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diff --git a/40827-0.txt b/40827-0.txt new file mode 100644 index 0000000..e819981 --- /dev/null +++ b/40827-0.txt @@ -0,0 +1,5632 @@ +*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 40827 *** + +En esta edición se han mantenido las convenciones ortográficas del +original, incluyendo las variadas normas de acentuación presentes en el +texto. (la lista de errores corregidos sigue el texto.) +(nota del transcriptor) + + + + + +_La Voz de la Conseja_ + + + + +La Voz +de la Conseja + +Selección +de las mejores novelas breves y cuentos de +los más esclarecidos literatos. + +Recopilación hecha +por +Emilio Carrère + +Firmas del tomo primero + +Galdós.--Benavente.--Condesa de Pardo Bazán.--Unamuno.--Palacio +Valdés.--Rubén Darío.--Baroja.--Dicenta.--Ricardo +León.--Nogales.--Répide.--Arturo +Reyes y Pedro Mata. + +V. H. SANZ CALLEJA + +Editores e Impresores + +C. Central: Montera, 31.--Talleres: R. Atocha, 23 + +MADRID + +:ES PROPIEDAD: + + + + +INDICE + + +_BENITO PÉREZ GALDÓS_ + +_La novela en el tranvía_ 17 + +_JACINTO BENAVENTE_ + +_El criado de Don Juan_ 59 + +_CONDESA DE PARDO BAZÁN_ + +_Viernes Santo_ 77 + +_MIGUEL DE UNAMUNO_ + +_El sencillo Don Rafael_ 99 + +_ARMANDO PALACIO-VALDÉS_ + +_¡Solo!_ 111 + +_RUBÉN DARÍO_ + +_El Rey burgués_ 137 + +_PÍO BAROJA_ + +_Elizabide el Vagabundo_ 149 + +JOAQUÍN DICENTA + +_La epopeya de una zíngara_ 165 + +RICARDO LEÓN + +_Los tres reyes de Oriente_ 175 + +JOSÉ NOGALES + +_Las tres cosas del tío Juan_ 187 + +PEDRO DE RÉPIDE + +_La enamorada indiscreta_ 203 + +ARTURO REYES + +_Cosas de hombre_ 249 + +PEDRO MATA + +_Fuerte como la muerte_ 261 + + + + +_AL EMPEZAR_ + + +_La Casa editorial V. H. de Sanz Calleja me encarga esta Antología de +cuentistas de habla castellana. No es tarea tan humilde la del +seleccionador, pues hace falta un exquisito sentido estético para poder +elegir lo mejor en la maravillosa labor literaria de los altos ingenios +que honran estas páginas de_ LA VOZ DE LA CONSEJA... + +_Yo creo que esta colección de cuentos tiene un gran valor +bibliográfico; es un documento brillante de este nuevo siglo de oro de +la novela española, que comienza con el nombre glorioso de don Benito +Pérez Galdós. En estas hojas está el gran espíritu de una época noble, +fecunda, preñada de ideal artístico, encerrado como en un tabernáculo. Y +también me parece que la publicación de_ LA VOZ DE LA CONSEJA _es una +prueba de amor al libro español, un acicate para la curiosidad del +lector indolente y un selecto regalo para el espíritu del lector culto_. + +_No osaré jamás hacer una reseña crítica de los nombres insignes que en +este primer tomo os ofrecen gallardas muestras de su talento; sólo +quiero decir sus nombres y los títulos de sus cuentos, para deleitarme +al recordar el encantador, sano e ingenuo humorismo de Galdós en_ La +novela en el tranvía; _las prosas madrigalescas, hondas y miniadas de +Benavente en_ El criado de Don Juan _y la recia y sabrosa urdimbre +novelesca, palpitante de rebeldía, de amor y de dolor de_ Viernes Santo, +_de la condesa de Pardo Bazán. Palacio Valdés, el maestro solitario, os +ofrece su novela_ ¡Solo!, _digna de la pluma egregia que trazó_ La aldea +perdida. _Todas las palabras de elogio son pobres para este coloso de la +novela contemporánea_. El sencillo Don Rafael, cazador y tresillista _es +una conmovedora y grácil narración de Unamuno, el espíritu más hondo, +más multiforme, el corazón más en carne viva de esta época de +inquietudes de conciencia y de lucha desesperada por la vida y por las +ideas. Burla burlando_, El sencillo Don Rafael _es de una emoción que +hace llorar y a un tiempo ofrece un alto ejemplo de belleza moral dentro +de una naturalidad encantadora_. + +_José Nogales, el castellano artífice de la prosa, nos brinda_ Las tres +cosas del tío Juan, _el cuento a que debió su consagración. Arturo Reyes +fué un gran cuentista regional, como lo prueba en_ Cosas de hombre, +_lleno de gracejo, de ambiente, dueño de la dificilísima técnica del +arte del cuento. Como gratitud a la honda emoción estética que nos +dieron, pongamos un recuerdo, como una hoja de laurel, sobre la piedra +de estos dos ilustres cuentistas, muertos ya_. + +La epopeya de una zíngara, _de Joaquín Dicenta, es un jirón de realidad +salvaje, ensangrentada, aullante de dolor. Es de lo más personal de +este insigne dramaturgo español, todo pasión y violencia, que hoy, día +21 de Febrero, está encerrado entre las cuatro tablas hórridas de un +ataúd. ¡Taladrante coincidencia! Cuando me dispongo a hacer esta frívola +reseña, los periódicos dicen la muerte del autor de_ Juan José. _Fué un +gran corazón y un temperamento único, insuperable de artista_. La +epopeya de una zíngara _refleja fielmente el rico carácter emocional de +este escritor_. + +_El artista de la crónica, Pedro de Répide, nos regala con su novela_ La +enamorada indiscreta, _escrita donosamente y con toda pureza a la manera +clásica de la novela del siglo áureo_. + +_Pedro Mata, en_ Fuerte como la muerte, _traza una irónica elegía +henchida de emoción dramática_. + +_El prestigio de estos nombres y de los de Baroja y León nos hace +esperar que_ LA VOZ DE LA CONSEJA _sea un gran éxito editorial. En los +volúmenes sucesivos seguiremos publicando cuentos y novelas breves de +lo más florido de la intelectualidad española_. + +_Todas las orientaciones, todos los estilos, como guía del lector +quedarán grabados en estas páginas. Según sus afinidades, el que lea, +buscará después las obras completas de sus autores predilectos, La Casa +editorial Sanz Calleja ama el libro y cuida de su presentación con el +mayor gusto artístico; no es sólo el estímulo comercial el que la guía; +acomete la empresa romántica de hacer lectores y de_ hacer _libreros +amantes del libro español. Los libros de grandes firmas, de bella +presentación y muy baratos tendrán millares de lectores que acudirán al +mostrador del librero, y éste saldrá de su éxtasis de fakir, y al par +que gana dinero aprenderá a tomar cariño al libro. Hay que hacer la +reconquista espiritual de América: antaño fueron los capitanes, ogaño +son los mercaderes de libros_. + +_Hemos creído, juntamente editores y recopilador_, _que_ LA VOZ DE LA +CONSEJA _era un libro indispensable en esta labor de bibliofilia. +Además, hasta hoy no había una colección con honores de Antología de los +cuentistas castellanos modernos. Recuerdo unos trozos escogidos para +lectura en las escuelas de párvulos, que acababa en Jovellanos y +Martínez de la Rosa. Del siglo_ XIX _no se había editado nada, que yo +recuerde, hasta_ LA VOZ DE LA CONSEJA, _mientras que en Francia hay por +lo menos diez florilegios por cada generación literaria_. + +_En estas páginas daremos acogida, no sólo a los cuentistas españoles, +sino también a los hermanos en lengua cervantina de las Repúblicas +latinas de América. Tan españoles son como nosotros por la lengua, que +es el espíritu, razón más fuerte esta del idioma que la geográfica_. + +_En este primer tomo damos_ El Rey burgués, _de Rubén Darío, uno de los +grandes artistas_--_no de América ni de España, sino de la Humanidad y +de todos los tiempos_. + +_Abramos la primera página de_ LA VOZ DE LA CONSEJA _con el alma +despierta a la emoción del arte y recojámonos. La voz gloriosa de +Galdós, el patriarca de la novela, comienza a sonar. Devotamente, +oid_... + +_E. CARRERE_ + + + + +La Novela en el Tranvía. + +(GALDÓS) + + + + +LA NOVELA EN EL TRANVIA + + +I + +El coche partía de la extremidad del barrio de Salamanca, para atravesar +todo Madrid en dirección al de Pozas. Impulsado por el egoísta deseo de +tomar asiento antes que las demás personas movidas de iguales +intenciones, eché mano a la barra que sustenta la escalera de la +imperial, puse el pie en la plataforma y subí; pero en el mismo instante +¡oh previsión! tropecé con otro viajero que por el opuesto lado entraba. +Le miro y reconozco a mi amigo el Sr. D. Dionisio Cascajares de la +Vallina, persona tan inofensiva como discreta, que tuvo en aquella +crítica ocasión la bondad de saludarme con un sincero y entusiasta +apretón de manos. + +Nuestro inesperado choque no había tenido consecuencias de +consideración, si se exceptúa la abolladura parcial de cierto sombrero +de paja puesto en la extremidad de una cabeza de mujer inglesa, que +tras de mi amigo intentaba subir, y que sufrió sin duda por falta de +agilidad, el rechazo de su bastón. + +Nos sentamos sin dar al percance exagerada importancia, y empezamos a +charlar. El Sr. D. Dionisio Cascajares es un médico afamado, aunque no +por la profundidad de sus conocimientos patológicos, y un hombre de +bien, pues jamás se dijo de él que fuera inclinado a tomar lo ajeno, ni +a matar a sus semejantes por otros medios que por los de su peligrosa y +científica profesión. Bien puede asegurarse que la amenidad de su trato +y el complaciente sistema de no dar a los enfermos otro tratamiento que +el que ellos quieren, son causa de la confianza que inspira a multitud +de familias de todas jerarquías, mayormente cuando también es fama que +en su bondad sin límites presta servicios ajenos a la ciencia, aunque +siempre de índole rigurosamente honesta. + +Nadie sabe como él sucesos interesantes que no pertenecen al dominio +público, ni ninguno tiene en más estupendo grado la manía de preguntar, +si bien este vicio de exagerada inquisitividad se compensa en él por la +prontitud con que dice cuanto sabe, sin que los demás se tomen el +trabajo de preguntárselo. Júzguese por esto si la compañía de tan +hermoso ejemplar de la ligereza humana será solicitada por los curiosos +y por los lenguaraces. + +Este hombre, amigo mío, como lo es de todo el mundo, era el que sentado +iba junto a mí cuando el coche, resbalando suavemente por su calzada de +hierro, bajaba la calle de Serrano, deteniéndose alguna vez para llenar +los pocos asientos que quedaban ya vacíos. Ibamos tan estrechos que me +molestaba grandemente el paquete de libros que conmigo llevaba, y ya le +ponía sobre esta rodilla, ya sobre la otra, ya por fin me resolví a +sentarme sobre él, temiendo molestar a la señora inglesa, a quien cupo +en suerte colocarse a mi siniestra mano. + +--¿Y usted adónde va?--me preguntó Cascajares, mirándome por encima de +sus espejuelos azules, lo que me hacía el efecto de ser examinado por +cuatro ojos. + +Contestéle evasivamente, y él, deseando sin duda no perder aquel rato +sin hacer alguna útil investigación, insistió en sus preguntas diciendo: + +--Y Fulanito, ¿qué hace? Y Fulanito ¿dónde está? con otras indagatorias +del mismo jaez, que tampoco tuvieron respuesta cumplida. + +Por último, viendo cuán inútiles eran sus tentativas para pegar la +hebra, echó por camino más adecuado a su expansivo temperamento y empezó +a desembuchar. + +--¡Pobre Condesa!--dijo expresando con un movimiento de cabeza y un +visaje, su desinteresada compasión. Si hubiera seguido mis consejos no +se vería en situación tan crítica. + +--¡Ah! es claro--, contesté maquinalmente, ofreciendo también el tributo +de mi compasión a la señora Condesa. + +--¡Figúrese usted,--prosiguió,--que se han dejado dominar por aquel +hombre! Y aquel hombre llegará a ser el dueño de la casa. ¡Pobrecilla! +Cree que con llorar y lamentarse se remedia todo, y no. Urge tomar una +determinación. Porque ese hombre es un infame, le creo capaz de los +mayores crímenes. + +--¡Ah! ¡Sí es atroz!--dije yo, participando irreflexivamente de su +indignación. + +--Es como todos los hombres de malos instintos y de baja condición que +si se elevan un poco, luego no hay quien los sufra. Bien claro indica su +rostro que de allí no puede salir cosa buena. + +--Ya lo creo, eso salta a la vista. + +--Le explicaré a usted en breves palabras. La Condesa es una mujer +excelente, angelical, tan discreta como hermosa, y digna por todos +conceptos de mejor suerte. Pero está casada con un hombre que no +comprende el tesoro que posee, y pasa la vida entregado al juego y a +toda clase de entretenimientos ilícitos. Ella entretanto se aburre y +llora. ¿Es extraño que trate de sofocar su pena divirtiéndose +honestamente aquí, y allí, donde quiera que suena un piano? Es más, yo +mismo se lo aconsejo y le digo: «Señora, procure usted distraerse, que +la vida se acaba. Al fin el señor Conde se ha de arrepentir de sus +locuras y se acabarán las penas.» Me parece que estoy en lo cierto. + +--¡Ah! sin duda--, contesté con oficiosidad, continuando en mis adentros +tan indiferente como al principio a las desventuras de la Condesa. + +--Pero no es eso lo peor--añadió Cascajares, golpeando el suelo con su +bastón--sino que ahora el señor Conde ha dado en la flor de estar +celoso... sí, de cierto joven que se ha tomado a pechos la empresa de +distraer a la Condesa. + +--El marido tendrá la culpa de que lo consiga. + +--Todo eso sería insignificante, porque la Condesa es la misma virtud; +todo eso sería insignificante, digo, si no existiera un hombre +abominable que sospecho ha de causar un desastre en aquella casa. + +--¿De veras? ¿Y quién es ese hombre?--pregunté con una chispa de +curiosidad. + +--Un antiguo mayordomo muy querido del Conde, y que se ha propuesto +martirizar a la infeliz cuanto sensible señora. Parece que se ha +apoderado de cierto secreto que la compromete, y con esta arma +pretende... qué sé yo... ¡Es una infamia! + +--Sí que lo es, y ello merece un ejemplar castigo--dije yo, descargando +también el peso de mis iras sobre aquel hombre. + +--Pero ella es inocente; ella es un ángel... Pero, ¡calle! estamos en la +Cibeles. Sí; ya veo a la derecha el parque de Buenavista. Mande usted +parar, mozo; que no soy de los que hacen la gracia de saltar cuando el +coche está en marcha, para descalabrarse contra los adoquines. Adiós, mi +amigo, adiós. + +Paró el coche y bajó D. Dionisio Cascajares y de la Vallina, después de +darme otro apretón de manos y de causar segundo desperfecto en el +sombrero de la dama inglesa, aún no repuesta del primitivo susto. + + +II + +Siguió el ómnibus su marcha y ¡cosa singular! yo a mi vez seguí pensando +en la incógnita Condesa, en su cruel y suspicaz consorte, y sobre todo +en el hombre siniestro que, según la enérgica expresión del médico, a +punto estaba de causar un desastre en la casa. Considera, lector, lo que +es el humano pensamiento: cuando Cascajares principió a referirme +aquellos sucesos, yo renegaba de su inoportunidad y pesadez, mas poco +tardó mi mente en apoderarse de aquel mismo asunto, para darle vueltas +de arriba abajo, operación psicológica que no deja de ser estimulada por +la regular marcha del coche y el sordo y monótono rumor de sus ruedas, +limando el hierro de los carriles. + +Pero al fin dejé de pensar en lo que tan poco me interesaba, y +recorriendo con la vista el interior del coche, examiné uno por uno a +mis compañeros de viaje. ¡Cuán distintas caras y cuán diversas +expresiones! Unos parecen no inquietarse ni lo más mínimo de los que van +a su lado; otros pasan revista al corrillo con impertinente curiosidad; +unos están alegres, otros tristes, aquel bosteza, el de más allá ríe, y +a pesar de la brevedad del trayecto, no hay uno que no desee terminarlo +pronto. Pues entre los mil fastidios de la existencia, ninguno aventaja +al que consiste en estar una docena de personas mirándose las caras sin +decirse palabra, y contándose recíprocamente sus arrugas, sus lunares, y +éste o el otro accidente observado en el rostro o en la ropa. + +Es singular este breve conocimiento con personas que no hemos visto y +que probablemente no volveremos a ver. Al entrar, ya encontramos a +alguien; otros vienen después que estamos allí; unos se marchan, +quedándonos nosotros, y por último también nos vamos. Imitación es esto +de la vida humana, en que el nacer y el morir son como las entradas y +salidas a que me refiero, pues van renovando sin cesar en generaciones +de viajeros el pequeño mundo que allí dentro vive. Entran, salen; nacen, +mueren... ¡Cuántos han pasado por aquí antes que nosotros! + +¡Cuántos vendrán después! + +Y para que la semejanza sea más completa, también hay un mundo chico de +pasiones en miniatura dentro de aquel cajón. Muchos van allí que se nos +antojan excelentes personas, y nos agrada su aspecto y hasta les vemos +salir con disgusto. Otros, por el contrario, nos revientan desde que les +echamos la vista encima: les aborrecemos durante diez minutos; +examinamos con cierto rencor sus caracteres frenológicos y sentimos +verdadero gozo al verles salir. Y en tanto sigue corriendo el vehículo, +remedo de la vida humana; siempre recibiendo y soltando, uniforme, +incansable, majestuoso, insensible a lo que pasa en su interior; sin que +le conmuevan ni poco ni mucho las mal sofocadas pasioncillas de que es +mudo teatro; siempre corriendo, corriendo sobre las dos interminables +paralelas de hierro, largas y resbaladizas como los siglos. + +Pensaba en esto mientras el coche subía por la calle de Alcalá, hasta +que me sacó del golfo de tan revueltas cavilaciones el golpe de mi +paquete de libros al caer al suelo. Recogido al instante, mis ojos se +fijaron en el pedazo de periódico que servía de envoltorio a los +volúmenes, y maquinalmente leyeron medio renglón de lo que allí estaba +impreso. De súbito sentí vivamente picada mi curiosidad; había leído +algo que me interesaba, y ciertos nombres esparcidos en el pedazo de +folletón hirieron a un tiempo la vista y el recuerdo. Busqué el +principio y no lo hallé: el papel estaba roto, y únicamente pude leer, +con curiosidad primero y después con afán creciente, lo que sigue: + +«Sentía la Condesa una agitación indescriptible. La presencia de +Mudarra, el insolente mayordomo, que olvidando su bajo orígen atrevíase +a poner los ojos en persona tan alta, le causaba continua zozobra. El +infame la estaba espiando sin cesar, la vigilaba como se vigila a un +preso. Ya no le detenía ningún respeto, ni era obstáculo a su infame +asechanza la debilidad y delicadeza de tan excelente señora. + +»Mudarra penetró a deshora en la habitación de la Condesa, que pálida y +agitada, sintiendo a la vez vergüenza y terror, no tuvo ánimo para +despedirle. + +--»No se asuste usía, señora Condesa--, dijo con forzada y siniestra +sonrisa, que aumentó la turbación de la dama;--no vengo a hacer a usía +daño alguno. + +--»¡Oh, Dios mío! ¡Cuándo acabará este suplicio!--exclamó la dama, +dejando caer sus brazos con desaliento. Salga usted; yo no puedo acceder +a sus deseos. ¡Qué infamia! ¡Abusar de ese modo de mi debilidad, y de la +indiferencia de mi esposo, único autor de tantas desdichas! + +--»¿Por qué tan arisca, señora Condesa?--añadió el feroz mayordomo--. Si +yo no tuviera el secreto de su perdición en mi mano; si yo no pudiera +imponer al señor Conde de ciertos particulares... pues... referentes a +aquel caballerito... Pero, no abusaré, no, de estas terribles armas. +Usted me comprenderá al fin, conociendo cuán desinteresado es el grande +amor que ha sabido inspirarme. + +»Al decir esto, Mudarra dió algunos pasos hacia la Condesa, que se alejó +con horror y repugnancia de aquel monstruo. + +»Era Mudarra un hombre como de cincuenta años, moreno, rechoncho y +patizambo, de cabellos ásperos y en desorden, grande y colmilluda la +boca. Sus ojos medio ocultos tras la frondosidad de largas, negras y +espesísimas cejas, en aquellos instantes expresaban la más bestial +concupiscencia. + +--»¡Ah, puerco espín!--exclamó con ira al ver el natural despego de la +dama.--¡Qué desdicha no ser un mozalbete almidonado! Tanto remilgo +sabiendo que puedo informar al señor Conde... Y me creerá, no lo dude +usía: el señor Conde tiene en mí tal confianza, que lo que yo digo es +para él el mismo Evangelio... pues... y como está celoso... si yo le +presento el papelito... + +--»¡Infame!--gritó la Condesa con noble arranque de indignación y +dignidad.--Yo soy inocente; y mi esposo no será capaz de prestar oídos a +tan viles calumnias. Y aunque fuera culpable prefiero mil veces ser +despreciada por mi marido y por todo el mundo, a comprar mi tranquilidad +a ese precio. Salga usted de aquí al instante. + +--»Yo también tengo mal genio, señora Condesa--, dijo el mayordomo +devorando su rabia--; yo también gasto mal genio, y cuando me amosco... +Puesto que usía lo toma por la tremenda, vamos por la tremenda. Ya sé lo +que tengo que hacer, y demasiado condescendiente he sido hasta aquí. Por +última vez propongo a usía que seamos amigos, y no me ponga en el caso +de hacer un disparate... con que señora mía... + +»Al decir esto Mudarra contrajo la pergaminosa piel y los rígidos +tendones de su rostro haciendo una mueca parecida a una sonrisa, y dió +algunos pasos como para sentarse en el sofá junto a la Condesa. Esta se +levantó de un salto gritando:--«¡No; salga usted! ¡Infame! Y no tener +quien me defienda... ¡Salga usted!» + +»El mayordomo, entonces era como una fiera a quien se escapa la presa +que ha tenido un momento antes entre sus uñas. Dió un resoplido, hizo un +gesto de amenaza y salió despacio con pasos muy quedos. La Condesa, +trémula y sin aliento, refugiada en la extremidad del gabinete, sintió +las pisadas que alejándose se perdían en la alfombra de la habitación +inmediata y respiró al fin cuando le consideró lejos. Cerró las puertas +y quiso dormir; pero el sueño huía de sus ojos aún aterrados con la +imagen del monstruo. + +»CAPITULO XI.--_El Complot_.--Mudarra, al salir de la habitación de la +Condesa, se dirigió a la suya y dominado por fuerte inquietud nerviosa, +comenzó a registrar cartas y papeles diciendo entre dientes. «Ya no +aguanto más; me las pagará todas juntas.» Después se sentó, tomó la +pluma, y poniendo delante una de aquellas cartas, y examinándola bien +empezó a escribir otra tratando de remedar la letra. Mudaba la vista con +febril ansiedad del modelo a la copia y por último después de gran +trabajo escribió con caracteres enteramente iguales a los del modelo la +carta siguiente, cuyo sentido era de su propia cosecha: _Había +prometido a usted una entrevista y me apresuro...»_ + +El folletín estaba roto y no pudo leer más. + + +III + +Sin apartar la vista del paquete, me puse a pensar en la relación que +existía entre las noticias sueltas que oí de boca del señor Cascajares y +la escena leída en aquel papelucho, folletín, sin duda, traducido de +alguna desatinada novela de Ponson du Terrail o de Montepín. Será una +tontería, dije para mí, pero es lo cierto que ya me inspira interés esa +señora Condesa, víctima de la barbarie de un mayordomo imposible, cual +no existe sino en la trastornada cabeza de algún novelista nacido para +aterrar a las gentes sencillas. ¿Y qué haría el maldito para vengarse? +Capaz sería de imaginar cualquiera atrocidad de esas que ponen fin a un +capítulo de sensación ¿Y el Conde, qué hará? Y aquel mozalbete de quien +hablaron Cascajares en el coche y Mudarra en el folletín ¿qué hará? +¿quién será? ¿Qué hay entre la Condesa y ese incógnito caballerito? Algo +daría por saber... + +Esto pensaba, cuando alcé los ojos, recorrí con ellos el interior del +coche, y ¡horror! vi una persona que me hizo estremecer de espanto. +Mientras estaba yo embebido en la interesante lectura del pedazo de +folletín, el tranvía se había detenido varias veces para tomar o dejar +algún viajero. En una de estas ocasiones había entrado aquel hombre, +cuya súbita presencia me produjo tan grande impresión. Era él, Mudarra, +el mayordomo en persona, sentado frente a mí, con sus rodillas tocando +mis rodillas. En un segundo le examiné de pies a cabeza y reconocí las +facciones cuya descripción había leído. No podía ser otro: hasta los más +insignificantes detalles de su vestido indicaban claramente que era él. +Reconocí la tez morena y lustrosa, los cabellos indomables, cuyas mechas +surgían en opuestas direcciones como las culebras de Medusa, los ojos +hundidos bajo la espesura de unas agrestes cejas, las barbas, no menos +revueltas e incultas que el pelo, los pies torcidos hacia dentro como +los de los loros, y en fin, la misma mirada, el mismo hombre en el +aspecto, en el traje, en el respirar, en el toser, hasta en el modo de +meterse la mano en el bolsillo para pagar. + +De pronto le vi sacar una cartera, y observé que este objeto tenía en la +cubierta una gran _M_ dorada, la inicial de su apellido. Abrióla, sacó +una carta y miró el sobre con sonrisa de demonio, y hasta me pareció que +decía entre dientes: + +«¡Qué bien imitada está la letra!» En efecto, era una carta pequeña, con +el sobre garabateado por mano femenina. Lo miró bien, recreándose en su +infame obra, hasta que observó que yo con curiosidad indiscreta y +descortés alargaba demasiado el rostro para leer el sobrescrito. +Dirigióme una mirada que me hizo el efecto de un golpe, y guardó su +cartera. + +El coche seguía corriendo, y en el breve tiempo necesario para que yo +leyera el trozo de novela, para que pensara un poco en tan extrañas +cosas, para que viera al propio Mudarra, novelesco, inverosímil, +convertido en ser vivo y compañero mío en aquel viaje, había dejado +atrás la calle de Alcalá, atravesaba la Puerta del Sol y entraba +triunfante en la calle Mayor, abriéndose paso por entre los demás +coches, haciendo correr a los carromatos rezagados y perezosos, y +ahuyentando a los peatones, que en el tumulto de la calle, y aturdidos +por la confusión de tantos y tan diversos ruidos, no ven la mole que se +les viene encima sino cuando ya la tienen a muy poca distancia. + +Seguía yo contemplando aquel hombre como se contempla un objeto de cuya +existencia real no estamos seguros, y no quité los ojos de su +repugnante facha hasta que no le vi levantarse, mandar parar el coche y +salir, perdiéndose luego entre el gentío de la calle. + +Salieron y entraron varias personas y la decoración viviente del coche +mudó por completo. + +Cada vez era más viva la curiosidad que me inspiraba aquel suceso, que +al principio podía considerar como forjado exclusivamente en mi cabeza +por la coincidencia de varias sensaciones ocasionadas por la +conversación o por la lectura, pero que al fin se me figuraba cosa +cierta y de indudable realidad. + +Cuando salió el hombre en quien creí ver el terrible mayordomo, quedéme +pensando en el incidente de la carta y me lo expliqué a mi manera, no +queriendo ser en tan delicada cuestión menos fecundo que el novelista, +autor de lo que momentos antes había leído. Mudarra, pensé, deseoso de +vengarse de la Condesa, ¡oh, infortunada señora! finge su letra y +escribe una carta a cierto caballerito, con quien hubo esto y lo otro y +lo de más allá. En la carta le da una cita en su propia casa; llega el +joven a la hora indicada y poco después el marido, a quien se ha tenido +cuidado de avisar, para que coja _in fraganti_ a su desleal esposa: ¡oh +admirable recurso del ingenio! Ésto, que en la vida tiene su pro y su +contra, en una novela viene como anillo al dedo. La dama se desmaya, el +amante se turba, el marido hace una atrocidad, y detrás de la cortina +está el fatídico semblante del mayordomo que se goza en su endiablada +venganza. + +Lector yo de muchas y muy malas novelas, di aquel giro a la que +insensiblemente iba desarrollándose en mi imaginación por las palabras +de un amigo, la lectura de un trozo de papel y la vista de un +desconocido. + + +IV + +Andando, andando seguía el coche y ya por causa del calor que allí +dentro se sentía, ya porque el movimiento pausado y monótono del +vehículo produce cierto mareo que degenera en sueño, lo cierto es que +sentí pesados los párpados, me incliné del costado izquierdo, apoyando +el codo en el paquete de libros, y cerré los ojos. En esta situación +continué viendo la hilera de caras de ambos sexos que ante mí tenía, +barbadas unas, limpias de pelo las otras, aquéllas riendo, éstas muy +acartonadas y serias. Después me pareció que obedeciendo a la +contracción de un músculo común, todas aquellas caras hacían muecas y +guiños, abriendo y cerrando los ojos y las bocas, y mostrándome +alternativamente una serie de dientes que variaban desde los más blancos +hasta los más amarillos, afilados unos, romos y gastados los otros. +Aquellas ocho narices erigidas bajo diez y seis ojos diversos en color y +expresión, crecían o menguaban, variando de forma; las bocas se abrían +en línea horizontal, produciendo mudas carcajadas, o se estiraban hacia +adelante formando hocicos puntiagudos, parecidos al interesante rostro +de cierto benemérito animal que tiene sobre sí el anatema de no poder +ser nombrado. + +Por detrás de aquellas ocho caras, cuyos horrendos visajes he descrito, +y al través de las ventanillas del coche, yo veía la calle y las casas, +los transeuntes, todo en veloz carrera, como si el tranvía anduviese con +rapidez vertiginosa. Yo por lo menos creía que marchaban más aprisa que +nuestros ferrocarriles, más que los franceses, más que los ingleses, más +que los norteamericanos; corría con toda la velocidad que puede suponer +la imaginación, tratándose de la traslación de lo sólido. + +A medida que era más intenso aquel estado letargoso, se me figuraba que +iban desapareciendo las casas, las calles, Madrid entero. Por un +instante creí que el tranvía corría por lo más profundo de los mares: +al través de los vidrios se veían los cuerpos de cetáceos enormes, los +miembros pegajosos de una multitud de pólipos de diversos tamaños. Los +peces chicos sacudían sus colas resbaladizas contra los cristales, +algunos miraban adentro con sus grandes y dorados ojos. Crustáceos de +forma desconocida, grandes moluscos, madréporas, esponjas y una multitud +de bivalvos grandes y deformes cual nunca yo los había visto, pasaban +sin cesar. El coche iba tirado por no sé qué especie de nadantes +monstruos, cuyos remos, luchando con el agua, sonaban como las paletas +de una hélice, tornillaban la masa líquida con su infinito voltear. + +Esta visión se iba extinguiendo: después parecióme que el coche corría +por los aires, volando en dirección fija y sin que lo agitaran los +vientos. Al través de los cristales no se veía nada, más que espacio: +las nubes nos envolvían a veces; una lluvia violenta y repentina +tamborileaba en la imperial; de pronto salíamos al espacio puro inundado +de sol, para volver de nuevo a penetrar en el vaporoso seno de celajes +inmensos, ya rojos, ya amarillos, tan pronto de ópalo como de amatista, +que iban quedándose atrás en nuestra marcha. Pasábamos luego por un +sitio del espacio en que flotaban masas resplandecientes de un finísimo +polvo de oro; más adelante, aquella polvareda que a mí se me antojaba +producida por el movimiento de las ruedas triturando la luz, era de +plata, después verde como harina de esmeraldas, y por último, roja como +harina de rubíes. El coche iba arrastrado por algún volátil +apocalíptico, más fuerte que el hipógrifo y más atrevido que el dragón; +y el rumor de las ruedas y de la fuerza motriz recordaba el zumbido de +las grandes aspas de un molino de viento, o más bien el de un abejorro +del tamaño de un elefante. Volábamos por el espacio sin fin, sin llegar +nunca; entretanto la tierra quedábase abajo, a muchas leguas de nuestros +pies; y en la tierra, España, Madrid, el barrio de Salamanca, +Cascajares, la Condesa, el Conde, Mudarra, el incógnito galán, todos +ellos. + +Pero no tardé en dormirme profundamente; y entonces el coche cesó de +andar, cesó de volar, y desapareció para mí la sensación de que iba en +tal coche, no quedando más que el ruido monótono y profundo de las +ruedas, que no nos abandona jamás en nuestras pesadillas dentro de un +tren o en el camarote de un vapor. Me dormí... ¡Oh infortunada Condesa! +La vi tan clara como estoy viendo en este instante el papel en que +escribo; la vi sentada junto a un velador, la mano en la mejilla, triste +y meditabunda como una estatua de la melancolía. A sus pies estaba +acurrucado un perrillo, que me pareció tan triste como su interesante +ama. + +Entonces pude examinar a mis anchas a la mujer que yo consideraba como +la desventura en persona. Era de alta estatura, rubia, con grandes y +expresivos ojos, nariz fina, y casi, casi grande, de forma muy correcta +y perfectamente engendrada por las dos curvas de sus hermosas y +arqueadas cejas. Estaba peinada sin afectación, y en esto, como en su +traje, se comprendía que no pensaba salir aquella noche. ¡Tremenda, mil +veces tremenda noche! Yo observaba con creciente ansiedad la hermosa +figura que tanto deseaba conocer, y me pareció que podía leer sus ideas +en aquella noble frente donde la costumbre de la reconcentración mental +había trazado unas cuantas líneas imperceptibles, que el tiempo +convertiría pronto en arrugas. + +De repente se abre la puerta dando paso a un hombre. La Condesa dió un +grito de sorpresa y se levantó muy agitada. + +--¿Qué es esto?--dijo--Rafael. Usted... ¿Qué atrevimiento? ¿Cómo ha +entrado usted aquí? + +--Señora--contestó el que había entrado, joven de muy buen porte.--¿No +me esperaba usted?--He recibido una carta suya... + +--¡Una carta mía!--exclamó más agitada la Condesa.--Yo no he escrito +carta ninguna. ¿Y para qué había de escribirla? + +--Señora, vea usted--repuso el joven sacando la carta y +mostrándosela;--es su letra, su misma letra. + +--¡Dios mío! ¡Qué infernal maquinación!--dijo la dama con +desesperación.--Yo no he escrito esa carta. Es un lazo que me tienden... + +--Señora, cálmese usted... yo siento mucho... + +--Sí; lo comprendo todo... Ese hombre infame... Ya sospecho cuál habrá +sido su idea. Salga usted al instante... Pero ya es tarde; ya siento la +voz de mi marido. + +En efecto, una voz atronadora se sintió en la habitación inmediata, y al +poco rato entró el Conde, que fingió sorpresa de ver al galán, y +después, riendo con cierta afectación, le dijo: + +--¡Oh! Rafael, usted por aquí... ¡Cuánto tiempo!... Venía usted a +acompañar a Antonia... Con eso nos acompañará a tomar el te. + +La Condesa y su esposo cambiaron una mirada siniestra. El joven, en su +perplejidad, apenas acertó a devolver al Conde su saludo. Vi que +entraron y salieron criados; vi que trajeron un servicio de te y +desaparecieron después, dejando solos a los tres personajes. Iba a +pasar algo terrible. + +Sentáronse: la Condesa parecía difunta, el Conde afectaba una hilaridad +aturdida, semejante a la embriaguez, y el joven callaba, contestándole +sólo con monosílabos. Sirvió el te, y el Conde alargó a Rafael una de +las tazas, no una cualquiera, sino una determinada. La Condesa miró +aquella taza con tal expresión de espanto, que pareció echar en ella +todo su espíritu. Bebieron en silencio, acompañando la poción con muchas +variedades de las sabrosas pastas _Huntley and Palmers_, y otras +menudencias propias de tal clase de cena. Después el Conde volvió a reir +con la desaforada y ruidosa expansión que le era peculiar aquella noche, +y dijo: + +--¡Cómo nos aburrimos! Usted, Rafael, no dice una palabra. Antonia, toca +algo. Hace tanto tiempo que no te oímos. Mira... aquella pieza de +Gorstchack que se titula _Morte_... La tocabas admirablemente. Vamos, +ponte al piano. + +La Condesa quiso hablar; érale imposible articular palabra. El Conde la +miró de tal modo, que la infeliz cedió ante la terrible expresión de sus +ojos, como la paloma fascinada por el boa _constrictor_. Se levantó +dirigiéndose al piano, y ya allí, el marido debió decirle algo que la +aterró más, acabando de ponerla bajo su infernal dominio. Sonó el +piano, heridas a la vez multitud de cuerdas, y corriendo de las graves a +las agudas, las manos de la dama despertaron en un segundo los +centenares de sonidos que dormían mudos en el fondo de la caja. Al +principio era la música una confusa reunión de sones que aturdía en vez +de agradar; pero luego serenóse aquella tempestad, y un canto fúnebre y +temeroso como el _Dies iræ_ surgió de tal desorden. Yo creía escuchar el +son triste de un coro de cartujos, acompañado con el bronco mugido de +los fagots. Sentíanse después ayes lastimeros como nos figuramos han de +ser los que exhalan las ánimas, condenadas en el purgatorio a pedir +incesantemente un perdón que ha de llegar muy tarde. + +Volvían luego los arpegios prolongados y ruidosos, y las notas se +encabritaban unas sobre otras como disputándose cuál ha de llegar +primero. Se hacían y deshacían los acordes, como se forma y desbarata la +espuma de las olas. La armonía fluctuaba y hervía en una marejada sin +fin, alejándose hasta perderse, y volviendo más fuerte en grandes y +atropellados remolinos. + +Yo continuaba extasiado oyendo la música imponente y majestuosa; no +podía ver el semblante de la Condesa, sentada de espaldas a mí; pero me +la figuraba en tal estado de aturdimiento y pavor, que llegué a pensar +que el piano se tocaba solo. + +El joven estaba detrás de ella, el Conde a su derecha, apoyado en el +piano. De vez en cuando levantaba ella la vista para mirarle; pero debía +encontrar expresión muy horrenda en los ojos de su consorte, porque +tornaba a bajar los suyos y seguía tocando. De repente el piano cesó de +sonar y la Condesa dió un grito. + +En aquel instante sentí un fortísimo golpe en un hombro, me sacudí +violentamente y desperté. + + +V + +En la agitación de mi sueño había cambiado de postura y me había dejado +caer sobre la venerable inglesa que a mi lado iba. + +--¡Aaah! usted... _sleeping_... molestar... _mi_--dijo con avinagrado +mohín, mientras rechazaba mi paquete de libros que había caído sobre sus +rodillas. + +--Señora... es verdad... me dormí--contesté turbado al ver que todos los +viajeros se reían de aquella escena. + +--¡Oooh!... yo soy... _going_... _to_ decir al _coachman_... usted +molestar... mi... usted, caballero... _very shocking_--añadió la inglesa +en su jerga ininteligible.--_¡Oooh!_ usted creer... _my body_ es... su +cama _for usted_... _to sleep. ¡Oooh! gentleman you are a stupid ass_. + +Al decir esto, la hija de la Gran Bretaña, que era de sí bastante +amoratada, estaba lo mismo que un tomate. Creyérase que la sangre +agolpada a sus carrillos y a su nariz a brotar iba por sus candentes +poros. Me mostraba cuatro dientes puntiagudos y muy blancos, como si me +quisiera roer. Le pedí mil perdones por mi sueño descortés, recogí mi +paquete y pasé revista a las nuevas caras que dentro del coche había. +Figúrate, ¡oh cachazudo y benévolo lector! ¡cuál sería mi sorpresa +cuando vi frente a mí, ¿a quién creerás? Al joven de la escena soñada, +al mismo don Rafael en persona. Me restregué los ojos para convencerme +de que no dormía, y en efecto, despierto estaba y tan despierto como +ahora. + +Era él, el mismo, y conversaba con otro que a su lado iba. Puse atención +y escuché con toda mi alma. + +--¿Pero tú no sospechaste nada?--le decía el otro. + +--Algo, sí; pero callé. Parecía difunta; tal era su terror. Su marido la +mandó tocar el piano y ella no se atrevió a resistir. Tocó, como +siempre, de una manera admirable, y oyéndola llegué a olvidarme de la +peligrosa situación en que nos encontrábamos. A pesar de los esfuerzos +que ella hacía para aparecer serena, llegó un momento en que le fué +imposible fingir más. Sus brazos se aflojaron, y resbalando de las +teclas echó la cabeza atrás y dió un grito. Entonces su marido sacó un +puñal, y dando un paso hacia ella exclamó con furia: «Toca o te mato al +instante.» Al ver esto hirvió mi sangre toda: quise echarme sobre aquel +miserable; pero sentí en mi cuerpo una sensación que no puedo pintarte; +creí que repentinamente se había encendido una hoguera en mi estómago; +fuego corría por mis venas; las sienes me latieron, y caí al suelo sin +sentido. + +--Y antes, ¿no conociste los síntomas del envenenamiento?--le preguntó +el otro. + +--Notaba cierta desazón y sospeché vagamente, pero nada más. El veneno +estaba bien preparado, porque hizo el efecto tarde y no me mató, aunque +sí me ha dejado una enfermedad para toda la vida. + +--Y después que perdiste el sentido, ¿qué pasó? + +Rafael iba a contestar y yo le escuchaba como si de sus palabras +pendiera un secreto de vida o muerte, cuando el coche paró. + +--¡Ah! ya estamos en los Consejos: bajemos--dijo Rafael. + +¡Qué contrariedad! Se marchaban, y yo no sabía el fin de la historia. + +--Caballero, caballero, una palabra--dije al verlos salir. + +El joven se detuvo y me miró. + +--¿Y la Condesa? ¿Qué fué de esa señora?--pregunté con mucho afán. + +Una carcajada general fué la única respuesta. Los dos jóvenes, riéndose +también, salieron sin contestarme palabra. El único sér vivo que +conservó su serenidad de esfinge en tan cómica escena fué la inglesa, +que indignada de mis extravagancias, se volvió a los demás viajeros +diciendo: + +--_¡Oooh! A lunatic fellow_. + + +VI + +El coche seguía y a mí me abrasaba la curiosidad por saber qué había +sido de la desdichada Condesa. ¿La mató su marido? Yo me hacía cargo de +las intenciones de aquel malvado. Ansioso de gozarse en su venganza, +como todas las almas crueles, quería que su mujer presenciase, sin dejar +de tocar, la agonía de aquel incauto joven llevado allí por una vil +celada de Mudarra. + +Mas era imposible que la dama continuara haciendo desesperados esfuerzos +por mantener su serenidad, sabiendo que Rafael había bebido el veneno. +¡Trágica y espeluznante escena!--pensaba yo, más convencido cada vez de +la realidad de aquel suceso--¡y luego dirán que estas cosas sólo se ven +en las novelas! + +Al pasar por delante de Palacio el coche se detuvo, y entró una mujer +que traía un perrillo en sus brazos. Al instante reconocí al perro que +había visto recostado a los pies de la Condesa; era el mismo, la misma +lana blanca y fina, la misma mancha negra en una de sus orejas. La +suerte quiso que aquella mujer se sentara a mi lado. No pudiendo yo +resistir la curiosidad, le pregunté: + +--¿Es de usted ese perro tan bonito? + +--¿Pues de quién ha de ser? ¿Le gusta a usted? + +Cogí una de las orejas del inteligente animal para hacerle una caricia; +pero él, insensible a mis demostraciones de cariño, ladró, dió un salto +y puso sus patas sobre las rodillas de la inglesa, que me volvió a +enseñar sus dos dientes como queriéndome roer, y exclamó: + +--¡Ooooh! usted... _unsupportable_. + +--¿Y dónde ha adquirido usted ese perro?--pregunté sin hacer caso de la +nueva explosión colérica de la mujer británica.--¿Se puede saber? + +--Era de mi señorita. + +--¿Y qué fué de su señorita?--dije con la mayor ansiedad. + +--¡Ah! ¿Usted la conocía?--repuso la mujer.--Era muy buena, _¿verdá +usté?_ + +--¡Oh! excelente... Pero ¿podría yo saber en qué paró todo aquello? + +--De modo que usted está enterado, usted tiene noticias... + +--Sí, señora... He sabido todo lo que ha pasado, hasta aquello del te... +pues. Y diga usted, ¿murió la señora? + +--¡Ah! Sí, señor: está en la gloria. + +--¿Y cómo fué eso? La asesinaron, o fué a consecuencia del susto. + +--¡Qué asesinato, ni qué susto!--dijo con expresión burlona.--Usted no +está enterado. Fué que aquella noche había comido no sé qué, pues... y +le hizo daño... Le dió un desmayo que le duró hasta el amanecer. + +--Bah--pensé yo--ésta no sabe una palabra del incidente del piano y del +veneno, o no quiere darse por entendida. + +Después dije en alta voz: + +--¿Con que fué de indigestión? + +--Sí, señor. Yo le había dicho aquella noche: «Señora: no coma usted +esos mariscos»; pero no me hizo caso. + +--Con que mariscos, ¿eh?--dije con incredulidad.--Si sabré yo lo que ha +ocurrido. + +--¿No lo cree usted? + +--Sí... sí--repuse aparentando creerlo.--¿Y el Conde, su marido, el que +sacó el puñal cuando tocaba el piano? + +La mujer me miró un instante y después soltó la risa en mis propias +barbas. + +--¿Se ríe usted...? ¡Bah! ¿Piensa usted que no estoy perfectamente +enterado? Ya comprendo; usted no quiere contar los hechos como realmente +son. Ya se ve: como habrá causa criminal... + +--Es que ha hablado usted de un conde y de una condesa. + +--¿No era el ama de ese perro la señora Condesa, a quien el mayordomo +Mudarra... + +La mujer volvió a soltar la risa con tal estrépito, que me desconcerté, +diciendo para mi capote: Esta debe de ser cómplice de Mudarra, y, +naturalmente, ocultará todo lo que pueda. + +--Usted está loco--añadió la desconocida. + +--_Lunatic_, _lunatic_. _M_... _suffocated_... _¡Oooh! ¡my Godi!_ + +--Si lo sé todo; vamos, no me lo oculte usted. Dígame de qué murió la +señora Condesa. + +--¡Qué condesa ni qué ocho cuartos, hombre de Dios!--exclamó la mujer, +riendo con más fuerza. + +--¡Si cree usted que me engaña a mí con sus risitas!--contesté.--La +Condesa ha muerto envenenada o asesinada; no me queda la menor duda. + +En esto llegó el coche al barrio de Pozas y yo al término de mi viaje. +Salimos todos: la inglesa me echó una mirada que indicaba su regocijo +por verse libre de mí, y cada cual se dirigió a su destino. Yo seguí a +la mujer del perro, aturdiéndola con preguntas, hasta que se metió en su +casa, riendo siempre de mi empeño en averiguar vidas ajenas. Al verme +solo en la calle recordé el objeto de mi viaje y me dirigí a la casa +donde debía entregar aquellos libros. Devolvílos a la persona que me los +había pedido para leerlos, y me puse a pasear frente al Buen Suceso, +esperando a que saliese de nuevo el coche para regresar al extremo de +Madrid. + +No podía apartar de la imaginación a la infortunada Condesa, y cada vez +me confirmaba más en mi idea de que la mujer con quien últimamente hablé +había querido engañarme, ocultando la verdad de la misteriosa tragedia. + +Esperé mucho tiempo, y al fin, anocheciendo ya, el coche se dispuso a +partir. Entré, y lo primero que mis ojos vieron fué la señora inglesa +sentadita donde antes estaba. Cuando me vió subir y tomar sitio a su +lado, la expresión de su rostro no es definible; se puso otra vez como +la grana, exclamando: + +--_¡Ooooh!_... usted... mi quejarse al _coachman_... usted reventar _mi +fort it_. + +Tan preocupado estaba yo con mis confusiones, que sin hacerme cargo de +lo que la inglesa me decía en su híbrido y trabajoso lenguaje, le +contesté: + +--Señora, no hay duda de que la Condesa murió envenenada o asesinada. +Usted no tiene idea de la ferocidad de aquel hombre. + +Seguía el coche, y de trecho en trecho deteníase para recoger pasajeros. +Cerca del Palacio real entraron tres, tomando asiento enfrente de mí. +Uno de ellos era un hombre alto, seco y huesudo, con muy severos ojos y +un hablar campanudo que imponía respeto. + +No hacía diez minutos que estaban allí, cuando este hombre se volvió a +los otros dos y dijo: + +--¡Pobrecilla! ¡Cómo clamaba en sus últimos instantes! La bala le entró +por encima de la clavícula derecha y después bajó hasta el corazón. + +--¿Cómo?--exclamé yo repentinamente.--¿Conque fué de un tiro? ¿No murió +de una puñalada? + +Los tres se miraron con sorpresa. + +--De un tiro, sí, señor--dijo con cierto desabrimiento el alto, seco y +huesoso. + +--Y aquella mujer sostenía que había muerto de una indigestión--dije, +interesándome más cada vez en aquel asunto.--Cuente usted, ¿y cómo fué? + +--¿Y a usted qué le importa?--dijo el otro, con muy avinagrado gesto. + +--Tengo mucho interés por conocer el fin de esa horrorosa tragedia. ¿No +es verdad que parece cosa de novela? + +--¿Qué novela ni que niño muerto? Usted está loco o quiere burlarse de +nosotros. + +--Caballerito, cuidado con las bromas--añadió el alto y seco. + +--¿Creen ustedes que no estoy enterado? Lo sé todo, he presenciado +varias escenas de ese horrendo crimen. Pero dicen ustedes que la Condesa +murió de un pistoletazo. + +--¡Válgame Dios! Nosotros no hemos hablado de Condesa, sino de mi perra, +a quien cazando, disparamos inadvertidamente un tiro. Si usted quiere +bromear, puede buscarme en otro sitio, y ya le contestaré como merece. + +--Ya, ya comprendo: ahora hay empeño en ocultar la verdad--manifesté, +juzgando que aquellos hombres querían desorientarme en mis pesquisas, +convirtiendo en perra a la desdichada señora. + +Ya preparaba el otro su contestación, sin duda más enérgica de lo que el +caso requería, cuando la inglesa se llevó el dedo a la sien, como para +indicarles que yo no regía bien de la cabeza. Calmáronse con esto, y no +dijeron una palabra más en todo el viaje, que terminó para ellos en la +Puerta del Sol. Sin duda me habían tenido miedo. + +Yo continuaba tan dominado por aquella idea, que en vano quería serenar +mi espíritu, razonando los verdaderos términos de tan embrollada +cuestión. Pero cada vez eran mayores mis confusiones, y la imagen de la +pobre señora no se apartaba de mi pensamiento. En todos los semblantes +que iban sucediéndose dentro del coche, creía ver algo que contribuyera +a explicar el enigma. Sentía yo una sobrexcitación cerebral espantosa, y +sin duda el trastorno interior debía pintarse en mi rostro, porque todos +me miraban como se mira lo que no se ve todos los días. + + +VII + +Aun faltaba algún incidente que había de turbar más mi cabeza en aquel +viaje fatal. Al pasar por la calle de Alcalá, entró un caballero con su +señora: él quedó junto a mí. Era un hombre que parecía afectado de +fuerte y reciente impresión, y hasta creí que alguna vez se llevó el +pañuelo a los ojos para enjugar las invisibles lágrimas, que sin duda +corrían bajo el cristal verde obscuro de sus descomunales antiparras. + +Al poco rato de estar allí dijo en voz baja a la que parecía ser su +mujer: + +Pues hay sospechas de envenenamiento: no lo dudes. Me lo acaba de decir +don Mateo. ¡Desdichada mujer! + +--¡Qué horror! Ya me lo he figurado también--contestó su consorte. De +tales cafres ¿qué se podía esperar? + +--Juro no dejar piedra sobre piedra hasta averiguarlo. + +Yo, que era todo oídos, dije también en voz baja: + +--Sí, señor; hubo envenenamiento. Me consta. + +--¿Cómo, usted sabe? ¿Usted también la conocía?--dijo vivamente el de +las antiparras verdes, volviéndose hacia mí. + +--Sí, señor; y no dudo que la muerte ha sido violenta, por más que +quieran hacernos creer que fué indigestión. + +--Lo mismo afirmo yo. ¡Qué excelente mujer! ¿Pero cómo sabe usted...? + +--Lo sé, lo sé--repuse muy satisfecho de que aquel no me tuviera por +loco. + +--Luego usted irá a declarar al Juzgado; porque ya se está formando la +sumaria. + +--Me alegro, para que castiguen a esos bribones. Iré a declarar, iré a +declarar, sí, señor. + +A tal extremo había llegado mi obcecación, que concluí por penetrarme de +aquel suceso, mitad soñado, mitad leído, y lo creí como ahora creo que +es pluma esto con que escribo. + +--Pues sí, señor; es preciso aclarar este enigma para que se castigue a +los autores del crimen. Yo declararé. Fué envenenada con una taza de te, +lo mismo que el joven. + +--Oye, Petronila--dijo a su esposa el de las antiparras--; con una taza +de te. + +--Sí, estoy asombrada--contestó la señora.--¡Cuidado con lo que fueron a +inventar esos malditos! + +-Sí, señor; con una taza de te. + +--La Condesa tocaba el piano. + +--¿Qué Condesa?--preguntó aquel hombre, interrumpiéndome. + +--La Condesa, la envenenada. + +--Si no se trata de ninguna Condesa, hombre de Dios. + +--Vamos; usted también es de los empeñados en ocultarlo. + +--Bah, bah; si en esto no ha habido ninguna condesa ni duquesa, sino +simplemente la lavandera de mi casa, mujer del guardaagujas del Norte. + +--¿Lavandera, eh?--dije en tono de picardía.--¡Si también me querrá +usted hacer tragar que es lavandera! + +El caballero y su esposa me miraron con expresión burlona, y después se +dijeron en voz baja algunas palabras. Por un gesto que vi hacer a la +señora comprendí que había adquirido el profundo convencimiento de que +yo estaba borracho. Llenéme de resignación ante tal ofensa, y callé, +contentándome con despreciar en silencio, cual conviene a las grandes +almas, tan irreverente suposición. Cada vez era mayor mi zozobra; la +Condesa no se apartaba ni un instante de mi pensamiento, y había llegado +a interesarme tanto por su siniestro fin, como si todo ello no fuera +elaboración enfermiza de mi propia fantasía, impresionada por sucesivas +visiones y diálogos. En fin, para que se comprenda a qué extremo llegó +mi locura, voy a referir el último incidente de aquel viaje; voy a decir +con qué extravagancia puse término al doloroso pugilato de mi +entendimiento, empeñado en fuerte lucha con un ejército de sombras. + +Entraba el coche por la calle de Serrano, cuando por la ventanilla que +frente a mí tenía, miré a la calle, débilmente iluminada por la escasa +luz de los faroles, y vi pasar a un hombre. Di un grito de sorpresa, y +exclamé desatinado:--Ahí va, es él, el feroz Mudarra, el autor principal +de tantas infamias.--Mandé parar el coche, y salí, mejor dicho, salté a +la puerta, tropezando con los pies y las piernas de los viajeros; bajé a +la calle y corrí tras aquel hombre, gritando:--¡A ese, a ese, al +asesino! + +Júzguese cuál sería el efecto producido por estas voces en el pacífico +barrio. + +Aquel sujeto, el mismo exactamente que yo había visto en el coche por la +tarde, fué detenido. Yo no cesaba de gritar:--¡Es el que preparó el +veneno para la Condesa, el que asesinó a la Condesa! + +Hubo un momento de indescriptible confusión. Afirmó él que yo estaba +loco; pero que quieras que no, los dos fuimos conducidos a la +prevención. Después perdí por completo la noción de lo que pasaba. No +recuerdo lo que hice aquella noche en el sitio donde me encerraron. El +recuerdo más vivo que conservo de tan curioso lance fué el de haber +despertado del profundo letargo en que caí, verdadera borrachera moral, +producida, no sé por qué, por uno de los pasajeros fenómenos de +enajenación que la ciencia estudia con gran cuidado como precursores de +la locura definitiva. + +Como es de suponer, el suceso no tuvo consecuencias, porque el +antipático personaje que bauticé con el nombre de Mudarra, es un honrado +comerciante de ultramarinos que jamás había envenenado a condesa alguna. +Pero aun por mucho tiempo después persistía yo en mi engaño, y solía +exclamar:--«Infortunada condesa; por más que digan, yo siempre sigo en +mis trece. Nadie me persuadirá de que no acabaste tus días a mano de tu +iracundo esposo...» + +Ha sido preciso que transcurran meses para que las sombras vuelvan al +ignorado sitio de donde surgieron volviéndome loco, y torne la realidad +a dominar en mi cabeza. Me río siempre que recuerdo aquel viaje, y toda +la consideración que antes me inspiraba la soñada víctima la dedico +ahora, ¿a quién creeréis? A mi compañera de viaje en aquella angustiosa +expedición, a la irascible inglesa, a quien disloqué un pie en el +momento de salir atropelladamente del coche para perseguir al supuesto +mayordomo. + + + + +El criado de Don Juan. + +(J. BENAVENTE) + + + + +EL CRIADO DE DON JUAN + +DRAMA EN UN ACTO + + +PERSONAJES + +LA DUQUESA ISABELA--CELIA--DON JUAN + +TENORIO--LEONELO--FABIO + +EN ITALIA--SIGLO XV + + +ACTO UNICO + +Calle. A un lado la fachada de un palacio señorial. + + +ESCENA PRIMERA + +FABIO Y LEONELO (_Fabio se pasea por delante del palacio, embozado hasta +los ojos en una capa roja_.) + +LEONELO (_saliendo_.) + +¡Señor! ¡Don Juan! + +FABIO + +No es Don Juan. + +LEONELO + +¡Fabio! + +FABIO + +A tiempo llegas. Desde esta mañana sin probar bocado... ¿Cómo tardaste +tanto? + +LEONELO + +Media ciudad he corrido trayendo y llevando cartas... ¿Pero Don Juan?... + +FABIO + +La ciudad, toda, que no media, correrá de seguro llevando y trayendo su +persona. ¡En mal hora entramos a su servicio! + +LEONELO + +¿Y qué haces aquí disfrazado de esa suerte? + +FABIO + +Representar lo mejor que puedo a nuestro Don Juan, suspirando ante las +rejas de la duquesa Isabel. + +LEONELO + +Nuestro Don Juan está loco de vanidad. La duquesa Isabel es una dama +virtuosa y no cederá por más que él se obstine. + +FABIO + +Ha jurado no apartarse ni de día ni de noche de este sitio, hasta que +ella consienta en oirle... y ya ves cómo cumple su juramento. + +LEONELO + +¡Con una farsa indigna de un caballero! Mucho es que los servidores de +la duquesa no te han echado a palos de la calle. + +FABIO + +No tardarán en ello. Por eso te aguardaba impaciente. Don Juan ha +ordenado que apenas llegaras ocupases mi puesto... el suyo quiero +decir. Demos la vuelta a la esquina por si nos observan desde el +palacio, y tomarás la capa y demás señales, que han de presentarte hasta +la hora de la paliza prometida... como al propio Don Juan. + +LEONELO + +¡Dura servidumbre! + +FABIO + +¡Dura como la necesidad! De tal madre, tal hija. (_Salen_.) + + +CUADRO SEGUNDO + +ESCENA II + +Sala en el palacio de la duquesa Isabela. + +LA DUQUESA Y CELIA + +CELIA (_Mirando por una ventana_.) + +¡Es increíble, señora! Dos días con dos noches lleva ese caballero +delante de nuestras ventanas. + +DUQUESA + +¡Necio alarde! Si a tales medios debe su fama de seductor, a costa de +mujeres bien fáciles habrá sido lograda... ¿Y ese es Don Juan, el que +cuenta sus conquistas amorosas por los días del año? Allá en su tierra, +en esa España feroz, de moros, de judíos y de fanáticos cristianos, de +sangre impura abrasada por tentaciones infernales, entre devociones +supersticiosas y severidad hipócrita, podrá parecer terrible como +demonio tentador. Las italianas no tememos al diablo. Los príncipes de +la Iglesia romana nos envían de continuo indulgencias rimadas en dulces +sonetos a lo Petrarca. + +CELIA + +Pero confesad que el caballero es obstinado... y fuerte. + +DUQUESA + +Es preciso terminar de una vez. No quiero ser fábula de la ciudad. Lleva +recado a ese caballero, de que las puertas de mi palacio y de mi +estancia están francas para él. Aquí le aguardo, sola... La duquesa +Isabela no ha nacido para figurar como un número en la lista de Don +Juan. + +CELIA + +Señora, ved... + +DUQUESA + +Conduce a Don Juan hasta aquí. No tardes. (_Sale Celia_.) + + +ESCENA III + +LA DUQUESA Y DESPUES LEONELO. + +(_La duquesa se sienta y espera con altivez la entrada de Don Juan_.) + +LEONELO + +¡Señora! + +DUQUESA + +¿Quién? ¿No es Don Juan?... ¿No érais vos el que rondaba mi palacio? + +LEONELO + +Sí, yo era. + +DUQUESA + +Dos días con dos noches. + +LEONELO + +Algunas horas del día y algunas de noche. + +DUQUESA + +¡Ah! ¡Extremada burla! ¿Sois uno de los rufianes que acompañan a Don +Juan? + +LEONELO + +Soy criado suyo, señora. Le sirvo a mi pesar. + +DUQUESA + +Mal empleáis vuestra juventud. + +LEONELO + +¡Dichosos los que pueden seguir en la vida la senda de sus sueños! + +DUQUESA + +Camino muy bajo habéis emprendido. Salid. + +LEONELO + +¿Sin mensaje alguno de vuestra parte para Don Juan? + +DUQUESA + +¡Insolente! + +LEONELO + +Supuesto que le habéis llamado... + +DUQUESA + +Sí, le llamé para que por vez primera en su vida se hallare frente a +frente de una mujer honrada, para que nunca pudiera decir que una dama +como yo no tuvo más defensa contra él que evitar su vista. + +LEONELO + +Así, como a vos ahora, oí a muchas mujeres responder a Don Juan, y +muchas le desafiaron como a vos y muchas como vos le recibieron +altivas... + +DUQUESA + +¿Y Don Juan no escarmienta? + +DUQUESA + +¡Y no escarmientan las mujeres! La muerte, el remordimiento, la +desolación son horribles y no pueden enamorarnos, pero las precede un +mensajero seductor, hermoso, juvenil... el peligro, eterno enamorador de +las mujeres... Evitad el peligro, creedme; no oigáis a Don Juan... + +DUQUESA + +Me confundís con el vulgo de las mujeres. No en vano andáis al servicio +de ese caballero de fortuna. + +LEONELO + +No en vano llevo mi alma entristecida por tantas almas de nobles +criaturas amantes de Don Juan. ¡Cuánto lloré por ellas! Mi corazón fué +recogiendo los amores destrozados en su locura por mi señor y en mis +sueños terminaron felices tantos amores de muerte y de llanto... ¡Un +solo amor de Don Juan hubiera sido la eterna ventura de mi vida!... +¡Todo mi amor inmenso no hubiera bastado a consolar a una sola de sus +enamoradas!... ¡Riquísimo caudal de amor derrochado por Don Juan, junto +a mí, pobre mendigo de amor!... + +DUQUESA + +¿Sois poeta? Sólo un poeta se acomoda a vivir como vos, con el +pensamiento y la conciencia en desacuerdo. + +LEONELO + +Sabéis de los poetas, señora; no sabéis de los necesitados... + +DUQUESA + +Sé... que no me pesa del engaño de Don Juan... al oíros... Ya me +interesa saber de vuestra vida... Decidme qué os trajo a tan dura +necesidad... No habrá peligro en escucharos como en escuchar a Don +Juan... aunque seáis mensajero suyo, como vos decís que el peligro es +mensajero de la muerte... Hablad sin temor. + +LEONELO + +¡Señora! + + +ESCENA IV + +DICHOS, DON JUAN (_con la espada desenvainada, entra con violencia_.) + +DUQUESA + +¿Cómo llegáis hasta mí de esa manera? ¿Y mi gente?... ¡Hola! + +DON JUAN + +Perdonad. Pero comprenderéis que no he de permitir que mi criado me +sustituya tanto tiempo. + +DUQUESA + +¡Con ventaja! + +DON JUAN + +No podéis apreciarlo todavía. + +DUQUESA + +¡Oh! ¡Basta ya!... (_A Leonelo_.) ¿No dices que la necesidad te llevó al +indigno oficio de servir a este hombre? ¿Te pesa la servidumbre? ¿Ves +cómo insultan a una dama en tu presencia y eres bien nacido? Ya eres +libre... y rico... + +DON JUAN + +¿Le tomáis a vuestro servicio? + +DUQUESA + +Quiero humillaros cuanto pueda... (_A Leonelo_.) Mi amor, imposible para +Don Juan; mi amor es tuyo si sabes merecerlo... + +LEONELO + +¡Vuestro amor! + +DON JUAN + +A mí te iguala. Eres noble por él. + +LEONELO + +¡Señora! + +DUQUESA + +¡Fuera la espada! Mi amor es tuyo... Lucha sin miedo. (_Don Juan y +Leonelo combaten. Cae muerto Leonelo_.) + +LEONELO + +¡Ay de mí! + +DUQUESA + +¡Dios mío! + +DON JUAN + +¡Noble señora! Ved lo que cuesta una porfía... + +DUQUESA + +¡Muerto! Por mí... ¡Favor!... ¡Dejadme salir! Tengo miedo, mucho +miedo... + +DON JUAN + +Estáis conmigo... + +DUQUESA + +Se agolpa la gente ante las ventanas... ¡Una muerte en mi casa! + +DON JUAN + +¡No tembléis! Pasaron, oyeron ruido y se detuvieron... A mi cargo corre +sacar de aquí el cadáver sin que nadie sospeche... + +DUQUESA + +¡Oh! Sí, salvad mi honor... ¡Si supieran! + +DON JUAN + +No saldré de aquí sin dejaros tranquila... + +DUQUESA + +¡Oh! No puedo miraros, me dáis espanto. ¡Dejadme salir! + +DON JUAN + +No, aquí a mi lado... Yo también tengo miedo... de no veros... Por vos +he dado muerte a un desdichado... No me dejéis o saldré de aquí para +siempre y suceda lo que suceda... vos explicaréis como podáis el +lance... + +DUQUESA + +¡Oh, no me dejéis! Pero lejos de mí, no habléis, no os acerquéis a mí... +(_Queda en el mayor abatimiento_.) + +DON JUAN (_contemplándola aparte_.) + +¡Es mía! ¡Una más!... (_Contemplando el cadáver de Leonelo_.) ¡Pobre +Leonelo! + + + + +Viernes Santo. + +(LA CONDESA DE PARDO BAZÁN) + + + + +VIERNES SANTO + + +Fué el cura de Naya hombre comunicativo, afable y de entrañas +excelentes, quien me refirió el atroz sucedido, o, por mejor decir, la +cadena de sucedidos atroces, que apenas creería yo a no coincidir y +explicarse perfectamente por el relato del párroco las veladas +indicaciones de la prensa y los rumores difundidos en el país. Respetaré +la forma de la narración, sintiendo no poder reproducir la expresión de +la fisonomía ingenua y jovial del que narraba. + +«Ya sabe usted--dijo--que, así como en Andalucía crece la flor de la +canela, en este rincón de Galicia podemos alabarnos de cultivar la flor +de los caciques. No sé cómo serán los de otras partes; pero vamos, que +los de por acá son de patente. Bien se acordará usted de aquel +_Trampeta_ y aquel _Barbacana_, que traían a Cebre convertido en un +infierno. Trampeta ahora dice que se quiere meter en pocos belenes, +porque ya no lo ahorcan por treinta mil duros; y Barbacana, que está +que no puede con los calzones, como se la tenían jurada unos cuantos y +salvó milagrosamente de dos o tres asechanzas, al fin ha determinado +irse a pasar la vejez a Pontevedra, porque desea morir en su cama, según +conviene a los hombres honrados y a los cristianos viejos como él. ¡Ja, +ja...! + +Faltando o poco menos esos dos pejes, quedó el país en manos de otro, +que usted bien habrá oído de él: Lobeiro, que en confianza le llamábamos +_Lobo_, y ¡a fe que le caía! Yo, si usted me pregunta cómo consiguió +Lobeiro apoderarse de esta región y tenerla así, en un puño, que ni la +hierba crecía sin su permiso, le contestaré que no lo entiendo; porque +me parece increíble que en nuestro siglo y cuando tanto cantan libertad, +se pueda vivir más sujeto a un señor que en tiempos del conde Pedro +Madruga. No, y no hay que echar baladronadas: yo era el primerito que +agachaba las orejas y callaba como un raposo. Uno estima la piel, y aun +más que la piel, la tranquilidad, si a mano viene. + +A veces me ponía a discurrir, y decía para mi sotana: este rayo de +hombre, ¿en qué consiste que se nos ha montado a todos encima, y por +fuerza hemos de vivir súbditos de él, haciendo cuanto se le antoja, +pidiéndole permiso hasta para respirar? ¿Quién le instituyó dueño de +nuestras vidas y haciendas? ¿No hay leyes? ¿No hay Tribunales de +justicia?--Pero mire usted: todo eso de leyes es nada más que +conversación. Los magistrados están lejos y el cacique cerca. El +Gobierno necesita tener asegurada la mecánica de las elecciones, y al +que le amasa los votos le entrega desde Madrid la comarca en feudo. A +los señores que se pasean allá por el Prado y por la Castellana, sin +cuidado les tiene que aquí nos am... ¡Ay! Tente, lengua, que ya iba a +soltar un disparate. + +Pues volviendo al caso, Lobeiro, así para el trato de la conversación, +ya era un hombre antipático, de pocas palabras, que cuando se veía +comprometido, se reía regañando los dientes, muy callado, mirando de +través. No se fíe usted nunca del que no ríe franco ni mira derecho: muy +mala señal. La cara suya parecía el Pico Medelo, que siempre anda +embozado en _brétemas_. Lo único a que ponía un semblante como las demás +personas, era a su chiquilla, su hija única, que por cierto no se ha +visto cosa más linda en todo este país. La madre fué en tiempos una +buena moza; pero la rapaza... ¡qué comparación! Un pelo como el oro, un +cutis que parecía raso, un par de ojos azules como dos estrellas... +¡Micaeliña! ¡Lo que corrí con ella el día del patrón de Boán! Porque a +la criatura la rebosaba la alegría, y Lobeiro, al oirla reir, cambiaba +de aspecto: se volvía otro hombre. + +Sólo que, por desgracia, esta influencia no pasaba de los momentos en +que tenía cerca a la criatura. El resto del año, Lobeiro se dedicaba a +perseguir al uno, empapelar al otro, sacarle el redaño a éste y echar a +presidio a aquél. ¿Usted no ha leído el _Catecismo del labriego_, +compuesto por el tío Marcos da Portela, doctor en teología campestre? +Pues el tipo del secretario que allí pinta, el de Lobeiro clavadito: +criado para infernar la vida del labriego infeliz, llenarlo de +vejaciones y disputarle la triste corteza de pan, amasada con su sudor, +único alimento de que dispone para llevar a la boca. Y repare usted lo +que sucedía con Lobeiro; hoy hace una picardía, y le obedecen como uno; +mañana hace diez, y ya le rinden acatamiento como diez; al otro día un +millón, y como un millón se impone. Empezara por chanchullos pequeñitos, +de esos que se hacen en el Ayuntamiento a mansalva; trabucos de cuentas, +recargos de contribución, repartos _ad líbitum_, y lo demás de rúbrica. +Poco a poco, la gente aguantando y él apretando más, llega el caso de +que me encuentro yo a un infeliz aldeano en un camino hondo, llevando +de la cuerda su mejor ternero.--Andrés, ¿adónde vas con el cuxo? Feria +hoy no la hay.--¿Qué feria, ni feria, señor abad?--¿Pues entónces--señor +abad, por el alma de quien le parió no diga nada. Es para ese condenado +de Lobeiro, que me lo mandó a pedir, y si no lo entrego me arruina, +acaba conmigo, y hasta muero avergonzado en la cárcel.--Y el pobre +hombre, cuando me lo decía, tenía los ojos como dos tomates, +encarnizados de llorar. ¡Ya comprende usted lo que es para el labriego +su ganado! Dar aquel ternero, era en plata dar las telas del corazón. + +Sólo una cosa estaba segura con Lobeiro: la honra de las mujeres: y no +por virtud, sino porque no cojeaba de ese pie. Algunos de sus satélites, +en cambio, bien se desquitaban. ¿Que si tenía satélites? ¡Madre querida! +Una hueste organizada en toda regla. Usted no dejará de recordar que +cuando apareció en un monte el mayordomo del marqués de Ulloa, hace ya +algunos años, seco de un tiro, todo el mundo dijo que lo había mandado +matar el cacique Barbacana, y que el instrumento fuera un bandido +llamado el Tuerto de Castrodorna, que lo más del tiempo se lo pasaba en +Portugal huyendo de la justicia. Pues esa joya la heredó Lobeiro, sólo +que mejoró el procedimiento de Barbacana, y en vez de un forajido solo, +reclutó una cuadrilla perfectamente organizada, con su santo y seña, sus +consignas, su secreto, sus estratagemas y su táctica, para verificar sus +sorpresas de un modo expeditivo y seguro. Nosotros teníamos esperanzas +de que, al acabarse las trifulcas revolucionarias y las guerras civiles, +mejoraría el estado del país y se afianzaría la seguridad personal. +¡Busca seguridad! ¡Busca mejoras! Lo mismo o peor anduvieron las cosas +desde la restauración de Alfonso, y si me apuran, digo que la Regencia +vino a darnos el cachete. Antes, unos gritaban: _¡Viva esto!_ los otros: +_¡Viva aquéllo!_ que república, que don Carlos... Eran ideas generales, +y parece que se tomaban con menos saña entre unos y otros. Hoy estamos a +quién gana las elecciones, a quién se hace árbitro de esta tierra... y +todos los medios son buenos, y caiga el que cayere. Total, como decimos +aquí: salgo de un soto y métome en otro... pero más obscuro. + +Como íbamos contando, la pandilla de Lobeiro empezó a ser el terror del +país. Tan pronto veíamos llamas... ¿qué ocurre? Pues que le queman el +pajar, y el alpendre, y el hórreo, y la casa misma al Antón de Morlás o +al Guillermo de la Fontela. Tan pronto aparece derrengado, molido a +palos, uno que no se quiso someter a Lobeiro en esto o en lo de más +allá... y cuando le preguntan quién le puso así, responde una mentira: +que rodó de un vallado o se cayó de una higuera cogiendo higos... señal +de que si revela la verdad, sentenciado está a pena más grave. Por +último, un día se nota la desaparición de cierto sujeto, un tal +Castañeda, alguacil; ni visto ni oído, como si se evaporase. La voz +pública (muy bajito) susurra que ese hombre le estorbaba a Lobeiro o se +le había opuesto en un amaño muy gordo. Se espera una semana, dos, tres, +que parezca el cadáver, o el vivo, si vivo está aún; nada. La viuda hace +registrar el Avieiro, incluso el pozo grande; mira debajo de los +puentes, recorre los montes... Ni rastro. Igual que si se lo hubiese +tragado la tierra. Y probablemente así sería. ¡Un hoyo es tan fácil de +abrir! + +Este Castañeda tenía un sobrino, muchacho templado, como que allá en sus +mocedades proyectara dedicarse a la carrera militar, y luego, por no +separarse de su madre, que ya iba vieja, y de una hermana jovencita, +prefirió quedarse en el país y vivir cuidando unos bienecillos que le +correspondían de su hijuela, y de los de la hermana y la madre. El era +un medio señor y medio labrador, y en el país, como todo el mundo tiene +su apodo, le conocían por el de _Cristo_. ¿Dice usted que un novelista +de Francia llama así a uno de sus personajes? Pues mire, ese de fijo lo +inventará: yo no; tan cierto es, como que usted está ahí sentada y yo +refiriéndole este caso. En el apodo--atienda usted bien--está mucha +parte del intríngulis de mi historia. ¿Que por qué le pusieron ese +alias? No lo sé a derechas; creo que por parecerse a un Cristo muy +grande y muy devoto que se venera en el santuario de Boán. + +De modo que el bueno de Cristo, no bien supo la desaparición de su tío +Castañeda, no se calló como los demás, como la misma infeliz viuda, que +temblaba que después de suprimirle al marido le pegasen fuego a la +casita y la echasen en sus últimos años a pedir limosna. En las ferias y +en las romerías, en el atrio de la iglesia y en la botica de Cebre, el +muchacho alzó la voz cuanto pudo, clamando contra la tiranía de Lobeiro +y diciendo que el país tenía que hacer un ejemplo con él; cazarlo lo +mismo que a un lobo para que escarmentasen los lobos que se estaban +criando en la madriguera, dispuestos a devorarnos. Decía que estas cosas +no suceden sino en el país que las sufre; que donde los hombres tienen +bragas, no se conciben ciertos abusos; que en Aragón o Castilla ya le +habrían ajustado a Lobeiro la cuenta con el trabuco o la navaja; que si +el cacique se le ponía delante, él, aunque se perdiese y dejase +desamparadas madre y hermanita, era capaz de arrancarle los dientes a la +fiera. Al pronto le oían asustados; pero como todo se pega, y el valor y +el miedo, en particular, son contagiosos lo mismo que el cólera, iba +formándose alrededor de Cristo un núcleo de gente que le daba la razón, +diciendo que por todos los medios había que descartarse de Lobeiro y +conjurar aquella plaga. Los gallegos no somos cobardes, ¡quiá! Lo que +nos falta a veces es la iniciativa del valor. Necesitamos uno que +empiece, y ¡zás! allá seguimos de reata. Cristo iba sumando voluntades, +y conforme pasaba tiempo y veían que de hablar así no se le originaba +perjuicio alguno, la algarada crecía, y el cacique, intimidado, en +nuestro concepto, por haber encontrado al fin quien le presentase la +cara, andaba mansito y derecho; como que pasaron más de tres meses sin +sabérsele ninguna fechoría mayor. + +El día de la feria grande de Arnedo, que es allá por el mes de Abril, en +Pascua, volvía yo a mi parroquia, después de pasar el rato bebiendo un +poco de Tostado y comiendo unas rosquillas, cuando a poca distancia del +pueblo empareja con mi mula la yegüecilla de Ramón Limioso (usted le +conoce); el señorito del Pazo, un caballero cumplidísimo, y me pregunta +lo mismito que yo le pregunto a usted:--Y Cristo, ¿le ha visto usted en +la feria?--¿Cristo? No. No lo encontré... por ninguna parte.--¿Tampoco +en el mesón?--Tampoco.--¿A qué horas vino usted?--Tempranito: a las +siete ya andaba yo en Arnedo.--¿Sabe que me choca?--¿Y por qué ha de +chocarle?--Porque estábamos citados: él quería deshacerse de su jaco, y +yo le vendía mi toro, o se lo cambalachaba; según.--¡Bah! Cristo es un +rapaz todavía; aún no cumplió los treinta... ¡sabe Dios por dónde anda a +estas horas!--No, Eugenio; pues yo le digo que me choca; que me +escama.--Aun vendrá, hombre. Son las tres, y hasta las seis o siete de +la tarde no se deshace la feria. + +Ramón Limioso meneó la cabeza, y volvió grupas hacia Arnedo. Ni me +acordé más del asunto, hasta que a las veinticuatro horas me llegó el +primer rum rum de la desaparición de Cristo. El mismo misterio que en lo +de su tío Castañeda; ni rastro del muchacho por ninguna parte. La madre +andaba como loca, pregunta que te preguntarás, de casa en casa; la +hermana salía de un ataque nervioso para caer en un síncope; la justicia +local, como de costumbre, se lavaba las manos--imposible parece que así +y todo las tenga tan puercas--y del chico, ni esto. Por fin, al cabo de +una semana, lo que es aparecer, apareció... ¿Pero dónde? Metido en un +hórreo, hecho una lástima, en descomposición... Son pormenores +horribles; bueno, se trata de que se imponga usted de cómo la cosa +ocurriera. Yo vi el cadáver y me convencí de que no había exageración +ninguna en lo que se refirió después. Debían de haberle atormentado +mucho tiempo, porque estaba el cuerpo hecho una pura llaga: a mí se me +figura que lo azotaron con cuerdas, o que lo tundieron a varazos: las +señales eran como rayas o surcos en el pellejo. Para acabarlo le dieron +un corte así en la garganta. El rostro, desfiguradísimo; sólo una +madre--¡pobre señora!--conoce y se arroja a besar un rostro semejante. + +Sí, estoy conforme: es una infamia, un crimen que clama al cielo, lo que +usted guste... Pero usted también va a convenir conmigo. También va a +decir que todo ello es moco de pavo en comparación del último +refinamiento salvaje, de que no tiene noticia aun. Porque matar, +atormentar, se llama así, atormentar y matar y se acabó; ¿cómo se llama +el escarnio, la befa más inconcebible, el reto a Dios, que consiste en +lo siguiente: elegir, para dar tal género de muerte a ese hombre que la +gente apodaba Cristo... elegir... ¿qué día del año piensa usted? + +_¡El Viernes Santo!_ + + * * * * * + +--Pecador soy como el que más--prosiguió el párroco de Naya con la voz y +el gesto transformados por una seriedad profunda;--pecador soy, indigno +de que Dios baje a estas manos; no tengo vocación de santo como el cura +de Ulloa, ni me gusta echar sermones con requilorios como el de +Xabreñes; pero en semejante ocasión, al enterarme de la monstruosidad, +no sé qué hormigueo me entró por el cuerpo, no sé qué vuelta me dió la +sangre ni qué luminarias me danzaron delante de los ojos... que, vamos, +al pino más alto del pinar de Morlán me subiría para gritar: ¡maldición +y anatema sobre Lobeiro!--¡La plática que les encajé a mis feligreses el +domingo! Ni Isaías... fuera el alma.--Con un arrebato que aun hoy me +asombra, les dije que Dios, al parecer, se hace el sordo y el ciego, +pero es como quien toma carrera para saltar mejor; que ningún crimen +queda impune; que la sangre de Abel siempre grita venganza, y que me +creyesen a mí, que a fe de Eugenio, nadie se quedaría sin su merecido, y +por medios inescrutables, pero seguros, cuando estuviese más descuidado. +«Quien fosa cava, en ella caerá», me acuerdo que grité como un +energúmeno. Por supuesto que era hablar por no callar: tanto sabía yo +del castigo dichoso, como de la primer camisa que vestí: sólo que en +aquel entonces de veras me parecía que así iba a suceder, que Lobeiro +estaba emplazado, y que la inspiración hablaba por mi boca. _Spiritus +ejus in ore meo_. + +Poco a poco se fué acallando el _rebumbio_ del asesinato de Cristo. La +madre y la hermana, convertidas en dos sombras, flaquitas y de riguroso +luto, fueron el único recuerdo que quedó de la tragedia. En la gente +siempre fermentaba el odio contra el cacique; pero lo comprimía el +temor. Es de advertir que por entonces _los_ de Lobeiro cayeron, y +necesariamente el maldito, no teniendo la sartén por el mango, se +reportó en sus exacciones y sus iniquidades. El país respiró unas +miajas. El bando de Trampeta aleteó. Lobeiro, en el interregno, se +dedicó a una ocupación pacífica: reconstruir su casa, que era muy vieja, +y ya mezquina para las exigencias de su nueva posición; porque la +fortuna del cacique había crecido mucho, y su mujer, amiga de lujos, de +comilonas y de tirar de largo, le metió en la cabeza hacer vivienda +nueva y la verdad, con todos los perendengues: dos pisos de piedra +sillar, magnífica; ventanas con unas rejas imponentes: puerta como la +de un castillo: su gran escalera, su sala de recibir, su cocina +hermosísima... ¡Una casa para Orense! En el país se hablaba mucho de tal +edificio, y de la seguridad que ofrecía, y de las precauciones que +revelaba aquel modo de edificar--, precauciones debidas a los muchos +enemigos que tenía el cacique. + +Enemigos, a miles se le podían contar; y sin embargo, como el hombre se +mantenía agachado, nadie se metía con él, temeroso de despertarle. El +gran alboroto fué el que se armó cuando de repente, sin que lo +barruntásemos ni poco ni mucho, se volcó la tortilla y subió nuevamente +al poder el partido de Lobeiro. + +¡Madre mía! el terror que cayó sobre nosotros! Lobeiro otra vez +mandando, rey otra vez de la comarca; otra vez a su disposición la +hacienda, la tranquilidad, la vida de todos; otra vez los cadáveres en +los hórreos o en el fondo del Avieiro o en un hoyo profundo, allá por +las asperezas de algún pinar! ¿Quién respirar? ¿Quién dormiría +tranquilo? ¿Quién estaba seguro de no perecer martirizado? + +Usted se va a reir si le digo una cosa. No, no se reirá: al contrario: +se hará cargo mejor que nadie, porque tiene costumbre de considerar +estas singularidades propias de la naturaleza humana.--El miedo, a +veces, es el mejor agente del valor. Sí: por miedo se verifican actos +de heroísmo: por desesperación se realizan acciones que en estado normal +nos ponen los pelos de punta. Una persona que se ve rodeada de llamas, o +teme que el incendio se propague y la pille encerrada en una habitación +y el humo la asfixie, no se encomienda a Dios ni al diablo para +arrojarse de un quinto piso a la calle, aunque se estrelle. Con esto +quiero decir cómo, a las gentes de Cebre y sus cercanías, el propio +terror de caer en las uñas de Lobeiro les infundió una determinación +tremenda, adoptada con cautela tal, que todo lo hicieron en el mismo +silencio y unión que cuenta usted que profesan los nihilistas rusos. +Verá, verá cómo ocurrió la cosa. + +Llegado el día de la fiesta de la Virgen en el santuario de Boán, fuí yo +allá convidado por el cura, que es amigo. Se reunió una muchedumbre, que +era aquello un hormiguero: hubo sus cohetes, sus gaitas, sus bailes, sus +calderadas de pulpo y su tonel de mosto: lo que sabe usted que nunca +falta en tales romerías. También andaban algunas señoritas muy +emperifolladas dando vueltas y luciendo los trapitos flamantes: y la más +bonita de todas, Micaeliña, que paseaba con la madre por debajo de los +robles, hecha un sol de guapa. Acababa de cumplir los trece años: se +conoce que estrenaba vestido, y no cabía en sí de contenta: el vestido +era blanco, con lazos color de rosa, precioso, de seda riquísima, un +disparate para una chiquilla así. La madre: «Micaeliña, no te +arrugues»--por aquí--y «Micaeliña, no te manches», por allá; y la +criatura, al principio, respetando mucho la gala; pero, ya se ve, luego +se cansó de guardarle miramientos al vestido majo, y vino disparada a +tirarme del balandrán. «Eugenio, ¿corremos?» Al principio fué a +remolque; pero al fin... este pícaro genio gaitero que tengo yo... me +hizo la rapaza pegar mil carreras por aquellas cuestas abajo, riendo +como locos. Y cuidado que me daba no sé qué por el cuerpo ver a Lobeiro +allí, a dos pasos, con sus manos donde yo sabía que había manchas de +sangre fresca. + +El diantre del cacique, cuando me vió tan divertido con la hija, me +llamó aparte, y sin mirarme una vez siquiera, me dijo: «Hombre, Eugenio, +hágame un favor: convenza a mi mujer y a la chiquilla de que va a estar +muy bien Micaela en el colegio de Orense.» + +--¿Y usted se separa de ella?--pregunté con asombro. + +--Sí, hombre... Cosas que uno hace porque no tiene remedio--, contestó +él muy encapotado y a media habla. + +Así que la familia de Lobeiro y los adláteres que siempre le escoltaban +se retiraron de la romería, le pregunté al cura de Boán, extrañándome +de la idea de enviar a Orense la chiquilla, cuando precisamente era el +encanto de su padre. Boán me dió una explicación plausible:--«Eso lo +hace por no exponer a la chiquilla a un fracaso. Lo tienen amenazado de +muerte, y veinte veces ya le avisaron de que su casa ha de arder. Y +aunque él dice que conforme la construyó no es tan fácil pegarle fuego, +no quiere tener aquí a Micaeliña, porque recela alguna barbaridad.»--Ya +verá usted, señora, cómo efectivamente, no ardió la casa de Lobeiro. + + * * * * * + +Yo dormí en la rectoral de Boán aquella noche. Se había empinado y +manducado muy regular, de modo que el primer sueño fué de piedra. Estaba +como una marmota, que si me sueltan un redoble de tambor en los mismos +oídos, no doy a pie ni a mano. Con que figúrese lo que sería la +explosión, para que me incorporase en la cama de un brinco. + +¡Puummm! ¡Booom! Nunca acababa de sonar. Yo a obscuras, a tientas, +buscando las cerillas y gritando por el criado:--¡Eh! ¡Ave María +Purísima! ¡Rosendo! Condenado, ¿duermes o qué haces? ¿Se cae la casa? +¡Jesús, Dios y Señor, misericordia! + +Por fin encendí el fósforo, y cuando entró Rosendo todo aturdido, en +ropas menores, ya no pudo aguantar la risa. El muchacho todo se espantó. + +--Sí, ríase, que es para reir. Señor, no ría, que es pecado. Estoy que +se me _arrepian_ las carnes. + +--Pero, ¿qué hay? ¿qué demonios pasa? + +--¿Y quién lo sabe, a no ser un brujo? Parece que se ha hundido +mismamente el mundo todo de la tierra. + +Escuché. Nada, silencio. Salí a la ventana. Ni señal de cosa alguna. Me +senté: estaba sano y bueno. El cura de Boán andaba por allí aturdido, +dando vueltas. Nos pusimos a hacer comentarios. Nadie se quiso volver a +la cama. Cada uno decía su cosa, cuando ¡tras, tras! a la puerta... Al +señor cura de Boán, que vaya a dar los santos óleos y a confesar a +Lobeiro, que se muere... Boán está a medio cuarto de legua de la casa de +Lobeiro. El que traía el recado nos enteró de todo. + +Mientras Lobeiro y su hija y sus satélites estaban de parranda, con +mucho tiento, al pie del balcón mayor, _habían_ depositado veintiséis +cartuchos de dinamita--lo bastante para volar una fortaleza--y su mecha +correspondiente. Hecho esto, retiráronse con tranquilidad, pie ante pie. +A la noche, recogida ya la familia, _alguien_ cogió el cabo de mecha, le +prendió fuego y se apartó con mucha calma. De los veintiséis cartuchos, +sólo diez o doce se inflamaron. Pero fué todo lo preciso. + +No salvó alma viviente. Entre los escombros de la casa yacían el cadáver +de la mujer de Lobeiro, el tronco mutilado del criado y el cuerpo de +Micaeliña, muerta como una paloma, con sangre en las sienes, tendida al +lado de su padre. El lobo aún vivía; fué el único que no pereció en el +acto. Antes de expirar, tuvo una hora larga de contemplar a su oveja +difunta... Digan lo que quieran los sabios esos del materialismo... +¡Retaco! Yo juro que hay Dios, y un Dios que castiga sin palo ni +piedra... Con dinamita; corriente. ¡Con lo que sale! + + + + +El sencillo Don Rafael + +CAZADOR Y TRESILLISTA + +(UNAMUNO) + + + + +EL SENCILLO DON RAFAEL + +CAZADOR Y TRESILLISTA + + +Sentía resbalar las horas, hueras, aéreas, deslizándose sobre el +recuerdo muerto de aquel amor de antaño. Muy lejos, detrás de él, dos +ojos ya sin brillo entre nieblas. Y un eco vago, como el del mar que se +rompe tras la montaña, de palabras olvidadas. Y allá, por debajo del +corazón, susurro de aguas soterrañas. Una vida vacía, y él sólo, +enteramente sólo. Sólo con su vida. + +Tenía para justificarla nada más que la caza y el tresillo. Y no por eso +vivía triste, pues su sencillez heroica no se compadecía con la +tristeza. Cuando algún compañero de juego, despreciando un solo, iba a +buscar una sola carta para dar bola, solía repetir Don Rafael que hay +cosas que no se debe ir a buscar: vienen ellas solas. Era +providencialista; es decir, creía en el todopoderío del azar. Tal vez +por creer en algo y no tener la mente vacía. + +--¿Y por qué no se casa usted?--le preguntó alguna vez con la boca +chica su ama de llaves. + +--¿Y por qué me he de casar? + +--Acaso no vaya usted descaminado. + +--Hay cosas, señora Rogelia, que no se debe ir a buscar: vienen ellas +solas. + +--¡Y cuando menos se piensa! + +--¡Así se dan las bolas! Pero, mire, hay una razón que me hace pensar en +ello... + +--¿Cuál? + +--La de poder morir tranquilo _ab intestato_. + +--¡Vaya una razón!--exclamó el ama, alarmada. + +--Para mí la única valedera--respondió el hombre, que presentía no valen +las razones, sino el valor que se las da. + +Y una mañana de primavera, al salir con achaque de la caza, a ver nacer +el sol, un envoltorio en la puerta de su casa. Encorvóse a mejor +percatarse, y de dentro, un ligerísimo susurro como de cosas olvidadas. +El rollo se removía. Lo levantó; estaba tibio; lo abrió: era una +criatura de horas. Quedóse mirando, y su corazón parecía sentir, no ya +el susurro, sino el frescor de sus aguas soterrañas. ¡Vaya una caza que +me ha deparado el destino!, pensó. + +Volvióse con el envoltorio en brazos, la escopeta a la bandolera, +subiendo las escaleras de puntillas para no despertar a aquello, y llamó +quedamente varias veces. + +--Aquí traigo esto--le dijo al ama de llaves. + +--Y eso, ¿qué es? + +--Parece un niño. + +--¿Parece sólo? + +--Lo dejaron a la puerta de la calle. + +--¿Y qué hacemos con ello? + +--Pues... ¿qué vamos a hacer? Bien claro está, ¡criarlo! + +--¿Quién? + +--Los dos. + +--¿Yo? ¡Yo, no! + +--Buscaremos ama. + +--¡Pero está usted en su juicio, señorito! ¡Lo que hay que hacer es dar +parte al juez, y en cuanto a eso, al Hospicio con ello! + +--¡Pobrecillo! ¡Eso sí que no! + +--En fin, usted manda. + +Una madre vecina le prestó caritativamente las primeras leches, y pronto +el médico de Don Rafael encontró una buena nodriza: una chica soltera +que acababa de dar a luz un niño muerto. + +--Como nodriza, excelente--le dijo el médico--, y como persona, ya ves, +un desliz así puede ocurrirle a cualquiera. + +--A mí no--contestó con su sencillez característica Don Rafael. + +--Lo mejor sería--dijo el ama de llaves--que se lo llevase a su casa a +criarlo. + +--No--replicó Don Rafael--, eso tiene graves peligros; no me fío de la +madre de la chica. Aquí, aquí, bajo mi vigilancia. Y no hay que darle +disgustos a la chica, señora Rogelia, que de ello depende la salud del +niño. No quiero que por una sofoquina de Emilia pase el angelito un +dolor de tripas. + +Era Emilia, la nodriza, de veinte años, alta, agitanada, con una risa +perpetua en los ojos, cuya negrura realzaba el marco de ébano del pelo +que le cubría las sienes como con dos esponjosas alas de cuervo, +entreabiertos y húmedos los labios guinda, y unos andares de gallina a +que el gallo ronda. + +--¿Y cómo va a bautizarle usted, señorito?--le preguntó la señora +Rogelia. + +--Como hijo mío. + +--Pero, ¿está usted loco? + +--¡Qué más da! + +--¿Y si mañana, por esa medalla que lleva y esas contraseñas, aparecen +sus verdaderos padres?... + +--Aquí no hay más padre ni madre que yo. Yo no busco niños, como no +busco bolas; pero cuando vienen... soy libre. Y creo que esta del azar +es la más pura y libre de las maternidades. No me cabe la culpa de que +haya nacido, pero tendré el mérito de hacerle vivir. Hay que creer en la +Providencia siquiera por creer en algo, que eso consuela, y además así +podré morir tranquilo _ab intestato_, pues ya tengo quien me herede +forzosamente. + +La señora Rogelia se mordió los labios, y cuando Don Rafael hizo +bautizar y registrar al niño como hijo suyo dió que reir a la vecindad y +a nadie que sospechar malicia alguna: tan conocida era su transparente +ingenuidad cotidiana. Y el ama de llaves tuvo, mal de su grado, que +avenirse y concordar con el ama de leche. + +Ya tenía Don Rafael algo más en qué pensar que en la caza y el tresillo; +ya estaban sus días llenos. La casa se le llenó de una vida nueva, +luminosa y sencilla. Y hasta perdió alguna noche el sueño y el descanso +paseando al nene para callarlo. + +--Es hermoso como el sol, señora Rogelia. Y tampoco hemos tenido mala +suerte con el ama, me parece. + +--Como no vuelva a las andadas. + +--De eso me encargo yo. Sería una picardía, una deslealtad: se debe al +niño. Pero, no, no; está desengañada del zanguango de su novio, un +bausán de marca mayor a quien ya aborrece... + +--No se fíe usted..., no se fíe usted... + +--Y a quien voy a pagarle el pasaje a América. Y ella es una +pobrecilla... + +--Hasta que vuelva a tener ocasión. + +--¡Digo que lo evitaré! + +--Pues como ella quiera... + +--¡Ah, en cuanto a eso sí! Porque si he de decirle a usted la verdad, +la verdad es que... + +--Sí, me la supongo. + +--¡Pero, ante todo, respeto a mi hijo! + +Emilia nada tenía de lerda y estaba deslumbrada con el rasgo +heroicamente sencillo de aquel solterón semidurmiente. Encariñóse desde +un principio con el crío como si fuese su madre misma. El padre putativo +y la nodriza natural pasábanse largos ratos, a sendos lados de la cuna, +contemplando la sonrisa del sueño del niño cuando éste hacía como que +mamaba. + +--¡Lo que es el hombre!--decía Don Rafael. + +Y cruzábanse sus miradas. Y cuando teniéndole ella, Emilia, en brazos, +iba él, Don Rafael, a besar al niño, con el beso ya preparado en la boca +rozaba casi la mejilla de la nodriza, cuyos rizos de ébano le afloraban +la frente, al padre. Otras veces quedábase contemplando alguno de los +dos mellizos blancos senos, turgentes de vida que se da, con el +serpenteo azul de las venas que del cuello bajaban, y sostenido entre +los ahusados dedos índice y corazón como en horqueta. Doblábase sobre él +un cuello de paloma. Y también entonces le entraban ganas de besar al +hijo, y su frente, al tocar al seno, hacíalo temblotear. + +--¡Ay, lo que siento es que pronto tendré que dejarte, sol +mío!--exclamaba ella, apretándolo contra su seno y como si le +entendiera. + +Callábase a esto Don Rafael. + +Y cuando le cantaba al niño, abrazándole, aquella vieja canturria +paradisíaca que, aun transmitiéndosela de corazón a corazón las madres, +cada una de éstas crea e inventa de nuevo, eternamente nueva poesía, +siendo la misma siempre, la única, como el sol, traíale a Don Rafael +como un dejo de su niñez olvidada en las lontananzas del recuerdo. +Balanceábase la cuna y con ella el corazón del padre al azar, y +mecíasele aquel canto... + + que viene el cocóóóóó... + +con el susurro de las aguas de debajo de su corazón... + + a llevarse los niños... + +que iba también durmiéndose... + + que duermen pocóóóóó... + +entre las blandas nieblas de su pasado... + + ¡ah, ah, ah, aaaaah! + +--¡Qué buena madre hace!--pensaba. + +Alguna vez, hablando del percance que la hizo nodriza, le preguntó Don +Rafael: + +--Pero, chica, ¿cómo pudo ser eso? + +--¡Ya ve usted, Don Rafael!--y se le encendía leve, muy levemente el +rostro. + +--¡Sí, tienes razón, ya lo veo! + +Y llegó una enfermedad terrible, días y noches de angustia. Mientras +duró aquello hizo Don Rafael que Emilia se acostase con el niño en su +mismo cuarto. «Pero señorito--dijo ella--, cómo quiere usted que yo +duerma allí...» «Pues muy sencillo--contestó él, con su sencillez +acostumbrada--, ¡durmiendo!» + +Porque para aquel hombre todo sencillez, era sencillo todo. + +Por fin el médico dió por salvado al niño. + +--¡Salvado!--exclamó Don Rafael con el corazón desbordante, y fué a +abrazar a Emilia, que lloraba del estupor del gozo. + +--Sabes una cosa--le dijo sin soltar del todo el abrazo y mirando al +niño que sonreía en floración de convalecencia. + +--Usted dirá--contestó ella, mientras el corazón se le ponía al galope. + +--Que puesto que estamos los dos libres y sin compromiso, pues no creo +que pienses ya en aquel majadero que ni siquiera sabemos si llegó o no a +Tucumán, y ya que somos yo padre y tú madre, cada uno a su respecto, del +mismo hijo, nos casemos y asunto concluído. + +--¡Pero, D. Rafael!--y se puso en grana. + +--Mira, chiquilla, así podremos tener más hijos... + +El argumento era algo especioso, pero persuadió a Emilia. Y como vivían +juntos y no era cosa de contenerse por unos días fugitivos--¡qué más +da!--aquella misma noche le hicieron sucesor al niño y muy poco después +se casaron como la Santa Madre Iglesia y el providente Estado mandan. + +Y fueron en lo que en lo humano cabe--¡y no es poco!--felices, y +tuvieron diez hijos más, una bendición de Dios, con lo cual pudo morir +tranquilo _ab intestato_, por tener ya quienes forzosamente le +heredaran, el sencillo Don Rafael, que de cazador y tresillista pasó de +dos brincos a padre de familia. Y es lo que él solía decir como resumen +de su filosofía práctica: ¡Hay que dar al azar lo suyo! + + + + +¡Solo! + +(PALACIO VALDÉS) + + + + +¡SOLO! + + +Fresnedo dormía profundamente su siesta acostumbrada. Al lado del diván +estaba el velador maqueado, manchado de ceniza de cigarro, y sobre él un +platillo y una taza, pregonando que el café no desvela a todas las +personas. La estancia, amueblada para el verano con mecedoras y sillas +de rejilla, estera fina de paja, y las paredes desnudas y pintadas al +fresco, se hallaba menos que a media luz: las persianas la dejaban a +duras penas filtrarse. Por esto no se sentía el calor. Por esto y porque +nos hallamos en una de las provincias más frescas del Norte de España y +en el campo. Reinaba silencio. Escuchábase sólo fuera el suave ronquido +de las cigarras y el _pío pío_ de algún pájaro que, protegido por los +pámpanos de la parra que ciñe el balcón, se complacía en interrumpir la +siesta de sus compañeros. Alguna vez, muy lejos, se oía el chirrido de +un carro, lento, monótono, convidando al sueño. Dentro de la casa habían +cesado ya tiempo hacía los ruidos del fregado de los platos. La +fregatriz, la robusta, la colosal Mariona, como andaba descalza, sólo +producía un leve gemido de las tablas, que se quejaban al recibir tan +enorme y maciza humanidad. + +Cualquiera envidiaría aquella estancia fresca, aquel silencio dulce, +aquel sueño plácido. Fresnedo era un sibarita; pero solamente en el +verano. Durante el invierno trabajaba como un negro allá en su +escritorio de la calle de Espoz y Mina, donde tenía un gran +establecimiento de alfombras. Era hombre que pasaba un poco de los +cuarenta, fuerte y sano como suelen ser los que no han llevado una +juventud borrascosa: la tez morena, el pelo crespo, el bigote largo y +comenzando a ponerse gris. Había nacido en Campizos, punto donde nos +hallamos, hijo de labradores regularmente acomodados. Mandáronle a +Madrid a los catorce años con un tío comerciante. Trabajó con brío e +inteligencia; fué su primer dependiente; después, su asociado; por +último se casó con su hija, y heredó su hacienda y su comercio. Contrajo +matrimonio tarde, cuando ya se acercaba a los cuarenta años. Su mujer +sólo tenía veinte. Educada en el bienestar y hasta en el lujo que le +podía procurar el viejo Fresnedo, Margarita era una de esas niñas +madrileñas, toda melindres, toda vanidad, postrada ante las mil +ridiculeces de la vida cortesana, cual si estuviesen determinadas por +sentencias de un código inmortal, desviada enteramente de la vida de la +Naturaleza y la verdad. Por eso odiaba el campo, y muy particularmente +el ignorado y frondoso lugarcito donde tenía origen su linaje humilde. +Lo odiaba casi tanto como su mamá, la esposa del viejo Fresnedo, que, a +pesar de ser hija de una cacharrera de la calle de la Aduana, tenía a +menos poner los pies en Campizos. + +Tanto como ellas lo odiaban amábalo el buen Fresnedo. Mientras fué +dependiente de su tío, arrancábale todos los años licencia para pasar el +mes de Julio o Agosto en su país. Cuando sus ganancias se lo +permitieron, levantó al lado de la de sus padres una casita muy linda, +rodeada de jardín, y comenzó a comprar todos los pedazos de tierra que +cerca de ella salían a la venta. En pocos años logró hacerse un +propietario respetable. Y al compás que se hacía dueño de la tierra +donde corrieron sus primeros años, su amor hacia ella crecía +desmesuradamente. Puede cualquiera figurarse el disgusto que el honrado +comerciante experimentó cuando, después de casado con su prima, ésta le +anunció, al llegar el verano, que no estaba dispuesta «a sepultarse en +Campizos», decisión que su tía y suegra reciente apoyó con maravilloso +coraje. Fué necesario resignarse a veranear en San Sebastián. Al año +siguiente, lo mismo. Pero al llegar al cuarto, Fresnedo tuvo la audacia +de rebelarse, produciendo un gran tumulto doméstico.--«O a Campizos, o a +ninguna parte este verano. ¿Estamos, señoras?» Y los bigotes se le +erizaron de tal modo inflexible al pronunciar estas enérgicas palabras, +que la delicada esposa se desmayó acto continuo, y la animosa suegra, +rociando las sienes de su hija con agua fresca y dándole a oler el +frasco del antiespasmódico, comenzó a increparle amargamente: + +--¡Huele, hija mía, huele!... ¡Si las cosas se hicieran dos veces!... La +culpa la he tenido yo en poner en manos de un paleto una flor tan +delicada. + +Cuando la flor delicada abrió al fin los ojos, fué para soltar por ellos +un caudal de lágrimas y para decir con acento tristísimo: + +--¡Nunca lo creyera de Ramón! + +Fresnedo se conmovió. Hubo explicaciones. Al fin se transigió de un modo +honroso para las dos partes. Convínose en que Margarita y su mamá irían +a San Sebastián, llevando a la niña de quince meses, y que Fresnedo +fuése a Campizos el mes de Agosto, con Jesús, el niño mayor, de edad de +tres años, y su niñera. Esta es la razón de que Fresnedo se encuentre +durmiendo la siesta donde acabamos de verle. + +Despertóle de ella una voz bien conocida: + +--Papá, papá. + +Abrió los ojos y vió a su hijo a dos pasos, con su mandilito de dril +color perla, sus zapatitos blancos y el negro y enmarañado cabello caído +en bucles graciosos sobre la frente. Era un chico más robusto que +hermoso. La tez, de suyo morena, teníala ahora requemada por los días +que llevaba de aldea haciendo una vida libre y casi salvaje. Su padre le +tenía todo el día a la intemperie, siguiendo escrupulosamente las +instrucciones de su médico. + +--Papá..., dijo Tata que tú no querías... que tú no querías... que tú no +querías... comprarme un carro... y que el carnero... y que el carnero no +era mío..., que era de Carmita (la hermana), y no me deja cogerlo por +los cuernos, y me pegó en la mano. + +El chiquitín, al pronunciar este discurso con su graciosa media lengua, +deteniéndose a cada momento, mostraba en sus ojos negros y profundos la +indignación vivísima y mucha sed de justicia. Por un instante pareció +que iba a romper en llanto; pero su temperamento enérgico se sobrepuso, +y después de hacer una pausa cerró su perorata con una interjección de +carretero. El padre le había estado escuchando embelesado, animándole +con sus gestos a proseguir, lo mismo que si una música celeste le +regalase los oídos. Al oir la interjección, estalló en una sonora y +alegre carcajada. El niño le miró con asombro, no pudiendo comprender +que lo que a él le ponía tan fuera de sí causase el regocijo de su papá. +Este hubiera estado escuchándole horas y horas sin pestañear. Y eso que, +según contaba su suegra a las visitas, cuando quería dar el golpe de +gracia a su yerno y perderle completamente ante la conciencia pública, +¡¡¡se había dormido oyendo _La Favorita a Gayarre_!!! + +--¿Sí, vida mía? ¿La Tata no quiere que cojas el carnero por los +cuernos? ¡Deja que me levante, ya verás cómo arreglo yo a la Tata! + +Fresnedo atrajo a su hijo y le aplicó dos formidables besos en las +mejillas, acariciándole al mismo tiempo la cabecita con las manos. + +El chico no había agotado el capítulo de los agravios que creía haber +recibido de su niñera... Siguió gorjeando que ésta no había querido +darle pan. + +--Hace poco tiempo que hemos comido. + +--Hace mucho--dijo el niño con despecho. + +--Bueno, ya te lo daré yo. + +Además, la Tata no había querido contarle un cuento, ni hacer vaquitas +de papel. Además, le había pinchado con un alfiler aquí. Y señalaba una +manecita. + +--¡Pues es cierto!--exclamó Fresnedo viendo, en efecto un ligero +rasguño.--¡Dolores! ¡Dolores!--gritó después. + +Presentóse la niñera. El amo la increpó duramente por llevar alfileres +en la ropa, contra su prohibición expresa. Jesús, viendo a la Tata +triste y acobardada, fué a restregarse con sus faldas, como pidiéndole +perdón de haber sido causa de su disgusto. + +--Bueno--dijo Fresnedo levantándose del diván y esperezándose.--Ahora +nos iremos al establo y cogerás al carnero por los cuernos. ¿Quieres, +Chucho? + +Chucho quiso descoyuntarse la cabeza haciendo señales de afirmación que +corroboraba vivamente con su media lengua. Pero echando al mismo tiempo +una mirada tímida a su Tata, y viéndola todavía seria y avergonzada, le +dijo con encantadora sonrisa: + +--No te enfades, boba; tú vienes también con nosotros. + +Fresnedo se vistió su americana de dril, se cubrió con un sombrero de +paja, y tomando de la mano a su niño, bajó al jardín, y de allí se +trasladaron al establo. Al abrir la puerta, Chucho, que iba muy +decidido, se detuvo y esperó a que su padre penetrase. Estaba obscuro. +Del fondo de la cuadra salía el vaho tibio y húmedo que despide siempre +el ganado. Las vacas mugieron débilmente, lo cual puso en gran +sobresalto a Jesús, que se negó rotundamente a entrar, bajo el pretexto +especioso de que se iba a manchar los zapatos. Su padre le tomó entonces +en brazos y pasó y quiso acercarle a las vacas y que les pusiese la mano +en el testuz. Chucho, que no las llevaba todas consigo, confesó que a +las vacas les tenía un «potito de miedo». A los carneros ya era otra +cosa. A éstos declaraba que no les temía poco ni mucho; que jamás había +sentido por ellos más que amor y veneración. + +--Bueno, vamos a ver los carneros--dijo Fresnedo sonriendo. + +Y se trasladaron al departamento de las ovejas. Allí pretendió dejarlo +en el suelo; mas en cuanto puso los piececitos en él, Jesús manifestó +que estaba cansadísimo, y hubo que auparlo de nuevo. Acercóle su padre a +un carnero y le invitó a que le tomase por un cuerno. Era cosa grave y +digna de meditarse. Chucho lo pensó con detenimiento. Avanzó un poco la +mano, la retiró otra vez, volvió a avanzarla, volvió a retirarla. Por +último, se decidió a manifestar a su papá que a los carneros les tenía +«un potito miedo». Pero, en cambio, dijo que a las gallinas las trataba +con la mayor confianza; que en su vida le habían inspirado el más mínimo +recelo; que se sentía con fuerzas para cogerlas del rabo, de las patas y +hasta del pico, porque eran unos animales cobardes y despreciables, al +menos en su concepto. Fresnedo no tuvo inconveniente en llevarle al +gallinero, que estaba en la parte trasera de la casa, fabricado con una +valla de tela metálica. Allí Chucho, con una bravura de que hay pocos +ejemplos en la historia, se dirigió al gallo mayor, enorme animal de +casta española, soberbio de posturas y ardiente de ojo. Trató de cogerle +por el rabo, como había formalmente prometido, pero el grave sultán del +gallinero chilló de tal horrísona manera, extendiendo las alas y dando +feroces sacudidas, que el frío de la muerte penetró en el corazón de +Chucho. Apresuróse a soltarlo y se agarró aterrado al cuello de su +padre. + +--Pero, hombre, ¿no decías que no tenías miedo a las gallinas?--exclamó +éste riendo. + +--Tú, tú...; cógelo tú, papá. + +--Yo tengo miedo. + +--No, tú no tienes miedo. + +--Y tú, ¿lo tienes? + +Calló avergonzado; pero al fin confesó que a las gallinas también les +tenía «un potito de miedo». + +Desde allí llevóle otra vez Fresnedo al establo, y después de varios +sustos y vacilaciones logró que pusiera su manecita en el hocico de un +becerro. Mas ocurriéndole al animal sacar la lengua y pasársela por la +mano, la aspereza de ella le produjo tal impresión, que no quiso ya +arrimarse a ningún otro individuo de la raza vacuna. Subióle después al +pajar. ¡Qué placer para Chucho! ¡Hundirse en la crujiente hierba, +agarrarla y esparcirla en pequeños puñados; dejarse caer hacia atrás con +los brazos abiertos! Pero aún era mayor el gozo de su padre +contemplándole. Jugaron a sepultarse vivos. Fresnedo se dejaba enterrar +por su hijo, que iba amontonando hierba sobre él con vigor y crueldad +que nadie esperara de él. Mas a lo mejor de la operación, su papá daba +una violenta sacudida y echaba a volar toda la hierba. Y con esto el +chico soltaba nuevas carcajadas, como si aquello fuese el caso más +chistoso de la tierra. Sudaba una gota por todos los poros de su tierno +cuerpecito, tenía los cabellos pegados a la frente y el rostro +encendido. Cuando su papá trató de tomar la revancha y sepultarle a él, +no pudo resistirlo. Así que se halló con hierba sobre los ojos, dióse a +gritar y concluyó por llorar con verdadero sentimiento, cayéndole por +las mejillas unas lágrimas que su padre se apresuró a beber con besos +apasionados. + +Sí; en aquel momento a Fresnedo le atacó uno de esos accesos de ternura +que solían ser en él frecuentes. Jesús era su familia, todo su amor, la +única ilusión de su vida. Si entrásemos por los últimos pliegues de su +corazón, es posible que no halláramos ya un átomo de cariño hacia su +mujer. El carácter altanero, impertinente y desabrido de ésta había +matado el fuego de la pasión que sintió por ella al casarse. Pero aquel +tierno pimpollo, aquel botón de rosa, aquel pastelito dulce amasado por +los ángeles lo llenaba todo, ocupaba enteramente su vida, era el fondo +de sus pensamientos, el consuelo de sus pesares. Abrazábalo con arrebato +y cubría sus frescas mejillas con besos prolongados apretadísimos, +murmurando después a su oído palabras fogosas de enamorado. + +--¿Quién te quiere más que nadie en el mundo, hermoso mío? ¿No es tu +papá? Di, lucero. Y tú, ¿a quién quieres más? Sí, vida mía, sí; te +quiero tanto, que daría por ti la vida con gusto. Por ti, nada más que +por ti, quisiera ser algo de provecho en el mundo. Por ti, sólo por ti, +trabajo y trabajaré hasta morir! ¡Nunca te podré pagar lo feliz que me +haces, criatura! + +El niño no comprendía, pero adivinaba aquella pasión y la correspondía, +finamente. Sus grandes ojos negros, expresivos, se posaban en su padre, +esforzándose por penetrar en aquel mundo de amor y descifrar el sentido +de palabras tan fervorosas. Después de un momento de silencio en que +pareció que meditaba, tomó con sus manecitas como claveles la cara de su +padre, y acercando la boca a su oído, le dijo con voz tenue como un +soplo: + +--Papá, voy a decirte una cosa... Te quiero más que a mamá... No se lo +digas, ¿eh? + +Al buen Fresnedo se le humedecían los ojos con estas cosas. + +Bajaron del pajar, salieron del establo, y después de consultado el +reloj, el comerciante resolvió irse a bañar, como todos los días, al +río. + +--Chucho, ¿vienes conmigo al baño? + +¡Cielo santo, qué felicidad! + +Chucho quiso volverse loco de alegría. Generalmente el baño de su padre +le causaba algunas lágrimas porque no podía llevarle consigo a causa de +la niñera. Fresnedo se bañaba en un sitio retirado, pero en cueros +vivos. Esta vez se decidió a llevar a su hijo y dejar a Dolores en casa. +El niño comenzó a pedir a grandes gritos el sombrero. No quería subir +por él a casa, temiendo que su padre se le escapase como otras veces. La +Tata, riendo, se lo tiró del balcón, y lo mismo la sábana del papá y la +sombrilla. + +El río estaba a un kilómetro de la casa. Era necesario caminar por unas +callejas bordadas de toscas paredillas recamadas de zarzamora y +madreselva. El sol empezaba a declinar, y el valle, el hermoso valle de +Campizos, rodeado de suaves colinas pobladas de castañares, y en segundo +término de un cinturón de elevadísimas montañas, cuyas crestas nadaban +en un vapor violáceo, dormía la siesta silencioso, ostentando su manto +de verdura incomparable. Había todos los matices del verde en este +manto, desde el claro amarillento de la hierba tierna, hasta el obscuro +y profundo de los robles y negrillos. + +Caminaban padre e hijo por las angostas calles preservándose del sol con +la sombrilla del primero. Pero Chucho se escapaba muchas veces y +Fresnedo le dejaba libre, convencido de que era bueno acostumbrarlo a +todo. Gozaba al verle correr delante, con su mandilito de dril y su gran +sombrero de paja con cintas azules. Chucho andaba cuatro veces el +camino, como los perros. Paraba a cada instante para coger las +florecitas que estaban al alcance de su mano, y las que no, obligaba +despóticamente a su padre a cogerlas y además a cortar algunas ramas de +los árboles, con las cuales iba barriendo el camino. Por cierto que en +medio de él tuvo un encuentro desdichado y temeroso. Al doblar un recodo +tropezóse nuestro niño con un cerdo, un gran cerdo negro y redondo, +caminando en la misma dirección. Chucho tuvo la temeridad de acercarse a +él y cogerle por el rabo. Este aditamento de los animales ejercía una +influencia magnética sobre sus diminutas manos regordetas. El cerdo que +estaba, al parecer, de mal humor y nervioso, al sentirse asido lanzó un +terrible bufido, y dando la vuelta para escapar, embistió con el niño y +lo volcó. ¡Cristo Padre, qué grito! Allá acudió Fresnedo corriendo, y lo +levantó y le limpió las lágrimas y el polvo, haciéndole presente al +mismo tiempo que tomaría venganza de aquel cerdo bárbaro y descortés así +que llegaran a casa. Con lo cual se aplacó Chucho, no sin manifestar +antes que el cerdo era muy feo y que a él le gustaban más los perros, +porque eran buenos y le conocían, y cuando estaban de humor le lamían la +cara. + +Hubo que pasar por algunas saltaderas. Fresnedo tomaba a su hijo en +brazos y le ponía de la parte de allá con gran cuidado. Dejaron el +camino real y empezaron a caminar por los prados, donde Jesús se empeñó +en coger un grillo. Su padre le mandó orinar en el agujero para que +saliese. Así lo hizo, y como el grillo no quería asomar, se irritó +contra sí mismo porque no podía orinar más y lloró desconsoladamente. +Aunque con gran sentimiento, renunció a aquella caza difícil y se dedicó +a las _anitas de Dios_, y se entretuvo un rato, demasiado largo, en +opinión de su papá, a ponerlas en la palma de la mano, cantándoles: +_Anita, anita de Dios, abra las alas y vete con Dios_, precioso conjuro +que la había enseñado su Tata, persona muy instruída en este linaje de +conocimientos. + +Por fin llegaron al río. Corría sereno y límpido por entre praderas, +orlado de avellanos que salen de la tierra como grandes ramilletes. +Formaba en aquel paraje un remanso que llamaban en la aldea el _Pozo de +Tresagua_. Era el pozo bastante hondo, el sitio retirado y deleitoso. +Ningún otro había en los contornos de Campizos más a propósito para +bañarse. Llegaba el césped hasta la misma orilla, y sobre aquella verde +alfombra era grato sentarse y cómodamente se podía cualquiera desnudar +sin peligro de ser visto. Los avellanos, macizos de verdura, no dejaban +pasar los rayos del sol, que aún lucía vivo y ardiente. Allí gozaba +Fresnedo del baño más que el sultán de Turquía, acumulando salud y +felicidad para todo el año. En aquel mismo sitio se había bañado de niño +con otra porción de compañeros que hoy eran labradores. ¡Qué placer +sentía recordando los pormenores de su vida infantil, cuando era un +zagalillo a quien su padres recomendaban el cuidado del ganado en el +monte o les ayudaba en todas las faenas de la agricultura! Cuando los +recuerdos de la infancia van unidos a una vida libre en el seno de la +Naturaleza, por pobre que se haya sido, siempre aparecen alegres, +deliciosos. + +Descansaron algunos minutos padre e hijo sobre el césped «reposando el +calor», y al fin se decidió aquel a ir despojándose poco a poco de la +ropa. Mientras lo hacía, tarareaba una canción de zarzuela de las que +llegaban a sus oídos de Madrid. La alegría le rebosaba del alma. Su hijo +le miraba atentamente con sus grandes ojos negros. De vez en cuando +Fresnedo levantaba los suyos hacia él, y le decía sonriendo: + +--¿Qué hay, Chucho? ¿Te quieres bañar conmigo? + +Chucho se contentaba con reir, como diciendo: + +¡Qué bromista es este papá! ¡Como si no supiese que armo un escándalo +cada vez que intentan meterme en el agua! + +Fresnedo se bañaba enteramente desnudo. Le incomodaba mucho cualquier +traje de baño. En aquel sitio tenía la seguridad de no ser visto. Cuando +se quedó en cueros vivos, el asombro y la curiosidad retratados en la +cara de su «Chipilín», le causaron cierta vergüenza y se cubrió con la +sábana. Pero Chucho no estaba conforme y empezó a gorjear, mientras +tiraba de la sábana con sus manecitas, «que su papá tenía pelo en el +cuerpo y que él no lo tenía, y que la Tata tampoco lo tenía...» + +--Vamos, Chucho, cállate--le dijo el papá con semblante grave--. No se +habla de eso. Los niños no hablan de eso. + +--¿Y por qué no hablan los niños de eso? Fresnedo no contestó. + +--¿Por qué no hablan los niños de eso, papá?--repitió el chico. + +El comerciante quiso distraerle hablándole de otras cosas, pero Chucho +no acudió al engaño. + +--¿Por qué no hablan los niños de eso, papá?--insistió lleno de +curiosidad. + +--Porque no está bien--respondió. + +--¿Y por qué no está bien? + +--¡Vaya, vaya, déjame en paz!--exclamó entre impaciente y risueño. + +Embozado en la sábana como en un jaique moruno avanzó hacia el agua. + +--Mira, Chucho--dijo volviéndose--, no te muevas de ahí. Sentadito hasta +que yo salga, ¿verdad?... Mira, vas a ver cómo me tiro de cabeza al +agua. Mira bien. A la una..., a las dos... Mira bien, Chucho... ¡A las +tres! + +Fresnedo, que había dejado caer la sábana al dar las voces y se había +colocado sobre un pequeño cantil, lanzóse, en efecto de cabeza al pozo +con el placer que lo hacen los hombres llenos de vida. Al hundirse, su +cuerpo robusto agitó violentamente el agua, produjo en ella una +verdadera tempestad, cuyas gotas salpicaron al mismo Jesús. Este sufrió +un estremecimiento y quedó atónito, maravillado, al ver prontamente +salir a su padre y nadar haciendo volteretas y cabriolas en el agua. + +--¡Mira, Chucho! ¡Mira! + +Y se puso con el vientre arriba, dejándose flotar sin movimiento alguno. + +--Mira, mira ahora. + +Y nadaba hacia atrás con los pies solamente. + +--Verás ahora: voy a nadar como los perros. + +Nadaba, en efecto, chapoteando el agua con las palmas de las manos. + +¡Con qué gozo recordaba el rico comerciante aquellas habilidades +aprendidas en la niñez! + +Chucho estaba arrobado en éxtasis delicioso contemplándole. No perdía +uno solo de sus movimientos. + +--¡Chucho! ¡Chuchín! ¡Bien mío! ¿Quién te quiere?--gritaba Fresnedo +embriagado por la felicidad que las caricias del agua y los ojos +inocentes de su hijo le producían. + +El niño guardaba silencio completamente absorto y atento a los juegos +natatorios de su padre. + +--Vamos, di, Chipilín, ¿quién te quiere? + +--Papá--respondió grave con su voz levemente ronca, sin dejar de +contemplarle atentamente. + +Una de las habilidades en que Fresnedo había sobresalido de niño y que +mucho le enorgullecía, era la de pescar truchas a mano. Siempre que +venía a Campizos se ejercitaba en esta pesca. Era verdaderamente notable +su destreza para reconocer y batir los agujeros de las rocas, bloquear +la trucha y agarrarla por las agallas al fin. Los pescadores del país +confesaban que se las podía haber con cualquiera de ellos, y se contaba +que de niño había salido del agua con tres truchas, una en cada mano y +otra en la boca, aunque Fresnedo no quería confirmarlo. Pues bien; en +este momento le acometió el deseo de proporcionar un placer a su hijo y +dárselo a sí mismo. + +--Verás, Chipilín, voy a sacarte una trucha... ¿Quieres? + +¡Ya lo creo que quería! + +¡Pues si cabalmente Chucho sentía mayor inclinación, si cabe, a los +animales acuáticos que a los terrestres! + +Fresnedo hizo una larga aspiración y se sumergió, dejando a su hijo +maravillado; registró los huecos de algunas piedras del fondo, y sólo +pudo tocar con los dedos la cola de una trucha sin lograr agarrarla. +Como le faltase el aliento, subió a respirar. + +--Chucho, no he podido cogerla; pero ya caerá. + +--¿Por qué caerá, papá?--preguntó el niño que no dejaba escapar un +modismo sin hacer que se lo explicasen. + +--Quiero decir que ya la cogeré. + +Otra vez aspiró el aire con fuerza y se lanzó al fondo. Al cabo de unos +momentos salió a la superficie con una trucha en la mano, que arrojó a +la orilla. Chucho dió un grito de susto y alegría al ver a sus pies al +animalito brincando y retorciéndose con furia. Quería agarrarlo cuando +paraba un instante; pero al acercar su manecita la trucha daba un salto, +y el chico, estremecido, la retiraba vivamente; intentaba nuevamente +asirla lanzando chillidos alegres, y otro salto le asustaba y le ponía +súbito grave. Estaba nervioso; gritaba, reía, hablaba, lloraba a un +tiempo mismo, mientras su padre, embelesado, nadaba suavemente +contemplándole. + +--¡Anda, valiente! ¡Agárrala, que no te hace nada!... ¡Por la cola, +tonto!... ¿Quieres que te pesque otra más grande? + +--Sí, más gande, papá. Esta no me gusta--respondió el chiquito +renunciando ya bravamente a agarrar una trucha tan pequeña. + +El buen comerciante se preparó para otro chapuz; dejóse ir al fondo y +con prisa comenzó a registrar los agujeros de una roca grande que antes +había visto. La muerte feroz y traidora aguardaba dentro. Metió el brazo +en uno de ellos harto angosto, y cuando intentó sacarlo no pudo. La +sangre se le agolpó toda al corazón. Perdió la serenidad para buscar la +postura en que había entrado. Forcejeó en vano algunos momentos. Abrió +la boca al fin, falto de aliento, y en pocos segundos quedó asfixiado el +infeliz. + +Chucho esperó en vano su salida. Miró con gran curiosidad por algunos +minutos el agua, hasta que, cansado de esperar, dijo con inocente +naturalidad: + +--¡Papá, sal! + +El padre no obedeció. Esperó unos instantes, y volvió a gritar con más +energía: + +--¡Papá, sal! + +Y cada vez más impaciente, repitió este grito, concluyendo por llorar. +Largo rato estuvo diciendo lo mismo con desesperación: + +--¡Sal, papá, sal! + +Sus rosadas mejillas estaban bañadas de lágrimas; sus ojos grandes, +hermosos, inocentes, se fijaban ansiosos en el pozo donde a cada +instante se figuraba ver salir a su padre. + +Un salto de la trucha que tenía cerca, viva aún, le distrajo. Acercó su +manecita a ella y la tocó con un dedo. La trucha se movió levemente. +Volvió a tocarla y se movió menos aún. Entonces, alentado por el +abatimiento del animal, se atrevió a posar la palma de la mano sobre él. +La trucha no rebulló. Chucho principió a gorjear por lo bajo que él no +tenía miedo a las truchas y que si estuviera allí su hermana Carmita +indudablemente no osaría poner la mano sobre una bestia tan feroz como +aquélla. Tanto se fué envalentonando, que concluyó por agarrarla por la +cola y suspenderla. Aquel acto de heroísmo despertó en él mucha alegría. +Fluyeron de su garganta algunas sonoras carcajadas. Pero una violenta +sacudida de la trucha le obligó a soltarla aterrado. Miró a su +alrededor, y no viendo a nadie, se fijó otra vez en el pozo y tornó a +gritar, llorando: + +--¡Sal, papá! ¡Sal, papá!... ¡No quero trucha, papá! ¡Sal! + +El sol declinaba. Aquel retirado paraje, situado en la falda misma de la +colina, se iba poblando de sombras. Allá, en el horizonte, el sol se +ocultaba detrás de las altas y lejanas montañas de color violeta. + +--Teno miedo, papá... ¡Sal, papaíto!--gritaba la tierna criatura +bebiendo lágrimas. + +Ninguna voz respondía a la suya. Escuchábanse tan sólo las esquilas del +ganado o algún mujido lejano. El río seguía murmurando suavemente su +eterna queja. + +Rendido, ronco de tanto gritar, Chucho se dejó caer sobre el césped y se +durmió. Pero su sueño fué intranquilo. Era una criatura excesivamente +nerviosa, y la agitación con que se había dormido le hizo despertar al +poco rato. Había cerrado la noche. Al principio no se dió cuenta de +dónde estaba, y dijo como otras veces en su camita: + +--Tata, quero agua. + +Pero viendo que la Tata no acudía, se incorporó sobre el césped, miró +alrededor, y su pequeño corazón se encogió de terror observando la +obscuridad que reinaba. + +--¡Tata, Tata!--gritó repetidas veces... + +La luz de la luna rielaba en el agua. Atraídos sus ojos hacia ella, +Chucho se acordó de pronto que su papá estaba con él y se había metido +en el río a sacarle una trucha. Y entre sollozos que le rompían el pecho +y lágrimas que le cegaban, volvió a gritar: + +--¡Sal, papá; sal, mi papá!... ¡Teno miedo! + +La voz del niño resonaba tristemente en la obscura campiña silenciosa. +¡Ah! Si el buen Fresnedo pudiera escucharle allá en el fondo del pozo, +hubiera mordido la roca que le tenía sujeto, se hubiera arrancado el +brazo para acudir a su llamamiento. + +No pudiendo ya gritar más porque le faltaba la voz y el aliento, +destrozado por el cansancio, cayó otra vez dormido, y así le hallaron +los que habían salido en su busca. + + + + +El Rey Burgués. + +(RUBÉN DARÍO) + + + + +EL REY BURGUES + + +¡Amigo!, el cielo está opaco; el aire, frío; el día, triste. Un cuento +alegre..., así como para distraer las brumosas y grises melancolías, +helo aquí. + + * * * * * + +Había en una ciudad inmensa y brillante un rey muy poderoso, que tenía +trajes caprichosos y ricos, esclavas desnudas, blancas y negras; +caballos de largas crines, armas flamantísimas, galgos rápidos y +monteros con cuernos de bronce, que llenaban el viento con sus +fanfarrias. ¿Era un rey poeta? No, amigo mío: era el Rey Burgués. + + * * * * * + +Era muy aficionado a las artes el soberano y favorecía con gran largueza +a sus músicos, a sus hacedores de ditirambos, pintores, escultores, +boticarios, barberos y maestros de esgrima. + +Cuando iba a la floresta, junto al corzo o jabalí herido y sangriento, +hacía improvisar a sus profesores de retórica canciones alusivas; los +criados llenaban las copas del vino de oro que hierve, y las mujeres +batían palmas con movimientos rítmicos y gallardos. Era un rey sol, en +su Babilonia llena de músicas, de carcajadas y de ruido de festín. +Cuando se hastiaba de la ciudad bullente, iba de caza, atronando el +bosque con sus tropeles; y hacía salir de sus nidos a las aves +asustadas, y el vocerío repercutía en lo más escondido de las cavernas. +Los perros, de patas elásticas, iban rompiendo la maleza en la carrera, +y los cazadores, inclinados sobre el pescuezo de los caballos, hacían +ondear los mantos purpúreos, y llevaban las caras encendidas y las +cabelleras al viento. + + * * * * * + +El rey tenía un palacio soberbio, donde había acumulado riquezas y +objetos de arte maravilloso. Llegaba a él por entre grupos de lilas y +extensos estanques, siendo saludado por los cisnes de cuellos blancos +antes que por los lacayos estirados. Buen gusto. Subía por una escalera +llena de columnas de alabastro y de esmaragdina, que tenía a los lados +leones de mármol, como los de los troncos salomónicos. Refinamiento. A +más de los cisnes tenía una vasta pajarera, como amante de la armonía, +del arrullo, del trino; y cerca de ella iba a ensanchar su espíritu +leyendo novelas de M. Ohnet, o bellos libros sobre cuestiones +gramaticales, o críticas hermosillescas. Eso sí, defensor acérrimo de la +corrección académica en letras, y del modo lamido en artes; alma sublime +amante de la lija y de la ortografía. + + * * * * * + +¡Japonerías! ¡Chinerías!, por lujo, y nada más. + +Bien podía darse el placer de un salón digno del gusto de un Goncourt y +de los millones de un Creso: quimeras de bronce con las fauces abiertas +y las colas enroscadas, en grupos fantásticos y maravillosos; lacas de +Kioto con incrustaciones de hojas y ramas de una flora monstruosa, y +animales de una fauna desconocida; mariposas de raros abanicos junto a +las paredes; peces y gallos de colores; máscaras de gestos infernales y +con ojos como si fuesen vivos; partesanas de hojas antiquísimas y +empuñaduras con dragones devorando flores de loto; y en conchas de +huevo, túnicas de seda amarilla, como tejidas con hilos de araña, +sembradas de garzas rojas y de verdes matas de arroz; y tibores, +porcelanas de muchos siglos, de aquellas en que hay guerreros tártaros +con una piel que les cubre hasta los riñones, y que llevan arcos +estirados y manojos de flechas. + +Por lo demás, había el salón griego, lleno de mármoles: diosas, musas, +ninfas y sátiros; el salón de los tiempos galantes con cuadros del gran +Watteau y de Chardin; dos, tres, cuatro, ¡cuántos salones! + +Y Mecenas se paseaba por todos, con la cara inundada de cierta majestad, +el vientre feliz y la corona en la cabeza, como un rey de naipe. + + * * * * * + +Un día le llevaron una rara especie de hombre ante su trono, donde se +hallaba rodeado de cortesanos, de retóricos y de maestros de equitación +y de baile. + +--¿Qué es eso?--preguntó. + +--Señor, es un poeta. + +El rey tenía cisnes en el estanque, canarios, gorriones, senzontes en la +pajarera: un poeta era algo nuevo y extraño. + +--Dejadle aquí. + +Y el poeta: + +--Señor, no he comido. + +Y el rey: + +--Habla, y comerás. + +Comenzó: + + * * * * * + +--Señor, ha tiempo que yo canto el verbo del porvenir. He tendido mis +alas al huracán, he nacido en el tiempo de la aurora: busco la raza +escogida que debe esperar, con el himno en la boca y la lira en la mano, +la salida del gran sol. He abandonado la inspiración de la ciudad +malsana, la alcoba llena de perfumes, la musa de carne que llena el alma +de pequeñez y el rostro de polvos de arroz. He roto el arpa adulona de +las cuerdas débiles contra las copas de Bohemia y las jarras donde +espumea el vino que embriaga sin dar fortaleza; he arrojado el manto que +me hacía parecer histrión, o mujer, y he vestido de modo salvaje y +espléndido: mi harapo es de púrpura. He ido a la selva, donde he quedado +vigoroso y ahito de leche fecunda y licor de nueva vida; y en la ribera +del mar áspero, sacudiendo la cabeza bajo la fuerte y negra tempestad, +como un ángel soberbio, o como un semidiós olímpico, he ensayado el +yambo dando al olvido el madrigal. + +He acariciado a la gran Naturaleza, y he buscado el calor del ideal, el +verso que está en el astro en el fondo del cielo, y el que está en la +perla en lo profundo del Océano. ¡He querido ser pujante! Porque viene +el tiempo de las grandes revoluciones, con un Mesías todo luz, todo +agitación y potencia, y es preciso recibir su espíritu con el poema que +sea arco triunfal, de estrofas de acero, de estrofas de oro, de estrofas +de amor. + +¡Señor!, el arte no está en los fríos envoltorios de mármol, ni en los +cuadros lamidos, ni en el excelente señor Ohnet! ¡Señor!, el arte no +viste pantalones, ni habla en burgués, ni pone los puntos en todas las +íes. El es augusto, tiene mantos de oro, o de llamas, o anda desnudo, y +amasa la greda con fiebre, y pinta con luz, y es opulento, y da golpes +de ala como las águilas, o _zarpazos_ como los leones. Señor, entre un +Apolo y un ganso, preferid al Apolo, aunque el uno sea de tierra cocida +y el otro de marfil. + +¡Oh, la poesía! + +¡Y bien! Los ritmos se prostituyen, se cantan los lunares de las mujeres +y se fabrican jarabes poéticos. Además, señor, el zapatero critica mis +endecasílabos, y el señor profesor de farmacia pone puntos y comas a mi +inspiración. Señor, ¡y vos lo autorizáis todo esto!... El ideal, el +ideal... + +El rey interrumpió: + +--Ya habéis oído. ¿Qué hacer? + +Y un filósofo al uso: + +--Si lo permitís, señor, puede ganarse la comida con una caja de música; +podemos colocarle en el jardín, cerca de los cisnes, para cuando os +paseéis. + +--Sí--dijo el rey; y dirigiéndose al poeta:--Daréis vueltas a un +manubrio. Cerraréis la boca. Haréis sonar una caja de música que toca +valses, cuadrillas y galopas, como no prefiráis moriros de hambre. Pieza +de música por pedazo de pan. Nada de jerigonzas ni de ideales. Id. + +Y desde aquel día pudo verse a la orilla del estanque de los cisnes al +poeta hambriento, que daba vueltas al manubrio: tiririrín, tiririrín..., +¡avergonzado a las miradas del gran sol! ¿Pasaba el rey por las +cercanías? ¡Tiririrín, tiririrín...! ¿Había que llenar el estómago? +¡Tiririrín! Todo entre las burlas de los pájaros libres que llegaban a +beber rocío en las lilas floridas, entre el zumbido de las abejas que le +picaban el rostro y le llenaban los ojos de lágrimas..., ¡lágrimas +amargas que rodaban por sus mejillas y que caían a la tierra negra! + +Y llegó el invierno, y el pobre sintió frío en el cuerpo y en el alma. Y +su cerebro estaba como petrificado, y los grandes himnos estaban en el +olvido, y el poeta de la montaña coronada de águilas no era sino un +pobre diablo que daba vueltas al manubrio: ¡tiririrín! + +Y cuando cayó la nieve se olvidaron de él el rey y sus vasallos; a los +pájaros se les abrigó, y a él se le dejó al aire glacial, que le mordía +las carnes y le azotaba el rostro. + +Y una noche en que caía de lo alto la lluvia blanca de plumillas +cristalizadas, en el palacio había festín, y la luz de las arañas reía +alegre sobre los mármoles, sobre el oro y sobre las túnicas de los +mandarines de las viejas porcelanas. Y se aplaudían hasta la locura los +brindis del señor profesor de retórica, cuajados de dáctilos, de +anapestos y de pirriquios, mientras en las copas cristalinas hervía el +Champaña con su burbujeo luminoso y fugaz. ¡Noche de invierno, noche de +fiesta! Y el infeliz, cubierto de nieve, cerca del estanque, daba +vueltas al manubrio para calentarse, tembloroso y aterido, insultado por +el cierzo, bajo la blancura implacable y helada, en la noche sombría, +haciendo resonar entre los árboles sin hojas la música loca de las +galopas y cuadrillas; y se quedó muerto, pensando en que nacería el sol +del día venidero, y con él el ideal..., y en que el arte no vestiría +pantalones, sino manto de llamas de oro... Hasta que al día siguiente lo +hallaron el rey y sus cortesanos, al pobre diablo de poeta, como +gorrión que mata el hielo, con una sonrisa amarga en los labios, y +todavía con la mano en el manubrio. + + * * * * * + +¡Oh, mi amigo!, el cielo está opaco; el aire frío; el día, triste. +Flotan brumosas y grises melancolías... + +Pero, ¡cuánto calienta el alma una frase, un apretón de manos a tiempo! +Hasta la vista! + + + + +Elizabide el Vagabundo. + +(BAROJA) + + + + +ELIZABIDE EL VAGABUNDO + + + ¿Cer zala usté cenuben + enamoratzia? + Sillau is hira eta + guitarra jotzia. + + (CANTO POPULAR) + +Muchas veces, mientras trabajaba en aquel abandonado jardín, Elizabide +el Vagabundo se decía al ver pasar a Maintoni, que volvía de la iglesia: + +--¿Qué pensará?--¿Vivirá satisfecha? ¡La vida de Maintoni le parecía tan +extraña! Porque era natural que quien como él había andado siempre a la +buena de Dios rodando por el mundo, encontrara la calma y el silencio de +la aldea deliciosos; pero ella, que no había salido nunca de aquel +rincón, ¿no sentiría deseos de asistir a teatros, a fiestas, a +diversiones, de vivir otra vida más espléndida, más intensa? Y como +Elizabide el Vagabundo no se daba respuesta a su pregunta, seguía +removiendo la tierra con su azadón filosóficamente. + +--Es una mujer fuerte--pensaba después;--su alma es tan serena, tan +clara, que llega a preocupar. Una preocupación científica, sólo +científica, eso claro. Y Elizabide el Vagabundo, satisfecho de la +seguridad que se concedía a sí mismo de que íntimamente no tomaba parte +en aquella preocupación, seguía trabajando en el jardín abandonado de su +casa. + +Era un tipo curioso el de Elizabide el Vagabundo. Reunía todas las +cualidades y defectos del vascongado de la costa: era audaz, irónico, +perezoso, burlón. La ligereza y el olvido constituían la base de su +temperamento: no daba importancia a nada, se olvidaba de todo. Había +gastado casi entero su escaso capital en sus correrías por América, de +periodista en un pueblo, de negociante en otro, aquí vendiendo ganado, +allá comerciando en vinos. Estuvo muchas veces a punto de hacer fortuna, +lo que no consiguió por indiferencia. Era de esos hombres que se dejan +llevar por los acontecimientos sin protestar nunca. Su vida, él la +comparaba con la marcha de uno de esos troncos que van por el río, que +si nadie los recoge se pierden al fin en el mar. + +Su inercia y su pereza eran más de pensamiento que de manos; su alma +huía de él muchas veces: le bastaba mirar al agua corriente, contemplar +una nube o una estrella para olvidar el proyecto más importante de su +vida, y cuando no lo olvidaba por esto, lo abandonaba por cualquier +otra cosa, sin saber por qué muchas veces. + +Ultimamente se había encontrado en una estancia del Uruguay, y como +Elizabide era agradable en su trato y no muy desagradable en su aspecto, +aunque tenía ya sus treinta y ocho años, el dueño de la estancia le +ofreció la mano de su hija, una muchacha bastante fea que estaba en +amores con un mulato. Elizabide, a quien no le parecía mal la vida +salvaje de la estancia, aceptó, y ya estaba para casarse cuando sintió +la nostalgia de su pueblo, del olor a heno de sus montes, del paisaje +brumoso de la tierra vascongada. Como en sus planes no entraban las +explicaciones bruscas, una mañana, al amanecer, advirtió a los padres de +su futura que iba a ir a Montevideo a comprar el regalo de boda; montó a +caballo, luego en el tren; llegó a la capital, se embarcó en un +transatlántico, y después de saludar cariñosamente la tierra +hospitalaria de América, se volvió a España. + +Llegó a su pueblo, un pueblecillo de la provincia de Guipúzcoa; abrazó a +su hermano Ignacio, que estaba allí de boticario; fué a ver a su +nodriza, a quien prometió no hacer ninguna escapatoria más, y se instaló +en su casa. Cuando corrió por el pueblo la voz de que no sólo no había +hecho dinero en América, sino que lo había perdido, todo el mundo +recordó que antes de salir de la aldea ya tenía fama de fatuo, de +insubstancial y de vagabundo. + +El no se preocupaba absolutamente nada por estas cosas; cavaba en su +huerta, y en los ratos perdidos trabajaba en construir una canoa para +andar por el río, cosa que a todo el pueblo indignaba. + +Elizabide el Vagabundo creía que su hermano Ignacio, la mujer y los +hijos de éste le desdeñaban, y por eso no iba a visitarles más que de +cuando en cuando; pero pronto vió que su hermano y su cuñada le +estimaban y le hacían reproches porque no iba a verlos. Elizabide +comenzó a acudir a casa de su hermano con más frecuencia. + +La casa del boticario estaba a la salida del pueblo, completamente +aislada; por la parte que miraba al camino tenía un jardín rodeado de +una tapia, y por encima de ella salían ramas de laurel de un verde +obscuro que protegían algo la fachada del viento del Norte. Pasando el +jardín estaba la botica. + +La casa no tenía balcones, sino sólo ventanas, y éstas abiertas en la +pared sin simetría alguna; quizás esto era debido a que algunas de ellas +estaban tapiadas. + +Al pasar en el tren o en el coche de las provincias del Norte, ¿no +habéis visto casas solitarias que, sin saber por qué, os daban envidia? +Parece que allá dentro se debe vivir bien, se adivina una existencia +dulce y apacible; las ventanas con cortinas hablan de interiores casi +monásticos, de grandes habitaciones amuebladas con arcas y cómodas de +nogal, de inmensas camas de madera; de una existencia tranquila, +sosegada, cuyas horas pasan lentas, medidas por el viejo reloj de alta +caja que lanza en la noche su sonoro tic-tac. + +La casa del boticario era de éstas: en el jardín se veían jacintos, +heliotropos, rosales y enormes hortensias que llegaban hasta la altura +de los balcones del piso bajo. Por encima de la tapia del jardín caían +como en cascada un torrente de rosas blancas, sencillas, que en +vascuence se llaman _choruas_ (locas) por lo frívolas que son y por lo +pronto que se marchitan y se caen. + +Cuando Elizabide el Vagabundo fué a casa de su hermano, ya con más +confianza, el boticario y su mujer, seguidos de todos los chicos, le +enseñaron la casa, limpia, clara y bien oliente; después fueron a ver la +huerta, y aquí Elizabide el Vagabundo vió por primera vez a Maintoni, +que, con la cabeza cubierta con un sombrero de paja, estaba recogiendo +guisantes en la falda del delantal. Elizabide y ella se saludaron +fríamente. + +--Vamos hacia el río--le dijo a su hermana la mujer del +boticario.--Diles a las chicas que lleven el chocolate allí. + +Maintoni se fué hacia la casa, y los demás, por una especie de túnel +largo formado por perales que tenían las ramas extendidas como las +varillas de un abanico, bajaron a una plazoleta que estaba junto al río, +entre árboles, en donde había una mesa rústica y un banco de piedra. El +sol, al penetrar entre el follaje, iluminaba el fondo del río y se veían +las piedras redondas del cauce y los peces que pasaban lentamente +brillando como si fueran de plata. La tarde era de una tranquilidad +admirable; el cielo azul, puro y tranquilo. + +Antes del caer de la tarde las dos muchachas de casa del boticario +vinieron con bandejas en la mano trayendo chocolate y bizcochos. Los +chicos se abalanzaron sobre los bizcochos como fieras. Elizabide el +Vagabundo habló de sus viajes, contó algunas aventuras, y tuvo suspensos +de sus labios a todos. Sólo ella, Maintoni, pareció no entusiasmarse +gran cosa con aquellas narraciones. + +--Mañana vendrás, tío Pablo, ¿verdad?--le decían los chicos. + +--Sí, vendré. + +Y Elizabide el Vagabundo se marchó a su casa y pensó en Maintoni y soñó +con ella. La veía en su imaginación tal cual era: chiquitilla, esbelta, +con sus ojos negros, brillantes, rodeada de sus sobrinos, que le +abrazaban y le besuqueaban. + +Como el mayor de los hijos del boticario estudiaba el tercer año del +bachillerato, Elizabide se dedicó a darle lecciones de francés, y a +estas lecciones se agregó Maintoni. + +Elizabide comenzaba a sentirse preocupado con la hermana de su cuñado, +tan serena, tan inmutable; no se comprendía si su alma era un alma de +niña sin deseos ni aspiraciones, o si era una mujer indiferente a todo +lo que no se relacionase con las personas que vivían en su hogar. El +vagabundo la solía mirar absorto.--¿Qué pensará?--se preguntaba. Una vez +se sintió atrevido, y la dijo: + +--¿Y usted no piensa casarse, Maintoni? + +--¡Yo! ¡casarme! + +--¿Por qué no? + +--¿Quién va a cuidar de los chicos si me caso? Además, yo ya soy +_nesca-zarra_ (solterona)--contestó ella riéndose. + +--¡A los veintisiete años solterona! Entonces yo, que tengo treinta y +ocho, debo de estar en el último grado de la decrepitud. + +Maintoni a esto no dijo nada; no hizo más que sonreir. + +Aquella noche Elizabide se asombró al ver lo que le preocupaba +Maintoni. + +--¿Qué clase de mujer es ésta?--se decía.--De orgullosa no tiene nada, +de romántica tampoco, y sin embargo... + +En la orilla del río, cerca de un estrecho desfiladero, brotaba una +fuente que tenía un estanque profundísimo; el agua parecía allí de +cristal por lo inmóvil. Así era quizás el alma de Maintoni--se decía +Elizabide--y sin embargo...--Sin embargo, a pesar de sus definiciones, +la preocupación no se desvanecía; al revés, iba haciéndose mayor. + +Llegó el verano; en el jardín de la casa del boticario reuníanse toda la +familia, Maintoni y Elizabide el Vagabundo. Nunca fué éste tan exacto +como entonces, nunca tan dichoso y tan desgraciado al mismo tiempo. Al +anochecer, cuando el cielo se llenaba de estrellas y la luz pálida de +Júpiter brillaba en el firmamento, las conversaciones se hacían más +íntimas, más familiares, coreadas por el canto de los sapos. Maintoni se +mostraba más expansiva, más locuaz. + +A las nueve de la noche, cuando se oía el sonar de los cascabeles de la +diligencia que pasaba por el pueblo con un gran farol sobre la capota +del pescante, se disolvía la reunión y Elizabide se marchaba a su casa +haciendo proyectos para el día de mañana, que giraban siempre alrededor +de Maintoni. + +A veces, desalentado, se preguntaba:--¿No es imbécil haber recorrido el +mundo para venir a caer en un pueblecillo y enamorarse de una señorita +de aldea? ¡Y quién se atrevía a decirle nada a aquella mujer, tan +serena, tan impasible! + +Fué pasando el verano, llegó la época de las fiestas, y el boticario y +su familia se dispusieron a celebrar la romería de Arnazabal como todos +los años. + +--¿Tú también vendrás con nosotros?--le preguntó el boticario a su +hermano. + +--Yo no. + +--¿Por qué no? + +--No tengo ganas. + +--Bueno, bueno; pero te advierto que te vas a quedar solo, porque hasta +las muchachas vendrán con nosotros. + +--¿Y usted también?--dijo Elizabide a Maintoni. + +--Sí. ¡Ya lo creo! A mí me gustan mucho las romerías. + +--No hagas caso, que no es por eso--replicó el boticario.--Va a ver al +médico de Arnazabal, que es un muchacho joven que el año pasado le hizo +el amor. + +--¿Y por qué no?--exclamó Maintoni sonriendo. + +Elizabide el Vagabundo palideció, enrojeció; pero no dijo nada. + +La víspera de la romería el boticario le volvió a preguntar a su +hermano: + +--¿Conque vienes o no? + +--Bueno, iré--murmuró el vagabundo. + +Al día siguiente se levantaron temprano y salieron del pueblo, tomaron +la carretera, y después, siguiendo veredas, atravesando prados cubiertos +de altas hierbas y de purpúreas digitales, se internaron en el monte. La +mañana estaba húmeda, templada; el campo mojado por el rocío; el cielo +azul muy pálido, con algunas nubecillas blancas que se deshilachaban en +estrías tenues. A las diez de la mañana llegaron a Arnazabal, un pueblo +en un alto, con su iglesia, su juego de pelota en la plaza, y dos o tres +calles formadas por caseríos. + +Entraron en el caserío, propiedad de la mujer del boticario, y pasaron a +la cocina. Allí comenzaron los agasajos y los grandes recibimientos de +la vieja de la casa, que abandonó su labor de echar ramas al fuego y de +mecer la cuna de un niño; se levantó del fogón bajo, en donde estaba +sentada, y saludó a todos, besando a Maintoni, a su hermana y a los +chicos. Era una vieja flaca, acartonada, con un pañuelo negro en la +cabeza; tenía la nariz larga y ganchuda, la boca sin dientes, la cara +llena de arrugas y el pelo blanco. + +--¿Y vuestra merced es el que estaba en las Indias?--preguntó la vieja a +Elizabide, encarándose con él. + +--Sí; yo era el que estaba allá. + +Como habían dado las diez, y a esta hora empezaba la Misa mayor, no +quedaba en casa más que la vieja. Todos se dirigieron a la iglesia. + +Antes de comer, el boticario, ayudado de su cuñada y de los chicos, +disparó desde una ventana del caserío una barbaridad de cohetes, y +después bajaron todos al comedor. Había más de veinte personas en la +mesa, entre ellas el médico del pueblo, que se sentó cerca de Maintoni, +y tuvo para ella y para su hermano un sin fin de galanterías y de +oficiosidades. + +Elizabide el Vagabundo sintió una tristeza tan grande en aquel momento, +que pensó en dejar la aldea y volverse a América. Durante la comida, +Maintoni le miraba mucho a Elizabide. + +--Es para burlarse de mí--pensaba éste.--Ha sospechado que la quiero, y +coquetea con el otro. El golfo de Méjico tendrá que ser otra vez +conmigo. + +Al terminar la comida eran más de las cuatro; había comenzado el baile. +El médico, sin separarse de Maintoni, seguía galanteándola, y ella +seguía mirando a Elizabide. + +Al anochecer, cuando la fiesta estaba en su esplendor, comenzó el +_aurrescu_. Los muchachos, agarrados de las manos, iban dando vuelta a +la plaza, precedidos de los tamborileros; dos de los mozos se +destacaron, se hablaron, parecieron vacilar, y descubriéndose, con las +boinas en la mano, invitaron a Maintoni para ser la primera, la reina +del baile. Ella trató de disuadirles en vascuence: miró a su cuñado, que +sonreía; a su hermana, que también sonreía, y a Elizabide, que estaba +fúnebre. + +--Anda, no seas tonta--le dijo su hermana. + +Y comenzó el baile con todas sus ceremonias y sus saludos, recuerdos de +una edad primitiva y heroica. Concluído el _aurrescu_, el boticario sacó +a bailar el fandango a su mujer, y el médico joven a Maintoni. + +Obscureció: fueron encendiéndose hogueras en la plaza, y la gente fué +pensando en la vuelta. Después de tomar chocolate en el caserío, la +familia del boticario y Elizabide emprendieron el camino hacia casa. + +A lo lejos, entre los montes, se oían los _irrintzis_ de los que volvían +de la romería, gritos como relinchos salvajes. En las espesuras +brillaban los gusanos de luz como estrellas azuladas, y los sapos +lanzaban su nota de cristal en el silencio de la noche serena. + +De vez en cuando, al bajar alguna cuesta, al boticario se le ocurría que +se agarraran todos de la mano, y bajaban la cuesta cantando: + +_Aita San Antoniyo Urquiyolacua. Ascoren biyotzeco santo devotua_. + +A pesar de que Elizabide quería alejarse de Maintoni, con la cual estaba +indignado, dió la coincidencia de que ella se encontraba junto a él. Al +formar la cadena, ella le daba la mano, una mano pequeña, suave y tibia. +De pronto, al boticario, que iba el primero, se le ocurría pararse y +empujar para atrás, y entonces se daban encontronazos los unos contra +los otros, y a veces Elizabide recibía en sus brazos a Maintoni. Ella +reñía alegremente a su cuñado, y miraba al vagabundo, siempre fúnebre. + +--Y usted, ¿por qué está tan triste?--le preguntó Maintoni con voz +maliciosa, y sus ojos negros brillaron en la noche. + +--¡Yo! No sé. Esta maldad de hombre que sin querer le entristecen las +alegrías de los demás. + +--Pero usted no es malo--dijo Maintoni, y le miró tan profundamente con +sus ojos negros, que Elizabide el Vagabundo, se quedó tan turbado, que +pensó que hasta las mismas estrellas notarían su turbación. + +--No, no soy malo--murmuró Elizabide--; pero soy un fatuo, un hombre +inútil, como dice todo el pueblo. + +--¿Y eso le preocupa a usted, lo que dice la gente que no le conoce? + +--Sí, temo que sea la verdad, y para un hombre que tendrá que marcharse +otra vez a América, ese es un temor grave. + +--¡Marcharse! ¿Se va usted a marchar?--murmuró Maintoni con voz triste. + +--Sí. + +--¿Pero por qué? + +--¡Oh! A usted no se lo puedo decir. + +--¿Y si yo lo adivinara? + +--Entonces lo sentiría mucho, porque se burlaría usted de mí, que soy +viejo... + +--¡Oh, no! + +--Que soy pobre. + +--No importa. + +--¡Oh, Maintoni! ¿De veras? ¿No me rechazaría usted? + +--No; al revés. + +--Entonces... ¿me querrás como yo te quiero?--murmuró Elizabide el +Vagabundo en vascuence. + +--Siempre, siempre...--Y Maintoni inclinó su cabeza sobre el pecho de +Elizabide y éste la besó en su cabellera castaña. + +--¡Maintoni! ¡Aquí!--le dijo su hermana, y ella se alejó de él; pero se +volvió a mirarle una vez, y muchas. + +Y siguieron todos andando hacia el pueblo por los caminos solitarios. En +derredor vibraba la noche llena de misterios; en el cielo palpitaban los +astros. Elizabide el Vagabundo, con el corazón anegado de sensaciones +inefables, sofocado de felicidad, miraba con los ojos muy abiertos una +estrella lejana, muy lejana, y le hablaba en voz baja... + + + + +La epopeya de una zíngara. + +(DICENTA) + + + + +LA EPOPEYA DE UNA ZÍNGARA + + +El sol caía a plomo sobre la ancha carretera, uno de esos caminos +oficiales de Castilla en cuyas lindes busca inútilmente el viajero un +árbol que le preste sombra o un arroyo donde calmar su sed. Campos +agostados, planicies incultas, áridos y desiguales montículos, mucha luz +en el cielo y poca alegría en la tierra: he aquí el espectáculo ofrecido +por aquella naturaleza sedienta, amodorrada, codiciosa de aire y de +frescura, en la que el silencio hubiera reinado en absoluto a no ser por +alguna que otra banda de codornices, las cuales, alzándose de entre los +rastrojos, cruzábanlos presurosamente con un rumor no interrumpido de +gritos salvajes y de vigorosos aleteos, levantando una nube de polvo, +que se transformaba en lluvia de oro al caer herida por los rayos del +sol. + +Tarde calurosa de Agosto, que convertía en inhospitalario desierto el +camino y los campos que lo circundaban, era aquélla; y perdida en este +desierto, sufriendo el bochorno que abrasaba la atmósfera, asfixiándose +con el polvo por ella misma levantado al proseguir su rumbo, veíase una +pequeña y miserable caravana, que hubiese puesto piedad en los ojos y +amargura en el corazón de quien la mirase atentamente; pero los hombres +suelen mirar estas cosas sin verlas; para ellas no existen otros ojos ni +otro amparo que los de Dios; y hasta Dios suele distraerse muchas veces. + +Constituían la caravana una mujer, un burro y tres niños. + +La mujer iba delante, descalza de pie y pierna, cubierta de andrajos y +de polvo, moviéndose con fatigosa lentitud, entreabriendo la boca para +respirar el aire que penetraba en sus pulmones, y sosteniendo en sus +brazos a un niño de pocos meses, envuelto en un jirón de lienzo +remendado y sucio; el niño estrujaba con sus manecitas el pecho de la +madre, y tiraba de él, sujetándolo con sus labios, para extraer el jugo +que generosamente le ofrecía. La mujer era joven, y hubiera sido también +hermosa, a juzgar por sus ojos negros y brillantes, por sus labios +rojos, por su dentadura blanca e igual y por la esbeltez de su cuerpo +entero, si la miseria, al apoderarse de ella, no la hubiese deformado y +envejecido, curtiendo su cutis, arrugándolo prematuramente, +enflaqueciendo sus carnes y enmarañando su cabellera, que se pegaba +entonces a una frente ennegrecida y sudorosa; la pobre criatura pudo ser +bella; pero de su belleza no queda más rastro que el de sus pupilas, +expresivas y negras, clavadas con profundo amor en el rostro moreno de +su hijo. + +Detrás de ella marchaba el asno, sucio, flaco y ceniciento pollino, de +vientre angosto y lomo huesudo, con las orejas gachas, el rabo caído y +las patas llenas de esparavanes, sosteniendo por carga única dos anchos +alforjones que caían a uno y otro lado de la albarda; dentro de ellos, +sobre un montón de trapos y papeles, iban dos niños, que se servían +mutuamente de contrapeso, ofreciendo a la vez doloroso contraste, pues +mientras el más joven dormía con la cara echada hacia atrás, la sonrisa +en la boca y la salud en las mejillas, el mayor, de edad de cinco años, +retorciéndose sobre el inconcebible camastro, miraba a su madre con ojos +muy abiertos, extraviados por la fiebre, y contraía sus labios a +impulsos de internos dolores, y agonizaba de calentura bajo aquella +atmósfera de plomo. + +¿Quiénes eran? ¿De dónde venían? ¿Por qué atravesaban el estéril camino +con una criatura enferma al lado y un sol implacable en el cielo, los +individuos de aquella caravana? + +¿Quiénes eran? Una familia de zíngaros huérfana de padre, que recorría +Europa implorando la pública caridad. ¿De dónde venían? Del inmediato +pueblo, en el que no pudo detenerse la mujer un instante siquiera para +llenar su cántaro vacío, porque los aldeanos la habían amenazado con +golpearla, a ella, a la miserable, a la vagabunda, a la bruja, a la +gitana, si no partía inmediatamente de allí, sin alimento, sin agua, sin +reposo, con su hijo enfermo, con sus pies heridos, con su pecho +exhausto, maldita de Dios y perseguida de los hombres; y la infeliz +mujer, amedrentada, sola, sin sostén, sin ayuda, abandonó la aldea y +prosiguió su marcha entre el polvo y el calor, volviendo de cuando en +cuando los ojos para contemplar a su hijo enfermo, y clavándolos +después, con expresión amarga y rencorosa, en el distante lugarejo, del +que sólo podía distinguirse la torre de la iglesia destacando en el +espacio su contorno gris. + + * * * * * + +El niño enfermo, incorporándose trabajosamente sobre la alforja que le +servía de cama, extendió sus brazos en dirección de la joven, y dijo con +voz débil: + +--¡Madre! + +La zíngara respondió al llamamiento, dirigiéndose precipitadamente al +sitio que ocupaba el muchacho. + +--¿Qué quieres, hijo mío?--murmuró, dejando al niño de pecho junto a su +hermano dormido, y rodeando con sus brazos la garganta del enfermo. + +--Agua--respondió éste.--Dame agua... tengo mucha sed...; ¡me quema +aquí! + +Y señalaba con un dedo su pecho tembloroso y desnudo. + +--¡Agua!--gritó la madre con espanto.--¡Agua!... ¿Dónde encontrarla, +hijo? + +--¡Agua!--repuso el niño.--¡Me muero de sed!... + +Y entreabría sus labios abrasados por la fiebre, y miraba a su madre con +miradas tan suplicantes, tan llenas de amargura, que ésta se puso pálida +y rompió en sollozos. + +Era su hijo, la carne de su carne, el que reclamaba un socorro del que +dependía acaso su existencia; y ella, su madre, no podía prestárselo; en +vano registró con ansia en el interior del cantaruelo; estaba vacío, no +quedaba ni una gota de agua en su fondo; la mujer miró al cielo, en el +cielo no había una nube; registró después el camino solitario, los +campos de trigo, las planicies, las praderas, el horizonte entero; en +fin, ¡nada!, no encontró nada. Aquella tierra sedienta parecía decir a +la zíngara, mostrándole sus fauces contraídas y secas: «¿Agua para tu +hijo?... Aquí no hay agua para nadie. ¡Que se muera de sed como yo!» Y +la zíngara, abrazando el cuerpo del muchacho, repetía con gesto de fiera +y ademán de loca: + +--¡No hay nada! ¡no puedo darte nada! ¿Dónde voy a encontrar ahora agua, +hijo mío?... + +¡Pobre mujer!... Allí no brotaba más que un manantial: el de su llanto. + +De pronto la zíngara sonrió, con una sonrisa de esperanza; a cuatro +pasos del grupo alzábase la caseta de un peón caminero; su puerta +cerrada, como sus ventanas, predecía la ausencia del dueño; pero acaso +estaría dentro alguien que pudiera atender sus súplicas, y la joven +golpeó nerviosamente aquella puerta inmóvil. Sus afanes fueron inútiles; +nadie vino en su auxilio tampoco. + +Rendida de llamar, sin saber lo que hacía, dió vuelta a los muros, y +cuando llegaba a la espalda de la casa, vió con placer y con asombro, +recostada contra la tapia y protegida por la sombra de ésta, una cazuela +llena de agua. La mujer miró esto; pero no pudo mirar--a tal extremo la +cegaban la sorpresa y el júbilo--que al mismo tiempo que ella, y movido +por iguales deseos, se dirigía hacia el cacharro un mastín enorme, con +el pelo erizado, la boca abierta, la baba colgando y los ojos codiciosos +y brillantes. + +Al distinguir a la mujer, el perro lanzó un gruñido; la zíngara levantó +la cabeza, y comprendiendo las intenciones del animal, apresuró el paso; +uno y otra llegaron a la vez al lado del cacharro, y se detuvieron un +instante para contemplarle en ademán de desafío; la mujer extendió el +brazo, y su enemigo, al advertir el movimiento, acortó distancia y se +puso delante de la cazuela con las pupilas encendidas y enseñando los +dientes. + +No pensaba en huir; hallábase dispuesto a defender aquel cacharro lleno +de agua. + +--¡Ah, tú también!--gritó la zíngara contemplando a su adversario con +rabia.--¡Pues no lo tendrás! + +Y descargó un vigoroso puñetazo sobre el hocico del mastín. + +Este dió un salto, apoyó sobre el pecho de la joven sus patas +delanteras, la obligó a caer al suelo e hizo presa en su hombro. La +zíngara lanzó un grito de dolor y de furia; y, sin acobardarse, +frenética, desesperada, cogiendo con ambas manos la garganta de su +enemigo, apretó con rabia, con ira, con frenesí, con heroico y brutal +arranque, mientras el perro la desgarraba el hombro con sus afilados +colmillos. + +La lucha siguió breves instantes empeñada, silenciosa, terrible; los dos +combatientes se revolcaban por el suelo, dispuestos a vencer, y +procurando conseguirlo, para lo cual clavaba el perro sus colmillos en +los hombros de la mujer, y clavaba ésta sus dedos en la musculosa +garganta del mastín... + +De pronto el perro exhaló un quejido doloroso, abrió la boca, y cayó de +espaldas. Los dedos de la zíngara lo habían ahogado. + +Esta se alzó del suelo jadeante, pálida; su corpiño, roto en jirones, +dejaba al descubierto su pecho y sus hombros, en los que aparecían tres +heridas anchas y profundas; por los labios de aquellas heridas brotaban +tres hilos de sangre. + +Pero la zíngara no hizo caso; dió con el pie al cadáver de su enemigo; +cogió la cazuela, objeto de la lucha; corrió en busca de su hijo, y sin +cuidarse ni acordarse siquiera de sus heridas, ni de sus sufrimientos, +ni de la sangre que corría por sus hombros, abrillantada por los rayos +del sol, acercó el cacharro a los labios del enfermo y le dijo con +sonrisa alegre y voz cariñosa: + +--Aquí tienes agua, ¡bebe, hijo mío! + + + + +Los tres Reyes de Oriente. + +(RICARDO LEÓN) + + + + +LOS TRES REYES DE ORIENTE + + +Es la Nochebuena de 1916; una noche glacial, obscura y lúgubre, sin +villancicos ni serenatas, sin risas ni crótalos, sin panderetas ni +albogues. En el silencio de la tierra triste sólo se escucha, de tarde +en tarde, un zumbido lejano, un ronco tremor que se extiende con aciaga +pesadumbre en el aire gélido y sonoro. + +Por un camino, en la desierta llanura, viene de Oriente una caravana. +Bajo el cielo adusto, huérfano de sus claros luminares, sólo se ven o se +adivinan las siluetas: unos caballos vigorosos, unos dromedarios de +robusta joroba, tres jinetes, unos bultos informes arrebozados en las +tinieblas. + +Llegando a cierto lugar donde se juntan otros caminos, la caravana +vacila y se detiene. El cielo parece de ébano; la tierra, de bronce; el +aire, un afilado puñal; y es el silencio tan hondo, que se oye el latir +del corazón en las entrañas. + +Una luz, verde y cruda, rasga de súbito el horizonte lejano, cunde como +una centella, se abre al modo de una rosa, y cae deshecha en lágrimas +sobre el manto sombrío de la noche. A esta luz, siguen muchas +semejantes, y a las luces, unos retumbos pavorosos que hacen temblar la +tierra, y a los retumbos, el silencio otra vez. + +Y, entonces, la caravana sigue su ruta en las tinieblas... + + * * * * * + +Un fuerte resplandor alumbra todo el cielo en Occidente; la llanura se +tiñe de roja claridad; los ámbitos se pueblan de voces y tronidos. Es la +guerra que cabalga en su negro corcel por los campos europeos; es la +Muerte, que, en plena Navidad cristiana, viene a arrullar las cunas con +el bárbaro son del hierro y de la pólvora, a encender sus infames +hogueras en la noche, en la bendita Noche en que se dijo: «Gloria a Dios +en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad...» + +Y arden las casas de los hombres, como antorchas de Luzbel, bajo los +rayos de la implacable artillería; a la luz de los incendios, pasan las +muchedumbres de soldados con un fragor de tempestad. Son legiones +innumerables de todas las razas y banderas: aquí, la cruz, allí la media +luna, acá las lises, más allá las águilas y, juntos en la hueste, el +casco y el turbante, el capote y el alquicel, los rostros de ébano y de +nieve, todos estremecidos por la misma cólera infernal. + +Y al paso de estas ciegas multitudes se abren los senos de la tierra, se +conmueven las montañas, crujen los bosques, enrojecen los ríos, flamean +los aires y caen las vidas de los hombres como las mieses al golpe de la +hoz. + + * * * * * + +La caravana que venía de Oriente, para otra vez ante el desfile trágico. +Rojas lenguas de fuego tiemblan al borde del camino. Una ciudad arde en +la noche. + +A su siniestro fulgor, se descubre la calidad y riqueza de los tres +peregrinos viajeros. + +Son tres Reyes. El uno es persa: venerable la figura, verdes los ojos, +la barba de nieve, majestuosa la actitud. Viste una túnica de púrpura y +de oro; ciñe un alfanje, con un topacio sobre el puño, y trae sobre la +túnica un rico manto de armiño. + +El otro Rey es árabe: tiene la barba negra y ensortijada, los labios +gruesos, la nariz de fino dibujo, los ojos negros, grandes y hermosos, +en figura de almendra. El sayo es bermejo, bordado con áureas labores; +rojo también el turbante; preciosa la espada, con puño de oro y de +rubíes; el manto, azul. + +Y el otro Rey, etíope. Es negra su tez como la endrina, pero elegante +el cuerpo y nobles las facciones, alta la frente, aguileña la nariz, muy +rojos los labios, puntiaguda la barba, muy blancos los ojos y los +dientes, rizo y menudo el cabello, como granos de pimienta. Ciñe un +vestido blanco, de graciosos pliegues, y es nevada también la _xema_ o +toga que luce, con tornasoles de oro. Trae al cuello desnudo una sarta +de corales, y a la cintura, en el verde tahalí, un cuchillo con el puño +de oro y esmeraldas. + +Vienen los tres Reyes en sendos caballos, negro, blanco y alazán. +Sígueles larga servidumbre, con camellos y acémilas, y un carro, lleno +de pródigos caudales. + + * * * * * + +Como en el ancho desierto, cuando sopla el simún, se levantan las arenas +y, en espantosos torbellinos, giran ardientes, azotan el aire, +obscurecen el sol y caen sobre las pobres caravanas que, unidas en un +haz, esperan temblando hallar en las arenas sepultura, así, de pronto, +una nube de soldados, hirviente y clamorosa, con ímpetus de simún, llega +por trochas y veredas a la ciudad en llamas y cae sobre los tres Reyes +peregrinos. + +Cercados por la tropa, que ya husmea el regio botín, presa de un +ejército alegre y victorioso, van, con mengua de su noble majestad, +cautivos entre lanzas y fusiles, a las tiendas del vencedor. + +El cual, un viejo adusto y orgulloso, de recios bigotes blancos, y +envuelto en una capa gris, los recibe, sin grande cortesía, en su +habitación de campaña, toda llena de planos y mapas de colores, erizados +de banderitas y alfileres. + +--¿Quiénes sois vosotros--dice arrogante el general--que así os atrevéis +a pasar las líneas de batalla? ¿Ignoráis, acaso, que en estas líneas no +puede, sin grave riesgo, entrar gente forastera y civil? ¿Quiénes sois +vosotros, simples o traidores, que con tanta llaneza osáis venir con +armas y mercancías a estos lugares prohibidos? ¿Qué documentos, qué +razones abonan vuestra audacia? ¿Sabéis el castigo que aquí se inflige a +los espías? Hablad pronto, extranjeros; decidme quiénes sois y de dónde +venís; mostradme pasaportes y papeles, y agradeced a esta cruz que llevo +sobre el pecho que no os aplique, sin más preguntas ni demoras, el fallo +inexorable de nuestra ley marcial... + + * * * * * + +--¿No me conocéis?--responde el rey anciano.--Es mi nombre Melchor. Soy +del Irán, del antiguo y famoso imperio que abatió los orgullosos bríos +de Babilonia, reina de las ciudades. Vengo del sacro Elburs, padre de +los ríos terrestres, cuyas aguas vivas devuelven la juventud y resucitan +a los difuntos. He llegado hasta aquí, al través de montañas y +desiertos, cruzando las llanuras de la implacable soledad, las arenas +crueles y los pantanos salobres, pero, merced a mis fatigas, traigo +inciensos y bálsamos y perfumes de la Ciudad de las Rosas, de los +jardines de Tiharán; paños de seda, más finos que el plumón de un ave, +sembrados de arabescos y de flores, de leopardos y gacelas; perlas de +Ormuz; tisúes de oro y plata, cojines y alcatifas de los bazares de +Chiraz... Voy en busca de las tierras apacibles donde reina la paz del +Señor, de Aquel que, niño y pobre, nació en un establo de Belén... + +--Yo soy Gaspar--dice el segundo rey.--Vengo del Eufrates y el Tigris, +de los bosques gigantes de palmeras, vecinas del mar y del desierto, de +las tierras gloriosas y milenarias llenas de ruinas y sepulcros, de los +osarios imponentes de la historia, de las ciudades muertas, que aun +fatigan al mundo con el eco sonoro de sus nombres. Vengo de Basora y +Bagdad, donde aprendí los cuentos de las Mil y una noches; puse a mi +tienda entre los pálidos ladrillos de Khorsabad y de Nínive, de +Babilonia y de Seleucia: cargué mis camellos de oro antiguo, de +reliquias sagradas, magníficos despojos de los reyes de Siria; traje +también yeguas de pura sangre arábiga y asnos blanquísimos, todos +cargados de riquezas... + +--Soy Baltasar--dice el rey negro.--Yo tengo mi palacio junto a las +aguas del Nilo Azul que salta y corre entre lagos, volcanes y torrentes, +al través del hielo de las cumbres y el fuego de los desiertos y los +cráteres. Negro soy porque el sol me abrasó desde la cuna en las tierras +bárbaras y esplendorosas de Etiopía. Crucé el Mar Rojo; pasé al Yemen, a +la Arabia Feliz; seguí las rutas de la Meca, de Medina y Jerusalén; el +camino glorioso de Damasco; hallé los tesoros de las antiguas reinas, la +de Palmira y la de Saba; dormí a la sombra de los cedros del Líbano; +bañé mi rostro en el Jordán, y vengo a Europa cargado de púrpuras y +marfiles, de piedras y maderas preciosas, añejos licores, sándalos, +mirras y cinamomos exquisitos, con ofrendas mil para los niños +cristianos, para aquellos que aprendieron en la cuna el dulce nombre de +Jesús... + + * * * * * + +Con muchas y siniestras carcajadas celebran en el campamento las razones +de los Reyes Magos. + +--Por fuerza sois--dice un príncipe grave y taciturno que acompaña al +general--unos dementes o unos grandísimos socarrones cuando venís hogaño +en disfraz de ingenuos y candorosos peregrinos, con aires de beatitud y +de leyenda, a este mundo senil despedazado por el hierro y por el fuego. +La culta, la cristiana Europa, maestra de cobardes hipocresías; la que +destruye a sus propios hijos en nombre de la civilización, del derecho y +de la libertad; la que puso una cruz en sus banderas y otra en el puño +de sus espadas, hoy, ultrajando a Dios, se entrega a una furiosa bacanal +de sangre. Ved las antorchas, las músicas y los cantos con que celebra +la Navidad de Cristo: ciudades que arden, cañones que retumban, soldados +que corren a la muerte lanzando gritos de odio. La paz del Señor sólo +reina ya en los sepulcros. Los niños que aprendieron el nombre de Jesús, +abandonan sus antiguos juegos y tienden las manos delicadas pidiendo el +fusil, un fusil de _veras_ que acierte a dar en un corazón. Ya todos +saben que los Reyes de Oriente no han de venir, que aquellos Magos +misteriosos y benévolos que en otras Pascuas apacibles colmaban de +ofrendas los zapatitos del balcón, están ahora en las trincheras y +reductos, temblorosos de frío y de nostalgia, deseando matar o morir. El +acre incienso de la pólvora embriaga a los hombres, a las mujeres, a +los niños; el oro se convierte en plomo, y la mirra en mortífero gas... +Caminantes: si lo sois de buena fe, idos a vuestras montañas y +desiertos, a los bosques de palmeras, al Nilo Azul, allá donde aun +recitan al amor de la lumbre los cuentos de las Mil y una noches; huid a +vuestras tierras bárbaras y remotas, y si es que allí, como creo, +entraron también las Furias de la discordia y de la muerte, id a otras +tierras todavía más salvajes, más escondidas y felices, donde jamás se +oiga la palabra civilización, donde, a lo menos, se maten los hombres +francamente, con el sano y desnudo valor de su barbarie, sin decir que +se matan por la justicia y el derecho. + +--Idos, sí--confirma el general,--pues a lo que veo sois hombres de +bien. Pero quédense aquí vuestros bagajes y preseas, vuestros caballos y +tesoros, a fin de que no caigan en manos del enemigo. Tornad a vuestras +tierras, como Dios os diere a entender, que harto salváis con salvar +vuestras vidas en estos infiernos de la Europa civilizada... + +Y los Reyes Magos, pobres y desnudos, como el divino Infante de Belén, +se van para siempre, tristes y cabizbajos, haciendo voto de no volver a +este mundo por todos los siglos de los siglos. + + + + +Las tres cosas del tío Juan. + +(JOSÉ NOGALES) + + + + +LAS TRES COSAS DEL TIO JUAN + + +Todo el pueblo sabía que Apolinar se estaba derritiendo vivo por Lucía, +y que, aunque ésta no se derretía por nadie, no ponía mala cara a las +solicitudes del mozo. Matrimonio igual: ella, joven, guapa, robusta y, +de añadidura, rica; él, en los linderos de los veinticinco, no pobre, +medio señoritín por lo que iba para alcalde, y entrambos hijos únicos. +No faltaba al naciente afecto más que el sacramento de la confirmación, +y para eso no había otro obispo sino tío Juan, el _Plantao_, padre y +señor natural de la dama requerida. + +El ilustre linaje de los _Plantaos_ distinguióse desde muy antiguo +tiempo por una terquedad nativa, de que estaba justamente orgulloso, y, +de haber querido proveerse de heráldica, su escudo no fuera otro que un +clavo clavado por el revés en una pared de gules. Apolinar sentíase +cohibido por esta testarudez hereditaria, y recelaba que el tío Juan +saliese con una gaita de las suyas, porque era hombre que no se apartaba +de sus síes o sus noes así lo hicieran pedazos. + +No hubo más remedio que pasar el Rubicón... y tirarse de cabeza en +aquellas honduras insondables de la voluntad paterna. El tío Juan había +dicho una vez: «¿Qué trae ese por aquí?» Y para los que le conocían el +genio, era bastante. + +--Ahora que está tu padre en la bodega, voy y se lo espeto, y Dios +quiera que pueda salir con cara alegre... Pero antes dime, para que +lleve fuerza, que me quieres como yo te quiero, con los redaños del +alma. + +--Apolinar, que me aburres con tus quereres y tonteos. Si quieres +decírselo, anda; y lo que saques a mi padre del buche eso será, porque +yo también soy _plantá_. + +Renegando de aquellos bravíos rigores de la casta, encaminóse Apolinar a +la bodega, pasando primero bajo la llorosa parra, que tendía sus +sarmientos como cuerdas secas, y después por el angosto corral atestado +de aperos de labranza y cachivaches de vendimia. En la puerta de la +bodega enredósele un manojo de telarañas en el _bombín_, y tragando +saliva entró en la obscura pieza. + +--¡Tío Juan; eh, tío Juan...! + +--¡Aquí! ¿Eres tú? Con este jinojo de tinglao no se ve gota. + +Estaba el hombre muy metido en faena, en mangas de camisa, despechugado, +con una pelambre de pecho que parecía una maceta de albahaca. Era más +que medianamente apersonado, canoso y fuerte; y sudando, como estaba, +parecía un oso polar. + +--¿No se figura usted a lo que vengo? + +--A tomar un jarrillo. + +--No, señor; a tomar un parecer. + +--Pues no es lo mesmo. Pero, anda, suéltala; que no hay hombre sin +hombre. + +--Con esa licencia... no sé cómo le diga que Lucía me tira un poco, un +pocazo, si se han de decir las cosas conforme son. Y como me parece a mí +que yo también le tiro una migaja, venía, porque es razón, a decirle qué +le parece a usted de este tiraero que va por buen fin y por derecho +camino. + +Dióse tío Juan cuatro rasconazos en el testuz, y, volviendo las +espaldas, fué a buscar el jarrillo y la venencia, y con ambas cosas en +las manos, como quien echa el _Dominus vobiscum_, se abrió de brazos, +diciendo: + +--Todo el toque del hombre está en un sí y un no. Así es que, antes de +soltar uno u otro, hay que rumiar bien las cosas. Tomaremos un par de +alumbradores y que Dios sea con todos. + +Y después de beber por riguroso turno, quedóse tío Juan rumiando aquel +escopetazo, como un hermoso y prudente buey que no pone la pata sino en +terreno firme. + +--Pues atento a eso, digo que me parece a mí que la mujer se hizo para +el hombre y el hombre para la mujer... y que por eso tiran el uno del +otro. Pero como ni el hombre ni la mujer son siempre libres, otros han +de agarrarse a la mancera para que el surco salga bien hecho y la +simiente no se desperdicie. Yo, que por lo de ahora soy el gañán en este +negocio, te digo que quien quiera ayuntarse con mi cordera ha de hacer +tres cosas, sin que ninguna le perdone; no haciéndolas, ya se puede ir +con viento fresco y levantar la parva. + +--Aunque sean trescientas haré yo, con tal de meterme debajo del yugo. +Eche usted, tío Juan, por esa boca, que ya se me hace tarde, y aunque me +mande cargar con la bodega, todavía me había de parecer mandato ligero, +según lo encalabrinado y emperrado que estoy con el aquel del tiraero +que ya le he dicho. + +--No soy tan bárbaro para mandar lo que está fuera de las fuerzas del +hombre, por animal que sea. Las tres cosas que pido son éstas: que me +traigan todos los días la primera gallinaza que suelte el gallo al +romper el alba, para hacer un remedio de este dolor de ijares que me +quita el resuello de cuando en cuando; que al que tenga ese querer, +véalo yo una vez siquiera trincar un bocado de hierba sin doblar los +corvejones, ni acularse, ni tenderse; que el tal me dé candela en la +palma de la mano el día de mi santo por la mañana, y esto ha de ser con +sosiego, sin hacer bailes, ni meneos, ni soplar, ni sacudir. + +--¿Nada más? + +--En eso me he plantao, y ha de ser a lo justo; que ni sobre ni falte. + +--Tío Juan, vaya usted preparando el yugo más fuerte que haya en casa, +porque yo me lo echo encima, si Dios no dispone otra cosa. + +Y Apolinar salió de allí con la cara radiante, bailándole los ojos en +una ráfaga de alegría loca, y dando al viento como romántica pluma aquel +jirón de telarañas que se pegó en el sombrero. + +--¡Troncho, qué suerte! Lucía, me ha dicho tu padre que te vayas +preparando, que tenemos que abrir un surco. + +--Qué tonto eres. ¿De qué surco hablas? Me parece que viene su merced +algo repuntado y que el jarro habló más que las personas. + +--Te hablo del surco que han de hacer en el mundo todas las yuntas +humanas. Verás qué labor más dulce. + +--¡Pero qué borrico te has vuelto! + + * * * * * + +«La del alba sería» cuando Apolinar acudió solícitamente a su corral sin +quitar ojo del gallo hasta que dió de sí el extraño remedio del mal de +ijares, que en caliente recogió, bien así como si llevase dentro una +preciosa esmeralda. Cumplida por aquel día la primera condición y no +sabiendo qué hacer a tales horas, tan desacostumbradas para su vigilia, +fuése con los cavadores a su majuelo, _a matar el tiempo_ hasta que el +estómago le avisase. Al llegar a la viña, dijo a los jornaleros: + +--Vamos a ver, muchachos: un cuartillo de vino hay para quien sin doblar +los corvejones, ni acularse ni tenderse trinque un bocado de sarmientos. + +--¿Pero eso qué tiene que hacer? ¡Valiente hombría! + +Y cuatro o cinco, los más jóvenes, salieron del grupo y doblándose y +enderezándose, sacó cada cual un sarmiento del modo y manera que los +palomos cogen pajitas para hacer el nido. + +--A ver yo... + +¡Que si quieres! Cuantas veces quiso probar, dió de cabeza en el montón. +Una risa franca y noblota alegró el majuelo, y hasta el sol de color de +cereza que subía por la cuesta azul parecía una gran cara hinchada de +risa. + +--Para hacer eso hay que criar mucha fuerza de espinazo y que las patas +no se blandeen. Es menester cavar viñas y darle al cuerpo buenos +remojones de sudor. + +--¿Sí? Venga un azadón. Este no pesa, otro... + +Y como general que arenga a sus tropas, dijo, blandiendo el instrumento: + +--Hoy seré uno de tantos. Hay que apretar..., y no os compadezcáis de mí +si veis que reviento, porque necesito echar un espinazo que sea a la vez +tronco de olivo y vara de mimbre. + +Aquella fué una jornada heroica. Los cavadores, viendo cuán +gallardamente trabajaba Apolinar, mermaron cigarros, ahorraron +coloquios, apresuraron meriendas y sacaron el unto a sus brazos. Al +ponerse el sol, no presentaba aquella cara burlona, henchida de risa, +con que apareció entre las brumas de la mañana, sino otra muy grave, +casi austera, que parecía complacida con la ofrenda del sudor humano que +riega el terrón y fecundiza el mundo. + +Al dar de mano, dijo el jefe de la cuadrilla: + +--¿No has visto la sementera? + +--No. + +Y Apolinar sintió una vergüenza muy honda por aquella confesión hecha en +pleno campo. + +--Pues, vamos, hombre; hay día para todo. Tengo una disputa con tu primo +Epifanio: él, que lo suyo es mejor; yo, que lo tuyo. Como sementera +temprana, la cebada nos llega a la rodilla; el trigo parece un forrajal. + +Y fueron al sembrado, que con su verdor alegraba el alma, y en ella +sintió Apolinar una voz gozosa que parecía brincar en otra mancha verde +y lozana, gritándole: ¡Todo es tuyo; regocíjate, o no eres hombre! + +Y se regocijó honradamente, paternalmente, como si toda aquella vigorosa +fuerza germinativa hubiese salido de sus propias entrañas. + +--¡Yo, que no había visto esto! ¡Maldito sea el casino y las cartas y +quien las inventó! ¡Malditos los tabernáculos, que nos chupan el tiempo +y no nos dejan ver esta gloria, esta bendición de Dios derramada por los +campos! + +Los sembrados del primo Epifanio no resistían la comparación. La tierra +era la misma; pero rutinas, codicias, caprichos, ignorancia y necesidad +la habían esquilmado y empobrecido. El viejo jornalero explicaba el +caso. + +--Dale a un trabajador carne y vino; a otro, papas y tomates. Eso es la +tierra: un trabajador. Según le eches, así produce. + +Apolinar sintió que otro amor sano y fuerte se le entraba en el alma: el +amor a la tierra, el amor a lo suyo, el gozo íntimo y callado del que +posee, del que se conforta al calor del surco, como semilla que germina, +brota, crece y se reproduce. + +--¿En qué estaría yo pensando? Tío Agapito, usted me hace un hombre. Voy +a echarme al campo como una fiera. + +--¡Al campo, al campo! Esa es la ubre... ¡Si vieras a cuánto gandul +mantiene el campo! + +--Yo soy el primero. Mejor dicho, lo fuí. Ya soy otro. Me duelen los +pies... zapatos de vaca... Me duele la cabeza... tiraré este apestoso +_bombín_ y compraré un sombrero de esos fuertes, como si los hicieran de +cerdas de cochino. No más vestidos de Carnaval. Tío Agapito, un abrazo, +y pídale usted a Dios que allá, por la primavera, pueda yo comer hierba +sin doblar los corvejones. + + * * * * * + +No durmió bien, porque el excesivo cansancio riñe con el sueño. En las +manos parecían arder sus huesos desencajados; el espinazo se le +engarrotaba... y en medio de sus dolores, otro sentimiento nuevo lo iba +conquistando mansamente; un sentimiento de infinita piedad hacia el +jornalero desheredado, que todos los días, a cambio de unos cuartos +roñosos, aumenta el caudal ajeno con bárbaro derroche de su propia vida, +y como a la madrugada oyese cantar al gallo, pregonero de su deber y +compromiso, volvió a ver la claridad del naciente día, y otra vez +cogieron sus doloridas manos el azadón lustroso, y el sudor del amo cayó +como lluvia fecunda en la heredad, que parecía estremecerse de amor y +agradecimiento. + +Y un día tras otro se fué curtiendo al sol y al aire, y mientras más se +endurecía la corteza, más nobles blanduras aparecían por dentro.--Como +la viña de Apolinar no hay ninguna. La sementera de Apolinar es la +capitana. ¡Qué suerte de hombre!--Este era el tema de conversación entre +la gente labradora. Los jornaleros se disputaban la casa, porque había +formalidad y trago de vino, y allí no se hacía el agio vergonzoso para +la baja de jornales. Con Apolinar trabajaban los sanos, los hombres de +empuje, estimulados con su ejemplo. + +Pasó el invierno y el sol primaveral vistió el campo de gala. Los +habares en flor henchían el aire de aromas purísimos; los trigos +azuleaban, los cebadales se mecían orgullosamente a compás del viento; +las yemas del higueral, reventando al esfuerzo de las primeras hojas, +tendían al sol una espléndida gasa de oro verde... y los viñedos +extendían sobre la rojiza tierra otra gasa de pámpanos, y ya el olor +tempranero del cierne se esparcía como una caricia dulce y vivificante. + +Llegó el día de la prueba; el día temido y deseado en que Apolinar tenía +puestos todos los grandes anhelos de su vida. Antes que el canticio de +los gallos sonaron las campanas de la torre con un repique de gloria, de +alegría, como voces de un coro nupcial que celebrase las bodas del cielo +y de la tierra. + +No pudo Lucía convencer a su padre de que, al menos aquel día, debiera +pasarlo con la chaqueta puesta.--Me ajogaría.--Y por parecerle esta +razón de suficiente peso, no daba otra. Con orgullo hereditario cubría +su busto de oso polar con limpísima camisa de lienzo, por entre la cual +se desbordaba la cresta pelambre como maceta frondosísima. Cuando entró +Apolinar, ya estaban allí el primo Clímaco y la hermana Bella con su +dilatada prole, los trabajadores de la casa y varios vecinos, atraídos +por aquellos olores de cocina y fritanga, fieros despertadores de la +gula. + +--Que los tenga usted muy felices, tío Juan y la compaña. + +--Apolinar, tantas gracias, y lo mesmo digo. + +--Vaya, aquí tiene usted la gallinaza de hoy, que parece un bruño. + +Y sin pedir permiso, fuese a la cuadra y trajo un brazado de amapolas, +que tiró al suelo. + +--Tío Juan, eche usted cuenta. + +Y más ágil que un pájaro, doblóse y pescó un manojo de hierba en flor +que le caía sobre el pecho como una llama. + +--Si usted quiere, me la como. + +--No tienes que comerla. El toque está en trincarla. + +--Lucía, coge el ascua más grande que haya en la hornilla: hala, ya +está. Tío Juan, encienda usted su cigarro, y si quiere liar otro, por mí +no hay apuro: que ni me meneo, ni bailo, ni soplo, ni sacudo... ¡Como +que tengo aquí un callo que parece una onza de oro! + +--Ya está. Ahora... justo, las tres cosas. Ahora, tú, Lucía, abraza a +este bruto. + +El bruto no esperó a Lucía; él la abrazó con toda su fuerza. + +--Tío Juan, ¿de veras que es para mí? + +--Para ti, cernícalo. Y dale gracias al gallo que te curó; porque ni yo +tengo dolor de ijares ni cosa que se le parezca. + +--¿Entonces?... + +--No seas borrico--dijo Lucía.--Padre quería que madrugases; si no +madrugas, no me abrazas. + +Apolinar soltó un relincho estrepitoso; un relincho de salud, de amor, +de fortaleza y de ventura. + +--¿Sabéis lo que soñé esta noche?--dijo el tío Juan.--Pues que yo era el +Padre Eterno, y esta mi cordera era la España, y yo se la daba a una +gente nueva, recién venía no sé de aónde, con la barriga llena, los ojos +relucientes, con callos en las manos y el azaón al hombro.... + +Un alarido triunfal hendió como dardo sonoro el aire azul de aquella +serena mañana de estío. El sol, deslumbrante, caía en lluvia de oro +sobre los aperos de labranza; dos mariposas de color de fuego volaban +bajo el fresco toldo de pámpanos, y el alegre repique de las campanas +parecía responder allá, en lo alto, al alborozo de la raza nueva, de la +raza fuerte, que abría su fecundo surco de amor en la llanura humana. + + + + +La enamorada indiscreta + +(PEDRO DE RÉPIDE) + + + + +DEL LICENCIADO ALONSO DE LAS TORRES + +_Al Autor._ + + + SONETO + + Saludo a ti, señor, en el Parnaso, + como a un divino hermano de las Nueve. + La brisa suave que tu plectro mueve + agita con sus alas el Pegaso. + El más sabio varón de Halicarnaso + no fuera nunca en tus elogios breve. + Hay una diosa que en tu frente llueve + celeste luz a su celeste paso. + De la Helicona la preclara linfa, + te dió a beber con plácido secreto + en áureo vaso extraordinaria ninfa. + Bienhayan tus decires y cantares, + por ti miran laureles del Himeto + las riberas del grato Manzanares. + + +DEL AUTOR + +_Al licenciado Alonso de las Torres._ + + SONETO + + Dolor de los amores que se mueren + y son en nuestras almas enterrados. + Dolor de los puñales bienamados + que ya más no nos buscan ni nos hieren. + No en estos melancólicos narrares, + el fausto busques de la pompa loca. + Yo cambio ese laurel de los cantares + por la rosa del beso de una boca. + Es el dolor mayor de los dolores + el deshojar la flor de unos amores + en el jardín do fuimos sus cautivos. + Añoranza de fuente en el desierto. + Dolor de los amores que no han muerto, + y Dios nos manda que se entierren vivos. + + + + +PRIMERA PARTE + +CUÉNTASE EL PEREGRINO SUCESO DE LA ENAMORADA INDISCRETA, QUE TAMBIÉN FUÉ +LLAMADO DEL PELIGRO EN LA VERDAD. + + +En una de las más famosas y nobles ciudades de la prócer Italia, asiento +de las artes y patria de los más ínclitos varones, aconteció esta rara +historia que aquí se relata, y donde se muestra la ejemplaridad de los +designios del Altísimo, que trae aparejada la más alta edificación así +saludable para que huyan la tentación del Enemigo los que aun no +pecaron, y vuelvan a la senda de la Gracia los apartados de ella. + +Era, pues, en Ferrara, ciudad insigne, que había visto prender al +delicado Torcuato Tasso, vate preclarísimo, y había visto también morir +a aquel gallardo ingenio, príncipe soberano de los de su época, que fué +el divino Ariosto, de quien pudo decirse que hubo reinas que besaron su +pie, ya que egregias hermosuras y la mayor de estos últimos tiempos, +como ha sido la sin par Catalina Cornaro, a quien sus paisanos los dux +de la república veneta, Federico Barbarigo y Leonardo Loredano, más +codiciosos que caballeros, han quitado su reino de Chipre, tuvo en ese +poeta el consuelo de un amor que bien valía un trono. Y siguiendo en +este relato verídico y curioso, ha de decirse, que frontera a la casa +donde había muerto el Ariosto, alzábase otra suntuosísima, que bien a +las claras pregonaba la elegancia y distinción de la gente principal que +en ella moraba. + +Estaba la tal habitada por un magistrado de uno de los más altos linajes +de la ciudad, que era la magnífica señoría de Leonardo Aldobrandino, +hermano de Hércules, senescal de los duques. Viudo de una señora de +Pisa, tenía los ojos del alma y los del rostro puestos en su hija +Renata, que era ya una doncella de diez y nueve años, más bella y fresca +que las rosas de aquel gran rosal de Florencia que ha visto arder el +hereje Savonarola. Sabía él que no hay mejor dueña y rodrigón para las +mujeres que su propio recato, y en este punto, la virtud de Renata +parecía guardarse sola. La misa de madrugada en San Lotario, oída con su +padre; algún paseo por la vega de las flores al morir de la tarde, y +otro rato de divertimiento con sus primas en el estrado de la casa, y +siempre bajo la custodia del grave Leonardo. No perdonaba éste, en +cambio, nada que dejase de adornar la gentilísima presencia de su hija; +las perlerías más finas que traían los traficantes de Venecia, y los +guardamacíes bordados y justillos y corseletes de seda de Persia que +llevan a Ferrara los mercaderes ginoveses, nuncios del lujo y ministros +del oro. + +De una parte, el respeto que su alto nombre movía a todos, y de otra la +seguridad de un mal fin de aventura, había librado de galanes a aquella +joya ferraresa, bajo cuyas ventanas no se habían tañido músicas ni +cantado sonetos. Sabíase que su padre tenía dispuesta la doncella para +esposa de un caballero fabuloso. Hablábase de un grave suceso de honra +que aconteció muchos años atrás a Leonardo viajando por España y +hallándose en Sevilla, donde topó con un gentilhombre a quien quedó muy +obligado. Era éste, español, cuatralvo en Cádiz de los galeones de +nuestro prudentísimo soberano el segundo de los Filipos, que hoy +asiéntanse en los cielos gozando de la bienandanza de los justos, y +siendo por aquellos días acaecido el tránsito del gran monarca, apenas +tomó el cetro de las Españas su hijo, nuestro actual gloriosísimo +príncipe Filipo, el tercero de los de su nombre, a quien Dios Nuestro +Señor dé tan larga vida como es sabio su gobierno, fué éste servido de +hacer al gentilhombre su visorrey en uno de los visorreinatos que +tenemos en Indias para mayor grandeza de nuestro César. + +Tenía el nuevo visorrey un hijo de breve edad, que llevaba el nombre de +San Miguel Arcángel, y cuando se despidieron para tornar el uno a Italia +y partir el otro hacia su destino, concertaron que si Leonardo tenía +alguna hija, había de ser esposa del heredero del noble español, que si +la estirpe de éste no cediera a la del Infantado y Medinaceli, la del +italiano era tan alta como la de los Dandolo y Colonna. Un año después +nació Renata, y comunicado el suceso al visorrey, fué luego considerado +su hijo, que tenía entonces no más de dos años, como esposo de la tierna +Aldobrandino. Y en la traza aprobada, quedóse dicho, que tan luego como +Miguel llegase a los veinte años, había de venir a Ferrara para sus +bodas. + +Cercana al palacio de Leonardo hallábase, y aun se halla para contento +de caminantes, la celebrada hostería del Centauro, tan famosa por el +arte de sus guisanderas como por las varias aventuras de amor que la han +hecho tan temida de los padres y sospechosa para los maridos. Como es la +mejor de la ciudad, toda la gente de calidad que viaja suele hacer en +ella posada: capitanes españoles, clérigos romanos, mercaderes +franceses, damas de alta condición y grandes señores detiénense en ella +a su paso por Ferrara, y así es de ver el tráfago de su anchuroso patio, +donde se mezclan la carroza blasonada y el carro de tráfico, el caballo +del alférez y la mula del prebendado. El vino de Chianti llena con +liberal abundancia los jarros de las mesas, y bajo la parra espléndida y +tupida que rodea el portón, hay, como a las puertas conventuales, un +congreso de pordioseros, a quienes en ciertas horas se reparte la comida +sobrante. Sus aposentos son espaciosos como de la casa de un grande, y +su cocina espléndida como de un monasterio de Jerónimos. + +Era en el dulce morir del melancólico Octubre cuando al fenecer de una +tarde arribaron dos jinetes a la hostería. Era el uno muy mozo, de +gallardo y finísimo talle y rostro de ángel, y sus manos, como esas +talladas en marfil que se ven en algunas iglesias de Italia y son obra +del singular artífice llamado el Donatello. Cabalgaba en un potro +andaluz de agradable estampa, y en su rostro marcábase cierto +desasosiego y como embarazo al montar a horcajadas, que no daba muestra +de grande pericia en el arte de cabalgar. Seguíale caballero en una mula +un hombre viejo y recio con tipo de haber sido soldado del duque de Alba +allá en sus tiempos, y de llevar ahora dignamente su oficio con algo de +humildad para ser ayo, y un poco familiar para ser escudero. Tan luego +como llegaban a la puerta de la hostería, hubieron de detenerse porque +costera de ellos llegaba y parábase también una gran carroza cargada de +cofres. Detuviéronse y vieron descender de ella tan sólo a un caballero. +Era éste mozo también, aunque de más fuerte y varonil gentileza que el +joven de a caballo; morena tenía la tez y negro su cabello como de un +príncipe del Oriente, que no parecía sino que su padre era el sol y que +asomaba por sus ojos. Gallarda y arrogante era su apostura, y su +continente nobilísimo. Traía obscuro su vestido y sencillo como de +viaje; solamente sobre su ferreruelo llameaba como una espada de fuego +la insigne encomienda de Santiago. Entró en el zaguán, apartóse la +carroza y el mozo y su viejo acompañante entraron sobre sus cabalgaduras +hasta el patio de la hostería. Había llovido algo y con eso estaba +escurridizo el pavimento, que era todo de guijarros, los cuales el uso +continuo había hecho planos y lustrosos. Fuera ello la causa o la poca +experiencia del mozo, el caso es que al ir a apearse del caballo hubo de +caer éste arrodillado, y hubiese dado también con su cuerpo en el suelo +el jinete, si con grande presteza no acudieran a un tiempo su escudero y +el caballero de la encomienda. No se hizo mal alguno, y con esto +subieron juntos a los aposentos que les destinaron, y había querido la +suerte que fuesen contiguos. La igualdad de sus años, y el hallarse +ambos españoles en tierra extranjera, hízoles entrar prontamente en +plática y ofrecerse.--Yo me llamo don Diego de Zúñiga--dijo el del +caballo--y viajo con Marcos, mi escudero. Vengo desde Toledo, y no +tardaré en llegar al final de mi viaje, que es en la ilustre ciudad de +Mantua, tantas veces nombrada, y he de deciros que no me llevan los +negocios ni los placeres, sino un gran pesar. + +--Yo soy--dijo el caballero de la encomienda--don Miguel de Guzmán. +Vengo desde Indias, y llegando a Ferrara, he tocado al término de mi +peregrinación. Hame traído aquí un cuidado muy grave que ya os +descubriré si os detenéis aquí, y si, como pienso, hemos de ser amigos. + +--Reposarme he unos días y muy de mi grado, señor don Miguel, que me +obliga la merced que me hacéis de llamarme vuestro amigo--contestóle don +Diego. + +Y departiendo sobre su viaje y otras indiferentes materias, luego que +hicieron colación, retiráronse a descansar con promesa de salir juntos +al siguiente día para visitar la ciudad. + +No tardó en amanecer el sol más que en saltar de sus lechos y vestirse +los caballeros. Don Diego, con su traje de veludillo gris y capa +aleonada, y don Miguel, que había hecho subir sus cofres, adornóse con +unas cachondas de raso y un jubón de vellorí y colgó de su cuello una +finísima cadena de oro con un grueso diamante que alumbraba su pecho. +Salieron, y su primer visita fué para el Santísimo Sacramento, como +devotos caballeros que eran, y acudían a agradecerle que les hubiera +dejado llegar con bien a la ciudad. Cumplido el pío deber y oída la +misa, diéronse a discurrir por las calles y plazas, y admirar iglesias +y palacios, maravillas todas que tenían suspenso su ánimo, a pesar de +venir de la opulenta España. Y aconteció que, como se hallasen a media +mañana en el atrio de la catedral, vieron detenerse la gente, y pasar +ante ellos y perderse a la revuelta de una esquina, una corta pero +admirable comitiva. Componíanla dos graves caballeros ataviados con sumo +lujo, y entre los dos una doncella, portento casi más por su talle y por +su rostro que por sus galas suntuosas, cabalgando todos en soberbios +corceles precedidos de palafreneros y seguidos de lacayos. Riquísimas y +blasonadas gualdrapas llevaban los bridones, y los guanteletes y el azor +en la mano de la joven y el arreo de todos mostraban a las claras el +aparato de cetrería. Como las gentes se descubriesen al paso de aquellos +señores, don Miguel y don Diego se informaron de quiénes eran.--Son--les +contestaron--el señor senescal Hércules Aldobrandino, su hermano +Leonardo y su sobrina Renata. ¡Qué bien se echa de ver que sois +forasteros al no conocer a tan visibles personas! + +Hizo don Miguel un gesto, no advertido para don Diego, y comentando +ambos la majestad de los ancianos y la elegancia de la joven, +prosiguieron su paseo, hasta que fué hora de retornar a la posada. Y a +petición de don Diego separáronse después del meridiano yantar para el +reposo de la siesta. + +Buena siesta diere Dios a don Diego, que así que se vió en su aposento a +solas con su escudero, hubo de arrojarse en sus brazos y comenzar a +llorar como una Magdalena después del arrepentimiento.--Malhaya mil +veces, Marcos amigo--le decía--, malhaya mil veces la hora en que nos +partimos de nuestra casa si había de ser para tal fin de viaje, que me +pienso que no llegaré a Mantua y quedaré con la maldición de mis padres +y sin el asilo de mi tía la priora. + +--Sosegáos, señora mía--respondió el escudero--que aína os turbáis y me +dais ganas de llorar a mí también. Mirad, doña Mencía, mi ama, que si +ven vuestros ojos encendidos del llanto dudarán de vuestro varonil +disfraz. Hicísteis mal en prometer a don Miguel que os detendríais aquí, +pues lo que importa es que lleguéis cuanto antes a Mantua, donde os +espera la paz del monasterio. + +--¡Ay! ¿Por qué nací mujer? Unos padres crueles quisieron depararme como +esposo a un hombre viejo, feo y corcovado, con achaque de decir que todo +cuanto llevaba en la joroba eran doblones. Pensé en mi tía doña Clara y +en su convento de Italia, y para dejar tierra de por medio entre el +novio y yo salimos de Toledo, sin reparar en lo largo del viaje. Más me +valiera haberme quedado de religiosa en el colegio de San Clemente de +nuestra ciudad, que no hacer peligrar aquí mi vocación forzosa y la +salvación de mi alma. + +--Fuerza es que lleguemos a Mantua, mi señora. Pero decidme, ¿qué mal +pájaro os ha picado que os ha causado tal maleficio? + +--Alas tiene y no es ave. Ciego es y todo lo penetra. Niño es y sabe más +que cien doctores. + +--Acabáramos, doña Mencía de mi alma, que ya me asombraba a mí que el +tal picaruelo no se nos hubiera puesto delante en el camino. + +--Ganas me dan de sacar de la maletilla el traje femenino que traigo +para entrar en Mantua, descubrirle a don Miguel la verdad de nuestra +historia y decirle que le amo de todas veras desde que le vi. ¿No has +parado mientes en lo apuesto de su porte, en la nobleza de sus modos, en +la galanura de su decir y en la discreción de su pensar? Heme aficionado +a él de tal manera y cobrádole un tan grandísimo afecto, que sangre del +corazón llorarían mis ojos si me arrancasen de su compañía. + +Juntos pasaron el siguiente día ambos muy divertidos con sus pláticas. +Era el don Miguel muy letrado y placíase en decir versos que sabía, y +sólo ignoraba que sus coloquios con don Diego aumentaban una llama +cruel. Así aconteció que hallándose juntos tuvo el don Miguel la donosa +ocurrencia de recitar a su amigo el siguiente soneto que él compuso +cierta vez a una dama que mostraba un lunar en uno de sus pechos: + + SONETO + + Sabio lunar que colocarse supo + tan sabiamente en el redondo seno. + De orgullo le supongo y gozo lleno + por la preciosa suerte que le cupo. + + Es flor de tal jardín, él es el astro, + astrolabio, astro mago, guía y norte + de esa esfera de amor. ¡Oh rey sin corte! + Planeta de ese cielo de alabastro. + + Atrae por quemar. Fuego de Neso. + Imán de la mirada. Imán del beso. + Para encender los labios con su llama, + + y que la apague al recibirlos luego, + lago que apaga de la antorcha el fuego, + los verdes ojos de la rubia dama. + +No apercibióse Guzmán de la turbación que disimulaba en cuanto podía don +Diego, según avanzaba él en el declamado de los versos, que a bien que +él pensaba decirlos a un caballero mancebo para diversión, y no que +caían en los castísimos oídos de una noble doncella. Así al terminarlos +y recibidos plácemes por su arte de bien decir, fué requerido el de +Zúñiga para recitar a su vez. Era éste grave aprieto para la dama; pero +cediendo a la fatalidad de la ocasión, hubo de decir con voz algo +turbada, pero suave y cristalina, esta canción que recordaba: + + CANCION + Amor de yo no sé dónde. + Pasión de yo no sé cuándo. + ¡Qué necio es lo que se esconde, + si el alma lo está buscando! + No el severo pensamiento + me distraiga de mis cosas. + ¿Acaso medita el viento, + y acaso piensan las rosas? + Viva la bella locura + que habla al sol en la pradera, + y corre por la llanura + cabalgando en la quimera. + El sol que en la tarde muere + vuelve a nacer otro día. + Quien de nosotros muriere + a nacer no volvería; + día en que no hemos amado, + día es que habremos perdido. + ¡Oh, amores que ya han pasado, + y amores que aun no han venido! + Llegue a leer tu mirada + mi dulce libro secreto. + Sin ti la vida no es nada. + ¿Qué sería el Paracleto + sin Heloísa? ¿Qué fuera + Valchiuso sin el Petrarca? + ¿Por qué la encantada barca + en vano en el lago espera? + ¿Para quiénes la ribera + tiene su sombra y su flor? + Jardines de primavera, + ¿qué seréis sin el amor? + +Hubo de comprimir un suspiro el ficticio don Diego al terminar la +relación, y apenas supo dar las gracias por las albricias que le daba el +de Guzmán, encantado por el modo con que había sido dicha la canción. +Entretuviéronse departiendo sobre otros puntos puestos de codos sobre la +abierta ventana, mientras abajo proseguía el eterno coro de todos +tiempos y países. Los criados hablando mal de sus amos y del gobierno de +la república, y las mujeres mordiendo en las honras de las vecinas y las +vidas de las amigas ausentes. Que no hay Trajano que no sea Calígula +para la gente lacayuna, ni dama que no sea liviana para las mujeres que +por los años no pueden ya valerse de sus donaires, y por su +desabrimiento no llegaron a doctorarse de alcahuetas en las academias +del amor. + +Al caer de la tarde, don Miguel fué a buscar al que para él seguía +siendo don Diego, y requirióle para dar un paseo por las afueras de la +ciudad, que con aquel otoño tan dulce eran de una amenidad +extraordinaria. Hizo don Diego esfuerzos para serenarse, y cuando +departían bajo de una frondosa olmeda, don Miguel, asustando a su +interlocutor con tal comienzo de discurso, hubo de decirle así. Lo que +le dijo verán los curiosos ojos que pasaren a la segunda parte de tan +certísima historia. + + + + +SEGUNDA PARTE + +SÍGUESE REFIRIENDO EL PEREGRINO SUCESO DE LA ENAMORADA INDISCRETA, QUE +TAMBIÉN FUÉ LLAMADO DEL PELIGRO EN LA VERDAD. + + +--Quiero, amigo don Diego--empezó diciendo el de Guzmán--, ya que sois +el único que por ahora tengo en esta ciudad, daros cuenta del propósito +de mi viaje y razón de mi llegada a estas tierras. Habéis de saber que +he venido a celebrar mis bodas, a las cuales os podéis tener por +natural convidado; pero os ha de asombrar el saber que no he hablado +nunca con mi esposa, que así puedo llamarla, y que quiero probar la +condición de su carácter, aunque ya conozco la de su continente. + +--¿Ya la habéis visto?--preguntó casi temblando don Diego. + +--Cierto que sí, y vos también. ¿No recordáis aquella joven del azor que +vimos pasar por delante de la catedral? Pues esa es, la hija de Leonardo +Aldobrandino, primate de este ducado. + +Creyó don Diego que su amigo se chanceaba y acabaría por darle vaya y +declarar que eran sus palabras burla de pasatiempo; pero tal insistió, +refiriéndole la historia que ya conocemos, que don Diego felicitóle, el +rostro demudado y casi balbuciente el habla. + +--Murió mi padre hace tres años--concluyó don Miguel--y he venido yo +solo a cumplir el pacto, si en ello no va nada, como espero, contra el +lustre de mi raza y la honra de mi persona. Para mis planes necesito de +vos, caballero don Diego, pues desde luego he descubierto en vos una +gran nobleza, y serviréisme, procurando ser visto de la hija de +Leonardo, después que yo haya llegado a ella, aunque sin descubrir quién +soy. Si ella sabe rechazar toda pretensión que no sea la de ver a su +esposo de Indias, a quien debe esperar fielmente, será mi esposa. Pero +si no sale triunfante de la prueba y tiene a los galanteos la +inclinación que otras muchas jóvenes italianas, no será ella quien venga +conmigo a mi palacio de Sevilla. + +De tal modo insistió don Miguel, que logró que don Diego aceptara la +misión, y algunos ricos trajes y preseas para el atavío de su cuerpo, +que eran muy de menester para el intento. Y aquella misma noche unos +músicos colocados bajo las ventanas de Renata, cantaron con meliflua voz +el siguiente: + + SONETO + + Amor es, Filis, brisa perfumada. + Ola de un mar de encanto. Golondrina. + Es algo que va y viene. Peregrina + canción que en la espesura canta un hada. + Ha tenido el jardín fulgores raros + como luz de un espíritu que pasa, + y ese fuego he sentido que me abrasa + al resplandor de vuestros ojos claros. + La luz y vuestra sombra se perdieron. + Amargura y dolor permanecieron. + Al bosque y a las almas vuelve el frío. + La fuente gime con gemir sonoro. + Llorando está el jardín sus hojas de oro + porque han muerto las flores y el estío. + +Era por la mitad del cántico cuando entreabrióse una de las ventanas y +asomó su rostro cenceño la dueña Lisarda, que había sido tercera de los +amores de Leonardo con la madre de Renata, y vivía desde tiempo +inmemorial en la casa. Retiróse en seguida; y al punto muy +discretamente, como niño que teme cometer impertinencia, miraron a la +calle los propios y celebrados ojos de Renata, a quien placía tener por +vez primera música delante de su casa. Pero como Leonardo, que había +salido al palacio del obispo, donde se celebraba un festín, no había de +tardar en volver, Lisarda bajó a decir a los músicos para quien les +enviaba, que su ama se holgaba con su tañido y les agradecía con notable +contento la merced; pero que si el señor volvía y apercibía serenata, +habían de verse en grave aprieto por ser justicia de la ciudad y muy +celoso de la guardia de su hija. Con esto y haber juzgado que para ser +la primera noche habían hecho bastante, retiráronse caballeros y +músicos. + +Júzguese el dolor del fingido D. Diego al representar tal papel. Fué tan +grande como la alegría de Renata, al verse regalada y con cortejo. Al +otro día, y por encargo del de Zúñiga, buscó Marcos la traza para hablar +con Lisarda, y su coloquio fué tan sabroso como breve:--Garrido es el +soldado--dijo la vieja al escucharle--, y a fe que si fuera más mozo +pudiera ser el roto de mi descosido. Pero sepa que mi boca es de oro, y +sólo se abre con llave de ese mismo metal, que no quiero comprometerme +de balde con mi señora. Válame Dios. + +--Miren el orejoncillo con faldas--contestóla Marcos--que en mi tierra +la hubieran paseado por el Zoco, caballera en un pollino, emplumada y +con coroza, y conocería todas las pencas de la comarca. Y concluyó con +una sarta de pesiatales y de porvidas, con más votos que el altar de San +Blas. Fuése el escudero, y apenas hubo subido Lisarda a la casa, fué +llamada por Renata. + +--¿Sabes--preguntóla ésta--quién puede ser uno de los galanes de la +música de anoche? + +--Yo tengo, hija mía--repuso la dueña--tan poca vista para la malicia, +que no acierto en esas cosas. + +--Pues esta mañana, viniendo de San Lotario, le he visto entrar en la +hostería del Centauro, que no se me despinta su talle con sólo habérseme +aparecido de noche y no haber mirado yo más que de soslayo. Y decirte +quiero, Lisarda, que estoy harta de esperar a ese caballero de Indias, +que me tiene prometido mi padre y también que he soñado con el rondador +de la serenata. No es desagradable tampoco otro caballero que hoy tiene +mi padre convidado, y nos ha saludado esta mañana en la iglesia; pero no +me parece tan amable como el de la hostería. Fuerza es que te enteres de +sus prendas y si es persona de calidad como representa ser. + +Aquel día tenía, en efecto, Leonardo convidado al propio D. Miguel que, +sin manifestar su nombre verdadero, se había presentado a él como un +amigo del visorrey y de su hijo, de quien le traía nuevas. Mucho agradó +a Renata la presencia del huésped, así como su cortesanía y discreción; +pero el pensamiento no se le iba del lado de D. Diego, de quien las +artes del Enemigo Malo hiciéronla prendarse muy en malhora. Quiso +Leonardo que su hija regalase al forastero, y la hizo cantar +acompañándose con el arpa, y cantado que hubo, requirió y le fué +concedida licencia para retirarse del estrado. Así que Renata se vió +libre, corrió en busca de Lisarda para hablar con ella de D. Diego con +ese afán de los enamorados que sólo saben platicar de lo que aman. +Preguntóla si había inquirido su nombre y condición, y supo que era un +caballero español que se llamaba D. Diego de Zúñiga, y a lo que la +dijeron viajaba por placer, siendo un mayorazgo muy rico de Castilla. +Esto sabido, su pasión afirmóse al conocer que se trataba de un hombre +principal. + +Instigado por D. Miguel vióse D. Diego obligado a enviarla recados y +billetes de mejor gana recibidos que mandados. Y era de ver cómo al +tiempo que crecía el amor de Renata por D. Diego, crecía también la +pasión del falso Zúñiga por el noble don Miguel. Y la dama, oculta bajo +el disfraz de que se había valido para salvar su recato al viajar por +los caminos en dirección al convento en donde se pensaba encerrar, +lloraba cuando estaba a solas, y para salir de tan anormal situación +unas veces se determinaba a presentarse con el traje de su sexo al de +Guzmán, y otras decidíase a partir para Mantua sin despedirse del +caballero que inocentemente hacía tal estrago en su espíritu, siquiera +fuese el suyo el honesto amor que cumplía a una joven dama principal y +cristiana como ella era. + +Tenía dispuesto el duque de Ferrara en sus bellos jardines una fiesta de +noche, para honrar una embajada de la magnífica señoría de la república +de Venecia, y había de ser de un fausto tal como era tradición en los +sucesores de Alfonso de Este, _divi Hércules filius_. Como era natural, +tenía parte principal en ella Renata como sobrina del senescal, y +Aldobrandino, sin saber que con ello honraba al que debía ser su yerno, +invitó a D. Miguel a que fuera parte de la misma y de una comedia que +allí había de hacerse. Dió cuenta de esto el de Guzmán a D. Diego, y a +poco recibía el falso Zúñiga una esquela de Renata con cita en los +jardines ducales la noche de la fiesta. + +Magnífica como el señor que la dispuso, era ésta que animó los vergeles +señoriales. Percibíase, llegando a ellos, un grato y apacible sonar de +músicas, y apercibíase en entrando una muy notable frecuencia de +caballeros y de damas que discurrían y departían, placíanse con el +tañido y holgábanse con danzas de ceremonia y otros varios deleites. + +Siendo grande la frondosidad de la arboleda, toda ella ardía con +profusión de luminarias, y era de ver cómo rutilaban las piedras +preciosas sobre los brochados de los trajes, y cómo los blancos chapines +de seda de las damas constelados de diamantes semejaban albas flores +cubiertas de rocío sobre el verde de la pradera. + +Aquellos días celebrábanse de continuo fiestas de estafermos y corríanse +sortijas, habiendo justas como otras célebres que hubo en Castilla, +tales como el paso honroso del caballero Suero de Quiñones en Medina del +Campo, y el otro con que le imitó honrando la embajada del duque de +Bretaña el muy magnífico señor don Beltrán de la Cueva, duque de +Alburquerque, conde de Ledesma, vizconde de Huelma, señor de Mombeltrán, +y de La Adrada de Cuéllar y de Roa, ejemplo de validos y espejo de +caballeros leales a sus reyes. + +Abríase en el centro de los jardines una amplia plaza bordeada de +álamos, cubiertos sus añosos troncos con túnicas de hiedra; nobles +estatuas alzábanse también allí, y el suave musgo vestía de verde +terciopelo las figuras del mármol. Corriéronse en tan bello lugar unos +anillos a la luz de las antorchas y fué triunfante un caballero milanés +que se llamaba Leonelo Sforza, y era hijo del esclarecido linaje que +llevaba ese nombre preclaro. Traía el vencedor en la muñeca izquierda un +brazalete como de hierro y en el cual eran grabadas las palabras de su +mote, que también llevaba en el gallardete de su lanza. Lema lleno de +poesía y donosura, que decía así: _Galeote soy de amor_. + +Fué a ofrecer su galardón a una dama que se hallaba justamente al lado +de Renata y se llamaba Laura de la Rovere y era de familia de donde han +salido pontífices romanos. Algún disgusto tuvo la vanidosa Aldobrandino +al no verse favorecida, pero ningún desabrimiento había aquella noche en +la fiesta como el del desdichado don Diego, que tan mal de su grado la +presenciaba. + +Siguióse una danza de salvajes, y a ésta otra en que la comparsa +vestíase a la usanza de los antiguos legionarios romanos. Apartáronse +luego en dos filas los bailarines y salieron del boscaje unas gentiles +amazonas que hubieran sido envidia de la propia Pentesilea y cabalgaban +sobre cándidas hacaneas cubiertas con gualdrapas. Traían una aljaba a la +espalda y blandían el arco en la diestra, disparando sus flechas hacia +lo alto de los árboles. A ellas seguían unos lacayos que conducían sobre +parihuelas de plata diversos cuerpos de toros con sus cuernos y sus +cascos dorados, y todos ellos cubiertos de guirnaldas, y con gran +concurso de frutas confitadas. Era este el anuncio del festín que se +siguió y fué tal como los opulentos de las nupcias de Beatriz de Avalos +con el magnífico Juan Jacobo Trivulzio, y las de Violante Visconti con +el duque Lionel de Inglaterra. + +Finó el banquete, mas no se crea por eso que tuvo su punto la función. +Diéronse varios vítores a la embajada veneciana, y luego unos como +líctores comenzaron a decir: «¡Viva el duque muchos, y buenos, y largos +años con triunfo sobre sus enemigos!» Y el cardenal de Giudice, que +presente se hallaba, dijo después: «Loado sea Nuestro Señor; que nos da +tal señor.» Todos cuantos habían sido parte en el festín pusiéronse muy +luego en marcha a otro lugar, pues que la noche y los jardines daban el +tiempo y el espacio suficientes para que la fiesta continuase. Dió todo +aquel senado en una pradera donde había dispuesto un estrado para que +unos muy ilustres histriones representasen farsas divertidas y amenas. +No era ciertamente nada de amena y divertida la farsa que tocaba +representar a D. Diego, que tenía su pensamiento allí donde pusiera su +ánima cuitada. + +Comenzóse la representación por una loa que se titulaba _El triunfo de +la prudencia_. Era en tal alegoría la señoría veneciana como Mentor del +país italiano a quien se hacía pasar por Ulises. La urdimbre era +sencilla y agradable, y todo aquel artificio con muy singular acierto +tramado. Hacíase después un paseo de comedias que era llamado así: _Gran +caudillo es el amor_. Bello poema donde el poeta ponía en su fábula +verdades de la vida. Era aquí donde había sido rogado D. Miguel por +Aldobrandino que, tratándose de una persona principal y muy versada en +letras italianas, tomase un papel. Eran los personajes de la acción: +Ricardo y Cardenio, caballeros; Lucrecia y Beatriz, damas; Hipólita, +dueña, y Pánfilo y Doroteo, criados. Fingía Renata la parte de Beatriz, +sin saber que en aquel Cardenio que era su galán en la comedia, +escondíase su prometido esposo verdadero, tan bien esperado como mal +recibido. + +Fingíase en aquel paso que todas las damas habían movido una cruzada +contra los caballeros todos para vencerles el desamor, pues no los +consideraban suficientemente rendidos a su albedrío, y valiéndose de +armas para su intento, habían usado primero de la tiranía de la soberbia +con que sólo consiguieron un desdén uniforme. Buscaron luego mejor +general para su causa y dieron en encontrar al amor que muy luego +sirvióles aunque siendo igual que fuerte veleidoso hubo de traicionarlas +haciéndolas a la postre esclavas de aquéllos a quienes intentaron +rendir. Era bella la traza y hábilmente parlada, que bien mostrado lo +sutil del ingenio que la había compuesto y debía de ser un poeta que no +cediera en elegancia al mismo Fracastor. + +Trasládase aquí un retazo de escena, porque el interés que movió en el +senado que la escuchaba y hasta nuestro propio deleite nos lo ordenan. +Hallábanse en medio de un boscaje el caballero Ricardo, que era príncipe +de Inglaterra, y la dama Lucrecia, que era duquesa de la Italia, y así +decían sus decires: + +RICARDO + +¿Seréis esquiva dama menos gradescida que las flores? Ved que ellas de +todos codiciadas no apartan el tallo de su rama cuando alguien quiere +gustar de su fragancia, y aun besarlas como a labios de hermosas. + +LUCRECIA + +Para vos, caballero Ricardo, las flores todas de mi jardín, menos una. +Sabedla ganar y serán sus hojas labios para vuestros labios. Vos os +llamáis Ricardo. Así se llamaba vuestro rey Corazón de León. + +RICARDO + +¿Queréis, dama Lucrecia, que vaya a Palestina? Yo rescataré el sepulcro +de Cristo, y traeré para que adornen vuestros chapines las gemas que +adornan el turbante del señor soldán de Babilonia. + +LUCRECIA + +¿Vos no sabéis la historia de la Tabla Redonda? + +RICARDO + +El rey Artús era mi abuelo. + +LUCRECIA + +Aún me parece a mí poco linaje el vuestro. No vayáis a Tierra Santa, +pero traedme la copa donde bebió Nuestro Señor en su última cena. Está +tallada en una piedra que saltó de la diadema del demonio. Guardóla el +rey Titurel de Anjous con unos bravos caballeros, y otro caído en +liviandades la perdió. Rescatóla el príncipe Parcival, padre del +caballero Lanzarote del Lago. Ricardo, la noche de nuestras bodas, +quiero que bebamos licor de la vida en ese cáliz. Ricardo, id al +Monsalvato y traedme al Santo Grial. + +RICARDO + +Rebosante de sangre de emperadores adversos, y de vino de las vides de +Chipre. Inerme acudiré. Rendiros he mi espada. + +(Aquí desceñíase la espada del tahalí, la cual era recibida por +Lucrecia, que besaba su pomo.) + +LUCRECIA + +Beso este oro donde tantas veces puso sus manos el valor. + +(Soltaba la espada de improviso y daba un grande grito.) + +¡Mal cuitada de mí! Aspid, escorpión o saeta. No era espada, que era +dardo de amor. No os partáis de mi lado. Para vos, caballero Ricardo, +todas mis ofrendas y todos mis sacrificios. No temáis que el viento os +aparte la rosa de la rama. + +RICARDO + +¡Ay, el viento de la muerte!... + +LUCRECIA + +No le temáis; mucho peor es el viento de la vida para arrebatar amores. +Pero yo soy eternamente para vos. Tomadme, Ricardo. Vuestra es la rosa. +Tomadla antes que la agosten los soles, la marchiten las lluvias y la +arrastren deshojada los vendavales. + +(Y se oía tras el boscaje una suave música, y se corría un rico tapiz +sobre el estrado.) + +Pareció notablemente bien la comedia al concurso y todos la loaron +sobremanera. Sólo D. Diego padecía después de haber visto en una escena, +juntos al noble don Miguel con la desenvuelta Renata. Y fué más, para +aumentar su enojo, cuando vió a Lisarda, la dueña, que cautelosamente se +le llegaba y ponía en sus manos un billete, diciéndole en él Renata que +si quería platicar con ella, la vieja le daría la llave de una puerta +secreta de su casa, por donde sin ser notado, podía con toda seguridad +llegar a su aposento y salir del mismo modo. En poco estuvo que D. Diego +no pusiera entonces punto a la enfadosa historia en que estaba metido; +pero por servir en algo a D. Miguel, a quien tan rendido estaba su +verdadero ser, se dispuso mal de su grado a continuarla, aceptando de +manos de la dueña la llave prometida. Terminóse la fiesta con grande +algazara de pífanos y otros instrumentos, que recorriendo los jardines +mostraban señal de que la fiesta había dado fin. Y fué de ver el +brillante aparato con que Renata, como correspondía a su alcurnia, +retiróse a su casa en la carroza con su padre, acompañados por dos +jinetes que iban a los estribos con sendas hachas de viento encendidas. + + +TERCERA PARTE + +DASE FIN Y CABO A TAN EXTRAORDINARIA HISTORIA + + +Habló D. Diego con Marcos al salir del vergel de los duques, y éste +aconsejóle que pusiese cuanto antes término a tan enojosa aventura. Pero +no bien habían andado algunos pasos, cuando Lisarda entregó a D. Diego +un billete en que Renata pedía el hablarle sin falta aquella misma +noche y con grande urgencia. Determinóse don Diego a acudir al +llamamiento con la presteza demandada, y despidiendo a su escudero, +siguió a la dueña, hasta la puerta oculta y la escala secreta. Vióse de +pronto en una estancia suntuosísima con tapices de tan raro gusto y lujo +por las paredes, y muelles escabeles y blandas acitaras que más llevaban +a la pereza que a la diligencia. Un braserillo donde se quemaba canela y +ámbar, hacía oficio de pebetero y aromaba el agradable ambiente. +Levantóse uno de los tapices y apareció Renata ataviada con el mismo +vestido carmesí y la gorguera de batista finísima, y las mismas preseas +que en la fiesta, pues tocábase con la _lenza_, que es como llaman en +Toscana a la diadema que llevan las damas próceres, y traía sobre su +pecho un primoroso cintillo de topacios y de diamantes. Estaba cubierto +el pavimento con una pérsica alcatifa de tal modo, que los perlados +chapines de Renata no movieron ruido ninguno y el absorto D. Diego no +advirtió su presencia hasta tenerla junto a sí. Y fué notable su +maravilla cuando la vió caer de rodillas ante él y con mil protestas y +juramentos solicitarle que sin pérdida de tiempo mostrara a su padre la +calidad de su persona y cómo podía ser digno esposo de su hija, para que +la pidiera en matrimonio. Llegó la desventurada en su desvarío a +pedirle que la llevara consigo a su posada, con lo que por evitar que se +siguiera el escándalo, el mismo padre acudiría con el clérigo para los +desposorios. Y esto decía aquella niña criada con tal cuidado y esmero +en el santo temor de Dios por el más severo y amante de los padres. Que +a tan notables extremos de locura lleva a las criaturas humanas el ciego +amor, ministro del infierno y arma de Satanás. + +--Hicierais mejor--le repuso serenamente D. Diego--en amar de lejos, que +las almas que son mariposas de la llama de amor mueren abrasadas en ella +cuando se acercan demasiado. + +Arrojóse Renata a sus brazos, y en poco estuvo que el disfrazado Zúñiga +no la mostrara la gravedad de su disparate; pero conteniéndose y dejando +el fin de todo para el siguiente día, desprendiéndose de ella y con la +promesa de volver a la otra noche ganó la secreta escalera y se puso en +salvo. + +Apenas tornóse a la posada donde le esperaba D. Miguel, refirióle punto +por punto lo acaecido, haciendo grandes esfuerzos por no declararse a él +como Renata, pues la dama española consideraba todo aquello como una +prueba a que el Señor Rey de cielos y de tierra había sido servido de +someterla en su alta sabiduría. Pero fué grande su espanto cuando supo +que D. Miguel había recibido también un billete de Renata para verla a +la siguiente noche, a hora diversa de la concedida a D. Diego.--¡Ah, +pérfida y malvada mujer--decía el de Guzmán--que así haces aprecio de +las canas de ese noble varón, que es tu padre, y crees que el amor de +los caballeros y el recato de las damas son prendas para juego!--Y luego +continuó más sereno:--Yo te juro que esta vez tu saber ha sido errado, y +que no ha de valerte que sepas tanto de amor como de ciencia doña Oliva +Sabuco, y que has de olvidarla toda muy pronto, así tengas más memoria +que Mitrídates y Scalígero, y en seguida concertóse con D. Diego para ir +juntos a la siguiente noche y confundirla con la lición de la presencia +de ambos a la vez. + +Marchóse D. Diego a su aposento, y fuera necio advertir, que no sólo no +pudo conciliar el sueño, sino que ni lo intentó siquiera. Tenía una +grande turbación, que era ese inmenso desasosiego de la mujer +fuertemente enamorada, que lucha porque la color de su rostro y la frase +de su labio no traicionen a su alma. + +¡Grande cosa es el amor, decía el escudero Marcos, que él vuelve agudos +a los tontos y torna necios a los discretos! Doña Mencía en tanto +deshacíase querellando sus cuitas. Salíase a un muy apacible retiro +formado de olmos muy añosos, y allí se lamentaba:--Que así hemos de ser +las mujeres--, decía--que así cambiamos amores con desdenes, y nos +perecemos por amar a quien no nos ama, y somos esquivas para los que nos +quieren bien--. Era aquel lugar muy sujeto a melancolías en su sombra +nocturna, y servíala de consuelo. ¡Oh noche, divina noche, hermana del +misterio y madre de la bendita poesía, tú eres la puerta encantada de +los placeres, y la piedra filosofal de los dolores, maravilla de los +amantes, arpa de las canciones, princesa del secreto, y alcázar +universal del amor. + +Ya pensaba la piadosa Mencía en el exorcismo, creyéndose posesa, +malhayan la caldereta y el hisopo para tales hechizos y para tal +demonio. Buscó después el halago en la piedad, y cogiendo un libro +eucológico que D. Miguel habíala emprestado, y se llamaba _Ruta de la +montaña de Sión_, hubo de toparse entre sus páginas con unos versos +manuscritos, que sin duda alguien habíalos dado traslado a aquel papel, +habiéndole placido el donaire de un poeta que debía de ser, a no dudar, +algún preclaro ingenio de la corte de Madrid, y eran estos que aquí se +copian para mayor deleite: + + LETRILLA A DOÑA BELISA + + Amor, que es niño y travieso, + me mata con sus mercedes. + Hame tendido sus redes, + y hame preso. + Pedisme dueña y amiga, + que os diga + mis bienandanzas de bella, + y la cuitada cantiga + sólo oiréis de mi querella. + + Ya no rúo, ya no canto, + del arca en el fondo están + basquiña de veludillo, + pañizuelos y tontillo, + y la prenda de mi encanto, + aquel primoroso manto + de bordado tafetán. + + Que amor que es niño y travieso + me mata con sus mercedes, + hame tendido sus redes, + y hame preso. + + Y sabréis Doña Belisa, + que sólo salgo a la misa + de las madres Recoletas, + y ya no me regodeo, + ni bullo, ni me paseo + por San Blas, ni por el Prado, + que amo pláticas secretas + tenidas en el estrado, + y triste cilicio ciño + por la culpa de un doncel. + Que amor me llevó al cariño + de uno que es travieso y niño + como él. + + Como él gracioso y avieso, + con perfil de Ganimedes. + Hame tendido sus redes + y hame preso, + el que sin mal ni dolor + el seso roba al discreto, + y enturbia el sabio conceto + al letrado y al dotor. + + El amor, + que no obliga con premáticas, + ni otras leyes mayestáticas, + el señor corregidor. + Y a quien no rinden los reyes, + ni con él hay valimiento, + ni rigen con él las leyes + que llenan el aposento + de mi tío el oidor. + + Se trata, doña Belisa, + de un rapaz más que donoso + que en los diez y siete frisa. + + ¡Quién me viera! + Yo, aquella dama que fuera + la del gesto desdeñoso, + castigo de los galanes + que desprecié los afanes + postreramente de tres. + Don Gil que ahora en Indias loco + padece por sus desmanes. + Un mayorazgo por poco, + y por harto un ginovés. + + No juguéis con el cariño. + Mirad quien así os lo avisa. + No sabéis, Doña Belisa + cómo me tiene ese niño. + + Dejadme, dueña y amiga, + que no siga + con tan plañidero son. + A vos os digo el secreto + a que me obliga el afeto + de nuestra vieja afición. + Pero no es bien que mi lengua + al viento diga mi mengua, + que no es bien que la publique + y mi escándalo predique + mi canción. + Y pues mi mal conoscedes, + si halláis afrenta en mi exceso + no preguntéis por mi seso, + que la deidad que sabedes, + hame tendido sus redes + y hame preso. + +Leyólos y releyólos doña Mencía con atento cuidado, como si fuese +aquella dulce poesía espejo de sus propias penas. Muy luego tomólos en +su memoria, que era clarísima, y casi de continuo los recitaba. + +Tan luego como amaneció, sacó del cofrecillo que había traído Marcos a +las ancas de su mula los atavíos femeniles que la correspondían, y eran +sencillísimos y de una gran honestidad. Un vestido de estameña y un +tafetancillo como velo, que eran con los que pensaba entrar en Mantua, +por no ser decoroso que entrase en el convento con el traje hombruno del +camino. Y cuando don Miguel envió a su amigo los buenos días, el que ya +no era don Diego, después de tomar licencia para entrar en el aposento +del de Guzmán, presentóse en el umbral de la puerta, mostrando tan +gentil presencia de mujer, que don Miguel quedó todo turbado y confuso +ante la inesperada aparición. + +--No fué soñación vuestra sin duda, señor don Miguel--comenzó diciendo +la dama,--ver trocado desta manera a vuestro gentil amigo don Diego. +Pero en pocas palabras os diré la verdad de mi historia. Soy nacida en +Toledo, de muy nobles padres y llámome doña Mencía de Carvajal. Más +cuidadosos de medrar en su hacienda que de beneficiar mi espíritu, +dábanme por marido a un hombre rico, pero viejo, sucio y feo. Nada +valieron mis protestas, y entonces determinéme a tomar por esposo al que +es eternamente bello y bueno. Una hermana de mi padre, dama que fué de +gran hermosura, vive en Italia rigiendo una comunidad de religiosas y +pensé venirme con ella, tomando para mi intento ese disfraz con que me +habéis visto, y acompañándome de Marcos, escudero de mi casa, que fué +compañero de armas de mi abuelo y tiéneme más afición que mi propio +padre, y así tomé el camino destas tierras donde había de unirme con la +que se llamó en el siglo doña Clara de Carvajal y de Mendoza, y hoy es +en religión sor Margarita, priora de las Capuchinas de Mantua. Pero +quiso Dios (Dios debe ser) que os hallare en mi camino. Sabed, don +Miguel, que de hoy más no me veréis. He sido fuerte hasta ahora, seré un +momento débil para haceros una confesión, que el corazón se me saltará +del pecho si no os la hago y puedo hacérosla, porque sois hidalgo y +noble como un hijo de rey, y luego volveré a mi prístina fortaleza para +daros un adiós que lleve quizás pedazos de mi alma. + +El asombro de don Miguel creció de punto al escuchar tales palabras y de +tan linda boca, que la gravedad del continente de doña Mencía y toda la +honestidad que ponía en el hablar, que lo hacía con los ojos fijos en +el suelo, habíanle llegado a lo hondo de su ánima. + +--No acierto--prosiguió la dama--a deciros lo que deciros no quisiera, +pero deciros he. Diréos, don Miguel, que os amo, que sois el primer +caballero a quien puedo decirlo, y único, pues que dentro de breve +tiempo el mundo habrá concluído para mí. Considero vuestro amor como una +rosa encantada, de aroma fragantísimo que debo aspirar a distancia, +porque si tocarla quiero, cien espinas buídas me castigarán de mi +osadía. Pero sabed que os adoro, aunque sea mengua mía decíroslo, y que +soy tan ambiciosa que quiero de vos una gran merced. Os pido don Miguel, +que perdonéis como discreto a la que os ama como loca. + +Quiso arrodillarse ante él; pero Guzmán la detuvo, y cogiéndola una de +sus blanquísimas manos besósela con unción respetuosa. + +Aquella noche, como habían convenido, acudió doña Mencía con su traje +viril a la casa de Renata. Esperaba la italiana a su don Diego en el +mismo aposento que la otra noche, y no bien fué verle entrar, que se +arrojó a su cuello con transportes de amor, y como entonces tropezase +con el redondo seno de doña Mencía, extrañándose de hallar tal obstáculo +en el pecho de su amado, hubo de preguntarle al tiempo que paseaba sus +manos por el misterioso lugar: + +--¿Qué os abulta aquí, caballero? + +--Esto es lo único que me abulta, señora--respondióla don Diego con modo +socarrón. + +Y entonces, desabrochándose el juboncillo con gran presteza y abatiendo +su camisa, mostró a Renata, que esperaba el pecho fuerte del mancebo, su +blanco cuerpo, su finísimo talle y la turgencia de sus admirables senos, +cuya vista pusiera en notable desasosiego al más austero y frío de los +varones. + +--Me gustan más los míos--dijo Renata, que al comprender la situación +había tomado una gran seriedad. + +Fué en este momento cuando don Miguel apareció en la puerta de la +estancia, lo cual terminó de turbar a la infeliz Renata. Y subió de +punto su burla cuando el caballero recién llegado dijo a doña Mencía: + +--Venid, mi esposa. + +Y después de haberla ayudado a vestirse de nuevo, cogióla de la mano, y +sin dirigir palabra a Renata salieron ambos. + +Fué inmenso el enojo de Leonardo Aldobrandino al saber los hechos de su +hija por boca del mismo don Miguel, que ya se había descubierto como +quien era; y habiendo el de Guzmán declarado que doña Mencía de +Carvajal había de ser su legítima esposa ante Dios y ante los hombres, +quiso Aldobrandino que su hija fuese a ocupar en el convento de Mantua +la misma celda que esperaba a la dama española. + +No se holgaron menos de la fausta nueva los padres de doña Mencía, +quienes muy luego ordenaron una misa en la iglesia de Santo Tomé de su +ciudad, para celebrar el feliz matrimonio de su hija. Misa fué ésta a la +que no asistió don Lucas Leví Escobedo, hombre frío y desabrido como las +gracias de Mari Angola, que era el novio que la deparaban primeramente, +y hay quien dice que no acudió al santo sacrificio, porque descendiendo +de los Levíes, que fueron tesoreros de don Pedro de Castilla, era sin +duda, más viejo como avaro que como cristiano, y que hacía al tocino los +ascos que no hizo nunca a los escudos de a ocho. + +Fueron suntuosas de toda suntuosidad las bodas de don Miguel y doña +Mencía, las cuales recordaron con piedad y lástima el engaño de la +infeliz Renata, que por ser indiscreta en sus amores y querido buscar el +afecto imposible del fingido don Diego, vióse tan justamente castigada. +Y hoy sabemos della que es una religiosa tan perfecta como ejemplar y +venturosa casada ha sido doña Mencía, que pocos años ha murió en su +palacio de Sevilla, mirándose en los ojos de su esposo. + +Y vese aquí que hasta los más extraños sucesos son caminos por los que +la sabiduría del Altísimo lleva a las criaturas adonde más les conviene +para la salvación de sus almas. A ella conduzca a los que leyeren o +escucharen leer la presente verídica historia, la Misericordia de +Nuestra Señora la Madre de Dios, como así deséales y para él pide +también el cristiano y devoto caballero que la escribe, para ejemplo de +algunos y regalo de todos. Vale. + + + + +Cosas de hombre. + +(A. REYES) + + + + +COSAS DE HOMBRE + + +Cuando el tío _Pizarroso_ llegó a su casa, las sombras empezaban a +invadir el a modo de embudo formado por los montes, en cuyo fondo +blanqueaba el edificio, al borde de una cañada llena de piedras enormes +y espesos macizos de adelfas. + +--Pos di tú que te has dormío en un _cajorro_--exclamó la tía Tomasa al +ver llegar al legítimo dueño de su orondísima persona. + +--Pos no me he dormío, ni tan siquier he estao a dormivela. + +--Pos entonces habrás estao de picos pardos en algún abrevaero del +monte. + +--¡No ha sío malo el abrevaero! + +--Pos entonces, ¿aónde te has metió, alma condená? + +--Pos en ninguna parte: una miaja que me entretuve en la encrucijá del +_Tomillo_ con Juan el _Rumboso_ y _Toñico_ el _Pastañeta_, y... ¡arza pa +entro, _Pimentona_, arza pa entro! + +Y esto lo dijo asestando una cariñosa palmada en una de las poderosas +ancas a la mula, a la cual habíale quitado el aparejo mientras hablaba. + +La cabalgadura, a la cariñosa insinuación, tomó lentamente el camino de +la cuadra, mientras el _Pizarroso_ sentábase sobre un capacho, junto a +su hermano el _Totovías_, un viejo enjuto y grave que entreteníase en +hacer tomizas para los usos domésticos, mientras el porquero, un rapaz +greñudo y andrajoso, contemplaba con famélica expresión, desde la +puerta, la gran olla que hervía sobre las enormes trébedes de hierro en +la chimenea. + +--Y ¿qué es lo que dicen el _Rumboso_ y el _Pastañeta_? ¿Tantas cosas +teníais que contaros, que si se entretienen ostedes una miaja más +volvéis tóos a vuestras casas con barbas corrías? + +--Y dale, mujer, dale, no seas asina; si me he entretenío ha sío por +decirle al Rumboso con toas las veritas de mi alma y con tó mi metal de +voz: «¡Ole con ole por los hombres machos con toas las de la ley!» ¡Vaya +si es una prenda el viejo! ¡Y con un corazón más grande que una cantera! + +--Y eso ¿poiqué? ¿Te ha regalao alguna vestiura pa el _Corpus_? + +--No, señora, que lo que ha jechito vale más que tó eso; el _Rumboso_ ha +puesto esta tarde su bandera en lo más artico del monte. + +--No es una noveá en él; ¡ese es de los que siempre se la han +traío!--exclamó con voz gutural el _Totovías_--pero, a la fin y a la +postre, dinos ya lo que ha jecho, que la olla mos espera gruñe que te +gruñe. + +--Pos ha jecho lo que sus voy a contar. Figúrense ostedes que Rosalía, +la del cortijo de la _Embocaura_, que es un pasmo de bonita y que tié un +cuerpo que es una parma... + +--¡Una parma! Un parmito, ¡más ropa que carne!--dijo con tono desdeñoso +la tía Tomasa. + +--¡Eso ya sus lo dirá el _Pastañeta_ cuando se case con ella! + +--¡Pos no estás tú mu atrasao de noticias! Rosalía ya no se casa con el +_Pastañeta_, poique se le ha cruzao en el camino ese que dices tú que es +una prenda. + +--A eso voy, mujer, a eso voy; es mu verdá que el _Rumboso_ se le cruzó +en el camino, y que, como el hombre tié más fanegas de tierra que +nosotros abejas en los panales, al padre de la Rosalía, que es un +agonioso, la avaricia se le puso de pie, y cogió a su hija y le dijo que +como gorviera a mirar a _Toñico_ les iban a caer cataratas en los ojos a +dambos, y que era menester que se pegara manque fuera con liria una +sonrisica en los labios pa cuando hablara con el viejo; y la muchacha +no entendió de chiquitas, y cuando se le puso a tiro el _Rumboso_ se le +echó a llorar, y le dijo que lo que quería jacer con ella era una +picardía; que ella no podía peinarse ni despeinarse en el mundo más que +pa su _Toño_; y tan y mientras ella le decía esto al señor Juan, el otro +andaba diciéndole a grito pelao a tó el que lo quería oir que no había +de parar hasta sembrarle al viejo una almáciga de plomo en el corazón, o +el jierro de su cuchillo en la mismísima boca del estómago. + +--Y eso era lo que se merecía por dir a meter la pata en unos güenos +quereles, valiéndose de que el padre de Rosalía es un «tó pa mí» de +cuerpo entero y _Toño_ es un probetico desmamparao. + +--Tú no estás bien enterá, Tomasa; en estas cosas sa menester ajondar pa +verles el fondo. Cuando el hombre se prendó de Rosalía, cuasi naide +estaba enterao de esos quereles, poique se querían de contrabando; y lo +que pasó fué que el _Rumboso_, que jacía ya cinco años que no veía a la +muchacha, se la topó una tarde en el pueblo, y al hombre se le +reverdeció la sangre, y el hombre está más solo que una esparraguera, y +la zagala es güena y es bonita, y el hombre no sabía na de sus amoríos; +y cuando el hombre se enteró, ya él le había hablao al de la +_Embocaura_, y ya el _Pastañeta_ andaba de atajo en atajo aconsejándole +que se pusiera bien con Dios y que jiciera testamento. + +--¿Pero es que no vas a acabar nunca? ¡No ves que se va a pegar la olla! + +--Ya arremato. Pos bien, esta tarde, miajita antes de que yo llegara, el +_Rumboso_, que iba pa el lagarillo del _Zegrí_ montao en su +_Ceniciento_, que es un jaco que vale un millón, al dir a dar la vuelta +al olivar del _Tardío_, se topó manos a boca con el _Toño_, que estaba +acechándolo entre las pitas de la linde. + +--Naturalmente, al echárselo a la cara, el señor Juan se comió la +partía, poique estaba al cabo de la calle en lo tocante a las bocanás +del otro; pero el hombre, que es prudente, se jizo el lila, y no hubiera +chistao tan siquiera si el otro no se le hubiera atravesao en el camino, +con la escopetá montá en la mano, diciéndole que se apeara pa hablar de +la Rosalía. + +--Y miá tú lo que son las casolidades; en aquel mesmísimo momento +desemboqué yo en la encrucijá, poique esto que yo sus he contao, esto lo +sé yo por boca del _Rumboso_. + +--Y no acabarás, y la olla gruñe que te gruñe. + +--Ya acabo, jambrón, ya acabo. Pos bien, yo, al ver aquello, miré por si +encontraba un boquete por donde colarme, pero el señor Juan, al verme +llegar, me gritó riéndose: + +--No te vayas, _Pizarroso_, no te vayas, que me conviene que veas la +corría. + +Y diciendo esto, saltó en tierra con la misma agiliá con que yo saltaba +en mis moceáes, y endispués de jecharle las riendas sobre las crines al +_Ceniciento_, le dijo a _Toño_ al mesmo tiempo que se iba pa él: + +--A ver si bajas ese juguete, chaval, poique si se te va el tiro y güelo +la pólvora, no vas a volver a estornuar en toa tu vía. + +--Coja osté la suya, mostramo, cójala osté, poique esta tarde me queo +con osté, u osté se quea conmigo. + +Y esto se lo decía el _Pastañeta_ reculando, jaciéndole puntería, con la +cara del color de la gayomba y con los ojos espaventáos. + +--¡Yo qué he de quearme contigo! Yo no mato volantones. + +--No se acerque osté, y coja osté su escopeta; mire osté, mostramo, que +hoy le jago yo a osté yesca el pecho. + +Y entoavía no había arrematao de icirlo, cuando le dió gusto al deo, y +¡pum! ¡vaya un berrío que dió la vizcaína! + +--¿Y qué, encarnó? + +--Un plomo en un brazo na más, un plomo perdiguero; pero, camará, yo no +he visto hombre más vivo ni más bravo que el _Rumboso_; entoavía no se +había arrematao el estampío, cuando la escopeta de _Toño_ y el cuchillo +que éste había sacao estaban en la cuneta, y _Toño_ en el suelo, sin +poer mover un remo, tan y mientras el señor Juan le dicía con acento +enfureció: + +--Eso que tú has jecho no se jace; los hombres no pelean sino como Dios +manda; ¿y si yo ahora te diera lo que te mereces? + +--Démelo osté; máteme osté, mostramo; máteme osté, poique si hoy me ha +faltao la puntería otro día me pué no faltar... + +--Anda y alevántate y vete, y otra vez no jechas tanta pólvora, poique +con tanta pólvora no se le da un tiro a un cerro. + +Y diciendo esto, él mesmito alevantó al _Toño_, y le volvió las +espaldas, tan tranquilo como si detrás tuviera una pareja de la +benemérita. + +--¿Y el _Pastañeta_? + +--Pos el _Pastañeta_ se queó mirándolo y mirándome como atontao; +endispués recogió la escopeta y el cuchillo, y de pronto, cuando ya el +_Rumboso_ iba a montar, tira la jerramientas y se va pa el viejo, y baja +los ojos, y le dice como si de pronto se hubiera vuelto tartamúo: + +--Mostramo, perdóneme osté; pero yo estoy loco, yo estoy desesperaíto; +yo soy un probe, yo no tengo más calor en el mundo que mi Rosalía, y +quitarme a mí mi Rosalía es sacarme el corazón del pecho, y es darme +garrote vil, y es... + +Y al decir esto se le llenaron los ojos de lágrimas como puños; y miren +ustedes, a mí también se me mojaron las parpagueras, poique la verdá es +que aquello lo dijo el mozo de un móo... Ya ven ostedes cómo lo diría, +que el _Rumboso_ le tendió la mano y le dijo: + +--Pedazo e bruto que eres, ¿poiqué no has hablao asín antes? ¿No +comprendes tú que desde el punto y hora en que tú quisiste que me fuera +a rumbo de valentía, yo no podía dirme, y que necesitaba antes de dirme +probarte a ti y a tó el mundo que me iba poique me daba la gana, poique +yo no le hago a naide estorsiones, y además que yo no estoy tan loco que +quiera casarme con una jembra prendá de otro hombre? ¿Tú no comprendías +eso, peazo de bruto que eres, tú no lo comprendías? + +Y ná, que se dieron las manos, y que se fué _Toño_ y que yo acompañé un +ratico al _Rumboso_ y que me he venío tó el camino diciendo: «Ole con +ole por los hombres machos con toas las de la ley», y lo he venío +diciendo con tó el metal de mi voz y con toas las veritas de mi alma. + +Y momentos después humeaba el sabroso contenido de la olla en el enorme +barreño donde la hubo de volcar la tía Tomasa, y sentábanse todos +alrededor de la reducida mesa, a la oscilante luz de un enorme candil +suspendido del alero de la chimenea, donde entre ramos de verde romero +brillaban, como si fuesen de oro, las grandes calderas y los limpísimos +peroles. + + + + +Fuerte como la muerte. + +(PEDRO MATA) + + + + +FUERTE COMO LA MUERTE + + +De pie, con las manos en los bolsillos, frente a la luna del escaparate, +estuvo largo rato mirando, vacilante y perplejo, sin acabar de +decidirse. Se decidió por fin. + +--A ver, ese collar... ¿Me hace usted el favor? + +Un dependiente le sacó del escaparate y le extendió en el mostrador +sobre un retal de terciopelo azul. El le examinó detenida y +minuciosamente. + +--Sí, está bien... es bonito. Me gusta; ¿qué vale? + +--Para usted 1.200 pesetas. + +--¿Precio fijo? + +El dueño de la tienda intervino. + +--A un cliente como usted, don Joaquín, no se le pide en esta casa más +que lo justo. Es usted bastante inteligente para que haya necesidad de +hacer el artículo. De todos modos, usted se le lleva, le manda tasar, y +con arreglo a la tasación me da usted lo que guste. + +--Es que, además, no las llevo encima. + +--Usted se pasa por aquí cuando quiera. No hay prisa ninguna. + +Salió muy contento, satisfechísimo de la compra. Llegó a casa, y en la +misma puerta preguntó a la doncella que le salió a abrir: + +--¿Cómo está la señorita? + +--Bien; muy tranquila toda la tarde. Hace poco se quedó dormida. + +Entró de puntillas en la alcoba y dilatando las pupilas para orientarse +bien en la penumbra llegó pausadamente hasta la cama y se inclinó sobre +la enferma. Al roce imperceptible de la ropa, Paulina abrió los ojos. + +--Creí que dormías. + +--No. + +--¿Cómo estás? + +--Parece que mejor. No tengo fatiga. He podido descansar un ratito. + +--Naturalmente, mujer, y te pondrás muy pronto buena. Roldán me dijo +ayer que estás en franca mejoría. Lo que hace falta es que no seas +aprensiva, que te animes. Es necesario que pongas de tu parte un poquito +de buena voluntad. + +--¡Voluntad! ¡Ay, si con la voluntad se pudiera vivir! + +--Vamos, no seas tonta; no quiero verte así.--Dió luz al globo de +cristal que colgaba sobre la cabecera y se sentó en el borde de la +cama.--Te he comprado una cosa, una sorpresa, ¿sabes? ¿Qué me das si te +gusta? + +--Pobrecita de mí, ¡qué quieres que te dé! + +--Un poco de alegría. Yo con verte reir tengo bastante.--Sacó el estuche +del bolsillo y la entregó el collar. Ella, al verle, dió un grito de +contento y lo cogió con sus manos febriles.--¡Ay, qué lindo! ¡Qué +bonito!... ¡Qué cosa más preciosa!--Mas en seguida, con una brusca +transición, cambió de tono:--Pero, ¿por qué haces esto? ¿Por qué te +gastas el dinero en esto? ¡Yo para qué lo quiero, si no lo he de lucir! + +--¿Que no? En cuantito que te pongas buena. + +Y como ella moviese la cabeza con ademán de desaliento, agregó +vivamente, temblorosa la voz de amor y de ternura:--Tontina, si no +creyese que le ibas a lucir, ¿te le compraría? Ven acá, te le voy a +poner. Verás qué lindo.--Y, en efecto, él mismo se lo puso, cerró el +broche y fué a buscar un espejo para que se mirase.--¡Eh! ¿Qué tal? + +--Muy lindo. + +Acodada sobre las almohadas, el espejo en la mano, se estuvo +contemplando mucho tiempo. Separó con los dedos algunos bucles +desrizados que le caían sobre la frente y se mordisqueó los labios +exangües y descoloridos. + +--¡Qué pálida estoy! + +--Es la luz, nena. + +--Por Dios, no digas... Estoy horrible. Parezco una muerta.--Dió un gran +suspiro, tiró el espejo y se dejó caer sobre la almohada.--Estoy muy +mala, Joaquín. Vosotros no me queréis creer, no me hacéis caso y yo +estoy muy mala. + +El, conmovido, la miró en silencio. Luego, de pronto: + +--Oye, está una tarde magnífica; no hace nada de frío. ¿Quieres que abra +un momento el balcón? + +--Sí, abre un poquito, para que se ventile. Huele mal, ¿verdad? + +--No, nenita, no es eso. No huele más que a etilo, y ya sabes que a mí +este olor no me disgusta. Me sabe a plátanos y a ilang-ilang. Era para +fumar un cigarro. + +Para fumar un cigarro y para que ella no viese que las lágrimas le +llenaban los ojos. Cruzó el gabinete, abrió el balcón y se acodó en la +barandilla. Sobre la línea recta y dura de los tejados de la casa de +enfrente, la tarde comenzaba a morir en un crepúsculo de color de malva +de una diafanidad imponderable. A lo lejos, por el andén del bulevar, +unas niñas venían cantando enlazadas del talle. Ennoblecida por la +distancia, sonaba la canción melancólica y triste: + + --¿Dónde vas, Alfonso doce, + dónde vas, triste de ti? + --Voy en busca de Mercedes, + que ayer tarde no la vi. + +La canción infantil se metió como un puñal en su corazón dolorido. +También él, dentro de poco, no vería más a su Paulina. ¡Qué horror!... +¡Qué pena! Morir en plena juventud, cuando con más ansia se ambiciona la +vida... Morir a los treinta años, ¡tan bonita, tan buena, tan adorada, +tan feliz!... Alzó los ojos, y turbios de llanto los clavó en la +serenidad del crepúsculo.--¡Señor, Señor, qué te hemos hecho para que +nos trates así! ¡Por qué no me eliges a mí y la salvas a ella! ¿Por qué +te complaces en segar las vidas en flor? + +Desde que se dió cuenta de la gravedad de su mujer, todos los días, en +sus oraciones, elevaba a Dios la misma súplica. Mas Dios no la atendía. +El, a pesar de sus cincuenta años, de su vida de luchador, ajetreada y +dura, cada vez estaba más fuerte, más robusto, más lleno de salud; y, en +cambio ella, la pobre nena, rodeada de lujos y de comodidades, mimada y +consentida, tenía en el pecho un corazón que no servía para nada, un +corazón inútil que se iría a romper cualquier momento como una figurita +de biscuit. Los médicos se lo habían dicho leal y rudamente. Todo es +inútil. No se puede hacer nada. No queda más que resignarse y esperar. + +Y así llevaba esperando dos años, viéndola vivir artificialmente a +fuerza de tónicos y cordiales; asistiendo impotente a los tremendos +ataques de disnea; contemplando con horror cómo aumentaba la hinchazón +del cuerpo, cómo se embotaba la sensibilidad, cómo se abría la piel en +llagas espantosas. Así llevaba dos años, rodeándola de cuidado y de +mimo, concretado exclusivamente a ella, siempre vigilante y atento para +hacerle las horas agradables, el ambiente propicio, para apartar de la +tristeza de la alcoba todo lo que pudiera ser emoción violenta y +sensación desagradable, y, sobre todo, para infiltrar en su alma, día +tras día, con tenacidad piadosa, el engaño sutil de una mentira que ella +se negaba a aceptar.--No, Joaquín, no; yo estoy muy mala. Estoy mucho +más mala de lo que creéis. + +Unas voces argentinas que sonaban en la alcoba le trajeron a la +realidad. Eran los nenes, que habían vuelto del colegio y entraban a +besar a su madre. Joaquín cerró el balcón y fué a verlos. Joaquinito, el +pequeño, se había encaramado y trepaba gateando por la colcha arriba. +Luisita, la mayor, jugaba con las cuentas del collar. + +--¡Qué bonito! Dí, mamá, ¿te le ha traído papá? + +--Sí, ángel mío. + +--¿Y a mí no me ha traído ninguno? + +Paulina alzó la mano y sus dedos hinchados y torpes acariciaron los +cabellos dorados de la niña. + +--No te ha traído ninguno porque éste es para ti. Para ti, ángel mío. Tú +le llevarás cuando yo me muera. + +--Bueno; pero como tú no te vas a morir... + +Ella no contestó. Un gesto doloroso crispó toda su cara, y se le +llenaron de lágrimas los ojos. Joaquín cogió a los niños y los puso +dulcemente en el pasillo. + +--Id a la cocina y decid a Juana que os dé de merendar. + +Luego, al ver que Paulina seguía sollozando: + +--Pero, nena, por Dios, no seas así... no te pongas así... ¿No +comprendes que te perjudicas? Te excitas, te emocionas, viene la fatiga +y... + +Paulina seguía llorando. Se inclinó sobre ella y la besó en los ojos con +caricias de inefable ternura. + +--Mi nenita... ¡mi nena!... Vamos, ¿lo ves?... ¿Lo ves?... ¡Si ya lo +sabía yo! + +Fue tremendo el ataque; tan violento que, a pesar de estar él +acostumbrado a presenciarlos, hubo un instante en que perdió la +serenidad y se asustó, creyendo que era el último. Afortunadamente, la +digital y el cloruro de etilo surtieron sus efectos, y el ataque pasó; +aclaróse la vidriosidad de las pupilas; cesaron las violentas sacudidas +crispantes, los saltos descompasados del corazón y el ronco silbar de la +garganta. Quedóse de cara a la pared, bañada en sudor, aniquilada, +destrozada, rendida. El, conmovido, la miraba en silencio. Luego, al +cabo de un rato: + +--¿Quieres que te quite el collar? Te molesta, ¿verdad? + +Pasó dulcemente una mano por debajo del cuello y desabrochó el cierre. +Al ir a retirarla, sus dedos tropezaron debajo de la almohada con una +hoja de papel. La cogió inconscientemente, sin darse cuenta. Ella no se +movió. Fué al gabinete a dejar el collar y, por curiosidad, miró el +papel: medio pliego de cartas escrito con lápiz. + +«Mi alma: + +Una convulsión nerviosa le cerró los ojos. + +Los volvió a abrir. + +«Mi alma: Te escribo estas dos líneas aprovechando un momento en que me +dejan sola. Estoy muy mala. Sé que nunca más me volverás a ver. Esta es +la única pena que tengo: morirme sin...» + +No decía más. + +Se llevó una mano a los ojos y con la otra se apoyó en una silla, porque +todo su cuerpo vacilaba. Así estuvo mucho tiempo, mucho. Luego, +lentamente, volvió a la alcoba. A medida que avanzaba hacia el lecho, se +le aceraban las pupilas y las manos se le crispaban como garras de +presa; tremolaron un segundo sobre la cabeza de Paulina y en seguida se +estrujaron, enlazadas con ademán de desesperación y de impotencia. Ella +no se había movido. Dormía dulcemente, reposadamente. + +De pie junto a la cama, la miró largo rato. Al suave resplandor del +globo azul colgado de la cabecera estuvo contemplando los bucles +desrizados y marchitos, los párpados translúcidos, las ojeras amoratadas +y profundas, los labios secos, incoloros y exangües; las manchas +cárdenas de la piel, lustrosas aun de sudor. Una carcajada infantil +resonó en el pasillo, y pasaron los niños retozando. + +Abrió muy despacio la puerta y, con ademán imperioso, les impuso +silencio: + +--¡Chisss...! Mamá está dormida. No hagáis ruido. + + * * * * * + + +Errores corregidos por el etext transcriptor: + +gritando:--«No;=> gritando:--«¡No; {pág 30} + +sobre esta roidlla=> sobre esta rodilla {pág 21} + +»Oh, Dios mío!=> »¡Oh, Dios mío! {pág 28} + +limpia de pelo las otras=> limpias de pelo las otras {pág 35} + +la senda de sus sueños.=> la senda de sus sueños! {pág 67} + +ESCENA IX=> ESCENA IV {pág 71} + +en tus presencia=> en tu presencia {pág 72} + +La nadre y la hermana=> La madre y la hermana {pág 91} + +Ah, en cuanto a eso sí.=> Ah, en cuanto a eso sí! {pág 105} + +yo padre y tu madre=> yo padre y tú madre {pág 108} + +quien su padre recomendaban el cuidado=> quien su padres recomendaban el +cuidado {pág 128} + +encueros vivos=> en cueros vivos {pág 128} + +brillaban las gusanos=> brillaban los gusanos {pág 162} + +La epopeya de una zíngraa=> La epopeya de una zíngara {pág 165} + +fué lllamada=> fué llamada {pág 224} + + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of La voz de la conseja, t.I, +compiled by Emilio Carrère + +*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 40827 *** |
