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authornfenwick <nfenwick@pglaf.org>2025-03-08 19:33:35 -0800
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@@ -0,0 +1,5632 @@
+*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 40827 ***
+
+En esta edición se han mantenido las convenciones ortográficas del
+original, incluyendo las variadas normas de acentuación presentes en el
+texto. (la lista de errores corregidos sigue el texto.)
+(nota del transcriptor)
+
+
+
+
+
+_La Voz de la Conseja_
+
+
+
+
+La Voz
+de la Conseja
+
+Selección
+de las mejores novelas breves y cuentos de
+los más esclarecidos literatos.
+
+Recopilación hecha
+por
+Emilio Carrère
+
+Firmas del tomo primero
+
+Galdós.--Benavente.--Condesa de Pardo Bazán.--Unamuno.--Palacio
+Valdés.--Rubén Darío.--Baroja.--Dicenta.--Ricardo
+León.--Nogales.--Répide.--Arturo
+Reyes y Pedro Mata.
+
+V. H. SANZ CALLEJA
+
+Editores e Impresores
+
+C. Central: Montera, 31.--Talleres: R. Atocha, 23
+
+MADRID
+
+:ES PROPIEDAD:
+
+
+
+
+INDICE
+
+
+_BENITO PÉREZ GALDÓS_
+
+_La novela en el tranvía_ 17
+
+_JACINTO BENAVENTE_
+
+_El criado de Don Juan_ 59
+
+_CONDESA DE PARDO BAZÁN_
+
+_Viernes Santo_ 77
+
+_MIGUEL DE UNAMUNO_
+
+_El sencillo Don Rafael_ 99
+
+_ARMANDO PALACIO-VALDÉS_
+
+_¡Solo!_ 111
+
+_RUBÉN DARÍO_
+
+_El Rey burgués_ 137
+
+_PÍO BAROJA_
+
+_Elizabide el Vagabundo_ 149
+
+JOAQUÍN DICENTA
+
+_La epopeya de una zíngara_ 165
+
+RICARDO LEÓN
+
+_Los tres reyes de Oriente_ 175
+
+JOSÉ NOGALES
+
+_Las tres cosas del tío Juan_ 187
+
+PEDRO DE RÉPIDE
+
+_La enamorada indiscreta_ 203
+
+ARTURO REYES
+
+_Cosas de hombre_ 249
+
+PEDRO MATA
+
+_Fuerte como la muerte_ 261
+
+
+
+
+_AL EMPEZAR_
+
+
+_La Casa editorial V. H. de Sanz Calleja me encarga esta Antología de
+cuentistas de habla castellana. No es tarea tan humilde la del
+seleccionador, pues hace falta un exquisito sentido estético para poder
+elegir lo mejor en la maravillosa labor literaria de los altos ingenios
+que honran estas páginas de_ LA VOZ DE LA CONSEJA...
+
+_Yo creo que esta colección de cuentos tiene un gran valor
+bibliográfico; es un documento brillante de este nuevo siglo de oro de
+la novela española, que comienza con el nombre glorioso de don Benito
+Pérez Galdós. En estas hojas está el gran espíritu de una época noble,
+fecunda, preñada de ideal artístico, encerrado como en un tabernáculo. Y
+también me parece que la publicación de_ LA VOZ DE LA CONSEJA _es una
+prueba de amor al libro español, un acicate para la curiosidad del
+lector indolente y un selecto regalo para el espíritu del lector culto_.
+
+_No osaré jamás hacer una reseña crítica de los nombres insignes que en
+este primer tomo os ofrecen gallardas muestras de su talento; sólo
+quiero decir sus nombres y los títulos de sus cuentos, para deleitarme
+al recordar el encantador, sano e ingenuo humorismo de Galdós en_ La
+novela en el tranvía; _las prosas madrigalescas, hondas y miniadas de
+Benavente en_ El criado de Don Juan _y la recia y sabrosa urdimbre
+novelesca, palpitante de rebeldía, de amor y de dolor de_ Viernes Santo,
+_de la condesa de Pardo Bazán. Palacio Valdés, el maestro solitario, os
+ofrece su novela_ ¡Solo!, _digna de la pluma egregia que trazó_ La aldea
+perdida. _Todas las palabras de elogio son pobres para este coloso de la
+novela contemporánea_. El sencillo Don Rafael, cazador y tresillista _es
+una conmovedora y grácil narración de Unamuno, el espíritu más hondo,
+más multiforme, el corazón más en carne viva de esta época de
+inquietudes de conciencia y de lucha desesperada por la vida y por las
+ideas. Burla burlando_, El sencillo Don Rafael _es de una emoción que
+hace llorar y a un tiempo ofrece un alto ejemplo de belleza moral dentro
+de una naturalidad encantadora_.
+
+_José Nogales, el castellano artífice de la prosa, nos brinda_ Las tres
+cosas del tío Juan, _el cuento a que debió su consagración. Arturo Reyes
+fué un gran cuentista regional, como lo prueba en_ Cosas de hombre,
+_lleno de gracejo, de ambiente, dueño de la dificilísima técnica del
+arte del cuento. Como gratitud a la honda emoción estética que nos
+dieron, pongamos un recuerdo, como una hoja de laurel, sobre la piedra
+de estos dos ilustres cuentistas, muertos ya_.
+
+La epopeya de una zíngara, _de Joaquín Dicenta, es un jirón de realidad
+salvaje, ensangrentada, aullante de dolor. Es de lo más personal de
+este insigne dramaturgo español, todo pasión y violencia, que hoy, día
+21 de Febrero, está encerrado entre las cuatro tablas hórridas de un
+ataúd. ¡Taladrante coincidencia! Cuando me dispongo a hacer esta frívola
+reseña, los periódicos dicen la muerte del autor de_ Juan José. _Fué un
+gran corazón y un temperamento único, insuperable de artista_. La
+epopeya de una zíngara _refleja fielmente el rico carácter emocional de
+este escritor_.
+
+_El artista de la crónica, Pedro de Répide, nos regala con su novela_ La
+enamorada indiscreta, _escrita donosamente y con toda pureza a la manera
+clásica de la novela del siglo áureo_.
+
+_Pedro Mata, en_ Fuerte como la muerte, _traza una irónica elegía
+henchida de emoción dramática_.
+
+_El prestigio de estos nombres y de los de Baroja y León nos hace
+esperar que_ LA VOZ DE LA CONSEJA _sea un gran éxito editorial. En los
+volúmenes sucesivos seguiremos publicando cuentos y novelas breves de
+lo más florido de la intelectualidad española_.
+
+_Todas las orientaciones, todos los estilos, como guía del lector
+quedarán grabados en estas páginas. Según sus afinidades, el que lea,
+buscará después las obras completas de sus autores predilectos, La Casa
+editorial Sanz Calleja ama el libro y cuida de su presentación con el
+mayor gusto artístico; no es sólo el estímulo comercial el que la guía;
+acomete la empresa romántica de hacer lectores y de_ hacer _libreros
+amantes del libro español. Los libros de grandes firmas, de bella
+presentación y muy baratos tendrán millares de lectores que acudirán al
+mostrador del librero, y éste saldrá de su éxtasis de fakir, y al par
+que gana dinero aprenderá a tomar cariño al libro. Hay que hacer la
+reconquista espiritual de América: antaño fueron los capitanes, ogaño
+son los mercaderes de libros_.
+
+_Hemos creído, juntamente editores y recopilador_, _que_ LA VOZ DE LA
+CONSEJA _era un libro indispensable en esta labor de bibliofilia.
+Además, hasta hoy no había una colección con honores de Antología de los
+cuentistas castellanos modernos. Recuerdo unos trozos escogidos para
+lectura en las escuelas de párvulos, que acababa en Jovellanos y
+Martínez de la Rosa. Del siglo_ XIX _no se había editado nada, que yo
+recuerde, hasta_ LA VOZ DE LA CONSEJA, _mientras que en Francia hay por
+lo menos diez florilegios por cada generación literaria_.
+
+_En estas páginas daremos acogida, no sólo a los cuentistas españoles,
+sino también a los hermanos en lengua cervantina de las Repúblicas
+latinas de América. Tan españoles son como nosotros por la lengua, que
+es el espíritu, razón más fuerte esta del idioma que la geográfica_.
+
+_En este primer tomo damos_ El Rey burgués, _de Rubén Darío, uno de los
+grandes artistas_--_no de América ni de España, sino de la Humanidad y
+de todos los tiempos_.
+
+_Abramos la primera página de_ LA VOZ DE LA CONSEJA _con el alma
+despierta a la emoción del arte y recojámonos. La voz gloriosa de
+Galdós, el patriarca de la novela, comienza a sonar. Devotamente,
+oid_...
+
+_E. CARRERE_
+
+
+
+
+La Novela en el Tranvía.
+
+(GALDÓS)
+
+
+
+
+LA NOVELA EN EL TRANVIA
+
+
+I
+
+El coche partía de la extremidad del barrio de Salamanca, para atravesar
+todo Madrid en dirección al de Pozas. Impulsado por el egoísta deseo de
+tomar asiento antes que las demás personas movidas de iguales
+intenciones, eché mano a la barra que sustenta la escalera de la
+imperial, puse el pie en la plataforma y subí; pero en el mismo instante
+¡oh previsión! tropecé con otro viajero que por el opuesto lado entraba.
+Le miro y reconozco a mi amigo el Sr. D. Dionisio Cascajares de la
+Vallina, persona tan inofensiva como discreta, que tuvo en aquella
+crítica ocasión la bondad de saludarme con un sincero y entusiasta
+apretón de manos.
+
+Nuestro inesperado choque no había tenido consecuencias de
+consideración, si se exceptúa la abolladura parcial de cierto sombrero
+de paja puesto en la extremidad de una cabeza de mujer inglesa, que
+tras de mi amigo intentaba subir, y que sufrió sin duda por falta de
+agilidad, el rechazo de su bastón.
+
+Nos sentamos sin dar al percance exagerada importancia, y empezamos a
+charlar. El Sr. D. Dionisio Cascajares es un médico afamado, aunque no
+por la profundidad de sus conocimientos patológicos, y un hombre de
+bien, pues jamás se dijo de él que fuera inclinado a tomar lo ajeno, ni
+a matar a sus semejantes por otros medios que por los de su peligrosa y
+científica profesión. Bien puede asegurarse que la amenidad de su trato
+y el complaciente sistema de no dar a los enfermos otro tratamiento que
+el que ellos quieren, son causa de la confianza que inspira a multitud
+de familias de todas jerarquías, mayormente cuando también es fama que
+en su bondad sin límites presta servicios ajenos a la ciencia, aunque
+siempre de índole rigurosamente honesta.
+
+Nadie sabe como él sucesos interesantes que no pertenecen al dominio
+público, ni ninguno tiene en más estupendo grado la manía de preguntar,
+si bien este vicio de exagerada inquisitividad se compensa en él por la
+prontitud con que dice cuanto sabe, sin que los demás se tomen el
+trabajo de preguntárselo. Júzguese por esto si la compañía de tan
+hermoso ejemplar de la ligereza humana será solicitada por los curiosos
+y por los lenguaraces.
+
+Este hombre, amigo mío, como lo es de todo el mundo, era el que sentado
+iba junto a mí cuando el coche, resbalando suavemente por su calzada de
+hierro, bajaba la calle de Serrano, deteniéndose alguna vez para llenar
+los pocos asientos que quedaban ya vacíos. Ibamos tan estrechos que me
+molestaba grandemente el paquete de libros que conmigo llevaba, y ya le
+ponía sobre esta rodilla, ya sobre la otra, ya por fin me resolví a
+sentarme sobre él, temiendo molestar a la señora inglesa, a quien cupo
+en suerte colocarse a mi siniestra mano.
+
+--¿Y usted adónde va?--me preguntó Cascajares, mirándome por encima de
+sus espejuelos azules, lo que me hacía el efecto de ser examinado por
+cuatro ojos.
+
+Contestéle evasivamente, y él, deseando sin duda no perder aquel rato
+sin hacer alguna útil investigación, insistió en sus preguntas diciendo:
+
+--Y Fulanito, ¿qué hace? Y Fulanito ¿dónde está? con otras indagatorias
+del mismo jaez, que tampoco tuvieron respuesta cumplida.
+
+Por último, viendo cuán inútiles eran sus tentativas para pegar la
+hebra, echó por camino más adecuado a su expansivo temperamento y empezó
+a desembuchar.
+
+--¡Pobre Condesa!--dijo expresando con un movimiento de cabeza y un
+visaje, su desinteresada compasión. Si hubiera seguido mis consejos no
+se vería en situación tan crítica.
+
+--¡Ah! es claro--, contesté maquinalmente, ofreciendo también el tributo
+de mi compasión a la señora Condesa.
+
+--¡Figúrese usted,--prosiguió,--que se han dejado dominar por aquel
+hombre! Y aquel hombre llegará a ser el dueño de la casa. ¡Pobrecilla!
+Cree que con llorar y lamentarse se remedia todo, y no. Urge tomar una
+determinación. Porque ese hombre es un infame, le creo capaz de los
+mayores crímenes.
+
+--¡Ah! ¡Sí es atroz!--dije yo, participando irreflexivamente de su
+indignación.
+
+--Es como todos los hombres de malos instintos y de baja condición que
+si se elevan un poco, luego no hay quien los sufra. Bien claro indica su
+rostro que de allí no puede salir cosa buena.
+
+--Ya lo creo, eso salta a la vista.
+
+--Le explicaré a usted en breves palabras. La Condesa es una mujer
+excelente, angelical, tan discreta como hermosa, y digna por todos
+conceptos de mejor suerte. Pero está casada con un hombre que no
+comprende el tesoro que posee, y pasa la vida entregado al juego y a
+toda clase de entretenimientos ilícitos. Ella entretanto se aburre y
+llora. ¿Es extraño que trate de sofocar su pena divirtiéndose
+honestamente aquí, y allí, donde quiera que suena un piano? Es más, yo
+mismo se lo aconsejo y le digo: «Señora, procure usted distraerse, que
+la vida se acaba. Al fin el señor Conde se ha de arrepentir de sus
+locuras y se acabarán las penas.» Me parece que estoy en lo cierto.
+
+--¡Ah! sin duda--, contesté con oficiosidad, continuando en mis adentros
+tan indiferente como al principio a las desventuras de la Condesa.
+
+--Pero no es eso lo peor--añadió Cascajares, golpeando el suelo con su
+bastón--sino que ahora el señor Conde ha dado en la flor de estar
+celoso... sí, de cierto joven que se ha tomado a pechos la empresa de
+distraer a la Condesa.
+
+--El marido tendrá la culpa de que lo consiga.
+
+--Todo eso sería insignificante, porque la Condesa es la misma virtud;
+todo eso sería insignificante, digo, si no existiera un hombre
+abominable que sospecho ha de causar un desastre en aquella casa.
+
+--¿De veras? ¿Y quién es ese hombre?--pregunté con una chispa de
+curiosidad.
+
+--Un antiguo mayordomo muy querido del Conde, y que se ha propuesto
+martirizar a la infeliz cuanto sensible señora. Parece que se ha
+apoderado de cierto secreto que la compromete, y con esta arma
+pretende... qué sé yo... ¡Es una infamia!
+
+--Sí que lo es, y ello merece un ejemplar castigo--dije yo, descargando
+también el peso de mis iras sobre aquel hombre.
+
+--Pero ella es inocente; ella es un ángel... Pero, ¡calle! estamos en la
+Cibeles. Sí; ya veo a la derecha el parque de Buenavista. Mande usted
+parar, mozo; que no soy de los que hacen la gracia de saltar cuando el
+coche está en marcha, para descalabrarse contra los adoquines. Adiós, mi
+amigo, adiós.
+
+Paró el coche y bajó D. Dionisio Cascajares y de la Vallina, después de
+darme otro apretón de manos y de causar segundo desperfecto en el
+sombrero de la dama inglesa, aún no repuesta del primitivo susto.
+
+
+II
+
+Siguió el ómnibus su marcha y ¡cosa singular! yo a mi vez seguí pensando
+en la incógnita Condesa, en su cruel y suspicaz consorte, y sobre todo
+en el hombre siniestro que, según la enérgica expresión del médico, a
+punto estaba de causar un desastre en la casa. Considera, lector, lo que
+es el humano pensamiento: cuando Cascajares principió a referirme
+aquellos sucesos, yo renegaba de su inoportunidad y pesadez, mas poco
+tardó mi mente en apoderarse de aquel mismo asunto, para darle vueltas
+de arriba abajo, operación psicológica que no deja de ser estimulada por
+la regular marcha del coche y el sordo y monótono rumor de sus ruedas,
+limando el hierro de los carriles.
+
+Pero al fin dejé de pensar en lo que tan poco me interesaba, y
+recorriendo con la vista el interior del coche, examiné uno por uno a
+mis compañeros de viaje. ¡Cuán distintas caras y cuán diversas
+expresiones! Unos parecen no inquietarse ni lo más mínimo de los que van
+a su lado; otros pasan revista al corrillo con impertinente curiosidad;
+unos están alegres, otros tristes, aquel bosteza, el de más allá ríe, y
+a pesar de la brevedad del trayecto, no hay uno que no desee terminarlo
+pronto. Pues entre los mil fastidios de la existencia, ninguno aventaja
+al que consiste en estar una docena de personas mirándose las caras sin
+decirse palabra, y contándose recíprocamente sus arrugas, sus lunares, y
+éste o el otro accidente observado en el rostro o en la ropa.
+
+Es singular este breve conocimiento con personas que no hemos visto y
+que probablemente no volveremos a ver. Al entrar, ya encontramos a
+alguien; otros vienen después que estamos allí; unos se marchan,
+quedándonos nosotros, y por último también nos vamos. Imitación es esto
+de la vida humana, en que el nacer y el morir son como las entradas y
+salidas a que me refiero, pues van renovando sin cesar en generaciones
+de viajeros el pequeño mundo que allí dentro vive. Entran, salen; nacen,
+mueren... ¡Cuántos han pasado por aquí antes que nosotros!
+
+¡Cuántos vendrán después!
+
+Y para que la semejanza sea más completa, también hay un mundo chico de
+pasiones en miniatura dentro de aquel cajón. Muchos van allí que se nos
+antojan excelentes personas, y nos agrada su aspecto y hasta les vemos
+salir con disgusto. Otros, por el contrario, nos revientan desde que les
+echamos la vista encima: les aborrecemos durante diez minutos;
+examinamos con cierto rencor sus caracteres frenológicos y sentimos
+verdadero gozo al verles salir. Y en tanto sigue corriendo el vehículo,
+remedo de la vida humana; siempre recibiendo y soltando, uniforme,
+incansable, majestuoso, insensible a lo que pasa en su interior; sin que
+le conmuevan ni poco ni mucho las mal sofocadas pasioncillas de que es
+mudo teatro; siempre corriendo, corriendo sobre las dos interminables
+paralelas de hierro, largas y resbaladizas como los siglos.
+
+Pensaba en esto mientras el coche subía por la calle de Alcalá, hasta
+que me sacó del golfo de tan revueltas cavilaciones el golpe de mi
+paquete de libros al caer al suelo. Recogido al instante, mis ojos se
+fijaron en el pedazo de periódico que servía de envoltorio a los
+volúmenes, y maquinalmente leyeron medio renglón de lo que allí estaba
+impreso. De súbito sentí vivamente picada mi curiosidad; había leído
+algo que me interesaba, y ciertos nombres esparcidos en el pedazo de
+folletón hirieron a un tiempo la vista y el recuerdo. Busqué el
+principio y no lo hallé: el papel estaba roto, y únicamente pude leer,
+con curiosidad primero y después con afán creciente, lo que sigue:
+
+«Sentía la Condesa una agitación indescriptible. La presencia de
+Mudarra, el insolente mayordomo, que olvidando su bajo orígen atrevíase
+a poner los ojos en persona tan alta, le causaba continua zozobra. El
+infame la estaba espiando sin cesar, la vigilaba como se vigila a un
+preso. Ya no le detenía ningún respeto, ni era obstáculo a su infame
+asechanza la debilidad y delicadeza de tan excelente señora.
+
+»Mudarra penetró a deshora en la habitación de la Condesa, que pálida y
+agitada, sintiendo a la vez vergüenza y terror, no tuvo ánimo para
+despedirle.
+
+--»No se asuste usía, señora Condesa--, dijo con forzada y siniestra
+sonrisa, que aumentó la turbación de la dama;--no vengo a hacer a usía
+daño alguno.
+
+--»¡Oh, Dios mío! ¡Cuándo acabará este suplicio!--exclamó la dama,
+dejando caer sus brazos con desaliento. Salga usted; yo no puedo acceder
+a sus deseos. ¡Qué infamia! ¡Abusar de ese modo de mi debilidad, y de la
+indiferencia de mi esposo, único autor de tantas desdichas!
+
+--»¿Por qué tan arisca, señora Condesa?--añadió el feroz mayordomo--. Si
+yo no tuviera el secreto de su perdición en mi mano; si yo no pudiera
+imponer al señor Conde de ciertos particulares... pues... referentes a
+aquel caballerito... Pero, no abusaré, no, de estas terribles armas.
+Usted me comprenderá al fin, conociendo cuán desinteresado es el grande
+amor que ha sabido inspirarme.
+
+»Al decir esto, Mudarra dió algunos pasos hacia la Condesa, que se alejó
+con horror y repugnancia de aquel monstruo.
+
+»Era Mudarra un hombre como de cincuenta años, moreno, rechoncho y
+patizambo, de cabellos ásperos y en desorden, grande y colmilluda la
+boca. Sus ojos medio ocultos tras la frondosidad de largas, negras y
+espesísimas cejas, en aquellos instantes expresaban la más bestial
+concupiscencia.
+
+--»¡Ah, puerco espín!--exclamó con ira al ver el natural despego de la
+dama.--¡Qué desdicha no ser un mozalbete almidonado! Tanto remilgo
+sabiendo que puedo informar al señor Conde... Y me creerá, no lo dude
+usía: el señor Conde tiene en mí tal confianza, que lo que yo digo es
+para él el mismo Evangelio... pues... y como está celoso... si yo le
+presento el papelito...
+
+--»¡Infame!--gritó la Condesa con noble arranque de indignación y
+dignidad.--Yo soy inocente; y mi esposo no será capaz de prestar oídos a
+tan viles calumnias. Y aunque fuera culpable prefiero mil veces ser
+despreciada por mi marido y por todo el mundo, a comprar mi tranquilidad
+a ese precio. Salga usted de aquí al instante.
+
+--»Yo también tengo mal genio, señora Condesa--, dijo el mayordomo
+devorando su rabia--; yo también gasto mal genio, y cuando me amosco...
+Puesto que usía lo toma por la tremenda, vamos por la tremenda. Ya sé lo
+que tengo que hacer, y demasiado condescendiente he sido hasta aquí. Por
+última vez propongo a usía que seamos amigos, y no me ponga en el caso
+de hacer un disparate... con que señora mía...
+
+»Al decir esto Mudarra contrajo la pergaminosa piel y los rígidos
+tendones de su rostro haciendo una mueca parecida a una sonrisa, y dió
+algunos pasos como para sentarse en el sofá junto a la Condesa. Esta se
+levantó de un salto gritando:--«¡No; salga usted! ¡Infame! Y no tener
+quien me defienda... ¡Salga usted!»
+
+»El mayordomo, entonces era como una fiera a quien se escapa la presa
+que ha tenido un momento antes entre sus uñas. Dió un resoplido, hizo un
+gesto de amenaza y salió despacio con pasos muy quedos. La Condesa,
+trémula y sin aliento, refugiada en la extremidad del gabinete, sintió
+las pisadas que alejándose se perdían en la alfombra de la habitación
+inmediata y respiró al fin cuando le consideró lejos. Cerró las puertas
+y quiso dormir; pero el sueño huía de sus ojos aún aterrados con la
+imagen del monstruo.
+
+»CAPITULO XI.--_El Complot_.--Mudarra, al salir de la habitación de la
+Condesa, se dirigió a la suya y dominado por fuerte inquietud nerviosa,
+comenzó a registrar cartas y papeles diciendo entre dientes. «Ya no
+aguanto más; me las pagará todas juntas.» Después se sentó, tomó la
+pluma, y poniendo delante una de aquellas cartas, y examinándola bien
+empezó a escribir otra tratando de remedar la letra. Mudaba la vista con
+febril ansiedad del modelo a la copia y por último después de gran
+trabajo escribió con caracteres enteramente iguales a los del modelo la
+carta siguiente, cuyo sentido era de su propia cosecha: _Había
+prometido a usted una entrevista y me apresuro...»_
+
+El folletín estaba roto y no pudo leer más.
+
+
+III
+
+Sin apartar la vista del paquete, me puse a pensar en la relación que
+existía entre las noticias sueltas que oí de boca del señor Cascajares y
+la escena leída en aquel papelucho, folletín, sin duda, traducido de
+alguna desatinada novela de Ponson du Terrail o de Montepín. Será una
+tontería, dije para mí, pero es lo cierto que ya me inspira interés esa
+señora Condesa, víctima de la barbarie de un mayordomo imposible, cual
+no existe sino en la trastornada cabeza de algún novelista nacido para
+aterrar a las gentes sencillas. ¿Y qué haría el maldito para vengarse?
+Capaz sería de imaginar cualquiera atrocidad de esas que ponen fin a un
+capítulo de sensación ¿Y el Conde, qué hará? Y aquel mozalbete de quien
+hablaron Cascajares en el coche y Mudarra en el folletín ¿qué hará?
+¿quién será? ¿Qué hay entre la Condesa y ese incógnito caballerito? Algo
+daría por saber...
+
+Esto pensaba, cuando alcé los ojos, recorrí con ellos el interior del
+coche, y ¡horror! vi una persona que me hizo estremecer de espanto.
+Mientras estaba yo embebido en la interesante lectura del pedazo de
+folletín, el tranvía se había detenido varias veces para tomar o dejar
+algún viajero. En una de estas ocasiones había entrado aquel hombre,
+cuya súbita presencia me produjo tan grande impresión. Era él, Mudarra,
+el mayordomo en persona, sentado frente a mí, con sus rodillas tocando
+mis rodillas. En un segundo le examiné de pies a cabeza y reconocí las
+facciones cuya descripción había leído. No podía ser otro: hasta los más
+insignificantes detalles de su vestido indicaban claramente que era él.
+Reconocí la tez morena y lustrosa, los cabellos indomables, cuyas mechas
+surgían en opuestas direcciones como las culebras de Medusa, los ojos
+hundidos bajo la espesura de unas agrestes cejas, las barbas, no menos
+revueltas e incultas que el pelo, los pies torcidos hacia dentro como
+los de los loros, y en fin, la misma mirada, el mismo hombre en el
+aspecto, en el traje, en el respirar, en el toser, hasta en el modo de
+meterse la mano en el bolsillo para pagar.
+
+De pronto le vi sacar una cartera, y observé que este objeto tenía en la
+cubierta una gran _M_ dorada, la inicial de su apellido. Abrióla, sacó
+una carta y miró el sobre con sonrisa de demonio, y hasta me pareció que
+decía entre dientes:
+
+«¡Qué bien imitada está la letra!» En efecto, era una carta pequeña, con
+el sobre garabateado por mano femenina. Lo miró bien, recreándose en su
+infame obra, hasta que observó que yo con curiosidad indiscreta y
+descortés alargaba demasiado el rostro para leer el sobrescrito.
+Dirigióme una mirada que me hizo el efecto de un golpe, y guardó su
+cartera.
+
+El coche seguía corriendo, y en el breve tiempo necesario para que yo
+leyera el trozo de novela, para que pensara un poco en tan extrañas
+cosas, para que viera al propio Mudarra, novelesco, inverosímil,
+convertido en ser vivo y compañero mío en aquel viaje, había dejado
+atrás la calle de Alcalá, atravesaba la Puerta del Sol y entraba
+triunfante en la calle Mayor, abriéndose paso por entre los demás
+coches, haciendo correr a los carromatos rezagados y perezosos, y
+ahuyentando a los peatones, que en el tumulto de la calle, y aturdidos
+por la confusión de tantos y tan diversos ruidos, no ven la mole que se
+les viene encima sino cuando ya la tienen a muy poca distancia.
+
+Seguía yo contemplando aquel hombre como se contempla un objeto de cuya
+existencia real no estamos seguros, y no quité los ojos de su
+repugnante facha hasta que no le vi levantarse, mandar parar el coche y
+salir, perdiéndose luego entre el gentío de la calle.
+
+Salieron y entraron varias personas y la decoración viviente del coche
+mudó por completo.
+
+Cada vez era más viva la curiosidad que me inspiraba aquel suceso, que
+al principio podía considerar como forjado exclusivamente en mi cabeza
+por la coincidencia de varias sensaciones ocasionadas por la
+conversación o por la lectura, pero que al fin se me figuraba cosa
+cierta y de indudable realidad.
+
+Cuando salió el hombre en quien creí ver el terrible mayordomo, quedéme
+pensando en el incidente de la carta y me lo expliqué a mi manera, no
+queriendo ser en tan delicada cuestión menos fecundo que el novelista,
+autor de lo que momentos antes había leído. Mudarra, pensé, deseoso de
+vengarse de la Condesa, ¡oh, infortunada señora! finge su letra y
+escribe una carta a cierto caballerito, con quien hubo esto y lo otro y
+lo de más allá. En la carta le da una cita en su propia casa; llega el
+joven a la hora indicada y poco después el marido, a quien se ha tenido
+cuidado de avisar, para que coja _in fraganti_ a su desleal esposa: ¡oh
+admirable recurso del ingenio! Ésto, que en la vida tiene su pro y su
+contra, en una novela viene como anillo al dedo. La dama se desmaya, el
+amante se turba, el marido hace una atrocidad, y detrás de la cortina
+está el fatídico semblante del mayordomo que se goza en su endiablada
+venganza.
+
+Lector yo de muchas y muy malas novelas, di aquel giro a la que
+insensiblemente iba desarrollándose en mi imaginación por las palabras
+de un amigo, la lectura de un trozo de papel y la vista de un
+desconocido.
+
+
+IV
+
+Andando, andando seguía el coche y ya por causa del calor que allí
+dentro se sentía, ya porque el movimiento pausado y monótono del
+vehículo produce cierto mareo que degenera en sueño, lo cierto es que
+sentí pesados los párpados, me incliné del costado izquierdo, apoyando
+el codo en el paquete de libros, y cerré los ojos. En esta situación
+continué viendo la hilera de caras de ambos sexos que ante mí tenía,
+barbadas unas, limpias de pelo las otras, aquéllas riendo, éstas muy
+acartonadas y serias. Después me pareció que obedeciendo a la
+contracción de un músculo común, todas aquellas caras hacían muecas y
+guiños, abriendo y cerrando los ojos y las bocas, y mostrándome
+alternativamente una serie de dientes que variaban desde los más blancos
+hasta los más amarillos, afilados unos, romos y gastados los otros.
+Aquellas ocho narices erigidas bajo diez y seis ojos diversos en color y
+expresión, crecían o menguaban, variando de forma; las bocas se abrían
+en línea horizontal, produciendo mudas carcajadas, o se estiraban hacia
+adelante formando hocicos puntiagudos, parecidos al interesante rostro
+de cierto benemérito animal que tiene sobre sí el anatema de no poder
+ser nombrado.
+
+Por detrás de aquellas ocho caras, cuyos horrendos visajes he descrito,
+y al través de las ventanillas del coche, yo veía la calle y las casas,
+los transeuntes, todo en veloz carrera, como si el tranvía anduviese con
+rapidez vertiginosa. Yo por lo menos creía que marchaban más aprisa que
+nuestros ferrocarriles, más que los franceses, más que los ingleses, más
+que los norteamericanos; corría con toda la velocidad que puede suponer
+la imaginación, tratándose de la traslación de lo sólido.
+
+A medida que era más intenso aquel estado letargoso, se me figuraba que
+iban desapareciendo las casas, las calles, Madrid entero. Por un
+instante creí que el tranvía corría por lo más profundo de los mares:
+al través de los vidrios se veían los cuerpos de cetáceos enormes, los
+miembros pegajosos de una multitud de pólipos de diversos tamaños. Los
+peces chicos sacudían sus colas resbaladizas contra los cristales,
+algunos miraban adentro con sus grandes y dorados ojos. Crustáceos de
+forma desconocida, grandes moluscos, madréporas, esponjas y una multitud
+de bivalvos grandes y deformes cual nunca yo los había visto, pasaban
+sin cesar. El coche iba tirado por no sé qué especie de nadantes
+monstruos, cuyos remos, luchando con el agua, sonaban como las paletas
+de una hélice, tornillaban la masa líquida con su infinito voltear.
+
+Esta visión se iba extinguiendo: después parecióme que el coche corría
+por los aires, volando en dirección fija y sin que lo agitaran los
+vientos. Al través de los cristales no se veía nada, más que espacio:
+las nubes nos envolvían a veces; una lluvia violenta y repentina
+tamborileaba en la imperial; de pronto salíamos al espacio puro inundado
+de sol, para volver de nuevo a penetrar en el vaporoso seno de celajes
+inmensos, ya rojos, ya amarillos, tan pronto de ópalo como de amatista,
+que iban quedándose atrás en nuestra marcha. Pasábamos luego por un
+sitio del espacio en que flotaban masas resplandecientes de un finísimo
+polvo de oro; más adelante, aquella polvareda que a mí se me antojaba
+producida por el movimiento de las ruedas triturando la luz, era de
+plata, después verde como harina de esmeraldas, y por último, roja como
+harina de rubíes. El coche iba arrastrado por algún volátil
+apocalíptico, más fuerte que el hipógrifo y más atrevido que el dragón;
+y el rumor de las ruedas y de la fuerza motriz recordaba el zumbido de
+las grandes aspas de un molino de viento, o más bien el de un abejorro
+del tamaño de un elefante. Volábamos por el espacio sin fin, sin llegar
+nunca; entretanto la tierra quedábase abajo, a muchas leguas de nuestros
+pies; y en la tierra, España, Madrid, el barrio de Salamanca,
+Cascajares, la Condesa, el Conde, Mudarra, el incógnito galán, todos
+ellos.
+
+Pero no tardé en dormirme profundamente; y entonces el coche cesó de
+andar, cesó de volar, y desapareció para mí la sensación de que iba en
+tal coche, no quedando más que el ruido monótono y profundo de las
+ruedas, que no nos abandona jamás en nuestras pesadillas dentro de un
+tren o en el camarote de un vapor. Me dormí... ¡Oh infortunada Condesa!
+La vi tan clara como estoy viendo en este instante el papel en que
+escribo; la vi sentada junto a un velador, la mano en la mejilla, triste
+y meditabunda como una estatua de la melancolía. A sus pies estaba
+acurrucado un perrillo, que me pareció tan triste como su interesante
+ama.
+
+Entonces pude examinar a mis anchas a la mujer que yo consideraba como
+la desventura en persona. Era de alta estatura, rubia, con grandes y
+expresivos ojos, nariz fina, y casi, casi grande, de forma muy correcta
+y perfectamente engendrada por las dos curvas de sus hermosas y
+arqueadas cejas. Estaba peinada sin afectación, y en esto, como en su
+traje, se comprendía que no pensaba salir aquella noche. ¡Tremenda, mil
+veces tremenda noche! Yo observaba con creciente ansiedad la hermosa
+figura que tanto deseaba conocer, y me pareció que podía leer sus ideas
+en aquella noble frente donde la costumbre de la reconcentración mental
+había trazado unas cuantas líneas imperceptibles, que el tiempo
+convertiría pronto en arrugas.
+
+De repente se abre la puerta dando paso a un hombre. La Condesa dió un
+grito de sorpresa y se levantó muy agitada.
+
+--¿Qué es esto?--dijo--Rafael. Usted... ¿Qué atrevimiento? ¿Cómo ha
+entrado usted aquí?
+
+--Señora--contestó el que había entrado, joven de muy buen porte.--¿No
+me esperaba usted?--He recibido una carta suya...
+
+--¡Una carta mía!--exclamó más agitada la Condesa.--Yo no he escrito
+carta ninguna. ¿Y para qué había de escribirla?
+
+--Señora, vea usted--repuso el joven sacando la carta y
+mostrándosela;--es su letra, su misma letra.
+
+--¡Dios mío! ¡Qué infernal maquinación!--dijo la dama con
+desesperación.--Yo no he escrito esa carta. Es un lazo que me tienden...
+
+--Señora, cálmese usted... yo siento mucho...
+
+--Sí; lo comprendo todo... Ese hombre infame... Ya sospecho cuál habrá
+sido su idea. Salga usted al instante... Pero ya es tarde; ya siento la
+voz de mi marido.
+
+En efecto, una voz atronadora se sintió en la habitación inmediata, y al
+poco rato entró el Conde, que fingió sorpresa de ver al galán, y
+después, riendo con cierta afectación, le dijo:
+
+--¡Oh! Rafael, usted por aquí... ¡Cuánto tiempo!... Venía usted a
+acompañar a Antonia... Con eso nos acompañará a tomar el te.
+
+La Condesa y su esposo cambiaron una mirada siniestra. El joven, en su
+perplejidad, apenas acertó a devolver al Conde su saludo. Vi que
+entraron y salieron criados; vi que trajeron un servicio de te y
+desaparecieron después, dejando solos a los tres personajes. Iba a
+pasar algo terrible.
+
+Sentáronse: la Condesa parecía difunta, el Conde afectaba una hilaridad
+aturdida, semejante a la embriaguez, y el joven callaba, contestándole
+sólo con monosílabos. Sirvió el te, y el Conde alargó a Rafael una de
+las tazas, no una cualquiera, sino una determinada. La Condesa miró
+aquella taza con tal expresión de espanto, que pareció echar en ella
+todo su espíritu. Bebieron en silencio, acompañando la poción con muchas
+variedades de las sabrosas pastas _Huntley and Palmers_, y otras
+menudencias propias de tal clase de cena. Después el Conde volvió a reir
+con la desaforada y ruidosa expansión que le era peculiar aquella noche,
+y dijo:
+
+--¡Cómo nos aburrimos! Usted, Rafael, no dice una palabra. Antonia, toca
+algo. Hace tanto tiempo que no te oímos. Mira... aquella pieza de
+Gorstchack que se titula _Morte_... La tocabas admirablemente. Vamos,
+ponte al piano.
+
+La Condesa quiso hablar; érale imposible articular palabra. El Conde la
+miró de tal modo, que la infeliz cedió ante la terrible expresión de sus
+ojos, como la paloma fascinada por el boa _constrictor_. Se levantó
+dirigiéndose al piano, y ya allí, el marido debió decirle algo que la
+aterró más, acabando de ponerla bajo su infernal dominio. Sonó el
+piano, heridas a la vez multitud de cuerdas, y corriendo de las graves a
+las agudas, las manos de la dama despertaron en un segundo los
+centenares de sonidos que dormían mudos en el fondo de la caja. Al
+principio era la música una confusa reunión de sones que aturdía en vez
+de agradar; pero luego serenóse aquella tempestad, y un canto fúnebre y
+temeroso como el _Dies iræ_ surgió de tal desorden. Yo creía escuchar el
+son triste de un coro de cartujos, acompañado con el bronco mugido de
+los fagots. Sentíanse después ayes lastimeros como nos figuramos han de
+ser los que exhalan las ánimas, condenadas en el purgatorio a pedir
+incesantemente un perdón que ha de llegar muy tarde.
+
+Volvían luego los arpegios prolongados y ruidosos, y las notas se
+encabritaban unas sobre otras como disputándose cuál ha de llegar
+primero. Se hacían y deshacían los acordes, como se forma y desbarata la
+espuma de las olas. La armonía fluctuaba y hervía en una marejada sin
+fin, alejándose hasta perderse, y volviendo más fuerte en grandes y
+atropellados remolinos.
+
+Yo continuaba extasiado oyendo la música imponente y majestuosa; no
+podía ver el semblante de la Condesa, sentada de espaldas a mí; pero me
+la figuraba en tal estado de aturdimiento y pavor, que llegué a pensar
+que el piano se tocaba solo.
+
+El joven estaba detrás de ella, el Conde a su derecha, apoyado en el
+piano. De vez en cuando levantaba ella la vista para mirarle; pero debía
+encontrar expresión muy horrenda en los ojos de su consorte, porque
+tornaba a bajar los suyos y seguía tocando. De repente el piano cesó de
+sonar y la Condesa dió un grito.
+
+En aquel instante sentí un fortísimo golpe en un hombro, me sacudí
+violentamente y desperté.
+
+
+V
+
+En la agitación de mi sueño había cambiado de postura y me había dejado
+caer sobre la venerable inglesa que a mi lado iba.
+
+--¡Aaah! usted... _sleeping_... molestar... _mi_--dijo con avinagrado
+mohín, mientras rechazaba mi paquete de libros que había caído sobre sus
+rodillas.
+
+--Señora... es verdad... me dormí--contesté turbado al ver que todos los
+viajeros se reían de aquella escena.
+
+--¡Oooh!... yo soy... _going_... _to_ decir al _coachman_... usted
+molestar... mi... usted, caballero... _very shocking_--añadió la inglesa
+en su jerga ininteligible.--_¡Oooh!_ usted creer... _my body_ es... su
+cama _for usted_... _to sleep. ¡Oooh! gentleman you are a stupid ass_.
+
+Al decir esto, la hija de la Gran Bretaña, que era de sí bastante
+amoratada, estaba lo mismo que un tomate. Creyérase que la sangre
+agolpada a sus carrillos y a su nariz a brotar iba por sus candentes
+poros. Me mostraba cuatro dientes puntiagudos y muy blancos, como si me
+quisiera roer. Le pedí mil perdones por mi sueño descortés, recogí mi
+paquete y pasé revista a las nuevas caras que dentro del coche había.
+Figúrate, ¡oh cachazudo y benévolo lector! ¡cuál sería mi sorpresa
+cuando vi frente a mí, ¿a quién creerás? Al joven de la escena soñada,
+al mismo don Rafael en persona. Me restregué los ojos para convencerme
+de que no dormía, y en efecto, despierto estaba y tan despierto como
+ahora.
+
+Era él, el mismo, y conversaba con otro que a su lado iba. Puse atención
+y escuché con toda mi alma.
+
+--¿Pero tú no sospechaste nada?--le decía el otro.
+
+--Algo, sí; pero callé. Parecía difunta; tal era su terror. Su marido la
+mandó tocar el piano y ella no se atrevió a resistir. Tocó, como
+siempre, de una manera admirable, y oyéndola llegué a olvidarme de la
+peligrosa situación en que nos encontrábamos. A pesar de los esfuerzos
+que ella hacía para aparecer serena, llegó un momento en que le fué
+imposible fingir más. Sus brazos se aflojaron, y resbalando de las
+teclas echó la cabeza atrás y dió un grito. Entonces su marido sacó un
+puñal, y dando un paso hacia ella exclamó con furia: «Toca o te mato al
+instante.» Al ver esto hirvió mi sangre toda: quise echarme sobre aquel
+miserable; pero sentí en mi cuerpo una sensación que no puedo pintarte;
+creí que repentinamente se había encendido una hoguera en mi estómago;
+fuego corría por mis venas; las sienes me latieron, y caí al suelo sin
+sentido.
+
+--Y antes, ¿no conociste los síntomas del envenenamiento?--le preguntó
+el otro.
+
+--Notaba cierta desazón y sospeché vagamente, pero nada más. El veneno
+estaba bien preparado, porque hizo el efecto tarde y no me mató, aunque
+sí me ha dejado una enfermedad para toda la vida.
+
+--Y después que perdiste el sentido, ¿qué pasó?
+
+Rafael iba a contestar y yo le escuchaba como si de sus palabras
+pendiera un secreto de vida o muerte, cuando el coche paró.
+
+--¡Ah! ya estamos en los Consejos: bajemos--dijo Rafael.
+
+¡Qué contrariedad! Se marchaban, y yo no sabía el fin de la historia.
+
+--Caballero, caballero, una palabra--dije al verlos salir.
+
+El joven se detuvo y me miró.
+
+--¿Y la Condesa? ¿Qué fué de esa señora?--pregunté con mucho afán.
+
+Una carcajada general fué la única respuesta. Los dos jóvenes, riéndose
+también, salieron sin contestarme palabra. El único sér vivo que
+conservó su serenidad de esfinge en tan cómica escena fué la inglesa,
+que indignada de mis extravagancias, se volvió a los demás viajeros
+diciendo:
+
+--_¡Oooh! A lunatic fellow_.
+
+
+VI
+
+El coche seguía y a mí me abrasaba la curiosidad por saber qué había
+sido de la desdichada Condesa. ¿La mató su marido? Yo me hacía cargo de
+las intenciones de aquel malvado. Ansioso de gozarse en su venganza,
+como todas las almas crueles, quería que su mujer presenciase, sin dejar
+de tocar, la agonía de aquel incauto joven llevado allí por una vil
+celada de Mudarra.
+
+Mas era imposible que la dama continuara haciendo desesperados esfuerzos
+por mantener su serenidad, sabiendo que Rafael había bebido el veneno.
+¡Trágica y espeluznante escena!--pensaba yo, más convencido cada vez de
+la realidad de aquel suceso--¡y luego dirán que estas cosas sólo se ven
+en las novelas!
+
+Al pasar por delante de Palacio el coche se detuvo, y entró una mujer
+que traía un perrillo en sus brazos. Al instante reconocí al perro que
+había visto recostado a los pies de la Condesa; era el mismo, la misma
+lana blanca y fina, la misma mancha negra en una de sus orejas. La
+suerte quiso que aquella mujer se sentara a mi lado. No pudiendo yo
+resistir la curiosidad, le pregunté:
+
+--¿Es de usted ese perro tan bonito?
+
+--¿Pues de quién ha de ser? ¿Le gusta a usted?
+
+Cogí una de las orejas del inteligente animal para hacerle una caricia;
+pero él, insensible a mis demostraciones de cariño, ladró, dió un salto
+y puso sus patas sobre las rodillas de la inglesa, que me volvió a
+enseñar sus dos dientes como queriéndome roer, y exclamó:
+
+--¡Ooooh! usted... _unsupportable_.
+
+--¿Y dónde ha adquirido usted ese perro?--pregunté sin hacer caso de la
+nueva explosión colérica de la mujer británica.--¿Se puede saber?
+
+--Era de mi señorita.
+
+--¿Y qué fué de su señorita?--dije con la mayor ansiedad.
+
+--¡Ah! ¿Usted la conocía?--repuso la mujer.--Era muy buena, _¿verdá
+usté?_
+
+--¡Oh! excelente... Pero ¿podría yo saber en qué paró todo aquello?
+
+--De modo que usted está enterado, usted tiene noticias...
+
+--Sí, señora... He sabido todo lo que ha pasado, hasta aquello del te...
+pues. Y diga usted, ¿murió la señora?
+
+--¡Ah! Sí, señor: está en la gloria.
+
+--¿Y cómo fué eso? La asesinaron, o fué a consecuencia del susto.
+
+--¡Qué asesinato, ni qué susto!--dijo con expresión burlona.--Usted no
+está enterado. Fué que aquella noche había comido no sé qué, pues... y
+le hizo daño... Le dió un desmayo que le duró hasta el amanecer.
+
+--Bah--pensé yo--ésta no sabe una palabra del incidente del piano y del
+veneno, o no quiere darse por entendida.
+
+Después dije en alta voz:
+
+--¿Con que fué de indigestión?
+
+--Sí, señor. Yo le había dicho aquella noche: «Señora: no coma usted
+esos mariscos»; pero no me hizo caso.
+
+--Con que mariscos, ¿eh?--dije con incredulidad.--Si sabré yo lo que ha
+ocurrido.
+
+--¿No lo cree usted?
+
+--Sí... sí--repuse aparentando creerlo.--¿Y el Conde, su marido, el que
+sacó el puñal cuando tocaba el piano?
+
+La mujer me miró un instante y después soltó la risa en mis propias
+barbas.
+
+--¿Se ríe usted...? ¡Bah! ¿Piensa usted que no estoy perfectamente
+enterado? Ya comprendo; usted no quiere contar los hechos como realmente
+son. Ya se ve: como habrá causa criminal...
+
+--Es que ha hablado usted de un conde y de una condesa.
+
+--¿No era el ama de ese perro la señora Condesa, a quien el mayordomo
+Mudarra...
+
+La mujer volvió a soltar la risa con tal estrépito, que me desconcerté,
+diciendo para mi capote: Esta debe de ser cómplice de Mudarra, y,
+naturalmente, ocultará todo lo que pueda.
+
+--Usted está loco--añadió la desconocida.
+
+--_Lunatic_, _lunatic_. _M_... _suffocated_... _¡Oooh! ¡my Godi!_
+
+--Si lo sé todo; vamos, no me lo oculte usted. Dígame de qué murió la
+señora Condesa.
+
+--¡Qué condesa ni qué ocho cuartos, hombre de Dios!--exclamó la mujer,
+riendo con más fuerza.
+
+--¡Si cree usted que me engaña a mí con sus risitas!--contesté.--La
+Condesa ha muerto envenenada o asesinada; no me queda la menor duda.
+
+En esto llegó el coche al barrio de Pozas y yo al término de mi viaje.
+Salimos todos: la inglesa me echó una mirada que indicaba su regocijo
+por verse libre de mí, y cada cual se dirigió a su destino. Yo seguí a
+la mujer del perro, aturdiéndola con preguntas, hasta que se metió en su
+casa, riendo siempre de mi empeño en averiguar vidas ajenas. Al verme
+solo en la calle recordé el objeto de mi viaje y me dirigí a la casa
+donde debía entregar aquellos libros. Devolvílos a la persona que me los
+había pedido para leerlos, y me puse a pasear frente al Buen Suceso,
+esperando a que saliese de nuevo el coche para regresar al extremo de
+Madrid.
+
+No podía apartar de la imaginación a la infortunada Condesa, y cada vez
+me confirmaba más en mi idea de que la mujer con quien últimamente hablé
+había querido engañarme, ocultando la verdad de la misteriosa tragedia.
+
+Esperé mucho tiempo, y al fin, anocheciendo ya, el coche se dispuso a
+partir. Entré, y lo primero que mis ojos vieron fué la señora inglesa
+sentadita donde antes estaba. Cuando me vió subir y tomar sitio a su
+lado, la expresión de su rostro no es definible; se puso otra vez como
+la grana, exclamando:
+
+--_¡Ooooh!_... usted... mi quejarse al _coachman_... usted reventar _mi
+fort it_.
+
+Tan preocupado estaba yo con mis confusiones, que sin hacerme cargo de
+lo que la inglesa me decía en su híbrido y trabajoso lenguaje, le
+contesté:
+
+--Señora, no hay duda de que la Condesa murió envenenada o asesinada.
+Usted no tiene idea de la ferocidad de aquel hombre.
+
+Seguía el coche, y de trecho en trecho deteníase para recoger pasajeros.
+Cerca del Palacio real entraron tres, tomando asiento enfrente de mí.
+Uno de ellos era un hombre alto, seco y huesudo, con muy severos ojos y
+un hablar campanudo que imponía respeto.
+
+No hacía diez minutos que estaban allí, cuando este hombre se volvió a
+los otros dos y dijo:
+
+--¡Pobrecilla! ¡Cómo clamaba en sus últimos instantes! La bala le entró
+por encima de la clavícula derecha y después bajó hasta el corazón.
+
+--¿Cómo?--exclamé yo repentinamente.--¿Conque fué de un tiro? ¿No murió
+de una puñalada?
+
+Los tres se miraron con sorpresa.
+
+--De un tiro, sí, señor--dijo con cierto desabrimiento el alto, seco y
+huesoso.
+
+--Y aquella mujer sostenía que había muerto de una indigestión--dije,
+interesándome más cada vez en aquel asunto.--Cuente usted, ¿y cómo fué?
+
+--¿Y a usted qué le importa?--dijo el otro, con muy avinagrado gesto.
+
+--Tengo mucho interés por conocer el fin de esa horrorosa tragedia. ¿No
+es verdad que parece cosa de novela?
+
+--¿Qué novela ni que niño muerto? Usted está loco o quiere burlarse de
+nosotros.
+
+--Caballerito, cuidado con las bromas--añadió el alto y seco.
+
+--¿Creen ustedes que no estoy enterado? Lo sé todo, he presenciado
+varias escenas de ese horrendo crimen. Pero dicen ustedes que la Condesa
+murió de un pistoletazo.
+
+--¡Válgame Dios! Nosotros no hemos hablado de Condesa, sino de mi perra,
+a quien cazando, disparamos inadvertidamente un tiro. Si usted quiere
+bromear, puede buscarme en otro sitio, y ya le contestaré como merece.
+
+--Ya, ya comprendo: ahora hay empeño en ocultar la verdad--manifesté,
+juzgando que aquellos hombres querían desorientarme en mis pesquisas,
+convirtiendo en perra a la desdichada señora.
+
+Ya preparaba el otro su contestación, sin duda más enérgica de lo que el
+caso requería, cuando la inglesa se llevó el dedo a la sien, como para
+indicarles que yo no regía bien de la cabeza. Calmáronse con esto, y no
+dijeron una palabra más en todo el viaje, que terminó para ellos en la
+Puerta del Sol. Sin duda me habían tenido miedo.
+
+Yo continuaba tan dominado por aquella idea, que en vano quería serenar
+mi espíritu, razonando los verdaderos términos de tan embrollada
+cuestión. Pero cada vez eran mayores mis confusiones, y la imagen de la
+pobre señora no se apartaba de mi pensamiento. En todos los semblantes
+que iban sucediéndose dentro del coche, creía ver algo que contribuyera
+a explicar el enigma. Sentía yo una sobrexcitación cerebral espantosa, y
+sin duda el trastorno interior debía pintarse en mi rostro, porque todos
+me miraban como se mira lo que no se ve todos los días.
+
+
+VII
+
+Aun faltaba algún incidente que había de turbar más mi cabeza en aquel
+viaje fatal. Al pasar por la calle de Alcalá, entró un caballero con su
+señora: él quedó junto a mí. Era un hombre que parecía afectado de
+fuerte y reciente impresión, y hasta creí que alguna vez se llevó el
+pañuelo a los ojos para enjugar las invisibles lágrimas, que sin duda
+corrían bajo el cristal verde obscuro de sus descomunales antiparras.
+
+Al poco rato de estar allí dijo en voz baja a la que parecía ser su
+mujer:
+
+Pues hay sospechas de envenenamiento: no lo dudes. Me lo acaba de decir
+don Mateo. ¡Desdichada mujer!
+
+--¡Qué horror! Ya me lo he figurado también--contestó su consorte. De
+tales cafres ¿qué se podía esperar?
+
+--Juro no dejar piedra sobre piedra hasta averiguarlo.
+
+Yo, que era todo oídos, dije también en voz baja:
+
+--Sí, señor; hubo envenenamiento. Me consta.
+
+--¿Cómo, usted sabe? ¿Usted también la conocía?--dijo vivamente el de
+las antiparras verdes, volviéndose hacia mí.
+
+--Sí, señor; y no dudo que la muerte ha sido violenta, por más que
+quieran hacernos creer que fué indigestión.
+
+--Lo mismo afirmo yo. ¡Qué excelente mujer! ¿Pero cómo sabe usted...?
+
+--Lo sé, lo sé--repuse muy satisfecho de que aquel no me tuviera por
+loco.
+
+--Luego usted irá a declarar al Juzgado; porque ya se está formando la
+sumaria.
+
+--Me alegro, para que castiguen a esos bribones. Iré a declarar, iré a
+declarar, sí, señor.
+
+A tal extremo había llegado mi obcecación, que concluí por penetrarme de
+aquel suceso, mitad soñado, mitad leído, y lo creí como ahora creo que
+es pluma esto con que escribo.
+
+--Pues sí, señor; es preciso aclarar este enigma para que se castigue a
+los autores del crimen. Yo declararé. Fué envenenada con una taza de te,
+lo mismo que el joven.
+
+--Oye, Petronila--dijo a su esposa el de las antiparras--; con una taza
+de te.
+
+--Sí, estoy asombrada--contestó la señora.--¡Cuidado con lo que fueron a
+inventar esos malditos!
+
+-Sí, señor; con una taza de te.
+
+--La Condesa tocaba el piano.
+
+--¿Qué Condesa?--preguntó aquel hombre, interrumpiéndome.
+
+--La Condesa, la envenenada.
+
+--Si no se trata de ninguna Condesa, hombre de Dios.
+
+--Vamos; usted también es de los empeñados en ocultarlo.
+
+--Bah, bah; si en esto no ha habido ninguna condesa ni duquesa, sino
+simplemente la lavandera de mi casa, mujer del guardaagujas del Norte.
+
+--¿Lavandera, eh?--dije en tono de picardía.--¡Si también me querrá
+usted hacer tragar que es lavandera!
+
+El caballero y su esposa me miraron con expresión burlona, y después se
+dijeron en voz baja algunas palabras. Por un gesto que vi hacer a la
+señora comprendí que había adquirido el profundo convencimiento de que
+yo estaba borracho. Llenéme de resignación ante tal ofensa, y callé,
+contentándome con despreciar en silencio, cual conviene a las grandes
+almas, tan irreverente suposición. Cada vez era mayor mi zozobra; la
+Condesa no se apartaba ni un instante de mi pensamiento, y había llegado
+a interesarme tanto por su siniestro fin, como si todo ello no fuera
+elaboración enfermiza de mi propia fantasía, impresionada por sucesivas
+visiones y diálogos. En fin, para que se comprenda a qué extremo llegó
+mi locura, voy a referir el último incidente de aquel viaje; voy a decir
+con qué extravagancia puse término al doloroso pugilato de mi
+entendimiento, empeñado en fuerte lucha con un ejército de sombras.
+
+Entraba el coche por la calle de Serrano, cuando por la ventanilla que
+frente a mí tenía, miré a la calle, débilmente iluminada por la escasa
+luz de los faroles, y vi pasar a un hombre. Di un grito de sorpresa, y
+exclamé desatinado:--Ahí va, es él, el feroz Mudarra, el autor principal
+de tantas infamias.--Mandé parar el coche, y salí, mejor dicho, salté a
+la puerta, tropezando con los pies y las piernas de los viajeros; bajé a
+la calle y corrí tras aquel hombre, gritando:--¡A ese, a ese, al
+asesino!
+
+Júzguese cuál sería el efecto producido por estas voces en el pacífico
+barrio.
+
+Aquel sujeto, el mismo exactamente que yo había visto en el coche por la
+tarde, fué detenido. Yo no cesaba de gritar:--¡Es el que preparó el
+veneno para la Condesa, el que asesinó a la Condesa!
+
+Hubo un momento de indescriptible confusión. Afirmó él que yo estaba
+loco; pero que quieras que no, los dos fuimos conducidos a la
+prevención. Después perdí por completo la noción de lo que pasaba. No
+recuerdo lo que hice aquella noche en el sitio donde me encerraron. El
+recuerdo más vivo que conservo de tan curioso lance fué el de haber
+despertado del profundo letargo en que caí, verdadera borrachera moral,
+producida, no sé por qué, por uno de los pasajeros fenómenos de
+enajenación que la ciencia estudia con gran cuidado como precursores de
+la locura definitiva.
+
+Como es de suponer, el suceso no tuvo consecuencias, porque el
+antipático personaje que bauticé con el nombre de Mudarra, es un honrado
+comerciante de ultramarinos que jamás había envenenado a condesa alguna.
+Pero aun por mucho tiempo después persistía yo en mi engaño, y solía
+exclamar:--«Infortunada condesa; por más que digan, yo siempre sigo en
+mis trece. Nadie me persuadirá de que no acabaste tus días a mano de tu
+iracundo esposo...»
+
+Ha sido preciso que transcurran meses para que las sombras vuelvan al
+ignorado sitio de donde surgieron volviéndome loco, y torne la realidad
+a dominar en mi cabeza. Me río siempre que recuerdo aquel viaje, y toda
+la consideración que antes me inspiraba la soñada víctima la dedico
+ahora, ¿a quién creeréis? A mi compañera de viaje en aquella angustiosa
+expedición, a la irascible inglesa, a quien disloqué un pie en el
+momento de salir atropelladamente del coche para perseguir al supuesto
+mayordomo.
+
+
+
+
+El criado de Don Juan.
+
+(J. BENAVENTE)
+
+
+
+
+EL CRIADO DE DON JUAN
+
+DRAMA EN UN ACTO
+
+
+PERSONAJES
+
+LA DUQUESA ISABELA--CELIA--DON JUAN
+
+TENORIO--LEONELO--FABIO
+
+EN ITALIA--SIGLO XV
+
+
+ACTO UNICO
+
+Calle. A un lado la fachada de un palacio señorial.
+
+
+ESCENA PRIMERA
+
+FABIO Y LEONELO (_Fabio se pasea por delante del palacio, embozado hasta
+los ojos en una capa roja_.)
+
+LEONELO (_saliendo_.)
+
+¡Señor! ¡Don Juan!
+
+FABIO
+
+No es Don Juan.
+
+LEONELO
+
+¡Fabio!
+
+FABIO
+
+A tiempo llegas. Desde esta mañana sin probar bocado... ¿Cómo tardaste
+tanto?
+
+LEONELO
+
+Media ciudad he corrido trayendo y llevando cartas... ¿Pero Don Juan?...
+
+FABIO
+
+La ciudad, toda, que no media, correrá de seguro llevando y trayendo su
+persona. ¡En mal hora entramos a su servicio!
+
+LEONELO
+
+¿Y qué haces aquí disfrazado de esa suerte?
+
+FABIO
+
+Representar lo mejor que puedo a nuestro Don Juan, suspirando ante las
+rejas de la duquesa Isabel.
+
+LEONELO
+
+Nuestro Don Juan está loco de vanidad. La duquesa Isabel es una dama
+virtuosa y no cederá por más que él se obstine.
+
+FABIO
+
+Ha jurado no apartarse ni de día ni de noche de este sitio, hasta que
+ella consienta en oirle... y ya ves cómo cumple su juramento.
+
+LEONELO
+
+¡Con una farsa indigna de un caballero! Mucho es que los servidores de
+la duquesa no te han echado a palos de la calle.
+
+FABIO
+
+No tardarán en ello. Por eso te aguardaba impaciente. Don Juan ha
+ordenado que apenas llegaras ocupases mi puesto... el suyo quiero
+decir. Demos la vuelta a la esquina por si nos observan desde el
+palacio, y tomarás la capa y demás señales, que han de presentarte hasta
+la hora de la paliza prometida... como al propio Don Juan.
+
+LEONELO
+
+¡Dura servidumbre!
+
+FABIO
+
+¡Dura como la necesidad! De tal madre, tal hija. (_Salen_.)
+
+
+CUADRO SEGUNDO
+
+ESCENA II
+
+Sala en el palacio de la duquesa Isabela.
+
+LA DUQUESA Y CELIA
+
+CELIA (_Mirando por una ventana_.)
+
+¡Es increíble, señora! Dos días con dos noches lleva ese caballero
+delante de nuestras ventanas.
+
+DUQUESA
+
+¡Necio alarde! Si a tales medios debe su fama de seductor, a costa de
+mujeres bien fáciles habrá sido lograda... ¿Y ese es Don Juan, el que
+cuenta sus conquistas amorosas por los días del año? Allá en su tierra,
+en esa España feroz, de moros, de judíos y de fanáticos cristianos, de
+sangre impura abrasada por tentaciones infernales, entre devociones
+supersticiosas y severidad hipócrita, podrá parecer terrible como
+demonio tentador. Las italianas no tememos al diablo. Los príncipes de
+la Iglesia romana nos envían de continuo indulgencias rimadas en dulces
+sonetos a lo Petrarca.
+
+CELIA
+
+Pero confesad que el caballero es obstinado... y fuerte.
+
+DUQUESA
+
+Es preciso terminar de una vez. No quiero ser fábula de la ciudad. Lleva
+recado a ese caballero, de que las puertas de mi palacio y de mi
+estancia están francas para él. Aquí le aguardo, sola... La duquesa
+Isabela no ha nacido para figurar como un número en la lista de Don
+Juan.
+
+CELIA
+
+Señora, ved...
+
+DUQUESA
+
+Conduce a Don Juan hasta aquí. No tardes. (_Sale Celia_.)
+
+
+ESCENA III
+
+LA DUQUESA Y DESPUES LEONELO.
+
+(_La duquesa se sienta y espera con altivez la entrada de Don Juan_.)
+
+LEONELO
+
+¡Señora!
+
+DUQUESA
+
+¿Quién? ¿No es Don Juan?... ¿No érais vos el que rondaba mi palacio?
+
+LEONELO
+
+Sí, yo era.
+
+DUQUESA
+
+Dos días con dos noches.
+
+LEONELO
+
+Algunas horas del día y algunas de noche.
+
+DUQUESA
+
+¡Ah! ¡Extremada burla! ¿Sois uno de los rufianes que acompañan a Don
+Juan?
+
+LEONELO
+
+Soy criado suyo, señora. Le sirvo a mi pesar.
+
+DUQUESA
+
+Mal empleáis vuestra juventud.
+
+LEONELO
+
+¡Dichosos los que pueden seguir en la vida la senda de sus sueños!
+
+DUQUESA
+
+Camino muy bajo habéis emprendido. Salid.
+
+LEONELO
+
+¿Sin mensaje alguno de vuestra parte para Don Juan?
+
+DUQUESA
+
+¡Insolente!
+
+LEONELO
+
+Supuesto que le habéis llamado...
+
+DUQUESA
+
+Sí, le llamé para que por vez primera en su vida se hallare frente a
+frente de una mujer honrada, para que nunca pudiera decir que una dama
+como yo no tuvo más defensa contra él que evitar su vista.
+
+LEONELO
+
+Así, como a vos ahora, oí a muchas mujeres responder a Don Juan, y
+muchas le desafiaron como a vos y muchas como vos le recibieron
+altivas...
+
+DUQUESA
+
+¿Y Don Juan no escarmienta?
+
+DUQUESA
+
+¡Y no escarmientan las mujeres! La muerte, el remordimiento, la
+desolación son horribles y no pueden enamorarnos, pero las precede un
+mensajero seductor, hermoso, juvenil... el peligro, eterno enamorador de
+las mujeres... Evitad el peligro, creedme; no oigáis a Don Juan...
+
+DUQUESA
+
+Me confundís con el vulgo de las mujeres. No en vano andáis al servicio
+de ese caballero de fortuna.
+
+LEONELO
+
+No en vano llevo mi alma entristecida por tantas almas de nobles
+criaturas amantes de Don Juan. ¡Cuánto lloré por ellas! Mi corazón fué
+recogiendo los amores destrozados en su locura por mi señor y en mis
+sueños terminaron felices tantos amores de muerte y de llanto... ¡Un
+solo amor de Don Juan hubiera sido la eterna ventura de mi vida!...
+¡Todo mi amor inmenso no hubiera bastado a consolar a una sola de sus
+enamoradas!... ¡Riquísimo caudal de amor derrochado por Don Juan, junto
+a mí, pobre mendigo de amor!...
+
+DUQUESA
+
+¿Sois poeta? Sólo un poeta se acomoda a vivir como vos, con el
+pensamiento y la conciencia en desacuerdo.
+
+LEONELO
+
+Sabéis de los poetas, señora; no sabéis de los necesitados...
+
+DUQUESA
+
+Sé... que no me pesa del engaño de Don Juan... al oíros... Ya me
+interesa saber de vuestra vida... Decidme qué os trajo a tan dura
+necesidad... No habrá peligro en escucharos como en escuchar a Don
+Juan... aunque seáis mensajero suyo, como vos decís que el peligro es
+mensajero de la muerte... Hablad sin temor.
+
+LEONELO
+
+¡Señora!
+
+
+ESCENA IV
+
+DICHOS, DON JUAN (_con la espada desenvainada, entra con violencia_.)
+
+DUQUESA
+
+¿Cómo llegáis hasta mí de esa manera? ¿Y mi gente?... ¡Hola!
+
+DON JUAN
+
+Perdonad. Pero comprenderéis que no he de permitir que mi criado me
+sustituya tanto tiempo.
+
+DUQUESA
+
+¡Con ventaja!
+
+DON JUAN
+
+No podéis apreciarlo todavía.
+
+DUQUESA
+
+¡Oh! ¡Basta ya!... (_A Leonelo_.) ¿No dices que la necesidad te llevó al
+indigno oficio de servir a este hombre? ¿Te pesa la servidumbre? ¿Ves
+cómo insultan a una dama en tu presencia y eres bien nacido? Ya eres
+libre... y rico...
+
+DON JUAN
+
+¿Le tomáis a vuestro servicio?
+
+DUQUESA
+
+Quiero humillaros cuanto pueda... (_A Leonelo_.) Mi amor, imposible para
+Don Juan; mi amor es tuyo si sabes merecerlo...
+
+LEONELO
+
+¡Vuestro amor!
+
+DON JUAN
+
+A mí te iguala. Eres noble por él.
+
+LEONELO
+
+¡Señora!
+
+DUQUESA
+
+¡Fuera la espada! Mi amor es tuyo... Lucha sin miedo. (_Don Juan y
+Leonelo combaten. Cae muerto Leonelo_.)
+
+LEONELO
+
+¡Ay de mí!
+
+DUQUESA
+
+¡Dios mío!
+
+DON JUAN
+
+¡Noble señora! Ved lo que cuesta una porfía...
+
+DUQUESA
+
+¡Muerto! Por mí... ¡Favor!... ¡Dejadme salir! Tengo miedo, mucho
+miedo...
+
+DON JUAN
+
+Estáis conmigo...
+
+DUQUESA
+
+Se agolpa la gente ante las ventanas... ¡Una muerte en mi casa!
+
+DON JUAN
+
+¡No tembléis! Pasaron, oyeron ruido y se detuvieron... A mi cargo corre
+sacar de aquí el cadáver sin que nadie sospeche...
+
+DUQUESA
+
+¡Oh! Sí, salvad mi honor... ¡Si supieran!
+
+DON JUAN
+
+No saldré de aquí sin dejaros tranquila...
+
+DUQUESA
+
+¡Oh! No puedo miraros, me dáis espanto. ¡Dejadme salir!
+
+DON JUAN
+
+No, aquí a mi lado... Yo también tengo miedo... de no veros... Por vos
+he dado muerte a un desdichado... No me dejéis o saldré de aquí para
+siempre y suceda lo que suceda... vos explicaréis como podáis el
+lance...
+
+DUQUESA
+
+¡Oh, no me dejéis! Pero lejos de mí, no habléis, no os acerquéis a mí...
+(_Queda en el mayor abatimiento_.)
+
+DON JUAN (_contemplándola aparte_.)
+
+¡Es mía! ¡Una más!... (_Contemplando el cadáver de Leonelo_.) ¡Pobre
+Leonelo!
+
+
+
+
+Viernes Santo.
+
+(LA CONDESA DE PARDO BAZÁN)
+
+
+
+
+VIERNES SANTO
+
+
+Fué el cura de Naya hombre comunicativo, afable y de entrañas
+excelentes, quien me refirió el atroz sucedido, o, por mejor decir, la
+cadena de sucedidos atroces, que apenas creería yo a no coincidir y
+explicarse perfectamente por el relato del párroco las veladas
+indicaciones de la prensa y los rumores difundidos en el país. Respetaré
+la forma de la narración, sintiendo no poder reproducir la expresión de
+la fisonomía ingenua y jovial del que narraba.
+
+«Ya sabe usted--dijo--que, así como en Andalucía crece la flor de la
+canela, en este rincón de Galicia podemos alabarnos de cultivar la flor
+de los caciques. No sé cómo serán los de otras partes; pero vamos, que
+los de por acá son de patente. Bien se acordará usted de aquel
+_Trampeta_ y aquel _Barbacana_, que traían a Cebre convertido en un
+infierno. Trampeta ahora dice que se quiere meter en pocos belenes,
+porque ya no lo ahorcan por treinta mil duros; y Barbacana, que está
+que no puede con los calzones, como se la tenían jurada unos cuantos y
+salvó milagrosamente de dos o tres asechanzas, al fin ha determinado
+irse a pasar la vejez a Pontevedra, porque desea morir en su cama, según
+conviene a los hombres honrados y a los cristianos viejos como él. ¡Ja,
+ja...!
+
+Faltando o poco menos esos dos pejes, quedó el país en manos de otro,
+que usted bien habrá oído de él: Lobeiro, que en confianza le llamábamos
+_Lobo_, y ¡a fe que le caía! Yo, si usted me pregunta cómo consiguió
+Lobeiro apoderarse de esta región y tenerla así, en un puño, que ni la
+hierba crecía sin su permiso, le contestaré que no lo entiendo; porque
+me parece increíble que en nuestro siglo y cuando tanto cantan libertad,
+se pueda vivir más sujeto a un señor que en tiempos del conde Pedro
+Madruga. No, y no hay que echar baladronadas: yo era el primerito que
+agachaba las orejas y callaba como un raposo. Uno estima la piel, y aun
+más que la piel, la tranquilidad, si a mano viene.
+
+A veces me ponía a discurrir, y decía para mi sotana: este rayo de
+hombre, ¿en qué consiste que se nos ha montado a todos encima, y por
+fuerza hemos de vivir súbditos de él, haciendo cuanto se le antoja,
+pidiéndole permiso hasta para respirar? ¿Quién le instituyó dueño de
+nuestras vidas y haciendas? ¿No hay leyes? ¿No hay Tribunales de
+justicia?--Pero mire usted: todo eso de leyes es nada más que
+conversación. Los magistrados están lejos y el cacique cerca. El
+Gobierno necesita tener asegurada la mecánica de las elecciones, y al
+que le amasa los votos le entrega desde Madrid la comarca en feudo. A
+los señores que se pasean allá por el Prado y por la Castellana, sin
+cuidado les tiene que aquí nos am... ¡Ay! Tente, lengua, que ya iba a
+soltar un disparate.
+
+Pues volviendo al caso, Lobeiro, así para el trato de la conversación,
+ya era un hombre antipático, de pocas palabras, que cuando se veía
+comprometido, se reía regañando los dientes, muy callado, mirando de
+través. No se fíe usted nunca del que no ríe franco ni mira derecho: muy
+mala señal. La cara suya parecía el Pico Medelo, que siempre anda
+embozado en _brétemas_. Lo único a que ponía un semblante como las demás
+personas, era a su chiquilla, su hija única, que por cierto no se ha
+visto cosa más linda en todo este país. La madre fué en tiempos una
+buena moza; pero la rapaza... ¡qué comparación! Un pelo como el oro, un
+cutis que parecía raso, un par de ojos azules como dos estrellas...
+¡Micaeliña! ¡Lo que corrí con ella el día del patrón de Boán! Porque a
+la criatura la rebosaba la alegría, y Lobeiro, al oirla reir, cambiaba
+de aspecto: se volvía otro hombre.
+
+Sólo que, por desgracia, esta influencia no pasaba de los momentos en
+que tenía cerca a la criatura. El resto del año, Lobeiro se dedicaba a
+perseguir al uno, empapelar al otro, sacarle el redaño a éste y echar a
+presidio a aquél. ¿Usted no ha leído el _Catecismo del labriego_,
+compuesto por el tío Marcos da Portela, doctor en teología campestre?
+Pues el tipo del secretario que allí pinta, el de Lobeiro clavadito:
+criado para infernar la vida del labriego infeliz, llenarlo de
+vejaciones y disputarle la triste corteza de pan, amasada con su sudor,
+único alimento de que dispone para llevar a la boca. Y repare usted lo
+que sucedía con Lobeiro; hoy hace una picardía, y le obedecen como uno;
+mañana hace diez, y ya le rinden acatamiento como diez; al otro día un
+millón, y como un millón se impone. Empezara por chanchullos pequeñitos,
+de esos que se hacen en el Ayuntamiento a mansalva; trabucos de cuentas,
+recargos de contribución, repartos _ad líbitum_, y lo demás de rúbrica.
+Poco a poco, la gente aguantando y él apretando más, llega el caso de
+que me encuentro yo a un infeliz aldeano en un camino hondo, llevando
+de la cuerda su mejor ternero.--Andrés, ¿adónde vas con el cuxo? Feria
+hoy no la hay.--¿Qué feria, ni feria, señor abad?--¿Pues entónces--señor
+abad, por el alma de quien le parió no diga nada. Es para ese condenado
+de Lobeiro, que me lo mandó a pedir, y si no lo entrego me arruina,
+acaba conmigo, y hasta muero avergonzado en la cárcel.--Y el pobre
+hombre, cuando me lo decía, tenía los ojos como dos tomates,
+encarnizados de llorar. ¡Ya comprende usted lo que es para el labriego
+su ganado! Dar aquel ternero, era en plata dar las telas del corazón.
+
+Sólo una cosa estaba segura con Lobeiro: la honra de las mujeres: y no
+por virtud, sino porque no cojeaba de ese pie. Algunos de sus satélites,
+en cambio, bien se desquitaban. ¿Que si tenía satélites? ¡Madre querida!
+Una hueste organizada en toda regla. Usted no dejará de recordar que
+cuando apareció en un monte el mayordomo del marqués de Ulloa, hace ya
+algunos años, seco de un tiro, todo el mundo dijo que lo había mandado
+matar el cacique Barbacana, y que el instrumento fuera un bandido
+llamado el Tuerto de Castrodorna, que lo más del tiempo se lo pasaba en
+Portugal huyendo de la justicia. Pues esa joya la heredó Lobeiro, sólo
+que mejoró el procedimiento de Barbacana, y en vez de un forajido solo,
+reclutó una cuadrilla perfectamente organizada, con su santo y seña, sus
+consignas, su secreto, sus estratagemas y su táctica, para verificar sus
+sorpresas de un modo expeditivo y seguro. Nosotros teníamos esperanzas
+de que, al acabarse las trifulcas revolucionarias y las guerras civiles,
+mejoraría el estado del país y se afianzaría la seguridad personal.
+¡Busca seguridad! ¡Busca mejoras! Lo mismo o peor anduvieron las cosas
+desde la restauración de Alfonso, y si me apuran, digo que la Regencia
+vino a darnos el cachete. Antes, unos gritaban: _¡Viva esto!_ los otros:
+_¡Viva aquéllo!_ que república, que don Carlos... Eran ideas generales,
+y parece que se tomaban con menos saña entre unos y otros. Hoy estamos a
+quién gana las elecciones, a quién se hace árbitro de esta tierra... y
+todos los medios son buenos, y caiga el que cayere. Total, como decimos
+aquí: salgo de un soto y métome en otro... pero más obscuro.
+
+Como íbamos contando, la pandilla de Lobeiro empezó a ser el terror del
+país. Tan pronto veíamos llamas... ¿qué ocurre? Pues que le queman el
+pajar, y el alpendre, y el hórreo, y la casa misma al Antón de Morlás o
+al Guillermo de la Fontela. Tan pronto aparece derrengado, molido a
+palos, uno que no se quiso someter a Lobeiro en esto o en lo de más
+allá... y cuando le preguntan quién le puso así, responde una mentira:
+que rodó de un vallado o se cayó de una higuera cogiendo higos... señal
+de que si revela la verdad, sentenciado está a pena más grave. Por
+último, un día se nota la desaparición de cierto sujeto, un tal
+Castañeda, alguacil; ni visto ni oído, como si se evaporase. La voz
+pública (muy bajito) susurra que ese hombre le estorbaba a Lobeiro o se
+le había opuesto en un amaño muy gordo. Se espera una semana, dos, tres,
+que parezca el cadáver, o el vivo, si vivo está aún; nada. La viuda hace
+registrar el Avieiro, incluso el pozo grande; mira debajo de los
+puentes, recorre los montes... Ni rastro. Igual que si se lo hubiese
+tragado la tierra. Y probablemente así sería. ¡Un hoyo es tan fácil de
+abrir!
+
+Este Castañeda tenía un sobrino, muchacho templado, como que allá en sus
+mocedades proyectara dedicarse a la carrera militar, y luego, por no
+separarse de su madre, que ya iba vieja, y de una hermana jovencita,
+prefirió quedarse en el país y vivir cuidando unos bienecillos que le
+correspondían de su hijuela, y de los de la hermana y la madre. El era
+un medio señor y medio labrador, y en el país, como todo el mundo tiene
+su apodo, le conocían por el de _Cristo_. ¿Dice usted que un novelista
+de Francia llama así a uno de sus personajes? Pues mire, ese de fijo lo
+inventará: yo no; tan cierto es, como que usted está ahí sentada y yo
+refiriéndole este caso. En el apodo--atienda usted bien--está mucha
+parte del intríngulis de mi historia. ¿Que por qué le pusieron ese
+alias? No lo sé a derechas; creo que por parecerse a un Cristo muy
+grande y muy devoto que se venera en el santuario de Boán.
+
+De modo que el bueno de Cristo, no bien supo la desaparición de su tío
+Castañeda, no se calló como los demás, como la misma infeliz viuda, que
+temblaba que después de suprimirle al marido le pegasen fuego a la
+casita y la echasen en sus últimos años a pedir limosna. En las ferias y
+en las romerías, en el atrio de la iglesia y en la botica de Cebre, el
+muchacho alzó la voz cuanto pudo, clamando contra la tiranía de Lobeiro
+y diciendo que el país tenía que hacer un ejemplo con él; cazarlo lo
+mismo que a un lobo para que escarmentasen los lobos que se estaban
+criando en la madriguera, dispuestos a devorarnos. Decía que estas cosas
+no suceden sino en el país que las sufre; que donde los hombres tienen
+bragas, no se conciben ciertos abusos; que en Aragón o Castilla ya le
+habrían ajustado a Lobeiro la cuenta con el trabuco o la navaja; que si
+el cacique se le ponía delante, él, aunque se perdiese y dejase
+desamparadas madre y hermanita, era capaz de arrancarle los dientes a la
+fiera. Al pronto le oían asustados; pero como todo se pega, y el valor y
+el miedo, en particular, son contagiosos lo mismo que el cólera, iba
+formándose alrededor de Cristo un núcleo de gente que le daba la razón,
+diciendo que por todos los medios había que descartarse de Lobeiro y
+conjurar aquella plaga. Los gallegos no somos cobardes, ¡quiá! Lo que
+nos falta a veces es la iniciativa del valor. Necesitamos uno que
+empiece, y ¡zás! allá seguimos de reata. Cristo iba sumando voluntades,
+y conforme pasaba tiempo y veían que de hablar así no se le originaba
+perjuicio alguno, la algarada crecía, y el cacique, intimidado, en
+nuestro concepto, por haber encontrado al fin quien le presentase la
+cara, andaba mansito y derecho; como que pasaron más de tres meses sin
+sabérsele ninguna fechoría mayor.
+
+El día de la feria grande de Arnedo, que es allá por el mes de Abril, en
+Pascua, volvía yo a mi parroquia, después de pasar el rato bebiendo un
+poco de Tostado y comiendo unas rosquillas, cuando a poca distancia del
+pueblo empareja con mi mula la yegüecilla de Ramón Limioso (usted le
+conoce); el señorito del Pazo, un caballero cumplidísimo, y me pregunta
+lo mismito que yo le pregunto a usted:--Y Cristo, ¿le ha visto usted en
+la feria?--¿Cristo? No. No lo encontré... por ninguna parte.--¿Tampoco
+en el mesón?--Tampoco.--¿A qué horas vino usted?--Tempranito: a las
+siete ya andaba yo en Arnedo.--¿Sabe que me choca?--¿Y por qué ha de
+chocarle?--Porque estábamos citados: él quería deshacerse de su jaco, y
+yo le vendía mi toro, o se lo cambalachaba; según.--¡Bah! Cristo es un
+rapaz todavía; aún no cumplió los treinta... ¡sabe Dios por dónde anda a
+estas horas!--No, Eugenio; pues yo le digo que me choca; que me
+escama.--Aun vendrá, hombre. Son las tres, y hasta las seis o siete de
+la tarde no se deshace la feria.
+
+Ramón Limioso meneó la cabeza, y volvió grupas hacia Arnedo. Ni me
+acordé más del asunto, hasta que a las veinticuatro horas me llegó el
+primer rum rum de la desaparición de Cristo. El mismo misterio que en lo
+de su tío Castañeda; ni rastro del muchacho por ninguna parte. La madre
+andaba como loca, pregunta que te preguntarás, de casa en casa; la
+hermana salía de un ataque nervioso para caer en un síncope; la justicia
+local, como de costumbre, se lavaba las manos--imposible parece que así
+y todo las tenga tan puercas--y del chico, ni esto. Por fin, al cabo de
+una semana, lo que es aparecer, apareció... ¿Pero dónde? Metido en un
+hórreo, hecho una lástima, en descomposición... Son pormenores
+horribles; bueno, se trata de que se imponga usted de cómo la cosa
+ocurriera. Yo vi el cadáver y me convencí de que no había exageración
+ninguna en lo que se refirió después. Debían de haberle atormentado
+mucho tiempo, porque estaba el cuerpo hecho una pura llaga: a mí se me
+figura que lo azotaron con cuerdas, o que lo tundieron a varazos: las
+señales eran como rayas o surcos en el pellejo. Para acabarlo le dieron
+un corte así en la garganta. El rostro, desfiguradísimo; sólo una
+madre--¡pobre señora!--conoce y se arroja a besar un rostro semejante.
+
+Sí, estoy conforme: es una infamia, un crimen que clama al cielo, lo que
+usted guste... Pero usted también va a convenir conmigo. También va a
+decir que todo ello es moco de pavo en comparación del último
+refinamiento salvaje, de que no tiene noticia aun. Porque matar,
+atormentar, se llama así, atormentar y matar y se acabó; ¿cómo se llama
+el escarnio, la befa más inconcebible, el reto a Dios, que consiste en
+lo siguiente: elegir, para dar tal género de muerte a ese hombre que la
+gente apodaba Cristo... elegir... ¿qué día del año piensa usted?
+
+_¡El Viernes Santo!_
+
+ * * * * *
+
+--Pecador soy como el que más--prosiguió el párroco de Naya con la voz y
+el gesto transformados por una seriedad profunda;--pecador soy, indigno
+de que Dios baje a estas manos; no tengo vocación de santo como el cura
+de Ulloa, ni me gusta echar sermones con requilorios como el de
+Xabreñes; pero en semejante ocasión, al enterarme de la monstruosidad,
+no sé qué hormigueo me entró por el cuerpo, no sé qué vuelta me dió la
+sangre ni qué luminarias me danzaron delante de los ojos... que, vamos,
+al pino más alto del pinar de Morlán me subiría para gritar: ¡maldición
+y anatema sobre Lobeiro!--¡La plática que les encajé a mis feligreses el
+domingo! Ni Isaías... fuera el alma.--Con un arrebato que aun hoy me
+asombra, les dije que Dios, al parecer, se hace el sordo y el ciego,
+pero es como quien toma carrera para saltar mejor; que ningún crimen
+queda impune; que la sangre de Abel siempre grita venganza, y que me
+creyesen a mí, que a fe de Eugenio, nadie se quedaría sin su merecido, y
+por medios inescrutables, pero seguros, cuando estuviese más descuidado.
+«Quien fosa cava, en ella caerá», me acuerdo que grité como un
+energúmeno. Por supuesto que era hablar por no callar: tanto sabía yo
+del castigo dichoso, como de la primer camisa que vestí: sólo que en
+aquel entonces de veras me parecía que así iba a suceder, que Lobeiro
+estaba emplazado, y que la inspiración hablaba por mi boca. _Spiritus
+ejus in ore meo_.
+
+Poco a poco se fué acallando el _rebumbio_ del asesinato de Cristo. La
+madre y la hermana, convertidas en dos sombras, flaquitas y de riguroso
+luto, fueron el único recuerdo que quedó de la tragedia. En la gente
+siempre fermentaba el odio contra el cacique; pero lo comprimía el
+temor. Es de advertir que por entonces _los_ de Lobeiro cayeron, y
+necesariamente el maldito, no teniendo la sartén por el mango, se
+reportó en sus exacciones y sus iniquidades. El país respiró unas
+miajas. El bando de Trampeta aleteó. Lobeiro, en el interregno, se
+dedicó a una ocupación pacífica: reconstruir su casa, que era muy vieja,
+y ya mezquina para las exigencias de su nueva posición; porque la
+fortuna del cacique había crecido mucho, y su mujer, amiga de lujos, de
+comilonas y de tirar de largo, le metió en la cabeza hacer vivienda
+nueva y la verdad, con todos los perendengues: dos pisos de piedra
+sillar, magnífica; ventanas con unas rejas imponentes: puerta como la
+de un castillo: su gran escalera, su sala de recibir, su cocina
+hermosísima... ¡Una casa para Orense! En el país se hablaba mucho de tal
+edificio, y de la seguridad que ofrecía, y de las precauciones que
+revelaba aquel modo de edificar--, precauciones debidas a los muchos
+enemigos que tenía el cacique.
+
+Enemigos, a miles se le podían contar; y sin embargo, como el hombre se
+mantenía agachado, nadie se metía con él, temeroso de despertarle. El
+gran alboroto fué el que se armó cuando de repente, sin que lo
+barruntásemos ni poco ni mucho, se volcó la tortilla y subió nuevamente
+al poder el partido de Lobeiro.
+
+¡Madre mía! el terror que cayó sobre nosotros! Lobeiro otra vez
+mandando, rey otra vez de la comarca; otra vez a su disposición la
+hacienda, la tranquilidad, la vida de todos; otra vez los cadáveres en
+los hórreos o en el fondo del Avieiro o en un hoyo profundo, allá por
+las asperezas de algún pinar! ¿Quién respirar? ¿Quién dormiría
+tranquilo? ¿Quién estaba seguro de no perecer martirizado?
+
+Usted se va a reir si le digo una cosa. No, no se reirá: al contrario:
+se hará cargo mejor que nadie, porque tiene costumbre de considerar
+estas singularidades propias de la naturaleza humana.--El miedo, a
+veces, es el mejor agente del valor. Sí: por miedo se verifican actos
+de heroísmo: por desesperación se realizan acciones que en estado normal
+nos ponen los pelos de punta. Una persona que se ve rodeada de llamas, o
+teme que el incendio se propague y la pille encerrada en una habitación
+y el humo la asfixie, no se encomienda a Dios ni al diablo para
+arrojarse de un quinto piso a la calle, aunque se estrelle. Con esto
+quiero decir cómo, a las gentes de Cebre y sus cercanías, el propio
+terror de caer en las uñas de Lobeiro les infundió una determinación
+tremenda, adoptada con cautela tal, que todo lo hicieron en el mismo
+silencio y unión que cuenta usted que profesan los nihilistas rusos.
+Verá, verá cómo ocurrió la cosa.
+
+Llegado el día de la fiesta de la Virgen en el santuario de Boán, fuí yo
+allá convidado por el cura, que es amigo. Se reunió una muchedumbre, que
+era aquello un hormiguero: hubo sus cohetes, sus gaitas, sus bailes, sus
+calderadas de pulpo y su tonel de mosto: lo que sabe usted que nunca
+falta en tales romerías. También andaban algunas señoritas muy
+emperifolladas dando vueltas y luciendo los trapitos flamantes: y la más
+bonita de todas, Micaeliña, que paseaba con la madre por debajo de los
+robles, hecha un sol de guapa. Acababa de cumplir los trece años: se
+conoce que estrenaba vestido, y no cabía en sí de contenta: el vestido
+era blanco, con lazos color de rosa, precioso, de seda riquísima, un
+disparate para una chiquilla así. La madre: «Micaeliña, no te
+arrugues»--por aquí--y «Micaeliña, no te manches», por allá; y la
+criatura, al principio, respetando mucho la gala; pero, ya se ve, luego
+se cansó de guardarle miramientos al vestido majo, y vino disparada a
+tirarme del balandrán. «Eugenio, ¿corremos?» Al principio fué a
+remolque; pero al fin... este pícaro genio gaitero que tengo yo... me
+hizo la rapaza pegar mil carreras por aquellas cuestas abajo, riendo
+como locos. Y cuidado que me daba no sé qué por el cuerpo ver a Lobeiro
+allí, a dos pasos, con sus manos donde yo sabía que había manchas de
+sangre fresca.
+
+El diantre del cacique, cuando me vió tan divertido con la hija, me
+llamó aparte, y sin mirarme una vez siquiera, me dijo: «Hombre, Eugenio,
+hágame un favor: convenza a mi mujer y a la chiquilla de que va a estar
+muy bien Micaela en el colegio de Orense.»
+
+--¿Y usted se separa de ella?--pregunté con asombro.
+
+--Sí, hombre... Cosas que uno hace porque no tiene remedio--, contestó
+él muy encapotado y a media habla.
+
+Así que la familia de Lobeiro y los adláteres que siempre le escoltaban
+se retiraron de la romería, le pregunté al cura de Boán, extrañándome
+de la idea de enviar a Orense la chiquilla, cuando precisamente era el
+encanto de su padre. Boán me dió una explicación plausible:--«Eso lo
+hace por no exponer a la chiquilla a un fracaso. Lo tienen amenazado de
+muerte, y veinte veces ya le avisaron de que su casa ha de arder. Y
+aunque él dice que conforme la construyó no es tan fácil pegarle fuego,
+no quiere tener aquí a Micaeliña, porque recela alguna barbaridad.»--Ya
+verá usted, señora, cómo efectivamente, no ardió la casa de Lobeiro.
+
+ * * * * *
+
+Yo dormí en la rectoral de Boán aquella noche. Se había empinado y
+manducado muy regular, de modo que el primer sueño fué de piedra. Estaba
+como una marmota, que si me sueltan un redoble de tambor en los mismos
+oídos, no doy a pie ni a mano. Con que figúrese lo que sería la
+explosión, para que me incorporase en la cama de un brinco.
+
+¡Puummm! ¡Booom! Nunca acababa de sonar. Yo a obscuras, a tientas,
+buscando las cerillas y gritando por el criado:--¡Eh! ¡Ave María
+Purísima! ¡Rosendo! Condenado, ¿duermes o qué haces? ¿Se cae la casa?
+¡Jesús, Dios y Señor, misericordia!
+
+Por fin encendí el fósforo, y cuando entró Rosendo todo aturdido, en
+ropas menores, ya no pudo aguantar la risa. El muchacho todo se espantó.
+
+--Sí, ríase, que es para reir. Señor, no ría, que es pecado. Estoy que
+se me _arrepian_ las carnes.
+
+--Pero, ¿qué hay? ¿qué demonios pasa?
+
+--¿Y quién lo sabe, a no ser un brujo? Parece que se ha hundido
+mismamente el mundo todo de la tierra.
+
+Escuché. Nada, silencio. Salí a la ventana. Ni señal de cosa alguna. Me
+senté: estaba sano y bueno. El cura de Boán andaba por allí aturdido,
+dando vueltas. Nos pusimos a hacer comentarios. Nadie se quiso volver a
+la cama. Cada uno decía su cosa, cuando ¡tras, tras! a la puerta... Al
+señor cura de Boán, que vaya a dar los santos óleos y a confesar a
+Lobeiro, que se muere... Boán está a medio cuarto de legua de la casa de
+Lobeiro. El que traía el recado nos enteró de todo.
+
+Mientras Lobeiro y su hija y sus satélites estaban de parranda, con
+mucho tiento, al pie del balcón mayor, _habían_ depositado veintiséis
+cartuchos de dinamita--lo bastante para volar una fortaleza--y su mecha
+correspondiente. Hecho esto, retiráronse con tranquilidad, pie ante pie.
+A la noche, recogida ya la familia, _alguien_ cogió el cabo de mecha, le
+prendió fuego y se apartó con mucha calma. De los veintiséis cartuchos,
+sólo diez o doce se inflamaron. Pero fué todo lo preciso.
+
+No salvó alma viviente. Entre los escombros de la casa yacían el cadáver
+de la mujer de Lobeiro, el tronco mutilado del criado y el cuerpo de
+Micaeliña, muerta como una paloma, con sangre en las sienes, tendida al
+lado de su padre. El lobo aún vivía; fué el único que no pereció en el
+acto. Antes de expirar, tuvo una hora larga de contemplar a su oveja
+difunta... Digan lo que quieran los sabios esos del materialismo...
+¡Retaco! Yo juro que hay Dios, y un Dios que castiga sin palo ni
+piedra... Con dinamita; corriente. ¡Con lo que sale!
+
+
+
+
+El sencillo Don Rafael
+
+CAZADOR Y TRESILLISTA
+
+(UNAMUNO)
+
+
+
+
+EL SENCILLO DON RAFAEL
+
+CAZADOR Y TRESILLISTA
+
+
+Sentía resbalar las horas, hueras, aéreas, deslizándose sobre el
+recuerdo muerto de aquel amor de antaño. Muy lejos, detrás de él, dos
+ojos ya sin brillo entre nieblas. Y un eco vago, como el del mar que se
+rompe tras la montaña, de palabras olvidadas. Y allá, por debajo del
+corazón, susurro de aguas soterrañas. Una vida vacía, y él sólo,
+enteramente sólo. Sólo con su vida.
+
+Tenía para justificarla nada más que la caza y el tresillo. Y no por eso
+vivía triste, pues su sencillez heroica no se compadecía con la
+tristeza. Cuando algún compañero de juego, despreciando un solo, iba a
+buscar una sola carta para dar bola, solía repetir Don Rafael que hay
+cosas que no se debe ir a buscar: vienen ellas solas. Era
+providencialista; es decir, creía en el todopoderío del azar. Tal vez
+por creer en algo y no tener la mente vacía.
+
+--¿Y por qué no se casa usted?--le preguntó alguna vez con la boca
+chica su ama de llaves.
+
+--¿Y por qué me he de casar?
+
+--Acaso no vaya usted descaminado.
+
+--Hay cosas, señora Rogelia, que no se debe ir a buscar: vienen ellas
+solas.
+
+--¡Y cuando menos se piensa!
+
+--¡Así se dan las bolas! Pero, mire, hay una razón que me hace pensar en
+ello...
+
+--¿Cuál?
+
+--La de poder morir tranquilo _ab intestato_.
+
+--¡Vaya una razón!--exclamó el ama, alarmada.
+
+--Para mí la única valedera--respondió el hombre, que presentía no valen
+las razones, sino el valor que se las da.
+
+Y una mañana de primavera, al salir con achaque de la caza, a ver nacer
+el sol, un envoltorio en la puerta de su casa. Encorvóse a mejor
+percatarse, y de dentro, un ligerísimo susurro como de cosas olvidadas.
+El rollo se removía. Lo levantó; estaba tibio; lo abrió: era una
+criatura de horas. Quedóse mirando, y su corazón parecía sentir, no ya
+el susurro, sino el frescor de sus aguas soterrañas. ¡Vaya una caza que
+me ha deparado el destino!, pensó.
+
+Volvióse con el envoltorio en brazos, la escopeta a la bandolera,
+subiendo las escaleras de puntillas para no despertar a aquello, y llamó
+quedamente varias veces.
+
+--Aquí traigo esto--le dijo al ama de llaves.
+
+--Y eso, ¿qué es?
+
+--Parece un niño.
+
+--¿Parece sólo?
+
+--Lo dejaron a la puerta de la calle.
+
+--¿Y qué hacemos con ello?
+
+--Pues... ¿qué vamos a hacer? Bien claro está, ¡criarlo!
+
+--¿Quién?
+
+--Los dos.
+
+--¿Yo? ¡Yo, no!
+
+--Buscaremos ama.
+
+--¡Pero está usted en su juicio, señorito! ¡Lo que hay que hacer es dar
+parte al juez, y en cuanto a eso, al Hospicio con ello!
+
+--¡Pobrecillo! ¡Eso sí que no!
+
+--En fin, usted manda.
+
+Una madre vecina le prestó caritativamente las primeras leches, y pronto
+el médico de Don Rafael encontró una buena nodriza: una chica soltera
+que acababa de dar a luz un niño muerto.
+
+--Como nodriza, excelente--le dijo el médico--, y como persona, ya ves,
+un desliz así puede ocurrirle a cualquiera.
+
+--A mí no--contestó con su sencillez característica Don Rafael.
+
+--Lo mejor sería--dijo el ama de llaves--que se lo llevase a su casa a
+criarlo.
+
+--No--replicó Don Rafael--, eso tiene graves peligros; no me fío de la
+madre de la chica. Aquí, aquí, bajo mi vigilancia. Y no hay que darle
+disgustos a la chica, señora Rogelia, que de ello depende la salud del
+niño. No quiero que por una sofoquina de Emilia pase el angelito un
+dolor de tripas.
+
+Era Emilia, la nodriza, de veinte años, alta, agitanada, con una risa
+perpetua en los ojos, cuya negrura realzaba el marco de ébano del pelo
+que le cubría las sienes como con dos esponjosas alas de cuervo,
+entreabiertos y húmedos los labios guinda, y unos andares de gallina a
+que el gallo ronda.
+
+--¿Y cómo va a bautizarle usted, señorito?--le preguntó la señora
+Rogelia.
+
+--Como hijo mío.
+
+--Pero, ¿está usted loco?
+
+--¡Qué más da!
+
+--¿Y si mañana, por esa medalla que lleva y esas contraseñas, aparecen
+sus verdaderos padres?...
+
+--Aquí no hay más padre ni madre que yo. Yo no busco niños, como no
+busco bolas; pero cuando vienen... soy libre. Y creo que esta del azar
+es la más pura y libre de las maternidades. No me cabe la culpa de que
+haya nacido, pero tendré el mérito de hacerle vivir. Hay que creer en la
+Providencia siquiera por creer en algo, que eso consuela, y además así
+podré morir tranquilo _ab intestato_, pues ya tengo quien me herede
+forzosamente.
+
+La señora Rogelia se mordió los labios, y cuando Don Rafael hizo
+bautizar y registrar al niño como hijo suyo dió que reir a la vecindad y
+a nadie que sospechar malicia alguna: tan conocida era su transparente
+ingenuidad cotidiana. Y el ama de llaves tuvo, mal de su grado, que
+avenirse y concordar con el ama de leche.
+
+Ya tenía Don Rafael algo más en qué pensar que en la caza y el tresillo;
+ya estaban sus días llenos. La casa se le llenó de una vida nueva,
+luminosa y sencilla. Y hasta perdió alguna noche el sueño y el descanso
+paseando al nene para callarlo.
+
+--Es hermoso como el sol, señora Rogelia. Y tampoco hemos tenido mala
+suerte con el ama, me parece.
+
+--Como no vuelva a las andadas.
+
+--De eso me encargo yo. Sería una picardía, una deslealtad: se debe al
+niño. Pero, no, no; está desengañada del zanguango de su novio, un
+bausán de marca mayor a quien ya aborrece...
+
+--No se fíe usted..., no se fíe usted...
+
+--Y a quien voy a pagarle el pasaje a América. Y ella es una
+pobrecilla...
+
+--Hasta que vuelva a tener ocasión.
+
+--¡Digo que lo evitaré!
+
+--Pues como ella quiera...
+
+--¡Ah, en cuanto a eso sí! Porque si he de decirle a usted la verdad,
+la verdad es que...
+
+--Sí, me la supongo.
+
+--¡Pero, ante todo, respeto a mi hijo!
+
+Emilia nada tenía de lerda y estaba deslumbrada con el rasgo
+heroicamente sencillo de aquel solterón semidurmiente. Encariñóse desde
+un principio con el crío como si fuese su madre misma. El padre putativo
+y la nodriza natural pasábanse largos ratos, a sendos lados de la cuna,
+contemplando la sonrisa del sueño del niño cuando éste hacía como que
+mamaba.
+
+--¡Lo que es el hombre!--decía Don Rafael.
+
+Y cruzábanse sus miradas. Y cuando teniéndole ella, Emilia, en brazos,
+iba él, Don Rafael, a besar al niño, con el beso ya preparado en la boca
+rozaba casi la mejilla de la nodriza, cuyos rizos de ébano le afloraban
+la frente, al padre. Otras veces quedábase contemplando alguno de los
+dos mellizos blancos senos, turgentes de vida que se da, con el
+serpenteo azul de las venas que del cuello bajaban, y sostenido entre
+los ahusados dedos índice y corazón como en horqueta. Doblábase sobre él
+un cuello de paloma. Y también entonces le entraban ganas de besar al
+hijo, y su frente, al tocar al seno, hacíalo temblotear.
+
+--¡Ay, lo que siento es que pronto tendré que dejarte, sol
+mío!--exclamaba ella, apretándolo contra su seno y como si le
+entendiera.
+
+Callábase a esto Don Rafael.
+
+Y cuando le cantaba al niño, abrazándole, aquella vieja canturria
+paradisíaca que, aun transmitiéndosela de corazón a corazón las madres,
+cada una de éstas crea e inventa de nuevo, eternamente nueva poesía,
+siendo la misma siempre, la única, como el sol, traíale a Don Rafael
+como un dejo de su niñez olvidada en las lontananzas del recuerdo.
+Balanceábase la cuna y con ella el corazón del padre al azar, y
+mecíasele aquel canto...
+
+ que viene el cocóóóóó...
+
+con el susurro de las aguas de debajo de su corazón...
+
+ a llevarse los niños...
+
+que iba también durmiéndose...
+
+ que duermen pocóóóóó...
+
+entre las blandas nieblas de su pasado...
+
+ ¡ah, ah, ah, aaaaah!
+
+--¡Qué buena madre hace!--pensaba.
+
+Alguna vez, hablando del percance que la hizo nodriza, le preguntó Don
+Rafael:
+
+--Pero, chica, ¿cómo pudo ser eso?
+
+--¡Ya ve usted, Don Rafael!--y se le encendía leve, muy levemente el
+rostro.
+
+--¡Sí, tienes razón, ya lo veo!
+
+Y llegó una enfermedad terrible, días y noches de angustia. Mientras
+duró aquello hizo Don Rafael que Emilia se acostase con el niño en su
+mismo cuarto. «Pero señorito--dijo ella--, cómo quiere usted que yo
+duerma allí...» «Pues muy sencillo--contestó él, con su sencillez
+acostumbrada--, ¡durmiendo!»
+
+Porque para aquel hombre todo sencillez, era sencillo todo.
+
+Por fin el médico dió por salvado al niño.
+
+--¡Salvado!--exclamó Don Rafael con el corazón desbordante, y fué a
+abrazar a Emilia, que lloraba del estupor del gozo.
+
+--Sabes una cosa--le dijo sin soltar del todo el abrazo y mirando al
+niño que sonreía en floración de convalecencia.
+
+--Usted dirá--contestó ella, mientras el corazón se le ponía al galope.
+
+--Que puesto que estamos los dos libres y sin compromiso, pues no creo
+que pienses ya en aquel majadero que ni siquiera sabemos si llegó o no a
+Tucumán, y ya que somos yo padre y tú madre, cada uno a su respecto, del
+mismo hijo, nos casemos y asunto concluído.
+
+--¡Pero, D. Rafael!--y se puso en grana.
+
+--Mira, chiquilla, así podremos tener más hijos...
+
+El argumento era algo especioso, pero persuadió a Emilia. Y como vivían
+juntos y no era cosa de contenerse por unos días fugitivos--¡qué más
+da!--aquella misma noche le hicieron sucesor al niño y muy poco después
+se casaron como la Santa Madre Iglesia y el providente Estado mandan.
+
+Y fueron en lo que en lo humano cabe--¡y no es poco!--felices, y
+tuvieron diez hijos más, una bendición de Dios, con lo cual pudo morir
+tranquilo _ab intestato_, por tener ya quienes forzosamente le
+heredaran, el sencillo Don Rafael, que de cazador y tresillista pasó de
+dos brincos a padre de familia. Y es lo que él solía decir como resumen
+de su filosofía práctica: ¡Hay que dar al azar lo suyo!
+
+
+
+
+¡Solo!
+
+(PALACIO VALDÉS)
+
+
+
+
+¡SOLO!
+
+
+Fresnedo dormía profundamente su siesta acostumbrada. Al lado del diván
+estaba el velador maqueado, manchado de ceniza de cigarro, y sobre él un
+platillo y una taza, pregonando que el café no desvela a todas las
+personas. La estancia, amueblada para el verano con mecedoras y sillas
+de rejilla, estera fina de paja, y las paredes desnudas y pintadas al
+fresco, se hallaba menos que a media luz: las persianas la dejaban a
+duras penas filtrarse. Por esto no se sentía el calor. Por esto y porque
+nos hallamos en una de las provincias más frescas del Norte de España y
+en el campo. Reinaba silencio. Escuchábase sólo fuera el suave ronquido
+de las cigarras y el _pío pío_ de algún pájaro que, protegido por los
+pámpanos de la parra que ciñe el balcón, se complacía en interrumpir la
+siesta de sus compañeros. Alguna vez, muy lejos, se oía el chirrido de
+un carro, lento, monótono, convidando al sueño. Dentro de la casa habían
+cesado ya tiempo hacía los ruidos del fregado de los platos. La
+fregatriz, la robusta, la colosal Mariona, como andaba descalza, sólo
+producía un leve gemido de las tablas, que se quejaban al recibir tan
+enorme y maciza humanidad.
+
+Cualquiera envidiaría aquella estancia fresca, aquel silencio dulce,
+aquel sueño plácido. Fresnedo era un sibarita; pero solamente en el
+verano. Durante el invierno trabajaba como un negro allá en su
+escritorio de la calle de Espoz y Mina, donde tenía un gran
+establecimiento de alfombras. Era hombre que pasaba un poco de los
+cuarenta, fuerte y sano como suelen ser los que no han llevado una
+juventud borrascosa: la tez morena, el pelo crespo, el bigote largo y
+comenzando a ponerse gris. Había nacido en Campizos, punto donde nos
+hallamos, hijo de labradores regularmente acomodados. Mandáronle a
+Madrid a los catorce años con un tío comerciante. Trabajó con brío e
+inteligencia; fué su primer dependiente; después, su asociado; por
+último se casó con su hija, y heredó su hacienda y su comercio. Contrajo
+matrimonio tarde, cuando ya se acercaba a los cuarenta años. Su mujer
+sólo tenía veinte. Educada en el bienestar y hasta en el lujo que le
+podía procurar el viejo Fresnedo, Margarita era una de esas niñas
+madrileñas, toda melindres, toda vanidad, postrada ante las mil
+ridiculeces de la vida cortesana, cual si estuviesen determinadas por
+sentencias de un código inmortal, desviada enteramente de la vida de la
+Naturaleza y la verdad. Por eso odiaba el campo, y muy particularmente
+el ignorado y frondoso lugarcito donde tenía origen su linaje humilde.
+Lo odiaba casi tanto como su mamá, la esposa del viejo Fresnedo, que, a
+pesar de ser hija de una cacharrera de la calle de la Aduana, tenía a
+menos poner los pies en Campizos.
+
+Tanto como ellas lo odiaban amábalo el buen Fresnedo. Mientras fué
+dependiente de su tío, arrancábale todos los años licencia para pasar el
+mes de Julio o Agosto en su país. Cuando sus ganancias se lo
+permitieron, levantó al lado de la de sus padres una casita muy linda,
+rodeada de jardín, y comenzó a comprar todos los pedazos de tierra que
+cerca de ella salían a la venta. En pocos años logró hacerse un
+propietario respetable. Y al compás que se hacía dueño de la tierra
+donde corrieron sus primeros años, su amor hacia ella crecía
+desmesuradamente. Puede cualquiera figurarse el disgusto que el honrado
+comerciante experimentó cuando, después de casado con su prima, ésta le
+anunció, al llegar el verano, que no estaba dispuesta «a sepultarse en
+Campizos», decisión que su tía y suegra reciente apoyó con maravilloso
+coraje. Fué necesario resignarse a veranear en San Sebastián. Al año
+siguiente, lo mismo. Pero al llegar al cuarto, Fresnedo tuvo la audacia
+de rebelarse, produciendo un gran tumulto doméstico.--«O a Campizos, o a
+ninguna parte este verano. ¿Estamos, señoras?» Y los bigotes se le
+erizaron de tal modo inflexible al pronunciar estas enérgicas palabras,
+que la delicada esposa se desmayó acto continuo, y la animosa suegra,
+rociando las sienes de su hija con agua fresca y dándole a oler el
+frasco del antiespasmódico, comenzó a increparle amargamente:
+
+--¡Huele, hija mía, huele!... ¡Si las cosas se hicieran dos veces!... La
+culpa la he tenido yo en poner en manos de un paleto una flor tan
+delicada.
+
+Cuando la flor delicada abrió al fin los ojos, fué para soltar por ellos
+un caudal de lágrimas y para decir con acento tristísimo:
+
+--¡Nunca lo creyera de Ramón!
+
+Fresnedo se conmovió. Hubo explicaciones. Al fin se transigió de un modo
+honroso para las dos partes. Convínose en que Margarita y su mamá irían
+a San Sebastián, llevando a la niña de quince meses, y que Fresnedo
+fuése a Campizos el mes de Agosto, con Jesús, el niño mayor, de edad de
+tres años, y su niñera. Esta es la razón de que Fresnedo se encuentre
+durmiendo la siesta donde acabamos de verle.
+
+Despertóle de ella una voz bien conocida:
+
+--Papá, papá.
+
+Abrió los ojos y vió a su hijo a dos pasos, con su mandilito de dril
+color perla, sus zapatitos blancos y el negro y enmarañado cabello caído
+en bucles graciosos sobre la frente. Era un chico más robusto que
+hermoso. La tez, de suyo morena, teníala ahora requemada por los días
+que llevaba de aldea haciendo una vida libre y casi salvaje. Su padre le
+tenía todo el día a la intemperie, siguiendo escrupulosamente las
+instrucciones de su médico.
+
+--Papá..., dijo Tata que tú no querías... que tú no querías... que tú no
+querías... comprarme un carro... y que el carnero... y que el carnero no
+era mío..., que era de Carmita (la hermana), y no me deja cogerlo por
+los cuernos, y me pegó en la mano.
+
+El chiquitín, al pronunciar este discurso con su graciosa media lengua,
+deteniéndose a cada momento, mostraba en sus ojos negros y profundos la
+indignación vivísima y mucha sed de justicia. Por un instante pareció
+que iba a romper en llanto; pero su temperamento enérgico se sobrepuso,
+y después de hacer una pausa cerró su perorata con una interjección de
+carretero. El padre le había estado escuchando embelesado, animándole
+con sus gestos a proseguir, lo mismo que si una música celeste le
+regalase los oídos. Al oir la interjección, estalló en una sonora y
+alegre carcajada. El niño le miró con asombro, no pudiendo comprender
+que lo que a él le ponía tan fuera de sí causase el regocijo de su papá.
+Este hubiera estado escuchándole horas y horas sin pestañear. Y eso que,
+según contaba su suegra a las visitas, cuando quería dar el golpe de
+gracia a su yerno y perderle completamente ante la conciencia pública,
+¡¡¡se había dormido oyendo _La Favorita a Gayarre_!!!
+
+--¿Sí, vida mía? ¿La Tata no quiere que cojas el carnero por los
+cuernos? ¡Deja que me levante, ya verás cómo arreglo yo a la Tata!
+
+Fresnedo atrajo a su hijo y le aplicó dos formidables besos en las
+mejillas, acariciándole al mismo tiempo la cabecita con las manos.
+
+El chico no había agotado el capítulo de los agravios que creía haber
+recibido de su niñera... Siguió gorjeando que ésta no había querido
+darle pan.
+
+--Hace poco tiempo que hemos comido.
+
+--Hace mucho--dijo el niño con despecho.
+
+--Bueno, ya te lo daré yo.
+
+Además, la Tata no había querido contarle un cuento, ni hacer vaquitas
+de papel. Además, le había pinchado con un alfiler aquí. Y señalaba una
+manecita.
+
+--¡Pues es cierto!--exclamó Fresnedo viendo, en efecto un ligero
+rasguño.--¡Dolores! ¡Dolores!--gritó después.
+
+Presentóse la niñera. El amo la increpó duramente por llevar alfileres
+en la ropa, contra su prohibición expresa. Jesús, viendo a la Tata
+triste y acobardada, fué a restregarse con sus faldas, como pidiéndole
+perdón de haber sido causa de su disgusto.
+
+--Bueno--dijo Fresnedo levantándose del diván y esperezándose.--Ahora
+nos iremos al establo y cogerás al carnero por los cuernos. ¿Quieres,
+Chucho?
+
+Chucho quiso descoyuntarse la cabeza haciendo señales de afirmación que
+corroboraba vivamente con su media lengua. Pero echando al mismo tiempo
+una mirada tímida a su Tata, y viéndola todavía seria y avergonzada, le
+dijo con encantadora sonrisa:
+
+--No te enfades, boba; tú vienes también con nosotros.
+
+Fresnedo se vistió su americana de dril, se cubrió con un sombrero de
+paja, y tomando de la mano a su niño, bajó al jardín, y de allí se
+trasladaron al establo. Al abrir la puerta, Chucho, que iba muy
+decidido, se detuvo y esperó a que su padre penetrase. Estaba obscuro.
+Del fondo de la cuadra salía el vaho tibio y húmedo que despide siempre
+el ganado. Las vacas mugieron débilmente, lo cual puso en gran
+sobresalto a Jesús, que se negó rotundamente a entrar, bajo el pretexto
+especioso de que se iba a manchar los zapatos. Su padre le tomó entonces
+en brazos y pasó y quiso acercarle a las vacas y que les pusiese la mano
+en el testuz. Chucho, que no las llevaba todas consigo, confesó que a
+las vacas les tenía un «potito de miedo». A los carneros ya era otra
+cosa. A éstos declaraba que no les temía poco ni mucho; que jamás había
+sentido por ellos más que amor y veneración.
+
+--Bueno, vamos a ver los carneros--dijo Fresnedo sonriendo.
+
+Y se trasladaron al departamento de las ovejas. Allí pretendió dejarlo
+en el suelo; mas en cuanto puso los piececitos en él, Jesús manifestó
+que estaba cansadísimo, y hubo que auparlo de nuevo. Acercóle su padre a
+un carnero y le invitó a que le tomase por un cuerno. Era cosa grave y
+digna de meditarse. Chucho lo pensó con detenimiento. Avanzó un poco la
+mano, la retiró otra vez, volvió a avanzarla, volvió a retirarla. Por
+último, se decidió a manifestar a su papá que a los carneros les tenía
+«un potito miedo». Pero, en cambio, dijo que a las gallinas las trataba
+con la mayor confianza; que en su vida le habían inspirado el más mínimo
+recelo; que se sentía con fuerzas para cogerlas del rabo, de las patas y
+hasta del pico, porque eran unos animales cobardes y despreciables, al
+menos en su concepto. Fresnedo no tuvo inconveniente en llevarle al
+gallinero, que estaba en la parte trasera de la casa, fabricado con una
+valla de tela metálica. Allí Chucho, con una bravura de que hay pocos
+ejemplos en la historia, se dirigió al gallo mayor, enorme animal de
+casta española, soberbio de posturas y ardiente de ojo. Trató de cogerle
+por el rabo, como había formalmente prometido, pero el grave sultán del
+gallinero chilló de tal horrísona manera, extendiendo las alas y dando
+feroces sacudidas, que el frío de la muerte penetró en el corazón de
+Chucho. Apresuróse a soltarlo y se agarró aterrado al cuello de su
+padre.
+
+--Pero, hombre, ¿no decías que no tenías miedo a las gallinas?--exclamó
+éste riendo.
+
+--Tú, tú...; cógelo tú, papá.
+
+--Yo tengo miedo.
+
+--No, tú no tienes miedo.
+
+--Y tú, ¿lo tienes?
+
+Calló avergonzado; pero al fin confesó que a las gallinas también les
+tenía «un potito de miedo».
+
+Desde allí llevóle otra vez Fresnedo al establo, y después de varios
+sustos y vacilaciones logró que pusiera su manecita en el hocico de un
+becerro. Mas ocurriéndole al animal sacar la lengua y pasársela por la
+mano, la aspereza de ella le produjo tal impresión, que no quiso ya
+arrimarse a ningún otro individuo de la raza vacuna. Subióle después al
+pajar. ¡Qué placer para Chucho! ¡Hundirse en la crujiente hierba,
+agarrarla y esparcirla en pequeños puñados; dejarse caer hacia atrás con
+los brazos abiertos! Pero aún era mayor el gozo de su padre
+contemplándole. Jugaron a sepultarse vivos. Fresnedo se dejaba enterrar
+por su hijo, que iba amontonando hierba sobre él con vigor y crueldad
+que nadie esperara de él. Mas a lo mejor de la operación, su papá daba
+una violenta sacudida y echaba a volar toda la hierba. Y con esto el
+chico soltaba nuevas carcajadas, como si aquello fuese el caso más
+chistoso de la tierra. Sudaba una gota por todos los poros de su tierno
+cuerpecito, tenía los cabellos pegados a la frente y el rostro
+encendido. Cuando su papá trató de tomar la revancha y sepultarle a él,
+no pudo resistirlo. Así que se halló con hierba sobre los ojos, dióse a
+gritar y concluyó por llorar con verdadero sentimiento, cayéndole por
+las mejillas unas lágrimas que su padre se apresuró a beber con besos
+apasionados.
+
+Sí; en aquel momento a Fresnedo le atacó uno de esos accesos de ternura
+que solían ser en él frecuentes. Jesús era su familia, todo su amor, la
+única ilusión de su vida. Si entrásemos por los últimos pliegues de su
+corazón, es posible que no halláramos ya un átomo de cariño hacia su
+mujer. El carácter altanero, impertinente y desabrido de ésta había
+matado el fuego de la pasión que sintió por ella al casarse. Pero aquel
+tierno pimpollo, aquel botón de rosa, aquel pastelito dulce amasado por
+los ángeles lo llenaba todo, ocupaba enteramente su vida, era el fondo
+de sus pensamientos, el consuelo de sus pesares. Abrazábalo con arrebato
+y cubría sus frescas mejillas con besos prolongados apretadísimos,
+murmurando después a su oído palabras fogosas de enamorado.
+
+--¿Quién te quiere más que nadie en el mundo, hermoso mío? ¿No es tu
+papá? Di, lucero. Y tú, ¿a quién quieres más? Sí, vida mía, sí; te
+quiero tanto, que daría por ti la vida con gusto. Por ti, nada más que
+por ti, quisiera ser algo de provecho en el mundo. Por ti, sólo por ti,
+trabajo y trabajaré hasta morir! ¡Nunca te podré pagar lo feliz que me
+haces, criatura!
+
+El niño no comprendía, pero adivinaba aquella pasión y la correspondía,
+finamente. Sus grandes ojos negros, expresivos, se posaban en su padre,
+esforzándose por penetrar en aquel mundo de amor y descifrar el sentido
+de palabras tan fervorosas. Después de un momento de silencio en que
+pareció que meditaba, tomó con sus manecitas como claveles la cara de su
+padre, y acercando la boca a su oído, le dijo con voz tenue como un
+soplo:
+
+--Papá, voy a decirte una cosa... Te quiero más que a mamá... No se lo
+digas, ¿eh?
+
+Al buen Fresnedo se le humedecían los ojos con estas cosas.
+
+Bajaron del pajar, salieron del establo, y después de consultado el
+reloj, el comerciante resolvió irse a bañar, como todos los días, al
+río.
+
+--Chucho, ¿vienes conmigo al baño?
+
+¡Cielo santo, qué felicidad!
+
+Chucho quiso volverse loco de alegría. Generalmente el baño de su padre
+le causaba algunas lágrimas porque no podía llevarle consigo a causa de
+la niñera. Fresnedo se bañaba en un sitio retirado, pero en cueros
+vivos. Esta vez se decidió a llevar a su hijo y dejar a Dolores en casa.
+El niño comenzó a pedir a grandes gritos el sombrero. No quería subir
+por él a casa, temiendo que su padre se le escapase como otras veces. La
+Tata, riendo, se lo tiró del balcón, y lo mismo la sábana del papá y la
+sombrilla.
+
+El río estaba a un kilómetro de la casa. Era necesario caminar por unas
+callejas bordadas de toscas paredillas recamadas de zarzamora y
+madreselva. El sol empezaba a declinar, y el valle, el hermoso valle de
+Campizos, rodeado de suaves colinas pobladas de castañares, y en segundo
+término de un cinturón de elevadísimas montañas, cuyas crestas nadaban
+en un vapor violáceo, dormía la siesta silencioso, ostentando su manto
+de verdura incomparable. Había todos los matices del verde en este
+manto, desde el claro amarillento de la hierba tierna, hasta el obscuro
+y profundo de los robles y negrillos.
+
+Caminaban padre e hijo por las angostas calles preservándose del sol con
+la sombrilla del primero. Pero Chucho se escapaba muchas veces y
+Fresnedo le dejaba libre, convencido de que era bueno acostumbrarlo a
+todo. Gozaba al verle correr delante, con su mandilito de dril y su gran
+sombrero de paja con cintas azules. Chucho andaba cuatro veces el
+camino, como los perros. Paraba a cada instante para coger las
+florecitas que estaban al alcance de su mano, y las que no, obligaba
+despóticamente a su padre a cogerlas y además a cortar algunas ramas de
+los árboles, con las cuales iba barriendo el camino. Por cierto que en
+medio de él tuvo un encuentro desdichado y temeroso. Al doblar un recodo
+tropezóse nuestro niño con un cerdo, un gran cerdo negro y redondo,
+caminando en la misma dirección. Chucho tuvo la temeridad de acercarse a
+él y cogerle por el rabo. Este aditamento de los animales ejercía una
+influencia magnética sobre sus diminutas manos regordetas. El cerdo que
+estaba, al parecer, de mal humor y nervioso, al sentirse asido lanzó un
+terrible bufido, y dando la vuelta para escapar, embistió con el niño y
+lo volcó. ¡Cristo Padre, qué grito! Allá acudió Fresnedo corriendo, y lo
+levantó y le limpió las lágrimas y el polvo, haciéndole presente al
+mismo tiempo que tomaría venganza de aquel cerdo bárbaro y descortés así
+que llegaran a casa. Con lo cual se aplacó Chucho, no sin manifestar
+antes que el cerdo era muy feo y que a él le gustaban más los perros,
+porque eran buenos y le conocían, y cuando estaban de humor le lamían la
+cara.
+
+Hubo que pasar por algunas saltaderas. Fresnedo tomaba a su hijo en
+brazos y le ponía de la parte de allá con gran cuidado. Dejaron el
+camino real y empezaron a caminar por los prados, donde Jesús se empeñó
+en coger un grillo. Su padre le mandó orinar en el agujero para que
+saliese. Así lo hizo, y como el grillo no quería asomar, se irritó
+contra sí mismo porque no podía orinar más y lloró desconsoladamente.
+Aunque con gran sentimiento, renunció a aquella caza difícil y se dedicó
+a las _anitas de Dios_, y se entretuvo un rato, demasiado largo, en
+opinión de su papá, a ponerlas en la palma de la mano, cantándoles:
+_Anita, anita de Dios, abra las alas y vete con Dios_, precioso conjuro
+que la había enseñado su Tata, persona muy instruída en este linaje de
+conocimientos.
+
+Por fin llegaron al río. Corría sereno y límpido por entre praderas,
+orlado de avellanos que salen de la tierra como grandes ramilletes.
+Formaba en aquel paraje un remanso que llamaban en la aldea el _Pozo de
+Tresagua_. Era el pozo bastante hondo, el sitio retirado y deleitoso.
+Ningún otro había en los contornos de Campizos más a propósito para
+bañarse. Llegaba el césped hasta la misma orilla, y sobre aquella verde
+alfombra era grato sentarse y cómodamente se podía cualquiera desnudar
+sin peligro de ser visto. Los avellanos, macizos de verdura, no dejaban
+pasar los rayos del sol, que aún lucía vivo y ardiente. Allí gozaba
+Fresnedo del baño más que el sultán de Turquía, acumulando salud y
+felicidad para todo el año. En aquel mismo sitio se había bañado de niño
+con otra porción de compañeros que hoy eran labradores. ¡Qué placer
+sentía recordando los pormenores de su vida infantil, cuando era un
+zagalillo a quien su padres recomendaban el cuidado del ganado en el
+monte o les ayudaba en todas las faenas de la agricultura! Cuando los
+recuerdos de la infancia van unidos a una vida libre en el seno de la
+Naturaleza, por pobre que se haya sido, siempre aparecen alegres,
+deliciosos.
+
+Descansaron algunos minutos padre e hijo sobre el césped «reposando el
+calor», y al fin se decidió aquel a ir despojándose poco a poco de la
+ropa. Mientras lo hacía, tarareaba una canción de zarzuela de las que
+llegaban a sus oídos de Madrid. La alegría le rebosaba del alma. Su hijo
+le miraba atentamente con sus grandes ojos negros. De vez en cuando
+Fresnedo levantaba los suyos hacia él, y le decía sonriendo:
+
+--¿Qué hay, Chucho? ¿Te quieres bañar conmigo?
+
+Chucho se contentaba con reir, como diciendo:
+
+¡Qué bromista es este papá! ¡Como si no supiese que armo un escándalo
+cada vez que intentan meterme en el agua!
+
+Fresnedo se bañaba enteramente desnudo. Le incomodaba mucho cualquier
+traje de baño. En aquel sitio tenía la seguridad de no ser visto. Cuando
+se quedó en cueros vivos, el asombro y la curiosidad retratados en la
+cara de su «Chipilín», le causaron cierta vergüenza y se cubrió con la
+sábana. Pero Chucho no estaba conforme y empezó a gorjear, mientras
+tiraba de la sábana con sus manecitas, «que su papá tenía pelo en el
+cuerpo y que él no lo tenía, y que la Tata tampoco lo tenía...»
+
+--Vamos, Chucho, cállate--le dijo el papá con semblante grave--. No se
+habla de eso. Los niños no hablan de eso.
+
+--¿Y por qué no hablan los niños de eso? Fresnedo no contestó.
+
+--¿Por qué no hablan los niños de eso, papá?--repitió el chico.
+
+El comerciante quiso distraerle hablándole de otras cosas, pero Chucho
+no acudió al engaño.
+
+--¿Por qué no hablan los niños de eso, papá?--insistió lleno de
+curiosidad.
+
+--Porque no está bien--respondió.
+
+--¿Y por qué no está bien?
+
+--¡Vaya, vaya, déjame en paz!--exclamó entre impaciente y risueño.
+
+Embozado en la sábana como en un jaique moruno avanzó hacia el agua.
+
+--Mira, Chucho--dijo volviéndose--, no te muevas de ahí. Sentadito hasta
+que yo salga, ¿verdad?... Mira, vas a ver cómo me tiro de cabeza al
+agua. Mira bien. A la una..., a las dos... Mira bien, Chucho... ¡A las
+tres!
+
+Fresnedo, que había dejado caer la sábana al dar las voces y se había
+colocado sobre un pequeño cantil, lanzóse, en efecto de cabeza al pozo
+con el placer que lo hacen los hombres llenos de vida. Al hundirse, su
+cuerpo robusto agitó violentamente el agua, produjo en ella una
+verdadera tempestad, cuyas gotas salpicaron al mismo Jesús. Este sufrió
+un estremecimiento y quedó atónito, maravillado, al ver prontamente
+salir a su padre y nadar haciendo volteretas y cabriolas en el agua.
+
+--¡Mira, Chucho! ¡Mira!
+
+Y se puso con el vientre arriba, dejándose flotar sin movimiento alguno.
+
+--Mira, mira ahora.
+
+Y nadaba hacia atrás con los pies solamente.
+
+--Verás ahora: voy a nadar como los perros.
+
+Nadaba, en efecto, chapoteando el agua con las palmas de las manos.
+
+¡Con qué gozo recordaba el rico comerciante aquellas habilidades
+aprendidas en la niñez!
+
+Chucho estaba arrobado en éxtasis delicioso contemplándole. No perdía
+uno solo de sus movimientos.
+
+--¡Chucho! ¡Chuchín! ¡Bien mío! ¿Quién te quiere?--gritaba Fresnedo
+embriagado por la felicidad que las caricias del agua y los ojos
+inocentes de su hijo le producían.
+
+El niño guardaba silencio completamente absorto y atento a los juegos
+natatorios de su padre.
+
+--Vamos, di, Chipilín, ¿quién te quiere?
+
+--Papá--respondió grave con su voz levemente ronca, sin dejar de
+contemplarle atentamente.
+
+Una de las habilidades en que Fresnedo había sobresalido de niño y que
+mucho le enorgullecía, era la de pescar truchas a mano. Siempre que
+venía a Campizos se ejercitaba en esta pesca. Era verdaderamente notable
+su destreza para reconocer y batir los agujeros de las rocas, bloquear
+la trucha y agarrarla por las agallas al fin. Los pescadores del país
+confesaban que se las podía haber con cualquiera de ellos, y se contaba
+que de niño había salido del agua con tres truchas, una en cada mano y
+otra en la boca, aunque Fresnedo no quería confirmarlo. Pues bien; en
+este momento le acometió el deseo de proporcionar un placer a su hijo y
+dárselo a sí mismo.
+
+--Verás, Chipilín, voy a sacarte una trucha... ¿Quieres?
+
+¡Ya lo creo que quería!
+
+¡Pues si cabalmente Chucho sentía mayor inclinación, si cabe, a los
+animales acuáticos que a los terrestres!
+
+Fresnedo hizo una larga aspiración y se sumergió, dejando a su hijo
+maravillado; registró los huecos de algunas piedras del fondo, y sólo
+pudo tocar con los dedos la cola de una trucha sin lograr agarrarla.
+Como le faltase el aliento, subió a respirar.
+
+--Chucho, no he podido cogerla; pero ya caerá.
+
+--¿Por qué caerá, papá?--preguntó el niño que no dejaba escapar un
+modismo sin hacer que se lo explicasen.
+
+--Quiero decir que ya la cogeré.
+
+Otra vez aspiró el aire con fuerza y se lanzó al fondo. Al cabo de unos
+momentos salió a la superficie con una trucha en la mano, que arrojó a
+la orilla. Chucho dió un grito de susto y alegría al ver a sus pies al
+animalito brincando y retorciéndose con furia. Quería agarrarlo cuando
+paraba un instante; pero al acercar su manecita la trucha daba un salto,
+y el chico, estremecido, la retiraba vivamente; intentaba nuevamente
+asirla lanzando chillidos alegres, y otro salto le asustaba y le ponía
+súbito grave. Estaba nervioso; gritaba, reía, hablaba, lloraba a un
+tiempo mismo, mientras su padre, embelesado, nadaba suavemente
+contemplándole.
+
+--¡Anda, valiente! ¡Agárrala, que no te hace nada!... ¡Por la cola,
+tonto!... ¿Quieres que te pesque otra más grande?
+
+--Sí, más gande, papá. Esta no me gusta--respondió el chiquito
+renunciando ya bravamente a agarrar una trucha tan pequeña.
+
+El buen comerciante se preparó para otro chapuz; dejóse ir al fondo y
+con prisa comenzó a registrar los agujeros de una roca grande que antes
+había visto. La muerte feroz y traidora aguardaba dentro. Metió el brazo
+en uno de ellos harto angosto, y cuando intentó sacarlo no pudo. La
+sangre se le agolpó toda al corazón. Perdió la serenidad para buscar la
+postura en que había entrado. Forcejeó en vano algunos momentos. Abrió
+la boca al fin, falto de aliento, y en pocos segundos quedó asfixiado el
+infeliz.
+
+Chucho esperó en vano su salida. Miró con gran curiosidad por algunos
+minutos el agua, hasta que, cansado de esperar, dijo con inocente
+naturalidad:
+
+--¡Papá, sal!
+
+El padre no obedeció. Esperó unos instantes, y volvió a gritar con más
+energía:
+
+--¡Papá, sal!
+
+Y cada vez más impaciente, repitió este grito, concluyendo por llorar.
+Largo rato estuvo diciendo lo mismo con desesperación:
+
+--¡Sal, papá, sal!
+
+Sus rosadas mejillas estaban bañadas de lágrimas; sus ojos grandes,
+hermosos, inocentes, se fijaban ansiosos en el pozo donde a cada
+instante se figuraba ver salir a su padre.
+
+Un salto de la trucha que tenía cerca, viva aún, le distrajo. Acercó su
+manecita a ella y la tocó con un dedo. La trucha se movió levemente.
+Volvió a tocarla y se movió menos aún. Entonces, alentado por el
+abatimiento del animal, se atrevió a posar la palma de la mano sobre él.
+La trucha no rebulló. Chucho principió a gorjear por lo bajo que él no
+tenía miedo a las truchas y que si estuviera allí su hermana Carmita
+indudablemente no osaría poner la mano sobre una bestia tan feroz como
+aquélla. Tanto se fué envalentonando, que concluyó por agarrarla por la
+cola y suspenderla. Aquel acto de heroísmo despertó en él mucha alegría.
+Fluyeron de su garganta algunas sonoras carcajadas. Pero una violenta
+sacudida de la trucha le obligó a soltarla aterrado. Miró a su
+alrededor, y no viendo a nadie, se fijó otra vez en el pozo y tornó a
+gritar, llorando:
+
+--¡Sal, papá! ¡Sal, papá!... ¡No quero trucha, papá! ¡Sal!
+
+El sol declinaba. Aquel retirado paraje, situado en la falda misma de la
+colina, se iba poblando de sombras. Allá, en el horizonte, el sol se
+ocultaba detrás de las altas y lejanas montañas de color violeta.
+
+--Teno miedo, papá... ¡Sal, papaíto!--gritaba la tierna criatura
+bebiendo lágrimas.
+
+Ninguna voz respondía a la suya. Escuchábanse tan sólo las esquilas del
+ganado o algún mujido lejano. El río seguía murmurando suavemente su
+eterna queja.
+
+Rendido, ronco de tanto gritar, Chucho se dejó caer sobre el césped y se
+durmió. Pero su sueño fué intranquilo. Era una criatura excesivamente
+nerviosa, y la agitación con que se había dormido le hizo despertar al
+poco rato. Había cerrado la noche. Al principio no se dió cuenta de
+dónde estaba, y dijo como otras veces en su camita:
+
+--Tata, quero agua.
+
+Pero viendo que la Tata no acudía, se incorporó sobre el césped, miró
+alrededor, y su pequeño corazón se encogió de terror observando la
+obscuridad que reinaba.
+
+--¡Tata, Tata!--gritó repetidas veces...
+
+La luz de la luna rielaba en el agua. Atraídos sus ojos hacia ella,
+Chucho se acordó de pronto que su papá estaba con él y se había metido
+en el río a sacarle una trucha. Y entre sollozos que le rompían el pecho
+y lágrimas que le cegaban, volvió a gritar:
+
+--¡Sal, papá; sal, mi papá!... ¡Teno miedo!
+
+La voz del niño resonaba tristemente en la obscura campiña silenciosa.
+¡Ah! Si el buen Fresnedo pudiera escucharle allá en el fondo del pozo,
+hubiera mordido la roca que le tenía sujeto, se hubiera arrancado el
+brazo para acudir a su llamamiento.
+
+No pudiendo ya gritar más porque le faltaba la voz y el aliento,
+destrozado por el cansancio, cayó otra vez dormido, y así le hallaron
+los que habían salido en su busca.
+
+
+
+
+El Rey Burgués.
+
+(RUBÉN DARÍO)
+
+
+
+
+EL REY BURGUES
+
+
+¡Amigo!, el cielo está opaco; el aire, frío; el día, triste. Un cuento
+alegre..., así como para distraer las brumosas y grises melancolías,
+helo aquí.
+
+ * * * * *
+
+Había en una ciudad inmensa y brillante un rey muy poderoso, que tenía
+trajes caprichosos y ricos, esclavas desnudas, blancas y negras;
+caballos de largas crines, armas flamantísimas, galgos rápidos y
+monteros con cuernos de bronce, que llenaban el viento con sus
+fanfarrias. ¿Era un rey poeta? No, amigo mío: era el Rey Burgués.
+
+ * * * * *
+
+Era muy aficionado a las artes el soberano y favorecía con gran largueza
+a sus músicos, a sus hacedores de ditirambos, pintores, escultores,
+boticarios, barberos y maestros de esgrima.
+
+Cuando iba a la floresta, junto al corzo o jabalí herido y sangriento,
+hacía improvisar a sus profesores de retórica canciones alusivas; los
+criados llenaban las copas del vino de oro que hierve, y las mujeres
+batían palmas con movimientos rítmicos y gallardos. Era un rey sol, en
+su Babilonia llena de músicas, de carcajadas y de ruido de festín.
+Cuando se hastiaba de la ciudad bullente, iba de caza, atronando el
+bosque con sus tropeles; y hacía salir de sus nidos a las aves
+asustadas, y el vocerío repercutía en lo más escondido de las cavernas.
+Los perros, de patas elásticas, iban rompiendo la maleza en la carrera,
+y los cazadores, inclinados sobre el pescuezo de los caballos, hacían
+ondear los mantos purpúreos, y llevaban las caras encendidas y las
+cabelleras al viento.
+
+ * * * * *
+
+El rey tenía un palacio soberbio, donde había acumulado riquezas y
+objetos de arte maravilloso. Llegaba a él por entre grupos de lilas y
+extensos estanques, siendo saludado por los cisnes de cuellos blancos
+antes que por los lacayos estirados. Buen gusto. Subía por una escalera
+llena de columnas de alabastro y de esmaragdina, que tenía a los lados
+leones de mármol, como los de los troncos salomónicos. Refinamiento. A
+más de los cisnes tenía una vasta pajarera, como amante de la armonía,
+del arrullo, del trino; y cerca de ella iba a ensanchar su espíritu
+leyendo novelas de M. Ohnet, o bellos libros sobre cuestiones
+gramaticales, o críticas hermosillescas. Eso sí, defensor acérrimo de la
+corrección académica en letras, y del modo lamido en artes; alma sublime
+amante de la lija y de la ortografía.
+
+ * * * * *
+
+¡Japonerías! ¡Chinerías!, por lujo, y nada más.
+
+Bien podía darse el placer de un salón digno del gusto de un Goncourt y
+de los millones de un Creso: quimeras de bronce con las fauces abiertas
+y las colas enroscadas, en grupos fantásticos y maravillosos; lacas de
+Kioto con incrustaciones de hojas y ramas de una flora monstruosa, y
+animales de una fauna desconocida; mariposas de raros abanicos junto a
+las paredes; peces y gallos de colores; máscaras de gestos infernales y
+con ojos como si fuesen vivos; partesanas de hojas antiquísimas y
+empuñaduras con dragones devorando flores de loto; y en conchas de
+huevo, túnicas de seda amarilla, como tejidas con hilos de araña,
+sembradas de garzas rojas y de verdes matas de arroz; y tibores,
+porcelanas de muchos siglos, de aquellas en que hay guerreros tártaros
+con una piel que les cubre hasta los riñones, y que llevan arcos
+estirados y manojos de flechas.
+
+Por lo demás, había el salón griego, lleno de mármoles: diosas, musas,
+ninfas y sátiros; el salón de los tiempos galantes con cuadros del gran
+Watteau y de Chardin; dos, tres, cuatro, ¡cuántos salones!
+
+Y Mecenas se paseaba por todos, con la cara inundada de cierta majestad,
+el vientre feliz y la corona en la cabeza, como un rey de naipe.
+
+ * * * * *
+
+Un día le llevaron una rara especie de hombre ante su trono, donde se
+hallaba rodeado de cortesanos, de retóricos y de maestros de equitación
+y de baile.
+
+--¿Qué es eso?--preguntó.
+
+--Señor, es un poeta.
+
+El rey tenía cisnes en el estanque, canarios, gorriones, senzontes en la
+pajarera: un poeta era algo nuevo y extraño.
+
+--Dejadle aquí.
+
+Y el poeta:
+
+--Señor, no he comido.
+
+Y el rey:
+
+--Habla, y comerás.
+
+Comenzó:
+
+ * * * * *
+
+--Señor, ha tiempo que yo canto el verbo del porvenir. He tendido mis
+alas al huracán, he nacido en el tiempo de la aurora: busco la raza
+escogida que debe esperar, con el himno en la boca y la lira en la mano,
+la salida del gran sol. He abandonado la inspiración de la ciudad
+malsana, la alcoba llena de perfumes, la musa de carne que llena el alma
+de pequeñez y el rostro de polvos de arroz. He roto el arpa adulona de
+las cuerdas débiles contra las copas de Bohemia y las jarras donde
+espumea el vino que embriaga sin dar fortaleza; he arrojado el manto que
+me hacía parecer histrión, o mujer, y he vestido de modo salvaje y
+espléndido: mi harapo es de púrpura. He ido a la selva, donde he quedado
+vigoroso y ahito de leche fecunda y licor de nueva vida; y en la ribera
+del mar áspero, sacudiendo la cabeza bajo la fuerte y negra tempestad,
+como un ángel soberbio, o como un semidiós olímpico, he ensayado el
+yambo dando al olvido el madrigal.
+
+He acariciado a la gran Naturaleza, y he buscado el calor del ideal, el
+verso que está en el astro en el fondo del cielo, y el que está en la
+perla en lo profundo del Océano. ¡He querido ser pujante! Porque viene
+el tiempo de las grandes revoluciones, con un Mesías todo luz, todo
+agitación y potencia, y es preciso recibir su espíritu con el poema que
+sea arco triunfal, de estrofas de acero, de estrofas de oro, de estrofas
+de amor.
+
+¡Señor!, el arte no está en los fríos envoltorios de mármol, ni en los
+cuadros lamidos, ni en el excelente señor Ohnet! ¡Señor!, el arte no
+viste pantalones, ni habla en burgués, ni pone los puntos en todas las
+íes. El es augusto, tiene mantos de oro, o de llamas, o anda desnudo, y
+amasa la greda con fiebre, y pinta con luz, y es opulento, y da golpes
+de ala como las águilas, o _zarpazos_ como los leones. Señor, entre un
+Apolo y un ganso, preferid al Apolo, aunque el uno sea de tierra cocida
+y el otro de marfil.
+
+¡Oh, la poesía!
+
+¡Y bien! Los ritmos se prostituyen, se cantan los lunares de las mujeres
+y se fabrican jarabes poéticos. Además, señor, el zapatero critica mis
+endecasílabos, y el señor profesor de farmacia pone puntos y comas a mi
+inspiración. Señor, ¡y vos lo autorizáis todo esto!... El ideal, el
+ideal...
+
+El rey interrumpió:
+
+--Ya habéis oído. ¿Qué hacer?
+
+Y un filósofo al uso:
+
+--Si lo permitís, señor, puede ganarse la comida con una caja de música;
+podemos colocarle en el jardín, cerca de los cisnes, para cuando os
+paseéis.
+
+--Sí--dijo el rey; y dirigiéndose al poeta:--Daréis vueltas a un
+manubrio. Cerraréis la boca. Haréis sonar una caja de música que toca
+valses, cuadrillas y galopas, como no prefiráis moriros de hambre. Pieza
+de música por pedazo de pan. Nada de jerigonzas ni de ideales. Id.
+
+Y desde aquel día pudo verse a la orilla del estanque de los cisnes al
+poeta hambriento, que daba vueltas al manubrio: tiririrín, tiririrín...,
+¡avergonzado a las miradas del gran sol! ¿Pasaba el rey por las
+cercanías? ¡Tiririrín, tiririrín...! ¿Había que llenar el estómago?
+¡Tiririrín! Todo entre las burlas de los pájaros libres que llegaban a
+beber rocío en las lilas floridas, entre el zumbido de las abejas que le
+picaban el rostro y le llenaban los ojos de lágrimas..., ¡lágrimas
+amargas que rodaban por sus mejillas y que caían a la tierra negra!
+
+Y llegó el invierno, y el pobre sintió frío en el cuerpo y en el alma. Y
+su cerebro estaba como petrificado, y los grandes himnos estaban en el
+olvido, y el poeta de la montaña coronada de águilas no era sino un
+pobre diablo que daba vueltas al manubrio: ¡tiririrín!
+
+Y cuando cayó la nieve se olvidaron de él el rey y sus vasallos; a los
+pájaros se les abrigó, y a él se le dejó al aire glacial, que le mordía
+las carnes y le azotaba el rostro.
+
+Y una noche en que caía de lo alto la lluvia blanca de plumillas
+cristalizadas, en el palacio había festín, y la luz de las arañas reía
+alegre sobre los mármoles, sobre el oro y sobre las túnicas de los
+mandarines de las viejas porcelanas. Y se aplaudían hasta la locura los
+brindis del señor profesor de retórica, cuajados de dáctilos, de
+anapestos y de pirriquios, mientras en las copas cristalinas hervía el
+Champaña con su burbujeo luminoso y fugaz. ¡Noche de invierno, noche de
+fiesta! Y el infeliz, cubierto de nieve, cerca del estanque, daba
+vueltas al manubrio para calentarse, tembloroso y aterido, insultado por
+el cierzo, bajo la blancura implacable y helada, en la noche sombría,
+haciendo resonar entre los árboles sin hojas la música loca de las
+galopas y cuadrillas; y se quedó muerto, pensando en que nacería el sol
+del día venidero, y con él el ideal..., y en que el arte no vestiría
+pantalones, sino manto de llamas de oro... Hasta que al día siguiente lo
+hallaron el rey y sus cortesanos, al pobre diablo de poeta, como
+gorrión que mata el hielo, con una sonrisa amarga en los labios, y
+todavía con la mano en el manubrio.
+
+ * * * * *
+
+¡Oh, mi amigo!, el cielo está opaco; el aire frío; el día, triste.
+Flotan brumosas y grises melancolías...
+
+Pero, ¡cuánto calienta el alma una frase, un apretón de manos a tiempo!
+Hasta la vista!
+
+
+
+
+Elizabide el Vagabundo.
+
+(BAROJA)
+
+
+
+
+ELIZABIDE EL VAGABUNDO
+
+
+ ¿Cer zala usté cenuben
+ enamoratzia?
+ Sillau is hira eta
+ guitarra jotzia.
+
+ (CANTO POPULAR)
+
+Muchas veces, mientras trabajaba en aquel abandonado jardín, Elizabide
+el Vagabundo se decía al ver pasar a Maintoni, que volvía de la iglesia:
+
+--¿Qué pensará?--¿Vivirá satisfecha? ¡La vida de Maintoni le parecía tan
+extraña! Porque era natural que quien como él había andado siempre a la
+buena de Dios rodando por el mundo, encontrara la calma y el silencio de
+la aldea deliciosos; pero ella, que no había salido nunca de aquel
+rincón, ¿no sentiría deseos de asistir a teatros, a fiestas, a
+diversiones, de vivir otra vida más espléndida, más intensa? Y como
+Elizabide el Vagabundo no se daba respuesta a su pregunta, seguía
+removiendo la tierra con su azadón filosóficamente.
+
+--Es una mujer fuerte--pensaba después;--su alma es tan serena, tan
+clara, que llega a preocupar. Una preocupación científica, sólo
+científica, eso claro. Y Elizabide el Vagabundo, satisfecho de la
+seguridad que se concedía a sí mismo de que íntimamente no tomaba parte
+en aquella preocupación, seguía trabajando en el jardín abandonado de su
+casa.
+
+Era un tipo curioso el de Elizabide el Vagabundo. Reunía todas las
+cualidades y defectos del vascongado de la costa: era audaz, irónico,
+perezoso, burlón. La ligereza y el olvido constituían la base de su
+temperamento: no daba importancia a nada, se olvidaba de todo. Había
+gastado casi entero su escaso capital en sus correrías por América, de
+periodista en un pueblo, de negociante en otro, aquí vendiendo ganado,
+allá comerciando en vinos. Estuvo muchas veces a punto de hacer fortuna,
+lo que no consiguió por indiferencia. Era de esos hombres que se dejan
+llevar por los acontecimientos sin protestar nunca. Su vida, él la
+comparaba con la marcha de uno de esos troncos que van por el río, que
+si nadie los recoge se pierden al fin en el mar.
+
+Su inercia y su pereza eran más de pensamiento que de manos; su alma
+huía de él muchas veces: le bastaba mirar al agua corriente, contemplar
+una nube o una estrella para olvidar el proyecto más importante de su
+vida, y cuando no lo olvidaba por esto, lo abandonaba por cualquier
+otra cosa, sin saber por qué muchas veces.
+
+Ultimamente se había encontrado en una estancia del Uruguay, y como
+Elizabide era agradable en su trato y no muy desagradable en su aspecto,
+aunque tenía ya sus treinta y ocho años, el dueño de la estancia le
+ofreció la mano de su hija, una muchacha bastante fea que estaba en
+amores con un mulato. Elizabide, a quien no le parecía mal la vida
+salvaje de la estancia, aceptó, y ya estaba para casarse cuando sintió
+la nostalgia de su pueblo, del olor a heno de sus montes, del paisaje
+brumoso de la tierra vascongada. Como en sus planes no entraban las
+explicaciones bruscas, una mañana, al amanecer, advirtió a los padres de
+su futura que iba a ir a Montevideo a comprar el regalo de boda; montó a
+caballo, luego en el tren; llegó a la capital, se embarcó en un
+transatlántico, y después de saludar cariñosamente la tierra
+hospitalaria de América, se volvió a España.
+
+Llegó a su pueblo, un pueblecillo de la provincia de Guipúzcoa; abrazó a
+su hermano Ignacio, que estaba allí de boticario; fué a ver a su
+nodriza, a quien prometió no hacer ninguna escapatoria más, y se instaló
+en su casa. Cuando corrió por el pueblo la voz de que no sólo no había
+hecho dinero en América, sino que lo había perdido, todo el mundo
+recordó que antes de salir de la aldea ya tenía fama de fatuo, de
+insubstancial y de vagabundo.
+
+El no se preocupaba absolutamente nada por estas cosas; cavaba en su
+huerta, y en los ratos perdidos trabajaba en construir una canoa para
+andar por el río, cosa que a todo el pueblo indignaba.
+
+Elizabide el Vagabundo creía que su hermano Ignacio, la mujer y los
+hijos de éste le desdeñaban, y por eso no iba a visitarles más que de
+cuando en cuando; pero pronto vió que su hermano y su cuñada le
+estimaban y le hacían reproches porque no iba a verlos. Elizabide
+comenzó a acudir a casa de su hermano con más frecuencia.
+
+La casa del boticario estaba a la salida del pueblo, completamente
+aislada; por la parte que miraba al camino tenía un jardín rodeado de
+una tapia, y por encima de ella salían ramas de laurel de un verde
+obscuro que protegían algo la fachada del viento del Norte. Pasando el
+jardín estaba la botica.
+
+La casa no tenía balcones, sino sólo ventanas, y éstas abiertas en la
+pared sin simetría alguna; quizás esto era debido a que algunas de ellas
+estaban tapiadas.
+
+Al pasar en el tren o en el coche de las provincias del Norte, ¿no
+habéis visto casas solitarias que, sin saber por qué, os daban envidia?
+Parece que allá dentro se debe vivir bien, se adivina una existencia
+dulce y apacible; las ventanas con cortinas hablan de interiores casi
+monásticos, de grandes habitaciones amuebladas con arcas y cómodas de
+nogal, de inmensas camas de madera; de una existencia tranquila,
+sosegada, cuyas horas pasan lentas, medidas por el viejo reloj de alta
+caja que lanza en la noche su sonoro tic-tac.
+
+La casa del boticario era de éstas: en el jardín se veían jacintos,
+heliotropos, rosales y enormes hortensias que llegaban hasta la altura
+de los balcones del piso bajo. Por encima de la tapia del jardín caían
+como en cascada un torrente de rosas blancas, sencillas, que en
+vascuence se llaman _choruas_ (locas) por lo frívolas que son y por lo
+pronto que se marchitan y se caen.
+
+Cuando Elizabide el Vagabundo fué a casa de su hermano, ya con más
+confianza, el boticario y su mujer, seguidos de todos los chicos, le
+enseñaron la casa, limpia, clara y bien oliente; después fueron a ver la
+huerta, y aquí Elizabide el Vagabundo vió por primera vez a Maintoni,
+que, con la cabeza cubierta con un sombrero de paja, estaba recogiendo
+guisantes en la falda del delantal. Elizabide y ella se saludaron
+fríamente.
+
+--Vamos hacia el río--le dijo a su hermana la mujer del
+boticario.--Diles a las chicas que lleven el chocolate allí.
+
+Maintoni se fué hacia la casa, y los demás, por una especie de túnel
+largo formado por perales que tenían las ramas extendidas como las
+varillas de un abanico, bajaron a una plazoleta que estaba junto al río,
+entre árboles, en donde había una mesa rústica y un banco de piedra. El
+sol, al penetrar entre el follaje, iluminaba el fondo del río y se veían
+las piedras redondas del cauce y los peces que pasaban lentamente
+brillando como si fueran de plata. La tarde era de una tranquilidad
+admirable; el cielo azul, puro y tranquilo.
+
+Antes del caer de la tarde las dos muchachas de casa del boticario
+vinieron con bandejas en la mano trayendo chocolate y bizcochos. Los
+chicos se abalanzaron sobre los bizcochos como fieras. Elizabide el
+Vagabundo habló de sus viajes, contó algunas aventuras, y tuvo suspensos
+de sus labios a todos. Sólo ella, Maintoni, pareció no entusiasmarse
+gran cosa con aquellas narraciones.
+
+--Mañana vendrás, tío Pablo, ¿verdad?--le decían los chicos.
+
+--Sí, vendré.
+
+Y Elizabide el Vagabundo se marchó a su casa y pensó en Maintoni y soñó
+con ella. La veía en su imaginación tal cual era: chiquitilla, esbelta,
+con sus ojos negros, brillantes, rodeada de sus sobrinos, que le
+abrazaban y le besuqueaban.
+
+Como el mayor de los hijos del boticario estudiaba el tercer año del
+bachillerato, Elizabide se dedicó a darle lecciones de francés, y a
+estas lecciones se agregó Maintoni.
+
+Elizabide comenzaba a sentirse preocupado con la hermana de su cuñado,
+tan serena, tan inmutable; no se comprendía si su alma era un alma de
+niña sin deseos ni aspiraciones, o si era una mujer indiferente a todo
+lo que no se relacionase con las personas que vivían en su hogar. El
+vagabundo la solía mirar absorto.--¿Qué pensará?--se preguntaba. Una vez
+se sintió atrevido, y la dijo:
+
+--¿Y usted no piensa casarse, Maintoni?
+
+--¡Yo! ¡casarme!
+
+--¿Por qué no?
+
+--¿Quién va a cuidar de los chicos si me caso? Además, yo ya soy
+_nesca-zarra_ (solterona)--contestó ella riéndose.
+
+--¡A los veintisiete años solterona! Entonces yo, que tengo treinta y
+ocho, debo de estar en el último grado de la decrepitud.
+
+Maintoni a esto no dijo nada; no hizo más que sonreir.
+
+Aquella noche Elizabide se asombró al ver lo que le preocupaba
+Maintoni.
+
+--¿Qué clase de mujer es ésta?--se decía.--De orgullosa no tiene nada,
+de romántica tampoco, y sin embargo...
+
+En la orilla del río, cerca de un estrecho desfiladero, brotaba una
+fuente que tenía un estanque profundísimo; el agua parecía allí de
+cristal por lo inmóvil. Así era quizás el alma de Maintoni--se decía
+Elizabide--y sin embargo...--Sin embargo, a pesar de sus definiciones,
+la preocupación no se desvanecía; al revés, iba haciéndose mayor.
+
+Llegó el verano; en el jardín de la casa del boticario reuníanse toda la
+familia, Maintoni y Elizabide el Vagabundo. Nunca fué éste tan exacto
+como entonces, nunca tan dichoso y tan desgraciado al mismo tiempo. Al
+anochecer, cuando el cielo se llenaba de estrellas y la luz pálida de
+Júpiter brillaba en el firmamento, las conversaciones se hacían más
+íntimas, más familiares, coreadas por el canto de los sapos. Maintoni se
+mostraba más expansiva, más locuaz.
+
+A las nueve de la noche, cuando se oía el sonar de los cascabeles de la
+diligencia que pasaba por el pueblo con un gran farol sobre la capota
+del pescante, se disolvía la reunión y Elizabide se marchaba a su casa
+haciendo proyectos para el día de mañana, que giraban siempre alrededor
+de Maintoni.
+
+A veces, desalentado, se preguntaba:--¿No es imbécil haber recorrido el
+mundo para venir a caer en un pueblecillo y enamorarse de una señorita
+de aldea? ¡Y quién se atrevía a decirle nada a aquella mujer, tan
+serena, tan impasible!
+
+Fué pasando el verano, llegó la época de las fiestas, y el boticario y
+su familia se dispusieron a celebrar la romería de Arnazabal como todos
+los años.
+
+--¿Tú también vendrás con nosotros?--le preguntó el boticario a su
+hermano.
+
+--Yo no.
+
+--¿Por qué no?
+
+--No tengo ganas.
+
+--Bueno, bueno; pero te advierto que te vas a quedar solo, porque hasta
+las muchachas vendrán con nosotros.
+
+--¿Y usted también?--dijo Elizabide a Maintoni.
+
+--Sí. ¡Ya lo creo! A mí me gustan mucho las romerías.
+
+--No hagas caso, que no es por eso--replicó el boticario.--Va a ver al
+médico de Arnazabal, que es un muchacho joven que el año pasado le hizo
+el amor.
+
+--¿Y por qué no?--exclamó Maintoni sonriendo.
+
+Elizabide el Vagabundo palideció, enrojeció; pero no dijo nada.
+
+La víspera de la romería el boticario le volvió a preguntar a su
+hermano:
+
+--¿Conque vienes o no?
+
+--Bueno, iré--murmuró el vagabundo.
+
+Al día siguiente se levantaron temprano y salieron del pueblo, tomaron
+la carretera, y después, siguiendo veredas, atravesando prados cubiertos
+de altas hierbas y de purpúreas digitales, se internaron en el monte. La
+mañana estaba húmeda, templada; el campo mojado por el rocío; el cielo
+azul muy pálido, con algunas nubecillas blancas que se deshilachaban en
+estrías tenues. A las diez de la mañana llegaron a Arnazabal, un pueblo
+en un alto, con su iglesia, su juego de pelota en la plaza, y dos o tres
+calles formadas por caseríos.
+
+Entraron en el caserío, propiedad de la mujer del boticario, y pasaron a
+la cocina. Allí comenzaron los agasajos y los grandes recibimientos de
+la vieja de la casa, que abandonó su labor de echar ramas al fuego y de
+mecer la cuna de un niño; se levantó del fogón bajo, en donde estaba
+sentada, y saludó a todos, besando a Maintoni, a su hermana y a los
+chicos. Era una vieja flaca, acartonada, con un pañuelo negro en la
+cabeza; tenía la nariz larga y ganchuda, la boca sin dientes, la cara
+llena de arrugas y el pelo blanco.
+
+--¿Y vuestra merced es el que estaba en las Indias?--preguntó la vieja a
+Elizabide, encarándose con él.
+
+--Sí; yo era el que estaba allá.
+
+Como habían dado las diez, y a esta hora empezaba la Misa mayor, no
+quedaba en casa más que la vieja. Todos se dirigieron a la iglesia.
+
+Antes de comer, el boticario, ayudado de su cuñada y de los chicos,
+disparó desde una ventana del caserío una barbaridad de cohetes, y
+después bajaron todos al comedor. Había más de veinte personas en la
+mesa, entre ellas el médico del pueblo, que se sentó cerca de Maintoni,
+y tuvo para ella y para su hermano un sin fin de galanterías y de
+oficiosidades.
+
+Elizabide el Vagabundo sintió una tristeza tan grande en aquel momento,
+que pensó en dejar la aldea y volverse a América. Durante la comida,
+Maintoni le miraba mucho a Elizabide.
+
+--Es para burlarse de mí--pensaba éste.--Ha sospechado que la quiero, y
+coquetea con el otro. El golfo de Méjico tendrá que ser otra vez
+conmigo.
+
+Al terminar la comida eran más de las cuatro; había comenzado el baile.
+El médico, sin separarse de Maintoni, seguía galanteándola, y ella
+seguía mirando a Elizabide.
+
+Al anochecer, cuando la fiesta estaba en su esplendor, comenzó el
+_aurrescu_. Los muchachos, agarrados de las manos, iban dando vuelta a
+la plaza, precedidos de los tamborileros; dos de los mozos se
+destacaron, se hablaron, parecieron vacilar, y descubriéndose, con las
+boinas en la mano, invitaron a Maintoni para ser la primera, la reina
+del baile. Ella trató de disuadirles en vascuence: miró a su cuñado, que
+sonreía; a su hermana, que también sonreía, y a Elizabide, que estaba
+fúnebre.
+
+--Anda, no seas tonta--le dijo su hermana.
+
+Y comenzó el baile con todas sus ceremonias y sus saludos, recuerdos de
+una edad primitiva y heroica. Concluído el _aurrescu_, el boticario sacó
+a bailar el fandango a su mujer, y el médico joven a Maintoni.
+
+Obscureció: fueron encendiéndose hogueras en la plaza, y la gente fué
+pensando en la vuelta. Después de tomar chocolate en el caserío, la
+familia del boticario y Elizabide emprendieron el camino hacia casa.
+
+A lo lejos, entre los montes, se oían los _irrintzis_ de los que volvían
+de la romería, gritos como relinchos salvajes. En las espesuras
+brillaban los gusanos de luz como estrellas azuladas, y los sapos
+lanzaban su nota de cristal en el silencio de la noche serena.
+
+De vez en cuando, al bajar alguna cuesta, al boticario se le ocurría que
+se agarraran todos de la mano, y bajaban la cuesta cantando:
+
+_Aita San Antoniyo Urquiyolacua. Ascoren biyotzeco santo devotua_.
+
+A pesar de que Elizabide quería alejarse de Maintoni, con la cual estaba
+indignado, dió la coincidencia de que ella se encontraba junto a él. Al
+formar la cadena, ella le daba la mano, una mano pequeña, suave y tibia.
+De pronto, al boticario, que iba el primero, se le ocurría pararse y
+empujar para atrás, y entonces se daban encontronazos los unos contra
+los otros, y a veces Elizabide recibía en sus brazos a Maintoni. Ella
+reñía alegremente a su cuñado, y miraba al vagabundo, siempre fúnebre.
+
+--Y usted, ¿por qué está tan triste?--le preguntó Maintoni con voz
+maliciosa, y sus ojos negros brillaron en la noche.
+
+--¡Yo! No sé. Esta maldad de hombre que sin querer le entristecen las
+alegrías de los demás.
+
+--Pero usted no es malo--dijo Maintoni, y le miró tan profundamente con
+sus ojos negros, que Elizabide el Vagabundo, se quedó tan turbado, que
+pensó que hasta las mismas estrellas notarían su turbación.
+
+--No, no soy malo--murmuró Elizabide--; pero soy un fatuo, un hombre
+inútil, como dice todo el pueblo.
+
+--¿Y eso le preocupa a usted, lo que dice la gente que no le conoce?
+
+--Sí, temo que sea la verdad, y para un hombre que tendrá que marcharse
+otra vez a América, ese es un temor grave.
+
+--¡Marcharse! ¿Se va usted a marchar?--murmuró Maintoni con voz triste.
+
+--Sí.
+
+--¿Pero por qué?
+
+--¡Oh! A usted no se lo puedo decir.
+
+--¿Y si yo lo adivinara?
+
+--Entonces lo sentiría mucho, porque se burlaría usted de mí, que soy
+viejo...
+
+--¡Oh, no!
+
+--Que soy pobre.
+
+--No importa.
+
+--¡Oh, Maintoni! ¿De veras? ¿No me rechazaría usted?
+
+--No; al revés.
+
+--Entonces... ¿me querrás como yo te quiero?--murmuró Elizabide el
+Vagabundo en vascuence.
+
+--Siempre, siempre...--Y Maintoni inclinó su cabeza sobre el pecho de
+Elizabide y éste la besó en su cabellera castaña.
+
+--¡Maintoni! ¡Aquí!--le dijo su hermana, y ella se alejó de él; pero se
+volvió a mirarle una vez, y muchas.
+
+Y siguieron todos andando hacia el pueblo por los caminos solitarios. En
+derredor vibraba la noche llena de misterios; en el cielo palpitaban los
+astros. Elizabide el Vagabundo, con el corazón anegado de sensaciones
+inefables, sofocado de felicidad, miraba con los ojos muy abiertos una
+estrella lejana, muy lejana, y le hablaba en voz baja...
+
+
+
+
+La epopeya de una zíngara.
+
+(DICENTA)
+
+
+
+
+LA EPOPEYA DE UNA ZÍNGARA
+
+
+El sol caía a plomo sobre la ancha carretera, uno de esos caminos
+oficiales de Castilla en cuyas lindes busca inútilmente el viajero un
+árbol que le preste sombra o un arroyo donde calmar su sed. Campos
+agostados, planicies incultas, áridos y desiguales montículos, mucha luz
+en el cielo y poca alegría en la tierra: he aquí el espectáculo ofrecido
+por aquella naturaleza sedienta, amodorrada, codiciosa de aire y de
+frescura, en la que el silencio hubiera reinado en absoluto a no ser por
+alguna que otra banda de codornices, las cuales, alzándose de entre los
+rastrojos, cruzábanlos presurosamente con un rumor no interrumpido de
+gritos salvajes y de vigorosos aleteos, levantando una nube de polvo,
+que se transformaba en lluvia de oro al caer herida por los rayos del
+sol.
+
+Tarde calurosa de Agosto, que convertía en inhospitalario desierto el
+camino y los campos que lo circundaban, era aquélla; y perdida en este
+desierto, sufriendo el bochorno que abrasaba la atmósfera, asfixiándose
+con el polvo por ella misma levantado al proseguir su rumbo, veíase una
+pequeña y miserable caravana, que hubiese puesto piedad en los ojos y
+amargura en el corazón de quien la mirase atentamente; pero los hombres
+suelen mirar estas cosas sin verlas; para ellas no existen otros ojos ni
+otro amparo que los de Dios; y hasta Dios suele distraerse muchas veces.
+
+Constituían la caravana una mujer, un burro y tres niños.
+
+La mujer iba delante, descalza de pie y pierna, cubierta de andrajos y
+de polvo, moviéndose con fatigosa lentitud, entreabriendo la boca para
+respirar el aire que penetraba en sus pulmones, y sosteniendo en sus
+brazos a un niño de pocos meses, envuelto en un jirón de lienzo
+remendado y sucio; el niño estrujaba con sus manecitas el pecho de la
+madre, y tiraba de él, sujetándolo con sus labios, para extraer el jugo
+que generosamente le ofrecía. La mujer era joven, y hubiera sido también
+hermosa, a juzgar por sus ojos negros y brillantes, por sus labios
+rojos, por su dentadura blanca e igual y por la esbeltez de su cuerpo
+entero, si la miseria, al apoderarse de ella, no la hubiese deformado y
+envejecido, curtiendo su cutis, arrugándolo prematuramente,
+enflaqueciendo sus carnes y enmarañando su cabellera, que se pegaba
+entonces a una frente ennegrecida y sudorosa; la pobre criatura pudo ser
+bella; pero de su belleza no queda más rastro que el de sus pupilas,
+expresivas y negras, clavadas con profundo amor en el rostro moreno de
+su hijo.
+
+Detrás de ella marchaba el asno, sucio, flaco y ceniciento pollino, de
+vientre angosto y lomo huesudo, con las orejas gachas, el rabo caído y
+las patas llenas de esparavanes, sosteniendo por carga única dos anchos
+alforjones que caían a uno y otro lado de la albarda; dentro de ellos,
+sobre un montón de trapos y papeles, iban dos niños, que se servían
+mutuamente de contrapeso, ofreciendo a la vez doloroso contraste, pues
+mientras el más joven dormía con la cara echada hacia atrás, la sonrisa
+en la boca y la salud en las mejillas, el mayor, de edad de cinco años,
+retorciéndose sobre el inconcebible camastro, miraba a su madre con ojos
+muy abiertos, extraviados por la fiebre, y contraía sus labios a
+impulsos de internos dolores, y agonizaba de calentura bajo aquella
+atmósfera de plomo.
+
+¿Quiénes eran? ¿De dónde venían? ¿Por qué atravesaban el estéril camino
+con una criatura enferma al lado y un sol implacable en el cielo, los
+individuos de aquella caravana?
+
+¿Quiénes eran? Una familia de zíngaros huérfana de padre, que recorría
+Europa implorando la pública caridad. ¿De dónde venían? Del inmediato
+pueblo, en el que no pudo detenerse la mujer un instante siquiera para
+llenar su cántaro vacío, porque los aldeanos la habían amenazado con
+golpearla, a ella, a la miserable, a la vagabunda, a la bruja, a la
+gitana, si no partía inmediatamente de allí, sin alimento, sin agua, sin
+reposo, con su hijo enfermo, con sus pies heridos, con su pecho
+exhausto, maldita de Dios y perseguida de los hombres; y la infeliz
+mujer, amedrentada, sola, sin sostén, sin ayuda, abandonó la aldea y
+prosiguió su marcha entre el polvo y el calor, volviendo de cuando en
+cuando los ojos para contemplar a su hijo enfermo, y clavándolos
+después, con expresión amarga y rencorosa, en el distante lugarejo, del
+que sólo podía distinguirse la torre de la iglesia destacando en el
+espacio su contorno gris.
+
+ * * * * *
+
+El niño enfermo, incorporándose trabajosamente sobre la alforja que le
+servía de cama, extendió sus brazos en dirección de la joven, y dijo con
+voz débil:
+
+--¡Madre!
+
+La zíngara respondió al llamamiento, dirigiéndose precipitadamente al
+sitio que ocupaba el muchacho.
+
+--¿Qué quieres, hijo mío?--murmuró, dejando al niño de pecho junto a su
+hermano dormido, y rodeando con sus brazos la garganta del enfermo.
+
+--Agua--respondió éste.--Dame agua... tengo mucha sed...; ¡me quema
+aquí!
+
+Y señalaba con un dedo su pecho tembloroso y desnudo.
+
+--¡Agua!--gritó la madre con espanto.--¡Agua!... ¿Dónde encontrarla,
+hijo?
+
+--¡Agua!--repuso el niño.--¡Me muero de sed!...
+
+Y entreabría sus labios abrasados por la fiebre, y miraba a su madre con
+miradas tan suplicantes, tan llenas de amargura, que ésta se puso pálida
+y rompió en sollozos.
+
+Era su hijo, la carne de su carne, el que reclamaba un socorro del que
+dependía acaso su existencia; y ella, su madre, no podía prestárselo; en
+vano registró con ansia en el interior del cantaruelo; estaba vacío, no
+quedaba ni una gota de agua en su fondo; la mujer miró al cielo, en el
+cielo no había una nube; registró después el camino solitario, los
+campos de trigo, las planicies, las praderas, el horizonte entero; en
+fin, ¡nada!, no encontró nada. Aquella tierra sedienta parecía decir a
+la zíngara, mostrándole sus fauces contraídas y secas: «¿Agua para tu
+hijo?... Aquí no hay agua para nadie. ¡Que se muera de sed como yo!» Y
+la zíngara, abrazando el cuerpo del muchacho, repetía con gesto de fiera
+y ademán de loca:
+
+--¡No hay nada! ¡no puedo darte nada! ¿Dónde voy a encontrar ahora agua,
+hijo mío?...
+
+¡Pobre mujer!... Allí no brotaba más que un manantial: el de su llanto.
+
+De pronto la zíngara sonrió, con una sonrisa de esperanza; a cuatro
+pasos del grupo alzábase la caseta de un peón caminero; su puerta
+cerrada, como sus ventanas, predecía la ausencia del dueño; pero acaso
+estaría dentro alguien que pudiera atender sus súplicas, y la joven
+golpeó nerviosamente aquella puerta inmóvil. Sus afanes fueron inútiles;
+nadie vino en su auxilio tampoco.
+
+Rendida de llamar, sin saber lo que hacía, dió vuelta a los muros, y
+cuando llegaba a la espalda de la casa, vió con placer y con asombro,
+recostada contra la tapia y protegida por la sombra de ésta, una cazuela
+llena de agua. La mujer miró esto; pero no pudo mirar--a tal extremo la
+cegaban la sorpresa y el júbilo--que al mismo tiempo que ella, y movido
+por iguales deseos, se dirigía hacia el cacharro un mastín enorme, con
+el pelo erizado, la boca abierta, la baba colgando y los ojos codiciosos
+y brillantes.
+
+Al distinguir a la mujer, el perro lanzó un gruñido; la zíngara levantó
+la cabeza, y comprendiendo las intenciones del animal, apresuró el paso;
+uno y otra llegaron a la vez al lado del cacharro, y se detuvieron un
+instante para contemplarle en ademán de desafío; la mujer extendió el
+brazo, y su enemigo, al advertir el movimiento, acortó distancia y se
+puso delante de la cazuela con las pupilas encendidas y enseñando los
+dientes.
+
+No pensaba en huir; hallábase dispuesto a defender aquel cacharro lleno
+de agua.
+
+--¡Ah, tú también!--gritó la zíngara contemplando a su adversario con
+rabia.--¡Pues no lo tendrás!
+
+Y descargó un vigoroso puñetazo sobre el hocico del mastín.
+
+Este dió un salto, apoyó sobre el pecho de la joven sus patas
+delanteras, la obligó a caer al suelo e hizo presa en su hombro. La
+zíngara lanzó un grito de dolor y de furia; y, sin acobardarse,
+frenética, desesperada, cogiendo con ambas manos la garganta de su
+enemigo, apretó con rabia, con ira, con frenesí, con heroico y brutal
+arranque, mientras el perro la desgarraba el hombro con sus afilados
+colmillos.
+
+La lucha siguió breves instantes empeñada, silenciosa, terrible; los dos
+combatientes se revolcaban por el suelo, dispuestos a vencer, y
+procurando conseguirlo, para lo cual clavaba el perro sus colmillos en
+los hombros de la mujer, y clavaba ésta sus dedos en la musculosa
+garganta del mastín...
+
+De pronto el perro exhaló un quejido doloroso, abrió la boca, y cayó de
+espaldas. Los dedos de la zíngara lo habían ahogado.
+
+Esta se alzó del suelo jadeante, pálida; su corpiño, roto en jirones,
+dejaba al descubierto su pecho y sus hombros, en los que aparecían tres
+heridas anchas y profundas; por los labios de aquellas heridas brotaban
+tres hilos de sangre.
+
+Pero la zíngara no hizo caso; dió con el pie al cadáver de su enemigo;
+cogió la cazuela, objeto de la lucha; corrió en busca de su hijo, y sin
+cuidarse ni acordarse siquiera de sus heridas, ni de sus sufrimientos,
+ni de la sangre que corría por sus hombros, abrillantada por los rayos
+del sol, acercó el cacharro a los labios del enfermo y le dijo con
+sonrisa alegre y voz cariñosa:
+
+--Aquí tienes agua, ¡bebe, hijo mío!
+
+
+
+
+Los tres Reyes de Oriente.
+
+(RICARDO LEÓN)
+
+
+
+
+LOS TRES REYES DE ORIENTE
+
+
+Es la Nochebuena de 1916; una noche glacial, obscura y lúgubre, sin
+villancicos ni serenatas, sin risas ni crótalos, sin panderetas ni
+albogues. En el silencio de la tierra triste sólo se escucha, de tarde
+en tarde, un zumbido lejano, un ronco tremor que se extiende con aciaga
+pesadumbre en el aire gélido y sonoro.
+
+Por un camino, en la desierta llanura, viene de Oriente una caravana.
+Bajo el cielo adusto, huérfano de sus claros luminares, sólo se ven o se
+adivinan las siluetas: unos caballos vigorosos, unos dromedarios de
+robusta joroba, tres jinetes, unos bultos informes arrebozados en las
+tinieblas.
+
+Llegando a cierto lugar donde se juntan otros caminos, la caravana
+vacila y se detiene. El cielo parece de ébano; la tierra, de bronce; el
+aire, un afilado puñal; y es el silencio tan hondo, que se oye el latir
+del corazón en las entrañas.
+
+Una luz, verde y cruda, rasga de súbito el horizonte lejano, cunde como
+una centella, se abre al modo de una rosa, y cae deshecha en lágrimas
+sobre el manto sombrío de la noche. A esta luz, siguen muchas
+semejantes, y a las luces, unos retumbos pavorosos que hacen temblar la
+tierra, y a los retumbos, el silencio otra vez.
+
+Y, entonces, la caravana sigue su ruta en las tinieblas...
+
+ * * * * *
+
+Un fuerte resplandor alumbra todo el cielo en Occidente; la llanura se
+tiñe de roja claridad; los ámbitos se pueblan de voces y tronidos. Es la
+guerra que cabalga en su negro corcel por los campos europeos; es la
+Muerte, que, en plena Navidad cristiana, viene a arrullar las cunas con
+el bárbaro son del hierro y de la pólvora, a encender sus infames
+hogueras en la noche, en la bendita Noche en que se dijo: «Gloria a Dios
+en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad...»
+
+Y arden las casas de los hombres, como antorchas de Luzbel, bajo los
+rayos de la implacable artillería; a la luz de los incendios, pasan las
+muchedumbres de soldados con un fragor de tempestad. Son legiones
+innumerables de todas las razas y banderas: aquí, la cruz, allí la media
+luna, acá las lises, más allá las águilas y, juntos en la hueste, el
+casco y el turbante, el capote y el alquicel, los rostros de ébano y de
+nieve, todos estremecidos por la misma cólera infernal.
+
+Y al paso de estas ciegas multitudes se abren los senos de la tierra, se
+conmueven las montañas, crujen los bosques, enrojecen los ríos, flamean
+los aires y caen las vidas de los hombres como las mieses al golpe de la
+hoz.
+
+ * * * * *
+
+La caravana que venía de Oriente, para otra vez ante el desfile trágico.
+Rojas lenguas de fuego tiemblan al borde del camino. Una ciudad arde en
+la noche.
+
+A su siniestro fulgor, se descubre la calidad y riqueza de los tres
+peregrinos viajeros.
+
+Son tres Reyes. El uno es persa: venerable la figura, verdes los ojos,
+la barba de nieve, majestuosa la actitud. Viste una túnica de púrpura y
+de oro; ciñe un alfanje, con un topacio sobre el puño, y trae sobre la
+túnica un rico manto de armiño.
+
+El otro Rey es árabe: tiene la barba negra y ensortijada, los labios
+gruesos, la nariz de fino dibujo, los ojos negros, grandes y hermosos,
+en figura de almendra. El sayo es bermejo, bordado con áureas labores;
+rojo también el turbante; preciosa la espada, con puño de oro y de
+rubíes; el manto, azul.
+
+Y el otro Rey, etíope. Es negra su tez como la endrina, pero elegante
+el cuerpo y nobles las facciones, alta la frente, aguileña la nariz, muy
+rojos los labios, puntiaguda la barba, muy blancos los ojos y los
+dientes, rizo y menudo el cabello, como granos de pimienta. Ciñe un
+vestido blanco, de graciosos pliegues, y es nevada también la _xema_ o
+toga que luce, con tornasoles de oro. Trae al cuello desnudo una sarta
+de corales, y a la cintura, en el verde tahalí, un cuchillo con el puño
+de oro y esmeraldas.
+
+Vienen los tres Reyes en sendos caballos, negro, blanco y alazán.
+Sígueles larga servidumbre, con camellos y acémilas, y un carro, lleno
+de pródigos caudales.
+
+ * * * * *
+
+Como en el ancho desierto, cuando sopla el simún, se levantan las arenas
+y, en espantosos torbellinos, giran ardientes, azotan el aire,
+obscurecen el sol y caen sobre las pobres caravanas que, unidas en un
+haz, esperan temblando hallar en las arenas sepultura, así, de pronto,
+una nube de soldados, hirviente y clamorosa, con ímpetus de simún, llega
+por trochas y veredas a la ciudad en llamas y cae sobre los tres Reyes
+peregrinos.
+
+Cercados por la tropa, que ya husmea el regio botín, presa de un
+ejército alegre y victorioso, van, con mengua de su noble majestad,
+cautivos entre lanzas y fusiles, a las tiendas del vencedor.
+
+El cual, un viejo adusto y orgulloso, de recios bigotes blancos, y
+envuelto en una capa gris, los recibe, sin grande cortesía, en su
+habitación de campaña, toda llena de planos y mapas de colores, erizados
+de banderitas y alfileres.
+
+--¿Quiénes sois vosotros--dice arrogante el general--que así os atrevéis
+a pasar las líneas de batalla? ¿Ignoráis, acaso, que en estas líneas no
+puede, sin grave riesgo, entrar gente forastera y civil? ¿Quiénes sois
+vosotros, simples o traidores, que con tanta llaneza osáis venir con
+armas y mercancías a estos lugares prohibidos? ¿Qué documentos, qué
+razones abonan vuestra audacia? ¿Sabéis el castigo que aquí se inflige a
+los espías? Hablad pronto, extranjeros; decidme quiénes sois y de dónde
+venís; mostradme pasaportes y papeles, y agradeced a esta cruz que llevo
+sobre el pecho que no os aplique, sin más preguntas ni demoras, el fallo
+inexorable de nuestra ley marcial...
+
+ * * * * *
+
+--¿No me conocéis?--responde el rey anciano.--Es mi nombre Melchor. Soy
+del Irán, del antiguo y famoso imperio que abatió los orgullosos bríos
+de Babilonia, reina de las ciudades. Vengo del sacro Elburs, padre de
+los ríos terrestres, cuyas aguas vivas devuelven la juventud y resucitan
+a los difuntos. He llegado hasta aquí, al través de montañas y
+desiertos, cruzando las llanuras de la implacable soledad, las arenas
+crueles y los pantanos salobres, pero, merced a mis fatigas, traigo
+inciensos y bálsamos y perfumes de la Ciudad de las Rosas, de los
+jardines de Tiharán; paños de seda, más finos que el plumón de un ave,
+sembrados de arabescos y de flores, de leopardos y gacelas; perlas de
+Ormuz; tisúes de oro y plata, cojines y alcatifas de los bazares de
+Chiraz... Voy en busca de las tierras apacibles donde reina la paz del
+Señor, de Aquel que, niño y pobre, nació en un establo de Belén...
+
+--Yo soy Gaspar--dice el segundo rey.--Vengo del Eufrates y el Tigris,
+de los bosques gigantes de palmeras, vecinas del mar y del desierto, de
+las tierras gloriosas y milenarias llenas de ruinas y sepulcros, de los
+osarios imponentes de la historia, de las ciudades muertas, que aun
+fatigan al mundo con el eco sonoro de sus nombres. Vengo de Basora y
+Bagdad, donde aprendí los cuentos de las Mil y una noches; puse a mi
+tienda entre los pálidos ladrillos de Khorsabad y de Nínive, de
+Babilonia y de Seleucia: cargué mis camellos de oro antiguo, de
+reliquias sagradas, magníficos despojos de los reyes de Siria; traje
+también yeguas de pura sangre arábiga y asnos blanquísimos, todos
+cargados de riquezas...
+
+--Soy Baltasar--dice el rey negro.--Yo tengo mi palacio junto a las
+aguas del Nilo Azul que salta y corre entre lagos, volcanes y torrentes,
+al través del hielo de las cumbres y el fuego de los desiertos y los
+cráteres. Negro soy porque el sol me abrasó desde la cuna en las tierras
+bárbaras y esplendorosas de Etiopía. Crucé el Mar Rojo; pasé al Yemen, a
+la Arabia Feliz; seguí las rutas de la Meca, de Medina y Jerusalén; el
+camino glorioso de Damasco; hallé los tesoros de las antiguas reinas, la
+de Palmira y la de Saba; dormí a la sombra de los cedros del Líbano;
+bañé mi rostro en el Jordán, y vengo a Europa cargado de púrpuras y
+marfiles, de piedras y maderas preciosas, añejos licores, sándalos,
+mirras y cinamomos exquisitos, con ofrendas mil para los niños
+cristianos, para aquellos que aprendieron en la cuna el dulce nombre de
+Jesús...
+
+ * * * * *
+
+Con muchas y siniestras carcajadas celebran en el campamento las razones
+de los Reyes Magos.
+
+--Por fuerza sois--dice un príncipe grave y taciturno que acompaña al
+general--unos dementes o unos grandísimos socarrones cuando venís hogaño
+en disfraz de ingenuos y candorosos peregrinos, con aires de beatitud y
+de leyenda, a este mundo senil despedazado por el hierro y por el fuego.
+La culta, la cristiana Europa, maestra de cobardes hipocresías; la que
+destruye a sus propios hijos en nombre de la civilización, del derecho y
+de la libertad; la que puso una cruz en sus banderas y otra en el puño
+de sus espadas, hoy, ultrajando a Dios, se entrega a una furiosa bacanal
+de sangre. Ved las antorchas, las músicas y los cantos con que celebra
+la Navidad de Cristo: ciudades que arden, cañones que retumban, soldados
+que corren a la muerte lanzando gritos de odio. La paz del Señor sólo
+reina ya en los sepulcros. Los niños que aprendieron el nombre de Jesús,
+abandonan sus antiguos juegos y tienden las manos delicadas pidiendo el
+fusil, un fusil de _veras_ que acierte a dar en un corazón. Ya todos
+saben que los Reyes de Oriente no han de venir, que aquellos Magos
+misteriosos y benévolos que en otras Pascuas apacibles colmaban de
+ofrendas los zapatitos del balcón, están ahora en las trincheras y
+reductos, temblorosos de frío y de nostalgia, deseando matar o morir. El
+acre incienso de la pólvora embriaga a los hombres, a las mujeres, a
+los niños; el oro se convierte en plomo, y la mirra en mortífero gas...
+Caminantes: si lo sois de buena fe, idos a vuestras montañas y
+desiertos, a los bosques de palmeras, al Nilo Azul, allá donde aun
+recitan al amor de la lumbre los cuentos de las Mil y una noches; huid a
+vuestras tierras bárbaras y remotas, y si es que allí, como creo,
+entraron también las Furias de la discordia y de la muerte, id a otras
+tierras todavía más salvajes, más escondidas y felices, donde jamás se
+oiga la palabra civilización, donde, a lo menos, se maten los hombres
+francamente, con el sano y desnudo valor de su barbarie, sin decir que
+se matan por la justicia y el derecho.
+
+--Idos, sí--confirma el general,--pues a lo que veo sois hombres de
+bien. Pero quédense aquí vuestros bagajes y preseas, vuestros caballos y
+tesoros, a fin de que no caigan en manos del enemigo. Tornad a vuestras
+tierras, como Dios os diere a entender, que harto salváis con salvar
+vuestras vidas en estos infiernos de la Europa civilizada...
+
+Y los Reyes Magos, pobres y desnudos, como el divino Infante de Belén,
+se van para siempre, tristes y cabizbajos, haciendo voto de no volver a
+este mundo por todos los siglos de los siglos.
+
+
+
+
+Las tres cosas del tío Juan.
+
+(JOSÉ NOGALES)
+
+
+
+
+LAS TRES COSAS DEL TIO JUAN
+
+
+Todo el pueblo sabía que Apolinar se estaba derritiendo vivo por Lucía,
+y que, aunque ésta no se derretía por nadie, no ponía mala cara a las
+solicitudes del mozo. Matrimonio igual: ella, joven, guapa, robusta y,
+de añadidura, rica; él, en los linderos de los veinticinco, no pobre,
+medio señoritín por lo que iba para alcalde, y entrambos hijos únicos.
+No faltaba al naciente afecto más que el sacramento de la confirmación,
+y para eso no había otro obispo sino tío Juan, el _Plantao_, padre y
+señor natural de la dama requerida.
+
+El ilustre linaje de los _Plantaos_ distinguióse desde muy antiguo
+tiempo por una terquedad nativa, de que estaba justamente orgulloso, y,
+de haber querido proveerse de heráldica, su escudo no fuera otro que un
+clavo clavado por el revés en una pared de gules. Apolinar sentíase
+cohibido por esta testarudez hereditaria, y recelaba que el tío Juan
+saliese con una gaita de las suyas, porque era hombre que no se apartaba
+de sus síes o sus noes así lo hicieran pedazos.
+
+No hubo más remedio que pasar el Rubicón... y tirarse de cabeza en
+aquellas honduras insondables de la voluntad paterna. El tío Juan había
+dicho una vez: «¿Qué trae ese por aquí?» Y para los que le conocían el
+genio, era bastante.
+
+--Ahora que está tu padre en la bodega, voy y se lo espeto, y Dios
+quiera que pueda salir con cara alegre... Pero antes dime, para que
+lleve fuerza, que me quieres como yo te quiero, con los redaños del
+alma.
+
+--Apolinar, que me aburres con tus quereres y tonteos. Si quieres
+decírselo, anda; y lo que saques a mi padre del buche eso será, porque
+yo también soy _plantá_.
+
+Renegando de aquellos bravíos rigores de la casta, encaminóse Apolinar a
+la bodega, pasando primero bajo la llorosa parra, que tendía sus
+sarmientos como cuerdas secas, y después por el angosto corral atestado
+de aperos de labranza y cachivaches de vendimia. En la puerta de la
+bodega enredósele un manojo de telarañas en el _bombín_, y tragando
+saliva entró en la obscura pieza.
+
+--¡Tío Juan; eh, tío Juan...!
+
+--¡Aquí! ¿Eres tú? Con este jinojo de tinglao no se ve gota.
+
+Estaba el hombre muy metido en faena, en mangas de camisa, despechugado,
+con una pelambre de pecho que parecía una maceta de albahaca. Era más
+que medianamente apersonado, canoso y fuerte; y sudando, como estaba,
+parecía un oso polar.
+
+--¿No se figura usted a lo que vengo?
+
+--A tomar un jarrillo.
+
+--No, señor; a tomar un parecer.
+
+--Pues no es lo mesmo. Pero, anda, suéltala; que no hay hombre sin
+hombre.
+
+--Con esa licencia... no sé cómo le diga que Lucía me tira un poco, un
+pocazo, si se han de decir las cosas conforme son. Y como me parece a mí
+que yo también le tiro una migaja, venía, porque es razón, a decirle qué
+le parece a usted de este tiraero que va por buen fin y por derecho
+camino.
+
+Dióse tío Juan cuatro rasconazos en el testuz, y, volviendo las
+espaldas, fué a buscar el jarrillo y la venencia, y con ambas cosas en
+las manos, como quien echa el _Dominus vobiscum_, se abrió de brazos,
+diciendo:
+
+--Todo el toque del hombre está en un sí y un no. Así es que, antes de
+soltar uno u otro, hay que rumiar bien las cosas. Tomaremos un par de
+alumbradores y que Dios sea con todos.
+
+Y después de beber por riguroso turno, quedóse tío Juan rumiando aquel
+escopetazo, como un hermoso y prudente buey que no pone la pata sino en
+terreno firme.
+
+--Pues atento a eso, digo que me parece a mí que la mujer se hizo para
+el hombre y el hombre para la mujer... y que por eso tiran el uno del
+otro. Pero como ni el hombre ni la mujer son siempre libres, otros han
+de agarrarse a la mancera para que el surco salga bien hecho y la
+simiente no se desperdicie. Yo, que por lo de ahora soy el gañán en este
+negocio, te digo que quien quiera ayuntarse con mi cordera ha de hacer
+tres cosas, sin que ninguna le perdone; no haciéndolas, ya se puede ir
+con viento fresco y levantar la parva.
+
+--Aunque sean trescientas haré yo, con tal de meterme debajo del yugo.
+Eche usted, tío Juan, por esa boca, que ya se me hace tarde, y aunque me
+mande cargar con la bodega, todavía me había de parecer mandato ligero,
+según lo encalabrinado y emperrado que estoy con el aquel del tiraero
+que ya le he dicho.
+
+--No soy tan bárbaro para mandar lo que está fuera de las fuerzas del
+hombre, por animal que sea. Las tres cosas que pido son éstas: que me
+traigan todos los días la primera gallinaza que suelte el gallo al
+romper el alba, para hacer un remedio de este dolor de ijares que me
+quita el resuello de cuando en cuando; que al que tenga ese querer,
+véalo yo una vez siquiera trincar un bocado de hierba sin doblar los
+corvejones, ni acularse, ni tenderse; que el tal me dé candela en la
+palma de la mano el día de mi santo por la mañana, y esto ha de ser con
+sosiego, sin hacer bailes, ni meneos, ni soplar, ni sacudir.
+
+--¿Nada más?
+
+--En eso me he plantao, y ha de ser a lo justo; que ni sobre ni falte.
+
+--Tío Juan, vaya usted preparando el yugo más fuerte que haya en casa,
+porque yo me lo echo encima, si Dios no dispone otra cosa.
+
+Y Apolinar salió de allí con la cara radiante, bailándole los ojos en
+una ráfaga de alegría loca, y dando al viento como romántica pluma aquel
+jirón de telarañas que se pegó en el sombrero.
+
+--¡Troncho, qué suerte! Lucía, me ha dicho tu padre que te vayas
+preparando, que tenemos que abrir un surco.
+
+--Qué tonto eres. ¿De qué surco hablas? Me parece que viene su merced
+algo repuntado y que el jarro habló más que las personas.
+
+--Te hablo del surco que han de hacer en el mundo todas las yuntas
+humanas. Verás qué labor más dulce.
+
+--¡Pero qué borrico te has vuelto!
+
+ * * * * *
+
+«La del alba sería» cuando Apolinar acudió solícitamente a su corral sin
+quitar ojo del gallo hasta que dió de sí el extraño remedio del mal de
+ijares, que en caliente recogió, bien así como si llevase dentro una
+preciosa esmeralda. Cumplida por aquel día la primera condición y no
+sabiendo qué hacer a tales horas, tan desacostumbradas para su vigilia,
+fuése con los cavadores a su majuelo, _a matar el tiempo_ hasta que el
+estómago le avisase. Al llegar a la viña, dijo a los jornaleros:
+
+--Vamos a ver, muchachos: un cuartillo de vino hay para quien sin doblar
+los corvejones, ni acularse ni tenderse trinque un bocado de sarmientos.
+
+--¿Pero eso qué tiene que hacer? ¡Valiente hombría!
+
+Y cuatro o cinco, los más jóvenes, salieron del grupo y doblándose y
+enderezándose, sacó cada cual un sarmiento del modo y manera que los
+palomos cogen pajitas para hacer el nido.
+
+--A ver yo...
+
+¡Que si quieres! Cuantas veces quiso probar, dió de cabeza en el montón.
+Una risa franca y noblota alegró el majuelo, y hasta el sol de color de
+cereza que subía por la cuesta azul parecía una gran cara hinchada de
+risa.
+
+--Para hacer eso hay que criar mucha fuerza de espinazo y que las patas
+no se blandeen. Es menester cavar viñas y darle al cuerpo buenos
+remojones de sudor.
+
+--¿Sí? Venga un azadón. Este no pesa, otro...
+
+Y como general que arenga a sus tropas, dijo, blandiendo el instrumento:
+
+--Hoy seré uno de tantos. Hay que apretar..., y no os compadezcáis de mí
+si veis que reviento, porque necesito echar un espinazo que sea a la vez
+tronco de olivo y vara de mimbre.
+
+Aquella fué una jornada heroica. Los cavadores, viendo cuán
+gallardamente trabajaba Apolinar, mermaron cigarros, ahorraron
+coloquios, apresuraron meriendas y sacaron el unto a sus brazos. Al
+ponerse el sol, no presentaba aquella cara burlona, henchida de risa,
+con que apareció entre las brumas de la mañana, sino otra muy grave,
+casi austera, que parecía complacida con la ofrenda del sudor humano que
+riega el terrón y fecundiza el mundo.
+
+Al dar de mano, dijo el jefe de la cuadrilla:
+
+--¿No has visto la sementera?
+
+--No.
+
+Y Apolinar sintió una vergüenza muy honda por aquella confesión hecha en
+pleno campo.
+
+--Pues, vamos, hombre; hay día para todo. Tengo una disputa con tu primo
+Epifanio: él, que lo suyo es mejor; yo, que lo tuyo. Como sementera
+temprana, la cebada nos llega a la rodilla; el trigo parece un forrajal.
+
+Y fueron al sembrado, que con su verdor alegraba el alma, y en ella
+sintió Apolinar una voz gozosa que parecía brincar en otra mancha verde
+y lozana, gritándole: ¡Todo es tuyo; regocíjate, o no eres hombre!
+
+Y se regocijó honradamente, paternalmente, como si toda aquella vigorosa
+fuerza germinativa hubiese salido de sus propias entrañas.
+
+--¡Yo, que no había visto esto! ¡Maldito sea el casino y las cartas y
+quien las inventó! ¡Malditos los tabernáculos, que nos chupan el tiempo
+y no nos dejan ver esta gloria, esta bendición de Dios derramada por los
+campos!
+
+Los sembrados del primo Epifanio no resistían la comparación. La tierra
+era la misma; pero rutinas, codicias, caprichos, ignorancia y necesidad
+la habían esquilmado y empobrecido. El viejo jornalero explicaba el
+caso.
+
+--Dale a un trabajador carne y vino; a otro, papas y tomates. Eso es la
+tierra: un trabajador. Según le eches, así produce.
+
+Apolinar sintió que otro amor sano y fuerte se le entraba en el alma: el
+amor a la tierra, el amor a lo suyo, el gozo íntimo y callado del que
+posee, del que se conforta al calor del surco, como semilla que germina,
+brota, crece y se reproduce.
+
+--¿En qué estaría yo pensando? Tío Agapito, usted me hace un hombre. Voy
+a echarme al campo como una fiera.
+
+--¡Al campo, al campo! Esa es la ubre... ¡Si vieras a cuánto gandul
+mantiene el campo!
+
+--Yo soy el primero. Mejor dicho, lo fuí. Ya soy otro. Me duelen los
+pies... zapatos de vaca... Me duele la cabeza... tiraré este apestoso
+_bombín_ y compraré un sombrero de esos fuertes, como si los hicieran de
+cerdas de cochino. No más vestidos de Carnaval. Tío Agapito, un abrazo,
+y pídale usted a Dios que allá, por la primavera, pueda yo comer hierba
+sin doblar los corvejones.
+
+ * * * * *
+
+No durmió bien, porque el excesivo cansancio riñe con el sueño. En las
+manos parecían arder sus huesos desencajados; el espinazo se le
+engarrotaba... y en medio de sus dolores, otro sentimiento nuevo lo iba
+conquistando mansamente; un sentimiento de infinita piedad hacia el
+jornalero desheredado, que todos los días, a cambio de unos cuartos
+roñosos, aumenta el caudal ajeno con bárbaro derroche de su propia vida,
+y como a la madrugada oyese cantar al gallo, pregonero de su deber y
+compromiso, volvió a ver la claridad del naciente día, y otra vez
+cogieron sus doloridas manos el azadón lustroso, y el sudor del amo cayó
+como lluvia fecunda en la heredad, que parecía estremecerse de amor y
+agradecimiento.
+
+Y un día tras otro se fué curtiendo al sol y al aire, y mientras más se
+endurecía la corteza, más nobles blanduras aparecían por dentro.--Como
+la viña de Apolinar no hay ninguna. La sementera de Apolinar es la
+capitana. ¡Qué suerte de hombre!--Este era el tema de conversación entre
+la gente labradora. Los jornaleros se disputaban la casa, porque había
+formalidad y trago de vino, y allí no se hacía el agio vergonzoso para
+la baja de jornales. Con Apolinar trabajaban los sanos, los hombres de
+empuje, estimulados con su ejemplo.
+
+Pasó el invierno y el sol primaveral vistió el campo de gala. Los
+habares en flor henchían el aire de aromas purísimos; los trigos
+azuleaban, los cebadales se mecían orgullosamente a compás del viento;
+las yemas del higueral, reventando al esfuerzo de las primeras hojas,
+tendían al sol una espléndida gasa de oro verde... y los viñedos
+extendían sobre la rojiza tierra otra gasa de pámpanos, y ya el olor
+tempranero del cierne se esparcía como una caricia dulce y vivificante.
+
+Llegó el día de la prueba; el día temido y deseado en que Apolinar tenía
+puestos todos los grandes anhelos de su vida. Antes que el canticio de
+los gallos sonaron las campanas de la torre con un repique de gloria, de
+alegría, como voces de un coro nupcial que celebrase las bodas del cielo
+y de la tierra.
+
+No pudo Lucía convencer a su padre de que, al menos aquel día, debiera
+pasarlo con la chaqueta puesta.--Me ajogaría.--Y por parecerle esta
+razón de suficiente peso, no daba otra. Con orgullo hereditario cubría
+su busto de oso polar con limpísima camisa de lienzo, por entre la cual
+se desbordaba la cresta pelambre como maceta frondosísima. Cuando entró
+Apolinar, ya estaban allí el primo Clímaco y la hermana Bella con su
+dilatada prole, los trabajadores de la casa y varios vecinos, atraídos
+por aquellos olores de cocina y fritanga, fieros despertadores de la
+gula.
+
+--Que los tenga usted muy felices, tío Juan y la compaña.
+
+--Apolinar, tantas gracias, y lo mesmo digo.
+
+--Vaya, aquí tiene usted la gallinaza de hoy, que parece un bruño.
+
+Y sin pedir permiso, fuese a la cuadra y trajo un brazado de amapolas,
+que tiró al suelo.
+
+--Tío Juan, eche usted cuenta.
+
+Y más ágil que un pájaro, doblóse y pescó un manojo de hierba en flor
+que le caía sobre el pecho como una llama.
+
+--Si usted quiere, me la como.
+
+--No tienes que comerla. El toque está en trincarla.
+
+--Lucía, coge el ascua más grande que haya en la hornilla: hala, ya
+está. Tío Juan, encienda usted su cigarro, y si quiere liar otro, por mí
+no hay apuro: que ni me meneo, ni bailo, ni soplo, ni sacudo... ¡Como
+que tengo aquí un callo que parece una onza de oro!
+
+--Ya está. Ahora... justo, las tres cosas. Ahora, tú, Lucía, abraza a
+este bruto.
+
+El bruto no esperó a Lucía; él la abrazó con toda su fuerza.
+
+--Tío Juan, ¿de veras que es para mí?
+
+--Para ti, cernícalo. Y dale gracias al gallo que te curó; porque ni yo
+tengo dolor de ijares ni cosa que se le parezca.
+
+--¿Entonces?...
+
+--No seas borrico--dijo Lucía.--Padre quería que madrugases; si no
+madrugas, no me abrazas.
+
+Apolinar soltó un relincho estrepitoso; un relincho de salud, de amor,
+de fortaleza y de ventura.
+
+--¿Sabéis lo que soñé esta noche?--dijo el tío Juan.--Pues que yo era el
+Padre Eterno, y esta mi cordera era la España, y yo se la daba a una
+gente nueva, recién venía no sé de aónde, con la barriga llena, los ojos
+relucientes, con callos en las manos y el azaón al hombro....
+
+Un alarido triunfal hendió como dardo sonoro el aire azul de aquella
+serena mañana de estío. El sol, deslumbrante, caía en lluvia de oro
+sobre los aperos de labranza; dos mariposas de color de fuego volaban
+bajo el fresco toldo de pámpanos, y el alegre repique de las campanas
+parecía responder allá, en lo alto, al alborozo de la raza nueva, de la
+raza fuerte, que abría su fecundo surco de amor en la llanura humana.
+
+
+
+
+La enamorada indiscreta
+
+(PEDRO DE RÉPIDE)
+
+
+
+
+DEL LICENCIADO ALONSO DE LAS TORRES
+
+_Al Autor._
+
+
+ SONETO
+
+ Saludo a ti, señor, en el Parnaso,
+ como a un divino hermano de las Nueve.
+ La brisa suave que tu plectro mueve
+ agita con sus alas el Pegaso.
+ El más sabio varón de Halicarnaso
+ no fuera nunca en tus elogios breve.
+ Hay una diosa que en tu frente llueve
+ celeste luz a su celeste paso.
+ De la Helicona la preclara linfa,
+ te dió a beber con plácido secreto
+ en áureo vaso extraordinaria ninfa.
+ Bienhayan tus decires y cantares,
+ por ti miran laureles del Himeto
+ las riberas del grato Manzanares.
+
+
+DEL AUTOR
+
+_Al licenciado Alonso de las Torres._
+
+ SONETO
+
+ Dolor de los amores que se mueren
+ y son en nuestras almas enterrados.
+ Dolor de los puñales bienamados
+ que ya más no nos buscan ni nos hieren.
+ No en estos melancólicos narrares,
+ el fausto busques de la pompa loca.
+ Yo cambio ese laurel de los cantares
+ por la rosa del beso de una boca.
+ Es el dolor mayor de los dolores
+ el deshojar la flor de unos amores
+ en el jardín do fuimos sus cautivos.
+ Añoranza de fuente en el desierto.
+ Dolor de los amores que no han muerto,
+ y Dios nos manda que se entierren vivos.
+
+
+
+
+PRIMERA PARTE
+
+CUÉNTASE EL PEREGRINO SUCESO DE LA ENAMORADA INDISCRETA, QUE TAMBIÉN FUÉ
+LLAMADO DEL PELIGRO EN LA VERDAD.
+
+
+En una de las más famosas y nobles ciudades de la prócer Italia, asiento
+de las artes y patria de los más ínclitos varones, aconteció esta rara
+historia que aquí se relata, y donde se muestra la ejemplaridad de los
+designios del Altísimo, que trae aparejada la más alta edificación así
+saludable para que huyan la tentación del Enemigo los que aun no
+pecaron, y vuelvan a la senda de la Gracia los apartados de ella.
+
+Era, pues, en Ferrara, ciudad insigne, que había visto prender al
+delicado Torcuato Tasso, vate preclarísimo, y había visto también morir
+a aquel gallardo ingenio, príncipe soberano de los de su época, que fué
+el divino Ariosto, de quien pudo decirse que hubo reinas que besaron su
+pie, ya que egregias hermosuras y la mayor de estos últimos tiempos,
+como ha sido la sin par Catalina Cornaro, a quien sus paisanos los dux
+de la república veneta, Federico Barbarigo y Leonardo Loredano, más
+codiciosos que caballeros, han quitado su reino de Chipre, tuvo en ese
+poeta el consuelo de un amor que bien valía un trono. Y siguiendo en
+este relato verídico y curioso, ha de decirse, que frontera a la casa
+donde había muerto el Ariosto, alzábase otra suntuosísima, que bien a
+las claras pregonaba la elegancia y distinción de la gente principal que
+en ella moraba.
+
+Estaba la tal habitada por un magistrado de uno de los más altos linajes
+de la ciudad, que era la magnífica señoría de Leonardo Aldobrandino,
+hermano de Hércules, senescal de los duques. Viudo de una señora de
+Pisa, tenía los ojos del alma y los del rostro puestos en su hija
+Renata, que era ya una doncella de diez y nueve años, más bella y fresca
+que las rosas de aquel gran rosal de Florencia que ha visto arder el
+hereje Savonarola. Sabía él que no hay mejor dueña y rodrigón para las
+mujeres que su propio recato, y en este punto, la virtud de Renata
+parecía guardarse sola. La misa de madrugada en San Lotario, oída con su
+padre; algún paseo por la vega de las flores al morir de la tarde, y
+otro rato de divertimiento con sus primas en el estrado de la casa, y
+siempre bajo la custodia del grave Leonardo. No perdonaba éste, en
+cambio, nada que dejase de adornar la gentilísima presencia de su hija;
+las perlerías más finas que traían los traficantes de Venecia, y los
+guardamacíes bordados y justillos y corseletes de seda de Persia que
+llevan a Ferrara los mercaderes ginoveses, nuncios del lujo y ministros
+del oro.
+
+De una parte, el respeto que su alto nombre movía a todos, y de otra la
+seguridad de un mal fin de aventura, había librado de galanes a aquella
+joya ferraresa, bajo cuyas ventanas no se habían tañido músicas ni
+cantado sonetos. Sabíase que su padre tenía dispuesta la doncella para
+esposa de un caballero fabuloso. Hablábase de un grave suceso de honra
+que aconteció muchos años atrás a Leonardo viajando por España y
+hallándose en Sevilla, donde topó con un gentilhombre a quien quedó muy
+obligado. Era éste, español, cuatralvo en Cádiz de los galeones de
+nuestro prudentísimo soberano el segundo de los Filipos, que hoy
+asiéntanse en los cielos gozando de la bienandanza de los justos, y
+siendo por aquellos días acaecido el tránsito del gran monarca, apenas
+tomó el cetro de las Españas su hijo, nuestro actual gloriosísimo
+príncipe Filipo, el tercero de los de su nombre, a quien Dios Nuestro
+Señor dé tan larga vida como es sabio su gobierno, fué éste servido de
+hacer al gentilhombre su visorrey en uno de los visorreinatos que
+tenemos en Indias para mayor grandeza de nuestro César.
+
+Tenía el nuevo visorrey un hijo de breve edad, que llevaba el nombre de
+San Miguel Arcángel, y cuando se despidieron para tornar el uno a Italia
+y partir el otro hacia su destino, concertaron que si Leonardo tenía
+alguna hija, había de ser esposa del heredero del noble español, que si
+la estirpe de éste no cediera a la del Infantado y Medinaceli, la del
+italiano era tan alta como la de los Dandolo y Colonna. Un año después
+nació Renata, y comunicado el suceso al visorrey, fué luego considerado
+su hijo, que tenía entonces no más de dos años, como esposo de la tierna
+Aldobrandino. Y en la traza aprobada, quedóse dicho, que tan luego como
+Miguel llegase a los veinte años, había de venir a Ferrara para sus
+bodas.
+
+Cercana al palacio de Leonardo hallábase, y aun se halla para contento
+de caminantes, la celebrada hostería del Centauro, tan famosa por el
+arte de sus guisanderas como por las varias aventuras de amor que la han
+hecho tan temida de los padres y sospechosa para los maridos. Como es la
+mejor de la ciudad, toda la gente de calidad que viaja suele hacer en
+ella posada: capitanes españoles, clérigos romanos, mercaderes
+franceses, damas de alta condición y grandes señores detiénense en ella
+a su paso por Ferrara, y así es de ver el tráfago de su anchuroso patio,
+donde se mezclan la carroza blasonada y el carro de tráfico, el caballo
+del alférez y la mula del prebendado. El vino de Chianti llena con
+liberal abundancia los jarros de las mesas, y bajo la parra espléndida y
+tupida que rodea el portón, hay, como a las puertas conventuales, un
+congreso de pordioseros, a quienes en ciertas horas se reparte la comida
+sobrante. Sus aposentos son espaciosos como de la casa de un grande, y
+su cocina espléndida como de un monasterio de Jerónimos.
+
+Era en el dulce morir del melancólico Octubre cuando al fenecer de una
+tarde arribaron dos jinetes a la hostería. Era el uno muy mozo, de
+gallardo y finísimo talle y rostro de ángel, y sus manos, como esas
+talladas en marfil que se ven en algunas iglesias de Italia y son obra
+del singular artífice llamado el Donatello. Cabalgaba en un potro
+andaluz de agradable estampa, y en su rostro marcábase cierto
+desasosiego y como embarazo al montar a horcajadas, que no daba muestra
+de grande pericia en el arte de cabalgar. Seguíale caballero en una mula
+un hombre viejo y recio con tipo de haber sido soldado del duque de Alba
+allá en sus tiempos, y de llevar ahora dignamente su oficio con algo de
+humildad para ser ayo, y un poco familiar para ser escudero. Tan luego
+como llegaban a la puerta de la hostería, hubieron de detenerse porque
+costera de ellos llegaba y parábase también una gran carroza cargada de
+cofres. Detuviéronse y vieron descender de ella tan sólo a un caballero.
+Era éste mozo también, aunque de más fuerte y varonil gentileza que el
+joven de a caballo; morena tenía la tez y negro su cabello como de un
+príncipe del Oriente, que no parecía sino que su padre era el sol y que
+asomaba por sus ojos. Gallarda y arrogante era su apostura, y su
+continente nobilísimo. Traía obscuro su vestido y sencillo como de
+viaje; solamente sobre su ferreruelo llameaba como una espada de fuego
+la insigne encomienda de Santiago. Entró en el zaguán, apartóse la
+carroza y el mozo y su viejo acompañante entraron sobre sus cabalgaduras
+hasta el patio de la hostería. Había llovido algo y con eso estaba
+escurridizo el pavimento, que era todo de guijarros, los cuales el uso
+continuo había hecho planos y lustrosos. Fuera ello la causa o la poca
+experiencia del mozo, el caso es que al ir a apearse del caballo hubo de
+caer éste arrodillado, y hubiese dado también con su cuerpo en el suelo
+el jinete, si con grande presteza no acudieran a un tiempo su escudero y
+el caballero de la encomienda. No se hizo mal alguno, y con esto
+subieron juntos a los aposentos que les destinaron, y había querido la
+suerte que fuesen contiguos. La igualdad de sus años, y el hallarse
+ambos españoles en tierra extranjera, hízoles entrar prontamente en
+plática y ofrecerse.--Yo me llamo don Diego de Zúñiga--dijo el del
+caballo--y viajo con Marcos, mi escudero. Vengo desde Toledo, y no
+tardaré en llegar al final de mi viaje, que es en la ilustre ciudad de
+Mantua, tantas veces nombrada, y he de deciros que no me llevan los
+negocios ni los placeres, sino un gran pesar.
+
+--Yo soy--dijo el caballero de la encomienda--don Miguel de Guzmán.
+Vengo desde Indias, y llegando a Ferrara, he tocado al término de mi
+peregrinación. Hame traído aquí un cuidado muy grave que ya os
+descubriré si os detenéis aquí, y si, como pienso, hemos de ser amigos.
+
+--Reposarme he unos días y muy de mi grado, señor don Miguel, que me
+obliga la merced que me hacéis de llamarme vuestro amigo--contestóle don
+Diego.
+
+Y departiendo sobre su viaje y otras indiferentes materias, luego que
+hicieron colación, retiráronse a descansar con promesa de salir juntos
+al siguiente día para visitar la ciudad.
+
+No tardó en amanecer el sol más que en saltar de sus lechos y vestirse
+los caballeros. Don Diego, con su traje de veludillo gris y capa
+aleonada, y don Miguel, que había hecho subir sus cofres, adornóse con
+unas cachondas de raso y un jubón de vellorí y colgó de su cuello una
+finísima cadena de oro con un grueso diamante que alumbraba su pecho.
+Salieron, y su primer visita fué para el Santísimo Sacramento, como
+devotos caballeros que eran, y acudían a agradecerle que les hubiera
+dejado llegar con bien a la ciudad. Cumplido el pío deber y oída la
+misa, diéronse a discurrir por las calles y plazas, y admirar iglesias
+y palacios, maravillas todas que tenían suspenso su ánimo, a pesar de
+venir de la opulenta España. Y aconteció que, como se hallasen a media
+mañana en el atrio de la catedral, vieron detenerse la gente, y pasar
+ante ellos y perderse a la revuelta de una esquina, una corta pero
+admirable comitiva. Componíanla dos graves caballeros ataviados con sumo
+lujo, y entre los dos una doncella, portento casi más por su talle y por
+su rostro que por sus galas suntuosas, cabalgando todos en soberbios
+corceles precedidos de palafreneros y seguidos de lacayos. Riquísimas y
+blasonadas gualdrapas llevaban los bridones, y los guanteletes y el azor
+en la mano de la joven y el arreo de todos mostraban a las claras el
+aparato de cetrería. Como las gentes se descubriesen al paso de aquellos
+señores, don Miguel y don Diego se informaron de quiénes eran.--Son--les
+contestaron--el señor senescal Hércules Aldobrandino, su hermano
+Leonardo y su sobrina Renata. ¡Qué bien se echa de ver que sois
+forasteros al no conocer a tan visibles personas!
+
+Hizo don Miguel un gesto, no advertido para don Diego, y comentando
+ambos la majestad de los ancianos y la elegancia de la joven,
+prosiguieron su paseo, hasta que fué hora de retornar a la posada. Y a
+petición de don Diego separáronse después del meridiano yantar para el
+reposo de la siesta.
+
+Buena siesta diere Dios a don Diego, que así que se vió en su aposento a
+solas con su escudero, hubo de arrojarse en sus brazos y comenzar a
+llorar como una Magdalena después del arrepentimiento.--Malhaya mil
+veces, Marcos amigo--le decía--, malhaya mil veces la hora en que nos
+partimos de nuestra casa si había de ser para tal fin de viaje, que me
+pienso que no llegaré a Mantua y quedaré con la maldición de mis padres
+y sin el asilo de mi tía la priora.
+
+--Sosegáos, señora mía--respondió el escudero--que aína os turbáis y me
+dais ganas de llorar a mí también. Mirad, doña Mencía, mi ama, que si
+ven vuestros ojos encendidos del llanto dudarán de vuestro varonil
+disfraz. Hicísteis mal en prometer a don Miguel que os detendríais aquí,
+pues lo que importa es que lleguéis cuanto antes a Mantua, donde os
+espera la paz del monasterio.
+
+--¡Ay! ¿Por qué nací mujer? Unos padres crueles quisieron depararme como
+esposo a un hombre viejo, feo y corcovado, con achaque de decir que todo
+cuanto llevaba en la joroba eran doblones. Pensé en mi tía doña Clara y
+en su convento de Italia, y para dejar tierra de por medio entre el
+novio y yo salimos de Toledo, sin reparar en lo largo del viaje. Más me
+valiera haberme quedado de religiosa en el colegio de San Clemente de
+nuestra ciudad, que no hacer peligrar aquí mi vocación forzosa y la
+salvación de mi alma.
+
+--Fuerza es que lleguemos a Mantua, mi señora. Pero decidme, ¿qué mal
+pájaro os ha picado que os ha causado tal maleficio?
+
+--Alas tiene y no es ave. Ciego es y todo lo penetra. Niño es y sabe más
+que cien doctores.
+
+--Acabáramos, doña Mencía de mi alma, que ya me asombraba a mí que el
+tal picaruelo no se nos hubiera puesto delante en el camino.
+
+--Ganas me dan de sacar de la maletilla el traje femenino que traigo
+para entrar en Mantua, descubrirle a don Miguel la verdad de nuestra
+historia y decirle que le amo de todas veras desde que le vi. ¿No has
+parado mientes en lo apuesto de su porte, en la nobleza de sus modos, en
+la galanura de su decir y en la discreción de su pensar? Heme aficionado
+a él de tal manera y cobrádole un tan grandísimo afecto, que sangre del
+corazón llorarían mis ojos si me arrancasen de su compañía.
+
+Juntos pasaron el siguiente día ambos muy divertidos con sus pláticas.
+Era el don Miguel muy letrado y placíase en decir versos que sabía, y
+sólo ignoraba que sus coloquios con don Diego aumentaban una llama
+cruel. Así aconteció que hallándose juntos tuvo el don Miguel la donosa
+ocurrencia de recitar a su amigo el siguiente soneto que él compuso
+cierta vez a una dama que mostraba un lunar en uno de sus pechos:
+
+ SONETO
+
+ Sabio lunar que colocarse supo
+ tan sabiamente en el redondo seno.
+ De orgullo le supongo y gozo lleno
+ por la preciosa suerte que le cupo.
+
+ Es flor de tal jardín, él es el astro,
+ astrolabio, astro mago, guía y norte
+ de esa esfera de amor. ¡Oh rey sin corte!
+ Planeta de ese cielo de alabastro.
+
+ Atrae por quemar. Fuego de Neso.
+ Imán de la mirada. Imán del beso.
+ Para encender los labios con su llama,
+
+ y que la apague al recibirlos luego,
+ lago que apaga de la antorcha el fuego,
+ los verdes ojos de la rubia dama.
+
+No apercibióse Guzmán de la turbación que disimulaba en cuanto podía don
+Diego, según avanzaba él en el declamado de los versos, que a bien que
+él pensaba decirlos a un caballero mancebo para diversión, y no que
+caían en los castísimos oídos de una noble doncella. Así al terminarlos
+y recibidos plácemes por su arte de bien decir, fué requerido el de
+Zúñiga para recitar a su vez. Era éste grave aprieto para la dama; pero
+cediendo a la fatalidad de la ocasión, hubo de decir con voz algo
+turbada, pero suave y cristalina, esta canción que recordaba:
+
+ CANCION
+ Amor de yo no sé dónde.
+ Pasión de yo no sé cuándo.
+ ¡Qué necio es lo que se esconde,
+ si el alma lo está buscando!
+ No el severo pensamiento
+ me distraiga de mis cosas.
+ ¿Acaso medita el viento,
+ y acaso piensan las rosas?
+ Viva la bella locura
+ que habla al sol en la pradera,
+ y corre por la llanura
+ cabalgando en la quimera.
+ El sol que en la tarde muere
+ vuelve a nacer otro día.
+ Quien de nosotros muriere
+ a nacer no volvería;
+ día en que no hemos amado,
+ día es que habremos perdido.
+ ¡Oh, amores que ya han pasado,
+ y amores que aun no han venido!
+ Llegue a leer tu mirada
+ mi dulce libro secreto.
+ Sin ti la vida no es nada.
+ ¿Qué sería el Paracleto
+ sin Heloísa? ¿Qué fuera
+ Valchiuso sin el Petrarca?
+ ¿Por qué la encantada barca
+ en vano en el lago espera?
+ ¿Para quiénes la ribera
+ tiene su sombra y su flor?
+ Jardines de primavera,
+ ¿qué seréis sin el amor?
+
+Hubo de comprimir un suspiro el ficticio don Diego al terminar la
+relación, y apenas supo dar las gracias por las albricias que le daba el
+de Guzmán, encantado por el modo con que había sido dicha la canción.
+Entretuviéronse departiendo sobre otros puntos puestos de codos sobre la
+abierta ventana, mientras abajo proseguía el eterno coro de todos
+tiempos y países. Los criados hablando mal de sus amos y del gobierno de
+la república, y las mujeres mordiendo en las honras de las vecinas y las
+vidas de las amigas ausentes. Que no hay Trajano que no sea Calígula
+para la gente lacayuna, ni dama que no sea liviana para las mujeres que
+por los años no pueden ya valerse de sus donaires, y por su
+desabrimiento no llegaron a doctorarse de alcahuetas en las academias
+del amor.
+
+Al caer de la tarde, don Miguel fué a buscar al que para él seguía
+siendo don Diego, y requirióle para dar un paseo por las afueras de la
+ciudad, que con aquel otoño tan dulce eran de una amenidad
+extraordinaria. Hizo don Diego esfuerzos para serenarse, y cuando
+departían bajo de una frondosa olmeda, don Miguel, asustando a su
+interlocutor con tal comienzo de discurso, hubo de decirle así. Lo que
+le dijo verán los curiosos ojos que pasaren a la segunda parte de tan
+certísima historia.
+
+
+
+
+SEGUNDA PARTE
+
+SÍGUESE REFIRIENDO EL PEREGRINO SUCESO DE LA ENAMORADA INDISCRETA, QUE
+TAMBIÉN FUÉ LLAMADO DEL PELIGRO EN LA VERDAD.
+
+
+--Quiero, amigo don Diego--empezó diciendo el de Guzmán--, ya que sois
+el único que por ahora tengo en esta ciudad, daros cuenta del propósito
+de mi viaje y razón de mi llegada a estas tierras. Habéis de saber que
+he venido a celebrar mis bodas, a las cuales os podéis tener por
+natural convidado; pero os ha de asombrar el saber que no he hablado
+nunca con mi esposa, que así puedo llamarla, y que quiero probar la
+condición de su carácter, aunque ya conozco la de su continente.
+
+--¿Ya la habéis visto?--preguntó casi temblando don Diego.
+
+--Cierto que sí, y vos también. ¿No recordáis aquella joven del azor que
+vimos pasar por delante de la catedral? Pues esa es, la hija de Leonardo
+Aldobrandino, primate de este ducado.
+
+Creyó don Diego que su amigo se chanceaba y acabaría por darle vaya y
+declarar que eran sus palabras burla de pasatiempo; pero tal insistió,
+refiriéndole la historia que ya conocemos, que don Diego felicitóle, el
+rostro demudado y casi balbuciente el habla.
+
+--Murió mi padre hace tres años--concluyó don Miguel--y he venido yo
+solo a cumplir el pacto, si en ello no va nada, como espero, contra el
+lustre de mi raza y la honra de mi persona. Para mis planes necesito de
+vos, caballero don Diego, pues desde luego he descubierto en vos una
+gran nobleza, y serviréisme, procurando ser visto de la hija de
+Leonardo, después que yo haya llegado a ella, aunque sin descubrir quién
+soy. Si ella sabe rechazar toda pretensión que no sea la de ver a su
+esposo de Indias, a quien debe esperar fielmente, será mi esposa. Pero
+si no sale triunfante de la prueba y tiene a los galanteos la
+inclinación que otras muchas jóvenes italianas, no será ella quien venga
+conmigo a mi palacio de Sevilla.
+
+De tal modo insistió don Miguel, que logró que don Diego aceptara la
+misión, y algunos ricos trajes y preseas para el atavío de su cuerpo,
+que eran muy de menester para el intento. Y aquella misma noche unos
+músicos colocados bajo las ventanas de Renata, cantaron con meliflua voz
+el siguiente:
+
+ SONETO
+
+ Amor es, Filis, brisa perfumada.
+ Ola de un mar de encanto. Golondrina.
+ Es algo que va y viene. Peregrina
+ canción que en la espesura canta un hada.
+ Ha tenido el jardín fulgores raros
+ como luz de un espíritu que pasa,
+ y ese fuego he sentido que me abrasa
+ al resplandor de vuestros ojos claros.
+ La luz y vuestra sombra se perdieron.
+ Amargura y dolor permanecieron.
+ Al bosque y a las almas vuelve el frío.
+ La fuente gime con gemir sonoro.
+ Llorando está el jardín sus hojas de oro
+ porque han muerto las flores y el estío.
+
+Era por la mitad del cántico cuando entreabrióse una de las ventanas y
+asomó su rostro cenceño la dueña Lisarda, que había sido tercera de los
+amores de Leonardo con la madre de Renata, y vivía desde tiempo
+inmemorial en la casa. Retiróse en seguida; y al punto muy
+discretamente, como niño que teme cometer impertinencia, miraron a la
+calle los propios y celebrados ojos de Renata, a quien placía tener por
+vez primera música delante de su casa. Pero como Leonardo, que había
+salido al palacio del obispo, donde se celebraba un festín, no había de
+tardar en volver, Lisarda bajó a decir a los músicos para quien les
+enviaba, que su ama se holgaba con su tañido y les agradecía con notable
+contento la merced; pero que si el señor volvía y apercibía serenata,
+habían de verse en grave aprieto por ser justicia de la ciudad y muy
+celoso de la guardia de su hija. Con esto y haber juzgado que para ser
+la primera noche habían hecho bastante, retiráronse caballeros y
+músicos.
+
+Júzguese el dolor del fingido D. Diego al representar tal papel. Fué tan
+grande como la alegría de Renata, al verse regalada y con cortejo. Al
+otro día, y por encargo del de Zúñiga, buscó Marcos la traza para hablar
+con Lisarda, y su coloquio fué tan sabroso como breve:--Garrido es el
+soldado--dijo la vieja al escucharle--, y a fe que si fuera más mozo
+pudiera ser el roto de mi descosido. Pero sepa que mi boca es de oro, y
+sólo se abre con llave de ese mismo metal, que no quiero comprometerme
+de balde con mi señora. Válame Dios.
+
+--Miren el orejoncillo con faldas--contestóla Marcos--que en mi tierra
+la hubieran paseado por el Zoco, caballera en un pollino, emplumada y
+con coroza, y conocería todas las pencas de la comarca. Y concluyó con
+una sarta de pesiatales y de porvidas, con más votos que el altar de San
+Blas. Fuése el escudero, y apenas hubo subido Lisarda a la casa, fué
+llamada por Renata.
+
+--¿Sabes--preguntóla ésta--quién puede ser uno de los galanes de la
+música de anoche?
+
+--Yo tengo, hija mía--repuso la dueña--tan poca vista para la malicia,
+que no acierto en esas cosas.
+
+--Pues esta mañana, viniendo de San Lotario, le he visto entrar en la
+hostería del Centauro, que no se me despinta su talle con sólo habérseme
+aparecido de noche y no haber mirado yo más que de soslayo. Y decirte
+quiero, Lisarda, que estoy harta de esperar a ese caballero de Indias,
+que me tiene prometido mi padre y también que he soñado con el rondador
+de la serenata. No es desagradable tampoco otro caballero que hoy tiene
+mi padre convidado, y nos ha saludado esta mañana en la iglesia; pero no
+me parece tan amable como el de la hostería. Fuerza es que te enteres de
+sus prendas y si es persona de calidad como representa ser.
+
+Aquel día tenía, en efecto, Leonardo convidado al propio D. Miguel que,
+sin manifestar su nombre verdadero, se había presentado a él como un
+amigo del visorrey y de su hijo, de quien le traía nuevas. Mucho agradó
+a Renata la presencia del huésped, así como su cortesanía y discreción;
+pero el pensamiento no se le iba del lado de D. Diego, de quien las
+artes del Enemigo Malo hiciéronla prendarse muy en malhora. Quiso
+Leonardo que su hija regalase al forastero, y la hizo cantar
+acompañándose con el arpa, y cantado que hubo, requirió y le fué
+concedida licencia para retirarse del estrado. Así que Renata se vió
+libre, corrió en busca de Lisarda para hablar con ella de D. Diego con
+ese afán de los enamorados que sólo saben platicar de lo que aman.
+Preguntóla si había inquirido su nombre y condición, y supo que era un
+caballero español que se llamaba D. Diego de Zúñiga, y a lo que la
+dijeron viajaba por placer, siendo un mayorazgo muy rico de Castilla.
+Esto sabido, su pasión afirmóse al conocer que se trataba de un hombre
+principal.
+
+Instigado por D. Miguel vióse D. Diego obligado a enviarla recados y
+billetes de mejor gana recibidos que mandados. Y era de ver cómo al
+tiempo que crecía el amor de Renata por D. Diego, crecía también la
+pasión del falso Zúñiga por el noble don Miguel. Y la dama, oculta bajo
+el disfraz de que se había valido para salvar su recato al viajar por
+los caminos en dirección al convento en donde se pensaba encerrar,
+lloraba cuando estaba a solas, y para salir de tan anormal situación
+unas veces se determinaba a presentarse con el traje de su sexo al de
+Guzmán, y otras decidíase a partir para Mantua sin despedirse del
+caballero que inocentemente hacía tal estrago en su espíritu, siquiera
+fuese el suyo el honesto amor que cumplía a una joven dama principal y
+cristiana como ella era.
+
+Tenía dispuesto el duque de Ferrara en sus bellos jardines una fiesta de
+noche, para honrar una embajada de la magnífica señoría de la república
+de Venecia, y había de ser de un fausto tal como era tradición en los
+sucesores de Alfonso de Este, _divi Hércules filius_. Como era natural,
+tenía parte principal en ella Renata como sobrina del senescal, y
+Aldobrandino, sin saber que con ello honraba al que debía ser su yerno,
+invitó a D. Miguel a que fuera parte de la misma y de una comedia que
+allí había de hacerse. Dió cuenta de esto el de Guzmán a D. Diego, y a
+poco recibía el falso Zúñiga una esquela de Renata con cita en los
+jardines ducales la noche de la fiesta.
+
+Magnífica como el señor que la dispuso, era ésta que animó los vergeles
+señoriales. Percibíase, llegando a ellos, un grato y apacible sonar de
+músicas, y apercibíase en entrando una muy notable frecuencia de
+caballeros y de damas que discurrían y departían, placíanse con el
+tañido y holgábanse con danzas de ceremonia y otros varios deleites.
+
+Siendo grande la frondosidad de la arboleda, toda ella ardía con
+profusión de luminarias, y era de ver cómo rutilaban las piedras
+preciosas sobre los brochados de los trajes, y cómo los blancos chapines
+de seda de las damas constelados de diamantes semejaban albas flores
+cubiertas de rocío sobre el verde de la pradera.
+
+Aquellos días celebrábanse de continuo fiestas de estafermos y corríanse
+sortijas, habiendo justas como otras célebres que hubo en Castilla,
+tales como el paso honroso del caballero Suero de Quiñones en Medina del
+Campo, y el otro con que le imitó honrando la embajada del duque de
+Bretaña el muy magnífico señor don Beltrán de la Cueva, duque de
+Alburquerque, conde de Ledesma, vizconde de Huelma, señor de Mombeltrán,
+y de La Adrada de Cuéllar y de Roa, ejemplo de validos y espejo de
+caballeros leales a sus reyes.
+
+Abríase en el centro de los jardines una amplia plaza bordeada de
+álamos, cubiertos sus añosos troncos con túnicas de hiedra; nobles
+estatuas alzábanse también allí, y el suave musgo vestía de verde
+terciopelo las figuras del mármol. Corriéronse en tan bello lugar unos
+anillos a la luz de las antorchas y fué triunfante un caballero milanés
+que se llamaba Leonelo Sforza, y era hijo del esclarecido linaje que
+llevaba ese nombre preclaro. Traía el vencedor en la muñeca izquierda un
+brazalete como de hierro y en el cual eran grabadas las palabras de su
+mote, que también llevaba en el gallardete de su lanza. Lema lleno de
+poesía y donosura, que decía así: _Galeote soy de amor_.
+
+Fué a ofrecer su galardón a una dama que se hallaba justamente al lado
+de Renata y se llamaba Laura de la Rovere y era de familia de donde han
+salido pontífices romanos. Algún disgusto tuvo la vanidosa Aldobrandino
+al no verse favorecida, pero ningún desabrimiento había aquella noche en
+la fiesta como el del desdichado don Diego, que tan mal de su grado la
+presenciaba.
+
+Siguióse una danza de salvajes, y a ésta otra en que la comparsa
+vestíase a la usanza de los antiguos legionarios romanos. Apartáronse
+luego en dos filas los bailarines y salieron del boscaje unas gentiles
+amazonas que hubieran sido envidia de la propia Pentesilea y cabalgaban
+sobre cándidas hacaneas cubiertas con gualdrapas. Traían una aljaba a la
+espalda y blandían el arco en la diestra, disparando sus flechas hacia
+lo alto de los árboles. A ellas seguían unos lacayos que conducían sobre
+parihuelas de plata diversos cuerpos de toros con sus cuernos y sus
+cascos dorados, y todos ellos cubiertos de guirnaldas, y con gran
+concurso de frutas confitadas. Era este el anuncio del festín que se
+siguió y fué tal como los opulentos de las nupcias de Beatriz de Avalos
+con el magnífico Juan Jacobo Trivulzio, y las de Violante Visconti con
+el duque Lionel de Inglaterra.
+
+Finó el banquete, mas no se crea por eso que tuvo su punto la función.
+Diéronse varios vítores a la embajada veneciana, y luego unos como
+líctores comenzaron a decir: «¡Viva el duque muchos, y buenos, y largos
+años con triunfo sobre sus enemigos!» Y el cardenal de Giudice, que
+presente se hallaba, dijo después: «Loado sea Nuestro Señor; que nos da
+tal señor.» Todos cuantos habían sido parte en el festín pusiéronse muy
+luego en marcha a otro lugar, pues que la noche y los jardines daban el
+tiempo y el espacio suficientes para que la fiesta continuase. Dió todo
+aquel senado en una pradera donde había dispuesto un estrado para que
+unos muy ilustres histriones representasen farsas divertidas y amenas.
+No era ciertamente nada de amena y divertida la farsa que tocaba
+representar a D. Diego, que tenía su pensamiento allí donde pusiera su
+ánima cuitada.
+
+Comenzóse la representación por una loa que se titulaba _El triunfo de
+la prudencia_. Era en tal alegoría la señoría veneciana como Mentor del
+país italiano a quien se hacía pasar por Ulises. La urdimbre era
+sencilla y agradable, y todo aquel artificio con muy singular acierto
+tramado. Hacíase después un paseo de comedias que era llamado así: _Gran
+caudillo es el amor_. Bello poema donde el poeta ponía en su fábula
+verdades de la vida. Era aquí donde había sido rogado D. Miguel por
+Aldobrandino que, tratándose de una persona principal y muy versada en
+letras italianas, tomase un papel. Eran los personajes de la acción:
+Ricardo y Cardenio, caballeros; Lucrecia y Beatriz, damas; Hipólita,
+dueña, y Pánfilo y Doroteo, criados. Fingía Renata la parte de Beatriz,
+sin saber que en aquel Cardenio que era su galán en la comedia,
+escondíase su prometido esposo verdadero, tan bien esperado como mal
+recibido.
+
+Fingíase en aquel paso que todas las damas habían movido una cruzada
+contra los caballeros todos para vencerles el desamor, pues no los
+consideraban suficientemente rendidos a su albedrío, y valiéndose de
+armas para su intento, habían usado primero de la tiranía de la soberbia
+con que sólo consiguieron un desdén uniforme. Buscaron luego mejor
+general para su causa y dieron en encontrar al amor que muy luego
+sirvióles aunque siendo igual que fuerte veleidoso hubo de traicionarlas
+haciéndolas a la postre esclavas de aquéllos a quienes intentaron
+rendir. Era bella la traza y hábilmente parlada, que bien mostrado lo
+sutil del ingenio que la había compuesto y debía de ser un poeta que no
+cediera en elegancia al mismo Fracastor.
+
+Trasládase aquí un retazo de escena, porque el interés que movió en el
+senado que la escuchaba y hasta nuestro propio deleite nos lo ordenan.
+Hallábanse en medio de un boscaje el caballero Ricardo, que era príncipe
+de Inglaterra, y la dama Lucrecia, que era duquesa de la Italia, y así
+decían sus decires:
+
+RICARDO
+
+¿Seréis esquiva dama menos gradescida que las flores? Ved que ellas de
+todos codiciadas no apartan el tallo de su rama cuando alguien quiere
+gustar de su fragancia, y aun besarlas como a labios de hermosas.
+
+LUCRECIA
+
+Para vos, caballero Ricardo, las flores todas de mi jardín, menos una.
+Sabedla ganar y serán sus hojas labios para vuestros labios. Vos os
+llamáis Ricardo. Así se llamaba vuestro rey Corazón de León.
+
+RICARDO
+
+¿Queréis, dama Lucrecia, que vaya a Palestina? Yo rescataré el sepulcro
+de Cristo, y traeré para que adornen vuestros chapines las gemas que
+adornan el turbante del señor soldán de Babilonia.
+
+LUCRECIA
+
+¿Vos no sabéis la historia de la Tabla Redonda?
+
+RICARDO
+
+El rey Artús era mi abuelo.
+
+LUCRECIA
+
+Aún me parece a mí poco linaje el vuestro. No vayáis a Tierra Santa,
+pero traedme la copa donde bebió Nuestro Señor en su última cena. Está
+tallada en una piedra que saltó de la diadema del demonio. Guardóla el
+rey Titurel de Anjous con unos bravos caballeros, y otro caído en
+liviandades la perdió. Rescatóla el príncipe Parcival, padre del
+caballero Lanzarote del Lago. Ricardo, la noche de nuestras bodas,
+quiero que bebamos licor de la vida en ese cáliz. Ricardo, id al
+Monsalvato y traedme al Santo Grial.
+
+RICARDO
+
+Rebosante de sangre de emperadores adversos, y de vino de las vides de
+Chipre. Inerme acudiré. Rendiros he mi espada.
+
+(Aquí desceñíase la espada del tahalí, la cual era recibida por
+Lucrecia, que besaba su pomo.)
+
+LUCRECIA
+
+Beso este oro donde tantas veces puso sus manos el valor.
+
+(Soltaba la espada de improviso y daba un grande grito.)
+
+¡Mal cuitada de mí! Aspid, escorpión o saeta. No era espada, que era
+dardo de amor. No os partáis de mi lado. Para vos, caballero Ricardo,
+todas mis ofrendas y todos mis sacrificios. No temáis que el viento os
+aparte la rosa de la rama.
+
+RICARDO
+
+¡Ay, el viento de la muerte!...
+
+LUCRECIA
+
+No le temáis; mucho peor es el viento de la vida para arrebatar amores.
+Pero yo soy eternamente para vos. Tomadme, Ricardo. Vuestra es la rosa.
+Tomadla antes que la agosten los soles, la marchiten las lluvias y la
+arrastren deshojada los vendavales.
+
+(Y se oía tras el boscaje una suave música, y se corría un rico tapiz
+sobre el estrado.)
+
+Pareció notablemente bien la comedia al concurso y todos la loaron
+sobremanera. Sólo D. Diego padecía después de haber visto en una escena,
+juntos al noble don Miguel con la desenvuelta Renata. Y fué más, para
+aumentar su enojo, cuando vió a Lisarda, la dueña, que cautelosamente se
+le llegaba y ponía en sus manos un billete, diciéndole en él Renata que
+si quería platicar con ella, la vieja le daría la llave de una puerta
+secreta de su casa, por donde sin ser notado, podía con toda seguridad
+llegar a su aposento y salir del mismo modo. En poco estuvo que D. Diego
+no pusiera entonces punto a la enfadosa historia en que estaba metido;
+pero por servir en algo a D. Miguel, a quien tan rendido estaba su
+verdadero ser, se dispuso mal de su grado a continuarla, aceptando de
+manos de la dueña la llave prometida. Terminóse la fiesta con grande
+algazara de pífanos y otros instrumentos, que recorriendo los jardines
+mostraban señal de que la fiesta había dado fin. Y fué de ver el
+brillante aparato con que Renata, como correspondía a su alcurnia,
+retiróse a su casa en la carroza con su padre, acompañados por dos
+jinetes que iban a los estribos con sendas hachas de viento encendidas.
+
+
+TERCERA PARTE
+
+DASE FIN Y CABO A TAN EXTRAORDINARIA HISTORIA
+
+
+Habló D. Diego con Marcos al salir del vergel de los duques, y éste
+aconsejóle que pusiese cuanto antes término a tan enojosa aventura. Pero
+no bien habían andado algunos pasos, cuando Lisarda entregó a D. Diego
+un billete en que Renata pedía el hablarle sin falta aquella misma
+noche y con grande urgencia. Determinóse don Diego a acudir al
+llamamiento con la presteza demandada, y despidiendo a su escudero,
+siguió a la dueña, hasta la puerta oculta y la escala secreta. Vióse de
+pronto en una estancia suntuosísima con tapices de tan raro gusto y lujo
+por las paredes, y muelles escabeles y blandas acitaras que más llevaban
+a la pereza que a la diligencia. Un braserillo donde se quemaba canela y
+ámbar, hacía oficio de pebetero y aromaba el agradable ambiente.
+Levantóse uno de los tapices y apareció Renata ataviada con el mismo
+vestido carmesí y la gorguera de batista finísima, y las mismas preseas
+que en la fiesta, pues tocábase con la _lenza_, que es como llaman en
+Toscana a la diadema que llevan las damas próceres, y traía sobre su
+pecho un primoroso cintillo de topacios y de diamantes. Estaba cubierto
+el pavimento con una pérsica alcatifa de tal modo, que los perlados
+chapines de Renata no movieron ruido ninguno y el absorto D. Diego no
+advirtió su presencia hasta tenerla junto a sí. Y fué notable su
+maravilla cuando la vió caer de rodillas ante él y con mil protestas y
+juramentos solicitarle que sin pérdida de tiempo mostrara a su padre la
+calidad de su persona y cómo podía ser digno esposo de su hija, para que
+la pidiera en matrimonio. Llegó la desventurada en su desvarío a
+pedirle que la llevara consigo a su posada, con lo que por evitar que se
+siguiera el escándalo, el mismo padre acudiría con el clérigo para los
+desposorios. Y esto decía aquella niña criada con tal cuidado y esmero
+en el santo temor de Dios por el más severo y amante de los padres. Que
+a tan notables extremos de locura lleva a las criaturas humanas el ciego
+amor, ministro del infierno y arma de Satanás.
+
+--Hicierais mejor--le repuso serenamente D. Diego--en amar de lejos, que
+las almas que son mariposas de la llama de amor mueren abrasadas en ella
+cuando se acercan demasiado.
+
+Arrojóse Renata a sus brazos, y en poco estuvo que el disfrazado Zúñiga
+no la mostrara la gravedad de su disparate; pero conteniéndose y dejando
+el fin de todo para el siguiente día, desprendiéndose de ella y con la
+promesa de volver a la otra noche ganó la secreta escalera y se puso en
+salvo.
+
+Apenas tornóse a la posada donde le esperaba D. Miguel, refirióle punto
+por punto lo acaecido, haciendo grandes esfuerzos por no declararse a él
+como Renata, pues la dama española consideraba todo aquello como una
+prueba a que el Señor Rey de cielos y de tierra había sido servido de
+someterla en su alta sabiduría. Pero fué grande su espanto cuando supo
+que D. Miguel había recibido también un billete de Renata para verla a
+la siguiente noche, a hora diversa de la concedida a D. Diego.--¡Ah,
+pérfida y malvada mujer--decía el de Guzmán--que así haces aprecio de
+las canas de ese noble varón, que es tu padre, y crees que el amor de
+los caballeros y el recato de las damas son prendas para juego!--Y luego
+continuó más sereno:--Yo te juro que esta vez tu saber ha sido errado, y
+que no ha de valerte que sepas tanto de amor como de ciencia doña Oliva
+Sabuco, y que has de olvidarla toda muy pronto, así tengas más memoria
+que Mitrídates y Scalígero, y en seguida concertóse con D. Diego para ir
+juntos a la siguiente noche y confundirla con la lición de la presencia
+de ambos a la vez.
+
+Marchóse D. Diego a su aposento, y fuera necio advertir, que no sólo no
+pudo conciliar el sueño, sino que ni lo intentó siquiera. Tenía una
+grande turbación, que era ese inmenso desasosiego de la mujer
+fuertemente enamorada, que lucha porque la color de su rostro y la frase
+de su labio no traicionen a su alma.
+
+¡Grande cosa es el amor, decía el escudero Marcos, que él vuelve agudos
+a los tontos y torna necios a los discretos! Doña Mencía en tanto
+deshacíase querellando sus cuitas. Salíase a un muy apacible retiro
+formado de olmos muy añosos, y allí se lamentaba:--Que así hemos de ser
+las mujeres--, decía--que así cambiamos amores con desdenes, y nos
+perecemos por amar a quien no nos ama, y somos esquivas para los que nos
+quieren bien--. Era aquel lugar muy sujeto a melancolías en su sombra
+nocturna, y servíala de consuelo. ¡Oh noche, divina noche, hermana del
+misterio y madre de la bendita poesía, tú eres la puerta encantada de
+los placeres, y la piedra filosofal de los dolores, maravilla de los
+amantes, arpa de las canciones, princesa del secreto, y alcázar
+universal del amor.
+
+Ya pensaba la piadosa Mencía en el exorcismo, creyéndose posesa,
+malhayan la caldereta y el hisopo para tales hechizos y para tal
+demonio. Buscó después el halago en la piedad, y cogiendo un libro
+eucológico que D. Miguel habíala emprestado, y se llamaba _Ruta de la
+montaña de Sión_, hubo de toparse entre sus páginas con unos versos
+manuscritos, que sin duda alguien habíalos dado traslado a aquel papel,
+habiéndole placido el donaire de un poeta que debía de ser, a no dudar,
+algún preclaro ingenio de la corte de Madrid, y eran estos que aquí se
+copian para mayor deleite:
+
+ LETRILLA A DOÑA BELISA
+
+ Amor, que es niño y travieso,
+ me mata con sus mercedes.
+ Hame tendido sus redes,
+ y hame preso.
+ Pedisme dueña y amiga,
+ que os diga
+ mis bienandanzas de bella,
+ y la cuitada cantiga
+ sólo oiréis de mi querella.
+
+ Ya no rúo, ya no canto,
+ del arca en el fondo están
+ basquiña de veludillo,
+ pañizuelos y tontillo,
+ y la prenda de mi encanto,
+ aquel primoroso manto
+ de bordado tafetán.
+
+ Que amor que es niño y travieso
+ me mata con sus mercedes,
+ hame tendido sus redes,
+ y hame preso.
+
+ Y sabréis Doña Belisa,
+ que sólo salgo a la misa
+ de las madres Recoletas,
+ y ya no me regodeo,
+ ni bullo, ni me paseo
+ por San Blas, ni por el Prado,
+ que amo pláticas secretas
+ tenidas en el estrado,
+ y triste cilicio ciño
+ por la culpa de un doncel.
+ Que amor me llevó al cariño
+ de uno que es travieso y niño
+ como él.
+
+ Como él gracioso y avieso,
+ con perfil de Ganimedes.
+ Hame tendido sus redes
+ y hame preso,
+ el que sin mal ni dolor
+ el seso roba al discreto,
+ y enturbia el sabio conceto
+ al letrado y al dotor.
+
+ El amor,
+ que no obliga con premáticas,
+ ni otras leyes mayestáticas,
+ el señor corregidor.
+ Y a quien no rinden los reyes,
+ ni con él hay valimiento,
+ ni rigen con él las leyes
+ que llenan el aposento
+ de mi tío el oidor.
+
+ Se trata, doña Belisa,
+ de un rapaz más que donoso
+ que en los diez y siete frisa.
+
+ ¡Quién me viera!
+ Yo, aquella dama que fuera
+ la del gesto desdeñoso,
+ castigo de los galanes
+ que desprecié los afanes
+ postreramente de tres.
+ Don Gil que ahora en Indias loco
+ padece por sus desmanes.
+ Un mayorazgo por poco,
+ y por harto un ginovés.
+
+ No juguéis con el cariño.
+ Mirad quien así os lo avisa.
+ No sabéis, Doña Belisa
+ cómo me tiene ese niño.
+
+ Dejadme, dueña y amiga,
+ que no siga
+ con tan plañidero son.
+ A vos os digo el secreto
+ a que me obliga el afeto
+ de nuestra vieja afición.
+ Pero no es bien que mi lengua
+ al viento diga mi mengua,
+ que no es bien que la publique
+ y mi escándalo predique
+ mi canción.
+ Y pues mi mal conoscedes,
+ si halláis afrenta en mi exceso
+ no preguntéis por mi seso,
+ que la deidad que sabedes,
+ hame tendido sus redes
+ y hame preso.
+
+Leyólos y releyólos doña Mencía con atento cuidado, como si fuese
+aquella dulce poesía espejo de sus propias penas. Muy luego tomólos en
+su memoria, que era clarísima, y casi de continuo los recitaba.
+
+Tan luego como amaneció, sacó del cofrecillo que había traído Marcos a
+las ancas de su mula los atavíos femeniles que la correspondían, y eran
+sencillísimos y de una gran honestidad. Un vestido de estameña y un
+tafetancillo como velo, que eran con los que pensaba entrar en Mantua,
+por no ser decoroso que entrase en el convento con el traje hombruno del
+camino. Y cuando don Miguel envió a su amigo los buenos días, el que ya
+no era don Diego, después de tomar licencia para entrar en el aposento
+del de Guzmán, presentóse en el umbral de la puerta, mostrando tan
+gentil presencia de mujer, que don Miguel quedó todo turbado y confuso
+ante la inesperada aparición.
+
+--No fué soñación vuestra sin duda, señor don Miguel--comenzó diciendo
+la dama,--ver trocado desta manera a vuestro gentil amigo don Diego.
+Pero en pocas palabras os diré la verdad de mi historia. Soy nacida en
+Toledo, de muy nobles padres y llámome doña Mencía de Carvajal. Más
+cuidadosos de medrar en su hacienda que de beneficiar mi espíritu,
+dábanme por marido a un hombre rico, pero viejo, sucio y feo. Nada
+valieron mis protestas, y entonces determinéme a tomar por esposo al que
+es eternamente bello y bueno. Una hermana de mi padre, dama que fué de
+gran hermosura, vive en Italia rigiendo una comunidad de religiosas y
+pensé venirme con ella, tomando para mi intento ese disfraz con que me
+habéis visto, y acompañándome de Marcos, escudero de mi casa, que fué
+compañero de armas de mi abuelo y tiéneme más afición que mi propio
+padre, y así tomé el camino destas tierras donde había de unirme con la
+que se llamó en el siglo doña Clara de Carvajal y de Mendoza, y hoy es
+en religión sor Margarita, priora de las Capuchinas de Mantua. Pero
+quiso Dios (Dios debe ser) que os hallare en mi camino. Sabed, don
+Miguel, que de hoy más no me veréis. He sido fuerte hasta ahora, seré un
+momento débil para haceros una confesión, que el corazón se me saltará
+del pecho si no os la hago y puedo hacérosla, porque sois hidalgo y
+noble como un hijo de rey, y luego volveré a mi prístina fortaleza para
+daros un adiós que lleve quizás pedazos de mi alma.
+
+El asombro de don Miguel creció de punto al escuchar tales palabras y de
+tan linda boca, que la gravedad del continente de doña Mencía y toda la
+honestidad que ponía en el hablar, que lo hacía con los ojos fijos en
+el suelo, habíanle llegado a lo hondo de su ánima.
+
+--No acierto--prosiguió la dama--a deciros lo que deciros no quisiera,
+pero deciros he. Diréos, don Miguel, que os amo, que sois el primer
+caballero a quien puedo decirlo, y único, pues que dentro de breve
+tiempo el mundo habrá concluído para mí. Considero vuestro amor como una
+rosa encantada, de aroma fragantísimo que debo aspirar a distancia,
+porque si tocarla quiero, cien espinas buídas me castigarán de mi
+osadía. Pero sabed que os adoro, aunque sea mengua mía decíroslo, y que
+soy tan ambiciosa que quiero de vos una gran merced. Os pido don Miguel,
+que perdonéis como discreto a la que os ama como loca.
+
+Quiso arrodillarse ante él; pero Guzmán la detuvo, y cogiéndola una de
+sus blanquísimas manos besósela con unción respetuosa.
+
+Aquella noche, como habían convenido, acudió doña Mencía con su traje
+viril a la casa de Renata. Esperaba la italiana a su don Diego en el
+mismo aposento que la otra noche, y no bien fué verle entrar, que se
+arrojó a su cuello con transportes de amor, y como entonces tropezase
+con el redondo seno de doña Mencía, extrañándose de hallar tal obstáculo
+en el pecho de su amado, hubo de preguntarle al tiempo que paseaba sus
+manos por el misterioso lugar:
+
+--¿Qué os abulta aquí, caballero?
+
+--Esto es lo único que me abulta, señora--respondióla don Diego con modo
+socarrón.
+
+Y entonces, desabrochándose el juboncillo con gran presteza y abatiendo
+su camisa, mostró a Renata, que esperaba el pecho fuerte del mancebo, su
+blanco cuerpo, su finísimo talle y la turgencia de sus admirables senos,
+cuya vista pusiera en notable desasosiego al más austero y frío de los
+varones.
+
+--Me gustan más los míos--dijo Renata, que al comprender la situación
+había tomado una gran seriedad.
+
+Fué en este momento cuando don Miguel apareció en la puerta de la
+estancia, lo cual terminó de turbar a la infeliz Renata. Y subió de
+punto su burla cuando el caballero recién llegado dijo a doña Mencía:
+
+--Venid, mi esposa.
+
+Y después de haberla ayudado a vestirse de nuevo, cogióla de la mano, y
+sin dirigir palabra a Renata salieron ambos.
+
+Fué inmenso el enojo de Leonardo Aldobrandino al saber los hechos de su
+hija por boca del mismo don Miguel, que ya se había descubierto como
+quien era; y habiendo el de Guzmán declarado que doña Mencía de
+Carvajal había de ser su legítima esposa ante Dios y ante los hombres,
+quiso Aldobrandino que su hija fuese a ocupar en el convento de Mantua
+la misma celda que esperaba a la dama española.
+
+No se holgaron menos de la fausta nueva los padres de doña Mencía,
+quienes muy luego ordenaron una misa en la iglesia de Santo Tomé de su
+ciudad, para celebrar el feliz matrimonio de su hija. Misa fué ésta a la
+que no asistió don Lucas Leví Escobedo, hombre frío y desabrido como las
+gracias de Mari Angola, que era el novio que la deparaban primeramente,
+y hay quien dice que no acudió al santo sacrificio, porque descendiendo
+de los Levíes, que fueron tesoreros de don Pedro de Castilla, era sin
+duda, más viejo como avaro que como cristiano, y que hacía al tocino los
+ascos que no hizo nunca a los escudos de a ocho.
+
+Fueron suntuosas de toda suntuosidad las bodas de don Miguel y doña
+Mencía, las cuales recordaron con piedad y lástima el engaño de la
+infeliz Renata, que por ser indiscreta en sus amores y querido buscar el
+afecto imposible del fingido don Diego, vióse tan justamente castigada.
+Y hoy sabemos della que es una religiosa tan perfecta como ejemplar y
+venturosa casada ha sido doña Mencía, que pocos años ha murió en su
+palacio de Sevilla, mirándose en los ojos de su esposo.
+
+Y vese aquí que hasta los más extraños sucesos son caminos por los que
+la sabiduría del Altísimo lleva a las criaturas adonde más les conviene
+para la salvación de sus almas. A ella conduzca a los que leyeren o
+escucharen leer la presente verídica historia, la Misericordia de
+Nuestra Señora la Madre de Dios, como así deséales y para él pide
+también el cristiano y devoto caballero que la escribe, para ejemplo de
+algunos y regalo de todos. Vale.
+
+
+
+
+Cosas de hombre.
+
+(A. REYES)
+
+
+
+
+COSAS DE HOMBRE
+
+
+Cuando el tío _Pizarroso_ llegó a su casa, las sombras empezaban a
+invadir el a modo de embudo formado por los montes, en cuyo fondo
+blanqueaba el edificio, al borde de una cañada llena de piedras enormes
+y espesos macizos de adelfas.
+
+--Pos di tú que te has dormío en un _cajorro_--exclamó la tía Tomasa al
+ver llegar al legítimo dueño de su orondísima persona.
+
+--Pos no me he dormío, ni tan siquier he estao a dormivela.
+
+--Pos entonces habrás estao de picos pardos en algún abrevaero del
+monte.
+
+--¡No ha sío malo el abrevaero!
+
+--Pos entonces, ¿aónde te has metió, alma condená?
+
+--Pos en ninguna parte: una miaja que me entretuve en la encrucijá del
+_Tomillo_ con Juan el _Rumboso_ y _Toñico_ el _Pastañeta_, y... ¡arza pa
+entro, _Pimentona_, arza pa entro!
+
+Y esto lo dijo asestando una cariñosa palmada en una de las poderosas
+ancas a la mula, a la cual habíale quitado el aparejo mientras hablaba.
+
+La cabalgadura, a la cariñosa insinuación, tomó lentamente el camino de
+la cuadra, mientras el _Pizarroso_ sentábase sobre un capacho, junto a
+su hermano el _Totovías_, un viejo enjuto y grave que entreteníase en
+hacer tomizas para los usos domésticos, mientras el porquero, un rapaz
+greñudo y andrajoso, contemplaba con famélica expresión, desde la
+puerta, la gran olla que hervía sobre las enormes trébedes de hierro en
+la chimenea.
+
+--Y ¿qué es lo que dicen el _Rumboso_ y el _Pastañeta_? ¿Tantas cosas
+teníais que contaros, que si se entretienen ostedes una miaja más
+volvéis tóos a vuestras casas con barbas corrías?
+
+--Y dale, mujer, dale, no seas asina; si me he entretenío ha sío por
+decirle al Rumboso con toas las veritas de mi alma y con tó mi metal de
+voz: «¡Ole con ole por los hombres machos con toas las de la ley!» ¡Vaya
+si es una prenda el viejo! ¡Y con un corazón más grande que una cantera!
+
+--Y eso ¿poiqué? ¿Te ha regalao alguna vestiura pa el _Corpus_?
+
+--No, señora, que lo que ha jechito vale más que tó eso; el _Rumboso_ ha
+puesto esta tarde su bandera en lo más artico del monte.
+
+--No es una noveá en él; ¡ese es de los que siempre se la han
+traío!--exclamó con voz gutural el _Totovías_--pero, a la fin y a la
+postre, dinos ya lo que ha jecho, que la olla mos espera gruñe que te
+gruñe.
+
+--Pos ha jecho lo que sus voy a contar. Figúrense ostedes que Rosalía,
+la del cortijo de la _Embocaura_, que es un pasmo de bonita y que tié un
+cuerpo que es una parma...
+
+--¡Una parma! Un parmito, ¡más ropa que carne!--dijo con tono desdeñoso
+la tía Tomasa.
+
+--¡Eso ya sus lo dirá el _Pastañeta_ cuando se case con ella!
+
+--¡Pos no estás tú mu atrasao de noticias! Rosalía ya no se casa con el
+_Pastañeta_, poique se le ha cruzao en el camino ese que dices tú que es
+una prenda.
+
+--A eso voy, mujer, a eso voy; es mu verdá que el _Rumboso_ se le cruzó
+en el camino, y que, como el hombre tié más fanegas de tierra que
+nosotros abejas en los panales, al padre de la Rosalía, que es un
+agonioso, la avaricia se le puso de pie, y cogió a su hija y le dijo que
+como gorviera a mirar a _Toñico_ les iban a caer cataratas en los ojos a
+dambos, y que era menester que se pegara manque fuera con liria una
+sonrisica en los labios pa cuando hablara con el viejo; y la muchacha
+no entendió de chiquitas, y cuando se le puso a tiro el _Rumboso_ se le
+echó a llorar, y le dijo que lo que quería jacer con ella era una
+picardía; que ella no podía peinarse ni despeinarse en el mundo más que
+pa su _Toño_; y tan y mientras ella le decía esto al señor Juan, el otro
+andaba diciéndole a grito pelao a tó el que lo quería oir que no había
+de parar hasta sembrarle al viejo una almáciga de plomo en el corazón, o
+el jierro de su cuchillo en la mismísima boca del estómago.
+
+--Y eso era lo que se merecía por dir a meter la pata en unos güenos
+quereles, valiéndose de que el padre de Rosalía es un «tó pa mí» de
+cuerpo entero y _Toño_ es un probetico desmamparao.
+
+--Tú no estás bien enterá, Tomasa; en estas cosas sa menester ajondar pa
+verles el fondo. Cuando el hombre se prendó de Rosalía, cuasi naide
+estaba enterao de esos quereles, poique se querían de contrabando; y lo
+que pasó fué que el _Rumboso_, que jacía ya cinco años que no veía a la
+muchacha, se la topó una tarde en el pueblo, y al hombre se le
+reverdeció la sangre, y el hombre está más solo que una esparraguera, y
+la zagala es güena y es bonita, y el hombre no sabía na de sus amoríos;
+y cuando el hombre se enteró, ya él le había hablao al de la
+_Embocaura_, y ya el _Pastañeta_ andaba de atajo en atajo aconsejándole
+que se pusiera bien con Dios y que jiciera testamento.
+
+--¿Pero es que no vas a acabar nunca? ¡No ves que se va a pegar la olla!
+
+--Ya arremato. Pos bien, esta tarde, miajita antes de que yo llegara, el
+_Rumboso_, que iba pa el lagarillo del _Zegrí_ montao en su
+_Ceniciento_, que es un jaco que vale un millón, al dir a dar la vuelta
+al olivar del _Tardío_, se topó manos a boca con el _Toño_, que estaba
+acechándolo entre las pitas de la linde.
+
+--Naturalmente, al echárselo a la cara, el señor Juan se comió la
+partía, poique estaba al cabo de la calle en lo tocante a las bocanás
+del otro; pero el hombre, que es prudente, se jizo el lila, y no hubiera
+chistao tan siquiera si el otro no se le hubiera atravesao en el camino,
+con la escopetá montá en la mano, diciéndole que se apeara pa hablar de
+la Rosalía.
+
+--Y miá tú lo que son las casolidades; en aquel mesmísimo momento
+desemboqué yo en la encrucijá, poique esto que yo sus he contao, esto lo
+sé yo por boca del _Rumboso_.
+
+--Y no acabarás, y la olla gruñe que te gruñe.
+
+--Ya acabo, jambrón, ya acabo. Pos bien, yo, al ver aquello, miré por si
+encontraba un boquete por donde colarme, pero el señor Juan, al verme
+llegar, me gritó riéndose:
+
+--No te vayas, _Pizarroso_, no te vayas, que me conviene que veas la
+corría.
+
+Y diciendo esto, saltó en tierra con la misma agiliá con que yo saltaba
+en mis moceáes, y endispués de jecharle las riendas sobre las crines al
+_Ceniciento_, le dijo a _Toño_ al mesmo tiempo que se iba pa él:
+
+--A ver si bajas ese juguete, chaval, poique si se te va el tiro y güelo
+la pólvora, no vas a volver a estornuar en toa tu vía.
+
+--Coja osté la suya, mostramo, cójala osté, poique esta tarde me queo
+con osté, u osté se quea conmigo.
+
+Y esto se lo decía el _Pastañeta_ reculando, jaciéndole puntería, con la
+cara del color de la gayomba y con los ojos espaventáos.
+
+--¡Yo qué he de quearme contigo! Yo no mato volantones.
+
+--No se acerque osté, y coja osté su escopeta; mire osté, mostramo, que
+hoy le jago yo a osté yesca el pecho.
+
+Y entoavía no había arrematao de icirlo, cuando le dió gusto al deo, y
+¡pum! ¡vaya un berrío que dió la vizcaína!
+
+--¿Y qué, encarnó?
+
+--Un plomo en un brazo na más, un plomo perdiguero; pero, camará, yo no
+he visto hombre más vivo ni más bravo que el _Rumboso_; entoavía no se
+había arrematao el estampío, cuando la escopeta de _Toño_ y el cuchillo
+que éste había sacao estaban en la cuneta, y _Toño_ en el suelo, sin
+poer mover un remo, tan y mientras el señor Juan le dicía con acento
+enfureció:
+
+--Eso que tú has jecho no se jace; los hombres no pelean sino como Dios
+manda; ¿y si yo ahora te diera lo que te mereces?
+
+--Démelo osté; máteme osté, mostramo; máteme osté, poique si hoy me ha
+faltao la puntería otro día me pué no faltar...
+
+--Anda y alevántate y vete, y otra vez no jechas tanta pólvora, poique
+con tanta pólvora no se le da un tiro a un cerro.
+
+Y diciendo esto, él mesmito alevantó al _Toño_, y le volvió las
+espaldas, tan tranquilo como si detrás tuviera una pareja de la
+benemérita.
+
+--¿Y el _Pastañeta_?
+
+--Pos el _Pastañeta_ se queó mirándolo y mirándome como atontao;
+endispués recogió la escopeta y el cuchillo, y de pronto, cuando ya el
+_Rumboso_ iba a montar, tira la jerramientas y se va pa el viejo, y baja
+los ojos, y le dice como si de pronto se hubiera vuelto tartamúo:
+
+--Mostramo, perdóneme osté; pero yo estoy loco, yo estoy desesperaíto;
+yo soy un probe, yo no tengo más calor en el mundo que mi Rosalía, y
+quitarme a mí mi Rosalía es sacarme el corazón del pecho, y es darme
+garrote vil, y es...
+
+Y al decir esto se le llenaron los ojos de lágrimas como puños; y miren
+ustedes, a mí también se me mojaron las parpagueras, poique la verdá es
+que aquello lo dijo el mozo de un móo... Ya ven ostedes cómo lo diría,
+que el _Rumboso_ le tendió la mano y le dijo:
+
+--Pedazo e bruto que eres, ¿poiqué no has hablao asín antes? ¿No
+comprendes tú que desde el punto y hora en que tú quisiste que me fuera
+a rumbo de valentía, yo no podía dirme, y que necesitaba antes de dirme
+probarte a ti y a tó el mundo que me iba poique me daba la gana, poique
+yo no le hago a naide estorsiones, y además que yo no estoy tan loco que
+quiera casarme con una jembra prendá de otro hombre? ¿Tú no comprendías
+eso, peazo de bruto que eres, tú no lo comprendías?
+
+Y ná, que se dieron las manos, y que se fué _Toño_ y que yo acompañé un
+ratico al _Rumboso_ y que me he venío tó el camino diciendo: «Ole con
+ole por los hombres machos con toas las de la ley», y lo he venío
+diciendo con tó el metal de mi voz y con toas las veritas de mi alma.
+
+Y momentos después humeaba el sabroso contenido de la olla en el enorme
+barreño donde la hubo de volcar la tía Tomasa, y sentábanse todos
+alrededor de la reducida mesa, a la oscilante luz de un enorme candil
+suspendido del alero de la chimenea, donde entre ramos de verde romero
+brillaban, como si fuesen de oro, las grandes calderas y los limpísimos
+peroles.
+
+
+
+
+Fuerte como la muerte.
+
+(PEDRO MATA)
+
+
+
+
+FUERTE COMO LA MUERTE
+
+
+De pie, con las manos en los bolsillos, frente a la luna del escaparate,
+estuvo largo rato mirando, vacilante y perplejo, sin acabar de
+decidirse. Se decidió por fin.
+
+--A ver, ese collar... ¿Me hace usted el favor?
+
+Un dependiente le sacó del escaparate y le extendió en el mostrador
+sobre un retal de terciopelo azul. El le examinó detenida y
+minuciosamente.
+
+--Sí, está bien... es bonito. Me gusta; ¿qué vale?
+
+--Para usted 1.200 pesetas.
+
+--¿Precio fijo?
+
+El dueño de la tienda intervino.
+
+--A un cliente como usted, don Joaquín, no se le pide en esta casa más
+que lo justo. Es usted bastante inteligente para que haya necesidad de
+hacer el artículo. De todos modos, usted se le lleva, le manda tasar, y
+con arreglo a la tasación me da usted lo que guste.
+
+--Es que, además, no las llevo encima.
+
+--Usted se pasa por aquí cuando quiera. No hay prisa ninguna.
+
+Salió muy contento, satisfechísimo de la compra. Llegó a casa, y en la
+misma puerta preguntó a la doncella que le salió a abrir:
+
+--¿Cómo está la señorita?
+
+--Bien; muy tranquila toda la tarde. Hace poco se quedó dormida.
+
+Entró de puntillas en la alcoba y dilatando las pupilas para orientarse
+bien en la penumbra llegó pausadamente hasta la cama y se inclinó sobre
+la enferma. Al roce imperceptible de la ropa, Paulina abrió los ojos.
+
+--Creí que dormías.
+
+--No.
+
+--¿Cómo estás?
+
+--Parece que mejor. No tengo fatiga. He podido descansar un ratito.
+
+--Naturalmente, mujer, y te pondrás muy pronto buena. Roldán me dijo
+ayer que estás en franca mejoría. Lo que hace falta es que no seas
+aprensiva, que te animes. Es necesario que pongas de tu parte un poquito
+de buena voluntad.
+
+--¡Voluntad! ¡Ay, si con la voluntad se pudiera vivir!
+
+--Vamos, no seas tonta; no quiero verte así.--Dió luz al globo de
+cristal que colgaba sobre la cabecera y se sentó en el borde de la
+cama.--Te he comprado una cosa, una sorpresa, ¿sabes? ¿Qué me das si te
+gusta?
+
+--Pobrecita de mí, ¡qué quieres que te dé!
+
+--Un poco de alegría. Yo con verte reir tengo bastante.--Sacó el estuche
+del bolsillo y la entregó el collar. Ella, al verle, dió un grito de
+contento y lo cogió con sus manos febriles.--¡Ay, qué lindo! ¡Qué
+bonito!... ¡Qué cosa más preciosa!--Mas en seguida, con una brusca
+transición, cambió de tono:--Pero, ¿por qué haces esto? ¿Por qué te
+gastas el dinero en esto? ¡Yo para qué lo quiero, si no lo he de lucir!
+
+--¿Que no? En cuantito que te pongas buena.
+
+Y como ella moviese la cabeza con ademán de desaliento, agregó
+vivamente, temblorosa la voz de amor y de ternura:--Tontina, si no
+creyese que le ibas a lucir, ¿te le compraría? Ven acá, te le voy a
+poner. Verás qué lindo.--Y, en efecto, él mismo se lo puso, cerró el
+broche y fué a buscar un espejo para que se mirase.--¡Eh! ¿Qué tal?
+
+--Muy lindo.
+
+Acodada sobre las almohadas, el espejo en la mano, se estuvo
+contemplando mucho tiempo. Separó con los dedos algunos bucles
+desrizados que le caían sobre la frente y se mordisqueó los labios
+exangües y descoloridos.
+
+--¡Qué pálida estoy!
+
+--Es la luz, nena.
+
+--Por Dios, no digas... Estoy horrible. Parezco una muerta.--Dió un gran
+suspiro, tiró el espejo y se dejó caer sobre la almohada.--Estoy muy
+mala, Joaquín. Vosotros no me queréis creer, no me hacéis caso y yo
+estoy muy mala.
+
+El, conmovido, la miró en silencio. Luego, de pronto:
+
+--Oye, está una tarde magnífica; no hace nada de frío. ¿Quieres que abra
+un momento el balcón?
+
+--Sí, abre un poquito, para que se ventile. Huele mal, ¿verdad?
+
+--No, nenita, no es eso. No huele más que a etilo, y ya sabes que a mí
+este olor no me disgusta. Me sabe a plátanos y a ilang-ilang. Era para
+fumar un cigarro.
+
+Para fumar un cigarro y para que ella no viese que las lágrimas le
+llenaban los ojos. Cruzó el gabinete, abrió el balcón y se acodó en la
+barandilla. Sobre la línea recta y dura de los tejados de la casa de
+enfrente, la tarde comenzaba a morir en un crepúsculo de color de malva
+de una diafanidad imponderable. A lo lejos, por el andén del bulevar,
+unas niñas venían cantando enlazadas del talle. Ennoblecida por la
+distancia, sonaba la canción melancólica y triste:
+
+ --¿Dónde vas, Alfonso doce,
+ dónde vas, triste de ti?
+ --Voy en busca de Mercedes,
+ que ayer tarde no la vi.
+
+La canción infantil se metió como un puñal en su corazón dolorido.
+También él, dentro de poco, no vería más a su Paulina. ¡Qué horror!...
+¡Qué pena! Morir en plena juventud, cuando con más ansia se ambiciona la
+vida... Morir a los treinta años, ¡tan bonita, tan buena, tan adorada,
+tan feliz!... Alzó los ojos, y turbios de llanto los clavó en la
+serenidad del crepúsculo.--¡Señor, Señor, qué te hemos hecho para que
+nos trates así! ¡Por qué no me eliges a mí y la salvas a ella! ¿Por qué
+te complaces en segar las vidas en flor?
+
+Desde que se dió cuenta de la gravedad de su mujer, todos los días, en
+sus oraciones, elevaba a Dios la misma súplica. Mas Dios no la atendía.
+El, a pesar de sus cincuenta años, de su vida de luchador, ajetreada y
+dura, cada vez estaba más fuerte, más robusto, más lleno de salud; y, en
+cambio ella, la pobre nena, rodeada de lujos y de comodidades, mimada y
+consentida, tenía en el pecho un corazón que no servía para nada, un
+corazón inútil que se iría a romper cualquier momento como una figurita
+de biscuit. Los médicos se lo habían dicho leal y rudamente. Todo es
+inútil. No se puede hacer nada. No queda más que resignarse y esperar.
+
+Y así llevaba esperando dos años, viéndola vivir artificialmente a
+fuerza de tónicos y cordiales; asistiendo impotente a los tremendos
+ataques de disnea; contemplando con horror cómo aumentaba la hinchazón
+del cuerpo, cómo se embotaba la sensibilidad, cómo se abría la piel en
+llagas espantosas. Así llevaba dos años, rodeándola de cuidado y de
+mimo, concretado exclusivamente a ella, siempre vigilante y atento para
+hacerle las horas agradables, el ambiente propicio, para apartar de la
+tristeza de la alcoba todo lo que pudiera ser emoción violenta y
+sensación desagradable, y, sobre todo, para infiltrar en su alma, día
+tras día, con tenacidad piadosa, el engaño sutil de una mentira que ella
+se negaba a aceptar.--No, Joaquín, no; yo estoy muy mala. Estoy mucho
+más mala de lo que creéis.
+
+Unas voces argentinas que sonaban en la alcoba le trajeron a la
+realidad. Eran los nenes, que habían vuelto del colegio y entraban a
+besar a su madre. Joaquín cerró el balcón y fué a verlos. Joaquinito, el
+pequeño, se había encaramado y trepaba gateando por la colcha arriba.
+Luisita, la mayor, jugaba con las cuentas del collar.
+
+--¡Qué bonito! Dí, mamá, ¿te le ha traído papá?
+
+--Sí, ángel mío.
+
+--¿Y a mí no me ha traído ninguno?
+
+Paulina alzó la mano y sus dedos hinchados y torpes acariciaron los
+cabellos dorados de la niña.
+
+--No te ha traído ninguno porque éste es para ti. Para ti, ángel mío. Tú
+le llevarás cuando yo me muera.
+
+--Bueno; pero como tú no te vas a morir...
+
+Ella no contestó. Un gesto doloroso crispó toda su cara, y se le
+llenaron de lágrimas los ojos. Joaquín cogió a los niños y los puso
+dulcemente en el pasillo.
+
+--Id a la cocina y decid a Juana que os dé de merendar.
+
+Luego, al ver que Paulina seguía sollozando:
+
+--Pero, nena, por Dios, no seas así... no te pongas así... ¿No
+comprendes que te perjudicas? Te excitas, te emocionas, viene la fatiga
+y...
+
+Paulina seguía llorando. Se inclinó sobre ella y la besó en los ojos con
+caricias de inefable ternura.
+
+--Mi nenita... ¡mi nena!... Vamos, ¿lo ves?... ¿Lo ves?... ¡Si ya lo
+sabía yo!
+
+Fue tremendo el ataque; tan violento que, a pesar de estar él
+acostumbrado a presenciarlos, hubo un instante en que perdió la
+serenidad y se asustó, creyendo que era el último. Afortunadamente, la
+digital y el cloruro de etilo surtieron sus efectos, y el ataque pasó;
+aclaróse la vidriosidad de las pupilas; cesaron las violentas sacudidas
+crispantes, los saltos descompasados del corazón y el ronco silbar de la
+garganta. Quedóse de cara a la pared, bañada en sudor, aniquilada,
+destrozada, rendida. El, conmovido, la miraba en silencio. Luego, al
+cabo de un rato:
+
+--¿Quieres que te quite el collar? Te molesta, ¿verdad?
+
+Pasó dulcemente una mano por debajo del cuello y desabrochó el cierre.
+Al ir a retirarla, sus dedos tropezaron debajo de la almohada con una
+hoja de papel. La cogió inconscientemente, sin darse cuenta. Ella no se
+movió. Fué al gabinete a dejar el collar y, por curiosidad, miró el
+papel: medio pliego de cartas escrito con lápiz.
+
+«Mi alma:
+
+Una convulsión nerviosa le cerró los ojos.
+
+Los volvió a abrir.
+
+«Mi alma: Te escribo estas dos líneas aprovechando un momento en que me
+dejan sola. Estoy muy mala. Sé que nunca más me volverás a ver. Esta es
+la única pena que tengo: morirme sin...»
+
+No decía más.
+
+Se llevó una mano a los ojos y con la otra se apoyó en una silla, porque
+todo su cuerpo vacilaba. Así estuvo mucho tiempo, mucho. Luego,
+lentamente, volvió a la alcoba. A medida que avanzaba hacia el lecho, se
+le aceraban las pupilas y las manos se le crispaban como garras de
+presa; tremolaron un segundo sobre la cabeza de Paulina y en seguida se
+estrujaron, enlazadas con ademán de desesperación y de impotencia. Ella
+no se había movido. Dormía dulcemente, reposadamente.
+
+De pie junto a la cama, la miró largo rato. Al suave resplandor del
+globo azul colgado de la cabecera estuvo contemplando los bucles
+desrizados y marchitos, los párpados translúcidos, las ojeras amoratadas
+y profundas, los labios secos, incoloros y exangües; las manchas
+cárdenas de la piel, lustrosas aun de sudor. Una carcajada infantil
+resonó en el pasillo, y pasaron los niños retozando.
+
+Abrió muy despacio la puerta y, con ademán imperioso, les impuso
+silencio:
+
+--¡Chisss...! Mamá está dormida. No hagáis ruido.
+
+ * * * * *
+
+
+Errores corregidos por el etext transcriptor:
+
+gritando:--«No;=> gritando:--«¡No; {pág 30}
+
+sobre esta roidlla=> sobre esta rodilla {pág 21}
+
+»Oh, Dios mío!=> »¡Oh, Dios mío! {pág 28}
+
+limpia de pelo las otras=> limpias de pelo las otras {pág 35}
+
+la senda de sus sueños.=> la senda de sus sueños! {pág 67}
+
+ESCENA IX=> ESCENA IV {pág 71}
+
+en tus presencia=> en tu presencia {pág 72}
+
+La nadre y la hermana=> La madre y la hermana {pág 91}
+
+Ah, en cuanto a eso sí.=> Ah, en cuanto a eso sí! {pág 105}
+
+yo padre y tu madre=> yo padre y tú madre {pág 108}
+
+quien su padre recomendaban el cuidado=> quien su padres recomendaban el
+cuidado {pág 128}
+
+encueros vivos=> en cueros vivos {pág 128}
+
+brillaban las gusanos=> brillaban los gusanos {pág 162}
+
+La epopeya de una zíngraa=> La epopeya de una zíngara {pág 165}
+
+fué lllamada=> fué llamada {pág 224}
+
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of La voz de la conseja, t.I,
+compiled by Emilio Carrère
+
+*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 40827 ***
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@@ -1,6039 +0,0 @@
-The Project Gutenberg EBook of La voz de la conseja, t.I,
-compiled by Emilio Carrre,
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
-almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
-re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
-with this eBook or online at www.gutenberg.org/license
-
-
-Title: La voz de la conseja, t.I
-
-Authors: Benito Prez Galds
- Jacinto Benavente
- Condesa De Pardo Bazn
- Miguel De Unamuno
- Armando Palacio-valds
- Rubn Daro
- Po Baroja
- Joaqun Dicenta
- Ricardo Len
- Jos Nogales
- Pedro De Rpide
- Arturo Reyes
- Pedro Mata
-
-Editor: Emilio Carrre
-
-Release Date: September 22, 2012 [EBook #40827]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: ISO-8859-1
-
-*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA VOZ DE LA CONSEJA, T.I ***
-
-
-
-
-Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
-Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This file was
-produced from images available at The Internet Archive)
-
-
-
-
-
-
-
-En esta edicin se han mantenido las convenciones ortogrficas del
-original, incluyendo las variadas normas de acentuacin presentes en el
-texto. (la lista de errores corregidos sigue el texto.)
-(nota del transcriptor)
-
-
-
-
-
-_La Voz de la Conseja_
-
-
-
-
-La Voz
-de la Conseja
-
-Seleccin
-de las mejores novelas breves y cuentos de
-los ms esclarecidos literatos.
-
-Recopilacin hecha
-por
-Emilio Carrre
-
-Firmas del tomo primero
-
-Galds.--Benavente.--Condesa de Pardo Bazn.--Unamuno.--Palacio
-Valds.--Rubn Daro.--Baroja.--Dicenta.--Ricardo
-Len.--Nogales.--Rpide.--Arturo
-Reyes y Pedro Mata.
-
-V. H. SANZ CALLEJA
-
-Editores e Impresores
-
-C. Central: Montera, 31.--Talleres: R. Atocha, 23
-
-MADRID
-
-:ES PROPIEDAD:
-
-
-
-
-INDICE
-
-
-_BENITO PREZ GALDS_
-
-_La novela en el tranva_ 17
-
-_JACINTO BENAVENTE_
-
-_El criado de Don Juan_ 59
-
-_CONDESA DE PARDO BAZN_
-
-_Viernes Santo_ 77
-
-_MIGUEL DE UNAMUNO_
-
-_El sencillo Don Rafael_ 99
-
-_ARMANDO PALACIO-VALDS_
-
-_Solo!_ 111
-
-_RUBN DARO_
-
-_El Rey burgus_ 137
-
-_PO BAROJA_
-
-_Elizabide el Vagabundo_ 149
-
-JOAQUN DICENTA
-
-_La epopeya de una zngara_ 165
-
-RICARDO LEN
-
-_Los tres reyes de Oriente_ 175
-
-JOS NOGALES
-
-_Las tres cosas del to Juan_ 187
-
-PEDRO DE RPIDE
-
-_La enamorada indiscreta_ 203
-
-ARTURO REYES
-
-_Cosas de hombre_ 249
-
-PEDRO MATA
-
-_Fuerte como la muerte_ 261
-
-
-
-
-_AL EMPEZAR_
-
-
-_La Casa editorial V. H. de Sanz Calleja me encarga esta Antologa de
-cuentistas de habla castellana. No es tarea tan humilde la del
-seleccionador, pues hace falta un exquisito sentido esttico para poder
-elegir lo mejor en la maravillosa labor literaria de los altos ingenios
-que honran estas pginas de_ LA VOZ DE LA CONSEJA...
-
-_Yo creo que esta coleccin de cuentos tiene un gran valor
-bibliogrfico; es un documento brillante de este nuevo siglo de oro de
-la novela espaola, que comienza con el nombre glorioso de don Benito
-Prez Galds. En estas hojas est el gran espritu de una poca noble,
-fecunda, preada de ideal artstico, encerrado como en un tabernculo. Y
-tambin me parece que la publicacin de_ LA VOZ DE LA CONSEJA _es una
-prueba de amor al libro espaol, un acicate para la curiosidad del
-lector indolente y un selecto regalo para el espritu del lector culto_.
-
-_No osar jams hacer una resea crtica de los nombres insignes que en
-este primer tomo os ofrecen gallardas muestras de su talento; slo
-quiero decir sus nombres y los ttulos de sus cuentos, para deleitarme
-al recordar el encantador, sano e ingenuo humorismo de Galds en_ La
-novela en el tranva; _las prosas madrigalescas, hondas y miniadas de
-Benavente en_ El criado de Don Juan _y la recia y sabrosa urdimbre
-novelesca, palpitante de rebelda, de amor y de dolor de_ Viernes Santo,
-_de la condesa de Pardo Bazn. Palacio Valds, el maestro solitario, os
-ofrece su novela_ Solo!, _digna de la pluma egregia que traz_ La aldea
-perdida. _Todas las palabras de elogio son pobres para este coloso de la
-novela contempornea_. El sencillo Don Rafael, cazador y tresillista _es
-una conmovedora y grcil narracin de Unamuno, el espritu ms hondo,
-ms multiforme, el corazn ms en carne viva de esta poca de
-inquietudes de conciencia y de lucha desesperada por la vida y por las
-ideas. Burla burlando_, El sencillo Don Rafael _es de una emocin que
-hace llorar y a un tiempo ofrece un alto ejemplo de belleza moral dentro
-de una naturalidad encantadora_.
-
-_Jos Nogales, el castellano artfice de la prosa, nos brinda_ Las tres
-cosas del to Juan, _el cuento a que debi su consagracin. Arturo Reyes
-fu un gran cuentista regional, como lo prueba en_ Cosas de hombre,
-_lleno de gracejo, de ambiente, dueo de la dificilsima tcnica del
-arte del cuento. Como gratitud a la honda emocin esttica que nos
-dieron, pongamos un recuerdo, como una hoja de laurel, sobre la piedra
-de estos dos ilustres cuentistas, muertos ya_.
-
-La epopeya de una zngara, _de Joaqun Dicenta, es un jirn de realidad
-salvaje, ensangrentada, aullante de dolor. Es de lo ms personal de
-este insigne dramaturgo espaol, todo pasin y violencia, que hoy, da
-21 de Febrero, est encerrado entre las cuatro tablas hrridas de un
-atad. Taladrante coincidencia! Cuando me dispongo a hacer esta frvola
-resea, los peridicos dicen la muerte del autor de_ Juan Jos. _Fu un
-gran corazn y un temperamento nico, insuperable de artista_. La
-epopeya de una zngara _refleja fielmente el rico carcter emocional de
-este escritor_.
-
-_El artista de la crnica, Pedro de Rpide, nos regala con su novela_ La
-enamorada indiscreta, _escrita donosamente y con toda pureza a la manera
-clsica de la novela del siglo ureo_.
-
-_Pedro Mata, en_ Fuerte como la muerte, _traza una irnica elega
-henchida de emocin dramtica_.
-
-_El prestigio de estos nombres y de los de Baroja y Len nos hace
-esperar que_ LA VOZ DE LA CONSEJA _sea un gran xito editorial. En los
-volmenes sucesivos seguiremos publicando cuentos y novelas breves de
-lo ms florido de la intelectualidad espaola_.
-
-_Todas las orientaciones, todos los estilos, como gua del lector
-quedarn grabados en estas pginas. Segn sus afinidades, el que lea,
-buscar despus las obras completas de sus autores predilectos, La Casa
-editorial Sanz Calleja ama el libro y cuida de su presentacin con el
-mayor gusto artstico; no es slo el estmulo comercial el que la gua;
-acomete la empresa romntica de hacer lectores y de_ hacer _libreros
-amantes del libro espaol. Los libros de grandes firmas, de bella
-presentacin y muy baratos tendrn millares de lectores que acudirn al
-mostrador del librero, y ste saldr de su xtasis de fakir, y al par
-que gana dinero aprender a tomar cario al libro. Hay que hacer la
-reconquista espiritual de Amrica: antao fueron los capitanes, ogao
-son los mercaderes de libros_.
-
-_Hemos credo, juntamente editores y recopilador_, _que_ LA VOZ DE LA
-CONSEJA _era un libro indispensable en esta labor de bibliofilia.
-Adems, hasta hoy no haba una coleccin con honores de Antologa de los
-cuentistas castellanos modernos. Recuerdo unos trozos escogidos para
-lectura en las escuelas de prvulos, que acababa en Jovellanos y
-Martnez de la Rosa. Del siglo_ XIX _no se haba editado nada, que yo
-recuerde, hasta_ LA VOZ DE LA CONSEJA, _mientras que en Francia hay por
-lo menos diez florilegios por cada generacin literaria_.
-
-_En estas pginas daremos acogida, no slo a los cuentistas espaoles,
-sino tambin a los hermanos en lengua cervantina de las Repblicas
-latinas de Amrica. Tan espaoles son como nosotros por la lengua, que
-es el espritu, razn ms fuerte esta del idioma que la geogrfica_.
-
-_En este primer tomo damos_ El Rey burgus, _de Rubn Daro, uno de los
-grandes artistas_--_no de Amrica ni de Espaa, sino de la Humanidad y
-de todos los tiempos_.
-
-_Abramos la primera pgina de_ LA VOZ DE LA CONSEJA _con el alma
-despierta a la emocin del arte y recojmonos. La voz gloriosa de
-Galds, el patriarca de la novela, comienza a sonar. Devotamente,
-oid_...
-
-_E. CARRERE_
-
-
-
-
-La Novela en el Tranva.
-
-(GALDS)
-
-
-
-
-LA NOVELA EN EL TRANVIA
-
-
-I
-
-El coche parta de la extremidad del barrio de Salamanca, para atravesar
-todo Madrid en direccin al de Pozas. Impulsado por el egosta deseo de
-tomar asiento antes que las dems personas movidas de iguales
-intenciones, ech mano a la barra que sustenta la escalera de la
-imperial, puse el pie en la plataforma y sub; pero en el mismo instante
-oh previsin! tropec con otro viajero que por el opuesto lado entraba.
-Le miro y reconozco a mi amigo el Sr. D. Dionisio Cascajares de la
-Vallina, persona tan inofensiva como discreta, que tuvo en aquella
-crtica ocasin la bondad de saludarme con un sincero y entusiasta
-apretn de manos.
-
-Nuestro inesperado choque no haba tenido consecuencias de
-consideracin, si se excepta la abolladura parcial de cierto sombrero
-de paja puesto en la extremidad de una cabeza de mujer inglesa, que
-tras de mi amigo intentaba subir, y que sufri sin duda por falta de
-agilidad, el rechazo de su bastn.
-
-Nos sentamos sin dar al percance exagerada importancia, y empezamos a
-charlar. El Sr. D. Dionisio Cascajares es un mdico afamado, aunque no
-por la profundidad de sus conocimientos patolgicos, y un hombre de
-bien, pues jams se dijo de l que fuera inclinado a tomar lo ajeno, ni
-a matar a sus semejantes por otros medios que por los de su peligrosa y
-cientfica profesin. Bien puede asegurarse que la amenidad de su trato
-y el complaciente sistema de no dar a los enfermos otro tratamiento que
-el que ellos quieren, son causa de la confianza que inspira a multitud
-de familias de todas jerarquas, mayormente cuando tambin es fama que
-en su bondad sin lmites presta servicios ajenos a la ciencia, aunque
-siempre de ndole rigurosamente honesta.
-
-Nadie sabe como l sucesos interesantes que no pertenecen al dominio
-pblico, ni ninguno tiene en ms estupendo grado la mana de preguntar,
-si bien este vicio de exagerada inquisitividad se compensa en l por la
-prontitud con que dice cuanto sabe, sin que los dems se tomen el
-trabajo de preguntrselo. Jzguese por esto si la compaa de tan
-hermoso ejemplar de la ligereza humana ser solicitada por los curiosos
-y por los lenguaraces.
-
-Este hombre, amigo mo, como lo es de todo el mundo, era el que sentado
-iba junto a m cuando el coche, resbalando suavemente por su calzada de
-hierro, bajaba la calle de Serrano, detenindose alguna vez para llenar
-los pocos asientos que quedaban ya vacos. Ibamos tan estrechos que me
-molestaba grandemente el paquete de libros que conmigo llevaba, y ya le
-pona sobre esta rodilla, ya sobre la otra, ya por fin me resolv a
-sentarme sobre l, temiendo molestar a la seora inglesa, a quien cupo
-en suerte colocarse a mi siniestra mano.
-
---Y usted adnde va?--me pregunt Cascajares, mirndome por encima de
-sus espejuelos azules, lo que me haca el efecto de ser examinado por
-cuatro ojos.
-
-Contestle evasivamente, y l, deseando sin duda no perder aquel rato
-sin hacer alguna til investigacin, insisti en sus preguntas diciendo:
-
---Y Fulanito, qu hace? Y Fulanito dnde est? con otras indagatorias
-del mismo jaez, que tampoco tuvieron respuesta cumplida.
-
-Por ltimo, viendo cun intiles eran sus tentativas para pegar la
-hebra, ech por camino ms adecuado a su expansivo temperamento y empez
-a desembuchar.
-
---Pobre Condesa!--dijo expresando con un movimiento de cabeza y un
-visaje, su desinteresada compasin. Si hubiera seguido mis consejos no
-se vera en situacin tan crtica.
-
---Ah! es claro--, contest maquinalmente, ofreciendo tambin el tributo
-de mi compasin a la seora Condesa.
-
---Figrese usted,--prosigui,--que se han dejado dominar por aquel
-hombre! Y aquel hombre llegar a ser el dueo de la casa. Pobrecilla!
-Cree que con llorar y lamentarse se remedia todo, y no. Urge tomar una
-determinacin. Porque ese hombre es un infame, le creo capaz de los
-mayores crmenes.
-
---Ah! S es atroz!--dije yo, participando irreflexivamente de su
-indignacin.
-
---Es como todos los hombres de malos instintos y de baja condicin que
-si se elevan un poco, luego no hay quien los sufra. Bien claro indica su
-rostro que de all no puede salir cosa buena.
-
---Ya lo creo, eso salta a la vista.
-
---Le explicar a usted en breves palabras. La Condesa es una mujer
-excelente, angelical, tan discreta como hermosa, y digna por todos
-conceptos de mejor suerte. Pero est casada con un hombre que no
-comprende el tesoro que posee, y pasa la vida entregado al juego y a
-toda clase de entretenimientos ilcitos. Ella entretanto se aburre y
-llora. Es extrao que trate de sofocar su pena divirtindose
-honestamente aqu, y all, donde quiera que suena un piano? Es ms, yo
-mismo se lo aconsejo y le digo: Seora, procure usted distraerse, que
-la vida se acaba. Al fin el seor Conde se ha de arrepentir de sus
-locuras y se acabarn las penas. Me parece que estoy en lo cierto.
-
---Ah! sin duda--, contest con oficiosidad, continuando en mis adentros
-tan indiferente como al principio a las desventuras de la Condesa.
-
---Pero no es eso lo peor--aadi Cascajares, golpeando el suelo con su
-bastn--sino que ahora el seor Conde ha dado en la flor de estar
-celoso... s, de cierto joven que se ha tomado a pechos la empresa de
-distraer a la Condesa.
-
---El marido tendr la culpa de que lo consiga.
-
---Todo eso sera insignificante, porque la Condesa es la misma virtud;
-todo eso sera insignificante, digo, si no existiera un hombre
-abominable que sospecho ha de causar un desastre en aquella casa.
-
---De veras? Y quin es ese hombre?--pregunt con una chispa de
-curiosidad.
-
---Un antiguo mayordomo muy querido del Conde, y que se ha propuesto
-martirizar a la infeliz cuanto sensible seora. Parece que se ha
-apoderado de cierto secreto que la compromete, y con esta arma
-pretende... qu s yo... Es una infamia!
-
---S que lo es, y ello merece un ejemplar castigo--dije yo, descargando
-tambin el peso de mis iras sobre aquel hombre.
-
---Pero ella es inocente; ella es un ngel... Pero, calle! estamos en la
-Cibeles. S; ya veo a la derecha el parque de Buenavista. Mande usted
-parar, mozo; que no soy de los que hacen la gracia de saltar cuando el
-coche est en marcha, para descalabrarse contra los adoquines. Adis, mi
-amigo, adis.
-
-Par el coche y baj D. Dionisio Cascajares y de la Vallina, despus de
-darme otro apretn de manos y de causar segundo desperfecto en el
-sombrero de la dama inglesa, an no repuesta del primitivo susto.
-
-
-II
-
-Sigui el mnibus su marcha y cosa singular! yo a mi vez segu pensando
-en la incgnita Condesa, en su cruel y suspicaz consorte, y sobre todo
-en el hombre siniestro que, segn la enrgica expresin del mdico, a
-punto estaba de causar un desastre en la casa. Considera, lector, lo que
-es el humano pensamiento: cuando Cascajares principi a referirme
-aquellos sucesos, yo renegaba de su inoportunidad y pesadez, mas poco
-tard mi mente en apoderarse de aquel mismo asunto, para darle vueltas
-de arriba abajo, operacin psicolgica que no deja de ser estimulada por
-la regular marcha del coche y el sordo y montono rumor de sus ruedas,
-limando el hierro de los carriles.
-
-Pero al fin dej de pensar en lo que tan poco me interesaba, y
-recorriendo con la vista el interior del coche, examin uno por uno a
-mis compaeros de viaje. Cun distintas caras y cun diversas
-expresiones! Unos parecen no inquietarse ni lo ms mnimo de los que van
-a su lado; otros pasan revista al corrillo con impertinente curiosidad;
-unos estn alegres, otros tristes, aquel bosteza, el de ms all re, y
-a pesar de la brevedad del trayecto, no hay uno que no desee terminarlo
-pronto. Pues entre los mil fastidios de la existencia, ninguno aventaja
-al que consiste en estar una docena de personas mirndose las caras sin
-decirse palabra, y contndose recprocamente sus arrugas, sus lunares, y
-ste o el otro accidente observado en el rostro o en la ropa.
-
-Es singular este breve conocimiento con personas que no hemos visto y
-que probablemente no volveremos a ver. Al entrar, ya encontramos a
-alguien; otros vienen despus que estamos all; unos se marchan,
-quedndonos nosotros, y por ltimo tambin nos vamos. Imitacin es esto
-de la vida humana, en que el nacer y el morir son como las entradas y
-salidas a que me refiero, pues van renovando sin cesar en generaciones
-de viajeros el pequeo mundo que all dentro vive. Entran, salen; nacen,
-mueren... Cuntos han pasado por aqu antes que nosotros!
-
-Cuntos vendrn despus!
-
-Y para que la semejanza sea ms completa, tambin hay un mundo chico de
-pasiones en miniatura dentro de aquel cajn. Muchos van all que se nos
-antojan excelentes personas, y nos agrada su aspecto y hasta les vemos
-salir con disgusto. Otros, por el contrario, nos revientan desde que les
-echamos la vista encima: les aborrecemos durante diez minutos;
-examinamos con cierto rencor sus caracteres frenolgicos y sentimos
-verdadero gozo al verles salir. Y en tanto sigue corriendo el vehculo,
-remedo de la vida humana; siempre recibiendo y soltando, uniforme,
-incansable, majestuoso, insensible a lo que pasa en su interior; sin que
-le conmuevan ni poco ni mucho las mal sofocadas pasioncillas de que es
-mudo teatro; siempre corriendo, corriendo sobre las dos interminables
-paralelas de hierro, largas y resbaladizas como los siglos.
-
-Pensaba en esto mientras el coche suba por la calle de Alcal, hasta
-que me sac del golfo de tan revueltas cavilaciones el golpe de mi
-paquete de libros al caer al suelo. Recogido al instante, mis ojos se
-fijaron en el pedazo de peridico que serva de envoltorio a los
-volmenes, y maquinalmente leyeron medio rengln de lo que all estaba
-impreso. De sbito sent vivamente picada mi curiosidad; haba ledo
-algo que me interesaba, y ciertos nombres esparcidos en el pedazo de
-folletn hirieron a un tiempo la vista y el recuerdo. Busqu el
-principio y no lo hall: el papel estaba roto, y nicamente pude leer,
-con curiosidad primero y despus con afn creciente, lo que sigue:
-
-Senta la Condesa una agitacin indescriptible. La presencia de
-Mudarra, el insolente mayordomo, que olvidando su bajo orgen atrevase
-a poner los ojos en persona tan alta, le causaba continua zozobra. El
-infame la estaba espiando sin cesar, la vigilaba como se vigila a un
-preso. Ya no le detena ningn respeto, ni era obstculo a su infame
-asechanza la debilidad y delicadeza de tan excelente seora.
-
-Mudarra penetr a deshora en la habitacin de la Condesa, que plida y
-agitada, sintiendo a la vez vergenza y terror, no tuvo nimo para
-despedirle.
-
---No se asuste usa, seora Condesa--, dijo con forzada y siniestra
-sonrisa, que aument la turbacin de la dama;--no vengo a hacer a usa
-dao alguno.
-
---Oh, Dios mo! Cundo acabar este suplicio!--exclam la dama,
-dejando caer sus brazos con desaliento. Salga usted; yo no puedo acceder
-a sus deseos. Qu infamia! Abusar de ese modo de mi debilidad, y de la
-indiferencia de mi esposo, nico autor de tantas desdichas!
-
---Por qu tan arisca, seora Condesa?--aadi el feroz mayordomo--. Si
-yo no tuviera el secreto de su perdicin en mi mano; si yo no pudiera
-imponer al seor Conde de ciertos particulares... pues... referentes a
-aquel caballerito... Pero, no abusar, no, de estas terribles armas.
-Usted me comprender al fin, conociendo cun desinteresado es el grande
-amor que ha sabido inspirarme.
-
-Al decir esto, Mudarra di algunos pasos hacia la Condesa, que se alej
-con horror y repugnancia de aquel monstruo.
-
-Era Mudarra un hombre como de cincuenta aos, moreno, rechoncho y
-patizambo, de cabellos speros y en desorden, grande y colmilluda la
-boca. Sus ojos medio ocultos tras la frondosidad de largas, negras y
-espessimas cejas, en aquellos instantes expresaban la ms bestial
-concupiscencia.
-
---Ah, puerco espn!--exclam con ira al ver el natural despego de la
-dama.--Qu desdicha no ser un mozalbete almidonado! Tanto remilgo
-sabiendo que puedo informar al seor Conde... Y me creer, no lo dude
-usa: el seor Conde tiene en m tal confianza, que lo que yo digo es
-para l el mismo Evangelio... pues... y como est celoso... si yo le
-presento el papelito...
-
---Infame!--grit la Condesa con noble arranque de indignacin y
-dignidad.--Yo soy inocente; y mi esposo no ser capaz de prestar odos a
-tan viles calumnias. Y aunque fuera culpable prefiero mil veces ser
-despreciada por mi marido y por todo el mundo, a comprar mi tranquilidad
-a ese precio. Salga usted de aqu al instante.
-
---Yo tambin tengo mal genio, seora Condesa--, dijo el mayordomo
-devorando su rabia--; yo tambin gasto mal genio, y cuando me amosco...
-Puesto que usa lo toma por la tremenda, vamos por la tremenda. Ya s lo
-que tengo que hacer, y demasiado condescendiente he sido hasta aqu. Por
-ltima vez propongo a usa que seamos amigos, y no me ponga en el caso
-de hacer un disparate... con que seora ma...
-
-Al decir esto Mudarra contrajo la pergaminosa piel y los rgidos
-tendones de su rostro haciendo una mueca parecida a una sonrisa, y di
-algunos pasos como para sentarse en el sof junto a la Condesa. Esta se
-levant de un salto gritando:--No; salga usted! Infame! Y no tener
-quien me defienda... Salga usted!
-
-El mayordomo, entonces era como una fiera a quien se escapa la presa
-que ha tenido un momento antes entre sus uas. Di un resoplido, hizo un
-gesto de amenaza y sali despacio con pasos muy quedos. La Condesa,
-trmula y sin aliento, refugiada en la extremidad del gabinete, sinti
-las pisadas que alejndose se perdan en la alfombra de la habitacin
-inmediata y respir al fin cuando le consider lejos. Cerr las puertas
-y quiso dormir; pero el sueo hua de sus ojos an aterrados con la
-imagen del monstruo.
-
-CAPITULO XI.--_El Complot_.--Mudarra, al salir de la habitacin de la
-Condesa, se dirigi a la suya y dominado por fuerte inquietud nerviosa,
-comenz a registrar cartas y papeles diciendo entre dientes. Ya no
-aguanto ms; me las pagar todas juntas. Despus se sent, tom la
-pluma, y poniendo delante una de aquellas cartas, y examinndola bien
-empez a escribir otra tratando de remedar la letra. Mudaba la vista con
-febril ansiedad del modelo a la copia y por ltimo despus de gran
-trabajo escribi con caracteres enteramente iguales a los del modelo la
-carta siguiente, cuyo sentido era de su propia cosecha: _Haba
-prometido a usted una entrevista y me apresuro..._
-
-El folletn estaba roto y no pudo leer ms.
-
-
-III
-
-Sin apartar la vista del paquete, me puse a pensar en la relacin que
-exista entre las noticias sueltas que o de boca del seor Cascajares y
-la escena leda en aquel papelucho, folletn, sin duda, traducido de
-alguna desatinada novela de Ponson du Terrail o de Montepn. Ser una
-tontera, dije para m, pero es lo cierto que ya me inspira inters esa
-seora Condesa, vctima de la barbarie de un mayordomo imposible, cual
-no existe sino en la trastornada cabeza de algn novelista nacido para
-aterrar a las gentes sencillas. Y qu hara el maldito para vengarse?
-Capaz sera de imaginar cualquiera atrocidad de esas que ponen fin a un
-captulo de sensacin Y el Conde, qu har? Y aquel mozalbete de quien
-hablaron Cascajares en el coche y Mudarra en el folletn qu har?
-quin ser? Qu hay entre la Condesa y ese incgnito caballerito? Algo
-dara por saber...
-
-Esto pensaba, cuando alc los ojos, recorr con ellos el interior del
-coche, y horror! vi una persona que me hizo estremecer de espanto.
-Mientras estaba yo embebido en la interesante lectura del pedazo de
-folletn, el tranva se haba detenido varias veces para tomar o dejar
-algn viajero. En una de estas ocasiones haba entrado aquel hombre,
-cuya sbita presencia me produjo tan grande impresin. Era l, Mudarra,
-el mayordomo en persona, sentado frente a m, con sus rodillas tocando
-mis rodillas. En un segundo le examin de pies a cabeza y reconoc las
-facciones cuya descripcin haba ledo. No poda ser otro: hasta los ms
-insignificantes detalles de su vestido indicaban claramente que era l.
-Reconoc la tez morena y lustrosa, los cabellos indomables, cuyas mechas
-surgan en opuestas direcciones como las culebras de Medusa, los ojos
-hundidos bajo la espesura de unas agrestes cejas, las barbas, no menos
-revueltas e incultas que el pelo, los pies torcidos hacia dentro como
-los de los loros, y en fin, la misma mirada, el mismo hombre en el
-aspecto, en el traje, en el respirar, en el toser, hasta en el modo de
-meterse la mano en el bolsillo para pagar.
-
-De pronto le vi sacar una cartera, y observ que este objeto tena en la
-cubierta una gran _M_ dorada, la inicial de su apellido. Abrila, sac
-una carta y mir el sobre con sonrisa de demonio, y hasta me pareci que
-deca entre dientes:
-
-Qu bien imitada est la letra! En efecto, era una carta pequea, con
-el sobre garabateado por mano femenina. Lo mir bien, recrendose en su
-infame obra, hasta que observ que yo con curiosidad indiscreta y
-descorts alargaba demasiado el rostro para leer el sobrescrito.
-Dirigime una mirada que me hizo el efecto de un golpe, y guard su
-cartera.
-
-El coche segua corriendo, y en el breve tiempo necesario para que yo
-leyera el trozo de novela, para que pensara un poco en tan extraas
-cosas, para que viera al propio Mudarra, novelesco, inverosmil,
-convertido en ser vivo y compaero mo en aquel viaje, haba dejado
-atrs la calle de Alcal, atravesaba la Puerta del Sol y entraba
-triunfante en la calle Mayor, abrindose paso por entre los dems
-coches, haciendo correr a los carromatos rezagados y perezosos, y
-ahuyentando a los peatones, que en el tumulto de la calle, y aturdidos
-por la confusin de tantos y tan diversos ruidos, no ven la mole que se
-les viene encima sino cuando ya la tienen a muy poca distancia.
-
-Segua yo contemplando aquel hombre como se contempla un objeto de cuya
-existencia real no estamos seguros, y no quit los ojos de su
-repugnante facha hasta que no le vi levantarse, mandar parar el coche y
-salir, perdindose luego entre el gento de la calle.
-
-Salieron y entraron varias personas y la decoracin viviente del coche
-mud por completo.
-
-Cada vez era ms viva la curiosidad que me inspiraba aquel suceso, que
-al principio poda considerar como forjado exclusivamente en mi cabeza
-por la coincidencia de varias sensaciones ocasionadas por la
-conversacin o por la lectura, pero que al fin se me figuraba cosa
-cierta y de indudable realidad.
-
-Cuando sali el hombre en quien cre ver el terrible mayordomo, quedme
-pensando en el incidente de la carta y me lo expliqu a mi manera, no
-queriendo ser en tan delicada cuestin menos fecundo que el novelista,
-autor de lo que momentos antes haba ledo. Mudarra, pens, deseoso de
-vengarse de la Condesa, oh, infortunada seora! finge su letra y
-escribe una carta a cierto caballerito, con quien hubo esto y lo otro y
-lo de ms all. En la carta le da una cita en su propia casa; llega el
-joven a la hora indicada y poco despus el marido, a quien se ha tenido
-cuidado de avisar, para que coja _in fraganti_ a su desleal esposa: oh
-admirable recurso del ingenio! sto, que en la vida tiene su pro y su
-contra, en una novela viene como anillo al dedo. La dama se desmaya, el
-amante se turba, el marido hace una atrocidad, y detrs de la cortina
-est el fatdico semblante del mayordomo que se goza en su endiablada
-venganza.
-
-Lector yo de muchas y muy malas novelas, di aquel giro a la que
-insensiblemente iba desarrollndose en mi imaginacin por las palabras
-de un amigo, la lectura de un trozo de papel y la vista de un
-desconocido.
-
-
-IV
-
-Andando, andando segua el coche y ya por causa del calor que all
-dentro se senta, ya porque el movimiento pausado y montono del
-vehculo produce cierto mareo que degenera en sueo, lo cierto es que
-sent pesados los prpados, me inclin del costado izquierdo, apoyando
-el codo en el paquete de libros, y cerr los ojos. En esta situacin
-continu viendo la hilera de caras de ambos sexos que ante m tena,
-barbadas unas, limpias de pelo las otras, aqullas riendo, stas muy
-acartonadas y serias. Despus me pareci que obedeciendo a la
-contraccin de un msculo comn, todas aquellas caras hacan muecas y
-guios, abriendo y cerrando los ojos y las bocas, y mostrndome
-alternativamente una serie de dientes que variaban desde los ms blancos
-hasta los ms amarillos, afilados unos, romos y gastados los otros.
-Aquellas ocho narices erigidas bajo diez y seis ojos diversos en color y
-expresin, crecan o menguaban, variando de forma; las bocas se abran
-en lnea horizontal, produciendo mudas carcajadas, o se estiraban hacia
-adelante formando hocicos puntiagudos, parecidos al interesante rostro
-de cierto benemrito animal que tiene sobre s el anatema de no poder
-ser nombrado.
-
-Por detrs de aquellas ocho caras, cuyos horrendos visajes he descrito,
-y al travs de las ventanillas del coche, yo vea la calle y las casas,
-los transeuntes, todo en veloz carrera, como si el tranva anduviese con
-rapidez vertiginosa. Yo por lo menos crea que marchaban ms aprisa que
-nuestros ferrocarriles, ms que los franceses, ms que los ingleses, ms
-que los norteamericanos; corra con toda la velocidad que puede suponer
-la imaginacin, tratndose de la traslacin de lo slido.
-
-A medida que era ms intenso aquel estado letargoso, se me figuraba que
-iban desapareciendo las casas, las calles, Madrid entero. Por un
-instante cre que el tranva corra por lo ms profundo de los mares:
-al travs de los vidrios se vean los cuerpos de cetceos enormes, los
-miembros pegajosos de una multitud de plipos de diversos tamaos. Los
-peces chicos sacudan sus colas resbaladizas contra los cristales,
-algunos miraban adentro con sus grandes y dorados ojos. Crustceos de
-forma desconocida, grandes moluscos, madrporas, esponjas y una multitud
-de bivalvos grandes y deformes cual nunca yo los haba visto, pasaban
-sin cesar. El coche iba tirado por no s qu especie de nadantes
-monstruos, cuyos remos, luchando con el agua, sonaban como las paletas
-de una hlice, tornillaban la masa lquida con su infinito voltear.
-
-Esta visin se iba extinguiendo: despus parecime que el coche corra
-por los aires, volando en direccin fija y sin que lo agitaran los
-vientos. Al travs de los cristales no se vea nada, ms que espacio:
-las nubes nos envolvan a veces; una lluvia violenta y repentina
-tamborileaba en la imperial; de pronto salamos al espacio puro inundado
-de sol, para volver de nuevo a penetrar en el vaporoso seno de celajes
-inmensos, ya rojos, ya amarillos, tan pronto de palo como de amatista,
-que iban quedndose atrs en nuestra marcha. Pasbamos luego por un
-sitio del espacio en que flotaban masas resplandecientes de un finsimo
-polvo de oro; ms adelante, aquella polvareda que a m se me antojaba
-producida por el movimiento de las ruedas triturando la luz, era de
-plata, despus verde como harina de esmeraldas, y por ltimo, roja como
-harina de rubes. El coche iba arrastrado por algn voltil
-apocalptico, ms fuerte que el hipgrifo y ms atrevido que el dragn;
-y el rumor de las ruedas y de la fuerza motriz recordaba el zumbido de
-las grandes aspas de un molino de viento, o ms bien el de un abejorro
-del tamao de un elefante. Volbamos por el espacio sin fin, sin llegar
-nunca; entretanto la tierra quedbase abajo, a muchas leguas de nuestros
-pies; y en la tierra, Espaa, Madrid, el barrio de Salamanca,
-Cascajares, la Condesa, el Conde, Mudarra, el incgnito galn, todos
-ellos.
-
-Pero no tard en dormirme profundamente; y entonces el coche ces de
-andar, ces de volar, y desapareci para m la sensacin de que iba en
-tal coche, no quedando ms que el ruido montono y profundo de las
-ruedas, que no nos abandona jams en nuestras pesadillas dentro de un
-tren o en el camarote de un vapor. Me dorm... Oh infortunada Condesa!
-La vi tan clara como estoy viendo en este instante el papel en que
-escribo; la vi sentada junto a un velador, la mano en la mejilla, triste
-y meditabunda como una estatua de la melancola. A sus pies estaba
-acurrucado un perrillo, que me pareci tan triste como su interesante
-ama.
-
-Entonces pude examinar a mis anchas a la mujer que yo consideraba como
-la desventura en persona. Era de alta estatura, rubia, con grandes y
-expresivos ojos, nariz fina, y casi, casi grande, de forma muy correcta
-y perfectamente engendrada por las dos curvas de sus hermosas y
-arqueadas cejas. Estaba peinada sin afectacin, y en esto, como en su
-traje, se comprenda que no pensaba salir aquella noche. Tremenda, mil
-veces tremenda noche! Yo observaba con creciente ansiedad la hermosa
-figura que tanto deseaba conocer, y me pareci que poda leer sus ideas
-en aquella noble frente donde la costumbre de la reconcentracin mental
-haba trazado unas cuantas lneas imperceptibles, que el tiempo
-convertira pronto en arrugas.
-
-De repente se abre la puerta dando paso a un hombre. La Condesa di un
-grito de sorpresa y se levant muy agitada.
-
---Qu es esto?--dijo--Rafael. Usted... Qu atrevimiento? Cmo ha
-entrado usted aqu?
-
---Seora--contest el que haba entrado, joven de muy buen porte.--No
-me esperaba usted?--He recibido una carta suya...
-
---Una carta ma!--exclam ms agitada la Condesa.--Yo no he escrito
-carta ninguna. Y para qu haba de escribirla?
-
---Seora, vea usted--repuso el joven sacando la carta y
-mostrndosela;--es su letra, su misma letra.
-
---Dios mo! Qu infernal maquinacin!--dijo la dama con
-desesperacin.--Yo no he escrito esa carta. Es un lazo que me tienden...
-
---Seora, clmese usted... yo siento mucho...
-
---S; lo comprendo todo... Ese hombre infame... Ya sospecho cul habr
-sido su idea. Salga usted al instante... Pero ya es tarde; ya siento la
-voz de mi marido.
-
-En efecto, una voz atronadora se sinti en la habitacin inmediata, y al
-poco rato entr el Conde, que fingi sorpresa de ver al galn, y
-despus, riendo con cierta afectacin, le dijo:
-
---Oh! Rafael, usted por aqu... Cunto tiempo!... Vena usted a
-acompaar a Antonia... Con eso nos acompaar a tomar el te.
-
-La Condesa y su esposo cambiaron una mirada siniestra. El joven, en su
-perplejidad, apenas acert a devolver al Conde su saludo. Vi que
-entraron y salieron criados; vi que trajeron un servicio de te y
-desaparecieron despus, dejando solos a los tres personajes. Iba a
-pasar algo terrible.
-
-Sentronse: la Condesa pareca difunta, el Conde afectaba una hilaridad
-aturdida, semejante a la embriaguez, y el joven callaba, contestndole
-slo con monoslabos. Sirvi el te, y el Conde alarg a Rafael una de
-las tazas, no una cualquiera, sino una determinada. La Condesa mir
-aquella taza con tal expresin de espanto, que pareci echar en ella
-todo su espritu. Bebieron en silencio, acompaando la pocin con muchas
-variedades de las sabrosas pastas _Huntley and Palmers_, y otras
-menudencias propias de tal clase de cena. Despus el Conde volvi a reir
-con la desaforada y ruidosa expansin que le era peculiar aquella noche,
-y dijo:
-
---Cmo nos aburrimos! Usted, Rafael, no dice una palabra. Antonia, toca
-algo. Hace tanto tiempo que no te omos. Mira... aquella pieza de
-Gorstchack que se titula _Morte_... La tocabas admirablemente. Vamos,
-ponte al piano.
-
-La Condesa quiso hablar; rale imposible articular palabra. El Conde la
-mir de tal modo, que la infeliz cedi ante la terrible expresin de sus
-ojos, como la paloma fascinada por el boa _constrictor_. Se levant
-dirigindose al piano, y ya all, el marido debi decirle algo que la
-aterr ms, acabando de ponerla bajo su infernal dominio. Son el
-piano, heridas a la vez multitud de cuerdas, y corriendo de las graves a
-las agudas, las manos de la dama despertaron en un segundo los
-centenares de sonidos que dorman mudos en el fondo de la caja. Al
-principio era la msica una confusa reunin de sones que aturda en vez
-de agradar; pero luego serense aquella tempestad, y un canto fnebre y
-temeroso como el _Dies ir_ surgi de tal desorden. Yo crea escuchar el
-son triste de un coro de cartujos, acompaado con el bronco mugido de
-los fagots. Sentanse despus ayes lastimeros como nos figuramos han de
-ser los que exhalan las nimas, condenadas en el purgatorio a pedir
-incesantemente un perdn que ha de llegar muy tarde.
-
-Volvan luego los arpegios prolongados y ruidosos, y las notas se
-encabritaban unas sobre otras como disputndose cul ha de llegar
-primero. Se hacan y deshacan los acordes, como se forma y desbarata la
-espuma de las olas. La armona fluctuaba y herva en una marejada sin
-fin, alejndose hasta perderse, y volviendo ms fuerte en grandes y
-atropellados remolinos.
-
-Yo continuaba extasiado oyendo la msica imponente y majestuosa; no
-poda ver el semblante de la Condesa, sentada de espaldas a m; pero me
-la figuraba en tal estado de aturdimiento y pavor, que llegu a pensar
-que el piano se tocaba solo.
-
-El joven estaba detrs de ella, el Conde a su derecha, apoyado en el
-piano. De vez en cuando levantaba ella la vista para mirarle; pero deba
-encontrar expresin muy horrenda en los ojos de su consorte, porque
-tornaba a bajar los suyos y segua tocando. De repente el piano ces de
-sonar y la Condesa di un grito.
-
-En aquel instante sent un fortsimo golpe en un hombro, me sacud
-violentamente y despert.
-
-
-V
-
-En la agitacin de mi sueo haba cambiado de postura y me haba dejado
-caer sobre la venerable inglesa que a mi lado iba.
-
---Aaah! usted... _sleeping_... molestar... _mi_--dijo con avinagrado
-mohn, mientras rechazaba mi paquete de libros que haba cado sobre sus
-rodillas.
-
---Seora... es verdad... me dorm--contest turbado al ver que todos los
-viajeros se rean de aquella escena.
-
---Oooh!... yo soy... _going_... _to_ decir al _coachman_... usted
-molestar... mi... usted, caballero... _very shocking_--aadi la inglesa
-en su jerga ininteligible.--_Oooh!_ usted creer... _my body_ es... su
-cama _for usted_... _to sleep. Oooh! gentleman you are a stupid ass_.
-
-Al decir esto, la hija de la Gran Bretaa, que era de s bastante
-amoratada, estaba lo mismo que un tomate. Creyrase que la sangre
-agolpada a sus carrillos y a su nariz a brotar iba por sus candentes
-poros. Me mostraba cuatro dientes puntiagudos y muy blancos, como si me
-quisiera roer. Le ped mil perdones por mi sueo descorts, recog mi
-paquete y pas revista a las nuevas caras que dentro del coche haba.
-Figrate, oh cachazudo y benvolo lector! cul sera mi sorpresa
-cuando vi frente a m, a quin creers? Al joven de la escena soada,
-al mismo don Rafael en persona. Me restregu los ojos para convencerme
-de que no dorma, y en efecto, despierto estaba y tan despierto como
-ahora.
-
-Era l, el mismo, y conversaba con otro que a su lado iba. Puse atencin
-y escuch con toda mi alma.
-
---Pero t no sospechaste nada?--le deca el otro.
-
---Algo, s; pero call. Pareca difunta; tal era su terror. Su marido la
-mand tocar el piano y ella no se atrevi a resistir. Toc, como
-siempre, de una manera admirable, y oyndola llegu a olvidarme de la
-peligrosa situacin en que nos encontrbamos. A pesar de los esfuerzos
-que ella haca para aparecer serena, lleg un momento en que le fu
-imposible fingir ms. Sus brazos se aflojaron, y resbalando de las
-teclas ech la cabeza atrs y di un grito. Entonces su marido sac un
-pual, y dando un paso hacia ella exclam con furia: Toca o te mato al
-instante. Al ver esto hirvi mi sangre toda: quise echarme sobre aquel
-miserable; pero sent en mi cuerpo una sensacin que no puedo pintarte;
-cre que repentinamente se haba encendido una hoguera en mi estmago;
-fuego corra por mis venas; las sienes me latieron, y ca al suelo sin
-sentido.
-
---Y antes, no conociste los sntomas del envenenamiento?--le pregunt
-el otro.
-
---Notaba cierta desazn y sospech vagamente, pero nada ms. El veneno
-estaba bien preparado, porque hizo el efecto tarde y no me mat, aunque
-s me ha dejado una enfermedad para toda la vida.
-
---Y despus que perdiste el sentido, qu pas?
-
-Rafael iba a contestar y yo le escuchaba como si de sus palabras
-pendiera un secreto de vida o muerte, cuando el coche par.
-
---Ah! ya estamos en los Consejos: bajemos--dijo Rafael.
-
-Qu contrariedad! Se marchaban, y yo no saba el fin de la historia.
-
---Caballero, caballero, una palabra--dije al verlos salir.
-
-El joven se detuvo y me mir.
-
---Y la Condesa? Qu fu de esa seora?--pregunt con mucho afn.
-
-Una carcajada general fu la nica respuesta. Los dos jvenes, rindose
-tambin, salieron sin contestarme palabra. El nico sr vivo que
-conserv su serenidad de esfinge en tan cmica escena fu la inglesa,
-que indignada de mis extravagancias, se volvi a los dems viajeros
-diciendo:
-
---_Oooh! A lunatic fellow_.
-
-
-VI
-
-El coche segua y a m me abrasaba la curiosidad por saber qu haba
-sido de la desdichada Condesa. La mat su marido? Yo me haca cargo de
-las intenciones de aquel malvado. Ansioso de gozarse en su venganza,
-como todas las almas crueles, quera que su mujer presenciase, sin dejar
-de tocar, la agona de aquel incauto joven llevado all por una vil
-celada de Mudarra.
-
-Mas era imposible que la dama continuara haciendo desesperados esfuerzos
-por mantener su serenidad, sabiendo que Rafael haba bebido el veneno.
-Trgica y espeluznante escena!--pensaba yo, ms convencido cada vez de
-la realidad de aquel suceso--y luego dirn que estas cosas slo se ven
-en las novelas!
-
-Al pasar por delante de Palacio el coche se detuvo, y entr una mujer
-que traa un perrillo en sus brazos. Al instante reconoc al perro que
-haba visto recostado a los pies de la Condesa; era el mismo, la misma
-lana blanca y fina, la misma mancha negra en una de sus orejas. La
-suerte quiso que aquella mujer se sentara a mi lado. No pudiendo yo
-resistir la curiosidad, le pregunt:
-
---Es de usted ese perro tan bonito?
-
---Pues de quin ha de ser? Le gusta a usted?
-
-Cog una de las orejas del inteligente animal para hacerle una caricia;
-pero l, insensible a mis demostraciones de cario, ladr, di un salto
-y puso sus patas sobre las rodillas de la inglesa, que me volvi a
-ensear sus dos dientes como querindome roer, y exclam:
-
---Ooooh! usted... _unsupportable_.
-
---Y dnde ha adquirido usted ese perro?--pregunt sin hacer caso de la
-nueva explosin colrica de la mujer britnica.--Se puede saber?
-
---Era de mi seorita.
-
---Y qu fu de su seorita?--dije con la mayor ansiedad.
-
---Ah! Usted la conoca?--repuso la mujer.--Era muy buena, _verd
-ust?_
-
---Oh! excelente... Pero podra yo saber en qu par todo aquello?
-
---De modo que usted est enterado, usted tiene noticias...
-
---S, seora... He sabido todo lo que ha pasado, hasta aquello del te...
-pues. Y diga usted, muri la seora?
-
---Ah! S, seor: est en la gloria.
-
---Y cmo fu eso? La asesinaron, o fu a consecuencia del susto.
-
---Qu asesinato, ni qu susto!--dijo con expresin burlona.--Usted no
-est enterado. Fu que aquella noche haba comido no s qu, pues... y
-le hizo dao... Le di un desmayo que le dur hasta el amanecer.
-
---Bah--pens yo--sta no sabe una palabra del incidente del piano y del
-veneno, o no quiere darse por entendida.
-
-Despus dije en alta voz:
-
---Con que fu de indigestin?
-
---S, seor. Yo le haba dicho aquella noche: Seora: no coma usted
-esos mariscos; pero no me hizo caso.
-
---Con que mariscos, eh?--dije con incredulidad.--Si sabr yo lo que ha
-ocurrido.
-
---No lo cree usted?
-
---S... s--repuse aparentando creerlo.--Y el Conde, su marido, el que
-sac el pual cuando tocaba el piano?
-
-La mujer me mir un instante y despus solt la risa en mis propias
-barbas.
-
---Se re usted...? Bah! Piensa usted que no estoy perfectamente
-enterado? Ya comprendo; usted no quiere contar los hechos como realmente
-son. Ya se ve: como habr causa criminal...
-
---Es que ha hablado usted de un conde y de una condesa.
-
---No era el ama de ese perro la seora Condesa, a quien el mayordomo
-Mudarra...
-
-La mujer volvi a soltar la risa con tal estrpito, que me desconcert,
-diciendo para mi capote: Esta debe de ser cmplice de Mudarra, y,
-naturalmente, ocultar todo lo que pueda.
-
---Usted est loco--aadi la desconocida.
-
---_Lunatic_, _lunatic_. _M_... _suffocated_... _Oooh! my Godi!_
-
---Si lo s todo; vamos, no me lo oculte usted. Dgame de qu muri la
-seora Condesa.
-
---Qu condesa ni qu ocho cuartos, hombre de Dios!--exclam la mujer,
-riendo con ms fuerza.
-
---Si cree usted que me engaa a m con sus risitas!--contest.--La
-Condesa ha muerto envenenada o asesinada; no me queda la menor duda.
-
-En esto lleg el coche al barrio de Pozas y yo al trmino de mi viaje.
-Salimos todos: la inglesa me ech una mirada que indicaba su regocijo
-por verse libre de m, y cada cual se dirigi a su destino. Yo segu a
-la mujer del perro, aturdindola con preguntas, hasta que se meti en su
-casa, riendo siempre de mi empeo en averiguar vidas ajenas. Al verme
-solo en la calle record el objeto de mi viaje y me dirig a la casa
-donde deba entregar aquellos libros. Devolvlos a la persona que me los
-haba pedido para leerlos, y me puse a pasear frente al Buen Suceso,
-esperando a que saliese de nuevo el coche para regresar al extremo de
-Madrid.
-
-No poda apartar de la imaginacin a la infortunada Condesa, y cada vez
-me confirmaba ms en mi idea de que la mujer con quien ltimamente habl
-haba querido engaarme, ocultando la verdad de la misteriosa tragedia.
-
-Esper mucho tiempo, y al fin, anocheciendo ya, el coche se dispuso a
-partir. Entr, y lo primero que mis ojos vieron fu la seora inglesa
-sentadita donde antes estaba. Cuando me vi subir y tomar sitio a su
-lado, la expresin de su rostro no es definible; se puso otra vez como
-la grana, exclamando:
-
---_Ooooh!_... usted... mi quejarse al _coachman_... usted reventar _mi
-fort it_.
-
-Tan preocupado estaba yo con mis confusiones, que sin hacerme cargo de
-lo que la inglesa me deca en su hbrido y trabajoso lenguaje, le
-contest:
-
---Seora, no hay duda de que la Condesa muri envenenada o asesinada.
-Usted no tiene idea de la ferocidad de aquel hombre.
-
-Segua el coche, y de trecho en trecho detenase para recoger pasajeros.
-Cerca del Palacio real entraron tres, tomando asiento enfrente de m.
-Uno de ellos era un hombre alto, seco y huesudo, con muy severos ojos y
-un hablar campanudo que impona respeto.
-
-No haca diez minutos que estaban all, cuando este hombre se volvi a
-los otros dos y dijo:
-
---Pobrecilla! Cmo clamaba en sus ltimos instantes! La bala le entr
-por encima de la clavcula derecha y despus baj hasta el corazn.
-
---Cmo?--exclam yo repentinamente.--Conque fu de un tiro? No muri
-de una pualada?
-
-Los tres se miraron con sorpresa.
-
---De un tiro, s, seor--dijo con cierto desabrimiento el alto, seco y
-huesoso.
-
---Y aquella mujer sostena que haba muerto de una indigestin--dije,
-interesndome ms cada vez en aquel asunto.--Cuente usted, y cmo fu?
-
---Y a usted qu le importa?--dijo el otro, con muy avinagrado gesto.
-
---Tengo mucho inters por conocer el fin de esa horrorosa tragedia. No
-es verdad que parece cosa de novela?
-
---Qu novela ni que nio muerto? Usted est loco o quiere burlarse de
-nosotros.
-
---Caballerito, cuidado con las bromas--aadi el alto y seco.
-
---Creen ustedes que no estoy enterado? Lo s todo, he presenciado
-varias escenas de ese horrendo crimen. Pero dicen ustedes que la Condesa
-muri de un pistoletazo.
-
---Vlgame Dios! Nosotros no hemos hablado de Condesa, sino de mi perra,
-a quien cazando, disparamos inadvertidamente un tiro. Si usted quiere
-bromear, puede buscarme en otro sitio, y ya le contestar como merece.
-
---Ya, ya comprendo: ahora hay empeo en ocultar la verdad--manifest,
-juzgando que aquellos hombres queran desorientarme en mis pesquisas,
-convirtiendo en perra a la desdichada seora.
-
-Ya preparaba el otro su contestacin, sin duda ms enrgica de lo que el
-caso requera, cuando la inglesa se llev el dedo a la sien, como para
-indicarles que yo no rega bien de la cabeza. Calmronse con esto, y no
-dijeron una palabra ms en todo el viaje, que termin para ellos en la
-Puerta del Sol. Sin duda me haban tenido miedo.
-
-Yo continuaba tan dominado por aquella idea, que en vano quera serenar
-mi espritu, razonando los verdaderos trminos de tan embrollada
-cuestin. Pero cada vez eran mayores mis confusiones, y la imagen de la
-pobre seora no se apartaba de mi pensamiento. En todos los semblantes
-que iban sucedindose dentro del coche, crea ver algo que contribuyera
-a explicar el enigma. Senta yo una sobrexcitacin cerebral espantosa, y
-sin duda el trastorno interior deba pintarse en mi rostro, porque todos
-me miraban como se mira lo que no se ve todos los das.
-
-
-VII
-
-Aun faltaba algn incidente que haba de turbar ms mi cabeza en aquel
-viaje fatal. Al pasar por la calle de Alcal, entr un caballero con su
-seora: l qued junto a m. Era un hombre que pareca afectado de
-fuerte y reciente impresin, y hasta cre que alguna vez se llev el
-pauelo a los ojos para enjugar las invisibles lgrimas, que sin duda
-corran bajo el cristal verde obscuro de sus descomunales antiparras.
-
-Al poco rato de estar all dijo en voz baja a la que pareca ser su
-mujer:
-
-Pues hay sospechas de envenenamiento: no lo dudes. Me lo acaba de decir
-don Mateo. Desdichada mujer!
-
---Qu horror! Ya me lo he figurado tambin--contest su consorte. De
-tales cafres qu se poda esperar?
-
---Juro no dejar piedra sobre piedra hasta averiguarlo.
-
-Yo, que era todo odos, dije tambin en voz baja:
-
---S, seor; hubo envenenamiento. Me consta.
-
---Cmo, usted sabe? Usted tambin la conoca?--dijo vivamente el de
-las antiparras verdes, volvindose hacia m.
-
---S, seor; y no dudo que la muerte ha sido violenta, por ms que
-quieran hacernos creer que fu indigestin.
-
---Lo mismo afirmo yo. Qu excelente mujer! Pero cmo sabe usted...?
-
---Lo s, lo s--repuse muy satisfecho de que aquel no me tuviera por
-loco.
-
---Luego usted ir a declarar al Juzgado; porque ya se est formando la
-sumaria.
-
---Me alegro, para que castiguen a esos bribones. Ir a declarar, ir a
-declarar, s, seor.
-
-A tal extremo haba llegado mi obcecacin, que conclu por penetrarme de
-aquel suceso, mitad soado, mitad ledo, y lo cre como ahora creo que
-es pluma esto con que escribo.
-
---Pues s, seor; es preciso aclarar este enigma para que se castigue a
-los autores del crimen. Yo declarar. Fu envenenada con una taza de te,
-lo mismo que el joven.
-
---Oye, Petronila--dijo a su esposa el de las antiparras--; con una taza
-de te.
-
---S, estoy asombrada--contest la seora.--Cuidado con lo que fueron a
-inventar esos malditos!
-
--S, seor; con una taza de te.
-
---La Condesa tocaba el piano.
-
---Qu Condesa?--pregunt aquel hombre, interrumpindome.
-
---La Condesa, la envenenada.
-
---Si no se trata de ninguna Condesa, hombre de Dios.
-
---Vamos; usted tambin es de los empeados en ocultarlo.
-
---Bah, bah; si en esto no ha habido ninguna condesa ni duquesa, sino
-simplemente la lavandera de mi casa, mujer del guardaagujas del Norte.
-
---Lavandera, eh?--dije en tono de picarda.--Si tambin me querr
-usted hacer tragar que es lavandera!
-
-El caballero y su esposa me miraron con expresin burlona, y despus se
-dijeron en voz baja algunas palabras. Por un gesto que vi hacer a la
-seora comprend que haba adquirido el profundo convencimiento de que
-yo estaba borracho. Llenme de resignacin ante tal ofensa, y call,
-contentndome con despreciar en silencio, cual conviene a las grandes
-almas, tan irreverente suposicin. Cada vez era mayor mi zozobra; la
-Condesa no se apartaba ni un instante de mi pensamiento, y haba llegado
-a interesarme tanto por su siniestro fin, como si todo ello no fuera
-elaboracin enfermiza de mi propia fantasa, impresionada por sucesivas
-visiones y dilogos. En fin, para que se comprenda a qu extremo lleg
-mi locura, voy a referir el ltimo incidente de aquel viaje; voy a decir
-con qu extravagancia puse trmino al doloroso pugilato de mi
-entendimiento, empeado en fuerte lucha con un ejrcito de sombras.
-
-Entraba el coche por la calle de Serrano, cuando por la ventanilla que
-frente a m tena, mir a la calle, dbilmente iluminada por la escasa
-luz de los faroles, y vi pasar a un hombre. Di un grito de sorpresa, y
-exclam desatinado:--Ah va, es l, el feroz Mudarra, el autor principal
-de tantas infamias.--Mand parar el coche, y sal, mejor dicho, salt a
-la puerta, tropezando con los pies y las piernas de los viajeros; baj a
-la calle y corr tras aquel hombre, gritando:--A ese, a ese, al
-asesino!
-
-Jzguese cul sera el efecto producido por estas voces en el pacfico
-barrio.
-
-Aquel sujeto, el mismo exactamente que yo haba visto en el coche por la
-tarde, fu detenido. Yo no cesaba de gritar:--Es el que prepar el
-veneno para la Condesa, el que asesin a la Condesa!
-
-Hubo un momento de indescriptible confusin. Afirm l que yo estaba
-loco; pero que quieras que no, los dos fuimos conducidos a la
-prevencin. Despus perd por completo la nocin de lo que pasaba. No
-recuerdo lo que hice aquella noche en el sitio donde me encerraron. El
-recuerdo ms vivo que conservo de tan curioso lance fu el de haber
-despertado del profundo letargo en que ca, verdadera borrachera moral,
-producida, no s por qu, por uno de los pasajeros fenmenos de
-enajenacin que la ciencia estudia con gran cuidado como precursores de
-la locura definitiva.
-
-Como es de suponer, el suceso no tuvo consecuencias, porque el
-antiptico personaje que bautic con el nombre de Mudarra, es un honrado
-comerciante de ultramarinos que jams haba envenenado a condesa alguna.
-Pero aun por mucho tiempo despus persista yo en mi engao, y sola
-exclamar:--Infortunada condesa; por ms que digan, yo siempre sigo en
-mis trece. Nadie me persuadir de que no acabaste tus das a mano de tu
-iracundo esposo...
-
-Ha sido preciso que transcurran meses para que las sombras vuelvan al
-ignorado sitio de donde surgieron volvindome loco, y torne la realidad
-a dominar en mi cabeza. Me ro siempre que recuerdo aquel viaje, y toda
-la consideracin que antes me inspiraba la soada vctima la dedico
-ahora, a quin creeris? A mi compaera de viaje en aquella angustiosa
-expedicin, a la irascible inglesa, a quien disloqu un pie en el
-momento de salir atropelladamente del coche para perseguir al supuesto
-mayordomo.
-
-
-
-
-El criado de Don Juan.
-
-(J. BENAVENTE)
-
-
-
-
-EL CRIADO DE DON JUAN
-
-DRAMA EN UN ACTO
-
-
-PERSONAJES
-
-LA DUQUESA ISABELA--CELIA--DON JUAN
-
-TENORIO--LEONELO--FABIO
-
-EN ITALIA--SIGLO XV
-
-
-ACTO UNICO
-
-Calle. A un lado la fachada de un palacio seorial.
-
-
-ESCENA PRIMERA
-
-FABIO Y LEONELO (_Fabio se pasea por delante del palacio, embozado hasta
-los ojos en una capa roja_.)
-
-LEONELO (_saliendo_.)
-
-Seor! Don Juan!
-
-FABIO
-
-No es Don Juan.
-
-LEONELO
-
-Fabio!
-
-FABIO
-
-A tiempo llegas. Desde esta maana sin probar bocado... Cmo tardaste
-tanto?
-
-LEONELO
-
-Media ciudad he corrido trayendo y llevando cartas... Pero Don Juan?...
-
-FABIO
-
-La ciudad, toda, que no media, correr de seguro llevando y trayendo su
-persona. En mal hora entramos a su servicio!
-
-LEONELO
-
-Y qu haces aqu disfrazado de esa suerte?
-
-FABIO
-
-Representar lo mejor que puedo a nuestro Don Juan, suspirando ante las
-rejas de la duquesa Isabel.
-
-LEONELO
-
-Nuestro Don Juan est loco de vanidad. La duquesa Isabel es una dama
-virtuosa y no ceder por ms que l se obstine.
-
-FABIO
-
-Ha jurado no apartarse ni de da ni de noche de este sitio, hasta que
-ella consienta en oirle... y ya ves cmo cumple su juramento.
-
-LEONELO
-
-Con una farsa indigna de un caballero! Mucho es que los servidores de
-la duquesa no te han echado a palos de la calle.
-
-FABIO
-
-No tardarn en ello. Por eso te aguardaba impaciente. Don Juan ha
-ordenado que apenas llegaras ocupases mi puesto... el suyo quiero
-decir. Demos la vuelta a la esquina por si nos observan desde el
-palacio, y tomars la capa y dems seales, que han de presentarte hasta
-la hora de la paliza prometida... como al propio Don Juan.
-
-LEONELO
-
-Dura servidumbre!
-
-FABIO
-
-Dura como la necesidad! De tal madre, tal hija. (_Salen_.)
-
-
-CUADRO SEGUNDO
-
-ESCENA II
-
-Sala en el palacio de la duquesa Isabela.
-
-LA DUQUESA Y CELIA
-
-CELIA (_Mirando por una ventana_.)
-
-Es increble, seora! Dos das con dos noches lleva ese caballero
-delante de nuestras ventanas.
-
-DUQUESA
-
-Necio alarde! Si a tales medios debe su fama de seductor, a costa de
-mujeres bien fciles habr sido lograda... Y ese es Don Juan, el que
-cuenta sus conquistas amorosas por los das del ao? All en su tierra,
-en esa Espaa feroz, de moros, de judos y de fanticos cristianos, de
-sangre impura abrasada por tentaciones infernales, entre devociones
-supersticiosas y severidad hipcrita, podr parecer terrible como
-demonio tentador. Las italianas no tememos al diablo. Los prncipes de
-la Iglesia romana nos envan de continuo indulgencias rimadas en dulces
-sonetos a lo Petrarca.
-
-CELIA
-
-Pero confesad que el caballero es obstinado... y fuerte.
-
-DUQUESA
-
-Es preciso terminar de una vez. No quiero ser fbula de la ciudad. Lleva
-recado a ese caballero, de que las puertas de mi palacio y de mi
-estancia estn francas para l. Aqu le aguardo, sola... La duquesa
-Isabela no ha nacido para figurar como un nmero en la lista de Don
-Juan.
-
-CELIA
-
-Seora, ved...
-
-DUQUESA
-
-Conduce a Don Juan hasta aqu. No tardes. (_Sale Celia_.)
-
-
-ESCENA III
-
-LA DUQUESA Y DESPUES LEONELO.
-
-(_La duquesa se sienta y espera con altivez la entrada de Don Juan_.)
-
-LEONELO
-
-Seora!
-
-DUQUESA
-
-Quin? No es Don Juan?... No rais vos el que rondaba mi palacio?
-
-LEONELO
-
-S, yo era.
-
-DUQUESA
-
-Dos das con dos noches.
-
-LEONELO
-
-Algunas horas del da y algunas de noche.
-
-DUQUESA
-
-Ah! Extremada burla! Sois uno de los rufianes que acompaan a Don
-Juan?
-
-LEONELO
-
-Soy criado suyo, seora. Le sirvo a mi pesar.
-
-DUQUESA
-
-Mal empleis vuestra juventud.
-
-LEONELO
-
-Dichosos los que pueden seguir en la vida la senda de sus sueos!
-
-DUQUESA
-
-Camino muy bajo habis emprendido. Salid.
-
-LEONELO
-
-Sin mensaje alguno de vuestra parte para Don Juan?
-
-DUQUESA
-
-Insolente!
-
-LEONELO
-
-Supuesto que le habis llamado...
-
-DUQUESA
-
-S, le llam para que por vez primera en su vida se hallare frente a
-frente de una mujer honrada, para que nunca pudiera decir que una dama
-como yo no tuvo ms defensa contra l que evitar su vista.
-
-LEONELO
-
-As, como a vos ahora, o a muchas mujeres responder a Don Juan, y
-muchas le desafiaron como a vos y muchas como vos le recibieron
-altivas...
-
-DUQUESA
-
-Y Don Juan no escarmienta?
-
-DUQUESA
-
-Y no escarmientan las mujeres! La muerte, el remordimiento, la
-desolacin son horribles y no pueden enamorarnos, pero las precede un
-mensajero seductor, hermoso, juvenil... el peligro, eterno enamorador de
-las mujeres... Evitad el peligro, creedme; no oigis a Don Juan...
-
-DUQUESA
-
-Me confunds con el vulgo de las mujeres. No en vano andis al servicio
-de ese caballero de fortuna.
-
-LEONELO
-
-No en vano llevo mi alma entristecida por tantas almas de nobles
-criaturas amantes de Don Juan. Cunto llor por ellas! Mi corazn fu
-recogiendo los amores destrozados en su locura por mi seor y en mis
-sueos terminaron felices tantos amores de muerte y de llanto... Un
-solo amor de Don Juan hubiera sido la eterna ventura de mi vida!...
-Todo mi amor inmenso no hubiera bastado a consolar a una sola de sus
-enamoradas!... Riqusimo caudal de amor derrochado por Don Juan, junto
-a m, pobre mendigo de amor!...
-
-DUQUESA
-
-Sois poeta? Slo un poeta se acomoda a vivir como vos, con el
-pensamiento y la conciencia en desacuerdo.
-
-LEONELO
-
-Sabis de los poetas, seora; no sabis de los necesitados...
-
-DUQUESA
-
-S... que no me pesa del engao de Don Juan... al oros... Ya me
-interesa saber de vuestra vida... Decidme qu os trajo a tan dura
-necesidad... No habr peligro en escucharos como en escuchar a Don
-Juan... aunque seis mensajero suyo, como vos decs que el peligro es
-mensajero de la muerte... Hablad sin temor.
-
-LEONELO
-
-Seora!
-
-
-ESCENA IV
-
-DICHOS, DON JUAN (_con la espada desenvainada, entra con violencia_.)
-
-DUQUESA
-
-Cmo llegis hasta m de esa manera? Y mi gente?... Hola!
-
-DON JUAN
-
-Perdonad. Pero comprenderis que no he de permitir que mi criado me
-sustituya tanto tiempo.
-
-DUQUESA
-
-Con ventaja!
-
-DON JUAN
-
-No podis apreciarlo todava.
-
-DUQUESA
-
-Oh! Basta ya!... (_A Leonelo_.) No dices que la necesidad te llev al
-indigno oficio de servir a este hombre? Te pesa la servidumbre? Ves
-cmo insultan a una dama en tu presencia y eres bien nacido? Ya eres
-libre... y rico...
-
-DON JUAN
-
-Le tomis a vuestro servicio?
-
-DUQUESA
-
-Quiero humillaros cuanto pueda... (_A Leonelo_.) Mi amor, imposible para
-Don Juan; mi amor es tuyo si sabes merecerlo...
-
-LEONELO
-
-Vuestro amor!
-
-DON JUAN
-
-A m te iguala. Eres noble por l.
-
-LEONELO
-
-Seora!
-
-DUQUESA
-
-Fuera la espada! Mi amor es tuyo... Lucha sin miedo. (_Don Juan y
-Leonelo combaten. Cae muerto Leonelo_.)
-
-LEONELO
-
-Ay de m!
-
-DUQUESA
-
-Dios mo!
-
-DON JUAN
-
-Noble seora! Ved lo que cuesta una porfa...
-
-DUQUESA
-
-Muerto! Por m... Favor!... Dejadme salir! Tengo miedo, mucho
-miedo...
-
-DON JUAN
-
-Estis conmigo...
-
-DUQUESA
-
-Se agolpa la gente ante las ventanas... Una muerte en mi casa!
-
-DON JUAN
-
-No temblis! Pasaron, oyeron ruido y se detuvieron... A mi cargo corre
-sacar de aqu el cadver sin que nadie sospeche...
-
-DUQUESA
-
-Oh! S, salvad mi honor... Si supieran!
-
-DON JUAN
-
-No saldr de aqu sin dejaros tranquila...
-
-DUQUESA
-
-Oh! No puedo miraros, me dis espanto. Dejadme salir!
-
-DON JUAN
-
-No, aqu a mi lado... Yo tambin tengo miedo... de no veros... Por vos
-he dado muerte a un desdichado... No me dejis o saldr de aqu para
-siempre y suceda lo que suceda... vos explicaris como podis el
-lance...
-
-DUQUESA
-
-Oh, no me dejis! Pero lejos de m, no hablis, no os acerquis a m...
-(_Queda en el mayor abatimiento_.)
-
-DON JUAN (_contemplndola aparte_.)
-
-Es ma! Una ms!... (_Contemplando el cadver de Leonelo_.) Pobre
-Leonelo!
-
-
-
-
-Viernes Santo.
-
-(LA CONDESA DE PARDO BAZN)
-
-
-
-
-VIERNES SANTO
-
-
-Fu el cura de Naya hombre comunicativo, afable y de entraas
-excelentes, quien me refiri el atroz sucedido, o, por mejor decir, la
-cadena de sucedidos atroces, que apenas creera yo a no coincidir y
-explicarse perfectamente por el relato del prroco las veladas
-indicaciones de la prensa y los rumores difundidos en el pas. Respetar
-la forma de la narracin, sintiendo no poder reproducir la expresin de
-la fisonoma ingenua y jovial del que narraba.
-
-Ya sabe usted--dijo--que, as como en Andaluca crece la flor de la
-canela, en este rincn de Galicia podemos alabarnos de cultivar la flor
-de los caciques. No s cmo sern los de otras partes; pero vamos, que
-los de por ac son de patente. Bien se acordar usted de aquel
-_Trampeta_ y aquel _Barbacana_, que traan a Cebre convertido en un
-infierno. Trampeta ahora dice que se quiere meter en pocos belenes,
-porque ya no lo ahorcan por treinta mil duros; y Barbacana, que est
-que no puede con los calzones, como se la tenan jurada unos cuantos y
-salv milagrosamente de dos o tres asechanzas, al fin ha determinado
-irse a pasar la vejez a Pontevedra, porque desea morir en su cama, segn
-conviene a los hombres honrados y a los cristianos viejos como l. Ja,
-ja...!
-
-Faltando o poco menos esos dos pejes, qued el pas en manos de otro,
-que usted bien habr odo de l: Lobeiro, que en confianza le llambamos
-_Lobo_, y a fe que le caa! Yo, si usted me pregunta cmo consigui
-Lobeiro apoderarse de esta regin y tenerla as, en un puo, que ni la
-hierba creca sin su permiso, le contestar que no lo entiendo; porque
-me parece increble que en nuestro siglo y cuando tanto cantan libertad,
-se pueda vivir ms sujeto a un seor que en tiempos del conde Pedro
-Madruga. No, y no hay que echar baladronadas: yo era el primerito que
-agachaba las orejas y callaba como un raposo. Uno estima la piel, y aun
-ms que la piel, la tranquilidad, si a mano viene.
-
-A veces me pona a discurrir, y deca para mi sotana: este rayo de
-hombre, en qu consiste que se nos ha montado a todos encima, y por
-fuerza hemos de vivir sbditos de l, haciendo cuanto se le antoja,
-pidindole permiso hasta para respirar? Quin le instituy dueo de
-nuestras vidas y haciendas? No hay leyes? No hay Tribunales de
-justicia?--Pero mire usted: todo eso de leyes es nada ms que
-conversacin. Los magistrados estn lejos y el cacique cerca. El
-Gobierno necesita tener asegurada la mecnica de las elecciones, y al
-que le amasa los votos le entrega desde Madrid la comarca en feudo. A
-los seores que se pasean all por el Prado y por la Castellana, sin
-cuidado les tiene que aqu nos am... Ay! Tente, lengua, que ya iba a
-soltar un disparate.
-
-Pues volviendo al caso, Lobeiro, as para el trato de la conversacin,
-ya era un hombre antiptico, de pocas palabras, que cuando se vea
-comprometido, se rea regaando los dientes, muy callado, mirando de
-travs. No se fe usted nunca del que no re franco ni mira derecho: muy
-mala seal. La cara suya pareca el Pico Medelo, que siempre anda
-embozado en _brtemas_. Lo nico a que pona un semblante como las dems
-personas, era a su chiquilla, su hija nica, que por cierto no se ha
-visto cosa ms linda en todo este pas. La madre fu en tiempos una
-buena moza; pero la rapaza... qu comparacin! Un pelo como el oro, un
-cutis que pareca raso, un par de ojos azules como dos estrellas...
-Micaelia! Lo que corr con ella el da del patrn de Bon! Porque a
-la criatura la rebosaba la alegra, y Lobeiro, al oirla reir, cambiaba
-de aspecto: se volva otro hombre.
-
-Slo que, por desgracia, esta influencia no pasaba de los momentos en
-que tena cerca a la criatura. El resto del ao, Lobeiro se dedicaba a
-perseguir al uno, empapelar al otro, sacarle el redao a ste y echar a
-presidio a aqul. Usted no ha ledo el _Catecismo del labriego_,
-compuesto por el to Marcos da Portela, doctor en teologa campestre?
-Pues el tipo del secretario que all pinta, el de Lobeiro clavadito:
-criado para infernar la vida del labriego infeliz, llenarlo de
-vejaciones y disputarle la triste corteza de pan, amasada con su sudor,
-nico alimento de que dispone para llevar a la boca. Y repare usted lo
-que suceda con Lobeiro; hoy hace una picarda, y le obedecen como uno;
-maana hace diez, y ya le rinden acatamiento como diez; al otro da un
-milln, y como un milln se impone. Empezara por chanchullos pequeitos,
-de esos que se hacen en el Ayuntamiento a mansalva; trabucos de cuentas,
-recargos de contribucin, repartos _ad lbitum_, y lo dems de rbrica.
-Poco a poco, la gente aguantando y l apretando ms, llega el caso de
-que me encuentro yo a un infeliz aldeano en un camino hondo, llevando
-de la cuerda su mejor ternero.--Andrs, adnde vas con el cuxo? Feria
-hoy no la hay.--Qu feria, ni feria, seor abad?--Pues entnces--seor
-abad, por el alma de quien le pari no diga nada. Es para ese condenado
-de Lobeiro, que me lo mand a pedir, y si no lo entrego me arruina,
-acaba conmigo, y hasta muero avergonzado en la crcel.--Y el pobre
-hombre, cuando me lo deca, tena los ojos como dos tomates,
-encarnizados de llorar. Ya comprende usted lo que es para el labriego
-su ganado! Dar aquel ternero, era en plata dar las telas del corazn.
-
-Slo una cosa estaba segura con Lobeiro: la honra de las mujeres: y no
-por virtud, sino porque no cojeaba de ese pie. Algunos de sus satlites,
-en cambio, bien se desquitaban. Que si tena satlites? Madre querida!
-Una hueste organizada en toda regla. Usted no dejar de recordar que
-cuando apareci en un monte el mayordomo del marqus de Ulloa, hace ya
-algunos aos, seco de un tiro, todo el mundo dijo que lo haba mandado
-matar el cacique Barbacana, y que el instrumento fuera un bandido
-llamado el Tuerto de Castrodorna, que lo ms del tiempo se lo pasaba en
-Portugal huyendo de la justicia. Pues esa joya la hered Lobeiro, slo
-que mejor el procedimiento de Barbacana, y en vez de un forajido solo,
-reclut una cuadrilla perfectamente organizada, con su santo y sea, sus
-consignas, su secreto, sus estratagemas y su tctica, para verificar sus
-sorpresas de un modo expeditivo y seguro. Nosotros tenamos esperanzas
-de que, al acabarse las trifulcas revolucionarias y las guerras civiles,
-mejorara el estado del pas y se afianzara la seguridad personal.
-Busca seguridad! Busca mejoras! Lo mismo o peor anduvieron las cosas
-desde la restauracin de Alfonso, y si me apuran, digo que la Regencia
-vino a darnos el cachete. Antes, unos gritaban: _Viva esto!_ los otros:
-_Viva aqullo!_ que repblica, que don Carlos... Eran ideas generales,
-y parece que se tomaban con menos saa entre unos y otros. Hoy estamos a
-quin gana las elecciones, a quin se hace rbitro de esta tierra... y
-todos los medios son buenos, y caiga el que cayere. Total, como decimos
-aqu: salgo de un soto y mtome en otro... pero ms obscuro.
-
-Como bamos contando, la pandilla de Lobeiro empez a ser el terror del
-pas. Tan pronto veamos llamas... qu ocurre? Pues que le queman el
-pajar, y el alpendre, y el hrreo, y la casa misma al Antn de Morls o
-al Guillermo de la Fontela. Tan pronto aparece derrengado, molido a
-palos, uno que no se quiso someter a Lobeiro en esto o en lo de ms
-all... y cuando le preguntan quin le puso as, responde una mentira:
-que rod de un vallado o se cay de una higuera cogiendo higos... seal
-de que si revela la verdad, sentenciado est a pena ms grave. Por
-ltimo, un da se nota la desaparicin de cierto sujeto, un tal
-Castaeda, alguacil; ni visto ni odo, como si se evaporase. La voz
-pblica (muy bajito) susurra que ese hombre le estorbaba a Lobeiro o se
-le haba opuesto en un amao muy gordo. Se espera una semana, dos, tres,
-que parezca el cadver, o el vivo, si vivo est an; nada. La viuda hace
-registrar el Avieiro, incluso el pozo grande; mira debajo de los
-puentes, recorre los montes... Ni rastro. Igual que si se lo hubiese
-tragado la tierra. Y probablemente as sera. Un hoyo es tan fcil de
-abrir!
-
-Este Castaeda tena un sobrino, muchacho templado, como que all en sus
-mocedades proyectara dedicarse a la carrera militar, y luego, por no
-separarse de su madre, que ya iba vieja, y de una hermana jovencita,
-prefiri quedarse en el pas y vivir cuidando unos bienecillos que le
-correspondan de su hijuela, y de los de la hermana y la madre. El era
-un medio seor y medio labrador, y en el pas, como todo el mundo tiene
-su apodo, le conocan por el de _Cristo_. Dice usted que un novelista
-de Francia llama as a uno de sus personajes? Pues mire, ese de fijo lo
-inventar: yo no; tan cierto es, como que usted est ah sentada y yo
-refirindole este caso. En el apodo--atienda usted bien--est mucha
-parte del intrngulis de mi historia. Que por qu le pusieron ese
-alias? No lo s a derechas; creo que por parecerse a un Cristo muy
-grande y muy devoto que se venera en el santuario de Bon.
-
-De modo que el bueno de Cristo, no bien supo la desaparicin de su to
-Castaeda, no se call como los dems, como la misma infeliz viuda, que
-temblaba que despus de suprimirle al marido le pegasen fuego a la
-casita y la echasen en sus ltimos aos a pedir limosna. En las ferias y
-en las romeras, en el atrio de la iglesia y en la botica de Cebre, el
-muchacho alz la voz cuanto pudo, clamando contra la tirana de Lobeiro
-y diciendo que el pas tena que hacer un ejemplo con l; cazarlo lo
-mismo que a un lobo para que escarmentasen los lobos que se estaban
-criando en la madriguera, dispuestos a devorarnos. Deca que estas cosas
-no suceden sino en el pas que las sufre; que donde los hombres tienen
-bragas, no se conciben ciertos abusos; que en Aragn o Castilla ya le
-habran ajustado a Lobeiro la cuenta con el trabuco o la navaja; que si
-el cacique se le pona delante, l, aunque se perdiese y dejase
-desamparadas madre y hermanita, era capaz de arrancarle los dientes a la
-fiera. Al pronto le oan asustados; pero como todo se pega, y el valor y
-el miedo, en particular, son contagiosos lo mismo que el clera, iba
-formndose alrededor de Cristo un ncleo de gente que le daba la razn,
-diciendo que por todos los medios haba que descartarse de Lobeiro y
-conjurar aquella plaga. Los gallegos no somos cobardes, qui! Lo que
-nos falta a veces es la iniciativa del valor. Necesitamos uno que
-empiece, y zs! all seguimos de reata. Cristo iba sumando voluntades,
-y conforme pasaba tiempo y vean que de hablar as no se le originaba
-perjuicio alguno, la algarada creca, y el cacique, intimidado, en
-nuestro concepto, por haber encontrado al fin quien le presentase la
-cara, andaba mansito y derecho; como que pasaron ms de tres meses sin
-sabrsele ninguna fechora mayor.
-
-El da de la feria grande de Arnedo, que es all por el mes de Abril, en
-Pascua, volva yo a mi parroquia, despus de pasar el rato bebiendo un
-poco de Tostado y comiendo unas rosquillas, cuando a poca distancia del
-pueblo empareja con mi mula la yegecilla de Ramn Limioso (usted le
-conoce); el seorito del Pazo, un caballero cumplidsimo, y me pregunta
-lo mismito que yo le pregunto a usted:--Y Cristo, le ha visto usted en
-la feria?--Cristo? No. No lo encontr... por ninguna parte.--Tampoco
-en el mesn?--Tampoco.--A qu horas vino usted?--Tempranito: a las
-siete ya andaba yo en Arnedo.--Sabe que me choca?--Y por qu ha de
-chocarle?--Porque estbamos citados: l quera deshacerse de su jaco, y
-yo le venda mi toro, o se lo cambalachaba; segn.--Bah! Cristo es un
-rapaz todava; an no cumpli los treinta... sabe Dios por dnde anda a
-estas horas!--No, Eugenio; pues yo le digo que me choca; que me
-escama.--Aun vendr, hombre. Son las tres, y hasta las seis o siete de
-la tarde no se deshace la feria.
-
-Ramn Limioso mene la cabeza, y volvi grupas hacia Arnedo. Ni me
-acord ms del asunto, hasta que a las veinticuatro horas me lleg el
-primer rum rum de la desaparicin de Cristo. El mismo misterio que en lo
-de su to Castaeda; ni rastro del muchacho por ninguna parte. La madre
-andaba como loca, pregunta que te preguntars, de casa en casa; la
-hermana sala de un ataque nervioso para caer en un sncope; la justicia
-local, como de costumbre, se lavaba las manos--imposible parece que as
-y todo las tenga tan puercas--y del chico, ni esto. Por fin, al cabo de
-una semana, lo que es aparecer, apareci... Pero dnde? Metido en un
-hrreo, hecho una lstima, en descomposicin... Son pormenores
-horribles; bueno, se trata de que se imponga usted de cmo la cosa
-ocurriera. Yo vi el cadver y me convenc de que no haba exageracin
-ninguna en lo que se refiri despus. Deban de haberle atormentado
-mucho tiempo, porque estaba el cuerpo hecho una pura llaga: a m se me
-figura que lo azotaron con cuerdas, o que lo tundieron a varazos: las
-seales eran como rayas o surcos en el pellejo. Para acabarlo le dieron
-un corte as en la garganta. El rostro, desfiguradsimo; slo una
-madre--pobre seora!--conoce y se arroja a besar un rostro semejante.
-
-S, estoy conforme: es una infamia, un crimen que clama al cielo, lo que
-usted guste... Pero usted tambin va a convenir conmigo. Tambin va a
-decir que todo ello es moco de pavo en comparacin del ltimo
-refinamiento salvaje, de que no tiene noticia aun. Porque matar,
-atormentar, se llama as, atormentar y matar y se acab; cmo se llama
-el escarnio, la befa ms inconcebible, el reto a Dios, que consiste en
-lo siguiente: elegir, para dar tal gnero de muerte a ese hombre que la
-gente apodaba Cristo... elegir... qu da del ao piensa usted?
-
-_El Viernes Santo!_
-
- * * * * *
-
---Pecador soy como el que ms--prosigui el prroco de Naya con la voz y
-el gesto transformados por una seriedad profunda;--pecador soy, indigno
-de que Dios baje a estas manos; no tengo vocacin de santo como el cura
-de Ulloa, ni me gusta echar sermones con requilorios como el de
-Xabrees; pero en semejante ocasin, al enterarme de la monstruosidad,
-no s qu hormigueo me entr por el cuerpo, no s qu vuelta me di la
-sangre ni qu luminarias me danzaron delante de los ojos... que, vamos,
-al pino ms alto del pinar de Morln me subira para gritar: maldicin
-y anatema sobre Lobeiro!--La pltica que les encaj a mis feligreses el
-domingo! Ni Isaas... fuera el alma.--Con un arrebato que aun hoy me
-asombra, les dije que Dios, al parecer, se hace el sordo y el ciego,
-pero es como quien toma carrera para saltar mejor; que ningn crimen
-queda impune; que la sangre de Abel siempre grita venganza, y que me
-creyesen a m, que a fe de Eugenio, nadie se quedara sin su merecido, y
-por medios inescrutables, pero seguros, cuando estuviese ms descuidado.
-Quien fosa cava, en ella caer, me acuerdo que grit como un
-energmeno. Por supuesto que era hablar por no callar: tanto saba yo
-del castigo dichoso, como de la primer camisa que vest: slo que en
-aquel entonces de veras me pareca que as iba a suceder, que Lobeiro
-estaba emplazado, y que la inspiracin hablaba por mi boca. _Spiritus
-ejus in ore meo_.
-
-Poco a poco se fu acallando el _rebumbio_ del asesinato de Cristo. La
-madre y la hermana, convertidas en dos sombras, flaquitas y de riguroso
-luto, fueron el nico recuerdo que qued de la tragedia. En la gente
-siempre fermentaba el odio contra el cacique; pero lo comprima el
-temor. Es de advertir que por entonces _los_ de Lobeiro cayeron, y
-necesariamente el maldito, no teniendo la sartn por el mango, se
-report en sus exacciones y sus iniquidades. El pas respir unas
-miajas. El bando de Trampeta alete. Lobeiro, en el interregno, se
-dedic a una ocupacin pacfica: reconstruir su casa, que era muy vieja,
-y ya mezquina para las exigencias de su nueva posicin; porque la
-fortuna del cacique haba crecido mucho, y su mujer, amiga de lujos, de
-comilonas y de tirar de largo, le meti en la cabeza hacer vivienda
-nueva y la verdad, con todos los perendengues: dos pisos de piedra
-sillar, magnfica; ventanas con unas rejas imponentes: puerta como la
-de un castillo: su gran escalera, su sala de recibir, su cocina
-hermossima... Una casa para Orense! En el pas se hablaba mucho de tal
-edificio, y de la seguridad que ofreca, y de las precauciones que
-revelaba aquel modo de edificar--, precauciones debidas a los muchos
-enemigos que tena el cacique.
-
-Enemigos, a miles se le podan contar; y sin embargo, como el hombre se
-mantena agachado, nadie se meta con l, temeroso de despertarle. El
-gran alboroto fu el que se arm cuando de repente, sin que lo
-barruntsemos ni poco ni mucho, se volc la tortilla y subi nuevamente
-al poder el partido de Lobeiro.
-
-Madre ma! el terror que cay sobre nosotros! Lobeiro otra vez
-mandando, rey otra vez de la comarca; otra vez a su disposicin la
-hacienda, la tranquilidad, la vida de todos; otra vez los cadveres en
-los hrreos o en el fondo del Avieiro o en un hoyo profundo, all por
-las asperezas de algn pinar! Quin respirar? Quin dormira
-tranquilo? Quin estaba seguro de no perecer martirizado?
-
-Usted se va a reir si le digo una cosa. No, no se reir: al contrario:
-se har cargo mejor que nadie, porque tiene costumbre de considerar
-estas singularidades propias de la naturaleza humana.--El miedo, a
-veces, es el mejor agente del valor. S: por miedo se verifican actos
-de herosmo: por desesperacin se realizan acciones que en estado normal
-nos ponen los pelos de punta. Una persona que se ve rodeada de llamas, o
-teme que el incendio se propague y la pille encerrada en una habitacin
-y el humo la asfixie, no se encomienda a Dios ni al diablo para
-arrojarse de un quinto piso a la calle, aunque se estrelle. Con esto
-quiero decir cmo, a las gentes de Cebre y sus cercanas, el propio
-terror de caer en las uas de Lobeiro les infundi una determinacin
-tremenda, adoptada con cautela tal, que todo lo hicieron en el mismo
-silencio y unin que cuenta usted que profesan los nihilistas rusos.
-Ver, ver cmo ocurri la cosa.
-
-Llegado el da de la fiesta de la Virgen en el santuario de Bon, fu yo
-all convidado por el cura, que es amigo. Se reuni una muchedumbre, que
-era aquello un hormiguero: hubo sus cohetes, sus gaitas, sus bailes, sus
-calderadas de pulpo y su tonel de mosto: lo que sabe usted que nunca
-falta en tales romeras. Tambin andaban algunas seoritas muy
-emperifolladas dando vueltas y luciendo los trapitos flamantes: y la ms
-bonita de todas, Micaelia, que paseaba con la madre por debajo de los
-robles, hecha un sol de guapa. Acababa de cumplir los trece aos: se
-conoce que estrenaba vestido, y no caba en s de contenta: el vestido
-era blanco, con lazos color de rosa, precioso, de seda riqusima, un
-disparate para una chiquilla as. La madre: Micaelia, no te
-arrugues--por aqu--y Micaelia, no te manches, por all; y la
-criatura, al principio, respetando mucho la gala; pero, ya se ve, luego
-se cans de guardarle miramientos al vestido majo, y vino disparada a
-tirarme del balandrn. Eugenio, corremos? Al principio fu a
-remolque; pero al fin... este pcaro genio gaitero que tengo yo... me
-hizo la rapaza pegar mil carreras por aquellas cuestas abajo, riendo
-como locos. Y cuidado que me daba no s qu por el cuerpo ver a Lobeiro
-all, a dos pasos, con sus manos donde yo saba que haba manchas de
-sangre fresca.
-
-El diantre del cacique, cuando me vi tan divertido con la hija, me
-llam aparte, y sin mirarme una vez siquiera, me dijo: Hombre, Eugenio,
-hgame un favor: convenza a mi mujer y a la chiquilla de que va a estar
-muy bien Micaela en el colegio de Orense.
-
---Y usted se separa de ella?--pregunt con asombro.
-
---S, hombre... Cosas que uno hace porque no tiene remedio--, contest
-l muy encapotado y a media habla.
-
-As que la familia de Lobeiro y los adlteres que siempre le escoltaban
-se retiraron de la romera, le pregunt al cura de Bon, extrandome
-de la idea de enviar a Orense la chiquilla, cuando precisamente era el
-encanto de su padre. Bon me di una explicacin plausible:--Eso lo
-hace por no exponer a la chiquilla a un fracaso. Lo tienen amenazado de
-muerte, y veinte veces ya le avisaron de que su casa ha de arder. Y
-aunque l dice que conforme la construy no es tan fcil pegarle fuego,
-no quiere tener aqu a Micaelia, porque recela alguna barbaridad.--Ya
-ver usted, seora, cmo efectivamente, no ardi la casa de Lobeiro.
-
- * * * * *
-
-Yo dorm en la rectoral de Bon aquella noche. Se haba empinado y
-manducado muy regular, de modo que el primer sueo fu de piedra. Estaba
-como una marmota, que si me sueltan un redoble de tambor en los mismos
-odos, no doy a pie ni a mano. Con que figrese lo que sera la
-explosin, para que me incorporase en la cama de un brinco.
-
-Puummm! Booom! Nunca acababa de sonar. Yo a obscuras, a tientas,
-buscando las cerillas y gritando por el criado:--Eh! Ave Mara
-Pursima! Rosendo! Condenado, duermes o qu haces? Se cae la casa?
-Jess, Dios y Seor, misericordia!
-
-Por fin encend el fsforo, y cuando entr Rosendo todo aturdido, en
-ropas menores, ya no pudo aguantar la risa. El muchacho todo se espant.
-
---S, rase, que es para reir. Seor, no ra, que es pecado. Estoy que
-se me _arrepian_ las carnes.
-
---Pero, qu hay? qu demonios pasa?
-
---Y quin lo sabe, a no ser un brujo? Parece que se ha hundido
-mismamente el mundo todo de la tierra.
-
-Escuch. Nada, silencio. Sal a la ventana. Ni seal de cosa alguna. Me
-sent: estaba sano y bueno. El cura de Bon andaba por all aturdido,
-dando vueltas. Nos pusimos a hacer comentarios. Nadie se quiso volver a
-la cama. Cada uno deca su cosa, cuando tras, tras! a la puerta... Al
-seor cura de Bon, que vaya a dar los santos leos y a confesar a
-Lobeiro, que se muere... Bon est a medio cuarto de legua de la casa de
-Lobeiro. El que traa el recado nos enter de todo.
-
-Mientras Lobeiro y su hija y sus satlites estaban de parranda, con
-mucho tiento, al pie del balcn mayor, _haban_ depositado veintisis
-cartuchos de dinamita--lo bastante para volar una fortaleza--y su mecha
-correspondiente. Hecho esto, retirronse con tranquilidad, pie ante pie.
-A la noche, recogida ya la familia, _alguien_ cogi el cabo de mecha, le
-prendi fuego y se apart con mucha calma. De los veintisis cartuchos,
-slo diez o doce se inflamaron. Pero fu todo lo preciso.
-
-No salv alma viviente. Entre los escombros de la casa yacan el cadver
-de la mujer de Lobeiro, el tronco mutilado del criado y el cuerpo de
-Micaelia, muerta como una paloma, con sangre en las sienes, tendida al
-lado de su padre. El lobo an viva; fu el nico que no pereci en el
-acto. Antes de expirar, tuvo una hora larga de contemplar a su oveja
-difunta... Digan lo que quieran los sabios esos del materialismo...
-Retaco! Yo juro que hay Dios, y un Dios que castiga sin palo ni
-piedra... Con dinamita; corriente. Con lo que sale!
-
-
-
-
-El sencillo Don Rafael
-
-CAZADOR Y TRESILLISTA
-
-(UNAMUNO)
-
-
-
-
-EL SENCILLO DON RAFAEL
-
-CAZADOR Y TRESILLISTA
-
-
-Senta resbalar las horas, hueras, areas, deslizndose sobre el
-recuerdo muerto de aquel amor de antao. Muy lejos, detrs de l, dos
-ojos ya sin brillo entre nieblas. Y un eco vago, como el del mar que se
-rompe tras la montaa, de palabras olvidadas. Y all, por debajo del
-corazn, susurro de aguas soterraas. Una vida vaca, y l slo,
-enteramente slo. Slo con su vida.
-
-Tena para justificarla nada ms que la caza y el tresillo. Y no por eso
-viva triste, pues su sencillez heroica no se compadeca con la
-tristeza. Cuando algn compaero de juego, despreciando un solo, iba a
-buscar una sola carta para dar bola, sola repetir Don Rafael que hay
-cosas que no se debe ir a buscar: vienen ellas solas. Era
-providencialista; es decir, crea en el todopodero del azar. Tal vez
-por creer en algo y no tener la mente vaca.
-
---Y por qu no se casa usted?--le pregunt alguna vez con la boca
-chica su ama de llaves.
-
---Y por qu me he de casar?
-
---Acaso no vaya usted descaminado.
-
---Hay cosas, seora Rogelia, que no se debe ir a buscar: vienen ellas
-solas.
-
---Y cuando menos se piensa!
-
---As se dan las bolas! Pero, mire, hay una razn que me hace pensar en
-ello...
-
---Cul?
-
---La de poder morir tranquilo _ab intestato_.
-
---Vaya una razn!--exclam el ama, alarmada.
-
---Para m la nica valedera--respondi el hombre, que presenta no valen
-las razones, sino el valor que se las da.
-
-Y una maana de primavera, al salir con achaque de la caza, a ver nacer
-el sol, un envoltorio en la puerta de su casa. Encorvse a mejor
-percatarse, y de dentro, un ligersimo susurro como de cosas olvidadas.
-El rollo se remova. Lo levant; estaba tibio; lo abri: era una
-criatura de horas. Quedse mirando, y su corazn pareca sentir, no ya
-el susurro, sino el frescor de sus aguas soterraas. Vaya una caza que
-me ha deparado el destino!, pens.
-
-Volvise con el envoltorio en brazos, la escopeta a la bandolera,
-subiendo las escaleras de puntillas para no despertar a aquello, y llam
-quedamente varias veces.
-
---Aqu traigo esto--le dijo al ama de llaves.
-
---Y eso, qu es?
-
---Parece un nio.
-
---Parece slo?
-
---Lo dejaron a la puerta de la calle.
-
---Y qu hacemos con ello?
-
---Pues... qu vamos a hacer? Bien claro est, criarlo!
-
---Quin?
-
---Los dos.
-
---Yo? Yo, no!
-
---Buscaremos ama.
-
---Pero est usted en su juicio, seorito! Lo que hay que hacer es dar
-parte al juez, y en cuanto a eso, al Hospicio con ello!
-
---Pobrecillo! Eso s que no!
-
---En fin, usted manda.
-
-Una madre vecina le prest caritativamente las primeras leches, y pronto
-el mdico de Don Rafael encontr una buena nodriza: una chica soltera
-que acababa de dar a luz un nio muerto.
-
---Como nodriza, excelente--le dijo el mdico--, y como persona, ya ves,
-un desliz as puede ocurrirle a cualquiera.
-
---A m no--contest con su sencillez caracterstica Don Rafael.
-
---Lo mejor sera--dijo el ama de llaves--que se lo llevase a su casa a
-criarlo.
-
---No--replic Don Rafael--, eso tiene graves peligros; no me fo de la
-madre de la chica. Aqu, aqu, bajo mi vigilancia. Y no hay que darle
-disgustos a la chica, seora Rogelia, que de ello depende la salud del
-nio. No quiero que por una sofoquina de Emilia pase el angelito un
-dolor de tripas.
-
-Era Emilia, la nodriza, de veinte aos, alta, agitanada, con una risa
-perpetua en los ojos, cuya negrura realzaba el marco de bano del pelo
-que le cubra las sienes como con dos esponjosas alas de cuervo,
-entreabiertos y hmedos los labios guinda, y unos andares de gallina a
-que el gallo ronda.
-
---Y cmo va a bautizarle usted, seorito?--le pregunt la seora
-Rogelia.
-
---Como hijo mo.
-
---Pero, est usted loco?
-
---Qu ms da!
-
---Y si maana, por esa medalla que lleva y esas contraseas, aparecen
-sus verdaderos padres?...
-
---Aqu no hay ms padre ni madre que yo. Yo no busco nios, como no
-busco bolas; pero cuando vienen... soy libre. Y creo que esta del azar
-es la ms pura y libre de las maternidades. No me cabe la culpa de que
-haya nacido, pero tendr el mrito de hacerle vivir. Hay que creer en la
-Providencia siquiera por creer en algo, que eso consuela, y adems as
-podr morir tranquilo _ab intestato_, pues ya tengo quien me herede
-forzosamente.
-
-La seora Rogelia se mordi los labios, y cuando Don Rafael hizo
-bautizar y registrar al nio como hijo suyo di que reir a la vecindad y
-a nadie que sospechar malicia alguna: tan conocida era su transparente
-ingenuidad cotidiana. Y el ama de llaves tuvo, mal de su grado, que
-avenirse y concordar con el ama de leche.
-
-Ya tena Don Rafael algo ms en qu pensar que en la caza y el tresillo;
-ya estaban sus das llenos. La casa se le llen de una vida nueva,
-luminosa y sencilla. Y hasta perdi alguna noche el sueo y el descanso
-paseando al nene para callarlo.
-
---Es hermoso como el sol, seora Rogelia. Y tampoco hemos tenido mala
-suerte con el ama, me parece.
-
---Como no vuelva a las andadas.
-
---De eso me encargo yo. Sera una picarda, una deslealtad: se debe al
-nio. Pero, no, no; est desengaada del zanguango de su novio, un
-bausn de marca mayor a quien ya aborrece...
-
---No se fe usted..., no se fe usted...
-
---Y a quien voy a pagarle el pasaje a Amrica. Y ella es una
-pobrecilla...
-
---Hasta que vuelva a tener ocasin.
-
---Digo que lo evitar!
-
---Pues como ella quiera...
-
---Ah, en cuanto a eso s! Porque si he de decirle a usted la verdad,
-la verdad es que...
-
---S, me la supongo.
-
---Pero, ante todo, respeto a mi hijo!
-
-Emilia nada tena de lerda y estaba deslumbrada con el rasgo
-heroicamente sencillo de aquel soltern semidurmiente. Encarise desde
-un principio con el cro como si fuese su madre misma. El padre putativo
-y la nodriza natural pasbanse largos ratos, a sendos lados de la cuna,
-contemplando la sonrisa del sueo del nio cuando ste haca como que
-mamaba.
-
---Lo que es el hombre!--deca Don Rafael.
-
-Y cruzbanse sus miradas. Y cuando tenindole ella, Emilia, en brazos,
-iba l, Don Rafael, a besar al nio, con el beso ya preparado en la boca
-rozaba casi la mejilla de la nodriza, cuyos rizos de bano le afloraban
-la frente, al padre. Otras veces quedbase contemplando alguno de los
-dos mellizos blancos senos, turgentes de vida que se da, con el
-serpenteo azul de las venas que del cuello bajaban, y sostenido entre
-los ahusados dedos ndice y corazn como en horqueta. Doblbase sobre l
-un cuello de paloma. Y tambin entonces le entraban ganas de besar al
-hijo, y su frente, al tocar al seno, hacalo temblotear.
-
---Ay, lo que siento es que pronto tendr que dejarte, sol
-mo!--exclamaba ella, apretndolo contra su seno y como si le
-entendiera.
-
-Callbase a esto Don Rafael.
-
-Y cuando le cantaba al nio, abrazndole, aquella vieja canturria
-paradisaca que, aun transmitindosela de corazn a corazn las madres,
-cada una de stas crea e inventa de nuevo, eternamente nueva poesa,
-siendo la misma siempre, la nica, como el sol, traale a Don Rafael
-como un dejo de su niez olvidada en las lontananzas del recuerdo.
-Balancebase la cuna y con ella el corazn del padre al azar, y
-mecasele aquel canto...
-
- que viene el coc...
-
-con el susurro de las aguas de debajo de su corazn...
-
- a llevarse los nios...
-
-que iba tambin durmindose...
-
- que duermen poc...
-
-entre las blandas nieblas de su pasado...
-
- ah, ah, ah, aaaaah!
-
---Qu buena madre hace!--pensaba.
-
-Alguna vez, hablando del percance que la hizo nodriza, le pregunt Don
-Rafael:
-
---Pero, chica, cmo pudo ser eso?
-
---Ya ve usted, Don Rafael!--y se le encenda leve, muy levemente el
-rostro.
-
---S, tienes razn, ya lo veo!
-
-Y lleg una enfermedad terrible, das y noches de angustia. Mientras
-dur aquello hizo Don Rafael que Emilia se acostase con el nio en su
-mismo cuarto. Pero seorito--dijo ella--, cmo quiere usted que yo
-duerma all... Pues muy sencillo--contest l, con su sencillez
-acostumbrada--, durmiendo!
-
-Porque para aquel hombre todo sencillez, era sencillo todo.
-
-Por fin el mdico di por salvado al nio.
-
---Salvado!--exclam Don Rafael con el corazn desbordante, y fu a
-abrazar a Emilia, que lloraba del estupor del gozo.
-
---Sabes una cosa--le dijo sin soltar del todo el abrazo y mirando al
-nio que sonrea en floracin de convalecencia.
-
---Usted dir--contest ella, mientras el corazn se le pona al galope.
-
---Que puesto que estamos los dos libres y sin compromiso, pues no creo
-que pienses ya en aquel majadero que ni siquiera sabemos si lleg o no a
-Tucumn, y ya que somos yo padre y t madre, cada uno a su respecto, del
-mismo hijo, nos casemos y asunto concludo.
-
---Pero, D. Rafael!--y se puso en grana.
-
---Mira, chiquilla, as podremos tener ms hijos...
-
-El argumento era algo especioso, pero persuadi a Emilia. Y como vivan
-juntos y no era cosa de contenerse por unos das fugitivos--qu ms
-da!--aquella misma noche le hicieron sucesor al nio y muy poco despus
-se casaron como la Santa Madre Iglesia y el providente Estado mandan.
-
-Y fueron en lo que en lo humano cabe--y no es poco!--felices, y
-tuvieron diez hijos ms, una bendicin de Dios, con lo cual pudo morir
-tranquilo _ab intestato_, por tener ya quienes forzosamente le
-heredaran, el sencillo Don Rafael, que de cazador y tresillista pas de
-dos brincos a padre de familia. Y es lo que l sola decir como resumen
-de su filosofa prctica: Hay que dar al azar lo suyo!
-
-
-
-
-Solo!
-
-(PALACIO VALDS)
-
-
-
-
-SOLO!
-
-
-Fresnedo dorma profundamente su siesta acostumbrada. Al lado del divn
-estaba el velador maqueado, manchado de ceniza de cigarro, y sobre l un
-platillo y una taza, pregonando que el caf no desvela a todas las
-personas. La estancia, amueblada para el verano con mecedoras y sillas
-de rejilla, estera fina de paja, y las paredes desnudas y pintadas al
-fresco, se hallaba menos que a media luz: las persianas la dejaban a
-duras penas filtrarse. Por esto no se senta el calor. Por esto y porque
-nos hallamos en una de las provincias ms frescas del Norte de Espaa y
-en el campo. Reinaba silencio. Escuchbase slo fuera el suave ronquido
-de las cigarras y el _po po_ de algn pjaro que, protegido por los
-pmpanos de la parra que cie el balcn, se complaca en interrumpir la
-siesta de sus compaeros. Alguna vez, muy lejos, se oa el chirrido de
-un carro, lento, montono, convidando al sueo. Dentro de la casa haban
-cesado ya tiempo haca los ruidos del fregado de los platos. La
-fregatriz, la robusta, la colosal Mariona, como andaba descalza, slo
-produca un leve gemido de las tablas, que se quejaban al recibir tan
-enorme y maciza humanidad.
-
-Cualquiera envidiara aquella estancia fresca, aquel silencio dulce,
-aquel sueo plcido. Fresnedo era un sibarita; pero solamente en el
-verano. Durante el invierno trabajaba como un negro all en su
-escritorio de la calle de Espoz y Mina, donde tena un gran
-establecimiento de alfombras. Era hombre que pasaba un poco de los
-cuarenta, fuerte y sano como suelen ser los que no han llevado una
-juventud borrascosa: la tez morena, el pelo crespo, el bigote largo y
-comenzando a ponerse gris. Haba nacido en Campizos, punto donde nos
-hallamos, hijo de labradores regularmente acomodados. Mandronle a
-Madrid a los catorce aos con un to comerciante. Trabaj con bro e
-inteligencia; fu su primer dependiente; despus, su asociado; por
-ltimo se cas con su hija, y hered su hacienda y su comercio. Contrajo
-matrimonio tarde, cuando ya se acercaba a los cuarenta aos. Su mujer
-slo tena veinte. Educada en el bienestar y hasta en el lujo que le
-poda procurar el viejo Fresnedo, Margarita era una de esas nias
-madrileas, toda melindres, toda vanidad, postrada ante las mil
-ridiculeces de la vida cortesana, cual si estuviesen determinadas por
-sentencias de un cdigo inmortal, desviada enteramente de la vida de la
-Naturaleza y la verdad. Por eso odiaba el campo, y muy particularmente
-el ignorado y frondoso lugarcito donde tena origen su linaje humilde.
-Lo odiaba casi tanto como su mam, la esposa del viejo Fresnedo, que, a
-pesar de ser hija de una cacharrera de la calle de la Aduana, tena a
-menos poner los pies en Campizos.
-
-Tanto como ellas lo odiaban ambalo el buen Fresnedo. Mientras fu
-dependiente de su to, arrancbale todos los aos licencia para pasar el
-mes de Julio o Agosto en su pas. Cuando sus ganancias se lo
-permitieron, levant al lado de la de sus padres una casita muy linda,
-rodeada de jardn, y comenz a comprar todos los pedazos de tierra que
-cerca de ella salan a la venta. En pocos aos logr hacerse un
-propietario respetable. Y al comps que se haca dueo de la tierra
-donde corrieron sus primeros aos, su amor hacia ella creca
-desmesuradamente. Puede cualquiera figurarse el disgusto que el honrado
-comerciante experiment cuando, despus de casado con su prima, sta le
-anunci, al llegar el verano, que no estaba dispuesta a sepultarse en
-Campizos, decisin que su ta y suegra reciente apoy con maravilloso
-coraje. Fu necesario resignarse a veranear en San Sebastin. Al ao
-siguiente, lo mismo. Pero al llegar al cuarto, Fresnedo tuvo la audacia
-de rebelarse, produciendo un gran tumulto domstico.--O a Campizos, o a
-ninguna parte este verano. Estamos, seoras? Y los bigotes se le
-erizaron de tal modo inflexible al pronunciar estas enrgicas palabras,
-que la delicada esposa se desmay acto continuo, y la animosa suegra,
-rociando las sienes de su hija con agua fresca y dndole a oler el
-frasco del antiespasmdico, comenz a increparle amargamente:
-
---Huele, hija ma, huele!... Si las cosas se hicieran dos veces!... La
-culpa la he tenido yo en poner en manos de un paleto una flor tan
-delicada.
-
-Cuando la flor delicada abri al fin los ojos, fu para soltar por ellos
-un caudal de lgrimas y para decir con acento tristsimo:
-
---Nunca lo creyera de Ramn!
-
-Fresnedo se conmovi. Hubo explicaciones. Al fin se transigi de un modo
-honroso para las dos partes. Convnose en que Margarita y su mam iran
-a San Sebastin, llevando a la nia de quince meses, y que Fresnedo
-fuse a Campizos el mes de Agosto, con Jess, el nio mayor, de edad de
-tres aos, y su niera. Esta es la razn de que Fresnedo se encuentre
-durmiendo la siesta donde acabamos de verle.
-
-Despertle de ella una voz bien conocida:
-
---Pap, pap.
-
-Abri los ojos y vi a su hijo a dos pasos, con su mandilito de dril
-color perla, sus zapatitos blancos y el negro y enmaraado cabello cado
-en bucles graciosos sobre la frente. Era un chico ms robusto que
-hermoso. La tez, de suyo morena, tenala ahora requemada por los das
-que llevaba de aldea haciendo una vida libre y casi salvaje. Su padre le
-tena todo el da a la intemperie, siguiendo escrupulosamente las
-instrucciones de su mdico.
-
---Pap..., dijo Tata que t no queras... que t no queras... que t no
-queras... comprarme un carro... y que el carnero... y que el carnero no
-era mo..., que era de Carmita (la hermana), y no me deja cogerlo por
-los cuernos, y me peg en la mano.
-
-El chiquitn, al pronunciar este discurso con su graciosa media lengua,
-detenindose a cada momento, mostraba en sus ojos negros y profundos la
-indignacin vivsima y mucha sed de justicia. Por un instante pareci
-que iba a romper en llanto; pero su temperamento enrgico se sobrepuso,
-y despus de hacer una pausa cerr su perorata con una interjeccin de
-carretero. El padre le haba estado escuchando embelesado, animndole
-con sus gestos a proseguir, lo mismo que si una msica celeste le
-regalase los odos. Al oir la interjeccin, estall en una sonora y
-alegre carcajada. El nio le mir con asombro, no pudiendo comprender
-que lo que a l le pona tan fuera de s causase el regocijo de su pap.
-Este hubiera estado escuchndole horas y horas sin pestaear. Y eso que,
-segn contaba su suegra a las visitas, cuando quera dar el golpe de
-gracia a su yerno y perderle completamente ante la conciencia pblica,
-se haba dormido oyendo _La Favorita a Gayarre_!!!
-
---S, vida ma? La Tata no quiere que cojas el carnero por los
-cuernos? Deja que me levante, ya vers cmo arreglo yo a la Tata!
-
-Fresnedo atrajo a su hijo y le aplic dos formidables besos en las
-mejillas, acaricindole al mismo tiempo la cabecita con las manos.
-
-El chico no haba agotado el captulo de los agravios que crea haber
-recibido de su niera... Sigui gorjeando que sta no haba querido
-darle pan.
-
---Hace poco tiempo que hemos comido.
-
---Hace mucho--dijo el nio con despecho.
-
---Bueno, ya te lo dar yo.
-
-Adems, la Tata no haba querido contarle un cuento, ni hacer vaquitas
-de papel. Adems, le haba pinchado con un alfiler aqu. Y sealaba una
-manecita.
-
---Pues es cierto!--exclam Fresnedo viendo, en efecto un ligero
-rasguo.--Dolores! Dolores!--grit despus.
-
-Presentse la niera. El amo la increp duramente por llevar alfileres
-en la ropa, contra su prohibicin expresa. Jess, viendo a la Tata
-triste y acobardada, fu a restregarse con sus faldas, como pidindole
-perdn de haber sido causa de su disgusto.
-
---Bueno--dijo Fresnedo levantndose del divn y esperezndose.--Ahora
-nos iremos al establo y cogers al carnero por los cuernos. Quieres,
-Chucho?
-
-Chucho quiso descoyuntarse la cabeza haciendo seales de afirmacin que
-corroboraba vivamente con su media lengua. Pero echando al mismo tiempo
-una mirada tmida a su Tata, y vindola todava seria y avergonzada, le
-dijo con encantadora sonrisa:
-
---No te enfades, boba; t vienes tambin con nosotros.
-
-Fresnedo se visti su americana de dril, se cubri con un sombrero de
-paja, y tomando de la mano a su nio, baj al jardn, y de all se
-trasladaron al establo. Al abrir la puerta, Chucho, que iba muy
-decidido, se detuvo y esper a que su padre penetrase. Estaba obscuro.
-Del fondo de la cuadra sala el vaho tibio y hmedo que despide siempre
-el ganado. Las vacas mugieron dbilmente, lo cual puso en gran
-sobresalto a Jess, que se neg rotundamente a entrar, bajo el pretexto
-especioso de que se iba a manchar los zapatos. Su padre le tom entonces
-en brazos y pas y quiso acercarle a las vacas y que les pusiese la mano
-en el testuz. Chucho, que no las llevaba todas consigo, confes que a
-las vacas les tena un potito de miedo. A los carneros ya era otra
-cosa. A stos declaraba que no les tema poco ni mucho; que jams haba
-sentido por ellos ms que amor y veneracin.
-
---Bueno, vamos a ver los carneros--dijo Fresnedo sonriendo.
-
-Y se trasladaron al departamento de las ovejas. All pretendi dejarlo
-en el suelo; mas en cuanto puso los piececitos en l, Jess manifest
-que estaba cansadsimo, y hubo que auparlo de nuevo. Acercle su padre a
-un carnero y le invit a que le tomase por un cuerno. Era cosa grave y
-digna de meditarse. Chucho lo pens con detenimiento. Avanz un poco la
-mano, la retir otra vez, volvi a avanzarla, volvi a retirarla. Por
-ltimo, se decidi a manifestar a su pap que a los carneros les tena
-un potito miedo. Pero, en cambio, dijo que a las gallinas las trataba
-con la mayor confianza; que en su vida le haban inspirado el ms mnimo
-recelo; que se senta con fuerzas para cogerlas del rabo, de las patas y
-hasta del pico, porque eran unos animales cobardes y despreciables, al
-menos en su concepto. Fresnedo no tuvo inconveniente en llevarle al
-gallinero, que estaba en la parte trasera de la casa, fabricado con una
-valla de tela metlica. All Chucho, con una bravura de que hay pocos
-ejemplos en la historia, se dirigi al gallo mayor, enorme animal de
-casta espaola, soberbio de posturas y ardiente de ojo. Trat de cogerle
-por el rabo, como haba formalmente prometido, pero el grave sultn del
-gallinero chill de tal horrsona manera, extendiendo las alas y dando
-feroces sacudidas, que el fro de la muerte penetr en el corazn de
-Chucho. Apresurse a soltarlo y se agarr aterrado al cuello de su
-padre.
-
---Pero, hombre, no decas que no tenas miedo a las gallinas?--exclam
-ste riendo.
-
---T, t...; cgelo t, pap.
-
---Yo tengo miedo.
-
---No, t no tienes miedo.
-
---Y t, lo tienes?
-
-Call avergonzado; pero al fin confes que a las gallinas tambin les
-tena un potito de miedo.
-
-Desde all llevle otra vez Fresnedo al establo, y despus de varios
-sustos y vacilaciones logr que pusiera su manecita en el hocico de un
-becerro. Mas ocurrindole al animal sacar la lengua y pasrsela por la
-mano, la aspereza de ella le produjo tal impresin, que no quiso ya
-arrimarse a ningn otro individuo de la raza vacuna. Subile despus al
-pajar. Qu placer para Chucho! Hundirse en la crujiente hierba,
-agarrarla y esparcirla en pequeos puados; dejarse caer hacia atrs con
-los brazos abiertos! Pero an era mayor el gozo de su padre
-contemplndole. Jugaron a sepultarse vivos. Fresnedo se dejaba enterrar
-por su hijo, que iba amontonando hierba sobre l con vigor y crueldad
-que nadie esperara de l. Mas a lo mejor de la operacin, su pap daba
-una violenta sacudida y echaba a volar toda la hierba. Y con esto el
-chico soltaba nuevas carcajadas, como si aquello fuese el caso ms
-chistoso de la tierra. Sudaba una gota por todos los poros de su tierno
-cuerpecito, tena los cabellos pegados a la frente y el rostro
-encendido. Cuando su pap trat de tomar la revancha y sepultarle a l,
-no pudo resistirlo. As que se hall con hierba sobre los ojos, dise a
-gritar y concluy por llorar con verdadero sentimiento, cayndole por
-las mejillas unas lgrimas que su padre se apresur a beber con besos
-apasionados.
-
-S; en aquel momento a Fresnedo le atac uno de esos accesos de ternura
-que solan ser en l frecuentes. Jess era su familia, todo su amor, la
-nica ilusin de su vida. Si entrsemos por los ltimos pliegues de su
-corazn, es posible que no hallramos ya un tomo de cario hacia su
-mujer. El carcter altanero, impertinente y desabrido de sta haba
-matado el fuego de la pasin que sinti por ella al casarse. Pero aquel
-tierno pimpollo, aquel botn de rosa, aquel pastelito dulce amasado por
-los ngeles lo llenaba todo, ocupaba enteramente su vida, era el fondo
-de sus pensamientos, el consuelo de sus pesares. Abrazbalo con arrebato
-y cubra sus frescas mejillas con besos prolongados apretadsimos,
-murmurando despus a su odo palabras fogosas de enamorado.
-
---Quin te quiere ms que nadie en el mundo, hermoso mo? No es tu
-pap? Di, lucero. Y t, a quin quieres ms? S, vida ma, s; te
-quiero tanto, que dara por ti la vida con gusto. Por ti, nada ms que
-por ti, quisiera ser algo de provecho en el mundo. Por ti, slo por ti,
-trabajo y trabajar hasta morir! Nunca te podr pagar lo feliz que me
-haces, criatura!
-
-El nio no comprenda, pero adivinaba aquella pasin y la corresponda,
-finamente. Sus grandes ojos negros, expresivos, se posaban en su padre,
-esforzndose por penetrar en aquel mundo de amor y descifrar el sentido
-de palabras tan fervorosas. Despus de un momento de silencio en que
-pareci que meditaba, tom con sus manecitas como claveles la cara de su
-padre, y acercando la boca a su odo, le dijo con voz tenue como un
-soplo:
-
---Pap, voy a decirte una cosa... Te quiero ms que a mam... No se lo
-digas, eh?
-
-Al buen Fresnedo se le humedecan los ojos con estas cosas.
-
-Bajaron del pajar, salieron del establo, y despus de consultado el
-reloj, el comerciante resolvi irse a baar, como todos los das, al
-ro.
-
---Chucho, vienes conmigo al bao?
-
-Cielo santo, qu felicidad!
-
-Chucho quiso volverse loco de alegra. Generalmente el bao de su padre
-le causaba algunas lgrimas porque no poda llevarle consigo a causa de
-la niera. Fresnedo se baaba en un sitio retirado, pero en cueros
-vivos. Esta vez se decidi a llevar a su hijo y dejar a Dolores en casa.
-El nio comenz a pedir a grandes gritos el sombrero. No quera subir
-por l a casa, temiendo que su padre se le escapase como otras veces. La
-Tata, riendo, se lo tir del balcn, y lo mismo la sbana del pap y la
-sombrilla.
-
-El ro estaba a un kilmetro de la casa. Era necesario caminar por unas
-callejas bordadas de toscas paredillas recamadas de zarzamora y
-madreselva. El sol empezaba a declinar, y el valle, el hermoso valle de
-Campizos, rodeado de suaves colinas pobladas de castaares, y en segundo
-trmino de un cinturn de elevadsimas montaas, cuyas crestas nadaban
-en un vapor violceo, dorma la siesta silencioso, ostentando su manto
-de verdura incomparable. Haba todos los matices del verde en este
-manto, desde el claro amarillento de la hierba tierna, hasta el obscuro
-y profundo de los robles y negrillos.
-
-Caminaban padre e hijo por las angostas calles preservndose del sol con
-la sombrilla del primero. Pero Chucho se escapaba muchas veces y
-Fresnedo le dejaba libre, convencido de que era bueno acostumbrarlo a
-todo. Gozaba al verle correr delante, con su mandilito de dril y su gran
-sombrero de paja con cintas azules. Chucho andaba cuatro veces el
-camino, como los perros. Paraba a cada instante para coger las
-florecitas que estaban al alcance de su mano, y las que no, obligaba
-despticamente a su padre a cogerlas y adems a cortar algunas ramas de
-los rboles, con las cuales iba barriendo el camino. Por cierto que en
-medio de l tuvo un encuentro desdichado y temeroso. Al doblar un recodo
-tropezse nuestro nio con un cerdo, un gran cerdo negro y redondo,
-caminando en la misma direccin. Chucho tuvo la temeridad de acercarse a
-l y cogerle por el rabo. Este aditamento de los animales ejerca una
-influencia magntica sobre sus diminutas manos regordetas. El cerdo que
-estaba, al parecer, de mal humor y nervioso, al sentirse asido lanz un
-terrible bufido, y dando la vuelta para escapar, embisti con el nio y
-lo volc. Cristo Padre, qu grito! All acudi Fresnedo corriendo, y lo
-levant y le limpi las lgrimas y el polvo, hacindole presente al
-mismo tiempo que tomara venganza de aquel cerdo brbaro y descorts as
-que llegaran a casa. Con lo cual se aplac Chucho, no sin manifestar
-antes que el cerdo era muy feo y que a l le gustaban ms los perros,
-porque eran buenos y le conocan, y cuando estaban de humor le laman la
-cara.
-
-Hubo que pasar por algunas saltaderas. Fresnedo tomaba a su hijo en
-brazos y le pona de la parte de all con gran cuidado. Dejaron el
-camino real y empezaron a caminar por los prados, donde Jess se empe
-en coger un grillo. Su padre le mand orinar en el agujero para que
-saliese. As lo hizo, y como el grillo no quera asomar, se irrit
-contra s mismo porque no poda orinar ms y llor desconsoladamente.
-Aunque con gran sentimiento, renunci a aquella caza difcil y se dedic
-a las _anitas de Dios_, y se entretuvo un rato, demasiado largo, en
-opinin de su pap, a ponerlas en la palma de la mano, cantndoles:
-_Anita, anita de Dios, abra las alas y vete con Dios_, precioso conjuro
-que la haba enseado su Tata, persona muy instruda en este linaje de
-conocimientos.
-
-Por fin llegaron al ro. Corra sereno y lmpido por entre praderas,
-orlado de avellanos que salen de la tierra como grandes ramilletes.
-Formaba en aquel paraje un remanso que llamaban en la aldea el _Pozo de
-Tresagua_. Era el pozo bastante hondo, el sitio retirado y deleitoso.
-Ningn otro haba en los contornos de Campizos ms a propsito para
-baarse. Llegaba el csped hasta la misma orilla, y sobre aquella verde
-alfombra era grato sentarse y cmodamente se poda cualquiera desnudar
-sin peligro de ser visto. Los avellanos, macizos de verdura, no dejaban
-pasar los rayos del sol, que an luca vivo y ardiente. All gozaba
-Fresnedo del bao ms que el sultn de Turqua, acumulando salud y
-felicidad para todo el ao. En aquel mismo sitio se haba baado de nio
-con otra porcin de compaeros que hoy eran labradores. Qu placer
-senta recordando los pormenores de su vida infantil, cuando era un
-zagalillo a quien su padres recomendaban el cuidado del ganado en el
-monte o les ayudaba en todas las faenas de la agricultura! Cuando los
-recuerdos de la infancia van unidos a una vida libre en el seno de la
-Naturaleza, por pobre que se haya sido, siempre aparecen alegres,
-deliciosos.
-
-Descansaron algunos minutos padre e hijo sobre el csped reposando el
-calor, y al fin se decidi aquel a ir despojndose poco a poco de la
-ropa. Mientras lo haca, tarareaba una cancin de zarzuela de las que
-llegaban a sus odos de Madrid. La alegra le rebosaba del alma. Su hijo
-le miraba atentamente con sus grandes ojos negros. De vez en cuando
-Fresnedo levantaba los suyos hacia l, y le deca sonriendo:
-
---Qu hay, Chucho? Te quieres baar conmigo?
-
-Chucho se contentaba con reir, como diciendo:
-
-Qu bromista es este pap! Como si no supiese que armo un escndalo
-cada vez que intentan meterme en el agua!
-
-Fresnedo se baaba enteramente desnudo. Le incomodaba mucho cualquier
-traje de bao. En aquel sitio tena la seguridad de no ser visto. Cuando
-se qued en cueros vivos, el asombro y la curiosidad retratados en la
-cara de su Chipiln, le causaron cierta vergenza y se cubri con la
-sbana. Pero Chucho no estaba conforme y empez a gorjear, mientras
-tiraba de la sbana con sus manecitas, que su pap tena pelo en el
-cuerpo y que l no lo tena, y que la Tata tampoco lo tena...
-
---Vamos, Chucho, cllate--le dijo el pap con semblante grave--. No se
-habla de eso. Los nios no hablan de eso.
-
---Y por qu no hablan los nios de eso? Fresnedo no contest.
-
---Por qu no hablan los nios de eso, pap?--repiti el chico.
-
-El comerciante quiso distraerle hablndole de otras cosas, pero Chucho
-no acudi al engao.
-
---Por qu no hablan los nios de eso, pap?--insisti lleno de
-curiosidad.
-
---Porque no est bien--respondi.
-
---Y por qu no est bien?
-
---Vaya, vaya, djame en paz!--exclam entre impaciente y risueo.
-
-Embozado en la sbana como en un jaique moruno avanz hacia el agua.
-
---Mira, Chucho--dijo volvindose--, no te muevas de ah. Sentadito hasta
-que yo salga, verdad?... Mira, vas a ver cmo me tiro de cabeza al
-agua. Mira bien. A la una..., a las dos... Mira bien, Chucho... A las
-tres!
-
-Fresnedo, que haba dejado caer la sbana al dar las voces y se haba
-colocado sobre un pequeo cantil, lanzse, en efecto de cabeza al pozo
-con el placer que lo hacen los hombres llenos de vida. Al hundirse, su
-cuerpo robusto agit violentamente el agua, produjo en ella una
-verdadera tempestad, cuyas gotas salpicaron al mismo Jess. Este sufri
-un estremecimiento y qued atnito, maravillado, al ver prontamente
-salir a su padre y nadar haciendo volteretas y cabriolas en el agua.
-
---Mira, Chucho! Mira!
-
-Y se puso con el vientre arriba, dejndose flotar sin movimiento alguno.
-
---Mira, mira ahora.
-
-Y nadaba hacia atrs con los pies solamente.
-
---Vers ahora: voy a nadar como los perros.
-
-Nadaba, en efecto, chapoteando el agua con las palmas de las manos.
-
-Con qu gozo recordaba el rico comerciante aquellas habilidades
-aprendidas en la niez!
-
-Chucho estaba arrobado en xtasis delicioso contemplndole. No perda
-uno solo de sus movimientos.
-
---Chucho! Chuchn! Bien mo! Quin te quiere?--gritaba Fresnedo
-embriagado por la felicidad que las caricias del agua y los ojos
-inocentes de su hijo le producan.
-
-El nio guardaba silencio completamente absorto y atento a los juegos
-natatorios de su padre.
-
---Vamos, di, Chipiln, quin te quiere?
-
---Pap--respondi grave con su voz levemente ronca, sin dejar de
-contemplarle atentamente.
-
-Una de las habilidades en que Fresnedo haba sobresalido de nio y que
-mucho le enorgulleca, era la de pescar truchas a mano. Siempre que
-vena a Campizos se ejercitaba en esta pesca. Era verdaderamente notable
-su destreza para reconocer y batir los agujeros de las rocas, bloquear
-la trucha y agarrarla por las agallas al fin. Los pescadores del pas
-confesaban que se las poda haber con cualquiera de ellos, y se contaba
-que de nio haba salido del agua con tres truchas, una en cada mano y
-otra en la boca, aunque Fresnedo no quera confirmarlo. Pues bien; en
-este momento le acometi el deseo de proporcionar un placer a su hijo y
-drselo a s mismo.
-
---Vers, Chipiln, voy a sacarte una trucha... Quieres?
-
-Ya lo creo que quera!
-
-Pues si cabalmente Chucho senta mayor inclinacin, si cabe, a los
-animales acuticos que a los terrestres!
-
-Fresnedo hizo una larga aspiracin y se sumergi, dejando a su hijo
-maravillado; registr los huecos de algunas piedras del fondo, y slo
-pudo tocar con los dedos la cola de una trucha sin lograr agarrarla.
-Como le faltase el aliento, subi a respirar.
-
---Chucho, no he podido cogerla; pero ya caer.
-
---Por qu caer, pap?--pregunt el nio que no dejaba escapar un
-modismo sin hacer que se lo explicasen.
-
---Quiero decir que ya la coger.
-
-Otra vez aspir el aire con fuerza y se lanz al fondo. Al cabo de unos
-momentos sali a la superficie con una trucha en la mano, que arroj a
-la orilla. Chucho di un grito de susto y alegra al ver a sus pies al
-animalito brincando y retorcindose con furia. Quera agarrarlo cuando
-paraba un instante; pero al acercar su manecita la trucha daba un salto,
-y el chico, estremecido, la retiraba vivamente; intentaba nuevamente
-asirla lanzando chillidos alegres, y otro salto le asustaba y le pona
-sbito grave. Estaba nervioso; gritaba, rea, hablaba, lloraba a un
-tiempo mismo, mientras su padre, embelesado, nadaba suavemente
-contemplndole.
-
---Anda, valiente! Agrrala, que no te hace nada!... Por la cola,
-tonto!... Quieres que te pesque otra ms grande?
-
---S, ms gande, pap. Esta no me gusta--respondi el chiquito
-renunciando ya bravamente a agarrar una trucha tan pequea.
-
-El buen comerciante se prepar para otro chapuz; dejse ir al fondo y
-con prisa comenz a registrar los agujeros de una roca grande que antes
-haba visto. La muerte feroz y traidora aguardaba dentro. Meti el brazo
-en uno de ellos harto angosto, y cuando intent sacarlo no pudo. La
-sangre se le agolp toda al corazn. Perdi la serenidad para buscar la
-postura en que haba entrado. Forceje en vano algunos momentos. Abri
-la boca al fin, falto de aliento, y en pocos segundos qued asfixiado el
-infeliz.
-
-Chucho esper en vano su salida. Mir con gran curiosidad por algunos
-minutos el agua, hasta que, cansado de esperar, dijo con inocente
-naturalidad:
-
---Pap, sal!
-
-El padre no obedeci. Esper unos instantes, y volvi a gritar con ms
-energa:
-
---Pap, sal!
-
-Y cada vez ms impaciente, repiti este grito, concluyendo por llorar.
-Largo rato estuvo diciendo lo mismo con desesperacin:
-
---Sal, pap, sal!
-
-Sus rosadas mejillas estaban baadas de lgrimas; sus ojos grandes,
-hermosos, inocentes, se fijaban ansiosos en el pozo donde a cada
-instante se figuraba ver salir a su padre.
-
-Un salto de la trucha que tena cerca, viva an, le distrajo. Acerc su
-manecita a ella y la toc con un dedo. La trucha se movi levemente.
-Volvi a tocarla y se movi menos an. Entonces, alentado por el
-abatimiento del animal, se atrevi a posar la palma de la mano sobre l.
-La trucha no rebull. Chucho principi a gorjear por lo bajo que l no
-tena miedo a las truchas y que si estuviera all su hermana Carmita
-indudablemente no osara poner la mano sobre una bestia tan feroz como
-aqulla. Tanto se fu envalentonando, que concluy por agarrarla por la
-cola y suspenderla. Aquel acto de herosmo despert en l mucha alegra.
-Fluyeron de su garganta algunas sonoras carcajadas. Pero una violenta
-sacudida de la trucha le oblig a soltarla aterrado. Mir a su
-alrededor, y no viendo a nadie, se fij otra vez en el pozo y torn a
-gritar, llorando:
-
---Sal, pap! Sal, pap!... No quero trucha, pap! Sal!
-
-El sol declinaba. Aquel retirado paraje, situado en la falda misma de la
-colina, se iba poblando de sombras. All, en el horizonte, el sol se
-ocultaba detrs de las altas y lejanas montaas de color violeta.
-
---Teno miedo, pap... Sal, papato!--gritaba la tierna criatura
-bebiendo lgrimas.
-
-Ninguna voz responda a la suya. Escuchbanse tan slo las esquilas del
-ganado o algn mujido lejano. El ro segua murmurando suavemente su
-eterna queja.
-
-Rendido, ronco de tanto gritar, Chucho se dej caer sobre el csped y se
-durmi. Pero su sueo fu intranquilo. Era una criatura excesivamente
-nerviosa, y la agitacin con que se haba dormido le hizo despertar al
-poco rato. Haba cerrado la noche. Al principio no se di cuenta de
-dnde estaba, y dijo como otras veces en su camita:
-
---Tata, quero agua.
-
-Pero viendo que la Tata no acuda, se incorpor sobre el csped, mir
-alrededor, y su pequeo corazn se encogi de terror observando la
-obscuridad que reinaba.
-
---Tata, Tata!--grit repetidas veces...
-
-La luz de la luna rielaba en el agua. Atrados sus ojos hacia ella,
-Chucho se acord de pronto que su pap estaba con l y se haba metido
-en el ro a sacarle una trucha. Y entre sollozos que le rompan el pecho
-y lgrimas que le cegaban, volvi a gritar:
-
---Sal, pap; sal, mi pap!... Teno miedo!
-
-La voz del nio resonaba tristemente en la obscura campia silenciosa.
-Ah! Si el buen Fresnedo pudiera escucharle all en el fondo del pozo,
-hubiera mordido la roca que le tena sujeto, se hubiera arrancado el
-brazo para acudir a su llamamiento.
-
-No pudiendo ya gritar ms porque le faltaba la voz y el aliento,
-destrozado por el cansancio, cay otra vez dormido, y as le hallaron
-los que haban salido en su busca.
-
-
-
-
-El Rey Burgus.
-
-(RUBN DARO)
-
-
-
-
-EL REY BURGUES
-
-
-Amigo!, el cielo est opaco; el aire, fro; el da, triste. Un cuento
-alegre..., as como para distraer las brumosas y grises melancolas,
-helo aqu.
-
- * * * * *
-
-Haba en una ciudad inmensa y brillante un rey muy poderoso, que tena
-trajes caprichosos y ricos, esclavas desnudas, blancas y negras;
-caballos de largas crines, armas flamantsimas, galgos rpidos y
-monteros con cuernos de bronce, que llenaban el viento con sus
-fanfarrias. Era un rey poeta? No, amigo mo: era el Rey Burgus.
-
- * * * * *
-
-Era muy aficionado a las artes el soberano y favoreca con gran largueza
-a sus msicos, a sus hacedores de ditirambos, pintores, escultores,
-boticarios, barberos y maestros de esgrima.
-
-Cuando iba a la floresta, junto al corzo o jabal herido y sangriento,
-haca improvisar a sus profesores de retrica canciones alusivas; los
-criados llenaban las copas del vino de oro que hierve, y las mujeres
-batan palmas con movimientos rtmicos y gallardos. Era un rey sol, en
-su Babilonia llena de msicas, de carcajadas y de ruido de festn.
-Cuando se hastiaba de la ciudad bullente, iba de caza, atronando el
-bosque con sus tropeles; y haca salir de sus nidos a las aves
-asustadas, y el vocero repercuta en lo ms escondido de las cavernas.
-Los perros, de patas elsticas, iban rompiendo la maleza en la carrera,
-y los cazadores, inclinados sobre el pescuezo de los caballos, hacan
-ondear los mantos purpreos, y llevaban las caras encendidas y las
-cabelleras al viento.
-
- * * * * *
-
-El rey tena un palacio soberbio, donde haba acumulado riquezas y
-objetos de arte maravilloso. Llegaba a l por entre grupos de lilas y
-extensos estanques, siendo saludado por los cisnes de cuellos blancos
-antes que por los lacayos estirados. Buen gusto. Suba por una escalera
-llena de columnas de alabastro y de esmaragdina, que tena a los lados
-leones de mrmol, como los de los troncos salomnicos. Refinamiento. A
-ms de los cisnes tena una vasta pajarera, como amante de la armona,
-del arrullo, del trino; y cerca de ella iba a ensanchar su espritu
-leyendo novelas de M. Ohnet, o bellos libros sobre cuestiones
-gramaticales, o crticas hermosillescas. Eso s, defensor acrrimo de la
-correccin acadmica en letras, y del modo lamido en artes; alma sublime
-amante de la lija y de la ortografa.
-
- * * * * *
-
-Japoneras! Chineras!, por lujo, y nada ms.
-
-Bien poda darse el placer de un saln digno del gusto de un Goncourt y
-de los millones de un Creso: quimeras de bronce con las fauces abiertas
-y las colas enroscadas, en grupos fantsticos y maravillosos; lacas de
-Kioto con incrustaciones de hojas y ramas de una flora monstruosa, y
-animales de una fauna desconocida; mariposas de raros abanicos junto a
-las paredes; peces y gallos de colores; mscaras de gestos infernales y
-con ojos como si fuesen vivos; partesanas de hojas antiqusimas y
-empuaduras con dragones devorando flores de loto; y en conchas de
-huevo, tnicas de seda amarilla, como tejidas con hilos de araa,
-sembradas de garzas rojas y de verdes matas de arroz; y tibores,
-porcelanas de muchos siglos, de aquellas en que hay guerreros trtaros
-con una piel que les cubre hasta los riones, y que llevan arcos
-estirados y manojos de flechas.
-
-Por lo dems, haba el saln griego, lleno de mrmoles: diosas, musas,
-ninfas y stiros; el saln de los tiempos galantes con cuadros del gran
-Watteau y de Chardin; dos, tres, cuatro, cuntos salones!
-
-Y Mecenas se paseaba por todos, con la cara inundada de cierta majestad,
-el vientre feliz y la corona en la cabeza, como un rey de naipe.
-
- * * * * *
-
-Un da le llevaron una rara especie de hombre ante su trono, donde se
-hallaba rodeado de cortesanos, de retricos y de maestros de equitacin
-y de baile.
-
---Qu es eso?--pregunt.
-
---Seor, es un poeta.
-
-El rey tena cisnes en el estanque, canarios, gorriones, senzontes en la
-pajarera: un poeta era algo nuevo y extrao.
-
---Dejadle aqu.
-
-Y el poeta:
-
---Seor, no he comido.
-
-Y el rey:
-
---Habla, y comers.
-
-Comenz:
-
- * * * * *
-
---Seor, ha tiempo que yo canto el verbo del porvenir. He tendido mis
-alas al huracn, he nacido en el tiempo de la aurora: busco la raza
-escogida que debe esperar, con el himno en la boca y la lira en la mano,
-la salida del gran sol. He abandonado la inspiracin de la ciudad
-malsana, la alcoba llena de perfumes, la musa de carne que llena el alma
-de pequeez y el rostro de polvos de arroz. He roto el arpa adulona de
-las cuerdas dbiles contra las copas de Bohemia y las jarras donde
-espumea el vino que embriaga sin dar fortaleza; he arrojado el manto que
-me haca parecer histrin, o mujer, y he vestido de modo salvaje y
-esplndido: mi harapo es de prpura. He ido a la selva, donde he quedado
-vigoroso y ahito de leche fecunda y licor de nueva vida; y en la ribera
-del mar spero, sacudiendo la cabeza bajo la fuerte y negra tempestad,
-como un ngel soberbio, o como un semidis olmpico, he ensayado el
-yambo dando al olvido el madrigal.
-
-He acariciado a la gran Naturaleza, y he buscado el calor del ideal, el
-verso que est en el astro en el fondo del cielo, y el que est en la
-perla en lo profundo del Ocano. He querido ser pujante! Porque viene
-el tiempo de las grandes revoluciones, con un Mesas todo luz, todo
-agitacin y potencia, y es preciso recibir su espritu con el poema que
-sea arco triunfal, de estrofas de acero, de estrofas de oro, de estrofas
-de amor.
-
-Seor!, el arte no est en los fros envoltorios de mrmol, ni en los
-cuadros lamidos, ni en el excelente seor Ohnet! Seor!, el arte no
-viste pantalones, ni habla en burgus, ni pone los puntos en todas las
-es. El es augusto, tiene mantos de oro, o de llamas, o anda desnudo, y
-amasa la greda con fiebre, y pinta con luz, y es opulento, y da golpes
-de ala como las guilas, o _zarpazos_ como los leones. Seor, entre un
-Apolo y un ganso, preferid al Apolo, aunque el uno sea de tierra cocida
-y el otro de marfil.
-
-Oh, la poesa!
-
-Y bien! Los ritmos se prostituyen, se cantan los lunares de las mujeres
-y se fabrican jarabes poticos. Adems, seor, el zapatero critica mis
-endecaslabos, y el seor profesor de farmacia pone puntos y comas a mi
-inspiracin. Seor, y vos lo autorizis todo esto!... El ideal, el
-ideal...
-
-El rey interrumpi:
-
---Ya habis odo. Qu hacer?
-
-Y un filsofo al uso:
-
---Si lo permits, seor, puede ganarse la comida con una caja de msica;
-podemos colocarle en el jardn, cerca de los cisnes, para cuando os
-paseis.
-
---S--dijo el rey; y dirigindose al poeta:--Daris vueltas a un
-manubrio. Cerraris la boca. Haris sonar una caja de msica que toca
-valses, cuadrillas y galopas, como no prefiris moriros de hambre. Pieza
-de msica por pedazo de pan. Nada de jerigonzas ni de ideales. Id.
-
-Y desde aquel da pudo verse a la orilla del estanque de los cisnes al
-poeta hambriento, que daba vueltas al manubrio: tiririrn, tiririrn...,
-avergonzado a las miradas del gran sol! Pasaba el rey por las
-cercanas? Tiririrn, tiririrn...! Haba que llenar el estmago?
-Tiririrn! Todo entre las burlas de los pjaros libres que llegaban a
-beber roco en las lilas floridas, entre el zumbido de las abejas que le
-picaban el rostro y le llenaban los ojos de lgrimas..., lgrimas
-amargas que rodaban por sus mejillas y que caan a la tierra negra!
-
-Y lleg el invierno, y el pobre sinti fro en el cuerpo y en el alma. Y
-su cerebro estaba como petrificado, y los grandes himnos estaban en el
-olvido, y el poeta de la montaa coronada de guilas no era sino un
-pobre diablo que daba vueltas al manubrio: tiririrn!
-
-Y cuando cay la nieve se olvidaron de l el rey y sus vasallos; a los
-pjaros se les abrig, y a l se le dej al aire glacial, que le morda
-las carnes y le azotaba el rostro.
-
-Y una noche en que caa de lo alto la lluvia blanca de plumillas
-cristalizadas, en el palacio haba festn, y la luz de las araas rea
-alegre sobre los mrmoles, sobre el oro y sobre las tnicas de los
-mandarines de las viejas porcelanas. Y se aplaudan hasta la locura los
-brindis del seor profesor de retrica, cuajados de dctilos, de
-anapestos y de pirriquios, mientras en las copas cristalinas herva el
-Champaa con su burbujeo luminoso y fugaz. Noche de invierno, noche de
-fiesta! Y el infeliz, cubierto de nieve, cerca del estanque, daba
-vueltas al manubrio para calentarse, tembloroso y aterido, insultado por
-el cierzo, bajo la blancura implacable y helada, en la noche sombra,
-haciendo resonar entre los rboles sin hojas la msica loca de las
-galopas y cuadrillas; y se qued muerto, pensando en que nacera el sol
-del da venidero, y con l el ideal..., y en que el arte no vestira
-pantalones, sino manto de llamas de oro... Hasta que al da siguiente lo
-hallaron el rey y sus cortesanos, al pobre diablo de poeta, como
-gorrin que mata el hielo, con una sonrisa amarga en los labios, y
-todava con la mano en el manubrio.
-
- * * * * *
-
-Oh, mi amigo!, el cielo est opaco; el aire fro; el da, triste.
-Flotan brumosas y grises melancolas...
-
-Pero, cunto calienta el alma una frase, un apretn de manos a tiempo!
-Hasta la vista!
-
-
-
-
-Elizabide el Vagabundo.
-
-(BAROJA)
-
-
-
-
-ELIZABIDE EL VAGABUNDO
-
-
- Cer zala ust cenuben
- enamoratzia?
- Sillau is hira eta
- guitarra jotzia.
-
- (CANTO POPULAR)
-
-Muchas veces, mientras trabajaba en aquel abandonado jardn, Elizabide
-el Vagabundo se deca al ver pasar a Maintoni, que volva de la iglesia:
-
---Qu pensar?--Vivir satisfecha? La vida de Maintoni le pareca tan
-extraa! Porque era natural que quien como l haba andado siempre a la
-buena de Dios rodando por el mundo, encontrara la calma y el silencio de
-la aldea deliciosos; pero ella, que no haba salido nunca de aquel
-rincn, no sentira deseos de asistir a teatros, a fiestas, a
-diversiones, de vivir otra vida ms esplndida, ms intensa? Y como
-Elizabide el Vagabundo no se daba respuesta a su pregunta, segua
-removiendo la tierra con su azadn filosficamente.
-
---Es una mujer fuerte--pensaba despus;--su alma es tan serena, tan
-clara, que llega a preocupar. Una preocupacin cientfica, slo
-cientfica, eso claro. Y Elizabide el Vagabundo, satisfecho de la
-seguridad que se conceda a s mismo de que ntimamente no tomaba parte
-en aquella preocupacin, segua trabajando en el jardn abandonado de su
-casa.
-
-Era un tipo curioso el de Elizabide el Vagabundo. Reuna todas las
-cualidades y defectos del vascongado de la costa: era audaz, irnico,
-perezoso, burln. La ligereza y el olvido constituan la base de su
-temperamento: no daba importancia a nada, se olvidaba de todo. Haba
-gastado casi entero su escaso capital en sus correras por Amrica, de
-periodista en un pueblo, de negociante en otro, aqu vendiendo ganado,
-all comerciando en vinos. Estuvo muchas veces a punto de hacer fortuna,
-lo que no consigui por indiferencia. Era de esos hombres que se dejan
-llevar por los acontecimientos sin protestar nunca. Su vida, l la
-comparaba con la marcha de uno de esos troncos que van por el ro, que
-si nadie los recoge se pierden al fin en el mar.
-
-Su inercia y su pereza eran ms de pensamiento que de manos; su alma
-hua de l muchas veces: le bastaba mirar al agua corriente, contemplar
-una nube o una estrella para olvidar el proyecto ms importante de su
-vida, y cuando no lo olvidaba por esto, lo abandonaba por cualquier
-otra cosa, sin saber por qu muchas veces.
-
-Ultimamente se haba encontrado en una estancia del Uruguay, y como
-Elizabide era agradable en su trato y no muy desagradable en su aspecto,
-aunque tena ya sus treinta y ocho aos, el dueo de la estancia le
-ofreci la mano de su hija, una muchacha bastante fea que estaba en
-amores con un mulato. Elizabide, a quien no le pareca mal la vida
-salvaje de la estancia, acept, y ya estaba para casarse cuando sinti
-la nostalgia de su pueblo, del olor a heno de sus montes, del paisaje
-brumoso de la tierra vascongada. Como en sus planes no entraban las
-explicaciones bruscas, una maana, al amanecer, advirti a los padres de
-su futura que iba a ir a Montevideo a comprar el regalo de boda; mont a
-caballo, luego en el tren; lleg a la capital, se embarc en un
-transatlntico, y despus de saludar cariosamente la tierra
-hospitalaria de Amrica, se volvi a Espaa.
-
-Lleg a su pueblo, un pueblecillo de la provincia de Guipzcoa; abraz a
-su hermano Ignacio, que estaba all de boticario; fu a ver a su
-nodriza, a quien prometi no hacer ninguna escapatoria ms, y se instal
-en su casa. Cuando corri por el pueblo la voz de que no slo no haba
-hecho dinero en Amrica, sino que lo haba perdido, todo el mundo
-record que antes de salir de la aldea ya tena fama de fatuo, de
-insubstancial y de vagabundo.
-
-El no se preocupaba absolutamente nada por estas cosas; cavaba en su
-huerta, y en los ratos perdidos trabajaba en construir una canoa para
-andar por el ro, cosa que a todo el pueblo indignaba.
-
-Elizabide el Vagabundo crea que su hermano Ignacio, la mujer y los
-hijos de ste le desdeaban, y por eso no iba a visitarles ms que de
-cuando en cuando; pero pronto vi que su hermano y su cuada le
-estimaban y le hacan reproches porque no iba a verlos. Elizabide
-comenz a acudir a casa de su hermano con ms frecuencia.
-
-La casa del boticario estaba a la salida del pueblo, completamente
-aislada; por la parte que miraba al camino tena un jardn rodeado de
-una tapia, y por encima de ella salan ramas de laurel de un verde
-obscuro que protegan algo la fachada del viento del Norte. Pasando el
-jardn estaba la botica.
-
-La casa no tena balcones, sino slo ventanas, y stas abiertas en la
-pared sin simetra alguna; quizs esto era debido a que algunas de ellas
-estaban tapiadas.
-
-Al pasar en el tren o en el coche de las provincias del Norte, no
-habis visto casas solitarias que, sin saber por qu, os daban envidia?
-Parece que all dentro se debe vivir bien, se adivina una existencia
-dulce y apacible; las ventanas con cortinas hablan de interiores casi
-monsticos, de grandes habitaciones amuebladas con arcas y cmodas de
-nogal, de inmensas camas de madera; de una existencia tranquila,
-sosegada, cuyas horas pasan lentas, medidas por el viejo reloj de alta
-caja que lanza en la noche su sonoro tic-tac.
-
-La casa del boticario era de stas: en el jardn se vean jacintos,
-heliotropos, rosales y enormes hortensias que llegaban hasta la altura
-de los balcones del piso bajo. Por encima de la tapia del jardn caan
-como en cascada un torrente de rosas blancas, sencillas, que en
-vascuence se llaman _choruas_ (locas) por lo frvolas que son y por lo
-pronto que se marchitan y se caen.
-
-Cuando Elizabide el Vagabundo fu a casa de su hermano, ya con ms
-confianza, el boticario y su mujer, seguidos de todos los chicos, le
-ensearon la casa, limpia, clara y bien oliente; despus fueron a ver la
-huerta, y aqu Elizabide el Vagabundo vi por primera vez a Maintoni,
-que, con la cabeza cubierta con un sombrero de paja, estaba recogiendo
-guisantes en la falda del delantal. Elizabide y ella se saludaron
-framente.
-
---Vamos hacia el ro--le dijo a su hermana la mujer del
-boticario.--Diles a las chicas que lleven el chocolate all.
-
-Maintoni se fu hacia la casa, y los dems, por una especie de tnel
-largo formado por perales que tenan las ramas extendidas como las
-varillas de un abanico, bajaron a una plazoleta que estaba junto al ro,
-entre rboles, en donde haba una mesa rstica y un banco de piedra. El
-sol, al penetrar entre el follaje, iluminaba el fondo del ro y se vean
-las piedras redondas del cauce y los peces que pasaban lentamente
-brillando como si fueran de plata. La tarde era de una tranquilidad
-admirable; el cielo azul, puro y tranquilo.
-
-Antes del caer de la tarde las dos muchachas de casa del boticario
-vinieron con bandejas en la mano trayendo chocolate y bizcochos. Los
-chicos se abalanzaron sobre los bizcochos como fieras. Elizabide el
-Vagabundo habl de sus viajes, cont algunas aventuras, y tuvo suspensos
-de sus labios a todos. Slo ella, Maintoni, pareci no entusiasmarse
-gran cosa con aquellas narraciones.
-
---Maana vendrs, to Pablo, verdad?--le decan los chicos.
-
---S, vendr.
-
-Y Elizabide el Vagabundo se march a su casa y pens en Maintoni y so
-con ella. La vea en su imaginacin tal cual era: chiquitilla, esbelta,
-con sus ojos negros, brillantes, rodeada de sus sobrinos, que le
-abrazaban y le besuqueaban.
-
-Como el mayor de los hijos del boticario estudiaba el tercer ao del
-bachillerato, Elizabide se dedic a darle lecciones de francs, y a
-estas lecciones se agreg Maintoni.
-
-Elizabide comenzaba a sentirse preocupado con la hermana de su cuado,
-tan serena, tan inmutable; no se comprenda si su alma era un alma de
-nia sin deseos ni aspiraciones, o si era una mujer indiferente a todo
-lo que no se relacionase con las personas que vivan en su hogar. El
-vagabundo la sola mirar absorto.--Qu pensar?--se preguntaba. Una vez
-se sinti atrevido, y la dijo:
-
---Y usted no piensa casarse, Maintoni?
-
---Yo! casarme!
-
---Por qu no?
-
---Quin va a cuidar de los chicos si me caso? Adems, yo ya soy
-_nesca-zarra_ (solterona)--contest ella rindose.
-
---A los veintisiete aos solterona! Entonces yo, que tengo treinta y
-ocho, debo de estar en el ltimo grado de la decrepitud.
-
-Maintoni a esto no dijo nada; no hizo ms que sonreir.
-
-Aquella noche Elizabide se asombr al ver lo que le preocupaba
-Maintoni.
-
---Qu clase de mujer es sta?--se deca.--De orgullosa no tiene nada,
-de romntica tampoco, y sin embargo...
-
-En la orilla del ro, cerca de un estrecho desfiladero, brotaba una
-fuente que tena un estanque profundsimo; el agua pareca all de
-cristal por lo inmvil. As era quizs el alma de Maintoni--se deca
-Elizabide--y sin embargo...--Sin embargo, a pesar de sus definiciones,
-la preocupacin no se desvaneca; al revs, iba hacindose mayor.
-
-Lleg el verano; en el jardn de la casa del boticario reunanse toda la
-familia, Maintoni y Elizabide el Vagabundo. Nunca fu ste tan exacto
-como entonces, nunca tan dichoso y tan desgraciado al mismo tiempo. Al
-anochecer, cuando el cielo se llenaba de estrellas y la luz plida de
-Jpiter brillaba en el firmamento, las conversaciones se hacan ms
-ntimas, ms familiares, coreadas por el canto de los sapos. Maintoni se
-mostraba ms expansiva, ms locuaz.
-
-A las nueve de la noche, cuando se oa el sonar de los cascabeles de la
-diligencia que pasaba por el pueblo con un gran farol sobre la capota
-del pescante, se disolva la reunin y Elizabide se marchaba a su casa
-haciendo proyectos para el da de maana, que giraban siempre alrededor
-de Maintoni.
-
-A veces, desalentado, se preguntaba:--No es imbcil haber recorrido el
-mundo para venir a caer en un pueblecillo y enamorarse de una seorita
-de aldea? Y quin se atreva a decirle nada a aquella mujer, tan
-serena, tan impasible!
-
-Fu pasando el verano, lleg la poca de las fiestas, y el boticario y
-su familia se dispusieron a celebrar la romera de Arnazabal como todos
-los aos.
-
---T tambin vendrs con nosotros?--le pregunt el boticario a su
-hermano.
-
---Yo no.
-
---Por qu no?
-
---No tengo ganas.
-
---Bueno, bueno; pero te advierto que te vas a quedar solo, porque hasta
-las muchachas vendrn con nosotros.
-
---Y usted tambin?--dijo Elizabide a Maintoni.
-
---S. Ya lo creo! A m me gustan mucho las romeras.
-
---No hagas caso, que no es por eso--replic el boticario.--Va a ver al
-mdico de Arnazabal, que es un muchacho joven que el ao pasado le hizo
-el amor.
-
---Y por qu no?--exclam Maintoni sonriendo.
-
-Elizabide el Vagabundo palideci, enrojeci; pero no dijo nada.
-
-La vspera de la romera el boticario le volvi a preguntar a su
-hermano:
-
---Conque vienes o no?
-
---Bueno, ir--murmur el vagabundo.
-
-Al da siguiente se levantaron temprano y salieron del pueblo, tomaron
-la carretera, y despus, siguiendo veredas, atravesando prados cubiertos
-de altas hierbas y de purpreas digitales, se internaron en el monte. La
-maana estaba hmeda, templada; el campo mojado por el roco; el cielo
-azul muy plido, con algunas nubecillas blancas que se deshilachaban en
-estras tenues. A las diez de la maana llegaron a Arnazabal, un pueblo
-en un alto, con su iglesia, su juego de pelota en la plaza, y dos o tres
-calles formadas por caseros.
-
-Entraron en el casero, propiedad de la mujer del boticario, y pasaron a
-la cocina. All comenzaron los agasajos y los grandes recibimientos de
-la vieja de la casa, que abandon su labor de echar ramas al fuego y de
-mecer la cuna de un nio; se levant del fogn bajo, en donde estaba
-sentada, y salud a todos, besando a Maintoni, a su hermana y a los
-chicos. Era una vieja flaca, acartonada, con un pauelo negro en la
-cabeza; tena la nariz larga y ganchuda, la boca sin dientes, la cara
-llena de arrugas y el pelo blanco.
-
---Y vuestra merced es el que estaba en las Indias?--pregunt la vieja a
-Elizabide, encarndose con l.
-
---S; yo era el que estaba all.
-
-Como haban dado las diez, y a esta hora empezaba la Misa mayor, no
-quedaba en casa ms que la vieja. Todos se dirigieron a la iglesia.
-
-Antes de comer, el boticario, ayudado de su cuada y de los chicos,
-dispar desde una ventana del casero una barbaridad de cohetes, y
-despus bajaron todos al comedor. Haba ms de veinte personas en la
-mesa, entre ellas el mdico del pueblo, que se sent cerca de Maintoni,
-y tuvo para ella y para su hermano un sin fin de galanteras y de
-oficiosidades.
-
-Elizabide el Vagabundo sinti una tristeza tan grande en aquel momento,
-que pens en dejar la aldea y volverse a Amrica. Durante la comida,
-Maintoni le miraba mucho a Elizabide.
-
---Es para burlarse de m--pensaba ste.--Ha sospechado que la quiero, y
-coquetea con el otro. El golfo de Mjico tendr que ser otra vez
-conmigo.
-
-Al terminar la comida eran ms de las cuatro; haba comenzado el baile.
-El mdico, sin separarse de Maintoni, segua galantendola, y ella
-segua mirando a Elizabide.
-
-Al anochecer, cuando la fiesta estaba en su esplendor, comenz el
-_aurrescu_. Los muchachos, agarrados de las manos, iban dando vuelta a
-la plaza, precedidos de los tamborileros; dos de los mozos se
-destacaron, se hablaron, parecieron vacilar, y descubrindose, con las
-boinas en la mano, invitaron a Maintoni para ser la primera, la reina
-del baile. Ella trat de disuadirles en vascuence: mir a su cuado, que
-sonrea; a su hermana, que tambin sonrea, y a Elizabide, que estaba
-fnebre.
-
---Anda, no seas tonta--le dijo su hermana.
-
-Y comenz el baile con todas sus ceremonias y sus saludos, recuerdos de
-una edad primitiva y heroica. Concludo el _aurrescu_, el boticario sac
-a bailar el fandango a su mujer, y el mdico joven a Maintoni.
-
-Obscureci: fueron encendindose hogueras en la plaza, y la gente fu
-pensando en la vuelta. Despus de tomar chocolate en el casero, la
-familia del boticario y Elizabide emprendieron el camino hacia casa.
-
-A lo lejos, entre los montes, se oan los _irrintzis_ de los que volvan
-de la romera, gritos como relinchos salvajes. En las espesuras
-brillaban los gusanos de luz como estrellas azuladas, y los sapos
-lanzaban su nota de cristal en el silencio de la noche serena.
-
-De vez en cuando, al bajar alguna cuesta, al boticario se le ocurra que
-se agarraran todos de la mano, y bajaban la cuesta cantando:
-
-_Aita San Antoniyo Urquiyolacua. Ascoren biyotzeco santo devotua_.
-
-A pesar de que Elizabide quera alejarse de Maintoni, con la cual estaba
-indignado, di la coincidencia de que ella se encontraba junto a l. Al
-formar la cadena, ella le daba la mano, una mano pequea, suave y tibia.
-De pronto, al boticario, que iba el primero, se le ocurra pararse y
-empujar para atrs, y entonces se daban encontronazos los unos contra
-los otros, y a veces Elizabide reciba en sus brazos a Maintoni. Ella
-rea alegremente a su cuado, y miraba al vagabundo, siempre fnebre.
-
---Y usted, por qu est tan triste?--le pregunt Maintoni con voz
-maliciosa, y sus ojos negros brillaron en la noche.
-
---Yo! No s. Esta maldad de hombre que sin querer le entristecen las
-alegras de los dems.
-
---Pero usted no es malo--dijo Maintoni, y le mir tan profundamente con
-sus ojos negros, que Elizabide el Vagabundo, se qued tan turbado, que
-pens que hasta las mismas estrellas notaran su turbacin.
-
---No, no soy malo--murmur Elizabide--; pero soy un fatuo, un hombre
-intil, como dice todo el pueblo.
-
---Y eso le preocupa a usted, lo que dice la gente que no le conoce?
-
---S, temo que sea la verdad, y para un hombre que tendr que marcharse
-otra vez a Amrica, ese es un temor grave.
-
---Marcharse! Se va usted a marchar?--murmur Maintoni con voz triste.
-
---S.
-
---Pero por qu?
-
---Oh! A usted no se lo puedo decir.
-
---Y si yo lo adivinara?
-
---Entonces lo sentira mucho, porque se burlara usted de m, que soy
-viejo...
-
---Oh, no!
-
---Que soy pobre.
-
---No importa.
-
---Oh, Maintoni! De veras? No me rechazara usted?
-
---No; al revs.
-
---Entonces... me querrs como yo te quiero?--murmur Elizabide el
-Vagabundo en vascuence.
-
---Siempre, siempre...--Y Maintoni inclin su cabeza sobre el pecho de
-Elizabide y ste la bes en su cabellera castaa.
-
---Maintoni! Aqu!--le dijo su hermana, y ella se alej de l; pero se
-volvi a mirarle una vez, y muchas.
-
-Y siguieron todos andando hacia el pueblo por los caminos solitarios. En
-derredor vibraba la noche llena de misterios; en el cielo palpitaban los
-astros. Elizabide el Vagabundo, con el corazn anegado de sensaciones
-inefables, sofocado de felicidad, miraba con los ojos muy abiertos una
-estrella lejana, muy lejana, y le hablaba en voz baja...
-
-
-
-
-La epopeya de una zngara.
-
-(DICENTA)
-
-
-
-
-LA EPOPEYA DE UNA ZNGARA
-
-
-El sol caa a plomo sobre la ancha carretera, uno de esos caminos
-oficiales de Castilla en cuyas lindes busca intilmente el viajero un
-rbol que le preste sombra o un arroyo donde calmar su sed. Campos
-agostados, planicies incultas, ridos y desiguales montculos, mucha luz
-en el cielo y poca alegra en la tierra: he aqu el espectculo ofrecido
-por aquella naturaleza sedienta, amodorrada, codiciosa de aire y de
-frescura, en la que el silencio hubiera reinado en absoluto a no ser por
-alguna que otra banda de codornices, las cuales, alzndose de entre los
-rastrojos, cruzbanlos presurosamente con un rumor no interrumpido de
-gritos salvajes y de vigorosos aleteos, levantando una nube de polvo,
-que se transformaba en lluvia de oro al caer herida por los rayos del
-sol.
-
-Tarde calurosa de Agosto, que converta en inhospitalario desierto el
-camino y los campos que lo circundaban, era aqulla; y perdida en este
-desierto, sufriendo el bochorno que abrasaba la atmsfera, asfixindose
-con el polvo por ella misma levantado al proseguir su rumbo, vease una
-pequea y miserable caravana, que hubiese puesto piedad en los ojos y
-amargura en el corazn de quien la mirase atentamente; pero los hombres
-suelen mirar estas cosas sin verlas; para ellas no existen otros ojos ni
-otro amparo que los de Dios; y hasta Dios suele distraerse muchas veces.
-
-Constituan la caravana una mujer, un burro y tres nios.
-
-La mujer iba delante, descalza de pie y pierna, cubierta de andrajos y
-de polvo, movindose con fatigosa lentitud, entreabriendo la boca para
-respirar el aire que penetraba en sus pulmones, y sosteniendo en sus
-brazos a un nio de pocos meses, envuelto en un jirn de lienzo
-remendado y sucio; el nio estrujaba con sus manecitas el pecho de la
-madre, y tiraba de l, sujetndolo con sus labios, para extraer el jugo
-que generosamente le ofreca. La mujer era joven, y hubiera sido tambin
-hermosa, a juzgar por sus ojos negros y brillantes, por sus labios
-rojos, por su dentadura blanca e igual y por la esbeltez de su cuerpo
-entero, si la miseria, al apoderarse de ella, no la hubiese deformado y
-envejecido, curtiendo su cutis, arrugndolo prematuramente,
-enflaqueciendo sus carnes y enmaraando su cabellera, que se pegaba
-entonces a una frente ennegrecida y sudorosa; la pobre criatura pudo ser
-bella; pero de su belleza no queda ms rastro que el de sus pupilas,
-expresivas y negras, clavadas con profundo amor en el rostro moreno de
-su hijo.
-
-Detrs de ella marchaba el asno, sucio, flaco y ceniciento pollino, de
-vientre angosto y lomo huesudo, con las orejas gachas, el rabo cado y
-las patas llenas de esparavanes, sosteniendo por carga nica dos anchos
-alforjones que caan a uno y otro lado de la albarda; dentro de ellos,
-sobre un montn de trapos y papeles, iban dos nios, que se servan
-mutuamente de contrapeso, ofreciendo a la vez doloroso contraste, pues
-mientras el ms joven dorma con la cara echada hacia atrs, la sonrisa
-en la boca y la salud en las mejillas, el mayor, de edad de cinco aos,
-retorcindose sobre el inconcebible camastro, miraba a su madre con ojos
-muy abiertos, extraviados por la fiebre, y contraa sus labios a
-impulsos de internos dolores, y agonizaba de calentura bajo aquella
-atmsfera de plomo.
-
-Quines eran? De dnde venan? Por qu atravesaban el estril camino
-con una criatura enferma al lado y un sol implacable en el cielo, los
-individuos de aquella caravana?
-
-Quines eran? Una familia de zngaros hurfana de padre, que recorra
-Europa implorando la pblica caridad. De dnde venan? Del inmediato
-pueblo, en el que no pudo detenerse la mujer un instante siquiera para
-llenar su cntaro vaco, porque los aldeanos la haban amenazado con
-golpearla, a ella, a la miserable, a la vagabunda, a la bruja, a la
-gitana, si no parta inmediatamente de all, sin alimento, sin agua, sin
-reposo, con su hijo enfermo, con sus pies heridos, con su pecho
-exhausto, maldita de Dios y perseguida de los hombres; y la infeliz
-mujer, amedrentada, sola, sin sostn, sin ayuda, abandon la aldea y
-prosigui su marcha entre el polvo y el calor, volviendo de cuando en
-cuando los ojos para contemplar a su hijo enfermo, y clavndolos
-despus, con expresin amarga y rencorosa, en el distante lugarejo, del
-que slo poda distinguirse la torre de la iglesia destacando en el
-espacio su contorno gris.
-
- * * * * *
-
-El nio enfermo, incorporndose trabajosamente sobre la alforja que le
-serva de cama, extendi sus brazos en direccin de la joven, y dijo con
-voz dbil:
-
---Madre!
-
-La zngara respondi al llamamiento, dirigindose precipitadamente al
-sitio que ocupaba el muchacho.
-
---Qu quieres, hijo mo?--murmur, dejando al nio de pecho junto a su
-hermano dormido, y rodeando con sus brazos la garganta del enfermo.
-
---Agua--respondi ste.--Dame agua... tengo mucha sed...; me quema
-aqu!
-
-Y sealaba con un dedo su pecho tembloroso y desnudo.
-
---Agua!--grit la madre con espanto.--Agua!... Dnde encontrarla,
-hijo?
-
---Agua!--repuso el nio.--Me muero de sed!...
-
-Y entreabra sus labios abrasados por la fiebre, y miraba a su madre con
-miradas tan suplicantes, tan llenas de amargura, que sta se puso plida
-y rompi en sollozos.
-
-Era su hijo, la carne de su carne, el que reclamaba un socorro del que
-dependa acaso su existencia; y ella, su madre, no poda prestrselo; en
-vano registr con ansia en el interior del cantaruelo; estaba vaco, no
-quedaba ni una gota de agua en su fondo; la mujer mir al cielo, en el
-cielo no haba una nube; registr despus el camino solitario, los
-campos de trigo, las planicies, las praderas, el horizonte entero; en
-fin, nada!, no encontr nada. Aquella tierra sedienta pareca decir a
-la zngara, mostrndole sus fauces contradas y secas: Agua para tu
-hijo?... Aqu no hay agua para nadie. Que se muera de sed como yo! Y
-la zngara, abrazando el cuerpo del muchacho, repeta con gesto de fiera
-y ademn de loca:
-
---No hay nada! no puedo darte nada! Dnde voy a encontrar ahora agua,
-hijo mo?...
-
-Pobre mujer!... All no brotaba ms que un manantial: el de su llanto.
-
-De pronto la zngara sonri, con una sonrisa de esperanza; a cuatro
-pasos del grupo alzbase la caseta de un pen caminero; su puerta
-cerrada, como sus ventanas, predeca la ausencia del dueo; pero acaso
-estara dentro alguien que pudiera atender sus splicas, y la joven
-golpe nerviosamente aquella puerta inmvil. Sus afanes fueron intiles;
-nadie vino en su auxilio tampoco.
-
-Rendida de llamar, sin saber lo que haca, di vuelta a los muros, y
-cuando llegaba a la espalda de la casa, vi con placer y con asombro,
-recostada contra la tapia y protegida por la sombra de sta, una cazuela
-llena de agua. La mujer mir esto; pero no pudo mirar--a tal extremo la
-cegaban la sorpresa y el jbilo--que al mismo tiempo que ella, y movido
-por iguales deseos, se diriga hacia el cacharro un mastn enorme, con
-el pelo erizado, la boca abierta, la baba colgando y los ojos codiciosos
-y brillantes.
-
-Al distinguir a la mujer, el perro lanz un gruido; la zngara levant
-la cabeza, y comprendiendo las intenciones del animal, apresur el paso;
-uno y otra llegaron a la vez al lado del cacharro, y se detuvieron un
-instante para contemplarle en ademn de desafo; la mujer extendi el
-brazo, y su enemigo, al advertir el movimiento, acort distancia y se
-puso delante de la cazuela con las pupilas encendidas y enseando los
-dientes.
-
-No pensaba en huir; hallbase dispuesto a defender aquel cacharro lleno
-de agua.
-
---Ah, t tambin!--grit la zngara contemplando a su adversario con
-rabia.--Pues no lo tendrs!
-
-Y descarg un vigoroso puetazo sobre el hocico del mastn.
-
-Este di un salto, apoy sobre el pecho de la joven sus patas
-delanteras, la oblig a caer al suelo e hizo presa en su hombro. La
-zngara lanz un grito de dolor y de furia; y, sin acobardarse,
-frentica, desesperada, cogiendo con ambas manos la garganta de su
-enemigo, apret con rabia, con ira, con frenes, con heroico y brutal
-arranque, mientras el perro la desgarraba el hombro con sus afilados
-colmillos.
-
-La lucha sigui breves instantes empeada, silenciosa, terrible; los dos
-combatientes se revolcaban por el suelo, dispuestos a vencer, y
-procurando conseguirlo, para lo cual clavaba el perro sus colmillos en
-los hombros de la mujer, y clavaba sta sus dedos en la musculosa
-garganta del mastn...
-
-De pronto el perro exhal un quejido doloroso, abri la boca, y cay de
-espaldas. Los dedos de la zngara lo haban ahogado.
-
-Esta se alz del suelo jadeante, plida; su corpio, roto en jirones,
-dejaba al descubierto su pecho y sus hombros, en los que aparecan tres
-heridas anchas y profundas; por los labios de aquellas heridas brotaban
-tres hilos de sangre.
-
-Pero la zngara no hizo caso; di con el pie al cadver de su enemigo;
-cogi la cazuela, objeto de la lucha; corri en busca de su hijo, y sin
-cuidarse ni acordarse siquiera de sus heridas, ni de sus sufrimientos,
-ni de la sangre que corra por sus hombros, abrillantada por los rayos
-del sol, acerc el cacharro a los labios del enfermo y le dijo con
-sonrisa alegre y voz cariosa:
-
---Aqu tienes agua, bebe, hijo mo!
-
-
-
-
-Los tres Reyes de Oriente.
-
-(RICARDO LEN)
-
-
-
-
-LOS TRES REYES DE ORIENTE
-
-
-Es la Nochebuena de 1916; una noche glacial, obscura y lgubre, sin
-villancicos ni serenatas, sin risas ni crtalos, sin panderetas ni
-albogues. En el silencio de la tierra triste slo se escucha, de tarde
-en tarde, un zumbido lejano, un ronco tremor que se extiende con aciaga
-pesadumbre en el aire glido y sonoro.
-
-Por un camino, en la desierta llanura, viene de Oriente una caravana.
-Bajo el cielo adusto, hurfano de sus claros luminares, slo se ven o se
-adivinan las siluetas: unos caballos vigorosos, unos dromedarios de
-robusta joroba, tres jinetes, unos bultos informes arrebozados en las
-tinieblas.
-
-Llegando a cierto lugar donde se juntan otros caminos, la caravana
-vacila y se detiene. El cielo parece de bano; la tierra, de bronce; el
-aire, un afilado pual; y es el silencio tan hondo, que se oye el latir
-del corazn en las entraas.
-
-Una luz, verde y cruda, rasga de sbito el horizonte lejano, cunde como
-una centella, se abre al modo de una rosa, y cae deshecha en lgrimas
-sobre el manto sombro de la noche. A esta luz, siguen muchas
-semejantes, y a las luces, unos retumbos pavorosos que hacen temblar la
-tierra, y a los retumbos, el silencio otra vez.
-
-Y, entonces, la caravana sigue su ruta en las tinieblas...
-
- * * * * *
-
-Un fuerte resplandor alumbra todo el cielo en Occidente; la llanura se
-tie de roja claridad; los mbitos se pueblan de voces y tronidos. Es la
-guerra que cabalga en su negro corcel por los campos europeos; es la
-Muerte, que, en plena Navidad cristiana, viene a arrullar las cunas con
-el brbaro son del hierro y de la plvora, a encender sus infames
-hogueras en la noche, en la bendita Noche en que se dijo: Gloria a Dios
-en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad...
-
-Y arden las casas de los hombres, como antorchas de Luzbel, bajo los
-rayos de la implacable artillera; a la luz de los incendios, pasan las
-muchedumbres de soldados con un fragor de tempestad. Son legiones
-innumerables de todas las razas y banderas: aqu, la cruz, all la media
-luna, ac las lises, ms all las guilas y, juntos en la hueste, el
-casco y el turbante, el capote y el alquicel, los rostros de bano y de
-nieve, todos estremecidos por la misma clera infernal.
-
-Y al paso de estas ciegas multitudes se abren los senos de la tierra, se
-conmueven las montaas, crujen los bosques, enrojecen los ros, flamean
-los aires y caen las vidas de los hombres como las mieses al golpe de la
-hoz.
-
- * * * * *
-
-La caravana que vena de Oriente, para otra vez ante el desfile trgico.
-Rojas lenguas de fuego tiemblan al borde del camino. Una ciudad arde en
-la noche.
-
-A su siniestro fulgor, se descubre la calidad y riqueza de los tres
-peregrinos viajeros.
-
-Son tres Reyes. El uno es persa: venerable la figura, verdes los ojos,
-la barba de nieve, majestuosa la actitud. Viste una tnica de prpura y
-de oro; cie un alfanje, con un topacio sobre el puo, y trae sobre la
-tnica un rico manto de armio.
-
-El otro Rey es rabe: tiene la barba negra y ensortijada, los labios
-gruesos, la nariz de fino dibujo, los ojos negros, grandes y hermosos,
-en figura de almendra. El sayo es bermejo, bordado con ureas labores;
-rojo tambin el turbante; preciosa la espada, con puo de oro y de
-rubes; el manto, azul.
-
-Y el otro Rey, etope. Es negra su tez como la endrina, pero elegante
-el cuerpo y nobles las facciones, alta la frente, aguilea la nariz, muy
-rojos los labios, puntiaguda la barba, muy blancos los ojos y los
-dientes, rizo y menudo el cabello, como granos de pimienta. Cie un
-vestido blanco, de graciosos pliegues, y es nevada tambin la _xema_ o
-toga que luce, con tornasoles de oro. Trae al cuello desnudo una sarta
-de corales, y a la cintura, en el verde tahal, un cuchillo con el puo
-de oro y esmeraldas.
-
-Vienen los tres Reyes en sendos caballos, negro, blanco y alazn.
-Sgueles larga servidumbre, con camellos y acmilas, y un carro, lleno
-de prdigos caudales.
-
- * * * * *
-
-Como en el ancho desierto, cuando sopla el simn, se levantan las arenas
-y, en espantosos torbellinos, giran ardientes, azotan el aire,
-obscurecen el sol y caen sobre las pobres caravanas que, unidas en un
-haz, esperan temblando hallar en las arenas sepultura, as, de pronto,
-una nube de soldados, hirviente y clamorosa, con mpetus de simn, llega
-por trochas y veredas a la ciudad en llamas y cae sobre los tres Reyes
-peregrinos.
-
-Cercados por la tropa, que ya husmea el regio botn, presa de un
-ejrcito alegre y victorioso, van, con mengua de su noble majestad,
-cautivos entre lanzas y fusiles, a las tiendas del vencedor.
-
-El cual, un viejo adusto y orgulloso, de recios bigotes blancos, y
-envuelto en una capa gris, los recibe, sin grande cortesa, en su
-habitacin de campaa, toda llena de planos y mapas de colores, erizados
-de banderitas y alfileres.
-
---Quines sois vosotros--dice arrogante el general--que as os atrevis
-a pasar las lneas de batalla? Ignoris, acaso, que en estas lneas no
-puede, sin grave riesgo, entrar gente forastera y civil? Quines sois
-vosotros, simples o traidores, que con tanta llaneza osis venir con
-armas y mercancas a estos lugares prohibidos? Qu documentos, qu
-razones abonan vuestra audacia? Sabis el castigo que aqu se inflige a
-los espas? Hablad pronto, extranjeros; decidme quines sois y de dnde
-vens; mostradme pasaportes y papeles, y agradeced a esta cruz que llevo
-sobre el pecho que no os aplique, sin ms preguntas ni demoras, el fallo
-inexorable de nuestra ley marcial...
-
- * * * * *
-
---No me conocis?--responde el rey anciano.--Es mi nombre Melchor. Soy
-del Irn, del antiguo y famoso imperio que abati los orgullosos bros
-de Babilonia, reina de las ciudades. Vengo del sacro Elburs, padre de
-los ros terrestres, cuyas aguas vivas devuelven la juventud y resucitan
-a los difuntos. He llegado hasta aqu, al travs de montaas y
-desiertos, cruzando las llanuras de la implacable soledad, las arenas
-crueles y los pantanos salobres, pero, merced a mis fatigas, traigo
-inciensos y blsamos y perfumes de la Ciudad de las Rosas, de los
-jardines de Tiharn; paos de seda, ms finos que el plumn de un ave,
-sembrados de arabescos y de flores, de leopardos y gacelas; perlas de
-Ormuz; tises de oro y plata, cojines y alcatifas de los bazares de
-Chiraz... Voy en busca de las tierras apacibles donde reina la paz del
-Seor, de Aquel que, nio y pobre, naci en un establo de Beln...
-
---Yo soy Gaspar--dice el segundo rey.--Vengo del Eufrates y el Tigris,
-de los bosques gigantes de palmeras, vecinas del mar y del desierto, de
-las tierras gloriosas y milenarias llenas de ruinas y sepulcros, de los
-osarios imponentes de la historia, de las ciudades muertas, que aun
-fatigan al mundo con el eco sonoro de sus nombres. Vengo de Basora y
-Bagdad, donde aprend los cuentos de las Mil y una noches; puse a mi
-tienda entre los plidos ladrillos de Khorsabad y de Nnive, de
-Babilonia y de Seleucia: cargu mis camellos de oro antiguo, de
-reliquias sagradas, magnficos despojos de los reyes de Siria; traje
-tambin yeguas de pura sangre arbiga y asnos blanqusimos, todos
-cargados de riquezas...
-
---Soy Baltasar--dice el rey negro.--Yo tengo mi palacio junto a las
-aguas del Nilo Azul que salta y corre entre lagos, volcanes y torrentes,
-al travs del hielo de las cumbres y el fuego de los desiertos y los
-crteres. Negro soy porque el sol me abras desde la cuna en las tierras
-brbaras y esplendorosas de Etiopa. Cruc el Mar Rojo; pas al Yemen, a
-la Arabia Feliz; segu las rutas de la Meca, de Medina y Jerusaln; el
-camino glorioso de Damasco; hall los tesoros de las antiguas reinas, la
-de Palmira y la de Saba; dorm a la sombra de los cedros del Lbano;
-ba mi rostro en el Jordn, y vengo a Europa cargado de prpuras y
-marfiles, de piedras y maderas preciosas, aejos licores, sndalos,
-mirras y cinamomos exquisitos, con ofrendas mil para los nios
-cristianos, para aquellos que aprendieron en la cuna el dulce nombre de
-Jess...
-
- * * * * *
-
-Con muchas y siniestras carcajadas celebran en el campamento las razones
-de los Reyes Magos.
-
---Por fuerza sois--dice un prncipe grave y taciturno que acompaa al
-general--unos dementes o unos grandsimos socarrones cuando vens hogao
-en disfraz de ingenuos y candorosos peregrinos, con aires de beatitud y
-de leyenda, a este mundo senil despedazado por el hierro y por el fuego.
-La culta, la cristiana Europa, maestra de cobardes hipocresas; la que
-destruye a sus propios hijos en nombre de la civilizacin, del derecho y
-de la libertad; la que puso una cruz en sus banderas y otra en el puo
-de sus espadas, hoy, ultrajando a Dios, se entrega a una furiosa bacanal
-de sangre. Ved las antorchas, las msicas y los cantos con que celebra
-la Navidad de Cristo: ciudades que arden, caones que retumban, soldados
-que corren a la muerte lanzando gritos de odio. La paz del Seor slo
-reina ya en los sepulcros. Los nios que aprendieron el nombre de Jess,
-abandonan sus antiguos juegos y tienden las manos delicadas pidiendo el
-fusil, un fusil de _veras_ que acierte a dar en un corazn. Ya todos
-saben que los Reyes de Oriente no han de venir, que aquellos Magos
-misteriosos y benvolos que en otras Pascuas apacibles colmaban de
-ofrendas los zapatitos del balcn, estn ahora en las trincheras y
-reductos, temblorosos de fro y de nostalgia, deseando matar o morir. El
-acre incienso de la plvora embriaga a los hombres, a las mujeres, a
-los nios; el oro se convierte en plomo, y la mirra en mortfero gas...
-Caminantes: si lo sois de buena fe, idos a vuestras montaas y
-desiertos, a los bosques de palmeras, al Nilo Azul, all donde aun
-recitan al amor de la lumbre los cuentos de las Mil y una noches; huid a
-vuestras tierras brbaras y remotas, y si es que all, como creo,
-entraron tambin las Furias de la discordia y de la muerte, id a otras
-tierras todava ms salvajes, ms escondidas y felices, donde jams se
-oiga la palabra civilizacin, donde, a lo menos, se maten los hombres
-francamente, con el sano y desnudo valor de su barbarie, sin decir que
-se matan por la justicia y el derecho.
-
---Idos, s--confirma el general,--pues a lo que veo sois hombres de
-bien. Pero qudense aqu vuestros bagajes y preseas, vuestros caballos y
-tesoros, a fin de que no caigan en manos del enemigo. Tornad a vuestras
-tierras, como Dios os diere a entender, que harto salvis con salvar
-vuestras vidas en estos infiernos de la Europa civilizada...
-
-Y los Reyes Magos, pobres y desnudos, como el divino Infante de Beln,
-se van para siempre, tristes y cabizbajos, haciendo voto de no volver a
-este mundo por todos los siglos de los siglos.
-
-
-
-
-Las tres cosas del to Juan.
-
-(JOS NOGALES)
-
-
-
-
-LAS TRES COSAS DEL TIO JUAN
-
-
-Todo el pueblo saba que Apolinar se estaba derritiendo vivo por Luca,
-y que, aunque sta no se derreta por nadie, no pona mala cara a las
-solicitudes del mozo. Matrimonio igual: ella, joven, guapa, robusta y,
-de aadidura, rica; l, en los linderos de los veinticinco, no pobre,
-medio seoritn por lo que iba para alcalde, y entrambos hijos nicos.
-No faltaba al naciente afecto ms que el sacramento de la confirmacin,
-y para eso no haba otro obispo sino to Juan, el _Plantao_, padre y
-seor natural de la dama requerida.
-
-El ilustre linaje de los _Plantaos_ distinguise desde muy antiguo
-tiempo por una terquedad nativa, de que estaba justamente orgulloso, y,
-de haber querido proveerse de herldica, su escudo no fuera otro que un
-clavo clavado por el revs en una pared de gules. Apolinar sentase
-cohibido por esta testarudez hereditaria, y recelaba que el to Juan
-saliese con una gaita de las suyas, porque era hombre que no se apartaba
-de sus ses o sus noes as lo hicieran pedazos.
-
-No hubo ms remedio que pasar el Rubicn... y tirarse de cabeza en
-aquellas honduras insondables de la voluntad paterna. El to Juan haba
-dicho una vez: Qu trae ese por aqu? Y para los que le conocan el
-genio, era bastante.
-
---Ahora que est tu padre en la bodega, voy y se lo espeto, y Dios
-quiera que pueda salir con cara alegre... Pero antes dime, para que
-lleve fuerza, que me quieres como yo te quiero, con los redaos del
-alma.
-
---Apolinar, que me aburres con tus quereres y tonteos. Si quieres
-decrselo, anda; y lo que saques a mi padre del buche eso ser, porque
-yo tambin soy _plant_.
-
-Renegando de aquellos bravos rigores de la casta, encaminse Apolinar a
-la bodega, pasando primero bajo la llorosa parra, que tenda sus
-sarmientos como cuerdas secas, y despus por el angosto corral atestado
-de aperos de labranza y cachivaches de vendimia. En la puerta de la
-bodega enredsele un manojo de telaraas en el _bombn_, y tragando
-saliva entr en la obscura pieza.
-
---To Juan; eh, to Juan...!
-
---Aqu! Eres t? Con este jinojo de tinglao no se ve gota.
-
-Estaba el hombre muy metido en faena, en mangas de camisa, despechugado,
-con una pelambre de pecho que pareca una maceta de albahaca. Era ms
-que medianamente apersonado, canoso y fuerte; y sudando, como estaba,
-pareca un oso polar.
-
---No se figura usted a lo que vengo?
-
---A tomar un jarrillo.
-
---No, seor; a tomar un parecer.
-
---Pues no es lo mesmo. Pero, anda, sultala; que no hay hombre sin
-hombre.
-
---Con esa licencia... no s cmo le diga que Luca me tira un poco, un
-pocazo, si se han de decir las cosas conforme son. Y como me parece a m
-que yo tambin le tiro una migaja, vena, porque es razn, a decirle qu
-le parece a usted de este tiraero que va por buen fin y por derecho
-camino.
-
-Dise to Juan cuatro rasconazos en el testuz, y, volviendo las
-espaldas, fu a buscar el jarrillo y la venencia, y con ambas cosas en
-las manos, como quien echa el _Dominus vobiscum_, se abri de brazos,
-diciendo:
-
---Todo el toque del hombre est en un s y un no. As es que, antes de
-soltar uno u otro, hay que rumiar bien las cosas. Tomaremos un par de
-alumbradores y que Dios sea con todos.
-
-Y despus de beber por riguroso turno, quedse to Juan rumiando aquel
-escopetazo, como un hermoso y prudente buey que no pone la pata sino en
-terreno firme.
-
---Pues atento a eso, digo que me parece a m que la mujer se hizo para
-el hombre y el hombre para la mujer... y que por eso tiran el uno del
-otro. Pero como ni el hombre ni la mujer son siempre libres, otros han
-de agarrarse a la mancera para que el surco salga bien hecho y la
-simiente no se desperdicie. Yo, que por lo de ahora soy el gan en este
-negocio, te digo que quien quiera ayuntarse con mi cordera ha de hacer
-tres cosas, sin que ninguna le perdone; no hacindolas, ya se puede ir
-con viento fresco y levantar la parva.
-
---Aunque sean trescientas har yo, con tal de meterme debajo del yugo.
-Eche usted, to Juan, por esa boca, que ya se me hace tarde, y aunque me
-mande cargar con la bodega, todava me haba de parecer mandato ligero,
-segn lo encalabrinado y emperrado que estoy con el aquel del tiraero
-que ya le he dicho.
-
---No soy tan brbaro para mandar lo que est fuera de las fuerzas del
-hombre, por animal que sea. Las tres cosas que pido son stas: que me
-traigan todos los das la primera gallinaza que suelte el gallo al
-romper el alba, para hacer un remedio de este dolor de ijares que me
-quita el resuello de cuando en cuando; que al que tenga ese querer,
-valo yo una vez siquiera trincar un bocado de hierba sin doblar los
-corvejones, ni acularse, ni tenderse; que el tal me d candela en la
-palma de la mano el da de mi santo por la maana, y esto ha de ser con
-sosiego, sin hacer bailes, ni meneos, ni soplar, ni sacudir.
-
---Nada ms?
-
---En eso me he plantao, y ha de ser a lo justo; que ni sobre ni falte.
-
---To Juan, vaya usted preparando el yugo ms fuerte que haya en casa,
-porque yo me lo echo encima, si Dios no dispone otra cosa.
-
-Y Apolinar sali de all con la cara radiante, bailndole los ojos en
-una rfaga de alegra loca, y dando al viento como romntica pluma aquel
-jirn de telaraas que se peg en el sombrero.
-
---Troncho, qu suerte! Luca, me ha dicho tu padre que te vayas
-preparando, que tenemos que abrir un surco.
-
---Qu tonto eres. De qu surco hablas? Me parece que viene su merced
-algo repuntado y que el jarro habl ms que las personas.
-
---Te hablo del surco que han de hacer en el mundo todas las yuntas
-humanas. Vers qu labor ms dulce.
-
---Pero qu borrico te has vuelto!
-
- * * * * *
-
-La del alba sera cuando Apolinar acudi solcitamente a su corral sin
-quitar ojo del gallo hasta que di de s el extrao remedio del mal de
-ijares, que en caliente recogi, bien as como si llevase dentro una
-preciosa esmeralda. Cumplida por aquel da la primera condicin y no
-sabiendo qu hacer a tales horas, tan desacostumbradas para su vigilia,
-fuse con los cavadores a su majuelo, _a matar el tiempo_ hasta que el
-estmago le avisase. Al llegar a la via, dijo a los jornaleros:
-
---Vamos a ver, muchachos: un cuartillo de vino hay para quien sin doblar
-los corvejones, ni acularse ni tenderse trinque un bocado de sarmientos.
-
---Pero eso qu tiene que hacer? Valiente hombra!
-
-Y cuatro o cinco, los ms jvenes, salieron del grupo y doblndose y
-enderezndose, sac cada cual un sarmiento del modo y manera que los
-palomos cogen pajitas para hacer el nido.
-
---A ver yo...
-
-Que si quieres! Cuantas veces quiso probar, di de cabeza en el montn.
-Una risa franca y noblota alegr el majuelo, y hasta el sol de color de
-cereza que suba por la cuesta azul pareca una gran cara hinchada de
-risa.
-
---Para hacer eso hay que criar mucha fuerza de espinazo y que las patas
-no se blandeen. Es menester cavar vias y darle al cuerpo buenos
-remojones de sudor.
-
---S? Venga un azadn. Este no pesa, otro...
-
-Y como general que arenga a sus tropas, dijo, blandiendo el instrumento:
-
---Hoy ser uno de tantos. Hay que apretar..., y no os compadezcis de m
-si veis que reviento, porque necesito echar un espinazo que sea a la vez
-tronco de olivo y vara de mimbre.
-
-Aquella fu una jornada heroica. Los cavadores, viendo cun
-gallardamente trabajaba Apolinar, mermaron cigarros, ahorraron
-coloquios, apresuraron meriendas y sacaron el unto a sus brazos. Al
-ponerse el sol, no presentaba aquella cara burlona, henchida de risa,
-con que apareci entre las brumas de la maana, sino otra muy grave,
-casi austera, que pareca complacida con la ofrenda del sudor humano que
-riega el terrn y fecundiza el mundo.
-
-Al dar de mano, dijo el jefe de la cuadrilla:
-
---No has visto la sementera?
-
---No.
-
-Y Apolinar sinti una vergenza muy honda por aquella confesin hecha en
-pleno campo.
-
---Pues, vamos, hombre; hay da para todo. Tengo una disputa con tu primo
-Epifanio: l, que lo suyo es mejor; yo, que lo tuyo. Como sementera
-temprana, la cebada nos llega a la rodilla; el trigo parece un forrajal.
-
-Y fueron al sembrado, que con su verdor alegraba el alma, y en ella
-sinti Apolinar una voz gozosa que pareca brincar en otra mancha verde
-y lozana, gritndole: Todo es tuyo; regocjate, o no eres hombre!
-
-Y se regocij honradamente, paternalmente, como si toda aquella vigorosa
-fuerza germinativa hubiese salido de sus propias entraas.
-
---Yo, que no haba visto esto! Maldito sea el casino y las cartas y
-quien las invent! Malditos los tabernculos, que nos chupan el tiempo
-y no nos dejan ver esta gloria, esta bendicin de Dios derramada por los
-campos!
-
-Los sembrados del primo Epifanio no resistan la comparacin. La tierra
-era la misma; pero rutinas, codicias, caprichos, ignorancia y necesidad
-la haban esquilmado y empobrecido. El viejo jornalero explicaba el
-caso.
-
---Dale a un trabajador carne y vino; a otro, papas y tomates. Eso es la
-tierra: un trabajador. Segn le eches, as produce.
-
-Apolinar sinti que otro amor sano y fuerte se le entraba en el alma: el
-amor a la tierra, el amor a lo suyo, el gozo ntimo y callado del que
-posee, del que se conforta al calor del surco, como semilla que germina,
-brota, crece y se reproduce.
-
---En qu estara yo pensando? To Agapito, usted me hace un hombre. Voy
-a echarme al campo como una fiera.
-
---Al campo, al campo! Esa es la ubre... Si vieras a cunto gandul
-mantiene el campo!
-
---Yo soy el primero. Mejor dicho, lo fu. Ya soy otro. Me duelen los
-pies... zapatos de vaca... Me duele la cabeza... tirar este apestoso
-_bombn_ y comprar un sombrero de esos fuertes, como si los hicieran de
-cerdas de cochino. No ms vestidos de Carnaval. To Agapito, un abrazo,
-y pdale usted a Dios que all, por la primavera, pueda yo comer hierba
-sin doblar los corvejones.
-
- * * * * *
-
-No durmi bien, porque el excesivo cansancio rie con el sueo. En las
-manos parecan arder sus huesos desencajados; el espinazo se le
-engarrotaba... y en medio de sus dolores, otro sentimiento nuevo lo iba
-conquistando mansamente; un sentimiento de infinita piedad hacia el
-jornalero desheredado, que todos los das, a cambio de unos cuartos
-roosos, aumenta el caudal ajeno con brbaro derroche de su propia vida,
-y como a la madrugada oyese cantar al gallo, pregonero de su deber y
-compromiso, volvi a ver la claridad del naciente da, y otra vez
-cogieron sus doloridas manos el azadn lustroso, y el sudor del amo cay
-como lluvia fecunda en la heredad, que pareca estremecerse de amor y
-agradecimiento.
-
-Y un da tras otro se fu curtiendo al sol y al aire, y mientras ms se
-endureca la corteza, ms nobles blanduras aparecan por dentro.--Como
-la via de Apolinar no hay ninguna. La sementera de Apolinar es la
-capitana. Qu suerte de hombre!--Este era el tema de conversacin entre
-la gente labradora. Los jornaleros se disputaban la casa, porque haba
-formalidad y trago de vino, y all no se haca el agio vergonzoso para
-la baja de jornales. Con Apolinar trabajaban los sanos, los hombres de
-empuje, estimulados con su ejemplo.
-
-Pas el invierno y el sol primaveral visti el campo de gala. Los
-habares en flor henchan el aire de aromas pursimos; los trigos
-azuleaban, los cebadales se mecan orgullosamente a comps del viento;
-las yemas del higueral, reventando al esfuerzo de las primeras hojas,
-tendan al sol una esplndida gasa de oro verde... y los viedos
-extendan sobre la rojiza tierra otra gasa de pmpanos, y ya el olor
-tempranero del cierne se esparca como una caricia dulce y vivificante.
-
-Lleg el da de la prueba; el da temido y deseado en que Apolinar tena
-puestos todos los grandes anhelos de su vida. Antes que el canticio de
-los gallos sonaron las campanas de la torre con un repique de gloria, de
-alegra, como voces de un coro nupcial que celebrase las bodas del cielo
-y de la tierra.
-
-No pudo Luca convencer a su padre de que, al menos aquel da, debiera
-pasarlo con la chaqueta puesta.--Me ajogara.--Y por parecerle esta
-razn de suficiente peso, no daba otra. Con orgullo hereditario cubra
-su busto de oso polar con limpsima camisa de lienzo, por entre la cual
-se desbordaba la cresta pelambre como maceta frondossima. Cuando entr
-Apolinar, ya estaban all el primo Clmaco y la hermana Bella con su
-dilatada prole, los trabajadores de la casa y varios vecinos, atrados
-por aquellos olores de cocina y fritanga, fieros despertadores de la
-gula.
-
---Que los tenga usted muy felices, to Juan y la compaa.
-
---Apolinar, tantas gracias, y lo mesmo digo.
-
---Vaya, aqu tiene usted la gallinaza de hoy, que parece un bruo.
-
-Y sin pedir permiso, fuese a la cuadra y trajo un brazado de amapolas,
-que tir al suelo.
-
---To Juan, eche usted cuenta.
-
-Y ms gil que un pjaro, doblse y pesc un manojo de hierba en flor
-que le caa sobre el pecho como una llama.
-
---Si usted quiere, me la como.
-
---No tienes que comerla. El toque est en trincarla.
-
---Luca, coge el ascua ms grande que haya en la hornilla: hala, ya
-est. To Juan, encienda usted su cigarro, y si quiere liar otro, por m
-no hay apuro: que ni me meneo, ni bailo, ni soplo, ni sacudo... Como
-que tengo aqu un callo que parece una onza de oro!
-
---Ya est. Ahora... justo, las tres cosas. Ahora, t, Luca, abraza a
-este bruto.
-
-El bruto no esper a Luca; l la abraz con toda su fuerza.
-
---To Juan, de veras que es para m?
-
---Para ti, cerncalo. Y dale gracias al gallo que te cur; porque ni yo
-tengo dolor de ijares ni cosa que se le parezca.
-
---Entonces?...
-
---No seas borrico--dijo Luca.--Padre quera que madrugases; si no
-madrugas, no me abrazas.
-
-Apolinar solt un relincho estrepitoso; un relincho de salud, de amor,
-de fortaleza y de ventura.
-
---Sabis lo que so esta noche?--dijo el to Juan.--Pues que yo era el
-Padre Eterno, y esta mi cordera era la Espaa, y yo se la daba a una
-gente nueva, recin vena no s de ande, con la barriga llena, los ojos
-relucientes, con callos en las manos y el azan al hombro....
-
-Un alarido triunfal hendi como dardo sonoro el aire azul de aquella
-serena maana de esto. El sol, deslumbrante, caa en lluvia de oro
-sobre los aperos de labranza; dos mariposas de color de fuego volaban
-bajo el fresco toldo de pmpanos, y el alegre repique de las campanas
-pareca responder all, en lo alto, al alborozo de la raza nueva, de la
-raza fuerte, que abra su fecundo surco de amor en la llanura humana.
-
-
-
-
-La enamorada indiscreta
-
-(PEDRO DE RPIDE)
-
-
-
-
-DEL LICENCIADO ALONSO DE LAS TORRES
-
-_Al Autor._
-
-
- SONETO
-
- Saludo a ti, seor, en el Parnaso,
- como a un divino hermano de las Nueve.
- La brisa suave que tu plectro mueve
- agita con sus alas el Pegaso.
- El ms sabio varn de Halicarnaso
- no fuera nunca en tus elogios breve.
- Hay una diosa que en tu frente llueve
- celeste luz a su celeste paso.
- De la Helicona la preclara linfa,
- te di a beber con plcido secreto
- en ureo vaso extraordinaria ninfa.
- Bienhayan tus decires y cantares,
- por ti miran laureles del Himeto
- las riberas del grato Manzanares.
-
-
-DEL AUTOR
-
-_Al licenciado Alonso de las Torres._
-
- SONETO
-
- Dolor de los amores que se mueren
- y son en nuestras almas enterrados.
- Dolor de los puales bienamados
- que ya ms no nos buscan ni nos hieren.
- No en estos melanclicos narrares,
- el fausto busques de la pompa loca.
- Yo cambio ese laurel de los cantares
- por la rosa del beso de una boca.
- Es el dolor mayor de los dolores
- el deshojar la flor de unos amores
- en el jardn do fuimos sus cautivos.
- Aoranza de fuente en el desierto.
- Dolor de los amores que no han muerto,
- y Dios nos manda que se entierren vivos.
-
-
-
-
-PRIMERA PARTE
-
-CUNTASE EL PEREGRINO SUCESO DE LA ENAMORADA INDISCRETA, QUE TAMBIN FU
-LLAMADO DEL PELIGRO EN LA VERDAD.
-
-
-En una de las ms famosas y nobles ciudades de la prcer Italia, asiento
-de las artes y patria de los ms nclitos varones, aconteci esta rara
-historia que aqu se relata, y donde se muestra la ejemplaridad de los
-designios del Altsimo, que trae aparejada la ms alta edificacin as
-saludable para que huyan la tentacin del Enemigo los que aun no
-pecaron, y vuelvan a la senda de la Gracia los apartados de ella.
-
-Era, pues, en Ferrara, ciudad insigne, que haba visto prender al
-delicado Torcuato Tasso, vate preclarsimo, y haba visto tambin morir
-a aquel gallardo ingenio, prncipe soberano de los de su poca, que fu
-el divino Ariosto, de quien pudo decirse que hubo reinas que besaron su
-pie, ya que egregias hermosuras y la mayor de estos ltimos tiempos,
-como ha sido la sin par Catalina Cornaro, a quien sus paisanos los dux
-de la repblica veneta, Federico Barbarigo y Leonardo Loredano, ms
-codiciosos que caballeros, han quitado su reino de Chipre, tuvo en ese
-poeta el consuelo de un amor que bien vala un trono. Y siguiendo en
-este relato verdico y curioso, ha de decirse, que frontera a la casa
-donde haba muerto el Ariosto, alzbase otra suntuossima, que bien a
-las claras pregonaba la elegancia y distincin de la gente principal que
-en ella moraba.
-
-Estaba la tal habitada por un magistrado de uno de los ms altos linajes
-de la ciudad, que era la magnfica seora de Leonardo Aldobrandino,
-hermano de Hrcules, senescal de los duques. Viudo de una seora de
-Pisa, tena los ojos del alma y los del rostro puestos en su hija
-Renata, que era ya una doncella de diez y nueve aos, ms bella y fresca
-que las rosas de aquel gran rosal de Florencia que ha visto arder el
-hereje Savonarola. Saba l que no hay mejor duea y rodrign para las
-mujeres que su propio recato, y en este punto, la virtud de Renata
-pareca guardarse sola. La misa de madrugada en San Lotario, oda con su
-padre; algn paseo por la vega de las flores al morir de la tarde, y
-otro rato de divertimiento con sus primas en el estrado de la casa, y
-siempre bajo la custodia del grave Leonardo. No perdonaba ste, en
-cambio, nada que dejase de adornar la gentilsima presencia de su hija;
-las perleras ms finas que traan los traficantes de Venecia, y los
-guardamaces bordados y justillos y corseletes de seda de Persia que
-llevan a Ferrara los mercaderes ginoveses, nuncios del lujo y ministros
-del oro.
-
-De una parte, el respeto que su alto nombre mova a todos, y de otra la
-seguridad de un mal fin de aventura, haba librado de galanes a aquella
-joya ferraresa, bajo cuyas ventanas no se haban taido msicas ni
-cantado sonetos. Sabase que su padre tena dispuesta la doncella para
-esposa de un caballero fabuloso. Hablbase de un grave suceso de honra
-que aconteci muchos aos atrs a Leonardo viajando por Espaa y
-hallndose en Sevilla, donde top con un gentilhombre a quien qued muy
-obligado. Era ste, espaol, cuatralvo en Cdiz de los galeones de
-nuestro prudentsimo soberano el segundo de los Filipos, que hoy
-asintanse en los cielos gozando de la bienandanza de los justos, y
-siendo por aquellos das acaecido el trnsito del gran monarca, apenas
-tom el cetro de las Espaas su hijo, nuestro actual gloriossimo
-prncipe Filipo, el tercero de los de su nombre, a quien Dios Nuestro
-Seor d tan larga vida como es sabio su gobierno, fu ste servido de
-hacer al gentilhombre su visorrey en uno de los visorreinatos que
-tenemos en Indias para mayor grandeza de nuestro Csar.
-
-Tena el nuevo visorrey un hijo de breve edad, que llevaba el nombre de
-San Miguel Arcngel, y cuando se despidieron para tornar el uno a Italia
-y partir el otro hacia su destino, concertaron que si Leonardo tena
-alguna hija, haba de ser esposa del heredero del noble espaol, que si
-la estirpe de ste no cediera a la del Infantado y Medinaceli, la del
-italiano era tan alta como la de los Dandolo y Colonna. Un ao despus
-naci Renata, y comunicado el suceso al visorrey, fu luego considerado
-su hijo, que tena entonces no ms de dos aos, como esposo de la tierna
-Aldobrandino. Y en la traza aprobada, quedse dicho, que tan luego como
-Miguel llegase a los veinte aos, haba de venir a Ferrara para sus
-bodas.
-
-Cercana al palacio de Leonardo hallbase, y aun se halla para contento
-de caminantes, la celebrada hostera del Centauro, tan famosa por el
-arte de sus guisanderas como por las varias aventuras de amor que la han
-hecho tan temida de los padres y sospechosa para los maridos. Como es la
-mejor de la ciudad, toda la gente de calidad que viaja suele hacer en
-ella posada: capitanes espaoles, clrigos romanos, mercaderes
-franceses, damas de alta condicin y grandes seores detinense en ella
-a su paso por Ferrara, y as es de ver el trfago de su anchuroso patio,
-donde se mezclan la carroza blasonada y el carro de trfico, el caballo
-del alfrez y la mula del prebendado. El vino de Chianti llena con
-liberal abundancia los jarros de las mesas, y bajo la parra esplndida y
-tupida que rodea el portn, hay, como a las puertas conventuales, un
-congreso de pordioseros, a quienes en ciertas horas se reparte la comida
-sobrante. Sus aposentos son espaciosos como de la casa de un grande, y
-su cocina esplndida como de un monasterio de Jernimos.
-
-Era en el dulce morir del melanclico Octubre cuando al fenecer de una
-tarde arribaron dos jinetes a la hostera. Era el uno muy mozo, de
-gallardo y finsimo talle y rostro de ngel, y sus manos, como esas
-talladas en marfil que se ven en algunas iglesias de Italia y son obra
-del singular artfice llamado el Donatello. Cabalgaba en un potro
-andaluz de agradable estampa, y en su rostro marcbase cierto
-desasosiego y como embarazo al montar a horcajadas, que no daba muestra
-de grande pericia en el arte de cabalgar. Seguale caballero en una mula
-un hombre viejo y recio con tipo de haber sido soldado del duque de Alba
-all en sus tiempos, y de llevar ahora dignamente su oficio con algo de
-humildad para ser ayo, y un poco familiar para ser escudero. Tan luego
-como llegaban a la puerta de la hostera, hubieron de detenerse porque
-costera de ellos llegaba y parbase tambin una gran carroza cargada de
-cofres. Detuvironse y vieron descender de ella tan slo a un caballero.
-Era ste mozo tambin, aunque de ms fuerte y varonil gentileza que el
-joven de a caballo; morena tena la tez y negro su cabello como de un
-prncipe del Oriente, que no pareca sino que su padre era el sol y que
-asomaba por sus ojos. Gallarda y arrogante era su apostura, y su
-continente nobilsimo. Traa obscuro su vestido y sencillo como de
-viaje; solamente sobre su ferreruelo llameaba como una espada de fuego
-la insigne encomienda de Santiago. Entr en el zagun, apartse la
-carroza y el mozo y su viejo acompaante entraron sobre sus cabalgaduras
-hasta el patio de la hostera. Haba llovido algo y con eso estaba
-escurridizo el pavimento, que era todo de guijarros, los cuales el uso
-continuo haba hecho planos y lustrosos. Fuera ello la causa o la poca
-experiencia del mozo, el caso es que al ir a apearse del caballo hubo de
-caer ste arrodillado, y hubiese dado tambin con su cuerpo en el suelo
-el jinete, si con grande presteza no acudieran a un tiempo su escudero y
-el caballero de la encomienda. No se hizo mal alguno, y con esto
-subieron juntos a los aposentos que les destinaron, y haba querido la
-suerte que fuesen contiguos. La igualdad de sus aos, y el hallarse
-ambos espaoles en tierra extranjera, hzoles entrar prontamente en
-pltica y ofrecerse.--Yo me llamo don Diego de Ziga--dijo el del
-caballo--y viajo con Marcos, mi escudero. Vengo desde Toledo, y no
-tardar en llegar al final de mi viaje, que es en la ilustre ciudad de
-Mantua, tantas veces nombrada, y he de deciros que no me llevan los
-negocios ni los placeres, sino un gran pesar.
-
---Yo soy--dijo el caballero de la encomienda--don Miguel de Guzmn.
-Vengo desde Indias, y llegando a Ferrara, he tocado al trmino de mi
-peregrinacin. Hame trado aqu un cuidado muy grave que ya os
-descubrir si os detenis aqu, y si, como pienso, hemos de ser amigos.
-
---Reposarme he unos das y muy de mi grado, seor don Miguel, que me
-obliga la merced que me hacis de llamarme vuestro amigo--contestle don
-Diego.
-
-Y departiendo sobre su viaje y otras indiferentes materias, luego que
-hicieron colacin, retirronse a descansar con promesa de salir juntos
-al siguiente da para visitar la ciudad.
-
-No tard en amanecer el sol ms que en saltar de sus lechos y vestirse
-los caballeros. Don Diego, con su traje de veludillo gris y capa
-aleonada, y don Miguel, que haba hecho subir sus cofres, adornse con
-unas cachondas de raso y un jubn de vellor y colg de su cuello una
-finsima cadena de oro con un grueso diamante que alumbraba su pecho.
-Salieron, y su primer visita fu para el Santsimo Sacramento, como
-devotos caballeros que eran, y acudan a agradecerle que les hubiera
-dejado llegar con bien a la ciudad. Cumplido el po deber y oda la
-misa, dironse a discurrir por las calles y plazas, y admirar iglesias
-y palacios, maravillas todas que tenan suspenso su nimo, a pesar de
-venir de la opulenta Espaa. Y aconteci que, como se hallasen a media
-maana en el atrio de la catedral, vieron detenerse la gente, y pasar
-ante ellos y perderse a la revuelta de una esquina, una corta pero
-admirable comitiva. Componanla dos graves caballeros ataviados con sumo
-lujo, y entre los dos una doncella, portento casi ms por su talle y por
-su rostro que por sus galas suntuosas, cabalgando todos en soberbios
-corceles precedidos de palafreneros y seguidos de lacayos. Riqusimas y
-blasonadas gualdrapas llevaban los bridones, y los guanteletes y el azor
-en la mano de la joven y el arreo de todos mostraban a las claras el
-aparato de cetrera. Como las gentes se descubriesen al paso de aquellos
-seores, don Miguel y don Diego se informaron de quines eran.--Son--les
-contestaron--el seor senescal Hrcules Aldobrandino, su hermano
-Leonardo y su sobrina Renata. Qu bien se echa de ver que sois
-forasteros al no conocer a tan visibles personas!
-
-Hizo don Miguel un gesto, no advertido para don Diego, y comentando
-ambos la majestad de los ancianos y la elegancia de la joven,
-prosiguieron su paseo, hasta que fu hora de retornar a la posada. Y a
-peticin de don Diego separronse despus del meridiano yantar para el
-reposo de la siesta.
-
-Buena siesta diere Dios a don Diego, que as que se vi en su aposento a
-solas con su escudero, hubo de arrojarse en sus brazos y comenzar a
-llorar como una Magdalena despus del arrepentimiento.--Malhaya mil
-veces, Marcos amigo--le deca--, malhaya mil veces la hora en que nos
-partimos de nuestra casa si haba de ser para tal fin de viaje, que me
-pienso que no llegar a Mantua y quedar con la maldicin de mis padres
-y sin el asilo de mi ta la priora.
-
---Sosegos, seora ma--respondi el escudero--que ana os turbis y me
-dais ganas de llorar a m tambin. Mirad, doa Menca, mi ama, que si
-ven vuestros ojos encendidos del llanto dudarn de vuestro varonil
-disfraz. Hicsteis mal en prometer a don Miguel que os detendrais aqu,
-pues lo que importa es que lleguis cuanto antes a Mantua, donde os
-espera la paz del monasterio.
-
---Ay! Por qu nac mujer? Unos padres crueles quisieron depararme como
-esposo a un hombre viejo, feo y corcovado, con achaque de decir que todo
-cuanto llevaba en la joroba eran doblones. Pens en mi ta doa Clara y
-en su convento de Italia, y para dejar tierra de por medio entre el
-novio y yo salimos de Toledo, sin reparar en lo largo del viaje. Ms me
-valiera haberme quedado de religiosa en el colegio de San Clemente de
-nuestra ciudad, que no hacer peligrar aqu mi vocacin forzosa y la
-salvacin de mi alma.
-
---Fuerza es que lleguemos a Mantua, mi seora. Pero decidme, qu mal
-pjaro os ha picado que os ha causado tal maleficio?
-
---Alas tiene y no es ave. Ciego es y todo lo penetra. Nio es y sabe ms
-que cien doctores.
-
---Acabramos, doa Menca de mi alma, que ya me asombraba a m que el
-tal picaruelo no se nos hubiera puesto delante en el camino.
-
---Ganas me dan de sacar de la maletilla el traje femenino que traigo
-para entrar en Mantua, descubrirle a don Miguel la verdad de nuestra
-historia y decirle que le amo de todas veras desde que le vi. No has
-parado mientes en lo apuesto de su porte, en la nobleza de sus modos, en
-la galanura de su decir y en la discrecin de su pensar? Heme aficionado
-a l de tal manera y cobrdole un tan grandsimo afecto, que sangre del
-corazn lloraran mis ojos si me arrancasen de su compaa.
-
-Juntos pasaron el siguiente da ambos muy divertidos con sus plticas.
-Era el don Miguel muy letrado y placase en decir versos que saba, y
-slo ignoraba que sus coloquios con don Diego aumentaban una llama
-cruel. As aconteci que hallndose juntos tuvo el don Miguel la donosa
-ocurrencia de recitar a su amigo el siguiente soneto que l compuso
-cierta vez a una dama que mostraba un lunar en uno de sus pechos:
-
- SONETO
-
- Sabio lunar que colocarse supo
- tan sabiamente en el redondo seno.
- De orgullo le supongo y gozo lleno
- por la preciosa suerte que le cupo.
-
- Es flor de tal jardn, l es el astro,
- astrolabio, astro mago, gua y norte
- de esa esfera de amor. Oh rey sin corte!
- Planeta de ese cielo de alabastro.
-
- Atrae por quemar. Fuego de Neso.
- Imn de la mirada. Imn del beso.
- Para encender los labios con su llama,
-
- y que la apague al recibirlos luego,
- lago que apaga de la antorcha el fuego,
- los verdes ojos de la rubia dama.
-
-No apercibise Guzmn de la turbacin que disimulaba en cuanto poda don
-Diego, segn avanzaba l en el declamado de los versos, que a bien que
-l pensaba decirlos a un caballero mancebo para diversin, y no que
-caan en los castsimos odos de una noble doncella. As al terminarlos
-y recibidos plcemes por su arte de bien decir, fu requerido el de
-Ziga para recitar a su vez. Era ste grave aprieto para la dama; pero
-cediendo a la fatalidad de la ocasin, hubo de decir con voz algo
-turbada, pero suave y cristalina, esta cancin que recordaba:
-
- CANCION
- Amor de yo no s dnde.
- Pasin de yo no s cundo.
- Qu necio es lo que se esconde,
- si el alma lo est buscando!
- No el severo pensamiento
- me distraiga de mis cosas.
- Acaso medita el viento,
- y acaso piensan las rosas?
- Viva la bella locura
- que habla al sol en la pradera,
- y corre por la llanura
- cabalgando en la quimera.
- El sol que en la tarde muere
- vuelve a nacer otro da.
- Quien de nosotros muriere
- a nacer no volvera;
- da en que no hemos amado,
- da es que habremos perdido.
- Oh, amores que ya han pasado,
- y amores que aun no han venido!
- Llegue a leer tu mirada
- mi dulce libro secreto.
- Sin ti la vida no es nada.
- Qu sera el Paracleto
- sin Helosa? Qu fuera
- Valchiuso sin el Petrarca?
- Por qu la encantada barca
- en vano en el lago espera?
- Para quines la ribera
- tiene su sombra y su flor?
- Jardines de primavera,
- qu seris sin el amor?
-
-Hubo de comprimir un suspiro el ficticio don Diego al terminar la
-relacin, y apenas supo dar las gracias por las albricias que le daba el
-de Guzmn, encantado por el modo con que haba sido dicha la cancin.
-Entretuvironse departiendo sobre otros puntos puestos de codos sobre la
-abierta ventana, mientras abajo prosegua el eterno coro de todos
-tiempos y pases. Los criados hablando mal de sus amos y del gobierno de
-la repblica, y las mujeres mordiendo en las honras de las vecinas y las
-vidas de las amigas ausentes. Que no hay Trajano que no sea Calgula
-para la gente lacayuna, ni dama que no sea liviana para las mujeres que
-por los aos no pueden ya valerse de sus donaires, y por su
-desabrimiento no llegaron a doctorarse de alcahuetas en las academias
-del amor.
-
-Al caer de la tarde, don Miguel fu a buscar al que para l segua
-siendo don Diego, y requirile para dar un paseo por las afueras de la
-ciudad, que con aquel otoo tan dulce eran de una amenidad
-extraordinaria. Hizo don Diego esfuerzos para serenarse, y cuando
-departan bajo de una frondosa olmeda, don Miguel, asustando a su
-interlocutor con tal comienzo de discurso, hubo de decirle as. Lo que
-le dijo vern los curiosos ojos que pasaren a la segunda parte de tan
-certsima historia.
-
-
-
-
-SEGUNDA PARTE
-
-SGUESE REFIRIENDO EL PEREGRINO SUCESO DE LA ENAMORADA INDISCRETA, QUE
-TAMBIN FU LLAMADO DEL PELIGRO EN LA VERDAD.
-
-
---Quiero, amigo don Diego--empez diciendo el de Guzmn--, ya que sois
-el nico que por ahora tengo en esta ciudad, daros cuenta del propsito
-de mi viaje y razn de mi llegada a estas tierras. Habis de saber que
-he venido a celebrar mis bodas, a las cuales os podis tener por
-natural convidado; pero os ha de asombrar el saber que no he hablado
-nunca con mi esposa, que as puedo llamarla, y que quiero probar la
-condicin de su carcter, aunque ya conozco la de su continente.
-
---Ya la habis visto?--pregunt casi temblando don Diego.
-
---Cierto que s, y vos tambin. No recordis aquella joven del azor que
-vimos pasar por delante de la catedral? Pues esa es, la hija de Leonardo
-Aldobrandino, primate de este ducado.
-
-Crey don Diego que su amigo se chanceaba y acabara por darle vaya y
-declarar que eran sus palabras burla de pasatiempo; pero tal insisti,
-refirindole la historia que ya conocemos, que don Diego felicitle, el
-rostro demudado y casi balbuciente el habla.
-
---Muri mi padre hace tres aos--concluy don Miguel--y he venido yo
-solo a cumplir el pacto, si en ello no va nada, como espero, contra el
-lustre de mi raza y la honra de mi persona. Para mis planes necesito de
-vos, caballero don Diego, pues desde luego he descubierto en vos una
-gran nobleza, y servirisme, procurando ser visto de la hija de
-Leonardo, despus que yo haya llegado a ella, aunque sin descubrir quin
-soy. Si ella sabe rechazar toda pretensin que no sea la de ver a su
-esposo de Indias, a quien debe esperar fielmente, ser mi esposa. Pero
-si no sale triunfante de la prueba y tiene a los galanteos la
-inclinacin que otras muchas jvenes italianas, no ser ella quien venga
-conmigo a mi palacio de Sevilla.
-
-De tal modo insisti don Miguel, que logr que don Diego aceptara la
-misin, y algunos ricos trajes y preseas para el atavo de su cuerpo,
-que eran muy de menester para el intento. Y aquella misma noche unos
-msicos colocados bajo las ventanas de Renata, cantaron con meliflua voz
-el siguiente:
-
- SONETO
-
- Amor es, Filis, brisa perfumada.
- Ola de un mar de encanto. Golondrina.
- Es algo que va y viene. Peregrina
- cancin que en la espesura canta un hada.
- Ha tenido el jardn fulgores raros
- como luz de un espritu que pasa,
- y ese fuego he sentido que me abrasa
- al resplandor de vuestros ojos claros.
- La luz y vuestra sombra se perdieron.
- Amargura y dolor permanecieron.
- Al bosque y a las almas vuelve el fro.
- La fuente gime con gemir sonoro.
- Llorando est el jardn sus hojas de oro
- porque han muerto las flores y el esto.
-
-Era por la mitad del cntico cuando entreabrise una de las ventanas y
-asom su rostro cenceo la duea Lisarda, que haba sido tercera de los
-amores de Leonardo con la madre de Renata, y viva desde tiempo
-inmemorial en la casa. Retirse en seguida; y al punto muy
-discretamente, como nio que teme cometer impertinencia, miraron a la
-calle los propios y celebrados ojos de Renata, a quien placa tener por
-vez primera msica delante de su casa. Pero como Leonardo, que haba
-salido al palacio del obispo, donde se celebraba un festn, no haba de
-tardar en volver, Lisarda baj a decir a los msicos para quien les
-enviaba, que su ama se holgaba con su taido y les agradeca con notable
-contento la merced; pero que si el seor volva y aperciba serenata,
-haban de verse en grave aprieto por ser justicia de la ciudad y muy
-celoso de la guardia de su hija. Con esto y haber juzgado que para ser
-la primera noche haban hecho bastante, retirronse caballeros y
-msicos.
-
-Jzguese el dolor del fingido D. Diego al representar tal papel. Fu tan
-grande como la alegra de Renata, al verse regalada y con cortejo. Al
-otro da, y por encargo del de Ziga, busc Marcos la traza para hablar
-con Lisarda, y su coloquio fu tan sabroso como breve:--Garrido es el
-soldado--dijo la vieja al escucharle--, y a fe que si fuera ms mozo
-pudiera ser el roto de mi descosido. Pero sepa que mi boca es de oro, y
-slo se abre con llave de ese mismo metal, que no quiero comprometerme
-de balde con mi seora. Vlame Dios.
-
---Miren el orejoncillo con faldas--contestla Marcos--que en mi tierra
-la hubieran paseado por el Zoco, caballera en un pollino, emplumada y
-con coroza, y conocera todas las pencas de la comarca. Y concluy con
-una sarta de pesiatales y de porvidas, con ms votos que el altar de San
-Blas. Fuse el escudero, y apenas hubo subido Lisarda a la casa, fu
-llamada por Renata.
-
---Sabes--preguntla sta--quin puede ser uno de los galanes de la
-msica de anoche?
-
---Yo tengo, hija ma--repuso la duea--tan poca vista para la malicia,
-que no acierto en esas cosas.
-
---Pues esta maana, viniendo de San Lotario, le he visto entrar en la
-hostera del Centauro, que no se me despinta su talle con slo habrseme
-aparecido de noche y no haber mirado yo ms que de soslayo. Y decirte
-quiero, Lisarda, que estoy harta de esperar a ese caballero de Indias,
-que me tiene prometido mi padre y tambin que he soado con el rondador
-de la serenata. No es desagradable tampoco otro caballero que hoy tiene
-mi padre convidado, y nos ha saludado esta maana en la iglesia; pero no
-me parece tan amable como el de la hostera. Fuerza es que te enteres de
-sus prendas y si es persona de calidad como representa ser.
-
-Aquel da tena, en efecto, Leonardo convidado al propio D. Miguel que,
-sin manifestar su nombre verdadero, se haba presentado a l como un
-amigo del visorrey y de su hijo, de quien le traa nuevas. Mucho agrad
-a Renata la presencia del husped, as como su cortesana y discrecin;
-pero el pensamiento no se le iba del lado de D. Diego, de quien las
-artes del Enemigo Malo hicironla prendarse muy en malhora. Quiso
-Leonardo que su hija regalase al forastero, y la hizo cantar
-acompandose con el arpa, y cantado que hubo, requiri y le fu
-concedida licencia para retirarse del estrado. As que Renata se vi
-libre, corri en busca de Lisarda para hablar con ella de D. Diego con
-ese afn de los enamorados que slo saben platicar de lo que aman.
-Preguntla si haba inquirido su nombre y condicin, y supo que era un
-caballero espaol que se llamaba D. Diego de Ziga, y a lo que la
-dijeron viajaba por placer, siendo un mayorazgo muy rico de Castilla.
-Esto sabido, su pasin afirmse al conocer que se trataba de un hombre
-principal.
-
-Instigado por D. Miguel vise D. Diego obligado a enviarla recados y
-billetes de mejor gana recibidos que mandados. Y era de ver cmo al
-tiempo que creca el amor de Renata por D. Diego, creca tambin la
-pasin del falso Ziga por el noble don Miguel. Y la dama, oculta bajo
-el disfraz de que se haba valido para salvar su recato al viajar por
-los caminos en direccin al convento en donde se pensaba encerrar,
-lloraba cuando estaba a solas, y para salir de tan anormal situacin
-unas veces se determinaba a presentarse con el traje de su sexo al de
-Guzmn, y otras decidase a partir para Mantua sin despedirse del
-caballero que inocentemente haca tal estrago en su espritu, siquiera
-fuese el suyo el honesto amor que cumpla a una joven dama principal y
-cristiana como ella era.
-
-Tena dispuesto el duque de Ferrara en sus bellos jardines una fiesta de
-noche, para honrar una embajada de la magnfica seora de la repblica
-de Venecia, y haba de ser de un fausto tal como era tradicin en los
-sucesores de Alfonso de Este, _divi Hrcules filius_. Como era natural,
-tena parte principal en ella Renata como sobrina del senescal, y
-Aldobrandino, sin saber que con ello honraba al que deba ser su yerno,
-invit a D. Miguel a que fuera parte de la misma y de una comedia que
-all haba de hacerse. Di cuenta de esto el de Guzmn a D. Diego, y a
-poco reciba el falso Ziga una esquela de Renata con cita en los
-jardines ducales la noche de la fiesta.
-
-Magnfica como el seor que la dispuso, era sta que anim los vergeles
-seoriales. Percibase, llegando a ellos, un grato y apacible sonar de
-msicas, y apercibase en entrando una muy notable frecuencia de
-caballeros y de damas que discurran y departan, placanse con el
-taido y holgbanse con danzas de ceremonia y otros varios deleites.
-
-Siendo grande la frondosidad de la arboleda, toda ella arda con
-profusin de luminarias, y era de ver cmo rutilaban las piedras
-preciosas sobre los brochados de los trajes, y cmo los blancos chapines
-de seda de las damas constelados de diamantes semejaban albas flores
-cubiertas de roco sobre el verde de la pradera.
-
-Aquellos das celebrbanse de continuo fiestas de estafermos y corranse
-sortijas, habiendo justas como otras clebres que hubo en Castilla,
-tales como el paso honroso del caballero Suero de Quiones en Medina del
-Campo, y el otro con que le imit honrando la embajada del duque de
-Bretaa el muy magnfico seor don Beltrn de la Cueva, duque de
-Alburquerque, conde de Ledesma, vizconde de Huelma, seor de Mombeltrn,
-y de La Adrada de Cullar y de Roa, ejemplo de validos y espejo de
-caballeros leales a sus reyes.
-
-Abrase en el centro de los jardines una amplia plaza bordeada de
-lamos, cubiertos sus aosos troncos con tnicas de hiedra; nobles
-estatuas alzbanse tambin all, y el suave musgo vesta de verde
-terciopelo las figuras del mrmol. Corrironse en tan bello lugar unos
-anillos a la luz de las antorchas y fu triunfante un caballero milans
-que se llamaba Leonelo Sforza, y era hijo del esclarecido linaje que
-llevaba ese nombre preclaro. Traa el vencedor en la mueca izquierda un
-brazalete como de hierro y en el cual eran grabadas las palabras de su
-mote, que tambin llevaba en el gallardete de su lanza. Lema lleno de
-poesa y donosura, que deca as: _Galeote soy de amor_.
-
-Fu a ofrecer su galardn a una dama que se hallaba justamente al lado
-de Renata y se llamaba Laura de la Rovere y era de familia de donde han
-salido pontfices romanos. Algn disgusto tuvo la vanidosa Aldobrandino
-al no verse favorecida, pero ningn desabrimiento haba aquella noche en
-la fiesta como el del desdichado don Diego, que tan mal de su grado la
-presenciaba.
-
-Siguise una danza de salvajes, y a sta otra en que la comparsa
-vestase a la usanza de los antiguos legionarios romanos. Apartronse
-luego en dos filas los bailarines y salieron del boscaje unas gentiles
-amazonas que hubieran sido envidia de la propia Pentesilea y cabalgaban
-sobre cndidas hacaneas cubiertas con gualdrapas. Traan una aljaba a la
-espalda y blandan el arco en la diestra, disparando sus flechas hacia
-lo alto de los rboles. A ellas seguan unos lacayos que conducan sobre
-parihuelas de plata diversos cuerpos de toros con sus cuernos y sus
-cascos dorados, y todos ellos cubiertos de guirnaldas, y con gran
-concurso de frutas confitadas. Era este el anuncio del festn que se
-sigui y fu tal como los opulentos de las nupcias de Beatriz de Avalos
-con el magnfico Juan Jacobo Trivulzio, y las de Violante Visconti con
-el duque Lionel de Inglaterra.
-
-Fin el banquete, mas no se crea por eso que tuvo su punto la funcin.
-Dironse varios vtores a la embajada veneciana, y luego unos como
-lctores comenzaron a decir: Viva el duque muchos, y buenos, y largos
-aos con triunfo sobre sus enemigos! Y el cardenal de Giudice, que
-presente se hallaba, dijo despus: Loado sea Nuestro Seor; que nos da
-tal seor. Todos cuantos haban sido parte en el festn pusironse muy
-luego en marcha a otro lugar, pues que la noche y los jardines daban el
-tiempo y el espacio suficientes para que la fiesta continuase. Di todo
-aquel senado en una pradera donde haba dispuesto un estrado para que
-unos muy ilustres histriones representasen farsas divertidas y amenas.
-No era ciertamente nada de amena y divertida la farsa que tocaba
-representar a D. Diego, que tena su pensamiento all donde pusiera su
-nima cuitada.
-
-Comenzse la representacin por una loa que se titulaba _El triunfo de
-la prudencia_. Era en tal alegora la seora veneciana como Mentor del
-pas italiano a quien se haca pasar por Ulises. La urdimbre era
-sencilla y agradable, y todo aquel artificio con muy singular acierto
-tramado. Hacase despus un paseo de comedias que era llamado as: _Gran
-caudillo es el amor_. Bello poema donde el poeta pona en su fbula
-verdades de la vida. Era aqu donde haba sido rogado D. Miguel por
-Aldobrandino que, tratndose de una persona principal y muy versada en
-letras italianas, tomase un papel. Eran los personajes de la accin:
-Ricardo y Cardenio, caballeros; Lucrecia y Beatriz, damas; Hiplita,
-duea, y Pnfilo y Doroteo, criados. Finga Renata la parte de Beatriz,
-sin saber que en aquel Cardenio que era su galn en la comedia,
-escondase su prometido esposo verdadero, tan bien esperado como mal
-recibido.
-
-Fingase en aquel paso que todas las damas haban movido una cruzada
-contra los caballeros todos para vencerles el desamor, pues no los
-consideraban suficientemente rendidos a su albedro, y valindose de
-armas para su intento, haban usado primero de la tirana de la soberbia
-con que slo consiguieron un desdn uniforme. Buscaron luego mejor
-general para su causa y dieron en encontrar al amor que muy luego
-sirviles aunque siendo igual que fuerte veleidoso hubo de traicionarlas
-hacindolas a la postre esclavas de aqullos a quienes intentaron
-rendir. Era bella la traza y hbilmente parlada, que bien mostrado lo
-sutil del ingenio que la haba compuesto y deba de ser un poeta que no
-cediera en elegancia al mismo Fracastor.
-
-Trasldase aqu un retazo de escena, porque el inters que movi en el
-senado que la escuchaba y hasta nuestro propio deleite nos lo ordenan.
-Hallbanse en medio de un boscaje el caballero Ricardo, que era prncipe
-de Inglaterra, y la dama Lucrecia, que era duquesa de la Italia, y as
-decan sus decires:
-
-RICARDO
-
-Seris esquiva dama menos gradescida que las flores? Ved que ellas de
-todos codiciadas no apartan el tallo de su rama cuando alguien quiere
-gustar de su fragancia, y aun besarlas como a labios de hermosas.
-
-LUCRECIA
-
-Para vos, caballero Ricardo, las flores todas de mi jardn, menos una.
-Sabedla ganar y sern sus hojas labios para vuestros labios. Vos os
-llamis Ricardo. As se llamaba vuestro rey Corazn de Len.
-
-RICARDO
-
-Queris, dama Lucrecia, que vaya a Palestina? Yo rescatar el sepulcro
-de Cristo, y traer para que adornen vuestros chapines las gemas que
-adornan el turbante del seor soldn de Babilonia.
-
-LUCRECIA
-
-Vos no sabis la historia de la Tabla Redonda?
-
-RICARDO
-
-El rey Arts era mi abuelo.
-
-LUCRECIA
-
-An me parece a m poco linaje el vuestro. No vayis a Tierra Santa,
-pero traedme la copa donde bebi Nuestro Seor en su ltima cena. Est
-tallada en una piedra que salt de la diadema del demonio. Guardla el
-rey Titurel de Anjous con unos bravos caballeros, y otro cado en
-liviandades la perdi. Rescatla el prncipe Parcival, padre del
-caballero Lanzarote del Lago. Ricardo, la noche de nuestras bodas,
-quiero que bebamos licor de la vida en ese cliz. Ricardo, id al
-Monsalvato y traedme al Santo Grial.
-
-RICARDO
-
-Rebosante de sangre de emperadores adversos, y de vino de las vides de
-Chipre. Inerme acudir. Rendiros he mi espada.
-
-(Aqu descease la espada del tahal, la cual era recibida por
-Lucrecia, que besaba su pomo.)
-
-LUCRECIA
-
-Beso este oro donde tantas veces puso sus manos el valor.
-
-(Soltaba la espada de improviso y daba un grande grito.)
-
-Mal cuitada de m! Aspid, escorpin o saeta. No era espada, que era
-dardo de amor. No os partis de mi lado. Para vos, caballero Ricardo,
-todas mis ofrendas y todos mis sacrificios. No temis que el viento os
-aparte la rosa de la rama.
-
-RICARDO
-
-Ay, el viento de la muerte!...
-
-LUCRECIA
-
-No le temis; mucho peor es el viento de la vida para arrebatar amores.
-Pero yo soy eternamente para vos. Tomadme, Ricardo. Vuestra es la rosa.
-Tomadla antes que la agosten los soles, la marchiten las lluvias y la
-arrastren deshojada los vendavales.
-
-(Y se oa tras el boscaje una suave msica, y se corra un rico tapiz
-sobre el estrado.)
-
-Pareci notablemente bien la comedia al concurso y todos la loaron
-sobremanera. Slo D. Diego padeca despus de haber visto en una escena,
-juntos al noble don Miguel con la desenvuelta Renata. Y fu ms, para
-aumentar su enojo, cuando vi a Lisarda, la duea, que cautelosamente se
-le llegaba y pona en sus manos un billete, dicindole en l Renata que
-si quera platicar con ella, la vieja le dara la llave de una puerta
-secreta de su casa, por donde sin ser notado, poda con toda seguridad
-llegar a su aposento y salir del mismo modo. En poco estuvo que D. Diego
-no pusiera entonces punto a la enfadosa historia en que estaba metido;
-pero por servir en algo a D. Miguel, a quien tan rendido estaba su
-verdadero ser, se dispuso mal de su grado a continuarla, aceptando de
-manos de la duea la llave prometida. Terminse la fiesta con grande
-algazara de pfanos y otros instrumentos, que recorriendo los jardines
-mostraban seal de que la fiesta haba dado fin. Y fu de ver el
-brillante aparato con que Renata, como corresponda a su alcurnia,
-retirse a su casa en la carroza con su padre, acompaados por dos
-jinetes que iban a los estribos con sendas hachas de viento encendidas.
-
-
-TERCERA PARTE
-
-DASE FIN Y CABO A TAN EXTRAORDINARIA HISTORIA
-
-
-Habl D. Diego con Marcos al salir del vergel de los duques, y ste
-aconsejle que pusiese cuanto antes trmino a tan enojosa aventura. Pero
-no bien haban andado algunos pasos, cuando Lisarda entreg a D. Diego
-un billete en que Renata peda el hablarle sin falta aquella misma
-noche y con grande urgencia. Determinse don Diego a acudir al
-llamamiento con la presteza demandada, y despidiendo a su escudero,
-sigui a la duea, hasta la puerta oculta y la escala secreta. Vise de
-pronto en una estancia suntuossima con tapices de tan raro gusto y lujo
-por las paredes, y muelles escabeles y blandas acitaras que ms llevaban
-a la pereza que a la diligencia. Un braserillo donde se quemaba canela y
-mbar, haca oficio de pebetero y aromaba el agradable ambiente.
-Levantse uno de los tapices y apareci Renata ataviada con el mismo
-vestido carmes y la gorguera de batista finsima, y las mismas preseas
-que en la fiesta, pues tocbase con la _lenza_, que es como llaman en
-Toscana a la diadema que llevan las damas prceres, y traa sobre su
-pecho un primoroso cintillo de topacios y de diamantes. Estaba cubierto
-el pavimento con una prsica alcatifa de tal modo, que los perlados
-chapines de Renata no movieron ruido ninguno y el absorto D. Diego no
-advirti su presencia hasta tenerla junto a s. Y fu notable su
-maravilla cuando la vi caer de rodillas ante l y con mil protestas y
-juramentos solicitarle que sin prdida de tiempo mostrara a su padre la
-calidad de su persona y cmo poda ser digno esposo de su hija, para que
-la pidiera en matrimonio. Lleg la desventurada en su desvaro a
-pedirle que la llevara consigo a su posada, con lo que por evitar que se
-siguiera el escndalo, el mismo padre acudira con el clrigo para los
-desposorios. Y esto deca aquella nia criada con tal cuidado y esmero
-en el santo temor de Dios por el ms severo y amante de los padres. Que
-a tan notables extremos de locura lleva a las criaturas humanas el ciego
-amor, ministro del infierno y arma de Satans.
-
---Hicierais mejor--le repuso serenamente D. Diego--en amar de lejos, que
-las almas que son mariposas de la llama de amor mueren abrasadas en ella
-cuando se acercan demasiado.
-
-Arrojse Renata a sus brazos, y en poco estuvo que el disfrazado Ziga
-no la mostrara la gravedad de su disparate; pero contenindose y dejando
-el fin de todo para el siguiente da, desprendindose de ella y con la
-promesa de volver a la otra noche gan la secreta escalera y se puso en
-salvo.
-
-Apenas tornse a la posada donde le esperaba D. Miguel, refirile punto
-por punto lo acaecido, haciendo grandes esfuerzos por no declararse a l
-como Renata, pues la dama espaola consideraba todo aquello como una
-prueba a que el Seor Rey de cielos y de tierra haba sido servido de
-someterla en su alta sabidura. Pero fu grande su espanto cuando supo
-que D. Miguel haba recibido tambin un billete de Renata para verla a
-la siguiente noche, a hora diversa de la concedida a D. Diego.--Ah,
-prfida y malvada mujer--deca el de Guzmn--que as haces aprecio de
-las canas de ese noble varn, que es tu padre, y crees que el amor de
-los caballeros y el recato de las damas son prendas para juego!--Y luego
-continu ms sereno:--Yo te juro que esta vez tu saber ha sido errado, y
-que no ha de valerte que sepas tanto de amor como de ciencia doa Oliva
-Sabuco, y que has de olvidarla toda muy pronto, as tengas ms memoria
-que Mitrdates y Scalgero, y en seguida concertse con D. Diego para ir
-juntos a la siguiente noche y confundirla con la licin de la presencia
-de ambos a la vez.
-
-Marchse D. Diego a su aposento, y fuera necio advertir, que no slo no
-pudo conciliar el sueo, sino que ni lo intent siquiera. Tena una
-grande turbacin, que era ese inmenso desasosiego de la mujer
-fuertemente enamorada, que lucha porque la color de su rostro y la frase
-de su labio no traicionen a su alma.
-
-Grande cosa es el amor, deca el escudero Marcos, que l vuelve agudos
-a los tontos y torna necios a los discretos! Doa Menca en tanto
-deshacase querellando sus cuitas. Salase a un muy apacible retiro
-formado de olmos muy aosos, y all se lamentaba:--Que as hemos de ser
-las mujeres--, deca--que as cambiamos amores con desdenes, y nos
-perecemos por amar a quien no nos ama, y somos esquivas para los que nos
-quieren bien--. Era aquel lugar muy sujeto a melancolas en su sombra
-nocturna, y servala de consuelo. Oh noche, divina noche, hermana del
-misterio y madre de la bendita poesa, t eres la puerta encantada de
-los placeres, y la piedra filosofal de los dolores, maravilla de los
-amantes, arpa de las canciones, princesa del secreto, y alczar
-universal del amor.
-
-Ya pensaba la piadosa Menca en el exorcismo, creyndose posesa,
-malhayan la caldereta y el hisopo para tales hechizos y para tal
-demonio. Busc despus el halago en la piedad, y cogiendo un libro
-eucolgico que D. Miguel habala emprestado, y se llamaba _Ruta de la
-montaa de Sin_, hubo de toparse entre sus pginas con unos versos
-manuscritos, que sin duda alguien habalos dado traslado a aquel papel,
-habindole placido el donaire de un poeta que deba de ser, a no dudar,
-algn preclaro ingenio de la corte de Madrid, y eran estos que aqu se
-copian para mayor deleite:
-
- LETRILLA A DOA BELISA
-
- Amor, que es nio y travieso,
- me mata con sus mercedes.
- Hame tendido sus redes,
- y hame preso.
- Pedisme duea y amiga,
- que os diga
- mis bienandanzas de bella,
- y la cuitada cantiga
- slo oiris de mi querella.
-
- Ya no ro, ya no canto,
- del arca en el fondo estn
- basquia de veludillo,
- paizuelos y tontillo,
- y la prenda de mi encanto,
- aquel primoroso manto
- de bordado tafetn.
-
- Que amor que es nio y travieso
- me mata con sus mercedes,
- hame tendido sus redes,
- y hame preso.
-
- Y sabris Doa Belisa,
- que slo salgo a la misa
- de las madres Recoletas,
- y ya no me regodeo,
- ni bullo, ni me paseo
- por San Blas, ni por el Prado,
- que amo plticas secretas
- tenidas en el estrado,
- y triste cilicio cio
- por la culpa de un doncel.
- Que amor me llev al cario
- de uno que es travieso y nio
- como l.
-
- Como l gracioso y avieso,
- con perfil de Ganimedes.
- Hame tendido sus redes
- y hame preso,
- el que sin mal ni dolor
- el seso roba al discreto,
- y enturbia el sabio conceto
- al letrado y al dotor.
-
- El amor,
- que no obliga con premticas,
- ni otras leyes mayestticas,
- el seor corregidor.
- Y a quien no rinden los reyes,
- ni con l hay valimiento,
- ni rigen con l las leyes
- que llenan el aposento
- de mi to el oidor.
-
- Se trata, doa Belisa,
- de un rapaz ms que donoso
- que en los diez y siete frisa.
-
- Quin me viera!
- Yo, aquella dama que fuera
- la del gesto desdeoso,
- castigo de los galanes
- que despreci los afanes
- postreramente de tres.
- Don Gil que ahora en Indias loco
- padece por sus desmanes.
- Un mayorazgo por poco,
- y por harto un ginovs.
-
- No juguis con el cario.
- Mirad quien as os lo avisa.
- No sabis, Doa Belisa
- cmo me tiene ese nio.
-
- Dejadme, duea y amiga,
- que no siga
- con tan plaidero son.
- A vos os digo el secreto
- a que me obliga el afeto
- de nuestra vieja aficin.
- Pero no es bien que mi lengua
- al viento diga mi mengua,
- que no es bien que la publique
- y mi escndalo predique
- mi cancin.
- Y pues mi mal conoscedes,
- si hallis afrenta en mi exceso
- no preguntis por mi seso,
- que la deidad que sabedes,
- hame tendido sus redes
- y hame preso.
-
-Leylos y releylos doa Menca con atento cuidado, como si fuese
-aquella dulce poesa espejo de sus propias penas. Muy luego tomlos en
-su memoria, que era clarsima, y casi de continuo los recitaba.
-
-Tan luego como amaneci, sac del cofrecillo que haba trado Marcos a
-las ancas de su mula los atavos femeniles que la correspondan, y eran
-sencillsimos y de una gran honestidad. Un vestido de estamea y un
-tafetancillo como velo, que eran con los que pensaba entrar en Mantua,
-por no ser decoroso que entrase en el convento con el traje hombruno del
-camino. Y cuando don Miguel envi a su amigo los buenos das, el que ya
-no era don Diego, despus de tomar licencia para entrar en el aposento
-del de Guzmn, presentse en el umbral de la puerta, mostrando tan
-gentil presencia de mujer, que don Miguel qued todo turbado y confuso
-ante la inesperada aparicin.
-
---No fu soacin vuestra sin duda, seor don Miguel--comenz diciendo
-la dama,--ver trocado desta manera a vuestro gentil amigo don Diego.
-Pero en pocas palabras os dir la verdad de mi historia. Soy nacida en
-Toledo, de muy nobles padres y llmome doa Menca de Carvajal. Ms
-cuidadosos de medrar en su hacienda que de beneficiar mi espritu,
-dbanme por marido a un hombre rico, pero viejo, sucio y feo. Nada
-valieron mis protestas, y entonces determinme a tomar por esposo al que
-es eternamente bello y bueno. Una hermana de mi padre, dama que fu de
-gran hermosura, vive en Italia rigiendo una comunidad de religiosas y
-pens venirme con ella, tomando para mi intento ese disfraz con que me
-habis visto, y acompandome de Marcos, escudero de mi casa, que fu
-compaero de armas de mi abuelo y tineme ms aficin que mi propio
-padre, y as tom el camino destas tierras donde haba de unirme con la
-que se llam en el siglo doa Clara de Carvajal y de Mendoza, y hoy es
-en religin sor Margarita, priora de las Capuchinas de Mantua. Pero
-quiso Dios (Dios debe ser) que os hallare en mi camino. Sabed, don
-Miguel, que de hoy ms no me veris. He sido fuerte hasta ahora, ser un
-momento dbil para haceros una confesin, que el corazn se me saltar
-del pecho si no os la hago y puedo hacrosla, porque sois hidalgo y
-noble como un hijo de rey, y luego volver a mi prstina fortaleza para
-daros un adis que lleve quizs pedazos de mi alma.
-
-El asombro de don Miguel creci de punto al escuchar tales palabras y de
-tan linda boca, que la gravedad del continente de doa Menca y toda la
-honestidad que pona en el hablar, que lo haca con los ojos fijos en
-el suelo, habanle llegado a lo hondo de su nima.
-
---No acierto--prosigui la dama--a deciros lo que deciros no quisiera,
-pero deciros he. Diros, don Miguel, que os amo, que sois el primer
-caballero a quien puedo decirlo, y nico, pues que dentro de breve
-tiempo el mundo habr concludo para m. Considero vuestro amor como una
-rosa encantada, de aroma fragantsimo que debo aspirar a distancia,
-porque si tocarla quiero, cien espinas budas me castigarn de mi
-osada. Pero sabed que os adoro, aunque sea mengua ma decroslo, y que
-soy tan ambiciosa que quiero de vos una gran merced. Os pido don Miguel,
-que perdonis como discreto a la que os ama como loca.
-
-Quiso arrodillarse ante l; pero Guzmn la detuvo, y cogindola una de
-sus blanqusimas manos bessela con uncin respetuosa.
-
-Aquella noche, como haban convenido, acudi doa Menca con su traje
-viril a la casa de Renata. Esperaba la italiana a su don Diego en el
-mismo aposento que la otra noche, y no bien fu verle entrar, que se
-arroj a su cuello con transportes de amor, y como entonces tropezase
-con el redondo seno de doa Menca, extrandose de hallar tal obstculo
-en el pecho de su amado, hubo de preguntarle al tiempo que paseaba sus
-manos por el misterioso lugar:
-
---Qu os abulta aqu, caballero?
-
---Esto es lo nico que me abulta, seora--respondila don Diego con modo
-socarrn.
-
-Y entonces, desabrochndose el juboncillo con gran presteza y abatiendo
-su camisa, mostr a Renata, que esperaba el pecho fuerte del mancebo, su
-blanco cuerpo, su finsimo talle y la turgencia de sus admirables senos,
-cuya vista pusiera en notable desasosiego al ms austero y fro de los
-varones.
-
---Me gustan ms los mos--dijo Renata, que al comprender la situacin
-haba tomado una gran seriedad.
-
-Fu en este momento cuando don Miguel apareci en la puerta de la
-estancia, lo cual termin de turbar a la infeliz Renata. Y subi de
-punto su burla cuando el caballero recin llegado dijo a doa Menca:
-
---Venid, mi esposa.
-
-Y despus de haberla ayudado a vestirse de nuevo, cogila de la mano, y
-sin dirigir palabra a Renata salieron ambos.
-
-Fu inmenso el enojo de Leonardo Aldobrandino al saber los hechos de su
-hija por boca del mismo don Miguel, que ya se haba descubierto como
-quien era; y habiendo el de Guzmn declarado que doa Menca de
-Carvajal haba de ser su legtima esposa ante Dios y ante los hombres,
-quiso Aldobrandino que su hija fuese a ocupar en el convento de Mantua
-la misma celda que esperaba a la dama espaola.
-
-No se holgaron menos de la fausta nueva los padres de doa Menca,
-quienes muy luego ordenaron una misa en la iglesia de Santo Tom de su
-ciudad, para celebrar el feliz matrimonio de su hija. Misa fu sta a la
-que no asisti don Lucas Lev Escobedo, hombre fro y desabrido como las
-gracias de Mari Angola, que era el novio que la deparaban primeramente,
-y hay quien dice que no acudi al santo sacrificio, porque descendiendo
-de los Leves, que fueron tesoreros de don Pedro de Castilla, era sin
-duda, ms viejo como avaro que como cristiano, y que haca al tocino los
-ascos que no hizo nunca a los escudos de a ocho.
-
-Fueron suntuosas de toda suntuosidad las bodas de don Miguel y doa
-Menca, las cuales recordaron con piedad y lstima el engao de la
-infeliz Renata, que por ser indiscreta en sus amores y querido buscar el
-afecto imposible del fingido don Diego, vise tan justamente castigada.
-Y hoy sabemos della que es una religiosa tan perfecta como ejemplar y
-venturosa casada ha sido doa Menca, que pocos aos ha muri en su
-palacio de Sevilla, mirndose en los ojos de su esposo.
-
-Y vese aqu que hasta los ms extraos sucesos son caminos por los que
-la sabidura del Altsimo lleva a las criaturas adonde ms les conviene
-para la salvacin de sus almas. A ella conduzca a los que leyeren o
-escucharen leer la presente verdica historia, la Misericordia de
-Nuestra Seora la Madre de Dios, como as desales y para l pide
-tambin el cristiano y devoto caballero que la escribe, para ejemplo de
-algunos y regalo de todos. Vale.
-
-
-
-
-Cosas de hombre.
-
-(A. REYES)
-
-
-
-
-COSAS DE HOMBRE
-
-
-Cuando el to _Pizarroso_ lleg a su casa, las sombras empezaban a
-invadir el a modo de embudo formado por los montes, en cuyo fondo
-blanqueaba el edificio, al borde de una caada llena de piedras enormes
-y espesos macizos de adelfas.
-
---Pos di t que te has dormo en un _cajorro_--exclam la ta Tomasa al
-ver llegar al legtimo dueo de su orondsima persona.
-
---Pos no me he dormo, ni tan siquier he estao a dormivela.
-
---Pos entonces habrs estao de picos pardos en algn abrevaero del
-monte.
-
---No ha so malo el abrevaero!
-
---Pos entonces, ande te has meti, alma conden?
-
---Pos en ninguna parte: una miaja que me entretuve en la encrucij del
-_Tomillo_ con Juan el _Rumboso_ y _Toico_ el _Pastaeta_, y... arza pa
-entro, _Pimentona_, arza pa entro!
-
-Y esto lo dijo asestando una cariosa palmada en una de las poderosas
-ancas a la mula, a la cual habale quitado el aparejo mientras hablaba.
-
-La cabalgadura, a la cariosa insinuacin, tom lentamente el camino de
-la cuadra, mientras el _Pizarroso_ sentbase sobre un capacho, junto a
-su hermano el _Totovas_, un viejo enjuto y grave que entretenase en
-hacer tomizas para los usos domsticos, mientras el porquero, un rapaz
-greudo y andrajoso, contemplaba con famlica expresin, desde la
-puerta, la gran olla que herva sobre las enormes trbedes de hierro en
-la chimenea.
-
---Y qu es lo que dicen el _Rumboso_ y el _Pastaeta_? Tantas cosas
-tenais que contaros, que si se entretienen ostedes una miaja ms
-volvis tos a vuestras casas con barbas corras?
-
---Y dale, mujer, dale, no seas asina; si me he entreteno ha so por
-decirle al Rumboso con toas las veritas de mi alma y con t mi metal de
-voz: Ole con ole por los hombres machos con toas las de la ley! Vaya
-si es una prenda el viejo! Y con un corazn ms grande que una cantera!
-
---Y eso poiqu? Te ha regalao alguna vestiura pa el _Corpus_?
-
---No, seora, que lo que ha jechito vale ms que t eso; el _Rumboso_ ha
-puesto esta tarde su bandera en lo ms artico del monte.
-
---No es una nove en l; ese es de los que siempre se la han
-trao!--exclam con voz gutural el _Totovas_--pero, a la fin y a la
-postre, dinos ya lo que ha jecho, que la olla mos espera grue que te
-grue.
-
---Pos ha jecho lo que sus voy a contar. Figrense ostedes que Rosala,
-la del cortijo de la _Embocaura_, que es un pasmo de bonita y que ti un
-cuerpo que es una parma...
-
---Una parma! Un parmito, ms ropa que carne!--dijo con tono desdeoso
-la ta Tomasa.
-
---Eso ya sus lo dir el _Pastaeta_ cuando se case con ella!
-
---Pos no ests t mu atrasao de noticias! Rosala ya no se casa con el
-_Pastaeta_, poique se le ha cruzao en el camino ese que dices t que es
-una prenda.
-
---A eso voy, mujer, a eso voy; es mu verd que el _Rumboso_ se le cruz
-en el camino, y que, como el hombre ti ms fanegas de tierra que
-nosotros abejas en los panales, al padre de la Rosala, que es un
-agonioso, la avaricia se le puso de pie, y cogi a su hija y le dijo que
-como gorviera a mirar a _Toico_ les iban a caer cataratas en los ojos a
-dambos, y que era menester que se pegara manque fuera con liria una
-sonrisica en los labios pa cuando hablara con el viejo; y la muchacha
-no entendi de chiquitas, y cuando se le puso a tiro el _Rumboso_ se le
-ech a llorar, y le dijo que lo que quera jacer con ella era una
-picarda; que ella no poda peinarse ni despeinarse en el mundo ms que
-pa su _Too_; y tan y mientras ella le deca esto al seor Juan, el otro
-andaba dicindole a grito pelao a t el que lo quera oir que no haba
-de parar hasta sembrarle al viejo una almciga de plomo en el corazn, o
-el jierro de su cuchillo en la mismsima boca del estmago.
-
---Y eso era lo que se mereca por dir a meter la pata en unos genos
-quereles, valindose de que el padre de Rosala es un t pa m de
-cuerpo entero y _Too_ es un probetico desmamparao.
-
---T no ests bien enter, Tomasa; en estas cosas sa menester ajondar pa
-verles el fondo. Cuando el hombre se prend de Rosala, cuasi naide
-estaba enterao de esos quereles, poique se queran de contrabando; y lo
-que pas fu que el _Rumboso_, que jaca ya cinco aos que no vea a la
-muchacha, se la top una tarde en el pueblo, y al hombre se le
-reverdeci la sangre, y el hombre est ms solo que una esparraguera, y
-la zagala es gena y es bonita, y el hombre no saba na de sus amoros;
-y cuando el hombre se enter, ya l le haba hablao al de la
-_Embocaura_, y ya el _Pastaeta_ andaba de atajo en atajo aconsejndole
-que se pusiera bien con Dios y que jiciera testamento.
-
---Pero es que no vas a acabar nunca? No ves que se va a pegar la olla!
-
---Ya arremato. Pos bien, esta tarde, miajita antes de que yo llegara, el
-_Rumboso_, que iba pa el lagarillo del _Zegr_ montao en su
-_Ceniciento_, que es un jaco que vale un milln, al dir a dar la vuelta
-al olivar del _Tardo_, se top manos a boca con el _Too_, que estaba
-acechndolo entre las pitas de la linde.
-
---Naturalmente, al echrselo a la cara, el seor Juan se comi la
-parta, poique estaba al cabo de la calle en lo tocante a las bocans
-del otro; pero el hombre, que es prudente, se jizo el lila, y no hubiera
-chistao tan siquiera si el otro no se le hubiera atravesao en el camino,
-con la escopet mont en la mano, dicindole que se apeara pa hablar de
-la Rosala.
-
---Y mi t lo que son las casolidades; en aquel mesmsimo momento
-desemboqu yo en la encrucij, poique esto que yo sus he contao, esto lo
-s yo por boca del _Rumboso_.
-
---Y no acabars, y la olla grue que te grue.
-
---Ya acabo, jambrn, ya acabo. Pos bien, yo, al ver aquello, mir por si
-encontraba un boquete por donde colarme, pero el seor Juan, al verme
-llegar, me grit rindose:
-
---No te vayas, _Pizarroso_, no te vayas, que me conviene que veas la
-corra.
-
-Y diciendo esto, salt en tierra con la misma agili con que yo saltaba
-en mis mocees, y endispus de jecharle las riendas sobre las crines al
-_Ceniciento_, le dijo a _Too_ al mesmo tiempo que se iba pa l:
-
---A ver si bajas ese juguete, chaval, poique si se te va el tiro y gelo
-la plvora, no vas a volver a estornuar en toa tu va.
-
---Coja ost la suya, mostramo, cjala ost, poique esta tarde me queo
-con ost, u ost se quea conmigo.
-
-Y esto se lo deca el _Pastaeta_ reculando, jacindole puntera, con la
-cara del color de la gayomba y con los ojos espaventos.
-
---Yo qu he de quearme contigo! Yo no mato volantones.
-
---No se acerque ost, y coja ost su escopeta; mire ost, mostramo, que
-hoy le jago yo a ost yesca el pecho.
-
-Y entoava no haba arrematao de icirlo, cuando le di gusto al deo, y
-pum! vaya un berro que di la vizcana!
-
---Y qu, encarn?
-
---Un plomo en un brazo na ms, un plomo perdiguero; pero, camar, yo no
-he visto hombre ms vivo ni ms bravo que el _Rumboso_; entoava no se
-haba arrematao el estampo, cuando la escopeta de _Too_ y el cuchillo
-que ste haba sacao estaban en la cuneta, y _Too_ en el suelo, sin
-poer mover un remo, tan y mientras el seor Juan le dica con acento
-enfureci:
-
---Eso que t has jecho no se jace; los hombres no pelean sino como Dios
-manda; y si yo ahora te diera lo que te mereces?
-
---Dmelo ost; mteme ost, mostramo; mteme ost, poique si hoy me ha
-faltao la puntera otro da me pu no faltar...
-
---Anda y alevntate y vete, y otra vez no jechas tanta plvora, poique
-con tanta plvora no se le da un tiro a un cerro.
-
-Y diciendo esto, l mesmito alevant al _Too_, y le volvi las
-espaldas, tan tranquilo como si detrs tuviera una pareja de la
-benemrita.
-
---Y el _Pastaeta_?
-
---Pos el _Pastaeta_ se que mirndolo y mirndome como atontao;
-endispus recogi la escopeta y el cuchillo, y de pronto, cuando ya el
-_Rumboso_ iba a montar, tira la jerramientas y se va pa el viejo, y baja
-los ojos, y le dice como si de pronto se hubiera vuelto tartamo:
-
---Mostramo, perdneme ost; pero yo estoy loco, yo estoy desesperato;
-yo soy un probe, yo no tengo ms calor en el mundo que mi Rosala, y
-quitarme a m mi Rosala es sacarme el corazn del pecho, y es darme
-garrote vil, y es...
-
-Y al decir esto se le llenaron los ojos de lgrimas como puos; y miren
-ustedes, a m tambin se me mojaron las parpagueras, poique la verd es
-que aquello lo dijo el mozo de un mo... Ya ven ostedes cmo lo dira,
-que el _Rumboso_ le tendi la mano y le dijo:
-
---Pedazo e bruto que eres, poiqu no has hablao asn antes? No
-comprendes t que desde el punto y hora en que t quisiste que me fuera
-a rumbo de valenta, yo no poda dirme, y que necesitaba antes de dirme
-probarte a ti y a t el mundo que me iba poique me daba la gana, poique
-yo no le hago a naide estorsiones, y adems que yo no estoy tan loco que
-quiera casarme con una jembra prend de otro hombre? T no comprendas
-eso, peazo de bruto que eres, t no lo comprendas?
-
-Y n, que se dieron las manos, y que se fu _Too_ y que yo acompa un
-ratico al _Rumboso_ y que me he veno t el camino diciendo: Ole con
-ole por los hombres machos con toas las de la ley, y lo he veno
-diciendo con t el metal de mi voz y con toas las veritas de mi alma.
-
-Y momentos despus humeaba el sabroso contenido de la olla en el enorme
-barreo donde la hubo de volcar la ta Tomasa, y sentbanse todos
-alrededor de la reducida mesa, a la oscilante luz de un enorme candil
-suspendido del alero de la chimenea, donde entre ramos de verde romero
-brillaban, como si fuesen de oro, las grandes calderas y los limpsimos
-peroles.
-
-
-
-
-Fuerte como la muerte.
-
-(PEDRO MATA)
-
-
-
-
-FUERTE COMO LA MUERTE
-
-
-De pie, con las manos en los bolsillos, frente a la luna del escaparate,
-estuvo largo rato mirando, vacilante y perplejo, sin acabar de
-decidirse. Se decidi por fin.
-
---A ver, ese collar... Me hace usted el favor?
-
-Un dependiente le sac del escaparate y le extendi en el mostrador
-sobre un retal de terciopelo azul. El le examin detenida y
-minuciosamente.
-
---S, est bien... es bonito. Me gusta; qu vale?
-
---Para usted 1.200 pesetas.
-
---Precio fijo?
-
-El dueo de la tienda intervino.
-
---A un cliente como usted, don Joaqun, no se le pide en esta casa ms
-que lo justo. Es usted bastante inteligente para que haya necesidad de
-hacer el artculo. De todos modos, usted se le lleva, le manda tasar, y
-con arreglo a la tasacin me da usted lo que guste.
-
---Es que, adems, no las llevo encima.
-
---Usted se pasa por aqu cuando quiera. No hay prisa ninguna.
-
-Sali muy contento, satisfechsimo de la compra. Lleg a casa, y en la
-misma puerta pregunt a la doncella que le sali a abrir:
-
---Cmo est la seorita?
-
---Bien; muy tranquila toda la tarde. Hace poco se qued dormida.
-
-Entr de puntillas en la alcoba y dilatando las pupilas para orientarse
-bien en la penumbra lleg pausadamente hasta la cama y se inclin sobre
-la enferma. Al roce imperceptible de la ropa, Paulina abri los ojos.
-
---Cre que dormas.
-
---No.
-
---Cmo ests?
-
---Parece que mejor. No tengo fatiga. He podido descansar un ratito.
-
---Naturalmente, mujer, y te pondrs muy pronto buena. Roldn me dijo
-ayer que ests en franca mejora. Lo que hace falta es que no seas
-aprensiva, que te animes. Es necesario que pongas de tu parte un poquito
-de buena voluntad.
-
---Voluntad! Ay, si con la voluntad se pudiera vivir!
-
---Vamos, no seas tonta; no quiero verte as.--Di luz al globo de
-cristal que colgaba sobre la cabecera y se sent en el borde de la
-cama.--Te he comprado una cosa, una sorpresa, sabes? Qu me das si te
-gusta?
-
---Pobrecita de m, qu quieres que te d!
-
---Un poco de alegra. Yo con verte reir tengo bastante.--Sac el estuche
-del bolsillo y la entreg el collar. Ella, al verle, di un grito de
-contento y lo cogi con sus manos febriles.--Ay, qu lindo! Qu
-bonito!... Qu cosa ms preciosa!--Mas en seguida, con una brusca
-transicin, cambi de tono:--Pero, por qu haces esto? Por qu te
-gastas el dinero en esto? Yo para qu lo quiero, si no lo he de lucir!
-
---Que no? En cuantito que te pongas buena.
-
-Y como ella moviese la cabeza con ademn de desaliento, agreg
-vivamente, temblorosa la voz de amor y de ternura:--Tontina, si no
-creyese que le ibas a lucir, te le comprara? Ven ac, te le voy a
-poner. Vers qu lindo.--Y, en efecto, l mismo se lo puso, cerr el
-broche y fu a buscar un espejo para que se mirase.--Eh! Qu tal?
-
---Muy lindo.
-
-Acodada sobre las almohadas, el espejo en la mano, se estuvo
-contemplando mucho tiempo. Separ con los dedos algunos bucles
-desrizados que le caan sobre la frente y se mordisque los labios
-exanges y descoloridos.
-
---Qu plida estoy!
-
---Es la luz, nena.
-
---Por Dios, no digas... Estoy horrible. Parezco una muerta.--Di un gran
-suspiro, tir el espejo y se dej caer sobre la almohada.--Estoy muy
-mala, Joaqun. Vosotros no me queris creer, no me hacis caso y yo
-estoy muy mala.
-
-El, conmovido, la mir en silencio. Luego, de pronto:
-
---Oye, est una tarde magnfica; no hace nada de fro. Quieres que abra
-un momento el balcn?
-
---S, abre un poquito, para que se ventile. Huele mal, verdad?
-
---No, nenita, no es eso. No huele ms que a etilo, y ya sabes que a m
-este olor no me disgusta. Me sabe a pltanos y a ilang-ilang. Era para
-fumar un cigarro.
-
-Para fumar un cigarro y para que ella no viese que las lgrimas le
-llenaban los ojos. Cruz el gabinete, abri el balcn y se acod en la
-barandilla. Sobre la lnea recta y dura de los tejados de la casa de
-enfrente, la tarde comenzaba a morir en un crepsculo de color de malva
-de una diafanidad imponderable. A lo lejos, por el andn del bulevar,
-unas nias venan cantando enlazadas del talle. Ennoblecida por la
-distancia, sonaba la cancin melanclica y triste:
-
- --Dnde vas, Alfonso doce,
- dnde vas, triste de ti?
- --Voy en busca de Mercedes,
- que ayer tarde no la vi.
-
-La cancin infantil se meti como un pual en su corazn dolorido.
-Tambin l, dentro de poco, no vera ms a su Paulina. Qu horror!...
-Qu pena! Morir en plena juventud, cuando con ms ansia se ambiciona la
-vida... Morir a los treinta aos, tan bonita, tan buena, tan adorada,
-tan feliz!... Alz los ojos, y turbios de llanto los clav en la
-serenidad del crepsculo.--Seor, Seor, qu te hemos hecho para que
-nos trates as! Por qu no me eliges a m y la salvas a ella! Por qu
-te complaces en segar las vidas en flor?
-
-Desde que se di cuenta de la gravedad de su mujer, todos los das, en
-sus oraciones, elevaba a Dios la misma splica. Mas Dios no la atenda.
-El, a pesar de sus cincuenta aos, de su vida de luchador, ajetreada y
-dura, cada vez estaba ms fuerte, ms robusto, ms lleno de salud; y, en
-cambio ella, la pobre nena, rodeada de lujos y de comodidades, mimada y
-consentida, tena en el pecho un corazn que no serva para nada, un
-corazn intil que se ira a romper cualquier momento como una figurita
-de biscuit. Los mdicos se lo haban dicho leal y rudamente. Todo es
-intil. No se puede hacer nada. No queda ms que resignarse y esperar.
-
-Y as llevaba esperando dos aos, vindola vivir artificialmente a
-fuerza de tnicos y cordiales; asistiendo impotente a los tremendos
-ataques de disnea; contemplando con horror cmo aumentaba la hinchazn
-del cuerpo, cmo se embotaba la sensibilidad, cmo se abra la piel en
-llagas espantosas. As llevaba dos aos, rodendola de cuidado y de
-mimo, concretado exclusivamente a ella, siempre vigilante y atento para
-hacerle las horas agradables, el ambiente propicio, para apartar de la
-tristeza de la alcoba todo lo que pudiera ser emocin violenta y
-sensacin desagradable, y, sobre todo, para infiltrar en su alma, da
-tras da, con tenacidad piadosa, el engao sutil de una mentira que ella
-se negaba a aceptar.--No, Joaqun, no; yo estoy muy mala. Estoy mucho
-ms mala de lo que creis.
-
-Unas voces argentinas que sonaban en la alcoba le trajeron a la
-realidad. Eran los nenes, que haban vuelto del colegio y entraban a
-besar a su madre. Joaqun cerr el balcn y fu a verlos. Joaquinito, el
-pequeo, se haba encaramado y trepaba gateando por la colcha arriba.
-Luisita, la mayor, jugaba con las cuentas del collar.
-
---Qu bonito! D, mam, te le ha trado pap?
-
---S, ngel mo.
-
---Y a m no me ha trado ninguno?
-
-Paulina alz la mano y sus dedos hinchados y torpes acariciaron los
-cabellos dorados de la nia.
-
---No te ha trado ninguno porque ste es para ti. Para ti, ngel mo. T
-le llevars cuando yo me muera.
-
---Bueno; pero como t no te vas a morir...
-
-Ella no contest. Un gesto doloroso crisp toda su cara, y se le
-llenaron de lgrimas los ojos. Joaqun cogi a los nios y los puso
-dulcemente en el pasillo.
-
---Id a la cocina y decid a Juana que os d de merendar.
-
-Luego, al ver que Paulina segua sollozando:
-
---Pero, nena, por Dios, no seas as... no te pongas as... No
-comprendes que te perjudicas? Te excitas, te emocionas, viene la fatiga
-y...
-
-Paulina segua llorando. Se inclin sobre ella y la bes en los ojos con
-caricias de inefable ternura.
-
---Mi nenita... mi nena!... Vamos, lo ves?... Lo ves?... Si ya lo
-saba yo!
-
-Fue tremendo el ataque; tan violento que, a pesar de estar l
-acostumbrado a presenciarlos, hubo un instante en que perdi la
-serenidad y se asust, creyendo que era el ltimo. Afortunadamente, la
-digital y el cloruro de etilo surtieron sus efectos, y el ataque pas;
-aclarse la vidriosidad de las pupilas; cesaron las violentas sacudidas
-crispantes, los saltos descompasados del corazn y el ronco silbar de la
-garganta. Quedse de cara a la pared, baada en sudor, aniquilada,
-destrozada, rendida. El, conmovido, la miraba en silencio. Luego, al
-cabo de un rato:
-
---Quieres que te quite el collar? Te molesta, verdad?
-
-Pas dulcemente una mano por debajo del cuello y desabroch el cierre.
-Al ir a retirarla, sus dedos tropezaron debajo de la almohada con una
-hoja de papel. La cogi inconscientemente, sin darse cuenta. Ella no se
-movi. Fu al gabinete a dejar el collar y, por curiosidad, mir el
-papel: medio pliego de cartas escrito con lpiz.
-
-Mi alma:
-
-Una convulsin nerviosa le cerr los ojos.
-
-Los volvi a abrir.
-
-Mi alma: Te escribo estas dos lneas aprovechando un momento en que me
-dejan sola. Estoy muy mala. S que nunca ms me volvers a ver. Esta es
-la nica pena que tengo: morirme sin...
-
-No deca ms.
-
-Se llev una mano a los ojos y con la otra se apoy en una silla, porque
-todo su cuerpo vacilaba. As estuvo mucho tiempo, mucho. Luego,
-lentamente, volvi a la alcoba. A medida que avanzaba hacia el lecho, se
-le aceraban las pupilas y las manos se le crispaban como garras de
-presa; tremolaron un segundo sobre la cabeza de Paulina y en seguida se
-estrujaron, enlazadas con ademn de desesperacin y de impotencia. Ella
-no se haba movido. Dorma dulcemente, reposadamente.
-
-De pie junto a la cama, la mir largo rato. Al suave resplandor del
-globo azul colgado de la cabecera estuvo contemplando los bucles
-desrizados y marchitos, los prpados translcidos, las ojeras amoratadas
-y profundas, los labios secos, incoloros y exanges; las manchas
-crdenas de la piel, lustrosas aun de sudor. Una carcajada infantil
-reson en el pasillo, y pasaron los nios retozando.
-
-Abri muy despacio la puerta y, con ademn imperioso, les impuso
-silencio:
-
---Chisss...! Mam est dormida. No hagis ruido.
-
- * * * * *
-
-
-Errores corregidos por el etext transcriptor:
-
-gritando:--No;=> gritando:--No; {pg 30}
-
-sobre esta roidlla=> sobre esta rodilla {pg 21}
-
-Oh, Dios mo!=> Oh, Dios mo! {pg 28}
-
-limpia de pelo las otras=> limpias de pelo las otras {pg 35}
-
-la senda de sus sueos.=> la senda de sus sueos! {pg 67}
-
-ESCENA IX=> ESCENA IV {pg 71}
-
-en tus presencia=> en tu presencia {pg 72}
-
-La nadre y la hermana=> La madre y la hermana {pg 91}
-
-Ah, en cuanto a eso s.=> Ah, en cuanto a eso s! {pg 105}
-
-yo padre y tu madre=> yo padre y t madre {pg 108}
-
-quien su padre recomendaban el cuidado=> quien su padres recomendaban el
-cuidado {pg 128}
-
-encueros vivos=> en cueros vivos {pg 128}
-
-brillaban las gusanos=> brillaban los gusanos {pg 162}
-
-La epopeya de una zngraa=> La epopeya de una zngara {pg 165}
-
-fu lllamada=> fu llamada {pg 224}
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-End of the Project Gutenberg EBook of La voz de la conseja, t.I,
-compiled by Emilio Carrre
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-*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA VOZ DE LA CONSEJA, T.I ***
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-Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
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-Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
-electronic works in formats readable by the widest variety of computers
-including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
-because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
-people in all walks of life.
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-Volunteers and financial support to provide volunteers with the
-assistance they need, are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
-goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
-remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
-Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
-and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
-To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
-and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
-and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.
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-
-Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
-Foundation
-
-The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
-501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
-state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
-Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
-number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
-http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
-Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
-permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
-
-The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
-Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
-throughout numerous locations. Its business office is located at
-809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
-business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
-information can be found at the Foundation's web site and official
-page at http://pglaf.org
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-For additional contact information:
- Dr. Gregory B. Newby
- Chief Executive and Director
- gbnewby@pglaf.org
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-Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
-Literary Archive Foundation
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-Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
-spread public support and donations to carry out its mission of
-increasing the number of public domain and licensed works that can be
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-array of equipment including outdated equipment. Many small donations
-($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
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-with these requirements. We do not solicit donations in locations
-where we have not received written confirmation of compliance. To
-SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
-particular state visit http://pglaf.org
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-While we cannot and do not solicit contributions from states where we
-have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
-against accepting unsolicited donations from donors in such states who
-approach us with offers to donate.
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-International donations are gratefully accepted, but we cannot make
-any statements concerning tax treatment of donations received from
-outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
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-Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
-methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
-ways including checks, online payments and credit card donations.
-To donate, please visit: http://pglaf.org/donate
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-Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
-works.
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-Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
-concept of a library of electronic works that could be freely shared
-with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
-Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
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-Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
-editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
-unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
-keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
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-Most people start at our Web site which has the main PG search facility:
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-This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
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-Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
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diff --git a/40827-8.zip b/40827-8.zip
deleted file mode 100644
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Binary files differ
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@@ -3,10 +3,10 @@
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<title>
- The Project Gutenberg eBook of La voz de la conseja, t.I, recopilacin hecha
-por Emilio Carrre.
+ The Project Gutenberg eBook of La voz de la conseja, t.I, recopilación hecha
+por Emilio Carrère.
</title>
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-<pre>
-
-The Project Gutenberg EBook of La voz de la conseja, t.I,
-compiled by Emilio Carrre.
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
-almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
-re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
-with this eBook or online at www.gutenberg.org/license
-
-
-Title: La voz de la conseja, t.I
-
-Authors: Benito Prez Galds
- Jacinto Benavente
- Condesa De Pardo Bazn
- Miguel De Unamuno
- Armando Palacio-valds
- Rubn Daro
- Po Baroja
- Joaqun Dicenta
- Ricardo Len
- Jos Nogales
- Pedro De Rpide
- Arturo Reyes
- Pedro Mata
-
-Editor: Emilio Carrre
-
-Release Date: September 22, 2012 [EBook #40827]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: ISO-8859-1
-
-*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA VOZ DE LA CONSEJA, T.I ***
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-
-Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
-Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This file was
-produced from images available at The Internet Archive)
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+<div>*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 40827 ***</div>
<hr class="full" />
@@ -139,8 +88,8 @@ alt="imagen de la cubierta del libro" title="imagen de la cubierta del libro" />
<table summary="note" border="4" cellpadding="10" style="background-color: #ffffff;">
<tr>
- <td valign="top" align="center">En esta edicin se han mantenido las convenciones ortogrficas del
-original, incluyendo las variadas normas de acentuacin presentes en el
+ <td valign="top" align="center">En esta edición se han mantenido las convenciones ortográficas del
+original, incluyendo las variadas normas de acentuación presentes en el
texto.<br />
(<a href="#transcriptor">A ver la lista de errores corregidos.</a>)<br />
(nota del transcriptor)</td>
@@ -158,7 +107,7 @@ Conseja</i></b></h1>
<p class="figcenter">
<a href="images/title.jpg">
-<img src="images/title_sml.jpg" width="447" height="550" alt="pgina primera" title="pgina primera" /></a>
+<img src="images/title_sml.jpg" width="447" height="550" alt="página primera" title="página primera" /></a>
</p>
<p><a name="page_003" id="page_003"></a></p>
@@ -170,19 +119,19 @@ style="font-weight:bold;">
<big><i>L a &nbsp; V o z<br />
d e &nbsp; l a &nbsp; C o n s e j a</i></big><br />
<br />
-Seleccin<br />
+Selección<br />
de las mejores novelas breves y cuentos de<br />
-los ms esclarecidos literatos.<br />
+los más esclarecidos literatos.<br />
<br />
-<i>Recopilacin hecha<br />
+<i>Recopilación hecha<br />
<small>por</small><br />
-E m i l i o &nbsp; C a r r r e<br />
+E m i l i o &nbsp; C a r r è r e<br />
<br />
Firmas del tomo primero</i><br />
<br />
-<i>Galds.&mdash;Benavente.&mdash;Condesa de Pardo<br />Bazn.&mdash;Unamuno.&mdash;Palacio<br />
-Valds.&mdash;Rubn Daro.&mdash;Baroja.&mdash;Dicenta.&mdash;Ricardo<br />
-Len.&mdash;Nogales.&mdash;Rpide.&mdash;Arturo<br />
+<i>Galdós.&mdash;Benavente.&mdash;Condesa de Pardo<br />Bazán.&mdash;Unamuno.&mdash;Palacio<br />
+Valdés.&mdash;Rubén Darío.&mdash;Baroja.&mdash;Dicenta.&mdash;Ricardo<br />
+León.&mdash;Nogales.&mdash;Répide.&mdash;Arturo<br />
Reyes y Pedro Mata.</i><br />
<br />
<big>V. H. SANZ CALLEJA</big><br />
@@ -209,15 +158,15 @@ C. Central: Montera, 31.&mdash;Talleres: R. Atocha, 23</small><br />
<table border="0" cellpadding="4" cellspacing="0" summary="">
-<tr><td class="it" align="center">BENITO PREZ GALDS</td></tr>
+<tr><td class="it" align="center">BENITO PÉREZ GALDÓS</td></tr>
-<tr><td class="it"><a href="#La_Novela_en_el_Tranvia">La novela en el tranva</a></td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_017">17</a></td></tr>
+<tr><td class="it"><a href="#La_Novela_en_el_Tranvia">La novela en el tranvía</a></td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_017">17</a></td></tr>
<tr><td class="it" align="center">JACINTO BENAVENTE</td></tr>
<tr><td class="it"><a href="#El_criado_de_Don_Juan">El criado de Don Juan</a></td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_059">59</a></td></tr>
-<tr><td class="it" align="center">CONDESA DE PARDO BAZN</td></tr>
+<tr><td class="it" align="center">CONDESA DE PARDO BAZÁN</td></tr>
<tr><td class="it"><a href="#Viernes_Santo">Viernes Santo</a> </td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_077">77</a></td></tr>
@@ -225,31 +174,31 @@ C. Central: Montera, 31.&mdash;Talleres: R. Atocha, 23</small><br />
<tr><td class="it"><a href="#El_sencillo_Don_Rafael">El sencillo Don Rafael</a></td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_099">99</a></td></tr>
-<tr><td class="it" align="center">ARMANDO PALACIO-VALDS</td></tr>
+<tr><td class="it" align="center">ARMANDO PALACIO-VALDÉS</td></tr>
-<tr><td class="it"><a href="#Solo">Solo!</a></td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_111">111</a></td></tr>
+<tr><td class="it"><a href="#Solo">¡Solo!</a></td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_111">111</a></td></tr>
-<tr><td class="it" align="center">RUBN DARO</td></tr>
+<tr><td class="it" align="center">RUBÉN DARÍO</td></tr>
-<tr><td class="it"><a href="#El_Rey_Burgues">El Rey burgus</a></td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_137">137</a></td></tr>
+<tr><td class="it"><a href="#El_Rey_Burgues">El Rey burgués</a></td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_137">137</a></td></tr>
-<tr><td class="it" align="center">PO BAROJA</td></tr>
+<tr><td class="it" align="center">PÍO BAROJA</td></tr>
<tr><td class="it"><a href="#Elizabide_el_Vagabundo">Elizabide el Vagabundo</a><a name="page_008" id="page_008"></a> </td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_149">149</a></td></tr>
-<tr><td class="it" align="center">JOAQUN DICENTA</td></tr>
+<tr><td class="it" align="center">JOAQUÍN DICENTA</td></tr>
-<tr><td class="it"><a href="#La_epopeya_de_una_zingara">La epopeya de una zngara</a></td><td align="right"><a href="#page_165">165</a></td></tr>
+<tr><td class="it"><a href="#La_epopeya_de_una_zingara">La epopeya de una zíngara</a></td><td align="right"><a href="#page_165">165</a></td></tr>
-<tr><td class="it" align="center">RICARDO LEN</td></tr>
+<tr><td class="it" align="center">RICARDO LEÓN</td></tr>
<tr><td class="it"><a href="#Los_tres_Reyes_de_Oriente">Los tres reyes de Oriente</a></td><td align="right"><a href="#page_175">175</a></td></tr>
-<tr><td class="it" align="center">JOS NOGALES</td></tr>
+<tr><td class="it" align="center">JOSÉ NOGALES</td></tr>
-<tr><td class="it"><a href="#Las_tres_cosas_del_tio_Juan">Las tres cosas del to Juan</a></td><td align="right"><a href="#page_187">187</a></td></tr>
+<tr><td class="it"><a href="#Las_tres_cosas_del_tio_Juan">Las tres cosas del tío Juan</a></td><td align="right"><a href="#page_187">187</a></td></tr>
-<tr><td class="it" align="center">PEDRO DE RPIDE</td></tr>
+<tr><td class="it" align="center">PEDRO DE RÉPIDE</td></tr>
<tr><td class="it"><a href="#La_enamorada_indiscreta">La enamorada indiscreta</a></td><td align="right"><a href="#page_203">203</a></td></tr>
@@ -266,105 +215,105 @@ C. Central: Montera, 31.&mdash;Talleres: R. Atocha, 23</small><br />
<h2><i>AL EMPEZAR</i></h2>
-<p><i>La Casa editorial V. H. de Sanz Calleja me encarga esta Antologa de
+<p><i>La Casa editorial V. H. de Sanz Calleja me encarga esta Antología de
cuentistas de habla castellana. No es tarea tan humilde la del
-seleccionador, pues hace falta un exquisito sentido esttico para poder
+seleccionador, pues hace falta un exquisito sentido estético para poder
elegir lo mejor en la maravillosa labor literaria de los altos ingenios
-que honran estas pginas de</i> L<small>A</small> V<small>OZ DE LA</small> C<small>ONSEJA</small>...</p>
-
-<p><i>Yo creo que esta coleccin de cuentos tiene un gran valor
-bibliogrfico; es un documento brillante de este nuevo siglo de oro de
-la novela espaola, que comienza con el nombre glorioso de don Benito
-Prez Galds. En estas hojas est el gran espritu de una poca noble,
-fecunda, preada de ideal artstico, encerrado como en un tabernculo. Y
-tambin me parece que la publicacin de</i><a name="page_010" id="page_010"></a> L<small>A</small> V<small>OZ DE LA</small> C<small>ONSEJA</small> <i>es una
-prueba de amor al libro espaol, un acicate para la curiosidad del
-lector indolente y un selecto regalo para el espritu del lector culto</i>.</p>
-
-<p><i>No osar jams hacer una resea crtica de los nombres insignes que en
-este primer tomo os ofrecen gallardas muestras de su talento; slo
-quiero decir sus nombres y los ttulos de sus cuentos, para deleitarme
-al recordar el encantador, sano e ingenuo humorismo de Galds en</i> La
-novela en el tranva; <i>las prosas madrigalescas, hondas y miniadas de
+que honran estas páginas de</i> L<small>A</small> V<small>OZ DE LA</small> C<small>ONSEJA</small>...</p>
+
+<p><i>Yo creo que esta colección de cuentos tiene un gran valor
+bibliográfico; es un documento brillante de este nuevo siglo de oro de
+la novela española, que comienza con el nombre glorioso de don Benito
+Pérez Galdós. En estas hojas está el gran espíritu de una época noble,
+fecunda, preñada de ideal artístico, encerrado como en un tabernáculo. Y
+también me parece que la publicación de</i><a name="page_010" id="page_010"></a> L<small>A</small> V<small>OZ DE LA</small> C<small>ONSEJA</small> <i>es una
+prueba de amor al libro español, un acicate para la curiosidad del
+lector indolente y un selecto regalo para el espíritu del lector culto</i>.</p>
+
+<p><i>No osaré jamás hacer una reseña crítica de los nombres insignes que en
+este primer tomo os ofrecen gallardas muestras de su talento; sólo
+quiero decir sus nombres y los títulos de sus cuentos, para deleitarme
+al recordar el encantador, sano e ingenuo humorismo de Galdós en</i> La
+novela en el tranvía; <i>las prosas madrigalescas, hondas y miniadas de
Benavente en</i> El criado de Don Juan <i>y la recia y sabrosa urdimbre
-novelesca, palpitante de rebelda, de amor y de dolor de</i> Viernes Santo,
-<i>de la condesa de Pardo Bazn. Palacio Valds, el maestro solitario, os
-ofrece su novela</i> Solo!, <i>digna de la pluma egregia que traz</i> La aldea
+novelesca, palpitante de rebeldía, de amor y de dolor de</i> Viernes Santo,
+<i>de la condesa de Pardo Bazán. Palacio Valdés, el maestro solitario, os
+ofrece su novela</i> ¡Solo!, <i>digna de la pluma egregia que trazó</i> La aldea
perdida. <i>Todas las palabras de elogio son pobres para este coloso de la
-novela contempornea</i>. El sencillo Don Rafael, cazador y tresillista <i>es
-una conmovedora y grcil narracin<a name="page_011" id="page_011"></a> de Unamuno, el espritu ms hondo,
-ms multiforme, el corazn ms en carne viva de esta poca de
+novela contemporánea</i>. El sencillo Don Rafael, cazador y tresillista <i>es
+una conmovedora y grácil narración<a name="page_011" id="page_011"></a> de Unamuno, el espíritu más hondo,
+más multiforme, el corazón más en carne viva de esta época de
inquietudes de conciencia y de lucha desesperada por la vida y por las
-ideas. Burla burlando</i>, El sencillo Don Rafael <i>es de una emocin que
+ideas. Burla burlando</i>, El sencillo Don Rafael <i>es de una emoción que
hace llorar y a un tiempo ofrece un alto ejemplo de belleza moral dentro
de una naturalidad encantadora</i>.</p>
-<p><i>Jos Nogales, el castellano artfice de la prosa, nos brinda</i> Las tres
-cosas del to Juan, <i>el cuento a que debi su consagracin. Arturo Reyes
-fu un gran cuentista regional, como lo prueba en</i> Cosas de hombre,
-<i>lleno de gracejo, de ambiente, dueo de la dificilsima tcnica del
-arte del cuento. Como gratitud a la honda emocin esttica que nos
+<p><i>José Nogales, el castellano artífice de la prosa, nos brinda</i> Las tres
+cosas del tío Juan, <i>el cuento a que debió su consagración. Arturo Reyes
+fué un gran cuentista regional, como lo prueba en</i> Cosas de hombre,
+<i>lleno de gracejo, de ambiente, dueño de la dificilísima técnica del
+arte del cuento. Como gratitud a la honda emoción estética que nos
dieron, pongamos un recuerdo, como una hoja de laurel, sobre la piedra
de estos dos ilustres cuentistas, muertos ya</i>.</p>
-<p>La epopeya de una zngara, <i>de Joaqun Dicenta, es un jirn de realidad
-salvaje, ensangrentada, aullante de dolor. Es de lo ms<a name="page_012" id="page_012"></a> personal de
-este insigne dramaturgo espaol, todo pasin y violencia, que hoy, da
-21 de Febrero, est encerrado entre las cuatro tablas hrridas de un
-atad. Taladrante coincidencia! Cuando me dispongo a hacer esta frvola
-resea, los peridicos dicen la muerte del autor de</i> Juan Jos. <i>Fu un
-gran corazn y un temperamento nico, insuperable de artista</i>. La
-epopeya de una zngara <i>refleja fielmente el rico carcter emocional de
+<p>La epopeya de una zíngara, <i>de Joaquín Dicenta, es un jirón de realidad
+salvaje, ensangrentada, aullante de dolor. Es de lo más<a name="page_012" id="page_012"></a> personal de
+este insigne dramaturgo español, todo pasión y violencia, que hoy, día
+21 de Febrero, está encerrado entre las cuatro tablas hórridas de un
+ataúd. ¡Taladrante coincidencia! Cuando me dispongo a hacer esta frívola
+reseña, los periódicos dicen la muerte del autor de</i> Juan José. <i>Fué un
+gran corazón y un temperamento único, insuperable de artista</i>. La
+epopeya de una zíngara <i>refleja fielmente el rico carácter emocional de
este escritor</i>.</p>
-<p><i>El artista de la crnica, Pedro de Rpide, nos regala con su novela</i> La
+<p><i>El artista de la crónica, Pedro de Répide, nos regala con su novela</i> La
enamorada indiscreta, <i>escrita donosamente y con toda pureza a la manera
-clsica de la novela del siglo ureo</i>.</p>
-
-<p><i>Pedro Mata, en</i> Fuerte como la muerte, <i>traza una irnica elega
-henchida de emocin dramtica</i>.</p>
-
-<p><i>El prestigio de estos nombres y de los de Baroja y Len nos hace
-esperar que</i> L<small>A</small> V<small>OZ DE LA</small> C<small>ONSEJA</small> <i>sea un gran xito editorial. En los
-volmenes sucesivos seguiremos<a name="page_013" id="page_013"></a> publicando cuentos y novelas breves de
-lo ms florido de la intelectualidad espaola</i>.</p>
-
-<p><i>Todas las orientaciones, todos los estilos, como gua del lector
-quedarn grabados en estas pginas. Segn sus afinidades, el que lea,
-buscar despus las obras completas de sus autores predilectos, La Casa
-editorial Sanz Calleja ama el libro y cuida de su presentacin con el
-mayor gusto artstico; no es slo el estmulo comercial el que la gua;
-acomete la empresa romntica de hacer lectores y de</i> hacer <i>libreros
-amantes del libro espaol. Los libros de grandes firmas, de bella
-presentacin y muy baratos tendrn millares de lectores que acudirn al
-mostrador del librero, y ste saldr de su xtasis de fakir, y al par
-que gana dinero aprender a tomar cario al libro. Hay que hacer la
-reconquista espiritual de Amrica: antao fueron los capitanes, ogao
+clásica de la novela del siglo áureo</i>.</p>
+
+<p><i>Pedro Mata, en</i> Fuerte como la muerte, <i>traza una irónica elegía
+henchida de emoción dramática</i>.</p>
+
+<p><i>El prestigio de estos nombres y de los de Baroja y León nos hace
+esperar que</i> L<small>A</small> V<small>OZ DE LA</small> C<small>ONSEJA</small> <i>sea un gran éxito editorial. En los
+volúmenes sucesivos seguiremos<a name="page_013" id="page_013"></a> publicando cuentos y novelas breves de
+lo más florido de la intelectualidad española</i>.</p>
+
+<p><i>Todas las orientaciones, todos los estilos, como guía del lector
+quedarán grabados en estas páginas. Según sus afinidades, el que lea,
+buscará después las obras completas de sus autores predilectos, La Casa
+editorial Sanz Calleja ama el libro y cuida de su presentación con el
+mayor gusto artístico; no es sólo el estímulo comercial el que la guía;
+acomete la empresa romántica de hacer lectores y de</i> hacer <i>libreros
+amantes del libro español. Los libros de grandes firmas, de bella
+presentación y muy baratos tendrán millares de lectores que acudirán al
+mostrador del librero, y éste saldrá de su éxtasis de fakir, y al par
+que gana dinero aprenderá a tomar cariño al libro. Hay que hacer la
+reconquista espiritual de América: antaño fueron los capitanes, ogaño
son los mercaderes de libros</i>.</p>
-<p><i>Hemos credo, juntamente editores y recopilador<a name="page_014" id="page_014"></a></i>, <i>que</i> L<small>A</small> V<small>OZ DE LA</small>
+<p><i>Hemos creído, juntamente editores y recopilador<a name="page_014" id="page_014"></a></i>, <i>que</i> L<small>A</small> V<small>OZ DE LA</small>
C<small>ONSEJA</small> <i>era un libro indispensable en esta labor de bibliofilia.
-Adems, hasta hoy no haba una coleccin con honores de Antologa de los
+Además, hasta hoy no había una colección con honores de Antología de los
cuentistas castellanos modernos. Recuerdo unos trozos escogidos para
-lectura en las escuelas de prvulos, que acababa en Jovellanos y
-Martnez de la Rosa. Del siglo</i> <small>XIX</small> <i>no se haba editado nada, que yo
+lectura en las escuelas de párvulos, que acababa en Jovellanos y
+Martínez de la Rosa. Del siglo</i> <small>XIX</small> <i>no se había editado nada, que yo
recuerde, hasta</i> L<small>A</small> V<small>OZ DE LA</small> C<small>ONSEJA</small>, <i>mientras que en Francia hay por
-lo menos diez florilegios por cada generacin literaria</i>.</p>
+lo menos diez florilegios por cada generación literaria</i>.</p>
-<p><i>En estas pginas daremos acogida, no slo a los cuentistas espaoles,
-sino tambin a los hermanos en lengua cervantina de las Repblicas
-latinas de Amrica. Tan espaoles son como nosotros por la lengua, que
-es el espritu, razn ms fuerte esta del idioma que la geogrfica</i>.</p>
+<p><i>En estas páginas daremos acogida, no sólo a los cuentistas españoles,
+sino también a los hermanos en lengua cervantina de las Repúblicas
+latinas de América. Tan españoles son como nosotros por la lengua, que
+es el espíritu, razón más fuerte esta del idioma que la geográfica</i>.</p>
-<p><i>En este primer tomo damos</i> El Rey burgus, <i>de Rubn Daro, uno de los
-grandes artistas</i>&mdash;<i>no de Amrica ni de Espaa, sino de la Humanidad y
+<p><i>En este primer tomo damos</i> El Rey burgués, <i>de Rubén Darío, uno de los
+grandes artistas</i>&mdash;<i>no de América ni de España, sino de la Humanidad y
de todos los tiempos</i>.<a name="page_015" id="page_015"></a></p>
-<p><i>Abramos la primera pgina de</i>
+<p><i>Abramos la primera página de</i>
L<small>A</small> V<small>OZ DE LA</small> C<small>ONSEJA</small>
<i>con el alma despierta a la
-emocin del arte y
-recojmonos. La voz gloriosa de Galds, el patriarca de la novela,
+emoción del arte y
+recojámonos. La voz gloriosa de Galdós, el patriarca de la novela,
comienza a sonar. Devotamente, oid</i>...</p>
<p class="r"><i>E. CARRERE</i></p>
@@ -373,8 +322,8 @@ comienza a sonar. Devotamente, oid</i>...</p>
<p><a name="page_017" id="page_017"></a></p>
-<h2><a name="La_Novela_en_el_Tranvia" id="La_Novela_en_el_Tranvia"></a>La Novela en el Tranva.<br /><br />
-<small>(GALDS)</small></h2>
+<h2><a name="La_Novela_en_el_Tranvia" id="La_Novela_en_el_Tranvia"></a>La Novela en el Tranvía.<br /><br />
+<small>(GALDÓS)</small></h2>
<p><a name="page_018" id="page_018"></a></p>
@@ -384,946 +333,946 @@ comienza a sonar. Devotamente, oid</i>...</p>
<h3>I</h3>
-<p>El coche parta de la extremidad del barrio de Salamanca, para atravesar
-todo Madrid en direccin al de Pozas. Impulsado por el egosta deseo de
-tomar asiento antes que las dems personas movidas de iguales
-intenciones, ech mano a la barra que sustenta la escalera de la
-imperial, puse el pie en la plataforma y sub; pero en el mismo instante
-oh previsin! tropec con otro viajero que por el opuesto lado entraba.
+<p>El coche partía de la extremidad del barrio de Salamanca, para atravesar
+todo Madrid en dirección al de Pozas. Impulsado por el egoísta deseo de
+tomar asiento antes que las demás personas movidas de iguales
+intenciones, eché mano a la barra que sustenta la escalera de la
+imperial, puse el pie en la plataforma y subí; pero en el mismo instante
+¡oh previsión! tropecé con otro viajero que por el opuesto lado entraba.
Le miro y reconozco a mi amigo el Sr. D. Dionisio Cascajares de la
Vallina, persona tan inofensiva como discreta, que tuvo en aquella
-crtica ocasin la bondad de saludarme con un sincero y entusiasta
-apretn de manos.</p>
+crítica ocasión la bondad de saludarme con un sincero y entusiasta
+apretón de manos.</p>
-<p>Nuestro inesperado choque no haba tenido consecuencias de
-consideracin, si se excepta la abolladura parcial de cierto sombrero
+<p>Nuestro inesperado choque no había tenido consecuencias de
+consideración, si se exceptúa la abolladura parcial de cierto sombrero
de paja puesto en la extremidad<a name="page_020" id="page_020"></a> de una cabeza de mujer inglesa, que
-tras de mi amigo intentaba subir, y que sufri sin duda por falta de
-agilidad, el rechazo de su bastn.</p>
+tras de mi amigo intentaba subir, y que sufrió sin duda por falta de
+agilidad, el rechazo de su bastón.</p>
<p>Nos sentamos sin dar al percance exagerada importancia, y empezamos a
-charlar. El Sr. D. Dionisio Cascajares es un mdico afamado, aunque no
-por la profundidad de sus conocimientos patolgicos, y un hombre de
-bien, pues jams se dijo de l que fuera inclinado a tomar lo ajeno, ni
+charlar. El Sr. D. Dionisio Cascajares es un médico afamado, aunque no
+por la profundidad de sus conocimientos patológicos, y un hombre de
+bien, pues jamás se dijo de él que fuera inclinado a tomar lo ajeno, ni
a matar a sus semejantes por otros medios que por los de su peligrosa y
-cientfica profesin. Bien puede asegurarse que la amenidad de su trato
+científica profesión. Bien puede asegurarse que la amenidad de su trato
y el complaciente sistema de no dar a los enfermos otro tratamiento que
el que ellos quieren, son causa de la confianza que inspira a multitud
-de familias de todas jerarquas, mayormente cuando tambin es fama que
-en su bondad sin lmites presta servicios ajenos a la ciencia, aunque
-siempre de ndole rigurosamente honesta.</p>
-
-<p>Nadie sabe como l sucesos interesantes que no pertenecen al dominio
-pblico, ni ninguno tiene en ms estupendo grado la mana de preguntar,
-si bien este vicio de exagerada inquisitividad se compensa en l por la
-prontitud con que dice cuanto sabe, sin que los dems se tomen el
-trabajo de preguntrselo. Jzguese por esto si la compaa de tan
-hermoso ejemplar de<a name="page_021" id="page_021"></a> la ligereza humana ser solicitada por los curiosos
+de familias de todas jerarquías, mayormente cuando también es fama que
+en su bondad sin límites presta servicios ajenos a la ciencia, aunque
+siempre de índole rigurosamente honesta.</p>
+
+<p>Nadie sabe como él sucesos interesantes que no pertenecen al dominio
+público, ni ninguno tiene en más estupendo grado la manía de preguntar,
+si bien este vicio de exagerada inquisitividad se compensa en él por la
+prontitud con que dice cuanto sabe, sin que los demás se tomen el
+trabajo de preguntárselo. Júzguese por esto si la compañía de tan
+hermoso ejemplar de<a name="page_021" id="page_021"></a> la ligereza humana será solicitada por los curiosos
y por los lenguaraces.</p>
-<p>Este hombre, amigo mo, como lo es de todo el mundo, era el que sentado
-iba junto a m cuando el coche, resbalando suavemente por su calzada de
-hierro, bajaba la calle de Serrano, detenindose alguna vez para llenar
-los pocos asientos que quedaban ya vacos. Ibamos tan estrechos que me
+<p>Este hombre, amigo mío, como lo es de todo el mundo, era el que sentado
+iba junto a mí cuando el coche, resbalando suavemente por su calzada de
+hierro, bajaba la calle de Serrano, deteniéndose alguna vez para llenar
+los pocos asientos que quedaban ya vacíos. Ibamos tan estrechos que me
molestaba grandemente el paquete de libros que conmigo llevaba, y ya le
-pona sobre esta rodilla, ya sobre la otra, ya por fin me resolv a
-sentarme sobre l, temiendo molestar a la seora inglesa, a quien cupo
+ponía sobre esta rodilla, ya sobre la otra, ya por fin me resolví a
+sentarme sobre él, temiendo molestar a la señora inglesa, a quien cupo
en suerte colocarse a mi siniestra mano.</p>
-<p>&mdash;Y usted adnde va?&mdash;me pregunt Cascajares, mirndome por encima de
-sus espejuelos azules, lo que me haca el efecto de ser examinado por
+<p>&mdash;¿Y usted adónde va?&mdash;me preguntó Cascajares, mirándome por encima de
+sus espejuelos azules, lo que me hacía el efecto de ser examinado por
cuatro ojos.</p>
-<p>Contestle evasivamente, y l, deseando sin duda no perder aquel rato
-sin hacer alguna til investigacin, insisti en sus preguntas diciendo:</p>
+<p>Contestéle evasivamente, y él, deseando sin duda no perder aquel rato
+sin hacer alguna útil investigación, insistió en sus preguntas diciendo:</p>
-<p>&mdash;Y Fulanito, qu hace? Y Fulanito dnde est? con otras indagatorias
+<p>&mdash;Y Fulanito, ¿qué hace? Y Fulanito ¿dónde está? con otras indagatorias
del mismo jaez, que tampoco tuvieron respuesta cumplida.</p>
-<p>Por ltimo, viendo cun intiles eran sus tentativas para pegar la
-hebra, ech por camino ms adecuado a su expansivo temperamento y empez
+<p>Por último, viendo cuán inútiles eran sus tentativas para pegar la
+hebra, echó por camino más adecuado a su expansivo temperamento y empezó
a desembuchar.<a name="page_022" id="page_022"></a></p>
-<p>&mdash;Pobre Condesa!&mdash;dijo expresando con un movimiento de cabeza y un
-visaje, su desinteresada compasin. Si hubiera seguido mis consejos no
-se vera en situacin tan crtica.</p>
+<p>&mdash;¡Pobre Condesa!&mdash;dijo expresando con un movimiento de cabeza y un
+visaje, su desinteresada compasión. Si hubiera seguido mis consejos no
+se vería en situación tan crítica.</p>
-<p>&mdash;Ah! es claro&mdash;, contest maquinalmente, ofreciendo tambin el tributo
-de mi compasin a la seora Condesa.</p>
+<p>&mdash;¡Ah! es claro&mdash;, contesté maquinalmente, ofreciendo también el tributo
+de mi compasión a la señora Condesa.</p>
-<p>&mdash;Figrese usted,&mdash;prosigui,&mdash;que se han dejado dominar por aquel
-hombre! Y aquel hombre llegar a ser el dueo de la casa. Pobrecilla!
+<p>&mdash;¡Figúrese usted,&mdash;prosiguió,&mdash;que se han dejado dominar por aquel
+hombre! Y aquel hombre llegará a ser el dueño de la casa. ¡Pobrecilla!
Cree que con llorar y lamentarse se remedia todo, y no. Urge tomar una
-determinacin. Porque ese hombre es un infame, le creo capaz de los
-mayores crmenes.</p>
+determinación. Porque ese hombre es un infame, le creo capaz de los
+mayores crímenes.</p>
-<p>&mdash;Ah! S es atroz!&mdash;dije yo, participando irreflexivamente de su
-indignacin.</p>
+<p>&mdash;¡Ah! ¡Sí es atroz!&mdash;dije yo, participando irreflexivamente de su
+indignación.</p>
-<p>&mdash;Es como todos los hombres de malos instintos y de baja condicin que
+<p>&mdash;Es como todos los hombres de malos instintos y de baja condición que
si se elevan un poco, luego no hay quien los sufra. Bien claro indica su
-rostro que de all no puede salir cosa buena.</p>
+rostro que de allí no puede salir cosa buena.</p>
<p>&mdash;Ya lo creo, eso salta a la vista.</p>
-<p>&mdash;Le explicar a usted en breves palabras. La Condesa es una mujer
+<p>&mdash;Le explicaré a usted en breves palabras. La Condesa es una mujer
excelente, angelical, tan discreta como hermosa, y digna por todos
-conceptos de mejor suerte. Pero est casada con un hombre que no
+conceptos de mejor suerte. Pero está casada con un hombre que no
comprende el tesoro que posee, y pasa la vida entregado al juego y a
-toda clase de entretenimientos ilcitos. Ella entretanto<a name="page_023" id="page_023"></a> se aburre y
-llora. Es extrao que trate de sofocar su pena divirtindose
-honestamente aqu, y all, donde quiera que suena un piano? Es ms, yo
-mismo se lo aconsejo y le digo: Seora, procure usted distraerse, que
-la vida se acaba. Al fin el seor Conde se ha de arrepentir de sus
-locuras y se acabarn las penas. Me parece que estoy en lo cierto.</p>
-
-<p>&mdash;Ah! sin duda&mdash;, contest con oficiosidad, continuando en mis adentros
+toda clase de entretenimientos ilícitos. Ella entretanto<a name="page_023" id="page_023"></a> se aburre y
+llora. ¿Es extraño que trate de sofocar su pena divirtiéndose
+honestamente aquí, y allí, donde quiera que suena un piano? Es más, yo
+mismo se lo aconsejo y le digo: «Señora, procure usted distraerse, que
+la vida se acaba. Al fin el señor Conde se ha de arrepentir de sus
+locuras y se acabarán las penas.» Me parece que estoy en lo cierto.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! sin duda&mdash;, contesté con oficiosidad, continuando en mis adentros
tan indiferente como al principio a las desventuras de la Condesa.</p>
-<p>&mdash;Pero no es eso lo peor&mdash;aadi Cascajares, golpeando el suelo con su
-bastn&mdash;sino que ahora el seor Conde ha dado en la flor de estar
-celoso... s, de cierto joven que se ha tomado a pechos la empresa de
+<p>&mdash;Pero no es eso lo peor&mdash;añadió Cascajares, golpeando el suelo con su
+bastón&mdash;sino que ahora el señor Conde ha dado en la flor de estar
+celoso... sí, de cierto joven que se ha tomado a pechos la empresa de
distraer a la Condesa.</p>
-<p>&mdash;El marido tendr la culpa de que lo consiga.</p>
+<p>&mdash;El marido tendrá la culpa de que lo consiga.</p>
-<p>&mdash;Todo eso sera insignificante, porque la Condesa es la misma virtud;
-todo eso sera insignificante, digo, si no existiera un hombre
+<p>&mdash;Todo eso sería insignificante, porque la Condesa es la misma virtud;
+todo eso sería insignificante, digo, si no existiera un hombre
abominable que sospecho ha de causar un desastre en aquella casa.</p>
-<p>&mdash;De veras? Y quin es ese hombre?&mdash;pregunt con una chispa de
+<p>&mdash;¿De veras? ¿Y quién es ese hombre?&mdash;pregunté con una chispa de
curiosidad.</p>
<p>&mdash;Un antiguo mayordomo muy querido del Conde, y que se ha propuesto
-martirizar a la infeliz cuanto sensible seora. Parece que se ha
+martirizar a la infeliz cuanto sensible señora. Parece que se ha
apoderado de cierto secreto<a name="page_024" id="page_024"></a> que la compromete, y con esta arma
-pretende... qu s yo... Es una infamia!</p>
+pretende... qué sé yo... ¡Es una infamia!</p>
-<p>&mdash;S que lo es, y ello merece un ejemplar castigo&mdash;dije yo, descargando
-tambin el peso de mis iras sobre aquel hombre.</p>
+<p>&mdash;Sí que lo es, y ello merece un ejemplar castigo&mdash;dije yo, descargando
+también el peso de mis iras sobre aquel hombre.</p>
-<p>&mdash;Pero ella es inocente; ella es un ngel... Pero, calle! estamos en la
-Cibeles. S; ya veo a la derecha el parque de Buenavista. Mande usted
+<p>&mdash;Pero ella es inocente; ella es un ángel... Pero, ¡calle! estamos en la
+Cibeles. Sí; ya veo a la derecha el parque de Buenavista. Mande usted
parar, mozo; que no soy de los que hacen la gracia de saltar cuando el
-coche est en marcha, para descalabrarse contra los adoquines. Adis, mi
-amigo, adis.</p>
+coche está en marcha, para descalabrarse contra los adoquines. Adiós, mi
+amigo, adiós.</p>
-<p>Par el coche y baj D. Dionisio Cascajares y de la Vallina, despus de
-darme otro apretn de manos y de causar segundo desperfecto en el
-sombrero de la dama inglesa, an no repuesta del primitivo susto.</p>
+<p>Paró el coche y bajó D. Dionisio Cascajares y de la Vallina, después de
+darme otro apretón de manos y de causar segundo desperfecto en el
+sombrero de la dama inglesa, aún no repuesta del primitivo susto.</p>
<h3>II</h3>
-<p>Sigui el mnibus su marcha y cosa singular! yo a mi vez segu pensando
-en la incgnita Condesa, en su cruel y suspicaz consorte, y sobre todo
-en el hombre siniestro que, segn la enrgica expresin del mdico, a
+<p>Siguió el ómnibus su marcha y ¡cosa singular! yo a mi vez seguí pensando
+en la incógnita Condesa, en su cruel y suspicaz consorte, y sobre todo
+en el hombre siniestro que, según la enérgica expresión del médico, a
punto estaba de causar un desastre en la casa. Considera, lector, lo que
-es el humano pensamiento: cuando Cascajares<a name="page_025" id="page_025"></a> principi a referirme
+es el humano pensamiento: cuando Cascajares<a name="page_025" id="page_025"></a> principió a referirme
aquellos sucesos, yo renegaba de su inoportunidad y pesadez, mas poco
-tard mi mente en apoderarse de aquel mismo asunto, para darle vueltas
-de arriba abajo, operacin psicolgica que no deja de ser estimulada por
-la regular marcha del coche y el sordo y montono rumor de sus ruedas,
+tardó mi mente en apoderarse de aquel mismo asunto, para darle vueltas
+de arriba abajo, operación psicológica que no deja de ser estimulada por
+la regular marcha del coche y el sordo y monótono rumor de sus ruedas,
limando el hierro de los carriles.</p>
-<p>Pero al fin dej de pensar en lo que tan poco me interesaba, y
-recorriendo con la vista el interior del coche, examin uno por uno a
-mis compaeros de viaje. Cun distintas caras y cun diversas
-expresiones! Unos parecen no inquietarse ni lo ms mnimo de los que van
+<p>Pero al fin dejé de pensar en lo que tan poco me interesaba, y
+recorriendo con la vista el interior del coche, examiné uno por uno a
+mis compañeros de viaje. ¡Cuán distintas caras y cuán diversas
+expresiones! Unos parecen no inquietarse ni lo más mínimo de los que van
a su lado; otros pasan revista al corrillo con impertinente curiosidad;
-unos estn alegres, otros tristes, aquel bosteza, el de ms all re, y
+unos están alegres, otros tristes, aquel bosteza, el de más allá ríe, y
a pesar de la brevedad del trayecto, no hay uno que no desee terminarlo
pronto. Pues entre los mil fastidios de la existencia, ninguno aventaja
-al que consiste en estar una docena de personas mirndose las caras sin
-decirse palabra, y contndose recprocamente sus arrugas, sus lunares, y
-ste o el otro accidente observado en el rostro o en la ropa.</p>
+al que consiste en estar una docena de personas mirándose las caras sin
+decirse palabra, y contándose recíprocamente sus arrugas, sus lunares, y
+éste o el otro accidente observado en el rostro o en la ropa.</p>
<p>Es singular este breve conocimiento con personas que no hemos visto y
que probablemente no volveremos a ver. Al entrar, ya encontramos a
-alguien; otros vienen<a name="page_026" id="page_026"></a> despus que estamos all; unos se marchan,
-quedndonos nosotros, y por ltimo tambin nos vamos. Imitacin es esto
+alguien; otros vienen<a name="page_026" id="page_026"></a> después que estamos allí; unos se marchan,
+quedándonos nosotros, y por último también nos vamos. Imitación es esto
de la vida humana, en que el nacer y el morir son como las entradas y
salidas a que me refiero, pues van renovando sin cesar en generaciones
-de viajeros el pequeo mundo que all dentro vive. Entran, salen; nacen,
-mueren... Cuntos han pasado por aqu antes que nosotros!</p>
+de viajeros el pequeño mundo que allí dentro vive. Entran, salen; nacen,
+mueren... ¡Cuántos han pasado por aquí antes que nosotros!</p>
-<p>Cuntos vendrn despus!</p>
+<p>¡Cuántos vendrán después!</p>
-<p>Y para que la semejanza sea ms completa, tambin hay un mundo chico de
-pasiones en miniatura dentro de aquel cajn. Muchos van all que se nos
+<p>Y para que la semejanza sea más completa, también hay un mundo chico de
+pasiones en miniatura dentro de aquel cajón. Muchos van allí que se nos
antojan excelentes personas, y nos agrada su aspecto y hasta les vemos
salir con disgusto. Otros, por el contrario, nos revientan desde que les
echamos la vista encima: les aborrecemos durante diez minutos;
-examinamos con cierto rencor sus caracteres frenolgicos y sentimos
-verdadero gozo al verles salir. Y en tanto sigue corriendo el vehculo,
+examinamos con cierto rencor sus caracteres frenológicos y sentimos
+verdadero gozo al verles salir. Y en tanto sigue corriendo el vehículo,
remedo de la vida humana; siempre recibiendo y soltando, uniforme,
incansable, majestuoso, insensible a lo que pasa en su interior; sin que
le conmuevan ni poco ni mucho las mal sofocadas pasioncillas de que es
mudo teatro; siempre corriendo, corriendo sobre las dos interminables
paralelas de hierro, largas y resbaladizas como los siglos.<a name="page_027" id="page_027"></a></p>
-<p>Pensaba en esto mientras el coche suba por la calle de Alcal, hasta
-que me sac del golfo de tan revueltas cavilaciones el golpe de mi
+<p>Pensaba en esto mientras el coche subía por la calle de Alcalá, hasta
+que me sacó del golfo de tan revueltas cavilaciones el golpe de mi
paquete de libros al caer al suelo. Recogido al instante, mis ojos se
-fijaron en el pedazo de peridico que serva de envoltorio a los
-volmenes, y maquinalmente leyeron medio rengln de lo que all estaba
-impreso. De sbito sent vivamente picada mi curiosidad; haba ledo
+fijaron en el pedazo de periódico que servía de envoltorio a los
+volúmenes, y maquinalmente leyeron medio renglón de lo que allí estaba
+impreso. De súbito sentí vivamente picada mi curiosidad; había leído
algo que me interesaba, y ciertos nombres esparcidos en el pedazo de
-folletn hirieron a un tiempo la vista y el recuerdo. Busqu el
-principio y no lo hall: el papel estaba roto, y nicamente pude leer,
-con curiosidad primero y despus con afn creciente, lo que sigue:</p>
+folletón hirieron a un tiempo la vista y el recuerdo. Busqué el
+principio y no lo hallé: el papel estaba roto, y únicamente pude leer,
+con curiosidad primero y después con afán creciente, lo que sigue:</p>
-<p>Senta la Condesa una agitacin indescriptible. La presencia de
-Mudarra, el insolente mayordomo, que olvidando su bajo orgen atrevase
+<p>«Sentía la Condesa una agitación indescriptible. La presencia de
+Mudarra, el insolente mayordomo, que olvidando su bajo orígen atrevíase
a poner los ojos en persona tan alta, le causaba continua zozobra. El
infame la estaba espiando sin cesar, la vigilaba como se vigila a un
-preso. Ya no le detena ningn respeto, ni era obstculo a su infame
-asechanza la debilidad y delicadeza de tan excelente seora.</p>
+preso. Ya no le detenía ningún respeto, ni era obstáculo a su infame
+asechanza la debilidad y delicadeza de tan excelente señora.</p>
-<p>Mudarra penetr a deshora en la habitacin de la Condesa, que plida y
-agitada, sintiendo a la vez vergenza y terror, no tuvo nimo para
+<p>»Mudarra penetró a deshora en la habitación de la Condesa, que pálida y
+agitada, sintiendo a la vez vergüenza y terror, no tuvo ánimo para
despedirle.</p>
-<p>&mdash;No se asuste usa, seora Condesa&mdash;,<a name="page_028" id="page_028"></a> dijo con forzada y siniestra
-sonrisa, que aument la turbacin de la dama;&mdash;no vengo a hacer a usa
-dao alguno.</p>
+<p>&mdash;»No se asuste usía, señora Condesa&mdash;,<a name="page_028" id="page_028"></a> dijo con forzada y siniestra
+sonrisa, que aumentó la turbación de la dama;&mdash;no vengo a hacer a usía
+daño alguno.</p>
-<p>&mdash;Oh, Dios mo! Cundo acabar este suplicio!&mdash;exclam la dama,
+<p>&mdash;»¡Oh, Dios mío! ¡Cuándo acabará este suplicio!&mdash;exclamó la dama,
dejando caer sus brazos con desaliento. Salga usted; yo no puedo acceder
-a sus deseos. Qu infamia! Abusar de ese modo de mi debilidad, y de la
-indiferencia de mi esposo, nico autor de tantas desdichas!</p>
-
-<p>&mdash;Por qu tan arisca, seora Condesa?&mdash;aadi el feroz mayordomo&mdash;. Si
-yo no tuviera el secreto de su perdicin en mi mano; si yo no pudiera
-imponer al seor Conde de ciertos particulares... pues... referentes a
-aquel caballerito... Pero, no abusar, no, de estas terribles armas.
-Usted me comprender al fin, conociendo cun desinteresado es el grande
+a sus deseos. ¡Qué infamia! ¡Abusar de ese modo de mi debilidad, y de la
+indiferencia de mi esposo, único autor de tantas desdichas!</p>
+
+<p>&mdash;»¿Por qué tan arisca, señora Condesa?&mdash;añadió el feroz mayordomo&mdash;. Si
+yo no tuviera el secreto de su perdición en mi mano; si yo no pudiera
+imponer al señor Conde de ciertos particulares... pues... referentes a
+aquel caballerito... Pero, no abusaré, no, de estas terribles armas.
+Usted me comprenderá al fin, conociendo cuán desinteresado es el grande
amor que ha sabido inspirarme.</p>
-<p>Al decir esto, Mudarra di algunos pasos hacia la Condesa, que se alej
+<p>»Al decir esto, Mudarra dió algunos pasos hacia la Condesa, que se alejó
con horror y repugnancia de aquel monstruo.</p>
-<p>Era Mudarra un hombre como de cincuenta aos, moreno, rechoncho y
-patizambo, de cabellos speros y en desorden, grande y colmilluda la
+<p>»Era Mudarra un hombre como de cincuenta años, moreno, rechoncho y
+patizambo, de cabellos ásperos y en desorden, grande y colmilluda la
boca. Sus ojos medio ocultos tras la frondosidad de largas, negras y
-espessimas cejas, en aquellos instantes expresaban la ms bestial
+espesísimas cejas, en aquellos instantes expresaban la más bestial
concupiscencia.</p>
-<p>&mdash;Ah, puerco espn!&mdash;exclam con ira<a name="page_029" id="page_029"></a> al ver el natural despego de la
-dama.&mdash;Qu desdicha no ser un mozalbete almidonado! Tanto remilgo
-sabiendo que puedo informar al seor Conde... Y me creer, no lo dude
-usa: el seor Conde tiene en m tal confianza, que lo que yo digo es
-para l el mismo Evangelio... pues... y como est celoso... si yo le
+<p>&mdash;»¡Ah, puerco espín!&mdash;exclamó con ira<a name="page_029" id="page_029"></a> al ver el natural despego de la
+dama.&mdash;¡Qué desdicha no ser un mozalbete almidonado! Tanto remilgo
+sabiendo que puedo informar al señor Conde... Y me creerá, no lo dude
+usía: el señor Conde tiene en mí tal confianza, que lo que yo digo es
+para él el mismo Evangelio... pues... y como está celoso... si yo le
presento el papelito...</p>
-<p>&mdash;Infame!&mdash;grit la Condesa con noble arranque de indignacin y
-dignidad.&mdash;Yo soy inocente; y mi esposo no ser capaz de prestar odos a
+<p>&mdash;»¡Infame!&mdash;gritó la Condesa con noble arranque de indignación y
+dignidad.&mdash;Yo soy inocente; y mi esposo no será capaz de prestar oídos a
tan viles calumnias. Y aunque fuera culpable prefiero mil veces ser
despreciada por mi marido y por todo el mundo, a comprar mi tranquilidad
-a ese precio. Salga usted de aqu al instante.</p>
-
-<p>&mdash;Yo tambin tengo mal genio, seora Condesa&mdash;, dijo el mayordomo
-devorando su rabia&mdash;; yo tambin gasto mal genio, y cuando me amosco...
-Puesto que usa lo toma por la tremenda, vamos por la tremenda. Ya s lo
-que tengo que hacer, y demasiado condescendiente he sido hasta aqu. Por
-ltima vez propongo a usa que seamos amigos, y no me ponga en el caso
-de hacer un disparate... con que seora ma...</p>
-
-<p>Al decir esto Mudarra contrajo la pergaminosa piel y los rgidos
-tendones de su rostro haciendo una mueca parecida a una sonrisa, y di
-algunos pasos como para<a name="page_030" id="page_030"></a> sentarse en el sof junto a la Condesa. Esta se
-levant de un salto gritando:&mdash;No; salga usted! Infame! Y no tener
-quien me defienda... Salga usted!</p>
-
-<p>El mayordomo, entonces era como una fiera a quien se escapa la presa
-que ha tenido un momento antes entre sus uas. Di un resoplido, hizo un
-gesto de amenaza y sali despacio con pasos muy quedos. La Condesa,
-trmula y sin aliento, refugiada en la extremidad del gabinete, sinti
-las pisadas que alejndose se perdan en la alfombra de la habitacin
-inmediata y respir al fin cuando le consider lejos. Cerr las puertas
-y quiso dormir; pero el sueo hua de sus ojos an aterrados con la
+a ese precio. Salga usted de aquí al instante.</p>
+
+<p>&mdash;»Yo también tengo mal genio, señora Condesa&mdash;, dijo el mayordomo
+devorando su rabia&mdash;; yo también gasto mal genio, y cuando me amosco...
+Puesto que usía lo toma por la tremenda, vamos por la tremenda. Ya sé lo
+que tengo que hacer, y demasiado condescendiente he sido hasta aquí. Por
+última vez propongo a usía que seamos amigos, y no me ponga en el caso
+de hacer un disparate... con que señora mía...</p>
+
+<p>»Al decir esto Mudarra contrajo la pergaminosa piel y los rígidos
+tendones de su rostro haciendo una mueca parecida a una sonrisa, y dió
+algunos pasos como para<a name="page_030" id="page_030"></a> sentarse en el sofá junto a la Condesa. Esta se
+levantó de un salto gritando:&mdash;«¡No; salga usted! ¡Infame! Y no tener
+quien me defienda... ¡Salga usted!»</p>
+
+<p>»El mayordomo, entonces era como una fiera a quien se escapa la presa
+que ha tenido un momento antes entre sus uñas. Dió un resoplido, hizo un
+gesto de amenaza y salió despacio con pasos muy quedos. La Condesa,
+trémula y sin aliento, refugiada en la extremidad del gabinete, sintió
+las pisadas que alejándose se perdían en la alfombra de la habitación
+inmediata y respiró al fin cuando le consideró lejos. Cerró las puertas
+y quiso dormir; pero el sueño huía de sus ojos aún aterrados con la
imagen del monstruo.</p>
-<p>C<small>APITULO XI</small>.&mdash;<i>El Complot</i>.&mdash;Mudarra, al salir de la habitacin de la
-Condesa, se dirigi a la suya y dominado por fuerte inquietud nerviosa,
-comenz a registrar cartas y papeles diciendo entre dientes. Ya no
-aguanto ms; me las pagar todas juntas. Despus se sent, tom la
-pluma, y poniendo delante una de aquellas cartas, y examinndola bien
-empez a escribir otra tratando de remedar la letra. Mudaba la vista con
-febril ansiedad del modelo a la copia y por ltimo despus de gran
-trabajo escribi con caracteres enteramente iguales a los del modelo la
-carta siguiente, cuyo sentido era de su propia cosecha: <i>Haba<a name="page_031" id="page_031"></a>
-prometido a usted una entrevista y me apresuro...</i></p>
+<p>»C<small>APITULO XI</small>.&mdash;<i>El Complot</i>.&mdash;Mudarra, al salir de la habitación de la
+Condesa, se dirigió a la suya y dominado por fuerte inquietud nerviosa,
+comenzó a registrar cartas y papeles diciendo entre dientes. «Ya no
+aguanto más; me las pagará todas juntas.» Después se sentó, tomó la
+pluma, y poniendo delante una de aquellas cartas, y examinándola bien
+empezó a escribir otra tratando de remedar la letra. Mudaba la vista con
+febril ansiedad del modelo a la copia y por último después de gran
+trabajo escribió con caracteres enteramente iguales a los del modelo la
+carta siguiente, cuyo sentido era de su propia cosecha: <i>Había<a name="page_031" id="page_031"></a>
+prometido a usted una entrevista y me apresuro...»</i></p>
-<p>El folletn estaba roto y no pudo leer ms.</p>
+<p>El folletín estaba roto y no pudo leer más.</p>
<h3>III</h3>
-<p>Sin apartar la vista del paquete, me puse a pensar en la relacin que
-exista entre las noticias sueltas que o de boca del seor Cascajares y
-la escena leda en aquel papelucho, folletn, sin duda, traducido de
-alguna desatinada novela de Ponson du Terrail o de Montepn. Ser una
-tontera, dije para m, pero es lo cierto que ya me inspira inters esa
-seora Condesa, vctima de la barbarie de un mayordomo imposible, cual
-no existe sino en la trastornada cabeza de algn novelista nacido para
-aterrar a las gentes sencillas. Y qu hara el maldito para vengarse?
-Capaz sera de imaginar cualquiera atrocidad de esas que ponen fin a un
-captulo de sensacin Y el Conde, qu har? Y aquel mozalbete de quien
-hablaron Cascajares en el coche y Mudarra en el folletn qu har?
-quin ser? Qu hay entre la Condesa y ese incgnito caballerito? Algo
-dara por saber...<a name="page_032" id="page_032"></a></p>
-
-<p>Esto pensaba, cuando alc los ojos, recorr con ellos el interior del
-coche, y horror! vi una persona que me hizo estremecer de espanto.
+<p>Sin apartar la vista del paquete, me puse a pensar en la relación que
+existía entre las noticias sueltas que oí de boca del señor Cascajares y
+la escena leída en aquel papelucho, folletín, sin duda, traducido de
+alguna desatinada novela de Ponson du Terrail o de Montepín. Será una
+tontería, dije para mí, pero es lo cierto que ya me inspira interés esa
+señora Condesa, víctima de la barbarie de un mayordomo imposible, cual
+no existe sino en la trastornada cabeza de algún novelista nacido para
+aterrar a las gentes sencillas. ¿Y qué haría el maldito para vengarse?
+Capaz sería de imaginar cualquiera atrocidad de esas que ponen fin a un
+capítulo de sensación ¿Y el Conde, qué hará? Y aquel mozalbete de quien
+hablaron Cascajares en el coche y Mudarra en el folletín ¿qué hará?
+¿quién será? ¿Qué hay entre la Condesa y ese incógnito caballerito? Algo
+daría por saber...<a name="page_032" id="page_032"></a></p>
+
+<p>Esto pensaba, cuando alcé los ojos, recorrí con ellos el interior del
+coche, y ¡horror! vi una persona que me hizo estremecer de espanto.
Mientras estaba yo embebido en la interesante lectura del pedazo de
-folletn, el tranva se haba detenido varias veces para tomar o dejar
-algn viajero. En una de estas ocasiones haba entrado aquel hombre,
-cuya sbita presencia me produjo tan grande impresin. Era l, Mudarra,
-el mayordomo en persona, sentado frente a m, con sus rodillas tocando
-mis rodillas. En un segundo le examin de pies a cabeza y reconoc las
-facciones cuya descripcin haba ledo. No poda ser otro: hasta los ms
-insignificantes detalles de su vestido indicaban claramente que era l.
-Reconoc la tez morena y lustrosa, los cabellos indomables, cuyas mechas
-surgan en opuestas direcciones como las culebras de Medusa, los ojos
+folletín, el tranvía se había detenido varias veces para tomar o dejar
+algún viajero. En una de estas ocasiones había entrado aquel hombre,
+cuya súbita presencia me produjo tan grande impresión. Era él, Mudarra,
+el mayordomo en persona, sentado frente a mí, con sus rodillas tocando
+mis rodillas. En un segundo le examiné de pies a cabeza y reconocí las
+facciones cuya descripción había leído. No podía ser otro: hasta los más
+insignificantes detalles de su vestido indicaban claramente que era él.
+Reconocí la tez morena y lustrosa, los cabellos indomables, cuyas mechas
+surgían en opuestas direcciones como las culebras de Medusa, los ojos
hundidos bajo la espesura de unas agrestes cejas, las barbas, no menos
revueltas e incultas que el pelo, los pies torcidos hacia dentro como
los de los loros, y en fin, la misma mirada, el mismo hombre en el
aspecto, en el traje, en el respirar, en el toser, hasta en el modo de
meterse la mano en el bolsillo para pagar.</p>
-<p>De pronto le vi sacar una cartera, y observ que este objeto tena en la
-cubierta una gran <i>M</i> dorada, la inicial de su apellido.<a name="page_033" id="page_033"></a> Abrila, sac
-una carta y mir el sobre con sonrisa de demonio, y hasta me pareci que
-deca entre dientes:</p>
+<p>De pronto le vi sacar una cartera, y observé que este objeto tenía en la
+cubierta una gran <i>M</i> dorada, la inicial de su apellido.<a name="page_033" id="page_033"></a> Abrióla, sacó
+una carta y miró el sobre con sonrisa de demonio, y hasta me pareció que
+decía entre dientes:</p>
-<p>Qu bien imitada est la letra! En efecto, era una carta pequea, con
-el sobre garabateado por mano femenina. Lo mir bien, recrendose en su
-infame obra, hasta que observ que yo con curiosidad indiscreta y
-descorts alargaba demasiado el rostro para leer el sobrescrito.
-Dirigime una mirada que me hizo el efecto de un golpe, y guard su
+<p>«¡Qué bien imitada está la letra!» En efecto, era una carta pequeña, con
+el sobre garabateado por mano femenina. Lo miró bien, recreándose en su
+infame obra, hasta que observó que yo con curiosidad indiscreta y
+descortés alargaba demasiado el rostro para leer el sobrescrito.
+Dirigióme una mirada que me hizo el efecto de un golpe, y guardó su
cartera.</p>
-<p>El coche segua corriendo, y en el breve tiempo necesario para que yo
-leyera el trozo de novela, para que pensara un poco en tan extraas
-cosas, para que viera al propio Mudarra, novelesco, inverosmil,
-convertido en ser vivo y compaero mo en aquel viaje, haba dejado
-atrs la calle de Alcal, atravesaba la Puerta del Sol y entraba
-triunfante en la calle Mayor, abrindose paso por entre los dems
+<p>El coche seguía corriendo, y en el breve tiempo necesario para que yo
+leyera el trozo de novela, para que pensara un poco en tan extrañas
+cosas, para que viera al propio Mudarra, novelesco, inverosímil,
+convertido en ser vivo y compañero mío en aquel viaje, había dejado
+atrás la calle de Alcalá, atravesaba la Puerta del Sol y entraba
+triunfante en la calle Mayor, abriéndose paso por entre los demás
coches, haciendo correr a los carromatos rezagados y perezosos, y
ahuyentando a los peatones, que en el tumulto de la calle, y aturdidos
-por la confusin de tantos y tan diversos ruidos, no ven la mole que se
+por la confusión de tantos y tan diversos ruidos, no ven la mole que se
les viene encima sino cuando ya la tienen a muy poca distancia.</p>
-<p>Segua yo contemplando aquel hombre como se contempla un objeto de cuya
-existencia real no estamos seguros, y no<a name="page_034" id="page_034"></a> quit los ojos de su
+<p>Seguía yo contemplando aquel hombre como se contempla un objeto de cuya
+existencia real no estamos seguros, y no<a name="page_034" id="page_034"></a> quité los ojos de su
repugnante facha hasta que no le vi levantarse, mandar parar el coche y
-salir, perdindose luego entre el gento de la calle.</p>
+salir, perdiéndose luego entre el gentío de la calle.</p>
-<p>Salieron y entraron varias personas y la decoracin viviente del coche
-mud por completo.</p>
+<p>Salieron y entraron varias personas y la decoración viviente del coche
+mudó por completo.</p>
-<p>Cada vez era ms viva la curiosidad que me inspiraba aquel suceso, que
-al principio poda considerar como forjado exclusivamente en mi cabeza
+<p>Cada vez era más viva la curiosidad que me inspiraba aquel suceso, que
+al principio podía considerar como forjado exclusivamente en mi cabeza
por la coincidencia de varias sensaciones ocasionadas por la
-conversacin o por la lectura, pero que al fin se me figuraba cosa
+conversación o por la lectura, pero que al fin se me figuraba cosa
cierta y de indudable realidad.</p>
-<p>Cuando sali el hombre en quien cre ver el terrible mayordomo, quedme
-pensando en el incidente de la carta y me lo expliqu a mi manera, no
-queriendo ser en tan delicada cuestin menos fecundo que el novelista,
-autor de lo que momentos antes haba ledo. Mudarra, pens, deseoso de
-vengarse de la Condesa, oh, infortunada seora! finge su letra y
+<p>Cuando salió el hombre en quien creí ver el terrible mayordomo, quedéme
+pensando en el incidente de la carta y me lo expliqué a mi manera, no
+queriendo ser en tan delicada cuestión menos fecundo que el novelista,
+autor de lo que momentos antes había leído. Mudarra, pensé, deseoso de
+vengarse de la Condesa, ¡oh, infortunada señora! finge su letra y
escribe una carta a cierto caballerito, con quien hubo esto y lo otro y
-lo de ms all. En la carta le da una cita en su propia casa; llega el
-joven a la hora indicada y poco despus el marido, a quien se ha tenido
-cuidado de avisar, para que coja <i>in fraganti</i> a su desleal esposa: oh
-admirable recurso del ingenio! sto, que en la vida<a name="page_035" id="page_035"></a> tiene su pro y su
+lo de más allá. En la carta le da una cita en su propia casa; llega el
+joven a la hora indicada y poco después el marido, a quien se ha tenido
+cuidado de avisar, para que coja <i>in fraganti</i> a su desleal esposa: ¡oh
+admirable recurso del ingenio! Ésto, que en la vida<a name="page_035" id="page_035"></a> tiene su pro y su
contra, en una novela viene como anillo al dedo. La dama se desmaya, el
-amante se turba, el marido hace una atrocidad, y detrs de la cortina
-est el fatdico semblante del mayordomo que se goza en su endiablada
+amante se turba, el marido hace una atrocidad, y detrás de la cortina
+está el fatídico semblante del mayordomo que se goza en su endiablada
venganza.</p>
<p>Lector yo de muchas y muy malas novelas, di aquel giro a la que
-insensiblemente iba desarrollndose en mi imaginacin por las palabras
+insensiblemente iba desarrollándose en mi imaginación por las palabras
de un amigo, la lectura de un trozo de papel y la vista de un
desconocido.</p>
<h3>IV</h3>
-<p>Andando, andando segua el coche y ya por causa del calor que all
-dentro se senta, ya porque el movimiento pausado y montono del
-vehculo produce cierto mareo que degenera en sueo, lo cierto es que
-sent pesados los prpados, me inclin del costado izquierdo, apoyando
-el codo en el paquete de libros, y cerr los ojos. En esta situacin
-continu viendo la hilera de caras de ambos sexos que ante m tena,
-barbadas unas, limpias de pelo las otras, aqullas riendo, stas muy
-acartonadas y serias. Despus me pareci que obedeciendo a la
-contraccin de un msculo comn, todas aquellas caras hacan muecas y
-guios,<a name="page_036" id="page_036"></a> abriendo y cerrando los ojos y las bocas, y mostrndome
-alternativamente una serie de dientes que variaban desde los ms blancos
-hasta los ms amarillos, afilados unos, romos y gastados los otros.
+<p>Andando, andando seguía el coche y ya por causa del calor que allí
+dentro se sentía, ya porque el movimiento pausado y monótono del
+vehículo produce cierto mareo que degenera en sueño, lo cierto es que
+sentí pesados los párpados, me incliné del costado izquierdo, apoyando
+el codo en el paquete de libros, y cerré los ojos. En esta situación
+continué viendo la hilera de caras de ambos sexos que ante mí tenía,
+barbadas unas, limpias de pelo las otras, aquéllas riendo, éstas muy
+acartonadas y serias. Después me pareció que obedeciendo a la
+contracción de un músculo común, todas aquellas caras hacían muecas y
+guiños,<a name="page_036" id="page_036"></a> abriendo y cerrando los ojos y las bocas, y mostrándome
+alternativamente una serie de dientes que variaban desde los más blancos
+hasta los más amarillos, afilados unos, romos y gastados los otros.
Aquellas ocho narices erigidas bajo diez y seis ojos diversos en color y
-expresin, crecan o menguaban, variando de forma; las bocas se abran
-en lnea horizontal, produciendo mudas carcajadas, o se estiraban hacia
+expresión, crecían o menguaban, variando de forma; las bocas se abrían
+en línea horizontal, produciendo mudas carcajadas, o se estiraban hacia
adelante formando hocicos puntiagudos, parecidos al interesante rostro
-de cierto benemrito animal que tiene sobre s el anatema de no poder
+de cierto benemérito animal que tiene sobre sí el anatema de no poder
ser nombrado.</p>
-<p>Por detrs de aquellas ocho caras, cuyos horrendos visajes he descrito,
-y al travs de las ventanillas del coche, yo vea la calle y las casas,
-los transeuntes, todo en veloz carrera, como si el tranva anduviese con
-rapidez vertiginosa. Yo por lo menos crea que marchaban ms aprisa que
-nuestros ferrocarriles, ms que los franceses, ms que los ingleses, ms
-que los norteamericanos; corra con toda la velocidad que puede suponer
-la imaginacin, tratndose de la traslacin de lo slido.</p>
+<p>Por detrás de aquellas ocho caras, cuyos horrendos visajes he descrito,
+y al través de las ventanillas del coche, yo veía la calle y las casas,
+los transeuntes, todo en veloz carrera, como si el tranvía anduviese con
+rapidez vertiginosa. Yo por lo menos creía que marchaban más aprisa que
+nuestros ferrocarriles, más que los franceses, más que los ingleses, más
+que los norteamericanos; corría con toda la velocidad que puede suponer
+la imaginación, tratándose de la traslación de lo sólido.</p>
-<p>A medida que era ms intenso aquel estado letargoso, se me figuraba que
+<p>A medida que era más intenso aquel estado letargoso, se me figuraba que
iban desapareciendo las casas, las calles, Madrid entero. Por un
-instante cre que el tranva corra por lo ms profundo de los<a name="page_037" id="page_037"></a> mares:
-al travs de los vidrios se vean los cuerpos de cetceos enormes, los
-miembros pegajosos de una multitud de plipos de diversos tamaos. Los
-peces chicos sacudan sus colas resbaladizas contra los cristales,
-algunos miraban adentro con sus grandes y dorados ojos. Crustceos de
-forma desconocida, grandes moluscos, madrporas, esponjas y una multitud
-de bivalvos grandes y deformes cual nunca yo los haba visto, pasaban
-sin cesar. El coche iba tirado por no s qu especie de nadantes
+instante creí que el tranvía corría por lo más profundo de los<a name="page_037" id="page_037"></a> mares:
+al través de los vidrios se veían los cuerpos de cetáceos enormes, los
+miembros pegajosos de una multitud de pólipos de diversos tamaños. Los
+peces chicos sacudían sus colas resbaladizas contra los cristales,
+algunos miraban adentro con sus grandes y dorados ojos. Crustáceos de
+forma desconocida, grandes moluscos, madréporas, esponjas y una multitud
+de bivalvos grandes y deformes cual nunca yo los había visto, pasaban
+sin cesar. El coche iba tirado por no sé qué especie de nadantes
monstruos, cuyos remos, luchando con el agua, sonaban como las paletas
-de una hlice, tornillaban la masa lquida con su infinito voltear.</p>
+de una hélice, tornillaban la masa líquida con su infinito voltear.</p>
-<p>Esta visin se iba extinguiendo: despus parecime que el coche corra
-por los aires, volando en direccin fija y sin que lo agitaran los
-vientos. Al travs de los cristales no se vea nada, ms que espacio:
-las nubes nos envolvan a veces; una lluvia violenta y repentina
-tamborileaba en la imperial; de pronto salamos al espacio puro inundado
+<p>Esta visión se iba extinguiendo: después parecióme que el coche corría
+por los aires, volando en dirección fija y sin que lo agitaran los
+vientos. Al través de los cristales no se veía nada, más que espacio:
+las nubes nos envolvían a veces; una lluvia violenta y repentina
+tamborileaba en la imperial; de pronto salíamos al espacio puro inundado
de sol, para volver de nuevo a penetrar en el vaporoso seno de celajes
-inmensos, ya rojos, ya amarillos, tan pronto de palo como de amatista,
-que iban quedndose atrs en nuestra marcha. Pasbamos luego por un
-sitio del espacio en que flotaban masas resplandecientes de un finsimo
-polvo de oro; ms<a name="page_038" id="page_038"></a> adelante, aquella polvareda que a m se me antojaba
+inmensos, ya rojos, ya amarillos, tan pronto de ópalo como de amatista,
+que iban quedándose atrás en nuestra marcha. Pasábamos luego por un
+sitio del espacio en que flotaban masas resplandecientes de un finísimo
+polvo de oro; más<a name="page_038" id="page_038"></a> adelante, aquella polvareda que a mí se me antojaba
producida por el movimiento de las ruedas triturando la luz, era de
-plata, despus verde como harina de esmeraldas, y por ltimo, roja como
-harina de rubes. El coche iba arrastrado por algn voltil
-apocalptico, ms fuerte que el hipgrifo y ms atrevido que el dragn;
+plata, después verde como harina de esmeraldas, y por último, roja como
+harina de rubíes. El coche iba arrastrado por algún volátil
+apocalíptico, más fuerte que el hipógrifo y más atrevido que el dragón;
y el rumor de las ruedas y de la fuerza motriz recordaba el zumbido de
-las grandes aspas de un molino de viento, o ms bien el de un abejorro
-del tamao de un elefante. Volbamos por el espacio sin fin, sin llegar
-nunca; entretanto la tierra quedbase abajo, a muchas leguas de nuestros
-pies; y en la tierra, Espaa, Madrid, el barrio de Salamanca,
-Cascajares, la Condesa, el Conde, Mudarra, el incgnito galn, todos
+las grandes aspas de un molino de viento, o más bien el de un abejorro
+del tamaño de un elefante. Volábamos por el espacio sin fin, sin llegar
+nunca; entretanto la tierra quedábase abajo, a muchas leguas de nuestros
+pies; y en la tierra, España, Madrid, el barrio de Salamanca,
+Cascajares, la Condesa, el Conde, Mudarra, el incógnito galán, todos
ellos.</p>
-<p>Pero no tard en dormirme profundamente; y entonces el coche ces de
-andar, ces de volar, y desapareci para m la sensacin de que iba en
-tal coche, no quedando ms que el ruido montono y profundo de las
-ruedas, que no nos abandona jams en nuestras pesadillas dentro de un
-tren o en el camarote de un vapor. Me dorm... Oh infortunada Condesa!
+<p>Pero no tardé en dormirme profundamente; y entonces el coche cesó de
+andar, cesó de volar, y desapareció para mí la sensación de que iba en
+tal coche, no quedando más que el ruido monótono y profundo de las
+ruedas, que no nos abandona jamás en nuestras pesadillas dentro de un
+tren o en el camarote de un vapor. Me dormí... ¡Oh infortunada Condesa!
La vi tan clara como estoy viendo en este instante el papel en que
escribo; la vi sentada junto a un velador, la mano en la mejilla, triste
-y meditabunda como una<a name="page_039" id="page_039"></a> estatua de la melancola. A sus pies estaba
-acurrucado un perrillo, que me pareci tan triste como su interesante
+y meditabunda como una<a name="page_039" id="page_039"></a> estatua de la melancolía. A sus pies estaba
+acurrucado un perrillo, que me pareció tan triste como su interesante
ama.</p>
<p>Entonces pude examinar a mis anchas a la mujer que yo consideraba como
la desventura en persona. Era de alta estatura, rubia, con grandes y
expresivos ojos, nariz fina, y casi, casi grande, de forma muy correcta
y perfectamente engendrada por las dos curvas de sus hermosas y
-arqueadas cejas. Estaba peinada sin afectacin, y en esto, como en su
-traje, se comprenda que no pensaba salir aquella noche. Tremenda, mil
+arqueadas cejas. Estaba peinada sin afectación, y en esto, como en su
+traje, se comprendía que no pensaba salir aquella noche. ¡Tremenda, mil
veces tremenda noche! Yo observaba con creciente ansiedad la hermosa
-figura que tanto deseaba conocer, y me pareci que poda leer sus ideas
-en aquella noble frente donde la costumbre de la reconcentracin mental
-haba trazado unas cuantas lneas imperceptibles, que el tiempo
-convertira pronto en arrugas.</p>
+figura que tanto deseaba conocer, y me pareció que podía leer sus ideas
+en aquella noble frente donde la costumbre de la reconcentración mental
+había trazado unas cuantas líneas imperceptibles, que el tiempo
+convertiría pronto en arrugas.</p>
-<p>De repente se abre la puerta dando paso a un hombre. La Condesa di un
-grito de sorpresa y se levant muy agitada.</p>
+<p>De repente se abre la puerta dando paso a un hombre. La Condesa dió un
+grito de sorpresa y se levantó muy agitada.</p>
-<p>&mdash;Qu es esto?&mdash;dijo&mdash;Rafael. Usted... Qu atrevimiento? Cmo ha
-entrado usted aqu?</p>
+<p>&mdash;¿Qué es esto?&mdash;dijo&mdash;Rafael. Usted... ¿Qué atrevimiento? ¿Cómo ha
+entrado usted aquí?</p>
-<p>&mdash;Seora&mdash;contest el que haba entrado, joven de muy buen porte.&mdash;No
+<p>&mdash;Señora&mdash;contestó el que había entrado, joven de muy buen porte.&mdash;¿No
me esperaba usted?&mdash;He recibido una carta suya...</p>
-<p>&mdash;Una carta ma!&mdash;exclam ms agitada<a name="page_040" id="page_040"></a> la Condesa.&mdash;Yo no he escrito
-carta ninguna. Y para qu haba de escribirla?</p>
+<p>&mdash;¡Una carta mía!&mdash;exclamó más agitada<a name="page_040" id="page_040"></a> la Condesa.&mdash;Yo no he escrito
+carta ninguna. ¿Y para qué había de escribirla?</p>
-<p>&mdash;Seora, vea usted&mdash;repuso el joven sacando la carta y
-mostrndosela;&mdash;es su letra, su misma letra.</p>
+<p>&mdash;Señora, vea usted&mdash;repuso el joven sacando la carta y
+mostrándosela;&mdash;es su letra, su misma letra.</p>
-<p>&mdash;Dios mo! Qu infernal maquinacin!&mdash;dijo la dama con
-desesperacin.&mdash;Yo no he escrito esa carta. Es un lazo que me tienden...</p>
+<p>&mdash;¡Dios mío! ¡Qué infernal maquinación!&mdash;dijo la dama con
+desesperación.&mdash;Yo no he escrito esa carta. Es un lazo que me tienden...</p>
-<p>&mdash;Seora, clmese usted... yo siento mucho...</p>
+<p>&mdash;Señora, cálmese usted... yo siento mucho...</p>
-<p>&mdash;S; lo comprendo todo... Ese hombre infame... Ya sospecho cul habr
+<p>&mdash;Sí; lo comprendo todo... Ese hombre infame... Ya sospecho cuál habrá
sido su idea. Salga usted al instante... Pero ya es tarde; ya siento la
voz de mi marido.</p>
-<p>En efecto, una voz atronadora se sinti en la habitacin inmediata, y al
-poco rato entr el Conde, que fingi sorpresa de ver al galn, y
-despus, riendo con cierta afectacin, le dijo:</p>
+<p>En efecto, una voz atronadora se sintió en la habitación inmediata, y al
+poco rato entró el Conde, que fingió sorpresa de ver al galán, y
+después, riendo con cierta afectación, le dijo:</p>
-<p>&mdash;Oh! Rafael, usted por aqu... Cunto tiempo!... Vena usted a
-acompaar a Antonia... Con eso nos acompaar a tomar el te.</p>
+<p>&mdash;¡Oh! Rafael, usted por aquí... ¡Cuánto tiempo!... Venía usted a
+acompañar a Antonia... Con eso nos acompañará a tomar el te.</p>
<p>La Condesa y su esposo cambiaron una mirada siniestra. El joven, en su
-perplejidad, apenas acert a devolver al Conde su saludo. Vi que
+perplejidad, apenas acertó a devolver al Conde su saludo. Vi que
entraron y salieron criados; vi que trajeron un servicio de te y
-desaparecieron despus, dejando solos a<a name="page_041" id="page_041"></a> los tres personajes. Iba a
+desaparecieron después, dejando solos a<a name="page_041" id="page_041"></a> los tres personajes. Iba a
pasar algo terrible.</p>
-<p>Sentronse: la Condesa pareca difunta, el Conde afectaba una hilaridad
-aturdida, semejante a la embriaguez, y el joven callaba, contestndole
-slo con monoslabos. Sirvi el te, y el Conde alarg a Rafael una de
-las tazas, no una cualquiera, sino una determinada. La Condesa mir
-aquella taza con tal expresin de espanto, que pareci echar en ella
-todo su espritu. Bebieron en silencio, acompaando la pocin con muchas
+<p>Sentáronse: la Condesa parecía difunta, el Conde afectaba una hilaridad
+aturdida, semejante a la embriaguez, y el joven callaba, contestándole
+sólo con monosílabos. Sirvió el te, y el Conde alargó a Rafael una de
+las tazas, no una cualquiera, sino una determinada. La Condesa miró
+aquella taza con tal expresión de espanto, que pareció echar en ella
+todo su espíritu. Bebieron en silencio, acompañando la poción con muchas
variedades de las sabrosas pastas <i>Huntley and Palmers</i>, y otras
-menudencias propias de tal clase de cena. Despus el Conde volvi a reir
-con la desaforada y ruidosa expansin que le era peculiar aquella noche,
+menudencias propias de tal clase de cena. Después el Conde volvió a reir
+con la desaforada y ruidosa expansión que le era peculiar aquella noche,
y dijo:</p>
-<p>&mdash;Cmo nos aburrimos! Usted, Rafael, no dice una palabra. Antonia, toca
-algo. Hace tanto tiempo que no te omos. Mira... aquella pieza de
+<p>&mdash;¡Cómo nos aburrimos! Usted, Rafael, no dice una palabra. Antonia, toca
+algo. Hace tanto tiempo que no te oímos. Mira... aquella pieza de
Gorstchack que se titula <i>Morte</i>... La tocabas admirablemente. Vamos,
ponte al piano.</p>
-<p>La Condesa quiso hablar; rale imposible articular palabra. El Conde la
-mir de tal modo, que la infeliz cedi ante la terrible expresin de sus
-ojos, como la paloma fascinada por el boa <i>constrictor</i>. Se levant
-dirigindose al piano, y ya all, el marido debi decirle algo que la
-aterr ms, acabando de ponerla bajo su infernal dominio.<a name="page_042" id="page_042"></a> Son el
+<p>La Condesa quiso hablar; érale imposible articular palabra. El Conde la
+miró de tal modo, que la infeliz cedió ante la terrible expresión de sus
+ojos, como la paloma fascinada por el boa <i>constrictor</i>. Se levantó
+dirigiéndose al piano, y ya allí, el marido debió decirle algo que la
+aterró más, acabando de ponerla bajo su infernal dominio.<a name="page_042" id="page_042"></a> Sonó el
piano, heridas a la vez multitud de cuerdas, y corriendo de las graves a
las agudas, las manos de la dama despertaron en un segundo los
-centenares de sonidos que dorman mudos en el fondo de la caja. Al
-principio era la msica una confusa reunin de sones que aturda en vez
-de agradar; pero luego serense aquella tempestad, y un canto fnebre y
-temeroso como el <i>Dies ir</i> surgi de tal desorden. Yo crea escuchar el
-son triste de un coro de cartujos, acompaado con el bronco mugido de
-los fagots. Sentanse despus ayes lastimeros como nos figuramos han de
-ser los que exhalan las nimas, condenadas en el purgatorio a pedir
-incesantemente un perdn que ha de llegar muy tarde.</p>
-
-<p>Volvan luego los arpegios prolongados y ruidosos, y las notas se
-encabritaban unas sobre otras como disputndose cul ha de llegar
-primero. Se hacan y deshacan los acordes, como se forma y desbarata la
-espuma de las olas. La armona fluctuaba y herva en una marejada sin
-fin, alejndose hasta perderse, y volviendo ms fuerte en grandes y
+centenares de sonidos que dormían mudos en el fondo de la caja. Al
+principio era la música una confusa reunión de sones que aturdía en vez
+de agradar; pero luego serenóse aquella tempestad, y un canto fúnebre y
+temeroso como el <i>Dies iræ</i> surgió de tal desorden. Yo creía escuchar el
+son triste de un coro de cartujos, acompañado con el bronco mugido de
+los fagots. Sentíanse después ayes lastimeros como nos figuramos han de
+ser los que exhalan las ánimas, condenadas en el purgatorio a pedir
+incesantemente un perdón que ha de llegar muy tarde.</p>
+
+<p>Volvían luego los arpegios prolongados y ruidosos, y las notas se
+encabritaban unas sobre otras como disputándose cuál ha de llegar
+primero. Se hacían y deshacían los acordes, como se forma y desbarata la
+espuma de las olas. La armonía fluctuaba y hervía en una marejada sin
+fin, alejándose hasta perderse, y volviendo más fuerte en grandes y
atropellados remolinos.</p>
-<p>Yo continuaba extasiado oyendo la msica imponente y majestuosa; no
-poda ver el semblante de la Condesa, sentada de espaldas a m; pero me
-la figuraba en<a name="page_043" id="page_043"></a> tal estado de aturdimiento y pavor, que llegu a pensar
+<p>Yo continuaba extasiado oyendo la música imponente y majestuosa; no
+podía ver el semblante de la Condesa, sentada de espaldas a mí; pero me
+la figuraba en<a name="page_043" id="page_043"></a> tal estado de aturdimiento y pavor, que llegué a pensar
que el piano se tocaba solo.</p>
-<p>El joven estaba detrs de ella, el Conde a su derecha, apoyado en el
-piano. De vez en cuando levantaba ella la vista para mirarle; pero deba
-encontrar expresin muy horrenda en los ojos de su consorte, porque
-tornaba a bajar los suyos y segua tocando. De repente el piano ces de
-sonar y la Condesa di un grito.</p>
+<p>El joven estaba detrás de ella, el Conde a su derecha, apoyado en el
+piano. De vez en cuando levantaba ella la vista para mirarle; pero debía
+encontrar expresión muy horrenda en los ojos de su consorte, porque
+tornaba a bajar los suyos y seguía tocando. De repente el piano cesó de
+sonar y la Condesa dió un grito.</p>
-<p>En aquel instante sent un fortsimo golpe en un hombro, me sacud
-violentamente y despert.</p>
+<p>En aquel instante sentí un fortísimo golpe en un hombro, me sacudí
+violentamente y desperté.</p>
<h3>V</h3>
-<p>En la agitacin de mi sueo haba cambiado de postura y me haba dejado
+<p>En la agitación de mi sueño había cambiado de postura y me había dejado
caer sobre la venerable inglesa que a mi lado iba.</p>
-<p>&mdash;Aaah! usted... <i>sleeping</i>... molestar... <i>mi</i>&mdash;dijo con avinagrado
-mohn, mientras rechazaba mi paquete de libros que haba cado sobre sus
+<p>&mdash;¡Aaah! usted... <i>sleeping</i>... molestar... <i>mi</i>&mdash;dijo con avinagrado
+mohín, mientras rechazaba mi paquete de libros que había caído sobre sus
rodillas.</p>
-<p>&mdash;Seora... es verdad... me dorm&mdash;contest turbado al ver que todos los
-viajeros se rean de aquella escena.</p>
+<p>&mdash;Señora... es verdad... me dormí&mdash;contesté turbado al ver que todos los
+viajeros se reían de aquella escena.</p>
-<p>&mdash;Oooh!... yo soy... <i>going</i>... <i>to</i> decir al<a name="page_044" id="page_044"></a> <i>coachman</i>... usted
-molestar... mi... usted, caballero... <i>very shocking</i>&mdash;aadi la inglesa
-en su jerga ininteligible.&mdash;<i>Oooh!</i> usted creer... <i>my body</i> es... su
-cama <i>for usted</i>... <i>to sleep. Oooh! gentleman you are a stupid ass</i>.</p>
+<p>&mdash;¡Oooh!... yo soy... <i>going</i>... <i>to</i> decir al<a name="page_044" id="page_044"></a> <i>coachman</i>... usted
+molestar... mi... usted, caballero... <i>very shocking</i>&mdash;añadió la inglesa
+en su jerga ininteligible.&mdash;<i>¡Oooh!</i> usted creer... <i>my body</i> es... su
+cama <i>for usted</i>... <i>to sleep. ¡Oooh! gentleman you are a stupid ass</i>.</p>
-<p>Al decir esto, la hija de la Gran Bretaa, que era de s bastante
-amoratada, estaba lo mismo que un tomate. Creyrase que la sangre
+<p>Al decir esto, la hija de la Gran Bretaña, que era de sí bastante
+amoratada, estaba lo mismo que un tomate. Creyérase que la sangre
agolpada a sus carrillos y a su nariz a brotar iba por sus candentes
poros. Me mostraba cuatro dientes puntiagudos y muy blancos, como si me
-quisiera roer. Le ped mil perdones por mi sueo descorts, recog mi
-paquete y pas revista a las nuevas caras que dentro del coche haba.
-Figrate, oh cachazudo y benvolo lector! cul sera mi sorpresa
-cuando vi frente a m, a quin creers? Al joven de la escena soada,
-al mismo don Rafael en persona. Me restregu los ojos para convencerme
-de que no dorma, y en efecto, despierto estaba y tan despierto como
+quisiera roer. Le pedí mil perdones por mi sueño descortés, recogí mi
+paquete y pasé revista a las nuevas caras que dentro del coche había.
+Figúrate, ¡oh cachazudo y benévolo lector! ¡cuál sería mi sorpresa
+cuando vi frente a mí, ¿a quién creerás? Al joven de la escena soñada,
+al mismo don Rafael en persona. Me restregué los ojos para convencerme
+de que no dormía, y en efecto, despierto estaba y tan despierto como
ahora.</p>
-<p>Era l, el mismo, y conversaba con otro que a su lado iba. Puse atencin
-y escuch con toda mi alma.</p>
-
-<p>&mdash;Pero t no sospechaste nada?&mdash;le deca el otro.</p>
-
-<p>&mdash;Algo, s; pero call. Pareca difunta; tal era su terror. Su marido la
-mand tocar el piano y ella no se atrevi a resistir.<a name="page_045" id="page_045"></a> Toc, como
-siempre, de una manera admirable, y oyndola llegu a olvidarme de la
-peligrosa situacin en que nos encontrbamos. A pesar de los esfuerzos
-que ella haca para aparecer serena, lleg un momento en que le fu
-imposible fingir ms. Sus brazos se aflojaron, y resbalando de las
-teclas ech la cabeza atrs y di un grito. Entonces su marido sac un
-pual, y dando un paso hacia ella exclam con furia: Toca o te mato al
-instante. Al ver esto hirvi mi sangre toda: quise echarme sobre aquel
-miserable; pero sent en mi cuerpo una sensacin que no puedo pintarte;
-cre que repentinamente se haba encendido una hoguera en mi estmago;
-fuego corra por mis venas; las sienes me latieron, y ca al suelo sin
+<p>Era él, el mismo, y conversaba con otro que a su lado iba. Puse atención
+y escuché con toda mi alma.</p>
+
+<p>&mdash;¿Pero tú no sospechaste nada?&mdash;le decía el otro.</p>
+
+<p>&mdash;Algo, sí; pero callé. Parecía difunta; tal era su terror. Su marido la
+mandó tocar el piano y ella no se atrevió a resistir.<a name="page_045" id="page_045"></a> Tocó, como
+siempre, de una manera admirable, y oyéndola llegué a olvidarme de la
+peligrosa situación en que nos encontrábamos. A pesar de los esfuerzos
+que ella hacía para aparecer serena, llegó un momento en que le fué
+imposible fingir más. Sus brazos se aflojaron, y resbalando de las
+teclas echó la cabeza atrás y dió un grito. Entonces su marido sacó un
+puñal, y dando un paso hacia ella exclamó con furia: «Toca o te mato al
+instante.» Al ver esto hirvió mi sangre toda: quise echarme sobre aquel
+miserable; pero sentí en mi cuerpo una sensación que no puedo pintarte;
+creí que repentinamente se había encendido una hoguera en mi estómago;
+fuego corría por mis venas; las sienes me latieron, y caí al suelo sin
sentido.</p>
-<p>&mdash;Y antes, no conociste los sntomas del envenenamiento?&mdash;le pregunt
+<p>&mdash;Y antes, ¿no conociste los síntomas del envenenamiento?&mdash;le preguntó
el otro.</p>
-<p>&mdash;Notaba cierta desazn y sospech vagamente, pero nada ms. El veneno
-estaba bien preparado, porque hizo el efecto tarde y no me mat, aunque
-s me ha dejado una enfermedad para toda la vida.</p>
+<p>&mdash;Notaba cierta desazón y sospeché vagamente, pero nada más. El veneno
+estaba bien preparado, porque hizo el efecto tarde y no me mató, aunque
+sí me ha dejado una enfermedad para toda la vida.</p>
-<p>&mdash;Y despus que perdiste el sentido, qu pas?</p>
+<p>&mdash;Y después que perdiste el sentido, ¿qué pasó?</p>
<p>Rafael iba a contestar y yo le escuchaba como si de sus palabras
-pendiera un secreto de vida o muerte, cuando el coche par.<a name="page_046" id="page_046"></a></p>
+pendiera un secreto de vida o muerte, cuando el coche paró.<a name="page_046" id="page_046"></a></p>
-<p>&mdash;Ah! ya estamos en los Consejos: bajemos&mdash;dijo Rafael.</p>
+<p>&mdash;¡Ah! ya estamos en los Consejos: bajemos&mdash;dijo Rafael.</p>
-<p>Qu contrariedad! Se marchaban, y yo no saba el fin de la historia.</p>
+<p>¡Qué contrariedad! Se marchaban, y yo no sabía el fin de la historia.</p>
<p>&mdash;Caballero, caballero, una palabra&mdash;dije al verlos salir.</p>
-<p>El joven se detuvo y me mir.</p>
+<p>El joven se detuvo y me miró.</p>
-<p>&mdash;Y la Condesa? Qu fu de esa seora?&mdash;pregunt con mucho afn.</p>
+<p>&mdash;¿Y la Condesa? ¿Qué fué de esa señora?&mdash;pregunté con mucho afán.</p>
-<p>Una carcajada general fu la nica respuesta. Los dos jvenes, rindose
-tambin, salieron sin contestarme palabra. El nico sr vivo que
-conserv su serenidad de esfinge en tan cmica escena fu la inglesa,
-que indignada de mis extravagancias, se volvi a los dems viajeros
+<p>Una carcajada general fué la única respuesta. Los dos jóvenes, riéndose
+también, salieron sin contestarme palabra. El único sér vivo que
+conservó su serenidad de esfinge en tan cómica escena fué la inglesa,
+que indignada de mis extravagancias, se volvió a los demás viajeros
diciendo:</p>
-<p>&mdash;<i>Oooh! A lunatic fellow</i>.</p>
+<p>&mdash;<i>¡Oooh! A lunatic fellow</i>.</p>
<h3>VI</h3>
-<p>El coche segua y a m me abrasaba la curiosidad por saber qu haba
-sido de la desdichada Condesa. La mat su marido? Yo me haca cargo de
+<p>El coche seguía y a mí me abrasaba la curiosidad por saber qué había
+sido de la desdichada Condesa. ¿La mató su marido? Yo me hacía cargo de
las intenciones de aquel malvado. Ansioso de gozarse en su venganza,
-como todas las almas crueles, quera que su mujer presenciase, sin dejar
-de tocar, la agona de aquel incauto<a name="page_047" id="page_047"></a> joven llevado all por una vil
+como todas las almas crueles, quería que su mujer presenciase, sin dejar
+de tocar, la agonía de aquel incauto<a name="page_047" id="page_047"></a> joven llevado allí por una vil
celada de Mudarra.</p>
<p>Mas era imposible que la dama continuara haciendo desesperados esfuerzos
-por mantener su serenidad, sabiendo que Rafael haba bebido el veneno.
-Trgica y espeluznante escena!&mdash;pensaba yo, ms convencido cada vez de
-la realidad de aquel suceso&mdash;y luego dirn que estas cosas slo se ven
+por mantener su serenidad, sabiendo que Rafael había bebido el veneno.
+¡Trágica y espeluznante escena!&mdash;pensaba yo, más convencido cada vez de
+la realidad de aquel suceso&mdash;¡y luego dirán que estas cosas sólo se ven
en las novelas!</p>
-<p>Al pasar por delante de Palacio el coche se detuvo, y entr una mujer
-que traa un perrillo en sus brazos. Al instante reconoc al perro que
-haba visto recostado a los pies de la Condesa; era el mismo, la misma
+<p>Al pasar por delante de Palacio el coche se detuvo, y entró una mujer
+que traía un perrillo en sus brazos. Al instante reconocí al perro que
+había visto recostado a los pies de la Condesa; era el mismo, la misma
lana blanca y fina, la misma mancha negra en una de sus orejas. La
suerte quiso que aquella mujer se sentara a mi lado. No pudiendo yo
-resistir la curiosidad, le pregunt:</p>
+resistir la curiosidad, le pregunté:</p>
-<p>&mdash;Es de usted ese perro tan bonito?</p>
+<p>&mdash;¿Es de usted ese perro tan bonito?</p>
-<p>&mdash;Pues de quin ha de ser? Le gusta a usted?</p>
+<p>&mdash;¿Pues de quién ha de ser? ¿Le gusta a usted?</p>
-<p>Cog una de las orejas del inteligente animal para hacerle una caricia;
-pero l, insensible a mis demostraciones de cario, ladr, di un salto
-y puso sus patas sobre las rodillas de la inglesa, que me volvi a
-ensear sus dos dientes como querindome roer, y exclam:</p>
+<p>Cogí una de las orejas del inteligente animal para hacerle una caricia;
+pero él, insensible a mis demostraciones de cariño, ladró, dió un salto
+y puso sus patas sobre las rodillas de la inglesa, que me volvió a
+enseñar sus dos dientes como queriéndome roer, y exclamó:</p>
-<p>&mdash;Ooooh! usted... <i>unsupportable</i>.</p>
+<p>&mdash;¡Ooooh! usted... <i>unsupportable</i>.</p>
-<p>&mdash;Y dnde ha adquirido usted ese perro?<a name="page_048" id="page_048"></a>&mdash;pregunt sin hacer caso de la
-nueva explosin colrica de la mujer britnica.&mdash;Se puede saber?</p>
+<p>&mdash;¿Y dónde ha adquirido usted ese perro?<a name="page_048" id="page_048"></a>&mdash;pregunté sin hacer caso de la
+nueva explosión colérica de la mujer británica.&mdash;¿Se puede saber?</p>
-<p>&mdash;Era de mi seorita.</p>
+<p>&mdash;Era de mi señorita.</p>
-<p>&mdash;Y qu fu de su seorita?&mdash;dije con la mayor ansiedad.</p>
+<p>&mdash;¿Y qué fué de su señorita?&mdash;dije con la mayor ansiedad.</p>
-<p>&mdash;Ah! Usted la conoca?&mdash;repuso la mujer.&mdash;Era muy buena, <i>verd
-ust?</i></p>
+<p>&mdash;¡Ah! ¿Usted la conocía?&mdash;repuso la mujer.&mdash;Era muy buena, <i>¿verdá
+usté?</i></p>
-<p>&mdash;Oh! excelente... Pero podra yo saber en qu par todo aquello?</p>
+<p>&mdash;¡Oh! excelente... Pero ¿podría yo saber en qué paró todo aquello?</p>
-<p>&mdash;De modo que usted est enterado, usted tiene noticias...</p>
+<p>&mdash;De modo que usted está enterado, usted tiene noticias...</p>
-<p>&mdash;S, seora... He sabido todo lo que ha pasado, hasta aquello del te...
-pues. Y diga usted, muri la seora?</p>
+<p>&mdash;Sí, señora... He sabido todo lo que ha pasado, hasta aquello del te...
+pues. Y diga usted, ¿murió la señora?</p>
-<p>&mdash;Ah! S, seor: est en la gloria.</p>
+<p>&mdash;¡Ah! Sí, señor: está en la gloria.</p>
-<p>&mdash;Y cmo fu eso? La asesinaron, o fu a consecuencia del susto.</p>
+<p>&mdash;¿Y cómo fué eso? La asesinaron, o fué a consecuencia del susto.</p>
-<p>&mdash;Qu asesinato, ni qu susto!&mdash;dijo con expresin burlona.&mdash;Usted no
-est enterado. Fu que aquella noche haba comido no s qu, pues... y
-le hizo dao... Le di un desmayo que le dur hasta el amanecer.</p>
+<p>&mdash;¡Qué asesinato, ni qué susto!&mdash;dijo con expresión burlona.&mdash;Usted no
+está enterado. Fué que aquella noche había comido no sé qué, pues... y
+le hizo daño... Le dió un desmayo que le duró hasta el amanecer.</p>
-<p>&mdash;Bah&mdash;pens yo&mdash;sta no sabe una palabra del incidente del piano y del
+<p>&mdash;Bah&mdash;pensé yo&mdash;ésta no sabe una palabra del incidente del piano y del
veneno, o no quiere darse por entendida.</p>
-<p>Despus dije en alta voz:</p>
+<p>Después dije en alta voz:</p>
-<p>&mdash;Con que fu de indigestin?</p>
+<p>&mdash;¿Con que fué de indigestión?</p>
-<p>&mdash;S, seor. Yo le haba dicho aquella noche: Seora: no coma usted
-esos mariscos; pero no me hizo caso.<a name="page_049" id="page_049"></a></p>
+<p>&mdash;Sí, señor. Yo le había dicho aquella noche: «Señora: no coma usted
+esos mariscos»; pero no me hizo caso.<a name="page_049" id="page_049"></a></p>
-<p>&mdash;Con que mariscos, eh?&mdash;dije con incredulidad.&mdash;Si sabr yo lo que ha
+<p>&mdash;Con que mariscos, ¿eh?&mdash;dije con incredulidad.&mdash;Si sabré yo lo que ha
ocurrido.</p>
-<p>&mdash;No lo cree usted?</p>
+<p>&mdash;¿No lo cree usted?</p>
-<p>&mdash;S... s&mdash;repuse aparentando creerlo.&mdash;Y el Conde, su marido, el que
-sac el pual cuando tocaba el piano?</p>
+<p>&mdash;Sí... sí&mdash;repuse aparentando creerlo.&mdash;¿Y el Conde, su marido, el que
+sacó el puñal cuando tocaba el piano?</p>
-<p>La mujer me mir un instante y despus solt la risa en mis propias
+<p>La mujer me miró un instante y después soltó la risa en mis propias
barbas.</p>
-<p>&mdash;Se re usted...? Bah! Piensa usted que no estoy perfectamente
+<p>&mdash;¿Se ríe usted...? ¡Bah! ¿Piensa usted que no estoy perfectamente
enterado? Ya comprendo; usted no quiere contar los hechos como realmente
-son. Ya se ve: como habr causa criminal...</p>
+son. Ya se ve: como habrá causa criminal...</p>
<p>&mdash;Es que ha hablado usted de un conde y de una condesa.</p>
-<p>&mdash;No era el ama de ese perro la seora Condesa, a quien el mayordomo
+<p>&mdash;¿No era el ama de ese perro la señora Condesa, a quien el mayordomo
Mudarra...</p>
-<p>La mujer volvi a soltar la risa con tal estrpito, que me desconcert,
-diciendo para mi capote: Esta debe de ser cmplice de Mudarra, y,
-naturalmente, ocultar todo lo que pueda.</p>
+<p>La mujer volvió a soltar la risa con tal estrépito, que me desconcerté,
+diciendo para mi capote: Esta debe de ser cómplice de Mudarra, y,
+naturalmente, ocultará todo lo que pueda.</p>
-<p>&mdash;Usted est loco&mdash;aadi la desconocida.</p>
+<p>&mdash;Usted está loco&mdash;añadió la desconocida.</p>
-<p>&mdash;<i>Lunatic</i>, <i>lunatic</i>. <i>M</i>... <i>suffocated</i>... <i>Oooh! my Godi!</i></p>
+<p>&mdash;<i>Lunatic</i>, <i>lunatic</i>. <i>M</i>... <i>suffocated</i>... <i>¡Oooh! ¡my Godi!</i></p>
-<p>&mdash;Si lo s todo; vamos, no me lo oculte usted. Dgame de qu muri la
-seora Condesa.</p>
+<p>&mdash;Si lo sé todo; vamos, no me lo oculte usted. Dígame de qué murió la
+señora Condesa.</p>
-<p>&mdash;Qu condesa ni qu ocho cuartos,<a name="page_050" id="page_050"></a> hombre de Dios!&mdash;exclam la mujer,
-riendo con ms fuerza.</p>
+<p>&mdash;¡Qué condesa ni qué ocho cuartos,<a name="page_050" id="page_050"></a> hombre de Dios!&mdash;exclamó la mujer,
+riendo con más fuerza.</p>
-<p>&mdash;Si cree usted que me engaa a m con sus risitas!&mdash;contest.&mdash;La
+<p>&mdash;¡Si cree usted que me engaña a mí con sus risitas!&mdash;contesté.&mdash;La
Condesa ha muerto envenenada o asesinada; no me queda la menor duda.</p>
-<p>En esto lleg el coche al barrio de Pozas y yo al trmino de mi viaje.
-Salimos todos: la inglesa me ech una mirada que indicaba su regocijo
-por verse libre de m, y cada cual se dirigi a su destino. Yo segu a
-la mujer del perro, aturdindola con preguntas, hasta que se meti en su
-casa, riendo siempre de mi empeo en averiguar vidas ajenas. Al verme
-solo en la calle record el objeto de mi viaje y me dirig a la casa
-donde deba entregar aquellos libros. Devolvlos a la persona que me los
-haba pedido para leerlos, y me puse a pasear frente al Buen Suceso,
+<p>En esto llegó el coche al barrio de Pozas y yo al término de mi viaje.
+Salimos todos: la inglesa me echó una mirada que indicaba su regocijo
+por verse libre de mí, y cada cual se dirigió a su destino. Yo seguí a
+la mujer del perro, aturdiéndola con preguntas, hasta que se metió en su
+casa, riendo siempre de mi empeño en averiguar vidas ajenas. Al verme
+solo en la calle recordé el objeto de mi viaje y me dirigí a la casa
+donde debía entregar aquellos libros. Devolvílos a la persona que me los
+había pedido para leerlos, y me puse a pasear frente al Buen Suceso,
esperando a que saliese de nuevo el coche para regresar al extremo de
Madrid.</p>
-<p>No poda apartar de la imaginacin a la infortunada Condesa, y cada vez
-me confirmaba ms en mi idea de que la mujer con quien ltimamente habl
-haba querido engaarme, ocultando la verdad de la misteriosa tragedia.</p>
+<p>No podía apartar de la imaginación a la infortunada Condesa, y cada vez
+me confirmaba más en mi idea de que la mujer con quien últimamente hablé
+había querido engañarme, ocultando la verdad de la misteriosa tragedia.</p>
-<p>Esper mucho tiempo, y al fin, anocheciendo ya, el coche se dispuso a
-partir. Entr, y lo primero que mis ojos vieron fu la seora inglesa
-sentadita donde antes<a name="page_051" id="page_051"></a> estaba. Cuando me vi subir y tomar sitio a su
-lado, la expresin de su rostro no es definible; se puso otra vez como
+<p>Esperé mucho tiempo, y al fin, anocheciendo ya, el coche se dispuso a
+partir. Entré, y lo primero que mis ojos vieron fué la señora inglesa
+sentadita donde antes<a name="page_051" id="page_051"></a> estaba. Cuando me vió subir y tomar sitio a su
+lado, la expresión de su rostro no es definible; se puso otra vez como
la grana, exclamando:</p>
-<p>&mdash;<i>Ooooh!</i>... usted... mi quejarse al <i>coachman</i>... usted reventar <i>mi
+<p>&mdash;<i>¡Ooooh!</i>... usted... mi quejarse al <i>coachman</i>... usted reventar <i>mi
fort it</i>.</p>
<p>Tan preocupado estaba yo con mis confusiones, que sin hacerme cargo de
-lo que la inglesa me deca en su hbrido y trabajoso lenguaje, le
-contest:</p>
+lo que la inglesa me decía en su híbrido y trabajoso lenguaje, le
+contesté:</p>
-<p>&mdash;Seora, no hay duda de que la Condesa muri envenenada o asesinada.
+<p>&mdash;Señora, no hay duda de que la Condesa murió envenenada o asesinada.
Usted no tiene idea de la ferocidad de aquel hombre.</p>
-<p>Segua el coche, y de trecho en trecho detenase para recoger pasajeros.
-Cerca del Palacio real entraron tres, tomando asiento enfrente de m.
+<p>Seguía el coche, y de trecho en trecho deteníase para recoger pasajeros.
+Cerca del Palacio real entraron tres, tomando asiento enfrente de mí.
Uno de ellos era un hombre alto, seco y huesudo, con muy severos ojos y
-un hablar campanudo que impona respeto.</p>
+un hablar campanudo que imponía respeto.</p>
-<p>No haca diez minutos que estaban all, cuando este hombre se volvi a
+<p>No hacía diez minutos que estaban allí, cuando este hombre se volvió a
los otros dos y dijo:</p>
-<p>&mdash;Pobrecilla! Cmo clamaba en sus ltimos instantes! La bala le entr
-por encima de la clavcula derecha y despus baj hasta el corazn.</p>
+<p>&mdash;¡Pobrecilla! ¡Cómo clamaba en sus últimos instantes! La bala le entró
+por encima de la clavícula derecha y después bajó hasta el corazón.</p>
-<p>&mdash;Cmo?&mdash;exclam yo repentinamente.&mdash;Conque fu de un tiro? No muri
-de una pualada?</p>
+<p>&mdash;¿Cómo?&mdash;exclamé yo repentinamente.&mdash;¿Conque fué de un tiro? ¿No murió
+de una puñalada?</p>
<p>Los tres se miraron con sorpresa.<a name="page_052" id="page_052"></a></p>
-<p>&mdash;De un tiro, s, seor&mdash;dijo con cierto desabrimiento el alto, seco y
+<p>&mdash;De un tiro, sí, señor&mdash;dijo con cierto desabrimiento el alto, seco y
huesoso.</p>
-<p>&mdash;Y aquella mujer sostena que haba muerto de una indigestin&mdash;dije,
-interesndome ms cada vez en aquel asunto.&mdash;Cuente usted, y cmo fu?</p>
+<p>&mdash;Y aquella mujer sostenía que había muerto de una indigestión&mdash;dije,
+interesándome más cada vez en aquel asunto.&mdash;Cuente usted, ¿y cómo fué?</p>
-<p>&mdash;Y a usted qu le importa?&mdash;dijo el otro, con muy avinagrado gesto.</p>
+<p>&mdash;¿Y a usted qué le importa?&mdash;dijo el otro, con muy avinagrado gesto.</p>
-<p>&mdash;Tengo mucho inters por conocer el fin de esa horrorosa tragedia. No
+<p>&mdash;Tengo mucho interés por conocer el fin de esa horrorosa tragedia. ¿No
es verdad que parece cosa de novela?</p>
-<p>&mdash;Qu novela ni que nio muerto? Usted est loco o quiere burlarse de
+<p>&mdash;¿Qué novela ni que niño muerto? Usted está loco o quiere burlarse de
nosotros.</p>
-<p>&mdash;Caballerito, cuidado con las bromas&mdash;aadi el alto y seco.</p>
+<p>&mdash;Caballerito, cuidado con las bromas&mdash;añadió el alto y seco.</p>
-<p>&mdash;Creen ustedes que no estoy enterado? Lo s todo, he presenciado
+<p>&mdash;¿Creen ustedes que no estoy enterado? Lo sé todo, he presenciado
varias escenas de ese horrendo crimen. Pero dicen ustedes que la Condesa
-muri de un pistoletazo.</p>
+murió de un pistoletazo.</p>
-<p>&mdash;Vlgame Dios! Nosotros no hemos hablado de Condesa, sino de mi perra,
+<p>&mdash;¡Válgame Dios! Nosotros no hemos hablado de Condesa, sino de mi perra,
a quien cazando, disparamos inadvertidamente un tiro. Si usted quiere
-bromear, puede buscarme en otro sitio, y ya le contestar como merece.</p>
-
-<p>&mdash;Ya, ya comprendo: ahora hay empeo en ocultar la verdad&mdash;manifest,
-juzgando que aquellos hombres queran desorientarme en mis pesquisas,
-convirtiendo en perra a la desdichada seora.<a name="page_053" id="page_053"></a></p>
-
-<p>Ya preparaba el otro su contestacin, sin duda ms enrgica de lo que el
-caso requera, cuando la inglesa se llev el dedo a la sien, como para
-indicarles que yo no rega bien de la cabeza. Calmronse con esto, y no
-dijeron una palabra ms en todo el viaje, que termin para ellos en la
-Puerta del Sol. Sin duda me haban tenido miedo.</p>
-
-<p>Yo continuaba tan dominado por aquella idea, que en vano quera serenar
-mi espritu, razonando los verdaderos trminos de tan embrollada
-cuestin. Pero cada vez eran mayores mis confusiones, y la imagen de la
-pobre seora no se apartaba de mi pensamiento. En todos los semblantes
-que iban sucedindose dentro del coche, crea ver algo que contribuyera
-a explicar el enigma. Senta yo una sobrexcitacin cerebral espantosa, y
-sin duda el trastorno interior deba pintarse en mi rostro, porque todos
-me miraban como se mira lo que no se ve todos los das.</p>
+bromear, puede buscarme en otro sitio, y ya le contestaré como merece.</p>
+
+<p>&mdash;Ya, ya comprendo: ahora hay empeño en ocultar la verdad&mdash;manifesté,
+juzgando que aquellos hombres querían desorientarme en mis pesquisas,
+convirtiendo en perra a la desdichada señora.<a name="page_053" id="page_053"></a></p>
+
+<p>Ya preparaba el otro su contestación, sin duda más enérgica de lo que el
+caso requería, cuando la inglesa se llevó el dedo a la sien, como para
+indicarles que yo no regía bien de la cabeza. Calmáronse con esto, y no
+dijeron una palabra más en todo el viaje, que terminó para ellos en la
+Puerta del Sol. Sin duda me habían tenido miedo.</p>
+
+<p>Yo continuaba tan dominado por aquella idea, que en vano quería serenar
+mi espíritu, razonando los verdaderos términos de tan embrollada
+cuestión. Pero cada vez eran mayores mis confusiones, y la imagen de la
+pobre señora no se apartaba de mi pensamiento. En todos los semblantes
+que iban sucediéndose dentro del coche, creía ver algo que contribuyera
+a explicar el enigma. Sentía yo una sobrexcitación cerebral espantosa, y
+sin duda el trastorno interior debía pintarse en mi rostro, porque todos
+me miraban como se mira lo que no se ve todos los días.</p>
<h3>VII</h3>
-<p>Aun faltaba algn incidente que haba de turbar ms mi cabeza en aquel
-viaje fatal. Al pasar por la calle de Alcal, entr<a name="page_054" id="page_054"></a> un caballero con su
-seora: l qued junto a m. Era un hombre que pareca afectado de
-fuerte y reciente impresin, y hasta cre que alguna vez se llev el
-pauelo a los ojos para enjugar las invisibles lgrimas, que sin duda
-corran bajo el cristal verde obscuro de sus descomunales antiparras.</p>
+<p>Aun faltaba algún incidente que había de turbar más mi cabeza en aquel
+viaje fatal. Al pasar por la calle de Alcalá, entró<a name="page_054" id="page_054"></a> un caballero con su
+señora: él quedó junto a mí. Era un hombre que parecía afectado de
+fuerte y reciente impresión, y hasta creí que alguna vez se llevó el
+pañuelo a los ojos para enjugar las invisibles lágrimas, que sin duda
+corrían bajo el cristal verde obscuro de sus descomunales antiparras.</p>
-<p>Al poco rato de estar all dijo en voz baja a la que pareca ser su
+<p>Al poco rato de estar allí dijo en voz baja a la que parecía ser su
mujer:</p>
<p>Pues hay sospechas de envenenamiento: no lo dudes. Me lo acaba de decir
-don Mateo. Desdichada mujer!</p>
+don Mateo. ¡Desdichada mujer!</p>
-<p>&mdash;Qu horror! Ya me lo he figurado tambin&mdash;contest su consorte. De
-tales cafres qu se poda esperar?</p>
+<p>&mdash;¡Qué horror! Ya me lo he figurado también&mdash;contestó su consorte. De
+tales cafres ¿qué se podía esperar?</p>
<p>&mdash;Juro no dejar piedra sobre piedra hasta averiguarlo.</p>
-<p>Yo, que era todo odos, dije tambin en voz baja:</p>
+<p>Yo, que era todo oídos, dije también en voz baja:</p>
-<p>&mdash;S, seor; hubo envenenamiento. Me consta.</p>
+<p>&mdash;Sí, señor; hubo envenenamiento. Me consta.</p>
-<p>&mdash;Cmo, usted sabe? Usted tambin la conoca?&mdash;dijo vivamente el de
-las antiparras verdes, volvindose hacia m.</p>
+<p>&mdash;¿Cómo, usted sabe? ¿Usted también la conocía?&mdash;dijo vivamente el de
+las antiparras verdes, volviéndose hacia mí.</p>
-<p>&mdash;S, seor; y no dudo que la muerte ha sido violenta, por ms que
-quieran hacernos creer que fu indigestin.</p>
+<p>&mdash;Sí, señor; y no dudo que la muerte ha sido violenta, por más que
+quieran hacernos creer que fué indigestión.</p>
-<p>&mdash;Lo mismo afirmo yo. Qu excelente mujer! Pero cmo sabe usted...?</p>
+<p>&mdash;Lo mismo afirmo yo. ¡Qué excelente mujer! ¿Pero cómo sabe usted...?</p>
-<p>&mdash;Lo s, lo s&mdash;repuse muy satisfecho de que aquel no me tuviera por
+<p>&mdash;Lo sé, lo sé&mdash;repuse muy satisfecho de que aquel no me tuviera por
loco.<a name="page_055" id="page_055"></a></p>
-<p>&mdash;Luego usted ir a declarar al Juzgado; porque ya se est formando la
+<p>&mdash;Luego usted irá a declarar al Juzgado; porque ya se está formando la
sumaria.</p>
-<p>&mdash;Me alegro, para que castiguen a esos bribones. Ir a declarar, ir a
-declarar, s, seor.</p>
+<p>&mdash;Me alegro, para que castiguen a esos bribones. Iré a declarar, iré a
+declarar, sí, señor.</p>
-<p>A tal extremo haba llegado mi obcecacin, que conclu por penetrarme de
-aquel suceso, mitad soado, mitad ledo, y lo cre como ahora creo que
+<p>A tal extremo había llegado mi obcecación, que concluí por penetrarme de
+aquel suceso, mitad soñado, mitad leído, y lo creí como ahora creo que
es pluma esto con que escribo.</p>
-<p>&mdash;Pues s, seor; es preciso aclarar este enigma para que se castigue a
-los autores del crimen. Yo declarar. Fu envenenada con una taza de te,
+<p>&mdash;Pues sí, señor; es preciso aclarar este enigma para que se castigue a
+los autores del crimen. Yo declararé. Fué envenenada con una taza de te,
lo mismo que el joven.</p>
<p>&mdash;Oye, Petronila&mdash;dijo a su esposa el de las antiparras&mdash;; con una taza
de te.</p>
-<p>&mdash;S, estoy asombrada&mdash;contest la seora.&mdash;Cuidado con lo que fueron a
+<p>&mdash;Sí, estoy asombrada&mdash;contestó la señora.&mdash;¡Cuidado con lo que fueron a
inventar esos malditos!</p>
-<p>-S, seor; con una taza de te.</p>
+<p>-Sí, señor; con una taza de te.</p>
<p>&mdash;La Condesa tocaba el piano.</p>
-<p>&mdash;Qu Condesa?&mdash;pregunt aquel hombre, interrumpindome.</p>
+<p>&mdash;¿Qué Condesa?&mdash;preguntó aquel hombre, interrumpiéndome.</p>
<p>&mdash;La Condesa, la envenenada.</p>
<p>&mdash;Si no se trata de ninguna Condesa, hombre de Dios.</p>
-<p>&mdash;Vamos; usted tambin es de los empeados en ocultarlo.</p>
+<p>&mdash;Vamos; usted también es de los empeñados en ocultarlo.</p>
<p>&mdash;Bah, bah; si en esto no ha habido ninguna condesa ni duquesa, sino
simplemente<a name="page_056" id="page_056"></a> la lavandera de mi casa, mujer del guardaagujas del Norte.</p>
-<p>&mdash;Lavandera, eh?&mdash;dije en tono de picarda.&mdash;Si tambin me querr
+<p>&mdash;¿Lavandera, eh?&mdash;dije en tono de picardía.&mdash;¡Si también me querrá
usted hacer tragar que es lavandera!</p>
-<p>El caballero y su esposa me miraron con expresin burlona, y despus se
+<p>El caballero y su esposa me miraron con expresión burlona, y después se
dijeron en voz baja algunas palabras. Por un gesto que vi hacer a la
-seora comprend que haba adquirido el profundo convencimiento de que
-yo estaba borracho. Llenme de resignacin ante tal ofensa, y call,
-contentndome con despreciar en silencio, cual conviene a las grandes
-almas, tan irreverente suposicin. Cada vez era mayor mi zozobra; la
-Condesa no se apartaba ni un instante de mi pensamiento, y haba llegado
+señora comprendí que había adquirido el profundo convencimiento de que
+yo estaba borracho. Llenéme de resignación ante tal ofensa, y callé,
+contentándome con despreciar en silencio, cual conviene a las grandes
+almas, tan irreverente suposición. Cada vez era mayor mi zozobra; la
+Condesa no se apartaba ni un instante de mi pensamiento, y había llegado
a interesarme tanto por su siniestro fin, como si todo ello no fuera
-elaboracin enfermiza de mi propia fantasa, impresionada por sucesivas
-visiones y dilogos. En fin, para que se comprenda a qu extremo lleg
-mi locura, voy a referir el ltimo incidente de aquel viaje; voy a decir
-con qu extravagancia puse trmino al doloroso pugilato de mi
-entendimiento, empeado en fuerte lucha con un ejrcito de sombras.</p>
+elaboración enfermiza de mi propia fantasía, impresionada por sucesivas
+visiones y diálogos. En fin, para que se comprenda a qué extremo llegó
+mi locura, voy a referir el último incidente de aquel viaje; voy a decir
+con qué extravagancia puse término al doloroso pugilato de mi
+entendimiento, empeñado en fuerte lucha con un ejército de sombras.</p>
<p>Entraba el coche por la calle de Serrano, cuando por la ventanilla que
-frente a m tena, mir a la calle, dbilmente iluminada por la escasa
+frente a mí tenía, miré a la calle, débilmente iluminada por la escasa
luz de los faroles, y<a name="page_057" id="page_057"></a> vi pasar a un hombre. Di un grito de sorpresa, y
-exclam desatinado:&mdash;Ah va, es l, el feroz Mudarra, el autor principal
-de tantas infamias.&mdash;Mand parar el coche, y sal, mejor dicho, salt a
-la puerta, tropezando con los pies y las piernas de los viajeros; baj a
-la calle y corr tras aquel hombre, gritando:&mdash;A ese, a ese, al
+exclamé desatinado:&mdash;Ahí va, es él, el feroz Mudarra, el autor principal
+de tantas infamias.&mdash;Mandé parar el coche, y salí, mejor dicho, salté a
+la puerta, tropezando con los pies y las piernas de los viajeros; bajé a
+la calle y corrí tras aquel hombre, gritando:&mdash;¡A ese, a ese, al
asesino!</p>
-<p>Jzguese cul sera el efecto producido por estas voces en el pacfico
+<p>Júzguese cuál sería el efecto producido por estas voces en el pacífico
barrio.</p>
-<p>Aquel sujeto, el mismo exactamente que yo haba visto en el coche por la
-tarde, fu detenido. Yo no cesaba de gritar:&mdash;Es el que prepar el
-veneno para la Condesa, el que asesin a la Condesa!</p>
+<p>Aquel sujeto, el mismo exactamente que yo había visto en el coche por la
+tarde, fué detenido. Yo no cesaba de gritar:&mdash;¡Es el que preparó el
+veneno para la Condesa, el que asesinó a la Condesa!</p>
-<p>Hubo un momento de indescriptible confusin. Afirm l que yo estaba
+<p>Hubo un momento de indescriptible confusión. Afirmó él que yo estaba
loco; pero que quieras que no, los dos fuimos conducidos a la
-prevencin. Despus perd por completo la nocin de lo que pasaba. No
+prevención. Después perdí por completo la noción de lo que pasaba. No
recuerdo lo que hice aquella noche en el sitio donde me encerraron. El
-recuerdo ms vivo que conservo de tan curioso lance fu el de haber
-despertado del profundo letargo en que ca, verdadera borrachera moral,
-producida, no s por qu, por uno de los pasajeros fenmenos de
-enajenacin que la ciencia estudia con gran cuidado como precursores de
+recuerdo más vivo que conservo de tan curioso lance fué el de haber
+despertado del profundo letargo en que caí, verdadera borrachera moral,
+producida, no sé por qué, por uno de los pasajeros fenómenos de
+enajenación que la ciencia estudia con gran cuidado como precursores de
la locura definitiva.</p>
<p>Como es de suponer, el suceso no tuvo<a name="page_058" id="page_058"></a> consecuencias, porque el
-antiptico personaje que bautic con el nombre de Mudarra, es un honrado
-comerciante de ultramarinos que jams haba envenenado a condesa alguna.
-Pero aun por mucho tiempo despus persista yo en mi engao, y sola
-exclamar:&mdash;Infortunada condesa; por ms que digan, yo siempre sigo en
-mis trece. Nadie me persuadir de que no acabaste tus das a mano de tu
-iracundo esposo...</p>
+antipático personaje que bauticé con el nombre de Mudarra, es un honrado
+comerciante de ultramarinos que jamás había envenenado a condesa alguna.
+Pero aun por mucho tiempo después persistía yo en mi engaño, y solía
+exclamar:&mdash;«Infortunada condesa; por más que digan, yo siempre sigo en
+mis trece. Nadie me persuadirá de que no acabaste tus días a mano de tu
+iracundo esposo...»</p>
<p>Ha sido preciso que transcurran meses para que las sombras vuelvan al
-ignorado sitio de donde surgieron volvindome loco, y torne la realidad
-a dominar en mi cabeza. Me ro siempre que recuerdo aquel viaje, y toda
-la consideracin que antes me inspiraba la soada vctima la dedico
-ahora, a quin creeris? A mi compaera de viaje en aquella angustiosa
-expedicin, a la irascible inglesa, a quien disloqu un pie en el
+ignorado sitio de donde surgieron volviéndome loco, y torne la realidad
+a dominar en mi cabeza. Me río siempre que recuerdo aquel viaje, y toda
+la consideración que antes me inspiraba la soñada víctima la dedico
+ahora, ¿a quién creeréis? A mi compañera de viaje en aquella angustiosa
+expedición, a la irascible inglesa, a quien disloqué un pie en el
momento de salir atropelladamente del coche para perseguir al supuesto
mayordomo.<a name="page_059" id="page_059"></a></p>
@@ -1345,7 +1294,7 @@ EN ITALIA&mdash;SIGLO XV</p>
<p class="esc">ACTO UNICO</p>
-<p>Calle. A un lado la fachada de un palacio seorial.</p>
+<p>Calle. A un lado la fachada de un palacio señorial.</p>
<p class="esc">ESCENA PRIMERA</p>
@@ -1354,7 +1303,7 @@ los ojos en una capa roja</i>.)</p>
<p class="nom">LEONELO (<i>saliendo</i>.)</p>
-<p>Seor! Don Juan!<a name="page_062" id="page_062"></a></p>
+<p>¡Señor! ¡Don Juan!<a name="page_062" id="page_062"></a></p>
<p class="nom">FABIO</p>
@@ -1362,25 +1311,25 @@ los ojos en una capa roja</i>.)</p>
<p class="nom">LEONELO</p>
-<p>Fabio!</p>
+<p>¡Fabio!</p>
<p class="nom">FABIO</p>
-<p>A tiempo llegas. Desde esta maana sin probar bocado... Cmo tardaste
+<p>A tiempo llegas. Desde esta mañana sin probar bocado... ¿Cómo tardaste
tanto?</p>
<p class="nom">LEONELO</p>
-<p>Media ciudad he corrido trayendo y llevando cartas... Pero Don Juan?...</p>
+<p>Media ciudad he corrido trayendo y llevando cartas... ¿Pero Don Juan?...</p>
<p class="nom">FABIO</p>
-<p>La ciudad, toda, que no media, correr de seguro llevando y trayendo su
-persona. En mal hora entramos a su servicio!</p>
+<p>La ciudad, toda, que no media, correrá de seguro llevando y trayendo su
+persona. ¡En mal hora entramos a su servicio!</p>
<p class="nom">LEONELO</p>
-<p>Y qu haces aqu disfrazado de esa suerte?<a name="page_063" id="page_063"></a></p>
+<p>¿Y qué haces aquí disfrazado de esa suerte?<a name="page_063" id="page_063"></a></p>
<p class="nom">FABIO</p>
@@ -1389,34 +1338,34 @@ rejas de la duquesa Isabel.</p>
<p class="nom">LEONELO</p>
-<p>Nuestro Don Juan est loco de vanidad. La duquesa Isabel es una dama
-virtuosa y no ceder por ms que l se obstine.</p>
+<p>Nuestro Don Juan está loco de vanidad. La duquesa Isabel es una dama
+virtuosa y no cederá por más que él se obstine.</p>
<p class="nom">FABIO</p>
-<p>Ha jurado no apartarse ni de da ni de noche de este sitio, hasta que
-ella consienta en oirle... y ya ves cmo cumple su juramento.</p>
+<p>Ha jurado no apartarse ni de día ni de noche de este sitio, hasta que
+ella consienta en oirle... y ya ves cómo cumple su juramento.</p>
<p class="nom">LEONELO</p>
-<p>Con una farsa indigna de un caballero! Mucho es que los servidores de
+<p>¡Con una farsa indigna de un caballero! Mucho es que los servidores de
la duquesa no te han echado a palos de la calle.</p>
<p class="nom">FABIO</p>
-<p>No tardarn en ello. Por eso te aguardaba impaciente. Don Juan ha
+<p>No tardarán en ello. Por eso te aguardaba impaciente. Don Juan ha
ordenado que<a name="page_064" id="page_064"></a> apenas llegaras ocupases mi puesto... el suyo quiero
decir. Demos la vuelta a la esquina por si nos observan desde el
-palacio, y tomars la capa y dems seales, que han de presentarte hasta
+palacio, y tomarás la capa y demás señales, que han de presentarte hasta
la hora de la paliza prometida... como al propio Don Juan.</p>
<p class="nom">LEONELO</p>
-<p>Dura servidumbre!</p>
+<p>¡Dura servidumbre!</p>
<p class="nom">FABIO</p>
-<p>Dura como la necesidad! De tal madre, tal hija. (<i>Salen</i>.)</p>
+<p>¡Dura como la necesidad! De tal madre, tal hija. (<i>Salen</i>.)</p>
<p class="esc">CUADRO SEGUNDO</p>
@@ -1428,19 +1377,19 @@ la hora de la paliza prometida... como al propio Don Juan.</p>
<p class="nom">CELIA (<i>Mirando por una ventana</i>.)</p>
-<p>Es increble, seora! Dos das con dos noches lleva ese caballero
+<p>¡Es increíble, señora! Dos días con dos noches lleva ese caballero
delante de nuestras ventanas.<a name="page_065" id="page_065"></a></p>
<p class="nom">DUQUESA</p>
-<p>Necio alarde! Si a tales medios debe su fama de seductor, a costa de
-mujeres bien fciles habr sido lograda... Y ese es Don Juan, el que
-cuenta sus conquistas amorosas por los das del ao? All en su tierra,
-en esa Espaa feroz, de moros, de judos y de fanticos cristianos, de
+<p>¡Necio alarde! Si a tales medios debe su fama de seductor, a costa de
+mujeres bien fáciles habrá sido lograda... ¿Y ese es Don Juan, el que
+cuenta sus conquistas amorosas por los días del año? Allá en su tierra,
+en esa España feroz, de moros, de judíos y de fanáticos cristianos, de
sangre impura abrasada por tentaciones infernales, entre devociones
-supersticiosas y severidad hipcrita, podr parecer terrible como
-demonio tentador. Las italianas no tememos al diablo. Los prncipes de
-la Iglesia romana nos envan de continuo indulgencias rimadas en dulces
+supersticiosas y severidad hipócrita, podrá parecer terrible como
+demonio tentador. Las italianas no tememos al diablo. Los príncipes de
+la Iglesia romana nos envían de continuo indulgencias rimadas en dulces
sonetos a lo Petrarca.</p>
<p class="nom">CELIA</p>
@@ -1449,19 +1398,19 @@ sonetos a lo Petrarca.</p>
<p class="nom">DUQUESA</p>
-<p>Es preciso terminar de una vez. No quiero ser fbula de la ciudad. Lleva
+<p>Es preciso terminar de una vez. No quiero ser fábula de la ciudad. Lleva
recado a ese caballero, de que las puertas de mi palacio y de mi
-estancia estn francas para l. Aqu le aguardo, sola... La duquesa
-Isabela no ha nacido para figurar como un nmero en la lista de Don
+estancia están francas para él. Aquí le aguardo, sola... La duquesa
+Isabela no ha nacido para figurar como un número en la lista de Don
Juan.<a name="page_066" id="page_066"></a></p>
<p class="nom">CELIA</p>
-<p>Seora, ved...</p>
+<p>Señora, ved...</p>
<p class="nom">DUQUESA</p>
-<p>Conduce a Don Juan hasta aqu. No tardes. (<i>Sale Celia</i>.)</p>
+<p>Conduce a Don Juan hasta aquí. No tardes. (<i>Sale Celia</i>.)</p>
<p class="esc">ESCENA III</p>
@@ -1470,116 +1419,116 @@ Juan.<a name="page_066" id="page_066"></a></p>
<p class="nom">LEONELO</p>
-<p>Seora!</p>
+<p>¡Señora!</p>
<p class="nom">DUQUESA</p>
-<p>Quin? No es Don Juan?... No rais vos el que rondaba mi palacio?</p>
+<p>¿Quién? ¿No es Don Juan?... ¿No érais vos el que rondaba mi palacio?</p>
<p class="nom">LEONELO</p>
-<p>S, yo era.<a name="page_067" id="page_067"></a></p>
+<p>Sí, yo era.<a name="page_067" id="page_067"></a></p>
<p class="nom">DUQUESA</p>
-<p>Dos das con dos noches.</p>
+<p>Dos días con dos noches.</p>
<p class="nom">LEONELO</p>
-<p>Algunas horas del da y algunas de noche.</p>
+<p>Algunas horas del día y algunas de noche.</p>
<p class="nom">DUQUESA</p>
-<p>Ah! Extremada burla! Sois uno de los rufianes que acompaan a Don
+<p>¡Ah! ¡Extremada burla! ¿Sois uno de los rufianes que acompañan a Don
Juan?</p>
<p class="nom">LEONELO</p>
-<p>Soy criado suyo, seora. Le sirvo a mi pesar.</p>
+<p>Soy criado suyo, señora. Le sirvo a mi pesar.</p>
<p class="nom">DUQUESA</p>
-<p>Mal empleis vuestra juventud.</p>
+<p>Mal empleáis vuestra juventud.</p>
<p class="nom">LEONELO</p>
-<p>Dichosos los que pueden seguir en la vida la senda de sus sueos!<a name="page_068" id="page_068"></a></p>
+<p>¡Dichosos los que pueden seguir en la vida la senda de sus sueños!<a name="page_068" id="page_068"></a></p>
<p class="nom">DUQUESA</p>
-<p>Camino muy bajo habis emprendido. Salid.</p>
+<p>Camino muy bajo habéis emprendido. Salid.</p>
<p class="nom">LEONELO</p>
-<p>Sin mensaje alguno de vuestra parte para Don Juan?</p>
+<p>¿Sin mensaje alguno de vuestra parte para Don Juan?</p>
<p class="nom">DUQUESA</p>
-<p>Insolente!</p>
+<p>¡Insolente!</p>
<p class="nom">LEONELO</p>
-<p>Supuesto que le habis llamado...</p>
+<p>Supuesto que le habéis llamado...</p>
<p class="nom">DUQUESA</p>
-<p>S, le llam para que por vez primera en su vida se hallare frente a
+<p>Sí, le llamé para que por vez primera en su vida se hallare frente a
frente de una mujer honrada, para que nunca pudiera decir que una dama
-como yo no tuvo ms defensa contra l que evitar su vista.</p>
+como yo no tuvo más defensa contra él que evitar su vista.</p>
<p class="nom">LEONELO</p>
-<p>As, como a vos ahora, o a muchas mujeres responder a Don Juan, y
+<p>Así, como a vos ahora, oí a muchas mujeres responder a Don Juan, y
muchas le<a name="page_069" id="page_069"></a> desafiaron como a vos y muchas como vos le recibieron
altivas...</p>
<p class="nom">DUQUESA</p>
-<p>Y Don Juan no escarmienta?</p>
+<p>¿Y Don Juan no escarmienta?</p>
<p class="nom">DUQUESA</p>
-<p>Y no escarmientan las mujeres! La muerte, el remordimiento, la
-desolacin son horribles y no pueden enamorarnos, pero las precede un
+<p>¡Y no escarmientan las mujeres! La muerte, el remordimiento, la
+desolación son horribles y no pueden enamorarnos, pero las precede un
mensajero seductor, hermoso, juvenil... el peligro, eterno enamorador de
-las mujeres... Evitad el peligro, creedme; no oigis a Don Juan...</p>
+las mujeres... Evitad el peligro, creedme; no oigáis a Don Juan...</p>
<p class="nom">DUQUESA</p>
-<p>Me confunds con el vulgo de las mujeres. No en vano andis al servicio
+<p>Me confundís con el vulgo de las mujeres. No en vano andáis al servicio
de ese caballero de fortuna.</p>
<p class="nom">LEONELO</p>
<p>No en vano llevo mi alma entristecida por tantas almas de nobles
-criaturas amantes de Don Juan. Cunto llor por ellas!<a name="page_070" id="page_070"></a> Mi corazn fu
-recogiendo los amores destrozados en su locura por mi seor y en mis
-sueos terminaron felices tantos amores de muerte y de llanto... Un
+criaturas amantes de Don Juan. ¡Cuánto lloré por ellas!<a name="page_070" id="page_070"></a> Mi corazón fué
+recogiendo los amores destrozados en su locura por mi señor y en mis
+sueños terminaron felices tantos amores de muerte y de llanto... ¡Un
solo amor de Don Juan hubiera sido la eterna ventura de mi vida!...
-Todo mi amor inmenso no hubiera bastado a consolar a una sola de sus
-enamoradas!... Riqusimo caudal de amor derrochado por Don Juan, junto
-a m, pobre mendigo de amor!...</p>
+¡Todo mi amor inmenso no hubiera bastado a consolar a una sola de sus
+enamoradas!... ¡Riquísimo caudal de amor derrochado por Don Juan, junto
+a mí, pobre mendigo de amor!...</p>
<p class="nom">DUQUESA</p>
-<p>Sois poeta? Slo un poeta se acomoda a vivir como vos, con el
+<p>¿Sois poeta? Sólo un poeta se acomoda a vivir como vos, con el
pensamiento y la conciencia en desacuerdo.</p>
<p class="nom">LEONELO</p>
-<p>Sabis de los poetas, seora; no sabis de los necesitados...</p>
+<p>Sabéis de los poetas, señora; no sabéis de los necesitados...</p>
<p class="nom">DUQUESA</p>
-<p>S... que no me pesa del engao de Don Juan... al oros... Ya me
-interesa saber de vuestra vida... Decidme qu os trajo a tan dura
-necesidad... No habr peligro en escucharos como en escuchar a Don
-Juan...<a name="page_071" id="page_071"></a> aunque seis mensajero suyo, como vos decs que el peligro es
+<p>Sé... que no me pesa del engaño de Don Juan... al oíros... Ya me
+interesa saber de vuestra vida... Decidme qué os trajo a tan dura
+necesidad... No habrá peligro en escucharos como en escuchar a Don
+Juan...<a name="page_071" id="page_071"></a> aunque seáis mensajero suyo, como vos decís que el peligro es
mensajero de la muerte... Hablad sin temor.</p>
<p class="nom">LEONELO</p>
-<p>Seora!</p>
+<p>¡Señora!</p>
<p class="esc">ESCENA IV</p>
@@ -1587,31 +1536,31 @@ mensajero de la muerte... Hablad sin temor.</p>
<p class="nom">DUQUESA</p>
-<p>Cmo llegis hasta m de esa manera? Y mi gente?... Hola!</p>
+<p>¿Cómo llegáis hasta mí de esa manera? ¿Y mi gente?... ¡Hola!</p>
<p class="nom">DON JUAN</p>
-<p>Perdonad. Pero comprenderis que no he de permitir que mi criado me
+<p>Perdonad. Pero comprenderéis que no he de permitir que mi criado me
sustituya tanto tiempo.</p>
<p class="nom">DUQUESA</p>
-<p>Con ventaja!<a name="page_072" id="page_072"></a></p>
+<p>¡Con ventaja!<a name="page_072" id="page_072"></a></p>
<p class="nom">DON JUAN</p>
-<p>No podis apreciarlo todava.</p>
+<p>No podéis apreciarlo todavía.</p>
<p class="nom">DUQUESA</p>
-<p>Oh! Basta ya!... (<i>A Leonelo</i>.) No dices que la necesidad te llev al
-indigno oficio de servir a este hombre? Te pesa la servidumbre? Ves
-cmo insultan a una dama en tu presencia y eres bien nacido? Ya eres
+<p>¡Oh! ¡Basta ya!... (<i>A Leonelo</i>.) ¿No dices que la necesidad te llevó al
+indigno oficio de servir a este hombre? ¿Te pesa la servidumbre? ¿Ves
+cómo insultan a una dama en tu presencia y eres bien nacido? Ya eres
libre... y rico...</p>
<p class="nom">DON JUAN</p>
-<p>Le tomis a vuestro servicio?</p>
+<p>¿Le tomáis a vuestro servicio?</p>
<p class="nom">DUQUESA</p>
@@ -1620,78 +1569,78 @@ Don Juan; mi amor es tuyo si sabes merecerlo...</p>
<p class="nom">LEONELO</p>
-<p>Vuestro amor!</p>
+<p>¡Vuestro amor!</p>
<p class="nom">DON JUAN</p>
-<p>A m te iguala. Eres noble por l.<a name="page_073" id="page_073"></a></p>
+<p>A mí te iguala. Eres noble por él.<a name="page_073" id="page_073"></a></p>
<p class="nom">LEONELO</p>
-<p>Seora!</p>
+<p>¡Señora!</p>
<p class="nom">DUQUESA</p>
-<p>Fuera la espada! Mi amor es tuyo... Lucha sin miedo. (<i>Don Juan y
+<p>¡Fuera la espada! Mi amor es tuyo... Lucha sin miedo. (<i>Don Juan y
Leonelo combaten. Cae muerto Leonelo</i>.)</p>
<p class="nom">LEONELO</p>
-<p>Ay de m!</p>
+<p>¡Ay de mí!</p>
<p class="nom">DUQUESA</p>
-<p>Dios mo!</p>
+<p>¡Dios mío!</p>
<p class="nom">DON JUAN</p>
-<p>Noble seora! Ved lo que cuesta una porfa...</p>
+<p>¡Noble señora! Ved lo que cuesta una porfía...</p>
<p class="nom">DUQUESA</p>
-<p>Muerto! Por m... Favor!... Dejadme salir! Tengo miedo, mucho
+<p>¡Muerto! Por mí... ¡Favor!... ¡Dejadme salir! Tengo miedo, mucho
miedo...</p>
<p class="nom">DON JUAN</p>
-<p>Estis conmigo...<a name="page_074" id="page_074"></a></p>
+<p>Estáis conmigo...<a name="page_074" id="page_074"></a></p>
<p class="nom">DUQUESA</p>
-<p>Se agolpa la gente ante las ventanas... Una muerte en mi casa!</p>
+<p>Se agolpa la gente ante las ventanas... ¡Una muerte en mi casa!</p>
<p class="nom">DON JUAN</p>
-<p>No temblis! Pasaron, oyeron ruido y se detuvieron... A mi cargo corre
-sacar de aqu el cadver sin que nadie sospeche...</p>
+<p>¡No tembléis! Pasaron, oyeron ruido y se detuvieron... A mi cargo corre
+sacar de aquí el cadáver sin que nadie sospeche...</p>
<p class="nom">DUQUESA</p>
-<p>Oh! S, salvad mi honor... Si supieran!</p>
+<p>¡Oh! Sí, salvad mi honor... ¡Si supieran!</p>
<p class="nom">DON JUAN</p>
-<p>No saldr de aqu sin dejaros tranquila...</p>
+<p>No saldré de aquí sin dejaros tranquila...</p>
<p class="nom">DUQUESA</p>
-<p>Oh! No puedo miraros, me dis espanto. Dejadme salir!</p>
+<p>¡Oh! No puedo miraros, me dáis espanto. ¡Dejadme salir!</p>
<p class="nom">DON JUAN</p>
-<p>No, aqu a mi lado... Yo tambin tengo miedo... de no veros... Por vos
-he dado<a name="page_075" id="page_075"></a> muerte a un desdichado... No me dejis o saldr de aqu para
-siempre y suceda lo que suceda... vos explicaris como podis el
+<p>No, aquí a mi lado... Yo también tengo miedo... de no veros... Por vos
+he dado<a name="page_075" id="page_075"></a> muerte a un desdichado... No me dejéis o saldré de aquí para
+siempre y suceda lo que suceda... vos explicaréis como podáis el
lance...</p>
<p class="nom">DUQUESA</p>
-<p>Oh, no me dejis! Pero lejos de m, no hablis, no os acerquis a m...
+<p>¡Oh, no me dejéis! Pero lejos de mí, no habléis, no os acerquéis a mí...
(<i>Queda en el mayor abatimiento</i>.)</p>
-<p class="nom">DON JUAN (<i>contemplndola aparte</i>.)</p>
+<p class="nom">DON JUAN (<i>contemplándola aparte</i>.)</p>
-<p>Es ma! Una ms!... (<i>Contemplando el cadver de Leonelo</i>.) Pobre
+<p>¡Es mía! ¡Una más!... (<i>Contemplando el cadáver de Leonelo</i>.) ¡Pobre
Leonelo!</p>
<p><a name="page_076" id="page_076"></a></p>
@@ -1699,7 +1648,7 @@ Leonelo!</p>
<p><a name="page_077" id="page_077"></a></p>
<h2><a name="Viernes_Santo" id="Viernes_Santo"></a>Viernes Santo.<br /><br />
-<small>(LA CONDESA DE PARDO BAZN)</small></h2>
+<small>(LA CONDESA DE PARDO BAZÁN)</small></h2>
<p><a name="page_078" id="page_078"></a></p>
@@ -1707,218 +1656,218 @@ Leonelo!</p>
<p class="head">VIERNES SANTO</p>
-<p>Fu el cura de Naya hombre comunicativo, afable y de entraas
-excelentes, quien me refiri el atroz sucedido, o, por mejor decir, la
-cadena de sucedidos atroces, que apenas creera yo a no coincidir y
-explicarse perfectamente por el relato del prroco las veladas
-indicaciones de la prensa y los rumores difundidos en el pas. Respetar
-la forma de la narracin, sintiendo no poder reproducir la expresin de
-la fisonoma ingenua y jovial del que narraba.</p>
-
-<p>Ya sabe usted&mdash;dijo&mdash;que, as como en Andaluca crece la flor de la
-canela, en este rincn de Galicia podemos alabarnos de cultivar la flor
-de los caciques. No s cmo sern los de otras partes; pero vamos, que
-los de por ac son de patente. Bien se acordar usted de aquel
-<i>Trampeta</i> y aquel <i>Barbacana</i>, que traan a Cebre convertido en un
+<p>Fué el cura de Naya hombre comunicativo, afable y de entrañas
+excelentes, quien me refirió el atroz sucedido, o, por mejor decir, la
+cadena de sucedidos atroces, que apenas creería yo a no coincidir y
+explicarse perfectamente por el relato del párroco las veladas
+indicaciones de la prensa y los rumores difundidos en el país. Respetaré
+la forma de la narración, sintiendo no poder reproducir la expresión de
+la fisonomía ingenua y jovial del que narraba.</p>
+
+<p>«Ya sabe usted&mdash;dijo&mdash;que, así como en Andalucía crece la flor de la
+canela, en este rincón de Galicia podemos alabarnos de cultivar la flor
+de los caciques. No sé cómo serán los de otras partes; pero vamos, que
+los de por acá son de patente. Bien se acordará usted de aquel
+<i>Trampeta</i> y aquel <i>Barbacana</i>, que traían a Cebre convertido en un
infierno. Trampeta ahora dice que se quiere meter en pocos belenes,
-porque ya no lo ahorcan por<a name="page_080" id="page_080"></a> treinta mil duros; y Barbacana, que est
-que no puede con los calzones, como se la tenan jurada unos cuantos y
-salv milagrosamente de dos o tres asechanzas, al fin ha determinado
-irse a pasar la vejez a Pontevedra, porque desea morir en su cama, segn
-conviene a los hombres honrados y a los cristianos viejos como l. Ja,
+porque ya no lo ahorcan por<a name="page_080" id="page_080"></a> treinta mil duros; y Barbacana, que está
+que no puede con los calzones, como se la tenían jurada unos cuantos y
+salvó milagrosamente de dos o tres asechanzas, al fin ha determinado
+irse a pasar la vejez a Pontevedra, porque desea morir en su cama, según
+conviene a los hombres honrados y a los cristianos viejos como él. ¡Ja,
ja...!</p>
-<p>Faltando o poco menos esos dos pejes, qued el pas en manos de otro,
-que usted bien habr odo de l: Lobeiro, que en confianza le llambamos
-<i>Lobo</i>, y a fe que le caa! Yo, si usted me pregunta cmo consigui
-Lobeiro apoderarse de esta regin y tenerla as, en un puo, que ni la
-hierba creca sin su permiso, le contestar que no lo entiendo; porque
-me parece increble que en nuestro siglo y cuando tanto cantan libertad,
-se pueda vivir ms sujeto a un seor que en tiempos del conde Pedro
+<p>Faltando o poco menos esos dos pejes, quedó el país en manos de otro,
+que usted bien habrá oído de él: Lobeiro, que en confianza le llamábamos
+<i>Lobo</i>, y ¡a fe que le caía! Yo, si usted me pregunta cómo consiguió
+Lobeiro apoderarse de esta región y tenerla así, en un puño, que ni la
+hierba crecía sin su permiso, le contestaré que no lo entiendo; porque
+me parece increíble que en nuestro siglo y cuando tanto cantan libertad,
+se pueda vivir más sujeto a un señor que en tiempos del conde Pedro
Madruga. No, y no hay que echar baladronadas: yo era el primerito que
agachaba las orejas y callaba como un raposo. Uno estima la piel, y aun
-ms que la piel, la tranquilidad, si a mano viene.</p>
-
-<p>A veces me pona a discurrir, y deca para mi sotana: este rayo de
-hombre, en qu consiste que se nos ha montado a todos encima, y por
-fuerza hemos de vivir sbditos de l, haciendo cuanto se le antoja,<a name="page_081" id="page_081"></a>
-pidindole permiso hasta para respirar? Quin le instituy dueo de
-nuestras vidas y haciendas? No hay leyes? No hay Tribunales de
-justicia?&mdash;Pero mire usted: todo eso de leyes es nada ms que
-conversacin. Los magistrados estn lejos y el cacique cerca. El
-Gobierno necesita tener asegurada la mecnica de las elecciones, y al
+más que la piel, la tranquilidad, si a mano viene.</p>
+
+<p>A veces me ponía a discurrir, y decía para mi sotana: este rayo de
+hombre, ¿en qué consiste que se nos ha montado a todos encima, y por
+fuerza hemos de vivir súbditos de él, haciendo cuanto se le antoja,<a name="page_081" id="page_081"></a>
+pidiéndole permiso hasta para respirar? ¿Quién le instituyó dueño de
+nuestras vidas y haciendas? ¿No hay leyes? ¿No hay Tribunales de
+justicia?&mdash;Pero mire usted: todo eso de leyes es nada más que
+conversación. Los magistrados están lejos y el cacique cerca. El
+Gobierno necesita tener asegurada la mecánica de las elecciones, y al
que le amasa los votos le entrega desde Madrid la comarca en feudo. A
-los seores que se pasean all por el Prado y por la Castellana, sin
-cuidado les tiene que aqu nos am... Ay! Tente, lengua, que ya iba a
+los señores que se pasean allá por el Prado y por la Castellana, sin
+cuidado les tiene que aquí nos am... ¡Ay! Tente, lengua, que ya iba a
soltar un disparate.</p>
-<p>Pues volviendo al caso, Lobeiro, as para el trato de la conversacin,
-ya era un hombre antiptico, de pocas palabras, que cuando se vea
-comprometido, se rea regaando los dientes, muy callado, mirando de
-travs. No se fe usted nunca del que no re franco ni mira derecho: muy
-mala seal. La cara suya pareca el Pico Medelo, que siempre anda
-embozado en <i>brtemas</i>. Lo nico a que pona un semblante como las dems
-personas, era a su chiquilla, su hija nica, que por cierto no se ha
-visto cosa ms linda en todo este pas. La madre fu en tiempos una
-buena moza; pero la rapaza... qu comparacin! Un pelo como el oro, un
-cutis que pareca raso, un par de ojos azules como dos<a name="page_082" id="page_082"></a> estrellas...
-Micaelia! Lo que corr con ella el da del patrn de Bon! Porque a
-la criatura la rebosaba la alegra, y Lobeiro, al oirla reir, cambiaba
-de aspecto: se volva otro hombre.</p>
-
-<p>Slo que, por desgracia, esta influencia no pasaba de los momentos en
-que tena cerca a la criatura. El resto del ao, Lobeiro se dedicaba a
-perseguir al uno, empapelar al otro, sacarle el redao a ste y echar a
-presidio a aqul. Usted no ha ledo el <i>Catecismo del labriego</i>,
-compuesto por el to Marcos da Portela, doctor en teologa campestre?
-Pues el tipo del secretario que all pinta, el de Lobeiro clavadito:
+<p>Pues volviendo al caso, Lobeiro, así para el trato de la conversación,
+ya era un hombre antipático, de pocas palabras, que cuando se veía
+comprometido, se reía regañando los dientes, muy callado, mirando de
+través. No se fíe usted nunca del que no ríe franco ni mira derecho: muy
+mala señal. La cara suya parecía el Pico Medelo, que siempre anda
+embozado en <i>brétemas</i>. Lo único a que ponía un semblante como las demás
+personas, era a su chiquilla, su hija única, que por cierto no se ha
+visto cosa más linda en todo este país. La madre fué en tiempos una
+buena moza; pero la rapaza... ¡qué comparación! Un pelo como el oro, un
+cutis que parecía raso, un par de ojos azules como dos<a name="page_082" id="page_082"></a> estrellas...
+¡Micaeliña! ¡Lo que corrí con ella el día del patrón de Boán! Porque a
+la criatura la rebosaba la alegría, y Lobeiro, al oirla reir, cambiaba
+de aspecto: se volvía otro hombre.</p>
+
+<p>Sólo que, por desgracia, esta influencia no pasaba de los momentos en
+que tenía cerca a la criatura. El resto del año, Lobeiro se dedicaba a
+perseguir al uno, empapelar al otro, sacarle el redaño a éste y echar a
+presidio a aquél. ¿Usted no ha leído el <i>Catecismo del labriego</i>,
+compuesto por el tío Marcos da Portela, doctor en teología campestre?
+Pues el tipo del secretario que allí pinta, el de Lobeiro clavadito:
criado para infernar la vida del labriego infeliz, llenarlo de
vejaciones y disputarle la triste corteza de pan, amasada con su sudor,
-nico alimento de que dispone para llevar a la boca. Y repare usted lo
-que suceda con Lobeiro; hoy hace una picarda, y le obedecen como uno;
-maana hace diez, y ya le rinden acatamiento como diez; al otro da un
-milln, y como un milln se impone. Empezara por chanchullos pequeitos,
+único alimento de que dispone para llevar a la boca. Y repare usted lo
+que sucedía con Lobeiro; hoy hace una picardía, y le obedecen como uno;
+mañana hace diez, y ya le rinden acatamiento como diez; al otro día un
+millón, y como un millón se impone. Empezara por chanchullos pequeñitos,
de esos que se hacen en el Ayuntamiento a mansalva; trabucos de cuentas,
-recargos de contribucin, repartos <i>ad lbitum</i>, y lo dems de rbrica.
-Poco a poco, la gente aguantando y l apretando ms, llega el caso de
+recargos de contribución, repartos <i>ad líbitum</i>, y lo demás de rúbrica.
+Poco a poco, la gente aguantando y él apretando más, llega el caso de
que me encuentro yo a un<a name="page_083" id="page_083"></a> infeliz aldeano en un camino hondo, llevando
-de la cuerda su mejor ternero.&mdash;Andrs, adnde vas con el cuxo? Feria
-hoy no la hay.&mdash;Qu feria, ni feria, seor abad?&mdash;Pues entnces&mdash;seor
-abad, por el alma de quien le pari no diga nada. Es para ese condenado
-de Lobeiro, que me lo mand a pedir, y si no lo entrego me arruina,
-acaba conmigo, y hasta muero avergonzado en la crcel.&mdash;Y el pobre
-hombre, cuando me lo deca, tena los ojos como dos tomates,
-encarnizados de llorar. Ya comprende usted lo que es para el labriego
-su ganado! Dar aquel ternero, era en plata dar las telas del corazn.</p>
-
-<p>Slo una cosa estaba segura con Lobeiro: la honra de las mujeres: y no
-por virtud, sino porque no cojeaba de ese pie. Algunos de sus satlites,
-en cambio, bien se desquitaban. Que si tena satlites? Madre querida!
-Una hueste organizada en toda regla. Usted no dejar de recordar que
-cuando apareci en un monte el mayordomo del marqus de Ulloa, hace ya
-algunos aos, seco de un tiro, todo el mundo dijo que lo haba mandado
+de la cuerda su mejor ternero.&mdash;Andrés, ¿adónde vas con el cuxo? Feria
+hoy no la hay.&mdash;¿Qué feria, ni feria, señor abad?&mdash;¿Pues entónces&mdash;señor
+abad, por el alma de quien le parió no diga nada. Es para ese condenado
+de Lobeiro, que me lo mandó a pedir, y si no lo entrego me arruina,
+acaba conmigo, y hasta muero avergonzado en la cárcel.&mdash;Y el pobre
+hombre, cuando me lo decía, tenía los ojos como dos tomates,
+encarnizados de llorar. ¡Ya comprende usted lo que es para el labriego
+su ganado! Dar aquel ternero, era en plata dar las telas del corazón.</p>
+
+<p>Sólo una cosa estaba segura con Lobeiro: la honra de las mujeres: y no
+por virtud, sino porque no cojeaba de ese pie. Algunos de sus satélites,
+en cambio, bien se desquitaban. ¿Que si tenía satélites? ¡Madre querida!
+Una hueste organizada en toda regla. Usted no dejará de recordar que
+cuando apareció en un monte el mayordomo del marqués de Ulloa, hace ya
+algunos años, seco de un tiro, todo el mundo dijo que lo había mandado
matar el cacique Barbacana, y que el instrumento fuera un bandido
-llamado el Tuerto de Castrodorna, que lo ms del tiempo se lo pasaba en
-Portugal huyendo de la justicia. Pues esa joya la hered Lobeiro,<a name="page_084" id="page_084"></a> slo
-que mejor el procedimiento de Barbacana, y en vez de un forajido solo,
-reclut una cuadrilla perfectamente organizada, con su santo y sea, sus
-consignas, su secreto, sus estratagemas y su tctica, para verificar sus
-sorpresas de un modo expeditivo y seguro. Nosotros tenamos esperanzas
+llamado el Tuerto de Castrodorna, que lo más del tiempo se lo pasaba en
+Portugal huyendo de la justicia. Pues esa joya la heredó Lobeiro,<a name="page_084" id="page_084"></a> sólo
+que mejoró el procedimiento de Barbacana, y en vez de un forajido solo,
+reclutó una cuadrilla perfectamente organizada, con su santo y seña, sus
+consignas, su secreto, sus estratagemas y su táctica, para verificar sus
+sorpresas de un modo expeditivo y seguro. Nosotros teníamos esperanzas
de que, al acabarse las trifulcas revolucionarias y las guerras civiles,
-mejorara el estado del pas y se afianzara la seguridad personal.
-Busca seguridad! Busca mejoras! Lo mismo o peor anduvieron las cosas
-desde la restauracin de Alfonso, y si me apuran, digo que la Regencia
-vino a darnos el cachete. Antes, unos gritaban: <i>Viva esto!</i> los otros:
-<i>Viva aqullo!</i> que repblica, que don Carlos... Eran ideas generales,
-y parece que se tomaban con menos saa entre unos y otros. Hoy estamos a
-quin gana las elecciones, a quin se hace rbitro de esta tierra... y
+mejoraría el estado del país y se afianzaría la seguridad personal.
+¡Busca seguridad! ¡Busca mejoras! Lo mismo o peor anduvieron las cosas
+desde la restauración de Alfonso, y si me apuran, digo que la Regencia
+vino a darnos el cachete. Antes, unos gritaban: <i>¡Viva esto!</i> los otros:
+<i>¡Viva aquéllo!</i> que república, que don Carlos... Eran ideas generales,
+y parece que se tomaban con menos saña entre unos y otros. Hoy estamos a
+quién gana las elecciones, a quién se hace árbitro de esta tierra... y
todos los medios son buenos, y caiga el que cayere. Total, como decimos
-aqu: salgo de un soto y mtome en otro... pero ms obscuro.</p>
+aquí: salgo de un soto y métome en otro... pero más obscuro.</p>
-<p>Como bamos contando, la pandilla de Lobeiro empez a ser el terror del
-pas. Tan pronto veamos llamas... qu ocurre? Pues que le queman el
-pajar, y el alpendre, y el hrreo, y la casa misma al Antn de Morls o
+<p>Como íbamos contando, la pandilla de Lobeiro empezó a ser el terror del
+país. Tan pronto veíamos llamas... ¿qué ocurre? Pues que le queman el
+pajar, y el alpendre, y el hórreo, y la casa misma al Antón de Morlás o
al Guillermo de la Fontela. Tan pronto aparece derrengado,<a name="page_085" id="page_085"></a> molido a
-palos, uno que no se quiso someter a Lobeiro en esto o en lo de ms
-all... y cuando le preguntan quin le puso as, responde una mentira:
-que rod de un vallado o se cay de una higuera cogiendo higos... seal
-de que si revela la verdad, sentenciado est a pena ms grave. Por
-ltimo, un da se nota la desaparicin de cierto sujeto, un tal
-Castaeda, alguacil; ni visto ni odo, como si se evaporase. La voz
-pblica (muy bajito) susurra que ese hombre le estorbaba a Lobeiro o se
-le haba opuesto en un amao muy gordo. Se espera una semana, dos, tres,
-que parezca el cadver, o el vivo, si vivo est an; nada. La viuda hace
+palos, uno que no se quiso someter a Lobeiro en esto o en lo de más
+allá... y cuando le preguntan quién le puso así, responde una mentira:
+que rodó de un vallado o se cayó de una higuera cogiendo higos... señal
+de que si revela la verdad, sentenciado está a pena más grave. Por
+último, un día se nota la desaparición de cierto sujeto, un tal
+Castañeda, alguacil; ni visto ni oído, como si se evaporase. La voz
+pública (muy bajito) susurra que ese hombre le estorbaba a Lobeiro o se
+le había opuesto en un amaño muy gordo. Se espera una semana, dos, tres,
+que parezca el cadáver, o el vivo, si vivo está aún; nada. La viuda hace
registrar el Avieiro, incluso el pozo grande; mira debajo de los
puentes, recorre los montes... Ni rastro. Igual que si se lo hubiese
-tragado la tierra. Y probablemente as sera. Un hoyo es tan fcil de
+tragado la tierra. Y probablemente así sería. ¡Un hoyo es tan fácil de
abrir!</p>
-<p>Este Castaeda tena un sobrino, muchacho templado, como que all en sus
+<p>Este Castañeda tenía un sobrino, muchacho templado, como que allá en sus
mocedades proyectara dedicarse a la carrera militar, y luego, por no
separarse de su madre, que ya iba vieja, y de una hermana jovencita,
-prefiri quedarse en el pas y vivir cuidando unos bienecillos que le
-correspondan de su hijuela, y de los de la hermana y la madre. El era
-un medio seor y medio labrador, y en el pas, como todo el mundo tiene
-su apodo,<a name="page_086" id="page_086"></a> le conocan por el de <i>Cristo</i>. Dice usted que un novelista
-de Francia llama as a uno de sus personajes? Pues mire, ese de fijo lo
-inventar: yo no; tan cierto es, como que usted est ah sentada y yo
-refirindole este caso. En el apodo&mdash;atienda usted bien&mdash;est mucha
-parte del intrngulis de mi historia. Que por qu le pusieron ese
-alias? No lo s a derechas; creo que por parecerse a un Cristo muy
-grande y muy devoto que se venera en el santuario de Bon.</p>
-
-<p>De modo que el bueno de Cristo, no bien supo la desaparicin de su to
-Castaeda, no se call como los dems, como la misma infeliz viuda, que
-temblaba que despus de suprimirle al marido le pegasen fuego a la
-casita y la echasen en sus ltimos aos a pedir limosna. En las ferias y
-en las romeras, en el atrio de la iglesia y en la botica de Cebre, el
-muchacho alz la voz cuanto pudo, clamando contra la tirana de Lobeiro
-y diciendo que el pas tena que hacer un ejemplo con l; cazarlo lo
+prefirió quedarse en el país y vivir cuidando unos bienecillos que le
+correspondían de su hijuela, y de los de la hermana y la madre. El era
+un medio señor y medio labrador, y en el país, como todo el mundo tiene
+su apodo,<a name="page_086" id="page_086"></a> le conocían por el de <i>Cristo</i>. ¿Dice usted que un novelista
+de Francia llama así a uno de sus personajes? Pues mire, ese de fijo lo
+inventará: yo no; tan cierto es, como que usted está ahí sentada y yo
+refiriéndole este caso. En el apodo&mdash;atienda usted bien&mdash;está mucha
+parte del intríngulis de mi historia. ¿Que por qué le pusieron ese
+alias? No lo sé a derechas; creo que por parecerse a un Cristo muy
+grande y muy devoto que se venera en el santuario de Boán.</p>
+
+<p>De modo que el bueno de Cristo, no bien supo la desaparición de su tío
+Castañeda, no se calló como los demás, como la misma infeliz viuda, que
+temblaba que después de suprimirle al marido le pegasen fuego a la
+casita y la echasen en sus últimos años a pedir limosna. En las ferias y
+en las romerías, en el atrio de la iglesia y en la botica de Cebre, el
+muchacho alzó la voz cuanto pudo, clamando contra la tiranía de Lobeiro
+y diciendo que el país tenía que hacer un ejemplo con él; cazarlo lo
mismo que a un lobo para que escarmentasen los lobos que se estaban
-criando en la madriguera, dispuestos a devorarnos. Deca que estas cosas
-no suceden sino en el pas que las sufre; que donde los hombres tienen
-bragas, no se conciben ciertos abusos; que en Aragn o Castilla ya le
-habran ajustado<a name="page_087" id="page_087"></a> a Lobeiro la cuenta con el trabuco o la navaja; que si
-el cacique se le pona delante, l, aunque se perdiese y dejase
+criando en la madriguera, dispuestos a devorarnos. Decía que estas cosas
+no suceden sino en el país que las sufre; que donde los hombres tienen
+bragas, no se conciben ciertos abusos; que en Aragón o Castilla ya le
+habrían ajustado<a name="page_087" id="page_087"></a> a Lobeiro la cuenta con el trabuco o la navaja; que si
+el cacique se le ponía delante, él, aunque se perdiese y dejase
desamparadas madre y hermanita, era capaz de arrancarle los dientes a la
-fiera. Al pronto le oan asustados; pero como todo se pega, y el valor y
-el miedo, en particular, son contagiosos lo mismo que el clera, iba
-formndose alrededor de Cristo un ncleo de gente que le daba la razn,
-diciendo que por todos los medios haba que descartarse de Lobeiro y
-conjurar aquella plaga. Los gallegos no somos cobardes, qui! Lo que
+fiera. Al pronto le oían asustados; pero como todo se pega, y el valor y
+el miedo, en particular, son contagiosos lo mismo que el cólera, iba
+formándose alrededor de Cristo un núcleo de gente que le daba la razón,
+diciendo que por todos los medios había que descartarse de Lobeiro y
+conjurar aquella plaga. Los gallegos no somos cobardes, ¡quiá! Lo que
nos falta a veces es la iniciativa del valor. Necesitamos uno que
-empiece, y zs! all seguimos de reata. Cristo iba sumando voluntades,
-y conforme pasaba tiempo y vean que de hablar as no se le originaba
-perjuicio alguno, la algarada creca, y el cacique, intimidado, en
+empiece, y ¡zás! allá seguimos de reata. Cristo iba sumando voluntades,
+y conforme pasaba tiempo y veían que de hablar así no se le originaba
+perjuicio alguno, la algarada crecía, y el cacique, intimidado, en
nuestro concepto, por haber encontrado al fin quien le presentase la
-cara, andaba mansito y derecho; como que pasaron ms de tres meses sin
-sabrsele ninguna fechora mayor.</p>
+cara, andaba mansito y derecho; como que pasaron más de tres meses sin
+sabérsele ninguna fechoría mayor.</p>
-<p>El da de la feria grande de Arnedo, que es all por el mes de Abril, en
-Pascua, volva yo a mi parroquia, despus de pasar el rato bebiendo un
+<p>El día de la feria grande de Arnedo, que es allá por el mes de Abril, en
+Pascua, volvía yo a mi parroquia, después de pasar el rato bebiendo un
poco de Tostado y comiendo unas rosquillas, cuando a poca distancia del
-pueblo empareja con mi mula la yegecilla de Ramn Limioso (usted le<a name="page_088" id="page_088"></a>
-conoce); el seorito del Pazo, un caballero cumplidsimo, y me pregunta
-lo mismito que yo le pregunto a usted:&mdash;Y Cristo, le ha visto usted en
-la feria?&mdash;Cristo? No. No lo encontr... por ninguna parte.&mdash;Tampoco
-en el mesn?&mdash;Tampoco.&mdash;A qu horas vino usted?&mdash;Tempranito: a las
-siete ya andaba yo en Arnedo.&mdash;Sabe que me choca?&mdash;Y por qu ha de
-chocarle?&mdash;Porque estbamos citados: l quera deshacerse de su jaco, y
-yo le venda mi toro, o se lo cambalachaba; segn.&mdash;Bah! Cristo es un
-rapaz todava; an no cumpli los treinta... sabe Dios por dnde anda a
+pueblo empareja con mi mula la yegüecilla de Ramón Limioso (usted le<a name="page_088" id="page_088"></a>
+conoce); el señorito del Pazo, un caballero cumplidísimo, y me pregunta
+lo mismito que yo le pregunto a usted:&mdash;Y Cristo, ¿le ha visto usted en
+la feria?&mdash;¿Cristo? No. No lo encontré... por ninguna parte.&mdash;¿Tampoco
+en el mesón?&mdash;Tampoco.&mdash;¿A qué horas vino usted?&mdash;Tempranito: a las
+siete ya andaba yo en Arnedo.&mdash;¿Sabe que me choca?&mdash;¿Y por qué ha de
+chocarle?&mdash;Porque estábamos citados: él quería deshacerse de su jaco, y
+yo le vendía mi toro, o se lo cambalachaba; según.&mdash;¡Bah! Cristo es un
+rapaz todavía; aún no cumplió los treinta... ¡sabe Dios por dónde anda a
estas horas!&mdash;No, Eugenio; pues yo le digo que me choca; que me
-escama.&mdash;Aun vendr, hombre. Son las tres, y hasta las seis o siete de
+escama.&mdash;Aun vendrá, hombre. Son las tres, y hasta las seis o siete de
la tarde no se deshace la feria.</p>
-<p>Ramn Limioso mene la cabeza, y volvi grupas hacia Arnedo. Ni me
-acord ms del asunto, hasta que a las veinticuatro horas me lleg el
-primer rum rum de la desaparicin de Cristo. El mismo misterio que en lo
-de su to Castaeda; ni rastro del muchacho por ninguna parte. La madre
-andaba como loca, pregunta que te preguntars, de casa en casa; la
-hermana sala de un ataque nervioso para caer en un sncope; la justicia
-local, como de costumbre, se lavaba las manos&mdash;imposible parece que as
+<p>Ramón Limioso meneó la cabeza, y volvió grupas hacia Arnedo. Ni me
+acordé más del asunto, hasta que a las veinticuatro horas me llegó el
+primer rum rum de la desaparición de Cristo. El mismo misterio que en lo
+de su tío Castañeda; ni rastro del muchacho por ninguna parte. La madre
+andaba como loca, pregunta que te preguntarás, de casa en casa; la
+hermana salía de un ataque nervioso para caer en un síncope; la justicia
+local, como de costumbre, se lavaba las manos&mdash;imposible parece que así
y todo<a name="page_089" id="page_089"></a> las tenga tan puercas&mdash;y del chico, ni esto. Por fin, al cabo de
-una semana, lo que es aparecer, apareci... Pero dnde? Metido en un
-hrreo, hecho una lstima, en descomposicin... Son pormenores
-horribles; bueno, se trata de que se imponga usted de cmo la cosa
-ocurriera. Yo vi el cadver y me convenc de que no haba exageracin
-ninguna en lo que se refiri despus. Deban de haberle atormentado
-mucho tiempo, porque estaba el cuerpo hecho una pura llaga: a m se me
+una semana, lo que es aparecer, apareció... ¿Pero dónde? Metido en un
+hórreo, hecho una lástima, en descomposición... Son pormenores
+horribles; bueno, se trata de que se imponga usted de cómo la cosa
+ocurriera. Yo vi el cadáver y me convencí de que no había exageración
+ninguna en lo que se refirió después. Debían de haberle atormentado
+mucho tiempo, porque estaba el cuerpo hecho una pura llaga: a mí se me
figura que lo azotaron con cuerdas, o que lo tundieron a varazos: las
-seales eran como rayas o surcos en el pellejo. Para acabarlo le dieron
-un corte as en la garganta. El rostro, desfiguradsimo; slo una
-madre&mdash;pobre seora!&mdash;conoce y se arroja a besar un rostro semejante.</p>
+señales eran como rayas o surcos en el pellejo. Para acabarlo le dieron
+un corte así en la garganta. El rostro, desfiguradísimo; sólo una
+madre&mdash;¡pobre señora!&mdash;conoce y se arroja a besar un rostro semejante.</p>
-<p>S, estoy conforme: es una infamia, un crimen que clama al cielo, lo que
-usted guste... Pero usted tambin va a convenir conmigo. Tambin va a
-decir que todo ello es moco de pavo en comparacin del ltimo
+<p>Sí, estoy conforme: es una infamia, un crimen que clama al cielo, lo que
+usted guste... Pero usted también va a convenir conmigo. También va a
+decir que todo ello es moco de pavo en comparación del último
refinamiento salvaje, de que no tiene noticia aun. Porque matar,
-atormentar, se llama as, atormentar y matar y se acab; cmo se llama
-el escarnio, la befa ms inconcebible, el reto a Dios, que consiste en
-lo siguiente: elegir, para dar tal gnero de muerte a ese hombre que la<a name="page_090" id="page_090"></a>
-gente apodaba Cristo... elegir... qu da del ao piensa usted?</p>
+atormentar, se llama así, atormentar y matar y se acabó; ¿cómo se llama
+el escarnio, la befa más inconcebible, el reto a Dios, que consiste en
+lo siguiente: elegir, para dar tal género de muerte a ese hombre que la<a name="page_090" id="page_090"></a>
+gente apodaba Cristo... elegir... ¿qué día del año piensa usted?</p>
-<p><i>El Viernes Santo!</i></p>
+<p><i>¡El Viernes Santo!</i></p>
<p class="cb">. . . . .
. . . . .
@@ -1928,116 +1877,116 @@ gente apodaba Cristo... elegir... qu da del ao piensa usted?</p>
. . . . .
. . . . .</p>
-<p>&mdash;Pecador soy como el que ms&mdash;prosigui el prroco de Naya con la voz y
+<p>&mdash;Pecador soy como el que más&mdash;prosiguió el párroco de Naya con la voz y
el gesto transformados por una seriedad profunda;&mdash;pecador soy, indigno
-de que Dios baje a estas manos; no tengo vocacin de santo como el cura
+de que Dios baje a estas manos; no tengo vocación de santo como el cura
de Ulloa, ni me gusta echar sermones con requilorios como el de
-Xabrees; pero en semejante ocasin, al enterarme de la monstruosidad,
-no s qu hormigueo me entr por el cuerpo, no s qu vuelta me di la
-sangre ni qu luminarias me danzaron delante de los ojos... que, vamos,
-al pino ms alto del pinar de Morln me subira para gritar: maldicin
-y anatema sobre Lobeiro!&mdash;La pltica que les encaj a mis feligreses el
-domingo! Ni Isaas... fuera el alma.&mdash;Con un arrebato que aun hoy me
+Xabreñes; pero en semejante ocasión, al enterarme de la monstruosidad,
+no sé qué hormigueo me entró por el cuerpo, no sé qué vuelta me dió la
+sangre ni qué luminarias me danzaron delante de los ojos... que, vamos,
+al pino más alto del pinar de Morlán me subiría para gritar: ¡maldición
+y anatema sobre Lobeiro!&mdash;¡La plática que les encajé a mis feligreses el
+domingo! Ni Isaías... fuera el alma.&mdash;Con un arrebato que aun hoy me
asombra, les dije que Dios, al parecer, se hace el sordo y el ciego,
-pero es como quien toma carrera para saltar mejor; que ningn crimen
+pero es como quien toma carrera para saltar mejor; que ningún crimen
queda impune; que la sangre de Abel siempre grita venganza, y que me
-creyesen a m, que a fe de Eugenio, nadie se quedara sin su merecido, y
-por medios inescrutables, pero seguros, cuando estuviese ms descuidado.
-Quien<a name="page_091" id="page_091"></a> fosa cava, en ella caer, me acuerdo que grit como un
-energmeno. Por supuesto que era hablar por no callar: tanto saba yo
-del castigo dichoso, como de la primer camisa que vest: slo que en
-aquel entonces de veras me pareca que as iba a suceder, que Lobeiro
-estaba emplazado, y que la inspiracin hablaba por mi boca. <i>Spiritus
+creyesen a mí, que a fe de Eugenio, nadie se quedaría sin su merecido, y
+por medios inescrutables, pero seguros, cuando estuviese más descuidado.
+«Quien<a name="page_091" id="page_091"></a> fosa cava, en ella caerá», me acuerdo que grité como un
+energúmeno. Por supuesto que era hablar por no callar: tanto sabía yo
+del castigo dichoso, como de la primer camisa que vestí: sólo que en
+aquel entonces de veras me parecía que así iba a suceder, que Lobeiro
+estaba emplazado, y que la inspiración hablaba por mi boca. <i>Spiritus
ejus in ore meo</i>.</p>
-<p>Poco a poco se fu acallando el <i>rebumbio</i> del asesinato de Cristo. La
+<p>Poco a poco se fué acallando el <i>rebumbio</i> del asesinato de Cristo. La
madre y la hermana, convertidas en dos sombras, flaquitas y de riguroso
-luto, fueron el nico recuerdo que qued de la tragedia. En la gente
-siempre fermentaba el odio contra el cacique; pero lo comprima el
+luto, fueron el único recuerdo que quedó de la tragedia. En la gente
+siempre fermentaba el odio contra el cacique; pero lo comprimía el
temor. Es de advertir que por entonces <i>los</i> de Lobeiro cayeron, y
-necesariamente el maldito, no teniendo la sartn por el mango, se
-report en sus exacciones y sus iniquidades. El pas respir unas
-miajas. El bando de Trampeta alete. Lobeiro, en el interregno, se
-dedic a una ocupacin pacfica: reconstruir su casa, que era muy vieja,
-y ya mezquina para las exigencias de su nueva posicin; porque la
-fortuna del cacique haba crecido mucho, y su mujer, amiga de lujos, de
-comilonas y de tirar de largo, le meti en la cabeza hacer vivienda
+necesariamente el maldito, no teniendo la sartén por el mango, se
+reportó en sus exacciones y sus iniquidades. El país respiró unas
+miajas. El bando de Trampeta aleteó. Lobeiro, en el interregno, se
+dedicó a una ocupación pacífica: reconstruir su casa, que era muy vieja,
+y ya mezquina para las exigencias de su nueva posición; porque la
+fortuna del cacique había crecido mucho, y su mujer, amiga de lujos, de
+comilonas y de tirar de largo, le metió en la cabeza hacer vivienda
nueva y la verdad, con todos los perendengues: dos pisos de piedra
-sillar, magnfica; ventanas con unas rejas imponentes: puerta<a name="page_092" id="page_092"></a> como la
+sillar, magnífica; ventanas con unas rejas imponentes: puerta<a name="page_092" id="page_092"></a> como la
de un castillo: su gran escalera, su sala de recibir, su cocina
-hermossima... Una casa para Orense! En el pas se hablaba mucho de tal
-edificio, y de la seguridad que ofreca, y de las precauciones que
+hermosísima... ¡Una casa para Orense! En el país se hablaba mucho de tal
+edificio, y de la seguridad que ofrecía, y de las precauciones que
revelaba aquel modo de edificar&mdash;, precauciones debidas a los muchos
-enemigos que tena el cacique.</p>
+enemigos que tenía el cacique.</p>
-<p>Enemigos, a miles se le podan contar; y sin embargo, como el hombre se
-mantena agachado, nadie se meta con l, temeroso de despertarle. El
-gran alboroto fu el que se arm cuando de repente, sin que lo
-barruntsemos ni poco ni mucho, se volc la tortilla y subi nuevamente
+<p>Enemigos, a miles se le podían contar; y sin embargo, como el hombre se
+mantenía agachado, nadie se metía con él, temeroso de despertarle. El
+gran alboroto fué el que se armó cuando de repente, sin que lo
+barruntásemos ni poco ni mucho, se volcó la tortilla y subió nuevamente
al poder el partido de Lobeiro.</p>
-<p>Madre ma! el terror que cay sobre nosotros! Lobeiro otra vez
-mandando, rey otra vez de la comarca; otra vez a su disposicin la
-hacienda, la tranquilidad, la vida de todos; otra vez los cadveres en
-los hrreos o en el fondo del Avieiro o en un hoyo profundo, all por
-las asperezas de algn pinar! Quin respirar? Quin dormira
-tranquilo? Quin estaba seguro de no perecer martirizado?</p>
+<p>¡Madre mía! el terror que cayó sobre nosotros! Lobeiro otra vez
+mandando, rey otra vez de la comarca; otra vez a su disposición la
+hacienda, la tranquilidad, la vida de todos; otra vez los cadáveres en
+los hórreos o en el fondo del Avieiro o en un hoyo profundo, allá por
+las asperezas de algún pinar! ¿Quién respirar? ¿Quién dormiría
+tranquilo? ¿Quién estaba seguro de no perecer martirizado?</p>
-<p>Usted se va a reir si le digo una cosa. No, no se reir: al contrario:
-se har cargo mejor que nadie, porque tiene costumbre de considerar
+<p>Usted se va a reir si le digo una cosa. No, no se reirá: al contrario:
+se hará cargo mejor que nadie, porque tiene costumbre de considerar
estas singularidades propias de la naturaleza humana.&mdash;El miedo, a
-veces, es el mejor agente del valor. S:<a name="page_093" id="page_093"></a> por miedo se verifican actos
-de herosmo: por desesperacin se realizan acciones que en estado normal
+veces, es el mejor agente del valor. Sí:<a name="page_093" id="page_093"></a> por miedo se verifican actos
+de heroísmo: por desesperación se realizan acciones que en estado normal
nos ponen los pelos de punta. Una persona que se ve rodeada de llamas, o
-teme que el incendio se propague y la pille encerrada en una habitacin
+teme que el incendio se propague y la pille encerrada en una habitación
y el humo la asfixie, no se encomienda a Dios ni al diablo para
arrojarse de un quinto piso a la calle, aunque se estrelle. Con esto
-quiero decir cmo, a las gentes de Cebre y sus cercanas, el propio
-terror de caer en las uas de Lobeiro les infundi una determinacin
+quiero decir cómo, a las gentes de Cebre y sus cercanías, el propio
+terror de caer en las uñas de Lobeiro les infundió una determinación
tremenda, adoptada con cautela tal, que todo lo hicieron en el mismo
-silencio y unin que cuenta usted que profesan los nihilistas rusos.
-Ver, ver cmo ocurri la cosa.</p>
+silencio y unión que cuenta usted que profesan los nihilistas rusos.
+Verá, verá cómo ocurrió la cosa.</p>
-<p>Llegado el da de la fiesta de la Virgen en el santuario de Bon, fu yo
-all convidado por el cura, que es amigo. Se reuni una muchedumbre, que
+<p>Llegado el día de la fiesta de la Virgen en el santuario de Boán, fuí yo
+allá convidado por el cura, que es amigo. Se reunió una muchedumbre, que
era aquello un hormiguero: hubo sus cohetes, sus gaitas, sus bailes, sus
calderadas de pulpo y su tonel de mosto: lo que sabe usted que nunca
-falta en tales romeras. Tambin andaban algunas seoritas muy
-emperifolladas dando vueltas y luciendo los trapitos flamantes: y la ms
-bonita de todas, Micaelia, que paseaba con la madre por debajo de los
-robles, hecha un sol de guapa. Acababa de cumplir los trece aos: se
-conoce que estrenaba vestido, y no caba<a name="page_094" id="page_094"></a> en s de contenta: el vestido
-era blanco, con lazos color de rosa, precioso, de seda riqusima, un
-disparate para una chiquilla as. La madre: Micaelia, no te
-arrugues&mdash;por aqu&mdash;y Micaelia, no te manches, por all; y la
+falta en tales romerías. También andaban algunas señoritas muy
+emperifolladas dando vueltas y luciendo los trapitos flamantes: y la más
+bonita de todas, Micaeliña, que paseaba con la madre por debajo de los
+robles, hecha un sol de guapa. Acababa de cumplir los trece años: se
+conoce que estrenaba vestido, y no cabía<a name="page_094" id="page_094"></a> en sí de contenta: el vestido
+era blanco, con lazos color de rosa, precioso, de seda riquísima, un
+disparate para una chiquilla así. La madre: «Micaeliña, no te
+arrugues»&mdash;por aquí&mdash;y «Micaeliña, no te manches», por allá; y la
criatura, al principio, respetando mucho la gala; pero, ya se ve, luego
-se cans de guardarle miramientos al vestido majo, y vino disparada a
-tirarme del balandrn. Eugenio, corremos? Al principio fu a
-remolque; pero al fin... este pcaro genio gaitero que tengo yo... me
+se cansó de guardarle miramientos al vestido majo, y vino disparada a
+tirarme del balandrán. «Eugenio, ¿corremos?» Al principio fué a
+remolque; pero al fin... este pícaro genio gaitero que tengo yo... me
hizo la rapaza pegar mil carreras por aquellas cuestas abajo, riendo
-como locos. Y cuidado que me daba no s qu por el cuerpo ver a Lobeiro
-all, a dos pasos, con sus manos donde yo saba que haba manchas de
+como locos. Y cuidado que me daba no sé qué por el cuerpo ver a Lobeiro
+allí, a dos pasos, con sus manos donde yo sabía que había manchas de
sangre fresca.</p>
-<p>El diantre del cacique, cuando me vi tan divertido con la hija, me
-llam aparte, y sin mirarme una vez siquiera, me dijo: Hombre, Eugenio,
-hgame un favor: convenza a mi mujer y a la chiquilla de que va a estar
-muy bien Micaela en el colegio de Orense.</p>
+<p>El diantre del cacique, cuando me vió tan divertido con la hija, me
+llamó aparte, y sin mirarme una vez siquiera, me dijo: «Hombre, Eugenio,
+hágame un favor: convenza a mi mujer y a la chiquilla de que va a estar
+muy bien Micaela en el colegio de Orense.»</p>
-<p>&mdash;Y usted se separa de ella?&mdash;pregunt con asombro.</p>
+<p>&mdash;¿Y usted se separa de ella?&mdash;pregunté con asombro.</p>
-<p>&mdash;S, hombre... Cosas que uno hace porque no tiene remedio&mdash;, contest
-l muy encapotado y a media habla.</p>
+<p>&mdash;Sí, hombre... Cosas que uno hace porque no tiene remedio&mdash;, contestó
+él muy encapotado y a media habla.</p>
-<p>As que la familia de Lobeiro y los adlteres que siempre le escoltaban
-se retiraron<a name="page_095" id="page_095"></a> de la romera, le pregunt al cura de Bon, extrandome
+<p>Así que la familia de Lobeiro y los adláteres que siempre le escoltaban
+se retiraron<a name="page_095" id="page_095"></a> de la romería, le pregunté al cura de Boán, extrañándome
de la idea de enviar a Orense la chiquilla, cuando precisamente era el
-encanto de su padre. Bon me di una explicacin plausible:&mdash;Eso lo
+encanto de su padre. Boán me dió una explicación plausible:&mdash;«Eso lo
hace por no exponer a la chiquilla a un fracaso. Lo tienen amenazado de
muerte, y veinte veces ya le avisaron de que su casa ha de arder. Y
-aunque l dice que conforme la construy no es tan fcil pegarle fuego,
-no quiere tener aqu a Micaelia, porque recela alguna barbaridad.&mdash;Ya
-ver usted, seora, cmo efectivamente, no ardi la casa de Lobeiro.</p>
+aunque él dice que conforme la construyó no es tan fácil pegarle fuego,
+no quiere tener aquí a Micaeliña, porque recela alguna barbaridad.»&mdash;Ya
+verá usted, señora, cómo efectivamente, no ardió la casa de Lobeiro.</p>
<p class="cb">. . . . .
. . . . .
@@ -2047,52 +1996,52 @@ ver usted, seora, cmo efectivamente, no ardi la casa de Lobeiro.</p>
. . . . .
. . . . .</p>
-<p>Yo dorm en la rectoral de Bon aquella noche. Se haba empinado y
-manducado muy regular, de modo que el primer sueo fu de piedra. Estaba
+<p>Yo dormí en la rectoral de Boán aquella noche. Se había empinado y
+manducado muy regular, de modo que el primer sueño fué de piedra. Estaba
como una marmota, que si me sueltan un redoble de tambor en los mismos
-odos, no doy a pie ni a mano. Con que figrese lo que sera la
-explosin, para que me incorporase en la cama de un brinco.</p>
+oídos, no doy a pie ni a mano. Con que figúrese lo que sería la
+explosión, para que me incorporase en la cama de un brinco.</p>
-<p>Puummm! Booom! Nunca acababa de sonar. Yo a obscuras, a tientas,
-buscando las cerillas y gritando por el criado:&mdash;Eh! Ave Mara
-Pursima! Rosendo! Condenado, duermes o qu haces? Se cae la casa?
-Jess, Dios y Seor, misericordia!</p>
+<p>¡Puummm! ¡Booom! Nunca acababa de sonar. Yo a obscuras, a tientas,
+buscando las cerillas y gritando por el criado:&mdash;¡Eh! ¡Ave María
+Purísima! ¡Rosendo! Condenado, ¿duermes o qué haces? ¿Se cae la casa?
+¡Jesús, Dios y Señor, misericordia!</p>
-<p>Por fin encend el fsforo, y cuando entr<a name="page_096" id="page_096"></a> Rosendo todo aturdido, en
-ropas menores, ya no pudo aguantar la risa. El muchacho todo se espant.</p>
+<p>Por fin encendí el fósforo, y cuando entró<a name="page_096" id="page_096"></a> Rosendo todo aturdido, en
+ropas menores, ya no pudo aguantar la risa. El muchacho todo se espantó.</p>
-<p>&mdash;S, rase, que es para reir. Seor, no ra, que es pecado. Estoy que
+<p>&mdash;Sí, ríase, que es para reir. Señor, no ría, que es pecado. Estoy que
se me <i>arrepian</i> las carnes.</p>
-<p>&mdash;Pero, qu hay? qu demonios pasa?</p>
+<p>&mdash;Pero, ¿qué hay? ¿qué demonios pasa?</p>
-<p>&mdash;Y quin lo sabe, a no ser un brujo? Parece que se ha hundido
+<p>&mdash;¿Y quién lo sabe, a no ser un brujo? Parece que se ha hundido
mismamente el mundo todo de la tierra.</p>
-<p>Escuch. Nada, silencio. Sal a la ventana. Ni seal de cosa alguna. Me
-sent: estaba sano y bueno. El cura de Bon andaba por all aturdido,
+<p>Escuché. Nada, silencio. Salí a la ventana. Ni señal de cosa alguna. Me
+senté: estaba sano y bueno. El cura de Boán andaba por allí aturdido,
dando vueltas. Nos pusimos a hacer comentarios. Nadie se quiso volver a
-la cama. Cada uno deca su cosa, cuando tras, tras! a la puerta... Al
-seor cura de Bon, que vaya a dar los santos leos y a confesar a
-Lobeiro, que se muere... Bon est a medio cuarto de legua de la casa de
-Lobeiro. El que traa el recado nos enter de todo.</p>
+la cama. Cada uno decía su cosa, cuando ¡tras, tras! a la puerta... Al
+señor cura de Boán, que vaya a dar los santos óleos y a confesar a
+Lobeiro, que se muere... Boán está a medio cuarto de legua de la casa de
+Lobeiro. El que traía el recado nos enteró de todo.</p>
-<p>Mientras Lobeiro y su hija y sus satlites estaban de parranda, con
-mucho tiento, al pie del balcn mayor, <i>haban</i> depositado veintisis
+<p>Mientras Lobeiro y su hija y sus satélites estaban de parranda, con
+mucho tiento, al pie del balcón mayor, <i>habían</i> depositado veintiséis
cartuchos de dinamita&mdash;lo bastante para volar una fortaleza&mdash;y su mecha
-correspondiente. Hecho esto, retirronse con tranquilidad, pie ante pie.
-A la noche, recogida ya la familia, <i>alguien</i> cogi el cabo de mecha, le
-prendi fuego y se apart con mucha calma. De los veintisis<a name="page_097" id="page_097"></a> cartuchos,
-slo diez o doce se inflamaron. Pero fu todo lo preciso.</p>
+correspondiente. Hecho esto, retiráronse con tranquilidad, pie ante pie.
+A la noche, recogida ya la familia, <i>alguien</i> cogió el cabo de mecha, le
+prendió fuego y se apartó con mucha calma. De los veintiséis<a name="page_097" id="page_097"></a> cartuchos,
+sólo diez o doce se inflamaron. Pero fué todo lo preciso.</p>
-<p>No salv alma viviente. Entre los escombros de la casa yacan el cadver
+<p>No salvó alma viviente. Entre los escombros de la casa yacían el cadáver
de la mujer de Lobeiro, el tronco mutilado del criado y el cuerpo de
-Micaelia, muerta como una paloma, con sangre en las sienes, tendida al
-lado de su padre. El lobo an viva; fu el nico que no pereci en el
+Micaeliña, muerta como una paloma, con sangre en las sienes, tendida al
+lado de su padre. El lobo aún vivía; fué el único que no pereció en el
acto. Antes de expirar, tuvo una hora larga de contemplar a su oveja
difunta... Digan lo que quieran los sabios esos del materialismo...
-Retaco! Yo juro que hay Dios, y un Dios que castiga sin palo ni
-piedra... Con dinamita; corriente. Con lo que sale!</p>
+¡Retaco! Yo juro que hay Dios, y un Dios que castiga sin palo ni
+piedra... Con dinamita; corriente. ¡Con lo que sale!</p>
<p><a name="page_098" id="page_098"></a></p>
@@ -2109,850 +2058,850 @@ piedra... Con dinamita; corriente. Con lo que sale!</p>
<p class="head">EL SENCILLO DON RAFAEL<br /><br />
<small>CAZADOR Y TRESILLISTA</small></p>
-<p>Senta resbalar las horas, hueras, areas, deslizndose sobre el
-recuerdo muerto de aquel amor de antao. Muy lejos, detrs de l, dos
+<p>Sentía resbalar las horas, hueras, aéreas, deslizándose sobre el
+recuerdo muerto de aquel amor de antaño. Muy lejos, detrás de él, dos
ojos ya sin brillo entre nieblas. Y un eco vago, como el del mar que se
-rompe tras la montaa, de palabras olvidadas. Y all, por debajo del
-corazn, susurro de aguas soterraas. Una vida vaca, y l slo,
-enteramente slo. Slo con su vida.</p>
-
-<p>Tena para justificarla nada ms que la caza y el tresillo. Y no por eso
-viva triste, pues su sencillez heroica no se compadeca con la
-tristeza. Cuando algn compaero de juego, despreciando un solo, iba a
-buscar una sola carta para dar bola, sola repetir Don Rafael que hay
+rompe tras la montaña, de palabras olvidadas. Y allá, por debajo del
+corazón, susurro de aguas soterrañas. Una vida vacía, y él sólo,
+enteramente sólo. Sólo con su vida.</p>
+
+<p>Tenía para justificarla nada más que la caza y el tresillo. Y no por eso
+vivía triste, pues su sencillez heroica no se compadecía con la
+tristeza. Cuando algún compañero de juego, despreciando un solo, iba a
+buscar una sola carta para dar bola, solía repetir Don Rafael que hay
cosas que no se debe ir a buscar: vienen ellas solas. Era
-providencialista; es decir, crea en el todopodero del azar. Tal vez
-por creer en algo y no tener la mente vaca.</p>
+providencialista; es decir, creía en el todopoderío del azar. Tal vez
+por creer en algo y no tener la mente vacía.</p>
-<p>&mdash;Y por qu no se casa usted?&mdash;le pregunt<a name="page_102" id="page_102"></a> alguna vez con la boca
+<p>&mdash;¿Y por qué no se casa usted?&mdash;le preguntó<a name="page_102" id="page_102"></a> alguna vez con la boca
chica su ama de llaves.</p>
-<p>&mdash;Y por qu me he de casar?</p>
+<p>&mdash;¿Y por qué me he de casar?</p>
<p>&mdash;Acaso no vaya usted descaminado.</p>
-<p>&mdash;Hay cosas, seora Rogelia, que no se debe ir a buscar: vienen ellas
+<p>&mdash;Hay cosas, señora Rogelia, que no se debe ir a buscar: vienen ellas
solas.</p>
-<p>&mdash;Y cuando menos se piensa!</p>
+<p>&mdash;¡Y cuando menos se piensa!</p>
-<p>&mdash;As se dan las bolas! Pero, mire, hay una razn que me hace pensar en
+<p>&mdash;¡Así se dan las bolas! Pero, mire, hay una razón que me hace pensar en
ello...</p>
-<p>&mdash;Cul?</p>
+<p>&mdash;¿Cuál?</p>
<p>&mdash;La de poder morir tranquilo <i>ab intestato</i>.</p>
-<p>&mdash;Vaya una razn!&mdash;exclam el ama, alarmada.</p>
+<p>&mdash;¡Vaya una razón!&mdash;exclamó el ama, alarmada.</p>
-<p>&mdash;Para m la nica valedera&mdash;respondi el hombre, que presenta no valen
+<p>&mdash;Para mí la única valedera&mdash;respondió el hombre, que presentía no valen
las razones, sino el valor que se las da.</p>
-<p>Y una maana de primavera, al salir con achaque de la caza, a ver nacer
-el sol, un envoltorio en la puerta de su casa. Encorvse a mejor
-percatarse, y de dentro, un ligersimo susurro como de cosas olvidadas.
-El rollo se remova. Lo levant; estaba tibio; lo abri: era una
-criatura de horas. Quedse mirando, y su corazn pareca sentir, no ya
-el susurro, sino el frescor de sus aguas soterraas. Vaya una caza que
-me ha deparado el destino!, pens.</p>
+<p>Y una mañana de primavera, al salir con achaque de la caza, a ver nacer
+el sol, un envoltorio en la puerta de su casa. Encorvóse a mejor
+percatarse, y de dentro, un ligerísimo susurro como de cosas olvidadas.
+El rollo se removía. Lo levantó; estaba tibio; lo abrió: era una
+criatura de horas. Quedóse mirando, y su corazón parecía sentir, no ya
+el susurro, sino el frescor de sus aguas soterrañas. ¡Vaya una caza que
+me ha deparado el destino!, pensó.</p>
-<p>Volvise con el envoltorio en brazos, la escopeta a la bandolera,
-subiendo las escaleras de puntillas para no despertar a aquello, y llam
+<p>Volvióse con el envoltorio en brazos, la escopeta a la bandolera,
+subiendo las escaleras de puntillas para no despertar a aquello, y llamó
quedamente varias veces.<a name="page_103" id="page_103"></a></p>
-<p>&mdash;Aqu traigo esto&mdash;le dijo al ama de llaves.</p>
+<p>&mdash;Aquí traigo esto&mdash;le dijo al ama de llaves.</p>
-<p>&mdash;Y eso, qu es?</p>
+<p>&mdash;Y eso, ¿qué es?</p>
-<p>&mdash;Parece un nio.</p>
+<p>&mdash;Parece un niño.</p>
-<p>&mdash;Parece slo?</p>
+<p>&mdash;¿Parece sólo?</p>
<p>&mdash;Lo dejaron a la puerta de la calle.</p>
-<p>&mdash;Y qu hacemos con ello?</p>
+<p>&mdash;¿Y qué hacemos con ello?</p>
-<p>&mdash;Pues... qu vamos a hacer? Bien claro est, criarlo!</p>
+<p>&mdash;Pues... ¿qué vamos a hacer? Bien claro está, ¡criarlo!</p>
-<p>&mdash;Quin?</p>
+<p>&mdash;¿Quién?</p>
<p>&mdash;Los dos.</p>
-<p>&mdash;Yo? Yo, no!</p>
+<p>&mdash;¿Yo? ¡Yo, no!</p>
<p>&mdash;Buscaremos ama.</p>
-<p>&mdash;Pero est usted en su juicio, seorito! Lo que hay que hacer es dar
+<p>&mdash;¡Pero está usted en su juicio, señorito! ¡Lo que hay que hacer es dar
parte al juez, y en cuanto a eso, al Hospicio con ello!</p>
-<p>&mdash;Pobrecillo! Eso s que no!</p>
+<p>&mdash;¡Pobrecillo! ¡Eso sí que no!</p>
<p>&mdash;En fin, usted manda.</p>
-<p>Una madre vecina le prest caritativamente las primeras leches, y pronto
-el mdico de Don Rafael encontr una buena nodriza: una chica soltera
-que acababa de dar a luz un nio muerto.</p>
+<p>Una madre vecina le prestó caritativamente las primeras leches, y pronto
+el médico de Don Rafael encontró una buena nodriza: una chica soltera
+que acababa de dar a luz un niño muerto.</p>
-<p>&mdash;Como nodriza, excelente&mdash;le dijo el mdico&mdash;, y como persona, ya ves,
-un desliz as puede ocurrirle a cualquiera.</p>
+<p>&mdash;Como nodriza, excelente&mdash;le dijo el médico&mdash;, y como persona, ya ves,
+un desliz así puede ocurrirle a cualquiera.</p>
-<p>&mdash;A m no&mdash;contest con su sencillez caracterstica Don Rafael.</p>
+<p>&mdash;A mí no&mdash;contestó con su sencillez característica Don Rafael.</p>
-<p>&mdash;Lo mejor sera&mdash;dijo el ama de llaves&mdash;que se lo llevase a su casa a
+<p>&mdash;Lo mejor sería&mdash;dijo el ama de llaves&mdash;que se lo llevase a su casa a
criarlo.</p>
-<p>&mdash;No&mdash;replic Don Rafael&mdash;, eso tiene<a name="page_104" id="page_104"></a> graves peligros; no me fo de la
-madre de la chica. Aqu, aqu, bajo mi vigilancia. Y no hay que darle
-disgustos a la chica, seora Rogelia, que de ello depende la salud del
-nio. No quiero que por una sofoquina de Emilia pase el angelito un
+<p>&mdash;No&mdash;replicó Don Rafael&mdash;, eso tiene<a name="page_104" id="page_104"></a> graves peligros; no me fío de la
+madre de la chica. Aquí, aquí, bajo mi vigilancia. Y no hay que darle
+disgustos a la chica, señora Rogelia, que de ello depende la salud del
+niño. No quiero que por una sofoquina de Emilia pase el angelito un
dolor de tripas.</p>
-<p>Era Emilia, la nodriza, de veinte aos, alta, agitanada, con una risa
-perpetua en los ojos, cuya negrura realzaba el marco de bano del pelo
-que le cubra las sienes como con dos esponjosas alas de cuervo,
-entreabiertos y hmedos los labios guinda, y unos andares de gallina a
+<p>Era Emilia, la nodriza, de veinte años, alta, agitanada, con una risa
+perpetua en los ojos, cuya negrura realzaba el marco de ébano del pelo
+que le cubría las sienes como con dos esponjosas alas de cuervo,
+entreabiertos y húmedos los labios guinda, y unos andares de gallina a
que el gallo ronda.</p>
-<p>&mdash;Y cmo va a bautizarle usted, seorito?&mdash;le pregunt la seora
+<p>&mdash;¿Y cómo va a bautizarle usted, señorito?&mdash;le preguntó la señora
Rogelia.</p>
-<p>&mdash;Como hijo mo.</p>
+<p>&mdash;Como hijo mío.</p>
-<p>&mdash;Pero, est usted loco?</p>
+<p>&mdash;Pero, ¿está usted loco?</p>
-<p>&mdash;Qu ms da!</p>
+<p>&mdash;¡Qué más da!</p>
-<p>&mdash;Y si maana, por esa medalla que lleva y esas contraseas, aparecen
+<p>&mdash;¿Y si mañana, por esa medalla que lleva y esas contraseñas, aparecen
sus verdaderos padres?...</p>
-<p>&mdash;Aqu no hay ms padre ni madre que yo. Yo no busco nios, como no
+<p>&mdash;Aquí no hay más padre ni madre que yo. Yo no busco niños, como no
busco bolas; pero cuando vienen... soy libre. Y creo que esta del azar
-es la ms pura y libre de las maternidades. No me cabe la culpa de que
-haya nacido, pero tendr el mrito de hacerle vivir. Hay que creer en la
-Providencia siquiera por creer en algo, que eso consuela, y adems as
-podr morir<a name="page_105" id="page_105"></a> tranquilo <i>ab intestato</i>, pues ya tengo quien me herede
+es la más pura y libre de las maternidades. No me cabe la culpa de que
+haya nacido, pero tendré el mérito de hacerle vivir. Hay que creer en la
+Providencia siquiera por creer en algo, que eso consuela, y además así
+podré morir<a name="page_105" id="page_105"></a> tranquilo <i>ab intestato</i>, pues ya tengo quien me herede
forzosamente.</p>
-<p>La seora Rogelia se mordi los labios, y cuando Don Rafael hizo
-bautizar y registrar al nio como hijo suyo di que reir a la vecindad y
+<p>La señora Rogelia se mordió los labios, y cuando Don Rafael hizo
+bautizar y registrar al niño como hijo suyo dió que reir a la vecindad y
a nadie que sospechar malicia alguna: tan conocida era su transparente
ingenuidad cotidiana. Y el ama de llaves tuvo, mal de su grado, que
avenirse y concordar con el ama de leche.</p>
-<p>Ya tena Don Rafael algo ms en qu pensar que en la caza y el tresillo;
-ya estaban sus das llenos. La casa se le llen de una vida nueva,
-luminosa y sencilla. Y hasta perdi alguna noche el sueo y el descanso
+<p>Ya tenía Don Rafael algo más en qué pensar que en la caza y el tresillo;
+ya estaban sus días llenos. La casa se le llenó de una vida nueva,
+luminosa y sencilla. Y hasta perdió alguna noche el sueño y el descanso
paseando al nene para callarlo.</p>
-<p>&mdash;Es hermoso como el sol, seora Rogelia. Y tampoco hemos tenido mala
+<p>&mdash;Es hermoso como el sol, señora Rogelia. Y tampoco hemos tenido mala
suerte con el ama, me parece.</p>
<p>&mdash;Como no vuelva a las andadas.</p>
-<p>&mdash;De eso me encargo yo. Sera una picarda, una deslealtad: se debe al
-nio. Pero, no, no; est desengaada del zanguango de su novio, un
-bausn de marca mayor a quien ya aborrece...</p>
+<p>&mdash;De eso me encargo yo. Sería una picardía, una deslealtad: se debe al
+niño. Pero, no, no; está desengañada del zanguango de su novio, un
+bausán de marca mayor a quien ya aborrece...</p>
-<p>&mdash;No se fe usted..., no se fe usted...</p>
+<p>&mdash;No se fíe usted..., no se fíe usted...</p>
-<p>&mdash;Y a quien voy a pagarle el pasaje a Amrica. Y ella es una
+<p>&mdash;Y a quien voy a pagarle el pasaje a América. Y ella es una
pobrecilla...</p>
-<p>&mdash;Hasta que vuelva a tener ocasin.</p>
+<p>&mdash;Hasta que vuelva a tener ocasión.</p>
-<p>&mdash;Digo que lo evitar!</p>
+<p>&mdash;¡Digo que lo evitaré!</p>
<p>&mdash;Pues como ella quiera...</p>
-<p>&mdash;Ah, en cuanto a eso s! Porque si he<a name="page_106" id="page_106"></a> de decirle a usted la verdad,
+<p>&mdash;¡Ah, en cuanto a eso sí! Porque si he<a name="page_106" id="page_106"></a> de decirle a usted la verdad,
la verdad es que...</p>
-<p>&mdash;S, me la supongo.</p>
+<p>&mdash;Sí, me la supongo.</p>
-<p>&mdash;Pero, ante todo, respeto a mi hijo!</p>
+<p>&mdash;¡Pero, ante todo, respeto a mi hijo!</p>
-<p>Emilia nada tena de lerda y estaba deslumbrada con el rasgo
-heroicamente sencillo de aquel soltern semidurmiente. Encarise desde
-un principio con el cro como si fuese su madre misma. El padre putativo
-y la nodriza natural pasbanse largos ratos, a sendos lados de la cuna,
-contemplando la sonrisa del sueo del nio cuando ste haca como que
+<p>Emilia nada tenía de lerda y estaba deslumbrada con el rasgo
+heroicamente sencillo de aquel solterón semidurmiente. Encariñóse desde
+un principio con el crío como si fuese su madre misma. El padre putativo
+y la nodriza natural pasábanse largos ratos, a sendos lados de la cuna,
+contemplando la sonrisa del sueño del niño cuando éste hacía como que
mamaba.</p>
-<p>&mdash;Lo que es el hombre!&mdash;deca Don Rafael.</p>
+<p>&mdash;¡Lo que es el hombre!&mdash;decía Don Rafael.</p>
-<p>Y cruzbanse sus miradas. Y cuando tenindole ella, Emilia, en brazos,
-iba l, Don Rafael, a besar al nio, con el beso ya preparado en la boca
-rozaba casi la mejilla de la nodriza, cuyos rizos de bano le afloraban
-la frente, al padre. Otras veces quedbase contemplando alguno de los
+<p>Y cruzábanse sus miradas. Y cuando teniéndole ella, Emilia, en brazos,
+iba él, Don Rafael, a besar al niño, con el beso ya preparado en la boca
+rozaba casi la mejilla de la nodriza, cuyos rizos de ébano le afloraban
+la frente, al padre. Otras veces quedábase contemplando alguno de los
dos mellizos blancos senos, turgentes de vida que se da, con el
serpenteo azul de las venas que del cuello bajaban, y sostenido entre
-los ahusados dedos ndice y corazn como en horqueta. Doblbase sobre l
-un cuello de paloma. Y tambin entonces le entraban ganas de besar al
-hijo, y su frente, al tocar al seno, hacalo temblotear.</p>
+los ahusados dedos índice y corazón como en horqueta. Doblábase sobre él
+un cuello de paloma. Y también entonces le entraban ganas de besar al
+hijo, y su frente, al tocar al seno, hacíalo temblotear.</p>
-<p>&mdash;Ay, lo que siento es que pronto tendr que dejarte, sol
-mo!&mdash;exclamaba ella,<a name="page_107" id="page_107"></a> apretndolo contra su seno y como si le
+<p>&mdash;¡Ay, lo que siento es que pronto tendré que dejarte, sol
+mío!&mdash;exclamaba ella,<a name="page_107" id="page_107"></a> apretándolo contra su seno y como si le
entendiera.</p>
-<p>Callbase a esto Don Rafael.</p>
+<p>Callábase a esto Don Rafael.</p>
-<p>Y cuando le cantaba al nio, abrazndole, aquella vieja canturria
-paradisaca que, aun transmitindosela de corazn a corazn las madres,
-cada una de stas crea e inventa de nuevo, eternamente nueva poesa,
-siendo la misma siempre, la nica, como el sol, traale a Don Rafael
-como un dejo de su niez olvidada en las lontananzas del recuerdo.
-Balancebase la cuna y con ella el corazn del padre al azar, y
-mecasele aquel canto...</p>
+<p>Y cuando le cantaba al niño, abrazándole, aquella vieja canturria
+paradisíaca que, aun transmitiéndosela de corazón a corazón las madres,
+cada una de éstas crea e inventa de nuevo, eternamente nueva poesía,
+siendo la misma siempre, la única, como el sol, traíale a Don Rafael
+como un dejo de su niñez olvidada en las lontananzas del recuerdo.
+Balanceábase la cuna y con ella el corazón del padre al azar, y
+mecíasele aquel canto...</p>
<div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i0">que viene el coc...<br /></span>
+<span class="i0">que viene el cocóóóóó...<br /></span>
</div></div>
-<p class="nind">con el susurro de las aguas de debajo de su corazn...</p>
+<p class="nind">con el susurro de las aguas de debajo de su corazón...</p>
<div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i0">a llevarse los nios...<br /></span>
+<span class="i0">a llevarse los niños...<br /></span>
</div></div>
-<p class="nind">que iba tambin durmindose...</p>
+<p class="nind">que iba también durmiéndose...</p>
<div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i0">que duermen poc...<br /></span>
+<span class="i0">que duermen pocóóóóó...<br /></span>
</div></div>
<p class="nind">entre las blandas nieblas de su pasado...</p>
<div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i0">ah, ah, ah, aaaaah!<br /></span>
+<span class="i0">¡ah, ah, ah, aaaaah!<br /></span>
</div></div>
-<p>&mdash;Qu buena madre hace!&mdash;pensaba.</p>
+<p>&mdash;¡Qué buena madre hace!&mdash;pensaba.</p>
-<p>Alguna vez, hablando del percance que la hizo nodriza, le pregunt Don
+<p>Alguna vez, hablando del percance que la hizo nodriza, le preguntó Don
Rafael:<a name="page_108" id="page_108"></a></p>
-<p>&mdash;Pero, chica, cmo pudo ser eso?</p>
+<p>&mdash;Pero, chica, ¿cómo pudo ser eso?</p>
-<p>&mdash;Ya ve usted, Don Rafael!&mdash;y se le encenda leve, muy levemente el
+<p>&mdash;¡Ya ve usted, Don Rafael!&mdash;y se le encendía leve, muy levemente el
rostro.</p>
-<p>&mdash;S, tienes razn, ya lo veo!</p>
+<p>&mdash;¡Sí, tienes razón, ya lo veo!</p>
-<p>Y lleg una enfermedad terrible, das y noches de angustia. Mientras
-dur aquello hizo Don Rafael que Emilia se acostase con el nio en su
-mismo cuarto. Pero seorito&mdash;dijo ella&mdash;, cmo quiere usted que yo
-duerma all... Pues muy sencillo&mdash;contest l, con su sencillez
-acostumbrada&mdash;, durmiendo!</p>
+<p>Y llegó una enfermedad terrible, días y noches de angustia. Mientras
+duró aquello hizo Don Rafael que Emilia se acostase con el niño en su
+mismo cuarto. «Pero señorito&mdash;dijo ella&mdash;, cómo quiere usted que yo
+duerma allí...» «Pues muy sencillo&mdash;contestó él, con su sencillez
+acostumbrada&mdash;, ¡durmiendo!»</p>
<p>Porque para aquel hombre todo sencillez, era sencillo todo.</p>
-<p>Por fin el mdico di por salvado al nio.</p>
+<p>Por fin el médico dió por salvado al niño.</p>
-<p>&mdash;Salvado!&mdash;exclam Don Rafael con el corazn desbordante, y fu a
+<p>&mdash;¡Salvado!&mdash;exclamó Don Rafael con el corazón desbordante, y fué a
abrazar a Emilia, que lloraba del estupor del gozo.</p>
<p>&mdash;Sabes una cosa&mdash;le dijo sin soltar del todo el abrazo y mirando al
-nio que sonrea en floracin de convalecencia.</p>
+niño que sonreía en floración de convalecencia.</p>
-<p>&mdash;Usted dir&mdash;contest ella, mientras el corazn se le pona al galope.</p>
+<p>&mdash;Usted dirá&mdash;contestó ella, mientras el corazón se le ponía al galope.</p>
<p>&mdash;Que puesto que estamos los dos libres y sin compromiso, pues no creo
-que pienses ya en aquel majadero que ni siquiera sabemos si lleg o no a
-Tucumn, y ya que somos yo padre y t madre, cada uno a su respecto, del
-mismo hijo, nos casemos y asunto concludo.</p>
+que pienses ya en aquel majadero que ni siquiera sabemos si llegó o no a
+Tucumán, y ya que somos yo padre y tú madre, cada uno a su respecto, del
+mismo hijo, nos casemos y asunto concluído.</p>
-<p>&mdash;Pero, D. Rafael!&mdash;y se puso en grana.<a name="page_109" id="page_109"></a></p>
+<p>&mdash;¡Pero, D. Rafael!&mdash;y se puso en grana.<a name="page_109" id="page_109"></a></p>
-<p>&mdash;Mira, chiquilla, as podremos tener ms hijos...</p>
+<p>&mdash;Mira, chiquilla, así podremos tener más hijos...</p>
-<p>El argumento era algo especioso, pero persuadi a Emilia. Y como vivan
-juntos y no era cosa de contenerse por unos das fugitivos&mdash;qu ms
-da!&mdash;aquella misma noche le hicieron sucesor al nio y muy poco despus
+<p>El argumento era algo especioso, pero persuadió a Emilia. Y como vivían
+juntos y no era cosa de contenerse por unos días fugitivos&mdash;¡qué más
+da!&mdash;aquella misma noche le hicieron sucesor al niño y muy poco después
se casaron como la Santa Madre Iglesia y el providente Estado mandan.</p>
-<p>Y fueron en lo que en lo humano cabe&mdash;y no es poco!&mdash;felices, y
-tuvieron diez hijos ms, una bendicin de Dios, con lo cual pudo morir
+<p>Y fueron en lo que en lo humano cabe&mdash;¡y no es poco!&mdash;felices, y
+tuvieron diez hijos más, una bendición de Dios, con lo cual pudo morir
tranquilo <i>ab intestato</i>, por tener ya quienes forzosamente le
-heredaran, el sencillo Don Rafael, que de cazador y tresillista pas de
-dos brincos a padre de familia. Y es lo que l sola decir como resumen
-de su filosofa prctica: Hay que dar al azar lo suyo!</p>
+heredaran, el sencillo Don Rafael, que de cazador y tresillista pasó de
+dos brincos a padre de familia. Y es lo que él solía decir como resumen
+de su filosofía práctica: ¡Hay que dar al azar lo suyo!</p>
<p><a name="page_110" id="page_110"></a></p>
<p><a name="page_111" id="page_111"></a></p>
-<h2><a name="Solo" id="Solo"></a>Solo!<br /><br />
-<small>(PALACIO VALDS)</small></h2>
+<h2><a name="Solo" id="Solo"></a>¡Solo!<br /><br />
+<small>(PALACIO VALDÉS)</small></h2>
<p><a name="page_112" id="page_112"></a></p>
<p><a name="page_113" id="page_113"></a></p>
-<p class="head">SOLO!</p>
+<p class="head">¡SOLO!</p>
-<p>Fresnedo dorma profundamente su siesta acostumbrada. Al lado del divn
-estaba el velador maqueado, manchado de ceniza de cigarro, y sobre l un
-platillo y una taza, pregonando que el caf no desvela a todas las
+<p>Fresnedo dormía profundamente su siesta acostumbrada. Al lado del diván
+estaba el velador maqueado, manchado de ceniza de cigarro, y sobre él un
+platillo y una taza, pregonando que el café no desvela a todas las
personas. La estancia, amueblada para el verano con mecedoras y sillas
de rejilla, estera fina de paja, y las paredes desnudas y pintadas al
fresco, se hallaba menos que a media luz: las persianas la dejaban a
-duras penas filtrarse. Por esto no se senta el calor. Por esto y porque
-nos hallamos en una de las provincias ms frescas del Norte de Espaa y
-en el campo. Reinaba silencio. Escuchbase slo fuera el suave ronquido
-de las cigarras y el <i>po po</i> de algn pjaro que, protegido por los
-pmpanos de la parra que cie el balcn, se complaca en interrumpir la
-siesta de sus compaeros. Alguna vez, muy lejos, se oa el chirrido de
-un carro, lento, montono, convidando al sueo. Dentro de la casa haban
-cesado ya tiempo haca los ruidos del fregado de los platos. La
-fregatriz,<a name="page_114" id="page_114"></a> la robusta, la colosal Mariona, como andaba descalza, slo
-produca un leve gemido de las tablas, que se quejaban al recibir tan
+duras penas filtrarse. Por esto no se sentía el calor. Por esto y porque
+nos hallamos en una de las provincias más frescas del Norte de España y
+en el campo. Reinaba silencio. Escuchábase sólo fuera el suave ronquido
+de las cigarras y el <i>pío pío</i> de algún pájaro que, protegido por los
+pámpanos de la parra que ciñe el balcón, se complacía en interrumpir la
+siesta de sus compañeros. Alguna vez, muy lejos, se oía el chirrido de
+un carro, lento, monótono, convidando al sueño. Dentro de la casa habían
+cesado ya tiempo hacía los ruidos del fregado de los platos. La
+fregatriz,<a name="page_114" id="page_114"></a> la robusta, la colosal Mariona, como andaba descalza, sólo
+producía un leve gemido de las tablas, que se quejaban al recibir tan
enorme y maciza humanidad.</p>
-<p>Cualquiera envidiara aquella estancia fresca, aquel silencio dulce,
-aquel sueo plcido. Fresnedo era un sibarita; pero solamente en el
-verano. Durante el invierno trabajaba como un negro all en su
-escritorio de la calle de Espoz y Mina, donde tena un gran
+<p>Cualquiera envidiaría aquella estancia fresca, aquel silencio dulce,
+aquel sueño plácido. Fresnedo era un sibarita; pero solamente en el
+verano. Durante el invierno trabajaba como un negro allá en su
+escritorio de la calle de Espoz y Mina, donde tenía un gran
establecimiento de alfombras. Era hombre que pasaba un poco de los
cuarenta, fuerte y sano como suelen ser los que no han llevado una
juventud borrascosa: la tez morena, el pelo crespo, el bigote largo y
-comenzando a ponerse gris. Haba nacido en Campizos, punto donde nos
-hallamos, hijo de labradores regularmente acomodados. Mandronle a
-Madrid a los catorce aos con un to comerciante. Trabaj con bro e
-inteligencia; fu su primer dependiente; despus, su asociado; por
-ltimo se cas con su hija, y hered su hacienda y su comercio. Contrajo
-matrimonio tarde, cuando ya se acercaba a los cuarenta aos. Su mujer
-slo tena veinte. Educada en el bienestar y hasta en el lujo que le
-poda procurar el viejo Fresnedo, Margarita era una de esas nias
-madrileas, toda melindres, toda vanidad, postrada ante las mil
+comenzando a ponerse gris. Había nacido en Campizos, punto donde nos
+hallamos, hijo de labradores regularmente acomodados. Mandáronle a
+Madrid a los catorce años con un tío comerciante. Trabajó con brío e
+inteligencia; fué su primer dependiente; después, su asociado; por
+último se casó con su hija, y heredó su hacienda y su comercio. Contrajo
+matrimonio tarde, cuando ya se acercaba a los cuarenta años. Su mujer
+sólo tenía veinte. Educada en el bienestar y hasta en el lujo que le
+podía procurar el viejo Fresnedo, Margarita era una de esas niñas
+madrileñas, toda melindres, toda vanidad, postrada ante las mil
ridiculeces de la vida cortesana, cual<a name="page_115" id="page_115"></a> si estuviesen determinadas por
-sentencias de un cdigo inmortal, desviada enteramente de la vida de la
+sentencias de un código inmortal, desviada enteramente de la vida de la
Naturaleza y la verdad. Por eso odiaba el campo, y muy particularmente
-el ignorado y frondoso lugarcito donde tena origen su linaje humilde.
-Lo odiaba casi tanto como su mam, la esposa del viejo Fresnedo, que, a
-pesar de ser hija de una cacharrera de la calle de la Aduana, tena a
+el ignorado y frondoso lugarcito donde tenía origen su linaje humilde.
+Lo odiaba casi tanto como su mamá, la esposa del viejo Fresnedo, que, a
+pesar de ser hija de una cacharrera de la calle de la Aduana, tenía a
menos poner los pies en Campizos.</p>
-<p>Tanto como ellas lo odiaban ambalo el buen Fresnedo. Mientras fu
-dependiente de su to, arrancbale todos los aos licencia para pasar el
-mes de Julio o Agosto en su pas. Cuando sus ganancias se lo
-permitieron, levant al lado de la de sus padres una casita muy linda,
-rodeada de jardn, y comenz a comprar todos los pedazos de tierra que
-cerca de ella salan a la venta. En pocos aos logr hacerse un
-propietario respetable. Y al comps que se haca dueo de la tierra
-donde corrieron sus primeros aos, su amor hacia ella creca
+<p>Tanto como ellas lo odiaban amábalo el buen Fresnedo. Mientras fué
+dependiente de su tío, arrancábale todos los años licencia para pasar el
+mes de Julio o Agosto en su país. Cuando sus ganancias se lo
+permitieron, levantó al lado de la de sus padres una casita muy linda,
+rodeada de jardín, y comenzó a comprar todos los pedazos de tierra que
+cerca de ella salían a la venta. En pocos años logró hacerse un
+propietario respetable. Y al compás que se hacía dueño de la tierra
+donde corrieron sus primeros años, su amor hacia ella crecía
desmesuradamente. Puede cualquiera figurarse el disgusto que el honrado
-comerciante experiment cuando, despus de casado con su prima, sta le
-anunci, al llegar el verano, que no estaba dispuesta a sepultarse en
-Campizos, decisin que su ta y suegra reciente apoy con maravilloso
-coraje. Fu necesario<a name="page_116" id="page_116"></a> resignarse a veranear en San Sebastin. Al ao
+comerciante experimentó cuando, después de casado con su prima, ésta le
+anunció, al llegar el verano, que no estaba dispuesta «a sepultarse en
+Campizos», decisión que su tía y suegra reciente apoyó con maravilloso
+coraje. Fué necesario<a name="page_116" id="page_116"></a> resignarse a veranear en San Sebastián. Al año
siguiente, lo mismo. Pero al llegar al cuarto, Fresnedo tuvo la audacia
-de rebelarse, produciendo un gran tumulto domstico.&mdash;O a Campizos, o a
-ninguna parte este verano. Estamos, seoras? Y los bigotes se le
-erizaron de tal modo inflexible al pronunciar estas enrgicas palabras,
-que la delicada esposa se desmay acto continuo, y la animosa suegra,
-rociando las sienes de su hija con agua fresca y dndole a oler el
-frasco del antiespasmdico, comenz a increparle amargamente:</p>
-
-<p>&mdash;Huele, hija ma, huele!... Si las cosas se hicieran dos veces!... La
+de rebelarse, produciendo un gran tumulto doméstico.&mdash;«O a Campizos, o a
+ninguna parte este verano. ¿Estamos, señoras?» Y los bigotes se le
+erizaron de tal modo inflexible al pronunciar estas enérgicas palabras,
+que la delicada esposa se desmayó acto continuo, y la animosa suegra,
+rociando las sienes de su hija con agua fresca y dándole a oler el
+frasco del antiespasmódico, comenzó a increparle amargamente:</p>
+
+<p>&mdash;¡Huele, hija mía, huele!... ¡Si las cosas se hicieran dos veces!... La
culpa la he tenido yo en poner en manos de un paleto una flor tan
delicada.</p>
-<p>Cuando la flor delicada abri al fin los ojos, fu para soltar por ellos
-un caudal de lgrimas y para decir con acento tristsimo:</p>
+<p>Cuando la flor delicada abrió al fin los ojos, fué para soltar por ellos
+un caudal de lágrimas y para decir con acento tristísimo:</p>
-<p>&mdash;Nunca lo creyera de Ramn!</p>
+<p>&mdash;¡Nunca lo creyera de Ramón!</p>
-<p>Fresnedo se conmovi. Hubo explicaciones. Al fin se transigi de un modo
-honroso para las dos partes. Convnose en que Margarita y su mam iran
-a San Sebastin, llevando a la nia de quince meses, y que Fresnedo
-fuse a Campizos el mes de Agosto, con Jess, el nio mayor, de edad de
-tres aos, y su niera. Esta es la razn de que Fresnedo se encuentre<a name="page_117" id="page_117"></a>
+<p>Fresnedo se conmovió. Hubo explicaciones. Al fin se transigió de un modo
+honroso para las dos partes. Convínose en que Margarita y su mamá irían
+a San Sebastián, llevando a la niña de quince meses, y que Fresnedo
+fuése a Campizos el mes de Agosto, con Jesús, el niño mayor, de edad de
+tres años, y su niñera. Esta es la razón de que Fresnedo se encuentre<a name="page_117" id="page_117"></a>
durmiendo la siesta donde acabamos de verle.</p>
-<p>Despertle de ella una voz bien conocida:</p>
+<p>Despertóle de ella una voz bien conocida:</p>
-<p>&mdash;Pap, pap.</p>
+<p>&mdash;Papá, papá.</p>
-<p>Abri los ojos y vi a su hijo a dos pasos, con su mandilito de dril
-color perla, sus zapatitos blancos y el negro y enmaraado cabello cado
-en bucles graciosos sobre la frente. Era un chico ms robusto que
-hermoso. La tez, de suyo morena, tenala ahora requemada por los das
+<p>Abrió los ojos y vió a su hijo a dos pasos, con su mandilito de dril
+color perla, sus zapatitos blancos y el negro y enmarañado cabello caído
+en bucles graciosos sobre la frente. Era un chico más robusto que
+hermoso. La tez, de suyo morena, teníala ahora requemada por los días
que llevaba de aldea haciendo una vida libre y casi salvaje. Su padre le
-tena todo el da a la intemperie, siguiendo escrupulosamente las
-instrucciones de su mdico.</p>
-
-<p>&mdash;Pap..., dijo Tata que t no queras... que t no queras... que t no
-queras... comprarme un carro... y que el carnero... y que el carnero no
-era mo..., que era de Carmita (la hermana), y no me deja cogerlo por
-los cuernos, y me peg en la mano.</p>
-
-<p>El chiquitn, al pronunciar este discurso con su graciosa media lengua,
-detenindose a cada momento, mostraba en sus ojos negros y profundos la
-indignacin vivsima y mucha sed de justicia. Por un instante pareci
-que iba a romper en llanto; pero su temperamento enrgico se sobrepuso,
-y despus de hacer una pausa cerr su perorata con una interjeccin de<a name="page_118" id="page_118"></a>
-carretero. El padre le haba estado escuchando embelesado, animndole
-con sus gestos a proseguir, lo mismo que si una msica celeste le
-regalase los odos. Al oir la interjeccin, estall en una sonora y
-alegre carcajada. El nio le mir con asombro, no pudiendo comprender
-que lo que a l le pona tan fuera de s causase el regocijo de su pap.
-Este hubiera estado escuchndole horas y horas sin pestaear. Y eso que,
-segn contaba su suegra a las visitas, cuando quera dar el golpe de
-gracia a su yerno y perderle completamente ante la conciencia pblica,
-se haba dormido oyendo <i>La Favorita a Gayarre</i>!!!</p>
-
-<p>&mdash;S, vida ma? La Tata no quiere que cojas el carnero por los
-cuernos? Deja que me levante, ya vers cmo arreglo yo a la Tata!</p>
-
-<p>Fresnedo atrajo a su hijo y le aplic dos formidables besos en las
-mejillas, acaricindole al mismo tiempo la cabecita con las manos.</p>
-
-<p>El chico no haba agotado el captulo de los agravios que crea haber
-recibido de su niera... Sigui gorjeando que sta no haba querido
+tenía todo el día a la intemperie, siguiendo escrupulosamente las
+instrucciones de su médico.</p>
+
+<p>&mdash;Papá..., dijo Tata que tú no querías... que tú no querías... que tú no
+querías... comprarme un carro... y que el carnero... y que el carnero no
+era mío..., que era de Carmita (la hermana), y no me deja cogerlo por
+los cuernos, y me pegó en la mano.</p>
+
+<p>El chiquitín, al pronunciar este discurso con su graciosa media lengua,
+deteniéndose a cada momento, mostraba en sus ojos negros y profundos la
+indignación vivísima y mucha sed de justicia. Por un instante pareció
+que iba a romper en llanto; pero su temperamento enérgico se sobrepuso,
+y después de hacer una pausa cerró su perorata con una interjección de<a name="page_118" id="page_118"></a>
+carretero. El padre le había estado escuchando embelesado, animándole
+con sus gestos a proseguir, lo mismo que si una música celeste le
+regalase los oídos. Al oir la interjección, estalló en una sonora y
+alegre carcajada. El niño le miró con asombro, no pudiendo comprender
+que lo que a él le ponía tan fuera de sí causase el regocijo de su papá.
+Este hubiera estado escuchándole horas y horas sin pestañear. Y eso que,
+según contaba su suegra a las visitas, cuando quería dar el golpe de
+gracia a su yerno y perderle completamente ante la conciencia pública,
+¡¡¡se había dormido oyendo <i>La Favorita a Gayarre</i>!!!</p>
+
+<p>&mdash;¿Sí, vida mía? ¿La Tata no quiere que cojas el carnero por los
+cuernos? ¡Deja que me levante, ya verás cómo arreglo yo a la Tata!</p>
+
+<p>Fresnedo atrajo a su hijo y le aplicó dos formidables besos en las
+mejillas, acariciándole al mismo tiempo la cabecita con las manos.</p>
+
+<p>El chico no había agotado el capítulo de los agravios que creía haber
+recibido de su niñera... Siguió gorjeando que ésta no había querido
darle pan.</p>
<p>&mdash;Hace poco tiempo que hemos comido.</p>
-<p>&mdash;Hace mucho&mdash;dijo el nio con despecho.</p>
+<p>&mdash;Hace mucho&mdash;dijo el niño con despecho.</p>
-<p>&mdash;Bueno, ya te lo dar yo.<a name="page_119" id="page_119"></a></p>
+<p>&mdash;Bueno, ya te lo daré yo.<a name="page_119" id="page_119"></a></p>
-<p>Adems, la Tata no haba querido contarle un cuento, ni hacer vaquitas
-de papel. Adems, le haba pinchado con un alfiler aqu. Y sealaba una
+<p>Además, la Tata no había querido contarle un cuento, ni hacer vaquitas
+de papel. Además, le había pinchado con un alfiler aquí. Y señalaba una
manecita.</p>
-<p>&mdash;Pues es cierto!&mdash;exclam Fresnedo viendo, en efecto un ligero
-rasguo.&mdash;Dolores! Dolores!&mdash;grit despus.</p>
+<p>&mdash;¡Pues es cierto!&mdash;exclamó Fresnedo viendo, en efecto un ligero
+rasguño.&mdash;¡Dolores! ¡Dolores!&mdash;gritó después.</p>
-<p>Presentse la niera. El amo la increp duramente por llevar alfileres
-en la ropa, contra su prohibicin expresa. Jess, viendo a la Tata
-triste y acobardada, fu a restregarse con sus faldas, como pidindole
-perdn de haber sido causa de su disgusto.</p>
+<p>Presentóse la niñera. El amo la increpó duramente por llevar alfileres
+en la ropa, contra su prohibición expresa. Jesús, viendo a la Tata
+triste y acobardada, fué a restregarse con sus faldas, como pidiéndole
+perdón de haber sido causa de su disgusto.</p>
-<p>&mdash;Bueno&mdash;dijo Fresnedo levantndose del divn y esperezndose.&mdash;Ahora
-nos iremos al establo y cogers al carnero por los cuernos. Quieres,
+<p>&mdash;Bueno&mdash;dijo Fresnedo levantándose del diván y esperezándose.&mdash;Ahora
+nos iremos al establo y cogerás al carnero por los cuernos. ¿Quieres,
Chucho?</p>
-<p>Chucho quiso descoyuntarse la cabeza haciendo seales de afirmacin que
+<p>Chucho quiso descoyuntarse la cabeza haciendo señales de afirmación que
corroboraba vivamente con su media lengua. Pero echando al mismo tiempo
-una mirada tmida a su Tata, y vindola todava seria y avergonzada, le
+una mirada tímida a su Tata, y viéndola todavía seria y avergonzada, le
dijo con encantadora sonrisa:</p>
-<p>&mdash;No te enfades, boba; t vienes tambin con nosotros.</p>
+<p>&mdash;No te enfades, boba; tú vienes también con nosotros.</p>
-<p>Fresnedo se visti su americana de dril, se cubri con un sombrero de
-paja, y tomando de la mano a su nio, baj al jardn, y de all se
+<p>Fresnedo se vistió su americana de dril, se cubrió con un sombrero de
+paja, y tomando de la mano a su niño, bajó al jardín, y de allí se
trasladaron al establo. Al<a name="page_120" id="page_120"></a> abrir la puerta, Chucho, que iba muy
-decidido, se detuvo y esper a que su padre penetrase. Estaba obscuro.
-Del fondo de la cuadra sala el vaho tibio y hmedo que despide siempre
-el ganado. Las vacas mugieron dbilmente, lo cual puso en gran
-sobresalto a Jess, que se neg rotundamente a entrar, bajo el pretexto
-especioso de que se iba a manchar los zapatos. Su padre le tom entonces
-en brazos y pas y quiso acercarle a las vacas y que les pusiese la mano
-en el testuz. Chucho, que no las llevaba todas consigo, confes que a
-las vacas les tena un potito de miedo. A los carneros ya era otra
-cosa. A stos declaraba que no les tema poco ni mucho; que jams haba
-sentido por ellos ms que amor y veneracin.</p>
+decidido, se detuvo y esperó a que su padre penetrase. Estaba obscuro.
+Del fondo de la cuadra salía el vaho tibio y húmedo que despide siempre
+el ganado. Las vacas mugieron débilmente, lo cual puso en gran
+sobresalto a Jesús, que se negó rotundamente a entrar, bajo el pretexto
+especioso de que se iba a manchar los zapatos. Su padre le tomó entonces
+en brazos y pasó y quiso acercarle a las vacas y que les pusiese la mano
+en el testuz. Chucho, que no las llevaba todas consigo, confesó que a
+las vacas les tenía un «potito de miedo». A los carneros ya era otra
+cosa. A éstos declaraba que no les temía poco ni mucho; que jamás había
+sentido por ellos más que amor y veneración.</p>
<p>&mdash;Bueno, vamos a ver los carneros&mdash;dijo Fresnedo sonriendo.</p>
-<p>Y se trasladaron al departamento de las ovejas. All pretendi dejarlo
-en el suelo; mas en cuanto puso los piececitos en l, Jess manifest
-que estaba cansadsimo, y hubo que auparlo de nuevo. Acercle su padre a
-un carnero y le invit a que le tomase por un cuerno. Era cosa grave y
-digna de meditarse. Chucho lo pens con detenimiento. Avanz un poco la
-mano, la retir otra vez, volvi a avanzarla, volvi a retirarla. Por
-ltimo, se decidi a manifestar a su pap<a name="page_121" id="page_121"></a> que a los carneros les tena
-un potito miedo. Pero, en cambio, dijo que a las gallinas las trataba
-con la mayor confianza; que en su vida le haban inspirado el ms mnimo
-recelo; que se senta con fuerzas para cogerlas del rabo, de las patas y
+<p>Y se trasladaron al departamento de las ovejas. Allí pretendió dejarlo
+en el suelo; mas en cuanto puso los piececitos en él, Jesús manifestó
+que estaba cansadísimo, y hubo que auparlo de nuevo. Acercóle su padre a
+un carnero y le invitó a que le tomase por un cuerno. Era cosa grave y
+digna de meditarse. Chucho lo pensó con detenimiento. Avanzó un poco la
+mano, la retiró otra vez, volvió a avanzarla, volvió a retirarla. Por
+último, se decidió a manifestar a su papá<a name="page_121" id="page_121"></a> que a los carneros les tenía
+«un potito miedo». Pero, en cambio, dijo que a las gallinas las trataba
+con la mayor confianza; que en su vida le habían inspirado el más mínimo
+recelo; que se sentía con fuerzas para cogerlas del rabo, de las patas y
hasta del pico, porque eran unos animales cobardes y despreciables, al
menos en su concepto. Fresnedo no tuvo inconveniente en llevarle al
gallinero, que estaba en la parte trasera de la casa, fabricado con una
-valla de tela metlica. All Chucho, con una bravura de que hay pocos
-ejemplos en la historia, se dirigi al gallo mayor, enorme animal de
-casta espaola, soberbio de posturas y ardiente de ojo. Trat de cogerle
-por el rabo, como haba formalmente prometido, pero el grave sultn del
-gallinero chill de tal horrsona manera, extendiendo las alas y dando
-feroces sacudidas, que el fro de la muerte penetr en el corazn de
-Chucho. Apresurse a soltarlo y se agarr aterrado al cuello de su
+valla de tela metálica. Allí Chucho, con una bravura de que hay pocos
+ejemplos en la historia, se dirigió al gallo mayor, enorme animal de
+casta española, soberbio de posturas y ardiente de ojo. Trató de cogerle
+por el rabo, como había formalmente prometido, pero el grave sultán del
+gallinero chilló de tal horrísona manera, extendiendo las alas y dando
+feroces sacudidas, que el frío de la muerte penetró en el corazón de
+Chucho. Apresuróse a soltarlo y se agarró aterrado al cuello de su
padre.</p>
-<p>&mdash;Pero, hombre, no decas que no tenas miedo a las gallinas?&mdash;exclam
-ste riendo.</p>
+<p>&mdash;Pero, hombre, ¿no decías que no tenías miedo a las gallinas?&mdash;exclamó
+éste riendo.</p>
-<p>&mdash;T, t...; cgelo t, pap.</p>
+<p>&mdash;Tú, tú...; cógelo tú, papá.</p>
<p>&mdash;Yo tengo miedo.</p>
-<p>&mdash;No, t no tienes miedo.</p>
+<p>&mdash;No, tú no tienes miedo.</p>
-<p>&mdash;Y t, lo tienes?</p>
+<p>&mdash;Y tú, ¿lo tienes?</p>
-<p>Call avergonzado; pero al fin confes<a name="page_122" id="page_122"></a> que a las gallinas tambin les
-tena un potito de miedo.</p>
+<p>Calló avergonzado; pero al fin confesó<a name="page_122" id="page_122"></a> que a las gallinas también les
+tenía «un potito de miedo».</p>
-<p>Desde all llevle otra vez Fresnedo al establo, y despus de varios
-sustos y vacilaciones logr que pusiera su manecita en el hocico de un
-becerro. Mas ocurrindole al animal sacar la lengua y pasrsela por la
-mano, la aspereza de ella le produjo tal impresin, que no quiso ya
-arrimarse a ningn otro individuo de la raza vacuna. Subile despus al
-pajar. Qu placer para Chucho! Hundirse en la crujiente hierba,
-agarrarla y esparcirla en pequeos puados; dejarse caer hacia atrs con
-los brazos abiertos! Pero an era mayor el gozo de su padre
-contemplndole. Jugaron a sepultarse vivos. Fresnedo se dejaba enterrar
-por su hijo, que iba amontonando hierba sobre l con vigor y crueldad
-que nadie esperara de l. Mas a lo mejor de la operacin, su pap daba
+<p>Desde allí llevóle otra vez Fresnedo al establo, y después de varios
+sustos y vacilaciones logró que pusiera su manecita en el hocico de un
+becerro. Mas ocurriéndole al animal sacar la lengua y pasársela por la
+mano, la aspereza de ella le produjo tal impresión, que no quiso ya
+arrimarse a ningún otro individuo de la raza vacuna. Subióle después al
+pajar. ¡Qué placer para Chucho! ¡Hundirse en la crujiente hierba,
+agarrarla y esparcirla en pequeños puñados; dejarse caer hacia atrás con
+los brazos abiertos! Pero aún era mayor el gozo de su padre
+contemplándole. Jugaron a sepultarse vivos. Fresnedo se dejaba enterrar
+por su hijo, que iba amontonando hierba sobre él con vigor y crueldad
+que nadie esperara de él. Mas a lo mejor de la operación, su papá daba
una violenta sacudida y echaba a volar toda la hierba. Y con esto el
-chico soltaba nuevas carcajadas, como si aquello fuese el caso ms
+chico soltaba nuevas carcajadas, como si aquello fuese el caso más
chistoso de la tierra. Sudaba una gota por todos los poros de su tierno
-cuerpecito, tena los cabellos pegados a la frente y el rostro
-encendido. Cuando su pap trat de tomar la revancha y sepultarle a l,
-no pudo resistirlo. As que se hall con hierba sobre los ojos, dise a
-gritar y concluy por llorar con verdadero sentimiento, cayndole<a name="page_123" id="page_123"></a> por
-las mejillas unas lgrimas que su padre se apresur a beber con besos
+cuerpecito, tenía los cabellos pegados a la frente y el rostro
+encendido. Cuando su papá trató de tomar la revancha y sepultarle a él,
+no pudo resistirlo. Así que se halló con hierba sobre los ojos, dióse a
+gritar y concluyó por llorar con verdadero sentimiento, cayéndole<a name="page_123" id="page_123"></a> por
+las mejillas unas lágrimas que su padre se apresuró a beber con besos
apasionados.</p>
-<p>S; en aquel momento a Fresnedo le atac uno de esos accesos de ternura
-que solan ser en l frecuentes. Jess era su familia, todo su amor, la
-nica ilusin de su vida. Si entrsemos por los ltimos pliegues de su
-corazn, es posible que no hallramos ya un tomo de cario hacia su
-mujer. El carcter altanero, impertinente y desabrido de sta haba
-matado el fuego de la pasin que sinti por ella al casarse. Pero aquel
-tierno pimpollo, aquel botn de rosa, aquel pastelito dulce amasado por
-los ngeles lo llenaba todo, ocupaba enteramente su vida, era el fondo
-de sus pensamientos, el consuelo de sus pesares. Abrazbalo con arrebato
-y cubra sus frescas mejillas con besos prolongados apretadsimos,
-murmurando despus a su odo palabras fogosas de enamorado.</p>
-
-<p>&mdash;Quin te quiere ms que nadie en el mundo, hermoso mo? No es tu
-pap? Di, lucero. Y t, a quin quieres ms? S, vida ma, s; te
-quiero tanto, que dara por ti la vida con gusto. Por ti, nada ms que
-por ti, quisiera ser algo de provecho en el mundo. Por ti, slo por ti,
-trabajo y trabajar hasta morir! Nunca te podr pagar lo feliz que me
+<p>Sí; en aquel momento a Fresnedo le atacó uno de esos accesos de ternura
+que solían ser en él frecuentes. Jesús era su familia, todo su amor, la
+única ilusión de su vida. Si entrásemos por los últimos pliegues de su
+corazón, es posible que no halláramos ya un átomo de cariño hacia su
+mujer. El carácter altanero, impertinente y desabrido de ésta había
+matado el fuego de la pasión que sintió por ella al casarse. Pero aquel
+tierno pimpollo, aquel botón de rosa, aquel pastelito dulce amasado por
+los ángeles lo llenaba todo, ocupaba enteramente su vida, era el fondo
+de sus pensamientos, el consuelo de sus pesares. Abrazábalo con arrebato
+y cubría sus frescas mejillas con besos prolongados apretadísimos,
+murmurando después a su oído palabras fogosas de enamorado.</p>
+
+<p>&mdash;¿Quién te quiere más que nadie en el mundo, hermoso mío? ¿No es tu
+papá? Di, lucero. Y tú, ¿a quién quieres más? Sí, vida mía, sí; te
+quiero tanto, que daría por ti la vida con gusto. Por ti, nada más que
+por ti, quisiera ser algo de provecho en el mundo. Por ti, sólo por ti,
+trabajo y trabajaré hasta morir! ¡Nunca te podré pagar lo feliz que me
haces, criatura!</p>
-<p>El nio no comprenda, pero adivinaba<a name="page_124" id="page_124"></a> aquella pasin y la corresponda,
+<p>El niño no comprendía, pero adivinaba<a name="page_124" id="page_124"></a> aquella pasión y la correspondía,
finamente. Sus grandes ojos negros, expresivos, se posaban en su padre,
-esforzndose por penetrar en aquel mundo de amor y descifrar el sentido
-de palabras tan fervorosas. Despus de un momento de silencio en que
-pareci que meditaba, tom con sus manecitas como claveles la cara de su
-padre, y acercando la boca a su odo, le dijo con voz tenue como un
+esforzándose por penetrar en aquel mundo de amor y descifrar el sentido
+de palabras tan fervorosas. Después de un momento de silencio en que
+pareció que meditaba, tomó con sus manecitas como claveles la cara de su
+padre, y acercando la boca a su oído, le dijo con voz tenue como un
soplo:</p>
-<p>&mdash;Pap, voy a decirte una cosa... Te quiero ms que a mam... No se lo
-digas, eh?</p>
+<p>&mdash;Papá, voy a decirte una cosa... Te quiero más que a mamá... No se lo
+digas, ¿eh?</p>
-<p>Al buen Fresnedo se le humedecan los ojos con estas cosas.</p>
+<p>Al buen Fresnedo se le humedecían los ojos con estas cosas.</p>
-<p>Bajaron del pajar, salieron del establo, y despus de consultado el
-reloj, el comerciante resolvi irse a baar, como todos los das, al
-ro.</p>
+<p>Bajaron del pajar, salieron del establo, y después de consultado el
+reloj, el comerciante resolvió irse a bañar, como todos los días, al
+río.</p>
-<p>&mdash;Chucho, vienes conmigo al bao?</p>
+<p>&mdash;Chucho, ¿vienes conmigo al baño?</p>
-<p>Cielo santo, qu felicidad!</p>
+<p>¡Cielo santo, qué felicidad!</p>
-<p>Chucho quiso volverse loco de alegra. Generalmente el bao de su padre
-le causaba algunas lgrimas porque no poda llevarle consigo a causa de
-la niera. Fresnedo se baaba en un sitio retirado, pero en cueros
-vivos. Esta vez se decidi a llevar a su hijo y dejar a Dolores en casa.
-El nio comenz a pedir a grandes gritos el sombrero. No quera subir
-por l a casa, temiendo que su padre se le escapase como otras veces. La
-Tata, riendo, se lo tir del balcn,<a name="page_125" id="page_125"></a> y lo mismo la sbana del pap y la
+<p>Chucho quiso volverse loco de alegría. Generalmente el baño de su padre
+le causaba algunas lágrimas porque no podía llevarle consigo a causa de
+la niñera. Fresnedo se bañaba en un sitio retirado, pero en cueros
+vivos. Esta vez se decidió a llevar a su hijo y dejar a Dolores en casa.
+El niño comenzó a pedir a grandes gritos el sombrero. No quería subir
+por él a casa, temiendo que su padre se le escapase como otras veces. La
+Tata, riendo, se lo tiró del balcón,<a name="page_125" id="page_125"></a> y lo mismo la sábana del papá y la
sombrilla.</p>
-<p>El ro estaba a un kilmetro de la casa. Era necesario caminar por unas
+<p>El río estaba a un kilómetro de la casa. Era necesario caminar por unas
callejas bordadas de toscas paredillas recamadas de zarzamora y
madreselva. El sol empezaba a declinar, y el valle, el hermoso valle de
-Campizos, rodeado de suaves colinas pobladas de castaares, y en segundo
-trmino de un cinturn de elevadsimas montaas, cuyas crestas nadaban
-en un vapor violceo, dorma la siesta silencioso, ostentando su manto
-de verdura incomparable. Haba todos los matices del verde en este
+Campizos, rodeado de suaves colinas pobladas de castañares, y en segundo
+término de un cinturón de elevadísimas montañas, cuyas crestas nadaban
+en un vapor violáceo, dormía la siesta silencioso, ostentando su manto
+de verdura incomparable. Había todos los matices del verde en este
manto, desde el claro amarillento de la hierba tierna, hasta el obscuro
y profundo de los robles y negrillos.</p>
-<p>Caminaban padre e hijo por las angostas calles preservndose del sol con
+<p>Caminaban padre e hijo por las angostas calles preservándose del sol con
la sombrilla del primero. Pero Chucho se escapaba muchas veces y
Fresnedo le dejaba libre, convencido de que era bueno acostumbrarlo a
todo. Gozaba al verle correr delante, con su mandilito de dril y su gran
sombrero de paja con cintas azules. Chucho andaba cuatro veces el
camino, como los perros. Paraba a cada instante para coger las
florecitas que estaban al alcance de su mano, y las que no, obligaba
-despticamente a su padre a cogerlas y adems a cortar algunas ramas de
-los rboles, con las cuales iba barriendo el camino. Por<a name="page_126" id="page_126"></a> cierto que en
-medio de l tuvo un encuentro desdichado y temeroso. Al doblar un recodo
-tropezse nuestro nio con un cerdo, un gran cerdo negro y redondo,
-caminando en la misma direccin. Chucho tuvo la temeridad de acercarse a
-l y cogerle por el rabo. Este aditamento de los animales ejerca una
-influencia magntica sobre sus diminutas manos regordetas. El cerdo que
-estaba, al parecer, de mal humor y nervioso, al sentirse asido lanz un
-terrible bufido, y dando la vuelta para escapar, embisti con el nio y
-lo volc. Cristo Padre, qu grito! All acudi Fresnedo corriendo, y lo
-levant y le limpi las lgrimas y el polvo, hacindole presente al
-mismo tiempo que tomara venganza de aquel cerdo brbaro y descorts as
-que llegaran a casa. Con lo cual se aplac Chucho, no sin manifestar
-antes que el cerdo era muy feo y que a l le gustaban ms los perros,
-porque eran buenos y le conocan, y cuando estaban de humor le laman la
+despóticamente a su padre a cogerlas y además a cortar algunas ramas de
+los árboles, con las cuales iba barriendo el camino. Por<a name="page_126" id="page_126"></a> cierto que en
+medio de él tuvo un encuentro desdichado y temeroso. Al doblar un recodo
+tropezóse nuestro niño con un cerdo, un gran cerdo negro y redondo,
+caminando en la misma dirección. Chucho tuvo la temeridad de acercarse a
+él y cogerle por el rabo. Este aditamento de los animales ejercía una
+influencia magnética sobre sus diminutas manos regordetas. El cerdo que
+estaba, al parecer, de mal humor y nervioso, al sentirse asido lanzó un
+terrible bufido, y dando la vuelta para escapar, embistió con el niño y
+lo volcó. ¡Cristo Padre, qué grito! Allá acudió Fresnedo corriendo, y lo
+levantó y le limpió las lágrimas y el polvo, haciéndole presente al
+mismo tiempo que tomaría venganza de aquel cerdo bárbaro y descortés así
+que llegaran a casa. Con lo cual se aplacó Chucho, no sin manifestar
+antes que el cerdo era muy feo y que a él le gustaban más los perros,
+porque eran buenos y le conocían, y cuando estaban de humor le lamían la
cara.</p>
<p>Hubo que pasar por algunas saltaderas. Fresnedo tomaba a su hijo en
-brazos y le pona de la parte de all con gran cuidado. Dejaron el
-camino real y empezaron a caminar por los prados, donde Jess se empe
-en coger un grillo. Su padre le mand orinar en el agujero para que
-saliese. As lo hizo, y como el grillo no quera asomar, se irrit
-contra s mismo porque no<a name="page_127" id="page_127"></a> poda orinar ms y llor desconsoladamente.
-Aunque con gran sentimiento, renunci a aquella caza difcil y se dedic
+brazos y le ponía de la parte de allá con gran cuidado. Dejaron el
+camino real y empezaron a caminar por los prados, donde Jesús se empeñó
+en coger un grillo. Su padre le mandó orinar en el agujero para que
+saliese. Así lo hizo, y como el grillo no quería asomar, se irritó
+contra sí mismo porque no<a name="page_127" id="page_127"></a> podía orinar más y lloró desconsoladamente.
+Aunque con gran sentimiento, renunció a aquella caza difícil y se dedicó
a las <i>anitas de Dios</i>, y se entretuvo un rato, demasiado largo, en
-opinin de su pap, a ponerlas en la palma de la mano, cantndoles:
+opinión de su papá, a ponerlas en la palma de la mano, cantándoles:
<i>Anita, anita de Dios, abra las alas y vete con Dios</i>, precioso conjuro
-que la haba enseado su Tata, persona muy instruda en este linaje de
+que la había enseñado su Tata, persona muy instruída en este linaje de
conocimientos.</p>
-<p>Por fin llegaron al ro. Corra sereno y lmpido por entre praderas,
+<p>Por fin llegaron al río. Corría sereno y límpido por entre praderas,
orlado de avellanos que salen de la tierra como grandes ramilletes.
Formaba en aquel paraje un remanso que llamaban en la aldea el <i>Pozo de
Tresagua</i>. Era el pozo bastante hondo, el sitio retirado y deleitoso.
-Ningn otro haba en los contornos de Campizos ms a propsito para
-baarse. Llegaba el csped hasta la misma orilla, y sobre aquella verde
-alfombra era grato sentarse y cmodamente se poda cualquiera desnudar
+Ningún otro había en los contornos de Campizos más a propósito para
+bañarse. Llegaba el césped hasta la misma orilla, y sobre aquella verde
+alfombra era grato sentarse y cómodamente se podía cualquiera desnudar
sin peligro de ser visto. Los avellanos, macizos de verdura, no dejaban
-pasar los rayos del sol, que an luca vivo y ardiente. All gozaba
-Fresnedo del bao ms que el sultn de Turqua, acumulando salud y
-felicidad para todo el ao. En aquel mismo sitio se haba baado de nio
-con otra porcin de compaeros que hoy eran labradores. Qu placer
-senta recordando los pormenores de su vida infantil, cuando era un
+pasar los rayos del sol, que aún lucía vivo y ardiente. Allí gozaba
+Fresnedo del baño más que el sultán de Turquía, acumulando salud y
+felicidad para todo el año. En aquel mismo sitio se había bañado de niño
+con otra porción de compañeros que hoy eran labradores. ¡Qué placer
+sentía recordando los pormenores de su vida infantil, cuando era un
zagalillo a<a name="page_128" id="page_128"></a> quien su padres recomendaban el cuidado del ganado en el
monte o les ayudaba en todas las faenas de la agricultura! Cuando los
recuerdos de la infancia van unidos a una vida libre en el seno de la
Naturaleza, por pobre que se haya sido, siempre aparecen alegres,
deliciosos.</p>
-<p>Descansaron algunos minutos padre e hijo sobre el csped reposando el
-calor, y al fin se decidi aquel a ir despojndose poco a poco de la
-ropa. Mientras lo haca, tarareaba una cancin de zarzuela de las que
-llegaban a sus odos de Madrid. La alegra le rebosaba del alma. Su hijo
+<p>Descansaron algunos minutos padre e hijo sobre el césped «reposando el
+calor», y al fin se decidió aquel a ir despojándose poco a poco de la
+ropa. Mientras lo hacía, tarareaba una canción de zarzuela de las que
+llegaban a sus oídos de Madrid. La alegría le rebosaba del alma. Su hijo
le miraba atentamente con sus grandes ojos negros. De vez en cuando
-Fresnedo levantaba los suyos hacia l, y le deca sonriendo:</p>
+Fresnedo levantaba los suyos hacia él, y le decía sonriendo:</p>
-<p>&mdash;Qu hay, Chucho? Te quieres baar conmigo?</p>
+<p>&mdash;¿Qué hay, Chucho? ¿Te quieres bañar conmigo?</p>
<p>Chucho se contentaba con reir, como diciendo:</p>
-<p>Qu bromista es este pap! Como si no supiese que armo un escndalo
+<p>¡Qué bromista es este papá! ¡Como si no supiese que armo un escándalo
cada vez que intentan meterme en el agua!</p>
-<p>Fresnedo se baaba enteramente desnudo. Le incomodaba mucho cualquier
-traje de bao. En aquel sitio tena la seguridad de no ser visto. Cuando
-se qued en cueros vivos, el asombro y la curiosidad retratados en la
-cara de su Chipiln, le causaron cierta vergenza y se cubri con la
-sbana. Pero Chucho no estaba conforme<a name="page_129" id="page_129"></a> y empez a gorjear, mientras
-tiraba de la sbana con sus manecitas, que su pap tena pelo en el
-cuerpo y que l no lo tena, y que la Tata tampoco lo tena...</p>
+<p>Fresnedo se bañaba enteramente desnudo. Le incomodaba mucho cualquier
+traje de baño. En aquel sitio tenía la seguridad de no ser visto. Cuando
+se quedó en cueros vivos, el asombro y la curiosidad retratados en la
+cara de su «Chipilín», le causaron cierta vergüenza y se cubrió con la
+sábana. Pero Chucho no estaba conforme<a name="page_129" id="page_129"></a> y empezó a gorjear, mientras
+tiraba de la sábana con sus manecitas, «que su papá tenía pelo en el
+cuerpo y que él no lo tenía, y que la Tata tampoco lo tenía...»</p>
-<p>&mdash;Vamos, Chucho, cllate&mdash;le dijo el pap con semblante grave&mdash;. No se
-habla de eso. Los nios no hablan de eso.</p>
+<p>&mdash;Vamos, Chucho, cállate&mdash;le dijo el papá con semblante grave&mdash;. No se
+habla de eso. Los niños no hablan de eso.</p>
-<p>&mdash;Y por qu no hablan los nios de eso? Fresnedo no contest.</p>
+<p>&mdash;¿Y por qué no hablan los niños de eso? Fresnedo no contestó.</p>
-<p>&mdash;Por qu no hablan los nios de eso, pap?&mdash;repiti el chico.</p>
+<p>&mdash;¿Por qué no hablan los niños de eso, papá?&mdash;repitió el chico.</p>
-<p>El comerciante quiso distraerle hablndole de otras cosas, pero Chucho
-no acudi al engao.</p>
+<p>El comerciante quiso distraerle hablándole de otras cosas, pero Chucho
+no acudió al engaño.</p>
-<p>&mdash;Por qu no hablan los nios de eso, pap?&mdash;insisti lleno de
+<p>&mdash;¿Por qué no hablan los niños de eso, papá?&mdash;insistió lleno de
curiosidad.</p>
-<p>&mdash;Porque no est bien&mdash;respondi.</p>
+<p>&mdash;Porque no está bien&mdash;respondió.</p>
-<p>&mdash;Y por qu no est bien?</p>
+<p>&mdash;¿Y por qué no está bien?</p>
-<p>&mdash;Vaya, vaya, djame en paz!&mdash;exclam entre impaciente y risueo.</p>
+<p>&mdash;¡Vaya, vaya, déjame en paz!&mdash;exclamó entre impaciente y risueño.</p>
-<p>Embozado en la sbana como en un jaique moruno avanz hacia el agua.</p>
+<p>Embozado en la sábana como en un jaique moruno avanzó hacia el agua.</p>
-<p>&mdash;Mira, Chucho&mdash;dijo volvindose&mdash;, no te muevas de ah. Sentadito hasta
-que yo salga, verdad?... Mira, vas a ver cmo me tiro de cabeza al
-agua. Mira bien. A la una..., a las dos... Mira bien, Chucho... A las
+<p>&mdash;Mira, Chucho&mdash;dijo volviéndose&mdash;, no te muevas de ahí. Sentadito hasta
+que yo salga, ¿verdad?... Mira, vas a ver cómo me tiro de cabeza al
+agua. Mira bien. A la una..., a las dos... Mira bien, Chucho... ¡A las
tres!</p>
-<p>Fresnedo, que haba dejado caer la sbana al dar las voces y se haba
-colocado sobre un pequeo cantil, lanzse, en efecto de cabeza al pozo
+<p>Fresnedo, que había dejado caer la sábana al dar las voces y se había
+colocado sobre un pequeño cantil, lanzóse, en efecto de cabeza al pozo
con el placer que lo hacen<a name="page_130" id="page_130"></a> los hombres llenos de vida. Al hundirse, su
-cuerpo robusto agit violentamente el agua, produjo en ella una
-verdadera tempestad, cuyas gotas salpicaron al mismo Jess. Este sufri
-un estremecimiento y qued atnito, maravillado, al ver prontamente
+cuerpo robusto agitó violentamente el agua, produjo en ella una
+verdadera tempestad, cuyas gotas salpicaron al mismo Jesús. Este sufrió
+un estremecimiento y quedó atónito, maravillado, al ver prontamente
salir a su padre y nadar haciendo volteretas y cabriolas en el agua.</p>
-<p>&mdash;Mira, Chucho! Mira!</p>
+<p>&mdash;¡Mira, Chucho! ¡Mira!</p>
-<p>Y se puso con el vientre arriba, dejndose flotar sin movimiento alguno.</p>
+<p>Y se puso con el vientre arriba, dejándose flotar sin movimiento alguno.</p>
<p>&mdash;Mira, mira ahora.</p>
-<p>Y nadaba hacia atrs con los pies solamente.</p>
+<p>Y nadaba hacia atrás con los pies solamente.</p>
-<p>&mdash;Vers ahora: voy a nadar como los perros.</p>
+<p>&mdash;Verás ahora: voy a nadar como los perros.</p>
<p>Nadaba, en efecto, chapoteando el agua con las palmas de las manos.</p>
-<p>Con qu gozo recordaba el rico comerciante aquellas habilidades
-aprendidas en la niez!</p>
+<p>¡Con qué gozo recordaba el rico comerciante aquellas habilidades
+aprendidas en la niñez!</p>
-<p>Chucho estaba arrobado en xtasis delicioso contemplndole. No perda
+<p>Chucho estaba arrobado en éxtasis delicioso contemplándole. No perdía
uno solo de sus movimientos.</p>
-<p>&mdash;Chucho! Chuchn! Bien mo! Quin te quiere?&mdash;gritaba Fresnedo
+<p>&mdash;¡Chucho! ¡Chuchín! ¡Bien mío! ¿Quién te quiere?&mdash;gritaba Fresnedo
embriagado por la felicidad que las caricias del agua y los ojos
-inocentes de su hijo le producan.</p>
+inocentes de su hijo le producían.</p>
-<p>El nio guardaba silencio completamente absorto y atento a los juegos
+<p>El niño guardaba silencio completamente absorto y atento a los juegos
natatorios de su padre.<a name="page_131" id="page_131"></a></p>
-<p>&mdash;Vamos, di, Chipiln, quin te quiere?</p>
+<p>&mdash;Vamos, di, Chipilín, ¿quién te quiere?</p>
-<p>&mdash;Pap&mdash;respondi grave con su voz levemente ronca, sin dejar de
+<p>&mdash;Papá&mdash;respondió grave con su voz levemente ronca, sin dejar de
contemplarle atentamente.</p>
-<p>Una de las habilidades en que Fresnedo haba sobresalido de nio y que
-mucho le enorgulleca, era la de pescar truchas a mano. Siempre que
-vena a Campizos se ejercitaba en esta pesca. Era verdaderamente notable
+<p>Una de las habilidades en que Fresnedo había sobresalido de niño y que
+mucho le enorgullecía, era la de pescar truchas a mano. Siempre que
+venía a Campizos se ejercitaba en esta pesca. Era verdaderamente notable
su destreza para reconocer y batir los agujeros de las rocas, bloquear
-la trucha y agarrarla por las agallas al fin. Los pescadores del pas
-confesaban que se las poda haber con cualquiera de ellos, y se contaba
-que de nio haba salido del agua con tres truchas, una en cada mano y
-otra en la boca, aunque Fresnedo no quera confirmarlo. Pues bien; en
-este momento le acometi el deseo de proporcionar un placer a su hijo y
-drselo a s mismo.</p>
+la trucha y agarrarla por las agallas al fin. Los pescadores del país
+confesaban que se las podía haber con cualquiera de ellos, y se contaba
+que de niño había salido del agua con tres truchas, una en cada mano y
+otra en la boca, aunque Fresnedo no quería confirmarlo. Pues bien; en
+este momento le acometió el deseo de proporcionar un placer a su hijo y
+dárselo a sí mismo.</p>
-<p>&mdash;Vers, Chipiln, voy a sacarte una trucha... Quieres?</p>
+<p>&mdash;Verás, Chipilín, voy a sacarte una trucha... ¿Quieres?</p>
-<p>Ya lo creo que quera!</p>
+<p>¡Ya lo creo que quería!</p>
-<p>Pues si cabalmente Chucho senta mayor inclinacin, si cabe, a los
-animales acuticos que a los terrestres!</p>
+<p>¡Pues si cabalmente Chucho sentía mayor inclinación, si cabe, a los
+animales acuáticos que a los terrestres!</p>
-<p>Fresnedo hizo una larga aspiracin y se sumergi, dejando a su hijo
-maravillado; registr los huecos de algunas piedras del fondo, y slo
+<p>Fresnedo hizo una larga aspiración y se sumergió, dejando a su hijo
+maravillado; registró los huecos de algunas piedras del fondo, y sólo
pudo tocar con los dedos la cola de una trucha sin lograr agarrarla.
-Como le faltase el aliento, subi a respirar.<a name="page_132" id="page_132"></a></p>
+Como le faltase el aliento, subió a respirar.<a name="page_132" id="page_132"></a></p>
-<p>&mdash;Chucho, no he podido cogerla; pero ya caer.</p>
+<p>&mdash;Chucho, no he podido cogerla; pero ya caerá.</p>
-<p>&mdash;Por qu caer, pap?&mdash;pregunt el nio que no dejaba escapar un
+<p>&mdash;¿Por qué caerá, papá?&mdash;preguntó el niño que no dejaba escapar un
modismo sin hacer que se lo explicasen.</p>
-<p>&mdash;Quiero decir que ya la coger.</p>
+<p>&mdash;Quiero decir que ya la cogeré.</p>
-<p>Otra vez aspir el aire con fuerza y se lanz al fondo. Al cabo de unos
-momentos sali a la superficie con una trucha en la mano, que arroj a
-la orilla. Chucho di un grito de susto y alegra al ver a sus pies al
-animalito brincando y retorcindose con furia. Quera agarrarlo cuando
+<p>Otra vez aspiró el aire con fuerza y se lanzó al fondo. Al cabo de unos
+momentos salió a la superficie con una trucha en la mano, que arrojó a
+la orilla. Chucho dió un grito de susto y alegría al ver a sus pies al
+animalito brincando y retorciéndose con furia. Quería agarrarlo cuando
paraba un instante; pero al acercar su manecita la trucha daba un salto,
y el chico, estremecido, la retiraba vivamente; intentaba nuevamente
-asirla lanzando chillidos alegres, y otro salto le asustaba y le pona
-sbito grave. Estaba nervioso; gritaba, rea, hablaba, lloraba a un
+asirla lanzando chillidos alegres, y otro salto le asustaba y le ponía
+súbito grave. Estaba nervioso; gritaba, reía, hablaba, lloraba a un
tiempo mismo, mientras su padre, embelesado, nadaba suavemente
-contemplndole.</p>
+contemplándole.</p>
-<p>&mdash;Anda, valiente! Agrrala, que no te hace nada!... Por la cola,
-tonto!... Quieres que te pesque otra ms grande?</p>
+<p>&mdash;¡Anda, valiente! ¡Agárrala, que no te hace nada!... ¡Por la cola,
+tonto!... ¿Quieres que te pesque otra más grande?</p>
-<p>&mdash;S, ms gande, pap. Esta no me gusta&mdash;respondi el chiquito
-renunciando ya bravamente a agarrar una trucha tan pequea.</p>
+<p>&mdash;Sí, más gande, papá. Esta no me gusta&mdash;respondió el chiquito
+renunciando ya bravamente a agarrar una trucha tan pequeña.</p>
-<p>El buen comerciante se prepar para otro chapuz; dejse ir al fondo y
-con prisa comenz a registrar los agujeros de una<a name="page_133" id="page_133"></a> roca grande que antes
-haba visto. La muerte feroz y traidora aguardaba dentro. Meti el brazo
-en uno de ellos harto angosto, y cuando intent sacarlo no pudo. La
-sangre se le agolp toda al corazn. Perdi la serenidad para buscar la
-postura en que haba entrado. Forceje en vano algunos momentos. Abri
-la boca al fin, falto de aliento, y en pocos segundos qued asfixiado el
+<p>El buen comerciante se preparó para otro chapuz; dejóse ir al fondo y
+con prisa comenzó a registrar los agujeros de una<a name="page_133" id="page_133"></a> roca grande que antes
+había visto. La muerte feroz y traidora aguardaba dentro. Metió el brazo
+en uno de ellos harto angosto, y cuando intentó sacarlo no pudo. La
+sangre se le agolpó toda al corazón. Perdió la serenidad para buscar la
+postura en que había entrado. Forcejeó en vano algunos momentos. Abrió
+la boca al fin, falto de aliento, y en pocos segundos quedó asfixiado el
infeliz.</p>
-<p>Chucho esper en vano su salida. Mir con gran curiosidad por algunos
+<p>Chucho esperó en vano su salida. Miró con gran curiosidad por algunos
minutos el agua, hasta que, cansado de esperar, dijo con inocente
naturalidad:</p>
-<p>&mdash;Pap, sal!</p>
+<p>&mdash;¡Papá, sal!</p>
-<p>El padre no obedeci. Esper unos instantes, y volvi a gritar con ms
-energa:</p>
+<p>El padre no obedeció. Esperó unos instantes, y volvió a gritar con más
+energía:</p>
-<p>&mdash;Pap, sal!</p>
+<p>&mdash;¡Papá, sal!</p>
-<p>Y cada vez ms impaciente, repiti este grito, concluyendo por llorar.
-Largo rato estuvo diciendo lo mismo con desesperacin:</p>
+<p>Y cada vez más impaciente, repitió este grito, concluyendo por llorar.
+Largo rato estuvo diciendo lo mismo con desesperación:</p>
-<p>&mdash;Sal, pap, sal!</p>
+<p>&mdash;¡Sal, papá, sal!</p>
-<p>Sus rosadas mejillas estaban baadas de lgrimas; sus ojos grandes,
+<p>Sus rosadas mejillas estaban bañadas de lágrimas; sus ojos grandes,
hermosos, inocentes, se fijaban ansiosos en el pozo donde a cada
instante se figuraba ver salir a su padre.</p>
-<p>Un salto de la trucha que tena cerca, viva an, le distrajo. Acerc su
-manecita a ella y la toc con un dedo. La trucha se movi levemente.
-Volvi a tocarla y se movi menos an. Entonces, alentado por<a name="page_134" id="page_134"></a> el
-abatimiento del animal, se atrevi a posar la palma de la mano sobre l.
-La trucha no rebull. Chucho principi a gorjear por lo bajo que l no
-tena miedo a las truchas y que si estuviera all su hermana Carmita
-indudablemente no osara poner la mano sobre una bestia tan feroz como
-aqulla. Tanto se fu envalentonando, que concluy por agarrarla por la
-cola y suspenderla. Aquel acto de herosmo despert en l mucha alegra.
+<p>Un salto de la trucha que tenía cerca, viva aún, le distrajo. Acercó su
+manecita a ella y la tocó con un dedo. La trucha se movió levemente.
+Volvió a tocarla y se movió menos aún. Entonces, alentado por<a name="page_134" id="page_134"></a> el
+abatimiento del animal, se atrevió a posar la palma de la mano sobre él.
+La trucha no rebulló. Chucho principió a gorjear por lo bajo que él no
+tenía miedo a las truchas y que si estuviera allí su hermana Carmita
+indudablemente no osaría poner la mano sobre una bestia tan feroz como
+aquélla. Tanto se fué envalentonando, que concluyó por agarrarla por la
+cola y suspenderla. Aquel acto de heroísmo despertó en él mucha alegría.
Fluyeron de su garganta algunas sonoras carcajadas. Pero una violenta
-sacudida de la trucha le oblig a soltarla aterrado. Mir a su
-alrededor, y no viendo a nadie, se fij otra vez en el pozo y torn a
+sacudida de la trucha le obligó a soltarla aterrado. Miró a su
+alrededor, y no viendo a nadie, se fijó otra vez en el pozo y tornó a
gritar, llorando:</p>
-<p>&mdash;Sal, pap! Sal, pap!... No quero trucha, pap! Sal!</p>
+<p>&mdash;¡Sal, papá! ¡Sal, papá!... ¡No quero trucha, papá! ¡Sal!</p>
<p>El sol declinaba. Aquel retirado paraje, situado en la falda misma de la
-colina, se iba poblando de sombras. All, en el horizonte, el sol se
-ocultaba detrs de las altas y lejanas montaas de color violeta.</p>
+colina, se iba poblando de sombras. Allá, en el horizonte, el sol se
+ocultaba detrás de las altas y lejanas montañas de color violeta.</p>
-<p>&mdash;Teno miedo, pap... Sal, papato!&mdash;gritaba la tierna criatura
-bebiendo lgrimas.</p>
+<p>&mdash;Teno miedo, papá... ¡Sal, papaíto!&mdash;gritaba la tierna criatura
+bebiendo lágrimas.</p>
-<p>Ninguna voz responda a la suya. Escuchbanse tan slo las esquilas del
-ganado o algn mujido lejano. El ro segua murmurando suavemente su
+<p>Ninguna voz respondía a la suya. Escuchábanse tan sólo las esquilas del
+ganado o algún mujido lejano. El río seguía murmurando suavemente su
eterna queja.</p>
-<p>Rendido, ronco de tanto gritar, Chucho se dej caer sobre el csped y se
-durmi. Pero su sueo fu intranquilo. Era una<a name="page_135" id="page_135"></a> criatura excesivamente
-nerviosa, y la agitacin con que se haba dormido le hizo despertar al
-poco rato. Haba cerrado la noche. Al principio no se di cuenta de
-dnde estaba, y dijo como otras veces en su camita:</p>
+<p>Rendido, ronco de tanto gritar, Chucho se dejó caer sobre el césped y se
+durmió. Pero su sueño fué intranquilo. Era una<a name="page_135" id="page_135"></a> criatura excesivamente
+nerviosa, y la agitación con que se había dormido le hizo despertar al
+poco rato. Había cerrado la noche. Al principio no se dió cuenta de
+dónde estaba, y dijo como otras veces en su camita:</p>
<p>&mdash;Tata, quero agua.</p>
-<p>Pero viendo que la Tata no acuda, se incorpor sobre el csped, mir
-alrededor, y su pequeo corazn se encogi de terror observando la
+<p>Pero viendo que la Tata no acudía, se incorporó sobre el césped, miró
+alrededor, y su pequeño corazón se encogió de terror observando la
obscuridad que reinaba.</p>
-<p>&mdash;Tata, Tata!&mdash;grit repetidas veces...</p>
+<p>&mdash;¡Tata, Tata!&mdash;gritó repetidas veces...</p>
-<p>La luz de la luna rielaba en el agua. Atrados sus ojos hacia ella,
-Chucho se acord de pronto que su pap estaba con l y se haba metido
-en el ro a sacarle una trucha. Y entre sollozos que le rompan el pecho
-y lgrimas que le cegaban, volvi a gritar:</p>
+<p>La luz de la luna rielaba en el agua. Atraídos sus ojos hacia ella,
+Chucho se acordó de pronto que su papá estaba con él y se había metido
+en el río a sacarle una trucha. Y entre sollozos que le rompían el pecho
+y lágrimas que le cegaban, volvió a gritar:</p>
-<p>&mdash;Sal, pap; sal, mi pap!... Teno miedo!</p>
+<p>&mdash;¡Sal, papá; sal, mi papá!... ¡Teno miedo!</p>
-<p>La voz del nio resonaba tristemente en la obscura campia silenciosa.
-Ah! Si el buen Fresnedo pudiera escucharle all en el fondo del pozo,
-hubiera mordido la roca que le tena sujeto, se hubiera arrancado el
+<p>La voz del niño resonaba tristemente en la obscura campiña silenciosa.
+¡Ah! Si el buen Fresnedo pudiera escucharle allá en el fondo del pozo,
+hubiera mordido la roca que le tenía sujeto, se hubiera arrancado el
brazo para acudir a su llamamiento.</p>
-<p>No pudiendo ya gritar ms porque le faltaba la voz y el aliento,
-destrozado por el cansancio, cay otra vez dormido, y as le hallaron
-los que haban salido en su busca.</p>
+<p>No pudiendo ya gritar más porque le faltaba la voz y el aliento,
+destrozado por el cansancio, cayó otra vez dormido, y así le hallaron
+los que habían salido en su busca.</p>
<p><a name="page_136" id="page_136"></a></p>
<p><a name="page_137" id="page_137"></a></p>
-<h2><a name="El_Rey_Burgues" id="El_Rey_Burgues"></a>El Rey Burgus.<br /><br />
-<small>(RUBN DARO)</small></h2>
+<h2><a name="El_Rey_Burgues" id="El_Rey_Burgues"></a>El Rey Burgués.<br /><br />
+<small>(RUBÉN DARÍO)</small></h2>
<p><a name="page_138" id="page_138"></a></p>
@@ -2960,201 +2909,201 @@ los que haban salido en su busca.</p>
<p class="head">EL REY BURGUES</p>
-<p>Amigo!, el cielo est opaco; el aire, fro; el da, triste. Un cuento
-alegre..., as como para distraer las brumosas y grises melancolas,
-helo aqu.</p>
+<p>¡Amigo!, el cielo está opaco; el aire, frío; el día, triste. Un cuento
+alegre..., así como para distraer las brumosas y grises melancolías,
+helo aquí.</p>
<p class="tb">*&nbsp; *&nbsp; *</p>
-<p>Haba en una ciudad inmensa y brillante un rey muy poderoso, que tena
+<p>Había en una ciudad inmensa y brillante un rey muy poderoso, que tenía
trajes caprichosos y ricos, esclavas desnudas, blancas y negras;
-caballos de largas crines, armas flamantsimas, galgos rpidos y
+caballos de largas crines, armas flamantísimas, galgos rápidos y
monteros con cuernos de bronce, que llenaban el viento con sus
-fanfarrias. Era un rey poeta? No, amigo mo: era el Rey Burgus.</p>
+fanfarrias. ¿Era un rey poeta? No, amigo mío: era el Rey Burgués.</p>
<p class="tb">*&nbsp; *&nbsp; *</p>
-<p>Era muy aficionado a las artes el soberano y favoreca con gran largueza
-a sus msicos, a sus hacedores de ditirambos,<a name="page_140" id="page_140"></a> pintores, escultores,
+<p>Era muy aficionado a las artes el soberano y favorecía con gran largueza
+a sus músicos, a sus hacedores de ditirambos,<a name="page_140" id="page_140"></a> pintores, escultores,
boticarios, barberos y maestros de esgrima.</p>
-<p>Cuando iba a la floresta, junto al corzo o jabal herido y sangriento,
-haca improvisar a sus profesores de retrica canciones alusivas; los
+<p>Cuando iba a la floresta, junto al corzo o jabalí herido y sangriento,
+hacía improvisar a sus profesores de retórica canciones alusivas; los
criados llenaban las copas del vino de oro que hierve, y las mujeres
-batan palmas con movimientos rtmicos y gallardos. Era un rey sol, en
-su Babilonia llena de msicas, de carcajadas y de ruido de festn.
+batían palmas con movimientos rítmicos y gallardos. Era un rey sol, en
+su Babilonia llena de músicas, de carcajadas y de ruido de festín.
Cuando se hastiaba de la ciudad bullente, iba de caza, atronando el
-bosque con sus tropeles; y haca salir de sus nidos a las aves
-asustadas, y el vocero repercuta en lo ms escondido de las cavernas.
-Los perros, de patas elsticas, iban rompiendo la maleza en la carrera,
-y los cazadores, inclinados sobre el pescuezo de los caballos, hacan
-ondear los mantos purpreos, y llevaban las caras encendidas y las
+bosque con sus tropeles; y hacía salir de sus nidos a las aves
+asustadas, y el vocerío repercutía en lo más escondido de las cavernas.
+Los perros, de patas elásticas, iban rompiendo la maleza en la carrera,
+y los cazadores, inclinados sobre el pescuezo de los caballos, hacían
+ondear los mantos purpúreos, y llevaban las caras encendidas y las
cabelleras al viento.</p>
<p class="tb">*&nbsp; *&nbsp; *</p>
-<p>El rey tena un palacio soberbio, donde haba acumulado riquezas y
-objetos de arte maravilloso. Llegaba a l por entre grupos de lilas y
+<p>El rey tenía un palacio soberbio, donde había acumulado riquezas y
+objetos de arte maravilloso. Llegaba a él por entre grupos de lilas y
extensos estanques, siendo saludado por los cisnes de cuellos blancos
-antes que por los lacayos estirados. Buen gusto. Suba por una escalera<a name="page_141" id="page_141"></a>
-llena de columnas de alabastro y de esmaragdina, que tena a los lados
-leones de mrmol, como los de los troncos salomnicos. Refinamiento. A
-ms de los cisnes tena una vasta pajarera, como amante de la armona,
-del arrullo, del trino; y cerca de ella iba a ensanchar su espritu
+antes que por los lacayos estirados. Buen gusto. Subía por una escalera<a name="page_141" id="page_141"></a>
+llena de columnas de alabastro y de esmaragdina, que tenía a los lados
+leones de mármol, como los de los troncos salomónicos. Refinamiento. A
+más de los cisnes tenía una vasta pajarera, como amante de la armonía,
+del arrullo, del trino; y cerca de ella iba a ensanchar su espíritu
leyendo novelas de M. Ohnet, o bellos libros sobre cuestiones
-gramaticales, o crticas hermosillescas. Eso s, defensor acrrimo de la
-correccin acadmica en letras, y del modo lamido en artes; alma sublime
-amante de la lija y de la ortografa.</p>
+gramaticales, o críticas hermosillescas. Eso sí, defensor acérrimo de la
+corrección académica en letras, y del modo lamido en artes; alma sublime
+amante de la lija y de la ortografía.</p>
<p class="tb">*&nbsp; *&nbsp; *</p>
-<p>Japoneras! Chineras!, por lujo, y nada ms.</p>
+<p>¡Japonerías! ¡Chinerías!, por lujo, y nada más.</p>
-<p>Bien poda darse el placer de un saln digno del gusto de un Goncourt y
+<p>Bien podía darse el placer de un salón digno del gusto de un Goncourt y
de los millones de un Creso: quimeras de bronce con las fauces abiertas
-y las colas enroscadas, en grupos fantsticos y maravillosos; lacas de
+y las colas enroscadas, en grupos fantásticos y maravillosos; lacas de
Kioto con incrustaciones de hojas y ramas de una flora monstruosa, y
animales de una fauna desconocida; mariposas de raros abanicos junto a
-las paredes; peces y gallos de colores; mscaras de gestos infernales y
-con ojos como si fuesen vivos; partesanas de hojas antiqusimas y
-empuaduras con dragones devorando flores de loto; y en conchas<a name="page_142" id="page_142"></a> de
-huevo, tnicas de seda amarilla, como tejidas con hilos de araa,
+las paredes; peces y gallos de colores; máscaras de gestos infernales y
+con ojos como si fuesen vivos; partesanas de hojas antiquísimas y
+empuñaduras con dragones devorando flores de loto; y en conchas<a name="page_142" id="page_142"></a> de
+huevo, túnicas de seda amarilla, como tejidas con hilos de araña,
sembradas de garzas rojas y de verdes matas de arroz; y tibores,
-porcelanas de muchos siglos, de aquellas en que hay guerreros trtaros
-con una piel que les cubre hasta los riones, y que llevan arcos
+porcelanas de muchos siglos, de aquellas en que hay guerreros tártaros
+con una piel que les cubre hasta los riñones, y que llevan arcos
estirados y manojos de flechas.</p>
-<p>Por lo dems, haba el saln griego, lleno de mrmoles: diosas, musas,
-ninfas y stiros; el saln de los tiempos galantes con cuadros del gran
-Watteau y de Chardin; dos, tres, cuatro, cuntos salones!</p>
+<p>Por lo demás, había el salón griego, lleno de mármoles: diosas, musas,
+ninfas y sátiros; el salón de los tiempos galantes con cuadros del gran
+Watteau y de Chardin; dos, tres, cuatro, ¡cuántos salones!</p>
<p>Y Mecenas se paseaba por todos, con la cara inundada de cierta majestad,
el vientre feliz y la corona en la cabeza, como un rey de naipe.</p>
<p class="tb">*&nbsp; *&nbsp; *</p>
-<p>Un da le llevaron una rara especie de hombre ante su trono, donde se
-hallaba rodeado de cortesanos, de retricos y de maestros de equitacin
+<p>Un día le llevaron una rara especie de hombre ante su trono, donde se
+hallaba rodeado de cortesanos, de retóricos y de maestros de equitación
y de baile.</p>
-<p>&mdash;Qu es eso?&mdash;pregunt.</p>
+<p>&mdash;¿Qué es eso?&mdash;preguntó.</p>
-<p>&mdash;Seor, es un poeta.</p>
+<p>&mdash;Señor, es un poeta.</p>
-<p>El rey tena cisnes en el estanque, canarios, gorriones, senzontes en la
-pajarera: un poeta era algo nuevo y extrao.</p>
+<p>El rey tenía cisnes en el estanque, canarios, gorriones, senzontes en la
+pajarera: un poeta era algo nuevo y extraño.</p>
-<p>&mdash;Dejadle aqu.</p>
+<p>&mdash;Dejadle aquí.</p>
<p>Y el poeta:</p>
-<p>&mdash;Seor, no he comido.<a name="page_143" id="page_143"></a></p>
+<p>&mdash;Señor, no he comido.<a name="page_143" id="page_143"></a></p>
<p>Y el rey:</p>
-<p>&mdash;Habla, y comers.</p>
+<p>&mdash;Habla, y comerás.</p>
-<p>Comenz:</p>
+<p>Comenzó:</p>
<p class="tb">*&nbsp; *&nbsp; *</p>
-<p>&mdash;Seor, ha tiempo que yo canto el verbo del porvenir. He tendido mis
-alas al huracn, he nacido en el tiempo de la aurora: busco la raza
+<p>&mdash;Señor, ha tiempo que yo canto el verbo del porvenir. He tendido mis
+alas al huracán, he nacido en el tiempo de la aurora: busco la raza
escogida que debe esperar, con el himno en la boca y la lira en la mano,
-la salida del gran sol. He abandonado la inspiracin de la ciudad
+la salida del gran sol. He abandonado la inspiración de la ciudad
malsana, la alcoba llena de perfumes, la musa de carne que llena el alma
-de pequeez y el rostro de polvos de arroz. He roto el arpa adulona de
-las cuerdas dbiles contra las copas de Bohemia y las jarras donde
+de pequeñez y el rostro de polvos de arroz. He roto el arpa adulona de
+las cuerdas débiles contra las copas de Bohemia y las jarras donde
espumea el vino que embriaga sin dar fortaleza; he arrojado el manto que
-me haca parecer histrin, o mujer, y he vestido de modo salvaje y
-esplndido: mi harapo es de prpura. He ido a la selva, donde he quedado
+me hacía parecer histrión, o mujer, y he vestido de modo salvaje y
+espléndido: mi harapo es de púrpura. He ido a la selva, donde he quedado
vigoroso y ahito de leche fecunda y licor de nueva vida; y en la ribera
-del mar spero, sacudiendo la cabeza bajo la fuerte y negra tempestad,
-como un ngel soberbio, o como un semidis olmpico, he ensayado el
+del mar áspero, sacudiendo la cabeza bajo la fuerte y negra tempestad,
+como un ángel soberbio, o como un semidiós olímpico, he ensayado el
yambo dando al olvido el madrigal.</p>
<p>He acariciado a la gran Naturaleza, y he buscado el calor del ideal, el
-verso que<a name="page_144" id="page_144"></a> est en el astro en el fondo del cielo, y el que est en la
-perla en lo profundo del Ocano. He querido ser pujante! Porque viene
-el tiempo de las grandes revoluciones, con un Mesas todo luz, todo
-agitacin y potencia, y es preciso recibir su espritu con el poema que
+verso que<a name="page_144" id="page_144"></a> está en el astro en el fondo del cielo, y el que está en la
+perla en lo profundo del Océano. ¡He querido ser pujante! Porque viene
+el tiempo de las grandes revoluciones, con un Mesías todo luz, todo
+agitación y potencia, y es preciso recibir su espíritu con el poema que
sea arco triunfal, de estrofas de acero, de estrofas de oro, de estrofas
de amor.</p>
-<p>Seor!, el arte no est en los fros envoltorios de mrmol, ni en los
-cuadros lamidos, ni en el excelente seor Ohnet! Seor!, el arte no
-viste pantalones, ni habla en burgus, ni pone los puntos en todas las
-es. El es augusto, tiene mantos de oro, o de llamas, o anda desnudo, y
+<p>¡Señor!, el arte no está en los fríos envoltorios de mármol, ni en los
+cuadros lamidos, ni en el excelente señor Ohnet! ¡Señor!, el arte no
+viste pantalones, ni habla en burgués, ni pone los puntos en todas las
+íes. El es augusto, tiene mantos de oro, o de llamas, o anda desnudo, y
amasa la greda con fiebre, y pinta con luz, y es opulento, y da golpes
-de ala como las guilas, o <i>zarpazos</i> como los leones. Seor, entre un
+de ala como las águilas, o <i>zarpazos</i> como los leones. Señor, entre un
Apolo y un ganso, preferid al Apolo, aunque el uno sea de tierra cocida
y el otro de marfil.</p>
-<p>Oh, la poesa!</p>
+<p>¡Oh, la poesía!</p>
-<p>Y bien! Los ritmos se prostituyen, se cantan los lunares de las mujeres
-y se fabrican jarabes poticos. Adems, seor, el zapatero critica mis
-endecaslabos, y el seor profesor de farmacia pone puntos y comas a mi
-inspiracin. Seor, y vos lo autorizis todo esto!... El ideal, el
+<p>¡Y bien! Los ritmos se prostituyen, se cantan los lunares de las mujeres
+y se fabrican jarabes poéticos. Además, señor, el zapatero critica mis
+endecasílabos, y el señor profesor de farmacia pone puntos y comas a mi
+inspiración. Señor, ¡y vos lo autorizáis todo esto!... El ideal, el
ideal...</p>
-<p>El rey interrumpi:</p>
+<p>El rey interrumpió:</p>
-<p>&mdash;Ya habis odo. Qu hacer?<a name="page_145" id="page_145"></a></p>
+<p>&mdash;Ya habéis oído. ¿Qué hacer?<a name="page_145" id="page_145"></a></p>
-<p>Y un filsofo al uso:</p>
+<p>Y un filósofo al uso:</p>
-<p>&mdash;Si lo permits, seor, puede ganarse la comida con una caja de msica;
-podemos colocarle en el jardn, cerca de los cisnes, para cuando os
-paseis.</p>
+<p>&mdash;Si lo permitís, señor, puede ganarse la comida con una caja de música;
+podemos colocarle en el jardín, cerca de los cisnes, para cuando os
+paseéis.</p>
-<p>&mdash;S&mdash;dijo el rey; y dirigindose al poeta:&mdash;Daris vueltas a un
-manubrio. Cerraris la boca. Haris sonar una caja de msica que toca
-valses, cuadrillas y galopas, como no prefiris moriros de hambre. Pieza
-de msica por pedazo de pan. Nada de jerigonzas ni de ideales. Id.</p>
+<p>&mdash;Sí&mdash;dijo el rey; y dirigiéndose al poeta:&mdash;Daréis vueltas a un
+manubrio. Cerraréis la boca. Haréis sonar una caja de música que toca
+valses, cuadrillas y galopas, como no prefiráis moriros de hambre. Pieza
+de música por pedazo de pan. Nada de jerigonzas ni de ideales. Id.</p>
-<p>Y desde aquel da pudo verse a la orilla del estanque de los cisnes al
-poeta hambriento, que daba vueltas al manubrio: tiririrn, tiririrn...,
-avergonzado a las miradas del gran sol! Pasaba el rey por las
-cercanas? Tiririrn, tiririrn...! Haba que llenar el estmago?
-Tiririrn! Todo entre las burlas de los pjaros libres que llegaban a
-beber roco en las lilas floridas, entre el zumbido de las abejas que le
-picaban el rostro y le llenaban los ojos de lgrimas..., lgrimas
-amargas que rodaban por sus mejillas y que caan a la tierra negra!</p>
+<p>Y desde aquel día pudo verse a la orilla del estanque de los cisnes al
+poeta hambriento, que daba vueltas al manubrio: tiririrín, tiririrín...,
+¡avergonzado a las miradas del gran sol! ¿Pasaba el rey por las
+cercanías? ¡Tiririrín, tiririrín...! ¿Había que llenar el estómago?
+¡Tiririrín! Todo entre las burlas de los pájaros libres que llegaban a
+beber rocío en las lilas floridas, entre el zumbido de las abejas que le
+picaban el rostro y le llenaban los ojos de lágrimas..., ¡lágrimas
+amargas que rodaban por sus mejillas y que caían a la tierra negra!</p>
-<p>Y lleg el invierno, y el pobre sinti fro en el cuerpo y en el alma. Y
+<p>Y llegó el invierno, y el pobre sintió frío en el cuerpo y en el alma. Y
su cerebro estaba como petrificado, y los grandes himnos estaban en el
-olvido, y el poeta de la montaa coronada de guilas<a name="page_146" id="page_146"></a> no era sino un
-pobre diablo que daba vueltas al manubrio: tiririrn!</p>
+olvido, y el poeta de la montaña coronada de águilas<a name="page_146" id="page_146"></a> no era sino un
+pobre diablo que daba vueltas al manubrio: ¡tiririrín!</p>
-<p>Y cuando cay la nieve se olvidaron de l el rey y sus vasallos; a los
-pjaros se les abrig, y a l se le dej al aire glacial, que le morda
+<p>Y cuando cayó la nieve se olvidaron de él el rey y sus vasallos; a los
+pájaros se les abrigó, y a él se le dejó al aire glacial, que le mordía
las carnes y le azotaba el rostro.</p>
-<p>Y una noche en que caa de lo alto la lluvia blanca de plumillas
-cristalizadas, en el palacio haba festn, y la luz de las araas rea
-alegre sobre los mrmoles, sobre el oro y sobre las tnicas de los
-mandarines de las viejas porcelanas. Y se aplaudan hasta la locura los
-brindis del seor profesor de retrica, cuajados de dctilos, de
-anapestos y de pirriquios, mientras en las copas cristalinas herva el
-Champaa con su burbujeo luminoso y fugaz. Noche de invierno, noche de
+<p>Y una noche en que caía de lo alto la lluvia blanca de plumillas
+cristalizadas, en el palacio había festín, y la luz de las arañas reía
+alegre sobre los mármoles, sobre el oro y sobre las túnicas de los
+mandarines de las viejas porcelanas. Y se aplaudían hasta la locura los
+brindis del señor profesor de retórica, cuajados de dáctilos, de
+anapestos y de pirriquios, mientras en las copas cristalinas hervía el
+Champaña con su burbujeo luminoso y fugaz. ¡Noche de invierno, noche de
fiesta! Y el infeliz, cubierto de nieve, cerca del estanque, daba
vueltas al manubrio para calentarse, tembloroso y aterido, insultado por
-el cierzo, bajo la blancura implacable y helada, en la noche sombra,
-haciendo resonar entre los rboles sin hojas la msica loca de las
-galopas y cuadrillas; y se qued muerto, pensando en que nacera el sol
-del da venidero, y con l el ideal..., y en que el arte no vestira
-pantalones, sino manto de llamas de oro... Hasta que al da siguiente lo
+el cierzo, bajo la blancura implacable y helada, en la noche sombría,
+haciendo resonar entre los árboles sin hojas la música loca de las
+galopas y cuadrillas; y se quedó muerto, pensando en que nacería el sol
+del día venidero, y con él el ideal..., y en que el arte no vestiría
+pantalones, sino manto de llamas de oro... Hasta que al día siguiente lo
hallaron el rey y sus cortesanos, al pobre diablo de<a name="page_147" id="page_147"></a> poeta, como
-gorrin que mata el hielo, con una sonrisa amarga en los labios, y
-todava con la mano en el manubrio.</p>
+gorrión que mata el hielo, con una sonrisa amarga en los labios, y
+todavía con la mano en el manubrio.</p>
<p class="tb">*&nbsp; *&nbsp; *</p>
-<p>Oh, mi amigo!, el cielo est opaco; el aire fro; el da, triste.
-Flotan brumosas y grises melancolas...</p>
+<p>¡Oh, mi amigo!, el cielo está opaco; el aire frío; el día, triste.
+Flotan brumosas y grises melancolías...</p>
-<p>Pero, cunto calienta el alma una frase, un apretn de manos a tiempo!
+<p>Pero, ¡cuánto calienta el alma una frase, un apretón de manos a tiempo!
Hasta la vista</p>
<p><a name="page_148" id="page_148"></a></p>
@@ -3172,7 +3121,7 @@ Hasta la vista</p>
<div class="rt">
<div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i1">Cer zala ust cenuben<br /></span>
+<span class="i1">¿Cer zala usté cenuben<br /></span>
<span class="i0">enamoratzia?<br /></span>
<span class="i0">Sillau is hira eta<br /></span>
<span class="i0">guitarra jotzia.<br /></span>
@@ -3180,117 +3129,117 @@ Hasta la vista</p>
<span class="i2">(<small>CANTO POPULAR</small>)<br /></span>
</div></div></div>
-<p>Muchas veces, mientras trabajaba en aquel abandonado jardn, Elizabide
-el Vagabundo se deca al ver pasar a Maintoni, que volva de la iglesia:</p>
+<p>Muchas veces, mientras trabajaba en aquel abandonado jardín, Elizabide
+el Vagabundo se decía al ver pasar a Maintoni, que volvía de la iglesia:</p>
-<p>&mdash;Qu pensar?&mdash;Vivir satisfecha? La vida de Maintoni le pareca tan
-extraa! Porque era natural que quien como l haba andado siempre a la
+<p>&mdash;¿Qué pensará?&mdash;¿Vivirá satisfecha? ¡La vida de Maintoni le parecía tan
+extraña! Porque era natural que quien como él había andado siempre a la
buena de Dios rodando por el mundo, encontrara la calma y el silencio de
-la aldea deliciosos; pero ella, que no haba salido nunca de aquel
-rincn, no sentira deseos de asistir a teatros, a fiestas, a
-diversiones, de vivir otra vida ms esplndida, ms intensa? Y como
-Elizabide el Vagabundo no se daba respuesta a su pregunta, segua
-removiendo la tierra con su azadn filosficamente.</p>
-
-<p>&mdash;Es una mujer fuerte&mdash;pensaba despus;&mdash;su alma es tan serena, tan
-clara,<a name="page_152" id="page_152"></a> que llega a preocupar. Una preocupacin cientfica, slo
-cientfica, eso claro. Y Elizabide el Vagabundo, satisfecho de la
-seguridad que se conceda a s mismo de que ntimamente no tomaba parte
-en aquella preocupacin, segua trabajando en el jardn abandonado de su
+la aldea deliciosos; pero ella, que no había salido nunca de aquel
+rincón, ¿no sentiría deseos de asistir a teatros, a fiestas, a
+diversiones, de vivir otra vida más espléndida, más intensa? Y como
+Elizabide el Vagabundo no se daba respuesta a su pregunta, seguía
+removiendo la tierra con su azadón filosóficamente.</p>
+
+<p>&mdash;Es una mujer fuerte&mdash;pensaba después;&mdash;su alma es tan serena, tan
+clara,<a name="page_152" id="page_152"></a> que llega a preocupar. Una preocupación científica, sólo
+científica, eso claro. Y Elizabide el Vagabundo, satisfecho de la
+seguridad que se concedía a sí mismo de que íntimamente no tomaba parte
+en aquella preocupación, seguía trabajando en el jardín abandonado de su
casa.</p>
-<p>Era un tipo curioso el de Elizabide el Vagabundo. Reuna todas las
-cualidades y defectos del vascongado de la costa: era audaz, irnico,
-perezoso, burln. La ligereza y el olvido constituan la base de su
-temperamento: no daba importancia a nada, se olvidaba de todo. Haba
-gastado casi entero su escaso capital en sus correras por Amrica, de
-periodista en un pueblo, de negociante en otro, aqu vendiendo ganado,
-all comerciando en vinos. Estuvo muchas veces a punto de hacer fortuna,
-lo que no consigui por indiferencia. Era de esos hombres que se dejan
-llevar por los acontecimientos sin protestar nunca. Su vida, l la
-comparaba con la marcha de uno de esos troncos que van por el ro, que
+<p>Era un tipo curioso el de Elizabide el Vagabundo. Reunía todas las
+cualidades y defectos del vascongado de la costa: era audaz, irónico,
+perezoso, burlón. La ligereza y el olvido constituían la base de su
+temperamento: no daba importancia a nada, se olvidaba de todo. Había
+gastado casi entero su escaso capital en sus correrías por América, de
+periodista en un pueblo, de negociante en otro, aquí vendiendo ganado,
+allá comerciando en vinos. Estuvo muchas veces a punto de hacer fortuna,
+lo que no consiguió por indiferencia. Era de esos hombres que se dejan
+llevar por los acontecimientos sin protestar nunca. Su vida, él la
+comparaba con la marcha de uno de esos troncos que van por el río, que
si nadie los recoge se pierden al fin en el mar.</p>
-<p>Su inercia y su pereza eran ms de pensamiento que de manos; su alma
-hua de l muchas veces: le bastaba mirar al agua corriente, contemplar
-una nube o una estrella para olvidar el proyecto ms importante de su
+<p>Su inercia y su pereza eran más de pensamiento que de manos; su alma
+huía de él muchas veces: le bastaba mirar al agua corriente, contemplar
+una nube o una estrella para olvidar el proyecto más importante de su
vida, y cuando no lo olvidaba<a name="page_153" id="page_153"></a> por esto, lo abandonaba por cualquier
-otra cosa, sin saber por qu muchas veces.</p>
+otra cosa, sin saber por qué muchas veces.</p>
-<p>Ultimamente se haba encontrado en una estancia del Uruguay, y como
+<p>Ultimamente se había encontrado en una estancia del Uruguay, y como
Elizabide era agradable en su trato y no muy desagradable en su aspecto,
-aunque tena ya sus treinta y ocho aos, el dueo de la estancia le
-ofreci la mano de su hija, una muchacha bastante fea que estaba en
-amores con un mulato. Elizabide, a quien no le pareca mal la vida
-salvaje de la estancia, acept, y ya estaba para casarse cuando sinti
+aunque tenía ya sus treinta y ocho años, el dueño de la estancia le
+ofreció la mano de su hija, una muchacha bastante fea que estaba en
+amores con un mulato. Elizabide, a quien no le parecía mal la vida
+salvaje de la estancia, aceptó, y ya estaba para casarse cuando sintió
la nostalgia de su pueblo, del olor a heno de sus montes, del paisaje
brumoso de la tierra vascongada. Como en sus planes no entraban las
-explicaciones bruscas, una maana, al amanecer, advirti a los padres de
-su futura que iba a ir a Montevideo a comprar el regalo de boda; mont a
-caballo, luego en el tren; lleg a la capital, se embarc en un
-transatlntico, y despus de saludar cariosamente la tierra
-hospitalaria de Amrica, se volvi a Espaa.</p>
-
-<p>Lleg a su pueblo, un pueblecillo de la provincia de Guipzcoa; abraz a
-su hermano Ignacio, que estaba all de boticario; fu a ver a su
-nodriza, a quien prometi no hacer ninguna escapatoria ms, y se instal
-en su casa. Cuando corri por el pueblo la voz de que no slo no haba
-hecho<a name="page_154" id="page_154"></a> dinero en Amrica, sino que lo haba perdido, todo el mundo
-record que antes de salir de la aldea ya tena fama de fatuo, de
+explicaciones bruscas, una mañana, al amanecer, advirtió a los padres de
+su futura que iba a ir a Montevideo a comprar el regalo de boda; montó a
+caballo, luego en el tren; llegó a la capital, se embarcó en un
+transatlántico, y después de saludar cariñosamente la tierra
+hospitalaria de América, se volvió a España.</p>
+
+<p>Llegó a su pueblo, un pueblecillo de la provincia de Guipúzcoa; abrazó a
+su hermano Ignacio, que estaba allí de boticario; fué a ver a su
+nodriza, a quien prometió no hacer ninguna escapatoria más, y se instaló
+en su casa. Cuando corrió por el pueblo la voz de que no sólo no había
+hecho<a name="page_154" id="page_154"></a> dinero en América, sino que lo había perdido, todo el mundo
+recordó que antes de salir de la aldea ya tenía fama de fatuo, de
insubstancial y de vagabundo.</p>
<p>El no se preocupaba absolutamente nada por estas cosas; cavaba en su
huerta, y en los ratos perdidos trabajaba en construir una canoa para
-andar por el ro, cosa que a todo el pueblo indignaba.</p>
+andar por el río, cosa que a todo el pueblo indignaba.</p>
-<p>Elizabide el Vagabundo crea que su hermano Ignacio, la mujer y los
-hijos de ste le desdeaban, y por eso no iba a visitarles ms que de
-cuando en cuando; pero pronto vi que su hermano y su cuada le
-estimaban y le hacan reproches porque no iba a verlos. Elizabide
-comenz a acudir a casa de su hermano con ms frecuencia.</p>
+<p>Elizabide el Vagabundo creía que su hermano Ignacio, la mujer y los
+hijos de éste le desdeñaban, y por eso no iba a visitarles más que de
+cuando en cuando; pero pronto vió que su hermano y su cuñada le
+estimaban y le hacían reproches porque no iba a verlos. Elizabide
+comenzó a acudir a casa de su hermano con más frecuencia.</p>
<p>La casa del boticario estaba a la salida del pueblo, completamente
-aislada; por la parte que miraba al camino tena un jardn rodeado de
-una tapia, y por encima de ella salan ramas de laurel de un verde
-obscuro que protegan algo la fachada del viento del Norte. Pasando el
-jardn estaba la botica.</p>
+aislada; por la parte que miraba al camino tenía un jardín rodeado de
+una tapia, y por encima de ella salían ramas de laurel de un verde
+obscuro que protegían algo la fachada del viento del Norte. Pasando el
+jardín estaba la botica.</p>
-<p>La casa no tena balcones, sino slo ventanas, y stas abiertas en la
-pared sin simetra alguna; quizs esto era debido a que algunas de ellas
+<p>La casa no tenía balcones, sino sólo ventanas, y éstas abiertas en la
+pared sin simetría alguna; quizás esto era debido a que algunas de ellas
estaban tapiadas.</p>
-<p>Al pasar en el tren o en el coche de las provincias del Norte, no
-habis visto<a name="page_155" id="page_155"></a> casas solitarias que, sin saber por qu, os daban envidia?
-Parece que all dentro se debe vivir bien, se adivina una existencia
+<p>Al pasar en el tren o en el coche de las provincias del Norte, ¿no
+habéis visto<a name="page_155" id="page_155"></a> casas solitarias que, sin saber por qué, os daban envidia?
+Parece que allá dentro se debe vivir bien, se adivina una existencia
dulce y apacible; las ventanas con cortinas hablan de interiores casi
-monsticos, de grandes habitaciones amuebladas con arcas y cmodas de
+monásticos, de grandes habitaciones amuebladas con arcas y cómodas de
nogal, de inmensas camas de madera; de una existencia tranquila,
sosegada, cuyas horas pasan lentas, medidas por el viejo reloj de alta
caja que lanza en la noche su sonoro tic-tac.</p>
-<p>La casa del boticario era de stas: en el jardn se vean jacintos,
+<p>La casa del boticario era de éstas: en el jardín se veían jacintos,
heliotropos, rosales y enormes hortensias que llegaban hasta la altura
-de los balcones del piso bajo. Por encima de la tapia del jardn caan
+de los balcones del piso bajo. Por encima de la tapia del jardín caían
como en cascada un torrente de rosas blancas, sencillas, que en
-vascuence se llaman <i>choruas</i> (locas) por lo frvolas que son y por lo
+vascuence se llaman <i>choruas</i> (locas) por lo frívolas que son y por lo
pronto que se marchitan y se caen.</p>
-<p>Cuando Elizabide el Vagabundo fu a casa de su hermano, ya con ms
+<p>Cuando Elizabide el Vagabundo fué a casa de su hermano, ya con más
confianza, el boticario y su mujer, seguidos de todos los chicos, le
-ensearon la casa, limpia, clara y bien oliente; despus fueron a ver la
-huerta, y aqu Elizabide el Vagabundo vi por primera vez a Maintoni,
+enseñaron la casa, limpia, clara y bien oliente; después fueron a ver la
+huerta, y aquí Elizabide el Vagabundo vió por primera vez a Maintoni,
que, con la cabeza cubierta con un sombrero de paja, estaba recogiendo
guisantes en la falda del delantal. Elizabide y ella se saludaron
-framente.<a name="page_156" id="page_156"></a></p>
+fríamente.<a name="page_156" id="page_156"></a></p>
-<p>&mdash;Vamos hacia el ro&mdash;le dijo a su hermana la mujer del
-boticario.&mdash;Diles a las chicas que lleven el chocolate all.</p>
+<p>&mdash;Vamos hacia el río&mdash;le dijo a su hermana la mujer del
+boticario.&mdash;Diles a las chicas que lleven el chocolate allí.</p>
-<p>Maintoni se fu hacia la casa, y los dems, por una especie de tnel
-largo formado por perales que tenan las ramas extendidas como las
-varillas de un abanico, bajaron a una plazoleta que estaba junto al ro,
-entre rboles, en donde haba una mesa rstica y un banco de piedra. El
-sol, al penetrar entre el follaje, iluminaba el fondo del ro y se vean
+<p>Maintoni se fué hacia la casa, y los demás, por una especie de túnel
+largo formado por perales que tenían las ramas extendidas como las
+varillas de un abanico, bajaron a una plazoleta que estaba junto al río,
+entre árboles, en donde había una mesa rústica y un banco de piedra. El
+sol, al penetrar entre el follaje, iluminaba el fondo del río y se veían
las piedras redondas del cauce y los peces que pasaban lentamente
brillando como si fueran de plata. La tarde era de una tranquilidad
admirable; el cielo azul, puro y tranquilo.</p>
@@ -3298,440 +3247,440 @@ admirable; el cielo azul, puro y tranquilo.</p>
<p>Antes del caer de la tarde las dos muchachas de casa del boticario
vinieron con bandejas en la mano trayendo chocolate y bizcochos. Los
chicos se abalanzaron sobre los bizcochos como fieras. Elizabide el
-Vagabundo habl de sus viajes, cont algunas aventuras, y tuvo suspensos
-de sus labios a todos. Slo ella, Maintoni, pareci no entusiasmarse
+Vagabundo habló de sus viajes, contó algunas aventuras, y tuvo suspensos
+de sus labios a todos. Sólo ella, Maintoni, pareció no entusiasmarse
gran cosa con aquellas narraciones.</p>
-<p>&mdash;Maana vendrs, to Pablo, verdad?&mdash;le decan los chicos.</p>
+<p>&mdash;Mañana vendrás, tío Pablo, ¿verdad?&mdash;le decían los chicos.</p>
-<p>&mdash;S, vendr.</p>
+<p>&mdash;Sí, vendré.</p>
-<p>Y Elizabide el Vagabundo se march a su casa y pens en Maintoni y so
-con ella. La vea en su imaginacin tal cual<a name="page_157" id="page_157"></a> era: chiquitilla, esbelta,
+<p>Y Elizabide el Vagabundo se marchó a su casa y pensó en Maintoni y soñó
+con ella. La veía en su imaginación tal cual<a name="page_157" id="page_157"></a> era: chiquitilla, esbelta,
con sus ojos negros, brillantes, rodeada de sus sobrinos, que le
abrazaban y le besuqueaban.</p>
-<p>Como el mayor de los hijos del boticario estudiaba el tercer ao del
-bachillerato, Elizabide se dedic a darle lecciones de francs, y a
-estas lecciones se agreg Maintoni.</p>
+<p>Como el mayor de los hijos del boticario estudiaba el tercer año del
+bachillerato, Elizabide se dedicó a darle lecciones de francés, y a
+estas lecciones se agregó Maintoni.</p>
-<p>Elizabide comenzaba a sentirse preocupado con la hermana de su cuado,
-tan serena, tan inmutable; no se comprenda si su alma era un alma de
-nia sin deseos ni aspiraciones, o si era una mujer indiferente a todo
-lo que no se relacionase con las personas que vivan en su hogar. El
-vagabundo la sola mirar absorto.&mdash;Qu pensar?&mdash;se preguntaba. Una vez
-se sinti atrevido, y la dijo:</p>
+<p>Elizabide comenzaba a sentirse preocupado con la hermana de su cuñado,
+tan serena, tan inmutable; no se comprendía si su alma era un alma de
+niña sin deseos ni aspiraciones, o si era una mujer indiferente a todo
+lo que no se relacionase con las personas que vivían en su hogar. El
+vagabundo la solía mirar absorto.&mdash;¿Qué pensará?&mdash;se preguntaba. Una vez
+se sintió atrevido, y la dijo:</p>
-<p>&mdash;Y usted no piensa casarse, Maintoni?</p>
+<p>&mdash;¿Y usted no piensa casarse, Maintoni?</p>
-<p>&mdash;Yo! casarme!</p>
+<p>&mdash;¡Yo! ¡casarme!</p>
-<p>&mdash;Por qu no?</p>
+<p>&mdash;¿Por qué no?</p>
-<p>&mdash;Quin va a cuidar de los chicos si me caso? Adems, yo ya soy
-<i>nesca-zarra</i> (solterona)&mdash;contest ella rindose.</p>
+<p>&mdash;¿Quién va a cuidar de los chicos si me caso? Además, yo ya soy
+<i>nesca-zarra</i> (solterona)&mdash;contestó ella riéndose.</p>
-<p>&mdash;A los veintisiete aos solterona! Entonces yo, que tengo treinta y
-ocho, debo de estar en el ltimo grado de la decrepitud.</p>
+<p>&mdash;¡A los veintisiete años solterona! Entonces yo, que tengo treinta y
+ocho, debo de estar en el último grado de la decrepitud.</p>
-<p>Maintoni a esto no dijo nada; no hizo ms que sonreir.</p>
+<p>Maintoni a esto no dijo nada; no hizo más que sonreir.</p>
-<p>Aquella noche Elizabide se asombr al ver lo que le preocupaba
+<p>Aquella noche Elizabide se asombró al ver lo que le preocupaba
Maintoni.<a name="page_158" id="page_158"></a></p>
-<p>&mdash;Qu clase de mujer es sta?&mdash;se deca.&mdash;De orgullosa no tiene nada,
-de romntica tampoco, y sin embargo...</p>
+<p>&mdash;¿Qué clase de mujer es ésta?&mdash;se decía.&mdash;De orgullosa no tiene nada,
+de romántica tampoco, y sin embargo...</p>
-<p>En la orilla del ro, cerca de un estrecho desfiladero, brotaba una
-fuente que tena un estanque profundsimo; el agua pareca all de
-cristal por lo inmvil. As era quizs el alma de Maintoni&mdash;se deca
+<p>En la orilla del río, cerca de un estrecho desfiladero, brotaba una
+fuente que tenía un estanque profundísimo; el agua parecía allí de
+cristal por lo inmóvil. Así era quizás el alma de Maintoni&mdash;se decía
Elizabide&mdash;y sin embargo...&mdash;Sin embargo, a pesar de sus definiciones,
-la preocupacin no se desvaneca; al revs, iba hacindose mayor.</p>
+la preocupación no se desvanecía; al revés, iba haciéndose mayor.</p>
-<p>Lleg el verano; en el jardn de la casa del boticario reunanse toda la
-familia, Maintoni y Elizabide el Vagabundo. Nunca fu ste tan exacto
+<p>Llegó el verano; en el jardín de la casa del boticario reuníanse toda la
+familia, Maintoni y Elizabide el Vagabundo. Nunca fué éste tan exacto
como entonces, nunca tan dichoso y tan desgraciado al mismo tiempo. Al
-anochecer, cuando el cielo se llenaba de estrellas y la luz plida de
-Jpiter brillaba en el firmamento, las conversaciones se hacan ms
-ntimas, ms familiares, coreadas por el canto de los sapos. Maintoni se
-mostraba ms expansiva, ms locuaz.</p>
+anochecer, cuando el cielo se llenaba de estrellas y la luz pálida de
+Júpiter brillaba en el firmamento, las conversaciones se hacían más
+íntimas, más familiares, coreadas por el canto de los sapos. Maintoni se
+mostraba más expansiva, más locuaz.</p>
-<p>A las nueve de la noche, cuando se oa el sonar de los cascabeles de la
+<p>A las nueve de la noche, cuando se oía el sonar de los cascabeles de la
diligencia que pasaba por el pueblo con un gran farol sobre la capota
-del pescante, se disolva la reunin y Elizabide se marchaba a su casa
-haciendo proyectos para el da de maana, que giraban siempre alrededor
+del pescante, se disolvía la reunión y Elizabide se marchaba a su casa
+haciendo proyectos para el día de mañana, que giraban siempre alrededor
de Maintoni.<a name="page_159" id="page_159"></a></p>
-<p>A veces, desalentado, se preguntaba:&mdash;No es imbcil haber recorrido el
-mundo para venir a caer en un pueblecillo y enamorarse de una seorita
-de aldea? Y quin se atreva a decirle nada a aquella mujer, tan
+<p>A veces, desalentado, se preguntaba:&mdash;¿No es imbécil haber recorrido el
+mundo para venir a caer en un pueblecillo y enamorarse de una señorita
+de aldea? ¡Y quién se atrevía a decirle nada a aquella mujer, tan
serena, tan impasible!</p>
-<p>Fu pasando el verano, lleg la poca de las fiestas, y el boticario y
-su familia se dispusieron a celebrar la romera de Arnazabal como todos
-los aos.</p>
+<p>Fué pasando el verano, llegó la época de las fiestas, y el boticario y
+su familia se dispusieron a celebrar la romería de Arnazabal como todos
+los años.</p>
-<p>&mdash;T tambin vendrs con nosotros?&mdash;le pregunt el boticario a su
+<p>&mdash;¿Tú también vendrás con nosotros?&mdash;le preguntó el boticario a su
hermano.</p>
<p>&mdash;Yo no.</p>
-<p>&mdash;Por qu no?</p>
+<p>&mdash;¿Por qué no?</p>
<p>&mdash;No tengo ganas.</p>
<p>&mdash;Bueno, bueno; pero te advierto que te vas a quedar solo, porque hasta
-las muchachas vendrn con nosotros.</p>
+las muchachas vendrán con nosotros.</p>
-<p>&mdash;Y usted tambin?&mdash;dijo Elizabide a Maintoni.</p>
+<p>&mdash;¿Y usted también?&mdash;dijo Elizabide a Maintoni.</p>
-<p>&mdash;S. Ya lo creo! A m me gustan mucho las romeras.</p>
+<p>&mdash;Sí. ¡Ya lo creo! A mí me gustan mucho las romerías.</p>
-<p>&mdash;No hagas caso, que no es por eso&mdash;replic el boticario.&mdash;Va a ver al
-mdico de Arnazabal, que es un muchacho joven que el ao pasado le hizo
+<p>&mdash;No hagas caso, que no es por eso&mdash;replicó el boticario.&mdash;Va a ver al
+médico de Arnazabal, que es un muchacho joven que el año pasado le hizo
el amor.</p>
-<p>&mdash;Y por qu no?&mdash;exclam Maintoni sonriendo.</p>
+<p>&mdash;¿Y por qué no?&mdash;exclamó Maintoni sonriendo.</p>
-<p>Elizabide el Vagabundo palideci, enrojeci; pero no dijo nada.</p>
+<p>Elizabide el Vagabundo palideció, enrojeció; pero no dijo nada.</p>
-<p>La vspera de la romera el boticario le volvi a preguntar a su
+<p>La víspera de la romería el boticario le volvió a preguntar a su
hermano:<a name="page_160" id="page_160"></a></p>
-<p>&mdash;Conque vienes o no?</p>
+<p>&mdash;¿Conque vienes o no?</p>
-<p>&mdash;Bueno, ir&mdash;murmur el vagabundo.</p>
+<p>&mdash;Bueno, iré&mdash;murmuró el vagabundo.</p>
-<p>Al da siguiente se levantaron temprano y salieron del pueblo, tomaron
-la carretera, y despus, siguiendo veredas, atravesando prados cubiertos
-de altas hierbas y de purpreas digitales, se internaron en el monte. La
-maana estaba hmeda, templada; el campo mojado por el roco; el cielo
-azul muy plido, con algunas nubecillas blancas que se deshilachaban en
-estras tenues. A las diez de la maana llegaron a Arnazabal, un pueblo
+<p>Al día siguiente se levantaron temprano y salieron del pueblo, tomaron
+la carretera, y después, siguiendo veredas, atravesando prados cubiertos
+de altas hierbas y de purpúreas digitales, se internaron en el monte. La
+mañana estaba húmeda, templada; el campo mojado por el rocío; el cielo
+azul muy pálido, con algunas nubecillas blancas que se deshilachaban en
+estrías tenues. A las diez de la mañana llegaron a Arnazabal, un pueblo
en un alto, con su iglesia, su juego de pelota en la plaza, y dos o tres
-calles formadas por caseros.</p>
-
-<p>Entraron en el casero, propiedad de la mujer del boticario, y pasaron a
-la cocina. All comenzaron los agasajos y los grandes recibimientos de
-la vieja de la casa, que abandon su labor de echar ramas al fuego y de
-mecer la cuna de un nio; se levant del fogn bajo, en donde estaba
-sentada, y salud a todos, besando a Maintoni, a su hermana y a los
-chicos. Era una vieja flaca, acartonada, con un pauelo negro en la
-cabeza; tena la nariz larga y ganchuda, la boca sin dientes, la cara
+calles formadas por caseríos.</p>
+
+<p>Entraron en el caserío, propiedad de la mujer del boticario, y pasaron a
+la cocina. Allí comenzaron los agasajos y los grandes recibimientos de
+la vieja de la casa, que abandonó su labor de echar ramas al fuego y de
+mecer la cuna de un niño; se levantó del fogón bajo, en donde estaba
+sentada, y saludó a todos, besando a Maintoni, a su hermana y a los
+chicos. Era una vieja flaca, acartonada, con un pañuelo negro en la
+cabeza; tenía la nariz larga y ganchuda, la boca sin dientes, la cara
llena de arrugas y el pelo blanco.</p>
-<p>&mdash;Y vuestra merced es el que estaba en las Indias?&mdash;pregunt la vieja a
-Elizabide, encarndose con l.</p>
+<p>&mdash;¿Y vuestra merced es el que estaba en las Indias?&mdash;preguntó la vieja a
+Elizabide, encarándose con él.</p>
-<p>&mdash;S; yo era el que estaba all.<a name="page_161" id="page_161"></a></p>
+<p>&mdash;Sí; yo era el que estaba allá.<a name="page_161" id="page_161"></a></p>
-<p>Como haban dado las diez, y a esta hora empezaba la Misa mayor, no
-quedaba en casa ms que la vieja. Todos se dirigieron a la iglesia.</p>
+<p>Como habían dado las diez, y a esta hora empezaba la Misa mayor, no
+quedaba en casa más que la vieja. Todos se dirigieron a la iglesia.</p>
-<p>Antes de comer, el boticario, ayudado de su cuada y de los chicos,
-dispar desde una ventana del casero una barbaridad de cohetes, y
-despus bajaron todos al comedor. Haba ms de veinte personas en la
-mesa, entre ellas el mdico del pueblo, que se sent cerca de Maintoni,
-y tuvo para ella y para su hermano un sin fin de galanteras y de
+<p>Antes de comer, el boticario, ayudado de su cuñada y de los chicos,
+disparó desde una ventana del caserío una barbaridad de cohetes, y
+después bajaron todos al comedor. Había más de veinte personas en la
+mesa, entre ellas el médico del pueblo, que se sentó cerca de Maintoni,
+y tuvo para ella y para su hermano un sin fin de galanterías y de
oficiosidades.</p>
-<p>Elizabide el Vagabundo sinti una tristeza tan grande en aquel momento,
-que pens en dejar la aldea y volverse a Amrica. Durante la comida,
+<p>Elizabide el Vagabundo sintió una tristeza tan grande en aquel momento,
+que pensó en dejar la aldea y volverse a América. Durante la comida,
Maintoni le miraba mucho a Elizabide.</p>
-<p>&mdash;Es para burlarse de m&mdash;pensaba ste.&mdash;Ha sospechado que la quiero, y
-coquetea con el otro. El golfo de Mjico tendr que ser otra vez
+<p>&mdash;Es para burlarse de mí&mdash;pensaba éste.&mdash;Ha sospechado que la quiero, y
+coquetea con el otro. El golfo de Méjico tendrá que ser otra vez
conmigo.</p>
-<p>Al terminar la comida eran ms de las cuatro; haba comenzado el baile.
-El mdico, sin separarse de Maintoni, segua galantendola, y ella
-segua mirando a Elizabide.</p>
+<p>Al terminar la comida eran más de las cuatro; había comenzado el baile.
+El médico, sin separarse de Maintoni, seguía galanteándola, y ella
+seguía mirando a Elizabide.</p>
-<p>Al anochecer, cuando la fiesta estaba en su esplendor, comenz el
+<p>Al anochecer, cuando la fiesta estaba en su esplendor, comenzó el
<i>aurrescu</i>. Los muchachos, agarrados de las manos, iban dando vuelta a
la plaza, precedidos de los tamborileros; dos de los mozos se
-destacaron,<a name="page_162" id="page_162"></a> se hablaron, parecieron vacilar, y descubrindose, con las
+destacaron,<a name="page_162" id="page_162"></a> se hablaron, parecieron vacilar, y descubriéndose, con las
boinas en la mano, invitaron a Maintoni para ser la primera, la reina
-del baile. Ella trat de disuadirles en vascuence: mir a su cuado, que
-sonrea; a su hermana, que tambin sonrea, y a Elizabide, que estaba
-fnebre.</p>
+del baile. Ella trató de disuadirles en vascuence: miró a su cuñado, que
+sonreía; a su hermana, que también sonreía, y a Elizabide, que estaba
+fúnebre.</p>
<p>&mdash;Anda, no seas tonta&mdash;le dijo su hermana.</p>
-<p>Y comenz el baile con todas sus ceremonias y sus saludos, recuerdos de
-una edad primitiva y heroica. Concludo el <i>aurrescu</i>, el boticario sac
-a bailar el fandango a su mujer, y el mdico joven a Maintoni.</p>
+<p>Y comenzó el baile con todas sus ceremonias y sus saludos, recuerdos de
+una edad primitiva y heroica. Concluído el <i>aurrescu</i>, el boticario sacó
+a bailar el fandango a su mujer, y el médico joven a Maintoni.</p>
-<p>Obscureci: fueron encendindose hogueras en la plaza, y la gente fu
-pensando en la vuelta. Despus de tomar chocolate en el casero, la
+<p>Obscureció: fueron encendiéndose hogueras en la plaza, y la gente fué
+pensando en la vuelta. Después de tomar chocolate en el caserío, la
familia del boticario y Elizabide emprendieron el camino hacia casa.</p>
-<p>A lo lejos, entre los montes, se oan los <i>irrintzis</i> de los que volvan
-de la romera, gritos como relinchos salvajes. En las espesuras
+<p>A lo lejos, entre los montes, se oían los <i>irrintzis</i> de los que volvían
+de la romería, gritos como relinchos salvajes. En las espesuras
brillaban los gusanos de luz como estrellas azuladas, y los sapos
lanzaban su nota de cristal en el silencio de la noche serena.</p>
-<p>De vez en cuando, al bajar alguna cuesta, al boticario se le ocurra que
+<p>De vez en cuando, al bajar alguna cuesta, al boticario se le ocurría que
se agarraran todos de la mano, y bajaban la cuesta cantando:</p>
<p><i>Aita San Antoniyo Urquiyolacua. Ascoren biyotzeco santo devotua</i>.<a name="page_163" id="page_163"></a></p>
-<p>A pesar de que Elizabide quera alejarse de Maintoni, con la cual estaba
-indignado, di la coincidencia de que ella se encontraba junto a l. Al
-formar la cadena, ella le daba la mano, una mano pequea, suave y tibia.
-De pronto, al boticario, que iba el primero, se le ocurra pararse y
-empujar para atrs, y entonces se daban encontronazos los unos contra
-los otros, y a veces Elizabide reciba en sus brazos a Maintoni. Ella
-rea alegremente a su cuado, y miraba al vagabundo, siempre fnebre.</p>
+<p>A pesar de que Elizabide quería alejarse de Maintoni, con la cual estaba
+indignado, dió la coincidencia de que ella se encontraba junto a él. Al
+formar la cadena, ella le daba la mano, una mano pequeña, suave y tibia.
+De pronto, al boticario, que iba el primero, se le ocurría pararse y
+empujar para atrás, y entonces se daban encontronazos los unos contra
+los otros, y a veces Elizabide recibía en sus brazos a Maintoni. Ella
+reñía alegremente a su cuñado, y miraba al vagabundo, siempre fúnebre.</p>
-<p>&mdash;Y usted, por qu est tan triste?&mdash;le pregunt Maintoni con voz
+<p>&mdash;Y usted, ¿por qué está tan triste?&mdash;le preguntó Maintoni con voz
maliciosa, y sus ojos negros brillaron en la noche.</p>
-<p>&mdash;Yo! No s. Esta maldad de hombre que sin querer le entristecen las
-alegras de los dems.</p>
+<p>&mdash;¡Yo! No sé. Esta maldad de hombre que sin querer le entristecen las
+alegrías de los demás.</p>
-<p>&mdash;Pero usted no es malo&mdash;dijo Maintoni, y le mir tan profundamente con
-sus ojos negros, que Elizabide el Vagabundo, se qued tan turbado, que
-pens que hasta las mismas estrellas notaran su turbacin.</p>
+<p>&mdash;Pero usted no es malo&mdash;dijo Maintoni, y le miró tan profundamente con
+sus ojos negros, que Elizabide el Vagabundo, se quedó tan turbado, que
+pensó que hasta las mismas estrellas notarían su turbación.</p>
-<p>&mdash;No, no soy malo&mdash;murmur Elizabide&mdash;; pero soy un fatuo, un hombre
-intil, como dice todo el pueblo.</p>
+<p>&mdash;No, no soy malo&mdash;murmuró Elizabide&mdash;; pero soy un fatuo, un hombre
+inútil, como dice todo el pueblo.</p>
-<p>&mdash;Y eso le preocupa a usted, lo que dice la gente que no le conoce?</p>
+<p>&mdash;¿Y eso le preocupa a usted, lo que dice la gente que no le conoce?</p>
-<p>&mdash;S, temo que sea la verdad, y para un hombre que tendr que marcharse
-otra vez a Amrica, ese es un temor grave.<a name="page_164" id="page_164"></a></p>
+<p>&mdash;Sí, temo que sea la verdad, y para un hombre que tendrá que marcharse
+otra vez a América, ese es un temor grave.<a name="page_164" id="page_164"></a></p>
-<p>&mdash;Marcharse! Se va usted a marchar?&mdash;murmur Maintoni con voz triste.</p>
+<p>&mdash;¡Marcharse! ¿Se va usted a marchar?&mdash;murmuró Maintoni con voz triste.</p>
-<p>&mdash;S.</p>
+<p>&mdash;Sí.</p>
-<p>&mdash;Pero por qu?</p>
+<p>&mdash;¿Pero por qué?</p>
-<p>&mdash;Oh! A usted no se lo puedo decir.</p>
+<p>&mdash;¡Oh! A usted no se lo puedo decir.</p>
-<p>&mdash;Y si yo lo adivinara?</p>
+<p>&mdash;¿Y si yo lo adivinara?</p>
-<p>&mdash;Entonces lo sentira mucho, porque se burlara usted de m, que soy
+<p>&mdash;Entonces lo sentiría mucho, porque se burlaría usted de mí, que soy
viejo...</p>
-<p>&mdash;Oh, no!</p>
+<p>&mdash;¡Oh, no!</p>
<p>&mdash;Que soy pobre.</p>
<p>&mdash;No importa.</p>
-<p>&mdash;Oh, Maintoni! De veras? No me rechazara usted?</p>
+<p>&mdash;¡Oh, Maintoni! ¿De veras? ¿No me rechazaría usted?</p>
-<p>&mdash;No; al revs.</p>
+<p>&mdash;No; al revés.</p>
-<p>&mdash;Entonces... me querrs como yo te quiero?&mdash;murmur Elizabide el
+<p>&mdash;Entonces... ¿me querrás como yo te quiero?&mdash;murmuró Elizabide el
Vagabundo en vascuence.</p>
-<p>&mdash;Siempre, siempre...&mdash;Y Maintoni inclin su cabeza sobre el pecho de
-Elizabide y ste la bes en su cabellera castaa.</p>
+<p>&mdash;Siempre, siempre...&mdash;Y Maintoni inclinó su cabeza sobre el pecho de
+Elizabide y éste la besó en su cabellera castaña.</p>
-<p>&mdash;Maintoni! Aqu!&mdash;le dijo su hermana, y ella se alej de l; pero se
-volvi a mirarle una vez, y muchas.</p>
+<p>&mdash;¡Maintoni! ¡Aquí!&mdash;le dijo su hermana, y ella se alejó de él; pero se
+volvió a mirarle una vez, y muchas.</p>
<p>Y siguieron todos andando hacia el pueblo por los caminos solitarios. En
derredor vibraba la noche llena de misterios; en el cielo palpitaban los
-astros. Elizabide el Vagabundo, con el corazn anegado de sensaciones
+astros. Elizabide el Vagabundo, con el corazón anegado de sensaciones
inefables, sofocado de felicidad, miraba con los ojos muy abiertos una
estrella lejana, muy lejana, y le hablaba en voz baja...<a name="page_165" id="page_165"></a></p>
-<h2><a name="La_epopeya_de_una_zingara" id="La_epopeya_de_una_zingara"></a>La epopeya de una zngara.<br /><br />
+<h2><a name="La_epopeya_de_una_zingara" id="La_epopeya_de_una_zingara"></a>La epopeya de una zíngara.<br /><br />
<small>(DICENTA)</small></h2>
<p><a name="page_166" id="page_166"></a></p>
<p><a name="page_167" id="page_167"></a></p>
-<p class="head">LA EPOPEYA DE UNA ZNGARA</p>
+<p class="head">LA EPOPEYA DE UNA ZÍNGARA</p>
-<p>El sol caa a plomo sobre la ancha carretera, uno de esos caminos
-oficiales de Castilla en cuyas lindes busca intilmente el viajero un
-rbol que le preste sombra o un arroyo donde calmar su sed. Campos
-agostados, planicies incultas, ridos y desiguales montculos, mucha luz
-en el cielo y poca alegra en la tierra: he aqu el espectculo ofrecido
+<p>El sol caía a plomo sobre la ancha carretera, uno de esos caminos
+oficiales de Castilla en cuyas lindes busca inútilmente el viajero un
+árbol que le preste sombra o un arroyo donde calmar su sed. Campos
+agostados, planicies incultas, áridos y desiguales montículos, mucha luz
+en el cielo y poca alegría en la tierra: he aquí el espectáculo ofrecido
por aquella naturaleza sedienta, amodorrada, codiciosa de aire y de
frescura, en la que el silencio hubiera reinado en absoluto a no ser por
-alguna que otra banda de codornices, las cuales, alzndose de entre los
-rastrojos, cruzbanlos presurosamente con un rumor no interrumpido de
+alguna que otra banda de codornices, las cuales, alzándose de entre los
+rastrojos, cruzábanlos presurosamente con un rumor no interrumpido de
gritos salvajes y de vigorosos aleteos, levantando una nube de polvo,
que se transformaba en lluvia de oro al caer herida por los rayos del
sol.</p>
-<p>Tarde calurosa de Agosto, que converta en inhospitalario desierto el
-camino y los campos que lo circundaban, era aqulla; y perdida en este
-desierto, sufriendo el bochorno que abrasaba la atmsfera, asfixindose
-con el polvo por ella misma levantado<a name="page_168" id="page_168"></a> al proseguir su rumbo, vease una
-pequea y miserable caravana, que hubiese puesto piedad en los ojos y
-amargura en el corazn de quien la mirase atentamente; pero los hombres
+<p>Tarde calurosa de Agosto, que convertía en inhospitalario desierto el
+camino y los campos que lo circundaban, era aquélla; y perdida en este
+desierto, sufriendo el bochorno que abrasaba la atmósfera, asfixiándose
+con el polvo por ella misma levantado<a name="page_168" id="page_168"></a> al proseguir su rumbo, veíase una
+pequeña y miserable caravana, que hubiese puesto piedad en los ojos y
+amargura en el corazón de quien la mirase atentamente; pero los hombres
suelen mirar estas cosas sin verlas; para ellas no existen otros ojos ni
otro amparo que los de Dios; y hasta Dios suele distraerse muchas veces.</p>
-<p>Constituan la caravana una mujer, un burro y tres nios.</p>
+<p>Constituían la caravana una mujer, un burro y tres niños.</p>
<p>La mujer iba delante, descalza de pie y pierna, cubierta de andrajos y
-de polvo, movindose con fatigosa lentitud, entreabriendo la boca para
+de polvo, moviéndose con fatigosa lentitud, entreabriendo la boca para
respirar el aire que penetraba en sus pulmones, y sosteniendo en sus
-brazos a un nio de pocos meses, envuelto en un jirn de lienzo
-remendado y sucio; el nio estrujaba con sus manecitas el pecho de la
-madre, y tiraba de l, sujetndolo con sus labios, para extraer el jugo
-que generosamente le ofreca. La mujer era joven, y hubiera sido tambin
+brazos a un niño de pocos meses, envuelto en un jirón de lienzo
+remendado y sucio; el niño estrujaba con sus manecitas el pecho de la
+madre, y tiraba de él, sujetándolo con sus labios, para extraer el jugo
+que generosamente le ofrecía. La mujer era joven, y hubiera sido también
hermosa, a juzgar por sus ojos negros y brillantes, por sus labios
rojos, por su dentadura blanca e igual y por la esbeltez de su cuerpo
entero, si la miseria, al apoderarse de ella, no la hubiese deformado y
-envejecido, curtiendo su cutis, arrugndolo prematuramente,
-enflaqueciendo sus carnes y enmaraando su cabellera, que se pegaba
+envejecido, curtiendo su cutis, arrugándolo prematuramente,
+enflaqueciendo sus carnes y enmarañando su cabellera, que se pegaba
entonces a una frente ennegrecida y sudorosa; la pobre criatura pudo ser
-bella;<a name="page_169" id="page_169"></a> pero de su belleza no queda ms rastro que el de sus pupilas,
+bella;<a name="page_169" id="page_169"></a> pero de su belleza no queda más rastro que el de sus pupilas,
expresivas y negras, clavadas con profundo amor en el rostro moreno de
su hijo.</p>
-<p>Detrs de ella marchaba el asno, sucio, flaco y ceniciento pollino, de
-vientre angosto y lomo huesudo, con las orejas gachas, el rabo cado y
-las patas llenas de esparavanes, sosteniendo por carga nica dos anchos
-alforjones que caan a uno y otro lado de la albarda; dentro de ellos,
-sobre un montn de trapos y papeles, iban dos nios, que se servan
+<p>Detrás de ella marchaba el asno, sucio, flaco y ceniciento pollino, de
+vientre angosto y lomo huesudo, con las orejas gachas, el rabo caído y
+las patas llenas de esparavanes, sosteniendo por carga única dos anchos
+alforjones que caían a uno y otro lado de la albarda; dentro de ellos,
+sobre un montón de trapos y papeles, iban dos niños, que se servían
mutuamente de contrapeso, ofreciendo a la vez doloroso contraste, pues
-mientras el ms joven dorma con la cara echada hacia atrs, la sonrisa
-en la boca y la salud en las mejillas, el mayor, de edad de cinco aos,
-retorcindose sobre el inconcebible camastro, miraba a su madre con ojos
-muy abiertos, extraviados por la fiebre, y contraa sus labios a
+mientras el más joven dormía con la cara echada hacia atrás, la sonrisa
+en la boca y la salud en las mejillas, el mayor, de edad de cinco años,
+retorciéndose sobre el inconcebible camastro, miraba a su madre con ojos
+muy abiertos, extraviados por la fiebre, y contraía sus labios a
impulsos de internos dolores, y agonizaba de calentura bajo aquella
-atmsfera de plomo.</p>
+atmósfera de plomo.</p>
-<p>Quines eran? De dnde venan? Por qu atravesaban el estril camino
+<p>¿Quiénes eran? ¿De dónde venían? ¿Por qué atravesaban el estéril camino
con una criatura enferma al lado y un sol implacable en el cielo, los
individuos de aquella caravana?</p>
-<p>Quines eran? Una familia de zngaros hurfana de padre, que recorra
-Europa implorando la pblica caridad. De dnde<a name="page_170" id="page_170"></a> venan? Del inmediato
+<p>¿Quiénes eran? Una familia de zíngaros huérfana de padre, que recorría
+Europa implorando la pública caridad. ¿De dónde<a name="page_170" id="page_170"></a> venían? Del inmediato
pueblo, en el que no pudo detenerse la mujer un instante siquiera para
-llenar su cntaro vaco, porque los aldeanos la haban amenazado con
+llenar su cántaro vacío, porque los aldeanos la habían amenazado con
golpearla, a ella, a la miserable, a la vagabunda, a la bruja, a la
-gitana, si no parta inmediatamente de all, sin alimento, sin agua, sin
+gitana, si no partía inmediatamente de allí, sin alimento, sin agua, sin
reposo, con su hijo enfermo, con sus pies heridos, con su pecho
exhausto, maldita de Dios y perseguida de los hombres; y la infeliz
-mujer, amedrentada, sola, sin sostn, sin ayuda, abandon la aldea y
-prosigui su marcha entre el polvo y el calor, volviendo de cuando en
-cuando los ojos para contemplar a su hijo enfermo, y clavndolos
-despus, con expresin amarga y rencorosa, en el distante lugarejo, del
-que slo poda distinguirse la torre de la iglesia destacando en el
+mujer, amedrentada, sola, sin sostén, sin ayuda, abandonó la aldea y
+prosiguió su marcha entre el polvo y el calor, volviendo de cuando en
+cuando los ojos para contemplar a su hijo enfermo, y clavándolos
+después, con expresión amarga y rencorosa, en el distante lugarejo, del
+que sólo podía distinguirse la torre de la iglesia destacando en el
espacio su contorno gris.</p>
<p class="tb">*&nbsp; *&nbsp; *</p>
-<p>El nio enfermo, incorporndose trabajosamente sobre la alforja que le
-serva de cama, extendi sus brazos en direccin de la joven, y dijo con
-voz dbil:</p>
+<p>El niño enfermo, incorporándose trabajosamente sobre la alforja que le
+servía de cama, extendió sus brazos en dirección de la joven, y dijo con
+voz débil:</p>
-<p>&mdash;Madre!</p>
+<p>&mdash;¡Madre!</p>
-<p>La zngara respondi al llamamiento, dirigindose precipitadamente al
+<p>La zíngara respondió al llamamiento, dirigiéndose precipitadamente al
sitio que ocupaba el muchacho.<a name="page_171" id="page_171"></a></p>
-<p>&mdash;Qu quieres, hijo mo?&mdash;murmur, dejando al nio de pecho junto a su
+<p>&mdash;¿Qué quieres, hijo mío?&mdash;murmuró, dejando al niño de pecho junto a su
hermano dormido, y rodeando con sus brazos la garganta del enfermo.</p>
-<p>&mdash;Agua&mdash;respondi ste.&mdash;Dame agua... tengo mucha sed...; me quema
-aqu!</p>
+<p>&mdash;Agua&mdash;respondió éste.&mdash;Dame agua... tengo mucha sed...; ¡me quema
+aquí!</p>
-<p>Y sealaba con un dedo su pecho tembloroso y desnudo.</p>
+<p>Y señalaba con un dedo su pecho tembloroso y desnudo.</p>
-<p>&mdash;Agua!&mdash;grit la madre con espanto.&mdash;Agua!... Dnde encontrarla,
+<p>&mdash;¡Agua!&mdash;gritó la madre con espanto.&mdash;¡Agua!... ¿Dónde encontrarla,
hijo?</p>
-<p>&mdash;Agua!&mdash;repuso el nio.&mdash;Me muero de sed!...</p>
+<p>&mdash;¡Agua!&mdash;repuso el niño.&mdash;¡Me muero de sed!...</p>
-<p>Y entreabra sus labios abrasados por la fiebre, y miraba a su madre con
-miradas tan suplicantes, tan llenas de amargura, que sta se puso plida
-y rompi en sollozos.</p>
+<p>Y entreabría sus labios abrasados por la fiebre, y miraba a su madre con
+miradas tan suplicantes, tan llenas de amargura, que ésta se puso pálida
+y rompió en sollozos.</p>
<p>Era su hijo, la carne de su carne, el que reclamaba un socorro del que
-dependa acaso su existencia; y ella, su madre, no poda prestrselo; en
-vano registr con ansia en el interior del cantaruelo; estaba vaco, no
-quedaba ni una gota de agua en su fondo; la mujer mir al cielo, en el
-cielo no haba una nube; registr despus el camino solitario, los
+dependía acaso su existencia; y ella, su madre, no podía prestárselo; en
+vano registró con ansia en el interior del cantaruelo; estaba vacío, no
+quedaba ni una gota de agua en su fondo; la mujer miró al cielo, en el
+cielo no había una nube; registró después el camino solitario, los
campos de trigo, las planicies, las praderas, el horizonte entero; en
-fin, nada!, no encontr nada. Aquella tierra sedienta pareca decir a
-la zngara, mostrndole sus fauces contradas y secas: Agua para tu
-hijo?... Aqu no hay agua para nadie. Que se muera de sed como yo!<a name="page_172" id="page_172"></a> Y
-la zngara, abrazando el cuerpo del muchacho, repeta con gesto de fiera
-y ademn de loca:</p>
-
-<p>&mdash;No hay nada! no puedo darte nada! Dnde voy a encontrar ahora agua,
-hijo mo?...</p>
-
-<p>Pobre mujer!... All no brotaba ms que un manantial: el de su llanto.</p>
-
-<p>De pronto la zngara sonri, con una sonrisa de esperanza; a cuatro
-pasos del grupo alzbase la caseta de un pen caminero; su puerta
-cerrada, como sus ventanas, predeca la ausencia del dueo; pero acaso
-estara dentro alguien que pudiera atender sus splicas, y la joven
-golpe nerviosamente aquella puerta inmvil. Sus afanes fueron intiles;
+fin, ¡nada!, no encontró nada. Aquella tierra sedienta parecía decir a
+la zíngara, mostrándole sus fauces contraídas y secas: «¿Agua para tu
+hijo?... Aquí no hay agua para nadie. ¡Que se muera de sed como yo!»<a name="page_172" id="page_172"></a> Y
+la zíngara, abrazando el cuerpo del muchacho, repetía con gesto de fiera
+y ademán de loca:</p>
+
+<p>&mdash;¡No hay nada! ¡no puedo darte nada! ¿Dónde voy a encontrar ahora agua,
+hijo mío?...</p>
+
+<p>¡Pobre mujer!... Allí no brotaba más que un manantial: el de su llanto.</p>
+
+<p>De pronto la zíngara sonrió, con una sonrisa de esperanza; a cuatro
+pasos del grupo alzábase la caseta de un peón caminero; su puerta
+cerrada, como sus ventanas, predecía la ausencia del dueño; pero acaso
+estaría dentro alguien que pudiera atender sus súplicas, y la joven
+golpeó nerviosamente aquella puerta inmóvil. Sus afanes fueron inútiles;
nadie vino en su auxilio tampoco.</p>
-<p>Rendida de llamar, sin saber lo que haca, di vuelta a los muros, y
-cuando llegaba a la espalda de la casa, vi con placer y con asombro,
-recostada contra la tapia y protegida por la sombra de sta, una cazuela
-llena de agua. La mujer mir esto; pero no pudo mirar&mdash;a tal extremo la
-cegaban la sorpresa y el jbilo&mdash;que al mismo tiempo que ella, y movido
-por iguales deseos, se diriga hacia el cacharro un mastn enorme, con
+<p>Rendida de llamar, sin saber lo que hacía, dió vuelta a los muros, y
+cuando llegaba a la espalda de la casa, vió con placer y con asombro,
+recostada contra la tapia y protegida por la sombra de ésta, una cazuela
+llena de agua. La mujer miró esto; pero no pudo mirar&mdash;a tal extremo la
+cegaban la sorpresa y el júbilo&mdash;que al mismo tiempo que ella, y movido
+por iguales deseos, se dirigía hacia el cacharro un mastín enorme, con
el pelo erizado, la boca abierta, la baba colgando y los ojos codiciosos
y brillantes.</p>
-<p>Al distinguir a la mujer, el perro lanz<a name="page_173" id="page_173"></a> un gruido; la zngara levant
-la cabeza, y comprendiendo las intenciones del animal, apresur el paso;
+<p>Al distinguir a la mujer, el perro lanzó<a name="page_173" id="page_173"></a> un gruñido; la zíngara levantó
+la cabeza, y comprendiendo las intenciones del animal, apresuró el paso;
uno y otra llegaron a la vez al lado del cacharro, y se detuvieron un
-instante para contemplarle en ademn de desafo; la mujer extendi el
-brazo, y su enemigo, al advertir el movimiento, acort distancia y se
-puso delante de la cazuela con las pupilas encendidas y enseando los
+instante para contemplarle en ademán de desafío; la mujer extendió el
+brazo, y su enemigo, al advertir el movimiento, acortó distancia y se
+puso delante de la cazuela con las pupilas encendidas y enseñando los
dientes.</p>
-<p>No pensaba en huir; hallbase dispuesto a defender aquel cacharro lleno
+<p>No pensaba en huir; hallábase dispuesto a defender aquel cacharro lleno
de agua.</p>
-<p>&mdash;Ah, t tambin!&mdash;grit la zngara contemplando a su adversario con
-rabia.&mdash;Pues no lo tendrs!</p>
+<p>&mdash;¡Ah, tú también!&mdash;gritó la zíngara contemplando a su adversario con
+rabia.&mdash;¡Pues no lo tendrás!</p>
-<p>Y descarg un vigoroso puetazo sobre el hocico del mastn.</p>
+<p>Y descargó un vigoroso puñetazo sobre el hocico del mastín.</p>
-<p>Este di un salto, apoy sobre el pecho de la joven sus patas
-delanteras, la oblig a caer al suelo e hizo presa en su hombro. La
-zngara lanz un grito de dolor y de furia; y, sin acobardarse,
-frentica, desesperada, cogiendo con ambas manos la garganta de su
-enemigo, apret con rabia, con ira, con frenes, con heroico y brutal
+<p>Este dió un salto, apoyó sobre el pecho de la joven sus patas
+delanteras, la obligó a caer al suelo e hizo presa en su hombro. La
+zíngara lanzó un grito de dolor y de furia; y, sin acobardarse,
+frenética, desesperada, cogiendo con ambas manos la garganta de su
+enemigo, apretó con rabia, con ira, con frenesí, con heroico y brutal
arranque, mientras el perro la desgarraba el hombro con sus afilados
colmillos.</p>
-<p>La lucha sigui breves instantes empeada, silenciosa, terrible; los dos
+<p>La lucha siguió breves instantes empeñada, silenciosa, terrible; los dos
combatientes se revolcaban por el suelo, dispuestos a vencer, y
procurando conseguirlo, para lo cual clavaba el perro sus<a name="page_174" id="page_174"></a> colmillos en
-los hombros de la mujer, y clavaba sta sus dedos en la musculosa
-garganta del mastn...</p>
+los hombros de la mujer, y clavaba ésta sus dedos en la musculosa
+garganta del mastín...</p>
-<p>De pronto el perro exhal un quejido doloroso, abri la boca, y cay de
-espaldas. Los dedos de la zngara lo haban ahogado.</p>
+<p>De pronto el perro exhaló un quejido doloroso, abrió la boca, y cayó de
+espaldas. Los dedos de la zíngara lo habían ahogado.</p>
-<p>Esta se alz del suelo jadeante, plida; su corpio, roto en jirones,
-dejaba al descubierto su pecho y sus hombros, en los que aparecan tres
+<p>Esta se alzó del suelo jadeante, pálida; su corpiño, roto en jirones,
+dejaba al descubierto su pecho y sus hombros, en los que aparecían tres
heridas anchas y profundas; por los labios de aquellas heridas brotaban
tres hilos de sangre.</p>
-<p>Pero la zngara no hizo caso; di con el pie al cadver de su enemigo;
-cogi la cazuela, objeto de la lucha; corri en busca de su hijo, y sin
+<p>Pero la zíngara no hizo caso; dió con el pie al cadáver de su enemigo;
+cogió la cazuela, objeto de la lucha; corrió en busca de su hijo, y sin
cuidarse ni acordarse siquiera de sus heridas, ni de sus sufrimientos,
-ni de la sangre que corra por sus hombros, abrillantada por los rayos
-del sol, acerc el cacharro a los labios del enfermo y le dijo con
-sonrisa alegre y voz cariosa:</p>
+ni de la sangre que corría por sus hombros, abrillantada por los rayos
+del sol, acercó el cacharro a los labios del enfermo y le dijo con
+sonrisa alegre y voz cariñosa:</p>
-<p>&mdash;Aqu tienes agua, bebe, hijo mo!<a name="page_175" id="page_175"></a></p>
+<p>&mdash;Aquí tienes agua, ¡bebe, hijo mío!<a name="page_175" id="page_175"></a></p>
<h2><a name="Los_tres_Reyes_de_Oriente" id="Los_tres_Reyes_de_Oriente"></a>Los tres Reyes de Oriente.<br /><br />
-<small>(RICARDO LEN)</small></h2>
+<small>(RICARDO LEÓN)</small></h2>
<p><a name="page_176" id="page_176"></a></p>
@@ -3739,26 +3688,26 @@ sonrisa alegre y voz cariosa:</p>
<p class="head">LOS TRES REYES DE ORIENTE</p>
-<p>Es la Nochebuena de 1916; una noche glacial, obscura y lgubre, sin
-villancicos ni serenatas, sin risas ni crtalos, sin panderetas ni
-albogues. En el silencio de la tierra triste slo se escucha, de tarde
+<p>Es la Nochebuena de 1916; una noche glacial, obscura y lúgubre, sin
+villancicos ni serenatas, sin risas ni crótalos, sin panderetas ni
+albogues. En el silencio de la tierra triste sólo se escucha, de tarde
en tarde, un zumbido lejano, un ronco tremor que se extiende con aciaga
-pesadumbre en el aire glido y sonoro.</p>
+pesadumbre en el aire gélido y sonoro.</p>
<p>Por un camino, en la desierta llanura, viene de Oriente una caravana.
-Bajo el cielo adusto, hurfano de sus claros luminares, slo se ven o se
+Bajo el cielo adusto, huérfano de sus claros luminares, sólo se ven o se
adivinan las siluetas: unos caballos vigorosos, unos dromedarios de
robusta joroba, tres jinetes, unos bultos informes arrebozados en las
tinieblas.</p>
<p>Llegando a cierto lugar donde se juntan otros caminos, la caravana
-vacila y se detiene. El cielo parece de bano; la tierra, de bronce; el
-aire, un afilado pual; y es el silencio tan hondo, que se oye el latir
-del corazn en las entraas.</p>
+vacila y se detiene. El cielo parece de ébano; la tierra, de bronce; el
+aire, un afilado puñal; y es el silencio tan hondo, que se oye el latir
+del corazón en las entrañas.</p>
-<p>Una luz, verde y cruda, rasga de sbito el horizonte lejano, cunde como
-una centella, se abre al modo de una rosa, y cae<a name="page_178" id="page_178"></a> deshecha en lgrimas
-sobre el manto sombro de la noche. A esta luz, siguen muchas
+<p>Una luz, verde y cruda, rasga de súbito el horizonte lejano, cunde como
+una centella, se abre al modo de una rosa, y cae<a name="page_178" id="page_178"></a> deshecha en lágrimas
+sobre el manto sombrío de la noche. A esta luz, siguen muchas
semejantes, y a las luces, unos retumbos pavorosos que hacen temblar la
tierra, y a los retumbos, el silencio otra vez.</p>
@@ -3767,29 +3716,29 @@ tierra, y a los retumbos, el silencio otra vez.</p>
<p class="tb">*&nbsp; *&nbsp; *</p>
<p>Un fuerte resplandor alumbra todo el cielo en Occidente; la llanura se
-tie de roja claridad; los mbitos se pueblan de voces y tronidos. Es la
+tiñe de roja claridad; los ámbitos se pueblan de voces y tronidos. Es la
guerra que cabalga en su negro corcel por los campos europeos; es la
Muerte, que, en plena Navidad cristiana, viene a arrullar las cunas con
-el brbaro son del hierro y de la plvora, a encender sus infames
-hogueras en la noche, en la bendita Noche en que se dijo: Gloria a Dios
-en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad...</p>
+el bárbaro son del hierro y de la pólvora, a encender sus infames
+hogueras en la noche, en la bendita Noche en que se dijo: «Gloria a Dios
+en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad...»</p>
<p>Y arden las casas de los hombres, como antorchas de Luzbel, bajo los
-rayos de la implacable artillera; a la luz de los incendios, pasan las
+rayos de la implacable artillería; a la luz de los incendios, pasan las
muchedumbres de soldados con un fragor de tempestad. Son legiones
-innumerables de todas las razas y banderas: aqu, la cruz, all la media
-luna, ac las lises, ms all las guilas y, juntos en la hueste, el
-casco y el turbante, el capote y el alquicel, los rostros de bano y<a name="page_179" id="page_179"></a> de
-nieve, todos estremecidos por la misma clera infernal.</p>
+innumerables de todas las razas y banderas: aquí, la cruz, allí la media
+luna, acá las lises, más allá las águilas y, juntos en la hueste, el
+casco y el turbante, el capote y el alquicel, los rostros de ébano y<a name="page_179" id="page_179"></a> de
+nieve, todos estremecidos por la misma cólera infernal.</p>
<p>Y al paso de estas ciegas multitudes se abren los senos de la tierra, se
-conmueven las montaas, crujen los bosques, enrojecen los ros, flamean
+conmueven las montañas, crujen los bosques, enrojecen los ríos, flamean
los aires y caen las vidas de los hombres como las mieses al golpe de la
hoz.</p>
<p class="tb">*&nbsp; *&nbsp; *</p>
-<p>La caravana que vena de Oriente, para otra vez ante el desfile trgico.
+<p>La caravana que venía de Oriente, para otra vez ante el desfile trágico.
Rojas lenguas de fuego tiemblan al borde del camino. Una ciudad arde en
la noche.</p>
@@ -3797,143 +3746,143 @@ la noche.</p>
peregrinos viajeros.</p>
<p>Son tres Reyes. El uno es persa: venerable la figura, verdes los ojos,
-la barba de nieve, majestuosa la actitud. Viste una tnica de prpura y
-de oro; cie un alfanje, con un topacio sobre el puo, y trae sobre la
-tnica un rico manto de armio.</p>
+la barba de nieve, majestuosa la actitud. Viste una túnica de púrpura y
+de oro; ciñe un alfanje, con un topacio sobre el puño, y trae sobre la
+túnica un rico manto de armiño.</p>
-<p>El otro Rey es rabe: tiene la barba negra y ensortijada, los labios
+<p>El otro Rey es árabe: tiene la barba negra y ensortijada, los labios
gruesos, la nariz de fino dibujo, los ojos negros, grandes y hermosos,
-en figura de almendra. El sayo es bermejo, bordado con ureas labores;
-rojo tambin el turbante; preciosa la espada, con puo de oro y de
-rubes; el manto, azul.</p>
+en figura de almendra. El sayo es bermejo, bordado con áureas labores;
+rojo también el turbante; preciosa la espada, con puño de oro y de
+rubíes; el manto, azul.</p>
-<p>Y el otro Rey, etope. Es negra su tez<a name="page_180" id="page_180"></a> como la endrina, pero elegante
-el cuerpo y nobles las facciones, alta la frente, aguilea la nariz, muy
+<p>Y el otro Rey, etíope. Es negra su tez<a name="page_180" id="page_180"></a> como la endrina, pero elegante
+el cuerpo y nobles las facciones, alta la frente, aguileña la nariz, muy
rojos los labios, puntiaguda la barba, muy blancos los ojos y los
-dientes, rizo y menudo el cabello, como granos de pimienta. Cie un
-vestido blanco, de graciosos pliegues, y es nevada tambin la <i>xema</i> o
+dientes, rizo y menudo el cabello, como granos de pimienta. Ciñe un
+vestido blanco, de graciosos pliegues, y es nevada también la <i>xema</i> o
toga que luce, con tornasoles de oro. Trae al cuello desnudo una sarta
-de corales, y a la cintura, en el verde tahal, un cuchillo con el puo
+de corales, y a la cintura, en el verde tahalí, un cuchillo con el puño
de oro y esmeraldas.</p>
-<p>Vienen los tres Reyes en sendos caballos, negro, blanco y alazn.
-Sgueles larga servidumbre, con camellos y acmilas, y un carro, lleno
-de prdigos caudales.</p>
+<p>Vienen los tres Reyes en sendos caballos, negro, blanco y alazán.
+Sígueles larga servidumbre, con camellos y acémilas, y un carro, lleno
+de pródigos caudales.</p>
<p class="tb">*&nbsp; *&nbsp; *</p>
-<p>Como en el ancho desierto, cuando sopla el simn, se levantan las arenas
+<p>Como en el ancho desierto, cuando sopla el simún, se levantan las arenas
y, en espantosos torbellinos, giran ardientes, azotan el aire,
obscurecen el sol y caen sobre las pobres caravanas que, unidas en un
-haz, esperan temblando hallar en las arenas sepultura, as, de pronto,
-una nube de soldados, hirviente y clamorosa, con mpetus de simn, llega
+haz, esperan temblando hallar en las arenas sepultura, así, de pronto,
+una nube de soldados, hirviente y clamorosa, con ímpetus de simún, llega
por trochas y veredas a la ciudad en llamas y cae sobre los tres Reyes
peregrinos.</p>
-<p>Cercados por la tropa, que ya husmea el regio botn, presa de un
-ejrcito alegre y victorioso, van, con mengua de su noble<a name="page_181" id="page_181"></a> majestad,
+<p>Cercados por la tropa, que ya husmea el regio botín, presa de un
+ejército alegre y victorioso, van, con mengua de su noble<a name="page_181" id="page_181"></a> majestad,
cautivos entre lanzas y fusiles, a las tiendas del vencedor.</p>
<p>El cual, un viejo adusto y orgulloso, de recios bigotes blancos, y
-envuelto en una capa gris, los recibe, sin grande cortesa, en su
-habitacin de campaa, toda llena de planos y mapas de colores, erizados
+envuelto en una capa gris, los recibe, sin grande cortesía, en su
+habitación de campaña, toda llena de planos y mapas de colores, erizados
de banderitas y alfileres.</p>
-<p>&mdash;Quines sois vosotros&mdash;dice arrogante el general&mdash;que as os atrevis
-a pasar las lneas de batalla? Ignoris, acaso, que en estas lneas no
-puede, sin grave riesgo, entrar gente forastera y civil? Quines sois
-vosotros, simples o traidores, que con tanta llaneza osis venir con
-armas y mercancas a estos lugares prohibidos? Qu documentos, qu
-razones abonan vuestra audacia? Sabis el castigo que aqu se inflige a
-los espas? Hablad pronto, extranjeros; decidme quines sois y de dnde
-vens; mostradme pasaportes y papeles, y agradeced a esta cruz que llevo
-sobre el pecho que no os aplique, sin ms preguntas ni demoras, el fallo
+<p>&mdash;¿Quiénes sois vosotros&mdash;dice arrogante el general&mdash;que así os atrevéis
+a pasar las líneas de batalla? ¿Ignoráis, acaso, que en estas líneas no
+puede, sin grave riesgo, entrar gente forastera y civil? ¿Quiénes sois
+vosotros, simples o traidores, que con tanta llaneza osáis venir con
+armas y mercancías a estos lugares prohibidos? ¿Qué documentos, qué
+razones abonan vuestra audacia? ¿Sabéis el castigo que aquí se inflige a
+los espías? Hablad pronto, extranjeros; decidme quiénes sois y de dónde
+venís; mostradme pasaportes y papeles, y agradeced a esta cruz que llevo
+sobre el pecho que no os aplique, sin más preguntas ni demoras, el fallo
inexorable de nuestra ley marcial...</p>
<p class="tb">*&nbsp; *&nbsp; *</p>
-<p>&mdash;No me conocis?&mdash;responde el rey anciano.&mdash;Es mi nombre Melchor. Soy
-del Irn, del antiguo y famoso imperio que abati los orgullosos bros
+<p>&mdash;¿No me conocéis?&mdash;responde el rey anciano.&mdash;Es mi nombre Melchor. Soy
+del Irán, del antiguo y famoso imperio que abatió los orgullosos bríos
de Babilonia, reina de las ciudades. Vengo del sacro<a name="page_182" id="page_182"></a> Elburs, padre de
-los ros terrestres, cuyas aguas vivas devuelven la juventud y resucitan
-a los difuntos. He llegado hasta aqu, al travs de montaas y
+los ríos terrestres, cuyas aguas vivas devuelven la juventud y resucitan
+a los difuntos. He llegado hasta aquí, al través de montañas y
desiertos, cruzando las llanuras de la implacable soledad, las arenas
crueles y los pantanos salobres, pero, merced a mis fatigas, traigo
-inciensos y blsamos y perfumes de la Ciudad de las Rosas, de los
-jardines de Tiharn; paos de seda, ms finos que el plumn de un ave,
+inciensos y bálsamos y perfumes de la Ciudad de las Rosas, de los
+jardines de Tiharán; paños de seda, más finos que el plumón de un ave,
sembrados de arabescos y de flores, de leopardos y gacelas; perlas de
-Ormuz; tises de oro y plata, cojines y alcatifas de los bazares de
+Ormuz; tisúes de oro y plata, cojines y alcatifas de los bazares de
Chiraz... Voy en busca de las tierras apacibles donde reina la paz del
-Seor, de Aquel que, nio y pobre, naci en un establo de Beln...</p>
+Señor, de Aquel que, niño y pobre, nació en un establo de Belén...</p>
<p>&mdash;Yo soy Gaspar&mdash;dice el segundo rey.&mdash;Vengo del Eufrates y el Tigris,
de los bosques gigantes de palmeras, vecinas del mar y del desierto, de
las tierras gloriosas y milenarias llenas de ruinas y sepulcros, de los
osarios imponentes de la historia, de las ciudades muertas, que aun
fatigan al mundo con el eco sonoro de sus nombres. Vengo de Basora y
-Bagdad, donde aprend los cuentos de las Mil y una noches; puse a mi
-tienda entre los plidos ladrillos de Khorsabad y de Nnive, de
-Babilonia y de Seleucia: cargu mis camellos de oro antiguo, de
-reliquias sagradas,<a name="page_183" id="page_183"></a> magnficos despojos de los reyes de Siria; traje
-tambin yeguas de pura sangre arbiga y asnos blanqusimos, todos
+Bagdad, donde aprendí los cuentos de las Mil y una noches; puse a mi
+tienda entre los pálidos ladrillos de Khorsabad y de Nínive, de
+Babilonia y de Seleucia: cargué mis camellos de oro antiguo, de
+reliquias sagradas,<a name="page_183" id="page_183"></a> magníficos despojos de los reyes de Siria; traje
+también yeguas de pura sangre arábiga y asnos blanquísimos, todos
cargados de riquezas...</p>
<p>&mdash;Soy Baltasar&mdash;dice el rey negro.&mdash;Yo tengo mi palacio junto a las
aguas del Nilo Azul que salta y corre entre lagos, volcanes y torrentes,
-al travs del hielo de las cumbres y el fuego de los desiertos y los
-crteres. Negro soy porque el sol me abras desde la cuna en las tierras
-brbaras y esplendorosas de Etiopa. Cruc el Mar Rojo; pas al Yemen, a
-la Arabia Feliz; segu las rutas de la Meca, de Medina y Jerusaln; el
-camino glorioso de Damasco; hall los tesoros de las antiguas reinas, la
-de Palmira y la de Saba; dorm a la sombra de los cedros del Lbano;
-ba mi rostro en el Jordn, y vengo a Europa cargado de prpuras y
-marfiles, de piedras y maderas preciosas, aejos licores, sndalos,
-mirras y cinamomos exquisitos, con ofrendas mil para los nios
+al través del hielo de las cumbres y el fuego de los desiertos y los
+cráteres. Negro soy porque el sol me abrasó desde la cuna en las tierras
+bárbaras y esplendorosas de Etiopía. Crucé el Mar Rojo; pasé al Yemen, a
+la Arabia Feliz; seguí las rutas de la Meca, de Medina y Jerusalén; el
+camino glorioso de Damasco; hallé los tesoros de las antiguas reinas, la
+de Palmira y la de Saba; dormí a la sombra de los cedros del Líbano;
+bañé mi rostro en el Jordán, y vengo a Europa cargado de púrpuras y
+marfiles, de piedras y maderas preciosas, añejos licores, sándalos,
+mirras y cinamomos exquisitos, con ofrendas mil para los niños
cristianos, para aquellos que aprendieron en la cuna el dulce nombre de
-Jess...</p>
+Jesús...</p>
<p class="tb">*&nbsp; *&nbsp; *</p>
<p>Con muchas y siniestras carcajadas celebran en el campamento las razones
de los Reyes Magos.</p>
-<p>&mdash;Por fuerza sois&mdash;dice un prncipe<a name="page_184" id="page_184"></a> grave y taciturno que acompaa al
-general&mdash;unos dementes o unos grandsimos socarrones cuando vens hogao
+<p>&mdash;Por fuerza sois&mdash;dice un príncipe<a name="page_184" id="page_184"></a> grave y taciturno que acompaña al
+general&mdash;unos dementes o unos grandísimos socarrones cuando venís hogaño
en disfraz de ingenuos y candorosos peregrinos, con aires de beatitud y
de leyenda, a este mundo senil despedazado por el hierro y por el fuego.
-La culta, la cristiana Europa, maestra de cobardes hipocresas; la que
-destruye a sus propios hijos en nombre de la civilizacin, del derecho y
-de la libertad; la que puso una cruz en sus banderas y otra en el puo
+La culta, la cristiana Europa, maestra de cobardes hipocresías; la que
+destruye a sus propios hijos en nombre de la civilización, del derecho y
+de la libertad; la que puso una cruz en sus banderas y otra en el puño
de sus espadas, hoy, ultrajando a Dios, se entrega a una furiosa bacanal
-de sangre. Ved las antorchas, las msicas y los cantos con que celebra
-la Navidad de Cristo: ciudades que arden, caones que retumban, soldados
-que corren a la muerte lanzando gritos de odio. La paz del Seor slo
-reina ya en los sepulcros. Los nios que aprendieron el nombre de Jess,
+de sangre. Ved las antorchas, las músicas y los cantos con que celebra
+la Navidad de Cristo: ciudades que arden, cañones que retumban, soldados
+que corren a la muerte lanzando gritos de odio. La paz del Señor sólo
+reina ya en los sepulcros. Los niños que aprendieron el nombre de Jesús,
abandonan sus antiguos juegos y tienden las manos delicadas pidiendo el
-fusil, un fusil de <i>veras</i> que acierte a dar en un corazn. Ya todos
+fusil, un fusil de <i>veras</i> que acierte a dar en un corazón. Ya todos
saben que los Reyes de Oriente no han de venir, que aquellos Magos
-misteriosos y benvolos que en otras Pascuas apacibles colmaban de
-ofrendas los zapatitos del balcn, estn ahora en las trincheras y
-reductos, temblorosos de fro y de nostalgia, deseando matar o morir. El
-acre incienso de la plvora embriaga a los<a name="page_185" id="page_185"></a> hombres, a las mujeres, a
-los nios; el oro se convierte en plomo, y la mirra en mortfero gas...
-Caminantes: si lo sois de buena fe, idos a vuestras montaas y
-desiertos, a los bosques de palmeras, al Nilo Azul, all donde aun
+misteriosos y benévolos que en otras Pascuas apacibles colmaban de
+ofrendas los zapatitos del balcón, están ahora en las trincheras y
+reductos, temblorosos de frío y de nostalgia, deseando matar o morir. El
+acre incienso de la pólvora embriaga a los<a name="page_185" id="page_185"></a> hombres, a las mujeres, a
+los niños; el oro se convierte en plomo, y la mirra en mortífero gas...
+Caminantes: si lo sois de buena fe, idos a vuestras montañas y
+desiertos, a los bosques de palmeras, al Nilo Azul, allá donde aun
recitan al amor de la lumbre los cuentos de las Mil y una noches; huid a
-vuestras tierras brbaras y remotas, y si es que all, como creo,
-entraron tambin las Furias de la discordia y de la muerte, id a otras
-tierras todava ms salvajes, ms escondidas y felices, donde jams se
-oiga la palabra civilizacin, donde, a lo menos, se maten los hombres
+vuestras tierras bárbaras y remotas, y si es que allí, como creo,
+entraron también las Furias de la discordia y de la muerte, id a otras
+tierras todavía más salvajes, más escondidas y felices, donde jamás se
+oiga la palabra civilización, donde, a lo menos, se maten los hombres
francamente, con el sano y desnudo valor de su barbarie, sin decir que
se matan por la justicia y el derecho.</p>
-<p>&mdash;Idos, s&mdash;confirma el general,&mdash;pues a lo que veo sois hombres de
-bien. Pero qudense aqu vuestros bagajes y preseas, vuestros caballos y
+<p>&mdash;Idos, sí&mdash;confirma el general,&mdash;pues a lo que veo sois hombres de
+bien. Pero quédense aquí vuestros bagajes y preseas, vuestros caballos y
tesoros, a fin de que no caigan en manos del enemigo. Tornad a vuestras
-tierras, como Dios os diere a entender, que harto salvis con salvar
+tierras, como Dios os diere a entender, que harto salváis con salvar
vuestras vidas en estos infiernos de la Europa civilizada...</p>
-<p>Y los Reyes Magos, pobres y desnudos, como el divino Infante de Beln,
+<p>Y los Reyes Magos, pobres y desnudos, como el divino Infante de Belén,
se van para siempre, tristes y cabizbajos, haciendo voto de no volver a
este mundo por todos los siglos de los siglos.</p>
@@ -3941,8 +3890,8 @@ este mundo por todos los siglos de los siglos.</p>
<p><a name="page_187" id="page_187"></a></p>
-<h2><a name="Las_tres_cosas_del_tio_Juan" id="Las_tres_cosas_del_tio_Juan"></a>Las tres cosas del to Juan.<br /><br />
-<small>(JOS NOGALES)</small></h2>
+<h2><a name="Las_tres_cosas_del_tio_Juan" id="Las_tres_cosas_del_tio_Juan"></a>Las tres cosas del tío Juan.<br /><br />
+<small>(JOSÉ NOGALES)</small></h2>
<p><a name="page_188" id="page_188"></a></p>
@@ -3950,331 +3899,331 @@ este mundo por todos los siglos de los siglos.</p>
<p class="head">LAS TRES COSAS DEL TIO JUAN</p>
-<p>Todo el pueblo saba que Apolinar se estaba derritiendo vivo por Luca,
-y que, aunque sta no se derreta por nadie, no pona mala cara a las
+<p>Todo el pueblo sabía que Apolinar se estaba derritiendo vivo por Lucía,
+y que, aunque ésta no se derretía por nadie, no ponía mala cara a las
solicitudes del mozo. Matrimonio igual: ella, joven, guapa, robusta y,
-de aadidura, rica; l, en los linderos de los veinticinco, no pobre,
-medio seoritn por lo que iba para alcalde, y entrambos hijos nicos.
-No faltaba al naciente afecto ms que el sacramento de la confirmacin,
-y para eso no haba otro obispo sino to Juan, el <i>Plantao</i>, padre y
-seor natural de la dama requerida.</p>
+de añadidura, rica; él, en los linderos de los veinticinco, no pobre,
+medio señoritín por lo que iba para alcalde, y entrambos hijos únicos.
+No faltaba al naciente afecto más que el sacramento de la confirmación,
+y para eso no había otro obispo sino tío Juan, el <i>Plantao</i>, padre y
+señor natural de la dama requerida.</p>
-<p>El ilustre linaje de los <i>Plantaos</i> distinguise desde muy antiguo
+<p>El ilustre linaje de los <i>Plantaos</i> distinguióse desde muy antiguo
tiempo por una terquedad nativa, de que estaba justamente orgulloso, y,
-de haber querido proveerse de herldica, su escudo no fuera otro que un
-clavo clavado por el revs en una pared de gules. Apolinar sentase
-cohibido por esta testarudez hereditaria, y<a name="page_190" id="page_190"></a> recelaba que el to Juan
+de haber querido proveerse de heráldica, su escudo no fuera otro que un
+clavo clavado por el revés en una pared de gules. Apolinar sentíase
+cohibido por esta testarudez hereditaria, y<a name="page_190" id="page_190"></a> recelaba que el tío Juan
saliese con una gaita de las suyas, porque era hombre que no se apartaba
-de sus ses o sus noes as lo hicieran pedazos.</p>
+de sus síes o sus noes así lo hicieran pedazos.</p>
-<p>No hubo ms remedio que pasar el Rubicn... y tirarse de cabeza en
-aquellas honduras insondables de la voluntad paterna. El to Juan haba
-dicho una vez: Qu trae ese por aqu? Y para los que le conocan el
+<p>No hubo más remedio que pasar el Rubicón... y tirarse de cabeza en
+aquellas honduras insondables de la voluntad paterna. El tío Juan había
+dicho una vez: «¿Qué trae ese por aquí?» Y para los que le conocían el
genio, era bastante.</p>
-<p>&mdash;Ahora que est tu padre en la bodega, voy y se lo espeto, y Dios
+<p>&mdash;Ahora que está tu padre en la bodega, voy y se lo espeto, y Dios
quiera que pueda salir con cara alegre... Pero antes dime, para que
-lleve fuerza, que me quieres como yo te quiero, con los redaos del
+lleve fuerza, que me quieres como yo te quiero, con los redaños del
alma.</p>
<p>&mdash;Apolinar, que me aburres con tus quereres y tonteos. Si quieres
-decrselo, anda; y lo que saques a mi padre del buche eso ser, porque
-yo tambin soy <i>plant</i>.</p>
+decírselo, anda; y lo que saques a mi padre del buche eso será, porque
+yo también soy <i>plantá</i>.</p>
-<p>Renegando de aquellos bravos rigores de la casta, encaminse Apolinar a
-la bodega, pasando primero bajo la llorosa parra, que tenda sus
-sarmientos como cuerdas secas, y despus por el angosto corral atestado
+<p>Renegando de aquellos bravíos rigores de la casta, encaminóse Apolinar a
+la bodega, pasando primero bajo la llorosa parra, que tendía sus
+sarmientos como cuerdas secas, y después por el angosto corral atestado
de aperos de labranza y cachivaches de vendimia. En la puerta de la
-bodega enredsele un manojo de telaraas en el <i>bombn</i>, y tragando
-saliva entr en la obscura pieza.</p>
+bodega enredósele un manojo de telarañas en el <i>bombín</i>, y tragando
+saliva entró en la obscura pieza.</p>
-<p>&mdash;To Juan; eh, to Juan...!<a name="page_191" id="page_191"></a></p>
+<p>&mdash;¡Tío Juan; eh, tío Juan...!<a name="page_191" id="page_191"></a></p>
-<p>&mdash;Aqu! Eres t? Con este jinojo de tinglao no se ve gota.</p>
+<p>&mdash;¡Aquí! ¿Eres tú? Con este jinojo de tinglao no se ve gota.</p>
<p>Estaba el hombre muy metido en faena, en mangas de camisa, despechugado,
-con una pelambre de pecho que pareca una maceta de albahaca. Era ms
+con una pelambre de pecho que parecía una maceta de albahaca. Era más
que medianamente apersonado, canoso y fuerte; y sudando, como estaba,
-pareca un oso polar.</p>
+parecía un oso polar.</p>
-<p>&mdash;No se figura usted a lo que vengo?</p>
+<p>&mdash;¿No se figura usted a lo que vengo?</p>
<p>&mdash;A tomar un jarrillo.</p>
-<p>&mdash;No, seor; a tomar un parecer.</p>
+<p>&mdash;No, señor; a tomar un parecer.</p>
-<p>&mdash;Pues no es lo mesmo. Pero, anda, sultala; que no hay hombre sin
+<p>&mdash;Pues no es lo mesmo. Pero, anda, suéltala; que no hay hombre sin
hombre.</p>
-<p>&mdash;Con esa licencia... no s cmo le diga que Luca me tira un poco, un
-pocazo, si se han de decir las cosas conforme son. Y como me parece a m
-que yo tambin le tiro una migaja, vena, porque es razn, a decirle qu
+<p>&mdash;Con esa licencia... no sé cómo le diga que Lucía me tira un poco, un
+pocazo, si se han de decir las cosas conforme son. Y como me parece a mí
+que yo también le tiro una migaja, venía, porque es razón, a decirle qué
le parece a usted de este tiraero que va por buen fin y por derecho
camino.</p>
-<p>Dise to Juan cuatro rasconazos en el testuz, y, volviendo las
-espaldas, fu a buscar el jarrillo y la venencia, y con ambas cosas en
-las manos, como quien echa el <i>Dominus vobiscum</i>, se abri de brazos,
+<p>Dióse tío Juan cuatro rasconazos en el testuz, y, volviendo las
+espaldas, fué a buscar el jarrillo y la venencia, y con ambas cosas en
+las manos, como quien echa el <i>Dominus vobiscum</i>, se abrió de brazos,
diciendo:</p>
-<p>&mdash;Todo el toque del hombre est en un s y un no. As es que, antes de
+<p>&mdash;Todo el toque del hombre está en un sí y un no. Así es que, antes de
soltar uno u otro, hay que rumiar bien las cosas.<a name="page_192" id="page_192"></a> Tomaremos un par de
alumbradores y que Dios sea con todos.</p>
-<p>Y despus de beber por riguroso turno, quedse to Juan rumiando aquel
+<p>Y después de beber por riguroso turno, quedóse tío Juan rumiando aquel
escopetazo, como un hermoso y prudente buey que no pone la pata sino en
terreno firme.</p>
-<p>&mdash;Pues atento a eso, digo que me parece a m que la mujer se hizo para
+<p>&mdash;Pues atento a eso, digo que me parece a mí que la mujer se hizo para
el hombre y el hombre para la mujer... y que por eso tiran el uno del
otro. Pero como ni el hombre ni la mujer son siempre libres, otros han
de agarrarse a la mancera para que el surco salga bien hecho y la
-simiente no se desperdicie. Yo, que por lo de ahora soy el gan en este
+simiente no se desperdicie. Yo, que por lo de ahora soy el gañán en este
negocio, te digo que quien quiera ayuntarse con mi cordera ha de hacer
-tres cosas, sin que ninguna le perdone; no hacindolas, ya se puede ir
+tres cosas, sin que ninguna le perdone; no haciéndolas, ya se puede ir
con viento fresco y levantar la parva.</p>
-<p>&mdash;Aunque sean trescientas har yo, con tal de meterme debajo del yugo.
-Eche usted, to Juan, por esa boca, que ya se me hace tarde, y aunque me
-mande cargar con la bodega, todava me haba de parecer mandato ligero,
-segn lo encalabrinado y emperrado que estoy con el aquel del tiraero
+<p>&mdash;Aunque sean trescientas haré yo, con tal de meterme debajo del yugo.
+Eche usted, tío Juan, por esa boca, que ya se me hace tarde, y aunque me
+mande cargar con la bodega, todavía me había de parecer mandato ligero,
+según lo encalabrinado y emperrado que estoy con el aquel del tiraero
que ya le he dicho.</p>
-<p>&mdash;No soy tan brbaro para mandar lo que est fuera de las fuerzas del
-hombre, por animal que sea. Las tres cosas que pido son stas: que me
-traigan todos los<a name="page_193" id="page_193"></a> das la primera gallinaza que suelte el gallo al
+<p>&mdash;No soy tan bárbaro para mandar lo que está fuera de las fuerzas del
+hombre, por animal que sea. Las tres cosas que pido son éstas: que me
+traigan todos los<a name="page_193" id="page_193"></a> días la primera gallinaza que suelte el gallo al
romper el alba, para hacer un remedio de este dolor de ijares que me
quita el resuello de cuando en cuando; que al que tenga ese querer,
-valo yo una vez siquiera trincar un bocado de hierba sin doblar los
-corvejones, ni acularse, ni tenderse; que el tal me d candela en la
-palma de la mano el da de mi santo por la maana, y esto ha de ser con
+véalo yo una vez siquiera trincar un bocado de hierba sin doblar los
+corvejones, ni acularse, ni tenderse; que el tal me dé candela en la
+palma de la mano el día de mi santo por la mañana, y esto ha de ser con
sosiego, sin hacer bailes, ni meneos, ni soplar, ni sacudir.</p>
-<p>&mdash;Nada ms?</p>
+<p>&mdash;¿Nada más?</p>
<p>&mdash;En eso me he plantao, y ha de ser a lo justo; que ni sobre ni falte.</p>
-<p>&mdash;To Juan, vaya usted preparando el yugo ms fuerte que haya en casa,
+<p>&mdash;Tío Juan, vaya usted preparando el yugo más fuerte que haya en casa,
porque yo me lo echo encima, si Dios no dispone otra cosa.</p>
-<p>Y Apolinar sali de all con la cara radiante, bailndole los ojos en
-una rfaga de alegra loca, y dando al viento como romntica pluma aquel
-jirn de telaraas que se peg en el sombrero.</p>
+<p>Y Apolinar salió de allí con la cara radiante, bailándole los ojos en
+una ráfaga de alegría loca, y dando al viento como romántica pluma aquel
+jirón de telarañas que se pegó en el sombrero.</p>
-<p>&mdash;Troncho, qu suerte! Luca, me ha dicho tu padre que te vayas
+<p>&mdash;¡Troncho, qué suerte! Lucía, me ha dicho tu padre que te vayas
preparando, que tenemos que abrir un surco.</p>
-<p>&mdash;Qu tonto eres. De qu surco hablas? Me parece que viene su merced
-algo repuntado y que el jarro habl ms que las personas.</p>
+<p>&mdash;Qué tonto eres. ¿De qué surco hablas? Me parece que viene su merced
+algo repuntado y que el jarro habló más que las personas.</p>
<p>&mdash;Te hablo del surco que han de hacer<a name="page_194" id="page_194"></a> en el mundo todas las yuntas
-humanas. Vers qu labor ms dulce.</p>
+humanas. Verás qué labor más dulce.</p>
-<p>&mdash;Pero qu borrico te has vuelto!</p>
+<p>&mdash;¡Pero qué borrico te has vuelto!</p>
<p class="tb">*&nbsp; *&nbsp; *</p>
-<p>La del alba sera cuando Apolinar acudi solcitamente a su corral sin
-quitar ojo del gallo hasta que di de s el extrao remedio del mal de
-ijares, que en caliente recogi, bien as como si llevase dentro una
-preciosa esmeralda. Cumplida por aquel da la primera condicin y no
-sabiendo qu hacer a tales horas, tan desacostumbradas para su vigilia,
-fuse con los cavadores a su majuelo, <i>a matar el tiempo</i> hasta que el
-estmago le avisase. Al llegar a la via, dijo a los jornaleros:</p>
+<p>«La del alba sería» cuando Apolinar acudió solícitamente a su corral sin
+quitar ojo del gallo hasta que dió de sí el extraño remedio del mal de
+ijares, que en caliente recogió, bien así como si llevase dentro una
+preciosa esmeralda. Cumplida por aquel día la primera condición y no
+sabiendo qué hacer a tales horas, tan desacostumbradas para su vigilia,
+fuése con los cavadores a su majuelo, <i>a matar el tiempo</i> hasta que el
+estómago le avisase. Al llegar a la viña, dijo a los jornaleros:</p>
<p>&mdash;Vamos a ver, muchachos: un cuartillo de vino hay para quien sin doblar
los corvejones, ni acularse ni tenderse trinque un bocado de sarmientos.</p>
-<p>&mdash;Pero eso qu tiene que hacer? Valiente hombra!</p>
+<p>&mdash;¿Pero eso qué tiene que hacer? ¡Valiente hombría!</p>
-<p>Y cuatro o cinco, los ms jvenes, salieron del grupo y doblndose y
-enderezndose, sac cada cual un sarmiento del modo y manera que los
+<p>Y cuatro o cinco, los más jóvenes, salieron del grupo y doblándose y
+enderezándose, sacó cada cual un sarmiento del modo y manera que los
palomos cogen pajitas para hacer el nido.</p>
<p>&mdash;A ver yo...</p>
-<p>Que si quieres! Cuantas veces quiso probar, di de cabeza en el montn.
-Una<a name="page_195" id="page_195"></a> risa franca y noblota alegr el majuelo, y hasta el sol de color de
-cereza que suba por la cuesta azul pareca una gran cara hinchada de
+<p>¡Que si quieres! Cuantas veces quiso probar, dió de cabeza en el montón.
+Una<a name="page_195" id="page_195"></a> risa franca y noblota alegró el majuelo, y hasta el sol de color de
+cereza que subía por la cuesta azul parecía una gran cara hinchada de
risa.</p>
<p>&mdash;Para hacer eso hay que criar mucha fuerza de espinazo y que las patas
-no se blandeen. Es menester cavar vias y darle al cuerpo buenos
+no se blandeen. Es menester cavar viñas y darle al cuerpo buenos
remojones de sudor.</p>
-<p>&mdash;S? Venga un azadn. Este no pesa, otro...</p>
+<p>&mdash;¿Sí? Venga un azadón. Este no pesa, otro...</p>
<p>Y como general que arenga a sus tropas, dijo, blandiendo el instrumento:</p>
-<p>&mdash;Hoy ser uno de tantos. Hay que apretar..., y no os compadezcis de m
+<p>&mdash;Hoy seré uno de tantos. Hay que apretar..., y no os compadezcáis de mí
si veis que reviento, porque necesito echar un espinazo que sea a la vez
tronco de olivo y vara de mimbre.</p>
-<p>Aquella fu una jornada heroica. Los cavadores, viendo cun
+<p>Aquella fué una jornada heroica. Los cavadores, viendo cuán
gallardamente trabajaba Apolinar, mermaron cigarros, ahorraron
coloquios, apresuraron meriendas y sacaron el unto a sus brazos. Al
ponerse el sol, no presentaba aquella cara burlona, henchida de risa,
-con que apareci entre las brumas de la maana, sino otra muy grave,
-casi austera, que pareca complacida con la ofrenda del sudor humano que
-riega el terrn y fecundiza el mundo.</p>
+con que apareció entre las brumas de la mañana, sino otra muy grave,
+casi austera, que parecía complacida con la ofrenda del sudor humano que
+riega el terrón y fecundiza el mundo.</p>
<p>Al dar de mano, dijo el jefe de la cuadrilla:<a name="page_196" id="page_196"></a></p>
-<p>&mdash;No has visto la sementera?</p>
+<p>&mdash;¿No has visto la sementera?</p>
<p>&mdash;No.</p>
-<p>Y Apolinar sinti una vergenza muy honda por aquella confesin hecha en
+<p>Y Apolinar sintió una vergüenza muy honda por aquella confesión hecha en
pleno campo.</p>
-<p>&mdash;Pues, vamos, hombre; hay da para todo. Tengo una disputa con tu primo
-Epifanio: l, que lo suyo es mejor; yo, que lo tuyo. Como sementera
+<p>&mdash;Pues, vamos, hombre; hay día para todo. Tengo una disputa con tu primo
+Epifanio: él, que lo suyo es mejor; yo, que lo tuyo. Como sementera
temprana, la cebada nos llega a la rodilla; el trigo parece un forrajal.</p>
<p>Y fueron al sembrado, que con su verdor alegraba el alma, y en ella
-sinti Apolinar una voz gozosa que pareca brincar en otra mancha verde
-y lozana, gritndole: Todo es tuyo; regocjate, o no eres hombre!</p>
+sintió Apolinar una voz gozosa que parecía brincar en otra mancha verde
+y lozana, gritándole: ¡Todo es tuyo; regocíjate, o no eres hombre!</p>
-<p>Y se regocij honradamente, paternalmente, como si toda aquella vigorosa
-fuerza germinativa hubiese salido de sus propias entraas.</p>
+<p>Y se regocijó honradamente, paternalmente, como si toda aquella vigorosa
+fuerza germinativa hubiese salido de sus propias entrañas.</p>
-<p>&mdash;Yo, que no haba visto esto! Maldito sea el casino y las cartas y
-quien las invent! Malditos los tabernculos, que nos chupan el tiempo
-y no nos dejan ver esta gloria, esta bendicin de Dios derramada por los
+<p>&mdash;¡Yo, que no había visto esto! ¡Maldito sea el casino y las cartas y
+quien las inventó! ¡Malditos los tabernáculos, que nos chupan el tiempo
+y no nos dejan ver esta gloria, esta bendición de Dios derramada por los
campos!</p>
-<p>Los sembrados del primo Epifanio no resistan la comparacin. La tierra
+<p>Los sembrados del primo Epifanio no resistían la comparación. La tierra
era la misma; pero rutinas, codicias, caprichos, ignorancia y necesidad
-la haban esquilmado y empobrecido. El viejo jornalero explicaba el
+la habían esquilmado y empobrecido. El viejo jornalero explicaba el
caso.<a name="page_197" id="page_197"></a></p>
<p>&mdash;Dale a un trabajador carne y vino; a otro, papas y tomates. Eso es la
-tierra: un trabajador. Segn le eches, as produce.</p>
+tierra: un trabajador. Según le eches, así produce.</p>
-<p>Apolinar sinti que otro amor sano y fuerte se le entraba en el alma: el
-amor a la tierra, el amor a lo suyo, el gozo ntimo y callado del que
+<p>Apolinar sintió que otro amor sano y fuerte se le entraba en el alma: el
+amor a la tierra, el amor a lo suyo, el gozo íntimo y callado del que
posee, del que se conforta al calor del surco, como semilla que germina,
brota, crece y se reproduce.</p>
-<p>&mdash;En qu estara yo pensando? To Agapito, usted me hace un hombre. Voy
+<p>&mdash;¿En qué estaría yo pensando? Tío Agapito, usted me hace un hombre. Voy
a echarme al campo como una fiera.</p>
-<p>&mdash;Al campo, al campo! Esa es la ubre... Si vieras a cunto gandul
+<p>&mdash;¡Al campo, al campo! Esa es la ubre... ¡Si vieras a cuánto gandul
mantiene el campo!</p>
-<p>&mdash;Yo soy el primero. Mejor dicho, lo fu. Ya soy otro. Me duelen los
-pies... zapatos de vaca... Me duele la cabeza... tirar este apestoso
-<i>bombn</i> y comprar un sombrero de esos fuertes, como si los hicieran de
-cerdas de cochino. No ms vestidos de Carnaval. To Agapito, un abrazo,
-y pdale usted a Dios que all, por la primavera, pueda yo comer hierba
+<p>&mdash;Yo soy el primero. Mejor dicho, lo fuí. Ya soy otro. Me duelen los
+pies... zapatos de vaca... Me duele la cabeza... tiraré este apestoso
+<i>bombín</i> y compraré un sombrero de esos fuertes, como si los hicieran de
+cerdas de cochino. No más vestidos de Carnaval. Tío Agapito, un abrazo,
+y pídale usted a Dios que allá, por la primavera, pueda yo comer hierba
sin doblar los corvejones.</p>
<p class="tb">*&nbsp; *&nbsp; *</p>
-<p>No durmi bien, porque el excesivo cansancio rie con el sueo. En las
-manos parecan arder sus huesos desencajados;<a name="page_198" id="page_198"></a> el espinazo se le
+<p>No durmió bien, porque el excesivo cansancio riñe con el sueño. En las
+manos parecían arder sus huesos desencajados;<a name="page_198" id="page_198"></a> el espinazo se le
engarrotaba... y en medio de sus dolores, otro sentimiento nuevo lo iba
conquistando mansamente; un sentimiento de infinita piedad hacia el
-jornalero desheredado, que todos los das, a cambio de unos cuartos
-roosos, aumenta el caudal ajeno con brbaro derroche de su propia vida,
+jornalero desheredado, que todos los días, a cambio de unos cuartos
+roñosos, aumenta el caudal ajeno con bárbaro derroche de su propia vida,
y como a la madrugada oyese cantar al gallo, pregonero de su deber y
-compromiso, volvi a ver la claridad del naciente da, y otra vez
-cogieron sus doloridas manos el azadn lustroso, y el sudor del amo cay
-como lluvia fecunda en la heredad, que pareca estremecerse de amor y
+compromiso, volvió a ver la claridad del naciente día, y otra vez
+cogieron sus doloridas manos el azadón lustroso, y el sudor del amo cayó
+como lluvia fecunda en la heredad, que parecía estremecerse de amor y
agradecimiento.</p>
-<p>Y un da tras otro se fu curtiendo al sol y al aire, y mientras ms se
-endureca la corteza, ms nobles blanduras aparecan por dentro.&mdash;Como
-la via de Apolinar no hay ninguna. La sementera de Apolinar es la
-capitana. Qu suerte de hombre!&mdash;Este era el tema de conversacin entre
-la gente labradora. Los jornaleros se disputaban la casa, porque haba
-formalidad y trago de vino, y all no se haca el agio vergonzoso para
+<p>Y un día tras otro se fué curtiendo al sol y al aire, y mientras más se
+endurecía la corteza, más nobles blanduras aparecían por dentro.&mdash;Como
+la viña de Apolinar no hay ninguna. La sementera de Apolinar es la
+capitana. ¡Qué suerte de hombre!&mdash;Este era el tema de conversación entre
+la gente labradora. Los jornaleros se disputaban la casa, porque había
+formalidad y trago de vino, y allí no se hacía el agio vergonzoso para
la baja de jornales. Con Apolinar trabajaban los sanos, los hombres de
empuje, estimulados con su ejemplo.</p>
-<p>Pas el invierno y el sol primaveral visti el campo de gala. Los
-habares en flor henchan el aire de aromas pursimos; los<a name="page_199" id="page_199"></a> trigos
-azuleaban, los cebadales se mecan orgullosamente a comps del viento;
+<p>Pasó el invierno y el sol primaveral vistió el campo de gala. Los
+habares en flor henchían el aire de aromas purísimos; los<a name="page_199" id="page_199"></a> trigos
+azuleaban, los cebadales se mecían orgullosamente a compás del viento;
las yemas del higueral, reventando al esfuerzo de las primeras hojas,
-tendan al sol una esplndida gasa de oro verde... y los viedos
-extendan sobre la rojiza tierra otra gasa de pmpanos, y ya el olor
-tempranero del cierne se esparca como una caricia dulce y vivificante.</p>
+tendían al sol una espléndida gasa de oro verde... y los viñedos
+extendían sobre la rojiza tierra otra gasa de pámpanos, y ya el olor
+tempranero del cierne se esparcía como una caricia dulce y vivificante.</p>
-<p>Lleg el da de la prueba; el da temido y deseado en que Apolinar tena
+<p>Llegó el día de la prueba; el día temido y deseado en que Apolinar tenía
puestos todos los grandes anhelos de su vida. Antes que el canticio de
los gallos sonaron las campanas de la torre con un repique de gloria, de
-alegra, como voces de un coro nupcial que celebrase las bodas del cielo
+alegría, como voces de un coro nupcial que celebrase las bodas del cielo
y de la tierra.</p>
-<p>No pudo Luca convencer a su padre de que, al menos aquel da, debiera
-pasarlo con la chaqueta puesta.&mdash;Me ajogara.&mdash;Y por parecerle esta
-razn de suficiente peso, no daba otra. Con orgullo hereditario cubra
-su busto de oso polar con limpsima camisa de lienzo, por entre la cual
-se desbordaba la cresta pelambre como maceta frondossima. Cuando entr
-Apolinar, ya estaban all el primo Clmaco y la hermana Bella con su
-dilatada prole, los trabajadores de la casa y varios vecinos, atrados
+<p>No pudo Lucía convencer a su padre de que, al menos aquel día, debiera
+pasarlo con la chaqueta puesta.&mdash;Me ajogaría.&mdash;Y por parecerle esta
+razón de suficiente peso, no daba otra. Con orgullo hereditario cubría
+su busto de oso polar con limpísima camisa de lienzo, por entre la cual
+se desbordaba la cresta pelambre como maceta frondosísima. Cuando entró
+Apolinar, ya estaban allí el primo Clímaco y la hermana Bella con su
+dilatada prole, los trabajadores de la casa y varios vecinos, atraídos
por aquellos olores de cocina y fritanga, fieros despertadores de la
gula.<a name="page_200" id="page_200"></a></p>
-<p>&mdash;Que los tenga usted muy felices, to Juan y la compaa.</p>
+<p>&mdash;Que los tenga usted muy felices, tío Juan y la compaña.</p>
<p>&mdash;Apolinar, tantas gracias, y lo mesmo digo.</p>
-<p>&mdash;Vaya, aqu tiene usted la gallinaza de hoy, que parece un bruo.</p>
+<p>&mdash;Vaya, aquí tiene usted la gallinaza de hoy, que parece un bruño.</p>
<p>Y sin pedir permiso, fuese a la cuadra y trajo un brazado de amapolas,
-que tir al suelo.</p>
+que tiró al suelo.</p>
-<p>&mdash;To Juan, eche usted cuenta.</p>
+<p>&mdash;Tío Juan, eche usted cuenta.</p>
-<p>Y ms gil que un pjaro, doblse y pesc un manojo de hierba en flor
-que le caa sobre el pecho como una llama.</p>
+<p>Y más ágil que un pájaro, doblóse y pescó un manojo de hierba en flor
+que le caía sobre el pecho como una llama.</p>
<p>&mdash;Si usted quiere, me la como.</p>
-<p>&mdash;No tienes que comerla. El toque est en trincarla.</p>
+<p>&mdash;No tienes que comerla. El toque está en trincarla.</p>
-<p>&mdash;Luca, coge el ascua ms grande que haya en la hornilla: hala, ya
-est. To Juan, encienda usted su cigarro, y si quiere liar otro, por m
-no hay apuro: que ni me meneo, ni bailo, ni soplo, ni sacudo... Como
-que tengo aqu un callo que parece una onza de oro!</p>
+<p>&mdash;Lucía, coge el ascua más grande que haya en la hornilla: hala, ya
+está. Tío Juan, encienda usted su cigarro, y si quiere liar otro, por mí
+no hay apuro: que ni me meneo, ni bailo, ni soplo, ni sacudo... ¡Como
+que tengo aquí un callo que parece una onza de oro!</p>
-<p>&mdash;Ya est. Ahora... justo, las tres cosas. Ahora, t, Luca, abraza a
+<p>&mdash;Ya está. Ahora... justo, las tres cosas. Ahora, tú, Lucía, abraza a
este bruto.</p>
-<p>El bruto no esper a Luca; l la abraz con toda su fuerza.</p>
+<p>El bruto no esperó a Lucía; él la abrazó con toda su fuerza.</p>
-<p>&mdash;To Juan, de veras que es para m?</p>
+<p>&mdash;Tío Juan, ¿de veras que es para mí?</p>
-<p>&mdash;Para ti, cerncalo. Y dale gracias al gallo que te cur; porque ni yo
+<p>&mdash;Para ti, cernícalo. Y dale gracias al gallo que te curó; porque ni yo
tengo dolor de ijares ni cosa que se le parezca.</p>
-<p>&mdash;Entonces?...<a name="page_201" id="page_201"></a></p>
+<p>&mdash;¿Entonces?...<a name="page_201" id="page_201"></a></p>
-<p>&mdash;No seas borrico&mdash;dijo Luca.&mdash;Padre quera que madrugases; si no
+<p>&mdash;No seas borrico&mdash;dijo Lucía.&mdash;Padre quería que madrugases; si no
madrugas, no me abrazas.</p>
-<p>Apolinar solt un relincho estrepitoso; un relincho de salud, de amor,
+<p>Apolinar soltó un relincho estrepitoso; un relincho de salud, de amor,
de fortaleza y de ventura.</p>
-<p>&mdash;Sabis lo que so esta noche?&mdash;dijo el to Juan.&mdash;Pues que yo era el
-Padre Eterno, y esta mi cordera era la Espaa, y yo se la daba a una
-gente nueva, recin vena no s de ande, con la barriga llena, los ojos
-relucientes, con callos en las manos y el azan al hombro....</p>
+<p>&mdash;¿Sabéis lo que soñé esta noche?&mdash;dijo el tío Juan.&mdash;Pues que yo era el
+Padre Eterno, y esta mi cordera era la España, y yo se la daba a una
+gente nueva, recién venía no sé de aónde, con la barriga llena, los ojos
+relucientes, con callos en las manos y el azaón al hombro....</p>
-<p>Un alarido triunfal hendi como dardo sonoro el aire azul de aquella
-serena maana de esto. El sol, deslumbrante, caa en lluvia de oro
+<p>Un alarido triunfal hendió como dardo sonoro el aire azul de aquella
+serena mañana de estío. El sol, deslumbrante, caía en lluvia de oro
sobre los aperos de labranza; dos mariposas de color de fuego volaban
-bajo el fresco toldo de pmpanos, y el alegre repique de las campanas
-pareca responder all, en lo alto, al alborozo de la raza nueva, de la
-raza fuerte, que abra su fecundo surco de amor en la llanura humana.</p>
+bajo el fresco toldo de pámpanos, y el alegre repique de las campanas
+parecía responder allá, en lo alto, al alborozo de la raza nueva, de la
+raza fuerte, que abría su fecundo surco de amor en la llanura humana.</p>
<p><a name="page_202" id="page_202"></a></p>
<p><a name="page_203" id="page_203"></a></p>
<h2><a name="La_enamorada_indiscreta" id="La_enamorada_indiscreta"></a>La enamorada indiscreta<br /><br />
-<small>(PEDRO DE RPIDE)</small></h2>
+<small>(PEDRO DE RÉPIDE)</small></h2>
<p><a name="page_204" id="page_204"></a></p>
@@ -4288,17 +4237,17 @@ TORRES</p>
<div class="poem"><div class="stanza">
<span class="i6">SONETO<br /></span>
</div><div class="stanza">
-<span class="i2">Saludo a ti, seor, en el Parnaso,<br /></span>
+<span class="i2">Saludo a ti, señor, en el Parnaso,<br /></span>
<span class="i0">como a un divino hermano de las Nueve.<br /></span>
<span class="i0">La brisa suave que tu plectro mueve<br /></span>
<span class="i0">agita con sus alas el Pegaso.<br /></span>
-<span class="i2">El ms sabio varn de Halicarnaso<br /></span>
+<span class="i2">El más sabio varón de Halicarnaso<br /></span>
<span class="i0">no fuera nunca en tus elogios breve.<br /></span>
<span class="i0">Hay una diosa que en tu frente llueve<br /></span>
<span class="i0">celeste luz a su celeste paso.<br /></span>
<span class="i2">De la Helicona la preclara linfa,<br /></span>
-<span class="i0">te di a beber con plcido secreto<br /></span>
-<span class="i0">en ureo vaso extraordinaria ninfa.<br /></span>
+<span class="i0">te dió a beber con plácido secreto<br /></span>
+<span class="i0">en áureo vaso extraordinaria ninfa.<br /></span>
<span class="i2">Bienhayan tus decires y cantares,<br /></span>
<span class="i0">por ti miran laureles del Himeto<br /></span>
<span class="i0">las riberas del grato Manzanares.<br /></span>
@@ -4314,237 +4263,237 @@ TORRES</p>
</div><div class="stanza">
<span class="i2">Dolor de los amores que se mueren<br /></span>
<span class="i0">y son en nuestras almas enterrados.<br /></span>
-<span class="i0">Dolor de los puales bienamados<br /></span>
-<span class="i0">que ya ms no nos buscan ni nos hieren.<br /></span>
-<span class="i2">No en estos melanclicos narrares,<br /></span>
+<span class="i0">Dolor de los puñales bienamados<br /></span>
+<span class="i0">que ya más no nos buscan ni nos hieren.<br /></span>
+<span class="i2">No en estos melancólicos narrares,<br /></span>
<span class="i0">el fausto busques de la pompa loca.<br /></span>
<span class="i0">Yo cambio ese laurel de los cantares<br /></span>
<span class="i0">por la rosa del beso de una boca.<br /></span>
<span class="i2">Es el dolor mayor de los dolores<br /></span>
<span class="i0">el deshojar la flor de unos amores<br /></span>
-<span class="i0">en el jardn do fuimos sus cautivos.<br /></span>
-<span class="i2">Aoranza de fuente en el desierto.<br /></span>
+<span class="i0">en el jardín do fuimos sus cautivos.<br /></span>
+<span class="i2">Añoranza de fuente en el desierto.<br /></span>
<span class="i0">Dolor de los amores que no han muerto,<br /></span>
<span class="i0">y Dios nos manda que se entierren vivos.<br /></span>
</div></div>
<p class="head">PRIMERA PARTE</p>
-<p class="hang">CUNTASE EL PEREGRINO SUCESO DE LA ENAMORADA INDISCRETA, QUE TAMBIN FU
+<p class="hang">CUÉNTASE EL PEREGRINO SUCESO DE LA ENAMORADA INDISCRETA, QUE TAMBIÉN FUÉ
LLAMADO DEL PELIGRO EN LA VERDAD.</p>
-<p>En una de las ms famosas y nobles ciudades de la prcer Italia, asiento
-de las artes y patria de los ms nclitos varones, aconteci esta rara
-historia que<a name="page_207" id="page_207"></a> aqu se relata, y donde se muestra la ejemplaridad de los
-designios del Altsimo, que trae aparejada la ms alta edificacin as
-saludable para que huyan la tentacin del Enemigo los que aun no
+<p>En una de las más famosas y nobles ciudades de la prócer Italia, asiento
+de las artes y patria de los más ínclitos varones, aconteció esta rara
+historia que<a name="page_207" id="page_207"></a> aquí se relata, y donde se muestra la ejemplaridad de los
+designios del Altísimo, que trae aparejada la más alta edificación así
+saludable para que huyan la tentación del Enemigo los que aun no
pecaron, y vuelvan a la senda de la Gracia los apartados de ella.</p>
-<p>Era, pues, en Ferrara, ciudad insigne, que haba visto prender al
-delicado Torcuato Tasso, vate preclarsimo, y haba visto tambin morir
-a aquel gallardo ingenio, prncipe soberano de los de su poca, que fu
+<p>Era, pues, en Ferrara, ciudad insigne, que había visto prender al
+delicado Torcuato Tasso, vate preclarísimo, y había visto también morir
+a aquel gallardo ingenio, príncipe soberano de los de su época, que fué
el divino Ariosto, de quien pudo decirse que hubo reinas que besaron su
-pie, ya que egregias hermosuras y la mayor de estos ltimos tiempos,
+pie, ya que egregias hermosuras y la mayor de estos últimos tiempos,
como ha sido la sin par Catalina Cornaro, a quien sus paisanos los dux
-de la repblica veneta, Federico Barbarigo y Leonardo Loredano, ms
+de la república veneta, Federico Barbarigo y Leonardo Loredano, más
codiciosos que caballeros, han quitado su reino de Chipre, tuvo en ese
-poeta el consuelo de un amor que bien vala un trono. Y siguiendo en
-este relato verdico y curioso, ha de decirse, que frontera a la casa
-donde haba muerto el Ariosto, alzbase otra suntuossima, que bien a
-las claras pregonaba la elegancia y distincin de la gente principal que
+poeta el consuelo de un amor que bien valía un trono. Y siguiendo en
+este relato verídico y curioso, ha de decirse, que frontera a la casa
+donde había muerto el Ariosto, alzábase otra suntuosísima, que bien a
+las claras pregonaba la elegancia y distinción de la gente principal que
en ella moraba.</p>
-<p>Estaba la tal habitada por un magistrado de uno de los ms altos linajes
-de la ciudad, que era la magnfica seora de<a name="page_208" id="page_208"></a> Leonardo Aldobrandino,
-hermano de Hrcules, senescal de los duques. Viudo de una seora de
-Pisa, tena los ojos del alma y los del rostro puestos en su hija
-Renata, que era ya una doncella de diez y nueve aos, ms bella y fresca
+<p>Estaba la tal habitada por un magistrado de uno de los más altos linajes
+de la ciudad, que era la magnífica señoría de<a name="page_208" id="page_208"></a> Leonardo Aldobrandino,
+hermano de Hércules, senescal de los duques. Viudo de una señora de
+Pisa, tenía los ojos del alma y los del rostro puestos en su hija
+Renata, que era ya una doncella de diez y nueve años, más bella y fresca
que las rosas de aquel gran rosal de Florencia que ha visto arder el
-hereje Savonarola. Saba l que no hay mejor duea y rodrign para las
+hereje Savonarola. Sabía él que no hay mejor dueña y rodrigón para las
mujeres que su propio recato, y en este punto, la virtud de Renata
-pareca guardarse sola. La misa de madrugada en San Lotario, oda con su
-padre; algn paseo por la vega de las flores al morir de la tarde, y
+parecía guardarse sola. La misa de madrugada en San Lotario, oída con su
+padre; algún paseo por la vega de las flores al morir de la tarde, y
otro rato de divertimiento con sus primas en el estrado de la casa, y
-siempre bajo la custodia del grave Leonardo. No perdonaba ste, en
-cambio, nada que dejase de adornar la gentilsima presencia de su hija;
-las perleras ms finas que traan los traficantes de Venecia, y los
-guardamaces bordados y justillos y corseletes de seda de Persia que
+siempre bajo la custodia del grave Leonardo. No perdonaba éste, en
+cambio, nada que dejase de adornar la gentilísima presencia de su hija;
+las perlerías más finas que traían los traficantes de Venecia, y los
+guardamacíes bordados y justillos y corseletes de seda de Persia que
llevan a Ferrara los mercaderes ginoveses, nuncios del lujo y ministros
del oro.</p>
-<p>De una parte, el respeto que su alto nombre mova a todos, y de otra la
-seguridad de un mal fin de aventura, haba librado de galanes a aquella
-joya ferraresa, bajo cuyas ventanas no se haban taido msicas ni
-cantado sonetos. Sabase<a name="page_209" id="page_209"></a> que su padre tena dispuesta la doncella para
-esposa de un caballero fabuloso. Hablbase de un grave suceso de honra
-que aconteci muchos aos atrs a Leonardo viajando por Espaa y
-hallndose en Sevilla, donde top con un gentilhombre a quien qued muy
-obligado. Era ste, espaol, cuatralvo en Cdiz de los galeones de
-nuestro prudentsimo soberano el segundo de los Filipos, que hoy
-asintanse en los cielos gozando de la bienandanza de los justos, y
-siendo por aquellos das acaecido el trnsito del gran monarca, apenas
-tom el cetro de las Espaas su hijo, nuestro actual gloriossimo
-prncipe Filipo, el tercero de los de su nombre, a quien Dios Nuestro
-Seor d tan larga vida como es sabio su gobierno, fu ste servido de
+<p>De una parte, el respeto que su alto nombre movía a todos, y de otra la
+seguridad de un mal fin de aventura, había librado de galanes a aquella
+joya ferraresa, bajo cuyas ventanas no se habían tañido músicas ni
+cantado sonetos. Sabíase<a name="page_209" id="page_209"></a> que su padre tenía dispuesta la doncella para
+esposa de un caballero fabuloso. Hablábase de un grave suceso de honra
+que aconteció muchos años atrás a Leonardo viajando por España y
+hallándose en Sevilla, donde topó con un gentilhombre a quien quedó muy
+obligado. Era éste, español, cuatralvo en Cádiz de los galeones de
+nuestro prudentísimo soberano el segundo de los Filipos, que hoy
+asiéntanse en los cielos gozando de la bienandanza de los justos, y
+siendo por aquellos días acaecido el tránsito del gran monarca, apenas
+tomó el cetro de las Españas su hijo, nuestro actual gloriosísimo
+príncipe Filipo, el tercero de los de su nombre, a quien Dios Nuestro
+Señor dé tan larga vida como es sabio su gobierno, fué éste servido de
hacer al gentilhombre su visorrey en uno de los visorreinatos que
-tenemos en Indias para mayor grandeza de nuestro Csar.</p>
-
-<p>Tena el nuevo visorrey un hijo de breve edad, que llevaba el nombre de
-San Miguel Arcngel, y cuando se despidieron para tornar el uno a Italia
-y partir el otro hacia su destino, concertaron que si Leonardo tena
-alguna hija, haba de ser esposa del heredero del noble espaol, que si
-la estirpe de ste no cediera a la del Infantado y Medinaceli, la del
-italiano era tan alta como la de los Dandolo y Colonna.<a name="page_210" id="page_210"></a> Un ao despus
-naci Renata, y comunicado el suceso al visorrey, fu luego considerado
-su hijo, que tena entonces no ms de dos aos, como esposo de la tierna
-Aldobrandino. Y en la traza aprobada, quedse dicho, que tan luego como
-Miguel llegase a los veinte aos, haba de venir a Ferrara para sus
+tenemos en Indias para mayor grandeza de nuestro César.</p>
+
+<p>Tenía el nuevo visorrey un hijo de breve edad, que llevaba el nombre de
+San Miguel Arcángel, y cuando se despidieron para tornar el uno a Italia
+y partir el otro hacia su destino, concertaron que si Leonardo tenía
+alguna hija, había de ser esposa del heredero del noble español, que si
+la estirpe de éste no cediera a la del Infantado y Medinaceli, la del
+italiano era tan alta como la de los Dandolo y Colonna.<a name="page_210" id="page_210"></a> Un año después
+nació Renata, y comunicado el suceso al visorrey, fué luego considerado
+su hijo, que tenía entonces no más de dos años, como esposo de la tierna
+Aldobrandino. Y en la traza aprobada, quedóse dicho, que tan luego como
+Miguel llegase a los veinte años, había de venir a Ferrara para sus
bodas.</p>
-<p>Cercana al palacio de Leonardo hallbase, y aun se halla para contento
-de caminantes, la celebrada hostera del Centauro, tan famosa por el
+<p>Cercana al palacio de Leonardo hallábase, y aun se halla para contento
+de caminantes, la celebrada hostería del Centauro, tan famosa por el
arte de sus guisanderas como por las varias aventuras de amor que la han
hecho tan temida de los padres y sospechosa para los maridos. Como es la
mejor de la ciudad, toda la gente de calidad que viaja suele hacer en
-ella posada: capitanes espaoles, clrigos romanos, mercaderes
-franceses, damas de alta condicin y grandes seores detinense en ella
-a su paso por Ferrara, y as es de ver el trfago de su anchuroso patio,
-donde se mezclan la carroza blasonada y el carro de trfico, el caballo
-del alfrez y la mula del prebendado. El vino de Chianti llena con
-liberal abundancia los jarros de las mesas, y bajo la parra esplndida y
-tupida que rodea el portn, hay, como a las puertas conventuales, un
+ella posada: capitanes españoles, clérigos romanos, mercaderes
+franceses, damas de alta condición y grandes señores detiénense en ella
+a su paso por Ferrara, y así es de ver el tráfago de su anchuroso patio,
+donde se mezclan la carroza blasonada y el carro de tráfico, el caballo
+del alférez y la mula del prebendado. El vino de Chianti llena con
+liberal abundancia los jarros de las mesas, y bajo la parra espléndida y
+tupida que rodea el portón, hay, como a las puertas conventuales, un
congreso de pordioseros, a quienes en ciertas horas se reparte la comida
sobrante. Sus aposentos son espaciosos como de la casa de<a name="page_211" id="page_211"></a> un grande, y
-su cocina esplndida como de un monasterio de Jernimos.</p>
+su cocina espléndida como de un monasterio de Jerónimos.</p>
-<p>Era en el dulce morir del melanclico Octubre cuando al fenecer de una
-tarde arribaron dos jinetes a la hostera. Era el uno muy mozo, de
-gallardo y finsimo talle y rostro de ngel, y sus manos, como esas
+<p>Era en el dulce morir del melancólico Octubre cuando al fenecer de una
+tarde arribaron dos jinetes a la hostería. Era el uno muy mozo, de
+gallardo y finísimo talle y rostro de ángel, y sus manos, como esas
talladas en marfil que se ven en algunas iglesias de Italia y son obra
-del singular artfice llamado el Donatello. Cabalgaba en un potro
-andaluz de agradable estampa, y en su rostro marcbase cierto
+del singular artífice llamado el Donatello. Cabalgaba en un potro
+andaluz de agradable estampa, y en su rostro marcábase cierto
desasosiego y como embarazo al montar a horcajadas, que no daba muestra
-de grande pericia en el arte de cabalgar. Seguale caballero en una mula
+de grande pericia en el arte de cabalgar. Seguíale caballero en una mula
un hombre viejo y recio con tipo de haber sido soldado del duque de Alba
-all en sus tiempos, y de llevar ahora dignamente su oficio con algo de
+allá en sus tiempos, y de llevar ahora dignamente su oficio con algo de
humildad para ser ayo, y un poco familiar para ser escudero. Tan luego
-como llegaban a la puerta de la hostera, hubieron de detenerse porque
-costera de ellos llegaba y parbase tambin una gran carroza cargada de
-cofres. Detuvironse y vieron descender de ella tan slo a un caballero.
-Era ste mozo tambin, aunque de ms fuerte y varonil gentileza que el
-joven de a caballo; morena tena la tez y negro su cabello como de un
-prncipe del Oriente, que no pareca sino que su padre era el sol y que
+como llegaban a la puerta de la hostería, hubieron de detenerse porque
+costera de ellos llegaba y parábase también una gran carroza cargada de
+cofres. Detuviéronse y vieron descender de ella tan sólo a un caballero.
+Era éste mozo también, aunque de más fuerte y varonil gentileza que el
+joven de a caballo; morena tenía la tez y negro su cabello como de un
+príncipe del Oriente, que no parecía sino que su padre era el sol y que
asomaba<a name="page_212" id="page_212"></a> por sus ojos. Gallarda y arrogante era su apostura, y su
-continente nobilsimo. Traa obscuro su vestido y sencillo como de
+continente nobilísimo. Traía obscuro su vestido y sencillo como de
viaje; solamente sobre su ferreruelo llameaba como una espada de fuego
-la insigne encomienda de Santiago. Entr en el zagun, apartse la
-carroza y el mozo y su viejo acompaante entraron sobre sus cabalgaduras
-hasta el patio de la hostera. Haba llovido algo y con eso estaba
+la insigne encomienda de Santiago. Entró en el zaguán, apartóse la
+carroza y el mozo y su viejo acompañante entraron sobre sus cabalgaduras
+hasta el patio de la hostería. Había llovido algo y con eso estaba
escurridizo el pavimento, que era todo de guijarros, los cuales el uso
-continuo haba hecho planos y lustrosos. Fuera ello la causa o la poca
+continuo había hecho planos y lustrosos. Fuera ello la causa o la poca
experiencia del mozo, el caso es que al ir a apearse del caballo hubo de
-caer ste arrodillado, y hubiese dado tambin con su cuerpo en el suelo
+caer éste arrodillado, y hubiese dado también con su cuerpo en el suelo
el jinete, si con grande presteza no acudieran a un tiempo su escudero y
el caballero de la encomienda. No se hizo mal alguno, y con esto
-subieron juntos a los aposentos que les destinaron, y haba querido la
-suerte que fuesen contiguos. La igualdad de sus aos, y el hallarse
-ambos espaoles en tierra extranjera, hzoles entrar prontamente en
-pltica y ofrecerse.&mdash;Yo me llamo don Diego de Ziga&mdash;dijo el del
+subieron juntos a los aposentos que les destinaron, y había querido la
+suerte que fuesen contiguos. La igualdad de sus años, y el hallarse
+ambos españoles en tierra extranjera, hízoles entrar prontamente en
+plática y ofrecerse.&mdash;Yo me llamo don Diego de Zúñiga&mdash;dijo el del
caballo&mdash;y viajo con Marcos, mi escudero. Vengo desde Toledo, y no
-tardar en llegar al final de mi viaje, que es en la ilustre ciudad de
+tardaré en llegar al final de mi viaje, que es en la ilustre ciudad de
Mantua, tantas veces nombrada, y he de deciros que no me llevan<a name="page_213" id="page_213"></a> los
negocios ni los placeres, sino un gran pesar.</p>
-<p>&mdash;Yo soy&mdash;dijo el caballero de la encomienda&mdash;don Miguel de Guzmn.
-Vengo desde Indias, y llegando a Ferrara, he tocado al trmino de mi
-peregrinacin. Hame trado aqu un cuidado muy grave que ya os
-descubrir si os detenis aqu, y si, como pienso, hemos de ser amigos.</p>
+<p>&mdash;Yo soy&mdash;dijo el caballero de la encomienda&mdash;don Miguel de Guzmán.
+Vengo desde Indias, y llegando a Ferrara, he tocado al término de mi
+peregrinación. Hame traído aquí un cuidado muy grave que ya os
+descubriré si os detenéis aquí, y si, como pienso, hemos de ser amigos.</p>
-<p>&mdash;Reposarme he unos das y muy de mi grado, seor don Miguel, que me
-obliga la merced que me hacis de llamarme vuestro amigo&mdash;contestle don
+<p>&mdash;Reposarme he unos días y muy de mi grado, señor don Miguel, que me
+obliga la merced que me hacéis de llamarme vuestro amigo&mdash;contestóle don
Diego.</p>
<p>Y departiendo sobre su viaje y otras indiferentes materias, luego que
-hicieron colacin, retirronse a descansar con promesa de salir juntos
-al siguiente da para visitar la ciudad.</p>
+hicieron colación, retiráronse a descansar con promesa de salir juntos
+al siguiente día para visitar la ciudad.</p>
-<p>No tard en amanecer el sol ms que en saltar de sus lechos y vestirse
+<p>No tardó en amanecer el sol más que en saltar de sus lechos y vestirse
los caballeros. Don Diego, con su traje de veludillo gris y capa
-aleonada, y don Miguel, que haba hecho subir sus cofres, adornse con
-unas cachondas de raso y un jubn de vellor y colg de su cuello una
-finsima cadena de oro con un grueso diamante que alumbraba su pecho.
-Salieron, y su primer visita fu para el Santsimo Sacramento, como
-devotos caballeros que eran, y acudan a agradecerle que les hubiera
-dejado llegar con bien a la ciudad. Cumplido el po deber y oda la
-misa, dironse a discurrir<a name="page_214" id="page_214"></a> por las calles y plazas, y admirar iglesias
-y palacios, maravillas todas que tenan suspenso su nimo, a pesar de
-venir de la opulenta Espaa. Y aconteci que, como se hallasen a media
-maana en el atrio de la catedral, vieron detenerse la gente, y pasar
+aleonada, y don Miguel, que había hecho subir sus cofres, adornóse con
+unas cachondas de raso y un jubón de vellorí y colgó de su cuello una
+finísima cadena de oro con un grueso diamante que alumbraba su pecho.
+Salieron, y su primer visita fué para el Santísimo Sacramento, como
+devotos caballeros que eran, y acudían a agradecerle que les hubiera
+dejado llegar con bien a la ciudad. Cumplido el pío deber y oída la
+misa, diéronse a discurrir<a name="page_214" id="page_214"></a> por las calles y plazas, y admirar iglesias
+y palacios, maravillas todas que tenían suspenso su ánimo, a pesar de
+venir de la opulenta España. Y aconteció que, como se hallasen a media
+mañana en el atrio de la catedral, vieron detenerse la gente, y pasar
ante ellos y perderse a la revuelta de una esquina, una corta pero
-admirable comitiva. Componanla dos graves caballeros ataviados con sumo
-lujo, y entre los dos una doncella, portento casi ms por su talle y por
+admirable comitiva. Componíanla dos graves caballeros ataviados con sumo
+lujo, y entre los dos una doncella, portento casi más por su talle y por
su rostro que por sus galas suntuosas, cabalgando todos en soberbios
-corceles precedidos de palafreneros y seguidos de lacayos. Riqusimas y
+corceles precedidos de palafreneros y seguidos de lacayos. Riquísimas y
blasonadas gualdrapas llevaban los bridones, y los guanteletes y el azor
en la mano de la joven y el arreo de todos mostraban a las claras el
-aparato de cetrera. Como las gentes se descubriesen al paso de aquellos
-seores, don Miguel y don Diego se informaron de quines eran.&mdash;Son&mdash;les
-contestaron&mdash;el seor senescal Hrcules Aldobrandino, su hermano
-Leonardo y su sobrina Renata. Qu bien se echa de ver que sois
+aparato de cetrería. Como las gentes se descubriesen al paso de aquellos
+señores, don Miguel y don Diego se informaron de quiénes eran.&mdash;Son&mdash;les
+contestaron&mdash;el señor senescal Hércules Aldobrandino, su hermano
+Leonardo y su sobrina Renata. ¡Qué bien se echa de ver que sois
forasteros al no conocer a tan visibles personas!</p>
<p>Hizo don Miguel un gesto, no advertido para don Diego, y comentando
ambos la majestad de los ancianos y la elegancia de la joven,
-prosiguieron su paseo, hasta que fu hora de retornar a la posada.<a name="page_215" id="page_215"></a> Y a
-peticin de don Diego separronse despus del meridiano yantar para el
+prosiguieron su paseo, hasta que fué hora de retornar a la posada.<a name="page_215" id="page_215"></a> Y a
+petición de don Diego separáronse después del meridiano yantar para el
reposo de la siesta.</p>
-<p>Buena siesta diere Dios a don Diego, que as que se vi en su aposento a
+<p>Buena siesta diere Dios a don Diego, que así que se vió en su aposento a
solas con su escudero, hubo de arrojarse en sus brazos y comenzar a
-llorar como una Magdalena despus del arrepentimiento.&mdash;Malhaya mil
-veces, Marcos amigo&mdash;le deca&mdash;, malhaya mil veces la hora en que nos
-partimos de nuestra casa si haba de ser para tal fin de viaje, que me
-pienso que no llegar a Mantua y quedar con la maldicin de mis padres
-y sin el asilo de mi ta la priora.</p>
-
-<p>&mdash;Sosegos, seora ma&mdash;respondi el escudero&mdash;que ana os turbis y me
-dais ganas de llorar a m tambin. Mirad, doa Menca, mi ama, que si
-ven vuestros ojos encendidos del llanto dudarn de vuestro varonil
-disfraz. Hicsteis mal en prometer a don Miguel que os detendrais aqu,
-pues lo que importa es que lleguis cuanto antes a Mantua, donde os
+llorar como una Magdalena después del arrepentimiento.&mdash;Malhaya mil
+veces, Marcos amigo&mdash;le decía&mdash;, malhaya mil veces la hora en que nos
+partimos de nuestra casa si había de ser para tal fin de viaje, que me
+pienso que no llegaré a Mantua y quedaré con la maldición de mis padres
+y sin el asilo de mi tía la priora.</p>
+
+<p>&mdash;Sosegáos, señora mía&mdash;respondió el escudero&mdash;que aína os turbáis y me
+dais ganas de llorar a mí también. Mirad, doña Mencía, mi ama, que si
+ven vuestros ojos encendidos del llanto dudarán de vuestro varonil
+disfraz. Hicísteis mal en prometer a don Miguel que os detendríais aquí,
+pues lo que importa es que lleguéis cuanto antes a Mantua, donde os
espera la paz del monasterio.</p>
-<p>&mdash;Ay! Por qu nac mujer? Unos padres crueles quisieron depararme como
+<p>&mdash;¡Ay! ¿Por qué nací mujer? Unos padres crueles quisieron depararme como
esposo a un hombre viejo, feo y corcovado, con achaque de decir que todo
-cuanto llevaba en la joroba eran doblones. Pens en mi ta doa Clara y
+cuanto llevaba en la joroba eran doblones. Pensé en mi tía doña Clara y
en su convento de Italia, y para dejar tierra de por medio entre<a name="page_216" id="page_216"></a> el
-novio y yo salimos de Toledo, sin reparar en lo largo del viaje. Ms me
+novio y yo salimos de Toledo, sin reparar en lo largo del viaje. Más me
valiera haberme quedado de religiosa en el colegio de San Clemente de
-nuestra ciudad, que no hacer peligrar aqu mi vocacin forzosa y la
-salvacin de mi alma.</p>
+nuestra ciudad, que no hacer peligrar aquí mi vocación forzosa y la
+salvación de mi alma.</p>
-<p>&mdash;Fuerza es que lleguemos a Mantua, mi seora. Pero decidme, qu mal
-pjaro os ha picado que os ha causado tal maleficio?</p>
+<p>&mdash;Fuerza es que lleguemos a Mantua, mi señora. Pero decidme, ¿qué mal
+pájaro os ha picado que os ha causado tal maleficio?</p>
-<p>&mdash;Alas tiene y no es ave. Ciego es y todo lo penetra. Nio es y sabe ms
+<p>&mdash;Alas tiene y no es ave. Ciego es y todo lo penetra. Niño es y sabe más
que cien doctores.</p>
-<p>&mdash;Acabramos, doa Menca de mi alma, que ya me asombraba a m que el
+<p>&mdash;Acabáramos, doña Mencía de mi alma, que ya me asombraba a mí que el
tal picaruelo no se nos hubiera puesto delante en el camino.</p>
<p>&mdash;Ganas me dan de sacar de la maletilla el traje femenino que traigo
para entrar en Mantua, descubrirle a don Miguel la verdad de nuestra
-historia y decirle que le amo de todas veras desde que le vi. No has
+historia y decirle que le amo de todas veras desde que le vi. ¿No has
parado mientes en lo apuesto de su porte, en la nobleza de sus modos, en
-la galanura de su decir y en la discrecin de su pensar? Heme aficionado
-a l de tal manera y cobrdole un tan grandsimo afecto, que sangre del
-corazn lloraran mis ojos si me arrancasen de su compaa.</p>
-
-<p>Juntos pasaron el siguiente da ambos muy divertidos con sus plticas.
-Era el<a name="page_217" id="page_217"></a> don Miguel muy letrado y placase en decir versos que saba, y
-slo ignoraba que sus coloquios con don Diego aumentaban una llama
-cruel. As aconteci que hallndose juntos tuvo el don Miguel la donosa
-ocurrencia de recitar a su amigo el siguiente soneto que l compuso
+la galanura de su decir y en la discreción de su pensar? Heme aficionado
+a él de tal manera y cobrádole un tan grandísimo afecto, que sangre del
+corazón llorarían mis ojos si me arrancasen de su compañía.</p>
+
+<p>Juntos pasaron el siguiente día ambos muy divertidos con sus pláticas.
+Era el<a name="page_217" id="page_217"></a> don Miguel muy letrado y placíase en decir versos que sabía, y
+sólo ignoraba que sus coloquios con don Diego aumentaban una llama
+cruel. Así aconteció que hallándose juntos tuvo el don Miguel la donosa
+ocurrencia de recitar a su amigo el siguiente soneto que él compuso
cierta vez a una dama que mostraba un lunar en uno de sus pechos:</p>
<div class="poem"><div class="stanza">
@@ -4555,13 +4504,13 @@ cierta vez a una dama que mostraba un lunar en uno de sus pechos:</p>
<span class="i0">De orgullo le supongo y gozo lleno<br /></span>
<span class="i0">por la preciosa suerte que le cupo.<br /></span>
</div><div class="stanza">
-<span class="i2">Es flor de tal jardn, l es el astro,<br /></span>
-<span class="i0">astrolabio, astro mago, gua y norte<br /></span>
-<span class="i0">de esa esfera de amor. Oh rey sin corte!<br /></span>
+<span class="i2">Es flor de tal jardín, él es el astro,<br /></span>
+<span class="i0">astrolabio, astro mago, guía y norte<br /></span>
+<span class="i0">de esa esfera de amor. ¡Oh rey sin corte!<br /></span>
<span class="i0">Planeta de ese cielo de alabastro.<br /></span>
</div><div class="stanza">
<span class="i2">Atrae por quemar. Fuego de Neso.<br /></span>
-<span class="i0">Imn de la mirada. Imn del beso.<br /></span>
+<span class="i0">Imán de la mirada. Imán del beso.<br /></span>
<span class="i0">Para encender los labios con su llama,<br /></span>
</div><div class="stanza">
<span class="i2">y que la apague al recibirlos luego,<br /></span>
@@ -4569,114 +4518,114 @@ cierta vez a una dama que mostraba un lunar en uno de sus pechos:</p>
<span class="i0">los verdes ojos de la rubia dama.<br /></span>
</div></div>
-<p>No apercibise Guzmn de la turbacin que disimulaba en cuanto poda don
-Diego, segn avanzaba l en el declamado de los versos, que a bien que
-l pensaba decirlos<a name="page_218" id="page_218"></a> a un caballero mancebo para diversin, y no que
-caan en los castsimos odos de una noble doncella. As al terminarlos
-y recibidos plcemes por su arte de bien decir, fu requerido el de
-Ziga para recitar a su vez. Era ste grave aprieto para la dama; pero
-cediendo a la fatalidad de la ocasin, hubo de decir con voz algo
-turbada, pero suave y cristalina, esta cancin que recordaba:</p>
+<p>No apercibióse Guzmán de la turbación que disimulaba en cuanto podía don
+Diego, según avanzaba él en el declamado de los versos, que a bien que
+él pensaba decirlos<a name="page_218" id="page_218"></a> a un caballero mancebo para diversión, y no que
+caían en los castísimos oídos de una noble doncella. Así al terminarlos
+y recibidos plácemes por su arte de bien decir, fué requerido el de
+Zúñiga para recitar a su vez. Era éste grave aprieto para la dama; pero
+cediendo a la fatalidad de la ocasión, hubo de decir con voz algo
+turbada, pero suave y cristalina, esta canción que recordaba:</p>
<div class="poem"><div class="stanza">
<span class="i4">CANCION<br /></span>
<span class="i0">&nbsp;</span>
-<span class="i0">Amor de yo no s dnde.<br /></span>
-<span class="i0">Pasin de yo no s cundo.<br /></span>
-<span class="i0">Qu necio es lo que se esconde,<br /></span>
-<span class="i0">si el alma lo est buscando!<br /></span>
+<span class="i0">Amor de yo no sé dónde.<br /></span>
+<span class="i0">Pasión de yo no sé cuándo.<br /></span>
+<span class="i0">¡Qué necio es lo que se esconde,<br /></span>
+<span class="i0">si el alma lo está buscando!<br /></span>
<span class="i0">No el severo pensamiento<br /></span>
<span class="i0">me distraiga de mis cosas.<br /></span>
-<span class="i0">Acaso medita el viento,<br /></span>
+<span class="i0">¿Acaso medita el viento,<br /></span>
<span class="i0">y acaso piensan las rosas?<br /></span>
<span class="i0">Viva la bella locura<br /></span>
<span class="i0">que habla al sol en la pradera,<br /></span>
<span class="i0">y corre por la llanura<br /></span>
<span class="i0">cabalgando en la quimera.<br /></span>
<span class="i0">El sol que en la tarde muere<br /></span>
-<span class="i0">vuelve a nacer otro da.<br /></span>
+<span class="i0">vuelve a nacer otro día.<br /></span>
<span class="i0">Quien de nosotros muriere<br /></span>
-<span class="i0">a nacer no volvera;<br /></span>
-<span class="i0">da en que no hemos amado,<br /></span>
-<span class="i0">da es que habremos perdido.<a name="page_219" id="page_219"></a><br /></span>
-<span class="i0">Oh, amores que ya han pasado,<br /></span>
+<span class="i0">a nacer no volvería;<br /></span>
+<span class="i0">día en que no hemos amado,<br /></span>
+<span class="i0">día es que habremos perdido.<a name="page_219" id="page_219"></a><br /></span>
+<span class="i0">¡Oh, amores que ya han pasado,<br /></span>
<span class="i0">y amores que aun no han venido!<br /></span>
<span class="i0">Llegue a leer tu mirada<br /></span>
<span class="i0">mi dulce libro secreto.<br /></span>
<span class="i0">Sin ti la vida no es nada.<br /></span>
-<span class="i0">Qu sera el Paracleto<br /></span>
-<span class="i0">sin Helosa? Qu fuera<br /></span>
+<span class="i0">¿Qué sería el Paracleto<br /></span>
+<span class="i0">sin Heloísa? ¿Qué fuera<br /></span>
<span class="i0">Valchiuso sin el Petrarca?<br /></span>
-<span class="i0">Por qu la encantada barca<br /></span>
+<span class="i0">¿Por qué la encantada barca<br /></span>
<span class="i0">en vano en el lago espera?<br /></span>
-<span class="i0">Para quines la ribera<br /></span>
+<span class="i0">¿Para quiénes la ribera<br /></span>
<span class="i0">tiene su sombra y su flor?<br /></span>
<span class="i0">Jardines de primavera,<br /></span>
-<span class="i0">qu seris sin el amor?<br /></span>
+<span class="i0">¿qué seréis sin el amor?<br /></span>
</div></div>
<p>Hubo de comprimir un suspiro el ficticio don Diego al terminar la
-relacin, y apenas supo dar las gracias por las albricias que le daba el
-de Guzmn, encantado por el modo con que haba sido dicha la cancin.
-Entretuvironse departiendo sobre otros puntos puestos de codos sobre la
-abierta ventana, mientras abajo prosegua el eterno coro de todos
-tiempos y pases. Los criados hablando mal de sus amos y del gobierno de
-la repblica, y las mujeres mordiendo en las honras de las vecinas y las
-vidas de las amigas ausentes. Que no hay Trajano que no sea Calgula
+relación, y apenas supo dar las gracias por las albricias que le daba el
+de Guzmán, encantado por el modo con que había sido dicha la canción.
+Entretuviéronse departiendo sobre otros puntos puestos de codos sobre la
+abierta ventana, mientras abajo proseguía el eterno coro de todos
+tiempos y países. Los criados hablando mal de sus amos y del gobierno de
+la república, y las mujeres mordiendo en las honras de las vecinas y las
+vidas de las amigas ausentes. Que no hay Trajano que no sea Calígula
para la gente lacayuna, ni dama que no sea liviana para las mujeres que
-por los aos no pueden ya<a name="page_220" id="page_220"></a> valerse de sus donaires, y por su
+por los años no pueden ya<a name="page_220" id="page_220"></a> valerse de sus donaires, y por su
desabrimiento no llegaron a doctorarse de alcahuetas en las academias
del amor.</p>
-<p>Al caer de la tarde, don Miguel fu a buscar al que para l segua
-siendo don Diego, y requirile para dar un paseo por las afueras de la
-ciudad, que con aquel otoo tan dulce eran de una amenidad
+<p>Al caer de la tarde, don Miguel fué a buscar al que para él seguía
+siendo don Diego, y requirióle para dar un paseo por las afueras de la
+ciudad, que con aquel otoño tan dulce eran de una amenidad
extraordinaria. Hizo don Diego esfuerzos para serenarse, y cuando
-departan bajo de una frondosa olmeda, don Miguel, asustando a su
-interlocutor con tal comienzo de discurso, hubo de decirle as. Lo que
-le dijo vern los curiosos ojos que pasaren a la segunda parte de tan
-certsima historia.</p>
+departían bajo de una frondosa olmeda, don Miguel, asustando a su
+interlocutor con tal comienzo de discurso, hubo de decirle así. Lo que
+le dijo verán los curiosos ojos que pasaren a la segunda parte de tan
+certísima historia.</p>
<p class="head">SEGUNDA PARTE</p>
-<p class="hang">S<small>GUESE REFIRIENDO EL PEREGRINO SUCESO DE LA ENAMORADA INDISCRETA, QUE
-TAMBIN FU LLAMADO DEL PELIGRO EN LA VERDAD</small>.</p>
+<p class="hang">S<small>ÍGUESE REFIRIENDO EL PEREGRINO SUCESO DE LA ENAMORADA INDISCRETA, QUE
+TAMBIÉN FUÉ LLAMADO DEL PELIGRO EN LA VERDAD</small>.</p>
-<p>&mdash;Quiero, amigo don Diego&mdash;empez diciendo el de Guzmn&mdash;, ya que sois
-el nico que por ahora tengo en esta ciudad, daros cuenta del propsito
-de mi viaje y razn de mi llegada a estas tierras. Habis de saber que
-he venido a celebrar mis bodas, a las cuales os podis<a name="page_221" id="page_221"></a> tener por
+<p>&mdash;Quiero, amigo don Diego&mdash;empezó diciendo el de Guzmán&mdash;, ya que sois
+el único que por ahora tengo en esta ciudad, daros cuenta del propósito
+de mi viaje y razón de mi llegada a estas tierras. Habéis de saber que
+he venido a celebrar mis bodas, a las cuales os podéis<a name="page_221" id="page_221"></a> tener por
natural convidado; pero os ha de asombrar el saber que no he hablado
-nunca con mi esposa, que as puedo llamarla, y que quiero probar la
-condicin de su carcter, aunque ya conozco la de su continente.</p>
+nunca con mi esposa, que así puedo llamarla, y que quiero probar la
+condición de su carácter, aunque ya conozco la de su continente.</p>
-<p>&mdash;Ya la habis visto?&mdash;pregunt casi temblando don Diego.</p>
+<p>&mdash;¿Ya la habéis visto?&mdash;preguntó casi temblando don Diego.</p>
-<p>&mdash;Cierto que s, y vos tambin. No recordis aquella joven del azor que
+<p>&mdash;Cierto que sí, y vos también. ¿No recordáis aquella joven del azor que
vimos pasar por delante de la catedral? Pues esa es, la hija de Leonardo
Aldobrandino, primate de este ducado.</p>
-<p>Crey don Diego que su amigo se chanceaba y acabara por darle vaya y
-declarar que eran sus palabras burla de pasatiempo; pero tal insisti,
-refirindole la historia que ya conocemos, que don Diego felicitle, el
+<p>Creyó don Diego que su amigo se chanceaba y acabaría por darle vaya y
+declarar que eran sus palabras burla de pasatiempo; pero tal insistió,
+refiriéndole la historia que ya conocemos, que don Diego felicitóle, el
rostro demudado y casi balbuciente el habla.</p>
-<p>&mdash;Muri mi padre hace tres aos&mdash;concluy don Miguel&mdash;y he venido yo
+<p>&mdash;Murió mi padre hace tres años&mdash;concluyó don Miguel&mdash;y he venido yo
solo a cumplir el pacto, si en ello no va nada, como espero, contra el
lustre de mi raza y la honra de mi persona. Para mis planes necesito de
vos, caballero don Diego, pues desde luego he descubierto en vos una
-gran nobleza, y servirisme, procurando ser visto de la hija de
-Leonardo, despus que yo haya llegado a ella, aunque sin descubrir quin
-soy. Si ella sabe rechazar toda pretensin que no sea la de ver a su<a name="page_222" id="page_222"></a>
-esposo de Indias, a quien debe esperar fielmente, ser mi esposa. Pero
+gran nobleza, y serviréisme, procurando ser visto de la hija de
+Leonardo, después que yo haya llegado a ella, aunque sin descubrir quién
+soy. Si ella sabe rechazar toda pretensión que no sea la de ver a su<a name="page_222" id="page_222"></a>
+esposo de Indias, a quien debe esperar fielmente, será mi esposa. Pero
si no sale triunfante de la prueba y tiene a los galanteos la
-inclinacin que otras muchas jvenes italianas, no ser ella quien venga
+inclinación que otras muchas jóvenes italianas, no será ella quien venga
conmigo a mi palacio de Sevilla.</p>
-<p>De tal modo insisti don Miguel, que logr que don Diego aceptara la
-misin, y algunos ricos trajes y preseas para el atavo de su cuerpo,
+<p>De tal modo insistió don Miguel, que logró que don Diego aceptara la
+misión, y algunos ricos trajes y preseas para el atavío de su cuerpo,
que eran muy de menester para el intento. Y aquella misma noche unos
-msicos colocados bajo las ventanas de Renata, cantaron con meliflua voz
+músicos colocados bajo las ventanas de Renata, cantaron con meliflua voz
el siguiente:</p>
<div class="poem"><div class="stanza">
@@ -4685,253 +4634,253 @@ el siguiente:</p>
<span class="i2">Amor es, Filis, brisa perfumada.<br /></span>
<span class="i0">Ola de un mar de encanto. Golondrina.<br /></span>
<span class="i0">Es algo que va y viene. Peregrina<br /></span>
-<span class="i0">cancin que en la espesura canta un hada.<br /></span>
-<span class="i2">Ha tenido el jardn fulgores raros<br /></span>
-<span class="i0">como luz de un espritu que pasa,<br /></span>
+<span class="i0">canción que en la espesura canta un hada.<br /></span>
+<span class="i2">Ha tenido el jardín fulgores raros<br /></span>
+<span class="i0">como luz de un espíritu que pasa,<br /></span>
<span class="i0">y ese fuego he sentido que me abrasa<br /></span>
<span class="i0">al resplandor de vuestros ojos claros.<br /></span>
<span class="i2">La luz y vuestra sombra se perdieron.<br /></span>
<span class="i0">Amargura y dolor permanecieron.<br /></span>
-<span class="i0">Al bosque y a las almas vuelve el fro.<br /></span>
+<span class="i0">Al bosque y a las almas vuelve el frío.<br /></span>
<span class="i2">La fuente gime con gemir sonoro.<br /></span>
-<span class="i0">Llorando est el jardn sus hojas de oro<br /></span>
-<span class="i0">porque han muerto las flores y el esto.<br /></span>
+<span class="i0">Llorando está el jardín sus hojas de oro<br /></span>
+<span class="i0">porque han muerto las flores y el estío.<br /></span>
</div></div>
<p><a name="page_223" id="page_223"></a></p>
-<p>Era por la mitad del cntico cuando entreabrise una de las ventanas y
-asom su rostro cenceo la duea Lisarda, que haba sido tercera de los
-amores de Leonardo con la madre de Renata, y viva desde tiempo
-inmemorial en la casa. Retirse en seguida; y al punto muy
-discretamente, como nio que teme cometer impertinencia, miraron a la
-calle los propios y celebrados ojos de Renata, a quien placa tener por
-vez primera msica delante de su casa. Pero como Leonardo, que haba
-salido al palacio del obispo, donde se celebraba un festn, no haba de
-tardar en volver, Lisarda baj a decir a los msicos para quien les
-enviaba, que su ama se holgaba con su taido y les agradeca con notable
-contento la merced; pero que si el seor volva y aperciba serenata,
-haban de verse en grave aprieto por ser justicia de la ciudad y muy
+<p>Era por la mitad del cántico cuando entreabrióse una de las ventanas y
+asomó su rostro cenceño la dueña Lisarda, que había sido tercera de los
+amores de Leonardo con la madre de Renata, y vivía desde tiempo
+inmemorial en la casa. Retiróse en seguida; y al punto muy
+discretamente, como niño que teme cometer impertinencia, miraron a la
+calle los propios y celebrados ojos de Renata, a quien placía tener por
+vez primera música delante de su casa. Pero como Leonardo, que había
+salido al palacio del obispo, donde se celebraba un festín, no había de
+tardar en volver, Lisarda bajó a decir a los músicos para quien les
+enviaba, que su ama se holgaba con su tañido y les agradecía con notable
+contento la merced; pero que si el señor volvía y apercibía serenata,
+habían de verse en grave aprieto por ser justicia de la ciudad y muy
celoso de la guardia de su hija. Con esto y haber juzgado que para ser
-la primera noche haban hecho bastante, retirronse caballeros y
-msicos.</p>
-
-<p>Jzguese el dolor del fingido D. Diego al representar tal papel. Fu tan
-grande como la alegra de Renata, al verse regalada y con cortejo. Al
-otro da, y por encargo del de Ziga, busc Marcos la traza para hablar
-con Lisarda, y su coloquio fu tan sabroso como breve:&mdash;Garrido es el
-soldado&mdash;dijo la vieja al escucharle&mdash;,<a name="page_224" id="page_224"></a> y a fe que si fuera ms mozo
+la primera noche habían hecho bastante, retiráronse caballeros y
+músicos.</p>
+
+<p>Júzguese el dolor del fingido D. Diego al representar tal papel. Fué tan
+grande como la alegría de Renata, al verse regalada y con cortejo. Al
+otro día, y por encargo del de Zúñiga, buscó Marcos la traza para hablar
+con Lisarda, y su coloquio fué tan sabroso como breve:&mdash;Garrido es el
+soldado&mdash;dijo la vieja al escucharle&mdash;,<a name="page_224" id="page_224"></a> y a fe que si fuera más mozo
pudiera ser el roto de mi descosido. Pero sepa que mi boca es de oro, y
-slo se abre con llave de ese mismo metal, que no quiero comprometerme
-de balde con mi seora. Vlame Dios.</p>
+sólo se abre con llave de ese mismo metal, que no quiero comprometerme
+de balde con mi señora. Válame Dios.</p>
-<p>&mdash;Miren el orejoncillo con faldas&mdash;contestla Marcos&mdash;que en mi tierra
+<p>&mdash;Miren el orejoncillo con faldas&mdash;contestóla Marcos&mdash;que en mi tierra
la hubieran paseado por el Zoco, caballera en un pollino, emplumada y
-con coroza, y conocera todas las pencas de la comarca. Y concluy con
-una sarta de pesiatales y de porvidas, con ms votos que el altar de San
-Blas. Fuse el escudero, y apenas hubo subido Lisarda a la casa, fu
+con coroza, y conocería todas las pencas de la comarca. Y concluyó con
+una sarta de pesiatales y de porvidas, con más votos que el altar de San
+Blas. Fuése el escudero, y apenas hubo subido Lisarda a la casa, fué
llamada por Renata.</p>
-<p>&mdash;Sabes&mdash;preguntla sta&mdash;quin puede ser uno de los galanes de la
-msica de anoche?</p>
+<p>&mdash;¿Sabes&mdash;preguntóla ésta&mdash;quién puede ser uno de los galanes de la
+música de anoche?</p>
-<p>&mdash;Yo tengo, hija ma&mdash;repuso la duea&mdash;tan poca vista para la malicia,
+<p>&mdash;Yo tengo, hija mía&mdash;repuso la dueña&mdash;tan poca vista para la malicia,
que no acierto en esas cosas.</p>
-<p>&mdash;Pues esta maana, viniendo de San Lotario, le he visto entrar en la
-hostera del Centauro, que no se me despinta su talle con slo habrseme
-aparecido de noche y no haber mirado yo ms que de soslayo. Y decirte
+<p>&mdash;Pues esta mañana, viniendo de San Lotario, le he visto entrar en la
+hostería del Centauro, que no se me despinta su talle con sólo habérseme
+aparecido de noche y no haber mirado yo más que de soslayo. Y decirte
quiero, Lisarda, que estoy harta de esperar a ese caballero de Indias,
-que me tiene prometido mi padre y tambin que he soado con el rondador
+que me tiene prometido mi padre y también que he soñado con el rondador
de la serenata. No es desagradable tampoco otro<a name="page_225" id="page_225"></a> caballero que hoy tiene
-mi padre convidado, y nos ha saludado esta maana en la iglesia; pero no
-me parece tan amable como el de la hostera. Fuerza es que te enteres de
+mi padre convidado, y nos ha saludado esta mañana en la iglesia; pero no
+me parece tan amable como el de la hostería. Fuerza es que te enteres de
sus prendas y si es persona de calidad como representa ser.</p>
-<p>Aquel da tena, en efecto, Leonardo convidado al propio D. Miguel que,
-sin manifestar su nombre verdadero, se haba presentado a l como un
-amigo del visorrey y de su hijo, de quien le traa nuevas. Mucho agrad
-a Renata la presencia del husped, as como su cortesana y discrecin;
+<p>Aquel día tenía, en efecto, Leonardo convidado al propio D. Miguel que,
+sin manifestar su nombre verdadero, se había presentado a él como un
+amigo del visorrey y de su hijo, de quien le traía nuevas. Mucho agradó
+a Renata la presencia del huésped, así como su cortesanía y discreción;
pero el pensamiento no se le iba del lado de D. Diego, de quien las
-artes del Enemigo Malo hicironla prendarse muy en malhora. Quiso
+artes del Enemigo Malo hiciéronla prendarse muy en malhora. Quiso
Leonardo que su hija regalase al forastero, y la hizo cantar
-acompandose con el arpa, y cantado que hubo, requiri y le fu
-concedida licencia para retirarse del estrado. As que Renata se vi
-libre, corri en busca de Lisarda para hablar con ella de D. Diego con
-ese afn de los enamorados que slo saben platicar de lo que aman.
-Preguntla si haba inquirido su nombre y condicin, y supo que era un
-caballero espaol que se llamaba D. Diego de Ziga, y a lo que la
+acompañándose con el arpa, y cantado que hubo, requirió y le fué
+concedida licencia para retirarse del estrado. Así que Renata se vió
+libre, corrió en busca de Lisarda para hablar con ella de D. Diego con
+ese afán de los enamorados que sólo saben platicar de lo que aman.
+Preguntóla si había inquirido su nombre y condición, y supo que era un
+caballero español que se llamaba D. Diego de Zúñiga, y a lo que la
dijeron viajaba por placer, siendo un mayorazgo muy rico de Castilla.
-Esto sabido, su pasin afirmse al conocer que se trataba de un hombre
+Esto sabido, su pasión afirmóse al conocer que se trataba de un hombre
principal.<a name="page_226" id="page_226"></a></p>
-<p>Instigado por D. Miguel vise D. Diego obligado a enviarla recados y
-billetes de mejor gana recibidos que mandados. Y era de ver cmo al
-tiempo que creca el amor de Renata por D. Diego, creca tambin la
-pasin del falso Ziga por el noble don Miguel. Y la dama, oculta bajo
-el disfraz de que se haba valido para salvar su recato al viajar por
-los caminos en direccin al convento en donde se pensaba encerrar,
-lloraba cuando estaba a solas, y para salir de tan anormal situacin
+<p>Instigado por D. Miguel vióse D. Diego obligado a enviarla recados y
+billetes de mejor gana recibidos que mandados. Y era de ver cómo al
+tiempo que crecía el amor de Renata por D. Diego, crecía también la
+pasión del falso Zúñiga por el noble don Miguel. Y la dama, oculta bajo
+el disfraz de que se había valido para salvar su recato al viajar por
+los caminos en dirección al convento en donde se pensaba encerrar,
+lloraba cuando estaba a solas, y para salir de tan anormal situación
unas veces se determinaba a presentarse con el traje de su sexo al de
-Guzmn, y otras decidase a partir para Mantua sin despedirse del
-caballero que inocentemente haca tal estrago en su espritu, siquiera
-fuese el suyo el honesto amor que cumpla a una joven dama principal y
+Guzmán, y otras decidíase a partir para Mantua sin despedirse del
+caballero que inocentemente hacía tal estrago en su espíritu, siquiera
+fuese el suyo el honesto amor que cumplía a una joven dama principal y
cristiana como ella era.</p>
-<p>Tena dispuesto el duque de Ferrara en sus bellos jardines una fiesta de
-noche, para honrar una embajada de la magnfica seora de la repblica
-de Venecia, y haba de ser de un fausto tal como era tradicin en los
-sucesores de Alfonso de Este, <i>divi Hrcules filius</i>. Como era natural,
-tena parte principal en ella Renata como sobrina del senescal, y
-Aldobrandino, sin saber que con ello honraba al que deba ser su yerno,
-invit a D. Miguel a que fuera parte de la misma y de una comedia que
-all haba de hacerse. Di cuenta de esto<a name="page_227" id="page_227"></a> el de Guzmn a D. Diego, y a
-poco reciba el falso Ziga una esquela de Renata con cita en los
+<p>Tenía dispuesto el duque de Ferrara en sus bellos jardines una fiesta de
+noche, para honrar una embajada de la magnífica señoría de la república
+de Venecia, y había de ser de un fausto tal como era tradición en los
+sucesores de Alfonso de Este, <i>divi Hércules filius</i>. Como era natural,
+tenía parte principal en ella Renata como sobrina del senescal, y
+Aldobrandino, sin saber que con ello honraba al que debía ser su yerno,
+invitó a D. Miguel a que fuera parte de la misma y de una comedia que
+allí había de hacerse. Dió cuenta de esto<a name="page_227" id="page_227"></a> el de Guzmán a D. Diego, y a
+poco recibía el falso Zúñiga una esquela de Renata con cita en los
jardines ducales la noche de la fiesta.</p>
-<p>Magnfica como el seor que la dispuso, era sta que anim los vergeles
-seoriales. Percibase, llegando a ellos, un grato y apacible sonar de
-msicas, y apercibase en entrando una muy notable frecuencia de
-caballeros y de damas que discurran y departan, placanse con el
-taido y holgbanse con danzas de ceremonia y otros varios deleites.</p>
+<p>Magnífica como el señor que la dispuso, era ésta que animó los vergeles
+señoriales. Percibíase, llegando a ellos, un grato y apacible sonar de
+músicas, y apercibíase en entrando una muy notable frecuencia de
+caballeros y de damas que discurrían y departían, placíanse con el
+tañido y holgábanse con danzas de ceremonia y otros varios deleites.</p>
-<p>Siendo grande la frondosidad de la arboleda, toda ella arda con
-profusin de luminarias, y era de ver cmo rutilaban las piedras
-preciosas sobre los brochados de los trajes, y cmo los blancos chapines
+<p>Siendo grande la frondosidad de la arboleda, toda ella ardía con
+profusión de luminarias, y era de ver cómo rutilaban las piedras
+preciosas sobre los brochados de los trajes, y cómo los blancos chapines
de seda de las damas constelados de diamantes semejaban albas flores
-cubiertas de roco sobre el verde de la pradera.</p>
-
-<p>Aquellos das celebrbanse de continuo fiestas de estafermos y corranse
-sortijas, habiendo justas como otras clebres que hubo en Castilla,
-tales como el paso honroso del caballero Suero de Quiones en Medina del
-Campo, y el otro con que le imit honrando la embajada del duque de
-Bretaa el muy magnfico seor don Beltrn de la Cueva, duque de
-Alburquerque, conde de Ledesma, vizconde de Huelma, seor de Mombeltrn,
-y de La Adrada<a name="page_228" id="page_228"></a> de Cullar y de Roa, ejemplo de validos y espejo de
+cubiertas de rocío sobre el verde de la pradera.</p>
+
+<p>Aquellos días celebrábanse de continuo fiestas de estafermos y corríanse
+sortijas, habiendo justas como otras célebres que hubo en Castilla,
+tales como el paso honroso del caballero Suero de Quiñones en Medina del
+Campo, y el otro con que le imitó honrando la embajada del duque de
+Bretaña el muy magnífico señor don Beltrán de la Cueva, duque de
+Alburquerque, conde de Ledesma, vizconde de Huelma, señor de Mombeltrán,
+y de La Adrada<a name="page_228" id="page_228"></a> de Cuéllar y de Roa, ejemplo de validos y espejo de
caballeros leales a sus reyes.</p>
-<p>Abrase en el centro de los jardines una amplia plaza bordeada de
-lamos, cubiertos sus aosos troncos con tnicas de hiedra; nobles
-estatuas alzbanse tambin all, y el suave musgo vesta de verde
-terciopelo las figuras del mrmol. Corrironse en tan bello lugar unos
-anillos a la luz de las antorchas y fu triunfante un caballero milans
+<p>Abríase en el centro de los jardines una amplia plaza bordeada de
+álamos, cubiertos sus añosos troncos con túnicas de hiedra; nobles
+estatuas alzábanse también allí, y el suave musgo vestía de verde
+terciopelo las figuras del mármol. Corriéronse en tan bello lugar unos
+anillos a la luz de las antorchas y fué triunfante un caballero milanés
que se llamaba Leonelo Sforza, y era hijo del esclarecido linaje que
-llevaba ese nombre preclaro. Traa el vencedor en la mueca izquierda un
+llevaba ese nombre preclaro. Traía el vencedor en la muñeca izquierda un
brazalete como de hierro y en el cual eran grabadas las palabras de su
-mote, que tambin llevaba en el gallardete de su lanza. Lema lleno de
-poesa y donosura, que deca as: <i>Galeote soy de amor</i>.</p>
+mote, que también llevaba en el gallardete de su lanza. Lema lleno de
+poesía y donosura, que decía así: <i>Galeote soy de amor</i>.</p>
-<p>Fu a ofrecer su galardn a una dama que se hallaba justamente al lado
+<p>Fué a ofrecer su galardón a una dama que se hallaba justamente al lado
de Renata y se llamaba Laura de la Rovere y era de familia de donde han
-salido pontfices romanos. Algn disgusto tuvo la vanidosa Aldobrandino
-al no verse favorecida, pero ningn desabrimiento haba aquella noche en
+salido pontífices romanos. Algún disgusto tuvo la vanidosa Aldobrandino
+al no verse favorecida, pero ningún desabrimiento había aquella noche en
la fiesta como el del desdichado don Diego, que tan mal de su grado la
presenciaba.</p>
-<p>Siguise una danza de salvajes, y a sta otra en que la comparsa
-vestase a la usanza de los antiguos legionarios romanos.<a name="page_229" id="page_229"></a> Apartronse
+<p>Siguióse una danza de salvajes, y a ésta otra en que la comparsa
+vestíase a la usanza de los antiguos legionarios romanos.<a name="page_229" id="page_229"></a> Apartáronse
luego en dos filas los bailarines y salieron del boscaje unas gentiles
amazonas que hubieran sido envidia de la propia Pentesilea y cabalgaban
-sobre cndidas hacaneas cubiertas con gualdrapas. Traan una aljaba a la
-espalda y blandan el arco en la diestra, disparando sus flechas hacia
-lo alto de los rboles. A ellas seguan unos lacayos que conducan sobre
+sobre cándidas hacaneas cubiertas con gualdrapas. Traían una aljaba a la
+espalda y blandían el arco en la diestra, disparando sus flechas hacia
+lo alto de los árboles. A ellas seguían unos lacayos que conducían sobre
parihuelas de plata diversos cuerpos de toros con sus cuernos y sus
cascos dorados, y todos ellos cubiertos de guirnaldas, y con gran
-concurso de frutas confitadas. Era este el anuncio del festn que se
-sigui y fu tal como los opulentos de las nupcias de Beatriz de Avalos
-con el magnfico Juan Jacobo Trivulzio, y las de Violante Visconti con
+concurso de frutas confitadas. Era este el anuncio del festín que se
+siguió y fué tal como los opulentos de las nupcias de Beatriz de Avalos
+con el magnífico Juan Jacobo Trivulzio, y las de Violante Visconti con
el duque Lionel de Inglaterra.</p>
-<p>Fin el banquete, mas no se crea por eso que tuvo su punto la funcin.
-Dironse varios vtores a la embajada veneciana, y luego unos como
-lctores comenzaron a decir: Viva el duque muchos, y buenos, y largos
-aos con triunfo sobre sus enemigos! Y el cardenal de Giudice, que
-presente se hallaba, dijo despus: Loado sea Nuestro Seor; que nos da
-tal seor. Todos cuantos haban sido parte en el festn pusironse muy
+<p>Finó el banquete, mas no se crea por eso que tuvo su punto la función.
+Diéronse varios vítores a la embajada veneciana, y luego unos como
+líctores comenzaron a decir: «¡Viva el duque muchos, y buenos, y largos
+años con triunfo sobre sus enemigos!» Y el cardenal de Giudice, que
+presente se hallaba, dijo después: «Loado sea Nuestro Señor; que nos da
+tal señor.» Todos cuantos habían sido parte en el festín pusiéronse muy
luego en marcha a otro lugar, pues que la noche y los jardines daban el
-tiempo y el espacio suficientes para que la fiesta continuase. Di todo
-aquel senado en<a name="page_230" id="page_230"></a> una pradera donde haba dispuesto un estrado para que
+tiempo y el espacio suficientes para que la fiesta continuase. Dió todo
+aquel senado en<a name="page_230" id="page_230"></a> una pradera donde había dispuesto un estrado para que
unos muy ilustres histriones representasen farsas divertidas y amenas.
No era ciertamente nada de amena y divertida la farsa que tocaba
-representar a D. Diego, que tena su pensamiento all donde pusiera su
-nima cuitada.</p>
+representar a D. Diego, que tenía su pensamiento allí donde pusiera su
+ánima cuitada.</p>
-<p>Comenzse la representacin por una loa que se titulaba <i>El triunfo de
-la prudencia</i>. Era en tal alegora la seora veneciana como Mentor del
-pas italiano a quien se haca pasar por Ulises. La urdimbre era
+<p>Comenzóse la representación por una loa que se titulaba <i>El triunfo de
+la prudencia</i>. Era en tal alegoría la señoría veneciana como Mentor del
+país italiano a quien se hacía pasar por Ulises. La urdimbre era
sencilla y agradable, y todo aquel artificio con muy singular acierto
-tramado. Hacase despus un paseo de comedias que era llamado as: <i>Gran
-caudillo es el amor</i>. Bello poema donde el poeta pona en su fbula
-verdades de la vida. Era aqu donde haba sido rogado D. Miguel por
-Aldobrandino que, tratndose de una persona principal y muy versada en
-letras italianas, tomase un papel. Eran los personajes de la accin:
-Ricardo y Cardenio, caballeros; Lucrecia y Beatriz, damas; Hiplita,
-duea, y Pnfilo y Doroteo, criados. Finga Renata la parte de Beatriz,
-sin saber que en aquel Cardenio que era su galn en la comedia,
-escondase su prometido esposo verdadero, tan bien esperado como mal
+tramado. Hacíase después un paseo de comedias que era llamado así: <i>Gran
+caudillo es el amor</i>. Bello poema donde el poeta ponía en su fábula
+verdades de la vida. Era aquí donde había sido rogado D. Miguel por
+Aldobrandino que, tratándose de una persona principal y muy versada en
+letras italianas, tomase un papel. Eran los personajes de la acción:
+Ricardo y Cardenio, caballeros; Lucrecia y Beatriz, damas; Hipólita,
+dueña, y Pánfilo y Doroteo, criados. Fingía Renata la parte de Beatriz,
+sin saber que en aquel Cardenio que era su galán en la comedia,
+escondíase su prometido esposo verdadero, tan bien esperado como mal
recibido.</p>
-<p>Fingase en aquel paso que todas las damas haban movido una cruzada
+<p>Fingíase en aquel paso que todas las damas habían movido una cruzada
contra<a name="page_231" id="page_231"></a> los caballeros todos para vencerles el desamor, pues no los
-consideraban suficientemente rendidos a su albedro, y valindose de
-armas para su intento, haban usado primero de la tirana de la soberbia
-con que slo consiguieron un desdn uniforme. Buscaron luego mejor
+consideraban suficientemente rendidos a su albedrío, y valiéndose de
+armas para su intento, habían usado primero de la tiranía de la soberbia
+con que sólo consiguieron un desdén uniforme. Buscaron luego mejor
general para su causa y dieron en encontrar al amor que muy luego
-sirviles aunque siendo igual que fuerte veleidoso hubo de traicionarlas
-hacindolas a la postre esclavas de aqullos a quienes intentaron
-rendir. Era bella la traza y hbilmente parlada, que bien mostrado lo
-sutil del ingenio que la haba compuesto y deba de ser un poeta que no
+sirvióles aunque siendo igual que fuerte veleidoso hubo de traicionarlas
+haciéndolas a la postre esclavas de aquéllos a quienes intentaron
+rendir. Era bella la traza y hábilmente parlada, que bien mostrado lo
+sutil del ingenio que la había compuesto y debía de ser un poeta que no
cediera en elegancia al mismo Fracastor.</p>
-<p>Trasldase aqu un retazo de escena, porque el inters que movi en el
+<p>Trasládase aquí un retazo de escena, porque el interés que movió en el
senado que la escuchaba y hasta nuestro propio deleite nos lo ordenan.
-Hallbanse en medio de un boscaje el caballero Ricardo, que era prncipe
-de Inglaterra, y la dama Lucrecia, que era duquesa de la Italia, y as
-decan sus decires:</p>
+Hallábanse en medio de un boscaje el caballero Ricardo, que era príncipe
+de Inglaterra, y la dama Lucrecia, que era duquesa de la Italia, y así
+decían sus decires:</p>
<p class="nom">RICARDO</p>
-<p>Seris esquiva dama menos gradescida que las flores? Ved que ellas de
+<p>¿Seréis esquiva dama menos gradescida que las flores? Ved que ellas de
todos codiciadas no apartan el tallo de su rama cuando alguien quiere
gustar de su fragancia, y aun besarlas como a labios de hermosas.<a name="page_232" id="page_232"></a></p>
<p class="nom">LUCRECIA</p>
-<p>Para vos, caballero Ricardo, las flores todas de mi jardn, menos una.
-Sabedla ganar y sern sus hojas labios para vuestros labios. Vos os
-llamis Ricardo. As se llamaba vuestro rey Corazn de Len.</p>
+<p>Para vos, caballero Ricardo, las flores todas de mi jardín, menos una.
+Sabedla ganar y serán sus hojas labios para vuestros labios. Vos os
+llamáis Ricardo. Así se llamaba vuestro rey Corazón de León.</p>
<p class="nom">RICARDO</p>
-<p>Queris, dama Lucrecia, que vaya a Palestina? Yo rescatar el sepulcro
-de Cristo, y traer para que adornen vuestros chapines las gemas que
-adornan el turbante del seor soldn de Babilonia.</p>
+<p>¿Queréis, dama Lucrecia, que vaya a Palestina? Yo rescataré el sepulcro
+de Cristo, y traeré para que adornen vuestros chapines las gemas que
+adornan el turbante del señor soldán de Babilonia.</p>
<p class="nom">LUCRECIA</p>
-<p>Vos no sabis la historia de la Tabla Redonda?</p>
+<p>¿Vos no sabéis la historia de la Tabla Redonda?</p>
<p class="nom">RICARDO</p>
-<p>El rey Arts era mi abuelo.</p>
+<p>El rey Artús era mi abuelo.</p>
<p class="nom">LUCRECIA</p>
-<p>An me parece a m poco linaje el vuestro. No vayis a Tierra Santa,
-pero traedme la copa donde bebi Nuestro Seor en su ltima cena. Est
-tallada en una piedra que salt de la diadema del demonio.<a name="page_233" id="page_233"></a> Guardla el
-rey Titurel de Anjous con unos bravos caballeros, y otro cado en
-liviandades la perdi. Rescatla el prncipe Parcival, padre del
+<p>Aún me parece a mí poco linaje el vuestro. No vayáis a Tierra Santa,
+pero traedme la copa donde bebió Nuestro Señor en su última cena. Está
+tallada en una piedra que saltó de la diadema del demonio.<a name="page_233" id="page_233"></a> Guardóla el
+rey Titurel de Anjous con unos bravos caballeros, y otro caído en
+liviandades la perdió. Rescatóla el príncipe Parcival, padre del
caballero Lanzarote del Lago. Ricardo, la noche de nuestras bodas,
-quiero que bebamos licor de la vida en ese cliz. Ricardo, id al
+quiero que bebamos licor de la vida en ese cáliz. Ricardo, id al
Monsalvato y traedme al Santo Grial.</p>
<p class="nom">RICARDO</p>
<p>Rebosante de sangre de emperadores adversos, y de vino de las vides de
-Chipre. Inerme acudir. Rendiros he mi espada.</p>
+Chipre. Inerme acudiré. Rendiros he mi espada.</p>
-<p>(Aqu descease la espada del tahal, la cual era recibida por
+<p>(Aquí desceñíase la espada del tahalí, la cual era recibida por
Lucrecia, que besaba su pomo.)</p>
<p class="nom">LUCRECIA</p>
@@ -4940,174 +4889,174 @@ Lucrecia, que besaba su pomo.)</p>
<p>(Soltaba la espada de improviso y daba un grande grito.)</p>
-<p>Mal cuitada de m! Aspid, escorpin o saeta. No era espada, que era
-dardo de amor. No os partis de mi lado. Para vos, caballero Ricardo,
-todas mis ofrendas y todos mis sacrificios. No temis que el viento os
+<p>¡Mal cuitada de mí! Aspid, escorpión o saeta. No era espada, que era
+dardo de amor. No os partáis de mi lado. Para vos, caballero Ricardo,
+todas mis ofrendas y todos mis sacrificios. No temáis que el viento os
aparte la rosa de la rama.<a name="page_234" id="page_234"></a></p>
<p class="nom">RICARDO</p>
-<p>Ay, el viento de la muerte!...</p>
+<p>¡Ay, el viento de la muerte!...</p>
<p class="nom">LUCRECIA</p>
-<p>No le temis; mucho peor es el viento de la vida para arrebatar amores.
+<p>No le temáis; mucho peor es el viento de la vida para arrebatar amores.
Pero yo soy eternamente para vos. Tomadme, Ricardo. Vuestra es la rosa.
Tomadla antes que la agosten los soles, la marchiten las lluvias y la
arrastren deshojada los vendavales.</p>
-<p>(Y se oa tras el boscaje una suave msica, y se corra un rico tapiz
+<p>(Y se oía tras el boscaje una suave música, y se corría un rico tapiz
sobre el estrado.)</p>
-<p>Pareci notablemente bien la comedia al concurso y todos la loaron
-sobremanera. Slo D. Diego padeca despus de haber visto en una escena,
-juntos al noble don Miguel con la desenvuelta Renata. Y fu ms, para
-aumentar su enojo, cuando vi a Lisarda, la duea, que cautelosamente se
-le llegaba y pona en sus manos un billete, dicindole en l Renata que
-si quera platicar con ella, la vieja le dara la llave de una puerta
-secreta de su casa, por donde sin ser notado, poda con toda seguridad
+<p>Pareció notablemente bien la comedia al concurso y todos la loaron
+sobremanera. Sólo D. Diego padecía después de haber visto en una escena,
+juntos al noble don Miguel con la desenvuelta Renata. Y fué más, para
+aumentar su enojo, cuando vió a Lisarda, la dueña, que cautelosamente se
+le llegaba y ponía en sus manos un billete, diciéndole en él Renata que
+si quería platicar con ella, la vieja le daría la llave de una puerta
+secreta de su casa, por donde sin ser notado, podía con toda seguridad
llegar a su aposento y salir del mismo modo. En poco estuvo que D. Diego
no pusiera entonces punto a la enfadosa historia<a name="page_235" id="page_235"></a> en que estaba metido;
pero por servir en algo a D. Miguel, a quien tan rendido estaba su
verdadero ser, se dispuso mal de su grado a continuarla, aceptando de
-manos de la duea la llave prometida. Terminse la fiesta con grande
-algazara de pfanos y otros instrumentos, que recorriendo los jardines
-mostraban seal de que la fiesta haba dado fin. Y fu de ver el
-brillante aparato con que Renata, como corresponda a su alcurnia,
-retirse a su casa en la carroza con su padre, acompaados por dos
+manos de la dueña la llave prometida. Terminóse la fiesta con grande
+algazara de pífanos y otros instrumentos, que recorriendo los jardines
+mostraban señal de que la fiesta había dado fin. Y fué de ver el
+brillante aparato con que Renata, como correspondía a su alcurnia,
+retiróse a su casa en la carroza con su padre, acompañados por dos
jinetes que iban a los estribos con sendas hachas de viento encendidas.</p>
<p class="head">TERCERA PARTE</p>
<p class="c">DASE FIN Y CABO A TAN EXTRAORDINARIA HISTORIA</p>
-<p>Habl D. Diego con Marcos al salir del vergel de los duques, y ste
-aconsejle que pusiese cuanto antes trmino a tan enojosa aventura. Pero
-no bien haban andado algunos pasos, cuando Lisarda entreg a D. Diego
-un billete en que Renata peda<a name="page_236" id="page_236"></a> el hablarle sin falta aquella misma
-noche y con grande urgencia. Determinse don Diego a acudir al
+<p>Habló D. Diego con Marcos al salir del vergel de los duques, y éste
+aconsejóle que pusiese cuanto antes término a tan enojosa aventura. Pero
+no bien habían andado algunos pasos, cuando Lisarda entregó a D. Diego
+un billete en que Renata pedía<a name="page_236" id="page_236"></a> el hablarle sin falta aquella misma
+noche y con grande urgencia. Determinóse don Diego a acudir al
llamamiento con la presteza demandada, y despidiendo a su escudero,
-sigui a la duea, hasta la puerta oculta y la escala secreta. Vise de
-pronto en una estancia suntuossima con tapices de tan raro gusto y lujo
-por las paredes, y muelles escabeles y blandas acitaras que ms llevaban
+siguió a la dueña, hasta la puerta oculta y la escala secreta. Vióse de
+pronto en una estancia suntuosísima con tapices de tan raro gusto y lujo
+por las paredes, y muelles escabeles y blandas acitaras que más llevaban
a la pereza que a la diligencia. Un braserillo donde se quemaba canela y
-mbar, haca oficio de pebetero y aromaba el agradable ambiente.
-Levantse uno de los tapices y apareci Renata ataviada con el mismo
-vestido carmes y la gorguera de batista finsima, y las mismas preseas
-que en la fiesta, pues tocbase con la <i>lenza</i>, que es como llaman en
-Toscana a la diadema que llevan las damas prceres, y traa sobre su
+ámbar, hacía oficio de pebetero y aromaba el agradable ambiente.
+Levantóse uno de los tapices y apareció Renata ataviada con el mismo
+vestido carmesí y la gorguera de batista finísima, y las mismas preseas
+que en la fiesta, pues tocábase con la <i>lenza</i>, que es como llaman en
+Toscana a la diadema que llevan las damas próceres, y traía sobre su
pecho un primoroso cintillo de topacios y de diamantes. Estaba cubierto
-el pavimento con una prsica alcatifa de tal modo, que los perlados
+el pavimento con una pérsica alcatifa de tal modo, que los perlados
chapines de Renata no movieron ruido ninguno y el absorto D. Diego no
-advirti su presencia hasta tenerla junto a s. Y fu notable su
-maravilla cuando la vi caer de rodillas ante l y con mil protestas y
-juramentos solicitarle que sin prdida de tiempo mostrara a su padre la
-calidad de su persona y cmo poda ser digno esposo de su hija, para que
-la pidiera en matrimonio.<a name="page_237" id="page_237"></a> Lleg la desventurada en su desvaro a
+advirtió su presencia hasta tenerla junto a sí. Y fué notable su
+maravilla cuando la vió caer de rodillas ante él y con mil protestas y
+juramentos solicitarle que sin pérdida de tiempo mostrara a su padre la
+calidad de su persona y cómo podía ser digno esposo de su hija, para que
+la pidiera en matrimonio.<a name="page_237" id="page_237"></a> Llegó la desventurada en su desvarío a
pedirle que la llevara consigo a su posada, con lo que por evitar que se
-siguiera el escndalo, el mismo padre acudira con el clrigo para los
-desposorios. Y esto deca aquella nia criada con tal cuidado y esmero
-en el santo temor de Dios por el ms severo y amante de los padres. Que
+siguiera el escándalo, el mismo padre acudiría con el clérigo para los
+desposorios. Y esto decía aquella niña criada con tal cuidado y esmero
+en el santo temor de Dios por el más severo y amante de los padres. Que
a tan notables extremos de locura lleva a las criaturas humanas el ciego
-amor, ministro del infierno y arma de Satans.</p>
+amor, ministro del infierno y arma de Satanás.</p>
<p>&mdash;Hicierais mejor&mdash;le repuso serenamente D. Diego&mdash;en amar de lejos, que
las almas que son mariposas de la llama de amor mueren abrasadas en ella
cuando se acercan demasiado.</p>
-<p>Arrojse Renata a sus brazos, y en poco estuvo que el disfrazado Ziga
-no la mostrara la gravedad de su disparate; pero contenindose y dejando
-el fin de todo para el siguiente da, desprendindose de ella y con la
-promesa de volver a la otra noche gan la secreta escalera y se puso en
+<p>Arrojóse Renata a sus brazos, y en poco estuvo que el disfrazado Zúñiga
+no la mostrara la gravedad de su disparate; pero conteniéndose y dejando
+el fin de todo para el siguiente día, desprendiéndose de ella y con la
+promesa de volver a la otra noche ganó la secreta escalera y se puso en
salvo.</p>
-<p>Apenas tornse a la posada donde le esperaba D. Miguel, refirile punto
-por punto lo acaecido, haciendo grandes esfuerzos por no declararse a l
-como Renata, pues la dama espaola consideraba todo aquello como una
-prueba a que el Seor Rey de cielos y de tierra haba sido servido de
-someterla en su alta sabidura.<a name="page_238" id="page_238"></a> Pero fu grande su espanto cuando supo
-que D. Miguel haba recibido tambin un billete de Renata para verla a
-la siguiente noche, a hora diversa de la concedida a D. Diego.&mdash;Ah,
-prfida y malvada mujer&mdash;deca el de Guzmn&mdash;que as haces aprecio de
-las canas de ese noble varn, que es tu padre, y crees que el amor de
+<p>Apenas tornóse a la posada donde le esperaba D. Miguel, refirióle punto
+por punto lo acaecido, haciendo grandes esfuerzos por no declararse a él
+como Renata, pues la dama española consideraba todo aquello como una
+prueba a que el Señor Rey de cielos y de tierra había sido servido de
+someterla en su alta sabiduría.<a name="page_238" id="page_238"></a> Pero fué grande su espanto cuando supo
+que D. Miguel había recibido también un billete de Renata para verla a
+la siguiente noche, a hora diversa de la concedida a D. Diego.&mdash;¡Ah,
+pérfida y malvada mujer&mdash;decía el de Guzmán&mdash;que así haces aprecio de
+las canas de ese noble varón, que es tu padre, y crees que el amor de
los caballeros y el recato de las damas son prendas para juego!&mdash;Y luego
-continu ms sereno:&mdash;Yo te juro que esta vez tu saber ha sido errado, y
-que no ha de valerte que sepas tanto de amor como de ciencia doa Oliva
-Sabuco, y que has de olvidarla toda muy pronto, as tengas ms memoria
-que Mitrdates y Scalgero, y en seguida concertse con D. Diego para ir
-juntos a la siguiente noche y confundirla con la licin de la presencia
+continuó más sereno:&mdash;Yo te juro que esta vez tu saber ha sido errado, y
+que no ha de valerte que sepas tanto de amor como de ciencia doña Oliva
+Sabuco, y que has de olvidarla toda muy pronto, así tengas más memoria
+que Mitrídates y Scalígero, y en seguida concertóse con D. Diego para ir
+juntos a la siguiente noche y confundirla con la lición de la presencia
de ambos a la vez.</p>
-<p>Marchse D. Diego a su aposento, y fuera necio advertir, que no slo no
-pudo conciliar el sueo, sino que ni lo intent siquiera. Tena una
-grande turbacin, que era ese inmenso desasosiego de la mujer
+<p>Marchóse D. Diego a su aposento, y fuera necio advertir, que no sólo no
+pudo conciliar el sueño, sino que ni lo intentó siquiera. Tenía una
+grande turbación, que era ese inmenso desasosiego de la mujer
fuertemente enamorada, que lucha porque la color de su rostro y la frase
de su labio no traicionen a su alma.</p>
-<p>Grande cosa es el amor, deca el escudero Marcos, que l vuelve agudos
-a los tontos y torna necios a los discretos! Doa Menca en tanto
-deshacase querellando<a name="page_239" id="page_239"></a> sus cuitas. Salase a un muy apacible retiro
-formado de olmos muy aosos, y all se lamentaba:&mdash;Que as hemos de ser
-las mujeres&mdash;, deca&mdash;que as cambiamos amores con desdenes, y nos
+<p>¡Grande cosa es el amor, decía el escudero Marcos, que él vuelve agudos
+a los tontos y torna necios a los discretos! Doña Mencía en tanto
+deshacíase querellando<a name="page_239" id="page_239"></a> sus cuitas. Salíase a un muy apacible retiro
+formado de olmos muy añosos, y allí se lamentaba:&mdash;Que así hemos de ser
+las mujeres&mdash;, decía&mdash;que así cambiamos amores con desdenes, y nos
perecemos por amar a quien no nos ama, y somos esquivas para los que nos
-quieren bien&mdash;. Era aquel lugar muy sujeto a melancolas en su sombra
-nocturna, y servala de consuelo. Oh noche, divina noche, hermana del
-misterio y madre de la bendita poesa, t eres la puerta encantada de
+quieren bien&mdash;. Era aquel lugar muy sujeto a melancolías en su sombra
+nocturna, y servíala de consuelo. ¡Oh noche, divina noche, hermana del
+misterio y madre de la bendita poesía, tú eres la puerta encantada de
los placeres, y la piedra filosofal de los dolores, maravilla de los
-amantes, arpa de las canciones, princesa del secreto, y alczar
+amantes, arpa de las canciones, princesa del secreto, y alcázar
universal del amor.</p>
-<p>Ya pensaba la piadosa Menca en el exorcismo, creyndose posesa,
+<p>Ya pensaba la piadosa Mencía en el exorcismo, creyéndose posesa,
malhayan la caldereta y el hisopo para tales hechizos y para tal
-demonio. Busc despus el halago en la piedad, y cogiendo un libro
-eucolgico que D. Miguel habala emprestado, y se llamaba <i>Ruta de la
-montaa de Sin</i>, hubo de toparse entre sus pginas con unos versos
-manuscritos, que sin duda alguien habalos dado traslado a aquel papel,
-habindole placido el donaire de un poeta que deba de ser, a no dudar,
-algn preclaro ingenio de la corte de Madrid, y eran estos que aqu se
+demonio. Buscó después el halago en la piedad, y cogiendo un libro
+eucológico que D. Miguel habíala emprestado, y se llamaba <i>Ruta de la
+montaña de Sión</i>, hubo de toparse entre sus páginas con unos versos
+manuscritos, que sin duda alguien habíalos dado traslado a aquel papel,
+habiéndole placido el donaire de un poeta que debía de ser, a no dudar,
+algún preclaro ingenio de la corte de Madrid, y eran estos que aquí se
copian para mayor deleite:<a name="page_240" id="page_240"></a></p>
<div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i2">LETRILLA A DOA BELISA<br /></span>
+<span class="i2">LETRILLA A DOÑA BELISA<br /></span>
</div><div class="stanza">
-<span class="i2">Amor, que es nio y travieso,<br /></span>
+<span class="i2">Amor, que es niño y travieso,<br /></span>
<span class="i0">me mata con sus mercedes.<br /></span>
<span class="i0">Hame tendido sus redes,<br /></span>
<span class="i4">y hame preso.<br /></span>
-<span class="i0">Pedisme duea y amiga,<br /></span>
+<span class="i0">Pedisme dueña y amiga,<br /></span>
<span class="i4">que os diga<br /></span>
<span class="i0">mis bienandanzas de bella,<br /></span>
<span class="i0">y la cuitada cantiga<br /></span>
-<span class="i0">slo oiris de mi querella.<br /></span>
+<span class="i0">sólo oiréis de mi querella.<br /></span>
</div><div class="stanza">
-<span class="i0">Ya no ro, ya no canto,<br /></span>
-<span class="i0">del arca en el fondo estn<br /></span>
-<span class="i0">basquia de veludillo,<br /></span>
-<span class="i0">paizuelos y tontillo,<br /></span>
+<span class="i0">Ya no rúo, ya no canto,<br /></span>
+<span class="i0">del arca en el fondo están<br /></span>
+<span class="i0">basquiña de veludillo,<br /></span>
+<span class="i0">pañizuelos y tontillo,<br /></span>
<span class="i0">y la prenda de mi encanto,<br /></span>
<span class="i0">aquel primoroso manto<br /></span>
-<span class="i0">de bordado tafetn.<br /></span>
+<span class="i0">de bordado tafetán.<br /></span>
</div><div class="stanza">
-<span class="i0">Que amor que es nio y travieso<br /></span>
+<span class="i0">Que amor que es niño y travieso<br /></span>
<span class="i0">me mata con sus mercedes,<br /></span>
<span class="i0">hame tendido sus redes,<br /></span>
<span class="i4">y hame preso.<br /></span>
</div><div class="stanza">
-<span class="i0">Y sabris Doa Belisa,<br /></span>
-<span class="i0">que slo salgo a la misa<br /></span>
+<span class="i0">Y sabréis Doña Belisa,<br /></span>
+<span class="i0">que sólo salgo a la misa<br /></span>
<span class="i0">de las madres Recoletas,<br /></span>
<span class="i0">y ya no me regodeo,<br /></span>
<span class="i0">ni bullo, ni me paseo<br /></span>
<span class="i0">por San Blas, ni por el Prado,<a name="page_241" id="page_241"></a><br /></span>
-<span class="i0">que amo plticas secretas<br /></span>
+<span class="i0">que amo pláticas secretas<br /></span>
<span class="i0">tenidas en el estrado,<br /></span>
-<span class="i0">y triste cilicio cio<br /></span>
+<span class="i0">y triste cilicio ciño<br /></span>
<span class="i0">por la culpa de un doncel.<br /></span>
-<span class="i0">Que amor me llev al cario<br /></span>
-<span class="i0">de uno que es travieso y nio<br /></span>
-<span class="i4">como l.<br /></span>
+<span class="i0">Que amor me llevó al cariño<br /></span>
+<span class="i0">de uno que es travieso y niño<br /></span>
+<span class="i4">como él.<br /></span>
</div><div class="stanza">
-<span class="i0">Como l gracioso y avieso,<br /></span>
+<span class="i0">Como él gracioso y avieso,<br /></span>
<span class="i0">con perfil de Ganimedes.<br /></span>
<span class="i0">Hame tendido sus redes<br /></span>
<span class="i4">y hame preso,<br /></span>
@@ -5117,49 +5066,49 @@ copian para mayor deleite:<a name="page_240" id="page_240"></a></p>
<span class="i0">al letrado y al dotor.<br /></span>
</div><div class="stanza">
<span class="i4">El amor,<br /></span>
-<span class="i0">que no obliga con premticas,<br /></span>
-<span class="i0">ni otras leyes mayestticas,<br /></span>
-<span class="i0">el seor corregidor.<br /></span>
+<span class="i0">que no obliga con premáticas,<br /></span>
+<span class="i0">ni otras leyes mayestáticas,<br /></span>
+<span class="i0">el señor corregidor.<br /></span>
<span class="i0">Y a quien no rinden los reyes,<br /></span>
-<span class="i0">ni con l hay valimiento,<br /></span>
-<span class="i0">ni rigen con l las leyes<br /></span>
+<span class="i0">ni con él hay valimiento,<br /></span>
+<span class="i0">ni rigen con él las leyes<br /></span>
<span class="i0">que llenan el aposento<br /></span>
-<span class="i0">de mi to el oidor.<br /></span>
+<span class="i0">de mi tío el oidor.<br /></span>
</div><div class="stanza">
-<span class="i0">Se trata, doa Belisa,<br /></span>
-<span class="i0">de un rapaz ms que donoso<br /></span>
+<span class="i0">Se trata, doña Belisa,<br /></span>
+<span class="i0">de un rapaz más que donoso<br /></span>
<span class="i0">que en los diez y siete frisa.<a name="page_242" id="page_242"></a><br /></span>
</div><div class="stanza">
-<span class="i4">Quin me viera!<br /></span>
+<span class="i4">¡Quién me viera!<br /></span>
<span class="i0">Yo, aquella dama que fuera<br /></span>
-<span class="i0">la del gesto desdeoso,<br /></span>
+<span class="i0">la del gesto desdeñoso,<br /></span>
<span class="i0">castigo de los galanes<br /></span>
-<span class="i0">que despreci los afanes<br /></span>
+<span class="i0">que desprecié los afanes<br /></span>
<span class="i0">postreramente de tres.<br /></span>
<span class="i0">Don Gil que ahora en Indias loco<br /></span>
<span class="i0">padece por sus desmanes.<br /></span>
<span class="i0">Un mayorazgo por poco,<br /></span>
-<span class="i0">y por harto un ginovs.<br /></span>
+<span class="i0">y por harto un ginovés.<br /></span>
</div><div class="stanza">
-<span class="i0">No juguis con el cario.<br /></span>
-<span class="i0">Mirad quien as os lo avisa.<br /></span>
-<span class="i0">No sabis, Doa Belisa<br /></span>
-<span class="i0">cmo me tiene ese nio.<br /></span>
+<span class="i0">No juguéis con el cariño.<br /></span>
+<span class="i0">Mirad quien así os lo avisa.<br /></span>
+<span class="i0">No sabéis, Doña Belisa<br /></span>
+<span class="i0">cómo me tiene ese niño.<br /></span>
</div><div class="stanza">
-<span class="i0">Dejadme, duea y amiga,<br /></span>
+<span class="i0">Dejadme, dueña y amiga,<br /></span>
<span class="i4">que no siga<br /></span>
-<span class="i0">con tan plaidero son.<br /></span>
+<span class="i0">con tan plañidero son.<br /></span>
<span class="i0">A vos os digo el secreto<br /></span>
<span class="i0">a que me obliga el afeto<br /></span>
-<span class="i0">de nuestra vieja aficin.<br /></span>
+<span class="i0">de nuestra vieja afición.<br /></span>
<span class="i0">Pero no es bien que mi lengua<br /></span>
<span class="i0">al viento diga mi mengua,<br /></span>
<span class="i0">que no es bien que la publique<br /></span>
-<span class="i0">y mi escndalo predique<br /></span>
-<span class="i4">mi cancin.<br /></span>
+<span class="i0">y mi escándalo predique<br /></span>
+<span class="i4">mi canción.<br /></span>
<span class="i0">Y pues mi mal conoscedes,<br /></span>
-<span class="i0">si hallis afrenta en mi exceso<br /></span>
-<span class="i0">no preguntis por mi seso,<br /></span>
+<span class="i0">si halláis afrenta en mi exceso<br /></span>
+<span class="i0">no preguntéis por mi seso,<br /></span>
<span class="i0">que la deidad que sabedes,<br /></span>
<span class="i0">hame tendido sus redes<br /></span>
<span class="i4">y hame preso.<br /></span>
@@ -5167,123 +5116,123 @@ copian para mayor deleite:<a name="page_240" id="page_240"></a></p>
<p><a name="page_243" id="page_243"></a></p>
-<p>Leylos y releylos doa Menca con atento cuidado, como si fuese
-aquella dulce poesa espejo de sus propias penas. Muy luego tomlos en
-su memoria, que era clarsima, y casi de continuo los recitaba.</p>
+<p>Leyólos y releyólos doña Mencía con atento cuidado, como si fuese
+aquella dulce poesía espejo de sus propias penas. Muy luego tomólos en
+su memoria, que era clarísima, y casi de continuo los recitaba.</p>
-<p>Tan luego como amaneci, sac del cofrecillo que haba trado Marcos a
-las ancas de su mula los atavos femeniles que la correspondan, y eran
-sencillsimos y de una gran honestidad. Un vestido de estamea y un
+<p>Tan luego como amaneció, sacó del cofrecillo que había traído Marcos a
+las ancas de su mula los atavíos femeniles que la correspondían, y eran
+sencillísimos y de una gran honestidad. Un vestido de estameña y un
tafetancillo como velo, que eran con los que pensaba entrar en Mantua,
por no ser decoroso que entrase en el convento con el traje hombruno del
-camino. Y cuando don Miguel envi a su amigo los buenos das, el que ya
-no era don Diego, despus de tomar licencia para entrar en el aposento
-del de Guzmn, presentse en el umbral de la puerta, mostrando tan
-gentil presencia de mujer, que don Miguel qued todo turbado y confuso
-ante la inesperada aparicin.</p>
+camino. Y cuando don Miguel envió a su amigo los buenos días, el que ya
+no era don Diego, después de tomar licencia para entrar en el aposento
+del de Guzmán, presentóse en el umbral de la puerta, mostrando tan
+gentil presencia de mujer, que don Miguel quedó todo turbado y confuso
+ante la inesperada aparición.</p>
-<p>&mdash;No fu soacin vuestra sin duda, seor don Miguel&mdash;comenz diciendo
+<p>&mdash;No fué soñación vuestra sin duda, señor don Miguel&mdash;comenzó diciendo
la dama,&mdash;ver trocado desta manera a vuestro gentil amigo don Diego.
-Pero en pocas palabras os dir la verdad de mi historia. Soy nacida en
-Toledo, de muy nobles padres y llmome doa Menca de Carvajal. Ms
-cuidadosos de medrar en su hacienda que de beneficiar mi espritu,
-dbanme<a name="page_244" id="page_244"></a> por marido a un hombre rico, pero viejo, sucio y feo. Nada
-valieron mis protestas, y entonces determinme a tomar por esposo al que
-es eternamente bello y bueno. Una hermana de mi padre, dama que fu de
+Pero en pocas palabras os diré la verdad de mi historia. Soy nacida en
+Toledo, de muy nobles padres y llámome doña Mencía de Carvajal. Más
+cuidadosos de medrar en su hacienda que de beneficiar mi espíritu,
+dábanme<a name="page_244" id="page_244"></a> por marido a un hombre rico, pero viejo, sucio y feo. Nada
+valieron mis protestas, y entonces determinéme a tomar por esposo al que
+es eternamente bello y bueno. Una hermana de mi padre, dama que fué de
gran hermosura, vive en Italia rigiendo una comunidad de religiosas y
-pens venirme con ella, tomando para mi intento ese disfraz con que me
-habis visto, y acompandome de Marcos, escudero de mi casa, que fu
-compaero de armas de mi abuelo y tineme ms aficin que mi propio
-padre, y as tom el camino destas tierras donde haba de unirme con la
-que se llam en el siglo doa Clara de Carvajal y de Mendoza, y hoy es
-en religin sor Margarita, priora de las Capuchinas de Mantua. Pero
+pensé venirme con ella, tomando para mi intento ese disfraz con que me
+habéis visto, y acompañándome de Marcos, escudero de mi casa, que fué
+compañero de armas de mi abuelo y tiéneme más afición que mi propio
+padre, y así tomé el camino destas tierras donde había de unirme con la
+que se llamó en el siglo doña Clara de Carvajal y de Mendoza, y hoy es
+en religión sor Margarita, priora de las Capuchinas de Mantua. Pero
quiso Dios (Dios debe ser) que os hallare en mi camino. Sabed, don
-Miguel, que de hoy ms no me veris. He sido fuerte hasta ahora, ser un
-momento dbil para haceros una confesin, que el corazn se me saltar
-del pecho si no os la hago y puedo hacrosla, porque sois hidalgo y
-noble como un hijo de rey, y luego volver a mi prstina fortaleza para
-daros un adis que lleve quizs pedazos de mi alma.</p>
-
-<p>El asombro de don Miguel creci de punto al escuchar tales palabras y de
-tan linda boca, que la gravedad del continente de doa Menca y toda la
-honestidad<a name="page_245" id="page_245"></a> que pona en el hablar, que lo haca con los ojos fijos en
-el suelo, habanle llegado a lo hondo de su nima.</p>
-
-<p>&mdash;No acierto&mdash;prosigui la dama&mdash;a deciros lo que deciros no quisiera,
-pero deciros he. Diros, don Miguel, que os amo, que sois el primer
-caballero a quien puedo decirlo, y nico, pues que dentro de breve
-tiempo el mundo habr concludo para m. Considero vuestro amor como una
-rosa encantada, de aroma fragantsimo que debo aspirar a distancia,
-porque si tocarla quiero, cien espinas budas me castigarn de mi
-osada. Pero sabed que os adoro, aunque sea mengua ma decroslo, y que
+Miguel, que de hoy más no me veréis. He sido fuerte hasta ahora, seré un
+momento débil para haceros una confesión, que el corazón se me saltará
+del pecho si no os la hago y puedo hacérosla, porque sois hidalgo y
+noble como un hijo de rey, y luego volveré a mi prístina fortaleza para
+daros un adiós que lleve quizás pedazos de mi alma.</p>
+
+<p>El asombro de don Miguel creció de punto al escuchar tales palabras y de
+tan linda boca, que la gravedad del continente de doña Mencía y toda la
+honestidad<a name="page_245" id="page_245"></a> que ponía en el hablar, que lo hacía con los ojos fijos en
+el suelo, habíanle llegado a lo hondo de su ánima.</p>
+
+<p>&mdash;No acierto&mdash;prosiguió la dama&mdash;a deciros lo que deciros no quisiera,
+pero deciros he. Diréos, don Miguel, que os amo, que sois el primer
+caballero a quien puedo decirlo, y único, pues que dentro de breve
+tiempo el mundo habrá concluído para mí. Considero vuestro amor como una
+rosa encantada, de aroma fragantísimo que debo aspirar a distancia,
+porque si tocarla quiero, cien espinas buídas me castigarán de mi
+osadía. Pero sabed que os adoro, aunque sea mengua mía decíroslo, y que
soy tan ambiciosa que quiero de vos una gran merced. Os pido don Miguel,
-que perdonis como discreto a la que os ama como loca.</p>
+que perdonéis como discreto a la que os ama como loca.</p>
-<p>Quiso arrodillarse ante l; pero Guzmn la detuvo, y cogindola una de
-sus blanqusimas manos bessela con uncin respetuosa.</p>
+<p>Quiso arrodillarse ante él; pero Guzmán la detuvo, y cogiéndola una de
+sus blanquísimas manos besósela con unción respetuosa.</p>
-<p>Aquella noche, como haban convenido, acudi doa Menca con su traje
+<p>Aquella noche, como habían convenido, acudió doña Mencía con su traje
viril a la casa de Renata. Esperaba la italiana a su don Diego en el
-mismo aposento que la otra noche, y no bien fu verle entrar, que se
-arroj a su cuello con transportes de amor, y como entonces tropezase
-con el redondo seno de doa Menca, extrandose de hallar tal obstculo
+mismo aposento que la otra noche, y no bien fué verle entrar, que se
+arrojó a su cuello con transportes de amor, y como entonces tropezase
+con el redondo seno de doña Mencía, extrañándose de hallar tal obstáculo
en el pecho<a name="page_246" id="page_246"></a> de su amado, hubo de preguntarle al tiempo que paseaba sus
manos por el misterioso lugar:</p>
-<p>&mdash;Qu os abulta aqu, caballero?</p>
+<p>&mdash;¿Qué os abulta aquí, caballero?</p>
-<p>&mdash;Esto es lo nico que me abulta, seora&mdash;respondila don Diego con modo
-socarrn.</p>
+<p>&mdash;Esto es lo único que me abulta, señora&mdash;respondióla don Diego con modo
+socarrón.</p>
-<p>Y entonces, desabrochndose el juboncillo con gran presteza y abatiendo
-su camisa, mostr a Renata, que esperaba el pecho fuerte del mancebo, su
-blanco cuerpo, su finsimo talle y la turgencia de sus admirables senos,
-cuya vista pusiera en notable desasosiego al ms austero y fro de los
+<p>Y entonces, desabrochándose el juboncillo con gran presteza y abatiendo
+su camisa, mostró a Renata, que esperaba el pecho fuerte del mancebo, su
+blanco cuerpo, su finísimo talle y la turgencia de sus admirables senos,
+cuya vista pusiera en notable desasosiego al más austero y frío de los
varones.</p>
-<p>&mdash;Me gustan ms los mos&mdash;dijo Renata, que al comprender la situacin
-haba tomado una gran seriedad.</p>
+<p>&mdash;Me gustan más los míos&mdash;dijo Renata, que al comprender la situación
+había tomado una gran seriedad.</p>
-<p>Fu en este momento cuando don Miguel apareci en la puerta de la
-estancia, lo cual termin de turbar a la infeliz Renata. Y subi de
-punto su burla cuando el caballero recin llegado dijo a doa Menca:</p>
+<p>Fué en este momento cuando don Miguel apareció en la puerta de la
+estancia, lo cual terminó de turbar a la infeliz Renata. Y subió de
+punto su burla cuando el caballero recién llegado dijo a doña Mencía:</p>
<p>&mdash;Venid, mi esposa.</p>
-<p>Y despus de haberla ayudado a vestirse de nuevo, cogila de la mano, y
+<p>Y después de haberla ayudado a vestirse de nuevo, cogióla de la mano, y
sin dirigir palabra a Renata salieron ambos.</p>
-<p>Fu inmenso el enojo de Leonardo Aldobrandino al saber los hechos de su
-hija por boca del mismo don Miguel, que ya se haba descubierto como
-quien era; y<a name="page_247" id="page_247"></a> habiendo el de Guzmn declarado que doa Menca de
-Carvajal haba de ser su legtima esposa ante Dios y ante los hombres,
+<p>Fué inmenso el enojo de Leonardo Aldobrandino al saber los hechos de su
+hija por boca del mismo don Miguel, que ya se había descubierto como
+quien era; y<a name="page_247" id="page_247"></a> habiendo el de Guzmán declarado que doña Mencía de
+Carvajal había de ser su legítima esposa ante Dios y ante los hombres,
quiso Aldobrandino que su hija fuese a ocupar en el convento de Mantua
-la misma celda que esperaba a la dama espaola.</p>
+la misma celda que esperaba a la dama española.</p>
-<p>No se holgaron menos de la fausta nueva los padres de doa Menca,
-quienes muy luego ordenaron una misa en la iglesia de Santo Tom de su
-ciudad, para celebrar el feliz matrimonio de su hija. Misa fu sta a la
-que no asisti don Lucas Lev Escobedo, hombre fro y desabrido como las
+<p>No se holgaron menos de la fausta nueva los padres de doña Mencía,
+quienes muy luego ordenaron una misa en la iglesia de Santo Tomé de su
+ciudad, para celebrar el feliz matrimonio de su hija. Misa fué ésta a la
+que no asistió don Lucas Leví Escobedo, hombre frío y desabrido como las
gracias de Mari Angola, que era el novio que la deparaban primeramente,
-y hay quien dice que no acudi al santo sacrificio, porque descendiendo
-de los Leves, que fueron tesoreros de don Pedro de Castilla, era sin
-duda, ms viejo como avaro que como cristiano, y que haca al tocino los
+y hay quien dice que no acudió al santo sacrificio, porque descendiendo
+de los Levíes, que fueron tesoreros de don Pedro de Castilla, era sin
+duda, más viejo como avaro que como cristiano, y que hacía al tocino los
ascos que no hizo nunca a los escudos de a ocho.</p>
-<p>Fueron suntuosas de toda suntuosidad las bodas de don Miguel y doa
-Menca, las cuales recordaron con piedad y lstima el engao de la
+<p>Fueron suntuosas de toda suntuosidad las bodas de don Miguel y doña
+Mencía, las cuales recordaron con piedad y lástima el engaño de la
infeliz Renata, que por ser indiscreta en sus amores y querido buscar el
-afecto imposible del fingido don Diego, vise tan justamente castigada.
+afecto imposible del fingido don Diego, vióse tan justamente castigada.
Y hoy sabemos della que es una religiosa tan perfecta como ejemplar y
-venturosa casada<a name="page_248" id="page_248"></a> ha sido doa Menca, que pocos aos ha muri en su
-palacio de Sevilla, mirndose en los ojos de su esposo.</p>
-
-<p>Y vese aqu que hasta los ms extraos sucesos son caminos por los que
-la sabidura del Altsimo lleva a las criaturas adonde ms les conviene
-para la salvacin de sus almas. A ella conduzca a los que leyeren o
-escucharen leer la presente verdica historia, la Misericordia de
-Nuestra Seora la Madre de Dios, como as desales y para l pide
-tambin el cristiano y devoto caballero que la escribe, para ejemplo de
+venturosa casada<a name="page_248" id="page_248"></a> ha sido doña Mencía, que pocos años ha murió en su
+palacio de Sevilla, mirándose en los ojos de su esposo.</p>
+
+<p>Y vese aquí que hasta los más extraños sucesos son caminos por los que
+la sabiduría del Altísimo lleva a las criaturas adonde más les conviene
+para la salvación de sus almas. A ella conduzca a los que leyeren o
+escucharen leer la presente verídica historia, la Misericordia de
+Nuestra Señora la Madre de Dios, como así deséales y para él pide
+también el cristiano y devoto caballero que la escribe, para ejemplo de
algunos y regalo de todos. Vale.<a name="page_249" id="page_249"></a></p>
<h2><a name="Cosas_de_hombre" id="Cosas_de_hombre"></a>Cosas de hombre.<br /><br />
@@ -5295,206 +5244,206 @@ algunos y regalo de todos. Vale.<a name="page_249" id="page_249"></a></p>
<p class="head">COSAS DE HOMBRE</p>
-<p>Cuando el to <i>Pizarroso</i> lleg a su casa, las sombras empezaban a
+<p>Cuando el tío <i>Pizarroso</i> llegó a su casa, las sombras empezaban a
invadir el a modo de embudo formado por los montes, en cuyo fondo
-blanqueaba el edificio, al borde de una caada llena de piedras enormes
+blanqueaba el edificio, al borde de una cañada llena de piedras enormes
y espesos macizos de adelfas.</p>
-<p>&mdash;Pos di t que te has dormo en un <i>cajorro</i>&mdash;exclam la ta Tomasa al
-ver llegar al legtimo dueo de su orondsima persona.</p>
+<p>&mdash;Pos di tú que te has dormío en un <i>cajorro</i>&mdash;exclamó la tía Tomasa al
+ver llegar al legítimo dueño de su orondísima persona.</p>
-<p>&mdash;Pos no me he dormo, ni tan siquier he estao a dormivela.</p>
+<p>&mdash;Pos no me he dormío, ni tan siquier he estao a dormivela.</p>
-<p>&mdash;Pos entonces habrs estao de picos pardos en algn abrevaero del
+<p>&mdash;Pos entonces habrás estao de picos pardos en algún abrevaero del
monte.</p>
-<p>&mdash;No ha so malo el abrevaero!</p>
+<p>&mdash;¡No ha sío malo el abrevaero!</p>
-<p>&mdash;Pos entonces, ande te has meti, alma conden?</p>
+<p>&mdash;Pos entonces, ¿aónde te has metió, alma condená?</p>
-<p>&mdash;Pos en ninguna parte: una miaja que me entretuve en la encrucij del
-<i>Tomillo</i> con Juan el <i>Rumboso</i> y <i>Toico</i> el <i>Pastaeta</i>, y... arza pa
+<p>&mdash;Pos en ninguna parte: una miaja que me entretuve en la encrucijá del
+<i>Tomillo</i> con Juan el <i>Rumboso</i> y <i>Toñico</i> el <i>Pastañeta</i>, y... ¡arza pa
entro, <i>Pimentona</i>, arza pa entro!<a name="page_252" id="page_252"></a></p>
-<p>Y esto lo dijo asestando una cariosa palmada en una de las poderosas
-ancas a la mula, a la cual habale quitado el aparejo mientras hablaba.</p>
+<p>Y esto lo dijo asestando una cariñosa palmada en una de las poderosas
+ancas a la mula, a la cual habíale quitado el aparejo mientras hablaba.</p>
-<p>La cabalgadura, a la cariosa insinuacin, tom lentamente el camino de
-la cuadra, mientras el <i>Pizarroso</i> sentbase sobre un capacho, junto a
-su hermano el <i>Totovas</i>, un viejo enjuto y grave que entretenase en
-hacer tomizas para los usos domsticos, mientras el porquero, un rapaz
-greudo y andrajoso, contemplaba con famlica expresin, desde la
-puerta, la gran olla que herva sobre las enormes trbedes de hierro en
+<p>La cabalgadura, a la cariñosa insinuación, tomó lentamente el camino de
+la cuadra, mientras el <i>Pizarroso</i> sentábase sobre un capacho, junto a
+su hermano el <i>Totovías</i>, un viejo enjuto y grave que entreteníase en
+hacer tomizas para los usos domésticos, mientras el porquero, un rapaz
+greñudo y andrajoso, contemplaba con famélica expresión, desde la
+puerta, la gran olla que hervía sobre las enormes trébedes de hierro en
la chimenea.</p>
-<p>&mdash;Y qu es lo que dicen el <i>Rumboso</i> y el <i>Pastaeta</i>? Tantas cosas
-tenais que contaros, que si se entretienen ostedes una miaja ms
-volvis tos a vuestras casas con barbas corras?</p>
+<p>&mdash;Y ¿qué es lo que dicen el <i>Rumboso</i> y el <i>Pastañeta</i>? ¿Tantas cosas
+teníais que contaros, que si se entretienen ostedes una miaja más
+volvéis tóos a vuestras casas con barbas corrías?</p>
-<p>&mdash;Y dale, mujer, dale, no seas asina; si me he entreteno ha so por
-decirle al Rumboso con toas las veritas de mi alma y con t mi metal de
-voz: Ole con ole por los hombres machos con toas las de la ley! Vaya
-si es una prenda el viejo! Y con un corazn ms grande que una cantera!</p>
+<p>&mdash;Y dale, mujer, dale, no seas asina; si me he entretenío ha sío por
+decirle al Rumboso con toas las veritas de mi alma y con tó mi metal de
+voz: «¡Ole con ole por los hombres machos con toas las de la ley!» ¡Vaya
+si es una prenda el viejo! ¡Y con un corazón más grande que una cantera!</p>
-<p>&mdash;Y eso poiqu? Te ha regalao alguna vestiura pa el <i>Corpus</i>?</p>
+<p>&mdash;Y eso ¿poiqué? ¿Te ha regalao alguna vestiura pa el <i>Corpus</i>?</p>
-<p>&mdash;No, seora, que lo que ha jechito vale ms que t eso; el <i>Rumboso</i> ha
-puesto<a name="page_253" id="page_253"></a> esta tarde su bandera en lo ms artico del monte.</p>
+<p>&mdash;No, señora, que lo que ha jechito vale más que tó eso; el <i>Rumboso</i> ha
+puesto<a name="page_253" id="page_253"></a> esta tarde su bandera en lo más artico del monte.</p>
-<p>&mdash;No es una nove en l; ese es de los que siempre se la han
-trao!&mdash;exclam con voz gutural el <i>Totovas</i>&mdash;pero, a la fin y a la
-postre, dinos ya lo que ha jecho, que la olla mos espera grue que te
-grue.</p>
+<p>&mdash;No es una noveá en él; ¡ese es de los que siempre se la han
+traío!&mdash;exclamó con voz gutural el <i>Totovías</i>&mdash;pero, a la fin y a la
+postre, dinos ya lo que ha jecho, que la olla mos espera gruñe que te
+gruñe.</p>
-<p>&mdash;Pos ha jecho lo que sus voy a contar. Figrense ostedes que Rosala,
-la del cortijo de la <i>Embocaura</i>, que es un pasmo de bonita y que ti un
+<p>&mdash;Pos ha jecho lo que sus voy a contar. Figúrense ostedes que Rosalía,
+la del cortijo de la <i>Embocaura</i>, que es un pasmo de bonita y que tié un
cuerpo que es una parma...</p>
-<p>&mdash;Una parma! Un parmito, ms ropa que carne!&mdash;dijo con tono desdeoso
-la ta Tomasa.</p>
+<p>&mdash;¡Una parma! Un parmito, ¡más ropa que carne!&mdash;dijo con tono desdeñoso
+la tía Tomasa.</p>
-<p>&mdash;Eso ya sus lo dir el <i>Pastaeta</i> cuando se case con ella!</p>
+<p>&mdash;¡Eso ya sus lo dirá el <i>Pastañeta</i> cuando se case con ella!</p>
-<p>&mdash;Pos no ests t mu atrasao de noticias! Rosala ya no se casa con el
-<i>Pastaeta</i>, poique se le ha cruzao en el camino ese que dices t que es
+<p>&mdash;¡Pos no estás tú mu atrasao de noticias! Rosalía ya no se casa con el
+<i>Pastañeta</i>, poique se le ha cruzao en el camino ese que dices tú que es
una prenda.</p>
-<p>&mdash;A eso voy, mujer, a eso voy; es mu verd que el <i>Rumboso</i> se le cruz
-en el camino, y que, como el hombre ti ms fanegas de tierra que
-nosotros abejas en los panales, al padre de la Rosala, que es un
-agonioso, la avaricia se le puso de pie, y cogi a su hija y le dijo que
-como gorviera a mirar a <i>Toico</i> les iban a caer cataratas en los ojos a
+<p>&mdash;A eso voy, mujer, a eso voy; es mu verdá que el <i>Rumboso</i> se le cruzó
+en el camino, y que, como el hombre tié más fanegas de tierra que
+nosotros abejas en los panales, al padre de la Rosalía, que es un
+agonioso, la avaricia se le puso de pie, y cogió a su hija y le dijo que
+como gorviera a mirar a <i>Toñico</i> les iban a caer cataratas en los ojos a
dambos, y que era menester que se pegara manque fuera con liria una
sonrisica en los labios pa cuando hablara<a name="page_254" id="page_254"></a> con el viejo; y la muchacha
-no entendi de chiquitas, y cuando se le puso a tiro el <i>Rumboso</i> se le
-ech a llorar, y le dijo que lo que quera jacer con ella era una
-picarda; que ella no poda peinarse ni despeinarse en el mundo ms que
-pa su <i>Too</i>; y tan y mientras ella le deca esto al seor Juan, el otro
-andaba dicindole a grito pelao a t el que lo quera oir que no haba
-de parar hasta sembrarle al viejo una almciga de plomo en el corazn, o
-el jierro de su cuchillo en la mismsima boca del estmago.</p>
-
-<p>&mdash;Y eso era lo que se mereca por dir a meter la pata en unos genos
-quereles, valindose de que el padre de Rosala es un t pa m de
-cuerpo entero y <i>Too</i> es un probetico desmamparao.</p>
-
-<p>&mdash;T no ests bien enter, Tomasa; en estas cosas sa menester ajondar pa
-verles el fondo. Cuando el hombre se prend de Rosala, cuasi naide
-estaba enterao de esos quereles, poique se queran de contrabando; y lo
-que pas fu que el <i>Rumboso</i>, que jaca ya cinco aos que no vea a la
-muchacha, se la top una tarde en el pueblo, y al hombre se le
-reverdeci la sangre, y el hombre est ms solo que una esparraguera, y
-la zagala es gena y es bonita, y el hombre no saba na de sus amoros;
-y cuando el hombre se enter, ya l le haba hablao al de la
-<i>Embocaura</i>, y ya<a name="page_255" id="page_255"></a> el <i>Pastaeta</i> andaba de atajo en atajo aconsejndole
+no entendió de chiquitas, y cuando se le puso a tiro el <i>Rumboso</i> se le
+echó a llorar, y le dijo que lo que quería jacer con ella era una
+picardía; que ella no podía peinarse ni despeinarse en el mundo más que
+pa su <i>Toño</i>; y tan y mientras ella le decía esto al señor Juan, el otro
+andaba diciéndole a grito pelao a tó el que lo quería oir que no había
+de parar hasta sembrarle al viejo una almáciga de plomo en el corazón, o
+el jierro de su cuchillo en la mismísima boca del estómago.</p>
+
+<p>&mdash;Y eso era lo que se merecía por dir a meter la pata en unos güenos
+quereles, valiéndose de que el padre de Rosalía es un «tó pa mí» de
+cuerpo entero y <i>Toño</i> es un probetico desmamparao.</p>
+
+<p>&mdash;Tú no estás bien enterá, Tomasa; en estas cosas sa menester ajondar pa
+verles el fondo. Cuando el hombre se prendó de Rosalía, cuasi naide
+estaba enterao de esos quereles, poique se querían de contrabando; y lo
+que pasó fué que el <i>Rumboso</i>, que jacía ya cinco años que no veía a la
+muchacha, se la topó una tarde en el pueblo, y al hombre se le
+reverdeció la sangre, y el hombre está más solo que una esparraguera, y
+la zagala es güena y es bonita, y el hombre no sabía na de sus amoríos;
+y cuando el hombre se enteró, ya él le había hablao al de la
+<i>Embocaura</i>, y ya<a name="page_255" id="page_255"></a> el <i>Pastañeta</i> andaba de atajo en atajo aconsejándole
que se pusiera bien con Dios y que jiciera testamento.</p>
-<p>&mdash;Pero es que no vas a acabar nunca? No ves que se va a pegar la olla!</p>
+<p>&mdash;¿Pero es que no vas a acabar nunca? ¡No ves que se va a pegar la olla!</p>
<p>&mdash;Ya arremato. Pos bien, esta tarde, miajita antes de que yo llegara, el
-<i>Rumboso</i>, que iba pa el lagarillo del <i>Zegr</i> montao en su
-<i>Ceniciento</i>, que es un jaco que vale un milln, al dir a dar la vuelta
-al olivar del <i>Tardo</i>, se top manos a boca con el <i>Too</i>, que estaba
-acechndolo entre las pitas de la linde.</p>
+<i>Rumboso</i>, que iba pa el lagarillo del <i>Zegrí</i> montao en su
+<i>Ceniciento</i>, que es un jaco que vale un millón, al dir a dar la vuelta
+al olivar del <i>Tardío</i>, se topó manos a boca con el <i>Toño</i>, que estaba
+acechándolo entre las pitas de la linde.</p>
-<p>&mdash;Naturalmente, al echrselo a la cara, el seor Juan se comi la
-parta, poique estaba al cabo de la calle en lo tocante a las bocans
+<p>&mdash;Naturalmente, al echárselo a la cara, el señor Juan se comió la
+partía, poique estaba al cabo de la calle en lo tocante a las bocanás
del otro; pero el hombre, que es prudente, se jizo el lila, y no hubiera
chistao tan siquiera si el otro no se le hubiera atravesao en el camino,
-con la escopet mont en la mano, dicindole que se apeara pa hablar de
-la Rosala.</p>
+con la escopetá montá en la mano, diciéndole que se apeara pa hablar de
+la Rosalía.</p>
-<p>&mdash;Y mi t lo que son las casolidades; en aquel mesmsimo momento
-desemboqu yo en la encrucij, poique esto que yo sus he contao, esto lo
-s yo por boca del <i>Rumboso</i>.</p>
+<p>&mdash;Y miá tú lo que son las casolidades; en aquel mesmísimo momento
+desemboqué yo en la encrucijá, poique esto que yo sus he contao, esto lo
+sé yo por boca del <i>Rumboso</i>.</p>
-<p>&mdash;Y no acabars, y la olla grue que te grue.</p>
+<p>&mdash;Y no acabarás, y la olla gruñe que te gruñe.</p>
-<p>&mdash;Ya acabo, jambrn, ya acabo. Pos bien, yo, al ver aquello, mir por si
-encontraba un boquete por donde colarme,<a name="page_256" id="page_256"></a> pero el seor Juan, al verme
-llegar, me grit rindose:</p>
+<p>&mdash;Ya acabo, jambrón, ya acabo. Pos bien, yo, al ver aquello, miré por si
+encontraba un boquete por donde colarme,<a name="page_256" id="page_256"></a> pero el señor Juan, al verme
+llegar, me gritó riéndose:</p>
<p>&mdash;No te vayas, <i>Pizarroso</i>, no te vayas, que me conviene que veas la
-corra.</p>
+corría.</p>
-<p>Y diciendo esto, salt en tierra con la misma agili con que yo saltaba
-en mis mocees, y endispus de jecharle las riendas sobre las crines al
-<i>Ceniciento</i>, le dijo a <i>Too</i> al mesmo tiempo que se iba pa l:</p>
+<p>Y diciendo esto, saltó en tierra con la misma agiliá con que yo saltaba
+en mis moceáes, y endispués de jecharle las riendas sobre las crines al
+<i>Ceniciento</i>, le dijo a <i>Toño</i> al mesmo tiempo que se iba pa él:</p>
-<p>&mdash;A ver si bajas ese juguete, chaval, poique si se te va el tiro y gelo
-la plvora, no vas a volver a estornuar en toa tu va.</p>
+<p>&mdash;A ver si bajas ese juguete, chaval, poique si se te va el tiro y güelo
+la pólvora, no vas a volver a estornuar en toa tu vía.</p>
-<p>&mdash;Coja ost la suya, mostramo, cjala ost, poique esta tarde me queo
-con ost, u ost se quea conmigo.</p>
+<p>&mdash;Coja osté la suya, mostramo, cójala osté, poique esta tarde me queo
+con osté, u osté se quea conmigo.</p>
-<p>Y esto se lo deca el <i>Pastaeta</i> reculando, jacindole puntera, con la
-cara del color de la gayomba y con los ojos espaventos.</p>
+<p>Y esto se lo decía el <i>Pastañeta</i> reculando, jaciéndole puntería, con la
+cara del color de la gayomba y con los ojos espaventáos.</p>
-<p>&mdash;Yo qu he de quearme contigo! Yo no mato volantones.</p>
+<p>&mdash;¡Yo qué he de quearme contigo! Yo no mato volantones.</p>
-<p>&mdash;No se acerque ost, y coja ost su escopeta; mire ost, mostramo, que
-hoy le jago yo a ost yesca el pecho.</p>
+<p>&mdash;No se acerque osté, y coja osté su escopeta; mire osté, mostramo, que
+hoy le jago yo a osté yesca el pecho.</p>
-<p>Y entoava no haba arrematao de icirlo, cuando le di gusto al deo, y
-pum! vaya un berro que di la vizcana!</p>
+<p>Y entoavía no había arrematao de icirlo, cuando le dió gusto al deo, y
+¡pum! ¡vaya un berrío que dió la vizcaína!</p>
-<p>&mdash;Y qu, encarn?</p>
+<p>&mdash;¿Y qué, encarnó?</p>
-<p>&mdash;Un plomo en un brazo na ms, un plomo perdiguero; pero, camar, yo no
-he visto hombre ms vivo ni ms bravo<a name="page_257" id="page_257"></a> que el <i>Rumboso</i>; entoava no se
-haba arrematao el estampo, cuando la escopeta de <i>Too</i> y el cuchillo
-que ste haba sacao estaban en la cuneta, y <i>Too</i> en el suelo, sin
-poer mover un remo, tan y mientras el seor Juan le dica con acento
-enfureci:</p>
+<p>&mdash;Un plomo en un brazo na más, un plomo perdiguero; pero, camará, yo no
+he visto hombre más vivo ni más bravo<a name="page_257" id="page_257"></a> que el <i>Rumboso</i>; entoavía no se
+había arrematao el estampío, cuando la escopeta de <i>Toño</i> y el cuchillo
+que éste había sacao estaban en la cuneta, y <i>Toño</i> en el suelo, sin
+poer mover un remo, tan y mientras el señor Juan le dicía con acento
+enfureció:</p>
-<p>&mdash;Eso que t has jecho no se jace; los hombres no pelean sino como Dios
-manda; y si yo ahora te diera lo que te mereces?</p>
+<p>&mdash;Eso que tú has jecho no se jace; los hombres no pelean sino como Dios
+manda; ¿y si yo ahora te diera lo que te mereces?</p>
-<p>&mdash;Dmelo ost; mteme ost, mostramo; mteme ost, poique si hoy me ha
-faltao la puntera otro da me pu no faltar...</p>
+<p>&mdash;Démelo osté; máteme osté, mostramo; máteme osté, poique si hoy me ha
+faltao la puntería otro día me pué no faltar...</p>
-<p>&mdash;Anda y alevntate y vete, y otra vez no jechas tanta plvora, poique
-con tanta plvora no se le da un tiro a un cerro.</p>
+<p>&mdash;Anda y alevántate y vete, y otra vez no jechas tanta pólvora, poique
+con tanta pólvora no se le da un tiro a un cerro.</p>
-<p>Y diciendo esto, l mesmito alevant al <i>Too</i>, y le volvi las
-espaldas, tan tranquilo como si detrs tuviera una pareja de la
-benemrita.</p>
+<p>Y diciendo esto, él mesmito alevantó al <i>Toño</i>, y le volvió las
+espaldas, tan tranquilo como si detrás tuviera una pareja de la
+benemérita.</p>
-<p>&mdash;Y el <i>Pastaeta</i>?</p>
+<p>&mdash;¿Y el <i>Pastañeta</i>?</p>
-<p>&mdash;Pos el <i>Pastaeta</i> se que mirndolo y mirndome como atontao;
-endispus recogi la escopeta y el cuchillo, y de pronto, cuando ya el
+<p>&mdash;Pos el <i>Pastañeta</i> se queó mirándolo y mirándome como atontao;
+endispués recogió la escopeta y el cuchillo, y de pronto, cuando ya el
<i>Rumboso</i> iba a montar, tira la jerramientas y se va pa el viejo, y baja
-los ojos, y le dice como si de pronto se hubiera vuelto tartamo:</p>
+los ojos, y le dice como si de pronto se hubiera vuelto tartamúo:</p>
-<p>&mdash;Mostramo, perdneme ost; pero yo estoy loco, yo estoy desesperato;
-yo soy un probe, yo no tengo ms calor en el<a name="page_258" id="page_258"></a> mundo que mi Rosala, y
-quitarme a m mi Rosala es sacarme el corazn del pecho, y es darme
+<p>&mdash;Mostramo, perdóneme osté; pero yo estoy loco, yo estoy desesperaíto;
+yo soy un probe, yo no tengo más calor en el<a name="page_258" id="page_258"></a> mundo que mi Rosalía, y
+quitarme a mí mi Rosalía es sacarme el corazón del pecho, y es darme
garrote vil, y es...</p>
-<p>Y al decir esto se le llenaron los ojos de lgrimas como puos; y miren
-ustedes, a m tambin se me mojaron las parpagueras, poique la verd es
-que aquello lo dijo el mozo de un mo... Ya ven ostedes cmo lo dira,
-que el <i>Rumboso</i> le tendi la mano y le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Pedazo e bruto que eres, poiqu no has hablao asn antes? No
-comprendes t que desde el punto y hora en que t quisiste que me fuera
-a rumbo de valenta, yo no poda dirme, y que necesitaba antes de dirme
-probarte a ti y a t el mundo que me iba poique me daba la gana, poique
-yo no le hago a naide estorsiones, y adems que yo no estoy tan loco que
-quiera casarme con una jembra prend de otro hombre? T no comprendas
-eso, peazo de bruto que eres, t no lo comprendas?</p>
-
-<p>Y n, que se dieron las manos, y que se fu <i>Too</i> y que yo acompa un
-ratico al <i>Rumboso</i> y que me he veno t el camino diciendo: Ole con
-ole por los hombres machos con toas las de la ley, y lo he veno
-diciendo con t el metal de mi voz y con toas las veritas de mi alma.</p>
-
-<p>Y momentos despus humeaba el sabroso contenido de la olla en el enorme<a name="page_259" id="page_259"></a>
-barreo donde la hubo de volcar la ta Tomasa, y sentbanse todos
+<p>Y al decir esto se le llenaron los ojos de lágrimas como puños; y miren
+ustedes, a mí también se me mojaron las parpagueras, poique la verdá es
+que aquello lo dijo el mozo de un móo... Ya ven ostedes cómo lo diría,
+que el <i>Rumboso</i> le tendió la mano y le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Pedazo e bruto que eres, ¿poiqué no has hablao asín antes? ¿No
+comprendes tú que desde el punto y hora en que tú quisiste que me fuera
+a rumbo de valentía, yo no podía dirme, y que necesitaba antes de dirme
+probarte a ti y a tó el mundo que me iba poique me daba la gana, poique
+yo no le hago a naide estorsiones, y además que yo no estoy tan loco que
+quiera casarme con una jembra prendá de otro hombre? ¿Tú no comprendías
+eso, peazo de bruto que eres, tú no lo comprendías?</p>
+
+<p>Y ná, que se dieron las manos, y que se fué <i>Toño</i> y que yo acompañé un
+ratico al <i>Rumboso</i> y que me he venío tó el camino diciendo: «Ole con
+ole por los hombres machos con toas las de la ley», y lo he venío
+diciendo con tó el metal de mi voz y con toas las veritas de mi alma.</p>
+
+<p>Y momentos después humeaba el sabroso contenido de la olla en el enorme<a name="page_259" id="page_259"></a>
+barreño donde la hubo de volcar la tía Tomasa, y sentábanse todos
alrededor de la reducida mesa, a la oscilante luz de un enorme candil
suspendido del alero de la chimenea, donde entre ramos de verde romero
-brillaban, como si fuesen de oro, las grandes calderas y los limpsimos
+brillaban, como si fuesen de oro, las grandes calderas y los limpísimos
peroles.</p>
<p><a name="page_260" id="page_260"></a></p>
@@ -5512,645 +5461,265 @@ peroles.</p>
<p>De pie, con las manos en los bolsillos, frente a la luna del escaparate,
estuvo largo rato mirando, vacilante y perplejo, sin acabar de
-decidirse. Se decidi por fin.</p>
+decidirse. Se decidió por fin.</p>
-<p>&mdash;A ver, ese collar... Me hace usted el favor?</p>
+<p>&mdash;A ver, ese collar... ¿Me hace usted el favor?</p>
-<p>Un dependiente le sac del escaparate y le extendi en el mostrador
-sobre un retal de terciopelo azul. El le examin detenida y
+<p>Un dependiente le sacó del escaparate y le extendió en el mostrador
+sobre un retal de terciopelo azul. El le examinó detenida y
minuciosamente.</p>
-<p>&mdash;S, est bien... es bonito. Me gusta; qu vale?</p>
+<p>&mdash;Sí, está bien... es bonito. Me gusta; ¿qué vale?</p>
<p>&mdash;Para usted 1.200 pesetas.</p>
-<p>&mdash;Precio fijo?</p>
+<p>&mdash;¿Precio fijo?</p>
-<p>El dueo de la tienda intervino.</p>
+<p>El dueño de la tienda intervino.</p>
-<p>&mdash;A un cliente como usted, don Joaqun, no se le pide en esta casa ms
+<p>&mdash;A un cliente como usted, don Joaquín, no se le pide en esta casa más
que lo justo. Es usted bastante inteligente para que haya necesidad de
-hacer el artculo. De todos modos, usted se le lleva, le manda tasar, y
-con arreglo a la tasacin me da usted lo que guste.<a name="page_264" id="page_264"></a></p>
+hacer el artículo. De todos modos, usted se le lleva, le manda tasar, y
+con arreglo a la tasación me da usted lo que guste.<a name="page_264" id="page_264"></a></p>
-<p>&mdash;Es que, adems, no las llevo encima.</p>
+<p>&mdash;Es que, además, no las llevo encima.</p>
-<p>&mdash;Usted se pasa por aqu cuando quiera. No hay prisa ninguna.</p>
+<p>&mdash;Usted se pasa por aquí cuando quiera. No hay prisa ninguna.</p>
-<p>Sali muy contento, satisfechsimo de la compra. Lleg a casa, y en la
-misma puerta pregunt a la doncella que le sali a abrir:</p>
+<p>Salió muy contento, satisfechísimo de la compra. Llegó a casa, y en la
+misma puerta preguntó a la doncella que le salió a abrir:</p>
-<p>&mdash;Cmo est la seorita?</p>
+<p>&mdash;¿Cómo está la señorita?</p>
-<p>&mdash;Bien; muy tranquila toda la tarde. Hace poco se qued dormida.</p>
+<p>&mdash;Bien; muy tranquila toda la tarde. Hace poco se quedó dormida.</p>
-<p>Entr de puntillas en la alcoba y dilatando las pupilas para orientarse
-bien en la penumbra lleg pausadamente hasta la cama y se inclin sobre
-la enferma. Al roce imperceptible de la ropa, Paulina abri los ojos.</p>
+<p>Entró de puntillas en la alcoba y dilatando las pupilas para orientarse
+bien en la penumbra llegó pausadamente hasta la cama y se inclinó sobre
+la enferma. Al roce imperceptible de la ropa, Paulina abrió los ojos.</p>
-<p>&mdash;Cre que dormas.</p>
+<p>&mdash;Creí que dormías.</p>
<p>&mdash;No.</p>
-<p>&mdash;Cmo ests?</p>
+<p>&mdash;¿Cómo estás?</p>
<p>&mdash;Parece que mejor. No tengo fatiga. He podido descansar un ratito.</p>
-<p>&mdash;Naturalmente, mujer, y te pondrs muy pronto buena. Roldn me dijo
-ayer que ests en franca mejora. Lo que hace falta es que no seas
+<p>&mdash;Naturalmente, mujer, y te pondrás muy pronto buena. Roldán me dijo
+ayer que estás en franca mejoría. Lo que hace falta es que no seas
aprensiva, que te animes. Es necesario que pongas de tu parte un poquito
de buena voluntad.</p>
-<p>&mdash;Voluntad! Ay, si con la voluntad se pudiera vivir!</p>
+<p>&mdash;¡Voluntad! ¡Ay, si con la voluntad se pudiera vivir!</p>
-<p>&mdash;Vamos, no seas tonta; no quiero verte as.&mdash;Di luz al globo de
-cristal que colgaba sobre la cabecera y se sent en el<a name="page_265" id="page_265"></a> borde de la
-cama.&mdash;Te he comprado una cosa, una sorpresa, sabes? Qu me das si te
+<p>&mdash;Vamos, no seas tonta; no quiero verte así.&mdash;Dió luz al globo de
+cristal que colgaba sobre la cabecera y se sentó en el<a name="page_265" id="page_265"></a> borde de la
+cama.&mdash;Te he comprado una cosa, una sorpresa, ¿sabes? ¿Qué me das si te
gusta?</p>
-<p>&mdash;Pobrecita de m, qu quieres que te d!</p>
+<p>&mdash;Pobrecita de mí, ¡qué quieres que te dé!</p>
-<p>&mdash;Un poco de alegra. Yo con verte reir tengo bastante.&mdash;Sac el estuche
-del bolsillo y la entreg el collar. Ella, al verle, di un grito de
-contento y lo cogi con sus manos febriles.&mdash;Ay, qu lindo! Qu
-bonito!... Qu cosa ms preciosa!&mdash;Mas en seguida, con una brusca
-transicin, cambi de tono:&mdash;Pero, por qu haces esto? Por qu te
-gastas el dinero en esto? Yo para qu lo quiero, si no lo he de lucir!</p>
+<p>&mdash;Un poco de alegría. Yo con verte reir tengo bastante.&mdash;Sacó el estuche
+del bolsillo y la entregó el collar. Ella, al verle, dió un grito de
+contento y lo cogió con sus manos febriles.&mdash;¡Ay, qué lindo! ¡Qué
+bonito!... ¡Qué cosa más preciosa!&mdash;Mas en seguida, con una brusca
+transición, cambió de tono:&mdash;Pero, ¿por qué haces esto? ¿Por qué te
+gastas el dinero en esto? ¡Yo para qué lo quiero, si no lo he de lucir!</p>
-<p>&mdash;Que no? En cuantito que te pongas buena.</p>
+<p>&mdash;¿Que no? En cuantito que te pongas buena.</p>
-<p>Y como ella moviese la cabeza con ademn de desaliento, agreg
+<p>Y como ella moviese la cabeza con ademán de desaliento, agregó
vivamente, temblorosa la voz de amor y de ternura:&mdash;Tontina, si no
-creyese que le ibas a lucir, te le comprara? Ven ac, te le voy a
-poner. Vers qu lindo.&mdash;Y, en efecto, l mismo se lo puso, cerr el
-broche y fu a buscar un espejo para que se mirase.&mdash;Eh! Qu tal?</p>
+creyese que le ibas a lucir, ¿te le compraría? Ven acá, te le voy a
+poner. Verás qué lindo.&mdash;Y, en efecto, él mismo se lo puso, cerró el
+broche y fué a buscar un espejo para que se mirase.&mdash;¡Eh! ¿Qué tal?</p>
<p>&mdash;Muy lindo.</p>
<p>Acodada sobre las almohadas, el espejo en la mano, se estuvo
-contemplando mucho tiempo. Separ con los dedos algunos bucles
-desrizados que le caan sobre la<a name="page_266" id="page_266"></a> frente y se mordisque los labios
-exanges y descoloridos.</p>
+contemplando mucho tiempo. Separó con los dedos algunos bucles
+desrizados que le caían sobre la<a name="page_266" id="page_266"></a> frente y se mordisqueó los labios
+exangües y descoloridos.</p>
-<p>&mdash;Qu plida estoy!</p>
+<p>&mdash;¡Qué pálida estoy!</p>
<p>&mdash;Es la luz, nena.</p>
-<p>&mdash;Por Dios, no digas... Estoy horrible. Parezco una muerta.&mdash;Di un gran
-suspiro, tir el espejo y se dej caer sobre la almohada.&mdash;Estoy muy
-mala, Joaqun. Vosotros no me queris creer, no me hacis caso y yo
+<p>&mdash;Por Dios, no digas... Estoy horrible. Parezco una muerta.&mdash;Dió un gran
+suspiro, tiró el espejo y se dejó caer sobre la almohada.&mdash;Estoy muy
+mala, Joaquín. Vosotros no me queréis creer, no me hacéis caso y yo
estoy muy mala.</p>
-<p>El, conmovido, la mir en silencio. Luego, de pronto:</p>
+<p>El, conmovido, la miró en silencio. Luego, de pronto:</p>
-<p>&mdash;Oye, est una tarde magnfica; no hace nada de fro. Quieres que abra
-un momento el balcn?</p>
+<p>&mdash;Oye, está una tarde magnífica; no hace nada de frío. ¿Quieres que abra
+un momento el balcón?</p>
-<p>&mdash;S, abre un poquito, para que se ventile. Huele mal, verdad?</p>
+<p>&mdash;Sí, abre un poquito, para que se ventile. Huele mal, ¿verdad?</p>
-<p>&mdash;No, nenita, no es eso. No huele ms que a etilo, y ya sabes que a m
-este olor no me disgusta. Me sabe a pltanos y a ilang-ilang. Era para
+<p>&mdash;No, nenita, no es eso. No huele más que a etilo, y ya sabes que a mí
+este olor no me disgusta. Me sabe a plátanos y a ilang-ilang. Era para
fumar un cigarro.</p>
-<p>Para fumar un cigarro y para que ella no viese que las lgrimas le
-llenaban los ojos. Cruz el gabinete, abri el balcn y se acod en la
-barandilla. Sobre la lnea recta y dura de los tejados de la casa de
-enfrente, la tarde comenzaba a morir en un crepsculo de color de malva
-de una diafanidad imponderable. A lo lejos, por el andn del bulevar,
-unas nias venan cantando enlazadas del talle. Ennoblecida<a name="page_267" id="page_267"></a> por la
-distancia, sonaba la cancin melanclica y triste:</p>
+<p>Para fumar un cigarro y para que ella no viese que las lágrimas le
+llenaban los ojos. Cruzó el gabinete, abrió el balcón y se acodó en la
+barandilla. Sobre la línea recta y dura de los tejados de la casa de
+enfrente, la tarde comenzaba a morir en un crepúsculo de color de malva
+de una diafanidad imponderable. A lo lejos, por el andén del bulevar,
+unas niñas venían cantando enlazadas del talle. Ennoblecida<a name="page_267" id="page_267"></a> por la
+distancia, sonaba la canción melancólica y triste:</p>
<div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i0">&mdash;Dnde vas, Alfonso doce,<br /></span>
-<span class="i0">dnde vas, triste de ti?<br /></span>
+<span class="i0">&mdash;¿Dónde vas, Alfonso doce,<br /></span>
+<span class="i0">dónde vas, triste de ti?<br /></span>
<span class="i0">&mdash;Voy en busca de Mercedes,<br /></span>
<span class="i0">que ayer tarde no la vi.<br /></span>
</div></div>
-<p>La cancin infantil se meti como un pual en su corazn dolorido.
-Tambin l, dentro de poco, no vera ms a su Paulina. Qu horror!...
-Qu pena! Morir en plena juventud, cuando con ms ansia se ambiciona la
-vida... Morir a los treinta aos, tan bonita, tan buena, tan adorada,
-tan feliz!... Alz los ojos, y turbios de llanto los clav en la
-serenidad del crepsculo.&mdash;Seor, Seor, qu te hemos hecho para que
-nos trates as! Por qu no me eliges a m y la salvas a ella! Por qu
+<p>La canción infantil se metió como un puñal en su corazón dolorido.
+También él, dentro de poco, no vería más a su Paulina. ¡Qué horror!...
+¡Qué pena! Morir en plena juventud, cuando con más ansia se ambiciona la
+vida... Morir a los treinta años, ¡tan bonita, tan buena, tan adorada,
+tan feliz!... Alzó los ojos, y turbios de llanto los clavó en la
+serenidad del crepúsculo.&mdash;¡Señor, Señor, qué te hemos hecho para que
+nos trates así! ¡Por qué no me eliges a mí y la salvas a ella! ¿Por qué
te complaces en segar las vidas en flor?</p>
-<p>Desde que se di cuenta de la gravedad de su mujer, todos los das, en
-sus oraciones, elevaba a Dios la misma splica. Mas Dios no la atenda.
-El, a pesar de sus cincuenta aos, de su vida de luchador, ajetreada y
-dura, cada vez estaba ms fuerte, ms robusto, ms lleno de salud; y, en
+<p>Desde que se dió cuenta de la gravedad de su mujer, todos los días, en
+sus oraciones, elevaba a Dios la misma súplica. Mas Dios no la atendía.
+El, a pesar de sus cincuenta años, de su vida de luchador, ajetreada y
+dura, cada vez estaba más fuerte, más robusto, más lleno de salud; y, en
cambio ella, la pobre nena, rodeada de lujos y de comodidades, mimada y
-consentida, tena en el pecho un corazn que no serva para nada, un
-corazn intil que<a name="page_268" id="page_268"></a> se ira a romper cualquier momento como una figurita
-de biscuit. Los mdicos se lo haban dicho leal y rudamente. Todo es
-intil. No se puede hacer nada. No queda ms que resignarse y esperar.</p>
-
-<p>Y as llevaba esperando dos aos, vindola vivir artificialmente a
-fuerza de tnicos y cordiales; asistiendo impotente a los tremendos
-ataques de disnea; contemplando con horror cmo aumentaba la hinchazn
-del cuerpo, cmo se embotaba la sensibilidad, cmo se abra la piel en
-llagas espantosas. As llevaba dos aos, rodendola de cuidado y de
+consentida, tenía en el pecho un corazón que no servía para nada, un
+corazón inútil que<a name="page_268" id="page_268"></a> se iría a romper cualquier momento como una figurita
+de biscuit. Los médicos se lo habían dicho leal y rudamente. Todo es
+inútil. No se puede hacer nada. No queda más que resignarse y esperar.</p>
+
+<p>Y así llevaba esperando dos años, viéndola vivir artificialmente a
+fuerza de tónicos y cordiales; asistiendo impotente a los tremendos
+ataques de disnea; contemplando con horror cómo aumentaba la hinchazón
+del cuerpo, cómo se embotaba la sensibilidad, cómo se abría la piel en
+llagas espantosas. Así llevaba dos años, rodeándola de cuidado y de
mimo, concretado exclusivamente a ella, siempre vigilante y atento para
hacerle las horas agradables, el ambiente propicio, para apartar de la
-tristeza de la alcoba todo lo que pudiera ser emocin violenta y
-sensacin desagradable, y, sobre todo, para infiltrar en su alma, da
-tras da, con tenacidad piadosa, el engao sutil de una mentira que ella
-se negaba a aceptar.&mdash;No, Joaqun, no; yo estoy muy mala. Estoy mucho
-ms mala de lo que creis.</p>
+tristeza de la alcoba todo lo que pudiera ser emoción violenta y
+sensación desagradable, y, sobre todo, para infiltrar en su alma, día
+tras día, con tenacidad piadosa, el engaño sutil de una mentira que ella
+se negaba a aceptar.&mdash;No, Joaquín, no; yo estoy muy mala. Estoy mucho
+más mala de lo que creéis.</p>
<p>Unas voces argentinas que sonaban en la alcoba le trajeron a la
-realidad. Eran los nenes, que haban vuelto del colegio y entraban a
-besar a su madre. Joaqun cerr el balcn y fu a verlos. Joaquinito, el
-pequeo, se haba encaramado y trepaba gateando por la colcha arriba.
+realidad. Eran los nenes, que habían vuelto del colegio y entraban a
+besar a su madre. Joaquín cerró el balcón y fué a verlos. Joaquinito, el
+pequeño, se había encaramado y trepaba gateando por la colcha arriba.
Luisita,<a name="page_269" id="page_269"></a> la mayor, jugaba con las cuentas del collar.</p>
-<p>&mdash;Qu bonito! D, mam, te le ha trado pap?</p>
+<p>&mdash;¡Qué bonito! Dí, mamá, ¿te le ha traído papá?</p>
-<p>&mdash;S, ngel mo.</p>
+<p>&mdash;Sí, ángel mío.</p>
-<p>&mdash;Y a m no me ha trado ninguno?</p>
+<p>&mdash;¿Y a mí no me ha traído ninguno?</p>
-<p>Paulina alz la mano y sus dedos hinchados y torpes acariciaron los
-cabellos dorados de la nia.</p>
+<p>Paulina alzó la mano y sus dedos hinchados y torpes acariciaron los
+cabellos dorados de la niña.</p>
-<p>&mdash;No te ha trado ninguno porque ste es para ti. Para ti, ngel mo. T
-le llevars cuando yo me muera.</p>
+<p>&mdash;No te ha traído ninguno porque éste es para ti. Para ti, ángel mío. Tú
+le llevarás cuando yo me muera.</p>
-<p>&mdash;Bueno; pero como t no te vas a morir...</p>
+<p>&mdash;Bueno; pero como tú no te vas a morir...</p>
-<p>Ella no contest. Un gesto doloroso crisp toda su cara, y se le
-llenaron de lgrimas los ojos. Joaqun cogi a los nios y los puso
+<p>Ella no contestó. Un gesto doloroso crispó toda su cara, y se le
+llenaron de lágrimas los ojos. Joaquín cogió a los niños y los puso
dulcemente en el pasillo.</p>
-<p>&mdash;Id a la cocina y decid a Juana que os d de merendar.</p>
+<p>&mdash;Id a la cocina y decid a Juana que os dé de merendar.</p>
-<p>Luego, al ver que Paulina segua sollozando:</p>
+<p>Luego, al ver que Paulina seguía sollozando:</p>
-<p>&mdash;Pero, nena, por Dios, no seas as... no te pongas as... No
+<p>&mdash;Pero, nena, por Dios, no seas así... no te pongas así... ¿No
comprendes que te perjudicas? Te excitas, te emocionas, viene la fatiga
y...</p>
-<p>Paulina segua llorando. Se inclin sobre ella y la bes en los ojos con
+<p>Paulina seguía llorando. Se inclinó sobre ella y la besó en los ojos con
caricias de inefable ternura.</p>
-<p>&mdash;Mi nenita... mi nena!... Vamos, lo ves?... Lo ves?... Si ya lo
-saba yo!</p>
+<p>&mdash;Mi nenita... ¡mi nena!... Vamos, ¿lo ves?... ¿Lo ves?... ¡Si ya lo
+sabía yo!</p>
-<p>Fue tremendo el ataque; tan violento<a name="page_270" id="page_270"></a> que, a pesar de estar l
-acostumbrado a presenciarlos, hubo un instante en que perdi la
-serenidad y se asust, creyendo que era el ltimo. Afortunadamente, la
-digital y el cloruro de etilo surtieron sus efectos, y el ataque pas;
-aclarse la vidriosidad de las pupilas; cesaron las violentas sacudidas
-crispantes, los saltos descompasados del corazn y el ronco silbar de la
-garganta. Quedse de cara a la pared, baada en sudor, aniquilada,
+<p>Fue tremendo el ataque; tan violento<a name="page_270" id="page_270"></a> que, a pesar de estar él
+acostumbrado a presenciarlos, hubo un instante en que perdió la
+serenidad y se asustó, creyendo que era el último. Afortunadamente, la
+digital y el cloruro de etilo surtieron sus efectos, y el ataque pasó;
+aclaróse la vidriosidad de las pupilas; cesaron las violentas sacudidas
+crispantes, los saltos descompasados del corazón y el ronco silbar de la
+garganta. Quedóse de cara a la pared, bañada en sudor, aniquilada,
destrozada, rendida. El, conmovido, la miraba en silencio. Luego, al
cabo de un rato:</p>
-<p>&mdash;Quieres que te quite el collar? Te molesta, verdad?</p>
+<p>&mdash;¿Quieres que te quite el collar? Te molesta, ¿verdad?</p>
-<p>Pas dulcemente una mano por debajo del cuello y desabroch el cierre.
+<p>Pasó dulcemente una mano por debajo del cuello y desabrochó el cierre.
Al ir a retirarla, sus dedos tropezaron debajo de la almohada con una
-hoja de papel. La cogi inconscientemente, sin darse cuenta. Ella no se
-movi. Fu al gabinete a dejar el collar y, por curiosidad, mir el
-papel: medio pliego de cartas escrito con lpiz.</p>
+hoja de papel. La cogió inconscientemente, sin darse cuenta. Ella no se
+movió. Fué al gabinete a dejar el collar y, por curiosidad, miró el
+papel: medio pliego de cartas escrito con lápiz.</p>
-<p>Mi alma:</p>
+<p>«Mi alma:</p>
-<p>Una convulsin nerviosa le cerr los ojos.</p>
+<p>Una convulsión nerviosa le cerró los ojos.</p>
-<p>Los volvi a abrir.</p>
+<p>Los volvió a abrir.</p>
-<p>Mi alma: Te escribo estas dos lneas aprovechando un momento en que me
-dejan sola. Estoy muy mala. S que nunca ms me volvers a ver. Esta es
-la nica pena que tengo: morirme sin...<a name="page_271" id="page_271"></a></p>
+<p>«Mi alma: Te escribo estas dos líneas aprovechando un momento en que me
+dejan sola. Estoy muy mala. Sé que nunca más me volverás a ver. Esta es
+la única pena que tengo: morirme sin...»<a name="page_271" id="page_271"></a></p>
-<p>No deca ms.</p>
+<p>No decía más.</p>
-<p>Se llev una mano a los ojos y con la otra se apoy en una silla, porque
-todo su cuerpo vacilaba. As estuvo mucho tiempo, mucho. Luego,
-lentamente, volvi a la alcoba. A medida que avanzaba hacia el lecho, se
+<p>Se llevó una mano a los ojos y con la otra se apoyó en una silla, porque
+todo su cuerpo vacilaba. Así estuvo mucho tiempo, mucho. Luego,
+lentamente, volvió a la alcoba. A medida que avanzaba hacia el lecho, se
le aceraban las pupilas y las manos se le crispaban como garras de
presa; tremolaron un segundo sobre la cabeza de Paulina y en seguida se
-estrujaron, enlazadas con ademn de desesperacin y de impotencia. Ella
-no se haba movido. Dorma dulcemente, reposadamente.</p>
+estrujaron, enlazadas con ademán de desesperación y de impotencia. Ella
+no se había movido. Dormía dulcemente, reposadamente.</p>
-<p>De pie junto a la cama, la mir largo rato. Al suave resplandor del
+<p>De pie junto a la cama, la miró largo rato. Al suave resplandor del
globo azul colgado de la cabecera estuvo contemplando los bucles
-desrizados y marchitos, los prpados translcidos, las ojeras amoratadas
-y profundas, los labios secos, incoloros y exanges; las manchas
-crdenas de la piel, lustrosas aun de sudor. Una carcajada infantil
-reson en el pasillo, y pasaron los nios retozando.</p>
+desrizados y marchitos, los párpados translúcidos, las ojeras amoratadas
+y profundas, los labios secos, incoloros y exangües; las manchas
+cárdenas de la piel, lustrosas aun de sudor. Una carcajada infantil
+resonó en el pasillo, y pasaron los niños retozando.</p>
-<p>Abri muy despacio la puerta y, con ademn imperioso, les impuso
+<p>Abrió muy despacio la puerta y, con ademán imperioso, les impuso
silencio:</p>
-<p>&mdash;Chisss...! Mam est dormida. No hagis ruido.</p>
+<p>&mdash;¡Chisss...! Mamá está dormida. No hagáis ruido.</p>
<p><a name="transcriptor" id="transcriptor"></a></p>
<table border="0" cellpadding="0" cellspacing="0" summary=""
style="border:2px dotted gray;padding:2%;">
<tr><th align="center">Errores corregidos por el etext transcriptor:</th></tr>
-<tr><td align="center">gritando:&mdash;<span class="errata">No</span>;=> gritando:&mdash;No; {pg 30}</td></tr>
-<tr><td align="center">sobre esta <span class="errata">roidlla</span>=> sobre esta rodilla {pg 21}</td></tr>
-<tr><td align="center"><span class="errata">Oh</span>, Dios mo!=>Oh, Dios mo! {pg 28}</td></tr>
-<tr><td align="center"><span class="errata">limpia</span> de pelo las otras=> limpias de pelo las otras {pg 35}</td></tr>
-<tr><td align="center">la senda de sus sueos.=> la senda de sus sueos! {pg 67}</td></tr>
-<tr><td align="center">ESCENA <span class="errata">IX</span>=> ESCENA IV {pg 71}</td></tr>
-<tr><td align="center">en <span class="errata">tus</span> presencia=> en tu presencia {pg 72}</td></tr>
-<tr><td align="center">La <span class="errata">nadre</span> y la hermana=> La madre y la hermana {pg 91}</td></tr>
-<tr><td align="center">Ah, en cuanto a eso s.=> Ah, en cuanto a eso s! {pg 105}</td></tr>
-<tr><td align="center">yo padre y <span class="errata">tu</span> madre=> yo padre y t madre {pg 108}</td></tr>
-<tr><td align="center">quien su <span class="errata">padre</span> recomendaban el cuidado=> quien su padres recomendaban el cuidado {pg 128}</td></tr>
-<tr><td align="center"><span class="errata">encueros</span> vivos=> en cueros vivos {pg 128}</td></tr>
-<tr><td align="center">brillaban <span class="errata">las</span> gusanos=> brillaban los gusanos {pg 162}</td></tr>
-<tr><td align="center">La epopeya de una <span class="errata">zngraa</span>=> La epopeya de una zngara {pg 165}</td></tr>
-<tr><td align="center">fu <span class="errata">lllamada</span>=> fu llamada {pg 224}</td></tr>
+<tr><td align="center">gritando:&mdash;<span class="errata">«No</span>;=> gritando:&mdash;«¡No; {pág 30}</td></tr>
+<tr><td align="center">sobre esta <span class="errata">roidlla</span>=> sobre esta rodilla {pág 21}</td></tr>
+<tr><td align="center"><span class="errata">»Oh</span>, Dios mío!=>»¡Oh, Dios mío! {pág 28}</td></tr>
+<tr><td align="center"><span class="errata">limpia</span> de pelo las otras=> limpias de pelo las otras {pág 35}</td></tr>
+<tr><td align="center">la senda de sus sueños.=> la senda de sus sueños! {pág 67}</td></tr>
+<tr><td align="center">ESCENA <span class="errata">IX</span>=> ESCENA IV {pág 71}</td></tr>
+<tr><td align="center">en <span class="errata">tus</span> presencia=> en tu presencia {pág 72}</td></tr>
+<tr><td align="center">La <span class="errata">nadre</span> y la hermana=> La madre y la hermana {pág 91}</td></tr>
+<tr><td align="center">Ah, en cuanto a eso sí.=> Ah, en cuanto a eso sí! {pág 105}</td></tr>
+<tr><td align="center">yo padre y <span class="errata">tu</span> madre=> yo padre y tú madre {pág 108}</td></tr>
+<tr><td align="center">quien su <span class="errata">padre</span> recomendaban el cuidado=> quien su padres recomendaban el cuidado {pág 128}</td></tr>
+<tr><td align="center"><span class="errata">encueros</span> vivos=> en cueros vivos {pág 128}</td></tr>
+<tr><td align="center">brillaban <span class="errata">las</span> gusanos=> brillaban los gusanos {pág 162}</td></tr>
+<tr><td align="center">La epopeya de una <span class="errata">zíngraa</span>=> La epopeya de una zíngara {pág 165}</td></tr>
+<tr><td align="center">fué <span class="errata">lllamada</span>=> fué llamada {pág 224}</td></tr>
</table>
<hr class="full" />
-
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-<pre>
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-
-End of the Project Gutenberg EBook of La voz de la conseja, t.I,
-compiled by Emilio Carrre
-
-*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA VOZ DE LA CONSEJA, T.I ***
-
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-things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works
-even without complying with the full terms of this agreement. See
-paragraph 1.C below. There are a lot of things you can do with Project
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-Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
-
-Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
-electronic works in formats readable by the widest variety of computers
-including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
-because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
-people in all walks of life.
-
-Volunteers and financial support to provide volunteers with the
-assistance they need, are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
-goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
-remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
-Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
-and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
-To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
-and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
-and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.
-
-
-Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
-Foundation
-
-The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
-501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
-state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
-Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
-number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
-http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
-Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
-permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
-
-The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
-Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
-throughout numerous locations. Its business office is located at
-809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
-business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
-information can be found at the Foundation's web site and official
-page at http://pglaf.org
-
-For additional contact information:
- Dr. Gregory B. Newby
- Chief Executive and Director
- gbnewby@pglaf.org
-
-
-Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
-Literary Archive Foundation
-
-Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
-spread public support and donations to carry out its mission of
-increasing the number of public domain and licensed works that can be
-freely distributed in machine readable form accessible by the widest
-array of equipment including outdated equipment. Many small donations
-($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
-status with the IRS.
-
-The Foundation is committed to complying with the laws regulating
-charities and charitable donations in all 50 states of the United
-States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
-considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
-with these requirements. We do not solicit donations in locations
-where we have not received written confirmation of compliance. To
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-particular state visit http://pglaf.org
-
-While we cannot and do not solicit contributions from states where we
-have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
-against accepting unsolicited donations from donors in such states who
-approach us with offers to donate.
-
-International donations are gratefully accepted, but we cannot make
-any statements concerning tax treatment of donations received from
-outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
-
-Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
-methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
-ways including checks, online payments and credit card donations.
-To donate, please visit: http://pglaf.org/donate
-
-
-Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
-works.
-
-Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
-concept of a library of electronic works that could be freely shared
-with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
-Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
-
-
-Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
-editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
-unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
-keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
-
-
-Most people start at our Web site which has the main PG search facility:
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- http://www.gutenberg.org
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-This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
-including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
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+<div>*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 40827 ***</div>
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