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Políticos - Obras Completas Vol. XXII - -Author: Rubén Darío - -Release Date: November 25, 2017 [EBook #56047] - -Language: Spanish - -Character set encoding: ISO-8859-1 - -*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK CABEZAS *** - - - - -Produced by Carlos Colón, Josep Cols Canals and the Online -Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This -file was produced from images generously made available -by The Internet Archive/Canadian Libraries) - - - - - - - - - - Nota del Transcriptor: - - - Se ha respetado la ortografía y la acentuación del original. - - Errores obvios de imprenta han sido corregidos. - - Páginas en blanco han sido eliminadas. - - Ilustraciones han sido eliminadas. Solo las leyendas correspondientes - han sido incluídas. - - Letras itálicas son denotadas con _líneas_. - - Las versalitas (letras mayúsculas de tamaño igual a las minúsculas) - han sido sustituidas por letras mayúsculas de tamaño normal. - - Letras oscuras son denotadas con =signos de igual=. - - - - - CABEZAS - - [Ilustración] - - - - - RUBÉN DARÍO - - CABEZAS - - PENSADORES - Y ARTISTAS - POLÍTICOS - - [Ilustración] - - VOLUMEN XXII - DE LAS OBRAS COMPLETAS - ADMINISTRACIÓN - EDITORIAL «MUNDO LATINO» - MADRID - - - - - ES PROPIEDAD (Ilustraciones de E. Ochoa.) - - - - - PENSADORES - Y - ARTISTAS - - [Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -JACINTO BENAVENTE - - -Cuando Jacinto Benavente entró a la Real Academia Española, se -preguntaron muchos: «¿A qué va Benavente a la Academia?» Contestaron -algunos: «A hacer lo que todos los académicos hacen; limpiar, fijar y -dar esplendor». - -No, no iba a eso. En tal recinto, e intelectualmente hablando, para -limpiar, necesitaría la representación de Hércules; para fijar, la de -Minerva; para dar esplendor, la del mismo Apolo. Iba sencillamente -a demostrar que, por opinión general, quien había logrado todos los -triunfos populares merecía también todos los honores oficiales. He -dicho populares, porque, aunque Benavente sea un autor de _élite_ su -nombre es famoso en todas partes en donde se habla nuestro idioma y aun -en otras. - -Benavente representa para España lo que un Capus o un Bernstein para -Francia, o mejor, lo que un Bernard Shaw para Inglaterra. Y aun, en -condiciones especiales, es el único que haya logrado dar verdadero -brillo y resonancia a las Máscaras castellanas. - -Poco avisados los que le juzgan con el oído puesto al Boulevard. El -mundo en que se mueven sus tipos, en la mayor parte de sus comedias, -es ese mundo universal que tiene por norma, desde luego, más o menos -aplicada a sus medios respectivos, la vida parisiense; y si no, fijaos -en las escenas de los comediógrafos italianos del día. Ese mundo es _le -monde_. Mas los personajes benaventinos que se mueven y expresan en -el ambiente de Madrid, son de la legítima descendencia clásica; y sus -diálogos chispeantes del ingenio que les presta su creador, no son sino -los antiguos discreteos de Calderón o Lope modernizados. - -Ni tan solo en lo cotidiano social y de lo mundano inmediato ha de -entretenerse este cultivador de agudas y frívolas filosofías. De cuando -en cuando le veréis salir con su cara de Shakespeare--pues es harto -semejante a algunos retratos del gran Will--impregnado de esencias -hamletianas, o húmedo de los rocíos de las florestas por donde vayan -las Rosalindas, las Perditas y las Cordelias. - -[Ilustración: JACINTO BENAVENTE] - -A pesar de su fama de amargor, confiaos a él. Hay entre sus macizos de -floridas espinas muy exquisitos de miel, mucho consuelo humano, mucha -ternura compensadora de desesperanza. - -Entrad en su teatro de ensueño y en su teatro de bondad. Dejaos llevar -por la mano que sabe apartar los ramajes hostiles. Él os hará el regalo -de la poética dulzura, del rayo de luna, del canto cristalino del -ruiseñor; y como es conveniente, a su tiempo, en el instante preciso, -os hará una pirueta; y le daréis las gracias por el palmo de narices -con que os gratifique. - -Y os dejará plantados. No le sigáis. Él se va, como murmurando, porque -sabe muchas cosas del cielo y de la tierra. No le sigáis. Podréis creer -por el movimiento de sus hombros que se va riendo, pero no podéis -afirmar que no vaya llorando. ¿No acaba de daros vida, vida brutal, -trágica, dolorosa, en esa _Malquerida_ en que ha concentrado todas las -fatalidades y el apocalíptico misterio de la mujer: _Misterium?_ - -El verdadero poder de Benavente consiste en que es un poeta, en que -posee la intra y supervisión del poeta, y en que todo a lo que toca le -comunica la virtud mágica de su secreto. - -Su inquietud viene de la intensa vibración de su espíritu. Estará en -la soledad consigo mismo. Irá a pasar sus horas con sus amigos los -poetas. Luego--no lo dudéis--tras alguna cabriola, entrará a la casa -del Diccionario para hablar con las momias. Y las dejará aún más -estupefactas. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -JOSE ENRIQUE RODO - - -El oficio de pensar es de los más graves y peligrosos sobre la faz -de la tierra, bajo la bóveda del cielo. Es como el del aeronauta, el -del marino y el del minero. Ir muy lejos explorando, muy arriba o -muy abajo, mantiene alrededor la continua amenaza del vértigo, del -naufragio o del aplastamiento. Así, la principal condición del pensador -es la serenidad. - -En la América nuestra no hemos tenido casi pensadores; no ha habido -tiempo, todo ha sido fecundidad verbal, más o menos feliz, declamación -sibilina, _pastiche_ oratoria, expansión, panfleto. Con dificultad se -encontrará en toda la historia de nuestro desarrollo intelectual este -producto de otras civilizaciones: el ensayista. - -José Enrique Rodó es el pensador de nuestros nuevos tiempos, y, para -buscar siempre el parangón en el otro plato de la balanza americana, -diré que corresponde a Emerson. Es Emerson latino, cuya serenidad viene -de Grecia, y cuya oración dominical es la salutación a Palas Atenea, la -plegaria ante el acrópolis. Y advertid que, a pesar de lo que se afirme -y comente, Rodó no es un renaniano, en el sentido que en el común -dialecto literario se da a esta palabra. Su tranquila visión está llena -de profundidad. El cristal de su oración arrastra arenas de oro de las -más diversas filosofías, y más encontraréis en él del más optimista de -los ensayistas, que del gordo cura laico biógrafo de N. S. Jesucristo, -abate de Jouarres, _in partibus infidelium_. - -Desde sus comienzos, la obra de Rodó se concreta en ideas, en ideas -decoradas con pulcritud por la gracia dignamente seductora de un -estilo de alabastros y mármoles. Solamente que él pigmalioniza, y el -temor de impasibilidad, de frialdad desaparece cuando se ve la piedra -cincelada que se anima, la estatua que canta. Nació con vocación de -belleza y enseñanza. Enseñanza, es decir conducción de almas. A -tal pedagogía es a la que se refiere el Dante en un verso referente a -Virgilio. Cuando apareció su primer opúsculo, _Vida Nueva_, se vió el -surgir de un maestro en su generación, en la generación continental. Su -segundo opúsculo sobre el autor de _Prosas Profanas_, o mejor dicho, -sobre este libro de poesías, le afirmó virtuoso de la prosa, de la -erudición elegante, y en la última parte de su trabajo, profeta. Altas -y generosas especulaciones le ocuparon, y _Ariel_ señala un nuevo -triunfo de su espíritu y una nueva conquista de sus predicaciones, -por la hermosura de la existencia, por la elevación de los intelectos -hispanoamericanos, por el culto nunca desfalleciente ni claudicante -del más puro y alentador de los ideales. Definíase más y más su -personalidad, y se hubiera dicho un filósofo platónico de la flor del -paganismo antiguo, resucitado en tierras americanas. Y tuvo el más -bello de sus gestos, cuando, llevado a las controversias de la Prensa -y a las agitaciones de la Cámara, por los caprichos de la política, -el adorador de los dioses de la Hélade salió a la defensa de nuestro -pálido Dios Cristiano, Desterrado allá, como en Francia, de los lugares -de la Justicia, por obra de la roja cosa jacobina. - -[Ilustración: JOSÉ ENRIQUE RODÓ] - -Por último, aparece su obra magna hasta hoy, esos _Motivos de Proteo_, -aires mentales, sinfonías, de ideas que llevan dentro tanta virtud -bienhechora, libro que ha sido acogido en todas partes con entusiasmo -y con razonada admiración. Es un libro fragmentario, ¡pero cuan lleno -de riqueza! fragmentario ocasional o decididamente. Ello hace que -su prosecución sea indefinida, y que el encanto y el provecho se -prolonguen en la esperanza después de cada aporte. El tesoro está allí. -Cada vez que Aladino baje, estemos atentos. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -GRAÇA ARANHA - - -Uno de los críticos que han estudiado la personalidad intelectual de -Graça Aranha--el señor Elysio de Carvalho--hace notar que antes de -que la gloria iluminase el nombre del autor de _Chanaan_, era éste un -escritor de cenáculos «apenas conocido de sus íntimos, que lo sabían -un talento peregrino, un espíritu culto, un artista de raza capaz -de realizar el gran sueño de arte que le acariciaba el alma». Hoy -Graça Aranha ha conquistado los más justos laureles, y es conocido y -celebrado en todo el mundo literario. Mas su universal renombre no ha -hecho más que hacer brillar mejor el puro diamante de su nacionalismo. -Él es brasileño ante todo. Con satisfacción y con orgullo, me decía -hace pocos días: «Me place más ser comprendido por el último de -los estudiantes de mi tierra, que por el primero de los escritores -europeos». Y en el Brasil se le devuelve su afecto con creces. Es de -los que encarnan el alma de la raza, es de los representativos. Él -ha expresado en una prosa impecable y admirable el ideal patriótico, -y ha pintado magistralmente el escenario fabuloso de ese vasto y -vigoroso país, animado como ninguno de las savias de la tierra y de -los fuegos fecundantes del sol. Muchos ilustres varones de pensamiento -tuvo el pasado imperio y tiene la joven república; pero ninguno -había expresado el espíritu nacional, ni tenido tan hermosamente, en -simbólicas figuras, la visión del porvenir, como el joven pensador que -llegaba señalando el rumbo de la vida nueva, y cuyo libro resonante -era--escribía el noble y grande José Verissimo--«nuevo por el tema, -nuevo por la inspiración y concepción, nuevo por el estilo». - -_Chanaan_, que tuvo tan estupenda acogida en la patria brasileña, -en toda la América del Sur; y cuando presentada a los públicos de -Europa por el introductor de Ibsen, el diplomático y escritor ruso -conde Prozor--un gran señor de letras--, que fué quien la tradujo al -francés, _Chanaan_ fué conocida mayormente, y el talento del autor -adquirió fama y autoridad internacionales. Así al representarse en -París, por el teatro de l'OEuvre _Malazarte_, que interpretaron actores -como Lugne-Poe, De Max, y esa sutil y encantadora Greta Prozor, flor -teatral cultivada por la maga Suzanne Despres, ya se sabía quién era -el autor, que ofrecía a los exigentes lutecianos un ramo de sus rosas -radiantes y de sus orquídeas tropicales. - -Yo he visto al glorioso novelista brasileño en París, en reuniones -en donde ha estado representado el pensamiento francés por sus -personalidades más eminentes; y le he conocido en su propio medio, -frente a aquel espectáculo de ensueño y de fantasía, que es la bahía -de la capital fluminense. El vapor en que íbamos los miembros de las -delegaciones de varios países a la Conferencia Panamericana, había -anclado. Iba con nosotros el ilustre embajador y poderoso intelectual, -que era Joaquín Nabuco. Llegaban a rodear nuestro barco _ferry-boats_ -llenos de estudiantes y de músicas, que lanzaban al aire himnos y -vivas. Y un balandro apareció en donde venían varios caballeros de -distinción. Entre ellos me fué señalado por Nabuco uno:--«¡Vea usted, -aquél es Graça Aranha!»--me decía alegre y conmovido el magnífico -anciano, quien admiraba y quería al triunfante joven. Luego nos -presentó, y desde entonces he cultivado con el creador de _Chanaan_ la -más cordial de las amistades intelectuales. - -El Brasil es un país de tradiciones aristocráticas, y la cultura -social se impone desde luego. Se ha aprovechado de todo lo que ha -producido la civilización europea, y se ha plasmado una característica -nacional inconfundible, que podría servir de modelo en otras naciones -del continente. Al núcleo principal pertenecen hombres como Graça -Aranha, en quien las distintas situaciones oficiales y sus condiciones -de intelecto y de civilidad han hecho uno de esos representantes -que tanto brillo han dado a la historia diplomática de su tierra. -Individualmente, junta el _gentleman_ al caballero; es esto decir que -su trato no se resiste de sequedad, antes bien, hace transparentarse la -buena fe, la cordialidad y la generosa nobleza. Cuando uno ha tenido la -feliz oportunidad de conocer a cancilleres como el barón de Río Branco -y el doctor Lauro Muller; a embajadores como Nabuco, y en la joven -diplomacia a representantes como Fontoura Xavier, como Barros Moreira, -como Belloso Rebello, como Graça Aranha, comprende cómo los estadistas -brasileños han querido que los que llevan el nombre y la autoridad del -Brasil al exterior, veteranos y nuevos, formen un cuerpo de excelentes, -una _élite_ que pueda, en todo y en cada uno, ser a la Patria motivos -de complacencia. Y Graça Aranha honra no solamente a su patria natal, -sino a su lengua, que es una más grande patria. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -ZORRILLA DE SAN MARTIN - - -Hace veinte años que vi por la primera vez a este admirable uruguayo. -Los que le conocen me han dicho que, hoy como antes, anima un espíritu -encendido y palpitante aquel cuerpo que crece al resplandor de la frase -oratoria, aquella cabeza de tribuno, aquella cabeza de poeta. Y como -vive de fe y respira esperanza, se diría que una inagotable juventud -conserva firmes sus nervios, airoso su gesto, cálida y vivificante su -palabra, toda energía y ritmo. - -Le recuerdo en días de triunfos y de gozos, entre fiestas y pompas -españolas. Las delegaciones de las repúblicas americanas contaban, -como era de razón, sobre todo las tropicales, con sujetos verbosos -y hábiles para el discurso; pero en conjunto, no podíamos presentar -delante de un Castelar, sino al delegado uruguayo, a la sazón ministro -de su país ante Su Majestad Católica. A su fama asentada de gran poeta -unía el dominante prestigio de una elocuencia, si a veces harto fogosa, -por lo mismo plenamente representativa de nuestros entusiasmos y -vivacidades continentales. Su negra y copiosa cabellera se agitaba en -la conmoción de las arengas; el brazo diestro se alzaba como arrojando, -como esparciendo, como regando las oraciones; los ojos, la máscara -toda contribuían a la conquista de los auditorios; y un común orgullo -nos producía a los neomundiales la victoria de aquel hombre generoso -y lírico, que había cantado al épico charrúa Tabaré, y saludaba en -vibradores y musicales períodos, en nombre de las naciones nuevas, a -la regia decaída y maternal España. Con _Tabaré_ y con la _Leyenda -Patria_--que celebraron poetas como Olegario Andrade, autoridades como -Paul Groussac--se colocó Zorrilla de San Martín en el escaso número de -los grandes líricos americanos. Se ha dicho que siempre en el poeta -aparece la amplitud, la exuberancia oratorias. No olvidemos que -ello es una característica de Víctor Hugo, y más cerca y no a tantas -alturas, de Núñez de Arce. Es una elocuencia llena de lirismo, y esto -lo admiramos hasta en el mismo viejo Esquilo. Cuando en mi primaveral -juventud llegó a mis manos el poema épico lírico del célebre uruguayo, -me impresionó por su belleza armoniosa, y por el contagio entusiástico -de lo que antaño se calificaba con el nombre de «inspiración». En -_Tabaré_--«ese extraño y hermoso poema, con el que acaso sean más -justicieras que las actuales las generaciones que vendrán», según el -decir de un meditativo y decoroso pensador que brilla en la juventud -uruguaya, Amadeo Almada--encontré en días en que imperaban endémicas -doctrinas, una novedad sana y un sentido de musicalidad honda y -trascendente, que venían de la influencia de un poeta «menor» pero de -los más dignos de admiración y amor en la España del siglo pasado: -Bécquer. «Mi Gustavo Bécquer, genio admirable y querido, despertador de -mi adolescencia poética», dice Zorrilla de San Martín en una confesión -reciente publicada en _Mundial_. Había, en efecto, un eco del arpa de -Bécquer, pero sinfonizado en un órgano que se diría hecho de las más -robustas y sonantes cañas y bambúes de nuestras selvas americanas. - -_Tabaré_ fué celebrado en España y en toda la América latina con loas y -palmas merecidas. - -Zorrilla de San Martín reconoce el perjuicio que posteriores -correcciones causaron a su obra... «Quise quitar, ¡pecado de mí!, -ingenuidades en una obra ingenua; quise razonar.» Sí, su obra es -ingenua como una planta, como una flor, como el agua de un manantial, -y ella guardará el frescor y el perfume de la más grata estación de su -existencia. - -También ha citado estos conceptos de Carlyle referentes a Dante: «Si -vuestra composición es auténticamente musical, no solamente en la -palabra, sino en el corazón y en la sustancia, en los pensamientos -y articulaciones, en toda la concepción, entonces será poética; mas -no de otra manera. ¡Musical! ¡Cuánto se encierra en esta palabra! Un -pensamiento musical es el que ha penetrado hasta lo más íntimo del -corazón de las cosas, y puesto al descubierto lo más recóndito de sus -misterios...» - - - - -[Ilustración] - - - - -FRANCISCO GARCIA CALDERON - - -Un joven sabio; palabras difíciles de juntar en nuestra América. A -Francisco García Calderón siéntanle por igual manera los calificativos -de _savant_ y de _sage_. La gravedad espiritual, el desdén de las -literaturas fáciles, y diremos así de simple adorno, el alejamiento del -_dilettantismo_, y su copioso saber, sostenido por una inteligencia -fuerte y ponderada, le han dado un lugar especial en nuestra reciente -intelectualidad. Habita en París, y busca los jardines apacibles de -la filosofía, en vez de entregarse a las bellas y ligeras letras de -la luminosa capital del _esprit_. Cuando, por la fatalidad que pesa -sobre muchos de los escritores que aquí residimos, «hace periodismo», y -finge de corresponsal a diarios hispanoamericanos, se ocupa en Gabriel -Tarde; en el soliloquio platónico de Renouvier, en Brunetière que juzga -a Renan, en Menéndez Pidal y la cultura española, en los estudios -penales de Dorado Montero, en el fenómeno religioso de los Estados -Unidos, en los ideales de la vida, según William James, y en otros -tópicos semejantes. Como veis, todo eso está muy lejos del _boulevard_. -Sus relaciones intelectuales son las que convienen a semejante monge -laico, fraile de la filosofía. «Monsieur F. García Calderón est un -jeune peroubien qui connait admirablement la France, son histoire, -ses ecrivains, ses philosophes.» ¿Quién escribe esos conceptos? Es M. -Gabriel Seailles, profesor en la Soborna. «Esprit ouvert et curieux, -auditeur et auditeur attentif, ardent, consciencieux intelligent, -vous mettez votre effort et votre joie à penetrer dans la pensée, -dans l'âme des hommes que vous voluez connaître». «Donc s'assimiler -appliquer l'experience de l'âgé mur et même temps garder l'elan, la -foi et même les ilusions de la jeunesse, trover enfin le moyen de -réunir en un tout vivant et harmonieux ces deux ordres de qualités, -en apparence contradictoires, ce est le conseil que, for de vos études -et de vos reflexions, vous donnez à votre Patrie. Je crois bien que ce -conseil convient a tous les hommes, et qu'en tout pays on aura intérêt -et profit à lire un livre tel que le votre.» ¿Quién expresa tales -opiniones? Monsieur Émile Boutroux, del Instituto. Díme con quien andas -y te diré quién eres. Es raro, sí, muy raro, que en nuestros países un -espíritu joven y bizarro, como el de García Calderón, deje el verjel de -los lirios y los mirtos y los laureles para inclinarse al pozo de donde -se espera ver salir el blanco cuerpo de la verdad. Pocos van a las -honduras de los problemas espirituales, pocos se consagran al ejercicio -del pensamiento en los altos asuntos religiosos y morales. - -Pocos visten el sayal pesado del estudioso y se encaran con las -gravedades de la vida y de la conciencia humanas. Francisco García -Calderón se ha dedicado a tales tareas. «_Vous n'etes pas mu par un -frivole esprit de diletanttisme_», le dice uno de los sabios que he -dictado anteriormente. Y él mismo declaraba en uno de sus primeros -libros el propósito de «levantarse sobre la parcialidad benedictina del -análisis, sobre la frivolidad estéril de la hora y dar a su espíritu -el grave recogimiento que conviene a la eclosión de futuras obras -durables.» - -La obra fundamental, hasta ahora, de nuestro amable pensador, es la -que consagrara a su patria, _Le Perou contemporain_. Es una obra -fuerte de medula, y que indica un vigor de espíritu y un estudio tan -sólido y de trascendencia, que se diría de años mayores. La obra está -escrita, a pesar de la particularidad patriótica, bajo un concepto -universal, y puede ser leída con interés en cualquier parte, pues -su fondo filosófico, su hondura ideológica, llamarán la atención, a -no importa qué hombre de pensamiento, en todo lugar del mundo. La -sagacidad de intelecto de esta «cabeza», que no sólo pertenece al -Perú, sino a todo el continente, se une al vigor y a la rapidez con -que abarca y profundiza cualquier cuestión de interés humano. En tales -especulaciones, y siguiendo cada cual su ideal mental y su modalidad, -se junta con Rodó y con Sanin Cano. - -Para contrapesar en la balanza psíquica el valor de tales -especialísimos _mediums_ habría que poner, es indiscutible, en el -platillo opuesto un buen número de toneladas de perlas y de rosas. - - - - -[Ilustración] - - - - -SANTIAGO RUSIÑOL - - -Ved aquí al catalán de los jardines, príncipe en el país de Bohemia, de -una Bohemia de oro, de lindos colores, de sutiles letras y de «hierros -viejos». Con su cabeza gris y su barba de _roi-chevalier_, atesora y -comunica juventud, y con su arte fino, su palabra suave y animadora a -un tiempo, su sonrisa fraterna con sus pares, subyugadora con todos, va -llevando su corona de gloria con la misma descuidada naturalidad que -su fieltro característico, en el cual no podríais suponer un invisible -penacho, sino una pluma de seda. - -Pinta y escribe y sabe de muchas disciplinas, como los artistas del -Renacimiento. Y mucha música íntima y mucha poesía encuentra el -observador meditativo en su pintura, como mucha sutileza y gracia -pictórica en sus prosas, en que el pensador artista deja ver su alma -profunda y delicada. - -Comunicar con Rusiñol es una fiesta para el espíritu. Yo me he -complacido con tales momentos, ya en su morada principesca de Sitges, -ya en la corte madrileña, ya en la divina isla de Mallorca, en la -múltiple Barcelona, en este París que él ama y que le ha sonreído. - -¡Sus jardines de España! Los días pasados, Pérez de Ayala, que hace -cantos bellos, hizo uno muy bello. Como al tamborilero de Provenza, eso -debe habérsele ocurrido alguna tarde «que _vió_ cantar a Rusiñol...» -Pues cantan esos jardines de pintura con sus ramas de verde, sus -acordes de oros y rojos, sus árboles ojivales, sus fuentes en que vibra -el cristal fugaz de la pluma de agua. - -[Ilustración: SANTIAGO RUSIÑOL] - -Tengo a la vista una serie de planchas coloreadas de esos hechiceros -jardines, que son, como dice el gran Santiago el «_paisatge posat en -vers, i els versos escrits en plantes... versos vius, versos am saba -i amb aroma_» y se diría que en la transposición están la misma -vida, la misma armonía y el mismo perfume que en el propio paraíso -vegetal. Son los dulces vergeles mallorquines, con sus aguas, sus -arquitecturas, sus rosales, los edenes moriscos de Granada; arcadas, -templetes, floralias casi religiosas; árboles como ramilletes, como -pinceles, como obeliscos; macizos arcos como en el _Caminal de rosers_ -de Aranjuez; bóvedas de verdura; «_les grands jets d'eau sveltes -parmi les marbres_», a la verlainiana caricia de la Luna, pues en -plena tierra del Mediodía pone Rusiñol, a veces, escenarios de fiesta -galante. La _Raixa_ de Mallorca que evoca algo de romano; visiones del -Generalife, con sus canales, sus arbustos en flor, sus tiestos como -cálices; o el _Pati de l'Alberca_, en Granada, en cuyo fondo, reflejado -por el espejo del estanque, parece fuera a surgir alguna figura de -Zobeida, de Leila, o de Lindaraja; o bien los viejos cipreses o los -_bouquets_ de almendros en flor, que primorosamente nieva o sonrosa la -primavera mallorquina; o esa _Glorieta_ de la bailarina, que es como -una decoración de poema; y el fantástico _Recó de boixos_ granadino; y -esa prodigiosa «arquitectura verde» de Granada, en donde parece que por -obra de Alah--¡sobre él la plegaria y la paz!--se animase una princesa -de las Mil y una noches, por ejemplo, Dulce Amiga, y recitase estas -estrofas del poeta: - -«¿Vas a escapar lejos de mi, ¡oh, pura sangre de mi corazón! tú, -cuyo lugar está en este corazón adolorido, entre mi pecho y mis -entrañas?--¡Ah! te suplico, oh Tú, el Clemente sin límites, reunir lo -que está separado, Tú, el generoso que distribuyes a tu placer los -beneficios humanos.» - -¿Y ese _Jardi del pirata_ en Mallorca, con sus terrazas vecinas, su -fuente redonda, su horizonte marino? ¿Y el _altar de flors_ y el _Jardi -clasic_ y la _Glorieta_ de Aranjuez, que recuerda el Templo del Amor -versallés; y _El Laberinte_ de Barcelona, con sus verdes en sordina, -sus azules angélicos, sus fanfarrias ocres del fondo, sus recortados -macizos y su ambiente al par lírico y galante? ¿Y tantos poemas que -siguen, todos un encanto para los ojos y para el alma? - -En horas secas, complázcome en abrir esta provisión de sueños, y al son -de estas flautas y liras de la vista, por obra de Rusiñol, se me abre -un edén de ruiseñores, y mi instante aburrido florece y se encanta. - -O bien, para pensar o sonreír, con razonada tristeza o gentil y -filosófico humor, leo algún libro o comedia del autor de _Oracions_ y -de _El Mistich_, en su catalán original, aunque haga algún esfuerzo, -por más que Gregorio Martínez Sierra haya realizado la difícil y -hermosa tarea de verter al castellano la prosa exquisita de nuestro -amigo victorioso. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -FEDERICO GAMBOA - - -Paso a paso, ganado a puro cerebro y a puro carácter, Federico Gamboa -ha llegado a uno de los más altos puestos del Gobierno de su país: a la -Cancillería mejicana. Hablando de su desaparecido hermano José María, y -de él mismo, escribía hace años en su _Diario_: «Secreta satisfacción -de vernos él y yo ascendiendo por nosotros mismos, sin ayudas que nos -enrojezcan, ni apoyos que nos avergüencen o humillen». - -No habrá uno solo de sus compatriotas que no aplauda su reciente -nombramiento, pues sus principios siempre han estado basados, ante -todo, en un profundo amor a su Patria. Oid sus palabras: «La idea de -Patria--la Patria en forma de carta geográfica a veces, y a veces en -abstracción luminosa--, acariciándome de lejos... Desligamiento con -gobernantes y partidos políticos...» Esto demuestra la razón de las -generales simpatías. Ni al César mismo--ese César anciano y fuera del -poder, a quien habrá que aplaudir por las enormes etapas de progreso -que hizo adelantar a Méjico--se acercó nunca Federico Gamboa con bajas -adulaciones o súplicas de granjería. El verdadero valor del nuevo -ministro de Relaciones exteriores de los Estados unidos mejicanos es -completamente individual: lo constituyen el talento, su nobleza de -espíritu, su voluntad, una limpia, larga y honrosa carrera diplomática, -y un alto nombre literario, que contribuye a la gloria de su país. - -¿Quién que conozca al Sr. Gamboa no está seguro de que sus prestigios -morales e intelectuales no contribuirán a pacificar y a hacer brillar -en una nueva era la Nación, cuyos intereses internacionales hoy le -toca dirigir? Mas, hablaré de su obra literaria, que es lo que con mi -competencia mejor se aviene. - -Es ante todo Gamboa independiente y personal: «Mis escritos y mis -actos siempre obedecieron a mis propias inspiraciones». Pocas páginas -autobiográficas más decisivas y más conmovedoras que la dedicatoria de -_Mi diario_: «PARA MI HIJO; PARA CUANDO SEPA LEER», páginas de gran -literatura y de gran corazón ordenado: _Le coeur a son ordre_, dice -Pascal. - -Sabe del mundo, sabe de la vida, lo cual es decir que sabe de amor y de -dolor. Y una vasta piedad impregna toda su obra. - -Yo le conocí en Buenos Aires, en la tertulia literaria de Rafael -Obligado. Ya había publicado sus _Esbozos contemporáneos_, _Del natural -y Apariencias_. Se encontraba al frente de la legación mejicana como -encargado de Negocios, por ausencia del ministro Sánchez Azcona. El -ingenio y el _charme_ personal de Gamboa le hacían grato a todos. -Allí dió a la imprenta su volumen de _Impresiones y recuerdos_. -Después vendrán, ya alejado de la República Argentina, _Suprema ley_, -_Metamorfosis_, _Santa_, _Reconquista_ y dos volúmenes del _Diario_. -En estos días debe aparecer _La llaga_, por la Casa «Renacimiento», -de Madrid. Todo esto, recuerdos y novelas, fuera de su labor para el -teatro. En todo terreno ha recogido aplausos y laureles. Su estilo es -castizo en dicción y libre en ideas. Su filosofía es sana y alta; y si -alguna vez hubiese vacilado en sus creencias, la experiencia vital -y el misterioso influjo de lo divino le han apuntalado el alma. Por -ello, en el fondo de sus novelas, de sus obras dramáticas, hay mucho -de reconfortante. «Las novelas de usted me hacen meditar--le escribía -en una ocasión aquel brillante espíritu que se llamó Gustavo Baz--; y -guarde usted este elogio que, sobre ser sincero, viene de un lector -asiduo de Balzac y de un comentador escuchado de Stendhal.» Y el sutil -Domingo Estrada, entre otros entusiásticos juicios: «_Metamorfosis_, al -menos bajo ciertos puntos de vista, puede compararse con las mejores -novelas de Pereda, de Valera y de Pérez Galdós». Y más adelante: «El -secreto del encanto que su libro produce, y que hace que no se pueda -dejarlo de la mano una vez comenzada su lectura (yo me he pasado -cuatro noches sin poner un pie en la calle; ¡en París!...), finca -principalmente en el estilo. No conozco otro que sea más sencillo sin -vulgaridad, más imaginado sin pedantería, más elegante sin esfuerzo». - -No es Federico Gamboa de aquellos pensadores meritorios de quienes -se pueda temer que por los cuidados y pasiones, por la política, -abandonen la labor mental, que constituye lo más característico de su -personalidad. El hombre de estado cumplirá como bueno sus tareas, y -su discreción y su conocimiento de los graves asuntos en que habrá de -ejercitar su pericia no han de quitarle ni la vivacidad y frescura del -ingenio, ni el pensamiento creador ni el _intelletto d'amore_ para su -pasión artística. - -Otras obras vendrán, llenas de amor humano y de fe en la suprema -idea, que enriquecerán mayormente el acervo intelectual de su patria -mejicana, o mejor dicho de nuestra América, otras novelas, otras obras -para el teatro; y otros posteriores volúmenes de ese _Diario_, tan -lleno de ideas, tan interesantemente anecdótico y que fué dedicado -desde su primer tomo a un mi joven amigo que ya sabe más que _leer_... -el hijo amado, Miguel Félix Gamboa y Sagaceta. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -AMADO NERVO - - -En varias ocasiones he escrito sobre la singular personalidad de -Amado Nervo, y siempre con igual simpatía y con el mismo _intelleto -d'amore_. ¡Ha sido tan gentil compañero de sueños, en nuestro París -amado, hace ya tanto tiempo! ¡Y es tan sutil poeta, tan comprensivo -artista y tan dulce filósofo! Con decir que a pesar de los medios a -que necesariamente conduce la diplomacia, su espíritu y su corazón -de sensitivo no han sido contaminados por las promiscuidades de la -carrera... - -Yo no leeré nunca sin cierta emoción el libro titulado _El éxodo y -las flores del camino_, en el cual, entre versos deliciosos y prosas -llenas del encanto de la juventud y del prestigio de un buen arte, -recuerda, en conceptos ya de humor, ya de melancolía, nuestras horas -parisienses, nuestra amistad con curiosos ejemplares de humanidad, y la -persecución de los favores de Nuestra Señora y Reina la Belleza. - -La evolución de Nervo, desde _Místicas y Perlas Negras_ -hasta sus últimas producciones de piadosa, o irónica--¡muy -suavemente!--filosofía, y sus poemas cortos y sentimentales en que un -gran dolor, de los íntimos y profundos, le ha hecho producir rítmicos y -trémulos sollozos y llantos, es de un gran interés en el conocimiento -de su personalidad intelectual. Una faz nueva se le ha reconocido: -sus aficiones a los estudios astronómicos, disciplina que se aviene -convenientemente con los vuelos líricos y las excursiones, en que el -pegásico ímpetu es el conductor. - -Su antigua _fe_ había tomado en los últimos tiempos un vago tinte -dubitativo; mas el buen maestro Dolor le ha hecho de nuevo recordar -la senda azul. Y luego, siendo favorecido por la Lira, tendrá siempre -tiempo de ver reflorecer la primavera, con ojos, si conocedores de los -lacerantes duelos, siempre brillantes al resurgir de las auroras y -al inmortal llamamiento de las esperanzas. El poeta está intacto. No -es Amado Nervo el que la duquesa conoce, el que la marquesa invita a -almorzar, el que tiene ya honrosamente marchitos los oros de su casaca -diplomática. El sabe bien que en los salones, y sobre todo delante de -sus colegas--como no sean de la familia apolínea--no está bien confesar -intimidades con las Piérides, ni proclamar afección al viejo y sagrado -laurel, a menos de ser poeta como tal excelentísimo señor ministro, -que lo mismo confecciona un soneto circunstancial que pone asombro en -los más intrépidos jugadores de _bridge_. ¿Sabrá el _bridge_ ya Amado -Nervo?... - -Lo que sí sabe y sabrá siempre, es infundir en sus versos, que -se visten de sencillez y de claridad como las horas de cristal -que anuncian la paz de los amables días, un misterio delicado y -comunicativo que nos pone en contacto con el mundo armonioso que crea -su voluntad intensa. - -A veces, se creería en un desmayo de energía o en un desvío de forma. -No hay nada de eso. Los conocedores saben lo que hay que saber, para -llegar a conmover lo hondo de nuestro sensorio con los procedimientos -menos complicados, más simples y transparentes. Todo ello está, por -cierto, lejos de la pirotecnia verbal, y de los descoyuntamientos de -pianista que suelen tomarse como distintivos de una fuerza poética -incontestable, y que se achaca al influjo de un modernismo--llamémosle -así--que no hizo bien sino a quienes se lo merecían. - -Una particularidad que he advertido en Amado Nervo, desde sus obras -de comienzo, es un vago soplo bíblico que suele hacerse percibir en -estrofas, que se dirían acompañadas de música sacra. - -No olvidaré nunca la Semana Santa que pasara en París, allá por el -tiempo de la Exposición, en constante compañía del pintor Henri de -Groux, de otro pintor mejicano, de un joven gallardo aficionado al -teatro, también mejicano, y de Amado Nervo. Una noche, este soñador -se nos desapareció, y hartos de buscarle en los lugares que solíamos -frecuentar, se me ocurrió indicar que probablemente le encontraríamos -en una de las iglesias en donde, por las sagradas celebraciones, -se cantaba canto llano y se sonaban órganos sabios. Le buscamos, -pues, en varias de ellas, y por fin le encontramos, lleno de fervor -místico-artístico, en Notre-Dame, adonde había llegado después de -recorrer Saint-Severin, la capilla de la Sorbonne, Val de Grâce, -Saint-Sulpice, hasta que fué a recalar en la Catedral que, según un -hugólatra, es la _H_ del nom de Hugo. - -Había que oir, en aquel tiempo, a Amado Nervo, a quien yo llamara -fraile, o monje del arte. Su unción, su saber de cosas religiosas, -su aire mismo, daban idea de un admirable oblato, de un seguidor de -Huysmans, a quien desde luego el mejicano ponía sobre su cabeza. -¡Todo pasa, en verdad, y la juventud más pronto que todo! De aquellos -años quedaron para el poeta los versos, imperecederos, y un amor, -perecedero, cual la triste carne que Dios nos dió como armadura, frágil -armadura, ante lo inevitable. El poeta ha clamado trenos y elegías. -_¡Mas es suya el alba de oro!_ - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -ENRIQUE RODRIGUEZ LARRETA - - -Cuando el autor de _La Gloria de Don Ramiro_ publicó, para gloria suya, -esa obra admirable que le dió fama rápida y triunfante en todo el -mundo literario, yo me llené de entusiasmo, y escribí en España, donde -a la sazón me encontraba, un artículo que expresaba mi sentir, ante -ese esfuerzo que honra, no sólo a la República Argentina, sino a todo -nuestro continente. Y decíale al Sr. Larreta, entre otros conceptos, -que las únicas cosas que le faltaban para la victoria completa eran la -hostilidad y el ataque consecuentes, y se diría indispensables, a toda -realización superior. Ello vino a su tiempo, y sin más consecuencias -que la de consagrar la solidez de la obra. - -¿Qué más podría desear el autor de _La Gloria de Don Ramiro_? Encono de -letras semejante habría que buscarlo, en los últimos tiempos, en los -_panfletos_ contra la obra y la personalidad de Hugo, y que él resumía -en el dístico que comienza: - - _Voici le triple aspect de cet homme féroce_... - -Yo no conocía al Sr. Larreta, sino por haber conversado con él dos o -tres veces, hará cerca de veinte años, en el antiguo Ateneo de Buenos -Aires. Luego publicó una bella _nouvelle_ de reconstrucción histórica -en la _Biblioteca_, revista que dirigía la autoridad de M. Paul -Groussac. Ya en ese tiempo se hablaba de que tenía el joven escritor -una novela en preparación que le costaba largos estudios, y en la cual -aparecería la personalidad de Santa Rosa de Lima. El plan se llevó a -cabo más tarde. Ya sabemos que la mística flor peruana perfuma, en el -final de la obra combatida y victoriosa, la muerte de Don Ramiro. - -Es notorio que el autor argentino es un gran señor y un diplomático -que ayuda al prestigio de su país. En París--le habré visitado, a -sus amables instancias, unas tres o cuatro veces--, sin descuidar -sus tareas oficiales, cultiva en sus vagares las letras y las artes. -He recordado a su propósito al autor de _Zanoni_, a un Irving, a un -Valera, a un Salvador Bermúdez de Castro. El Sr. Larreta, que es joven, -que tiene la felicidad en su noble hogar, en su alto puesto, en su -salud excelente, en su renombre universal, posee junto con su gran -talento una crecida fortuna. Ello es imperdonable. El _homo sapiens_, -que es el _lupus_ hobbesiano, se eriza ante semejante anomalía, -protesta y se indigna. Al hombre muy rico, o simplemente rico, se -le pueden admitir, cuando más, como a Chatelain o MM. de Rotschild, -obras mediocres. Lo demás es un abuso de la suerte o una parcialidad -manifiesta de la Omnipotencia. Pero el Sr. Larreta, que no tiene la -culpa de su excepción, debe sonreír y seguir adelante. - -Escritores europeos como M. Remy de Gourmont, M. Maurice Barrés, -M. Henri Roujon, M. Paul Adam, etc., han dicho las excelencias del -único trabajo publicado en volumen por el señor Larreta. La versión -francesa hecha por el primero de esos escritores, da una idea al lector -extranjero de lo que puede ser fundamentalmente la novela en su idioma -original. Pero las calidades de esa escritura flaubertiana, de que -tanto se ha hablado, tan solamente las podemos apreciar los artistas y -conocedores de nuestra lengua. - -Intelectualmente, el autor de _La Gloria de Don Ramiro_ está entre las -pocas dominantes figuras de Hispano-América. Su libro es, en su género, -con la honesta abuelita _María_ del colombiano Isaacs, lo mejor que en -asunto de novelas ha producido nuestra literatura neomundial. Hágase -algo superior, y Larreta pasará a segundo término. - -Entre tanto... - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -LEOPOLDO LUGONES - - -He visto los comienzos de este otro y americano _Spectacle magnifique_. -Enorme suma de condiciones geniales apoyadas por la más potente y sana -voluntad. Encontrábame en lo vivo de mi sabida campaña intelectual, -en la querida gran ciudad de Buenos Aires, cuando un día se presentó -en nuestra vibradora hermandad del Ateneo un joven que, al mostrar -sus credenciales rimadas, fué considerado ya triunfante. ¡Un astro! -nos comunicamos todos, con el gentil entusiasmo que allí animaba a -coetáneos y menores. Nuestra unanimidad vaticinó cosas grandes. Para -saludar tal orto escogí la más sonante y dorada de mis trompetas. -Y todas las previsiones tenidas se han ido cumpliendo. La obra de -Leopoldo Lugones es, según la expresión de uno de sus críticos, _vasta -y bella como una creación natural_, o bien, _como una vasta serie -panorámica de montañas_. En verdad, las que han atraído mayormente -en esa encantada cordillera, son, por el brillo de sus cumbres, por -la riqueza de sus entrañas, por más de un misterio cabalístico, o -miliunanchesco, _las montañas del oro_. Fijaos bien en las otras -alturas: hay amontonamientos de rocas, entre las cuales históricas -ruinas; hay colinas fértiles, con pequeñas ciudades, jardines y -quioscos de arte; hay aglomeraciones de fábricas con chimeneas y casas -de veinte pisos como las de los yanquis; hay intrincadas y sabias -arquitecturas, y abajo, la extensa pampa con sus bíblicos ganados. -Pero las Montañas del Oro, que conocen bien tan sólo los simbades del -castellano, montañas que consagrará la primavera, y en donde tiene -su palacio la juventud, digo en verdad que atraerán siempre a todos -los buscadores de milagro y cateadores de poesía. ¡Aureo, bravo, caro -Lugones! Vigoroso por temperamento, nutrido de los mejores saberes y -remiso en toda aplastadora apretura escolar, desde muy temprano supo -aprovechar el don, rarísimo si se mira bien, de la autocomprensión -y valorizamiento propio. Tal, por mayor suma de aristocracias, -se denunciara anarquista de los más encendidos. La violencia del -color--¡Aplaudido sea el profeta!--fué con el tiempo comida por el sol, -no sin que hoy subsista el nato combativo caza-coronas y amigo de la -República francesa, a pesar de las Españas ancestrales. - - Antiguamente decían - a los Lugones, Lunones, - por venir estos varones - del gran castillo. Y tenían - de Luna los sus blasones. - -Su genealogía mental--¡por Dios, siempre descendemos, o ascendemos de -alguien, y ha existido el Adán literario!--¿le emparenta con cuáles -antecesores? Pero ningún espíritu encuentro más fraternal para el suyo -que el de Edgar Poe--tanto en todo va buscando su equilibrio nuestra -balanza continental. ¿Mas, a donde no llega la vista, a cualquiera de -los puntos cardinales que se dirija, desde la cumbre de sus montañas? - -Listo para todos los combates, apolíneo, hercúleo, perséico, davídico, -ello transmutado en sangre neomundial, su iniciación en la orden del -Arte, queda como un acontecimiento en la historia del pensamiento -hispanoamericano, y no es uno de mis menores orgullos el haberme tocado -ser, en días floridos, Anquises de tal Marcelo. - -Todo conquistado: renombre, respeto y consideración en los propios -patrios sanedrines, admiración y afecto entre sus iguales. Todo, -hasta el denuesto regocijador y la parodia plausible. Todo, menos la -verdadera comprensión de ciertas cosas suyas al lado de las cuales se -ha pasado sin penetrar lo que dentro se contiene. Mas, ¿desde cuando es -comunicado a todos el _sckiboleth_? - -La obra primigenia de tal héroe, cuyo análisis sea para estudiosos y -minuciosos críticos, háceme pensar en las adolescencias proféticas, -en una pérdida y encuentro, no en el templo entre los doctores, -sino en el bosque entre los leones. Hay allí, sobre todo, un infuso -conocimiento de cosas inmemoriales que se ha transmitido a través de -innúmeras generaciones, y que hace vagamente reconocerse, apenas, con -algún rarísimo _contemporáneo_, en un rápido choque de miradas, o en la -similitud de interpretación de un gesto, de un signo, de una palabra. - -Ya en la tarea de ideas, revélase la inagotable mina verbal, la -facultad enciclopédica, el dominio absoluto del instrumento y la -preponderancia del don principal y distintivo: la fuerza. Propaganda -patriótica, ciencia civil, historia, cuento, enseñanza, discurso -ocasional, todo es pletórico, todo está lleno de vital y viril fuerza. -Verdad que oiréis un son de flauta en los Crepúsculos del Jardín. -Acordaos del Polifemo que canta Teócrito y Poussin pinta. Y luego: -_¿Quid dulcius melle et quid fortius leone?_ ¿No habían vibrado antes -en una lengua de potente amor versos capaces de encender estatuas? - -No creo yo que en nuestras tierras de América haya hoy personalidad -superior a la de Leopoldo Lugones, quien antes de llegar al medio del -camino de la vida, se ha levantado ya inconmovible pedestal para el -futuro monumento. _Las Montañas del Oro_, _Los crepúsculos del jardín_, -_El imperio jesuítico_, _La guerra gaucha_, _Las fuerzas extrañas_, -_Lunario sentimental_, _Piedras liminares_, _Didáctica_, _Prometeo_, -_Odas seculares_. - -Allá en la lejana Córdoba del Plata, una anciana tiembla aún de -temeroso gozo maternal. ¡Misia Custodia, qué nombre el de usted, para -ser llevado en la Catedral de las glorias argentinas!... - - - - -[Ilustración] - - - - -ENRIQUE GOMEZ CARRILLO - - -En una de las muchas cartas que conservo del Sr. Gómez Carrillo--de un -interés para más tarde--, hay una en que me agradece el haber venido a -París. ¿Cómo fué ello? Ya lo he contado alguna vez. Dirigía yo, allá -por el año de 1890, en Guatemala, un diario: _El Correo de la Tarde_. -Un día se presentó con unos trabajos un joven, muy joven, de un moreno -dorado, de copiosos cabellos y ojos de soñador, y que manejaba ya -cierta sonrisa caprichosa, con cuyas consecuencias habría de cargar yo -mismo pasando el tiempo. Intimamos. Y entonces yo señalé el camino de -París. - -¡El camino de París! ¿Sabría Gómez Carrillo que era el de su tierra -prometida? Cierto que en él, por su madre, había sangre francesa; -pero su padre, historiador notorio y escritor de cepa castiza, era de -puro origen español, severo en dogmas de gramática y de bien decir, y -con entronques aristocráticos en la Península. Era, pues, quizás, el -camino de Madrid el que hubiese tomado, sin mi dichosa intervención, el -futuro autor de tanto libro de prosa danzante, preciosa y armoniosa, -que había de ser tenido después como un parisiense adoptado, y alabado -por escritores de renombre en esta capital de las capitales. Llegó -a París a luchas y luchó. Luchó primero en la inevitable Casa de -Garnier Frères. ¿Quién diría que el escritor sutil y libérrimo hubiera -colaborado en la seria y académica tarea de hacer un diccionario? - -Pronto el guatemalteco se saturó de París. Su primera producción, una -_plaquete_ hoy inencontrable, a punto de que creo que el propio autor -no la tiene, suda el más amizclado y enfermizo de los Parises por todas -sus letras. Llegado en pleno hervor simbolista, Gómez Carrillo había ya -conocido a todos los dioses, semidioses y corifeos del movimiento. Era -amigo de Verlaine, de Moreas, de Reynaud, de Duplessis, de todos los -concurrentes a las comidas y reuniones de _La Plume_. - -[Ilustración: ENRIQUE GÓMEZ CARRILLO] - -Su cultura aumentó día por día en este ambiente de arte; y, relacionado -con España, comenzó a escribir en la Prensa de Madrid, tan constante -y brillantemente, que le han llamado «Príncipe de los cronistas». -Entró con el tiempo a formar parte del cuerpo de corresponsales de _La -Nación_ de Buenos Aires, y su producción adquirió mayores quilates. - -Se dedicó, por higiene, a la esgrima, y esas prácticas le convirtieron -en uno de los más conocidos duelistas parisienses. Conoce varias armas, -y creo que también el _box_. - -En su obra pasada prevalecen, junto con un inesperado sentimentalismo -que se diría romántico, mucha modernidad, la euritmia, las elegancias -femeninas, la danza, los personajes de la «comedia» italiana, la -anécdota maliciosa, la conversación con sus amigos célebres, la ironía, -el halago, la perversidad, el goce, todo lleno de una sutileza francesa -de modo que se diría escrito, o por lo menos pensado en francés, en -parisiense. - -Luego llegaron sus libros de viajes, que le hicieron considerar como -el Loti castellano, pues aparecieron dones de penetración, afinidades -filosóficas, calma y serenidad, además de sus condiciones de paisajista -y descriptor, dueño de una rica paleta, y siempre vibrante ante el -espectáculo artístico o la figura sugestiva. Su libro sobre Grecia -señaló principalmente la nueva manera. Y su libro sobre la Tierra -Santa, adonde hiciera recientemente una visita, es, a mi entender, -lo más firme, lo más sentido, lo más meditado y estudiado de toda su -obra; pues quizás, así fuese por un momento, influencias ancestrales -despertaron en él la verdadera emoción y la seguridad ideal, sin lo -cual nada se escribe de duradero y de firme. Y realizó un bello, -armonioso y erudito libro. Es un escritor dichoso. - -¡Antes de aparecer su obra, un obispo de Colombia le ha excomulgado! Lo -cual hará para _Jerusalén y la Tierra Santa_ una singular propaganda. - -Le han prologado y alabado sus libros, escritores como Paul, Adam, -Jean Moreas, Emile Faguet, Catulle Mendes, Vicenti, Cortón, quien -estas líneas escribe, y otros nombres más. ¡Si este diablo de hombre -quisiese, aun después de la excomunión, le prologaría ahora un cardenal! - -El Gobierno francés le hizo caballero de la Legión de Honor. - - - - -[Ilustración] - - - - -RICARDO ROJAS - - -Poned a esta cabeza un turbante de seda, y diréis ser la de un joven -maharadja; un fez, y tendriais a un noble egipcio. De la India, del -Igipto, de Ceylán, de Oriente en su aspecto; y ello no os sorprenderá, -puesto que sabéis de las discusiones sobre las relaciones orientales -prehistóricas, entre los aborígenes americanos y los pueblos de -Oriente: La cabeza de Ricardo Rojas, la cabeza física, es la de un -cacique. A él ello le complace, pues alienta y vive de su América. Un -espíritu seductor y un poeta gentil, Eduardo Talero, cuando Ricardo -Rojas se preparaba para venir Europa, exclamaba: «¿El poeta Rojas en -Europa?... ¿Qué va a hacer? ¿Por qué exponerse a que las grisetas -del bulevar lo miren de hito en hito, sin sospechar que bajo el color -oliva de su rostro hierve el aceite de una lámpara de oro, y que bajo -esas fibras de carbón adusto al peine yacen en huacas de indio las -cristalizaciones del sol más linajudo de la tierra? A Rojas, como a -los demás poetas bien raigales, debía la República coronarles de roble -y ñandubay, y en vez de permitirles estas excursiones por Europa, -ponerles en lo mas intrincado de la selva a recoger mieles líricas -en los panales y los nidos, a ver de olvidar lo que aprendieron -en la escuela y a ponerse en acecho de los sátiros y mafirihadas -aborígenes».--«¡Ah!--Contesta Ricardo Rojas, desde París, no sin -tristeza siquier dominada por su preexistente carácter--¡si la -República coronara de roble y de ñandubay a sus poetas, no buscaran -ellos en el éxodo y las peregrinaciones azarosas el lenitivo de sus -secretas amarguras, ni recurrieran, para el sustento del camino a la -producción forzada y premiosa, que, si no malogra, retarda al menos -la obra donde florece el genio de una raza!»--Y luego... «Yo procuré -ser útil a mi patria y digno de ella en el extranjero. Yo no llevé mi -ofrenda de mirra salvaje a la casa de los pontífices literarios. Yo -desdeñé el elogio fácil de los _maîtres_ que ignoraban mi idioma. Yo me -acerqué a hombres y monumentos con tal independencia mental, que mis -opiniones de meteco sublevaron algo una protesta. Yo dije a públicos -del viejo mundo las esperanzas del nuevo. Yo torné más alto y puro mi -corazón ante las nobles figuras del arte clásico. Yo admiré de Europa -la razón secular de su cultura, e inspirándome en ella, prediqué a mis -lectores del Plata un evangelio de belleza...; la devoción al ideal -como contrapeso a los esplendores materiales. Ahí reside para mí la -diferencia entre las viejas y las nuevas civilizaciones, y al admirar -de estas sociedades la tradición civil de su cultura, no lo hice en -detrimento de las cosas nativas: antes bien, procuré dar nueva vida a -ese culto europeo del ideal como la pasión americana de mi alma, que -enardeció la ausencia.» Este es el hombre. Y al conocerle os conquistan -bondad y talento. Y la primera condición ¡cuán rara ahora en un -intelectual! Su pensar crece ampliamente. Consagrado al culto patrio, -lucha porque se mantenga el principio nacionalista a través de las -invasiones que el mundo todo envía a la proficua tierra argentina. Su -americanismo y su patriotismo tienen muchos puntos de contacto con los -del gran cubano Martí. El trabaja en lo que llama su «evangelización -idealista», y dotado del don pedagógico inculca sus enseñanzas en la -generación universitaria que le escucha. Todo eso en el comienzo de su -camino. - -Hace cinco años, en el _manoir_ de Boultous, después de haber yo hecho -la presentación del poeta argentino al príncipe lírico de las analogías -y de las imágenes en lengua francesa, al grande y bueno Saint-Pol-Roux, -llamado el magnífico en los bellos tiempos del simbolismo francés, -nos pusimos a hablar, durante el almuerzo y a la hora del champaña, -de nuestras respectivas edades. Y al decir Ricardo Rojas la suya, -una palabra brota de labios del _maître_ de _réans_, de la señora -de Saint-Pol-Roux, linda y gentil, de los hijos, Divine, Coecilian, -Loredan; y esa misma palabra era: ¡Bravo! Se aplaudía, como un bello -verso o como una música amable, la confesión de la más lozana juventud. - -En plena juventud, pues, trabaja ese cultivador de ideales y -constructor de sueños. La producción que ha dado ya, garantiza para -mañana copiosas y firmes obras. Pocos como él poseen igual suma de -inquebrantables y nobles deseos y esa virtud de consagración, sin -aportar constante brega o sacrificio para llegar al punto ambicionado, -que no es sino, en los señalados, una etapa que inicia nuevos caminos y -ascensiones. - -Sus calidades de pensador y de estudioso y sus disposiciones -catedráticas, se advierte en obras como _La restauración nacionalista_, -la introducción a la _Bibliografía_ de Sarmiento, y el excelente libro -sobre el abolengo de los argentinos titulado: _Blasón de plata_. -Asimismo, en sus _Cartas de Europa_, hábil, documentada y nutrida labor -de periodismo, pero en donde, como en todo lo de Rojas, encontraréis de -pronto el poder lírico, el tender a la trascendencia, y una armoniosa y -aun elocuente riqueza verbal. Y a esto no dejéis de agregar la emoción, -pues él también es un sentimental, un sensible y un sensitivo. - -En estas líneas, concentradas y sintéticas, no quiero ni puedo hablaros -de sus procedimientos, de sus parentescos mentales, de su técnica. Ello -conviene a otra clase de estudio. El poeta se inició con _La Victoria -del hombre_, obra poemal que no se avenía con mis gustos, pero en la -cual hallé, como me acontece con cualquier obra de cualquier escuela -o de cualquier autor, la parte de belleza que podía satisfacerme y -que podía admirar. Luego he leído _Los lises del blasón_, libro de -un excelente artífice, exquisito y frío, trabajado y pulido, y en el -cual se siente el dominio de la forma, erudición poética, y voluntaria -o involuntaria fuerza de asimilación. ¿Mas en quién, aun entre los -mas grandes, no encontrar un antecedente o semejanza en el prodigioso -universo de la Lira? - -Este libro de poesías me ha hecho pasar gratos momentos; no seré yo -quien se detenga a señalar lo que por completo no satisfaga. Sólo -afirmaré que si peca, es por exceso en el deseo de perfección, o -por dilectantismo en los descuidos. Marmóreo, amador de lo clásico, -moderno, sapiente o «funambulesco», quien ha escrito esos versos es -un apolonida, un prestigioso tocador del instrumento divino. Yo me -precio de comprender su espíritu y de admirar su feliz consagración. -Mucho debo también a sus gallardos entusiasmos y a su afecto. Gongora, -Banville, Montesquieu, celebrarían más de una de sus ejecuciones. ¿Y -quién no alabará a quien en su retiro compuso esos poemas, varios como -las cosas y los días, en loa del Amor, de la Amistad, de la Belleza, de -la Patria, que fueron tregua y ornamento en medio de la vida amarga -y bella? Vendrán frutos de mayor jugo y más completa sazón; vendrán -productos más temperados y de vastas proyecciones; pero el frescor de -las horas primaverales permanecerá en las cosechas primigenias. - -Hay un soneto final en el volumen en que me ocupo, que hace ver un -Ricardo Rojas supersticioso, como cumple a un verdadero interrogador -de los misterios del mundo. Tratan esos catorce versos de la -malhadada profecía de una gitana, que al probar en el poeta su saber -quiromántico, interpretó el fatídico signo de una muerte temprana: - - Deme esa triste dicha de perecer mañana - La Lívida que acecha mi paso en el camino, - Cuando aún mi carne llore por el arte divino - Y arda mi alma en la lumbre de su pasión humana. - Corte el hilo invisible de mi vida su diente, - Antes que se marchite la rosa de mi frente; - Mas concédame, al menos, en mi destino raro, - Realizar en el mundo la visión de mis sueños, - Que es dejar a otra frente mi corona de ensueños, - Y mi amor en el ritmo de poema preclaro. - -Las gitanas, como todas las sibilas, suelen con bastante frecuencia -equivocarse, y el poeta tiene posiblemente en su vigor de voluntad el -secreto de su vivir. Después de _Los lises del blasón_, después de _El -Libro de Perséphone_, después de _La Sangre del Sol_, dos libros, estos -últimos, que aun no conozco, han de venir otros más firmes y melodiosos -poemas. Y el patriótico idealista completará también la tarea para la -que ha nacido. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -MANUEL UGARTE - - -El Sr. Manuel Ugarte, tan ventajosa y profusamente conocido en -la Prensa hispanoamericana, en España, en el elemento socialista -de Francia; que ha sido un ferviente adorador de las musas y de -las gracias; que recientísimamente ha publicado un libro de gran -resonancia, que ha tenido comentadores hasta en el lejano Japón, _El -porvenir de la América latina_, recorre hoy los países de nuestro -continente e islas castellanas, dando en conferencias voces de alarma, -señalando, _gesto_ complementario de su doctrina opuesta, el peligro -yanqui. Ya en Cuba, y a pesar de que ha mentado la soga en casa del -ahorcado, fué recibido con la usual ferviente gentileza que, para -los escritores extranjeros tienen los hombres de letras cubanos. Los -merecimientos de Manuel Ugarte harán, desde luego, que en todos los -países que visite sea acogido con fraternal cordialidad. - -Supongo que las prédicas del nuevo cruzado expondrán y desarrollarán el -espíritu de su libro, que él llama sencillo, pero que no lo es tanto -como su modestia lo declara. Hay en él ideas, estilo, entusiasmo, y, -hasta el águila de la cubierta, que lleva en las garras el pabellón de -los Estados Unidos, había de llamar la atención sobre todo al yanqui. -Así fué que, en la tierra de los dólares, fué examinada o combatida -su obra, mayor y más detenidamente que en ninguna otra parte. Tal -libro es un libro _de buena fe_, que diría Montaigne, un libro que, -para el ideal que sostiene, hacía falta. El grito de alarma se había -dado ya líricamente. Vargas Vila, entre otros, había lanzado terribles -clamores; José Martí, más de una vez, había dicho cosas bellas y -proféticas sobre el acecho de los hombres del Norte. Yo mismo, hace -ya bastante tiempo, lancé a Mr. Roosevelt, el fuerte cazador, un -trompetazo, por otra parte inofensivo. Pero esas son cosas de poetas. -El volumen de Manuel Ugarte es trabajo de estudioso, con observaciones -felices, erudición, método, y, aunque el autor no lo quiera, -literatura. Y, sobre todo, ha sido un volumen _sensacional_. Todo ello -es hermoso, plausible y meritorio. - -«Claro está--dice Manuel Ugarte--que todo grito de polémica tiene que -levantar objeciones. Unos censurarán la desconfianza que nace acaso de -la contradicción, entre el valor inapreciable de nuestro porvenir y la -debilidad que nos imposibilita para defenderlo. Sois, nos dirán, como -el niño que ha cogido una mariposa y la aprieta en el hueco de la mano -a riesgo de destruirla. Otros criticarán el optimismo, brote espontáneo -de una concepción batalladora y enérgica de la vida. Los más hostiles -pondrán en tela de juicio el interés del estudio. Los más hábiles le -darán un alcance que no tiene. Éstos le motejarán de antipatriótico. -Aquéllos verán en él un síntoma de imperialismo. Y condenada aquí a una -circulación silenciosa por las conspiraciones inútiles, levantada allá -por las olas confusas de las divergencias, la obra estará siempre lejos -de conseguir una aprobación unánime.» Yo no soy de los hostiles, y -digo: el libro es interesante, muy interesante. Aplaudo el optimismo, -porque es bello y saludable. Celebro la intención romántica y generosa. -Y después de aplaudir el libro, aplaudo el viaje. Pero... en cuanto -a los resultados, me declaro absolutamente pesimista. Unos pueblos -en donde el dólar impera ya, están contentísimos según parece. Y en -los otros, hay quienes tienen envidia a los primeros, y desean que el -monstruo les devore. «Conozco al monstruo porque he vivido mucho tiempo -en sus entrañas», decía José Martí, desde New-York. Y los _pueblos -enfermos_ parece que dijesen: «Señor monstruo, le damos las gracias, -puesto que nos va a comer en salsa de oro». - -Por lo que toca al autor y oral propagandista, no es detalle secundario -lo que se diga de él. Y yo digo que, aunque el porvenir de la América -Latina sea el previsto fatalmente, Manuel Ugarte, con sus esfuerzos en -el libro, en la Sorbona y en el viaje, habrá ganado el mejor laurel -para su cabeza. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -ANGEL ZARRAGA - - -Llegó de tierra mejicana a Europa joven, muy joven. - -Escribía versos, pintaba cuadros, estaba lleno de ilusiones de gloria. - -Los versos y las pinturas revelaban un hermoso y fresco talento, en el -cual se encontraba una cuidada cultura, la decisión y la pasión del -artista nacido y la chispa americana. - -Se fué a la madre patria, a España; los versos fueron poco a poco -quedando en segundo término y Angel Zárraga, como poseído de su -verdadera vocación, buscó a los maestros pintores peninsulares, visitó -y estudió el Museo del Prado, entró al taller del admirable técnico -que es Sorolla; aprendió todo lo que pudo aprender; se relacionó con -los intelectuales, fué íntimo de Valle Inclán, de los Baroja; se unió -a los jóvenes que hoy brillan en el arte español. Luego fué a Bélgica, -ensayó tales o cuales novedades, neo-impresionismo, divisionismo; dejó -piafar su juventud ansiosa. La reflexión llegó, y cambió los nuevos -buscadores por los viejos maestros. Quintín, Metsys, Memling, todos los -grandes flamencos fueron admirados y comprendidos por el hijo del país -azteca, que lleva sangre vasca en las venas. En Holanda conoció y trató -a más de un raro de la pintura, como ese misterioso y singular Toorop, -sobre quien se diría ha soplado una ráfaga venida de las entrañas de la -antigua India. Luego, Angel Zárraga pasó a Italia, y fué encantado por -la más maravillosa y deleitable música de los ojos, con los poderosos -creadores del Renacimiento, con los príncipes del dibujo y reyes del -color, con los suntuosos y soberbios decoradores de iglesias y palacios -que dejaron a los siglos sus tesoros de gracia y fuerza pictóricas. -Mas no fueron solamente los italianos, sino otros grandes de otras -partes quienes prefiriera su deseo de perfeccionamiento. Y así ha -escrito Rodolfo Panichi: «Il Rembrandt, il Morone, il Tintoretto, il -Velázquez, il Goya, sono i veri maestri che lo Zárraga ha nell' ánima e -nell' ochio, ed egli si pone il principio che, coi mezzi meravigliosi -dei Veneti del decimosesto secolo e degli Spagnuoli del decimosettimo -si possa esprimere tutta la complessità e l'inquietudine della vita -contemporanea. Egli trascura pertanto ogni artificio di tecnica -moderna, riescendo ad ottenere una luminositá composta, una intonazione -gradevole e poetica, alla quale tuttavia i suoi studi sulla divisione e -sovraposizione del colore devono avergli giovato notevolmente. Cosi, se -c'e talora nei suoi lavori un senso di manierismo nella distribuzione -delle parti principali, e di convenzionalismo negli accessori che -ricordano le composizioni del nostro risorgimento, egli resta però -psicologicamente indipendente». Y es lo cierto que, de su incursión -por el espíritu del arte moderno, han resultado obras que tienen una -característica, un sello personal inconfundible en figuras magistrales, -sólo que, como lo hace notar el mismo Panichi, el tipo de los campos -es distinto, «es el país castellano, son los contornos de Toledo y -de Segovia los que el pintor siente y reproduce: un país lleno de -melancolía y de tristeza...» En España ha encontrado Zárraga muchas de -sus figuras. _La vieja que ora_, arrugada y triste de una pena secular; -_La mala consejera_, la celestina de cara de buho, junto a la muchacha -rozagante, carne de vicio; _La bailarina desnuda y la trotaconventos -maternal_; _La mendiga y la vieja del rosario_ y _El Tríptico_ de las -dos mozas ferrosas y el viejo del escapulario, apretado, amojamado, -pero viviente de su vida sórdida, devota y tradicional. - -¡Y las lindas figuras femeninas de Angel Zárraga! La del _Don, Marta -y María_, ascetismo y voluptuosidad; el otro cálido desnudo de la -_Alegoría del Otoño_, cuadro digno de los buenos tiempos de Venecia; -un precioso retrato de adolescente; la dama arrodillada ante el San -Sebastián, un tanto paganizado del _Voto_, que se expuso en el pasado -Salón de Otoño; la hembra de _la femme et le pantin_; y, sobre todos, -esa maravillosa _Novia_, cuadro que con sus dos desnudos es un canto -misterioso a la _arcilla ideal_, al hechizo enigmático de la mujer, y -que, vagamente sugiere en la simbólica Granada entreabierta, el arcano -amoroso y la iniciación de las iniciaciones. Paso a paso, consciente y -con seguridad, va Angel Zárraga camino de la gloria. - - - - -[Ilustración] - - - - -ALBERTO DEL SOLAR - - -La Real Academia Española, que acaba de abrir sus puertas al escritor -chileno Alberto del Solar en calidad de miembro correspondiente, ha -realizado un acto de completa justicia. Ha tiempo que el autor de -tantos libros plausibles, que acaban de aparecer compilados en una -bella edición de _Obras Completas_, era merecedor de tal homenaje. -Fuera de sus méritos de novelista, de narrador, de poeta, de autor -dramático, ha sido siempre cultivador de la tradición castiza de -nuestra lengua, y no ha transigido ni aun con la singular costumbre, -que creo que se debe a D. Andrés Bello, de usar la i latina como -conjunción en los casos en que todos usamos la _y_ griega o _ye_. -Va bien, pues, Del Solar, entre los que tienen por especial misión -limpiar, fijar y dar esplendor al idioma castellano. - -Una de las particularidades que distinguen a Alberto del Solar es su -americanismo, demostrado desde antaño. Desde sus recuerdos sobre la -guerra del Pacífico, en la cual, siendo muy joven, tomó parte por mar -y por tierra, hasta sus últimos trabajos, casi todos, todos puede -decirse, se refieren a nuestra América, y principalmente a Chile, su -patria, o a la República Argentina, patria de sus hijos. - -En esos recuerdos a que me he referido brilla un vibrante amor de la -tierra natal, y de sus glorias, y se habla con palabras de verdad y de -entusiasmo--«yo vi, yo estaba allí»--del heroísmo del soldado chileno, -de su terribleza y de su resistencia. Y no hay, desde luego, ninguna -manifestación de odio o rencor al enemigo. En la novela _Huincahual_, -que pasa en tiempos del antiguo Arauco, y que habría regocijado a -Marmontel y logrado la aprobación de Chateaubriand, se trata de luchas -y amores entre personajes de las razas contrarias: la conquistadora -y la autóctona. La narración es clara, sencilla, con justa y precisa -erudición, como que se apoyaba el autor en documentos del eminente -americanista Medina, y de un interés sostenido y atrayente. «Me ha -gustado e interesado tanto, que pienso hablar de ella cuando hable de -otras novelas hispanoamericanas», escribía D. Juan Valera. - -En _Rastaquouere_, otra novela, trabaja Del Solar en materia -contemporánea y graciosísima; está muy galanamente escrita, y contiene -muchas y muy saludables enseñanzas. - -La novela _Contra la marea_, entusiasmó a poetas como Rafael Obligado, -cuando fué leída en reuniones literarias en casa de ese noble e ilustre -amigo; yo asistí a algunas durante mi permanencia en Buenos Aires. Es -también labor americana, de ambiente argentino, y en ella, como en -_El Faro_, otra novela escrita sin que conociese el autor _La Tour -d'Amour_, de Rachilde, aparece uno de los elementos que ejercen mayor -atracción en la facultad imaginativa y creadora de Alberto del Solar: -el mar. - -En las concertadas líneas de esta «cabeza» no podría ni someramente -juzgar ni presentar toda la obra ya numerosa de mi eminente amigo. -Alguna vez--hace ya años--expresé mis elogiosos pensares en el prólogo -de uno de sus libros. Hoy podría agregar que ha contribuído a la -formación del teatro nacional argentino, con la presentación de más -de una obra celebrada a pesar de lo dificultoso de la empresa. De su -comedia _El doctor Morris_, que creo se ha representado también en -inglés, decía el poeta Díaz Romero: «Es una de las obras de teatro -más seductoras que se hayan representado en este país». Y de _El -Faro_, _Chacabuco_ y otros trabajos se han hecho los juicios más -satisfactorios. - -Mucho habría que decir del crítico, del conferencista, de algún -excelente ensayo de historia; mas ello no cabría sino en líneas -mayores. Debo, sin embargo, hablar del poeta. Y aquí volveré a recordar -cómo aviva su fantasía, y le mueve a expresarse métrica, sonoramente la -vasta influencia oceánica, advertida desde su infancia en la pintoresca -y encantadora Valparaíso. Cuando aparecieron en _La Nación_, de Buenos -Aires, versos de Del Solar, el hecho causó asombro. Sus colegas de -la prosa se asombraron: ante los mundanos y ante los de los millones -perdió méritos; los poetas, celosos de su ciudad sagrada, le exigieron -el _schiboleth_. Con todos ellos supo entenderse; y al publicar -recientemente su poema _El Diamante azul_, en que siempre aparece la -prodigiosa Thalassa, se ha visto que se trata de un verdadero lírico, -conocedor de nuestro parnaso y de los grandes poetas ingleses, y cuya -factura de corte clásico no le impide vuelos muy modernos, pegaso y -aeroplano. Páginas entusiásticas se han escrito sobre ese hermoso -poema--entre ellas una notable de Luis Berisso--, y en ellas se alaba -el dominio de la expresión y la fuerza imaginativa. Yo he leído con -detención esos resonantes y ágiles versos que expresan un significativo -«mito» y que juntan la gracia de las ficciones y metamorfosis antiguas -a un tema que no puede ser más real, en las férreas y mecánicas -tragedias de nuestros días: el naufragio del _Titanic_. Una leyenda -comentada por los diarios a raíz de la pérdida de aquel colosal barco, -dió motivo a que Del Solar escribiese su conmovedora y musical obra, y -el poema surgió, digno del poeta y de la poesía. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -JACINTO OCTAVIO PICON - - -La reciente elección de la Real Academia Española ha sido, con -justicia, muy bien recibida en los círculos intelectuales. El elemento -antineo se ha sentido con gran regocijo; pues hubo lucha en el reino -gramatical, y, sin la oportuna llegada de votos importantes como -Galdós y Sellés, es casi seguro que hubiera triunfado el candidato -conservador, el eminente anónimo D. Angel María Decarrete. Picón es un -espíritu simpáticamente vivaz, uno de los mejores escritores de su país -y un _gentleman_ cuya corrección se viste de amabilidad: hice, pues, mi -visita a Picón. - -Yo no le conocía personalmente; no obstante, un académico siempre -tiene ante nuestra imaginación cierta gravedad doctoral: así, mi -sorpresa, al ser presentado, no pudo disimularse: nada de lo imaginado, -¡ni siquiera anteojos! En su _garçonniére_, donde preside el más -discreto y elegante gusto en el arreglo y decoración, vive entre libros -y obras de arte: viudo que parece más joven que sus hijos ya hombres. -Hidalgo antiguo con el aspecto de un clubman moderno: dedicado a sus -libros viejos para saber y decir cosas nuevas. Al mirar, los ojos finos -parecen que registran las intenciones; el ademán es franco y noble, -el apretón de manos da la sensación de la sinceridad. Es afectuoso y -varonil, sin melosidades falsas ni chinerías de fórmulas. A poco, ya -estamos viendo una nueva edición del _Quijote_ hecha en Inglaterra; y -con tal causa admiro su conversación erudita, su pericia de bibliófilo -y su seguridad crítica. Me muestra buena parte de sus libros raros, de -sus ejemplares preciosos, con orgullo de buen artesano que supiera la -calidad de sus útiles, con el aire de un maestro de armas que enseñase -sus mejores espadas y floretes. Ya es un curiosísimo libro de refranes, -ya un Quevedo que tuvo entre sus manos la censura de la Inquisición, -con versos y estrofas tachados, que en las ediciones posteriores, -o están reemplazados por puntos suspensivos, o suprimidos; o ya por -mostrar lo que es el lujo aristocrático de la tipografía española, -volúmenes de Monfort, de la imprenta real, o de Sancha. - ---«¿Un cigarrillo?» - -Tengo que confesar, con verdadero encogimiento, que me es extraño el - - Agréable tabac, charmant amusement - Qui d'un langage muet entretient en fumant, - -como dice el ramplón rimador del _Portrait Universel_; y como se -sorprendiese--¡Un americano que no fuma!--sostengo el honor de nuestro -continente citando a nuestros más ilustres fumadores, comenzando con el -general Mitre. - -Le pregunto algo sobre la recepción en la Academia y cuándo se -verificaría.--«Vea usted--me dice--, ha sido costumbre generalmente -adoptada en este Instituto, que los académicos elegidos dejen pasar -tres, cuatro, cinco y hasta nueve años para ingresar en sesión pública -y pronunciar el discurso de reglamento. Yo pienso hacerlo probablemente -a principios de año, quizá en el próximo marzo. Y me salgo de la regla -por varias razones, y no es la menor el que sea D. Juan Valera quien -tenga que contestarme. Nuestro D. Juan está, aunque todavía fuerte, en -una edad muy avanzada, ciego: y una enfermedad a sus años, por leve -que fuera, le impediría ocupar su puesto en mi recepción. Confieso -que prefiero salirme de la costumbre académica a privarme de la honra -y el placer de que sea Valera quien me reciba al ocupar mi sillón. -Además... (y aquí no sé si sea indiscreto como amigo, aunque lleno -mi labor de periodista, al reproducir las palabras del Sr. Picón), -además, los neos se han portado muy mal conmigo en esta emergencia. Los -académicos que me apoyaban, habían anteriormente ayudado a la elección -de un candidato conservador, con la condición de que mi candidatura no -encontraría obstáculo de parte de aquéllos. Pues bien, ahora, si he -podido vencer, ha sido con la oposición de ellos, y gracias a que dos -votos que faltaban llegaron a tiempo, haciendo viaje exprofeso Galdós -de Santander y Sellés de Portugal, en donde a la sazón se encontraban. -Quiero, pues, entrar pronto y ocupar el puesto que me corresponde -entre los de filiación; contribuir a evitar algunas cosas y a realizar -otras...» - -Yo miraba a aquel hombre nervioso, vibrante de intelectualidad, en lo -más firme de sus años, extranjero entre calvas y «pelucas», y recordaba -sus páginas valientes de arte y de idea; sus varios pinchazos a la -misma Academia, como aquella graciosa nota de un capítulo de _Dulce -y sabrosa_: «El autor había escrito _manguitos_. La Academia dice -_mangotes_. ¡Paciencia!»; su libertad de juicio, su continuo volar -hacia adelante sin perder por esto sus adoraciones antiguas y cultos -clásicos; sus declaraciones de partidario del progreso moderno y hasta -sus audacias de socialista; y frases como aquella que en un prólogo -suyo le declara «soldado raso, contra todas las ideas casi vencidas de -lo pasado y a favor de las esperanzas de lo porvenir, no triunfantes -todavía». No llega, pues, con las simpatías de los inmortales -ortodoxos. Mas puede decir al entrar las palabras de Warburton a lord -Sandwich: _Orthodoxy my Lord, is my doxy_. - ---Lo que será reñido--le dije--, es la elección de presidente, que debe -estar próxima, pues el conde de Cheste enfermo, y cerca de los cien -años, deberá tener pronto reemplazante. - ---Sí. Los neos querrán imponer a su candidato y nosotros haremos lo -posible por impedirlo. - ---Pero usted atacaría a Menéndez y Pelayo--le pregunté, pensando en el -más meritorio del grupo conservador. - ---No se trata de Menéndez y Pelayo. Marcelino, que, con su alto pensar -y su inmenso saber, no se ha sujetado al cenáculo intransigente, ni -se ha prestado a ciertas combinaciones, es ahora poco simpático a -una parte de los académicos de su partido. Así es que, al llegar el -momento de elegir sucesor al conde de Cheste, como habría disidencia al -tratarse de Menéndez y Pelayo, todos por unanimidad votarán a Pidal. - ---Debe estar usted muy satisfecho de ir a ocupar el sillón de Castelar. - ---Ciertamente, y en esto saldré también de los usos de la Academia: -en que no haré el exordio acostumbrado sino que, como «Castelar» es -el tema de mi discurso, entraré llanamente a hablar de Castelar y su -obra, tal como yo pienso del asunto. Para eso estoy leyendo todo lo que -sobre Castelar se ha escrito. Fuí muy amigo suyo. Ha sido el último de -nuestros grandes estadistas. Hombres, así, soñadores o no, nos hacen -falta... - -Aquí la conversación entró en otro terreno. Dos diamantes de energía -pasaron por los ojos penetrantes. Era el hombre amante de su pobre -patria venida a menos; el conocedor de las desgracias actuales y de sus -causas. - ---Ha venido usted a vernos en momentos terribles para España. Ha caído -nuestra amada y grande España muy abajo; y lo peor es la espantosa -enfermedad nueva aquí, que ha atacado a esta tierra: la conformidad, -la indiferencia con el desastre, el encogimiento de hombros ante la -ruina. Crea usted: aquí no nos hacen falta inteligencias, no estamos -necesitados de talentos que se encuentran a cada paso: lo que no -tenemos son voluntades, la abulia es la adolencia actual nuestra. - -La antigua alma española ha sufrido como una transformación. -Antes se habría puesto el pecho al frente, se habría luchado por -la reconstrucción del perdido poderío; se habrían multiplicado -los esfuerzos. Hoy, apenas se oye el levantamiento de iniciativas -individuales. Y el primero en impedirlas es el Gobierno. Por un lado -apatía, por otro políticas dañosas y descuido de los verdaderos -intereses del pueblo español; saque usted la consecuencia. - -Y nuestro eterno enemigo: ¡el expediente! El papelerio cierra el paso -a toda obra, desde la más elevada hasta la más modesta. ¿Cómo va a -prosperar España si lo primero que hay que pasar, para la menor cosa -que implique un adelanto, es una montaña de expedientes y ríos de tinta -oficinesca? Voy a contar a usted un caso: - -En cierta provincia hubo un individuo que quiso dotar al pueblo de su -residencia con una cañería. Creyó que para hacer aquel bien municipal -le bastaría con su dinero y con su buena voluntad, y encargó los tubos -y materiales necesarios para llevar a cabo la obra. Pero sucede que, -junto al pueblo de que hablo hay una carretera, y precisamente bajo esa -carretera debía pasar la cañería que conduciría el agua a la población. -Comenzaron los trabajos, pero como había que remover el terreno de -la carretera, la Autoridad manifestó al vecino generoso que tenía -que pedir el permiso necesario para continuar la obra. Se dirigió al -Ministro y en el Ministerio se tardaron largos días para, por último, -ponerle «pase a la Junta consultiva»: la tal Junta consultiva envió -a su vez, después de un tiempo enorme gastado, el expediente a otra -Comisión, creo que de ingenieros oficiales. Allí la cosa tardó no sé -cuántos meses, para pasar después a la Junta y al Ministerio, y ¡no sé -a dónde más! Resumen: mientras los papeles iban de Herodes a Pilatos, -los materiales de la cañería se arruinaron; el pueblo no tuvo agua, el -vecino gastó su dinero y su paciencia; ¡pero triunfó el papel sellado! - -Toqué el punto de la intelectualidad, del trabajo mental, de la -producción literaria. No se manifestó Picón muy optimista. Desde -luego, al hablar de la crítica expresó más o menos--con gran placer -de mi parte--, ideas, opiniones y observaciones iguales o semejantes -a las que os he comunicado ya. Pero, llamáronme bastante la atención -revelaciones como ésta: que aquí no puede haber crítica imparcial, o -con simples preocupaciones de arte, por razones de pura consideración -personal y a veces hasta de caridad... Un autor publica un libro, -cuando no es un escritor rico, para tener que echar algo al flaco -puchero de su casa. Ese autor tiene familia, mujer, hijos; conoce a -todo el mundo y todo el mundo le conoce, pues en el de las letras se -vive en Madrid como en familia, y el crítico que «pega un palo», como -dicen aquí, al libro de aquel autor, sabe que contribuirá al hambre de -muchos inocentes. (Desde luego, yo tenía deseos de observarle a este -propósito que en la campaña argentina se necesitan brazos y se hacen -fortunas.) - -Lo propio que con los autores acontece con los cómicos. Una infeliz -tiple que sostiene con sus sacrificios artísticos a su familia, tiene -de su parte el buen corazón de la crítica, que no querrá evitarla los -garbanzos. Luego, críticos y autores se ven a cada paso y son más -o menos amigos. «Si _Clarín_ residiera en la Corte y no en Oviedo, -le aseguro que no escribiría con la independencia relativa con que -escribe.» - -Y esto traía a mi recuerdo el aspecto de la mayor parte de los -«luchadores por la vida» o _struggleforlifers_ de la pluma que circulan -por Madrid en situaciones lamentables. La perpetua preocupación del -«sablista» en los artículos satíricos y caricaturas, las levitas -melancólicas, los sombreros imposibles, la indumentaria toda -amargamente reveladora en el gremio. ¡Ah! los felices que logran seis -duros en un periódico por un artículo. ¡Ah! los que hablan de cosas -fabulosas, entre envidiosos y asombrados: «¿Sabe usted cuánto le pagan -a Valera por artículo? ¡treinta duros!» «¿Sabe usted cuánto gana Cávia -al mes? ¡Una barbaridad!» ¿Y el joven que mira la suerte del autor de -teatro que logra triunfar, lo cual constituye ciertamente una verdadera -ganga, y se lanza a buscar su Eldorado de las tablas con una pieza que -no le han de representar nunca? ¿Y el soñador infeliz que tiene que -contentarse--¡y gracias!--con dejarse de literaturas y reportear largo -y tendido por doce o quince duros mensuales? - -Tal pensaba al despedirme del nuevo académico, al salir de su -encantadora casita de rico, donde se da los lujos que le vienen en -antojo y compra estampas raras y ediciones _princeps_. - -Su obra es ya considerable, desde sus _Apuntes para la historia de la -caricatura_, hasta su valioso volumen sobre Velázquez recién publicado, -en la crítica de arte, y desde _Lázaro_ hasta sus _Novelitas_. Pero -para mí, y para todo el que tenga el gusto de lo humano y de lo -pulcro, aparece como el más preciado fruto de su árbol literario esa -_Dulce y sabrosa_, manzana de Garcilaso, novela de maestro, figuración -llena de vida y hechizo. Libro es ese en que se nos presenta el deseo -incontenido de lo lejano, de lo que no poseemos, de lo difícil, antes -que el deseo de lo imposible, tan íntimo en los artistas. _Dulce -y sabrosa_ es la mujer amada, lograda y dejada; pero que luego en -poder ajeno despierta una nueva ansia de posesión y arrastra hasta la -locura por conseguirla. Todos hemos tenido nuestra Cristeta; todos -en lo hondo de nuestro pecho somos un poco Todellas. Y esa fabulación -sencilla y vestida de una realidad que admite una confrontación -inmediata, deja al gustarlo una grata sensación de descanso. Jamás un -final semejante ha establecido más bellamente la libertad del amor como -cuando acaba «esta entre verídica e imaginada historia, con el raro -ejemplo de una mujer que todo lo pospone al deseo de ser amada». En -lo que respecta al estilo, Picón es castizo hasta la medula, pero con -una cultura moderna como la suya, junta a los donaires y elegancias -de sus viejos autores la manera de describir, por ejemplo, y de -sentir ciertas cosas, que poseen los maestros contemporáneos de las -literaturas extranjeras. Lo que constituye una característica suya, -su especialidad, es el modo cómo penetra el arte y cómo agrega, con -elementos plásticos, a la arquitectura de su obra, singulares bizarrías -y gracias. Tanto más que, por haber leído seguramente mucho a los -místicos españoles, hay en el alma de su discurso, casi a cada paso, -un ímpetu espiritual, un deseo de vuelo, un querer y un aspirar a la -altura, que en pocos escritores contemporáneos se pueden hallar en -España. No es un incrédulo este liberal. Cree, ¡al contrario!, en la -eterna Divinidad, esto es, en la eterna justicia, en la eterna bondad -y en la eterna belleza. Por eso se deleita en la construcción de sus -ensueños de regeneración social, quiere a los infelices de abajo, y -canta los besos y celebra las «batallas de amor en campo de pluma» con -las mujeres hermosas. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -FRAY CRESCENTE ERRAZURIS - - -Esta cabeza religiosa está llena de cordura, de ciencia, de erudición y -de sutileza. Es una de las más fuertes de Chile. Si estáis ante él, sus -miradas agudas penetrarán hasta lo mas hondo de vuestras intenciones. -Si os enseña, tendréis que aprender mucho en saberes humanos y divinos. -Si queréis ser su contrincante, tendréis que prepararos a la derrota. -No solamente se ha ejercitado en disciplinas teológicas y de religión, -conforme con su vocación y estado, sino que se ha nutrido de letras -profanas, de acuerdo con San Buenaventura o San Gregorio Nacianceno, -San Juan Damasceno u Orígenes. Podría, como Sedulio, ser llamado _vir -scholasticissimus_. - -Cuenta ya largos años de vida, y ha dado a su patria vigorosos -productos de su entendimiento, y habiéndola servido en el siglo, -continúa en el claustro dándole lustre y sana gloria. - -Se dedicó a los estudios históricos, y ello me hace recordar el párrafo -en que Cicerón habla de que: «uno de los principales deberes de los -Pontífices máximos de la antigua Roma, era el escribir lo que se -llamaba «grandes anales», y ponerlos de manifiesto en su casa, para que -todo el mundo tuviese la libertad de tomar lo que quisiera de aquel -tesoro de la república». - -La Memoria sobre _Seis años de la historia de Chile_, dió al P. -Errazuris fama de concienzudo narrador y escritor gallardo. El Sr. -Huneeus Gana dice de esta obra, en su libro sobre la producción -intelectual de Chile, que es «por su extensión, y también por su -prolijidad, uno de los libros de mayor erudición histórica que -conocemos, sobre sucesos parciales y épocas determinadas. Abraza la -narración fidedigna y comprobada, escrupulosa y completa, de los días -mas aciagos y sangrientos de toda la Era colonial (23 de diciembre de -1598 a 9 de abril de 1605), es decir, desde la muerte del lamentado -gobernador D. Martín García Oñez de Loyola, hasta la segunda llegada -del gobernador D. Alonso García Ramón». Y agrega con justificado -entusiasmo el Sr. Huneeus: «Esta narración, que atraviesa el campo -áspero y luctuoso de una de las epopeyas más sangrientas y heroicas -de la Humanidad, que refiere minuciosamente las jornadas homéricas y -casi increíbles de Curalaba y Cadeguala, y que narra con serenidad la -espantable destrucción de Villarrica, y las sublimes heroicidades que -allí desplegaron vencidos y vencedores; este libro, que resume, en -fin, el período álgido y crítico de la guerra inmortal entre españoles -y araucanos, y que parece más la obra de un valiente soldado escritor -que la de un fraile literato, debe considerarse, en justicia, como la -obra histórica de más empuje y de más vigorosa unidad que se ha escrito -sobre período alguno de nuestra vida colonial». Tales palabras se -justifican con el conocimiento de la labor fuerte, elegante y minuciosa -de ese estudioso admirable, a quien la soledad y el retiro dará mayor -concentración para sus actividades mentales. Ya sus _Orígenes de la -iglesia Chilena_, que le dan el puesto de un Baronio hispanoamericano, -afianzaron su autoridad y su prestigio. Fr. Crescente será más tarde -un clásico, por su estilo lleno de pulcritud y elegancia, y porque -todo en su obra es ordenado. El ha seguido bien la palabra de San -Agustín: _Illud a me accipiatis volo. Si quis temere de sine ordine -disciplinarum inrerum cognitionem audet irruere, pro studioso illum -curiosum pro docto credulum, pro cauto incredulum fieri._ - -En la Historia del pensamiento en Chile siempre surge alguna figura -sacerdotal. Desde el ocurrente P. López, el P. Escudero, Fr. Manuel -Oteira, cada cual con sus méritos y sus defectos de época y de -temperamento, el historiador P. Ovalle, el jesuíta P. Diego de Rosales, -Fr. Juan de Jesús María, el P. Suárez de Vidaurre, y los jesuítas -Pastor, Olivares, Bel, Ceballos, Ferrufino, Caldera, Rivadeneira, -Sobriño, el P. Miguel de Olivares, S. J. historiador, el famoso abate -Molina, que escribió en italiano, el obispo Lizarraga, los frailes Oré, -también obispos, como Fr. R. Jacinto Jorquera y Fr. G. de Villarroel, -el P. P. de Torres, Fr. Alonso Briceño, y otros cuantos notables, como -el P. Lacunza, Fr. Antonio Aguilar, el P. Parra y Fr. J. Ramírez, -citados por Huneeus, hasta el gran Fr. Camilo Henriquez, Fr. Melchor -Martínez, hasta los Eizaguirre, Valdivieso, Salas, Orrego, Casanova, -Fernández Concha, Donoso, Jara el crisóstomo, Taforó y otros más, la -Iglesia chilena ha tenido activa y aquilatada representación en la -intelectualidad del país. Y entre todos resalta con aspecto singular y -señalado Fr. Crescente Errazuris, con sus ancestrales cualidades vascas -y sus particularidades del carácter nacional, que hacen de él «un -hombre», incrustado en un ministro del catolicismo. - -Y Chile, su patria le respeta y le admira. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -EUGENIO GARZON - - -Caballeros, he aquí un caballero. Caballero probado en los combates de -su tierra uruguaya, caballero de la pluma, caballero de los salones; y -con todo eso: _quel charmant Garzón!_ - -Su padre fué un bravo, aquel general Garzón de las guerras patrióticas, -que en la historia del Uruguay es figura épica, y que ha pintado -tan bellamente la palabra del crisóstomo Zorrilla de San Martín. -El Sr. D. Eugenio Garzón nació para hermosas empresas, que ha -llevado a término con su carácter reflexivo y firme, y su talento -de diplomático prodigioso. Este último adjetivo no es mío, es de -ese famoso director de diario--¡saludad!--que se llama M. Gaston -Calmette... «Notre collaborateur mérite tous nos remerciements et tous -vos applaudissements. Son oeuvre patriotique est splendide, presque -feerique: il a rapproche deux continents! Il a uni les republiques -sud-americaines à la republique française, avec une même capitale: -Paris. Dont vous avez fait votre ville d'adoption, en même temps que -vous faisiez du _Figaro_ votre journal de predilection... Je vous -dedande de feter ce diplomate prodigieux...» - -Diplomático prodigioso. Él ha contado su aventura figaresca en frases -de sabroso humor, en que vemos cómo su paciencia tesonera logra el -triunfo. ¡Y qué triunfo! El ilustre ministro de la República Argentina, -Sr. Rodríguez Larreta, ha dicho de la obra de Eugenio Garzón en el -_Figaro_, por cierto en un francés amable que intentaré traducir... -«es una obra de arte y una obra maestra de tacto, de noble sagacidad y -de previsión. No os extrañéis si ella produce en ciertos espíritus la -ilusión engañadora de la facilidad, como tantas otras obras maestras». - -Una vez lograda la toma de la fortaleza de Villemessant, de Magnard, de -Calmatte, he allí a quien yo llamara en otra ocasión el gaucho-dandy, -en la prosecución de su proficua labor. Y ella es en su apariencia, -sencilla, y en sus resultados, formidable. Son unos pequeños -telegramas, llenos de cifras; unos pequeños telegramas que dicen al -mundo de los negocios y de las grandes empresas económicas, el estado -de progreso, de vitalidad, de las repúblicas hispanoamericanas, -especialmente de aquellas que han logrado grandeza y prestigio por -el desarrollo de su trabajo y de su riqueza. Y esos telegramitas se -ven en los mercados de Europa con un admirable termómetro financiero. -De cuando en cuando, un personaje de nuestros países llega a París, -y Eugenio Garzón conversa con él, y expone en el _Figaro_ miras y -proyectos patrióticos. Y hay en el expositor una serena ecuanimidad, -prudencia, mesura, tacto, claridad y habilidad. Luego Eugenio -Garzón es un solicitado elemento en la vida social de las colonias -hispanoamericanas. Sabidos son su don de gentes, su dandismo discreto, -sus facultades singulares de _causeur_ y la multiplicidad de sus -vinculaciones amistosas, pues quien le trata una vez queda sujeto al -_charme_ de ese gentil filósofo de «monocle» que nos favorece con el -bienhechor contagio de su optimismo. - -¿Y el escritor? Probado ha sido en el Río de la Plata en los -entreveros de la polémica política, en las bregas del diarismo. Mas -siempre ha cultivado con esmero su jardín literario, y un libro -ruidoso, sobre el archiduque enigmático Jean Orth, le dió no hace -mucho tiempo renombre europeo, o, mejor dicho, universal. Tiene por -publicar _La entraña del boulevard_, libro parisiense escrito por un -psicólogo y un estilista que no ha perdido la savia criolla, a pesar -de sus asimilaciones de París. _Mundial_ publica un capítulo de esa -obra, y allí se podrán apreciar las condiciones de nervio y brillo -que caracterizan las prosas producidas por esa «cabeza». Su figura -es de aquellas que llaman la atención al presentarse, y nada podría -yo decir mejor de lo que contiene este párrafo del Sr. Larreta: «Su -persona evoca para mí todo lo que en la vieja España servía para -distinguir desde lejos la sangre noble y el honor. Creo ver a veces en -sus espaldas el negro manto de velludo, con la cruz de Santiago o de -Calatrava bordada sobre el lado izquierdo en seda roja. Cuando anda, -pienso en el rumor de las espuelas de oro de los antiguos caballeros de -Castilla; y si lleva ahora «monocle» es, sin duda, porque ese trozo de -cristal hace levantar la cabeza con el mismo gesto altivo e imponente -que suscitaba en el rostro la pluma caprichosa que rodeaba el sombrero -y caía hacia atrás». Ello vale por la figura de un soneto de Heredia; y -Eugenio Garzón es merecedor de tal homenaje. - -Célibe--¡Garzón para su _garçonniere_!--es admirador de las damas -hermosas, gusta de las obras de arte, de las grandes empresas, de los -altos ideales, de la elegancia, de la cordura, de la distinción. Es -sobrio y abstemio. Y realiza este prodigio: tener sus mejores amigos -entre políticos, banqueros y poetas. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración: POLÍTICOS] - - - - -[Ilustración] - - - - -S. M. EL REY DON ALFONSO XIII - - -Al entrar en el salón de recepciones--se lo explicará el lector -fácilmente--el poeta prevaleció sobre el ministro. Aquella pompa, -aquella ceremonia, aquel joven descendiente de los más gloriosos reyes, -fueron, por unos instantes, la Historia. Como es costumbre en la corte -de España--costumbre que, a pesar de todo, han infringido algunos -talentosos y verbosos hispanoamericanos--, no pronuncian discurso -ante el Rey sino los embajadores. Yo dije dos palabras para entregar -mis credenciales, y luego, pronto estuvo Don Alfonso en conversación -conmigo. ¿Podría juzgarlo por esa vez? Desde luego que no. Todos -sabemos las preparaciones del Protocolo. Pero, en otras ocasiones, sea -que hablase conmigo, sea que se dirigiese a otros diplomáticos al -lado mío, pude darme cuenta de la seguridad y cordura con que trata -cualquier asunto que inicia. El retrato que en pocas palabras ha -hecho de él un observador como el famoso M. Paoli, es de una absoluta -exactitud: «Sa haute et fine silhouette s'accusait avec une élégante -aisance dans un complet gris clair; un large sourire éclairait son -visage fortement hâle, son visage imberbe d'adolescent qu'ornaid un -grand nez à la barbe courbe bourbonienne, cumpé en bec d'aigle entre -deux yeux très noirs, pleins de flamme et de malice». Y luego la -impresión oficial: «Quelle ne fut pas ma surprise, ensuite, lorsque, -à Orléans, où l'on avait fixé la première étape officielle, je le vis -apparaître, cette fois, en gran uniforme de capitaine général, la -physionomie empreinte d'une singulière noblesse, la démarche altière, -imposant à toux le respect, par l'impressionnante dignité qui se -dégageait de sa personne, ayant le mot juste pour chacun, souceux des -moindres nuances de l'étiquette, évoluant, causant, souriant au milieu -des uniformes chamarrés, avec une aisance souveraine, montrant du -premier coup qu'il connaissait mieux que quiconque son métier de roi». -Su oficio de rey. Arduo oficio en los días actuales. Porque la mayoría -de las gentes no ven sino la parte dorada y legendaria de esas vidas -principales. No saben los cuidados y las inquietudes de hombres que hay -en esos personajes simbólicos que encarnan a los pueblos. Por eso es -absurda, sobre todo, la ciega preocupación anarquista. - -Generalmente se quiere ver en el Rey de España un rey _sportmant_ por -su conocida afición a los ejercicios físicos. Ya he dicho en otra -ocasión a ese respecto lo siguiente: - -La educación del Rey fué como correspondía. Se procuró, sin fatigar su -espíritu, darle una cultura apropiada, y teniendo muy en cuenta la poca -fortaleza de sus primeros años, se tendió a su mejoramiento progresivo -físico, al cultivo prudente y eficaz del _corpore sano_. De ahí que -desde niño se haya aficionado a toda clase de deportes, sin menoscabo -de sus condiciones intelectuales y sin descuido de una instrucción -tan metódica como variada. Los principales principios científicos -y literarios, la historia y las disciplinas militares le fueron -inculcados. Inútil decir que la religión tuvo la mejor parte, en quien -debía ostentar el hispánico y consagrado título de S. M. Católica, y en -quien tuvo por padrino al Pontífice León XIII. Una vez en el caso de -tomar esposa, eligió a la bella princesa protestante que, convertida -al Catolicismo, trajo sus prestigios y encantos al Palacio de Madrid. -Entre la reina Cristina, maternalmente amorosa, austera y tradicional, -y la reina Victoria, primaveral, reina de cuento azul, se alza la -figura del rey joven, mirando hacia el porvenir en los comienzos del -siglo XX. Es un rey caballero. Es un rey _gentleman_. No es un rey -fanático, ni un rey del pasado. Es de su instante histórico, sin perder -natural y felizmente el antiguo e invariable concepto de la jerarquía, -base de todo Gobierno monárquico. Ama el aire libre, la agilidad, el -vigor. Dichosamente libre de la oratoria, en otros soberanos tan puesta -de manifiesto, sabe hablar cuando la ocasión llega, y sabe conversar. -Posee algo que atrae a las muchedumbres: la simpatía, y algo que seduce -al mundo: el valor. Es uno más de la serie de los ilustres Alfonsos de -España. - -Para el soberano de España no haré nunca mejor que repetir la -enumeración de un mi pasado capítulo de mi _España contemporánea_, -sobre los ilustres Alfonsos españoles: - -«El I, férrea flor de Covadonga, todavía con la pura savia goda, -fuerte como un roble de sus bosques, lancero formidable de Cristo, -terror de la morería, y en el corazón primitivo un diamante de nobleza; -el II, casi iluminado, favorecido con manifestaciones extranaturales, -hombre de lecturas y meditaciones, Alfonso _el Casto_; el III, _el -Magno_, bizarro y aguerrido desde lo fresco de la juventud, terror -del mogrebita, varón de tanta fe como valor; el IV, quien como más -tarde el César Carlos V buscaría en un monasterio la tranquilidad -espiritual; el V, el de los buenos fueros, legislador y espíritu de -Consejo, también luchador feliz con los infieles y sostenedor de la -fe; el VI, que aparece soberanamente a su lado la figura del mío Cid -el rey de la conquista de Toledo, y que tuvo la previsión de ver hacia -abajo y favorecer al pueblo con leyes bondadosas y fueros justos; el -VII, Alfonso _el Emperador_; el VIII, que perpetuó el nombre suyo en -las Navas de Tolosa; siendo después, al propio tiempo que caballero de -combate, amante de la Sabiduría el IX; el X, formidable figura, cerebro -y brazo, el rey de las Partidas, alquimista y poeta, astrónomo y -filósofo, cuya palabra aun se escucha y se escuchará en los siglos, ya -comience: «Ficieron los omes...», o inicie los balbuceos encantadores -de sus toscas estrofas; el XI, que juntó la habilidad política al -vigor militar, monarca de largas vistas y uno de los más amantes de -sus súbditos; «y a quien verá muy cerca--agregaba--animado por la -palabra maternal, por el inmediato eco de su vida; será su padre. Será -para él el rey modelo y honrará la memoria de _el Pacificador_. A él -le ha tocado un tiempo de decadencia de todo ideal, de despertamiento -de odios, de exacerbamiento de pasiones y violencias sociales, de -locuras colectivas que se traducen en furiosos ímpetus aislados; -de ansia de goces, agonía de esperanzas y luchas terribles por la -consecución del dinero. El Dinero, el Dios de la época. El bíblico -Becerro del Sinaí, multiplicado en los toros auricoronados que se -apacientan en el Far West y en las Pampas, y que se propagan por toda -la redondez de la Tierra entre una creciente desbandada de águilas y -cisnes». Acontecimientos posteriores han puesto a la vista del mundo, -en muy hermosa luz, la figura de ese excelente príncipe, que ha podido -dignamente encarnar la España moderna, conservando las dos virtudes -tradicionales de su país: inteligencia y valor. Recordé al comenzar -este artículo a M. Paoli, el veterano conductor de reyes. Concluiré -con una frase suya referente a Don Alfonso XIII; _C'est un charmeur_. -¿Y cómo podría ser de otro modo puesto que es hijo de aquel rey querido -del pueblo que se llamó Don Alfonso XII y de Doña María Cristina, que -junta a la amabilidad personal más exquisita, la dignidad de las más -rígidas aristocracias? - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -EL GENERAL D. RAFAEL REYES - - -La política suele velar con nubes engañosas las proporciones de las -altas figuras. No sean esos vapores transitorios un obstáculo para el -buscador y ensalzador de las bellas verdades. - -He conocido a un ex presidente de Colombia, que ha demostrado, antes -de ocupar el más elevado puesto de su patria, como en la tradicional -tierra de los talentos literarios la acción es también demostrativa de -la fuerza vital de tan glorioso país. Reino de sueños, pero asimismo, -con sus héroes y trabajadores, república de energías. Hubiera habido -paz desde luengos años, y ya vería allí el mundo otro emporio de labor -y riqueza hispanoamericano. - -Al tratar al general D. Rafael Reyes uno encuentra, desde luego, -esa cultura colombiana, distintiva y propia, que hiciera antaño de -Bogotá la primada de las letras de América, algo como el _Alma mater_ -continental. Se sabe que se habla con un militar, con un explorador, -con un varón de hechos, y sin embargo, surge el hombre diserto, el -conversador sagaz, el estudioso y el cultivado; y si se han leído las -narraciones de ese bravo _pioneer_, que supo de bregas y de penas en -el corazón de ásperas selvas, hay que saludar a un descendiente de -aquellos conquistadores, hierro y fe, que asombran a la Historia. -Hablando de tales hazañas del general Reyes, ha escrito estas palabras -Santiago Pérez Triana: «...recorrió en su juventud aquellas inmensas -selvas (las marañas amazónicas) realizando en ellas, en compañía de sus -hermanos D. Néstor y D. Enrique, labores de explorador dignas de los -más heroicos esfuerzos en ese fecundo campo de la actividad humana, -de cuantos registra la historia americana desde las atrevidas y cuasi -temerarias empresas de los conquistadores hasta nuestros días. Cuando -se escriba la historia, cualesquiera que sean los veredictos que ella -pronuncie sobre los hechos de su vida, respecto de los de cualquier -hombre, que en lo general poco pueden vaticinar los contemporáneos, -seguramente habrá una hermosa página en que se consignen los esfuerzos -hechos para llevar la civilización a aquellas regiones de la patria -colombiana, tan remotas de los centros habitados por el general Reyes -y por sus dos hermanos, esfuerzos consagrados, como si fuera por el -martirio, ya que dos de los exploradores pagaron con su propia vida su -atrevida incursión en la selva primitiva». - -Pues la obra de este colombiano eminente es de aquellas que en -países europeos se vinculan a la propia grandeza de la Patria, y la -que ha hecho el renombre y el reconocimiento debido a los Brazza, a -los Shakleton, a los Marchand. Las Sociedades geográficas del mundo -han sabido apreciar la labor del general Reyes, y el nombre de este -prestigioso americano ha sido honrado con el elogio de los sabios -europeos. - -Cuando, lejos de los combates de partido y las malezas políticas--más -llenas de azares y peligros que las de las florestas vírgenes--el -general Reyes ha venido al viejo continente, ha sido recibido en todas -partes con la imparcial justicia que es debida a sus merecimientos. -Y ha sido sobre todo en la Madre patria, en la tierra de las -hidalguías y de los nobles heroísmos, donde se le han hecho mayores -manifestaciones de cordialidad y de aprecio, como si se viese en -él, a quien, como he dicho antes, es un vástago de los audaces y -luchadores caballeros que hicieron en América poemas de vida y de -acción, cantos de gesta realizados. Nada tiene que ver el consenso -universal de intereses, de pasión, de disensiones de hermanos, en las -interioridades de un país, de un Gobierno o de un partido, cuando -la personalidad tiene sobre las circunstancias del momento altura y -brillo individuales, que aislan el mérito, poniéndole bien lejos de las -lluvias de dardos que casi siempre caen sobre la cabeza de los hombres -públicos, en nuestras arduas y crespas democracias. - -La justicia se hace definitiva, con la sanción inapelable del tiempo, -y la Patria no ve sino los hechos meritorios que señalan en el -recuento a los hijos preclaros y beneméritos. Colombia, entre todos -nuestros países americanos, si ha sido caldeada por tantas hogueras de -guerra y agitada por tantos contrarios huracanes de odios fraternos, -de violencias luctuosas, ha sabido siempre tener el orgullo de sus -_élites_, de la progenie que ilustra sus historias y fastos. Y -tened por cierto, que en el futuro, cuando se hable de las energías -memorables que se han dirigido en pro del verdadero progreso y del -engrandecimiento de la patria colombiana, el nombre del general D. -Rafael Reyes quedará ante los ojos de las generaciones futuras, en su -definido, indestructible prestigio. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -CANOVAS DEL CASTILLO - -Medalla ocasional. - - -Preciso es no haber conocido a Cánovas del Castillo para asombrarse del -incidente de corte que hoy preocupa a Madrid. - -Cánovas es la energía, muy mucho, y un poco la violencia. - -Populares son por la caricatura sus ojos, sus espejuelos, sus bigotes y -su imperante gesto. - -Cuando Cánovas ocupa la presidencia del Consejo de Ministros, el gran -Palacio Real, rico y legendario, adquiere su verdadera alma; mientras -la honrada y buena reina extranjera recuerda, el pequeño rey juega, y -la infanta Isabel, distinguida _sportsman_, monta a caballo, inicia -fiestas o caza. - -Cánovas es de la raza de aquellos fuertes ministros antiguos que eran -verdaderos tutores de los reyes. Y ese andaluz de Andalucía, ese -andaluz «andalucísimo», tiene un orgullo del peso de su talento. - -Si no es cierta, es bien inventada la frase que se asegura dijo al -rey Alfonso XII, en ocasión en que este monarca, a quien él había -colocado en el Trono, le manifestó deseos de agraciarle con el título -de príncipe que ostentara antaño el memorable Godoy: «No se preocupe -Vuestra Majestad de eso. ¡Príncipes los hago yo!» - - * * * * * - -No es el tiempo ya en que la pobre francesa Isabel pasaba por las -torturas de la más apretada e inflexible de las cortes, pero si -hay algún país del mundo en donde la etiqueta sea conservadora y -estricta, es en el país de Felipe II. Y Cánovas, gran cortesano y -gran conservador, tiene el don que hace la fuerza de los hombres: el -carácter. - -En vida de Alfonso XII, Cánovas, en sus tiempos de gobierno, fué -siempre el absoluto imperante. - -Asimismo profesaba al joven rey un afecto profundo y una lealtad -inquebrantable. A la muerte de Doña María de las Mercedes, y cuando -la reina Doña María Cristina llegó a ocupar su puesto en el trono -de España como nueva esposa de Alfonso, Cánovas fué grande amigo de -la Reina desde el primer momento. Y el anecdotario de esa época es -copioso. Y no es la nota menos saliente el excelente humor del hijo de -Isabel II, que gustaba de la broma, alegre y atrayente Borbón. - -Cuéntanse en la corte muchas de esas anécdotas que no sabemos si -quedarán más tarde confirmadas por algún Saint-Simon de la época. - -Entre ellas, esta: Cuando la reina Doña María Cristina llegó a Madrid, -y fué esposa de Alfonso XII, no hablaba casi español, y lo comprendía -muy poco. Su real consorte era su profesor. - -Un día le dice ella: «Deseo saludar a Cánovas con una frase española -que le agrade, cuando venga mañana». - ---«Bien--dice Don Alfonso--dile sencillamente: ¡Qué chispero estás, -Cánovas!» - -Al día siguiente, el primer ministro llega y se dirige a besar la mano -de la Reina. - -Y ella, arrastrando las erres germánicamente: - ---«¡Qué chispeggo estás, Cánovas!» - -No se dice lo que contestó el andaluz, pero sí que Alfonso tuvo para -muchos días de buen humor. - - * * * * * - -Cánovas vive en su mansión de La Huerta, como un potentado. Muchas -veces se ha hablado de esa rica morada en donde vive el primer -estadista del mundo actual, según opinan algunos. - -Su _serre_ es famosa, la biblioteca mucho más: todo el recinto es -un encanto, y la emperatriz de todo eso y de D. Antonio además, -es la dama elegante y vivaz a quien los amigos de la casa llaman -concisamente «Joaquina»--doña Joaquina de Osma, una espléndida peruana, -exuberante de vida, hermosa y culta, que habla el español con la _erre_ -parisiense. Cierto es que en las recepciones de Cánovas lo que más se -oye hablar es francés. - -En casa de Cánovas llama la atención de quien observa la profusión de -los desnudos. - -Entre tanto rico mueble y obra de arte, mármol, bronce, _bibelot_, el -desnudo se impone. En cada salón os llamará la atención ese detalle. - -Sobre todo, en el jardín, si os acercáis a una magnífica gruta, -adornada de enredaderas verdes y frescas, en donde el agua cae y gotea -armoniosamente, veréis una ninfa de tamaño natural, blanca, de mármol -puro y línea admirable y de una gracia mastoidea y calipigia que os -hará pensar en muchas mitologías. - -Entre todas esas elegancias, la dueña de casa discurre llenando con su -amable presencia y animando con su conversación los grupos de invitados -en las recepciones. - -En esas fiestas el talento del viejo Cánovas chispea. - -Quien estas líneas traza, hale visto y oído entre un sinnúmero de -personajes de distintas nacionalidades, con un tacto que revelaba la -frecuencia de la vida cortesana y diplomática, hablar a cada cual -de lo que más de cerca le interesaba, sin olvidar nombres, detalles -personales, títulos de libro, cuestiones, anécdotas y toda suerte de -asuntos. Y el viejo Cánovas, con la firmeza de quien conoce su poder, -vibraba, iba y venía, tan lleno de una brava y contagiosa juventud. - - * * * * * - -En su mesa solía reunir, en la época a que se refieren las anteriores -palabras, a algunos americanos. Sus preferidos eran el mejicano Riva -Palacio, el argentino Quesada, el centroamericano de Peralta, y algún -otro. - -Siempre tiene extranjeros notables invitados. - -Su mesa es de primer orden; aunque no iguale a la luculeana mesa -de Castelar. Allí, al amor de los mejores vinos, se oye un alegre -brotar de ideas, de ocurrencias, de alusiones, de anécdotas en que -el anfitrión muestra toda su Andalucía, y doña Joaquina su Lima, su -París y su Madrid. Y uno ve al vigoroso ministro, lleno de vida, con -sus cabellos blancos, relampagueándole los ojos, gesteando como un -dominador. - -Y se explica que en el Palacio Real Su Majestad la Reina Regente se -apresure a presentarle sus excusas después de un caso como ese de la -salida al balcón. - -Doña María Cristina no ha leído las cartas de Isabel de Francia. - -20 mayo 1897. - - - - -[Ilustración] - - - - -JOSE PEDRO RAMIREZ - - -Es en la vida pública como en la privada, este gran repúblico uruguayo, -como en su credo político y en el civismo que nos muestra en la -historia contemporánea de su nación, algo suave que se desliza por -senderos cercanos a vergeles revestidos de paz y de amor. - -Obediente sólo a los deberes de su conciencia, alerta siempre a las -naturales exigencias y necesidades de su patria, toda su existencia la -encamina al cumplimiento del deber; y con facilidad traspasa, alta la -frente, tranquila la mirada, todos los escollos de todas las miserias -sociales por las que pasó, como tantos otros prohombres, como son -concusiones, ignominias y hasta crímenes, que pudieron atajar su paso -por la vida política. - -Pero esto pasó ya, y obtuvo gallardamente sus reivindicaciones. Así, en -cierta ocasión, el presidente Batlle, que por cierto estaba de él algo -distanciado, dijo, para hacer callar a determinados murmuradores: - -«A fin de que la actitud del Dr. Ramírez no se despoje de la majestad -que le rodea, es necesario no se falte al más humilde de los habitantes -de la República, y el que tal haga, o será castigado o derribará -a dicho ministro, porque su política no es de mañas ni astucias, -sino política de actitudes francas y decididas.» Cuando estalló la -guerra civil, calamidad perniciosa que sufrieron la mayoría de las -jóvenes repúblicas americanas, y después de varias tentativas para -el restablecimiento de la normalidad, que, claro está, resultaron -infecundas, se recurrió a él, como caso extremo. Enfermo como estaba, -prometió su decidido concurso, y lo cumplió con sagacidad y fe. Salió, -pues, a través de campos verdes, que bien podían simbolizar para él -esperanzas; enarbolaba la bandera de paz, y a poco de comenzadas las -negociaciones, por doquiera que pasaba, surgían los vítores y saludos; -y los labradores abandonaban las armas y tornaban a los aperos, y -las mujeres y los niños agitaban sonrientes sus pañuelos en señal -de albricias. Al encontrarse con un regimiento mandado por Mesa, los -bravos soldados, estimulados por sus jefes, levantaban sus quepis y le -saludaban, como debe saludarse a un varón bienhechor, porque ya todos, -militares y revolucionarios, el pueblo entero, parecía aspirar al -consuelo de la paz. - -Pero anotad esto también. Más tarde ¡acaso seis años después! la -República hierve nuevamente en otra guerra civil; y de ahí a poco, el -Sr. Ramírez es de nuevo requerido. Noble y lealmente, lleno de bondad y -bríos humanos, se lanza a calmar el estallido que amenaza. - -La labor es más costosa, su gestión más ardua; pero al fin logra vencer -dificultades, y si hubo de luchar por conseguir el éxito, mayor es la -gloria que, como nimbo, corona sus esfuerzos; y mayor es la ansiedad -pública, por explotar de júbilo ante el hombre ya dos veces benemérito -de su patria. - -Y es de ver en esta ocasión, como en la pasada, al pueblo de todas -las ciudades que corre a amontonarse a su encuentro, vitoreándole, -abrazándole, atropellando a éstos los otros que les siguen; y cómo -desde las terrazas y azoteas, en aceras y balcones, no se ven sino -flores que caen a su paso y llenan su coche, ni se oyen más que -palabras gratas, llenas de sonoridades, que celebran al mensajero de la -concordia. - -El Dr. Ramírez presidió en 1886 el ministerio de la Conciliación. -Nadie como él ofreció testimonio más alto de patriotismo e integridad. -Desde entonces, su nombre es popular, su prestigio aumentó, y su -moralidad fué saludable. Pues, ¿quién pudo añadir al ardoroso ímpetu -que señalan sus grandes entusiasmos iniciales, la serenidad equilibrada -y heterogénea que se sobrepone al espíritu, al contraste en la lucha? - -Fué periodista, y en el periodismo pasó la parte más agitada de su -existencia; y las páginas más intensas de la vida nacional uruguaya -nacieron de su pluma. - -Por esto pláceme mucho, en ocasión en que acaba de ser glorificado por -su patria, ofrecer al prestigioso representante del alma de su país, -a esa figura respetable y respetada, ajena en la actualidad a las -pasiones del momento, un homenaje, la confirmación del reconocimiento -de tan gran patricio, cuyos títulos cívicos y méritos intelectuales -y morales testifican su personalidad política y bienhechora en la -República Oriental del Uruguay. - - - - -[Ilustración] - - - - -CASTELAR - - -No hace mucho tiempo he hablado de mi entrevista con Castelar. Debía -ser la última. Ya reposa en San Isidro, junto a los huesos de su -hermana. Su caída ¡buen roble! conmovió al mundo. Cuando le vi, cuando -le hablé por la postrera vez, ya estaba señalado por la Intrusa, -pálido, enflaquecido, viejo, él que fué todo juventud y vida. Partió -al imperio silencioso de lo no sabido, después de haber clarineado su -verbo de poeta de las multitudes hacia los cuatro vientos del espíritu. -Y España queda hoy sin su representativo emersoniano, sin el hombre -noble que fué en su siglo lengua y gesto de su raza, como Italia sin -Garibaldi, Inglaterra sin Gladstone, Alemania sin Bismarck y Francia -sin Hugo. En su tierra ardiente y sonora fué el crisostómico parlante y -el caballero de su ideal. Ahí queda la inmensa Mancha democrática por -donde cabalgó en su pegaso-rocinante; ahí los molinos de viento, ahí -las armas de su lírica grandilocuencia, que nadie moverá; ahí Dulcinea, -sin más enamorado verdadero que el frío y analizador Pi y Margall. -Español de España, español netísimo, con toda España en el corazón y -en el cerebro, era la concreción del orbe cervantino; en el generoso -combate de su ilusión no se ocultaba Don Quijote; como Sancho mismo, -no dejaba de comparecer en su célebre buen apetito. Cuéntase que Taine -en una ocasión, al verle en la redacción del _Journal des Débats_, -preguntó desdeñoso: «¿Es ese el famoso canario español?» Cierto, un -alma de pájaro de Floreal, como el ruiseñor Lamartine, pero a quien no -faltaba la fuerza para la realización de obras enormes, así la libertad -de los negros de las Antillas. Quedará en los siglos el recuerdo de -esta singular figura en el décimonono la más alta de España entre las -altas de la tierra; y aparecerá, a medida que el tiempo vuelque su -urna, rodeado del resplandor que tan solamente ofrece a los preferidos -suyos la divina Poesía. Fué uno de los más potentes órganos de la -Humanidad. Por su boca habló el espíritu de su patria, y, siempre -en obra de bien, si algunas veces no le prestó su apoyo la Verdad, -jamás dejó de escudarle con sus alas mágicas la Belleza. Sus mismos -errores caían vestidos de púrpura. Era el apolonida de la Democracia, -el decorador de sus ambiguos y confusos laberintos. Hermosa llama -latina, de esas llamas guías de pueblos que el Sol de Dios enciende en -las naciones para que señalen los saludables rumbos, o para que a su -rededor se junten los hombres y realicen hechos grandes. Aquella alma -venía de Atenas, cuando fué a encarnarse un día en la fenicia Cádiz; -venía de Atenas, después de haberse impregnado de Oriente; de este -modo explico la pompa asiática de su discurso y el amor a las bellas -líneas, la pasión pitagórica de los celestes números y el imperio de la -música bajo el cual hacía galopar sus cuadrigas de ideas y sus tropas -de palabras. En su huerto, junto a las flores andaluzas, se alzaba un -esbelto y reverdecido plátano, rama un tiempo del que movieran las -brisas de Academo, mientras fluía, como el agua de la fuente de mármol, -la doctrina platónica. - -La obra, que fatiga en su masa, es como un inmenso museo, que hay -que admirar por fragmentos: ya un fresco vasto, ya una estatua del -más blanco pentélico, ya un bajo relieve, en que las frases van como -ordenadas teorías de graciosas jóvenes o danzantes efebos. Fué un -gran cultivador del entusiasmo. Y si ya en los postreros años de su -existencia tuvo alguna vez que padecer tristezas y decaimientos, para -morir, viejo gladiador, supo esculpir su última actitud en el discurso -que cierra la diluvial serie comenzada el 1854 en el Teatro de Oriente, -discurso en que volvió a surgir su elocuencia empachada y sonora, -para mostrar el camino que hay que seguir, según su entender, a los -partidarios de la República. Su elocuencia cautivó a las generaciones -que escucharon el decir de sus labios de oro. Se recuerdan sus -discursos como hermosas manifestaciones de la Naturaleza, inusitados -iris o boreales auroras: «Yo le oí tal año». «Yo en tal otro». En el -tiempo de su aparición, el principio democrático era lo más avanzado, -lo más atrayente para los espíritus libres, la fórmula del progreso. -Él se consagró por tal manera, y con pasión tanta, que al saber su -muerte, los españoles demócratas no han podido menos de exclamar: -«¡La democracia ha muerto!» A aquel inconmovible individualista no -pudieron ganarle los mirajes aurorales del movimiento social de estos -últimos años; y discurso suyo hay en que combatiendo al socialismo, -maravilla su esfuerzo de soñador, al resonar delante del muro de la -verdad la suntuosa orquestación de sus líricos argumentos. Porque, -ante todo, fué el orador, el hombre que convence encantando, o que, -aunque no convence, canta y encanta. Parecía que, como en lo antiguo, -un flautista maestro acompañase sus oraciones, tal era la melodiosa -geometría, el hilo armónico, la sucesión de ondas verbales regidas por -un compás, en la musicalidad de los giros; y él propio se escuchaba -como deben hacerlo las aves de más fino canto y los poetas orgullosos -de haber visto cuanto es crespa y dorada la crin del Dios de arco de -plata. No olvidaré una noche, en una recepción dada por doña Emilia -Pardo Bazán, a los delegados americanos a las fiestas colombinas, el -año de 1892. Castelar había concurrido, y como en todas partes en donde -Castelar estaba presente, un corrillo se formó alrededor suyo, en uno -de los salones. Nadie hablaba, fuera de Castelar, porque es sabido -que en su presencia el primer deber era la atención. El tema de sus -palabras se relacionaba con la oratoria, y vino él a recordar a este -propósito a los distintos oradores que había oído en su vida. Y como -su excepcional memoria estaba siempre lista, ilustraba sus recuerdos -con citas y fragmentos de discursos. Así nos pintaba a Gambetta, de -tal guisa que le veíamos encarnado delante de nosotros, y luego decía -una parte de un discurso de Gambetta, a Víctor Hugo, y luego decía un -trozo de discurso de Víctor Hugo, y así de varios oradores extranjeros. -Después llegó a los españoles, y comenzando con Ríos Rosas, recorrió -buena parte de la lista de bravos oradores con que cuenta este país -de varones verbosos, explicando sus maneras y facultades hasta llegar -a él mismo, y entonces se nos transfiguró momentáneamente, se nos -presentó con sus atavíos reales. Y a pedido de un amigo circunstante, -trajo a su memoria una parte de su célebre discurso del 12 de abril -de 1869, pronunciado en ocasión famosa, y que hizo pensar a su propio -contrincante el cardenal Manterola si no tendría ante sus ojos un nuevo -Saulo. Aun veo los ojos iluminados y la mano como guiando el período: -«Grande es el Dios de Sinaí; el trueno le precede, el rayo le acompaña, -la luz le envuelve, la tierra tiembla, los montes se desgajan; pero -hay un Dios más grande, más grande todavía, que no es el majestuoso -Dios del Sinaí, sino el humilde Dios del Calvario, clavado en una -cruz, herido, yerto, coronado de espinas, con la hiel en los labios y -sin embargo diciendo: «Padre mío, perdónalos, perdona a mis verdugos, -perdona a mis perseguidores, porque no saben lo que hacen». Grande -es la religión del poder, pero es más grande la religión del amor; -grande es la religión de la justicia implacable, pero es más grande -la religión del perdón misericordioso: y yo, en nombre del Evangelio, -vengo aquí a pediros que escribáis en vuestro código fundamental la -libertad religiosa, es decir, libertad, fraternidad, igualdad entre -todos los hombres». Se recordarán sus discursos célebres, en lo futuro, -como hoy las históricas arengas de Demóstenes; desde el primero en -que se presentó como aeda y paladín de su amada Democracia, hasta el -último en que ya para morir, apóstol consecuente, dejó su disposición -testamentaria de política, fiel a su credo republicano; señalada la -larga carrera por las innumerables brillantes estaciones, entre las que -más resplandecen el discurso en favor de la libertad religiosa, que -es el de la redención de los esclavos de Cuba, y al cual se refería -cuando oí de su boca la frase admirable: «Yo he libertado a doscientos -mil negros con un discurso»; el del sufragio universal, de ágil y -elástica dialéctica; el de la entrada a la Real Academia de la Lengua, -lección colosal de un lirismo cósmico; el de París, en la Sorbona, -cuando los estudiantes le recibieron con el aplauso clásico, como a un -nuevo Lulio. - -Lejos la oratoria amartillada de los hombres del Norte, en la suya -reventaba como una rosa de color perenne el sol Meridional; suya era la -profusión y la riqueza latinas, y nunca se escuchó, en lo inmenso de -los siglos, más rítmico y sonante torrente en cátedra o tribuna. Los -franceses, tan parcos con lo extranjero, le admiraron y celebraron, -en su francés claudicante, o en el español de bronce y plata que no -comprendían al oirle. ¿Qué importa que dijese, como en una ocasión: _La -France, cette «belle soeur» de l'Espagne_? Tras la sonrisa del oyente -venía la tempestad de la ovación, pues el orador soberano triunfaba -contra el mal políglota. Hugo le tenía en su alto valer, y sabida es -la anécdota en que el César de los poetas le ofreció, al sentarse a -su mesa, una silla imperial: «Os he señalado esta silla, en que se -sienta siempre D. Pedro del Brasil.--¡Pues no me siento!»--respondió -Castelar, fiel hasta en esto a su idealizada Aldonza Lorenzo. Nuestro -compañero Ladevese cuenta las acogidas respetuosas y afectuosas, en -casa de madame Adam, de Cernuschi, de la Rattazzi, las intimidades con -políticos como Thiers y Gambetta y Julio Simón. Francia, como el mundo, -veía en Castelar la encarnación de España; de la España caballeresca -e idealista, hidalga y pintoresca. Oxford quiso escucharle, invitó a -su «doctor» honorario para que fuese a dar conferencias, y él declinó -la honra. A América pensó ir en varias ocasiones, pero, por desgracia, -se cumplió lo que yo decía en 1892: «Castelar no irá nunca a América». -Y en América quizás más que en parte alguna, su palabra resonaba como -una campana de gloria. Los yanquis le avaluaban abiertamente: si la -Libertad de Bartholdi tiene la antorcha, Castelar «tenía la palabra». -Sus discursos niagarescos fueron más de una vez por el cable; los -_magazines_ no le quitaban la mira y los dólares venían sin regateo. En -nuestra América de lengua Castellana, no habrá pueblo o villorrio donde -no haya llegado su fama. Creo, sin equivocarme, que en la República -Argentina hay una colonia o villa que lleva su nombre. Y él amaba -a la América nuestra, agradecido. Es el momento de manifestar cómo -fué para ese continente gran parte de su producción, ya en tiempos -de destierro penoso, ya en el apogeo de su existencia, tan solamente -interrumpido su trabajo cuando se excusara con la dirección de los -diarios de que era corresponsal, por verse obligado a suspender la -labor «a causa de tener que ocupar la presidencia de la República -española»; y cómo tenía en el recuerdo de su gratitud a _La Nación_, -de Buenos Aires, y al _Monitor Republicano_, de Méjico, entre todas -las publicaciones que fueron honradas con su colaboración. Y América -toda fué con él siempre simpática, a pesar de aquel resentimiento -memorable, cuando el político lírico quisiera ser político práctico y -pronunciara la trascendente frase: «Antes que republicano soy español». -Pues fué siempre el levita fanático, inspirado ante el fatal resplandor -del ídolo Patria; y a la suya salvara, como se observa justamente -después de la reciente catástrofe, en ocasión en que ejerciendo la -presidencia de la República, estuvo en un cabello que no se rompieran -las relaciones entre España y los Estados Unidos por la cuestión del -_Virginius_. Jovellar estaba en Cuba y se resistía a la entrega del -apresado barco norteamericano, después de los fusilamientos de cubanos -y yanquis que tripulaban la nave revolucionaria, y entonces fué la -palabra de Castelar, jefe del Estado, haciendo entender al general -«que en España nadie comprende que, ni en pensamiento, se resistan a -cumplir un compromiso internacional del Gobierno, y no comprende que -quiera ser Cuba más española que España. Una guerra con los Estados -Unidos sería hoy una demencia verdadera, y aunque fuera popularísima -la guerra, para esto están los Gobiernos, para impedir la locura de -los pueblos. Recuerde V. E. lo que hizo Thiers cuando los franceses -gritaban: ¡A Berlín!; demostrarles que la guerra sería un desastre. Y -ahí se ha capturado un buque en alta mar, se ha fusilado españoles y -extranjeros, sin esperar a conocer el espíritu del Gobierno central, -que preveía grandes catástrofes, y ahora se quiere cometer la última -demencia desobedeciendo al Gobierno nacional. Todos los argumentos de -los Estados Unidos consisten en decir que España no manda en Cuba, -y van ahora a confirmar ese argumento. No se puede discutir un acto -del Gobierno. Hay que obedecerle. Inflúyase en la opinión; tomándose -las debidas precauciones, entréguese el _Virginius_ y la tripulación -superviviente, de la manera que menos pueda herir el sentimiento -público, pero entréguese sin dilación ni excusa. El mayor servicio que -puede prestarse a la Patria, es obedecerla ciegamente. No mencione V. -E. la dimisión mientras no estén cumplidas las órdenes del Gobierno. -Cúmplalas con rigorismo militar. Y no se vuelva a hablar de Bayona: -allí hubo reyes traidores que vendieron la Patria al extranjero; aquí -hay patriotas que quieren salvarla de las locuras de ahí, avivadas -por una incomprensible debilidad». Esto fué en 1873. Cuán distinto -veinticinco años después el criterio de un Gobierno de hombres _útiles_ -que llevó al país a la derrota, al vencimiento y a la mutilación, del -criterio de aquel «poeta» que libró a España de un peligro seguro y -supo ser en sus obras y en sus sueños el primer patriota, el primer -español de su tiempo, el más español de los españoles. Porque desde su -Patmos, desde su Guernesey, desde su nube, desde su trípode, sabía ser -certero en su vistazo aquilino. No era tan iluso cuando dió su flecha -tantas veces en el blanco, cuando llegó bizarramente a la primera -magistratura del Estado, y cuando ya en su vejez, al ver con desilusión -que su república cuasi platónica no correspondía a su himno incesante, -se retiró de la lucha, no sin antes declarar su invariable fe en el -ideal por toda su existencia perseguido y su ningún contacto con la -monarquía. Jamás habló a la Reina Regente. Cuando murió su hermana, a -quien él amaba tanto, la Reina le envió su pésame. En San Sebastián un -día se encontró frente a frente Su Genio con Su Majestad. Su Genio se -quitó el sombrero y saludó. Hubo demócratas que murmuraron. ¿Quienes -fueron esos hidalgos que por tan mal lado tomaban la democracia? Aquel -caballero creía en la caballerosidad. Creía en la Patria. Creía en Dios. - -En el liberal, en el hombre de «la fórmula del progreso» había un -creyente. Jesucristo aparecía a sus ojos a través de sentimentales -_vitraux_ en que estaban representados su España portadora de la -cruz y su infancia doméstica: la buena madre, quien a la continua es -nombrada por él como origen de sus creencias religiosas. Cuando habla -de asuntos de religión, su órgano se desborda en los más augustos -_magnificat_, o en los más profundos _misereres_. Sus conferencias -sobre la civilización en los cinco primeros siglos del Cristianismo, su -_Redención del esclavo_, muchos de sus discursos, son la glorificación -cristiana expresada por incesantes fervientes ondas de vocablos, de -frases, saturados de un cálido misticismo, de un misticismo español. -Casto como era, se pensó alguna ocasión en que, cuando cansado de -las fatigas de la vida civil quisiera recogerse en el reposo de su -espíritu, se ordenaría sacramentalmente. Y aun él mismo, al admirar un -día cierta antigua casulla de la Catedral de Avila, dió a entender, con -un decir, que no andaban muy en error los que tenían ese pensamiento. -Un poeta de América publicó una vez un futuro sermón de Castelar en San -Pedro de Roma, que al orador hizo amablemente sonreír. No hace mucho -tiempo su entrevista con el Sumo Pontífice avivó la general curiosidad; -y él propio confesó ser la conversación con el Papa de hondo interés, -pero que no estaba autorizado para publicar nada de ella hasta después -de la muerte de León XIII. Y él ha muerto antes, besando un crucifijo. -El Papa blanco ha podido todavía autorizar que se hiciesen, a pesar -de la liturgia, honras fúnebres a su interlocutor ilustre, en San -Francisco el Grande, con todo y ser las honras el día de San Fernando. - -En la religiosidad de Castelar hay algo de profano como en la -religiosidad de Murillo. Sus pinturas de las gracias divinas son -como las pinturas de aquel pintor coloreadas de cierto sensualismo, -que en este caso se agrava con la castidad sabida del imaginativo -artífice de la palabra. Al pintar una virgen se nota en su verba cierta -complacencia humana, y sus ángeles imaginados en la gloria o juzgados -en los cuadros de los Museos, semejantes a esos ángeles voluptuosos que -animara Goya en sus frescos de San Antonio de la Florida, nos parecen -mujeres hechiceras, tan carnales como espirituales. La castidad de -Castelar, bien sabida y explotada por los bufones de copla y lápiz en -las enemistades de la política, fué uno de esos casos de absorción -cerebral en que todas las facultades humanas se condensan en la obra -del pensamiento; casos como el de Juan el del Apocalipsis, que Hugo -ha rememorado en página que no perece. ¿Qué unión, qué matrimonio -no habría podido efectuar este dueño de la fama? Célibe y casto -vivió, célibe y casto murió. Y aquí es de recordar al paso al hombre -privado. Supo pasar buenos años hermosamente, como debe vivir antes -que nadie todo artista aristocrático. Se le tacharon alguna vez sus -lujos y grandezas, sin saber que aquel hombre vivió siempre de su -trabajo apenas ayudado por la fraternal simpatía de señalados amigos; -y que si se regalaba con ciertos lujos, no cabía en ello vanidad -ninguna, sino la comprensión de la estética de la existencia, la cual -tiene obligación de procurar, quien como él poseía, como adorador -y sacerdote de la belleza, el don incomparable del gusto. Los que -fuimos favorecidos con la invitación a su mesa, sabemos lo que Luculo -comía en casa de Castelar. Tenía en esto, como en otras cosas, una -cualidad eclesiástica. Comía con el gusto de un _monsignor_ y con el -apetito de un abad. Tenía la amable costumbre que Quincey nos revela -de Kant; siempre había invitados a su mesa, y, siguiendo la regla de -lord Chesterfield, el número de los que se sentaban, él comprendido, -no era nunca inferior al de las Gracias ni superior al de las Musas. Y -el mejor condimento era su charla monopolizadora del tiempo, a la cual -ayudaba su memoria única con el más copioso anecdotario que sea posible -imaginar. Después en su salón, al conversar, según fueren los asuntos, -se dejaba llevar de su fuga tribunicia, y sus palabras se convertían en -párrafos de verdaderos discursos; y su vibración era contagiosa, y él -se trasladaba en un salto invisible, fuera del momento. Cuéntase que -un día aconteciole encontrarse en molestos apuros de dinero. Era en -invierno y la chimenea estaba encendida, como su conversación, sobre un -asunto político, delante de varios íntimos. Llega una carta de América, -con una letra por mil duros. Grata sorpresa que interrumpe un instante -su hablar. Pero continúa, con carta y letra en la mano; el discurso, -a poco, se precipita, y con una frase rotunda y un gesto supremo, -carta y letra hechos nerviosamente una pelota, ya están ardiendo en la -chimenea. Otra vez hizo aguardar largas horas a un personaje político, -cuya presencia en la antesala se le anunciaba repetidas veces, porque -le tenía asidos lengua y pensamiento una disertación sobre Botticelli -y los primitivos. Y de la casa en que aquel obrero tenía el obrador -mental puesto para servicio de tantos diarios y revistas del globo, -salía mucho bien, mucho favor personal, mucho consuelo a los pequeños, -apoyo intelectual a quien lo necesitaba, consejo o aplauso, y la ayuda -eficaz al pobre que le pedía, pues entre los humildes como entre los -grandes, entre las palmas y lauros sobre los cuales sobresalía su -calva cabeza pensadora, resplandecía la virtud moral de aquel hombre -sencillo, de aquel corazón bueno. - -Por eso su muerte ha causado un doloroso estremecimiento en España -entera, paralelo al estremecimiento simpático del mundo. Había ido -Castelar a buscar vigor a la orilla del Mediterráneo--el mar tantas -veces cantado en sus hímnicas proas--; había ido después de su último -esfuerzo en la arena política, cuando los republicanos le rodeaban como -al hombre fuerte de las pasadas campañas, creyendo ver en él la salud -de la patria hoy tan maltrecha y extenuada. Pero así estaba el tribuno, -el que sufrió tanto con el gran desastre, y que sintiendo llegar su -última hora, comunicó en una carta a una amiga extranjera: «Muero -con la agonía de España». Una tarde, a la orilla del mar, ve a unos -pescadores y se acerca a ellos. Los peces que se asfixiaban saltando -sobre la tierra, fueron para él triste impresión: «¡Si iré a morir -como estos peces, faltos de oxígeno!» Y así murió. Al día siguiente -de la noticia, mientras el pueblo de Madrid comentaba ya la actitud -de un ministro incorrecto y falto de seso, cerca de la Puerta del -Sol tuve una sensación que jamás se borrará de mi memoria. Un ciego, -de esos que aquí andan por las calles pidiendo limosna, improvisando -coplas de actualidad al son de sus lamentables guitarras, cantaba en -tono doloroso delante de un círculo de transeúntes que aumentaba a -cada paso. Por curiosidad me detuve, al oir en el canto el nombre de -Castelar. El pobre coplero del arroyo, en versos muy malos decía cosas -sentidas y húmedas de llanto sincero; y aun no sé qué arte singular -hacía coincidir su pena con el decir ingenuo, el acompañar de las -cuerdas afónicas de aquel instrumento imposible. Cuando volví la vista, -las mujeres lloraban; los obreros tenían las caras serias y tristes. Y -la maligna política apareció, con el instinto popular que sabe soltar -su avispa certera para que pique en donde se debe, con estrofas como -ésta que recuerdo: - - Don Emilio Castelar, - Que toda Europa conoce, - Quiso Dios que se muriera - Antes que abrieran las Cortes... - -En la puerta del Sol, en los cafés, en las calles todas, el rumor se -acentuaba contra el Gobierno y en especial contra el ministro de la -Guerra, general Polavieja. Se acababa de publicar un decreto absurdo en -que se leía: «Resultando: que D. Emilio Castelar ha muerto en honrada -pobreza;--Artículo 1.º, los gastos que ocasionen su enterramiento -y honras fúnebres, serán de cuenta del Estado». Así, frío como -un compromiso, duro como una limosna. ¡Y esto en el país de las -prosopopeyas y fórmulas, en la tierra de «Beso a usted la mano» y donde -para nombrar a un ministro con sus títulos, se llena un medio pliego! -El pueblo irritado no contenía sus censuras. ¡En aquellos momentos, -las Cámaras italianas y portuguesas enviaban su pésame a ese mismo -Gobierno mezquino; el Senado de la República Argentina se ponía de -pie; el autocrático Gobierno ruso manifestaba su pesar; el Instituto -de Francia lamentaba a su ilustre miembro; la Prensa de la tierra se -enlutaba, el pensamiento universal estaba de duelo! Después se supo que -Castelar no tendría honores militares; que se había prohibido a los -artilleros reunirse para tributar homenajes al organizador del Cuerpo -de Artillería, al antiguo presidente que tanto hizo por el ejército; -después, que se autorizaba a los generales que quisiesen concurrir, -para que lo hiciesen con traje de diario y con banda. La Prensa cumplió -con su deber. Se habló claro; se dijeron verdades al rojo blanco. -Entretanto, el cadáver de Castelar llega a Madrid en doloroso triunfo; -y se deposita en el palacio del Congreso. Allí desfiló el pueblo, en -homenaje último al gran pastor de multitudes; por allí pasó, entre -tantas gentes, el ciego que yo oí cantar y de cuya visita al cadáver -habló _El Liberal_. Pues le preguntaron al verle con su guitarra bajo -el brazo, con sus ojos sin sol: «¿Para qué vienes, si no has de verle?» -Y él contestó: «¡Por mí le verá mi lazarillo!» ¿Y el obrero humildísimo -que llegó con su hijita de luto, la cual llevaba un pequeño ramo de -flores, y pidió permiso para ponerlo sobre el féretro, entre tanta -monumental corona? - -Y llegó el entierro. Fluía en el ambiente de la tarde la dulzura de -un cielo de acuarela. Madrid se desbordaba como un hirviente vaso. -Suspendida la circulación por las calles que debía recorrer el fúnebre -cortejo, la concurrencia se aglomeraba, los balcones se tupían. La -calle de Alcalá, la Puerta del Sol, la calle Mayor estaban inundadas -por el río humano. Desde temprano se esperó por largas horas. Por fin -apareció a lo lejos el pelotón azul de la Guardia civil de a caballo. -Se abre paso entre el espeso gentío, y comienza el desfile. Van, -precediendo, las profusas coronas; se destaca la de _El Liberal_, -enorme y negra, sobre un fondo de seda blanco; van los recogidos -del hospicio y del asilo de San Bernardino; los grupos de varias -asociaciones; los comerciantes, numerosos; la Academia de la Historia, -el Ateneo, el Círculo de Bellas Artes; ahí distingo a Núñez de Arce, -pálido y como nervioso; ahí va la barbilla canosa de Zapata, junto -al músico Bretón; allí Echegaray, con su aire enfermizo y gastado. -Ahí el todo Madrid de la celebridad: periodistas, artistas, sabios, -académicos. Y el clero, de sobrepelliz, anunciado por la manga de -la parroquia, embudo negro y oro. Y ahí va Castelar muerto, en su -carroza severa. Todo el mundo se descubre, todo el mundo le da su -último saludo. Sobre el féretro no se ve más que un aislado ramito de -flores... ¡es el ramito de la niña del obrero! La guardia de honor -sigue, de soldados de la Civil. De pronto se oye entre la muchedumbre: -«¡Bravo! ¡bien!» Son los militares que vienen, a pesar de la mezquindad -ministerial. ¡Bravo! ¡Bien! Es el penacho blanco de Martínez Campos, -el último gran guerrero, que asiste de toda gala; es Weyler, que viene -sin penacho, pero acorazado el pecho de condecoraciones y medallas, -Weyler, de fama terrible, pero que hoy se conquista por un momento las -simpatías, pequeño, acerado, ceñudo, apretada y reveladora la saliente -mandíbula. ¡Bien! ¡Bravo! Son los penachos, son los entorchados, son -los uniformes de otros tantos generales, de innumerables jefes y -oficiales que honran a Castelar a pesar de todo; es la comisión del -Cuerpo de artilleros, que lleva su ofrenda. ¡Bien! ¡Bravo! Es España -la antigua que aplaude a las espadas que no han echado en olvido la -hidalguía. ¡Viva España! - -Y pasan más comisiones y los diplomáticos, llenos de oro, entre los -cuales resaltan el Nuncio y el embajador de China, vestido de seda, -con su botón de cristal y su pluma de pavón. Y luego la presidencia -del Consejo de Ministros, y la Guardia civil que cierra la procesión, -y detrás aún más gente, y más gente. Y el murmullo general se acentúa -contra quienes no han sabido honrar la memoria del más grande de los -españoles de su época, a quien sus mismos enemigos tienen una palma que -ofrecer cuando va camino de la eternidad, a quien no ha habido una sola -lengua española que no haya consagrado una palabra de admiración, como -al hijo que mejor supo sobre la faz del universo, honrar a su madre -patria. Y quienes han herido a esa amada patria con rencores inauditos -ante el cadáver de aquel que supo combatirles frente a frente en su -vida gloriosa y nobilísima, son los mismos que han contribuído a la -desgracia nacional por degenerados o débiles, o ciegos instrumentos de -errores y desidias; son los que han vuelto de la derrota con pasmosa -frescura y a quienes una voz, harto elocuente en el Congreso, condenó a -ser ahorcados con los fajines de sus uniformes... _Militaribus curis et -severitate morum_... ¿No era Castelar tan gran admirador de Tácito? - -Siendo la oratoria casi un arte teatral y basado de manera principal en -dotes físicas que el tiempo va aminorando poco a poco, el Castelar de -los últimos años no era sino el reflejo del de las pasadas victorias. -Decía él mismo en un discurso no hace mucho tiempo: «Por esto los -oradores se acaban, por la misma razón que se acaban, cuando no hay -guerra, los héroes. Por esto nuestra imaginación se amortigua, nuestro -entendimiento se atrofia, las en otros tiempos armoniosas cuerdas -bucales marran, el estro lírico plega sus alas, el acento conmovedor -concluye; pues, implacables, la sociedad y la naturaleza destrozan en -sus inmensas y complicadas máquinas a todos aquellos seres que ya no -les sirven para cosa ninguna, y que no han de cumplir fin alguno en -el plan histórico de la Providencia». Pero desde los umbrales de la -ciudad oscura podía él volverse y contemplar la obra que queda fuera -de aquella que tenía la vida de un eco, basada de manera exclusiva en -lo sonoro de su perorar, en lo arrebatador de sus actitudes o en la -cascada de sus alientos; es una serie de edificios de maravillosas -arquitecturas construídos en su república, sobre sólidos terrenos o -sobre montones de arena movediza, o apoyados apenas en el aire en -que flotaban los colores y las líneas de su fantasía; o paisajes, -frescos cíclicos de las luchas de pueblos y Gobiernos, de ideas y de -hombres en el continente europeo, en América, en Asia, en Africa; o -cinceladas alhambras, kioscos de capricho, o preciosas _loggias_ que -improvisaba por deleite de arte; o la novela que le resulta vasto -poema en prosa; o la historia que le resulta himno multiplicado, o la -semblanza de personaje o boceto de idea que le resulta oda fascinante; -o el gran poema en estrofas de prosa, a ondas o a bloques, métrica -ciclópea; o la villa de mármol y de riquezas antiguas que labra -con sus recuerdos de Italia; o el monumento de mármol también, a -Byron, y cien estatuas, y mil bustos, y un millón de camafeos, todos -al amor de un jardín singular en donde mueve el viento armoniosos -laureles griegos y robustas encinas romanas. Y aquel idealista, aquel -optimista, no ha partido contemplando sobre el mundo nubes de color -de rosa que presagien un día de dicha y de tranquilidad, antes -bien muy negros, muy amenazadores nubarrones, mientras se reúnen y -deliberan los congregados de la paz en La Haya. Su último artículo -que ha publicado el _Temps_ hace ver a Francia poco favorable a un -olvido de sus rencores con Alemania; a Alemania, más militarizada -cada día, sin permitir el menor menoscabo en su preponderancia; a -Inglaterra y a los Estados Unidos en un acuerdo tácito para imponer -en el globo la hegemonía de los países de lengua inglesa. Y concluye: -«El descontento del Gobierno italiano, producido recientemente a -consecuencia de sus fracasos diplomáticos en la cuestión de China; -las dificultades suscitadas entre Francia e Inglaterra por el Sudán -y el Nilo; el aumento de la escuadra inglesa, que ha necesitado una -suspensión de la amortización y un déficit de importancia; el cambio -de América, que ha modificado su temperamento industrial y trabajador -para marchar a la guerra y a la conquista; el reparto de la China, -deseado por universales ambiciones; los progresos del ferrocarril ruso -en la Mongolia; los conflictos del Transvaal entre la presidencia -de Krúger y la dictadura del desequilibrado Napoleón del Cabo; las -amenazas contra Portugal y sus colonias; los temores y los espantos, -tan fundados como legítimos de nuestra desgraciada España; la rivalidad -de Turquía y de Grecia, de Francia y de Prusia, de Rusia e Inglaterra; -los motines en Austria; el movimiento interior que reclama y pide -una Alemania más considerable y numerosa que la Alemania actual; los -gérmenes de desacuerdo entre las primeras potencias por consecuencia de -las extensiones territoriales de sus colonias. Todas estas cosas dicen -que después de la Exposición de 1909 no tendremos ni una hora de paz, y -elementos de guerra estarán diseminados y extendidos por todas partes». -Y al finalizar bendice, a pesar de todo, el Congreso de la paz. - -En la única, en la eterna, en la que todo entra, en la infinita, ha -penetrado el prodigioso príncipe de la elocuencia castellana, el -estupendo artista de la idea escrita, el predicador de la libertad. -El «canario» de Taine ha volado como un águila. ¿En qué roca celeste -se detendrá, para que su alma diamantina y pura, en la libertad de -la muerte tome un rumbo nuevo, bajo el viento de Dios? España le -levantará un monumento de mármol y de bronce; su nombre irá resonante -por el tiempo como un orbe de oro. Un tiempo quizá llegue en que su -espíritu se regocije, desde la sombra de su misterio, al ver florecido -en una inesperada primavera su ideal. Figuraos una ciudad, Walhalla o -Jerusalén de las almas soberanas que giraron por la tierra, actualmente -cumpliendo con su misión semidivina, ciudad de héroes, de artistas, de -santos, de sabios y de poetas, los genios de la fuerza, los genios de -la belleza, los genios del carácter y del corazón, los genios de la -voluntad. En un aire de luz cruzarán las ondas de los pensamientos como -en una electricidad suprema. La personalidad que subsiste no obstará a -una comunidad de gloria ambiente. Pues bien, yo me imagino a nuestro -bueno y grande Castelar en el coro magno de esos inmortales sintiendo -en un instante del futuro como una voz que le da al oirla un nuevo -esplendor, una inesperada voz de la tierra que llega a conmoverle a lo -infinito. Será cuando España haya vuelto a alzar la cabeza como en días -antiguos, poseída del orgullo de su fuerza nueva, de las palpitaciones -de su nueva sangre. Junto a los boscajes de ensueño de esa sublime -ciudad, Jerusalén o Walhalla, los pensadores y los soñadores siguen en -progresiva ascensión, construyendo las fábricas de sus cálculos, los -palacios de sus fantasías. Me imagino en esa hora del Señor, que el -lírico tribuno sonríe al escuchar en lo eterno, del lado de la tierra, -del lado de las columnas de Hércules, algo semejante a una salutación y -a un trueno: un rugido. - -PLATÓN.--¿Qué es eso? - -CASTELAR.--¡Es mi león! - -30 mayo 1899. - -[Ilustración] - - - - - ÍNDICE - - - Páginas. - - -Pensadores y artistas: - - Jacinto Benavente. 3 - - José Enrique Rodó. 9 - - Graça Aranha. 15 - - Zorrilla de San Martín. 21 - - Francisco García Calderón. 25 - - Santiago Rusiñol. 29 - - Federico Gamboa. 37 - - Amado Nervo. 43 - - Enrique Rodríguez Larreta. 49 - - Leopoldo Lugones. 53 - - Enrique Gómez Carrillo. 59 - - Ricardo Rojas. 65 - - Manuel Ugarte. 73 - - Angel Zárraga. 77 - - Alberto del Solar. 81 - - Jacinto Octavio Picón. 87 - - Fray Crescente Errazuris. 101 - - Eugenio Garzón. 107 - - -Políticos: - - Su Majestad el Rey Don Alfonso XIII. 115 - - El General D. Rafael Reyes. 123 - - Cánovas del Castillo. 129 - - José Pedro Ramírez. 135 - - Castelar. 139 - - - - - EDITORIAL "MUNDO LATINO" - APARTADO 502.--MADRID. - - - CATÁLOGO PROVISIONAL - (EXTRACTO DEL CATÁLOGO GENERAL) - - - OBRAS COMPLETAS - DE RICARDO DE LEÓN - (De la Real Academia Española) - - - Pesetas. - - Edición del Banco de España. Ocho volúmenes en 4.º, - encuadernados en tela, con alegorías de Coullaut Valera - y retrato del autor, por Vacqué 50,00 - - A plazos (5 pesetas mensuales) 60,00 - - - DE FRANCISCO VILLAESPESA - - I.--Intimidades.--Flores de Almendro 3,00 - - II.--Luchas.--Confidencias 3,00 - - III.--La copa del Rey de Thule.--La musa enferma 3,00 - - IV.--El alto de los Bohemios.--Rapsodias 3,00 - - V.--Las horas que pasan. (Veladas de amor) 3,00 - - VI.--Las joyas de Margarita: Breviario de amor.--La - tela de Penélope.--El milagro del vaso de agua 3,00 - - VII.--Doña María de Padilla.--La cena de los cardenales 3,00 - - VIII.--El milagro de las rosas.--Resurrección.--Amigas - viejas 3,00 - - IX.--Las granadas de rubíes.--Las pupilas de - Almotadid.--Las garras de la pantera.--El último - Abderramán 3,00 - - X.--Tristitiæ rerum 3,00 - - XI.--La leona de Castilla.--En el desierto 3,00 - - XII.--El rey Galaor.--El triunfo del amor 3,00 - - - DE RUBÉN DARÍO - (Ilustraciones de Ochoa) - - Tomos publicados: - - I.--La caravana pasa 3,50 - - II.--Prosas profanas 3,50 - - III.--Tierras solares 3,50 - - IV.--Azul 3,50 - - V.--Parisiana 3,50 - - VI.--Los raros 3,50 - - VII.--Cantos de vida y esperanza 3,50 - - VIII.--Letras 3,50 - - IX.--Canto a la Argentina 3,50 - - X.--Opiniones 3,50 - - XI.--Poemas del otoño y otros poemas 3,50 - - XII.--Peregrinaciones 3,50 - - XIII.--Prosas políticas 3,50 - - XIV.--Cuentos y crónicas 3,50 - - XV.--Autobiografía 3,50 - - XVI.--El Canto Errante 3,50 - - XVII.--Viaje a Nicaragua o Historia de mis libros 3,50 - - Ediciones especiales de lujo, con decoraciones a mano de - Enrique Ochoa. - - - HENRIK IBSEN - TEATRO COMPLETO - - I.--Catilina. La tumba del guerrero. La castellana de - Ostrat 3,50 - - II.--La fiesta de Solhaug. Olaf Liliekrans. Los - guerreros en Helgeland 3,50 - - III.--Los pretendientes a la corona y La comedia del - amor 3,50 - - IV.--Brand 3,50 - - V.--Peer Gynt 3,50 - - VI.--La unión de la juventud. Las columnas de la - sociedad. La casa de una muñeca 3,50 - - VII.--Emperador y Galileo 3,50 - - VIII.--Espectros. Un enemigo del pueblo. El pato - Silvestre 3,50 - - IX.--La casa de Rosmer. La dama del mar. Hedda Gabler 3,50 - - X.--El constructor Solness. El niño Eyolf. Al - despertar de nuestra muerte 3,50 - - - JOSÉ FRANCÉS - - El año artístico 1915 6,00 - - -- -- tela 8,00 - - El año artístico 1916 (con 250 grabados) 10,00 - - -- -- -- -- tela 12,00 - - El año artístico 1917 (con 250 grabados) 11,50 - - -- -- -- -- tela 13,00 - En preparación el de 1918. - - - COLECCIÓN DE AUTORES ESPAÑOLES - - NOVELAS - - _Edmundo González Blanco._--Jesús de Nazareht 3,00 - - _José Francés._--La estatua de carne 3,00 - - -- El alma viajera 3,50 - - _López de Saá._--Los indianos vuelven 3,50 - - -- Bruja de amor 3,50 - - -- Por un milagro de amor 3,50 - - _W. Fernández Flórez._--La procesión de los días 3,00 - - _Elías Cerdá._--Don Quijote en la guerra 2,00 - - _V. García Martí._--Don Severo Carvallo 2,50 - - _María Luisa Latil._--Según labremos 3,00 - - -- Genoveva 2,50 - - _Eugenio Noel._--El allegreto de la Sinfonía VII 3,00 - - _Rafael Cansinos Assens._--Las cuatro gracias 3,50 - - _Francisco Delicado._--La lozana andaluza 3,00 - - _J. de Lucas Acevedo._--La Caja de Pandora 3,00 - - _Martín de la Cámara._--Vidas llameantes 3,00 - - _Mañara._--Historia en camisa 3,00 - - - ESTUDIOS Y CRÓNICAS - - _Emiliano Ramírez Angel._--Bombilla-Sol-Ventas 3,00 - - _J. M. Carretero._--Lo que sé por mí (dos series) 3,00 - - _J. Costa._--Alemania contra España 3,00 - - _Pedro Pellicena._--Los Cosacos 3,50 - - _Margarita de la Torre._--Jardín de damas curiosas 3,50 - - _Fola Igurbide._--El Actor 3,50 - - _Alberto Ghiraldo._--Los nuevos caminos 3,50 - - _Enciso._--El soneto en España 3,00 - - - POESÍAS - - _José Montero._--Yelmo florido (con ilustraciones) 4,00 - - _Zurita._--Pícaros y donosos 3,00 - - _Mauricio Bacarisse._--El esfuerzo 3,00 - - _Eliodoro Puche._--Libro de los elogios galantes y de - los crepúsculos de otoño 2,50 - - -- Corazón de la noche 2,50 - - -- Motivos líricos 2,50 - - _Emilio Carrere._--El retablo de los poetas. (Antología) 3.50 - - - TEATRO - - _Muñoz Seca y López Núñez._--El Rayo 3,00 - - _H. Ibsen._--Dramas líricos 2,00 - - -- La castellana de Ostrat 2,00 - - -- Espectros 2,00 - - - LAS GRANDES FIGURAS DE LA GUERRA - EUROPEA - - Biografías de los generales: =Alberto I de Bélgica.= - --=Joffre.=--=Sir Jhon French.=--=Lord Kitchener.= Con - preciosas fototipias, a 3,00 - - - COLECCIÓN DE AUTORES - EXTRANJEROS - - Traducidas por _Felipe Trigo_, _Rafael Cansinos_ _y - Pedro de Répide_. - - _Victoriano de Saussay._--La ciencia del beso 3,50 - - _René Emery._--Santa María Magdalena 3,50 - - _Maquiavelo._--Obras festivas: La Mandrágora.--El P. - Alberico.--La Celestina.--El archidiablo Belfegor 3,00 - - _Claudia Lamaitre._--Juegos de Damas 3,50 - - - CELEBRIDADES ESPAÑOLAS - - - I.--Bécquer (encuadernados en tela) 3,50 - - II.--Zorrilla -- 3,50 - - III.--Espronceda -- 3,50 - - - COLECCIÓN SELECTA - - _Tomás de Quincey._--Los últimos días de Kant 1,00 - - _Kalidasa._--El reconocimiento de Sakuntala 1,00 - - _Rousseau._--Discurso sobre las artes y las ciencias 1,00 - - _Luciano de Samosata._--La diosa de Siria 1,00 - - _L. Sterne._--Viaje sentimental de un inglés a Francia 1,00 - - _F. Alvarado._--El filósofo rancio. (Cartas) 1,50 - - - COLECCIÓN CIENCIA Y ARTE - - _Ricardo Yesares._--¿Qué quieres aprender? Electricidad. - Encuadernado en tela 3,50 - - -- ¿Qué quieres ser? Automovilista. - Encuadernado en tela 3,50 - - - OBRAS VARIAS - - _Sthendal._--Del amor 6,00 - - _E. M. Segovia_ (Oficial del Banco de España).--Los - documentos de crédito 5,00 - - _Rivero._--Legislación de clases pasivas. Volumen de - 500 páginas, encuadernado en tela 10,00 - - _R. Yesares._--Ayuda memoria del mecánico electricista. - Un volumen, encuadernado en tela 1,50 - - - LIBROS DE CARTAS - - El arte de escribir cartas 1,00 - - Manual epistolar (encuadernado en tela) 2,00 - - Cartas amorosas 0,60 - - Epistolario de amor (encuadernado) 2,00 - - - COLECCIONES POPULARES - - COLECCIÓN «MAC-BULL» - - Obras sensacionales, originales del conocido escritor - señor _Bedoya_, cuya maestría en esta literatura es - universal: - - El millonario detective 1,50 - - El secreto del Kaiser 1,50 - - La bola de sangre 2,00 - - El alma de las brujas 2,00 - - - COLECCIÓN PICARESCA - - Tomos de 130 páginas, de amena lectura de índole - burlesca y galante, con bonitas portadas en bicolor. - Van publicados: - - Voluptuosidad y perversión 0,50 - - En camino de la mala vida 0,50 - - Corazón de piedra 0,50 - - Memorias galantes de un { Juventud 0,50 - - abate del siglo XVIII { Mis amores en París 0,50 - - { Amores de otoño 0,50 - - Lágrimas de amor 0,50 - - De flor en flor (Historia de un cínico) 0,50 - - El maldito dinero (Historia de amor y de maldad) 0,50 - - - COLECCIÓN FOLLETÍN - - Esta colección contendrá las obras más famosas de la - Literatura Universal, en elegantes volúmenes de 150 a - 200 páginas, con primorosas cubiertas en color. Van - publicados: - - El último Mohicano 0,50 - - El misterio de los Apaches 0,50 - - Amor salvaje 0,50 - - Margarita de Borgoña 0,50 - - Lucrecia Borgia 0,50 - - La Dama de las Camelias 0,50 - - Flecha de oro 0,50 - - El Capitán rojo 0,50 - - Werther 0,50 - - El Espía de las rocas 0,50 - - Manon Lescaut 0,50 - - Un viaje a la luna 0,50 - - Mignon 0,50 - - - COLECCIÓN MARAVILLAS DE LA GUERRA - - Narraciones sensacionales del conocido periodista señor - _López Moya_, cuya fantasía corre parejas con su - amenidad. Van publicados: - - Azañas de Vedrines 0,50 - - Proezas de un submarino inglés 0,50 - - Tragedia en los aires 0,50 - - El misterio de los Zeppelines 0,50 - - El fantasma del mar del Norte 0,50 - - Buzo heroico 0,50 - - - COLECCIÓN MEFISTÓFELES - - Primorosos volúmenes de sugestiva lectura. Van - publicados: - - La magia negra 0,50 - - El A B C del hipnotismo 0,50 - - Los misterios del sonambulismo 0,50 - - Ocultismo experimental 0,50 - - Los misterios de las piedras preciosas 0,50 - - Las plantas en las habitaciones 0,50 - - - LIBROS TAURINOS - - _El Caballero Audaz._--El libro de los toreros: epílogo - de José Francés. (Bomba, Joselito, Gallo, Belmonte, - Pastor, Gaona, Carpio.) Con fotografías. Libro de - éxito enorme 2,00 - - Los amores de los toreros. Cuadernos de gran tamaño y - muy interesantes para la afición a toros. Van - publicados: Belmonte.--Pastor.--Gallo--Gallito. - --Gaona.--Los crímenes del gallismo. Cada cuaderno 0,20 - - - - - -End of the Project Gutenberg EBook of Cabezas: Pensadores y Artistas. -Políticos, by Rubén Darío - -*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK CABEZAS *** - -***** This file should be named 56047-8.txt or 56047-8.zip ***** -This and all associated files of various formats will be found in: - http://www.gutenberg.org/5/6/0/4/56047/ - -Produced by Carlos Colón, Josep Cols Canals and the Online -Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This -file was produced from images generously made available -by The Internet Archive/Canadian Libraries) - - -Updated editions will replace the previous one--the old editions -will be renamed. - -Creating the works from public domain print editions means that no -one owns a United States copyright in these works, so the Foundation -(and you!) can copy and distribute it in the United States without -permission and without paying copyright royalties. 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It exists -because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from -people in all walks of life. - -Volunteers and financial support to provide volunteers with the -assistance they need, are critical to reaching Project Gutenberg-tm's -goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will -remain freely available for generations to come. In 2001, the Project -Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure -and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations. -To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation -and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4 -and the Foundation web page at http://www.pglaf.org. - - -Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive -Foundation - -The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit -501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the -state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal -Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification -number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at -http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg -Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent -permitted by U.S. federal laws and your state's laws. - -The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S. -Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered -throughout numerous locations. Its business office is located at -809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email -business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact -information can be found at the Foundation's web site and official -page at http://pglaf.org - -For additional contact information: - Dr. Gregory B. Newby - Chief Executive and Director - gbnewby@pglaf.org - - -Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg -Literary Archive Foundation - -Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide -spread public support and donations to carry out its mission of -increasing the number of public domain and licensed works that can be -freely distributed in machine readable form accessible by the widest -array of equipment including outdated equipment. Many small donations -($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt -status with the IRS. - -The Foundation is committed to complying with the laws regulating -charities and charitable donations in all 50 states of the United -States. Compliance requirements are not uniform and it takes a -considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up -with these requirements. We do not solicit donations in locations -where we have not received written confirmation of compliance. To -SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any -particular state visit http://pglaf.org - -While we cannot and do not solicit contributions from states where we -have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition -against accepting unsolicited donations from donors in such states who -approach us with offers to donate. - -International donations are gratefully accepted, but we cannot make -any statements concerning tax treatment of donations received from -outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff. - -Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation -methods and addresses. Donations are accepted in a number of other -ways including checks, online payments and credit card donations. -To donate, please visit: http://pglaf.org/donate - - -Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic -works. - -Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm -concept of a library of electronic works that could be freely shared -with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project -Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support. - - -Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed -editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S. -unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily -keep eBooks in compliance with any particular paper edition. - - -Most people start at our Web site which has the main PG search facility: - - http://www.gutenberg.org - -This Web site includes information about Project Gutenberg-tm, -including how to make donations to the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to -subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks. |
