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+*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 40358 ***
+
+Note: Images of the original pages are available through
+ Internet Archive. See
+ http://archive.org/details/3502513
+
+
+
+
+
+SALTA
+
+ * * * * *
+
+Libros publicados por la Cooperativa Editorial "Buenos Aires"
+
+
+ I--FERNÁNDEZ MORENO.--_Ciudad._
+
+ II--HORACIO QUIROGA.--_Cuentos de Amor de Locura y de Muerte._
+
+ III--CARLOS IBARGUREN.--_De nuestra tierra._
+
+ IV--MANUEL GÁLVEZ.--_La sombra del convento_ (novela).
+
+ V--ERNESTO MARIO BARREDA.--_Las rosas del mantón_
+ (Andanzas y emociones por tierras de España).
+
+ VI--CARLOS MUZZIO SÁENZ-PEÑA.--Versión castellana de _La cosecha
+ de la fruta_ de Rabindranath Tagore.
+
+ VII--ARTURO CAPDEVILA.--_El libro de la noche._
+
+ VIII--RICARDO JAIMES FREYRE.--_Los sueños son vida._
+
+ IX--LUISA ISRAEL DE PORTELA.--_Vidas tristes._
+
+ X--PEDRO MIGUEL OBLIGADO.--_Gris._
+
+ XI--MARIO BRAVO.--_Canciones y Poemas._
+
+ XII--JUAN CARLOS DÁVALOS.--_Salta._
+
+
+ PRÓXIMAMENTE:
+
+ XIII--ALFONSINA STORNI.--_El dulce daño._
+
+ XIV--ALVARO MELIÁN LAFINUR.--_Literatura contemporánea._
+
+ * * * * *
+
+
+JUAN CARLOS DÁVALOS
+
+SALTA
+
+Prólogo de MANUEL GÁLVEZ
+
+
+
+
+
+
+
+[Decoración]
+
+"BUENOS AIRES"
+SOCIEDAD COOPERATIVA EDITORIAL LIMITADA
+AVENIDA DE MAYO 791
+1918
+
+
+
+
+ A MANUEL GÁLVEZ.
+
+_El defecto capital de este libro es su personalismo._
+
+_Su mejor cualidad es la espontaneidad._
+
+_Esto proviene de que los artículos que lo componen fueron escritos en
+diferentes épocas, sobre temas asaz diversos, y nunca con el propósito
+de hacer un libro._
+
+_Al reunirlos en un volumen me propongo dar una idea de lo que es
+Salta; y de lo que puede ocurrírsele en Salta a un hombre que observa,
+aislado, y sin ambiente literario alguno. Representa, pues, un
+esfuerzo intelectual, no sé si estimable o necio._
+
+_Usted que conoce al autor y su medio provinciano, es el llamado a
+prologar este libro, y hacérselo comprender al público del país._
+
+_Sin un comentario previo de usted, no deseo que el libro vea la luz._
+
+_Así apreciará usted cuánto le estima como amigo y como escritor su
+afmo. y S. S._
+
+ JUAN CARLOS DÁVALOS.
+
+
+
+
+PRÓLOGO
+
+Hace diez años, era Salta una ciudad colonial. La visitaba yo entonces
+por primera vez; y no necesito exagerar, si afirmo que ninguna ciudad
+de nuestra tierra me había producido una igual impresión de carácter y
+de poesía. En Córdoba, en Santa Fe, encontramos algunas viejas casas
+características. En Salta lo eran todas por aquella época. Con sus
+techos de tejas, sus ventanas y sus puertas de formas coloniales, y
+sus altos balconetes de madera y de hierro, que parecían colgados de
+los aleros, las casas de Salta evocaban encantadoramente la vida
+argentina de hace un siglo.
+
+Pero no eran sólo las casas lo que entonces recordaba el tiempo que
+fué. Eran también las calles, las iglesias, las gentes, las
+costumbres. No olvidaré nunca las sensaciones que me causaron ciertas
+cosas, tan exóticas para mí: el llanto trágico de la quena que un
+indio platero tañía maravillosamente; el reñidero, con su público
+heterogéneo y sus escenas pintorescas; y un baile de arrabal, donde
+silenciosos indios, calzados de ojotas y emponchados, miraban, con
+asombro estúpido y tenaz, cómo bailaban la chacarera y la zamba, al
+son de un arpa vieja y al ritmo de los versos quíchuas que cantaba el
+músico ciego, las mujerzuelas y los hombres de diversas clases
+sociales que atestaban el rancho.
+
+Poco de esta Salta queda ahora. Sus casas no fueron derribadas, pero
+un absurdo y mal entendido espíritu de modernidad reformó las ventanas
+y las puertas, suprimió los aleros y ocultó los techos de tejas
+levantando las paredes delanteras. Pero a pesar de todo, permanece en
+Salta lo suficiente para que miremos a esta ciudad como la más
+completa y bella imagen del pasado argentino.
+
+En aquella Salta apacible hice amistad con Juan Carlos Dávalos. El fué
+mi mejor guía, sobre todo en el sentido espiritual que podemos dar a
+esta palabra. Dávalos me refería leyendas y tradiciones, y me hablaba
+de la vida provinciana, cuyas cosas y cuyos tipos característicos
+conocía profundamente, juzgándolos con su humorismo benévolo y
+original.
+
+Dávalos me recitó algunos de los pocos versos que hasta entonces
+llevaba escritos y me leyó varias de las páginas que componen este
+volumen. Convencido de las facultades de Dávalos, le incité con
+entusiasmo a que escribiera; y creo haber contribuído en buena parte a
+su dedicación literaria. Su conocimiento de la vida en aquella comarca
+salteña, tan argentina y tan ignorada en el resto del país, colocaba a
+Dávalos en una situación excepcional. El joven poeta amaba la
+tradición y la comprendía tan hondamente, que era lógico esperar de su
+talento, robusto y realista, páginas del más fuerte sabor vernáculo.
+
+Su primer libro, _De mi vida y de mi tierra_, prologado elogiosamente
+por Carlos Ibarguren, fué para Dávalos un buen éxito. Su lenguaje,
+original, con algo de arcaico, su sentimiento personal y poético de
+las cosas del campo, y sus descripciones eficaces y vigorosas,
+sorprendieron. Luego ha escrito un interesante drama histórico. Y
+ahora realiza mi deseo de que publicara un libro en prosa, evocando la
+vida de aquella Salta, colonial y apacible, que tal vez pronto
+desaparecerá completamente; recordando leyendas y tradiciones;
+retratando los tipos característicos de la ciudad y de los campos y
+haciéndonos ver, con su talento descriptivo, escenas pintorescas del
+arrabal, de la montaña y de la selva.
+
+Juan Carlos Dávalos tiene dos grandes cualidades literarias: humorismo
+y aptitud para describir.
+
+El humorismo de Dávalos no es trascendental sino excepcionalmente, y
+en pequeño grado. No contiene amargura ni desilusión. En lugar de
+ejercerse sobre los defectos morales de los hombres, se aplica a las
+características materiales. Pero sin hacer apenas crítica, ni intentar
+corregir el mundo.
+
+Si Dávalos desarrolla esta cualidad de observar el ridículo en los
+hombres y en las cosas, puede llegar a realizar notables caricaturas.
+Advierto que digo esto en su elogio, porque hay quienes imaginan que
+la caricatura es un defecto y se halla fuera del arte. Los grandes
+noveladores del siglo pasado son prodigiosos caricaturistas. Así
+Dickens y Thackeray en Inglaterra; Pérez Galdós y Palacio Valdés, en
+España; Daudet, Flaubert y a veces Zola en Francia; y Eça de Queiroz,
+en Portugal. Conviene recordar que no es preciso hacer reir para ser
+caricaturista. Hay también caricaturas trágicas, de las que son
+ejemplos algunos personajes de Dostoiewsky y de Balzac.
+
+La aptitud descriptiva de Dávalos se muestra a la vez en los tipos, en
+las escenas y en los paisajes. He aquí como presenta a un jugador de
+taba: "... es un hombrón taciturno, un poco alcoholizado. Parece allí
+un toro, parado en dos pies entre la tropa. Usa enorme sombrero blanco
+y se alza el poncho del pescuezo para que le vean su charro cinturón
+de bolivianas de plata. Va quinientos pesos a su mano. Se escupe con
+calma las manos, refriega las palmas en el suelo, guiña el ojo
+izquierdo como si fuera a apuntar con escopeta, mira bien la taba con
+el otro ojo, la blande, la sopesa varias veces, echa un desafío a la
+redonda. Los espectadores, atónitos, se apartan. La taba vuela; la
+siguen con la vista, da tres vueltas justas y se clava".
+
+Igualmente eficaces son los retratos del gaucho Cruz Guíez, del
+Serapio Guantay, de la dueña de la casa donde se celebra el baile de
+villorrio, de la Juana Figueroa. Entre los tipos que en dos palabras
+describe al pasar, nos impresionan particularmente los opas, esos
+pobres imbéciles que tanto abundan en el norte. En el capitulito _La
+decadencia de los opas_, título del más fino humorismo y que
+constituye un admirable hallazgo, se refiere, en un estilo lleno de
+gracia, a varios de ellos, que eran populares en Salta. Pero en otros
+capítulos nos habla también de aquellos infelices. Así en _El baile de
+villorrio_, donde nos pinta uno en esta forma: "En el patio, un opa de
+ojos clarísimos y cara pálida y gorda, que había bebido en demasía,
+mascaba asnalmente un bollo, y servía de diversión a unos
+muchachos...".
+
+Como narrador, Dávalos muestra también notables cualidades. Hay en su
+libro escenas de una gran belleza: la de los burritos leñateros, que
+pasan lentamente por las calles, curioseándolo todo y metiéndose
+dentro de las casas; la de la riña de gallos, que tiene tanto
+movimiento y tanto color como las descripciones análogas de Sarmiento;
+y aquella en donde cuenta los amores del Serapio Guantay, página
+penetrada de la honda poesía de las montañas salteñas y que basta para
+revelar en Dávalos las aptitudes de un gran escritor.
+
+Sus paisajes son generalmente muy breves, simples anotaciones hechas
+al pasar. Pero en todo el libro está latente el aspecto de la ciudad y
+de la naturaleza. He aquí una de las mejores descripciones, donde
+recuerda la vieja Salta que él debió conocer en su niñez: "Evocad el
+Salta de sesenta años atrás, con su pobre y pesada arquitectura
+colonial; con sus tejados de alero volado a la calle; con sus enormes
+portales cuadrados y recios; con sus altas veredas, entre cuyas lajas
+desiguales brotaba el pasto del campo; con sus hondas y tortuosas
+calles de piedra bola. De noche, ardía en las esquinas del centro un
+candil de sebo. El sereno, encargado de varias manzanas, pasaba
+lentamente, cantando la hora y el aspecto del tiempo. En las casas
+donde había quedado alguna luz, revoloteaban encandilados, sobre los
+anchos patios, murciélagos errantes y siniestras lechuzas".
+
+Dávalos aparece en este libro como un espíritu multiforme y una
+sensibilidad compleja. Algunos de sus relatos son más que trágicos,
+macabros; otros humorísticos, otros sentimentales y poéticos. Con la
+misma eficacia descriptiva con que nos relata una proclamación
+política en el arrabal o reconstruye la riña de gallos, nos evoca la
+vida de las montañas. Nos hacen reir sus siluetas de los cocheros, su
+desfile de los opas; nos estremece de terror y de misterio el recuerdo
+de aquella noche en que murió su amigo apodado el Chivo Pedro; y nos
+hace comprender el alma de la raza vencida, impregnándonos de honda
+emoción territorial, en los párrafos donde describe a un indio que
+desciende de la montaña haciendo sonar el erque.
+
+Pero en todas estas páginas de índole tan diversa, Dávalos, como
+escritor moderno que es, demuestra que busca en las cosas, no una
+belleza más o menos convencional, sino su carácter. Sus paisajes, sus
+escenas, sus cuadros, sus tipos son llenos de individualidad y nos
+revelan uno de los pedazos más interesantes y originales de la tierra
+argentina.
+
+He mencionado sus relatos macabros, y quiero dar mi interpretación de
+ellos. Los cuentos espeluznantes de Dávalos no nos hacen daño ni nos
+desagradan. Nos producen, sí, la sensación completa que el autor
+pretendió producir, pero al acabar de leerlos no quedamos
+impresionados, disgustados, hasta enfermos, como después de leer
+ciertos cuentos de Quiroga. Tal vez contribuya a esto, los detalles
+humorísticos que Dávalos encaja hábilmente en medio de sus
+terroríficas narraciones. El caso es que estas páginas nos hacen el
+efecto de una broma, de una broma bien hecha, por otra parte. Parece
+que el autor se hubiera dicho: "Voy a escribir unos cuantos cuentos
+espantables para que vean que soy capaz de escribirlos, y, sobre todo,
+para reírme pensando en el efecto que producirán en las gentes
+pacíficas".[1] Y los ha escrito, pero permaneciendo él sano, fuerte,
+sereno, y sin ennegrecer el ánimo del lector. Porque una de las
+características de Dávalos es su sanidad de espíritu. Y es un escritor
+sano, no solamente porque nada hay en él de enfermizo, sino porque
+tiene todas las cualidades morales que acompañan a la perfecta salud
+espiritual.
+
+Juan Carlos Dávalos posee verdadera imaginación, profundo sentimiento
+poético, comprensión de la realidad y, más que nada, sensibilidad.
+Pero no una sensibilidad como la de cualquier escritor distinguido,
+sino una sensibilidad como sólo la tienen los verdaderos artistas. ¿Me
+permitirá mi amigo que revele al público cierto detalle un poco
+íntimo, pero que demuestra su valer? Bien: yo he visto a Dávalos
+emocionarse hasta las lágrimas ante una lectura, y no por tratarse de
+cosas tristes o impresionantes, sino por la sola belleza de lo que se
+leía.
+
+Dávalos es también un psicólogo. Pero como todos los temperamentos
+realistas, revela el alma de los seres por medio de sus gestos y de
+sus actos. Es muy interesante su psicología de los opas, de los
+gauchos, de los indios y de los perros.
+
+Su estilo es incorrecto y a veces duro. A mí me place, no obstante sus
+defectos, porque se acerca a la palabra hablada y porque hay en él
+color y movimiento. Tiene escasa armonía, salvo en ciertos raros
+instantes, pero mucha sencillez y sobriedad. Estilo corto, escueto,
+muy preciso y vigoroso, es excelente para las descripciones de escenas
+y de cuadros realistas. Pero cuando se habla de una cosa poética se
+torna poético. Y según el asunto, es hondo, emotivo, florido,
+brillante o melancólico, y cobra, cuando el relato adquiere vuelo, una
+penetrante elocuencia. He aquí cómo empieza a narrar los amores de un
+pastor y una vaquera: "El azar los había puesto cerca; el instinto los
+juntó. Y en el filo de una loma, sobre el pastizal oliente a berbena y
+anís, la india, más aviesa, lo inició al indio, más ingenuo, en el
+raro misterio que cumplen las cabras y las vacas, que trajina el polen
+en las patas diminutas de las abejas, que puebla el soto de inquietas
+y esmaltadas mariposas, y que hace cada primavera florecer el amancay
+blanco y la begonia escarlata entre las breñas. Desde aquella tarde
+los dos indios volvieron a encontrarse siempre, y juntos divagaron por
+los cerros, descubriendo el encanto de los callados sitios, oyendo al
+eco repetir sus gritos en las altas barrancas, mirando rodar por los
+precipicios las gruesas galgas que aflojaban al borde, triscando a la
+par de los chivos en las paradas laderas, o escondiéndose a veces de
+algún viajero que cruzaba, allá abajo, en su mula, el áspero pedregal
+del torrente".
+
+Pero trate de un asunto o de otro, la prosa de Dávalos es siempre
+viviente, moderna, muy argentina y sin afectaciones de ninguna índole.
+Dávalos, felizmente, se encuentra libre de _literatismo_, ese veneno
+del que no logramos desprendernos los que hemos sido educados en la
+literatura francesa contemporánea.
+
+Sin afectaciones, dije, e insisto en ello. Porque no faltará quien
+acuse al autor de _Salta_ como afectado de arcaísmo. La prosa de
+Dávalos está matizada de palabras que nos parecen viejas o demasiado
+castizas. Pero no son palabras que Dávalos haya aprendido en los
+libros. Las ha adquirido del pueblo, del campesino salteño, que habla
+un hermoso castellano, un castellano con algo de rancio y a la vez
+algo de quíchua. Al usar, pues, aquellas voces, Dávalos, lejos de
+mostrar afectación, hace obra rigurosamente argentina.
+
+Ahora, sólo falta que el revelador de la tierra salteña ponga su
+talento y su corazón al servicio de una obra más orgánica que la
+presente. Tiene todas las cualidades para ser un verdadero novelista.
+Reclamémosle, para bien del país, que lo sea muy pronto.
+
+ MANUEL GALVEZ
+
+FOOTNOTE:
+
+[1] Algunos de los personajes de los cuentos a que me vengo
+refiriendo, son amigos de Dávalos. El autor los hace morir en forma
+trágica y horrorizante.
+
+
+
+
+I
+
+LA CIUDAD
+
+
+
+
+LOS BURRITOS LEÑATEROS
+
+
+Ellos traen a la ciudad modernizada un poco de la paz de los campos,
+la sobriedad rural, la lentitud de los días siempre iguales y hermosos
+bajo el infinito azul, en las praderas apacibles.
+
+Con su pasito tácito, su leñita a la espalda, y su peluda ropa de
+anacoretas, arreados por un muchacho que monta una triste jaca cerril,
+pasan lentamente por la calle los burritos leñateros.
+
+Son las nueve de la mañana.
+
+En una puerta asoma una mujer, y trata con el muchacho por la leña.
+
+Los burros siguen viaje. A ellos, ¿qué les importa el negocio? Lo que
+les gusta es andar, curiosear, ver novedades.
+
+El muchacho corre a toparlos, y ellos, adrede, trotan calle arriba. Un
+auto los ataja en una bocacalle. El muchacho se les planta por
+delante: silba, grita, les pega ponchazos, y la recua vuelve frente a
+la vecina que espera la leña.
+
+Mientras el muchacho desata la leña, los borricos merodean.
+
+Uno, se cuela por un zaguán, raspando al pasar, los reboques con los
+torcedores. En el patio, una sirvienta lo baraja a escobazos. El burro
+ceja, y al salir, muy despacio, tumba una maceta.
+
+Alguno se acuesta a descansar en media calle, lanzando resoplidos de
+desaliento, al pensar que a él no le toca el turno todavía.
+
+Hurga otro, con su belfo suave y azulado, el cordón de la vereda,
+donde una cáscara de banana se adhirió a la piedra. Después se come
+una cáscara de naranja, mientras un camarada, más feliz en hallazgos,
+se empeña en tragar un diario abandonado, envoltorio de cocinera,
+saturado de oliente y sabrosa grasa.
+
+_Durmiendo los ojos_ beatamente, un burrito ensaya lamer un hilo de
+agua inmunda que mana de un albañal.
+
+En un grupo, alguno, cariñoso y prolijo, le rasca con los dientes a un
+congénere la sarnícula del apolillado pescuezo.
+
+Le toca luego el turno al que se echó: el muchacho lo quiere hacer
+levantar para descargarlo; pero el burro no quiere. ¡Se siente tan
+cómodo!
+
+El muchacho, impaciente, la emprende a puntapiés. El burro se limita a
+menear la cabeza y pestañear, hasta que el dolor de la tunda le llega
+al alma. Entonces, cachaciento, ayudado por el muchacho, se incorpora.
+
+El lento paso de la tropilla, su mansedumbre, el ligero vaivén
+incesante de las colillas exíguas, las cabezas pensativas, los dulces
+ojos, las tranquilas orejas, hacen del burrito leñatero la nota más
+simpática de la calle salteña.
+
+¡Ay! pero no cuando uno de estos animalejos deja oir un bárbaro
+rebuzno.
+
+El bucólico encanto se rompe de pronto ante esa desapacible
+resonancia, ante las grandes quijadas abiertas en la plenitud de la
+bestialidad, y ante el brutal regocijo que sacude el mísero y flaco
+cuerpo del asno, en espasmos de un grosero naturalismo.
+
+
+
+
+UNA PROCLAMACION
+
+
+Un mes antes de la elección el arrabal pulula en el comité. Y una
+noche, a son de bombas, se hace la proclamación del candidato. Es la
+noche cívica, merienda de negros, aquelarre, agrio candombe.
+
+Cuando los adherentes se congreguen, y desborden por los cuartos y
+patios del comité, que es siempre un despacho de bebidas, en medio de
+la gente se mostrará el candidato, y hablará; y hablarán los amigos
+del candidato.
+
+Ansioso esperaba el arrabal la noche de la proclamación. No bastaba el
+haber sorbido, durante veinte días seguidos, el vino del candidato.
+Ahora que la elección se acerca es preciso también oir la palabra de
+los políticos, que pagan la fiesta; de los blancos, de los ricos
+cholos, de los eternos explotadores del Juan Pueblo, como dijo cierto
+gringo que habló en el teatro, y que se fué.
+
+Y esta noche, siendo de estruendos, y de discursos y de cerveza, hay
+que aprovecharla, y beber por el triunfo del partido.
+
+¡El triunfo!... palabra imprecisa, mero ruído verbal en la cabeza del
+elector.
+
+ * * * * *
+
+Entremos en el club político la noche de proclamación, en el momento
+de los discursos. Es en el patio entoldado de una pulpería de arrabal.
+
+Parado sobre una mesa, enguantado, bien vestido, el candidato inicia
+la tanda de los discursos.
+
+La multitud escucha: trescientos y tantos ciudadanos, de los cuales
+doscientos por lo menos están beodos.
+
+El candidato infunde respeto. Su galano estilo, su clara dicción,
+caen, como lluvia de rosas en un lodazal, sobre un apeñuscamiento de
+cabezas hirsutas, sobre un campo de bocas abiertas en rictus
+alcohólico, sobre un oscuro lago de miradas atónitas.
+
+Pero el espectáculo sugiere al punto esta reflexión: el respeto no es
+a las ideas, que no se alcanzan. Es el respeto atávico al blanco, es
+decir, al amo ancestral; es el respeto a los guantes, al jaquet, al
+botín de charol; es el respeto fetichista del indio por las cosas que
+su instinto presiente como signos de excelencia.
+
+Un borracho aprueba con amplios gestos los párrafos del orador. Y
+exclama en alta voz:--¡claro!... ¡eso es!... ¡Me gusta!...
+
+Lo veo esforzarse por fijar la atención. La mona, en su estrabismo, le
+muestra dos oradores, y él se obstina en mirar uno. Luego, cansado,
+vuelca la cabeza sobre el pecho impotente, y la sonrisa del arlequín
+que hay en todo borracho, divaga por el rostro enorme, moreno, pingüe
+de grasa y de sudor.
+
+En medio de este grotesco silencio, en medio de esta trágica atención
+de beodos, aquí y allí se sofoca un juramento, se contiene una réplica
+inconsulta, se acalla un intempestivo monólogo. Entre tanto, algunos
+se desprenden furtivamente del grupo, para ir a beberse una copa más
+en el mostrador. ¡Qué diablos!... Lo único positivo es el vino; el
+vino que permite olvidar el crimen del ocio y de la ignorancia.
+
+El candidato acaba su discurso entre palmoteos y alaridos. Todos se
+mueven, algunos quieren verle, tocarle. Y la multitud al revolverse
+apesta más, como si se hurgase la basura. El alcohol se espande en
+vaho con los gritos, la roña se embravece con el calor y el roce.
+
+Después del candidato habla un estudiante. Su palabra es vehemente,
+vibrante, sincera. Se imagina que el pueblo es quien le escucha; el
+pueblo teórico de los libros. Y le habla de deberes cívicos, de
+libertad, de honor ciudadano, de justicia social y regeneración
+política. Pero él no conoce al pueblo: es un ingénuo.
+
+Le han dicho que en ese comité hay muchos tocados por el otro partido,
+y que esos vienen sólo a embriagarse, y que votarán en contra, a pesar
+de hallarse afiliados.
+
+Y exclama con gran énfasis oratorio:
+
+"¿Es posible, es creíble, ciudadanos, que entre vosotros existan
+tránsfugas, que vengan aquí nada más que a beber nuestro vino y comer
+nuestra empanada, y que mañana nos den la espalda en el _cuarto
+oscuro_? ¿Es posible que haya aquí uno, uno solo tan... sin
+vergüenza?"
+
+Una voz aguardentosa replica a gritos:
+
+--¿Uno?... ¡Varios! ¡Aquí hay varios, sí señor! ¡Varios sinvergüenza!
+¿Sabe?...
+
+Lo obligan a callar. No se debe interrumpir al orador. Los borrachos
+dicen siempre la verdad.
+
+Este _club_ contaba con trescientos cincuenta adherentes. Pero en el
+día de la elección, más de la mitad votó contra su partido.
+
+Así es el mulato, la canalla abyecta, borrachona, pechadora, que
+aprovecha la ocasión política. Son la hez de la ciudad, el desecho de
+las faenas rurales, el desperdicio de los gremios honrados, la resaca
+de las pequeñas industrias laboriosas y probas. Son seiscientos, quizá
+mil gandules que determinan la suerte de los partidos, poniendo del
+lado adonde los vuelca el acaso, el peso vil de la cantidad.
+
+Es la carga de papas en la cala, capaz de tumbar el buque.
+
+Y en presencia de tales espectáculos viene a la mente un recuerdo
+irónico: "El pueblo no delibera ni gobierna", etc.
+
+
+
+
+EL REÑIDERO
+
+
+En el Salta de antaño el reñidero era una diversión popular. Aunque en
+decadencia, la de las riñas es aún una manía en mucha gente, por lo
+común ricos doctores y acomodados artesanos.
+
+Ya no encuentra uno como antes por la calle algún distinguido señor
+con un gallo bajo la chapa, pero si vamos un domingo al reñidero
+comprobaremos la existencia de una verdadera pasión organizada en
+garlito, con su edificio apropiado, especie de templete de redondo
+techo adonde van los sabios gallólogos a parar por un gallo hasta la
+camisa.
+
+El reñidero está en un barrio excéntrico. Es un corralón con varias
+dependencias: pulpería, reñidero y cancha de taba. La entrada permite
+el acceso a cualquiera de ellas.
+
+La reunión empieza a las dos de la tarde. Un negro inválido, gordo y
+barrigón, cobra el boleto en la puerta. Individuos de toda catadura
+van y vienen por el gran patio de tierra y el viejo corredor de
+ladrillos.
+
+En un extremo del patio una mulata hornea la primera tanda de
+empanadas. Aunque hay mucha gente que se mueve, lo hace con grave
+cachaza: uno pesa un gallo en una romana colgada del techo por un
+alambre; en un grupo se concierta una riña; un opa amarillo, palúdico,
+de barbas ralas, afirmado a un pilar, escucha estúpidamente las
+condiciones que se estipulan; algunos revisan en las galleras sus
+gallos, les dan los últimos toques, los acarician, los hablan; otros
+limpian y pulen un juego de chuzas de acero; por ahí, disparatando, se
+bambolea el eterno beodo de todos los domingos; y sobre este desacorde
+rumor humano, continuamente irrumpe, vibrante, marcial, el sonoro
+cocoricó de los gladiadores ansiosos de ir a la arena.
+
+La preparación de un gallo es una ciencia. Se pesa y pela el trigo; se
+mide la dosis de agua y maíz; se le despluma al animal el trasero para
+ver cuándo está robusto, en cuyo caso esta parte se le enciende en
+intenso rojo de pimiento. Hay que separarlo de las gallinas para que
+no se ponga cailón y flojo. Hay que baquetearlo, o sea hacerlo topar
+con otros gallos para que tome estilo. Si es demasiado picador se le
+pone una piquera en el pico, estuche de cuero que le permite
+entrenarse sin morder, hasta que se acostumbre a pelear a revuelos.
+
+Si el gallo está capioso, es decir, si no tiene buena pluma, se lo
+ensambla, lo que significa una obra de paciencia china, pues se hace
+preciso cortar las plumas de la cola y alas al canuto, y encajar en
+éste, pegándolas con goma, nuevas plumas largas y tersas, con lo que
+el gallo obtiene agilidad en el asalto, ya que las plumas lo
+equilibran.
+
+Además, a fin de fortificar los pulmones y las patas, hay que
+corretearlo metódicamente una hora diaria; y hay que sacarlo a tomar
+sol por la mañana; y si se sofoca y agita mucho, hay que zamparle agua
+a buchadas por la cabeza y bajo las alas. Todo esto se practica a
+diario, fuera de las precauciones y medidas que aconseja la
+taumaturgia profesional cuando se quiere ganar con trampas una riña.
+
+El número de tongos no tiene límites. Gallero hay que le embadurna de
+sebo a su gallo la cabeza para que el del contrario se despique al
+morder; algunos al desgolillarlo le cortan en escalera la golilla, lo
+que produce el resultado dicho, si el gallo contrario gusta de morder
+la golilla y no la cabeza.
+
+Es gallo ligado si le amarran tan fuertemente las chuzas que el pobre
+animal camina apenas apuñando la pata. Es gallo desvelado cuando le
+hallan en los ojos cierta espumita, que prueba que para debilitarlo lo
+han hecho pasar una noche atado a la estaca entre dos luces. Muchos le
+untan al gallo en las axilas grasa de zorro, pues profesan la
+superchería de creer que por este medio el contendiente dispara,
+avisado por el instinto.
+
+Todo esto y mil detalles más debe conocer y lo conoce al dedillo el
+juez del reñidero, quien cuida de que las riñas sean legales y se
+respeten los compromisos.
+
+Bajo el techo circular está la arena, circular también, rodeada de una
+gradería de tablas, que sube en anfiteatro hasta el techo.
+
+Suena una campanilla.
+
+Más de cien jugadores se precipitan a las gradas. Se instalan. Tosen,
+esgarran, escupen. El circo tiene una barda enana de madera, bordeada
+por un colchado de trapo rojo. El juez se para a la puerta. Agita su
+campanilla. La riña va a empezar.
+
+Los dos largadores contrarios, sostienen cada uno su gallo por el
+pecho, le friegan las patas y le dan el último vistazo.
+
+El momento es solemne. Las apuestas se cruzan, breves y seguras.
+Algunos que apostaron ya, están callados, la mano puesta en el mentón,
+y así estarán hasta que acabe la riña. Los conocedores observan; los
+botarates elogian y desafían. Los dueños de los gallos guardan un
+digno silencio, prueba de sendos temores.
+
+La campanilla suena de nuevo. Se larga la riña.
+
+Un gallo da dos pasos, se para, se iergue y canta. El otro lo vé y lo
+embiste. Las rojas cabezas se agachan, los cogotes se estiran,
+arrogantes; los dorados, pequeños ojos bravíos brillan; las alas
+semiabiertas se aprestan al salto. Primero es el saludo bizarro de los
+dos picos, frente a frente, en línea recta, arriba, abajo,
+cautelosamente; después es el revuelo formidable, y en fin, la
+seguidilla, el entrevero, la riña; la riña tenaz, obstinada, furiosa,
+de una belleza ejemplar, de un denuedo heroico.
+
+Cada riña es un poema épico: los sucesos, naturalmente, difieren; la
+heroicidad es la misma.
+
+A veces un gallo queda ciego. Entonces el silencio de los espectadores
+se vuelve absoluto. El animal pelea a oído: se lo vé inclinar la
+cabeza, mas no para huir, sino para esperar escuchando al adversario.
+De nuevo lo halla, lo pica, se afirma, se solivia en las alas y le
+encaja con fragor las chuzas en el cráneo.
+
+El adversario se abate lentamente, las alas ajadas, el pico abierto.
+El triunfador, ciego, se para tambaleante en la arena y lanza a las
+tinieblas su trágico, ¡su titánico cocoricó!
+
+Se dió una vez el caso de dos gallos que cayeron muertos, primero el
+uno, el otro en seguida. El uno tenía traspasada una arteria junto al
+corazón: el otro no presentaba heridas, pero los entendidos dijeron
+que había muerto de rabia.
+
+El papel de los entendidos es admirable. En cuanto el gallo cae a la
+arena, en cuanto se mueve un poco, ya saben si está ido, es decir si
+está acobardado, vencido al empezar la pelea.
+
+Después de la riña sobreviene una febril agitación: los perdedores,
+resignados, oblan. Un ganador cruza el patio con un montón de billetes
+en la mano. Un individuo lava un gallo, le busca prolijamente las
+heridas, se las cura. Otro se come una empanada recién salida del
+horno. Quien pondera aquí las condiciones del paraguayo; quien
+sostiene allá que al giro tal le mordieron el pico antes de largarlo.
+Y junto al pozo, un individuo le chupa un ojo a su gallo para que no
+se haga tuerto y procede después a sangrarlo de la pata contraria,
+según una prudente cábula profesional.
+
+
+
+
+LA TABEADA
+
+
+En un canchón contiguo al reñidero está la tabeada. Siendo juego menos
+noble que las riñas, la taba tiene entre los decentes sus adeptos
+vergonzantes. La riña es como una ciencia, la taba es como un arte.
+
+Depende del pulso y en parte de la cancha. Existe un canchero que
+prepara la tierra y la rocía de modo que ni se haga barro ni esté
+dura. Los límites opuestos los marca un cordel hundido en tierra. Dos
+hileras laterales de bancos de tabla son los asientos de los jugadores
+que esperan turno.
+
+Reina en el corro, grande algarabía. Mientras un individuo pulsa la
+taba en una punta, el contrincante aguarda el tiro en la otra.
+
+Formúlanse las apuestas entre el tabeador y su contrario, entre el
+tabeador y el público, y el público entre sí, por fas y por nefás, por
+cara o culo, con ventaja o sin ella: es un enredo de términos y dichos
+especiales, tan claros para el profano como si fuesen griego.
+
+En media cancha han ido amontonando el dinero de las apuestas,
+apretado bajo una piedra para que no se vuele. Algunos empuñan rollos
+de billetes ajados y mugrientos. Los ya desplumados, se sientan a
+mirar, como fascinados, el manoseo de la plata.
+
+De varias partidas atrás, un chaqueño emponchado mantiene la taba: es
+un invencible. Ha pelado a muchos. Ahora "la va derecho" con un
+mulatón compadre y hablador.
+
+El invencible es un hombrón taciturno, un poco alcoholizado.
+Reconcentra en su juego favorito toda su grande alma de animalote.
+Parece allí un toro parado en dos pies entre la tropa.
+
+Usa enorme sombrero blanco y se alza el poncho al pescuezo para que le
+vean su charro cinturón de bolivianas de plata. Va quinientos pesos a
+su mano.
+
+Se escupe con calma las manos, refriega las palmas en el suelo, guiña
+el ojo izquierdo como si fuera a apuntar con escopeta, mira bien la
+taba con el otro ojo, la blande, la sopesa varias veces, echa un
+desafío mudo a la redonda. Los espectadores, atónitos, se apartan. La
+taba vuela: la siguen con la vista, da tres vueltas justas y se clava.
+
+--¡Culo!... ¡Culo clavado! ¡El primer culo!
+
+La agitación es intensa. Algunos juran. Otros se preparan a recibir su
+plata. Hay quien comenta a gritos las alternativas de aquella "mano".
+
+El chaqueño saca un pañolón colorado y se limpia el sudor del seboso
+rostro. Echa luego mano al bolsillo y paga de un grueso puñado de
+billetes. Ha sido un "batacazo". ¡Quinientos a la olla! ¡Jué pucha!
+Pero no es nada; él puede jugar hasta diez mil pesos. Este hombre
+tiene quince mil cabezas en el Chaco.
+
+La concurrencia es de un cómico abigarramiento. Vense galeras,
+guantes, bastones, botas, alpargatas y hasta patas peladas: la ancha
+pata pálida y roñosa del opa que atisba una moneda, del típico opa
+salteño, del infaltable de todas las aglomeraciones.
+
+Vense levitas verdinegras. Una casaca con dos botones al rabo, que
+muestra que en sus tiempos fué jaquet; chalecos multicolores de una
+antigua moda, camisas que rebalsan y pechos pelados al descubierto.
+
+Tampoco se libra de la manía el turco exótico, que ladra el idioma,
+pero que se hace entender y juega; ni el gringo, el delicioso gringo
+que masca tabaco y dice insolencias con la mayor soltura; ni tampoco
+faltan el mulatillo amanerado y compadrón del centro y el honrado
+maestro de escuela que viene a echar una cana al aire.
+
+Además, en la tabeada merodea el "colero", furtivo borrachín que
+simula entusiasmarse por el juego y traba apuesta con este y con el
+otro, para abrirse a su hora, con cualquier pretexto. Lo que le
+interesa al colero es la bebida que circula a rodo, el desperdicio de
+las ganancias. Agradece antes de que le brinden. Su afabilidad
+comunicativa es una ganzúa; su entusiasmo por el juego un taparrabo de
+la impudicia.
+
+
+
+
+LOS PERROS
+
+
+En las grandes ciudades los perros son objetos de adorno o de lujo,
+cuando no seres esclavizados por el egoísmo del hombre, y que sirven
+en las tiendas para cazar ratones, o en las policías para perseguir
+malandrines.
+
+En las grandes ciudades los perros pertenecen a alguna raza definida;
+y hasta los hay de abolengo.
+
+Existe allí el perro de alcurnia, mimado y regalado; el galgo raro, el
+San Bernardo, el terranova, el fox-terrier, etc., etc. La monótona
+vida de estos perros no tiene allí sino un aspecto más o menos
+sentimental o decorativo, o francamente utilitario.
+
+Para apreciar el papel de los perros en estado libre, de los perros
+como partido zoológico, disputando al hombre sus derechos a la vida,
+hay que venir a verlos en Salta.
+
+Es un día de verano, a la hora de la siesta, en un suburbio casi
+desierto del pueblo. El sol reverbera blanco en las piedras de la
+calle y en las veredas de laja: es la hora de los perros.
+
+No se ve más que perros, como si una universal metempsicosis hubiese
+substituído los habitantes por perros.
+
+Por las entornadas puertas de calle, asoman sus hocicos. Las puertas
+de calle, donde la gente sale a tomar fresco al caer la tarde.
+
+La perrilla de la esquina congrega los pretendientes del barrio.
+Primero es el festejo, el contoneo afable, el menear de rabos y el
+olerse. Y después la gresca galante que acaba en dispersión y derrota,
+cuando la mulata, dueña de la joven coqueta, asoma escoba en mano.
+
+Un inquieto perdiguero, que los domingos suele ir de caza con el
+albañil, se ha escapado con la piola al cuello, y pasa, trotando al
+sesgo, al viento las narices, que recuerdan por lo largas el cañón de
+una escopeta.
+
+Bajo el tropical ardor del día, entornados los ojos, la lengua afuera,
+cruzan por la calle grupos de perros de todos tamaños.
+
+Uno que los mira pasar desde su puerta, se avispa, y sale a toparlos:
+se cambian los saludos de regla.
+
+Se huelen, se gruñen; la pandilla sigue viaje, y el de la puerta
+vuelve lento sobre sus pasos, y alza la pata, desdeñoso, contra la
+pared corroída...
+
+Los grupos circulan por todas direcciones. A ratos viene el rumor de
+una algarabía lejana. Alguna pedrada, alguna dentellada. Y los
+corridos huyen haciéndose los rengos.
+
+En los días patrios y festividades populares los perros no saben
+dónde meterse. La gente de Salta padece la monomanía de las bombas. En
+cuanto se reunen doscientos manifestantes, sueltan innúmeras bombas.
+Entonces los perros, muertos de miedo, huyen a buscar un escondrijo,
+por entre las piernas del pueblo.
+
+Al amanecer, desde las campiñas cercanas invaden la ciudad pandillas
+de perros. Vienen en alegre turbamulta a escarbar los cajones de
+basura que los sirvientes colocan en la vereda para que los levante el
+basurero municipal.
+
+No hay casa arrabalera que no albergue tres perros por lo menos. ¡Y
+qué perros! Son perros de anónimas, azarosas razas, monstruosas
+combinaciones anatómicas, a veces espectrales y desconcertantes.
+
+Vénse perros largos y chatos, en forma de locomotoras. Otros, lanudos,
+pequeñísimos, llamados cuzcos, que al trotar parecen con cuerda. Vénse
+los pilas, es decir, unos que carecen en absoluto de pelos.
+
+Y esos tres tipos fundamentales al entreverarse en las cruzas, forman
+la interesante población perruna de mi pueblo.
+
+
+
+
+DEFENSA DE UN PERRO
+
+
+Mister Oscar Asterplat es un inglés que no me conoce, pero sabe que yo
+escribo, y ha venido a casa para encargarme un pequeño trabajo.
+
+El otro día, un bruto de chauffeur atropelló al bull-dog de M.
+Asterplat, y éste desea que yo escriba un artículo en favor de su
+perro, y contra los automovilistas.
+
+Accediendo gustoso a tan justo pedido, he mandado a un diario las
+siguientes líneas:
+
+Señor director: persigamos a las vizcachas que arrasan los sembrados;
+matemos a las ratas que comen documentos y propagan la pulmonía y la
+peste; organicemos ejércitos langosticidas; fumiguemos los árboles
+arrugados por la diapsis pentágona, y hagamos guerra a los gatos
+ardorosos que gritan en los tejados. Todo eso es razonable y bueno. La
+vida es una eterna lucha del hombre contra los viles engendros de la
+naturaleza.
+
+¡Pero pidamos al público que respete a los perros!
+
+A los pobres, a los buenos, a los leales, a los nobles, a los dignos
+perros, estos amigos prehistóricos de nuestra malvada especie; que en
+el fondo de sus ojos, siempre despiertos, tienen un destello de luz
+para cada caricia, y un rayo de rebeldía para cada injuria.
+
+El activo perdiguero que por las calles husmea sin descanso una
+escopeta; el airoso, elegante pila, juicioso en la iglesia, y caliente
+en el lecho de la viejecilla reumática; el miserable caschi que en las
+mañanas de invierno brinca delante de la cocinera, camino del mercado;
+el can flaco del pastero que a la sombra del carro va, paso a paso,
+del campo a la ciudad y de la ciudad al campo; el perro sucio del
+pordiosero, comensal en la olla de mendrugos, y lamedor cirujano de
+incurables lacras; el cuzquito centinela de los ranchos sin puerta; el
+perro del rico y el perro del pobre, el de la casa y el de la calle,
+cada cual llena un vacío en nuestros caprichos, en nuestras
+necesidades, en nuestros achaques, en nuestros infortunios. ¡Ningún
+perro está de más en el mundo!
+
+Estas reflexiones, señor Director, me las sugiere el atentado de que
+fué víctima, el domingo de tarde, en la avenida Sarmiento, el perro
+"oso" de M. Oscar Asterplat, por parte de un miserable manejante de
+automóvil.
+
+¡Este bruto le ha hecho pasar las ruedas por la barriga, y lo ha
+dejado extrachato, en media calle!
+
+Yo protesto de semejante atentado, ante el público, en nombre del
+señor Asterplat y en el mío propio.
+
+
+
+
+LA CONDENADA
+
+
+Hace mucho años, andaban de boca en boca, entre la gentuza de mi
+pueblo, relatos extraordinarios acerca de una luz ambulante que vagaba
+por avenidas y caminos urbanos.
+
+Precisamente, en las noches más tenebrosas, veíasela pasar, con
+diferencia de minutos, tan luego por las inmediaciones del cementerio
+como por los arrabales próximos al río.
+
+La velocidad hasta entonces no vista que la animaba, y el intenso
+fulgor rojizo que despedía, dieron pábulo a la medrosa fantasía
+popular, que acabó por atribuirle sobrenatural origen.
+
+Y a las viejas supercherías de duendes y mulas ánimas y viudas y almas
+en pena, vino a incorporarse la misteriosa leyenda de la condenada.
+Así habían dado en llamarle a la luz, sin duda porque se creyó que el
+panteón era su morada. Y salía de allí a deshora de la noche para
+emprender sus locas, desaforadas carreras, que espantaban a los malos
+y horripilaban a los inocentes.
+
+Una noche, camino de la Caldera, iba un pobre indio paso a paso en su
+mancarrón, con las alforjas cargadas de bote en bote, cuando en un
+recodo topó de repente con la luz infernal. Indecible pavor hizo presa
+de jinete y cabalgadura, que, dando cara vuelta, fueron a sujetarse,
+perdiendo alforjas y calchas, a la plaza "9 de Julio".
+
+Contaban que una negra que vivía cerca del cementerio mantenía
+macabras relaciones con la condenada, y esto, y el aislamiento en que
+sus íntimos la dejaron, motivó el trastorno mental de la infeliz
+catinga, sospechosa de brujería.
+
+Una noche la policía tuvo noticia de una descomunal parranda en el
+barrio de _tucumancito_. Enviado un vigilante al lugar del desorden,
+se le apareció la condenada, se le espantó el caballo, y el porrazo y
+el susto fueron tales, que el cobarde policiano sufrió un desmayo de
+varias horas.
+
+El número de perseguidos y preocupados era muy grande.
+
+El cochero de un amigo mío tenía su cuarto lejos del centro, por el
+barrio del matadero, y aunque _no era manco pa las cosas de este
+mundo_, las del otro le inspiraban serias desconfianzas, por lo que
+prefería, si no había luna, quedarse a dormir acurrucado en los
+almohadones del carruaje.
+
+Las niñeras les contaban a los chicos, haciéndoles poner los pelos de
+punta, las fechorías de la condenada; y las viejas beatas de
+correveidile averiguaban del cura si cometían pecado creyendo en ella.
+
+Hasta entonces había limitado el espectro sus andanzas a los
+arrabales; pero héte aquí que una noche, como a las doce, se presenta
+en plena plaza Belgrano, desierta a esa hora, donde se pone a dar
+vueltas en persecución del único mortal que a la sazón la atravesaba;
+el cual, en fuga despavorida, logró saltar las barandas que cercaban
+la plaza, y llegar sin resuello a guarecerse en la tienda donde era
+dependiente.
+
+¿Y no adivinas, lector, quién y qué pudo ser aquella condenada que en
+mi pueblo metió tanto susto?
+
+Pues era el más pacífico de los hombres: un relojero italiano, el que
+llevó a Salta la primera bicicleta.
+
+Fatigado del trabajo del día, montaba por la noche en su aparato,
+encendía la linterna fuera de la ciudad, y comenzaba su pedaleo de la
+manera más divertida del mundo.
+
+
+
+
+LA CRECIENTE
+
+
+Don Ventura Perdigones era un gallego verdulero que había en Salta.
+
+Desde Vaqueros, donde tenía su hortaliza, llevaba todas las mañanas al
+pueblo una arganada de verduras frescas para vender por las calles.
+
+Vaqueros es un lugar que dista dos leguas de la ciudad, y está situado
+en la margen izquierda del río de ese nombre.
+
+Y digo río, porque se llaman así en mi tierra, mal que pese al
+estricto sentido del vocablo, los que en invierno apenas parecen
+arroyos apacibles, y en verano se tornan, con las lluvias, en
+formidables avalanchas de barro y piedras.
+
+Una mañana venía el Vaqueros _por demás_ crecido, como dice la gente
+de mi provincia. La noche anterior había caído una tormenta en los
+cerros, y, con tumultuoso estrépito, las turbias aguas arrastraban
+gruesos troncos y pesados pedrones.
+
+A lo largo de la orilla, numeroso paisanaje a caballo esperaba que
+pasase lo recio de la crecida para atravesarlo.
+
+Perdigones, encaramado en su asno, estaba allí, con las árganas
+repletas de repollos y lechugas. Quería pasar cuanto antes, sin
+atender a los consejos de algunos que le señalaban el peligro; y
+porfiadamente taloneaba a su bestia, y se paraba en los estribos a ver
+por dónde se lanzaría.
+
+Y Perdigones que sí, y el jumento que no, bruto y hombre pugnaban por
+hacer cada cual su gusto, con grande regocijo y mofa de los presentes.
+
+--No dentre Don Ventura. Mire que la creciente lo va a trapiar,--decía
+uno.
+
+--De ande lo han de convencer, si este gallego es más porfiau que una
+clueca,--gritaba otro.
+
+--Asojitesé bien, no sea que pierda los _yolis_,--vociferaba un
+tercero.
+
+--¡Vaya, vaya hombre!--contestaba Perdigones.--Paréceme a mí que no
+hay motivo pa tanta alharaca. Pero lo que es éste, a mí no me
+gana,--decía del asno, y le molía de firme.
+
+Al fin triunfó Perdigones, si bien más le valiera no haber triunfado,
+porque zamparse el burro, desquiciarse de la montura los _yolis_, y
+hacerse una balumba de hombre y bestia y arreas y verduras, todo fué
+uno. La rápida corriente los arrastraba.
+
+Los gauchos armaron al punto sus lazos, y se los arrojaron al infeliz
+Don Ventura, que a manotones y zambullidas y vueltas de carnero en
+medio del agua, ni pudo ni atinó con los auxilios.
+
+Y mal acaba el lance, si no logra prenderse, con todas las fuerzas que
+le restaban, a las raíces de un sauce ribereño.
+
+Y ya en tierra firme, pasado el susto, un paisano le dice al gallego:
+
+--Velay pues, ño Ventura aura que se ha salvao, dé gracias a Dios,
+porque esto ha sido un milagro.
+
+Y el gallego, malhumorado y tiritando, le contestó:
+
+--Hombre, dí tú gracias al sauce, que las intenciones de Dios fueron
+ahogarme.
+
+
+
+
+LA DECADENCIA DE LOS OPAS
+
+
+Como se ha cumplido para la historia del arte el "esto matará
+aquello", de Víctor Hugo, se ha cumplido en Salta esta otra fórmula:
+el progreso ha matado al opa.
+
+Y no hablamos aquí de los opas que seguirán existiendo pese a todos
+los progresos, sino "del opa" como género social, del opa como factor
+social.
+
+Todo ha conspirado, desde unos años a esta parte, contra los opas.
+
+El advenimiento de las cloacas los ha emancipado de ciertos oficios de
+acarreo, que les era propio.
+
+Después, un jefe de policía los ha expatriado en vagones y ha sembrado
+las vías, Salta afuera, con nuestros opas. Así fueron a parar, en este
+movimiento centrífugo de reacción colectiva: "Leche de Burra" a La
+Quiaca, el "Coto Zapallo" a la tumba, "Ripitipi" a Buenos Aires...
+
+Y en nuestros días, apenas si al paso del opa Panchito, con su cara de
+macho alfalfero, su andar vacilante y sus inmensas alpargatas, nos
+asalta un recuerdo borroso de los opas de otros tiempos, de aquellos
+que apedreamos siendo niños. El opa de hoy es como el espectro del opa
+de entonces...
+
+El opa de hoy, ha tomado carta de ciudadanía y hasta se le ha visto
+votar en las elecciones. Y luego, se le respeta, o quizá se le
+compadece; y se ha vuelto mendigo, como "Achoscha" y como Enredadera,
+o masitero como Panchito.
+
+Pero antes, antes los opas eran algo muy nuestro, muy popular, muy
+típico, y a ellos les debemos buenos modismos, que han quedado
+estratificados en la memoria social. Así decimos de un tonto
+cualquiera; es un "Chupa-charqui". Y del que se contenta con falsas
+promesas: está Fulano como el opa del cura Arias, aquel opa famoso,
+excelente servidor, pero lunático, cuyo sabio amo, conociéndole su
+pasión por la ropa nueva, lo mandaba a lo del sastre a que le tomasen
+la medida, en cuanto lo notaba de mal talante.
+
+El opa de las procesiones ha desaparecido. No había procesión sin su
+opa a la cabeza, provisto de un rebenque de carrero, espanto de
+muchachos y perros. Y es que no había iglesia sin opa, fiel criado del
+cura y auxiliar devoto de la sacristía. Quasimodo es así un tipo
+universal de campanero. Sólo un opa podía repicar con toda el alma,
+bajo la campana, sin temor de romperse las orejas.
+
+No hay quien no haya asistido en Salta a la escena estruendosa de una
+misa o un sermón edificante, interrumpido por una _trocatinta_ de
+azotes a los perros que asistían a la iglesia. Los aullidos
+repercutían por las bóvedas sagradas con sonoridad apocalíptica. Era
+el decoro de las cosas santas defendido a rebencazos. En cuanto un
+perro ultrapasaba la linde de la compostura, se le venía el opa al
+humo, rebenque en mano; y hubo el caso de una vieja que resultó
+zurrada por demasías de su pila. Y era cosa corriente en aquellos
+tiempos que la beata llevase su pila escondido bajo el manto.
+
+Pero el jubileo, la apoteosis de los opas salteños tenía lugar el día
+del lavapiés.
+
+En el patio de la Catedral, esa mañana, junto al pozo, el sacristán
+les arreglaba las barbas, cuando la tenían, les daba un traje nuevo,
+de piel azul, y el opa, dignificado y elevado a la categoría de
+apóstol, ocupaba su trono de honor al pie del altar.
+
+En una de aquellas ceremonias, en que el opa Viborón hacía de apóstol,
+es fama que los muchachos le trazaban víboras en el aire, con el dedo,
+y el infeliz, olvidando su sagrado papel, se descolgó del entarimado,
+presa de inaudita cólera.
+
+
+
+
+LOS COCHEROS
+
+
+Al mirarlos pasar desarrapados, blandiendo el largo flajelo de
+verdugos sobre los lomos enjutos del mancarrón placero, se diría que
+son asesinos que se escapan y no aurigas que pasan.
+
+Estos son los más zaparrastrosos cocheros del mundo. No pretendemos,
+no, que vistan de gala, ¡así quedarían!, pero que, al menos, adopten
+en su pescante traza de cristianos. Ora es un gigante doblado en tres,
+con las canillas fuera del pescante, los botines rotos, el sombrero
+increíble, las barbas desparramadas; el judas de La Merced, el opa
+Viborón de cochero. O es un mico, un mequetrefe, metido hasta la nuca
+bajo la capota, llevándose por delante las vacas lecheras y la chinita
+que corre al mensaje. Pero todos, o casi todos precisan una lavada de
+cara.
+
+¿Por qué no se les exige un mínimum de compostura personal? Si el
+traje hace a la persona, tal vez así se los haría gente.
+
+Aquí es útil ser medio psicólogo, hasta para tomar coche. Primero hay
+que semblantearlo al cochero y no meterse con los que tengan cara
+colorada, porque esos andan mal de la mollera y habrá que pelear a la
+hora del arreglo.
+
+Sobre todo, cuando se os ocurra viajar a San Lorenzo, fijaos si
+vuestro cochero no está con los ojos irritados y la nariz roma, pues
+al fin de la fiesta, cuando volveis por los precipicios de las lomas,
+él estará más borracho que Baco y os sepultará en alguna zanja, con
+vuestros deudos queridos. Y lanzará a los vientos, levantando las
+piernas a la luna, en cada barquinazo, un juramento que hará ruborizar
+a las señoras. Habeis puesto la vida a merced de un energúmeno, y sólo
+Dios y la buena suerte podrán salvaros. Que no es cosa simple
+contratar un cochero.
+
+Y si al salir de un baile o del teatro llueve, y hay que tomar coche,
+ya no será dado elegir, porque los coches del servicio nocturno están
+que dá grima. Subís y empieza el calvario. Si no se zafa una rueda,
+media cuadra más allá la jaca que os arrastra cae extenuada. Y
+entonces, en el silencio de la calle, sin testigos, sin misericordia,
+comenzará el martirio zoológico de la pobre bestia, que a cada
+puntapié que recibe, de su guía, en el cráneo, gime con gemido
+profundo, mil veces más triste que el sollozo humano. Y la gloria del
+baile o del festival se disipa de vuestra mente, y el cuadro de la
+miseria de todo lo que vive se os impone al punto.
+
+Y cochero y verdugo son una sola y misma cosa. Verdugo vuestro, porque
+pagais la hora con exceso, del sudor de la frente, y verdugo de los
+flacos, de los inocentes, de los desgraciados caballos que caen en sus
+manos.
+
+ * * * * *
+
+_Nota._--Este artículo produjo en el gremio un efecto extraordinario.
+Hubieron conciliábulos y discutieron si me darían o no una paliza. Yo
+esperaba ansioso los resultados. Al fin publicaron una protesta que
+decía así, poco más o menos: "Habiéndonos reunido los conductores de
+carruajes a deliberar sobre el temperamento a seguir contra el
+insolente articulista que así nos detracta en el diario "La
+Provincia", hemos acordado no adoptar medidas violentas por tratarse
+de un loco irresponsable, cuya familia, sin embargo, nos merece
+consideración y respeto".
+
+
+
+
+UN BAILE DE VILLORRIO
+
+
+No me olvido de aquel baile que congregó tanta "gente bien" en casa
+del comisario.
+
+En un rincón de la sala, zahumada por el grueso tufo de kerosene de
+las lámparas, un músico, traído ex-profeso de Salta, galopaba sin
+piedad un viejo valse, sobre el no menos viejo y desvencijado piano.
+
+En los ángulos restantes de la sala había frágiles mesitas de felpa
+calva, atestadas de ramos de flores de papel, cuajadas de pintitas
+negras, obra evidente de las moscas.
+
+Contra las paredes, hileras de sillas de variadas formas y tamaños,
+donde descansaba la numerosa concurrencia; y en el suelo, mal
+disimulando las asperezas del bárbaro enladrillado, retazos de
+alfombras descoloridas.
+
+En el techo de cañizos, sustentados por ciclópeas tijeras, techo hondo
+y lóbrego, tejían en silencio las domésticas arañas. Y en las alturas
+adonde no llegaba la luz de abajo, algunos murciélagos absortos
+comentaban con chillidos a la sordina la inusitada animación de la
+fiesta.
+
+La concurrencia daba vueltas flemáticamente a la sala, al compás
+meloso y cursi de esa musiquilla de aldea, triste y desorejada. La
+dueña de casa, orondamente sentada en su sofá, contemplaba con aire
+satisfecho el desfile de las parejas.
+
+Era una vieja robusta y ancha como una olla de chicharrón, que sudaba
+a mares y se hacía viento con uno de esos monstruosos abanicos de
+satín negro, que más parecen alas de Satanás que abanicos. A la vieja
+nadie le dirigía la palabra; pocos la conocían. Pues como se trataba
+de un baile de suscripción y ella había cedido su casa por pura
+condescendencia, nadie tenía nada que ver con ella.
+
+Bien pronto me expliqué aquella cortesía, cuando ví que una chinita
+escamoteaba furtivamente las botellas de cerveza compradas por la
+comisión organizadora.
+
+Algunas señoritas que confundían la sencillez con la vulgaridad,
+lucían trajes ajados y sucios, que hubiese rechazado una sirvienta. Y
+tal era el entusiasmo del día, que no habían tenido tiempo de
+arreglarse los cabellos ni quitarse el barro de las cabalgatas.
+
+El "¡cállese, no sea atrevido!", el "¡vean esto, por Dios!" el
+"pucha", el "velay", las mil ordinarieces que florecen en las
+vendimias, se mezclaban, ensordeciendo el aire, en una sola cháchara
+vulgar y aturdida.
+
+Una chinita zaparrastrosa y mugrienta se paseaba por entre las
+parejas, brindando cerveza en copas tres veces sucias; y un muchacho
+"quiscudo" como un cepillo, luchando por no dormirse, ofrecía en una
+frutera caramelos chupados de antemano, a medias, quizá, por los bebés
+de la casa, y "tortitas de leche" partidas aritméticamente a cuchillo.
+
+En un extremo del corredor, alumbrado por una lámpara sombreruda, en
+derredor de una mesa, conversaban parejas de enamorados que nunca
+acababan de barajar sandeces. En el otro extremo, escondidos en la
+penumbra, los bebedores del pueblucho hacían su agosto en complicidad
+con los sirvientes, mientras parecían acalorados en una disquisición
+acerca de las virtudes del cura.
+
+Por todos lados iban y venían los mosqueteros abribocas, o se
+acumulaban junto a las puertas, estorbando el paso.
+
+En el patio, un opa de ojos clarísimos y cara pálida y gorda, que
+había bebido en demasía, mascaba asnalmente un bollo, y servía de
+diversión a unos muchachos...
+
+
+
+
+EL DUENDE
+
+
+La creencia en el duende era, quizá, la más arraigada en la ciudad,
+hasta hace treinta años. Demonio familiar y burlesco, más molesto que
+terrible, la plebe, y en particular los sirvientes y criados de las
+viejas casas, teníanle por espantajo familiar.
+
+Para explicarse aquella superchería, fomentada sin duda por la
+ignorancia, se hace preciso recordar la arquitectura de los caserones
+coloniales.
+
+Casi no había casa patricia que no fuese un verdadero laberinto de
+cuartos, pasadizos, altillos y corredores, intrincados y oscuros.
+Ocupaban los fondos, el corral, el gallinero, la huerta, las
+pesebreras y los cuartos destinados a la gente que traía de las
+estancias abastos y provisiones para varios meses.
+
+En muchas casas, se carneaban reses en el corral.
+
+El duende merodeaba en las cocinas y despensas; escondíase en los
+tunales y silbaba a los que iban al corral; dormía entre las petacas
+de cuero crudo, en zarzos y altillos; y aun a las veces poníase a
+frangollar en el mortero, a media noche.
+
+Un anciano señor, ya chocho, y además célebre por sus mentiras, solía
+contar a sus relaciones--en alguna tertulia íntima de barrio, cabe la
+estufa monumental del comedor,--los trajines y fechorías del duende.
+
+--Una vez--decía el anciano,--determiné mudarme de casa con mi
+familia; pues el duende no nos dejaba en paz. Apedreaba a hurtadillas
+a quien quiera que entrase en la huerta, volcaba las ollas en ausencia
+de la cocinera, hacía pudrir el charqui y engusanaba los quesos del
+zarzo... Habíamos trasladado a la nueva casa muchos muebles, cuando
+entré una tarde en la despensa para ver lo que todavía quedaba por
+acarrear. En esto se me presenta el duende, cargando el mortero, y me
+dice, con tamaño descaro:
+
+--¿Y a dónde nos mudamos?...
+
+Era un hombrecillo enano y cabezudo. Provenía de algún ignorado
+infanticidio; o era el alma de un niño muerto a los siete años, sin
+bautizar.
+
+Usaba enorme sombrero y tenía una mano de fierro y la otra de lana.
+Aparecíase a los malos y desobedientes, a los pendencieros y
+mentirosos, y les preguntaba entonces, con potente y ahuecada voz:
+
+--¿Con qué mano quieres que te pegue?... ¿Con la de hierro?... ¿Con la
+de lana?...
+
+Y al vivo que elegía la de lana, le asentaba terrible mojicón con la
+contraria.
+
+El duende era compadre y amigo del gato. Nadie sabe si el par de
+ojazos fosforescentes que vió en la noche serían los del duende o los
+del gato. Que también sucedía que el duende, convertido en gato, se
+echaba a dormir en el rescoldo del fogón.
+
+Apadrinaba él, solícito, las gangolinas y grescas de los tejados, que,
+en noches de luna, ponían en la mente de los desvelados, terrores de
+la otra vida.
+
+Caminaba con pesados y resonantes pasos a deshora, en los corredores,
+como si un grueso pisón golpeara los ladrillos.
+
+Había, sin embargo, un medio para librarse de él. Sabido era que su
+finísimo olfato no toleraba los ingratos olores. Y quien quisiera
+andar seguro de noche, había de llevar preparada en los bolsillos
+cierta porquería...
+
+
+
+
+LA VIUDA
+
+
+Por todo el valle de Lerma se creía en la viuda; pero es cerca de la
+ciudad donde he recogido la leyenda de boca de unos indígenas.
+
+Las supersticiones tienen, como característica, esa indeterminación de
+las versiones anónimas. Y asumen, según el sujeto que las refiere,
+contornos más definidos y reales, o se diluyen y esfuman hasta no ser
+más que una idea fantástica o una emoción de misterio.
+
+Ignoro si sea ésta una leyenda salteña de origen y si el decir vulgar:
+"salirle a alguno la viuda" se usa en otras provincias, como aquí,
+para denotar el contraste imprevisto con que topamos en una empresa
+inadecuada a nuestras fuerzas.
+
+Pero abandonemos los circunloquios y oigamos al indio viejo que me la
+contó:
+
+"Una noche tormentosa y muy oscura, cuando yo era muchacho, el patrón
+me mandó a La Isla, con un recado urgente para don Nicanor Vallejos.
+
+La Isla es una finca, a legua y media de Salta, entre el río Arias y
+el Arenales.
+
+Yo conocía bien el camino, que no era de coche, como ahora, sino una
+senda angosta que atravesaba pequeños bosques de tuscas y algarrobos,
+harto tupidos a trechos.
+
+El terreno es bajo y pantanoso y en algunas partes había que ser
+baqueano para no hundirse en los fangales.
+
+Aunque nunca he sido flojo para las cosas de este mundo, no me sentía
+entonado para las del otro aquella noche, lo confieso. Así que en
+mitad del viaje, y en un punto en que más cerrado estaba el monte, al
+caer la senda a un bajío, puse el caballo al tranco y empuñé el
+cuchillo, que lo llevaba en el guardamonte, colgado de la vaina.
+
+Al acercarme a unos sauces llorones que están ahí todavía, de un
+costado del camino, donde principia la bajada, se me atravesó como
+sombra un perrazo negro...
+
+El caballo se avispó, bufó; y se pegó una tendida que casi me larga de
+hocico.
+
+Por serenarme, mordí la hoja del cuchillo, la hice "tincar"[2] en los
+dientes y me afirmé en el apero, tiritando... En esto, ya sentí que un
+bulto me saltaba a las ancas y me echaba los brazos al cuello.
+
+El caballo, entonces, mandó un par de patadas, se estremeció enterito,
+y se agachó a la furia, como alma que se la lleva el diablo.
+
+Así salvé el pantano. Y apenas gané la opuesta banda, un alarido fiero
+y triste como llanto de mujer rajó la noche y se apagó en el monte...
+
+Y fuí a sujetar en casa de don Vallejos.
+
+Tuvieron que bajarme del caballo. Me manaba, del sofocón, sangre de
+las narices.
+
+Esa había sido la viuda, pues, señor... Diz que así se presenta. Que a
+ocasiones en forma de perro negro o de pájaro; a ocasiones es un
+burrito que está como pastando, al disimulo... ¡Y no bien lo ventajó
+el jinete, ya también se le trepó en las ancas y le echó los
+brazos!"
+
+FOOTNOTE:
+
+[2] «Tincar» no es castellano. Pero es una preciosa onomatopeya,
+inventada por los gauchos, y que da mejor que ninguna otra palabra, la
+nota, «tín»... del acero, que ellos tienen la costumbre de hacer
+vibrar entre los dientes cuando sienten vacilar su coraje. Además,
+emplean continuamente el cuchillo para abrirse paso, hachando gajos en
+la maraña; y de ahí proviene sin duda la palabra.
+
+
+
+
+LA MULA ANIMA
+
+
+Es una leyenda del bajo pueblo que va perdiendo su cariz fantástico.
+
+Evocad el Salta de sesenta años atrás, con su pobre y pesada
+arquitectura colonial; con sus tejados de alero volado a la calle; con
+sus enormes portales cuadrados y recios; con sus altas veredas, entre
+cuyas lajas desiguales brotaba el pasto del campo; con sus hondas y
+tortuosas calles de piedra bola.
+
+De noche, ardía en las esquinas del centro un candil de sebo. El
+sereno, encargado de varias manzanas, pasaba lentamente, cantando la
+hora y el aspecto del tiempo.
+
+En las casas donde había quedado alguna luz, revoloteaban
+encandilados, sobre los anchos patios, murciélagos errantes y
+siniestras lechuzas.
+
+La vida estaba llena de incertidumbres y peligros. Las guerras civiles
+llevábanse mucha gente a otras provincias. Los largos y penosos viajes
+a Chile y al Perú, que los jóvenes de la mejor sociedad emprendían,
+arreando valiosas recuas de mulas y caballos, dejaban en invierno los
+hogares huérfanos de esparcimientos familiares.
+
+A la terquedad del carácter español, a la intensa religiosidad de la
+época, a la constante zozobra de la ausencia y la espera, que hacían
+monótona y solemne la existencia, sumábase en los largos conticinios
+el horror de las iglesias, cuyos atrios y recintos servían de
+enterratorio a los decentes.
+
+Sólo en aquel ambiente melancólico pudieron formarse leyendas como la
+de la mula ánima.
+
+A media noche se le aparecía de repente, en el panteón de una iglesia,
+al mulato que volvía ebrio de alguna timbirimba o al medroso y
+fanático palurdo que ignoraba los peligros del sitio.
+
+Era una mula enfrenada, que arrojaba chispas por boca y narices, y que
+bufaba, encabritada, sobre el suelo fofo de las sepulturas.
+
+Era un ánima en pena. Y para librarla del purgatorio había que
+consumar una hazaña fabulosa: había que sacarle el freno a la mula.
+
+Aquel endriago provenía de un pecado sacrílego, pues se lo suponía
+engendro del cura con su barragana.
+
+Las beatas supersticiosas examinaban con aires de misterio, al salir
+de misa, al alba, los ladrillos del atrio, donde, a las veces, la mula
+ánima estampaba su casco de fuego.
+
+En el veredón de la antigua Catedral, que ya no existe, veíase, hace
+años, una laja que tenía marcada una herradura: era el rastro de una
+mula ánima.
+
+
+
+
+LA JUANA FIGUEROA
+
+
+Camino de "La Soledad", pasando el "puente blanco", en la esquina de
+un rastrojo y al pie del cerro, está el sepulcro de la Juana Figueroa.
+
+Es el santuario de una superchería popular, con todo el prestigio de
+una leyenda trágica.
+
+Al borde de una zanja vése un humilde túmulo de adobes, que remata en
+una ruinosa cruz de palo.
+
+Por sobre la verdura de los cercos míranse las torres y cúpulas de la
+ciudad, más allá las lomas de San Lorenzo, y en el fondo la azul
+lejanía de las montañas, que parecen encerrar en un perenne círculo de
+encanto la inmensidad del valle.
+
+El sepulcro de la Juana Figueroa es el santuario de una devoción
+torcida y pecaminosa para la ortodoxia del cura; para la bastarda
+emotividad de la plebe, es un lugar bendito, santificado por el
+martirio.
+
+Los pobres del suburbio, las muchachuelas palúdicas de los "cuartos"
+excéntricos, las cocineras de casas pobres, las alcahuetas
+supersticiosas, acuden todos los lunes a depositar como voto ante la
+milagrosa heroína, una vela de sebo, un medio boliviano, un
+corazoncito de plata.
+
+De día y de noche, arde continuamente en el sitio un centenar de
+velas. Para que el viento no las apague, la devoción, prolija,
+resguarda las fervorosas llamas, bajo un abigarrado techo de latas de
+tarro.
+
+Es una peregrinación anónima, pero obstinada y constante. Nunca se
+encuentra en el lugar bendito esas aglomeraciones un poco profanantes
+de la multitud. Cada cual a su hora, en un momento de angustia, de
+miseria, porta su ofrenda. Y sólo la muchedumbre de las velas
+patentiza la zozobra de las almas.
+
+A veces, al atardecer, vése llegar por el "carril" de "La Soledad"
+alguna mujer del pueblo, demacrada y enferma, con una criatura en
+brazos. Camina por la tierra polvorienta arrastrando la pollera, que
+al andar se pliega sobre los talones con blandura de harapo.
+
+Cuando está segura de que no la observan, se acerca al humilde túmulo,
+se arrodilla y ora en silencio.
+
+Después ofrece una vela encendida y se aleja a pasos largos.
+
+ * * * * *
+
+En aquellos parajes vivía, hace treinta años, un pacífico mulato
+carpintero, casado con una joven mulatilla, bonita y alegre. Tenían un
+hijo.
+
+El hombre se marchaba temprano al pueblo, donde tenía el taller. La
+mujer y el pequeño lo esperaban hasta la hora de la comida.
+
+El hombre trabajaba mucho, pero ganaba poco; apenas para vivir.
+
+La esposa soportó bien durante el primer tiempo de casada la escasez
+de medios, halagada por el cariño al hijo y el amor del hombre.
+
+Alentaban la esperanza de poder un día salir de aquel lugar sombrío,
+enfermizo, vecino de la "zanja del Estado" y del panteón, aislado
+entre un monte de algarrobos, melancólico en sus largos días y sus
+desolados atardeceres. Pensaban irse a vivir al pueblo. Y así,
+pensando, se pasaron los meses.
+
+La mujer fué cambiando, poco a poco. En ausencia del marido
+frecuentaba el trato de algunas comadres y vecinas que tomaban mate a
+costa de la ingenua mujer del carpintero.
+
+Varias veces, al volver del pueblo, el hombre no había encontrado a su
+mujer. Pero entonces habíala esperado, habíala recriminado con
+dulzura, para entregarse a los íntimos deleites del pobres hogar y al
+encanto del pequeño.
+
+La mujer, confiada en el ascendiente que ejercía sobre su marido,
+nunca hizo mucho caso de sus reclamos. Y pronto las amigas la
+atrajeron a las borracheras del arrabal, donde la estúpida galantería
+del "tomo y obligo" afloja las vacilantes austeridades y da al traste
+con la compostura y decencia del artesano.
+
+El carpintero jamás quiso acompañar a su mujer a tales diversiones, y
+la dejó ir sola, cediendo a las instancias de las amigas y a las
+seguridades de una fidelidad probada asaz duramente.
+
+Y cuando el hombre vió al fin mermado aquel cariño, y cuando supo en
+el pueblo--él, el último,--la traición de la hembra ingrata y
+tornadiza, se dejó llevar a la deriva de la suerte, con la indolencia
+fatalista de los débiles y quiso, todavía más ciego, el caro amor que
+se le escapaba, aferrado a la ilusión de reconquistarlo de nuevo, todo
+para sí. Y fué manso, tolerante, imbécil; bueno como las tablas de
+fragante cedro que pulía en el taller. No dijo nada...
+
+Pero al volver del trabajo, una tarde, una vecina le contó que su
+mujer había pasado el día, en su propio hogar, con otro hombre. El
+carpintero llegó a su casa taciturno, pero tranquilo y amable como de
+costumbre. La mulatilla lo recibió en sus brazos.
+
+El hombre le propuso dar un paseo. La mujer lo siguió, y marcharon
+juntos, también el chiquillo, de la mano de su madre.
+
+Fueron hasta el "puente blanco", por el camino de "La Soledad".
+
+Se sentaron en el poyo del puente.
+
+El hombre no hablaba. No podía tampoco, aunque quisiera. Sólo
+acariciaba los crespos cabellos de la mulatilla, bonita y alegre.
+
+Empezaba a oscurecer. Era un crepúsculo de otoño, lloviznoso y gris.
+Levantábase al espacio el chillido inmenso, crepitante de los grillos.
+A largos intervalos iguales cantaba un crespín en la arboleda. Venía
+lenta, en el viento, la voz baja y solemne del campanón de San
+Francisco. Algún "ataja-camino" revoloteaba agorero en la penumbra; y
+bajo el arco de piedra del puente, ya ruinoso, abríase, entre las
+malezas, el reposo de las aguas paradas, sin vida, sin reflejos,
+hondura lóbrega, insalubre, hedionda...
+
+Ante el mutismo prolongado del hombre, la muchacha estuvo un instante
+sorprendida; luego alarmada e inquieta.
+
+Ella lo habló, lo interrogó, trató de explicar algo.... él,
+acercándose mucho, la miró en los ojos hasta el alma.
+
+Al verle así, la mujer, por la primera vez, le temió. El la estrujó,
+brusco, colérico. Ella gritó. Quiso fugarse, abandonando al hijo.
+
+Pero el hombre la alcanzó, la pilló, le ajustó las manos crispadas
+sobre el cuello, y la ahogó sin misericordia.
+
+El hombre, al huir con el hijo en los brazos, oyó tras sí lamentos y
+gemidos. Entonces, ensañado, volvió a la carga, y empuñando un fierro
+hallado por ahí, le machacó la cara, le reventó el cráneo, y la tiró
+después sobre las aguas muertas de la zanja.
+
+Así fué el asesinato de la Juana Figueroa.
+
+¿Por qué venera el bajo pueblo su memoria? Porque fué--dice,--una
+santa mártir. Y es que el delito de adulterio no existe en la
+promiscuidad monstruosa de la chusma.
+
+
+
+
+DON MATIAS LINARES Y SANZETENEA
+
+OBISPO DE SALTA
+
+
+Hay en la vida del anciano ilustre, cuyo fallecimiento ha conmovido a
+la sociedad de Salta, una singular contradicción entre las íntimas
+tendencias espirituales que lo solicitaron, y la elevada misión
+pública que desempeñó.
+
+El sacerdocio es, o al menos debe ser, una función militante.
+
+Exige el ejercicio de las cualidades positivas del carácter; el fervor
+de la prédica; el espíritu de lucha, de propaganda y de polémica; el
+conocimiento de los hombres; el continuo trato con el mundo; la
+fulminación del mal y del error. Así, el tipo del sacerdote es Iñigo
+de Loyola.
+
+Pero monseñor Linares fué, más que un sacerdote, un asceta, en la
+medida que su destino se lo permitiera; y más que un apóstol, fué un
+santo.
+
+Su carácter jamás se avino con su cargo. Y, por la sola fuerza
+prodigiosa de la virtud, el hombre era superior al cargo.
+
+Se impuso, quizá sin quererlo, seguramente sin ambicionarlo, a la alta
+estima y consideración de su grey y de su pueblo, por el ejemplo más
+que por la acción; por la tolerancia, más que por la represión; por el
+amor y la templanza más que por el mando. Su notable política resultó,
+así, una consecuencia de su temperamento, no una obra de su cálculo.
+
+Y aquel justo vivió, sin duda, constantemente perplejo entre su Ideal
+cristiano y sus ineludibles obligaciones de gobernante.
+
+La acción acaso sea incompatible son la santidad.
+
+La equidad, la justicia, la virtud, no son sino eternas aspiraciones
+al bien absoluto. Procurad imponerlas entre los hombres como ley, y
+los bajos intereses de la vida os rechazarán, como a Jesús y como a
+Sócrates. Desde tal punto de vista, todo juez es injusto, y todo
+apóstol es exclusivista...
+
+Abstenerse de fallos definitivos; rehuir a las implacables
+condenaciones; renunciar, por amor a la verdad, a la posibilidad de
+equivocarse; olvidar la perpétua contradicción entre lo real y lo
+ideal, atormentado por el temor de ser alguna vez injusto o inhumano;
+buscarse, esperar en silencio, más allá de la mezquina existencia
+mortal el advenimiento del Reino de Dios: he aquí el ideal del asceta,
+es decir, del justo, del santo, del puro cristiano.
+
+Y en épocas de discusión, de examen, de transmutación de valores
+morales, este tipo superior de religioso es tanto más admirable,
+cuanto menos posible en la moderna sociedad.
+
+No consultará, acaso, como pastor las necesidades materiales de su
+causa, ni dará a su misión el esplendor de un principado, influyente y
+mundano; pero será, como hombre, un alto exponente de la dignidad
+humana, toda vez que el Ideal marque una meta de perfección a la
+conducta.
+
+
+
+
+II
+
+LOS CAMPOS
+
+
+
+
+EL ERQUE
+
+
+El erque es una flauta travesera de caña, larga hasta de tres metros,
+que remata en una bocina arqueada de cola de vaca unas veces y otra en
+un gran cuerno.
+
+Desde la embocadura hasta el punto en que se apoya la mano, la flauta
+va forrada de unos listones de suncho amarrados con hilo de lana. Así
+se asegura la rigidez del instrumento y se le aisla un poco del
+contacto para que vibre mejor. Es de industria indígena y la fabrica a
+su gusto el mismo que la toca.
+
+Usan el "erque" los naturales de las quebradas y altiplanicies
+andinas, pastores y leñadores que salen de madrugada para los cerros,
+caminan el día entero por abras y breñas y a la tardecita vuelven
+tocando el "erque" con la majada delante y el haz de leña a la
+espalda.
+
+La naturaleza sin el hombre que la puebla es cosa muerta. La poesía de
+la montaña no sólo radica en la grandiosidad agreste del paisaje, en
+la blandura lejana de las nieves, el salvaje rodar de los torrentes, o
+el florecimiento encantador del amancay y la berbena.
+
+Sobre todo eso que es tan hermoso, hay algo más hermoso todavía,
+porque nos ayuda a interpretar y a sentir; y es el hombre: el indio,
+hijo de la tierra, su hechura y su trasunto y su emoción.
+
+Podrán las gentes de sangre europea vivir cien años más en estos
+montes, y aun amar la tierra que conquistaron los abuelos españoles;
+pero el secreto vínculo del suelo con su raza, nos estará vedado hasta
+quien sabe cuándo: acaso para siempre.
+
+No estamos hechos de la misma sustancia que nutre el amancay y la
+berbena; no conocemos el semblante de cada rincón de cielo en cada
+valle; las humildes hierbas de los campos no alivian nuestros males;
+los cóndores no vienen a saltear nuestros rebaños en las cumbres; no
+sabemos cómo se corta una quirusilla en un despeñadero sin que se
+enoje el cerro; jamás podríamos cazar una vicuña con la mano o con un
+simple hilo; nada nos dice de antiguo y legendario el eterno zumbar
+del viento en los cardones; somos intrusos en esta tierra sagrada de
+razas milenarias que se extinguen; la naturaleza nos es casi hostil;
+el indio, su primogénito, desconfía siempre del blanco metalizado y
+codicioso.
+
+Una noche de luna yo comprendí todo eso. Fué en el campo.
+
+Un indio bajó de una quebrada con su perro. Venía a vender su leñita
+en el caserío. Bajaba tocando el erque.
+
+El, al toparme en su camino, se calló, pero yo le rogué que
+continuase.
+
+Y a la vera de un arroyo, en la honda quebrada, mientras rielaba la
+luna por el azul infinito, el erque largó a los vientos su música
+salvaje.
+
+Pero aquello no es precisamente una música. Es el origen de la música.
+Es la congoja humana ensayando en un rústico tubo el ritmo de su
+primer estremecimiento. Es el gemido transformándose en acorde.
+
+Escuchándole de cerca se percibe el ¡hen!... penoso del llanto: En la
+embocadura de la flauta se siente sollozar al indio; en la bocina se
+siente la vibración profunda del sollozo. En la embocadura es aun la
+emoción, el alma individual del indio; en la bocina es ya el alma de
+una estirpe que muere.
+
+No puede darse una música más orgánica, más expresiva, más conmovedora
+en su crudeza.
+
+El indio toca de pie, con la mano izquierda sostiene la caña por la
+embocadura, con la derecha la mantiene de través, estirando el brazo.
+
+Según la nota, la flauta sube o baja, o va de un lado al otro. Es una
+esgrima particular. Si la nota es grave, la tosca bocina se abate
+rasando el suelo, abarcando con mayor o menor lentitud el aire, según
+lo requiera la intensidad del tono. Si la nota se aguza, si va
+subiendo, la caña va levantándose en amplio círculo, hasta apuntar al
+cielo; y la nota se refuerza en sonoridad cuando se opone al curso del
+viento.
+
+De esta suerte, la tierra madre y el aire fiel participan, ayudan,
+alientan, dan cuerpo al grito del corazón; acogen el íntimo dolor del
+hombre, se lo apropian y lo difunden en alas del eco por las
+concavidades de la montaña.
+
+Y mientras el hombre toca, el perro se aduerme a sus pies, como
+arrobado en la misma tristeza del amigo.
+
+El indio es un viejo de puro tipo incásico. Está vestido con el burdo
+cordillate de los telares montañeses, calzado con la ojota ligera del
+pastor, cubierto con el amplio sombrero blanco de ovejón del lugareño.
+Nada en esto es exótico. En cada detalle hay el sello de una tradición
+y de una raza.
+
+Y al conjuro de esta música tan genuinamente amarga, parecen despertar en
+los senos desiertos de la montaña los genios tutelares de un pasado
+remoto y desconocido, el espectro inconsolable de los guerreros-pastores,
+vencidos y conquistados, que vagan por las abras al blanco y melancólico
+fulgor de la luna.
+
+
+
+
+EL FANTASMA DEL REMATE
+
+
+El Serapio Guantay era puestero de cabras en el cerro del Remate, en
+el fondo de la quebrada del Río Blanco. En lo alto de una meseta de
+aluvión cortada a pique por las crecientes, estaba el rancho, humilde
+y rústico, semejante a una pequeña mancha parduzca, perdida en la
+verdura agreste del paisaje. En aquel sitio la quebrada se encajona
+entre desfiladeros bordeados de queñoas y de alisos, el declive se
+pronuncia, y el torrente salta sobre un cauce de pedrones desiguales,
+pulidos por el eterno trabajo del agua.
+
+Dos cuadras más abajo, al borde casi del talud, alzábase el ranchito
+de la Leona Abracaita, la vaquera, la ahijada de la adivina, vieja
+harpía que curaba por secreto, hacía quesos y sembraba papas en un
+bolsón del cerro.
+
+Para la Candelaria, para San Juan y la Pascua, y aun si había velorios
+y casamientos, la bruja y su ahijada bajaban a los caseríos y
+negociaban sus productos. Hospedábanse en casa de alguna comadre,
+junto al camino por donde van las remesas de Chile. Juntábanse allí
+las mujeres y los barraganes y al monótono toque de la caja, se
+entregaban por días al holgorio del baile y de la chicha.
+
+El Serapio Guantay era zamarro como el venado arisco que nace en las
+abras. Dos o tres veces al año se presentaba en la "sala", para
+frangollar su abasto de maíz en el molino y rendirle al patrón la
+cuenta de las pariciones, que se las repartían por mitad, conforme al
+uso de las fincas.
+
+Huraño y taciturno, poco se daba el Serapio con sus vecinas únicas. Y
+para su vida frugal de pastor era bastante el avío de harina tostada,
+la chuspa de coca y el locro chirle que se cocinaba él mismo, avivando
+el rescoldo, al caer por las tardes a su rancho.
+
+Encerraba sus cabras en el corralito de pircas, tumbábase al calor del
+hogar en el suelo limpio, y se dormía como tronco, hasta que lo
+despertaba el fulgor del amanecer.
+
+Ninguna extraña inquietud venía a turbar su montaraz adolescencia, y
+no conoció más fiestas que el retozo bellaco de las cabras, el brillo
+del padre sol y la matinal algarabía de los pájaros.
+
+Pero una tarde la Leona y el Serapio se toparon, como al acaso, en una
+mesada. La vaquera apacentaba su ganado; andaba el pastor cuidando el
+suyo. La vaquera iba hilando un vellón, girando en el aire la rueca.
+El pastor llevaba el avío a la espalda y la honda en la diestra.
+
+El azar los puso cerca; el instinto los juntó. Y en el filo de una
+loma, sobre el pastizal oliente a berbena y anís, la india, más
+aviesa, lo inició al indio, más ingénuo, en el raro misterio que
+cumplen las cabras y las vacas, que trajina el polen en las patas
+diminutas de las abejas, que puebla el soto de inquietas y esmaltadas
+mariposas, y que hace cada primavera florecer el amancay blanco y la
+begonia escarlata entre las breñas.
+
+Desde aquella tarde los dos indios volvieron a encontrarse siempre, y
+juntos divagaron por los cerros, descubriendo el encanto de los
+callados sitios, oyendo al eco repetir sus gritos en las altas
+barrancas, mirando rodar por los precipicios las gruesas galgas que
+aflojaban al borde, triscando a la par de los chivos en las paradas
+laderas, o escondiéndose a veces de algún viajero que cruzaba, allá
+abajo, en su mula, el áspero pedregal del torrente.
+
+Y cuando vino el carnaval con sus jineteadas y sus zambras y su chicha
+de oro; cuando vino el carnaval con el boato de sus cintas
+multicolores y el monótono retumbo de sus cajas y la música doliente
+de sus largos erques, el Serapio tras la Leona bajó para el caserío.
+
+Pero la Leona, inconstante como buena hembra nómade, se mezcló en las
+borracheras con otros mozos más _churos_ y más ricos; y el miércoles
+de ceniza, muy al alba, lo hallaron al Serapio los peones de la finca,
+tendido boca abajo, borracho, a la orilla del camino.
+
+El indio se marchó esa mañana al puerto del Remate. Se fué cantando,
+embrutecido, con el acerbo amargor del primer desengaño en el pecho,
+sonándole en las orejas todavía el compás de la caja y una copla:
+
+ _Tengo mi chacrita,
+ tengo mi sandial,
+ tengo una morocha
+ para carnaval..._
+
+La vieja adivina maquinó sin duda, con sus malas artes, contra el
+pobre pastor en la parranda; y en adelante la Leona tuvo compaña y
+hubo en el rancho quien pudiese labrar con más vigor que la vieja los
+sembradíos del cerro.
+
+Pero el Serapio Guantay era zamarro como el venado arisco, obstinado
+como el toro, astuto como el puma. Tenía en los ojos mansos la
+pasividad, y en el corazón y en el músculo dormida la fiereza
+ancestral de la raza...
+
+Y como se alza la bestia herida, se alzó él a los cerros, para errar
+cantando por las cumbres la estrofa alegre, mirando siempre en el
+fondo el ranchito de la Leona:
+
+ _Tengo mi chacrita,
+ tengo mi sandial,
+ tengo una morocha
+ para carnaval..._
+
+La quebrada, casi seca en invierno, despliega en verano todo el lujo
+de su flora tropical. En días despejados el sol ardiente, blanco,
+violento, pone en las herbosas laderas ricos matices de fiesta.
+
+Pero en horas de tormenta la quebrada se vuelve sombría y amenazante
+bajo las nubes plomizas que el huracán empuja y hace encallar en las
+cimas. El rayo parte las peñas metálicas como a golpes de hacha; las
+laderas empapadas se desbarrancan con estruendo en los cañadones; el
+viento retuerce y quiebra los frágiles alisos y las fornidas tipas; el
+oscuro cielo se desfonda en lluvia, y el agua rápida, enloquecida,
+elástica, socava las peñas y arrea cauce abajo piedras enormes que son
+para el torrente ligeras como la arena para el embate de la ola.
+
+Y en una de esas noches espantosas en que el fragor de la tormenta
+sacudía las montañas, el Serapio Guantay, frente a su puesto del
+Remate, se puso a forcejear con un monolito que vacilaba en su quicio,
+carcomido por el agua.
+
+El indio volcó la piedra. La corriente, desbordada, cambió de madre.
+El aluvión tapó más abajo el rancho de la bruja. Y el sol ardiente y
+blanco del siguiente día iluminó con resplandores de fiesta el lujo
+tropical del paisaje solitario y desierto.
+
+ * * * * *
+
+Han transcurrido muchos años. En el lugar donde se alzaba el rancho de
+la bruja hay una cruz. El puesto del Remate es una ruina. Y a veces,
+andando en noche tormentosa por el lugar, a la cárdena luz de un
+relámpago, el viajero ve un hombre que, de pie sobre una peña, alza
+los brazos como en una pavorosa imprecación de duelo.
+
+Dicen algunos que no es más que un árbol seco, una rugosa queñoa: para
+muchos, es aún el genio trágico de una venganza, el fantasma
+inconsolable del pastor.
+
+
+
+
+EL GAUCHO SALTEÑO
+
+
+Quince leguas adentro del Rosario de la Frontera, en viaje a las
+Mercedes, hicimos alto para almorzar en un puesto que estaba en una
+falda, en pleno monte, al otro lado de un arroyo, que costeaba el
+camino. El dueño, un gaucho de tipo morisco, nos acogió con toda clase
+de atenciones. Además, como la subida a la casa presenta ciertas
+dificultades para unos compañeros míos que venían en araña, el gaucho
+le gritó a su hijo, luego de hacernos pasar a la cocina:
+
+--¡A ver, muchacho! Mostráles el camino a esos señores. ¡Y te has de
+sacar el sombrero!
+
+Y mientras de pie, en el patio completamente barrido, comíamos un
+asado a la caucana, gozábamos del sabroso y chispeante decir de
+nuestro huésped. Burlábase él de la porfía de las gallinas que
+picoteaban las migas de pan en medio de nuestras piernas; reíase de
+los perros flacos y _garrapatientos_, que lamían ávidamente el sebo de
+los guardamontes recién sobados, y amenazaban quitarnos la comida de
+las manos.
+
+--¡A ver, muchacho!--gritó el gaucho.--¡Agarrá pues esa lonja, pegáles
+una _variada_ a los perros!
+
+Enarboló el muchacho la lonja, volaron cacareando las gallinas al
+algarrobo y al techo del rancho, apartáronse rehacios los perros hasta
+el guardapatio, y el gaucho reanudó su pintoresca charla, sentándose
+en una robusta silla de _tientos_ (tiras de cuero crudo), bajo el aro
+donde charlaba sin cesar el loro, excitado por el repentino bullicio
+de la casa.
+
+Por el patio se arrastraba un chico inválido, tullido.
+
+--¿Qué tiene este muchacho?--pregunté.
+
+--Si así no más ha _quedao_, con media res _cáida_, desde un empacho.
+
+Bajo la ramada que cubría la única puerta del rancho, envuelta en un
+negro rebozo, acurrucada en su catre de tientos, la abuela padecía una
+jaqueca implacable. Nosotros le dimos unos sellos de aspirina y al
+rato mejoró.
+
+Al tiempo de irnos hubimos de discutir para que el gaucho nos aceptase
+paga por el caldo y el breve hospedaje. Se mostró agradecido por
+algunas pequeñas provisiones que le dejamos. Dijo que él no podía
+correspondernos de otro modo que no cobrando.
+
+Esta generosidad del fronterizo contrasta con la tacañería de los
+indios de la quebrada del Toro y de los valles calchaquíes, acaso
+porque las exigencias de la vida agrícola y precaria de las montañas
+aguzan en el incásico un sentido de la economía, que el gaucho,
+exclusivamente pastor, mejor favorecido por el clima, no posee.
+
+
+
+
+LA SELVA DE ANTA[3]
+
+
+Una mañana salimos en busca de una anta que _paraba_, según decían,
+como a seis leguas de la casa. El animal había sido notado hacía poco,
+en los dominios del puestero ño Ventura. Este debía guiarnos monte
+adentro, al capataz y a mí, hasta dar con el anta, lo que no resultó
+tan sencillo. Me facilitaron una cabalgadura gaucha, incluso
+guardamontes, cuchillo y coleto; tres cosas sin las cuales no hay
+tampoco gaucho[3]. El guardamonte protege las piernas, el coleto el
+cuerpo, el cuchillo la cara del jinete, contra la maraña, espesísima y
+brava a veces. Además el gaucho, para correr en el monte, se cala
+guantes de cuero fabricados por él mismo, y un sombrero retobado de
+cuero por toda la copa. Para ver mejor es preciso abotonar sobre la
+frente el ala en la copa del sombrero; esto es chotearse el ala. Así
+armado, sin olvidar el barbijo, el gaucho arremete a todo galope por
+la selva, seguido por los perros, si tiene que repuntar hacienda o
+pillar un toro enmoscado.
+
+A ño Ventura le ofrecimos un winchester de los que nosotros
+llevábamos; pero dijo que él no necesitaba de _garabinas_, y que para
+armas, su cuchillo y su lazo eran bastantes.
+
+Entramos en la quebrada de los Noques por una senda que había que
+desbrozar en parte a cuchillo, pues sólo la frecuentaba el ganado. La
+senda, bajo un palio de enramadas, costeaba el arroyo, cruzándolo de
+trecho en trecho. El bosque permanece verde todo el año, vivificado
+por abundantes manantiales que sueltan desde los cerros su agua clara
+y rica. A medida que nos internamos en la quebrada, se presentan con
+mayor frecuencia grandes extensiones sombrías cubiertas de enormes
+helechos, tan altos como nosotros a caballo. Se percibe el olor
+particular del humos. Las plantas parásitas cubren todos los troncos y
+todas las ramas; todo lo invaden los helechos, los musgos, las
+enredaderas. Una quina gigante se abre paso hacia arriba, hasta
+dominar con su copa la sombría espesura. Un cedro ancho y rugoso
+oprime como un abuelo, entre sus recias rodillas, el tronco blanco y
+fino de un chalchal. El arrayán, generoso, difunde su grato olor. Las
+tipas, sociables, siempre en grupos, son las centenarias matronas del
+bosque. A veces, sobresalen del suelo blando, que suena a hueco,
+ásperos filos de roca, lobanillos geológicos, dura osamenta de la
+selva. Cien metros en torno, sólo se mira un entrevero de tallos
+verdes y de hojas, por donde se filtra intensa la luz del sol.
+Andábamos escuchando. Ningún rumor, ningún sonido lejano hacía suponer
+en el monte la presencia de animal alguno.
+
+Si hacíamos un alto, los perros, conscientes de nuestro sigilo,
+habituados al acecho, husmeaban cautelosos y paraban las orejas,
+conteniendo el aliento.
+
+Habíamos andado así media mañana, quebrada arriba, por las ensenadas
+de bosque de una y otra margen, cuando sentimos _achar_ los perros,
+una cuadra delante, en un grupo de tipas. Preparé el rifle, apuré el
+caballo, me metí en el monte, perdí el sombrero; me picó una ortiga
+brava en un dedo, y al fin llegué donde ladraban los perros. ¡Era una
+pandilla de monos!
+
+Me descolgué temblando del caballo, rodé por una ladera hasta una
+zanja enlodada, y empecé a escupir balas.
+
+Hice más de treinta tiros sin matar nada. Entre tiro y tiro los
+monitos me espiaban agazapados, abrazados a los gapos, y emitían su
+gritillo particular de aflicción. Los vi dar saltos prodigiosos y
+desaparecer entre las lianas, mientras los perros se hacían pedazos en
+las espinas, al tratar de alcanzarlos. Era una familia de _cebús
+fatuellus_, o mono de los organistas, especie muy abundante en Anta y
+en todo el Chaco salteño.
+
+Estos monitos se alimentan en invierno de una planta epífita de los
+grandes árboles, llamada _carda_ por los gauchos. Contienen estas
+plantas agua en la base de las hojas. Hallando pues, comida y bebida
+en las copas de los árboles, los monos jamás bajan al suelo por su
+gusto. Y así, de rama en rama caminan leguas, monte adentro,
+sirviéndoles de puentes las intrincadas lianas que ligan las copas de
+los árboles.
+
+A propósito de los monos, ño Ventura me contó lo siguiente: mientras
+unos peones de la estancia desmontaban un rastrojo destinado a maizal,
+en pleno bosque virgen, los perros descubrieron a cuatro monitos en un
+grupo de árboles que los hachadores dejaran aislados del monte. Ante
+la furia de los perros sitiadores del reducto, los pobres monitos
+dieron tales pruebas de espanto, que los peones se compadecieron.
+Venían presurosos hasta las ramas bajas desde donde, comprobada la
+gravedad del caso, se encaramaban chillando a las altas ramas. Los
+hombres, enternecidos por aquellos patéticos gestos, renunciaron a
+pillarlos, y pusieron en libertad a los monos, ahuyentando antes a los
+perros.
+
+Después del inútil tiroteo hemos seguido el camino, rastreando el
+anta. Yo miraba a donde lo veía mirar a ño Ventura, y esperaba
+descubrir de improviso los ojos negros de una corzuela asustada,
+brillando con salvaje curiosidad entre las hojas; o creía ver en las
+cortezas recién lastimadas el rastro de algún león, y lo buscaba entre
+los yuyarales, donde lo sospechaba agazapado. Y observaba en ño
+Ventura que iba delante, la completa identificación, la
+compenetración, puedo decir, del gaucho y la selva. El la auscultaba
+cauteloso, hasta muy lejos; y cuando se paraba a escuchar, ño Ventura
+tenía actitudes de gato. Sus sentidos descubrían en el suelo, en las
+hojas, en las ramas, huellas invisibles para mí. Parado en los
+estribos, estirado el cuello, apoyadas las manos al borde del
+guardamonte, parecía balconear la espesura. Al paso del caballo, y aun
+a media rienda, ha adquirido el hábito del cuerpeo entre el ramaje; su
+cintura flexible se quiebra, su cuerpo repta, deslizándose entre las
+zarzas con facilidad de serpiente, sin que las piernas, naturalmente
+apretadas a los flancos, se muevan siquiera, porque va en el caballo
+encajado más que montado.
+
+Y no hay para qué concluir este relato, si algo gráfico he contado de
+la selva y del gaucho. Ño Ventura, en una de esas, se apeó y se largó
+cerro arriba, lazo en mano, cuchillo al cinturón: pero nos fué
+imposible seguirle a pie. Había encontrado en un cañaveral rastros
+frescos del anta. Como se estuviese por entrar el sol, me volví con el
+capataz a la casa. Aquel día habíamos caminado diez leguas en los
+cerros. Ño Ventura, se presentó, a la siguiente tarde, con el cuero
+del anta cazada. La encontró--dijo--bañándose en un pozo del arroyo,
+le echó los perros, dos de los cuales murieron, ahogados. Después la
+enlazó y la apuñaleó. El cuero es el más fuerte que se conoce, para
+riendas y demás prendas de apero.
+
+FOOTNOTE:
+
+[3] Anta es un departamento de la provincia de Salta. También se llama
+así al _tapir_.
+
+
+
+
+CRUZ GUIEZ
+
+_Estancia del Rey, en Anta; Mayo de 1912._
+
+
+Yo deseaba conocer a ño Cruz Guíez, puestero del Campo Azul. Ayer
+tarde hemos ido a visitarlo a su rancho. En el patio hemos hallado al
+hombre, montado en un trozo de árbol, cosiéndole las mangas a su
+coleto. Muy cortésmente nos ha recibido; nos ha invitado a echar a pie
+tierra. Después ha soportado con cachaza las bromas de un amigo mío,
+empeñado en estimular el ingenio del gaucho.
+
+--¿Dicen que usted ha cazado tigres por estos lugares?
+
+--Velay, en ese algarrobo están colgadas las cabezas,--contestó Cruz,
+mostrándonos un montón de calaveras en que lucían magníficos
+colmillos.
+
+--No creo que haya tigres por acá,--observó mi amigo.--Estas cabezas
+deben ser del gato de monte. Los fronterizos tienen fama de contar
+buenos cuentos...
+
+Pero el gaucho respetuoso e impasible a la vez, con el absoluto
+dominio de sí propio y la confianza en el propio valer que infunde la
+vida libre, sonreía dulcemente al percatarse de la intención de las
+bromas, y no respondía más que a las preguntas en que podría instruir
+a los amigos del patrón,--hombres puebleros,--sobre las cosas del
+campo. Nos ha mostrado la piel del último tigre, oreada, recién sacada
+de las estacas. Medía más de metro y medio del hocico a la base de la
+cola. Después nos ha explicado ciertos detalles de una cacería.
+
+Un día que salió a campear al cerro, había encontrado los restos de un
+ternero, mal tapados con tierra y palos por el tigre, que acostumbra
+esconder la presa. Y algunos días después, Cruz había caído en la
+huella del _bicho_, junto con dos puesteros vecinos suyos. Llevaban
+entre los tres como cuarenta perros, _livianitos_ y _con la guata
+floja_. Aquí no se concibe un puestero sin perros. Cualquiera posee
+diez o doce, brutos la mayor parte, flacos, hambrientos, feos, pero
+insuperables en los trabajos del pastoreo.
+
+Y a fuerza de rastrearlo al tigre por montes y breñales, al fin lo
+hallaron los perros, y cuando estuvo empacado de espaldas a un cedro
+enorme, ño Cruz Guíez le metió en la cabeza una bala de su _garabina_;
+una bala, de las dos que consigo llevara; y como el bicho no muriese
+todavía, hubo de ensartarle el otro plomo en el corazón.
+
+--Esta es la calavera de ese;--decía ño Cruz, mostrándonos el cráneo
+fresco aún.--Yo le apunté al codillo, pero le pegué en la quijada,
+aquí. Entonces le tuve que hacer el otro tiro. Pegó un bramido fiero
+y se tumbó _antarca_, despaletándome un perrito de un manotazo. Varios
+perros quedaron, por confianzudos, con las tripas al aire; y otros
+andan por _áhi_, lastimados, con la gusanera. A ocasiones el tigre
+desloma un caschi de un zarpazo. Por esto se deja ver que es animal de
+mucha potencia. Cuando uno le apunta lo mira frente a frente y a la
+vez de errarle el tiro, no sé pues lo que le espera al cazador. Cuando
+brama enfurecido, en la pelotera, acosado por los perros más
+baqueanos, los cuzcos chicos se sueltan llorando con el rabo entre las
+piernas y los caballos tiritan, como si estuviesen con la tembladera.
+
+Pero el gaucho no hace alarde de su arrojo. Narra, simplemente, su
+caso y os invita para que le acompañéis en la próxima batida. No sabe
+lo que es el miedo. Sus músculos, fuertes como el guayacán, nunca
+tiemblan ante el _bicho_, señor de la selva, salteador del ganado; y
+con la misma tranquilidad con que sonriendo recoge a brazadas el lazo,
+dispara la única bala de su carabina sobre la temible fiera.
+
+Cruz Guíez es el prototipo del gaucho fronterizo. Alto, de contextura
+atlética, ingenuo rostro, negros y apacibles ojos, de movimientos
+fáciles como el gato del monte, y de ánimo alegre, como el cantar
+jubiloso de las chuñas que en la linde del bosque salvaje saludan el
+alba.
+
+
+
+
+III
+
+HISTORIETAS Y CUENTOS
+
+
+
+
+
+UN VIAJE RARO
+
+
+Serían las 11 de la noche del 13 de Febrero de 1905, (fecha memorable
+en los anales del crimen), cuando monté a caballo y partí de casa,
+rumbo a la Calderilla.
+
+Veraneaba en la Calderilla mi amigo U... con su familia, y era yo su
+huésped y acompañante.
+
+Y digo acompañante, porque no había allí otros pantalones que U... y
+el paraje es solitario y asaz aislado.
+
+Recostada en la falda de una loma, la casa de U... domina la ancha
+playa del río Caldera. Veinte cuadras al frente, costeando la banda
+opuesta, corre el camino a Jujuy. Un espeso bosque de tuscas y
+algarrobos cubre los terrenos adyacentes al río. Cruzando el de
+Wierna, como quien va de Salta a la Caldera, el monte se tupe, y hay
+un largo trayecto deshabitado, guarida frecuente de coyas cuatreros o
+de malhechores.
+
+En dos ocasiones la _sala_ de la Calderilla ha sido asaltada, aunque,
+felizmente, sin resultado.
+
+El peligro de un viaje nocturno por la región no es, pues, tan
+remoto; y sólo la irreflexión propia de la juventud nos vedaba
+temerlo.
+
+Así, a cualquier hora, caballeros en nuestras estudiantiles jacas,
+entecas y flojas, pasábamos sin pizca de miedo las playas ásperas y el
+enmarañado monte.
+
+Luego de atravesar aquella noche, al galope, la ciudad, me sujeté más
+allá de la estación, y puse el caballo al tranco. Había luna, pero un
+grueso y oscuro nublado encapotaba el valle de cumbre a cumbre, y sólo
+a ratos la blanca claridad se difundía por los campos. El ambiente
+pesado y húmedo amagaba lluvia.
+
+Bien sujeto el revólver al cinturón, me requinté el chambergo para
+mejor ver; puse un _acullico_ de coca y un trago de ginebra, y
+añadiendo acullicos a tragos y tragos a acullicos, dime a pensar en
+cosas indiferentes. Y avanzaba entre el clamor confuso de ranas y
+sapos y sabandijas, que de los charcos, y de los yuyos y de todos los
+vericuetos, levantan por la noche en las campiñas su obstinado,
+infinito vocerío.
+
+Sin otra novedad que algunos perros bravos que me salieron al paso,
+quedó Vaqueros a mi espalda. En Wierna entré a comprar fósforos en el
+boliche de Medina.
+
+Reanudada la marcha, y no muy lejos aún del boliche, me sorprendió el
+galope de un jinete que venía en sentido contrario por mi camino y
+que, antes de enfrentarme, se precipitó en el monte. Al otro lado del
+río Wierna me detuve. Un silbido agudo había hendido el aire. El ruido
+atronador del agua me había impedido apreciar de dónde venía el
+silbido.
+
+--¿Qué será?...--me dije. Y seguí viaje, algo receloso, todo ojos y
+oídos.
+
+En aquel momento la oscuridad aumentaba, así es que me costó un poco
+hallar el camino a la Calderilla, donde el monte es más denso. De
+cuando en cuando el viento traía de lejos el retumbo de una caja, o el
+acento salvaje de un canto indígena; y a veces, el mujido melancólico
+de algún toro perdido en las cañadas pasaba en alas del eco sobre el
+pavoroso silencio de la noche.
+
+Hubo de hacer entretanto la ginebra su efecto, con lo que a poco me
+sentí valiente y despreocupado. Así es que no me asustó el bulto de un
+jinete plantado en medio camino, con quien casi me estrello.
+
+El hombre debía estar dormido, porque lo hablé y no contestó, y
+borracho además, porque, llegándome a él cuanto pude, vi que tenía
+inclinado el cuerpo sobre el cogote de su cabalgadura, que era una
+mula. El animal se había quitado el freno, aprovechando del sueño de
+su amo; y le quedaba de rienda la piola del bozal enredada a unas
+ramas. No podía, pues, disparar, aunque lo intentó cuando me acerqué.
+
+Dime cuenta del peligro que el pobre borracho corría, a discreción de
+una mula mañera, y de a caballo desenredé la piola, decidiendo
+llevarme al jinete a lugar seguro. La mula, impaciente al principio,
+concluyó por acostumbrarse al tiro, se olió con mi caballo y se me
+puso a la par.
+
+El jinete marcaba con descomunales flexiones de cintura las
+desigualdades del camino. Clavábase de cabeza, a un lado y al otro, y
+en las subidas se tiraba atrás, como un muñeco, tocando el anca con el
+sombrero, pero mantenía las piernas apretadas a los ijares de la mula,
+de lo cual deduje que sería buen domador.
+
+Sin cuidarme poco ni mucho del individuo, yo iba recitando unos versos
+adecuados a la hora, cuando se me ocurre pararme, para encender un
+cigarrillo. Observé que el borracho había perdido el sombrero y
+continuaba echado hacia atrás.--¡Eh, amigo!--le grité al raspar el
+fósforo.
+
+¡Y entonces, a la claridad amarillenta del fósforo, vi una cara de
+muerto! ¡Una cara de muerto, ensangrentada, horrible! ¡Una cabellera
+revuelta en mechones, una boca entreabierta, unos ojos opacos!
+
+La mula, con el fósforo, se tendió de costado y a todo correr
+desapareció en lo espeso del monte.
+
+Tan grande fué mi sorpresa que me quedé clavado en el sitio. Pero la
+ginebra, el amor propio y el revólver me templaron la fibra, y logré
+rehacerme y reflexionar.
+
+Y me acometió una sospecha terrible.--¿Habría habido aquella noche un
+nuevo asalto en la Calderilla? ¿Sería, quizás, el difunto, algún peón
+de mi amigo U...? El jinete del boliche ¿sería acaso un asesino que
+huía? El silbido ¿habría sido una señal de alarma, para avisar que
+alguien cruzaba el río?
+
+¡En tal caso, me habían espiado y me aguardaba una muerte inminente! Y
+me imaginé despanzurrado, como es de uso, entre dos lazos echados de
+improviso, a un tiempo, desde los opuestos bordes del camino.
+
+¡Sí! ¡Ya no me cupo duda! Desenfundé el revólver, y con el ardor de
+las supremas aventuras, arranqué al trote. Pronto pasé el río de la
+Caldera. La casa de la Calderilla se presentó a mi vista. ¡Ya oía
+claramente los ladridos de los perros! Pero en la casa no se veían
+luces, y este detalle aumentó mi ansiedad.
+
+De repente, sentí por el camino un tropel de galopes, luego un alarido
+salvaje, y dos jinetes sofrenaron sus caballos frente a frente de mí,
+cortándome el paso.
+
+Uno de ellos, con ademán calmoso, se tiró el poncho al hombro, sacó
+debajo una cosa que relumbraba y la alzó en alto.
+
+¡Me eché al suelo en un amén, y parapetado en mi caballo, le apunté a
+mampuesta! Iba a amartillar mi revólver, cuando el hombre dijo con
+seca y aguardentosa voz:
+
+--¡Sírvase compañero!--y me alcanzó una botella.
+
+Exasperado, le respondí con una maldición, y montando de nuevo, llegué
+a la casa, donde mi amigo U... me esperaba.
+
+Díjome que aquella noche había reinado en la casa la más completa paz.
+
+Sin embargo, dos días después, supimos el bárbaro exterminio de la
+familia Quipildor, perpetrado en un ranchito de Wierna, la noche del
+13. El difunto que yo encontré resultó ser don Onofre Quipildor, el
+jefe de la familia, que había sido amarrado a la mula por los
+bandidos, con el fin de sembrar el terror.
+
+Los asesinos nunca fueron tomados. Pero es casi seguro que se trataba
+de una de tantas fechorías del famoso Juan Jiménez, y sus cómplices
+Polo y Cejador.
+
+
+
+
+EL ULTIMO VUELO
+
+
+Fué la noche del 25 al 26 de Enero.
+
+A través del espeso nublado, se tamizaba, en tenue resplandor grisáceo
+y uniforme, la luz de la luna llena. A ratos garuaba.
+
+Excitados por el café, agobiados por la miseria y el aburrimiento,
+compelidos por el deseo de lo insólito, resolvimos excursionar hasta
+la cumbre del cerro.
+
+La media noche sería cuando empezamos a trepar, paso a paso, por el
+empinado y tortuoso camino de la quebrada seca que divide al San
+Bernardo en dos gigantescas moles.
+
+La mojazón de la tierra untuosa y resbaladiza dificultaba más el
+ascenso, ya de suyo pesado, y a nuestros zapatos la greda se adhería
+poniéndoles un reborde embarazoso y grotesco.
+
+Hacia la mitad de la cuesta, desde un punto donde la pendiente se
+hincha en agrio declive, alzándose sobre las cañadas laterales,
+tenebrosas y quietas, pudimos admirar en la planicie la fantástica
+simetría de las luces de la ciudad, brillando en el fondo del valle
+cual las bujías innumerables que en el cuento oriental mostraba la
+muerte como prontas a extinguirse, al espíritu atribulado del
+agonizante.
+
+El poeta Peñalva sudaba a mares, lo que no le impedía incurrir en
+rebuscadas metáforas dantescas, con aquellos sus desmesurados ojos
+absortos de hipnosis y aquella hirsuta melena aventada por la locura.
+
+Kolbenheyer, jovial, alucinado, irrealista, jadeaba en la ascensión
+difícil, al aspirar el húmedo vaho de la tierra: el autor de _El falso
+hijo de la Beltraneja_ reconstruía mentalmente los monstruos
+terciarios cuyos fósiles tal vez hollábamos, y que poblarían en
+remotos siglos el paraje.
+
+Llegamos a una explanada donde el camino forma un recodo para ascender
+en mansa pendiente hasta la estatua del Redentor.
+
+Bajo el denso nublado que tapaba todos los rumbos del horizonte,
+contemplábamos a nuestra derecha, allá abajo, a través del fino
+follaje de los cebiles, el resplandor de la ciudad adormecida. Veíamos
+a la izquierda la hondonada profunda que, a espaldas del San Bernardo,
+se extiende, boscosa y desierta, sin una sola luz de rancho, sin un
+rumor de vida, prolongada en inmensa melancolía crepuscular, hasta el
+valle de la Caldera.
+
+Allí nos detuvimos a descansar. El silencio nocturno era imponente. El
+diálogo, animado al principio, había decaído hasta el soliloquio.
+
+El poeta Peñalva permanecía de pie, al parecer abismado en la
+contemplación del panorama. En cierto momento vi que alzaba los brazos
+y hacía un extraño ademán de vuelo. Parecía un cuervo, inmóvil en la
+piedra sobre la cual se había detenido.
+
+Kolbenheyer, de cara a la ciudad, acaso pensaba en la leyenda
+oriental, al ver apagarse, de cuando en cuando, las luces de la
+lejanía.
+
+Yo me había tumbado en tierra y procuraba localizar en el cielo, a
+través de las nubes, la posición de la luna.
+
+Transcurrió un tiempo largo, durante el cual no se habló palabra.
+
+Después, me incorporé un poco; Kolbenheyer se había echado a su vez
+boca arriba. Peñalva seguía de pie. Su silueta inmóvil me impresionó.
+Me levanté, me acerqué a él. Lo llamé en voz baja. Como no
+respondiese, lo toqué en el hombro, pero tampoco se movió. Entonces,
+mirándole los ojos comprobé que estaba dormido: dormido en sueño
+hipnótico, las pupilas desmesuradamente abiertas.
+
+Mi sensación fué de angustia. He aquí, me dije, las resultas de esa
+manía de autosugestionarse, de mi extravagante amigo.
+
+En vano Kolbenheyer acudió en mi ayuda. Inútiles fueron los esfuerzos
+para despertarle.
+
+--Bueno, está enviciado,--dijo Kolbenheyer.--Y como ni usted ni yo
+sabemos de hipnotismo, dejémoslo aquí hasta que despierte, pues sólo
+él podría despertarse. Entre tanto vámonos hasta el Cristo, a
+contemplar la ciudad desde esa altura. Allí tocaremos la campana;
+quizá con el ruido se despierte.
+
+Accedí, y nos alejamos por el cerrado camino. Así anduvimos largo
+trecho, sin hablarnos.
+
+La solemnidad de la noche se complicaba con aquel incidente, un tanto
+raro, un tanto cómico. Dos cuadras más allá, Kolbenheyer, cogiéndome
+del brazo, balbuceó:
+
+--¿Estaría muerto?...
+
+Aquella pregunta me impresionó vivamente, la emoción ahogó mi voz, las
+lágrimas me saltaron a los ojos:
+
+--¡Imposible!--dije, aferrándome a la lógica, pero atraído por la
+violenta fascinación de lo sobrenatural.
+
+Luego, movidos por el mismo impulso, arrastrados por la misma
+torturante duda, echamos a correr cuesta abajo, para ver al poeta.
+
+Al llegar al sitio donde le habíamos dejado, Kolbenheyer, que iba
+delante, gritó:
+
+--¡Eh, bárbaro! ¡No está! ¡No está aquí!
+
+Las piernas se me aflojaron. Interrogué con los ojos extraviados al
+cebilar negro y mudo, y grité a mi vez:
+
+--¡Peñalva, Peñalva!...
+
+Y el eco devolvió las últimas sílabas desde el cañadón vecino:
+¡alba!... ¡alba!
+
+Y Kolbenheyer y yo, atónitos ante la piedra que momentos antes
+sirviera de peana a nuestro loco amigo, nos interrogamos mutuamente,
+desconcertados.
+
+Habían transcurrido algunos minutos. El silencio era en aquel
+instante, aterrador. La hondonada abierta a nuestros pies era una sima
+impenetrable.
+
+Y de pronto, de ahí cerca, de muy cerca, acaso a tres metros de
+nosotros, del fondo de la maraña tenebrosa y bravía, se alzó en el
+aire, violó el silencio, un aleteo lento, un chapoteo lúgubre; y un
+enorme vampiro, un monstruo absurdo como una creación de delirio, se
+alejó volando.
+
+Arturo Peñalva había muerto.
+
+En el mismo sitio le hallamos descalabrado, al pie de un cebil.
+
+
+
+
+LA CACERIA DE PATOS
+
+
+Aconsejo a las señoras mamás que no les permitan a sus hijos salir de
+caza los domingos por la mañana.
+
+Cuando el niño toma la escopeta y se mete cincuenta cartuchos en el
+tirador, tenga por cierto la mamá que algún desastre se prepara.
+
+Si alguna vez, lector, te sucede la desgracia de tener un niño,
+críalo, te lo aconsejo, entre algodones; y cuando le toque ir a la
+escuela, tú en persona has de acarrearlo, para evitar las malas
+compañías. Porque es necesario saber de una vez que todo niño es
+bueno, y que son las malas compañías las que lo echan a perder. A
+causa de ello empiezan a volverse respondones y desobedientes.
+
+En mi niñez he sido de angelical naturaleza, hasta que en quinto grado
+escolar contraje amistad con el gringo Burela y el fiero Garnica, par
+de cachafaces que me enseñaron a hacer la rabona, y a los cuales, dado
+mi precoz espíritu de emulación, no tardé mucho en sobrepasar.
+
+Con ese nobilísimo compañerismo de la infancia que se fortifica hasta
+el sacrificio en cuatro barrabasadas hechos de consuno, amaba yo al
+gringo Burela y al fiero Garnica más que a mis padres.
+
+Mi alma inquieta y ansiosa de libertad sólo hallaba en la casa donde
+se desvivían por educarme, los odiosos sermones consuetudinarios, las
+penitencias de narices a la pared, y los coscorrones, agudos como
+aleznas, de mi madre. Por eso me gustaba la escuela, pues en ella al
+menos me era dado embromar a gusto. ¡Qué diferencia con el hogar!
+
+Allí reinaba yo, en las camorras de los recreos, compartiendo el botín
+de trompos y bolillas, con esos dos amigos, bravos prosélitos, cuya
+compañía hubo de costarme tantas lágrimas.
+
+Llevábanme ambos tres o cuatro años en edad, y el fiero Garnica la
+cabeza en estatura. En cuanto al gringo Burela, que en paz descanse,
+ya lo describí cuando relaté su ominoso asesinato.
+
+El hecho es que un domingo, al alba, me escapé de casa para irme con
+mis dos amigos a cazar patos a la Lagunilla.
+
+Durante los coloquios de nuestras rabonas, habíamos acariciado, desde
+meses atrás, esta cacería, que asumía en mi imaginación de lector de
+Calleja, brillantes perspectivas de aventura.
+
+¡Qué hermoso, irse solo al campo, cuando no se conocen todavía ni los
+suburbios de la villa natal!
+
+Mis camaradas me habían hablado de una vasta extensión de aguas
+profundas, donde bogaba un bote a vela, y a la que venían a asentarse
+inmensas bandadas de patos.
+
+Era el fiero Garnica un jastial largo y desgarbado, tutado de
+viruelas, con una gran frente, elevada y plana como una pared. Habíase
+conseguido, no sé cómo, una escopeta antigua, de chispa, de un solo
+caño, amén de un tarro de pólvora y otro de munición gruesa. A falta
+de tacos de fieltro, nos servirían unos pedazos de papel secante que
+habíamos de mascar para cargar el arma.
+
+En el camino, la contemplación de aquel vetusto y herrumbrado
+instrumento, que el fiero Garnica sostenía en el hombro con porte
+marcial, nos hizo prorrumpir en acaloradas manifestaciones de júbilo.
+
+Un troncho de dulce seco, un poco de pan y otro de queso, formaban
+nuestro avío, que el gringo Burela sustentaba en la punta de un palo,
+colgado de una bolsa; esto sin olvidar la sal y los fósforos para
+comernos los patos asados a la caucana.
+
+Impelidos por la acucia de la aventura, marchábamos de prisa, con el
+vago temor de vernos alcanzados por la policía, si en mi casa se
+hubiesen percatado de mi fuga y recomendado mi captura.
+
+El fiero Garnica marchaba a vanguardia. Burela y yo mirábamos con
+cierto respeto la escopeta, cuyo complicado mecanismo no
+comprendíamos. Y en la delictuosa escapatoria del hogar, mi instinto
+de conservación me hacía considerar el misterioso peligro de tales
+pirotecnias.
+
+Así, andando, andando, al rayo del sol, pronto estuvimos a la orilla
+de la laguna.
+
+Entonces tuvo lugar la operación de cargar el arma. Burela y yo
+mascábamos el papel secante. Garnica echó con un cartucho la pólvora
+por el caño.
+
+Habíamos alcanzado a divisar unos veinte patos. Garnica, muy nervioso,
+acabó de cargar de un baquetazo. Nosotros nos echamos al suelo de
+bruces: él avanzó al sesgo entre unos matorrales, agazapado, en un
+furtivo rodeo estratégico.
+
+Al fin, anhelantes, ansiosos, le vimos enderezarse, apuntar un buen
+rato, y ¡pum!
+
+¡Fué una hecatombe! La escopeta se partió en dos. La parte de la
+culata voló lejos, y un pedazo del caño se le clavó en la frente a
+Garnica. Este, con el feroz culatazo, se cayó de espaldas.
+
+Corrimos, lo levantamos, lo palpamos. ¡No le salía sangre! ¡Tampoco le
+dolía nada! Al contrario, se reía, ¡y tenía clavada media vara de caño
+en la frente!
+
+No había que perder tiempo. Antes que le viniese el dolor lo tumbamos
+de espaldas, y el gringo Burela se le subió encima y le apretó el
+pecho. ¡Yo me agarré del caño, le puse la rodilla en la frente, hice
+un esfuerzo terrible y conseguí arrancarle el hierro!
+
+¡Jamás operación quirúrgica dió mejor resultado!
+
+El paciente se incorporó, se pasó la mano por el agujero de la frente,
+ensangrentada, extendió el brazo y señaló la laguna. En el agua
+flotaba un tendal de patos.
+
+Y así acabó la cacería.
+
+Hubo que venir al pueblo por un coche. A mí me aplicaron una
+reprimenda. Al gringo Burela lo sobaron en su casa.
+
+Y al inmortal fiero Garnica, pocos días después lo daban de alta en el
+hospital del Señor del Milagro.
+
+
+
+
+EL CABALLO QUE PERDIO LA LENGUA
+
+
+Andábamos de cabalgata una tarde por las lomas de La Caldera, en el
+verano del 98. Hallábame enamorado de una preciosa niña, delicada y
+pura como una azucena. Hacía yo por entonces mis primeros ensayos
+poéticos, y no preciso declarar que la encantadora chica era la
+víctima inocente de tales ensañamientos.
+
+Esa tarde de Enero mi amor había levantado presión, y marchábamos paso
+a paso, a retaguardia de la cabalgata; a la par nuestros corceles, y
+nuestros corazones al unísono.
+
+Ya no recuerdo qué de cosas le dije, lo cual es una suerte para el
+lector, que se encontrará harto de leer declaraciones amorosas en
+prosa y verso.
+
+Viajábamos de Caldera a Calderilla, y, como hubimos de salir muy
+temprano, contábamos con regresar antes del anochecer. La tarde estaba
+hermosa. El sol al ponerse teñía los cielos de anaranjados matices y
+desde la altura podíamos espaciar la vista hacia los remotos
+horizontes montañeses.
+
+Mientras mi lengua de enamorado infatigable se desataba en melífluas
+expresiones del más charro gusto, bajaba mi compañera púdicamente los
+ojos, sin atreverse a mirarme: actitud que después he sabido que en la
+mujer, a veces, significa; "es usted un tonto".
+
+No digo que la chicuela me tuviese por tal, ni mucho menos, pues su
+experiencia de los hombres era escasa, pero sí pienso que los
+requiebros la atormentaban. No hay duda que el panorama le resultaba
+más interesante que yo.
+
+He dicho que la niña era delicada y pura como una azucena y añadiré
+que además poseía la exquisita sensibilidad de una mimosa.
+
+Una de sus amigas iba montada en un caballo que acababa de perder por
+completo la cola en un accidente de carruaje, y la vista de la
+repugnante y fresca mutilación la aterró hasta el punto de que casi se
+descompuso de sólo mirarla.
+
+El encuentro de un sapo la producía carne de gallina, y si algún
+áspero escarabajo venía volando a golpear torpemente su blanquísimo y
+pulido cuello, gritaba y zapateaba, la melindrosa, a fin de que la
+librasen del atrevido monstruo.
+
+Yo montaba un caballejo que me prestara un tío mío al comenzar las
+vacaciones, y aunque el animal era manso y tranquilo como un cordero,
+esa tarde lo venía sintiendo alborotado y quisquilloso como un potro.
+
+Me había errado algunos cabezazos a la nariz, y con el objeto de
+reprimir sus intempestivos bríos, y como que yo lucía mi ecuestre
+pericia, lo espoleaba de trecho en trecho y lo sujetaba, después, de
+un tirón, con lo que el animal se quedaba un rato quieto. Pero hasta
+que llegamos al patio de la Calderilla, donde le pegué la postrera
+soba y una sofrenada magna, el mancarrón no acabó de sosegarse.
+
+Entonces nos tocó apearnos y ayudar a las niñas. Cada cual bajaba su
+pareja. Cambiábanse saludos de cumplido con los dueños de casa, los
+que en seguida nos invitaron a descansar en el corredor y a tomar
+algún sorbete.
+
+Cumplida la galante tarea, me acerqué tirando los dos caballos, el de
+la chica y el mío,--para atarlos a un poste del guarda-patio, cuando
+noté que a mi caballejo le chorreaba un hilo de sangre por los labios.
+
+Miro al suelo, busco y, ¡oh cosa tremenda! Mi caballo había perdido la
+lengua. Este adminículo yacía por tierra, envuelto en polvo. Le habían
+colocado el freno del revez, al infeliz. El freno le había cortado la
+lengua.
+
+Mi pobre caballo, mudo, naturalmente, no pronunciaba ni una queja. Mas
+de sus grandes y lánguidos ojos manaban espesas lágrimas.
+
+¡Oh cruel insensatez, oh ceguera del amor! ¡Y el ridículo que me
+esperaba si mi caballo se caía muerto! Yo lo observaba, pero él no
+demostraba dolor. Me quedé estupefacto, con la lengua en la mano, a
+la espera de un desenlace fatal; y tuve que metérmela de prisa en el
+bolsillo, pues en aquel momento llegó mi chica, y bajaron al patio los
+de la cabalgata y dieron la voz de regreso.
+
+
+
+
+LA TRANSMIGRACION
+
+
+Nunca he podido creer en aparecidos ni en cosas del otro mundo,
+gracias a mi costumbre de buscar con afán, aun en los hechos
+irresolubles a primera vista, la natural explicación que, en rigor,
+todo misterio debe encerrar.
+
+Sin embargo, en el fondo de lo inconsciente, el hombre menos
+supersticioso conserva en forma larvada, como patrimonio psíquico de
+sus antepasados, un terror instintivo por lo inexcrutable, muy difícil
+de vencer con la razón, cuando el caso concreto se presenta.
+
+Y bien. Yo he sido víctima de ese terror en la ocasión que paso a
+referir. Pero, ante todo, haré constar que únicamente lo
+extraordinario del suceso pudo poner en tan ruda prueba la firmeza de
+mis convicciones.
+
+El verano del año pasado volví una noche muy tarde a casa.
+
+Me hallaba preocupado con la enfermedad de mi amigo el señor H. que
+tenía el apodo de _Chivo Pedro_. Ciertamente, aquel señor de cara
+morena y larga, cabellos y barbas grises, recortadas en rectángulo,
+con dos lobanillos en la torva frente y unas manos nudosas como palos
+de parra, se parecía de un modo alarmante a un chivato. Acentuaban
+además estos rasgos, ciertas gesticulaciones, y unos resoplidos
+nasales, cortos y bruscos, a modo de estornudos breves. De donde el
+inevitable apodo.
+
+Aquella noche venía yo de su casa. Los médicos habían perdido la
+esperanza de salvarle.
+
+Cuando cerré tras de mí la puerta de calle, con estrépito, el golpe
+rodó a lo lejos por el caserón vacío. Yo era su solo habitante, pues
+mi familia estaba en el campo.
+
+Al pasar la puerta cancel me volví, con la impresión de que había
+alguien en el zaguán. Y no del todo tranquilizado, atravesé el patio
+silbando, y entré en mi cuarto.
+
+Encendí la vela que estaba sobre el escritorio, me miré al espejo, me
+quité el sombrero, y observé cómo el espejo ahondaba la obscuridad del
+patio. Había en este detalle una inquietante obstinación de tinieblas
+y de silencio.
+
+Me senté a escribir, de espaldas a la puerta, abierta de par en par.
+
+No tenía sueño, y me había propuesto acabar un soneto maldito en que
+me engolfara la noche anterior. Pero no daba en la tecla. Las musas me
+abandonaban visiblemente, a mi despecho; y los ojos de la hermosa
+ingrata que me inspirara, bailábanme en el magín una danza macabra,
+junto a los ojos saltados del agonizante.
+
+Con la estéril cabeza entre las manos, imaginé que estaba sosteniendo
+un zapallo.
+
+De pronto, un inusitado aleteo me crispó los nervios. Era un
+murciélago que revoloteó encandilado en torno del techo, y, rociándome
+de paso, desapareció con un débil chillido.
+
+La preocupación que hasta ese momento había logrado alejar de mi
+espíritu, empezó a dominarme de nuevo. Hubiera querido cerrar la
+puerta. Pero no me atreví a volverme en el sillón giratorio en que
+estaba sentado. Me asustaba la idea de que el sillón, falto de aceite,
+se pusiese a chillar.
+
+Sentí entonces que el silencio me agobiaba, me abrumaba, me imponía su
+mutismo; ese mutismo extraño que nos revela a veces, en las cosas y en
+los objetos que nos son familiares, un aspecto insospechado y nuevo.
+
+Con el oído absorto, auscultaba los rumores indefinidos de la noche.
+
+Ya no pensaba en nada. Solamente oía.
+
+Una mosca, zumbando torpemente, me pegó en la cara. Y yo escuchaba. El
+grito estridente de una lechuza errante sobre la casa, me puso el
+corazón en desórden.
+
+Un papel arrastrado por sigiloso viento cruzó el patio, se estrelló
+contra una pared y se dobló con ruido desigual.
+
+¡Algo iba a ocurrir! ¡Algo sobrenatural!
+
+Y me suspendí casi en el aire, horripilado, cuando, en ese preciso
+instante, un presuroso tac, tac, tac, de tacos breves resonó en el
+patio y avanzó en dirección a mi cuarto.
+
+¡Alguien había transpuesto mi puerta, y se había plantado en media
+habitación!
+
+Inmediatamente, comprendí yo esto; ¡aquellos pasos no eran, no podían
+ser de gente!
+
+Luego, con infinita angustia, di vuelta lentamente la cabeza, y miré:
+¡un chivo negro, barbudo, diabólico, estaba allí! Inmóvil, me
+observaba, rumiando con espantosa impavidez.
+
+Sonó entonces un aldabonazo en la puerta de calle. La bestia,
+asustada, dió cara vuelta, y, con un corcovo prodigioso, desapareció
+en la sombra.
+
+Otros aldabonazos tremendos me arrancaron del estupor en que me había
+sumido. Y cuando abrí la puerta, me encontré con el muchacho de la
+panadería vecina, que venía a reclamarme el chivo de su propiedad,
+escapado mientras horneaban, por una tapia baja que separa la huerta
+de casa de la panadería.
+
+Por la mañana, supe la muerte de _Chivo Pedro_, acaecida esa noche.
+
+
+
+
+EL SUICIDIO DE BURELA
+
+
+El invierno pasado trepaba yo casi todas las mañanas por el camino del
+cerro, que conduce al Redentor.
+
+Era un excelente deporte que me endurecía las piernas, y que me brindó
+la ocasión de revolucionar mis nervios cierta vez.
+
+He aquí el caso:
+
+Una mañana iba por el camino, muy despacio, deteniéndome de trecho en
+trecho a respirar y a mirar el horizonte que la niebla permitía
+descubrir, y estaba ya en mitad del cerro, frente a la cueva del viejo
+Castro, cuando vi en un banco, a la izquierda, sentado un hombre.
+
+No me extrañara el encuentro si el individuo no me habla.
+
+--¡Hola, Dávalos!--me dijo.--¿Qué andás haciendo?
+
+Le observé, asombrado, de hito en hito, y ¡oh, prodigio! era el gringo
+Burela. Pude reconocerlo a través de una capa de roña que lo
+enmascaraba, en complicidad con unas barbas rubias en despatarro, y
+una cabellera exuberante y dura como copa de churqui, que irrumpía por
+un agujero apical del incoloro chamberguito.
+
+Bajo el cachete derecho, hinchado como un túmulo, rotaba lentamente un
+monstruoso "acullico" de coca.
+
+Dos ojillos verdes, de párpados enrojecidos por el insomnio y el
+vicio, se asomaban en el fondo de aquella cara patibularia.
+
+Era mi amigo de la infancia, mi antiguo condiscípulo, mi camarada
+inseparable y vecino de barrio.
+
+Con él hice las primeras rabonas de la escuela normal. Conocía él un
+escondrijo al pie del cerro, adonde jamás pudo llegar el ojo alerta de
+_Caranchito_, el regente, que desde la azotea espulgaba con un
+telescopio las arrugas del terreno en busca de alumnos vagos.
+
+Con él, con ese gringo Burela, que estaba ahí, habíamos apedreado a
+los transeuntes escondiéndonos tras el parapeto en los tejados; con él
+le habíamos prendido fuego a un pobre gato empapado en aguardiente;
+con él azotábamos a los perros, atábamos a las viejas, manto con
+manto, en las procesiones; nos farsábamos de los opas que trotaban por
+la calle, y robábamos naranjas de los boliches; y con él un día
+concluyeron por fin mis relaciones, previa disputa por un trompo y un
+ladrillazo feroz que casi me rompe la cabeza.
+
+--Yo voy allá arriba--le contesté.--Y tú, ¿qué te hacés ahora? ¿Qué te
+hacés aquí? ¿Por qué tienes esa facha?
+
+Sin cesar de masticar su acullico, me respondió en tono cínico:
+
+--Soy socio de Vago Hermanos y Cía...
+
+Luego me contó que él nunca había sentido ganas de trabajar, y que,
+sin saber cómo ni cómo no, se había vuelto borrachón y perdulario.
+
+--No tengo casa en el pueblo--añadió.--Van dos meses que vivo aquí en
+el cerro. Duermo en la cueva del viejo, allí enfrente.
+
+Hubo una pausa. Y sacando a brazadas una piola del bolsillo del
+pantalón:
+
+--Estoy dispuesto a no sufrir más--me dijo, hablando con calma.--Ayer
+traje esta piola para ahorcarme...
+
+Se puso de pie, vivamente excitado. Me miró de soslayo, y se sorbió un
+sollozo harto húmedo.
+
+Era el mismo: petizo, brazos largos, piernas chuecas, manos sucias,
+uñas negras y crecidas.
+
+--¡Cáspita!--exclamé.--¿Y porqué no te ahorcaste ayer?
+
+--No quiero morir de noche,--contestó con melancolía.
+
+Lanzó un suspiro, y declaró que le faltaba ánimo, aunque le sobraban
+deseos de acabar con sus días. Entonces, un pensamiento diabólico me
+rozó el cerebro, como una ala negra.
+
+--Hombre--le dije.--Puesto que tu voluntad es morir, yo, amigo, te
+ayudaré, prestándote la energía ejecutiva que te falta. En efecto, no
+puedes hacer cosa mejor que ahorcarte. ¡Venga esa piola!
+
+Examiné los alrededores. Me convencí de que estábamos solos.
+
+--Ahora a buscar un árbol.
+
+--¡Allí!--respondió la víctima, con los ojos extraviados, señalándome
+uno. Su acento firme ponía en evidencia su resolución mortal.
+
+Bajamos a la quebradita, subimos por la opuesta ladera, y llegamos al
+pie de un cebil que se inclinaba sobre rápida pendiente.
+
+El gringo Burela, ansiosamente, divisó por última vez el cielo azul,
+el cerro, el valle de Lerma; se persignó despacio y tiró el
+chamberguito barranca abajo.
+
+Con semblante afligido me estiró la puerca mano, en señal de despedida
+y prenda de gratitud.
+
+Le hice un nudo corredizo en el pescuezo, pasé la piola por una
+horqueta, me colgué de la otra punta, y el gringo Burela, como por
+roldana, saltó al aire.
+
+Lanzó un silbido ronco, sacó una cuarta de lengua, se le amorató la
+cara, se le desorbitaron los ojos, y, tras breve pataleo, pasó de ésta
+a la eterna vida.
+
+Sereno, até yo la piola al tronco y me alejé del macabro espectáculo.
+
+El ahorcado se balanceaba dulcemente suspendido en el vacío.
+
+Yo había cumplido un deber de amistad.
+
+
+
+
+EL CASO DEL ESQUELETO
+
+
+¿Existen en la naturaleza fuerzas cuyo modo de actuar nos es
+totalmente desconocido, y cuyos efectos podemos, sin embargo, percibir
+en nosotros, o en el medio que nos rodea, en ciertas circunstancias
+raras, o en ciertos anormales estados psíquicos?
+
+¿Hay, fuera del mundo material, más allá de lo que nuestra
+inteligencia puede someter a medida, una existencia aparte, un modo
+distinto, un diferente aspecto de lo real?
+
+El que algunos animales posean sentidos cuyo funcionalismo se nos
+escapa, por ejemplo, las líneas laterales de los peces, parecería,
+desde luego, confirmar la presencia de tales fuerzas.
+
+Por otra parte, a veces, iguales órganos, en un tipo zoológico,
+presentan enormes diferencias de sensibilidad, en el desempeño de una
+misma función. Así, mientras algunos mamíferos son sordos, o poco
+menos, las mulas poseen una agudeza de oído muy superior a la del
+caballo. Y aun es de creer que la facultad que el vulgo les atribuye,
+de presentir los peligros, provenga de un sexto sentido,
+correspondiente a un orden desconocido de la energía cósmica.
+
+Aparte del natural temor que la noche infunde en casi todos los seres,
+puesto que les priva de las percepciones visuales, tan importantes en
+la lucha por la vida, tengo por indudable que después de la puesta del
+sol entran efectivamente en acción aquellas fuerzas.
+
+Fué a la hora crepuscular cuando la mula de un amigo mío, muy mansa,
+no se dejó quitar el freno con el potrerizo de la finca; el cual, una
+hora después caía muerto en la cocina de los peones... ¿Qué vió la
+mula en la cara del hombre, o qué olió en él, o qué sintió?...
+
+Desde luego, se sabe que el estado eléctrico de la atmósfera cambia
+del día a la noche, y que estos cambios influyen directamente sobre el
+mundo orgánico, y hasta modifican el funcionamiento de ciertos
+aparatos.
+
+Por una flagrante contradicción entre lo que hay en mí de razonador y
+científico, por una parte, y de instintivo y atávico por otra, nunca
+he logrado, a pesar de una larga cultura intelectual, sustraerme a la
+influencia inquietante de la noche.
+
+Sin creerme un cobarde, ni ser un neurótico visionario, confieso que
+un panteón o un bosque desierto, a media noche, pesan en mi corazón
+con todas las angustias del presentimiento; y esa prodigiosa bóveda
+celeste que no acaba nunca sobre mi cabeza, me abisma en un horror
+increíble al vacío infinito y negro, en el cual, siempre que estoy
+solo de noche, y a cielo descubierto, tengo la sensación de caer y
+caer vertiginosamente, boca arriba.
+
+¡Muchas veces se me han erizado los cabellos en tales momentos! ¡Y
+cuántas he sentido cerca de mí la presencia, en las tinieblas, de
+_algo_ que no es _alguien_, pero que existe, que _es_! ¿Acaso la
+condensación de esas fuerzas?... ¿Acaso el espectro de las cosas?...
+
+¡Qué sé yo!...
+
+Y bien. Tenéis derecho de reir, vosotros, los sanos y los
+equilibrados. Me llamaréis loco; pero lo que os voy a contar es tan
+absolutamente cierto, que a fin de convenceros de mi veracidad, habré
+de confesaros toda la verdad, toda la triste verdad.
+
+Yo me había enviciado en el whisky, y la coca... y esta circunstancia
+explica en parte el inusitado suceso de que fuí actor.
+
+En aquella época de mis excesos alcohólicos, una noche, muy tarde, me
+fuí a dormir, impresionado con la muerte de un pariente que agonizara
+desde medio día.
+
+(Tengo en mi cuarto un esqueleto, propiedad del colegio nacional, en
+el que suelo estudiar.)
+
+En cuanto abrí la puerta de mi cuarto, (debo hacer constar que en casa
+no había nadie), tuve la sensación de la presencia de ese alguien...
+Con gran cuidado cerré la puerta y encendí prestamente un fósforo.
+
+Al dar un paso hacia mi cama para encender la vela que estaba en el
+velador, vi que el esqueleto alzaba una mano y la asentaba sobre un
+libro; uno de los libros que había en la mesa junto a la cual estaba
+colgado el esqueleto.
+
+Encendí la vela.
+
+Al darme cuenta de todo eso, realicé un poderoso esfuerzo de voluntad
+para dominar el miedo que me ahogaba; y sereno, impasible, lógico, me
+propuse llevar el análisis del caso hasta el último límite.
+
+Y pensé: puesto que el esqueleto se ha movido, sepamos por qué causa
+se ha movido.
+
+Abrí el libro, sobre el cual se apoyaba la mano, que era la derecha, y
+leí el título: "El crimen y la locura", por A. Maudsley. Conocía yo la
+obra. Contiene historias de criminales y su estudio patológico. El
+autor es inglés. Se refiere a crímenes cometidos en Inglaterra y en
+Francia. El esqueleto era preparado en Francia. Tenía una placa:
+"Jules Talric, preparador". Sabido es que las prisiones suministran a
+estos industriales el material....
+
+Durante mi ausencia, ¿habría estado leyendo el esqueleto, en el libro,
+quizá su propia biografía? Pues según los promedios antropométricos el
+esqueleto había pertenecido a un asesino.
+
+Sin embargo, mirándole de cerca, me fué imposible descubrir signo
+alguno de vida en sus órbitas vacías, y comprobé que la caja torácica
+permanecía trasparente entre las costillas.
+
+Luego, vigilándole siempre, anduve en cuatro pies, mirando debajo de
+los muebles, a fin de constatar si no sería algún gato el agente del
+hecho inexplicable.
+
+Formulé la hipótesis de una corriente eléctrica que, imantando de
+golpe las articulaciones de hierro, hubiese determinado la
+contracción del brazo; pero mi incompetencia en física volvía inútil
+la teoría.
+
+Otra vez me enfrenté al esqueleto. Yo sentía una desesperación rabiosa
+por investigar y aclarar el misterio; yo sentía que me estaba
+trastornando poco a poco el horrible misterio; y en un acceso
+violento, irresistible, lancé una descomunal carcajada que resonó por
+la casa desmantelada y oscura; y empujándole como a un péndulo, hice
+oscilar al esqueleto en su perno. Y el eco de mi risotada, y el seco
+chocar de los huesos, llevaron al paroxismo mi exaltación nerviosa.
+¡Oh!... Cuándo estéis a media noche solo en vuestro cuarto, lanzad, si
+podéis, una carcajada, os lo ruego.
+
+--¡O, yo te haré confesar la verdad o me matarás!--le grité al
+esqueleto.
+
+Sí. Era preciso, era urgente, apurar todos los medios de prueba, pues
+iba de lo contrario a enloquecerme.
+
+Con un ardor febril lo destornillé de su pedestal, lo vestí con un
+pantalón y un saco, lo senté de codos a la mesa, en mi propio sillón,
+y le acomodé mi revólver en la mano derecha, haciéndolo apuntar a la
+puerta, con el gatillo alzado, y el dedo índice sobre el resorte del
+gatillo.
+
+Retrocedí un paso para contemplarlo.
+
+Pero el miedo me venció. Y entonces, agazapándome, retrocediendo,
+vigilándolo siempre, agarrándome a la mesa para no caer, intenté de un
+salto ganar la puerta. ¡El esqueleto me apuntó y sonó un tiro!...
+
+Aquella mañana me bajaron del tejado. Me había quedado cataléptico,
+abrazado a una chimenea.
+
+
+
+
+LA COLA DE GATO
+
+
+Don Roque Pérez es el hombre más flemático de Salta. Tiene cuarenta
+años. Hace veinte que está empleado en una oficina de la casa de
+gobierno. Es solterón, metódico, cumplidor y beato.
+
+Su vida es simple y redundante, como el rodar monótono de los días
+provincianos, o bien como la marcha circular y pacífica de un macho de
+noria.
+
+La historia de este hombre contiene dos etapas, separadas entre sí por
+un acontecimiento trascendental que dejó en su espíritu una
+perplejidad perdurable.
+
+La primera etapa comprende su juventud, los diez años que pasó de
+dependiente en la tienda de Don Pepe Sarratea. La segunda etapa
+comprende su madurez, sus veinte años de empleado público.
+
+Con una sonrisa indefinible y calmosa, mientras fuma un cigarrillo,
+Don Roque Pérez cuenta su caso a un grupo de oficinistas.
+
+Cuando él era dependiente, dormía en la trastienda. El negocio de
+Sarratea ocupaba una vieja casuca que todavía existe en una esquina de
+la plaza.
+
+El dependiente barría la vereda todas las mañanas, plumereaba los
+estantes, y aguardaba al patrón que se presentaba a las ocho.
+
+Sarratea despachaba personalmente, detrás del mostrador; pero si había
+que bajar alguna pieza de un alto estante, colocaba la escalera y el
+dependiente se encaramaba por ella.
+
+A las nueve de la noche, Sarratea despedía a sus contertulios del
+barrio, guardábase el dinero en el bolsillo y se marchaba a su casa.
+Entonces el dependiente trancaba las dos puertas de la tienda, rezaba
+su rosario y se metía en cama.
+
+Una noche entre las noches, Roque Pérez, después de acostarse, dirigió
+la vista al techo, y vió que colgaba una cola de gato por una rotura
+del cañizo.
+
+El agujero quedaba perpendicularmente sobre su cabeza, y la cola de
+gato apuntaba, naturalmente, a sus narices.
+
+--¿Qué será eso?--pensó el dependiente.--¿Qué será?...
+
+Apagó la vela y se durmió.
+
+Varias noches después del descubrimiento, Roque Pérez volvió a mirar
+la cola de gato. Al cabo de una hora de contemplación, pensaba: ¿qué
+será esa cola?... Y se decía: mañana voy a poner la escalera para ver
+lo que es... Y apagaba la vela y se dormía.
+
+Todas las mañanas, al despertar, Roque Pérez se desperezaba y miraba
+la cola de gato. La miraba todas las noches al acostarse. Y siempre
+pensaba: en uno de estos días voy a poner la escalera.
+
+Pero Roque Pérez era indolente, con esa profunda indolencia de los
+pueblos palúdicos. El había tenido una idea: aquella cola de gato
+debía ser _algo_. Para saber qué era, había tiempo.
+
+Así pasaron dos años, y pasaron cinco años, ¡y pasaron diez años!...
+El señor Sarratea murió de tabardillo; los herederos liquidaron el
+negocio; Pérez tuvo que abandonar la vieja casuca.
+
+Salió de allí con quinientos pesos de sueldos economizados y se
+contrató en la tienda de enfrente.
+
+A poco de esto, alquiló la casa de Sarratea un boticario alemán que
+llegara a Salta con su mujer.
+
+Lo primero que hizo el boticario, naturalmente, fué preocuparse de la
+limpieza del chirivitil, para instalar su botica.
+
+Un día el boticario entró en la trastienda, y al revisar las paredes y
+los techos, vió la cola de gato. El alemán llamó a su mujer y le
+mostró aquello. Pidieron prestada una escalera en la tienda de
+enfrente. Roque Pérez, en persona, trajo la escalera. El boticario,
+ayudado por Pérez, la afianzó sobre un cajón para que alcanzase al
+techo, y se trepó.
+
+Mientras el pobre Roque sostenía la escalera, el boticario, allá
+arriba, asió de la cola, tiró, y cayó al suelo una moneda de oro. Tiró
+más, y cayeron algunos cascotes y varias monedas. Luego, metiendo el
+brazo en el agujero del techo, sacó un zurrón lleno de onzas de oro, y
+se lo arrojó a su mujer. Buscó más, y encontró otro zurrón, y cargando
+el pesado fardo, bajó al suelo.
+
+--Bueno,--dijo el alemán todo sofocado, entregándole a Pérez una
+monedita.--Aquí tiene Vd. su propina. Y gracias por la escalera.
+
+Ahora, Don Roque, ante la rueda de empleados, da un chupón formidable
+a su cigarrillo, sonríe con calma, y con las barbas llenas de humo,
+dice:
+
+--Entonces fué cuando comprendí que mi destino era ser empleado
+público.
+
+
+
+
+EL SALTO ATRAS
+
+
+--Escalandrini, páseme el frasco de las arañas,--le dije al
+ayudante.--Vamos a separar los diferentes ejemplares en lotes
+adecuados.
+
+El hombre puso el frasco en la mesa y preparó los lentes, las pinzas,
+el alcohol y demás cosas necesarias.
+
+--Examinemos primero la araña negra... Veamos. Es una especie nueva
+para nuestro museo, y hay que clasificarla. Téngame usted el frasco a
+contraluz.
+
+En vano busqué. Entre aquel locro de bichos no estaba la araña negra.
+
+--¡Es singular!--objeté,--pues ayer mismo la estuve mirando en el
+fondo. ¿Habrán entrado ayer aquí los muchachos después de clase?
+
+--_¡Non signore!_
+
+--Bueno. Conviene que cuide usted mejor el gabinete... Resulta que los
+alumnos burlan su vigilancia y se roban los bichos.
+
+La pérdida me contrariaba de veras. Tratábase de cierta araña del
+Chaco, muy rara, muy difícil de pillar. Se la debí a la gentileza de
+Don Tadeo Amaya, lenguaraz de una toldería de junto al Bermejo.
+
+Algunos días después de este pequeño incidente, Escalandrini vino a
+buscarme a casa con el fin de entregarme unos portaobjetos del
+microscopio. Apenas se me acercó le sentí un tufillo inconfundible a
+caña. Y confirmé mis sospechas del alcoholismo del ayudante, una noche
+que lo encontré por una calle haciendo eses.
+
+No hacía mucho que se habían abierto los cursos, y pensé que aún era
+tiempo de buscar otro ayudante. Aquel hombre me había inspirado desde
+el primer día una invencible repulsión; así es que me alegré cuando le
+descubrí su vicio. Sólo aguardaba una buena oportunidad para hacerlo
+saltar del Colegio.
+
+Aunque italiano, Escalandrini tenía tipo de negro. Ostentaba una
+cabellera lanuda, apelmazada, y que tiraba a rubio. Tenía la tez
+amarillenta, los ojos pequeños y huraños, y era bajo de estatura. Era
+barbilampiño, jetón, dentudo, y tenía pómulos salientes y brazos muy
+largos para su estatura: en resumen, un aire sub-humano, sobre todo si
+se lo examinaba de cerca, por cierta expresión esquiva y bestial de
+tristeza en la mirada.
+
+Y sin embargo, como ayudante no puedo negar que era competente y
+experimentado.
+
+Había venido al Colegio Nacional, recomendado por el naturalista
+Timperton, y había sido auxiliar de zoología en un museo de Turín, y
+después miembro de una expedición entomológica en la colonia Eritrea.
+
+Ahora bien; un día que yo señalara a la clase un tema sobre las aves,
+entré antes de hora en el gabinete y me puse a revisar una colección
+de volátiles que debía utilizar en mi conferencia. Escalandrini
+hallábase a la sazón ocupado en disecar, en un extremo del salón, un
+loro barranquero que él mismo cazara con tal objeto.
+
+Al revisar las colecciones de los armarios noté que faltaban algunas
+piezas. Después advertí un excesivo desperdicio de alcohol, pues las
+tablas de los estantes estaban mojadas de este líquido.
+
+--Tenga usted más cuidado, Escalandrini--, le dije al
+ayudante.--Derrama usted demasiado alcohol en la remuda de los botes.
+
+Pero un detalle bien curioso me llamó la atención. En un estante, como
+escondida detrás de unos frascos, yacía una cabeza de _crótalus_, que
+sin duda había sido separada del tronco, no por cuchilla de cortes, ni
+por bisturí, sino a tirones, pues los tejidos presentábanse
+desgarrados.
+
+--Yo quisiera dar _cun_ los traviesos _qui_ me _facen_ un _batituque
+dil_ gabinete--, gruñó Escalandrini, que se había vuelto en su silla y
+expiaba mis movimientos. Pero la fisonomía del individuo no acusaba la
+expresión correspondiente al tono con que pronunciara tales palabras;
+circunstancia que no dejó de impresionarme.
+
+Quizá se había fijado más en mí que en sus propias palabras.
+
+Luego descubrí, dispersas en las tablas, algunas gotas de estearina.
+
+Como en el gabinete no había luz eléctrica, supuse que alguien se
+entraría de noche, y con vela.
+
+No pregunté nada.
+
+En lo sucesivo el gabinete me pareció ya mejor cuidado. Sin embargo,
+buscando a lente, siempre hallaba en el suelo, o en la mesa, o en los
+estantes, gotas de estearina que habían sido raspadas,--se conocía--,
+con sumo cuidado.
+
+Entonces fué cuando empecé a concretar mis sospechas...
+
+Y un suceso lamentable vino a precipitar el desenlace de esta intriga,
+a develar el misterio de un temperamento.
+
+En el aserradero de Perutti, la tarde del 6 de Abril, un obrero se
+cortó la mano derecha con una sierra sin fin. Se le había enganchado
+la manga en el trozo que aserraba, y a pesar de los sobrehumanos
+esfuerzos del infeliz, el trozo le arrastró el brazo, la sierra pasó
+de través, y el hombre quedó manco.
+
+Fué una espantosa confusión. Los compañeros del taller acudieron a
+auxiliarlo, pues se iba en sangre. Lo llevaron a la Asistencia Pública
+y allí le contuvieron la hemorragia.
+
+Cuando el pobre obrero estuvo en sus cabales se acordó de su mano.
+Preguntó por ella. Los compañeros fueron a buscarla entre el aserrín,
+pero no la hallaron. La mano se había extraviado.
+
+Poco después del accidente la mujer de un obrero había visto varios
+perros que olfateaban la sangre...
+
+Tuvieron que ir a contarle al dueño de la mano la verdad:
+
+--Parece que un perro se la ha comido...
+
+ * * * * *
+
+La noche del 16 de Abril, bien madurado mi plan, me introduje con gran
+sigilo en el Colegio; atravesé de puntillas los largos claustros,
+llegué a la puerta del gabinete, y espié por el ojo de la llave...
+
+Frente a frente de la puerta, ante la mesa de conferencias, alumbrado
+por un pucho de vela, Escalandrini perpetraba un horrible banquete.
+
+De un frasco de arañas en alcohol echaba a pecho grandes tragos. En
+eso, sacó del bolsillo una mano muerta y empezó a devorarse el dedo
+mayor.
+
+El monstruo parecía borracho. Sus ojos relampagueaban, ebrios de
+alcohol y de gula bestial.
+
+Después, con una pinza, extrajo una araña pollito, y de una dentellada
+le cercenó el abdómen.
+
+ * * * * *
+
+Escalandrini era un caso típico de regresión o salto atrás. Una vuelta
+a los trogloditas antropófagos.
+
+Ribot, en su _Herencia_, habla de un neozelandés educado en Londres,
+que se comió viva a una niña de cinco años.
+
+
+
+
+LA MUERTE DEL MUERTO
+
+
+La fechoría que voy a confesar pesa sobre mi conciencia de un modo
+abrumador, y su recuerdo me es tanto más doloroso, cuanto menos
+preconcebida fué la conducta que en este caso observé, al dejarme
+arrastrar por el perverso apetito del crimen, que parece ser el
+estigma de mi existencia.
+
+¿Qué conseguiría yo suplicando al lector que procure encontrarme
+atenuantes o justificativos en esta infamia? Nada.
+
+Y así, desde que escapé a la acción de la justicia humana (y aun
+espero escapar de la divina), le saco provecho a la verdad,
+escribiendo mis barrabasadas, no sin escándalo, me consta, de ciertos
+timoratos.
+
+Y ya me dejo de rodeos, y contaré las cosas tal cual pasaron,
+fielmente.
+
+Yo estudiaba cuarto año secundario en el colegio del Carmen, de la
+calle Estados Unidos, de Buenos Aires.
+
+Teníamos un profesor de inglés que se llamaba míster Moore.
+
+Era un hombre como de sesenta años, muy alto y de porte grave.
+
+Su rigor en el cumplimiento del deber era tal, que, en diez años de
+profesorado, apenas cuatro veces habia faltado a clase. Nunca hablaba
+sino lo estrictamente necesario, ni tuvo nunca con sus alumnos una
+frase de expansión o de confianza.
+
+Míster Moore nos infundía, pues, ese respeto mezclado de lástima que
+inspiran la soledad y la digna reserva de las personas que sufren.
+Porque nosotros suponíamos que el pobre profesor sufría, y sufría en
+silencio, con su cara displicente de clown jubilado, toda rasurada, y
+bajo su levita de incierto color azul, única, perpetua, humilde y
+respetable.
+
+Por lo demás, poco sabíamos de sus rarezas. No cultivaba relaciones
+íntimas, vivía en una pensión de la calle Rivadavia, y comía en su
+pieza, por librarse de la gente.
+
+Cuanto a su enseñanza, daba buenos resultados, aunque no conmigo, que
+siempre merecí calabazas en inglés.
+
+Aquel año la salud de Mr. Moore decaía visiblemente, a juzgar por la
+palidez progresiva de su rostro y el aire taciturno de su andar.
+
+No hubimos de extrañarnos, pues, cuando una tarde de junio, el
+director nos dijo en clase que Mr. Moore acababa de morir de un
+síncope, al tomar el tranvía para venir al colegio.
+
+Los alumnos de cuarto año hubimos de encargarnos de las diligencias
+previas al entierro. Y así, nos trasladamos a la pensión de la calle
+Rivadavia, donde, en su cama, encontramos al excéntrico serenamente
+dormido en la eternidad.
+
+El vigilante de la esquina lo había recogido y llevado a la casa.
+
+Seis velas sobre seis sillas en torno del catre, y un crucifijo entre
+las manos del difunto, cuya religión no conocíamos, bastaron para el
+arreglo fúnebre, y allí nos quedamos haciéndole compañía.
+
+Pero a media noche los discípulos resolvieron pasarla en un cafetín,
+en lugar de guardar a Mr. Moore. Yo rechacé la invitación, y no sin
+agrado me quedé solo, pues la situación favorecía el maquinamiento de
+cierto poema que pensaba escribir.
+
+Era la del velorio una habitación espaciosa, y tenía una puerta a un
+pasillo estrecho con baranda de hierro, en el piso alto, sobre el
+patio.
+
+Había otras dos puertas que comunicaban con piezas contiguas, pero
+estaban tapadas con roperos, disposición ésta que me valió mucho,
+ahogando el ruido, como habrá de verse luego.
+
+Ocupaba la cama el centro del cuarto, los pies hacia la puerta, y la
+cabecera contra la pared del fondo.
+
+Junto a un ropero, a la izquierda de la cama, me instalé en un
+confortable sillón, al lado de la mesa de trabajo, donde yacían una
+Biblia y algunos libros ingleses.
+
+Desde mi sitio, como a cinco pasos, podía yo ver, indistintamente, la
+cara escuálida del muerto; y al cabo de un cuarto de hora, la
+sugestión irresistible del cuadro, dispersando mis poéticos
+pensamientos, me había impuesto, en cambio, su pavoroso misterio.
+
+¡Cuánta ignota pena, cuánta desolación, cuánto abandono, contemplé en
+aquella vida desgraciada que acababa de apagarse!
+
+¡Pobre viejo! Llevábase él a la tumba, con su eterno spleen, ¡quién
+sabe qué nostalgias, quién sabe qué recuerdos!
+
+Y a la luz amarilla de las velas, me pareció ver dibujarse una sonrisa
+de paz en aquella boca rígida que jamás había sonreído.
+
+Hay en la llama pálida de esas velas de muerto, algo así como un
+afligente fervor de súplica; un intangible soplo las consume, y se
+agitan inquietas en el silencio como anímulas simbólicas del dolor.
+
+Aquella era en verdad una hermosa máscara. La nariz alta sostenía, con
+elegancia de columnata corintia, el doble arco de la frente, abierto y
+noble. Los labios eran delgados, y el mentón saliente, con firme
+decisión de voluntad.
+
+De pronto, un escalofrío me crispó los nervios. Los ojos de Mr. Moore
+se habían abierto...
+
+¿Sería posible?...
+
+Traté de tranquilizarme. Incorporándome con un sigilo ansioso, me
+acerqué de puntillas al lecho. Pero los ojos estaban cerrados.
+
+Me expliqué. Las velas, sobre su cara brillante, jugaban con reflejos
+y sombras.
+
+Volví a mi sitio, y por distraerme abrí la Biblia, procurando
+inútilmente leer. Con la imaginación en desorden, y el corazón al
+galope, ya no fuí dueño de mí mismo; ¡entonces sobrevino la crisis!
+
+Y la incurable neurosis que padezco se desbordó en mi cerebro con
+imágenes descabelladas, con ideas incoherentes y estrafalarias.
+
+En estos ataques agudos, el cerrar los ojos, o el quedarme en
+tinieblas, no me da resultado. Desfilan ante mis pupilas, en
+vertiginosa balumba, todas las furias del infierno. Rostros de
+mujeres, de viejos, de locos, de perros, de burros, se transforman, se
+sustituyen, se mezclan y se esfuman en una semioscuridad extravagante,
+absurda. Y la crisis sólo tiene un remedio: correr, o saltar, o
+gritar, ¡o matar!... hacer, en fin, algún esfuerzo muscular intenso,
+que despilfarre mis anormales energías de un modo súbito y violento.
+
+Y con la mirada clavada en el muerto, exaltado, enajenado, anhelante,
+fronterizo de la demencia, en el paroxismo de la atención, lo
+vigilaba, lo acechaba, lo espiaba, con la sospecha inaguantable de que
+no estaba muerto, de que estaba haciéndose el muerto, de que pretendía
+asustarme, sorprenderme, burlarse de mí...
+
+Y en ese instante la cosa se produjo. ¡Mr. Moore había levantado una
+pierna en el aire, una pierna peluda y flaca, de araña gigante; un pie
+descarnado, repugnante, amarillento, de largos dedos abiertos en
+abanico!
+
+¡Mr. Moore se había despertado de la muerte, y Mr. Moore, por fin,
+rígido, escuálido, con los ojos fuera de las órbitas, mirándome
+impertérrito, desnudo, espantosamente desnudo, se había puesto de pie
+junto a la cama!
+
+¡No pude más!
+
+Poseído de un acceso formidable de energía, de alegría bárbara, de
+terror loco; ágil como un demonio, salté sobre él y le pegué una
+bofetada tal, que lo acosté patas arriba sobre su lecho de muerte.
+
+Después, maquinalmente, lo acomodé en la posición primitiva; y poco a
+poco, al recobrar la serenidad y la razón, dime clara cuenta del
+peligro que corría, si, como era posible, alguien en la casa hubiese
+oído el ruido.
+
+Presa de inmensa angustia, auscultaba el nocturno silencio. Pero nadie
+acudió.
+
+¡Mi delito quedaba impune para siempre!
+
+Y por la mañana, en la Chacarita, en torno a la fosa, junto a mis
+condiscípulos, eché como ellos mi palada de tierra sobre el cadáver de
+Mr. Moore, cuyo asesino no dejó traslucir ni un asomo de emoción.
+
+Muchas veces he pensado con horror en una autopsia de la que hubiera
+resultado esta fórmula concisa y fatal: "Sonambulismo cataléptico
+acabado en la sepultura por una conmoción cerebral enorme."
+
+
+
+
+IV
+
+HUMORISMOS Y FILOSOFIAS
+
+
+
+
+
+TEDIO
+
+
+Triste cosa es hallarse obligado a trabajar, y no ser como este pato
+del lago que estoy mirando, mientras escribo, paradito en una pata, de
+ocioso, calentándose al sol, al sol que es la esterlina y la estufa de
+los que no trabajan.
+
+La ociosidad es la madre del pesimismo. Y hoy me siento pesimista.
+
+¿Por qué vienen días tontos, días en que se aflojan los resortes del
+carácter, días en que nada, nada, nos parece digno de ser tomado en
+serio; días de aburrimiento, de nirvana, de desaliento, en que las
+menudencias que forman la diaria urdimbre de la vida nos acosan, nos
+hastían y nos hartan?
+
+El noventa por ciento de nuestros actos diarios se producen bajo el
+imperio de la rutina, de ridículas preocupaciones, de perjuicios
+pueriles.
+
+Si me junto en la plaza con algún petizo mi compañía le avinagra, y me
+pide que lo deje caminar por el centro para aparecer más alto.
+
+Hay quien asiste al baile con un frac viejo de su tío, y averigua cómo
+está su figura. ¡Y cómo ha de estar!
+
+--Pero si te queda muy bien,--afirma un papanatas que no se resuelve a
+entrar en el salón, porque se le descompuso la onda del peinado.
+
+¿Y los preguntones?... esos abombados que interrogan sin ton ni son. Y
+usted les responde, ¡y de su respuesta se les dá una higa! Lo que
+ellos saben es preguntar, no importa qué. Y vuelven a la carga, tanto
+más reciamente, cuanto menos cara le ven a uno de responder.
+
+Gentes hay que no molestan de cerca, pero que saludan perdonando la
+vida. Y aún os dicen: "Adiós amigo", y en el fondo os están deseando
+una apoplegía.
+
+Líbrenos el demonio de los charlatanes que se creen ingeniosos y
+espirituales e hilvanan viejos chistes con nuevas simplezas y son
+testigos o héroes de todos los sucesos del pueblo y juran y se
+acaloran a base de macaneo. Y líbrenos de los murmuradores que todo lo
+denigran, como si poseyesen ellos solos el cetro de la justicia.
+
+¿Quién no se sintió harto alguna vez de las pequeñeces, de las
+importunidades, de las indiscreciones de los otros, y ha deseado
+escapar a mil leguas de la tierra, lejos de sus congéneres?
+
+¿Quién no ha deseado el suicidio, la grata compañía de los muertos,
+que son los mejores prójimos, acaso porque ya no hablan?
+
+¡Oh si nos fuese dado morir con la facilidad con que se ingiere un
+vaso de _vermouth_!
+
+Sin embargo, los que se matan llevan a cabo una tontería más
+considerable que todas las que en vida cometieron, porque al fin y al
+cabo algo de bueno ofrece la existencia, fuera de estos ratos de
+tedio. Y aún en éstos gozamos la libertad de detractarla, sentados en
+el parque, bajo los pinos, tomando el aperital, acariciada la frente
+por una brisa cordial de otoño. Y siempre será sublime la puesta del
+sol.
+
+La naturaleza nos reconcilia con la vida.
+
+
+
+
+LA TRISTEZA
+
+
+Es el anochecer de un día de otoño, y de la vecina iglesia viene el
+son de una campanita que tañe, tañe, difundiendo en el espacio la
+inquietante premura de su llamada mística. Por la calle, las mujeres
+pasan, una que otra, hacia la iglesia: una vieja, otra vieja, otra,
+que va como pisando cascotes, cucurucha, toda arrebosada. ¡Dichosa
+vieja! Cuando se postre ante el cura, invocará, egoísta, el favor
+divino, confiará en la salvación. En su absoluta, supersticiosa fé, no
+comprendería ella la amarga duda del crucifijado, el _lama sabactani_.
+Y por este orden de ideas, he venido a parar en la tristeza.
+
+He ido a cortar rosas al jardín. Entre el sutil encaje de las hojas,
+las rosas parecían meditar, abiertas las corolas, absortas bajo el
+firmamento. Había tristeza y reposo. La luz y el movimiento evocan la
+vida; el reposo es como el signo de la muerte. Cuando la brisa mueve
+las flores, sus leves balanceos arrullan nuestros ensueños, pero el
+absoluto reposo crepuscular infunde una dulce tristeza. Sobrevienen
+en la naturaleza y en las almas, delicados instantes así, en que
+parece que _algo está ocurriendo_, misterioso, invisible. Es cuando se
+han abierto ventanas que miran a lo eterno, y la tristeza que entonces
+vemos en las cosas y en los seres es como la fatiga, como la parada,
+en medio del infinito devenir.
+
+Sobre los campos silenciosos, todos los días al cerrar la noche, la
+inmensidad se ahonda, la eternidad se acerca, se establece una como
+normalidad del prodigio. A tal hora, nadie, estando solo, podrá
+sentirse alegre a menos de ser un vulgar espíritu. La tristeza reside,
+más honda que en las almas, en la naturaleza. Es verdad que la
+naturaleza es toda movimiento, pero el movimiento está sujeto a las
+leyes del ritmo y para cada orden de movimientos rigen la suba y la
+baja; la máxima intensidad y el reposo relativo sucediéndose siempre.
+Por instantes o por siglos, la naturaleza, tal como nosotros, se
+aquieta y se arroba en un vasto recogimiento, como si ansiara
+descansar y comprenderse... Y de esta íntima necesidad, nunca colmada,
+de penetrar el secreto de la existencia, emana la tristeza que notamos
+a veces en los seres y en las cosas.
+
+La melancolía del asno inmóvil junto a la tapia del corral; la oscura
+mole de las montañas, cerrando el horizonte; la serenidad de las
+flores; la cadencia de la campanita; no son distintas, no son ajenas a
+mi tristeza. Hay en todo esto el estupor de la eternidad que pasa
+sobre nosotros, asoladora, y siempre impenetrable y magnífica.
+
+
+
+
+AMOR DE ARAÑAS
+
+
+En la evolución de las especies, corresponde a los insectos y a los
+arácnidos un grado de inteligencia relativamente elevado. El
+comepiojos (mamboretá) que al ser molestado levanta con arrogancia sus
+patas manducadoras y nos mira con sus pequeños ojos escarlatas; la
+avispa que nos persigue, si la molestamos, para clavarnos su aguijón;
+la vinchuca, que se esconde con pasmosa astucia al sentirse
+perseguida, nos proporcionan abundantes ejemplos de actividad
+voluntaria y consciente.
+
+En cuanto a las arañas, he tenido ocasión de presenciar no ha mucho un
+hecho que prueba una complejidad mental realmente admirable en estos
+artrópodos. Era una araña del género argironeta, que son las más
+hermosas, por los matices plateados que las adornan. La encontré una
+mañana en el patio de casa, entre dos hojas de cica, inmóvil, en el
+centro de su tela perpendicular, brillando al sol como una joya. No
+sabría la pobre que estaba en casa de un zoólogo, y es lástima,
+porque en cuanto la ví la pesqué y la encerré en un frasco de vidrio.
+En el ancho tapón abrí un agugero a fin de poder conservarla viva y
+remitírsela al Dr. Holmberg, al siguiente día. Pero cometí la
+chambonada de dejarla esa noche en una maceta, al aire libre. Aquella
+mañana, en el fondo del frasco sólo hallé la cáscara del infeliz
+animalejo. Mil diminutas hormigas coloradas estaban a la sazón
+ocupadas en devorar lo que quedaba. Y aunque la culpa del asesinato
+era mía, sentí contra las hormigas una cólera terrible. Me imagino los
+tormentos que sufriría la araña, al pensar en el inmenso número de
+mordiscos que recibiría de esos belicosos demonios. En fin, indignado,
+maté las hormigas con agua hirviendo.
+
+Pero la noche había escondido una tragedia todavía más intensa; porque
+hallé un hilo de araña tendido del frasco a la pared, y en una
+hendidura del reboque, inmóvil, al desgraciado amante de mi gentil
+cautiva, como diría un literato. Era el macho. Alrededor del frasco,
+en la maceta, yacían cientos de hormigas, partidas en dos por sus
+formidables mandíbulas. No cabe duda que en el silencio nocturno,
+después de haberla buscado en la tela, debió de lanzar un hilo desde
+la pared a la maceta, y ni más ni menos que un caballero junto a la
+torre de su dama, libró al pié del frasco un combate heroico, viéndose
+al fin obligado a poner pies en polvorosa, rendido y abrumado por el
+número.
+
+No conseguí apoderarme del héroe, cuyas cenizas hubiese yo conservado
+con respeto en aguardiente. Pero era muy pequeño, como todos los
+_araños_. Cubría sus desnudeces una fina capa de terciopelo marrón,
+un poco burda, en tanto que su amada luciera en vida una armadura de
+escamas de plata.
+
+Era imposible interpretar de otro modo los hechos observados. Y,
+teniendo en cuenta las costumbres sexuales de las arañas, el caso
+resultaba hermosamente romántico. Se sabe que el casamiento de las
+arañas termina con la muerte del flamante marido. Durante el día,
+mientras la araña hilaba su tela, el macho la acecharía, desde su
+escondrijo del reboque. Así meditaba, preparando su asalto para la
+noche, aprovechando el reposo de su voraz amada. Esta operación se la
+facilitan sus ocho ojos, cuatro de los cuales son para ver de noche.
+Así se explica que pudiese hallar el frasco; y es que la buscaba con
+la tenacidad propia de los enamorados.
+
+¿Qué diferencia existe entre este drama de arañas y los trágicos
+amores de cualquier pareja de novela? Una simple diferencia de grado.
+Aunque en ciertos sujetos, como los opas, la emotividad y la
+inteligencia estén menos desarrollados que en las arañas.
+
+
+
+
+EL SAPO
+
+
+El sapo es el solitario del albañal. Su domicilio subsolar se abre a
+la calle, ante la puerta de una casa.
+
+Los ruidos del día lo confinan en una grieta húmeda, estrecha, y ahí
+permanece, chato y frío, absorbiendo agua por todos los poros,
+asimilado a las piedras pardas.
+
+Huye del sol. El astro voraz haría evaporar en un amén el jugo de sus
+pústulas, y dejaría su cuerpo seco y hueco, cual un viejo zapato
+arrojado al basural.
+
+A media noche sale de su escondrijo, y atisba, sentado tranquilamente
+en cuclillas, las mariposas que el foco de la calle atolondra.
+
+¡Ah, las mariposas! ¡Cómo fascinan al sapo esas miriadas de alas,
+revolviéndose frenéticas en el campo de luz del arco voltáico!
+
+Y las mariposas caen en continua lluvia; y los coleópteros caen
+zumbando de cabeza, como si quisieran taladrar el suelo. Atento, el
+sapo espera.
+
+Cuando está cierto del éxito, inicia el ataque a cortos saltitos. Se
+detiene. El corazón le late en la tensa membrana blanca de la
+garganta. Después avanza gateando ridículamente; con gran cautela se
+acerca al bicho, y ¡zás!
+
+El bocado no es siempre una sedeña mariposa. A veces hay que tragar un
+escarabajo más áspero que un nudo de alambres. En tal caso, siente un
+pataleo en el esófago. Pero el muy comilón no se arredra, y se ayuda a
+dos manos, empujando la presa hasta el estómago.
+
+Otras veces, por un lamentable error, atrapa el pucho encendido que un
+transeunte arrojó de su boquilla, ¡y hay que verlo retroceder y poner
+la cara fea!
+
+
+
+
+PASEOS ZOOLOGICOS
+
+
+Ayer fuimos al campo con el ayudante, en busca de insectos. Aunque no
+teníamos red, hemos perseguido algunas mariposas.
+
+Después hemos hallado unas moscas de nueva especie, asentadas
+pesadamente, en gran número, en unos chañares pequeños. La hoja del
+chañar dá una substancia melosa que sin duda atraía las moscas. Algo
+más delgada que la mosca común, la nueva especie distínguese en que
+presenta en las alas bandas transversales blancas, sobre fondo pardo
+oscuro y en la cabeza un par de antenas corniformes.
+
+Pero en el mismo tubito hemos encerrado una libélula y sus ásperas
+alas han destrozado a las moscas. Mañana volveremos a buscarlas. La
+constancia es la primera virtud del naturalista.
+
+En el campo no hay que descuidar los pequeños detalles. A veces una
+hormiga que corre a esconderse bajo una mata, proporciona valiosas
+enseñanzas. De pronto, el ayudante se larga al suelo, de cabeza. Con
+el ojo pegado al tubito de cazar, examina un precioso díptero
+cubierto de blanco bello. Se trata de otro raro ejemplar, y el pobre
+bicho cae al fondo lóbrego de mi bolsillo.
+
+En la falda del cerro, en unos matorrales cuajados de flores
+amarillas, descubrimos un nuevo tipo de araña verdosa, muy chica y
+vivaz. En seguida fué al tubo.
+
+En esta época,--fin del otoño--la mayor parte de los insectos han
+muerto ya, dejando sus larvas; y los nidos de mil estilos que
+construyen para dormir el sueño invernal, son casi siempre obras de
+arte, dignas de estudio. En el suelo, en el tronco de los árboles, en
+los tallos, en las lajas, bajo las piedras, en los pantanos resecos,
+encontramos innumerables formas de capullos. A cada especie
+corresponde un modelo determinado y una ubicación particular. Los más
+fuertes están a la vista, pendientes de las ramas desnudas de los
+arbustos. Unos son estuches de una especie de pergamino, aglutinación
+de hilos de seda; otros están recubiertos de espinas que los pájaros
+tienen que respetar; algunos, en los tallos leñosos de los matorrales,
+son concreciones calcáreas, durísimas, fuertemente adheridas. Los
+menos protegidos imitan el color o la forma de la rama o piedra donde
+se pegan. Otros se enquistan en los tallos, hipertrofian los tejidos y
+originan agallas que al retornar la primavera se abren, dejando
+escapar un insecto. En todos predomina el instinto de conservación de
+la especie. Y de todos esos escondites, de todos esos refugios, cuando
+vengan las lluvias y caliente el sol, irrumpirá la vida, múltiple,
+bulliciosa, policroma.
+
+El cielo estaba magnífico. Había una insensible gradación de colores,
+desde el armiño y el ópalo hasta el rojo de cobre bruñido. Una larga
+nube, cuyo borde se apoyaba en los cerros del oeste, dividía el cielo
+en dos con una banda oscura que se apagaba en el cenit. En un rincón
+del San Bernardo, poblado de cebiles, ponía la hora su tono
+melancólico. Reinaba en las hondonadas verdinegras de follajes maduros
+una quietud inmensa, y la tristeza de la tarde se atenuaba al cortarse
+en el cielo celeste la línea ondulante de la arboleda, tendida y
+crespa, como un festón de encajes.
+
+
+
+
+BATRACOFOBIA DE LOS RENACUAJOS
+
+
+Una mañana de marzo andaba yo con mi curso de 2º año por el parque San
+Martín. Los alumnos, repartidos en grupos de cinco, recorrían el
+terreno en busca de alimañas. Cada uno debía escribir una composición,
+el relato del paseo y la observación de algún bicho. Asi, en las
+primeras clases del año, podría el profesor juzgar del grado de
+observación original, individual de sus alumnos.
+
+Marchaba yo entre un grupo de alumnos por una avenida macademizada, al
+fondo de la cual se ve una fuente de cemento y bronce, especie de
+centro de mesa, con que se adornan nuestros pobres parques de tierra
+adentro. Alguno dijo que no era la media calle el camino más propicio
+a la busca de dichos, y aprovechó la coyuntura para hacer resaltar, no
+sin ironía, la comodidad del profesor.
+
+"Amigos míos--objetó éste:--no es preciso trepar al cerro para hallar
+bichos. No hay un centímetro cúbico en la superficie del planeta, que
+no presente algún fenómeno de vida, capaz de interesar al estudioso.
+Si yo tuviese un miscroscopio, demostraría mi aserto, analizando aquí
+mismo la fauna y flora de un milígramo de tierra de la calle,
+previamente disuelto en una gotas de agua. Esto en cuanto a la vida
+microscópica. Pues la vida _macroscópica_ no es menos abundante en la
+avenida. Alzad la vista un poco, y mirad las turbas de mosquitos
+provenientes de los álamos, que se arremolinan sobre vuestras cabezas;
+las moscas de mil clases que zumban a ras del suelo, sobre el
+estiércol del aristocrático caballo que ayer tarde arrastraba el coche
+de una dama, y las variadas zabandijas que nadan en los charcos de la
+calzada, como los tiburones en el mar. Las cuestiones que suscitaría
+el estudio de cualquiera de estos seres son tan vastas, que su
+exposición exigiría el concurso de muchas ciencias.
+
+Supongamos, que un sabio elige el mosquito del álamo. Tendrá que saber
+botánica si quiere explicarse la formación de las agallas, en la
+vagina de las hojas; química, si desea averiguar las causas de
+formación de las agallas; entomología especial de los dípteros, si
+quiere determinar la especie del insecto. El vuelo de éste, le llevará
+a la física mecánica; el zumbido, a la física acústica. Si quiere
+saber el número de vibraciones de las alas por segundo, ambas cosas
+concurrirán a darle la cifra; y con esto, habrá venido a parar a las
+matemáticas. Sin contar con que, en último análisis, todo fenómeno, es
+susceptible de examinarse desde el punto de vista de la cantidad; de
+cuya constancia resultan únicamente las leyes naturales. No hay ley
+sin número. No hay fenómenos que no pueda esquematizarse en números.
+Y así, hemos venido, un poco desordenadamente, del mosquito a las
+concepciones más abstractas".
+
+Entretanto habíamos llegado a la fuente, cuyo contenido era una agua
+verdosa, rica en algas. Allí cazamos crustáceos, pequeñísimos, pulgas
+de agua y cíclopes, transparentes como cristal, en el microscopio.
+Algunas arañas habían tendido sus telas en las gradas de la columna
+que emergía del centro de la fuente.
+
+Entre dicha columna y el borde de la fuente, descansaban en cuclillas
+sobre soportes de cemento, como en cuatro islas, cuatro angelitos
+equidistantes de bronce, que contemplaban el agua, pensando quizá en
+lo verde y sucia que estaba, y lamentando acaso no poder taparse las
+narices con sus manos metálicas.
+
+Bogaba en el agua una galleta. Sobre la galleta estaba sentado un
+sapito nuevo, y alrededor, una turba de renacuajos chupaban el dulce
+zumo de la pequeña isla alimenticia.
+
+En seguida noté, entre los pies de los ángeles, una multitud de
+sapitos nuevos. Además, en el agua, flotaban cadáveres de otros
+sapitos, a los cuales iban adheridos por la trucha los renacuajos.
+
+En el agua, no había ningún sapito vivo.
+
+Después de un rato de contemplación, el profesor ordenó silencio a sus
+discípulos, y, al rayo del sol, les dió una lección de biología. Los
+muchachos se sentaron al borde de la fuente y le escucharon con
+interés.
+
+"He aquí, amigos míos--dijo--una maravillosa oportunidad de aplicar
+la inteligencia a la explicación de los hechos.
+
+He aquí, que acabo, tal vez, de descubrir el porqué del paso de los
+peces a los anfibios, en la evolución de las especies.
+
+Notad que esta fuente no tiene salida. Es una laguna con cuatro islas.
+En la laguna, algunas sapas depositaron sus huevos, de los que
+salieron miles de renacuajos. Unos han evolucionado más pronto que
+otros. Se ven aquí batracios en todos los grados de desarrollo, desde
+el huevo al estado adulto, y por tanto, desde que respiran por
+branquias hasta que respiran por pulmones.
+
+Pero es el caso que los ya pulmonados, se han visto forzados a
+refugiarse, _bajo pena de muerte_, en las islas. Lo prueban los
+cadáveres de sapitos que sirven, como veis, de alimento a los
+renacuajos, mucho más grandes, fuertes y vivaces por ser el agua su
+medio apropiado dada su respiración branquial.
+
+La batracofobia de los renacuajos es, pues, un hecho indiscutible. Y
+lo particular es que tal hecho explica, según creo, el origen de los
+anfibios. Bastaría suponer en ciertos charcos del mundo primitivo, una
+superabundancia enorme de una forma dada de peces, que, habiendo
+desalojado a otras especies, empezaron a comerse entre ellos.
+Establecida así la lucha, se salvaban únicamente de la carnicería los
+que podían ganar tierra y resistir más tiempo al nuevo ambiente, hasta
+que las branquias se adaptaran al aire y se convirtieran en pulmones.
+El hábito y la herencia fijaron el nuevo carácter específico, y el
+atavismo reproduciría la forma primitiva acuática. Y como la duración
+de las condiciones físicas del medio sería de miles de años,
+tendríamos repetidas las causas y los efectos en millones de
+generaciones sucesivas, y por lo tanto fijada una especie intermedia,
+entre peces y reptiles.
+
+De los peces a los batracios, no sólo ha cambiado la respiración, sino
+la alimentación. Los renacuajos se alimentan por succión. Los sapos,
+son insectívoros. Al comenzar la existencia terrestre, no les fué muy
+difícil cambiar de régimen alimenticio, como lo probaría la poca
+variación que exige un aparato bucal chupador (renacuajo) para
+convertirse en captador (sapo).
+
+Si se compara la organización de los peces superiores con la de los
+batracios anuros que por ahora nos ocupan, se nota que los peces son
+más complicados. Los batracios no derivarían, pues, de los peces
+superiores, sino tal vez de los branquiostomas, o de una forma
+intermedia entre éstos y los ciclóstomos, cuya organización es más
+rudimentaria.
+
+Pronto estudiaremos la organización interna de los batracios, y, en su
+metamórfosis, la transformación del aparato circulatorio en
+correlación con el respiratorio. Entonces os haré notar cómo, la
+respiración cutánea, tan intensa en los batracios, y propia de
+organismos inferiores, ha hecho tal vez posible al conservarse el paso
+de la respiración branquial a la pulmonar.
+
+Antes de terminar, amigos míos, libertemos a los sapitos, que están
+condenados a morir de hambre en estas islas de cemento, al pie de los
+ángeles indiferentes. Ayudemos así al cumplimiento de las leyes
+naturales. Arrojemos los sapitos entre la húmeda gramilla del parque,
+para que se coman las larvas corrosivas y los insectos que atacan las
+plantas de los jardines."
+
+--¡Libertemos al náufrago refugiado en la galleta!--gritó un muchacho.
+Pero en aquel momento, cuando una mano amiga se le acercaba, el
+pequeño sapo saltó al agua, y un renacuajo vivaz y ventrudo se apoderó
+de su presa al instante.
+
+Así hemos leído, en un charco, una hermosa página escrita hace
+millares de siglos por el azar de la evolución.
+
+
+
+
+LA INMORTALIDAD
+
+
+La desagregación del protoplasma por la mineralización creciente no se
+manifiesta en los unicelulares. Dado un ambiente propicio, un
+protozaorio no muere nunca, puesto que alcanzada la dimensión normal
+en la especie, el individuo se parte en dos y del ser único derivan
+dos individuos nuevos, continuando en cada uno de ellos los procesos
+de asimilación y desasimilación que determinan el crecimiento y la
+división consecutiva, completándose así el ciclo evolutivo.
+
+A medida que la estructura orgánica se complica, disminuye la
+resistencia normal del individuo en su medio, en razón de la mayor
+conexión y subordinación de unas funciones con otras en el organismo.
+
+En los protozoarios la división experimental del núcleo no impide la
+regeneración de cada parte.
+
+En los metazoarios inferiores, cada fracción regenera las que faltan.
+(Hidras).
+
+Algunos escalones más arriba, la división experimental del individuo
+por su eje de simetría, ya no permite la reconstitución de cada mitad.
+(Asteroideos).
+
+En los grados más avanzados de complejidad estructural, de los
+artrópodos a los cordados, la capacidad regenerativa del protoplasma
+tórnase de más en más problemática.
+
+En los anfibios, la vitalidad de los principales órganos (por ejemplo,
+del corazón), separados del cuerpo, es mayor que la de los mamíferos.
+
+Un protozario partido en dos, por su núcleo, continúa viviendo; un
+mamífero lesionado solamente hasta su red arterial, tiene muchas
+probabilidades de morir.
+
+Cuanto más avanza la diferenciación progresiva de las formas, más
+acrece la posibilidad de la muerte.
+
+Viniendo a un punto de vista más general; no existe solución de
+continuidad en la materia viva, desde la mónera que aparece en el limo
+del océano pre-geológico, hasta las especies que pueblan en la
+actualidad la tierra. Negarlo supone aceptar creaciones particulares
+de todas las especies, en cada época.
+
+Ahora bien. Pensando en la muerte con datos así, objetivos, sin
+recurrir a los conceptos absolutos creados por la imaginación, se
+ilumina de pronto la mente con la esperanza de una inmortalidad menos
+egoísta.
+
+Pongamos nuestra fe en la ciencia.
+
+Ella nos dice que durante algunos siglos todavía estaremos condenados
+a morir; pero somos inmortales como partículas orgánicas de la
+especie, puesto que las generaciones venideras, perfeccionadas de
+continuo en su mecanismo de pensar, por el esfuerzo adaptativo de las
+que las precedieron, irán acumulando el aprendizaje de la experiencia,
+para alcanzar acaso el ideal de los ideales: la existencia infinita,
+individual y específica del hombre.
+
+Como si la muerte durante siglos fuese nuestro tributo a la
+inmortalidad futura, la naturaleza, al perfeccionar su mejor
+instrumento, el hombre, le ha hecho quizá el más endeble y el más
+delicado de los seres.
+
+No en vano la eternidad es la obsesión de todos los tiempos. El hombre
+tiende al azul desde que aprendió a pensar. Interroga siempre al gran
+enigma infinito suspendido sobre su cabeza.
+
+Obstinado, aborda su problema.
+
+Ante el microscopio y ante el telescopio; ante el animal y la planta;
+ante el microbio y el astro; ante el mineral y el flúido intangible;
+junto a las máquinas, junto a los crisoles, junto a las retortas;
+sobre los libros, sobre los terrenos, sobre los aires, sobre los
+mares, en todos sentidos y en todas direcciones, escarba en lo
+desconocido, con un apetito insaciable de más allá, que es ansia de lo
+eterno, su parte de Verdad, de Belleza y de Bien.
+
+¿Perecerá la civilización sin que algún ser humano haya transpuesto
+los límites de la atmósfera?
+
+¿Será inacabable el misterio?
+
+La inteligencia, la ciencia, el progreso, todo lo noble y todo lo
+grande que vamos alcanzando, a trueque de sacrificio y de dolor, ¿no
+pesará nada en la balanza del devenir?
+
+¿Todo eso no será más que combinaciones peregrinas del azar, efímero
+aleteo, ensueño quimérico de algo perdurable, de algo absoluto?
+
+¿Llegará día en que ninguna pupila humana pueda escrutar la sombra?
+
+La naturaleza parece responder: "Hombre, ¿vale más tu inteligencia
+complicada, sutil, poderosa, rápida, vale más que una hormiga o una
+flor? Eres una onda del río que va desde lo que no tiene principio
+hacia lo que no tiene fin. Envanécete. Sin embargo, para mí que soy la
+energía ciega, la casualidad indiferente, no hay bueno ni malo, fácil
+ni difícil, mejor ni peor; pues a mí no me cuesta trabajo el cerebro
+de Newton que el vuelo de los astros".
+
+Y yo he soñado con una humanidad más perfecta, más buena y más sabia,
+remontándose por medios mecánicos a los espacios estelares.
+
+La ciencia vencerá a la muerte.
+
+Siendo infinita la duración de la vida, no habrá porqué desdeñar un
+viaje de siglos por el universo.
+
+Magnífico espectáculo el del hombre atravesando los espacios
+interplanetarios en expresos más veloces que la luz.
+
+La conquista del infinito será precedida de una agitación jubilosa
+como la que anuncia el vuelo de las colmenas.
+
+Abandonando su viejo casco, libador de la eterna belleza, el hombre
+remontará su vuelo por aquel jardín que tiene por flores las
+estrellas.
+
+
+
+
+INDICE
+
+
+ Página
+
+ A Manuel Gálvez 5
+ Prólogo 7
+
+LA CIUDAD
+
+ Los burritos leñateros 19
+ Una proclamación 23
+ El reñidero 27
+ La tabeada 33
+ Los perros 37
+ Defensa de un perro 41
+ La condenada 43
+ La creciente 47
+ La decadencia de los opas 51
+ Los cocheros 55
+ Un baile de villorrio 59
+ El duende 63
+ La viuda 67
+ La mula ánima 71
+ La Juana Figueroa 73
+ Don Matías Linares y Sanzetenea 79
+
+LOS CAMPOS
+
+ El erque 85
+ El fantasma del remate 89
+ El gaucho salteño 95
+ La selva de Anta 97
+ Cruz guiez 103
+
+HISTORIETAS Y CUENTOS
+
+ Un viaje raro 109
+ El último vuelo 115
+ La cacería de patos 121
+ El caballo que perdió la lengua 127
+ La transmigración 131
+ El suicidio de Burela 135
+ El caso del esqueleto 139
+ La cola de Gato 145
+ El salto atrás 149
+ La muerte del muerto 155
+
+HUMORISMOS Y FILOSOFIAS
+
+ Tedio 163
+ La tristeza 167
+ Amor de arañas 169
+ El sapo 173
+ Paseos zoológicos 175
+ Batracoforia de los renacuajos 179
+ La inmortalidad 185
+
+
+
+
+ * * * * *
+
+
+
+
+Notas del Transcriptor:
+
+Se han corregido algunos errores tipográficos presentes en el
+original. Las vacilaciones en algunas grafías se han mantenida como en
+el original.
+
+P. 138: "el cielo azul, el cerro, el valle de Lerma; se persignó"--En
+el original, este frase fué despues de las palabras "en el pescuezo,
+pasé la"
+
+*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 40358 ***