un excelente -artífice, exquisito y frío, trabajado y pulido, -y en el cual se siente el dominio de la forma, -erudición poética, y voluntaria o involuntaria fuerza -de asimilación. ¿Mas en quién, aun entre los -mas grandes, no encontrar un antecedente o semejanza -en el prodigioso universo de la Lira?</p> - -<p>Este libro de poesías me ha hecho pasar gratos -momentos; no seré yo quien se detenga a señalar -lo que por completo no satisfaga. Sólo afirmaré -que si peca, es por exceso en el deseo de perfección, -o por dilectantismo en los descuidos. Marmóreo, -amador de lo clásico, moderno, sapiente o -«funambulesco», quien ha escrito esos versos es -un apolonida, un prestigioso tocador del instrumento -divino. Yo me precio de comprender su -espíritu y de admirar su feliz consagración. Mucho -debo también a sus gallardos entusiasmos y a su -afecto. Gongora, Banville, Montesquieu, celebrarían -más de una de sus ejecuciones. ¿Y quién no -alabará a quien en su retiro compuso esos poemas, -varios como las cosas y los días, en loa del Amor, -de la Amistad, de la Belleza, de la Patria, que<span class="pagenum"><a name="Page_71" id="Page_71">[71]</a></span> -fueron tregua y ornamento en medio de la vida -amarga y bella? Vendrán frutos de mayor jugo y -más completa sazón; vendrán productos más temperados -y de vastas proyecciones; pero el frescor -de las horas primaverales permanecerá en las cosechas -primigenias.</p> - -<p>Hay un soneto final en el volumen en que me -ocupo, que hace ver un Ricardo Rojas supersticioso, -como cumple a un verdadero interrogador -de los misterios del mundo. Tratan esos catorce -versos de la malhadada profecía de una gitana, -que al probar en el poeta su saber quiromántico, -interpretó el fatídico signo de una muerte temprana:</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line i1">Deme esa triste dicha de perecer mañana</div> -<div class="line">La Lívida que acecha mi paso en el camino,</div> -<div class="line">Cuando aún mi carne llore por el arte divino</div> -<div class="line">Y arda mi alma en la lumbre de su pasión humana.</div> -<div class="line i1">Corte el hilo invisible de mi vida su diente,</div> -<div class="line">Antes que se marchite la rosa de mi frente;</div> -<div class="line">Mas concédame, al menos, en mi destino raro,</div> -<div class="line i1">Realizar en el mundo la visión de mis sueños,</div> -<div class="line">Que es dejar a otra frente mi corona de ensueños,</div> -<div class="line">Y mi amor en el ritmo de poema preclaro.</div> -</div></div></div> - -<p>Las gitanas, como todas las sibilas, suelen con -bastante frecuencia equivocarse, y el poeta tiene -posiblemente en su vigor de voluntad el secreto de<span class="pagenum"><a name="Page_72" id="Page_72">[72]</a></span> -su vivir. Después de <i>Los lises del blasón</i>, después -de <i>El Libro de Perséphone</i>, después de <i>La Sangre -del Sol</i>, dos libros, estos últimos, que aun no conozco, -han de venir otros más firmes y melodiosos -poemas. Y el patriótico idealista completará también -la tarea para la que ha nacido.</p> - -<div class="figcenter2em"> - <img src="images/illusb008.png" width="250" height="189" alt=""/> -</div> - -<hr class="chap" /> - -<div class="chapter"> -<p class="p4"><span class="pagenum"><a name="Page_73" id="Page_73">[73]</a></span></p> - -<div class="figcenter4em"> - <img src="images/illusb029.png" width="500" height="192" alt=""/> -</div></div> - -<h3 id="UGARTE">MANUEL UGARTE</h3> - - -<p>El Sr. Manuel Ugarte, tan ventajosa y profusamente -conocido en la Prensa hispanoamericana, en -España, en el elemento socialista de Francia; que -ha sido un ferviente adorador de las musas y de las -gracias; que recientísimamente ha publicado un -libro de gran resonancia, que ha tenido comentadores -hasta en el lejano Japón, <i>El porvenir de la -América latina</i>, recorre hoy los países de nuestro -continente e islas castellanas, dando en conferencias -voces de alarma, señalando, <i>gesto</i> complementario -de su doctrina opuesta, el peligro yanqui. Ya -en Cuba, y a pesar de que ha mentado la soga en<span class="pagenum"><a name="Page_74" id="Page_74">[74]</a></span> -casa del ahorcado, fué recibido con la usual ferviente -gentileza que, para los escritores extranjeros -tienen los hombres de letras cubanos. Los merecimientos -de Manuel Ugarte harán, desde luego, que -en todos los países que visite sea acogido con fraternal -cordialidad.</p> - -<p>Supongo que las prédicas del nuevo cruzado expondrán -y desarrollarán el espíritu de su libro, que -él llama sencillo, pero que no lo es tanto como su -modestia lo declara. Hay en él ideas, estilo, entusiasmo, -y, hasta el águila de la cubierta, que lleva -en las garras el pabellón de los Estados Unidos, -había de llamar la atención sobre todo al yanqui. -Así fué que, en la tierra de los dólares, fué examinada -o combatida su obra, mayor y más detenidamente -que en ninguna otra parte. Tal libro es un -libro <i>de buena fe</i>, que diría Montaigne, un libro -que, para el ideal que sostiene, hacía falta. El grito -de alarma se había dado ya líricamente. Vargas -Vila, entre otros, había lanzado terribles clamores; -José Martí, más de una vez, había dicho cosas bellas -y proféticas sobre el acecho de los hombres del -Norte. Yo mismo, hace ya bastante tiempo, lancé -a Mr. Roosevelt, el fuerte cazador, un trompetazo, -por otra parte inofensivo. Pero esas son cosas<span class="pagenum"><a name="Page_75" id="Page_75">[75]</a></span> -de poetas. El volumen de Manuel Ugarte es trabajo -de estudioso, con observaciones felices, erudición, -método, y, aunque el autor no lo quiera, literatura. -Y, sobre todo, ha sido un volumen -<i>sensacional</i>. Todo ello es hermoso, plausible y meritorio.</p> - -<p>«Claro está—dice Manuel Ugarte—que todo grito -de polémica tiene que levantar objeciones. Unos -censurarán la desconfianza que nace acaso de la -contradicción, entre el valor inapreciable de nuestro -porvenir y la debilidad que nos imposibilita -para defenderlo. Sois, nos dirán, como el niño que -ha cogido una mariposa y la aprieta en el hueco -de la mano a riesgo de destruirla. Otros criticarán -el optimismo, brote espontáneo de una concepción -batalladora y enérgica de la vida. Los más hostiles -pondrán en tela de juicio el interés del estudio. -Los más hábiles le darán un alcance que no tiene. -Éstos le motejarán de antipatriótico. Aquéllos verán -en él un síntoma de imperialismo. Y condenada -aquí a una circulación silenciosa por las conspiraciones -inútiles, levantada allá por las olas -confusas de las divergencias, la obra estará siempre -lejos de conseguir una aprobación unánime.» Yo -no soy de los hostiles, y digo: el libro es interesan<span class="pagenum"><a name="Page_76" id="Page_76">[76]</a></span>te, -muy interesante. Aplaudo el optimismo, porque -es bello y saludable. Celebro la intención romántica -y generosa. Y después de aplaudir el libro, -aplaudo el viaje. Pero... en cuanto a los resultados, -me declaro absolutamente pesimista. Unos pueblos -en donde el dólar impera ya, están contentísimos -según parece. Y en los otros, hay quienes tienen -envidia a los primeros, y desean que el monstruo -les devore. «Conozco al monstruo porque he vivido -mucho tiempo en sus entrañas», decía José Martí, -desde New-York. Y los <i>pueblos enfermos</i> parece que -dijesen: «Señor monstruo, le damos las gracias, -puesto que nos va a comer en salsa de oro».</p> - -<p>Por lo que toca al autor y oral propagandista, -no es detalle secundario lo que se diga de él. Y yo -digo que, aunque el porvenir de la América Latina -sea el previsto fatalmente, Manuel Ugarte, con sus -esfuerzos en el libro, en la Sorbona y en el viaje, -habrá ganado el mejor laurel para su cabeza.</p> - -<div class="figcenter2em"> - <img src="images/illusb014.png" width="400" height="125" alt=""/> -</div> - -<hr class="chap" /> - -<div class="chapter"> -<p class="p4"><span class="pagenum"><a name="Page_77" id="Page_77">[77]</a></span></p> - -<div class="figcenter4em"> - <img src="images/illusb003.png" width="500" height="210" alt=""/> -</div></div> - -<h3 id="ZARRAGA">ANGEL ZARRAGA</h3> - - -<p>Llegó de tierra mejicana a Europa joven, muy -joven.</p> - -<p>Escribía versos, pintaba cuadros, estaba lleno de -ilusiones de gloria.</p> - -<p>Los versos y las pinturas revelaban un hermoso -y fresco talento, en el cual se encontraba una cuidada -cultura, la decisión y la pasión del artista -nacido y la chispa americana.</p> - -<p>Se fué a la madre patria, a España; los versos -fueron poco a poco quedando en segundo término -y Angel Zárraga, como poseído de su verdadera vocación, -buscó a los maestros pintores peninsulares,<span class="pagenum"><a name="Page_78" id="Page_78">[78]</a></span> -visitó y estudió el Museo del Prado, entró al taller -del admirable técnico que es Sorolla; aprendió todo -lo que pudo aprender; se relacionó con los intelectuales, -fué íntimo de Valle Inclán, de los Baroja; -se unió a los jóvenes que hoy brillan en el arte español. -Luego fué a Bélgica, ensayó tales o cuales -novedades, neo-impresionismo, divisionismo; dejó -piafar su juventud ansiosa. La reflexión llegó, y -cambió los nuevos buscadores por los viejos maestros. -Quintín, Metsys, Memling, todos los grandes -flamencos fueron admirados y comprendidos por el -hijo del país azteca, que lleva sangre vasca en las -venas. En Holanda conoció y trató a más de un -raro de la pintura, como ese misterioso y singular -Toorop, sobre quien se diría ha soplado una ráfaga -venida de las entrañas de la antigua India. Luego, -Angel Zárraga pasó a Italia, y fué encantado por la -más maravillosa y deleitable música de los ojos, -con los poderosos creadores del Renacimiento, con -los príncipes del dibujo y reyes del color, con los -suntuosos y soberbios decoradores de iglesias y palacios -que dejaron a los siglos sus tesoros de gracia -y fuerza pictóricas. Mas no fueron solamente los -italianos, sino otros grandes de otras partes quienes -prefiriera su deseo de perfeccionamiento. Y así<span class="pagenum"><a name="Page_79" id="Page_79">[79]</a></span> -ha escrito Rodolfo Panichi: «Il Rembrandt, il Morone, -il Tintoretto, il Velázquez, il Goya, sono -i veri maestri che lo Zárraga ha nell' ánima e nell' -ochio, ed egli si pone il principio che, coi mezzi -meravigliosi dei Veneti del decimosesto secolo e -degli Spagnuoli del decimosettimo si possa esprimere -tutta la complessità e l'inquietudine della -vita contemporanea. Egli trascura pertanto ogni -artificio di tecnica moderna, riescendo ad ottenere -una luminositá composta, una intonazione gradevole -e poetica, alla quale tuttavia i suoi studi sulla -divisione e sovraposizione del colore devono avergli -giovato notevolmente. Cosi, se c'e talora nei -suoi lavori un senso di manierismo nella distribuzione -delle parti principali, e di convenzionalismo -negli accessori che ricordano le composizioni del -nostro risorgimento, egli resta però psicologicamente -indipendente». Y es lo cierto que, de su incursión -por el espíritu del arte moderno, han resultado -obras que tienen una característica, un -sello personal inconfundible en figuras magistrales, -sólo que, como lo hace notar el mismo Panichi, el -tipo de los campos es distinto, «es el país castellano, -son los contornos de Toledo y de Segovia los -que el pintor siente y reproduce: un país lleno de<span class="pagenum"><a name="Page_80" id="Page_80">[80]</a></span> -melancolía y de tristeza...» En España ha encontrado -Zárraga muchas de sus figuras. <i>La vieja que -ora</i>, arrugada y triste de una pena secular; <i>La mala -consejera</i>, la celestina de cara de buho, junto a la -muchacha rozagante, carne de vicio; <i>La bailarina -desnuda y la trotaconventos maternal</i>; <i>La mendiga y -la vieja del rosario</i> y <i>El Tríptico</i> de las dos mozas -ferrosas y el viejo del escapulario, apretado, amojamado, -pero viviente de su vida sórdida, devota -y tradicional.</p> - -<p>¡Y las lindas figuras femeninas de Angel Zárraga! -La del <i>Don, Marta y María</i>, ascetismo y voluptuosidad; -el otro cálido desnudo de la <i>Alegoría del -Otoño</i>, cuadro digno de los buenos tiempos de Venecia; -un precioso retrato de adolescente; la dama -arrodillada ante el San Sebastián, un tanto paganizado -del <i>Voto</i>, que se expuso en el pasado Salón de -Otoño; la hembra de <i>la femme et le pantin</i>; y, sobre -todos, esa maravillosa <i>Novia</i>, cuadro que con sus -dos desnudos es un canto misterioso a la <i>arcilla -ideal</i>, al hechizo enigmático de la mujer, y que, vagamente -sugiere en la simbólica Granada entreabierta, -el arcano amoroso y la iniciación de las -iniciaciones. Paso a paso, consciente y con seguridad, -va Angel Zárraga camino de la gloria.</p> - -<hr class="chap" /> - -<div class="chapter"> -<p class="p4"><span class="pagenum"><a name="Page_81" id="Page_81">[81]</a></span></p> - -<div class="figcenter4em"> - <img src="images/illusb037.png" width="500" height="84" alt=""/> -</div></div> - - -<h3 id="SOLAR">ALBERTO DEL SOLAR</h3> - - -<p>La Real Academia Española, que acaba de abrir -sus puertas al escritor chileno Alberto del Solar en -calidad de miembro correspondiente, ha realizado -un acto de completa justicia. Ha tiempo que el -autor de tantos libros plausibles, que acaban de aparecer -compilados en una bella edición de <i>Obras -Completas</i>, era merecedor de tal homenaje. Fuera -de sus méritos de novelista, de narrador, de poeta, -de autor dramático, ha sido siempre cultivador de -la tradición castiza de nuestra lengua, y no ha transigido -ni aun con la singular costumbre, que creo -que se debe a D. Andrés Bello, de usar la i latina -como conjunción en los casos en que todos usamos<span class="pagenum"><a name="Page_82" id="Page_82">[82]</a></span> -la <i>y</i> griega o <i>ye</i>. Va bien, pues, Del Solar, entre los -que tienen por especial misión limpiar, fijar y dar -esplendor al idioma castellano.</p> - -<p>Una de las particularidades que distinguen a Alberto -del Solar es su americanismo, demostrado -desde antaño. Desde sus recuerdos sobre la guerra -del Pacífico, en la cual, siendo muy joven, tomó -parte por mar y por tierra, hasta sus últimos trabajos, -casi todos, todos puede decirse, se refieren a -nuestra América, y principalmente a Chile, su patria, -o a la República Argentina, patria de sus -hijos.</p> - -<p>En esos recuerdos a que me he referido brilla -un vibrante amor de la tierra natal, y de sus glorias, -y se habla con palabras de verdad y de entusiasmo—«yo -vi, yo estaba allí»—del heroísmo -del soldado chileno, de su terribleza y de su resistencia. -Y no hay, desde luego, ninguna manifestación -de odio o rencor al enemigo. En la novela -<i>Huincahual</i>, que pasa en tiempos del antiguo Arauco, -y que habría regocijado a Marmontel y logrado -la aprobación de Chateaubriand, se trata de luchas -y amores entre personajes de las razas contrarias: -la conquistadora y la autóctona. La narración es -clara, sencilla, con justa y precisa erudición, como<span class="pagenum"><a name="Page_83" id="Page_83">[83]</a></span> -que se apoyaba el autor en documentos del eminente -americanista Medina, y de un interés sostenido -y atrayente. «Me ha gustado e interesado tanto, -que pienso hablar de ella cuando hable de otras -novelas hispanoamericanas», escribía D. Juan -Valera.</p> - -<p>En <i>Rastaquouere</i>, otra novela, trabaja Del Solar -en materia contemporánea y graciosísima; está -muy galanamente escrita, y contiene muchas y -muy saludables enseñanzas.</p> - -<p>La novela <i>Contra la marea</i>, entusiasmó a poetas -como Rafael Obligado, cuando fué leída en reuniones -literarias en casa de ese noble e ilustre amigo; -yo asistí a algunas durante mi permanencia en -Buenos Aires. Es también labor americana, de ambiente -argentino, y en ella, como en <i>El Faro</i>, otra -novela escrita sin que conociese el autor <i>La Tour -d'Amour</i>, de Rachilde, aparece uno de los elementos -que ejercen mayor atracción en la facultad imaginativa -y creadora de Alberto del Solar: el mar.</p> - -<p>En las concertadas líneas de esta «cabeza» no -podría ni someramente juzgar ni presentar toda -la obra ya numerosa de mi eminente amigo. Alguna -vez—hace ya años—expresé mis elogiosos -pensares en el prólogo de uno de sus libros. Hoy<span class="pagenum"><a name="Page_84" id="Page_84">[84]</a></span> -podría agregar que ha contribuído a la formación -del teatro nacional argentino, con la presentación -de más de una obra celebrada a pesar -de lo dificultoso de la empresa. De su comedia <i>El -doctor Morris</i>, que creo se ha representado también -en inglés, decía el poeta Díaz Romero: «Es una -de las obras de teatro más seductoras que se hayan -representado en este país». Y de <i>El Faro</i>, <i>Chacabuco</i> -y otros trabajos se han hecho los juicios más -satisfactorios.</p> - -<p>Mucho habría que decir del crítico, del conferencista, -de algún excelente ensayo de historia; mas -ello no cabría sino en líneas mayores. Debo, sin -embargo, hablar del poeta. Y aquí volveré a recordar -cómo aviva su fantasía, y le mueve a expresarse -métrica, sonoramente la vasta influencia oceánica, -advertida desde su infancia en la pintoresca y -encantadora Valparaíso. Cuando aparecieron en <i>La -Nación</i>, de Buenos Aires, versos de Del Solar, el -hecho causó asombro. Sus colegas de la prosa se -asombraron: ante los mundanos y ante los de los -millones perdió méritos; los poetas, celosos de su -ciudad sagrada, le exigieron el <i>schiboleth</i>. Con todos -ellos supo entenderse; y al publicar recientemente -su poema <i>El Diamante azul</i>, en que siempre apare<span class="pagenum"><a name="Page_85" id="Page_85">[85]</a></span>ce -la prodigiosa Thalassa, se ha visto que se trata -de un verdadero lírico, conocedor de nuestro parnaso -y de los grandes poetas ingleses, y cuya factura -de corte clásico no le impide vuelos muy modernos, -pegaso y aeroplano. Páginas entusiásticas -se han escrito sobre ese hermoso poema—entre -ellas una notable de Luis Berisso—, y en ellas se -alaba el dominio de la expresión y la fuerza imaginativa. -Yo he leído con detención esos resonantes -y ágiles versos que expresan un significativo «mito» -y que juntan la gracia de las ficciones y metamorfosis -antiguas a un tema que no puede ser más real, -en las férreas y mecánicas tragedias de nuestros -días: el naufragio del <i>Titanic</i>. Una leyenda comentada -por los diarios a raíz de la pérdida de aquel -colosal barco, dió motivo a que Del Solar escribiese -su conmovedora y musical obra, y el poema -surgió, digno del poeta y de la poesía.</p> - -<div class="figcenter2em"> - <img src="images/illusb041.png" width="350" height="76" alt=""/> -</div> - -<hr class="chap" /> - -<div class="chapter"> -<p class="p4"><span class="pagenum"><a name="Page_87" id="Page_87">[87]</a></span></p> - -<div class="figcenter4em"> - <img src="images/illusb003.png" width="500" height="210" alt=""/> -</div></div> - -<h3 id="PICON">JACINTO OCTAVIO PICON</h3> - - -<p>La reciente elección de la Real Academia Española -ha sido, con justicia, muy bien recibida en los -círculos intelectuales. El elemento antineo se ha -sentido con gran regocijo; pues hubo lucha en el -reino gramatical, y, sin la oportuna llegada de votos -importantes como Galdós y Sellés, es casi seguro -que hubiera triunfado el candidato conservador, -el eminente anónimo D. Angel María Decarrete. -Picón es un espíritu simpáticamente vivaz, -uno de los mejores escritores de su país y un <i>gentleman</i> -cuya corrección se viste de amabilidad: hice, -pues, mi visita a Picón.</p> - -<p>Yo no le conocía personalmente; no obstante,<span class="pagenum"><a name="Page_88" id="Page_88">[88]</a></span> -un académico siempre tiene ante nuestra imaginación -cierta gravedad doctoral: así, mi sorpresa, -al ser presentado, no pudo disimularse: nada de lo -imaginado, ¡ni siquiera anteojos! En su <i>garçonniére</i>, -donde preside el más discreto y elegante gusto -en el arreglo y decoración, vive entre libros y -obras de arte: viudo que parece más joven que -sus hijos ya hombres. Hidalgo antiguo con el aspecto -de un clubman moderno: dedicado a sus libros -viejos para saber y decir cosas nuevas. Al -mirar, los ojos finos parecen que registran las intenciones; -el ademán es franco y noble, el apretón -de manos da la sensación de la sinceridad. Es -afectuoso y varonil, sin melosidades falsas ni chinerías -de fórmulas. A poco, ya estamos viendo -una nueva edición del <i>Quijote</i> hecha en Inglaterra; -y con tal causa admiro su conversación erudita, -su pericia de bibliófilo y su seguridad crítica. Me -muestra buena parte de sus libros raros, de sus -ejemplares preciosos, con orgullo de buen artesano -que supiera la calidad de sus útiles, con el aire -de un maestro de armas que enseñase sus mejores -espadas y floretes. Ya es un curiosísimo libro de -refranes, ya un Quevedo que tuvo entre sus manos -la censura de la Inquisición, con versos y estrofas<span class="pagenum"><a name="Page_89" id="Page_89">[89]</a></span> -tachados, que en las ediciones posteriores, o están -reemplazados por puntos suspensivos, o suprimidos; -o ya por mostrar lo que es el lujo aristocrático de -la tipografía española, volúmenes de Monfort, de -la imprenta real, o de Sancha.</p> - -<p>—«¿Un cigarrillo?»</p> - -<p>Tengo que confesar, con verdadero encogimiento, -que me es extraño el</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line">Agréable tabac, charmant amusement</div> -<div class="line">Qui d'un langage muet entretient en fumant,</div> -</div></div></div> - -<p>como dice el ramplón rimador del <i>Portrait Universel</i>; -y como se sorprendiese—¡Un americano que -no fuma!—sostengo el honor de nuestro continente -citando a nuestros más ilustres fumadores, -comenzando con el general Mitre.</p> - -<p>Le pregunto algo sobre la recepción en la Academia -y cuándo se verificaría.—«Vea usted—me -dice—, ha sido costumbre generalmente adoptada -en este Instituto, que los académicos elegidos dejen -pasar tres, cuatro, cinco y hasta nueve años para -ingresar en sesión pública y pronunciar el discurso -de reglamento. Yo pienso hacerlo probablemente a -principios de año, quizá en el próximo marzo. Y -me salgo de la regla por varias razones, y no es la<span class="pagenum"><a name="Page_90" id="Page_90">[90]</a></span> -menor el que sea D. Juan Valera quien tenga que -contestarme. Nuestro D. Juan está, aunque todavía -fuerte, en una edad muy avanzada, ciego: y -una enfermedad a sus años, por leve que fuera, le -impediría ocupar su puesto en mi recepción. Confieso -que prefiero salirme de la costumbre académica -a privarme de la honra y el placer de que -sea Valera quien me reciba al ocupar mi sillón. -Además... (y aquí no sé si sea indiscreto como -amigo, aunque lleno mi labor de periodista, al reproducir -las palabras del Sr. Picón), además, los -neos se han portado muy mal conmigo en esta -emergencia. Los académicos que me apoyaban, -habían anteriormente ayudado a la elección de un -candidato conservador, con la condición de que mi -candidatura no encontraría obstáculo de parte de -aquéllos. Pues bien, ahora, si he podido vencer, -ha sido con la oposición de ellos, y gracias a que -dos votos que faltaban llegaron a tiempo, haciendo -viaje exprofeso Galdós de Santander y Sellés de -Portugal, en donde a la sazón se encontraban. -Quiero, pues, entrar pronto y ocupar el puesto -que me corresponde entre los de filiación; contribuir -a evitar algunas cosas y a realizar otras...»</p> - -<p>Yo miraba a aquel hombre nervioso, vibrante<span class="pagenum"><a name="Page_91" id="Page_91">[91]</a></span> -de intelectualidad, en lo más firme de sus años, -extranjero entre calvas y «pelucas», y recordaba -sus páginas valientes de arte y de idea; sus varios -pinchazos a la misma Academia, como aquella -graciosa nota de un capítulo de <i>Dulce y sabrosa</i>: -«El autor había escrito <i>manguitos</i>. La Academia -dice <i>mangotes</i>. ¡Paciencia!»; su libertad de juicio, -su continuo volar hacia adelante sin perder por -esto sus adoraciones antiguas y cultos clásicos; sus -declaraciones de partidario del progreso moderno -y hasta sus audacias de socialista; y frases como -aquella que en un prólogo suyo le declara «soldado -raso, contra todas las ideas casi vencidas -de lo pasado y a favor de las esperanzas de -lo porvenir, no triunfantes todavía». No llega, -pues, con las simpatías de los inmortales ortodoxos. -Mas puede decir al entrar las palabras de -Warburton a lord Sandwich: <i>Orthodoxy my Lord, -is my doxy</i>.</p> - -<p>—Lo que será reñido—le dije—, es la elección de -presidente, que debe estar próxima, pues el conde -de Cheste enfermo, y cerca de los cien años, deberá -tener pronto reemplazante.</p> - -<p>—Sí. Los neos querrán imponer a su candidato -y nosotros haremos lo posible por impedirlo.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_92" id="Page_92">[92]</a></span></p> - -<p>—Pero usted atacaría a Menéndez y Pelayo—le -pregunté, pensando en el más meritorio del -grupo conservador.</p> - -<p>—No se trata de Menéndez y Pelayo. Marcelino, -que, con su alto pensar y su inmenso saber, no se -ha sujetado al cenáculo intransigente, ni se ha -prestado a ciertas combinaciones, es ahora poco -simpático a una parte de los académicos de su partido. -Así es que, al llegar el momento de elegir -sucesor al conde de Cheste, como habría disidencia -al tratarse de Menéndez y Pelayo, todos por -unanimidad votarán a Pidal.</p> - -<p>—Debe estar usted muy satisfecho de ir a ocupar -el sillón de Castelar.</p> - -<p>—Ciertamente, y en esto saldré también de los -usos de la Academia: en que no haré el exordio -acostumbrado sino que, como «Castelar» es el -tema de mi discurso, entraré llanamente a hablar -de Castelar y su obra, tal como yo pienso del asunto. -Para eso estoy leyendo todo lo que sobre Castelar -se ha escrito. Fuí muy amigo suyo. Ha sido -el último de nuestros grandes estadistas. Hombres, -así, soñadores o no, nos hacen falta...</p> - -<p>Aquí la conversación entró en otro terreno. Dos -diamantes de energía pasaron por los ojos pene<span class="pagenum"><a name="Page_93" id="Page_93">[93]</a></span>trantes. -Era el hombre amante de su pobre patria -venida a menos; el conocedor de las desgracias actuales -y de sus causas.</p> - -<p>—Ha venido usted a vernos en momentos terribles -para España. Ha caído nuestra amada y -grande España muy abajo; y lo peor es la espantosa -enfermedad nueva aquí, que ha atacado a esta -tierra: la conformidad, la indiferencia con el desastre, -el encogimiento de hombros ante la ruina. -Crea usted: aquí no nos hacen falta inteligencias, -no estamos necesitados de talentos que se encuentran -a cada paso: lo que no tenemos son voluntades, -la abulia es la adolencia actual nuestra.</p> - -<p>La antigua alma española ha sufrido como una -transformación. Antes se habría puesto el pecho al -frente, se habría luchado por la reconstrucción del -perdido poderío; se habrían multiplicado los esfuerzos. -Hoy, apenas se oye el levantamiento de -iniciativas individuales. Y el primero en impedirlas -es el Gobierno. Por un lado apatía, por otro -políticas dañosas y descuido de los verdaderos intereses -del pueblo español; saque usted la consecuencia.</p> - -<p>Y nuestro eterno enemigo: ¡el expediente! El papelerio -cierra el paso a toda obra, desde la más ele<span class="pagenum"><a name="Page_94" id="Page_94">[94]</a></span>vada -hasta la más modesta. ¿Cómo va a prosperar -España si lo primero que hay que pasar, para la -menor cosa que implique un adelanto, es una montaña -de expedientes y ríos de tinta oficinesca? Voy -a contar a usted un caso:</p> - -<p>En cierta provincia hubo un individuo que quiso -dotar al pueblo de su residencia con una cañería. -Creyó que para hacer aquel bien municipal le -bastaría con su dinero y con su buena voluntad, y -encargó los tubos y materiales necesarios para llevar -a cabo la obra. Pero sucede que, junto al pueblo -de que hablo hay una carretera, y precisamente -bajo esa carretera debía pasar la cañería que conduciría -el agua a la población. Comenzaron los trabajos, -pero como había que remover el terreno de -la carretera, la Autoridad manifestó al vecino generoso -que tenía que pedir el permiso necesario para -continuar la obra. Se dirigió al Ministro y en el -Ministerio se tardaron largos días para, por último, -ponerle «pase a la Junta consultiva»: la tal Junta -consultiva envió a su vez, después de un tiempo -enorme gastado, el expediente a otra Comisión, -creo que de ingenieros oficiales. Allí la cosa tardó -no sé cuántos meses, para pasar después a la Junta -y al Ministerio, y ¡no sé a dónde más! Resumen:<span class="pagenum"><a name="Page_95" id="Page_95">[95]</a></span> -mientras los papeles iban de Herodes a Pilatos, los -materiales de la cañería se arruinaron; el pueblo -no tuvo agua, el vecino gastó su dinero y su paciencia; -¡pero triunfó el papel sellado!</p> - -<p>Toqué el punto de la intelectualidad, del trabajo -mental, de la producción literaria. No se manifestó -Picón muy optimista. Desde luego, al hablar de -la crítica expresó más o menos—con gran placer -de mi parte—, ideas, opiniones y observaciones -iguales o semejantes a las que os he comunicado -ya. Pero, llamáronme bastante la atención revelaciones -como ésta: que aquí no puede haber crítica -imparcial, o con simples preocupaciones de arte, -por razones de pura consideración personal y a veces -hasta de caridad... Un autor publica un libro, -cuando no es un escritor rico, para tener que echar -algo al flaco puchero de su casa. Ese autor tiene -familia, mujer, hijos; conoce a todo el mundo y -todo el mundo le conoce, pues en el de las letras -se vive en Madrid como en familia, y el crítico que -«pega un palo», como dicen aquí, al libro de aquel -autor, sabe que contribuirá al hambre de muchos -inocentes. (Desde luego, yo tenía deseos de observarle -a este propósito que en la campaña argentina -se necesitan brazos y se hacen fortunas.)</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_96" id="Page_96">[96]</a></span></p> - -<p>Lo propio que con los autores acontece con los -cómicos. Una infeliz tiple que sostiene con sus sacrificios -artísticos a su familia, tiene de su parte el -buen corazón de la crítica, que no querrá evitarla -los garbanzos. Luego, críticos y autores se ven a -cada paso y son más o menos amigos. «Si <i>Clarín</i> -residiera en la Corte y no en Oviedo, le aseguro que -no escribiría con la independencia relativa con que -escribe.»</p> - -<p>Y esto traía a mi recuerdo el aspecto de la mayor -parte de los «luchadores por la vida» o <i>struggleforlifers</i> -de la pluma que circulan por Madrid en situaciones -lamentables. La perpetua preocupación -del «sablista» en los artículos satíricos y caricaturas, -las levitas melancólicas, los sombreros imposibles, -la indumentaria toda amargamente reveladora -en el gremio. ¡Ah! los felices que logran seis -duros en un periódico por un artículo. ¡Ah! los -que hablan de cosas fabulosas, entre envidiosos y -asombrados: «¿Sabe usted cuánto le pagan a Valera -por artículo? ¡treinta duros!» «¿Sabe usted cuánto -gana Cávia al mes? ¡Una barbaridad!» ¿Y el joven -que mira la suerte del autor de teatro que logra -triunfar, lo cual constituye ciertamente una verdadera -ganga, y se lanza a buscar su Eldorado de las<span class="pagenum"><a name="Page_97" id="Page_97">[97]</a></span> -tablas con una pieza que no le han de representar -nunca? ¿Y el soñador infeliz que tiene que contentarse—¡y gracias!—con -dejarse de literaturas y -reportear largo y tendido por doce o quince duros -mensuales?</p> - -<p>Tal pensaba al despedirme del nuevo académico, -al salir de su encantadora casita de rico, donde se -da los lujos que le vienen en antojo y compra estampas -raras y ediciones <i>princeps</i>.</p> - -<p>Su obra es ya considerable, desde sus <i>Apuntes -para la historia de la caricatura</i>, hasta su valioso -volumen sobre Velázquez recién publicado, en la -crítica de arte, y desde <i>Lázaro</i> hasta sus <i>Novelitas</i>. -Pero para mí, y para todo el que tenga el gusto de -lo humano y de lo pulcro, aparece como el más -preciado fruto de su árbol literario esa <i>Dulce y sabrosa</i>, -manzana de Garcilaso, novela de maestro, -figuración llena de vida y hechizo. Libro es ese en -que se nos presenta el deseo incontenido de lo lejano, -de lo que no poseemos, de lo difícil, antes -que el deseo de lo imposible, tan íntimo en los artistas. -<i>Dulce y sabrosa</i> es la mujer amada, lograda -y dejada; pero que luego en poder ajeno despierta -una nueva ansia de posesión y arrastra hasta la locura -por conseguirla. Todos hemos tenido nuestra<span class="pagenum"><a name="Page_98" id="Page_98">[98]</a></span> -Cristeta; todos en lo hondo de nuestro pecho somos -un poco Todellas. Y esa fabulación sencilla y vestida -de una realidad que admite una confrontación -inmediata, deja al gustarlo una grata sensación de -descanso. Jamás un final semejante ha establecido -más bellamente la libertad del amor como cuando -acaba «esta entre verídica e imaginada historia, -con el raro ejemplo de una mujer que todo lo pospone -al deseo de ser amada». En lo que respecta al -estilo, Picón es castizo hasta la medula, pero con -una cultura moderna como la suya, junta a los -donaires y elegancias de sus viejos autores la manera -de describir, por ejemplo, y de sentir ciertas -cosas, que poseen los maestros contemporáneos de -las literaturas extranjeras. Lo que constituye una -característica suya, su especialidad, es el modo -cómo penetra el arte y cómo agrega, con elementos -plásticos, a la arquitectura de su obra, singulares -bizarrías y gracias. Tanto más que, por haber leído -seguramente mucho a los místicos españoles, hay en -el alma de su discurso, casi a cada paso, un ímpetu -espiritual, un deseo de vuelo, un querer y un aspirar -a la altura, que en pocos escritores contemporáneos -se pueden hallar en España. No es un incrédulo -este liberal. Cree, ¡al contrario!, en la eterna<span class="pagenum"><a name="Page_99" id="Page_99">[99]</a></span> -Divinidad, esto es, en la eterna justicia, en la eterna -bondad y en la eterna belleza. Por eso se deleita en -la construcción de sus ensueños de regeneración -social, quiere a los infelices de abajo, y canta los -besos y celebra las «batallas de amor en campo de -pluma» con las mujeres hermosas.</p> - -<div class="figcenter2em"> - <img src="images/illusb019.png" width="125" height="307" alt=""/> -</div> - -<hr class="chap" /> - -<div class="chapter"> -<p class="p4"><span class="pagenum"><a name="Page_101" id="Page_101">[101]</a></span></p> - -<div class="figcenter4em"> - <img src="images/illusb025.png" width="500" height="107" alt=""/> -</div></div> - -<h3 id="ERRAZURIS">FRAY CRESCENTE ERRAZURIS</h3> - - -<p>Esta cabeza religiosa está llena de cordura, de -ciencia, de erudición y de sutileza. Es una de las -más fuertes de Chile. Si estáis ante él, sus miradas -agudas penetrarán hasta lo mas hondo de vuestras -intenciones. Si os enseña, tendréis que aprender -mucho en saberes humanos y divinos. Si queréis -ser su contrincante, tendréis que prepararos a la -derrota. No solamente se ha ejercitado en disciplinas -teológicas y de religión, conforme con su -vocación y estado, sino que se ha nutrido de letras -profanas, de acuerdo con San Buenaventura o San -Gregorio Nacianceno, San Juan Damasceno u Orí<span class="pagenum"><a name="Page_102" id="Page_102">[102]</a></span>genes. -Podría, como Sedulio, ser llamado <i>vir scholasticissimus</i>.</p> - -<p>Cuenta ya largos años de vida, y ha dado a su -patria vigorosos productos de su entendimiento, y -habiéndola servido en el siglo, continúa en el -claustro dándole lustre y sana gloria.</p> - -<p>Se dedicó a los estudios históricos, y ello me -hace recordar el párrafo en que Cicerón habla de -que: «uno de los principales deberes de los Pontífices -máximos de la antigua Roma, era el escribir -lo que se llamaba «grandes anales», y ponerlos -de manifiesto en su casa, para que todo el mundo -tuviese la libertad de tomar lo que quisiera de -aquel tesoro de la república».</p> - -<p>La Memoria sobre <i>Seis años de la historia de -Chile</i>, dió al P. Errazuris fama de concienzudo narrador -y escritor gallardo. El Sr. Huneeus Gana -dice de esta obra, en su libro sobre la producción -intelectual de Chile, que es «por su extensión, y -también por su prolijidad, uno de los libros de -mayor erudición histórica que conocemos, sobre -sucesos parciales y épocas determinadas. Abraza -la narración fidedigna y comprobada, escrupulosa -y completa, de los días mas aciagos y sangrientos -de toda la Era colonial (23 de diciembre de 1598<span class="pagenum"><a name="Page_103" id="Page_103">[103]</a></span> -a 9 de abril de 1605), es decir, desde la muerte -del lamentado gobernador D. Martín García -Oñez de Loyola, hasta la segunda llegada del gobernador -D. Alonso García Ramón». Y agrega con -justificado entusiasmo el Sr. Huneeus: «Esta narración, -que atraviesa el campo áspero y luctuoso -de una de las epopeyas más sangrientas y heroicas -de la Humanidad, que refiere minuciosamente las -jornadas homéricas y casi increíbles de Curalaba -y Cadeguala, y que narra con serenidad la espantable -destrucción de Villarrica, y las sublimes heroicidades -que allí desplegaron vencidos y vencedores; -este libro, que resume, en fin, el período -álgido y crítico de la guerra inmortal entre españoles -y araucanos, y que parece más la obra de -un valiente soldado escritor que la de un fraile literato, -debe considerarse, en justicia, como la -obra histórica de más empuje y de más vigorosa -unidad que se ha escrito sobre período alguno de -nuestra vida colonial». Tales palabras se justifican -con el conocimiento de la labor fuerte, elegante y -minuciosa de ese estudioso admirable, a quien la soledad -y el retiro dará mayor concentración para sus -actividades mentales. Ya sus <i>Orígenes de la iglesia -Chilena</i>, que le dan el puesto de un Baronio hispa<span class="pagenum"><a name="Page_104" id="Page_104">[104]</a></span>noamericano, -afianzaron su autoridad y su prestigio. -Fr. Crescente será más tarde un clásico, por su -estilo lleno de pulcritud y elegancia, y porque todo -en su obra es ordenado. El ha seguido bien la palabra -de San Agustín: <i>Illud a me accipiatis volo. Si -quis temere de sine ordine disciplinarum inrerum -cognitionem audet irruere, pro studioso illum curiosum -pro docto credulum, pro cauto incredulum fieri.</i></p> - -<p>En la Historia del pensamiento en Chile siempre -surge alguna figura sacerdotal. Desde el ocurrente -P. López, el P. Escudero, Fr. Manuel Oteira, -cada cual con sus méritos y sus defectos de -época y de temperamento, el historiador P. Ovalle, -el jesuíta P. Diego de Rosales, Fr. Juan de -Jesús María, el P. Suárez de Vidaurre, y los jesuítas -Pastor, Olivares, Bel, Ceballos, Ferrufino, -Caldera, Rivadeneira, Sobriño, el P. Miguel de -Olivares, S. J. historiador, el famoso abate Molina, -que escribió en italiano, el obispo Lizarraga, -los frailes Oré, también obispos, como Fr. R. Jacinto -Jorquera y Fr. G. de Villarroel, el P. P. de -Torres, Fr. Alonso Briceño, y otros cuantos notables, -como el P. Lacunza, Fr. Antonio Aguilar, -el P. Parra y Fr. J. Ramírez, citados por Huneeus, -hasta el gran Fr. Camilo Henriquez, Fr. Melchor<span class="pagenum"><a name="Page_105" id="Page_105">[105]</a></span> -Martínez, hasta los Eizaguirre, Valdivieso, Salas, -Orrego, Casanova, Fernández Concha, Donoso, -Jara el crisóstomo, Taforó y otros más, la Iglesia -chilena ha tenido activa y aquilatada representación -en la intelectualidad del país. Y entre todos -resalta con aspecto singular y señalado Fr. Crescente -Errazuris, con sus ancestrales cualidades -vascas y sus particularidades del carácter nacional, -que hacen de él «un hombre», incrustado en -un ministro del catolicismo.</p> - -<p>Y Chile, su patria le respeta y le admira.</p> - -<div class="figcenter2em"> - <img src="images/illusb008.png" width="250" height="189" alt=""/> -</div> - -<hr class="chap" /> - -<div class="chapter"> -<p class="p4"><span class="pagenum"><a name="Page_107" id="Page_107">[107]</a></span></p> - -<div class="figcenter4em"> - <img src="images/illusb015.png" width="500" height="150" alt=""/> -</div></div> - -<h3 id="GARZON">EUGENIO GARZON</h3> - - -<p>Caballeros, he aquí un caballero. Caballero probado -en los combates de su tierra uruguaya, caballero -de la pluma, caballero de los salones; y con -todo eso: <i>quel charmant Garzón!</i></p> - -<p>Su padre fué un bravo, aquel general Garzón de -las guerras patrióticas, que en la historia del Uruguay -es figura épica, y que ha pintado tan bellamente -la palabra del crisóstomo Zorrilla de San -Martín. El Sr. D. Eugenio Garzón nació para hermosas -empresas, que ha llevado a término con su -carácter reflexivo y firme, y su talento de diplomático -prodigioso. Este último adjetivo no es mío, es -de ese famoso director de diario—¡saludad!—que<span class="pagenum"><a name="Page_108" id="Page_108">[108]</a></span> -se llama M. Gaston Calmette... «Notre collaborateur -mérite tous nos remerciements et tous vos -applaudissements. Son œuvre patriotique est splendide, -presque feerique: il a rapproche deux continents! -Il a uni les republiques sud-americaines à -la republique française, avec une même capitale: -Paris. Dont vous avez fait votre ville d'adoption, en -même temps que vous faisiez du <i>Figaro</i> votre journal -de predilection... Je vous dedande de feter ce -diplomate prodigieux...»</p> - -<p>Diplomático prodigioso. Él ha contado su aventura -figaresca en frases de sabroso humor, en que -vemos cómo su paciencia tesonera logra el triunfo. -¡Y qué triunfo! El ilustre ministro de la República -Argentina, Sr. Rodríguez Larreta, ha dicho de la -obra de Eugenio Garzón en el <i>Figaro</i>, por cierto en -un francés amable que intentaré traducir... «es -una obra de arte y una obra maestra de tacto, de -noble sagacidad y de previsión. No os extrañéis si -ella produce en ciertos espíritus la ilusión engañadora -de la facilidad, como tantas otras obras maestras».</p> - -<p>Una vez lograda la toma de la fortaleza de Villemessant, -de Magnard, de Calmatte, he allí a quien -yo llamara en otra ocasión el gaucho-dandy, en la<span class="pagenum"><a name="Page_109" id="Page_109">[109]</a></span> -prosecución de su proficua labor. Y ella es en su -apariencia, sencilla, y en sus resultados, formidable. -Son unos pequeños telegramas, llenos de -cifras; unos pequeños telegramas que dicen al mundo -de los negocios y de las grandes empresas económicas, -el estado de progreso, de vitalidad, de las -repúblicas hispanoamericanas, especialmente de -aquellas que han logrado grandeza y prestigio por -el desarrollo de su trabajo y de su riqueza. Y esos -telegramitas se ven en los mercados de Europa con -un admirable termómetro financiero. De cuando -en cuando, un personaje de nuestros países llega a -París, y Eugenio Garzón conversa con él, y expone -en el <i>Figaro</i> miras y proyectos patrióticos. Y hay -en el expositor una serena ecuanimidad, prudencia, -mesura, tacto, claridad y habilidad. Luego -Eugenio Garzón es un solicitado elemento en la -vida social de las colonias hispanoamericanas. Sabidos -son su don de gentes, su dandismo discreto, -sus facultades singulares de <i>causeur</i> y la multiplicidad -de sus vinculaciones amistosas, pues quien -le trata una vez queda sujeto al <i>charme</i> de ese gentil -filósofo de «monocle» que nos favorece con el -bienhechor contagio de su optimismo.</p> - -<p>¿Y el escritor? Probado ha sido en el Río de la<span class="pagenum"><a name="Page_110" id="Page_110">[110]</a></span> -Plata en los entreveros de la polémica política, en -las bregas del diarismo. Mas siempre ha cultivado -con esmero su jardín literario, y un libro ruidoso, -sobre el archiduque enigmático Jean Orth, le dió -no hace mucho tiempo renombre europeo, o, mejor -dicho, universal. Tiene por publicar <i>La entraña -del boulevard</i>, libro parisiense escrito por un -psicólogo y un estilista que no ha perdido la savia -criolla, a pesar de sus asimilaciones de París. -<i>Mundial</i> publica un capítulo de esa obra, y allí se -podrán apreciar las condiciones de nervio y brillo -que caracterizan las prosas producidas por esa «cabeza». -Su figura es de aquellas que llaman la atención -al presentarse, y nada podría yo decir mejor -de lo que contiene este párrafo del Sr. Larreta: -«Su persona evoca para mí todo lo que en la vieja -España servía para distinguir desde lejos la sangre -noble y el honor. Creo ver a veces en sus espaldas -el negro manto de velludo, con la cruz de Santiago -o de Calatrava bordada sobre el lado izquierdo en -seda roja. Cuando anda, pienso en el rumor de las -espuelas de oro de los antiguos caballeros de Castilla; -y si lleva ahora «monocle» es, sin duda, porque -ese trozo de cristal hace levantar la cabeza con -el mismo gesto altivo e imponente que suscitaba<span class="pagenum"><a name="Page_111" id="Page_111">[111]</a></span> -en el rostro la pluma caprichosa que rodeaba el -sombrero y caía hacia atrás». Ello vale por la figura -de un soneto de Heredia; y Eugenio Garzón es -merecedor de tal homenaje.</p> - -<p>Célibe—¡Garzón para su <i>garçonniere</i>!—es admirador -de las damas hermosas, gusta de las obras de -arte, de las grandes empresas, de los altos ideales, -de la elegancia, de la cordura, de la distinción. Es -sobrio y abstemio. Y realiza este prodigio: tener -sus mejores amigos entre políticos, banqueros y -poetas.</p> - -<div class="figcenter2em"> - <img src="images/illusb047.png" width="125" height="91" alt=""/> -</div> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<div class="figcenter4em"> - <img src="images/illusb113.png" width="500" height="674" alt=""/> -</div></div> -<hr class="chap" /> - -<h2>POLÍTICOS</h2> - -<div class="chapter"> -<p class="p4"><span class="pagenum"><a name="Page_115" id="Page_115">[115]</a></span></p> - -<div class="figcenter4em"> - <img src="images/illusb003.png" width="500" height="210" alt=""/> -</div></div> -<h3 id="XIII">S. M. EL REY DON ALFONSO XIII</h3> - - -<p>Al entrar en el salón de recepciones—se lo explicará -el lector fácilmente—el poeta prevaleció -sobre el ministro. Aquella pompa, aquella ceremonia, -aquel joven descendiente de los más gloriosos -reyes, fueron, por unos instantes, la Historia. -Como es costumbre en la corte de España—costumbre -que, a pesar de todo, han infringido algunos -talentosos y verbosos hispanoamericanos—, no pronuncian -discurso ante el Rey sino los embajadores. -Yo dije dos palabras para entregar mis credenciales, -y luego, pronto estuvo Don Alfonso en conversación -conmigo. ¿Podría juzgarlo por esa vez? -Desde luego que no. Todos sabemos las preparaciones -del Protocolo. Pero, en otras ocasiones, sea que<span class="pagenum"><a name="Page_116" id="Page_116">[116]</a></span> -hablase conmigo, sea que se dirigiese a otros diplomáticos -al lado mío, pude darme cuenta de la seguridad -y cordura con que trata cualquier asunto -que inicia. El retrato que en pocas palabras ha hecho -de él un observador como el famoso M. Paoli, -es de una absoluta exactitud: «Sa haute et fine -silhouette s'accusait avec une élégante aisance dans -un complet gris clair; un large sourire éclairait son -visage fortement hâle, son visage imberbe d'adolescent -qu'ornaid un grand nez à la barbe courbe -bourbonienne, cumpé en bec d'aigle entre deux -yeux très noirs, pleins de flamme et de malice». Y -luego la impresión oficial: «Quelle ne fut pas ma -surprise, ensuite, lorsque, à Orléans, où l'on avait -fixé la première étape officielle, je le vis apparaître, -cette fois, en gran uniforme de capitaine général, -la physionomie empreinte d'une singulière noblesse, -la démarche altière, imposant à toux le -respect, par l'impressionnante dignité qui se dégageait -de sa personne, ayant le mot juste pour chacun, -souceux des moindres nuances de l'étiquette, -évoluant, causant, souriant au milieu des uniformes -chamarrés, avec une aisance souveraine, montrant -du premier coup qu'il connaissait mieux que -quiconque son métier de roi». Su oficio de rey.<span class="pagenum"><a name="Page_117" id="Page_117">[117]</a></span> -Arduo oficio en los días actuales. Porque la mayoría -de las gentes no ven sino la parte dorada y legendaria -de esas vidas principales. No saben los -cuidados y las inquietudes de hombres que hay en -esos personajes simbólicos que encarnan a los pueblos. -Por eso es absurda, sobre todo, la ciega preocupación -anarquista.</p> - -<p>Generalmente se quiere ver en el Rey de España -un rey <i>sportmant</i> por su conocida afición a los -ejercicios físicos. Ya he dicho en otra ocasión a ese -respecto lo siguiente:</p> - -<p>La educación del Rey fué como correspondía. Se -procuró, sin fatigar su espíritu, darle una cultura -apropiada, y teniendo muy en cuenta la poca fortaleza -de sus primeros años, se tendió a su mejoramiento -progresivo físico, al cultivo prudente y eficaz -del <i>corpore sano</i>. De ahí que desde niño se -haya aficionado a toda clase de deportes, sin menoscabo -de sus condiciones intelectuales y sin descuido -de una instrucción tan metódica como variada. -Los principales principios científicos y literarios, -la historia y las disciplinas militares le fueron inculcados. -Inútil decir que la religión tuvo la mejor -parte, en quien debía ostentar el hispánico y consagrado -título de S. M. Católica, y en quien tuvo<span class="pagenum"><a name="Page_118" id="Page_118">[118]</a></span> -por padrino al Pontífice León XIII. Una vez en el -caso de tomar esposa, eligió a la bella princesa -protestante que, convertida al Catolicismo, trajo -sus prestigios y encantos al Palacio de Madrid. -Entre la reina Cristina, maternalmente amorosa, -austera y tradicional, y la reina Victoria, primaveral, -reina de cuento azul, se alza la figura del -rey joven, mirando hacia el porvenir en los comienzos -del siglo XX. Es un rey caballero. Es un -rey <i>gentleman</i>. No es un rey fanático, ni un rey -del pasado. Es de su instante histórico, sin perder -natural y felizmente el antiguo e invariable concepto -de la jerarquía, base de todo Gobierno monárquico. -Ama el aire libre, la agilidad, el vigor. -Dichosamente libre de la oratoria, en otros soberanos -tan puesta de manifiesto, sabe hablar cuando -la ocasión llega, y sabe conversar. Posee algo -que atrae a las muchedumbres: la simpatía, y algo -que seduce al mundo: el valor. Es uno más de la -serie de los ilustres Alfonsos de España.</p> - -<p>Para el soberano de España no haré nunca mejor -que repetir la enumeración de un mi pasado -capítulo de mi <i>España contemporánea</i>, sobre los -ilustres Alfonsos españoles:</p> - -<p>«El I, férrea flor de Covadonga, todavía con la<span class="pagenum"><a name="Page_119" id="Page_119">[119]</a></span> -pura savia goda, fuerte como un roble de sus bosques, -lancero formidable de Cristo, terror de la -morería, y en el corazón primitivo un diamante de -nobleza; el II, casi iluminado, favorecido con manifestaciones -extranaturales, hombre de lecturas y -meditaciones, Alfonso <i>el Casto</i>; el III, <i>el Magno</i>, -bizarro y aguerrido desde lo fresco de la juventud, -terror del mogrebita, varón de tanta fe como valor; -el IV, quien como más tarde el César Carlos -V buscaría en un monasterio la tranquilidad -espiritual; el V, el de los buenos fueros, legislador -y espíritu de Consejo, también luchador feliz con -los infieles y sostenedor de la fe; el VI, que aparece -soberanamente a su lado la figura del mío Cid -el rey de la conquista de Toledo, y que tuvo la -previsión de ver hacia abajo y favorecer al pueblo -con leyes bondadosas y fueros justos; el VII, Alfonso -<i>el Emperador</i>; el VIII, que perpetuó el nombre -suyo en las Navas de Tolosa; siendo después, -al propio tiempo que caballero de combate, amante -de la Sabiduría el IX; el X, formidable figura, -cerebro y brazo, el rey de las Partidas, alquimista -y poeta, astrónomo y filósofo, cuya palabra aun se -escucha y se escuchará en los siglos, ya comience: -«Ficieron los omes...», o inicie los balbuceos en<span class="pagenum"><a name="Page_120" id="Page_120">[120]</a></span>cantadores -de sus toscas estrofas; el XI, que juntó -la habilidad política al vigor militar, monarca de -largas vistas y uno de los más amantes de sus súbditos; -«y a quien verá muy cerca—agregaba—animado -por la palabra maternal, por el inmediato -eco de su vida; será su padre. Será para él el -rey modelo y honrará la memoria de <i>el Pacificador</i>. -A él le ha tocado un tiempo de decadencia de todo -ideal, de despertamiento de odios, de exacerbamiento -de pasiones y violencias sociales, de locuras -colectivas que se traducen en furiosos ímpetus -aislados; de ansia de goces, agonía de esperanzas -y luchas terribles por la consecución del dinero. -El Dinero, el Dios de la época. El bíblico Becerro -del Sinaí, multiplicado en los toros auricoronados -que se apacientan en el Far West y en las Pampas, -y que se propagan por toda la redondez de la Tierra -entre una creciente desbandada de águilas y -cisnes». Acontecimientos posteriores han puesto a -la vista del mundo, en muy hermosa luz, la figura -de ese excelente príncipe, que ha podido dignamente -encarnar la España moderna, conservando -las dos virtudes tradicionales de su país: inteligencia -y valor. Recordé al comenzar este artículo a -M. Paoli, el veterano conductor de reyes. Conclui<span class="pagenum"><a name="Page_121" id="Page_121">[121]</a></span>ré -con una frase suya referente a Don Alfonso XIII; -<i>C'est un charmeur</i>. ¿Y cómo podría ser de otro modo -puesto que es hijo de aquel rey querido del -pueblo que se llamó Don Alfonso XII y de Doña -María Cristina, que junta a la amabilidad personal -más exquisita, la dignidad de las más rígidas aristocracias?</p> - -<div class="figcenter2em"> - <img src="images/illusb052.png" width="150" height="175" alt=""/> -</div> - -<hr class="chap" /> - -<div class="chapter"> -<p class="p4"><span class="pagenum"><a name="Page_123" id="Page_123">[123]</a></span></p> - -<div class="figcenter4em"> - <img src="images/illusb029.png" width="500" height="192" alt=""/> -</div></div> - -<h3 id="REYES">EL GENERAL D. RAFAEL REYES</h3> - - -<p>La política suele velar con nubes engañosas las -proporciones de las altas figuras. No sean esos vapores -transitorios un obstáculo para el buscador y -ensalzador de las bellas verdades.</p> - -<p>He conocido a un ex presidente de Colombia, que -ha demostrado, antes de ocupar el más elevado -puesto de su patria, como en la tradicional tierra -de los talentos literarios la acción es también demostrativa -de la fuerza vital de tan glorioso país. -Reino de sueños, pero asimismo, con sus héroes y -trabajadores, república de energías. Hubiera habido -paz desde luengos años, y ya vería allí el mundo -otro emporio de labor y riqueza hispanoamericano.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_124" id="Page_124">[124]</a></span></p> - -<p>Al tratar al general D. Rafael Reyes uno encuentra, -desde luego, esa cultura colombiana, distintiva -y propia, que hiciera antaño de Bogotá la -primada de las letras de América, algo como el -<i>Alma mater</i> continental. Se sabe que se habla con -un militar, con un explorador, con un varón de -hechos, y sin embargo, surge el hombre diserto, el -conversador sagaz, el estudioso y el cultivado; y si -se han leído las narraciones de ese bravo <i>pioneer</i>, -que supo de bregas y de penas en el corazón de ásperas -selvas, hay que saludar a un descendiente de -aquellos conquistadores, hierro y fe, que asombran -a la Historia. Hablando de tales hazañas del general -Reyes, ha escrito estas palabras Santiago Pérez -Triana: «...recorrió en su juventud aquellas inmensas -selvas (las marañas amazónicas) realizando -en ellas, en compañía de sus hermanos D. Néstor -y D. Enrique, labores de explorador dignas de los -más heroicos esfuerzos en ese fecundo campo de la -actividad humana, de cuantos registra la historia -americana desde las atrevidas y cuasi temerarias -empresas de los conquistadores hasta nuestros días. -Cuando se escriba la historia, cualesquiera que sean -los veredictos que ella pronuncie sobre los hechos -de su vida, respecto de los de cualquier hombre,<span class="pagenum"><a name="Page_125" id="Page_125">[125]</a></span> -que en lo general poco pueden vaticinar los contemporáneos, -seguramente habrá una hermosa página -en que se consignen los esfuerzos hechos para -llevar la civilización a aquellas regiones de la patria -colombiana, tan remotas de los centros habitados -por el general Reyes y por sus dos hermanos, -esfuerzos consagrados, como si fuera por el martirio, -ya que dos de los exploradores pagaron con su -propia vida su atrevida incursión en la selva primitiva».</p> - -<p>Pues la obra de este colombiano eminente es de -aquellas que en países europeos se vinculan a la -propia grandeza de la Patria, y la que ha hecho el -renombre y el reconocimiento debido a los Brazza, -a los Shakleton, a los Marchand. Las Sociedades -geográficas del mundo han sabido apreciar la labor -del general Reyes, y el nombre de este prestigioso -americano ha sido honrado con el elogio de los sabios -europeos.</p> - -<p>Cuando, lejos de los combates de partido y las -malezas políticas—más llenas de azares y peligros -que las de las florestas vírgenes—el general Reyes -ha venido al viejo continente, ha sido recibido en -todas partes con la imparcial justicia que es debida a -sus merecimientos. Y ha sido sobre todo en la Ma<span class="pagenum"><a name="Page_126" id="Page_126">[126]</a></span>dre -patria, en la tierra de las hidalguías y de los -nobles heroísmos, donde se le han hecho mayores -manifestaciones de cordialidad y de aprecio, como -si se viese en él, a quien, como he dicho antes, es -un vástago de los audaces y luchadores caballeros -que hicieron en América poemas de vida y de acción, -cantos de gesta realizados. Nada tiene que -ver el consenso universal de intereses, de pasión, -de disensiones de hermanos, en las interioridades -de un país, de un Gobierno o de un partido, cuando -la personalidad tiene sobre las circunstancias -del momento altura y brillo individuales, que aislan -el mérito, poniéndole bien lejos de las lluvias -de dardos que casi siempre caen sobre la cabeza de -los hombres públicos, en nuestras arduas y crespas -democracias.</p> - -<p>La justicia se hace definitiva, con la sanción inapelable -del tiempo, y la Patria no ve sino los hechos -meritorios que señalan en el recuento a los -hijos preclaros y beneméritos. Colombia, entre -todos nuestros países americanos, si ha sido caldeada -por tantas hogueras de guerra y agitada por tantos -contrarios huracanes de odios fraternos, de -violencias luctuosas, ha sabido siempre tener el -orgullo de sus <i>élites</i>, de la progenie que ilustra sus<span class="pagenum"><a name="Page_127" id="Page_127">[127]</a></span> -historias y fastos. Y tened por cierto, que en el futuro, -cuando se hable de las energías memorables -que se han dirigido en pro del verdadero progreso -y del engrandecimiento de la patria colombiana, el -nombre del general D. Rafael Reyes quedará ante -los ojos de las generaciones futuras, en su definido, -indestructible prestigio.</p> - -<div class="figcenter2em"> - <img src="images/illusb035.png" width="125" height="261" alt=""/> -</div> - -<hr class="chap" /> - -<div class="chapter"> -<p class="p4"><span class="pagenum"><a name="Page_129" id="Page_129">[129]</a></span></p> - -<div class="figcenter4em"> - <img src="images/illusb021.png" width="500" height="124" alt=""/> -</div></div> - -<h3 id="CASTILLO">CANOVAS DEL CASTILLO</h3> - -<p>Medalla ocasional.</p> - - -<p>Preciso es no haber conocido a Cánovas del -Castillo para asombrarse del incidente de corte que -hoy preocupa a Madrid.</p> - -<p>Cánovas es la energía, muy mucho, y un poco -la violencia.</p> - -<p>Populares son por la caricatura sus ojos, sus espejuelos, -sus bigotes y su imperante gesto.</p> - -<p>Cuando Cánovas ocupa la presidencia del Consejo -de Ministros, el gran Palacio Real, rico y legendario, -adquiere su verdadera alma; mientras la -honrada y buena reina extranjera recuerda, el pequeño -rey juega, y la infanta Isabel, distinguida<span class="pagenum"><a name="Page_130" id="Page_130">[130]</a></span> -<i>sportsman</i>, monta a caballo, inicia fiestas o caza.</p> - -<p>Cánovas es de la raza de aquellos fuertes ministros -antiguos que eran verdaderos tutores de los -reyes. Y ese andaluz de Andalucía, ese andaluz -«andalucísimo», tiene un orgullo del peso de su -talento.</p> - -<p>Si no es cierta, es bien inventada la frase que se -asegura dijo al rey Alfonso XII, en ocasión en que -este monarca, a quien él había colocado en el Trono, -le manifestó deseos de agraciarle con el título -de príncipe que ostentara antaño el memorable -Godoy: «No se preocupe Vuestra Majestad de eso. -¡Príncipes los hago yo!»</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>No es el tiempo ya en que la pobre francesa Isabel -pasaba por las torturas de la más apretada e -inflexible de las cortes, pero si hay algún país del -mundo en donde la etiqueta sea conservadora y -estricta, es en el país de Felipe II. Y Cánovas, gran -cortesano y gran conservador, tiene el don que -hace la fuerza de los hombres: el carácter.</p> - -<p>En vida de Alfonso XII, Cánovas, en sus tiempos -de gobierno, fué siempre el absoluto imperante.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_131" id="Page_131">[131]</a></span></p> - -<p>Asimismo profesaba al joven rey un afecto profundo -y una lealtad inquebrantable. A la muerte -de Doña María de las Mercedes, y cuando la reina -Doña María Cristina llegó a ocupar su puesto en el -trono de España como nueva esposa de Alfonso, -Cánovas fué grande amigo de la Reina desde el primer -momento. Y el anecdotario de esa época es -copioso. Y no es la nota menos saliente el excelente -humor del hijo de Isabel II, que gustaba de la -broma, alegre y atrayente Borbón.</p> - -<p>Cuéntanse en la corte muchas de esas anécdotas -que no sabemos si quedarán más tarde confirmadas -por algún Saint-Simon de la época.</p> - -<p>Entre ellas, esta: Cuando la reina Doña María -Cristina llegó a Madrid, y fué esposa de Alfonso -XII, no hablaba casi español, y lo comprendía muy -poco. Su real consorte era su profesor.</p> - -<p>Un día le dice ella: «Deseo saludar a Cánovas -con una frase española que le agrade, cuando venga -mañana».</p> - -<p>—«Bien—dice Don Alfonso—dile sencillamente: -¡Qué chispero estás, Cánovas!»</p> - -<p>Al día siguiente, el primer ministro llega y se -dirige a besar la mano de la Reina.</p> - -<p>Y ella, arrastrando las erres germánicamente:</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_132" id="Page_132">[132]</a></span></p> - -<p>—«¡Qué chispeggo estás, Cánovas!»</p> - -<p>No se dice lo que contestó el andaluz, pero sí -que Alfonso tuvo para muchos días de buen humor.</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>Cánovas vive en su mansión de La Huerta, como -un potentado. Muchas veces se ha hablado de esa -rica morada en donde vive el primer estadista del -mundo actual, según opinan algunos.</p> - -<p>Su <i>serre</i> es famosa, la biblioteca mucho más: -todo el recinto es un encanto, y la emperatriz de -todo eso y de D. Antonio además, es la dama elegante -y vivaz a quien los amigos de la casa llaman -concisamente «Joaquina»—doña Joaquina de Osma, -una espléndida peruana, exuberante de vida, -hermosa y culta, que habla el español con la <i>erre</i> -parisiense. Cierto es que en las recepciones de Cánovas -lo que más se oye hablar es francés.</p> - -<p>En casa de Cánovas llama la atención de quien -observa la profusión de los desnudos.</p> - -<p>Entre tanto rico mueble y obra de arte, mármol, -bronce, <i>bibelot</i>, el desnudo se impone. En cada salón -os llamará la atención ese detalle.</p> - -<p>Sobre todo, en el jardín, si os acercáis a una -magnífica gruta, adornada de enredaderas verdes y<span class="pagenum"><a name="Page_133" id="Page_133">[133]</a></span> -frescas, en donde el agua cae y gotea armoniosamente, -veréis una ninfa de tamaño natural, blanca, -de mármol puro y línea admirable y de una -gracia mastoidea y calipigia que os hará pensar en -muchas mitologías.</p> - -<p>Entre todas esas elegancias, la dueña de casa discurre -llenando con su amable presencia y animando -con su conversación los grupos de invitados en -las recepciones.</p> - -<p>En esas fiestas el talento del viejo Cánovas -chispea.</p> - -<p>Quien estas líneas traza, hale visto y oído entre -un sinnúmero de personajes de distintas nacionalidades, -con un tacto que revelaba la frecuencia de la -vida cortesana y diplomática, hablar a cada cual -de lo que más de cerca le interesaba, sin olvidar -nombres, detalles personales, títulos de libro, cuestiones, -anécdotas y toda suerte de asuntos. Y el -viejo Cánovas, con la firmeza de quien conoce su -poder, vibraba, iba y venía, tan lleno de una brava -y contagiosa juventud.</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>En su mesa solía reunir, en la época a que se refieren -las anteriores palabras, a algunos america<span class="pagenum"><a name="Page_134" id="Page_134">[134]</a></span>nos. -Sus preferidos eran el mejicano Riva Palacio, -el argentino Quesada, el centroamericano de Peralta, -y algún otro.</p> - -<p>Siempre tiene extranjeros notables invitados.</p> - -<p>Su mesa es de primer orden; aunque no iguale -a la luculeana mesa de Castelar. Allí, al amor de -los mejores vinos, se oye un alegre brotar de ideas, -de ocurrencias, de alusiones, de anécdotas en que -el anfitrión muestra toda su Andalucía, y doña -Joaquina su Lima, su París y su Madrid. Y uno -ve al vigoroso ministro, lleno de vida, con sus cabellos -blancos, relampagueándole los ojos, gesteando -como un dominador.</p> - -<p>Y se explica que en el Palacio Real Su Majestad -la Reina Regente se apresure a presentarle sus -excusas después de un caso como ese de la salida -al balcón.</p> - -<p>Doña María Cristina no ha leído las cartas de -Isabel de Francia.</p> - -<p class="i2 p2">20 mayo 1897.</p> - -<hr class="chap" /> - -<div class="chapter"> -<p class="p4"><span class="pagenum"><a name="Page_135" id="Page_135">[135]</a></span></p> - -<div class="figcenter4em"> - <img src="images/illusb009.png" width="500" height="119" alt=""/> -</div></div> - -<h3 id="RAMIREZ">JOSE PEDRO RAMIREZ</h3> - - -<p>Es en la vida pública como en la privada, este -gran repúblico uruguayo, como en su credo político -y en el civismo que nos muestra en la historia -contemporánea de su nación, algo suave que se -desliza por senderos cercanos a vergeles revestidos -de paz y de amor.</p> - -<p>Obediente sólo a los deberes de su conciencia, -alerta siempre a las naturales exigencias y necesidades -de su patria, toda su existencia la encamina -al cumplimiento del deber; y con facilidad traspasa, -alta la frente, tranquila la mirada, todos los -escollos de todas las miserias sociales por las que -pasó, como tantos otros prohombres, como son -concusiones, ignominias y hasta crímenes, que -pudieron atajar su paso por la vida política.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_136" id="Page_136">[136]</a></span></p> - -<p>Pero esto pasó ya, y obtuvo gallardamente sus -reivindicaciones. Así, en cierta ocasión, el presidente -Batlle, que por cierto estaba de él algo distanciado, -dijo, para hacer callar a determinados -murmuradores:</p> - -<p>«A fin de que la actitud del Dr. Ramírez no se -despoje de la majestad que le rodea, es necesario -no se falte al más humilde de los habitantes de la -República, y el que tal haga, o será castigado o derribará -a dicho ministro, porque su política no es -de mañas ni astucias, sino política de actitudes -francas y decididas.» Cuando estalló la guerra civil, -calamidad perniciosa que sufrieron la mayoría -de las jóvenes repúblicas americanas, y después de -varias tentativas para el restablecimiento de la normalidad, -que, claro está, resultaron infecundas, se -recurrió a él, como caso extremo. Enfermo como -estaba, prometió su decidido concurso, y lo cumplió -con sagacidad y fe. Salió, pues, a través de -campos verdes, que bien podían simbolizar para él -esperanzas; enarbolaba la bandera de paz, y a poco -de comenzadas las negociaciones, por doquiera que -pasaba, surgían los vítores y saludos; y los labradores -abandonaban las armas y tornaban a los aperos, -y las mujeres y los niños agitaban sonrientes<span class="pagenum"><a name="Page_137" id="Page_137">[137]</a></span> -sus pañuelos en señal de albricias. Al encontrarse -con un regimiento mandado por Mesa, los bravos -soldados, estimulados por sus jefes, levantaban sus -quepis y le saludaban, como debe saludarse a un -varón bienhechor, porque ya todos, militares y revolucionarios, -el pueblo entero, parecía aspirar al -consuelo de la paz.</p> - -<p>Pero anotad esto también. Más tarde ¡acaso seis -años después! la República hierve nuevamente en -otra guerra civil; y de ahí a poco, el Sr. Ramírez -es de nuevo requerido. Noble y lealmente, lleno de -bondad y bríos humanos, se lanza a calmar el estallido -que amenaza.</p> - -<p>La labor es más costosa, su gestión más ardua; -pero al fin logra vencer dificultades, y si hubo de -luchar por conseguir el éxito, mayor es la gloria -que, como nimbo, corona sus esfuerzos; y mayor -es la ansiedad pública, por explotar de júbilo ante -el hombre ya dos veces benemérito de su patria.</p> - -<p>Y es de ver en esta ocasión, como en la pasada, -al pueblo de todas las ciudades que corre a amontonarse -a su encuentro, vitoreándole, abrazándole, -atropellando a éstos los otros que les siguen; y -cómo desde las terrazas y azoteas, en aceras y balcones, -no se ven sino flores que caen a su paso y<span class="pagenum"><a name="Page_138" id="Page_138">[138]</a></span> -llenan su coche, ni se oyen más que palabras gratas, -llenas de sonoridades, que celebran al mensajero -de la concordia.</p> - -<p>El Dr. Ramírez presidió en 1886 el ministerio -de la Conciliación. Nadie como él ofreció testimonio -más alto de patriotismo e integridad. Desde -entonces, su nombre es popular, su prestigio -aumentó, y su moralidad fué saludable. Pues, -¿quién pudo añadir al ardoroso ímpetu que señalan -sus grandes entusiasmos iniciales, la serenidad -equilibrada y heterogénea que se sobrepone al espíritu, -al contraste en la lucha?</p> - -<p>Fué periodista, y en el periodismo pasó la parte -más agitada de su existencia; y las páginas más intensas -de la vida nacional uruguaya nacieron de su -pluma.</p> - -<p>Por esto pláceme mucho, en ocasión en que acaba -de ser glorificado por su patria, ofrecer al prestigioso -representante del alma de su país, a esa -figura respetable y respetada, ajena en la actualidad -a las pasiones del momento, un homenaje, la confirmación -del reconocimiento de tan gran patricio, -cuyos títulos cívicos y méritos intelectuales y morales -testifican su personalidad política y bienhechora -en la República Oriental del Uruguay.</p> - -<hr class="chap" /> - -<div class="chapter"> -<p class="p4"><span class="pagenum"><a name="Page_139" id="Page_139">[139]</a></span></p> - -<div class="figcenter4em"> - <img src="images/illusb037.png" width="500" height="84" alt=""/> -</div></div> - -<h3 id="CASTELAR">CASTELAR</h3> - - -<p>No hace mucho tiempo he hablado de mi entrevista -con Castelar. Debía ser la última. Ya reposa -en San Isidro, junto a los huesos de su hermana. -Su caída ¡buen roble! conmovió al mundo. Cuando -le vi, cuando le hablé por la postrera vez, ya -estaba señalado por la Intrusa, pálido, enflaquecido, -viejo, él que fué todo juventud y vida. Partió -al imperio silencioso de lo no sabido, después de -haber clarineado su verbo de poeta de las multitudes -hacia los cuatro vientos del espíritu. Y España -queda hoy sin su representativo emersoniano, sin -el hombre noble que fué en su siglo lengua y gesto -de su raza, como Italia sin Garibaldi, Inglaterra<span class="pagenum"><a name="Page_140" id="Page_140">[140]</a></span> -sin Gladstone, Alemania sin Bismarck y Francia -sin Hugo. En su tierra ardiente y sonora fué el -crisostómico parlante y el caballero de su ideal. -Ahí queda la inmensa Mancha democrática por -donde cabalgó en su pegaso-rocinante; ahí los molinos -de viento, ahí las armas de su lírica grandilocuencia, -que nadie moverá; ahí Dulcinea, sin -más enamorado verdadero que el frío y analizador -Pi y Margall. Español de España, español netísimo, -con toda España en el corazón y en el cerebro, -era la concreción del orbe cervantino; en el generoso -combate de su ilusión no se ocultaba Don -Quijote; como Sancho mismo, no dejaba de comparecer -en su célebre buen apetito. Cuéntase que -Taine en una ocasión, al verle en la redacción del -<i>Journal des Débats</i>, preguntó desdeñoso: «¿Es ese -el famoso canario español?» Cierto, un alma de -pájaro de Floreal, como el ruiseñor Lamartine, -pero a quien no faltaba la fuerza para la realización -de obras enormes, así la libertad de los negros -de las Antillas. Quedará en los siglos el recuerdo -de esta singular figura en el décimonono la -más alta de España entre las altas de la tierra; y -aparecerá, a medida que el tiempo vuelque su urna, -rodeado del resplandor que tan solamente ofre<span class="pagenum"><a name="Page_141" id="Page_141">[141]</a></span>ce -a los preferidos suyos la divina Poesía. Fué uno -de los más potentes órganos de la Humanidad. Por -su boca habló el espíritu de su patria, y, siempre -en obra de bien, si algunas veces no le prestó su -apoyo la Verdad, jamás dejó de escudarle con sus -alas mágicas la Belleza. Sus mismos errores caían -vestidos de púrpura. Era el apolonida de la Democracia, -el decorador de sus ambiguos y confusos -laberintos. Hermosa llama latina, de esas llamas -guías de pueblos que el Sol de Dios enciende en -las naciones para que señalen los saludables rumbos, -o para que a su rededor se junten los hombres -y realicen hechos grandes. Aquella alma venía de -Atenas, cuando fué a encarnarse un día en la fenicia -Cádiz; venía de Atenas, después de haberse -impregnado de Oriente; de este modo explico la -pompa asiática de su discurso y el amor a las bellas -líneas, la pasión pitagórica de los celestes números -y el imperio de la música bajo el cual hacía -galopar sus cuadrigas de ideas y sus tropas de -palabras. En su huerto, junto a las flores andaluzas, -se alzaba un esbelto y reverdecido -plátano, rama un tiempo del que movieran las -brisas de Academo, mientras fluía, como el agua -de la fuente de mármol, la doctrina platónica.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_142" id="Page_142">[142]</a></span></p> - -<p>La obra, que fatiga en su masa, es como un -inmenso museo, que hay que admirar por fragmentos: -ya un fresco vasto, ya una estatua del más -blanco pentélico, ya un bajo relieve, en que las -frases van como ordenadas teorías de graciosas jóvenes -o danzantes efebos. Fué un gran cultivador -del entusiasmo. Y si ya en los postreros años de su -existencia tuvo alguna vez que padecer tristezas y -decaimientos, para morir, viejo gladiador, supo esculpir -su última actitud en el discurso que cierra -la diluvial serie comenzada el 1854 en el Teatro de -Oriente, discurso en que volvió a surgir su elocuencia -empachada y sonora, para mostrar el camino -que hay que seguir, según su entender, a los partidarios -de la República. Su elocuencia cautivó a -las generaciones que escucharon el decir de sus labios -de oro. Se recuerdan sus discursos como hermosas -manifestaciones de la Naturaleza, inusitados -iris o boreales auroras: «Yo le oí tal año». «Yo en -tal otro». En el tiempo de su aparición, el principio -democrático era lo más avanzado, lo más atrayente -para los espíritus libres, la fórmula del progreso. -Él se consagró por tal manera, y con pasión -tanta, que al saber su muerte, los españoles demócratas -no han podido menos de exclamar: «¡La<span class="pagenum"><a name="Page_143" id="Page_143">[143]</a></span> -democracia ha muerto!» A aquel inconmovible individualista -no pudieron ganarle los mirajes aurorales -del movimiento social de estos últimos años; -y discurso suyo hay en que combatiendo al socialismo, -maravilla su esfuerzo de soñador, al resonar -delante del muro de la verdad la suntuosa orquestación -de sus líricos argumentos. Porque, ante todo, -fué el orador, el hombre que convence encantando, -o que, aunque no convence, canta y encanta. Parecía -que, como en lo antiguo, un flautista maestro -acompañase sus oraciones, tal era la melodiosa -geometría, el hilo armónico, la sucesión de ondas -verbales regidas por un compás, en la musicalidad -de los giros; y él propio se escuchaba como deben -hacerlo las aves de más fino canto y los poetas orgullosos -de haber visto cuanto es crespa y dorada -la crin del Dios de arco de plata. No olvidaré una -noche, en una recepción dada por doña Emilia -Pardo Bazán, a los delegados americanos a las fiestas -colombinas, el año de 1892. Castelar había concurrido, -y como en todas partes en donde Castelar -estaba presente, un corrillo se formó alrededor -suyo, en uno de los salones. Nadie hablaba, fuera -de Castelar, porque es sabido que en su presencia -el primer deber era la atención. El tema de sus pa<span class="pagenum"><a name="Page_144" id="Page_144">[144]</a></span>labras -se relacionaba con la oratoria, y vino él a -recordar a este propósito a los distintos oradores -que había oído en su vida. Y como su excepcional -memoria estaba siempre lista, ilustraba sus recuerdos -con citas y fragmentos de discursos. Así nos -pintaba a Gambetta, de tal guisa que le veíamos -encarnado delante de nosotros, y luego decía una -parte de un discurso de Gambetta, a Víctor Hugo, -y luego decía un trozo de discurso de Víctor Hugo, -y así de varios oradores extranjeros. Después llegó -a los españoles, y comenzando con Ríos Rosas, recorrió -buena parte de la lista de bravos oradores -con que cuenta este país de varones verbosos, explicando -sus maneras y facultades hasta llegar a él -mismo, y entonces se nos transfiguró momentáneamente, -se nos presentó con sus atavíos reales. Y a -pedido de un amigo circunstante, trajo a su memoria -una parte de su célebre discurso del 12 de abril -de 1869, pronunciado en ocasión famosa, y que -hizo pensar a su propio contrincante el cardenal -Manterola si no tendría ante sus ojos un nuevo Saulo. -Aun veo los ojos iluminados y la mano como -guiando el período: «Grande es el Dios de Sinaí; el -trueno le precede, el rayo le acompaña, la luz le -envuelve, la tierra tiembla, los montes se desgajan;<span class="pagenum"><a name="Page_145" id="Page_145">[145]</a></span> -pero hay un Dios más grande, más grande todavía, -que no es el majestuoso Dios del Sinaí, sino el humilde -Dios del Calvario, clavado en una cruz, herido, -yerto, coronado de espinas, con la hiel en los -labios y sin embargo diciendo: «Padre mío, perdónalos, -perdona a mis verdugos, perdona a mis perseguidores, -porque no saben lo que hacen». Grande -es la religión del poder, pero es más grande la -religión del amor; grande es la religión de la justicia -implacable, pero es más grande la religión del -perdón misericordioso: y yo, en nombre del Evangelio, -vengo aquí a pediros que escribáis en vuestro -código fundamental la libertad religiosa, es decir, -libertad, fraternidad, igualdad entre todos los -hombres». Se recordarán sus discursos célebres, en -lo futuro, como hoy las históricas arengas de Demóstenes; -desde el primero en que se presentó -como aeda y paladín de su amada Democracia, -hasta el último en que ya para morir, apóstol consecuente, -dejó su disposición testamentaria de política, -fiel a su credo republicano; señalada la larga -carrera por las innumerables brillantes estaciones, -entre las que más resplandecen el discurso en favor -de la libertad religiosa, que es el de la redención -de los esclavos de Cuba, y al cual se refería cuando<span class="pagenum"><a name="Page_146" id="Page_146">[146]</a></span> -oí de su boca la frase admirable: «Yo he libertado -a doscientos mil negros con un discurso»; el del -sufragio universal, de ágil y elástica dialéctica; -el de la entrada a la Real Academia de la Lengua, -lección colosal de un lirismo cósmico; el -de París, en la Sorbona, cuando los estudiantes le -recibieron con el aplauso clásico, como a un nuevo -Lulio.</p> - -<p>Lejos la oratoria amartillada de los hombres del -Norte, en la suya reventaba como una rosa de color -perenne el sol Meridional; suya era la profusión -y la riqueza latinas, y nunca se escuchó, en lo inmenso -de los siglos, más rítmico y sonante torrente -en cátedra o tribuna. Los franceses, tan parcos -con lo extranjero, le admiraron y celebraron, en -su francés claudicante, o en el español de bronce y -plata que no comprendían al oirle. ¿Qué importa -que dijese, como en una ocasión: <i>La France, cette -«belle sœur» de l'Espagne</i>? Tras la sonrisa del oyente -venía la tempestad de la ovación, pues el orador -soberano triunfaba contra el mal políglota. Hugo -le tenía en su alto valer, y sabida es la anécdota -en que el César de los poetas le ofreció, al sentarse -a su mesa, una silla imperial: «Os he señalado -esta silla, en que se sienta siempre D. Pedro del<span class="pagenum"><a name="Page_147" id="Page_147">[147]</a></span> -Brasil.—¡Pues no me siento!»—respondió Castelar, -fiel hasta en esto a su idealizada Aldonza Lorenzo. -Nuestro compañero Ladevese cuenta las acogidas -respetuosas y afectuosas, en casa de madame -Adam, de Cernuschi, de la Rattazzi, las intimidades -con políticos como Thiers y Gambetta y -Julio Simón. Francia, como el mundo, veía en -Castelar la encarnación de España; de la España -caballeresca e idealista, hidalga y pintoresca. -Oxford quiso escucharle, invitó a su «doctor» honorario -para que fuese a dar conferencias, y él declinó -la honra. A América pensó ir en varias ocasiones, -pero, por desgracia, se cumplió lo que yo decía en -1892: «Castelar no irá nunca a América». Y en -América quizás más que en parte alguna, su palabra -resonaba como una campana de gloria. Los -yanquis le avaluaban abiertamente: si la Libertad -de Bartholdi tiene la antorcha, Castelar «tenía la -palabra». Sus discursos niagarescos fueron más de -una vez por el cable; los <i>magazines</i> no le quitaban -la mira y los dólares venían sin regateo. En nuestra -América de lengua Castellana, no habrá pueblo -o villorrio donde no haya llegado su fama. Creo, sin -equivocarme, que en la República Argentina hay -una colonia o villa que lleva su nombre. Y él ama<span class="pagenum"><a name="Page_148" id="Page_148">[148]</a></span>ba -a la América nuestra, agradecido. Es el momento -de manifestar cómo fué para ese continente -gran parte de su producción, ya en tiempos -de destierro penoso, ya en el apogeo de su -existencia, tan solamente interrumpido su trabajo -cuando se excusara con la dirección de los diarios -de que era corresponsal, por verse obligado a suspender -la labor «a causa de tener que ocupar la -presidencia de la República española»; y cómo tenía -en el recuerdo de su gratitud a <i>La Nación</i>, de -Buenos Aires, y al <i>Monitor Republicano</i>, de Méjico, -entre todas las publicaciones que fueron honradas -con su colaboración. Y América toda fué con él -siempre simpática, a pesar de aquel resentimiento -memorable, cuando el político lírico quisiera ser -político práctico y pronunciara la trascendente -frase: «Antes que republicano soy español». Pues -fué siempre el levita fanático, inspirado ante el -fatal resplandor del ídolo Patria; y a la suya salvara, -como se observa justamente después de la reciente -catástrofe, en ocasión en que ejerciendo la -presidencia de la República, estuvo en un cabello -que no se rompieran las relaciones entre España y -los Estados Unidos por la cuestión del <i>Virginius</i>. -Jovellar estaba en Cuba y se resistía a la entrega<span class="pagenum"><a name="Page_149" id="Page_149">[149]</a></span> -del apresado barco norteamericano, después de -los fusilamientos de cubanos y yanquis que tripulaban -la nave revolucionaria, y entonces fué la palabra -de Castelar, jefe del Estado, haciendo entender -al general «que en España nadie comprende -que, ni en pensamiento, se resistan a cumplir un -compromiso internacional del Gobierno, y no comprende -que quiera ser Cuba más española que España. -Una guerra con los Estados Unidos sería hoy -una demencia verdadera, y aunque fuera popularísima -la guerra, para esto están los Gobiernos, para -impedir la locura de los pueblos. Recuerde V. E. -lo que hizo Thiers cuando los franceses gritaban: -¡A Berlín!; demostrarles que la guerra sería un -desastre. Y ahí se ha capturado un buque en alta -mar, se ha fusilado españoles y extranjeros, sin esperar -a conocer el espíritu del Gobierno central, -que preveía grandes catástrofes, y ahora se quiere -cometer la última demencia desobedeciendo al Gobierno -nacional. Todos los argumentos de los Estados -Unidos consisten en decir que España no -manda en Cuba, y van ahora a confirmar ese argumento. -No se puede discutir un acto del Gobierno. -Hay que obedecerle. Inflúyase en la opinión; -tomándose las debidas precauciones, entréguese el<span class="pagenum"><a name="Page_150" id="Page_150">[150]</a></span> -<i>Virginius</i> y la tripulación superviviente, de la manera -que menos pueda herir el sentimiento público, -pero entréguese sin dilación ni excusa. El mayor -servicio que puede prestarse a la Patria, es -obedecerla ciegamente. No mencione V. E. la dimisión -mientras no estén cumplidas las órdenes -del Gobierno. Cúmplalas con rigorismo militar. Y -no se vuelva a hablar de Bayona: allí hubo reyes -traidores que vendieron la Patria al extranjero; -aquí hay patriotas que quieren salvarla de las locuras -de ahí, avivadas por una incomprensible debilidad». -Esto fué en 1873. Cuán distinto veinticinco -años después el criterio de un Gobierno de hombres -<i>útiles</i> que llevó al país a la derrota, al vencimiento -y a la mutilación, del criterio de aquel -«poeta» que libró a España de un peligro seguro y -supo ser en sus obras y en sus sueños el primer -patriota, el primer español de su tiempo, el más español -de los españoles. Porque desde su Patmos, -desde su Guernesey, desde su nube, desde su trípode, -sabía ser certero en su vistazo aquilino. No -era tan iluso cuando dió su flecha tantas veces en -el blanco, cuando llegó bizarramente a la primera -magistratura del Estado, y cuando ya en su vejez, -al ver con desilusión que su república cuasi plató<span class="pagenum"><a name="Page_151" id="Page_151">[151]</a></span>nica -no correspondía a su himno incesante, se retiró -de la lucha, no sin antes declarar su invariable -fe en el ideal por toda su existencia perseguido -y su ningún contacto con la monarquía. Jamás -habló a la Reina Regente. Cuando murió su hermana, -a quien él amaba tanto, la Reina le envió su -pésame. En San Sebastián un día se encontró frente -a frente Su Genio con Su Majestad. Su Genio se -quitó el sombrero y saludó. Hubo demócratas que -murmuraron. ¿Quienes fueron esos hidalgos que -por tan mal lado tomaban la democracia? Aquel -caballero creía en la caballerosidad. Creía en la Patria. -Creía en Dios.</p> - -<p>En el liberal, en el hombre de «la fórmula del -progreso» había un creyente. Jesucristo aparecía a -sus ojos a través de sentimentales <i>vitraux</i> en que -estaban representados su España portadora de la -cruz y su infancia doméstica: la buena madre, -quien a la continua es nombrada por él como origen -de sus creencias religiosas. Cuando habla de -asuntos de religión, su órgano se desborda en los -más augustos <i>magnificat</i>, o en los más profundos -<i>misereres</i>. Sus conferencias sobre la civilización en -los cinco primeros siglos del Cristianismo, su <i>Redención -del esclavo</i>, muchos de sus discursos, son la<span class="pagenum"><a name="Page_152" id="Page_152">[152]</a></span> -glorificación cristiana expresada por incesantes fervientes -ondas de vocablos, de frases, saturados de -un cálido misticismo, de un misticismo español. -Casto como era, se pensó alguna ocasión en que, -cuando cansado de las fatigas de la vida civil quisiera -recogerse en el reposo de su espíritu, se ordenaría -sacramentalmente. Y aun él mismo, al admirar -un día cierta antigua casulla de la Catedral de -Avila, dió a entender, con un decir, que no andaban -muy en error los que tenían ese pensamiento. Un -poeta de América publicó una vez un futuro sermón -de Castelar en San Pedro de Roma, que al orador -hizo amablemente sonreír. No hace mucho tiempo -su entrevista con el Sumo Pontífice avivó la general -curiosidad; y él propio confesó ser la conversación -con el Papa de hondo interés, pero que no estaba -autorizado para publicar nada de ella hasta -después de la muerte de León XIII. Y él ha muerto -antes, besando un crucifijo. El Papa blanco ha podido -todavía autorizar que se hiciesen, a pesar de -la liturgia, honras fúnebres a su interlocutor ilustre, -en San Francisco el Grande, con todo y ser las -honras el día de San Fernando.</p> - -<p>En la religiosidad de Castelar hay algo de profano -como en la religiosidad de Murillo. Sus pintu<span class="pagenum"><a name="Page_153" id="Page_153">[153]</a></span>ras -de las gracias divinas son como las pinturas de -aquel pintor coloreadas de cierto sensualismo, que -en este caso se agrava con la castidad sabida del -imaginativo artífice de la palabra. Al pintar una -virgen se nota en su verba cierta complacencia humana, -y sus ángeles imaginados en la gloria o juzgados -en los cuadros de los Museos, semejantes a -esos ángeles voluptuosos que animara Goya en sus -frescos de San Antonio de la Florida, nos parecen -mujeres hechiceras, tan carnales como espirituales. -La castidad de Castelar, bien sabida y explotada -por los bufones de copla y lápiz en las enemistades -de la política, fué uno de esos casos de absorción -cerebral en que todas las facultades humanas se -condensan en la obra del pensamiento; casos como -el de Juan el del Apocalipsis, que Hugo ha rememorado -en página que no perece. ¿Qué unión, qué -matrimonio no habría podido efectuar este dueño -de la fama? Célibe y casto vivió, célibe y casto murió. -Y aquí es de recordar al paso al hombre privado. -Supo pasar buenos años hermosamente, -como debe vivir antes que nadie todo artista aristocrático. -Se le tacharon alguna vez sus lujos y -grandezas, sin saber que aquel hombre vivió siempre -de su trabajo apenas ayudado por la fraternal<span class="pagenum"><a name="Page_154" id="Page_154">[154]</a></span> -simpatía de señalados amigos; y que si se regalaba -con ciertos lujos, no cabía en ello vanidad ninguna, -sino la comprensión de la estética de la existencia, -la cual tiene obligación de procurar, quien como él -poseía, como adorador y sacerdote de la belleza, el -don incomparable del gusto. Los que fuimos favorecidos -con la invitación a su mesa, sabemos lo -que Luculo comía en casa de Castelar. Tenía en -esto, como en otras cosas, una cualidad eclesiástica. -Comía con el gusto de un <i>monsignor</i> y con el -apetito de un abad. Tenía la amable costumbre que -Quincey nos revela de Kant; siempre había invitados -a su mesa, y, siguiendo la regla de lord Chesterfield, -el número de los que se sentaban, él comprendido, -no era nunca inferior al de las Gracias -ni superior al de las Musas. Y el mejor condimento -era su charla monopolizadora del tiempo, a la -cual ayudaba su memoria única con el más copioso -anecdotario que sea posible imaginar. Después -en su salón, al conversar, según fueren los asuntos, -se dejaba llevar de su fuga tribunicia, y sus -palabras se convertían en párrafos de verdaderos -discursos; y su vibración era contagiosa, y él se -trasladaba en un salto invisible, fuera del momento. -Cuéntase que un día aconteciole encontrarse en<span class="pagenum"><a name="Page_155" id="Page_155">[155]</a></span> -molestos apuros de dinero. Era en invierno y la -chimenea estaba encendida, como su conversación, -sobre un asunto político, delante de varios íntimos. -Llega una carta de América, con una letra por mil -duros. Grata sorpresa que interrumpe un instante -su hablar. Pero continúa, con carta y letra en la -mano; el discurso, a poco, se precipita, y con una -frase rotunda y un gesto supremo, carta y letra -hechos nerviosamente una pelota, ya están ardiendo -en la chimenea. Otra vez hizo aguardar largas -horas a un personaje político, cuya presencia en la -antesala se le anunciaba repetidas veces, porque le -tenía asidos lengua y pensamiento una disertación -sobre Botticelli y los primitivos. Y de la casa en -que aquel obrero tenía el obrador mental puesto -para servicio de tantos diarios y revistas del globo, -salía mucho bien, mucho favor personal, mucho -consuelo a los pequeños, apoyo intelectual a quien -lo necesitaba, consejo o aplauso, y la ayuda eficaz -al pobre que le pedía, pues entre los humildes -como entre los grandes, entre las palmas y lauros -sobre los cuales sobresalía su calva cabeza pensadora, -resplandecía la virtud moral de aquel hombre -sencillo, de aquel corazón bueno.</p> - -<p>Por eso su muerte ha causado un doloroso estre<span class="pagenum"><a name="Page_156" id="Page_156">[156]</a></span>mecimiento -en España entera, paralelo al estremecimiento -simpático del mundo. Había ido Castelar -a buscar vigor a la orilla del Mediterráneo—el mar -tantas veces cantado en sus hímnicas proas—; -había ido después de su último esfuerzo en la arena -política, cuando los republicanos le rodeaban como -al hombre fuerte de las pasadas campañas, creyendo -ver en él la salud de la patria hoy tan maltrecha -y extenuada. Pero así estaba el tribuno, el que sufrió -tanto con el gran desastre, y que sintiendo llegar -su última hora, comunicó en una carta a una -amiga extranjera: «Muero con la agonía de España». -Una tarde, a la orilla del mar, ve a unos pescadores -y se acerca a ellos. Los peces que se asfixiaban -saltando sobre la tierra, fueron para él triste -impresión: «¡Si iré a morir como estos peces, faltos -de oxígeno!» Y así murió. Al día siguiente de -la noticia, mientras el pueblo de Madrid comentaba -ya la actitud de un ministro incorrecto y falto de -seso, cerca de la Puerta del Sol tuve una sensación -que jamás se borrará de mi memoria. Un ciego, de -esos que aquí andan por las calles pidiendo limosna, -improvisando coplas de actualidad al son de -sus lamentables guitarras, cantaba en tono doloroso -delante de un círculo de transeúntes que aumen<span class="pagenum"><a name="Page_157" id="Page_157">[157]</a></span>taba -a cada paso. Por curiosidad me detuve, al oir -en el canto el nombre de Castelar. El pobre coplero -del arroyo, en versos muy malos decía cosas sentidas -y húmedas de llanto sincero; y aun no sé qué -arte singular hacía coincidir su pena con el decir -ingenuo, el acompañar de las cuerdas afónicas de -aquel instrumento imposible. Cuando volví la vista, -las mujeres lloraban; los obreros tenían las caras -serias y tristes. Y la maligna política apareció, -con el instinto popular que sabe soltar su avispa -certera para que pique en donde se debe, con estrofas -como ésta que recuerdo:</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line i1">Don Emilio Castelar,</div> -<div class="line">Que toda Europa conoce,</div> -<div class="line">Quiso Dios que se muriera</div> -<div class="line">Antes que abrieran las Cortes...</div> -</div></div></div> - -<p>En la puerta del Sol, en los cafés, en las calles -todas, el rumor se acentuaba contra el Gobierno y -en especial contra el ministro de la Guerra, general -Polavieja. Se acababa de publicar un decreto -absurdo en que se leía: «Resultando: que D. Emilio -Castelar ha muerto en honrada pobreza;—Artículo -1.º, los gastos que ocasionen su enterramiento -y honras fúnebres, serán de cuenta del Estado». -Así, frío como un compromiso, duro como una li<span class="pagenum"><a name="Page_158" id="Page_158">[158]</a></span>mosna. -¡Y esto en el país de las prosopopeyas y -fórmulas, en la tierra de «Beso a usted la mano» -y donde para nombrar a un ministro con sus títulos, -se llena un medio pliego! El pueblo irritado -no contenía sus censuras. ¡En aquellos momentos, -las Cámaras italianas y portuguesas enviaban su -pésame a ese mismo Gobierno mezquino; el Senado -de la República Argentina se ponía de pie; el autocrático -Gobierno ruso manifestaba su pesar; el Instituto -de Francia lamentaba a su ilustre miembro; -la Prensa de la tierra se enlutaba, el pensamiento -universal estaba de duelo! Después se supo que -Castelar no tendría honores militares; que se había -prohibido a los artilleros reunirse para tributar -homenajes al organizador del Cuerpo de Artillería, -al antiguo presidente que tanto hizo por el ejército; -después, que se autorizaba a los generales que -quisiesen concurrir, para que lo hiciesen con traje -de diario y con banda. La Prensa cumplió con su -deber. Se habló claro; se dijeron verdades al rojo -blanco. Entretanto, el cadáver de Castelar llega a -Madrid en doloroso triunfo; y se deposita en el palacio -del Congreso. Allí desfiló el pueblo, en homenaje -último al gran pastor de multitudes; por -allí pasó, entre tantas gentes, el ciego que yo oí<span class="pagenum"><a name="Page_159" id="Page_159">[159]</a></span> -cantar y de cuya visita al cadáver habló <i>El Liberal</i>. -Pues le preguntaron al verle con su guitarra bajo -el brazo, con sus ojos sin sol: «¿Para qué vienes, -si no has de verle?» Y él contestó: «¡Por mí le -verá mi lazarillo!» ¿Y el obrero humildísimo que -llegó con su hijita de luto, la cual llevaba un pequeño -ramo de flores, y pidió permiso para ponerlo -sobre el féretro, entre tanta monumental corona?</p> - -<p>Y llegó el entierro. Fluía en el ambiente de la -tarde la dulzura de un cielo de acuarela. Madrid se -desbordaba como un hirviente vaso. Suspendida la -circulación por las calles que debía recorrer el fúnebre -cortejo, la concurrencia se aglomeraba, los -balcones se tupían. La calle de Alcalá, la Puerta -del Sol, la calle Mayor estaban inundadas por el -río humano. Desde temprano se esperó por largas -horas. Por fin apareció a lo lejos el pelotón azul de -la Guardia civil de a caballo. Se abre paso entre el -espeso gentío, y comienza el desfile. Van, precediendo, -las profusas coronas; se destaca la de <i>El Liberal</i>, -enorme y negra, sobre un fondo de seda -blanco; van los recogidos del hospicio y del asilo -de San Bernardino; los grupos de varias asociaciones; -los comerciantes, numerosos; la Academia de -la Historia, el Ateneo, el Círculo de Bellas Artes;<span class="pagenum"><a name="Page_160" id="Page_160">[160]</a></span> -ahí distingo a Núñez de Arce, pálido y como nervioso; -ahí va la barbilla canosa de Zapata, junto al -músico Bretón; allí Echegaray, con su aire enfermizo -y gastado. Ahí el todo Madrid de la celebridad: -periodistas, artistas, sabios, académicos. Y el -clero, de sobrepelliz, anunciado por la manga de -la parroquia, embudo negro y oro. Y ahí va Castelar -muerto, en su carroza severa. Todo el mundo -se descubre, todo el mundo le da su último saludo. -Sobre el féretro no se ve más que un aislado -ramito de flores... ¡es el ramito de la niña del -obrero! La guardia de honor sigue, de soldados de -la Civil. De pronto se oye entre la muchedumbre: -«¡Bravo! ¡bien!» Son los militares que vienen, a -pesar de la mezquindad ministerial. ¡Bravo! ¡Bien! -Es el penacho blanco de Martínez Campos, el último -gran guerrero, que asiste de toda gala; es Weyler, -que viene sin penacho, pero acorazado el pecho -de condecoraciones y medallas, Weyler, de -fama terrible, pero que hoy se conquista por un -momento las simpatías, pequeño, acerado, ceñudo, -apretada y reveladora la saliente mandíbula. ¡Bien! -¡Bravo! Son los penachos, son los entorchados, son -los uniformes de otros tantos generales, de innumerables -jefes y oficiales que honran a Castelar a<span class="pagenum"><a name="Page_161" id="Page_161">[161]</a></span> -pesar de todo; es la comisión del Cuerpo de artilleros, -que lleva su ofrenda. ¡Bien! ¡Bravo! Es España -la antigua que aplaude a las espadas que no -han echado en olvido la hidalguía. ¡Viva España!</p> - -<p>Y pasan más comisiones y los diplomáticos, llenos -de oro, entre los cuales resaltan el Nuncio y el -embajador de China, vestido de seda, con su botón -de cristal y su pluma de pavón. Y luego la -presidencia del Consejo de Ministros, y la Guardia -civil que cierra la procesión, y detrás aún más -gente, y más gente. Y el murmullo general se -acentúa contra quienes no han sabido honrar la -memoria del más grande de los españoles de su -época, a quien sus mismos enemigos tienen una -palma que ofrecer cuando va camino de la eternidad, -a quien no ha habido una sola lengua española -que no haya consagrado una palabra de admiración, -como al hijo que mejor supo sobre la faz del -universo, honrar a su madre patria. Y quienes han -herido a esa amada patria con rencores inauditos -ante el cadáver de aquel que supo combatirles frente -a frente en su vida gloriosa y nobilísima, son los -mismos que han contribuído a la desgracia nacional -por degenerados o débiles, o ciegos instrumentos -de errores y desidias; son los que han vuelto<span class="pagenum"><a name="Page_162" id="Page_162">[162]</a></span> -de la derrota con pasmosa frescura y a quienes una -voz, harto elocuente en el Congreso, condenó a ser -ahorcados con los fajines de sus uniformes... <i>Militaribus -curis et severitate morum</i>... ¿No era Castelar -tan gran admirador de Tácito?</p> - -<p>Siendo la oratoria casi un arte teatral y basado -de manera principal en dotes físicas que el tiempo -va aminorando poco a poco, el Castelar de los últimos -años no era sino el reflejo del de las pasadas -victorias. Decía él mismo en un discurso no hace -mucho tiempo: «Por esto los oradores se acaban, -por la misma razón que se acaban, cuando no hay -guerra, los héroes. Por esto nuestra imaginación -se amortigua, nuestro entendimiento se atrofia, las -en otros tiempos armoniosas cuerdas bucales marran, -el estro lírico plega sus alas, el acento conmovedor -concluye; pues, implacables, la sociedad -y la naturaleza destrozan en sus inmensas y complicadas -máquinas a todos aquellos seres que ya no -les sirven para cosa ninguna, y que no han de -cumplir fin alguno en el plan histórico de la Providencia». -Pero desde los umbrales de la ciudad -oscura podía él volverse y contemplar la obra que -queda fuera de aquella que tenía la vida de un eco, -basada de manera exclusiva en lo sonoro de su pe<span class="pagenum"><a name="Page_163" id="Page_163">[163]</a></span>rorar, -en lo arrebatador de sus actitudes o en la -cascada de sus alientos; es una serie de edificios de -maravillosas arquitecturas construídos en su república, -sobre sólidos terrenos o sobre montones de -arena movediza, o apoyados apenas en el aire en -que flotaban los colores y las líneas de su fantasía; -o paisajes, frescos cíclicos de las luchas de pueblos -y Gobiernos, de ideas y de hombres en el continente -europeo, en América, en Asia, en Africa; o cinceladas -alhambras, kioscos de capricho, o preciosas -<i>loggias</i> que improvisaba por deleite de arte; o la -novela que le resulta vasto poema en prosa; o la -historia que le resulta himno multiplicado, o -la semblanza de personaje o boceto de idea que le -resulta oda fascinante; o el gran poema en estrofas -de prosa, a ondas o a bloques, métrica ciclópea; o -la villa de mármol y de riquezas antiguas que labra -con sus recuerdos de Italia; o el monumento -de mármol también, a Byron, y cien estatuas, y -mil bustos, y un millón de camafeos, todos al -amor de un jardín singular en donde mueve el -viento armoniosos laureles griegos y robustas encinas -romanas. Y aquel idealista, aquel optimista, -no ha partido contemplando sobre el mundo nubes -de color de rosa que presagien un día de dicha y<span class="pagenum"><a name="Page_164" id="Page_164">[164]</a></span> -de tranquilidad, antes bien muy negros, muy amenazadores -nubarrones, mientras se reúnen y deliberan -los congregados de la paz en La Haya. Su -último artículo que ha publicado el <i>Temps</i> hace ver -a Francia poco favorable a un olvido de sus rencores -con Alemania; a Alemania, más militarizada -cada día, sin permitir el menor menoscabo en su -preponderancia; a Inglaterra y a los Estados Unidos -en un acuerdo tácito para imponer en el globo -la hegemonía de los países de lengua inglesa. Y -concluye: «El descontento del Gobierno italiano, -producido recientemente a consecuencia de sus fracasos -diplomáticos en la cuestión de China; las dificultades -suscitadas entre Francia e Inglaterra por -el Sudán y el Nilo; el aumento de la escuadra -inglesa, que ha necesitado una suspensión de la -amortización y un déficit de importancia; el cambio -de América, que ha modificado su temperamento -industrial y trabajador para marchar a la -guerra y a la conquista; el reparto de la China, deseado -por universales ambiciones; los progresos -del ferrocarril ruso en la Mongolia; los conflictos -del Transvaal entre la presidencia de Krúger y la -dictadura del desequilibrado Napoleón del Cabo; -las amenazas contra Portugal y sus colonias; los<span class="pagenum"><a name="Page_165" id="Page_165">[165]</a></span> -temores y los espantos, tan fundados como legítimos -de nuestra desgraciada España; la rivalidad de -Turquía y de Grecia, de Francia y de Prusia, de -Rusia e Inglaterra; los motines en Austria; el movimiento -interior que reclama y pide una Alemania -más considerable y numerosa que la Alemania actual; -los gérmenes de desacuerdo entre las primeras -potencias por consecuencia de las extensiones territoriales -de sus colonias. Todas estas cosas dicen que -después de la Exposición de 1909 no tendremos ni -una hora de paz, y elementos de guerra estarán -diseminados y extendidos por todas partes». Y al -finalizar bendice, a pesar de todo, el Congreso de -la paz.</p> - -<p>En la única, en la eterna, en la que todo entra, -en la infinita, ha penetrado el prodigioso príncipe -de la elocuencia castellana, el estupendo artista de -la idea escrita, el predicador de la libertad. El «canario» -de Taine ha volado como un águila. ¿En -qué roca celeste se detendrá, para que su alma diamantina -y pura, en la libertad de la muerte tome -un rumbo nuevo, bajo el viento de Dios? España -le levantará un monumento de mármol y de bronce; -su nombre irá resonante por el tiempo como -un orbe de oro. Un tiempo quizá llegue en que su<span class="pagenum"><a name="Page_166" id="Page_166">[166]</a></span> -espíritu se regocije, desde la sombra de su misterio, -al ver florecido en una inesperada primavera -su ideal. Figuraos una ciudad, Walhalla o Jerusalén -de las almas soberanas que giraron por la tierra, -actualmente cumpliendo con su misión semidivina, -ciudad de héroes, de artistas, de santos, de -sabios y de poetas, los genios de la fuerza, los genios -de la belleza, los genios del carácter y del corazón, -los genios de la voluntad. En un aire de luz -cruzarán las ondas de los pensamientos como en -una electricidad suprema. La personalidad que -subsiste no obstará a una comunidad de gloria ambiente. -Pues bien, yo me imagino a nuestro bueno -y grande Castelar en el coro magno de esos inmortales -sintiendo en un instante del futuro como una -voz que le da al oirla un nuevo esplendor, una -inesperada voz de la tierra que llega a conmoverle -a lo infinito. Será cuando España haya vuelto a -alzar la cabeza como en días antiguos, poseída -del orgullo de su fuerza nueva, de las palpitaciones -de su nueva sangre. Junto a los boscajes de -ensueño de esa sublime ciudad, Jerusalén o Walhalla, -los pensadores y los soñadores siguen en -progresiva ascensión, construyendo las fábricas de -sus cálculos, los palacios de sus fantasías. Me ima<span class="pagenum"><a name="Page_167" id="Page_167">[167]</a></span>gino -en esa hora del Señor, que el lírico tribuno -sonríe al escuchar en lo eterno, del lado de la tierra, -del lado de las columnas de Hércules, algo -semejante a una salutación y a un trueno: un -rugido.</p> - -<p><span class="smcap">Platón.</span>—¿Qué es eso?</p> - -<p><span class="smcap">Castelar.</span>—¡Es mi león!</p> - -<p class="p2 i2">30 mayo 1899.</p> - -<div class="figcenter2em"> - <img src="images/illusb014.png" width="400" height="125" alt=""/> -</div> - -<hr class="chap" /> - -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_169" id="Page_169">[169]</a></span></p> - - - -<div class="chapter"> -<h2>ÍNDICE</h2></div> - -<table border="0" cellpadding="5" cellspacing="5" summary="indice"> - -<tr> - <td class="tdrp" colspan="2">Páginas.</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdcc large" colspan="2"><b>Pensadores y artistas:</b></td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#BENAVENTE">Jacinto Benavente.</a></td> -<td class="tdrb">3</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#RODO1">José Enrique Rodó.</a></td> -<td class="tdrb">9</td> -</tr> - - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#ARANHA">Graça Aranha.</a></td> -<td class="tdrb">15</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#MARTIN">Zorrilla de San Martín.</a></td> -<td class="tdrb">21</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#CALDERON">Francisco García Calderón.</a></td> -<td class="tdrb">25</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#RUSINOL">Santiago Rusiñol.</a></td> -<td class="tdrb">29</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#GAMBOA">Federico Gamboa.</a></td> -<td class="tdrb">37</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#NERVO">Amado Nervo.</a></td> -<td class="tdrb">43</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#LARRETA">Enrique Rodríguez Larreta.</a></td> -<td class="tdrb">49</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#LUGONES">Leopoldo Lugones.</a></td> -<td class="tdrb">53</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#CARRILLO">Enrique Gómez Carrillo.</a></td> -<td class="tdrb">59</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#ROJAS">Ricardo Rojas.</a></td> -<td class="tdrb">65</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#UGARTE">Manuel Ugarte.</a></td> -<td class="tdrb">73</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#ZARRAGA">Angel Zárraga.</a></td> -<td class="tdrb">77</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#SOLAR">Alberto del Solar.</a></td> -<td class="tdrb">81</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#PICON">Jacinto Octavio Picón.</a></td> -<td class="tdrb">87</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#ERRAZURIS">Fray Crescente Errazuris.</a></td> -<td class="tdrb">101</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#GARZON">Eugenio Garzón.</a></td> -<td class="tdrb">107</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdcc large" colspan="2"><b>Políticos:</b></td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#XIII">Su Majestad el Rey Don Alfonso XIII.</a></td> -<td class="tdrb">115</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#REYES">El General D. Rafael Reyes.</a></td> -<td class="tdrb">123</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#CASTILLO">Cánovas del Castillo.</a></td> -<td class="tdrb">129</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#RAMIREZ">José Pedro Ramírez.</a></td> -<td class="tdrb">135</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#CASTELAR">Castelar.</a></td> -<td class="tdrb">139</td> -</tr> - -</table> -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6 center"><span class="pagenum"><a name="Page_171" id="Page_171">[171]</a></span> -<span class="large">EDITORIAL "MUNDO LATINO"<br /> -APARTADO 502.—MADRID.</span></p> - -<h2>CATÁLOGO PROVISIONAL</h2> -<p class="center">(EXTRACTO DEL CATÁLOGO GENERAL)</p></div> - -<h3>OBRAS COMPLETAS<br /> -DE RICARDO DE LEÓN</h3> -<p class="center">(De la Real Academia Española)</p> - -<table border="0" cellpadding="5" cellspacing="5" summary="catalogo"> - -<tr> - <td class="tdrp" colspan="3">Pesetas.</td> -</tr> - -<tr><td class="tdl" colspan="2">Edición del Banco de España. Ocho volúmenes en 4.º, -encuadernados en tela, con alegorías de Coullaut Valera -y retrato del autor, por Vacqué</td> -<td class="tdrb">50,00</td> -</tr> - -<tr><td class="tdlp" colspan="2">A plazos (5 pesetas mensuales)</td> -<td class="tdrb">60,00</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdcc" colspan="3"><h3>DE FRANCISCO VILLAESPESA</h3></td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdrt">I.</td> -<td class="tdl">Intimidades.—Flores de Almendro</td> -<td class="tdrb">3,00</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdrt">II.</td> -<td class="tdl">Luchas.—Confidencias</td> -<td class="tdrb">3,00</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdrt">III.</td> -<td class="tdl">La copa del Rey de Thule.—La musa enferma</td> -<td class="tdrb">3,00</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdrt">IV.</td> -<td class="tdl">El alto de los Bohemios.—Rapsodias</td> -<td class="tdrb">3,00</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdrt">V.</td> -<td class="tdl">Las horas que pasan. (Veladas de amor)</td> -<td class="tdrb">3,00</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdrt">VI.</td> -<td class="tdl">Las joyas de Margarita: Breviario de amor.—La -tela de Penélope.—El milagro del vaso de agua</td> -<td class="tdrb">3,00</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdrt">VII.</td> -<td class="tdl">Doña María de Padilla.—La cena de los cardenales</td> -<td class="tdrb">3,00</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdrt">VIII.</td> -<td class="tdl">El milagro de las rosas.—Resurrección.—Amigas -viejas</td> -<td class="tdrb">3,00<span class="pagenum"><a name="Page_172" id="Page_172">[172]</a></span></td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdrt">IX.</td> -<td class="tdl">Las granadas de rubíes.—Las pupilas de -Almotadid.—Las garras de la pantera.—El último -Abderramán</td> -<td class="tdrb">3,00</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdrt">X.</td> -<td class="tdl">Tristitiæ rerum</td> -<td class="tdrb">3,00</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdrt">XI.</td> -<td class="tdl">La leona de Castilla.—En el desierto</td> -<td class="tdrb">3,00</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdrt">XII.</td> -<td class="tdl">El rey Galaor.—El triunfo del amor</td> -<td class="tdrb">3,00</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdcc" colspan="3"><h3>DE RUBÉN DARÍO<br />(Ilustraciones de Ochoa)</h3></td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"> </td> -<td class="tdlp">Tomos publicados:</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdrt">I.</td> -<td class="tdl">La caravana pasa</td> -<td class="tdrb">3,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdrt">II.</td> -<td class="tdl">Prosas profanas</td> -<td class="tdrb">3,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdrt">III.</td> -<td class="tdl">Tierras solares</td> -<td class="tdrb">3,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdrt">IV.</td> -<td class="tdl">Azul</td> -<td class="tdrb">3,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdrt">V.</td> -<td class="tdl">Parisiana</td> -<td class="tdrb">3,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdrt">VI.</td> -<td class="tdl">Los raros</td> -<td class="tdrb">3,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdrt">VII.</td> -<td class="tdl">Cantos de vida y esperanza</td> -<td class="tdrb">3,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdrt">VIII.</td> -<td class="tdl">Letras</td> -<td class="tdrb">3,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdrt">IX.</td> -<td class="tdl">Canto a la Argentina</td> -<td class="tdrb">3,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdrt">X.</td> -<td class="tdl">Opiniones</td> -<td class="tdrb">3,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdrt">XI.</td> -<td class="tdl">Poemas del otoño y otros poemas</td> -<td class="tdrb">3,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdrt">XII.</td> -<td class="tdl">Peregrinaciones</td> -<td class="tdrb">3,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdrt">XIII.</td> -<td class="tdl">Prosas políticas</td> -<td class="tdrb">3,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdrt">XIV.</td> -<td class="tdl">Cuentos y crónicas</td> -<td class="tdrb">3,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdrt">XV.</td> -<td class="tdl">Autobiografía</td> -<td class="tdrb">3,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdrt">XVI.</td> -<td class="tdl">El Canto Errante</td> -<td class="tdrb">3,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdrt">XVII.</td> -<td class="tdl">Viaje a Nicaragua o Historia de mis libros</td> -<td class="tdrb">3,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2">Ediciones especiales de lujo, con decoraciones a mano de Enrique Ochoa.</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdcc" colspan="3"><h3> -<span class="pagenum"><a name="Page_173" id="Page_173">[173]</a></span> -HENRIK IBSEN<br />TEATRO COMPLETO</h3></td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdrt">I.</td> -<td class="tdl">Catilina. La tumba del guerrero. La castellana de -Ostrat</td> -<td class="tdrb">3,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdrt">II.</td> -<td class="tdl">La fiesta de Solhaug. Olaf Liliekrans. Los -guerreros en Helgeland</td> -<td class="tdrb">3,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdrt">III.</td> -<td class="tdl">Los pretendientes a la corona y La comedia del -amor</td> -<td class="tdrb">3,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdrt">IV.</td> -<td class="tdl">Brand</td> -<td class="tdrb">3,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdrt">V.</td> -<td class="tdl">Peer Gynt</td> -<td class="tdrb">3,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdrt">VI.</td> -<td class="tdl">La unión de la juventud. Las columnas de la -sociedad. La casa de una muñeca</td> -<td class="tdrb">3,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdrt">VII.</td> -<td class="tdl">Emperador y Galileo</td> -<td class="tdrb">3,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdrt">VIII.</td> -<td class="tdl">Espectros. Un enemigo del pueblo. El pato -Silvestre</td> -<td class="tdrb">3,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdrt">IX.</td> -<td class="tdl">La casa de Rosmer. La dama del mar. Hedda Gabler</td> -<td class="tdrb">3,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdrt">X.</td> -<td class="tdl">El constructor Solness. El niño Eyolf. Al -despertar de nuestra muerte</td> -<td class="tdrb">3,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdcc" colspan="3"><h3>JOSÉ FRANCÉS</h3></td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2">El año artístico 1915</td> -<td class="tdrb">6,00</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdrr" colspan="2">tela</td> -<td class="tdrb">8,00</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2">El año artístico 1916 (con 250 grabados)</td> -<td class="tdrb">10,00</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdrr" colspan="2">tela</td> -<td class="tdrb">12,00</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2">El año artístico 1917 (con 250 grabados)</td> -<td class="tdrb">11,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdrr" colspan="2">tela</td> -<td class="tdrb">13,00</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdlp" colspan="2">En preparación el de 1918</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdcc" colspan="3"><h3><span class="pagenum"><a name="Page_174" id="Page_174">[174]</a></span> -COLECCIÓN DE AUTORES ESPAÑOLES</h3></td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdcc" colspan="3">NOVELAS</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2"><i>Edmundo González Blanco.</i>—Jesús de Nazareht</td> -<td class="tdrb">3,00</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2"><i>José Francés.</i>—La estatua de carne</td> -<td class="tdrb">3,00</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdlp" colspan="2">—El alma viajera</td> -<td class="tdrb">3,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2"><i>López de Saá.</i>—Los indianos vuelven</td> -<td class="tdrb">3,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdlp" colspan="2">—Bruja de amor</td> -<td class="tdrb">3,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdlp" colspan="2">—Por un milagro de amor</td> -<td class="tdrb">3,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2"><i>W. Fernández Flórez.</i>—La procesión de los días</td> -<td class="tdrb">3,00</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2"><i>Elías Cerdá.</i>—Don Quijote en la guerra</td> -<td class="tdrb">2,00</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2"><i>V. García Martí.</i>—Don Severo Carvallo</td> -<td class="tdrb">2,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2"><i>María Luisa Latil.</i>—Según labremos</td> -<td class="tdrb">3,00</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdlp" colspan="2">—Genoveva</td> -<td class="tdrb">2,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2"><i>Eugenio Noel.</i>—El allegreto de la Sinfonía VII</td> -<td class="tdrb">3,00</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2"><i>Rafael Cansinos Assens.</i>—Las cuatro gracias</td> -<td class="tdrb">3,00</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2"><i>Francisco Delicado.</i>—La lozana andaluza</td> -<td class="tdrb">3,00</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2"><i>J. de Lucas Acevedo.</i>—La Caja de Pandora</td> -<td class="tdrb">3,00</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2"><i>Martín de la Cámara.</i>—Vidas llameantes</td> -<td class="tdrb">3,00</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2"><i>Mañara.</i>—Historia en camisa</td> -<td class="tdrb">3,00</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdcc" colspan="3">ESTUDIOS Y CRÓNICAS</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2"><i>Emiliano Ramírez Angel.</i>—Bombilla-Sol-Ventas</td> -<td class="tdrb">3,00</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2"><i>J. M. Carretero.</i>—Lo que sé por mí (dos series)</td> -<td class="tdrb">3,00</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2"><i>J. Costa.</i>—Alemania contra España</td> -<td class="tdrb">3,00</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2"><i>Pedro Pellicena.</i>—Los Cosacos</td> -<td class="tdrb">3,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2"><i>Margarita de la Torre.</i>—Jardín de damas curiosas</td> -<td class="tdrb">3,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2"><i>Fola Igurbide.</i>—El Actor</td> -<td class="tdrb">3,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2"><i>Alberto Ghiraldo.</i>—Los nuevos caminos</td> -<td class="tdrb">3,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2"><i>Enciso.</i>—El soneto en España</td> -<td class="tdrb">3,00</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdcc" colspan="3">POESÍAS</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2"><i>José Montero.</i>—Yelmo florido (con ilustraciones)</td> -<td class="tdrb">4,00</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2"><i>Zurita.</i>—Pícaros y donosos</td> -<td class="tdrb">3,00</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2"><span class="pagenum"><a name="Page_175" id="Page_175">[175]</a></span> -<i>Mauricio Bacarisse.</i>—El esfuerzo</td> -<td class="tdrb">3,00</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2"><i>Eliodoro Puche.</i>—Libro de los elogios galantes y de -los crepúsculos de otoño</td> -<td class="tdrb">2,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdlp" colspan="2">—Corazón de la noche</td> -<td class="tdrb">2,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdlp" colspan="2">—Motivos líricos</td> -<td class="tdrb">2,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2"><i>Emilio Carrere.</i>—El retablo de los poetas. (Antología)</td> -<td class="tdrb">3,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdcc" colspan="3">TEATRO</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2"><i>Muñoz Seca y López Núñez.</i>—El Rayo</td> -<td class="tdrb">3,00</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2"><i>H. Ibsen.</i>—Dramas líricos</td> -<td class="tdrb">2,00</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdlp" colspan="2">—La castellana de Ostrat</td> -<td class="tdrb">2,00</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdlp" colspan="2">—Espectros</td> -<td class="tdrb">2,00</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdcc" colspan="3"><h3>LAS GRANDES FIGURAS DE LA GUERRA EUROPEA</h3></td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2">Biografías de los generales: <b>Alberto I de Bélgica.</b>—<b>Joffre.</b>—<b>Sir Jhon French.</b>—<b>Lord Kitchener.</b> Con -preciosas fototipias, a</td> -<td class="tdrb">3,00</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdcc" colspan="3"><h3>COLECCIÓN DE AUTORES EXTRANJEROS</h3></td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2">Traducidas por <i>Felipe Trigo</i>, <i>Rafael Cansinos</i> <i>y</i> -<i>Pedro de Répide</i>.</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2"><i>Victoriano de Saussay.</i>—La ciencia del beso</td> -<td class="tdrb">3,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2"><i>René Emery.</i>—Santa María Magdalena</td> -<td class="tdrb">3,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2"><i>Maquiavelo.</i>—Obras festivas: La Mandrágora.—El P. -Alberico.—La Celestina.—El archidiablo Belfegor</td> -<td class="tdrb">3,00</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2"><i>Claudia Lamaitre.</i>—Juegos de Damas</td> -<td class="tdrb">3,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdcc" colspan="3"><h3><span class="pagenum"><a name="Page_176" id="Page_176">[176]</a></span> -CELEBRIDADES ESPAÑOLAS</h3></td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdrt">I.</td> -<td class="tdl">Bécquer (encuadernados en tela)</td> -<td class="tdrb">3,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdrt">II.</td> -<td class="tdl">Zorrilla (encuadernados en tela)</td> -<td class="tdrb">3,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdrt">II.</td> -<td class="tdl">Espronceda (encuadernados en tela)</td> -<td class="tdrb">3,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdcc" colspan="3"><h3>COLECCIÓN SELECTA</h3></td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2"><i>Tomás de Quincey.</i>—Los últimos días de Kant</td> -<td class="tdrb">1,00</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2"><i>Kalidasa.</i>—El reconocimiento de Sakuntala</td> -<td class="tdrb">1,00</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2"><i>Rousseau.</i>—Discurso sobre las artes y las ciencias</td> -<td class="tdrb">1,00</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2"><i>Luciano de Samosata.</i>—La diosa de Siria</td> -<td class="tdrb">1,00</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2"><i>L. Sterne.</i>—Viaje sentimental de un inglés a Francia</td> -<td class="tdrb">1,00</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2"><i>F. Alvarado.</i>—El filósofo rancio. (Cartas)</td> -<td class="tdrb">1,00</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdcc" colspan="3"><h3>COLECCIÓN CIENCIA Y ARTE</h3></td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2"><i>Ricardo Yesares.</i>—¿Qué quieres aprender? Electricidad. -Encuadernado en tela</td> -<td class="tdrb">3,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdlp" colspan="2">—¿Qué quieres ser? Automovilista. Encuadernado en tela</td> -<td class="tdrb">3,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdcc" colspan="3"><h3>OBRAS VARIAS</h3></td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2"><i>Sthendal.</i>—Del amor</td> -<td class="tdrb">6,00</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2"><i>E. M. Segovia</i> (Oficial del Banco de España).—Los -documentos de crédito</td> -<td class="tdrb">5,00</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2"><i>Rivero.</i>—Legislación de clases pasivas. Volumen de -500 páginas, encuadernado en tela</td> -<td class="tdrb">10,00</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2"><i>R. Yesares.</i>—Ayuda memoria del mecánico electricista. -Un volumen, encuadernado en tela</td> -<td class="tdrb">1,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdcc" colspan="3"><h3><span class="pagenum"><a name="Page_177" id="Page_177">[177]</a></span> -LIBROS DE CARTAS</h3></td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2">El arte de escribir cartas</td> -<td class="tdrb">1,00</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2">Manual epistolar (encuadernado en tela)</td> -<td class="tdrb">2,00</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2">Cartas amorosas</td> -<td class="tdrb">0,60</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2">Epistolario de amor (encuadernado)</td> -<td class="tdrb">2,00</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdcc" colspan="3"><h3>COLECCIONES POPULARES</h3></td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdcc" colspan="3">COLECCIÓN «MAC-BULL»</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2">Obras sensacionales, originales del conocido escritor -señor <i>Bedoya</i>, cuya maestría en esta literatura es universal:</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2">El millonario detective</td> -<td class="tdrb">1,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2">El secreto del Kaiser</td> -<td class="tdrb">1,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2">La bola de sangre</td> -<td class="tdrb">2,00</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2">El alma de las brujas</td> -<td class="tdrb">2,00</td> -</tr> -</table> - -<table border="0" cellpadding="5" cellspacing="5" summary="catalogo2"> -<tr> -<td class="tdcc" colspan="3">COLECCIÓN PICARESCA</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2">Tomos de 130 páginas, de amena lectura de índole -burlesca y galante, con bonitas portadas en bicolor. Van publicados:</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2">Voluptuosidad y perversión</td> -<td class="tdrb">0,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2">En camino de la mala vida</td> -<td class="tdrb">0,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2">Corazón de piedra</td> -<td class="tdrb">0,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdlbrd" rowspan="3">Memorias galantes de un abate del siglo <span class="smcap">xviii</span></td> -<td class="tdl">Juventud</td> -<td class="tdrb">0,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl">Mis amores en París</td> -<td class="tdrb">0,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl">Amores de otoño</td> -<td class="tdrb">0,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2">Lágrimas de amor</td> -<td class="tdrb">0,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2">De flor en flor (Historia de un cínico)</td> -<td class="tdrb">0,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2">El maldito dinero (Historia de amor y de maldad)</td> -<td class="tdrb">0,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdcc" colspan="3"><span class="pagenum"><a name="Page_178" id="Page_178">[178]</a></span> -COLECCIÓN FOLLETÍN</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2">Esta colección contendrá las obras más famosas de la -Literatura Universal, en elegantes volúmenes de 150 a -200 páginas, con primorosas cubiertas en color. Van publicados:</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2">El último Mohicano</td> -<td class="tdrb">0,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2">El misterio de los Apaches</td> -<td class="tdrb">0,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2">Amor salvaje</td> -<td class="tdrb">0,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2">Margarita de Borgoña</td> -<td class="tdrb">0,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2">Lucrecia Borgia</td> -<td class="tdrb">0,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2">La Dama de las Camelias</td> -<td class="tdrb">0,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2">Flecha de oro</td> -<td class="tdrb">0,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2">El Capitán rojo</td> -<td class="tdrb">0,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2">Werther</td> -<td class="tdrb">0,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2">El Espía de las rocas</td> -<td class="tdrb">0,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2">Manon Lescaut</td> -<td class="tdrb">0,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2">Un viaje a la luna</td> -<td class="tdrb">0,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2">Mignon</td> -<td class="tdrb">0,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdcc" colspan="3">COLECCIÓN MARAVILLAS DE LA GUERRA</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2">Narraciones sensacionales del conocido periodista señor -<i>López Moya</i>, cuya fantasía corre parejas con su amenidad. Van publicados:</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2">Azañas de Vedrines</td> -<td class="tdrb">0,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2">Proezas de un submarino inglés</td> -<td class="tdrb">0,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2">Tragedia en los aires</td> -<td class="tdrb">0,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2">El misterio de los Zeppelines</td> -<td class="tdrb">0,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2">El fantasma del mar del Norte</td> -<td class="tdrb">0,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2">Buzo heroico</td> -<td class="tdrb">0,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdcc" colspan="3"><span class="pagenum"><a name="Page_179" id="Page_179">[179]</a></span> -COLECCIÓN MEFISTÓFELES</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2">Primorosos volúmenes de sugestiva lectura. Van publicados:</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2">La magia negra</td> -<td class="tdrb">0,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2">El A B C del hipnotismo</td> -<td class="tdrb">0,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2">Los misterios del sonambulismo</td> -<td class="tdrb">0,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2">Ocultismo experimental</td> -<td class="tdrb">0,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2">Los misterios de las piedras preciosas</td> -<td class="tdrb">0,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2">Las plantas en las habitaciones</td> -<td class="tdrb">0,50</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdcc" colspan="3"><h3>LIBROS TAURINOS</h3></td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2"><i>El Caballero Audaz.</i>—El libro de los toreros: epílogo -de José Francés. (Bomba, Joselito, Gallo, Belmonte, -Pastor, Gaona, Carpio.) Con fotografías. Libro de éxito enorme</td> -<td class="tdrb">2,00</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl" colspan="2">Los amores de los toreros. Cuadernos de gran tamaño y -muy interesantes para la afición a toros. Van -publicados: Belmonte.—Pastor.—Gallo—Gallito. -—Gaona.—Los crímenes del gallismo. Cada cuaderno</td> -<td class="tdrb">0,20</td> -</tr> - - -</table> - - - - - - - - - -<pre> - - - - - -End of the Project Gutenberg EBook of Cabezas: Pensadores y Artistas. -Políticos, by Rubén Darío - -*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK CABEZAS *** - -***** This file should be named 56047-h.htm or 56047-h.zip ***** -This and all associated files of various formats will be found in: - http://www.gutenberg.org/5/6/0/4/56047/ - -Produced by Carlos Colón, Josep Cols Canals and the Online -Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This -file was produced from images generously made available -by The Internet Archive/Canadian Libraries) - - -Updated editions will replace the previous one--the old editions -will be renamed. - -Creating the works from public domain print editions means that no -one owns a United States copyright in these works, so the Foundation -(and you!) can copy and distribute it in the United States without -permission and without paying copyright royalties. Special rules, -set forth in the General Terms of Use part of this license, apply to -copying and distributing Project Gutenberg-tm electronic works to -protect the PROJECT GUTENBERG-tm concept and trademark. Project -Gutenberg is a registered trademark, and may not be used if you -charge for the eBooks, unless you receive specific permission. If you -do not charge anything for copies of this eBook, complying with the -rules is very easy. You may use this eBook for nearly any purpose -such as creation of derivative works, reports, performances and -research. They may be modified and printed and given away--you may do -practically ANYTHING with public domain eBooks. Redistribution is -subject to the trademark license, especially commercial -redistribution. - - - -*** START: FULL LICENSE *** - -THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE -PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK - -To protect the Project Gutenberg-tm mission of promoting the free -distribution of electronic works, by using or distributing this work -(or any other work associated in any way with the phrase "Project -Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full Project -Gutenberg-tm License (available with this file or online at -http://gutenberg.org/license). - - -Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project Gutenberg-tm -electronic works - -1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg-tm -electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to -and accept all the terms of this license and intellectual property -(trademark/copyright) agreement. 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If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is derived -from the public domain (does not contain a notice indicating that it is -posted with permission of the copyright holder), the work can be copied -and distributed to anyone in the United States without paying any fees -or charges. If you are redistributing or providing access to a work -with the phrase "Project Gutenberg" associated with or appearing on the -work, you must comply either with the requirements of paragraphs 1.E.1 -through 1.E.7 or obtain permission for the use of the work and the -Project Gutenberg-tm trademark as set forth in paragraphs 1.E.8 or -1.E.9. - -1.E.3. If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is posted -with the permission of the copyright holder, your use and distribution -must comply with both paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 and any additional -terms imposed by the copyright holder. 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INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the -trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone -providing copies of Project Gutenberg-tm electronic works in accordance -with this agreement, and any volunteers associated with the production, -promotion and distribution of Project Gutenberg-tm electronic works, -harmless from all liability, costs and expenses, including legal fees, -that arise directly or indirectly from any of the following which you do -or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm -work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any -Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause. - - -Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm - -Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of -electronic works in formats readable by the widest variety of computers -including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists -because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from -people in all walks of life. - -Volunteers and financial support to provide volunteers with the -assistance they need, are critical to reaching Project Gutenberg-tm's -goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will -remain freely available for generations to come. In 2001, the Project -Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure -and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations. -To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation -and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4 -and the Foundation web page at http://www.pglaf.org. - - -Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive -Foundation - -The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit -501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the -state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal -Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification -number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at -http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg -Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent -permitted by U.S. federal laws and your state's laws. - -The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S. -Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered -throughout numerous locations. Its business office is located at -809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email -business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact -information can be found at the Foundation's web site and official -page at http://pglaf.org - -For additional contact information: - Dr. Gregory B. Newby - Chief Executive and Director - gbnewby@pglaf.org - - -Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg -Literary Archive Foundation - -Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide -spread public support and donations to carry out its mission of -increasing the number of public domain and licensed works that can be -freely distributed in machine readable form accessible by the widest -array of equipment including outdated equipment. Many small donations -($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt -status with the IRS. - -The Foundation is committed to complying with the laws regulating -charities and charitable donations in all 50 states of the United -States. Compliance requirements are not uniform and it takes a -considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up -with these requirements. We do not solicit donations in locations -where we have not received written confirmation of compliance. To -SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any -particular state visit http://pglaf.org - -While we cannot and do not solicit contributions from states where we -have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition -against accepting unsolicited donations from donors in such states who -approach us with offers to donate. - -International donations are gratefully accepted, but we cannot make -any statements concerning tax treatment of donations received from -outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff. - -Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation -methods and addresses. Donations are accepted in a number of other -ways including checks, online payments and credit card donations. -To donate, please visit: http://pglaf.org/donate - - -Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic -works. - -Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm -concept of a library of electronic works that could be freely shared -with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project -Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support. - - -Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed -editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S. -unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily -keep eBooks in compliance with any particular paper edition. - - -Most people start at our Web site which has the main PG search facility: - - http://www.gutenberg.org - -This Web site includes information about Project Gutenberg-tm, -including how to make donations to the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to -subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks. - - -</pre> - -</body> -</html> diff --git a/old/56047-h/images/cover.jpg b/old/56047-h/images/cover.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 0f676cf..0000000 --- a/old/56047-h/images/cover.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/56047-h/images/illusa001.png b/old/56047-h/images/illusa001.png Binary files differdeleted file mode 100644 index cf2b7ef..0000000 --- a/old/56047-h/images/illusa001.png +++ /dev/null diff --git a/old/56047-h/images/illusa003.png b/old/56047-h/images/illusa003.png Binary files differdeleted file mode 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