diff options
| author | nfenwick <nfenwick@pglaf.org> | 2025-03-08 23:16:28 -0800 |
|---|---|---|
| committer | nfenwick <nfenwick@pglaf.org> | 2025-03-08 23:16:28 -0800 |
| commit | b63f7bbdd296688c37b6307708cef1ca2e64a3f6 (patch) | |
| tree | 79dce886a7282702eee20e2e77dfad4d88a4f670 | |
| parent | 297ff8f76214a6a6423ff58d9c3417a8a518aaab (diff) | |
| -rw-r--r-- | 40358-0.txt | 4127 | ||||
| -rw-r--r-- | 40358-8.txt | 4518 | ||||
| -rw-r--r-- | 40358-8.zip | bin | 84085 -> 0 bytes | |||
| -rw-r--r-- | 40358-h.zip | bin | 92889 -> 0 bytes | |||
| -rw-r--r-- | 40358-h/40358-h.htm | 4358 |
5 files changed, 6121 insertions, 6882 deletions
diff --git a/40358-0.txt b/40358-0.txt new file mode 100644 index 0000000..6dcd7ef --- /dev/null +++ b/40358-0.txt @@ -0,0 +1,4127 @@ +*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 40358 *** + +Note: Images of the original pages are available through + Internet Archive. See + http://archive.org/details/3502513 + + + + + +SALTA + + * * * * * + +Libros publicados por la Cooperativa Editorial "Buenos Aires" + + + I--FERNÁNDEZ MORENO.--_Ciudad._ + + II--HORACIO QUIROGA.--_Cuentos de Amor de Locura y de Muerte._ + + III--CARLOS IBARGUREN.--_De nuestra tierra._ + + IV--MANUEL GÁLVEZ.--_La sombra del convento_ (novela). + + V--ERNESTO MARIO BARREDA.--_Las rosas del mantón_ + (Andanzas y emociones por tierras de España). + + VI--CARLOS MUZZIO SÁENZ-PEÑA.--Versión castellana de _La cosecha + de la fruta_ de Rabindranath Tagore. + + VII--ARTURO CAPDEVILA.--_El libro de la noche._ + + VIII--RICARDO JAIMES FREYRE.--_Los sueños son vida._ + + IX--LUISA ISRAEL DE PORTELA.--_Vidas tristes._ + + X--PEDRO MIGUEL OBLIGADO.--_Gris._ + + XI--MARIO BRAVO.--_Canciones y Poemas._ + + XII--JUAN CARLOS DÁVALOS.--_Salta._ + + + PRÓXIMAMENTE: + + XIII--ALFONSINA STORNI.--_El dulce daño._ + + XIV--ALVARO MELIÁN LAFINUR.--_Literatura contemporánea._ + + * * * * * + + +JUAN CARLOS DÁVALOS + +SALTA + +Prólogo de MANUEL GÁLVEZ + + + + + + + +[Decoración] + +"BUENOS AIRES" +SOCIEDAD COOPERATIVA EDITORIAL LIMITADA +AVENIDA DE MAYO 791 +1918 + + + + + A MANUEL GÁLVEZ. + +_El defecto capital de este libro es su personalismo._ + +_Su mejor cualidad es la espontaneidad._ + +_Esto proviene de que los artículos que lo componen fueron escritos en +diferentes épocas, sobre temas asaz diversos, y nunca con el propósito +de hacer un libro._ + +_Al reunirlos en un volumen me propongo dar una idea de lo que es +Salta; y de lo que puede ocurrírsele en Salta a un hombre que observa, +aislado, y sin ambiente literario alguno. Representa, pues, un +esfuerzo intelectual, no sé si estimable o necio._ + +_Usted que conoce al autor y su medio provinciano, es el llamado a +prologar este libro, y hacérselo comprender al público del país._ + +_Sin un comentario previo de usted, no deseo que el libro vea la luz._ + +_Así apreciará usted cuánto le estima como amigo y como escritor su +afmo. y S. S._ + + JUAN CARLOS DÁVALOS. + + + + +PRÓLOGO + +Hace diez años, era Salta una ciudad colonial. La visitaba yo entonces +por primera vez; y no necesito exagerar, si afirmo que ninguna ciudad +de nuestra tierra me había producido una igual impresión de carácter y +de poesía. En Córdoba, en Santa Fe, encontramos algunas viejas casas +características. En Salta lo eran todas por aquella época. Con sus +techos de tejas, sus ventanas y sus puertas de formas coloniales, y +sus altos balconetes de madera y de hierro, que parecían colgados de +los aleros, las casas de Salta evocaban encantadoramente la vida +argentina de hace un siglo. + +Pero no eran sólo las casas lo que entonces recordaba el tiempo que +fué. Eran también las calles, las iglesias, las gentes, las +costumbres. No olvidaré nunca las sensaciones que me causaron ciertas +cosas, tan exóticas para mí: el llanto trágico de la quena que un +indio platero tañía maravillosamente; el reñidero, con su público +heterogéneo y sus escenas pintorescas; y un baile de arrabal, donde +silenciosos indios, calzados de ojotas y emponchados, miraban, con +asombro estúpido y tenaz, cómo bailaban la chacarera y la zamba, al +son de un arpa vieja y al ritmo de los versos quíchuas que cantaba el +músico ciego, las mujerzuelas y los hombres de diversas clases +sociales que atestaban el rancho. + +Poco de esta Salta queda ahora. Sus casas no fueron derribadas, pero +un absurdo y mal entendido espíritu de modernidad reformó las ventanas +y las puertas, suprimió los aleros y ocultó los techos de tejas +levantando las paredes delanteras. Pero a pesar de todo, permanece en +Salta lo suficiente para que miremos a esta ciudad como la más +completa y bella imagen del pasado argentino. + +En aquella Salta apacible hice amistad con Juan Carlos Dávalos. El fué +mi mejor guía, sobre todo en el sentido espiritual que podemos dar a +esta palabra. Dávalos me refería leyendas y tradiciones, y me hablaba +de la vida provinciana, cuyas cosas y cuyos tipos característicos +conocía profundamente, juzgándolos con su humorismo benévolo y +original. + +Dávalos me recitó algunos de los pocos versos que hasta entonces +llevaba escritos y me leyó varias de las páginas que componen este +volumen. Convencido de las facultades de Dávalos, le incité con +entusiasmo a que escribiera; y creo haber contribuído en buena parte a +su dedicación literaria. Su conocimiento de la vida en aquella comarca +salteña, tan argentina y tan ignorada en el resto del país, colocaba a +Dávalos en una situación excepcional. El joven poeta amaba la +tradición y la comprendía tan hondamente, que era lógico esperar de su +talento, robusto y realista, páginas del más fuerte sabor vernáculo. + +Su primer libro, _De mi vida y de mi tierra_, prologado elogiosamente +por Carlos Ibarguren, fué para Dávalos un buen éxito. Su lenguaje, +original, con algo de arcaico, su sentimiento personal y poético de +las cosas del campo, y sus descripciones eficaces y vigorosas, +sorprendieron. Luego ha escrito un interesante drama histórico. Y +ahora realiza mi deseo de que publicara un libro en prosa, evocando la +vida de aquella Salta, colonial y apacible, que tal vez pronto +desaparecerá completamente; recordando leyendas y tradiciones; +retratando los tipos característicos de la ciudad y de los campos y +haciéndonos ver, con su talento descriptivo, escenas pintorescas del +arrabal, de la montaña y de la selva. + +Juan Carlos Dávalos tiene dos grandes cualidades literarias: humorismo +y aptitud para describir. + +El humorismo de Dávalos no es trascendental sino excepcionalmente, y +en pequeño grado. No contiene amargura ni desilusión. En lugar de +ejercerse sobre los defectos morales de los hombres, se aplica a las +características materiales. Pero sin hacer apenas crítica, ni intentar +corregir el mundo. + +Si Dávalos desarrolla esta cualidad de observar el ridículo en los +hombres y en las cosas, puede llegar a realizar notables caricaturas. +Advierto que digo esto en su elogio, porque hay quienes imaginan que +la caricatura es un defecto y se halla fuera del arte. Los grandes +noveladores del siglo pasado son prodigiosos caricaturistas. Así +Dickens y Thackeray en Inglaterra; Pérez Galdós y Palacio Valdés, en +España; Daudet, Flaubert y a veces Zola en Francia; y Eça de Queiroz, +en Portugal. Conviene recordar que no es preciso hacer reir para ser +caricaturista. Hay también caricaturas trágicas, de las que son +ejemplos algunos personajes de Dostoiewsky y de Balzac. + +La aptitud descriptiva de Dávalos se muestra a la vez en los tipos, en +las escenas y en los paisajes. He aquí como presenta a un jugador de +taba: "... es un hombrón taciturno, un poco alcoholizado. Parece allí +un toro, parado en dos pies entre la tropa. Usa enorme sombrero blanco +y se alza el poncho del pescuezo para que le vean su charro cinturón +de bolivianas de plata. Va quinientos pesos a su mano. Se escupe con +calma las manos, refriega las palmas en el suelo, guiña el ojo +izquierdo como si fuera a apuntar con escopeta, mira bien la taba con +el otro ojo, la blande, la sopesa varias veces, echa un desafío a la +redonda. Los espectadores, atónitos, se apartan. La taba vuela; la +siguen con la vista, da tres vueltas justas y se clava". + +Igualmente eficaces son los retratos del gaucho Cruz Guíez, del +Serapio Guantay, de la dueña de la casa donde se celebra el baile de +villorrio, de la Juana Figueroa. Entre los tipos que en dos palabras +describe al pasar, nos impresionan particularmente los opas, esos +pobres imbéciles que tanto abundan en el norte. En el capitulito _La +decadencia de los opas_, título del más fino humorismo y que +constituye un admirable hallazgo, se refiere, en un estilo lleno de +gracia, a varios de ellos, que eran populares en Salta. Pero en otros +capítulos nos habla también de aquellos infelices. Así en _El baile de +villorrio_, donde nos pinta uno en esta forma: "En el patio, un opa de +ojos clarísimos y cara pálida y gorda, que había bebido en demasía, +mascaba asnalmente un bollo, y servía de diversión a unos +muchachos...". + +Como narrador, Dávalos muestra también notables cualidades. Hay en su +libro escenas de una gran belleza: la de los burritos leñateros, que +pasan lentamente por las calles, curioseándolo todo y metiéndose +dentro de las casas; la de la riña de gallos, que tiene tanto +movimiento y tanto color como las descripciones análogas de Sarmiento; +y aquella en donde cuenta los amores del Serapio Guantay, página +penetrada de la honda poesía de las montañas salteñas y que basta para +revelar en Dávalos las aptitudes de un gran escritor. + +Sus paisajes son generalmente muy breves, simples anotaciones hechas +al pasar. Pero en todo el libro está latente el aspecto de la ciudad y +de la naturaleza. He aquí una de las mejores descripciones, donde +recuerda la vieja Salta que él debió conocer en su niñez: "Evocad el +Salta de sesenta años atrás, con su pobre y pesada arquitectura +colonial; con sus tejados de alero volado a la calle; con sus enormes +portales cuadrados y recios; con sus altas veredas, entre cuyas lajas +desiguales brotaba el pasto del campo; con sus hondas y tortuosas +calles de piedra bola. De noche, ardía en las esquinas del centro un +candil de sebo. El sereno, encargado de varias manzanas, pasaba +lentamente, cantando la hora y el aspecto del tiempo. En las casas +donde había quedado alguna luz, revoloteaban encandilados, sobre los +anchos patios, murciélagos errantes y siniestras lechuzas". + +Dávalos aparece en este libro como un espíritu multiforme y una +sensibilidad compleja. Algunos de sus relatos son más que trágicos, +macabros; otros humorísticos, otros sentimentales y poéticos. Con la +misma eficacia descriptiva con que nos relata una proclamación +política en el arrabal o reconstruye la riña de gallos, nos evoca la +vida de las montañas. Nos hacen reir sus siluetas de los cocheros, su +desfile de los opas; nos estremece de terror y de misterio el recuerdo +de aquella noche en que murió su amigo apodado el Chivo Pedro; y nos +hace comprender el alma de la raza vencida, impregnándonos de honda +emoción territorial, en los párrafos donde describe a un indio que +desciende de la montaña haciendo sonar el erque. + +Pero en todas estas páginas de índole tan diversa, Dávalos, como +escritor moderno que es, demuestra que busca en las cosas, no una +belleza más o menos convencional, sino su carácter. Sus paisajes, sus +escenas, sus cuadros, sus tipos son llenos de individualidad y nos +revelan uno de los pedazos más interesantes y originales de la tierra +argentina. + +He mencionado sus relatos macabros, y quiero dar mi interpretación de +ellos. Los cuentos espeluznantes de Dávalos no nos hacen daño ni nos +desagradan. Nos producen, sí, la sensación completa que el autor +pretendió producir, pero al acabar de leerlos no quedamos +impresionados, disgustados, hasta enfermos, como después de leer +ciertos cuentos de Quiroga. Tal vez contribuya a esto, los detalles +humorísticos que Dávalos encaja hábilmente en medio de sus +terroríficas narraciones. El caso es que estas páginas nos hacen el +efecto de una broma, de una broma bien hecha, por otra parte. Parece +que el autor se hubiera dicho: "Voy a escribir unos cuantos cuentos +espantables para que vean que soy capaz de escribirlos, y, sobre todo, +para reírme pensando en el efecto que producirán en las gentes +pacíficas".[1] Y los ha escrito, pero permaneciendo él sano, fuerte, +sereno, y sin ennegrecer el ánimo del lector. Porque una de las +características de Dávalos es su sanidad de espíritu. Y es un escritor +sano, no solamente porque nada hay en él de enfermizo, sino porque +tiene todas las cualidades morales que acompañan a la perfecta salud +espiritual. + +Juan Carlos Dávalos posee verdadera imaginación, profundo sentimiento +poético, comprensión de la realidad y, más que nada, sensibilidad. +Pero no una sensibilidad como la de cualquier escritor distinguido, +sino una sensibilidad como sólo la tienen los verdaderos artistas. ¿Me +permitirá mi amigo que revele al público cierto detalle un poco +íntimo, pero que demuestra su valer? Bien: yo he visto a Dávalos +emocionarse hasta las lágrimas ante una lectura, y no por tratarse de +cosas tristes o impresionantes, sino por la sola belleza de lo que se +leía. + +Dávalos es también un psicólogo. Pero como todos los temperamentos +realistas, revela el alma de los seres por medio de sus gestos y de +sus actos. Es muy interesante su psicología de los opas, de los +gauchos, de los indios y de los perros. + +Su estilo es incorrecto y a veces duro. A mí me place, no obstante sus +defectos, porque se acerca a la palabra hablada y porque hay en él +color y movimiento. Tiene escasa armonía, salvo en ciertos raros +instantes, pero mucha sencillez y sobriedad. Estilo corto, escueto, +muy preciso y vigoroso, es excelente para las descripciones de escenas +y de cuadros realistas. Pero cuando se habla de una cosa poética se +torna poético. Y según el asunto, es hondo, emotivo, florido, +brillante o melancólico, y cobra, cuando el relato adquiere vuelo, una +penetrante elocuencia. He aquí cómo empieza a narrar los amores de un +pastor y una vaquera: "El azar los había puesto cerca; el instinto los +juntó. Y en el filo de una loma, sobre el pastizal oliente a berbena y +anís, la india, más aviesa, lo inició al indio, más ingenuo, en el +raro misterio que cumplen las cabras y las vacas, que trajina el polen +en las patas diminutas de las abejas, que puebla el soto de inquietas +y esmaltadas mariposas, y que hace cada primavera florecer el amancay +blanco y la begonia escarlata entre las breñas. Desde aquella tarde +los dos indios volvieron a encontrarse siempre, y juntos divagaron por +los cerros, descubriendo el encanto de los callados sitios, oyendo al +eco repetir sus gritos en las altas barrancas, mirando rodar por los +precipicios las gruesas galgas que aflojaban al borde, triscando a la +par de los chivos en las paradas laderas, o escondiéndose a veces de +algún viajero que cruzaba, allá abajo, en su mula, el áspero pedregal +del torrente". + +Pero trate de un asunto o de otro, la prosa de Dávalos es siempre +viviente, moderna, muy argentina y sin afectaciones de ninguna índole. +Dávalos, felizmente, se encuentra libre de _literatismo_, ese veneno +del que no logramos desprendernos los que hemos sido educados en la +literatura francesa contemporánea. + +Sin afectaciones, dije, e insisto en ello. Porque no faltará quien +acuse al autor de _Salta_ como afectado de arcaísmo. La prosa de +Dávalos está matizada de palabras que nos parecen viejas o demasiado +castizas. Pero no son palabras que Dávalos haya aprendido en los +libros. Las ha adquirido del pueblo, del campesino salteño, que habla +un hermoso castellano, un castellano con algo de rancio y a la vez +algo de quíchua. Al usar, pues, aquellas voces, Dávalos, lejos de +mostrar afectación, hace obra rigurosamente argentina. + +Ahora, sólo falta que el revelador de la tierra salteña ponga su +talento y su corazón al servicio de una obra más orgánica que la +presente. Tiene todas las cualidades para ser un verdadero novelista. +Reclamémosle, para bien del país, que lo sea muy pronto. + + MANUEL GALVEZ + +FOOTNOTE: + +[1] Algunos de los personajes de los cuentos a que me vengo +refiriendo, son amigos de Dávalos. El autor los hace morir en forma +trágica y horrorizante. + + + + +I + +LA CIUDAD + + + + +LOS BURRITOS LEÑATEROS + + +Ellos traen a la ciudad modernizada un poco de la paz de los campos, +la sobriedad rural, la lentitud de los días siempre iguales y hermosos +bajo el infinito azul, en las praderas apacibles. + +Con su pasito tácito, su leñita a la espalda, y su peluda ropa de +anacoretas, arreados por un muchacho que monta una triste jaca cerril, +pasan lentamente por la calle los burritos leñateros. + +Son las nueve de la mañana. + +En una puerta asoma una mujer, y trata con el muchacho por la leña. + +Los burros siguen viaje. A ellos, ¿qué les importa el negocio? Lo que +les gusta es andar, curiosear, ver novedades. + +El muchacho corre a toparlos, y ellos, adrede, trotan calle arriba. Un +auto los ataja en una bocacalle. El muchacho se les planta por +delante: silba, grita, les pega ponchazos, y la recua vuelve frente a +la vecina que espera la leña. + +Mientras el muchacho desata la leña, los borricos merodean. + +Uno, se cuela por un zaguán, raspando al pasar, los reboques con los +torcedores. En el patio, una sirvienta lo baraja a escobazos. El burro +ceja, y al salir, muy despacio, tumba una maceta. + +Alguno se acuesta a descansar en media calle, lanzando resoplidos de +desaliento, al pensar que a él no le toca el turno todavía. + +Hurga otro, con su belfo suave y azulado, el cordón de la vereda, +donde una cáscara de banana se adhirió a la piedra. Después se come +una cáscara de naranja, mientras un camarada, más feliz en hallazgos, +se empeña en tragar un diario abandonado, envoltorio de cocinera, +saturado de oliente y sabrosa grasa. + +_Durmiendo los ojos_ beatamente, un burrito ensaya lamer un hilo de +agua inmunda que mana de un albañal. + +En un grupo, alguno, cariñoso y prolijo, le rasca con los dientes a un +congénere la sarnícula del apolillado pescuezo. + +Le toca luego el turno al que se echó: el muchacho lo quiere hacer +levantar para descargarlo; pero el burro no quiere. ¡Se siente tan +cómodo! + +El muchacho, impaciente, la emprende a puntapiés. El burro se limita a +menear la cabeza y pestañear, hasta que el dolor de la tunda le llega +al alma. Entonces, cachaciento, ayudado por el muchacho, se incorpora. + +El lento paso de la tropilla, su mansedumbre, el ligero vaivén +incesante de las colillas exíguas, las cabezas pensativas, los dulces +ojos, las tranquilas orejas, hacen del burrito leñatero la nota más +simpática de la calle salteña. + +¡Ay! pero no cuando uno de estos animalejos deja oir un bárbaro +rebuzno. + +El bucólico encanto se rompe de pronto ante esa desapacible +resonancia, ante las grandes quijadas abiertas en la plenitud de la +bestialidad, y ante el brutal regocijo que sacude el mísero y flaco +cuerpo del asno, en espasmos de un grosero naturalismo. + + + + +UNA PROCLAMACION + + +Un mes antes de la elección el arrabal pulula en el comité. Y una +noche, a son de bombas, se hace la proclamación del candidato. Es la +noche cívica, merienda de negros, aquelarre, agrio candombe. + +Cuando los adherentes se congreguen, y desborden por los cuartos y +patios del comité, que es siempre un despacho de bebidas, en medio de +la gente se mostrará el candidato, y hablará; y hablarán los amigos +del candidato. + +Ansioso esperaba el arrabal la noche de la proclamación. No bastaba el +haber sorbido, durante veinte días seguidos, el vino del candidato. +Ahora que la elección se acerca es preciso también oir la palabra de +los políticos, que pagan la fiesta; de los blancos, de los ricos +cholos, de los eternos explotadores del Juan Pueblo, como dijo cierto +gringo que habló en el teatro, y que se fué. + +Y esta noche, siendo de estruendos, y de discursos y de cerveza, hay +que aprovecharla, y beber por el triunfo del partido. + +¡El triunfo!... palabra imprecisa, mero ruído verbal en la cabeza del +elector. + + * * * * * + +Entremos en el club político la noche de proclamación, en el momento +de los discursos. Es en el patio entoldado de una pulpería de arrabal. + +Parado sobre una mesa, enguantado, bien vestido, el candidato inicia +la tanda de los discursos. + +La multitud escucha: trescientos y tantos ciudadanos, de los cuales +doscientos por lo menos están beodos. + +El candidato infunde respeto. Su galano estilo, su clara dicción, +caen, como lluvia de rosas en un lodazal, sobre un apeñuscamiento de +cabezas hirsutas, sobre un campo de bocas abiertas en rictus +alcohólico, sobre un oscuro lago de miradas atónitas. + +Pero el espectáculo sugiere al punto esta reflexión: el respeto no es +a las ideas, que no se alcanzan. Es el respeto atávico al blanco, es +decir, al amo ancestral; es el respeto a los guantes, al jaquet, al +botín de charol; es el respeto fetichista del indio por las cosas que +su instinto presiente como signos de excelencia. + +Un borracho aprueba con amplios gestos los párrafos del orador. Y +exclama en alta voz:--¡claro!... ¡eso es!... ¡Me gusta!... + +Lo veo esforzarse por fijar la atención. La mona, en su estrabismo, le +muestra dos oradores, y él se obstina en mirar uno. Luego, cansado, +vuelca la cabeza sobre el pecho impotente, y la sonrisa del arlequín +que hay en todo borracho, divaga por el rostro enorme, moreno, pingüe +de grasa y de sudor. + +En medio de este grotesco silencio, en medio de esta trágica atención +de beodos, aquí y allí se sofoca un juramento, se contiene una réplica +inconsulta, se acalla un intempestivo monólogo. Entre tanto, algunos +se desprenden furtivamente del grupo, para ir a beberse una copa más +en el mostrador. ¡Qué diablos!... Lo único positivo es el vino; el +vino que permite olvidar el crimen del ocio y de la ignorancia. + +El candidato acaba su discurso entre palmoteos y alaridos. Todos se +mueven, algunos quieren verle, tocarle. Y la multitud al revolverse +apesta más, como si se hurgase la basura. El alcohol se espande en +vaho con los gritos, la roña se embravece con el calor y el roce. + +Después del candidato habla un estudiante. Su palabra es vehemente, +vibrante, sincera. Se imagina que el pueblo es quien le escucha; el +pueblo teórico de los libros. Y le habla de deberes cívicos, de +libertad, de honor ciudadano, de justicia social y regeneración +política. Pero él no conoce al pueblo: es un ingénuo. + +Le han dicho que en ese comité hay muchos tocados por el otro partido, +y que esos vienen sólo a embriagarse, y que votarán en contra, a pesar +de hallarse afiliados. + +Y exclama con gran énfasis oratorio: + +"¿Es posible, es creíble, ciudadanos, que entre vosotros existan +tránsfugas, que vengan aquí nada más que a beber nuestro vino y comer +nuestra empanada, y que mañana nos den la espalda en el _cuarto +oscuro_? ¿Es posible que haya aquí uno, uno solo tan... sin +vergüenza?" + +Una voz aguardentosa replica a gritos: + +--¿Uno?... ¡Varios! ¡Aquí hay varios, sí señor! ¡Varios sinvergüenza! +¿Sabe?... + +Lo obligan a callar. No se debe interrumpir al orador. Los borrachos +dicen siempre la verdad. + +Este _club_ contaba con trescientos cincuenta adherentes. Pero en el +día de la elección, más de la mitad votó contra su partido. + +Así es el mulato, la canalla abyecta, borrachona, pechadora, que +aprovecha la ocasión política. Son la hez de la ciudad, el desecho de +las faenas rurales, el desperdicio de los gremios honrados, la resaca +de las pequeñas industrias laboriosas y probas. Son seiscientos, quizá +mil gandules que determinan la suerte de los partidos, poniendo del +lado adonde los vuelca el acaso, el peso vil de la cantidad. + +Es la carga de papas en la cala, capaz de tumbar el buque. + +Y en presencia de tales espectáculos viene a la mente un recuerdo +irónico: "El pueblo no delibera ni gobierna", etc. + + + + +EL REÑIDERO + + +En el Salta de antaño el reñidero era una diversión popular. Aunque en +decadencia, la de las riñas es aún una manía en mucha gente, por lo +común ricos doctores y acomodados artesanos. + +Ya no encuentra uno como antes por la calle algún distinguido señor +con un gallo bajo la chapa, pero si vamos un domingo al reñidero +comprobaremos la existencia de una verdadera pasión organizada en +garlito, con su edificio apropiado, especie de templete de redondo +techo adonde van los sabios gallólogos a parar por un gallo hasta la +camisa. + +El reñidero está en un barrio excéntrico. Es un corralón con varias +dependencias: pulpería, reñidero y cancha de taba. La entrada permite +el acceso a cualquiera de ellas. + +La reunión empieza a las dos de la tarde. Un negro inválido, gordo y +barrigón, cobra el boleto en la puerta. Individuos de toda catadura +van y vienen por el gran patio de tierra y el viejo corredor de +ladrillos. + +En un extremo del patio una mulata hornea la primera tanda de +empanadas. Aunque hay mucha gente que se mueve, lo hace con grave +cachaza: uno pesa un gallo en una romana colgada del techo por un +alambre; en un grupo se concierta una riña; un opa amarillo, palúdico, +de barbas ralas, afirmado a un pilar, escucha estúpidamente las +condiciones que se estipulan; algunos revisan en las galleras sus +gallos, les dan los últimos toques, los acarician, los hablan; otros +limpian y pulen un juego de chuzas de acero; por ahí, disparatando, se +bambolea el eterno beodo de todos los domingos; y sobre este desacorde +rumor humano, continuamente irrumpe, vibrante, marcial, el sonoro +cocoricó de los gladiadores ansiosos de ir a la arena. + +La preparación de un gallo es una ciencia. Se pesa y pela el trigo; se +mide la dosis de agua y maíz; se le despluma al animal el trasero para +ver cuándo está robusto, en cuyo caso esta parte se le enciende en +intenso rojo de pimiento. Hay que separarlo de las gallinas para que +no se ponga cailón y flojo. Hay que baquetearlo, o sea hacerlo topar +con otros gallos para que tome estilo. Si es demasiado picador se le +pone una piquera en el pico, estuche de cuero que le permite +entrenarse sin morder, hasta que se acostumbre a pelear a revuelos. + +Si el gallo está capioso, es decir, si no tiene buena pluma, se lo +ensambla, lo que significa una obra de paciencia china, pues se hace +preciso cortar las plumas de la cola y alas al canuto, y encajar en +éste, pegándolas con goma, nuevas plumas largas y tersas, con lo que +el gallo obtiene agilidad en el asalto, ya que las plumas lo +equilibran. + +Además, a fin de fortificar los pulmones y las patas, hay que +corretearlo metódicamente una hora diaria; y hay que sacarlo a tomar +sol por la mañana; y si se sofoca y agita mucho, hay que zamparle agua +a buchadas por la cabeza y bajo las alas. Todo esto se practica a +diario, fuera de las precauciones y medidas que aconseja la +taumaturgia profesional cuando se quiere ganar con trampas una riña. + +El número de tongos no tiene límites. Gallero hay que le embadurna de +sebo a su gallo la cabeza para que el del contrario se despique al +morder; algunos al desgolillarlo le cortan en escalera la golilla, lo +que produce el resultado dicho, si el gallo contrario gusta de morder +la golilla y no la cabeza. + +Es gallo ligado si le amarran tan fuertemente las chuzas que el pobre +animal camina apenas apuñando la pata. Es gallo desvelado cuando le +hallan en los ojos cierta espumita, que prueba que para debilitarlo lo +han hecho pasar una noche atado a la estaca entre dos luces. Muchos le +untan al gallo en las axilas grasa de zorro, pues profesan la +superchería de creer que por este medio el contendiente dispara, +avisado por el instinto. + +Todo esto y mil detalles más debe conocer y lo conoce al dedillo el +juez del reñidero, quien cuida de que las riñas sean legales y se +respeten los compromisos. + +Bajo el techo circular está la arena, circular también, rodeada de una +gradería de tablas, que sube en anfiteatro hasta el techo. + +Suena una campanilla. + +Más de cien jugadores se precipitan a las gradas. Se instalan. Tosen, +esgarran, escupen. El circo tiene una barda enana de madera, bordeada +por un colchado de trapo rojo. El juez se para a la puerta. Agita su +campanilla. La riña va a empezar. + +Los dos largadores contrarios, sostienen cada uno su gallo por el +pecho, le friegan las patas y le dan el último vistazo. + +El momento es solemne. Las apuestas se cruzan, breves y seguras. +Algunos que apostaron ya, están callados, la mano puesta en el mentón, +y así estarán hasta que acabe la riña. Los conocedores observan; los +botarates elogian y desafían. Los dueños de los gallos guardan un +digno silencio, prueba de sendos temores. + +La campanilla suena de nuevo. Se larga la riña. + +Un gallo da dos pasos, se para, se iergue y canta. El otro lo vé y lo +embiste. Las rojas cabezas se agachan, los cogotes se estiran, +arrogantes; los dorados, pequeños ojos bravíos brillan; las alas +semiabiertas se aprestan al salto. Primero es el saludo bizarro de los +dos picos, frente a frente, en línea recta, arriba, abajo, +cautelosamente; después es el revuelo formidable, y en fin, la +seguidilla, el entrevero, la riña; la riña tenaz, obstinada, furiosa, +de una belleza ejemplar, de un denuedo heroico. + +Cada riña es un poema épico: los sucesos, naturalmente, difieren; la +heroicidad es la misma. + +A veces un gallo queda ciego. Entonces el silencio de los espectadores +se vuelve absoluto. El animal pelea a oído: se lo vé inclinar la +cabeza, mas no para huir, sino para esperar escuchando al adversario. +De nuevo lo halla, lo pica, se afirma, se solivia en las alas y le +encaja con fragor las chuzas en el cráneo. + +El adversario se abate lentamente, las alas ajadas, el pico abierto. +El triunfador, ciego, se para tambaleante en la arena y lanza a las +tinieblas su trágico, ¡su titánico cocoricó! + +Se dió una vez el caso de dos gallos que cayeron muertos, primero el +uno, el otro en seguida. El uno tenía traspasada una arteria junto al +corazón: el otro no presentaba heridas, pero los entendidos dijeron +que había muerto de rabia. + +El papel de los entendidos es admirable. En cuanto el gallo cae a la +arena, en cuanto se mueve un poco, ya saben si está ido, es decir si +está acobardado, vencido al empezar la pelea. + +Después de la riña sobreviene una febril agitación: los perdedores, +resignados, oblan. Un ganador cruza el patio con un montón de billetes +en la mano. Un individuo lava un gallo, le busca prolijamente las +heridas, se las cura. Otro se come una empanada recién salida del +horno. Quien pondera aquí las condiciones del paraguayo; quien +sostiene allá que al giro tal le mordieron el pico antes de largarlo. +Y junto al pozo, un individuo le chupa un ojo a su gallo para que no +se haga tuerto y procede después a sangrarlo de la pata contraria, +según una prudente cábula profesional. + + + + +LA TABEADA + + +En un canchón contiguo al reñidero está la tabeada. Siendo juego menos +noble que las riñas, la taba tiene entre los decentes sus adeptos +vergonzantes. La riña es como una ciencia, la taba es como un arte. + +Depende del pulso y en parte de la cancha. Existe un canchero que +prepara la tierra y la rocía de modo que ni se haga barro ni esté +dura. Los límites opuestos los marca un cordel hundido en tierra. Dos +hileras laterales de bancos de tabla son los asientos de los jugadores +que esperan turno. + +Reina en el corro, grande algarabía. Mientras un individuo pulsa la +taba en una punta, el contrincante aguarda el tiro en la otra. + +Formúlanse las apuestas entre el tabeador y su contrario, entre el +tabeador y el público, y el público entre sí, por fas y por nefás, por +cara o culo, con ventaja o sin ella: es un enredo de términos y dichos +especiales, tan claros para el profano como si fuesen griego. + +En media cancha han ido amontonando el dinero de las apuestas, +apretado bajo una piedra para que no se vuele. Algunos empuñan rollos +de billetes ajados y mugrientos. Los ya desplumados, se sientan a +mirar, como fascinados, el manoseo de la plata. + +De varias partidas atrás, un chaqueño emponchado mantiene la taba: es +un invencible. Ha pelado a muchos. Ahora "la va derecho" con un +mulatón compadre y hablador. + +El invencible es un hombrón taciturno, un poco alcoholizado. +Reconcentra en su juego favorito toda su grande alma de animalote. +Parece allí un toro parado en dos pies entre la tropa. + +Usa enorme sombrero blanco y se alza el poncho al pescuezo para que le +vean su charro cinturón de bolivianas de plata. Va quinientos pesos a +su mano. + +Se escupe con calma las manos, refriega las palmas en el suelo, guiña +el ojo izquierdo como si fuera a apuntar con escopeta, mira bien la +taba con el otro ojo, la blande, la sopesa varias veces, echa un +desafío mudo a la redonda. Los espectadores, atónitos, se apartan. La +taba vuela: la siguen con la vista, da tres vueltas justas y se clava. + +--¡Culo!... ¡Culo clavado! ¡El primer culo! + +La agitación es intensa. Algunos juran. Otros se preparan a recibir su +plata. Hay quien comenta a gritos las alternativas de aquella "mano". + +El chaqueño saca un pañolón colorado y se limpia el sudor del seboso +rostro. Echa luego mano al bolsillo y paga de un grueso puñado de +billetes. Ha sido un "batacazo". ¡Quinientos a la olla! ¡Jué pucha! +Pero no es nada; él puede jugar hasta diez mil pesos. Este hombre +tiene quince mil cabezas en el Chaco. + +La concurrencia es de un cómico abigarramiento. Vense galeras, +guantes, bastones, botas, alpargatas y hasta patas peladas: la ancha +pata pálida y roñosa del opa que atisba una moneda, del típico opa +salteño, del infaltable de todas las aglomeraciones. + +Vense levitas verdinegras. Una casaca con dos botones al rabo, que +muestra que en sus tiempos fué jaquet; chalecos multicolores de una +antigua moda, camisas que rebalsan y pechos pelados al descubierto. + +Tampoco se libra de la manía el turco exótico, que ladra el idioma, +pero que se hace entender y juega; ni el gringo, el delicioso gringo +que masca tabaco y dice insolencias con la mayor soltura; ni tampoco +faltan el mulatillo amanerado y compadrón del centro y el honrado +maestro de escuela que viene a echar una cana al aire. + +Además, en la tabeada merodea el "colero", furtivo borrachín que +simula entusiasmarse por el juego y traba apuesta con este y con el +otro, para abrirse a su hora, con cualquier pretexto. Lo que le +interesa al colero es la bebida que circula a rodo, el desperdicio de +las ganancias. Agradece antes de que le brinden. Su afabilidad +comunicativa es una ganzúa; su entusiasmo por el juego un taparrabo de +la impudicia. + + + + +LOS PERROS + + +En las grandes ciudades los perros son objetos de adorno o de lujo, +cuando no seres esclavizados por el egoísmo del hombre, y que sirven +en las tiendas para cazar ratones, o en las policías para perseguir +malandrines. + +En las grandes ciudades los perros pertenecen a alguna raza definida; +y hasta los hay de abolengo. + +Existe allí el perro de alcurnia, mimado y regalado; el galgo raro, el +San Bernardo, el terranova, el fox-terrier, etc., etc. La monótona +vida de estos perros no tiene allí sino un aspecto más o menos +sentimental o decorativo, o francamente utilitario. + +Para apreciar el papel de los perros en estado libre, de los perros +como partido zoológico, disputando al hombre sus derechos a la vida, +hay que venir a verlos en Salta. + +Es un día de verano, a la hora de la siesta, en un suburbio casi +desierto del pueblo. El sol reverbera blanco en las piedras de la +calle y en las veredas de laja: es la hora de los perros. + +No se ve más que perros, como si una universal metempsicosis hubiese +substituído los habitantes por perros. + +Por las entornadas puertas de calle, asoman sus hocicos. Las puertas +de calle, donde la gente sale a tomar fresco al caer la tarde. + +La perrilla de la esquina congrega los pretendientes del barrio. +Primero es el festejo, el contoneo afable, el menear de rabos y el +olerse. Y después la gresca galante que acaba en dispersión y derrota, +cuando la mulata, dueña de la joven coqueta, asoma escoba en mano. + +Un inquieto perdiguero, que los domingos suele ir de caza con el +albañil, se ha escapado con la piola al cuello, y pasa, trotando al +sesgo, al viento las narices, que recuerdan por lo largas el cañón de +una escopeta. + +Bajo el tropical ardor del día, entornados los ojos, la lengua afuera, +cruzan por la calle grupos de perros de todos tamaños. + +Uno que los mira pasar desde su puerta, se avispa, y sale a toparlos: +se cambian los saludos de regla. + +Se huelen, se gruñen; la pandilla sigue viaje, y el de la puerta +vuelve lento sobre sus pasos, y alza la pata, desdeñoso, contra la +pared corroída... + +Los grupos circulan por todas direcciones. A ratos viene el rumor de +una algarabía lejana. Alguna pedrada, alguna dentellada. Y los +corridos huyen haciéndose los rengos. + +En los días patrios y festividades populares los perros no saben +dónde meterse. La gente de Salta padece la monomanía de las bombas. En +cuanto se reunen doscientos manifestantes, sueltan innúmeras bombas. +Entonces los perros, muertos de miedo, huyen a buscar un escondrijo, +por entre las piernas del pueblo. + +Al amanecer, desde las campiñas cercanas invaden la ciudad pandillas +de perros. Vienen en alegre turbamulta a escarbar los cajones de +basura que los sirvientes colocan en la vereda para que los levante el +basurero municipal. + +No hay casa arrabalera que no albergue tres perros por lo menos. ¡Y +qué perros! Son perros de anónimas, azarosas razas, monstruosas +combinaciones anatómicas, a veces espectrales y desconcertantes. + +Vénse perros largos y chatos, en forma de locomotoras. Otros, lanudos, +pequeñísimos, llamados cuzcos, que al trotar parecen con cuerda. Vénse +los pilas, es decir, unos que carecen en absoluto de pelos. + +Y esos tres tipos fundamentales al entreverarse en las cruzas, forman +la interesante población perruna de mi pueblo. + + + + +DEFENSA DE UN PERRO + + +Mister Oscar Asterplat es un inglés que no me conoce, pero sabe que yo +escribo, y ha venido a casa para encargarme un pequeño trabajo. + +El otro día, un bruto de chauffeur atropelló al bull-dog de M. +Asterplat, y éste desea que yo escriba un artículo en favor de su +perro, y contra los automovilistas. + +Accediendo gustoso a tan justo pedido, he mandado a un diario las +siguientes líneas: + +Señor director: persigamos a las vizcachas que arrasan los sembrados; +matemos a las ratas que comen documentos y propagan la pulmonía y la +peste; organicemos ejércitos langosticidas; fumiguemos los árboles +arrugados por la diapsis pentágona, y hagamos guerra a los gatos +ardorosos que gritan en los tejados. Todo eso es razonable y bueno. La +vida es una eterna lucha del hombre contra los viles engendros de la +naturaleza. + +¡Pero pidamos al público que respete a los perros! + +A los pobres, a los buenos, a los leales, a los nobles, a los dignos +perros, estos amigos prehistóricos de nuestra malvada especie; que en +el fondo de sus ojos, siempre despiertos, tienen un destello de luz +para cada caricia, y un rayo de rebeldía para cada injuria. + +El activo perdiguero que por las calles husmea sin descanso una +escopeta; el airoso, elegante pila, juicioso en la iglesia, y caliente +en el lecho de la viejecilla reumática; el miserable caschi que en las +mañanas de invierno brinca delante de la cocinera, camino del mercado; +el can flaco del pastero que a la sombra del carro va, paso a paso, +del campo a la ciudad y de la ciudad al campo; el perro sucio del +pordiosero, comensal en la olla de mendrugos, y lamedor cirujano de +incurables lacras; el cuzquito centinela de los ranchos sin puerta; el +perro del rico y el perro del pobre, el de la casa y el de la calle, +cada cual llena un vacío en nuestros caprichos, en nuestras +necesidades, en nuestros achaques, en nuestros infortunios. ¡Ningún +perro está de más en el mundo! + +Estas reflexiones, señor Director, me las sugiere el atentado de que +fué víctima, el domingo de tarde, en la avenida Sarmiento, el perro +"oso" de M. Oscar Asterplat, por parte de un miserable manejante de +automóvil. + +¡Este bruto le ha hecho pasar las ruedas por la barriga, y lo ha +dejado extrachato, en media calle! + +Yo protesto de semejante atentado, ante el público, en nombre del +señor Asterplat y en el mío propio. + + + + +LA CONDENADA + + +Hace mucho años, andaban de boca en boca, entre la gentuza de mi +pueblo, relatos extraordinarios acerca de una luz ambulante que vagaba +por avenidas y caminos urbanos. + +Precisamente, en las noches más tenebrosas, veíasela pasar, con +diferencia de minutos, tan luego por las inmediaciones del cementerio +como por los arrabales próximos al río. + +La velocidad hasta entonces no vista que la animaba, y el intenso +fulgor rojizo que despedía, dieron pábulo a la medrosa fantasía +popular, que acabó por atribuirle sobrenatural origen. + +Y a las viejas supercherías de duendes y mulas ánimas y viudas y almas +en pena, vino a incorporarse la misteriosa leyenda de la condenada. +Así habían dado en llamarle a la luz, sin duda porque se creyó que el +panteón era su morada. Y salía de allí a deshora de la noche para +emprender sus locas, desaforadas carreras, que espantaban a los malos +y horripilaban a los inocentes. + +Una noche, camino de la Caldera, iba un pobre indio paso a paso en su +mancarrón, con las alforjas cargadas de bote en bote, cuando en un +recodo topó de repente con la luz infernal. Indecible pavor hizo presa +de jinete y cabalgadura, que, dando cara vuelta, fueron a sujetarse, +perdiendo alforjas y calchas, a la plaza "9 de Julio". + +Contaban que una negra que vivía cerca del cementerio mantenía +macabras relaciones con la condenada, y esto, y el aislamiento en que +sus íntimos la dejaron, motivó el trastorno mental de la infeliz +catinga, sospechosa de brujería. + +Una noche la policía tuvo noticia de una descomunal parranda en el +barrio de _tucumancito_. Enviado un vigilante al lugar del desorden, +se le apareció la condenada, se le espantó el caballo, y el porrazo y +el susto fueron tales, que el cobarde policiano sufrió un desmayo de +varias horas. + +El número de perseguidos y preocupados era muy grande. + +El cochero de un amigo mío tenía su cuarto lejos del centro, por el +barrio del matadero, y aunque _no era manco pa las cosas de este +mundo_, las del otro le inspiraban serias desconfianzas, por lo que +prefería, si no había luna, quedarse a dormir acurrucado en los +almohadones del carruaje. + +Las niñeras les contaban a los chicos, haciéndoles poner los pelos de +punta, las fechorías de la condenada; y las viejas beatas de +correveidile averiguaban del cura si cometían pecado creyendo en ella. + +Hasta entonces había limitado el espectro sus andanzas a los +arrabales; pero héte aquí que una noche, como a las doce, se presenta +en plena plaza Belgrano, desierta a esa hora, donde se pone a dar +vueltas en persecución del único mortal que a la sazón la atravesaba; +el cual, en fuga despavorida, logró saltar las barandas que cercaban +la plaza, y llegar sin resuello a guarecerse en la tienda donde era +dependiente. + +¿Y no adivinas, lector, quién y qué pudo ser aquella condenada que en +mi pueblo metió tanto susto? + +Pues era el más pacífico de los hombres: un relojero italiano, el que +llevó a Salta la primera bicicleta. + +Fatigado del trabajo del día, montaba por la noche en su aparato, +encendía la linterna fuera de la ciudad, y comenzaba su pedaleo de la +manera más divertida del mundo. + + + + +LA CRECIENTE + + +Don Ventura Perdigones era un gallego verdulero que había en Salta. + +Desde Vaqueros, donde tenía su hortaliza, llevaba todas las mañanas al +pueblo una arganada de verduras frescas para vender por las calles. + +Vaqueros es un lugar que dista dos leguas de la ciudad, y está situado +en la margen izquierda del río de ese nombre. + +Y digo río, porque se llaman así en mi tierra, mal que pese al +estricto sentido del vocablo, los que en invierno apenas parecen +arroyos apacibles, y en verano se tornan, con las lluvias, en +formidables avalanchas de barro y piedras. + +Una mañana venía el Vaqueros _por demás_ crecido, como dice la gente +de mi provincia. La noche anterior había caído una tormenta en los +cerros, y, con tumultuoso estrépito, las turbias aguas arrastraban +gruesos troncos y pesados pedrones. + +A lo largo de la orilla, numeroso paisanaje a caballo esperaba que +pasase lo recio de la crecida para atravesarlo. + +Perdigones, encaramado en su asno, estaba allí, con las árganas +repletas de repollos y lechugas. Quería pasar cuanto antes, sin +atender a los consejos de algunos que le señalaban el peligro; y +porfiadamente taloneaba a su bestia, y se paraba en los estribos a ver +por dónde se lanzaría. + +Y Perdigones que sí, y el jumento que no, bruto y hombre pugnaban por +hacer cada cual su gusto, con grande regocijo y mofa de los presentes. + +--No dentre Don Ventura. Mire que la creciente lo va a trapiar,--decía +uno. + +--De ande lo han de convencer, si este gallego es más porfiau que una +clueca,--gritaba otro. + +--Asojitesé bien, no sea que pierda los _yolis_,--vociferaba un +tercero. + +--¡Vaya, vaya hombre!--contestaba Perdigones.--Paréceme a mí que no +hay motivo pa tanta alharaca. Pero lo que es éste, a mí no me +gana,--decía del asno, y le molía de firme. + +Al fin triunfó Perdigones, si bien más le valiera no haber triunfado, +porque zamparse el burro, desquiciarse de la montura los _yolis_, y +hacerse una balumba de hombre y bestia y arreas y verduras, todo fué +uno. La rápida corriente los arrastraba. + +Los gauchos armaron al punto sus lazos, y se los arrojaron al infeliz +Don Ventura, que a manotones y zambullidas y vueltas de carnero en +medio del agua, ni pudo ni atinó con los auxilios. + +Y mal acaba el lance, si no logra prenderse, con todas las fuerzas que +le restaban, a las raíces de un sauce ribereño. + +Y ya en tierra firme, pasado el susto, un paisano le dice al gallego: + +--Velay pues, ño Ventura aura que se ha salvao, dé gracias a Dios, +porque esto ha sido un milagro. + +Y el gallego, malhumorado y tiritando, le contestó: + +--Hombre, dí tú gracias al sauce, que las intenciones de Dios fueron +ahogarme. + + + + +LA DECADENCIA DE LOS OPAS + + +Como se ha cumplido para la historia del arte el "esto matará +aquello", de Víctor Hugo, se ha cumplido en Salta esta otra fórmula: +el progreso ha matado al opa. + +Y no hablamos aquí de los opas que seguirán existiendo pese a todos +los progresos, sino "del opa" como género social, del opa como factor +social. + +Todo ha conspirado, desde unos años a esta parte, contra los opas. + +El advenimiento de las cloacas los ha emancipado de ciertos oficios de +acarreo, que les era propio. + +Después, un jefe de policía los ha expatriado en vagones y ha sembrado +las vías, Salta afuera, con nuestros opas. Así fueron a parar, en este +movimiento centrífugo de reacción colectiva: "Leche de Burra" a La +Quiaca, el "Coto Zapallo" a la tumba, "Ripitipi" a Buenos Aires... + +Y en nuestros días, apenas si al paso del opa Panchito, con su cara de +macho alfalfero, su andar vacilante y sus inmensas alpargatas, nos +asalta un recuerdo borroso de los opas de otros tiempos, de aquellos +que apedreamos siendo niños. El opa de hoy es como el espectro del opa +de entonces... + +El opa de hoy, ha tomado carta de ciudadanía y hasta se le ha visto +votar en las elecciones. Y luego, se le respeta, o quizá se le +compadece; y se ha vuelto mendigo, como "Achoscha" y como Enredadera, +o masitero como Panchito. + +Pero antes, antes los opas eran algo muy nuestro, muy popular, muy +típico, y a ellos les debemos buenos modismos, que han quedado +estratificados en la memoria social. Así decimos de un tonto +cualquiera; es un "Chupa-charqui". Y del que se contenta con falsas +promesas: está Fulano como el opa del cura Arias, aquel opa famoso, +excelente servidor, pero lunático, cuyo sabio amo, conociéndole su +pasión por la ropa nueva, lo mandaba a lo del sastre a que le tomasen +la medida, en cuanto lo notaba de mal talante. + +El opa de las procesiones ha desaparecido. No había procesión sin su +opa a la cabeza, provisto de un rebenque de carrero, espanto de +muchachos y perros. Y es que no había iglesia sin opa, fiel criado del +cura y auxiliar devoto de la sacristía. Quasimodo es así un tipo +universal de campanero. Sólo un opa podía repicar con toda el alma, +bajo la campana, sin temor de romperse las orejas. + +No hay quien no haya asistido en Salta a la escena estruendosa de una +misa o un sermón edificante, interrumpido por una _trocatinta_ de +azotes a los perros que asistían a la iglesia. Los aullidos +repercutían por las bóvedas sagradas con sonoridad apocalíptica. Era +el decoro de las cosas santas defendido a rebencazos. En cuanto un +perro ultrapasaba la linde de la compostura, se le venía el opa al +humo, rebenque en mano; y hubo el caso de una vieja que resultó +zurrada por demasías de su pila. Y era cosa corriente en aquellos +tiempos que la beata llevase su pila escondido bajo el manto. + +Pero el jubileo, la apoteosis de los opas salteños tenía lugar el día +del lavapiés. + +En el patio de la Catedral, esa mañana, junto al pozo, el sacristán +les arreglaba las barbas, cuando la tenían, les daba un traje nuevo, +de piel azul, y el opa, dignificado y elevado a la categoría de +apóstol, ocupaba su trono de honor al pie del altar. + +En una de aquellas ceremonias, en que el opa Viborón hacía de apóstol, +es fama que los muchachos le trazaban víboras en el aire, con el dedo, +y el infeliz, olvidando su sagrado papel, se descolgó del entarimado, +presa de inaudita cólera. + + + + +LOS COCHEROS + + +Al mirarlos pasar desarrapados, blandiendo el largo flajelo de +verdugos sobre los lomos enjutos del mancarrón placero, se diría que +son asesinos que se escapan y no aurigas que pasan. + +Estos son los más zaparrastrosos cocheros del mundo. No pretendemos, +no, que vistan de gala, ¡así quedarían!, pero que, al menos, adopten +en su pescante traza de cristianos. Ora es un gigante doblado en tres, +con las canillas fuera del pescante, los botines rotos, el sombrero +increíble, las barbas desparramadas; el judas de La Merced, el opa +Viborón de cochero. O es un mico, un mequetrefe, metido hasta la nuca +bajo la capota, llevándose por delante las vacas lecheras y la chinita +que corre al mensaje. Pero todos, o casi todos precisan una lavada de +cara. + +¿Por qué no se les exige un mínimum de compostura personal? Si el +traje hace a la persona, tal vez así se los haría gente. + +Aquí es útil ser medio psicólogo, hasta para tomar coche. Primero hay +que semblantearlo al cochero y no meterse con los que tengan cara +colorada, porque esos andan mal de la mollera y habrá que pelear a la +hora del arreglo. + +Sobre todo, cuando se os ocurra viajar a San Lorenzo, fijaos si +vuestro cochero no está con los ojos irritados y la nariz roma, pues +al fin de la fiesta, cuando volveis por los precipicios de las lomas, +él estará más borracho que Baco y os sepultará en alguna zanja, con +vuestros deudos queridos. Y lanzará a los vientos, levantando las +piernas a la luna, en cada barquinazo, un juramento que hará ruborizar +a las señoras. Habeis puesto la vida a merced de un energúmeno, y sólo +Dios y la buena suerte podrán salvaros. Que no es cosa simple +contratar un cochero. + +Y si al salir de un baile o del teatro llueve, y hay que tomar coche, +ya no será dado elegir, porque los coches del servicio nocturno están +que dá grima. Subís y empieza el calvario. Si no se zafa una rueda, +media cuadra más allá la jaca que os arrastra cae extenuada. Y +entonces, en el silencio de la calle, sin testigos, sin misericordia, +comenzará el martirio zoológico de la pobre bestia, que a cada +puntapié que recibe, de su guía, en el cráneo, gime con gemido +profundo, mil veces más triste que el sollozo humano. Y la gloria del +baile o del festival se disipa de vuestra mente, y el cuadro de la +miseria de todo lo que vive se os impone al punto. + +Y cochero y verdugo son una sola y misma cosa. Verdugo vuestro, porque +pagais la hora con exceso, del sudor de la frente, y verdugo de los +flacos, de los inocentes, de los desgraciados caballos que caen en sus +manos. + + * * * * * + +_Nota._--Este artículo produjo en el gremio un efecto extraordinario. +Hubieron conciliábulos y discutieron si me darían o no una paliza. Yo +esperaba ansioso los resultados. Al fin publicaron una protesta que +decía así, poco más o menos: "Habiéndonos reunido los conductores de +carruajes a deliberar sobre el temperamento a seguir contra el +insolente articulista que así nos detracta en el diario "La +Provincia", hemos acordado no adoptar medidas violentas por tratarse +de un loco irresponsable, cuya familia, sin embargo, nos merece +consideración y respeto". + + + + +UN BAILE DE VILLORRIO + + +No me olvido de aquel baile que congregó tanta "gente bien" en casa +del comisario. + +En un rincón de la sala, zahumada por el grueso tufo de kerosene de +las lámparas, un músico, traído ex-profeso de Salta, galopaba sin +piedad un viejo valse, sobre el no menos viejo y desvencijado piano. + +En los ángulos restantes de la sala había frágiles mesitas de felpa +calva, atestadas de ramos de flores de papel, cuajadas de pintitas +negras, obra evidente de las moscas. + +Contra las paredes, hileras de sillas de variadas formas y tamaños, +donde descansaba la numerosa concurrencia; y en el suelo, mal +disimulando las asperezas del bárbaro enladrillado, retazos de +alfombras descoloridas. + +En el techo de cañizos, sustentados por ciclópeas tijeras, techo hondo +y lóbrego, tejían en silencio las domésticas arañas. Y en las alturas +adonde no llegaba la luz de abajo, algunos murciélagos absortos +comentaban con chillidos a la sordina la inusitada animación de la +fiesta. + +La concurrencia daba vueltas flemáticamente a la sala, al compás +meloso y cursi de esa musiquilla de aldea, triste y desorejada. La +dueña de casa, orondamente sentada en su sofá, contemplaba con aire +satisfecho el desfile de las parejas. + +Era una vieja robusta y ancha como una olla de chicharrón, que sudaba +a mares y se hacía viento con uno de esos monstruosos abanicos de +satín negro, que más parecen alas de Satanás que abanicos. A la vieja +nadie le dirigía la palabra; pocos la conocían. Pues como se trataba +de un baile de suscripción y ella había cedido su casa por pura +condescendencia, nadie tenía nada que ver con ella. + +Bien pronto me expliqué aquella cortesía, cuando ví que una chinita +escamoteaba furtivamente las botellas de cerveza compradas por la +comisión organizadora. + +Algunas señoritas que confundían la sencillez con la vulgaridad, +lucían trajes ajados y sucios, que hubiese rechazado una sirvienta. Y +tal era el entusiasmo del día, que no habían tenido tiempo de +arreglarse los cabellos ni quitarse el barro de las cabalgatas. + +El "¡cállese, no sea atrevido!", el "¡vean esto, por Dios!" el +"pucha", el "velay", las mil ordinarieces que florecen en las +vendimias, se mezclaban, ensordeciendo el aire, en una sola cháchara +vulgar y aturdida. + +Una chinita zaparrastrosa y mugrienta se paseaba por entre las +parejas, brindando cerveza en copas tres veces sucias; y un muchacho +"quiscudo" como un cepillo, luchando por no dormirse, ofrecía en una +frutera caramelos chupados de antemano, a medias, quizá, por los bebés +de la casa, y "tortitas de leche" partidas aritméticamente a cuchillo. + +En un extremo del corredor, alumbrado por una lámpara sombreruda, en +derredor de una mesa, conversaban parejas de enamorados que nunca +acababan de barajar sandeces. En el otro extremo, escondidos en la +penumbra, los bebedores del pueblucho hacían su agosto en complicidad +con los sirvientes, mientras parecían acalorados en una disquisición +acerca de las virtudes del cura. + +Por todos lados iban y venían los mosqueteros abribocas, o se +acumulaban junto a las puertas, estorbando el paso. + +En el patio, un opa de ojos clarísimos y cara pálida y gorda, que +había bebido en demasía, mascaba asnalmente un bollo, y servía de +diversión a unos muchachos... + + + + +EL DUENDE + + +La creencia en el duende era, quizá, la más arraigada en la ciudad, +hasta hace treinta años. Demonio familiar y burlesco, más molesto que +terrible, la plebe, y en particular los sirvientes y criados de las +viejas casas, teníanle por espantajo familiar. + +Para explicarse aquella superchería, fomentada sin duda por la +ignorancia, se hace preciso recordar la arquitectura de los caserones +coloniales. + +Casi no había casa patricia que no fuese un verdadero laberinto de +cuartos, pasadizos, altillos y corredores, intrincados y oscuros. +Ocupaban los fondos, el corral, el gallinero, la huerta, las +pesebreras y los cuartos destinados a la gente que traía de las +estancias abastos y provisiones para varios meses. + +En muchas casas, se carneaban reses en el corral. + +El duende merodeaba en las cocinas y despensas; escondíase en los +tunales y silbaba a los que iban al corral; dormía entre las petacas +de cuero crudo, en zarzos y altillos; y aun a las veces poníase a +frangollar en el mortero, a media noche. + +Un anciano señor, ya chocho, y además célebre por sus mentiras, solía +contar a sus relaciones--en alguna tertulia íntima de barrio, cabe la +estufa monumental del comedor,--los trajines y fechorías del duende. + +--Una vez--decía el anciano,--determiné mudarme de casa con mi +familia; pues el duende no nos dejaba en paz. Apedreaba a hurtadillas +a quien quiera que entrase en la huerta, volcaba las ollas en ausencia +de la cocinera, hacía pudrir el charqui y engusanaba los quesos del +zarzo... Habíamos trasladado a la nueva casa muchos muebles, cuando +entré una tarde en la despensa para ver lo que todavía quedaba por +acarrear. En esto se me presenta el duende, cargando el mortero, y me +dice, con tamaño descaro: + +--¿Y a dónde nos mudamos?... + +Era un hombrecillo enano y cabezudo. Provenía de algún ignorado +infanticidio; o era el alma de un niño muerto a los siete años, sin +bautizar. + +Usaba enorme sombrero y tenía una mano de fierro y la otra de lana. +Aparecíase a los malos y desobedientes, a los pendencieros y +mentirosos, y les preguntaba entonces, con potente y ahuecada voz: + +--¿Con qué mano quieres que te pegue?... ¿Con la de hierro?... ¿Con la +de lana?... + +Y al vivo que elegía la de lana, le asentaba terrible mojicón con la +contraria. + +El duende era compadre y amigo del gato. Nadie sabe si el par de +ojazos fosforescentes que vió en la noche serían los del duende o los +del gato. Que también sucedía que el duende, convertido en gato, se +echaba a dormir en el rescoldo del fogón. + +Apadrinaba él, solícito, las gangolinas y grescas de los tejados, que, +en noches de luna, ponían en la mente de los desvelados, terrores de +la otra vida. + +Caminaba con pesados y resonantes pasos a deshora, en los corredores, +como si un grueso pisón golpeara los ladrillos. + +Había, sin embargo, un medio para librarse de él. Sabido era que su +finísimo olfato no toleraba los ingratos olores. Y quien quisiera +andar seguro de noche, había de llevar preparada en los bolsillos +cierta porquería... + + + + +LA VIUDA + + +Por todo el valle de Lerma se creía en la viuda; pero es cerca de la +ciudad donde he recogido la leyenda de boca de unos indígenas. + +Las supersticiones tienen, como característica, esa indeterminación de +las versiones anónimas. Y asumen, según el sujeto que las refiere, +contornos más definidos y reales, o se diluyen y esfuman hasta no ser +más que una idea fantástica o una emoción de misterio. + +Ignoro si sea ésta una leyenda salteña de origen y si el decir vulgar: +"salirle a alguno la viuda" se usa en otras provincias, como aquí, +para denotar el contraste imprevisto con que topamos en una empresa +inadecuada a nuestras fuerzas. + +Pero abandonemos los circunloquios y oigamos al indio viejo que me la +contó: + +"Una noche tormentosa y muy oscura, cuando yo era muchacho, el patrón +me mandó a La Isla, con un recado urgente para don Nicanor Vallejos. + +La Isla es una finca, a legua y media de Salta, entre el río Arias y +el Arenales. + +Yo conocía bien el camino, que no era de coche, como ahora, sino una +senda angosta que atravesaba pequeños bosques de tuscas y algarrobos, +harto tupidos a trechos. + +El terreno es bajo y pantanoso y en algunas partes había que ser +baqueano para no hundirse en los fangales. + +Aunque nunca he sido flojo para las cosas de este mundo, no me sentía +entonado para las del otro aquella noche, lo confieso. Así que en +mitad del viaje, y en un punto en que más cerrado estaba el monte, al +caer la senda a un bajío, puse el caballo al tranco y empuñé el +cuchillo, que lo llevaba en el guardamonte, colgado de la vaina. + +Al acercarme a unos sauces llorones que están ahí todavía, de un +costado del camino, donde principia la bajada, se me atravesó como +sombra un perrazo negro... + +El caballo se avispó, bufó; y se pegó una tendida que casi me larga de +hocico. + +Por serenarme, mordí la hoja del cuchillo, la hice "tincar"[2] en los +dientes y me afirmé en el apero, tiritando... En esto, ya sentí que un +bulto me saltaba a las ancas y me echaba los brazos al cuello. + +El caballo, entonces, mandó un par de patadas, se estremeció enterito, +y se agachó a la furia, como alma que se la lleva el diablo. + +Así salvé el pantano. Y apenas gané la opuesta banda, un alarido fiero +y triste como llanto de mujer rajó la noche y se apagó en el monte... + +Y fuí a sujetar en casa de don Vallejos. + +Tuvieron que bajarme del caballo. Me manaba, del sofocón, sangre de +las narices. + +Esa había sido la viuda, pues, señor... Diz que así se presenta. Que a +ocasiones en forma de perro negro o de pájaro; a ocasiones es un +burrito que está como pastando, al disimulo... ¡Y no bien lo ventajó +el jinete, ya también se le trepó en las ancas y le echó los +brazos!" + +FOOTNOTE: + +[2] «Tincar» no es castellano. Pero es una preciosa onomatopeya, +inventada por los gauchos, y que da mejor que ninguna otra palabra, la +nota, «tín»... del acero, que ellos tienen la costumbre de hacer +vibrar entre los dientes cuando sienten vacilar su coraje. Además, +emplean continuamente el cuchillo para abrirse paso, hachando gajos en +la maraña; y de ahí proviene sin duda la palabra. + + + + +LA MULA ANIMA + + +Es una leyenda del bajo pueblo que va perdiendo su cariz fantástico. + +Evocad el Salta de sesenta años atrás, con su pobre y pesada +arquitectura colonial; con sus tejados de alero volado a la calle; con +sus enormes portales cuadrados y recios; con sus altas veredas, entre +cuyas lajas desiguales brotaba el pasto del campo; con sus hondas y +tortuosas calles de piedra bola. + +De noche, ardía en las esquinas del centro un candil de sebo. El +sereno, encargado de varias manzanas, pasaba lentamente, cantando la +hora y el aspecto del tiempo. + +En las casas donde había quedado alguna luz, revoloteaban +encandilados, sobre los anchos patios, murciélagos errantes y +siniestras lechuzas. + +La vida estaba llena de incertidumbres y peligros. Las guerras civiles +llevábanse mucha gente a otras provincias. Los largos y penosos viajes +a Chile y al Perú, que los jóvenes de la mejor sociedad emprendían, +arreando valiosas recuas de mulas y caballos, dejaban en invierno los +hogares huérfanos de esparcimientos familiares. + +A la terquedad del carácter español, a la intensa religiosidad de la +época, a la constante zozobra de la ausencia y la espera, que hacían +monótona y solemne la existencia, sumábase en los largos conticinios +el horror de las iglesias, cuyos atrios y recintos servían de +enterratorio a los decentes. + +Sólo en aquel ambiente melancólico pudieron formarse leyendas como la +de la mula ánima. + +A media noche se le aparecía de repente, en el panteón de una iglesia, +al mulato que volvía ebrio de alguna timbirimba o al medroso y +fanático palurdo que ignoraba los peligros del sitio. + +Era una mula enfrenada, que arrojaba chispas por boca y narices, y que +bufaba, encabritada, sobre el suelo fofo de las sepulturas. + +Era un ánima en pena. Y para librarla del purgatorio había que +consumar una hazaña fabulosa: había que sacarle el freno a la mula. + +Aquel endriago provenía de un pecado sacrílego, pues se lo suponía +engendro del cura con su barragana. + +Las beatas supersticiosas examinaban con aires de misterio, al salir +de misa, al alba, los ladrillos del atrio, donde, a las veces, la mula +ánima estampaba su casco de fuego. + +En el veredón de la antigua Catedral, que ya no existe, veíase, hace +años, una laja que tenía marcada una herradura: era el rastro de una +mula ánima. + + + + +LA JUANA FIGUEROA + + +Camino de "La Soledad", pasando el "puente blanco", en la esquina de +un rastrojo y al pie del cerro, está el sepulcro de la Juana Figueroa. + +Es el santuario de una superchería popular, con todo el prestigio de +una leyenda trágica. + +Al borde de una zanja vése un humilde túmulo de adobes, que remata en +una ruinosa cruz de palo. + +Por sobre la verdura de los cercos míranse las torres y cúpulas de la +ciudad, más allá las lomas de San Lorenzo, y en el fondo la azul +lejanía de las montañas, que parecen encerrar en un perenne círculo de +encanto la inmensidad del valle. + +El sepulcro de la Juana Figueroa es el santuario de una devoción +torcida y pecaminosa para la ortodoxia del cura; para la bastarda +emotividad de la plebe, es un lugar bendito, santificado por el +martirio. + +Los pobres del suburbio, las muchachuelas palúdicas de los "cuartos" +excéntricos, las cocineras de casas pobres, las alcahuetas +supersticiosas, acuden todos los lunes a depositar como voto ante la +milagrosa heroína, una vela de sebo, un medio boliviano, un +corazoncito de plata. + +De día y de noche, arde continuamente en el sitio un centenar de +velas. Para que el viento no las apague, la devoción, prolija, +resguarda las fervorosas llamas, bajo un abigarrado techo de latas de +tarro. + +Es una peregrinación anónima, pero obstinada y constante. Nunca se +encuentra en el lugar bendito esas aglomeraciones un poco profanantes +de la multitud. Cada cual a su hora, en un momento de angustia, de +miseria, porta su ofrenda. Y sólo la muchedumbre de las velas +patentiza la zozobra de las almas. + +A veces, al atardecer, vése llegar por el "carril" de "La Soledad" +alguna mujer del pueblo, demacrada y enferma, con una criatura en +brazos. Camina por la tierra polvorienta arrastrando la pollera, que +al andar se pliega sobre los talones con blandura de harapo. + +Cuando está segura de que no la observan, se acerca al humilde túmulo, +se arrodilla y ora en silencio. + +Después ofrece una vela encendida y se aleja a pasos largos. + + * * * * * + +En aquellos parajes vivía, hace treinta años, un pacífico mulato +carpintero, casado con una joven mulatilla, bonita y alegre. Tenían un +hijo. + +El hombre se marchaba temprano al pueblo, donde tenía el taller. La +mujer y el pequeño lo esperaban hasta la hora de la comida. + +El hombre trabajaba mucho, pero ganaba poco; apenas para vivir. + +La esposa soportó bien durante el primer tiempo de casada la escasez +de medios, halagada por el cariño al hijo y el amor del hombre. + +Alentaban la esperanza de poder un día salir de aquel lugar sombrío, +enfermizo, vecino de la "zanja del Estado" y del panteón, aislado +entre un monte de algarrobos, melancólico en sus largos días y sus +desolados atardeceres. Pensaban irse a vivir al pueblo. Y así, +pensando, se pasaron los meses. + +La mujer fué cambiando, poco a poco. En ausencia del marido +frecuentaba el trato de algunas comadres y vecinas que tomaban mate a +costa de la ingenua mujer del carpintero. + +Varias veces, al volver del pueblo, el hombre no había encontrado a su +mujer. Pero entonces habíala esperado, habíala recriminado con +dulzura, para entregarse a los íntimos deleites del pobres hogar y al +encanto del pequeño. + +La mujer, confiada en el ascendiente que ejercía sobre su marido, +nunca hizo mucho caso de sus reclamos. Y pronto las amigas la +atrajeron a las borracheras del arrabal, donde la estúpida galantería +del "tomo y obligo" afloja las vacilantes austeridades y da al traste +con la compostura y decencia del artesano. + +El carpintero jamás quiso acompañar a su mujer a tales diversiones, y +la dejó ir sola, cediendo a las instancias de las amigas y a las +seguridades de una fidelidad probada asaz duramente. + +Y cuando el hombre vió al fin mermado aquel cariño, y cuando supo en +el pueblo--él, el último,--la traición de la hembra ingrata y +tornadiza, se dejó llevar a la deriva de la suerte, con la indolencia +fatalista de los débiles y quiso, todavía más ciego, el caro amor que +se le escapaba, aferrado a la ilusión de reconquistarlo de nuevo, todo +para sí. Y fué manso, tolerante, imbécil; bueno como las tablas de +fragante cedro que pulía en el taller. No dijo nada... + +Pero al volver del trabajo, una tarde, una vecina le contó que su +mujer había pasado el día, en su propio hogar, con otro hombre. El +carpintero llegó a su casa taciturno, pero tranquilo y amable como de +costumbre. La mulatilla lo recibió en sus brazos. + +El hombre le propuso dar un paseo. La mujer lo siguió, y marcharon +juntos, también el chiquillo, de la mano de su madre. + +Fueron hasta el "puente blanco", por el camino de "La Soledad". + +Se sentaron en el poyo del puente. + +El hombre no hablaba. No podía tampoco, aunque quisiera. Sólo +acariciaba los crespos cabellos de la mulatilla, bonita y alegre. + +Empezaba a oscurecer. Era un crepúsculo de otoño, lloviznoso y gris. +Levantábase al espacio el chillido inmenso, crepitante de los grillos. +A largos intervalos iguales cantaba un crespín en la arboleda. Venía +lenta, en el viento, la voz baja y solemne del campanón de San +Francisco. Algún "ataja-camino" revoloteaba agorero en la penumbra; y +bajo el arco de piedra del puente, ya ruinoso, abríase, entre las +malezas, el reposo de las aguas paradas, sin vida, sin reflejos, +hondura lóbrega, insalubre, hedionda... + +Ante el mutismo prolongado del hombre, la muchacha estuvo un instante +sorprendida; luego alarmada e inquieta. + +Ella lo habló, lo interrogó, trató de explicar algo.... él, +acercándose mucho, la miró en los ojos hasta el alma. + +Al verle así, la mujer, por la primera vez, le temió. El la estrujó, +brusco, colérico. Ella gritó. Quiso fugarse, abandonando al hijo. + +Pero el hombre la alcanzó, la pilló, le ajustó las manos crispadas +sobre el cuello, y la ahogó sin misericordia. + +El hombre, al huir con el hijo en los brazos, oyó tras sí lamentos y +gemidos. Entonces, ensañado, volvió a la carga, y empuñando un fierro +hallado por ahí, le machacó la cara, le reventó el cráneo, y la tiró +después sobre las aguas muertas de la zanja. + +Así fué el asesinato de la Juana Figueroa. + +¿Por qué venera el bajo pueblo su memoria? Porque fué--dice,--una +santa mártir. Y es que el delito de adulterio no existe en la +promiscuidad monstruosa de la chusma. + + + + +DON MATIAS LINARES Y SANZETENEA + +OBISPO DE SALTA + + +Hay en la vida del anciano ilustre, cuyo fallecimiento ha conmovido a +la sociedad de Salta, una singular contradicción entre las íntimas +tendencias espirituales que lo solicitaron, y la elevada misión +pública que desempeñó. + +El sacerdocio es, o al menos debe ser, una función militante. + +Exige el ejercicio de las cualidades positivas del carácter; el fervor +de la prédica; el espíritu de lucha, de propaganda y de polémica; el +conocimiento de los hombres; el continuo trato con el mundo; la +fulminación del mal y del error. Así, el tipo del sacerdote es Iñigo +de Loyola. + +Pero monseñor Linares fué, más que un sacerdote, un asceta, en la +medida que su destino se lo permitiera; y más que un apóstol, fué un +santo. + +Su carácter jamás se avino con su cargo. Y, por la sola fuerza +prodigiosa de la virtud, el hombre era superior al cargo. + +Se impuso, quizá sin quererlo, seguramente sin ambicionarlo, a la alta +estima y consideración de su grey y de su pueblo, por el ejemplo más +que por la acción; por la tolerancia, más que por la represión; por el +amor y la templanza más que por el mando. Su notable política resultó, +así, una consecuencia de su temperamento, no una obra de su cálculo. + +Y aquel justo vivió, sin duda, constantemente perplejo entre su Ideal +cristiano y sus ineludibles obligaciones de gobernante. + +La acción acaso sea incompatible son la santidad. + +La equidad, la justicia, la virtud, no son sino eternas aspiraciones +al bien absoluto. Procurad imponerlas entre los hombres como ley, y +los bajos intereses de la vida os rechazarán, como a Jesús y como a +Sócrates. Desde tal punto de vista, todo juez es injusto, y todo +apóstol es exclusivista... + +Abstenerse de fallos definitivos; rehuir a las implacables +condenaciones; renunciar, por amor a la verdad, a la posibilidad de +equivocarse; olvidar la perpétua contradicción entre lo real y lo +ideal, atormentado por el temor de ser alguna vez injusto o inhumano; +buscarse, esperar en silencio, más allá de la mezquina existencia +mortal el advenimiento del Reino de Dios: he aquí el ideal del asceta, +es decir, del justo, del santo, del puro cristiano. + +Y en épocas de discusión, de examen, de transmutación de valores +morales, este tipo superior de religioso es tanto más admirable, +cuanto menos posible en la moderna sociedad. + +No consultará, acaso, como pastor las necesidades materiales de su +causa, ni dará a su misión el esplendor de un principado, influyente y +mundano; pero será, como hombre, un alto exponente de la dignidad +humana, toda vez que el Ideal marque una meta de perfección a la +conducta. + + + + +II + +LOS CAMPOS + + + + +EL ERQUE + + +El erque es una flauta travesera de caña, larga hasta de tres metros, +que remata en una bocina arqueada de cola de vaca unas veces y otra en +un gran cuerno. + +Desde la embocadura hasta el punto en que se apoya la mano, la flauta +va forrada de unos listones de suncho amarrados con hilo de lana. Así +se asegura la rigidez del instrumento y se le aisla un poco del +contacto para que vibre mejor. Es de industria indígena y la fabrica a +su gusto el mismo que la toca. + +Usan el "erque" los naturales de las quebradas y altiplanicies +andinas, pastores y leñadores que salen de madrugada para los cerros, +caminan el día entero por abras y breñas y a la tardecita vuelven +tocando el "erque" con la majada delante y el haz de leña a la +espalda. + +La naturaleza sin el hombre que la puebla es cosa muerta. La poesía de +la montaña no sólo radica en la grandiosidad agreste del paisaje, en +la blandura lejana de las nieves, el salvaje rodar de los torrentes, o +el florecimiento encantador del amancay y la berbena. + +Sobre todo eso que es tan hermoso, hay algo más hermoso todavía, +porque nos ayuda a interpretar y a sentir; y es el hombre: el indio, +hijo de la tierra, su hechura y su trasunto y su emoción. + +Podrán las gentes de sangre europea vivir cien años más en estos +montes, y aun amar la tierra que conquistaron los abuelos españoles; +pero el secreto vínculo del suelo con su raza, nos estará vedado hasta +quien sabe cuándo: acaso para siempre. + +No estamos hechos de la misma sustancia que nutre el amancay y la +berbena; no conocemos el semblante de cada rincón de cielo en cada +valle; las humildes hierbas de los campos no alivian nuestros males; +los cóndores no vienen a saltear nuestros rebaños en las cumbres; no +sabemos cómo se corta una quirusilla en un despeñadero sin que se +enoje el cerro; jamás podríamos cazar una vicuña con la mano o con un +simple hilo; nada nos dice de antiguo y legendario el eterno zumbar +del viento en los cardones; somos intrusos en esta tierra sagrada de +razas milenarias que se extinguen; la naturaleza nos es casi hostil; +el indio, su primogénito, desconfía siempre del blanco metalizado y +codicioso. + +Una noche de luna yo comprendí todo eso. Fué en el campo. + +Un indio bajó de una quebrada con su perro. Venía a vender su leñita +en el caserío. Bajaba tocando el erque. + +El, al toparme en su camino, se calló, pero yo le rogué que +continuase. + +Y a la vera de un arroyo, en la honda quebrada, mientras rielaba la +luna por el azul infinito, el erque largó a los vientos su música +salvaje. + +Pero aquello no es precisamente una música. Es el origen de la música. +Es la congoja humana ensayando en un rústico tubo el ritmo de su +primer estremecimiento. Es el gemido transformándose en acorde. + +Escuchándole de cerca se percibe el ¡hen!... penoso del llanto: En la +embocadura de la flauta se siente sollozar al indio; en la bocina se +siente la vibración profunda del sollozo. En la embocadura es aun la +emoción, el alma individual del indio; en la bocina es ya el alma de +una estirpe que muere. + +No puede darse una música más orgánica, más expresiva, más conmovedora +en su crudeza. + +El indio toca de pie, con la mano izquierda sostiene la caña por la +embocadura, con la derecha la mantiene de través, estirando el brazo. + +Según la nota, la flauta sube o baja, o va de un lado al otro. Es una +esgrima particular. Si la nota es grave, la tosca bocina se abate +rasando el suelo, abarcando con mayor o menor lentitud el aire, según +lo requiera la intensidad del tono. Si la nota se aguza, si va +subiendo, la caña va levantándose en amplio círculo, hasta apuntar al +cielo; y la nota se refuerza en sonoridad cuando se opone al curso del +viento. + +De esta suerte, la tierra madre y el aire fiel participan, ayudan, +alientan, dan cuerpo al grito del corazón; acogen el íntimo dolor del +hombre, se lo apropian y lo difunden en alas del eco por las +concavidades de la montaña. + +Y mientras el hombre toca, el perro se aduerme a sus pies, como +arrobado en la misma tristeza del amigo. + +El indio es un viejo de puro tipo incásico. Está vestido con el burdo +cordillate de los telares montañeses, calzado con la ojota ligera del +pastor, cubierto con el amplio sombrero blanco de ovejón del lugareño. +Nada en esto es exótico. En cada detalle hay el sello de una tradición +y de una raza. + +Y al conjuro de esta música tan genuinamente amarga, parecen despertar en +los senos desiertos de la montaña los genios tutelares de un pasado +remoto y desconocido, el espectro inconsolable de los guerreros-pastores, +vencidos y conquistados, que vagan por las abras al blanco y melancólico +fulgor de la luna. + + + + +EL FANTASMA DEL REMATE + + +El Serapio Guantay era puestero de cabras en el cerro del Remate, en +el fondo de la quebrada del Río Blanco. En lo alto de una meseta de +aluvión cortada a pique por las crecientes, estaba el rancho, humilde +y rústico, semejante a una pequeña mancha parduzca, perdida en la +verdura agreste del paisaje. En aquel sitio la quebrada se encajona +entre desfiladeros bordeados de queñoas y de alisos, el declive se +pronuncia, y el torrente salta sobre un cauce de pedrones desiguales, +pulidos por el eterno trabajo del agua. + +Dos cuadras más abajo, al borde casi del talud, alzábase el ranchito +de la Leona Abracaita, la vaquera, la ahijada de la adivina, vieja +harpía que curaba por secreto, hacía quesos y sembraba papas en un +bolsón del cerro. + +Para la Candelaria, para San Juan y la Pascua, y aun si había velorios +y casamientos, la bruja y su ahijada bajaban a los caseríos y +negociaban sus productos. Hospedábanse en casa de alguna comadre, +junto al camino por donde van las remesas de Chile. Juntábanse allí +las mujeres y los barraganes y al monótono toque de la caja, se +entregaban por días al holgorio del baile y de la chicha. + +El Serapio Guantay era zamarro como el venado arisco que nace en las +abras. Dos o tres veces al año se presentaba en la "sala", para +frangollar su abasto de maíz en el molino y rendirle al patrón la +cuenta de las pariciones, que se las repartían por mitad, conforme al +uso de las fincas. + +Huraño y taciturno, poco se daba el Serapio con sus vecinas únicas. Y +para su vida frugal de pastor era bastante el avío de harina tostada, +la chuspa de coca y el locro chirle que se cocinaba él mismo, avivando +el rescoldo, al caer por las tardes a su rancho. + +Encerraba sus cabras en el corralito de pircas, tumbábase al calor del +hogar en el suelo limpio, y se dormía como tronco, hasta que lo +despertaba el fulgor del amanecer. + +Ninguna extraña inquietud venía a turbar su montaraz adolescencia, y +no conoció más fiestas que el retozo bellaco de las cabras, el brillo +del padre sol y la matinal algarabía de los pájaros. + +Pero una tarde la Leona y el Serapio se toparon, como al acaso, en una +mesada. La vaquera apacentaba su ganado; andaba el pastor cuidando el +suyo. La vaquera iba hilando un vellón, girando en el aire la rueca. +El pastor llevaba el avío a la espalda y la honda en la diestra. + +El azar los puso cerca; el instinto los juntó. Y en el filo de una +loma, sobre el pastizal oliente a berbena y anís, la india, más +aviesa, lo inició al indio, más ingénuo, en el raro misterio que +cumplen las cabras y las vacas, que trajina el polen en las patas +diminutas de las abejas, que puebla el soto de inquietas y esmaltadas +mariposas, y que hace cada primavera florecer el amancay blanco y la +begonia escarlata entre las breñas. + +Desde aquella tarde los dos indios volvieron a encontrarse siempre, y +juntos divagaron por los cerros, descubriendo el encanto de los +callados sitios, oyendo al eco repetir sus gritos en las altas +barrancas, mirando rodar por los precipicios las gruesas galgas que +aflojaban al borde, triscando a la par de los chivos en las paradas +laderas, o escondiéndose a veces de algún viajero que cruzaba, allá +abajo, en su mula, el áspero pedregal del torrente. + +Y cuando vino el carnaval con sus jineteadas y sus zambras y su chicha +de oro; cuando vino el carnaval con el boato de sus cintas +multicolores y el monótono retumbo de sus cajas y la música doliente +de sus largos erques, el Serapio tras la Leona bajó para el caserío. + +Pero la Leona, inconstante como buena hembra nómade, se mezcló en las +borracheras con otros mozos más _churos_ y más ricos; y el miércoles +de ceniza, muy al alba, lo hallaron al Serapio los peones de la finca, +tendido boca abajo, borracho, a la orilla del camino. + +El indio se marchó esa mañana al puerto del Remate. Se fué cantando, +embrutecido, con el acerbo amargor del primer desengaño en el pecho, +sonándole en las orejas todavía el compás de la caja y una copla: + + _Tengo mi chacrita, + tengo mi sandial, + tengo una morocha + para carnaval..._ + +La vieja adivina maquinó sin duda, con sus malas artes, contra el +pobre pastor en la parranda; y en adelante la Leona tuvo compaña y +hubo en el rancho quien pudiese labrar con más vigor que la vieja los +sembradíos del cerro. + +Pero el Serapio Guantay era zamarro como el venado arisco, obstinado +como el toro, astuto como el puma. Tenía en los ojos mansos la +pasividad, y en el corazón y en el músculo dormida la fiereza +ancestral de la raza... + +Y como se alza la bestia herida, se alzó él a los cerros, para errar +cantando por las cumbres la estrofa alegre, mirando siempre en el +fondo el ranchito de la Leona: + + _Tengo mi chacrita, + tengo mi sandial, + tengo una morocha + para carnaval..._ + +La quebrada, casi seca en invierno, despliega en verano todo el lujo +de su flora tropical. En días despejados el sol ardiente, blanco, +violento, pone en las herbosas laderas ricos matices de fiesta. + +Pero en horas de tormenta la quebrada se vuelve sombría y amenazante +bajo las nubes plomizas que el huracán empuja y hace encallar en las +cimas. El rayo parte las peñas metálicas como a golpes de hacha; las +laderas empapadas se desbarrancan con estruendo en los cañadones; el +viento retuerce y quiebra los frágiles alisos y las fornidas tipas; el +oscuro cielo se desfonda en lluvia, y el agua rápida, enloquecida, +elástica, socava las peñas y arrea cauce abajo piedras enormes que son +para el torrente ligeras como la arena para el embate de la ola. + +Y en una de esas noches espantosas en que el fragor de la tormenta +sacudía las montañas, el Serapio Guantay, frente a su puesto del +Remate, se puso a forcejear con un monolito que vacilaba en su quicio, +carcomido por el agua. + +El indio volcó la piedra. La corriente, desbordada, cambió de madre. +El aluvión tapó más abajo el rancho de la bruja. Y el sol ardiente y +blanco del siguiente día iluminó con resplandores de fiesta el lujo +tropical del paisaje solitario y desierto. + + * * * * * + +Han transcurrido muchos años. En el lugar donde se alzaba el rancho de +la bruja hay una cruz. El puesto del Remate es una ruina. Y a veces, +andando en noche tormentosa por el lugar, a la cárdena luz de un +relámpago, el viajero ve un hombre que, de pie sobre una peña, alza +los brazos como en una pavorosa imprecación de duelo. + +Dicen algunos que no es más que un árbol seco, una rugosa queñoa: para +muchos, es aún el genio trágico de una venganza, el fantasma +inconsolable del pastor. + + + + +EL GAUCHO SALTEÑO + + +Quince leguas adentro del Rosario de la Frontera, en viaje a las +Mercedes, hicimos alto para almorzar en un puesto que estaba en una +falda, en pleno monte, al otro lado de un arroyo, que costeaba el +camino. El dueño, un gaucho de tipo morisco, nos acogió con toda clase +de atenciones. Además, como la subida a la casa presenta ciertas +dificultades para unos compañeros míos que venían en araña, el gaucho +le gritó a su hijo, luego de hacernos pasar a la cocina: + +--¡A ver, muchacho! Mostráles el camino a esos señores. ¡Y te has de +sacar el sombrero! + +Y mientras de pie, en el patio completamente barrido, comíamos un +asado a la caucana, gozábamos del sabroso y chispeante decir de +nuestro huésped. Burlábase él de la porfía de las gallinas que +picoteaban las migas de pan en medio de nuestras piernas; reíase de +los perros flacos y _garrapatientos_, que lamían ávidamente el sebo de +los guardamontes recién sobados, y amenazaban quitarnos la comida de +las manos. + +--¡A ver, muchacho!--gritó el gaucho.--¡Agarrá pues esa lonja, pegáles +una _variada_ a los perros! + +Enarboló el muchacho la lonja, volaron cacareando las gallinas al +algarrobo y al techo del rancho, apartáronse rehacios los perros hasta +el guardapatio, y el gaucho reanudó su pintoresca charla, sentándose +en una robusta silla de _tientos_ (tiras de cuero crudo), bajo el aro +donde charlaba sin cesar el loro, excitado por el repentino bullicio +de la casa. + +Por el patio se arrastraba un chico inválido, tullido. + +--¿Qué tiene este muchacho?--pregunté. + +--Si así no más ha _quedao_, con media res _cáida_, desde un empacho. + +Bajo la ramada que cubría la única puerta del rancho, envuelta en un +negro rebozo, acurrucada en su catre de tientos, la abuela padecía una +jaqueca implacable. Nosotros le dimos unos sellos de aspirina y al +rato mejoró. + +Al tiempo de irnos hubimos de discutir para que el gaucho nos aceptase +paga por el caldo y el breve hospedaje. Se mostró agradecido por +algunas pequeñas provisiones que le dejamos. Dijo que él no podía +correspondernos de otro modo que no cobrando. + +Esta generosidad del fronterizo contrasta con la tacañería de los +indios de la quebrada del Toro y de los valles calchaquíes, acaso +porque las exigencias de la vida agrícola y precaria de las montañas +aguzan en el incásico un sentido de la economía, que el gaucho, +exclusivamente pastor, mejor favorecido por el clima, no posee. + + + + +LA SELVA DE ANTA[3] + + +Una mañana salimos en busca de una anta que _paraba_, según decían, +como a seis leguas de la casa. El animal había sido notado hacía poco, +en los dominios del puestero ño Ventura. Este debía guiarnos monte +adentro, al capataz y a mí, hasta dar con el anta, lo que no resultó +tan sencillo. Me facilitaron una cabalgadura gaucha, incluso +guardamontes, cuchillo y coleto; tres cosas sin las cuales no hay +tampoco gaucho[3]. El guardamonte protege las piernas, el coleto el +cuerpo, el cuchillo la cara del jinete, contra la maraña, espesísima y +brava a veces. Además el gaucho, para correr en el monte, se cala +guantes de cuero fabricados por él mismo, y un sombrero retobado de +cuero por toda la copa. Para ver mejor es preciso abotonar sobre la +frente el ala en la copa del sombrero; esto es chotearse el ala. Así +armado, sin olvidar el barbijo, el gaucho arremete a todo galope por +la selva, seguido por los perros, si tiene que repuntar hacienda o +pillar un toro enmoscado. + +A ño Ventura le ofrecimos un winchester de los que nosotros +llevábamos; pero dijo que él no necesitaba de _garabinas_, y que para +armas, su cuchillo y su lazo eran bastantes. + +Entramos en la quebrada de los Noques por una senda que había que +desbrozar en parte a cuchillo, pues sólo la frecuentaba el ganado. La +senda, bajo un palio de enramadas, costeaba el arroyo, cruzándolo de +trecho en trecho. El bosque permanece verde todo el año, vivificado +por abundantes manantiales que sueltan desde los cerros su agua clara +y rica. A medida que nos internamos en la quebrada, se presentan con +mayor frecuencia grandes extensiones sombrías cubiertas de enormes +helechos, tan altos como nosotros a caballo. Se percibe el olor +particular del humos. Las plantas parásitas cubren todos los troncos y +todas las ramas; todo lo invaden los helechos, los musgos, las +enredaderas. Una quina gigante se abre paso hacia arriba, hasta +dominar con su copa la sombría espesura. Un cedro ancho y rugoso +oprime como un abuelo, entre sus recias rodillas, el tronco blanco y +fino de un chalchal. El arrayán, generoso, difunde su grato olor. Las +tipas, sociables, siempre en grupos, son las centenarias matronas del +bosque. A veces, sobresalen del suelo blando, que suena a hueco, +ásperos filos de roca, lobanillos geológicos, dura osamenta de la +selva. Cien metros en torno, sólo se mira un entrevero de tallos +verdes y de hojas, por donde se filtra intensa la luz del sol. +Andábamos escuchando. Ningún rumor, ningún sonido lejano hacía suponer +en el monte la presencia de animal alguno. + +Si hacíamos un alto, los perros, conscientes de nuestro sigilo, +habituados al acecho, husmeaban cautelosos y paraban las orejas, +conteniendo el aliento. + +Habíamos andado así media mañana, quebrada arriba, por las ensenadas +de bosque de una y otra margen, cuando sentimos _achar_ los perros, +una cuadra delante, en un grupo de tipas. Preparé el rifle, apuré el +caballo, me metí en el monte, perdí el sombrero; me picó una ortiga +brava en un dedo, y al fin llegué donde ladraban los perros. ¡Era una +pandilla de monos! + +Me descolgué temblando del caballo, rodé por una ladera hasta una +zanja enlodada, y empecé a escupir balas. + +Hice más de treinta tiros sin matar nada. Entre tiro y tiro los +monitos me espiaban agazapados, abrazados a los gapos, y emitían su +gritillo particular de aflicción. Los vi dar saltos prodigiosos y +desaparecer entre las lianas, mientras los perros se hacían pedazos en +las espinas, al tratar de alcanzarlos. Era una familia de _cebús +fatuellus_, o mono de los organistas, especie muy abundante en Anta y +en todo el Chaco salteño. + +Estos monitos se alimentan en invierno de una planta epífita de los +grandes árboles, llamada _carda_ por los gauchos. Contienen estas +plantas agua en la base de las hojas. Hallando pues, comida y bebida +en las copas de los árboles, los monos jamás bajan al suelo por su +gusto. Y así, de rama en rama caminan leguas, monte adentro, +sirviéndoles de puentes las intrincadas lianas que ligan las copas de +los árboles. + +A propósito de los monos, ño Ventura me contó lo siguiente: mientras +unos peones de la estancia desmontaban un rastrojo destinado a maizal, +en pleno bosque virgen, los perros descubrieron a cuatro monitos en un +grupo de árboles que los hachadores dejaran aislados del monte. Ante +la furia de los perros sitiadores del reducto, los pobres monitos +dieron tales pruebas de espanto, que los peones se compadecieron. +Venían presurosos hasta las ramas bajas desde donde, comprobada la +gravedad del caso, se encaramaban chillando a las altas ramas. Los +hombres, enternecidos por aquellos patéticos gestos, renunciaron a +pillarlos, y pusieron en libertad a los monos, ahuyentando antes a los +perros. + +Después del inútil tiroteo hemos seguido el camino, rastreando el +anta. Yo miraba a donde lo veía mirar a ño Ventura, y esperaba +descubrir de improviso los ojos negros de una corzuela asustada, +brillando con salvaje curiosidad entre las hojas; o creía ver en las +cortezas recién lastimadas el rastro de algún león, y lo buscaba entre +los yuyarales, donde lo sospechaba agazapado. Y observaba en ño +Ventura que iba delante, la completa identificación, la +compenetración, puedo decir, del gaucho y la selva. El la auscultaba +cauteloso, hasta muy lejos; y cuando se paraba a escuchar, ño Ventura +tenía actitudes de gato. Sus sentidos descubrían en el suelo, en las +hojas, en las ramas, huellas invisibles para mí. Parado en los +estribos, estirado el cuello, apoyadas las manos al borde del +guardamonte, parecía balconear la espesura. Al paso del caballo, y aun +a media rienda, ha adquirido el hábito del cuerpeo entre el ramaje; su +cintura flexible se quiebra, su cuerpo repta, deslizándose entre las +zarzas con facilidad de serpiente, sin que las piernas, naturalmente +apretadas a los flancos, se muevan siquiera, porque va en el caballo +encajado más que montado. + +Y no hay para qué concluir este relato, si algo gráfico he contado de +la selva y del gaucho. Ño Ventura, en una de esas, se apeó y se largó +cerro arriba, lazo en mano, cuchillo al cinturón: pero nos fué +imposible seguirle a pie. Había encontrado en un cañaveral rastros +frescos del anta. Como se estuviese por entrar el sol, me volví con el +capataz a la casa. Aquel día habíamos caminado diez leguas en los +cerros. Ño Ventura, se presentó, a la siguiente tarde, con el cuero +del anta cazada. La encontró--dijo--bañándose en un pozo del arroyo, +le echó los perros, dos de los cuales murieron, ahogados. Después la +enlazó y la apuñaleó. El cuero es el más fuerte que se conoce, para +riendas y demás prendas de apero. + +FOOTNOTE: + +[3] Anta es un departamento de la provincia de Salta. También se llama +así al _tapir_. + + + + +CRUZ GUIEZ + +_Estancia del Rey, en Anta; Mayo de 1912._ + + +Yo deseaba conocer a ño Cruz Guíez, puestero del Campo Azul. Ayer +tarde hemos ido a visitarlo a su rancho. En el patio hemos hallado al +hombre, montado en un trozo de árbol, cosiéndole las mangas a su +coleto. Muy cortésmente nos ha recibido; nos ha invitado a echar a pie +tierra. Después ha soportado con cachaza las bromas de un amigo mío, +empeñado en estimular el ingenio del gaucho. + +--¿Dicen que usted ha cazado tigres por estos lugares? + +--Velay, en ese algarrobo están colgadas las cabezas,--contestó Cruz, +mostrándonos un montón de calaveras en que lucían magníficos +colmillos. + +--No creo que haya tigres por acá,--observó mi amigo.--Estas cabezas +deben ser del gato de monte. Los fronterizos tienen fama de contar +buenos cuentos... + +Pero el gaucho respetuoso e impasible a la vez, con el absoluto +dominio de sí propio y la confianza en el propio valer que infunde la +vida libre, sonreía dulcemente al percatarse de la intención de las +bromas, y no respondía más que a las preguntas en que podría instruir +a los amigos del patrón,--hombres puebleros,--sobre las cosas del +campo. Nos ha mostrado la piel del último tigre, oreada, recién sacada +de las estacas. Medía más de metro y medio del hocico a la base de la +cola. Después nos ha explicado ciertos detalles de una cacería. + +Un día que salió a campear al cerro, había encontrado los restos de un +ternero, mal tapados con tierra y palos por el tigre, que acostumbra +esconder la presa. Y algunos días después, Cruz había caído en la +huella del _bicho_, junto con dos puesteros vecinos suyos. Llevaban +entre los tres como cuarenta perros, _livianitos_ y _con la guata +floja_. Aquí no se concibe un puestero sin perros. Cualquiera posee +diez o doce, brutos la mayor parte, flacos, hambrientos, feos, pero +insuperables en los trabajos del pastoreo. + +Y a fuerza de rastrearlo al tigre por montes y breñales, al fin lo +hallaron los perros, y cuando estuvo empacado de espaldas a un cedro +enorme, ño Cruz Guíez le metió en la cabeza una bala de su _garabina_; +una bala, de las dos que consigo llevara; y como el bicho no muriese +todavía, hubo de ensartarle el otro plomo en el corazón. + +--Esta es la calavera de ese;--decía ño Cruz, mostrándonos el cráneo +fresco aún.--Yo le apunté al codillo, pero le pegué en la quijada, +aquí. Entonces le tuve que hacer el otro tiro. Pegó un bramido fiero +y se tumbó _antarca_, despaletándome un perrito de un manotazo. Varios +perros quedaron, por confianzudos, con las tripas al aire; y otros +andan por _áhi_, lastimados, con la gusanera. A ocasiones el tigre +desloma un caschi de un zarpazo. Por esto se deja ver que es animal de +mucha potencia. Cuando uno le apunta lo mira frente a frente y a la +vez de errarle el tiro, no sé pues lo que le espera al cazador. Cuando +brama enfurecido, en la pelotera, acosado por los perros más +baqueanos, los cuzcos chicos se sueltan llorando con el rabo entre las +piernas y los caballos tiritan, como si estuviesen con la tembladera. + +Pero el gaucho no hace alarde de su arrojo. Narra, simplemente, su +caso y os invita para que le acompañéis en la próxima batida. No sabe +lo que es el miedo. Sus músculos, fuertes como el guayacán, nunca +tiemblan ante el _bicho_, señor de la selva, salteador del ganado; y +con la misma tranquilidad con que sonriendo recoge a brazadas el lazo, +dispara la única bala de su carabina sobre la temible fiera. + +Cruz Guíez es el prototipo del gaucho fronterizo. Alto, de contextura +atlética, ingenuo rostro, negros y apacibles ojos, de movimientos +fáciles como el gato del monte, y de ánimo alegre, como el cantar +jubiloso de las chuñas que en la linde del bosque salvaje saludan el +alba. + + + + +III + +HISTORIETAS Y CUENTOS + + + + + +UN VIAJE RARO + + +Serían las 11 de la noche del 13 de Febrero de 1905, (fecha memorable +en los anales del crimen), cuando monté a caballo y partí de casa, +rumbo a la Calderilla. + +Veraneaba en la Calderilla mi amigo U... con su familia, y era yo su +huésped y acompañante. + +Y digo acompañante, porque no había allí otros pantalones que U... y +el paraje es solitario y asaz aislado. + +Recostada en la falda de una loma, la casa de U... domina la ancha +playa del río Caldera. Veinte cuadras al frente, costeando la banda +opuesta, corre el camino a Jujuy. Un espeso bosque de tuscas y +algarrobos cubre los terrenos adyacentes al río. Cruzando el de +Wierna, como quien va de Salta a la Caldera, el monte se tupe, y hay +un largo trayecto deshabitado, guarida frecuente de coyas cuatreros o +de malhechores. + +En dos ocasiones la _sala_ de la Calderilla ha sido asaltada, aunque, +felizmente, sin resultado. + +El peligro de un viaje nocturno por la región no es, pues, tan +remoto; y sólo la irreflexión propia de la juventud nos vedaba +temerlo. + +Así, a cualquier hora, caballeros en nuestras estudiantiles jacas, +entecas y flojas, pasábamos sin pizca de miedo las playas ásperas y el +enmarañado monte. + +Luego de atravesar aquella noche, al galope, la ciudad, me sujeté más +allá de la estación, y puse el caballo al tranco. Había luna, pero un +grueso y oscuro nublado encapotaba el valle de cumbre a cumbre, y sólo +a ratos la blanca claridad se difundía por los campos. El ambiente +pesado y húmedo amagaba lluvia. + +Bien sujeto el revólver al cinturón, me requinté el chambergo para +mejor ver; puse un _acullico_ de coca y un trago de ginebra, y +añadiendo acullicos a tragos y tragos a acullicos, dime a pensar en +cosas indiferentes. Y avanzaba entre el clamor confuso de ranas y +sapos y sabandijas, que de los charcos, y de los yuyos y de todos los +vericuetos, levantan por la noche en las campiñas su obstinado, +infinito vocerío. + +Sin otra novedad que algunos perros bravos que me salieron al paso, +quedó Vaqueros a mi espalda. En Wierna entré a comprar fósforos en el +boliche de Medina. + +Reanudada la marcha, y no muy lejos aún del boliche, me sorprendió el +galope de un jinete que venía en sentido contrario por mi camino y +que, antes de enfrentarme, se precipitó en el monte. Al otro lado del +río Wierna me detuve. Un silbido agudo había hendido el aire. El ruido +atronador del agua me había impedido apreciar de dónde venía el +silbido. + +--¿Qué será?...--me dije. Y seguí viaje, algo receloso, todo ojos y +oídos. + +En aquel momento la oscuridad aumentaba, así es que me costó un poco +hallar el camino a la Calderilla, donde el monte es más denso. De +cuando en cuando el viento traía de lejos el retumbo de una caja, o el +acento salvaje de un canto indígena; y a veces, el mujido melancólico +de algún toro perdido en las cañadas pasaba en alas del eco sobre el +pavoroso silencio de la noche. + +Hubo de hacer entretanto la ginebra su efecto, con lo que a poco me +sentí valiente y despreocupado. Así es que no me asustó el bulto de un +jinete plantado en medio camino, con quien casi me estrello. + +El hombre debía estar dormido, porque lo hablé y no contestó, y +borracho además, porque, llegándome a él cuanto pude, vi que tenía +inclinado el cuerpo sobre el cogote de su cabalgadura, que era una +mula. El animal se había quitado el freno, aprovechando del sueño de +su amo; y le quedaba de rienda la piola del bozal enredada a unas +ramas. No podía, pues, disparar, aunque lo intentó cuando me acerqué. + +Dime cuenta del peligro que el pobre borracho corría, a discreción de +una mula mañera, y de a caballo desenredé la piola, decidiendo +llevarme al jinete a lugar seguro. La mula, impaciente al principio, +concluyó por acostumbrarse al tiro, se olió con mi caballo y se me +puso a la par. + +El jinete marcaba con descomunales flexiones de cintura las +desigualdades del camino. Clavábase de cabeza, a un lado y al otro, y +en las subidas se tiraba atrás, como un muñeco, tocando el anca con el +sombrero, pero mantenía las piernas apretadas a los ijares de la mula, +de lo cual deduje que sería buen domador. + +Sin cuidarme poco ni mucho del individuo, yo iba recitando unos versos +adecuados a la hora, cuando se me ocurre pararme, para encender un +cigarrillo. Observé que el borracho había perdido el sombrero y +continuaba echado hacia atrás.--¡Eh, amigo!--le grité al raspar el +fósforo. + +¡Y entonces, a la claridad amarillenta del fósforo, vi una cara de +muerto! ¡Una cara de muerto, ensangrentada, horrible! ¡Una cabellera +revuelta en mechones, una boca entreabierta, unos ojos opacos! + +La mula, con el fósforo, se tendió de costado y a todo correr +desapareció en lo espeso del monte. + +Tan grande fué mi sorpresa que me quedé clavado en el sitio. Pero la +ginebra, el amor propio y el revólver me templaron la fibra, y logré +rehacerme y reflexionar. + +Y me acometió una sospecha terrible.--¿Habría habido aquella noche un +nuevo asalto en la Calderilla? ¿Sería, quizás, el difunto, algún peón +de mi amigo U...? El jinete del boliche ¿sería acaso un asesino que +huía? El silbido ¿habría sido una señal de alarma, para avisar que +alguien cruzaba el río? + +¡En tal caso, me habían espiado y me aguardaba una muerte inminente! Y +me imaginé despanzurrado, como es de uso, entre dos lazos echados de +improviso, a un tiempo, desde los opuestos bordes del camino. + +¡Sí! ¡Ya no me cupo duda! Desenfundé el revólver, y con el ardor de +las supremas aventuras, arranqué al trote. Pronto pasé el río de la +Caldera. La casa de la Calderilla se presentó a mi vista. ¡Ya oía +claramente los ladridos de los perros! Pero en la casa no se veían +luces, y este detalle aumentó mi ansiedad. + +De repente, sentí por el camino un tropel de galopes, luego un alarido +salvaje, y dos jinetes sofrenaron sus caballos frente a frente de mí, +cortándome el paso. + +Uno de ellos, con ademán calmoso, se tiró el poncho al hombro, sacó +debajo una cosa que relumbraba y la alzó en alto. + +¡Me eché al suelo en un amén, y parapetado en mi caballo, le apunté a +mampuesta! Iba a amartillar mi revólver, cuando el hombre dijo con +seca y aguardentosa voz: + +--¡Sírvase compañero!--y me alcanzó una botella. + +Exasperado, le respondí con una maldición, y montando de nuevo, llegué +a la casa, donde mi amigo U... me esperaba. + +Díjome que aquella noche había reinado en la casa la más completa paz. + +Sin embargo, dos días después, supimos el bárbaro exterminio de la +familia Quipildor, perpetrado en un ranchito de Wierna, la noche del +13. El difunto que yo encontré resultó ser don Onofre Quipildor, el +jefe de la familia, que había sido amarrado a la mula por los +bandidos, con el fin de sembrar el terror. + +Los asesinos nunca fueron tomados. Pero es casi seguro que se trataba +de una de tantas fechorías del famoso Juan Jiménez, y sus cómplices +Polo y Cejador. + + + + +EL ULTIMO VUELO + + +Fué la noche del 25 al 26 de Enero. + +A través del espeso nublado, se tamizaba, en tenue resplandor grisáceo +y uniforme, la luz de la luna llena. A ratos garuaba. + +Excitados por el café, agobiados por la miseria y el aburrimiento, +compelidos por el deseo de lo insólito, resolvimos excursionar hasta +la cumbre del cerro. + +La media noche sería cuando empezamos a trepar, paso a paso, por el +empinado y tortuoso camino de la quebrada seca que divide al San +Bernardo en dos gigantescas moles. + +La mojazón de la tierra untuosa y resbaladiza dificultaba más el +ascenso, ya de suyo pesado, y a nuestros zapatos la greda se adhería +poniéndoles un reborde embarazoso y grotesco. + +Hacia la mitad de la cuesta, desde un punto donde la pendiente se +hincha en agrio declive, alzándose sobre las cañadas laterales, +tenebrosas y quietas, pudimos admirar en la planicie la fantástica +simetría de las luces de la ciudad, brillando en el fondo del valle +cual las bujías innumerables que en el cuento oriental mostraba la +muerte como prontas a extinguirse, al espíritu atribulado del +agonizante. + +El poeta Peñalva sudaba a mares, lo que no le impedía incurrir en +rebuscadas metáforas dantescas, con aquellos sus desmesurados ojos +absortos de hipnosis y aquella hirsuta melena aventada por la locura. + +Kolbenheyer, jovial, alucinado, irrealista, jadeaba en la ascensión +difícil, al aspirar el húmedo vaho de la tierra: el autor de _El falso +hijo de la Beltraneja_ reconstruía mentalmente los monstruos +terciarios cuyos fósiles tal vez hollábamos, y que poblarían en +remotos siglos el paraje. + +Llegamos a una explanada donde el camino forma un recodo para ascender +en mansa pendiente hasta la estatua del Redentor. + +Bajo el denso nublado que tapaba todos los rumbos del horizonte, +contemplábamos a nuestra derecha, allá abajo, a través del fino +follaje de los cebiles, el resplandor de la ciudad adormecida. Veíamos +a la izquierda la hondonada profunda que, a espaldas del San Bernardo, +se extiende, boscosa y desierta, sin una sola luz de rancho, sin un +rumor de vida, prolongada en inmensa melancolía crepuscular, hasta el +valle de la Caldera. + +Allí nos detuvimos a descansar. El silencio nocturno era imponente. El +diálogo, animado al principio, había decaído hasta el soliloquio. + +El poeta Peñalva permanecía de pie, al parecer abismado en la +contemplación del panorama. En cierto momento vi que alzaba los brazos +y hacía un extraño ademán de vuelo. Parecía un cuervo, inmóvil en la +piedra sobre la cual se había detenido. + +Kolbenheyer, de cara a la ciudad, acaso pensaba en la leyenda +oriental, al ver apagarse, de cuando en cuando, las luces de la +lejanía. + +Yo me había tumbado en tierra y procuraba localizar en el cielo, a +través de las nubes, la posición de la luna. + +Transcurrió un tiempo largo, durante el cual no se habló palabra. + +Después, me incorporé un poco; Kolbenheyer se había echado a su vez +boca arriba. Peñalva seguía de pie. Su silueta inmóvil me impresionó. +Me levanté, me acerqué a él. Lo llamé en voz baja. Como no +respondiese, lo toqué en el hombro, pero tampoco se movió. Entonces, +mirándole los ojos comprobé que estaba dormido: dormido en sueño +hipnótico, las pupilas desmesuradamente abiertas. + +Mi sensación fué de angustia. He aquí, me dije, las resultas de esa +manía de autosugestionarse, de mi extravagante amigo. + +En vano Kolbenheyer acudió en mi ayuda. Inútiles fueron los esfuerzos +para despertarle. + +--Bueno, está enviciado,--dijo Kolbenheyer.--Y como ni usted ni yo +sabemos de hipnotismo, dejémoslo aquí hasta que despierte, pues sólo +él podría despertarse. Entre tanto vámonos hasta el Cristo, a +contemplar la ciudad desde esa altura. Allí tocaremos la campana; +quizá con el ruido se despierte. + +Accedí, y nos alejamos por el cerrado camino. Así anduvimos largo +trecho, sin hablarnos. + +La solemnidad de la noche se complicaba con aquel incidente, un tanto +raro, un tanto cómico. Dos cuadras más allá, Kolbenheyer, cogiéndome +del brazo, balbuceó: + +--¿Estaría muerto?... + +Aquella pregunta me impresionó vivamente, la emoción ahogó mi voz, las +lágrimas me saltaron a los ojos: + +--¡Imposible!--dije, aferrándome a la lógica, pero atraído por la +violenta fascinación de lo sobrenatural. + +Luego, movidos por el mismo impulso, arrastrados por la misma +torturante duda, echamos a correr cuesta abajo, para ver al poeta. + +Al llegar al sitio donde le habíamos dejado, Kolbenheyer, que iba +delante, gritó: + +--¡Eh, bárbaro! ¡No está! ¡No está aquí! + +Las piernas se me aflojaron. Interrogué con los ojos extraviados al +cebilar negro y mudo, y grité a mi vez: + +--¡Peñalva, Peñalva!... + +Y el eco devolvió las últimas sílabas desde el cañadón vecino: +¡alba!... ¡alba! + +Y Kolbenheyer y yo, atónitos ante la piedra que momentos antes +sirviera de peana a nuestro loco amigo, nos interrogamos mutuamente, +desconcertados. + +Habían transcurrido algunos minutos. El silencio era en aquel +instante, aterrador. La hondonada abierta a nuestros pies era una sima +impenetrable. + +Y de pronto, de ahí cerca, de muy cerca, acaso a tres metros de +nosotros, del fondo de la maraña tenebrosa y bravía, se alzó en el +aire, violó el silencio, un aleteo lento, un chapoteo lúgubre; y un +enorme vampiro, un monstruo absurdo como una creación de delirio, se +alejó volando. + +Arturo Peñalva había muerto. + +En el mismo sitio le hallamos descalabrado, al pie de un cebil. + + + + +LA CACERIA DE PATOS + + +Aconsejo a las señoras mamás que no les permitan a sus hijos salir de +caza los domingos por la mañana. + +Cuando el niño toma la escopeta y se mete cincuenta cartuchos en el +tirador, tenga por cierto la mamá que algún desastre se prepara. + +Si alguna vez, lector, te sucede la desgracia de tener un niño, +críalo, te lo aconsejo, entre algodones; y cuando le toque ir a la +escuela, tú en persona has de acarrearlo, para evitar las malas +compañías. Porque es necesario saber de una vez que todo niño es +bueno, y que son las malas compañías las que lo echan a perder. A +causa de ello empiezan a volverse respondones y desobedientes. + +En mi niñez he sido de angelical naturaleza, hasta que en quinto grado +escolar contraje amistad con el gringo Burela y el fiero Garnica, par +de cachafaces que me enseñaron a hacer la rabona, y a los cuales, dado +mi precoz espíritu de emulación, no tardé mucho en sobrepasar. + +Con ese nobilísimo compañerismo de la infancia que se fortifica hasta +el sacrificio en cuatro barrabasadas hechos de consuno, amaba yo al +gringo Burela y al fiero Garnica más que a mis padres. + +Mi alma inquieta y ansiosa de libertad sólo hallaba en la casa donde +se desvivían por educarme, los odiosos sermones consuetudinarios, las +penitencias de narices a la pared, y los coscorrones, agudos como +aleznas, de mi madre. Por eso me gustaba la escuela, pues en ella al +menos me era dado embromar a gusto. ¡Qué diferencia con el hogar! + +Allí reinaba yo, en las camorras de los recreos, compartiendo el botín +de trompos y bolillas, con esos dos amigos, bravos prosélitos, cuya +compañía hubo de costarme tantas lágrimas. + +Llevábanme ambos tres o cuatro años en edad, y el fiero Garnica la +cabeza en estatura. En cuanto al gringo Burela, que en paz descanse, +ya lo describí cuando relaté su ominoso asesinato. + +El hecho es que un domingo, al alba, me escapé de casa para irme con +mis dos amigos a cazar patos a la Lagunilla. + +Durante los coloquios de nuestras rabonas, habíamos acariciado, desde +meses atrás, esta cacería, que asumía en mi imaginación de lector de +Calleja, brillantes perspectivas de aventura. + +¡Qué hermoso, irse solo al campo, cuando no se conocen todavía ni los +suburbios de la villa natal! + +Mis camaradas me habían hablado de una vasta extensión de aguas +profundas, donde bogaba un bote a vela, y a la que venían a asentarse +inmensas bandadas de patos. + +Era el fiero Garnica un jastial largo y desgarbado, tutado de +viruelas, con una gran frente, elevada y plana como una pared. Habíase +conseguido, no sé cómo, una escopeta antigua, de chispa, de un solo +caño, amén de un tarro de pólvora y otro de munición gruesa. A falta +de tacos de fieltro, nos servirían unos pedazos de papel secante que +habíamos de mascar para cargar el arma. + +En el camino, la contemplación de aquel vetusto y herrumbrado +instrumento, que el fiero Garnica sostenía en el hombro con porte +marcial, nos hizo prorrumpir en acaloradas manifestaciones de júbilo. + +Un troncho de dulce seco, un poco de pan y otro de queso, formaban +nuestro avío, que el gringo Burela sustentaba en la punta de un palo, +colgado de una bolsa; esto sin olvidar la sal y los fósforos para +comernos los patos asados a la caucana. + +Impelidos por la acucia de la aventura, marchábamos de prisa, con el +vago temor de vernos alcanzados por la policía, si en mi casa se +hubiesen percatado de mi fuga y recomendado mi captura. + +El fiero Garnica marchaba a vanguardia. Burela y yo mirábamos con +cierto respeto la escopeta, cuyo complicado mecanismo no +comprendíamos. Y en la delictuosa escapatoria del hogar, mi instinto +de conservación me hacía considerar el misterioso peligro de tales +pirotecnias. + +Así, andando, andando, al rayo del sol, pronto estuvimos a la orilla +de la laguna. + +Entonces tuvo lugar la operación de cargar el arma. Burela y yo +mascábamos el papel secante. Garnica echó con un cartucho la pólvora +por el caño. + +Habíamos alcanzado a divisar unos veinte patos. Garnica, muy nervioso, +acabó de cargar de un baquetazo. Nosotros nos echamos al suelo de +bruces: él avanzó al sesgo entre unos matorrales, agazapado, en un +furtivo rodeo estratégico. + +Al fin, anhelantes, ansiosos, le vimos enderezarse, apuntar un buen +rato, y ¡pum! + +¡Fué una hecatombe! La escopeta se partió en dos. La parte de la +culata voló lejos, y un pedazo del caño se le clavó en la frente a +Garnica. Este, con el feroz culatazo, se cayó de espaldas. + +Corrimos, lo levantamos, lo palpamos. ¡No le salía sangre! ¡Tampoco le +dolía nada! Al contrario, se reía, ¡y tenía clavada media vara de caño +en la frente! + +No había que perder tiempo. Antes que le viniese el dolor lo tumbamos +de espaldas, y el gringo Burela se le subió encima y le apretó el +pecho. ¡Yo me agarré del caño, le puse la rodilla en la frente, hice +un esfuerzo terrible y conseguí arrancarle el hierro! + +¡Jamás operación quirúrgica dió mejor resultado! + +El paciente se incorporó, se pasó la mano por el agujero de la frente, +ensangrentada, extendió el brazo y señaló la laguna. En el agua +flotaba un tendal de patos. + +Y así acabó la cacería. + +Hubo que venir al pueblo por un coche. A mí me aplicaron una +reprimenda. Al gringo Burela lo sobaron en su casa. + +Y al inmortal fiero Garnica, pocos días después lo daban de alta en el +hospital del Señor del Milagro. + + + + +EL CABALLO QUE PERDIO LA LENGUA + + +Andábamos de cabalgata una tarde por las lomas de La Caldera, en el +verano del 98. Hallábame enamorado de una preciosa niña, delicada y +pura como una azucena. Hacía yo por entonces mis primeros ensayos +poéticos, y no preciso declarar que la encantadora chica era la +víctima inocente de tales ensañamientos. + +Esa tarde de Enero mi amor había levantado presión, y marchábamos paso +a paso, a retaguardia de la cabalgata; a la par nuestros corceles, y +nuestros corazones al unísono. + +Ya no recuerdo qué de cosas le dije, lo cual es una suerte para el +lector, que se encontrará harto de leer declaraciones amorosas en +prosa y verso. + +Viajábamos de Caldera a Calderilla, y, como hubimos de salir muy +temprano, contábamos con regresar antes del anochecer. La tarde estaba +hermosa. El sol al ponerse teñía los cielos de anaranjados matices y +desde la altura podíamos espaciar la vista hacia los remotos +horizontes montañeses. + +Mientras mi lengua de enamorado infatigable se desataba en melífluas +expresiones del más charro gusto, bajaba mi compañera púdicamente los +ojos, sin atreverse a mirarme: actitud que después he sabido que en la +mujer, a veces, significa; "es usted un tonto". + +No digo que la chicuela me tuviese por tal, ni mucho menos, pues su +experiencia de los hombres era escasa, pero sí pienso que los +requiebros la atormentaban. No hay duda que el panorama le resultaba +más interesante que yo. + +He dicho que la niña era delicada y pura como una azucena y añadiré +que además poseía la exquisita sensibilidad de una mimosa. + +Una de sus amigas iba montada en un caballo que acababa de perder por +completo la cola en un accidente de carruaje, y la vista de la +repugnante y fresca mutilación la aterró hasta el punto de que casi se +descompuso de sólo mirarla. + +El encuentro de un sapo la producía carne de gallina, y si algún +áspero escarabajo venía volando a golpear torpemente su blanquísimo y +pulido cuello, gritaba y zapateaba, la melindrosa, a fin de que la +librasen del atrevido monstruo. + +Yo montaba un caballejo que me prestara un tío mío al comenzar las +vacaciones, y aunque el animal era manso y tranquilo como un cordero, +esa tarde lo venía sintiendo alborotado y quisquilloso como un potro. + +Me había errado algunos cabezazos a la nariz, y con el objeto de +reprimir sus intempestivos bríos, y como que yo lucía mi ecuestre +pericia, lo espoleaba de trecho en trecho y lo sujetaba, después, de +un tirón, con lo que el animal se quedaba un rato quieto. Pero hasta +que llegamos al patio de la Calderilla, donde le pegué la postrera +soba y una sofrenada magna, el mancarrón no acabó de sosegarse. + +Entonces nos tocó apearnos y ayudar a las niñas. Cada cual bajaba su +pareja. Cambiábanse saludos de cumplido con los dueños de casa, los +que en seguida nos invitaron a descansar en el corredor y a tomar +algún sorbete. + +Cumplida la galante tarea, me acerqué tirando los dos caballos, el de +la chica y el mío,--para atarlos a un poste del guarda-patio, cuando +noté que a mi caballejo le chorreaba un hilo de sangre por los labios. + +Miro al suelo, busco y, ¡oh cosa tremenda! Mi caballo había perdido la +lengua. Este adminículo yacía por tierra, envuelto en polvo. Le habían +colocado el freno del revez, al infeliz. El freno le había cortado la +lengua. + +Mi pobre caballo, mudo, naturalmente, no pronunciaba ni una queja. Mas +de sus grandes y lánguidos ojos manaban espesas lágrimas. + +¡Oh cruel insensatez, oh ceguera del amor! ¡Y el ridículo que me +esperaba si mi caballo se caía muerto! Yo lo observaba, pero él no +demostraba dolor. Me quedé estupefacto, con la lengua en la mano, a +la espera de un desenlace fatal; y tuve que metérmela de prisa en el +bolsillo, pues en aquel momento llegó mi chica, y bajaron al patio los +de la cabalgata y dieron la voz de regreso. + + + + +LA TRANSMIGRACION + + +Nunca he podido creer en aparecidos ni en cosas del otro mundo, +gracias a mi costumbre de buscar con afán, aun en los hechos +irresolubles a primera vista, la natural explicación que, en rigor, +todo misterio debe encerrar. + +Sin embargo, en el fondo de lo inconsciente, el hombre menos +supersticioso conserva en forma larvada, como patrimonio psíquico de +sus antepasados, un terror instintivo por lo inexcrutable, muy difícil +de vencer con la razón, cuando el caso concreto se presenta. + +Y bien. Yo he sido víctima de ese terror en la ocasión que paso a +referir. Pero, ante todo, haré constar que únicamente lo +extraordinario del suceso pudo poner en tan ruda prueba la firmeza de +mis convicciones. + +El verano del año pasado volví una noche muy tarde a casa. + +Me hallaba preocupado con la enfermedad de mi amigo el señor H. que +tenía el apodo de _Chivo Pedro_. Ciertamente, aquel señor de cara +morena y larga, cabellos y barbas grises, recortadas en rectángulo, +con dos lobanillos en la torva frente y unas manos nudosas como palos +de parra, se parecía de un modo alarmante a un chivato. Acentuaban +además estos rasgos, ciertas gesticulaciones, y unos resoplidos +nasales, cortos y bruscos, a modo de estornudos breves. De donde el +inevitable apodo. + +Aquella noche venía yo de su casa. Los médicos habían perdido la +esperanza de salvarle. + +Cuando cerré tras de mí la puerta de calle, con estrépito, el golpe +rodó a lo lejos por el caserón vacío. Yo era su solo habitante, pues +mi familia estaba en el campo. + +Al pasar la puerta cancel me volví, con la impresión de que había +alguien en el zaguán. Y no del todo tranquilizado, atravesé el patio +silbando, y entré en mi cuarto. + +Encendí la vela que estaba sobre el escritorio, me miré al espejo, me +quité el sombrero, y observé cómo el espejo ahondaba la obscuridad del +patio. Había en este detalle una inquietante obstinación de tinieblas +y de silencio. + +Me senté a escribir, de espaldas a la puerta, abierta de par en par. + +No tenía sueño, y me había propuesto acabar un soneto maldito en que +me engolfara la noche anterior. Pero no daba en la tecla. Las musas me +abandonaban visiblemente, a mi despecho; y los ojos de la hermosa +ingrata que me inspirara, bailábanme en el magín una danza macabra, +junto a los ojos saltados del agonizante. + +Con la estéril cabeza entre las manos, imaginé que estaba sosteniendo +un zapallo. + +De pronto, un inusitado aleteo me crispó los nervios. Era un +murciélago que revoloteó encandilado en torno del techo, y, rociándome +de paso, desapareció con un débil chillido. + +La preocupación que hasta ese momento había logrado alejar de mi +espíritu, empezó a dominarme de nuevo. Hubiera querido cerrar la +puerta. Pero no me atreví a volverme en el sillón giratorio en que +estaba sentado. Me asustaba la idea de que el sillón, falto de aceite, +se pusiese a chillar. + +Sentí entonces que el silencio me agobiaba, me abrumaba, me imponía su +mutismo; ese mutismo extraño que nos revela a veces, en las cosas y en +los objetos que nos son familiares, un aspecto insospechado y nuevo. + +Con el oído absorto, auscultaba los rumores indefinidos de la noche. + +Ya no pensaba en nada. Solamente oía. + +Una mosca, zumbando torpemente, me pegó en la cara. Y yo escuchaba. El +grito estridente de una lechuza errante sobre la casa, me puso el +corazón en desórden. + +Un papel arrastrado por sigiloso viento cruzó el patio, se estrelló +contra una pared y se dobló con ruido desigual. + +¡Algo iba a ocurrir! ¡Algo sobrenatural! + +Y me suspendí casi en el aire, horripilado, cuando, en ese preciso +instante, un presuroso tac, tac, tac, de tacos breves resonó en el +patio y avanzó en dirección a mi cuarto. + +¡Alguien había transpuesto mi puerta, y se había plantado en media +habitación! + +Inmediatamente, comprendí yo esto; ¡aquellos pasos no eran, no podían +ser de gente! + +Luego, con infinita angustia, di vuelta lentamente la cabeza, y miré: +¡un chivo negro, barbudo, diabólico, estaba allí! Inmóvil, me +observaba, rumiando con espantosa impavidez. + +Sonó entonces un aldabonazo en la puerta de calle. La bestia, +asustada, dió cara vuelta, y, con un corcovo prodigioso, desapareció +en la sombra. + +Otros aldabonazos tremendos me arrancaron del estupor en que me había +sumido. Y cuando abrí la puerta, me encontré con el muchacho de la +panadería vecina, que venía a reclamarme el chivo de su propiedad, +escapado mientras horneaban, por una tapia baja que separa la huerta +de casa de la panadería. + +Por la mañana, supe la muerte de _Chivo Pedro_, acaecida esa noche. + + + + +EL SUICIDIO DE BURELA + + +El invierno pasado trepaba yo casi todas las mañanas por el camino del +cerro, que conduce al Redentor. + +Era un excelente deporte que me endurecía las piernas, y que me brindó +la ocasión de revolucionar mis nervios cierta vez. + +He aquí el caso: + +Una mañana iba por el camino, muy despacio, deteniéndome de trecho en +trecho a respirar y a mirar el horizonte que la niebla permitía +descubrir, y estaba ya en mitad del cerro, frente a la cueva del viejo +Castro, cuando vi en un banco, a la izquierda, sentado un hombre. + +No me extrañara el encuentro si el individuo no me habla. + +--¡Hola, Dávalos!--me dijo.--¿Qué andás haciendo? + +Le observé, asombrado, de hito en hito, y ¡oh, prodigio! era el gringo +Burela. Pude reconocerlo a través de una capa de roña que lo +enmascaraba, en complicidad con unas barbas rubias en despatarro, y +una cabellera exuberante y dura como copa de churqui, que irrumpía por +un agujero apical del incoloro chamberguito. + +Bajo el cachete derecho, hinchado como un túmulo, rotaba lentamente un +monstruoso "acullico" de coca. + +Dos ojillos verdes, de párpados enrojecidos por el insomnio y el +vicio, se asomaban en el fondo de aquella cara patibularia. + +Era mi amigo de la infancia, mi antiguo condiscípulo, mi camarada +inseparable y vecino de barrio. + +Con él hice las primeras rabonas de la escuela normal. Conocía él un +escondrijo al pie del cerro, adonde jamás pudo llegar el ojo alerta de +_Caranchito_, el regente, que desde la azotea espulgaba con un +telescopio las arrugas del terreno en busca de alumnos vagos. + +Con él, con ese gringo Burela, que estaba ahí, habíamos apedreado a +los transeuntes escondiéndonos tras el parapeto en los tejados; con él +le habíamos prendido fuego a un pobre gato empapado en aguardiente; +con él azotábamos a los perros, atábamos a las viejas, manto con +manto, en las procesiones; nos farsábamos de los opas que trotaban por +la calle, y robábamos naranjas de los boliches; y con él un día +concluyeron por fin mis relaciones, previa disputa por un trompo y un +ladrillazo feroz que casi me rompe la cabeza. + +--Yo voy allá arriba--le contesté.--Y tú, ¿qué te hacés ahora? ¿Qué te +hacés aquí? ¿Por qué tienes esa facha? + +Sin cesar de masticar su acullico, me respondió en tono cínico: + +--Soy socio de Vago Hermanos y Cía... + +Luego me contó que él nunca había sentido ganas de trabajar, y que, +sin saber cómo ni cómo no, se había vuelto borrachón y perdulario. + +--No tengo casa en el pueblo--añadió.--Van dos meses que vivo aquí en +el cerro. Duermo en la cueva del viejo, allí enfrente. + +Hubo una pausa. Y sacando a brazadas una piola del bolsillo del +pantalón: + +--Estoy dispuesto a no sufrir más--me dijo, hablando con calma.--Ayer +traje esta piola para ahorcarme... + +Se puso de pie, vivamente excitado. Me miró de soslayo, y se sorbió un +sollozo harto húmedo. + +Era el mismo: petizo, brazos largos, piernas chuecas, manos sucias, +uñas negras y crecidas. + +--¡Cáspita!--exclamé.--¿Y porqué no te ahorcaste ayer? + +--No quiero morir de noche,--contestó con melancolía. + +Lanzó un suspiro, y declaró que le faltaba ánimo, aunque le sobraban +deseos de acabar con sus días. Entonces, un pensamiento diabólico me +rozó el cerebro, como una ala negra. + +--Hombre--le dije.--Puesto que tu voluntad es morir, yo, amigo, te +ayudaré, prestándote la energía ejecutiva que te falta. En efecto, no +puedes hacer cosa mejor que ahorcarte. ¡Venga esa piola! + +Examiné los alrededores. Me convencí de que estábamos solos. + +--Ahora a buscar un árbol. + +--¡Allí!--respondió la víctima, con los ojos extraviados, señalándome +uno. Su acento firme ponía en evidencia su resolución mortal. + +Bajamos a la quebradita, subimos por la opuesta ladera, y llegamos al +pie de un cebil que se inclinaba sobre rápida pendiente. + +El gringo Burela, ansiosamente, divisó por última vez el cielo azul, +el cerro, el valle de Lerma; se persignó despacio y tiró el +chamberguito barranca abajo. + +Con semblante afligido me estiró la puerca mano, en señal de despedida +y prenda de gratitud. + +Le hice un nudo corredizo en el pescuezo, pasé la piola por una +horqueta, me colgué de la otra punta, y el gringo Burela, como por +roldana, saltó al aire. + +Lanzó un silbido ronco, sacó una cuarta de lengua, se le amorató la +cara, se le desorbitaron los ojos, y, tras breve pataleo, pasó de ésta +a la eterna vida. + +Sereno, até yo la piola al tronco y me alejé del macabro espectáculo. + +El ahorcado se balanceaba dulcemente suspendido en el vacío. + +Yo había cumplido un deber de amistad. + + + + +EL CASO DEL ESQUELETO + + +¿Existen en la naturaleza fuerzas cuyo modo de actuar nos es +totalmente desconocido, y cuyos efectos podemos, sin embargo, percibir +en nosotros, o en el medio que nos rodea, en ciertas circunstancias +raras, o en ciertos anormales estados psíquicos? + +¿Hay, fuera del mundo material, más allá de lo que nuestra +inteligencia puede someter a medida, una existencia aparte, un modo +distinto, un diferente aspecto de lo real? + +El que algunos animales posean sentidos cuyo funcionalismo se nos +escapa, por ejemplo, las líneas laterales de los peces, parecería, +desde luego, confirmar la presencia de tales fuerzas. + +Por otra parte, a veces, iguales órganos, en un tipo zoológico, +presentan enormes diferencias de sensibilidad, en el desempeño de una +misma función. Así, mientras algunos mamíferos son sordos, o poco +menos, las mulas poseen una agudeza de oído muy superior a la del +caballo. Y aun es de creer que la facultad que el vulgo les atribuye, +de presentir los peligros, provenga de un sexto sentido, +correspondiente a un orden desconocido de la energía cósmica. + +Aparte del natural temor que la noche infunde en casi todos los seres, +puesto que les priva de las percepciones visuales, tan importantes en +la lucha por la vida, tengo por indudable que después de la puesta del +sol entran efectivamente en acción aquellas fuerzas. + +Fué a la hora crepuscular cuando la mula de un amigo mío, muy mansa, +no se dejó quitar el freno con el potrerizo de la finca; el cual, una +hora después caía muerto en la cocina de los peones... ¿Qué vió la +mula en la cara del hombre, o qué olió en él, o qué sintió?... + +Desde luego, se sabe que el estado eléctrico de la atmósfera cambia +del día a la noche, y que estos cambios influyen directamente sobre el +mundo orgánico, y hasta modifican el funcionamiento de ciertos +aparatos. + +Por una flagrante contradicción entre lo que hay en mí de razonador y +científico, por una parte, y de instintivo y atávico por otra, nunca +he logrado, a pesar de una larga cultura intelectual, sustraerme a la +influencia inquietante de la noche. + +Sin creerme un cobarde, ni ser un neurótico visionario, confieso que +un panteón o un bosque desierto, a media noche, pesan en mi corazón +con todas las angustias del presentimiento; y esa prodigiosa bóveda +celeste que no acaba nunca sobre mi cabeza, me abisma en un horror +increíble al vacío infinito y negro, en el cual, siempre que estoy +solo de noche, y a cielo descubierto, tengo la sensación de caer y +caer vertiginosamente, boca arriba. + +¡Muchas veces se me han erizado los cabellos en tales momentos! ¡Y +cuántas he sentido cerca de mí la presencia, en las tinieblas, de +_algo_ que no es _alguien_, pero que existe, que _es_! ¿Acaso la +condensación de esas fuerzas?... ¿Acaso el espectro de las cosas?... + +¡Qué sé yo!... + +Y bien. Tenéis derecho de reir, vosotros, los sanos y los +equilibrados. Me llamaréis loco; pero lo que os voy a contar es tan +absolutamente cierto, que a fin de convenceros de mi veracidad, habré +de confesaros toda la verdad, toda la triste verdad. + +Yo me había enviciado en el whisky, y la coca... y esta circunstancia +explica en parte el inusitado suceso de que fuí actor. + +En aquella época de mis excesos alcohólicos, una noche, muy tarde, me +fuí a dormir, impresionado con la muerte de un pariente que agonizara +desde medio día. + +(Tengo en mi cuarto un esqueleto, propiedad del colegio nacional, en +el que suelo estudiar.) + +En cuanto abrí la puerta de mi cuarto, (debo hacer constar que en casa +no había nadie), tuve la sensación de la presencia de ese alguien... +Con gran cuidado cerré la puerta y encendí prestamente un fósforo. + +Al dar un paso hacia mi cama para encender la vela que estaba en el +velador, vi que el esqueleto alzaba una mano y la asentaba sobre un +libro; uno de los libros que había en la mesa junto a la cual estaba +colgado el esqueleto. + +Encendí la vela. + +Al darme cuenta de todo eso, realicé un poderoso esfuerzo de voluntad +para dominar el miedo que me ahogaba; y sereno, impasible, lógico, me +propuse llevar el análisis del caso hasta el último límite. + +Y pensé: puesto que el esqueleto se ha movido, sepamos por qué causa +se ha movido. + +Abrí el libro, sobre el cual se apoyaba la mano, que era la derecha, y +leí el título: "El crimen y la locura", por A. Maudsley. Conocía yo la +obra. Contiene historias de criminales y su estudio patológico. El +autor es inglés. Se refiere a crímenes cometidos en Inglaterra y en +Francia. El esqueleto era preparado en Francia. Tenía una placa: +"Jules Talric, preparador". Sabido es que las prisiones suministran a +estos industriales el material.... + +Durante mi ausencia, ¿habría estado leyendo el esqueleto, en el libro, +quizá su propia biografía? Pues según los promedios antropométricos el +esqueleto había pertenecido a un asesino. + +Sin embargo, mirándole de cerca, me fué imposible descubrir signo +alguno de vida en sus órbitas vacías, y comprobé que la caja torácica +permanecía trasparente entre las costillas. + +Luego, vigilándole siempre, anduve en cuatro pies, mirando debajo de +los muebles, a fin de constatar si no sería algún gato el agente del +hecho inexplicable. + +Formulé la hipótesis de una corriente eléctrica que, imantando de +golpe las articulaciones de hierro, hubiese determinado la +contracción del brazo; pero mi incompetencia en física volvía inútil +la teoría. + +Otra vez me enfrenté al esqueleto. Yo sentía una desesperación rabiosa +por investigar y aclarar el misterio; yo sentía que me estaba +trastornando poco a poco el horrible misterio; y en un acceso +violento, irresistible, lancé una descomunal carcajada que resonó por +la casa desmantelada y oscura; y empujándole como a un péndulo, hice +oscilar al esqueleto en su perno. Y el eco de mi risotada, y el seco +chocar de los huesos, llevaron al paroxismo mi exaltación nerviosa. +¡Oh!... Cuándo estéis a media noche solo en vuestro cuarto, lanzad, si +podéis, una carcajada, os lo ruego. + +--¡O, yo te haré confesar la verdad o me matarás!--le grité al +esqueleto. + +Sí. Era preciso, era urgente, apurar todos los medios de prueba, pues +iba de lo contrario a enloquecerme. + +Con un ardor febril lo destornillé de su pedestal, lo vestí con un +pantalón y un saco, lo senté de codos a la mesa, en mi propio sillón, +y le acomodé mi revólver en la mano derecha, haciéndolo apuntar a la +puerta, con el gatillo alzado, y el dedo índice sobre el resorte del +gatillo. + +Retrocedí un paso para contemplarlo. + +Pero el miedo me venció. Y entonces, agazapándome, retrocediendo, +vigilándolo siempre, agarrándome a la mesa para no caer, intenté de un +salto ganar la puerta. ¡El esqueleto me apuntó y sonó un tiro!... + +Aquella mañana me bajaron del tejado. Me había quedado cataléptico, +abrazado a una chimenea. + + + + +LA COLA DE GATO + + +Don Roque Pérez es el hombre más flemático de Salta. Tiene cuarenta +años. Hace veinte que está empleado en una oficina de la casa de +gobierno. Es solterón, metódico, cumplidor y beato. + +Su vida es simple y redundante, como el rodar monótono de los días +provincianos, o bien como la marcha circular y pacífica de un macho de +noria. + +La historia de este hombre contiene dos etapas, separadas entre sí por +un acontecimiento trascendental que dejó en su espíritu una +perplejidad perdurable. + +La primera etapa comprende su juventud, los diez años que pasó de +dependiente en la tienda de Don Pepe Sarratea. La segunda etapa +comprende su madurez, sus veinte años de empleado público. + +Con una sonrisa indefinible y calmosa, mientras fuma un cigarrillo, +Don Roque Pérez cuenta su caso a un grupo de oficinistas. + +Cuando él era dependiente, dormía en la trastienda. El negocio de +Sarratea ocupaba una vieja casuca que todavía existe en una esquina de +la plaza. + +El dependiente barría la vereda todas las mañanas, plumereaba los +estantes, y aguardaba al patrón que se presentaba a las ocho. + +Sarratea despachaba personalmente, detrás del mostrador; pero si había +que bajar alguna pieza de un alto estante, colocaba la escalera y el +dependiente se encaramaba por ella. + +A las nueve de la noche, Sarratea despedía a sus contertulios del +barrio, guardábase el dinero en el bolsillo y se marchaba a su casa. +Entonces el dependiente trancaba las dos puertas de la tienda, rezaba +su rosario y se metía en cama. + +Una noche entre las noches, Roque Pérez, después de acostarse, dirigió +la vista al techo, y vió que colgaba una cola de gato por una rotura +del cañizo. + +El agujero quedaba perpendicularmente sobre su cabeza, y la cola de +gato apuntaba, naturalmente, a sus narices. + +--¿Qué será eso?--pensó el dependiente.--¿Qué será?... + +Apagó la vela y se durmió. + +Varias noches después del descubrimiento, Roque Pérez volvió a mirar +la cola de gato. Al cabo de una hora de contemplación, pensaba: ¿qué +será esa cola?... Y se decía: mañana voy a poner la escalera para ver +lo que es... Y apagaba la vela y se dormía. + +Todas las mañanas, al despertar, Roque Pérez se desperezaba y miraba +la cola de gato. La miraba todas las noches al acostarse. Y siempre +pensaba: en uno de estos días voy a poner la escalera. + +Pero Roque Pérez era indolente, con esa profunda indolencia de los +pueblos palúdicos. El había tenido una idea: aquella cola de gato +debía ser _algo_. Para saber qué era, había tiempo. + +Así pasaron dos años, y pasaron cinco años, ¡y pasaron diez años!... +El señor Sarratea murió de tabardillo; los herederos liquidaron el +negocio; Pérez tuvo que abandonar la vieja casuca. + +Salió de allí con quinientos pesos de sueldos economizados y se +contrató en la tienda de enfrente. + +A poco de esto, alquiló la casa de Sarratea un boticario alemán que +llegara a Salta con su mujer. + +Lo primero que hizo el boticario, naturalmente, fué preocuparse de la +limpieza del chirivitil, para instalar su botica. + +Un día el boticario entró en la trastienda, y al revisar las paredes y +los techos, vió la cola de gato. El alemán llamó a su mujer y le +mostró aquello. Pidieron prestada una escalera en la tienda de +enfrente. Roque Pérez, en persona, trajo la escalera. El boticario, +ayudado por Pérez, la afianzó sobre un cajón para que alcanzase al +techo, y se trepó. + +Mientras el pobre Roque sostenía la escalera, el boticario, allá +arriba, asió de la cola, tiró, y cayó al suelo una moneda de oro. Tiró +más, y cayeron algunos cascotes y varias monedas. Luego, metiendo el +brazo en el agujero del techo, sacó un zurrón lleno de onzas de oro, y +se lo arrojó a su mujer. Buscó más, y encontró otro zurrón, y cargando +el pesado fardo, bajó al suelo. + +--Bueno,--dijo el alemán todo sofocado, entregándole a Pérez una +monedita.--Aquí tiene Vd. su propina. Y gracias por la escalera. + +Ahora, Don Roque, ante la rueda de empleados, da un chupón formidable +a su cigarrillo, sonríe con calma, y con las barbas llenas de humo, +dice: + +--Entonces fué cuando comprendí que mi destino era ser empleado +público. + + + + +EL SALTO ATRAS + + +--Escalandrini, páseme el frasco de las arañas,--le dije al +ayudante.--Vamos a separar los diferentes ejemplares en lotes +adecuados. + +El hombre puso el frasco en la mesa y preparó los lentes, las pinzas, +el alcohol y demás cosas necesarias. + +--Examinemos primero la araña negra... Veamos. Es una especie nueva +para nuestro museo, y hay que clasificarla. Téngame usted el frasco a +contraluz. + +En vano busqué. Entre aquel locro de bichos no estaba la araña negra. + +--¡Es singular!--objeté,--pues ayer mismo la estuve mirando en el +fondo. ¿Habrán entrado ayer aquí los muchachos después de clase? + +--_¡Non signore!_ + +--Bueno. Conviene que cuide usted mejor el gabinete... Resulta que los +alumnos burlan su vigilancia y se roban los bichos. + +La pérdida me contrariaba de veras. Tratábase de cierta araña del +Chaco, muy rara, muy difícil de pillar. Se la debí a la gentileza de +Don Tadeo Amaya, lenguaraz de una toldería de junto al Bermejo. + +Algunos días después de este pequeño incidente, Escalandrini vino a +buscarme a casa con el fin de entregarme unos portaobjetos del +microscopio. Apenas se me acercó le sentí un tufillo inconfundible a +caña. Y confirmé mis sospechas del alcoholismo del ayudante, una noche +que lo encontré por una calle haciendo eses. + +No hacía mucho que se habían abierto los cursos, y pensé que aún era +tiempo de buscar otro ayudante. Aquel hombre me había inspirado desde +el primer día una invencible repulsión; así es que me alegré cuando le +descubrí su vicio. Sólo aguardaba una buena oportunidad para hacerlo +saltar del Colegio. + +Aunque italiano, Escalandrini tenía tipo de negro. Ostentaba una +cabellera lanuda, apelmazada, y que tiraba a rubio. Tenía la tez +amarillenta, los ojos pequeños y huraños, y era bajo de estatura. Era +barbilampiño, jetón, dentudo, y tenía pómulos salientes y brazos muy +largos para su estatura: en resumen, un aire sub-humano, sobre todo si +se lo examinaba de cerca, por cierta expresión esquiva y bestial de +tristeza en la mirada. + +Y sin embargo, como ayudante no puedo negar que era competente y +experimentado. + +Había venido al Colegio Nacional, recomendado por el naturalista +Timperton, y había sido auxiliar de zoología en un museo de Turín, y +después miembro de una expedición entomológica en la colonia Eritrea. + +Ahora bien; un día que yo señalara a la clase un tema sobre las aves, +entré antes de hora en el gabinete y me puse a revisar una colección +de volátiles que debía utilizar en mi conferencia. Escalandrini +hallábase a la sazón ocupado en disecar, en un extremo del salón, un +loro barranquero que él mismo cazara con tal objeto. + +Al revisar las colecciones de los armarios noté que faltaban algunas +piezas. Después advertí un excesivo desperdicio de alcohol, pues las +tablas de los estantes estaban mojadas de este líquido. + +--Tenga usted más cuidado, Escalandrini--, le dije al +ayudante.--Derrama usted demasiado alcohol en la remuda de los botes. + +Pero un detalle bien curioso me llamó la atención. En un estante, como +escondida detrás de unos frascos, yacía una cabeza de _crótalus_, que +sin duda había sido separada del tronco, no por cuchilla de cortes, ni +por bisturí, sino a tirones, pues los tejidos presentábanse +desgarrados. + +--Yo quisiera dar _cun_ los traviesos _qui_ me _facen_ un _batituque +dil_ gabinete--, gruñó Escalandrini, que se había vuelto en su silla y +expiaba mis movimientos. Pero la fisonomía del individuo no acusaba la +expresión correspondiente al tono con que pronunciara tales palabras; +circunstancia que no dejó de impresionarme. + +Quizá se había fijado más en mí que en sus propias palabras. + +Luego descubrí, dispersas en las tablas, algunas gotas de estearina. + +Como en el gabinete no había luz eléctrica, supuse que alguien se +entraría de noche, y con vela. + +No pregunté nada. + +En lo sucesivo el gabinete me pareció ya mejor cuidado. Sin embargo, +buscando a lente, siempre hallaba en el suelo, o en la mesa, o en los +estantes, gotas de estearina que habían sido raspadas,--se conocía--, +con sumo cuidado. + +Entonces fué cuando empecé a concretar mis sospechas... + +Y un suceso lamentable vino a precipitar el desenlace de esta intriga, +a develar el misterio de un temperamento. + +En el aserradero de Perutti, la tarde del 6 de Abril, un obrero se +cortó la mano derecha con una sierra sin fin. Se le había enganchado +la manga en el trozo que aserraba, y a pesar de los sobrehumanos +esfuerzos del infeliz, el trozo le arrastró el brazo, la sierra pasó +de través, y el hombre quedó manco. + +Fué una espantosa confusión. Los compañeros del taller acudieron a +auxiliarlo, pues se iba en sangre. Lo llevaron a la Asistencia Pública +y allí le contuvieron la hemorragia. + +Cuando el pobre obrero estuvo en sus cabales se acordó de su mano. +Preguntó por ella. Los compañeros fueron a buscarla entre el aserrín, +pero no la hallaron. La mano se había extraviado. + +Poco después del accidente la mujer de un obrero había visto varios +perros que olfateaban la sangre... + +Tuvieron que ir a contarle al dueño de la mano la verdad: + +--Parece que un perro se la ha comido... + + * * * * * + +La noche del 16 de Abril, bien madurado mi plan, me introduje con gran +sigilo en el Colegio; atravesé de puntillas los largos claustros, +llegué a la puerta del gabinete, y espié por el ojo de la llave... + +Frente a frente de la puerta, ante la mesa de conferencias, alumbrado +por un pucho de vela, Escalandrini perpetraba un horrible banquete. + +De un frasco de arañas en alcohol echaba a pecho grandes tragos. En +eso, sacó del bolsillo una mano muerta y empezó a devorarse el dedo +mayor. + +El monstruo parecía borracho. Sus ojos relampagueaban, ebrios de +alcohol y de gula bestial. + +Después, con una pinza, extrajo una araña pollito, y de una dentellada +le cercenó el abdómen. + + * * * * * + +Escalandrini era un caso típico de regresión o salto atrás. Una vuelta +a los trogloditas antropófagos. + +Ribot, en su _Herencia_, habla de un neozelandés educado en Londres, +que se comió viva a una niña de cinco años. + + + + +LA MUERTE DEL MUERTO + + +La fechoría que voy a confesar pesa sobre mi conciencia de un modo +abrumador, y su recuerdo me es tanto más doloroso, cuanto menos +preconcebida fué la conducta que en este caso observé, al dejarme +arrastrar por el perverso apetito del crimen, que parece ser el +estigma de mi existencia. + +¿Qué conseguiría yo suplicando al lector que procure encontrarme +atenuantes o justificativos en esta infamia? Nada. + +Y así, desde que escapé a la acción de la justicia humana (y aun +espero escapar de la divina), le saco provecho a la verdad, +escribiendo mis barrabasadas, no sin escándalo, me consta, de ciertos +timoratos. + +Y ya me dejo de rodeos, y contaré las cosas tal cual pasaron, +fielmente. + +Yo estudiaba cuarto año secundario en el colegio del Carmen, de la +calle Estados Unidos, de Buenos Aires. + +Teníamos un profesor de inglés que se llamaba míster Moore. + +Era un hombre como de sesenta años, muy alto y de porte grave. + +Su rigor en el cumplimiento del deber era tal, que, en diez años de +profesorado, apenas cuatro veces habia faltado a clase. Nunca hablaba +sino lo estrictamente necesario, ni tuvo nunca con sus alumnos una +frase de expansión o de confianza. + +Míster Moore nos infundía, pues, ese respeto mezclado de lástima que +inspiran la soledad y la digna reserva de las personas que sufren. +Porque nosotros suponíamos que el pobre profesor sufría, y sufría en +silencio, con su cara displicente de clown jubilado, toda rasurada, y +bajo su levita de incierto color azul, única, perpetua, humilde y +respetable. + +Por lo demás, poco sabíamos de sus rarezas. No cultivaba relaciones +íntimas, vivía en una pensión de la calle Rivadavia, y comía en su +pieza, por librarse de la gente. + +Cuanto a su enseñanza, daba buenos resultados, aunque no conmigo, que +siempre merecí calabazas en inglés. + +Aquel año la salud de Mr. Moore decaía visiblemente, a juzgar por la +palidez progresiva de su rostro y el aire taciturno de su andar. + +No hubimos de extrañarnos, pues, cuando una tarde de junio, el +director nos dijo en clase que Mr. Moore acababa de morir de un +síncope, al tomar el tranvía para venir al colegio. + +Los alumnos de cuarto año hubimos de encargarnos de las diligencias +previas al entierro. Y así, nos trasladamos a la pensión de la calle +Rivadavia, donde, en su cama, encontramos al excéntrico serenamente +dormido en la eternidad. + +El vigilante de la esquina lo había recogido y llevado a la casa. + +Seis velas sobre seis sillas en torno del catre, y un crucifijo entre +las manos del difunto, cuya religión no conocíamos, bastaron para el +arreglo fúnebre, y allí nos quedamos haciéndole compañía. + +Pero a media noche los discípulos resolvieron pasarla en un cafetín, +en lugar de guardar a Mr. Moore. Yo rechacé la invitación, y no sin +agrado me quedé solo, pues la situación favorecía el maquinamiento de +cierto poema que pensaba escribir. + +Era la del velorio una habitación espaciosa, y tenía una puerta a un +pasillo estrecho con baranda de hierro, en el piso alto, sobre el +patio. + +Había otras dos puertas que comunicaban con piezas contiguas, pero +estaban tapadas con roperos, disposición ésta que me valió mucho, +ahogando el ruido, como habrá de verse luego. + +Ocupaba la cama el centro del cuarto, los pies hacia la puerta, y la +cabecera contra la pared del fondo. + +Junto a un ropero, a la izquierda de la cama, me instalé en un +confortable sillón, al lado de la mesa de trabajo, donde yacían una +Biblia y algunos libros ingleses. + +Desde mi sitio, como a cinco pasos, podía yo ver, indistintamente, la +cara escuálida del muerto; y al cabo de un cuarto de hora, la +sugestión irresistible del cuadro, dispersando mis poéticos +pensamientos, me había impuesto, en cambio, su pavoroso misterio. + +¡Cuánta ignota pena, cuánta desolación, cuánto abandono, contemplé en +aquella vida desgraciada que acababa de apagarse! + +¡Pobre viejo! Llevábase él a la tumba, con su eterno spleen, ¡quién +sabe qué nostalgias, quién sabe qué recuerdos! + +Y a la luz amarilla de las velas, me pareció ver dibujarse una sonrisa +de paz en aquella boca rígida que jamás había sonreído. + +Hay en la llama pálida de esas velas de muerto, algo así como un +afligente fervor de súplica; un intangible soplo las consume, y se +agitan inquietas en el silencio como anímulas simbólicas del dolor. + +Aquella era en verdad una hermosa máscara. La nariz alta sostenía, con +elegancia de columnata corintia, el doble arco de la frente, abierto y +noble. Los labios eran delgados, y el mentón saliente, con firme +decisión de voluntad. + +De pronto, un escalofrío me crispó los nervios. Los ojos de Mr. Moore +se habían abierto... + +¿Sería posible?... + +Traté de tranquilizarme. Incorporándome con un sigilo ansioso, me +acerqué de puntillas al lecho. Pero los ojos estaban cerrados. + +Me expliqué. Las velas, sobre su cara brillante, jugaban con reflejos +y sombras. + +Volví a mi sitio, y por distraerme abrí la Biblia, procurando +inútilmente leer. Con la imaginación en desorden, y el corazón al +galope, ya no fuí dueño de mí mismo; ¡entonces sobrevino la crisis! + +Y la incurable neurosis que padezco se desbordó en mi cerebro con +imágenes descabelladas, con ideas incoherentes y estrafalarias. + +En estos ataques agudos, el cerrar los ojos, o el quedarme en +tinieblas, no me da resultado. Desfilan ante mis pupilas, en +vertiginosa balumba, todas las furias del infierno. Rostros de +mujeres, de viejos, de locos, de perros, de burros, se transforman, se +sustituyen, se mezclan y se esfuman en una semioscuridad extravagante, +absurda. Y la crisis sólo tiene un remedio: correr, o saltar, o +gritar, ¡o matar!... hacer, en fin, algún esfuerzo muscular intenso, +que despilfarre mis anormales energías de un modo súbito y violento. + +Y con la mirada clavada en el muerto, exaltado, enajenado, anhelante, +fronterizo de la demencia, en el paroxismo de la atención, lo +vigilaba, lo acechaba, lo espiaba, con la sospecha inaguantable de que +no estaba muerto, de que estaba haciéndose el muerto, de que pretendía +asustarme, sorprenderme, burlarse de mí... + +Y en ese instante la cosa se produjo. ¡Mr. Moore había levantado una +pierna en el aire, una pierna peluda y flaca, de araña gigante; un pie +descarnado, repugnante, amarillento, de largos dedos abiertos en +abanico! + +¡Mr. Moore se había despertado de la muerte, y Mr. Moore, por fin, +rígido, escuálido, con los ojos fuera de las órbitas, mirándome +impertérrito, desnudo, espantosamente desnudo, se había puesto de pie +junto a la cama! + +¡No pude más! + +Poseído de un acceso formidable de energía, de alegría bárbara, de +terror loco; ágil como un demonio, salté sobre él y le pegué una +bofetada tal, que lo acosté patas arriba sobre su lecho de muerte. + +Después, maquinalmente, lo acomodé en la posición primitiva; y poco a +poco, al recobrar la serenidad y la razón, dime clara cuenta del +peligro que corría, si, como era posible, alguien en la casa hubiese +oído el ruido. + +Presa de inmensa angustia, auscultaba el nocturno silencio. Pero nadie +acudió. + +¡Mi delito quedaba impune para siempre! + +Y por la mañana, en la Chacarita, en torno a la fosa, junto a mis +condiscípulos, eché como ellos mi palada de tierra sobre el cadáver de +Mr. Moore, cuyo asesino no dejó traslucir ni un asomo de emoción. + +Muchas veces he pensado con horror en una autopsia de la que hubiera +resultado esta fórmula concisa y fatal: "Sonambulismo cataléptico +acabado en la sepultura por una conmoción cerebral enorme." + + + + +IV + +HUMORISMOS Y FILOSOFIAS + + + + + +TEDIO + + +Triste cosa es hallarse obligado a trabajar, y no ser como este pato +del lago que estoy mirando, mientras escribo, paradito en una pata, de +ocioso, calentándose al sol, al sol que es la esterlina y la estufa de +los que no trabajan. + +La ociosidad es la madre del pesimismo. Y hoy me siento pesimista. + +¿Por qué vienen días tontos, días en que se aflojan los resortes del +carácter, días en que nada, nada, nos parece digno de ser tomado en +serio; días de aburrimiento, de nirvana, de desaliento, en que las +menudencias que forman la diaria urdimbre de la vida nos acosan, nos +hastían y nos hartan? + +El noventa por ciento de nuestros actos diarios se producen bajo el +imperio de la rutina, de ridículas preocupaciones, de perjuicios +pueriles. + +Si me junto en la plaza con algún petizo mi compañía le avinagra, y me +pide que lo deje caminar por el centro para aparecer más alto. + +Hay quien asiste al baile con un frac viejo de su tío, y averigua cómo +está su figura. ¡Y cómo ha de estar! + +--Pero si te queda muy bien,--afirma un papanatas que no se resuelve a +entrar en el salón, porque se le descompuso la onda del peinado. + +¿Y los preguntones?... esos abombados que interrogan sin ton ni son. Y +usted les responde, ¡y de su respuesta se les dá una higa! Lo que +ellos saben es preguntar, no importa qué. Y vuelven a la carga, tanto +más reciamente, cuanto menos cara le ven a uno de responder. + +Gentes hay que no molestan de cerca, pero que saludan perdonando la +vida. Y aún os dicen: "Adiós amigo", y en el fondo os están deseando +una apoplegía. + +Líbrenos el demonio de los charlatanes que se creen ingeniosos y +espirituales e hilvanan viejos chistes con nuevas simplezas y son +testigos o héroes de todos los sucesos del pueblo y juran y se +acaloran a base de macaneo. Y líbrenos de los murmuradores que todo lo +denigran, como si poseyesen ellos solos el cetro de la justicia. + +¿Quién no se sintió harto alguna vez de las pequeñeces, de las +importunidades, de las indiscreciones de los otros, y ha deseado +escapar a mil leguas de la tierra, lejos de sus congéneres? + +¿Quién no ha deseado el suicidio, la grata compañía de los muertos, +que son los mejores prójimos, acaso porque ya no hablan? + +¡Oh si nos fuese dado morir con la facilidad con que se ingiere un +vaso de _vermouth_! + +Sin embargo, los que se matan llevan a cabo una tontería más +considerable que todas las que en vida cometieron, porque al fin y al +cabo algo de bueno ofrece la existencia, fuera de estos ratos de +tedio. Y aún en éstos gozamos la libertad de detractarla, sentados en +el parque, bajo los pinos, tomando el aperital, acariciada la frente +por una brisa cordial de otoño. Y siempre será sublime la puesta del +sol. + +La naturaleza nos reconcilia con la vida. + + + + +LA TRISTEZA + + +Es el anochecer de un día de otoño, y de la vecina iglesia viene el +son de una campanita que tañe, tañe, difundiendo en el espacio la +inquietante premura de su llamada mística. Por la calle, las mujeres +pasan, una que otra, hacia la iglesia: una vieja, otra vieja, otra, +que va como pisando cascotes, cucurucha, toda arrebosada. ¡Dichosa +vieja! Cuando se postre ante el cura, invocará, egoísta, el favor +divino, confiará en la salvación. En su absoluta, supersticiosa fé, no +comprendería ella la amarga duda del crucifijado, el _lama sabactani_. +Y por este orden de ideas, he venido a parar en la tristeza. + +He ido a cortar rosas al jardín. Entre el sutil encaje de las hojas, +las rosas parecían meditar, abiertas las corolas, absortas bajo el +firmamento. Había tristeza y reposo. La luz y el movimiento evocan la +vida; el reposo es como el signo de la muerte. Cuando la brisa mueve +las flores, sus leves balanceos arrullan nuestros ensueños, pero el +absoluto reposo crepuscular infunde una dulce tristeza. Sobrevienen +en la naturaleza y en las almas, delicados instantes así, en que +parece que _algo está ocurriendo_, misterioso, invisible. Es cuando se +han abierto ventanas que miran a lo eterno, y la tristeza que entonces +vemos en las cosas y en los seres es como la fatiga, como la parada, +en medio del infinito devenir. + +Sobre los campos silenciosos, todos los días al cerrar la noche, la +inmensidad se ahonda, la eternidad se acerca, se establece una como +normalidad del prodigio. A tal hora, nadie, estando solo, podrá +sentirse alegre a menos de ser un vulgar espíritu. La tristeza reside, +más honda que en las almas, en la naturaleza. Es verdad que la +naturaleza es toda movimiento, pero el movimiento está sujeto a las +leyes del ritmo y para cada orden de movimientos rigen la suba y la +baja; la máxima intensidad y el reposo relativo sucediéndose siempre. +Por instantes o por siglos, la naturaleza, tal como nosotros, se +aquieta y se arroba en un vasto recogimiento, como si ansiara +descansar y comprenderse... Y de esta íntima necesidad, nunca colmada, +de penetrar el secreto de la existencia, emana la tristeza que notamos +a veces en los seres y en las cosas. + +La melancolía del asno inmóvil junto a la tapia del corral; la oscura +mole de las montañas, cerrando el horizonte; la serenidad de las +flores; la cadencia de la campanita; no son distintas, no son ajenas a +mi tristeza. Hay en todo esto el estupor de la eternidad que pasa +sobre nosotros, asoladora, y siempre impenetrable y magnífica. + + + + +AMOR DE ARAÑAS + + +En la evolución de las especies, corresponde a los insectos y a los +arácnidos un grado de inteligencia relativamente elevado. El +comepiojos (mamboretá) que al ser molestado levanta con arrogancia sus +patas manducadoras y nos mira con sus pequeños ojos escarlatas; la +avispa que nos persigue, si la molestamos, para clavarnos su aguijón; +la vinchuca, que se esconde con pasmosa astucia al sentirse +perseguida, nos proporcionan abundantes ejemplos de actividad +voluntaria y consciente. + +En cuanto a las arañas, he tenido ocasión de presenciar no ha mucho un +hecho que prueba una complejidad mental realmente admirable en estos +artrópodos. Era una araña del género argironeta, que son las más +hermosas, por los matices plateados que las adornan. La encontré una +mañana en el patio de casa, entre dos hojas de cica, inmóvil, en el +centro de su tela perpendicular, brillando al sol como una joya. No +sabría la pobre que estaba en casa de un zoólogo, y es lástima, +porque en cuanto la ví la pesqué y la encerré en un frasco de vidrio. +En el ancho tapón abrí un agugero a fin de poder conservarla viva y +remitírsela al Dr. Holmberg, al siguiente día. Pero cometí la +chambonada de dejarla esa noche en una maceta, al aire libre. Aquella +mañana, en el fondo del frasco sólo hallé la cáscara del infeliz +animalejo. Mil diminutas hormigas coloradas estaban a la sazón +ocupadas en devorar lo que quedaba. Y aunque la culpa del asesinato +era mía, sentí contra las hormigas una cólera terrible. Me imagino los +tormentos que sufriría la araña, al pensar en el inmenso número de +mordiscos que recibiría de esos belicosos demonios. En fin, indignado, +maté las hormigas con agua hirviendo. + +Pero la noche había escondido una tragedia todavía más intensa; porque +hallé un hilo de araña tendido del frasco a la pared, y en una +hendidura del reboque, inmóvil, al desgraciado amante de mi gentil +cautiva, como diría un literato. Era el macho. Alrededor del frasco, +en la maceta, yacían cientos de hormigas, partidas en dos por sus +formidables mandíbulas. No cabe duda que en el silencio nocturno, +después de haberla buscado en la tela, debió de lanzar un hilo desde +la pared a la maceta, y ni más ni menos que un caballero junto a la +torre de su dama, libró al pié del frasco un combate heroico, viéndose +al fin obligado a poner pies en polvorosa, rendido y abrumado por el +número. + +No conseguí apoderarme del héroe, cuyas cenizas hubiese yo conservado +con respeto en aguardiente. Pero era muy pequeño, como todos los +_araños_. Cubría sus desnudeces una fina capa de terciopelo marrón, +un poco burda, en tanto que su amada luciera en vida una armadura de +escamas de plata. + +Era imposible interpretar de otro modo los hechos observados. Y, +teniendo en cuenta las costumbres sexuales de las arañas, el caso +resultaba hermosamente romántico. Se sabe que el casamiento de las +arañas termina con la muerte del flamante marido. Durante el día, +mientras la araña hilaba su tela, el macho la acecharía, desde su +escondrijo del reboque. Así meditaba, preparando su asalto para la +noche, aprovechando el reposo de su voraz amada. Esta operación se la +facilitan sus ocho ojos, cuatro de los cuales son para ver de noche. +Así se explica que pudiese hallar el frasco; y es que la buscaba con +la tenacidad propia de los enamorados. + +¿Qué diferencia existe entre este drama de arañas y los trágicos +amores de cualquier pareja de novela? Una simple diferencia de grado. +Aunque en ciertos sujetos, como los opas, la emotividad y la +inteligencia estén menos desarrollados que en las arañas. + + + + +EL SAPO + + +El sapo es el solitario del albañal. Su domicilio subsolar se abre a +la calle, ante la puerta de una casa. + +Los ruidos del día lo confinan en una grieta húmeda, estrecha, y ahí +permanece, chato y frío, absorbiendo agua por todos los poros, +asimilado a las piedras pardas. + +Huye del sol. El astro voraz haría evaporar en un amén el jugo de sus +pústulas, y dejaría su cuerpo seco y hueco, cual un viejo zapato +arrojado al basural. + +A media noche sale de su escondrijo, y atisba, sentado tranquilamente +en cuclillas, las mariposas que el foco de la calle atolondra. + +¡Ah, las mariposas! ¡Cómo fascinan al sapo esas miriadas de alas, +revolviéndose frenéticas en el campo de luz del arco voltáico! + +Y las mariposas caen en continua lluvia; y los coleópteros caen +zumbando de cabeza, como si quisieran taladrar el suelo. Atento, el +sapo espera. + +Cuando está cierto del éxito, inicia el ataque a cortos saltitos. Se +detiene. El corazón le late en la tensa membrana blanca de la +garganta. Después avanza gateando ridículamente; con gran cautela se +acerca al bicho, y ¡zás! + +El bocado no es siempre una sedeña mariposa. A veces hay que tragar un +escarabajo más áspero que un nudo de alambres. En tal caso, siente un +pataleo en el esófago. Pero el muy comilón no se arredra, y se ayuda a +dos manos, empujando la presa hasta el estómago. + +Otras veces, por un lamentable error, atrapa el pucho encendido que un +transeunte arrojó de su boquilla, ¡y hay que verlo retroceder y poner +la cara fea! + + + + +PASEOS ZOOLOGICOS + + +Ayer fuimos al campo con el ayudante, en busca de insectos. Aunque no +teníamos red, hemos perseguido algunas mariposas. + +Después hemos hallado unas moscas de nueva especie, asentadas +pesadamente, en gran número, en unos chañares pequeños. La hoja del +chañar dá una substancia melosa que sin duda atraía las moscas. Algo +más delgada que la mosca común, la nueva especie distínguese en que +presenta en las alas bandas transversales blancas, sobre fondo pardo +oscuro y en la cabeza un par de antenas corniformes. + +Pero en el mismo tubito hemos encerrado una libélula y sus ásperas +alas han destrozado a las moscas. Mañana volveremos a buscarlas. La +constancia es la primera virtud del naturalista. + +En el campo no hay que descuidar los pequeños detalles. A veces una +hormiga que corre a esconderse bajo una mata, proporciona valiosas +enseñanzas. De pronto, el ayudante se larga al suelo, de cabeza. Con +el ojo pegado al tubito de cazar, examina un precioso díptero +cubierto de blanco bello. Se trata de otro raro ejemplar, y el pobre +bicho cae al fondo lóbrego de mi bolsillo. + +En la falda del cerro, en unos matorrales cuajados de flores +amarillas, descubrimos un nuevo tipo de araña verdosa, muy chica y +vivaz. En seguida fué al tubo. + +En esta época,--fin del otoño--la mayor parte de los insectos han +muerto ya, dejando sus larvas; y los nidos de mil estilos que +construyen para dormir el sueño invernal, son casi siempre obras de +arte, dignas de estudio. En el suelo, en el tronco de los árboles, en +los tallos, en las lajas, bajo las piedras, en los pantanos resecos, +encontramos innumerables formas de capullos. A cada especie +corresponde un modelo determinado y una ubicación particular. Los más +fuertes están a la vista, pendientes de las ramas desnudas de los +arbustos. Unos son estuches de una especie de pergamino, aglutinación +de hilos de seda; otros están recubiertos de espinas que los pájaros +tienen que respetar; algunos, en los tallos leñosos de los matorrales, +son concreciones calcáreas, durísimas, fuertemente adheridas. Los +menos protegidos imitan el color o la forma de la rama o piedra donde +se pegan. Otros se enquistan en los tallos, hipertrofian los tejidos y +originan agallas que al retornar la primavera se abren, dejando +escapar un insecto. En todos predomina el instinto de conservación de +la especie. Y de todos esos escondites, de todos esos refugios, cuando +vengan las lluvias y caliente el sol, irrumpirá la vida, múltiple, +bulliciosa, policroma. + +El cielo estaba magnífico. Había una insensible gradación de colores, +desde el armiño y el ópalo hasta el rojo de cobre bruñido. Una larga +nube, cuyo borde se apoyaba en los cerros del oeste, dividía el cielo +en dos con una banda oscura que se apagaba en el cenit. En un rincón +del San Bernardo, poblado de cebiles, ponía la hora su tono +melancólico. Reinaba en las hondonadas verdinegras de follajes maduros +una quietud inmensa, y la tristeza de la tarde se atenuaba al cortarse +en el cielo celeste la línea ondulante de la arboleda, tendida y +crespa, como un festón de encajes. + + + + +BATRACOFOBIA DE LOS RENACUAJOS + + +Una mañana de marzo andaba yo con mi curso de 2º año por el parque San +Martín. Los alumnos, repartidos en grupos de cinco, recorrían el +terreno en busca de alimañas. Cada uno debía escribir una composición, +el relato del paseo y la observación de algún bicho. Asi, en las +primeras clases del año, podría el profesor juzgar del grado de +observación original, individual de sus alumnos. + +Marchaba yo entre un grupo de alumnos por una avenida macademizada, al +fondo de la cual se ve una fuente de cemento y bronce, especie de +centro de mesa, con que se adornan nuestros pobres parques de tierra +adentro. Alguno dijo que no era la media calle el camino más propicio +a la busca de dichos, y aprovechó la coyuntura para hacer resaltar, no +sin ironía, la comodidad del profesor. + +"Amigos míos--objetó éste:--no es preciso trepar al cerro para hallar +bichos. No hay un centímetro cúbico en la superficie del planeta, que +no presente algún fenómeno de vida, capaz de interesar al estudioso. +Si yo tuviese un miscroscopio, demostraría mi aserto, analizando aquí +mismo la fauna y flora de un milígramo de tierra de la calle, +previamente disuelto en una gotas de agua. Esto en cuanto a la vida +microscópica. Pues la vida _macroscópica_ no es menos abundante en la +avenida. Alzad la vista un poco, y mirad las turbas de mosquitos +provenientes de los álamos, que se arremolinan sobre vuestras cabezas; +las moscas de mil clases que zumban a ras del suelo, sobre el +estiércol del aristocrático caballo que ayer tarde arrastraba el coche +de una dama, y las variadas zabandijas que nadan en los charcos de la +calzada, como los tiburones en el mar. Las cuestiones que suscitaría +el estudio de cualquiera de estos seres son tan vastas, que su +exposición exigiría el concurso de muchas ciencias. + +Supongamos, que un sabio elige el mosquito del álamo. Tendrá que saber +botánica si quiere explicarse la formación de las agallas, en la +vagina de las hojas; química, si desea averiguar las causas de +formación de las agallas; entomología especial de los dípteros, si +quiere determinar la especie del insecto. El vuelo de éste, le llevará +a la física mecánica; el zumbido, a la física acústica. Si quiere +saber el número de vibraciones de las alas por segundo, ambas cosas +concurrirán a darle la cifra; y con esto, habrá venido a parar a las +matemáticas. Sin contar con que, en último análisis, todo fenómeno, es +susceptible de examinarse desde el punto de vista de la cantidad; de +cuya constancia resultan únicamente las leyes naturales. No hay ley +sin número. No hay fenómenos que no pueda esquematizarse en números. +Y así, hemos venido, un poco desordenadamente, del mosquito a las +concepciones más abstractas". + +Entretanto habíamos llegado a la fuente, cuyo contenido era una agua +verdosa, rica en algas. Allí cazamos crustáceos, pequeñísimos, pulgas +de agua y cíclopes, transparentes como cristal, en el microscopio. +Algunas arañas habían tendido sus telas en las gradas de la columna +que emergía del centro de la fuente. + +Entre dicha columna y el borde de la fuente, descansaban en cuclillas +sobre soportes de cemento, como en cuatro islas, cuatro angelitos +equidistantes de bronce, que contemplaban el agua, pensando quizá en +lo verde y sucia que estaba, y lamentando acaso no poder taparse las +narices con sus manos metálicas. + +Bogaba en el agua una galleta. Sobre la galleta estaba sentado un +sapito nuevo, y alrededor, una turba de renacuajos chupaban el dulce +zumo de la pequeña isla alimenticia. + +En seguida noté, entre los pies de los ángeles, una multitud de +sapitos nuevos. Además, en el agua, flotaban cadáveres de otros +sapitos, a los cuales iban adheridos por la trucha los renacuajos. + +En el agua, no había ningún sapito vivo. + +Después de un rato de contemplación, el profesor ordenó silencio a sus +discípulos, y, al rayo del sol, les dió una lección de biología. Los +muchachos se sentaron al borde de la fuente y le escucharon con +interés. + +"He aquí, amigos míos--dijo--una maravillosa oportunidad de aplicar +la inteligencia a la explicación de los hechos. + +He aquí, que acabo, tal vez, de descubrir el porqué del paso de los +peces a los anfibios, en la evolución de las especies. + +Notad que esta fuente no tiene salida. Es una laguna con cuatro islas. +En la laguna, algunas sapas depositaron sus huevos, de los que +salieron miles de renacuajos. Unos han evolucionado más pronto que +otros. Se ven aquí batracios en todos los grados de desarrollo, desde +el huevo al estado adulto, y por tanto, desde que respiran por +branquias hasta que respiran por pulmones. + +Pero es el caso que los ya pulmonados, se han visto forzados a +refugiarse, _bajo pena de muerte_, en las islas. Lo prueban los +cadáveres de sapitos que sirven, como veis, de alimento a los +renacuajos, mucho más grandes, fuertes y vivaces por ser el agua su +medio apropiado dada su respiración branquial. + +La batracofobia de los renacuajos es, pues, un hecho indiscutible. Y +lo particular es que tal hecho explica, según creo, el origen de los +anfibios. Bastaría suponer en ciertos charcos del mundo primitivo, una +superabundancia enorme de una forma dada de peces, que, habiendo +desalojado a otras especies, empezaron a comerse entre ellos. +Establecida así la lucha, se salvaban únicamente de la carnicería los +que podían ganar tierra y resistir más tiempo al nuevo ambiente, hasta +que las branquias se adaptaran al aire y se convirtieran en pulmones. +El hábito y la herencia fijaron el nuevo carácter específico, y el +atavismo reproduciría la forma primitiva acuática. Y como la duración +de las condiciones físicas del medio sería de miles de años, +tendríamos repetidas las causas y los efectos en millones de +generaciones sucesivas, y por lo tanto fijada una especie intermedia, +entre peces y reptiles. + +De los peces a los batracios, no sólo ha cambiado la respiración, sino +la alimentación. Los renacuajos se alimentan por succión. Los sapos, +son insectívoros. Al comenzar la existencia terrestre, no les fué muy +difícil cambiar de régimen alimenticio, como lo probaría la poca +variación que exige un aparato bucal chupador (renacuajo) para +convertirse en captador (sapo). + +Si se compara la organización de los peces superiores con la de los +batracios anuros que por ahora nos ocupan, se nota que los peces son +más complicados. Los batracios no derivarían, pues, de los peces +superiores, sino tal vez de los branquiostomas, o de una forma +intermedia entre éstos y los ciclóstomos, cuya organización es más +rudimentaria. + +Pronto estudiaremos la organización interna de los batracios, y, en su +metamórfosis, la transformación del aparato circulatorio en +correlación con el respiratorio. Entonces os haré notar cómo, la +respiración cutánea, tan intensa en los batracios, y propia de +organismos inferiores, ha hecho tal vez posible al conservarse el paso +de la respiración branquial a la pulmonar. + +Antes de terminar, amigos míos, libertemos a los sapitos, que están +condenados a morir de hambre en estas islas de cemento, al pie de los +ángeles indiferentes. Ayudemos así al cumplimiento de las leyes +naturales. Arrojemos los sapitos entre la húmeda gramilla del parque, +para que se coman las larvas corrosivas y los insectos que atacan las +plantas de los jardines." + +--¡Libertemos al náufrago refugiado en la galleta!--gritó un muchacho. +Pero en aquel momento, cuando una mano amiga se le acercaba, el +pequeño sapo saltó al agua, y un renacuajo vivaz y ventrudo se apoderó +de su presa al instante. + +Así hemos leído, en un charco, una hermosa página escrita hace +millares de siglos por el azar de la evolución. + + + + +LA INMORTALIDAD + + +La desagregación del protoplasma por la mineralización creciente no se +manifiesta en los unicelulares. Dado un ambiente propicio, un +protozaorio no muere nunca, puesto que alcanzada la dimensión normal +en la especie, el individuo se parte en dos y del ser único derivan +dos individuos nuevos, continuando en cada uno de ellos los procesos +de asimilación y desasimilación que determinan el crecimiento y la +división consecutiva, completándose así el ciclo evolutivo. + +A medida que la estructura orgánica se complica, disminuye la +resistencia normal del individuo en su medio, en razón de la mayor +conexión y subordinación de unas funciones con otras en el organismo. + +En los protozoarios la división experimental del núcleo no impide la +regeneración de cada parte. + +En los metazoarios inferiores, cada fracción regenera las que faltan. +(Hidras). + +Algunos escalones más arriba, la división experimental del individuo +por su eje de simetría, ya no permite la reconstitución de cada mitad. +(Asteroideos). + +En los grados más avanzados de complejidad estructural, de los +artrópodos a los cordados, la capacidad regenerativa del protoplasma +tórnase de más en más problemática. + +En los anfibios, la vitalidad de los principales órganos (por ejemplo, +del corazón), separados del cuerpo, es mayor que la de los mamíferos. + +Un protozario partido en dos, por su núcleo, continúa viviendo; un +mamífero lesionado solamente hasta su red arterial, tiene muchas +probabilidades de morir. + +Cuanto más avanza la diferenciación progresiva de las formas, más +acrece la posibilidad de la muerte. + +Viniendo a un punto de vista más general; no existe solución de +continuidad en la materia viva, desde la mónera que aparece en el limo +del océano pre-geológico, hasta las especies que pueblan en la +actualidad la tierra. Negarlo supone aceptar creaciones particulares +de todas las especies, en cada época. + +Ahora bien. Pensando en la muerte con datos así, objetivos, sin +recurrir a los conceptos absolutos creados por la imaginación, se +ilumina de pronto la mente con la esperanza de una inmortalidad menos +egoísta. + +Pongamos nuestra fe en la ciencia. + +Ella nos dice que durante algunos siglos todavía estaremos condenados +a morir; pero somos inmortales como partículas orgánicas de la +especie, puesto que las generaciones venideras, perfeccionadas de +continuo en su mecanismo de pensar, por el esfuerzo adaptativo de las +que las precedieron, irán acumulando el aprendizaje de la experiencia, +para alcanzar acaso el ideal de los ideales: la existencia infinita, +individual y específica del hombre. + +Como si la muerte durante siglos fuese nuestro tributo a la +inmortalidad futura, la naturaleza, al perfeccionar su mejor +instrumento, el hombre, le ha hecho quizá el más endeble y el más +delicado de los seres. + +No en vano la eternidad es la obsesión de todos los tiempos. El hombre +tiende al azul desde que aprendió a pensar. Interroga siempre al gran +enigma infinito suspendido sobre su cabeza. + +Obstinado, aborda su problema. + +Ante el microscopio y ante el telescopio; ante el animal y la planta; +ante el microbio y el astro; ante el mineral y el flúido intangible; +junto a las máquinas, junto a los crisoles, junto a las retortas; +sobre los libros, sobre los terrenos, sobre los aires, sobre los +mares, en todos sentidos y en todas direcciones, escarba en lo +desconocido, con un apetito insaciable de más allá, que es ansia de lo +eterno, su parte de Verdad, de Belleza y de Bien. + +¿Perecerá la civilización sin que algún ser humano haya transpuesto +los límites de la atmósfera? + +¿Será inacabable el misterio? + +La inteligencia, la ciencia, el progreso, todo lo noble y todo lo +grande que vamos alcanzando, a trueque de sacrificio y de dolor, ¿no +pesará nada en la balanza del devenir? + +¿Todo eso no será más que combinaciones peregrinas del azar, efímero +aleteo, ensueño quimérico de algo perdurable, de algo absoluto? + +¿Llegará día en que ninguna pupila humana pueda escrutar la sombra? + +La naturaleza parece responder: "Hombre, ¿vale más tu inteligencia +complicada, sutil, poderosa, rápida, vale más que una hormiga o una +flor? Eres una onda del río que va desde lo que no tiene principio +hacia lo que no tiene fin. Envanécete. Sin embargo, para mí que soy la +energía ciega, la casualidad indiferente, no hay bueno ni malo, fácil +ni difícil, mejor ni peor; pues a mí no me cuesta trabajo el cerebro +de Newton que el vuelo de los astros". + +Y yo he soñado con una humanidad más perfecta, más buena y más sabia, +remontándose por medios mecánicos a los espacios estelares. + +La ciencia vencerá a la muerte. + +Siendo infinita la duración de la vida, no habrá porqué desdeñar un +viaje de siglos por el universo. + +Magnífico espectáculo el del hombre atravesando los espacios +interplanetarios en expresos más veloces que la luz. + +La conquista del infinito será precedida de una agitación jubilosa +como la que anuncia el vuelo de las colmenas. + +Abandonando su viejo casco, libador de la eterna belleza, el hombre +remontará su vuelo por aquel jardín que tiene por flores las +estrellas. + + + + +INDICE + + + Página + + A Manuel Gálvez 5 + Prólogo 7 + +LA CIUDAD + + Los burritos leñateros 19 + Una proclamación 23 + El reñidero 27 + La tabeada 33 + Los perros 37 + Defensa de un perro 41 + La condenada 43 + La creciente 47 + La decadencia de los opas 51 + Los cocheros 55 + Un baile de villorrio 59 + El duende 63 + La viuda 67 + La mula ánima 71 + La Juana Figueroa 73 + Don Matías Linares y Sanzetenea 79 + +LOS CAMPOS + + El erque 85 + El fantasma del remate 89 + El gaucho salteño 95 + La selva de Anta 97 + Cruz guiez 103 + +HISTORIETAS Y CUENTOS + + Un viaje raro 109 + El último vuelo 115 + La cacería de patos 121 + El caballo que perdió la lengua 127 + La transmigración 131 + El suicidio de Burela 135 + El caso del esqueleto 139 + La cola de Gato 145 + El salto atrás 149 + La muerte del muerto 155 + +HUMORISMOS Y FILOSOFIAS + + Tedio 163 + La tristeza 167 + Amor de arañas 169 + El sapo 173 + Paseos zoológicos 175 + Batracoforia de los renacuajos 179 + La inmortalidad 185 + + + + + * * * * * + + + + +Notas del Transcriptor: + +Se han corregido algunos errores tipográficos presentes en el +original. Las vacilaciones en algunas grafías se han mantenida como en +el original. + +P. 138: "el cielo azul, el cerro, el valle de Lerma; se persignó"--En +el original, este frase fué despues de las palabras "en el pescuezo, +pasé la" + +*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 40358 *** diff --git a/40358-8.txt b/40358-8.txt deleted file mode 100644 index dd375c0..0000000 --- a/40358-8.txt +++ /dev/null @@ -1,4518 +0,0 @@ -The Project Gutenberg eBook, Salta, by Juan Carlos Dvalos - - -This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with -almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or -re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included -with this eBook or online at www.gutenberg.org - - - - - -Title: Salta - - -Author: Juan Carlos Dvalos - - - -Release Date: July 28, 2012 [eBook #40358] - -Language: Spanish - -Character set encoding: ISO-8859-1 - - -***START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK SALTA*** - - -E-text prepared by Adrian Mastronardi, JoAnn Greenwood, and the Online -Distributed Proofreading Team (http://www.pgdp.net) from page images -generously made available by Internet Archive (http://archive.org) - - - -Note: Images of the original pages are available through - Internet Archive. See - http://archive.org/details/3502513 - - - - - -SALTA - - * * * * * - -Libros publicados por la Cooperativa Editorial "Buenos Aires" - - - I--FERNNDEZ MORENO.--_Ciudad._ - - II--HORACIO QUIROGA.--_Cuentos de Amor de Locura y de Muerte._ - - III--CARLOS IBARGUREN.--_De nuestra tierra._ - - IV--MANUEL GLVEZ.--_La sombra del convento_ (novela). - - V--ERNESTO MARIO BARREDA.--_Las rosas del mantn_ - (Andanzas y emociones por tierras de Espaa). - - VI--CARLOS MUZZIO SENZ-PEA.--Versin castellana de _La cosecha - de la fruta_ de Rabindranath Tagore. - - VII--ARTURO CAPDEVILA.--_El libro de la noche._ - - VIII--RICARDO JAIMES FREYRE.--_Los sueos son vida._ - - IX--LUISA ISRAEL DE PORTELA.--_Vidas tristes._ - - X--PEDRO MIGUEL OBLIGADO.--_Gris._ - - XI--MARIO BRAVO.--_Canciones y Poemas._ - - XII--JUAN CARLOS DVALOS.--_Salta._ - - - PRXIMAMENTE: - - XIII--ALFONSINA STORNI.--_El dulce dao._ - - XIV--ALVARO MELIN LAFINUR.--_Literatura contempornea._ - - * * * * * - - -JUAN CARLOS DVALOS - -SALTA - -Prlogo de MANUEL GLVEZ - - - - - - - -[Decoracin] - -"BUENOS AIRES" -SOCIEDAD COOPERATIVA EDITORIAL LIMITADA -AVENIDA DE MAYO 791 -1918 - - - - - A MANUEL GLVEZ. - -_El defecto capital de este libro es su personalismo._ - -_Su mejor cualidad es la espontaneidad._ - -_Esto proviene de que los artculos que lo componen fueron escritos en -diferentes pocas, sobre temas asaz diversos, y nunca con el propsito -de hacer un libro._ - -_Al reunirlos en un volumen me propongo dar una idea de lo que es -Salta; y de lo que puede ocurrrsele en Salta a un hombre que observa, -aislado, y sin ambiente literario alguno. Representa, pues, un -esfuerzo intelectual, no s si estimable o necio._ - -_Usted que conoce al autor y su medio provinciano, es el llamado a -prologar este libro, y hacrselo comprender al pblico del pas._ - -_Sin un comentario previo de usted, no deseo que el libro vea la luz._ - -_As apreciar usted cunto le estima como amigo y como escritor su -afmo. y S. S._ - - JUAN CARLOS DVALOS. - - - - -PRLOGO - -Hace diez aos, era Salta una ciudad colonial. La visitaba yo entonces -por primera vez; y no necesito exagerar, si afirmo que ninguna ciudad -de nuestra tierra me haba producido una igual impresin de carcter y -de poesa. En Crdoba, en Santa Fe, encontramos algunas viejas casas -caractersticas. En Salta lo eran todas por aquella poca. Con sus -techos de tejas, sus ventanas y sus puertas de formas coloniales, y -sus altos balconetes de madera y de hierro, que parecan colgados de -los aleros, las casas de Salta evocaban encantadoramente la vida -argentina de hace un siglo. - -Pero no eran slo las casas lo que entonces recordaba el tiempo que -fu. Eran tambin las calles, las iglesias, las gentes, las -costumbres. No olvidar nunca las sensaciones que me causaron ciertas -cosas, tan exticas para m: el llanto trgico de la quena que un -indio platero taa maravillosamente; el reidero, con su pblico -heterogneo y sus escenas pintorescas; y un baile de arrabal, donde -silenciosos indios, calzados de ojotas y emponchados, miraban, con -asombro estpido y tenaz, cmo bailaban la chacarera y la zamba, al -son de un arpa vieja y al ritmo de los versos quchuas que cantaba el -msico ciego, las mujerzuelas y los hombres de diversas clases -sociales que atestaban el rancho. - -Poco de esta Salta queda ahora. Sus casas no fueron derribadas, pero -un absurdo y mal entendido espritu de modernidad reform las ventanas -y las puertas, suprimi los aleros y ocult los techos de tejas -levantando las paredes delanteras. Pero a pesar de todo, permanece en -Salta lo suficiente para que miremos a esta ciudad como la ms -completa y bella imagen del pasado argentino. - -En aquella Salta apacible hice amistad con Juan Carlos Dvalos. El fu -mi mejor gua, sobre todo en el sentido espiritual que podemos dar a -esta palabra. Dvalos me refera leyendas y tradiciones, y me hablaba -de la vida provinciana, cuyas cosas y cuyos tipos caractersticos -conoca profundamente, juzgndolos con su humorismo benvolo y -original. - -Dvalos me recit algunos de los pocos versos que hasta entonces -llevaba escritos y me ley varias de las pginas que componen este -volumen. Convencido de las facultades de Dvalos, le incit con -entusiasmo a que escribiera; y creo haber contribudo en buena parte a -su dedicacin literaria. Su conocimiento de la vida en aquella comarca -saltea, tan argentina y tan ignorada en el resto del pas, colocaba a -Dvalos en una situacin excepcional. El joven poeta amaba la -tradicin y la comprenda tan hondamente, que era lgico esperar de su -talento, robusto y realista, pginas del ms fuerte sabor vernculo. - -Su primer libro, _De mi vida y de mi tierra_, prologado elogiosamente -por Carlos Ibarguren, fu para Dvalos un buen xito. Su lenguaje, -original, con algo de arcaico, su sentimiento personal y potico de -las cosas del campo, y sus descripciones eficaces y vigorosas, -sorprendieron. Luego ha escrito un interesante drama histrico. Y -ahora realiza mi deseo de que publicara un libro en prosa, evocando la -vida de aquella Salta, colonial y apacible, que tal vez pronto -desaparecer completamente; recordando leyendas y tradiciones; -retratando los tipos caractersticos de la ciudad y de los campos y -hacindonos ver, con su talento descriptivo, escenas pintorescas del -arrabal, de la montaa y de la selva. - -Juan Carlos Dvalos tiene dos grandes cualidades literarias: humorismo -y aptitud para describir. - -El humorismo de Dvalos no es trascendental sino excepcionalmente, y -en pequeo grado. No contiene amargura ni desilusin. En lugar de -ejercerse sobre los defectos morales de los hombres, se aplica a las -caractersticas materiales. Pero sin hacer apenas crtica, ni intentar -corregir el mundo. - -Si Dvalos desarrolla esta cualidad de observar el ridculo en los -hombres y en las cosas, puede llegar a realizar notables caricaturas. -Advierto que digo esto en su elogio, porque hay quienes imaginan que -la caricatura es un defecto y se halla fuera del arte. Los grandes -noveladores del siglo pasado son prodigiosos caricaturistas. As -Dickens y Thackeray en Inglaterra; Prez Galds y Palacio Valds, en -Espaa; Daudet, Flaubert y a veces Zola en Francia; y Ea de Queiroz, -en Portugal. Conviene recordar que no es preciso hacer reir para ser -caricaturista. Hay tambin caricaturas trgicas, de las que son -ejemplos algunos personajes de Dostoiewsky y de Balzac. - -La aptitud descriptiva de Dvalos se muestra a la vez en los tipos, en -las escenas y en los paisajes. He aqu como presenta a un jugador de -taba: "... es un hombrn taciturno, un poco alcoholizado. Parece all -un toro, parado en dos pies entre la tropa. Usa enorme sombrero blanco -y se alza el poncho del pescuezo para que le vean su charro cinturn -de bolivianas de plata. Va quinientos pesos a su mano. Se escupe con -calma las manos, refriega las palmas en el suelo, guia el ojo -izquierdo como si fuera a apuntar con escopeta, mira bien la taba con -el otro ojo, la blande, la sopesa varias veces, echa un desafo a la -redonda. Los espectadores, atnitos, se apartan. La taba vuela; la -siguen con la vista, da tres vueltas justas y se clava". - -Igualmente eficaces son los retratos del gaucho Cruz Guez, del -Serapio Guantay, de la duea de la casa donde se celebra el baile de -villorrio, de la Juana Figueroa. Entre los tipos que en dos palabras -describe al pasar, nos impresionan particularmente los opas, esos -pobres imbciles que tanto abundan en el norte. En el capitulito _La -decadencia de los opas_, ttulo del ms fino humorismo y que -constituye un admirable hallazgo, se refiere, en un estilo lleno de -gracia, a varios de ellos, que eran populares en Salta. Pero en otros -captulos nos habla tambin de aquellos infelices. As en _El baile de -villorrio_, donde nos pinta uno en esta forma: "En el patio, un opa de -ojos clarsimos y cara plida y gorda, que haba bebido en demasa, -mascaba asnalmente un bollo, y serva de diversin a unos -muchachos...". - -Como narrador, Dvalos muestra tambin notables cualidades. Hay en su -libro escenas de una gran belleza: la de los burritos leateros, que -pasan lentamente por las calles, curiosendolo todo y metindose -dentro de las casas; la de la ria de gallos, que tiene tanto -movimiento y tanto color como las descripciones anlogas de Sarmiento; -y aquella en donde cuenta los amores del Serapio Guantay, pgina -penetrada de la honda poesa de las montaas salteas y que basta para -revelar en Dvalos las aptitudes de un gran escritor. - -Sus paisajes son generalmente muy breves, simples anotaciones hechas -al pasar. Pero en todo el libro est latente el aspecto de la ciudad y -de la naturaleza. He aqu una de las mejores descripciones, donde -recuerda la vieja Salta que l debi conocer en su niez: "Evocad el -Salta de sesenta aos atrs, con su pobre y pesada arquitectura -colonial; con sus tejados de alero volado a la calle; con sus enormes -portales cuadrados y recios; con sus altas veredas, entre cuyas lajas -desiguales brotaba el pasto del campo; con sus hondas y tortuosas -calles de piedra bola. De noche, arda en las esquinas del centro un -candil de sebo. El sereno, encargado de varias manzanas, pasaba -lentamente, cantando la hora y el aspecto del tiempo. En las casas -donde haba quedado alguna luz, revoloteaban encandilados, sobre los -anchos patios, murcilagos errantes y siniestras lechuzas". - -Dvalos aparece en este libro como un espritu multiforme y una -sensibilidad compleja. Algunos de sus relatos son ms que trgicos, -macabros; otros humorsticos, otros sentimentales y poticos. Con la -misma eficacia descriptiva con que nos relata una proclamacin -poltica en el arrabal o reconstruye la ria de gallos, nos evoca la -vida de las montaas. Nos hacen reir sus siluetas de los cocheros, su -desfile de los opas; nos estremece de terror y de misterio el recuerdo -de aquella noche en que muri su amigo apodado el Chivo Pedro; y nos -hace comprender el alma de la raza vencida, impregnndonos de honda -emocin territorial, en los prrafos donde describe a un indio que -desciende de la montaa haciendo sonar el erque. - -Pero en todas estas pginas de ndole tan diversa, Dvalos, como -escritor moderno que es, demuestra que busca en las cosas, no una -belleza ms o menos convencional, sino su carcter. Sus paisajes, sus -escenas, sus cuadros, sus tipos son llenos de individualidad y nos -revelan uno de los pedazos ms interesantes y originales de la tierra -argentina. - -He mencionado sus relatos macabros, y quiero dar mi interpretacin de -ellos. Los cuentos espeluznantes de Dvalos no nos hacen dao ni nos -desagradan. Nos producen, s, la sensacin completa que el autor -pretendi producir, pero al acabar de leerlos no quedamos -impresionados, disgustados, hasta enfermos, como despus de leer -ciertos cuentos de Quiroga. Tal vez contribuya a esto, los detalles -humorsticos que Dvalos encaja hbilmente en medio de sus -terrorficas narraciones. El caso es que estas pginas nos hacen el -efecto de una broma, de una broma bien hecha, por otra parte. Parece -que el autor se hubiera dicho: "Voy a escribir unos cuantos cuentos -espantables para que vean que soy capaz de escribirlos, y, sobre todo, -para rerme pensando en el efecto que producirn en las gentes -pacficas".[1] Y los ha escrito, pero permaneciendo l sano, fuerte, -sereno, y sin ennegrecer el nimo del lector. Porque una de las -caractersticas de Dvalos es su sanidad de espritu. Y es un escritor -sano, no solamente porque nada hay en l de enfermizo, sino porque -tiene todas las cualidades morales que acompaan a la perfecta salud -espiritual. - -Juan Carlos Dvalos posee verdadera imaginacin, profundo sentimiento -potico, comprensin de la realidad y, ms que nada, sensibilidad. -Pero no una sensibilidad como la de cualquier escritor distinguido, -sino una sensibilidad como slo la tienen los verdaderos artistas. Me -permitir mi amigo que revele al pblico cierto detalle un poco -ntimo, pero que demuestra su valer? Bien: yo he visto a Dvalos -emocionarse hasta las lgrimas ante una lectura, y no por tratarse de -cosas tristes o impresionantes, sino por la sola belleza de lo que se -lea. - -Dvalos es tambin un psiclogo. Pero como todos los temperamentos -realistas, revela el alma de los seres por medio de sus gestos y de -sus actos. Es muy interesante su psicologa de los opas, de los -gauchos, de los indios y de los perros. - -Su estilo es incorrecto y a veces duro. A m me place, no obstante sus -defectos, porque se acerca a la palabra hablada y porque hay en l -color y movimiento. Tiene escasa armona, salvo en ciertos raros -instantes, pero mucha sencillez y sobriedad. Estilo corto, escueto, -muy preciso y vigoroso, es excelente para las descripciones de escenas -y de cuadros realistas. Pero cuando se habla de una cosa potica se -torna potico. Y segn el asunto, es hondo, emotivo, florido, -brillante o melanclico, y cobra, cuando el relato adquiere vuelo, una -penetrante elocuencia. He aqu cmo empieza a narrar los amores de un -pastor y una vaquera: "El azar los haba puesto cerca; el instinto los -junt. Y en el filo de una loma, sobre el pastizal oliente a berbena y -ans, la india, ms aviesa, lo inici al indio, ms ingenuo, en el -raro misterio que cumplen las cabras y las vacas, que trajina el polen -en las patas diminutas de las abejas, que puebla el soto de inquietas -y esmaltadas mariposas, y que hace cada primavera florecer el amancay -blanco y la begonia escarlata entre las breas. Desde aquella tarde -los dos indios volvieron a encontrarse siempre, y juntos divagaron por -los cerros, descubriendo el encanto de los callados sitios, oyendo al -eco repetir sus gritos en las altas barrancas, mirando rodar por los -precipicios las gruesas galgas que aflojaban al borde, triscando a la -par de los chivos en las paradas laderas, o escondindose a veces de -algn viajero que cruzaba, all abajo, en su mula, el spero pedregal -del torrente". - -Pero trate de un asunto o de otro, la prosa de Dvalos es siempre -viviente, moderna, muy argentina y sin afectaciones de ninguna ndole. -Dvalos, felizmente, se encuentra libre de _literatismo_, ese veneno -del que no logramos desprendernos los que hemos sido educados en la -literatura francesa contempornea. - -Sin afectaciones, dije, e insisto en ello. Porque no faltar quien -acuse al autor de _Salta_ como afectado de arcasmo. La prosa de -Dvalos est matizada de palabras que nos parecen viejas o demasiado -castizas. Pero no son palabras que Dvalos haya aprendido en los -libros. Las ha adquirido del pueblo, del campesino salteo, que habla -un hermoso castellano, un castellano con algo de rancio y a la vez -algo de quchua. Al usar, pues, aquellas voces, Dvalos, lejos de -mostrar afectacin, hace obra rigurosamente argentina. - -Ahora, slo falta que el revelador de la tierra saltea ponga su -talento y su corazn al servicio de una obra ms orgnica que la -presente. Tiene todas las cualidades para ser un verdadero novelista. -Reclammosle, para bien del pas, que lo sea muy pronto. - - MANUEL GALVEZ - -FOOTNOTE: - -[1] Algunos de los personajes de los cuentos a que me vengo -refiriendo, son amigos de Dvalos. El autor los hace morir en forma -trgica y horrorizante. - - - - -I - -LA CIUDAD - - - - -LOS BURRITOS LEATEROS - - -Ellos traen a la ciudad modernizada un poco de la paz de los campos, -la sobriedad rural, la lentitud de los das siempre iguales y hermosos -bajo el infinito azul, en las praderas apacibles. - -Con su pasito tcito, su leita a la espalda, y su peluda ropa de -anacoretas, arreados por un muchacho que monta una triste jaca cerril, -pasan lentamente por la calle los burritos leateros. - -Son las nueve de la maana. - -En una puerta asoma una mujer, y trata con el muchacho por la lea. - -Los burros siguen viaje. A ellos, qu les importa el negocio? Lo que -les gusta es andar, curiosear, ver novedades. - -El muchacho corre a toparlos, y ellos, adrede, trotan calle arriba. Un -auto los ataja en una bocacalle. El muchacho se les planta por -delante: silba, grita, les pega ponchazos, y la recua vuelve frente a -la vecina que espera la lea. - -Mientras el muchacho desata la lea, los borricos merodean. - -Uno, se cuela por un zagun, raspando al pasar, los reboques con los -torcedores. En el patio, una sirvienta lo baraja a escobazos. El burro -ceja, y al salir, muy despacio, tumba una maceta. - -Alguno se acuesta a descansar en media calle, lanzando resoplidos de -desaliento, al pensar que a l no le toca el turno todava. - -Hurga otro, con su belfo suave y azulado, el cordn de la vereda, -donde una cscara de banana se adhiri a la piedra. Despus se come -una cscara de naranja, mientras un camarada, ms feliz en hallazgos, -se empea en tragar un diario abandonado, envoltorio de cocinera, -saturado de oliente y sabrosa grasa. - -_Durmiendo los ojos_ beatamente, un burrito ensaya lamer un hilo de -agua inmunda que mana de un albaal. - -En un grupo, alguno, carioso y prolijo, le rasca con los dientes a un -congnere la sarncula del apolillado pescuezo. - -Le toca luego el turno al que se ech: el muchacho lo quiere hacer -levantar para descargarlo; pero el burro no quiere. Se siente tan -cmodo! - -El muchacho, impaciente, la emprende a puntapis. El burro se limita a -menear la cabeza y pestaear, hasta que el dolor de la tunda le llega -al alma. Entonces, cachaciento, ayudado por el muchacho, se incorpora. - -El lento paso de la tropilla, su mansedumbre, el ligero vaivn -incesante de las colillas exguas, las cabezas pensativas, los dulces -ojos, las tranquilas orejas, hacen del burrito leatero la nota ms -simptica de la calle saltea. - -Ay! pero no cuando uno de estos animalejos deja oir un brbaro -rebuzno. - -El buclico encanto se rompe de pronto ante esa desapacible -resonancia, ante las grandes quijadas abiertas en la plenitud de la -bestialidad, y ante el brutal regocijo que sacude el msero y flaco -cuerpo del asno, en espasmos de un grosero naturalismo. - - - - -UNA PROCLAMACION - - -Un mes antes de la eleccin el arrabal pulula en el comit. Y una -noche, a son de bombas, se hace la proclamacin del candidato. Es la -noche cvica, merienda de negros, aquelarre, agrio candombe. - -Cuando los adherentes se congreguen, y desborden por los cuartos y -patios del comit, que es siempre un despacho de bebidas, en medio de -la gente se mostrar el candidato, y hablar; y hablarn los amigos -del candidato. - -Ansioso esperaba el arrabal la noche de la proclamacin. No bastaba el -haber sorbido, durante veinte das seguidos, el vino del candidato. -Ahora que la eleccin se acerca es preciso tambin oir la palabra de -los polticos, que pagan la fiesta; de los blancos, de los ricos -cholos, de los eternos explotadores del Juan Pueblo, como dijo cierto -gringo que habl en el teatro, y que se fu. - -Y esta noche, siendo de estruendos, y de discursos y de cerveza, hay -que aprovecharla, y beber por el triunfo del partido. - -El triunfo!... palabra imprecisa, mero rudo verbal en la cabeza del -elector. - - * * * * * - -Entremos en el club poltico la noche de proclamacin, en el momento -de los discursos. Es en el patio entoldado de una pulpera de arrabal. - -Parado sobre una mesa, enguantado, bien vestido, el candidato inicia -la tanda de los discursos. - -La multitud escucha: trescientos y tantos ciudadanos, de los cuales -doscientos por lo menos estn beodos. - -El candidato infunde respeto. Su galano estilo, su clara diccin, -caen, como lluvia de rosas en un lodazal, sobre un apeuscamiento de -cabezas hirsutas, sobre un campo de bocas abiertas en rictus -alcohlico, sobre un oscuro lago de miradas atnitas. - -Pero el espectculo sugiere al punto esta reflexin: el respeto no es -a las ideas, que no se alcanzan. Es el respeto atvico al blanco, es -decir, al amo ancestral; es el respeto a los guantes, al jaquet, al -botn de charol; es el respeto fetichista del indio por las cosas que -su instinto presiente como signos de excelencia. - -Un borracho aprueba con amplios gestos los prrafos del orador. Y -exclama en alta voz:--claro!... eso es!... Me gusta!... - -Lo veo esforzarse por fijar la atencin. La mona, en su estrabismo, le -muestra dos oradores, y l se obstina en mirar uno. Luego, cansado, -vuelca la cabeza sobre el pecho impotente, y la sonrisa del arlequn -que hay en todo borracho, divaga por el rostro enorme, moreno, pinge -de grasa y de sudor. - -En medio de este grotesco silencio, en medio de esta trgica atencin -de beodos, aqu y all se sofoca un juramento, se contiene una rplica -inconsulta, se acalla un intempestivo monlogo. Entre tanto, algunos -se desprenden furtivamente del grupo, para ir a beberse una copa ms -en el mostrador. Qu diablos!... Lo nico positivo es el vino; el -vino que permite olvidar el crimen del ocio y de la ignorancia. - -El candidato acaba su discurso entre palmoteos y alaridos. Todos se -mueven, algunos quieren verle, tocarle. Y la multitud al revolverse -apesta ms, como si se hurgase la basura. El alcohol se espande en -vaho con los gritos, la roa se embravece con el calor y el roce. - -Despus del candidato habla un estudiante. Su palabra es vehemente, -vibrante, sincera. Se imagina que el pueblo es quien le escucha; el -pueblo terico de los libros. Y le habla de deberes cvicos, de -libertad, de honor ciudadano, de justicia social y regeneracin -poltica. Pero l no conoce al pueblo: es un ingnuo. - -Le han dicho que en ese comit hay muchos tocados por el otro partido, -y que esos vienen slo a embriagarse, y que votarn en contra, a pesar -de hallarse afiliados. - -Y exclama con gran nfasis oratorio: - -"Es posible, es creble, ciudadanos, que entre vosotros existan -trnsfugas, que vengan aqu nada ms que a beber nuestro vino y comer -nuestra empanada, y que maana nos den la espalda en el _cuarto -oscuro_? Es posible que haya aqu uno, uno solo tan... sin -vergenza?" - -Una voz aguardentosa replica a gritos: - ---Uno?... Varios! Aqu hay varios, s seor! Varios sinvergenza! -Sabe?... - -Lo obligan a callar. No se debe interrumpir al orador. Los borrachos -dicen siempre la verdad. - -Este _club_ contaba con trescientos cincuenta adherentes. Pero en el -da de la eleccin, ms de la mitad vot contra su partido. - -As es el mulato, la canalla abyecta, borrachona, pechadora, que -aprovecha la ocasin poltica. Son la hez de la ciudad, el desecho de -las faenas rurales, el desperdicio de los gremios honrados, la resaca -de las pequeas industrias laboriosas y probas. Son seiscientos, quiz -mil gandules que determinan la suerte de los partidos, poniendo del -lado adonde los vuelca el acaso, el peso vil de la cantidad. - -Es la carga de papas en la cala, capaz de tumbar el buque. - -Y en presencia de tales espectculos viene a la mente un recuerdo -irnico: "El pueblo no delibera ni gobierna", etc. - - - - -EL REIDERO - - -En el Salta de antao el reidero era una diversin popular. Aunque en -decadencia, la de las rias es an una mana en mucha gente, por lo -comn ricos doctores y acomodados artesanos. - -Ya no encuentra uno como antes por la calle algn distinguido seor -con un gallo bajo la chapa, pero si vamos un domingo al reidero -comprobaremos la existencia de una verdadera pasin organizada en -garlito, con su edificio apropiado, especie de templete de redondo -techo adonde van los sabios galllogos a parar por un gallo hasta la -camisa. - -El reidero est en un barrio excntrico. Es un corraln con varias -dependencias: pulpera, reidero y cancha de taba. La entrada permite -el acceso a cualquiera de ellas. - -La reunin empieza a las dos de la tarde. Un negro invlido, gordo y -barrign, cobra el boleto en la puerta. Individuos de toda catadura -van y vienen por el gran patio de tierra y el viejo corredor de -ladrillos. - -En un extremo del patio una mulata hornea la primera tanda de -empanadas. Aunque hay mucha gente que se mueve, lo hace con grave -cachaza: uno pesa un gallo en una romana colgada del techo por un -alambre; en un grupo se concierta una ria; un opa amarillo, paldico, -de barbas ralas, afirmado a un pilar, escucha estpidamente las -condiciones que se estipulan; algunos revisan en las galleras sus -gallos, les dan los ltimos toques, los acarician, los hablan; otros -limpian y pulen un juego de chuzas de acero; por ah, disparatando, se -bambolea el eterno beodo de todos los domingos; y sobre este desacorde -rumor humano, continuamente irrumpe, vibrante, marcial, el sonoro -cocoric de los gladiadores ansiosos de ir a la arena. - -La preparacin de un gallo es una ciencia. Se pesa y pela el trigo; se -mide la dosis de agua y maz; se le despluma al animal el trasero para -ver cundo est robusto, en cuyo caso esta parte se le enciende en -intenso rojo de pimiento. Hay que separarlo de las gallinas para que -no se ponga cailn y flojo. Hay que baquetearlo, o sea hacerlo topar -con otros gallos para que tome estilo. Si es demasiado picador se le -pone una piquera en el pico, estuche de cuero que le permite -entrenarse sin morder, hasta que se acostumbre a pelear a revuelos. - -Si el gallo est capioso, es decir, si no tiene buena pluma, se lo -ensambla, lo que significa una obra de paciencia china, pues se hace -preciso cortar las plumas de la cola y alas al canuto, y encajar en -ste, pegndolas con goma, nuevas plumas largas y tersas, con lo que -el gallo obtiene agilidad en el asalto, ya que las plumas lo -equilibran. - -Adems, a fin de fortificar los pulmones y las patas, hay que -corretearlo metdicamente una hora diaria; y hay que sacarlo a tomar -sol por la maana; y si se sofoca y agita mucho, hay que zamparle agua -a buchadas por la cabeza y bajo las alas. Todo esto se practica a -diario, fuera de las precauciones y medidas que aconseja la -taumaturgia profesional cuando se quiere ganar con trampas una ria. - -El nmero de tongos no tiene lmites. Gallero hay que le embadurna de -sebo a su gallo la cabeza para que el del contrario se despique al -morder; algunos al desgolillarlo le cortan en escalera la golilla, lo -que produce el resultado dicho, si el gallo contrario gusta de morder -la golilla y no la cabeza. - -Es gallo ligado si le amarran tan fuertemente las chuzas que el pobre -animal camina apenas apuando la pata. Es gallo desvelado cuando le -hallan en los ojos cierta espumita, que prueba que para debilitarlo lo -han hecho pasar una noche atado a la estaca entre dos luces. Muchos le -untan al gallo en las axilas grasa de zorro, pues profesan la -superchera de creer que por este medio el contendiente dispara, -avisado por el instinto. - -Todo esto y mil detalles ms debe conocer y lo conoce al dedillo el -juez del reidero, quien cuida de que las rias sean legales y se -respeten los compromisos. - -Bajo el techo circular est la arena, circular tambin, rodeada de una -gradera de tablas, que sube en anfiteatro hasta el techo. - -Suena una campanilla. - -Ms de cien jugadores se precipitan a las gradas. Se instalan. Tosen, -esgarran, escupen. El circo tiene una barda enana de madera, bordeada -por un colchado de trapo rojo. El juez se para a la puerta. Agita su -campanilla. La ria va a empezar. - -Los dos largadores contrarios, sostienen cada uno su gallo por el -pecho, le friegan las patas y le dan el ltimo vistazo. - -El momento es solemne. Las apuestas se cruzan, breves y seguras. -Algunos que apostaron ya, estn callados, la mano puesta en el mentn, -y as estarn hasta que acabe la ria. Los conocedores observan; los -botarates elogian y desafan. Los dueos de los gallos guardan un -digno silencio, prueba de sendos temores. - -La campanilla suena de nuevo. Se larga la ria. - -Un gallo da dos pasos, se para, se iergue y canta. El otro lo v y lo -embiste. Las rojas cabezas se agachan, los cogotes se estiran, -arrogantes; los dorados, pequeos ojos bravos brillan; las alas -semiabiertas se aprestan al salto. Primero es el saludo bizarro de los -dos picos, frente a frente, en lnea recta, arriba, abajo, -cautelosamente; despus es el revuelo formidable, y en fin, la -seguidilla, el entrevero, la ria; la ria tenaz, obstinada, furiosa, -de una belleza ejemplar, de un denuedo heroico. - -Cada ria es un poema pico: los sucesos, naturalmente, difieren; la -heroicidad es la misma. - -A veces un gallo queda ciego. Entonces el silencio de los espectadores -se vuelve absoluto. El animal pelea a odo: se lo v inclinar la -cabeza, mas no para huir, sino para esperar escuchando al adversario. -De nuevo lo halla, lo pica, se afirma, se solivia en las alas y le -encaja con fragor las chuzas en el crneo. - -El adversario se abate lentamente, las alas ajadas, el pico abierto. -El triunfador, ciego, se para tambaleante en la arena y lanza a las -tinieblas su trgico, su titnico cocoric! - -Se di una vez el caso de dos gallos que cayeron muertos, primero el -uno, el otro en seguida. El uno tena traspasada una arteria junto al -corazn: el otro no presentaba heridas, pero los entendidos dijeron -que haba muerto de rabia. - -El papel de los entendidos es admirable. En cuanto el gallo cae a la -arena, en cuanto se mueve un poco, ya saben si est ido, es decir si -est acobardado, vencido al empezar la pelea. - -Despus de la ria sobreviene una febril agitacin: los perdedores, -resignados, oblan. Un ganador cruza el patio con un montn de billetes -en la mano. Un individuo lava un gallo, le busca prolijamente las -heridas, se las cura. Otro se come una empanada recin salida del -horno. Quien pondera aqu las condiciones del paraguayo; quien -sostiene all que al giro tal le mordieron el pico antes de largarlo. -Y junto al pozo, un individuo le chupa un ojo a su gallo para que no -se haga tuerto y procede despus a sangrarlo de la pata contraria, -segn una prudente cbula profesional. - - - - -LA TABEADA - - -En un canchn contiguo al reidero est la tabeada. Siendo juego menos -noble que las rias, la taba tiene entre los decentes sus adeptos -vergonzantes. La ria es como una ciencia, la taba es como un arte. - -Depende del pulso y en parte de la cancha. Existe un canchero que -prepara la tierra y la roca de modo que ni se haga barro ni est -dura. Los lmites opuestos los marca un cordel hundido en tierra. Dos -hileras laterales de bancos de tabla son los asientos de los jugadores -que esperan turno. - -Reina en el corro, grande algaraba. Mientras un individuo pulsa la -taba en una punta, el contrincante aguarda el tiro en la otra. - -Formlanse las apuestas entre el tabeador y su contrario, entre el -tabeador y el pblico, y el pblico entre s, por fas y por nefs, por -cara o culo, con ventaja o sin ella: es un enredo de trminos y dichos -especiales, tan claros para el profano como si fuesen griego. - -En media cancha han ido amontonando el dinero de las apuestas, -apretado bajo una piedra para que no se vuele. Algunos empuan rollos -de billetes ajados y mugrientos. Los ya desplumados, se sientan a -mirar, como fascinados, el manoseo de la plata. - -De varias partidas atrs, un chaqueo emponchado mantiene la taba: es -un invencible. Ha pelado a muchos. Ahora "la va derecho" con un -mulatn compadre y hablador. - -El invencible es un hombrn taciturno, un poco alcoholizado. -Reconcentra en su juego favorito toda su grande alma de animalote. -Parece all un toro parado en dos pies entre la tropa. - -Usa enorme sombrero blanco y se alza el poncho al pescuezo para que le -vean su charro cinturn de bolivianas de plata. Va quinientos pesos a -su mano. - -Se escupe con calma las manos, refriega las palmas en el suelo, guia -el ojo izquierdo como si fuera a apuntar con escopeta, mira bien la -taba con el otro ojo, la blande, la sopesa varias veces, echa un -desafo mudo a la redonda. Los espectadores, atnitos, se apartan. La -taba vuela: la siguen con la vista, da tres vueltas justas y se clava. - ---Culo!... Culo clavado! El primer culo! - -La agitacin es intensa. Algunos juran. Otros se preparan a recibir su -plata. Hay quien comenta a gritos las alternativas de aquella "mano". - -El chaqueo saca un paoln colorado y se limpia el sudor del seboso -rostro. Echa luego mano al bolsillo y paga de un grueso puado de -billetes. Ha sido un "batacazo". Quinientos a la olla! Ju pucha! -Pero no es nada; l puede jugar hasta diez mil pesos. Este hombre -tiene quince mil cabezas en el Chaco. - -La concurrencia es de un cmico abigarramiento. Vense galeras, -guantes, bastones, botas, alpargatas y hasta patas peladas: la ancha -pata plida y roosa del opa que atisba una moneda, del tpico opa -salteo, del infaltable de todas las aglomeraciones. - -Vense levitas verdinegras. Una casaca con dos botones al rabo, que -muestra que en sus tiempos fu jaquet; chalecos multicolores de una -antigua moda, camisas que rebalsan y pechos pelados al descubierto. - -Tampoco se libra de la mana el turco extico, que ladra el idioma, -pero que se hace entender y juega; ni el gringo, el delicioso gringo -que masca tabaco y dice insolencias con la mayor soltura; ni tampoco -faltan el mulatillo amanerado y compadrn del centro y el honrado -maestro de escuela que viene a echar una cana al aire. - -Adems, en la tabeada merodea el "colero", furtivo borrachn que -simula entusiasmarse por el juego y traba apuesta con este y con el -otro, para abrirse a su hora, con cualquier pretexto. Lo que le -interesa al colero es la bebida que circula a rodo, el desperdicio de -las ganancias. Agradece antes de que le brinden. Su afabilidad -comunicativa es una ganza; su entusiasmo por el juego un taparrabo de -la impudicia. - - - - -LOS PERROS - - -En las grandes ciudades los perros son objetos de adorno o de lujo, -cuando no seres esclavizados por el egosmo del hombre, y que sirven -en las tiendas para cazar ratones, o en las policas para perseguir -malandrines. - -En las grandes ciudades los perros pertenecen a alguna raza definida; -y hasta los hay de abolengo. - -Existe all el perro de alcurnia, mimado y regalado; el galgo raro, el -San Bernardo, el terranova, el fox-terrier, etc., etc. La montona -vida de estos perros no tiene all sino un aspecto ms o menos -sentimental o decorativo, o francamente utilitario. - -Para apreciar el papel de los perros en estado libre, de los perros -como partido zoolgico, disputando al hombre sus derechos a la vida, -hay que venir a verlos en Salta. - -Es un da de verano, a la hora de la siesta, en un suburbio casi -desierto del pueblo. El sol reverbera blanco en las piedras de la -calle y en las veredas de laja: es la hora de los perros. - -No se ve ms que perros, como si una universal metempsicosis hubiese -substitudo los habitantes por perros. - -Por las entornadas puertas de calle, asoman sus hocicos. Las puertas -de calle, donde la gente sale a tomar fresco al caer la tarde. - -La perrilla de la esquina congrega los pretendientes del barrio. -Primero es el festejo, el contoneo afable, el menear de rabos y el -olerse. Y despus la gresca galante que acaba en dispersin y derrota, -cuando la mulata, duea de la joven coqueta, asoma escoba en mano. - -Un inquieto perdiguero, que los domingos suele ir de caza con el -albail, se ha escapado con la piola al cuello, y pasa, trotando al -sesgo, al viento las narices, que recuerdan por lo largas el can de -una escopeta. - -Bajo el tropical ardor del da, entornados los ojos, la lengua afuera, -cruzan por la calle grupos de perros de todos tamaos. - -Uno que los mira pasar desde su puerta, se avispa, y sale a toparlos: -se cambian los saludos de regla. - -Se huelen, se gruen; la pandilla sigue viaje, y el de la puerta -vuelve lento sobre sus pasos, y alza la pata, desdeoso, contra la -pared corroda... - -Los grupos circulan por todas direcciones. A ratos viene el rumor de -una algaraba lejana. Alguna pedrada, alguna dentellada. Y los -corridos huyen hacindose los rengos. - -En los das patrios y festividades populares los perros no saben -dnde meterse. La gente de Salta padece la monomana de las bombas. En -cuanto se reunen doscientos manifestantes, sueltan innmeras bombas. -Entonces los perros, muertos de miedo, huyen a buscar un escondrijo, -por entre las piernas del pueblo. - -Al amanecer, desde las campias cercanas invaden la ciudad pandillas -de perros. Vienen en alegre turbamulta a escarbar los cajones de -basura que los sirvientes colocan en la vereda para que los levante el -basurero municipal. - -No hay casa arrabalera que no albergue tres perros por lo menos. Y -qu perros! Son perros de annimas, azarosas razas, monstruosas -combinaciones anatmicas, a veces espectrales y desconcertantes. - -Vnse perros largos y chatos, en forma de locomotoras. Otros, lanudos, -pequesimos, llamados cuzcos, que al trotar parecen con cuerda. Vnse -los pilas, es decir, unos que carecen en absoluto de pelos. - -Y esos tres tipos fundamentales al entreverarse en las cruzas, forman -la interesante poblacin perruna de mi pueblo. - - - - -DEFENSA DE UN PERRO - - -Mister Oscar Asterplat es un ingls que no me conoce, pero sabe que yo -escribo, y ha venido a casa para encargarme un pequeo trabajo. - -El otro da, un bruto de chauffeur atropell al bull-dog de M. -Asterplat, y ste desea que yo escriba un artculo en favor de su -perro, y contra los automovilistas. - -Accediendo gustoso a tan justo pedido, he mandado a un diario las -siguientes lneas: - -Seor director: persigamos a las vizcachas que arrasan los sembrados; -matemos a las ratas que comen documentos y propagan la pulmona y la -peste; organicemos ejrcitos langosticidas; fumiguemos los rboles -arrugados por la diapsis pentgona, y hagamos guerra a los gatos -ardorosos que gritan en los tejados. Todo eso es razonable y bueno. La -vida es una eterna lucha del hombre contra los viles engendros de la -naturaleza. - -Pero pidamos al pblico que respete a los perros! - -A los pobres, a los buenos, a los leales, a los nobles, a los dignos -perros, estos amigos prehistricos de nuestra malvada especie; que en -el fondo de sus ojos, siempre despiertos, tienen un destello de luz -para cada caricia, y un rayo de rebelda para cada injuria. - -El activo perdiguero que por las calles husmea sin descanso una -escopeta; el airoso, elegante pila, juicioso en la iglesia, y caliente -en el lecho de la viejecilla reumtica; el miserable caschi que en las -maanas de invierno brinca delante de la cocinera, camino del mercado; -el can flaco del pastero que a la sombra del carro va, paso a paso, -del campo a la ciudad y de la ciudad al campo; el perro sucio del -pordiosero, comensal en la olla de mendrugos, y lamedor cirujano de -incurables lacras; el cuzquito centinela de los ranchos sin puerta; el -perro del rico y el perro del pobre, el de la casa y el de la calle, -cada cual llena un vaco en nuestros caprichos, en nuestras -necesidades, en nuestros achaques, en nuestros infortunios. Ningn -perro est de ms en el mundo! - -Estas reflexiones, seor Director, me las sugiere el atentado de que -fu vctima, el domingo de tarde, en la avenida Sarmiento, el perro -"oso" de M. Oscar Asterplat, por parte de un miserable manejante de -automvil. - -Este bruto le ha hecho pasar las ruedas por la barriga, y lo ha -dejado extrachato, en media calle! - -Yo protesto de semejante atentado, ante el pblico, en nombre del -seor Asterplat y en el mo propio. - - - - -LA CONDENADA - - -Hace mucho aos, andaban de boca en boca, entre la gentuza de mi -pueblo, relatos extraordinarios acerca de una luz ambulante que vagaba -por avenidas y caminos urbanos. - -Precisamente, en las noches ms tenebrosas, veasela pasar, con -diferencia de minutos, tan luego por las inmediaciones del cementerio -como por los arrabales prximos al ro. - -La velocidad hasta entonces no vista que la animaba, y el intenso -fulgor rojizo que despeda, dieron pbulo a la medrosa fantasa -popular, que acab por atribuirle sobrenatural origen. - -Y a las viejas supercheras de duendes y mulas nimas y viudas y almas -en pena, vino a incorporarse la misteriosa leyenda de la condenada. -As haban dado en llamarle a la luz, sin duda porque se crey que el -panten era su morada. Y sala de all a deshora de la noche para -emprender sus locas, desaforadas carreras, que espantaban a los malos -y horripilaban a los inocentes. - -Una noche, camino de la Caldera, iba un pobre indio paso a paso en su -mancarrn, con las alforjas cargadas de bote en bote, cuando en un -recodo top de repente con la luz infernal. Indecible pavor hizo presa -de jinete y cabalgadura, que, dando cara vuelta, fueron a sujetarse, -perdiendo alforjas y calchas, a la plaza "9 de Julio". - -Contaban que una negra que viva cerca del cementerio mantena -macabras relaciones con la condenada, y esto, y el aislamiento en que -sus ntimos la dejaron, motiv el trastorno mental de la infeliz -catinga, sospechosa de brujera. - -Una noche la polica tuvo noticia de una descomunal parranda en el -barrio de _tucumancito_. Enviado un vigilante al lugar del desorden, -se le apareci la condenada, se le espant el caballo, y el porrazo y -el susto fueron tales, que el cobarde policiano sufri un desmayo de -varias horas. - -El nmero de perseguidos y preocupados era muy grande. - -El cochero de un amigo mo tena su cuarto lejos del centro, por el -barrio del matadero, y aunque _no era manco pa las cosas de este -mundo_, las del otro le inspiraban serias desconfianzas, por lo que -prefera, si no haba luna, quedarse a dormir acurrucado en los -almohadones del carruaje. - -Las nieras les contaban a los chicos, hacindoles poner los pelos de -punta, las fechoras de la condenada; y las viejas beatas de -correveidile averiguaban del cura si cometan pecado creyendo en ella. - -Hasta entonces haba limitado el espectro sus andanzas a los -arrabales; pero hte aqu que una noche, como a las doce, se presenta -en plena plaza Belgrano, desierta a esa hora, donde se pone a dar -vueltas en persecucin del nico mortal que a la sazn la atravesaba; -el cual, en fuga despavorida, logr saltar las barandas que cercaban -la plaza, y llegar sin resuello a guarecerse en la tienda donde era -dependiente. - -Y no adivinas, lector, quin y qu pudo ser aquella condenada que en -mi pueblo meti tanto susto? - -Pues era el ms pacfico de los hombres: un relojero italiano, el que -llev a Salta la primera bicicleta. - -Fatigado del trabajo del da, montaba por la noche en su aparato, -encenda la linterna fuera de la ciudad, y comenzaba su pedaleo de la -manera ms divertida del mundo. - - - - -LA CRECIENTE - - -Don Ventura Perdigones era un gallego verdulero que haba en Salta. - -Desde Vaqueros, donde tena su hortaliza, llevaba todas las maanas al -pueblo una arganada de verduras frescas para vender por las calles. - -Vaqueros es un lugar que dista dos leguas de la ciudad, y est situado -en la margen izquierda del ro de ese nombre. - -Y digo ro, porque se llaman as en mi tierra, mal que pese al -estricto sentido del vocablo, los que en invierno apenas parecen -arroyos apacibles, y en verano se tornan, con las lluvias, en -formidables avalanchas de barro y piedras. - -Una maana vena el Vaqueros _por dems_ crecido, como dice la gente -de mi provincia. La noche anterior haba cado una tormenta en los -cerros, y, con tumultuoso estrpito, las turbias aguas arrastraban -gruesos troncos y pesados pedrones. - -A lo largo de la orilla, numeroso paisanaje a caballo esperaba que -pasase lo recio de la crecida para atravesarlo. - -Perdigones, encaramado en su asno, estaba all, con las rganas -repletas de repollos y lechugas. Quera pasar cuanto antes, sin -atender a los consejos de algunos que le sealaban el peligro; y -porfiadamente taloneaba a su bestia, y se paraba en los estribos a ver -por dnde se lanzara. - -Y Perdigones que s, y el jumento que no, bruto y hombre pugnaban por -hacer cada cual su gusto, con grande regocijo y mofa de los presentes. - ---No dentre Don Ventura. Mire que la creciente lo va a trapiar,--deca -uno. - ---De ande lo han de convencer, si este gallego es ms porfiau que una -clueca,--gritaba otro. - ---Asojites bien, no sea que pierda los _yolis_,--vociferaba un -tercero. - ---Vaya, vaya hombre!--contestaba Perdigones.--Parceme a m que no -hay motivo pa tanta alharaca. Pero lo que es ste, a m no me -gana,--deca del asno, y le mola de firme. - -Al fin triunf Perdigones, si bien ms le valiera no haber triunfado, -porque zamparse el burro, desquiciarse de la montura los _yolis_, y -hacerse una balumba de hombre y bestia y arreas y verduras, todo fu -uno. La rpida corriente los arrastraba. - -Los gauchos armaron al punto sus lazos, y se los arrojaron al infeliz -Don Ventura, que a manotones y zambullidas y vueltas de carnero en -medio del agua, ni pudo ni atin con los auxilios. - -Y mal acaba el lance, si no logra prenderse, con todas las fuerzas que -le restaban, a las races de un sauce ribereo. - -Y ya en tierra firme, pasado el susto, un paisano le dice al gallego: - ---Velay pues, o Ventura aura que se ha salvao, d gracias a Dios, -porque esto ha sido un milagro. - -Y el gallego, malhumorado y tiritando, le contest: - ---Hombre, d t gracias al sauce, que las intenciones de Dios fueron -ahogarme. - - - - -LA DECADENCIA DE LOS OPAS - - -Como se ha cumplido para la historia del arte el "esto matar -aquello", de Vctor Hugo, se ha cumplido en Salta esta otra frmula: -el progreso ha matado al opa. - -Y no hablamos aqu de los opas que seguirn existiendo pese a todos -los progresos, sino "del opa" como gnero social, del opa como factor -social. - -Todo ha conspirado, desde unos aos a esta parte, contra los opas. - -El advenimiento de las cloacas los ha emancipado de ciertos oficios de -acarreo, que les era propio. - -Despus, un jefe de polica los ha expatriado en vagones y ha sembrado -las vas, Salta afuera, con nuestros opas. As fueron a parar, en este -movimiento centrfugo de reaccin colectiva: "Leche de Burra" a La -Quiaca, el "Coto Zapallo" a la tumba, "Ripitipi" a Buenos Aires... - -Y en nuestros das, apenas si al paso del opa Panchito, con su cara de -macho alfalfero, su andar vacilante y sus inmensas alpargatas, nos -asalta un recuerdo borroso de los opas de otros tiempos, de aquellos -que apedreamos siendo nios. El opa de hoy es como el espectro del opa -de entonces... - -El opa de hoy, ha tomado carta de ciudadana y hasta se le ha visto -votar en las elecciones. Y luego, se le respeta, o quiz se le -compadece; y se ha vuelto mendigo, como "Achoscha" y como Enredadera, -o masitero como Panchito. - -Pero antes, antes los opas eran algo muy nuestro, muy popular, muy -tpico, y a ellos les debemos buenos modismos, que han quedado -estratificados en la memoria social. As decimos de un tonto -cualquiera; es un "Chupa-charqui". Y del que se contenta con falsas -promesas: est Fulano como el opa del cura Arias, aquel opa famoso, -excelente servidor, pero luntico, cuyo sabio amo, conocindole su -pasin por la ropa nueva, lo mandaba a lo del sastre a que le tomasen -la medida, en cuanto lo notaba de mal talante. - -El opa de las procesiones ha desaparecido. No haba procesin sin su -opa a la cabeza, provisto de un rebenque de carrero, espanto de -muchachos y perros. Y es que no haba iglesia sin opa, fiel criado del -cura y auxiliar devoto de la sacrista. Quasimodo es as un tipo -universal de campanero. Slo un opa poda repicar con toda el alma, -bajo la campana, sin temor de romperse las orejas. - -No hay quien no haya asistido en Salta a la escena estruendosa de una -misa o un sermn edificante, interrumpido por una _trocatinta_ de -azotes a los perros que asistan a la iglesia. Los aullidos -repercutan por las bvedas sagradas con sonoridad apocalptica. Era -el decoro de las cosas santas defendido a rebencazos. En cuanto un -perro ultrapasaba la linde de la compostura, se le vena el opa al -humo, rebenque en mano; y hubo el caso de una vieja que result -zurrada por demasas de su pila. Y era cosa corriente en aquellos -tiempos que la beata llevase su pila escondido bajo el manto. - -Pero el jubileo, la apoteosis de los opas salteos tena lugar el da -del lavapis. - -En el patio de la Catedral, esa maana, junto al pozo, el sacristn -les arreglaba las barbas, cuando la tenan, les daba un traje nuevo, -de piel azul, y el opa, dignificado y elevado a la categora de -apstol, ocupaba su trono de honor al pie del altar. - -En una de aquellas ceremonias, en que el opa Viborn haca de apstol, -es fama que los muchachos le trazaban vboras en el aire, con el dedo, -y el infeliz, olvidando su sagrado papel, se descolg del entarimado, -presa de inaudita clera. - - - - -LOS COCHEROS - - -Al mirarlos pasar desarrapados, blandiendo el largo flajelo de -verdugos sobre los lomos enjutos del mancarrn placero, se dira que -son asesinos que se escapan y no aurigas que pasan. - -Estos son los ms zaparrastrosos cocheros del mundo. No pretendemos, -no, que vistan de gala, as quedaran!, pero que, al menos, adopten -en su pescante traza de cristianos. Ora es un gigante doblado en tres, -con las canillas fuera del pescante, los botines rotos, el sombrero -increble, las barbas desparramadas; el judas de La Merced, el opa -Viborn de cochero. O es un mico, un mequetrefe, metido hasta la nuca -bajo la capota, llevndose por delante las vacas lecheras y la chinita -que corre al mensaje. Pero todos, o casi todos precisan una lavada de -cara. - -Por qu no se les exige un mnimum de compostura personal? Si el -traje hace a la persona, tal vez as se los hara gente. - -Aqu es til ser medio psiclogo, hasta para tomar coche. Primero hay -que semblantearlo al cochero y no meterse con los que tengan cara -colorada, porque esos andan mal de la mollera y habr que pelear a la -hora del arreglo. - -Sobre todo, cuando se os ocurra viajar a San Lorenzo, fijaos si -vuestro cochero no est con los ojos irritados y la nariz roma, pues -al fin de la fiesta, cuando volveis por los precipicios de las lomas, -l estar ms borracho que Baco y os sepultar en alguna zanja, con -vuestros deudos queridos. Y lanzar a los vientos, levantando las -piernas a la luna, en cada barquinazo, un juramento que har ruborizar -a las seoras. Habeis puesto la vida a merced de un energmeno, y slo -Dios y la buena suerte podrn salvaros. Que no es cosa simple -contratar un cochero. - -Y si al salir de un baile o del teatro llueve, y hay que tomar coche, -ya no ser dado elegir, porque los coches del servicio nocturno estn -que d grima. Subs y empieza el calvario. Si no se zafa una rueda, -media cuadra ms all la jaca que os arrastra cae extenuada. Y -entonces, en el silencio de la calle, sin testigos, sin misericordia, -comenzar el martirio zoolgico de la pobre bestia, que a cada -puntapi que recibe, de su gua, en el crneo, gime con gemido -profundo, mil veces ms triste que el sollozo humano. Y la gloria del -baile o del festival se disipa de vuestra mente, y el cuadro de la -miseria de todo lo que vive se os impone al punto. - -Y cochero y verdugo son una sola y misma cosa. Verdugo vuestro, porque -pagais la hora con exceso, del sudor de la frente, y verdugo de los -flacos, de los inocentes, de los desgraciados caballos que caen en sus -manos. - - * * * * * - -_Nota._--Este artculo produjo en el gremio un efecto extraordinario. -Hubieron concilibulos y discutieron si me daran o no una paliza. Yo -esperaba ansioso los resultados. Al fin publicaron una protesta que -deca as, poco ms o menos: "Habindonos reunido los conductores de -carruajes a deliberar sobre el temperamento a seguir contra el -insolente articulista que as nos detracta en el diario "La -Provincia", hemos acordado no adoptar medidas violentas por tratarse -de un loco irresponsable, cuya familia, sin embargo, nos merece -consideracin y respeto". - - - - -UN BAILE DE VILLORRIO - - -No me olvido de aquel baile que congreg tanta "gente bien" en casa -del comisario. - -En un rincn de la sala, zahumada por el grueso tufo de kerosene de -las lmparas, un msico, trado ex-profeso de Salta, galopaba sin -piedad un viejo valse, sobre el no menos viejo y desvencijado piano. - -En los ngulos restantes de la sala haba frgiles mesitas de felpa -calva, atestadas de ramos de flores de papel, cuajadas de pintitas -negras, obra evidente de las moscas. - -Contra las paredes, hileras de sillas de variadas formas y tamaos, -donde descansaba la numerosa concurrencia; y en el suelo, mal -disimulando las asperezas del brbaro enladrillado, retazos de -alfombras descoloridas. - -En el techo de caizos, sustentados por ciclpeas tijeras, techo hondo -y lbrego, tejan en silencio las domsticas araas. Y en las alturas -adonde no llegaba la luz de abajo, algunos murcilagos absortos -comentaban con chillidos a la sordina la inusitada animacin de la -fiesta. - -La concurrencia daba vueltas flemticamente a la sala, al comps -meloso y cursi de esa musiquilla de aldea, triste y desorejada. La -duea de casa, orondamente sentada en su sof, contemplaba con aire -satisfecho el desfile de las parejas. - -Era una vieja robusta y ancha como una olla de chicharrn, que sudaba -a mares y se haca viento con uno de esos monstruosos abanicos de -satn negro, que ms parecen alas de Satans que abanicos. A la vieja -nadie le diriga la palabra; pocos la conocan. Pues como se trataba -de un baile de suscripcin y ella haba cedido su casa por pura -condescendencia, nadie tena nada que ver con ella. - -Bien pronto me expliqu aquella cortesa, cuando v que una chinita -escamoteaba furtivamente las botellas de cerveza compradas por la -comisin organizadora. - -Algunas seoritas que confundan la sencillez con la vulgaridad, -lucan trajes ajados y sucios, que hubiese rechazado una sirvienta. Y -tal era el entusiasmo del da, que no haban tenido tiempo de -arreglarse los cabellos ni quitarse el barro de las cabalgatas. - -El "cllese, no sea atrevido!", el "vean esto, por Dios!" el -"pucha", el "velay", las mil ordinarieces que florecen en las -vendimias, se mezclaban, ensordeciendo el aire, en una sola chchara -vulgar y aturdida. - -Una chinita zaparrastrosa y mugrienta se paseaba por entre las -parejas, brindando cerveza en copas tres veces sucias; y un muchacho -"quiscudo" como un cepillo, luchando por no dormirse, ofreca en una -frutera caramelos chupados de antemano, a medias, quiz, por los bebs -de la casa, y "tortitas de leche" partidas aritmticamente a cuchillo. - -En un extremo del corredor, alumbrado por una lmpara sombreruda, en -derredor de una mesa, conversaban parejas de enamorados que nunca -acababan de barajar sandeces. En el otro extremo, escondidos en la -penumbra, los bebedores del pueblucho hacan su agosto en complicidad -con los sirvientes, mientras parecan acalorados en una disquisicin -acerca de las virtudes del cura. - -Por todos lados iban y venan los mosqueteros abribocas, o se -acumulaban junto a las puertas, estorbando el paso. - -En el patio, un opa de ojos clarsimos y cara plida y gorda, que -haba bebido en demasa, mascaba asnalmente un bollo, y serva de -diversin a unos muchachos... - - - - -EL DUENDE - - -La creencia en el duende era, quiz, la ms arraigada en la ciudad, -hasta hace treinta aos. Demonio familiar y burlesco, ms molesto que -terrible, la plebe, y en particular los sirvientes y criados de las -viejas casas, tenanle por espantajo familiar. - -Para explicarse aquella superchera, fomentada sin duda por la -ignorancia, se hace preciso recordar la arquitectura de los caserones -coloniales. - -Casi no haba casa patricia que no fuese un verdadero laberinto de -cuartos, pasadizos, altillos y corredores, intrincados y oscuros. -Ocupaban los fondos, el corral, el gallinero, la huerta, las -pesebreras y los cuartos destinados a la gente que traa de las -estancias abastos y provisiones para varios meses. - -En muchas casas, se carneaban reses en el corral. - -El duende merodeaba en las cocinas y despensas; escondase en los -tunales y silbaba a los que iban al corral; dorma entre las petacas -de cuero crudo, en zarzos y altillos; y aun a las veces ponase a -frangollar en el mortero, a media noche. - -Un anciano seor, ya chocho, y adems clebre por sus mentiras, sola -contar a sus relaciones--en alguna tertulia ntima de barrio, cabe la -estufa monumental del comedor,--los trajines y fechoras del duende. - ---Una vez--deca el anciano,--determin mudarme de casa con mi -familia; pues el duende no nos dejaba en paz. Apedreaba a hurtadillas -a quien quiera que entrase en la huerta, volcaba las ollas en ausencia -de la cocinera, haca pudrir el charqui y engusanaba los quesos del -zarzo... Habamos trasladado a la nueva casa muchos muebles, cuando -entr una tarde en la despensa para ver lo que todava quedaba por -acarrear. En esto se me presenta el duende, cargando el mortero, y me -dice, con tamao descaro: - ---Y a dnde nos mudamos?... - -Era un hombrecillo enano y cabezudo. Provena de algn ignorado -infanticidio; o era el alma de un nio muerto a los siete aos, sin -bautizar. - -Usaba enorme sombrero y tena una mano de fierro y la otra de lana. -Aparecase a los malos y desobedientes, a los pendencieros y -mentirosos, y les preguntaba entonces, con potente y ahuecada voz: - ---Con qu mano quieres que te pegue?... Con la de hierro?... Con la -de lana?... - -Y al vivo que elega la de lana, le asentaba terrible mojicn con la -contraria. - -El duende era compadre y amigo del gato. Nadie sabe si el par de -ojazos fosforescentes que vi en la noche seran los del duende o los -del gato. Que tambin suceda que el duende, convertido en gato, se -echaba a dormir en el rescoldo del fogn. - -Apadrinaba l, solcito, las gangolinas y grescas de los tejados, que, -en noches de luna, ponan en la mente de los desvelados, terrores de -la otra vida. - -Caminaba con pesados y resonantes pasos a deshora, en los corredores, -como si un grueso pisn golpeara los ladrillos. - -Haba, sin embargo, un medio para librarse de l. Sabido era que su -finsimo olfato no toleraba los ingratos olores. Y quien quisiera -andar seguro de noche, haba de llevar preparada en los bolsillos -cierta porquera... - - - - -LA VIUDA - - -Por todo el valle de Lerma se crea en la viuda; pero es cerca de la -ciudad donde he recogido la leyenda de boca de unos indgenas. - -Las supersticiones tienen, como caracterstica, esa indeterminacin de -las versiones annimas. Y asumen, segn el sujeto que las refiere, -contornos ms definidos y reales, o se diluyen y esfuman hasta no ser -ms que una idea fantstica o una emocin de misterio. - -Ignoro si sea sta una leyenda saltea de origen y si el decir vulgar: -"salirle a alguno la viuda" se usa en otras provincias, como aqu, -para denotar el contraste imprevisto con que topamos en una empresa -inadecuada a nuestras fuerzas. - -Pero abandonemos los circunloquios y oigamos al indio viejo que me la -cont: - -"Una noche tormentosa y muy oscura, cuando yo era muchacho, el patrn -me mand a La Isla, con un recado urgente para don Nicanor Vallejos. - -La Isla es una finca, a legua y media de Salta, entre el ro Arias y -el Arenales. - -Yo conoca bien el camino, que no era de coche, como ahora, sino una -senda angosta que atravesaba pequeos bosques de tuscas y algarrobos, -harto tupidos a trechos. - -El terreno es bajo y pantanoso y en algunas partes haba que ser -baqueano para no hundirse en los fangales. - -Aunque nunca he sido flojo para las cosas de este mundo, no me senta -entonado para las del otro aquella noche, lo confieso. As que en -mitad del viaje, y en un punto en que ms cerrado estaba el monte, al -caer la senda a un bajo, puse el caballo al tranco y empu el -cuchillo, que lo llevaba en el guardamonte, colgado de la vaina. - -Al acercarme a unos sauces llorones que estn ah todava, de un -costado del camino, donde principia la bajada, se me atraves como -sombra un perrazo negro... - -El caballo se avisp, buf; y se peg una tendida que casi me larga de -hocico. - -Por serenarme, mord la hoja del cuchillo, la hice "tincar"[2] en los -dientes y me afirm en el apero, tiritando... En esto, ya sent que un -bulto me saltaba a las ancas y me echaba los brazos al cuello. - -El caballo, entonces, mand un par de patadas, se estremeci enterito, -y se agach a la furia, como alma que se la lleva el diablo. - -As salv el pantano. Y apenas gan la opuesta banda, un alarido fiero -y triste como llanto de mujer raj la noche y se apag en el monte... - -Y fu a sujetar en casa de don Vallejos. - -Tuvieron que bajarme del caballo. Me manaba, del sofocn, sangre de -las narices. - -Esa haba sido la viuda, pues, seor... Diz que as se presenta. Que a -ocasiones en forma de perro negro o de pjaro; a ocasiones es un -burrito que est como pastando, al disimulo... Y no bien lo ventaj -el jinete, ya tambin se le trep en las ancas y le ech los -brazos!" - -FOOTNOTE: - -[2] Tincar no es castellano. Pero es una preciosa onomatopeya, -inventada por los gauchos, y que da mejor que ninguna otra palabra, la -nota, tn... del acero, que ellos tienen la costumbre de hacer -vibrar entre los dientes cuando sienten vacilar su coraje. Adems, -emplean continuamente el cuchillo para abrirse paso, hachando gajos en -la maraa; y de ah proviene sin duda la palabra. - - - - -LA MULA ANIMA - - -Es una leyenda del bajo pueblo que va perdiendo su cariz fantstico. - -Evocad el Salta de sesenta aos atrs, con su pobre y pesada -arquitectura colonial; con sus tejados de alero volado a la calle; con -sus enormes portales cuadrados y recios; con sus altas veredas, entre -cuyas lajas desiguales brotaba el pasto del campo; con sus hondas y -tortuosas calles de piedra bola. - -De noche, arda en las esquinas del centro un candil de sebo. El -sereno, encargado de varias manzanas, pasaba lentamente, cantando la -hora y el aspecto del tiempo. - -En las casas donde haba quedado alguna luz, revoloteaban -encandilados, sobre los anchos patios, murcilagos errantes y -siniestras lechuzas. - -La vida estaba llena de incertidumbres y peligros. Las guerras civiles -llevbanse mucha gente a otras provincias. Los largos y penosos viajes -a Chile y al Per, que los jvenes de la mejor sociedad emprendan, -arreando valiosas recuas de mulas y caballos, dejaban en invierno los -hogares hurfanos de esparcimientos familiares. - -A la terquedad del carcter espaol, a la intensa religiosidad de la -poca, a la constante zozobra de la ausencia y la espera, que hacan -montona y solemne la existencia, sumbase en los largos conticinios -el horror de las iglesias, cuyos atrios y recintos servan de -enterratorio a los decentes. - -Slo en aquel ambiente melanclico pudieron formarse leyendas como la -de la mula nima. - -A media noche se le apareca de repente, en el panten de una iglesia, -al mulato que volva ebrio de alguna timbirimba o al medroso y -fantico palurdo que ignoraba los peligros del sitio. - -Era una mula enfrenada, que arrojaba chispas por boca y narices, y que -bufaba, encabritada, sobre el suelo fofo de las sepulturas. - -Era un nima en pena. Y para librarla del purgatorio haba que -consumar una hazaa fabulosa: haba que sacarle el freno a la mula. - -Aquel endriago provena de un pecado sacrlego, pues se lo supona -engendro del cura con su barragana. - -Las beatas supersticiosas examinaban con aires de misterio, al salir -de misa, al alba, los ladrillos del atrio, donde, a las veces, la mula -nima estampaba su casco de fuego. - -En el veredn de la antigua Catedral, que ya no existe, vease, hace -aos, una laja que tena marcada una herradura: era el rastro de una -mula nima. - - - - -LA JUANA FIGUEROA - - -Camino de "La Soledad", pasando el "puente blanco", en la esquina de -un rastrojo y al pie del cerro, est el sepulcro de la Juana Figueroa. - -Es el santuario de una superchera popular, con todo el prestigio de -una leyenda trgica. - -Al borde de una zanja vse un humilde tmulo de adobes, que remata en -una ruinosa cruz de palo. - -Por sobre la verdura de los cercos mranse las torres y cpulas de la -ciudad, ms all las lomas de San Lorenzo, y en el fondo la azul -lejana de las montaas, que parecen encerrar en un perenne crculo de -encanto la inmensidad del valle. - -El sepulcro de la Juana Figueroa es el santuario de una devocin -torcida y pecaminosa para la ortodoxia del cura; para la bastarda -emotividad de la plebe, es un lugar bendito, santificado por el -martirio. - -Los pobres del suburbio, las muchachuelas paldicas de los "cuartos" -excntricos, las cocineras de casas pobres, las alcahuetas -supersticiosas, acuden todos los lunes a depositar como voto ante la -milagrosa herona, una vela de sebo, un medio boliviano, un -corazoncito de plata. - -De da y de noche, arde continuamente en el sitio un centenar de -velas. Para que el viento no las apague, la devocin, prolija, -resguarda las fervorosas llamas, bajo un abigarrado techo de latas de -tarro. - -Es una peregrinacin annima, pero obstinada y constante. Nunca se -encuentra en el lugar bendito esas aglomeraciones un poco profanantes -de la multitud. Cada cual a su hora, en un momento de angustia, de -miseria, porta su ofrenda. Y slo la muchedumbre de las velas -patentiza la zozobra de las almas. - -A veces, al atardecer, vse llegar por el "carril" de "La Soledad" -alguna mujer del pueblo, demacrada y enferma, con una criatura en -brazos. Camina por la tierra polvorienta arrastrando la pollera, que -al andar se pliega sobre los talones con blandura de harapo. - -Cuando est segura de que no la observan, se acerca al humilde tmulo, -se arrodilla y ora en silencio. - -Despus ofrece una vela encendida y se aleja a pasos largos. - - * * * * * - -En aquellos parajes viva, hace treinta aos, un pacfico mulato -carpintero, casado con una joven mulatilla, bonita y alegre. Tenan un -hijo. - -El hombre se marchaba temprano al pueblo, donde tena el taller. La -mujer y el pequeo lo esperaban hasta la hora de la comida. - -El hombre trabajaba mucho, pero ganaba poco; apenas para vivir. - -La esposa soport bien durante el primer tiempo de casada la escasez -de medios, halagada por el cario al hijo y el amor del hombre. - -Alentaban la esperanza de poder un da salir de aquel lugar sombro, -enfermizo, vecino de la "zanja del Estado" y del panten, aislado -entre un monte de algarrobos, melanclico en sus largos das y sus -desolados atardeceres. Pensaban irse a vivir al pueblo. Y as, -pensando, se pasaron los meses. - -La mujer fu cambiando, poco a poco. En ausencia del marido -frecuentaba el trato de algunas comadres y vecinas que tomaban mate a -costa de la ingenua mujer del carpintero. - -Varias veces, al volver del pueblo, el hombre no haba encontrado a su -mujer. Pero entonces habala esperado, habala recriminado con -dulzura, para entregarse a los ntimos deleites del pobres hogar y al -encanto del pequeo. - -La mujer, confiada en el ascendiente que ejerca sobre su marido, -nunca hizo mucho caso de sus reclamos. Y pronto las amigas la -atrajeron a las borracheras del arrabal, donde la estpida galantera -del "tomo y obligo" afloja las vacilantes austeridades y da al traste -con la compostura y decencia del artesano. - -El carpintero jams quiso acompaar a su mujer a tales diversiones, y -la dej ir sola, cediendo a las instancias de las amigas y a las -seguridades de una fidelidad probada asaz duramente. - -Y cuando el hombre vi al fin mermado aquel cario, y cuando supo en -el pueblo--l, el ltimo,--la traicin de la hembra ingrata y -tornadiza, se dej llevar a la deriva de la suerte, con la indolencia -fatalista de los dbiles y quiso, todava ms ciego, el caro amor que -se le escapaba, aferrado a la ilusin de reconquistarlo de nuevo, todo -para s. Y fu manso, tolerante, imbcil; bueno como las tablas de -fragante cedro que pula en el taller. No dijo nada... - -Pero al volver del trabajo, una tarde, una vecina le cont que su -mujer haba pasado el da, en su propio hogar, con otro hombre. El -carpintero lleg a su casa taciturno, pero tranquilo y amable como de -costumbre. La mulatilla lo recibi en sus brazos. - -El hombre le propuso dar un paseo. La mujer lo sigui, y marcharon -juntos, tambin el chiquillo, de la mano de su madre. - -Fueron hasta el "puente blanco", por el camino de "La Soledad". - -Se sentaron en el poyo del puente. - -El hombre no hablaba. No poda tampoco, aunque quisiera. Slo -acariciaba los crespos cabellos de la mulatilla, bonita y alegre. - -Empezaba a oscurecer. Era un crepsculo de otoo, lloviznoso y gris. -Levantbase al espacio el chillido inmenso, crepitante de los grillos. -A largos intervalos iguales cantaba un crespn en la arboleda. Vena -lenta, en el viento, la voz baja y solemne del campann de San -Francisco. Algn "ataja-camino" revoloteaba agorero en la penumbra; y -bajo el arco de piedra del puente, ya ruinoso, abrase, entre las -malezas, el reposo de las aguas paradas, sin vida, sin reflejos, -hondura lbrega, insalubre, hedionda... - -Ante el mutismo prolongado del hombre, la muchacha estuvo un instante -sorprendida; luego alarmada e inquieta. - -Ella lo habl, lo interrog, trat de explicar algo.... l, -acercndose mucho, la mir en los ojos hasta el alma. - -Al verle as, la mujer, por la primera vez, le temi. El la estruj, -brusco, colrico. Ella grit. Quiso fugarse, abandonando al hijo. - -Pero el hombre la alcanz, la pill, le ajust las manos crispadas -sobre el cuello, y la ahog sin misericordia. - -El hombre, al huir con el hijo en los brazos, oy tras s lamentos y -gemidos. Entonces, ensaado, volvi a la carga, y empuando un fierro -hallado por ah, le machac la cara, le revent el crneo, y la tir -despus sobre las aguas muertas de la zanja. - -As fu el asesinato de la Juana Figueroa. - -Por qu venera el bajo pueblo su memoria? Porque fu--dice,--una -santa mrtir. Y es que el delito de adulterio no existe en la -promiscuidad monstruosa de la chusma. - - - - -DON MATIAS LINARES Y SANZETENEA - -OBISPO DE SALTA - - -Hay en la vida del anciano ilustre, cuyo fallecimiento ha conmovido a -la sociedad de Salta, una singular contradiccin entre las ntimas -tendencias espirituales que lo solicitaron, y la elevada misin -pblica que desempe. - -El sacerdocio es, o al menos debe ser, una funcin militante. - -Exige el ejercicio de las cualidades positivas del carcter; el fervor -de la prdica; el espritu de lucha, de propaganda y de polmica; el -conocimiento de los hombres; el continuo trato con el mundo; la -fulminacin del mal y del error. As, el tipo del sacerdote es Iigo -de Loyola. - -Pero monseor Linares fu, ms que un sacerdote, un asceta, en la -medida que su destino se lo permitiera; y ms que un apstol, fu un -santo. - -Su carcter jams se avino con su cargo. Y, por la sola fuerza -prodigiosa de la virtud, el hombre era superior al cargo. - -Se impuso, quiz sin quererlo, seguramente sin ambicionarlo, a la alta -estima y consideracin de su grey y de su pueblo, por el ejemplo ms -que por la accin; por la tolerancia, ms que por la represin; por el -amor y la templanza ms que por el mando. Su notable poltica result, -as, una consecuencia de su temperamento, no una obra de su clculo. - -Y aquel justo vivi, sin duda, constantemente perplejo entre su Ideal -cristiano y sus ineludibles obligaciones de gobernante. - -La accin acaso sea incompatible son la santidad. - -La equidad, la justicia, la virtud, no son sino eternas aspiraciones -al bien absoluto. Procurad imponerlas entre los hombres como ley, y -los bajos intereses de la vida os rechazarn, como a Jess y como a -Scrates. Desde tal punto de vista, todo juez es injusto, y todo -apstol es exclusivista... - -Abstenerse de fallos definitivos; rehuir a las implacables -condenaciones; renunciar, por amor a la verdad, a la posibilidad de -equivocarse; olvidar la perptua contradiccin entre lo real y lo -ideal, atormentado por el temor de ser alguna vez injusto o inhumano; -buscarse, esperar en silencio, ms all de la mezquina existencia -mortal el advenimiento del Reino de Dios: he aqu el ideal del asceta, -es decir, del justo, del santo, del puro cristiano. - -Y en pocas de discusin, de examen, de transmutacin de valores -morales, este tipo superior de religioso es tanto ms admirable, -cuanto menos posible en la moderna sociedad. - -No consultar, acaso, como pastor las necesidades materiales de su -causa, ni dar a su misin el esplendor de un principado, influyente y -mundano; pero ser, como hombre, un alto exponente de la dignidad -humana, toda vez que el Ideal marque una meta de perfeccin a la -conducta. - - - - -II - -LOS CAMPOS - - - - -EL ERQUE - - -El erque es una flauta travesera de caa, larga hasta de tres metros, -que remata en una bocina arqueada de cola de vaca unas veces y otra en -un gran cuerno. - -Desde la embocadura hasta el punto en que se apoya la mano, la flauta -va forrada de unos listones de suncho amarrados con hilo de lana. As -se asegura la rigidez del instrumento y se le aisla un poco del -contacto para que vibre mejor. Es de industria indgena y la fabrica a -su gusto el mismo que la toca. - -Usan el "erque" los naturales de las quebradas y altiplanicies -andinas, pastores y leadores que salen de madrugada para los cerros, -caminan el da entero por abras y breas y a la tardecita vuelven -tocando el "erque" con la majada delante y el haz de lea a la -espalda. - -La naturaleza sin el hombre que la puebla es cosa muerta. La poesa de -la montaa no slo radica en la grandiosidad agreste del paisaje, en -la blandura lejana de las nieves, el salvaje rodar de los torrentes, o -el florecimiento encantador del amancay y la berbena. - -Sobre todo eso que es tan hermoso, hay algo ms hermoso todava, -porque nos ayuda a interpretar y a sentir; y es el hombre: el indio, -hijo de la tierra, su hechura y su trasunto y su emocin. - -Podrn las gentes de sangre europea vivir cien aos ms en estos -montes, y aun amar la tierra que conquistaron los abuelos espaoles; -pero el secreto vnculo del suelo con su raza, nos estar vedado hasta -quien sabe cundo: acaso para siempre. - -No estamos hechos de la misma sustancia que nutre el amancay y la -berbena; no conocemos el semblante de cada rincn de cielo en cada -valle; las humildes hierbas de los campos no alivian nuestros males; -los cndores no vienen a saltear nuestros rebaos en las cumbres; no -sabemos cmo se corta una quirusilla en un despeadero sin que se -enoje el cerro; jams podramos cazar una vicua con la mano o con un -simple hilo; nada nos dice de antiguo y legendario el eterno zumbar -del viento en los cardones; somos intrusos en esta tierra sagrada de -razas milenarias que se extinguen; la naturaleza nos es casi hostil; -el indio, su primognito, desconfa siempre del blanco metalizado y -codicioso. - -Una noche de luna yo comprend todo eso. Fu en el campo. - -Un indio baj de una quebrada con su perro. Vena a vender su leita -en el casero. Bajaba tocando el erque. - -El, al toparme en su camino, se call, pero yo le rogu que -continuase. - -Y a la vera de un arroyo, en la honda quebrada, mientras rielaba la -luna por el azul infinito, el erque larg a los vientos su msica -salvaje. - -Pero aquello no es precisamente una msica. Es el origen de la msica. -Es la congoja humana ensayando en un rstico tubo el ritmo de su -primer estremecimiento. Es el gemido transformndose en acorde. - -Escuchndole de cerca se percibe el hen!... penoso del llanto: En la -embocadura de la flauta se siente sollozar al indio; en la bocina se -siente la vibracin profunda del sollozo. En la embocadura es aun la -emocin, el alma individual del indio; en la bocina es ya el alma de -una estirpe que muere. - -No puede darse una msica ms orgnica, ms expresiva, ms conmovedora -en su crudeza. - -El indio toca de pie, con la mano izquierda sostiene la caa por la -embocadura, con la derecha la mantiene de travs, estirando el brazo. - -Segn la nota, la flauta sube o baja, o va de un lado al otro. Es una -esgrima particular. Si la nota es grave, la tosca bocina se abate -rasando el suelo, abarcando con mayor o menor lentitud el aire, segn -lo requiera la intensidad del tono. Si la nota se aguza, si va -subiendo, la caa va levantndose en amplio crculo, hasta apuntar al -cielo; y la nota se refuerza en sonoridad cuando se opone al curso del -viento. - -De esta suerte, la tierra madre y el aire fiel participan, ayudan, -alientan, dan cuerpo al grito del corazn; acogen el ntimo dolor del -hombre, se lo apropian y lo difunden en alas del eco por las -concavidades de la montaa. - -Y mientras el hombre toca, el perro se aduerme a sus pies, como -arrobado en la misma tristeza del amigo. - -El indio es un viejo de puro tipo incsico. Est vestido con el burdo -cordillate de los telares montaeses, calzado con la ojota ligera del -pastor, cubierto con el amplio sombrero blanco de ovejn del lugareo. -Nada en esto es extico. En cada detalle hay el sello de una tradicin -y de una raza. - -Y al conjuro de esta msica tan genuinamente amarga, parecen despertar en -los senos desiertos de la montaa los genios tutelares de un pasado -remoto y desconocido, el espectro inconsolable de los guerreros-pastores, -vencidos y conquistados, que vagan por las abras al blanco y melanclico -fulgor de la luna. - - - - -EL FANTASMA DEL REMATE - - -El Serapio Guantay era puestero de cabras en el cerro del Remate, en -el fondo de la quebrada del Ro Blanco. En lo alto de una meseta de -aluvin cortada a pique por las crecientes, estaba el rancho, humilde -y rstico, semejante a una pequea mancha parduzca, perdida en la -verdura agreste del paisaje. En aquel sitio la quebrada se encajona -entre desfiladeros bordeados de queoas y de alisos, el declive se -pronuncia, y el torrente salta sobre un cauce de pedrones desiguales, -pulidos por el eterno trabajo del agua. - -Dos cuadras ms abajo, al borde casi del talud, alzbase el ranchito -de la Leona Abracaita, la vaquera, la ahijada de la adivina, vieja -harpa que curaba por secreto, haca quesos y sembraba papas en un -bolsn del cerro. - -Para la Candelaria, para San Juan y la Pascua, y aun si haba velorios -y casamientos, la bruja y su ahijada bajaban a los caseros y -negociaban sus productos. Hospedbanse en casa de alguna comadre, -junto al camino por donde van las remesas de Chile. Juntbanse all -las mujeres y los barraganes y al montono toque de la caja, se -entregaban por das al holgorio del baile y de la chicha. - -El Serapio Guantay era zamarro como el venado arisco que nace en las -abras. Dos o tres veces al ao se presentaba en la "sala", para -frangollar su abasto de maz en el molino y rendirle al patrn la -cuenta de las pariciones, que se las repartan por mitad, conforme al -uso de las fincas. - -Hurao y taciturno, poco se daba el Serapio con sus vecinas nicas. Y -para su vida frugal de pastor era bastante el avo de harina tostada, -la chuspa de coca y el locro chirle que se cocinaba l mismo, avivando -el rescoldo, al caer por las tardes a su rancho. - -Encerraba sus cabras en el corralito de pircas, tumbbase al calor del -hogar en el suelo limpio, y se dorma como tronco, hasta que lo -despertaba el fulgor del amanecer. - -Ninguna extraa inquietud vena a turbar su montaraz adolescencia, y -no conoci ms fiestas que el retozo bellaco de las cabras, el brillo -del padre sol y la matinal algaraba de los pjaros. - -Pero una tarde la Leona y el Serapio se toparon, como al acaso, en una -mesada. La vaquera apacentaba su ganado; andaba el pastor cuidando el -suyo. La vaquera iba hilando un velln, girando en el aire la rueca. -El pastor llevaba el avo a la espalda y la honda en la diestra. - -El azar los puso cerca; el instinto los junt. Y en el filo de una -loma, sobre el pastizal oliente a berbena y ans, la india, ms -aviesa, lo inici al indio, ms ingnuo, en el raro misterio que -cumplen las cabras y las vacas, que trajina el polen en las patas -diminutas de las abejas, que puebla el soto de inquietas y esmaltadas -mariposas, y que hace cada primavera florecer el amancay blanco y la -begonia escarlata entre las breas. - -Desde aquella tarde los dos indios volvieron a encontrarse siempre, y -juntos divagaron por los cerros, descubriendo el encanto de los -callados sitios, oyendo al eco repetir sus gritos en las altas -barrancas, mirando rodar por los precipicios las gruesas galgas que -aflojaban al borde, triscando a la par de los chivos en las paradas -laderas, o escondindose a veces de algn viajero que cruzaba, all -abajo, en su mula, el spero pedregal del torrente. - -Y cuando vino el carnaval con sus jineteadas y sus zambras y su chicha -de oro; cuando vino el carnaval con el boato de sus cintas -multicolores y el montono retumbo de sus cajas y la msica doliente -de sus largos erques, el Serapio tras la Leona baj para el casero. - -Pero la Leona, inconstante como buena hembra nmade, se mezcl en las -borracheras con otros mozos ms _churos_ y ms ricos; y el mircoles -de ceniza, muy al alba, lo hallaron al Serapio los peones de la finca, -tendido boca abajo, borracho, a la orilla del camino. - -El indio se march esa maana al puerto del Remate. Se fu cantando, -embrutecido, con el acerbo amargor del primer desengao en el pecho, -sonndole en las orejas todava el comps de la caja y una copla: - - _Tengo mi chacrita, - tengo mi sandial, - tengo una morocha - para carnaval..._ - -La vieja adivina maquin sin duda, con sus malas artes, contra el -pobre pastor en la parranda; y en adelante la Leona tuvo compaa y -hubo en el rancho quien pudiese labrar con ms vigor que la vieja los -sembrados del cerro. - -Pero el Serapio Guantay era zamarro como el venado arisco, obstinado -como el toro, astuto como el puma. Tena en los ojos mansos la -pasividad, y en el corazn y en el msculo dormida la fiereza -ancestral de la raza... - -Y como se alza la bestia herida, se alz l a los cerros, para errar -cantando por las cumbres la estrofa alegre, mirando siempre en el -fondo el ranchito de la Leona: - - _Tengo mi chacrita, - tengo mi sandial, - tengo una morocha - para carnaval..._ - -La quebrada, casi seca en invierno, despliega en verano todo el lujo -de su flora tropical. En das despejados el sol ardiente, blanco, -violento, pone en las herbosas laderas ricos matices de fiesta. - -Pero en horas de tormenta la quebrada se vuelve sombra y amenazante -bajo las nubes plomizas que el huracn empuja y hace encallar en las -cimas. El rayo parte las peas metlicas como a golpes de hacha; las -laderas empapadas se desbarrancan con estruendo en los caadones; el -viento retuerce y quiebra los frgiles alisos y las fornidas tipas; el -oscuro cielo se desfonda en lluvia, y el agua rpida, enloquecida, -elstica, socava las peas y arrea cauce abajo piedras enormes que son -para el torrente ligeras como la arena para el embate de la ola. - -Y en una de esas noches espantosas en que el fragor de la tormenta -sacuda las montaas, el Serapio Guantay, frente a su puesto del -Remate, se puso a forcejear con un monolito que vacilaba en su quicio, -carcomido por el agua. - -El indio volc la piedra. La corriente, desbordada, cambi de madre. -El aluvin tap ms abajo el rancho de la bruja. Y el sol ardiente y -blanco del siguiente da ilumin con resplandores de fiesta el lujo -tropical del paisaje solitario y desierto. - - * * * * * - -Han transcurrido muchos aos. En el lugar donde se alzaba el rancho de -la bruja hay una cruz. El puesto del Remate es una ruina. Y a veces, -andando en noche tormentosa por el lugar, a la crdena luz de un -relmpago, el viajero ve un hombre que, de pie sobre una pea, alza -los brazos como en una pavorosa imprecacin de duelo. - -Dicen algunos que no es ms que un rbol seco, una rugosa queoa: para -muchos, es an el genio trgico de una venganza, el fantasma -inconsolable del pastor. - - - - -EL GAUCHO SALTEO - - -Quince leguas adentro del Rosario de la Frontera, en viaje a las -Mercedes, hicimos alto para almorzar en un puesto que estaba en una -falda, en pleno monte, al otro lado de un arroyo, que costeaba el -camino. El dueo, un gaucho de tipo morisco, nos acogi con toda clase -de atenciones. Adems, como la subida a la casa presenta ciertas -dificultades para unos compaeros mos que venan en araa, el gaucho -le grit a su hijo, luego de hacernos pasar a la cocina: - ---A ver, muchacho! Mostrles el camino a esos seores. Y te has de -sacar el sombrero! - -Y mientras de pie, en el patio completamente barrido, comamos un -asado a la caucana, gozbamos del sabroso y chispeante decir de -nuestro husped. Burlbase l de la porfa de las gallinas que -picoteaban las migas de pan en medio de nuestras piernas; rease de -los perros flacos y _garrapatientos_, que laman vidamente el sebo de -los guardamontes recin sobados, y amenazaban quitarnos la comida de -las manos. - ---A ver, muchacho!--grit el gaucho.--Agarr pues esa lonja, pegles -una _variada_ a los perros! - -Enarbol el muchacho la lonja, volaron cacareando las gallinas al -algarrobo y al techo del rancho, apartronse rehacios los perros hasta -el guardapatio, y el gaucho reanud su pintoresca charla, sentndose -en una robusta silla de _tientos_ (tiras de cuero crudo), bajo el aro -donde charlaba sin cesar el loro, excitado por el repentino bullicio -de la casa. - -Por el patio se arrastraba un chico invlido, tullido. - ---Qu tiene este muchacho?--pregunt. - ---Si as no ms ha _quedao_, con media res _cida_, desde un empacho. - -Bajo la ramada que cubra la nica puerta del rancho, envuelta en un -negro rebozo, acurrucada en su catre de tientos, la abuela padeca una -jaqueca implacable. Nosotros le dimos unos sellos de aspirina y al -rato mejor. - -Al tiempo de irnos hubimos de discutir para que el gaucho nos aceptase -paga por el caldo y el breve hospedaje. Se mostr agradecido por -algunas pequeas provisiones que le dejamos. Dijo que l no poda -correspondernos de otro modo que no cobrando. - -Esta generosidad del fronterizo contrasta con la tacaera de los -indios de la quebrada del Toro y de los valles calchaques, acaso -porque las exigencias de la vida agrcola y precaria de las montaas -aguzan en el incsico un sentido de la economa, que el gaucho, -exclusivamente pastor, mejor favorecido por el clima, no posee. - - - - -LA SELVA DE ANTA[3] - - -Una maana salimos en busca de una anta que _paraba_, segn decan, -como a seis leguas de la casa. El animal haba sido notado haca poco, -en los dominios del puestero o Ventura. Este deba guiarnos monte -adentro, al capataz y a m, hasta dar con el anta, lo que no result -tan sencillo. Me facilitaron una cabalgadura gaucha, incluso -guardamontes, cuchillo y coleto; tres cosas sin las cuales no hay -tampoco gaucho[3]. El guardamonte protege las piernas, el coleto el -cuerpo, el cuchillo la cara del jinete, contra la maraa, espessima y -brava a veces. Adems el gaucho, para correr en el monte, se cala -guantes de cuero fabricados por l mismo, y un sombrero retobado de -cuero por toda la copa. Para ver mejor es preciso abotonar sobre la -frente el ala en la copa del sombrero; esto es chotearse el ala. As -armado, sin olvidar el barbijo, el gaucho arremete a todo galope por -la selva, seguido por los perros, si tiene que repuntar hacienda o -pillar un toro enmoscado. - -A o Ventura le ofrecimos un winchester de los que nosotros -llevbamos; pero dijo que l no necesitaba de _garabinas_, y que para -armas, su cuchillo y su lazo eran bastantes. - -Entramos en la quebrada de los Noques por una senda que haba que -desbrozar en parte a cuchillo, pues slo la frecuentaba el ganado. La -senda, bajo un palio de enramadas, costeaba el arroyo, cruzndolo de -trecho en trecho. El bosque permanece verde todo el ao, vivificado -por abundantes manantiales que sueltan desde los cerros su agua clara -y rica. A medida que nos internamos en la quebrada, se presentan con -mayor frecuencia grandes extensiones sombras cubiertas de enormes -helechos, tan altos como nosotros a caballo. Se percibe el olor -particular del humos. Las plantas parsitas cubren todos los troncos y -todas las ramas; todo lo invaden los helechos, los musgos, las -enredaderas. Una quina gigante se abre paso hacia arriba, hasta -dominar con su copa la sombra espesura. Un cedro ancho y rugoso -oprime como un abuelo, entre sus recias rodillas, el tronco blanco y -fino de un chalchal. El arrayn, generoso, difunde su grato olor. Las -tipas, sociables, siempre en grupos, son las centenarias matronas del -bosque. A veces, sobresalen del suelo blando, que suena a hueco, -speros filos de roca, lobanillos geolgicos, dura osamenta de la -selva. Cien metros en torno, slo se mira un entrevero de tallos -verdes y de hojas, por donde se filtra intensa la luz del sol. -Andbamos escuchando. Ningn rumor, ningn sonido lejano haca suponer -en el monte la presencia de animal alguno. - -Si hacamos un alto, los perros, conscientes de nuestro sigilo, -habituados al acecho, husmeaban cautelosos y paraban las orejas, -conteniendo el aliento. - -Habamos andado as media maana, quebrada arriba, por las ensenadas -de bosque de una y otra margen, cuando sentimos _achar_ los perros, -una cuadra delante, en un grupo de tipas. Prepar el rifle, apur el -caballo, me met en el monte, perd el sombrero; me pic una ortiga -brava en un dedo, y al fin llegu donde ladraban los perros. Era una -pandilla de monos! - -Me descolgu temblando del caballo, rod por una ladera hasta una -zanja enlodada, y empec a escupir balas. - -Hice ms de treinta tiros sin matar nada. Entre tiro y tiro los -monitos me espiaban agazapados, abrazados a los gapos, y emitan su -gritillo particular de afliccin. Los vi dar saltos prodigiosos y -desaparecer entre las lianas, mientras los perros se hacan pedazos en -las espinas, al tratar de alcanzarlos. Era una familia de _cebs -fatuellus_, o mono de los organistas, especie muy abundante en Anta y -en todo el Chaco salteo. - -Estos monitos se alimentan en invierno de una planta epfita de los -grandes rboles, llamada _carda_ por los gauchos. Contienen estas -plantas agua en la base de las hojas. Hallando pues, comida y bebida -en las copas de los rboles, los monos jams bajan al suelo por su -gusto. Y as, de rama en rama caminan leguas, monte adentro, -sirvindoles de puentes las intrincadas lianas que ligan las copas de -los rboles. - -A propsito de los monos, o Ventura me cont lo siguiente: mientras -unos peones de la estancia desmontaban un rastrojo destinado a maizal, -en pleno bosque virgen, los perros descubrieron a cuatro monitos en un -grupo de rboles que los hachadores dejaran aislados del monte. Ante -la furia de los perros sitiadores del reducto, los pobres monitos -dieron tales pruebas de espanto, que los peones se compadecieron. -Venan presurosos hasta las ramas bajas desde donde, comprobada la -gravedad del caso, se encaramaban chillando a las altas ramas. Los -hombres, enternecidos por aquellos patticos gestos, renunciaron a -pillarlos, y pusieron en libertad a los monos, ahuyentando antes a los -perros. - -Despus del intil tiroteo hemos seguido el camino, rastreando el -anta. Yo miraba a donde lo vea mirar a o Ventura, y esperaba -descubrir de improviso los ojos negros de una corzuela asustada, -brillando con salvaje curiosidad entre las hojas; o crea ver en las -cortezas recin lastimadas el rastro de algn len, y lo buscaba entre -los yuyarales, donde lo sospechaba agazapado. Y observaba en o -Ventura que iba delante, la completa identificacin, la -compenetracin, puedo decir, del gaucho y la selva. El la auscultaba -cauteloso, hasta muy lejos; y cuando se paraba a escuchar, o Ventura -tena actitudes de gato. Sus sentidos descubran en el suelo, en las -hojas, en las ramas, huellas invisibles para m. Parado en los -estribos, estirado el cuello, apoyadas las manos al borde del -guardamonte, pareca balconear la espesura. Al paso del caballo, y aun -a media rienda, ha adquirido el hbito del cuerpeo entre el ramaje; su -cintura flexible se quiebra, su cuerpo repta, deslizndose entre las -zarzas con facilidad de serpiente, sin que las piernas, naturalmente -apretadas a los flancos, se muevan siquiera, porque va en el caballo -encajado ms que montado. - -Y no hay para qu concluir este relato, si algo grfico he contado de -la selva y del gaucho. o Ventura, en una de esas, se ape y se larg -cerro arriba, lazo en mano, cuchillo al cinturn: pero nos fu -imposible seguirle a pie. Haba encontrado en un caaveral rastros -frescos del anta. Como se estuviese por entrar el sol, me volv con el -capataz a la casa. Aquel da habamos caminado diez leguas en los -cerros. o Ventura, se present, a la siguiente tarde, con el cuero -del anta cazada. La encontr--dijo--bandose en un pozo del arroyo, -le ech los perros, dos de los cuales murieron, ahogados. Despus la -enlaz y la apuale. El cuero es el ms fuerte que se conoce, para -riendas y dems prendas de apero. - -FOOTNOTE: - -[3] Anta es un departamento de la provincia de Salta. Tambin se llama -as al _tapir_. - - - - -CRUZ GUIEZ - -_Estancia del Rey, en Anta; Mayo de 1912._ - - -Yo deseaba conocer a o Cruz Guez, puestero del Campo Azul. Ayer -tarde hemos ido a visitarlo a su rancho. En el patio hemos hallado al -hombre, montado en un trozo de rbol, cosindole las mangas a su -coleto. Muy cortsmente nos ha recibido; nos ha invitado a echar a pie -tierra. Despus ha soportado con cachaza las bromas de un amigo mo, -empeado en estimular el ingenio del gaucho. - ---Dicen que usted ha cazado tigres por estos lugares? - ---Velay, en ese algarrobo estn colgadas las cabezas,--contest Cruz, -mostrndonos un montn de calaveras en que lucan magnficos -colmillos. - ---No creo que haya tigres por ac,--observ mi amigo.--Estas cabezas -deben ser del gato de monte. Los fronterizos tienen fama de contar -buenos cuentos... - -Pero el gaucho respetuoso e impasible a la vez, con el absoluto -dominio de s propio y la confianza en el propio valer que infunde la -vida libre, sonrea dulcemente al percatarse de la intencin de las -bromas, y no responda ms que a las preguntas en que podra instruir -a los amigos del patrn,--hombres puebleros,--sobre las cosas del -campo. Nos ha mostrado la piel del ltimo tigre, oreada, recin sacada -de las estacas. Meda ms de metro y medio del hocico a la base de la -cola. Despus nos ha explicado ciertos detalles de una cacera. - -Un da que sali a campear al cerro, haba encontrado los restos de un -ternero, mal tapados con tierra y palos por el tigre, que acostumbra -esconder la presa. Y algunos das despus, Cruz haba cado en la -huella del _bicho_, junto con dos puesteros vecinos suyos. Llevaban -entre los tres como cuarenta perros, _livianitos_ y _con la guata -floja_. Aqu no se concibe un puestero sin perros. Cualquiera posee -diez o doce, brutos la mayor parte, flacos, hambrientos, feos, pero -insuperables en los trabajos del pastoreo. - -Y a fuerza de rastrearlo al tigre por montes y breales, al fin lo -hallaron los perros, y cuando estuvo empacado de espaldas a un cedro -enorme, o Cruz Guez le meti en la cabeza una bala de su _garabina_; -una bala, de las dos que consigo llevara; y como el bicho no muriese -todava, hubo de ensartarle el otro plomo en el corazn. - ---Esta es la calavera de ese;--deca o Cruz, mostrndonos el crneo -fresco an.--Yo le apunt al codillo, pero le pegu en la quijada, -aqu. Entonces le tuve que hacer el otro tiro. Peg un bramido fiero -y se tumb _antarca_, despaletndome un perrito de un manotazo. Varios -perros quedaron, por confianzudos, con las tripas al aire; y otros -andan por _hi_, lastimados, con la gusanera. A ocasiones el tigre -desloma un caschi de un zarpazo. Por esto se deja ver que es animal de -mucha potencia. Cuando uno le apunta lo mira frente a frente y a la -vez de errarle el tiro, no s pues lo que le espera al cazador. Cuando -brama enfurecido, en la pelotera, acosado por los perros ms -baqueanos, los cuzcos chicos se sueltan llorando con el rabo entre las -piernas y los caballos tiritan, como si estuviesen con la tembladera. - -Pero el gaucho no hace alarde de su arrojo. Narra, simplemente, su -caso y os invita para que le acompais en la prxima batida. No sabe -lo que es el miedo. Sus msculos, fuertes como el guayacn, nunca -tiemblan ante el _bicho_, seor de la selva, salteador del ganado; y -con la misma tranquilidad con que sonriendo recoge a brazadas el lazo, -dispara la nica bala de su carabina sobre la temible fiera. - -Cruz Guez es el prototipo del gaucho fronterizo. Alto, de contextura -atltica, ingenuo rostro, negros y apacibles ojos, de movimientos -fciles como el gato del monte, y de nimo alegre, como el cantar -jubiloso de las chuas que en la linde del bosque salvaje saludan el -alba. - - - - -III - -HISTORIETAS Y CUENTOS - - - - - -UN VIAJE RARO - - -Seran las 11 de la noche del 13 de Febrero de 1905, (fecha memorable -en los anales del crimen), cuando mont a caballo y part de casa, -rumbo a la Calderilla. - -Veraneaba en la Calderilla mi amigo U... con su familia, y era yo su -husped y acompaante. - -Y digo acompaante, porque no haba all otros pantalones que U... y -el paraje es solitario y asaz aislado. - -Recostada en la falda de una loma, la casa de U... domina la ancha -playa del ro Caldera. Veinte cuadras al frente, costeando la banda -opuesta, corre el camino a Jujuy. Un espeso bosque de tuscas y -algarrobos cubre los terrenos adyacentes al ro. Cruzando el de -Wierna, como quien va de Salta a la Caldera, el monte se tupe, y hay -un largo trayecto deshabitado, guarida frecuente de coyas cuatreros o -de malhechores. - -En dos ocasiones la _sala_ de la Calderilla ha sido asaltada, aunque, -felizmente, sin resultado. - -El peligro de un viaje nocturno por la regin no es, pues, tan -remoto; y slo la irreflexin propia de la juventud nos vedaba -temerlo. - -As, a cualquier hora, caballeros en nuestras estudiantiles jacas, -entecas y flojas, pasbamos sin pizca de miedo las playas speras y el -enmaraado monte. - -Luego de atravesar aquella noche, al galope, la ciudad, me sujet ms -all de la estacin, y puse el caballo al tranco. Haba luna, pero un -grueso y oscuro nublado encapotaba el valle de cumbre a cumbre, y slo -a ratos la blanca claridad se difunda por los campos. El ambiente -pesado y hmedo amagaba lluvia. - -Bien sujeto el revlver al cinturn, me requint el chambergo para -mejor ver; puse un _acullico_ de coca y un trago de ginebra, y -aadiendo acullicos a tragos y tragos a acullicos, dime a pensar en -cosas indiferentes. Y avanzaba entre el clamor confuso de ranas y -sapos y sabandijas, que de los charcos, y de los yuyos y de todos los -vericuetos, levantan por la noche en las campias su obstinado, -infinito vocero. - -Sin otra novedad que algunos perros bravos que me salieron al paso, -qued Vaqueros a mi espalda. En Wierna entr a comprar fsforos en el -boliche de Medina. - -Reanudada la marcha, y no muy lejos an del boliche, me sorprendi el -galope de un jinete que vena en sentido contrario por mi camino y -que, antes de enfrentarme, se precipit en el monte. Al otro lado del -ro Wierna me detuve. Un silbido agudo haba hendido el aire. El ruido -atronador del agua me haba impedido apreciar de dnde vena el -silbido. - ---Qu ser?...--me dije. Y segu viaje, algo receloso, todo ojos y -odos. - -En aquel momento la oscuridad aumentaba, as es que me cost un poco -hallar el camino a la Calderilla, donde el monte es ms denso. De -cuando en cuando el viento traa de lejos el retumbo de una caja, o el -acento salvaje de un canto indgena; y a veces, el mujido melanclico -de algn toro perdido en las caadas pasaba en alas del eco sobre el -pavoroso silencio de la noche. - -Hubo de hacer entretanto la ginebra su efecto, con lo que a poco me -sent valiente y despreocupado. As es que no me asust el bulto de un -jinete plantado en medio camino, con quien casi me estrello. - -El hombre deba estar dormido, porque lo habl y no contest, y -borracho adems, porque, llegndome a l cuanto pude, vi que tena -inclinado el cuerpo sobre el cogote de su cabalgadura, que era una -mula. El animal se haba quitado el freno, aprovechando del sueo de -su amo; y le quedaba de rienda la piola del bozal enredada a unas -ramas. No poda, pues, disparar, aunque lo intent cuando me acerqu. - -Dime cuenta del peligro que el pobre borracho corra, a discrecin de -una mula maera, y de a caballo desenred la piola, decidiendo -llevarme al jinete a lugar seguro. La mula, impaciente al principio, -concluy por acostumbrarse al tiro, se oli con mi caballo y se me -puso a la par. - -El jinete marcaba con descomunales flexiones de cintura las -desigualdades del camino. Clavbase de cabeza, a un lado y al otro, y -en las subidas se tiraba atrs, como un mueco, tocando el anca con el -sombrero, pero mantena las piernas apretadas a los ijares de la mula, -de lo cual deduje que sera buen domador. - -Sin cuidarme poco ni mucho del individuo, yo iba recitando unos versos -adecuados a la hora, cuando se me ocurre pararme, para encender un -cigarrillo. Observ que el borracho haba perdido el sombrero y -continuaba echado hacia atrs.--Eh, amigo!--le grit al raspar el -fsforo. - -Y entonces, a la claridad amarillenta del fsforo, vi una cara de -muerto! Una cara de muerto, ensangrentada, horrible! Una cabellera -revuelta en mechones, una boca entreabierta, unos ojos opacos! - -La mula, con el fsforo, se tendi de costado y a todo correr -desapareci en lo espeso del monte. - -Tan grande fu mi sorpresa que me qued clavado en el sitio. Pero la -ginebra, el amor propio y el revlver me templaron la fibra, y logr -rehacerme y reflexionar. - -Y me acometi una sospecha terrible.--Habra habido aquella noche un -nuevo asalto en la Calderilla? Sera, quizs, el difunto, algn pen -de mi amigo U...? El jinete del boliche sera acaso un asesino que -hua? El silbido habra sido una seal de alarma, para avisar que -alguien cruzaba el ro? - -En tal caso, me haban espiado y me aguardaba una muerte inminente! Y -me imagin despanzurrado, como es de uso, entre dos lazos echados de -improviso, a un tiempo, desde los opuestos bordes del camino. - -S! Ya no me cupo duda! Desenfund el revlver, y con el ardor de -las supremas aventuras, arranqu al trote. Pronto pas el ro de la -Caldera. La casa de la Calderilla se present a mi vista. Ya oa -claramente los ladridos de los perros! Pero en la casa no se vean -luces, y este detalle aument mi ansiedad. - -De repente, sent por el camino un tropel de galopes, luego un alarido -salvaje, y dos jinetes sofrenaron sus caballos frente a frente de m, -cortndome el paso. - -Uno de ellos, con ademn calmoso, se tir el poncho al hombro, sac -debajo una cosa que relumbraba y la alz en alto. - -Me ech al suelo en un amn, y parapetado en mi caballo, le apunt a -mampuesta! Iba a amartillar mi revlver, cuando el hombre dijo con -seca y aguardentosa voz: - ---Srvase compaero!--y me alcanz una botella. - -Exasperado, le respond con una maldicin, y montando de nuevo, llegu -a la casa, donde mi amigo U... me esperaba. - -Djome que aquella noche haba reinado en la casa la ms completa paz. - -Sin embargo, dos das despus, supimos el brbaro exterminio de la -familia Quipildor, perpetrado en un ranchito de Wierna, la noche del -13. El difunto que yo encontr result ser don Onofre Quipildor, el -jefe de la familia, que haba sido amarrado a la mula por los -bandidos, con el fin de sembrar el terror. - -Los asesinos nunca fueron tomados. Pero es casi seguro que se trataba -de una de tantas fechoras del famoso Juan Jimnez, y sus cmplices -Polo y Cejador. - - - - -EL ULTIMO VUELO - - -Fu la noche del 25 al 26 de Enero. - -A travs del espeso nublado, se tamizaba, en tenue resplandor grisceo -y uniforme, la luz de la luna llena. A ratos garuaba. - -Excitados por el caf, agobiados por la miseria y el aburrimiento, -compelidos por el deseo de lo inslito, resolvimos excursionar hasta -la cumbre del cerro. - -La media noche sera cuando empezamos a trepar, paso a paso, por el -empinado y tortuoso camino de la quebrada seca que divide al San -Bernardo en dos gigantescas moles. - -La mojazn de la tierra untuosa y resbaladiza dificultaba ms el -ascenso, ya de suyo pesado, y a nuestros zapatos la greda se adhera -ponindoles un reborde embarazoso y grotesco. - -Hacia la mitad de la cuesta, desde un punto donde la pendiente se -hincha en agrio declive, alzndose sobre las caadas laterales, -tenebrosas y quietas, pudimos admirar en la planicie la fantstica -simetra de las luces de la ciudad, brillando en el fondo del valle -cual las bujas innumerables que en el cuento oriental mostraba la -muerte como prontas a extinguirse, al espritu atribulado del -agonizante. - -El poeta Pealva sudaba a mares, lo que no le impeda incurrir en -rebuscadas metforas dantescas, con aquellos sus desmesurados ojos -absortos de hipnosis y aquella hirsuta melena aventada por la locura. - -Kolbenheyer, jovial, alucinado, irrealista, jadeaba en la ascensin -difcil, al aspirar el hmedo vaho de la tierra: el autor de _El falso -hijo de la Beltraneja_ reconstrua mentalmente los monstruos -terciarios cuyos fsiles tal vez hollbamos, y que poblaran en -remotos siglos el paraje. - -Llegamos a una explanada donde el camino forma un recodo para ascender -en mansa pendiente hasta la estatua del Redentor. - -Bajo el denso nublado que tapaba todos los rumbos del horizonte, -contemplbamos a nuestra derecha, all abajo, a travs del fino -follaje de los cebiles, el resplandor de la ciudad adormecida. Veamos -a la izquierda la hondonada profunda que, a espaldas del San Bernardo, -se extiende, boscosa y desierta, sin una sola luz de rancho, sin un -rumor de vida, prolongada en inmensa melancola crepuscular, hasta el -valle de la Caldera. - -All nos detuvimos a descansar. El silencio nocturno era imponente. El -dilogo, animado al principio, haba decado hasta el soliloquio. - -El poeta Pealva permaneca de pie, al parecer abismado en la -contemplacin del panorama. En cierto momento vi que alzaba los brazos -y haca un extrao ademn de vuelo. Pareca un cuervo, inmvil en la -piedra sobre la cual se haba detenido. - -Kolbenheyer, de cara a la ciudad, acaso pensaba en la leyenda -oriental, al ver apagarse, de cuando en cuando, las luces de la -lejana. - -Yo me haba tumbado en tierra y procuraba localizar en el cielo, a -travs de las nubes, la posicin de la luna. - -Transcurri un tiempo largo, durante el cual no se habl palabra. - -Despus, me incorpor un poco; Kolbenheyer se haba echado a su vez -boca arriba. Pealva segua de pie. Su silueta inmvil me impresion. -Me levant, me acerqu a l. Lo llam en voz baja. Como no -respondiese, lo toqu en el hombro, pero tampoco se movi. Entonces, -mirndole los ojos comprob que estaba dormido: dormido en sueo -hipntico, las pupilas desmesuradamente abiertas. - -Mi sensacin fu de angustia. He aqu, me dije, las resultas de esa -mana de autosugestionarse, de mi extravagante amigo. - -En vano Kolbenheyer acudi en mi ayuda. Intiles fueron los esfuerzos -para despertarle. - ---Bueno, est enviciado,--dijo Kolbenheyer.--Y como ni usted ni yo -sabemos de hipnotismo, dejmoslo aqu hasta que despierte, pues slo -l podra despertarse. Entre tanto vmonos hasta el Cristo, a -contemplar la ciudad desde esa altura. All tocaremos la campana; -quiz con el ruido se despierte. - -Acced, y nos alejamos por el cerrado camino. As anduvimos largo -trecho, sin hablarnos. - -La solemnidad de la noche se complicaba con aquel incidente, un tanto -raro, un tanto cmico. Dos cuadras ms all, Kolbenheyer, cogindome -del brazo, balbuce: - ---Estara muerto?... - -Aquella pregunta me impresion vivamente, la emocin ahog mi voz, las -lgrimas me saltaron a los ojos: - ---Imposible!--dije, aferrndome a la lgica, pero atrado por la -violenta fascinacin de lo sobrenatural. - -Luego, movidos por el mismo impulso, arrastrados por la misma -torturante duda, echamos a correr cuesta abajo, para ver al poeta. - -Al llegar al sitio donde le habamos dejado, Kolbenheyer, que iba -delante, grit: - ---Eh, brbaro! No est! No est aqu! - -Las piernas se me aflojaron. Interrogu con los ojos extraviados al -cebilar negro y mudo, y grit a mi vez: - ---Pealva, Pealva!... - -Y el eco devolvi las ltimas slabas desde el caadn vecino: -alba!... alba! - -Y Kolbenheyer y yo, atnitos ante la piedra que momentos antes -sirviera de peana a nuestro loco amigo, nos interrogamos mutuamente, -desconcertados. - -Haban transcurrido algunos minutos. El silencio era en aquel -instante, aterrador. La hondonada abierta a nuestros pies era una sima -impenetrable. - -Y de pronto, de ah cerca, de muy cerca, acaso a tres metros de -nosotros, del fondo de la maraa tenebrosa y brava, se alz en el -aire, viol el silencio, un aleteo lento, un chapoteo lgubre; y un -enorme vampiro, un monstruo absurdo como una creacin de delirio, se -alej volando. - -Arturo Pealva haba muerto. - -En el mismo sitio le hallamos descalabrado, al pie de un cebil. - - - - -LA CACERIA DE PATOS - - -Aconsejo a las seoras mams que no les permitan a sus hijos salir de -caza los domingos por la maana. - -Cuando el nio toma la escopeta y se mete cincuenta cartuchos en el -tirador, tenga por cierto la mam que algn desastre se prepara. - -Si alguna vez, lector, te sucede la desgracia de tener un nio, -cralo, te lo aconsejo, entre algodones; y cuando le toque ir a la -escuela, t en persona has de acarrearlo, para evitar las malas -compaas. Porque es necesario saber de una vez que todo nio es -bueno, y que son las malas compaas las que lo echan a perder. A -causa de ello empiezan a volverse respondones y desobedientes. - -En mi niez he sido de angelical naturaleza, hasta que en quinto grado -escolar contraje amistad con el gringo Burela y el fiero Garnica, par -de cachafaces que me ensearon a hacer la rabona, y a los cuales, dado -mi precoz espritu de emulacin, no tard mucho en sobrepasar. - -Con ese nobilsimo compaerismo de la infancia que se fortifica hasta -el sacrificio en cuatro barrabasadas hechos de consuno, amaba yo al -gringo Burela y al fiero Garnica ms que a mis padres. - -Mi alma inquieta y ansiosa de libertad slo hallaba en la casa donde -se desvivan por educarme, los odiosos sermones consuetudinarios, las -penitencias de narices a la pared, y los coscorrones, agudos como -aleznas, de mi madre. Por eso me gustaba la escuela, pues en ella al -menos me era dado embromar a gusto. Qu diferencia con el hogar! - -All reinaba yo, en las camorras de los recreos, compartiendo el botn -de trompos y bolillas, con esos dos amigos, bravos proslitos, cuya -compaa hubo de costarme tantas lgrimas. - -Llevbanme ambos tres o cuatro aos en edad, y el fiero Garnica la -cabeza en estatura. En cuanto al gringo Burela, que en paz descanse, -ya lo describ cuando relat su ominoso asesinato. - -El hecho es que un domingo, al alba, me escap de casa para irme con -mis dos amigos a cazar patos a la Lagunilla. - -Durante los coloquios de nuestras rabonas, habamos acariciado, desde -meses atrs, esta cacera, que asuma en mi imaginacin de lector de -Calleja, brillantes perspectivas de aventura. - -Qu hermoso, irse solo al campo, cuando no se conocen todava ni los -suburbios de la villa natal! - -Mis camaradas me haban hablado de una vasta extensin de aguas -profundas, donde bogaba un bote a vela, y a la que venan a asentarse -inmensas bandadas de patos. - -Era el fiero Garnica un jastial largo y desgarbado, tutado de -viruelas, con una gran frente, elevada y plana como una pared. Habase -conseguido, no s cmo, una escopeta antigua, de chispa, de un solo -cao, amn de un tarro de plvora y otro de municin gruesa. A falta -de tacos de fieltro, nos serviran unos pedazos de papel secante que -habamos de mascar para cargar el arma. - -En el camino, la contemplacin de aquel vetusto y herrumbrado -instrumento, que el fiero Garnica sostena en el hombro con porte -marcial, nos hizo prorrumpir en acaloradas manifestaciones de jbilo. - -Un troncho de dulce seco, un poco de pan y otro de queso, formaban -nuestro avo, que el gringo Burela sustentaba en la punta de un palo, -colgado de una bolsa; esto sin olvidar la sal y los fsforos para -comernos los patos asados a la caucana. - -Impelidos por la acucia de la aventura, marchbamos de prisa, con el -vago temor de vernos alcanzados por la polica, si en mi casa se -hubiesen percatado de mi fuga y recomendado mi captura. - -El fiero Garnica marchaba a vanguardia. Burela y yo mirbamos con -cierto respeto la escopeta, cuyo complicado mecanismo no -comprendamos. Y en la delictuosa escapatoria del hogar, mi instinto -de conservacin me haca considerar el misterioso peligro de tales -pirotecnias. - -As, andando, andando, al rayo del sol, pronto estuvimos a la orilla -de la laguna. - -Entonces tuvo lugar la operacin de cargar el arma. Burela y yo -mascbamos el papel secante. Garnica ech con un cartucho la plvora -por el cao. - -Habamos alcanzado a divisar unos veinte patos. Garnica, muy nervioso, -acab de cargar de un baquetazo. Nosotros nos echamos al suelo de -bruces: l avanz al sesgo entre unos matorrales, agazapado, en un -furtivo rodeo estratgico. - -Al fin, anhelantes, ansiosos, le vimos enderezarse, apuntar un buen -rato, y pum! - -Fu una hecatombe! La escopeta se parti en dos. La parte de la -culata vol lejos, y un pedazo del cao se le clav en la frente a -Garnica. Este, con el feroz culatazo, se cay de espaldas. - -Corrimos, lo levantamos, lo palpamos. No le sala sangre! Tampoco le -dola nada! Al contrario, se rea, y tena clavada media vara de cao -en la frente! - -No haba que perder tiempo. Antes que le viniese el dolor lo tumbamos -de espaldas, y el gringo Burela se le subi encima y le apret el -pecho. Yo me agarr del cao, le puse la rodilla en la frente, hice -un esfuerzo terrible y consegu arrancarle el hierro! - -Jams operacin quirrgica di mejor resultado! - -El paciente se incorpor, se pas la mano por el agujero de la frente, -ensangrentada, extendi el brazo y seal la laguna. En el agua -flotaba un tendal de patos. - -Y as acab la cacera. - -Hubo que venir al pueblo por un coche. A m me aplicaron una -reprimenda. Al gringo Burela lo sobaron en su casa. - -Y al inmortal fiero Garnica, pocos das despus lo daban de alta en el -hospital del Seor del Milagro. - - - - -EL CABALLO QUE PERDIO LA LENGUA - - -Andbamos de cabalgata una tarde por las lomas de La Caldera, en el -verano del 98. Hallbame enamorado de una preciosa nia, delicada y -pura como una azucena. Haca yo por entonces mis primeros ensayos -poticos, y no preciso declarar que la encantadora chica era la -vctima inocente de tales ensaamientos. - -Esa tarde de Enero mi amor haba levantado presin, y marchbamos paso -a paso, a retaguardia de la cabalgata; a la par nuestros corceles, y -nuestros corazones al unsono. - -Ya no recuerdo qu de cosas le dije, lo cual es una suerte para el -lector, que se encontrar harto de leer declaraciones amorosas en -prosa y verso. - -Viajbamos de Caldera a Calderilla, y, como hubimos de salir muy -temprano, contbamos con regresar antes del anochecer. La tarde estaba -hermosa. El sol al ponerse tea los cielos de anaranjados matices y -desde la altura podamos espaciar la vista hacia los remotos -horizontes montaeses. - -Mientras mi lengua de enamorado infatigable se desataba en melfluas -expresiones del ms charro gusto, bajaba mi compaera pdicamente los -ojos, sin atreverse a mirarme: actitud que despus he sabido que en la -mujer, a veces, significa; "es usted un tonto". - -No digo que la chicuela me tuviese por tal, ni mucho menos, pues su -experiencia de los hombres era escasa, pero s pienso que los -requiebros la atormentaban. No hay duda que el panorama le resultaba -ms interesante que yo. - -He dicho que la nia era delicada y pura como una azucena y aadir -que adems posea la exquisita sensibilidad de una mimosa. - -Una de sus amigas iba montada en un caballo que acababa de perder por -completo la cola en un accidente de carruaje, y la vista de la -repugnante y fresca mutilacin la aterr hasta el punto de que casi se -descompuso de slo mirarla. - -El encuentro de un sapo la produca carne de gallina, y si algn -spero escarabajo vena volando a golpear torpemente su blanqusimo y -pulido cuello, gritaba y zapateaba, la melindrosa, a fin de que la -librasen del atrevido monstruo. - -Yo montaba un caballejo que me prestara un to mo al comenzar las -vacaciones, y aunque el animal era manso y tranquilo como un cordero, -esa tarde lo vena sintiendo alborotado y quisquilloso como un potro. - -Me haba errado algunos cabezazos a la nariz, y con el objeto de -reprimir sus intempestivos bros, y como que yo luca mi ecuestre -pericia, lo espoleaba de trecho en trecho y lo sujetaba, despus, de -un tirn, con lo que el animal se quedaba un rato quieto. Pero hasta -que llegamos al patio de la Calderilla, donde le pegu la postrera -soba y una sofrenada magna, el mancarrn no acab de sosegarse. - -Entonces nos toc apearnos y ayudar a las nias. Cada cual bajaba su -pareja. Cambibanse saludos de cumplido con los dueos de casa, los -que en seguida nos invitaron a descansar en el corredor y a tomar -algn sorbete. - -Cumplida la galante tarea, me acerqu tirando los dos caballos, el de -la chica y el mo,--para atarlos a un poste del guarda-patio, cuando -not que a mi caballejo le chorreaba un hilo de sangre por los labios. - -Miro al suelo, busco y, oh cosa tremenda! Mi caballo haba perdido la -lengua. Este adminculo yaca por tierra, envuelto en polvo. Le haban -colocado el freno del revez, al infeliz. El freno le haba cortado la -lengua. - -Mi pobre caballo, mudo, naturalmente, no pronunciaba ni una queja. Mas -de sus grandes y lnguidos ojos manaban espesas lgrimas. - -Oh cruel insensatez, oh ceguera del amor! Y el ridculo que me -esperaba si mi caballo se caa muerto! Yo lo observaba, pero l no -demostraba dolor. Me qued estupefacto, con la lengua en la mano, a -la espera de un desenlace fatal; y tuve que metrmela de prisa en el -bolsillo, pues en aquel momento lleg mi chica, y bajaron al patio los -de la cabalgata y dieron la voz de regreso. - - - - -LA TRANSMIGRACION - - -Nunca he podido creer en aparecidos ni en cosas del otro mundo, -gracias a mi costumbre de buscar con afn, aun en los hechos -irresolubles a primera vista, la natural explicacin que, en rigor, -todo misterio debe encerrar. - -Sin embargo, en el fondo de lo inconsciente, el hombre menos -supersticioso conserva en forma larvada, como patrimonio psquico de -sus antepasados, un terror instintivo por lo inexcrutable, muy difcil -de vencer con la razn, cuando el caso concreto se presenta. - -Y bien. Yo he sido vctima de ese terror en la ocasin que paso a -referir. Pero, ante todo, har constar que nicamente lo -extraordinario del suceso pudo poner en tan ruda prueba la firmeza de -mis convicciones. - -El verano del ao pasado volv una noche muy tarde a casa. - -Me hallaba preocupado con la enfermedad de mi amigo el seor H. que -tena el apodo de _Chivo Pedro_. Ciertamente, aquel seor de cara -morena y larga, cabellos y barbas grises, recortadas en rectngulo, -con dos lobanillos en la torva frente y unas manos nudosas como palos -de parra, se pareca de un modo alarmante a un chivato. Acentuaban -adems estos rasgos, ciertas gesticulaciones, y unos resoplidos -nasales, cortos y bruscos, a modo de estornudos breves. De donde el -inevitable apodo. - -Aquella noche vena yo de su casa. Los mdicos haban perdido la -esperanza de salvarle. - -Cuando cerr tras de m la puerta de calle, con estrpito, el golpe -rod a lo lejos por el casern vaco. Yo era su solo habitante, pues -mi familia estaba en el campo. - -Al pasar la puerta cancel me volv, con la impresin de que haba -alguien en el zagun. Y no del todo tranquilizado, atraves el patio -silbando, y entr en mi cuarto. - -Encend la vela que estaba sobre el escritorio, me mir al espejo, me -quit el sombrero, y observ cmo el espejo ahondaba la obscuridad del -patio. Haba en este detalle una inquietante obstinacin de tinieblas -y de silencio. - -Me sent a escribir, de espaldas a la puerta, abierta de par en par. - -No tena sueo, y me haba propuesto acabar un soneto maldito en que -me engolfara la noche anterior. Pero no daba en la tecla. Las musas me -abandonaban visiblemente, a mi despecho; y los ojos de la hermosa -ingrata que me inspirara, bailbanme en el magn una danza macabra, -junto a los ojos saltados del agonizante. - -Con la estril cabeza entre las manos, imagin que estaba sosteniendo -un zapallo. - -De pronto, un inusitado aleteo me crisp los nervios. Era un -murcilago que revolote encandilado en torno del techo, y, rocindome -de paso, desapareci con un dbil chillido. - -La preocupacin que hasta ese momento haba logrado alejar de mi -espritu, empez a dominarme de nuevo. Hubiera querido cerrar la -puerta. Pero no me atrev a volverme en el silln giratorio en que -estaba sentado. Me asustaba la idea de que el silln, falto de aceite, -se pusiese a chillar. - -Sent entonces que el silencio me agobiaba, me abrumaba, me impona su -mutismo; ese mutismo extrao que nos revela a veces, en las cosas y en -los objetos que nos son familiares, un aspecto insospechado y nuevo. - -Con el odo absorto, auscultaba los rumores indefinidos de la noche. - -Ya no pensaba en nada. Solamente oa. - -Una mosca, zumbando torpemente, me peg en la cara. Y yo escuchaba. El -grito estridente de una lechuza errante sobre la casa, me puso el -corazn en desrden. - -Un papel arrastrado por sigiloso viento cruz el patio, se estrell -contra una pared y se dobl con ruido desigual. - -Algo iba a ocurrir! Algo sobrenatural! - -Y me suspend casi en el aire, horripilado, cuando, en ese preciso -instante, un presuroso tac, tac, tac, de tacos breves reson en el -patio y avanz en direccin a mi cuarto. - -Alguien haba transpuesto mi puerta, y se haba plantado en media -habitacin! - -Inmediatamente, comprend yo esto; aquellos pasos no eran, no podan -ser de gente! - -Luego, con infinita angustia, di vuelta lentamente la cabeza, y mir: -un chivo negro, barbudo, diablico, estaba all! Inmvil, me -observaba, rumiando con espantosa impavidez. - -Son entonces un aldabonazo en la puerta de calle. La bestia, -asustada, di cara vuelta, y, con un corcovo prodigioso, desapareci -en la sombra. - -Otros aldabonazos tremendos me arrancaron del estupor en que me haba -sumido. Y cuando abr la puerta, me encontr con el muchacho de la -panadera vecina, que vena a reclamarme el chivo de su propiedad, -escapado mientras horneaban, por una tapia baja que separa la huerta -de casa de la panadera. - -Por la maana, supe la muerte de _Chivo Pedro_, acaecida esa noche. - - - - -EL SUICIDIO DE BURELA - - -El invierno pasado trepaba yo casi todas las maanas por el camino del -cerro, que conduce al Redentor. - -Era un excelente deporte que me endureca las piernas, y que me brind -la ocasin de revolucionar mis nervios cierta vez. - -He aqu el caso: - -Una maana iba por el camino, muy despacio, detenindome de trecho en -trecho a respirar y a mirar el horizonte que la niebla permita -descubrir, y estaba ya en mitad del cerro, frente a la cueva del viejo -Castro, cuando vi en un banco, a la izquierda, sentado un hombre. - -No me extraara el encuentro si el individuo no me habla. - ---Hola, Dvalos!--me dijo.--Qu ands haciendo? - -Le observ, asombrado, de hito en hito, y oh, prodigio! era el gringo -Burela. Pude reconocerlo a travs de una capa de roa que lo -enmascaraba, en complicidad con unas barbas rubias en despatarro, y -una cabellera exuberante y dura como copa de churqui, que irrumpa por -un agujero apical del incoloro chamberguito. - -Bajo el cachete derecho, hinchado como un tmulo, rotaba lentamente un -monstruoso "acullico" de coca. - -Dos ojillos verdes, de prpados enrojecidos por el insomnio y el -vicio, se asomaban en el fondo de aquella cara patibularia. - -Era mi amigo de la infancia, mi antiguo condiscpulo, mi camarada -inseparable y vecino de barrio. - -Con l hice las primeras rabonas de la escuela normal. Conoca l un -escondrijo al pie del cerro, adonde jams pudo llegar el ojo alerta de -_Caranchito_, el regente, que desde la azotea espulgaba con un -telescopio las arrugas del terreno en busca de alumnos vagos. - -Con l, con ese gringo Burela, que estaba ah, habamos apedreado a -los transeuntes escondindonos tras el parapeto en los tejados; con l -le habamos prendido fuego a un pobre gato empapado en aguardiente; -con l azotbamos a los perros, atbamos a las viejas, manto con -manto, en las procesiones; nos farsbamos de los opas que trotaban por -la calle, y robbamos naranjas de los boliches; y con l un da -concluyeron por fin mis relaciones, previa disputa por un trompo y un -ladrillazo feroz que casi me rompe la cabeza. - ---Yo voy all arriba--le contest.--Y t, qu te hacs ahora? Qu te -hacs aqu? Por qu tienes esa facha? - -Sin cesar de masticar su acullico, me respondi en tono cnico: - ---Soy socio de Vago Hermanos y Ca... - -Luego me cont que l nunca haba sentido ganas de trabajar, y que, -sin saber cmo ni cmo no, se haba vuelto borrachn y perdulario. - ---No tengo casa en el pueblo--aadi.--Van dos meses que vivo aqu en -el cerro. Duermo en la cueva del viejo, all enfrente. - -Hubo una pausa. Y sacando a brazadas una piola del bolsillo del -pantaln: - ---Estoy dispuesto a no sufrir ms--me dijo, hablando con calma.--Ayer -traje esta piola para ahorcarme... - -Se puso de pie, vivamente excitado. Me mir de soslayo, y se sorbi un -sollozo harto hmedo. - -Era el mismo: petizo, brazos largos, piernas chuecas, manos sucias, -uas negras y crecidas. - ---Cspita!--exclam.--Y porqu no te ahorcaste ayer? - ---No quiero morir de noche,--contest con melancola. - -Lanz un suspiro, y declar que le faltaba nimo, aunque le sobraban -deseos de acabar con sus das. Entonces, un pensamiento diablico me -roz el cerebro, como una ala negra. - ---Hombre--le dije.--Puesto que tu voluntad es morir, yo, amigo, te -ayudar, prestndote la energa ejecutiva que te falta. En efecto, no -puedes hacer cosa mejor que ahorcarte. Venga esa piola! - -Examin los alrededores. Me convenc de que estbamos solos. - ---Ahora a buscar un rbol. - ---All!--respondi la vctima, con los ojos extraviados, sealndome -uno. Su acento firme pona en evidencia su resolucin mortal. - -Bajamos a la quebradita, subimos por la opuesta ladera, y llegamos al -pie de un cebil que se inclinaba sobre rpida pendiente. - -El gringo Burela, ansiosamente, divis por ltima vez el cielo azul, -el cerro, el valle de Lerma; se persign despacio y tir el -chamberguito barranca abajo. - -Con semblante afligido me estir la puerca mano, en seal de despedida -y prenda de gratitud. - -Le hice un nudo corredizo en el pescuezo, pas la piola por una -horqueta, me colgu de la otra punta, y el gringo Burela, como por -roldana, salt al aire. - -Lanz un silbido ronco, sac una cuarta de lengua, se le amorat la -cara, se le desorbitaron los ojos, y, tras breve pataleo, pas de sta -a la eterna vida. - -Sereno, at yo la piola al tronco y me alej del macabro espectculo. - -El ahorcado se balanceaba dulcemente suspendido en el vaco. - -Yo haba cumplido un deber de amistad. - - - - -EL CASO DEL ESQUELETO - - -Existen en la naturaleza fuerzas cuyo modo de actuar nos es -totalmente desconocido, y cuyos efectos podemos, sin embargo, percibir -en nosotros, o en el medio que nos rodea, en ciertas circunstancias -raras, o en ciertos anormales estados psquicos? - -Hay, fuera del mundo material, ms all de lo que nuestra -inteligencia puede someter a medida, una existencia aparte, un modo -distinto, un diferente aspecto de lo real? - -El que algunos animales posean sentidos cuyo funcionalismo se nos -escapa, por ejemplo, las lneas laterales de los peces, parecera, -desde luego, confirmar la presencia de tales fuerzas. - -Por otra parte, a veces, iguales rganos, en un tipo zoolgico, -presentan enormes diferencias de sensibilidad, en el desempeo de una -misma funcin. As, mientras algunos mamferos son sordos, o poco -menos, las mulas poseen una agudeza de odo muy superior a la del -caballo. Y aun es de creer que la facultad que el vulgo les atribuye, -de presentir los peligros, provenga de un sexto sentido, -correspondiente a un orden desconocido de la energa csmica. - -Aparte del natural temor que la noche infunde en casi todos los seres, -puesto que les priva de las percepciones visuales, tan importantes en -la lucha por la vida, tengo por indudable que despus de la puesta del -sol entran efectivamente en accin aquellas fuerzas. - -Fu a la hora crepuscular cuando la mula de un amigo mo, muy mansa, -no se dej quitar el freno con el potrerizo de la finca; el cual, una -hora despus caa muerto en la cocina de los peones... Qu vi la -mula en la cara del hombre, o qu oli en l, o qu sinti?... - -Desde luego, se sabe que el estado elctrico de la atmsfera cambia -del da a la noche, y que estos cambios influyen directamente sobre el -mundo orgnico, y hasta modifican el funcionamiento de ciertos -aparatos. - -Por una flagrante contradiccin entre lo que hay en m de razonador y -cientfico, por una parte, y de instintivo y atvico por otra, nunca -he logrado, a pesar de una larga cultura intelectual, sustraerme a la -influencia inquietante de la noche. - -Sin creerme un cobarde, ni ser un neurtico visionario, confieso que -un panten o un bosque desierto, a media noche, pesan en mi corazn -con todas las angustias del presentimiento; y esa prodigiosa bveda -celeste que no acaba nunca sobre mi cabeza, me abisma en un horror -increble al vaco infinito y negro, en el cual, siempre que estoy -solo de noche, y a cielo descubierto, tengo la sensacin de caer y -caer vertiginosamente, boca arriba. - -Muchas veces se me han erizado los cabellos en tales momentos! Y -cuntas he sentido cerca de m la presencia, en las tinieblas, de -_algo_ que no es _alguien_, pero que existe, que _es_! Acaso la -condensacin de esas fuerzas?... Acaso el espectro de las cosas?... - -Qu s yo!... - -Y bien. Tenis derecho de reir, vosotros, los sanos y los -equilibrados. Me llamaris loco; pero lo que os voy a contar es tan -absolutamente cierto, que a fin de convenceros de mi veracidad, habr -de confesaros toda la verdad, toda la triste verdad. - -Yo me haba enviciado en el whisky, y la coca... y esta circunstancia -explica en parte el inusitado suceso de que fu actor. - -En aquella poca de mis excesos alcohlicos, una noche, muy tarde, me -fu a dormir, impresionado con la muerte de un pariente que agonizara -desde medio da. - -(Tengo en mi cuarto un esqueleto, propiedad del colegio nacional, en -el que suelo estudiar.) - -En cuanto abr la puerta de mi cuarto, (debo hacer constar que en casa -no haba nadie), tuve la sensacin de la presencia de ese alguien... -Con gran cuidado cerr la puerta y encend prestamente un fsforo. - -Al dar un paso hacia mi cama para encender la vela que estaba en el -velador, vi que el esqueleto alzaba una mano y la asentaba sobre un -libro; uno de los libros que haba en la mesa junto a la cual estaba -colgado el esqueleto. - -Encend la vela. - -Al darme cuenta de todo eso, realic un poderoso esfuerzo de voluntad -para dominar el miedo que me ahogaba; y sereno, impasible, lgico, me -propuse llevar el anlisis del caso hasta el ltimo lmite. - -Y pens: puesto que el esqueleto se ha movido, sepamos por qu causa -se ha movido. - -Abr el libro, sobre el cual se apoyaba la mano, que era la derecha, y -le el ttulo: "El crimen y la locura", por A. Maudsley. Conoca yo la -obra. Contiene historias de criminales y su estudio patolgico. El -autor es ingls. Se refiere a crmenes cometidos en Inglaterra y en -Francia. El esqueleto era preparado en Francia. Tena una placa: -"Jules Talric, preparador". Sabido es que las prisiones suministran a -estos industriales el material.... - -Durante mi ausencia, habra estado leyendo el esqueleto, en el libro, -quiz su propia biografa? Pues segn los promedios antropomtricos el -esqueleto haba pertenecido a un asesino. - -Sin embargo, mirndole de cerca, me fu imposible descubrir signo -alguno de vida en sus rbitas vacas, y comprob que la caja torcica -permaneca trasparente entre las costillas. - -Luego, vigilndole siempre, anduve en cuatro pies, mirando debajo de -los muebles, a fin de constatar si no sera algn gato el agente del -hecho inexplicable. - -Formul la hiptesis de una corriente elctrica que, imantando de -golpe las articulaciones de hierro, hubiese determinado la -contraccin del brazo; pero mi incompetencia en fsica volva intil -la teora. - -Otra vez me enfrent al esqueleto. Yo senta una desesperacin rabiosa -por investigar y aclarar el misterio; yo senta que me estaba -trastornando poco a poco el horrible misterio; y en un acceso -violento, irresistible, lanc una descomunal carcajada que reson por -la casa desmantelada y oscura; y empujndole como a un pndulo, hice -oscilar al esqueleto en su perno. Y el eco de mi risotada, y el seco -chocar de los huesos, llevaron al paroxismo mi exaltacin nerviosa. -Oh!... Cundo estis a media noche solo en vuestro cuarto, lanzad, si -podis, una carcajada, os lo ruego. - ---O, yo te har confesar la verdad o me matars!--le grit al -esqueleto. - -S. Era preciso, era urgente, apurar todos los medios de prueba, pues -iba de lo contrario a enloquecerme. - -Con un ardor febril lo destornill de su pedestal, lo vest con un -pantaln y un saco, lo sent de codos a la mesa, en mi propio silln, -y le acomod mi revlver en la mano derecha, hacindolo apuntar a la -puerta, con el gatillo alzado, y el dedo ndice sobre el resorte del -gatillo. - -Retroced un paso para contemplarlo. - -Pero el miedo me venci. Y entonces, agazapndome, retrocediendo, -vigilndolo siempre, agarrndome a la mesa para no caer, intent de un -salto ganar la puerta. El esqueleto me apunt y son un tiro!... - -Aquella maana me bajaron del tejado. Me haba quedado catalptico, -abrazado a una chimenea. - - - - -LA COLA DE GATO - - -Don Roque Prez es el hombre ms flemtico de Salta. Tiene cuarenta -aos. Hace veinte que est empleado en una oficina de la casa de -gobierno. Es soltern, metdico, cumplidor y beato. - -Su vida es simple y redundante, como el rodar montono de los das -provincianos, o bien como la marcha circular y pacfica de un macho de -noria. - -La historia de este hombre contiene dos etapas, separadas entre s por -un acontecimiento trascendental que dej en su espritu una -perplejidad perdurable. - -La primera etapa comprende su juventud, los diez aos que pas de -dependiente en la tienda de Don Pepe Sarratea. La segunda etapa -comprende su madurez, sus veinte aos de empleado pblico. - -Con una sonrisa indefinible y calmosa, mientras fuma un cigarrillo, -Don Roque Prez cuenta su caso a un grupo de oficinistas. - -Cuando l era dependiente, dorma en la trastienda. El negocio de -Sarratea ocupaba una vieja casuca que todava existe en una esquina de -la plaza. - -El dependiente barra la vereda todas las maanas, plumereaba los -estantes, y aguardaba al patrn que se presentaba a las ocho. - -Sarratea despachaba personalmente, detrs del mostrador; pero si haba -que bajar alguna pieza de un alto estante, colocaba la escalera y el -dependiente se encaramaba por ella. - -A las nueve de la noche, Sarratea despeda a sus contertulios del -barrio, guardbase el dinero en el bolsillo y se marchaba a su casa. -Entonces el dependiente trancaba las dos puertas de la tienda, rezaba -su rosario y se meta en cama. - -Una noche entre las noches, Roque Prez, despus de acostarse, dirigi -la vista al techo, y vi que colgaba una cola de gato por una rotura -del caizo. - -El agujero quedaba perpendicularmente sobre su cabeza, y la cola de -gato apuntaba, naturalmente, a sus narices. - ---Qu ser eso?--pens el dependiente.--Qu ser?... - -Apag la vela y se durmi. - -Varias noches despus del descubrimiento, Roque Prez volvi a mirar -la cola de gato. Al cabo de una hora de contemplacin, pensaba: qu -ser esa cola?... Y se deca: maana voy a poner la escalera para ver -lo que es... Y apagaba la vela y se dorma. - -Todas las maanas, al despertar, Roque Prez se desperezaba y miraba -la cola de gato. La miraba todas las noches al acostarse. Y siempre -pensaba: en uno de estos das voy a poner la escalera. - -Pero Roque Prez era indolente, con esa profunda indolencia de los -pueblos paldicos. El haba tenido una idea: aquella cola de gato -deba ser _algo_. Para saber qu era, haba tiempo. - -As pasaron dos aos, y pasaron cinco aos, y pasaron diez aos!... -El seor Sarratea muri de tabardillo; los herederos liquidaron el -negocio; Prez tuvo que abandonar la vieja casuca. - -Sali de all con quinientos pesos de sueldos economizados y se -contrat en la tienda de enfrente. - -A poco de esto, alquil la casa de Sarratea un boticario alemn que -llegara a Salta con su mujer. - -Lo primero que hizo el boticario, naturalmente, fu preocuparse de la -limpieza del chirivitil, para instalar su botica. - -Un da el boticario entr en la trastienda, y al revisar las paredes y -los techos, vi la cola de gato. El alemn llam a su mujer y le -mostr aquello. Pidieron prestada una escalera en la tienda de -enfrente. Roque Prez, en persona, trajo la escalera. El boticario, -ayudado por Prez, la afianz sobre un cajn para que alcanzase al -techo, y se trep. - -Mientras el pobre Roque sostena la escalera, el boticario, all -arriba, asi de la cola, tir, y cay al suelo una moneda de oro. Tir -ms, y cayeron algunos cascotes y varias monedas. Luego, metiendo el -brazo en el agujero del techo, sac un zurrn lleno de onzas de oro, y -se lo arroj a su mujer. Busc ms, y encontr otro zurrn, y cargando -el pesado fardo, baj al suelo. - ---Bueno,--dijo el alemn todo sofocado, entregndole a Prez una -monedita.--Aqu tiene Vd. su propina. Y gracias por la escalera. - -Ahora, Don Roque, ante la rueda de empleados, da un chupn formidable -a su cigarrillo, sonre con calma, y con las barbas llenas de humo, -dice: - ---Entonces fu cuando comprend que mi destino era ser empleado -pblico. - - - - -EL SALTO ATRAS - - ---Escalandrini, pseme el frasco de las araas,--le dije al -ayudante.--Vamos a separar los diferentes ejemplares en lotes -adecuados. - -El hombre puso el frasco en la mesa y prepar los lentes, las pinzas, -el alcohol y dems cosas necesarias. - ---Examinemos primero la araa negra... Veamos. Es una especie nueva -para nuestro museo, y hay que clasificarla. Tngame usted el frasco a -contraluz. - -En vano busqu. Entre aquel locro de bichos no estaba la araa negra. - ---Es singular!--objet,--pues ayer mismo la estuve mirando en el -fondo. Habrn entrado ayer aqu los muchachos despus de clase? - ---_Non signore!_ - ---Bueno. Conviene que cuide usted mejor el gabinete... Resulta que los -alumnos burlan su vigilancia y se roban los bichos. - -La prdida me contrariaba de veras. Tratbase de cierta araa del -Chaco, muy rara, muy difcil de pillar. Se la deb a la gentileza de -Don Tadeo Amaya, lenguaraz de una toldera de junto al Bermejo. - -Algunos das despus de este pequeo incidente, Escalandrini vino a -buscarme a casa con el fin de entregarme unos portaobjetos del -microscopio. Apenas se me acerc le sent un tufillo inconfundible a -caa. Y confirm mis sospechas del alcoholismo del ayudante, una noche -que lo encontr por una calle haciendo eses. - -No haca mucho que se haban abierto los cursos, y pens que an era -tiempo de buscar otro ayudante. Aquel hombre me haba inspirado desde -el primer da una invencible repulsin; as es que me alegr cuando le -descubr su vicio. Slo aguardaba una buena oportunidad para hacerlo -saltar del Colegio. - -Aunque italiano, Escalandrini tena tipo de negro. Ostentaba una -cabellera lanuda, apelmazada, y que tiraba a rubio. Tena la tez -amarillenta, los ojos pequeos y huraos, y era bajo de estatura. Era -barbilampio, jetn, dentudo, y tena pmulos salientes y brazos muy -largos para su estatura: en resumen, un aire sub-humano, sobre todo si -se lo examinaba de cerca, por cierta expresin esquiva y bestial de -tristeza en la mirada. - -Y sin embargo, como ayudante no puedo negar que era competente y -experimentado. - -Haba venido al Colegio Nacional, recomendado por el naturalista -Timperton, y haba sido auxiliar de zoologa en un museo de Turn, y -despus miembro de una expedicin entomolgica en la colonia Eritrea. - -Ahora bien; un da que yo sealara a la clase un tema sobre las aves, -entr antes de hora en el gabinete y me puse a revisar una coleccin -de voltiles que deba utilizar en mi conferencia. Escalandrini -hallbase a la sazn ocupado en disecar, en un extremo del saln, un -loro barranquero que l mismo cazara con tal objeto. - -Al revisar las colecciones de los armarios not que faltaban algunas -piezas. Despus advert un excesivo desperdicio de alcohol, pues las -tablas de los estantes estaban mojadas de este lquido. - ---Tenga usted ms cuidado, Escalandrini--, le dije al -ayudante.--Derrama usted demasiado alcohol en la remuda de los botes. - -Pero un detalle bien curioso me llam la atencin. En un estante, como -escondida detrs de unos frascos, yaca una cabeza de _crtalus_, que -sin duda haba sido separada del tronco, no por cuchilla de cortes, ni -por bistur, sino a tirones, pues los tejidos presentbanse -desgarrados. - ---Yo quisiera dar _cun_ los traviesos _qui_ me _facen_ un _batituque -dil_ gabinete--, gru Escalandrini, que se haba vuelto en su silla y -expiaba mis movimientos. Pero la fisonoma del individuo no acusaba la -expresin correspondiente al tono con que pronunciara tales palabras; -circunstancia que no dej de impresionarme. - -Quiz se haba fijado ms en m que en sus propias palabras. - -Luego descubr, dispersas en las tablas, algunas gotas de estearina. - -Como en el gabinete no haba luz elctrica, supuse que alguien se -entrara de noche, y con vela. - -No pregunt nada. - -En lo sucesivo el gabinete me pareci ya mejor cuidado. Sin embargo, -buscando a lente, siempre hallaba en el suelo, o en la mesa, o en los -estantes, gotas de estearina que haban sido raspadas,--se conoca--, -con sumo cuidado. - -Entonces fu cuando empec a concretar mis sospechas... - -Y un suceso lamentable vino a precipitar el desenlace de esta intriga, -a develar el misterio de un temperamento. - -En el aserradero de Perutti, la tarde del 6 de Abril, un obrero se -cort la mano derecha con una sierra sin fin. Se le haba enganchado -la manga en el trozo que aserraba, y a pesar de los sobrehumanos -esfuerzos del infeliz, el trozo le arrastr el brazo, la sierra pas -de travs, y el hombre qued manco. - -Fu una espantosa confusin. Los compaeros del taller acudieron a -auxiliarlo, pues se iba en sangre. Lo llevaron a la Asistencia Pblica -y all le contuvieron la hemorragia. - -Cuando el pobre obrero estuvo en sus cabales se acord de su mano. -Pregunt por ella. Los compaeros fueron a buscarla entre el aserrn, -pero no la hallaron. La mano se haba extraviado. - -Poco despus del accidente la mujer de un obrero haba visto varios -perros que olfateaban la sangre... - -Tuvieron que ir a contarle al dueo de la mano la verdad: - ---Parece que un perro se la ha comido... - - * * * * * - -La noche del 16 de Abril, bien madurado mi plan, me introduje con gran -sigilo en el Colegio; atraves de puntillas los largos claustros, -llegu a la puerta del gabinete, y espi por el ojo de la llave... - -Frente a frente de la puerta, ante la mesa de conferencias, alumbrado -por un pucho de vela, Escalandrini perpetraba un horrible banquete. - -De un frasco de araas en alcohol echaba a pecho grandes tragos. En -eso, sac del bolsillo una mano muerta y empez a devorarse el dedo -mayor. - -El monstruo pareca borracho. Sus ojos relampagueaban, ebrios de -alcohol y de gula bestial. - -Despus, con una pinza, extrajo una araa pollito, y de una dentellada -le cercen el abdmen. - - * * * * * - -Escalandrini era un caso tpico de regresin o salto atrs. Una vuelta -a los trogloditas antropfagos. - -Ribot, en su _Herencia_, habla de un neozelands educado en Londres, -que se comi viva a una nia de cinco aos. - - - - -LA MUERTE DEL MUERTO - - -La fechora que voy a confesar pesa sobre mi conciencia de un modo -abrumador, y su recuerdo me es tanto ms doloroso, cuanto menos -preconcebida fu la conducta que en este caso observ, al dejarme -arrastrar por el perverso apetito del crimen, que parece ser el -estigma de mi existencia. - -Qu conseguira yo suplicando al lector que procure encontrarme -atenuantes o justificativos en esta infamia? Nada. - -Y as, desde que escap a la accin de la justicia humana (y aun -espero escapar de la divina), le saco provecho a la verdad, -escribiendo mis barrabasadas, no sin escndalo, me consta, de ciertos -timoratos. - -Y ya me dejo de rodeos, y contar las cosas tal cual pasaron, -fielmente. - -Yo estudiaba cuarto ao secundario en el colegio del Carmen, de la -calle Estados Unidos, de Buenos Aires. - -Tenamos un profesor de ingls que se llamaba mster Moore. - -Era un hombre como de sesenta aos, muy alto y de porte grave. - -Su rigor en el cumplimiento del deber era tal, que, en diez aos de -profesorado, apenas cuatro veces habia faltado a clase. Nunca hablaba -sino lo estrictamente necesario, ni tuvo nunca con sus alumnos una -frase de expansin o de confianza. - -Mster Moore nos infunda, pues, ese respeto mezclado de lstima que -inspiran la soledad y la digna reserva de las personas que sufren. -Porque nosotros suponamos que el pobre profesor sufra, y sufra en -silencio, con su cara displicente de clown jubilado, toda rasurada, y -bajo su levita de incierto color azul, nica, perpetua, humilde y -respetable. - -Por lo dems, poco sabamos de sus rarezas. No cultivaba relaciones -ntimas, viva en una pensin de la calle Rivadavia, y coma en su -pieza, por librarse de la gente. - -Cuanto a su enseanza, daba buenos resultados, aunque no conmigo, que -siempre merec calabazas en ingls. - -Aquel ao la salud de Mr. Moore decaa visiblemente, a juzgar por la -palidez progresiva de su rostro y el aire taciturno de su andar. - -No hubimos de extraarnos, pues, cuando una tarde de junio, el -director nos dijo en clase que Mr. Moore acababa de morir de un -sncope, al tomar el tranva para venir al colegio. - -Los alumnos de cuarto ao hubimos de encargarnos de las diligencias -previas al entierro. Y as, nos trasladamos a la pensin de la calle -Rivadavia, donde, en su cama, encontramos al excntrico serenamente -dormido en la eternidad. - -El vigilante de la esquina lo haba recogido y llevado a la casa. - -Seis velas sobre seis sillas en torno del catre, y un crucifijo entre -las manos del difunto, cuya religin no conocamos, bastaron para el -arreglo fnebre, y all nos quedamos hacindole compaa. - -Pero a media noche los discpulos resolvieron pasarla en un cafetn, -en lugar de guardar a Mr. Moore. Yo rechac la invitacin, y no sin -agrado me qued solo, pues la situacin favoreca el maquinamiento de -cierto poema que pensaba escribir. - -Era la del velorio una habitacin espaciosa, y tena una puerta a un -pasillo estrecho con baranda de hierro, en el piso alto, sobre el -patio. - -Haba otras dos puertas que comunicaban con piezas contiguas, pero -estaban tapadas con roperos, disposicin sta que me vali mucho, -ahogando el ruido, como habr de verse luego. - -Ocupaba la cama el centro del cuarto, los pies hacia la puerta, y la -cabecera contra la pared del fondo. - -Junto a un ropero, a la izquierda de la cama, me instal en un -confortable silln, al lado de la mesa de trabajo, donde yacan una -Biblia y algunos libros ingleses. - -Desde mi sitio, como a cinco pasos, poda yo ver, indistintamente, la -cara esculida del muerto; y al cabo de un cuarto de hora, la -sugestin irresistible del cuadro, dispersando mis poticos -pensamientos, me haba impuesto, en cambio, su pavoroso misterio. - -Cunta ignota pena, cunta desolacin, cunto abandono, contempl en -aquella vida desgraciada que acababa de apagarse! - -Pobre viejo! Llevbase l a la tumba, con su eterno spleen, quin -sabe qu nostalgias, quin sabe qu recuerdos! - -Y a la luz amarilla de las velas, me pareci ver dibujarse una sonrisa -de paz en aquella boca rgida que jams haba sonredo. - -Hay en la llama plida de esas velas de muerto, algo as como un -afligente fervor de splica; un intangible soplo las consume, y se -agitan inquietas en el silencio como anmulas simblicas del dolor. - -Aquella era en verdad una hermosa mscara. La nariz alta sostena, con -elegancia de columnata corintia, el doble arco de la frente, abierto y -noble. Los labios eran delgados, y el mentn saliente, con firme -decisin de voluntad. - -De pronto, un escalofro me crisp los nervios. Los ojos de Mr. Moore -se haban abierto... - -Sera posible?... - -Trat de tranquilizarme. Incorporndome con un sigilo ansioso, me -acerqu de puntillas al lecho. Pero los ojos estaban cerrados. - -Me expliqu. Las velas, sobre su cara brillante, jugaban con reflejos -y sombras. - -Volv a mi sitio, y por distraerme abr la Biblia, procurando -intilmente leer. Con la imaginacin en desorden, y el corazn al -galope, ya no fu dueo de m mismo; entonces sobrevino la crisis! - -Y la incurable neurosis que padezco se desbord en mi cerebro con -imgenes descabelladas, con ideas incoherentes y estrafalarias. - -En estos ataques agudos, el cerrar los ojos, o el quedarme en -tinieblas, no me da resultado. Desfilan ante mis pupilas, en -vertiginosa balumba, todas las furias del infierno. Rostros de -mujeres, de viejos, de locos, de perros, de burros, se transforman, se -sustituyen, se mezclan y se esfuman en una semioscuridad extravagante, -absurda. Y la crisis slo tiene un remedio: correr, o saltar, o -gritar, o matar!... hacer, en fin, algn esfuerzo muscular intenso, -que despilfarre mis anormales energas de un modo sbito y violento. - -Y con la mirada clavada en el muerto, exaltado, enajenado, anhelante, -fronterizo de la demencia, en el paroxismo de la atencin, lo -vigilaba, lo acechaba, lo espiaba, con la sospecha inaguantable de que -no estaba muerto, de que estaba hacindose el muerto, de que pretenda -asustarme, sorprenderme, burlarse de m... - -Y en ese instante la cosa se produjo. Mr. Moore haba levantado una -pierna en el aire, una pierna peluda y flaca, de araa gigante; un pie -descarnado, repugnante, amarillento, de largos dedos abiertos en -abanico! - -Mr. Moore se haba despertado de la muerte, y Mr. Moore, por fin, -rgido, esculido, con los ojos fuera de las rbitas, mirndome -impertrrito, desnudo, espantosamente desnudo, se haba puesto de pie -junto a la cama! - -No pude ms! - -Posedo de un acceso formidable de energa, de alegra brbara, de -terror loco; gil como un demonio, salt sobre l y le pegu una -bofetada tal, que lo acost patas arriba sobre su lecho de muerte. - -Despus, maquinalmente, lo acomod en la posicin primitiva; y poco a -poco, al recobrar la serenidad y la razn, dime clara cuenta del -peligro que corra, si, como era posible, alguien en la casa hubiese -odo el ruido. - -Presa de inmensa angustia, auscultaba el nocturno silencio. Pero nadie -acudi. - -Mi delito quedaba impune para siempre! - -Y por la maana, en la Chacarita, en torno a la fosa, junto a mis -condiscpulos, ech como ellos mi palada de tierra sobre el cadver de -Mr. Moore, cuyo asesino no dej traslucir ni un asomo de emocin. - -Muchas veces he pensado con horror en una autopsia de la que hubiera -resultado esta frmula concisa y fatal: "Sonambulismo catalptico -acabado en la sepultura por una conmocin cerebral enorme." - - - - -IV - -HUMORISMOS Y FILOSOFIAS - - - - - -TEDIO - - -Triste cosa es hallarse obligado a trabajar, y no ser como este pato -del lago que estoy mirando, mientras escribo, paradito en una pata, de -ocioso, calentndose al sol, al sol que es la esterlina y la estufa de -los que no trabajan. - -La ociosidad es la madre del pesimismo. Y hoy me siento pesimista. - -Por qu vienen das tontos, das en que se aflojan los resortes del -carcter, das en que nada, nada, nos parece digno de ser tomado en -serio; das de aburrimiento, de nirvana, de desaliento, en que las -menudencias que forman la diaria urdimbre de la vida nos acosan, nos -hastan y nos hartan? - -El noventa por ciento de nuestros actos diarios se producen bajo el -imperio de la rutina, de ridculas preocupaciones, de perjuicios -pueriles. - -Si me junto en la plaza con algn petizo mi compaa le avinagra, y me -pide que lo deje caminar por el centro para aparecer ms alto. - -Hay quien asiste al baile con un frac viejo de su to, y averigua cmo -est su figura. Y cmo ha de estar! - ---Pero si te queda muy bien,--afirma un papanatas que no se resuelve a -entrar en el saln, porque se le descompuso la onda del peinado. - -Y los preguntones?... esos abombados que interrogan sin ton ni son. Y -usted les responde, y de su respuesta se les d una higa! Lo que -ellos saben es preguntar, no importa qu. Y vuelven a la carga, tanto -ms reciamente, cuanto menos cara le ven a uno de responder. - -Gentes hay que no molestan de cerca, pero que saludan perdonando la -vida. Y an os dicen: "Adis amigo", y en el fondo os estn deseando -una apoplega. - -Lbrenos el demonio de los charlatanes que se creen ingeniosos y -espirituales e hilvanan viejos chistes con nuevas simplezas y son -testigos o hroes de todos los sucesos del pueblo y juran y se -acaloran a base de macaneo. Y lbrenos de los murmuradores que todo lo -denigran, como si poseyesen ellos solos el cetro de la justicia. - -Quin no se sinti harto alguna vez de las pequeeces, de las -importunidades, de las indiscreciones de los otros, y ha deseado -escapar a mil leguas de la tierra, lejos de sus congneres? - -Quin no ha deseado el suicidio, la grata compaa de los muertos, -que son los mejores prjimos, acaso porque ya no hablan? - -Oh si nos fuese dado morir con la facilidad con que se ingiere un -vaso de _vermouth_! - -Sin embargo, los que se matan llevan a cabo una tontera ms -considerable que todas las que en vida cometieron, porque al fin y al -cabo algo de bueno ofrece la existencia, fuera de estos ratos de -tedio. Y an en stos gozamos la libertad de detractarla, sentados en -el parque, bajo los pinos, tomando el aperital, acariciada la frente -por una brisa cordial de otoo. Y siempre ser sublime la puesta del -sol. - -La naturaleza nos reconcilia con la vida. - - - - -LA TRISTEZA - - -Es el anochecer de un da de otoo, y de la vecina iglesia viene el -son de una campanita que tae, tae, difundiendo en el espacio la -inquietante premura de su llamada mstica. Por la calle, las mujeres -pasan, una que otra, hacia la iglesia: una vieja, otra vieja, otra, -que va como pisando cascotes, cucurucha, toda arrebosada. Dichosa -vieja! Cuando se postre ante el cura, invocar, egosta, el favor -divino, confiar en la salvacin. En su absoluta, supersticiosa f, no -comprendera ella la amarga duda del crucifijado, el _lama sabactani_. -Y por este orden de ideas, he venido a parar en la tristeza. - -He ido a cortar rosas al jardn. Entre el sutil encaje de las hojas, -las rosas parecan meditar, abiertas las corolas, absortas bajo el -firmamento. Haba tristeza y reposo. La luz y el movimiento evocan la -vida; el reposo es como el signo de la muerte. Cuando la brisa mueve -las flores, sus leves balanceos arrullan nuestros ensueos, pero el -absoluto reposo crepuscular infunde una dulce tristeza. Sobrevienen -en la naturaleza y en las almas, delicados instantes as, en que -parece que _algo est ocurriendo_, misterioso, invisible. Es cuando se -han abierto ventanas que miran a lo eterno, y la tristeza que entonces -vemos en las cosas y en los seres es como la fatiga, como la parada, -en medio del infinito devenir. - -Sobre los campos silenciosos, todos los das al cerrar la noche, la -inmensidad se ahonda, la eternidad se acerca, se establece una como -normalidad del prodigio. A tal hora, nadie, estando solo, podr -sentirse alegre a menos de ser un vulgar espritu. La tristeza reside, -ms honda que en las almas, en la naturaleza. Es verdad que la -naturaleza es toda movimiento, pero el movimiento est sujeto a las -leyes del ritmo y para cada orden de movimientos rigen la suba y la -baja; la mxima intensidad y el reposo relativo sucedindose siempre. -Por instantes o por siglos, la naturaleza, tal como nosotros, se -aquieta y se arroba en un vasto recogimiento, como si ansiara -descansar y comprenderse... Y de esta ntima necesidad, nunca colmada, -de penetrar el secreto de la existencia, emana la tristeza que notamos -a veces en los seres y en las cosas. - -La melancola del asno inmvil junto a la tapia del corral; la oscura -mole de las montaas, cerrando el horizonte; la serenidad de las -flores; la cadencia de la campanita; no son distintas, no son ajenas a -mi tristeza. Hay en todo esto el estupor de la eternidad que pasa -sobre nosotros, asoladora, y siempre impenetrable y magnfica. - - - - -AMOR DE ARAAS - - -En la evolucin de las especies, corresponde a los insectos y a los -arcnidos un grado de inteligencia relativamente elevado. El -comepiojos (mamboret) que al ser molestado levanta con arrogancia sus -patas manducadoras y nos mira con sus pequeos ojos escarlatas; la -avispa que nos persigue, si la molestamos, para clavarnos su aguijn; -la vinchuca, que se esconde con pasmosa astucia al sentirse -perseguida, nos proporcionan abundantes ejemplos de actividad -voluntaria y consciente. - -En cuanto a las araas, he tenido ocasin de presenciar no ha mucho un -hecho que prueba una complejidad mental realmente admirable en estos -artrpodos. Era una araa del gnero argironeta, que son las ms -hermosas, por los matices plateados que las adornan. La encontr una -maana en el patio de casa, entre dos hojas de cica, inmvil, en el -centro de su tela perpendicular, brillando al sol como una joya. No -sabra la pobre que estaba en casa de un zologo, y es lstima, -porque en cuanto la v la pesqu y la encerr en un frasco de vidrio. -En el ancho tapn abr un agugero a fin de poder conservarla viva y -remitrsela al Dr. Holmberg, al siguiente da. Pero comet la -chambonada de dejarla esa noche en una maceta, al aire libre. Aquella -maana, en el fondo del frasco slo hall la cscara del infeliz -animalejo. Mil diminutas hormigas coloradas estaban a la sazn -ocupadas en devorar lo que quedaba. Y aunque la culpa del asesinato -era ma, sent contra las hormigas una clera terrible. Me imagino los -tormentos que sufrira la araa, al pensar en el inmenso nmero de -mordiscos que recibira de esos belicosos demonios. En fin, indignado, -mat las hormigas con agua hirviendo. - -Pero la noche haba escondido una tragedia todava ms intensa; porque -hall un hilo de araa tendido del frasco a la pared, y en una -hendidura del reboque, inmvil, al desgraciado amante de mi gentil -cautiva, como dira un literato. Era el macho. Alrededor del frasco, -en la maceta, yacan cientos de hormigas, partidas en dos por sus -formidables mandbulas. No cabe duda que en el silencio nocturno, -despus de haberla buscado en la tela, debi de lanzar un hilo desde -la pared a la maceta, y ni ms ni menos que un caballero junto a la -torre de su dama, libr al pi del frasco un combate heroico, vindose -al fin obligado a poner pies en polvorosa, rendido y abrumado por el -nmero. - -No consegu apoderarme del hroe, cuyas cenizas hubiese yo conservado -con respeto en aguardiente. Pero era muy pequeo, como todos los -_araos_. Cubra sus desnudeces una fina capa de terciopelo marrn, -un poco burda, en tanto que su amada luciera en vida una armadura de -escamas de plata. - -Era imposible interpretar de otro modo los hechos observados. Y, -teniendo en cuenta las costumbres sexuales de las araas, el caso -resultaba hermosamente romntico. Se sabe que el casamiento de las -araas termina con la muerte del flamante marido. Durante el da, -mientras la araa hilaba su tela, el macho la acechara, desde su -escondrijo del reboque. As meditaba, preparando su asalto para la -noche, aprovechando el reposo de su voraz amada. Esta operacin se la -facilitan sus ocho ojos, cuatro de los cuales son para ver de noche. -As se explica que pudiese hallar el frasco; y es que la buscaba con -la tenacidad propia de los enamorados. - -Qu diferencia existe entre este drama de araas y los trgicos -amores de cualquier pareja de novela? Una simple diferencia de grado. -Aunque en ciertos sujetos, como los opas, la emotividad y la -inteligencia estn menos desarrollados que en las araas. - - - - -EL SAPO - - -El sapo es el solitario del albaal. Su domicilio subsolar se abre a -la calle, ante la puerta de una casa. - -Los ruidos del da lo confinan en una grieta hmeda, estrecha, y ah -permanece, chato y fro, absorbiendo agua por todos los poros, -asimilado a las piedras pardas. - -Huye del sol. El astro voraz hara evaporar en un amn el jugo de sus -pstulas, y dejara su cuerpo seco y hueco, cual un viejo zapato -arrojado al basural. - -A media noche sale de su escondrijo, y atisba, sentado tranquilamente -en cuclillas, las mariposas que el foco de la calle atolondra. - -Ah, las mariposas! Cmo fascinan al sapo esas miriadas de alas, -revolvindose frenticas en el campo de luz del arco voltico! - -Y las mariposas caen en continua lluvia; y los colepteros caen -zumbando de cabeza, como si quisieran taladrar el suelo. Atento, el -sapo espera. - -Cuando est cierto del xito, inicia el ataque a cortos saltitos. Se -detiene. El corazn le late en la tensa membrana blanca de la -garganta. Despus avanza gateando ridculamente; con gran cautela se -acerca al bicho, y zs! - -El bocado no es siempre una sedea mariposa. A veces hay que tragar un -escarabajo ms spero que un nudo de alambres. En tal caso, siente un -pataleo en el esfago. Pero el muy comiln no se arredra, y se ayuda a -dos manos, empujando la presa hasta el estmago. - -Otras veces, por un lamentable error, atrapa el pucho encendido que un -transeunte arroj de su boquilla, y hay que verlo retroceder y poner -la cara fea! - - - - -PASEOS ZOOLOGICOS - - -Ayer fuimos al campo con el ayudante, en busca de insectos. Aunque no -tenamos red, hemos perseguido algunas mariposas. - -Despus hemos hallado unas moscas de nueva especie, asentadas -pesadamente, en gran nmero, en unos chaares pequeos. La hoja del -chaar d una substancia melosa que sin duda atraa las moscas. Algo -ms delgada que la mosca comn, la nueva especie distnguese en que -presenta en las alas bandas transversales blancas, sobre fondo pardo -oscuro y en la cabeza un par de antenas corniformes. - -Pero en el mismo tubito hemos encerrado una liblula y sus speras -alas han destrozado a las moscas. Maana volveremos a buscarlas. La -constancia es la primera virtud del naturalista. - -En el campo no hay que descuidar los pequeos detalles. A veces una -hormiga que corre a esconderse bajo una mata, proporciona valiosas -enseanzas. De pronto, el ayudante se larga al suelo, de cabeza. Con -el ojo pegado al tubito de cazar, examina un precioso dptero -cubierto de blanco bello. Se trata de otro raro ejemplar, y el pobre -bicho cae al fondo lbrego de mi bolsillo. - -En la falda del cerro, en unos matorrales cuajados de flores -amarillas, descubrimos un nuevo tipo de araa verdosa, muy chica y -vivaz. En seguida fu al tubo. - -En esta poca,--fin del otoo--la mayor parte de los insectos han -muerto ya, dejando sus larvas; y los nidos de mil estilos que -construyen para dormir el sueo invernal, son casi siempre obras de -arte, dignas de estudio. En el suelo, en el tronco de los rboles, en -los tallos, en las lajas, bajo las piedras, en los pantanos resecos, -encontramos innumerables formas de capullos. A cada especie -corresponde un modelo determinado y una ubicacin particular. Los ms -fuertes estn a la vista, pendientes de las ramas desnudas de los -arbustos. Unos son estuches de una especie de pergamino, aglutinacin -de hilos de seda; otros estn recubiertos de espinas que los pjaros -tienen que respetar; algunos, en los tallos leosos de los matorrales, -son concreciones calcreas, dursimas, fuertemente adheridas. Los -menos protegidos imitan el color o la forma de la rama o piedra donde -se pegan. Otros se enquistan en los tallos, hipertrofian los tejidos y -originan agallas que al retornar la primavera se abren, dejando -escapar un insecto. En todos predomina el instinto de conservacin de -la especie. Y de todos esos escondites, de todos esos refugios, cuando -vengan las lluvias y caliente el sol, irrumpir la vida, mltiple, -bulliciosa, policroma. - -El cielo estaba magnfico. Haba una insensible gradacin de colores, -desde el armio y el palo hasta el rojo de cobre bruido. Una larga -nube, cuyo borde se apoyaba en los cerros del oeste, divida el cielo -en dos con una banda oscura que se apagaba en el cenit. En un rincn -del San Bernardo, poblado de cebiles, pona la hora su tono -melanclico. Reinaba en las hondonadas verdinegras de follajes maduros -una quietud inmensa, y la tristeza de la tarde se atenuaba al cortarse -en el cielo celeste la lnea ondulante de la arboleda, tendida y -crespa, como un festn de encajes. - - - - -BATRACOFOBIA DE LOS RENACUAJOS - - -Una maana de marzo andaba yo con mi curso de 2 ao por el parque San -Martn. Los alumnos, repartidos en grupos de cinco, recorran el -terreno en busca de alimaas. Cada uno deba escribir una composicin, -el relato del paseo y la observacin de algn bicho. Asi, en las -primeras clases del ao, podra el profesor juzgar del grado de -observacin original, individual de sus alumnos. - -Marchaba yo entre un grupo de alumnos por una avenida macademizada, al -fondo de la cual se ve una fuente de cemento y bronce, especie de -centro de mesa, con que se adornan nuestros pobres parques de tierra -adentro. Alguno dijo que no era la media calle el camino ms propicio -a la busca de dichos, y aprovech la coyuntura para hacer resaltar, no -sin irona, la comodidad del profesor. - -"Amigos mos--objet ste:--no es preciso trepar al cerro para hallar -bichos. No hay un centmetro cbico en la superficie del planeta, que -no presente algn fenmeno de vida, capaz de interesar al estudioso. -Si yo tuviese un miscroscopio, demostrara mi aserto, analizando aqu -mismo la fauna y flora de un milgramo de tierra de la calle, -previamente disuelto en una gotas de agua. Esto en cuanto a la vida -microscpica. Pues la vida _macroscpica_ no es menos abundante en la -avenida. Alzad la vista un poco, y mirad las turbas de mosquitos -provenientes de los lamos, que se arremolinan sobre vuestras cabezas; -las moscas de mil clases que zumban a ras del suelo, sobre el -estircol del aristocrtico caballo que ayer tarde arrastraba el coche -de una dama, y las variadas zabandijas que nadan en los charcos de la -calzada, como los tiburones en el mar. Las cuestiones que suscitara -el estudio de cualquiera de estos seres son tan vastas, que su -exposicin exigira el concurso de muchas ciencias. - -Supongamos, que un sabio elige el mosquito del lamo. Tendr que saber -botnica si quiere explicarse la formacin de las agallas, en la -vagina de las hojas; qumica, si desea averiguar las causas de -formacin de las agallas; entomologa especial de los dpteros, si -quiere determinar la especie del insecto. El vuelo de ste, le llevar -a la fsica mecnica; el zumbido, a la fsica acstica. Si quiere -saber el nmero de vibraciones de las alas por segundo, ambas cosas -concurrirn a darle la cifra; y con esto, habr venido a parar a las -matemticas. Sin contar con que, en ltimo anlisis, todo fenmeno, es -susceptible de examinarse desde el punto de vista de la cantidad; de -cuya constancia resultan nicamente las leyes naturales. No hay ley -sin nmero. No hay fenmenos que no pueda esquematizarse en nmeros. -Y as, hemos venido, un poco desordenadamente, del mosquito a las -concepciones ms abstractas". - -Entretanto habamos llegado a la fuente, cuyo contenido era una agua -verdosa, rica en algas. All cazamos crustceos, pequesimos, pulgas -de agua y cclopes, transparentes como cristal, en el microscopio. -Algunas araas haban tendido sus telas en las gradas de la columna -que emerga del centro de la fuente. - -Entre dicha columna y el borde de la fuente, descansaban en cuclillas -sobre soportes de cemento, como en cuatro islas, cuatro angelitos -equidistantes de bronce, que contemplaban el agua, pensando quiz en -lo verde y sucia que estaba, y lamentando acaso no poder taparse las -narices con sus manos metlicas. - -Bogaba en el agua una galleta. Sobre la galleta estaba sentado un -sapito nuevo, y alrededor, una turba de renacuajos chupaban el dulce -zumo de la pequea isla alimenticia. - -En seguida not, entre los pies de los ngeles, una multitud de -sapitos nuevos. Adems, en el agua, flotaban cadveres de otros -sapitos, a los cuales iban adheridos por la trucha los renacuajos. - -En el agua, no haba ningn sapito vivo. - -Despus de un rato de contemplacin, el profesor orden silencio a sus -discpulos, y, al rayo del sol, les di una leccin de biologa. Los -muchachos se sentaron al borde de la fuente y le escucharon con -inters. - -"He aqu, amigos mos--dijo--una maravillosa oportunidad de aplicar -la inteligencia a la explicacin de los hechos. - -He aqu, que acabo, tal vez, de descubrir el porqu del paso de los -peces a los anfibios, en la evolucin de las especies. - -Notad que esta fuente no tiene salida. Es una laguna con cuatro islas. -En la laguna, algunas sapas depositaron sus huevos, de los que -salieron miles de renacuajos. Unos han evolucionado ms pronto que -otros. Se ven aqu batracios en todos los grados de desarrollo, desde -el huevo al estado adulto, y por tanto, desde que respiran por -branquias hasta que respiran por pulmones. - -Pero es el caso que los ya pulmonados, se han visto forzados a -refugiarse, _bajo pena de muerte_, en las islas. Lo prueban los -cadveres de sapitos que sirven, como veis, de alimento a los -renacuajos, mucho ms grandes, fuertes y vivaces por ser el agua su -medio apropiado dada su respiracin branquial. - -La batracofobia de los renacuajos es, pues, un hecho indiscutible. Y -lo particular es que tal hecho explica, segn creo, el origen de los -anfibios. Bastara suponer en ciertos charcos del mundo primitivo, una -superabundancia enorme de una forma dada de peces, que, habiendo -desalojado a otras especies, empezaron a comerse entre ellos. -Establecida as la lucha, se salvaban nicamente de la carnicera los -que podan ganar tierra y resistir ms tiempo al nuevo ambiente, hasta -que las branquias se adaptaran al aire y se convirtieran en pulmones. -El hbito y la herencia fijaron el nuevo carcter especfico, y el -atavismo reproducira la forma primitiva acutica. Y como la duracin -de las condiciones fsicas del medio sera de miles de aos, -tendramos repetidas las causas y los efectos en millones de -generaciones sucesivas, y por lo tanto fijada una especie intermedia, -entre peces y reptiles. - -De los peces a los batracios, no slo ha cambiado la respiracin, sino -la alimentacin. Los renacuajos se alimentan por succin. Los sapos, -son insectvoros. Al comenzar la existencia terrestre, no les fu muy -difcil cambiar de rgimen alimenticio, como lo probara la poca -variacin que exige un aparato bucal chupador (renacuajo) para -convertirse en captador (sapo). - -Si se compara la organizacin de los peces superiores con la de los -batracios anuros que por ahora nos ocupan, se nota que los peces son -ms complicados. Los batracios no derivaran, pues, de los peces -superiores, sino tal vez de los branquiostomas, o de una forma -intermedia entre stos y los ciclstomos, cuya organizacin es ms -rudimentaria. - -Pronto estudiaremos la organizacin interna de los batracios, y, en su -metamrfosis, la transformacin del aparato circulatorio en -correlacin con el respiratorio. Entonces os har notar cmo, la -respiracin cutnea, tan intensa en los batracios, y propia de -organismos inferiores, ha hecho tal vez posible al conservarse el paso -de la respiracin branquial a la pulmonar. - -Antes de terminar, amigos mos, libertemos a los sapitos, que estn -condenados a morir de hambre en estas islas de cemento, al pie de los -ngeles indiferentes. Ayudemos as al cumplimiento de las leyes -naturales. Arrojemos los sapitos entre la hmeda gramilla del parque, -para que se coman las larvas corrosivas y los insectos que atacan las -plantas de los jardines." - ---Libertemos al nufrago refugiado en la galleta!--grit un muchacho. -Pero en aquel momento, cuando una mano amiga se le acercaba, el -pequeo sapo salt al agua, y un renacuajo vivaz y ventrudo se apoder -de su presa al instante. - -As hemos ledo, en un charco, una hermosa pgina escrita hace -millares de siglos por el azar de la evolucin. - - - - -LA INMORTALIDAD - - -La desagregacin del protoplasma por la mineralizacin creciente no se -manifiesta en los unicelulares. Dado un ambiente propicio, un -protozaorio no muere nunca, puesto que alcanzada la dimensin normal -en la especie, el individuo se parte en dos y del ser nico derivan -dos individuos nuevos, continuando en cada uno de ellos los procesos -de asimilacin y desasimilacin que determinan el crecimiento y la -divisin consecutiva, completndose as el ciclo evolutivo. - -A medida que la estructura orgnica se complica, disminuye la -resistencia normal del individuo en su medio, en razn de la mayor -conexin y subordinacin de unas funciones con otras en el organismo. - -En los protozoarios la divisin experimental del ncleo no impide la -regeneracin de cada parte. - -En los metazoarios inferiores, cada fraccin regenera las que faltan. -(Hidras). - -Algunos escalones ms arriba, la divisin experimental del individuo -por su eje de simetra, ya no permite la reconstitucin de cada mitad. -(Asteroideos). - -En los grados ms avanzados de complejidad estructural, de los -artrpodos a los cordados, la capacidad regenerativa del protoplasma -trnase de ms en ms problemtica. - -En los anfibios, la vitalidad de los principales rganos (por ejemplo, -del corazn), separados del cuerpo, es mayor que la de los mamferos. - -Un protozario partido en dos, por su ncleo, contina viviendo; un -mamfero lesionado solamente hasta su red arterial, tiene muchas -probabilidades de morir. - -Cuanto ms avanza la diferenciacin progresiva de las formas, ms -acrece la posibilidad de la muerte. - -Viniendo a un punto de vista ms general; no existe solucin de -continuidad en la materia viva, desde la mnera que aparece en el limo -del ocano pre-geolgico, hasta las especies que pueblan en la -actualidad la tierra. Negarlo supone aceptar creaciones particulares -de todas las especies, en cada poca. - -Ahora bien. Pensando en la muerte con datos as, objetivos, sin -recurrir a los conceptos absolutos creados por la imaginacin, se -ilumina de pronto la mente con la esperanza de una inmortalidad menos -egosta. - -Pongamos nuestra fe en la ciencia. - -Ella nos dice que durante algunos siglos todava estaremos condenados -a morir; pero somos inmortales como partculas orgnicas de la -especie, puesto que las generaciones venideras, perfeccionadas de -continuo en su mecanismo de pensar, por el esfuerzo adaptativo de las -que las precedieron, irn acumulando el aprendizaje de la experiencia, -para alcanzar acaso el ideal de los ideales: la existencia infinita, -individual y especfica del hombre. - -Como si la muerte durante siglos fuese nuestro tributo a la -inmortalidad futura, la naturaleza, al perfeccionar su mejor -instrumento, el hombre, le ha hecho quiz el ms endeble y el ms -delicado de los seres. - -No en vano la eternidad es la obsesin de todos los tiempos. El hombre -tiende al azul desde que aprendi a pensar. Interroga siempre al gran -enigma infinito suspendido sobre su cabeza. - -Obstinado, aborda su problema. - -Ante el microscopio y ante el telescopio; ante el animal y la planta; -ante el microbio y el astro; ante el mineral y el flido intangible; -junto a las mquinas, junto a los crisoles, junto a las retortas; -sobre los libros, sobre los terrenos, sobre los aires, sobre los -mares, en todos sentidos y en todas direcciones, escarba en lo -desconocido, con un apetito insaciable de ms all, que es ansia de lo -eterno, su parte de Verdad, de Belleza y de Bien. - -Perecer la civilizacin sin que algn ser humano haya transpuesto -los lmites de la atmsfera? - -Ser inacabable el misterio? - -La inteligencia, la ciencia, el progreso, todo lo noble y todo lo -grande que vamos alcanzando, a trueque de sacrificio y de dolor, no -pesar nada en la balanza del devenir? - -Todo eso no ser ms que combinaciones peregrinas del azar, efmero -aleteo, ensueo quimrico de algo perdurable, de algo absoluto? - -Llegar da en que ninguna pupila humana pueda escrutar la sombra? - -La naturaleza parece responder: "Hombre, vale ms tu inteligencia -complicada, sutil, poderosa, rpida, vale ms que una hormiga o una -flor? Eres una onda del ro que va desde lo que no tiene principio -hacia lo que no tiene fin. Envancete. Sin embargo, para m que soy la -energa ciega, la casualidad indiferente, no hay bueno ni malo, fcil -ni difcil, mejor ni peor; pues a m no me cuesta trabajo el cerebro -de Newton que el vuelo de los astros". - -Y yo he soado con una humanidad ms perfecta, ms buena y ms sabia, -remontndose por medios mecnicos a los espacios estelares. - -La ciencia vencer a la muerte. - -Siendo infinita la duracin de la vida, no habr porqu desdear un -viaje de siglos por el universo. - -Magnfico espectculo el del hombre atravesando los espacios -interplanetarios en expresos ms veloces que la luz. - -La conquista del infinito ser precedida de una agitacin jubilosa -como la que anuncia el vuelo de las colmenas. - -Abandonando su viejo casco, libador de la eterna belleza, el hombre -remontar su vuelo por aquel jardn que tiene por flores las -estrellas. - - - - -INDICE - - - Pgina - - A Manuel Glvez 5 - Prlogo 7 - -LA CIUDAD - - Los burritos leateros 19 - Una proclamacin 23 - El reidero 27 - La tabeada 33 - Los perros 37 - Defensa de un perro 41 - La condenada 43 - La creciente 47 - La decadencia de los opas 51 - Los cocheros 55 - Un baile de villorrio 59 - El duende 63 - La viuda 67 - La mula nima 71 - La Juana Figueroa 73 - Don Matas Linares y Sanzetenea 79 - -LOS CAMPOS - - El erque 85 - El fantasma del remate 89 - El gaucho salteo 95 - La selva de Anta 97 - Cruz guiez 103 - -HISTORIETAS Y CUENTOS - - Un viaje raro 109 - El ltimo vuelo 115 - La cacera de patos 121 - El caballo que perdi la lengua 127 - La transmigracin 131 - El suicidio de Burela 135 - El caso del esqueleto 139 - La cola de Gato 145 - El salto atrs 149 - La muerte del muerto 155 - -HUMORISMOS Y FILOSOFIAS - - Tedio 163 - La tristeza 167 - Amor de araas 169 - El sapo 173 - Paseos zoolgicos 175 - Batracoforia de los renacuajos 179 - La inmortalidad 185 - - - - - * * * * * - - - - -Notas del Transcriptor: - -Se han corregido algunos errores tipogrficos presentes en el -original. Las vacilaciones en algunas grafas se han mantenida como en -el original. - -P. 138: "el cielo azul, el cerro, el valle de Lerma; se persign"--En -el original, este frase fu despues de las palabras "en el pescuezo, -pas la" - - - -***END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK SALTA*** - - -******* This file should be named 40358-8.txt or 40358-8.zip ******* - - -This and all associated files of various formats will be found in: -http://www.gutenberg.org/dirs/4/0/3/5/40358 - - - -Updated editions will replace the previous one--the old editions -will be renamed. - -Creating the works from public domain print editions means that no -one owns a United States copyright in these works, so the Foundation -(and you!) can copy and distribute it in the United States without -permission and without paying copyright royalties. Special rules, -set forth in the General Terms of Use part of this license, apply to -copying and distributing Project Gutenberg-tm electronic works to -protect the PROJECT GUTENBERG-tm concept and trademark. Project -Gutenberg is a registered trademark, and may not be used if you -charge for the eBooks, unless you receive specific permission. If you -do not charge anything for copies of this eBook, complying with the -rules is very easy. You may use this eBook for nearly any purpose -such as creation of derivative works, reports, performances and -research. They may be modified and printed and given away--you may do -practically ANYTHING with public domain eBooks. Redistribution is -subject to the trademark license, especially commercial -redistribution. - - - -*** START: FULL LICENSE *** - -THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE -PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK - -To protect the Project Gutenberg-tm mission of promoting the free -distribution of electronic works, by using or distributing this work -(or any other work associated in any way with the phrase "Project -Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full Project -Gutenberg-tm License available with this file or online at - www.gutenberg.org/license. - - -Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project Gutenberg-tm -electronic works - -1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg-tm -electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to -and accept all the terms of this license and intellectual property -(trademark/copyright) agreement. If you do not agree to abide by all -the terms of this agreement, you must cease using and return or destroy -all copies of Project Gutenberg-tm electronic works in your possession. -If you paid a fee for obtaining a copy of or access to a Project -Gutenberg-tm electronic work and you do not agree to be bound by the -terms of this agreement, you may obtain a refund from the person or -entity to whom you paid the fee as set forth in paragraph 1.E.8. - -1.B. "Project Gutenberg" is a registered trademark. It may only be -used on or associated in any way with an electronic work by people who -agree to be bound by the terms of this agreement. There are a few -things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works -even without complying with the full terms of this agreement. See -paragraph 1.C below. There are a lot of things you can do with Project -Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this agreement -and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm electronic -works. See paragraph 1.E below. - -1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the Foundation" -or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project -Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual works in the -collection are in the public domain in the United States. If an -individual work is in the public domain in the United States and you are -located in the United States, we do not claim a right to prevent you from -copying, distributing, performing, displaying or creating derivative -works based on the work as long as all references to Project Gutenberg -are removed. Of course, we hope that you will support the Project -Gutenberg-tm mission of promoting free access to electronic works by -freely sharing Project Gutenberg-tm works in compliance with the terms of -this agreement for keeping the Project Gutenberg-tm name associated with -the work. You can easily comply with the terms of this agreement by -keeping this work in the same format with its attached full Project -Gutenberg-tm License when you share it without charge with others. - -1.D. The copyright laws of the place where you are located also govern -what you can do with this work. Copyright laws in most countries are in -a constant state of change. If you are outside the United States, check -the laws of your country in addition to the terms of this agreement -before downloading, copying, displaying, performing, distributing or -creating derivative works based on this work or any other Project -Gutenberg-tm work. The Foundation makes no representations concerning -the copyright status of any work in any country outside the United -States. - -1.E. Unless you have removed all references to Project Gutenberg: - -1.E.1. The following sentence, with active links to, or other immediate -access to, the full Project Gutenberg-tm License must appear prominently -whenever any copy of a Project Gutenberg-tm work (any work on which the -phrase "Project Gutenberg" appears, or with which the phrase "Project -Gutenberg" is associated) is accessed, displayed, performed, viewed, -copied or distributed: - -This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with -almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or -re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included -with this eBook or online at www.gutenberg.org - -1.E.2. If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is derived -from the public domain (does not contain a notice indicating that it is -posted with permission of the copyright holder), the work can be copied -and distributed to anyone in the United States without paying any fees -or charges. If you are redistributing or providing access to a work -with the phrase "Project Gutenberg" associated with or appearing on the -work, you must comply either with the requirements of paragraphs 1.E.1 -through 1.E.7 or obtain permission for the use of the work and the -Project Gutenberg-tm trademark as set forth in paragraphs 1.E.8 or -1.E.9. - -1.E.3. If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is posted -with the permission of the copyright holder, your use and distribution -must comply with both paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 and any additional -terms imposed by the copyright holder. Additional terms will be linked -to the Project Gutenberg-tm License for all works posted with the -permission of the copyright holder found at the beginning of this work. - -1.E.4. Do not unlink or detach or remove the full Project Gutenberg-tm -License terms from this work, or any files containing a part of this -work or any other work associated with Project Gutenberg-tm. - -1.E.5. Do not copy, display, perform, distribute or redistribute this -electronic work, or any part of this electronic work, without -prominently displaying the sentence set forth in paragraph 1.E.1 with -active links or immediate access to the full terms of the Project -Gutenberg-tm License. - -1.E.6. You may convert to and distribute this work in any binary, -compressed, marked up, nonproprietary or proprietary form, including any -word processing or hypertext form. However, if you provide access to or -distribute copies of a Project Gutenberg-tm work in a format other than -"Plain Vanilla ASCII" or other format used in the official version -posted on the official Project Gutenberg-tm web site (www.gutenberg.org), -you must, at no additional cost, fee or expense to the user, provide a -copy, a means of exporting a copy, or a means of obtaining a copy upon -request, of the work in its original "Plain Vanilla ASCII" or other -form. Any alternate format must include the full Project Gutenberg-tm -License as specified in paragraph 1.E.1. - -1.E.7. Do not charge a fee for access to, viewing, displaying, -performing, copying or distributing any Project Gutenberg-tm works -unless you comply with paragraph 1.E.8 or 1.E.9. - -1.E.8. You may charge a reasonable fee for copies of or providing -access to or distributing Project Gutenberg-tm electronic works provided -that - -- You pay a royalty fee of 20% of the gross profits you derive from - the use of Project Gutenberg-tm works calculated using the method - you already use to calculate your applicable taxes. The fee is - owed to the owner of the Project Gutenberg-tm trademark, but he - has agreed to donate royalties under this paragraph to the - Project Gutenberg Literary Archive Foundation. Royalty payments - must be paid within 60 days following each date on which you - prepare (or are legally required to prepare) your periodic tax - returns. Royalty payments should be clearly marked as such and - sent to the Project Gutenberg Literary Archive Foundation at the - address specified in Section 4, "Information about donations to - the Project Gutenberg Literary Archive Foundation." - -- You provide a full refund of any money paid by a user who notifies - you in writing (or by e-mail) within 30 days of receipt that s/he - does not agree to the terms of the full Project Gutenberg-tm - License. You must require such a user to return or - destroy all copies of the works possessed in a physical medium - and discontinue all use of and all access to other copies of - Project Gutenberg-tm works. - -- You provide, in accordance with paragraph 1.F.3, a full refund of any - money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the - electronic work is discovered and reported to you within 90 days - of receipt of the work. - -- You comply with all other terms of this agreement for free - distribution of Project Gutenberg-tm works. - -1.E.9. If you wish to charge a fee or distribute a Project Gutenberg-tm -electronic work or group of works on different terms than are set -forth in this agreement, you must obtain permission in writing from -both the Project Gutenberg Literary Archive Foundation and Michael -Hart, the owner of the Project Gutenberg-tm trademark. Contact the -Foundation as set forth in Section 3 below. - -1.F. - -1.F.1. Project Gutenberg volunteers and employees expend considerable -effort to identify, do copyright research on, transcribe and proofread -public domain works in creating the Project Gutenberg-tm -collection. Despite these efforts, Project Gutenberg-tm electronic -works, and the medium on which they may be stored, may contain -"Defects," such as, but not limited to, incomplete, inaccurate or -corrupt data, transcription errors, a copyright or other intellectual -property infringement, a defective or damaged disk or other medium, a -computer virus, or computer codes that damage or cannot be read by -your equipment. - -1.F.2. LIMITED WARRANTY, DISCLAIMER OF DAMAGES - Except for the "Right -of Replacement or Refund" described in paragraph 1.F.3, the Project -Gutenberg Literary Archive Foundation, the owner of the Project -Gutenberg-tm trademark, and any other party distributing a Project -Gutenberg-tm electronic work under this agreement, disclaim all -liability to you for damages, costs and expenses, including legal -fees. YOU AGREE THAT YOU HAVE NO REMEDIES FOR NEGLIGENCE, STRICT -LIABILITY, BREACH OF WARRANTY OR BREACH OF CONTRACT EXCEPT THOSE -PROVIDED IN PARAGRAPH 1.F.3. YOU AGREE THAT THE FOUNDATION, THE -TRADEMARK OWNER, AND ANY DISTRIBUTOR UNDER THIS AGREEMENT WILL NOT BE -LIABLE TO YOU FOR ACTUAL, DIRECT, INDIRECT, CONSEQUENTIAL, PUNITIVE OR -INCIDENTAL DAMAGES EVEN IF YOU GIVE NOTICE OF THE POSSIBILITY OF SUCH -DAMAGE. - -1.F.3. LIMITED RIGHT OF REPLACEMENT OR REFUND - If you discover a -defect in this electronic work within 90 days of receiving it, you can -receive a refund of the money (if any) you paid for it by sending a -written explanation to the person you received the work from. If you -received the work on a physical medium, you must return the medium with -your written explanation. The person or entity that provided you with -the defective work may elect to provide a replacement copy in lieu of a -refund. If you received the work electronically, the person or entity -providing it to you may choose to give you a second opportunity to -receive the work electronically in lieu of a refund. If the second copy -is also defective, you may demand a refund in writing without further -opportunities to fix the problem. - -1.F.4. Except for the limited right of replacement or refund set forth -in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS', WITH NO OTHER -WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT LIMITED TO -WARRANTIES OF MERCHANTABILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE. - -1.F.5. Some states do not allow disclaimers of certain implied -warranties or the exclusion or limitation of certain types of damages. -If any disclaimer or limitation set forth in this agreement violates the -law of the state applicable to this agreement, the agreement shall be -interpreted to make the maximum disclaimer or limitation permitted by -the applicable state law. The invalidity or unenforceability of any -provision of this agreement shall not void the remaining provisions. - -1.F.6. INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the -trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone -providing copies of Project Gutenberg-tm electronic works in accordance -with this agreement, and any volunteers associated with the production, -promotion and distribution of Project Gutenberg-tm electronic works, -harmless from all liability, costs and expenses, including legal fees, -that arise directly or indirectly from any of the following which you do -or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm -work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any -Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause. - - -Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm - -Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of -electronic works in formats readable by the widest variety of computers -including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists -because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from -people in all walks of life. - -Volunteers and financial support to provide volunteers with the -assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg-tm's -goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will -remain freely available for generations to come. In 2001, the Project -Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure -and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations. -To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation -and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4 -and the Foundation information page at www.gutenberg.org - - -Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive -Foundation - -The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit -501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the -state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal -Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification -number is 64-6221541. Contributions to the Project Gutenberg -Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent -permitted by U.S. federal laws and your state's laws. - -The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S. -Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered -throughout numerous locations. Its business office is located at 809 -North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887. Email -contact links and up to date contact information can be found at the -Foundation's web site and official page at www.gutenberg.org/contact - -For additional contact information: - Dr. Gregory B. Newby - Chief Executive and Director - gbnewby@pglaf.org - -Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg -Literary Archive Foundation - -Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide -spread public support and donations to carry out its mission of -increasing the number of public domain and licensed works that can be -freely distributed in machine readable form accessible by the widest -array of equipment including outdated equipment. Many small donations -($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt -status with the IRS. - -The Foundation is committed to complying with the laws regulating -charities and charitable donations in all 50 states of the United -States. Compliance requirements are not uniform and it takes a -considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up -with these requirements. We do not solicit donations in locations -where we have not received written confirmation of compliance. To -SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any -particular state visit www.gutenberg.org/donate - -While we cannot and do not solicit contributions from states where we -have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition -against accepting unsolicited donations from donors in such states who -approach us with offers to donate. - -International donations are gratefully accepted, but we cannot make -any statements concerning tax treatment of donations received from -outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff. - -Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation -methods and addresses. Donations are accepted in a number of other -ways including checks, online payments and credit card donations. -To donate, please visit: www.gutenberg.org/donate - - -Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic -works. - -Professor Michael S. Hart was the originator of the Project Gutenberg-tm -concept of a library of electronic works that could be freely shared -with anyone. For forty years, he produced and distributed Project -Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support. - -Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed -editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S. -unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily -keep eBooks in compliance with any particular paper edition. - -Most people start at our Web site which has the main PG search facility: - - www.gutenberg.org - -This Web site includes information about Project Gutenberg-tm, -including how to make donations to the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to -subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks. diff --git a/40358-8.zip b/40358-8.zip Binary files differdeleted file mode 100644 index f3e04d9..0000000 --- a/40358-8.zip +++ /dev/null diff --git a/40358-h.zip b/40358-h.zip Binary files differdeleted file mode 100644 index e2e4596..0000000 --- a/40358-h.zip +++ /dev/null diff --git a/40358-h/40358-h.htm b/40358-h/40358-h.htm index ec587a7..853e000 100644 --- a/40358-h/40358-h.htm +++ b/40358-h/40358-h.htm @@ -1,8 +1,8 @@ <!DOCTYPE html PUBLIC "-//W3C//DTD XHTML 1.0 Transitional//EN" "http://www.w3.org/TR/xhtml1/DTD/xhtml1-transitional.dtd"> <html xmlns="http://www.w3.org/1999/xhtml"> <head> -<meta http-equiv="Content-Type" content="text/html; charset=ISO-8859-1" /> -<title>The Project Gutenberg eBook of Salta, by Juan Carlos Dvalos</title> +<meta http-equiv="Content-Type" content="text/html; charset=UTF-8" /> +<title>The Project Gutenberg eBook of Salta, by Juan Carlos Dávalos</title> <style type="text/css"> body { @@ -144,25 +144,9 @@ padding-right: .5em;} </style> </head> <body> -<h1>The Project Gutenberg eBook, Salta, by Juan Carlos Dvalos</h1> -<p>This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with -almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or -re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included -with this eBook or online at <a -href="http://www.gutenberg.org">www.gutenberg.org</a></p> -<p>Title: Salta</p> -<p>Author: Juan Carlos Dvalos</p> -<p>Release Date: July 28, 2012 [eBook #40358]</p> -<p>Language: Spanish</p> -<p>Character set encoding: ISO-8859-1</p> -<p>***START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK SALTA***</p> +<div>*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 40358 ***</div> +<h1>The Project Gutenberg eBook, Salta, by Juan Carlos Dávalos</h1> <p> </p> -<h4>E-text prepared by Adrian Mastronardi, JoAnn Greenwood,<br /> - and the Online Distributed Proofreading Team<br /> - (<a href="http://www.pgdp.net">http://www.pgdp.net</a>)<br /> - from page images generously made available by<br /> - Internet Archive<br /> - (<a href="http://archive.org">http://archive.org</a>)</h4> <p> </p> <table border="0" style="background-color: #ccccff;margin: 0 auto;" cellpadding="10"> <tr> @@ -193,36 +177,36 @@ SALTA <div class="center"> <table border="0" cellpadding="4" cellspacing="0" summary="" width="90%"> -<tr><td align="right" width="7%">I—</td><td align="left" width="83%"><span class="smcap">Fernndez Moreno.</span>—<i>Ciudad.</i></td></tr> +<tr><td align="right" width="7%">I—</td><td align="left" width="83%"><span class="smcap">Fernández Moreno.</span>—<i>Ciudad.</i></td></tr> <tr><td align="right">II—</td><td align="left"><span class="smcap">Horacio Quiroga.</span>—<i>Cuentos de Amor de Locura y de Muerte.</i></td></tr> <tr><td align="right">III—</td><td align="left"><span class="smcap">Carlos Ibarguren.</span>—<i>De nuestra tierra.</i></td></tr> -<tr><td align="right">IV—</td><td align="left"><span class="smcap">Manuel Glvez.</span>—<i>La sombra del convento</i> (novela).</td></tr> -<tr><td align="right">V—</td><td align="left"><span class="smcap">Ernesto Mario Barreda.</span>—<i>Las rosas del mantn</i> (Andanzas y emociones por tierras de Espaa).</td></tr> -<tr><td align="right">VI—</td><td align="left"><span class="smcap">Carlos Muzzio Senz-Pea.</span>—Versin castellana de <i>La cosecha de la fruta</i> de Rabindranath Tagore.</td></tr> +<tr><td align="right">IV—</td><td align="left"><span class="smcap">Manuel Gálvez.</span>—<i>La sombra del convento</i> (novela).</td></tr> +<tr><td align="right">V—</td><td align="left"><span class="smcap">Ernesto Mario Barreda.</span>—<i>Las rosas del mantón</i> (Andanzas y emociones por tierras de España).</td></tr> +<tr><td align="right">VI—</td><td align="left"><span class="smcap">Carlos Muzzio Sáenz-Peña.</span>—Versión castellana de <i>La cosecha de la fruta</i> de Rabindranath Tagore.</td></tr> <tr><td align="right">VII—</td><td align="left"><span class="smcap">Arturo Capdevila.</span>—<i>El libro de la noche.</i></td></tr> -<tr><td align="right">VIII—</td><td align="left"><span class="smcap">Ricardo Jaimes Freyre.</span>—<i>Los sueos son vida.</i></td></tr> +<tr><td align="right">VIII—</td><td align="left"><span class="smcap">Ricardo Jaimes Freyre.</span>—<i>Los sueños son vida.</i></td></tr> <tr><td align="right">IX—</td><td align="left"><span class="smcap">Luisa Israel de Portela.</span>—<i>Vidas tristes.</i></td></tr> <tr><td align="right">X—</td><td align="left"><span class="smcap">Pedro Miguel Obligado.</span>—<i>Gris.</i></td></tr> <tr><td align="right">XI—</td><td align="left"><span class="smcap">Mario Bravo.</span>—<i>Canciones y Poemas.</i></td></tr> -<tr><td align="right">XII—</td><td align="left"><span class="smcap">Juan Carlos Dvalos.</span>—<i>Salta.</i></td></tr> +<tr><td align="right">XII—</td><td align="left"><span class="smcap">Juan Carlos Dávalos.</span>—<i>Salta.</i></td></tr> <tr><td align="right"> </td></tr> -<tr><td align="center" colspan="2">PRXIMAMENTE:</td></tr> -<tr><td align="right">XIII—</td><td align="left"><span class="smcap">Alfonsina Storni.</span>—<i>El dulce dao.</i></td></tr> -<tr><td align="right">XIV—</td><td align="left"><span class="smcap">Alvaro Melin Lafinur.</span>—<i>Literatura contempornea.</i></td></tr> +<tr><td align="center" colspan="2">PRÓXIMAMENTE:</td></tr> +<tr><td align="right">XIII—</td><td align="left"><span class="smcap">Alfonsina Storni.</span>—<i>El dulce daño.</i></td></tr> +<tr><td align="right">XIV—</td><td align="left"><span class="smcap">Alvaro Melián Lafinur.</span>—<i>Literatura contemporánea.</i></td></tr> </table></div> <hr style="width: 65%;" /> <h2> -JUAN CARLOS DVALOS</h2> +JUAN CARLOS DÁVALOS</h2> <div class="hugeskip"></div> <h1> <big>SALTA</big></h1> <div class="hugeskip"></div> -<h3>Prlogo de MANUEL GLVEZ</h3> +<h3>Prólogo de MANUEL GÁLVEZ</h3> <div class="bigskip"></div> <div class="figcenter" style="width: 66px;"> @@ -242,261 +226,261 @@ AVENIDA DE MAYO 791<br /> <div class="signature"><a name="MANUEL" id="MANUEL"></a> -<span class="smcap">A Manuel Glvez.</span><br /></div> +<span class="smcap">A Manuel Gálvez.</span><br /></div> <p><i>El defecto capital de este libro es su personalismo.</i></p> <p><i>Su mejor cualidad es la espontaneidad.</i></p> -<p><i>Esto proviene de que los artculos que lo componen fueron escritos en -diferentes pocas, sobre temas asaz diversos, y nunca con el propsito +<p><i>Esto proviene de que los artículos que lo componen fueron escritos en +diferentes épocas, sobre temas asaz diversos, y nunca con el propósito de hacer un libro.</i></p> <p><i>Al reunirlos en un volumen me propongo dar una idea de lo que es -Salta; y de lo que puede ocurrrsele en Salta a un hombre que observa, +Salta; y de lo que puede ocurrírsele en Salta a un hombre que observa, aislado, y sin ambiente literario alguno. Representa, pues, un -esfuerzo intelectual, no s si estimable o necio.</i></p> +esfuerzo intelectual, no sé si estimable o necio.</i></p> <p><i>Usted que conoce al autor y su medio provinciano, es el llamado a -prologar este libro, y hacrselo comprender al pblico del pas.</i></p> +prologar este libro, y hacérselo comprender al público del país.</i></p> <p><i>Sin un comentario previo de usted, no deseo que el libro vea la luz.</i></p> -<p><i>As apreciar usted cunto le estima como amigo y como escritor su +<p><i>Así apreciará usted cuánto le estima como amigo y como escritor su afmo. y S. S.</i><br /><br /></p> <div class="signature"> -<span class="smcap">Juan Carlos Dvalos.</span></div> +<span class="smcap">Juan Carlos Dávalos.</span></div> <hr style="width: 65%;" /><p><span class="pagenum"><a name="Page_9" id="Page_9">[9]</a></span></p> -<h2><a name="PROLOGO" id="PROLOGO"></a>PRLOGO</h2> +<h2><a name="PROLOGO" id="PROLOGO"></a>PRÓLOGO</h2> -<p>Hace diez aos, era Salta una ciudad colonial. La visitaba yo entonces +<p>Hace diez años, era Salta una ciudad colonial. La visitaba yo entonces por primera vez; y no necesito exagerar, si afirmo que ninguna ciudad -de nuestra tierra me haba producido una igual impresin de carcter y -de poesa. En Crdoba, en Santa Fe, encontramos algunas viejas casas -caractersticas. En Salta lo eran todas por aquella poca. Con sus +de nuestra tierra me había producido una igual impresión de carácter y +de poesía. En Córdoba, en Santa Fe, encontramos algunas viejas casas +características. En Salta lo eran todas por aquella época. Con sus techos de tejas, sus ventanas y sus puertas de formas coloniales, y -sus altos balconetes de madera y de hierro, que parecan colgados de +sus altos balconetes de madera y de hierro, que parecían colgados de los aleros, las casas de Salta evocaban encantadoramente la vida argentina de hace un siglo.</p> -<p>Pero no eran slo las casas lo que entonces recordaba el tiempo que -fu. Eran tambin las calles, las iglesias, las gentes, las -costumbres. No olvidar nunca las sensaciones que me causaron ciertas -cosas, tan exticas para m: el llanto trgico de la quena que un -indio platero taa maravillosamente; el reidero, con su pblico -heterogneo y sus escenas pintorescas; y un baile de arrabal, donde +<p>Pero no eran sólo las casas lo que entonces recordaba el tiempo que +fué. Eran también las calles, las iglesias, las gentes, las +costumbres. No olvidaré nunca las sensaciones que me causaron ciertas +cosas, tan exóticas para mí: el llanto trágico de la quena que un +indio platero tañía maravillosamente; el reñidero, con su público +heterogéneo y sus escenas pintorescas; y un baile de arrabal, donde silenciosos indios, calzados de ojotas y emponchados, miraban, con -asombro estpido y tenaz, cmo bailaban la chacarera y la zamba, al -son de un arpa vieja y al ritmo de los versos quchuas que cantaba el -msico ciego, las mujerzuelas y los hombres de diversas clases +asombro estúpido y tenaz, cómo bailaban la chacarera y la zamba, al +son de un arpa vieja y al ritmo de los versos quíchuas que cantaba el +músico ciego, las mujerzuelas y los hombres de diversas clases sociales que atestaban el rancho.<span class="pagenum"><a name="Page_10" id="Page_10">[10]</a></span></p> <p>Poco de esta Salta queda ahora. Sus casas no fueron derribadas, pero -un absurdo y mal entendido espritu de modernidad reform las ventanas -y las puertas, suprimi los aleros y ocult los techos de tejas +un absurdo y mal entendido espíritu de modernidad reformó las ventanas +y las puertas, suprimió los aleros y ocultó los techos de tejas levantando las paredes delanteras. Pero a pesar de todo, permanece en -Salta lo suficiente para que miremos a esta ciudad como la ms +Salta lo suficiente para que miremos a esta ciudad como la más completa y bella imagen del pasado argentino.</p> -<p>En aquella Salta apacible hice amistad con Juan Carlos Dvalos. El fu -mi mejor gua, sobre todo en el sentido espiritual que podemos dar a -esta palabra. Dvalos me refera leyendas y tradiciones, y me hablaba -de la vida provinciana, cuyas cosas y cuyos tipos caractersticos -conoca profundamente, juzgndolos con su humorismo benvolo y +<p>En aquella Salta apacible hice amistad con Juan Carlos Dávalos. El fué +mi mejor guía, sobre todo en el sentido espiritual que podemos dar a +esta palabra. Dávalos me refería leyendas y tradiciones, y me hablaba +de la vida provinciana, cuyas cosas y cuyos tipos característicos +conocía profundamente, juzgándolos con su humorismo benévolo y original.</p> -<p>Dvalos me recit algunos de los pocos versos que hasta entonces -llevaba escritos y me ley varias de las pginas que componen este -volumen. Convencido de las facultades de Dvalos, le incit con -entusiasmo a que escribiera; y creo haber contribudo en buena parte a -su dedicacin literaria. Su conocimiento de la vida en aquella comarca -saltea, tan argentina y tan ignorada en el resto del pas, colocaba a -Dvalos en una situacin excepcional. El joven poeta amaba la -tradicin y la comprenda tan hondamente, que era lgico esperar de su -talento, robusto y realista, pginas del ms fuerte sabor vernculo.</p> +<p>Dávalos me recitó algunos de los pocos versos que hasta entonces +llevaba escritos y me leyó varias de las páginas que componen este +volumen. Convencido de las facultades de Dávalos, le incité con +entusiasmo a que escribiera; y creo haber contribuído en buena parte a +su dedicación literaria. Su conocimiento de la vida en aquella comarca +salteña, tan argentina y tan ignorada en el resto del país, colocaba a +Dávalos en una situación excepcional. El joven poeta amaba la +tradición y la comprendía tan hondamente, que era lógico esperar de su +talento, robusto y realista, páginas del más fuerte sabor vernáculo.</p> <p>Su primer libro, <i>De mi vida y de mi tierra</i>, prologado elogiosamente -por Carlos Ibarguren, fu para Dvalos un buen xito. Su lenguaje, -original, con algo de arcaico, su sentimiento personal y potico de +por Carlos Ibarguren, fué para Dávalos un buen éxito. Su lenguaje, +original, con algo de arcaico, su sentimiento personal y poético de las cosas del campo, y sus descripciones eficaces y vigorosas, -sorprendieron. Luego ha escrito un interesante drama histrico. Y +sorprendieron. Luego ha escrito un interesante drama histórico. Y ahora realiza mi deseo de que publicara un libro en prosa, evocando la vida de aquella Salta, colonial y apacible, que tal vez pronto -desaparecer completamente; recordando leyendas y tradiciones; -retratando los tipos caractersticos de la ciudad y de los campos y -hacindonos ver, con su<span class="pagenum"><a name="Page_11" id="Page_11">[11]</a></span> talento descriptivo, escenas pintorescas del -arrabal, de la montaa y de la selva.</p> +desaparecerá completamente; recordando leyendas y tradiciones; +retratando los tipos característicos de la ciudad y de los campos y +haciéndonos ver, con su<span class="pagenum"><a name="Page_11" id="Page_11">[11]</a></span> talento descriptivo, escenas pintorescas del +arrabal, de la montaña y de la selva.</p> -<p>Juan Carlos Dvalos tiene dos grandes cualidades literarias: humorismo +<p>Juan Carlos Dávalos tiene dos grandes cualidades literarias: humorismo y aptitud para describir.</p> -<p>El humorismo de Dvalos no es trascendental sino excepcionalmente, y -en pequeo grado. No contiene amargura ni desilusin. En lugar de +<p>El humorismo de Dávalos no es trascendental sino excepcionalmente, y +en pequeño grado. No contiene amargura ni desilusión. En lugar de ejercerse sobre los defectos morales de los hombres, se aplica a las -caractersticas materiales. Pero sin hacer apenas crtica, ni intentar +características materiales. Pero sin hacer apenas crítica, ni intentar corregir el mundo.</p> -<p>Si Dvalos desarrolla esta cualidad de observar el ridculo en los +<p>Si Dávalos desarrolla esta cualidad de observar el ridículo en los hombres y en las cosas, puede llegar a realizar notables caricaturas. Advierto que digo esto en su elogio, porque hay quienes imaginan que la caricatura es un defecto y se halla fuera del arte. Los grandes -noveladores del siglo pasado son prodigiosos caricaturistas. As -Dickens y Thackeray en Inglaterra; Prez Galds y Palacio Valds, en -Espaa; Daudet, Flaubert y a veces Zola en Francia; y Ea de Queiroz, +noveladores del siglo pasado son prodigiosos caricaturistas. Así +Dickens y Thackeray en Inglaterra; Pérez Galdós y Palacio Valdés, en +España; Daudet, Flaubert y a veces Zola en Francia; y Eça de Queiroz, en Portugal. Conviene recordar que no es preciso hacer reir para ser -caricaturista. Hay tambin caricaturas trgicas, de las que son +caricaturista. Hay también caricaturas trágicas, de las que son ejemplos algunos personajes de Dostoiewsky y de Balzac.</p> -<p>La aptitud descriptiva de Dvalos se muestra a la vez en los tipos, en -las escenas y en los paisajes. He aqu como presenta a un jugador de -taba: "... es un hombrn taciturno, un poco alcoholizado. Parece all +<p>La aptitud descriptiva de Dávalos se muestra a la vez en los tipos, en +las escenas y en los paisajes. He aquí como presenta a un jugador de +taba: "... es un hombrón taciturno, un poco alcoholizado. Parece allí un toro, parado en dos pies entre la tropa. Usa enorme sombrero blanco -y se alza el poncho del pescuezo para que le vean su charro cinturn +y se alza el poncho del pescuezo para que le vean su charro cinturón de bolivianas de plata. Va quinientos pesos a su mano. Se escupe con -calma las manos, refriega las palmas en el suelo, guia el ojo +calma las manos, refriega las palmas en el suelo, guiña el ojo izquierdo como si fuera a apuntar con escopeta, mira bien la taba con -el otro ojo, la blande, la sopesa varias veces, echa un desafo a la -redonda. Los espectadores, atnitos, se apartan. La taba vuela; la +el otro ojo, la blande, la sopesa varias veces, echa un desafío a la +redonda. Los espectadores, atónitos, se apartan. La taba vuela; la siguen con la vista, da tres vueltas justas y se clava".<span class="pagenum"><a name="Page_12" id="Page_12">[12]</a></span></p> -<p>Igualmente eficaces son los retratos del gaucho Cruz Guez, del -Serapio Guantay, de la duea de la casa donde se celebra el baile de +<p>Igualmente eficaces son los retratos del gaucho Cruz Guíez, del +Serapio Guantay, de la dueña de la casa donde se celebra el baile de villorrio, de la Juana Figueroa. Entre los tipos que en dos palabras describe al pasar, nos impresionan particularmente los opas, esos -pobres imbciles que tanto abundan en el norte. En el capitulito <i>La -decadencia de los opas</i>, ttulo del ms fino humorismo y que +pobres imbéciles que tanto abundan en el norte. En el capitulito <i>La +decadencia de los opas</i>, título del más fino humorismo y que constituye un admirable hallazgo, se refiere, en un estilo lleno de gracia, a varios de ellos, que eran populares en Salta. Pero en otros -captulos nos habla tambin de aquellos infelices. As en <i>El baile de +capítulos nos habla también de aquellos infelices. Así en <i>El baile de villorrio</i>, donde nos pinta uno en esta forma: "En el patio, un opa de -ojos clarsimos y cara plida y gorda, que haba bebido en demasa, -mascaba asnalmente un bollo, y serva de diversin a unos +ojos clarísimos y cara pálida y gorda, que había bebido en demasía, +mascaba asnalmente un bollo, y servía de diversión a unos muchachos...".</p> -<p>Como narrador, Dvalos muestra tambin notables cualidades. Hay en su -libro escenas de una gran belleza: la de los burritos leateros, que -pasan lentamente por las calles, curiosendolo todo y metindose -dentro de las casas; la de la ria de gallos, que tiene tanto -movimiento y tanto color como las descripciones anlogas de Sarmiento; -y aquella en donde cuenta los amores del Serapio Guantay, pgina -penetrada de la honda poesa de las montaas salteas y que basta para -revelar en Dvalos las aptitudes de un gran escritor.</p> +<p>Como narrador, Dávalos muestra también notables cualidades. Hay en su +libro escenas de una gran belleza: la de los burritos leñateros, que +pasan lentamente por las calles, curioseándolo todo y metiéndose +dentro de las casas; la de la riña de gallos, que tiene tanto +movimiento y tanto color como las descripciones análogas de Sarmiento; +y aquella en donde cuenta los amores del Serapio Guantay, página +penetrada de la honda poesía de las montañas salteñas y que basta para +revelar en Dávalos las aptitudes de un gran escritor.</p> <p>Sus paisajes son generalmente muy breves, simples anotaciones hechas -al pasar. Pero en todo el libro est latente el aspecto de la ciudad y -de la naturaleza. He aqu una de las mejores descripciones, donde -recuerda la vieja Salta que l debi conocer en su niez: "Evocad el -Salta de sesenta aos atrs, con su pobre y pesada arquitectura +al pasar. Pero en todo el libro está latente el aspecto de la ciudad y +de la naturaleza. He aquí una de las mejores descripciones, donde +recuerda la vieja Salta que él debió conocer en su niñez: "Evocad el +Salta de sesenta años atrás, con su pobre y pesada arquitectura colonial; con sus tejados de alero volado a la calle; con sus enormes portales cuadrados y recios; con sus altas veredas, entre cuyas lajas desiguales brotaba el pasto del campo; con sus hondas y tortuosas -calles de piedra bola. De noche, arda en las esquinas del centro<span class="pagenum"><a name="Page_13" id="Page_13">[13]</a></span> un +calles de piedra bola. De noche, ardía en las esquinas del centro<span class="pagenum"><a name="Page_13" id="Page_13">[13]</a></span> un candil de sebo. El sereno, encargado de varias manzanas, pasaba lentamente, cantando la hora y el aspecto del tiempo. En las casas -donde haba quedado alguna luz, revoloteaban encandilados, sobre los -anchos patios, murcilagos errantes y siniestras lechuzas".</p> - -<p>Dvalos aparece en este libro como un espritu multiforme y una -sensibilidad compleja. Algunos de sus relatos son ms que trgicos, -macabros; otros humorsticos, otros sentimentales y poticos. Con la -misma eficacia descriptiva con que nos relata una proclamacin -poltica en el arrabal o reconstruye la ria de gallos, nos evoca la -vida de las montaas. Nos hacen reir sus siluetas de los cocheros, su +donde había quedado alguna luz, revoloteaban encandilados, sobre los +anchos patios, murciélagos errantes y siniestras lechuzas".</p> + +<p>Dávalos aparece en este libro como un espíritu multiforme y una +sensibilidad compleja. Algunos de sus relatos son más que trágicos, +macabros; otros humorísticos, otros sentimentales y poéticos. Con la +misma eficacia descriptiva con que nos relata una proclamación +política en el arrabal o reconstruye la riña de gallos, nos evoca la +vida de las montañas. Nos hacen reir sus siluetas de los cocheros, su desfile de los opas; nos estremece de terror y de misterio el recuerdo -de aquella noche en que muri su amigo apodado el Chivo Pedro; y nos -hace comprender el alma de la raza vencida, impregnndonos de honda -emocin territorial, en los prrafos donde describe a un indio que -desciende de la montaa haciendo sonar el erque.</p> +de aquella noche en que murió su amigo apodado el Chivo Pedro; y nos +hace comprender el alma de la raza vencida, impregnándonos de honda +emoción territorial, en los párrafos donde describe a un indio que +desciende de la montaña haciendo sonar el erque.</p> -<p>Pero en todas estas pginas de ndole tan diversa, Dvalos, como +<p>Pero en todas estas páginas de índole tan diversa, Dávalos, como escritor moderno que es, demuestra que busca en las cosas, no una -belleza ms o menos convencional, sino su carcter. Sus paisajes, sus +belleza más o menos convencional, sino su carácter. Sus paisajes, sus escenas, sus cuadros, sus tipos son llenos de individualidad y nos -revelan uno de los pedazos ms interesantes y originales de la tierra +revelan uno de los pedazos más interesantes y originales de la tierra argentina.</p> -<p>He mencionado sus relatos macabros, y quiero dar mi interpretacin de -ellos. Los cuentos espeluznantes de Dvalos no nos hacen dao ni nos -desagradan. Nos producen, s, la sensacin completa que el autor -pretendi producir, pero al acabar de leerlos no quedamos -impresionados, disgustados, hasta enfermos, como despus de leer +<p>He mencionado sus relatos macabros, y quiero dar mi interpretación de +ellos. Los cuentos espeluznantes de Dávalos no nos hacen daño ni nos +desagradan. Nos producen, sí, la sensación completa que el autor +pretendió producir, pero al acabar de leerlos no quedamos +impresionados, disgustados, hasta enfermos, como después de leer ciertos cuentos de Quiroga. Tal vez contribuya a esto, los detalles -humorsticos que Dvalos encaja hbilmente en medio de sus -terrorficas narraciones. El caso es que estas pginas nos hacen el +humorísticos que Dávalos encaja hábilmente en medio de sus +terroríficas narraciones. El caso es que estas páginas nos hacen el efecto de una broma,<span class="pagenum"><a name="Page_14" id="Page_14">[14]</a></span> de una broma bien hecha, por otra parte. Parece que el autor se hubiera dicho: "Voy a escribir unos cuantos cuentos espantables para que vean que soy capaz de escribirlos, y, sobre todo, -para rerme pensando en el efecto que producirn en las gentes -pacficas".<a name="FNanchor_1_1" id="FNanchor_1_1"></a><a href="#Footnote_1_1" class="fnanchor">[1]</a> Y los ha escrito, pero permaneciendo l sano, fuerte, -sereno, y sin ennegrecer el nimo del lector. Porque una de las -caractersticas de Dvalos es su sanidad de espritu. Y es un escritor -sano, no solamente porque nada hay en l de enfermizo, sino porque -tiene todas las cualidades morales que acompaan a la perfecta salud +para reírme pensando en el efecto que producirán en las gentes +pacíficas".<a name="FNanchor_1_1" id="FNanchor_1_1"></a><a href="#Footnote_1_1" class="fnanchor">[1]</a> Y los ha escrito, pero permaneciendo él sano, fuerte, +sereno, y sin ennegrecer el ánimo del lector. Porque una de las +características de Dávalos es su sanidad de espíritu. Y es un escritor +sano, no solamente porque nada hay en él de enfermizo, sino porque +tiene todas las cualidades morales que acompañan a la perfecta salud espiritual.</p> -<p>Juan Carlos Dvalos posee verdadera imaginacin, profundo sentimiento -potico, comprensin de la realidad y, ms que nada, sensibilidad. +<p>Juan Carlos Dávalos posee verdadera imaginación, profundo sentimiento +poético, comprensión de la realidad y, más que nada, sensibilidad. Pero no una sensibilidad como la de cualquier escritor distinguido, -sino una sensibilidad como slo la tienen los verdaderos artistas. Me -permitir mi amigo que revele al pblico cierto detalle un poco -ntimo, pero que demuestra su valer? Bien: yo he visto a Dvalos -emocionarse hasta las lgrimas ante una lectura, y no por tratarse de +sino una sensibilidad como sólo la tienen los verdaderos artistas. ¿Me +permitirá mi amigo que revele al público cierto detalle un poco +íntimo, pero que demuestra su valer? Bien: yo he visto a Dávalos +emocionarse hasta las lágrimas ante una lectura, y no por tratarse de cosas tristes o impresionantes, sino por la sola belleza de lo que se -lea.</p> +leía.</p> -<p>Dvalos es tambin un psiclogo. Pero como todos los temperamentos +<p>Dávalos es también un psicólogo. Pero como todos los temperamentos realistas, revela el alma de los seres por medio de sus gestos y de -sus actos. Es muy interesante su psicologa de los opas, de los +sus actos. Es muy interesante su psicología de los opas, de los gauchos, de los indios y de los perros.</p> -<p>Su estilo es incorrecto y a veces duro. A m me place, no obstante sus -defectos, porque se acerca a la palabra hablada y porque hay en l -color y movimiento. Tiene escasa armona, salvo en ciertos raros +<p>Su estilo es incorrecto y a veces duro. A mí me place, no obstante sus +defectos, porque se acerca a la palabra hablada y porque hay en él +color y movimiento. Tiene escasa armonía, salvo en ciertos raros instantes, pero mucha <span class="pagenum"><a name="Page_15" id="Page_15">[15]</a></span> sencillez y sobriedad. Estilo corto, escueto, muy preciso y vigoroso, es excelente para las descripciones de escenas -y de cuadros realistas. Pero cuando se habla de una cosa potica se -torna potico. Y segn el asunto, es hondo, emotivo, florido, -brillante o melanclico, y cobra, cuando el relato adquiere vuelo, una -penetrante elocuencia. He aqu cmo empieza a narrar los amores de un -pastor y una vaquera: "El azar los haba puesto cerca; el instinto los -junt. Y en el filo de una loma, sobre el pastizal oliente a berbena y -ans, la india, ms aviesa, lo inici al indio, ms ingenuo, en el +y de cuadros realistas. Pero cuando se habla de una cosa poética se +torna poético. Y según el asunto, es hondo, emotivo, florido, +brillante o melancólico, y cobra, cuando el relato adquiere vuelo, una +penetrante elocuencia. He aquí cómo empieza a narrar los amores de un +pastor y una vaquera: "El azar los había puesto cerca; el instinto los +juntó. Y en el filo de una loma, sobre el pastizal oliente a berbena y +anís, la india, más aviesa, lo inició al indio, más ingenuo, en el raro misterio que cumplen las cabras y las vacas, que trajina el polen en las patas diminutas de las abejas, que puebla el soto de inquietas y esmaltadas mariposas, y que hace cada primavera florecer el amancay -blanco y la begonia escarlata entre las breas. Desde aquella tarde +blanco y la begonia escarlata entre las breñas. Desde aquella tarde los dos indios volvieron a encontrarse siempre, y juntos divagaron por los cerros, descubriendo el encanto de los callados sitios, oyendo al eco repetir sus gritos en las altas barrancas, mirando rodar por los precipicios las gruesas galgas que aflojaban al borde, triscando a la -par de los chivos en las paradas laderas, o escondindose a veces de -algn viajero que cruzaba, all abajo, en su mula, el spero pedregal +par de los chivos en las paradas laderas, o escondiéndose a veces de +algún viajero que cruzaba, allá abajo, en su mula, el áspero pedregal del torrente".</p> -<p>Pero trate de un asunto o de otro, la prosa de Dvalos es siempre -viviente, moderna, muy argentina y sin afectaciones de ninguna ndole. -Dvalos, felizmente, se encuentra libre de <i>literatismo</i>, ese veneno +<p>Pero trate de un asunto o de otro, la prosa de Dávalos es siempre +viviente, moderna, muy argentina y sin afectaciones de ninguna índole. +Dávalos, felizmente, se encuentra libre de <i>literatismo</i>, ese veneno del que no logramos desprendernos los que hemos sido educados en la -literatura francesa contempornea.</p> +literatura francesa contemporánea.</p> -<p>Sin afectaciones, dije, e insisto en ello. Porque no faltar quien -acuse al autor de <i>Salta</i> como afectado de arcasmo. La prosa de -Dvalos est matizada de palabras que nos parecen viejas o demasiado -castizas. Pero no son palabras que Dvalos haya aprendido en los -libros. Las ha adquirido del pueblo, del campesino salteo, que habla<span class="pagenum"><a name="Page_16" id="Page_16">[16]</a></span> +<p>Sin afectaciones, dije, e insisto en ello. Porque no faltará quien +acuse al autor de <i>Salta</i> como afectado de arcaísmo. La prosa de +Dávalos está matizada de palabras que nos parecen viejas o demasiado +castizas. Pero no son palabras que Dávalos haya aprendido en los +libros. Las ha adquirido del pueblo, del campesino salteño, que habla<span class="pagenum"><a name="Page_16" id="Page_16">[16]</a></span> un hermoso castellano, un castellano con algo de rancio y a la vez -algo de quchua. Al usar, pues, aquellas voces, Dvalos, lejos de -mostrar afectacin, hace obra rigurosamente argentina.</p> +algo de quíchua. Al usar, pues, aquellas voces, Dávalos, lejos de +mostrar afectación, hace obra rigurosamente argentina.</p> -<p>Ahora, slo falta que el revelador de la tierra saltea ponga su -talento y su corazn al servicio de una obra ms orgnica que la +<p>Ahora, sólo falta que el revelador de la tierra salteña ponga su +talento y su corazón al servicio de una obra más orgánica que la presente. Tiene todas las cualidades para ser un verdadero novelista. -Reclammosle, para bien del pas, que lo sea muy pronto.<br /><br /></p> +Reclamémosle, para bien del país, que lo sea muy pronto.<br /><br /></p> <div class="signature"> <span class="smcap">Manuel Galvez</span></div> @@ -516,69 +500,69 @@ LA CIUDAD</h2> <hr style="width: 65%;" /> <p><span class="pagenum"><a name="Page_19" id="Page_19">[19]</a></span></p> -<h2><a name="LOS_BURRITOS_LENATEROS" id="LOS_BURRITOS_LENATEROS"></a>LOS BURRITOS LEATEROS</h2> +<h2><a name="LOS_BURRITOS_LENATEROS" id="LOS_BURRITOS_LENATEROS"></a>LOS BURRITOS LEÑATEROS</h2> <p>Ellos traen a la ciudad modernizada un poco de la paz de los campos, -la sobriedad rural, la lentitud de los das siempre iguales y hermosos +la sobriedad rural, la lentitud de los días siempre iguales y hermosos bajo el infinito azul, en las praderas apacibles.</p> -<p>Con su pasito tcito, su leita a la espalda, y su peluda ropa de +<p>Con su pasito tácito, su leñita a la espalda, y su peluda ropa de anacoretas, arreados por un muchacho que monta una triste jaca cerril, -pasan lentamente por la calle los burritos leateros.</p> +pasan lentamente por la calle los burritos leñateros.</p> -<p>Son las nueve de la maana.</p> +<p>Son las nueve de la mañana.</p> -<p>En una puerta asoma una mujer, y trata con el muchacho por la lea.</p> +<p>En una puerta asoma una mujer, y trata con el muchacho por la leña.</p> -<p>Los burros siguen viaje. A ellos, qu les importa el negocio? Lo que +<p>Los burros siguen viaje. A ellos, ¿qué les importa el negocio? Lo que les gusta es andar, curiosear, ver novedades.</p> <p>El muchacho corre a toparlos, y ellos, adrede, trotan calle arriba. Un auto los ataja en una bocacalle. El muchacho se les planta por delante: silba, grita, les pega ponchazos, y la recua vuelve frente a -la vecina que espera la lea.<span class="pagenum"><a name="Page_20" id="Page_20">[20]</a></span></p> +la vecina que espera la leña.<span class="pagenum"><a name="Page_20" id="Page_20">[20]</a></span></p> -<p>Mientras el muchacho desata la lea, los borricos merodean.</p> +<p>Mientras el muchacho desata la leña, los borricos merodean.</p> -<p>Uno, se cuela por un zagun, raspando al pasar, los reboques con los +<p>Uno, se cuela por un zaguán, raspando al pasar, los reboques con los torcedores. En el patio, una sirvienta lo baraja a escobazos. El burro ceja, y al salir, muy despacio, tumba una maceta.</p> <p>Alguno se acuesta a descansar en media calle, lanzando resoplidos de -desaliento, al pensar que a l no le toca el turno todava.</p> +desaliento, al pensar que a él no le toca el turno todavía.</p> -<p>Hurga otro, con su belfo suave y azulado, el cordn de la vereda, -donde una cscara de banana se adhiri a la piedra. Despus se come -una cscara de naranja, mientras un camarada, ms feliz en hallazgos, -se empea en tragar un diario abandonado, envoltorio de cocinera, +<p>Hurga otro, con su belfo suave y azulado, el cordón de la vereda, +donde una cáscara de banana se adhirió a la piedra. Después se come +una cáscara de naranja, mientras un camarada, más feliz en hallazgos, +se empeña en tragar un diario abandonado, envoltorio de cocinera, saturado de oliente y sabrosa grasa.</p> <p><i>Durmiendo los ojos</i> beatamente, un burrito ensaya lamer un hilo de -agua inmunda que mana de un albaal.</p> +agua inmunda que mana de un albañal.</p> -<p>En un grupo, alguno, carioso y prolijo, le rasca con los dientes a un -congnere la sarncula del apolillado pescuezo.</p> +<p>En un grupo, alguno, cariñoso y prolijo, le rasca con los dientes a un +congénere la sarnícula del apolillado pescuezo.</p> -<p>Le toca luego el turno al que se ech: el muchacho lo quiere hacer -levantar para descargarlo; pero el burro no quiere. Se siente tan -cmodo!</p> +<p>Le toca luego el turno al que se echó: el muchacho lo quiere hacer +levantar para descargarlo; pero el burro no quiere. ¡Se siente tan +cómodo!</p> -<p>El muchacho, impaciente, la emprende a puntapis. El burro se limita a -menear la cabeza y pestaear, hasta que el dolor de la tunda le llega +<p>El muchacho, impaciente, la emprende a puntapiés. El burro se limita a +menear la cabeza y pestañear, hasta que el dolor de la tunda le llega al alma. Entonces, cachaciento, ayudado por el muchacho, se incorpora.</p> -<p>El lento paso de la tropilla, su mansedumbre, el ligero vaivn -incesante de las colillas exguas, las cabezas<span class="pagenum"><a name="Page_21" id="Page_21">[21]</a></span> pensativas, los dulces -ojos, las tranquilas orejas, hacen del burrito leatero la nota ms -simptica de la calle saltea.</p> +<p>El lento paso de la tropilla, su mansedumbre, el ligero vaivén +incesante de las colillas exíguas, las cabezas<span class="pagenum"><a name="Page_21" id="Page_21">[21]</a></span> pensativas, los dulces +ojos, las tranquilas orejas, hacen del burrito leñatero la nota más +simpática de la calle salteña.</p> -<p>Ay! pero no cuando uno de estos animalejos deja oir un brbaro +<p>¡Ay! pero no cuando uno de estos animalejos deja oir un bárbaro rebuzno.</p> -<p>El buclico encanto se rompe de pronto ante esa desapacible +<p>El bucólico encanto se rompe de pronto ante esa desapacible resonancia, ante las grandes quijadas abiertas en la plenitud de la -bestialidad, y ante el brutal regocijo que sacude el msero y flaco +bestialidad, y ante el brutal regocijo que sacude el mísero y flaco cuerpo del asno, en espasmos de un grosero naturalismo.<span class="pagenum"><a name="Page_22" id="Page_22">[22]</a></span></p> @@ -588,253 +572,253 @@ cuerpo del asno, en espasmos de un grosero naturalismo.<span class="pagenum"><a <h2><a name="UNA_PROCLAMACION" id="UNA_PROCLAMACION"></a>UNA PROCLAMACION</h2> -<p>Un mes antes de la eleccin el arrabal pulula en el comit. Y una -noche, a son de bombas, se hace la proclamacin del candidato. Es la -noche cvica, merienda de negros, aquelarre, agrio candombe.</p> +<p>Un mes antes de la elección el arrabal pulula en el comité. Y una +noche, a son de bombas, se hace la proclamación del candidato. Es la +noche cívica, merienda de negros, aquelarre, agrio candombe.</p> <p>Cuando los adherentes se congreguen, y desborden por los cuartos y -patios del comit, que es siempre un despacho de bebidas, en medio de -la gente se mostrar el candidato, y hablar; y hablarn los amigos +patios del comité, que es siempre un despacho de bebidas, en medio de +la gente se mostrará el candidato, y hablará; y hablarán los amigos del candidato.</p> -<p>Ansioso esperaba el arrabal la noche de la proclamacin. No bastaba el -haber sorbido, durante veinte das seguidos, el vino del candidato. -Ahora que la eleccin se acerca es preciso tambin oir la palabra de -los polticos, que pagan la fiesta; de los blancos, de los ricos +<p>Ansioso esperaba el arrabal la noche de la proclamación. No bastaba el +haber sorbido, durante veinte días seguidos, el vino del candidato. +Ahora que la elección se acerca es preciso también oir la palabra de +los políticos, que pagan la fiesta; de los blancos, de los ricos cholos, de los eternos explotadores del Juan Pueblo, como dijo cierto -gringo que habl en el teatro, y que se fu.</p> +gringo que habló en el teatro, y que se fué.</p> <p>Y esta noche, siendo de estruendos, y de discursos y de cerveza, hay que aprovecharla, y beber por el triunfo del partido.<span class="pagenum"><a name="Page_24" id="Page_24">[24]</a></span></p> -<p>El triunfo!... palabra imprecisa, mero rudo verbal en la cabeza del +<p>¡El triunfo!... palabra imprecisa, mero ruído verbal en la cabeza del elector.</p> <hr style="width: 45%;" /> -<p>Entremos en el club poltico la noche de proclamacin, en el momento -de los discursos. Es en el patio entoldado de una pulpera de arrabal.</p> +<p>Entremos en el club político la noche de proclamación, en el momento +de los discursos. Es en el patio entoldado de una pulpería de arrabal.</p> <p>Parado sobre una mesa, enguantado, bien vestido, el candidato inicia la tanda de los discursos.</p> <p>La multitud escucha: trescientos y tantos ciudadanos, de los cuales -doscientos por lo menos estn beodos.</p> +doscientos por lo menos están beodos.</p> -<p>El candidato infunde respeto. Su galano estilo, su clara diccin, -caen, como lluvia de rosas en un lodazal, sobre un apeuscamiento de +<p>El candidato infunde respeto. Su galano estilo, su clara dicción, +caen, como lluvia de rosas en un lodazal, sobre un apeñuscamiento de cabezas hirsutas, sobre un campo de bocas abiertas en rictus -alcohlico, sobre un oscuro lago de miradas atnitas.</p> +alcohólico, sobre un oscuro lago de miradas atónitas.</p> -<p>Pero el espectculo sugiere al punto esta reflexin: el respeto no es -a las ideas, que no se alcanzan. Es el respeto atvico al blanco, es +<p>Pero el espectáculo sugiere al punto esta reflexión: el respeto no es +a las ideas, que no se alcanzan. Es el respeto atávico al blanco, es decir, al amo ancestral; es el respeto a los guantes, al jaquet, al -botn de charol; es el respeto fetichista del indio por las cosas que +botín de charol; es el respeto fetichista del indio por las cosas que su instinto presiente como signos de excelencia.</p> -<p>Un borracho aprueba con amplios gestos los prrafos del orador. Y -exclama en alta voz:—claro!... eso es!... Me gusta!...</p> +<p>Un borracho aprueba con amplios gestos los párrafos del orador. Y +exclama en alta voz:—¡claro!... ¡eso es!... ¡Me gusta!...</p> -<p>Lo veo esforzarse por fijar la atencin. La mona, en su estrabismo, le -muestra dos oradores, y l se obstina en mirar uno. Luego, cansado, -vuelca la cabeza sobre el pecho impotente, y la sonrisa del arlequn<span class="pagenum"><a name="Page_25" id="Page_25">[25]</a></span> -que hay en todo borracho, divaga por el rostro enorme, moreno, pinge +<p>Lo veo esforzarse por fijar la atención. La mona, en su estrabismo, le +muestra dos oradores, y él se obstina en mirar uno. Luego, cansado, +vuelca la cabeza sobre el pecho impotente, y la sonrisa del arlequín<span class="pagenum"><a name="Page_25" id="Page_25">[25]</a></span> +que hay en todo borracho, divaga por el rostro enorme, moreno, pingüe de grasa y de sudor.</p> -<p>En medio de este grotesco silencio, en medio de esta trgica atencin -de beodos, aqu y all se sofoca un juramento, se contiene una rplica -inconsulta, se acalla un intempestivo monlogo. Entre tanto, algunos -se desprenden furtivamente del grupo, para ir a beberse una copa ms -en el mostrador. Qu diablos!... Lo nico positivo es el vino; el +<p>En medio de este grotesco silencio, en medio de esta trágica atención +de beodos, aquí y allí se sofoca un juramento, se contiene una réplica +inconsulta, se acalla un intempestivo monólogo. Entre tanto, algunos +se desprenden furtivamente del grupo, para ir a beberse una copa más +en el mostrador. ¡Qué diablos!... Lo único positivo es el vino; el vino que permite olvidar el crimen del ocio y de la ignorancia.</p> <p>El candidato acaba su discurso entre palmoteos y alaridos. Todos se mueven, algunos quieren verle, tocarle. Y la multitud al revolverse -apesta ms, como si se hurgase la basura. El alcohol se espande en -vaho con los gritos, la roa se embravece con el calor y el roce.</p> +apesta más, como si se hurgase la basura. El alcohol se espande en +vaho con los gritos, la roña se embravece con el calor y el roce.</p> -<p>Despus del candidato habla un estudiante. Su palabra es vehemente, +<p>Después del candidato habla un estudiante. Su palabra es vehemente, vibrante, sincera. Se imagina que el pueblo es quien le escucha; el -pueblo terico de los libros. Y le habla de deberes cvicos, de -libertad, de honor ciudadano, de justicia social y regeneracin -poltica. Pero l no conoce al pueblo: es un ingnuo.</p> +pueblo teórico de los libros. Y le habla de deberes cívicos, de +libertad, de honor ciudadano, de justicia social y regeneración +política. Pero él no conoce al pueblo: es un ingénuo.</p> -<p>Le han dicho que en ese comit hay muchos tocados por el otro partido, -y que esos vienen slo a embriagarse, y que votarn en contra, a pesar +<p>Le han dicho que en ese comité hay muchos tocados por el otro partido, +y que esos vienen sólo a embriagarse, y que votarán en contra, a pesar de hallarse afiliados.</p> -<p>Y exclama con gran nfasis oratorio:</p> +<p>Y exclama con gran énfasis oratorio:</p> -<p>"Es posible, es creble, ciudadanos, que entre vosotros existan -trnsfugas, que vengan aqu nada ms que a beber nuestro vino y comer -nuestra empanada,<span class="pagenum"><a name="Page_26" id="Page_26">[26]</a></span> y que maana nos den la espalda en el <i>cuarto -oscuro</i>? Es posible que haya aqu uno, uno solo tan... sin -vergenza?"</p> +<p>"¿Es posible, es creíble, ciudadanos, que entre vosotros existan +tránsfugas, que vengan aquí nada más que a beber nuestro vino y comer +nuestra empanada,<span class="pagenum"><a name="Page_26" id="Page_26">[26]</a></span> y que mañana nos den la espalda en el <i>cuarto +oscuro</i>? ¿Es posible que haya aquí uno, uno solo tan... sin +vergüenza?"</p> <p>Una voz aguardentosa replica a gritos:</p> -<p>—Uno?... Varios! Aqu hay varios, s seor! Varios sinvergenza! -Sabe?...</p> +<p>—¿Uno?... ¡Varios! ¡Aquí hay varios, sí señor! ¡Varios sinvergüenza! +¿Sabe?...</p> <p>Lo obligan a callar. No se debe interrumpir al orador. Los borrachos dicen siempre la verdad.</p> <p>Este <i>club</i> contaba con trescientos cincuenta adherentes. Pero en el -da de la eleccin, ms de la mitad vot contra su partido.</p> +día de la elección, más de la mitad votó contra su partido.</p> -<p>As es el mulato, la canalla abyecta, borrachona, pechadora, que -aprovecha la ocasin poltica. Son la hez de la ciudad, el desecho de +<p>Así es el mulato, la canalla abyecta, borrachona, pechadora, que +aprovecha la ocasión política. Son la hez de la ciudad, el desecho de las faenas rurales, el desperdicio de los gremios honrados, la resaca -de las pequeas industrias laboriosas y probas. Son seiscientos, quiz +de las pequeñas industrias laboriosas y probas. Son seiscientos, quizá mil gandules que determinan la suerte de los partidos, poniendo del lado adonde los vuelca el acaso, el peso vil de la cantidad.</p> <p>Es la carga de papas en la cala, capaz de tumbar el buque.</p> -<p>Y en presencia de tales espectculos viene a la mente un recuerdo -irnico: "El pueblo no delibera ni gobierna", etc.</p> +<p>Y en presencia de tales espectáculos viene a la mente un recuerdo +irónico: "El pueblo no delibera ni gobierna", etc.</p> <hr style="width: 65%;" /> <p><span class="pagenum"><a name="Page_27" id="Page_27">[27]</a></span></p> -<h2><a name="EL_RENIDERO" id="EL_RENIDERO"></a>EL REIDERO</h2> +<h2><a name="EL_RENIDERO" id="EL_RENIDERO"></a>EL REÑIDERO</h2> -<p>En el Salta de antao el reidero era una diversin popular. Aunque en -decadencia, la de las rias es an una mana en mucha gente, por lo -comn ricos doctores y acomodados artesanos.</p> +<p>En el Salta de antaño el reñidero era una diversión popular. Aunque en +decadencia, la de las riñas es aún una manía en mucha gente, por lo +común ricos doctores y acomodados artesanos.</p> -<p>Ya no encuentra uno como antes por la calle algn distinguido seor -con un gallo bajo la chapa, pero si vamos un domingo al reidero -comprobaremos la existencia de una verdadera pasin organizada en +<p>Ya no encuentra uno como antes por la calle algún distinguido señor +con un gallo bajo la chapa, pero si vamos un domingo al reñidero +comprobaremos la existencia de una verdadera pasión organizada en garlito, con su edificio apropiado, especie de templete de redondo -techo adonde van los sabios galllogos a parar por un gallo hasta la +techo adonde van los sabios gallólogos a parar por un gallo hasta la camisa.</p> -<p>El reidero est en un barrio excntrico. Es un corraln con varias -dependencias: pulpera, reidero y cancha de taba. La entrada permite +<p>El reñidero está en un barrio excéntrico. Es un corralón con varias +dependencias: pulpería, reñidero y cancha de taba. La entrada permite el acceso a cualquiera de ellas.</p> -<p>La reunin empieza a las dos de la tarde. Un negro invlido, gordo y -barrign, cobra el boleto en la puerta. Individuos de toda catadura +<p>La reunión empieza a las dos de la tarde. Un negro inválido, gordo y +barrigón, cobra el boleto en la puerta. Individuos de toda catadura van y vienen por<span class="pagenum"><a name="Page_28" id="Page_28">[28]</a></span> el gran patio de tierra y el viejo corredor de ladrillos.</p> <p>En un extremo del patio una mulata hornea la primera tanda de empanadas. Aunque hay mucha gente que se mueve, lo hace con grave cachaza: uno pesa un gallo en una romana colgada del techo por un -alambre; en un grupo se concierta una ria; un opa amarillo, paldico, -de barbas ralas, afirmado a un pilar, escucha estpidamente las +alambre; en un grupo se concierta una riña; un opa amarillo, palúdico, +de barbas ralas, afirmado a un pilar, escucha estúpidamente las condiciones que se estipulan; algunos revisan en las galleras sus -gallos, les dan los ltimos toques, los acarician, los hablan; otros -limpian y pulen un juego de chuzas de acero; por ah, disparatando, se +gallos, les dan los últimos toques, los acarician, los hablan; otros +limpian y pulen un juego de chuzas de acero; por ahí, disparatando, se bambolea el eterno beodo de todos los domingos; y sobre este desacorde rumor humano, continuamente irrumpe, vibrante, marcial, el sonoro -cocoric de los gladiadores ansiosos de ir a la arena.</p> +cocoricó de los gladiadores ansiosos de ir a la arena.</p> -<p>La preparacin de un gallo es una ciencia. Se pesa y pela el trigo; se -mide la dosis de agua y maz; se le despluma al animal el trasero para -ver cundo est robusto, en cuyo caso esta parte se le enciende en +<p>La preparación de un gallo es una ciencia. Se pesa y pela el trigo; se +mide la dosis de agua y maíz; se le despluma al animal el trasero para +ver cuándo está robusto, en cuyo caso esta parte se le enciende en intenso rojo de pimiento. Hay que separarlo de las gallinas para que -no se ponga cailn y flojo. Hay que baquetearlo, o sea hacerlo topar +no se ponga cailón y flojo. Hay que baquetearlo, o sea hacerlo topar con otros gallos para que tome estilo. Si es demasiado picador se le pone una piquera en el pico, estuche de cuero que le permite entrenarse sin morder, hasta que se acostumbre a pelear a revuelos.</p> -<p>Si el gallo est capioso, es decir, si no tiene buena pluma, se lo +<p>Si el gallo está capioso, es decir, si no tiene buena pluma, se lo ensambla, lo que significa una obra de paciencia china, pues se hace preciso cortar las plumas<span class="pagenum"><a name="Page_29" id="Page_29">[29]</a></span> de la cola y alas al canuto, y encajar en -ste, pegndolas con goma, nuevas plumas largas y tersas, con lo que +éste, pegándolas con goma, nuevas plumas largas y tersas, con lo que el gallo obtiene agilidad en el asalto, ya que las plumas lo equilibran.</p> -<p>Adems, a fin de fortificar los pulmones y las patas, hay que -corretearlo metdicamente una hora diaria; y hay que sacarlo a tomar -sol por la maana; y si se sofoca y agita mucho, hay que zamparle agua +<p>Además, a fin de fortificar los pulmones y las patas, hay que +corretearlo metódicamente una hora diaria; y hay que sacarlo a tomar +sol por la mañana; y si se sofoca y agita mucho, hay que zamparle agua a buchadas por la cabeza y bajo las alas. Todo esto se practica a diario, fuera de las precauciones y medidas que aconseja la -taumaturgia profesional cuando se quiere ganar con trampas una ria.</p> +taumaturgia profesional cuando se quiere ganar con trampas una riña.</p> -<p>El nmero de tongos no tiene lmites. Gallero hay que le embadurna de +<p>El número de tongos no tiene límites. Gallero hay que le embadurna de sebo a su gallo la cabeza para que el del contrario se despique al morder; algunos al desgolillarlo le cortan en escalera la golilla, lo que produce el resultado dicho, si el gallo contrario gusta de morder la golilla y no la cabeza.</p> <p>Es gallo ligado si le amarran tan fuertemente las chuzas que el pobre -animal camina apenas apuando la pata. Es gallo desvelado cuando le +animal camina apenas apuñando la pata. Es gallo desvelado cuando le hallan en los ojos cierta espumita, que prueba que para debilitarlo lo han hecho pasar una noche atado a la estaca entre dos luces. Muchos le untan al gallo en las axilas grasa de zorro, pues profesan la -superchera de creer que por este medio el contendiente dispara, +superchería de creer que por este medio el contendiente dispara, avisado por el instinto.</p> -<p>Todo esto y mil detalles ms debe conocer y lo conoce al dedillo el -juez del reidero, quien cuida<span class="pagenum"><a name="Page_30" id="Page_30">[30]</a></span> de que las rias sean legales y se +<p>Todo esto y mil detalles más debe conocer y lo conoce al dedillo el +juez del reñidero, quien cuida<span class="pagenum"><a name="Page_30" id="Page_30">[30]</a></span> de que las riñas sean legales y se respeten los compromisos.</p> -<p>Bajo el techo circular est la arena, circular tambin, rodeada de una -gradera de tablas, que sube en anfiteatro hasta el techo.</p> +<p>Bajo el techo circular está la arena, circular también, rodeada de una +gradería de tablas, que sube en anfiteatro hasta el techo.</p> <p>Suena una campanilla.</p> -<p>Ms de cien jugadores se precipitan a las gradas. Se instalan. Tosen, +<p>Más de cien jugadores se precipitan a las gradas. Se instalan. Tosen, esgarran, escupen. El circo tiene una barda enana de madera, bordeada por un colchado de trapo rojo. El juez se para a la puerta. Agita su -campanilla. La ria va a empezar.</p> +campanilla. La riña va a empezar.</p> <p>Los dos largadores contrarios, sostienen cada uno su gallo por el -pecho, le friegan las patas y le dan el ltimo vistazo.</p> +pecho, le friegan las patas y le dan el último vistazo.</p> <p>El momento es solemne. Las apuestas se cruzan, breves y seguras. -Algunos que apostaron ya, estn callados, la mano puesta en el mentn, -y as estarn hasta que acabe la ria. Los conocedores observan; los -botarates elogian y desafan. Los dueos de los gallos guardan un +Algunos que apostaron ya, están callados, la mano puesta en el mentón, +y así estarán hasta que acabe la riña. Los conocedores observan; los +botarates elogian y desafían. Los dueños de los gallos guardan un digno silencio, prueba de sendos temores.</p> -<p>La campanilla suena de nuevo. Se larga la ria.</p> +<p>La campanilla suena de nuevo. Se larga la riña.</p> -<p>Un gallo da dos pasos, se para, se iergue y canta. El otro lo v y lo +<p>Un gallo da dos pasos, se para, se iergue y canta. El otro lo vé y lo embiste. Las rojas cabezas se agachan, los cogotes se estiran, -arrogantes; los dorados, pequeos ojos bravos brillan; las alas +arrogantes; los dorados, pequeños ojos bravíos brillan; las alas semiabiertas se aprestan al salto. Primero es el saludo bizarro de los -dos picos, frente a frente, en lnea recta, arriba, abajo, -cautelosamente; despus es el revuelo formidable, y en fin, la -seguidilla, el entrevero, la ria; la<span class="pagenum"><a name="Page_31" id="Page_31">[31]</a></span> ria tenaz, obstinada, furiosa, +dos picos, frente a frente, en línea recta, arriba, abajo, +cautelosamente; después es el revuelo formidable, y en fin, la +seguidilla, el entrevero, la riña; la<span class="pagenum"><a name="Page_31" id="Page_31">[31]</a></span> riña tenaz, obstinada, furiosa, de una belleza ejemplar, de un denuedo heroico.</p> -<p>Cada ria es un poema pico: los sucesos, naturalmente, difieren; la +<p>Cada riña es un poema épico: los sucesos, naturalmente, difieren; la heroicidad es la misma.</p> <p>A veces un gallo queda ciego. Entonces el silencio de los espectadores -se vuelve absoluto. El animal pelea a odo: se lo v inclinar la +se vuelve absoluto. El animal pelea a oído: se lo vé inclinar la cabeza, mas no para huir, sino para esperar escuchando al adversario. De nuevo lo halla, lo pica, se afirma, se solivia en las alas y le -encaja con fragor las chuzas en el crneo.</p> +encaja con fragor las chuzas en el cráneo.</p> <p>El adversario se abate lentamente, las alas ajadas, el pico abierto. El triunfador, ciego, se para tambaleante en la arena y lanza a las -tinieblas su trgico, su titnico cocoric!</p> +tinieblas su trágico, ¡su titánico cocoricó!</p> -<p>Se di una vez el caso de dos gallos que cayeron muertos, primero el -uno, el otro en seguida. El uno tena traspasada una arteria junto al -corazn: el otro no presentaba heridas, pero los entendidos dijeron -que haba muerto de rabia.</p> +<p>Se dió una vez el caso de dos gallos que cayeron muertos, primero el +uno, el otro en seguida. El uno tenía traspasada una arteria junto al +corazón: el otro no presentaba heridas, pero los entendidos dijeron +que había muerto de rabia.</p> <p>El papel de los entendidos es admirable. En cuanto el gallo cae a la -arena, en cuanto se mueve un poco, ya saben si est ido, es decir si -est acobardado, vencido al empezar la pelea.</p> +arena, en cuanto se mueve un poco, ya saben si está ido, es decir si +está acobardado, vencido al empezar la pelea.</p> -<p>Despus de la ria sobreviene una febril agitacin: los perdedores, -resignados, oblan. Un ganador cruza el patio con un montn de billetes +<p>Después de la riña sobreviene una febril agitación: los perdedores, +resignados, oblan. Un ganador cruza el patio con un montón de billetes en la mano. Un individuo lava un gallo, le busca prolijamente las -heridas, se las cura. Otro se come una empanada recin salida del -horno. Quien pondera aqu las condiciones del paraguayo; quien -sostiene all que al giro tal le<span class="pagenum"><a name="Page_32" id="Page_32">[32]</a></span> mordieron el pico antes de largarlo. +heridas, se las cura. Otro se come una empanada recién salida del +horno. Quien pondera aquí las condiciones del paraguayo; quien +sostiene allá que al giro tal le<span class="pagenum"><a name="Page_32" id="Page_32">[32]</a></span> mordieron el pico antes de largarlo. Y junto al pozo, un individuo le chupa un ojo a su gallo para que no -se haga tuerto y procede despus a sangrarlo de la pata contraria, -segn una prudente cbula profesional.</p> +se haga tuerto y procede después a sangrarlo de la pata contraria, +según una prudente cábula profesional.</p> @@ -843,79 +827,79 @@ segn una prudente cbula profesional.</p> <h2><a name="LA_TABEADA" id="LA_TABEADA"></a>LA TABEADA</h2> -<p>En un canchn contiguo al reidero est la tabeada. Siendo juego menos -noble que las rias, la taba tiene entre los decentes sus adeptos -vergonzantes. La ria es como una ciencia, la taba es como un arte.</p> +<p>En un canchón contiguo al reñidero está la tabeada. Siendo juego menos +noble que las riñas, la taba tiene entre los decentes sus adeptos +vergonzantes. La riña es como una ciencia, la taba es como un arte.</p> <p>Depende del pulso y en parte de la cancha. Existe un canchero que -prepara la tierra y la roca de modo que ni se haga barro ni est -dura. Los lmites opuestos los marca un cordel hundido en tierra. Dos +prepara la tierra y la rocía de modo que ni se haga barro ni esté +dura. Los límites opuestos los marca un cordel hundido en tierra. Dos hileras laterales de bancos de tabla son los asientos de los jugadores que esperan turno.</p> -<p>Reina en el corro, grande algaraba. Mientras un individuo pulsa la +<p>Reina en el corro, grande algarabía. Mientras un individuo pulsa la taba en una punta, el contrincante aguarda el tiro en la otra.</p> -<p>Formlanse las apuestas entre el tabeador y su contrario, entre el -tabeador y el pblico, y el pblico entre s, por fas y por nefs, por -cara o culo, con ventaja o sin ella: es un enredo de trminos y dichos +<p>Formúlanse las apuestas entre el tabeador y su contrario, entre el +tabeador y el público, y el público entre sí, por fas y por nefás, por +cara o culo, con ventaja o sin ella: es un enredo de términos y dichos especiales, tan claros para el profano como si fuesen griego.</p> <p>En media cancha han ido amontonando el dinero<span class="pagenum"><a name="Page_34" id="Page_34">[34]</a></span> de las apuestas, -apretado bajo una piedra para que no se vuele. Algunos empuan rollos +apretado bajo una piedra para que no se vuele. Algunos empuñan rollos de billetes ajados y mugrientos. Los ya desplumados, se sientan a mirar, como fascinados, el manoseo de la plata.</p> -<p>De varias partidas atrs, un chaqueo emponchado mantiene la taba: es +<p>De varias partidas atrás, un chaqueño emponchado mantiene la taba: es un invencible. Ha pelado a muchos. Ahora "la va derecho" con un -mulatn compadre y hablador.</p> +mulatón compadre y hablador.</p> -<p>El invencible es un hombrn taciturno, un poco alcoholizado. +<p>El invencible es un hombrón taciturno, un poco alcoholizado. Reconcentra en su juego favorito toda su grande alma de animalote. -Parece all un toro parado en dos pies entre la tropa.</p> +Parece allí un toro parado en dos pies entre la tropa.</p> <p>Usa enorme sombrero blanco y se alza el poncho al pescuezo para que le -vean su charro cinturn de bolivianas de plata. Va quinientos pesos a +vean su charro cinturón de bolivianas de plata. Va quinientos pesos a su mano.</p> -<p>Se escupe con calma las manos, refriega las palmas en el suelo, guia +<p>Se escupe con calma las manos, refriega las palmas en el suelo, guiña el ojo izquierdo como si fuera a apuntar con escopeta, mira bien la taba con el otro ojo, la blande, la sopesa varias veces, echa un -desafo mudo a la redonda. Los espectadores, atnitos, se apartan. La +desafío mudo a la redonda. Los espectadores, atónitos, se apartan. La taba vuela: la siguen con la vista, da tres vueltas justas y se clava.</p> -<p>—Culo!... Culo clavado! El primer culo!</p> +<p>—¡Culo!... ¡Culo clavado! ¡El primer culo!</p> -<p>La agitacin es intensa. Algunos juran. Otros se preparan a recibir su +<p>La agitación es intensa. Algunos juran. Otros se preparan a recibir su plata. Hay quien comenta a gritos las alternativas de aquella "mano".</p> -<p>El chaqueo saca un paoln colorado y se limpia el sudor del seboso -rostro. Echa luego mano al bolsillo y paga de un grueso puado de -billetes. Ha sido un "batacazo". Quinientos a la olla! Ju pucha! -Pero<span class="pagenum"><a name="Page_35" id="Page_35">[35]</a></span> no es nada; l puede jugar hasta diez mil pesos. Este hombre +<p>El chaqueño saca un pañolón colorado y se limpia el sudor del seboso +rostro. Echa luego mano al bolsillo y paga de un grueso puñado de +billetes. Ha sido un "batacazo". ¡Quinientos a la olla! ¡Jué pucha! +Pero<span class="pagenum"><a name="Page_35" id="Page_35">[35]</a></span> no es nada; él puede jugar hasta diez mil pesos. Este hombre tiene quince mil cabezas en el Chaco.</p> -<p>La concurrencia es de un cmico abigarramiento. Vense galeras, +<p>La concurrencia es de un cómico abigarramiento. Vense galeras, guantes, bastones, botas, alpargatas y hasta patas peladas: la ancha -pata plida y roosa del opa que atisba una moneda, del tpico opa -salteo, del infaltable de todas las aglomeraciones.</p> +pata pálida y roñosa del opa que atisba una moneda, del típico opa +salteño, del infaltable de todas las aglomeraciones.</p> <p>Vense levitas verdinegras. Una casaca con dos botones al rabo, que -muestra que en sus tiempos fu jaquet; chalecos multicolores de una +muestra que en sus tiempos fué jaquet; chalecos multicolores de una antigua moda, camisas que rebalsan y pechos pelados al descubierto.</p> -<p>Tampoco se libra de la mana el turco extico, que ladra el idioma, +<p>Tampoco se libra de la manía el turco exótico, que ladra el idioma, pero que se hace entender y juega; ni el gringo, el delicioso gringo que masca tabaco y dice insolencias con la mayor soltura; ni tampoco -faltan el mulatillo amanerado y compadrn del centro y el honrado +faltan el mulatillo amanerado y compadrón del centro y el honrado maestro de escuela que viene a echar una cana al aire.</p> -<p>Adems, en la tabeada merodea el "colero", furtivo borrachn que +<p>Además, en la tabeada merodea el "colero", furtivo borrachín que simula entusiasmarse por el juego y traba apuesta con este y con el otro, para abrirse a su hora, con cualquier pretexto. Lo que le interesa al colero es la bebida que circula a rodo, el desperdicio de las ganancias. Agradece antes de que le brinden. Su afabilidad -comunicativa es una ganza; su entusiasmo por el juego un taparrabo de +comunicativa es una ganzúa; su entusiasmo por el juego un taparrabo de la impudicia.<span class="pagenum"><a name="Page_36" id="Page_36">[36]</a></span></p> @@ -926,77 +910,77 @@ la impudicia.<span class="pagenum"><a name="Page_36" id="Page_36">[36]</a></span <p>En las grandes ciudades los perros son objetos de adorno o de lujo, -cuando no seres esclavizados por el egosmo del hombre, y que sirven -en las tiendas para cazar ratones, o en las policas para perseguir +cuando no seres esclavizados por el egoísmo del hombre, y que sirven +en las tiendas para cazar ratones, o en las policías para perseguir malandrines.</p> <p>En las grandes ciudades los perros pertenecen a alguna raza definida; y hasta los hay de abolengo.</p> -<p>Existe all el perro de alcurnia, mimado y regalado; el galgo raro, el -San Bernardo, el terranova, el fox-terrier, etc., etc. La montona -vida de estos perros no tiene all sino un aspecto ms o menos +<p>Existe allí el perro de alcurnia, mimado y regalado; el galgo raro, el +San Bernardo, el terranova, el fox-terrier, etc., etc. La monótona +vida de estos perros no tiene allí sino un aspecto más o menos sentimental o decorativo, o francamente utilitario.</p> <p>Para apreciar el papel de los perros en estado libre, de los perros -como partido zoolgico, disputando al hombre sus derechos a la vida, +como partido zoológico, disputando al hombre sus derechos a la vida, hay que venir a verlos en Salta.</p> -<p>Es un da de verano, a la hora de la siesta, en un suburbio casi +<p>Es un día de verano, a la hora de la siesta, en un suburbio casi desierto del pueblo. El sol reverbera blanco en las piedras de la calle y en las veredas de laja: es la hora de los perros.<span class="pagenum"><a name="Page_38" id="Page_38">[38]</a></span></p> -<p>No se ve ms que perros, como si una universal metempsicosis hubiese -substitudo los habitantes por perros.</p> +<p>No se ve más que perros, como si una universal metempsicosis hubiese +substituído los habitantes por perros.</p> <p>Por las entornadas puertas de calle, asoman sus hocicos. Las puertas de calle, donde la gente sale a tomar fresco al caer la tarde.</p> <p>La perrilla de la esquina congrega los pretendientes del barrio. Primero es el festejo, el contoneo afable, el menear de rabos y el -olerse. Y despus la gresca galante que acaba en dispersin y derrota, -cuando la mulata, duea de la joven coqueta, asoma escoba en mano.</p> +olerse. Y después la gresca galante que acaba en dispersión y derrota, +cuando la mulata, dueña de la joven coqueta, asoma escoba en mano.</p> <p>Un inquieto perdiguero, que los domingos suele ir de caza con el -albail, se ha escapado con la piola al cuello, y pasa, trotando al -sesgo, al viento las narices, que recuerdan por lo largas el can de +albañil, se ha escapado con la piola al cuello, y pasa, trotando al +sesgo, al viento las narices, que recuerdan por lo largas el cañón de una escopeta.</p> -<p>Bajo el tropical ardor del da, entornados los ojos, la lengua afuera, -cruzan por la calle grupos de perros de todos tamaos.</p> +<p>Bajo el tropical ardor del día, entornados los ojos, la lengua afuera, +cruzan por la calle grupos de perros de todos tamaños.</p> <p>Uno que los mira pasar desde su puerta, se avispa, y sale a toparlos: se cambian los saludos de regla.</p> -<p>Se huelen, se gruen; la pandilla sigue viaje, y el de la puerta -vuelve lento sobre sus pasos, y alza la pata, desdeoso, contra la -pared corroda...</p> +<p>Se huelen, se gruñen; la pandilla sigue viaje, y el de la puerta +vuelve lento sobre sus pasos, y alza la pata, desdeñoso, contra la +pared corroída...</p> <p>Los grupos circulan por todas direcciones. A ratos viene el rumor de -una algaraba lejana. Alguna pedrada, alguna dentellada. Y los -corridos huyen hacindose los rengos.</p> +una algarabía lejana. Alguna pedrada, alguna dentellada. Y los +corridos huyen haciéndose los rengos.</p> -<p>En los das patrios y festividades populares los perros<span class="pagenum"><a name="Page_39" id="Page_39">[39]</a></span> no saben -dnde meterse. La gente de Salta padece la monomana de las bombas. En -cuanto se reunen doscientos manifestantes, sueltan innmeras bombas. +<p>En los días patrios y festividades populares los perros<span class="pagenum"><a name="Page_39" id="Page_39">[39]</a></span> no saben +dónde meterse. La gente de Salta padece la monomanía de las bombas. En +cuanto se reunen doscientos manifestantes, sueltan innúmeras bombas. Entonces los perros, muertos de miedo, huyen a buscar un escondrijo, por entre las piernas del pueblo.</p> -<p>Al amanecer, desde las campias cercanas invaden la ciudad pandillas +<p>Al amanecer, desde las campiñas cercanas invaden la ciudad pandillas de perros. Vienen en alegre turbamulta a escarbar los cajones de basura que los sirvientes colocan en la vereda para que los levante el basurero municipal.</p> -<p>No hay casa arrabalera que no albergue tres perros por lo menos. Y -qu perros! Son perros de annimas, azarosas razas, monstruosas -combinaciones anatmicas, a veces espectrales y desconcertantes.</p> +<p>No hay casa arrabalera que no albergue tres perros por lo menos. ¡Y +qué perros! Son perros de anónimas, azarosas razas, monstruosas +combinaciones anatómicas, a veces espectrales y desconcertantes.</p> -<p>Vnse perros largos y chatos, en forma de locomotoras. Otros, lanudos, -pequesimos, llamados cuzcos, que al trotar parecen con cuerda. Vnse +<p>Vénse perros largos y chatos, en forma de locomotoras. Otros, lanudos, +pequeñísimos, llamados cuzcos, que al trotar parecen con cuerda. Vénse los pilas, es decir, unos que carecen en absoluto de pelos.</p> <p>Y esos tres tipos fundamentales al entreverarse en las cruzas, forman -la interesante poblacin perruna de mi pueblo.<span class="pagenum"><a name="Page_40" id="Page_40">[40]</a></span></p> +la interesante población perruna de mi pueblo.<span class="pagenum"><a name="Page_40" id="Page_40">[40]</a></span></p> @@ -1005,54 +989,54 @@ la interesante poblacin perruna de mi pueblo.<span class="pagenum"><a name="Pag <h2><a name="DEFENSA_DE_UN_PERRO" id="DEFENSA_DE_UN_PERRO"></a>DEFENSA DE UN PERRO</h2> -<p>Mister Oscar Asterplat es un ingls que no me conoce, pero sabe que yo -escribo, y ha venido a casa para encargarme un pequeo trabajo.</p> +<p>Mister Oscar Asterplat es un inglés que no me conoce, pero sabe que yo +escribo, y ha venido a casa para encargarme un pequeño trabajo.</p> -<p>El otro da, un bruto de chauffeur atropell al bull-dog de M. -Asterplat, y ste desea que yo escriba un artculo en favor de su +<p>El otro día, un bruto de chauffeur atropelló al bull-dog de M. +Asterplat, y éste desea que yo escriba un artículo en favor de su perro, y contra los automovilistas.</p> <p>Accediendo gustoso a tan justo pedido, he mandado a un diario las -siguientes lneas:</p> +siguientes líneas:</p> -<p>Seor director: persigamos a las vizcachas que arrasan los sembrados; -matemos a las ratas que comen documentos y propagan la pulmona y la -peste; organicemos ejrcitos langosticidas; fumiguemos los rboles -arrugados por la diapsis pentgona, y hagamos guerra a los gatos +<p>Señor director: persigamos a las vizcachas que arrasan los sembrados; +matemos a las ratas que comen documentos y propagan la pulmonía y la +peste; organicemos ejércitos langosticidas; fumiguemos los árboles +arrugados por la diapsis pentágona, y hagamos guerra a los gatos ardorosos que gritan en los tejados. Todo eso es razonable y bueno. La vida es una eterna lucha del hombre contra los viles engendros de la naturaleza.</p> -<p>Pero pidamos al pblico que respete a los perros!<span class="pagenum"><a name="Page_42" id="Page_42">[42]</a></span></p> +<p>¡Pero pidamos al público que respete a los perros!<span class="pagenum"><a name="Page_42" id="Page_42">[42]</a></span></p> <p>A los pobres, a los buenos, a los leales, a los nobles, a los dignos -perros, estos amigos prehistricos de nuestra malvada especie; que en +perros, estos amigos prehistóricos de nuestra malvada especie; que en el fondo de sus ojos, siempre despiertos, tienen un destello de luz -para cada caricia, y un rayo de rebelda para cada injuria.</p> +para cada caricia, y un rayo de rebeldía para cada injuria.</p> <p>El activo perdiguero que por las calles husmea sin descanso una escopeta; el airoso, elegante pila, juicioso en la iglesia, y caliente -en el lecho de la viejecilla reumtica; el miserable caschi que en las -maanas de invierno brinca delante de la cocinera, camino del mercado; +en el lecho de la viejecilla reumática; el miserable caschi que en las +mañanas de invierno brinca delante de la cocinera, camino del mercado; el can flaco del pastero que a la sombra del carro va, paso a paso, del campo a la ciudad y de la ciudad al campo; el perro sucio del pordiosero, comensal en la olla de mendrugos, y lamedor cirujano de incurables lacras; el cuzquito centinela de los ranchos sin puerta; el perro del rico y el perro del pobre, el de la casa y el de la calle, -cada cual llena un vaco en nuestros caprichos, en nuestras -necesidades, en nuestros achaques, en nuestros infortunios. Ningn -perro est de ms en el mundo!</p> +cada cual llena un vacío en nuestros caprichos, en nuestras +necesidades, en nuestros achaques, en nuestros infortunios. ¡Ningún +perro está de más en el mundo!</p> -<p>Estas reflexiones, seor Director, me las sugiere el atentado de que -fu vctima, el domingo de tarde, en la avenida Sarmiento, el perro +<p>Estas reflexiones, señor Director, me las sugiere el atentado de que +fué víctima, el domingo de tarde, en la avenida Sarmiento, el perro "oso" de M. Oscar Asterplat, por parte de un miserable manejante de -automvil.</p> +automóvil.</p> -<p>Este bruto le ha hecho pasar las ruedas por la barriga, y lo ha +<p>¡Este bruto le ha hecho pasar las ruedas por la barriga, y lo ha dejado extrachato, en media calle!</p> -<p>Yo protesto de semejante atentado, ante el pblico, en nombre del -seor Asterplat y en el mo propio.</p> +<p>Yo protesto de semejante atentado, ante el público, en nombre del +señor Asterplat y en el mío propio.</p> @@ -1061,71 +1045,71 @@ seor Asterplat y en el mo propio.</p> <h2><a name="LA_CONDENADA" id="LA_CONDENADA"></a>LA CONDENADA</h2> -<p>Hace mucho aos, andaban de boca en boca, entre la gentuza de mi +<p>Hace mucho años, andaban de boca en boca, entre la gentuza de mi pueblo, relatos extraordinarios acerca de una luz ambulante que vagaba por avenidas y caminos urbanos.</p> -<p>Precisamente, en las noches ms tenebrosas, veasela pasar, con +<p>Precisamente, en las noches más tenebrosas, veíasela pasar, con diferencia de minutos, tan luego por las inmediaciones del cementerio -como por los arrabales prximos al ro.</p> +como por los arrabales próximos al río.</p> <p>La velocidad hasta entonces no vista que la animaba, y el intenso -fulgor rojizo que despeda, dieron pbulo a la medrosa fantasa -popular, que acab por atribuirle sobrenatural origen.</p> +fulgor rojizo que despedía, dieron pábulo a la medrosa fantasía +popular, que acabó por atribuirle sobrenatural origen.</p> -<p>Y a las viejas supercheras de duendes y mulas nimas y viudas y almas +<p>Y a las viejas supercherías de duendes y mulas ánimas y viudas y almas en pena, vino a incorporarse la misteriosa leyenda de la condenada. -As haban dado en llamarle a la luz, sin duda porque se crey que el -panten era su morada. Y sala de all a deshora de la noche para +Así habían dado en llamarle a la luz, sin duda porque se creyó que el +panteón era su morada. Y salía de allí a deshora de la noche para emprender sus locas, desaforadas carreras,<span class="pagenum"><a name="Page_44" id="Page_44">[44]</a></span> que espantaban a los malos y horripilaban a los inocentes.</p> <p>Una noche, camino de la Caldera, iba un pobre indio paso a paso en su -mancarrn, con las alforjas cargadas de bote en bote, cuando en un -recodo top de repente con la luz infernal. Indecible pavor hizo presa +mancarrón, con las alforjas cargadas de bote en bote, cuando en un +recodo topó de repente con la luz infernal. Indecible pavor hizo presa de jinete y cabalgadura, que, dando cara vuelta, fueron a sujetarse, perdiendo alforjas y calchas, a la plaza "9 de Julio".</p> -<p>Contaban que una negra que viva cerca del cementerio mantena +<p>Contaban que una negra que vivía cerca del cementerio mantenía macabras relaciones con la condenada, y esto, y el aislamiento en que -sus ntimos la dejaron, motiv el trastorno mental de la infeliz -catinga, sospechosa de brujera.</p> +sus íntimos la dejaron, motivó el trastorno mental de la infeliz +catinga, sospechosa de brujería.</p> -<p>Una noche la polica tuvo noticia de una descomunal parranda en el +<p>Una noche la policía tuvo noticia de una descomunal parranda en el barrio de <i>tucumancito</i>. Enviado un vigilante al lugar del desorden, -se le apareci la condenada, se le espant el caballo, y el porrazo y -el susto fueron tales, que el cobarde policiano sufri un desmayo de +se le apareció la condenada, se le espantó el caballo, y el porrazo y +el susto fueron tales, que el cobarde policiano sufrió un desmayo de varias horas.</p> -<p>El nmero de perseguidos y preocupados era muy grande.</p> +<p>El número de perseguidos y preocupados era muy grande.</p> -<p>El cochero de un amigo mo tena su cuarto lejos del centro, por el +<p>El cochero de un amigo mío tenía su cuarto lejos del centro, por el barrio del matadero, y aunque <i>no era manco pa las cosas de este mundo</i>, las del otro le inspiraban serias desconfianzas, por lo que -prefera, si no haba luna, quedarse a dormir acurrucado en los +prefería, si no había luna, quedarse a dormir acurrucado en los almohadones del carruaje.</p> -<p>Las nieras les contaban a los chicos, hacindoles poner los pelos de -punta, las fechoras de la condenada; y<span class="pagenum"><a name="Page_45" id="Page_45">[45]</a></span> las viejas beatas de -correveidile averiguaban del cura si cometan pecado creyendo en ella.</p> +<p>Las niñeras les contaban a los chicos, haciéndoles poner los pelos de +punta, las fechorías de la condenada; y<span class="pagenum"><a name="Page_45" id="Page_45">[45]</a></span> las viejas beatas de +correveidile averiguaban del cura si cometían pecado creyendo en ella.</p> -<p>Hasta entonces haba limitado el espectro sus andanzas a los -arrabales; pero hte aqu que una noche, como a las doce, se presenta +<p>Hasta entonces había limitado el espectro sus andanzas a los +arrabales; pero héte aquí que una noche, como a las doce, se presenta en plena plaza Belgrano, desierta a esa hora, donde se pone a dar -vueltas en persecucin del nico mortal que a la sazn la atravesaba; -el cual, en fuga despavorida, logr saltar las barandas que cercaban +vueltas en persecución del único mortal que a la sazón la atravesaba; +el cual, en fuga despavorida, logró saltar las barandas que cercaban la plaza, y llegar sin resuello a guarecerse en la tienda donde era dependiente.</p> -<p>Y no adivinas, lector, quin y qu pudo ser aquella condenada que en -mi pueblo meti tanto susto?</p> +<p>¿Y no adivinas, lector, quién y qué pudo ser aquella condenada que en +mi pueblo metió tanto susto?</p> -<p>Pues era el ms pacfico de los hombres: un relojero italiano, el que -llev a Salta la primera bicicleta.</p> +<p>Pues era el más pacífico de los hombres: un relojero italiano, el que +llevó a Salta la primera bicicleta.</p> -<p>Fatigado del trabajo del da, montaba por la noche en su aparato, -encenda la linterna fuera de la ciudad, y comenzaba su pedaleo de la -manera ms divertida del mundo.<span class="pagenum"><a name="Page_46" id="Page_46">[46]</a></span></p> +<p>Fatigado del trabajo del día, montaba por la noche en su aparato, +encendía la linterna fuera de la ciudad, y comenzaba su pedaleo de la +manera más divertida del mundo.<span class="pagenum"><a name="Page_46" id="Page_46">[46]</a></span></p> @@ -1134,69 +1118,69 @@ manera ms divertida del mundo.<span class="pagenum"><a name="Page_46" id="Page_ <h2><a name="LA_CRECIENTE" id="LA_CRECIENTE"></a>LA CRECIENTE</h2> -<p>Don Ventura Perdigones era un gallego verdulero que haba en Salta.</p> +<p>Don Ventura Perdigones era un gallego verdulero que había en Salta.</p> -<p>Desde Vaqueros, donde tena su hortaliza, llevaba todas las maanas al +<p>Desde Vaqueros, donde tenía su hortaliza, llevaba todas las mañanas al pueblo una arganada de verduras frescas para vender por las calles.</p> -<p>Vaqueros es un lugar que dista dos leguas de la ciudad, y est situado -en la margen izquierda del ro de ese nombre.</p> +<p>Vaqueros es un lugar que dista dos leguas de la ciudad, y está situado +en la margen izquierda del río de ese nombre.</p> -<p>Y digo ro, porque se llaman as en mi tierra, mal que pese al +<p>Y digo río, porque se llaman así en mi tierra, mal que pese al estricto sentido del vocablo, los que en invierno apenas parecen arroyos apacibles, y en verano se tornan, con las lluvias, en formidables avalanchas de barro y piedras.</p> -<p>Una maana vena el Vaqueros <i>por dems</i> crecido, como dice la gente -de mi provincia. La noche anterior haba cado una tormenta en los -cerros, y, con tumultuoso estrpito, las turbias aguas arrastraban +<p>Una mañana venía el Vaqueros <i>por demás</i> crecido, como dice la gente +de mi provincia. La noche anterior había caído una tormenta en los +cerros, y, con tumultuoso estrépito, las turbias aguas arrastraban gruesos troncos y pesados pedrones.</p> <p>A lo largo de la orilla, numeroso paisanaje a caballo<span class="pagenum"><a name="Page_48" id="Page_48">[48]</a></span> esperaba que pasase lo recio de la crecida para atravesarlo.</p> -<p>Perdigones, encaramado en su asno, estaba all, con las rganas -repletas de repollos y lechugas. Quera pasar cuanto antes, sin -atender a los consejos de algunos que le sealaban el peligro; y +<p>Perdigones, encaramado en su asno, estaba allí, con las árganas +repletas de repollos y lechugas. Quería pasar cuanto antes, sin +atender a los consejos de algunos que le señalaban el peligro; y porfiadamente taloneaba a su bestia, y se paraba en los estribos a ver -por dnde se lanzara.</p> +por dónde se lanzaría.</p> -<p>Y Perdigones que s, y el jumento que no, bruto y hombre pugnaban por +<p>Y Perdigones que sí, y el jumento que no, bruto y hombre pugnaban por hacer cada cual su gusto, con grande regocijo y mofa de los presentes.</p> -<p>—No dentre Don Ventura. Mire que la creciente lo va a trapiar,—deca +<p>—No dentre Don Ventura. Mire que la creciente lo va a trapiar,—decía uno.</p> -<p>—De ande lo han de convencer, si este gallego es ms porfiau que una +<p>—De ande lo han de convencer, si este gallego es más porfiau que una clueca,—gritaba otro.</p> -<p>—Asojites bien, no sea que pierda los <i>yolis</i>,—vociferaba un +<p>—Asojitesé bien, no sea que pierda los <i>yolis</i>,—vociferaba un tercero.</p> -<p>—Vaya, vaya hombre!—contestaba Perdigones.—Parceme a m que no -hay motivo pa tanta alharaca. Pero lo que es ste, a m no me -gana,—deca del asno, y le mola de firme.</p> +<p>—¡Vaya, vaya hombre!—contestaba Perdigones.—Paréceme a mí que no +hay motivo pa tanta alharaca. Pero lo que es éste, a mí no me +gana,—decía del asno, y le molía de firme.</p> -<p>Al fin triunf Perdigones, si bien ms le valiera no haber triunfado, +<p>Al fin triunfó Perdigones, si bien más le valiera no haber triunfado, porque zamparse el burro, desquiciarse de la montura los <i>yolis</i>, y -hacerse una balumba de hombre y bestia y arreas y verduras, todo fu -uno. La rpida corriente los arrastraba.</p> +hacerse una balumba de hombre y bestia y arreas y verduras, todo fué +uno. La rápida corriente los arrastraba.</p> <p>Los gauchos armaron al punto sus lazos, y se los arrojaron al infeliz Don Ventura, que a manotones y zambullidas y vueltas de carnero en -medio del agua, ni pudo ni atin con los auxilios.<span class="pagenum"><a name="Page_49" id="Page_49">[49]</a></span></p> +medio del agua, ni pudo ni atinó con los auxilios.<span class="pagenum"><a name="Page_49" id="Page_49">[49]</a></span></p> <p>Y mal acaba el lance, si no logra prenderse, con todas las fuerzas que -le restaban, a las races de un sauce ribereo.</p> +le restaban, a las raíces de un sauce ribereño.</p> <p>Y ya en tierra firme, pasado el susto, un paisano le dice al gallego:</p> -<p>—Velay pues, o Ventura aura que se ha salvao, d gracias a Dios, +<p>—Velay pues, ño Ventura aura que se ha salvao, dé gracias a Dios, porque esto ha sido un milagro.</p> -<p>Y el gallego, malhumorado y tiritando, le contest:</p> +<p>Y el gallego, malhumorado y tiritando, le contestó:</p> -<p>—Hombre, d t gracias al sauce, que las intenciones de Dios fueron +<p>—Hombre, dí tú gracias al sauce, que las intenciones de Dios fueron ahogarme.<span class="pagenum"><a name="Page_50" id="Page_50">[50]</a></span></p> @@ -1206,73 +1190,73 @@ ahogarme.<span class="pagenum"><a name="Page_50" id="Page_50">[50]</a></span></p <h2><a name="LA_DECADENCIA_DE_LOS_OPAS" id="LA_DECADENCIA_DE_LOS_OPAS"></a>LA DECADENCIA DE LOS OPAS</h2> -<p>Como se ha cumplido para la historia del arte el "esto matar -aquello", de Vctor Hugo, se ha cumplido en Salta esta otra frmula: +<p>Como se ha cumplido para la historia del arte el "esto matará +aquello", de Víctor Hugo, se ha cumplido en Salta esta otra fórmula: el progreso ha matado al opa.</p> -<p>Y no hablamos aqu de los opas que seguirn existiendo pese a todos -los progresos, sino "del opa" como gnero social, del opa como factor +<p>Y no hablamos aquí de los opas que seguirán existiendo pese a todos +los progresos, sino "del opa" como género social, del opa como factor social.</p> -<p>Todo ha conspirado, desde unos aos a esta parte, contra los opas.</p> +<p>Todo ha conspirado, desde unos años a esta parte, contra los opas.</p> <p>El advenimiento de las cloacas los ha emancipado de ciertos oficios de acarreo, que les era propio.</p> -<p>Despus, un jefe de polica los ha expatriado en vagones y ha sembrado -las vas, Salta afuera, con nuestros opas. As fueron a parar, en este -movimiento centrfugo de reaccin colectiva: "Leche de Burra" a La +<p>Después, un jefe de policía los ha expatriado en vagones y ha sembrado +las vías, Salta afuera, con nuestros opas. Así fueron a parar, en este +movimiento centrífugo de reacción colectiva: "Leche de Burra" a La Quiaca, el "Coto Zapallo" a la tumba, "Ripitipi" a Buenos Aires...</p> -<p>Y en nuestros das, apenas si al paso del opa Panchito, con su cara de +<p>Y en nuestros días, apenas si al paso del opa Panchito, con su cara de macho alfalfero, su andar<span class="pagenum"><a name="Page_52" id="Page_52">[52]</a></span> vacilante y sus inmensas alpargatas, nos asalta un recuerdo borroso de los opas de otros tiempos, de aquellos -que apedreamos siendo nios. El opa de hoy es como el espectro del opa +que apedreamos siendo niños. El opa de hoy es como el espectro del opa de entonces...</p> -<p>El opa de hoy, ha tomado carta de ciudadana y hasta se le ha visto -votar en las elecciones. Y luego, se le respeta, o quiz se le +<p>El opa de hoy, ha tomado carta de ciudadanía y hasta se le ha visto +votar en las elecciones. Y luego, se le respeta, o quizá se le compadece; y se ha vuelto mendigo, como "Achoscha" y como Enredadera, o masitero como Panchito.</p> <p>Pero antes, antes los opas eran algo muy nuestro, muy popular, muy -tpico, y a ellos les debemos buenos modismos, que han quedado -estratificados en la memoria social. As decimos de un tonto +típico, y a ellos les debemos buenos modismos, que han quedado +estratificados en la memoria social. Así decimos de un tonto cualquiera; es un "Chupa-charqui". Y del que se contenta con falsas -promesas: est Fulano como el opa del cura Arias, aquel opa famoso, -excelente servidor, pero luntico, cuyo sabio amo, conocindole su -pasin por la ropa nueva, lo mandaba a lo del sastre a que le tomasen +promesas: está Fulano como el opa del cura Arias, aquel opa famoso, +excelente servidor, pero lunático, cuyo sabio amo, conociéndole su +pasión por la ropa nueva, lo mandaba a lo del sastre a que le tomasen la medida, en cuanto lo notaba de mal talante.</p> -<p>El opa de las procesiones ha desaparecido. No haba procesin sin su +<p>El opa de las procesiones ha desaparecido. No había procesión sin su opa a la cabeza, provisto de un rebenque de carrero, espanto de -muchachos y perros. Y es que no haba iglesia sin opa, fiel criado del -cura y auxiliar devoto de la sacrista. Quasimodo es as un tipo -universal de campanero. Slo un opa poda repicar con toda el alma, +muchachos y perros. Y es que no había iglesia sin opa, fiel criado del +cura y auxiliar devoto de la sacristía. Quasimodo es así un tipo +universal de campanero. Sólo un opa podía repicar con toda el alma, bajo la campana, sin temor de romperse las orejas.</p> <p>No hay quien no haya asistido en Salta a la escena estruendosa de una -misa o un sermn edificante, interrumpido por una <i>trocatinta</i> de -azotes a los perros<span class="pagenum"><a name="Page_53" id="Page_53">[53]</a></span> que asistan a la iglesia. Los aullidos -repercutan por las bvedas sagradas con sonoridad apocalptica. Era +misa o un sermón edificante, interrumpido por una <i>trocatinta</i> de +azotes a los perros<span class="pagenum"><a name="Page_53" id="Page_53">[53]</a></span> que asistían a la iglesia. Los aullidos +repercutían por las bóvedas sagradas con sonoridad apocalíptica. Era el decoro de las cosas santas defendido a rebencazos. En cuanto un -perro ultrapasaba la linde de la compostura, se le vena el opa al -humo, rebenque en mano; y hubo el caso de una vieja que result -zurrada por demasas de su pila. Y era cosa corriente en aquellos +perro ultrapasaba la linde de la compostura, se le venía el opa al +humo, rebenque en mano; y hubo el caso de una vieja que resultó +zurrada por demasías de su pila. Y era cosa corriente en aquellos tiempos que la beata llevase su pila escondido bajo el manto.</p> -<p>Pero el jubileo, la apoteosis de los opas salteos tena lugar el da -del lavapis.</p> +<p>Pero el jubileo, la apoteosis de los opas salteños tenía lugar el día +del lavapiés.</p> -<p>En el patio de la Catedral, esa maana, junto al pozo, el sacristn -les arreglaba las barbas, cuando la tenan, les daba un traje nuevo, -de piel azul, y el opa, dignificado y elevado a la categora de -apstol, ocupaba su trono de honor al pie del altar.</p> +<p>En el patio de la Catedral, esa mañana, junto al pozo, el sacristán +les arreglaba las barbas, cuando la tenían, les daba un traje nuevo, +de piel azul, y el opa, dignificado y elevado a la categoría de +apóstol, ocupaba su trono de honor al pie del altar.</p> -<p>En una de aquellas ceremonias, en que el opa Viborn haca de apstol, -es fama que los muchachos le trazaban vboras en el aire, con el dedo, -y el infeliz, olvidando su sagrado papel, se descolg del entarimado, -presa de inaudita clera.<span class="pagenum"><a name="Page_54" id="Page_54">[54]</a></span></p> +<p>En una de aquellas ceremonias, en que el opa Viborón hacía de apóstol, +es fama que los muchachos le trazaban víboras en el aire, con el dedo, +y el infeliz, olvidando su sagrado papel, se descolgó del entarimado, +presa de inaudita cólera.<span class="pagenum"><a name="Page_54" id="Page_54">[54]</a></span></p> @@ -1282,45 +1266,45 @@ presa de inaudita clera.<span class="pagenum"><a name="Page_54" id="Page_54">[5 <p>Al mirarlos pasar desarrapados, blandiendo el largo flajelo de -verdugos sobre los lomos enjutos del mancarrn placero, se dira que +verdugos sobre los lomos enjutos del mancarrón placero, se diría que son asesinos que se escapan y no aurigas que pasan.</p> -<p>Estos son los ms zaparrastrosos cocheros del mundo. No pretendemos, -no, que vistan de gala, as quedaran!, pero que, al menos, adopten +<p>Estos son los más zaparrastrosos cocheros del mundo. No pretendemos, +no, que vistan de gala, ¡así quedarían!, pero que, al menos, adopten en su pescante traza de cristianos. Ora es un gigante doblado en tres, con las canillas fuera del pescante, los botines rotos, el sombrero -increble, las barbas desparramadas; el judas de La Merced, el opa -Viborn de cochero. O es un mico, un mequetrefe, metido hasta la nuca -bajo la capota, llevndose por delante las vacas lecheras y la chinita +increíble, las barbas desparramadas; el judas de La Merced, el opa +Viborón de cochero. O es un mico, un mequetrefe, metido hasta la nuca +bajo la capota, llevándose por delante las vacas lecheras y la chinita que corre al mensaje. Pero todos, o casi todos precisan una lavada de cara.</p> -<p>Por qu no se les exige un mnimum de compostura personal? Si el -traje hace a la persona, tal vez as se los hara gente.</p> +<p>¿Por qué no se les exige un mínimum de compostura personal? Si el +traje hace a la persona, tal vez así se los haría gente.</p> -<p>Aqu es til ser medio psiclogo, hasta para tomar<span class="pagenum"><a name="Page_56" id="Page_56">[56]</a></span> coche. Primero hay +<p>Aquí es útil ser medio psicólogo, hasta para tomar<span class="pagenum"><a name="Page_56" id="Page_56">[56]</a></span> coche. Primero hay que semblantearlo al cochero y no meterse con los que tengan cara -colorada, porque esos andan mal de la mollera y habr que pelear a la +colorada, porque esos andan mal de la mollera y habrá que pelear a la hora del arreglo.</p> <p>Sobre todo, cuando se os ocurra viajar a San Lorenzo, fijaos si -vuestro cochero no est con los ojos irritados y la nariz roma, pues +vuestro cochero no está con los ojos irritados y la nariz roma, pues al fin de la fiesta, cuando volveis por los precipicios de las lomas, -l estar ms borracho que Baco y os sepultar en alguna zanja, con -vuestros deudos queridos. Y lanzar a los vientos, levantando las -piernas a la luna, en cada barquinazo, un juramento que har ruborizar -a las seoras. Habeis puesto la vida a merced de un energmeno, y slo -Dios y la buena suerte podrn salvaros. Que no es cosa simple +él estará más borracho que Baco y os sepultará en alguna zanja, con +vuestros deudos queridos. Y lanzará a los vientos, levantando las +piernas a la luna, en cada barquinazo, un juramento que hará ruborizar +a las señoras. Habeis puesto la vida a merced de un energúmeno, y sólo +Dios y la buena suerte podrán salvaros. Que no es cosa simple contratar un cochero.</p> <p>Y si al salir de un baile o del teatro llueve, y hay que tomar coche, -ya no ser dado elegir, porque los coches del servicio nocturno estn -que d grima. Subs y empieza el calvario. Si no se zafa una rueda, -media cuadra ms all la jaca que os arrastra cae extenuada. Y +ya no será dado elegir, porque los coches del servicio nocturno están +que dá grima. Subís y empieza el calvario. Si no se zafa una rueda, +media cuadra más allá la jaca que os arrastra cae extenuada. Y entonces, en el silencio de la calle, sin testigos, sin misericordia, -comenzar el martirio zoolgico de la pobre bestia, que a cada -puntapi que recibe, de su gua, en el crneo, gime con gemido -profundo, mil veces ms triste que el sollozo humano. Y la gloria del +comenzará el martirio zoológico de la pobre bestia, que a cada +puntapié que recibe, de su guía, en el cráneo, gime con gemido +profundo, mil veces más triste que el sollozo humano. Y la gloria del baile o del festival se disipa de vuestra mente, y el cuadro de la miseria de todo lo que vive se os impone al punto.</p> @@ -1331,15 +1315,15 @@ manos.</p> <hr style="width: 45%;" /> -<p><i>Nota.</i>—Este artculo produjo en el gremio un efecto extraordinario. -Hubieron concilibulos y discutieron si me daran o no una paliza. Yo +<p><i>Nota.</i>—Este artículo produjo en el gremio un efecto extraordinario. +Hubieron conciliábulos y discutieron si me darían o no una paliza. Yo esperaba ansioso los resultados. Al fin publicaron una protesta que -deca as, poco ms o menos: "Habindonos reunido los conductores de +decía así, poco más o menos: "Habiéndonos reunido los conductores de carruajes a deliberar sobre el temperamento a seguir contra el -insolente articulista que as nos detracta en el diario "La +insolente articulista que así nos detracta en el diario "La Provincia", hemos acordado no adoptar medidas violentas por tratarse de un loco irresponsable, cuya familia, sin embargo, nos merece -consideracin y respeto".<span class="pagenum"><a name="Page_58" id="Page_58">[58]</a></span></p> +consideración y respeto".<span class="pagenum"><a name="Page_58" id="Page_58">[58]</a></span></p> @@ -1348,73 +1332,73 @@ consideracin y respeto".<span class="pagenum"><a name="Page_58" id="Page_58">[5 <h2><a name="UN_BAILE_DE_VILLORRIO" id="UN_BAILE_DE_VILLORRIO"></a>UN BAILE DE VILLORRIO</h2> -<p>No me olvido de aquel baile que congreg tanta "gente bien" en casa +<p>No me olvido de aquel baile que congregó tanta "gente bien" en casa del comisario.</p> -<p>En un rincn de la sala, zahumada por el grueso tufo de kerosene de -las lmparas, un msico, trado ex-profeso de Salta, galopaba sin +<p>En un rincón de la sala, zahumada por el grueso tufo de kerosene de +las lámparas, un músico, traído ex-profeso de Salta, galopaba sin piedad un viejo valse, sobre el no menos viejo y desvencijado piano.</p> -<p>En los ngulos restantes de la sala haba frgiles mesitas de felpa +<p>En los ángulos restantes de la sala había frágiles mesitas de felpa calva, atestadas de ramos de flores de papel, cuajadas de pintitas negras, obra evidente de las moscas.</p> -<p>Contra las paredes, hileras de sillas de variadas formas y tamaos, +<p>Contra las paredes, hileras de sillas de variadas formas y tamaños, donde descansaba la numerosa concurrencia; y en el suelo, mal -disimulando las asperezas del brbaro enladrillado, retazos de +disimulando las asperezas del bárbaro enladrillado, retazos de alfombras descoloridas.</p> -<p>En el techo de caizos, sustentados por ciclpeas tijeras, techo hondo -y lbrego, tejan en silencio las domsticas araas. Y en las alturas -adonde no llegaba la luz de abajo, algunos murcilagos absortos -comentaban<span class="pagenum"><a name="Page_60" id="Page_60">[60]</a></span> con chillidos a la sordina la inusitada animacin de la +<p>En el techo de cañizos, sustentados por ciclópeas tijeras, techo hondo +y lóbrego, tejían en silencio las domésticas arañas. Y en las alturas +adonde no llegaba la luz de abajo, algunos murciélagos absortos +comentaban<span class="pagenum"><a name="Page_60" id="Page_60">[60]</a></span> con chillidos a la sordina la inusitada animación de la fiesta.</p> -<p>La concurrencia daba vueltas flemticamente a la sala, al comps +<p>La concurrencia daba vueltas flemáticamente a la sala, al compás meloso y cursi de esa musiquilla de aldea, triste y desorejada. La -duea de casa, orondamente sentada en su sof, contemplaba con aire +dueña de casa, orondamente sentada en su sofá, contemplaba con aire satisfecho el desfile de las parejas.</p> -<p>Era una vieja robusta y ancha como una olla de chicharrn, que sudaba -a mares y se haca viento con uno de esos monstruosos abanicos de -satn negro, que ms parecen alas de Satans que abanicos. A la vieja -nadie le diriga la palabra; pocos la conocan. Pues como se trataba -de un baile de suscripcin y ella haba cedido su casa por pura -condescendencia, nadie tena nada que ver con ella.</p> +<p>Era una vieja robusta y ancha como una olla de chicharrón, que sudaba +a mares y se hacía viento con uno de esos monstruosos abanicos de +satín negro, que más parecen alas de Satanás que abanicos. A la vieja +nadie le dirigía la palabra; pocos la conocían. Pues como se trataba +de un baile de suscripción y ella había cedido su casa por pura +condescendencia, nadie tenía nada que ver con ella.</p> -<p>Bien pronto me expliqu aquella cortesa, cuando v que una chinita +<p>Bien pronto me expliqué aquella cortesía, cuando ví que una chinita escamoteaba furtivamente las botellas de cerveza compradas por la -comisin organizadora.</p> +comisión organizadora.</p> -<p>Algunas seoritas que confundan la sencillez con la vulgaridad, -lucan trajes ajados y sucios, que hubiese rechazado una sirvienta. Y -tal era el entusiasmo del da, que no haban tenido tiempo de +<p>Algunas señoritas que confundían la sencillez con la vulgaridad, +lucían trajes ajados y sucios, que hubiese rechazado una sirvienta. Y +tal era el entusiasmo del día, que no habían tenido tiempo de arreglarse los cabellos ni quitarse el barro de las cabalgatas.</p> -<p>El "cllese, no sea atrevido!", el "vean esto, por Dios!" el +<p>El "¡cállese, no sea atrevido!", el "¡vean esto, por Dios!" el "pucha", el "velay", las mil ordinarieces que florecen en las -vendimias, se mezclaban, ensordeciendo el aire, en una sola chchara +vendimias, se mezclaban, ensordeciendo el aire, en una sola cháchara vulgar y aturdida.</p> <p>Una chinita zaparrastrosa y mugrienta se paseaba por entre las parejas, brindando cerveza en copas tres<span class="pagenum"><a name="Page_61" id="Page_61">[61]</a></span> veces sucias; y un muchacho -"quiscudo" como un cepillo, luchando por no dormirse, ofreca en una -frutera caramelos chupados de antemano, a medias, quiz, por los bebs -de la casa, y "tortitas de leche" partidas aritmticamente a cuchillo.</p> +"quiscudo" como un cepillo, luchando por no dormirse, ofrecía en una +frutera caramelos chupados de antemano, a medias, quizá, por los bebés +de la casa, y "tortitas de leche" partidas aritméticamente a cuchillo.</p> -<p>En un extremo del corredor, alumbrado por una lmpara sombreruda, en +<p>En un extremo del corredor, alumbrado por una lámpara sombreruda, en derredor de una mesa, conversaban parejas de enamorados que nunca acababan de barajar sandeces. En el otro extremo, escondidos en la -penumbra, los bebedores del pueblucho hacan su agosto en complicidad -con los sirvientes, mientras parecan acalorados en una disquisicin +penumbra, los bebedores del pueblucho hacían su agosto en complicidad +con los sirvientes, mientras parecían acalorados en una disquisición acerca de las virtudes del cura.</p> -<p>Por todos lados iban y venan los mosqueteros abribocas, o se +<p>Por todos lados iban y venían los mosqueteros abribocas, o se acumulaban junto a las puertas, estorbando el paso.</p> -<p>En el patio, un opa de ojos clarsimos y cara plida y gorda, que -haba bebido en demasa, mascaba asnalmente un bollo, y serva de -diversin a unos muchachos...<span class="pagenum"><a name="Page_62" id="Page_62">[62]</a></span></p> +<p>En el patio, un opa de ojos clarísimos y cara pálida y gorda, que +había bebido en demasía, mascaba asnalmente un bollo, y servía de +diversión a unos muchachos...<span class="pagenum"><a name="Page_62" id="Page_62">[62]</a></span></p> @@ -1423,73 +1407,73 @@ diversin a unos muchachos...<span class="pagenum"><a name="Page_62" id="Page_62 <h2><a name="EL_DUENDE" id="EL_DUENDE"></a>EL DUENDE</h2> -<p>La creencia en el duende era, quiz, la ms arraigada en la ciudad, -hasta hace treinta aos. Demonio familiar y burlesco, ms molesto que +<p>La creencia en el duende era, quizá, la más arraigada en la ciudad, +hasta hace treinta años. Demonio familiar y burlesco, más molesto que terrible, la plebe, y en particular los sirvientes y criados de las -viejas casas, tenanle por espantajo familiar.</p> +viejas casas, teníanle por espantajo familiar.</p> -<p>Para explicarse aquella superchera, fomentada sin duda por la +<p>Para explicarse aquella superchería, fomentada sin duda por la ignorancia, se hace preciso recordar la arquitectura de los caserones coloniales.</p> -<p>Casi no haba casa patricia que no fuese un verdadero laberinto de +<p>Casi no había casa patricia que no fuese un verdadero laberinto de cuartos, pasadizos, altillos y corredores, intrincados y oscuros. Ocupaban los fondos, el corral, el gallinero, la huerta, las -pesebreras y los cuartos destinados a la gente que traa de las +pesebreras y los cuartos destinados a la gente que traía de las estancias abastos y provisiones para varios meses.</p> <p>En muchas casas, se carneaban reses en el corral.</p> -<p>El duende merodeaba en las cocinas y despensas; escondase en los -tunales y silbaba a los que iban al corral; dorma entre las petacas -de cuero crudo, en zarzos y altillos; y aun a las veces ponase a +<p>El duende merodeaba en las cocinas y despensas; escondíase en los +tunales y silbaba a los que iban al corral; dormía entre las petacas +de cuero crudo, en zarzos y altillos; y aun a las veces poníase a frangollar en el mortero, a media noche.<span class="pagenum"><a name="Page_64" id="Page_64">[64]</a></span></p> -<p>Un anciano seor, ya chocho, y adems clebre por sus mentiras, sola -contar a sus relaciones—en alguna tertulia ntima de barrio, cabe la -estufa monumental del comedor,—los trajines y fechoras del duende.</p> +<p>Un anciano señor, ya chocho, y además célebre por sus mentiras, solía +contar a sus relaciones—en alguna tertulia íntima de barrio, cabe la +estufa monumental del comedor,—los trajines y fechorías del duende.</p> -<p>—Una vez—deca el anciano,—determin mudarme de casa con mi +<p>—Una vez—decía el anciano,—determiné mudarme de casa con mi familia; pues el duende no nos dejaba en paz. Apedreaba a hurtadillas a quien quiera que entrase en la huerta, volcaba las ollas en ausencia -de la cocinera, haca pudrir el charqui y engusanaba los quesos del -zarzo... Habamos trasladado a la nueva casa muchos muebles, cuando -entr una tarde en la despensa para ver lo que todava quedaba por +de la cocinera, hacía pudrir el charqui y engusanaba los quesos del +zarzo... Habíamos trasladado a la nueva casa muchos muebles, cuando +entré una tarde en la despensa para ver lo que todavía quedaba por acarrear. En esto se me presenta el duende, cargando el mortero, y me -dice, con tamao descaro:</p> +dice, con tamaño descaro:</p> -<p>—Y a dnde nos mudamos?...</p> +<p>—¿Y a dónde nos mudamos?...</p> -<p>Era un hombrecillo enano y cabezudo. Provena de algn ignorado -infanticidio; o era el alma de un nio muerto a los siete aos, sin +<p>Era un hombrecillo enano y cabezudo. Provenía de algún ignorado +infanticidio; o era el alma de un niño muerto a los siete años, sin bautizar.</p> -<p>Usaba enorme sombrero y tena una mano de fierro y la otra de lana. -Aparecase a los malos y desobedientes, a los pendencieros y +<p>Usaba enorme sombrero y tenía una mano de fierro y la otra de lana. +Aparecíase a los malos y desobedientes, a los pendencieros y mentirosos, y les preguntaba entonces, con potente y ahuecada voz:</p> -<p>—Con qu mano quieres que te pegue?... Con la de hierro?... Con la +<p>—¿Con qué mano quieres que te pegue?... ¿Con la de hierro?... ¿Con la de lana?...</p> -<p>Y al vivo que elega la de lana, le asentaba terrible mojicn con la +<p>Y al vivo que elegía la de lana, le asentaba terrible mojicón con la contraria.</p> <p>El duende era compadre y amigo del gato. Nadie sabe si el par de -ojazos fosforescentes que vi en la noche seran los del duende o los -del gato. Que tambin<span class="pagenum"><a name="Page_65" id="Page_65">[65]</a></span> suceda que el duende, convertido en gato, se -echaba a dormir en el rescoldo del fogn.</p> +ojazos fosforescentes que vió en la noche serían los del duende o los +del gato. Que también<span class="pagenum"><a name="Page_65" id="Page_65">[65]</a></span> sucedía que el duende, convertido en gato, se +echaba a dormir en el rescoldo del fogón.</p> -<p>Apadrinaba l, solcito, las gangolinas y grescas de los tejados, que, -en noches de luna, ponan en la mente de los desvelados, terrores de +<p>Apadrinaba él, solícito, las gangolinas y grescas de los tejados, que, +en noches de luna, ponían en la mente de los desvelados, terrores de la otra vida.</p> <p>Caminaba con pesados y resonantes pasos a deshora, en los corredores, -como si un grueso pisn golpeara los ladrillos.</p> +como si un grueso pisón golpeara los ladrillos.</p> -<p>Haba, sin embargo, un medio para librarse de l. Sabido era que su -finsimo olfato no toleraba los ingratos olores. Y quien quisiera -andar seguro de noche, haba de llevar preparada en los bolsillos -cierta porquera...<span class="pagenum"><a name="Page_66" id="Page_66">[66]</a></span></p> +<p>Había, sin embargo, un medio para librarse de él. Sabido era que su +finísimo olfato no toleraba los ingratos olores. Y quien quisiera +andar seguro de noche, había de llevar preparada en los bolsillos +cierta porquería...<span class="pagenum"><a name="Page_66" id="Page_66">[66]</a></span></p> @@ -1498,67 +1482,67 @@ cierta porquera...<span class="pagenum"><a name="Page_66" id="Page_66">[66]</a> <h2><a name="LA_VIUDA" id="LA_VIUDA"></a>LA VIUDA</h2> -<p>Por todo el valle de Lerma se crea en la viuda; pero es cerca de la -ciudad donde he recogido la leyenda de boca de unos indgenas.</p> +<p>Por todo el valle de Lerma se creía en la viuda; pero es cerca de la +ciudad donde he recogido la leyenda de boca de unos indígenas.</p> -<p>Las supersticiones tienen, como caracterstica, esa indeterminacin de -las versiones annimas. Y asumen, segn el sujeto que las refiere, -contornos ms definidos y reales, o se diluyen y esfuman hasta no ser -ms que una idea fantstica o una emocin de misterio.</p> +<p>Las supersticiones tienen, como característica, esa indeterminación de +las versiones anónimas. Y asumen, según el sujeto que las refiere, +contornos más definidos y reales, o se diluyen y esfuman hasta no ser +más que una idea fantástica o una emoción de misterio.</p> -<p>Ignoro si sea sta una leyenda saltea de origen y si el decir vulgar: -"salirle a alguno la viuda" se usa en otras provincias, como aqu, +<p>Ignoro si sea ésta una leyenda salteña de origen y si el decir vulgar: +"salirle a alguno la viuda" se usa en otras provincias, como aquí, para denotar el contraste imprevisto con que topamos en una empresa inadecuada a nuestras fuerzas.</p> <p>Pero abandonemos los circunloquios y oigamos al indio viejo que me la -cont:</p> +contó:</p> -<p>"Una noche tormentosa y muy oscura, cuando yo era muchacho, el patrn -me mand a La Isla, con un recado urgente para don Nicanor Vallejos.</p> +<p>"Una noche tormentosa y muy oscura, cuando yo era muchacho, el patrón +me mandó a La Isla, con un recado urgente para don Nicanor Vallejos.</p> -<p>La Isla es una finca, a legua y media de Salta, entre el ro Arias y +<p>La Isla es una finca, a legua y media de Salta, entre el río Arias y el Arenales.<span class="pagenum"><a name="Page_68" id="Page_68">[68]</a></span></p> -<p>Yo conoca bien el camino, que no era de coche, como ahora, sino una -senda angosta que atravesaba pequeos bosques de tuscas y algarrobos, +<p>Yo conocía bien el camino, que no era de coche, como ahora, sino una +senda angosta que atravesaba pequeños bosques de tuscas y algarrobos, harto tupidos a trechos.</p> -<p>El terreno es bajo y pantanoso y en algunas partes haba que ser +<p>El terreno es bajo y pantanoso y en algunas partes había que ser baqueano para no hundirse en los fangales.</p> -<p>Aunque nunca he sido flojo para las cosas de este mundo, no me senta -entonado para las del otro aquella noche, lo confieso. As que en -mitad del viaje, y en un punto en que ms cerrado estaba el monte, al -caer la senda a un bajo, puse el caballo al tranco y empu el +<p>Aunque nunca he sido flojo para las cosas de este mundo, no me sentía +entonado para las del otro aquella noche, lo confieso. Así que en +mitad del viaje, y en un punto en que más cerrado estaba el monte, al +caer la senda a un bajío, puse el caballo al tranco y empuñé el cuchillo, que lo llevaba en el guardamonte, colgado de la vaina.</p> -<p>Al acercarme a unos sauces llorones que estn ah todava, de un -costado del camino, donde principia la bajada, se me atraves como +<p>Al acercarme a unos sauces llorones que están ahí todavía, de un +costado del camino, donde principia la bajada, se me atravesó como sombra un perrazo negro...</p> -<p>El caballo se avisp, buf; y se peg una tendida que casi me larga de +<p>El caballo se avispó, bufó; y se pegó una tendida que casi me larga de hocico.</p> -<p>Por serenarme, mord la hoja del cuchillo, la hice "tincar"<a name="FNanchor_2_2" id="FNanchor_2_2"></a><a href="#Footnote_2_2" class="fnanchor">[2]</a> en los -dientes y me afirm en el apero, tiritando... En esto, ya sent que un +<p>Por serenarme, mordí la hoja del cuchillo, la hice "tincar"<a name="FNanchor_2_2" id="FNanchor_2_2"></a><a href="#Footnote_2_2" class="fnanchor">[2]</a> en los +dientes y me afirmé en el apero, tiritando... En esto, ya sentí que un bulto me saltaba a las ancas y me echaba los brazos al cuello.</p> <p><span class="pagenum"><a name="Page_69" id="Page_69">[69]</a></span></p> -<p>El caballo, entonces, mand un par de patadas, se estremeci enterito, -y se agach a la furia, como alma que se la lleva el diablo.</p> +<p>El caballo, entonces, mandó un par de patadas, se estremeció enterito, +y se agachó a la furia, como alma que se la lleva el diablo.</p> -<p>As salv el pantano. Y apenas gan la opuesta banda, un alarido fiero -y triste como llanto de mujer raj la noche y se apag en el monte...</p> +<p>Así salvé el pantano. Y apenas gané la opuesta banda, un alarido fiero +y triste como llanto de mujer rajó la noche y se apagó en el monte...</p> -<p>Y fu a sujetar en casa de don Vallejos.</p> +<p>Y fuí a sujetar en casa de don Vallejos.</p> -<p>Tuvieron que bajarme del caballo. Me manaba, del sofocn, sangre de +<p>Tuvieron que bajarme del caballo. Me manaba, del sofocón, sangre de las narices.</p> -<p>Esa haba sido la viuda, pues, seor... Diz que as se presenta. Que a -ocasiones en forma de perro negro o de pjaro; a ocasiones es un -burrito que est como pastando, al disimulo... Y no bien lo ventaj -el jinete, ya tambin se le trep en las ancas y le ech los +<p>Esa había sido la viuda, pues, señor... Diz que así se presenta. Que a +ocasiones en forma de perro negro o de pájaro; a ocasiones es un +burrito que está como pastando, al disimulo... ¡Y no bien lo ventajó +el jinete, ya también se le trepó en las ancas y le echó los brazos!"<span class="pagenum"><a name="Page_70" id="Page_70">[70]</a></span></p> @@ -1568,57 +1552,57 @@ brazos!"<span class="pagenum"><a name="Page_70" id="Page_70">[70]</a></span></p> <h2><a name="LA_MULA_ANIMA" id="LA_MULA_ANIMA"></a>LA MULA ANIMA</h2> -<p>Es una leyenda del bajo pueblo que va perdiendo su cariz fantstico.</p> +<p>Es una leyenda del bajo pueblo que va perdiendo su cariz fantástico.</p> -<p>Evocad el Salta de sesenta aos atrs, con su pobre y pesada +<p>Evocad el Salta de sesenta años atrás, con su pobre y pesada arquitectura colonial; con sus tejados de alero volado a la calle; con sus enormes portales cuadrados y recios; con sus altas veredas, entre cuyas lajas desiguales brotaba el pasto del campo; con sus hondas y tortuosas calles de piedra bola.</p> -<p>De noche, arda en las esquinas del centro un candil de sebo. El +<p>De noche, ardía en las esquinas del centro un candil de sebo. El sereno, encargado de varias manzanas, pasaba lentamente, cantando la hora y el aspecto del tiempo.</p> -<p>En las casas donde haba quedado alguna luz, revoloteaban -encandilados, sobre los anchos patios, murcilagos errantes y +<p>En las casas donde había quedado alguna luz, revoloteaban +encandilados, sobre los anchos patios, murciélagos errantes y siniestras lechuzas.</p> <p>La vida estaba llena de incertidumbres y peligros. Las guerras civiles -llevbanse mucha gente a otras provincias. Los largos y penosos viajes -a Chile y al Per, que los jvenes de la mejor sociedad emprendan, +llevábanse mucha gente a otras provincias. Los largos y penosos viajes +a Chile y al Perú, que los jóvenes de la mejor sociedad emprendían, arreando<span class="pagenum"><a name="Page_72" id="Page_72">[72]</a></span> valiosas recuas de mulas y caballos, dejaban en invierno los -hogares hurfanos de esparcimientos familiares.</p> +hogares huérfanos de esparcimientos familiares.</p> -<p>A la terquedad del carcter espaol, a la intensa religiosidad de la -poca, a la constante zozobra de la ausencia y la espera, que hacan -montona y solemne la existencia, sumbase en los largos conticinios -el horror de las iglesias, cuyos atrios y recintos servan de +<p>A la terquedad del carácter español, a la intensa religiosidad de la +época, a la constante zozobra de la ausencia y la espera, que hacían +monótona y solemne la existencia, sumábase en los largos conticinios +el horror de las iglesias, cuyos atrios y recintos servían de enterratorio a los decentes.</p> -<p>Slo en aquel ambiente melanclico pudieron formarse leyendas como la -de la mula nima.</p> +<p>Sólo en aquel ambiente melancólico pudieron formarse leyendas como la +de la mula ánima.</p> -<p>A media noche se le apareca de repente, en el panten de una iglesia, -al mulato que volva ebrio de alguna timbirimba o al medroso y -fantico palurdo que ignoraba los peligros del sitio.</p> +<p>A media noche se le aparecía de repente, en el panteón de una iglesia, +al mulato que volvía ebrio de alguna timbirimba o al medroso y +fanático palurdo que ignoraba los peligros del sitio.</p> <p>Era una mula enfrenada, que arrojaba chispas por boca y narices, y que bufaba, encabritada, sobre el suelo fofo de las sepulturas.</p> -<p>Era un nima en pena. Y para librarla del purgatorio haba que -consumar una hazaa fabulosa: haba que sacarle el freno a la mula.</p> +<p>Era un ánima en pena. Y para librarla del purgatorio había que +consumar una hazaña fabulosa: había que sacarle el freno a la mula.</p> -<p>Aquel endriago provena de un pecado sacrlego, pues se lo supona +<p>Aquel endriago provenía de un pecado sacrílego, pues se lo suponía engendro del cura con su barragana.</p> <p>Las beatas supersticiosas examinaban con aires de misterio, al salir de misa, al alba, los ladrillos del atrio, donde, a las veces, la mula -nima estampaba su casco de fuego.</p> +ánima estampaba su casco de fuego.</p> -<p>En el veredn de la antigua Catedral, que ya no existe, vease, hace -aos, una laja que tena marcada una herradura: era el rastro de una -mula nima.</p> +<p>En el veredón de la antigua Catedral, que ya no existe, veíase, hace +años, una laja que tenía marcada una herradura: era el rastro de una +mula ánima.</p> @@ -1628,143 +1612,143 @@ mula nima.</p> <p>Camino de "La Soledad", pasando el "puente blanco", en la esquina de -un rastrojo y al pie del cerro, est el sepulcro de la Juana Figueroa.</p> +un rastrojo y al pie del cerro, está el sepulcro de la Juana Figueroa.</p> -<p>Es el santuario de una superchera popular, con todo el prestigio de -una leyenda trgica.</p> +<p>Es el santuario de una superchería popular, con todo el prestigio de +una leyenda trágica.</p> -<p>Al borde de una zanja vse un humilde tmulo de adobes, que remata en +<p>Al borde de una zanja vése un humilde túmulo de adobes, que remata en una ruinosa cruz de palo.</p> -<p>Por sobre la verdura de los cercos mranse las torres y cpulas de la -ciudad, ms all las lomas de San Lorenzo, y en el fondo la azul -lejana de las montaas, que parecen encerrar en un perenne crculo de +<p>Por sobre la verdura de los cercos míranse las torres y cúpulas de la +ciudad, más allá las lomas de San Lorenzo, y en el fondo la azul +lejanía de las montañas, que parecen encerrar en un perenne círculo de encanto la inmensidad del valle.</p> -<p>El sepulcro de la Juana Figueroa es el santuario de una devocin +<p>El sepulcro de la Juana Figueroa es el santuario de una devoción torcida y pecaminosa para la ortodoxia del cura; para la bastarda emotividad de la plebe, es un lugar bendito, santificado por el martirio.</p> -<p>Los pobres del suburbio, las muchachuelas paldicas de los "cuartos" -excntricos, las cocineras de casas pobres, las alcahuetas +<p>Los pobres del suburbio, las muchachuelas palúdicas de los "cuartos" +excéntricos, las cocineras de casas pobres, las alcahuetas supersticiosas, acuden todos los lunes<span class="pagenum"><a name="Page_74" id="Page_74">[74]</a></span> a depositar como voto ante la -milagrosa herona, una vela de sebo, un medio boliviano, un +milagrosa heroína, una vela de sebo, un medio boliviano, un corazoncito de plata.</p> -<p>De da y de noche, arde continuamente en el sitio un centenar de -velas. Para que el viento no las apague, la devocin, prolija, +<p>De día y de noche, arde continuamente en el sitio un centenar de +velas. Para que el viento no las apague, la devoción, prolija, resguarda las fervorosas llamas, bajo un abigarrado techo de latas de tarro.</p> -<p>Es una peregrinacin annima, pero obstinada y constante. Nunca se +<p>Es una peregrinación anónima, pero obstinada y constante. Nunca se encuentra en el lugar bendito esas aglomeraciones un poco profanantes de la multitud. Cada cual a su hora, en un momento de angustia, de -miseria, porta su ofrenda. Y slo la muchedumbre de las velas +miseria, porta su ofrenda. Y sólo la muchedumbre de las velas patentiza la zozobra de las almas.</p> -<p>A veces, al atardecer, vse llegar por el "carril" de "La Soledad" +<p>A veces, al atardecer, vése llegar por el "carril" de "La Soledad" alguna mujer del pueblo, demacrada y enferma, con una criatura en brazos. Camina por la tierra polvorienta arrastrando la pollera, que al andar se pliega sobre los talones con blandura de harapo.</p> -<p>Cuando est segura de que no la observan, se acerca al humilde tmulo, +<p>Cuando está segura de que no la observan, se acerca al humilde túmulo, se arrodilla y ora en silencio.</p> -<p>Despus ofrece una vela encendida y se aleja a pasos largos.</p> +<p>Después ofrece una vela encendida y se aleja a pasos largos.</p> <hr style="width: 45%;" /> -<p>En aquellos parajes viva, hace treinta aos, un pacfico mulato -carpintero, casado con una joven mulatilla, bonita y alegre. Tenan un +<p>En aquellos parajes vivía, hace treinta años, un pacífico mulato +carpintero, casado con una joven mulatilla, bonita y alegre. Tenían un hijo.</p> -<p>El hombre se marchaba temprano al pueblo, donde tena el taller. La -mujer y el pequeo lo esperaban hasta la hora de la comida.<span class="pagenum"><a name="Page_75" id="Page_75">[75]</a></span></p> +<p>El hombre se marchaba temprano al pueblo, donde tenía el taller. La +mujer y el pequeño lo esperaban hasta la hora de la comida.<span class="pagenum"><a name="Page_75" id="Page_75">[75]</a></span></p> <p>El hombre trabajaba mucho, pero ganaba poco; apenas para vivir.</p> -<p>La esposa soport bien durante el primer tiempo de casada la escasez -de medios, halagada por el cario al hijo y el amor del hombre.</p> +<p>La esposa soportó bien durante el primer tiempo de casada la escasez +de medios, halagada por el cariño al hijo y el amor del hombre.</p> -<p>Alentaban la esperanza de poder un da salir de aquel lugar sombro, -enfermizo, vecino de la "zanja del Estado" y del panten, aislado -entre un monte de algarrobos, melanclico en sus largos das y sus -desolados atardeceres. Pensaban irse a vivir al pueblo. Y as, +<p>Alentaban la esperanza de poder un día salir de aquel lugar sombrío, +enfermizo, vecino de la "zanja del Estado" y del panteón, aislado +entre un monte de algarrobos, melancólico en sus largos días y sus +desolados atardeceres. Pensaban irse a vivir al pueblo. Y así, pensando, se pasaron los meses.</p> -<p>La mujer fu cambiando, poco a poco. En ausencia del marido +<p>La mujer fué cambiando, poco a poco. En ausencia del marido frecuentaba el trato de algunas comadres y vecinas que tomaban mate a costa de la ingenua mujer del carpintero.</p> -<p>Varias veces, al volver del pueblo, el hombre no haba encontrado a su -mujer. Pero entonces habala esperado, habala recriminado con -dulzura, para entregarse a los ntimos deleites del pobres hogar y al -encanto del pequeo.</p> +<p>Varias veces, al volver del pueblo, el hombre no había encontrado a su +mujer. Pero entonces habíala esperado, habíala recriminado con +dulzura, para entregarse a los íntimos deleites del pobres hogar y al +encanto del pequeño.</p> -<p>La mujer, confiada en el ascendiente que ejerca sobre su marido, +<p>La mujer, confiada en el ascendiente que ejercía sobre su marido, nunca hizo mucho caso de sus reclamos. Y pronto las amigas la -atrajeron a las borracheras del arrabal, donde la estpida galantera +atrajeron a las borracheras del arrabal, donde la estúpida galantería del "tomo y obligo" afloja las vacilantes austeridades y da al traste con la compostura y decencia del artesano.</p> -<p>El carpintero jams quiso acompaar a su mujer a tales diversiones, y -la dej ir sola, cediendo a las instancias de las amigas y a las +<p>El carpintero jamás quiso acompañar a su mujer a tales diversiones, y +la dejó ir sola, cediendo a las instancias de las amigas y a las seguridades de una fidelidad probada asaz duramente.<span class="pagenum"><a name="Page_76" id="Page_76">[76]</a></span></p> -<p>Y cuando el hombre vi al fin mermado aquel cario, y cuando supo en -el pueblo—l, el ltimo,—la traicin de la hembra ingrata y -tornadiza, se dej llevar a la deriva de la suerte, con la indolencia -fatalista de los dbiles y quiso, todava ms ciego, el caro amor que -se le escapaba, aferrado a la ilusin de reconquistarlo de nuevo, todo -para s. Y fu manso, tolerante, imbcil; bueno como las tablas de -fragante cedro que pula en el taller. No dijo nada...</p> +<p>Y cuando el hombre vió al fin mermado aquel cariño, y cuando supo en +el pueblo—él, el último,—la traición de la hembra ingrata y +tornadiza, se dejó llevar a la deriva de la suerte, con la indolencia +fatalista de los débiles y quiso, todavía más ciego, el caro amor que +se le escapaba, aferrado a la ilusión de reconquistarlo de nuevo, todo +para sí. Y fué manso, tolerante, imbécil; bueno como las tablas de +fragante cedro que pulía en el taller. No dijo nada...</p> -<p>Pero al volver del trabajo, una tarde, una vecina le cont que su -mujer haba pasado el da, en su propio hogar, con otro hombre. El -carpintero lleg a su casa taciturno, pero tranquilo y amable como de -costumbre. La mulatilla lo recibi en sus brazos.</p> +<p>Pero al volver del trabajo, una tarde, una vecina le contó que su +mujer había pasado el día, en su propio hogar, con otro hombre. El +carpintero llegó a su casa taciturno, pero tranquilo y amable como de +costumbre. La mulatilla lo recibió en sus brazos.</p> -<p>El hombre le propuso dar un paseo. La mujer lo sigui, y marcharon -juntos, tambin el chiquillo, de la mano de su madre.</p> +<p>El hombre le propuso dar un paseo. La mujer lo siguió, y marcharon +juntos, también el chiquillo, de la mano de su madre.</p> <p>Fueron hasta el "puente blanco", por el camino de "La Soledad".</p> <p>Se sentaron en el poyo del puente.</p> -<p>El hombre no hablaba. No poda tampoco, aunque quisiera. Slo +<p>El hombre no hablaba. No podía tampoco, aunque quisiera. Sólo acariciaba los crespos cabellos de la mulatilla, bonita y alegre.</p> -<p>Empezaba a oscurecer. Era un crepsculo de otoo, lloviznoso y gris. -Levantbase al espacio el chillido inmenso, crepitante de los grillos. -A largos intervalos iguales cantaba un crespn en la arboleda. Vena -lenta, en el viento, la voz baja y solemne del campann de San -Francisco. Algn "ataja-camino" revoloteaba agorero en la penumbra; y -bajo el arco de piedra del puente,<span class="pagenum"><a name="Page_77" id="Page_77">[77]</a></span> ya ruinoso, abrase, entre las +<p>Empezaba a oscurecer. Era un crepúsculo de otoño, lloviznoso y gris. +Levantábase al espacio el chillido inmenso, crepitante de los grillos. +A largos intervalos iguales cantaba un crespín en la arboleda. Venía +lenta, en el viento, la voz baja y solemne del campanón de San +Francisco. Algún "ataja-camino" revoloteaba agorero en la penumbra; y +bajo el arco de piedra del puente,<span class="pagenum"><a name="Page_77" id="Page_77">[77]</a></span> ya ruinoso, abríase, entre las malezas, el reposo de las aguas paradas, sin vida, sin reflejos, -hondura lbrega, insalubre, hedionda...</p> +hondura lóbrega, insalubre, hedionda...</p> <p>Ante el mutismo prolongado del hombre, la muchacha estuvo un instante sorprendida; luego alarmada e inquieta.</p> -<p>Ella lo habl, lo interrog, trat de explicar algo.... l, -acercndose mucho, la mir en los ojos hasta el alma.</p> +<p>Ella lo habló, lo interrogó, trató de explicar algo.... él, +acercándose mucho, la miró en los ojos hasta el alma.</p> -<p>Al verle as, la mujer, por la primera vez, le temi. El la estruj, -brusco, colrico. Ella grit. Quiso fugarse, abandonando al hijo.</p> +<p>Al verle así, la mujer, por la primera vez, le temió. El la estrujó, +brusco, colérico. Ella gritó. Quiso fugarse, abandonando al hijo.</p> -<p>Pero el hombre la alcanz, la pill, le ajust las manos crispadas -sobre el cuello, y la ahog sin misericordia.</p> +<p>Pero el hombre la alcanzó, la pilló, le ajustó las manos crispadas +sobre el cuello, y la ahogó sin misericordia.</p> -<p>El hombre, al huir con el hijo en los brazos, oy tras s lamentos y -gemidos. Entonces, ensaado, volvi a la carga, y empuando un fierro -hallado por ah, le machac la cara, le revent el crneo, y la tir -despus sobre las aguas muertas de la zanja.</p> +<p>El hombre, al huir con el hijo en los brazos, oyó tras sí lamentos y +gemidos. Entonces, ensañado, volvió a la carga, y empuñando un fierro +hallado por ahí, le machacó la cara, le reventó el cráneo, y la tiró +después sobre las aguas muertas de la zanja.</p> -<p>As fu el asesinato de la Juana Figueroa.</p> +<p>Así fué el asesinato de la Juana Figueroa.</p> -<p>Por qu venera el bajo pueblo su memoria? Porque fu—dice,—una -santa mrtir. Y es que el delito de adulterio no existe en la +<p>¿Por qué venera el bajo pueblo su memoria? Porque fué—dice,—una +santa mártir. Y es que el delito de adulterio no existe en la promiscuidad monstruosa de la chusma.<span class="pagenum"><a name="Page_78" id="Page_78">[78]</a></span></p> @@ -1777,58 +1761,58 @@ promiscuidad monstruosa de la chusma.<span class="pagenum"><a name="Page_78" id= <p>Hay en la vida del anciano ilustre, cuyo fallecimiento ha conmovido a -la sociedad de Salta, una singular contradiccin entre las ntimas -tendencias espirituales que lo solicitaron, y la elevada misin -pblica que desempe.</p> +la sociedad de Salta, una singular contradicción entre las íntimas +tendencias espirituales que lo solicitaron, y la elevada misión +pública que desempeñó.</p> -<p>El sacerdocio es, o al menos debe ser, una funcin militante.</p> +<p>El sacerdocio es, o al menos debe ser, una función militante.</p> -<p>Exige el ejercicio de las cualidades positivas del carcter; el fervor -de la prdica; el espritu de lucha, de propaganda y de polmica; el +<p>Exige el ejercicio de las cualidades positivas del carácter; el fervor +de la prédica; el espíritu de lucha, de propaganda y de polémica; el conocimiento de los hombres; el continuo trato con el mundo; la -fulminacin del mal y del error. As, el tipo del sacerdote es Iigo +fulminación del mal y del error. Así, el tipo del sacerdote es Iñigo de Loyola.</p> -<p>Pero monseor Linares fu, ms que un sacerdote, un asceta, en la -medida que su destino se lo permitiera; y ms que un apstol, fu un +<p>Pero monseñor Linares fué, más que un sacerdote, un asceta, en la +medida que su destino se lo permitiera; y más que un apóstol, fué un santo.</p> -<p>Su carcter jams se avino con su cargo. Y, por la<span class="pagenum"><a name="Page_80" id="Page_80">[80]</a></span> sola fuerza +<p>Su carácter jamás se avino con su cargo. Y, por la<span class="pagenum"><a name="Page_80" id="Page_80">[80]</a></span> sola fuerza prodigiosa de la virtud, el hombre era superior al cargo.</p> -<p>Se impuso, quiz sin quererlo, seguramente sin ambicionarlo, a la alta -estima y consideracin de su grey y de su pueblo, por el ejemplo ms -que por la accin; por la tolerancia, ms que por la represin; por el -amor y la templanza ms que por el mando. Su notable poltica result, -as, una consecuencia de su temperamento, no una obra de su clculo.</p> +<p>Se impuso, quizá sin quererlo, seguramente sin ambicionarlo, a la alta +estima y consideración de su grey y de su pueblo, por el ejemplo más +que por la acción; por la tolerancia, más que por la represión; por el +amor y la templanza más que por el mando. Su notable política resultó, +así, una consecuencia de su temperamento, no una obra de su cálculo.</p> -<p>Y aquel justo vivi, sin duda, constantemente perplejo entre su Ideal +<p>Y aquel justo vivió, sin duda, constantemente perplejo entre su Ideal cristiano y sus ineludibles obligaciones de gobernante.</p> -<p>La accin acaso sea incompatible son la santidad.</p> +<p>La acción acaso sea incompatible son la santidad.</p> <p>La equidad, la justicia, la virtud, no son sino eternas aspiraciones al bien absoluto. Procurad imponerlas entre los hombres como ley, y -los bajos intereses de la vida os rechazarn, como a Jess y como a -Scrates. Desde tal punto de vista, todo juez es injusto, y todo -apstol es exclusivista...</p> +los bajos intereses de la vida os rechazarán, como a Jesús y como a +Sócrates. Desde tal punto de vista, todo juez es injusto, y todo +apóstol es exclusivista...</p> <p>Abstenerse de fallos definitivos; rehuir a las implacables condenaciones; renunciar, por amor a la verdad, a la posibilidad de -equivocarse; olvidar la perptua contradiccin entre lo real y lo +equivocarse; olvidar la perpétua contradicción entre lo real y lo ideal, atormentado por el temor de ser alguna vez injusto o inhumano; -buscarse, esperar en silencio, ms all de la mezquina existencia -mortal el advenimiento del Reino de Dios: he aqu el ideal del asceta, +buscarse, esperar en silencio, más allá de la mezquina existencia +mortal el advenimiento del Reino de Dios: he aquí el ideal del asceta, es decir, del justo, del santo, del puro cristiano.</p> -<p>Y en pocas de discusin, de examen, de transmutacin de valores -morales, este tipo superior de religioso<span class="pagenum"><a name="Page_81" id="Page_81">[81]</a></span> es tanto ms admirable, +<p>Y en épocas de discusión, de examen, de transmutación de valores +morales, este tipo superior de religioso<span class="pagenum"><a name="Page_81" id="Page_81">[81]</a></span> es tanto más admirable, cuanto menos posible en la moderna sociedad.</p> -<p>No consultar, acaso, como pastor las necesidades materiales de su -causa, ni dar a su misin el esplendor de un principado, influyente y -mundano; pero ser, como hombre, un alto exponente de la dignidad -humana, toda vez que el Ideal marque una meta de perfeccin a la +<p>No consultará, acaso, como pastor las necesidades materiales de su +causa, ni dará a su misión el esplendor de un principado, influyente y +mundano; pero será, como hombre, un alto exponente de la dignidad +humana, toda vez que el Ideal marque una meta de perfección a la conducta.<span class="pagenum"><a name="Page_82" id="Page_82">[82]</a></span></p> @@ -1847,103 +1831,103 @@ LOS CAMPOS</h2> <h2><a name="EL_ERQUE" id="EL_ERQUE"></a>EL ERQUE</h2> -<p>El erque es una flauta travesera de caa, larga hasta de tres metros, +<p>El erque es una flauta travesera de caña, larga hasta de tres metros, que remata en una bocina arqueada de cola de vaca unas veces y otra en un gran cuerno.</p> <p>Desde la embocadura hasta el punto en que se apoya la mano, la flauta -va forrada de unos listones de suncho amarrados con hilo de lana. As +va forrada de unos listones de suncho amarrados con hilo de lana. Así se asegura la rigidez del instrumento y se le aisla un poco del -contacto para que vibre mejor. Es de industria indgena y la fabrica a +contacto para que vibre mejor. Es de industria indígena y la fabrica a su gusto el mismo que la toca.</p> <p>Usan el "erque" los naturales de las quebradas y altiplanicies -andinas, pastores y leadores que salen de madrugada para los cerros, -caminan el da entero por abras y breas y a la tardecita vuelven -tocando el "erque" con la majada delante y el haz de lea a la +andinas, pastores y leñadores que salen de madrugada para los cerros, +caminan el día entero por abras y breñas y a la tardecita vuelven +tocando el "erque" con la majada delante y el haz de leña a la espalda.</p> -<p>La naturaleza sin el hombre que la puebla es cosa muerta. La poesa de -la montaa no slo radica en la grandiosidad agreste del paisaje, en +<p>La naturaleza sin el hombre que la puebla es cosa muerta. La poesía de +la montaña no sólo radica en la grandiosidad agreste del paisaje, en la blandura lejana de las nieves, el salvaje rodar de los torrentes, o el florecimiento encantador del amancay y la berbena.<span class="pagenum"><a name="Page_86" id="Page_86">[86]</a></span></p> -<p>Sobre todo eso que es tan hermoso, hay algo ms hermoso todava, +<p>Sobre todo eso que es tan hermoso, hay algo más hermoso todavía, porque nos ayuda a interpretar y a sentir; y es el hombre: el indio, -hijo de la tierra, su hechura y su trasunto y su emocin.</p> +hijo de la tierra, su hechura y su trasunto y su emoción.</p> -<p>Podrn las gentes de sangre europea vivir cien aos ms en estos -montes, y aun amar la tierra que conquistaron los abuelos espaoles; -pero el secreto vnculo del suelo con su raza, nos estar vedado hasta -quien sabe cundo: acaso para siempre.</p> +<p>Podrán las gentes de sangre europea vivir cien años más en estos +montes, y aun amar la tierra que conquistaron los abuelos españoles; +pero el secreto vínculo del suelo con su raza, nos estará vedado hasta +quien sabe cuándo: acaso para siempre.</p> <p>No estamos hechos de la misma sustancia que nutre el amancay y la -berbena; no conocemos el semblante de cada rincn de cielo en cada +berbena; no conocemos el semblante de cada rincón de cielo en cada valle; las humildes hierbas de los campos no alivian nuestros males; -los cndores no vienen a saltear nuestros rebaos en las cumbres; no -sabemos cmo se corta una quirusilla en un despeadero sin que se -enoje el cerro; jams podramos cazar una vicua con la mano o con un +los cóndores no vienen a saltear nuestros rebaños en las cumbres; no +sabemos cómo se corta una quirusilla en un despeñadero sin que se +enoje el cerro; jamás podríamos cazar una vicuña con la mano o con un simple hilo; nada nos dice de antiguo y legendario el eterno zumbar del viento en los cardones; somos intrusos en esta tierra sagrada de razas milenarias que se extinguen; la naturaleza nos es casi hostil; -el indio, su primognito, desconfa siempre del blanco metalizado y +el indio, su primogénito, desconfía siempre del blanco metalizado y codicioso.</p> -<p>Una noche de luna yo comprend todo eso. Fu en el campo.</p> +<p>Una noche de luna yo comprendí todo eso. Fué en el campo.</p> -<p>Un indio baj de una quebrada con su perro. Vena a vender su leita -en el casero. Bajaba tocando el erque.</p> +<p>Un indio bajó de una quebrada con su perro. Venía a vender su leñita +en el caserío. Bajaba tocando el erque.</p> -<p>El, al toparme en su camino, se call, pero yo le rogu que +<p>El, al toparme en su camino, se calló, pero yo le rogué que continuase.</p> <p>Y a la vera de un arroyo, en la honda quebrada,<span class="pagenum"><a name="Page_87" id="Page_87">[87]</a></span> mientras rielaba la -luna por el azul infinito, el erque larg a los vientos su msica +luna por el azul infinito, el erque largó a los vientos su música salvaje.</p> -<p>Pero aquello no es precisamente una msica. Es el origen de la msica. -Es la congoja humana ensayando en un rstico tubo el ritmo de su -primer estremecimiento. Es el gemido transformndose en acorde.</p> +<p>Pero aquello no es precisamente una música. Es el origen de la música. +Es la congoja humana ensayando en un rústico tubo el ritmo de su +primer estremecimiento. Es el gemido transformándose en acorde.</p> -<p>Escuchndole de cerca se percibe el hen!... penoso del llanto: En la +<p>Escuchándole de cerca se percibe el ¡hen!... penoso del llanto: En la embocadura de la flauta se siente sollozar al indio; en la bocina se -siente la vibracin profunda del sollozo. En la embocadura es aun la -emocin, el alma individual del indio; en la bocina es ya el alma de +siente la vibración profunda del sollozo. En la embocadura es aun la +emoción, el alma individual del indio; en la bocina es ya el alma de una estirpe que muere.</p> -<p>No puede darse una msica ms orgnica, ms expresiva, ms conmovedora +<p>No puede darse una música más orgánica, más expresiva, más conmovedora en su crudeza.</p> -<p>El indio toca de pie, con la mano izquierda sostiene la caa por la -embocadura, con la derecha la mantiene de travs, estirando el brazo.</p> +<p>El indio toca de pie, con la mano izquierda sostiene la caña por la +embocadura, con la derecha la mantiene de través, estirando el brazo.</p> -<p>Segn la nota, la flauta sube o baja, o va de un lado al otro. Es una +<p>Según la nota, la flauta sube o baja, o va de un lado al otro. Es una esgrima particular. Si la nota es grave, la tosca bocina se abate -rasando el suelo, abarcando con mayor o menor lentitud el aire, segn +rasando el suelo, abarcando con mayor o menor lentitud el aire, según lo requiera la intensidad del tono. Si la nota se aguza, si va -subiendo, la caa va levantndose en amplio crculo, hasta apuntar al +subiendo, la caña va levantándose en amplio círculo, hasta apuntar al cielo; y la nota se refuerza en sonoridad cuando se opone al curso del viento.</p> <p>De esta suerte, la tierra madre y el aire fiel participan, ayudan, -alientan, dan cuerpo al grito del corazn; acogen el ntimo dolor del +alientan, dan cuerpo al grito del corazón; acogen el íntimo dolor del hombre, se lo apropian y lo difunden en alas del eco por las -concavidades de la montaa.<span class="pagenum"><a name="Page_88" id="Page_88">[88]</a></span></p> +concavidades de la montaña.<span class="pagenum"><a name="Page_88" id="Page_88">[88]</a></span></p> <p>Y mientras el hombre toca, el perro se aduerme a sus pies, como arrobado en la misma tristeza del amigo.</p> -<p>El indio es un viejo de puro tipo incsico. Est vestido con el burdo -cordillate de los telares montaeses, calzado con la ojota ligera del -pastor, cubierto con el amplio sombrero blanco de ovejn del lugareo. -Nada en esto es extico. En cada detalle hay el sello de una tradicin +<p>El indio es un viejo de puro tipo incásico. Está vestido con el burdo +cordillate de los telares montañeses, calzado con la ojota ligera del +pastor, cubierto con el amplio sombrero blanco de ovejón del lugareño. +Nada en esto es exótico. En cada detalle hay el sello de una tradición y de una raza.</p> -<p>Y al conjuro de esta msica tan genuinamente amarga, parecen despertar -en los senos desiertos de la montaa los genios tutelares de un pasado +<p>Y al conjuro de esta música tan genuinamente amarga, parecen despertar +en los senos desiertos de la montaña los genios tutelares de un pasado remoto y desconocido, el espectro inconsolable de los guerreros-pastores, vencidos y conquistados, que vagan por las abras -al blanco y melanclico fulgor de la luna.</p> +al blanco y melancólico fulgor de la luna.</p> @@ -1953,79 +1937,79 @@ al blanco y melanclico fulgor de la luna.</p> <p>El Serapio Guantay era puestero de cabras en el cerro del Remate, en -el fondo de la quebrada del Ro Blanco. En lo alto de una meseta de -aluvin cortada a pique por las crecientes, estaba el rancho, humilde -y rstico, semejante a una pequea mancha parduzca, perdida en la +el fondo de la quebrada del Río Blanco. En lo alto de una meseta de +aluvión cortada a pique por las crecientes, estaba el rancho, humilde +y rústico, semejante a una pequeña mancha parduzca, perdida en la verdura agreste del paisaje. En aquel sitio la quebrada se encajona -entre desfiladeros bordeados de queoas y de alisos, el declive se +entre desfiladeros bordeados de queñoas y de alisos, el declive se pronuncia, y el torrente salta sobre un cauce de pedrones desiguales, pulidos por el eterno trabajo del agua.</p> -<p>Dos cuadras ms abajo, al borde casi del talud, alzbase el ranchito +<p>Dos cuadras más abajo, al borde casi del talud, alzábase el ranchito de la Leona Abracaita, la vaquera, la ahijada de la adivina, vieja -harpa que curaba por secreto, haca quesos y sembraba papas en un -bolsn del cerro.</p> +harpía que curaba por secreto, hacía quesos y sembraba papas en un +bolsón del cerro.</p> -<p>Para la Candelaria, para San Juan y la Pascua, y aun si haba velorios -y casamientos, la bruja y su ahijada bajaban a los caseros y -negociaban sus productos. Hospedbanse en casa de alguna comadre, -junto al camino<span class="pagenum"><a name="Page_90" id="Page_90">[90]</a></span> por donde van las remesas de Chile. Juntbanse all -las mujeres y los barraganes y al montono toque de la caja, se -entregaban por das al holgorio del baile y de la chicha.</p> +<p>Para la Candelaria, para San Juan y la Pascua, y aun si había velorios +y casamientos, la bruja y su ahijada bajaban a los caseríos y +negociaban sus productos. Hospedábanse en casa de alguna comadre, +junto al camino<span class="pagenum"><a name="Page_90" id="Page_90">[90]</a></span> por donde van las remesas de Chile. Juntábanse allí +las mujeres y los barraganes y al monótono toque de la caja, se +entregaban por días al holgorio del baile y de la chicha.</p> <p>El Serapio Guantay era zamarro como el venado arisco que nace en las -abras. Dos o tres veces al ao se presentaba en la "sala", para -frangollar su abasto de maz en el molino y rendirle al patrn la -cuenta de las pariciones, que se las repartan por mitad, conforme al +abras. Dos o tres veces al año se presentaba en la "sala", para +frangollar su abasto de maíz en el molino y rendirle al patrón la +cuenta de las pariciones, que se las repartían por mitad, conforme al uso de las fincas.</p> -<p>Hurao y taciturno, poco se daba el Serapio con sus vecinas nicas. Y -para su vida frugal de pastor era bastante el avo de harina tostada, -la chuspa de coca y el locro chirle que se cocinaba l mismo, avivando +<p>Huraño y taciturno, poco se daba el Serapio con sus vecinas únicas. Y +para su vida frugal de pastor era bastante el avío de harina tostada, +la chuspa de coca y el locro chirle que se cocinaba él mismo, avivando el rescoldo, al caer por las tardes a su rancho.</p> -<p>Encerraba sus cabras en el corralito de pircas, tumbbase al calor del -hogar en el suelo limpio, y se dorma como tronco, hasta que lo +<p>Encerraba sus cabras en el corralito de pircas, tumbábase al calor del +hogar en el suelo limpio, y se dormía como tronco, hasta que lo despertaba el fulgor del amanecer.</p> -<p>Ninguna extraa inquietud vena a turbar su montaraz adolescencia, y -no conoci ms fiestas que el retozo bellaco de las cabras, el brillo -del padre sol y la matinal algaraba de los pjaros.</p> +<p>Ninguna extraña inquietud venía a turbar su montaraz adolescencia, y +no conoció más fiestas que el retozo bellaco de las cabras, el brillo +del padre sol y la matinal algarabía de los pájaros.</p> <p>Pero una tarde la Leona y el Serapio se toparon, como al acaso, en una mesada. La vaquera apacentaba su ganado; andaba el pastor cuidando el -suyo. La vaquera iba hilando un velln, girando en el aire la rueca. -El pastor llevaba el avo a la espalda y la honda en la diestra.</p> +suyo. La vaquera iba hilando un vellón, girando en el aire la rueca. +El pastor llevaba el avío a la espalda y la honda en la diestra.</p> -<p>El azar los puso cerca; el instinto los junt.<span class="pagenum"><a name="Page_91" id="Page_91">[91]</a></span> Y en el filo de una -loma, sobre el pastizal oliente a berbena y ans, la india, ms -aviesa, lo inici al indio, ms ingnuo, en el raro misterio que +<p>El azar los puso cerca; el instinto los juntó.<span class="pagenum"><a name="Page_91" id="Page_91">[91]</a></span> Y en el filo de una +loma, sobre el pastizal oliente a berbena y anís, la india, más +aviesa, lo inició al indio, más ingénuo, en el raro misterio que cumplen las cabras y las vacas, que trajina el polen en las patas diminutas de las abejas, que puebla el soto de inquietas y esmaltadas mariposas, y que hace cada primavera florecer el amancay blanco y la -begonia escarlata entre las breas.</p> +begonia escarlata entre las breñas.</p> <p>Desde aquella tarde los dos indios volvieron a encontrarse siempre, y juntos divagaron por los cerros, descubriendo el encanto de los callados sitios, oyendo al eco repetir sus gritos en las altas barrancas, mirando rodar por los precipicios las gruesas galgas que aflojaban al borde, triscando a la par de los chivos en las paradas -laderas, o escondindose a veces de algn viajero que cruzaba, all -abajo, en su mula, el spero pedregal del torrente.</p> +laderas, o escondiéndose a veces de algún viajero que cruzaba, allá +abajo, en su mula, el áspero pedregal del torrente.</p> <p>Y cuando vino el carnaval con sus jineteadas y sus zambras y su chicha de oro; cuando vino el carnaval con el boato de sus cintas -multicolores y el montono retumbo de sus cajas y la msica doliente -de sus largos erques, el Serapio tras la Leona baj para el casero.</p> +multicolores y el monótono retumbo de sus cajas y la música doliente +de sus largos erques, el Serapio tras la Leona bajó para el caserío.</p> -<p>Pero la Leona, inconstante como buena hembra nmade, se mezcl en las -borracheras con otros mozos ms <i>churos</i> y ms ricos; y el mircoles +<p>Pero la Leona, inconstante como buena hembra nómade, se mezcló en las +borracheras con otros mozos más <i>churos</i> y más ricos; y el miércoles de ceniza, muy al alba, lo hallaron al Serapio los peones de la finca, tendido boca abajo, borracho, a la orilla del camino.</p> -<p>El indio se march esa maana al puerto del Remate. Se fu cantando, -embrutecido, con el acerbo<span class="pagenum"><a name="Page_92" id="Page_92">[92]</a></span> amargor del primer desengao en el pecho, -sonndole en las orejas todava el comps de la caja y una copla:</p> +<p>El indio se marchó esa mañana al puerto del Remate. Se fué cantando, +embrutecido, con el acerbo<span class="pagenum"><a name="Page_92" id="Page_92">[92]</a></span> amargor del primer desengaño en el pecho, +sonándole en las orejas todavía el compás de la caja y una copla:</p> <div class="poem"><div class="stanza"> <span class="i2"><i>Tengo mi chacrita,</i><br /></span> @@ -2034,17 +2018,17 @@ sonndole en las orejas todava el comps de la caja y una copla:</p> <span class="i0"><i>para carnaval...</i><br /></span> </div></div> -<p>La vieja adivina maquin sin duda, con sus malas artes, contra el -pobre pastor en la parranda; y en adelante la Leona tuvo compaa y -hubo en el rancho quien pudiese labrar con ms vigor que la vieja los -sembrados del cerro.</p> +<p>La vieja adivina maquinó sin duda, con sus malas artes, contra el +pobre pastor en la parranda; y en adelante la Leona tuvo compaña y +hubo en el rancho quien pudiese labrar con más vigor que la vieja los +sembradíos del cerro.</p> <p>Pero el Serapio Guantay era zamarro como el venado arisco, obstinado -como el toro, astuto como el puma. Tena en los ojos mansos la -pasividad, y en el corazn y en el msculo dormida la fiereza +como el toro, astuto como el puma. Tenía en los ojos mansos la +pasividad, y en el corazón y en el músculo dormida la fiereza ancestral de la raza...</p> -<p>Y como se alza la bestia herida, se alz l a los cerros, para errar +<p>Y como se alza la bestia herida, se alzó él a los cerros, para errar cantando por las cumbres la estrofa alegre, mirando siempre en el fondo el ranchito de la Leona:</p> @@ -2056,96 +2040,96 @@ fondo el ranchito de la Leona:</p> </div></div> <p>La quebrada, casi seca en invierno, despliega en verano<span class="pagenum"><a name="Page_93" id="Page_93">[93]</a></span> todo el lujo -de su flora tropical. En das despejados el sol ardiente, blanco, +de su flora tropical. En días despejados el sol ardiente, blanco, violento, pone en las herbosas laderas ricos matices de fiesta.</p> -<p>Pero en horas de tormenta la quebrada se vuelve sombra y amenazante -bajo las nubes plomizas que el huracn empuja y hace encallar en las -cimas. El rayo parte las peas metlicas como a golpes de hacha; las -laderas empapadas se desbarrancan con estruendo en los caadones; el -viento retuerce y quiebra los frgiles alisos y las fornidas tipas; el -oscuro cielo se desfonda en lluvia, y el agua rpida, enloquecida, -elstica, socava las peas y arrea cauce abajo piedras enormes que son +<p>Pero en horas de tormenta la quebrada se vuelve sombría y amenazante +bajo las nubes plomizas que el huracán empuja y hace encallar en las +cimas. El rayo parte las peñas metálicas como a golpes de hacha; las +laderas empapadas se desbarrancan con estruendo en los cañadones; el +viento retuerce y quiebra los frágiles alisos y las fornidas tipas; el +oscuro cielo se desfonda en lluvia, y el agua rápida, enloquecida, +elástica, socava las peñas y arrea cauce abajo piedras enormes que son para el torrente ligeras como la arena para el embate de la ola.</p> <p>Y en una de esas noches espantosas en que el fragor de la tormenta -sacuda las montaas, el Serapio Guantay, frente a su puesto del +sacudía las montañas, el Serapio Guantay, frente a su puesto del Remate, se puso a forcejear con un monolito que vacilaba en su quicio, carcomido por el agua.</p> -<p>El indio volc la piedra. La corriente, desbordada, cambi de madre. -El aluvin tap ms abajo el rancho de la bruja. Y el sol ardiente y -blanco del siguiente da ilumin con resplandores de fiesta el lujo +<p>El indio volcó la piedra. La corriente, desbordada, cambió de madre. +El aluvión tapó más abajo el rancho de la bruja. Y el sol ardiente y +blanco del siguiente día iluminó con resplandores de fiesta el lujo tropical del paisaje solitario y desierto.</p> <hr style="width: 45%;" /> -<p>Han transcurrido muchos aos. En el lugar donde se alzaba el rancho de +<p>Han transcurrido muchos años. En el lugar donde se alzaba el rancho de la bruja hay una cruz. El puesto del Remate es una ruina. Y a veces, -andando en<span class="pagenum"><a name="Page_94" id="Page_94">[94]</a></span> noche tormentosa por el lugar, a la crdena luz de un -relmpago, el viajero ve un hombre que, de pie sobre una pea, alza -los brazos como en una pavorosa imprecacin de duelo.</p> +andando en<span class="pagenum"><a name="Page_94" id="Page_94">[94]</a></span> noche tormentosa por el lugar, a la cárdena luz de un +relámpago, el viajero ve un hombre que, de pie sobre una peña, alza +los brazos como en una pavorosa imprecación de duelo.</p> -<p>Dicen algunos que no es ms que un rbol seco, una rugosa queoa: para -muchos, es an el genio trgico de una venganza, el fantasma +<p>Dicen algunos que no es más que un árbol seco, una rugosa queñoa: para +muchos, es aún el genio trágico de una venganza, el fantasma inconsolable del pastor.</p> <hr style="width: 65%;" /> <p><span class="pagenum"><a name="Page_95" id="Page_95">[95]</a></span></p> -<h2><a name="EL_GAUCHO_SALTENO" id="EL_GAUCHO_SALTENO"></a>EL GAUCHO SALTEO</h2> +<h2><a name="EL_GAUCHO_SALTENO" id="EL_GAUCHO_SALTENO"></a>EL GAUCHO SALTEÑO</h2> <p>Quince leguas adentro del Rosario de la Frontera, en viaje a las Mercedes, hicimos alto para almorzar en un puesto que estaba en una falda, en pleno monte, al otro lado de un arroyo, que costeaba el -camino. El dueo, un gaucho de tipo morisco, nos acogi con toda clase -de atenciones. Adems, como la subida a la casa presenta ciertas -dificultades para unos compaeros mos que venan en araa, el gaucho -le grit a su hijo, luego de hacernos pasar a la cocina:</p> +camino. El dueño, un gaucho de tipo morisco, nos acogió con toda clase +de atenciones. Además, como la subida a la casa presenta ciertas +dificultades para unos compañeros míos que venían en araña, el gaucho +le gritó a su hijo, luego de hacernos pasar a la cocina:</p> -<p>—A ver, muchacho! Mostrles el camino a esos seores. Y te has de +<p>—¡A ver, muchacho! Mostráles el camino a esos señores. ¡Y te has de sacar el sombrero!</p> -<p>Y mientras de pie, en el patio completamente barrido, comamos un -asado a la caucana, gozbamos del sabroso y chispeante decir de -nuestro husped. Burlbase l de la porfa de las gallinas que -picoteaban las migas de pan en medio de nuestras piernas; rease de -los perros flacos y <i>garrapatientos</i>, que laman vidamente el sebo de -los guardamontes recin sobados, y amenazaban quitarnos la comida de +<p>Y mientras de pie, en el patio completamente barrido, comíamos un +asado a la caucana, gozábamos del sabroso y chispeante decir de +nuestro huésped. Burlábase él de la porfía de las gallinas que +picoteaban las migas de pan en medio de nuestras piernas; reíase de +los perros flacos y <i>garrapatientos</i>, que lamían ávidamente el sebo de +los guardamontes recién sobados, y amenazaban quitarnos la comida de las manos.<span class="pagenum"><a name="Page_96" id="Page_96">[96]</a></span></p> -<p>—A ver, muchacho!—grit el gaucho.—Agarr pues esa lonja, pegles +<p>—¡A ver, muchacho!—gritó el gaucho.—¡Agarrá pues esa lonja, pegáles una <i>variada</i> a los perros!</p> -<p>Enarbol el muchacho la lonja, volaron cacareando las gallinas al -algarrobo y al techo del rancho, apartronse rehacios los perros hasta -el guardapatio, y el gaucho reanud su pintoresca charla, sentndose +<p>Enarboló el muchacho la lonja, volaron cacareando las gallinas al +algarrobo y al techo del rancho, apartáronse rehacios los perros hasta +el guardapatio, y el gaucho reanudó su pintoresca charla, sentándose en una robusta silla de <i>tientos</i> (tiras de cuero crudo), bajo el aro donde charlaba sin cesar el loro, excitado por el repentino bullicio de la casa.</p> -<p>Por el patio se arrastraba un chico invlido, tullido.</p> +<p>Por el patio se arrastraba un chico inválido, tullido.</p> -<p>—Qu tiene este muchacho?—pregunt.</p> +<p>—¿Qué tiene este muchacho?—pregunté.</p> -<p>—Si as no ms ha <i>quedao</i>, con media res <i>cida</i>, desde un empacho.</p> +<p>—Si así no más ha <i>quedao</i>, con media res <i>cáida</i>, desde un empacho.</p> -<p>Bajo la ramada que cubra la nica puerta del rancho, envuelta en un -negro rebozo, acurrucada en su catre de tientos, la abuela padeca una +<p>Bajo la ramada que cubría la única puerta del rancho, envuelta en un +negro rebozo, acurrucada en su catre de tientos, la abuela padecía una jaqueca implacable. Nosotros le dimos unos sellos de aspirina y al -rato mejor.</p> +rato mejoró.</p> <p>Al tiempo de irnos hubimos de discutir para que el gaucho nos aceptase -paga por el caldo y el breve hospedaje. Se mostr agradecido por -algunas pequeas provisiones que le dejamos. Dijo que l no poda +paga por el caldo y el breve hospedaje. Se mostró agradecido por +algunas pequeñas provisiones que le dejamos. Dijo que él no podía correspondernos de otro modo que no cobrando.</p> -<p>Esta generosidad del fronterizo contrasta con la tacaera de los -indios de la quebrada del Toro y de los valles calchaques, acaso -porque las exigencias de la vida agrcola y precaria de las montaas -aguzan en el incsico un sentido de la economa, que el gaucho, +<p>Esta generosidad del fronterizo contrasta con la tacañería de los +indios de la quebrada del Toro y de los valles calchaquíes, acaso +porque las exigencias de la vida agrícola y precaria de las montañas +aguzan en el incásico un sentido de la economía, que el gaucho, exclusivamente pastor, mejor favorecido por el clima, no posee.</p> @@ -2155,120 +2139,120 @@ exclusivamente pastor, mejor favorecido por el clima, no posee.</p> <h2><a name="LA_SELVA_DE_ANTA3" id="LA_SELVA_DE_ANTA3"></a>LA SELVA DE ANTA<a name="FNanchor_3_3" id="FNanchor_3_3"></a><a href="#Footnote_3_3" class="fnanchor">[3]</a></h2> -<p>Una maana salimos en busca de una anta que <i>paraba</i>, segn decan, -como a seis leguas de la casa. El animal haba sido notado haca poco, -en los dominios del puestero o Ventura. Este deba guiarnos monte -adentro, al capataz y a m, hasta dar con el anta, lo que no result +<p>Una mañana salimos en busca de una anta que <i>paraba</i>, según decían, +como a seis leguas de la casa. El animal había sido notado hacía poco, +en los dominios del puestero ño Ventura. Este debía guiarnos monte +adentro, al capataz y a mí, hasta dar con el anta, lo que no resultó tan sencillo. Me facilitaron una cabalgadura gaucha, incluso guardamontes, cuchillo y coleto; tres cosas sin las cuales no hay tampoco gaucho<a href="#Footnote_3_3" class="fnanchor">[3]</a>. El guardamonte protege las piernas, el coleto el -cuerpo, el cuchillo la cara del jinete, contra la maraa, espessima y -brava a veces. Adems el gaucho, para correr en el monte, se cala -guantes de cuero fabricados por l mismo, y un sombrero retobado de +cuerpo, el cuchillo la cara del jinete, contra la maraña, espesísima y +brava a veces. Además el gaucho, para correr en el monte, se cala +guantes de cuero fabricados por él mismo, y un sombrero retobado de cuero por toda la copa. Para ver mejor es preciso abotonar sobre la -frente el ala en la copa del sombrero; esto es chotearse el ala. As +frente el ala en la copa del sombrero; esto es chotearse el ala. Así armado, sin olvidar el barbijo, el gaucho<span class="pagenum"><a name="Page_98" id="Page_98">[98]</a></span> arremete a todo galope por la selva, seguido por los perros, si tiene que repuntar hacienda o pillar un toro enmoscado.</p> -<p>A o Ventura le ofrecimos un winchester de los que nosotros -llevbamos; pero dijo que l no necesitaba de <i>garabinas</i>, y que para +<p>A ño Ventura le ofrecimos un winchester de los que nosotros +llevábamos; pero dijo que él no necesitaba de <i>garabinas</i>, y que para armas, su cuchillo y su lazo eran bastantes.</p> -<p>Entramos en la quebrada de los Noques por una senda que haba que -desbrozar en parte a cuchillo, pues slo la frecuentaba el ganado. La -senda, bajo un palio de enramadas, costeaba el arroyo, cruzndolo de -trecho en trecho. El bosque permanece verde todo el ao, vivificado +<p>Entramos en la quebrada de los Noques por una senda que había que +desbrozar en parte a cuchillo, pues sólo la frecuentaba el ganado. La +senda, bajo un palio de enramadas, costeaba el arroyo, cruzándolo de +trecho en trecho. El bosque permanece verde todo el año, vivificado por abundantes manantiales que sueltan desde los cerros su agua clara y rica. A medida que nos internamos en la quebrada, se presentan con -mayor frecuencia grandes extensiones sombras cubiertas de enormes +mayor frecuencia grandes extensiones sombrías cubiertas de enormes helechos, tan altos como nosotros a caballo. Se percibe el olor -particular del humos. Las plantas parsitas cubren todos los troncos y +particular del humos. Las plantas parásitas cubren todos los troncos y todas las ramas; todo lo invaden los helechos, los musgos, las enredaderas. Una quina gigante se abre paso hacia arriba, hasta -dominar con su copa la sombra espesura. Un cedro ancho y rugoso +dominar con su copa la sombría espesura. Un cedro ancho y rugoso oprime como un abuelo, entre sus recias rodillas, el tronco blanco y -fino de un chalchal. El arrayn, generoso, difunde su grato olor. Las +fino de un chalchal. El arrayán, generoso, difunde su grato olor. Las tipas, sociables, siempre en grupos, son las centenarias matronas del bosque. A veces, sobresalen del suelo blando, que suena a hueco, -speros filos de roca, lobanillos geolgicos, dura osamenta de la -selva. Cien metros en torno, slo se mira un entrevero de tallos +ásperos filos de roca, lobanillos geológicos, dura osamenta de la +selva. Cien metros en torno, sólo se mira un entrevero de tallos verdes<span class="pagenum"><a name="Page_99" id="Page_99">[99]</a></span> y de hojas, por donde se filtra intensa la luz del sol. -Andbamos escuchando. Ningn rumor, ningn sonido lejano haca suponer +Andábamos escuchando. Ningún rumor, ningún sonido lejano hacía suponer en el monte la presencia de animal alguno.</p> -<p>Si hacamos un alto, los perros, conscientes de nuestro sigilo, +<p>Si hacíamos un alto, los perros, conscientes de nuestro sigilo, habituados al acecho, husmeaban cautelosos y paraban las orejas, conteniendo el aliento.</p> -<p>Habamos andado as media maana, quebrada arriba, por las ensenadas +<p>Habíamos andado así media mañana, quebrada arriba, por las ensenadas de bosque de una y otra margen, cuando sentimos <i>achar</i> los perros, -una cuadra delante, en un grupo de tipas. Prepar el rifle, apur el -caballo, me met en el monte, perd el sombrero; me pic una ortiga -brava en un dedo, y al fin llegu donde ladraban los perros. Era una +una cuadra delante, en un grupo de tipas. Preparé el rifle, apuré el +caballo, me metí en el monte, perdí el sombrero; me picó una ortiga +brava en un dedo, y al fin llegué donde ladraban los perros. ¡Era una pandilla de monos!</p> -<p>Me descolgu temblando del caballo, rod por una ladera hasta una -zanja enlodada, y empec a escupir balas.</p> +<p>Me descolgué temblando del caballo, rodé por una ladera hasta una +zanja enlodada, y empecé a escupir balas.</p> -<p>Hice ms de treinta tiros sin matar nada. Entre tiro y tiro los -monitos me espiaban agazapados, abrazados a los gapos, y emitan su -gritillo particular de afliccin. Los vi dar saltos prodigiosos y -desaparecer entre las lianas, mientras los perros se hacan pedazos en -las espinas, al tratar de alcanzarlos. Era una familia de <i>cebs +<p>Hice más de treinta tiros sin matar nada. Entre tiro y tiro los +monitos me espiaban agazapados, abrazados a los gapos, y emitían su +gritillo particular de aflicción. Los vi dar saltos prodigiosos y +desaparecer entre las lianas, mientras los perros se hacían pedazos en +las espinas, al tratar de alcanzarlos. Era una familia de <i>cebús fatuellus</i>, o mono de los organistas, especie muy abundante en Anta y -en todo el Chaco salteo.</p> +en todo el Chaco salteño.</p> -<p>Estos monitos se alimentan en invierno de una planta epfita de los -grandes rboles, llamada <i>carda</i> por los gauchos. Contienen estas +<p>Estos monitos se alimentan en invierno de una planta epífita de los +grandes árboles, llamada <i>carda</i> por los gauchos. Contienen estas plantas agua en la base de las hojas. Hallando pues, comida y bebida -en las copas de los rboles, los monos jams bajan al suelo por su -gusto.<span class="pagenum"><a name="Page_100" id="Page_100">[100]</a></span> Y as, de rama en rama caminan leguas, monte adentro, -sirvindoles de puentes las intrincadas lianas que ligan las copas de -los rboles.</p> +en las copas de los árboles, los monos jamás bajan al suelo por su +gusto.<span class="pagenum"><a name="Page_100" id="Page_100">[100]</a></span> Y así, de rama en rama caminan leguas, monte adentro, +sirviéndoles de puentes las intrincadas lianas que ligan las copas de +los árboles.</p> -<p>A propsito de los monos, o Ventura me cont lo siguiente: mientras +<p>A propósito de los monos, ño Ventura me contó lo siguiente: mientras unos peones de la estancia desmontaban un rastrojo destinado a maizal, en pleno bosque virgen, los perros descubrieron a cuatro monitos en un -grupo de rboles que los hachadores dejaran aislados del monte. Ante +grupo de árboles que los hachadores dejaran aislados del monte. Ante la furia de los perros sitiadores del reducto, los pobres monitos dieron tales pruebas de espanto, que los peones se compadecieron. -Venan presurosos hasta las ramas bajas desde donde, comprobada la +Venían presurosos hasta las ramas bajas desde donde, comprobada la gravedad del caso, se encaramaban chillando a las altas ramas. Los -hombres, enternecidos por aquellos patticos gestos, renunciaron a +hombres, enternecidos por aquellos patéticos gestos, renunciaron a pillarlos, y pusieron en libertad a los monos, ahuyentando antes a los perros.</p> -<p>Despus del intil tiroteo hemos seguido el camino, rastreando el -anta. Yo miraba a donde lo vea mirar a o Ventura, y esperaba +<p>Después del inútil tiroteo hemos seguido el camino, rastreando el +anta. Yo miraba a donde lo veía mirar a ño Ventura, y esperaba descubrir de improviso los ojos negros de una corzuela asustada, -brillando con salvaje curiosidad entre las hojas; o crea ver en las -cortezas recin lastimadas el rastro de algn len, y lo buscaba entre -los yuyarales, donde lo sospechaba agazapado. Y observaba en o -Ventura que iba delante, la completa identificacin, la -compenetracin, puedo decir, del gaucho y la selva. El la auscultaba -cauteloso, hasta muy lejos; y cuando se paraba a escuchar, o Ventura -tena actitudes de gato. Sus sentidos descubran en el suelo, en las -hojas, en las ramas, huellas invisibles<span class="pagenum"><a name="Page_101" id="Page_101">[101]</a></span> para m. Parado en los +brillando con salvaje curiosidad entre las hojas; o creía ver en las +cortezas recién lastimadas el rastro de algún león, y lo buscaba entre +los yuyarales, donde lo sospechaba agazapado. Y observaba en ño +Ventura que iba delante, la completa identificación, la +compenetración, puedo decir, del gaucho y la selva. El la auscultaba +cauteloso, hasta muy lejos; y cuando se paraba a escuchar, ño Ventura +tenía actitudes de gato. Sus sentidos descubrían en el suelo, en las +hojas, en las ramas, huellas invisibles<span class="pagenum"><a name="Page_101" id="Page_101">[101]</a></span> para mí. Parado en los estribos, estirado el cuello, apoyadas las manos al borde del -guardamonte, pareca balconear la espesura. Al paso del caballo, y aun -a media rienda, ha adquirido el hbito del cuerpeo entre el ramaje; su -cintura flexible se quiebra, su cuerpo repta, deslizndose entre las +guardamonte, parecía balconear la espesura. Al paso del caballo, y aun +a media rienda, ha adquirido el hábito del cuerpeo entre el ramaje; su +cintura flexible se quiebra, su cuerpo repta, deslizándose entre las zarzas con facilidad de serpiente, sin que las piernas, naturalmente apretadas a los flancos, se muevan siquiera, porque va en el caballo -encajado ms que montado.</p> +encajado más que montado.</p> -<p>Y no hay para qu concluir este relato, si algo grfico he contado de -la selva y del gaucho. o Ventura, en una de esas, se ape y se larg -cerro arriba, lazo en mano, cuchillo al cinturn: pero nos fu -imposible seguirle a pie. Haba encontrado en un caaveral rastros -frescos del anta. Como se estuviese por entrar el sol, me volv con el -capataz a la casa. Aquel da habamos caminado diez leguas en los -cerros. o Ventura, se present, a la siguiente tarde, con el cuero -del anta cazada. La encontr—dijo—bandose en un pozo del arroyo, -le ech los perros, dos de los cuales murieron, ahogados. Despus la -enlaz y la apuale. El cuero es el ms fuerte que se conoce, para -riendas y dems prendas de apero.<span class="pagenum"><a name="Page_102" id="Page_102">[102]</a></span></p> +<p>Y no hay para qué concluir este relato, si algo gráfico he contado de +la selva y del gaucho. Ño Ventura, en una de esas, se apeó y se largó +cerro arriba, lazo en mano, cuchillo al cinturón: pero nos fué +imposible seguirle a pie. Había encontrado en un cañaveral rastros +frescos del anta. Como se estuviese por entrar el sol, me volví con el +capataz a la casa. Aquel día habíamos caminado diez leguas en los +cerros. Ño Ventura, se presentó, a la siguiente tarde, con el cuero +del anta cazada. La encontró—dijo—bañándose en un pozo del arroyo, +le echó los perros, dos de los cuales murieron, ahogados. Después la +enlazó y la apuñaleó. El cuero es el más fuerte que se conoce, para +riendas y demás prendas de apero.<span class="pagenum"><a name="Page_102" id="Page_102">[102]</a></span></p> @@ -2279,71 +2263,71 @@ riendas y dems prendas de apero.<span class="pagenum"><a name="Page_102" id="Pa <div class="signature"><i>Estancia del Rey, en Anta; Mayo de 1912.</i><br /><br /></div> -<p>Yo deseaba conocer a o Cruz Guez, puestero del Campo Azul. Ayer +<p>Yo deseaba conocer a ño Cruz Guíez, puestero del Campo Azul. Ayer tarde hemos ido a visitarlo a su rancho. En el patio hemos hallado al -hombre, montado en un trozo de rbol, cosindole las mangas a su -coleto. Muy cortsmente nos ha recibido; nos ha invitado a echar a pie -tierra. Despus ha soportado con cachaza las bromas de un amigo mo, -empeado en estimular el ingenio del gaucho.</p> +hombre, montado en un trozo de árbol, cosiéndole las mangas a su +coleto. Muy cortésmente nos ha recibido; nos ha invitado a echar a pie +tierra. Después ha soportado con cachaza las bromas de un amigo mío, +empeñado en estimular el ingenio del gaucho.</p> -<p>—Dicen que usted ha cazado tigres por estos lugares?</p> +<p>—¿Dicen que usted ha cazado tigres por estos lugares?</p> -<p>—Velay, en ese algarrobo estn colgadas las cabezas,—contest Cruz, -mostrndonos un montn de calaveras en que lucan magnficos +<p>—Velay, en ese algarrobo están colgadas las cabezas,—contestó Cruz, +mostrándonos un montón de calaveras en que lucían magníficos colmillos.</p> -<p>—No creo que haya tigres por ac,—observ mi amigo.—Estas cabezas +<p>—No creo que haya tigres por acá,—observó mi amigo.—Estas cabezas deben ser del gato de monte. Los fronterizos tienen fama de contar buenos cuentos...</p> <p>Pero el gaucho respetuoso e impasible a la vez, con<span class="pagenum"><a name="Page_104" id="Page_104">[104]</a></span> el absoluto -dominio de s propio y la confianza en el propio valer que infunde la -vida libre, sonrea dulcemente al percatarse de la intencin de las -bromas, y no responda ms que a las preguntas en que podra instruir -a los amigos del patrn,—hombres puebleros,—sobre las cosas del -campo. Nos ha mostrado la piel del ltimo tigre, oreada, recin sacada -de las estacas. Meda ms de metro y medio del hocico a la base de la -cola. Despus nos ha explicado ciertos detalles de una cacera.</p> - -<p>Un da que sali a campear al cerro, haba encontrado los restos de un +dominio de sí propio y la confianza en el propio valer que infunde la +vida libre, sonreía dulcemente al percatarse de la intención de las +bromas, y no respondía más que a las preguntas en que podría instruir +a los amigos del patrón,—hombres puebleros,—sobre las cosas del +campo. Nos ha mostrado la piel del último tigre, oreada, recién sacada +de las estacas. Medía más de metro y medio del hocico a la base de la +cola. Después nos ha explicado ciertos detalles de una cacería.</p> + +<p>Un día que salió a campear al cerro, había encontrado los restos de un ternero, mal tapados con tierra y palos por el tigre, que acostumbra -esconder la presa. Y algunos das despus, Cruz haba cado en la +esconder la presa. Y algunos días después, Cruz había caído en la huella del <i>bicho</i>, junto con dos puesteros vecinos suyos. Llevaban entre los tres como cuarenta perros, <i>livianitos</i> y <i>con la guata -floja</i>. Aqu no se concibe un puestero sin perros. Cualquiera posee +floja</i>. Aquí no se concibe un puestero sin perros. Cualquiera posee diez o doce, brutos la mayor parte, flacos, hambrientos, feos, pero insuperables en los trabajos del pastoreo.</p> -<p>Y a fuerza de rastrearlo al tigre por montes y breales, al fin lo +<p>Y a fuerza de rastrearlo al tigre por montes y breñales, al fin lo hallaron los perros, y cuando estuvo empacado de espaldas a un cedro -enorme, o Cruz Guez le meti en la cabeza una bala de su <i>garabina</i>; +enorme, ño Cruz Guíez le metió en la cabeza una bala de su <i>garabina</i>; una bala, de las dos que consigo llevara; y como el bicho no muriese -todava, hubo de ensartarle el otro plomo en el corazn.</p> +todavía, hubo de ensartarle el otro plomo en el corazón.</p> -<p>—Esta es la calavera de ese;—deca o Cruz, mostrndonos el crneo -fresco an.—Yo le apunt al codillo, pero le pegu en la quijada, -aqu. Entonces le tuve<span class="pagenum"><a name="Page_105" id="Page_105">[105]</a></span> que hacer el otro tiro. Peg un bramido fiero -y se tumb <i>antarca</i>, despaletndome un perrito de un manotazo. Varios +<p>—Esta es la calavera de ese;—decía ño Cruz, mostrándonos el cráneo +fresco aún.—Yo le apunté al codillo, pero le pegué en la quijada, +aquí. Entonces le tuve<span class="pagenum"><a name="Page_105" id="Page_105">[105]</a></span> que hacer el otro tiro. Pegó un bramido fiero +y se tumbó <i>antarca</i>, despaletándome un perrito de un manotazo. Varios perros quedaron, por confianzudos, con las tripas al aire; y otros -andan por <i>hi</i>, lastimados, con la gusanera. A ocasiones el tigre +andan por <i>áhi</i>, lastimados, con la gusanera. A ocasiones el tigre desloma un caschi de un zarpazo. Por esto se deja ver que es animal de mucha potencia. Cuando uno le apunta lo mira frente a frente y a la -vez de errarle el tiro, no s pues lo que le espera al cazador. Cuando -brama enfurecido, en la pelotera, acosado por los perros ms +vez de errarle el tiro, no sé pues lo que le espera al cazador. Cuando +brama enfurecido, en la pelotera, acosado por los perros más baqueanos, los cuzcos chicos se sueltan llorando con el rabo entre las piernas y los caballos tiritan, como si estuviesen con la tembladera.</p> <p>Pero el gaucho no hace alarde de su arrojo. Narra, simplemente, su -caso y os invita para que le acompais en la prxima batida. No sabe -lo que es el miedo. Sus msculos, fuertes como el guayacn, nunca -tiemblan ante el <i>bicho</i>, seor de la selva, salteador del ganado; y +caso y os invita para que le acompañéis en la próxima batida. No sabe +lo que es el miedo. Sus músculos, fuertes como el guayacán, nunca +tiemblan ante el <i>bicho</i>, señor de la selva, salteador del ganado; y con la misma tranquilidad con que sonriendo recoge a brazadas el lazo, -dispara la nica bala de su carabina sobre la temible fiera.</p> +dispara la única bala de su carabina sobre la temible fiera.</p> -<p>Cruz Guez es el prototipo del gaucho fronterizo. Alto, de contextura -atltica, ingenuo rostro, negros y apacibles ojos, de movimientos -fciles como el gato del monte, y de nimo alegre, como el cantar -jubiloso de las chuas que en la linde del bosque salvaje saludan el +<p>Cruz Guíez es el prototipo del gaucho fronterizo. Alto, de contextura +atlética, ingenuo rostro, negros y apacibles ojos, de movimientos +fáciles como el gato del monte, y de ánimo alegre, como el cantar +jubiloso de las chuñas que en la linde del bosque salvaje saludan el alba.<span class="pagenum"><a name="Page_106" id="Page_106">[106]</a></span></p> @@ -2361,20 +2345,20 @@ HISTORIETAS Y CUENTOS</h2> <h2><a name="UN_VIAJE_RARO" id="UN_VIAJE_RARO"></a>UN VIAJE RARO</h2> -<p>Seran las 11 de la noche del 13 de Febrero de 1905, (fecha memorable -en los anales del crimen), cuando mont a caballo y part de casa, +<p>Serían las 11 de la noche del 13 de Febrero de 1905, (fecha memorable +en los anales del crimen), cuando monté a caballo y partí de casa, rumbo a la Calderilla.</p> <p>Veraneaba en la Calderilla mi amigo U... con su familia, y era yo su -husped y acompaante.</p> +huésped y acompañante.</p> -<p>Y digo acompaante, porque no haba all otros pantalones que U... y +<p>Y digo acompañante, porque no había allí otros pantalones que U... y el paraje es solitario y asaz aislado.</p> <p>Recostada en la falda de una loma, la casa de U... domina la ancha -playa del ro Caldera. Veinte cuadras al frente, costeando la banda +playa del río Caldera. Veinte cuadras al frente, costeando la banda opuesta, corre el camino a Jujuy. Un espeso bosque de tuscas y -algarrobos cubre los terrenos adyacentes al ro. Cruzando el de +algarrobos cubre los terrenos adyacentes al río. Cruzando el de Wierna, como quien va de Salta a la Caldera, el monte se tupe, y hay un largo trayecto deshabitado, guarida frecuente de coyas cuatreros o de malhechores.</p> @@ -2382,131 +2366,131 @@ de malhechores.</p> <p>En dos ocasiones la <i>sala</i> de la Calderilla ha sido asaltada, aunque, felizmente, sin resultado.</p> -<p>El peligro de un viaje nocturno por la regin no es,<span class="pagenum"><a name="Page_110" id="Page_110">[110]</a></span> pues, tan -remoto; y slo la irreflexin propia de la juventud nos vedaba +<p>El peligro de un viaje nocturno por la región no es,<span class="pagenum"><a name="Page_110" id="Page_110">[110]</a></span> pues, tan +remoto; y sólo la irreflexión propia de la juventud nos vedaba temerlo.</p> -<p>As, a cualquier hora, caballeros en nuestras estudiantiles jacas, -entecas y flojas, pasbamos sin pizca de miedo las playas speras y el -enmaraado monte.</p> +<p>Así, a cualquier hora, caballeros en nuestras estudiantiles jacas, +entecas y flojas, pasábamos sin pizca de miedo las playas ásperas y el +enmarañado monte.</p> -<p>Luego de atravesar aquella noche, al galope, la ciudad, me sujet ms -all de la estacin, y puse el caballo al tranco. Haba luna, pero un -grueso y oscuro nublado encapotaba el valle de cumbre a cumbre, y slo -a ratos la blanca claridad se difunda por los campos. El ambiente -pesado y hmedo amagaba lluvia.</p> +<p>Luego de atravesar aquella noche, al galope, la ciudad, me sujeté más +allá de la estación, y puse el caballo al tranco. Había luna, pero un +grueso y oscuro nublado encapotaba el valle de cumbre a cumbre, y sólo +a ratos la blanca claridad se difundía por los campos. El ambiente +pesado y húmedo amagaba lluvia.</p> -<p>Bien sujeto el revlver al cinturn, me requint el chambergo para +<p>Bien sujeto el revólver al cinturón, me requinté el chambergo para mejor ver; puse un <i>acullico</i> de coca y un trago de ginebra, y -aadiendo acullicos a tragos y tragos a acullicos, dime a pensar en +añadiendo acullicos a tragos y tragos a acullicos, dime a pensar en cosas indiferentes. Y avanzaba entre el clamor confuso de ranas y sapos y sabandijas, que de los charcos, y de los yuyos y de todos los -vericuetos, levantan por la noche en las campias su obstinado, -infinito vocero.</p> +vericuetos, levantan por la noche en las campiñas su obstinado, +infinito vocerío.</p> <p>Sin otra novedad que algunos perros bravos que me salieron al paso, -qued Vaqueros a mi espalda. En Wierna entr a comprar fsforos en el +quedó Vaqueros a mi espalda. En Wierna entré a comprar fósforos en el boliche de Medina.</p> -<p>Reanudada la marcha, y no muy lejos an del boliche, me sorprendi el -galope de un jinete que vena en sentido contrario por mi camino y -que, antes de enfrentarme, se precipit en el monte. Al otro lado del -ro Wierna me detuve. Un silbido agudo haba hendido el aire. El ruido -atronador del agua me haba impedido apreciar de dnde vena el +<p>Reanudada la marcha, y no muy lejos aún del boliche, me sorprendió el +galope de un jinete que venía en sentido contrario por mi camino y +que, antes de enfrentarme, se precipitó en el monte. Al otro lado del +río Wierna me detuve. Un silbido agudo había hendido el aire. El ruido +atronador del agua me había impedido apreciar de dónde venía el silbido.<span class="pagenum"><a name="Page_111" id="Page_111">[111]</a></span></p> -<p>—Qu ser?...—me dije. Y segu viaje, algo receloso, todo ojos y -odos.</p> +<p>—¿Qué será?...—me dije. Y seguí viaje, algo receloso, todo ojos y +oídos.</p> -<p>En aquel momento la oscuridad aumentaba, as es que me cost un poco -hallar el camino a la Calderilla, donde el monte es ms denso. De -cuando en cuando el viento traa de lejos el retumbo de una caja, o el -acento salvaje de un canto indgena; y a veces, el mujido melanclico -de algn toro perdido en las caadas pasaba en alas del eco sobre el +<p>En aquel momento la oscuridad aumentaba, así es que me costó un poco +hallar el camino a la Calderilla, donde el monte es más denso. De +cuando en cuando el viento traía de lejos el retumbo de una caja, o el +acento salvaje de un canto indígena; y a veces, el mujido melancólico +de algún toro perdido en las cañadas pasaba en alas del eco sobre el pavoroso silencio de la noche.</p> <p>Hubo de hacer entretanto la ginebra su efecto, con lo que a poco me -sent valiente y despreocupado. As es que no me asust el bulto de un +sentí valiente y despreocupado. Así es que no me asustó el bulto de un jinete plantado en medio camino, con quien casi me estrello.</p> -<p>El hombre deba estar dormido, porque lo habl y no contest, y -borracho adems, porque, llegndome a l cuanto pude, vi que tena +<p>El hombre debía estar dormido, porque lo hablé y no contestó, y +borracho además, porque, llegándome a él cuanto pude, vi que tenía inclinado el cuerpo sobre el cogote de su cabalgadura, que era una -mula. El animal se haba quitado el freno, aprovechando del sueo de +mula. El animal se había quitado el freno, aprovechando del sueño de su amo; y le quedaba de rienda la piola del bozal enredada a unas -ramas. No poda, pues, disparar, aunque lo intent cuando me acerqu.</p> +ramas. No podía, pues, disparar, aunque lo intentó cuando me acerqué.</p> -<p>Dime cuenta del peligro que el pobre borracho corra, a discrecin de -una mula maera, y de a caballo desenred la piola, decidiendo +<p>Dime cuenta del peligro que el pobre borracho corría, a discreción de +una mula mañera, y de a caballo desenredé la piola, decidiendo llevarme al jinete a lugar seguro. La mula, impaciente al principio, -concluy por acostumbrarse al tiro, se oli con mi caballo y se me +concluyó por acostumbrarse al tiro, se olió con mi caballo y se me puso a la par.</p> <p>El jinete marcaba con descomunales flexiones de cintura las -desigualdades del camino. Clavbase de cabeza,<span class="pagenum"><a name="Page_112" id="Page_112">[112]</a></span> a un lado y al otro, y -en las subidas se tiraba atrs, como un mueco, tocando el anca con el -sombrero, pero mantena las piernas apretadas a los ijares de la mula, -de lo cual deduje que sera buen domador.</p> +desigualdades del camino. Clavábase de cabeza,<span class="pagenum"><a name="Page_112" id="Page_112">[112]</a></span> a un lado y al otro, y +en las subidas se tiraba atrás, como un muñeco, tocando el anca con el +sombrero, pero mantenía las piernas apretadas a los ijares de la mula, +de lo cual deduje que sería buen domador.</p> <p>Sin cuidarme poco ni mucho del individuo, yo iba recitando unos versos adecuados a la hora, cuando se me ocurre pararme, para encender un -cigarrillo. Observ que el borracho haba perdido el sombrero y -continuaba echado hacia atrs.—Eh, amigo!—le grit al raspar el -fsforo.</p> +cigarrillo. Observé que el borracho había perdido el sombrero y +continuaba echado hacia atrás.—¡Eh, amigo!—le grité al raspar el +fósforo.</p> -<p>Y entonces, a la claridad amarillenta del fsforo, vi una cara de -muerto! Una cara de muerto, ensangrentada, horrible! Una cabellera +<p>¡Y entonces, a la claridad amarillenta del fósforo, vi una cara de +muerto! ¡Una cara de muerto, ensangrentada, horrible! ¡Una cabellera revuelta en mechones, una boca entreabierta, unos ojos opacos!</p> -<p>La mula, con el fsforo, se tendi de costado y a todo correr -desapareci en lo espeso del monte.</p> +<p>La mula, con el fósforo, se tendió de costado y a todo correr +desapareció en lo espeso del monte.</p> -<p>Tan grande fu mi sorpresa que me qued clavado en el sitio. Pero la -ginebra, el amor propio y el revlver me templaron la fibra, y logr +<p>Tan grande fué mi sorpresa que me quedé clavado en el sitio. Pero la +ginebra, el amor propio y el revólver me templaron la fibra, y logré rehacerme y reflexionar.</p> -<p>Y me acometi una sospecha terrible.—Habra habido aquella noche un -nuevo asalto en la Calderilla? Sera, quizs, el difunto, algn pen -de mi amigo U...? El jinete del boliche sera acaso un asesino que -hua? El silbido habra sido una seal de alarma, para avisar que -alguien cruzaba el ro?</p> +<p>Y me acometió una sospecha terrible.—¿Habría habido aquella noche un +nuevo asalto en la Calderilla? ¿Sería, quizás, el difunto, algún peón +de mi amigo U...? El jinete del boliche ¿sería acaso un asesino que +huía? El silbido ¿habría sido una señal de alarma, para avisar que +alguien cruzaba el río?</p> -<p>En tal caso, me haban espiado y me aguardaba una muerte inminente! Y -me imagin despanzurrado, como<span class="pagenum"><a name="Page_113" id="Page_113">[113]</a></span> es de uso, entre dos lazos echados de +<p>¡En tal caso, me habían espiado y me aguardaba una muerte inminente! Y +me imaginé despanzurrado, como<span class="pagenum"><a name="Page_113" id="Page_113">[113]</a></span> es de uso, entre dos lazos echados de improviso, a un tiempo, desde los opuestos bordes del camino.</p> -<p>S! Ya no me cupo duda! Desenfund el revlver, y con el ardor de -las supremas aventuras, arranqu al trote. Pronto pas el ro de la -Caldera. La casa de la Calderilla se present a mi vista. Ya oa -claramente los ladridos de los perros! Pero en la casa no se vean -luces, y este detalle aument mi ansiedad.</p> +<p>¡Sí! ¡Ya no me cupo duda! Desenfundé el revólver, y con el ardor de +las supremas aventuras, arranqué al trote. Pronto pasé el río de la +Caldera. La casa de la Calderilla se presentó a mi vista. ¡Ya oía +claramente los ladridos de los perros! Pero en la casa no se veían +luces, y este detalle aumentó mi ansiedad.</p> -<p>De repente, sent por el camino un tropel de galopes, luego un alarido -salvaje, y dos jinetes sofrenaron sus caballos frente a frente de m, -cortndome el paso.</p> +<p>De repente, sentí por el camino un tropel de galopes, luego un alarido +salvaje, y dos jinetes sofrenaron sus caballos frente a frente de mí, +cortándome el paso.</p> -<p>Uno de ellos, con ademn calmoso, se tir el poncho al hombro, sac -debajo una cosa que relumbraba y la alz en alto.</p> +<p>Uno de ellos, con ademán calmoso, se tiró el poncho al hombro, sacó +debajo una cosa que relumbraba y la alzó en alto.</p> -<p>Me ech al suelo en un amn, y parapetado en mi caballo, le apunt a -mampuesta! Iba a amartillar mi revlver, cuando el hombre dijo con +<p>¡Me eché al suelo en un amén, y parapetado en mi caballo, le apunté a +mampuesta! Iba a amartillar mi revólver, cuando el hombre dijo con seca y aguardentosa voz:</p> -<p>—Srvase compaero!—y me alcanz una botella.</p> +<p>—¡Sírvase compañero!—y me alcanzó una botella.</p> -<p>Exasperado, le respond con una maldicin, y montando de nuevo, llegu +<p>Exasperado, le respondí con una maldición, y montando de nuevo, llegué a la casa, donde mi amigo U... me esperaba.</p> -<p>Djome que aquella noche haba reinado en la casa la ms completa paz.</p> +<p>Díjome que aquella noche había reinado en la casa la más completa paz.</p> -<p>Sin embargo, dos das despus, supimos el brbaro exterminio de la +<p>Sin embargo, dos días después, supimos el bárbaro exterminio de la familia Quipildor, perpetrado en un ranchito de Wierna, la noche del -13. El difunto que yo encontr result ser don Onofre Quipildor, el -jefe de la familia, que haba sido amarrado a la mula por los +13. El difunto que yo encontré resultó ser don Onofre Quipildor, el +jefe de la familia, que había sido amarrado a la mula por los bandidos, con el fin de sembrar el terror.<span class="pagenum"><a name="Page_114" id="Page_114">[114]</a></span></p> <p>Los asesinos nunca fueron tomados. Pero es casi seguro que se trataba -de una de tantas fechoras del famoso Juan Jimnez, y sus cmplices +de una de tantas fechorías del famoso Juan Jiménez, y sus cómplices Polo y Cejador.</p> @@ -2516,134 +2500,134 @@ Polo y Cejador.</p> <h2><a name="EL_ULTIMO_VUELO" id="EL_ULTIMO_VUELO"></a>EL ULTIMO VUELO</h2> -<p>Fu la noche del 25 al 26 de Enero.</p> +<p>Fué la noche del 25 al 26 de Enero.</p> -<p>A travs del espeso nublado, se tamizaba, en tenue resplandor grisceo +<p>A través del espeso nublado, se tamizaba, en tenue resplandor grisáceo y uniforme, la luz de la luna llena. A ratos garuaba.</p> -<p>Excitados por el caf, agobiados por la miseria y el aburrimiento, -compelidos por el deseo de lo inslito, resolvimos excursionar hasta +<p>Excitados por el café, agobiados por la miseria y el aburrimiento, +compelidos por el deseo de lo insólito, resolvimos excursionar hasta la cumbre del cerro.</p> -<p>La media noche sera cuando empezamos a trepar, paso a paso, por el +<p>La media noche sería cuando empezamos a trepar, paso a paso, por el empinado y tortuoso camino de la quebrada seca que divide al San Bernardo en dos gigantescas moles.</p> -<p>La mojazn de la tierra untuosa y resbaladiza dificultaba ms el -ascenso, ya de suyo pesado, y a nuestros zapatos la greda se adhera -ponindoles un reborde embarazoso y grotesco.</p> +<p>La mojazón de la tierra untuosa y resbaladiza dificultaba más el +ascenso, ya de suyo pesado, y a nuestros zapatos la greda se adhería +poniéndoles un reborde embarazoso y grotesco.</p> <p>Hacia la mitad de la cuesta, desde un punto donde la pendiente se -hincha en agrio declive, alzndose sobre las caadas laterales, -tenebrosas y quietas, pudimos admirar en la planicie la fantstica -simetra de las luces<span class="pagenum"><a name="Page_116" id="Page_116">[116]</a></span> de la ciudad, brillando en el fondo del valle -cual las bujas innumerables que en el cuento oriental mostraba la -muerte como prontas a extinguirse, al espritu atribulado del +hincha en agrio declive, alzándose sobre las cañadas laterales, +tenebrosas y quietas, pudimos admirar en la planicie la fantástica +simetría de las luces<span class="pagenum"><a name="Page_116" id="Page_116">[116]</a></span> de la ciudad, brillando en el fondo del valle +cual las bujías innumerables que en el cuento oriental mostraba la +muerte como prontas a extinguirse, al espíritu atribulado del agonizante.</p> -<p>El poeta Pealva sudaba a mares, lo que no le impeda incurrir en -rebuscadas metforas dantescas, con aquellos sus desmesurados ojos +<p>El poeta Peñalva sudaba a mares, lo que no le impedía incurrir en +rebuscadas metáforas dantescas, con aquellos sus desmesurados ojos absortos de hipnosis y aquella hirsuta melena aventada por la locura.</p> -<p>Kolbenheyer, jovial, alucinado, irrealista, jadeaba en la ascensin -difcil, al aspirar el hmedo vaho de la tierra: el autor de <i>El falso -hijo de la Beltraneja</i> reconstrua mentalmente los monstruos -terciarios cuyos fsiles tal vez hollbamos, y que poblaran en +<p>Kolbenheyer, jovial, alucinado, irrealista, jadeaba en la ascensión +difícil, al aspirar el húmedo vaho de la tierra: el autor de <i>El falso +hijo de la Beltraneja</i> reconstruía mentalmente los monstruos +terciarios cuyos fósiles tal vez hollábamos, y que poblarían en remotos siglos el paraje.</p> <p>Llegamos a una explanada donde el camino forma un recodo para ascender en mansa pendiente hasta la estatua del Redentor.</p> <p>Bajo el denso nublado que tapaba todos los rumbos del horizonte, -contemplbamos a nuestra derecha, all abajo, a travs del fino -follaje de los cebiles, el resplandor de la ciudad adormecida. Veamos +contemplábamos a nuestra derecha, allá abajo, a través del fino +follaje de los cebiles, el resplandor de la ciudad adormecida. Veíamos a la izquierda la hondonada profunda que, a espaldas del San Bernardo, se extiende, boscosa y desierta, sin una sola luz de rancho, sin un -rumor de vida, prolongada en inmensa melancola crepuscular, hasta el +rumor de vida, prolongada en inmensa melancolía crepuscular, hasta el valle de la Caldera.</p> -<p>All nos detuvimos a descansar. El silencio nocturno era imponente. El -dilogo, animado al principio, haba decado hasta el soliloquio.</p> +<p>Allí nos detuvimos a descansar. El silencio nocturno era imponente. El +diálogo, animado al principio, había decaído hasta el soliloquio.</p> -<p>El poeta Pealva permaneca de pie, al parecer<span class="pagenum"><a name="Page_117" id="Page_117">[117]</a></span> abismado en la -contemplacin del panorama. En cierto momento vi que alzaba los brazos -y haca un extrao ademn de vuelo. Pareca un cuervo, inmvil en la -piedra sobre la cual se haba detenido.</p> +<p>El poeta Peñalva permanecía de pie, al parecer<span class="pagenum"><a name="Page_117" id="Page_117">[117]</a></span> abismado en la +contemplación del panorama. En cierto momento vi que alzaba los brazos +y hacía un extraño ademán de vuelo. Parecía un cuervo, inmóvil en la +piedra sobre la cual se había detenido.</p> <p>Kolbenheyer, de cara a la ciudad, acaso pensaba en la leyenda oriental, al ver apagarse, de cuando en cuando, las luces de la -lejana.</p> +lejanía.</p> -<p>Yo me haba tumbado en tierra y procuraba localizar en el cielo, a -travs de las nubes, la posicin de la luna.</p> +<p>Yo me había tumbado en tierra y procuraba localizar en el cielo, a +través de las nubes, la posición de la luna.</p> -<p>Transcurri un tiempo largo, durante el cual no se habl palabra.</p> +<p>Transcurrió un tiempo largo, durante el cual no se habló palabra.</p> -<p>Despus, me incorpor un poco; Kolbenheyer se haba echado a su vez -boca arriba. Pealva segua de pie. Su silueta inmvil me impresion. -Me levant, me acerqu a l. Lo llam en voz baja. Como no -respondiese, lo toqu en el hombro, pero tampoco se movi. Entonces, -mirndole los ojos comprob que estaba dormido: dormido en sueo -hipntico, las pupilas desmesuradamente abiertas.</p> +<p>Después, me incorporé un poco; Kolbenheyer se había echado a su vez +boca arriba. Peñalva seguía de pie. Su silueta inmóvil me impresionó. +Me levanté, me acerqué a él. Lo llamé en voz baja. Como no +respondiese, lo toqué en el hombro, pero tampoco se movió. Entonces, +mirándole los ojos comprobé que estaba dormido: dormido en sueño +hipnótico, las pupilas desmesuradamente abiertas.</p> -<p>Mi sensacin fu de angustia. He aqu, me dije, las resultas de esa -mana de autosugestionarse, de mi extravagante amigo.</p> +<p>Mi sensación fué de angustia. He aquí, me dije, las resultas de esa +manía de autosugestionarse, de mi extravagante amigo.</p> -<p>En vano Kolbenheyer acudi en mi ayuda. Intiles fueron los esfuerzos +<p>En vano Kolbenheyer acudió en mi ayuda. Inútiles fueron los esfuerzos para despertarle.</p> -<p>—Bueno, est enviciado,—dijo Kolbenheyer.—Y como ni usted ni yo -sabemos de hipnotismo, dejmoslo aqu hasta que despierte, pues slo -l podra despertarse. Entre tanto vmonos hasta el Cristo, a -contemplar<span class="pagenum"><a name="Page_118" id="Page_118">[118]</a></span> la ciudad desde esa altura. All tocaremos la campana; -quiz con el ruido se despierte.</p> +<p>—Bueno, está enviciado,—dijo Kolbenheyer.—Y como ni usted ni yo +sabemos de hipnotismo, dejémoslo aquí hasta que despierte, pues sólo +él podría despertarse. Entre tanto vámonos hasta el Cristo, a +contemplar<span class="pagenum"><a name="Page_118" id="Page_118">[118]</a></span> la ciudad desde esa altura. Allí tocaremos la campana; +quizá con el ruido se despierte.</p> -<p>Acced, y nos alejamos por el cerrado camino. As anduvimos largo +<p>Accedí, y nos alejamos por el cerrado camino. Así anduvimos largo trecho, sin hablarnos.</p> <p>La solemnidad de la noche se complicaba con aquel incidente, un tanto -raro, un tanto cmico. Dos cuadras ms all, Kolbenheyer, cogindome -del brazo, balbuce:</p> +raro, un tanto cómico. Dos cuadras más allá, Kolbenheyer, cogiéndome +del brazo, balbuceó:</p> -<p>—Estara muerto?...</p> +<p>—¿Estaría muerto?...</p> -<p>Aquella pregunta me impresion vivamente, la emocin ahog mi voz, las -lgrimas me saltaron a los ojos:</p> +<p>Aquella pregunta me impresionó vivamente, la emoción ahogó mi voz, las +lágrimas me saltaron a los ojos:</p> -<p>—Imposible!—dije, aferrndome a la lgica, pero atrado por la -violenta fascinacin de lo sobrenatural.</p> +<p>—¡Imposible!—dije, aferrándome a la lógica, pero atraído por la +violenta fascinación de lo sobrenatural.</p> <p>Luego, movidos por el mismo impulso, arrastrados por la misma torturante duda, echamos a correr cuesta abajo, para ver al poeta.</p> -<p>Al llegar al sitio donde le habamos dejado, Kolbenheyer, que iba -delante, grit:</p> +<p>Al llegar al sitio donde le habíamos dejado, Kolbenheyer, que iba +delante, gritó:</p> -<p>—Eh, brbaro! No est! No est aqu!</p> +<p>—¡Eh, bárbaro! ¡No está! ¡No está aquí!</p> -<p>Las piernas se me aflojaron. Interrogu con los ojos extraviados al -cebilar negro y mudo, y grit a mi vez:</p> +<p>Las piernas se me aflojaron. Interrogué con los ojos extraviados al +cebilar negro y mudo, y grité a mi vez:</p> -<p>—Pealva, Pealva!...</p> +<p>—¡Peñalva, Peñalva!...</p> -<p>Y el eco devolvi las ltimas slabas desde el caadn vecino: -alba!... alba!</p> +<p>Y el eco devolvió las últimas sílabas desde el cañadón vecino: +¡alba!... ¡alba!</p> -<p>Y Kolbenheyer y yo, atnitos ante la piedra que momentos antes +<p>Y Kolbenheyer y yo, atónitos ante la piedra que momentos antes sirviera de peana a nuestro loco amigo, nos interrogamos mutuamente, desconcertados.</p> -<p>Haban transcurrido algunos minutos. El silencio<span class="pagenum"><a name="Page_119" id="Page_119">[119]</a></span> era en aquel +<p>Habían transcurrido algunos minutos. El silencio<span class="pagenum"><a name="Page_119" id="Page_119">[119]</a></span> era en aquel instante, aterrador. La hondonada abierta a nuestros pies era una sima impenetrable.</p> -<p>Y de pronto, de ah cerca, de muy cerca, acaso a tres metros de -nosotros, del fondo de la maraa tenebrosa y brava, se alz en el -aire, viol el silencio, un aleteo lento, un chapoteo lgubre; y un -enorme vampiro, un monstruo absurdo como una creacin de delirio, se -alej volando.</p> +<p>Y de pronto, de ahí cerca, de muy cerca, acaso a tres metros de +nosotros, del fondo de la maraña tenebrosa y bravía, se alzó en el +aire, violó el silencio, un aleteo lento, un chapoteo lúgubre; y un +enorme vampiro, un monstruo absurdo como una creación de delirio, se +alejó volando.</p> -<p>Arturo Pealva haba muerto.</p> +<p>Arturo Peñalva había muerto.</p> <p>En el mismo sitio le hallamos descalabrado, al pie de un cebil.</p> <p><span class="pagenum"><a name="Page_120" id="Page_120">[120]</a></span></p> @@ -2654,123 +2638,123 @@ alej volando.</p> <h2><a name="LA_CACERIA_DE_PATOS" id="LA_CACERIA_DE_PATOS"></a>LA CACERIA DE PATOS</h2> -<p>Aconsejo a las seoras mams que no les permitan a sus hijos salir de -caza los domingos por la maana.</p> +<p>Aconsejo a las señoras mamás que no les permitan a sus hijos salir de +caza los domingos por la mañana.</p> -<p>Cuando el nio toma la escopeta y se mete cincuenta cartuchos en el -tirador, tenga por cierto la mam que algn desastre se prepara.</p> +<p>Cuando el niño toma la escopeta y se mete cincuenta cartuchos en el +tirador, tenga por cierto la mamá que algún desastre se prepara.</p> -<p>Si alguna vez, lector, te sucede la desgracia de tener un nio, -cralo, te lo aconsejo, entre algodones; y cuando le toque ir a la -escuela, t en persona has de acarrearlo, para evitar las malas -compaas. Porque es necesario saber de una vez que todo nio es -bueno, y que son las malas compaas las que lo echan a perder. A +<p>Si alguna vez, lector, te sucede la desgracia de tener un niño, +críalo, te lo aconsejo, entre algodones; y cuando le toque ir a la +escuela, tú en persona has de acarrearlo, para evitar las malas +compañías. Porque es necesario saber de una vez que todo niño es +bueno, y que son las malas compañías las que lo echan a perder. A causa de ello empiezan a volverse respondones y desobedientes.</p> -<p>En mi niez he sido de angelical naturaleza, hasta que en quinto grado +<p>En mi niñez he sido de angelical naturaleza, hasta que en quinto grado escolar contraje amistad con el gringo Burela y el fiero Garnica, par -de cachafaces que me ensearon a hacer la rabona, y a los cuales, dado -mi precoz espritu de emulacin, no tard mucho en sobrepasar.<span class="pagenum"><a name="Page_122" id="Page_122">[122]</a></span></p> +de cachafaces que me enseñaron a hacer la rabona, y a los cuales, dado +mi precoz espíritu de emulación, no tardé mucho en sobrepasar.<span class="pagenum"><a name="Page_122" id="Page_122">[122]</a></span></p> -<p>Con ese nobilsimo compaerismo de la infancia que se fortifica hasta +<p>Con ese nobilísimo compañerismo de la infancia que se fortifica hasta el sacrificio en cuatro barrabasadas hechos de consuno, amaba yo al -gringo Burela y al fiero Garnica ms que a mis padres.</p> +gringo Burela y al fiero Garnica más que a mis padres.</p> -<p>Mi alma inquieta y ansiosa de libertad slo hallaba en la casa donde -se desvivan por educarme, los odiosos sermones consuetudinarios, las +<p>Mi alma inquieta y ansiosa de libertad sólo hallaba en la casa donde +se desvivían por educarme, los odiosos sermones consuetudinarios, las penitencias de narices a la pared, y los coscorrones, agudos como aleznas, de mi madre. Por eso me gustaba la escuela, pues en ella al -menos me era dado embromar a gusto. Qu diferencia con el hogar!</p> +menos me era dado embromar a gusto. ¡Qué diferencia con el hogar!</p> -<p>All reinaba yo, en las camorras de los recreos, compartiendo el botn -de trompos y bolillas, con esos dos amigos, bravos proslitos, cuya -compaa hubo de costarme tantas lgrimas.</p> +<p>Allí reinaba yo, en las camorras de los recreos, compartiendo el botín +de trompos y bolillas, con esos dos amigos, bravos prosélitos, cuya +compañía hubo de costarme tantas lágrimas.</p> -<p>Llevbanme ambos tres o cuatro aos en edad, y el fiero Garnica la +<p>Llevábanme ambos tres o cuatro años en edad, y el fiero Garnica la cabeza en estatura. En cuanto al gringo Burela, que en paz descanse, -ya lo describ cuando relat su ominoso asesinato.</p> +ya lo describí cuando relaté su ominoso asesinato.</p> -<p>El hecho es que un domingo, al alba, me escap de casa para irme con +<p>El hecho es que un domingo, al alba, me escapé de casa para irme con mis dos amigos a cazar patos a la Lagunilla.</p> -<p>Durante los coloquios de nuestras rabonas, habamos acariciado, desde -meses atrs, esta cacera, que asuma en mi imaginacin de lector de +<p>Durante los coloquios de nuestras rabonas, habíamos acariciado, desde +meses atrás, esta cacería, que asumía en mi imaginación de lector de Calleja, brillantes perspectivas de aventura.</p> -<p>Qu hermoso, irse solo al campo, cuando no se conocen todava ni los +<p>¡Qué hermoso, irse solo al campo, cuando no se conocen todavía ni los suburbios de la villa natal!</p> -<p>Mis camaradas me haban hablado de una vasta extensin de aguas -profundas, donde bogaba un bote a<span class="pagenum"><a name="Page_123" id="Page_123">[123]</a></span> vela, y a la que venan a asentarse +<p>Mis camaradas me habían hablado de una vasta extensión de aguas +profundas, donde bogaba un bote a<span class="pagenum"><a name="Page_123" id="Page_123">[123]</a></span> vela, y a la que venían a asentarse inmensas bandadas de patos.</p> <p>Era el fiero Garnica un jastial largo y desgarbado, tutado de -viruelas, con una gran frente, elevada y plana como una pared. Habase -conseguido, no s cmo, una escopeta antigua, de chispa, de un solo -cao, amn de un tarro de plvora y otro de municin gruesa. A falta -de tacos de fieltro, nos serviran unos pedazos de papel secante que -habamos de mascar para cargar el arma.</p> +viruelas, con una gran frente, elevada y plana como una pared. Habíase +conseguido, no sé cómo, una escopeta antigua, de chispa, de un solo +caño, amén de un tarro de pólvora y otro de munición gruesa. A falta +de tacos de fieltro, nos servirían unos pedazos de papel secante que +habíamos de mascar para cargar el arma.</p> -<p>En el camino, la contemplacin de aquel vetusto y herrumbrado -instrumento, que el fiero Garnica sostena en el hombro con porte -marcial, nos hizo prorrumpir en acaloradas manifestaciones de jbilo.</p> +<p>En el camino, la contemplación de aquel vetusto y herrumbrado +instrumento, que el fiero Garnica sostenía en el hombro con porte +marcial, nos hizo prorrumpir en acaloradas manifestaciones de júbilo.</p> <p>Un troncho de dulce seco, un poco de pan y otro de queso, formaban -nuestro avo, que el gringo Burela sustentaba en la punta de un palo, -colgado de una bolsa; esto sin olvidar la sal y los fsforos para +nuestro avío, que el gringo Burela sustentaba en la punta de un palo, +colgado de una bolsa; esto sin olvidar la sal y los fósforos para comernos los patos asados a la caucana.</p> -<p>Impelidos por la acucia de la aventura, marchbamos de prisa, con el -vago temor de vernos alcanzados por la polica, si en mi casa se +<p>Impelidos por la acucia de la aventura, marchábamos de prisa, con el +vago temor de vernos alcanzados por la policía, si en mi casa se hubiesen percatado de mi fuga y recomendado mi captura.</p> -<p>El fiero Garnica marchaba a vanguardia. Burela y yo mirbamos con +<p>El fiero Garnica marchaba a vanguardia. Burela y yo mirábamos con cierto respeto la escopeta, cuyo complicado mecanismo no -comprendamos. Y en la delictuosa escapatoria del hogar, mi instinto -de conservacin me haca considerar el misterioso peligro de tales +comprendíamos. Y en la delictuosa escapatoria del hogar, mi instinto +de conservación me hacía considerar el misterioso peligro de tales pirotecnias.<span class="pagenum"><a name="Page_124" id="Page_124">[124]</a></span></p> -<p>As, andando, andando, al rayo del sol, pronto estuvimos a la orilla +<p>Así, andando, andando, al rayo del sol, pronto estuvimos a la orilla de la laguna.</p> -<p>Entonces tuvo lugar la operacin de cargar el arma. Burela y yo -mascbamos el papel secante. Garnica ech con un cartucho la plvora -por el cao.</p> +<p>Entonces tuvo lugar la operación de cargar el arma. Burela y yo +mascábamos el papel secante. Garnica echó con un cartucho la pólvora +por el caño.</p> -<p>Habamos alcanzado a divisar unos veinte patos. Garnica, muy nervioso, -acab de cargar de un baquetazo. Nosotros nos echamos al suelo de -bruces: l avanz al sesgo entre unos matorrales, agazapado, en un -furtivo rodeo estratgico.</p> +<p>Habíamos alcanzado a divisar unos veinte patos. Garnica, muy nervioso, +acabó de cargar de un baquetazo. Nosotros nos echamos al suelo de +bruces: él avanzó al sesgo entre unos matorrales, agazapado, en un +furtivo rodeo estratégico.</p> <p>Al fin, anhelantes, ansiosos, le vimos enderezarse, apuntar un buen -rato, y pum!</p> +rato, y ¡pum!</p> -<p>Fu una hecatombe! La escopeta se parti en dos. La parte de la -culata vol lejos, y un pedazo del cao se le clav en la frente a -Garnica. Este, con el feroz culatazo, se cay de espaldas.</p> +<p>¡Fué una hecatombe! La escopeta se partió en dos. La parte de la +culata voló lejos, y un pedazo del caño se le clavó en la frente a +Garnica. Este, con el feroz culatazo, se cayó de espaldas.</p> -<p>Corrimos, lo levantamos, lo palpamos. No le sala sangre! Tampoco le -dola nada! Al contrario, se rea, y tena clavada media vara de cao +<p>Corrimos, lo levantamos, lo palpamos. ¡No le salía sangre! ¡Tampoco le +dolía nada! Al contrario, se reía, ¡y tenía clavada media vara de caño en la frente!</p> -<p>No haba que perder tiempo. Antes que le viniese el dolor lo tumbamos -de espaldas, y el gringo Burela se le subi encima y le apret el -pecho. Yo me agarr del cao, le puse la rodilla en la frente, hice -un esfuerzo terrible y consegu arrancarle el hierro!</p> +<p>No había que perder tiempo. Antes que le viniese el dolor lo tumbamos +de espaldas, y el gringo Burela se le subió encima y le apretó el +pecho. ¡Yo me agarré del caño, le puse la rodilla en la frente, hice +un esfuerzo terrible y conseguí arrancarle el hierro!</p> -<p>Jams operacin quirrgica di mejor resultado!</p> +<p>¡Jamás operación quirúrgica dió mejor resultado!</p> -<p>El paciente se incorpor, se pas la mano por el agujero de la frente, -ensangrentada, extendi el brazo y seal la laguna. En el agua +<p>El paciente se incorporó, se pasó la mano por el agujero de la frente, +ensangrentada, extendió el brazo y señaló la laguna. En el agua flotaba un tendal de patos.</p> -<p>Y as acab la cacera.</p> +<p>Y así acabó la cacería.</p> -<p>Hubo que venir al pueblo por un coche. A m me<span class="pagenum"><a name="Page_125" id="Page_125">[125]</a></span> aplicaron una +<p>Hubo que venir al pueblo por un coche. A mí me<span class="pagenum"><a name="Page_125" id="Page_125">[125]</a></span> aplicaron una reprimenda. Al gringo Burela lo sobaron en su casa.</p> -<p>Y al inmortal fiero Garnica, pocos das despus lo daban de alta en el -hospital del Seor del Milagro. +<p>Y al inmortal fiero Garnica, pocos días después lo daban de alta en el +hospital del Señor del Milagro. <span class="pagenum"><a name="Page_126" id="Page_126">[126]</a></span></p> @@ -2779,82 +2763,82 @@ hospital del Seor del Milagro. <h2><a name="EL_CABALLO_QUE_PERDIO_LA_LENGUA" id="EL_CABALLO_QUE_PERDIO_LA_LENGUA"></a>EL CABALLO QUE PERDIO LA LENGUA</h2> -<p>Andbamos de cabalgata una tarde por las lomas de La Caldera, en el -verano del 98. Hallbame enamorado de una preciosa nia, delicada y -pura como una azucena. Haca yo por entonces mis primeros ensayos -poticos, y no preciso declarar que la encantadora chica era la -vctima inocente de tales ensaamientos.</p> +<p>Andábamos de cabalgata una tarde por las lomas de La Caldera, en el +verano del 98. Hallábame enamorado de una preciosa niña, delicada y +pura como una azucena. Hacía yo por entonces mis primeros ensayos +poéticos, y no preciso declarar que la encantadora chica era la +víctima inocente de tales ensañamientos.</p> -<p>Esa tarde de Enero mi amor haba levantado presin, y marchbamos paso +<p>Esa tarde de Enero mi amor había levantado presión, y marchábamos paso a paso, a retaguardia de la cabalgata; a la par nuestros corceles, y -nuestros corazones al unsono.</p> +nuestros corazones al unísono.</p> -<p>Ya no recuerdo qu de cosas le dije, lo cual es una suerte para el -lector, que se encontrar harto de leer declaraciones amorosas en +<p>Ya no recuerdo qué de cosas le dije, lo cual es una suerte para el +lector, que se encontrará harto de leer declaraciones amorosas en prosa y verso.</p> -<p>Viajbamos de Caldera a Calderilla, y, como hubimos de salir muy -temprano, contbamos con regresar antes del anochecer. La tarde estaba -hermosa. El sol al ponerse tea los cielos de anaranjados matices<span class="pagenum"><a name="Page_128" id="Page_128">[128]</a></span> y -desde la altura podamos espaciar la vista hacia los remotos -horizontes montaeses.</p> +<p>Viajábamos de Caldera a Calderilla, y, como hubimos de salir muy +temprano, contábamos con regresar antes del anochecer. La tarde estaba +hermosa. El sol al ponerse teñía los cielos de anaranjados matices<span class="pagenum"><a name="Page_128" id="Page_128">[128]</a></span> y +desde la altura podíamos espaciar la vista hacia los remotos +horizontes montañeses.</p> -<p>Mientras mi lengua de enamorado infatigable se desataba en melfluas -expresiones del ms charro gusto, bajaba mi compaera pdicamente los -ojos, sin atreverse a mirarme: actitud que despus he sabido que en la +<p>Mientras mi lengua de enamorado infatigable se desataba en melífluas +expresiones del más charro gusto, bajaba mi compañera púdicamente los +ojos, sin atreverse a mirarme: actitud que después he sabido que en la mujer, a veces, significa; "es usted un tonto".</p> <p>No digo que la chicuela me tuviese por tal, ni mucho menos, pues su -experiencia de los hombres era escasa, pero s pienso que los +experiencia de los hombres era escasa, pero sí pienso que los requiebros la atormentaban. No hay duda que el panorama le resultaba -ms interesante que yo.</p> +más interesante que yo.</p> -<p>He dicho que la nia era delicada y pura como una azucena y aadir -que adems posea la exquisita sensibilidad de una mimosa.</p> +<p>He dicho que la niña era delicada y pura como una azucena y añadiré +que además poseía la exquisita sensibilidad de una mimosa.</p> <p>Una de sus amigas iba montada en un caballo que acababa de perder por completo la cola en un accidente de carruaje, y la vista de la -repugnante y fresca mutilacin la aterr hasta el punto de que casi se -descompuso de slo mirarla.</p> +repugnante y fresca mutilación la aterró hasta el punto de que casi se +descompuso de sólo mirarla.</p> -<p>El encuentro de un sapo la produca carne de gallina, y si algn -spero escarabajo vena volando a golpear torpemente su blanqusimo y +<p>El encuentro de un sapo la producía carne de gallina, y si algún +áspero escarabajo venía volando a golpear torpemente su blanquísimo y pulido cuello, gritaba y zapateaba, la melindrosa, a fin de que la librasen del atrevido monstruo.</p> -<p>Yo montaba un caballejo que me prestara un to mo al comenzar las +<p>Yo montaba un caballejo que me prestara un tío mío al comenzar las vacaciones, y aunque el animal era manso y tranquilo como un cordero, -esa tarde lo vena sintiendo alborotado y quisquilloso como un potro.<span class="pagenum"><a name="Page_129" id="Page_129">[129]</a></span></p> +esa tarde lo venía sintiendo alborotado y quisquilloso como un potro.<span class="pagenum"><a name="Page_129" id="Page_129">[129]</a></span></p> -<p>Me haba errado algunos cabezazos a la nariz, y con el objeto de -reprimir sus intempestivos bros, y como que yo luca mi ecuestre -pericia, lo espoleaba de trecho en trecho y lo sujetaba, despus, de -un tirn, con lo que el animal se quedaba un rato quieto. Pero hasta -que llegamos al patio de la Calderilla, donde le pegu la postrera -soba y una sofrenada magna, el mancarrn no acab de sosegarse.</p> +<p>Me había errado algunos cabezazos a la nariz, y con el objeto de +reprimir sus intempestivos bríos, y como que yo lucía mi ecuestre +pericia, lo espoleaba de trecho en trecho y lo sujetaba, después, de +un tirón, con lo que el animal se quedaba un rato quieto. Pero hasta +que llegamos al patio de la Calderilla, donde le pegué la postrera +soba y una sofrenada magna, el mancarrón no acabó de sosegarse.</p> -<p>Entonces nos toc apearnos y ayudar a las nias. Cada cual bajaba su -pareja. Cambibanse saludos de cumplido con los dueos de casa, los +<p>Entonces nos tocó apearnos y ayudar a las niñas. Cada cual bajaba su +pareja. Cambiábanse saludos de cumplido con los dueños de casa, los que en seguida nos invitaron a descansar en el corredor y a tomar -algn sorbete.</p> +algún sorbete.</p> -<p>Cumplida la galante tarea, me acerqu tirando los dos caballos, el de -la chica y el mo,—para atarlos a un poste del guarda-patio, cuando -not que a mi caballejo le chorreaba un hilo de sangre por los labios.</p> +<p>Cumplida la galante tarea, me acerqué tirando los dos caballos, el de +la chica y el mío,—para atarlos a un poste del guarda-patio, cuando +noté que a mi caballejo le chorreaba un hilo de sangre por los labios.</p> -<p>Miro al suelo, busco y, oh cosa tremenda! Mi caballo haba perdido la -lengua. Este adminculo yaca por tierra, envuelto en polvo. Le haban -colocado el freno del revez, al infeliz. El freno le haba cortado la +<p>Miro al suelo, busco y, ¡oh cosa tremenda! Mi caballo había perdido la +lengua. Este adminículo yacía por tierra, envuelto en polvo. Le habían +colocado el freno del revez, al infeliz. El freno le había cortado la lengua.</p> <p>Mi pobre caballo, mudo, naturalmente, no pronunciaba ni una queja. Mas -de sus grandes y lnguidos ojos manaban espesas lgrimas.</p> +de sus grandes y lánguidos ojos manaban espesas lágrimas.</p> -<p>Oh cruel insensatez, oh ceguera del amor! Y el ridculo que me -esperaba si mi caballo se caa muerto! Yo lo observaba, pero l no -demostraba dolor. Me qued estupefacto, con la lengua en la mano, a -la<span class="pagenum"><a name="Page_130" id="Page_130">[130]</a></span> espera de un desenlace fatal; y tuve que metrmela de prisa en el -bolsillo, pues en aquel momento lleg mi chica, y bajaron al patio los +<p>¡Oh cruel insensatez, oh ceguera del amor! ¡Y el ridículo que me +esperaba si mi caballo se caía muerto! Yo lo observaba, pero él no +demostraba dolor. Me quedé estupefacto, con la lengua en la mano, a +la<span class="pagenum"><a name="Page_130" id="Page_130">[130]</a></span> espera de un desenlace fatal; y tuve que metérmela de prisa en el +bolsillo, pues en aquel momento llegó mi chica, y bajaron al patio los de la cabalgata y dieron la voz de regreso.</p> @@ -2865,110 +2849,110 @@ de la cabalgata y dieron la voz de regreso.</p> <p>Nunca he podido creer en aparecidos ni en cosas del otro mundo, -gracias a mi costumbre de buscar con afn, aun en los hechos -irresolubles a primera vista, la natural explicacin que, en rigor, +gracias a mi costumbre de buscar con afán, aun en los hechos +irresolubles a primera vista, la natural explicación que, en rigor, todo misterio debe encerrar.</p> <p>Sin embargo, en el fondo de lo inconsciente, el hombre menos -supersticioso conserva en forma larvada, como patrimonio psquico de -sus antepasados, un terror instintivo por lo inexcrutable, muy difcil -de vencer con la razn, cuando el caso concreto se presenta.</p> +supersticioso conserva en forma larvada, como patrimonio psíquico de +sus antepasados, un terror instintivo por lo inexcrutable, muy difícil +de vencer con la razón, cuando el caso concreto se presenta.</p> -<p>Y bien. Yo he sido vctima de ese terror en la ocasin que paso a -referir. Pero, ante todo, har constar que nicamente lo +<p>Y bien. Yo he sido víctima de ese terror en la ocasión que paso a +referir. Pero, ante todo, haré constar que únicamente lo extraordinario del suceso pudo poner en tan ruda prueba la firmeza de mis convicciones.</p> -<p>El verano del ao pasado volv una noche muy tarde a casa.</p> +<p>El verano del año pasado volví una noche muy tarde a casa.</p> -<p>Me hallaba preocupado con la enfermedad de mi amigo el seor H. que -tena el apodo de <i>Chivo Pedro</i>.<span class="pagenum"><a name="Page_132" id="Page_132">[132]</a></span> Ciertamente, aquel seor de cara -morena y larga, cabellos y barbas grises, recortadas en rectngulo, +<p>Me hallaba preocupado con la enfermedad de mi amigo el señor H. que +tenía el apodo de <i>Chivo Pedro</i>.<span class="pagenum"><a name="Page_132" id="Page_132">[132]</a></span> Ciertamente, aquel señor de cara +morena y larga, cabellos y barbas grises, recortadas en rectángulo, con dos lobanillos en la torva frente y unas manos nudosas como palos -de parra, se pareca de un modo alarmante a un chivato. Acentuaban -adems estos rasgos, ciertas gesticulaciones, y unos resoplidos +de parra, se parecía de un modo alarmante a un chivato. Acentuaban +además estos rasgos, ciertas gesticulaciones, y unos resoplidos nasales, cortos y bruscos, a modo de estornudos breves. De donde el inevitable apodo.</p> -<p>Aquella noche vena yo de su casa. Los mdicos haban perdido la +<p>Aquella noche venía yo de su casa. Los médicos habían perdido la esperanza de salvarle.</p> -<p>Cuando cerr tras de m la puerta de calle, con estrpito, el golpe -rod a lo lejos por el casern vaco. Yo era su solo habitante, pues +<p>Cuando cerré tras de mí la puerta de calle, con estrépito, el golpe +rodó a lo lejos por el caserón vacío. Yo era su solo habitante, pues mi familia estaba en el campo.</p> -<p>Al pasar la puerta cancel me volv, con la impresin de que haba -alguien en el zagun. Y no del todo tranquilizado, atraves el patio -silbando, y entr en mi cuarto.</p> +<p>Al pasar la puerta cancel me volví, con la impresión de que había +alguien en el zaguán. Y no del todo tranquilizado, atravesé el patio +silbando, y entré en mi cuarto.</p> -<p>Encend la vela que estaba sobre el escritorio, me mir al espejo, me -quit el sombrero, y observ cmo el espejo ahondaba la obscuridad del -patio. Haba en este detalle una inquietante obstinacin de tinieblas +<p>Encendí la vela que estaba sobre el escritorio, me miré al espejo, me +quité el sombrero, y observé cómo el espejo ahondaba la obscuridad del +patio. Había en este detalle una inquietante obstinación de tinieblas y de silencio.</p> -<p>Me sent a escribir, de espaldas a la puerta, abierta de par en par.</p> +<p>Me senté a escribir, de espaldas a la puerta, abierta de par en par.</p> -<p>No tena sueo, y me haba propuesto acabar un soneto maldito en que +<p>No tenía sueño, y me había propuesto acabar un soneto maldito en que me engolfara la noche anterior. Pero no daba en la tecla. Las musas me abandonaban visiblemente, a mi despecho; y los ojos de la hermosa -ingrata que me inspirara, bailbanme en el magn una<span class="pagenum"><a name="Page_133" id="Page_133">[133]</a></span> danza macabra, +ingrata que me inspirara, bailábanme en el magín una<span class="pagenum"><a name="Page_133" id="Page_133">[133]</a></span> danza macabra, junto a los ojos saltados del agonizante.</p> -<p>Con la estril cabeza entre las manos, imagin que estaba sosteniendo +<p>Con la estéril cabeza entre las manos, imaginé que estaba sosteniendo un zapallo.</p> -<p>De pronto, un inusitado aleteo me crisp los nervios. Era un -murcilago que revolote encandilado en torno del techo, y, rocindome -de paso, desapareci con un dbil chillido.</p> +<p>De pronto, un inusitado aleteo me crispó los nervios. Era un +murciélago que revoloteó encandilado en torno del techo, y, rociándome +de paso, desapareció con un débil chillido.</p> -<p>La preocupacin que hasta ese momento haba logrado alejar de mi -espritu, empez a dominarme de nuevo. Hubiera querido cerrar la -puerta. Pero no me atrev a volverme en el silln giratorio en que -estaba sentado. Me asustaba la idea de que el silln, falto de aceite, +<p>La preocupación que hasta ese momento había logrado alejar de mi +espíritu, empezó a dominarme de nuevo. Hubiera querido cerrar la +puerta. Pero no me atreví a volverme en el sillón giratorio en que +estaba sentado. Me asustaba la idea de que el sillón, falto de aceite, se pusiese a chillar.</p> -<p>Sent entonces que el silencio me agobiaba, me abrumaba, me impona su -mutismo; ese mutismo extrao que nos revela a veces, en las cosas y en +<p>Sentí entonces que el silencio me agobiaba, me abrumaba, me imponía su +mutismo; ese mutismo extraño que nos revela a veces, en las cosas y en los objetos que nos son familiares, un aspecto insospechado y nuevo.</p> -<p>Con el odo absorto, auscultaba los rumores indefinidos de la noche.</p> +<p>Con el oído absorto, auscultaba los rumores indefinidos de la noche.</p> -<p>Ya no pensaba en nada. Solamente oa.</p> +<p>Ya no pensaba en nada. Solamente oía.</p> -<p>Una mosca, zumbando torpemente, me peg en la cara. Y yo escuchaba. El +<p>Una mosca, zumbando torpemente, me pegó en la cara. Y yo escuchaba. El grito estridente de una lechuza errante sobre la casa, me puso el -corazn en desrden.</p> +corazón en desórden.</p> -<p>Un papel arrastrado por sigiloso viento cruz el patio, se estrell -contra una pared y se dobl con ruido desigual.</p> +<p>Un papel arrastrado por sigiloso viento cruzó el patio, se estrelló +contra una pared y se dobló con ruido desigual.</p> -<p>Algo iba a ocurrir! Algo sobrenatural!</p> +<p>¡Algo iba a ocurrir! ¡Algo sobrenatural!</p> -<p>Y me suspend casi en el aire, horripilado, cuando,<span class="pagenum"><a name="Page_134" id="Page_134">[134]</a></span> en ese preciso -instante, un presuroso tac, tac, tac, de tacos breves reson en el -patio y avanz en direccin a mi cuarto.</p> +<p>Y me suspendí casi en el aire, horripilado, cuando,<span class="pagenum"><a name="Page_134" id="Page_134">[134]</a></span> en ese preciso +instante, un presuroso tac, tac, tac, de tacos breves resonó en el +patio y avanzó en dirección a mi cuarto.</p> -<p>Alguien haba transpuesto mi puerta, y se haba plantado en media -habitacin!</p> +<p>¡Alguien había transpuesto mi puerta, y se había plantado en media +habitación!</p> -<p>Inmediatamente, comprend yo esto; aquellos pasos no eran, no podan +<p>Inmediatamente, comprendí yo esto; ¡aquellos pasos no eran, no podían ser de gente!</p> -<p>Luego, con infinita angustia, di vuelta lentamente la cabeza, y mir: -un chivo negro, barbudo, diablico, estaba all! Inmvil, me +<p>Luego, con infinita angustia, di vuelta lentamente la cabeza, y miré: +¡un chivo negro, barbudo, diabólico, estaba allí! Inmóvil, me observaba, rumiando con espantosa impavidez.</p> -<p>Son entonces un aldabonazo en la puerta de calle. La bestia, -asustada, di cara vuelta, y, con un corcovo prodigioso, desapareci +<p>Sonó entonces un aldabonazo en la puerta de calle. La bestia, +asustada, dió cara vuelta, y, con un corcovo prodigioso, desapareció en la sombra.</p> -<p>Otros aldabonazos tremendos me arrancaron del estupor en que me haba -sumido. Y cuando abr la puerta, me encontr con el muchacho de la -panadera vecina, que vena a reclamarme el chivo de su propiedad, +<p>Otros aldabonazos tremendos me arrancaron del estupor en que me había +sumido. Y cuando abrí la puerta, me encontré con el muchacho de la +panadería vecina, que venía a reclamarme el chivo de su propiedad, escapado mientras horneaban, por una tapia baja que separa la huerta -de casa de la panadera.</p> +de casa de la panadería.</p> -<p>Por la maana, supe la muerte de <i>Chivo Pedro</i>, acaecida esa noche.</p> +<p>Por la mañana, supe la muerte de <i>Chivo Pedro</i>, acaecida esa noche.</p> @@ -2977,120 +2961,120 @@ de casa de la panadera.</p> <h2><a name="EL_SUICIDIO_DE_BURELA" id="EL_SUICIDIO_DE_BURELA"></a>EL SUICIDIO DE BURELA</h2> -<p>El invierno pasado trepaba yo casi todas las maanas por el camino del +<p>El invierno pasado trepaba yo casi todas las mañanas por el camino del cerro, que conduce al Redentor.</p> -<p>Era un excelente deporte que me endureca las piernas, y que me brind -la ocasin de revolucionar mis nervios cierta vez.</p> +<p>Era un excelente deporte que me endurecía las piernas, y que me brindó +la ocasión de revolucionar mis nervios cierta vez.</p> -<p>He aqu el caso:</p> +<p>He aquí el caso:</p> -<p>Una maana iba por el camino, muy despacio, detenindome de trecho en -trecho a respirar y a mirar el horizonte que la niebla permita +<p>Una mañana iba por el camino, muy despacio, deteniéndome de trecho en +trecho a respirar y a mirar el horizonte que la niebla permitía descubrir, y estaba ya en mitad del cerro, frente a la cueva del viejo Castro, cuando vi en un banco, a la izquierda, sentado un hombre.</p> -<p>No me extraara el encuentro si el individuo no me habla.</p> +<p>No me extrañara el encuentro si el individuo no me habla.</p> -<p>—Hola, Dvalos!—me dijo.—Qu ands haciendo?</p> +<p>—¡Hola, Dávalos!—me dijo.—¿Qué andás haciendo?</p> -<p>Le observ, asombrado, de hito en hito, y oh, prodigio! era el gringo -Burela. Pude reconocerlo a travs de una capa de roa que lo +<p>Le observé, asombrado, de hito en hito, y ¡oh, prodigio! era el gringo +Burela. Pude reconocerlo a través de una capa de roña que lo enmascaraba, en complicidad<span class="pagenum"><a name="Page_136" id="Page_136">[136]</a></span> con unas barbas rubias en despatarro, y -una cabellera exuberante y dura como copa de churqui, que irrumpa por +una cabellera exuberante y dura como copa de churqui, que irrumpía por un agujero apical del incoloro chamberguito.</p> -<p>Bajo el cachete derecho, hinchado como un tmulo, rotaba lentamente un +<p>Bajo el cachete derecho, hinchado como un túmulo, rotaba lentamente un monstruoso "acullico" de coca.</p> -<p>Dos ojillos verdes, de prpados enrojecidos por el insomnio y el +<p>Dos ojillos verdes, de párpados enrojecidos por el insomnio y el vicio, se asomaban en el fondo de aquella cara patibularia.</p> -<p>Era mi amigo de la infancia, mi antiguo condiscpulo, mi camarada +<p>Era mi amigo de la infancia, mi antiguo condiscípulo, mi camarada inseparable y vecino de barrio.</p> -<p>Con l hice las primeras rabonas de la escuela normal. Conoca l un -escondrijo al pie del cerro, adonde jams pudo llegar el ojo alerta de +<p>Con él hice las primeras rabonas de la escuela normal. Conocía él un +escondrijo al pie del cerro, adonde jamás pudo llegar el ojo alerta de <i>Caranchito</i>, el regente, que desde la azotea espulgaba con un telescopio las arrugas del terreno en busca de alumnos vagos.</p> -<p>Con l, con ese gringo Burela, que estaba ah, habamos apedreado a -los transeuntes escondindonos tras el parapeto en los tejados; con l -le habamos prendido fuego a un pobre gato empapado en aguardiente; -con l azotbamos a los perros, atbamos a las viejas, manto con -manto, en las procesiones; nos farsbamos de los opas que trotaban por -la calle, y robbamos naranjas de los boliches; y con l un da +<p>Con él, con ese gringo Burela, que estaba ahí, habíamos apedreado a +los transeuntes escondiéndonos tras el parapeto en los tejados; con él +le habíamos prendido fuego a un pobre gato empapado en aguardiente; +con él azotábamos a los perros, atábamos a las viejas, manto con +manto, en las procesiones; nos farsábamos de los opas que trotaban por +la calle, y robábamos naranjas de los boliches; y con él un día concluyeron por fin mis relaciones, previa disputa por un trompo y un ladrillazo feroz que casi me rompe la cabeza.</p> -<p>—Yo voy all arriba—le contest.—Y t, qu te hacs ahora? Qu te -hacs aqu? Por qu tienes esa facha?<span class="pagenum"><a name="Page_137" id="Page_137">[137]</a></span></p> +<p>—Yo voy allá arriba—le contesté.—Y tú, ¿qué te hacés ahora? ¿Qué te +hacés aquí? ¿Por qué tienes esa facha?<span class="pagenum"><a name="Page_137" id="Page_137">[137]</a></span></p> -<p>Sin cesar de masticar su acullico, me respondi en tono cnico:</p> +<p>Sin cesar de masticar su acullico, me respondió en tono cínico:</p> -<p>—Soy socio de Vago Hermanos y Ca...</p> +<p>—Soy socio de Vago Hermanos y Cía...</p> -<p>Luego me cont que l nunca haba sentido ganas de trabajar, y que, -sin saber cmo ni cmo no, se haba vuelto borrachn y perdulario.</p> +<p>Luego me contó que él nunca había sentido ganas de trabajar, y que, +sin saber cómo ni cómo no, se había vuelto borrachón y perdulario.</p> -<p>—No tengo casa en el pueblo—aadi.—Van dos meses que vivo aqu en -el cerro. Duermo en la cueva del viejo, all enfrente.</p> +<p>—No tengo casa en el pueblo—añadió.—Van dos meses que vivo aquí en +el cerro. Duermo en la cueva del viejo, allí enfrente.</p> <p>Hubo una pausa. Y sacando a brazadas una piola del bolsillo del -pantaln:</p> +pantalón:</p> -<p>—Estoy dispuesto a no sufrir ms—me dijo, hablando con calma.—Ayer +<p>—Estoy dispuesto a no sufrir más—me dijo, hablando con calma.—Ayer traje esta piola para ahorcarme...</p> -<p>Se puso de pie, vivamente excitado. Me mir de soslayo, y se sorbi un -sollozo harto hmedo.</p> +<p>Se puso de pie, vivamente excitado. Me miró de soslayo, y se sorbió un +sollozo harto húmedo.</p> <p>Era el mismo: petizo, brazos largos, piernas chuecas, manos sucias, -uas negras y crecidas.</p> +uñas negras y crecidas.</p> -<p>—Cspita!—exclam.—Y porqu no te ahorcaste ayer?</p> +<p>—¡Cáspita!—exclamé.—¿Y porqué no te ahorcaste ayer?</p> -<p>—No quiero morir de noche,—contest con melancola.</p> +<p>—No quiero morir de noche,—contestó con melancolía.</p> -<p>Lanz un suspiro, y declar que le faltaba nimo, aunque le sobraban -deseos de acabar con sus das. Entonces, un pensamiento diablico me -roz el cerebro, como una ala negra.</p> +<p>Lanzó un suspiro, y declaró que le faltaba ánimo, aunque le sobraban +deseos de acabar con sus días. Entonces, un pensamiento diabólico me +rozó el cerebro, como una ala negra.</p> <p>—Hombre—le dije.—Puesto que tu voluntad es morir, yo, amigo, te -ayudar, prestndote la energa ejecutiva que te falta. En efecto, no -puedes hacer cosa mejor que ahorcarte. Venga esa piola!<span class="pagenum"><a name="Page_138" id="Page_138">[138]</a></span></p> +ayudaré, prestándote la energía ejecutiva que te falta. En efecto, no +puedes hacer cosa mejor que ahorcarte. ¡Venga esa piola!<span class="pagenum"><a name="Page_138" id="Page_138">[138]</a></span></p> -<p>Examin los alrededores. Me convenc de que estbamos solos.</p> +<p>Examiné los alrededores. Me convencí de que estábamos solos.</p> -<p>—Ahora a buscar un rbol.</p> +<p>—Ahora a buscar un árbol.</p> -<p>—All!—respondi la vctima, con los ojos extraviados, sealndome -uno. Su acento firme pona en evidencia su resolucin mortal.</p> +<p>—¡Allí!—respondió la víctima, con los ojos extraviados, señalándome +uno. Su acento firme ponía en evidencia su resolución mortal.</p> <p>Bajamos a la quebradita, subimos por la opuesta ladera, y llegamos al -pie de un cebil que se inclinaba sobre rpida pendiente.</p> +pie de un cebil que se inclinaba sobre rápida pendiente.</p> -<p>El gringo Burela, ansiosamente, divis por ltima vez <ins title="Nota: en el original, fu despues de 'en el pescuezo, -pas la' (debajo)">el cielo azul, -el cerro, el valle de Lerma; se persign</ins> despacio y tir el +<p>El gringo Burela, ansiosamente, divisó por última vez <ins title="Nota: en el original, fué despues de 'en el pescuezo, +pasé la' (debajo)">el cielo azul, +el cerro, el valle de Lerma; se persignó</ins> despacio y tiró el chamberguito barranca abajo.</p> -<p>Con semblante afligido me estir la puerca mano, en seal de despedida +<p>Con semblante afligido me estiró la puerca mano, en señal de despedida y prenda de gratitud.</p> -<p>Le hice un nudo corredizo en el pescuezo, pas la piola por una -horqueta, me colgu de la otra punta, y el gringo Burela, como por -roldana, salt al aire.</p> +<p>Le hice un nudo corredizo en el pescuezo, pasé la piola por una +horqueta, me colgué de la otra punta, y el gringo Burela, como por +roldana, saltó al aire.</p> -<p>Lanz un silbido ronco, sac una cuarta de lengua, se le amorat la -cara, se le desorbitaron los ojos, y, tras breve pataleo, pas de sta +<p>Lanzó un silbido ronco, sacó una cuarta de lengua, se le amorató la +cara, se le desorbitaron los ojos, y, tras breve pataleo, pasó de ésta a la eterna vida.</p> -<p>Sereno, at yo la piola al tronco y me alej del macabro espectculo.</p> +<p>Sereno, até yo la piola al tronco y me alejé del macabro espectáculo.</p> -<p>El ahorcado se balanceaba dulcemente suspendido en el vaco.</p> +<p>El ahorcado se balanceaba dulcemente suspendido en el vacío.</p> -<p>Yo haba cumplido un deber de amistad.</p> +<p>Yo había cumplido un deber de amistad.</p> @@ -3099,149 +3083,149 @@ a la eterna vida.</p> <h2><a name="EL_CASO_DEL_ESQUELETO" id="EL_CASO_DEL_ESQUELETO"></a>EL CASO DEL ESQUELETO</h2> -<p>Existen en la naturaleza fuerzas cuyo modo de actuar nos es +<p>¿Existen en la naturaleza fuerzas cuyo modo de actuar nos es totalmente desconocido, y cuyos efectos podemos, sin embargo, percibir en nosotros, o en el medio que nos rodea, en ciertas circunstancias -raras, o en ciertos anormales estados psquicos?</p> +raras, o en ciertos anormales estados psíquicos?</p> -<p>Hay, fuera del mundo material, ms all de lo que nuestra +<p>¿Hay, fuera del mundo material, más allá de lo que nuestra inteligencia puede someter a medida, una existencia aparte, un modo distinto, un diferente aspecto de lo real?</p> <p>El que algunos animales posean sentidos cuyo funcionalismo se nos -escapa, por ejemplo, las lneas laterales de los peces, parecera, +escapa, por ejemplo, las líneas laterales de los peces, parecería, desde luego, confirmar la presencia de tales fuerzas.</p> -<p>Por otra parte, a veces, iguales rganos, en un tipo zoolgico, -presentan enormes diferencias de sensibilidad, en el desempeo de una -misma funcin. As, mientras algunos mamferos son sordos, o poco -menos, las mulas poseen una agudeza de odo muy superior a la del +<p>Por otra parte, a veces, iguales órganos, en un tipo zoológico, +presentan enormes diferencias de sensibilidad, en el desempeño de una +misma función. Así, mientras algunos mamíferos son sordos, o poco +menos, las mulas poseen una agudeza de oído muy superior a la del caballo. Y aun es de creer que la facultad que el<span class="pagenum"><a name="Page_140" id="Page_140">[140]</a></span> vulgo les atribuye, de presentir los peligros, provenga de un sexto sentido, -correspondiente a un orden desconocido de la energa csmica.</p> +correspondiente a un orden desconocido de la energía cósmica.</p> <p>Aparte del natural temor que la noche infunde en casi todos los seres, puesto que les priva de las percepciones visuales, tan importantes en -la lucha por la vida, tengo por indudable que despus de la puesta del -sol entran efectivamente en accin aquellas fuerzas.</p> +la lucha por la vida, tengo por indudable que después de la puesta del +sol entran efectivamente en acción aquellas fuerzas.</p> -<p>Fu a la hora crepuscular cuando la mula de un amigo mo, muy mansa, -no se dej quitar el freno con el potrerizo de la finca; el cual, una -hora despus caa muerto en la cocina de los peones... Qu vi la -mula en la cara del hombre, o qu oli en l, o qu sinti?...</p> +<p>Fué a la hora crepuscular cuando la mula de un amigo mío, muy mansa, +no se dejó quitar el freno con el potrerizo de la finca; el cual, una +hora después caía muerto en la cocina de los peones... ¿Qué vió la +mula en la cara del hombre, o qué olió en él, o qué sintió?...</p> -<p>Desde luego, se sabe que el estado elctrico de la atmsfera cambia -del da a la noche, y que estos cambios influyen directamente sobre el -mundo orgnico, y hasta modifican el funcionamiento de ciertos +<p>Desde luego, se sabe que el estado eléctrico de la atmósfera cambia +del día a la noche, y que estos cambios influyen directamente sobre el +mundo orgánico, y hasta modifican el funcionamiento de ciertos aparatos.</p> -<p>Por una flagrante contradiccin entre lo que hay en m de razonador y -cientfico, por una parte, y de instintivo y atvico por otra, nunca +<p>Por una flagrante contradicción entre lo que hay en mí de razonador y +científico, por una parte, y de instintivo y atávico por otra, nunca he logrado, a pesar de una larga cultura intelectual, sustraerme a la influencia inquietante de la noche.</p> -<p>Sin creerme un cobarde, ni ser un neurtico visionario, confieso que -un panten o un bosque desierto, a media noche, pesan en mi corazn -con todas las angustias del presentimiento; y esa prodigiosa bveda +<p>Sin creerme un cobarde, ni ser un neurótico visionario, confieso que +un panteón o un bosque desierto, a media noche, pesan en mi corazón +con todas las angustias del presentimiento; y esa prodigiosa bóveda celeste que no acaba nunca sobre mi cabeza, me abisma en un horror -increble al vaco infinito y negro, en el cual, siempre que estoy -solo de noche, y a cielo descubierto,<span class="pagenum"><a name="Page_141" id="Page_141">[141]</a></span> tengo la sensacin de caer y +increíble al vacío infinito y negro, en el cual, siempre que estoy +solo de noche, y a cielo descubierto,<span class="pagenum"><a name="Page_141" id="Page_141">[141]</a></span> tengo la sensación de caer y caer vertiginosamente, boca arriba.</p> -<p>Muchas veces se me han erizado los cabellos en tales momentos! Y -cuntas he sentido cerca de m la presencia, en las tinieblas, de -<i>algo</i> que no es <i>alguien</i>, pero que existe, que <i>es</i>! Acaso la -condensacin de esas fuerzas?... Acaso el espectro de las cosas?...</p> +<p>¡Muchas veces se me han erizado los cabellos en tales momentos! ¡Y +cuántas he sentido cerca de mí la presencia, en las tinieblas, de +<i>algo</i> que no es <i>alguien</i>, pero que existe, que <i>es</i>! ¿Acaso la +condensación de esas fuerzas?... ¿Acaso el espectro de las cosas?...</p> -<p>Qu s yo!...</p> +<p>¡Qué sé yo!...</p> -<p>Y bien. Tenis derecho de reir, vosotros, los sanos y los -equilibrados. Me llamaris loco; pero lo que os voy a contar es tan -absolutamente cierto, que a fin de convenceros de mi veracidad, habr +<p>Y bien. Tenéis derecho de reir, vosotros, los sanos y los +equilibrados. Me llamaréis loco; pero lo que os voy a contar es tan +absolutamente cierto, que a fin de convenceros de mi veracidad, habré de confesaros toda la verdad, toda la triste verdad.</p> -<p>Yo me haba enviciado en el whisky, y la coca... y esta circunstancia -explica en parte el inusitado suceso de que fu actor.</p> +<p>Yo me había enviciado en el whisky, y la coca... y esta circunstancia +explica en parte el inusitado suceso de que fuí actor.</p> -<p>En aquella poca de mis excesos alcohlicos, una noche, muy tarde, me -fu a dormir, impresionado con la muerte de un pariente que agonizara -desde medio da.</p> +<p>En aquella época de mis excesos alcohólicos, una noche, muy tarde, me +fuí a dormir, impresionado con la muerte de un pariente que agonizara +desde medio día.</p> <p>(Tengo en mi cuarto un esqueleto, propiedad del colegio nacional, en el que suelo estudiar.)</p> -<p>En cuanto abr la puerta de mi cuarto, (debo hacer constar que en casa -no haba nadie), tuve la sensacin de la presencia de ese alguien... -Con gran cuidado cerr la puerta y encend prestamente un fsforo.</p> +<p>En cuanto abrí la puerta de mi cuarto, (debo hacer constar que en casa +no había nadie), tuve la sensación de la presencia de ese alguien... +Con gran cuidado cerré la puerta y encendí prestamente un fósforo.</p> <p>Al dar un paso hacia mi cama para encender la vela que estaba en el velador, vi que el esqueleto alzaba una mano y la asentaba sobre un -libro; uno de los libros que haba en la mesa junto a la cual estaba +libro; uno de los libros que había en la mesa junto a la cual estaba colgado el esqueleto.<span class="pagenum"><a name="Page_142" id="Page_142">[142]</a></span></p> -<p>Encend la vela.</p> +<p>Encendí la vela.</p> -<p>Al darme cuenta de todo eso, realic un poderoso esfuerzo de voluntad -para dominar el miedo que me ahogaba; y sereno, impasible, lgico, me -propuse llevar el anlisis del caso hasta el ltimo lmite.</p> +<p>Al darme cuenta de todo eso, realicé un poderoso esfuerzo de voluntad +para dominar el miedo que me ahogaba; y sereno, impasible, lógico, me +propuse llevar el análisis del caso hasta el último límite.</p> -<p>Y pens: puesto que el esqueleto se ha movido, sepamos por qu causa +<p>Y pensé: puesto que el esqueleto se ha movido, sepamos por qué causa se ha movido.</p> -<p>Abr el libro, sobre el cual se apoyaba la mano, que era la derecha, y -le el ttulo: "El crimen y la locura", por A. Maudsley. Conoca yo la -obra. Contiene historias de criminales y su estudio patolgico. El -autor es ingls. Se refiere a crmenes cometidos en Inglaterra y en -Francia. El esqueleto era preparado en Francia. Tena una placa: +<p>Abrí el libro, sobre el cual se apoyaba la mano, que era la derecha, y +leí el título: "El crimen y la locura", por A. Maudsley. Conocía yo la +obra. Contiene historias de criminales y su estudio patológico. El +autor es inglés. Se refiere a crímenes cometidos en Inglaterra y en +Francia. El esqueleto era preparado en Francia. Tenía una placa: "Jules Talric, preparador". Sabido es que las prisiones suministran a estos industriales el material....</p> -<p>Durante mi ausencia, habra estado leyendo el esqueleto, en el libro, -quiz su propia biografa? Pues segn los promedios antropomtricos el -esqueleto haba pertenecido a un asesino.</p> +<p>Durante mi ausencia, ¿habría estado leyendo el esqueleto, en el libro, +quizá su propia biografía? Pues según los promedios antropométricos el +esqueleto había pertenecido a un asesino.</p> -<p>Sin embargo, mirndole de cerca, me fu imposible descubrir signo -alguno de vida en sus rbitas vacas, y comprob que la caja torcica -permaneca trasparente entre las costillas.</p> +<p>Sin embargo, mirándole de cerca, me fué imposible descubrir signo +alguno de vida en sus órbitas vacías, y comprobé que la caja torácica +permanecía trasparente entre las costillas.</p> -<p>Luego, vigilndole siempre, anduve en cuatro pies, mirando debajo de -los muebles, a fin de constatar si no sera algn gato el agente del +<p>Luego, vigilándole siempre, anduve en cuatro pies, mirando debajo de +los muebles, a fin de constatar si no sería algún gato el agente del hecho inexplicable.</p> -<p>Formul la hiptesis de una corriente elctrica que, imantando de +<p>Formulé la hipótesis de una corriente eléctrica que, imantando de golpe las articulaciones de hierro, hubiese<span class="pagenum"><a name="Page_143" id="Page_143">[143]</a></span> determinado la -contraccin del brazo; pero mi incompetencia en fsica volva intil -la teora.</p> +contracción del brazo; pero mi incompetencia en física volvía inútil +la teoría.</p> -<p>Otra vez me enfrent al esqueleto. Yo senta una desesperacin rabiosa -por investigar y aclarar el misterio; yo senta que me estaba +<p>Otra vez me enfrenté al esqueleto. Yo sentía una desesperación rabiosa +por investigar y aclarar el misterio; yo sentía que me estaba trastornando poco a poco el horrible misterio; y en un acceso -violento, irresistible, lanc una descomunal carcajada que reson por -la casa desmantelada y oscura; y empujndole como a un pndulo, hice +violento, irresistible, lancé una descomunal carcajada que resonó por +la casa desmantelada y oscura; y empujándole como a un péndulo, hice oscilar al esqueleto en su perno. Y el eco de mi risotada, y el seco -chocar de los huesos, llevaron al paroxismo mi exaltacin nerviosa. -Oh!... Cundo estis a media noche solo en vuestro cuarto, lanzad, si -podis, una carcajada, os lo ruego.</p> +chocar de los huesos, llevaron al paroxismo mi exaltación nerviosa. +¡Oh!... Cuándo estéis a media noche solo en vuestro cuarto, lanzad, si +podéis, una carcajada, os lo ruego.</p> -<p>—O, yo te har confesar la verdad o me matars!—le grit al +<p>—¡O, yo te haré confesar la verdad o me matarás!—le grité al esqueleto.</p> -<p>S. Era preciso, era urgente, apurar todos los medios de prueba, pues +<p>Sí. Era preciso, era urgente, apurar todos los medios de prueba, pues iba de lo contrario a enloquecerme.</p> -<p>Con un ardor febril lo destornill de su pedestal, lo vest con un -pantaln y un saco, lo sent de codos a la mesa, en mi propio silln, -y le acomod mi revlver en la mano derecha, hacindolo apuntar a la -puerta, con el gatillo alzado, y el dedo ndice sobre el resorte del +<p>Con un ardor febril lo destornillé de su pedestal, lo vestí con un +pantalón y un saco, lo senté de codos a la mesa, en mi propio sillón, +y le acomodé mi revólver en la mano derecha, haciéndolo apuntar a la +puerta, con el gatillo alzado, y el dedo índice sobre el resorte del gatillo.</p> -<p>Retroced un paso para contemplarlo.</p> +<p>Retrocedí un paso para contemplarlo.</p> -<p>Pero el miedo me venci. Y entonces, agazapndome, retrocediendo, -vigilndolo siempre, agarrndome a la mesa para no caer, intent de un -salto ganar la puerta. El esqueleto me apunt y son un tiro!...</p> +<p>Pero el miedo me venció. Y entonces, agazapándome, retrocediendo, +vigilándolo siempre, agarrándome a la mesa para no caer, intenté de un +salto ganar la puerta. ¡El esqueleto me apuntó y sonó un tiro!...</p> -<p>Aquella maana me bajaron del tejado. Me haba quedado catalptico, +<p>Aquella mañana me bajaron del tejado. Me había quedado cataléptico, abrazado a una chimenea.<span class="pagenum"><a name="Page_144" id="Page_144">[144]</a></span></p> @@ -3251,101 +3235,101 @@ abrazado a una chimenea.<span class="pagenum"><a name="Page_144" id="Page_144">[ <h2><a name="LA_COLA_DE_GATO" id="LA_COLA_DE_GATO"></a>LA COLA DE GATO</h2> -<p>Don Roque Prez es el hombre ms flemtico de Salta. Tiene cuarenta -aos. Hace veinte que est empleado en una oficina de la casa de -gobierno. Es soltern, metdico, cumplidor y beato.</p> +<p>Don Roque Pérez es el hombre más flemático de Salta. Tiene cuarenta +años. Hace veinte que está empleado en una oficina de la casa de +gobierno. Es solterón, metódico, cumplidor y beato.</p> -<p>Su vida es simple y redundante, como el rodar montono de los das -provincianos, o bien como la marcha circular y pacfica de un macho de +<p>Su vida es simple y redundante, como el rodar monótono de los días +provincianos, o bien como la marcha circular y pacífica de un macho de noria.</p> -<p>La historia de este hombre contiene dos etapas, separadas entre s por -un acontecimiento trascendental que dej en su espritu una +<p>La historia de este hombre contiene dos etapas, separadas entre sí por +un acontecimiento trascendental que dejó en su espíritu una perplejidad perdurable.</p> -<p>La primera etapa comprende su juventud, los diez aos que pas de +<p>La primera etapa comprende su juventud, los diez años que pasó de dependiente en la tienda de Don Pepe Sarratea. La segunda etapa -comprende su madurez, sus veinte aos de empleado pblico.</p> +comprende su madurez, sus veinte años de empleado público.</p> <p>Con una sonrisa indefinible y calmosa, mientras fuma un cigarrillo, -Don Roque Prez cuenta su caso a un grupo de oficinistas.</p> +Don Roque Pérez cuenta su caso a un grupo de oficinistas.</p> -<p>Cuando l era dependiente, dorma en la trastienda. El negocio de -Sarratea ocupaba una vieja casuca que todava existe en una esquina de +<p>Cuando él era dependiente, dormía en la trastienda. El negocio de +Sarratea ocupaba una vieja casuca que todavía existe en una esquina de la plaza.<span class="pagenum"><a name="Page_146" id="Page_146">[146]</a></span></p> -<p>El dependiente barra la vereda todas las maanas, plumereaba los -estantes, y aguardaba al patrn que se presentaba a las ocho.</p> +<p>El dependiente barría la vereda todas las mañanas, plumereaba los +estantes, y aguardaba al patrón que se presentaba a las ocho.</p> -<p>Sarratea despachaba personalmente, detrs del mostrador; pero si haba +<p>Sarratea despachaba personalmente, detrás del mostrador; pero si había que bajar alguna pieza de un alto estante, colocaba la escalera y el dependiente se encaramaba por ella.</p> -<p>A las nueve de la noche, Sarratea despeda a sus contertulios del -barrio, guardbase el dinero en el bolsillo y se marchaba a su casa. +<p>A las nueve de la noche, Sarratea despedía a sus contertulios del +barrio, guardábase el dinero en el bolsillo y se marchaba a su casa. Entonces el dependiente trancaba las dos puertas de la tienda, rezaba -su rosario y se meta en cama.</p> +su rosario y se metía en cama.</p> -<p>Una noche entre las noches, Roque Prez, despus de acostarse, dirigi -la vista al techo, y vi que colgaba una cola de gato por una rotura -del caizo.</p> +<p>Una noche entre las noches, Roque Pérez, después de acostarse, dirigió +la vista al techo, y vió que colgaba una cola de gato por una rotura +del cañizo.</p> <p>El agujero quedaba perpendicularmente sobre su cabeza, y la cola de gato apuntaba, naturalmente, a sus narices.</p> -<p>—Qu ser eso?—pens el dependiente.—Qu ser?...</p> +<p>—¿Qué será eso?—pensó el dependiente.—¿Qué será?...</p> -<p>Apag la vela y se durmi.</p> +<p>Apagó la vela y se durmió.</p> -<p>Varias noches despus del descubrimiento, Roque Prez volvi a mirar -la cola de gato. Al cabo de una hora de contemplacin, pensaba: qu -ser esa cola?... Y se deca: maana voy a poner la escalera para ver -lo que es... Y apagaba la vela y se dorma.</p> +<p>Varias noches después del descubrimiento, Roque Pérez volvió a mirar +la cola de gato. Al cabo de una hora de contemplación, pensaba: ¿qué +será esa cola?... Y se decía: mañana voy a poner la escalera para ver +lo que es... Y apagaba la vela y se dormía.</p> -<p>Todas las maanas, al despertar, Roque Prez se desperezaba y miraba +<p>Todas las mañanas, al despertar, Roque Pérez se desperezaba y miraba la cola de gato. La miraba todas las noches al acostarse. Y siempre -pensaba: en uno de estos das voy a poner la escalera.<span class="pagenum"><a name="Page_147" id="Page_147">[147]</a></span></p> +pensaba: en uno de estos días voy a poner la escalera.<span class="pagenum"><a name="Page_147" id="Page_147">[147]</a></span></p> -<p>Pero Roque Prez era indolente, con esa profunda indolencia de los -pueblos paldicos. El haba tenido una idea: aquella cola de gato -deba ser <i>algo</i>. Para saber qu era, haba tiempo.</p> +<p>Pero Roque Pérez era indolente, con esa profunda indolencia de los +pueblos palúdicos. El había tenido una idea: aquella cola de gato +debía ser <i>algo</i>. Para saber qué era, había tiempo.</p> -<p>As pasaron dos aos, y pasaron cinco aos, y pasaron diez aos!... -El seor Sarratea muri de tabardillo; los herederos liquidaron el -negocio; Prez tuvo que abandonar la vieja casuca.</p> +<p>Así pasaron dos años, y pasaron cinco años, ¡y pasaron diez años!... +El señor Sarratea murió de tabardillo; los herederos liquidaron el +negocio; Pérez tuvo que abandonar la vieja casuca.</p> -<p>Sali de all con quinientos pesos de sueldos economizados y se -contrat en la tienda de enfrente.</p> +<p>Salió de allí con quinientos pesos de sueldos economizados y se +contrató en la tienda de enfrente.</p> -<p>A poco de esto, alquil la casa de Sarratea un boticario alemn que +<p>A poco de esto, alquiló la casa de Sarratea un boticario alemán que llegara a Salta con su mujer.</p> -<p>Lo primero que hizo el boticario, naturalmente, fu preocuparse de la +<p>Lo primero que hizo el boticario, naturalmente, fué preocuparse de la limpieza del chirivitil, para instalar su botica.</p> -<p>Un da el boticario entr en la trastienda, y al revisar las paredes y -los techos, vi la cola de gato. El alemn llam a su mujer y le -mostr aquello. Pidieron prestada una escalera en la tienda de -enfrente. Roque Prez, en persona, trajo la escalera. El boticario, -ayudado por Prez, la afianz sobre un cajn para que alcanzase al -techo, y se trep.</p> - -<p>Mientras el pobre Roque sostena la escalera, el boticario, all -arriba, asi de la cola, tir, y cay al suelo una moneda de oro. Tir -ms, y cayeron algunos cascotes y varias monedas. Luego, metiendo el -brazo en el agujero del techo, sac un zurrn lleno de onzas de oro, y -se lo arroj a su mujer. Busc ms, y encontr otro zurrn, y cargando -el pesado fardo, baj al suelo.</p> - -<p>—Bueno,—dijo el alemn todo sofocado, entregndole<span class="pagenum"><a name="Page_148" id="Page_148">[148]</a></span> a Prez una -monedita.—Aqu tiene Vd. su propina. Y gracias por la escalera.</p> - -<p>Ahora, Don Roque, ante la rueda de empleados, da un chupn formidable -a su cigarrillo, sonre con calma, y con las barbas llenas de humo, +<p>Un día el boticario entró en la trastienda, y al revisar las paredes y +los techos, vió la cola de gato. El alemán llamó a su mujer y le +mostró aquello. Pidieron prestada una escalera en la tienda de +enfrente. Roque Pérez, en persona, trajo la escalera. El boticario, +ayudado por Pérez, la afianzó sobre un cajón para que alcanzase al +techo, y se trepó.</p> + +<p>Mientras el pobre Roque sostenía la escalera, el boticario, allá +arriba, asió de la cola, tiró, y cayó al suelo una moneda de oro. Tiró +más, y cayeron algunos cascotes y varias monedas. Luego, metiendo el +brazo en el agujero del techo, sacó un zurrón lleno de onzas de oro, y +se lo arrojó a su mujer. Buscó más, y encontró otro zurrón, y cargando +el pesado fardo, bajó al suelo.</p> + +<p>—Bueno,—dijo el alemán todo sofocado, entregándole<span class="pagenum"><a name="Page_148" id="Page_148">[148]</a></span> a Pérez una +monedita.—Aquí tiene Vd. su propina. Y gracias por la escalera.</p> + +<p>Ahora, Don Roque, ante la rueda de empleados, da un chupón formidable +a su cigarrillo, sonríe con calma, y con las barbas llenas de humo, dice:</p> -<p>—Entonces fu cuando comprend que mi destino era ser empleado -pblico.</p> +<p>—Entonces fué cuando comprendí que mi destino era ser empleado +público.</p> @@ -3354,149 +3338,149 @@ pblico.</p> <h2><a name="EL_SALTO_ATRAS" id="EL_SALTO_ATRAS"></a>EL SALTO ATRAS</h2> -<p>—Escalandrini, pseme el frasco de las araas,—le dije al +<p>—Escalandrini, páseme el frasco de las arañas,—le dije al ayudante.—Vamos a separar los diferentes ejemplares en lotes adecuados.</p> -<p>El hombre puso el frasco en la mesa y prepar los lentes, las pinzas, -el alcohol y dems cosas necesarias.</p> +<p>El hombre puso el frasco en la mesa y preparó los lentes, las pinzas, +el alcohol y demás cosas necesarias.</p> -<p>—Examinemos primero la araa negra... Veamos. Es una especie nueva -para nuestro museo, y hay que clasificarla. Tngame usted el frasco a +<p>—Examinemos primero la araña negra... Veamos. Es una especie nueva +para nuestro museo, y hay que clasificarla. Téngame usted el frasco a contraluz.</p> -<p>En vano busqu. Entre aquel locro de bichos no estaba la araa negra.</p> +<p>En vano busqué. Entre aquel locro de bichos no estaba la araña negra.</p> -<p>—Es singular!—objet,—pues ayer mismo la estuve mirando en el -fondo. Habrn entrado ayer aqu los muchachos despus de clase?</p> +<p>—¡Es singular!—objeté,—pues ayer mismo la estuve mirando en el +fondo. ¿Habrán entrado ayer aquí los muchachos después de clase?</p> -<p>—<i>Non signore!</i></p> +<p>—<i>¡Non signore!</i></p> <p>—Bueno. Conviene que cuide usted mejor el gabinete... Resulta que los alumnos burlan su vigilancia y se roban los bichos.</p> -<p>La prdida me contrariaba de veras. Tratbase de cierta araa del -Chaco, muy rara, muy difcil de pillar.<span class="pagenum"><a name="Page_150" id="Page_150">[150]</a></span> Se la deb a la gentileza de -Don Tadeo Amaya, lenguaraz de una toldera de junto al Bermejo.</p> +<p>La pérdida me contrariaba de veras. Tratábase de cierta araña del +Chaco, muy rara, muy difícil de pillar.<span class="pagenum"><a name="Page_150" id="Page_150">[150]</a></span> Se la debí a la gentileza de +Don Tadeo Amaya, lenguaraz de una toldería de junto al Bermejo.</p> -<p>Algunos das despus de este pequeo incidente, Escalandrini vino a +<p>Algunos días después de este pequeño incidente, Escalandrini vino a buscarme a casa con el fin de entregarme unos portaobjetos del -microscopio. Apenas se me acerc le sent un tufillo inconfundible a -caa. Y confirm mis sospechas del alcoholismo del ayudante, una noche -que lo encontr por una calle haciendo eses.</p> - -<p>No haca mucho que se haban abierto los cursos, y pens que an era -tiempo de buscar otro ayudante. Aquel hombre me haba inspirado desde -el primer da una invencible repulsin; as es que me alegr cuando le -descubr su vicio. Slo aguardaba una buena oportunidad para hacerlo +microscopio. Apenas se me acercó le sentí un tufillo inconfundible a +caña. Y confirmé mis sospechas del alcoholismo del ayudante, una noche +que lo encontré por una calle haciendo eses.</p> + +<p>No hacía mucho que se habían abierto los cursos, y pensé que aún era +tiempo de buscar otro ayudante. Aquel hombre me había inspirado desde +el primer día una invencible repulsión; así es que me alegré cuando le +descubrí su vicio. Sólo aguardaba una buena oportunidad para hacerlo saltar del Colegio.</p> -<p>Aunque italiano, Escalandrini tena tipo de negro. Ostentaba una -cabellera lanuda, apelmazada, y que tiraba a rubio. Tena la tez -amarillenta, los ojos pequeos y huraos, y era bajo de estatura. Era -barbilampio, jetn, dentudo, y tena pmulos salientes y brazos muy +<p>Aunque italiano, Escalandrini tenía tipo de negro. Ostentaba una +cabellera lanuda, apelmazada, y que tiraba a rubio. Tenía la tez +amarillenta, los ojos pequeños y huraños, y era bajo de estatura. Era +barbilampiño, jetón, dentudo, y tenía pómulos salientes y brazos muy largos para su estatura: en resumen, un aire sub-humano, sobre todo si -se lo examinaba de cerca, por cierta expresin esquiva y bestial de +se lo examinaba de cerca, por cierta expresión esquiva y bestial de tristeza en la mirada.</p> <p>Y sin embargo, como ayudante no puedo negar que era competente y experimentado.</p> -<p>Haba venido al Colegio Nacional, recomendado por el naturalista -Timperton, y haba sido auxiliar de zoologa en un museo de Turn, y -despus miembro de una expedicin entomolgica en la colonia Eritrea.</p> +<p>Había venido al Colegio Nacional, recomendado por el naturalista +Timperton, y había sido auxiliar de zoología en un museo de Turín, y +después miembro de una expedición entomológica en la colonia Eritrea.</p> -<p>Ahora bien; un da que yo sealara a la clase un<span class="pagenum"><a name="Page_151" id="Page_151">[151]</a></span> tema sobre las aves, -entr antes de hora en el gabinete y me puse a revisar una coleccin -de voltiles que deba utilizar en mi conferencia. Escalandrini -hallbase a la sazn ocupado en disecar, en un extremo del saln, un -loro barranquero que l mismo cazara con tal objeto.</p> +<p>Ahora bien; un día que yo señalara a la clase un<span class="pagenum"><a name="Page_151" id="Page_151">[151]</a></span> tema sobre las aves, +entré antes de hora en el gabinete y me puse a revisar una colección +de volátiles que debía utilizar en mi conferencia. Escalandrini +hallábase a la sazón ocupado en disecar, en un extremo del salón, un +loro barranquero que él mismo cazara con tal objeto.</p> -<p>Al revisar las colecciones de los armarios not que faltaban algunas -piezas. Despus advert un excesivo desperdicio de alcohol, pues las -tablas de los estantes estaban mojadas de este lquido.</p> +<p>Al revisar las colecciones de los armarios noté que faltaban algunas +piezas. Después advertí un excesivo desperdicio de alcohol, pues las +tablas de los estantes estaban mojadas de este líquido.</p> -<p>—Tenga usted ms cuidado, Escalandrini—, le dije al +<p>—Tenga usted más cuidado, Escalandrini—, le dije al ayudante.—Derrama usted demasiado alcohol en la remuda de los botes.</p> -<p>Pero un detalle bien curioso me llam la atencin. En un estante, como -escondida detrs de unos frascos, yaca una cabeza de <i>crtalus</i>, que -sin duda haba sido separada del tronco, no por cuchilla de cortes, ni -por bistur, sino a tirones, pues los tejidos presentbanse +<p>Pero un detalle bien curioso me llamó la atención. En un estante, como +escondida detrás de unos frascos, yacía una cabeza de <i>crótalus</i>, que +sin duda había sido separada del tronco, no por cuchilla de cortes, ni +por bisturí, sino a tirones, pues los tejidos presentábanse desgarrados.</p> <p>—Yo quisiera dar <i>cun</i> los traviesos <i>qui</i> me <i>facen</i> un <i>batituque -dil</i> gabinete—, gru Escalandrini, que se haba vuelto en su silla y -expiaba mis movimientos. Pero la fisonoma del individuo no acusaba la -expresin correspondiente al tono con que pronunciara tales palabras; -circunstancia que no dej de impresionarme.</p> +dil</i> gabinete—, gruñó Escalandrini, que se había vuelto en su silla y +expiaba mis movimientos. Pero la fisonomía del individuo no acusaba la +expresión correspondiente al tono con que pronunciara tales palabras; +circunstancia que no dejó de impresionarme.</p> -<p>Quiz se haba fijado ms en m que en sus propias palabras.</p> +<p>Quizá se había fijado más en mí que en sus propias palabras.</p> -<p>Luego descubr, dispersas en las tablas, algunas gotas de estearina.<span class="pagenum"><a name="Page_152" id="Page_152">[152]</a></span></p> +<p>Luego descubrí, dispersas en las tablas, algunas gotas de estearina.<span class="pagenum"><a name="Page_152" id="Page_152">[152]</a></span></p> -<p>Como en el gabinete no haba luz elctrica, supuse que alguien se -entrara de noche, y con vela.</p> +<p>Como en el gabinete no había luz eléctrica, supuse que alguien se +entraría de noche, y con vela.</p> -<p>No pregunt nada.</p> +<p>No pregunté nada.</p> -<p>En lo sucesivo el gabinete me pareci ya mejor cuidado. Sin embargo, +<p>En lo sucesivo el gabinete me pareció ya mejor cuidado. Sin embargo, buscando a lente, siempre hallaba en el suelo, o en la mesa, o en los -estantes, gotas de estearina que haban sido raspadas,—se conoca—, +estantes, gotas de estearina que habían sido raspadas,—se conocía—, con sumo cuidado.</p> -<p>Entonces fu cuando empec a concretar mis sospechas...</p> +<p>Entonces fué cuando empecé a concretar mis sospechas...</p> <p>Y un suceso lamentable vino a precipitar el desenlace de esta intriga, a develar el misterio de un temperamento.</p> <p>En el aserradero de Perutti, la tarde del 6 de Abril, un obrero se -cort la mano derecha con una sierra sin fin. Se le haba enganchado +cortó la mano derecha con una sierra sin fin. Se le había enganchado la manga en el trozo que aserraba, y a pesar de los sobrehumanos -esfuerzos del infeliz, el trozo le arrastr el brazo, la sierra pas -de travs, y el hombre qued manco.</p> +esfuerzos del infeliz, el trozo le arrastró el brazo, la sierra pasó +de través, y el hombre quedó manco.</p> -<p>Fu una espantosa confusin. Los compaeros del taller acudieron a -auxiliarlo, pues se iba en sangre. Lo llevaron a la Asistencia Pblica -y all le contuvieron la hemorragia.</p> +<p>Fué una espantosa confusión. Los compañeros del taller acudieron a +auxiliarlo, pues se iba en sangre. Lo llevaron a la Asistencia Pública +y allí le contuvieron la hemorragia.</p> -<p>Cuando el pobre obrero estuvo en sus cabales se acord de su mano. -Pregunt por ella. Los compaeros fueron a buscarla entre el aserrn, -pero no la hallaron. La mano se haba extraviado.</p> +<p>Cuando el pobre obrero estuvo en sus cabales se acordó de su mano. +Preguntó por ella. Los compañeros fueron a buscarla entre el aserrín, +pero no la hallaron. La mano se había extraviado.</p> -<p>Poco despus del accidente la mujer de un obrero haba visto varios +<p>Poco después del accidente la mujer de un obrero había visto varios perros que olfateaban la sangre...<span class="pagenum"><a name="Page_153" id="Page_153">[153]</a></span></p> -<p>Tuvieron que ir a contarle al dueo de la mano la verdad:</p> +<p>Tuvieron que ir a contarle al dueño de la mano la verdad:</p> <p>—Parece que un perro se la ha comido...</p> <hr style="width: 45%;" /> <p>La noche del 16 de Abril, bien madurado mi plan, me introduje con gran -sigilo en el Colegio; atraves de puntillas los largos claustros, -llegu a la puerta del gabinete, y espi por el ojo de la llave...</p> +sigilo en el Colegio; atravesé de puntillas los largos claustros, +llegué a la puerta del gabinete, y espié por el ojo de la llave...</p> <p>Frente a frente de la puerta, ante la mesa de conferencias, alumbrado por un pucho de vela, Escalandrini perpetraba un horrible banquete.</p> -<p>De un frasco de araas en alcohol echaba a pecho grandes tragos. En -eso, sac del bolsillo una mano muerta y empez a devorarse el dedo +<p>De un frasco de arañas en alcohol echaba a pecho grandes tragos. En +eso, sacó del bolsillo una mano muerta y empezó a devorarse el dedo mayor.</p> -<p>El monstruo pareca borracho. Sus ojos relampagueaban, ebrios de +<p>El monstruo parecía borracho. Sus ojos relampagueaban, ebrios de alcohol y de gula bestial.</p> -<p>Despus, con una pinza, extrajo una araa pollito, y de una dentellada -le cercen el abdmen.</p> +<p>Después, con una pinza, extrajo una araña pollito, y de una dentellada +le cercenó el abdómen.</p> <hr style="width: 45%;" /> -<p>Escalandrini era un caso tpico de regresin o salto atrs. Una vuelta -a los trogloditas antropfagos.</p> +<p>Escalandrini era un caso típico de regresión o salto atrás. Una vuelta +a los trogloditas antropófagos.</p> -<p>Ribot, en su <i>Herencia</i>, habla de un neozelands educado en Londres, -que se comi viva a una nia de cinco aos.<span class="pagenum"><a name="Page_154" id="Page_154">[154]</a></span></p> +<p>Ribot, en su <i>Herencia</i>, habla de un neozelandés educado en Londres, +que se comió viva a una niña de cinco años.<span class="pagenum"><a name="Page_154" id="Page_154">[154]</a></span></p> @@ -3505,176 +3489,176 @@ que se comi viva a una nia de cinco aos.<span class="pagenum"><a name="Page_1 <h2><a name="LA_MUERTE_DEL_MUERTO" id="LA_MUERTE_DEL_MUERTO"></a>LA MUERTE DEL MUERTO</h2> -<p>La fechora que voy a confesar pesa sobre mi conciencia de un modo -abrumador, y su recuerdo me es tanto ms doloroso, cuanto menos -preconcebida fu la conducta que en este caso observ, al dejarme +<p>La fechoría que voy a confesar pesa sobre mi conciencia de un modo +abrumador, y su recuerdo me es tanto más doloroso, cuanto menos +preconcebida fué la conducta que en este caso observé, al dejarme arrastrar por el perverso apetito del crimen, que parece ser el estigma de mi existencia.</p> -<p>Qu conseguira yo suplicando al lector que procure encontrarme +<p>¿Qué conseguiría yo suplicando al lector que procure encontrarme atenuantes o justificativos en esta infamia? Nada.</p> -<p>Y as, desde que escap a la accin de la justicia humana (y aun +<p>Y así, desde que escapé a la acción de la justicia humana (y aun espero escapar de la divina), le saco provecho a la verdad, -escribiendo mis barrabasadas, no sin escndalo, me consta, de ciertos +escribiendo mis barrabasadas, no sin escándalo, me consta, de ciertos timoratos.</p> -<p>Y ya me dejo de rodeos, y contar las cosas tal cual pasaron, +<p>Y ya me dejo de rodeos, y contaré las cosas tal cual pasaron, fielmente.</p> -<p>Yo estudiaba cuarto ao secundario en el colegio del Carmen, de la +<p>Yo estudiaba cuarto año secundario en el colegio del Carmen, de la calle Estados Unidos, de Buenos Aires.</p> -<p>Tenamos un profesor de ingls que se llamaba mster Moore.<span class="pagenum"><a name="Page_156" id="Page_156">[156]</a></span></p> +<p>Teníamos un profesor de inglés que se llamaba míster Moore.<span class="pagenum"><a name="Page_156" id="Page_156">[156]</a></span></p> -<p>Era un hombre como de sesenta aos, muy alto y de porte grave.</p> +<p>Era un hombre como de sesenta años, muy alto y de porte grave.</p> -<p>Su rigor en el cumplimiento del deber era tal, que, en diez aos de +<p>Su rigor en el cumplimiento del deber era tal, que, en diez años de profesorado, apenas cuatro veces habia faltado a clase. Nunca hablaba sino lo estrictamente necesario, ni tuvo nunca con sus alumnos una -frase de expansin o de confianza.</p> +frase de expansión o de confianza.</p> -<p>Mster Moore nos infunda, pues, ese respeto mezclado de lstima que +<p>Míster Moore nos infundía, pues, ese respeto mezclado de lástima que inspiran la soledad y la digna reserva de las personas que sufren. -Porque nosotros suponamos que el pobre profesor sufra, y sufra en +Porque nosotros suponíamos que el pobre profesor sufría, y sufría en silencio, con su cara displicente de clown jubilado, toda rasurada, y -bajo su levita de incierto color azul, nica, perpetua, humilde y +bajo su levita de incierto color azul, única, perpetua, humilde y respetable.</p> -<p>Por lo dems, poco sabamos de sus rarezas. No cultivaba relaciones -ntimas, viva en una pensin de la calle Rivadavia, y coma en su +<p>Por lo demás, poco sabíamos de sus rarezas. No cultivaba relaciones +íntimas, vivía en una pensión de la calle Rivadavia, y comía en su pieza, por librarse de la gente.</p> -<p>Cuanto a su enseanza, daba buenos resultados, aunque no conmigo, que -siempre merec calabazas en ingls.</p> +<p>Cuanto a su enseñanza, daba buenos resultados, aunque no conmigo, que +siempre merecí calabazas en inglés.</p> -<p>Aquel ao la salud de Mr. Moore decaa visiblemente, a juzgar por la +<p>Aquel año la salud de Mr. Moore decaía visiblemente, a juzgar por la palidez progresiva de su rostro y el aire taciturno de su andar.</p> -<p>No hubimos de extraarnos, pues, cuando una tarde de junio, el +<p>No hubimos de extrañarnos, pues, cuando una tarde de junio, el director nos dijo en clase que Mr. Moore acababa de morir de un -sncope, al tomar el tranva para venir al colegio.</p> +síncope, al tomar el tranvía para venir al colegio.</p> -<p>Los alumnos de cuarto ao hubimos de encargarnos de las diligencias -previas al entierro. Y as, nos trasladamos<span class="pagenum"><a name="Page_157" id="Page_157">[157]</a></span> a la pensin de la calle -Rivadavia, donde, en su cama, encontramos al excntrico serenamente +<p>Los alumnos de cuarto año hubimos de encargarnos de las diligencias +previas al entierro. Y así, nos trasladamos<span class="pagenum"><a name="Page_157" id="Page_157">[157]</a></span> a la pensión de la calle +Rivadavia, donde, en su cama, encontramos al excéntrico serenamente dormido en la eternidad.</p> -<p>El vigilante de la esquina lo haba recogido y llevado a la casa.</p> +<p>El vigilante de la esquina lo había recogido y llevado a la casa.</p> <p>Seis velas sobre seis sillas en torno del catre, y un crucifijo entre -las manos del difunto, cuya religin no conocamos, bastaron para el -arreglo fnebre, y all nos quedamos hacindole compaa.</p> +las manos del difunto, cuya religión no conocíamos, bastaron para el +arreglo fúnebre, y allí nos quedamos haciéndole compañía.</p> -<p>Pero a media noche los discpulos resolvieron pasarla en un cafetn, -en lugar de guardar a Mr. Moore. Yo rechac la invitacin, y no sin -agrado me qued solo, pues la situacin favoreca el maquinamiento de +<p>Pero a media noche los discípulos resolvieron pasarla en un cafetín, +en lugar de guardar a Mr. Moore. Yo rechacé la invitación, y no sin +agrado me quedé solo, pues la situación favorecía el maquinamiento de cierto poema que pensaba escribir.</p> -<p>Era la del velorio una habitacin espaciosa, y tena una puerta a un +<p>Era la del velorio una habitación espaciosa, y tenía una puerta a un pasillo estrecho con baranda de hierro, en el piso alto, sobre el patio.</p> -<p>Haba otras dos puertas que comunicaban con piezas contiguas, pero -estaban tapadas con roperos, disposicin sta que me vali mucho, -ahogando el ruido, como habr de verse luego.</p> +<p>Había otras dos puertas que comunicaban con piezas contiguas, pero +estaban tapadas con roperos, disposición ésta que me valió mucho, +ahogando el ruido, como habrá de verse luego.</p> <p>Ocupaba la cama el centro del cuarto, los pies hacia la puerta, y la cabecera contra la pared del fondo.</p> -<p>Junto a un ropero, a la izquierda de la cama, me instal en un -confortable silln, al lado de la mesa de trabajo, donde yacan una +<p>Junto a un ropero, a la izquierda de la cama, me instalé en un +confortable sillón, al lado de la mesa de trabajo, donde yacían una Biblia y algunos libros ingleses.</p> -<p>Desde mi sitio, como a cinco pasos, poda yo ver, indistintamente, la -cara esculida del muerto; y al cabo de un cuarto de hora, la -sugestin irresistible del cuadro,<span class="pagenum"><a name="Page_158" id="Page_158">[158]</a></span> dispersando mis poticos -pensamientos, me haba impuesto, en cambio, su pavoroso misterio.</p> +<p>Desde mi sitio, como a cinco pasos, podía yo ver, indistintamente, la +cara escuálida del muerto; y al cabo de un cuarto de hora, la +sugestión irresistible del cuadro,<span class="pagenum"><a name="Page_158" id="Page_158">[158]</a></span> dispersando mis poéticos +pensamientos, me había impuesto, en cambio, su pavoroso misterio.</p> -<p>Cunta ignota pena, cunta desolacin, cunto abandono, contempl en +<p>¡Cuánta ignota pena, cuánta desolación, cuánto abandono, contemplé en aquella vida desgraciada que acababa de apagarse!</p> -<p>Pobre viejo! Llevbase l a la tumba, con su eterno spleen, quin -sabe qu nostalgias, quin sabe qu recuerdos!</p> +<p>¡Pobre viejo! Llevábase él a la tumba, con su eterno spleen, ¡quién +sabe qué nostalgias, quién sabe qué recuerdos!</p> -<p>Y a la luz amarilla de las velas, me pareci ver dibujarse una sonrisa -de paz en aquella boca rgida que jams haba sonredo.</p> +<p>Y a la luz amarilla de las velas, me pareció ver dibujarse una sonrisa +de paz en aquella boca rígida que jamás había sonreído.</p> -<p>Hay en la llama plida de esas velas de muerto, algo as como un -afligente fervor de splica; un intangible soplo las consume, y se -agitan inquietas en el silencio como anmulas simblicas del dolor.</p> +<p>Hay en la llama pálida de esas velas de muerto, algo así como un +afligente fervor de súplica; un intangible soplo las consume, y se +agitan inquietas en el silencio como anímulas simbólicas del dolor.</p> -<p>Aquella era en verdad una hermosa mscara. La nariz alta sostena, con +<p>Aquella era en verdad una hermosa máscara. La nariz alta sostenía, con elegancia de columnata corintia, el doble arco de la frente, abierto y -noble. Los labios eran delgados, y el mentn saliente, con firme -decisin de voluntad.</p> +noble. Los labios eran delgados, y el mentón saliente, con firme +decisión de voluntad.</p> -<p>De pronto, un escalofro me crisp los nervios. Los ojos de Mr. Moore -se haban abierto...</p> +<p>De pronto, un escalofrío me crispó los nervios. Los ojos de Mr. Moore +se habían abierto...</p> -<p>Sera posible?...</p> +<p>¿Sería posible?...</p> -<p>Trat de tranquilizarme. Incorporndome con un sigilo ansioso, me -acerqu de puntillas al lecho. Pero los ojos estaban cerrados.</p> +<p>Traté de tranquilizarme. Incorporándome con un sigilo ansioso, me +acerqué de puntillas al lecho. Pero los ojos estaban cerrados.</p> -<p>Me expliqu. Las velas, sobre su cara brillante, jugaban con reflejos +<p>Me expliqué. Las velas, sobre su cara brillante, jugaban con reflejos y sombras.</p> -<p>Volv a mi sitio, y por distraerme abr la Biblia, procurando -intilmente leer. Con la imaginacin en desorden,<span class="pagenum"><a name="Page_159" id="Page_159">[159]</a></span> y el corazn al -galope, ya no fu dueo de m mismo; entonces sobrevino la crisis!</p> +<p>Volví a mi sitio, y por distraerme abrí la Biblia, procurando +inútilmente leer. Con la imaginación en desorden,<span class="pagenum"><a name="Page_159" id="Page_159">[159]</a></span> y el corazón al +galope, ya no fuí dueño de mí mismo; ¡entonces sobrevino la crisis!</p> -<p>Y la incurable neurosis que padezco se desbord en mi cerebro con -imgenes descabelladas, con ideas incoherentes y estrafalarias.</p> +<p>Y la incurable neurosis que padezco se desbordó en mi cerebro con +imágenes descabelladas, con ideas incoherentes y estrafalarias.</p> <p>En estos ataques agudos, el cerrar los ojos, o el quedarme en tinieblas, no me da resultado. Desfilan ante mis pupilas, en vertiginosa balumba, todas las furias del infierno. Rostros de mujeres, de viejos, de locos, de perros, de burros, se transforman, se sustituyen, se mezclan y se esfuman en una semioscuridad extravagante, -absurda. Y la crisis slo tiene un remedio: correr, o saltar, o -gritar, o matar!... hacer, en fin, algn esfuerzo muscular intenso, -que despilfarre mis anormales energas de un modo sbito y violento.</p> +absurda. Y la crisis sólo tiene un remedio: correr, o saltar, o +gritar, ¡o matar!... hacer, en fin, algún esfuerzo muscular intenso, +que despilfarre mis anormales energías de un modo súbito y violento.</p> <p>Y con la mirada clavada en el muerto, exaltado, enajenado, anhelante, -fronterizo de la demencia, en el paroxismo de la atencin, lo +fronterizo de la demencia, en el paroxismo de la atención, lo vigilaba, lo acechaba, lo espiaba, con la sospecha inaguantable de que -no estaba muerto, de que estaba hacindose el muerto, de que pretenda -asustarme, sorprenderme, burlarse de m...</p> +no estaba muerto, de que estaba haciéndose el muerto, de que pretendía +asustarme, sorprenderme, burlarse de mí...</p> -<p>Y en ese instante la cosa se produjo. Mr. Moore haba levantado una -pierna en el aire, una pierna peluda y flaca, de araa gigante; un pie +<p>Y en ese instante la cosa se produjo. ¡Mr. Moore había levantado una +pierna en el aire, una pierna peluda y flaca, de araña gigante; un pie descarnado, repugnante, amarillento, de largos dedos abiertos en abanico!</p> -<p>Mr. Moore se haba despertado de la muerte, y Mr. Moore, por fin, -rgido, esculido, con los ojos fuera de las rbitas, mirndome -impertrrito, desnudo, espantosamente<span class="pagenum"><a name="Page_160" id="Page_160">[160]</a></span> desnudo, se haba puesto de pie +<p>¡Mr. Moore se había despertado de la muerte, y Mr. Moore, por fin, +rígido, escuálido, con los ojos fuera de las órbitas, mirándome +impertérrito, desnudo, espantosamente<span class="pagenum"><a name="Page_160" id="Page_160">[160]</a></span> desnudo, se había puesto de pie junto a la cama!</p> -<p>No pude ms!</p> +<p>¡No pude más!</p> -<p>Posedo de un acceso formidable de energa, de alegra brbara, de -terror loco; gil como un demonio, salt sobre l y le pegu una -bofetada tal, que lo acost patas arriba sobre su lecho de muerte.</p> +<p>Poseído de un acceso formidable de energía, de alegría bárbara, de +terror loco; ágil como un demonio, salté sobre él y le pegué una +bofetada tal, que lo acosté patas arriba sobre su lecho de muerte.</p> -<p>Despus, maquinalmente, lo acomod en la posicin primitiva; y poco a -poco, al recobrar la serenidad y la razn, dime clara cuenta del -peligro que corra, si, como era posible, alguien en la casa hubiese -odo el ruido.</p> +<p>Después, maquinalmente, lo acomodé en la posición primitiva; y poco a +poco, al recobrar la serenidad y la razón, dime clara cuenta del +peligro que corría, si, como era posible, alguien en la casa hubiese +oído el ruido.</p> <p>Presa de inmensa angustia, auscultaba el nocturno silencio. Pero nadie -acudi.</p> +acudió.</p> -<p>Mi delito quedaba impune para siempre!</p> +<p>¡Mi delito quedaba impune para siempre!</p> -<p>Y por la maana, en la Chacarita, en torno a la fosa, junto a mis -condiscpulos, ech como ellos mi palada de tierra sobre el cadver de -Mr. Moore, cuyo asesino no dej traslucir ni un asomo de emocin.</p> +<p>Y por la mañana, en la Chacarita, en torno a la fosa, junto a mis +condiscípulos, eché como ellos mi palada de tierra sobre el cadáver de +Mr. Moore, cuyo asesino no dejó traslucir ni un asomo de emoción.</p> <p>Muchas veces he pensado con horror en una autopsia de la que hubiera -resultado esta frmula concisa y fatal: "Sonambulismo catalptico -acabado en la sepultura por una conmocin cerebral enorme."</p> +resultado esta fórmula concisa y fatal: "Sonambulismo cataléptico +acabado en la sepultura por una conmoción cerebral enorme."</p> @@ -3693,61 +3677,61 @@ HUMORISMOS Y FILOSOFIAS</h2> <p>Triste cosa es hallarse obligado a trabajar, y no ser como este pato del lago que estoy mirando, mientras escribo, paradito en una pata, de -ocioso, calentndose al sol, al sol que es la esterlina y la estufa de +ocioso, calentándose al sol, al sol que es la esterlina y la estufa de los que no trabajan.</p> <p>La ociosidad es la madre del pesimismo. Y hoy me siento pesimista.</p> -<p>Por qu vienen das tontos, das en que se aflojan los resortes del -carcter, das en que nada, nada, nos parece digno de ser tomado en -serio; das de aburrimiento, de nirvana, de desaliento, en que las +<p>¿Por qué vienen días tontos, días en que se aflojan los resortes del +carácter, días en que nada, nada, nos parece digno de ser tomado en +serio; días de aburrimiento, de nirvana, de desaliento, en que las menudencias que forman la diaria urdimbre de la vida nos acosan, nos -hastan y nos hartan?</p> +hastían y nos hartan?</p> <p>El noventa por ciento de nuestros actos diarios se producen bajo el -imperio de la rutina, de ridculas preocupaciones, de perjuicios +imperio de la rutina, de ridículas preocupaciones, de perjuicios pueriles.</p> -<p>Si me junto en la plaza con algn petizo mi compaa le avinagra, y me -pide que lo deje caminar por el centro para aparecer ms alto.<span class="pagenum"><a name="Page_164" id="Page_164">[164]</a></span></p> +<p>Si me junto en la plaza con algún petizo mi compañía le avinagra, y me +pide que lo deje caminar por el centro para aparecer más alto.<span class="pagenum"><a name="Page_164" id="Page_164">[164]</a></span></p> -<p>Hay quien asiste al baile con un frac viejo de su to, y averigua cmo -est su figura. Y cmo ha de estar!</p> +<p>Hay quien asiste al baile con un frac viejo de su tío, y averigua cómo +está su figura. ¡Y cómo ha de estar!</p> <p>—Pero si te queda muy bien,—afirma un papanatas que no se resuelve a -entrar en el saln, porque se le descompuso la onda del peinado.</p> +entrar en el salón, porque se le descompuso la onda del peinado.</p> -<p>Y los preguntones?... esos abombados que interrogan sin ton ni son. Y -usted les responde, y de su respuesta se les d una higa! Lo que -ellos saben es preguntar, no importa qu. Y vuelven a la carga, tanto -ms reciamente, cuanto menos cara le ven a uno de responder.</p> +<p>¿Y los preguntones?... esos abombados que interrogan sin ton ni son. Y +usted les responde, ¡y de su respuesta se les dá una higa! Lo que +ellos saben es preguntar, no importa qué. Y vuelven a la carga, tanto +más reciamente, cuanto menos cara le ven a uno de responder.</p> <p>Gentes hay que no molestan de cerca, pero que saludan perdonando la -vida. Y an os dicen: "Adis amigo", y en el fondo os estn deseando -una apoplega.</p> +vida. Y aún os dicen: "Adiós amigo", y en el fondo os están deseando +una apoplegía.</p> -<p>Lbrenos el demonio de los charlatanes que se creen ingeniosos y +<p>Líbrenos el demonio de los charlatanes que se creen ingeniosos y espirituales e hilvanan viejos chistes con nuevas simplezas y son -testigos o hroes de todos los sucesos del pueblo y juran y se -acaloran a base de macaneo. Y lbrenos de los murmuradores que todo lo +testigos o héroes de todos los sucesos del pueblo y juran y se +acaloran a base de macaneo. Y líbrenos de los murmuradores que todo lo denigran, como si poseyesen ellos solos el cetro de la justicia.</p> -<p>Quin no se sinti harto alguna vez de las pequeeces, de las +<p>¿Quién no se sintió harto alguna vez de las pequeñeces, de las importunidades, de las indiscreciones de los otros, y ha deseado -escapar a mil leguas de la tierra, lejos de sus congneres?</p> +escapar a mil leguas de la tierra, lejos de sus congéneres?</p> -<p>Quin no ha deseado el suicidio, la grata compaa de los muertos, -que son los mejores prjimos, acaso porque ya no hablan?<span class="pagenum"><a name="Page_165" id="Page_165">[165]</a></span></p> +<p>¿Quién no ha deseado el suicidio, la grata compañía de los muertos, +que son los mejores prójimos, acaso porque ya no hablan?<span class="pagenum"><a name="Page_165" id="Page_165">[165]</a></span></p> -<p>Oh si nos fuese dado morir con la facilidad con que se ingiere un +<p>¡Oh si nos fuese dado morir con la facilidad con que se ingiere un vaso de <i>vermouth</i>!</p> -<p>Sin embargo, los que se matan llevan a cabo una tontera ms +<p>Sin embargo, los que se matan llevan a cabo una tontería más considerable que todas las que en vida cometieron, porque al fin y al cabo algo de bueno ofrece la existencia, fuera de estos ratos de -tedio. Y an en stos gozamos la libertad de detractarla, sentados en +tedio. Y aún en éstos gozamos la libertad de detractarla, sentados en el parque, bajo los pinos, tomando el aperital, acariciada la frente -por una brisa cordial de otoo. Y siempre ser sublime la puesta del +por una brisa cordial de otoño. Y siempre será sublime la puesta del sol.</p> <p>La naturaleza nos reconcilia con la vida.<span class="pagenum"><a name="Page_166" id="Page_166">[166]</a></span></p> @@ -3759,116 +3743,116 @@ sol.</p> <h2><a name="LA_TRISTEZA" id="LA_TRISTEZA"></a>LA TRISTEZA</h2> -<p>Es el anochecer de un da de otoo, y de la vecina iglesia viene el -son de una campanita que tae, tae, difundiendo en el espacio la -inquietante premura de su llamada mstica. Por la calle, las mujeres +<p>Es el anochecer de un día de otoño, y de la vecina iglesia viene el +son de una campanita que tañe, tañe, difundiendo en el espacio la +inquietante premura de su llamada mística. Por la calle, las mujeres pasan, una que otra, hacia la iglesia: una vieja, otra vieja, otra, -que va como pisando cascotes, cucurucha, toda arrebosada. Dichosa -vieja! Cuando se postre ante el cura, invocar, egosta, el favor -divino, confiar en la salvacin. En su absoluta, supersticiosa f, no -comprendera ella la amarga duda del crucifijado, el <i>lama sabactani</i>. +que va como pisando cascotes, cucurucha, toda arrebosada. ¡Dichosa +vieja! Cuando se postre ante el cura, invocará, egoísta, el favor +divino, confiará en la salvación. En su absoluta, supersticiosa fé, no +comprendería ella la amarga duda del crucifijado, el <i>lama sabactani</i>. Y por este orden de ideas, he venido a parar en la tristeza.</p> -<p>He ido a cortar rosas al jardn. Entre el sutil encaje de las hojas, -las rosas parecan meditar, abiertas las corolas, absortas bajo el -firmamento. Haba tristeza y reposo. La luz y el movimiento evocan la +<p>He ido a cortar rosas al jardín. Entre el sutil encaje de las hojas, +las rosas parecían meditar, abiertas las corolas, absortas bajo el +firmamento. Había tristeza y reposo. La luz y el movimiento evocan la vida; el reposo es como el signo de la muerte. Cuando la brisa mueve -las flores, sus leves balanceos arrullan nuestros ensueos, pero el +las flores, sus leves balanceos arrullan nuestros ensueños, pero el absoluto reposo crepuscular infunde<span class="pagenum"><a name="Page_168" id="Page_168">[168]</a></span> una dulce tristeza. Sobrevienen -en la naturaleza y en las almas, delicados instantes as, en que -parece que <i>algo est ocurriendo</i>, misterioso, invisible. Es cuando se +en la naturaleza y en las almas, delicados instantes así, en que +parece que <i>algo está ocurriendo</i>, misterioso, invisible. Es cuando se han abierto ventanas que miran a lo eterno, y la tristeza que entonces vemos en las cosas y en los seres es como la fatiga, como la parada, en medio del infinito devenir.</p> -<p>Sobre los campos silenciosos, todos los das al cerrar la noche, la +<p>Sobre los campos silenciosos, todos los días al cerrar la noche, la inmensidad se ahonda, la eternidad se acerca, se establece una como -normalidad del prodigio. A tal hora, nadie, estando solo, podr -sentirse alegre a menos de ser un vulgar espritu. La tristeza reside, -ms honda que en las almas, en la naturaleza. Es verdad que la -naturaleza es toda movimiento, pero el movimiento est sujeto a las +normalidad del prodigio. A tal hora, nadie, estando solo, podrá +sentirse alegre a menos de ser un vulgar espíritu. La tristeza reside, +más honda que en las almas, en la naturaleza. Es verdad que la +naturaleza es toda movimiento, pero el movimiento está sujeto a las leyes del ritmo y para cada orden de movimientos rigen la suba y la -baja; la mxima intensidad y el reposo relativo sucedindose siempre. +baja; la máxima intensidad y el reposo relativo sucediéndose siempre. Por instantes o por siglos, la naturaleza, tal como nosotros, se aquieta y se arroba en un vasto recogimiento, como si ansiara -descansar y comprenderse... Y de esta ntima necesidad, nunca colmada, +descansar y comprenderse... Y de esta íntima necesidad, nunca colmada, de penetrar el secreto de la existencia, emana la tristeza que notamos a veces en los seres y en las cosas.</p> -<p>La melancola del asno inmvil junto a la tapia del corral; la oscura -mole de las montaas, cerrando el horizonte; la serenidad de las +<p>La melancolía del asno inmóvil junto a la tapia del corral; la oscura +mole de las montañas, cerrando el horizonte; la serenidad de las flores; la cadencia de la campanita; no son distintas, no son ajenas a mi tristeza. Hay en todo esto el estupor de la eternidad que pasa -sobre nosotros, asoladora, y siempre impenetrable y magnfica.</p> +sobre nosotros, asoladora, y siempre impenetrable y magnífica.</p> <hr style="width: 65%;" /> <p><span class="pagenum"><a name="Page_169" id="Page_169">[169]</a></span></p> -<h2><a name="AMOR_DE_ARANAS" id="AMOR_DE_ARANAS"></a>AMOR DE ARAAS</h2> +<h2><a name="AMOR_DE_ARANAS" id="AMOR_DE_ARANAS"></a>AMOR DE ARAÑAS</h2> -<p>En la evolucin de las especies, corresponde a los insectos y a los -arcnidos un grado de inteligencia relativamente elevado. El -comepiojos (mamboret) que al ser molestado levanta con arrogancia sus -patas manducadoras y nos mira con sus pequeos ojos escarlatas; la -avispa que nos persigue, si la molestamos, para clavarnos su aguijn; +<p>En la evolución de las especies, corresponde a los insectos y a los +arácnidos un grado de inteligencia relativamente elevado. El +comepiojos (mamboretá) que al ser molestado levanta con arrogancia sus +patas manducadoras y nos mira con sus pequeños ojos escarlatas; la +avispa que nos persigue, si la molestamos, para clavarnos su aguijón; la vinchuca, que se esconde con pasmosa astucia al sentirse perseguida, nos proporcionan abundantes ejemplos de actividad voluntaria y consciente.</p> -<p>En cuanto a las araas, he tenido ocasin de presenciar no ha mucho un +<p>En cuanto a las arañas, he tenido ocasión de presenciar no ha mucho un hecho que prueba una complejidad mental realmente admirable en estos -artrpodos. Era una araa del gnero argironeta, que son las ms -hermosas, por los matices plateados que las adornan. La encontr una -maana en el patio de casa, entre dos hojas de cica, inmvil, en el +artrópodos. Era una araña del género argironeta, que son las más +hermosas, por los matices plateados que las adornan. La encontré una +mañana en el patio de casa, entre dos hojas de cica, inmóvil, en el centro de su tela perpendicular, brillando al sol como una joya. No -sabra la pobre que estaba en casa de un zologo, y es<span class="pagenum"><a name="Page_170" id="Page_170">[170]</a></span> lstima, -porque en cuanto la v la pesqu y la encerr en un frasco de vidrio. -En el ancho tapn abr un agugero a fin de poder conservarla viva y -remitrsela al Dr. Holmberg, al siguiente da. Pero comet la +sabría la pobre que estaba en casa de un zoólogo, y es<span class="pagenum"><a name="Page_170" id="Page_170">[170]</a></span> lástima, +porque en cuanto la ví la pesqué y la encerré en un frasco de vidrio. +En el ancho tapón abrí un agugero a fin de poder conservarla viva y +remitírsela al Dr. Holmberg, al siguiente día. Pero cometí la chambonada de dejarla esa noche en una maceta, al aire libre. Aquella -maana, en el fondo del frasco slo hall la cscara del infeliz -animalejo. Mil diminutas hormigas coloradas estaban a la sazn +mañana, en el fondo del frasco sólo hallé la cáscara del infeliz +animalejo. Mil diminutas hormigas coloradas estaban a la sazón ocupadas en devorar lo que quedaba. Y aunque la culpa del asesinato -era ma, sent contra las hormigas una clera terrible. Me imagino los -tormentos que sufrira la araa, al pensar en el inmenso nmero de -mordiscos que recibira de esos belicosos demonios. En fin, indignado, -mat las hormigas con agua hirviendo.</p> - -<p>Pero la noche haba escondido una tragedia todava ms intensa; porque -hall un hilo de araa tendido del frasco a la pared, y en una -hendidura del reboque, inmvil, al desgraciado amante de mi gentil -cautiva, como dira un literato. Era el macho. Alrededor del frasco, -en la maceta, yacan cientos de hormigas, partidas en dos por sus -formidables mandbulas. No cabe duda que en el silencio nocturno, -despus de haberla buscado en la tela, debi de lanzar un hilo desde -la pared a la maceta, y ni ms ni menos que un caballero junto a la -torre de su dama, libr al pi del frasco un combate heroico, vindose +era mía, sentí contra las hormigas una cólera terrible. Me imagino los +tormentos que sufriría la araña, al pensar en el inmenso número de +mordiscos que recibiría de esos belicosos demonios. En fin, indignado, +maté las hormigas con agua hirviendo.</p> + +<p>Pero la noche había escondido una tragedia todavía más intensa; porque +hallé un hilo de araña tendido del frasco a la pared, y en una +hendidura del reboque, inmóvil, al desgraciado amante de mi gentil +cautiva, como diría un literato. Era el macho. Alrededor del frasco, +en la maceta, yacían cientos de hormigas, partidas en dos por sus +formidables mandíbulas. No cabe duda que en el silencio nocturno, +después de haberla buscado en la tela, debió de lanzar un hilo desde +la pared a la maceta, y ni más ni menos que un caballero junto a la +torre de su dama, libró al pié del frasco un combate heroico, viéndose al fin obligado a poner pies en polvorosa, rendido y abrumado por el -nmero.</p> +número.</p> -<p>No consegu apoderarme del hroe, cuyas cenizas hubiese yo conservado -con respeto en aguardiente. Pero era muy pequeo, como todos los -<i>araos</i>. Cubra sus<span class="pagenum"><a name="Page_171" id="Page_171">[171]</a></span> desnudeces una fina capa de terciopelo marrn, +<p>No conseguí apoderarme del héroe, cuyas cenizas hubiese yo conservado +con respeto en aguardiente. Pero era muy pequeño, como todos los +<i>araños</i>. Cubría sus<span class="pagenum"><a name="Page_171" id="Page_171">[171]</a></span> desnudeces una fina capa de terciopelo marrón, un poco burda, en tanto que su amada luciera en vida una armadura de escamas de plata.</p> <p>Era imposible interpretar de otro modo los hechos observados. Y, -teniendo en cuenta las costumbres sexuales de las araas, el caso -resultaba hermosamente romntico. Se sabe que el casamiento de las -araas termina con la muerte del flamante marido. Durante el da, -mientras la araa hilaba su tela, el macho la acechara, desde su -escondrijo del reboque. As meditaba, preparando su asalto para la -noche, aprovechando el reposo de su voraz amada. Esta operacin se la +teniendo en cuenta las costumbres sexuales de las arañas, el caso +resultaba hermosamente romántico. Se sabe que el casamiento de las +arañas termina con la muerte del flamante marido. Durante el día, +mientras la araña hilaba su tela, el macho la acecharía, desde su +escondrijo del reboque. Así meditaba, preparando su asalto para la +noche, aprovechando el reposo de su voraz amada. Esta operación se la facilitan sus ocho ojos, cuatro de los cuales son para ver de noche. -As se explica que pudiese hallar el frasco; y es que la buscaba con +Así se explica que pudiese hallar el frasco; y es que la buscaba con la tenacidad propia de los enamorados.</p> -<p>Qu diferencia existe entre este drama de araas y los trgicos +<p>¿Qué diferencia existe entre este drama de arañas y los trágicos amores de cualquier pareja de novela? Una simple diferencia de grado. Aunque en ciertos sujetos, como los opas, la emotividad y la -inteligencia estn menos desarrollados que en las araas.<span class="pagenum"><a name="Page_172" id="Page_172">[172]</a></span></p> +inteligencia estén menos desarrollados que en las arañas.<span class="pagenum"><a name="Page_172" id="Page_172">[172]</a></span></p> @@ -3877,39 +3861,39 @@ inteligencia estn menos desarrollados que en las araas.<span class="pagenum">< <h2><a name="EL_SAPO" id="EL_SAPO"></a>EL SAPO</h2> -<p>El sapo es el solitario del albaal. Su domicilio subsolar se abre a +<p>El sapo es el solitario del albañal. Su domicilio subsolar se abre a la calle, ante la puerta de una casa.</p> -<p>Los ruidos del da lo confinan en una grieta hmeda, estrecha, y ah -permanece, chato y fro, absorbiendo agua por todos los poros, +<p>Los ruidos del día lo confinan en una grieta húmeda, estrecha, y ahí +permanece, chato y frío, absorbiendo agua por todos los poros, asimilado a las piedras pardas.</p> -<p>Huye del sol. El astro voraz hara evaporar en un amn el jugo de sus -pstulas, y dejara su cuerpo seco y hueco, cual un viejo zapato +<p>Huye del sol. El astro voraz haría evaporar en un amén el jugo de sus +pústulas, y dejaría su cuerpo seco y hueco, cual un viejo zapato arrojado al basural.</p> <p>A media noche sale de su escondrijo, y atisba, sentado tranquilamente en cuclillas, las mariposas que el foco de la calle atolondra.</p> -<p>Ah, las mariposas! Cmo fascinan al sapo esas miriadas de alas, -revolvindose frenticas en el campo de luz del arco voltico!</p> +<p>¡Ah, las mariposas! ¡Cómo fascinan al sapo esas miriadas de alas, +revolviéndose frenéticas en el campo de luz del arco voltáico!</p> -<p>Y las mariposas caen en continua lluvia; y los colepteros caen +<p>Y las mariposas caen en continua lluvia; y los coleópteros caen zumbando de cabeza, como si quisieran taladrar el suelo. Atento, el sapo espera.</p> -<p>Cuando est cierto del xito, inicia el ataque a cortos<span class="pagenum"><a name="Page_174" id="Page_174">[174]</a></span> saltitos. Se -detiene. El corazn le late en la tensa membrana blanca de la -garganta. Despus avanza gateando ridculamente; con gran cautela se -acerca al bicho, y zs!</p> +<p>Cuando está cierto del éxito, inicia el ataque a cortos<span class="pagenum"><a name="Page_174" id="Page_174">[174]</a></span> saltitos. Se +detiene. El corazón le late en la tensa membrana blanca de la +garganta. Después avanza gateando ridículamente; con gran cautela se +acerca al bicho, y ¡zás!</p> -<p>El bocado no es siempre una sedea mariposa. A veces hay que tragar un -escarabajo ms spero que un nudo de alambres. En tal caso, siente un -pataleo en el esfago. Pero el muy comiln no se arredra, y se ayuda a -dos manos, empujando la presa hasta el estmago.</p> +<p>El bocado no es siempre una sedeña mariposa. A veces hay que tragar un +escarabajo más áspero que un nudo de alambres. En tal caso, siente un +pataleo en el esófago. Pero el muy comilón no se arredra, y se ayuda a +dos manos, empujando la presa hasta el estómago.</p> <p>Otras veces, por un lamentable error, atrapa el pucho encendido que un -transeunte arroj de su boquilla, y hay que verlo retroceder y poner +transeunte arrojó de su boquilla, ¡y hay que verlo retroceder y poner la cara fea!</p> @@ -3920,59 +3904,59 @@ la cara fea!</p> <p>Ayer fuimos al campo con el ayudante, en busca de insectos. Aunque no -tenamos red, hemos perseguido algunas mariposas.</p> +teníamos red, hemos perseguido algunas mariposas.</p> -<p>Despus hemos hallado unas moscas de nueva especie, asentadas -pesadamente, en gran nmero, en unos chaares pequeos. La hoja del -chaar d una substancia melosa que sin duda atraa las moscas. Algo -ms delgada que la mosca comn, la nueva especie distnguese en que +<p>Después hemos hallado unas moscas de nueva especie, asentadas +pesadamente, en gran número, en unos chañares pequeños. La hoja del +chañar dá una substancia melosa que sin duda atraía las moscas. Algo +más delgada que la mosca común, la nueva especie distínguese en que presenta en las alas bandas transversales blancas, sobre fondo pardo oscuro y en la cabeza un par de antenas corniformes.</p> -<p>Pero en el mismo tubito hemos encerrado una liblula y sus speras -alas han destrozado a las moscas. Maana volveremos a buscarlas. La +<p>Pero en el mismo tubito hemos encerrado una libélula y sus ásperas +alas han destrozado a las moscas. Mañana volveremos a buscarlas. La constancia es la primera virtud del naturalista.</p> -<p>En el campo no hay que descuidar los pequeos detalles. A veces una +<p>En el campo no hay que descuidar los pequeños detalles. A veces una hormiga que corre a esconderse bajo una mata, proporciona valiosas -enseanzas. De pronto, el ayudante se larga al suelo, de cabeza. Con -el ojo pegado al tubito de cazar, examina un precioso<span class="pagenum"><a name="Page_176" id="Page_176">[176]</a></span> dptero +enseñanzas. De pronto, el ayudante se larga al suelo, de cabeza. Con +el ojo pegado al tubito de cazar, examina un precioso<span class="pagenum"><a name="Page_176" id="Page_176">[176]</a></span> díptero cubierto de blanco bello. Se trata de otro raro ejemplar, y el pobre -bicho cae al fondo lbrego de mi bolsillo.</p> +bicho cae al fondo lóbrego de mi bolsillo.</p> <p>En la falda del cerro, en unos matorrales cuajados de flores -amarillas, descubrimos un nuevo tipo de araa verdosa, muy chica y -vivaz. En seguida fu al tubo.</p> +amarillas, descubrimos un nuevo tipo de araña verdosa, muy chica y +vivaz. En seguida fué al tubo.</p> -<p>En esta poca,—fin del otoo—la mayor parte de los insectos han +<p>En esta época,—fin del otoño—la mayor parte de los insectos han muerto ya, dejando sus larvas; y los nidos de mil estilos que -construyen para dormir el sueo invernal, son casi siempre obras de -arte, dignas de estudio. En el suelo, en el tronco de los rboles, en +construyen para dormir el sueño invernal, son casi siempre obras de +arte, dignas de estudio. En el suelo, en el tronco de los árboles, en los tallos, en las lajas, bajo las piedras, en los pantanos resecos, encontramos innumerables formas de capullos. A cada especie -corresponde un modelo determinado y una ubicacin particular. Los ms -fuertes estn a la vista, pendientes de las ramas desnudas de los -arbustos. Unos son estuches de una especie de pergamino, aglutinacin -de hilos de seda; otros estn recubiertos de espinas que los pjaros -tienen que respetar; algunos, en los tallos leosos de los matorrales, -son concreciones calcreas, dursimas, fuertemente adheridas. Los +corresponde un modelo determinado y una ubicación particular. Los más +fuertes están a la vista, pendientes de las ramas desnudas de los +arbustos. Unos son estuches de una especie de pergamino, aglutinación +de hilos de seda; otros están recubiertos de espinas que los pájaros +tienen que respetar; algunos, en los tallos leñosos de los matorrales, +son concreciones calcáreas, durísimas, fuertemente adheridas. Los menos protegidos imitan el color o la forma de la rama o piedra donde se pegan. Otros se enquistan en los tallos, hipertrofian los tejidos y originan agallas que al retornar la primavera se abren, dejando -escapar un insecto. En todos predomina el instinto de conservacin de +escapar un insecto. En todos predomina el instinto de conservación de la especie. Y de todos esos escondites, de todos esos refugios, cuando -vengan las lluvias y caliente el sol, irrumpir la vida, mltiple, +vengan las lluvias y caliente el sol, irrumpirá la vida, múltiple, bulliciosa, policroma.<span class="pagenum"><a name="Page_177" id="Page_177">[177]</a></span></p> -<p>El cielo estaba magnfico. Haba una insensible gradacin de colores, -desde el armio y el palo hasta el rojo de cobre bruido. Una larga -nube, cuyo borde se apoyaba en los cerros del oeste, divida el cielo -en dos con una banda oscura que se apagaba en el cenit. En un rincn -del San Bernardo, poblado de cebiles, pona la hora su tono -melanclico. Reinaba en las hondonadas verdinegras de follajes maduros +<p>El cielo estaba magnífico. Había una insensible gradación de colores, +desde el armiño y el ópalo hasta el rojo de cobre bruñido. Una larga +nube, cuyo borde se apoyaba en los cerros del oeste, dividía el cielo +en dos con una banda oscura que se apagaba en el cenit. En un rincón +del San Bernardo, poblado de cebiles, ponía la hora su tono +melancólico. Reinaba en las hondonadas verdinegras de follajes maduros una quietud inmensa, y la tristeza de la tarde se atenuaba al cortarse -en el cielo celeste la lnea ondulante de la arboleda, tendida y -crespa, como un festn de encajes.<span class="pagenum"><a name="Page_178" id="Page_178">[178]</a></span></p> +en el cielo celeste la línea ondulante de la arboleda, tendida y +crespa, como un festón de encajes.<span class="pagenum"><a name="Page_178" id="Page_178">[178]</a></span></p> @@ -3981,147 +3965,147 @@ crespa, como un festn de encajes.<span class="pagenum"><a name="Page_178" id="P <h2><a name="BATRACOFOBIA_DE_LOS_RENACUAJOS" id="BATRACOFOBIA_DE_LOS_RENACUAJOS"></a>BATRACOFOBIA DE LOS RENACUAJOS</h2> -<p>Una maana de marzo andaba yo con mi curso de 2 ao por el parque -San Martn. Los alumnos, repartidos en grupos de cinco, recorran el -terreno en busca de alimaas. Cada uno deba escribir una composicin, -el relato del paseo y la observacin de algn bicho. Asi, en las -primeras clases del ao, podra el profesor juzgar del grado de -observacin original, individual de sus alumnos.</p> +<p>Una mañana de marzo andaba yo con mi curso de 2º año por el parque +San Martín. Los alumnos, repartidos en grupos de cinco, recorrían el +terreno en busca de alimañas. Cada uno debía escribir una composición, +el relato del paseo y la observación de algún bicho. Asi, en las +primeras clases del año, podría el profesor juzgar del grado de +observación original, individual de sus alumnos.</p> <p>Marchaba yo entre un grupo de alumnos por una avenida macademizada, al fondo de la cual se ve una fuente de cemento y bronce, especie de centro de mesa, con que se adornan nuestros pobres parques de tierra -adentro. Alguno dijo que no era la media calle el camino ms propicio -a la busca de dichos, y aprovech la coyuntura para hacer resaltar, no -sin irona, la comodidad del profesor.</p> - -<p>"Amigos mos—objet ste:—no es preciso trepar al cerro para hallar -bichos. No hay un centmetro cbico en la superficie del planeta, que -no presente algn fenmeno de vida, capaz de interesar al estudioso. -Si yo<span class="pagenum"><a name="Page_180" id="Page_180">[180]</a></span> tuviese un miscroscopio, demostrara mi aserto, analizando aqu -mismo la fauna y flora de un milgramo de tierra de la calle, +adentro. Alguno dijo que no era la media calle el camino más propicio +a la busca de dichos, y aprovechó la coyuntura para hacer resaltar, no +sin ironía, la comodidad del profesor.</p> + +<p>"Amigos míos—objetó éste:—no es preciso trepar al cerro para hallar +bichos. No hay un centímetro cúbico en la superficie del planeta, que +no presente algún fenómeno de vida, capaz de interesar al estudioso. +Si yo<span class="pagenum"><a name="Page_180" id="Page_180">[180]</a></span> tuviese un miscroscopio, demostraría mi aserto, analizando aquí +mismo la fauna y flora de un milígramo de tierra de la calle, previamente disuelto en una gotas de agua. Esto en cuanto a la vida -microscpica. Pues la vida <i>macroscpica</i> no es menos abundante en la +microscópica. Pues la vida <i>macroscópica</i> no es menos abundante en la avenida. Alzad la vista un poco, y mirad las turbas de mosquitos -provenientes de los lamos, que se arremolinan sobre vuestras cabezas; +provenientes de los álamos, que se arremolinan sobre vuestras cabezas; las moscas de mil clases que zumban a ras del suelo, sobre el -estircol del aristocrtico caballo que ayer tarde arrastraba el coche +estiércol del aristocrático caballo que ayer tarde arrastraba el coche de una dama, y las variadas zabandijas que nadan en los charcos de la -calzada, como los tiburones en el mar. Las cuestiones que suscitara +calzada, como los tiburones en el mar. Las cuestiones que suscitaría el estudio de cualquiera de estos seres son tan vastas, que su -exposicin exigira el concurso de muchas ciencias.</p> - -<p>Supongamos, que un sabio elige el mosquito del lamo. Tendr que saber -botnica si quiere explicarse la formacin de las agallas, en la -vagina de las hojas; qumica, si desea averiguar las causas de -formacin de las agallas; entomologa especial de los dpteros, si -quiere determinar la especie del insecto. El vuelo de ste, le llevar -a la fsica mecnica; el zumbido, a la fsica acstica. Si quiere -saber el nmero de vibraciones de las alas por segundo, ambas cosas -concurrirn a darle la cifra; y con esto, habr venido a parar a las -matemticas. Sin contar con que, en ltimo anlisis, todo fenmeno, es +exposición exigiría el concurso de muchas ciencias.</p> + +<p>Supongamos, que un sabio elige el mosquito del álamo. Tendrá que saber +botánica si quiere explicarse la formación de las agallas, en la +vagina de las hojas; química, si desea averiguar las causas de +formación de las agallas; entomología especial de los dípteros, si +quiere determinar la especie del insecto. El vuelo de éste, le llevará +a la física mecánica; el zumbido, a la física acústica. Si quiere +saber el número de vibraciones de las alas por segundo, ambas cosas +concurrirán a darle la cifra; y con esto, habrá venido a parar a las +matemáticas. Sin contar con que, en último análisis, todo fenómeno, es susceptible de examinarse desde el punto de vista de la cantidad; de -cuya constancia resultan nicamente las leyes naturales. No hay ley -sin nmero. No hay fenmenos que no pueda esquematizarse<span class="pagenum"><a name="Page_181" id="Page_181">[181]</a></span> en nmeros. -Y as, hemos venido, un poco desordenadamente, del mosquito a las -concepciones ms abstractas".</p> +cuya constancia resultan únicamente las leyes naturales. No hay ley +sin número. No hay fenómenos que no pueda esquematizarse<span class="pagenum"><a name="Page_181" id="Page_181">[181]</a></span> en números. +Y así, hemos venido, un poco desordenadamente, del mosquito a las +concepciones más abstractas".</p> -<p>Entretanto habamos llegado a la fuente, cuyo contenido era una agua -verdosa, rica en algas. All cazamos crustceos, pequesimos, pulgas -de agua y cclopes, transparentes como cristal, en el microscopio. -Algunas araas haban tendido sus telas en las gradas de la columna -que emerga del centro de la fuente.</p> +<p>Entretanto habíamos llegado a la fuente, cuyo contenido era una agua +verdosa, rica en algas. Allí cazamos crustáceos, pequeñísimos, pulgas +de agua y cíclopes, transparentes como cristal, en el microscopio. +Algunas arañas habían tendido sus telas en las gradas de la columna +que emergía del centro de la fuente.</p> <p>Entre dicha columna y el borde de la fuente, descansaban en cuclillas sobre soportes de cemento, como en cuatro islas, cuatro angelitos -equidistantes de bronce, que contemplaban el agua, pensando quiz en +equidistantes de bronce, que contemplaban el agua, pensando quizá en lo verde y sucia que estaba, y lamentando acaso no poder taparse las -narices con sus manos metlicas.</p> +narices con sus manos metálicas.</p> <p>Bogaba en el agua una galleta. Sobre la galleta estaba sentado un sapito nuevo, y alrededor, una turba de renacuajos chupaban el dulce -zumo de la pequea isla alimenticia.</p> +zumo de la pequeña isla alimenticia.</p> -<p>En seguida not, entre los pies de los ngeles, una multitud de -sapitos nuevos. Adems, en el agua, flotaban cadveres de otros +<p>En seguida noté, entre los pies de los ángeles, una multitud de +sapitos nuevos. Además, en el agua, flotaban cadáveres de otros sapitos, a los cuales iban adheridos por la trucha los renacuajos.</p> -<p>En el agua, no haba ningn sapito vivo.</p> +<p>En el agua, no había ningún sapito vivo.</p> -<p>Despus de un rato de contemplacin, el profesor orden silencio a sus -discpulos, y, al rayo del sol, les di una leccin de biologa. Los +<p>Después de un rato de contemplación, el profesor ordenó silencio a sus +discípulos, y, al rayo del sol, les dió una lección de biología. Los muchachos se sentaron al borde de la fuente y le escucharon con -inters.</p> +interés.</p> -<p>"He aqu, amigos mos—dijo—una maravillosa oportunidad<span class="pagenum"><a name="Page_182" id="Page_182">[182]</a></span> de aplicar -la inteligencia a la explicacin de los hechos.</p> +<p>"He aquí, amigos míos—dijo—una maravillosa oportunidad<span class="pagenum"><a name="Page_182" id="Page_182">[182]</a></span> de aplicar +la inteligencia a la explicación de los hechos.</p> -<p>He aqu, que acabo, tal vez, de descubrir el porqu del paso de los -peces a los anfibios, en la evolucin de las especies.</p> +<p>He aquí, que acabo, tal vez, de descubrir el porqué del paso de los +peces a los anfibios, en la evolución de las especies.</p> <p>Notad que esta fuente no tiene salida. Es una laguna con cuatro islas. En la laguna, algunas sapas depositaron sus huevos, de los que -salieron miles de renacuajos. Unos han evolucionado ms pronto que -otros. Se ven aqu batracios en todos los grados de desarrollo, desde +salieron miles de renacuajos. Unos han evolucionado más pronto que +otros. Se ven aquí batracios en todos los grados de desarrollo, desde el huevo al estado adulto, y por tanto, desde que respiran por branquias hasta que respiran por pulmones.</p> <p>Pero es el caso que los ya pulmonados, se han visto forzados a refugiarse, <i>bajo pena de muerte</i>, en las islas. Lo prueban los -cadveres de sapitos que sirven, como veis, de alimento a los -renacuajos, mucho ms grandes, fuertes y vivaces por ser el agua su -medio apropiado dada su respiracin branquial.</p> +cadáveres de sapitos que sirven, como veis, de alimento a los +renacuajos, mucho más grandes, fuertes y vivaces por ser el agua su +medio apropiado dada su respiración branquial.</p> <p>La batracofobia de los renacuajos es, pues, un hecho indiscutible. Y -lo particular es que tal hecho explica, segn creo, el origen de los -anfibios. Bastara suponer en ciertos charcos del mundo primitivo, una +lo particular es que tal hecho explica, según creo, el origen de los +anfibios. Bastaría suponer en ciertos charcos del mundo primitivo, una superabundancia enorme de una forma dada de peces, que, habiendo desalojado a otras especies, empezaron a comerse entre ellos. -Establecida as la lucha, se salvaban nicamente de la carnicera los -que podan ganar tierra y resistir ms tiempo al nuevo ambiente, hasta +Establecida así la lucha, se salvaban únicamente de la carnicería los +que podían ganar tierra y resistir más tiempo al nuevo ambiente, hasta que las branquias se adaptaran al aire y se convirtieran en pulmones. -El hbito y la herencia fijaron el nuevo carcter especfico, y el -atavismo reproducira la forma primitiva<span class="pagenum"><a name="Page_183" id="Page_183">[183]</a></span> acutica. Y como la duracin -de las condiciones fsicas del medio sera de miles de aos, -tendramos repetidas las causas y los efectos en millones de +El hábito y la herencia fijaron el nuevo carácter específico, y el +atavismo reproduciría la forma primitiva<span class="pagenum"><a name="Page_183" id="Page_183">[183]</a></span> acuática. Y como la duración +de las condiciones físicas del medio sería de miles de años, +tendríamos repetidas las causas y los efectos en millones de generaciones sucesivas, y por lo tanto fijada una especie intermedia, entre peces y reptiles.</p> -<p>De los peces a los batracios, no slo ha cambiado la respiracin, sino -la alimentacin. Los renacuajos se alimentan por succin. Los sapos, -son insectvoros. Al comenzar la existencia terrestre, no les fu muy -difcil cambiar de rgimen alimenticio, como lo probara la poca -variacin que exige un aparato bucal chupador (renacuajo) para +<p>De los peces a los batracios, no sólo ha cambiado la respiración, sino +la alimentación. Los renacuajos se alimentan por succión. Los sapos, +son insectívoros. Al comenzar la existencia terrestre, no les fué muy +difícil cambiar de régimen alimenticio, como lo probaría la poca +variación que exige un aparato bucal chupador (renacuajo) para convertirse en captador (sapo).</p> -<p>Si se compara la organizacin de los peces superiores con la de los +<p>Si se compara la organización de los peces superiores con la de los batracios anuros que por ahora nos ocupan, se nota que los peces son -ms complicados. Los batracios no derivaran, pues, de los peces +más complicados. Los batracios no derivarían, pues, de los peces superiores, sino tal vez de los branquiostomas, o de una forma -intermedia entre stos y los ciclstomos, cuya organizacin es ms +intermedia entre éstos y los ciclóstomos, cuya organización es más rudimentaria.</p> -<p>Pronto estudiaremos la organizacin interna de los batracios, y, en su -metamrfosis, la transformacin del aparato circulatorio en -correlacin con el respiratorio. Entonces os har notar cmo, la -respiracin cutnea, tan intensa en los batracios, y propia de +<p>Pronto estudiaremos la organización interna de los batracios, y, en su +metamórfosis, la transformación del aparato circulatorio en +correlación con el respiratorio. Entonces os haré notar cómo, la +respiración cutánea, tan intensa en los batracios, y propia de organismos inferiores, ha hecho tal vez posible al conservarse el paso -de la respiracin branquial a la pulmonar.</p> +de la respiración branquial a la pulmonar.</p> -<p>Antes de terminar, amigos mos, libertemos a los sapitos, que estn +<p>Antes de terminar, amigos míos, libertemos a los sapitos, que están condenados a morir de hambre en estas islas de cemento, al pie de los -ngeles indiferentes. Ayudemos as al cumplimiento de las leyes -naturales.<span class="pagenum"><a name="Page_184" id="Page_184">[184]</a></span> Arrojemos los sapitos entre la hmeda gramilla del parque, +ángeles indiferentes. Ayudemos así al cumplimiento de las leyes +naturales.<span class="pagenum"><a name="Page_184" id="Page_184">[184]</a></span> Arrojemos los sapitos entre la húmeda gramilla del parque, para que se coman las larvas corrosivas y los insectos que atacan las plantas de los jardines."</p> -<p>—Libertemos al nufrago refugiado en la galleta!—grit un muchacho. +<p>—¡Libertemos al náufrago refugiado en la galleta!—gritó un muchacho. Pero en aquel momento, cuando una mano amiga se le acercaba, el -pequeo sapo salt al agua, y un renacuajo vivaz y ventrudo se apoder +pequeño sapo saltó al agua, y un renacuajo vivaz y ventrudo se apoderó de su presa al instante.</p> -<p>As hemos ledo, en un charco, una hermosa pgina escrita hace -millares de siglos por el azar de la evolucin.</p> +<p>Así hemos leído, en un charco, una hermosa página escrita hace +millares de siglos por el azar de la evolución.</p> @@ -4130,120 +4114,120 @@ millares de siglos por el azar de la evolucin.</p> <h2><a name="LA_INMORTALIDAD" id="LA_INMORTALIDAD"></a>LA INMORTALIDAD</h2> -<p>La desagregacin del protoplasma por la mineralizacin creciente no se +<p>La desagregación del protoplasma por la mineralización creciente no se manifiesta en los unicelulares. Dado un ambiente propicio, un -protozaorio no muere nunca, puesto que alcanzada la dimensin normal -en la especie, el individuo se parte en dos y del ser nico derivan +protozaorio no muere nunca, puesto que alcanzada la dimensión normal +en la especie, el individuo se parte en dos y del ser único derivan dos individuos nuevos, continuando en cada uno de ellos los procesos -de asimilacin y desasimilacin que determinan el crecimiento y la -divisin consecutiva, completndose as el ciclo evolutivo.</p> +de asimilación y desasimilación que determinan el crecimiento y la +división consecutiva, completándose así el ciclo evolutivo.</p> -<p>A medida que la estructura orgnica se complica, disminuye la -resistencia normal del individuo en su medio, en razn de la mayor -conexin y subordinacin de unas funciones con otras en el organismo.</p> +<p>A medida que la estructura orgánica se complica, disminuye la +resistencia normal del individuo en su medio, en razón de la mayor +conexión y subordinación de unas funciones con otras en el organismo.</p> -<p>En los protozoarios la divisin experimental del ncleo no impide la -regeneracin de cada parte.</p> +<p>En los protozoarios la división experimental del núcleo no impide la +regeneración de cada parte.</p> -<p>En los metazoarios inferiores, cada fraccin regenera las que faltan. +<p>En los metazoarios inferiores, cada fracción regenera las que faltan. (Hidras).</p> -<p>Algunos escalones ms arriba, la divisin experimental del individuo -por su eje de simetra, ya no permite la reconstitucin de cada mitad. +<p>Algunos escalones más arriba, la división experimental del individuo +por su eje de simetría, ya no permite la reconstitución de cada mitad. (Asteroideos).<span class="pagenum"><a name="Page_186" id="Page_186">[186]</a></span></p> -<p>En los grados ms avanzados de complejidad estructural, de los -artrpodos a los cordados, la capacidad regenerativa del protoplasma -trnase de ms en ms problemtica.</p> +<p>En los grados más avanzados de complejidad estructural, de los +artrópodos a los cordados, la capacidad regenerativa del protoplasma +tórnase de más en más problemática.</p> -<p>En los anfibios, la vitalidad de los principales rganos (por ejemplo, -del corazn), separados del cuerpo, es mayor que la de los mamferos.</p> +<p>En los anfibios, la vitalidad de los principales órganos (por ejemplo, +del corazón), separados del cuerpo, es mayor que la de los mamíferos.</p> -<p>Un protozario partido en dos, por su ncleo, contina viviendo; un -mamfero lesionado solamente hasta su red arterial, tiene muchas +<p>Un protozario partido en dos, por su núcleo, continúa viviendo; un +mamífero lesionado solamente hasta su red arterial, tiene muchas probabilidades de morir.</p> -<p>Cuanto ms avanza la diferenciacin progresiva de las formas, ms +<p>Cuanto más avanza la diferenciación progresiva de las formas, más acrece la posibilidad de la muerte.</p> -<p>Viniendo a un punto de vista ms general; no existe solucin de -continuidad en la materia viva, desde la mnera que aparece en el limo -del ocano pre-geolgico, hasta las especies que pueblan en la +<p>Viniendo a un punto de vista más general; no existe solución de +continuidad en la materia viva, desde la mónera que aparece en el limo +del océano pre-geológico, hasta las especies que pueblan en la actualidad la tierra. Negarlo supone aceptar creaciones particulares -de todas las especies, en cada poca.</p> +de todas las especies, en cada época.</p> -<p>Ahora bien. Pensando en la muerte con datos as, objetivos, sin -recurrir a los conceptos absolutos creados por la imaginacin, se +<p>Ahora bien. Pensando en la muerte con datos así, objetivos, sin +recurrir a los conceptos absolutos creados por la imaginación, se ilumina de pronto la mente con la esperanza de una inmortalidad menos -egosta.</p> +egoísta.</p> <p>Pongamos nuestra fe en la ciencia.</p> -<p>Ella nos dice que durante algunos siglos todava estaremos condenados -a morir; pero somos inmortales como partculas orgnicas de la +<p>Ella nos dice que durante algunos siglos todavía estaremos condenados +a morir; pero somos inmortales como partículas orgánicas de la especie, puesto que las generaciones venideras, perfeccionadas de continuo en su mecanismo de pensar, por el esfuerzo adaptativo de las -que las precedieron, irn acumulando el aprendizaje de la experiencia, +que las precedieron, irán acumulando el aprendizaje de la experiencia, para alcanzar acaso el ideal de los<span class="pagenum"><a name="Page_187" id="Page_187">[187]</a></span> ideales: la existencia infinita, -individual y especfica del hombre.</p> +individual y específica del hombre.</p> <p>Como si la muerte durante siglos fuese nuestro tributo a la inmortalidad futura, la naturaleza, al perfeccionar su mejor -instrumento, el hombre, le ha hecho quiz el ms endeble y el ms +instrumento, el hombre, le ha hecho quizá el más endeble y el más delicado de los seres.</p> -<p>No en vano la eternidad es la obsesin de todos los tiempos. El hombre -tiende al azul desde que aprendi a pensar. Interroga siempre al gran +<p>No en vano la eternidad es la obsesión de todos los tiempos. El hombre +tiende al azul desde que aprendió a pensar. Interroga siempre al gran enigma infinito suspendido sobre su cabeza.</p> <p>Obstinado, aborda su problema.</p> <p>Ante el microscopio y ante el telescopio; ante el animal y la planta; -ante el microbio y el astro; ante el mineral y el flido intangible; -junto a las mquinas, junto a los crisoles, junto a las retortas; +ante el microbio y el astro; ante el mineral y el flúido intangible; +junto a las máquinas, junto a los crisoles, junto a las retortas; sobre los libros, sobre los terrenos, sobre los aires, sobre los mares, en todos sentidos y en todas direcciones, escarba en lo -desconocido, con un apetito insaciable de ms all, que es ansia de lo +desconocido, con un apetito insaciable de más allá, que es ansia de lo eterno, su parte de Verdad, de Belleza y de Bien.</p> -<p>Perecer la civilizacin sin que algn ser humano haya transpuesto -los lmites de la atmsfera?</p> +<p>¿Perecerá la civilización sin que algún ser humano haya transpuesto +los límites de la atmósfera?</p> -<p>Ser inacabable el misterio?</p> +<p>¿Será inacabable el misterio?</p> <p>La inteligencia, la ciencia, el progreso, todo lo noble y todo lo -grande que vamos alcanzando, a trueque de sacrificio y de dolor, no -pesar nada en la balanza del devenir?</p> +grande que vamos alcanzando, a trueque de sacrificio y de dolor, ¿no +pesará nada en la balanza del devenir?</p> -<p>Todo eso no ser ms que combinaciones peregrinas del azar, efmero -aleteo, ensueo quimrico de algo perdurable, de algo absoluto?<span class="pagenum"><a name="Page_188" id="Page_188">[188]</a></span></p> +<p>¿Todo eso no será más que combinaciones peregrinas del azar, efímero +aleteo, ensueño quimérico de algo perdurable, de algo absoluto?<span class="pagenum"><a name="Page_188" id="Page_188">[188]</a></span></p> -<p>Llegar da en que ninguna pupila humana pueda escrutar la sombra?</p> +<p>¿Llegará día en que ninguna pupila humana pueda escrutar la sombra?</p> -<p>La naturaleza parece responder: "Hombre, vale ms tu inteligencia -complicada, sutil, poderosa, rpida, vale ms que una hormiga o una -flor? Eres una onda del ro que va desde lo que no tiene principio -hacia lo que no tiene fin. Envancete. Sin embargo, para m que soy la -energa ciega, la casualidad indiferente, no hay bueno ni malo, fcil -ni difcil, mejor ni peor; pues a m no me cuesta trabajo el cerebro +<p>La naturaleza parece responder: "Hombre, ¿vale más tu inteligencia +complicada, sutil, poderosa, rápida, vale más que una hormiga o una +flor? Eres una onda del río que va desde lo que no tiene principio +hacia lo que no tiene fin. Envanécete. Sin embargo, para mí que soy la +energía ciega, la casualidad indiferente, no hay bueno ni malo, fácil +ni difícil, mejor ni peor; pues a mí no me cuesta trabajo el cerebro de Newton que el vuelo de los astros".</p> -<p>Y yo he soado con una humanidad ms perfecta, ms buena y ms sabia, -remontndose por medios mecnicos a los espacios estelares.</p> +<p>Y yo he soñado con una humanidad más perfecta, más buena y más sabia, +remontándose por medios mecánicos a los espacios estelares.</p> -<p>La ciencia vencer a la muerte.</p> +<p>La ciencia vencerá a la muerte.</p> -<p>Siendo infinita la duracin de la vida, no habr porqu desdear un +<p>Siendo infinita la duración de la vida, no habrá porqué desdeñar un viaje de siglos por el universo.</p> -<p>Magnfico espectculo el del hombre atravesando los espacios -interplanetarios en expresos ms veloces que la luz.</p> +<p>Magnífico espectáculo el del hombre atravesando los espacios +interplanetarios en expresos más veloces que la luz.</p> -<p>La conquista del infinito ser precedida de una agitacin jubilosa +<p>La conquista del infinito será precedida de una agitación jubilosa como la que anuncia el vuelo de las colmenas.</p> <p>Abandonando su viejo casco, libador de la eterna belleza, el hombre -remontar su vuelo por aquel jardn que tiene por flores las +remontará su vuelo por aquel jardín que tiene por flores las estrellas.</p> @@ -4253,14 +4237,14 @@ estrellas.</p> <div class="center"> <table border="0" cellpadding="4" cellspacing="0" summary="" width="60%"> -<tr><td align="left"> </td><td align="right">Pgina</td></tr> -<tr><td align="left"><a href="#MANUEL">A Manuel Glvez</a></td><td align="right">5</td></tr> -<tr><td align="left"><a href="#PROLOGO">Prlogo</a></td><td align="right">7</td></tr> +<tr><td align="left"> </td><td align="right">Página</td></tr> +<tr><td align="left"><a href="#MANUEL">A Manuel Gálvez</a></td><td align="right">5</td></tr> +<tr><td align="left"><a href="#PROLOGO">Prólogo</a></td><td align="right">7</td></tr> <tr><td align="left"> </td><td align="right"> </td></tr> <tr><td align="center" colspan="2"><a href="#I">LA CIUDAD</a></td></tr> -<tr><td align="left"><a href="#LOS_BURRITOS_LENATEROS">Los burritos leateros</a></td><td align="right">19</td></tr> -<tr><td align="left"><a href="#UNA_PROCLAMACION">Una proclamacin</a></td><td align="right">23</td></tr> -<tr><td align="left"><a href="#EL_RENIDERO">El reidero</a></td><td align="right">27</td></tr> +<tr><td align="left"><a href="#LOS_BURRITOS_LENATEROS">Los burritos leñateros</a></td><td align="right">19</td></tr> +<tr><td align="left"><a href="#UNA_PROCLAMACION">Una proclamación</a></td><td align="right">23</td></tr> +<tr><td align="left"><a href="#EL_RENIDERO">El reñidero</a></td><td align="right">27</td></tr> <tr><td align="left"><a href="#LA_TABEADA">La tabeada</a></td><td align="right">33</td></tr> <tr><td align="left"><a href="#LOS_PERROS">Los perros</a></td><td align="right">37</td></tr> <tr><td align="left"><a href="#DEFENSA_DE_UN_PERRO">Defensa de un perro</a></td><td align="right">41</td></tr> @@ -4271,35 +4255,35 @@ estrellas.</p> <tr><td align="left"><a href="#UN_BAILE_DE_VILLORRIO">Un baile de villorrio</a></td><td align="right">59</td></tr> <tr><td align="left"><a href="#EL_DUENDE">El duende</a></td><td align="right">63</td></tr> <tr><td align="left"><a href="#LA_VIUDA">La viuda</a></td><td align="right">67</td></tr> -<tr><td align="left"><a href="#LA_MULA_ANIMA">La mula nima</a></td><td align="right">71</td></tr> +<tr><td align="left"><a href="#LA_MULA_ANIMA">La mula ánima</a></td><td align="right">71</td></tr> <tr><td align="left"><a href="#LA_JUANA_FIGUEROA">La Juana Figueroa</a></td><td align="right">73</td></tr> -<tr><td align="left"><a href="#DON_MATIAS_LINARES_Y_SANZETENEA">Don Matas Linares y Sanzetenea</a></td><td align="right">79</td></tr> +<tr><td align="left"><a href="#DON_MATIAS_LINARES_Y_SANZETENEA">Don Matías Linares y Sanzetenea</a></td><td align="right">79</td></tr> <tr><td align="left"> </td><td align="right"> </td></tr> <tr><td align="center" colspan="2"><a href="#II">LOS CAMPOS</a></td></tr> <tr><td align="left"><a href="#EL_ERQUE">El erque</a></td><td align="right">85</td></tr> <tr><td align="left"><a href="#EL_FANTASMA_DEL_REMATE">El fantasma del remate</a></td><td align="right">89</td></tr> -<tr><td align="left"><a href="#EL_GAUCHO_SALTENO">El gaucho salteo</a></td><td align="right">95</td></tr> +<tr><td align="left"><a href="#EL_GAUCHO_SALTENO">El gaucho salteño</a></td><td align="right">95</td></tr> <tr><td align="left"><a href="#LA_SELVA_DE_ANTA3">La selva de Anta</a></td><td align="right">97</td></tr> <tr><td align="left"><a href="#CRUZ_GUIEZ">Cruz guiez</a></td><td align="right">103</td></tr> <tr><td align="left"> </td><td align="right"> </td></tr> <tr><td align="center" colspan="2"><a href="#III">HISTORIETAS Y CUENTOS</a></td></tr> <tr><td align="left"><a href="#UN_VIAJE_RARO">Un viaje raro</a></td><td align="right">109</td></tr> -<tr><td align="left"><a href="#EL_ULTIMO_VUELO">El ltimo vuelo</a></td><td align="right">115</td></tr> -<tr><td align="left"><a href="#LA_CACERIA_DE_PATOS">La cacera de patos</a></td><td align="right">121</td></tr> -<tr><td align="left"><a href="#EL_CABALLO_QUE_PERDIO_LA_LENGUA">El caballo que perdi la lengua</a></td><td align="right">127</td></tr> -<tr><td align="left"><a href="#LA_TRANSMIGRACION">La transmigracin</a></td><td align="right">131</td></tr> +<tr><td align="left"><a href="#EL_ULTIMO_VUELO">El último vuelo</a></td><td align="right">115</td></tr> +<tr><td align="left"><a href="#LA_CACERIA_DE_PATOS">La cacería de patos</a></td><td align="right">121</td></tr> +<tr><td align="left"><a href="#EL_CABALLO_QUE_PERDIO_LA_LENGUA">El caballo que perdió la lengua</a></td><td align="right">127</td></tr> +<tr><td align="left"><a href="#LA_TRANSMIGRACION">La transmigración</a></td><td align="right">131</td></tr> <tr><td align="left"><a href="#EL_SUICIDIO_DE_BURELA">El suicidio de Burela</a></td><td align="right">135</td></tr> <tr><td align="left"><a href="#EL_CASO_DEL_ESQUELETO">El caso del esqueleto</a></td><td align="right">139</td></tr> <tr><td align="left"><a href="#LA_COLA_DE_GATO">La cola de Gato</a></td><td align="right">145</td></tr> -<tr><td align="left"><a href="#EL_SALTO_ATRAS">El salto atrs</a></td><td align="right">149</td></tr> +<tr><td align="left"><a href="#EL_SALTO_ATRAS">El salto atrás</a></td><td align="right">149</td></tr> <tr><td align="left"><a href="#LA_MUERTE_DEL_MUERTO">La muerte del muerto</a></td><td align="right">155</td></tr> <tr><td align="left"> </td><td align="right"> </td></tr> <tr><td align="center" colspan="2"><a href="#IV">HUMORISMOS Y FILOSOFIAS</a></td></tr> <tr><td align="left"><a href="#TEDIO">Tedio</a></td><td align="right">163</td></tr> <tr><td align="left"><a href="#LA_TRISTEZA">La tristeza</a></td><td align="right">167</td></tr> -<tr><td align="left"><a href="#AMOR_DE_ARANAS">Amor de araas</a></td><td align="right">169</td></tr> +<tr><td align="left"><a href="#AMOR_DE_ARANAS">Amor de arañas</a></td><td align="right">169</td></tr> <tr><td align="left"><a href="#EL_SAPO">El sapo</a></td><td align="right">173</td></tr> -<tr><td align="left"><a href="#PASEOS_ZOOLOGICOS">Paseos zoolgicos</a></td><td align="right">175</td></tr> +<tr><td align="left"><a href="#PASEOS_ZOOLOGICOS">Paseos zoológicos</a></td><td align="right">175</td></tr> <tr><td align="left"><a href="#BATRACOFOBIA_DE_LOS_RENACUAJOS">Batracoforia de los renacuajos</a></td><td align="right">179</td></tr> <tr><td align="left"><a href="#LA_INMORTALIDAD">La inmortalidad</a></td><td align="right">185</td></tr> </table></div> @@ -4309,387 +4293,33 @@ estrellas.</p> <div class="footnotes"><h3>FOOTNOTES:</h3> <div class="footnote"><p><a name="Footnote_1_1" id="Footnote_1_1"></a><a href="#FNanchor_1_1"><span class="label">[1]</span></a> Algunos de los personajes de los cuentos a que me vengo -refiriendo, son amigos de Dvalos. El autor los hace morir en forma -trgica y horrorizante.</p></div> +refiriendo, son amigos de Dávalos. El autor los hace morir en forma +trágica y horrorizante.</p></div> -<div class="footnote"><p><a name="Footnote_2_2" id="Footnote_2_2"></a><a href="#FNanchor_2_2"><span class="label">[2]</span></a> Tincar no es castellano. Pero es una preciosa +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_2_2" id="Footnote_2_2"></a><a href="#FNanchor_2_2"><span class="label">[2]</span></a> «Tincar» no es castellano. Pero es una preciosa onomatopeya, inventada por los gauchos, y que da mejor que ninguna -otra palabra, la nota, tn... del acero, que ellos tienen la +otra palabra, la nota, «tín»... del acero, que ellos tienen la costumbre de hacer vibrar entre los dientes cuando sienten vacilar su -coraje. Adems, emplean continuamente el cuchillo para abrirse paso, -hachando gajos en la maraa; y de ah proviene sin duda la palabra.</p></div> +coraje. Además, emplean continuamente el cuchillo para abrirse paso, +hachando gajos en la maraña; y de ahí proviene sin duda la palabra.</p></div> -<div class="footnote"><p><a name="Footnote_3_3" id="Footnote_3_3"></a><a href="#FNanchor_3_3"><span class="label">[3]</span></a> Anta es un departamento de la provincia de Salta. Tambin -se llama as al <i>tapir</i>.</p></div> +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_3_3" id="Footnote_3_3"></a><a href="#FNanchor_3_3"><span class="label">[3]</span></a> Anta es un departamento de la provincia de Salta. También +se llama así al <i>tapir</i>.</p></div> </div> <div class="transnote"><h3>Notas del Transcriptor:</h3> -<p>Se han corregido algunos errores tipogrficos presentes en el -original. Las vacilaciones en algunas grafas se han mantenida como +<p>Se han corregido algunos errores tipográficos presentes en el +original. Las vacilaciones en algunas grafías se han mantenida como en el original.</p> -<p>P. 138: "el cielo azul, el cerro, el valle de Lerma; se persign"--En -el original, este frase fu despues de las palabras "en el pescuezo, -pas la".</p></div> +<p>P. 138: "el cielo azul, el cerro, el valle de Lerma; se persignó"--En +el original, este frase fué despues de las palabras "en el pescuezo, +pasé la".</p></div> <p> </p> <p> </p> -<hr class="full" /> -<p>***END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK SALTA***</p> -<p>******* This file should be named 40358-h.txt or 40358-h.zip *******</p> -<p>This and all associated files of various formats will be found in:<br /> -<a href="http://www.gutenberg.org/dirs/4/0/3/5/40358">http://www.gutenberg.org/4/0/3/5/40358</a></p> -<p> -Updated editions will replace the previous one--the old editions -will be renamed.</p> - -<p> -Creating the works from public domain print editions means that no -one owns a United States copyright in these works, so the Foundation -(and you!) can copy and distribute it in the United States without -permission and without paying copyright royalties. Special rules, -set forth in the General Terms of Use part of this license, apply to -copying and distributing Project Gutenberg-tm electronic works to -protect the PROJECT GUTENBERG-tm concept and trademark. Project -Gutenberg is a registered trademark, and may not be used if you -charge for the eBooks, unless you receive specific permission. If you -do not charge anything for copies of this eBook, complying with the -rules is very easy. You may use this eBook for nearly any purpose -such as creation of derivative works, reports, performances and -research. They may be modified and printed and given away--you may do -practically ANYTHING with public domain eBooks. Redistribution is -subject to the trademark license, especially commercial -redistribution. -</p> - -<h2>*** START: FULL LICENSE ***<br /> - -THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE<br /> -PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK</h2> - -<p>To protect the Project Gutenberg-tm mission of promoting the free -distribution of electronic works, by using or distributing this work -(or any other work associated in any way with the phrase "Project -Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full Project -Gutenberg-tm License available with this file or online at -<a href="http://www.gutenberg.org/license">www.gutenberg.org/license</a>.</p> - -<h3>Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project Gutenberg-tm -electronic works</h3> - -<p>1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg-tm -electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to -and accept all the terms of this license and intellectual property -(trademark/copyright) agreement. If you do not agree to abide by all -the terms of this agreement, you must cease using and return or destroy -all copies of Project Gutenberg-tm electronic works in your possession. -If you paid a fee for obtaining a copy of or access to a Project -Gutenberg-tm electronic work and you do not agree to be bound by the -terms of this agreement, you may obtain a refund from the person or -entity to whom you paid the fee as set forth in paragraph 1.E.8.</p> - -<p>1.B. "Project Gutenberg" is a registered trademark. It may only be -used on or associated in any way with an electronic work by people who -agree to be bound by the terms of this agreement. There are a few -things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works -even without complying with the full terms of this agreement. See -paragraph 1.C below. There are a lot of things you can do with Project -Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this agreement -and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm electronic -works. See paragraph 1.E below.</p> - -<p>1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the Foundation" -or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project -Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual works in the -collection are in the public domain in the United States. If an -individual work is in the public domain in the United States and you are -located in the United States, we do not claim a right to prevent you from -copying, distributing, performing, displaying or creating derivative -works based on the work as long as all references to Project Gutenberg -are removed. Of course, we hope that you will support the Project -Gutenberg-tm mission of promoting free access to electronic works by -freely sharing Project Gutenberg-tm works in compliance with the terms of -this agreement for keeping the Project Gutenberg-tm name associated with -the work. You can easily comply with the terms of this agreement by -keeping this work in the same format with its attached full Project -Gutenberg-tm License when you share it without charge with others.</p> - -<p>1.D. The copyright laws of the place where you are located also govern -what you can do with this work. Copyright laws in most countries are in -a constant state of change. If you are outside the United States, check -the laws of your country in addition to the terms of this agreement -before downloading, copying, displaying, performing, distributing or -creating derivative works based on this work or any other Project -Gutenberg-tm work. The Foundation makes no representations concerning -the copyright status of any work in any country outside the United -States.</p> - -<p>1.E. Unless you have removed all references to Project Gutenberg:</p> - -<p>1.E.1. The following sentence, with active links to, or other immediate -access to, the full Project Gutenberg-tm License must appear prominently -whenever any copy of a Project Gutenberg-tm work (any work on which the -phrase "Project Gutenberg" appears, or with which the phrase "Project -Gutenberg" is associated) is accessed, displayed, performed, viewed, -copied or distributed:</p> - -<p>This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with -almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or -re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included -with this eBook or online at <a -href="http://www.gutenberg.org">www.gutenberg.org</a></p> - -<p>1.E.2. If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is derived -from the public domain (does not contain a notice indicating that it is -posted with permission of the copyright holder), the work can be copied -and distributed to anyone in the United States without paying any fees -or charges. If you are redistributing or providing access to a work -with the phrase "Project Gutenberg" associated with or appearing on the -work, you must comply either with the requirements of paragraphs 1.E.1 -through 1.E.7 or obtain permission for the use of the work and the -Project Gutenberg-tm trademark as set forth in paragraphs 1.E.8 or -1.E.9.</p> - -<p>1.E.3. If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is posted -with the permission of the copyright holder, your use and distribution -must comply with both paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 and any additional -terms imposed by the copyright holder. Additional terms will be linked -to the Project Gutenberg-tm License for all works posted with the -permission of the copyright holder found at the beginning of this work.</p> - -<p>1.E.4. Do not unlink or detach or remove the full Project Gutenberg-tm -License terms from this work, or any files containing a part of this -work or any other work associated with Project Gutenberg-tm.</p> - -<p>1.E.5. Do not copy, display, perform, distribute or redistribute this -electronic work, or any part of this electronic work, without -prominently displaying the sentence set forth in paragraph 1.E.1 with -active links or immediate access to the full terms of the Project -Gutenberg-tm License.</p> - -<p>1.E.6. You may convert to and distribute this work in any binary, -compressed, marked up, nonproprietary or proprietary form, including any -word processing or hypertext form. However, if you provide access to or -distribute copies of a Project Gutenberg-tm work in a format other than -"Plain Vanilla ASCII" or other format used in the official version -posted on the official Project Gutenberg-tm web site (www.gutenberg.org), -you must, at no additional cost, fee or expense to the user, provide a -copy, a means of exporting a copy, or a means of obtaining a copy upon -request, of the work in its original "Plain Vanilla ASCII" or other -form. Any alternate format must include the full Project Gutenberg-tm -License as specified in paragraph 1.E.1.</p> - -<p>1.E.7. Do not charge a fee for access to, viewing, displaying, -performing, copying or distributing any Project Gutenberg-tm works -unless you comply with paragraph 1.E.8 or 1.E.9.</p> - -<p>1.E.8. You may charge a reasonable fee for copies of or providing -access to or distributing Project Gutenberg-tm electronic works provided -that</p> - -<ul> -<li>You pay a royalty fee of 20% of the gross profits you derive from - the use of Project Gutenberg-tm works calculated using the method - you already use to calculate your applicable taxes. The fee is - owed to the owner of the Project Gutenberg-tm trademark, but he - has agreed to donate royalties under this paragraph to the - Project Gutenberg Literary Archive Foundation. Royalty payments - must be paid within 60 days following each date on which you - prepare (or are legally required to prepare) your periodic tax - returns. Royalty payments should be clearly marked as such and - sent to the Project Gutenberg Literary Archive Foundation at the - address specified in Section 4, "Information about donations to - the Project Gutenberg Literary Archive Foundation."</li> - -<li>You provide a full refund of any money paid by a user who notifies - you in writing (or by e-mail) within 30 days of receipt that s/he - does not agree to the terms of the full Project Gutenberg-tm - License. You must require such a user to return or - destroy all copies of the works possessed in a physical medium - and discontinue all use of and all access to other copies of - Project Gutenberg-tm works.</li> - -<li>You provide, in accordance with paragraph 1.F.3, a full refund of any - money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the - electronic work is discovered and reported to you within 90 days - of receipt of the work.</li> - -<li>You comply with all other terms of this agreement for free - distribution of Project Gutenberg-tm works.</li> -</ul> - -<p>1.E.9. If you wish to charge a fee or distribute a Project Gutenberg-tm -electronic work or group of works on different terms than are set -forth in this agreement, you must obtain permission in writing from -both the Project Gutenberg Literary Archive Foundation and Michael -Hart, the owner of the Project Gutenberg-tm trademark. Contact the -Foundation as set forth in Section 3 below.</p> - -<p>1.F.</p> - -<p>1.F.1. Project Gutenberg volunteers and employees expend considerable -effort to identify, do copyright research on, transcribe and proofread -public domain works in creating the Project Gutenberg-tm -collection. Despite these efforts, Project Gutenberg-tm electronic -works, and the medium on which they may be stored, may contain -"Defects," such as, but not limited to, incomplete, inaccurate or -corrupt data, transcription errors, a copyright or other intellectual -property infringement, a defective or damaged disk or other medium, a -computer virus, or computer codes that damage or cannot be read by -your equipment.</p> - -<p>1.F.2. LIMITED WARRANTY, DISCLAIMER OF DAMAGES - Except for the "Right -of Replacement or Refund" described in paragraph 1.F.3, the Project -Gutenberg Literary Archive Foundation, the owner of the Project -Gutenberg-tm trademark, and any other party distributing a Project -Gutenberg-tm electronic work under this agreement, disclaim all -liability to you for damages, costs and expenses, including legal -fees. YOU AGREE THAT YOU HAVE NO REMEDIES FOR NEGLIGENCE, STRICT -LIABILITY, BREACH OF WARRANTY OR BREACH OF CONTRACT EXCEPT THOSE -PROVIDED IN PARAGRAPH 1.F.3. YOU AGREE THAT THE FOUNDATION, THE -TRADEMARK OWNER, AND ANY DISTRIBUTOR UNDER THIS AGREEMENT WILL NOT BE -LIABLE TO YOU FOR ACTUAL, DIRECT, INDIRECT, CONSEQUENTIAL, PUNITIVE OR -INCIDENTAL DAMAGES EVEN IF YOU GIVE NOTICE OF THE POSSIBILITY OF SUCH -DAMAGE.</p> - -<p>1.F.3. LIMITED RIGHT OF REPLACEMENT OR REFUND - If you discover a -defect in this electronic work within 90 days of receiving it, you can -receive a refund of the money (if any) you paid for it by sending a -written explanation to the person you received the work from. If you -received the work on a physical medium, you must return the medium with -your written explanation. The person or entity that provided you with -the defective work may elect to provide a replacement copy in lieu of a -refund. If you received the work electronically, the person or entity -providing it to you may choose to give you a second opportunity to -receive the work electronically in lieu of a refund. If the second copy -is also defective, you may demand a refund in writing without further -opportunities to fix the problem.</p> - -<p>1.F.4. Except for the limited right of replacement or refund set forth -in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS', WITH NO OTHER -WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT LIMITED TO -WARRANTIES OF MERCHANTABILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE.</p> - -<p>1.F.5. Some states do not allow disclaimers of certain implied -warranties or the exclusion or limitation of certain types of damages. -If any disclaimer or limitation set forth in this agreement violates the -law of the state applicable to this agreement, the agreement shall be -interpreted to make the maximum disclaimer or limitation permitted by -the applicable state law. The invalidity or unenforceability of any -provision of this agreement shall not void the remaining provisions.</p> - -<p>1.F.6. INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the -trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone -providing copies of Project Gutenberg-tm electronic works in accordance -with this agreement, and any volunteers associated with the production, -promotion and distribution of Project Gutenberg-tm electronic works, -harmless from all liability, costs and expenses, including legal fees, -that arise directly or indirectly from any of the following which you do -or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm -work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any -Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.</p> - -<h3>Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm</h3> - -<p>Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of -electronic works in formats readable by the widest variety of computers -including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists -because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from -people in all walks of life.</p> - -<p>Volunteers and financial support to provide volunteers with the -assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg-tm's -goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will -remain freely available for generations to come. In 2001, the Project -Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure -and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations. -To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation -and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4 and -the Foundation information page at <a -href="http://www.gutenberg.org">www.gutenberg.org</a></p> - -<h3>Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive -Foundation</h3> - -<p>The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit -501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the -state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal -Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification -number is 64-6221541. Contributions to the Project Gutenberg -Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent -permitted by U.S. federal laws and your state's laws.</p> - -<p>The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S. -Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered -throughout numerous locations. Its business office is located at 809 -North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887. Email -contact links and up to date contact information can be found at the -Foundation's web site and official page at <a -href="http://www.gutenberg.org/contact">www.gutenberg.org/contact</a></p> - -<p>For additional contact information:<br /> - Dr. Gregory B. Newby<br /> - Chief Executive and Director<br /> - gbnewby@pglaf.org</p> - -<h3>Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg -Literary Archive Foundation</h3> - -<p>Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide -spread public support and donations to carry out its mission of -increasing the number of public domain and licensed works that can be -freely distributed in machine readable form accessible by the widest -array of equipment including outdated equipment. Many small donations -($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt -status with the IRS.</p> - -<p>The Foundation is committed to complying with the laws regulating -charities and charitable donations in all 50 states of the United -States. Compliance requirements are not uniform and it takes a -considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up -with these requirements. We do not solicit donations in locations -where we have not received written confirmation of compliance. To -SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any -particular state visit <a -href="http://www.gutenberg.org/donate">www.gutenberg.org/donate</a></p> - -<p>While we cannot and do not solicit contributions from states where we -have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition -against accepting unsolicited donations from donors in such states who -approach us with offers to donate.</p> - -<p>International donations are gratefully accepted, but we cannot make -any statements concerning tax treatment of donations received from -outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.</p> - -<p>Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation -methods and addresses. Donations are accepted in a number of other -ways including checks, online payments and credit card donations. -To donate, please visit: <a -href="http://www.gutenberg.org/donate">www.gutenberg.org/donate</a></p> - -<h3>Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic -works.</h3> - -<p>Professor Michael S. Hart was the originator of the Project Gutenberg-tm -concept of a library of electronic works that could be freely shared -with anyone. For forty years, he produced and distributed Project -Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.</p> - -<p>Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed -editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S. -unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily -keep eBooks in compliance with any particular paper edition.</p> - -<p>Most people start at our Web site which has the main PG search facility: -<a href="http://www.gutenberg.org">www.gutenberg.org</a></p> - -<p>This Web site includes information about Project Gutenberg-tm, -including how to make donations to the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to -subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.</p> - +<div>*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 40358 ***</div> </body> </html> |
