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+*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 40827 ***
+
+En esta edición se han mantenido las convenciones ortográficas del
+original, incluyendo las variadas normas de acentuación presentes en el
+texto. (la lista de errores corregidos sigue el texto.)
+(nota del transcriptor)
+
+
+
+
+
+_La Voz de la Conseja_
+
+
+
+
+La Voz
+de la Conseja
+
+Selección
+de las mejores novelas breves y cuentos de
+los más esclarecidos literatos.
+
+Recopilación hecha
+por
+Emilio Carrère
+
+Firmas del tomo primero
+
+Galdós.--Benavente.--Condesa de Pardo Bazán.--Unamuno.--Palacio
+Valdés.--Rubén Darío.--Baroja.--Dicenta.--Ricardo
+León.--Nogales.--Répide.--Arturo
+Reyes y Pedro Mata.
+
+V. H. SANZ CALLEJA
+
+Editores e Impresores
+
+C. Central: Montera, 31.--Talleres: R. Atocha, 23
+
+MADRID
+
+:ES PROPIEDAD:
+
+
+
+
+INDICE
+
+
+_BENITO PÉREZ GALDÓS_
+
+_La novela en el tranvía_ 17
+
+_JACINTO BENAVENTE_
+
+_El criado de Don Juan_ 59
+
+_CONDESA DE PARDO BAZÁN_
+
+_Viernes Santo_ 77
+
+_MIGUEL DE UNAMUNO_
+
+_El sencillo Don Rafael_ 99
+
+_ARMANDO PALACIO-VALDÉS_
+
+_¡Solo!_ 111
+
+_RUBÉN DARÍO_
+
+_El Rey burgués_ 137
+
+_PÍO BAROJA_
+
+_Elizabide el Vagabundo_ 149
+
+JOAQUÍN DICENTA
+
+_La epopeya de una zíngara_ 165
+
+RICARDO LEÓN
+
+_Los tres reyes de Oriente_ 175
+
+JOSÉ NOGALES
+
+_Las tres cosas del tío Juan_ 187
+
+PEDRO DE RÉPIDE
+
+_La enamorada indiscreta_ 203
+
+ARTURO REYES
+
+_Cosas de hombre_ 249
+
+PEDRO MATA
+
+_Fuerte como la muerte_ 261
+
+
+
+
+_AL EMPEZAR_
+
+
+_La Casa editorial V. H. de Sanz Calleja me encarga esta Antología de
+cuentistas de habla castellana. No es tarea tan humilde la del
+seleccionador, pues hace falta un exquisito sentido estético para poder
+elegir lo mejor en la maravillosa labor literaria de los altos ingenios
+que honran estas páginas de_ LA VOZ DE LA CONSEJA...
+
+_Yo creo que esta colección de cuentos tiene un gran valor
+bibliográfico; es un documento brillante de este nuevo siglo de oro de
+la novela española, que comienza con el nombre glorioso de don Benito
+Pérez Galdós. En estas hojas está el gran espíritu de una época noble,
+fecunda, preñada de ideal artístico, encerrado como en un tabernáculo. Y
+también me parece que la publicación de_ LA VOZ DE LA CONSEJA _es una
+prueba de amor al libro español, un acicate para la curiosidad del
+lector indolente y un selecto regalo para el espíritu del lector culto_.
+
+_No osaré jamás hacer una reseña crítica de los nombres insignes que en
+este primer tomo os ofrecen gallardas muestras de su talento; sólo
+quiero decir sus nombres y los títulos de sus cuentos, para deleitarme
+al recordar el encantador, sano e ingenuo humorismo de Galdós en_ La
+novela en el tranvía; _las prosas madrigalescas, hondas y miniadas de
+Benavente en_ El criado de Don Juan _y la recia y sabrosa urdimbre
+novelesca, palpitante de rebeldía, de amor y de dolor de_ Viernes Santo,
+_de la condesa de Pardo Bazán. Palacio Valdés, el maestro solitario, os
+ofrece su novela_ ¡Solo!, _digna de la pluma egregia que trazó_ La aldea
+perdida. _Todas las palabras de elogio son pobres para este coloso de la
+novela contemporánea_. El sencillo Don Rafael, cazador y tresillista _es
+una conmovedora y grácil narración de Unamuno, el espíritu más hondo,
+más multiforme, el corazón más en carne viva de esta época de
+inquietudes de conciencia y de lucha desesperada por la vida y por las
+ideas. Burla burlando_, El sencillo Don Rafael _es de una emoción que
+hace llorar y a un tiempo ofrece un alto ejemplo de belleza moral dentro
+de una naturalidad encantadora_.
+
+_José Nogales, el castellano artífice de la prosa, nos brinda_ Las tres
+cosas del tío Juan, _el cuento a que debió su consagración. Arturo Reyes
+fué un gran cuentista regional, como lo prueba en_ Cosas de hombre,
+_lleno de gracejo, de ambiente, dueño de la dificilísima técnica del
+arte del cuento. Como gratitud a la honda emoción estética que nos
+dieron, pongamos un recuerdo, como una hoja de laurel, sobre la piedra
+de estos dos ilustres cuentistas, muertos ya_.
+
+La epopeya de una zíngara, _de Joaquín Dicenta, es un jirón de realidad
+salvaje, ensangrentada, aullante de dolor. Es de lo más personal de
+este insigne dramaturgo español, todo pasión y violencia, que hoy, día
+21 de Febrero, está encerrado entre las cuatro tablas hórridas de un
+ataúd. ¡Taladrante coincidencia! Cuando me dispongo a hacer esta frívola
+reseña, los periódicos dicen la muerte del autor de_ Juan José. _Fué un
+gran corazón y un temperamento único, insuperable de artista_. La
+epopeya de una zíngara _refleja fielmente el rico carácter emocional de
+este escritor_.
+
+_El artista de la crónica, Pedro de Répide, nos regala con su novela_ La
+enamorada indiscreta, _escrita donosamente y con toda pureza a la manera
+clásica de la novela del siglo áureo_.
+
+_Pedro Mata, en_ Fuerte como la muerte, _traza una irónica elegía
+henchida de emoción dramática_.
+
+_El prestigio de estos nombres y de los de Baroja y León nos hace
+esperar que_ LA VOZ DE LA CONSEJA _sea un gran éxito editorial. En los
+volúmenes sucesivos seguiremos publicando cuentos y novelas breves de
+lo más florido de la intelectualidad española_.
+
+_Todas las orientaciones, todos los estilos, como guía del lector
+quedarán grabados en estas páginas. Según sus afinidades, el que lea,
+buscará después las obras completas de sus autores predilectos, La Casa
+editorial Sanz Calleja ama el libro y cuida de su presentación con el
+mayor gusto artístico; no es sólo el estímulo comercial el que la guía;
+acomete la empresa romántica de hacer lectores y de_ hacer _libreros
+amantes del libro español. Los libros de grandes firmas, de bella
+presentación y muy baratos tendrán millares de lectores que acudirán al
+mostrador del librero, y éste saldrá de su éxtasis de fakir, y al par
+que gana dinero aprenderá a tomar cariño al libro. Hay que hacer la
+reconquista espiritual de América: antaño fueron los capitanes, ogaño
+son los mercaderes de libros_.
+
+_Hemos creído, juntamente editores y recopilador_, _que_ LA VOZ DE LA
+CONSEJA _era un libro indispensable en esta labor de bibliofilia.
+Además, hasta hoy no había una colección con honores de Antología de los
+cuentistas castellanos modernos. Recuerdo unos trozos escogidos para
+lectura en las escuelas de párvulos, que acababa en Jovellanos y
+Martínez de la Rosa. Del siglo_ XIX _no se había editado nada, que yo
+recuerde, hasta_ LA VOZ DE LA CONSEJA, _mientras que en Francia hay por
+lo menos diez florilegios por cada generación literaria_.
+
+_En estas páginas daremos acogida, no sólo a los cuentistas españoles,
+sino también a los hermanos en lengua cervantina de las Repúblicas
+latinas de América. Tan españoles son como nosotros por la lengua, que
+es el espíritu, razón más fuerte esta del idioma que la geográfica_.
+
+_En este primer tomo damos_ El Rey burgués, _de Rubén Darío, uno de los
+grandes artistas_--_no de América ni de España, sino de la Humanidad y
+de todos los tiempos_.
+
+_Abramos la primera página de_ LA VOZ DE LA CONSEJA _con el alma
+despierta a la emoción del arte y recojámonos. La voz gloriosa de
+Galdós, el patriarca de la novela, comienza a sonar. Devotamente,
+oid_...
+
+_E. CARRERE_
+
+
+
+
+La Novela en el Tranvía.
+
+(GALDÓS)
+
+
+
+
+LA NOVELA EN EL TRANVIA
+
+
+I
+
+El coche partía de la extremidad del barrio de Salamanca, para atravesar
+todo Madrid en dirección al de Pozas. Impulsado por el egoísta deseo de
+tomar asiento antes que las demás personas movidas de iguales
+intenciones, eché mano a la barra que sustenta la escalera de la
+imperial, puse el pie en la plataforma y subí; pero en el mismo instante
+¡oh previsión! tropecé con otro viajero que por el opuesto lado entraba.
+Le miro y reconozco a mi amigo el Sr. D. Dionisio Cascajares de la
+Vallina, persona tan inofensiva como discreta, que tuvo en aquella
+crítica ocasión la bondad de saludarme con un sincero y entusiasta
+apretón de manos.
+
+Nuestro inesperado choque no había tenido consecuencias de
+consideración, si se exceptúa la abolladura parcial de cierto sombrero
+de paja puesto en la extremidad de una cabeza de mujer inglesa, que
+tras de mi amigo intentaba subir, y que sufrió sin duda por falta de
+agilidad, el rechazo de su bastón.
+
+Nos sentamos sin dar al percance exagerada importancia, y empezamos a
+charlar. El Sr. D. Dionisio Cascajares es un médico afamado, aunque no
+por la profundidad de sus conocimientos patológicos, y un hombre de
+bien, pues jamás se dijo de él que fuera inclinado a tomar lo ajeno, ni
+a matar a sus semejantes por otros medios que por los de su peligrosa y
+científica profesión. Bien puede asegurarse que la amenidad de su trato
+y el complaciente sistema de no dar a los enfermos otro tratamiento que
+el que ellos quieren, son causa de la confianza que inspira a multitud
+de familias de todas jerarquías, mayormente cuando también es fama que
+en su bondad sin límites presta servicios ajenos a la ciencia, aunque
+siempre de índole rigurosamente honesta.
+
+Nadie sabe como él sucesos interesantes que no pertenecen al dominio
+público, ni ninguno tiene en más estupendo grado la manía de preguntar,
+si bien este vicio de exagerada inquisitividad se compensa en él por la
+prontitud con que dice cuanto sabe, sin que los demás se tomen el
+trabajo de preguntárselo. Júzguese por esto si la compañía de tan
+hermoso ejemplar de la ligereza humana será solicitada por los curiosos
+y por los lenguaraces.
+
+Este hombre, amigo mío, como lo es de todo el mundo, era el que sentado
+iba junto a mí cuando el coche, resbalando suavemente por su calzada de
+hierro, bajaba la calle de Serrano, deteniéndose alguna vez para llenar
+los pocos asientos que quedaban ya vacíos. Ibamos tan estrechos que me
+molestaba grandemente el paquete de libros que conmigo llevaba, y ya le
+ponía sobre esta rodilla, ya sobre la otra, ya por fin me resolví a
+sentarme sobre él, temiendo molestar a la señora inglesa, a quien cupo
+en suerte colocarse a mi siniestra mano.
+
+--¿Y usted adónde va?--me preguntó Cascajares, mirándome por encima de
+sus espejuelos azules, lo que me hacía el efecto de ser examinado por
+cuatro ojos.
+
+Contestéle evasivamente, y él, deseando sin duda no perder aquel rato
+sin hacer alguna útil investigación, insistió en sus preguntas diciendo:
+
+--Y Fulanito, ¿qué hace? Y Fulanito ¿dónde está? con otras indagatorias
+del mismo jaez, que tampoco tuvieron respuesta cumplida.
+
+Por último, viendo cuán inútiles eran sus tentativas para pegar la
+hebra, echó por camino más adecuado a su expansivo temperamento y empezó
+a desembuchar.
+
+--¡Pobre Condesa!--dijo expresando con un movimiento de cabeza y un
+visaje, su desinteresada compasión. Si hubiera seguido mis consejos no
+se vería en situación tan crítica.
+
+--¡Ah! es claro--, contesté maquinalmente, ofreciendo también el tributo
+de mi compasión a la señora Condesa.
+
+--¡Figúrese usted,--prosiguió,--que se han dejado dominar por aquel
+hombre! Y aquel hombre llegará a ser el dueño de la casa. ¡Pobrecilla!
+Cree que con llorar y lamentarse se remedia todo, y no. Urge tomar una
+determinación. Porque ese hombre es un infame, le creo capaz de los
+mayores crímenes.
+
+--¡Ah! ¡Sí es atroz!--dije yo, participando irreflexivamente de su
+indignación.
+
+--Es como todos los hombres de malos instintos y de baja condición que
+si se elevan un poco, luego no hay quien los sufra. Bien claro indica su
+rostro que de allí no puede salir cosa buena.
+
+--Ya lo creo, eso salta a la vista.
+
+--Le explicaré a usted en breves palabras. La Condesa es una mujer
+excelente, angelical, tan discreta como hermosa, y digna por todos
+conceptos de mejor suerte. Pero está casada con un hombre que no
+comprende el tesoro que posee, y pasa la vida entregado al juego y a
+toda clase de entretenimientos ilícitos. Ella entretanto se aburre y
+llora. ¿Es extraño que trate de sofocar su pena divirtiéndose
+honestamente aquí, y allí, donde quiera que suena un piano? Es más, yo
+mismo se lo aconsejo y le digo: «Señora, procure usted distraerse, que
+la vida se acaba. Al fin el señor Conde se ha de arrepentir de sus
+locuras y se acabarán las penas.» Me parece que estoy en lo cierto.
+
+--¡Ah! sin duda--, contesté con oficiosidad, continuando en mis adentros
+tan indiferente como al principio a las desventuras de la Condesa.
+
+--Pero no es eso lo peor--añadió Cascajares, golpeando el suelo con su
+bastón--sino que ahora el señor Conde ha dado en la flor de estar
+celoso... sí, de cierto joven que se ha tomado a pechos la empresa de
+distraer a la Condesa.
+
+--El marido tendrá la culpa de que lo consiga.
+
+--Todo eso sería insignificante, porque la Condesa es la misma virtud;
+todo eso sería insignificante, digo, si no existiera un hombre
+abominable que sospecho ha de causar un desastre en aquella casa.
+
+--¿De veras? ¿Y quién es ese hombre?--pregunté con una chispa de
+curiosidad.
+
+--Un antiguo mayordomo muy querido del Conde, y que se ha propuesto
+martirizar a la infeliz cuanto sensible señora. Parece que se ha
+apoderado de cierto secreto que la compromete, y con esta arma
+pretende... qué sé yo... ¡Es una infamia!
+
+--Sí que lo es, y ello merece un ejemplar castigo--dije yo, descargando
+también el peso de mis iras sobre aquel hombre.
+
+--Pero ella es inocente; ella es un ángel... Pero, ¡calle! estamos en la
+Cibeles. Sí; ya veo a la derecha el parque de Buenavista. Mande usted
+parar, mozo; que no soy de los que hacen la gracia de saltar cuando el
+coche está en marcha, para descalabrarse contra los adoquines. Adiós, mi
+amigo, adiós.
+
+Paró el coche y bajó D. Dionisio Cascajares y de la Vallina, después de
+darme otro apretón de manos y de causar segundo desperfecto en el
+sombrero de la dama inglesa, aún no repuesta del primitivo susto.
+
+
+II
+
+Siguió el ómnibus su marcha y ¡cosa singular! yo a mi vez seguí pensando
+en la incógnita Condesa, en su cruel y suspicaz consorte, y sobre todo
+en el hombre siniestro que, según la enérgica expresión del médico, a
+punto estaba de causar un desastre en la casa. Considera, lector, lo que
+es el humano pensamiento: cuando Cascajares principió a referirme
+aquellos sucesos, yo renegaba de su inoportunidad y pesadez, mas poco
+tardó mi mente en apoderarse de aquel mismo asunto, para darle vueltas
+de arriba abajo, operación psicológica que no deja de ser estimulada por
+la regular marcha del coche y el sordo y monótono rumor de sus ruedas,
+limando el hierro de los carriles.
+
+Pero al fin dejé de pensar en lo que tan poco me interesaba, y
+recorriendo con la vista el interior del coche, examiné uno por uno a
+mis compañeros de viaje. ¡Cuán distintas caras y cuán diversas
+expresiones! Unos parecen no inquietarse ni lo más mínimo de los que van
+a su lado; otros pasan revista al corrillo con impertinente curiosidad;
+unos están alegres, otros tristes, aquel bosteza, el de más allá ríe, y
+a pesar de la brevedad del trayecto, no hay uno que no desee terminarlo
+pronto. Pues entre los mil fastidios de la existencia, ninguno aventaja
+al que consiste en estar una docena de personas mirándose las caras sin
+decirse palabra, y contándose recíprocamente sus arrugas, sus lunares, y
+éste o el otro accidente observado en el rostro o en la ropa.
+
+Es singular este breve conocimiento con personas que no hemos visto y
+que probablemente no volveremos a ver. Al entrar, ya encontramos a
+alguien; otros vienen después que estamos allí; unos se marchan,
+quedándonos nosotros, y por último también nos vamos. Imitación es esto
+de la vida humana, en que el nacer y el morir son como las entradas y
+salidas a que me refiero, pues van renovando sin cesar en generaciones
+de viajeros el pequeño mundo que allí dentro vive. Entran, salen; nacen,
+mueren... ¡Cuántos han pasado por aquí antes que nosotros!
+
+¡Cuántos vendrán después!
+
+Y para que la semejanza sea más completa, también hay un mundo chico de
+pasiones en miniatura dentro de aquel cajón. Muchos van allí que se nos
+antojan excelentes personas, y nos agrada su aspecto y hasta les vemos
+salir con disgusto. Otros, por el contrario, nos revientan desde que les
+echamos la vista encima: les aborrecemos durante diez minutos;
+examinamos con cierto rencor sus caracteres frenológicos y sentimos
+verdadero gozo al verles salir. Y en tanto sigue corriendo el vehículo,
+remedo de la vida humana; siempre recibiendo y soltando, uniforme,
+incansable, majestuoso, insensible a lo que pasa en su interior; sin que
+le conmuevan ni poco ni mucho las mal sofocadas pasioncillas de que es
+mudo teatro; siempre corriendo, corriendo sobre las dos interminables
+paralelas de hierro, largas y resbaladizas como los siglos.
+
+Pensaba en esto mientras el coche subía por la calle de Alcalá, hasta
+que me sacó del golfo de tan revueltas cavilaciones el golpe de mi
+paquete de libros al caer al suelo. Recogido al instante, mis ojos se
+fijaron en el pedazo de periódico que servía de envoltorio a los
+volúmenes, y maquinalmente leyeron medio renglón de lo que allí estaba
+impreso. De súbito sentí vivamente picada mi curiosidad; había leído
+algo que me interesaba, y ciertos nombres esparcidos en el pedazo de
+folletón hirieron a un tiempo la vista y el recuerdo. Busqué el
+principio y no lo hallé: el papel estaba roto, y únicamente pude leer,
+con curiosidad primero y después con afán creciente, lo que sigue:
+
+«Sentía la Condesa una agitación indescriptible. La presencia de
+Mudarra, el insolente mayordomo, que olvidando su bajo orígen atrevíase
+a poner los ojos en persona tan alta, le causaba continua zozobra. El
+infame la estaba espiando sin cesar, la vigilaba como se vigila a un
+preso. Ya no le detenía ningún respeto, ni era obstáculo a su infame
+asechanza la debilidad y delicadeza de tan excelente señora.
+
+»Mudarra penetró a deshora en la habitación de la Condesa, que pálida y
+agitada, sintiendo a la vez vergüenza y terror, no tuvo ánimo para
+despedirle.
+
+--»No se asuste usía, señora Condesa--, dijo con forzada y siniestra
+sonrisa, que aumentó la turbación de la dama;--no vengo a hacer a usía
+daño alguno.
+
+--»¡Oh, Dios mío! ¡Cuándo acabará este suplicio!--exclamó la dama,
+dejando caer sus brazos con desaliento. Salga usted; yo no puedo acceder
+a sus deseos. ¡Qué infamia! ¡Abusar de ese modo de mi debilidad, y de la
+indiferencia de mi esposo, único autor de tantas desdichas!
+
+--»¿Por qué tan arisca, señora Condesa?--añadió el feroz mayordomo--. Si
+yo no tuviera el secreto de su perdición en mi mano; si yo no pudiera
+imponer al señor Conde de ciertos particulares... pues... referentes a
+aquel caballerito... Pero, no abusaré, no, de estas terribles armas.
+Usted me comprenderá al fin, conociendo cuán desinteresado es el grande
+amor que ha sabido inspirarme.
+
+»Al decir esto, Mudarra dió algunos pasos hacia la Condesa, que se alejó
+con horror y repugnancia de aquel monstruo.
+
+»Era Mudarra un hombre como de cincuenta años, moreno, rechoncho y
+patizambo, de cabellos ásperos y en desorden, grande y colmilluda la
+boca. Sus ojos medio ocultos tras la frondosidad de largas, negras y
+espesísimas cejas, en aquellos instantes expresaban la más bestial
+concupiscencia.
+
+--»¡Ah, puerco espín!--exclamó con ira al ver el natural despego de la
+dama.--¡Qué desdicha no ser un mozalbete almidonado! Tanto remilgo
+sabiendo que puedo informar al señor Conde... Y me creerá, no lo dude
+usía: el señor Conde tiene en mí tal confianza, que lo que yo digo es
+para él el mismo Evangelio... pues... y como está celoso... si yo le
+presento el papelito...
+
+--»¡Infame!--gritó la Condesa con noble arranque de indignación y
+dignidad.--Yo soy inocente; y mi esposo no será capaz de prestar oídos a
+tan viles calumnias. Y aunque fuera culpable prefiero mil veces ser
+despreciada por mi marido y por todo el mundo, a comprar mi tranquilidad
+a ese precio. Salga usted de aquí al instante.
+
+--»Yo también tengo mal genio, señora Condesa--, dijo el mayordomo
+devorando su rabia--; yo también gasto mal genio, y cuando me amosco...
+Puesto que usía lo toma por la tremenda, vamos por la tremenda. Ya sé lo
+que tengo que hacer, y demasiado condescendiente he sido hasta aquí. Por
+última vez propongo a usía que seamos amigos, y no me ponga en el caso
+de hacer un disparate... con que señora mía...
+
+»Al decir esto Mudarra contrajo la pergaminosa piel y los rígidos
+tendones de su rostro haciendo una mueca parecida a una sonrisa, y dió
+algunos pasos como para sentarse en el sofá junto a la Condesa. Esta se
+levantó de un salto gritando:--«¡No; salga usted! ¡Infame! Y no tener
+quien me defienda... ¡Salga usted!»
+
+»El mayordomo, entonces era como una fiera a quien se escapa la presa
+que ha tenido un momento antes entre sus uñas. Dió un resoplido, hizo un
+gesto de amenaza y salió despacio con pasos muy quedos. La Condesa,
+trémula y sin aliento, refugiada en la extremidad del gabinete, sintió
+las pisadas que alejándose se perdían en la alfombra de la habitación
+inmediata y respiró al fin cuando le consideró lejos. Cerró las puertas
+y quiso dormir; pero el sueño huía de sus ojos aún aterrados con la
+imagen del monstruo.
+
+»CAPITULO XI.--_El Complot_.--Mudarra, al salir de la habitación de la
+Condesa, se dirigió a la suya y dominado por fuerte inquietud nerviosa,
+comenzó a registrar cartas y papeles diciendo entre dientes. «Ya no
+aguanto más; me las pagará todas juntas.» Después se sentó, tomó la
+pluma, y poniendo delante una de aquellas cartas, y examinándola bien
+empezó a escribir otra tratando de remedar la letra. Mudaba la vista con
+febril ansiedad del modelo a la copia y por último después de gran
+trabajo escribió con caracteres enteramente iguales a los del modelo la
+carta siguiente, cuyo sentido era de su propia cosecha: _Había
+prometido a usted una entrevista y me apresuro...»_
+
+El folletín estaba roto y no pudo leer más.
+
+
+III
+
+Sin apartar la vista del paquete, me puse a pensar en la relación que
+existía entre las noticias sueltas que oí de boca del señor Cascajares y
+la escena leída en aquel papelucho, folletín, sin duda, traducido de
+alguna desatinada novela de Ponson du Terrail o de Montepín. Será una
+tontería, dije para mí, pero es lo cierto que ya me inspira interés esa
+señora Condesa, víctima de la barbarie de un mayordomo imposible, cual
+no existe sino en la trastornada cabeza de algún novelista nacido para
+aterrar a las gentes sencillas. ¿Y qué haría el maldito para vengarse?
+Capaz sería de imaginar cualquiera atrocidad de esas que ponen fin a un
+capítulo de sensación ¿Y el Conde, qué hará? Y aquel mozalbete de quien
+hablaron Cascajares en el coche y Mudarra en el folletín ¿qué hará?
+¿quién será? ¿Qué hay entre la Condesa y ese incógnito caballerito? Algo
+daría por saber...
+
+Esto pensaba, cuando alcé los ojos, recorrí con ellos el interior del
+coche, y ¡horror! vi una persona que me hizo estremecer de espanto.
+Mientras estaba yo embebido en la interesante lectura del pedazo de
+folletín, el tranvía se había detenido varias veces para tomar o dejar
+algún viajero. En una de estas ocasiones había entrado aquel hombre,
+cuya súbita presencia me produjo tan grande impresión. Era él, Mudarra,
+el mayordomo en persona, sentado frente a mí, con sus rodillas tocando
+mis rodillas. En un segundo le examiné de pies a cabeza y reconocí las
+facciones cuya descripción había leído. No podía ser otro: hasta los más
+insignificantes detalles de su vestido indicaban claramente que era él.
+Reconocí la tez morena y lustrosa, los cabellos indomables, cuyas mechas
+surgían en opuestas direcciones como las culebras de Medusa, los ojos
+hundidos bajo la espesura de unas agrestes cejas, las barbas, no menos
+revueltas e incultas que el pelo, los pies torcidos hacia dentro como
+los de los loros, y en fin, la misma mirada, el mismo hombre en el
+aspecto, en el traje, en el respirar, en el toser, hasta en el modo de
+meterse la mano en el bolsillo para pagar.
+
+De pronto le vi sacar una cartera, y observé que este objeto tenía en la
+cubierta una gran _M_ dorada, la inicial de su apellido. Abrióla, sacó
+una carta y miró el sobre con sonrisa de demonio, y hasta me pareció que
+decía entre dientes:
+
+«¡Qué bien imitada está la letra!» En efecto, era una carta pequeña, con
+el sobre garabateado por mano femenina. Lo miró bien, recreándose en su
+infame obra, hasta que observó que yo con curiosidad indiscreta y
+descortés alargaba demasiado el rostro para leer el sobrescrito.
+Dirigióme una mirada que me hizo el efecto de un golpe, y guardó su
+cartera.
+
+El coche seguía corriendo, y en el breve tiempo necesario para que yo
+leyera el trozo de novela, para que pensara un poco en tan extrañas
+cosas, para que viera al propio Mudarra, novelesco, inverosímil,
+convertido en ser vivo y compañero mío en aquel viaje, había dejado
+atrás la calle de Alcalá, atravesaba la Puerta del Sol y entraba
+triunfante en la calle Mayor, abriéndose paso por entre los demás
+coches, haciendo correr a los carromatos rezagados y perezosos, y
+ahuyentando a los peatones, que en el tumulto de la calle, y aturdidos
+por la confusión de tantos y tan diversos ruidos, no ven la mole que se
+les viene encima sino cuando ya la tienen a muy poca distancia.
+
+Seguía yo contemplando aquel hombre como se contempla un objeto de cuya
+existencia real no estamos seguros, y no quité los ojos de su
+repugnante facha hasta que no le vi levantarse, mandar parar el coche y
+salir, perdiéndose luego entre el gentío de la calle.
+
+Salieron y entraron varias personas y la decoración viviente del coche
+mudó por completo.
+
+Cada vez era más viva la curiosidad que me inspiraba aquel suceso, que
+al principio podía considerar como forjado exclusivamente en mi cabeza
+por la coincidencia de varias sensaciones ocasionadas por la
+conversación o por la lectura, pero que al fin se me figuraba cosa
+cierta y de indudable realidad.
+
+Cuando salió el hombre en quien creí ver el terrible mayordomo, quedéme
+pensando en el incidente de la carta y me lo expliqué a mi manera, no
+queriendo ser en tan delicada cuestión menos fecundo que el novelista,
+autor de lo que momentos antes había leído. Mudarra, pensé, deseoso de
+vengarse de la Condesa, ¡oh, infortunada señora! finge su letra y
+escribe una carta a cierto caballerito, con quien hubo esto y lo otro y
+lo de más allá. En la carta le da una cita en su propia casa; llega el
+joven a la hora indicada y poco después el marido, a quien se ha tenido
+cuidado de avisar, para que coja _in fraganti_ a su desleal esposa: ¡oh
+admirable recurso del ingenio! Ésto, que en la vida tiene su pro y su
+contra, en una novela viene como anillo al dedo. La dama se desmaya, el
+amante se turba, el marido hace una atrocidad, y detrás de la cortina
+está el fatídico semblante del mayordomo que se goza en su endiablada
+venganza.
+
+Lector yo de muchas y muy malas novelas, di aquel giro a la que
+insensiblemente iba desarrollándose en mi imaginación por las palabras
+de un amigo, la lectura de un trozo de papel y la vista de un
+desconocido.
+
+
+IV
+
+Andando, andando seguía el coche y ya por causa del calor que allí
+dentro se sentía, ya porque el movimiento pausado y monótono del
+vehículo produce cierto mareo que degenera en sueño, lo cierto es que
+sentí pesados los párpados, me incliné del costado izquierdo, apoyando
+el codo en el paquete de libros, y cerré los ojos. En esta situación
+continué viendo la hilera de caras de ambos sexos que ante mí tenía,
+barbadas unas, limpias de pelo las otras, aquéllas riendo, éstas muy
+acartonadas y serias. Después me pareció que obedeciendo a la
+contracción de un músculo común, todas aquellas caras hacían muecas y
+guiños, abriendo y cerrando los ojos y las bocas, y mostrándome
+alternativamente una serie de dientes que variaban desde los más blancos
+hasta los más amarillos, afilados unos, romos y gastados los otros.
+Aquellas ocho narices erigidas bajo diez y seis ojos diversos en color y
+expresión, crecían o menguaban, variando de forma; las bocas se abrían
+en línea horizontal, produciendo mudas carcajadas, o se estiraban hacia
+adelante formando hocicos puntiagudos, parecidos al interesante rostro
+de cierto benemérito animal que tiene sobre sí el anatema de no poder
+ser nombrado.
+
+Por detrás de aquellas ocho caras, cuyos horrendos visajes he descrito,
+y al través de las ventanillas del coche, yo veía la calle y las casas,
+los transeuntes, todo en veloz carrera, como si el tranvía anduviese con
+rapidez vertiginosa. Yo por lo menos creía que marchaban más aprisa que
+nuestros ferrocarriles, más que los franceses, más que los ingleses, más
+que los norteamericanos; corría con toda la velocidad que puede suponer
+la imaginación, tratándose de la traslación de lo sólido.
+
+A medida que era más intenso aquel estado letargoso, se me figuraba que
+iban desapareciendo las casas, las calles, Madrid entero. Por un
+instante creí que el tranvía corría por lo más profundo de los mares:
+al través de los vidrios se veían los cuerpos de cetáceos enormes, los
+miembros pegajosos de una multitud de pólipos de diversos tamaños. Los
+peces chicos sacudían sus colas resbaladizas contra los cristales,
+algunos miraban adentro con sus grandes y dorados ojos. Crustáceos de
+forma desconocida, grandes moluscos, madréporas, esponjas y una multitud
+de bivalvos grandes y deformes cual nunca yo los había visto, pasaban
+sin cesar. El coche iba tirado por no sé qué especie de nadantes
+monstruos, cuyos remos, luchando con el agua, sonaban como las paletas
+de una hélice, tornillaban la masa líquida con su infinito voltear.
+
+Esta visión se iba extinguiendo: después parecióme que el coche corría
+por los aires, volando en dirección fija y sin que lo agitaran los
+vientos. Al través de los cristales no se veía nada, más que espacio:
+las nubes nos envolvían a veces; una lluvia violenta y repentina
+tamborileaba en la imperial; de pronto salíamos al espacio puro inundado
+de sol, para volver de nuevo a penetrar en el vaporoso seno de celajes
+inmensos, ya rojos, ya amarillos, tan pronto de ópalo como de amatista,
+que iban quedándose atrás en nuestra marcha. Pasábamos luego por un
+sitio del espacio en que flotaban masas resplandecientes de un finísimo
+polvo de oro; más adelante, aquella polvareda que a mí se me antojaba
+producida por el movimiento de las ruedas triturando la luz, era de
+plata, después verde como harina de esmeraldas, y por último, roja como
+harina de rubíes. El coche iba arrastrado por algún volátil
+apocalíptico, más fuerte que el hipógrifo y más atrevido que el dragón;
+y el rumor de las ruedas y de la fuerza motriz recordaba el zumbido de
+las grandes aspas de un molino de viento, o más bien el de un abejorro
+del tamaño de un elefante. Volábamos por el espacio sin fin, sin llegar
+nunca; entretanto la tierra quedábase abajo, a muchas leguas de nuestros
+pies; y en la tierra, España, Madrid, el barrio de Salamanca,
+Cascajares, la Condesa, el Conde, Mudarra, el incógnito galán, todos
+ellos.
+
+Pero no tardé en dormirme profundamente; y entonces el coche cesó de
+andar, cesó de volar, y desapareció para mí la sensación de que iba en
+tal coche, no quedando más que el ruido monótono y profundo de las
+ruedas, que no nos abandona jamás en nuestras pesadillas dentro de un
+tren o en el camarote de un vapor. Me dormí... ¡Oh infortunada Condesa!
+La vi tan clara como estoy viendo en este instante el papel en que
+escribo; la vi sentada junto a un velador, la mano en la mejilla, triste
+y meditabunda como una estatua de la melancolía. A sus pies estaba
+acurrucado un perrillo, que me pareció tan triste como su interesante
+ama.
+
+Entonces pude examinar a mis anchas a la mujer que yo consideraba como
+la desventura en persona. Era de alta estatura, rubia, con grandes y
+expresivos ojos, nariz fina, y casi, casi grande, de forma muy correcta
+y perfectamente engendrada por las dos curvas de sus hermosas y
+arqueadas cejas. Estaba peinada sin afectación, y en esto, como en su
+traje, se comprendía que no pensaba salir aquella noche. ¡Tremenda, mil
+veces tremenda noche! Yo observaba con creciente ansiedad la hermosa
+figura que tanto deseaba conocer, y me pareció que podía leer sus ideas
+en aquella noble frente donde la costumbre de la reconcentración mental
+había trazado unas cuantas líneas imperceptibles, que el tiempo
+convertiría pronto en arrugas.
+
+De repente se abre la puerta dando paso a un hombre. La Condesa dió un
+grito de sorpresa y se levantó muy agitada.
+
+--¿Qué es esto?--dijo--Rafael. Usted... ¿Qué atrevimiento? ¿Cómo ha
+entrado usted aquí?
+
+--Señora--contestó el que había entrado, joven de muy buen porte.--¿No
+me esperaba usted?--He recibido una carta suya...
+
+--¡Una carta mía!--exclamó más agitada la Condesa.--Yo no he escrito
+carta ninguna. ¿Y para qué había de escribirla?
+
+--Señora, vea usted--repuso el joven sacando la carta y
+mostrándosela;--es su letra, su misma letra.
+
+--¡Dios mío! ¡Qué infernal maquinación!--dijo la dama con
+desesperación.--Yo no he escrito esa carta. Es un lazo que me tienden...
+
+--Señora, cálmese usted... yo siento mucho...
+
+--Sí; lo comprendo todo... Ese hombre infame... Ya sospecho cuál habrá
+sido su idea. Salga usted al instante... Pero ya es tarde; ya siento la
+voz de mi marido.
+
+En efecto, una voz atronadora se sintió en la habitación inmediata, y al
+poco rato entró el Conde, que fingió sorpresa de ver al galán, y
+después, riendo con cierta afectación, le dijo:
+
+--¡Oh! Rafael, usted por aquí... ¡Cuánto tiempo!... Venía usted a
+acompañar a Antonia... Con eso nos acompañará a tomar el te.
+
+La Condesa y su esposo cambiaron una mirada siniestra. El joven, en su
+perplejidad, apenas acertó a devolver al Conde su saludo. Vi que
+entraron y salieron criados; vi que trajeron un servicio de te y
+desaparecieron después, dejando solos a los tres personajes. Iba a
+pasar algo terrible.
+
+Sentáronse: la Condesa parecía difunta, el Conde afectaba una hilaridad
+aturdida, semejante a la embriaguez, y el joven callaba, contestándole
+sólo con monosílabos. Sirvió el te, y el Conde alargó a Rafael una de
+las tazas, no una cualquiera, sino una determinada. La Condesa miró
+aquella taza con tal expresión de espanto, que pareció echar en ella
+todo su espíritu. Bebieron en silencio, acompañando la poción con muchas
+variedades de las sabrosas pastas _Huntley and Palmers_, y otras
+menudencias propias de tal clase de cena. Después el Conde volvió a reir
+con la desaforada y ruidosa expansión que le era peculiar aquella noche,
+y dijo:
+
+--¡Cómo nos aburrimos! Usted, Rafael, no dice una palabra. Antonia, toca
+algo. Hace tanto tiempo que no te oímos. Mira... aquella pieza de
+Gorstchack que se titula _Morte_... La tocabas admirablemente. Vamos,
+ponte al piano.
+
+La Condesa quiso hablar; érale imposible articular palabra. El Conde la
+miró de tal modo, que la infeliz cedió ante la terrible expresión de sus
+ojos, como la paloma fascinada por el boa _constrictor_. Se levantó
+dirigiéndose al piano, y ya allí, el marido debió decirle algo que la
+aterró más, acabando de ponerla bajo su infernal dominio. Sonó el
+piano, heridas a la vez multitud de cuerdas, y corriendo de las graves a
+las agudas, las manos de la dama despertaron en un segundo los
+centenares de sonidos que dormían mudos en el fondo de la caja. Al
+principio era la música una confusa reunión de sones que aturdía en vez
+de agradar; pero luego serenóse aquella tempestad, y un canto fúnebre y
+temeroso como el _Dies iræ_ surgió de tal desorden. Yo creía escuchar el
+son triste de un coro de cartujos, acompañado con el bronco mugido de
+los fagots. Sentíanse después ayes lastimeros como nos figuramos han de
+ser los que exhalan las ánimas, condenadas en el purgatorio a pedir
+incesantemente un perdón que ha de llegar muy tarde.
+
+Volvían luego los arpegios prolongados y ruidosos, y las notas se
+encabritaban unas sobre otras como disputándose cuál ha de llegar
+primero. Se hacían y deshacían los acordes, como se forma y desbarata la
+espuma de las olas. La armonía fluctuaba y hervía en una marejada sin
+fin, alejándose hasta perderse, y volviendo más fuerte en grandes y
+atropellados remolinos.
+
+Yo continuaba extasiado oyendo la música imponente y majestuosa; no
+podía ver el semblante de la Condesa, sentada de espaldas a mí; pero me
+la figuraba en tal estado de aturdimiento y pavor, que llegué a pensar
+que el piano se tocaba solo.
+
+El joven estaba detrás de ella, el Conde a su derecha, apoyado en el
+piano. De vez en cuando levantaba ella la vista para mirarle; pero debía
+encontrar expresión muy horrenda en los ojos de su consorte, porque
+tornaba a bajar los suyos y seguía tocando. De repente el piano cesó de
+sonar y la Condesa dió un grito.
+
+En aquel instante sentí un fortísimo golpe en un hombro, me sacudí
+violentamente y desperté.
+
+
+V
+
+En la agitación de mi sueño había cambiado de postura y me había dejado
+caer sobre la venerable inglesa que a mi lado iba.
+
+--¡Aaah! usted... _sleeping_... molestar... _mi_--dijo con avinagrado
+mohín, mientras rechazaba mi paquete de libros que había caído sobre sus
+rodillas.
+
+--Señora... es verdad... me dormí--contesté turbado al ver que todos los
+viajeros se reían de aquella escena.
+
+--¡Oooh!... yo soy... _going_... _to_ decir al _coachman_... usted
+molestar... mi... usted, caballero... _very shocking_--añadió la inglesa
+en su jerga ininteligible.--_¡Oooh!_ usted creer... _my body_ es... su
+cama _for usted_... _to sleep. ¡Oooh! gentleman you are a stupid ass_.
+
+Al decir esto, la hija de la Gran Bretaña, que era de sí bastante
+amoratada, estaba lo mismo que un tomate. Creyérase que la sangre
+agolpada a sus carrillos y a su nariz a brotar iba por sus candentes
+poros. Me mostraba cuatro dientes puntiagudos y muy blancos, como si me
+quisiera roer. Le pedí mil perdones por mi sueño descortés, recogí mi
+paquete y pasé revista a las nuevas caras que dentro del coche había.
+Figúrate, ¡oh cachazudo y benévolo lector! ¡cuál sería mi sorpresa
+cuando vi frente a mí, ¿a quién creerás? Al joven de la escena soñada,
+al mismo don Rafael en persona. Me restregué los ojos para convencerme
+de que no dormía, y en efecto, despierto estaba y tan despierto como
+ahora.
+
+Era él, el mismo, y conversaba con otro que a su lado iba. Puse atención
+y escuché con toda mi alma.
+
+--¿Pero tú no sospechaste nada?--le decía el otro.
+
+--Algo, sí; pero callé. Parecía difunta; tal era su terror. Su marido la
+mandó tocar el piano y ella no se atrevió a resistir. Tocó, como
+siempre, de una manera admirable, y oyéndola llegué a olvidarme de la
+peligrosa situación en que nos encontrábamos. A pesar de los esfuerzos
+que ella hacía para aparecer serena, llegó un momento en que le fué
+imposible fingir más. Sus brazos se aflojaron, y resbalando de las
+teclas echó la cabeza atrás y dió un grito. Entonces su marido sacó un
+puñal, y dando un paso hacia ella exclamó con furia: «Toca o te mato al
+instante.» Al ver esto hirvió mi sangre toda: quise echarme sobre aquel
+miserable; pero sentí en mi cuerpo una sensación que no puedo pintarte;
+creí que repentinamente se había encendido una hoguera en mi estómago;
+fuego corría por mis venas; las sienes me latieron, y caí al suelo sin
+sentido.
+
+--Y antes, ¿no conociste los síntomas del envenenamiento?--le preguntó
+el otro.
+
+--Notaba cierta desazón y sospeché vagamente, pero nada más. El veneno
+estaba bien preparado, porque hizo el efecto tarde y no me mató, aunque
+sí me ha dejado una enfermedad para toda la vida.
+
+--Y después que perdiste el sentido, ¿qué pasó?
+
+Rafael iba a contestar y yo le escuchaba como si de sus palabras
+pendiera un secreto de vida o muerte, cuando el coche paró.
+
+--¡Ah! ya estamos en los Consejos: bajemos--dijo Rafael.
+
+¡Qué contrariedad! Se marchaban, y yo no sabía el fin de la historia.
+
+--Caballero, caballero, una palabra--dije al verlos salir.
+
+El joven se detuvo y me miró.
+
+--¿Y la Condesa? ¿Qué fué de esa señora?--pregunté con mucho afán.
+
+Una carcajada general fué la única respuesta. Los dos jóvenes, riéndose
+también, salieron sin contestarme palabra. El único sér vivo que
+conservó su serenidad de esfinge en tan cómica escena fué la inglesa,
+que indignada de mis extravagancias, se volvió a los demás viajeros
+diciendo:
+
+--_¡Oooh! A lunatic fellow_.
+
+
+VI
+
+El coche seguía y a mí me abrasaba la curiosidad por saber qué había
+sido de la desdichada Condesa. ¿La mató su marido? Yo me hacía cargo de
+las intenciones de aquel malvado. Ansioso de gozarse en su venganza,
+como todas las almas crueles, quería que su mujer presenciase, sin dejar
+de tocar, la agonía de aquel incauto joven llevado allí por una vil
+celada de Mudarra.
+
+Mas era imposible que la dama continuara haciendo desesperados esfuerzos
+por mantener su serenidad, sabiendo que Rafael había bebido el veneno.
+¡Trágica y espeluznante escena!--pensaba yo, más convencido cada vez de
+la realidad de aquel suceso--¡y luego dirán que estas cosas sólo se ven
+en las novelas!
+
+Al pasar por delante de Palacio el coche se detuvo, y entró una mujer
+que traía un perrillo en sus brazos. Al instante reconocí al perro que
+había visto recostado a los pies de la Condesa; era el mismo, la misma
+lana blanca y fina, la misma mancha negra en una de sus orejas. La
+suerte quiso que aquella mujer se sentara a mi lado. No pudiendo yo
+resistir la curiosidad, le pregunté:
+
+--¿Es de usted ese perro tan bonito?
+
+--¿Pues de quién ha de ser? ¿Le gusta a usted?
+
+Cogí una de las orejas del inteligente animal para hacerle una caricia;
+pero él, insensible a mis demostraciones de cariño, ladró, dió un salto
+y puso sus patas sobre las rodillas de la inglesa, que me volvió a
+enseñar sus dos dientes como queriéndome roer, y exclamó:
+
+--¡Ooooh! usted... _unsupportable_.
+
+--¿Y dónde ha adquirido usted ese perro?--pregunté sin hacer caso de la
+nueva explosión colérica de la mujer británica.--¿Se puede saber?
+
+--Era de mi señorita.
+
+--¿Y qué fué de su señorita?--dije con la mayor ansiedad.
+
+--¡Ah! ¿Usted la conocía?--repuso la mujer.--Era muy buena, _¿verdá
+usté?_
+
+--¡Oh! excelente... Pero ¿podría yo saber en qué paró todo aquello?
+
+--De modo que usted está enterado, usted tiene noticias...
+
+--Sí, señora... He sabido todo lo que ha pasado, hasta aquello del te...
+pues. Y diga usted, ¿murió la señora?
+
+--¡Ah! Sí, señor: está en la gloria.
+
+--¿Y cómo fué eso? La asesinaron, o fué a consecuencia del susto.
+
+--¡Qué asesinato, ni qué susto!--dijo con expresión burlona.--Usted no
+está enterado. Fué que aquella noche había comido no sé qué, pues... y
+le hizo daño... Le dió un desmayo que le duró hasta el amanecer.
+
+--Bah--pensé yo--ésta no sabe una palabra del incidente del piano y del
+veneno, o no quiere darse por entendida.
+
+Después dije en alta voz:
+
+--¿Con que fué de indigestión?
+
+--Sí, señor. Yo le había dicho aquella noche: «Señora: no coma usted
+esos mariscos»; pero no me hizo caso.
+
+--Con que mariscos, ¿eh?--dije con incredulidad.--Si sabré yo lo que ha
+ocurrido.
+
+--¿No lo cree usted?
+
+--Sí... sí--repuse aparentando creerlo.--¿Y el Conde, su marido, el que
+sacó el puñal cuando tocaba el piano?
+
+La mujer me miró un instante y después soltó la risa en mis propias
+barbas.
+
+--¿Se ríe usted...? ¡Bah! ¿Piensa usted que no estoy perfectamente
+enterado? Ya comprendo; usted no quiere contar los hechos como realmente
+son. Ya se ve: como habrá causa criminal...
+
+--Es que ha hablado usted de un conde y de una condesa.
+
+--¿No era el ama de ese perro la señora Condesa, a quien el mayordomo
+Mudarra...
+
+La mujer volvió a soltar la risa con tal estrépito, que me desconcerté,
+diciendo para mi capote: Esta debe de ser cómplice de Mudarra, y,
+naturalmente, ocultará todo lo que pueda.
+
+--Usted está loco--añadió la desconocida.
+
+--_Lunatic_, _lunatic_. _M_... _suffocated_... _¡Oooh! ¡my Godi!_
+
+--Si lo sé todo; vamos, no me lo oculte usted. Dígame de qué murió la
+señora Condesa.
+
+--¡Qué condesa ni qué ocho cuartos, hombre de Dios!--exclamó la mujer,
+riendo con más fuerza.
+
+--¡Si cree usted que me engaña a mí con sus risitas!--contesté.--La
+Condesa ha muerto envenenada o asesinada; no me queda la menor duda.
+
+En esto llegó el coche al barrio de Pozas y yo al término de mi viaje.
+Salimos todos: la inglesa me echó una mirada que indicaba su regocijo
+por verse libre de mí, y cada cual se dirigió a su destino. Yo seguí a
+la mujer del perro, aturdiéndola con preguntas, hasta que se metió en su
+casa, riendo siempre de mi empeño en averiguar vidas ajenas. Al verme
+solo en la calle recordé el objeto de mi viaje y me dirigí a la casa
+donde debía entregar aquellos libros. Devolvílos a la persona que me los
+había pedido para leerlos, y me puse a pasear frente al Buen Suceso,
+esperando a que saliese de nuevo el coche para regresar al extremo de
+Madrid.
+
+No podía apartar de la imaginación a la infortunada Condesa, y cada vez
+me confirmaba más en mi idea de que la mujer con quien últimamente hablé
+había querido engañarme, ocultando la verdad de la misteriosa tragedia.
+
+Esperé mucho tiempo, y al fin, anocheciendo ya, el coche se dispuso a
+partir. Entré, y lo primero que mis ojos vieron fué la señora inglesa
+sentadita donde antes estaba. Cuando me vió subir y tomar sitio a su
+lado, la expresión de su rostro no es definible; se puso otra vez como
+la grana, exclamando:
+
+--_¡Ooooh!_... usted... mi quejarse al _coachman_... usted reventar _mi
+fort it_.
+
+Tan preocupado estaba yo con mis confusiones, que sin hacerme cargo de
+lo que la inglesa me decía en su híbrido y trabajoso lenguaje, le
+contesté:
+
+--Señora, no hay duda de que la Condesa murió envenenada o asesinada.
+Usted no tiene idea de la ferocidad de aquel hombre.
+
+Seguía el coche, y de trecho en trecho deteníase para recoger pasajeros.
+Cerca del Palacio real entraron tres, tomando asiento enfrente de mí.
+Uno de ellos era un hombre alto, seco y huesudo, con muy severos ojos y
+un hablar campanudo que imponía respeto.
+
+No hacía diez minutos que estaban allí, cuando este hombre se volvió a
+los otros dos y dijo:
+
+--¡Pobrecilla! ¡Cómo clamaba en sus últimos instantes! La bala le entró
+por encima de la clavícula derecha y después bajó hasta el corazón.
+
+--¿Cómo?--exclamé yo repentinamente.--¿Conque fué de un tiro? ¿No murió
+de una puñalada?
+
+Los tres se miraron con sorpresa.
+
+--De un tiro, sí, señor--dijo con cierto desabrimiento el alto, seco y
+huesoso.
+
+--Y aquella mujer sostenía que había muerto de una indigestión--dije,
+interesándome más cada vez en aquel asunto.--Cuente usted, ¿y cómo fué?
+
+--¿Y a usted qué le importa?--dijo el otro, con muy avinagrado gesto.
+
+--Tengo mucho interés por conocer el fin de esa horrorosa tragedia. ¿No
+es verdad que parece cosa de novela?
+
+--¿Qué novela ni que niño muerto? Usted está loco o quiere burlarse de
+nosotros.
+
+--Caballerito, cuidado con las bromas--añadió el alto y seco.
+
+--¿Creen ustedes que no estoy enterado? Lo sé todo, he presenciado
+varias escenas de ese horrendo crimen. Pero dicen ustedes que la Condesa
+murió de un pistoletazo.
+
+--¡Válgame Dios! Nosotros no hemos hablado de Condesa, sino de mi perra,
+a quien cazando, disparamos inadvertidamente un tiro. Si usted quiere
+bromear, puede buscarme en otro sitio, y ya le contestaré como merece.
+
+--Ya, ya comprendo: ahora hay empeño en ocultar la verdad--manifesté,
+juzgando que aquellos hombres querían desorientarme en mis pesquisas,
+convirtiendo en perra a la desdichada señora.
+
+Ya preparaba el otro su contestación, sin duda más enérgica de lo que el
+caso requería, cuando la inglesa se llevó el dedo a la sien, como para
+indicarles que yo no regía bien de la cabeza. Calmáronse con esto, y no
+dijeron una palabra más en todo el viaje, que terminó para ellos en la
+Puerta del Sol. Sin duda me habían tenido miedo.
+
+Yo continuaba tan dominado por aquella idea, que en vano quería serenar
+mi espíritu, razonando los verdaderos términos de tan embrollada
+cuestión. Pero cada vez eran mayores mis confusiones, y la imagen de la
+pobre señora no se apartaba de mi pensamiento. En todos los semblantes
+que iban sucediéndose dentro del coche, creía ver algo que contribuyera
+a explicar el enigma. Sentía yo una sobrexcitación cerebral espantosa, y
+sin duda el trastorno interior debía pintarse en mi rostro, porque todos
+me miraban como se mira lo que no se ve todos los días.
+
+
+VII
+
+Aun faltaba algún incidente que había de turbar más mi cabeza en aquel
+viaje fatal. Al pasar por la calle de Alcalá, entró un caballero con su
+señora: él quedó junto a mí. Era un hombre que parecía afectado de
+fuerte y reciente impresión, y hasta creí que alguna vez se llevó el
+pañuelo a los ojos para enjugar las invisibles lágrimas, que sin duda
+corrían bajo el cristal verde obscuro de sus descomunales antiparras.
+
+Al poco rato de estar allí dijo en voz baja a la que parecía ser su
+mujer:
+
+Pues hay sospechas de envenenamiento: no lo dudes. Me lo acaba de decir
+don Mateo. ¡Desdichada mujer!
+
+--¡Qué horror! Ya me lo he figurado también--contestó su consorte. De
+tales cafres ¿qué se podía esperar?
+
+--Juro no dejar piedra sobre piedra hasta averiguarlo.
+
+Yo, que era todo oídos, dije también en voz baja:
+
+--Sí, señor; hubo envenenamiento. Me consta.
+
+--¿Cómo, usted sabe? ¿Usted también la conocía?--dijo vivamente el de
+las antiparras verdes, volviéndose hacia mí.
+
+--Sí, señor; y no dudo que la muerte ha sido violenta, por más que
+quieran hacernos creer que fué indigestión.
+
+--Lo mismo afirmo yo. ¡Qué excelente mujer! ¿Pero cómo sabe usted...?
+
+--Lo sé, lo sé--repuse muy satisfecho de que aquel no me tuviera por
+loco.
+
+--Luego usted irá a declarar al Juzgado; porque ya se está formando la
+sumaria.
+
+--Me alegro, para que castiguen a esos bribones. Iré a declarar, iré a
+declarar, sí, señor.
+
+A tal extremo había llegado mi obcecación, que concluí por penetrarme de
+aquel suceso, mitad soñado, mitad leído, y lo creí como ahora creo que
+es pluma esto con que escribo.
+
+--Pues sí, señor; es preciso aclarar este enigma para que se castigue a
+los autores del crimen. Yo declararé. Fué envenenada con una taza de te,
+lo mismo que el joven.
+
+--Oye, Petronila--dijo a su esposa el de las antiparras--; con una taza
+de te.
+
+--Sí, estoy asombrada--contestó la señora.--¡Cuidado con lo que fueron a
+inventar esos malditos!
+
+-Sí, señor; con una taza de te.
+
+--La Condesa tocaba el piano.
+
+--¿Qué Condesa?--preguntó aquel hombre, interrumpiéndome.
+
+--La Condesa, la envenenada.
+
+--Si no se trata de ninguna Condesa, hombre de Dios.
+
+--Vamos; usted también es de los empeñados en ocultarlo.
+
+--Bah, bah; si en esto no ha habido ninguna condesa ni duquesa, sino
+simplemente la lavandera de mi casa, mujer del guardaagujas del Norte.
+
+--¿Lavandera, eh?--dije en tono de picardía.--¡Si también me querrá
+usted hacer tragar que es lavandera!
+
+El caballero y su esposa me miraron con expresión burlona, y después se
+dijeron en voz baja algunas palabras. Por un gesto que vi hacer a la
+señora comprendí que había adquirido el profundo convencimiento de que
+yo estaba borracho. Llenéme de resignación ante tal ofensa, y callé,
+contentándome con despreciar en silencio, cual conviene a las grandes
+almas, tan irreverente suposición. Cada vez era mayor mi zozobra; la
+Condesa no se apartaba ni un instante de mi pensamiento, y había llegado
+a interesarme tanto por su siniestro fin, como si todo ello no fuera
+elaboración enfermiza de mi propia fantasía, impresionada por sucesivas
+visiones y diálogos. En fin, para que se comprenda a qué extremo llegó
+mi locura, voy a referir el último incidente de aquel viaje; voy a decir
+con qué extravagancia puse término al doloroso pugilato de mi
+entendimiento, empeñado en fuerte lucha con un ejército de sombras.
+
+Entraba el coche por la calle de Serrano, cuando por la ventanilla que
+frente a mí tenía, miré a la calle, débilmente iluminada por la escasa
+luz de los faroles, y vi pasar a un hombre. Di un grito de sorpresa, y
+exclamé desatinado:--Ahí va, es él, el feroz Mudarra, el autor principal
+de tantas infamias.--Mandé parar el coche, y salí, mejor dicho, salté a
+la puerta, tropezando con los pies y las piernas de los viajeros; bajé a
+la calle y corrí tras aquel hombre, gritando:--¡A ese, a ese, al
+asesino!
+
+Júzguese cuál sería el efecto producido por estas voces en el pacífico
+barrio.
+
+Aquel sujeto, el mismo exactamente que yo había visto en el coche por la
+tarde, fué detenido. Yo no cesaba de gritar:--¡Es el que preparó el
+veneno para la Condesa, el que asesinó a la Condesa!
+
+Hubo un momento de indescriptible confusión. Afirmó él que yo estaba
+loco; pero que quieras que no, los dos fuimos conducidos a la
+prevención. Después perdí por completo la noción de lo que pasaba. No
+recuerdo lo que hice aquella noche en el sitio donde me encerraron. El
+recuerdo más vivo que conservo de tan curioso lance fué el de haber
+despertado del profundo letargo en que caí, verdadera borrachera moral,
+producida, no sé por qué, por uno de los pasajeros fenómenos de
+enajenación que la ciencia estudia con gran cuidado como precursores de
+la locura definitiva.
+
+Como es de suponer, el suceso no tuvo consecuencias, porque el
+antipático personaje que bauticé con el nombre de Mudarra, es un honrado
+comerciante de ultramarinos que jamás había envenenado a condesa alguna.
+Pero aun por mucho tiempo después persistía yo en mi engaño, y solía
+exclamar:--«Infortunada condesa; por más que digan, yo siempre sigo en
+mis trece. Nadie me persuadirá de que no acabaste tus días a mano de tu
+iracundo esposo...»
+
+Ha sido preciso que transcurran meses para que las sombras vuelvan al
+ignorado sitio de donde surgieron volviéndome loco, y torne la realidad
+a dominar en mi cabeza. Me río siempre que recuerdo aquel viaje, y toda
+la consideración que antes me inspiraba la soñada víctima la dedico
+ahora, ¿a quién creeréis? A mi compañera de viaje en aquella angustiosa
+expedición, a la irascible inglesa, a quien disloqué un pie en el
+momento de salir atropelladamente del coche para perseguir al supuesto
+mayordomo.
+
+
+
+
+El criado de Don Juan.
+
+(J. BENAVENTE)
+
+
+
+
+EL CRIADO DE DON JUAN
+
+DRAMA EN UN ACTO
+
+
+PERSONAJES
+
+LA DUQUESA ISABELA--CELIA--DON JUAN
+
+TENORIO--LEONELO--FABIO
+
+EN ITALIA--SIGLO XV
+
+
+ACTO UNICO
+
+Calle. A un lado la fachada de un palacio señorial.
+
+
+ESCENA PRIMERA
+
+FABIO Y LEONELO (_Fabio se pasea por delante del palacio, embozado hasta
+los ojos en una capa roja_.)
+
+LEONELO (_saliendo_.)
+
+¡Señor! ¡Don Juan!
+
+FABIO
+
+No es Don Juan.
+
+LEONELO
+
+¡Fabio!
+
+FABIO
+
+A tiempo llegas. Desde esta mañana sin probar bocado... ¿Cómo tardaste
+tanto?
+
+LEONELO
+
+Media ciudad he corrido trayendo y llevando cartas... ¿Pero Don Juan?...
+
+FABIO
+
+La ciudad, toda, que no media, correrá de seguro llevando y trayendo su
+persona. ¡En mal hora entramos a su servicio!
+
+LEONELO
+
+¿Y qué haces aquí disfrazado de esa suerte?
+
+FABIO
+
+Representar lo mejor que puedo a nuestro Don Juan, suspirando ante las
+rejas de la duquesa Isabel.
+
+LEONELO
+
+Nuestro Don Juan está loco de vanidad. La duquesa Isabel es una dama
+virtuosa y no cederá por más que él se obstine.
+
+FABIO
+
+Ha jurado no apartarse ni de día ni de noche de este sitio, hasta que
+ella consienta en oirle... y ya ves cómo cumple su juramento.
+
+LEONELO
+
+¡Con una farsa indigna de un caballero! Mucho es que los servidores de
+la duquesa no te han echado a palos de la calle.
+
+FABIO
+
+No tardarán en ello. Por eso te aguardaba impaciente. Don Juan ha
+ordenado que apenas llegaras ocupases mi puesto... el suyo quiero
+decir. Demos la vuelta a la esquina por si nos observan desde el
+palacio, y tomarás la capa y demás señales, que han de presentarte hasta
+la hora de la paliza prometida... como al propio Don Juan.
+
+LEONELO
+
+¡Dura servidumbre!
+
+FABIO
+
+¡Dura como la necesidad! De tal madre, tal hija. (_Salen_.)
+
+
+CUADRO SEGUNDO
+
+ESCENA II
+
+Sala en el palacio de la duquesa Isabela.
+
+LA DUQUESA Y CELIA
+
+CELIA (_Mirando por una ventana_.)
+
+¡Es increíble, señora! Dos días con dos noches lleva ese caballero
+delante de nuestras ventanas.
+
+DUQUESA
+
+¡Necio alarde! Si a tales medios debe su fama de seductor, a costa de
+mujeres bien fáciles habrá sido lograda... ¿Y ese es Don Juan, el que
+cuenta sus conquistas amorosas por los días del año? Allá en su tierra,
+en esa España feroz, de moros, de judíos y de fanáticos cristianos, de
+sangre impura abrasada por tentaciones infernales, entre devociones
+supersticiosas y severidad hipócrita, podrá parecer terrible como
+demonio tentador. Las italianas no tememos al diablo. Los príncipes de
+la Iglesia romana nos envían de continuo indulgencias rimadas en dulces
+sonetos a lo Petrarca.
+
+CELIA
+
+Pero confesad que el caballero es obstinado... y fuerte.
+
+DUQUESA
+
+Es preciso terminar de una vez. No quiero ser fábula de la ciudad. Lleva
+recado a ese caballero, de que las puertas de mi palacio y de mi
+estancia están francas para él. Aquí le aguardo, sola... La duquesa
+Isabela no ha nacido para figurar como un número en la lista de Don
+Juan.
+
+CELIA
+
+Señora, ved...
+
+DUQUESA
+
+Conduce a Don Juan hasta aquí. No tardes. (_Sale Celia_.)
+
+
+ESCENA III
+
+LA DUQUESA Y DESPUES LEONELO.
+
+(_La duquesa se sienta y espera con altivez la entrada de Don Juan_.)
+
+LEONELO
+
+¡Señora!
+
+DUQUESA
+
+¿Quién? ¿No es Don Juan?... ¿No érais vos el que rondaba mi palacio?
+
+LEONELO
+
+Sí, yo era.
+
+DUQUESA
+
+Dos días con dos noches.
+
+LEONELO
+
+Algunas horas del día y algunas de noche.
+
+DUQUESA
+
+¡Ah! ¡Extremada burla! ¿Sois uno de los rufianes que acompañan a Don
+Juan?
+
+LEONELO
+
+Soy criado suyo, señora. Le sirvo a mi pesar.
+
+DUQUESA
+
+Mal empleáis vuestra juventud.
+
+LEONELO
+
+¡Dichosos los que pueden seguir en la vida la senda de sus sueños!
+
+DUQUESA
+
+Camino muy bajo habéis emprendido. Salid.
+
+LEONELO
+
+¿Sin mensaje alguno de vuestra parte para Don Juan?
+
+DUQUESA
+
+¡Insolente!
+
+LEONELO
+
+Supuesto que le habéis llamado...
+
+DUQUESA
+
+Sí, le llamé para que por vez primera en su vida se hallare frente a
+frente de una mujer honrada, para que nunca pudiera decir que una dama
+como yo no tuvo más defensa contra él que evitar su vista.
+
+LEONELO
+
+Así, como a vos ahora, oí a muchas mujeres responder a Don Juan, y
+muchas le desafiaron como a vos y muchas como vos le recibieron
+altivas...
+
+DUQUESA
+
+¿Y Don Juan no escarmienta?
+
+DUQUESA
+
+¡Y no escarmientan las mujeres! La muerte, el remordimiento, la
+desolación son horribles y no pueden enamorarnos, pero las precede un
+mensajero seductor, hermoso, juvenil... el peligro, eterno enamorador de
+las mujeres... Evitad el peligro, creedme; no oigáis a Don Juan...
+
+DUQUESA
+
+Me confundís con el vulgo de las mujeres. No en vano andáis al servicio
+de ese caballero de fortuna.
+
+LEONELO
+
+No en vano llevo mi alma entristecida por tantas almas de nobles
+criaturas amantes de Don Juan. ¡Cuánto lloré por ellas! Mi corazón fué
+recogiendo los amores destrozados en su locura por mi señor y en mis
+sueños terminaron felices tantos amores de muerte y de llanto... ¡Un
+solo amor de Don Juan hubiera sido la eterna ventura de mi vida!...
+¡Todo mi amor inmenso no hubiera bastado a consolar a una sola de sus
+enamoradas!... ¡Riquísimo caudal de amor derrochado por Don Juan, junto
+a mí, pobre mendigo de amor!...
+
+DUQUESA
+
+¿Sois poeta? Sólo un poeta se acomoda a vivir como vos, con el
+pensamiento y la conciencia en desacuerdo.
+
+LEONELO
+
+Sabéis de los poetas, señora; no sabéis de los necesitados...
+
+DUQUESA
+
+Sé... que no me pesa del engaño de Don Juan... al oíros... Ya me
+interesa saber de vuestra vida... Decidme qué os trajo a tan dura
+necesidad... No habrá peligro en escucharos como en escuchar a Don
+Juan... aunque seáis mensajero suyo, como vos decís que el peligro es
+mensajero de la muerte... Hablad sin temor.
+
+LEONELO
+
+¡Señora!
+
+
+ESCENA IV
+
+DICHOS, DON JUAN (_con la espada desenvainada, entra con violencia_.)
+
+DUQUESA
+
+¿Cómo llegáis hasta mí de esa manera? ¿Y mi gente?... ¡Hola!
+
+DON JUAN
+
+Perdonad. Pero comprenderéis que no he de permitir que mi criado me
+sustituya tanto tiempo.
+
+DUQUESA
+
+¡Con ventaja!
+
+DON JUAN
+
+No podéis apreciarlo todavía.
+
+DUQUESA
+
+¡Oh! ¡Basta ya!... (_A Leonelo_.) ¿No dices que la necesidad te llevó al
+indigno oficio de servir a este hombre? ¿Te pesa la servidumbre? ¿Ves
+cómo insultan a una dama en tu presencia y eres bien nacido? Ya eres
+libre... y rico...
+
+DON JUAN
+
+¿Le tomáis a vuestro servicio?
+
+DUQUESA
+
+Quiero humillaros cuanto pueda... (_A Leonelo_.) Mi amor, imposible para
+Don Juan; mi amor es tuyo si sabes merecerlo...
+
+LEONELO
+
+¡Vuestro amor!
+
+DON JUAN
+
+A mí te iguala. Eres noble por él.
+
+LEONELO
+
+¡Señora!
+
+DUQUESA
+
+¡Fuera la espada! Mi amor es tuyo... Lucha sin miedo. (_Don Juan y
+Leonelo combaten. Cae muerto Leonelo_.)
+
+LEONELO
+
+¡Ay de mí!
+
+DUQUESA
+
+¡Dios mío!
+
+DON JUAN
+
+¡Noble señora! Ved lo que cuesta una porfía...
+
+DUQUESA
+
+¡Muerto! Por mí... ¡Favor!... ¡Dejadme salir! Tengo miedo, mucho
+miedo...
+
+DON JUAN
+
+Estáis conmigo...
+
+DUQUESA
+
+Se agolpa la gente ante las ventanas... ¡Una muerte en mi casa!
+
+DON JUAN
+
+¡No tembléis! Pasaron, oyeron ruido y se detuvieron... A mi cargo corre
+sacar de aquí el cadáver sin que nadie sospeche...
+
+DUQUESA
+
+¡Oh! Sí, salvad mi honor... ¡Si supieran!
+
+DON JUAN
+
+No saldré de aquí sin dejaros tranquila...
+
+DUQUESA
+
+¡Oh! No puedo miraros, me dáis espanto. ¡Dejadme salir!
+
+DON JUAN
+
+No, aquí a mi lado... Yo también tengo miedo... de no veros... Por vos
+he dado muerte a un desdichado... No me dejéis o saldré de aquí para
+siempre y suceda lo que suceda... vos explicaréis como podáis el
+lance...
+
+DUQUESA
+
+¡Oh, no me dejéis! Pero lejos de mí, no habléis, no os acerquéis a mí...
+(_Queda en el mayor abatimiento_.)
+
+DON JUAN (_contemplándola aparte_.)
+
+¡Es mía! ¡Una más!... (_Contemplando el cadáver de Leonelo_.) ¡Pobre
+Leonelo!
+
+
+
+
+Viernes Santo.
+
+(LA CONDESA DE PARDO BAZÁN)
+
+
+
+
+VIERNES SANTO
+
+
+Fué el cura de Naya hombre comunicativo, afable y de entrañas
+excelentes, quien me refirió el atroz sucedido, o, por mejor decir, la
+cadena de sucedidos atroces, que apenas creería yo a no coincidir y
+explicarse perfectamente por el relato del párroco las veladas
+indicaciones de la prensa y los rumores difundidos en el país. Respetaré
+la forma de la narración, sintiendo no poder reproducir la expresión de
+la fisonomía ingenua y jovial del que narraba.
+
+«Ya sabe usted--dijo--que, así como en Andalucía crece la flor de la
+canela, en este rincón de Galicia podemos alabarnos de cultivar la flor
+de los caciques. No sé cómo serán los de otras partes; pero vamos, que
+los de por acá son de patente. Bien se acordará usted de aquel
+_Trampeta_ y aquel _Barbacana_, que traían a Cebre convertido en un
+infierno. Trampeta ahora dice que se quiere meter en pocos belenes,
+porque ya no lo ahorcan por treinta mil duros; y Barbacana, que está
+que no puede con los calzones, como se la tenían jurada unos cuantos y
+salvó milagrosamente de dos o tres asechanzas, al fin ha determinado
+irse a pasar la vejez a Pontevedra, porque desea morir en su cama, según
+conviene a los hombres honrados y a los cristianos viejos como él. ¡Ja,
+ja...!
+
+Faltando o poco menos esos dos pejes, quedó el país en manos de otro,
+que usted bien habrá oído de él: Lobeiro, que en confianza le llamábamos
+_Lobo_, y ¡a fe que le caía! Yo, si usted me pregunta cómo consiguió
+Lobeiro apoderarse de esta región y tenerla así, en un puño, que ni la
+hierba crecía sin su permiso, le contestaré que no lo entiendo; porque
+me parece increíble que en nuestro siglo y cuando tanto cantan libertad,
+se pueda vivir más sujeto a un señor que en tiempos del conde Pedro
+Madruga. No, y no hay que echar baladronadas: yo era el primerito que
+agachaba las orejas y callaba como un raposo. Uno estima la piel, y aun
+más que la piel, la tranquilidad, si a mano viene.
+
+A veces me ponía a discurrir, y decía para mi sotana: este rayo de
+hombre, ¿en qué consiste que se nos ha montado a todos encima, y por
+fuerza hemos de vivir súbditos de él, haciendo cuanto se le antoja,
+pidiéndole permiso hasta para respirar? ¿Quién le instituyó dueño de
+nuestras vidas y haciendas? ¿No hay leyes? ¿No hay Tribunales de
+justicia?--Pero mire usted: todo eso de leyes es nada más que
+conversación. Los magistrados están lejos y el cacique cerca. El
+Gobierno necesita tener asegurada la mecánica de las elecciones, y al
+que le amasa los votos le entrega desde Madrid la comarca en feudo. A
+los señores que se pasean allá por el Prado y por la Castellana, sin
+cuidado les tiene que aquí nos am... ¡Ay! Tente, lengua, que ya iba a
+soltar un disparate.
+
+Pues volviendo al caso, Lobeiro, así para el trato de la conversación,
+ya era un hombre antipático, de pocas palabras, que cuando se veía
+comprometido, se reía regañando los dientes, muy callado, mirando de
+través. No se fíe usted nunca del que no ríe franco ni mira derecho: muy
+mala señal. La cara suya parecía el Pico Medelo, que siempre anda
+embozado en _brétemas_. Lo único a que ponía un semblante como las demás
+personas, era a su chiquilla, su hija única, que por cierto no se ha
+visto cosa más linda en todo este país. La madre fué en tiempos una
+buena moza; pero la rapaza... ¡qué comparación! Un pelo como el oro, un
+cutis que parecía raso, un par de ojos azules como dos estrellas...
+¡Micaeliña! ¡Lo que corrí con ella el día del patrón de Boán! Porque a
+la criatura la rebosaba la alegría, y Lobeiro, al oirla reir, cambiaba
+de aspecto: se volvía otro hombre.
+
+Sólo que, por desgracia, esta influencia no pasaba de los momentos en
+que tenía cerca a la criatura. El resto del año, Lobeiro se dedicaba a
+perseguir al uno, empapelar al otro, sacarle el redaño a éste y echar a
+presidio a aquél. ¿Usted no ha leído el _Catecismo del labriego_,
+compuesto por el tío Marcos da Portela, doctor en teología campestre?
+Pues el tipo del secretario que allí pinta, el de Lobeiro clavadito:
+criado para infernar la vida del labriego infeliz, llenarlo de
+vejaciones y disputarle la triste corteza de pan, amasada con su sudor,
+único alimento de que dispone para llevar a la boca. Y repare usted lo
+que sucedía con Lobeiro; hoy hace una picardía, y le obedecen como uno;
+mañana hace diez, y ya le rinden acatamiento como diez; al otro día un
+millón, y como un millón se impone. Empezara por chanchullos pequeñitos,
+de esos que se hacen en el Ayuntamiento a mansalva; trabucos de cuentas,
+recargos de contribución, repartos _ad líbitum_, y lo demás de rúbrica.
+Poco a poco, la gente aguantando y él apretando más, llega el caso de
+que me encuentro yo a un infeliz aldeano en un camino hondo, llevando
+de la cuerda su mejor ternero.--Andrés, ¿adónde vas con el cuxo? Feria
+hoy no la hay.--¿Qué feria, ni feria, señor abad?--¿Pues entónces--señor
+abad, por el alma de quien le parió no diga nada. Es para ese condenado
+de Lobeiro, que me lo mandó a pedir, y si no lo entrego me arruina,
+acaba conmigo, y hasta muero avergonzado en la cárcel.--Y el pobre
+hombre, cuando me lo decía, tenía los ojos como dos tomates,
+encarnizados de llorar. ¡Ya comprende usted lo que es para el labriego
+su ganado! Dar aquel ternero, era en plata dar las telas del corazón.
+
+Sólo una cosa estaba segura con Lobeiro: la honra de las mujeres: y no
+por virtud, sino porque no cojeaba de ese pie. Algunos de sus satélites,
+en cambio, bien se desquitaban. ¿Que si tenía satélites? ¡Madre querida!
+Una hueste organizada en toda regla. Usted no dejará de recordar que
+cuando apareció en un monte el mayordomo del marqués de Ulloa, hace ya
+algunos años, seco de un tiro, todo el mundo dijo que lo había mandado
+matar el cacique Barbacana, y que el instrumento fuera un bandido
+llamado el Tuerto de Castrodorna, que lo más del tiempo se lo pasaba en
+Portugal huyendo de la justicia. Pues esa joya la heredó Lobeiro, sólo
+que mejoró el procedimiento de Barbacana, y en vez de un forajido solo,
+reclutó una cuadrilla perfectamente organizada, con su santo y seña, sus
+consignas, su secreto, sus estratagemas y su táctica, para verificar sus
+sorpresas de un modo expeditivo y seguro. Nosotros teníamos esperanzas
+de que, al acabarse las trifulcas revolucionarias y las guerras civiles,
+mejoraría el estado del país y se afianzaría la seguridad personal.
+¡Busca seguridad! ¡Busca mejoras! Lo mismo o peor anduvieron las cosas
+desde la restauración de Alfonso, y si me apuran, digo que la Regencia
+vino a darnos el cachete. Antes, unos gritaban: _¡Viva esto!_ los otros:
+_¡Viva aquéllo!_ que república, que don Carlos... Eran ideas generales,
+y parece que se tomaban con menos saña entre unos y otros. Hoy estamos a
+quién gana las elecciones, a quién se hace árbitro de esta tierra... y
+todos los medios son buenos, y caiga el que cayere. Total, como decimos
+aquí: salgo de un soto y métome en otro... pero más obscuro.
+
+Como íbamos contando, la pandilla de Lobeiro empezó a ser el terror del
+país. Tan pronto veíamos llamas... ¿qué ocurre? Pues que le queman el
+pajar, y el alpendre, y el hórreo, y la casa misma al Antón de Morlás o
+al Guillermo de la Fontela. Tan pronto aparece derrengado, molido a
+palos, uno que no se quiso someter a Lobeiro en esto o en lo de más
+allá... y cuando le preguntan quién le puso así, responde una mentira:
+que rodó de un vallado o se cayó de una higuera cogiendo higos... señal
+de que si revela la verdad, sentenciado está a pena más grave. Por
+último, un día se nota la desaparición de cierto sujeto, un tal
+Castañeda, alguacil; ni visto ni oído, como si se evaporase. La voz
+pública (muy bajito) susurra que ese hombre le estorbaba a Lobeiro o se
+le había opuesto en un amaño muy gordo. Se espera una semana, dos, tres,
+que parezca el cadáver, o el vivo, si vivo está aún; nada. La viuda hace
+registrar el Avieiro, incluso el pozo grande; mira debajo de los
+puentes, recorre los montes... Ni rastro. Igual que si se lo hubiese
+tragado la tierra. Y probablemente así sería. ¡Un hoyo es tan fácil de
+abrir!
+
+Este Castañeda tenía un sobrino, muchacho templado, como que allá en sus
+mocedades proyectara dedicarse a la carrera militar, y luego, por no
+separarse de su madre, que ya iba vieja, y de una hermana jovencita,
+prefirió quedarse en el país y vivir cuidando unos bienecillos que le
+correspondían de su hijuela, y de los de la hermana y la madre. El era
+un medio señor y medio labrador, y en el país, como todo el mundo tiene
+su apodo, le conocían por el de _Cristo_. ¿Dice usted que un novelista
+de Francia llama así a uno de sus personajes? Pues mire, ese de fijo lo
+inventará: yo no; tan cierto es, como que usted está ahí sentada y yo
+refiriéndole este caso. En el apodo--atienda usted bien--está mucha
+parte del intríngulis de mi historia. ¿Que por qué le pusieron ese
+alias? No lo sé a derechas; creo que por parecerse a un Cristo muy
+grande y muy devoto que se venera en el santuario de Boán.
+
+De modo que el bueno de Cristo, no bien supo la desaparición de su tío
+Castañeda, no se calló como los demás, como la misma infeliz viuda, que
+temblaba que después de suprimirle al marido le pegasen fuego a la
+casita y la echasen en sus últimos años a pedir limosna. En las ferias y
+en las romerías, en el atrio de la iglesia y en la botica de Cebre, el
+muchacho alzó la voz cuanto pudo, clamando contra la tiranía de Lobeiro
+y diciendo que el país tenía que hacer un ejemplo con él; cazarlo lo
+mismo que a un lobo para que escarmentasen los lobos que se estaban
+criando en la madriguera, dispuestos a devorarnos. Decía que estas cosas
+no suceden sino en el país que las sufre; que donde los hombres tienen
+bragas, no se conciben ciertos abusos; que en Aragón o Castilla ya le
+habrían ajustado a Lobeiro la cuenta con el trabuco o la navaja; que si
+el cacique se le ponía delante, él, aunque se perdiese y dejase
+desamparadas madre y hermanita, era capaz de arrancarle los dientes a la
+fiera. Al pronto le oían asustados; pero como todo se pega, y el valor y
+el miedo, en particular, son contagiosos lo mismo que el cólera, iba
+formándose alrededor de Cristo un núcleo de gente que le daba la razón,
+diciendo que por todos los medios había que descartarse de Lobeiro y
+conjurar aquella plaga. Los gallegos no somos cobardes, ¡quiá! Lo que
+nos falta a veces es la iniciativa del valor. Necesitamos uno que
+empiece, y ¡zás! allá seguimos de reata. Cristo iba sumando voluntades,
+y conforme pasaba tiempo y veían que de hablar así no se le originaba
+perjuicio alguno, la algarada crecía, y el cacique, intimidado, en
+nuestro concepto, por haber encontrado al fin quien le presentase la
+cara, andaba mansito y derecho; como que pasaron más de tres meses sin
+sabérsele ninguna fechoría mayor.
+
+El día de la feria grande de Arnedo, que es allá por el mes de Abril, en
+Pascua, volvía yo a mi parroquia, después de pasar el rato bebiendo un
+poco de Tostado y comiendo unas rosquillas, cuando a poca distancia del
+pueblo empareja con mi mula la yegüecilla de Ramón Limioso (usted le
+conoce); el señorito del Pazo, un caballero cumplidísimo, y me pregunta
+lo mismito que yo le pregunto a usted:--Y Cristo, ¿le ha visto usted en
+la feria?--¿Cristo? No. No lo encontré... por ninguna parte.--¿Tampoco
+en el mesón?--Tampoco.--¿A qué horas vino usted?--Tempranito: a las
+siete ya andaba yo en Arnedo.--¿Sabe que me choca?--¿Y por qué ha de
+chocarle?--Porque estábamos citados: él quería deshacerse de su jaco, y
+yo le vendía mi toro, o se lo cambalachaba; según.--¡Bah! Cristo es un
+rapaz todavía; aún no cumplió los treinta... ¡sabe Dios por dónde anda a
+estas horas!--No, Eugenio; pues yo le digo que me choca; que me
+escama.--Aun vendrá, hombre. Son las tres, y hasta las seis o siete de
+la tarde no se deshace la feria.
+
+Ramón Limioso meneó la cabeza, y volvió grupas hacia Arnedo. Ni me
+acordé más del asunto, hasta que a las veinticuatro horas me llegó el
+primer rum rum de la desaparición de Cristo. El mismo misterio que en lo
+de su tío Castañeda; ni rastro del muchacho por ninguna parte. La madre
+andaba como loca, pregunta que te preguntarás, de casa en casa; la
+hermana salía de un ataque nervioso para caer en un síncope; la justicia
+local, como de costumbre, se lavaba las manos--imposible parece que así
+y todo las tenga tan puercas--y del chico, ni esto. Por fin, al cabo de
+una semana, lo que es aparecer, apareció... ¿Pero dónde? Metido en un
+hórreo, hecho una lástima, en descomposición... Son pormenores
+horribles; bueno, se trata de que se imponga usted de cómo la cosa
+ocurriera. Yo vi el cadáver y me convencí de que no había exageración
+ninguna en lo que se refirió después. Debían de haberle atormentado
+mucho tiempo, porque estaba el cuerpo hecho una pura llaga: a mí se me
+figura que lo azotaron con cuerdas, o que lo tundieron a varazos: las
+señales eran como rayas o surcos en el pellejo. Para acabarlo le dieron
+un corte así en la garganta. El rostro, desfiguradísimo; sólo una
+madre--¡pobre señora!--conoce y se arroja a besar un rostro semejante.
+
+Sí, estoy conforme: es una infamia, un crimen que clama al cielo, lo que
+usted guste... Pero usted también va a convenir conmigo. También va a
+decir que todo ello es moco de pavo en comparación del último
+refinamiento salvaje, de que no tiene noticia aun. Porque matar,
+atormentar, se llama así, atormentar y matar y se acabó; ¿cómo se llama
+el escarnio, la befa más inconcebible, el reto a Dios, que consiste en
+lo siguiente: elegir, para dar tal género de muerte a ese hombre que la
+gente apodaba Cristo... elegir... ¿qué día del año piensa usted?
+
+_¡El Viernes Santo!_
+
+ * * * * *
+
+--Pecador soy como el que más--prosiguió el párroco de Naya con la voz y
+el gesto transformados por una seriedad profunda;--pecador soy, indigno
+de que Dios baje a estas manos; no tengo vocación de santo como el cura
+de Ulloa, ni me gusta echar sermones con requilorios como el de
+Xabreñes; pero en semejante ocasión, al enterarme de la monstruosidad,
+no sé qué hormigueo me entró por el cuerpo, no sé qué vuelta me dió la
+sangre ni qué luminarias me danzaron delante de los ojos... que, vamos,
+al pino más alto del pinar de Morlán me subiría para gritar: ¡maldición
+y anatema sobre Lobeiro!--¡La plática que les encajé a mis feligreses el
+domingo! Ni Isaías... fuera el alma.--Con un arrebato que aun hoy me
+asombra, les dije que Dios, al parecer, se hace el sordo y el ciego,
+pero es como quien toma carrera para saltar mejor; que ningún crimen
+queda impune; que la sangre de Abel siempre grita venganza, y que me
+creyesen a mí, que a fe de Eugenio, nadie se quedaría sin su merecido, y
+por medios inescrutables, pero seguros, cuando estuviese más descuidado.
+«Quien fosa cava, en ella caerá», me acuerdo que grité como un
+energúmeno. Por supuesto que era hablar por no callar: tanto sabía yo
+del castigo dichoso, como de la primer camisa que vestí: sólo que en
+aquel entonces de veras me parecía que así iba a suceder, que Lobeiro
+estaba emplazado, y que la inspiración hablaba por mi boca. _Spiritus
+ejus in ore meo_.
+
+Poco a poco se fué acallando el _rebumbio_ del asesinato de Cristo. La
+madre y la hermana, convertidas en dos sombras, flaquitas y de riguroso
+luto, fueron el único recuerdo que quedó de la tragedia. En la gente
+siempre fermentaba el odio contra el cacique; pero lo comprimía el
+temor. Es de advertir que por entonces _los_ de Lobeiro cayeron, y
+necesariamente el maldito, no teniendo la sartén por el mango, se
+reportó en sus exacciones y sus iniquidades. El país respiró unas
+miajas. El bando de Trampeta aleteó. Lobeiro, en el interregno, se
+dedicó a una ocupación pacífica: reconstruir su casa, que era muy vieja,
+y ya mezquina para las exigencias de su nueva posición; porque la
+fortuna del cacique había crecido mucho, y su mujer, amiga de lujos, de
+comilonas y de tirar de largo, le metió en la cabeza hacer vivienda
+nueva y la verdad, con todos los perendengues: dos pisos de piedra
+sillar, magnífica; ventanas con unas rejas imponentes: puerta como la
+de un castillo: su gran escalera, su sala de recibir, su cocina
+hermosísima... ¡Una casa para Orense! En el país se hablaba mucho de tal
+edificio, y de la seguridad que ofrecía, y de las precauciones que
+revelaba aquel modo de edificar--, precauciones debidas a los muchos
+enemigos que tenía el cacique.
+
+Enemigos, a miles se le podían contar; y sin embargo, como el hombre se
+mantenía agachado, nadie se metía con él, temeroso de despertarle. El
+gran alboroto fué el que se armó cuando de repente, sin que lo
+barruntásemos ni poco ni mucho, se volcó la tortilla y subió nuevamente
+al poder el partido de Lobeiro.
+
+¡Madre mía! el terror que cayó sobre nosotros! Lobeiro otra vez
+mandando, rey otra vez de la comarca; otra vez a su disposición la
+hacienda, la tranquilidad, la vida de todos; otra vez los cadáveres en
+los hórreos o en el fondo del Avieiro o en un hoyo profundo, allá por
+las asperezas de algún pinar! ¿Quién respirar? ¿Quién dormiría
+tranquilo? ¿Quién estaba seguro de no perecer martirizado?
+
+Usted se va a reir si le digo una cosa. No, no se reirá: al contrario:
+se hará cargo mejor que nadie, porque tiene costumbre de considerar
+estas singularidades propias de la naturaleza humana.--El miedo, a
+veces, es el mejor agente del valor. Sí: por miedo se verifican actos
+de heroísmo: por desesperación se realizan acciones que en estado normal
+nos ponen los pelos de punta. Una persona que se ve rodeada de llamas, o
+teme que el incendio se propague y la pille encerrada en una habitación
+y el humo la asfixie, no se encomienda a Dios ni al diablo para
+arrojarse de un quinto piso a la calle, aunque se estrelle. Con esto
+quiero decir cómo, a las gentes de Cebre y sus cercanías, el propio
+terror de caer en las uñas de Lobeiro les infundió una determinación
+tremenda, adoptada con cautela tal, que todo lo hicieron en el mismo
+silencio y unión que cuenta usted que profesan los nihilistas rusos.
+Verá, verá cómo ocurrió la cosa.
+
+Llegado el día de la fiesta de la Virgen en el santuario de Boán, fuí yo
+allá convidado por el cura, que es amigo. Se reunió una muchedumbre, que
+era aquello un hormiguero: hubo sus cohetes, sus gaitas, sus bailes, sus
+calderadas de pulpo y su tonel de mosto: lo que sabe usted que nunca
+falta en tales romerías. También andaban algunas señoritas muy
+emperifolladas dando vueltas y luciendo los trapitos flamantes: y la más
+bonita de todas, Micaeliña, que paseaba con la madre por debajo de los
+robles, hecha un sol de guapa. Acababa de cumplir los trece años: se
+conoce que estrenaba vestido, y no cabía en sí de contenta: el vestido
+era blanco, con lazos color de rosa, precioso, de seda riquísima, un
+disparate para una chiquilla así. La madre: «Micaeliña, no te
+arrugues»--por aquí--y «Micaeliña, no te manches», por allá; y la
+criatura, al principio, respetando mucho la gala; pero, ya se ve, luego
+se cansó de guardarle miramientos al vestido majo, y vino disparada a
+tirarme del balandrán. «Eugenio, ¿corremos?» Al principio fué a
+remolque; pero al fin... este pícaro genio gaitero que tengo yo... me
+hizo la rapaza pegar mil carreras por aquellas cuestas abajo, riendo
+como locos. Y cuidado que me daba no sé qué por el cuerpo ver a Lobeiro
+allí, a dos pasos, con sus manos donde yo sabía que había manchas de
+sangre fresca.
+
+El diantre del cacique, cuando me vió tan divertido con la hija, me
+llamó aparte, y sin mirarme una vez siquiera, me dijo: «Hombre, Eugenio,
+hágame un favor: convenza a mi mujer y a la chiquilla de que va a estar
+muy bien Micaela en el colegio de Orense.»
+
+--¿Y usted se separa de ella?--pregunté con asombro.
+
+--Sí, hombre... Cosas que uno hace porque no tiene remedio--, contestó
+él muy encapotado y a media habla.
+
+Así que la familia de Lobeiro y los adláteres que siempre le escoltaban
+se retiraron de la romería, le pregunté al cura de Boán, extrañándome
+de la idea de enviar a Orense la chiquilla, cuando precisamente era el
+encanto de su padre. Boán me dió una explicación plausible:--«Eso lo
+hace por no exponer a la chiquilla a un fracaso. Lo tienen amenazado de
+muerte, y veinte veces ya le avisaron de que su casa ha de arder. Y
+aunque él dice que conforme la construyó no es tan fácil pegarle fuego,
+no quiere tener aquí a Micaeliña, porque recela alguna barbaridad.»--Ya
+verá usted, señora, cómo efectivamente, no ardió la casa de Lobeiro.
+
+ * * * * *
+
+Yo dormí en la rectoral de Boán aquella noche. Se había empinado y
+manducado muy regular, de modo que el primer sueño fué de piedra. Estaba
+como una marmota, que si me sueltan un redoble de tambor en los mismos
+oídos, no doy a pie ni a mano. Con que figúrese lo que sería la
+explosión, para que me incorporase en la cama de un brinco.
+
+¡Puummm! ¡Booom! Nunca acababa de sonar. Yo a obscuras, a tientas,
+buscando las cerillas y gritando por el criado:--¡Eh! ¡Ave María
+Purísima! ¡Rosendo! Condenado, ¿duermes o qué haces? ¿Se cae la casa?
+¡Jesús, Dios y Señor, misericordia!
+
+Por fin encendí el fósforo, y cuando entró Rosendo todo aturdido, en
+ropas menores, ya no pudo aguantar la risa. El muchacho todo se espantó.
+
+--Sí, ríase, que es para reir. Señor, no ría, que es pecado. Estoy que
+se me _arrepian_ las carnes.
+
+--Pero, ¿qué hay? ¿qué demonios pasa?
+
+--¿Y quién lo sabe, a no ser un brujo? Parece que se ha hundido
+mismamente el mundo todo de la tierra.
+
+Escuché. Nada, silencio. Salí a la ventana. Ni señal de cosa alguna. Me
+senté: estaba sano y bueno. El cura de Boán andaba por allí aturdido,
+dando vueltas. Nos pusimos a hacer comentarios. Nadie se quiso volver a
+la cama. Cada uno decía su cosa, cuando ¡tras, tras! a la puerta... Al
+señor cura de Boán, que vaya a dar los santos óleos y a confesar a
+Lobeiro, que se muere... Boán está a medio cuarto de legua de la casa de
+Lobeiro. El que traía el recado nos enteró de todo.
+
+Mientras Lobeiro y su hija y sus satélites estaban de parranda, con
+mucho tiento, al pie del balcón mayor, _habían_ depositado veintiséis
+cartuchos de dinamita--lo bastante para volar una fortaleza--y su mecha
+correspondiente. Hecho esto, retiráronse con tranquilidad, pie ante pie.
+A la noche, recogida ya la familia, _alguien_ cogió el cabo de mecha, le
+prendió fuego y se apartó con mucha calma. De los veintiséis cartuchos,
+sólo diez o doce se inflamaron. Pero fué todo lo preciso.
+
+No salvó alma viviente. Entre los escombros de la casa yacían el cadáver
+de la mujer de Lobeiro, el tronco mutilado del criado y el cuerpo de
+Micaeliña, muerta como una paloma, con sangre en las sienes, tendida al
+lado de su padre. El lobo aún vivía; fué el único que no pereció en el
+acto. Antes de expirar, tuvo una hora larga de contemplar a su oveja
+difunta... Digan lo que quieran los sabios esos del materialismo...
+¡Retaco! Yo juro que hay Dios, y un Dios que castiga sin palo ni
+piedra... Con dinamita; corriente. ¡Con lo que sale!
+
+
+
+
+El sencillo Don Rafael
+
+CAZADOR Y TRESILLISTA
+
+(UNAMUNO)
+
+
+
+
+EL SENCILLO DON RAFAEL
+
+CAZADOR Y TRESILLISTA
+
+
+Sentía resbalar las horas, hueras, aéreas, deslizándose sobre el
+recuerdo muerto de aquel amor de antaño. Muy lejos, detrás de él, dos
+ojos ya sin brillo entre nieblas. Y un eco vago, como el del mar que se
+rompe tras la montaña, de palabras olvidadas. Y allá, por debajo del
+corazón, susurro de aguas soterrañas. Una vida vacía, y él sólo,
+enteramente sólo. Sólo con su vida.
+
+Tenía para justificarla nada más que la caza y el tresillo. Y no por eso
+vivía triste, pues su sencillez heroica no se compadecía con la
+tristeza. Cuando algún compañero de juego, despreciando un solo, iba a
+buscar una sola carta para dar bola, solía repetir Don Rafael que hay
+cosas que no se debe ir a buscar: vienen ellas solas. Era
+providencialista; es decir, creía en el todopoderío del azar. Tal vez
+por creer en algo y no tener la mente vacía.
+
+--¿Y por qué no se casa usted?--le preguntó alguna vez con la boca
+chica su ama de llaves.
+
+--¿Y por qué me he de casar?
+
+--Acaso no vaya usted descaminado.
+
+--Hay cosas, señora Rogelia, que no se debe ir a buscar: vienen ellas
+solas.
+
+--¡Y cuando menos se piensa!
+
+--¡Así se dan las bolas! Pero, mire, hay una razón que me hace pensar en
+ello...
+
+--¿Cuál?
+
+--La de poder morir tranquilo _ab intestato_.
+
+--¡Vaya una razón!--exclamó el ama, alarmada.
+
+--Para mí la única valedera--respondió el hombre, que presentía no valen
+las razones, sino el valor que se las da.
+
+Y una mañana de primavera, al salir con achaque de la caza, a ver nacer
+el sol, un envoltorio en la puerta de su casa. Encorvóse a mejor
+percatarse, y de dentro, un ligerísimo susurro como de cosas olvidadas.
+El rollo se removía. Lo levantó; estaba tibio; lo abrió: era una
+criatura de horas. Quedóse mirando, y su corazón parecía sentir, no ya
+el susurro, sino el frescor de sus aguas soterrañas. ¡Vaya una caza que
+me ha deparado el destino!, pensó.
+
+Volvióse con el envoltorio en brazos, la escopeta a la bandolera,
+subiendo las escaleras de puntillas para no despertar a aquello, y llamó
+quedamente varias veces.
+
+--Aquí traigo esto--le dijo al ama de llaves.
+
+--Y eso, ¿qué es?
+
+--Parece un niño.
+
+--¿Parece sólo?
+
+--Lo dejaron a la puerta de la calle.
+
+--¿Y qué hacemos con ello?
+
+--Pues... ¿qué vamos a hacer? Bien claro está, ¡criarlo!
+
+--¿Quién?
+
+--Los dos.
+
+--¿Yo? ¡Yo, no!
+
+--Buscaremos ama.
+
+--¡Pero está usted en su juicio, señorito! ¡Lo que hay que hacer es dar
+parte al juez, y en cuanto a eso, al Hospicio con ello!
+
+--¡Pobrecillo! ¡Eso sí que no!
+
+--En fin, usted manda.
+
+Una madre vecina le prestó caritativamente las primeras leches, y pronto
+el médico de Don Rafael encontró una buena nodriza: una chica soltera
+que acababa de dar a luz un niño muerto.
+
+--Como nodriza, excelente--le dijo el médico--, y como persona, ya ves,
+un desliz así puede ocurrirle a cualquiera.
+
+--A mí no--contestó con su sencillez característica Don Rafael.
+
+--Lo mejor sería--dijo el ama de llaves--que se lo llevase a su casa a
+criarlo.
+
+--No--replicó Don Rafael--, eso tiene graves peligros; no me fío de la
+madre de la chica. Aquí, aquí, bajo mi vigilancia. Y no hay que darle
+disgustos a la chica, señora Rogelia, que de ello depende la salud del
+niño. No quiero que por una sofoquina de Emilia pase el angelito un
+dolor de tripas.
+
+Era Emilia, la nodriza, de veinte años, alta, agitanada, con una risa
+perpetua en los ojos, cuya negrura realzaba el marco de ébano del pelo
+que le cubría las sienes como con dos esponjosas alas de cuervo,
+entreabiertos y húmedos los labios guinda, y unos andares de gallina a
+que el gallo ronda.
+
+--¿Y cómo va a bautizarle usted, señorito?--le preguntó la señora
+Rogelia.
+
+--Como hijo mío.
+
+--Pero, ¿está usted loco?
+
+--¡Qué más da!
+
+--¿Y si mañana, por esa medalla que lleva y esas contraseñas, aparecen
+sus verdaderos padres?...
+
+--Aquí no hay más padre ni madre que yo. Yo no busco niños, como no
+busco bolas; pero cuando vienen... soy libre. Y creo que esta del azar
+es la más pura y libre de las maternidades. No me cabe la culpa de que
+haya nacido, pero tendré el mérito de hacerle vivir. Hay que creer en la
+Providencia siquiera por creer en algo, que eso consuela, y además así
+podré morir tranquilo _ab intestato_, pues ya tengo quien me herede
+forzosamente.
+
+La señora Rogelia se mordió los labios, y cuando Don Rafael hizo
+bautizar y registrar al niño como hijo suyo dió que reir a la vecindad y
+a nadie que sospechar malicia alguna: tan conocida era su transparente
+ingenuidad cotidiana. Y el ama de llaves tuvo, mal de su grado, que
+avenirse y concordar con el ama de leche.
+
+Ya tenía Don Rafael algo más en qué pensar que en la caza y el tresillo;
+ya estaban sus días llenos. La casa se le llenó de una vida nueva,
+luminosa y sencilla. Y hasta perdió alguna noche el sueño y el descanso
+paseando al nene para callarlo.
+
+--Es hermoso como el sol, señora Rogelia. Y tampoco hemos tenido mala
+suerte con el ama, me parece.
+
+--Como no vuelva a las andadas.
+
+--De eso me encargo yo. Sería una picardía, una deslealtad: se debe al
+niño. Pero, no, no; está desengañada del zanguango de su novio, un
+bausán de marca mayor a quien ya aborrece...
+
+--No se fíe usted..., no se fíe usted...
+
+--Y a quien voy a pagarle el pasaje a América. Y ella es una
+pobrecilla...
+
+--Hasta que vuelva a tener ocasión.
+
+--¡Digo que lo evitaré!
+
+--Pues como ella quiera...
+
+--¡Ah, en cuanto a eso sí! Porque si he de decirle a usted la verdad,
+la verdad es que...
+
+--Sí, me la supongo.
+
+--¡Pero, ante todo, respeto a mi hijo!
+
+Emilia nada tenía de lerda y estaba deslumbrada con el rasgo
+heroicamente sencillo de aquel solterón semidurmiente. Encariñóse desde
+un principio con el crío como si fuese su madre misma. El padre putativo
+y la nodriza natural pasábanse largos ratos, a sendos lados de la cuna,
+contemplando la sonrisa del sueño del niño cuando éste hacía como que
+mamaba.
+
+--¡Lo que es el hombre!--decía Don Rafael.
+
+Y cruzábanse sus miradas. Y cuando teniéndole ella, Emilia, en brazos,
+iba él, Don Rafael, a besar al niño, con el beso ya preparado en la boca
+rozaba casi la mejilla de la nodriza, cuyos rizos de ébano le afloraban
+la frente, al padre. Otras veces quedábase contemplando alguno de los
+dos mellizos blancos senos, turgentes de vida que se da, con el
+serpenteo azul de las venas que del cuello bajaban, y sostenido entre
+los ahusados dedos índice y corazón como en horqueta. Doblábase sobre él
+un cuello de paloma. Y también entonces le entraban ganas de besar al
+hijo, y su frente, al tocar al seno, hacíalo temblotear.
+
+--¡Ay, lo que siento es que pronto tendré que dejarte, sol
+mío!--exclamaba ella, apretándolo contra su seno y como si le
+entendiera.
+
+Callábase a esto Don Rafael.
+
+Y cuando le cantaba al niño, abrazándole, aquella vieja canturria
+paradisíaca que, aun transmitiéndosela de corazón a corazón las madres,
+cada una de éstas crea e inventa de nuevo, eternamente nueva poesía,
+siendo la misma siempre, la única, como el sol, traíale a Don Rafael
+como un dejo de su niñez olvidada en las lontananzas del recuerdo.
+Balanceábase la cuna y con ella el corazón del padre al azar, y
+mecíasele aquel canto...
+
+ que viene el cocóóóóó...
+
+con el susurro de las aguas de debajo de su corazón...
+
+ a llevarse los niños...
+
+que iba también durmiéndose...
+
+ que duermen pocóóóóó...
+
+entre las blandas nieblas de su pasado...
+
+ ¡ah, ah, ah, aaaaah!
+
+--¡Qué buena madre hace!--pensaba.
+
+Alguna vez, hablando del percance que la hizo nodriza, le preguntó Don
+Rafael:
+
+--Pero, chica, ¿cómo pudo ser eso?
+
+--¡Ya ve usted, Don Rafael!--y se le encendía leve, muy levemente el
+rostro.
+
+--¡Sí, tienes razón, ya lo veo!
+
+Y llegó una enfermedad terrible, días y noches de angustia. Mientras
+duró aquello hizo Don Rafael que Emilia se acostase con el niño en su
+mismo cuarto. «Pero señorito--dijo ella--, cómo quiere usted que yo
+duerma allí...» «Pues muy sencillo--contestó él, con su sencillez
+acostumbrada--, ¡durmiendo!»
+
+Porque para aquel hombre todo sencillez, era sencillo todo.
+
+Por fin el médico dió por salvado al niño.
+
+--¡Salvado!--exclamó Don Rafael con el corazón desbordante, y fué a
+abrazar a Emilia, que lloraba del estupor del gozo.
+
+--Sabes una cosa--le dijo sin soltar del todo el abrazo y mirando al
+niño que sonreía en floración de convalecencia.
+
+--Usted dirá--contestó ella, mientras el corazón se le ponía al galope.
+
+--Que puesto que estamos los dos libres y sin compromiso, pues no creo
+que pienses ya en aquel majadero que ni siquiera sabemos si llegó o no a
+Tucumán, y ya que somos yo padre y tú madre, cada uno a su respecto, del
+mismo hijo, nos casemos y asunto concluído.
+
+--¡Pero, D. Rafael!--y se puso en grana.
+
+--Mira, chiquilla, así podremos tener más hijos...
+
+El argumento era algo especioso, pero persuadió a Emilia. Y como vivían
+juntos y no era cosa de contenerse por unos días fugitivos--¡qué más
+da!--aquella misma noche le hicieron sucesor al niño y muy poco después
+se casaron como la Santa Madre Iglesia y el providente Estado mandan.
+
+Y fueron en lo que en lo humano cabe--¡y no es poco!--felices, y
+tuvieron diez hijos más, una bendición de Dios, con lo cual pudo morir
+tranquilo _ab intestato_, por tener ya quienes forzosamente le
+heredaran, el sencillo Don Rafael, que de cazador y tresillista pasó de
+dos brincos a padre de familia. Y es lo que él solía decir como resumen
+de su filosofía práctica: ¡Hay que dar al azar lo suyo!
+
+
+
+
+¡Solo!
+
+(PALACIO VALDÉS)
+
+
+
+
+¡SOLO!
+
+
+Fresnedo dormía profundamente su siesta acostumbrada. Al lado del diván
+estaba el velador maqueado, manchado de ceniza de cigarro, y sobre él un
+platillo y una taza, pregonando que el café no desvela a todas las
+personas. La estancia, amueblada para el verano con mecedoras y sillas
+de rejilla, estera fina de paja, y las paredes desnudas y pintadas al
+fresco, se hallaba menos que a media luz: las persianas la dejaban a
+duras penas filtrarse. Por esto no se sentía el calor. Por esto y porque
+nos hallamos en una de las provincias más frescas del Norte de España y
+en el campo. Reinaba silencio. Escuchábase sólo fuera el suave ronquido
+de las cigarras y el _pío pío_ de algún pájaro que, protegido por los
+pámpanos de la parra que ciñe el balcón, se complacía en interrumpir la
+siesta de sus compañeros. Alguna vez, muy lejos, se oía el chirrido de
+un carro, lento, monótono, convidando al sueño. Dentro de la casa habían
+cesado ya tiempo hacía los ruidos del fregado de los platos. La
+fregatriz, la robusta, la colosal Mariona, como andaba descalza, sólo
+producía un leve gemido de las tablas, que se quejaban al recibir tan
+enorme y maciza humanidad.
+
+Cualquiera envidiaría aquella estancia fresca, aquel silencio dulce,
+aquel sueño plácido. Fresnedo era un sibarita; pero solamente en el
+verano. Durante el invierno trabajaba como un negro allá en su
+escritorio de la calle de Espoz y Mina, donde tenía un gran
+establecimiento de alfombras. Era hombre que pasaba un poco de los
+cuarenta, fuerte y sano como suelen ser los que no han llevado una
+juventud borrascosa: la tez morena, el pelo crespo, el bigote largo y
+comenzando a ponerse gris. Había nacido en Campizos, punto donde nos
+hallamos, hijo de labradores regularmente acomodados. Mandáronle a
+Madrid a los catorce años con un tío comerciante. Trabajó con brío e
+inteligencia; fué su primer dependiente; después, su asociado; por
+último se casó con su hija, y heredó su hacienda y su comercio. Contrajo
+matrimonio tarde, cuando ya se acercaba a los cuarenta años. Su mujer
+sólo tenía veinte. Educada en el bienestar y hasta en el lujo que le
+podía procurar el viejo Fresnedo, Margarita era una de esas niñas
+madrileñas, toda melindres, toda vanidad, postrada ante las mil
+ridiculeces de la vida cortesana, cual si estuviesen determinadas por
+sentencias de un código inmortal, desviada enteramente de la vida de la
+Naturaleza y la verdad. Por eso odiaba el campo, y muy particularmente
+el ignorado y frondoso lugarcito donde tenía origen su linaje humilde.
+Lo odiaba casi tanto como su mamá, la esposa del viejo Fresnedo, que, a
+pesar de ser hija de una cacharrera de la calle de la Aduana, tenía a
+menos poner los pies en Campizos.
+
+Tanto como ellas lo odiaban amábalo el buen Fresnedo. Mientras fué
+dependiente de su tío, arrancábale todos los años licencia para pasar el
+mes de Julio o Agosto en su país. Cuando sus ganancias se lo
+permitieron, levantó al lado de la de sus padres una casita muy linda,
+rodeada de jardín, y comenzó a comprar todos los pedazos de tierra que
+cerca de ella salían a la venta. En pocos años logró hacerse un
+propietario respetable. Y al compás que se hacía dueño de la tierra
+donde corrieron sus primeros años, su amor hacia ella crecía
+desmesuradamente. Puede cualquiera figurarse el disgusto que el honrado
+comerciante experimentó cuando, después de casado con su prima, ésta le
+anunció, al llegar el verano, que no estaba dispuesta «a sepultarse en
+Campizos», decisión que su tía y suegra reciente apoyó con maravilloso
+coraje. Fué necesario resignarse a veranear en San Sebastián. Al año
+siguiente, lo mismo. Pero al llegar al cuarto, Fresnedo tuvo la audacia
+de rebelarse, produciendo un gran tumulto doméstico.--«O a Campizos, o a
+ninguna parte este verano. ¿Estamos, señoras?» Y los bigotes se le
+erizaron de tal modo inflexible al pronunciar estas enérgicas palabras,
+que la delicada esposa se desmayó acto continuo, y la animosa suegra,
+rociando las sienes de su hija con agua fresca y dándole a oler el
+frasco del antiespasmódico, comenzó a increparle amargamente:
+
+--¡Huele, hija mía, huele!... ¡Si las cosas se hicieran dos veces!... La
+culpa la he tenido yo en poner en manos de un paleto una flor tan
+delicada.
+
+Cuando la flor delicada abrió al fin los ojos, fué para soltar por ellos
+un caudal de lágrimas y para decir con acento tristísimo:
+
+--¡Nunca lo creyera de Ramón!
+
+Fresnedo se conmovió. Hubo explicaciones. Al fin se transigió de un modo
+honroso para las dos partes. Convínose en que Margarita y su mamá irían
+a San Sebastián, llevando a la niña de quince meses, y que Fresnedo
+fuése a Campizos el mes de Agosto, con Jesús, el niño mayor, de edad de
+tres años, y su niñera. Esta es la razón de que Fresnedo se encuentre
+durmiendo la siesta donde acabamos de verle.
+
+Despertóle de ella una voz bien conocida:
+
+--Papá, papá.
+
+Abrió los ojos y vió a su hijo a dos pasos, con su mandilito de dril
+color perla, sus zapatitos blancos y el negro y enmarañado cabello caído
+en bucles graciosos sobre la frente. Era un chico más robusto que
+hermoso. La tez, de suyo morena, teníala ahora requemada por los días
+que llevaba de aldea haciendo una vida libre y casi salvaje. Su padre le
+tenía todo el día a la intemperie, siguiendo escrupulosamente las
+instrucciones de su médico.
+
+--Papá..., dijo Tata que tú no querías... que tú no querías... que tú no
+querías... comprarme un carro... y que el carnero... y que el carnero no
+era mío..., que era de Carmita (la hermana), y no me deja cogerlo por
+los cuernos, y me pegó en la mano.
+
+El chiquitín, al pronunciar este discurso con su graciosa media lengua,
+deteniéndose a cada momento, mostraba en sus ojos negros y profundos la
+indignación vivísima y mucha sed de justicia. Por un instante pareció
+que iba a romper en llanto; pero su temperamento enérgico se sobrepuso,
+y después de hacer una pausa cerró su perorata con una interjección de
+carretero. El padre le había estado escuchando embelesado, animándole
+con sus gestos a proseguir, lo mismo que si una música celeste le
+regalase los oídos. Al oir la interjección, estalló en una sonora y
+alegre carcajada. El niño le miró con asombro, no pudiendo comprender
+que lo que a él le ponía tan fuera de sí causase el regocijo de su papá.
+Este hubiera estado escuchándole horas y horas sin pestañear. Y eso que,
+según contaba su suegra a las visitas, cuando quería dar el golpe de
+gracia a su yerno y perderle completamente ante la conciencia pública,
+¡¡¡se había dormido oyendo _La Favorita a Gayarre_!!!
+
+--¿Sí, vida mía? ¿La Tata no quiere que cojas el carnero por los
+cuernos? ¡Deja que me levante, ya verás cómo arreglo yo a la Tata!
+
+Fresnedo atrajo a su hijo y le aplicó dos formidables besos en las
+mejillas, acariciándole al mismo tiempo la cabecita con las manos.
+
+El chico no había agotado el capítulo de los agravios que creía haber
+recibido de su niñera... Siguió gorjeando que ésta no había querido
+darle pan.
+
+--Hace poco tiempo que hemos comido.
+
+--Hace mucho--dijo el niño con despecho.
+
+--Bueno, ya te lo daré yo.
+
+Además, la Tata no había querido contarle un cuento, ni hacer vaquitas
+de papel. Además, le había pinchado con un alfiler aquí. Y señalaba una
+manecita.
+
+--¡Pues es cierto!--exclamó Fresnedo viendo, en efecto un ligero
+rasguño.--¡Dolores! ¡Dolores!--gritó después.
+
+Presentóse la niñera. El amo la increpó duramente por llevar alfileres
+en la ropa, contra su prohibición expresa. Jesús, viendo a la Tata
+triste y acobardada, fué a restregarse con sus faldas, como pidiéndole
+perdón de haber sido causa de su disgusto.
+
+--Bueno--dijo Fresnedo levantándose del diván y esperezándose.--Ahora
+nos iremos al establo y cogerás al carnero por los cuernos. ¿Quieres,
+Chucho?
+
+Chucho quiso descoyuntarse la cabeza haciendo señales de afirmación que
+corroboraba vivamente con su media lengua. Pero echando al mismo tiempo
+una mirada tímida a su Tata, y viéndola todavía seria y avergonzada, le
+dijo con encantadora sonrisa:
+
+--No te enfades, boba; tú vienes también con nosotros.
+
+Fresnedo se vistió su americana de dril, se cubrió con un sombrero de
+paja, y tomando de la mano a su niño, bajó al jardín, y de allí se
+trasladaron al establo. Al abrir la puerta, Chucho, que iba muy
+decidido, se detuvo y esperó a que su padre penetrase. Estaba obscuro.
+Del fondo de la cuadra salía el vaho tibio y húmedo que despide siempre
+el ganado. Las vacas mugieron débilmente, lo cual puso en gran
+sobresalto a Jesús, que se negó rotundamente a entrar, bajo el pretexto
+especioso de que se iba a manchar los zapatos. Su padre le tomó entonces
+en brazos y pasó y quiso acercarle a las vacas y que les pusiese la mano
+en el testuz. Chucho, que no las llevaba todas consigo, confesó que a
+las vacas les tenía un «potito de miedo». A los carneros ya era otra
+cosa. A éstos declaraba que no les temía poco ni mucho; que jamás había
+sentido por ellos más que amor y veneración.
+
+--Bueno, vamos a ver los carneros--dijo Fresnedo sonriendo.
+
+Y se trasladaron al departamento de las ovejas. Allí pretendió dejarlo
+en el suelo; mas en cuanto puso los piececitos en él, Jesús manifestó
+que estaba cansadísimo, y hubo que auparlo de nuevo. Acercóle su padre a
+un carnero y le invitó a que le tomase por un cuerno. Era cosa grave y
+digna de meditarse. Chucho lo pensó con detenimiento. Avanzó un poco la
+mano, la retiró otra vez, volvió a avanzarla, volvió a retirarla. Por
+último, se decidió a manifestar a su papá que a los carneros les tenía
+«un potito miedo». Pero, en cambio, dijo que a las gallinas las trataba
+con la mayor confianza; que en su vida le habían inspirado el más mínimo
+recelo; que se sentía con fuerzas para cogerlas del rabo, de las patas y
+hasta del pico, porque eran unos animales cobardes y despreciables, al
+menos en su concepto. Fresnedo no tuvo inconveniente en llevarle al
+gallinero, que estaba en la parte trasera de la casa, fabricado con una
+valla de tela metálica. Allí Chucho, con una bravura de que hay pocos
+ejemplos en la historia, se dirigió al gallo mayor, enorme animal de
+casta española, soberbio de posturas y ardiente de ojo. Trató de cogerle
+por el rabo, como había formalmente prometido, pero el grave sultán del
+gallinero chilló de tal horrísona manera, extendiendo las alas y dando
+feroces sacudidas, que el frío de la muerte penetró en el corazón de
+Chucho. Apresuróse a soltarlo y se agarró aterrado al cuello de su
+padre.
+
+--Pero, hombre, ¿no decías que no tenías miedo a las gallinas?--exclamó
+éste riendo.
+
+--Tú, tú...; cógelo tú, papá.
+
+--Yo tengo miedo.
+
+--No, tú no tienes miedo.
+
+--Y tú, ¿lo tienes?
+
+Calló avergonzado; pero al fin confesó que a las gallinas también les
+tenía «un potito de miedo».
+
+Desde allí llevóle otra vez Fresnedo al establo, y después de varios
+sustos y vacilaciones logró que pusiera su manecita en el hocico de un
+becerro. Mas ocurriéndole al animal sacar la lengua y pasársela por la
+mano, la aspereza de ella le produjo tal impresión, que no quiso ya
+arrimarse a ningún otro individuo de la raza vacuna. Subióle después al
+pajar. ¡Qué placer para Chucho! ¡Hundirse en la crujiente hierba,
+agarrarla y esparcirla en pequeños puñados; dejarse caer hacia atrás con
+los brazos abiertos! Pero aún era mayor el gozo de su padre
+contemplándole. Jugaron a sepultarse vivos. Fresnedo se dejaba enterrar
+por su hijo, que iba amontonando hierba sobre él con vigor y crueldad
+que nadie esperara de él. Mas a lo mejor de la operación, su papá daba
+una violenta sacudida y echaba a volar toda la hierba. Y con esto el
+chico soltaba nuevas carcajadas, como si aquello fuese el caso más
+chistoso de la tierra. Sudaba una gota por todos los poros de su tierno
+cuerpecito, tenía los cabellos pegados a la frente y el rostro
+encendido. Cuando su papá trató de tomar la revancha y sepultarle a él,
+no pudo resistirlo. Así que se halló con hierba sobre los ojos, dióse a
+gritar y concluyó por llorar con verdadero sentimiento, cayéndole por
+las mejillas unas lágrimas que su padre se apresuró a beber con besos
+apasionados.
+
+Sí; en aquel momento a Fresnedo le atacó uno de esos accesos de ternura
+que solían ser en él frecuentes. Jesús era su familia, todo su amor, la
+única ilusión de su vida. Si entrásemos por los últimos pliegues de su
+corazón, es posible que no halláramos ya un átomo de cariño hacia su
+mujer. El carácter altanero, impertinente y desabrido de ésta había
+matado el fuego de la pasión que sintió por ella al casarse. Pero aquel
+tierno pimpollo, aquel botón de rosa, aquel pastelito dulce amasado por
+los ángeles lo llenaba todo, ocupaba enteramente su vida, era el fondo
+de sus pensamientos, el consuelo de sus pesares. Abrazábalo con arrebato
+y cubría sus frescas mejillas con besos prolongados apretadísimos,
+murmurando después a su oído palabras fogosas de enamorado.
+
+--¿Quién te quiere más que nadie en el mundo, hermoso mío? ¿No es tu
+papá? Di, lucero. Y tú, ¿a quién quieres más? Sí, vida mía, sí; te
+quiero tanto, que daría por ti la vida con gusto. Por ti, nada más que
+por ti, quisiera ser algo de provecho en el mundo. Por ti, sólo por ti,
+trabajo y trabajaré hasta morir! ¡Nunca te podré pagar lo feliz que me
+haces, criatura!
+
+El niño no comprendía, pero adivinaba aquella pasión y la correspondía,
+finamente. Sus grandes ojos negros, expresivos, se posaban en su padre,
+esforzándose por penetrar en aquel mundo de amor y descifrar el sentido
+de palabras tan fervorosas. Después de un momento de silencio en que
+pareció que meditaba, tomó con sus manecitas como claveles la cara de su
+padre, y acercando la boca a su oído, le dijo con voz tenue como un
+soplo:
+
+--Papá, voy a decirte una cosa... Te quiero más que a mamá... No se lo
+digas, ¿eh?
+
+Al buen Fresnedo se le humedecían los ojos con estas cosas.
+
+Bajaron del pajar, salieron del establo, y después de consultado el
+reloj, el comerciante resolvió irse a bañar, como todos los días, al
+río.
+
+--Chucho, ¿vienes conmigo al baño?
+
+¡Cielo santo, qué felicidad!
+
+Chucho quiso volverse loco de alegría. Generalmente el baño de su padre
+le causaba algunas lágrimas porque no podía llevarle consigo a causa de
+la niñera. Fresnedo se bañaba en un sitio retirado, pero en cueros
+vivos. Esta vez se decidió a llevar a su hijo y dejar a Dolores en casa.
+El niño comenzó a pedir a grandes gritos el sombrero. No quería subir
+por él a casa, temiendo que su padre se le escapase como otras veces. La
+Tata, riendo, se lo tiró del balcón, y lo mismo la sábana del papá y la
+sombrilla.
+
+El río estaba a un kilómetro de la casa. Era necesario caminar por unas
+callejas bordadas de toscas paredillas recamadas de zarzamora y
+madreselva. El sol empezaba a declinar, y el valle, el hermoso valle de
+Campizos, rodeado de suaves colinas pobladas de castañares, y en segundo
+término de un cinturón de elevadísimas montañas, cuyas crestas nadaban
+en un vapor violáceo, dormía la siesta silencioso, ostentando su manto
+de verdura incomparable. Había todos los matices del verde en este
+manto, desde el claro amarillento de la hierba tierna, hasta el obscuro
+y profundo de los robles y negrillos.
+
+Caminaban padre e hijo por las angostas calles preservándose del sol con
+la sombrilla del primero. Pero Chucho se escapaba muchas veces y
+Fresnedo le dejaba libre, convencido de que era bueno acostumbrarlo a
+todo. Gozaba al verle correr delante, con su mandilito de dril y su gran
+sombrero de paja con cintas azules. Chucho andaba cuatro veces el
+camino, como los perros. Paraba a cada instante para coger las
+florecitas que estaban al alcance de su mano, y las que no, obligaba
+despóticamente a su padre a cogerlas y además a cortar algunas ramas de
+los árboles, con las cuales iba barriendo el camino. Por cierto que en
+medio de él tuvo un encuentro desdichado y temeroso. Al doblar un recodo
+tropezóse nuestro niño con un cerdo, un gran cerdo negro y redondo,
+caminando en la misma dirección. Chucho tuvo la temeridad de acercarse a
+él y cogerle por el rabo. Este aditamento de los animales ejercía una
+influencia magnética sobre sus diminutas manos regordetas. El cerdo que
+estaba, al parecer, de mal humor y nervioso, al sentirse asido lanzó un
+terrible bufido, y dando la vuelta para escapar, embistió con el niño y
+lo volcó. ¡Cristo Padre, qué grito! Allá acudió Fresnedo corriendo, y lo
+levantó y le limpió las lágrimas y el polvo, haciéndole presente al
+mismo tiempo que tomaría venganza de aquel cerdo bárbaro y descortés así
+que llegaran a casa. Con lo cual se aplacó Chucho, no sin manifestar
+antes que el cerdo era muy feo y que a él le gustaban más los perros,
+porque eran buenos y le conocían, y cuando estaban de humor le lamían la
+cara.
+
+Hubo que pasar por algunas saltaderas. Fresnedo tomaba a su hijo en
+brazos y le ponía de la parte de allá con gran cuidado. Dejaron el
+camino real y empezaron a caminar por los prados, donde Jesús se empeñó
+en coger un grillo. Su padre le mandó orinar en el agujero para que
+saliese. Así lo hizo, y como el grillo no quería asomar, se irritó
+contra sí mismo porque no podía orinar más y lloró desconsoladamente.
+Aunque con gran sentimiento, renunció a aquella caza difícil y se dedicó
+a las _anitas de Dios_, y se entretuvo un rato, demasiado largo, en
+opinión de su papá, a ponerlas en la palma de la mano, cantándoles:
+_Anita, anita de Dios, abra las alas y vete con Dios_, precioso conjuro
+que la había enseñado su Tata, persona muy instruída en este linaje de
+conocimientos.
+
+Por fin llegaron al río. Corría sereno y límpido por entre praderas,
+orlado de avellanos que salen de la tierra como grandes ramilletes.
+Formaba en aquel paraje un remanso que llamaban en la aldea el _Pozo de
+Tresagua_. Era el pozo bastante hondo, el sitio retirado y deleitoso.
+Ningún otro había en los contornos de Campizos más a propósito para
+bañarse. Llegaba el césped hasta la misma orilla, y sobre aquella verde
+alfombra era grato sentarse y cómodamente se podía cualquiera desnudar
+sin peligro de ser visto. Los avellanos, macizos de verdura, no dejaban
+pasar los rayos del sol, que aún lucía vivo y ardiente. Allí gozaba
+Fresnedo del baño más que el sultán de Turquía, acumulando salud y
+felicidad para todo el año. En aquel mismo sitio se había bañado de niño
+con otra porción de compañeros que hoy eran labradores. ¡Qué placer
+sentía recordando los pormenores de su vida infantil, cuando era un
+zagalillo a quien su padres recomendaban el cuidado del ganado en el
+monte o les ayudaba en todas las faenas de la agricultura! Cuando los
+recuerdos de la infancia van unidos a una vida libre en el seno de la
+Naturaleza, por pobre que se haya sido, siempre aparecen alegres,
+deliciosos.
+
+Descansaron algunos minutos padre e hijo sobre el césped «reposando el
+calor», y al fin se decidió aquel a ir despojándose poco a poco de la
+ropa. Mientras lo hacía, tarareaba una canción de zarzuela de las que
+llegaban a sus oídos de Madrid. La alegría le rebosaba del alma. Su hijo
+le miraba atentamente con sus grandes ojos negros. De vez en cuando
+Fresnedo levantaba los suyos hacia él, y le decía sonriendo:
+
+--¿Qué hay, Chucho? ¿Te quieres bañar conmigo?
+
+Chucho se contentaba con reir, como diciendo:
+
+¡Qué bromista es este papá! ¡Como si no supiese que armo un escándalo
+cada vez que intentan meterme en el agua!
+
+Fresnedo se bañaba enteramente desnudo. Le incomodaba mucho cualquier
+traje de baño. En aquel sitio tenía la seguridad de no ser visto. Cuando
+se quedó en cueros vivos, el asombro y la curiosidad retratados en la
+cara de su «Chipilín», le causaron cierta vergüenza y se cubrió con la
+sábana. Pero Chucho no estaba conforme y empezó a gorjear, mientras
+tiraba de la sábana con sus manecitas, «que su papá tenía pelo en el
+cuerpo y que él no lo tenía, y que la Tata tampoco lo tenía...»
+
+--Vamos, Chucho, cállate--le dijo el papá con semblante grave--. No se
+habla de eso. Los niños no hablan de eso.
+
+--¿Y por qué no hablan los niños de eso? Fresnedo no contestó.
+
+--¿Por qué no hablan los niños de eso, papá?--repitió el chico.
+
+El comerciante quiso distraerle hablándole de otras cosas, pero Chucho
+no acudió al engaño.
+
+--¿Por qué no hablan los niños de eso, papá?--insistió lleno de
+curiosidad.
+
+--Porque no está bien--respondió.
+
+--¿Y por qué no está bien?
+
+--¡Vaya, vaya, déjame en paz!--exclamó entre impaciente y risueño.
+
+Embozado en la sábana como en un jaique moruno avanzó hacia el agua.
+
+--Mira, Chucho--dijo volviéndose--, no te muevas de ahí. Sentadito hasta
+que yo salga, ¿verdad?... Mira, vas a ver cómo me tiro de cabeza al
+agua. Mira bien. A la una..., a las dos... Mira bien, Chucho... ¡A las
+tres!
+
+Fresnedo, que había dejado caer la sábana al dar las voces y se había
+colocado sobre un pequeño cantil, lanzóse, en efecto de cabeza al pozo
+con el placer que lo hacen los hombres llenos de vida. Al hundirse, su
+cuerpo robusto agitó violentamente el agua, produjo en ella una
+verdadera tempestad, cuyas gotas salpicaron al mismo Jesús. Este sufrió
+un estremecimiento y quedó atónito, maravillado, al ver prontamente
+salir a su padre y nadar haciendo volteretas y cabriolas en el agua.
+
+--¡Mira, Chucho! ¡Mira!
+
+Y se puso con el vientre arriba, dejándose flotar sin movimiento alguno.
+
+--Mira, mira ahora.
+
+Y nadaba hacia atrás con los pies solamente.
+
+--Verás ahora: voy a nadar como los perros.
+
+Nadaba, en efecto, chapoteando el agua con las palmas de las manos.
+
+¡Con qué gozo recordaba el rico comerciante aquellas habilidades
+aprendidas en la niñez!
+
+Chucho estaba arrobado en éxtasis delicioso contemplándole. No perdía
+uno solo de sus movimientos.
+
+--¡Chucho! ¡Chuchín! ¡Bien mío! ¿Quién te quiere?--gritaba Fresnedo
+embriagado por la felicidad que las caricias del agua y los ojos
+inocentes de su hijo le producían.
+
+El niño guardaba silencio completamente absorto y atento a los juegos
+natatorios de su padre.
+
+--Vamos, di, Chipilín, ¿quién te quiere?
+
+--Papá--respondió grave con su voz levemente ronca, sin dejar de
+contemplarle atentamente.
+
+Una de las habilidades en que Fresnedo había sobresalido de niño y que
+mucho le enorgullecía, era la de pescar truchas a mano. Siempre que
+venía a Campizos se ejercitaba en esta pesca. Era verdaderamente notable
+su destreza para reconocer y batir los agujeros de las rocas, bloquear
+la trucha y agarrarla por las agallas al fin. Los pescadores del país
+confesaban que se las podía haber con cualquiera de ellos, y se contaba
+que de niño había salido del agua con tres truchas, una en cada mano y
+otra en la boca, aunque Fresnedo no quería confirmarlo. Pues bien; en
+este momento le acometió el deseo de proporcionar un placer a su hijo y
+dárselo a sí mismo.
+
+--Verás, Chipilín, voy a sacarte una trucha... ¿Quieres?
+
+¡Ya lo creo que quería!
+
+¡Pues si cabalmente Chucho sentía mayor inclinación, si cabe, a los
+animales acuáticos que a los terrestres!
+
+Fresnedo hizo una larga aspiración y se sumergió, dejando a su hijo
+maravillado; registró los huecos de algunas piedras del fondo, y sólo
+pudo tocar con los dedos la cola de una trucha sin lograr agarrarla.
+Como le faltase el aliento, subió a respirar.
+
+--Chucho, no he podido cogerla; pero ya caerá.
+
+--¿Por qué caerá, papá?--preguntó el niño que no dejaba escapar un
+modismo sin hacer que se lo explicasen.
+
+--Quiero decir que ya la cogeré.
+
+Otra vez aspiró el aire con fuerza y se lanzó al fondo. Al cabo de unos
+momentos salió a la superficie con una trucha en la mano, que arrojó a
+la orilla. Chucho dió un grito de susto y alegría al ver a sus pies al
+animalito brincando y retorciéndose con furia. Quería agarrarlo cuando
+paraba un instante; pero al acercar su manecita la trucha daba un salto,
+y el chico, estremecido, la retiraba vivamente; intentaba nuevamente
+asirla lanzando chillidos alegres, y otro salto le asustaba y le ponía
+súbito grave. Estaba nervioso; gritaba, reía, hablaba, lloraba a un
+tiempo mismo, mientras su padre, embelesado, nadaba suavemente
+contemplándole.
+
+--¡Anda, valiente! ¡Agárrala, que no te hace nada!... ¡Por la cola,
+tonto!... ¿Quieres que te pesque otra más grande?
+
+--Sí, más gande, papá. Esta no me gusta--respondió el chiquito
+renunciando ya bravamente a agarrar una trucha tan pequeña.
+
+El buen comerciante se preparó para otro chapuz; dejóse ir al fondo y
+con prisa comenzó a registrar los agujeros de una roca grande que antes
+había visto. La muerte feroz y traidora aguardaba dentro. Metió el brazo
+en uno de ellos harto angosto, y cuando intentó sacarlo no pudo. La
+sangre se le agolpó toda al corazón. Perdió la serenidad para buscar la
+postura en que había entrado. Forcejeó en vano algunos momentos. Abrió
+la boca al fin, falto de aliento, y en pocos segundos quedó asfixiado el
+infeliz.
+
+Chucho esperó en vano su salida. Miró con gran curiosidad por algunos
+minutos el agua, hasta que, cansado de esperar, dijo con inocente
+naturalidad:
+
+--¡Papá, sal!
+
+El padre no obedeció. Esperó unos instantes, y volvió a gritar con más
+energía:
+
+--¡Papá, sal!
+
+Y cada vez más impaciente, repitió este grito, concluyendo por llorar.
+Largo rato estuvo diciendo lo mismo con desesperación:
+
+--¡Sal, papá, sal!
+
+Sus rosadas mejillas estaban bañadas de lágrimas; sus ojos grandes,
+hermosos, inocentes, se fijaban ansiosos en el pozo donde a cada
+instante se figuraba ver salir a su padre.
+
+Un salto de la trucha que tenía cerca, viva aún, le distrajo. Acercó su
+manecita a ella y la tocó con un dedo. La trucha se movió levemente.
+Volvió a tocarla y se movió menos aún. Entonces, alentado por el
+abatimiento del animal, se atrevió a posar la palma de la mano sobre él.
+La trucha no rebulló. Chucho principió a gorjear por lo bajo que él no
+tenía miedo a las truchas y que si estuviera allí su hermana Carmita
+indudablemente no osaría poner la mano sobre una bestia tan feroz como
+aquélla. Tanto se fué envalentonando, que concluyó por agarrarla por la
+cola y suspenderla. Aquel acto de heroísmo despertó en él mucha alegría.
+Fluyeron de su garganta algunas sonoras carcajadas. Pero una violenta
+sacudida de la trucha le obligó a soltarla aterrado. Miró a su
+alrededor, y no viendo a nadie, se fijó otra vez en el pozo y tornó a
+gritar, llorando:
+
+--¡Sal, papá! ¡Sal, papá!... ¡No quero trucha, papá! ¡Sal!
+
+El sol declinaba. Aquel retirado paraje, situado en la falda misma de la
+colina, se iba poblando de sombras. Allá, en el horizonte, el sol se
+ocultaba detrás de las altas y lejanas montañas de color violeta.
+
+--Teno miedo, papá... ¡Sal, papaíto!--gritaba la tierna criatura
+bebiendo lágrimas.
+
+Ninguna voz respondía a la suya. Escuchábanse tan sólo las esquilas del
+ganado o algún mujido lejano. El río seguía murmurando suavemente su
+eterna queja.
+
+Rendido, ronco de tanto gritar, Chucho se dejó caer sobre el césped y se
+durmió. Pero su sueño fué intranquilo. Era una criatura excesivamente
+nerviosa, y la agitación con que se había dormido le hizo despertar al
+poco rato. Había cerrado la noche. Al principio no se dió cuenta de
+dónde estaba, y dijo como otras veces en su camita:
+
+--Tata, quero agua.
+
+Pero viendo que la Tata no acudía, se incorporó sobre el césped, miró
+alrededor, y su pequeño corazón se encogió de terror observando la
+obscuridad que reinaba.
+
+--¡Tata, Tata!--gritó repetidas veces...
+
+La luz de la luna rielaba en el agua. Atraídos sus ojos hacia ella,
+Chucho se acordó de pronto que su papá estaba con él y se había metido
+en el río a sacarle una trucha. Y entre sollozos que le rompían el pecho
+y lágrimas que le cegaban, volvió a gritar:
+
+--¡Sal, papá; sal, mi papá!... ¡Teno miedo!
+
+La voz del niño resonaba tristemente en la obscura campiña silenciosa.
+¡Ah! Si el buen Fresnedo pudiera escucharle allá en el fondo del pozo,
+hubiera mordido la roca que le tenía sujeto, se hubiera arrancado el
+brazo para acudir a su llamamiento.
+
+No pudiendo ya gritar más porque le faltaba la voz y el aliento,
+destrozado por el cansancio, cayó otra vez dormido, y así le hallaron
+los que habían salido en su busca.
+
+
+
+
+El Rey Burgués.
+
+(RUBÉN DARÍO)
+
+
+
+
+EL REY BURGUES
+
+
+¡Amigo!, el cielo está opaco; el aire, frío; el día, triste. Un cuento
+alegre..., así como para distraer las brumosas y grises melancolías,
+helo aquí.
+
+ * * * * *
+
+Había en una ciudad inmensa y brillante un rey muy poderoso, que tenía
+trajes caprichosos y ricos, esclavas desnudas, blancas y negras;
+caballos de largas crines, armas flamantísimas, galgos rápidos y
+monteros con cuernos de bronce, que llenaban el viento con sus
+fanfarrias. ¿Era un rey poeta? No, amigo mío: era el Rey Burgués.
+
+ * * * * *
+
+Era muy aficionado a las artes el soberano y favorecía con gran largueza
+a sus músicos, a sus hacedores de ditirambos, pintores, escultores,
+boticarios, barberos y maestros de esgrima.
+
+Cuando iba a la floresta, junto al corzo o jabalí herido y sangriento,
+hacía improvisar a sus profesores de retórica canciones alusivas; los
+criados llenaban las copas del vino de oro que hierve, y las mujeres
+batían palmas con movimientos rítmicos y gallardos. Era un rey sol, en
+su Babilonia llena de músicas, de carcajadas y de ruido de festín.
+Cuando se hastiaba de la ciudad bullente, iba de caza, atronando el
+bosque con sus tropeles; y hacía salir de sus nidos a las aves
+asustadas, y el vocerío repercutía en lo más escondido de las cavernas.
+Los perros, de patas elásticas, iban rompiendo la maleza en la carrera,
+y los cazadores, inclinados sobre el pescuezo de los caballos, hacían
+ondear los mantos purpúreos, y llevaban las caras encendidas y las
+cabelleras al viento.
+
+ * * * * *
+
+El rey tenía un palacio soberbio, donde había acumulado riquezas y
+objetos de arte maravilloso. Llegaba a él por entre grupos de lilas y
+extensos estanques, siendo saludado por los cisnes de cuellos blancos
+antes que por los lacayos estirados. Buen gusto. Subía por una escalera
+llena de columnas de alabastro y de esmaragdina, que tenía a los lados
+leones de mármol, como los de los troncos salomónicos. Refinamiento. A
+más de los cisnes tenía una vasta pajarera, como amante de la armonía,
+del arrullo, del trino; y cerca de ella iba a ensanchar su espíritu
+leyendo novelas de M. Ohnet, o bellos libros sobre cuestiones
+gramaticales, o críticas hermosillescas. Eso sí, defensor acérrimo de la
+corrección académica en letras, y del modo lamido en artes; alma sublime
+amante de la lija y de la ortografía.
+
+ * * * * *
+
+¡Japonerías! ¡Chinerías!, por lujo, y nada más.
+
+Bien podía darse el placer de un salón digno del gusto de un Goncourt y
+de los millones de un Creso: quimeras de bronce con las fauces abiertas
+y las colas enroscadas, en grupos fantásticos y maravillosos; lacas de
+Kioto con incrustaciones de hojas y ramas de una flora monstruosa, y
+animales de una fauna desconocida; mariposas de raros abanicos junto a
+las paredes; peces y gallos de colores; máscaras de gestos infernales y
+con ojos como si fuesen vivos; partesanas de hojas antiquísimas y
+empuñaduras con dragones devorando flores de loto; y en conchas de
+huevo, túnicas de seda amarilla, como tejidas con hilos de araña,
+sembradas de garzas rojas y de verdes matas de arroz; y tibores,
+porcelanas de muchos siglos, de aquellas en que hay guerreros tártaros
+con una piel que les cubre hasta los riñones, y que llevan arcos
+estirados y manojos de flechas.
+
+Por lo demás, había el salón griego, lleno de mármoles: diosas, musas,
+ninfas y sátiros; el salón de los tiempos galantes con cuadros del gran
+Watteau y de Chardin; dos, tres, cuatro, ¡cuántos salones!
+
+Y Mecenas se paseaba por todos, con la cara inundada de cierta majestad,
+el vientre feliz y la corona en la cabeza, como un rey de naipe.
+
+ * * * * *
+
+Un día le llevaron una rara especie de hombre ante su trono, donde se
+hallaba rodeado de cortesanos, de retóricos y de maestros de equitación
+y de baile.
+
+--¿Qué es eso?--preguntó.
+
+--Señor, es un poeta.
+
+El rey tenía cisnes en el estanque, canarios, gorriones, senzontes en la
+pajarera: un poeta era algo nuevo y extraño.
+
+--Dejadle aquí.
+
+Y el poeta:
+
+--Señor, no he comido.
+
+Y el rey:
+
+--Habla, y comerás.
+
+Comenzó:
+
+ * * * * *
+
+--Señor, ha tiempo que yo canto el verbo del porvenir. He tendido mis
+alas al huracán, he nacido en el tiempo de la aurora: busco la raza
+escogida que debe esperar, con el himno en la boca y la lira en la mano,
+la salida del gran sol. He abandonado la inspiración de la ciudad
+malsana, la alcoba llena de perfumes, la musa de carne que llena el alma
+de pequeñez y el rostro de polvos de arroz. He roto el arpa adulona de
+las cuerdas débiles contra las copas de Bohemia y las jarras donde
+espumea el vino que embriaga sin dar fortaleza; he arrojado el manto que
+me hacía parecer histrión, o mujer, y he vestido de modo salvaje y
+espléndido: mi harapo es de púrpura. He ido a la selva, donde he quedado
+vigoroso y ahito de leche fecunda y licor de nueva vida; y en la ribera
+del mar áspero, sacudiendo la cabeza bajo la fuerte y negra tempestad,
+como un ángel soberbio, o como un semidiós olímpico, he ensayado el
+yambo dando al olvido el madrigal.
+
+He acariciado a la gran Naturaleza, y he buscado el calor del ideal, el
+verso que está en el astro en el fondo del cielo, y el que está en la
+perla en lo profundo del Océano. ¡He querido ser pujante! Porque viene
+el tiempo de las grandes revoluciones, con un Mesías todo luz, todo
+agitación y potencia, y es preciso recibir su espíritu con el poema que
+sea arco triunfal, de estrofas de acero, de estrofas de oro, de estrofas
+de amor.
+
+¡Señor!, el arte no está en los fríos envoltorios de mármol, ni en los
+cuadros lamidos, ni en el excelente señor Ohnet! ¡Señor!, el arte no
+viste pantalones, ni habla en burgués, ni pone los puntos en todas las
+íes. El es augusto, tiene mantos de oro, o de llamas, o anda desnudo, y
+amasa la greda con fiebre, y pinta con luz, y es opulento, y da golpes
+de ala como las águilas, o _zarpazos_ como los leones. Señor, entre un
+Apolo y un ganso, preferid al Apolo, aunque el uno sea de tierra cocida
+y el otro de marfil.
+
+¡Oh, la poesía!
+
+¡Y bien! Los ritmos se prostituyen, se cantan los lunares de las mujeres
+y se fabrican jarabes poéticos. Además, señor, el zapatero critica mis
+endecasílabos, y el señor profesor de farmacia pone puntos y comas a mi
+inspiración. Señor, ¡y vos lo autorizáis todo esto!... El ideal, el
+ideal...
+
+El rey interrumpió:
+
+--Ya habéis oído. ¿Qué hacer?
+
+Y un filósofo al uso:
+
+--Si lo permitís, señor, puede ganarse la comida con una caja de música;
+podemos colocarle en el jardín, cerca de los cisnes, para cuando os
+paseéis.
+
+--Sí--dijo el rey; y dirigiéndose al poeta:--Daréis vueltas a un
+manubrio. Cerraréis la boca. Haréis sonar una caja de música que toca
+valses, cuadrillas y galopas, como no prefiráis moriros de hambre. Pieza
+de música por pedazo de pan. Nada de jerigonzas ni de ideales. Id.
+
+Y desde aquel día pudo verse a la orilla del estanque de los cisnes al
+poeta hambriento, que daba vueltas al manubrio: tiririrín, tiririrín...,
+¡avergonzado a las miradas del gran sol! ¿Pasaba el rey por las
+cercanías? ¡Tiririrín, tiririrín...! ¿Había que llenar el estómago?
+¡Tiririrín! Todo entre las burlas de los pájaros libres que llegaban a
+beber rocío en las lilas floridas, entre el zumbido de las abejas que le
+picaban el rostro y le llenaban los ojos de lágrimas..., ¡lágrimas
+amargas que rodaban por sus mejillas y que caían a la tierra negra!
+
+Y llegó el invierno, y el pobre sintió frío en el cuerpo y en el alma. Y
+su cerebro estaba como petrificado, y los grandes himnos estaban en el
+olvido, y el poeta de la montaña coronada de águilas no era sino un
+pobre diablo que daba vueltas al manubrio: ¡tiririrín!
+
+Y cuando cayó la nieve se olvidaron de él el rey y sus vasallos; a los
+pájaros se les abrigó, y a él se le dejó al aire glacial, que le mordía
+las carnes y le azotaba el rostro.
+
+Y una noche en que caía de lo alto la lluvia blanca de plumillas
+cristalizadas, en el palacio había festín, y la luz de las arañas reía
+alegre sobre los mármoles, sobre el oro y sobre las túnicas de los
+mandarines de las viejas porcelanas. Y se aplaudían hasta la locura los
+brindis del señor profesor de retórica, cuajados de dáctilos, de
+anapestos y de pirriquios, mientras en las copas cristalinas hervía el
+Champaña con su burbujeo luminoso y fugaz. ¡Noche de invierno, noche de
+fiesta! Y el infeliz, cubierto de nieve, cerca del estanque, daba
+vueltas al manubrio para calentarse, tembloroso y aterido, insultado por
+el cierzo, bajo la blancura implacable y helada, en la noche sombría,
+haciendo resonar entre los árboles sin hojas la música loca de las
+galopas y cuadrillas; y se quedó muerto, pensando en que nacería el sol
+del día venidero, y con él el ideal..., y en que el arte no vestiría
+pantalones, sino manto de llamas de oro... Hasta que al día siguiente lo
+hallaron el rey y sus cortesanos, al pobre diablo de poeta, como
+gorrión que mata el hielo, con una sonrisa amarga en los labios, y
+todavía con la mano en el manubrio.
+
+ * * * * *
+
+¡Oh, mi amigo!, el cielo está opaco; el aire frío; el día, triste.
+Flotan brumosas y grises melancolías...
+
+Pero, ¡cuánto calienta el alma una frase, un apretón de manos a tiempo!
+Hasta la vista!
+
+
+
+
+Elizabide el Vagabundo.
+
+(BAROJA)
+
+
+
+
+ELIZABIDE EL VAGABUNDO
+
+
+ ¿Cer zala usté cenuben
+ enamoratzia?
+ Sillau is hira eta
+ guitarra jotzia.
+
+ (CANTO POPULAR)
+
+Muchas veces, mientras trabajaba en aquel abandonado jardín, Elizabide
+el Vagabundo se decía al ver pasar a Maintoni, que volvía de la iglesia:
+
+--¿Qué pensará?--¿Vivirá satisfecha? ¡La vida de Maintoni le parecía tan
+extraña! Porque era natural que quien como él había andado siempre a la
+buena de Dios rodando por el mundo, encontrara la calma y el silencio de
+la aldea deliciosos; pero ella, que no había salido nunca de aquel
+rincón, ¿no sentiría deseos de asistir a teatros, a fiestas, a
+diversiones, de vivir otra vida más espléndida, más intensa? Y como
+Elizabide el Vagabundo no se daba respuesta a su pregunta, seguía
+removiendo la tierra con su azadón filosóficamente.
+
+--Es una mujer fuerte--pensaba después;--su alma es tan serena, tan
+clara, que llega a preocupar. Una preocupación científica, sólo
+científica, eso claro. Y Elizabide el Vagabundo, satisfecho de la
+seguridad que se concedía a sí mismo de que íntimamente no tomaba parte
+en aquella preocupación, seguía trabajando en el jardín abandonado de su
+casa.
+
+Era un tipo curioso el de Elizabide el Vagabundo. Reunía todas las
+cualidades y defectos del vascongado de la costa: era audaz, irónico,
+perezoso, burlón. La ligereza y el olvido constituían la base de su
+temperamento: no daba importancia a nada, se olvidaba de todo. Había
+gastado casi entero su escaso capital en sus correrías por América, de
+periodista en un pueblo, de negociante en otro, aquí vendiendo ganado,
+allá comerciando en vinos. Estuvo muchas veces a punto de hacer fortuna,
+lo que no consiguió por indiferencia. Era de esos hombres que se dejan
+llevar por los acontecimientos sin protestar nunca. Su vida, él la
+comparaba con la marcha de uno de esos troncos que van por el río, que
+si nadie los recoge se pierden al fin en el mar.
+
+Su inercia y su pereza eran más de pensamiento que de manos; su alma
+huía de él muchas veces: le bastaba mirar al agua corriente, contemplar
+una nube o una estrella para olvidar el proyecto más importante de su
+vida, y cuando no lo olvidaba por esto, lo abandonaba por cualquier
+otra cosa, sin saber por qué muchas veces.
+
+Ultimamente se había encontrado en una estancia del Uruguay, y como
+Elizabide era agradable en su trato y no muy desagradable en su aspecto,
+aunque tenía ya sus treinta y ocho años, el dueño de la estancia le
+ofreció la mano de su hija, una muchacha bastante fea que estaba en
+amores con un mulato. Elizabide, a quien no le parecía mal la vida
+salvaje de la estancia, aceptó, y ya estaba para casarse cuando sintió
+la nostalgia de su pueblo, del olor a heno de sus montes, del paisaje
+brumoso de la tierra vascongada. Como en sus planes no entraban las
+explicaciones bruscas, una mañana, al amanecer, advirtió a los padres de
+su futura que iba a ir a Montevideo a comprar el regalo de boda; montó a
+caballo, luego en el tren; llegó a la capital, se embarcó en un
+transatlántico, y después de saludar cariñosamente la tierra
+hospitalaria de América, se volvió a España.
+
+Llegó a su pueblo, un pueblecillo de la provincia de Guipúzcoa; abrazó a
+su hermano Ignacio, que estaba allí de boticario; fué a ver a su
+nodriza, a quien prometió no hacer ninguna escapatoria más, y se instaló
+en su casa. Cuando corrió por el pueblo la voz de que no sólo no había
+hecho dinero en América, sino que lo había perdido, todo el mundo
+recordó que antes de salir de la aldea ya tenía fama de fatuo, de
+insubstancial y de vagabundo.
+
+El no se preocupaba absolutamente nada por estas cosas; cavaba en su
+huerta, y en los ratos perdidos trabajaba en construir una canoa para
+andar por el río, cosa que a todo el pueblo indignaba.
+
+Elizabide el Vagabundo creía que su hermano Ignacio, la mujer y los
+hijos de éste le desdeñaban, y por eso no iba a visitarles más que de
+cuando en cuando; pero pronto vió que su hermano y su cuñada le
+estimaban y le hacían reproches porque no iba a verlos. Elizabide
+comenzó a acudir a casa de su hermano con más frecuencia.
+
+La casa del boticario estaba a la salida del pueblo, completamente
+aislada; por la parte que miraba al camino tenía un jardín rodeado de
+una tapia, y por encima de ella salían ramas de laurel de un verde
+obscuro que protegían algo la fachada del viento del Norte. Pasando el
+jardín estaba la botica.
+
+La casa no tenía balcones, sino sólo ventanas, y éstas abiertas en la
+pared sin simetría alguna; quizás esto era debido a que algunas de ellas
+estaban tapiadas.
+
+Al pasar en el tren o en el coche de las provincias del Norte, ¿no
+habéis visto casas solitarias que, sin saber por qué, os daban envidia?
+Parece que allá dentro se debe vivir bien, se adivina una existencia
+dulce y apacible; las ventanas con cortinas hablan de interiores casi
+monásticos, de grandes habitaciones amuebladas con arcas y cómodas de
+nogal, de inmensas camas de madera; de una existencia tranquila,
+sosegada, cuyas horas pasan lentas, medidas por el viejo reloj de alta
+caja que lanza en la noche su sonoro tic-tac.
+
+La casa del boticario era de éstas: en el jardín se veían jacintos,
+heliotropos, rosales y enormes hortensias que llegaban hasta la altura
+de los balcones del piso bajo. Por encima de la tapia del jardín caían
+como en cascada un torrente de rosas blancas, sencillas, que en
+vascuence se llaman _choruas_ (locas) por lo frívolas que son y por lo
+pronto que se marchitan y se caen.
+
+Cuando Elizabide el Vagabundo fué a casa de su hermano, ya con más
+confianza, el boticario y su mujer, seguidos de todos los chicos, le
+enseñaron la casa, limpia, clara y bien oliente; después fueron a ver la
+huerta, y aquí Elizabide el Vagabundo vió por primera vez a Maintoni,
+que, con la cabeza cubierta con un sombrero de paja, estaba recogiendo
+guisantes en la falda del delantal. Elizabide y ella se saludaron
+fríamente.
+
+--Vamos hacia el río--le dijo a su hermana la mujer del
+boticario.--Diles a las chicas que lleven el chocolate allí.
+
+Maintoni se fué hacia la casa, y los demás, por una especie de túnel
+largo formado por perales que tenían las ramas extendidas como las
+varillas de un abanico, bajaron a una plazoleta que estaba junto al río,
+entre árboles, en donde había una mesa rústica y un banco de piedra. El
+sol, al penetrar entre el follaje, iluminaba el fondo del río y se veían
+las piedras redondas del cauce y los peces que pasaban lentamente
+brillando como si fueran de plata. La tarde era de una tranquilidad
+admirable; el cielo azul, puro y tranquilo.
+
+Antes del caer de la tarde las dos muchachas de casa del boticario
+vinieron con bandejas en la mano trayendo chocolate y bizcochos. Los
+chicos se abalanzaron sobre los bizcochos como fieras. Elizabide el
+Vagabundo habló de sus viajes, contó algunas aventuras, y tuvo suspensos
+de sus labios a todos. Sólo ella, Maintoni, pareció no entusiasmarse
+gran cosa con aquellas narraciones.
+
+--Mañana vendrás, tío Pablo, ¿verdad?--le decían los chicos.
+
+--Sí, vendré.
+
+Y Elizabide el Vagabundo se marchó a su casa y pensó en Maintoni y soñó
+con ella. La veía en su imaginación tal cual era: chiquitilla, esbelta,
+con sus ojos negros, brillantes, rodeada de sus sobrinos, que le
+abrazaban y le besuqueaban.
+
+Como el mayor de los hijos del boticario estudiaba el tercer año del
+bachillerato, Elizabide se dedicó a darle lecciones de francés, y a
+estas lecciones se agregó Maintoni.
+
+Elizabide comenzaba a sentirse preocupado con la hermana de su cuñado,
+tan serena, tan inmutable; no se comprendía si su alma era un alma de
+niña sin deseos ni aspiraciones, o si era una mujer indiferente a todo
+lo que no se relacionase con las personas que vivían en su hogar. El
+vagabundo la solía mirar absorto.--¿Qué pensará?--se preguntaba. Una vez
+se sintió atrevido, y la dijo:
+
+--¿Y usted no piensa casarse, Maintoni?
+
+--¡Yo! ¡casarme!
+
+--¿Por qué no?
+
+--¿Quién va a cuidar de los chicos si me caso? Además, yo ya soy
+_nesca-zarra_ (solterona)--contestó ella riéndose.
+
+--¡A los veintisiete años solterona! Entonces yo, que tengo treinta y
+ocho, debo de estar en el último grado de la decrepitud.
+
+Maintoni a esto no dijo nada; no hizo más que sonreir.
+
+Aquella noche Elizabide se asombró al ver lo que le preocupaba
+Maintoni.
+
+--¿Qué clase de mujer es ésta?--se decía.--De orgullosa no tiene nada,
+de romántica tampoco, y sin embargo...
+
+En la orilla del río, cerca de un estrecho desfiladero, brotaba una
+fuente que tenía un estanque profundísimo; el agua parecía allí de
+cristal por lo inmóvil. Así era quizás el alma de Maintoni--se decía
+Elizabide--y sin embargo...--Sin embargo, a pesar de sus definiciones,
+la preocupación no se desvanecía; al revés, iba haciéndose mayor.
+
+Llegó el verano; en el jardín de la casa del boticario reuníanse toda la
+familia, Maintoni y Elizabide el Vagabundo. Nunca fué éste tan exacto
+como entonces, nunca tan dichoso y tan desgraciado al mismo tiempo. Al
+anochecer, cuando el cielo se llenaba de estrellas y la luz pálida de
+Júpiter brillaba en el firmamento, las conversaciones se hacían más
+íntimas, más familiares, coreadas por el canto de los sapos. Maintoni se
+mostraba más expansiva, más locuaz.
+
+A las nueve de la noche, cuando se oía el sonar de los cascabeles de la
+diligencia que pasaba por el pueblo con un gran farol sobre la capota
+del pescante, se disolvía la reunión y Elizabide se marchaba a su casa
+haciendo proyectos para el día de mañana, que giraban siempre alrededor
+de Maintoni.
+
+A veces, desalentado, se preguntaba:--¿No es imbécil haber recorrido el
+mundo para venir a caer en un pueblecillo y enamorarse de una señorita
+de aldea? ¡Y quién se atrevía a decirle nada a aquella mujer, tan
+serena, tan impasible!
+
+Fué pasando el verano, llegó la época de las fiestas, y el boticario y
+su familia se dispusieron a celebrar la romería de Arnazabal como todos
+los años.
+
+--¿Tú también vendrás con nosotros?--le preguntó el boticario a su
+hermano.
+
+--Yo no.
+
+--¿Por qué no?
+
+--No tengo ganas.
+
+--Bueno, bueno; pero te advierto que te vas a quedar solo, porque hasta
+las muchachas vendrán con nosotros.
+
+--¿Y usted también?--dijo Elizabide a Maintoni.
+
+--Sí. ¡Ya lo creo! A mí me gustan mucho las romerías.
+
+--No hagas caso, que no es por eso--replicó el boticario.--Va a ver al
+médico de Arnazabal, que es un muchacho joven que el año pasado le hizo
+el amor.
+
+--¿Y por qué no?--exclamó Maintoni sonriendo.
+
+Elizabide el Vagabundo palideció, enrojeció; pero no dijo nada.
+
+La víspera de la romería el boticario le volvió a preguntar a su
+hermano:
+
+--¿Conque vienes o no?
+
+--Bueno, iré--murmuró el vagabundo.
+
+Al día siguiente se levantaron temprano y salieron del pueblo, tomaron
+la carretera, y después, siguiendo veredas, atravesando prados cubiertos
+de altas hierbas y de purpúreas digitales, se internaron en el monte. La
+mañana estaba húmeda, templada; el campo mojado por el rocío; el cielo
+azul muy pálido, con algunas nubecillas blancas que se deshilachaban en
+estrías tenues. A las diez de la mañana llegaron a Arnazabal, un pueblo
+en un alto, con su iglesia, su juego de pelota en la plaza, y dos o tres
+calles formadas por caseríos.
+
+Entraron en el caserío, propiedad de la mujer del boticario, y pasaron a
+la cocina. Allí comenzaron los agasajos y los grandes recibimientos de
+la vieja de la casa, que abandonó su labor de echar ramas al fuego y de
+mecer la cuna de un niño; se levantó del fogón bajo, en donde estaba
+sentada, y saludó a todos, besando a Maintoni, a su hermana y a los
+chicos. Era una vieja flaca, acartonada, con un pañuelo negro en la
+cabeza; tenía la nariz larga y ganchuda, la boca sin dientes, la cara
+llena de arrugas y el pelo blanco.
+
+--¿Y vuestra merced es el que estaba en las Indias?--preguntó la vieja a
+Elizabide, encarándose con él.
+
+--Sí; yo era el que estaba allá.
+
+Como habían dado las diez, y a esta hora empezaba la Misa mayor, no
+quedaba en casa más que la vieja. Todos se dirigieron a la iglesia.
+
+Antes de comer, el boticario, ayudado de su cuñada y de los chicos,
+disparó desde una ventana del caserío una barbaridad de cohetes, y
+después bajaron todos al comedor. Había más de veinte personas en la
+mesa, entre ellas el médico del pueblo, que se sentó cerca de Maintoni,
+y tuvo para ella y para su hermano un sin fin de galanterías y de
+oficiosidades.
+
+Elizabide el Vagabundo sintió una tristeza tan grande en aquel momento,
+que pensó en dejar la aldea y volverse a América. Durante la comida,
+Maintoni le miraba mucho a Elizabide.
+
+--Es para burlarse de mí--pensaba éste.--Ha sospechado que la quiero, y
+coquetea con el otro. El golfo de Méjico tendrá que ser otra vez
+conmigo.
+
+Al terminar la comida eran más de las cuatro; había comenzado el baile.
+El médico, sin separarse de Maintoni, seguía galanteándola, y ella
+seguía mirando a Elizabide.
+
+Al anochecer, cuando la fiesta estaba en su esplendor, comenzó el
+_aurrescu_. Los muchachos, agarrados de las manos, iban dando vuelta a
+la plaza, precedidos de los tamborileros; dos de los mozos se
+destacaron, se hablaron, parecieron vacilar, y descubriéndose, con las
+boinas en la mano, invitaron a Maintoni para ser la primera, la reina
+del baile. Ella trató de disuadirles en vascuence: miró a su cuñado, que
+sonreía; a su hermana, que también sonreía, y a Elizabide, que estaba
+fúnebre.
+
+--Anda, no seas tonta--le dijo su hermana.
+
+Y comenzó el baile con todas sus ceremonias y sus saludos, recuerdos de
+una edad primitiva y heroica. Concluído el _aurrescu_, el boticario sacó
+a bailar el fandango a su mujer, y el médico joven a Maintoni.
+
+Obscureció: fueron encendiéndose hogueras en la plaza, y la gente fué
+pensando en la vuelta. Después de tomar chocolate en el caserío, la
+familia del boticario y Elizabide emprendieron el camino hacia casa.
+
+A lo lejos, entre los montes, se oían los _irrintzis_ de los que volvían
+de la romería, gritos como relinchos salvajes. En las espesuras
+brillaban los gusanos de luz como estrellas azuladas, y los sapos
+lanzaban su nota de cristal en el silencio de la noche serena.
+
+De vez en cuando, al bajar alguna cuesta, al boticario se le ocurría que
+se agarraran todos de la mano, y bajaban la cuesta cantando:
+
+_Aita San Antoniyo Urquiyolacua. Ascoren biyotzeco santo devotua_.
+
+A pesar de que Elizabide quería alejarse de Maintoni, con la cual estaba
+indignado, dió la coincidencia de que ella se encontraba junto a él. Al
+formar la cadena, ella le daba la mano, una mano pequeña, suave y tibia.
+De pronto, al boticario, que iba el primero, se le ocurría pararse y
+empujar para atrás, y entonces se daban encontronazos los unos contra
+los otros, y a veces Elizabide recibía en sus brazos a Maintoni. Ella
+reñía alegremente a su cuñado, y miraba al vagabundo, siempre fúnebre.
+
+--Y usted, ¿por qué está tan triste?--le preguntó Maintoni con voz
+maliciosa, y sus ojos negros brillaron en la noche.
+
+--¡Yo! No sé. Esta maldad de hombre que sin querer le entristecen las
+alegrías de los demás.
+
+--Pero usted no es malo--dijo Maintoni, y le miró tan profundamente con
+sus ojos negros, que Elizabide el Vagabundo, se quedó tan turbado, que
+pensó que hasta las mismas estrellas notarían su turbación.
+
+--No, no soy malo--murmuró Elizabide--; pero soy un fatuo, un hombre
+inútil, como dice todo el pueblo.
+
+--¿Y eso le preocupa a usted, lo que dice la gente que no le conoce?
+
+--Sí, temo que sea la verdad, y para un hombre que tendrá que marcharse
+otra vez a América, ese es un temor grave.
+
+--¡Marcharse! ¿Se va usted a marchar?--murmuró Maintoni con voz triste.
+
+--Sí.
+
+--¿Pero por qué?
+
+--¡Oh! A usted no se lo puedo decir.
+
+--¿Y si yo lo adivinara?
+
+--Entonces lo sentiría mucho, porque se burlaría usted de mí, que soy
+viejo...
+
+--¡Oh, no!
+
+--Que soy pobre.
+
+--No importa.
+
+--¡Oh, Maintoni! ¿De veras? ¿No me rechazaría usted?
+
+--No; al revés.
+
+--Entonces... ¿me querrás como yo te quiero?--murmuró Elizabide el
+Vagabundo en vascuence.
+
+--Siempre, siempre...--Y Maintoni inclinó su cabeza sobre el pecho de
+Elizabide y éste la besó en su cabellera castaña.
+
+--¡Maintoni! ¡Aquí!--le dijo su hermana, y ella se alejó de él; pero se
+volvió a mirarle una vez, y muchas.
+
+Y siguieron todos andando hacia el pueblo por los caminos solitarios. En
+derredor vibraba la noche llena de misterios; en el cielo palpitaban los
+astros. Elizabide el Vagabundo, con el corazón anegado de sensaciones
+inefables, sofocado de felicidad, miraba con los ojos muy abiertos una
+estrella lejana, muy lejana, y le hablaba en voz baja...
+
+
+
+
+La epopeya de una zíngara.
+
+(DICENTA)
+
+
+
+
+LA EPOPEYA DE UNA ZÍNGARA
+
+
+El sol caía a plomo sobre la ancha carretera, uno de esos caminos
+oficiales de Castilla en cuyas lindes busca inútilmente el viajero un
+árbol que le preste sombra o un arroyo donde calmar su sed. Campos
+agostados, planicies incultas, áridos y desiguales montículos, mucha luz
+en el cielo y poca alegría en la tierra: he aquí el espectáculo ofrecido
+por aquella naturaleza sedienta, amodorrada, codiciosa de aire y de
+frescura, en la que el silencio hubiera reinado en absoluto a no ser por
+alguna que otra banda de codornices, las cuales, alzándose de entre los
+rastrojos, cruzábanlos presurosamente con un rumor no interrumpido de
+gritos salvajes y de vigorosos aleteos, levantando una nube de polvo,
+que se transformaba en lluvia de oro al caer herida por los rayos del
+sol.
+
+Tarde calurosa de Agosto, que convertía en inhospitalario desierto el
+camino y los campos que lo circundaban, era aquélla; y perdida en este
+desierto, sufriendo el bochorno que abrasaba la atmósfera, asfixiándose
+con el polvo por ella misma levantado al proseguir su rumbo, veíase una
+pequeña y miserable caravana, que hubiese puesto piedad en los ojos y
+amargura en el corazón de quien la mirase atentamente; pero los hombres
+suelen mirar estas cosas sin verlas; para ellas no existen otros ojos ni
+otro amparo que los de Dios; y hasta Dios suele distraerse muchas veces.
+
+Constituían la caravana una mujer, un burro y tres niños.
+
+La mujer iba delante, descalza de pie y pierna, cubierta de andrajos y
+de polvo, moviéndose con fatigosa lentitud, entreabriendo la boca para
+respirar el aire que penetraba en sus pulmones, y sosteniendo en sus
+brazos a un niño de pocos meses, envuelto en un jirón de lienzo
+remendado y sucio; el niño estrujaba con sus manecitas el pecho de la
+madre, y tiraba de él, sujetándolo con sus labios, para extraer el jugo
+que generosamente le ofrecía. La mujer era joven, y hubiera sido también
+hermosa, a juzgar por sus ojos negros y brillantes, por sus labios
+rojos, por su dentadura blanca e igual y por la esbeltez de su cuerpo
+entero, si la miseria, al apoderarse de ella, no la hubiese deformado y
+envejecido, curtiendo su cutis, arrugándolo prematuramente,
+enflaqueciendo sus carnes y enmarañando su cabellera, que se pegaba
+entonces a una frente ennegrecida y sudorosa; la pobre criatura pudo ser
+bella; pero de su belleza no queda más rastro que el de sus pupilas,
+expresivas y negras, clavadas con profundo amor en el rostro moreno de
+su hijo.
+
+Detrás de ella marchaba el asno, sucio, flaco y ceniciento pollino, de
+vientre angosto y lomo huesudo, con las orejas gachas, el rabo caído y
+las patas llenas de esparavanes, sosteniendo por carga única dos anchos
+alforjones que caían a uno y otro lado de la albarda; dentro de ellos,
+sobre un montón de trapos y papeles, iban dos niños, que se servían
+mutuamente de contrapeso, ofreciendo a la vez doloroso contraste, pues
+mientras el más joven dormía con la cara echada hacia atrás, la sonrisa
+en la boca y la salud en las mejillas, el mayor, de edad de cinco años,
+retorciéndose sobre el inconcebible camastro, miraba a su madre con ojos
+muy abiertos, extraviados por la fiebre, y contraía sus labios a
+impulsos de internos dolores, y agonizaba de calentura bajo aquella
+atmósfera de plomo.
+
+¿Quiénes eran? ¿De dónde venían? ¿Por qué atravesaban el estéril camino
+con una criatura enferma al lado y un sol implacable en el cielo, los
+individuos de aquella caravana?
+
+¿Quiénes eran? Una familia de zíngaros huérfana de padre, que recorría
+Europa implorando la pública caridad. ¿De dónde venían? Del inmediato
+pueblo, en el que no pudo detenerse la mujer un instante siquiera para
+llenar su cántaro vacío, porque los aldeanos la habían amenazado con
+golpearla, a ella, a la miserable, a la vagabunda, a la bruja, a la
+gitana, si no partía inmediatamente de allí, sin alimento, sin agua, sin
+reposo, con su hijo enfermo, con sus pies heridos, con su pecho
+exhausto, maldita de Dios y perseguida de los hombres; y la infeliz
+mujer, amedrentada, sola, sin sostén, sin ayuda, abandonó la aldea y
+prosiguió su marcha entre el polvo y el calor, volviendo de cuando en
+cuando los ojos para contemplar a su hijo enfermo, y clavándolos
+después, con expresión amarga y rencorosa, en el distante lugarejo, del
+que sólo podía distinguirse la torre de la iglesia destacando en el
+espacio su contorno gris.
+
+ * * * * *
+
+El niño enfermo, incorporándose trabajosamente sobre la alforja que le
+servía de cama, extendió sus brazos en dirección de la joven, y dijo con
+voz débil:
+
+--¡Madre!
+
+La zíngara respondió al llamamiento, dirigiéndose precipitadamente al
+sitio que ocupaba el muchacho.
+
+--¿Qué quieres, hijo mío?--murmuró, dejando al niño de pecho junto a su
+hermano dormido, y rodeando con sus brazos la garganta del enfermo.
+
+--Agua--respondió éste.--Dame agua... tengo mucha sed...; ¡me quema
+aquí!
+
+Y señalaba con un dedo su pecho tembloroso y desnudo.
+
+--¡Agua!--gritó la madre con espanto.--¡Agua!... ¿Dónde encontrarla,
+hijo?
+
+--¡Agua!--repuso el niño.--¡Me muero de sed!...
+
+Y entreabría sus labios abrasados por la fiebre, y miraba a su madre con
+miradas tan suplicantes, tan llenas de amargura, que ésta se puso pálida
+y rompió en sollozos.
+
+Era su hijo, la carne de su carne, el que reclamaba un socorro del que
+dependía acaso su existencia; y ella, su madre, no podía prestárselo; en
+vano registró con ansia en el interior del cantaruelo; estaba vacío, no
+quedaba ni una gota de agua en su fondo; la mujer miró al cielo, en el
+cielo no había una nube; registró después el camino solitario, los
+campos de trigo, las planicies, las praderas, el horizonte entero; en
+fin, ¡nada!, no encontró nada. Aquella tierra sedienta parecía decir a
+la zíngara, mostrándole sus fauces contraídas y secas: «¿Agua para tu
+hijo?... Aquí no hay agua para nadie. ¡Que se muera de sed como yo!» Y
+la zíngara, abrazando el cuerpo del muchacho, repetía con gesto de fiera
+y ademán de loca:
+
+--¡No hay nada! ¡no puedo darte nada! ¿Dónde voy a encontrar ahora agua,
+hijo mío?...
+
+¡Pobre mujer!... Allí no brotaba más que un manantial: el de su llanto.
+
+De pronto la zíngara sonrió, con una sonrisa de esperanza; a cuatro
+pasos del grupo alzábase la caseta de un peón caminero; su puerta
+cerrada, como sus ventanas, predecía la ausencia del dueño; pero acaso
+estaría dentro alguien que pudiera atender sus súplicas, y la joven
+golpeó nerviosamente aquella puerta inmóvil. Sus afanes fueron inútiles;
+nadie vino en su auxilio tampoco.
+
+Rendida de llamar, sin saber lo que hacía, dió vuelta a los muros, y
+cuando llegaba a la espalda de la casa, vió con placer y con asombro,
+recostada contra la tapia y protegida por la sombra de ésta, una cazuela
+llena de agua. La mujer miró esto; pero no pudo mirar--a tal extremo la
+cegaban la sorpresa y el júbilo--que al mismo tiempo que ella, y movido
+por iguales deseos, se dirigía hacia el cacharro un mastín enorme, con
+el pelo erizado, la boca abierta, la baba colgando y los ojos codiciosos
+y brillantes.
+
+Al distinguir a la mujer, el perro lanzó un gruñido; la zíngara levantó
+la cabeza, y comprendiendo las intenciones del animal, apresuró el paso;
+uno y otra llegaron a la vez al lado del cacharro, y se detuvieron un
+instante para contemplarle en ademán de desafío; la mujer extendió el
+brazo, y su enemigo, al advertir el movimiento, acortó distancia y se
+puso delante de la cazuela con las pupilas encendidas y enseñando los
+dientes.
+
+No pensaba en huir; hallábase dispuesto a defender aquel cacharro lleno
+de agua.
+
+--¡Ah, tú también!--gritó la zíngara contemplando a su adversario con
+rabia.--¡Pues no lo tendrás!
+
+Y descargó un vigoroso puñetazo sobre el hocico del mastín.
+
+Este dió un salto, apoyó sobre el pecho de la joven sus patas
+delanteras, la obligó a caer al suelo e hizo presa en su hombro. La
+zíngara lanzó un grito de dolor y de furia; y, sin acobardarse,
+frenética, desesperada, cogiendo con ambas manos la garganta de su
+enemigo, apretó con rabia, con ira, con frenesí, con heroico y brutal
+arranque, mientras el perro la desgarraba el hombro con sus afilados
+colmillos.
+
+La lucha siguió breves instantes empeñada, silenciosa, terrible; los dos
+combatientes se revolcaban por el suelo, dispuestos a vencer, y
+procurando conseguirlo, para lo cual clavaba el perro sus colmillos en
+los hombros de la mujer, y clavaba ésta sus dedos en la musculosa
+garganta del mastín...
+
+De pronto el perro exhaló un quejido doloroso, abrió la boca, y cayó de
+espaldas. Los dedos de la zíngara lo habían ahogado.
+
+Esta se alzó del suelo jadeante, pálida; su corpiño, roto en jirones,
+dejaba al descubierto su pecho y sus hombros, en los que aparecían tres
+heridas anchas y profundas; por los labios de aquellas heridas brotaban
+tres hilos de sangre.
+
+Pero la zíngara no hizo caso; dió con el pie al cadáver de su enemigo;
+cogió la cazuela, objeto de la lucha; corrió en busca de su hijo, y sin
+cuidarse ni acordarse siquiera de sus heridas, ni de sus sufrimientos,
+ni de la sangre que corría por sus hombros, abrillantada por los rayos
+del sol, acercó el cacharro a los labios del enfermo y le dijo con
+sonrisa alegre y voz cariñosa:
+
+--Aquí tienes agua, ¡bebe, hijo mío!
+
+
+
+
+Los tres Reyes de Oriente.
+
+(RICARDO LEÓN)
+
+
+
+
+LOS TRES REYES DE ORIENTE
+
+
+Es la Nochebuena de 1916; una noche glacial, obscura y lúgubre, sin
+villancicos ni serenatas, sin risas ni crótalos, sin panderetas ni
+albogues. En el silencio de la tierra triste sólo se escucha, de tarde
+en tarde, un zumbido lejano, un ronco tremor que se extiende con aciaga
+pesadumbre en el aire gélido y sonoro.
+
+Por un camino, en la desierta llanura, viene de Oriente una caravana.
+Bajo el cielo adusto, huérfano de sus claros luminares, sólo se ven o se
+adivinan las siluetas: unos caballos vigorosos, unos dromedarios de
+robusta joroba, tres jinetes, unos bultos informes arrebozados en las
+tinieblas.
+
+Llegando a cierto lugar donde se juntan otros caminos, la caravana
+vacila y se detiene. El cielo parece de ébano; la tierra, de bronce; el
+aire, un afilado puñal; y es el silencio tan hondo, que se oye el latir
+del corazón en las entrañas.
+
+Una luz, verde y cruda, rasga de súbito el horizonte lejano, cunde como
+una centella, se abre al modo de una rosa, y cae deshecha en lágrimas
+sobre el manto sombrío de la noche. A esta luz, siguen muchas
+semejantes, y a las luces, unos retumbos pavorosos que hacen temblar la
+tierra, y a los retumbos, el silencio otra vez.
+
+Y, entonces, la caravana sigue su ruta en las tinieblas...
+
+ * * * * *
+
+Un fuerte resplandor alumbra todo el cielo en Occidente; la llanura se
+tiñe de roja claridad; los ámbitos se pueblan de voces y tronidos. Es la
+guerra que cabalga en su negro corcel por los campos europeos; es la
+Muerte, que, en plena Navidad cristiana, viene a arrullar las cunas con
+el bárbaro son del hierro y de la pólvora, a encender sus infames
+hogueras en la noche, en la bendita Noche en que se dijo: «Gloria a Dios
+en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad...»
+
+Y arden las casas de los hombres, como antorchas de Luzbel, bajo los
+rayos de la implacable artillería; a la luz de los incendios, pasan las
+muchedumbres de soldados con un fragor de tempestad. Son legiones
+innumerables de todas las razas y banderas: aquí, la cruz, allí la media
+luna, acá las lises, más allá las águilas y, juntos en la hueste, el
+casco y el turbante, el capote y el alquicel, los rostros de ébano y de
+nieve, todos estremecidos por la misma cólera infernal.
+
+Y al paso de estas ciegas multitudes se abren los senos de la tierra, se
+conmueven las montañas, crujen los bosques, enrojecen los ríos, flamean
+los aires y caen las vidas de los hombres como las mieses al golpe de la
+hoz.
+
+ * * * * *
+
+La caravana que venía de Oriente, para otra vez ante el desfile trágico.
+Rojas lenguas de fuego tiemblan al borde del camino. Una ciudad arde en
+la noche.
+
+A su siniestro fulgor, se descubre la calidad y riqueza de los tres
+peregrinos viajeros.
+
+Son tres Reyes. El uno es persa: venerable la figura, verdes los ojos,
+la barba de nieve, majestuosa la actitud. Viste una túnica de púrpura y
+de oro; ciñe un alfanje, con un topacio sobre el puño, y trae sobre la
+túnica un rico manto de armiño.
+
+El otro Rey es árabe: tiene la barba negra y ensortijada, los labios
+gruesos, la nariz de fino dibujo, los ojos negros, grandes y hermosos,
+en figura de almendra. El sayo es bermejo, bordado con áureas labores;
+rojo también el turbante; preciosa la espada, con puño de oro y de
+rubíes; el manto, azul.
+
+Y el otro Rey, etíope. Es negra su tez como la endrina, pero elegante
+el cuerpo y nobles las facciones, alta la frente, aguileña la nariz, muy
+rojos los labios, puntiaguda la barba, muy blancos los ojos y los
+dientes, rizo y menudo el cabello, como granos de pimienta. Ciñe un
+vestido blanco, de graciosos pliegues, y es nevada también la _xema_ o
+toga que luce, con tornasoles de oro. Trae al cuello desnudo una sarta
+de corales, y a la cintura, en el verde tahalí, un cuchillo con el puño
+de oro y esmeraldas.
+
+Vienen los tres Reyes en sendos caballos, negro, blanco y alazán.
+Sígueles larga servidumbre, con camellos y acémilas, y un carro, lleno
+de pródigos caudales.
+
+ * * * * *
+
+Como en el ancho desierto, cuando sopla el simún, se levantan las arenas
+y, en espantosos torbellinos, giran ardientes, azotan el aire,
+obscurecen el sol y caen sobre las pobres caravanas que, unidas en un
+haz, esperan temblando hallar en las arenas sepultura, así, de pronto,
+una nube de soldados, hirviente y clamorosa, con ímpetus de simún, llega
+por trochas y veredas a la ciudad en llamas y cae sobre los tres Reyes
+peregrinos.
+
+Cercados por la tropa, que ya husmea el regio botín, presa de un
+ejército alegre y victorioso, van, con mengua de su noble majestad,
+cautivos entre lanzas y fusiles, a las tiendas del vencedor.
+
+El cual, un viejo adusto y orgulloso, de recios bigotes blancos, y
+envuelto en una capa gris, los recibe, sin grande cortesía, en su
+habitación de campaña, toda llena de planos y mapas de colores, erizados
+de banderitas y alfileres.
+
+--¿Quiénes sois vosotros--dice arrogante el general--que así os atrevéis
+a pasar las líneas de batalla? ¿Ignoráis, acaso, que en estas líneas no
+puede, sin grave riesgo, entrar gente forastera y civil? ¿Quiénes sois
+vosotros, simples o traidores, que con tanta llaneza osáis venir con
+armas y mercancías a estos lugares prohibidos? ¿Qué documentos, qué
+razones abonan vuestra audacia? ¿Sabéis el castigo que aquí se inflige a
+los espías? Hablad pronto, extranjeros; decidme quiénes sois y de dónde
+venís; mostradme pasaportes y papeles, y agradeced a esta cruz que llevo
+sobre el pecho que no os aplique, sin más preguntas ni demoras, el fallo
+inexorable de nuestra ley marcial...
+
+ * * * * *
+
+--¿No me conocéis?--responde el rey anciano.--Es mi nombre Melchor. Soy
+del Irán, del antiguo y famoso imperio que abatió los orgullosos bríos
+de Babilonia, reina de las ciudades. Vengo del sacro Elburs, padre de
+los ríos terrestres, cuyas aguas vivas devuelven la juventud y resucitan
+a los difuntos. He llegado hasta aquí, al través de montañas y
+desiertos, cruzando las llanuras de la implacable soledad, las arenas
+crueles y los pantanos salobres, pero, merced a mis fatigas, traigo
+inciensos y bálsamos y perfumes de la Ciudad de las Rosas, de los
+jardines de Tiharán; paños de seda, más finos que el plumón de un ave,
+sembrados de arabescos y de flores, de leopardos y gacelas; perlas de
+Ormuz; tisúes de oro y plata, cojines y alcatifas de los bazares de
+Chiraz... Voy en busca de las tierras apacibles donde reina la paz del
+Señor, de Aquel que, niño y pobre, nació en un establo de Belén...
+
+--Yo soy Gaspar--dice el segundo rey.--Vengo del Eufrates y el Tigris,
+de los bosques gigantes de palmeras, vecinas del mar y del desierto, de
+las tierras gloriosas y milenarias llenas de ruinas y sepulcros, de los
+osarios imponentes de la historia, de las ciudades muertas, que aun
+fatigan al mundo con el eco sonoro de sus nombres. Vengo de Basora y
+Bagdad, donde aprendí los cuentos de las Mil y una noches; puse a mi
+tienda entre los pálidos ladrillos de Khorsabad y de Nínive, de
+Babilonia y de Seleucia: cargué mis camellos de oro antiguo, de
+reliquias sagradas, magníficos despojos de los reyes de Siria; traje
+también yeguas de pura sangre arábiga y asnos blanquísimos, todos
+cargados de riquezas...
+
+--Soy Baltasar--dice el rey negro.--Yo tengo mi palacio junto a las
+aguas del Nilo Azul que salta y corre entre lagos, volcanes y torrentes,
+al través del hielo de las cumbres y el fuego de los desiertos y los
+cráteres. Negro soy porque el sol me abrasó desde la cuna en las tierras
+bárbaras y esplendorosas de Etiopía. Crucé el Mar Rojo; pasé al Yemen, a
+la Arabia Feliz; seguí las rutas de la Meca, de Medina y Jerusalén; el
+camino glorioso de Damasco; hallé los tesoros de las antiguas reinas, la
+de Palmira y la de Saba; dormí a la sombra de los cedros del Líbano;
+bañé mi rostro en el Jordán, y vengo a Europa cargado de púrpuras y
+marfiles, de piedras y maderas preciosas, añejos licores, sándalos,
+mirras y cinamomos exquisitos, con ofrendas mil para los niños
+cristianos, para aquellos que aprendieron en la cuna el dulce nombre de
+Jesús...
+
+ * * * * *
+
+Con muchas y siniestras carcajadas celebran en el campamento las razones
+de los Reyes Magos.
+
+--Por fuerza sois--dice un príncipe grave y taciturno que acompaña al
+general--unos dementes o unos grandísimos socarrones cuando venís hogaño
+en disfraz de ingenuos y candorosos peregrinos, con aires de beatitud y
+de leyenda, a este mundo senil despedazado por el hierro y por el fuego.
+La culta, la cristiana Europa, maestra de cobardes hipocresías; la que
+destruye a sus propios hijos en nombre de la civilización, del derecho y
+de la libertad; la que puso una cruz en sus banderas y otra en el puño
+de sus espadas, hoy, ultrajando a Dios, se entrega a una furiosa bacanal
+de sangre. Ved las antorchas, las músicas y los cantos con que celebra
+la Navidad de Cristo: ciudades que arden, cañones que retumban, soldados
+que corren a la muerte lanzando gritos de odio. La paz del Señor sólo
+reina ya en los sepulcros. Los niños que aprendieron el nombre de Jesús,
+abandonan sus antiguos juegos y tienden las manos delicadas pidiendo el
+fusil, un fusil de _veras_ que acierte a dar en un corazón. Ya todos
+saben que los Reyes de Oriente no han de venir, que aquellos Magos
+misteriosos y benévolos que en otras Pascuas apacibles colmaban de
+ofrendas los zapatitos del balcón, están ahora en las trincheras y
+reductos, temblorosos de frío y de nostalgia, deseando matar o morir. El
+acre incienso de la pólvora embriaga a los hombres, a las mujeres, a
+los niños; el oro se convierte en plomo, y la mirra en mortífero gas...
+Caminantes: si lo sois de buena fe, idos a vuestras montañas y
+desiertos, a los bosques de palmeras, al Nilo Azul, allá donde aun
+recitan al amor de la lumbre los cuentos de las Mil y una noches; huid a
+vuestras tierras bárbaras y remotas, y si es que allí, como creo,
+entraron también las Furias de la discordia y de la muerte, id a otras
+tierras todavía más salvajes, más escondidas y felices, donde jamás se
+oiga la palabra civilización, donde, a lo menos, se maten los hombres
+francamente, con el sano y desnudo valor de su barbarie, sin decir que
+se matan por la justicia y el derecho.
+
+--Idos, sí--confirma el general,--pues a lo que veo sois hombres de
+bien. Pero quédense aquí vuestros bagajes y preseas, vuestros caballos y
+tesoros, a fin de que no caigan en manos del enemigo. Tornad a vuestras
+tierras, como Dios os diere a entender, que harto salváis con salvar
+vuestras vidas en estos infiernos de la Europa civilizada...
+
+Y los Reyes Magos, pobres y desnudos, como el divino Infante de Belén,
+se van para siempre, tristes y cabizbajos, haciendo voto de no volver a
+este mundo por todos los siglos de los siglos.
+
+
+
+
+Las tres cosas del tío Juan.
+
+(JOSÉ NOGALES)
+
+
+
+
+LAS TRES COSAS DEL TIO JUAN
+
+
+Todo el pueblo sabía que Apolinar se estaba derritiendo vivo por Lucía,
+y que, aunque ésta no se derretía por nadie, no ponía mala cara a las
+solicitudes del mozo. Matrimonio igual: ella, joven, guapa, robusta y,
+de añadidura, rica; él, en los linderos de los veinticinco, no pobre,
+medio señoritín por lo que iba para alcalde, y entrambos hijos únicos.
+No faltaba al naciente afecto más que el sacramento de la confirmación,
+y para eso no había otro obispo sino tío Juan, el _Plantao_, padre y
+señor natural de la dama requerida.
+
+El ilustre linaje de los _Plantaos_ distinguióse desde muy antiguo
+tiempo por una terquedad nativa, de que estaba justamente orgulloso, y,
+de haber querido proveerse de heráldica, su escudo no fuera otro que un
+clavo clavado por el revés en una pared de gules. Apolinar sentíase
+cohibido por esta testarudez hereditaria, y recelaba que el tío Juan
+saliese con una gaita de las suyas, porque era hombre que no se apartaba
+de sus síes o sus noes así lo hicieran pedazos.
+
+No hubo más remedio que pasar el Rubicón... y tirarse de cabeza en
+aquellas honduras insondables de la voluntad paterna. El tío Juan había
+dicho una vez: «¿Qué trae ese por aquí?» Y para los que le conocían el
+genio, era bastante.
+
+--Ahora que está tu padre en la bodega, voy y se lo espeto, y Dios
+quiera que pueda salir con cara alegre... Pero antes dime, para que
+lleve fuerza, que me quieres como yo te quiero, con los redaños del
+alma.
+
+--Apolinar, que me aburres con tus quereres y tonteos. Si quieres
+decírselo, anda; y lo que saques a mi padre del buche eso será, porque
+yo también soy _plantá_.
+
+Renegando de aquellos bravíos rigores de la casta, encaminóse Apolinar a
+la bodega, pasando primero bajo la llorosa parra, que tendía sus
+sarmientos como cuerdas secas, y después por el angosto corral atestado
+de aperos de labranza y cachivaches de vendimia. En la puerta de la
+bodega enredósele un manojo de telarañas en el _bombín_, y tragando
+saliva entró en la obscura pieza.
+
+--¡Tío Juan; eh, tío Juan...!
+
+--¡Aquí! ¿Eres tú? Con este jinojo de tinglao no se ve gota.
+
+Estaba el hombre muy metido en faena, en mangas de camisa, despechugado,
+con una pelambre de pecho que parecía una maceta de albahaca. Era más
+que medianamente apersonado, canoso y fuerte; y sudando, como estaba,
+parecía un oso polar.
+
+--¿No se figura usted a lo que vengo?
+
+--A tomar un jarrillo.
+
+--No, señor; a tomar un parecer.
+
+--Pues no es lo mesmo. Pero, anda, suéltala; que no hay hombre sin
+hombre.
+
+--Con esa licencia... no sé cómo le diga que Lucía me tira un poco, un
+pocazo, si se han de decir las cosas conforme son. Y como me parece a mí
+que yo también le tiro una migaja, venía, porque es razón, a decirle qué
+le parece a usted de este tiraero que va por buen fin y por derecho
+camino.
+
+Dióse tío Juan cuatro rasconazos en el testuz, y, volviendo las
+espaldas, fué a buscar el jarrillo y la venencia, y con ambas cosas en
+las manos, como quien echa el _Dominus vobiscum_, se abrió de brazos,
+diciendo:
+
+--Todo el toque del hombre está en un sí y un no. Así es que, antes de
+soltar uno u otro, hay que rumiar bien las cosas. Tomaremos un par de
+alumbradores y que Dios sea con todos.
+
+Y después de beber por riguroso turno, quedóse tío Juan rumiando aquel
+escopetazo, como un hermoso y prudente buey que no pone la pata sino en
+terreno firme.
+
+--Pues atento a eso, digo que me parece a mí que la mujer se hizo para
+el hombre y el hombre para la mujer... y que por eso tiran el uno del
+otro. Pero como ni el hombre ni la mujer son siempre libres, otros han
+de agarrarse a la mancera para que el surco salga bien hecho y la
+simiente no se desperdicie. Yo, que por lo de ahora soy el gañán en este
+negocio, te digo que quien quiera ayuntarse con mi cordera ha de hacer
+tres cosas, sin que ninguna le perdone; no haciéndolas, ya se puede ir
+con viento fresco y levantar la parva.
+
+--Aunque sean trescientas haré yo, con tal de meterme debajo del yugo.
+Eche usted, tío Juan, por esa boca, que ya se me hace tarde, y aunque me
+mande cargar con la bodega, todavía me había de parecer mandato ligero,
+según lo encalabrinado y emperrado que estoy con el aquel del tiraero
+que ya le he dicho.
+
+--No soy tan bárbaro para mandar lo que está fuera de las fuerzas del
+hombre, por animal que sea. Las tres cosas que pido son éstas: que me
+traigan todos los días la primera gallinaza que suelte el gallo al
+romper el alba, para hacer un remedio de este dolor de ijares que me
+quita el resuello de cuando en cuando; que al que tenga ese querer,
+véalo yo una vez siquiera trincar un bocado de hierba sin doblar los
+corvejones, ni acularse, ni tenderse; que el tal me dé candela en la
+palma de la mano el día de mi santo por la mañana, y esto ha de ser con
+sosiego, sin hacer bailes, ni meneos, ni soplar, ni sacudir.
+
+--¿Nada más?
+
+--En eso me he plantao, y ha de ser a lo justo; que ni sobre ni falte.
+
+--Tío Juan, vaya usted preparando el yugo más fuerte que haya en casa,
+porque yo me lo echo encima, si Dios no dispone otra cosa.
+
+Y Apolinar salió de allí con la cara radiante, bailándole los ojos en
+una ráfaga de alegría loca, y dando al viento como romántica pluma aquel
+jirón de telarañas que se pegó en el sombrero.
+
+--¡Troncho, qué suerte! Lucía, me ha dicho tu padre que te vayas
+preparando, que tenemos que abrir un surco.
+
+--Qué tonto eres. ¿De qué surco hablas? Me parece que viene su merced
+algo repuntado y que el jarro habló más que las personas.
+
+--Te hablo del surco que han de hacer en el mundo todas las yuntas
+humanas. Verás qué labor más dulce.
+
+--¡Pero qué borrico te has vuelto!
+
+ * * * * *
+
+«La del alba sería» cuando Apolinar acudió solícitamente a su corral sin
+quitar ojo del gallo hasta que dió de sí el extraño remedio del mal de
+ijares, que en caliente recogió, bien así como si llevase dentro una
+preciosa esmeralda. Cumplida por aquel día la primera condición y no
+sabiendo qué hacer a tales horas, tan desacostumbradas para su vigilia,
+fuése con los cavadores a su majuelo, _a matar el tiempo_ hasta que el
+estómago le avisase. Al llegar a la viña, dijo a los jornaleros:
+
+--Vamos a ver, muchachos: un cuartillo de vino hay para quien sin doblar
+los corvejones, ni acularse ni tenderse trinque un bocado de sarmientos.
+
+--¿Pero eso qué tiene que hacer? ¡Valiente hombría!
+
+Y cuatro o cinco, los más jóvenes, salieron del grupo y doblándose y
+enderezándose, sacó cada cual un sarmiento del modo y manera que los
+palomos cogen pajitas para hacer el nido.
+
+--A ver yo...
+
+¡Que si quieres! Cuantas veces quiso probar, dió de cabeza en el montón.
+Una risa franca y noblota alegró el majuelo, y hasta el sol de color de
+cereza que subía por la cuesta azul parecía una gran cara hinchada de
+risa.
+
+--Para hacer eso hay que criar mucha fuerza de espinazo y que las patas
+no se blandeen. Es menester cavar viñas y darle al cuerpo buenos
+remojones de sudor.
+
+--¿Sí? Venga un azadón. Este no pesa, otro...
+
+Y como general que arenga a sus tropas, dijo, blandiendo el instrumento:
+
+--Hoy seré uno de tantos. Hay que apretar..., y no os compadezcáis de mí
+si veis que reviento, porque necesito echar un espinazo que sea a la vez
+tronco de olivo y vara de mimbre.
+
+Aquella fué una jornada heroica. Los cavadores, viendo cuán
+gallardamente trabajaba Apolinar, mermaron cigarros, ahorraron
+coloquios, apresuraron meriendas y sacaron el unto a sus brazos. Al
+ponerse el sol, no presentaba aquella cara burlona, henchida de risa,
+con que apareció entre las brumas de la mañana, sino otra muy grave,
+casi austera, que parecía complacida con la ofrenda del sudor humano que
+riega el terrón y fecundiza el mundo.
+
+Al dar de mano, dijo el jefe de la cuadrilla:
+
+--¿No has visto la sementera?
+
+--No.
+
+Y Apolinar sintió una vergüenza muy honda por aquella confesión hecha en
+pleno campo.
+
+--Pues, vamos, hombre; hay día para todo. Tengo una disputa con tu primo
+Epifanio: él, que lo suyo es mejor; yo, que lo tuyo. Como sementera
+temprana, la cebada nos llega a la rodilla; el trigo parece un forrajal.
+
+Y fueron al sembrado, que con su verdor alegraba el alma, y en ella
+sintió Apolinar una voz gozosa que parecía brincar en otra mancha verde
+y lozana, gritándole: ¡Todo es tuyo; regocíjate, o no eres hombre!
+
+Y se regocijó honradamente, paternalmente, como si toda aquella vigorosa
+fuerza germinativa hubiese salido de sus propias entrañas.
+
+--¡Yo, que no había visto esto! ¡Maldito sea el casino y las cartas y
+quien las inventó! ¡Malditos los tabernáculos, que nos chupan el tiempo
+y no nos dejan ver esta gloria, esta bendición de Dios derramada por los
+campos!
+
+Los sembrados del primo Epifanio no resistían la comparación. La tierra
+era la misma; pero rutinas, codicias, caprichos, ignorancia y necesidad
+la habían esquilmado y empobrecido. El viejo jornalero explicaba el
+caso.
+
+--Dale a un trabajador carne y vino; a otro, papas y tomates. Eso es la
+tierra: un trabajador. Según le eches, así produce.
+
+Apolinar sintió que otro amor sano y fuerte se le entraba en el alma: el
+amor a la tierra, el amor a lo suyo, el gozo íntimo y callado del que
+posee, del que se conforta al calor del surco, como semilla que germina,
+brota, crece y se reproduce.
+
+--¿En qué estaría yo pensando? Tío Agapito, usted me hace un hombre. Voy
+a echarme al campo como una fiera.
+
+--¡Al campo, al campo! Esa es la ubre... ¡Si vieras a cuánto gandul
+mantiene el campo!
+
+--Yo soy el primero. Mejor dicho, lo fuí. Ya soy otro. Me duelen los
+pies... zapatos de vaca... Me duele la cabeza... tiraré este apestoso
+_bombín_ y compraré un sombrero de esos fuertes, como si los hicieran de
+cerdas de cochino. No más vestidos de Carnaval. Tío Agapito, un abrazo,
+y pídale usted a Dios que allá, por la primavera, pueda yo comer hierba
+sin doblar los corvejones.
+
+ * * * * *
+
+No durmió bien, porque el excesivo cansancio riñe con el sueño. En las
+manos parecían arder sus huesos desencajados; el espinazo se le
+engarrotaba... y en medio de sus dolores, otro sentimiento nuevo lo iba
+conquistando mansamente; un sentimiento de infinita piedad hacia el
+jornalero desheredado, que todos los días, a cambio de unos cuartos
+roñosos, aumenta el caudal ajeno con bárbaro derroche de su propia vida,
+y como a la madrugada oyese cantar al gallo, pregonero de su deber y
+compromiso, volvió a ver la claridad del naciente día, y otra vez
+cogieron sus doloridas manos el azadón lustroso, y el sudor del amo cayó
+como lluvia fecunda en la heredad, que parecía estremecerse de amor y
+agradecimiento.
+
+Y un día tras otro se fué curtiendo al sol y al aire, y mientras más se
+endurecía la corteza, más nobles blanduras aparecían por dentro.--Como
+la viña de Apolinar no hay ninguna. La sementera de Apolinar es la
+capitana. ¡Qué suerte de hombre!--Este era el tema de conversación entre
+la gente labradora. Los jornaleros se disputaban la casa, porque había
+formalidad y trago de vino, y allí no se hacía el agio vergonzoso para
+la baja de jornales. Con Apolinar trabajaban los sanos, los hombres de
+empuje, estimulados con su ejemplo.
+
+Pasó el invierno y el sol primaveral vistió el campo de gala. Los
+habares en flor henchían el aire de aromas purísimos; los trigos
+azuleaban, los cebadales se mecían orgullosamente a compás del viento;
+las yemas del higueral, reventando al esfuerzo de las primeras hojas,
+tendían al sol una espléndida gasa de oro verde... y los viñedos
+extendían sobre la rojiza tierra otra gasa de pámpanos, y ya el olor
+tempranero del cierne se esparcía como una caricia dulce y vivificante.
+
+Llegó el día de la prueba; el día temido y deseado en que Apolinar tenía
+puestos todos los grandes anhelos de su vida. Antes que el canticio de
+los gallos sonaron las campanas de la torre con un repique de gloria, de
+alegría, como voces de un coro nupcial que celebrase las bodas del cielo
+y de la tierra.
+
+No pudo Lucía convencer a su padre de que, al menos aquel día, debiera
+pasarlo con la chaqueta puesta.--Me ajogaría.--Y por parecerle esta
+razón de suficiente peso, no daba otra. Con orgullo hereditario cubría
+su busto de oso polar con limpísima camisa de lienzo, por entre la cual
+se desbordaba la cresta pelambre como maceta frondosísima. Cuando entró
+Apolinar, ya estaban allí el primo Clímaco y la hermana Bella con su
+dilatada prole, los trabajadores de la casa y varios vecinos, atraídos
+por aquellos olores de cocina y fritanga, fieros despertadores de la
+gula.
+
+--Que los tenga usted muy felices, tío Juan y la compaña.
+
+--Apolinar, tantas gracias, y lo mesmo digo.
+
+--Vaya, aquí tiene usted la gallinaza de hoy, que parece un bruño.
+
+Y sin pedir permiso, fuese a la cuadra y trajo un brazado de amapolas,
+que tiró al suelo.
+
+--Tío Juan, eche usted cuenta.
+
+Y más ágil que un pájaro, doblóse y pescó un manojo de hierba en flor
+que le caía sobre el pecho como una llama.
+
+--Si usted quiere, me la como.
+
+--No tienes que comerla. El toque está en trincarla.
+
+--Lucía, coge el ascua más grande que haya en la hornilla: hala, ya
+está. Tío Juan, encienda usted su cigarro, y si quiere liar otro, por mí
+no hay apuro: que ni me meneo, ni bailo, ni soplo, ni sacudo... ¡Como
+que tengo aquí un callo que parece una onza de oro!
+
+--Ya está. Ahora... justo, las tres cosas. Ahora, tú, Lucía, abraza a
+este bruto.
+
+El bruto no esperó a Lucía; él la abrazó con toda su fuerza.
+
+--Tío Juan, ¿de veras que es para mí?
+
+--Para ti, cernícalo. Y dale gracias al gallo que te curó; porque ni yo
+tengo dolor de ijares ni cosa que se le parezca.
+
+--¿Entonces?...
+
+--No seas borrico--dijo Lucía.--Padre quería que madrugases; si no
+madrugas, no me abrazas.
+
+Apolinar soltó un relincho estrepitoso; un relincho de salud, de amor,
+de fortaleza y de ventura.
+
+--¿Sabéis lo que soñé esta noche?--dijo el tío Juan.--Pues que yo era el
+Padre Eterno, y esta mi cordera era la España, y yo se la daba a una
+gente nueva, recién venía no sé de aónde, con la barriga llena, los ojos
+relucientes, con callos en las manos y el azaón al hombro....
+
+Un alarido triunfal hendió como dardo sonoro el aire azul de aquella
+serena mañana de estío. El sol, deslumbrante, caía en lluvia de oro
+sobre los aperos de labranza; dos mariposas de color de fuego volaban
+bajo el fresco toldo de pámpanos, y el alegre repique de las campanas
+parecía responder allá, en lo alto, al alborozo de la raza nueva, de la
+raza fuerte, que abría su fecundo surco de amor en la llanura humana.
+
+
+
+
+La enamorada indiscreta
+
+(PEDRO DE RÉPIDE)
+
+
+
+
+DEL LICENCIADO ALONSO DE LAS TORRES
+
+_Al Autor._
+
+
+ SONETO
+
+ Saludo a ti, señor, en el Parnaso,
+ como a un divino hermano de las Nueve.
+ La brisa suave que tu plectro mueve
+ agita con sus alas el Pegaso.
+ El más sabio varón de Halicarnaso
+ no fuera nunca en tus elogios breve.
+ Hay una diosa que en tu frente llueve
+ celeste luz a su celeste paso.
+ De la Helicona la preclara linfa,
+ te dió a beber con plácido secreto
+ en áureo vaso extraordinaria ninfa.
+ Bienhayan tus decires y cantares,
+ por ti miran laureles del Himeto
+ las riberas del grato Manzanares.
+
+
+DEL AUTOR
+
+_Al licenciado Alonso de las Torres._
+
+ SONETO
+
+ Dolor de los amores que se mueren
+ y son en nuestras almas enterrados.
+ Dolor de los puñales bienamados
+ que ya más no nos buscan ni nos hieren.
+ No en estos melancólicos narrares,
+ el fausto busques de la pompa loca.
+ Yo cambio ese laurel de los cantares
+ por la rosa del beso de una boca.
+ Es el dolor mayor de los dolores
+ el deshojar la flor de unos amores
+ en el jardín do fuimos sus cautivos.
+ Añoranza de fuente en el desierto.
+ Dolor de los amores que no han muerto,
+ y Dios nos manda que se entierren vivos.
+
+
+
+
+PRIMERA PARTE
+
+CUÉNTASE EL PEREGRINO SUCESO DE LA ENAMORADA INDISCRETA, QUE TAMBIÉN FUÉ
+LLAMADO DEL PELIGRO EN LA VERDAD.
+
+
+En una de las más famosas y nobles ciudades de la prócer Italia, asiento
+de las artes y patria de los más ínclitos varones, aconteció esta rara
+historia que aquí se relata, y donde se muestra la ejemplaridad de los
+designios del Altísimo, que trae aparejada la más alta edificación así
+saludable para que huyan la tentación del Enemigo los que aun no
+pecaron, y vuelvan a la senda de la Gracia los apartados de ella.
+
+Era, pues, en Ferrara, ciudad insigne, que había visto prender al
+delicado Torcuato Tasso, vate preclarísimo, y había visto también morir
+a aquel gallardo ingenio, príncipe soberano de los de su época, que fué
+el divino Ariosto, de quien pudo decirse que hubo reinas que besaron su
+pie, ya que egregias hermosuras y la mayor de estos últimos tiempos,
+como ha sido la sin par Catalina Cornaro, a quien sus paisanos los dux
+de la república veneta, Federico Barbarigo y Leonardo Loredano, más
+codiciosos que caballeros, han quitado su reino de Chipre, tuvo en ese
+poeta el consuelo de un amor que bien valía un trono. Y siguiendo en
+este relato verídico y curioso, ha de decirse, que frontera a la casa
+donde había muerto el Ariosto, alzábase otra suntuosísima, que bien a
+las claras pregonaba la elegancia y distinción de la gente principal que
+en ella moraba.
+
+Estaba la tal habitada por un magistrado de uno de los más altos linajes
+de la ciudad, que era la magnífica señoría de Leonardo Aldobrandino,
+hermano de Hércules, senescal de los duques. Viudo de una señora de
+Pisa, tenía los ojos del alma y los del rostro puestos en su hija
+Renata, que era ya una doncella de diez y nueve años, más bella y fresca
+que las rosas de aquel gran rosal de Florencia que ha visto arder el
+hereje Savonarola. Sabía él que no hay mejor dueña y rodrigón para las
+mujeres que su propio recato, y en este punto, la virtud de Renata
+parecía guardarse sola. La misa de madrugada en San Lotario, oída con su
+padre; algún paseo por la vega de las flores al morir de la tarde, y
+otro rato de divertimiento con sus primas en el estrado de la casa, y
+siempre bajo la custodia del grave Leonardo. No perdonaba éste, en
+cambio, nada que dejase de adornar la gentilísima presencia de su hija;
+las perlerías más finas que traían los traficantes de Venecia, y los
+guardamacíes bordados y justillos y corseletes de seda de Persia que
+llevan a Ferrara los mercaderes ginoveses, nuncios del lujo y ministros
+del oro.
+
+De una parte, el respeto que su alto nombre movía a todos, y de otra la
+seguridad de un mal fin de aventura, había librado de galanes a aquella
+joya ferraresa, bajo cuyas ventanas no se habían tañido músicas ni
+cantado sonetos. Sabíase que su padre tenía dispuesta la doncella para
+esposa de un caballero fabuloso. Hablábase de un grave suceso de honra
+que aconteció muchos años atrás a Leonardo viajando por España y
+hallándose en Sevilla, donde topó con un gentilhombre a quien quedó muy
+obligado. Era éste, español, cuatralvo en Cádiz de los galeones de
+nuestro prudentísimo soberano el segundo de los Filipos, que hoy
+asiéntanse en los cielos gozando de la bienandanza de los justos, y
+siendo por aquellos días acaecido el tránsito del gran monarca, apenas
+tomó el cetro de las Españas su hijo, nuestro actual gloriosísimo
+príncipe Filipo, el tercero de los de su nombre, a quien Dios Nuestro
+Señor dé tan larga vida como es sabio su gobierno, fué éste servido de
+hacer al gentilhombre su visorrey en uno de los visorreinatos que
+tenemos en Indias para mayor grandeza de nuestro César.
+
+Tenía el nuevo visorrey un hijo de breve edad, que llevaba el nombre de
+San Miguel Arcángel, y cuando se despidieron para tornar el uno a Italia
+y partir el otro hacia su destino, concertaron que si Leonardo tenía
+alguna hija, había de ser esposa del heredero del noble español, que si
+la estirpe de éste no cediera a la del Infantado y Medinaceli, la del
+italiano era tan alta como la de los Dandolo y Colonna. Un año después
+nació Renata, y comunicado el suceso al visorrey, fué luego considerado
+su hijo, que tenía entonces no más de dos años, como esposo de la tierna
+Aldobrandino. Y en la traza aprobada, quedóse dicho, que tan luego como
+Miguel llegase a los veinte años, había de venir a Ferrara para sus
+bodas.
+
+Cercana al palacio de Leonardo hallábase, y aun se halla para contento
+de caminantes, la celebrada hostería del Centauro, tan famosa por el
+arte de sus guisanderas como por las varias aventuras de amor que la han
+hecho tan temida de los padres y sospechosa para los maridos. Como es la
+mejor de la ciudad, toda la gente de calidad que viaja suele hacer en
+ella posada: capitanes españoles, clérigos romanos, mercaderes
+franceses, damas de alta condición y grandes señores detiénense en ella
+a su paso por Ferrara, y así es de ver el tráfago de su anchuroso patio,
+donde se mezclan la carroza blasonada y el carro de tráfico, el caballo
+del alférez y la mula del prebendado. El vino de Chianti llena con
+liberal abundancia los jarros de las mesas, y bajo la parra espléndida y
+tupida que rodea el portón, hay, como a las puertas conventuales, un
+congreso de pordioseros, a quienes en ciertas horas se reparte la comida
+sobrante. Sus aposentos son espaciosos como de la casa de un grande, y
+su cocina espléndida como de un monasterio de Jerónimos.
+
+Era en el dulce morir del melancólico Octubre cuando al fenecer de una
+tarde arribaron dos jinetes a la hostería. Era el uno muy mozo, de
+gallardo y finísimo talle y rostro de ángel, y sus manos, como esas
+talladas en marfil que se ven en algunas iglesias de Italia y son obra
+del singular artífice llamado el Donatello. Cabalgaba en un potro
+andaluz de agradable estampa, y en su rostro marcábase cierto
+desasosiego y como embarazo al montar a horcajadas, que no daba muestra
+de grande pericia en el arte de cabalgar. Seguíale caballero en una mula
+un hombre viejo y recio con tipo de haber sido soldado del duque de Alba
+allá en sus tiempos, y de llevar ahora dignamente su oficio con algo de
+humildad para ser ayo, y un poco familiar para ser escudero. Tan luego
+como llegaban a la puerta de la hostería, hubieron de detenerse porque
+costera de ellos llegaba y parábase también una gran carroza cargada de
+cofres. Detuviéronse y vieron descender de ella tan sólo a un caballero.
+Era éste mozo también, aunque de más fuerte y varonil gentileza que el
+joven de a caballo; morena tenía la tez y negro su cabello como de un
+príncipe del Oriente, que no parecía sino que su padre era el sol y que
+asomaba por sus ojos. Gallarda y arrogante era su apostura, y su
+continente nobilísimo. Traía obscuro su vestido y sencillo como de
+viaje; solamente sobre su ferreruelo llameaba como una espada de fuego
+la insigne encomienda de Santiago. Entró en el zaguán, apartóse la
+carroza y el mozo y su viejo acompañante entraron sobre sus cabalgaduras
+hasta el patio de la hostería. Había llovido algo y con eso estaba
+escurridizo el pavimento, que era todo de guijarros, los cuales el uso
+continuo había hecho planos y lustrosos. Fuera ello la causa o la poca
+experiencia del mozo, el caso es que al ir a apearse del caballo hubo de
+caer éste arrodillado, y hubiese dado también con su cuerpo en el suelo
+el jinete, si con grande presteza no acudieran a un tiempo su escudero y
+el caballero de la encomienda. No se hizo mal alguno, y con esto
+subieron juntos a los aposentos que les destinaron, y había querido la
+suerte que fuesen contiguos. La igualdad de sus años, y el hallarse
+ambos españoles en tierra extranjera, hízoles entrar prontamente en
+plática y ofrecerse.--Yo me llamo don Diego de Zúñiga--dijo el del
+caballo--y viajo con Marcos, mi escudero. Vengo desde Toledo, y no
+tardaré en llegar al final de mi viaje, que es en la ilustre ciudad de
+Mantua, tantas veces nombrada, y he de deciros que no me llevan los
+negocios ni los placeres, sino un gran pesar.
+
+--Yo soy--dijo el caballero de la encomienda--don Miguel de Guzmán.
+Vengo desde Indias, y llegando a Ferrara, he tocado al término de mi
+peregrinación. Hame traído aquí un cuidado muy grave que ya os
+descubriré si os detenéis aquí, y si, como pienso, hemos de ser amigos.
+
+--Reposarme he unos días y muy de mi grado, señor don Miguel, que me
+obliga la merced que me hacéis de llamarme vuestro amigo--contestóle don
+Diego.
+
+Y departiendo sobre su viaje y otras indiferentes materias, luego que
+hicieron colación, retiráronse a descansar con promesa de salir juntos
+al siguiente día para visitar la ciudad.
+
+No tardó en amanecer el sol más que en saltar de sus lechos y vestirse
+los caballeros. Don Diego, con su traje de veludillo gris y capa
+aleonada, y don Miguel, que había hecho subir sus cofres, adornóse con
+unas cachondas de raso y un jubón de vellorí y colgó de su cuello una
+finísima cadena de oro con un grueso diamante que alumbraba su pecho.
+Salieron, y su primer visita fué para el Santísimo Sacramento, como
+devotos caballeros que eran, y acudían a agradecerle que les hubiera
+dejado llegar con bien a la ciudad. Cumplido el pío deber y oída la
+misa, diéronse a discurrir por las calles y plazas, y admirar iglesias
+y palacios, maravillas todas que tenían suspenso su ánimo, a pesar de
+venir de la opulenta España. Y aconteció que, como se hallasen a media
+mañana en el atrio de la catedral, vieron detenerse la gente, y pasar
+ante ellos y perderse a la revuelta de una esquina, una corta pero
+admirable comitiva. Componíanla dos graves caballeros ataviados con sumo
+lujo, y entre los dos una doncella, portento casi más por su talle y por
+su rostro que por sus galas suntuosas, cabalgando todos en soberbios
+corceles precedidos de palafreneros y seguidos de lacayos. Riquísimas y
+blasonadas gualdrapas llevaban los bridones, y los guanteletes y el azor
+en la mano de la joven y el arreo de todos mostraban a las claras el
+aparato de cetrería. Como las gentes se descubriesen al paso de aquellos
+señores, don Miguel y don Diego se informaron de quiénes eran.--Son--les
+contestaron--el señor senescal Hércules Aldobrandino, su hermano
+Leonardo y su sobrina Renata. ¡Qué bien se echa de ver que sois
+forasteros al no conocer a tan visibles personas!
+
+Hizo don Miguel un gesto, no advertido para don Diego, y comentando
+ambos la majestad de los ancianos y la elegancia de la joven,
+prosiguieron su paseo, hasta que fué hora de retornar a la posada. Y a
+petición de don Diego separáronse después del meridiano yantar para el
+reposo de la siesta.
+
+Buena siesta diere Dios a don Diego, que así que se vió en su aposento a
+solas con su escudero, hubo de arrojarse en sus brazos y comenzar a
+llorar como una Magdalena después del arrepentimiento.--Malhaya mil
+veces, Marcos amigo--le decía--, malhaya mil veces la hora en que nos
+partimos de nuestra casa si había de ser para tal fin de viaje, que me
+pienso que no llegaré a Mantua y quedaré con la maldición de mis padres
+y sin el asilo de mi tía la priora.
+
+--Sosegáos, señora mía--respondió el escudero--que aína os turbáis y me
+dais ganas de llorar a mí también. Mirad, doña Mencía, mi ama, que si
+ven vuestros ojos encendidos del llanto dudarán de vuestro varonil
+disfraz. Hicísteis mal en prometer a don Miguel que os detendríais aquí,
+pues lo que importa es que lleguéis cuanto antes a Mantua, donde os
+espera la paz del monasterio.
+
+--¡Ay! ¿Por qué nací mujer? Unos padres crueles quisieron depararme como
+esposo a un hombre viejo, feo y corcovado, con achaque de decir que todo
+cuanto llevaba en la joroba eran doblones. Pensé en mi tía doña Clara y
+en su convento de Italia, y para dejar tierra de por medio entre el
+novio y yo salimos de Toledo, sin reparar en lo largo del viaje. Más me
+valiera haberme quedado de religiosa en el colegio de San Clemente de
+nuestra ciudad, que no hacer peligrar aquí mi vocación forzosa y la
+salvación de mi alma.
+
+--Fuerza es que lleguemos a Mantua, mi señora. Pero decidme, ¿qué mal
+pájaro os ha picado que os ha causado tal maleficio?
+
+--Alas tiene y no es ave. Ciego es y todo lo penetra. Niño es y sabe más
+que cien doctores.
+
+--Acabáramos, doña Mencía de mi alma, que ya me asombraba a mí que el
+tal picaruelo no se nos hubiera puesto delante en el camino.
+
+--Ganas me dan de sacar de la maletilla el traje femenino que traigo
+para entrar en Mantua, descubrirle a don Miguel la verdad de nuestra
+historia y decirle que le amo de todas veras desde que le vi. ¿No has
+parado mientes en lo apuesto de su porte, en la nobleza de sus modos, en
+la galanura de su decir y en la discreción de su pensar? Heme aficionado
+a él de tal manera y cobrádole un tan grandísimo afecto, que sangre del
+corazón llorarían mis ojos si me arrancasen de su compañía.
+
+Juntos pasaron el siguiente día ambos muy divertidos con sus pláticas.
+Era el don Miguel muy letrado y placíase en decir versos que sabía, y
+sólo ignoraba que sus coloquios con don Diego aumentaban una llama
+cruel. Así aconteció que hallándose juntos tuvo el don Miguel la donosa
+ocurrencia de recitar a su amigo el siguiente soneto que él compuso
+cierta vez a una dama que mostraba un lunar en uno de sus pechos:
+
+ SONETO
+
+ Sabio lunar que colocarse supo
+ tan sabiamente en el redondo seno.
+ De orgullo le supongo y gozo lleno
+ por la preciosa suerte que le cupo.
+
+ Es flor de tal jardín, él es el astro,
+ astrolabio, astro mago, guía y norte
+ de esa esfera de amor. ¡Oh rey sin corte!
+ Planeta de ese cielo de alabastro.
+
+ Atrae por quemar. Fuego de Neso.
+ Imán de la mirada. Imán del beso.
+ Para encender los labios con su llama,
+
+ y que la apague al recibirlos luego,
+ lago que apaga de la antorcha el fuego,
+ los verdes ojos de la rubia dama.
+
+No apercibióse Guzmán de la turbación que disimulaba en cuanto podía don
+Diego, según avanzaba él en el declamado de los versos, que a bien que
+él pensaba decirlos a un caballero mancebo para diversión, y no que
+caían en los castísimos oídos de una noble doncella. Así al terminarlos
+y recibidos plácemes por su arte de bien decir, fué requerido el de
+Zúñiga para recitar a su vez. Era éste grave aprieto para la dama; pero
+cediendo a la fatalidad de la ocasión, hubo de decir con voz algo
+turbada, pero suave y cristalina, esta canción que recordaba:
+
+ CANCION
+ Amor de yo no sé dónde.
+ Pasión de yo no sé cuándo.
+ ¡Qué necio es lo que se esconde,
+ si el alma lo está buscando!
+ No el severo pensamiento
+ me distraiga de mis cosas.
+ ¿Acaso medita el viento,
+ y acaso piensan las rosas?
+ Viva la bella locura
+ que habla al sol en la pradera,
+ y corre por la llanura
+ cabalgando en la quimera.
+ El sol que en la tarde muere
+ vuelve a nacer otro día.
+ Quien de nosotros muriere
+ a nacer no volvería;
+ día en que no hemos amado,
+ día es que habremos perdido.
+ ¡Oh, amores que ya han pasado,
+ y amores que aun no han venido!
+ Llegue a leer tu mirada
+ mi dulce libro secreto.
+ Sin ti la vida no es nada.
+ ¿Qué sería el Paracleto
+ sin Heloísa? ¿Qué fuera
+ Valchiuso sin el Petrarca?
+ ¿Por qué la encantada barca
+ en vano en el lago espera?
+ ¿Para quiénes la ribera
+ tiene su sombra y su flor?
+ Jardines de primavera,
+ ¿qué seréis sin el amor?
+
+Hubo de comprimir un suspiro el ficticio don Diego al terminar la
+relación, y apenas supo dar las gracias por las albricias que le daba el
+de Guzmán, encantado por el modo con que había sido dicha la canción.
+Entretuviéronse departiendo sobre otros puntos puestos de codos sobre la
+abierta ventana, mientras abajo proseguía el eterno coro de todos
+tiempos y países. Los criados hablando mal de sus amos y del gobierno de
+la república, y las mujeres mordiendo en las honras de las vecinas y las
+vidas de las amigas ausentes. Que no hay Trajano que no sea Calígula
+para la gente lacayuna, ni dama que no sea liviana para las mujeres que
+por los años no pueden ya valerse de sus donaires, y por su
+desabrimiento no llegaron a doctorarse de alcahuetas en las academias
+del amor.
+
+Al caer de la tarde, don Miguel fué a buscar al que para él seguía
+siendo don Diego, y requirióle para dar un paseo por las afueras de la
+ciudad, que con aquel otoño tan dulce eran de una amenidad
+extraordinaria. Hizo don Diego esfuerzos para serenarse, y cuando
+departían bajo de una frondosa olmeda, don Miguel, asustando a su
+interlocutor con tal comienzo de discurso, hubo de decirle así. Lo que
+le dijo verán los curiosos ojos que pasaren a la segunda parte de tan
+certísima historia.
+
+
+
+
+SEGUNDA PARTE
+
+SÍGUESE REFIRIENDO EL PEREGRINO SUCESO DE LA ENAMORADA INDISCRETA, QUE
+TAMBIÉN FUÉ LLAMADO DEL PELIGRO EN LA VERDAD.
+
+
+--Quiero, amigo don Diego--empezó diciendo el de Guzmán--, ya que sois
+el único que por ahora tengo en esta ciudad, daros cuenta del propósito
+de mi viaje y razón de mi llegada a estas tierras. Habéis de saber que
+he venido a celebrar mis bodas, a las cuales os podéis tener por
+natural convidado; pero os ha de asombrar el saber que no he hablado
+nunca con mi esposa, que así puedo llamarla, y que quiero probar la
+condición de su carácter, aunque ya conozco la de su continente.
+
+--¿Ya la habéis visto?--preguntó casi temblando don Diego.
+
+--Cierto que sí, y vos también. ¿No recordáis aquella joven del azor que
+vimos pasar por delante de la catedral? Pues esa es, la hija de Leonardo
+Aldobrandino, primate de este ducado.
+
+Creyó don Diego que su amigo se chanceaba y acabaría por darle vaya y
+declarar que eran sus palabras burla de pasatiempo; pero tal insistió,
+refiriéndole la historia que ya conocemos, que don Diego felicitóle, el
+rostro demudado y casi balbuciente el habla.
+
+--Murió mi padre hace tres años--concluyó don Miguel--y he venido yo
+solo a cumplir el pacto, si en ello no va nada, como espero, contra el
+lustre de mi raza y la honra de mi persona. Para mis planes necesito de
+vos, caballero don Diego, pues desde luego he descubierto en vos una
+gran nobleza, y serviréisme, procurando ser visto de la hija de
+Leonardo, después que yo haya llegado a ella, aunque sin descubrir quién
+soy. Si ella sabe rechazar toda pretensión que no sea la de ver a su
+esposo de Indias, a quien debe esperar fielmente, será mi esposa. Pero
+si no sale triunfante de la prueba y tiene a los galanteos la
+inclinación que otras muchas jóvenes italianas, no será ella quien venga
+conmigo a mi palacio de Sevilla.
+
+De tal modo insistió don Miguel, que logró que don Diego aceptara la
+misión, y algunos ricos trajes y preseas para el atavío de su cuerpo,
+que eran muy de menester para el intento. Y aquella misma noche unos
+músicos colocados bajo las ventanas de Renata, cantaron con meliflua voz
+el siguiente:
+
+ SONETO
+
+ Amor es, Filis, brisa perfumada.
+ Ola de un mar de encanto. Golondrina.
+ Es algo que va y viene. Peregrina
+ canción que en la espesura canta un hada.
+ Ha tenido el jardín fulgores raros
+ como luz de un espíritu que pasa,
+ y ese fuego he sentido que me abrasa
+ al resplandor de vuestros ojos claros.
+ La luz y vuestra sombra se perdieron.
+ Amargura y dolor permanecieron.
+ Al bosque y a las almas vuelve el frío.
+ La fuente gime con gemir sonoro.
+ Llorando está el jardín sus hojas de oro
+ porque han muerto las flores y el estío.
+
+Era por la mitad del cántico cuando entreabrióse una de las ventanas y
+asomó su rostro cenceño la dueña Lisarda, que había sido tercera de los
+amores de Leonardo con la madre de Renata, y vivía desde tiempo
+inmemorial en la casa. Retiróse en seguida; y al punto muy
+discretamente, como niño que teme cometer impertinencia, miraron a la
+calle los propios y celebrados ojos de Renata, a quien placía tener por
+vez primera música delante de su casa. Pero como Leonardo, que había
+salido al palacio del obispo, donde se celebraba un festín, no había de
+tardar en volver, Lisarda bajó a decir a los músicos para quien les
+enviaba, que su ama se holgaba con su tañido y les agradecía con notable
+contento la merced; pero que si el señor volvía y apercibía serenata,
+habían de verse en grave aprieto por ser justicia de la ciudad y muy
+celoso de la guardia de su hija. Con esto y haber juzgado que para ser
+la primera noche habían hecho bastante, retiráronse caballeros y
+músicos.
+
+Júzguese el dolor del fingido D. Diego al representar tal papel. Fué tan
+grande como la alegría de Renata, al verse regalada y con cortejo. Al
+otro día, y por encargo del de Zúñiga, buscó Marcos la traza para hablar
+con Lisarda, y su coloquio fué tan sabroso como breve:--Garrido es el
+soldado--dijo la vieja al escucharle--, y a fe que si fuera más mozo
+pudiera ser el roto de mi descosido. Pero sepa que mi boca es de oro, y
+sólo se abre con llave de ese mismo metal, que no quiero comprometerme
+de balde con mi señora. Válame Dios.
+
+--Miren el orejoncillo con faldas--contestóla Marcos--que en mi tierra
+la hubieran paseado por el Zoco, caballera en un pollino, emplumada y
+con coroza, y conocería todas las pencas de la comarca. Y concluyó con
+una sarta de pesiatales y de porvidas, con más votos que el altar de San
+Blas. Fuése el escudero, y apenas hubo subido Lisarda a la casa, fué
+llamada por Renata.
+
+--¿Sabes--preguntóla ésta--quién puede ser uno de los galanes de la
+música de anoche?
+
+--Yo tengo, hija mía--repuso la dueña--tan poca vista para la malicia,
+que no acierto en esas cosas.
+
+--Pues esta mañana, viniendo de San Lotario, le he visto entrar en la
+hostería del Centauro, que no se me despinta su talle con sólo habérseme
+aparecido de noche y no haber mirado yo más que de soslayo. Y decirte
+quiero, Lisarda, que estoy harta de esperar a ese caballero de Indias,
+que me tiene prometido mi padre y también que he soñado con el rondador
+de la serenata. No es desagradable tampoco otro caballero que hoy tiene
+mi padre convidado, y nos ha saludado esta mañana en la iglesia; pero no
+me parece tan amable como el de la hostería. Fuerza es que te enteres de
+sus prendas y si es persona de calidad como representa ser.
+
+Aquel día tenía, en efecto, Leonardo convidado al propio D. Miguel que,
+sin manifestar su nombre verdadero, se había presentado a él como un
+amigo del visorrey y de su hijo, de quien le traía nuevas. Mucho agradó
+a Renata la presencia del huésped, así como su cortesanía y discreción;
+pero el pensamiento no se le iba del lado de D. Diego, de quien las
+artes del Enemigo Malo hiciéronla prendarse muy en malhora. Quiso
+Leonardo que su hija regalase al forastero, y la hizo cantar
+acompañándose con el arpa, y cantado que hubo, requirió y le fué
+concedida licencia para retirarse del estrado. Así que Renata se vió
+libre, corrió en busca de Lisarda para hablar con ella de D. Diego con
+ese afán de los enamorados que sólo saben platicar de lo que aman.
+Preguntóla si había inquirido su nombre y condición, y supo que era un
+caballero español que se llamaba D. Diego de Zúñiga, y a lo que la
+dijeron viajaba por placer, siendo un mayorazgo muy rico de Castilla.
+Esto sabido, su pasión afirmóse al conocer que se trataba de un hombre
+principal.
+
+Instigado por D. Miguel vióse D. Diego obligado a enviarla recados y
+billetes de mejor gana recibidos que mandados. Y era de ver cómo al
+tiempo que crecía el amor de Renata por D. Diego, crecía también la
+pasión del falso Zúñiga por el noble don Miguel. Y la dama, oculta bajo
+el disfraz de que se había valido para salvar su recato al viajar por
+los caminos en dirección al convento en donde se pensaba encerrar,
+lloraba cuando estaba a solas, y para salir de tan anormal situación
+unas veces se determinaba a presentarse con el traje de su sexo al de
+Guzmán, y otras decidíase a partir para Mantua sin despedirse del
+caballero que inocentemente hacía tal estrago en su espíritu, siquiera
+fuese el suyo el honesto amor que cumplía a una joven dama principal y
+cristiana como ella era.
+
+Tenía dispuesto el duque de Ferrara en sus bellos jardines una fiesta de
+noche, para honrar una embajada de la magnífica señoría de la república
+de Venecia, y había de ser de un fausto tal como era tradición en los
+sucesores de Alfonso de Este, _divi Hércules filius_. Como era natural,
+tenía parte principal en ella Renata como sobrina del senescal, y
+Aldobrandino, sin saber que con ello honraba al que debía ser su yerno,
+invitó a D. Miguel a que fuera parte de la misma y de una comedia que
+allí había de hacerse. Dió cuenta de esto el de Guzmán a D. Diego, y a
+poco recibía el falso Zúñiga una esquela de Renata con cita en los
+jardines ducales la noche de la fiesta.
+
+Magnífica como el señor que la dispuso, era ésta que animó los vergeles
+señoriales. Percibíase, llegando a ellos, un grato y apacible sonar de
+músicas, y apercibíase en entrando una muy notable frecuencia de
+caballeros y de damas que discurrían y departían, placíanse con el
+tañido y holgábanse con danzas de ceremonia y otros varios deleites.
+
+Siendo grande la frondosidad de la arboleda, toda ella ardía con
+profusión de luminarias, y era de ver cómo rutilaban las piedras
+preciosas sobre los brochados de los trajes, y cómo los blancos chapines
+de seda de las damas constelados de diamantes semejaban albas flores
+cubiertas de rocío sobre el verde de la pradera.
+
+Aquellos días celebrábanse de continuo fiestas de estafermos y corríanse
+sortijas, habiendo justas como otras célebres que hubo en Castilla,
+tales como el paso honroso del caballero Suero de Quiñones en Medina del
+Campo, y el otro con que le imitó honrando la embajada del duque de
+Bretaña el muy magnífico señor don Beltrán de la Cueva, duque de
+Alburquerque, conde de Ledesma, vizconde de Huelma, señor de Mombeltrán,
+y de La Adrada de Cuéllar y de Roa, ejemplo de validos y espejo de
+caballeros leales a sus reyes.
+
+Abríase en el centro de los jardines una amplia plaza bordeada de
+álamos, cubiertos sus añosos troncos con túnicas de hiedra; nobles
+estatuas alzábanse también allí, y el suave musgo vestía de verde
+terciopelo las figuras del mármol. Corriéronse en tan bello lugar unos
+anillos a la luz de las antorchas y fué triunfante un caballero milanés
+que se llamaba Leonelo Sforza, y era hijo del esclarecido linaje que
+llevaba ese nombre preclaro. Traía el vencedor en la muñeca izquierda un
+brazalete como de hierro y en el cual eran grabadas las palabras de su
+mote, que también llevaba en el gallardete de su lanza. Lema lleno de
+poesía y donosura, que decía así: _Galeote soy de amor_.
+
+Fué a ofrecer su galardón a una dama que se hallaba justamente al lado
+de Renata y se llamaba Laura de la Rovere y era de familia de donde han
+salido pontífices romanos. Algún disgusto tuvo la vanidosa Aldobrandino
+al no verse favorecida, pero ningún desabrimiento había aquella noche en
+la fiesta como el del desdichado don Diego, que tan mal de su grado la
+presenciaba.
+
+Siguióse una danza de salvajes, y a ésta otra en que la comparsa
+vestíase a la usanza de los antiguos legionarios romanos. Apartáronse
+luego en dos filas los bailarines y salieron del boscaje unas gentiles
+amazonas que hubieran sido envidia de la propia Pentesilea y cabalgaban
+sobre cándidas hacaneas cubiertas con gualdrapas. Traían una aljaba a la
+espalda y blandían el arco en la diestra, disparando sus flechas hacia
+lo alto de los árboles. A ellas seguían unos lacayos que conducían sobre
+parihuelas de plata diversos cuerpos de toros con sus cuernos y sus
+cascos dorados, y todos ellos cubiertos de guirnaldas, y con gran
+concurso de frutas confitadas. Era este el anuncio del festín que se
+siguió y fué tal como los opulentos de las nupcias de Beatriz de Avalos
+con el magnífico Juan Jacobo Trivulzio, y las de Violante Visconti con
+el duque Lionel de Inglaterra.
+
+Finó el banquete, mas no se crea por eso que tuvo su punto la función.
+Diéronse varios vítores a la embajada veneciana, y luego unos como
+líctores comenzaron a decir: «¡Viva el duque muchos, y buenos, y largos
+años con triunfo sobre sus enemigos!» Y el cardenal de Giudice, que
+presente se hallaba, dijo después: «Loado sea Nuestro Señor; que nos da
+tal señor.» Todos cuantos habían sido parte en el festín pusiéronse muy
+luego en marcha a otro lugar, pues que la noche y los jardines daban el
+tiempo y el espacio suficientes para que la fiesta continuase. Dió todo
+aquel senado en una pradera donde había dispuesto un estrado para que
+unos muy ilustres histriones representasen farsas divertidas y amenas.
+No era ciertamente nada de amena y divertida la farsa que tocaba
+representar a D. Diego, que tenía su pensamiento allí donde pusiera su
+ánima cuitada.
+
+Comenzóse la representación por una loa que se titulaba _El triunfo de
+la prudencia_. Era en tal alegoría la señoría veneciana como Mentor del
+país italiano a quien se hacía pasar por Ulises. La urdimbre era
+sencilla y agradable, y todo aquel artificio con muy singular acierto
+tramado. Hacíase después un paseo de comedias que era llamado así: _Gran
+caudillo es el amor_. Bello poema donde el poeta ponía en su fábula
+verdades de la vida. Era aquí donde había sido rogado D. Miguel por
+Aldobrandino que, tratándose de una persona principal y muy versada en
+letras italianas, tomase un papel. Eran los personajes de la acción:
+Ricardo y Cardenio, caballeros; Lucrecia y Beatriz, damas; Hipólita,
+dueña, y Pánfilo y Doroteo, criados. Fingía Renata la parte de Beatriz,
+sin saber que en aquel Cardenio que era su galán en la comedia,
+escondíase su prometido esposo verdadero, tan bien esperado como mal
+recibido.
+
+Fingíase en aquel paso que todas las damas habían movido una cruzada
+contra los caballeros todos para vencerles el desamor, pues no los
+consideraban suficientemente rendidos a su albedrío, y valiéndose de
+armas para su intento, habían usado primero de la tiranía de la soberbia
+con que sólo consiguieron un desdén uniforme. Buscaron luego mejor
+general para su causa y dieron en encontrar al amor que muy luego
+sirvióles aunque siendo igual que fuerte veleidoso hubo de traicionarlas
+haciéndolas a la postre esclavas de aquéllos a quienes intentaron
+rendir. Era bella la traza y hábilmente parlada, que bien mostrado lo
+sutil del ingenio que la había compuesto y debía de ser un poeta que no
+cediera en elegancia al mismo Fracastor.
+
+Trasládase aquí un retazo de escena, porque el interés que movió en el
+senado que la escuchaba y hasta nuestro propio deleite nos lo ordenan.
+Hallábanse en medio de un boscaje el caballero Ricardo, que era príncipe
+de Inglaterra, y la dama Lucrecia, que era duquesa de la Italia, y así
+decían sus decires:
+
+RICARDO
+
+¿Seréis esquiva dama menos gradescida que las flores? Ved que ellas de
+todos codiciadas no apartan el tallo de su rama cuando alguien quiere
+gustar de su fragancia, y aun besarlas como a labios de hermosas.
+
+LUCRECIA
+
+Para vos, caballero Ricardo, las flores todas de mi jardín, menos una.
+Sabedla ganar y serán sus hojas labios para vuestros labios. Vos os
+llamáis Ricardo. Así se llamaba vuestro rey Corazón de León.
+
+RICARDO
+
+¿Queréis, dama Lucrecia, que vaya a Palestina? Yo rescataré el sepulcro
+de Cristo, y traeré para que adornen vuestros chapines las gemas que
+adornan el turbante del señor soldán de Babilonia.
+
+LUCRECIA
+
+¿Vos no sabéis la historia de la Tabla Redonda?
+
+RICARDO
+
+El rey Artús era mi abuelo.
+
+LUCRECIA
+
+Aún me parece a mí poco linaje el vuestro. No vayáis a Tierra Santa,
+pero traedme la copa donde bebió Nuestro Señor en su última cena. Está
+tallada en una piedra que saltó de la diadema del demonio. Guardóla el
+rey Titurel de Anjous con unos bravos caballeros, y otro caído en
+liviandades la perdió. Rescatóla el príncipe Parcival, padre del
+caballero Lanzarote del Lago. Ricardo, la noche de nuestras bodas,
+quiero que bebamos licor de la vida en ese cáliz. Ricardo, id al
+Monsalvato y traedme al Santo Grial.
+
+RICARDO
+
+Rebosante de sangre de emperadores adversos, y de vino de las vides de
+Chipre. Inerme acudiré. Rendiros he mi espada.
+
+(Aquí desceñíase la espada del tahalí, la cual era recibida por
+Lucrecia, que besaba su pomo.)
+
+LUCRECIA
+
+Beso este oro donde tantas veces puso sus manos el valor.
+
+(Soltaba la espada de improviso y daba un grande grito.)
+
+¡Mal cuitada de mí! Aspid, escorpión o saeta. No era espada, que era
+dardo de amor. No os partáis de mi lado. Para vos, caballero Ricardo,
+todas mis ofrendas y todos mis sacrificios. No temáis que el viento os
+aparte la rosa de la rama.
+
+RICARDO
+
+¡Ay, el viento de la muerte!...
+
+LUCRECIA
+
+No le temáis; mucho peor es el viento de la vida para arrebatar amores.
+Pero yo soy eternamente para vos. Tomadme, Ricardo. Vuestra es la rosa.
+Tomadla antes que la agosten los soles, la marchiten las lluvias y la
+arrastren deshojada los vendavales.
+
+(Y se oía tras el boscaje una suave música, y se corría un rico tapiz
+sobre el estrado.)
+
+Pareció notablemente bien la comedia al concurso y todos la loaron
+sobremanera. Sólo D. Diego padecía después de haber visto en una escena,
+juntos al noble don Miguel con la desenvuelta Renata. Y fué más, para
+aumentar su enojo, cuando vió a Lisarda, la dueña, que cautelosamente se
+le llegaba y ponía en sus manos un billete, diciéndole en él Renata que
+si quería platicar con ella, la vieja le daría la llave de una puerta
+secreta de su casa, por donde sin ser notado, podía con toda seguridad
+llegar a su aposento y salir del mismo modo. En poco estuvo que D. Diego
+no pusiera entonces punto a la enfadosa historia en que estaba metido;
+pero por servir en algo a D. Miguel, a quien tan rendido estaba su
+verdadero ser, se dispuso mal de su grado a continuarla, aceptando de
+manos de la dueña la llave prometida. Terminóse la fiesta con grande
+algazara de pífanos y otros instrumentos, que recorriendo los jardines
+mostraban señal de que la fiesta había dado fin. Y fué de ver el
+brillante aparato con que Renata, como correspondía a su alcurnia,
+retiróse a su casa en la carroza con su padre, acompañados por dos
+jinetes que iban a los estribos con sendas hachas de viento encendidas.
+
+
+TERCERA PARTE
+
+DASE FIN Y CABO A TAN EXTRAORDINARIA HISTORIA
+
+
+Habló D. Diego con Marcos al salir del vergel de los duques, y éste
+aconsejóle que pusiese cuanto antes término a tan enojosa aventura. Pero
+no bien habían andado algunos pasos, cuando Lisarda entregó a D. Diego
+un billete en que Renata pedía el hablarle sin falta aquella misma
+noche y con grande urgencia. Determinóse don Diego a acudir al
+llamamiento con la presteza demandada, y despidiendo a su escudero,
+siguió a la dueña, hasta la puerta oculta y la escala secreta. Vióse de
+pronto en una estancia suntuosísima con tapices de tan raro gusto y lujo
+por las paredes, y muelles escabeles y blandas acitaras que más llevaban
+a la pereza que a la diligencia. Un braserillo donde se quemaba canela y
+ámbar, hacía oficio de pebetero y aromaba el agradable ambiente.
+Levantóse uno de los tapices y apareció Renata ataviada con el mismo
+vestido carmesí y la gorguera de batista finísima, y las mismas preseas
+que en la fiesta, pues tocábase con la _lenza_, que es como llaman en
+Toscana a la diadema que llevan las damas próceres, y traía sobre su
+pecho un primoroso cintillo de topacios y de diamantes. Estaba cubierto
+el pavimento con una pérsica alcatifa de tal modo, que los perlados
+chapines de Renata no movieron ruido ninguno y el absorto D. Diego no
+advirtió su presencia hasta tenerla junto a sí. Y fué notable su
+maravilla cuando la vió caer de rodillas ante él y con mil protestas y
+juramentos solicitarle que sin pérdida de tiempo mostrara a su padre la
+calidad de su persona y cómo podía ser digno esposo de su hija, para que
+la pidiera en matrimonio. Llegó la desventurada en su desvarío a
+pedirle que la llevara consigo a su posada, con lo que por evitar que se
+siguiera el escándalo, el mismo padre acudiría con el clérigo para los
+desposorios. Y esto decía aquella niña criada con tal cuidado y esmero
+en el santo temor de Dios por el más severo y amante de los padres. Que
+a tan notables extremos de locura lleva a las criaturas humanas el ciego
+amor, ministro del infierno y arma de Satanás.
+
+--Hicierais mejor--le repuso serenamente D. Diego--en amar de lejos, que
+las almas que son mariposas de la llama de amor mueren abrasadas en ella
+cuando se acercan demasiado.
+
+Arrojóse Renata a sus brazos, y en poco estuvo que el disfrazado Zúñiga
+no la mostrara la gravedad de su disparate; pero conteniéndose y dejando
+el fin de todo para el siguiente día, desprendiéndose de ella y con la
+promesa de volver a la otra noche ganó la secreta escalera y se puso en
+salvo.
+
+Apenas tornóse a la posada donde le esperaba D. Miguel, refirióle punto
+por punto lo acaecido, haciendo grandes esfuerzos por no declararse a él
+como Renata, pues la dama española consideraba todo aquello como una
+prueba a que el Señor Rey de cielos y de tierra había sido servido de
+someterla en su alta sabiduría. Pero fué grande su espanto cuando supo
+que D. Miguel había recibido también un billete de Renata para verla a
+la siguiente noche, a hora diversa de la concedida a D. Diego.--¡Ah,
+pérfida y malvada mujer--decía el de Guzmán--que así haces aprecio de
+las canas de ese noble varón, que es tu padre, y crees que el amor de
+los caballeros y el recato de las damas son prendas para juego!--Y luego
+continuó más sereno:--Yo te juro que esta vez tu saber ha sido errado, y
+que no ha de valerte que sepas tanto de amor como de ciencia doña Oliva
+Sabuco, y que has de olvidarla toda muy pronto, así tengas más memoria
+que Mitrídates y Scalígero, y en seguida concertóse con D. Diego para ir
+juntos a la siguiente noche y confundirla con la lición de la presencia
+de ambos a la vez.
+
+Marchóse D. Diego a su aposento, y fuera necio advertir, que no sólo no
+pudo conciliar el sueño, sino que ni lo intentó siquiera. Tenía una
+grande turbación, que era ese inmenso desasosiego de la mujer
+fuertemente enamorada, que lucha porque la color de su rostro y la frase
+de su labio no traicionen a su alma.
+
+¡Grande cosa es el amor, decía el escudero Marcos, que él vuelve agudos
+a los tontos y torna necios a los discretos! Doña Mencía en tanto
+deshacíase querellando sus cuitas. Salíase a un muy apacible retiro
+formado de olmos muy añosos, y allí se lamentaba:--Que así hemos de ser
+las mujeres--, decía--que así cambiamos amores con desdenes, y nos
+perecemos por amar a quien no nos ama, y somos esquivas para los que nos
+quieren bien--. Era aquel lugar muy sujeto a melancolías en su sombra
+nocturna, y servíala de consuelo. ¡Oh noche, divina noche, hermana del
+misterio y madre de la bendita poesía, tú eres la puerta encantada de
+los placeres, y la piedra filosofal de los dolores, maravilla de los
+amantes, arpa de las canciones, princesa del secreto, y alcázar
+universal del amor.
+
+Ya pensaba la piadosa Mencía en el exorcismo, creyéndose posesa,
+malhayan la caldereta y el hisopo para tales hechizos y para tal
+demonio. Buscó después el halago en la piedad, y cogiendo un libro
+eucológico que D. Miguel habíala emprestado, y se llamaba _Ruta de la
+montaña de Sión_, hubo de toparse entre sus páginas con unos versos
+manuscritos, que sin duda alguien habíalos dado traslado a aquel papel,
+habiéndole placido el donaire de un poeta que debía de ser, a no dudar,
+algún preclaro ingenio de la corte de Madrid, y eran estos que aquí se
+copian para mayor deleite:
+
+ LETRILLA A DOÑA BELISA
+
+ Amor, que es niño y travieso,
+ me mata con sus mercedes.
+ Hame tendido sus redes,
+ y hame preso.
+ Pedisme dueña y amiga,
+ que os diga
+ mis bienandanzas de bella,
+ y la cuitada cantiga
+ sólo oiréis de mi querella.
+
+ Ya no rúo, ya no canto,
+ del arca en el fondo están
+ basquiña de veludillo,
+ pañizuelos y tontillo,
+ y la prenda de mi encanto,
+ aquel primoroso manto
+ de bordado tafetán.
+
+ Que amor que es niño y travieso
+ me mata con sus mercedes,
+ hame tendido sus redes,
+ y hame preso.
+
+ Y sabréis Doña Belisa,
+ que sólo salgo a la misa
+ de las madres Recoletas,
+ y ya no me regodeo,
+ ni bullo, ni me paseo
+ por San Blas, ni por el Prado,
+ que amo pláticas secretas
+ tenidas en el estrado,
+ y triste cilicio ciño
+ por la culpa de un doncel.
+ Que amor me llevó al cariño
+ de uno que es travieso y niño
+ como él.
+
+ Como él gracioso y avieso,
+ con perfil de Ganimedes.
+ Hame tendido sus redes
+ y hame preso,
+ el que sin mal ni dolor
+ el seso roba al discreto,
+ y enturbia el sabio conceto
+ al letrado y al dotor.
+
+ El amor,
+ que no obliga con premáticas,
+ ni otras leyes mayestáticas,
+ el señor corregidor.
+ Y a quien no rinden los reyes,
+ ni con él hay valimiento,
+ ni rigen con él las leyes
+ que llenan el aposento
+ de mi tío el oidor.
+
+ Se trata, doña Belisa,
+ de un rapaz más que donoso
+ que en los diez y siete frisa.
+
+ ¡Quién me viera!
+ Yo, aquella dama que fuera
+ la del gesto desdeñoso,
+ castigo de los galanes
+ que desprecié los afanes
+ postreramente de tres.
+ Don Gil que ahora en Indias loco
+ padece por sus desmanes.
+ Un mayorazgo por poco,
+ y por harto un ginovés.
+
+ No juguéis con el cariño.
+ Mirad quien así os lo avisa.
+ No sabéis, Doña Belisa
+ cómo me tiene ese niño.
+
+ Dejadme, dueña y amiga,
+ que no siga
+ con tan plañidero son.
+ A vos os digo el secreto
+ a que me obliga el afeto
+ de nuestra vieja afición.
+ Pero no es bien que mi lengua
+ al viento diga mi mengua,
+ que no es bien que la publique
+ y mi escándalo predique
+ mi canción.
+ Y pues mi mal conoscedes,
+ si halláis afrenta en mi exceso
+ no preguntéis por mi seso,
+ que la deidad que sabedes,
+ hame tendido sus redes
+ y hame preso.
+
+Leyólos y releyólos doña Mencía con atento cuidado, como si fuese
+aquella dulce poesía espejo de sus propias penas. Muy luego tomólos en
+su memoria, que era clarísima, y casi de continuo los recitaba.
+
+Tan luego como amaneció, sacó del cofrecillo que había traído Marcos a
+las ancas de su mula los atavíos femeniles que la correspondían, y eran
+sencillísimos y de una gran honestidad. Un vestido de estameña y un
+tafetancillo como velo, que eran con los que pensaba entrar en Mantua,
+por no ser decoroso que entrase en el convento con el traje hombruno del
+camino. Y cuando don Miguel envió a su amigo los buenos días, el que ya
+no era don Diego, después de tomar licencia para entrar en el aposento
+del de Guzmán, presentóse en el umbral de la puerta, mostrando tan
+gentil presencia de mujer, que don Miguel quedó todo turbado y confuso
+ante la inesperada aparición.
+
+--No fué soñación vuestra sin duda, señor don Miguel--comenzó diciendo
+la dama,--ver trocado desta manera a vuestro gentil amigo don Diego.
+Pero en pocas palabras os diré la verdad de mi historia. Soy nacida en
+Toledo, de muy nobles padres y llámome doña Mencía de Carvajal. Más
+cuidadosos de medrar en su hacienda que de beneficiar mi espíritu,
+dábanme por marido a un hombre rico, pero viejo, sucio y feo. Nada
+valieron mis protestas, y entonces determinéme a tomar por esposo al que
+es eternamente bello y bueno. Una hermana de mi padre, dama que fué de
+gran hermosura, vive en Italia rigiendo una comunidad de religiosas y
+pensé venirme con ella, tomando para mi intento ese disfraz con que me
+habéis visto, y acompañándome de Marcos, escudero de mi casa, que fué
+compañero de armas de mi abuelo y tiéneme más afición que mi propio
+padre, y así tomé el camino destas tierras donde había de unirme con la
+que se llamó en el siglo doña Clara de Carvajal y de Mendoza, y hoy es
+en religión sor Margarita, priora de las Capuchinas de Mantua. Pero
+quiso Dios (Dios debe ser) que os hallare en mi camino. Sabed, don
+Miguel, que de hoy más no me veréis. He sido fuerte hasta ahora, seré un
+momento débil para haceros una confesión, que el corazón se me saltará
+del pecho si no os la hago y puedo hacérosla, porque sois hidalgo y
+noble como un hijo de rey, y luego volveré a mi prístina fortaleza para
+daros un adiós que lleve quizás pedazos de mi alma.
+
+El asombro de don Miguel creció de punto al escuchar tales palabras y de
+tan linda boca, que la gravedad del continente de doña Mencía y toda la
+honestidad que ponía en el hablar, que lo hacía con los ojos fijos en
+el suelo, habíanle llegado a lo hondo de su ánima.
+
+--No acierto--prosiguió la dama--a deciros lo que deciros no quisiera,
+pero deciros he. Diréos, don Miguel, que os amo, que sois el primer
+caballero a quien puedo decirlo, y único, pues que dentro de breve
+tiempo el mundo habrá concluído para mí. Considero vuestro amor como una
+rosa encantada, de aroma fragantísimo que debo aspirar a distancia,
+porque si tocarla quiero, cien espinas buídas me castigarán de mi
+osadía. Pero sabed que os adoro, aunque sea mengua mía decíroslo, y que
+soy tan ambiciosa que quiero de vos una gran merced. Os pido don Miguel,
+que perdonéis como discreto a la que os ama como loca.
+
+Quiso arrodillarse ante él; pero Guzmán la detuvo, y cogiéndola una de
+sus blanquísimas manos besósela con unción respetuosa.
+
+Aquella noche, como habían convenido, acudió doña Mencía con su traje
+viril a la casa de Renata. Esperaba la italiana a su don Diego en el
+mismo aposento que la otra noche, y no bien fué verle entrar, que se
+arrojó a su cuello con transportes de amor, y como entonces tropezase
+con el redondo seno de doña Mencía, extrañándose de hallar tal obstáculo
+en el pecho de su amado, hubo de preguntarle al tiempo que paseaba sus
+manos por el misterioso lugar:
+
+--¿Qué os abulta aquí, caballero?
+
+--Esto es lo único que me abulta, señora--respondióla don Diego con modo
+socarrón.
+
+Y entonces, desabrochándose el juboncillo con gran presteza y abatiendo
+su camisa, mostró a Renata, que esperaba el pecho fuerte del mancebo, su
+blanco cuerpo, su finísimo talle y la turgencia de sus admirables senos,
+cuya vista pusiera en notable desasosiego al más austero y frío de los
+varones.
+
+--Me gustan más los míos--dijo Renata, que al comprender la situación
+había tomado una gran seriedad.
+
+Fué en este momento cuando don Miguel apareció en la puerta de la
+estancia, lo cual terminó de turbar a la infeliz Renata. Y subió de
+punto su burla cuando el caballero recién llegado dijo a doña Mencía:
+
+--Venid, mi esposa.
+
+Y después de haberla ayudado a vestirse de nuevo, cogióla de la mano, y
+sin dirigir palabra a Renata salieron ambos.
+
+Fué inmenso el enojo de Leonardo Aldobrandino al saber los hechos de su
+hija por boca del mismo don Miguel, que ya se había descubierto como
+quien era; y habiendo el de Guzmán declarado que doña Mencía de
+Carvajal había de ser su legítima esposa ante Dios y ante los hombres,
+quiso Aldobrandino que su hija fuese a ocupar en el convento de Mantua
+la misma celda que esperaba a la dama española.
+
+No se holgaron menos de la fausta nueva los padres de doña Mencía,
+quienes muy luego ordenaron una misa en la iglesia de Santo Tomé de su
+ciudad, para celebrar el feliz matrimonio de su hija. Misa fué ésta a la
+que no asistió don Lucas Leví Escobedo, hombre frío y desabrido como las
+gracias de Mari Angola, que era el novio que la deparaban primeramente,
+y hay quien dice que no acudió al santo sacrificio, porque descendiendo
+de los Levíes, que fueron tesoreros de don Pedro de Castilla, era sin
+duda, más viejo como avaro que como cristiano, y que hacía al tocino los
+ascos que no hizo nunca a los escudos de a ocho.
+
+Fueron suntuosas de toda suntuosidad las bodas de don Miguel y doña
+Mencía, las cuales recordaron con piedad y lástima el engaño de la
+infeliz Renata, que por ser indiscreta en sus amores y querido buscar el
+afecto imposible del fingido don Diego, vióse tan justamente castigada.
+Y hoy sabemos della que es una religiosa tan perfecta como ejemplar y
+venturosa casada ha sido doña Mencía, que pocos años ha murió en su
+palacio de Sevilla, mirándose en los ojos de su esposo.
+
+Y vese aquí que hasta los más extraños sucesos son caminos por los que
+la sabiduría del Altísimo lleva a las criaturas adonde más les conviene
+para la salvación de sus almas. A ella conduzca a los que leyeren o
+escucharen leer la presente verídica historia, la Misericordia de
+Nuestra Señora la Madre de Dios, como así deséales y para él pide
+también el cristiano y devoto caballero que la escribe, para ejemplo de
+algunos y regalo de todos. Vale.
+
+
+
+
+Cosas de hombre.
+
+(A. REYES)
+
+
+
+
+COSAS DE HOMBRE
+
+
+Cuando el tío _Pizarroso_ llegó a su casa, las sombras empezaban a
+invadir el a modo de embudo formado por los montes, en cuyo fondo
+blanqueaba el edificio, al borde de una cañada llena de piedras enormes
+y espesos macizos de adelfas.
+
+--Pos di tú que te has dormío en un _cajorro_--exclamó la tía Tomasa al
+ver llegar al legítimo dueño de su orondísima persona.
+
+--Pos no me he dormío, ni tan siquier he estao a dormivela.
+
+--Pos entonces habrás estao de picos pardos en algún abrevaero del
+monte.
+
+--¡No ha sío malo el abrevaero!
+
+--Pos entonces, ¿aónde te has metió, alma condená?
+
+--Pos en ninguna parte: una miaja que me entretuve en la encrucijá del
+_Tomillo_ con Juan el _Rumboso_ y _Toñico_ el _Pastañeta_, y... ¡arza pa
+entro, _Pimentona_, arza pa entro!
+
+Y esto lo dijo asestando una cariñosa palmada en una de las poderosas
+ancas a la mula, a la cual habíale quitado el aparejo mientras hablaba.
+
+La cabalgadura, a la cariñosa insinuación, tomó lentamente el camino de
+la cuadra, mientras el _Pizarroso_ sentábase sobre un capacho, junto a
+su hermano el _Totovías_, un viejo enjuto y grave que entreteníase en
+hacer tomizas para los usos domésticos, mientras el porquero, un rapaz
+greñudo y andrajoso, contemplaba con famélica expresión, desde la
+puerta, la gran olla que hervía sobre las enormes trébedes de hierro en
+la chimenea.
+
+--Y ¿qué es lo que dicen el _Rumboso_ y el _Pastañeta_? ¿Tantas cosas
+teníais que contaros, que si se entretienen ostedes una miaja más
+volvéis tóos a vuestras casas con barbas corrías?
+
+--Y dale, mujer, dale, no seas asina; si me he entretenío ha sío por
+decirle al Rumboso con toas las veritas de mi alma y con tó mi metal de
+voz: «¡Ole con ole por los hombres machos con toas las de la ley!» ¡Vaya
+si es una prenda el viejo! ¡Y con un corazón más grande que una cantera!
+
+--Y eso ¿poiqué? ¿Te ha regalao alguna vestiura pa el _Corpus_?
+
+--No, señora, que lo que ha jechito vale más que tó eso; el _Rumboso_ ha
+puesto esta tarde su bandera en lo más artico del monte.
+
+--No es una noveá en él; ¡ese es de los que siempre se la han
+traío!--exclamó con voz gutural el _Totovías_--pero, a la fin y a la
+postre, dinos ya lo que ha jecho, que la olla mos espera gruñe que te
+gruñe.
+
+--Pos ha jecho lo que sus voy a contar. Figúrense ostedes que Rosalía,
+la del cortijo de la _Embocaura_, que es un pasmo de bonita y que tié un
+cuerpo que es una parma...
+
+--¡Una parma! Un parmito, ¡más ropa que carne!--dijo con tono desdeñoso
+la tía Tomasa.
+
+--¡Eso ya sus lo dirá el _Pastañeta_ cuando se case con ella!
+
+--¡Pos no estás tú mu atrasao de noticias! Rosalía ya no se casa con el
+_Pastañeta_, poique se le ha cruzao en el camino ese que dices tú que es
+una prenda.
+
+--A eso voy, mujer, a eso voy; es mu verdá que el _Rumboso_ se le cruzó
+en el camino, y que, como el hombre tié más fanegas de tierra que
+nosotros abejas en los panales, al padre de la Rosalía, que es un
+agonioso, la avaricia se le puso de pie, y cogió a su hija y le dijo que
+como gorviera a mirar a _Toñico_ les iban a caer cataratas en los ojos a
+dambos, y que era menester que se pegara manque fuera con liria una
+sonrisica en los labios pa cuando hablara con el viejo; y la muchacha
+no entendió de chiquitas, y cuando se le puso a tiro el _Rumboso_ se le
+echó a llorar, y le dijo que lo que quería jacer con ella era una
+picardía; que ella no podía peinarse ni despeinarse en el mundo más que
+pa su _Toño_; y tan y mientras ella le decía esto al señor Juan, el otro
+andaba diciéndole a grito pelao a tó el que lo quería oir que no había
+de parar hasta sembrarle al viejo una almáciga de plomo en el corazón, o
+el jierro de su cuchillo en la mismísima boca del estómago.
+
+--Y eso era lo que se merecía por dir a meter la pata en unos güenos
+quereles, valiéndose de que el padre de Rosalía es un «tó pa mí» de
+cuerpo entero y _Toño_ es un probetico desmamparao.
+
+--Tú no estás bien enterá, Tomasa; en estas cosas sa menester ajondar pa
+verles el fondo. Cuando el hombre se prendó de Rosalía, cuasi naide
+estaba enterao de esos quereles, poique se querían de contrabando; y lo
+que pasó fué que el _Rumboso_, que jacía ya cinco años que no veía a la
+muchacha, se la topó una tarde en el pueblo, y al hombre se le
+reverdeció la sangre, y el hombre está más solo que una esparraguera, y
+la zagala es güena y es bonita, y el hombre no sabía na de sus amoríos;
+y cuando el hombre se enteró, ya él le había hablao al de la
+_Embocaura_, y ya el _Pastañeta_ andaba de atajo en atajo aconsejándole
+que se pusiera bien con Dios y que jiciera testamento.
+
+--¿Pero es que no vas a acabar nunca? ¡No ves que se va a pegar la olla!
+
+--Ya arremato. Pos bien, esta tarde, miajita antes de que yo llegara, el
+_Rumboso_, que iba pa el lagarillo del _Zegrí_ montao en su
+_Ceniciento_, que es un jaco que vale un millón, al dir a dar la vuelta
+al olivar del _Tardío_, se topó manos a boca con el _Toño_, que estaba
+acechándolo entre las pitas de la linde.
+
+--Naturalmente, al echárselo a la cara, el señor Juan se comió la
+partía, poique estaba al cabo de la calle en lo tocante a las bocanás
+del otro; pero el hombre, que es prudente, se jizo el lila, y no hubiera
+chistao tan siquiera si el otro no se le hubiera atravesao en el camino,
+con la escopetá montá en la mano, diciéndole que se apeara pa hablar de
+la Rosalía.
+
+--Y miá tú lo que son las casolidades; en aquel mesmísimo momento
+desemboqué yo en la encrucijá, poique esto que yo sus he contao, esto lo
+sé yo por boca del _Rumboso_.
+
+--Y no acabarás, y la olla gruñe que te gruñe.
+
+--Ya acabo, jambrón, ya acabo. Pos bien, yo, al ver aquello, miré por si
+encontraba un boquete por donde colarme, pero el señor Juan, al verme
+llegar, me gritó riéndose:
+
+--No te vayas, _Pizarroso_, no te vayas, que me conviene que veas la
+corría.
+
+Y diciendo esto, saltó en tierra con la misma agiliá con que yo saltaba
+en mis moceáes, y endispués de jecharle las riendas sobre las crines al
+_Ceniciento_, le dijo a _Toño_ al mesmo tiempo que se iba pa él:
+
+--A ver si bajas ese juguete, chaval, poique si se te va el tiro y güelo
+la pólvora, no vas a volver a estornuar en toa tu vía.
+
+--Coja osté la suya, mostramo, cójala osté, poique esta tarde me queo
+con osté, u osté se quea conmigo.
+
+Y esto se lo decía el _Pastañeta_ reculando, jaciéndole puntería, con la
+cara del color de la gayomba y con los ojos espaventáos.
+
+--¡Yo qué he de quearme contigo! Yo no mato volantones.
+
+--No se acerque osté, y coja osté su escopeta; mire osté, mostramo, que
+hoy le jago yo a osté yesca el pecho.
+
+Y entoavía no había arrematao de icirlo, cuando le dió gusto al deo, y
+¡pum! ¡vaya un berrío que dió la vizcaína!
+
+--¿Y qué, encarnó?
+
+--Un plomo en un brazo na más, un plomo perdiguero; pero, camará, yo no
+he visto hombre más vivo ni más bravo que el _Rumboso_; entoavía no se
+había arrematao el estampío, cuando la escopeta de _Toño_ y el cuchillo
+que éste había sacao estaban en la cuneta, y _Toño_ en el suelo, sin
+poer mover un remo, tan y mientras el señor Juan le dicía con acento
+enfureció:
+
+--Eso que tú has jecho no se jace; los hombres no pelean sino como Dios
+manda; ¿y si yo ahora te diera lo que te mereces?
+
+--Démelo osté; máteme osté, mostramo; máteme osté, poique si hoy me ha
+faltao la puntería otro día me pué no faltar...
+
+--Anda y alevántate y vete, y otra vez no jechas tanta pólvora, poique
+con tanta pólvora no se le da un tiro a un cerro.
+
+Y diciendo esto, él mesmito alevantó al _Toño_, y le volvió las
+espaldas, tan tranquilo como si detrás tuviera una pareja de la
+benemérita.
+
+--¿Y el _Pastañeta_?
+
+--Pos el _Pastañeta_ se queó mirándolo y mirándome como atontao;
+endispués recogió la escopeta y el cuchillo, y de pronto, cuando ya el
+_Rumboso_ iba a montar, tira la jerramientas y se va pa el viejo, y baja
+los ojos, y le dice como si de pronto se hubiera vuelto tartamúo:
+
+--Mostramo, perdóneme osté; pero yo estoy loco, yo estoy desesperaíto;
+yo soy un probe, yo no tengo más calor en el mundo que mi Rosalía, y
+quitarme a mí mi Rosalía es sacarme el corazón del pecho, y es darme
+garrote vil, y es...
+
+Y al decir esto se le llenaron los ojos de lágrimas como puños; y miren
+ustedes, a mí también se me mojaron las parpagueras, poique la verdá es
+que aquello lo dijo el mozo de un móo... Ya ven ostedes cómo lo diría,
+que el _Rumboso_ le tendió la mano y le dijo:
+
+--Pedazo e bruto que eres, ¿poiqué no has hablao asín antes? ¿No
+comprendes tú que desde el punto y hora en que tú quisiste que me fuera
+a rumbo de valentía, yo no podía dirme, y que necesitaba antes de dirme
+probarte a ti y a tó el mundo que me iba poique me daba la gana, poique
+yo no le hago a naide estorsiones, y además que yo no estoy tan loco que
+quiera casarme con una jembra prendá de otro hombre? ¿Tú no comprendías
+eso, peazo de bruto que eres, tú no lo comprendías?
+
+Y ná, que se dieron las manos, y que se fué _Toño_ y que yo acompañé un
+ratico al _Rumboso_ y que me he venío tó el camino diciendo: «Ole con
+ole por los hombres machos con toas las de la ley», y lo he venío
+diciendo con tó el metal de mi voz y con toas las veritas de mi alma.
+
+Y momentos después humeaba el sabroso contenido de la olla en el enorme
+barreño donde la hubo de volcar la tía Tomasa, y sentábanse todos
+alrededor de la reducida mesa, a la oscilante luz de un enorme candil
+suspendido del alero de la chimenea, donde entre ramos de verde romero
+brillaban, como si fuesen de oro, las grandes calderas y los limpísimos
+peroles.
+
+
+
+
+Fuerte como la muerte.
+
+(PEDRO MATA)
+
+
+
+
+FUERTE COMO LA MUERTE
+
+
+De pie, con las manos en los bolsillos, frente a la luna del escaparate,
+estuvo largo rato mirando, vacilante y perplejo, sin acabar de
+decidirse. Se decidió por fin.
+
+--A ver, ese collar... ¿Me hace usted el favor?
+
+Un dependiente le sacó del escaparate y le extendió en el mostrador
+sobre un retal de terciopelo azul. El le examinó detenida y
+minuciosamente.
+
+--Sí, está bien... es bonito. Me gusta; ¿qué vale?
+
+--Para usted 1.200 pesetas.
+
+--¿Precio fijo?
+
+El dueño de la tienda intervino.
+
+--A un cliente como usted, don Joaquín, no se le pide en esta casa más
+que lo justo. Es usted bastante inteligente para que haya necesidad de
+hacer el artículo. De todos modos, usted se le lleva, le manda tasar, y
+con arreglo a la tasación me da usted lo que guste.
+
+--Es que, además, no las llevo encima.
+
+--Usted se pasa por aquí cuando quiera. No hay prisa ninguna.
+
+Salió muy contento, satisfechísimo de la compra. Llegó a casa, y en la
+misma puerta preguntó a la doncella que le salió a abrir:
+
+--¿Cómo está la señorita?
+
+--Bien; muy tranquila toda la tarde. Hace poco se quedó dormida.
+
+Entró de puntillas en la alcoba y dilatando las pupilas para orientarse
+bien en la penumbra llegó pausadamente hasta la cama y se inclinó sobre
+la enferma. Al roce imperceptible de la ropa, Paulina abrió los ojos.
+
+--Creí que dormías.
+
+--No.
+
+--¿Cómo estás?
+
+--Parece que mejor. No tengo fatiga. He podido descansar un ratito.
+
+--Naturalmente, mujer, y te pondrás muy pronto buena. Roldán me dijo
+ayer que estás en franca mejoría. Lo que hace falta es que no seas
+aprensiva, que te animes. Es necesario que pongas de tu parte un poquito
+de buena voluntad.
+
+--¡Voluntad! ¡Ay, si con la voluntad se pudiera vivir!
+
+--Vamos, no seas tonta; no quiero verte así.--Dió luz al globo de
+cristal que colgaba sobre la cabecera y se sentó en el borde de la
+cama.--Te he comprado una cosa, una sorpresa, ¿sabes? ¿Qué me das si te
+gusta?
+
+--Pobrecita de mí, ¡qué quieres que te dé!
+
+--Un poco de alegría. Yo con verte reir tengo bastante.--Sacó el estuche
+del bolsillo y la entregó el collar. Ella, al verle, dió un grito de
+contento y lo cogió con sus manos febriles.--¡Ay, qué lindo! ¡Qué
+bonito!... ¡Qué cosa más preciosa!--Mas en seguida, con una brusca
+transición, cambió de tono:--Pero, ¿por qué haces esto? ¿Por qué te
+gastas el dinero en esto? ¡Yo para qué lo quiero, si no lo he de lucir!
+
+--¿Que no? En cuantito que te pongas buena.
+
+Y como ella moviese la cabeza con ademán de desaliento, agregó
+vivamente, temblorosa la voz de amor y de ternura:--Tontina, si no
+creyese que le ibas a lucir, ¿te le compraría? Ven acá, te le voy a
+poner. Verás qué lindo.--Y, en efecto, él mismo se lo puso, cerró el
+broche y fué a buscar un espejo para que se mirase.--¡Eh! ¿Qué tal?
+
+--Muy lindo.
+
+Acodada sobre las almohadas, el espejo en la mano, se estuvo
+contemplando mucho tiempo. Separó con los dedos algunos bucles
+desrizados que le caían sobre la frente y se mordisqueó los labios
+exangües y descoloridos.
+
+--¡Qué pálida estoy!
+
+--Es la luz, nena.
+
+--Por Dios, no digas... Estoy horrible. Parezco una muerta.--Dió un gran
+suspiro, tiró el espejo y se dejó caer sobre la almohada.--Estoy muy
+mala, Joaquín. Vosotros no me queréis creer, no me hacéis caso y yo
+estoy muy mala.
+
+El, conmovido, la miró en silencio. Luego, de pronto:
+
+--Oye, está una tarde magnífica; no hace nada de frío. ¿Quieres que abra
+un momento el balcón?
+
+--Sí, abre un poquito, para que se ventile. Huele mal, ¿verdad?
+
+--No, nenita, no es eso. No huele más que a etilo, y ya sabes que a mí
+este olor no me disgusta. Me sabe a plátanos y a ilang-ilang. Era para
+fumar un cigarro.
+
+Para fumar un cigarro y para que ella no viese que las lágrimas le
+llenaban los ojos. Cruzó el gabinete, abrió el balcón y se acodó en la
+barandilla. Sobre la línea recta y dura de los tejados de la casa de
+enfrente, la tarde comenzaba a morir en un crepúsculo de color de malva
+de una diafanidad imponderable. A lo lejos, por el andén del bulevar,
+unas niñas venían cantando enlazadas del talle. Ennoblecida por la
+distancia, sonaba la canción melancólica y triste:
+
+ --¿Dónde vas, Alfonso doce,
+ dónde vas, triste de ti?
+ --Voy en busca de Mercedes,
+ que ayer tarde no la vi.
+
+La canción infantil se metió como un puñal en su corazón dolorido.
+También él, dentro de poco, no vería más a su Paulina. ¡Qué horror!...
+¡Qué pena! Morir en plena juventud, cuando con más ansia se ambiciona la
+vida... Morir a los treinta años, ¡tan bonita, tan buena, tan adorada,
+tan feliz!... Alzó los ojos, y turbios de llanto los clavó en la
+serenidad del crepúsculo.--¡Señor, Señor, qué te hemos hecho para que
+nos trates así! ¡Por qué no me eliges a mí y la salvas a ella! ¿Por qué
+te complaces en segar las vidas en flor?
+
+Desde que se dió cuenta de la gravedad de su mujer, todos los días, en
+sus oraciones, elevaba a Dios la misma súplica. Mas Dios no la atendía.
+El, a pesar de sus cincuenta años, de su vida de luchador, ajetreada y
+dura, cada vez estaba más fuerte, más robusto, más lleno de salud; y, en
+cambio ella, la pobre nena, rodeada de lujos y de comodidades, mimada y
+consentida, tenía en el pecho un corazón que no servía para nada, un
+corazón inútil que se iría a romper cualquier momento como una figurita
+de biscuit. Los médicos se lo habían dicho leal y rudamente. Todo es
+inútil. No se puede hacer nada. No queda más que resignarse y esperar.
+
+Y así llevaba esperando dos años, viéndola vivir artificialmente a
+fuerza de tónicos y cordiales; asistiendo impotente a los tremendos
+ataques de disnea; contemplando con horror cómo aumentaba la hinchazón
+del cuerpo, cómo se embotaba la sensibilidad, cómo se abría la piel en
+llagas espantosas. Así llevaba dos años, rodeándola de cuidado y de
+mimo, concretado exclusivamente a ella, siempre vigilante y atento para
+hacerle las horas agradables, el ambiente propicio, para apartar de la
+tristeza de la alcoba todo lo que pudiera ser emoción violenta y
+sensación desagradable, y, sobre todo, para infiltrar en su alma, día
+tras día, con tenacidad piadosa, el engaño sutil de una mentira que ella
+se negaba a aceptar.--No, Joaquín, no; yo estoy muy mala. Estoy mucho
+más mala de lo que creéis.
+
+Unas voces argentinas que sonaban en la alcoba le trajeron a la
+realidad. Eran los nenes, que habían vuelto del colegio y entraban a
+besar a su madre. Joaquín cerró el balcón y fué a verlos. Joaquinito, el
+pequeño, se había encaramado y trepaba gateando por la colcha arriba.
+Luisita, la mayor, jugaba con las cuentas del collar.
+
+--¡Qué bonito! Dí, mamá, ¿te le ha traído papá?
+
+--Sí, ángel mío.
+
+--¿Y a mí no me ha traído ninguno?
+
+Paulina alzó la mano y sus dedos hinchados y torpes acariciaron los
+cabellos dorados de la niña.
+
+--No te ha traído ninguno porque éste es para ti. Para ti, ángel mío. Tú
+le llevarás cuando yo me muera.
+
+--Bueno; pero como tú no te vas a morir...
+
+Ella no contestó. Un gesto doloroso crispó toda su cara, y se le
+llenaron de lágrimas los ojos. Joaquín cogió a los niños y los puso
+dulcemente en el pasillo.
+
+--Id a la cocina y decid a Juana que os dé de merendar.
+
+Luego, al ver que Paulina seguía sollozando:
+
+--Pero, nena, por Dios, no seas así... no te pongas así... ¿No
+comprendes que te perjudicas? Te excitas, te emocionas, viene la fatiga
+y...
+
+Paulina seguía llorando. Se inclinó sobre ella y la besó en los ojos con
+caricias de inefable ternura.
+
+--Mi nenita... ¡mi nena!... Vamos, ¿lo ves?... ¿Lo ves?... ¡Si ya lo
+sabía yo!
+
+Fue tremendo el ataque; tan violento que, a pesar de estar él
+acostumbrado a presenciarlos, hubo un instante en que perdió la
+serenidad y se asustó, creyendo que era el último. Afortunadamente, la
+digital y el cloruro de etilo surtieron sus efectos, y el ataque pasó;
+aclaróse la vidriosidad de las pupilas; cesaron las violentas sacudidas
+crispantes, los saltos descompasados del corazón y el ronco silbar de la
+garganta. Quedóse de cara a la pared, bañada en sudor, aniquilada,
+destrozada, rendida. El, conmovido, la miraba en silencio. Luego, al
+cabo de un rato:
+
+--¿Quieres que te quite el collar? Te molesta, ¿verdad?
+
+Pasó dulcemente una mano por debajo del cuello y desabrochó el cierre.
+Al ir a retirarla, sus dedos tropezaron debajo de la almohada con una
+hoja de papel. La cogió inconscientemente, sin darse cuenta. Ella no se
+movió. Fué al gabinete a dejar el collar y, por curiosidad, miró el
+papel: medio pliego de cartas escrito con lápiz.
+
+«Mi alma:
+
+Una convulsión nerviosa le cerró los ojos.
+
+Los volvió a abrir.
+
+«Mi alma: Te escribo estas dos líneas aprovechando un momento en que me
+dejan sola. Estoy muy mala. Sé que nunca más me volverás a ver. Esta es
+la única pena que tengo: morirme sin...»
+
+No decía más.
+
+Se llevó una mano a los ojos y con la otra se apoyó en una silla, porque
+todo su cuerpo vacilaba. Así estuvo mucho tiempo, mucho. Luego,
+lentamente, volvió a la alcoba. A medida que avanzaba hacia el lecho, se
+le aceraban las pupilas y las manos se le crispaban como garras de
+presa; tremolaron un segundo sobre la cabeza de Paulina y en seguida se
+estrujaron, enlazadas con ademán de desesperación y de impotencia. Ella
+no se había movido. Dormía dulcemente, reposadamente.
+
+De pie junto a la cama, la miró largo rato. Al suave resplandor del
+globo azul colgado de la cabecera estuvo contemplando los bucles
+desrizados y marchitos, los párpados translúcidos, las ojeras amoratadas
+y profundas, los labios secos, incoloros y exangües; las manchas
+cárdenas de la piel, lustrosas aun de sudor. Una carcajada infantil
+resonó en el pasillo, y pasaron los niños retozando.
+
+Abrió muy despacio la puerta y, con ademán imperioso, les impuso
+silencio:
+
+--¡Chisss...! Mamá está dormida. No hagáis ruido.
+
+ * * * * *
+
+
+Errores corregidos por el etext transcriptor:
+
+gritando:--«No;=> gritando:--«¡No; {pág 30}
+
+sobre esta roidlla=> sobre esta rodilla {pág 21}
+
+»Oh, Dios mío!=> »¡Oh, Dios mío! {pág 28}
+
+limpia de pelo las otras=> limpias de pelo las otras {pág 35}
+
+la senda de sus sueños.=> la senda de sus sueños! {pág 67}
+
+ESCENA IX=> ESCENA IV {pág 71}
+
+en tus presencia=> en tu presencia {pág 72}
+
+La nadre y la hermana=> La madre y la hermana {pág 91}
+
+Ah, en cuanto a eso sí.=> Ah, en cuanto a eso sí! {pág 105}
+
+yo padre y tu madre=> yo padre y tú madre {pág 108}
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+quien su padre recomendaban el cuidado=> quien su padres recomendaban el
+cuidado {pág 128}
+
+encueros vivos=> en cueros vivos {pág 128}
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+brillaban las gusanos=> brillaban los gusanos {pág 162}
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+La epopeya de una zíngraa=> La epopeya de una zíngara {pág 165}
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+fué lllamada=> fué llamada {pág 224}
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+End of the Project Gutenberg EBook of La voz de la conseja, t.I,
+compiled by Emilio Carrère
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+*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 40827 ***