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-Project Gutenberg's Cabezas: Pensadores y Artistas. Políticos, by Rubén Darío
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-This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
-almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
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-with this eBook or online at www.gutenberg.org/license
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-Title: Cabezas: Pensadores y Artistas. Políticos
- Obras Completas Vol. XXII
-
-Author: Rubén Darío
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-Release Date: November 25, 2017 [EBook #56047]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: ISO-8859-1
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-*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK CABEZAS ***
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-
-Produced by Carlos Colón, Josep Cols Canals and the Online
-Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This
-file was produced from images generously made available
-by The Internet Archive/Canadian Libraries)
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- Nota del Transcriptor:
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- Se ha respetado la ortografía y la acentuación del original.
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- Errores obvios de imprenta han sido corregidos.
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- Páginas en blanco han sido eliminadas.
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- Ilustraciones han sido eliminadas. Solo las leyendas correspondientes
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- Letras itálicas son denotadas con _líneas_.
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- Las versalitas (letras mayúsculas de tamaño igual a las minúsculas)
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-
- Letras oscuras son denotadas con =signos de igual=.
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- CABEZAS
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- [Ilustración]
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- RUBÉN DARÍO
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- CABEZAS
-
- PENSADORES
- Y ARTISTAS
- POLÍTICOS
-
- [Ilustración]
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- VOLUMEN XXII
- DE LAS OBRAS COMPLETAS
- ADMINISTRACIÓN
- EDITORIAL «MUNDO LATINO»
- MADRID
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- ES PROPIEDAD (Ilustraciones de E. Ochoa.)
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- PENSADORES
- Y
- ARTISTAS
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- [Ilustración]
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-
-[Ilustración]
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-JACINTO BENAVENTE
-
-
-Cuando Jacinto Benavente entró a la Real Academia Española, se
-preguntaron muchos: «¿A qué va Benavente a la Academia?» Contestaron
-algunos: «A hacer lo que todos los académicos hacen; limpiar, fijar y
-dar esplendor».
-
-No, no iba a eso. En tal recinto, e intelectualmente hablando, para
-limpiar, necesitaría la representación de Hércules; para fijar, la de
-Minerva; para dar esplendor, la del mismo Apolo. Iba sencillamente
-a demostrar que, por opinión general, quien había logrado todos los
-triunfos populares merecía también todos los honores oficiales. He
-dicho populares, porque, aunque Benavente sea un autor de _élite_ su
-nombre es famoso en todas partes en donde se habla nuestro idioma y aun
-en otras.
-
-Benavente representa para España lo que un Capus o un Bernstein para
-Francia, o mejor, lo que un Bernard Shaw para Inglaterra. Y aun, en
-condiciones especiales, es el único que haya logrado dar verdadero
-brillo y resonancia a las Máscaras castellanas.
-
-Poco avisados los que le juzgan con el oído puesto al Boulevard. El
-mundo en que se mueven sus tipos, en la mayor parte de sus comedias,
-es ese mundo universal que tiene por norma, desde luego, más o menos
-aplicada a sus medios respectivos, la vida parisiense; y si no, fijaos
-en las escenas de los comediógrafos italianos del día. Ese mundo es _le
-monde_. Mas los personajes benaventinos que se mueven y expresan en
-el ambiente de Madrid, son de la legítima descendencia clásica; y sus
-diálogos chispeantes del ingenio que les presta su creador, no son sino
-los antiguos discreteos de Calderón o Lope modernizados.
-
-Ni tan solo en lo cotidiano social y de lo mundano inmediato ha de
-entretenerse este cultivador de agudas y frívolas filosofías. De cuando
-en cuando le veréis salir con su cara de Shakespeare--pues es harto
-semejante a algunos retratos del gran Will--impregnado de esencias
-hamletianas, o húmedo de los rocíos de las florestas por donde vayan
-las Rosalindas, las Perditas y las Cordelias.
-
-[Ilustración: JACINTO BENAVENTE]
-
-A pesar de su fama de amargor, confiaos a él. Hay entre sus macizos de
-floridas espinas muy exquisitos de miel, mucho consuelo humano, mucha
-ternura compensadora de desesperanza.
-
-Entrad en su teatro de ensueño y en su teatro de bondad. Dejaos llevar
-por la mano que sabe apartar los ramajes hostiles. Él os hará el regalo
-de la poética dulzura, del rayo de luna, del canto cristalino del
-ruiseñor; y como es conveniente, a su tiempo, en el instante preciso,
-os hará una pirueta; y le daréis las gracias por el palmo de narices
-con que os gratifique.
-
-Y os dejará plantados. No le sigáis. Él se va, como murmurando, porque
-sabe muchas cosas del cielo y de la tierra. No le sigáis. Podréis creer
-por el movimiento de sus hombros que se va riendo, pero no podéis
-afirmar que no vaya llorando. ¿No acaba de daros vida, vida brutal,
-trágica, dolorosa, en esa _Malquerida_ en que ha concentrado todas las
-fatalidades y el apocalíptico misterio de la mujer: _Misterium?_
-
-El verdadero poder de Benavente consiste en que es un poeta, en que
-posee la intra y supervisión del poeta, y en que todo a lo que toca le
-comunica la virtud mágica de su secreto.
-
-Su inquietud viene de la intensa vibración de su espíritu. Estará en
-la soledad consigo mismo. Irá a pasar sus horas con sus amigos los
-poetas. Luego--no lo dudéis--tras alguna cabriola, entrará a la casa
-del Diccionario para hablar con las momias. Y las dejará aún más
-estupefactas.
-
-[Ilustración]
-
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-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-JOSE ENRIQUE RODO
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-
-El oficio de pensar es de los más graves y peligrosos sobre la faz
-de la tierra, bajo la bóveda del cielo. Es como el del aeronauta, el
-del marino y el del minero. Ir muy lejos explorando, muy arriba o
-muy abajo, mantiene alrededor la continua amenaza del vértigo, del
-naufragio o del aplastamiento. Así, la principal condición del pensador
-es la serenidad.
-
-En la América nuestra no hemos tenido casi pensadores; no ha habido
-tiempo, todo ha sido fecundidad verbal, más o menos feliz, declamación
-sibilina, _pastiche_ oratoria, expansión, panfleto. Con dificultad se
-encontrará en toda la historia de nuestro desarrollo intelectual este
-producto de otras civilizaciones: el ensayista.
-
-José Enrique Rodó es el pensador de nuestros nuevos tiempos, y, para
-buscar siempre el parangón en el otro plato de la balanza americana,
-diré que corresponde a Emerson. Es Emerson latino, cuya serenidad viene
-de Grecia, y cuya oración dominical es la salutación a Palas Atenea, la
-plegaria ante el acrópolis. Y advertid que, a pesar de lo que se afirme
-y comente, Rodó no es un renaniano, en el sentido que en el común
-dialecto literario se da a esta palabra. Su tranquila visión está llena
-de profundidad. El cristal de su oración arrastra arenas de oro de las
-más diversas filosofías, y más encontraréis en él del más optimista de
-los ensayistas, que del gordo cura laico biógrafo de N. S. Jesucristo,
-abate de Jouarres, _in partibus infidelium_.
-
-Desde sus comienzos, la obra de Rodó se concreta en ideas, en ideas
-decoradas con pulcritud por la gracia dignamente seductora de un
-estilo de alabastros y mármoles. Solamente que él pigmalioniza, y el
-temor de impasibilidad, de frialdad desaparece cuando se ve la piedra
-cincelada que se anima, la estatua que canta. Nació con vocación de
-belleza y enseñanza. Enseñanza, es decir conducción de almas. A
-tal pedagogía es a la que se refiere el Dante en un verso referente a
-Virgilio. Cuando apareció su primer opúsculo, _Vida Nueva_, se vió el
-surgir de un maestro en su generación, en la generación continental. Su
-segundo opúsculo sobre el autor de _Prosas Profanas_, o mejor dicho,
-sobre este libro de poesías, le afirmó virtuoso de la prosa, de la
-erudición elegante, y en la última parte de su trabajo, profeta. Altas
-y generosas especulaciones le ocuparon, y _Ariel_ señala un nuevo
-triunfo de su espíritu y una nueva conquista de sus predicaciones,
-por la hermosura de la existencia, por la elevación de los intelectos
-hispanoamericanos, por el culto nunca desfalleciente ni claudicante
-del más puro y alentador de los ideales. Definíase más y más su
-personalidad, y se hubiera dicho un filósofo platónico de la flor del
-paganismo antiguo, resucitado en tierras americanas. Y tuvo el más
-bello de sus gestos, cuando, llevado a las controversias de la Prensa
-y a las agitaciones de la Cámara, por los caprichos de la política,
-el adorador de los dioses de la Hélade salió a la defensa de nuestro
-pálido Dios Cristiano, Desterrado allá, como en Francia, de los lugares
-de la Justicia, por obra de la roja cosa jacobina.
-
-[Ilustración: JOSÉ ENRIQUE RODÓ]
-
-Por último, aparece su obra magna hasta hoy, esos _Motivos de Proteo_,
-aires mentales, sinfonías, de ideas que llevan dentro tanta virtud
-bienhechora, libro que ha sido acogido en todas partes con entusiasmo
-y con razonada admiración. Es un libro fragmentario, ¡pero cuan lleno
-de riqueza! fragmentario ocasional o decididamente. Ello hace que
-su prosecución sea indefinida, y que el encanto y el provecho se
-prolonguen en la esperanza después de cada aporte. El tesoro está allí.
-Cada vez que Aladino baje, estemos atentos.
-
-[Ilustración]
-
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-
-[Ilustración]
-
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-
-GRAÇA ARANHA
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-
-Uno de los críticos que han estudiado la personalidad intelectual de
-Graça Aranha--el señor Elysio de Carvalho--hace notar que antes de
-que la gloria iluminase el nombre del autor de _Chanaan_, era éste un
-escritor de cenáculos «apenas conocido de sus íntimos, que lo sabían
-un talento peregrino, un espíritu culto, un artista de raza capaz
-de realizar el gran sueño de arte que le acariciaba el alma». Hoy
-Graça Aranha ha conquistado los más justos laureles, y es conocido y
-celebrado en todo el mundo literario. Mas su universal renombre no ha
-hecho más que hacer brillar mejor el puro diamante de su nacionalismo.
-Él es brasileño ante todo. Con satisfacción y con orgullo, me decía
-hace pocos días: «Me place más ser comprendido por el último de
-los estudiantes de mi tierra, que por el primero de los escritores
-europeos». Y en el Brasil se le devuelve su afecto con creces. Es de
-los que encarnan el alma de la raza, es de los representativos. Él
-ha expresado en una prosa impecable y admirable el ideal patriótico,
-y ha pintado magistralmente el escenario fabuloso de ese vasto y
-vigoroso país, animado como ninguno de las savias de la tierra y de
-los fuegos fecundantes del sol. Muchos ilustres varones de pensamiento
-tuvo el pasado imperio y tiene la joven república; pero ninguno
-había expresado el espíritu nacional, ni tenido tan hermosamente, en
-simbólicas figuras, la visión del porvenir, como el joven pensador que
-llegaba señalando el rumbo de la vida nueva, y cuyo libro resonante
-era--escribía el noble y grande José Verissimo--«nuevo por el tema,
-nuevo por la inspiración y concepción, nuevo por el estilo».
-
-_Chanaan_, que tuvo tan estupenda acogida en la patria brasileña,
-en toda la América del Sur; y cuando presentada a los públicos de
-Europa por el introductor de Ibsen, el diplomático y escritor ruso
-conde Prozor--un gran señor de letras--, que fué quien la tradujo al
-francés, _Chanaan_ fué conocida mayormente, y el talento del autor
-adquirió fama y autoridad internacionales. Así al representarse en
-París, por el teatro de l'OEuvre _Malazarte_, que interpretaron actores
-como Lugne-Poe, De Max, y esa sutil y encantadora Greta Prozor, flor
-teatral cultivada por la maga Suzanne Despres, ya se sabía quién era
-el autor, que ofrecía a los exigentes lutecianos un ramo de sus rosas
-radiantes y de sus orquídeas tropicales.
-
-Yo he visto al glorioso novelista brasileño en París, en reuniones
-en donde ha estado representado el pensamiento francés por sus
-personalidades más eminentes; y le he conocido en su propio medio,
-frente a aquel espectáculo de ensueño y de fantasía, que es la bahía
-de la capital fluminense. El vapor en que íbamos los miembros de las
-delegaciones de varios países a la Conferencia Panamericana, había
-anclado. Iba con nosotros el ilustre embajador y poderoso intelectual,
-que era Joaquín Nabuco. Llegaban a rodear nuestro barco _ferry-boats_
-llenos de estudiantes y de músicas, que lanzaban al aire himnos y
-vivas. Y un balandro apareció en donde venían varios caballeros de
-distinción. Entre ellos me fué señalado por Nabuco uno:--«¡Vea usted,
-aquél es Graça Aranha!»--me decía alegre y conmovido el magnífico
-anciano, quien admiraba y quería al triunfante joven. Luego nos
-presentó, y desde entonces he cultivado con el creador de _Chanaan_ la
-más cordial de las amistades intelectuales.
-
-El Brasil es un país de tradiciones aristocráticas, y la cultura
-social se impone desde luego. Se ha aprovechado de todo lo que ha
-producido la civilización europea, y se ha plasmado una característica
-nacional inconfundible, que podría servir de modelo en otras naciones
-del continente. Al núcleo principal pertenecen hombres como Graça
-Aranha, en quien las distintas situaciones oficiales y sus condiciones
-de intelecto y de civilidad han hecho uno de esos representantes
-que tanto brillo han dado a la historia diplomática de su tierra.
-Individualmente, junta el _gentleman_ al caballero; es esto decir que
-su trato no se resiste de sequedad, antes bien, hace transparentarse la
-buena fe, la cordialidad y la generosa nobleza. Cuando uno ha tenido la
-feliz oportunidad de conocer a cancilleres como el barón de Río Branco
-y el doctor Lauro Muller; a embajadores como Nabuco, y en la joven
-diplomacia a representantes como Fontoura Xavier, como Barros Moreira,
-como Belloso Rebello, como Graça Aranha, comprende cómo los estadistas
-brasileños han querido que los que llevan el nombre y la autoridad del
-Brasil al exterior, veteranos y nuevos, formen un cuerpo de excelentes,
-una _élite_ que pueda, en todo y en cada uno, ser a la Patria motivos
-de complacencia. Y Graça Aranha honra no solamente a su patria natal,
-sino a su lengua, que es una más grande patria.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
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-
-
-
-ZORRILLA DE SAN MARTIN
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-
-Hace veinte años que vi por la primera vez a este admirable uruguayo.
-Los que le conocen me han dicho que, hoy como antes, anima un espíritu
-encendido y palpitante aquel cuerpo que crece al resplandor de la frase
-oratoria, aquella cabeza de tribuno, aquella cabeza de poeta. Y como
-vive de fe y respira esperanza, se diría que una inagotable juventud
-conserva firmes sus nervios, airoso su gesto, cálida y vivificante su
-palabra, toda energía y ritmo.
-
-Le recuerdo en días de triunfos y de gozos, entre fiestas y pompas
-españolas. Las delegaciones de las repúblicas americanas contaban,
-como era de razón, sobre todo las tropicales, con sujetos verbosos
-y hábiles para el discurso; pero en conjunto, no podíamos presentar
-delante de un Castelar, sino al delegado uruguayo, a la sazón ministro
-de su país ante Su Majestad Católica. A su fama asentada de gran poeta
-unía el dominante prestigio de una elocuencia, si a veces harto fogosa,
-por lo mismo plenamente representativa de nuestros entusiasmos y
-vivacidades continentales. Su negra y copiosa cabellera se agitaba en
-la conmoción de las arengas; el brazo diestro se alzaba como arrojando,
-como esparciendo, como regando las oraciones; los ojos, la máscara
-toda contribuían a la conquista de los auditorios; y un común orgullo
-nos producía a los neomundiales la victoria de aquel hombre generoso
-y lírico, que había cantado al épico charrúa Tabaré, y saludaba en
-vibradores y musicales períodos, en nombre de las naciones nuevas, a
-la regia decaída y maternal España. Con _Tabaré_ y con la _Leyenda
-Patria_--que celebraron poetas como Olegario Andrade, autoridades como
-Paul Groussac--se colocó Zorrilla de San Martín en el escaso número de
-los grandes líricos americanos. Se ha dicho que siempre en el poeta
-aparece la amplitud, la exuberancia oratorias. No olvidemos que
-ello es una característica de Víctor Hugo, y más cerca y no a tantas
-alturas, de Núñez de Arce. Es una elocuencia llena de lirismo, y esto
-lo admiramos hasta en el mismo viejo Esquilo. Cuando en mi primaveral
-juventud llegó a mis manos el poema épico lírico del célebre uruguayo,
-me impresionó por su belleza armoniosa, y por el contagio entusiástico
-de lo que antaño se calificaba con el nombre de «inspiración». En
-_Tabaré_--«ese extraño y hermoso poema, con el que acaso sean más
-justicieras que las actuales las generaciones que vendrán», según el
-decir de un meditativo y decoroso pensador que brilla en la juventud
-uruguaya, Amadeo Almada--encontré en días en que imperaban endémicas
-doctrinas, una novedad sana y un sentido de musicalidad honda y
-trascendente, que venían de la influencia de un poeta «menor» pero de
-los más dignos de admiración y amor en la España del siglo pasado:
-Bécquer. «Mi Gustavo Bécquer, genio admirable y querido, despertador de
-mi adolescencia poética», dice Zorrilla de San Martín en una confesión
-reciente publicada en _Mundial_. Había, en efecto, un eco del arpa de
-Bécquer, pero sinfonizado en un órgano que se diría hecho de las más
-robustas y sonantes cañas y bambúes de nuestras selvas americanas.
-
-_Tabaré_ fué celebrado en España y en toda la América latina con loas y
-palmas merecidas.
-
-Zorrilla de San Martín reconoce el perjuicio que posteriores
-correcciones causaron a su obra... «Quise quitar, ¡pecado de mí!,
-ingenuidades en una obra ingenua; quise razonar.» Sí, su obra es
-ingenua como una planta, como una flor, como el agua de un manantial,
-y ella guardará el frescor y el perfume de la más grata estación de su
-existencia.
-
-También ha citado estos conceptos de Carlyle referentes a Dante: «Si
-vuestra composición es auténticamente musical, no solamente en la
-palabra, sino en el corazón y en la sustancia, en los pensamientos
-y articulaciones, en toda la concepción, entonces será poética; mas
-no de otra manera. ¡Musical! ¡Cuánto se encierra en esta palabra! Un
-pensamiento musical es el que ha penetrado hasta lo más íntimo del
-corazón de las cosas, y puesto al descubierto lo más recóndito de sus
-misterios...»
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-FRANCISCO GARCIA CALDERON
-
-
-Un joven sabio; palabras difíciles de juntar en nuestra América. A
-Francisco García Calderón siéntanle por igual manera los calificativos
-de _savant_ y de _sage_. La gravedad espiritual, el desdén de las
-literaturas fáciles, y diremos así de simple adorno, el alejamiento del
-_dilettantismo_, y su copioso saber, sostenido por una inteligencia
-fuerte y ponderada, le han dado un lugar especial en nuestra reciente
-intelectualidad. Habita en París, y busca los jardines apacibles de
-la filosofía, en vez de entregarse a las bellas y ligeras letras de
-la luminosa capital del _esprit_. Cuando, por la fatalidad que pesa
-sobre muchos de los escritores que aquí residimos, «hace periodismo», y
-finge de corresponsal a diarios hispanoamericanos, se ocupa en Gabriel
-Tarde; en el soliloquio platónico de Renouvier, en Brunetière que juzga
-a Renan, en Menéndez Pidal y la cultura española, en los estudios
-penales de Dorado Montero, en el fenómeno religioso de los Estados
-Unidos, en los ideales de la vida, según William James, y en otros
-tópicos semejantes. Como veis, todo eso está muy lejos del _boulevard_.
-Sus relaciones intelectuales son las que convienen a semejante monge
-laico, fraile de la filosofía. «Monsieur F. García Calderón est un
-jeune peroubien qui connait admirablement la France, son histoire,
-ses ecrivains, ses philosophes.» ¿Quién escribe esos conceptos? Es M.
-Gabriel Seailles, profesor en la Soborna. «Esprit ouvert et curieux,
-auditeur et auditeur attentif, ardent, consciencieux intelligent,
-vous mettez votre effort et votre joie à penetrer dans la pensée,
-dans l'âme des hommes que vous voluez connaître». «Donc s'assimiler
-appliquer l'experience de l'âgé mur et même temps garder l'elan, la
-foi et même les ilusions de la jeunesse, trover enfin le moyen de
-réunir en un tout vivant et harmonieux ces deux ordres de qualités,
-en apparence contradictoires, ce est le conseil que, for de vos études
-et de vos reflexions, vous donnez à votre Patrie. Je crois bien que ce
-conseil convient a tous les hommes, et qu'en tout pays on aura intérêt
-et profit à lire un livre tel que le votre.» ¿Quién expresa tales
-opiniones? Monsieur Émile Boutroux, del Instituto. Díme con quien andas
-y te diré quién eres. Es raro, sí, muy raro, que en nuestros países un
-espíritu joven y bizarro, como el de García Calderón, deje el verjel de
-los lirios y los mirtos y los laureles para inclinarse al pozo de donde
-se espera ver salir el blanco cuerpo de la verdad. Pocos van a las
-honduras de los problemas espirituales, pocos se consagran al ejercicio
-del pensamiento en los altos asuntos religiosos y morales.
-
-Pocos visten el sayal pesado del estudioso y se encaran con las
-gravedades de la vida y de la conciencia humanas. Francisco García
-Calderón se ha dedicado a tales tareas. «_Vous n'etes pas mu par un
-frivole esprit de diletanttisme_», le dice uno de los sabios que he
-dictado anteriormente. Y él mismo declaraba en uno de sus primeros
-libros el propósito de «levantarse sobre la parcialidad benedictina del
-análisis, sobre la frivolidad estéril de la hora y dar a su espíritu
-el grave recogimiento que conviene a la eclosión de futuras obras
-durables.»
-
-La obra fundamental, hasta ahora, de nuestro amable pensador, es la
-que consagrara a su patria, _Le Perou contemporain_. Es una obra
-fuerte de medula, y que indica un vigor de espíritu y un estudio tan
-sólido y de trascendencia, que se diría de años mayores. La obra está
-escrita, a pesar de la particularidad patriótica, bajo un concepto
-universal, y puede ser leída con interés en cualquier parte, pues
-su fondo filosófico, su hondura ideológica, llamarán la atención, a
-no importa qué hombre de pensamiento, en todo lugar del mundo. La
-sagacidad de intelecto de esta «cabeza», que no sólo pertenece al
-Perú, sino a todo el continente, se une al vigor y a la rapidez con
-que abarca y profundiza cualquier cuestión de interés humano. En tales
-especulaciones, y siguiendo cada cual su ideal mental y su modalidad,
-se junta con Rodó y con Sanin Cano.
-
-Para contrapesar en la balanza psíquica el valor de tales
-especialísimos _mediums_ habría que poner, es indiscutible, en el
-platillo opuesto un buen número de toneladas de perlas y de rosas.
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-SANTIAGO RUSIÑOL
-
-
-Ved aquí al catalán de los jardines, príncipe en el país de Bohemia, de
-una Bohemia de oro, de lindos colores, de sutiles letras y de «hierros
-viejos». Con su cabeza gris y su barba de _roi-chevalier_, atesora y
-comunica juventud, y con su arte fino, su palabra suave y animadora a
-un tiempo, su sonrisa fraterna con sus pares, subyugadora con todos, va
-llevando su corona de gloria con la misma descuidada naturalidad que
-su fieltro característico, en el cual no podríais suponer un invisible
-penacho, sino una pluma de seda.
-
-Pinta y escribe y sabe de muchas disciplinas, como los artistas del
-Renacimiento. Y mucha música íntima y mucha poesía encuentra el
-observador meditativo en su pintura, como mucha sutileza y gracia
-pictórica en sus prosas, en que el pensador artista deja ver su alma
-profunda y delicada.
-
-Comunicar con Rusiñol es una fiesta para el espíritu. Yo me he
-complacido con tales momentos, ya en su morada principesca de Sitges,
-ya en la corte madrileña, ya en la divina isla de Mallorca, en la
-múltiple Barcelona, en este París que él ama y que le ha sonreído.
-
-¡Sus jardines de España! Los días pasados, Pérez de Ayala, que hace
-cantos bellos, hizo uno muy bello. Como al tamborilero de Provenza, eso
-debe habérsele ocurrido alguna tarde «que _vió_ cantar a Rusiñol...»
-Pues cantan esos jardines de pintura con sus ramas de verde, sus
-acordes de oros y rojos, sus árboles ojivales, sus fuentes en que vibra
-el cristal fugaz de la pluma de agua.
-
-[Ilustración: SANTIAGO RUSIÑOL]
-
-Tengo a la vista una serie de planchas coloreadas de esos hechiceros
-jardines, que son, como dice el gran Santiago el «_paisatge posat en
-vers, i els versos escrits en plantes... versos vius, versos am saba
-i amb aroma_» y se diría que en la transposición están la misma
-vida, la misma armonía y el mismo perfume que en el propio paraíso
-vegetal. Son los dulces vergeles mallorquines, con sus aguas, sus
-arquitecturas, sus rosales, los edenes moriscos de Granada; arcadas,
-templetes, floralias casi religiosas; árboles como ramilletes, como
-pinceles, como obeliscos; macizos arcos como en el _Caminal de rosers_
-de Aranjuez; bóvedas de verdura; «_les grands jets d'eau sveltes
-parmi les marbres_», a la verlainiana caricia de la Luna, pues en
-plena tierra del Mediodía pone Rusiñol, a veces, escenarios de fiesta
-galante. La _Raixa_ de Mallorca que evoca algo de romano; visiones del
-Generalife, con sus canales, sus arbustos en flor, sus tiestos como
-cálices; o el _Pati de l'Alberca_, en Granada, en cuyo fondo, reflejado
-por el espejo del estanque, parece fuera a surgir alguna figura de
-Zobeida, de Leila, o de Lindaraja; o bien los viejos cipreses o los
-_bouquets_ de almendros en flor, que primorosamente nieva o sonrosa la
-primavera mallorquina; o esa _Glorieta_ de la bailarina, que es como
-una decoración de poema; y el fantástico _Recó de boixos_ granadino; y
-esa prodigiosa «arquitectura verde» de Granada, en donde parece que por
-obra de Alah--¡sobre él la plegaria y la paz!--se animase una princesa
-de las Mil y una noches, por ejemplo, Dulce Amiga, y recitase estas
-estrofas del poeta:
-
-«¿Vas a escapar lejos de mi, ¡oh, pura sangre de mi corazón! tú,
-cuyo lugar está en este corazón adolorido, entre mi pecho y mis
-entrañas?--¡Ah! te suplico, oh Tú, el Clemente sin límites, reunir lo
-que está separado, Tú, el generoso que distribuyes a tu placer los
-beneficios humanos.»
-
-¿Y ese _Jardi del pirata_ en Mallorca, con sus terrazas vecinas, su
-fuente redonda, su horizonte marino? ¿Y el _altar de flors_ y el _Jardi
-clasic_ y la _Glorieta_ de Aranjuez, que recuerda el Templo del Amor
-versallés; y _El Laberinte_ de Barcelona, con sus verdes en sordina,
-sus azules angélicos, sus fanfarrias ocres del fondo, sus recortados
-macizos y su ambiente al par lírico y galante? ¿Y tantos poemas que
-siguen, todos un encanto para los ojos y para el alma?
-
-En horas secas, complázcome en abrir esta provisión de sueños, y al son
-de estas flautas y liras de la vista, por obra de Rusiñol, se me abre
-un edén de ruiseñores, y mi instante aburrido florece y se encanta.
-
-O bien, para pensar o sonreír, con razonada tristeza o gentil y
-filosófico humor, leo algún libro o comedia del autor de _Oracions_ y
-de _El Mistich_, en su catalán original, aunque haga algún esfuerzo,
-por más que Gregorio Martínez Sierra haya realizado la difícil y
-hermosa tarea de verter al castellano la prosa exquisita de nuestro
-amigo victorioso.
-
-[Ilustración]
-
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-[Ilustración]
-
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-
-
-FEDERICO GAMBOA
-
-
-Paso a paso, ganado a puro cerebro y a puro carácter, Federico Gamboa
-ha llegado a uno de los más altos puestos del Gobierno de su país: a la
-Cancillería mejicana. Hablando de su desaparecido hermano José María, y
-de él mismo, escribía hace años en su _Diario_: «Secreta satisfacción
-de vernos él y yo ascendiendo por nosotros mismos, sin ayudas que nos
-enrojezcan, ni apoyos que nos avergüencen o humillen».
-
-No habrá uno solo de sus compatriotas que no aplauda su reciente
-nombramiento, pues sus principios siempre han estado basados, ante
-todo, en un profundo amor a su Patria. Oid sus palabras: «La idea de
-Patria--la Patria en forma de carta geográfica a veces, y a veces en
-abstracción luminosa--, acariciándome de lejos... Desligamiento con
-gobernantes y partidos políticos...» Esto demuestra la razón de las
-generales simpatías. Ni al César mismo--ese César anciano y fuera del
-poder, a quien habrá que aplaudir por las enormes etapas de progreso
-que hizo adelantar a Méjico--se acercó nunca Federico Gamboa con bajas
-adulaciones o súplicas de granjería. El verdadero valor del nuevo
-ministro de Relaciones exteriores de los Estados unidos mejicanos es
-completamente individual: lo constituyen el talento, su nobleza de
-espíritu, su voluntad, una limpia, larga y honrosa carrera diplomática,
-y un alto nombre literario, que contribuye a la gloria de su país.
-
-¿Quién que conozca al Sr. Gamboa no está seguro de que sus prestigios
-morales e intelectuales no contribuirán a pacificar y a hacer brillar
-en una nueva era la Nación, cuyos intereses internacionales hoy le
-toca dirigir? Mas, hablaré de su obra literaria, que es lo que con mi
-competencia mejor se aviene.
-
-Es ante todo Gamboa independiente y personal: «Mis escritos y mis
-actos siempre obedecieron a mis propias inspiraciones». Pocas páginas
-autobiográficas más decisivas y más conmovedoras que la dedicatoria de
-_Mi diario_: «PARA MI HIJO; PARA CUANDO SEPA LEER», páginas de gran
-literatura y de gran corazón ordenado: _Le coeur a son ordre_, dice
-Pascal.
-
-Sabe del mundo, sabe de la vida, lo cual es decir que sabe de amor y de
-dolor. Y una vasta piedad impregna toda su obra.
-
-Yo le conocí en Buenos Aires, en la tertulia literaria de Rafael
-Obligado. Ya había publicado sus _Esbozos contemporáneos_, _Del natural
-y Apariencias_. Se encontraba al frente de la legación mejicana como
-encargado de Negocios, por ausencia del ministro Sánchez Azcona. El
-ingenio y el _charme_ personal de Gamboa le hacían grato a todos.
-Allí dió a la imprenta su volumen de _Impresiones y recuerdos_.
-Después vendrán, ya alejado de la República Argentina, _Suprema ley_,
-_Metamorfosis_, _Santa_, _Reconquista_ y dos volúmenes del _Diario_.
-En estos días debe aparecer _La llaga_, por la Casa «Renacimiento»,
-de Madrid. Todo esto, recuerdos y novelas, fuera de su labor para el
-teatro. En todo terreno ha recogido aplausos y laureles. Su estilo es
-castizo en dicción y libre en ideas. Su filosofía es sana y alta; y si
-alguna vez hubiese vacilado en sus creencias, la experiencia vital
-y el misterioso influjo de lo divino le han apuntalado el alma. Por
-ello, en el fondo de sus novelas, de sus obras dramáticas, hay mucho
-de reconfortante. «Las novelas de usted me hacen meditar--le escribía
-en una ocasión aquel brillante espíritu que se llamó Gustavo Baz--; y
-guarde usted este elogio que, sobre ser sincero, viene de un lector
-asiduo de Balzac y de un comentador escuchado de Stendhal.» Y el sutil
-Domingo Estrada, entre otros entusiásticos juicios: «_Metamorfosis_, al
-menos bajo ciertos puntos de vista, puede compararse con las mejores
-novelas de Pereda, de Valera y de Pérez Galdós». Y más adelante: «El
-secreto del encanto que su libro produce, y que hace que no se pueda
-dejarlo de la mano una vez comenzada su lectura (yo me he pasado
-cuatro noches sin poner un pie en la calle; ¡en París!...), finca
-principalmente en el estilo. No conozco otro que sea más sencillo sin
-vulgaridad, más imaginado sin pedantería, más elegante sin esfuerzo».
-
-No es Federico Gamboa de aquellos pensadores meritorios de quienes
-se pueda temer que por los cuidados y pasiones, por la política,
-abandonen la labor mental, que constituye lo más característico de su
-personalidad. El hombre de estado cumplirá como bueno sus tareas, y
-su discreción y su conocimiento de los graves asuntos en que habrá de
-ejercitar su pericia no han de quitarle ni la vivacidad y frescura del
-ingenio, ni el pensamiento creador ni el _intelletto d'amore_ para su
-pasión artística.
-
-Otras obras vendrán, llenas de amor humano y de fe en la suprema
-idea, que enriquecerán mayormente el acervo intelectual de su patria
-mejicana, o mejor dicho de nuestra América, otras novelas, otras obras
-para el teatro; y otros posteriores volúmenes de ese _Diario_, tan
-lleno de ideas, tan interesantemente anecdótico y que fué dedicado
-desde su primer tomo a un mi joven amigo que ya sabe más que _leer_...
-el hijo amado, Miguel Félix Gamboa y Sagaceta.
-
-[Ilustración]
-
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-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-AMADO NERVO
-
-
-En varias ocasiones he escrito sobre la singular personalidad de
-Amado Nervo, y siempre con igual simpatía y con el mismo _intelleto
-d'amore_. ¡Ha sido tan gentil compañero de sueños, en nuestro París
-amado, hace ya tanto tiempo! ¡Y es tan sutil poeta, tan comprensivo
-artista y tan dulce filósofo! Con decir que a pesar de los medios a
-que necesariamente conduce la diplomacia, su espíritu y su corazón
-de sensitivo no han sido contaminados por las promiscuidades de la
-carrera...
-
-Yo no leeré nunca sin cierta emoción el libro titulado _El éxodo y
-las flores del camino_, en el cual, entre versos deliciosos y prosas
-llenas del encanto de la juventud y del prestigio de un buen arte,
-recuerda, en conceptos ya de humor, ya de melancolía, nuestras horas
-parisienses, nuestra amistad con curiosos ejemplares de humanidad, y la
-persecución de los favores de Nuestra Señora y Reina la Belleza.
-
-La evolución de Nervo, desde _Místicas y Perlas Negras_
-hasta sus últimas producciones de piadosa, o irónica--¡muy
-suavemente!--filosofía, y sus poemas cortos y sentimentales en que un
-gran dolor, de los íntimos y profundos, le ha hecho producir rítmicos y
-trémulos sollozos y llantos, es de un gran interés en el conocimiento
-de su personalidad intelectual. Una faz nueva se le ha reconocido:
-sus aficiones a los estudios astronómicos, disciplina que se aviene
-convenientemente con los vuelos líricos y las excursiones, en que el
-pegásico ímpetu es el conductor.
-
-Su antigua _fe_ había tomado en los últimos tiempos un vago tinte
-dubitativo; mas el buen maestro Dolor le ha hecho de nuevo recordar
-la senda azul. Y luego, siendo favorecido por la Lira, tendrá siempre
-tiempo de ver reflorecer la primavera, con ojos, si conocedores de los
-lacerantes duelos, siempre brillantes al resurgir de las auroras y
-al inmortal llamamiento de las esperanzas. El poeta está intacto. No
-es Amado Nervo el que la duquesa conoce, el que la marquesa invita a
-almorzar, el que tiene ya honrosamente marchitos los oros de su casaca
-diplomática. El sabe bien que en los salones, y sobre todo delante de
-sus colegas--como no sean de la familia apolínea--no está bien confesar
-intimidades con las Piérides, ni proclamar afección al viejo y sagrado
-laurel, a menos de ser poeta como tal excelentísimo señor ministro,
-que lo mismo confecciona un soneto circunstancial que pone asombro en
-los más intrépidos jugadores de _bridge_. ¿Sabrá el _bridge_ ya Amado
-Nervo?...
-
-Lo que sí sabe y sabrá siempre, es infundir en sus versos, que
-se visten de sencillez y de claridad como las horas de cristal
-que anuncian la paz de los amables días, un misterio delicado y
-comunicativo que nos pone en contacto con el mundo armonioso que crea
-su voluntad intensa.
-
-A veces, se creería en un desmayo de energía o en un desvío de forma.
-No hay nada de eso. Los conocedores saben lo que hay que saber, para
-llegar a conmover lo hondo de nuestro sensorio con los procedimientos
-menos complicados, más simples y transparentes. Todo ello está, por
-cierto, lejos de la pirotecnia verbal, y de los descoyuntamientos de
-pianista que suelen tomarse como distintivos de una fuerza poética
-incontestable, y que se achaca al influjo de un modernismo--llamémosle
-así--que no hizo bien sino a quienes se lo merecían.
-
-Una particularidad que he advertido en Amado Nervo, desde sus obras
-de comienzo, es un vago soplo bíblico que suele hacerse percibir en
-estrofas, que se dirían acompañadas de música sacra.
-
-No olvidaré nunca la Semana Santa que pasara en París, allá por el
-tiempo de la Exposición, en constante compañía del pintor Henri de
-Groux, de otro pintor mejicano, de un joven gallardo aficionado al
-teatro, también mejicano, y de Amado Nervo. Una noche, este soñador
-se nos desapareció, y hartos de buscarle en los lugares que solíamos
-frecuentar, se me ocurrió indicar que probablemente le encontraríamos
-en una de las iglesias en donde, por las sagradas celebraciones,
-se cantaba canto llano y se sonaban órganos sabios. Le buscamos,
-pues, en varias de ellas, y por fin le encontramos, lleno de fervor
-místico-artístico, en Notre-Dame, adonde había llegado después de
-recorrer Saint-Severin, la capilla de la Sorbonne, Val de Grâce,
-Saint-Sulpice, hasta que fué a recalar en la Catedral que, según un
-hugólatra, es la _H_ del nom de Hugo.
-
-Había que oir, en aquel tiempo, a Amado Nervo, a quien yo llamara
-fraile, o monje del arte. Su unción, su saber de cosas religiosas,
-su aire mismo, daban idea de un admirable oblato, de un seguidor de
-Huysmans, a quien desde luego el mejicano ponía sobre su cabeza.
-¡Todo pasa, en verdad, y la juventud más pronto que todo! De aquellos
-años quedaron para el poeta los versos, imperecederos, y un amor,
-perecedero, cual la triste carne que Dios nos dió como armadura, frágil
-armadura, ante lo inevitable. El poeta ha clamado trenos y elegías.
-_¡Mas es suya el alba de oro!_
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
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-
-
-ENRIQUE RODRIGUEZ LARRETA
-
-
-Cuando el autor de _La Gloria de Don Ramiro_ publicó, para gloria suya,
-esa obra admirable que le dió fama rápida y triunfante en todo el
-mundo literario, yo me llené de entusiasmo, y escribí en España, donde
-a la sazón me encontraba, un artículo que expresaba mi sentir, ante
-ese esfuerzo que honra, no sólo a la República Argentina, sino a todo
-nuestro continente. Y decíale al Sr. Larreta, entre otros conceptos,
-que las únicas cosas que le faltaban para la victoria completa eran la
-hostilidad y el ataque consecuentes, y se diría indispensables, a toda
-realización superior. Ello vino a su tiempo, y sin más consecuencias
-que la de consagrar la solidez de la obra.
-
-¿Qué más podría desear el autor de _La Gloria de Don Ramiro_? Encono de
-letras semejante habría que buscarlo, en los últimos tiempos, en los
-_panfletos_ contra la obra y la personalidad de Hugo, y que él resumía
-en el dístico que comienza:
-
- _Voici le triple aspect de cet homme féroce_...
-
-Yo no conocía al Sr. Larreta, sino por haber conversado con él dos o
-tres veces, hará cerca de veinte años, en el antiguo Ateneo de Buenos
-Aires. Luego publicó una bella _nouvelle_ de reconstrucción histórica
-en la _Biblioteca_, revista que dirigía la autoridad de M. Paul
-Groussac. Ya en ese tiempo se hablaba de que tenía el joven escritor
-una novela en preparación que le costaba largos estudios, y en la cual
-aparecería la personalidad de Santa Rosa de Lima. El plan se llevó a
-cabo más tarde. Ya sabemos que la mística flor peruana perfuma, en el
-final de la obra combatida y victoriosa, la muerte de Don Ramiro.
-
-Es notorio que el autor argentino es un gran señor y un diplomático
-que ayuda al prestigio de su país. En París--le habré visitado, a
-sus amables instancias, unas tres o cuatro veces--, sin descuidar
-sus tareas oficiales, cultiva en sus vagares las letras y las artes.
-He recordado a su propósito al autor de _Zanoni_, a un Irving, a un
-Valera, a un Salvador Bermúdez de Castro. El Sr. Larreta, que es joven,
-que tiene la felicidad en su noble hogar, en su alto puesto, en su
-salud excelente, en su renombre universal, posee junto con su gran
-talento una crecida fortuna. Ello es imperdonable. El _homo sapiens_,
-que es el _lupus_ hobbesiano, se eriza ante semejante anomalía,
-protesta y se indigna. Al hombre muy rico, o simplemente rico, se
-le pueden admitir, cuando más, como a Chatelain o MM. de Rotschild,
-obras mediocres. Lo demás es un abuso de la suerte o una parcialidad
-manifiesta de la Omnipotencia. Pero el Sr. Larreta, que no tiene la
-culpa de su excepción, debe sonreír y seguir adelante.
-
-Escritores europeos como M. Remy de Gourmont, M. Maurice Barrés,
-M. Henri Roujon, M. Paul Adam, etc., han dicho las excelencias del
-único trabajo publicado en volumen por el señor Larreta. La versión
-francesa hecha por el primero de esos escritores, da una idea al lector
-extranjero de lo que puede ser fundamentalmente la novela en su idioma
-original. Pero las calidades de esa escritura flaubertiana, de que
-tanto se ha hablado, tan solamente las podemos apreciar los artistas y
-conocedores de nuestra lengua.
-
-Intelectualmente, el autor de _La Gloria de Don Ramiro_ está entre las
-pocas dominantes figuras de Hispano-América. Su libro es, en su género,
-con la honesta abuelita _María_ del colombiano Isaacs, lo mejor que en
-asunto de novelas ha producido nuestra literatura neomundial. Hágase
-algo superior, y Larreta pasará a segundo término.
-
-Entre tanto...
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-LEOPOLDO LUGONES
-
-
-He visto los comienzos de este otro y americano _Spectacle magnifique_.
-Enorme suma de condiciones geniales apoyadas por la más potente y sana
-voluntad. Encontrábame en lo vivo de mi sabida campaña intelectual,
-en la querida gran ciudad de Buenos Aires, cuando un día se presentó
-en nuestra vibradora hermandad del Ateneo un joven que, al mostrar
-sus credenciales rimadas, fué considerado ya triunfante. ¡Un astro!
-nos comunicamos todos, con el gentil entusiasmo que allí animaba a
-coetáneos y menores. Nuestra unanimidad vaticinó cosas grandes. Para
-saludar tal orto escogí la más sonante y dorada de mis trompetas.
-Y todas las previsiones tenidas se han ido cumpliendo. La obra de
-Leopoldo Lugones es, según la expresión de uno de sus críticos, _vasta
-y bella como una creación natural_, o bien, _como una vasta serie
-panorámica de montañas_. En verdad, las que han atraído mayormente
-en esa encantada cordillera, son, por el brillo de sus cumbres, por
-la riqueza de sus entrañas, por más de un misterio cabalístico, o
-miliunanchesco, _las montañas del oro_. Fijaos bien en las otras
-alturas: hay amontonamientos de rocas, entre las cuales históricas
-ruinas; hay colinas fértiles, con pequeñas ciudades, jardines y
-quioscos de arte; hay aglomeraciones de fábricas con chimeneas y casas
-de veinte pisos como las de los yanquis; hay intrincadas y sabias
-arquitecturas, y abajo, la extensa pampa con sus bíblicos ganados.
-Pero las Montañas del Oro, que conocen bien tan sólo los simbades del
-castellano, montañas que consagrará la primavera, y en donde tiene
-su palacio la juventud, digo en verdad que atraerán siempre a todos
-los buscadores de milagro y cateadores de poesía. ¡Aureo, bravo, caro
-Lugones! Vigoroso por temperamento, nutrido de los mejores saberes y
-remiso en toda aplastadora apretura escolar, desde muy temprano supo
-aprovechar el don, rarísimo si se mira bien, de la autocomprensión
-y valorizamiento propio. Tal, por mayor suma de aristocracias,
-se denunciara anarquista de los más encendidos. La violencia del
-color--¡Aplaudido sea el profeta!--fué con el tiempo comida por el sol,
-no sin que hoy subsista el nato combativo caza-coronas y amigo de la
-República francesa, a pesar de las Españas ancestrales.
-
- Antiguamente decían
- a los Lugones, Lunones,
- por venir estos varones
- del gran castillo. Y tenían
- de Luna los sus blasones.
-
-Su genealogía mental--¡por Dios, siempre descendemos, o ascendemos de
-alguien, y ha existido el Adán literario!--¿le emparenta con cuáles
-antecesores? Pero ningún espíritu encuentro más fraternal para el suyo
-que el de Edgar Poe--tanto en todo va buscando su equilibrio nuestra
-balanza continental. ¿Mas, a donde no llega la vista, a cualquiera de
-los puntos cardinales que se dirija, desde la cumbre de sus montañas?
-
-Listo para todos los combates, apolíneo, hercúleo, perséico, davídico,
-ello transmutado en sangre neomundial, su iniciación en la orden del
-Arte, queda como un acontecimiento en la historia del pensamiento
-hispanoamericano, y no es uno de mis menores orgullos el haberme tocado
-ser, en días floridos, Anquises de tal Marcelo.
-
-Todo conquistado: renombre, respeto y consideración en los propios
-patrios sanedrines, admiración y afecto entre sus iguales. Todo,
-hasta el denuesto regocijador y la parodia plausible. Todo, menos la
-verdadera comprensión de ciertas cosas suyas al lado de las cuales se
-ha pasado sin penetrar lo que dentro se contiene. Mas, ¿desde cuando es
-comunicado a todos el _sckiboleth_?
-
-La obra primigenia de tal héroe, cuyo análisis sea para estudiosos y
-minuciosos críticos, háceme pensar en las adolescencias proféticas,
-en una pérdida y encuentro, no en el templo entre los doctores,
-sino en el bosque entre los leones. Hay allí, sobre todo, un infuso
-conocimiento de cosas inmemoriales que se ha transmitido a través de
-innúmeras generaciones, y que hace vagamente reconocerse, apenas, con
-algún rarísimo _contemporáneo_, en un rápido choque de miradas, o en la
-similitud de interpretación de un gesto, de un signo, de una palabra.
-
-Ya en la tarea de ideas, revélase la inagotable mina verbal, la
-facultad enciclopédica, el dominio absoluto del instrumento y la
-preponderancia del don principal y distintivo: la fuerza. Propaganda
-patriótica, ciencia civil, historia, cuento, enseñanza, discurso
-ocasional, todo es pletórico, todo está lleno de vital y viril fuerza.
-Verdad que oiréis un son de flauta en los Crepúsculos del Jardín.
-Acordaos del Polifemo que canta Teócrito y Poussin pinta. Y luego:
-_¿Quid dulcius melle et quid fortius leone?_ ¿No habían vibrado antes
-en una lengua de potente amor versos capaces de encender estatuas?
-
-No creo yo que en nuestras tierras de América haya hoy personalidad
-superior a la de Leopoldo Lugones, quien antes de llegar al medio del
-camino de la vida, se ha levantado ya inconmovible pedestal para el
-futuro monumento. _Las Montañas del Oro_, _Los crepúsculos del jardín_,
-_El imperio jesuítico_, _La guerra gaucha_, _Las fuerzas extrañas_,
-_Lunario sentimental_, _Piedras liminares_, _Didáctica_, _Prometeo_,
-_Odas seculares_.
-
-Allá en la lejana Córdoba del Plata, una anciana tiembla aún de
-temeroso gozo maternal. ¡Misia Custodia, qué nombre el de usted, para
-ser llevado en la Catedral de las glorias argentinas!...
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-ENRIQUE GOMEZ CARRILLO
-
-
-En una de las muchas cartas que conservo del Sr. Gómez Carrillo--de un
-interés para más tarde--, hay una en que me agradece el haber venido a
-París. ¿Cómo fué ello? Ya lo he contado alguna vez. Dirigía yo, allá
-por el año de 1890, en Guatemala, un diario: _El Correo de la Tarde_.
-Un día se presentó con unos trabajos un joven, muy joven, de un moreno
-dorado, de copiosos cabellos y ojos de soñador, y que manejaba ya
-cierta sonrisa caprichosa, con cuyas consecuencias habría de cargar yo
-mismo pasando el tiempo. Intimamos. Y entonces yo señalé el camino de
-París.
-
-¡El camino de París! ¿Sabría Gómez Carrillo que era el de su tierra
-prometida? Cierto que en él, por su madre, había sangre francesa;
-pero su padre, historiador notorio y escritor de cepa castiza, era de
-puro origen español, severo en dogmas de gramática y de bien decir, y
-con entronques aristocráticos en la Península. Era, pues, quizás, el
-camino de Madrid el que hubiese tomado, sin mi dichosa intervención, el
-futuro autor de tanto libro de prosa danzante, preciosa y armoniosa,
-que había de ser tenido después como un parisiense adoptado, y alabado
-por escritores de renombre en esta capital de las capitales. Llegó
-a París a luchas y luchó. Luchó primero en la inevitable Casa de
-Garnier Frères. ¿Quién diría que el escritor sutil y libérrimo hubiera
-colaborado en la seria y académica tarea de hacer un diccionario?
-
-Pronto el guatemalteco se saturó de París. Su primera producción, una
-_plaquete_ hoy inencontrable, a punto de que creo que el propio autor
-no la tiene, suda el más amizclado y enfermizo de los Parises por todas
-sus letras. Llegado en pleno hervor simbolista, Gómez Carrillo había ya
-conocido a todos los dioses, semidioses y corifeos del movimiento. Era
-amigo de Verlaine, de Moreas, de Reynaud, de Duplessis, de todos los
-concurrentes a las comidas y reuniones de _La Plume_.
-
-[Ilustración: ENRIQUE GÓMEZ CARRILLO]
-
-Su cultura aumentó día por día en este ambiente de arte; y, relacionado
-con España, comenzó a escribir en la Prensa de Madrid, tan constante
-y brillantemente, que le han llamado «Príncipe de los cronistas».
-Entró con el tiempo a formar parte del cuerpo de corresponsales de _La
-Nación_ de Buenos Aires, y su producción adquirió mayores quilates.
-
-Se dedicó, por higiene, a la esgrima, y esas prácticas le convirtieron
-en uno de los más conocidos duelistas parisienses. Conoce varias armas,
-y creo que también el _box_.
-
-En su obra pasada prevalecen, junto con un inesperado sentimentalismo
-que se diría romántico, mucha modernidad, la euritmia, las elegancias
-femeninas, la danza, los personajes de la «comedia» italiana, la
-anécdota maliciosa, la conversación con sus amigos célebres, la ironía,
-el halago, la perversidad, el goce, todo lleno de una sutileza francesa
-de modo que se diría escrito, o por lo menos pensado en francés, en
-parisiense.
-
-Luego llegaron sus libros de viajes, que le hicieron considerar como
-el Loti castellano, pues aparecieron dones de penetración, afinidades
-filosóficas, calma y serenidad, además de sus condiciones de paisajista
-y descriptor, dueño de una rica paleta, y siempre vibrante ante el
-espectáculo artístico o la figura sugestiva. Su libro sobre Grecia
-señaló principalmente la nueva manera. Y su libro sobre la Tierra
-Santa, adonde hiciera recientemente una visita, es, a mi entender,
-lo más firme, lo más sentido, lo más meditado y estudiado de toda su
-obra; pues quizás, así fuese por un momento, influencias ancestrales
-despertaron en él la verdadera emoción y la seguridad ideal, sin lo
-cual nada se escribe de duradero y de firme. Y realizó un bello,
-armonioso y erudito libro. Es un escritor dichoso.
-
-¡Antes de aparecer su obra, un obispo de Colombia le ha excomulgado! Lo
-cual hará para _Jerusalén y la Tierra Santa_ una singular propaganda.
-
-Le han prologado y alabado sus libros, escritores como Paul, Adam,
-Jean Moreas, Emile Faguet, Catulle Mendes, Vicenti, Cortón, quien
-estas líneas escribe, y otros nombres más. ¡Si este diablo de hombre
-quisiese, aun después de la excomunión, le prologaría ahora un cardenal!
-
-El Gobierno francés le hizo caballero de la Legión de Honor.
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-RICARDO ROJAS
-
-
-Poned a esta cabeza un turbante de seda, y diréis ser la de un joven
-maharadja; un fez, y tendriais a un noble egipcio. De la India, del
-Igipto, de Ceylán, de Oriente en su aspecto; y ello no os sorprenderá,
-puesto que sabéis de las discusiones sobre las relaciones orientales
-prehistóricas, entre los aborígenes americanos y los pueblos de
-Oriente: La cabeza de Ricardo Rojas, la cabeza física, es la de un
-cacique. A él ello le complace, pues alienta y vive de su América. Un
-espíritu seductor y un poeta gentil, Eduardo Talero, cuando Ricardo
-Rojas se preparaba para venir Europa, exclamaba: «¿El poeta Rojas en
-Europa?... ¿Qué va a hacer? ¿Por qué exponerse a que las grisetas
-del bulevar lo miren de hito en hito, sin sospechar que bajo el color
-oliva de su rostro hierve el aceite de una lámpara de oro, y que bajo
-esas fibras de carbón adusto al peine yacen en huacas de indio las
-cristalizaciones del sol más linajudo de la tierra? A Rojas, como a
-los demás poetas bien raigales, debía la República coronarles de roble
-y ñandubay, y en vez de permitirles estas excursiones por Europa,
-ponerles en lo mas intrincado de la selva a recoger mieles líricas
-en los panales y los nidos, a ver de olvidar lo que aprendieron
-en la escuela y a ponerse en acecho de los sátiros y mafirihadas
-aborígenes».--«¡Ah!--Contesta Ricardo Rojas, desde París, no sin
-tristeza siquier dominada por su preexistente carácter--¡si la
-República coronara de roble y de ñandubay a sus poetas, no buscaran
-ellos en el éxodo y las peregrinaciones azarosas el lenitivo de sus
-secretas amarguras, ni recurrieran, para el sustento del camino a la
-producción forzada y premiosa, que, si no malogra, retarda al menos
-la obra donde florece el genio de una raza!»--Y luego... «Yo procuré
-ser útil a mi patria y digno de ella en el extranjero. Yo no llevé mi
-ofrenda de mirra salvaje a la casa de los pontífices literarios. Yo
-desdeñé el elogio fácil de los _maîtres_ que ignoraban mi idioma. Yo me
-acerqué a hombres y monumentos con tal independencia mental, que mis
-opiniones de meteco sublevaron algo una protesta. Yo dije a públicos
-del viejo mundo las esperanzas del nuevo. Yo torné más alto y puro mi
-corazón ante las nobles figuras del arte clásico. Yo admiré de Europa
-la razón secular de su cultura, e inspirándome en ella, prediqué a mis
-lectores del Plata un evangelio de belleza...; la devoción al ideal
-como contrapeso a los esplendores materiales. Ahí reside para mí la
-diferencia entre las viejas y las nuevas civilizaciones, y al admirar
-de estas sociedades la tradición civil de su cultura, no lo hice en
-detrimento de las cosas nativas: antes bien, procuré dar nueva vida a
-ese culto europeo del ideal como la pasión americana de mi alma, que
-enardeció la ausencia.» Este es el hombre. Y al conocerle os conquistan
-bondad y talento. Y la primera condición ¡cuán rara ahora en un
-intelectual! Su pensar crece ampliamente. Consagrado al culto patrio,
-lucha porque se mantenga el principio nacionalista a través de las
-invasiones que el mundo todo envía a la proficua tierra argentina. Su
-americanismo y su patriotismo tienen muchos puntos de contacto con los
-del gran cubano Martí. El trabaja en lo que llama su «evangelización
-idealista», y dotado del don pedagógico inculca sus enseñanzas en la
-generación universitaria que le escucha. Todo eso en el comienzo de su
-camino.
-
-Hace cinco años, en el _manoir_ de Boultous, después de haber yo hecho
-la presentación del poeta argentino al príncipe lírico de las analogías
-y de las imágenes en lengua francesa, al grande y bueno Saint-Pol-Roux,
-llamado el magnífico en los bellos tiempos del simbolismo francés,
-nos pusimos a hablar, durante el almuerzo y a la hora del champaña,
-de nuestras respectivas edades. Y al decir Ricardo Rojas la suya,
-una palabra brota de labios del _maître_ de _réans_, de la señora
-de Saint-Pol-Roux, linda y gentil, de los hijos, Divine, Coecilian,
-Loredan; y esa misma palabra era: ¡Bravo! Se aplaudía, como un bello
-verso o como una música amable, la confesión de la más lozana juventud.
-
-En plena juventud, pues, trabaja ese cultivador de ideales y
-constructor de sueños. La producción que ha dado ya, garantiza para
-mañana copiosas y firmes obras. Pocos como él poseen igual suma de
-inquebrantables y nobles deseos y esa virtud de consagración, sin
-aportar constante brega o sacrificio para llegar al punto ambicionado,
-que no es sino, en los señalados, una etapa que inicia nuevos caminos y
-ascensiones.
-
-Sus calidades de pensador y de estudioso y sus disposiciones
-catedráticas, se advierte en obras como _La restauración nacionalista_,
-la introducción a la _Bibliografía_ de Sarmiento, y el excelente libro
-sobre el abolengo de los argentinos titulado: _Blasón de plata_.
-Asimismo, en sus _Cartas de Europa_, hábil, documentada y nutrida labor
-de periodismo, pero en donde, como en todo lo de Rojas, encontraréis de
-pronto el poder lírico, el tender a la trascendencia, y una armoniosa y
-aun elocuente riqueza verbal. Y a esto no dejéis de agregar la emoción,
-pues él también es un sentimental, un sensible y un sensitivo.
-
-En estas líneas, concentradas y sintéticas, no quiero ni puedo hablaros
-de sus procedimientos, de sus parentescos mentales, de su técnica. Ello
-conviene a otra clase de estudio. El poeta se inició con _La Victoria
-del hombre_, obra poemal que no se avenía con mis gustos, pero en la
-cual hallé, como me acontece con cualquier obra de cualquier escuela
-o de cualquier autor, la parte de belleza que podía satisfacerme y
-que podía admirar. Luego he leído _Los lises del blasón_, libro de
-un excelente artífice, exquisito y frío, trabajado y pulido, y en el
-cual se siente el dominio de la forma, erudición poética, y voluntaria
-o involuntaria fuerza de asimilación. ¿Mas en quién, aun entre los
-mas grandes, no encontrar un antecedente o semejanza en el prodigioso
-universo de la Lira?
-
-Este libro de poesías me ha hecho pasar gratos momentos; no seré yo
-quien se detenga a señalar lo que por completo no satisfaga. Sólo
-afirmaré que si peca, es por exceso en el deseo de perfección, o
-por dilectantismo en los descuidos. Marmóreo, amador de lo clásico,
-moderno, sapiente o «funambulesco», quien ha escrito esos versos es
-un apolonida, un prestigioso tocador del instrumento divino. Yo me
-precio de comprender su espíritu y de admirar su feliz consagración.
-Mucho debo también a sus gallardos entusiasmos y a su afecto. Gongora,
-Banville, Montesquieu, celebrarían más de una de sus ejecuciones. ¿Y
-quién no alabará a quien en su retiro compuso esos poemas, varios como
-las cosas y los días, en loa del Amor, de la Amistad, de la Belleza, de
-la Patria, que fueron tregua y ornamento en medio de la vida amarga
-y bella? Vendrán frutos de mayor jugo y más completa sazón; vendrán
-productos más temperados y de vastas proyecciones; pero el frescor de
-las horas primaverales permanecerá en las cosechas primigenias.
-
-Hay un soneto final en el volumen en que me ocupo, que hace ver un
-Ricardo Rojas supersticioso, como cumple a un verdadero interrogador
-de los misterios del mundo. Tratan esos catorce versos de la
-malhadada profecía de una gitana, que al probar en el poeta su saber
-quiromántico, interpretó el fatídico signo de una muerte temprana:
-
- Deme esa triste dicha de perecer mañana
- La Lívida que acecha mi paso en el camino,
- Cuando aún mi carne llore por el arte divino
- Y arda mi alma en la lumbre de su pasión humana.
- Corte el hilo invisible de mi vida su diente,
- Antes que se marchite la rosa de mi frente;
- Mas concédame, al menos, en mi destino raro,
- Realizar en el mundo la visión de mis sueños,
- Que es dejar a otra frente mi corona de ensueños,
- Y mi amor en el ritmo de poema preclaro.
-
-Las gitanas, como todas las sibilas, suelen con bastante frecuencia
-equivocarse, y el poeta tiene posiblemente en su vigor de voluntad el
-secreto de su vivir. Después de _Los lises del blasón_, después de _El
-Libro de Perséphone_, después de _La Sangre del Sol_, dos libros, estos
-últimos, que aun no conozco, han de venir otros más firmes y melodiosos
-poemas. Y el patriótico idealista completará también la tarea para la
-que ha nacido.
-
-[Ilustración]
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-[Ilustración]
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-MANUEL UGARTE
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-El Sr. Manuel Ugarte, tan ventajosa y profusamente conocido en
-la Prensa hispanoamericana, en España, en el elemento socialista
-de Francia; que ha sido un ferviente adorador de las musas y de
-las gracias; que recientísimamente ha publicado un libro de gran
-resonancia, que ha tenido comentadores hasta en el lejano Japón, _El
-porvenir de la América latina_, recorre hoy los países de nuestro
-continente e islas castellanas, dando en conferencias voces de alarma,
-señalando, _gesto_ complementario de su doctrina opuesta, el peligro
-yanqui. Ya en Cuba, y a pesar de que ha mentado la soga en casa del
-ahorcado, fué recibido con la usual ferviente gentileza que, para
-los escritores extranjeros tienen los hombres de letras cubanos. Los
-merecimientos de Manuel Ugarte harán, desde luego, que en todos los
-países que visite sea acogido con fraternal cordialidad.
-
-Supongo que las prédicas del nuevo cruzado expondrán y desarrollarán el
-espíritu de su libro, que él llama sencillo, pero que no lo es tanto
-como su modestia lo declara. Hay en él ideas, estilo, entusiasmo, y,
-hasta el águila de la cubierta, que lleva en las garras el pabellón de
-los Estados Unidos, había de llamar la atención sobre todo al yanqui.
-Así fué que, en la tierra de los dólares, fué examinada o combatida
-su obra, mayor y más detenidamente que en ninguna otra parte. Tal
-libro es un libro _de buena fe_, que diría Montaigne, un libro que,
-para el ideal que sostiene, hacía falta. El grito de alarma se había
-dado ya líricamente. Vargas Vila, entre otros, había lanzado terribles
-clamores; José Martí, más de una vez, había dicho cosas bellas y
-proféticas sobre el acecho de los hombres del Norte. Yo mismo, hace
-ya bastante tiempo, lancé a Mr. Roosevelt, el fuerte cazador, un
-trompetazo, por otra parte inofensivo. Pero esas son cosas de poetas.
-El volumen de Manuel Ugarte es trabajo de estudioso, con observaciones
-felices, erudición, método, y, aunque el autor no lo quiera,
-literatura. Y, sobre todo, ha sido un volumen _sensacional_. Todo ello
-es hermoso, plausible y meritorio.
-
-«Claro está--dice Manuel Ugarte--que todo grito de polémica tiene que
-levantar objeciones. Unos censurarán la desconfianza que nace acaso de
-la contradicción, entre el valor inapreciable de nuestro porvenir y la
-debilidad que nos imposibilita para defenderlo. Sois, nos dirán, como
-el niño que ha cogido una mariposa y la aprieta en el hueco de la mano
-a riesgo de destruirla. Otros criticarán el optimismo, brote espontáneo
-de una concepción batalladora y enérgica de la vida. Los más hostiles
-pondrán en tela de juicio el interés del estudio. Los más hábiles le
-darán un alcance que no tiene. Éstos le motejarán de antipatriótico.
-Aquéllos verán en él un síntoma de imperialismo. Y condenada aquí a una
-circulación silenciosa por las conspiraciones inútiles, levantada allá
-por las olas confusas de las divergencias, la obra estará siempre lejos
-de conseguir una aprobación unánime.» Yo no soy de los hostiles, y
-digo: el libro es interesante, muy interesante. Aplaudo el optimismo,
-porque es bello y saludable. Celebro la intención romántica y generosa.
-Y después de aplaudir el libro, aplaudo el viaje. Pero... en cuanto
-a los resultados, me declaro absolutamente pesimista. Unos pueblos
-en donde el dólar impera ya, están contentísimos según parece. Y en
-los otros, hay quienes tienen envidia a los primeros, y desean que el
-monstruo les devore. «Conozco al monstruo porque he vivido mucho tiempo
-en sus entrañas», decía José Martí, desde New-York. Y los _pueblos
-enfermos_ parece que dijesen: «Señor monstruo, le damos las gracias,
-puesto que nos va a comer en salsa de oro».
-
-Por lo que toca al autor y oral propagandista, no es detalle secundario
-lo que se diga de él. Y yo digo que, aunque el porvenir de la América
-Latina sea el previsto fatalmente, Manuel Ugarte, con sus esfuerzos en
-el libro, en la Sorbona y en el viaje, habrá ganado el mejor laurel
-para su cabeza.
-
-[Ilustración]
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-[Ilustración]
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-ANGEL ZARRAGA
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-Llegó de tierra mejicana a Europa joven, muy joven.
-
-Escribía versos, pintaba cuadros, estaba lleno de ilusiones de gloria.
-
-Los versos y las pinturas revelaban un hermoso y fresco talento, en el
-cual se encontraba una cuidada cultura, la decisión y la pasión del
-artista nacido y la chispa americana.
-
-Se fué a la madre patria, a España; los versos fueron poco a poco
-quedando en segundo término y Angel Zárraga, como poseído de su
-verdadera vocación, buscó a los maestros pintores peninsulares, visitó
-y estudió el Museo del Prado, entró al taller del admirable técnico
-que es Sorolla; aprendió todo lo que pudo aprender; se relacionó con
-los intelectuales, fué íntimo de Valle Inclán, de los Baroja; se unió
-a los jóvenes que hoy brillan en el arte español. Luego fué a Bélgica,
-ensayó tales o cuales novedades, neo-impresionismo, divisionismo; dejó
-piafar su juventud ansiosa. La reflexión llegó, y cambió los nuevos
-buscadores por los viejos maestros. Quintín, Metsys, Memling, todos los
-grandes flamencos fueron admirados y comprendidos por el hijo del país
-azteca, que lleva sangre vasca en las venas. En Holanda conoció y trató
-a más de un raro de la pintura, como ese misterioso y singular Toorop,
-sobre quien se diría ha soplado una ráfaga venida de las entrañas de la
-antigua India. Luego, Angel Zárraga pasó a Italia, y fué encantado por
-la más maravillosa y deleitable música de los ojos, con los poderosos
-creadores del Renacimiento, con los príncipes del dibujo y reyes del
-color, con los suntuosos y soberbios decoradores de iglesias y palacios
-que dejaron a los siglos sus tesoros de gracia y fuerza pictóricas.
-Mas no fueron solamente los italianos, sino otros grandes de otras
-partes quienes prefiriera su deseo de perfeccionamiento. Y así ha
-escrito Rodolfo Panichi: «Il Rembrandt, il Morone, il Tintoretto, il
-Velázquez, il Goya, sono i veri maestri che lo Zárraga ha nell' ánima e
-nell' ochio, ed egli si pone il principio che, coi mezzi meravigliosi
-dei Veneti del decimosesto secolo e degli Spagnuoli del decimosettimo
-si possa esprimere tutta la complessità e l'inquietudine della vita
-contemporanea. Egli trascura pertanto ogni artificio di tecnica
-moderna, riescendo ad ottenere una luminositá composta, una intonazione
-gradevole e poetica, alla quale tuttavia i suoi studi sulla divisione e
-sovraposizione del colore devono avergli giovato notevolmente. Cosi, se
-c'e talora nei suoi lavori un senso di manierismo nella distribuzione
-delle parti principali, e di convenzionalismo negli accessori che
-ricordano le composizioni del nostro risorgimento, egli resta però
-psicologicamente indipendente». Y es lo cierto que, de su incursión
-por el espíritu del arte moderno, han resultado obras que tienen una
-característica, un sello personal inconfundible en figuras magistrales,
-sólo que, como lo hace notar el mismo Panichi, el tipo de los campos
-es distinto, «es el país castellano, son los contornos de Toledo y
-de Segovia los que el pintor siente y reproduce: un país lleno de
-melancolía y de tristeza...» En España ha encontrado Zárraga muchas de
-sus figuras. _La vieja que ora_, arrugada y triste de una pena secular;
-_La mala consejera_, la celestina de cara de buho, junto a la muchacha
-rozagante, carne de vicio; _La bailarina desnuda y la trotaconventos
-maternal_; _La mendiga y la vieja del rosario_ y _El Tríptico_ de las
-dos mozas ferrosas y el viejo del escapulario, apretado, amojamado,
-pero viviente de su vida sórdida, devota y tradicional.
-
-¡Y las lindas figuras femeninas de Angel Zárraga! La del _Don, Marta
-y María_, ascetismo y voluptuosidad; el otro cálido desnudo de la
-_Alegoría del Otoño_, cuadro digno de los buenos tiempos de Venecia;
-un precioso retrato de adolescente; la dama arrodillada ante el San
-Sebastián, un tanto paganizado del _Voto_, que se expuso en el pasado
-Salón de Otoño; la hembra de _la femme et le pantin_; y, sobre todos,
-esa maravillosa _Novia_, cuadro que con sus dos desnudos es un canto
-misterioso a la _arcilla ideal_, al hechizo enigmático de la mujer, y
-que, vagamente sugiere en la simbólica Granada entreabierta, el arcano
-amoroso y la iniciación de las iniciaciones. Paso a paso, consciente y
-con seguridad, va Angel Zárraga camino de la gloria.
-
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-
-[Ilustración]
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-
-ALBERTO DEL SOLAR
-
-
-La Real Academia Española, que acaba de abrir sus puertas al escritor
-chileno Alberto del Solar en calidad de miembro correspondiente, ha
-realizado un acto de completa justicia. Ha tiempo que el autor de
-tantos libros plausibles, que acaban de aparecer compilados en una
-bella edición de _Obras Completas_, era merecedor de tal homenaje.
-Fuera de sus méritos de novelista, de narrador, de poeta, de autor
-dramático, ha sido siempre cultivador de la tradición castiza de
-nuestra lengua, y no ha transigido ni aun con la singular costumbre,
-que creo que se debe a D. Andrés Bello, de usar la i latina como
-conjunción en los casos en que todos usamos la _y_ griega o _ye_.
-Va bien, pues, Del Solar, entre los que tienen por especial misión
-limpiar, fijar y dar esplendor al idioma castellano.
-
-Una de las particularidades que distinguen a Alberto del Solar es su
-americanismo, demostrado desde antaño. Desde sus recuerdos sobre la
-guerra del Pacífico, en la cual, siendo muy joven, tomó parte por mar
-y por tierra, hasta sus últimos trabajos, casi todos, todos puede
-decirse, se refieren a nuestra América, y principalmente a Chile, su
-patria, o a la República Argentina, patria de sus hijos.
-
-En esos recuerdos a que me he referido brilla un vibrante amor de la
-tierra natal, y de sus glorias, y se habla con palabras de verdad y de
-entusiasmo--«yo vi, yo estaba allí»--del heroísmo del soldado chileno,
-de su terribleza y de su resistencia. Y no hay, desde luego, ninguna
-manifestación de odio o rencor al enemigo. En la novela _Huincahual_,
-que pasa en tiempos del antiguo Arauco, y que habría regocijado a
-Marmontel y logrado la aprobación de Chateaubriand, se trata de luchas
-y amores entre personajes de las razas contrarias: la conquistadora
-y la autóctona. La narración es clara, sencilla, con justa y precisa
-erudición, como que se apoyaba el autor en documentos del eminente
-americanista Medina, y de un interés sostenido y atrayente. «Me ha
-gustado e interesado tanto, que pienso hablar de ella cuando hable de
-otras novelas hispanoamericanas», escribía D. Juan Valera.
-
-En _Rastaquouere_, otra novela, trabaja Del Solar en materia
-contemporánea y graciosísima; está muy galanamente escrita, y contiene
-muchas y muy saludables enseñanzas.
-
-La novela _Contra la marea_, entusiasmó a poetas como Rafael Obligado,
-cuando fué leída en reuniones literarias en casa de ese noble e ilustre
-amigo; yo asistí a algunas durante mi permanencia en Buenos Aires. Es
-también labor americana, de ambiente argentino, y en ella, como en
-_El Faro_, otra novela escrita sin que conociese el autor _La Tour
-d'Amour_, de Rachilde, aparece uno de los elementos que ejercen mayor
-atracción en la facultad imaginativa y creadora de Alberto del Solar:
-el mar.
-
-En las concertadas líneas de esta «cabeza» no podría ni someramente
-juzgar ni presentar toda la obra ya numerosa de mi eminente amigo.
-Alguna vez--hace ya años--expresé mis elogiosos pensares en el prólogo
-de uno de sus libros. Hoy podría agregar que ha contribuído a la
-formación del teatro nacional argentino, con la presentación de más
-de una obra celebrada a pesar de lo dificultoso de la empresa. De su
-comedia _El doctor Morris_, que creo se ha representado también en
-inglés, decía el poeta Díaz Romero: «Es una de las obras de teatro
-más seductoras que se hayan representado en este país». Y de _El
-Faro_, _Chacabuco_ y otros trabajos se han hecho los juicios más
-satisfactorios.
-
-Mucho habría que decir del crítico, del conferencista, de algún
-excelente ensayo de historia; mas ello no cabría sino en líneas
-mayores. Debo, sin embargo, hablar del poeta. Y aquí volveré a recordar
-cómo aviva su fantasía, y le mueve a expresarse métrica, sonoramente la
-vasta influencia oceánica, advertida desde su infancia en la pintoresca
-y encantadora Valparaíso. Cuando aparecieron en _La Nación_, de Buenos
-Aires, versos de Del Solar, el hecho causó asombro. Sus colegas de
-la prosa se asombraron: ante los mundanos y ante los de los millones
-perdió méritos; los poetas, celosos de su ciudad sagrada, le exigieron
-el _schiboleth_. Con todos ellos supo entenderse; y al publicar
-recientemente su poema _El Diamante azul_, en que siempre aparece la
-prodigiosa Thalassa, se ha visto que se trata de un verdadero lírico,
-conocedor de nuestro parnaso y de los grandes poetas ingleses, y cuya
-factura de corte clásico no le impide vuelos muy modernos, pegaso y
-aeroplano. Páginas entusiásticas se han escrito sobre ese hermoso
-poema--entre ellas una notable de Luis Berisso--, y en ellas se alaba
-el dominio de la expresión y la fuerza imaginativa. Yo he leído con
-detención esos resonantes y ágiles versos que expresan un significativo
-«mito» y que juntan la gracia de las ficciones y metamorfosis antiguas
-a un tema que no puede ser más real, en las férreas y mecánicas
-tragedias de nuestros días: el naufragio del _Titanic_. Una leyenda
-comentada por los diarios a raíz de la pérdida de aquel colosal barco,
-dió motivo a que Del Solar escribiese su conmovedora y musical obra, y
-el poema surgió, digno del poeta y de la poesía.
-
-[Ilustración]
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-
-
-[Ilustración]
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-
-
-JACINTO OCTAVIO PICON
-
-
-La reciente elección de la Real Academia Española ha sido, con
-justicia, muy bien recibida en los círculos intelectuales. El elemento
-antineo se ha sentido con gran regocijo; pues hubo lucha en el reino
-gramatical, y, sin la oportuna llegada de votos importantes como
-Galdós y Sellés, es casi seguro que hubiera triunfado el candidato
-conservador, el eminente anónimo D. Angel María Decarrete. Picón es un
-espíritu simpáticamente vivaz, uno de los mejores escritores de su país
-y un _gentleman_ cuya corrección se viste de amabilidad: hice, pues, mi
-visita a Picón.
-
-Yo no le conocía personalmente; no obstante, un académico siempre
-tiene ante nuestra imaginación cierta gravedad doctoral: así, mi
-sorpresa, al ser presentado, no pudo disimularse: nada de lo imaginado,
-¡ni siquiera anteojos! En su _garçonniére_, donde preside el más
-discreto y elegante gusto en el arreglo y decoración, vive entre libros
-y obras de arte: viudo que parece más joven que sus hijos ya hombres.
-Hidalgo antiguo con el aspecto de un clubman moderno: dedicado a sus
-libros viejos para saber y decir cosas nuevas. Al mirar, los ojos finos
-parecen que registran las intenciones; el ademán es franco y noble,
-el apretón de manos da la sensación de la sinceridad. Es afectuoso y
-varonil, sin melosidades falsas ni chinerías de fórmulas. A poco, ya
-estamos viendo una nueva edición del _Quijote_ hecha en Inglaterra; y
-con tal causa admiro su conversación erudita, su pericia de bibliófilo
-y su seguridad crítica. Me muestra buena parte de sus libros raros, de
-sus ejemplares preciosos, con orgullo de buen artesano que supiera la
-calidad de sus útiles, con el aire de un maestro de armas que enseñase
-sus mejores espadas y floretes. Ya es un curiosísimo libro de refranes,
-ya un Quevedo que tuvo entre sus manos la censura de la Inquisición,
-con versos y estrofas tachados, que en las ediciones posteriores,
-o están reemplazados por puntos suspensivos, o suprimidos; o ya por
-mostrar lo que es el lujo aristocrático de la tipografía española,
-volúmenes de Monfort, de la imprenta real, o de Sancha.
-
---«¿Un cigarrillo?»
-
-Tengo que confesar, con verdadero encogimiento, que me es extraño el
-
- Agréable tabac, charmant amusement
- Qui d'un langage muet entretient en fumant,
-
-como dice el ramplón rimador del _Portrait Universel_; y como se
-sorprendiese--¡Un americano que no fuma!--sostengo el honor de nuestro
-continente citando a nuestros más ilustres fumadores, comenzando con el
-general Mitre.
-
-Le pregunto algo sobre la recepción en la Academia y cuándo se
-verificaría.--«Vea usted--me dice--, ha sido costumbre generalmente
-adoptada en este Instituto, que los académicos elegidos dejen pasar
-tres, cuatro, cinco y hasta nueve años para ingresar en sesión pública
-y pronunciar el discurso de reglamento. Yo pienso hacerlo probablemente
-a principios de año, quizá en el próximo marzo. Y me salgo de la regla
-por varias razones, y no es la menor el que sea D. Juan Valera quien
-tenga que contestarme. Nuestro D. Juan está, aunque todavía fuerte, en
-una edad muy avanzada, ciego: y una enfermedad a sus años, por leve
-que fuera, le impediría ocupar su puesto en mi recepción. Confieso
-que prefiero salirme de la costumbre académica a privarme de la honra
-y el placer de que sea Valera quien me reciba al ocupar mi sillón.
-Además... (y aquí no sé si sea indiscreto como amigo, aunque lleno
-mi labor de periodista, al reproducir las palabras del Sr. Picón),
-además, los neos se han portado muy mal conmigo en esta emergencia. Los
-académicos que me apoyaban, habían anteriormente ayudado a la elección
-de un candidato conservador, con la condición de que mi candidatura no
-encontraría obstáculo de parte de aquéllos. Pues bien, ahora, si he
-podido vencer, ha sido con la oposición de ellos, y gracias a que dos
-votos que faltaban llegaron a tiempo, haciendo viaje exprofeso Galdós
-de Santander y Sellés de Portugal, en donde a la sazón se encontraban.
-Quiero, pues, entrar pronto y ocupar el puesto que me corresponde
-entre los de filiación; contribuir a evitar algunas cosas y a realizar
-otras...»
-
-Yo miraba a aquel hombre nervioso, vibrante de intelectualidad, en lo
-más firme de sus años, extranjero entre calvas y «pelucas», y recordaba
-sus páginas valientes de arte y de idea; sus varios pinchazos a la
-misma Academia, como aquella graciosa nota de un capítulo de _Dulce
-y sabrosa_: «El autor había escrito _manguitos_. La Academia dice
-_mangotes_. ¡Paciencia!»; su libertad de juicio, su continuo volar
-hacia adelante sin perder por esto sus adoraciones antiguas y cultos
-clásicos; sus declaraciones de partidario del progreso moderno y hasta
-sus audacias de socialista; y frases como aquella que en un prólogo
-suyo le declara «soldado raso, contra todas las ideas casi vencidas de
-lo pasado y a favor de las esperanzas de lo porvenir, no triunfantes
-todavía». No llega, pues, con las simpatías de los inmortales
-ortodoxos. Mas puede decir al entrar las palabras de Warburton a lord
-Sandwich: _Orthodoxy my Lord, is my doxy_.
-
---Lo que será reñido--le dije--, es la elección de presidente, que debe
-estar próxima, pues el conde de Cheste enfermo, y cerca de los cien
-años, deberá tener pronto reemplazante.
-
---Sí. Los neos querrán imponer a su candidato y nosotros haremos lo
-posible por impedirlo.
-
---Pero usted atacaría a Menéndez y Pelayo--le pregunté, pensando en el
-más meritorio del grupo conservador.
-
---No se trata de Menéndez y Pelayo. Marcelino, que, con su alto pensar
-y su inmenso saber, no se ha sujetado al cenáculo intransigente, ni
-se ha prestado a ciertas combinaciones, es ahora poco simpático a
-una parte de los académicos de su partido. Así es que, al llegar el
-momento de elegir sucesor al conde de Cheste, como habría disidencia al
-tratarse de Menéndez y Pelayo, todos por unanimidad votarán a Pidal.
-
---Debe estar usted muy satisfecho de ir a ocupar el sillón de Castelar.
-
---Ciertamente, y en esto saldré también de los usos de la Academia:
-en que no haré el exordio acostumbrado sino que, como «Castelar» es
-el tema de mi discurso, entraré llanamente a hablar de Castelar y su
-obra, tal como yo pienso del asunto. Para eso estoy leyendo todo lo que
-sobre Castelar se ha escrito. Fuí muy amigo suyo. Ha sido el último de
-nuestros grandes estadistas. Hombres, así, soñadores o no, nos hacen
-falta...
-
-Aquí la conversación entró en otro terreno. Dos diamantes de energía
-pasaron por los ojos penetrantes. Era el hombre amante de su pobre
-patria venida a menos; el conocedor de las desgracias actuales y de sus
-causas.
-
---Ha venido usted a vernos en momentos terribles para España. Ha caído
-nuestra amada y grande España muy abajo; y lo peor es la espantosa
-enfermedad nueva aquí, que ha atacado a esta tierra: la conformidad,
-la indiferencia con el desastre, el encogimiento de hombros ante la
-ruina. Crea usted: aquí no nos hacen falta inteligencias, no estamos
-necesitados de talentos que se encuentran a cada paso: lo que no
-tenemos son voluntades, la abulia es la adolencia actual nuestra.
-
-La antigua alma española ha sufrido como una transformación.
-Antes se habría puesto el pecho al frente, se habría luchado por
-la reconstrucción del perdido poderío; se habrían multiplicado
-los esfuerzos. Hoy, apenas se oye el levantamiento de iniciativas
-individuales. Y el primero en impedirlas es el Gobierno. Por un lado
-apatía, por otro políticas dañosas y descuido de los verdaderos
-intereses del pueblo español; saque usted la consecuencia.
-
-Y nuestro eterno enemigo: ¡el expediente! El papelerio cierra el paso
-a toda obra, desde la más elevada hasta la más modesta. ¿Cómo va a
-prosperar España si lo primero que hay que pasar, para la menor cosa
-que implique un adelanto, es una montaña de expedientes y ríos de tinta
-oficinesca? Voy a contar a usted un caso:
-
-En cierta provincia hubo un individuo que quiso dotar al pueblo de su
-residencia con una cañería. Creyó que para hacer aquel bien municipal
-le bastaría con su dinero y con su buena voluntad, y encargó los tubos
-y materiales necesarios para llevar a cabo la obra. Pero sucede que,
-junto al pueblo de que hablo hay una carretera, y precisamente bajo esa
-carretera debía pasar la cañería que conduciría el agua a la población.
-Comenzaron los trabajos, pero como había que remover el terreno de
-la carretera, la Autoridad manifestó al vecino generoso que tenía
-que pedir el permiso necesario para continuar la obra. Se dirigió al
-Ministro y en el Ministerio se tardaron largos días para, por último,
-ponerle «pase a la Junta consultiva»: la tal Junta consultiva envió
-a su vez, después de un tiempo enorme gastado, el expediente a otra
-Comisión, creo que de ingenieros oficiales. Allí la cosa tardó no sé
-cuántos meses, para pasar después a la Junta y al Ministerio, y ¡no sé
-a dónde más! Resumen: mientras los papeles iban de Herodes a Pilatos,
-los materiales de la cañería se arruinaron; el pueblo no tuvo agua, el
-vecino gastó su dinero y su paciencia; ¡pero triunfó el papel sellado!
-
-Toqué el punto de la intelectualidad, del trabajo mental, de la
-producción literaria. No se manifestó Picón muy optimista. Desde
-luego, al hablar de la crítica expresó más o menos--con gran placer
-de mi parte--, ideas, opiniones y observaciones iguales o semejantes
-a las que os he comunicado ya. Pero, llamáronme bastante la atención
-revelaciones como ésta: que aquí no puede haber crítica imparcial, o
-con simples preocupaciones de arte, por razones de pura consideración
-personal y a veces hasta de caridad... Un autor publica un libro,
-cuando no es un escritor rico, para tener que echar algo al flaco
-puchero de su casa. Ese autor tiene familia, mujer, hijos; conoce a
-todo el mundo y todo el mundo le conoce, pues en el de las letras se
-vive en Madrid como en familia, y el crítico que «pega un palo», como
-dicen aquí, al libro de aquel autor, sabe que contribuirá al hambre de
-muchos inocentes. (Desde luego, yo tenía deseos de observarle a este
-propósito que en la campaña argentina se necesitan brazos y se hacen
-fortunas.)
-
-Lo propio que con los autores acontece con los cómicos. Una infeliz
-tiple que sostiene con sus sacrificios artísticos a su familia, tiene
-de su parte el buen corazón de la crítica, que no querrá evitarla los
-garbanzos. Luego, críticos y autores se ven a cada paso y son más
-o menos amigos. «Si _Clarín_ residiera en la Corte y no en Oviedo,
-le aseguro que no escribiría con la independencia relativa con que
-escribe.»
-
-Y esto traía a mi recuerdo el aspecto de la mayor parte de los
-«luchadores por la vida» o _struggleforlifers_ de la pluma que circulan
-por Madrid en situaciones lamentables. La perpetua preocupación del
-«sablista» en los artículos satíricos y caricaturas, las levitas
-melancólicas, los sombreros imposibles, la indumentaria toda
-amargamente reveladora en el gremio. ¡Ah! los felices que logran seis
-duros en un periódico por un artículo. ¡Ah! los que hablan de cosas
-fabulosas, entre envidiosos y asombrados: «¿Sabe usted cuánto le pagan
-a Valera por artículo? ¡treinta duros!» «¿Sabe usted cuánto gana Cávia
-al mes? ¡Una barbaridad!» ¿Y el joven que mira la suerte del autor de
-teatro que logra triunfar, lo cual constituye ciertamente una verdadera
-ganga, y se lanza a buscar su Eldorado de las tablas con una pieza que
-no le han de representar nunca? ¿Y el soñador infeliz que tiene que
-contentarse--¡y gracias!--con dejarse de literaturas y reportear largo
-y tendido por doce o quince duros mensuales?
-
-Tal pensaba al despedirme del nuevo académico, al salir de su
-encantadora casita de rico, donde se da los lujos que le vienen en
-antojo y compra estampas raras y ediciones _princeps_.
-
-Su obra es ya considerable, desde sus _Apuntes para la historia de la
-caricatura_, hasta su valioso volumen sobre Velázquez recién publicado,
-en la crítica de arte, y desde _Lázaro_ hasta sus _Novelitas_. Pero
-para mí, y para todo el que tenga el gusto de lo humano y de lo
-pulcro, aparece como el más preciado fruto de su árbol literario esa
-_Dulce y sabrosa_, manzana de Garcilaso, novela de maestro, figuración
-llena de vida y hechizo. Libro es ese en que se nos presenta el deseo
-incontenido de lo lejano, de lo que no poseemos, de lo difícil, antes
-que el deseo de lo imposible, tan íntimo en los artistas. _Dulce
-y sabrosa_ es la mujer amada, lograda y dejada; pero que luego en
-poder ajeno despierta una nueva ansia de posesión y arrastra hasta la
-locura por conseguirla. Todos hemos tenido nuestra Cristeta; todos
-en lo hondo de nuestro pecho somos un poco Todellas. Y esa fabulación
-sencilla y vestida de una realidad que admite una confrontación
-inmediata, deja al gustarlo una grata sensación de descanso. Jamás un
-final semejante ha establecido más bellamente la libertad del amor como
-cuando acaba «esta entre verídica e imaginada historia, con el raro
-ejemplo de una mujer que todo lo pospone al deseo de ser amada». En
-lo que respecta al estilo, Picón es castizo hasta la medula, pero con
-una cultura moderna como la suya, junta a los donaires y elegancias
-de sus viejos autores la manera de describir, por ejemplo, y de
-sentir ciertas cosas, que poseen los maestros contemporáneos de las
-literaturas extranjeras. Lo que constituye una característica suya,
-su especialidad, es el modo cómo penetra el arte y cómo agrega, con
-elementos plásticos, a la arquitectura de su obra, singulares bizarrías
-y gracias. Tanto más que, por haber leído seguramente mucho a los
-místicos españoles, hay en el alma de su discurso, casi a cada paso,
-un ímpetu espiritual, un deseo de vuelo, un querer y un aspirar a la
-altura, que en pocos escritores contemporáneos se pueden hallar en
-España. No es un incrédulo este liberal. Cree, ¡al contrario!, en la
-eterna Divinidad, esto es, en la eterna justicia, en la eterna bondad
-y en la eterna belleza. Por eso se deleita en la construcción de sus
-ensueños de regeneración social, quiere a los infelices de abajo, y
-canta los besos y celebra las «batallas de amor en campo de pluma» con
-las mujeres hermosas.
-
-[Ilustración]
-
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-
-[Ilustración]
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-
-FRAY CRESCENTE ERRAZURIS
-
-
-Esta cabeza religiosa está llena de cordura, de ciencia, de erudición y
-de sutileza. Es una de las más fuertes de Chile. Si estáis ante él, sus
-miradas agudas penetrarán hasta lo mas hondo de vuestras intenciones.
-Si os enseña, tendréis que aprender mucho en saberes humanos y divinos.
-Si queréis ser su contrincante, tendréis que prepararos a la derrota.
-No solamente se ha ejercitado en disciplinas teológicas y de religión,
-conforme con su vocación y estado, sino que se ha nutrido de letras
-profanas, de acuerdo con San Buenaventura o San Gregorio Nacianceno,
-San Juan Damasceno u Orígenes. Podría, como Sedulio, ser llamado _vir
-scholasticissimus_.
-
-Cuenta ya largos años de vida, y ha dado a su patria vigorosos
-productos de su entendimiento, y habiéndola servido en el siglo,
-continúa en el claustro dándole lustre y sana gloria.
-
-Se dedicó a los estudios históricos, y ello me hace recordar el párrafo
-en que Cicerón habla de que: «uno de los principales deberes de los
-Pontífices máximos de la antigua Roma, era el escribir lo que se
-llamaba «grandes anales», y ponerlos de manifiesto en su casa, para que
-todo el mundo tuviese la libertad de tomar lo que quisiera de aquel
-tesoro de la república».
-
-La Memoria sobre _Seis años de la historia de Chile_, dió al P.
-Errazuris fama de concienzudo narrador y escritor gallardo. El Sr.
-Huneeus Gana dice de esta obra, en su libro sobre la producción
-intelectual de Chile, que es «por su extensión, y también por su
-prolijidad, uno de los libros de mayor erudición histórica que
-conocemos, sobre sucesos parciales y épocas determinadas. Abraza la
-narración fidedigna y comprobada, escrupulosa y completa, de los días
-mas aciagos y sangrientos de toda la Era colonial (23 de diciembre de
-1598 a 9 de abril de 1605), es decir, desde la muerte del lamentado
-gobernador D. Martín García Oñez de Loyola, hasta la segunda llegada
-del gobernador D. Alonso García Ramón». Y agrega con justificado
-entusiasmo el Sr. Huneeus: «Esta narración, que atraviesa el campo
-áspero y luctuoso de una de las epopeyas más sangrientas y heroicas
-de la Humanidad, que refiere minuciosamente las jornadas homéricas y
-casi increíbles de Curalaba y Cadeguala, y que narra con serenidad la
-espantable destrucción de Villarrica, y las sublimes heroicidades que
-allí desplegaron vencidos y vencedores; este libro, que resume, en
-fin, el período álgido y crítico de la guerra inmortal entre españoles
-y araucanos, y que parece más la obra de un valiente soldado escritor
-que la de un fraile literato, debe considerarse, en justicia, como la
-obra histórica de más empuje y de más vigorosa unidad que se ha escrito
-sobre período alguno de nuestra vida colonial». Tales palabras se
-justifican con el conocimiento de la labor fuerte, elegante y minuciosa
-de ese estudioso admirable, a quien la soledad y el retiro dará mayor
-concentración para sus actividades mentales. Ya sus _Orígenes de la
-iglesia Chilena_, que le dan el puesto de un Baronio hispanoamericano,
-afianzaron su autoridad y su prestigio. Fr. Crescente será más tarde
-un clásico, por su estilo lleno de pulcritud y elegancia, y porque
-todo en su obra es ordenado. El ha seguido bien la palabra de San
-Agustín: _Illud a me accipiatis volo. Si quis temere de sine ordine
-disciplinarum inrerum cognitionem audet irruere, pro studioso illum
-curiosum pro docto credulum, pro cauto incredulum fieri._
-
-En la Historia del pensamiento en Chile siempre surge alguna figura
-sacerdotal. Desde el ocurrente P. López, el P. Escudero, Fr. Manuel
-Oteira, cada cual con sus méritos y sus defectos de época y de
-temperamento, el historiador P. Ovalle, el jesuíta P. Diego de Rosales,
-Fr. Juan de Jesús María, el P. Suárez de Vidaurre, y los jesuítas
-Pastor, Olivares, Bel, Ceballos, Ferrufino, Caldera, Rivadeneira,
-Sobriño, el P. Miguel de Olivares, S. J. historiador, el famoso abate
-Molina, que escribió en italiano, el obispo Lizarraga, los frailes Oré,
-también obispos, como Fr. R. Jacinto Jorquera y Fr. G. de Villarroel,
-el P. P. de Torres, Fr. Alonso Briceño, y otros cuantos notables, como
-el P. Lacunza, Fr. Antonio Aguilar, el P. Parra y Fr. J. Ramírez,
-citados por Huneeus, hasta el gran Fr. Camilo Henriquez, Fr. Melchor
-Martínez, hasta los Eizaguirre, Valdivieso, Salas, Orrego, Casanova,
-Fernández Concha, Donoso, Jara el crisóstomo, Taforó y otros más, la
-Iglesia chilena ha tenido activa y aquilatada representación en la
-intelectualidad del país. Y entre todos resalta con aspecto singular y
-señalado Fr. Crescente Errazuris, con sus ancestrales cualidades vascas
-y sus particularidades del carácter nacional, que hacen de él «un
-hombre», incrustado en un ministro del catolicismo.
-
-Y Chile, su patria le respeta y le admira.
-
-[Ilustración]
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-[Ilustración]
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-
-EUGENIO GARZON
-
-
-Caballeros, he aquí un caballero. Caballero probado en los combates de
-su tierra uruguaya, caballero de la pluma, caballero de los salones; y
-con todo eso: _quel charmant Garzón!_
-
-Su padre fué un bravo, aquel general Garzón de las guerras patrióticas,
-que en la historia del Uruguay es figura épica, y que ha pintado
-tan bellamente la palabra del crisóstomo Zorrilla de San Martín.
-El Sr. D. Eugenio Garzón nació para hermosas empresas, que ha
-llevado a término con su carácter reflexivo y firme, y su talento
-de diplomático prodigioso. Este último adjetivo no es mío, es de
-ese famoso director de diario--¡saludad!--que se llama M. Gaston
-Calmette... «Notre collaborateur mérite tous nos remerciements et tous
-vos applaudissements. Son oeuvre patriotique est splendide, presque
-feerique: il a rapproche deux continents! Il a uni les republiques
-sud-americaines à la republique française, avec une même capitale:
-Paris. Dont vous avez fait votre ville d'adoption, en même temps que
-vous faisiez du _Figaro_ votre journal de predilection... Je vous
-dedande de feter ce diplomate prodigieux...»
-
-Diplomático prodigioso. Él ha contado su aventura figaresca en frases
-de sabroso humor, en que vemos cómo su paciencia tesonera logra el
-triunfo. ¡Y qué triunfo! El ilustre ministro de la República Argentina,
-Sr. Rodríguez Larreta, ha dicho de la obra de Eugenio Garzón en el
-_Figaro_, por cierto en un francés amable que intentaré traducir...
-«es una obra de arte y una obra maestra de tacto, de noble sagacidad y
-de previsión. No os extrañéis si ella produce en ciertos espíritus la
-ilusión engañadora de la facilidad, como tantas otras obras maestras».
-
-Una vez lograda la toma de la fortaleza de Villemessant, de Magnard, de
-Calmatte, he allí a quien yo llamara en otra ocasión el gaucho-dandy,
-en la prosecución de su proficua labor. Y ella es en su apariencia,
-sencilla, y en sus resultados, formidable. Son unos pequeños
-telegramas, llenos de cifras; unos pequeños telegramas que dicen al
-mundo de los negocios y de las grandes empresas económicas, el estado
-de progreso, de vitalidad, de las repúblicas hispanoamericanas,
-especialmente de aquellas que han logrado grandeza y prestigio por
-el desarrollo de su trabajo y de su riqueza. Y esos telegramitas se
-ven en los mercados de Europa con un admirable termómetro financiero.
-De cuando en cuando, un personaje de nuestros países llega a París,
-y Eugenio Garzón conversa con él, y expone en el _Figaro_ miras y
-proyectos patrióticos. Y hay en el expositor una serena ecuanimidad,
-prudencia, mesura, tacto, claridad y habilidad. Luego Eugenio
-Garzón es un solicitado elemento en la vida social de las colonias
-hispanoamericanas. Sabidos son su don de gentes, su dandismo discreto,
-sus facultades singulares de _causeur_ y la multiplicidad de sus
-vinculaciones amistosas, pues quien le trata una vez queda sujeto al
-_charme_ de ese gentil filósofo de «monocle» que nos favorece con el
-bienhechor contagio de su optimismo.
-
-¿Y el escritor? Probado ha sido en el Río de la Plata en los
-entreveros de la polémica política, en las bregas del diarismo. Mas
-siempre ha cultivado con esmero su jardín literario, y un libro
-ruidoso, sobre el archiduque enigmático Jean Orth, le dió no hace
-mucho tiempo renombre europeo, o, mejor dicho, universal. Tiene por
-publicar _La entraña del boulevard_, libro parisiense escrito por un
-psicólogo y un estilista que no ha perdido la savia criolla, a pesar
-de sus asimilaciones de París. _Mundial_ publica un capítulo de esa
-obra, y allí se podrán apreciar las condiciones de nervio y brillo
-que caracterizan las prosas producidas por esa «cabeza». Su figura
-es de aquellas que llaman la atención al presentarse, y nada podría
-yo decir mejor de lo que contiene este párrafo del Sr. Larreta: «Su
-persona evoca para mí todo lo que en la vieja España servía para
-distinguir desde lejos la sangre noble y el honor. Creo ver a veces en
-sus espaldas el negro manto de velludo, con la cruz de Santiago o de
-Calatrava bordada sobre el lado izquierdo en seda roja. Cuando anda,
-pienso en el rumor de las espuelas de oro de los antiguos caballeros de
-Castilla; y si lleva ahora «monocle» es, sin duda, porque ese trozo de
-cristal hace levantar la cabeza con el mismo gesto altivo e imponente
-que suscitaba en el rostro la pluma caprichosa que rodeaba el sombrero
-y caía hacia atrás». Ello vale por la figura de un soneto de Heredia; y
-Eugenio Garzón es merecedor de tal homenaje.
-
-Célibe--¡Garzón para su _garçonniere_!--es admirador de las damas
-hermosas, gusta de las obras de arte, de las grandes empresas, de los
-altos ideales, de la elegancia, de la cordura, de la distinción. Es
-sobrio y abstemio. Y realiza este prodigio: tener sus mejores amigos
-entre políticos, banqueros y poetas.
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-[Ilustración]
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-[Ilustración: POLÍTICOS]
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-[Ilustración]
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-S. M. EL REY DON ALFONSO XIII
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-Al entrar en el salón de recepciones--se lo explicará el lector
-fácilmente--el poeta prevaleció sobre el ministro. Aquella pompa,
-aquella ceremonia, aquel joven descendiente de los más gloriosos reyes,
-fueron, por unos instantes, la Historia. Como es costumbre en la corte
-de España--costumbre que, a pesar de todo, han infringido algunos
-talentosos y verbosos hispanoamericanos--, no pronuncian discurso
-ante el Rey sino los embajadores. Yo dije dos palabras para entregar
-mis credenciales, y luego, pronto estuvo Don Alfonso en conversación
-conmigo. ¿Podría juzgarlo por esa vez? Desde luego que no. Todos
-sabemos las preparaciones del Protocolo. Pero, en otras ocasiones, sea
-que hablase conmigo, sea que se dirigiese a otros diplomáticos al
-lado mío, pude darme cuenta de la seguridad y cordura con que trata
-cualquier asunto que inicia. El retrato que en pocas palabras ha
-hecho de él un observador como el famoso M. Paoli, es de una absoluta
-exactitud: «Sa haute et fine silhouette s'accusait avec une élégante
-aisance dans un complet gris clair; un large sourire éclairait son
-visage fortement hâle, son visage imberbe d'adolescent qu'ornaid un
-grand nez à la barbe courbe bourbonienne, cumpé en bec d'aigle entre
-deux yeux très noirs, pleins de flamme et de malice». Y luego la
-impresión oficial: «Quelle ne fut pas ma surprise, ensuite, lorsque,
-à Orléans, où l'on avait fixé la première étape officielle, je le vis
-apparaître, cette fois, en gran uniforme de capitaine général, la
-physionomie empreinte d'une singulière noblesse, la démarche altière,
-imposant à toux le respect, par l'impressionnante dignité qui se
-dégageait de sa personne, ayant le mot juste pour chacun, souceux des
-moindres nuances de l'étiquette, évoluant, causant, souriant au milieu
-des uniformes chamarrés, avec une aisance souveraine, montrant du
-premier coup qu'il connaissait mieux que quiconque son métier de roi».
-Su oficio de rey. Arduo oficio en los días actuales. Porque la mayoría
-de las gentes no ven sino la parte dorada y legendaria de esas vidas
-principales. No saben los cuidados y las inquietudes de hombres que hay
-en esos personajes simbólicos que encarnan a los pueblos. Por eso es
-absurda, sobre todo, la ciega preocupación anarquista.
-
-Generalmente se quiere ver en el Rey de España un rey _sportmant_ por
-su conocida afición a los ejercicios físicos. Ya he dicho en otra
-ocasión a ese respecto lo siguiente:
-
-La educación del Rey fué como correspondía. Se procuró, sin fatigar su
-espíritu, darle una cultura apropiada, y teniendo muy en cuenta la poca
-fortaleza de sus primeros años, se tendió a su mejoramiento progresivo
-físico, al cultivo prudente y eficaz del _corpore sano_. De ahí que
-desde niño se haya aficionado a toda clase de deportes, sin menoscabo
-de sus condiciones intelectuales y sin descuido de una instrucción
-tan metódica como variada. Los principales principios científicos
-y literarios, la historia y las disciplinas militares le fueron
-inculcados. Inútil decir que la religión tuvo la mejor parte, en quien
-debía ostentar el hispánico y consagrado título de S. M. Católica, y en
-quien tuvo por padrino al Pontífice León XIII. Una vez en el caso de
-tomar esposa, eligió a la bella princesa protestante que, convertida
-al Catolicismo, trajo sus prestigios y encantos al Palacio de Madrid.
-Entre la reina Cristina, maternalmente amorosa, austera y tradicional,
-y la reina Victoria, primaveral, reina de cuento azul, se alza la
-figura del rey joven, mirando hacia el porvenir en los comienzos del
-siglo XX. Es un rey caballero. Es un rey _gentleman_. No es un rey
-fanático, ni un rey del pasado. Es de su instante histórico, sin perder
-natural y felizmente el antiguo e invariable concepto de la jerarquía,
-base de todo Gobierno monárquico. Ama el aire libre, la agilidad, el
-vigor. Dichosamente libre de la oratoria, en otros soberanos tan puesta
-de manifiesto, sabe hablar cuando la ocasión llega, y sabe conversar.
-Posee algo que atrae a las muchedumbres: la simpatía, y algo que seduce
-al mundo: el valor. Es uno más de la serie de los ilustres Alfonsos de
-España.
-
-Para el soberano de España no haré nunca mejor que repetir la
-enumeración de un mi pasado capítulo de mi _España contemporánea_,
-sobre los ilustres Alfonsos españoles:
-
-«El I, férrea flor de Covadonga, todavía con la pura savia goda,
-fuerte como un roble de sus bosques, lancero formidable de Cristo,
-terror de la morería, y en el corazón primitivo un diamante de nobleza;
-el II, casi iluminado, favorecido con manifestaciones extranaturales,
-hombre de lecturas y meditaciones, Alfonso _el Casto_; el III, _el
-Magno_, bizarro y aguerrido desde lo fresco de la juventud, terror
-del mogrebita, varón de tanta fe como valor; el IV, quien como más
-tarde el César Carlos V buscaría en un monasterio la tranquilidad
-espiritual; el V, el de los buenos fueros, legislador y espíritu de
-Consejo, también luchador feliz con los infieles y sostenedor de la
-fe; el VI, que aparece soberanamente a su lado la figura del mío Cid
-el rey de la conquista de Toledo, y que tuvo la previsión de ver hacia
-abajo y favorecer al pueblo con leyes bondadosas y fueros justos; el
-VII, Alfonso _el Emperador_; el VIII, que perpetuó el nombre suyo en
-las Navas de Tolosa; siendo después, al propio tiempo que caballero de
-combate, amante de la Sabiduría el IX; el X, formidable figura, cerebro
-y brazo, el rey de las Partidas, alquimista y poeta, astrónomo y
-filósofo, cuya palabra aun se escucha y se escuchará en los siglos, ya
-comience: «Ficieron los omes...», o inicie los balbuceos encantadores
-de sus toscas estrofas; el XI, que juntó la habilidad política al
-vigor militar, monarca de largas vistas y uno de los más amantes de
-sus súbditos; «y a quien verá muy cerca--agregaba--animado por la
-palabra maternal, por el inmediato eco de su vida; será su padre. Será
-para él el rey modelo y honrará la memoria de _el Pacificador_. A él
-le ha tocado un tiempo de decadencia de todo ideal, de despertamiento
-de odios, de exacerbamiento de pasiones y violencias sociales, de
-locuras colectivas que se traducen en furiosos ímpetus aislados;
-de ansia de goces, agonía de esperanzas y luchas terribles por la
-consecución del dinero. El Dinero, el Dios de la época. El bíblico
-Becerro del Sinaí, multiplicado en los toros auricoronados que se
-apacientan en el Far West y en las Pampas, y que se propagan por toda
-la redondez de la Tierra entre una creciente desbandada de águilas y
-cisnes». Acontecimientos posteriores han puesto a la vista del mundo,
-en muy hermosa luz, la figura de ese excelente príncipe, que ha podido
-dignamente encarnar la España moderna, conservando las dos virtudes
-tradicionales de su país: inteligencia y valor. Recordé al comenzar
-este artículo a M. Paoli, el veterano conductor de reyes. Concluiré
-con una frase suya referente a Don Alfonso XIII; _C'est un charmeur_.
-¿Y cómo podría ser de otro modo puesto que es hijo de aquel rey querido
-del pueblo que se llamó Don Alfonso XII y de Doña María Cristina, que
-junta a la amabilidad personal más exquisita, la dignidad de las más
-rígidas aristocracias?
-
-[Ilustración]
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-[Ilustración]
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-EL GENERAL D. RAFAEL REYES
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-La política suele velar con nubes engañosas las proporciones de las
-altas figuras. No sean esos vapores transitorios un obstáculo para el
-buscador y ensalzador de las bellas verdades.
-
-He conocido a un ex presidente de Colombia, que ha demostrado, antes
-de ocupar el más elevado puesto de su patria, como en la tradicional
-tierra de los talentos literarios la acción es también demostrativa de
-la fuerza vital de tan glorioso país. Reino de sueños, pero asimismo,
-con sus héroes y trabajadores, república de energías. Hubiera habido
-paz desde luengos años, y ya vería allí el mundo otro emporio de labor
-y riqueza hispanoamericano.
-
-Al tratar al general D. Rafael Reyes uno encuentra, desde luego,
-esa cultura colombiana, distintiva y propia, que hiciera antaño de
-Bogotá la primada de las letras de América, algo como el _Alma mater_
-continental. Se sabe que se habla con un militar, con un explorador,
-con un varón de hechos, y sin embargo, surge el hombre diserto, el
-conversador sagaz, el estudioso y el cultivado; y si se han leído las
-narraciones de ese bravo _pioneer_, que supo de bregas y de penas en
-el corazón de ásperas selvas, hay que saludar a un descendiente de
-aquellos conquistadores, hierro y fe, que asombran a la Historia.
-Hablando de tales hazañas del general Reyes, ha escrito estas palabras
-Santiago Pérez Triana: «...recorrió en su juventud aquellas inmensas
-selvas (las marañas amazónicas) realizando en ellas, en compañía de sus
-hermanos D. Néstor y D. Enrique, labores de explorador dignas de los
-más heroicos esfuerzos en ese fecundo campo de la actividad humana,
-de cuantos registra la historia americana desde las atrevidas y cuasi
-temerarias empresas de los conquistadores hasta nuestros días. Cuando
-se escriba la historia, cualesquiera que sean los veredictos que ella
-pronuncie sobre los hechos de su vida, respecto de los de cualquier
-hombre, que en lo general poco pueden vaticinar los contemporáneos,
-seguramente habrá una hermosa página en que se consignen los esfuerzos
-hechos para llevar la civilización a aquellas regiones de la patria
-colombiana, tan remotas de los centros habitados por el general Reyes
-y por sus dos hermanos, esfuerzos consagrados, como si fuera por el
-martirio, ya que dos de los exploradores pagaron con su propia vida su
-atrevida incursión en la selva primitiva».
-
-Pues la obra de este colombiano eminente es de aquellas que en
-países europeos se vinculan a la propia grandeza de la Patria, y la
-que ha hecho el renombre y el reconocimiento debido a los Brazza, a
-los Shakleton, a los Marchand. Las Sociedades geográficas del mundo
-han sabido apreciar la labor del general Reyes, y el nombre de este
-prestigioso americano ha sido honrado con el elogio de los sabios
-europeos.
-
-Cuando, lejos de los combates de partido y las malezas políticas--más
-llenas de azares y peligros que las de las florestas vírgenes--el
-general Reyes ha venido al viejo continente, ha sido recibido en todas
-partes con la imparcial justicia que es debida a sus merecimientos.
-Y ha sido sobre todo en la Madre patria, en la tierra de las
-hidalguías y de los nobles heroísmos, donde se le han hecho mayores
-manifestaciones de cordialidad y de aprecio, como si se viese en
-él, a quien, como he dicho antes, es un vástago de los audaces y
-luchadores caballeros que hicieron en América poemas de vida y de
-acción, cantos de gesta realizados. Nada tiene que ver el consenso
-universal de intereses, de pasión, de disensiones de hermanos, en las
-interioridades de un país, de un Gobierno o de un partido, cuando
-la personalidad tiene sobre las circunstancias del momento altura y
-brillo individuales, que aislan el mérito, poniéndole bien lejos de las
-lluvias de dardos que casi siempre caen sobre la cabeza de los hombres
-públicos, en nuestras arduas y crespas democracias.
-
-La justicia se hace definitiva, con la sanción inapelable del tiempo,
-y la Patria no ve sino los hechos meritorios que señalan en el
-recuento a los hijos preclaros y beneméritos. Colombia, entre todos
-nuestros países americanos, si ha sido caldeada por tantas hogueras de
-guerra y agitada por tantos contrarios huracanes de odios fraternos,
-de violencias luctuosas, ha sabido siempre tener el orgullo de sus
-_élites_, de la progenie que ilustra sus historias y fastos. Y
-tened por cierto, que en el futuro, cuando se hable de las energías
-memorables que se han dirigido en pro del verdadero progreso y del
-engrandecimiento de la patria colombiana, el nombre del general D.
-Rafael Reyes quedará ante los ojos de las generaciones futuras, en su
-definido, indestructible prestigio.
-
-[Ilustración]
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-[Ilustración]
-
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-
-CANOVAS DEL CASTILLO
-
-Medalla ocasional.
-
-
-Preciso es no haber conocido a Cánovas del Castillo para asombrarse del
-incidente de corte que hoy preocupa a Madrid.
-
-Cánovas es la energía, muy mucho, y un poco la violencia.
-
-Populares son por la caricatura sus ojos, sus espejuelos, sus bigotes y
-su imperante gesto.
-
-Cuando Cánovas ocupa la presidencia del Consejo de Ministros, el gran
-Palacio Real, rico y legendario, adquiere su verdadera alma; mientras
-la honrada y buena reina extranjera recuerda, el pequeño rey juega, y
-la infanta Isabel, distinguida _sportsman_, monta a caballo, inicia
-fiestas o caza.
-
-Cánovas es de la raza de aquellos fuertes ministros antiguos que eran
-verdaderos tutores de los reyes. Y ese andaluz de Andalucía, ese
-andaluz «andalucísimo», tiene un orgullo del peso de su talento.
-
-Si no es cierta, es bien inventada la frase que se asegura dijo al
-rey Alfonso XII, en ocasión en que este monarca, a quien él había
-colocado en el Trono, le manifestó deseos de agraciarle con el título
-de príncipe que ostentara antaño el memorable Godoy: «No se preocupe
-Vuestra Majestad de eso. ¡Príncipes los hago yo!»
-
- * * * * *
-
-No es el tiempo ya en que la pobre francesa Isabel pasaba por las
-torturas de la más apretada e inflexible de las cortes, pero si
-hay algún país del mundo en donde la etiqueta sea conservadora y
-estricta, es en el país de Felipe II. Y Cánovas, gran cortesano y
-gran conservador, tiene el don que hace la fuerza de los hombres: el
-carácter.
-
-En vida de Alfonso XII, Cánovas, en sus tiempos de gobierno, fué
-siempre el absoluto imperante.
-
-Asimismo profesaba al joven rey un afecto profundo y una lealtad
-inquebrantable. A la muerte de Doña María de las Mercedes, y cuando
-la reina Doña María Cristina llegó a ocupar su puesto en el trono
-de España como nueva esposa de Alfonso, Cánovas fué grande amigo de
-la Reina desde el primer momento. Y el anecdotario de esa época es
-copioso. Y no es la nota menos saliente el excelente humor del hijo de
-Isabel II, que gustaba de la broma, alegre y atrayente Borbón.
-
-Cuéntanse en la corte muchas de esas anécdotas que no sabemos si
-quedarán más tarde confirmadas por algún Saint-Simon de la época.
-
-Entre ellas, esta: Cuando la reina Doña María Cristina llegó a Madrid,
-y fué esposa de Alfonso XII, no hablaba casi español, y lo comprendía
-muy poco. Su real consorte era su profesor.
-
-Un día le dice ella: «Deseo saludar a Cánovas con una frase española
-que le agrade, cuando venga mañana».
-
---«Bien--dice Don Alfonso--dile sencillamente: ¡Qué chispero estás,
-Cánovas!»
-
-Al día siguiente, el primer ministro llega y se dirige a besar la mano
-de la Reina.
-
-Y ella, arrastrando las erres germánicamente:
-
---«¡Qué chispeggo estás, Cánovas!»
-
-No se dice lo que contestó el andaluz, pero sí que Alfonso tuvo para
-muchos días de buen humor.
-
- * * * * *
-
-Cánovas vive en su mansión de La Huerta, como un potentado. Muchas
-veces se ha hablado de esa rica morada en donde vive el primer
-estadista del mundo actual, según opinan algunos.
-
-Su _serre_ es famosa, la biblioteca mucho más: todo el recinto es
-un encanto, y la emperatriz de todo eso y de D. Antonio además,
-es la dama elegante y vivaz a quien los amigos de la casa llaman
-concisamente «Joaquina»--doña Joaquina de Osma, una espléndida peruana,
-exuberante de vida, hermosa y culta, que habla el español con la _erre_
-parisiense. Cierto es que en las recepciones de Cánovas lo que más se
-oye hablar es francés.
-
-En casa de Cánovas llama la atención de quien observa la profusión de
-los desnudos.
-
-Entre tanto rico mueble y obra de arte, mármol, bronce, _bibelot_, el
-desnudo se impone. En cada salón os llamará la atención ese detalle.
-
-Sobre todo, en el jardín, si os acercáis a una magnífica gruta,
-adornada de enredaderas verdes y frescas, en donde el agua cae y gotea
-armoniosamente, veréis una ninfa de tamaño natural, blanca, de mármol
-puro y línea admirable y de una gracia mastoidea y calipigia que os
-hará pensar en muchas mitologías.
-
-Entre todas esas elegancias, la dueña de casa discurre llenando con su
-amable presencia y animando con su conversación los grupos de invitados
-en las recepciones.
-
-En esas fiestas el talento del viejo Cánovas chispea.
-
-Quien estas líneas traza, hale visto y oído entre un sinnúmero de
-personajes de distintas nacionalidades, con un tacto que revelaba la
-frecuencia de la vida cortesana y diplomática, hablar a cada cual
-de lo que más de cerca le interesaba, sin olvidar nombres, detalles
-personales, títulos de libro, cuestiones, anécdotas y toda suerte de
-asuntos. Y el viejo Cánovas, con la firmeza de quien conoce su poder,
-vibraba, iba y venía, tan lleno de una brava y contagiosa juventud.
-
- * * * * *
-
-En su mesa solía reunir, en la época a que se refieren las anteriores
-palabras, a algunos americanos. Sus preferidos eran el mejicano Riva
-Palacio, el argentino Quesada, el centroamericano de Peralta, y algún
-otro.
-
-Siempre tiene extranjeros notables invitados.
-
-Su mesa es de primer orden; aunque no iguale a la luculeana mesa
-de Castelar. Allí, al amor de los mejores vinos, se oye un alegre
-brotar de ideas, de ocurrencias, de alusiones, de anécdotas en que
-el anfitrión muestra toda su Andalucía, y doña Joaquina su Lima, su
-París y su Madrid. Y uno ve al vigoroso ministro, lleno de vida, con
-sus cabellos blancos, relampagueándole los ojos, gesteando como un
-dominador.
-
-Y se explica que en el Palacio Real Su Majestad la Reina Regente se
-apresure a presentarle sus excusas después de un caso como ese de la
-salida al balcón.
-
-Doña María Cristina no ha leído las cartas de Isabel de Francia.
-
-20 mayo 1897.
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-JOSE PEDRO RAMIREZ
-
-
-Es en la vida pública como en la privada, este gran repúblico uruguayo,
-como en su credo político y en el civismo que nos muestra en la
-historia contemporánea de su nación, algo suave que se desliza por
-senderos cercanos a vergeles revestidos de paz y de amor.
-
-Obediente sólo a los deberes de su conciencia, alerta siempre a las
-naturales exigencias y necesidades de su patria, toda su existencia la
-encamina al cumplimiento del deber; y con facilidad traspasa, alta la
-frente, tranquila la mirada, todos los escollos de todas las miserias
-sociales por las que pasó, como tantos otros prohombres, como son
-concusiones, ignominias y hasta crímenes, que pudieron atajar su paso
-por la vida política.
-
-Pero esto pasó ya, y obtuvo gallardamente sus reivindicaciones. Así, en
-cierta ocasión, el presidente Batlle, que por cierto estaba de él algo
-distanciado, dijo, para hacer callar a determinados murmuradores:
-
-«A fin de que la actitud del Dr. Ramírez no se despoje de la majestad
-que le rodea, es necesario no se falte al más humilde de los habitantes
-de la República, y el que tal haga, o será castigado o derribará
-a dicho ministro, porque su política no es de mañas ni astucias,
-sino política de actitudes francas y decididas.» Cuando estalló la
-guerra civil, calamidad perniciosa que sufrieron la mayoría de las
-jóvenes repúblicas americanas, y después de varias tentativas para
-el restablecimiento de la normalidad, que, claro está, resultaron
-infecundas, se recurrió a él, como caso extremo. Enfermo como estaba,
-prometió su decidido concurso, y lo cumplió con sagacidad y fe. Salió,
-pues, a través de campos verdes, que bien podían simbolizar para él
-esperanzas; enarbolaba la bandera de paz, y a poco de comenzadas las
-negociaciones, por doquiera que pasaba, surgían los vítores y saludos;
-y los labradores abandonaban las armas y tornaban a los aperos, y
-las mujeres y los niños agitaban sonrientes sus pañuelos en señal
-de albricias. Al encontrarse con un regimiento mandado por Mesa, los
-bravos soldados, estimulados por sus jefes, levantaban sus quepis y le
-saludaban, como debe saludarse a un varón bienhechor, porque ya todos,
-militares y revolucionarios, el pueblo entero, parecía aspirar al
-consuelo de la paz.
-
-Pero anotad esto también. Más tarde ¡acaso seis años después! la
-República hierve nuevamente en otra guerra civil; y de ahí a poco, el
-Sr. Ramírez es de nuevo requerido. Noble y lealmente, lleno de bondad y
-bríos humanos, se lanza a calmar el estallido que amenaza.
-
-La labor es más costosa, su gestión más ardua; pero al fin logra vencer
-dificultades, y si hubo de luchar por conseguir el éxito, mayor es la
-gloria que, como nimbo, corona sus esfuerzos; y mayor es la ansiedad
-pública, por explotar de júbilo ante el hombre ya dos veces benemérito
-de su patria.
-
-Y es de ver en esta ocasión, como en la pasada, al pueblo de todas
-las ciudades que corre a amontonarse a su encuentro, vitoreándole,
-abrazándole, atropellando a éstos los otros que les siguen; y cómo
-desde las terrazas y azoteas, en aceras y balcones, no se ven sino
-flores que caen a su paso y llenan su coche, ni se oyen más que
-palabras gratas, llenas de sonoridades, que celebran al mensajero de la
-concordia.
-
-El Dr. Ramírez presidió en 1886 el ministerio de la Conciliación.
-Nadie como él ofreció testimonio más alto de patriotismo e integridad.
-Desde entonces, su nombre es popular, su prestigio aumentó, y su
-moralidad fué saludable. Pues, ¿quién pudo añadir al ardoroso ímpetu
-que señalan sus grandes entusiasmos iniciales, la serenidad equilibrada
-y heterogénea que se sobrepone al espíritu, al contraste en la lucha?
-
-Fué periodista, y en el periodismo pasó la parte más agitada de su
-existencia; y las páginas más intensas de la vida nacional uruguaya
-nacieron de su pluma.
-
-Por esto pláceme mucho, en ocasión en que acaba de ser glorificado por
-su patria, ofrecer al prestigioso representante del alma de su país,
-a esa figura respetable y respetada, ajena en la actualidad a las
-pasiones del momento, un homenaje, la confirmación del reconocimiento
-de tan gran patricio, cuyos títulos cívicos y méritos intelectuales
-y morales testifican su personalidad política y bienhechora en la
-República Oriental del Uruguay.
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-CASTELAR
-
-
-No hace mucho tiempo he hablado de mi entrevista con Castelar. Debía
-ser la última. Ya reposa en San Isidro, junto a los huesos de su
-hermana. Su caída ¡buen roble! conmovió al mundo. Cuando le vi, cuando
-le hablé por la postrera vez, ya estaba señalado por la Intrusa,
-pálido, enflaquecido, viejo, él que fué todo juventud y vida. Partió
-al imperio silencioso de lo no sabido, después de haber clarineado su
-verbo de poeta de las multitudes hacia los cuatro vientos del espíritu.
-Y España queda hoy sin su representativo emersoniano, sin el hombre
-noble que fué en su siglo lengua y gesto de su raza, como Italia sin
-Garibaldi, Inglaterra sin Gladstone, Alemania sin Bismarck y Francia
-sin Hugo. En su tierra ardiente y sonora fué el crisostómico parlante y
-el caballero de su ideal. Ahí queda la inmensa Mancha democrática por
-donde cabalgó en su pegaso-rocinante; ahí los molinos de viento, ahí
-las armas de su lírica grandilocuencia, que nadie moverá; ahí Dulcinea,
-sin más enamorado verdadero que el frío y analizador Pi y Margall.
-Español de España, español netísimo, con toda España en el corazón y
-en el cerebro, era la concreción del orbe cervantino; en el generoso
-combate de su ilusión no se ocultaba Don Quijote; como Sancho mismo,
-no dejaba de comparecer en su célebre buen apetito. Cuéntase que Taine
-en una ocasión, al verle en la redacción del _Journal des Débats_,
-preguntó desdeñoso: «¿Es ese el famoso canario español?» Cierto, un
-alma de pájaro de Floreal, como el ruiseñor Lamartine, pero a quien no
-faltaba la fuerza para la realización de obras enormes, así la libertad
-de los negros de las Antillas. Quedará en los siglos el recuerdo de
-esta singular figura en el décimonono la más alta de España entre las
-altas de la tierra; y aparecerá, a medida que el tiempo vuelque su
-urna, rodeado del resplandor que tan solamente ofrece a los preferidos
-suyos la divina Poesía. Fué uno de los más potentes órganos de la
-Humanidad. Por su boca habló el espíritu de su patria, y, siempre
-en obra de bien, si algunas veces no le prestó su apoyo la Verdad,
-jamás dejó de escudarle con sus alas mágicas la Belleza. Sus mismos
-errores caían vestidos de púrpura. Era el apolonida de la Democracia,
-el decorador de sus ambiguos y confusos laberintos. Hermosa llama
-latina, de esas llamas guías de pueblos que el Sol de Dios enciende en
-las naciones para que señalen los saludables rumbos, o para que a su
-rededor se junten los hombres y realicen hechos grandes. Aquella alma
-venía de Atenas, cuando fué a encarnarse un día en la fenicia Cádiz;
-venía de Atenas, después de haberse impregnado de Oriente; de este
-modo explico la pompa asiática de su discurso y el amor a las bellas
-líneas, la pasión pitagórica de los celestes números y el imperio de la
-música bajo el cual hacía galopar sus cuadrigas de ideas y sus tropas
-de palabras. En su huerto, junto a las flores andaluzas, se alzaba un
-esbelto y reverdecido plátano, rama un tiempo del que movieran las
-brisas de Academo, mientras fluía, como el agua de la fuente de mármol,
-la doctrina platónica.
-
-La obra, que fatiga en su masa, es como un inmenso museo, que hay
-que admirar por fragmentos: ya un fresco vasto, ya una estatua del
-más blanco pentélico, ya un bajo relieve, en que las frases van como
-ordenadas teorías de graciosas jóvenes o danzantes efebos. Fué un
-gran cultivador del entusiasmo. Y si ya en los postreros años de su
-existencia tuvo alguna vez que padecer tristezas y decaimientos, para
-morir, viejo gladiador, supo esculpir su última actitud en el discurso
-que cierra la diluvial serie comenzada el 1854 en el Teatro de Oriente,
-discurso en que volvió a surgir su elocuencia empachada y sonora,
-para mostrar el camino que hay que seguir, según su entender, a los
-partidarios de la República. Su elocuencia cautivó a las generaciones
-que escucharon el decir de sus labios de oro. Se recuerdan sus
-discursos como hermosas manifestaciones de la Naturaleza, inusitados
-iris o boreales auroras: «Yo le oí tal año». «Yo en tal otro». En el
-tiempo de su aparición, el principio democrático era lo más avanzado,
-lo más atrayente para los espíritus libres, la fórmula del progreso.
-Él se consagró por tal manera, y con pasión tanta, que al saber su
-muerte, los españoles demócratas no han podido menos de exclamar:
-«¡La democracia ha muerto!» A aquel inconmovible individualista no
-pudieron ganarle los mirajes aurorales del movimiento social de estos
-últimos años; y discurso suyo hay en que combatiendo al socialismo,
-maravilla su esfuerzo de soñador, al resonar delante del muro de la
-verdad la suntuosa orquestación de sus líricos argumentos. Porque,
-ante todo, fué el orador, el hombre que convence encantando, o que,
-aunque no convence, canta y encanta. Parecía que, como en lo antiguo,
-un flautista maestro acompañase sus oraciones, tal era la melodiosa
-geometría, el hilo armónico, la sucesión de ondas verbales regidas por
-un compás, en la musicalidad de los giros; y él propio se escuchaba
-como deben hacerlo las aves de más fino canto y los poetas orgullosos
-de haber visto cuanto es crespa y dorada la crin del Dios de arco de
-plata. No olvidaré una noche, en una recepción dada por doña Emilia
-Pardo Bazán, a los delegados americanos a las fiestas colombinas, el
-año de 1892. Castelar había concurrido, y como en todas partes en donde
-Castelar estaba presente, un corrillo se formó alrededor suyo, en uno
-de los salones. Nadie hablaba, fuera de Castelar, porque es sabido
-que en su presencia el primer deber era la atención. El tema de sus
-palabras se relacionaba con la oratoria, y vino él a recordar a este
-propósito a los distintos oradores que había oído en su vida. Y como
-su excepcional memoria estaba siempre lista, ilustraba sus recuerdos
-con citas y fragmentos de discursos. Así nos pintaba a Gambetta, de
-tal guisa que le veíamos encarnado delante de nosotros, y luego decía
-una parte de un discurso de Gambetta, a Víctor Hugo, y luego decía un
-trozo de discurso de Víctor Hugo, y así de varios oradores extranjeros.
-Después llegó a los españoles, y comenzando con Ríos Rosas, recorrió
-buena parte de la lista de bravos oradores con que cuenta este país
-de varones verbosos, explicando sus maneras y facultades hasta llegar
-a él mismo, y entonces se nos transfiguró momentáneamente, se nos
-presentó con sus atavíos reales. Y a pedido de un amigo circunstante,
-trajo a su memoria una parte de su célebre discurso del 12 de abril
-de 1869, pronunciado en ocasión famosa, y que hizo pensar a su propio
-contrincante el cardenal Manterola si no tendría ante sus ojos un nuevo
-Saulo. Aun veo los ojos iluminados y la mano como guiando el período:
-«Grande es el Dios de Sinaí; el trueno le precede, el rayo le acompaña,
-la luz le envuelve, la tierra tiembla, los montes se desgajan; pero
-hay un Dios más grande, más grande todavía, que no es el majestuoso
-Dios del Sinaí, sino el humilde Dios del Calvario, clavado en una
-cruz, herido, yerto, coronado de espinas, con la hiel en los labios y
-sin embargo diciendo: «Padre mío, perdónalos, perdona a mis verdugos,
-perdona a mis perseguidores, porque no saben lo que hacen». Grande
-es la religión del poder, pero es más grande la religión del amor;
-grande es la religión de la justicia implacable, pero es más grande
-la religión del perdón misericordioso: y yo, en nombre del Evangelio,
-vengo aquí a pediros que escribáis en vuestro código fundamental la
-libertad religiosa, es decir, libertad, fraternidad, igualdad entre
-todos los hombres». Se recordarán sus discursos célebres, en lo futuro,
-como hoy las históricas arengas de Demóstenes; desde el primero en
-que se presentó como aeda y paladín de su amada Democracia, hasta el
-último en que ya para morir, apóstol consecuente, dejó su disposición
-testamentaria de política, fiel a su credo republicano; señalada la
-larga carrera por las innumerables brillantes estaciones, entre las que
-más resplandecen el discurso en favor de la libertad religiosa, que
-es el de la redención de los esclavos de Cuba, y al cual se refería
-cuando oí de su boca la frase admirable: «Yo he libertado a doscientos
-mil negros con un discurso»; el del sufragio universal, de ágil y
-elástica dialéctica; el de la entrada a la Real Academia de la Lengua,
-lección colosal de un lirismo cósmico; el de París, en la Sorbona,
-cuando los estudiantes le recibieron con el aplauso clásico, como a un
-nuevo Lulio.
-
-Lejos la oratoria amartillada de los hombres del Norte, en la suya
-reventaba como una rosa de color perenne el sol Meridional; suya era la
-profusión y la riqueza latinas, y nunca se escuchó, en lo inmenso de
-los siglos, más rítmico y sonante torrente en cátedra o tribuna. Los
-franceses, tan parcos con lo extranjero, le admiraron y celebraron,
-en su francés claudicante, o en el español de bronce y plata que no
-comprendían al oirle. ¿Qué importa que dijese, como en una ocasión: _La
-France, cette «belle soeur» de l'Espagne_? Tras la sonrisa del oyente
-venía la tempestad de la ovación, pues el orador soberano triunfaba
-contra el mal políglota. Hugo le tenía en su alto valer, y sabida es
-la anécdota en que el César de los poetas le ofreció, al sentarse a
-su mesa, una silla imperial: «Os he señalado esta silla, en que se
-sienta siempre D. Pedro del Brasil.--¡Pues no me siento!»--respondió
-Castelar, fiel hasta en esto a su idealizada Aldonza Lorenzo. Nuestro
-compañero Ladevese cuenta las acogidas respetuosas y afectuosas, en
-casa de madame Adam, de Cernuschi, de la Rattazzi, las intimidades con
-políticos como Thiers y Gambetta y Julio Simón. Francia, como el mundo,
-veía en Castelar la encarnación de España; de la España caballeresca
-e idealista, hidalga y pintoresca. Oxford quiso escucharle, invitó a
-su «doctor» honorario para que fuese a dar conferencias, y él declinó
-la honra. A América pensó ir en varias ocasiones, pero, por desgracia,
-se cumplió lo que yo decía en 1892: «Castelar no irá nunca a América».
-Y en América quizás más que en parte alguna, su palabra resonaba como
-una campana de gloria. Los yanquis le avaluaban abiertamente: si la
-Libertad de Bartholdi tiene la antorcha, Castelar «tenía la palabra».
-Sus discursos niagarescos fueron más de una vez por el cable; los
-_magazines_ no le quitaban la mira y los dólares venían sin regateo. En
-nuestra América de lengua Castellana, no habrá pueblo o villorrio donde
-no haya llegado su fama. Creo, sin equivocarme, que en la República
-Argentina hay una colonia o villa que lleva su nombre. Y él amaba
-a la América nuestra, agradecido. Es el momento de manifestar cómo
-fué para ese continente gran parte de su producción, ya en tiempos
-de destierro penoso, ya en el apogeo de su existencia, tan solamente
-interrumpido su trabajo cuando se excusara con la dirección de los
-diarios de que era corresponsal, por verse obligado a suspender la
-labor «a causa de tener que ocupar la presidencia de la República
-española»; y cómo tenía en el recuerdo de su gratitud a _La Nación_,
-de Buenos Aires, y al _Monitor Republicano_, de Méjico, entre todas
-las publicaciones que fueron honradas con su colaboración. Y América
-toda fué con él siempre simpática, a pesar de aquel resentimiento
-memorable, cuando el político lírico quisiera ser político práctico y
-pronunciara la trascendente frase: «Antes que republicano soy español».
-Pues fué siempre el levita fanático, inspirado ante el fatal resplandor
-del ídolo Patria; y a la suya salvara, como se observa justamente
-después de la reciente catástrofe, en ocasión en que ejerciendo la
-presidencia de la República, estuvo en un cabello que no se rompieran
-las relaciones entre España y los Estados Unidos por la cuestión del
-_Virginius_. Jovellar estaba en Cuba y se resistía a la entrega del
-apresado barco norteamericano, después de los fusilamientos de cubanos
-y yanquis que tripulaban la nave revolucionaria, y entonces fué la
-palabra de Castelar, jefe del Estado, haciendo entender al general
-«que en España nadie comprende que, ni en pensamiento, se resistan a
-cumplir un compromiso internacional del Gobierno, y no comprende que
-quiera ser Cuba más española que España. Una guerra con los Estados
-Unidos sería hoy una demencia verdadera, y aunque fuera popularísima
-la guerra, para esto están los Gobiernos, para impedir la locura de
-los pueblos. Recuerde V. E. lo que hizo Thiers cuando los franceses
-gritaban: ¡A Berlín!; demostrarles que la guerra sería un desastre. Y
-ahí se ha capturado un buque en alta mar, se ha fusilado españoles y
-extranjeros, sin esperar a conocer el espíritu del Gobierno central,
-que preveía grandes catástrofes, y ahora se quiere cometer la última
-demencia desobedeciendo al Gobierno nacional. Todos los argumentos de
-los Estados Unidos consisten en decir que España no manda en Cuba,
-y van ahora a confirmar ese argumento. No se puede discutir un acto
-del Gobierno. Hay que obedecerle. Inflúyase en la opinión; tomándose
-las debidas precauciones, entréguese el _Virginius_ y la tripulación
-superviviente, de la manera que menos pueda herir el sentimiento
-público, pero entréguese sin dilación ni excusa. El mayor servicio que
-puede prestarse a la Patria, es obedecerla ciegamente. No mencione V.
-E. la dimisión mientras no estén cumplidas las órdenes del Gobierno.
-Cúmplalas con rigorismo militar. Y no se vuelva a hablar de Bayona:
-allí hubo reyes traidores que vendieron la Patria al extranjero; aquí
-hay patriotas que quieren salvarla de las locuras de ahí, avivadas
-por una incomprensible debilidad». Esto fué en 1873. Cuán distinto
-veinticinco años después el criterio de un Gobierno de hombres _útiles_
-que llevó al país a la derrota, al vencimiento y a la mutilación, del
-criterio de aquel «poeta» que libró a España de un peligro seguro y
-supo ser en sus obras y en sus sueños el primer patriota, el primer
-español de su tiempo, el más español de los españoles. Porque desde su
-Patmos, desde su Guernesey, desde su nube, desde su trípode, sabía ser
-certero en su vistazo aquilino. No era tan iluso cuando dió su flecha
-tantas veces en el blanco, cuando llegó bizarramente a la primera
-magistratura del Estado, y cuando ya en su vejez, al ver con desilusión
-que su república cuasi platónica no correspondía a su himno incesante,
-se retiró de la lucha, no sin antes declarar su invariable fe en el
-ideal por toda su existencia perseguido y su ningún contacto con la
-monarquía. Jamás habló a la Reina Regente. Cuando murió su hermana, a
-quien él amaba tanto, la Reina le envió su pésame. En San Sebastián un
-día se encontró frente a frente Su Genio con Su Majestad. Su Genio se
-quitó el sombrero y saludó. Hubo demócratas que murmuraron. ¿Quienes
-fueron esos hidalgos que por tan mal lado tomaban la democracia? Aquel
-caballero creía en la caballerosidad. Creía en la Patria. Creía en Dios.
-
-En el liberal, en el hombre de «la fórmula del progreso» había un
-creyente. Jesucristo aparecía a sus ojos a través de sentimentales
-_vitraux_ en que estaban representados su España portadora de la
-cruz y su infancia doméstica: la buena madre, quien a la continua es
-nombrada por él como origen de sus creencias religiosas. Cuando habla
-de asuntos de religión, su órgano se desborda en los más augustos
-_magnificat_, o en los más profundos _misereres_. Sus conferencias
-sobre la civilización en los cinco primeros siglos del Cristianismo, su
-_Redención del esclavo_, muchos de sus discursos, son la glorificación
-cristiana expresada por incesantes fervientes ondas de vocablos, de
-frases, saturados de un cálido misticismo, de un misticismo español.
-Casto como era, se pensó alguna ocasión en que, cuando cansado de
-las fatigas de la vida civil quisiera recogerse en el reposo de su
-espíritu, se ordenaría sacramentalmente. Y aun él mismo, al admirar un
-día cierta antigua casulla de la Catedral de Avila, dió a entender, con
-un decir, que no andaban muy en error los que tenían ese pensamiento.
-Un poeta de América publicó una vez un futuro sermón de Castelar en San
-Pedro de Roma, que al orador hizo amablemente sonreír. No hace mucho
-tiempo su entrevista con el Sumo Pontífice avivó la general curiosidad;
-y él propio confesó ser la conversación con el Papa de hondo interés,
-pero que no estaba autorizado para publicar nada de ella hasta después
-de la muerte de León XIII. Y él ha muerto antes, besando un crucifijo.
-El Papa blanco ha podido todavía autorizar que se hiciesen, a pesar
-de la liturgia, honras fúnebres a su interlocutor ilustre, en San
-Francisco el Grande, con todo y ser las honras el día de San Fernando.
-
-En la religiosidad de Castelar hay algo de profano como en la
-religiosidad de Murillo. Sus pinturas de las gracias divinas son
-como las pinturas de aquel pintor coloreadas de cierto sensualismo,
-que en este caso se agrava con la castidad sabida del imaginativo
-artífice de la palabra. Al pintar una virgen se nota en su verba cierta
-complacencia humana, y sus ángeles imaginados en la gloria o juzgados
-en los cuadros de los Museos, semejantes a esos ángeles voluptuosos que
-animara Goya en sus frescos de San Antonio de la Florida, nos parecen
-mujeres hechiceras, tan carnales como espirituales. La castidad de
-Castelar, bien sabida y explotada por los bufones de copla y lápiz en
-las enemistades de la política, fué uno de esos casos de absorción
-cerebral en que todas las facultades humanas se condensan en la obra
-del pensamiento; casos como el de Juan el del Apocalipsis, que Hugo
-ha rememorado en página que no perece. ¿Qué unión, qué matrimonio
-no habría podido efectuar este dueño de la fama? Célibe y casto
-vivió, célibe y casto murió. Y aquí es de recordar al paso al hombre
-privado. Supo pasar buenos años hermosamente, como debe vivir antes
-que nadie todo artista aristocrático. Se le tacharon alguna vez sus
-lujos y grandezas, sin saber que aquel hombre vivió siempre de su
-trabajo apenas ayudado por la fraternal simpatía de señalados amigos;
-y que si se regalaba con ciertos lujos, no cabía en ello vanidad
-ninguna, sino la comprensión de la estética de la existencia, la cual
-tiene obligación de procurar, quien como él poseía, como adorador
-y sacerdote de la belleza, el don incomparable del gusto. Los que
-fuimos favorecidos con la invitación a su mesa, sabemos lo que Luculo
-comía en casa de Castelar. Tenía en esto, como en otras cosas, una
-cualidad eclesiástica. Comía con el gusto de un _monsignor_ y con el
-apetito de un abad. Tenía la amable costumbre que Quincey nos revela
-de Kant; siempre había invitados a su mesa, y, siguiendo la regla de
-lord Chesterfield, el número de los que se sentaban, él comprendido,
-no era nunca inferior al de las Gracias ni superior al de las Musas. Y
-el mejor condimento era su charla monopolizadora del tiempo, a la cual
-ayudaba su memoria única con el más copioso anecdotario que sea posible
-imaginar. Después en su salón, al conversar, según fueren los asuntos,
-se dejaba llevar de su fuga tribunicia, y sus palabras se convertían en
-párrafos de verdaderos discursos; y su vibración era contagiosa, y él
-se trasladaba en un salto invisible, fuera del momento. Cuéntase que
-un día aconteciole encontrarse en molestos apuros de dinero. Era en
-invierno y la chimenea estaba encendida, como su conversación, sobre un
-asunto político, delante de varios íntimos. Llega una carta de América,
-con una letra por mil duros. Grata sorpresa que interrumpe un instante
-su hablar. Pero continúa, con carta y letra en la mano; el discurso,
-a poco, se precipita, y con una frase rotunda y un gesto supremo,
-carta y letra hechos nerviosamente una pelota, ya están ardiendo en la
-chimenea. Otra vez hizo aguardar largas horas a un personaje político,
-cuya presencia en la antesala se le anunciaba repetidas veces, porque
-le tenía asidos lengua y pensamiento una disertación sobre Botticelli
-y los primitivos. Y de la casa en que aquel obrero tenía el obrador
-mental puesto para servicio de tantos diarios y revistas del globo,
-salía mucho bien, mucho favor personal, mucho consuelo a los pequeños,
-apoyo intelectual a quien lo necesitaba, consejo o aplauso, y la ayuda
-eficaz al pobre que le pedía, pues entre los humildes como entre los
-grandes, entre las palmas y lauros sobre los cuales sobresalía su
-calva cabeza pensadora, resplandecía la virtud moral de aquel hombre
-sencillo, de aquel corazón bueno.
-
-Por eso su muerte ha causado un doloroso estremecimiento en España
-entera, paralelo al estremecimiento simpático del mundo. Había ido
-Castelar a buscar vigor a la orilla del Mediterráneo--el mar tantas
-veces cantado en sus hímnicas proas--; había ido después de su último
-esfuerzo en la arena política, cuando los republicanos le rodeaban como
-al hombre fuerte de las pasadas campañas, creyendo ver en él la salud
-de la patria hoy tan maltrecha y extenuada. Pero así estaba el tribuno,
-el que sufrió tanto con el gran desastre, y que sintiendo llegar su
-última hora, comunicó en una carta a una amiga extranjera: «Muero
-con la agonía de España». Una tarde, a la orilla del mar, ve a unos
-pescadores y se acerca a ellos. Los peces que se asfixiaban saltando
-sobre la tierra, fueron para él triste impresión: «¡Si iré a morir
-como estos peces, faltos de oxígeno!» Y así murió. Al día siguiente
-de la noticia, mientras el pueblo de Madrid comentaba ya la actitud
-de un ministro incorrecto y falto de seso, cerca de la Puerta del
-Sol tuve una sensación que jamás se borrará de mi memoria. Un ciego,
-de esos que aquí andan por las calles pidiendo limosna, improvisando
-coplas de actualidad al son de sus lamentables guitarras, cantaba en
-tono doloroso delante de un círculo de transeúntes que aumentaba a
-cada paso. Por curiosidad me detuve, al oir en el canto el nombre de
-Castelar. El pobre coplero del arroyo, en versos muy malos decía cosas
-sentidas y húmedas de llanto sincero; y aun no sé qué arte singular
-hacía coincidir su pena con el decir ingenuo, el acompañar de las
-cuerdas afónicas de aquel instrumento imposible. Cuando volví la vista,
-las mujeres lloraban; los obreros tenían las caras serias y tristes. Y
-la maligna política apareció, con el instinto popular que sabe soltar
-su avispa certera para que pique en donde se debe, con estrofas como
-ésta que recuerdo:
-
- Don Emilio Castelar,
- Que toda Europa conoce,
- Quiso Dios que se muriera
- Antes que abrieran las Cortes...
-
-En la puerta del Sol, en los cafés, en las calles todas, el rumor se
-acentuaba contra el Gobierno y en especial contra el ministro de la
-Guerra, general Polavieja. Se acababa de publicar un decreto absurdo en
-que se leía: «Resultando: que D. Emilio Castelar ha muerto en honrada
-pobreza;--Artículo 1.º, los gastos que ocasionen su enterramiento
-y honras fúnebres, serán de cuenta del Estado». Así, frío como
-un compromiso, duro como una limosna. ¡Y esto en el país de las
-prosopopeyas y fórmulas, en la tierra de «Beso a usted la mano» y donde
-para nombrar a un ministro con sus títulos, se llena un medio pliego!
-El pueblo irritado no contenía sus censuras. ¡En aquellos momentos,
-las Cámaras italianas y portuguesas enviaban su pésame a ese mismo
-Gobierno mezquino; el Senado de la República Argentina se ponía de
-pie; el autocrático Gobierno ruso manifestaba su pesar; el Instituto
-de Francia lamentaba a su ilustre miembro; la Prensa de la tierra se
-enlutaba, el pensamiento universal estaba de duelo! Después se supo que
-Castelar no tendría honores militares; que se había prohibido a los
-artilleros reunirse para tributar homenajes al organizador del Cuerpo
-de Artillería, al antiguo presidente que tanto hizo por el ejército;
-después, que se autorizaba a los generales que quisiesen concurrir,
-para que lo hiciesen con traje de diario y con banda. La Prensa cumplió
-con su deber. Se habló claro; se dijeron verdades al rojo blanco.
-Entretanto, el cadáver de Castelar llega a Madrid en doloroso triunfo;
-y se deposita en el palacio del Congreso. Allí desfiló el pueblo, en
-homenaje último al gran pastor de multitudes; por allí pasó, entre
-tantas gentes, el ciego que yo oí cantar y de cuya visita al cadáver
-habló _El Liberal_. Pues le preguntaron al verle con su guitarra bajo
-el brazo, con sus ojos sin sol: «¿Para qué vienes, si no has de verle?»
-Y él contestó: «¡Por mí le verá mi lazarillo!» ¿Y el obrero humildísimo
-que llegó con su hijita de luto, la cual llevaba un pequeño ramo de
-flores, y pidió permiso para ponerlo sobre el féretro, entre tanta
-monumental corona?
-
-Y llegó el entierro. Fluía en el ambiente de la tarde la dulzura de
-un cielo de acuarela. Madrid se desbordaba como un hirviente vaso.
-Suspendida la circulación por las calles que debía recorrer el fúnebre
-cortejo, la concurrencia se aglomeraba, los balcones se tupían. La
-calle de Alcalá, la Puerta del Sol, la calle Mayor estaban inundadas
-por el río humano. Desde temprano se esperó por largas horas. Por fin
-apareció a lo lejos el pelotón azul de la Guardia civil de a caballo.
-Se abre paso entre el espeso gentío, y comienza el desfile. Van,
-precediendo, las profusas coronas; se destaca la de _El Liberal_,
-enorme y negra, sobre un fondo de seda blanco; van los recogidos
-del hospicio y del asilo de San Bernardino; los grupos de varias
-asociaciones; los comerciantes, numerosos; la Academia de la Historia,
-el Ateneo, el Círculo de Bellas Artes; ahí distingo a Núñez de Arce,
-pálido y como nervioso; ahí va la barbilla canosa de Zapata, junto
-al músico Bretón; allí Echegaray, con su aire enfermizo y gastado.
-Ahí el todo Madrid de la celebridad: periodistas, artistas, sabios,
-académicos. Y el clero, de sobrepelliz, anunciado por la manga de
-la parroquia, embudo negro y oro. Y ahí va Castelar muerto, en su
-carroza severa. Todo el mundo se descubre, todo el mundo le da su
-último saludo. Sobre el féretro no se ve más que un aislado ramito de
-flores... ¡es el ramito de la niña del obrero! La guardia de honor
-sigue, de soldados de la Civil. De pronto se oye entre la muchedumbre:
-«¡Bravo! ¡bien!» Son los militares que vienen, a pesar de la mezquindad
-ministerial. ¡Bravo! ¡Bien! Es el penacho blanco de Martínez Campos,
-el último gran guerrero, que asiste de toda gala; es Weyler, que viene
-sin penacho, pero acorazado el pecho de condecoraciones y medallas,
-Weyler, de fama terrible, pero que hoy se conquista por un momento las
-simpatías, pequeño, acerado, ceñudo, apretada y reveladora la saliente
-mandíbula. ¡Bien! ¡Bravo! Son los penachos, son los entorchados, son
-los uniformes de otros tantos generales, de innumerables jefes y
-oficiales que honran a Castelar a pesar de todo; es la comisión del
-Cuerpo de artilleros, que lleva su ofrenda. ¡Bien! ¡Bravo! Es España
-la antigua que aplaude a las espadas que no han echado en olvido la
-hidalguía. ¡Viva España!
-
-Y pasan más comisiones y los diplomáticos, llenos de oro, entre los
-cuales resaltan el Nuncio y el embajador de China, vestido de seda,
-con su botón de cristal y su pluma de pavón. Y luego la presidencia
-del Consejo de Ministros, y la Guardia civil que cierra la procesión,
-y detrás aún más gente, y más gente. Y el murmullo general se acentúa
-contra quienes no han sabido honrar la memoria del más grande de los
-españoles de su época, a quien sus mismos enemigos tienen una palma que
-ofrecer cuando va camino de la eternidad, a quien no ha habido una sola
-lengua española que no haya consagrado una palabra de admiración, como
-al hijo que mejor supo sobre la faz del universo, honrar a su madre
-patria. Y quienes han herido a esa amada patria con rencores inauditos
-ante el cadáver de aquel que supo combatirles frente a frente en su
-vida gloriosa y nobilísima, son los mismos que han contribuído a la
-desgracia nacional por degenerados o débiles, o ciegos instrumentos de
-errores y desidias; son los que han vuelto de la derrota con pasmosa
-frescura y a quienes una voz, harto elocuente en el Congreso, condenó a
-ser ahorcados con los fajines de sus uniformes... _Militaribus curis et
-severitate morum_... ¿No era Castelar tan gran admirador de Tácito?
-
-Siendo la oratoria casi un arte teatral y basado de manera principal en
-dotes físicas que el tiempo va aminorando poco a poco, el Castelar de
-los últimos años no era sino el reflejo del de las pasadas victorias.
-Decía él mismo en un discurso no hace mucho tiempo: «Por esto los
-oradores se acaban, por la misma razón que se acaban, cuando no hay
-guerra, los héroes. Por esto nuestra imaginación se amortigua, nuestro
-entendimiento se atrofia, las en otros tiempos armoniosas cuerdas
-bucales marran, el estro lírico plega sus alas, el acento conmovedor
-concluye; pues, implacables, la sociedad y la naturaleza destrozan en
-sus inmensas y complicadas máquinas a todos aquellos seres que ya no
-les sirven para cosa ninguna, y que no han de cumplir fin alguno en
-el plan histórico de la Providencia». Pero desde los umbrales de la
-ciudad oscura podía él volverse y contemplar la obra que queda fuera
-de aquella que tenía la vida de un eco, basada de manera exclusiva en
-lo sonoro de su perorar, en lo arrebatador de sus actitudes o en la
-cascada de sus alientos; es una serie de edificios de maravillosas
-arquitecturas construídos en su república, sobre sólidos terrenos o
-sobre montones de arena movediza, o apoyados apenas en el aire en
-que flotaban los colores y las líneas de su fantasía; o paisajes,
-frescos cíclicos de las luchas de pueblos y Gobiernos, de ideas y de
-hombres en el continente europeo, en América, en Asia, en Africa; o
-cinceladas alhambras, kioscos de capricho, o preciosas _loggias_ que
-improvisaba por deleite de arte; o la novela que le resulta vasto
-poema en prosa; o la historia que le resulta himno multiplicado, o la
-semblanza de personaje o boceto de idea que le resulta oda fascinante;
-o el gran poema en estrofas de prosa, a ondas o a bloques, métrica
-ciclópea; o la villa de mármol y de riquezas antiguas que labra
-con sus recuerdos de Italia; o el monumento de mármol también, a
-Byron, y cien estatuas, y mil bustos, y un millón de camafeos, todos
-al amor de un jardín singular en donde mueve el viento armoniosos
-laureles griegos y robustas encinas romanas. Y aquel idealista, aquel
-optimista, no ha partido contemplando sobre el mundo nubes de color
-de rosa que presagien un día de dicha y de tranquilidad, antes
-bien muy negros, muy amenazadores nubarrones, mientras se reúnen y
-deliberan los congregados de la paz en La Haya. Su último artículo
-que ha publicado el _Temps_ hace ver a Francia poco favorable a un
-olvido de sus rencores con Alemania; a Alemania, más militarizada
-cada día, sin permitir el menor menoscabo en su preponderancia; a
-Inglaterra y a los Estados Unidos en un acuerdo tácito para imponer
-en el globo la hegemonía de los países de lengua inglesa. Y concluye:
-«El descontento del Gobierno italiano, producido recientemente a
-consecuencia de sus fracasos diplomáticos en la cuestión de China;
-las dificultades suscitadas entre Francia e Inglaterra por el Sudán
-y el Nilo; el aumento de la escuadra inglesa, que ha necesitado una
-suspensión de la amortización y un déficit de importancia; el cambio
-de América, que ha modificado su temperamento industrial y trabajador
-para marchar a la guerra y a la conquista; el reparto de la China,
-deseado por universales ambiciones; los progresos del ferrocarril ruso
-en la Mongolia; los conflictos del Transvaal entre la presidencia
-de Krúger y la dictadura del desequilibrado Napoleón del Cabo; las
-amenazas contra Portugal y sus colonias; los temores y los espantos,
-tan fundados como legítimos de nuestra desgraciada España; la rivalidad
-de Turquía y de Grecia, de Francia y de Prusia, de Rusia e Inglaterra;
-los motines en Austria; el movimiento interior que reclama y pide
-una Alemania más considerable y numerosa que la Alemania actual; los
-gérmenes de desacuerdo entre las primeras potencias por consecuencia de
-las extensiones territoriales de sus colonias. Todas estas cosas dicen
-que después de la Exposición de 1909 no tendremos ni una hora de paz, y
-elementos de guerra estarán diseminados y extendidos por todas partes».
-Y al finalizar bendice, a pesar de todo, el Congreso de la paz.
-
-En la única, en la eterna, en la que todo entra, en la infinita, ha
-penetrado el prodigioso príncipe de la elocuencia castellana, el
-estupendo artista de la idea escrita, el predicador de la libertad.
-El «canario» de Taine ha volado como un águila. ¿En qué roca celeste
-se detendrá, para que su alma diamantina y pura, en la libertad de
-la muerte tome un rumbo nuevo, bajo el viento de Dios? España le
-levantará un monumento de mármol y de bronce; su nombre irá resonante
-por el tiempo como un orbe de oro. Un tiempo quizá llegue en que su
-espíritu se regocije, desde la sombra de su misterio, al ver florecido
-en una inesperada primavera su ideal. Figuraos una ciudad, Walhalla o
-Jerusalén de las almas soberanas que giraron por la tierra, actualmente
-cumpliendo con su misión semidivina, ciudad de héroes, de artistas, de
-santos, de sabios y de poetas, los genios de la fuerza, los genios de
-la belleza, los genios del carácter y del corazón, los genios de la
-voluntad. En un aire de luz cruzarán las ondas de los pensamientos como
-en una electricidad suprema. La personalidad que subsiste no obstará a
-una comunidad de gloria ambiente. Pues bien, yo me imagino a nuestro
-bueno y grande Castelar en el coro magno de esos inmortales sintiendo
-en un instante del futuro como una voz que le da al oirla un nuevo
-esplendor, una inesperada voz de la tierra que llega a conmoverle a lo
-infinito. Será cuando España haya vuelto a alzar la cabeza como en días
-antiguos, poseída del orgullo de su fuerza nueva, de las palpitaciones
-de su nueva sangre. Junto a los boscajes de ensueño de esa sublime
-ciudad, Jerusalén o Walhalla, los pensadores y los soñadores siguen en
-progresiva ascensión, construyendo las fábricas de sus cálculos, los
-palacios de sus fantasías. Me imagino en esa hora del Señor, que el
-lírico tribuno sonríe al escuchar en lo eterno, del lado de la tierra,
-del lado de las columnas de Hércules, algo semejante a una salutación y
-a un trueno: un rugido.
-
-PLATÓN.--¿Qué es eso?
-
-CASTELAR.--¡Es mi león!
-
-30 mayo 1899.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
- ÍNDICE
-
-
- Páginas.
-
-
-Pensadores y artistas:
-
- Jacinto Benavente. 3
-
- José Enrique Rodó. 9
-
- Graça Aranha. 15
-
- Zorrilla de San Martín. 21
-
- Francisco García Calderón. 25
-
- Santiago Rusiñol. 29
-
- Federico Gamboa. 37
-
- Amado Nervo. 43
-
- Enrique Rodríguez Larreta. 49
-
- Leopoldo Lugones. 53
-
- Enrique Gómez Carrillo. 59
-
- Ricardo Rojas. 65
-
- Manuel Ugarte. 73
-
- Angel Zárraga. 77
-
- Alberto del Solar. 81
-
- Jacinto Octavio Picón. 87
-
- Fray Crescente Errazuris. 101
-
- Eugenio Garzón. 107
-
-
-Políticos:
-
- Su Majestad el Rey Don Alfonso XIII. 115
-
- El General D. Rafael Reyes. 123
-
- Cánovas del Castillo. 129
-
- José Pedro Ramírez. 135
-
- Castelar. 139
-
-
-
-
- EDITORIAL "MUNDO LATINO"
- APARTADO 502.--MADRID.
-
-
- CATÁLOGO PROVISIONAL
- (EXTRACTO DEL CATÁLOGO GENERAL)
-
-
- OBRAS COMPLETAS
- DE RICARDO DE LEÓN
- (De la Real Academia Española)
-
-
- Pesetas.
-
- Edición del Banco de España. Ocho volúmenes en 4.º,
- encuadernados en tela, con alegorías de Coullaut Valera
- y retrato del autor, por Vacqué 50,00
-
- A plazos (5 pesetas mensuales) 60,00
-
-
- DE FRANCISCO VILLAESPESA
-
- I.--Intimidades.--Flores de Almendro 3,00
-
- II.--Luchas.--Confidencias 3,00
-
- III.--La copa del Rey de Thule.--La musa enferma 3,00
-
- IV.--El alto de los Bohemios.--Rapsodias 3,00
-
- V.--Las horas que pasan. (Veladas de amor) 3,00
-
- VI.--Las joyas de Margarita: Breviario de amor.--La
- tela de Penélope.--El milagro del vaso de agua 3,00
-
- VII.--Doña María de Padilla.--La cena de los cardenales 3,00
-
- VIII.--El milagro de las rosas.--Resurrección.--Amigas
- viejas 3,00
-
- IX.--Las granadas de rubíes.--Las pupilas de
- Almotadid.--Las garras de la pantera.--El último
- Abderramán 3,00
-
- X.--Tristitiæ rerum 3,00
-
- XI.--La leona de Castilla.--En el desierto 3,00
-
- XII.--El rey Galaor.--El triunfo del amor 3,00
-
-
- DE RUBÉN DARÍO
- (Ilustraciones de Ochoa)
-
- Tomos publicados:
-
- I.--La caravana pasa 3,50
-
- II.--Prosas profanas 3,50
-
- III.--Tierras solares 3,50
-
- IV.--Azul 3,50
-
- V.--Parisiana 3,50
-
- VI.--Los raros 3,50
-
- VII.--Cantos de vida y esperanza 3,50
-
- VIII.--Letras 3,50
-
- IX.--Canto a la Argentina 3,50
-
- X.--Opiniones 3,50
-
- XI.--Poemas del otoño y otros poemas 3,50
-
- XII.--Peregrinaciones 3,50
-
- XIII.--Prosas políticas 3,50
-
- XIV.--Cuentos y crónicas 3,50
-
- XV.--Autobiografía 3,50
-
- XVI.--El Canto Errante 3,50
-
- XVII.--Viaje a Nicaragua o Historia de mis libros 3,50
-
- Ediciones especiales de lujo, con decoraciones a mano de
- Enrique Ochoa.
-
-
- HENRIK IBSEN
- TEATRO COMPLETO
-
- I.--Catilina. La tumba del guerrero. La castellana de
- Ostrat 3,50
-
- II.--La fiesta de Solhaug. Olaf Liliekrans. Los
- guerreros en Helgeland 3,50
-
- III.--Los pretendientes a la corona y La comedia del
- amor 3,50
-
- IV.--Brand 3,50
-
- V.--Peer Gynt 3,50
-
- VI.--La unión de la juventud. Las columnas de la
- sociedad. La casa de una muñeca 3,50
-
- VII.--Emperador y Galileo 3,50
-
- VIII.--Espectros. Un enemigo del pueblo. El pato
- Silvestre 3,50
-
- IX.--La casa de Rosmer. La dama del mar. Hedda Gabler 3,50
-
- X.--El constructor Solness. El niño Eyolf. Al
- despertar de nuestra muerte 3,50
-
-
- JOSÉ FRANCÉS
-
- El año artístico 1915 6,00
-
- -- -- tela 8,00
-
- El año artístico 1916 (con 250 grabados) 10,00
-
- -- -- -- -- tela 12,00
-
- El año artístico 1917 (con 250 grabados) 11,50
-
- -- -- -- -- tela 13,00
- En preparación el de 1918.
-
-
- COLECCIÓN DE AUTORES ESPAÑOLES
-
- NOVELAS
-
- _Edmundo González Blanco._--Jesús de Nazareht 3,00
-
- _José Francés._--La estatua de carne 3,00
-
- -- El alma viajera 3,50
-
- _López de Saá._--Los indianos vuelven 3,50
-
- -- Bruja de amor 3,50
-
- -- Por un milagro de amor 3,50
-
- _W. Fernández Flórez._--La procesión de los días 3,00
-
- _Elías Cerdá._--Don Quijote en la guerra 2,00
-
- _V. García Martí._--Don Severo Carvallo 2,50
-
- _María Luisa Latil._--Según labremos 3,00
-
- -- Genoveva 2,50
-
- _Eugenio Noel._--El allegreto de la Sinfonía VII 3,00
-
- _Rafael Cansinos Assens._--Las cuatro gracias 3,50
-
- _Francisco Delicado._--La lozana andaluza 3,00
-
- _J. de Lucas Acevedo._--La Caja de Pandora 3,00
-
- _Martín de la Cámara._--Vidas llameantes 3,00
-
- _Mañara._--Historia en camisa 3,00
-
-
- ESTUDIOS Y CRÓNICAS
-
- _Emiliano Ramírez Angel._--Bombilla-Sol-Ventas 3,00
-
- _J. M. Carretero._--Lo que sé por mí (dos series) 3,00
-
- _J. Costa._--Alemania contra España 3,00
-
- _Pedro Pellicena._--Los Cosacos 3,50
-
- _Margarita de la Torre._--Jardín de damas curiosas 3,50
-
- _Fola Igurbide._--El Actor 3,50
-
- _Alberto Ghiraldo._--Los nuevos caminos 3,50
-
- _Enciso._--El soneto en España 3,00
-
-
- POESÍAS
-
- _José Montero._--Yelmo florido (con ilustraciones) 4,00
-
- _Zurita._--Pícaros y donosos 3,00
-
- _Mauricio Bacarisse._--El esfuerzo 3,00
-
- _Eliodoro Puche._--Libro de los elogios galantes y de
- los crepúsculos de otoño 2,50
-
- -- Corazón de la noche 2,50
-
- -- Motivos líricos 2,50
-
- _Emilio Carrere._--El retablo de los poetas. (Antología) 3.50
-
-
- TEATRO
-
- _Muñoz Seca y López Núñez._--El Rayo 3,00
-
- _H. Ibsen._--Dramas líricos 2,00
-
- -- La castellana de Ostrat 2,00
-
- -- Espectros 2,00
-
-
- LAS GRANDES FIGURAS DE LA GUERRA
- EUROPEA
-
- Biografías de los generales: =Alberto I de Bélgica.=
- --=Joffre.=--=Sir Jhon French.=--=Lord Kitchener.= Con
- preciosas fototipias, a 3,00
-
-
- COLECCIÓN DE AUTORES
- EXTRANJEROS
-
- Traducidas por _Felipe Trigo_, _Rafael Cansinos_ _y
- Pedro de Répide_.
-
- _Victoriano de Saussay._--La ciencia del beso 3,50
-
- _René Emery._--Santa María Magdalena 3,50
-
- _Maquiavelo._--Obras festivas: La Mandrágora.--El P.
- Alberico.--La Celestina.--El archidiablo Belfegor 3,00
-
- _Claudia Lamaitre._--Juegos de Damas 3,50
-
-
- CELEBRIDADES ESPAÑOLAS
-
-
- I.--Bécquer (encuadernados en tela) 3,50
-
- II.--Zorrilla -- 3,50
-
- III.--Espronceda -- 3,50
-
-
- COLECCIÓN SELECTA
-
- _Tomás de Quincey._--Los últimos días de Kant 1,00
-
- _Kalidasa._--El reconocimiento de Sakuntala 1,00
-
- _Rousseau._--Discurso sobre las artes y las ciencias 1,00
-
- _Luciano de Samosata._--La diosa de Siria 1,00
-
- _L. Sterne._--Viaje sentimental de un inglés a Francia 1,00
-
- _F. Alvarado._--El filósofo rancio. (Cartas) 1,50
-
-
- COLECCIÓN CIENCIA Y ARTE
-
- _Ricardo Yesares._--¿Qué quieres aprender? Electricidad.
- Encuadernado en tela 3,50
-
- -- ¿Qué quieres ser? Automovilista.
- Encuadernado en tela 3,50
-
-
- OBRAS VARIAS
-
- _Sthendal._--Del amor 6,00
-
- _E. M. Segovia_ (Oficial del Banco de España).--Los
- documentos de crédito 5,00
-
- _Rivero._--Legislación de clases pasivas. Volumen de
- 500 páginas, encuadernado en tela 10,00
-
- _R. Yesares._--Ayuda memoria del mecánico electricista.
- Un volumen, encuadernado en tela 1,50
-
-
- LIBROS DE CARTAS
-
- El arte de escribir cartas 1,00
-
- Manual epistolar (encuadernado en tela) 2,00
-
- Cartas amorosas 0,60
-
- Epistolario de amor (encuadernado) 2,00
-
-
- COLECCIONES POPULARES
-
- COLECCIÓN «MAC-BULL»
-
- Obras sensacionales, originales del conocido escritor
- señor _Bedoya_, cuya maestría en esta literatura es
- universal:
-
- El millonario detective 1,50
-
- El secreto del Kaiser 1,50
-
- La bola de sangre 2,00
-
- El alma de las brujas 2,00
-
-
- COLECCIÓN PICARESCA
-
- Tomos de 130 páginas, de amena lectura de índole
- burlesca y galante, con bonitas portadas en bicolor.
- Van publicados:
-
- Voluptuosidad y perversión 0,50
-
- En camino de la mala vida 0,50
-
- Corazón de piedra 0,50
-
- Memorias galantes de un { Juventud 0,50
-
- abate del siglo XVIII { Mis amores en París 0,50
-
- { Amores de otoño 0,50
-
- Lágrimas de amor 0,50
-
- De flor en flor (Historia de un cínico) 0,50
-
- El maldito dinero (Historia de amor y de maldad) 0,50
-
-
- COLECCIÓN FOLLETÍN
-
- Esta colección contendrá las obras más famosas de la
- Literatura Universal, en elegantes volúmenes de 150 a
- 200 páginas, con primorosas cubiertas en color. Van
- publicados:
-
- El último Mohicano 0,50
-
- El misterio de los Apaches 0,50
-
- Amor salvaje 0,50
-
- Margarita de Borgoña 0,50
-
- Lucrecia Borgia 0,50
-
- La Dama de las Camelias 0,50
-
- Flecha de oro 0,50
-
- El Capitán rojo 0,50
-
- Werther 0,50
-
- El Espía de las rocas 0,50
-
- Manon Lescaut 0,50
-
- Un viaje a la luna 0,50
-
- Mignon 0,50
-
-
- COLECCIÓN MARAVILLAS DE LA GUERRA
-
- Narraciones sensacionales del conocido periodista señor
- _López Moya_, cuya fantasía corre parejas con su
- amenidad. Van publicados:
-
- Azañas de Vedrines 0,50
-
- Proezas de un submarino inglés 0,50
-
- Tragedia en los aires 0,50
-
- El misterio de los Zeppelines 0,50
-
- El fantasma del mar del Norte 0,50
-
- Buzo heroico 0,50
-
-
- COLECCIÓN MEFISTÓFELES
-
- Primorosos volúmenes de sugestiva lectura. Van
- publicados:
-
- La magia negra 0,50
-
- El A B C del hipnotismo 0,50
-
- Los misterios del sonambulismo 0,50
-
- Ocultismo experimental 0,50
-
- Los misterios de las piedras preciosas 0,50
-
- Las plantas en las habitaciones 0,50
-
-
- LIBROS TAURINOS
-
- _El Caballero Audaz._--El libro de los toreros: epílogo
- de José Francés. (Bomba, Joselito, Gallo, Belmonte,
- Pastor, Gaona, Carpio.) Con fotografías. Libro de
- éxito enorme 2,00
-
- Los amores de los toreros. Cuadernos de gran tamaño y
- muy interesantes para la afición a toros. Van
- publicados: Belmonte.--Pastor.--Gallo--Gallito.
- --Gaona.--Los crímenes del gallismo. Cada cuaderno 0,20
-
-
-
-
-
-End of the Project Gutenberg EBook of Cabezas: Pensadores y Artistas.
-Políticos, by Rubén Darío
-
-*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK CABEZAS ***
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-Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
-
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-including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
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-Volunteers and financial support to provide volunteers with the
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-To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
-and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
-and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.
-
-
-Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
-Foundation
-
-The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
-501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
-state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
-Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
-number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
-http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
-Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
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-The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
-Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
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-business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
-information can be found at the Foundation's web site and official
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-Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
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