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diff --git a/40358-0.txt b/40358-0.txt new file mode 100644 index 0000000..6dcd7ef --- /dev/null +++ b/40358-0.txt @@ -0,0 +1,4127 @@ +*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 40358 *** + +Note: Images of the original pages are available through + Internet Archive. See + http://archive.org/details/3502513 + + + + + +SALTA + + * * * * * + +Libros publicados por la Cooperativa Editorial "Buenos Aires" + + + I--FERNÁNDEZ MORENO.--_Ciudad._ + + II--HORACIO QUIROGA.--_Cuentos de Amor de Locura y de Muerte._ + + III--CARLOS IBARGUREN.--_De nuestra tierra._ + + IV--MANUEL GÁLVEZ.--_La sombra del convento_ (novela). + + V--ERNESTO MARIO BARREDA.--_Las rosas del mantón_ + (Andanzas y emociones por tierras de España). + + VI--CARLOS MUZZIO SÁENZ-PEÑA.--Versión castellana de _La cosecha + de la fruta_ de Rabindranath Tagore. + + VII--ARTURO CAPDEVILA.--_El libro de la noche._ + + VIII--RICARDO JAIMES FREYRE.--_Los sueños son vida._ + + IX--LUISA ISRAEL DE PORTELA.--_Vidas tristes._ + + X--PEDRO MIGUEL OBLIGADO.--_Gris._ + + XI--MARIO BRAVO.--_Canciones y Poemas._ + + XII--JUAN CARLOS DÁVALOS.--_Salta._ + + + PRÓXIMAMENTE: + + XIII--ALFONSINA STORNI.--_El dulce daño._ + + XIV--ALVARO MELIÁN LAFINUR.--_Literatura contemporánea._ + + * * * * * + + +JUAN CARLOS DÁVALOS + +SALTA + +Prólogo de MANUEL GÁLVEZ + + + + + + + +[Decoración] + +"BUENOS AIRES" +SOCIEDAD COOPERATIVA EDITORIAL LIMITADA +AVENIDA DE MAYO 791 +1918 + + + + + A MANUEL GÁLVEZ. + +_El defecto capital de este libro es su personalismo._ + +_Su mejor cualidad es la espontaneidad._ + +_Esto proviene de que los artículos que lo componen fueron escritos en +diferentes épocas, sobre temas asaz diversos, y nunca con el propósito +de hacer un libro._ + +_Al reunirlos en un volumen me propongo dar una idea de lo que es +Salta; y de lo que puede ocurrírsele en Salta a un hombre que observa, +aislado, y sin ambiente literario alguno. Representa, pues, un +esfuerzo intelectual, no sé si estimable o necio._ + +_Usted que conoce al autor y su medio provinciano, es el llamado a +prologar este libro, y hacérselo comprender al público del país._ + +_Sin un comentario previo de usted, no deseo que el libro vea la luz._ + +_Así apreciará usted cuánto le estima como amigo y como escritor su +afmo. y S. S._ + + JUAN CARLOS DÁVALOS. + + + + +PRÓLOGO + +Hace diez años, era Salta una ciudad colonial. La visitaba yo entonces +por primera vez; y no necesito exagerar, si afirmo que ninguna ciudad +de nuestra tierra me había producido una igual impresión de carácter y +de poesía. En Córdoba, en Santa Fe, encontramos algunas viejas casas +características. En Salta lo eran todas por aquella época. Con sus +techos de tejas, sus ventanas y sus puertas de formas coloniales, y +sus altos balconetes de madera y de hierro, que parecían colgados de +los aleros, las casas de Salta evocaban encantadoramente la vida +argentina de hace un siglo. + +Pero no eran sólo las casas lo que entonces recordaba el tiempo que +fué. Eran también las calles, las iglesias, las gentes, las +costumbres. No olvidaré nunca las sensaciones que me causaron ciertas +cosas, tan exóticas para mí: el llanto trágico de la quena que un +indio platero tañía maravillosamente; el reñidero, con su público +heterogéneo y sus escenas pintorescas; y un baile de arrabal, donde +silenciosos indios, calzados de ojotas y emponchados, miraban, con +asombro estúpido y tenaz, cómo bailaban la chacarera y la zamba, al +son de un arpa vieja y al ritmo de los versos quíchuas que cantaba el +músico ciego, las mujerzuelas y los hombres de diversas clases +sociales que atestaban el rancho. + +Poco de esta Salta queda ahora. Sus casas no fueron derribadas, pero +un absurdo y mal entendido espíritu de modernidad reformó las ventanas +y las puertas, suprimió los aleros y ocultó los techos de tejas +levantando las paredes delanteras. Pero a pesar de todo, permanece en +Salta lo suficiente para que miremos a esta ciudad como la más +completa y bella imagen del pasado argentino. + +En aquella Salta apacible hice amistad con Juan Carlos Dávalos. El fué +mi mejor guía, sobre todo en el sentido espiritual que podemos dar a +esta palabra. Dávalos me refería leyendas y tradiciones, y me hablaba +de la vida provinciana, cuyas cosas y cuyos tipos característicos +conocía profundamente, juzgándolos con su humorismo benévolo y +original. + +Dávalos me recitó algunos de los pocos versos que hasta entonces +llevaba escritos y me leyó varias de las páginas que componen este +volumen. Convencido de las facultades de Dávalos, le incité con +entusiasmo a que escribiera; y creo haber contribuído en buena parte a +su dedicación literaria. Su conocimiento de la vida en aquella comarca +salteña, tan argentina y tan ignorada en el resto del país, colocaba a +Dávalos en una situación excepcional. El joven poeta amaba la +tradición y la comprendía tan hondamente, que era lógico esperar de su +talento, robusto y realista, páginas del más fuerte sabor vernáculo. + +Su primer libro, _De mi vida y de mi tierra_, prologado elogiosamente +por Carlos Ibarguren, fué para Dávalos un buen éxito. Su lenguaje, +original, con algo de arcaico, su sentimiento personal y poético de +las cosas del campo, y sus descripciones eficaces y vigorosas, +sorprendieron. Luego ha escrito un interesante drama histórico. Y +ahora realiza mi deseo de que publicara un libro en prosa, evocando la +vida de aquella Salta, colonial y apacible, que tal vez pronto +desaparecerá completamente; recordando leyendas y tradiciones; +retratando los tipos característicos de la ciudad y de los campos y +haciéndonos ver, con su talento descriptivo, escenas pintorescas del +arrabal, de la montaña y de la selva. + +Juan Carlos Dávalos tiene dos grandes cualidades literarias: humorismo +y aptitud para describir. + +El humorismo de Dávalos no es trascendental sino excepcionalmente, y +en pequeño grado. No contiene amargura ni desilusión. En lugar de +ejercerse sobre los defectos morales de los hombres, se aplica a las +características materiales. Pero sin hacer apenas crítica, ni intentar +corregir el mundo. + +Si Dávalos desarrolla esta cualidad de observar el ridículo en los +hombres y en las cosas, puede llegar a realizar notables caricaturas. +Advierto que digo esto en su elogio, porque hay quienes imaginan que +la caricatura es un defecto y se halla fuera del arte. Los grandes +noveladores del siglo pasado son prodigiosos caricaturistas. Así +Dickens y Thackeray en Inglaterra; Pérez Galdós y Palacio Valdés, en +España; Daudet, Flaubert y a veces Zola en Francia; y Eça de Queiroz, +en Portugal. Conviene recordar que no es preciso hacer reir para ser +caricaturista. Hay también caricaturas trágicas, de las que son +ejemplos algunos personajes de Dostoiewsky y de Balzac. + +La aptitud descriptiva de Dávalos se muestra a la vez en los tipos, en +las escenas y en los paisajes. He aquí como presenta a un jugador de +taba: "... es un hombrón taciturno, un poco alcoholizado. Parece allí +un toro, parado en dos pies entre la tropa. Usa enorme sombrero blanco +y se alza el poncho del pescuezo para que le vean su charro cinturón +de bolivianas de plata. Va quinientos pesos a su mano. Se escupe con +calma las manos, refriega las palmas en el suelo, guiña el ojo +izquierdo como si fuera a apuntar con escopeta, mira bien la taba con +el otro ojo, la blande, la sopesa varias veces, echa un desafío a la +redonda. Los espectadores, atónitos, se apartan. La taba vuela; la +siguen con la vista, da tres vueltas justas y se clava". + +Igualmente eficaces son los retratos del gaucho Cruz Guíez, del +Serapio Guantay, de la dueña de la casa donde se celebra el baile de +villorrio, de la Juana Figueroa. Entre los tipos que en dos palabras +describe al pasar, nos impresionan particularmente los opas, esos +pobres imbéciles que tanto abundan en el norte. En el capitulito _La +decadencia de los opas_, título del más fino humorismo y que +constituye un admirable hallazgo, se refiere, en un estilo lleno de +gracia, a varios de ellos, que eran populares en Salta. Pero en otros +capítulos nos habla también de aquellos infelices. Así en _El baile de +villorrio_, donde nos pinta uno en esta forma: "En el patio, un opa de +ojos clarísimos y cara pálida y gorda, que había bebido en demasía, +mascaba asnalmente un bollo, y servía de diversión a unos +muchachos...". + +Como narrador, Dávalos muestra también notables cualidades. Hay en su +libro escenas de una gran belleza: la de los burritos leñateros, que +pasan lentamente por las calles, curioseándolo todo y metiéndose +dentro de las casas; la de la riña de gallos, que tiene tanto +movimiento y tanto color como las descripciones análogas de Sarmiento; +y aquella en donde cuenta los amores del Serapio Guantay, página +penetrada de la honda poesía de las montañas salteñas y que basta para +revelar en Dávalos las aptitudes de un gran escritor. + +Sus paisajes son generalmente muy breves, simples anotaciones hechas +al pasar. Pero en todo el libro está latente el aspecto de la ciudad y +de la naturaleza. He aquí una de las mejores descripciones, donde +recuerda la vieja Salta que él debió conocer en su niñez: "Evocad el +Salta de sesenta años atrás, con su pobre y pesada arquitectura +colonial; con sus tejados de alero volado a la calle; con sus enormes +portales cuadrados y recios; con sus altas veredas, entre cuyas lajas +desiguales brotaba el pasto del campo; con sus hondas y tortuosas +calles de piedra bola. De noche, ardía en las esquinas del centro un +candil de sebo. El sereno, encargado de varias manzanas, pasaba +lentamente, cantando la hora y el aspecto del tiempo. En las casas +donde había quedado alguna luz, revoloteaban encandilados, sobre los +anchos patios, murciélagos errantes y siniestras lechuzas". + +Dávalos aparece en este libro como un espíritu multiforme y una +sensibilidad compleja. Algunos de sus relatos son más que trágicos, +macabros; otros humorísticos, otros sentimentales y poéticos. Con la +misma eficacia descriptiva con que nos relata una proclamación +política en el arrabal o reconstruye la riña de gallos, nos evoca la +vida de las montañas. Nos hacen reir sus siluetas de los cocheros, su +desfile de los opas; nos estremece de terror y de misterio el recuerdo +de aquella noche en que murió su amigo apodado el Chivo Pedro; y nos +hace comprender el alma de la raza vencida, impregnándonos de honda +emoción territorial, en los párrafos donde describe a un indio que +desciende de la montaña haciendo sonar el erque. + +Pero en todas estas páginas de índole tan diversa, Dávalos, como +escritor moderno que es, demuestra que busca en las cosas, no una +belleza más o menos convencional, sino su carácter. Sus paisajes, sus +escenas, sus cuadros, sus tipos son llenos de individualidad y nos +revelan uno de los pedazos más interesantes y originales de la tierra +argentina. + +He mencionado sus relatos macabros, y quiero dar mi interpretación de +ellos. Los cuentos espeluznantes de Dávalos no nos hacen daño ni nos +desagradan. Nos producen, sí, la sensación completa que el autor +pretendió producir, pero al acabar de leerlos no quedamos +impresionados, disgustados, hasta enfermos, como después de leer +ciertos cuentos de Quiroga. Tal vez contribuya a esto, los detalles +humorísticos que Dávalos encaja hábilmente en medio de sus +terroríficas narraciones. El caso es que estas páginas nos hacen el +efecto de una broma, de una broma bien hecha, por otra parte. Parece +que el autor se hubiera dicho: "Voy a escribir unos cuantos cuentos +espantables para que vean que soy capaz de escribirlos, y, sobre todo, +para reírme pensando en el efecto que producirán en las gentes +pacíficas".[1] Y los ha escrito, pero permaneciendo él sano, fuerte, +sereno, y sin ennegrecer el ánimo del lector. Porque una de las +características de Dávalos es su sanidad de espíritu. Y es un escritor +sano, no solamente porque nada hay en él de enfermizo, sino porque +tiene todas las cualidades morales que acompañan a la perfecta salud +espiritual. + +Juan Carlos Dávalos posee verdadera imaginación, profundo sentimiento +poético, comprensión de la realidad y, más que nada, sensibilidad. +Pero no una sensibilidad como la de cualquier escritor distinguido, +sino una sensibilidad como sólo la tienen los verdaderos artistas. ¿Me +permitirá mi amigo que revele al público cierto detalle un poco +íntimo, pero que demuestra su valer? Bien: yo he visto a Dávalos +emocionarse hasta las lágrimas ante una lectura, y no por tratarse de +cosas tristes o impresionantes, sino por la sola belleza de lo que se +leía. + +Dávalos es también un psicólogo. Pero como todos los temperamentos +realistas, revela el alma de los seres por medio de sus gestos y de +sus actos. Es muy interesante su psicología de los opas, de los +gauchos, de los indios y de los perros. + +Su estilo es incorrecto y a veces duro. A mí me place, no obstante sus +defectos, porque se acerca a la palabra hablada y porque hay en él +color y movimiento. Tiene escasa armonía, salvo en ciertos raros +instantes, pero mucha sencillez y sobriedad. Estilo corto, escueto, +muy preciso y vigoroso, es excelente para las descripciones de escenas +y de cuadros realistas. Pero cuando se habla de una cosa poética se +torna poético. Y según el asunto, es hondo, emotivo, florido, +brillante o melancólico, y cobra, cuando el relato adquiere vuelo, una +penetrante elocuencia. He aquí cómo empieza a narrar los amores de un +pastor y una vaquera: "El azar los había puesto cerca; el instinto los +juntó. Y en el filo de una loma, sobre el pastizal oliente a berbena y +anís, la india, más aviesa, lo inició al indio, más ingenuo, en el +raro misterio que cumplen las cabras y las vacas, que trajina el polen +en las patas diminutas de las abejas, que puebla el soto de inquietas +y esmaltadas mariposas, y que hace cada primavera florecer el amancay +blanco y la begonia escarlata entre las breñas. Desde aquella tarde +los dos indios volvieron a encontrarse siempre, y juntos divagaron por +los cerros, descubriendo el encanto de los callados sitios, oyendo al +eco repetir sus gritos en las altas barrancas, mirando rodar por los +precipicios las gruesas galgas que aflojaban al borde, triscando a la +par de los chivos en las paradas laderas, o escondiéndose a veces de +algún viajero que cruzaba, allá abajo, en su mula, el áspero pedregal +del torrente". + +Pero trate de un asunto o de otro, la prosa de Dávalos es siempre +viviente, moderna, muy argentina y sin afectaciones de ninguna índole. +Dávalos, felizmente, se encuentra libre de _literatismo_, ese veneno +del que no logramos desprendernos los que hemos sido educados en la +literatura francesa contemporánea. + +Sin afectaciones, dije, e insisto en ello. Porque no faltará quien +acuse al autor de _Salta_ como afectado de arcaísmo. La prosa de +Dávalos está matizada de palabras que nos parecen viejas o demasiado +castizas. Pero no son palabras que Dávalos haya aprendido en los +libros. Las ha adquirido del pueblo, del campesino salteño, que habla +un hermoso castellano, un castellano con algo de rancio y a la vez +algo de quíchua. Al usar, pues, aquellas voces, Dávalos, lejos de +mostrar afectación, hace obra rigurosamente argentina. + +Ahora, sólo falta que el revelador de la tierra salteña ponga su +talento y su corazón al servicio de una obra más orgánica que la +presente. Tiene todas las cualidades para ser un verdadero novelista. +Reclamémosle, para bien del país, que lo sea muy pronto. + + MANUEL GALVEZ + +FOOTNOTE: + +[1] Algunos de los personajes de los cuentos a que me vengo +refiriendo, son amigos de Dávalos. El autor los hace morir en forma +trágica y horrorizante. + + + + +I + +LA CIUDAD + + + + +LOS BURRITOS LEÑATEROS + + +Ellos traen a la ciudad modernizada un poco de la paz de los campos, +la sobriedad rural, la lentitud de los días siempre iguales y hermosos +bajo el infinito azul, en las praderas apacibles. + +Con su pasito tácito, su leñita a la espalda, y su peluda ropa de +anacoretas, arreados por un muchacho que monta una triste jaca cerril, +pasan lentamente por la calle los burritos leñateros. + +Son las nueve de la mañana. + +En una puerta asoma una mujer, y trata con el muchacho por la leña. + +Los burros siguen viaje. A ellos, ¿qué les importa el negocio? Lo que +les gusta es andar, curiosear, ver novedades. + +El muchacho corre a toparlos, y ellos, adrede, trotan calle arriba. Un +auto los ataja en una bocacalle. El muchacho se les planta por +delante: silba, grita, les pega ponchazos, y la recua vuelve frente a +la vecina que espera la leña. + +Mientras el muchacho desata la leña, los borricos merodean. + +Uno, se cuela por un zaguán, raspando al pasar, los reboques con los +torcedores. En el patio, una sirvienta lo baraja a escobazos. El burro +ceja, y al salir, muy despacio, tumba una maceta. + +Alguno se acuesta a descansar en media calle, lanzando resoplidos de +desaliento, al pensar que a él no le toca el turno todavía. + +Hurga otro, con su belfo suave y azulado, el cordón de la vereda, +donde una cáscara de banana se adhirió a la piedra. Después se come +una cáscara de naranja, mientras un camarada, más feliz en hallazgos, +se empeña en tragar un diario abandonado, envoltorio de cocinera, +saturado de oliente y sabrosa grasa. + +_Durmiendo los ojos_ beatamente, un burrito ensaya lamer un hilo de +agua inmunda que mana de un albañal. + +En un grupo, alguno, cariñoso y prolijo, le rasca con los dientes a un +congénere la sarnícula del apolillado pescuezo. + +Le toca luego el turno al que se echó: el muchacho lo quiere hacer +levantar para descargarlo; pero el burro no quiere. ¡Se siente tan +cómodo! + +El muchacho, impaciente, la emprende a puntapiés. El burro se limita a +menear la cabeza y pestañear, hasta que el dolor de la tunda le llega +al alma. Entonces, cachaciento, ayudado por el muchacho, se incorpora. + +El lento paso de la tropilla, su mansedumbre, el ligero vaivén +incesante de las colillas exíguas, las cabezas pensativas, los dulces +ojos, las tranquilas orejas, hacen del burrito leñatero la nota más +simpática de la calle salteña. + +¡Ay! pero no cuando uno de estos animalejos deja oir un bárbaro +rebuzno. + +El bucólico encanto se rompe de pronto ante esa desapacible +resonancia, ante las grandes quijadas abiertas en la plenitud de la +bestialidad, y ante el brutal regocijo que sacude el mísero y flaco +cuerpo del asno, en espasmos de un grosero naturalismo. + + + + +UNA PROCLAMACION + + +Un mes antes de la elección el arrabal pulula en el comité. Y una +noche, a son de bombas, se hace la proclamación del candidato. Es la +noche cívica, merienda de negros, aquelarre, agrio candombe. + +Cuando los adherentes se congreguen, y desborden por los cuartos y +patios del comité, que es siempre un despacho de bebidas, en medio de +la gente se mostrará el candidato, y hablará; y hablarán los amigos +del candidato. + +Ansioso esperaba el arrabal la noche de la proclamación. No bastaba el +haber sorbido, durante veinte días seguidos, el vino del candidato. +Ahora que la elección se acerca es preciso también oir la palabra de +los políticos, que pagan la fiesta; de los blancos, de los ricos +cholos, de los eternos explotadores del Juan Pueblo, como dijo cierto +gringo que habló en el teatro, y que se fué. + +Y esta noche, siendo de estruendos, y de discursos y de cerveza, hay +que aprovecharla, y beber por el triunfo del partido. + +¡El triunfo!... palabra imprecisa, mero ruído verbal en la cabeza del +elector. + + * * * * * + +Entremos en el club político la noche de proclamación, en el momento +de los discursos. Es en el patio entoldado de una pulpería de arrabal. + +Parado sobre una mesa, enguantado, bien vestido, el candidato inicia +la tanda de los discursos. + +La multitud escucha: trescientos y tantos ciudadanos, de los cuales +doscientos por lo menos están beodos. + +El candidato infunde respeto. Su galano estilo, su clara dicción, +caen, como lluvia de rosas en un lodazal, sobre un apeñuscamiento de +cabezas hirsutas, sobre un campo de bocas abiertas en rictus +alcohólico, sobre un oscuro lago de miradas atónitas. + +Pero el espectáculo sugiere al punto esta reflexión: el respeto no es +a las ideas, que no se alcanzan. Es el respeto atávico al blanco, es +decir, al amo ancestral; es el respeto a los guantes, al jaquet, al +botín de charol; es el respeto fetichista del indio por las cosas que +su instinto presiente como signos de excelencia. + +Un borracho aprueba con amplios gestos los párrafos del orador. Y +exclama en alta voz:--¡claro!... ¡eso es!... ¡Me gusta!... + +Lo veo esforzarse por fijar la atención. La mona, en su estrabismo, le +muestra dos oradores, y él se obstina en mirar uno. Luego, cansado, +vuelca la cabeza sobre el pecho impotente, y la sonrisa del arlequín +que hay en todo borracho, divaga por el rostro enorme, moreno, pingüe +de grasa y de sudor. + +En medio de este grotesco silencio, en medio de esta trágica atención +de beodos, aquí y allí se sofoca un juramento, se contiene una réplica +inconsulta, se acalla un intempestivo monólogo. Entre tanto, algunos +se desprenden furtivamente del grupo, para ir a beberse una copa más +en el mostrador. ¡Qué diablos!... Lo único positivo es el vino; el +vino que permite olvidar el crimen del ocio y de la ignorancia. + +El candidato acaba su discurso entre palmoteos y alaridos. Todos se +mueven, algunos quieren verle, tocarle. Y la multitud al revolverse +apesta más, como si se hurgase la basura. El alcohol se espande en +vaho con los gritos, la roña se embravece con el calor y el roce. + +Después del candidato habla un estudiante. Su palabra es vehemente, +vibrante, sincera. Se imagina que el pueblo es quien le escucha; el +pueblo teórico de los libros. Y le habla de deberes cívicos, de +libertad, de honor ciudadano, de justicia social y regeneración +política. Pero él no conoce al pueblo: es un ingénuo. + +Le han dicho que en ese comité hay muchos tocados por el otro partido, +y que esos vienen sólo a embriagarse, y que votarán en contra, a pesar +de hallarse afiliados. + +Y exclama con gran énfasis oratorio: + +"¿Es posible, es creíble, ciudadanos, que entre vosotros existan +tránsfugas, que vengan aquí nada más que a beber nuestro vino y comer +nuestra empanada, y que mañana nos den la espalda en el _cuarto +oscuro_? ¿Es posible que haya aquí uno, uno solo tan... sin +vergüenza?" + +Una voz aguardentosa replica a gritos: + +--¿Uno?... ¡Varios! ¡Aquí hay varios, sí señor! ¡Varios sinvergüenza! +¿Sabe?... + +Lo obligan a callar. No se debe interrumpir al orador. Los borrachos +dicen siempre la verdad. + +Este _club_ contaba con trescientos cincuenta adherentes. Pero en el +día de la elección, más de la mitad votó contra su partido. + +Así es el mulato, la canalla abyecta, borrachona, pechadora, que +aprovecha la ocasión política. Son la hez de la ciudad, el desecho de +las faenas rurales, el desperdicio de los gremios honrados, la resaca +de las pequeñas industrias laboriosas y probas. Son seiscientos, quizá +mil gandules que determinan la suerte de los partidos, poniendo del +lado adonde los vuelca el acaso, el peso vil de la cantidad. + +Es la carga de papas en la cala, capaz de tumbar el buque. + +Y en presencia de tales espectáculos viene a la mente un recuerdo +irónico: "El pueblo no delibera ni gobierna", etc. + + + + +EL REÑIDERO + + +En el Salta de antaño el reñidero era una diversión popular. Aunque en +decadencia, la de las riñas es aún una manía en mucha gente, por lo +común ricos doctores y acomodados artesanos. + +Ya no encuentra uno como antes por la calle algún distinguido señor +con un gallo bajo la chapa, pero si vamos un domingo al reñidero +comprobaremos la existencia de una verdadera pasión organizada en +garlito, con su edificio apropiado, especie de templete de redondo +techo adonde van los sabios gallólogos a parar por un gallo hasta la +camisa. + +El reñidero está en un barrio excéntrico. Es un corralón con varias +dependencias: pulpería, reñidero y cancha de taba. La entrada permite +el acceso a cualquiera de ellas. + +La reunión empieza a las dos de la tarde. Un negro inválido, gordo y +barrigón, cobra el boleto en la puerta. Individuos de toda catadura +van y vienen por el gran patio de tierra y el viejo corredor de +ladrillos. + +En un extremo del patio una mulata hornea la primera tanda de +empanadas. Aunque hay mucha gente que se mueve, lo hace con grave +cachaza: uno pesa un gallo en una romana colgada del techo por un +alambre; en un grupo se concierta una riña; un opa amarillo, palúdico, +de barbas ralas, afirmado a un pilar, escucha estúpidamente las +condiciones que se estipulan; algunos revisan en las galleras sus +gallos, les dan los últimos toques, los acarician, los hablan; otros +limpian y pulen un juego de chuzas de acero; por ahí, disparatando, se +bambolea el eterno beodo de todos los domingos; y sobre este desacorde +rumor humano, continuamente irrumpe, vibrante, marcial, el sonoro +cocoricó de los gladiadores ansiosos de ir a la arena. + +La preparación de un gallo es una ciencia. Se pesa y pela el trigo; se +mide la dosis de agua y maíz; se le despluma al animal el trasero para +ver cuándo está robusto, en cuyo caso esta parte se le enciende en +intenso rojo de pimiento. Hay que separarlo de las gallinas para que +no se ponga cailón y flojo. Hay que baquetearlo, o sea hacerlo topar +con otros gallos para que tome estilo. Si es demasiado picador se le +pone una piquera en el pico, estuche de cuero que le permite +entrenarse sin morder, hasta que se acostumbre a pelear a revuelos. + +Si el gallo está capioso, es decir, si no tiene buena pluma, se lo +ensambla, lo que significa una obra de paciencia china, pues se hace +preciso cortar las plumas de la cola y alas al canuto, y encajar en +éste, pegándolas con goma, nuevas plumas largas y tersas, con lo que +el gallo obtiene agilidad en el asalto, ya que las plumas lo +equilibran. + +Además, a fin de fortificar los pulmones y las patas, hay que +corretearlo metódicamente una hora diaria; y hay que sacarlo a tomar +sol por la mañana; y si se sofoca y agita mucho, hay que zamparle agua +a buchadas por la cabeza y bajo las alas. Todo esto se practica a +diario, fuera de las precauciones y medidas que aconseja la +taumaturgia profesional cuando se quiere ganar con trampas una riña. + +El número de tongos no tiene límites. Gallero hay que le embadurna de +sebo a su gallo la cabeza para que el del contrario se despique al +morder; algunos al desgolillarlo le cortan en escalera la golilla, lo +que produce el resultado dicho, si el gallo contrario gusta de morder +la golilla y no la cabeza. + +Es gallo ligado si le amarran tan fuertemente las chuzas que el pobre +animal camina apenas apuñando la pata. Es gallo desvelado cuando le +hallan en los ojos cierta espumita, que prueba que para debilitarlo lo +han hecho pasar una noche atado a la estaca entre dos luces. Muchos le +untan al gallo en las axilas grasa de zorro, pues profesan la +superchería de creer que por este medio el contendiente dispara, +avisado por el instinto. + +Todo esto y mil detalles más debe conocer y lo conoce al dedillo el +juez del reñidero, quien cuida de que las riñas sean legales y se +respeten los compromisos. + +Bajo el techo circular está la arena, circular también, rodeada de una +gradería de tablas, que sube en anfiteatro hasta el techo. + +Suena una campanilla. + +Más de cien jugadores se precipitan a las gradas. Se instalan. Tosen, +esgarran, escupen. El circo tiene una barda enana de madera, bordeada +por un colchado de trapo rojo. El juez se para a la puerta. Agita su +campanilla. La riña va a empezar. + +Los dos largadores contrarios, sostienen cada uno su gallo por el +pecho, le friegan las patas y le dan el último vistazo. + +El momento es solemne. Las apuestas se cruzan, breves y seguras. +Algunos que apostaron ya, están callados, la mano puesta en el mentón, +y así estarán hasta que acabe la riña. Los conocedores observan; los +botarates elogian y desafían. Los dueños de los gallos guardan un +digno silencio, prueba de sendos temores. + +La campanilla suena de nuevo. Se larga la riña. + +Un gallo da dos pasos, se para, se iergue y canta. El otro lo vé y lo +embiste. Las rojas cabezas se agachan, los cogotes se estiran, +arrogantes; los dorados, pequeños ojos bravíos brillan; las alas +semiabiertas se aprestan al salto. Primero es el saludo bizarro de los +dos picos, frente a frente, en línea recta, arriba, abajo, +cautelosamente; después es el revuelo formidable, y en fin, la +seguidilla, el entrevero, la riña; la riña tenaz, obstinada, furiosa, +de una belleza ejemplar, de un denuedo heroico. + +Cada riña es un poema épico: los sucesos, naturalmente, difieren; la +heroicidad es la misma. + +A veces un gallo queda ciego. Entonces el silencio de los espectadores +se vuelve absoluto. El animal pelea a oído: se lo vé inclinar la +cabeza, mas no para huir, sino para esperar escuchando al adversario. +De nuevo lo halla, lo pica, se afirma, se solivia en las alas y le +encaja con fragor las chuzas en el cráneo. + +El adversario se abate lentamente, las alas ajadas, el pico abierto. +El triunfador, ciego, se para tambaleante en la arena y lanza a las +tinieblas su trágico, ¡su titánico cocoricó! + +Se dió una vez el caso de dos gallos que cayeron muertos, primero el +uno, el otro en seguida. El uno tenía traspasada una arteria junto al +corazón: el otro no presentaba heridas, pero los entendidos dijeron +que había muerto de rabia. + +El papel de los entendidos es admirable. En cuanto el gallo cae a la +arena, en cuanto se mueve un poco, ya saben si está ido, es decir si +está acobardado, vencido al empezar la pelea. + +Después de la riña sobreviene una febril agitación: los perdedores, +resignados, oblan. Un ganador cruza el patio con un montón de billetes +en la mano. Un individuo lava un gallo, le busca prolijamente las +heridas, se las cura. Otro se come una empanada recién salida del +horno. Quien pondera aquí las condiciones del paraguayo; quien +sostiene allá que al giro tal le mordieron el pico antes de largarlo. +Y junto al pozo, un individuo le chupa un ojo a su gallo para que no +se haga tuerto y procede después a sangrarlo de la pata contraria, +según una prudente cábula profesional. + + + + +LA TABEADA + + +En un canchón contiguo al reñidero está la tabeada. Siendo juego menos +noble que las riñas, la taba tiene entre los decentes sus adeptos +vergonzantes. La riña es como una ciencia, la taba es como un arte. + +Depende del pulso y en parte de la cancha. Existe un canchero que +prepara la tierra y la rocía de modo que ni se haga barro ni esté +dura. Los límites opuestos los marca un cordel hundido en tierra. Dos +hileras laterales de bancos de tabla son los asientos de los jugadores +que esperan turno. + +Reina en el corro, grande algarabía. Mientras un individuo pulsa la +taba en una punta, el contrincante aguarda el tiro en la otra. + +Formúlanse las apuestas entre el tabeador y su contrario, entre el +tabeador y el público, y el público entre sí, por fas y por nefás, por +cara o culo, con ventaja o sin ella: es un enredo de términos y dichos +especiales, tan claros para el profano como si fuesen griego. + +En media cancha han ido amontonando el dinero de las apuestas, +apretado bajo una piedra para que no se vuele. Algunos empuñan rollos +de billetes ajados y mugrientos. Los ya desplumados, se sientan a +mirar, como fascinados, el manoseo de la plata. + +De varias partidas atrás, un chaqueño emponchado mantiene la taba: es +un invencible. Ha pelado a muchos. Ahora "la va derecho" con un +mulatón compadre y hablador. + +El invencible es un hombrón taciturno, un poco alcoholizado. +Reconcentra en su juego favorito toda su grande alma de animalote. +Parece allí un toro parado en dos pies entre la tropa. + +Usa enorme sombrero blanco y se alza el poncho al pescuezo para que le +vean su charro cinturón de bolivianas de plata. Va quinientos pesos a +su mano. + +Se escupe con calma las manos, refriega las palmas en el suelo, guiña +el ojo izquierdo como si fuera a apuntar con escopeta, mira bien la +taba con el otro ojo, la blande, la sopesa varias veces, echa un +desafío mudo a la redonda. Los espectadores, atónitos, se apartan. La +taba vuela: la siguen con la vista, da tres vueltas justas y se clava. + +--¡Culo!... ¡Culo clavado! ¡El primer culo! + +La agitación es intensa. Algunos juran. Otros se preparan a recibir su +plata. Hay quien comenta a gritos las alternativas de aquella "mano". + +El chaqueño saca un pañolón colorado y se limpia el sudor del seboso +rostro. Echa luego mano al bolsillo y paga de un grueso puñado de +billetes. Ha sido un "batacazo". ¡Quinientos a la olla! ¡Jué pucha! +Pero no es nada; él puede jugar hasta diez mil pesos. Este hombre +tiene quince mil cabezas en el Chaco. + +La concurrencia es de un cómico abigarramiento. Vense galeras, +guantes, bastones, botas, alpargatas y hasta patas peladas: la ancha +pata pálida y roñosa del opa que atisba una moneda, del típico opa +salteño, del infaltable de todas las aglomeraciones. + +Vense levitas verdinegras. Una casaca con dos botones al rabo, que +muestra que en sus tiempos fué jaquet; chalecos multicolores de una +antigua moda, camisas que rebalsan y pechos pelados al descubierto. + +Tampoco se libra de la manía el turco exótico, que ladra el idioma, +pero que se hace entender y juega; ni el gringo, el delicioso gringo +que masca tabaco y dice insolencias con la mayor soltura; ni tampoco +faltan el mulatillo amanerado y compadrón del centro y el honrado +maestro de escuela que viene a echar una cana al aire. + +Además, en la tabeada merodea el "colero", furtivo borrachín que +simula entusiasmarse por el juego y traba apuesta con este y con el +otro, para abrirse a su hora, con cualquier pretexto. Lo que le +interesa al colero es la bebida que circula a rodo, el desperdicio de +las ganancias. Agradece antes de que le brinden. Su afabilidad +comunicativa es una ganzúa; su entusiasmo por el juego un taparrabo de +la impudicia. + + + + +LOS PERROS + + +En las grandes ciudades los perros son objetos de adorno o de lujo, +cuando no seres esclavizados por el egoísmo del hombre, y que sirven +en las tiendas para cazar ratones, o en las policías para perseguir +malandrines. + +En las grandes ciudades los perros pertenecen a alguna raza definida; +y hasta los hay de abolengo. + +Existe allí el perro de alcurnia, mimado y regalado; el galgo raro, el +San Bernardo, el terranova, el fox-terrier, etc., etc. La monótona +vida de estos perros no tiene allí sino un aspecto más o menos +sentimental o decorativo, o francamente utilitario. + +Para apreciar el papel de los perros en estado libre, de los perros +como partido zoológico, disputando al hombre sus derechos a la vida, +hay que venir a verlos en Salta. + +Es un día de verano, a la hora de la siesta, en un suburbio casi +desierto del pueblo. El sol reverbera blanco en las piedras de la +calle y en las veredas de laja: es la hora de los perros. + +No se ve más que perros, como si una universal metempsicosis hubiese +substituído los habitantes por perros. + +Por las entornadas puertas de calle, asoman sus hocicos. Las puertas +de calle, donde la gente sale a tomar fresco al caer la tarde. + +La perrilla de la esquina congrega los pretendientes del barrio. +Primero es el festejo, el contoneo afable, el menear de rabos y el +olerse. Y después la gresca galante que acaba en dispersión y derrota, +cuando la mulata, dueña de la joven coqueta, asoma escoba en mano. + +Un inquieto perdiguero, que los domingos suele ir de caza con el +albañil, se ha escapado con la piola al cuello, y pasa, trotando al +sesgo, al viento las narices, que recuerdan por lo largas el cañón de +una escopeta. + +Bajo el tropical ardor del día, entornados los ojos, la lengua afuera, +cruzan por la calle grupos de perros de todos tamaños. + +Uno que los mira pasar desde su puerta, se avispa, y sale a toparlos: +se cambian los saludos de regla. + +Se huelen, se gruñen; la pandilla sigue viaje, y el de la puerta +vuelve lento sobre sus pasos, y alza la pata, desdeñoso, contra la +pared corroída... + +Los grupos circulan por todas direcciones. A ratos viene el rumor de +una algarabía lejana. Alguna pedrada, alguna dentellada. Y los +corridos huyen haciéndose los rengos. + +En los días patrios y festividades populares los perros no saben +dónde meterse. La gente de Salta padece la monomanía de las bombas. En +cuanto se reunen doscientos manifestantes, sueltan innúmeras bombas. +Entonces los perros, muertos de miedo, huyen a buscar un escondrijo, +por entre las piernas del pueblo. + +Al amanecer, desde las campiñas cercanas invaden la ciudad pandillas +de perros. Vienen en alegre turbamulta a escarbar los cajones de +basura que los sirvientes colocan en la vereda para que los levante el +basurero municipal. + +No hay casa arrabalera que no albergue tres perros por lo menos. ¡Y +qué perros! Son perros de anónimas, azarosas razas, monstruosas +combinaciones anatómicas, a veces espectrales y desconcertantes. + +Vénse perros largos y chatos, en forma de locomotoras. Otros, lanudos, +pequeñísimos, llamados cuzcos, que al trotar parecen con cuerda. Vénse +los pilas, es decir, unos que carecen en absoluto de pelos. + +Y esos tres tipos fundamentales al entreverarse en las cruzas, forman +la interesante población perruna de mi pueblo. + + + + +DEFENSA DE UN PERRO + + +Mister Oscar Asterplat es un inglés que no me conoce, pero sabe que yo +escribo, y ha venido a casa para encargarme un pequeño trabajo. + +El otro día, un bruto de chauffeur atropelló al bull-dog de M. +Asterplat, y éste desea que yo escriba un artículo en favor de su +perro, y contra los automovilistas. + +Accediendo gustoso a tan justo pedido, he mandado a un diario las +siguientes líneas: + +Señor director: persigamos a las vizcachas que arrasan los sembrados; +matemos a las ratas que comen documentos y propagan la pulmonía y la +peste; organicemos ejércitos langosticidas; fumiguemos los árboles +arrugados por la diapsis pentágona, y hagamos guerra a los gatos +ardorosos que gritan en los tejados. Todo eso es razonable y bueno. La +vida es una eterna lucha del hombre contra los viles engendros de la +naturaleza. + +¡Pero pidamos al público que respete a los perros! + +A los pobres, a los buenos, a los leales, a los nobles, a los dignos +perros, estos amigos prehistóricos de nuestra malvada especie; que en +el fondo de sus ojos, siempre despiertos, tienen un destello de luz +para cada caricia, y un rayo de rebeldía para cada injuria. + +El activo perdiguero que por las calles husmea sin descanso una +escopeta; el airoso, elegante pila, juicioso en la iglesia, y caliente +en el lecho de la viejecilla reumática; el miserable caschi que en las +mañanas de invierno brinca delante de la cocinera, camino del mercado; +el can flaco del pastero que a la sombra del carro va, paso a paso, +del campo a la ciudad y de la ciudad al campo; el perro sucio del +pordiosero, comensal en la olla de mendrugos, y lamedor cirujano de +incurables lacras; el cuzquito centinela de los ranchos sin puerta; el +perro del rico y el perro del pobre, el de la casa y el de la calle, +cada cual llena un vacío en nuestros caprichos, en nuestras +necesidades, en nuestros achaques, en nuestros infortunios. ¡Ningún +perro está de más en el mundo! + +Estas reflexiones, señor Director, me las sugiere el atentado de que +fué víctima, el domingo de tarde, en la avenida Sarmiento, el perro +"oso" de M. Oscar Asterplat, por parte de un miserable manejante de +automóvil. + +¡Este bruto le ha hecho pasar las ruedas por la barriga, y lo ha +dejado extrachato, en media calle! + +Yo protesto de semejante atentado, ante el público, en nombre del +señor Asterplat y en el mío propio. + + + + +LA CONDENADA + + +Hace mucho años, andaban de boca en boca, entre la gentuza de mi +pueblo, relatos extraordinarios acerca de una luz ambulante que vagaba +por avenidas y caminos urbanos. + +Precisamente, en las noches más tenebrosas, veíasela pasar, con +diferencia de minutos, tan luego por las inmediaciones del cementerio +como por los arrabales próximos al río. + +La velocidad hasta entonces no vista que la animaba, y el intenso +fulgor rojizo que despedía, dieron pábulo a la medrosa fantasía +popular, que acabó por atribuirle sobrenatural origen. + +Y a las viejas supercherías de duendes y mulas ánimas y viudas y almas +en pena, vino a incorporarse la misteriosa leyenda de la condenada. +Así habían dado en llamarle a la luz, sin duda porque se creyó que el +panteón era su morada. Y salía de allí a deshora de la noche para +emprender sus locas, desaforadas carreras, que espantaban a los malos +y horripilaban a los inocentes. + +Una noche, camino de la Caldera, iba un pobre indio paso a paso en su +mancarrón, con las alforjas cargadas de bote en bote, cuando en un +recodo topó de repente con la luz infernal. Indecible pavor hizo presa +de jinete y cabalgadura, que, dando cara vuelta, fueron a sujetarse, +perdiendo alforjas y calchas, a la plaza "9 de Julio". + +Contaban que una negra que vivía cerca del cementerio mantenía +macabras relaciones con la condenada, y esto, y el aislamiento en que +sus íntimos la dejaron, motivó el trastorno mental de la infeliz +catinga, sospechosa de brujería. + +Una noche la policía tuvo noticia de una descomunal parranda en el +barrio de _tucumancito_. Enviado un vigilante al lugar del desorden, +se le apareció la condenada, se le espantó el caballo, y el porrazo y +el susto fueron tales, que el cobarde policiano sufrió un desmayo de +varias horas. + +El número de perseguidos y preocupados era muy grande. + +El cochero de un amigo mío tenía su cuarto lejos del centro, por el +barrio del matadero, y aunque _no era manco pa las cosas de este +mundo_, las del otro le inspiraban serias desconfianzas, por lo que +prefería, si no había luna, quedarse a dormir acurrucado en los +almohadones del carruaje. + +Las niñeras les contaban a los chicos, haciéndoles poner los pelos de +punta, las fechorías de la condenada; y las viejas beatas de +correveidile averiguaban del cura si cometían pecado creyendo en ella. + +Hasta entonces había limitado el espectro sus andanzas a los +arrabales; pero héte aquí que una noche, como a las doce, se presenta +en plena plaza Belgrano, desierta a esa hora, donde se pone a dar +vueltas en persecución del único mortal que a la sazón la atravesaba; +el cual, en fuga despavorida, logró saltar las barandas que cercaban +la plaza, y llegar sin resuello a guarecerse en la tienda donde era +dependiente. + +¿Y no adivinas, lector, quién y qué pudo ser aquella condenada que en +mi pueblo metió tanto susto? + +Pues era el más pacífico de los hombres: un relojero italiano, el que +llevó a Salta la primera bicicleta. + +Fatigado del trabajo del día, montaba por la noche en su aparato, +encendía la linterna fuera de la ciudad, y comenzaba su pedaleo de la +manera más divertida del mundo. + + + + +LA CRECIENTE + + +Don Ventura Perdigones era un gallego verdulero que había en Salta. + +Desde Vaqueros, donde tenía su hortaliza, llevaba todas las mañanas al +pueblo una arganada de verduras frescas para vender por las calles. + +Vaqueros es un lugar que dista dos leguas de la ciudad, y está situado +en la margen izquierda del río de ese nombre. + +Y digo río, porque se llaman así en mi tierra, mal que pese al +estricto sentido del vocablo, los que en invierno apenas parecen +arroyos apacibles, y en verano se tornan, con las lluvias, en +formidables avalanchas de barro y piedras. + +Una mañana venía el Vaqueros _por demás_ crecido, como dice la gente +de mi provincia. La noche anterior había caído una tormenta en los +cerros, y, con tumultuoso estrépito, las turbias aguas arrastraban +gruesos troncos y pesados pedrones. + +A lo largo de la orilla, numeroso paisanaje a caballo esperaba que +pasase lo recio de la crecida para atravesarlo. + +Perdigones, encaramado en su asno, estaba allí, con las árganas +repletas de repollos y lechugas. Quería pasar cuanto antes, sin +atender a los consejos de algunos que le señalaban el peligro; y +porfiadamente taloneaba a su bestia, y se paraba en los estribos a ver +por dónde se lanzaría. + +Y Perdigones que sí, y el jumento que no, bruto y hombre pugnaban por +hacer cada cual su gusto, con grande regocijo y mofa de los presentes. + +--No dentre Don Ventura. Mire que la creciente lo va a trapiar,--decía +uno. + +--De ande lo han de convencer, si este gallego es más porfiau que una +clueca,--gritaba otro. + +--Asojitesé bien, no sea que pierda los _yolis_,--vociferaba un +tercero. + +--¡Vaya, vaya hombre!--contestaba Perdigones.--Paréceme a mí que no +hay motivo pa tanta alharaca. Pero lo que es éste, a mí no me +gana,--decía del asno, y le molía de firme. + +Al fin triunfó Perdigones, si bien más le valiera no haber triunfado, +porque zamparse el burro, desquiciarse de la montura los _yolis_, y +hacerse una balumba de hombre y bestia y arreas y verduras, todo fué +uno. La rápida corriente los arrastraba. + +Los gauchos armaron al punto sus lazos, y se los arrojaron al infeliz +Don Ventura, que a manotones y zambullidas y vueltas de carnero en +medio del agua, ni pudo ni atinó con los auxilios. + +Y mal acaba el lance, si no logra prenderse, con todas las fuerzas que +le restaban, a las raíces de un sauce ribereño. + +Y ya en tierra firme, pasado el susto, un paisano le dice al gallego: + +--Velay pues, ño Ventura aura que se ha salvao, dé gracias a Dios, +porque esto ha sido un milagro. + +Y el gallego, malhumorado y tiritando, le contestó: + +--Hombre, dí tú gracias al sauce, que las intenciones de Dios fueron +ahogarme. + + + + +LA DECADENCIA DE LOS OPAS + + +Como se ha cumplido para la historia del arte el "esto matará +aquello", de Víctor Hugo, se ha cumplido en Salta esta otra fórmula: +el progreso ha matado al opa. + +Y no hablamos aquí de los opas que seguirán existiendo pese a todos +los progresos, sino "del opa" como género social, del opa como factor +social. + +Todo ha conspirado, desde unos años a esta parte, contra los opas. + +El advenimiento de las cloacas los ha emancipado de ciertos oficios de +acarreo, que les era propio. + +Después, un jefe de policía los ha expatriado en vagones y ha sembrado +las vías, Salta afuera, con nuestros opas. Así fueron a parar, en este +movimiento centrífugo de reacción colectiva: "Leche de Burra" a La +Quiaca, el "Coto Zapallo" a la tumba, "Ripitipi" a Buenos Aires... + +Y en nuestros días, apenas si al paso del opa Panchito, con su cara de +macho alfalfero, su andar vacilante y sus inmensas alpargatas, nos +asalta un recuerdo borroso de los opas de otros tiempos, de aquellos +que apedreamos siendo niños. El opa de hoy es como el espectro del opa +de entonces... + +El opa de hoy, ha tomado carta de ciudadanía y hasta se le ha visto +votar en las elecciones. Y luego, se le respeta, o quizá se le +compadece; y se ha vuelto mendigo, como "Achoscha" y como Enredadera, +o masitero como Panchito. + +Pero antes, antes los opas eran algo muy nuestro, muy popular, muy +típico, y a ellos les debemos buenos modismos, que han quedado +estratificados en la memoria social. Así decimos de un tonto +cualquiera; es un "Chupa-charqui". Y del que se contenta con falsas +promesas: está Fulano como el opa del cura Arias, aquel opa famoso, +excelente servidor, pero lunático, cuyo sabio amo, conociéndole su +pasión por la ropa nueva, lo mandaba a lo del sastre a que le tomasen +la medida, en cuanto lo notaba de mal talante. + +El opa de las procesiones ha desaparecido. No había procesión sin su +opa a la cabeza, provisto de un rebenque de carrero, espanto de +muchachos y perros. Y es que no había iglesia sin opa, fiel criado del +cura y auxiliar devoto de la sacristía. Quasimodo es así un tipo +universal de campanero. Sólo un opa podía repicar con toda el alma, +bajo la campana, sin temor de romperse las orejas. + +No hay quien no haya asistido en Salta a la escena estruendosa de una +misa o un sermón edificante, interrumpido por una _trocatinta_ de +azotes a los perros que asistían a la iglesia. Los aullidos +repercutían por las bóvedas sagradas con sonoridad apocalíptica. Era +el decoro de las cosas santas defendido a rebencazos. En cuanto un +perro ultrapasaba la linde de la compostura, se le venía el opa al +humo, rebenque en mano; y hubo el caso de una vieja que resultó +zurrada por demasías de su pila. Y era cosa corriente en aquellos +tiempos que la beata llevase su pila escondido bajo el manto. + +Pero el jubileo, la apoteosis de los opas salteños tenía lugar el día +del lavapiés. + +En el patio de la Catedral, esa mañana, junto al pozo, el sacristán +les arreglaba las barbas, cuando la tenían, les daba un traje nuevo, +de piel azul, y el opa, dignificado y elevado a la categoría de +apóstol, ocupaba su trono de honor al pie del altar. + +En una de aquellas ceremonias, en que el opa Viborón hacía de apóstol, +es fama que los muchachos le trazaban víboras en el aire, con el dedo, +y el infeliz, olvidando su sagrado papel, se descolgó del entarimado, +presa de inaudita cólera. + + + + +LOS COCHEROS + + +Al mirarlos pasar desarrapados, blandiendo el largo flajelo de +verdugos sobre los lomos enjutos del mancarrón placero, se diría que +son asesinos que se escapan y no aurigas que pasan. + +Estos son los más zaparrastrosos cocheros del mundo. No pretendemos, +no, que vistan de gala, ¡así quedarían!, pero que, al menos, adopten +en su pescante traza de cristianos. Ora es un gigante doblado en tres, +con las canillas fuera del pescante, los botines rotos, el sombrero +increíble, las barbas desparramadas; el judas de La Merced, el opa +Viborón de cochero. O es un mico, un mequetrefe, metido hasta la nuca +bajo la capota, llevándose por delante las vacas lecheras y la chinita +que corre al mensaje. Pero todos, o casi todos precisan una lavada de +cara. + +¿Por qué no se les exige un mínimum de compostura personal? Si el +traje hace a la persona, tal vez así se los haría gente. + +Aquí es útil ser medio psicólogo, hasta para tomar coche. Primero hay +que semblantearlo al cochero y no meterse con los que tengan cara +colorada, porque esos andan mal de la mollera y habrá que pelear a la +hora del arreglo. + +Sobre todo, cuando se os ocurra viajar a San Lorenzo, fijaos si +vuestro cochero no está con los ojos irritados y la nariz roma, pues +al fin de la fiesta, cuando volveis por los precipicios de las lomas, +él estará más borracho que Baco y os sepultará en alguna zanja, con +vuestros deudos queridos. Y lanzará a los vientos, levantando las +piernas a la luna, en cada barquinazo, un juramento que hará ruborizar +a las señoras. Habeis puesto la vida a merced de un energúmeno, y sólo +Dios y la buena suerte podrán salvaros. Que no es cosa simple +contratar un cochero. + +Y si al salir de un baile o del teatro llueve, y hay que tomar coche, +ya no será dado elegir, porque los coches del servicio nocturno están +que dá grima. Subís y empieza el calvario. Si no se zafa una rueda, +media cuadra más allá la jaca que os arrastra cae extenuada. Y +entonces, en el silencio de la calle, sin testigos, sin misericordia, +comenzará el martirio zoológico de la pobre bestia, que a cada +puntapié que recibe, de su guía, en el cráneo, gime con gemido +profundo, mil veces más triste que el sollozo humano. Y la gloria del +baile o del festival se disipa de vuestra mente, y el cuadro de la +miseria de todo lo que vive se os impone al punto. + +Y cochero y verdugo son una sola y misma cosa. Verdugo vuestro, porque +pagais la hora con exceso, del sudor de la frente, y verdugo de los +flacos, de los inocentes, de los desgraciados caballos que caen en sus +manos. + + * * * * * + +_Nota._--Este artículo produjo en el gremio un efecto extraordinario. +Hubieron conciliábulos y discutieron si me darían o no una paliza. Yo +esperaba ansioso los resultados. Al fin publicaron una protesta que +decía así, poco más o menos: "Habiéndonos reunido los conductores de +carruajes a deliberar sobre el temperamento a seguir contra el +insolente articulista que así nos detracta en el diario "La +Provincia", hemos acordado no adoptar medidas violentas por tratarse +de un loco irresponsable, cuya familia, sin embargo, nos merece +consideración y respeto". + + + + +UN BAILE DE VILLORRIO + + +No me olvido de aquel baile que congregó tanta "gente bien" en casa +del comisario. + +En un rincón de la sala, zahumada por el grueso tufo de kerosene de +las lámparas, un músico, traído ex-profeso de Salta, galopaba sin +piedad un viejo valse, sobre el no menos viejo y desvencijado piano. + +En los ángulos restantes de la sala había frágiles mesitas de felpa +calva, atestadas de ramos de flores de papel, cuajadas de pintitas +negras, obra evidente de las moscas. + +Contra las paredes, hileras de sillas de variadas formas y tamaños, +donde descansaba la numerosa concurrencia; y en el suelo, mal +disimulando las asperezas del bárbaro enladrillado, retazos de +alfombras descoloridas. + +En el techo de cañizos, sustentados por ciclópeas tijeras, techo hondo +y lóbrego, tejían en silencio las domésticas arañas. Y en las alturas +adonde no llegaba la luz de abajo, algunos murciélagos absortos +comentaban con chillidos a la sordina la inusitada animación de la +fiesta. + +La concurrencia daba vueltas flemáticamente a la sala, al compás +meloso y cursi de esa musiquilla de aldea, triste y desorejada. La +dueña de casa, orondamente sentada en su sofá, contemplaba con aire +satisfecho el desfile de las parejas. + +Era una vieja robusta y ancha como una olla de chicharrón, que sudaba +a mares y se hacía viento con uno de esos monstruosos abanicos de +satín negro, que más parecen alas de Satanás que abanicos. A la vieja +nadie le dirigía la palabra; pocos la conocían. Pues como se trataba +de un baile de suscripción y ella había cedido su casa por pura +condescendencia, nadie tenía nada que ver con ella. + +Bien pronto me expliqué aquella cortesía, cuando ví que una chinita +escamoteaba furtivamente las botellas de cerveza compradas por la +comisión organizadora. + +Algunas señoritas que confundían la sencillez con la vulgaridad, +lucían trajes ajados y sucios, que hubiese rechazado una sirvienta. Y +tal era el entusiasmo del día, que no habían tenido tiempo de +arreglarse los cabellos ni quitarse el barro de las cabalgatas. + +El "¡cállese, no sea atrevido!", el "¡vean esto, por Dios!" el +"pucha", el "velay", las mil ordinarieces que florecen en las +vendimias, se mezclaban, ensordeciendo el aire, en una sola cháchara +vulgar y aturdida. + +Una chinita zaparrastrosa y mugrienta se paseaba por entre las +parejas, brindando cerveza en copas tres veces sucias; y un muchacho +"quiscudo" como un cepillo, luchando por no dormirse, ofrecía en una +frutera caramelos chupados de antemano, a medias, quizá, por los bebés +de la casa, y "tortitas de leche" partidas aritméticamente a cuchillo. + +En un extremo del corredor, alumbrado por una lámpara sombreruda, en +derredor de una mesa, conversaban parejas de enamorados que nunca +acababan de barajar sandeces. En el otro extremo, escondidos en la +penumbra, los bebedores del pueblucho hacían su agosto en complicidad +con los sirvientes, mientras parecían acalorados en una disquisición +acerca de las virtudes del cura. + +Por todos lados iban y venían los mosqueteros abribocas, o se +acumulaban junto a las puertas, estorbando el paso. + +En el patio, un opa de ojos clarísimos y cara pálida y gorda, que +había bebido en demasía, mascaba asnalmente un bollo, y servía de +diversión a unos muchachos... + + + + +EL DUENDE + + +La creencia en el duende era, quizá, la más arraigada en la ciudad, +hasta hace treinta años. Demonio familiar y burlesco, más molesto que +terrible, la plebe, y en particular los sirvientes y criados de las +viejas casas, teníanle por espantajo familiar. + +Para explicarse aquella superchería, fomentada sin duda por la +ignorancia, se hace preciso recordar la arquitectura de los caserones +coloniales. + +Casi no había casa patricia que no fuese un verdadero laberinto de +cuartos, pasadizos, altillos y corredores, intrincados y oscuros. +Ocupaban los fondos, el corral, el gallinero, la huerta, las +pesebreras y los cuartos destinados a la gente que traía de las +estancias abastos y provisiones para varios meses. + +En muchas casas, se carneaban reses en el corral. + +El duende merodeaba en las cocinas y despensas; escondíase en los +tunales y silbaba a los que iban al corral; dormía entre las petacas +de cuero crudo, en zarzos y altillos; y aun a las veces poníase a +frangollar en el mortero, a media noche. + +Un anciano señor, ya chocho, y además célebre por sus mentiras, solía +contar a sus relaciones--en alguna tertulia íntima de barrio, cabe la +estufa monumental del comedor,--los trajines y fechorías del duende. + +--Una vez--decía el anciano,--determiné mudarme de casa con mi +familia; pues el duende no nos dejaba en paz. Apedreaba a hurtadillas +a quien quiera que entrase en la huerta, volcaba las ollas en ausencia +de la cocinera, hacía pudrir el charqui y engusanaba los quesos del +zarzo... Habíamos trasladado a la nueva casa muchos muebles, cuando +entré una tarde en la despensa para ver lo que todavía quedaba por +acarrear. En esto se me presenta el duende, cargando el mortero, y me +dice, con tamaño descaro: + +--¿Y a dónde nos mudamos?... + +Era un hombrecillo enano y cabezudo. Provenía de algún ignorado +infanticidio; o era el alma de un niño muerto a los siete años, sin +bautizar. + +Usaba enorme sombrero y tenía una mano de fierro y la otra de lana. +Aparecíase a los malos y desobedientes, a los pendencieros y +mentirosos, y les preguntaba entonces, con potente y ahuecada voz: + +--¿Con qué mano quieres que te pegue?... ¿Con la de hierro?... ¿Con la +de lana?... + +Y al vivo que elegía la de lana, le asentaba terrible mojicón con la +contraria. + +El duende era compadre y amigo del gato. Nadie sabe si el par de +ojazos fosforescentes que vió en la noche serían los del duende o los +del gato. Que también sucedía que el duende, convertido en gato, se +echaba a dormir en el rescoldo del fogón. + +Apadrinaba él, solícito, las gangolinas y grescas de los tejados, que, +en noches de luna, ponían en la mente de los desvelados, terrores de +la otra vida. + +Caminaba con pesados y resonantes pasos a deshora, en los corredores, +como si un grueso pisón golpeara los ladrillos. + +Había, sin embargo, un medio para librarse de él. Sabido era que su +finísimo olfato no toleraba los ingratos olores. Y quien quisiera +andar seguro de noche, había de llevar preparada en los bolsillos +cierta porquería... + + + + +LA VIUDA + + +Por todo el valle de Lerma se creía en la viuda; pero es cerca de la +ciudad donde he recogido la leyenda de boca de unos indígenas. + +Las supersticiones tienen, como característica, esa indeterminación de +las versiones anónimas. Y asumen, según el sujeto que las refiere, +contornos más definidos y reales, o se diluyen y esfuman hasta no ser +más que una idea fantástica o una emoción de misterio. + +Ignoro si sea ésta una leyenda salteña de origen y si el decir vulgar: +"salirle a alguno la viuda" se usa en otras provincias, como aquí, +para denotar el contraste imprevisto con que topamos en una empresa +inadecuada a nuestras fuerzas. + +Pero abandonemos los circunloquios y oigamos al indio viejo que me la +contó: + +"Una noche tormentosa y muy oscura, cuando yo era muchacho, el patrón +me mandó a La Isla, con un recado urgente para don Nicanor Vallejos. + +La Isla es una finca, a legua y media de Salta, entre el río Arias y +el Arenales. + +Yo conocía bien el camino, que no era de coche, como ahora, sino una +senda angosta que atravesaba pequeños bosques de tuscas y algarrobos, +harto tupidos a trechos. + +El terreno es bajo y pantanoso y en algunas partes había que ser +baqueano para no hundirse en los fangales. + +Aunque nunca he sido flojo para las cosas de este mundo, no me sentía +entonado para las del otro aquella noche, lo confieso. Así que en +mitad del viaje, y en un punto en que más cerrado estaba el monte, al +caer la senda a un bajío, puse el caballo al tranco y empuñé el +cuchillo, que lo llevaba en el guardamonte, colgado de la vaina. + +Al acercarme a unos sauces llorones que están ahí todavía, de un +costado del camino, donde principia la bajada, se me atravesó como +sombra un perrazo negro... + +El caballo se avispó, bufó; y se pegó una tendida que casi me larga de +hocico. + +Por serenarme, mordí la hoja del cuchillo, la hice "tincar"[2] en los +dientes y me afirmé en el apero, tiritando... En esto, ya sentí que un +bulto me saltaba a las ancas y me echaba los brazos al cuello. + +El caballo, entonces, mandó un par de patadas, se estremeció enterito, +y se agachó a la furia, como alma que se la lleva el diablo. + +Así salvé el pantano. Y apenas gané la opuesta banda, un alarido fiero +y triste como llanto de mujer rajó la noche y se apagó en el monte... + +Y fuí a sujetar en casa de don Vallejos. + +Tuvieron que bajarme del caballo. Me manaba, del sofocón, sangre de +las narices. + +Esa había sido la viuda, pues, señor... Diz que así se presenta. Que a +ocasiones en forma de perro negro o de pájaro; a ocasiones es un +burrito que está como pastando, al disimulo... ¡Y no bien lo ventajó +el jinete, ya también se le trepó en las ancas y le echó los +brazos!" + +FOOTNOTE: + +[2] «Tincar» no es castellano. Pero es una preciosa onomatopeya, +inventada por los gauchos, y que da mejor que ninguna otra palabra, la +nota, «tín»... del acero, que ellos tienen la costumbre de hacer +vibrar entre los dientes cuando sienten vacilar su coraje. Además, +emplean continuamente el cuchillo para abrirse paso, hachando gajos en +la maraña; y de ahí proviene sin duda la palabra. + + + + +LA MULA ANIMA + + +Es una leyenda del bajo pueblo que va perdiendo su cariz fantástico. + +Evocad el Salta de sesenta años atrás, con su pobre y pesada +arquitectura colonial; con sus tejados de alero volado a la calle; con +sus enormes portales cuadrados y recios; con sus altas veredas, entre +cuyas lajas desiguales brotaba el pasto del campo; con sus hondas y +tortuosas calles de piedra bola. + +De noche, ardía en las esquinas del centro un candil de sebo. El +sereno, encargado de varias manzanas, pasaba lentamente, cantando la +hora y el aspecto del tiempo. + +En las casas donde había quedado alguna luz, revoloteaban +encandilados, sobre los anchos patios, murciélagos errantes y +siniestras lechuzas. + +La vida estaba llena de incertidumbres y peligros. Las guerras civiles +llevábanse mucha gente a otras provincias. Los largos y penosos viajes +a Chile y al Perú, que los jóvenes de la mejor sociedad emprendían, +arreando valiosas recuas de mulas y caballos, dejaban en invierno los +hogares huérfanos de esparcimientos familiares. + +A la terquedad del carácter español, a la intensa religiosidad de la +época, a la constante zozobra de la ausencia y la espera, que hacían +monótona y solemne la existencia, sumábase en los largos conticinios +el horror de las iglesias, cuyos atrios y recintos servían de +enterratorio a los decentes. + +Sólo en aquel ambiente melancólico pudieron formarse leyendas como la +de la mula ánima. + +A media noche se le aparecía de repente, en el panteón de una iglesia, +al mulato que volvía ebrio de alguna timbirimba o al medroso y +fanático palurdo que ignoraba los peligros del sitio. + +Era una mula enfrenada, que arrojaba chispas por boca y narices, y que +bufaba, encabritada, sobre el suelo fofo de las sepulturas. + +Era un ánima en pena. Y para librarla del purgatorio había que +consumar una hazaña fabulosa: había que sacarle el freno a la mula. + +Aquel endriago provenía de un pecado sacrílego, pues se lo suponía +engendro del cura con su barragana. + +Las beatas supersticiosas examinaban con aires de misterio, al salir +de misa, al alba, los ladrillos del atrio, donde, a las veces, la mula +ánima estampaba su casco de fuego. + +En el veredón de la antigua Catedral, que ya no existe, veíase, hace +años, una laja que tenía marcada una herradura: era el rastro de una +mula ánima. + + + + +LA JUANA FIGUEROA + + +Camino de "La Soledad", pasando el "puente blanco", en la esquina de +un rastrojo y al pie del cerro, está el sepulcro de la Juana Figueroa. + +Es el santuario de una superchería popular, con todo el prestigio de +una leyenda trágica. + +Al borde de una zanja vése un humilde túmulo de adobes, que remata en +una ruinosa cruz de palo. + +Por sobre la verdura de los cercos míranse las torres y cúpulas de la +ciudad, más allá las lomas de San Lorenzo, y en el fondo la azul +lejanía de las montañas, que parecen encerrar en un perenne círculo de +encanto la inmensidad del valle. + +El sepulcro de la Juana Figueroa es el santuario de una devoción +torcida y pecaminosa para la ortodoxia del cura; para la bastarda +emotividad de la plebe, es un lugar bendito, santificado por el +martirio. + +Los pobres del suburbio, las muchachuelas palúdicas de los "cuartos" +excéntricos, las cocineras de casas pobres, las alcahuetas +supersticiosas, acuden todos los lunes a depositar como voto ante la +milagrosa heroína, una vela de sebo, un medio boliviano, un +corazoncito de plata. + +De día y de noche, arde continuamente en el sitio un centenar de +velas. Para que el viento no las apague, la devoción, prolija, +resguarda las fervorosas llamas, bajo un abigarrado techo de latas de +tarro. + +Es una peregrinación anónima, pero obstinada y constante. Nunca se +encuentra en el lugar bendito esas aglomeraciones un poco profanantes +de la multitud. Cada cual a su hora, en un momento de angustia, de +miseria, porta su ofrenda. Y sólo la muchedumbre de las velas +patentiza la zozobra de las almas. + +A veces, al atardecer, vése llegar por el "carril" de "La Soledad" +alguna mujer del pueblo, demacrada y enferma, con una criatura en +brazos. Camina por la tierra polvorienta arrastrando la pollera, que +al andar se pliega sobre los talones con blandura de harapo. + +Cuando está segura de que no la observan, se acerca al humilde túmulo, +se arrodilla y ora en silencio. + +Después ofrece una vela encendida y se aleja a pasos largos. + + * * * * * + +En aquellos parajes vivía, hace treinta años, un pacífico mulato +carpintero, casado con una joven mulatilla, bonita y alegre. Tenían un +hijo. + +El hombre se marchaba temprano al pueblo, donde tenía el taller. La +mujer y el pequeño lo esperaban hasta la hora de la comida. + +El hombre trabajaba mucho, pero ganaba poco; apenas para vivir. + +La esposa soportó bien durante el primer tiempo de casada la escasez +de medios, halagada por el cariño al hijo y el amor del hombre. + +Alentaban la esperanza de poder un día salir de aquel lugar sombrío, +enfermizo, vecino de la "zanja del Estado" y del panteón, aislado +entre un monte de algarrobos, melancólico en sus largos días y sus +desolados atardeceres. Pensaban irse a vivir al pueblo. Y así, +pensando, se pasaron los meses. + +La mujer fué cambiando, poco a poco. En ausencia del marido +frecuentaba el trato de algunas comadres y vecinas que tomaban mate a +costa de la ingenua mujer del carpintero. + +Varias veces, al volver del pueblo, el hombre no había encontrado a su +mujer. Pero entonces habíala esperado, habíala recriminado con +dulzura, para entregarse a los íntimos deleites del pobres hogar y al +encanto del pequeño. + +La mujer, confiada en el ascendiente que ejercía sobre su marido, +nunca hizo mucho caso de sus reclamos. Y pronto las amigas la +atrajeron a las borracheras del arrabal, donde la estúpida galantería +del "tomo y obligo" afloja las vacilantes austeridades y da al traste +con la compostura y decencia del artesano. + +El carpintero jamás quiso acompañar a su mujer a tales diversiones, y +la dejó ir sola, cediendo a las instancias de las amigas y a las +seguridades de una fidelidad probada asaz duramente. + +Y cuando el hombre vió al fin mermado aquel cariño, y cuando supo en +el pueblo--él, el último,--la traición de la hembra ingrata y +tornadiza, se dejó llevar a la deriva de la suerte, con la indolencia +fatalista de los débiles y quiso, todavía más ciego, el caro amor que +se le escapaba, aferrado a la ilusión de reconquistarlo de nuevo, todo +para sí. Y fué manso, tolerante, imbécil; bueno como las tablas de +fragante cedro que pulía en el taller. No dijo nada... + +Pero al volver del trabajo, una tarde, una vecina le contó que su +mujer había pasado el día, en su propio hogar, con otro hombre. El +carpintero llegó a su casa taciturno, pero tranquilo y amable como de +costumbre. La mulatilla lo recibió en sus brazos. + +El hombre le propuso dar un paseo. La mujer lo siguió, y marcharon +juntos, también el chiquillo, de la mano de su madre. + +Fueron hasta el "puente blanco", por el camino de "La Soledad". + +Se sentaron en el poyo del puente. + +El hombre no hablaba. No podía tampoco, aunque quisiera. Sólo +acariciaba los crespos cabellos de la mulatilla, bonita y alegre. + +Empezaba a oscurecer. Era un crepúsculo de otoño, lloviznoso y gris. +Levantábase al espacio el chillido inmenso, crepitante de los grillos. +A largos intervalos iguales cantaba un crespín en la arboleda. Venía +lenta, en el viento, la voz baja y solemne del campanón de San +Francisco. Algún "ataja-camino" revoloteaba agorero en la penumbra; y +bajo el arco de piedra del puente, ya ruinoso, abríase, entre las +malezas, el reposo de las aguas paradas, sin vida, sin reflejos, +hondura lóbrega, insalubre, hedionda... + +Ante el mutismo prolongado del hombre, la muchacha estuvo un instante +sorprendida; luego alarmada e inquieta. + +Ella lo habló, lo interrogó, trató de explicar algo.... él, +acercándose mucho, la miró en los ojos hasta el alma. + +Al verle así, la mujer, por la primera vez, le temió. El la estrujó, +brusco, colérico. Ella gritó. Quiso fugarse, abandonando al hijo. + +Pero el hombre la alcanzó, la pilló, le ajustó las manos crispadas +sobre el cuello, y la ahogó sin misericordia. + +El hombre, al huir con el hijo en los brazos, oyó tras sí lamentos y +gemidos. Entonces, ensañado, volvió a la carga, y empuñando un fierro +hallado por ahí, le machacó la cara, le reventó el cráneo, y la tiró +después sobre las aguas muertas de la zanja. + +Así fué el asesinato de la Juana Figueroa. + +¿Por qué venera el bajo pueblo su memoria? Porque fué--dice,--una +santa mártir. Y es que el delito de adulterio no existe en la +promiscuidad monstruosa de la chusma. + + + + +DON MATIAS LINARES Y SANZETENEA + +OBISPO DE SALTA + + +Hay en la vida del anciano ilustre, cuyo fallecimiento ha conmovido a +la sociedad de Salta, una singular contradicción entre las íntimas +tendencias espirituales que lo solicitaron, y la elevada misión +pública que desempeñó. + +El sacerdocio es, o al menos debe ser, una función militante. + +Exige el ejercicio de las cualidades positivas del carácter; el fervor +de la prédica; el espíritu de lucha, de propaganda y de polémica; el +conocimiento de los hombres; el continuo trato con el mundo; la +fulminación del mal y del error. Así, el tipo del sacerdote es Iñigo +de Loyola. + +Pero monseñor Linares fué, más que un sacerdote, un asceta, en la +medida que su destino se lo permitiera; y más que un apóstol, fué un +santo. + +Su carácter jamás se avino con su cargo. Y, por la sola fuerza +prodigiosa de la virtud, el hombre era superior al cargo. + +Se impuso, quizá sin quererlo, seguramente sin ambicionarlo, a la alta +estima y consideración de su grey y de su pueblo, por el ejemplo más +que por la acción; por la tolerancia, más que por la represión; por el +amor y la templanza más que por el mando. Su notable política resultó, +así, una consecuencia de su temperamento, no una obra de su cálculo. + +Y aquel justo vivió, sin duda, constantemente perplejo entre su Ideal +cristiano y sus ineludibles obligaciones de gobernante. + +La acción acaso sea incompatible son la santidad. + +La equidad, la justicia, la virtud, no son sino eternas aspiraciones +al bien absoluto. Procurad imponerlas entre los hombres como ley, y +los bajos intereses de la vida os rechazarán, como a Jesús y como a +Sócrates. Desde tal punto de vista, todo juez es injusto, y todo +apóstol es exclusivista... + +Abstenerse de fallos definitivos; rehuir a las implacables +condenaciones; renunciar, por amor a la verdad, a la posibilidad de +equivocarse; olvidar la perpétua contradicción entre lo real y lo +ideal, atormentado por el temor de ser alguna vez injusto o inhumano; +buscarse, esperar en silencio, más allá de la mezquina existencia +mortal el advenimiento del Reino de Dios: he aquí el ideal del asceta, +es decir, del justo, del santo, del puro cristiano. + +Y en épocas de discusión, de examen, de transmutación de valores +morales, este tipo superior de religioso es tanto más admirable, +cuanto menos posible en la moderna sociedad. + +No consultará, acaso, como pastor las necesidades materiales de su +causa, ni dará a su misión el esplendor de un principado, influyente y +mundano; pero será, como hombre, un alto exponente de la dignidad +humana, toda vez que el Ideal marque una meta de perfección a la +conducta. + + + + +II + +LOS CAMPOS + + + + +EL ERQUE + + +El erque es una flauta travesera de caña, larga hasta de tres metros, +que remata en una bocina arqueada de cola de vaca unas veces y otra en +un gran cuerno. + +Desde la embocadura hasta el punto en que se apoya la mano, la flauta +va forrada de unos listones de suncho amarrados con hilo de lana. Así +se asegura la rigidez del instrumento y se le aisla un poco del +contacto para que vibre mejor. Es de industria indígena y la fabrica a +su gusto el mismo que la toca. + +Usan el "erque" los naturales de las quebradas y altiplanicies +andinas, pastores y leñadores que salen de madrugada para los cerros, +caminan el día entero por abras y breñas y a la tardecita vuelven +tocando el "erque" con la majada delante y el haz de leña a la +espalda. + +La naturaleza sin el hombre que la puebla es cosa muerta. La poesía de +la montaña no sólo radica en la grandiosidad agreste del paisaje, en +la blandura lejana de las nieves, el salvaje rodar de los torrentes, o +el florecimiento encantador del amancay y la berbena. + +Sobre todo eso que es tan hermoso, hay algo más hermoso todavía, +porque nos ayuda a interpretar y a sentir; y es el hombre: el indio, +hijo de la tierra, su hechura y su trasunto y su emoción. + +Podrán las gentes de sangre europea vivir cien años más en estos +montes, y aun amar la tierra que conquistaron los abuelos españoles; +pero el secreto vínculo del suelo con su raza, nos estará vedado hasta +quien sabe cuándo: acaso para siempre. + +No estamos hechos de la misma sustancia que nutre el amancay y la +berbena; no conocemos el semblante de cada rincón de cielo en cada +valle; las humildes hierbas de los campos no alivian nuestros males; +los cóndores no vienen a saltear nuestros rebaños en las cumbres; no +sabemos cómo se corta una quirusilla en un despeñadero sin que se +enoje el cerro; jamás podríamos cazar una vicuña con la mano o con un +simple hilo; nada nos dice de antiguo y legendario el eterno zumbar +del viento en los cardones; somos intrusos en esta tierra sagrada de +razas milenarias que se extinguen; la naturaleza nos es casi hostil; +el indio, su primogénito, desconfía siempre del blanco metalizado y +codicioso. + +Una noche de luna yo comprendí todo eso. Fué en el campo. + +Un indio bajó de una quebrada con su perro. Venía a vender su leñita +en el caserío. Bajaba tocando el erque. + +El, al toparme en su camino, se calló, pero yo le rogué que +continuase. + +Y a la vera de un arroyo, en la honda quebrada, mientras rielaba la +luna por el azul infinito, el erque largó a los vientos su música +salvaje. + +Pero aquello no es precisamente una música. Es el origen de la música. +Es la congoja humana ensayando en un rústico tubo el ritmo de su +primer estremecimiento. Es el gemido transformándose en acorde. + +Escuchándole de cerca se percibe el ¡hen!... penoso del llanto: En la +embocadura de la flauta se siente sollozar al indio; en la bocina se +siente la vibración profunda del sollozo. En la embocadura es aun la +emoción, el alma individual del indio; en la bocina es ya el alma de +una estirpe que muere. + +No puede darse una música más orgánica, más expresiva, más conmovedora +en su crudeza. + +El indio toca de pie, con la mano izquierda sostiene la caña por la +embocadura, con la derecha la mantiene de través, estirando el brazo. + +Según la nota, la flauta sube o baja, o va de un lado al otro. Es una +esgrima particular. Si la nota es grave, la tosca bocina se abate +rasando el suelo, abarcando con mayor o menor lentitud el aire, según +lo requiera la intensidad del tono. Si la nota se aguza, si va +subiendo, la caña va levantándose en amplio círculo, hasta apuntar al +cielo; y la nota se refuerza en sonoridad cuando se opone al curso del +viento. + +De esta suerte, la tierra madre y el aire fiel participan, ayudan, +alientan, dan cuerpo al grito del corazón; acogen el íntimo dolor del +hombre, se lo apropian y lo difunden en alas del eco por las +concavidades de la montaña. + +Y mientras el hombre toca, el perro se aduerme a sus pies, como +arrobado en la misma tristeza del amigo. + +El indio es un viejo de puro tipo incásico. Está vestido con el burdo +cordillate de los telares montañeses, calzado con la ojota ligera del +pastor, cubierto con el amplio sombrero blanco de ovejón del lugareño. +Nada en esto es exótico. En cada detalle hay el sello de una tradición +y de una raza. + +Y al conjuro de esta música tan genuinamente amarga, parecen despertar en +los senos desiertos de la montaña los genios tutelares de un pasado +remoto y desconocido, el espectro inconsolable de los guerreros-pastores, +vencidos y conquistados, que vagan por las abras al blanco y melancólico +fulgor de la luna. + + + + +EL FANTASMA DEL REMATE + + +El Serapio Guantay era puestero de cabras en el cerro del Remate, en +el fondo de la quebrada del Río Blanco. En lo alto de una meseta de +aluvión cortada a pique por las crecientes, estaba el rancho, humilde +y rústico, semejante a una pequeña mancha parduzca, perdida en la +verdura agreste del paisaje. En aquel sitio la quebrada se encajona +entre desfiladeros bordeados de queñoas y de alisos, el declive se +pronuncia, y el torrente salta sobre un cauce de pedrones desiguales, +pulidos por el eterno trabajo del agua. + +Dos cuadras más abajo, al borde casi del talud, alzábase el ranchito +de la Leona Abracaita, la vaquera, la ahijada de la adivina, vieja +harpía que curaba por secreto, hacía quesos y sembraba papas en un +bolsón del cerro. + +Para la Candelaria, para San Juan y la Pascua, y aun si había velorios +y casamientos, la bruja y su ahijada bajaban a los caseríos y +negociaban sus productos. Hospedábanse en casa de alguna comadre, +junto al camino por donde van las remesas de Chile. Juntábanse allí +las mujeres y los barraganes y al monótono toque de la caja, se +entregaban por días al holgorio del baile y de la chicha. + +El Serapio Guantay era zamarro como el venado arisco que nace en las +abras. Dos o tres veces al año se presentaba en la "sala", para +frangollar su abasto de maíz en el molino y rendirle al patrón la +cuenta de las pariciones, que se las repartían por mitad, conforme al +uso de las fincas. + +Huraño y taciturno, poco se daba el Serapio con sus vecinas únicas. Y +para su vida frugal de pastor era bastante el avío de harina tostada, +la chuspa de coca y el locro chirle que se cocinaba él mismo, avivando +el rescoldo, al caer por las tardes a su rancho. + +Encerraba sus cabras en el corralito de pircas, tumbábase al calor del +hogar en el suelo limpio, y se dormía como tronco, hasta que lo +despertaba el fulgor del amanecer. + +Ninguna extraña inquietud venía a turbar su montaraz adolescencia, y +no conoció más fiestas que el retozo bellaco de las cabras, el brillo +del padre sol y la matinal algarabía de los pájaros. + +Pero una tarde la Leona y el Serapio se toparon, como al acaso, en una +mesada. La vaquera apacentaba su ganado; andaba el pastor cuidando el +suyo. La vaquera iba hilando un vellón, girando en el aire la rueca. +El pastor llevaba el avío a la espalda y la honda en la diestra. + +El azar los puso cerca; el instinto los juntó. Y en el filo de una +loma, sobre el pastizal oliente a berbena y anís, la india, más +aviesa, lo inició al indio, más ingénuo, en el raro misterio que +cumplen las cabras y las vacas, que trajina el polen en las patas +diminutas de las abejas, que puebla el soto de inquietas y esmaltadas +mariposas, y que hace cada primavera florecer el amancay blanco y la +begonia escarlata entre las breñas. + +Desde aquella tarde los dos indios volvieron a encontrarse siempre, y +juntos divagaron por los cerros, descubriendo el encanto de los +callados sitios, oyendo al eco repetir sus gritos en las altas +barrancas, mirando rodar por los precipicios las gruesas galgas que +aflojaban al borde, triscando a la par de los chivos en las paradas +laderas, o escondiéndose a veces de algún viajero que cruzaba, allá +abajo, en su mula, el áspero pedregal del torrente. + +Y cuando vino el carnaval con sus jineteadas y sus zambras y su chicha +de oro; cuando vino el carnaval con el boato de sus cintas +multicolores y el monótono retumbo de sus cajas y la música doliente +de sus largos erques, el Serapio tras la Leona bajó para el caserío. + +Pero la Leona, inconstante como buena hembra nómade, se mezcló en las +borracheras con otros mozos más _churos_ y más ricos; y el miércoles +de ceniza, muy al alba, lo hallaron al Serapio los peones de la finca, +tendido boca abajo, borracho, a la orilla del camino. + +El indio se marchó esa mañana al puerto del Remate. Se fué cantando, +embrutecido, con el acerbo amargor del primer desengaño en el pecho, +sonándole en las orejas todavía el compás de la caja y una copla: + + _Tengo mi chacrita, + tengo mi sandial, + tengo una morocha + para carnaval..._ + +La vieja adivina maquinó sin duda, con sus malas artes, contra el +pobre pastor en la parranda; y en adelante la Leona tuvo compaña y +hubo en el rancho quien pudiese labrar con más vigor que la vieja los +sembradíos del cerro. + +Pero el Serapio Guantay era zamarro como el venado arisco, obstinado +como el toro, astuto como el puma. Tenía en los ojos mansos la +pasividad, y en el corazón y en el músculo dormida la fiereza +ancestral de la raza... + +Y como se alza la bestia herida, se alzó él a los cerros, para errar +cantando por las cumbres la estrofa alegre, mirando siempre en el +fondo el ranchito de la Leona: + + _Tengo mi chacrita, + tengo mi sandial, + tengo una morocha + para carnaval..._ + +La quebrada, casi seca en invierno, despliega en verano todo el lujo +de su flora tropical. En días despejados el sol ardiente, blanco, +violento, pone en las herbosas laderas ricos matices de fiesta. + +Pero en horas de tormenta la quebrada se vuelve sombría y amenazante +bajo las nubes plomizas que el huracán empuja y hace encallar en las +cimas. El rayo parte las peñas metálicas como a golpes de hacha; las +laderas empapadas se desbarrancan con estruendo en los cañadones; el +viento retuerce y quiebra los frágiles alisos y las fornidas tipas; el +oscuro cielo se desfonda en lluvia, y el agua rápida, enloquecida, +elástica, socava las peñas y arrea cauce abajo piedras enormes que son +para el torrente ligeras como la arena para el embate de la ola. + +Y en una de esas noches espantosas en que el fragor de la tormenta +sacudía las montañas, el Serapio Guantay, frente a su puesto del +Remate, se puso a forcejear con un monolito que vacilaba en su quicio, +carcomido por el agua. + +El indio volcó la piedra. La corriente, desbordada, cambió de madre. +El aluvión tapó más abajo el rancho de la bruja. Y el sol ardiente y +blanco del siguiente día iluminó con resplandores de fiesta el lujo +tropical del paisaje solitario y desierto. + + * * * * * + +Han transcurrido muchos años. En el lugar donde se alzaba el rancho de +la bruja hay una cruz. El puesto del Remate es una ruina. Y a veces, +andando en noche tormentosa por el lugar, a la cárdena luz de un +relámpago, el viajero ve un hombre que, de pie sobre una peña, alza +los brazos como en una pavorosa imprecación de duelo. + +Dicen algunos que no es más que un árbol seco, una rugosa queñoa: para +muchos, es aún el genio trágico de una venganza, el fantasma +inconsolable del pastor. + + + + +EL GAUCHO SALTEÑO + + +Quince leguas adentro del Rosario de la Frontera, en viaje a las +Mercedes, hicimos alto para almorzar en un puesto que estaba en una +falda, en pleno monte, al otro lado de un arroyo, que costeaba el +camino. El dueño, un gaucho de tipo morisco, nos acogió con toda clase +de atenciones. Además, como la subida a la casa presenta ciertas +dificultades para unos compañeros míos que venían en araña, el gaucho +le gritó a su hijo, luego de hacernos pasar a la cocina: + +--¡A ver, muchacho! Mostráles el camino a esos señores. ¡Y te has de +sacar el sombrero! + +Y mientras de pie, en el patio completamente barrido, comíamos un +asado a la caucana, gozábamos del sabroso y chispeante decir de +nuestro huésped. Burlábase él de la porfía de las gallinas que +picoteaban las migas de pan en medio de nuestras piernas; reíase de +los perros flacos y _garrapatientos_, que lamían ávidamente el sebo de +los guardamontes recién sobados, y amenazaban quitarnos la comida de +las manos. + +--¡A ver, muchacho!--gritó el gaucho.--¡Agarrá pues esa lonja, pegáles +una _variada_ a los perros! + +Enarboló el muchacho la lonja, volaron cacareando las gallinas al +algarrobo y al techo del rancho, apartáronse rehacios los perros hasta +el guardapatio, y el gaucho reanudó su pintoresca charla, sentándose +en una robusta silla de _tientos_ (tiras de cuero crudo), bajo el aro +donde charlaba sin cesar el loro, excitado por el repentino bullicio +de la casa. + +Por el patio se arrastraba un chico inválido, tullido. + +--¿Qué tiene este muchacho?--pregunté. + +--Si así no más ha _quedao_, con media res _cáida_, desde un empacho. + +Bajo la ramada que cubría la única puerta del rancho, envuelta en un +negro rebozo, acurrucada en su catre de tientos, la abuela padecía una +jaqueca implacable. Nosotros le dimos unos sellos de aspirina y al +rato mejoró. + +Al tiempo de irnos hubimos de discutir para que el gaucho nos aceptase +paga por el caldo y el breve hospedaje. Se mostró agradecido por +algunas pequeñas provisiones que le dejamos. Dijo que él no podía +correspondernos de otro modo que no cobrando. + +Esta generosidad del fronterizo contrasta con la tacañería de los +indios de la quebrada del Toro y de los valles calchaquíes, acaso +porque las exigencias de la vida agrícola y precaria de las montañas +aguzan en el incásico un sentido de la economía, que el gaucho, +exclusivamente pastor, mejor favorecido por el clima, no posee. + + + + +LA SELVA DE ANTA[3] + + +Una mañana salimos en busca de una anta que _paraba_, según decían, +como a seis leguas de la casa. El animal había sido notado hacía poco, +en los dominios del puestero ño Ventura. Este debía guiarnos monte +adentro, al capataz y a mí, hasta dar con el anta, lo que no resultó +tan sencillo. Me facilitaron una cabalgadura gaucha, incluso +guardamontes, cuchillo y coleto; tres cosas sin las cuales no hay +tampoco gaucho[3]. El guardamonte protege las piernas, el coleto el +cuerpo, el cuchillo la cara del jinete, contra la maraña, espesísima y +brava a veces. Además el gaucho, para correr en el monte, se cala +guantes de cuero fabricados por él mismo, y un sombrero retobado de +cuero por toda la copa. Para ver mejor es preciso abotonar sobre la +frente el ala en la copa del sombrero; esto es chotearse el ala. Así +armado, sin olvidar el barbijo, el gaucho arremete a todo galope por +la selva, seguido por los perros, si tiene que repuntar hacienda o +pillar un toro enmoscado. + +A ño Ventura le ofrecimos un winchester de los que nosotros +llevábamos; pero dijo que él no necesitaba de _garabinas_, y que para +armas, su cuchillo y su lazo eran bastantes. + +Entramos en la quebrada de los Noques por una senda que había que +desbrozar en parte a cuchillo, pues sólo la frecuentaba el ganado. La +senda, bajo un palio de enramadas, costeaba el arroyo, cruzándolo de +trecho en trecho. El bosque permanece verde todo el año, vivificado +por abundantes manantiales que sueltan desde los cerros su agua clara +y rica. A medida que nos internamos en la quebrada, se presentan con +mayor frecuencia grandes extensiones sombrías cubiertas de enormes +helechos, tan altos como nosotros a caballo. Se percibe el olor +particular del humos. Las plantas parásitas cubren todos los troncos y +todas las ramas; todo lo invaden los helechos, los musgos, las +enredaderas. Una quina gigante se abre paso hacia arriba, hasta +dominar con su copa la sombría espesura. Un cedro ancho y rugoso +oprime como un abuelo, entre sus recias rodillas, el tronco blanco y +fino de un chalchal. El arrayán, generoso, difunde su grato olor. Las +tipas, sociables, siempre en grupos, son las centenarias matronas del +bosque. A veces, sobresalen del suelo blando, que suena a hueco, +ásperos filos de roca, lobanillos geológicos, dura osamenta de la +selva. Cien metros en torno, sólo se mira un entrevero de tallos +verdes y de hojas, por donde se filtra intensa la luz del sol. +Andábamos escuchando. Ningún rumor, ningún sonido lejano hacía suponer +en el monte la presencia de animal alguno. + +Si hacíamos un alto, los perros, conscientes de nuestro sigilo, +habituados al acecho, husmeaban cautelosos y paraban las orejas, +conteniendo el aliento. + +Habíamos andado así media mañana, quebrada arriba, por las ensenadas +de bosque de una y otra margen, cuando sentimos _achar_ los perros, +una cuadra delante, en un grupo de tipas. Preparé el rifle, apuré el +caballo, me metí en el monte, perdí el sombrero; me picó una ortiga +brava en un dedo, y al fin llegué donde ladraban los perros. ¡Era una +pandilla de monos! + +Me descolgué temblando del caballo, rodé por una ladera hasta una +zanja enlodada, y empecé a escupir balas. + +Hice más de treinta tiros sin matar nada. Entre tiro y tiro los +monitos me espiaban agazapados, abrazados a los gapos, y emitían su +gritillo particular de aflicción. Los vi dar saltos prodigiosos y +desaparecer entre las lianas, mientras los perros se hacían pedazos en +las espinas, al tratar de alcanzarlos. Era una familia de _cebús +fatuellus_, o mono de los organistas, especie muy abundante en Anta y +en todo el Chaco salteño. + +Estos monitos se alimentan en invierno de una planta epífita de los +grandes árboles, llamada _carda_ por los gauchos. Contienen estas +plantas agua en la base de las hojas. Hallando pues, comida y bebida +en las copas de los árboles, los monos jamás bajan al suelo por su +gusto. Y así, de rama en rama caminan leguas, monte adentro, +sirviéndoles de puentes las intrincadas lianas que ligan las copas de +los árboles. + +A propósito de los monos, ño Ventura me contó lo siguiente: mientras +unos peones de la estancia desmontaban un rastrojo destinado a maizal, +en pleno bosque virgen, los perros descubrieron a cuatro monitos en un +grupo de árboles que los hachadores dejaran aislados del monte. Ante +la furia de los perros sitiadores del reducto, los pobres monitos +dieron tales pruebas de espanto, que los peones se compadecieron. +Venían presurosos hasta las ramas bajas desde donde, comprobada la +gravedad del caso, se encaramaban chillando a las altas ramas. Los +hombres, enternecidos por aquellos patéticos gestos, renunciaron a +pillarlos, y pusieron en libertad a los monos, ahuyentando antes a los +perros. + +Después del inútil tiroteo hemos seguido el camino, rastreando el +anta. Yo miraba a donde lo veía mirar a ño Ventura, y esperaba +descubrir de improviso los ojos negros de una corzuela asustada, +brillando con salvaje curiosidad entre las hojas; o creía ver en las +cortezas recién lastimadas el rastro de algún león, y lo buscaba entre +los yuyarales, donde lo sospechaba agazapado. Y observaba en ño +Ventura que iba delante, la completa identificación, la +compenetración, puedo decir, del gaucho y la selva. El la auscultaba +cauteloso, hasta muy lejos; y cuando se paraba a escuchar, ño Ventura +tenía actitudes de gato. Sus sentidos descubrían en el suelo, en las +hojas, en las ramas, huellas invisibles para mí. Parado en los +estribos, estirado el cuello, apoyadas las manos al borde del +guardamonte, parecía balconear la espesura. Al paso del caballo, y aun +a media rienda, ha adquirido el hábito del cuerpeo entre el ramaje; su +cintura flexible se quiebra, su cuerpo repta, deslizándose entre las +zarzas con facilidad de serpiente, sin que las piernas, naturalmente +apretadas a los flancos, se muevan siquiera, porque va en el caballo +encajado más que montado. + +Y no hay para qué concluir este relato, si algo gráfico he contado de +la selva y del gaucho. Ño Ventura, en una de esas, se apeó y se largó +cerro arriba, lazo en mano, cuchillo al cinturón: pero nos fué +imposible seguirle a pie. Había encontrado en un cañaveral rastros +frescos del anta. Como se estuviese por entrar el sol, me volví con el +capataz a la casa. Aquel día habíamos caminado diez leguas en los +cerros. Ño Ventura, se presentó, a la siguiente tarde, con el cuero +del anta cazada. La encontró--dijo--bañándose en un pozo del arroyo, +le echó los perros, dos de los cuales murieron, ahogados. Después la +enlazó y la apuñaleó. El cuero es el más fuerte que se conoce, para +riendas y demás prendas de apero. + +FOOTNOTE: + +[3] Anta es un departamento de la provincia de Salta. También se llama +así al _tapir_. + + + + +CRUZ GUIEZ + +_Estancia del Rey, en Anta; Mayo de 1912._ + + +Yo deseaba conocer a ño Cruz Guíez, puestero del Campo Azul. Ayer +tarde hemos ido a visitarlo a su rancho. En el patio hemos hallado al +hombre, montado en un trozo de árbol, cosiéndole las mangas a su +coleto. Muy cortésmente nos ha recibido; nos ha invitado a echar a pie +tierra. Después ha soportado con cachaza las bromas de un amigo mío, +empeñado en estimular el ingenio del gaucho. + +--¿Dicen que usted ha cazado tigres por estos lugares? + +--Velay, en ese algarrobo están colgadas las cabezas,--contestó Cruz, +mostrándonos un montón de calaveras en que lucían magníficos +colmillos. + +--No creo que haya tigres por acá,--observó mi amigo.--Estas cabezas +deben ser del gato de monte. Los fronterizos tienen fama de contar +buenos cuentos... + +Pero el gaucho respetuoso e impasible a la vez, con el absoluto +dominio de sí propio y la confianza en el propio valer que infunde la +vida libre, sonreía dulcemente al percatarse de la intención de las +bromas, y no respondía más que a las preguntas en que podría instruir +a los amigos del patrón,--hombres puebleros,--sobre las cosas del +campo. Nos ha mostrado la piel del último tigre, oreada, recién sacada +de las estacas. Medía más de metro y medio del hocico a la base de la +cola. Después nos ha explicado ciertos detalles de una cacería. + +Un día que salió a campear al cerro, había encontrado los restos de un +ternero, mal tapados con tierra y palos por el tigre, que acostumbra +esconder la presa. Y algunos días después, Cruz había caído en la +huella del _bicho_, junto con dos puesteros vecinos suyos. Llevaban +entre los tres como cuarenta perros, _livianitos_ y _con la guata +floja_. Aquí no se concibe un puestero sin perros. Cualquiera posee +diez o doce, brutos la mayor parte, flacos, hambrientos, feos, pero +insuperables en los trabajos del pastoreo. + +Y a fuerza de rastrearlo al tigre por montes y breñales, al fin lo +hallaron los perros, y cuando estuvo empacado de espaldas a un cedro +enorme, ño Cruz Guíez le metió en la cabeza una bala de su _garabina_; +una bala, de las dos que consigo llevara; y como el bicho no muriese +todavía, hubo de ensartarle el otro plomo en el corazón. + +--Esta es la calavera de ese;--decía ño Cruz, mostrándonos el cráneo +fresco aún.--Yo le apunté al codillo, pero le pegué en la quijada, +aquí. Entonces le tuve que hacer el otro tiro. Pegó un bramido fiero +y se tumbó _antarca_, despaletándome un perrito de un manotazo. Varios +perros quedaron, por confianzudos, con las tripas al aire; y otros +andan por _áhi_, lastimados, con la gusanera. A ocasiones el tigre +desloma un caschi de un zarpazo. Por esto se deja ver que es animal de +mucha potencia. Cuando uno le apunta lo mira frente a frente y a la +vez de errarle el tiro, no sé pues lo que le espera al cazador. Cuando +brama enfurecido, en la pelotera, acosado por los perros más +baqueanos, los cuzcos chicos se sueltan llorando con el rabo entre las +piernas y los caballos tiritan, como si estuviesen con la tembladera. + +Pero el gaucho no hace alarde de su arrojo. Narra, simplemente, su +caso y os invita para que le acompañéis en la próxima batida. No sabe +lo que es el miedo. Sus músculos, fuertes como el guayacán, nunca +tiemblan ante el _bicho_, señor de la selva, salteador del ganado; y +con la misma tranquilidad con que sonriendo recoge a brazadas el lazo, +dispara la única bala de su carabina sobre la temible fiera. + +Cruz Guíez es el prototipo del gaucho fronterizo. Alto, de contextura +atlética, ingenuo rostro, negros y apacibles ojos, de movimientos +fáciles como el gato del monte, y de ánimo alegre, como el cantar +jubiloso de las chuñas que en la linde del bosque salvaje saludan el +alba. + + + + +III + +HISTORIETAS Y CUENTOS + + + + + +UN VIAJE RARO + + +Serían las 11 de la noche del 13 de Febrero de 1905, (fecha memorable +en los anales del crimen), cuando monté a caballo y partí de casa, +rumbo a la Calderilla. + +Veraneaba en la Calderilla mi amigo U... con su familia, y era yo su +huésped y acompañante. + +Y digo acompañante, porque no había allí otros pantalones que U... y +el paraje es solitario y asaz aislado. + +Recostada en la falda de una loma, la casa de U... domina la ancha +playa del río Caldera. Veinte cuadras al frente, costeando la banda +opuesta, corre el camino a Jujuy. Un espeso bosque de tuscas y +algarrobos cubre los terrenos adyacentes al río. Cruzando el de +Wierna, como quien va de Salta a la Caldera, el monte se tupe, y hay +un largo trayecto deshabitado, guarida frecuente de coyas cuatreros o +de malhechores. + +En dos ocasiones la _sala_ de la Calderilla ha sido asaltada, aunque, +felizmente, sin resultado. + +El peligro de un viaje nocturno por la región no es, pues, tan +remoto; y sólo la irreflexión propia de la juventud nos vedaba +temerlo. + +Así, a cualquier hora, caballeros en nuestras estudiantiles jacas, +entecas y flojas, pasábamos sin pizca de miedo las playas ásperas y el +enmarañado monte. + +Luego de atravesar aquella noche, al galope, la ciudad, me sujeté más +allá de la estación, y puse el caballo al tranco. Había luna, pero un +grueso y oscuro nublado encapotaba el valle de cumbre a cumbre, y sólo +a ratos la blanca claridad se difundía por los campos. El ambiente +pesado y húmedo amagaba lluvia. + +Bien sujeto el revólver al cinturón, me requinté el chambergo para +mejor ver; puse un _acullico_ de coca y un trago de ginebra, y +añadiendo acullicos a tragos y tragos a acullicos, dime a pensar en +cosas indiferentes. Y avanzaba entre el clamor confuso de ranas y +sapos y sabandijas, que de los charcos, y de los yuyos y de todos los +vericuetos, levantan por la noche en las campiñas su obstinado, +infinito vocerío. + +Sin otra novedad que algunos perros bravos que me salieron al paso, +quedó Vaqueros a mi espalda. En Wierna entré a comprar fósforos en el +boliche de Medina. + +Reanudada la marcha, y no muy lejos aún del boliche, me sorprendió el +galope de un jinete que venía en sentido contrario por mi camino y +que, antes de enfrentarme, se precipitó en el monte. Al otro lado del +río Wierna me detuve. Un silbido agudo había hendido el aire. El ruido +atronador del agua me había impedido apreciar de dónde venía el +silbido. + +--¿Qué será?...--me dije. Y seguí viaje, algo receloso, todo ojos y +oídos. + +En aquel momento la oscuridad aumentaba, así es que me costó un poco +hallar el camino a la Calderilla, donde el monte es más denso. De +cuando en cuando el viento traía de lejos el retumbo de una caja, o el +acento salvaje de un canto indígena; y a veces, el mujido melancólico +de algún toro perdido en las cañadas pasaba en alas del eco sobre el +pavoroso silencio de la noche. + +Hubo de hacer entretanto la ginebra su efecto, con lo que a poco me +sentí valiente y despreocupado. Así es que no me asustó el bulto de un +jinete plantado en medio camino, con quien casi me estrello. + +El hombre debía estar dormido, porque lo hablé y no contestó, y +borracho además, porque, llegándome a él cuanto pude, vi que tenía +inclinado el cuerpo sobre el cogote de su cabalgadura, que era una +mula. El animal se había quitado el freno, aprovechando del sueño de +su amo; y le quedaba de rienda la piola del bozal enredada a unas +ramas. No podía, pues, disparar, aunque lo intentó cuando me acerqué. + +Dime cuenta del peligro que el pobre borracho corría, a discreción de +una mula mañera, y de a caballo desenredé la piola, decidiendo +llevarme al jinete a lugar seguro. La mula, impaciente al principio, +concluyó por acostumbrarse al tiro, se olió con mi caballo y se me +puso a la par. + +El jinete marcaba con descomunales flexiones de cintura las +desigualdades del camino. Clavábase de cabeza, a un lado y al otro, y +en las subidas se tiraba atrás, como un muñeco, tocando el anca con el +sombrero, pero mantenía las piernas apretadas a los ijares de la mula, +de lo cual deduje que sería buen domador. + +Sin cuidarme poco ni mucho del individuo, yo iba recitando unos versos +adecuados a la hora, cuando se me ocurre pararme, para encender un +cigarrillo. Observé que el borracho había perdido el sombrero y +continuaba echado hacia atrás.--¡Eh, amigo!--le grité al raspar el +fósforo. + +¡Y entonces, a la claridad amarillenta del fósforo, vi una cara de +muerto! ¡Una cara de muerto, ensangrentada, horrible! ¡Una cabellera +revuelta en mechones, una boca entreabierta, unos ojos opacos! + +La mula, con el fósforo, se tendió de costado y a todo correr +desapareció en lo espeso del monte. + +Tan grande fué mi sorpresa que me quedé clavado en el sitio. Pero la +ginebra, el amor propio y el revólver me templaron la fibra, y logré +rehacerme y reflexionar. + +Y me acometió una sospecha terrible.--¿Habría habido aquella noche un +nuevo asalto en la Calderilla? ¿Sería, quizás, el difunto, algún peón +de mi amigo U...? El jinete del boliche ¿sería acaso un asesino que +huía? El silbido ¿habría sido una señal de alarma, para avisar que +alguien cruzaba el río? + +¡En tal caso, me habían espiado y me aguardaba una muerte inminente! Y +me imaginé despanzurrado, como es de uso, entre dos lazos echados de +improviso, a un tiempo, desde los opuestos bordes del camino. + +¡Sí! ¡Ya no me cupo duda! Desenfundé el revólver, y con el ardor de +las supremas aventuras, arranqué al trote. Pronto pasé el río de la +Caldera. La casa de la Calderilla se presentó a mi vista. ¡Ya oía +claramente los ladridos de los perros! Pero en la casa no se veían +luces, y este detalle aumentó mi ansiedad. + +De repente, sentí por el camino un tropel de galopes, luego un alarido +salvaje, y dos jinetes sofrenaron sus caballos frente a frente de mí, +cortándome el paso. + +Uno de ellos, con ademán calmoso, se tiró el poncho al hombro, sacó +debajo una cosa que relumbraba y la alzó en alto. + +¡Me eché al suelo en un amén, y parapetado en mi caballo, le apunté a +mampuesta! Iba a amartillar mi revólver, cuando el hombre dijo con +seca y aguardentosa voz: + +--¡Sírvase compañero!--y me alcanzó una botella. + +Exasperado, le respondí con una maldición, y montando de nuevo, llegué +a la casa, donde mi amigo U... me esperaba. + +Díjome que aquella noche había reinado en la casa la más completa paz. + +Sin embargo, dos días después, supimos el bárbaro exterminio de la +familia Quipildor, perpetrado en un ranchito de Wierna, la noche del +13. El difunto que yo encontré resultó ser don Onofre Quipildor, el +jefe de la familia, que había sido amarrado a la mula por los +bandidos, con el fin de sembrar el terror. + +Los asesinos nunca fueron tomados. Pero es casi seguro que se trataba +de una de tantas fechorías del famoso Juan Jiménez, y sus cómplices +Polo y Cejador. + + + + +EL ULTIMO VUELO + + +Fué la noche del 25 al 26 de Enero. + +A través del espeso nublado, se tamizaba, en tenue resplandor grisáceo +y uniforme, la luz de la luna llena. A ratos garuaba. + +Excitados por el café, agobiados por la miseria y el aburrimiento, +compelidos por el deseo de lo insólito, resolvimos excursionar hasta +la cumbre del cerro. + +La media noche sería cuando empezamos a trepar, paso a paso, por el +empinado y tortuoso camino de la quebrada seca que divide al San +Bernardo en dos gigantescas moles. + +La mojazón de la tierra untuosa y resbaladiza dificultaba más el +ascenso, ya de suyo pesado, y a nuestros zapatos la greda se adhería +poniéndoles un reborde embarazoso y grotesco. + +Hacia la mitad de la cuesta, desde un punto donde la pendiente se +hincha en agrio declive, alzándose sobre las cañadas laterales, +tenebrosas y quietas, pudimos admirar en la planicie la fantástica +simetría de las luces de la ciudad, brillando en el fondo del valle +cual las bujías innumerables que en el cuento oriental mostraba la +muerte como prontas a extinguirse, al espíritu atribulado del +agonizante. + +El poeta Peñalva sudaba a mares, lo que no le impedía incurrir en +rebuscadas metáforas dantescas, con aquellos sus desmesurados ojos +absortos de hipnosis y aquella hirsuta melena aventada por la locura. + +Kolbenheyer, jovial, alucinado, irrealista, jadeaba en la ascensión +difícil, al aspirar el húmedo vaho de la tierra: el autor de _El falso +hijo de la Beltraneja_ reconstruía mentalmente los monstruos +terciarios cuyos fósiles tal vez hollábamos, y que poblarían en +remotos siglos el paraje. + +Llegamos a una explanada donde el camino forma un recodo para ascender +en mansa pendiente hasta la estatua del Redentor. + +Bajo el denso nublado que tapaba todos los rumbos del horizonte, +contemplábamos a nuestra derecha, allá abajo, a través del fino +follaje de los cebiles, el resplandor de la ciudad adormecida. Veíamos +a la izquierda la hondonada profunda que, a espaldas del San Bernardo, +se extiende, boscosa y desierta, sin una sola luz de rancho, sin un +rumor de vida, prolongada en inmensa melancolía crepuscular, hasta el +valle de la Caldera. + +Allí nos detuvimos a descansar. El silencio nocturno era imponente. El +diálogo, animado al principio, había decaído hasta el soliloquio. + +El poeta Peñalva permanecía de pie, al parecer abismado en la +contemplación del panorama. En cierto momento vi que alzaba los brazos +y hacía un extraño ademán de vuelo. Parecía un cuervo, inmóvil en la +piedra sobre la cual se había detenido. + +Kolbenheyer, de cara a la ciudad, acaso pensaba en la leyenda +oriental, al ver apagarse, de cuando en cuando, las luces de la +lejanía. + +Yo me había tumbado en tierra y procuraba localizar en el cielo, a +través de las nubes, la posición de la luna. + +Transcurrió un tiempo largo, durante el cual no se habló palabra. + +Después, me incorporé un poco; Kolbenheyer se había echado a su vez +boca arriba. Peñalva seguía de pie. Su silueta inmóvil me impresionó. +Me levanté, me acerqué a él. Lo llamé en voz baja. Como no +respondiese, lo toqué en el hombro, pero tampoco se movió. Entonces, +mirándole los ojos comprobé que estaba dormido: dormido en sueño +hipnótico, las pupilas desmesuradamente abiertas. + +Mi sensación fué de angustia. He aquí, me dije, las resultas de esa +manía de autosugestionarse, de mi extravagante amigo. + +En vano Kolbenheyer acudió en mi ayuda. Inútiles fueron los esfuerzos +para despertarle. + +--Bueno, está enviciado,--dijo Kolbenheyer.--Y como ni usted ni yo +sabemos de hipnotismo, dejémoslo aquí hasta que despierte, pues sólo +él podría despertarse. Entre tanto vámonos hasta el Cristo, a +contemplar la ciudad desde esa altura. Allí tocaremos la campana; +quizá con el ruido se despierte. + +Accedí, y nos alejamos por el cerrado camino. Así anduvimos largo +trecho, sin hablarnos. + +La solemnidad de la noche se complicaba con aquel incidente, un tanto +raro, un tanto cómico. Dos cuadras más allá, Kolbenheyer, cogiéndome +del brazo, balbuceó: + +--¿Estaría muerto?... + +Aquella pregunta me impresionó vivamente, la emoción ahogó mi voz, las +lágrimas me saltaron a los ojos: + +--¡Imposible!--dije, aferrándome a la lógica, pero atraído por la +violenta fascinación de lo sobrenatural. + +Luego, movidos por el mismo impulso, arrastrados por la misma +torturante duda, echamos a correr cuesta abajo, para ver al poeta. + +Al llegar al sitio donde le habíamos dejado, Kolbenheyer, que iba +delante, gritó: + +--¡Eh, bárbaro! ¡No está! ¡No está aquí! + +Las piernas se me aflojaron. Interrogué con los ojos extraviados al +cebilar negro y mudo, y grité a mi vez: + +--¡Peñalva, Peñalva!... + +Y el eco devolvió las últimas sílabas desde el cañadón vecino: +¡alba!... ¡alba! + +Y Kolbenheyer y yo, atónitos ante la piedra que momentos antes +sirviera de peana a nuestro loco amigo, nos interrogamos mutuamente, +desconcertados. + +Habían transcurrido algunos minutos. El silencio era en aquel +instante, aterrador. La hondonada abierta a nuestros pies era una sima +impenetrable. + +Y de pronto, de ahí cerca, de muy cerca, acaso a tres metros de +nosotros, del fondo de la maraña tenebrosa y bravía, se alzó en el +aire, violó el silencio, un aleteo lento, un chapoteo lúgubre; y un +enorme vampiro, un monstruo absurdo como una creación de delirio, se +alejó volando. + +Arturo Peñalva había muerto. + +En el mismo sitio le hallamos descalabrado, al pie de un cebil. + + + + +LA CACERIA DE PATOS + + +Aconsejo a las señoras mamás que no les permitan a sus hijos salir de +caza los domingos por la mañana. + +Cuando el niño toma la escopeta y se mete cincuenta cartuchos en el +tirador, tenga por cierto la mamá que algún desastre se prepara. + +Si alguna vez, lector, te sucede la desgracia de tener un niño, +críalo, te lo aconsejo, entre algodones; y cuando le toque ir a la +escuela, tú en persona has de acarrearlo, para evitar las malas +compañías. Porque es necesario saber de una vez que todo niño es +bueno, y que son las malas compañías las que lo echan a perder. A +causa de ello empiezan a volverse respondones y desobedientes. + +En mi niñez he sido de angelical naturaleza, hasta que en quinto grado +escolar contraje amistad con el gringo Burela y el fiero Garnica, par +de cachafaces que me enseñaron a hacer la rabona, y a los cuales, dado +mi precoz espíritu de emulación, no tardé mucho en sobrepasar. + +Con ese nobilísimo compañerismo de la infancia que se fortifica hasta +el sacrificio en cuatro barrabasadas hechos de consuno, amaba yo al +gringo Burela y al fiero Garnica más que a mis padres. + +Mi alma inquieta y ansiosa de libertad sólo hallaba en la casa donde +se desvivían por educarme, los odiosos sermones consuetudinarios, las +penitencias de narices a la pared, y los coscorrones, agudos como +aleznas, de mi madre. Por eso me gustaba la escuela, pues en ella al +menos me era dado embromar a gusto. ¡Qué diferencia con el hogar! + +Allí reinaba yo, en las camorras de los recreos, compartiendo el botín +de trompos y bolillas, con esos dos amigos, bravos prosélitos, cuya +compañía hubo de costarme tantas lágrimas. + +Llevábanme ambos tres o cuatro años en edad, y el fiero Garnica la +cabeza en estatura. En cuanto al gringo Burela, que en paz descanse, +ya lo describí cuando relaté su ominoso asesinato. + +El hecho es que un domingo, al alba, me escapé de casa para irme con +mis dos amigos a cazar patos a la Lagunilla. + +Durante los coloquios de nuestras rabonas, habíamos acariciado, desde +meses atrás, esta cacería, que asumía en mi imaginación de lector de +Calleja, brillantes perspectivas de aventura. + +¡Qué hermoso, irse solo al campo, cuando no se conocen todavía ni los +suburbios de la villa natal! + +Mis camaradas me habían hablado de una vasta extensión de aguas +profundas, donde bogaba un bote a vela, y a la que venían a asentarse +inmensas bandadas de patos. + +Era el fiero Garnica un jastial largo y desgarbado, tutado de +viruelas, con una gran frente, elevada y plana como una pared. Habíase +conseguido, no sé cómo, una escopeta antigua, de chispa, de un solo +caño, amén de un tarro de pólvora y otro de munición gruesa. A falta +de tacos de fieltro, nos servirían unos pedazos de papel secante que +habíamos de mascar para cargar el arma. + +En el camino, la contemplación de aquel vetusto y herrumbrado +instrumento, que el fiero Garnica sostenía en el hombro con porte +marcial, nos hizo prorrumpir en acaloradas manifestaciones de júbilo. + +Un troncho de dulce seco, un poco de pan y otro de queso, formaban +nuestro avío, que el gringo Burela sustentaba en la punta de un palo, +colgado de una bolsa; esto sin olvidar la sal y los fósforos para +comernos los patos asados a la caucana. + +Impelidos por la acucia de la aventura, marchábamos de prisa, con el +vago temor de vernos alcanzados por la policía, si en mi casa se +hubiesen percatado de mi fuga y recomendado mi captura. + +El fiero Garnica marchaba a vanguardia. Burela y yo mirábamos con +cierto respeto la escopeta, cuyo complicado mecanismo no +comprendíamos. Y en la delictuosa escapatoria del hogar, mi instinto +de conservación me hacía considerar el misterioso peligro de tales +pirotecnias. + +Así, andando, andando, al rayo del sol, pronto estuvimos a la orilla +de la laguna. + +Entonces tuvo lugar la operación de cargar el arma. Burela y yo +mascábamos el papel secante. Garnica echó con un cartucho la pólvora +por el caño. + +Habíamos alcanzado a divisar unos veinte patos. Garnica, muy nervioso, +acabó de cargar de un baquetazo. Nosotros nos echamos al suelo de +bruces: él avanzó al sesgo entre unos matorrales, agazapado, en un +furtivo rodeo estratégico. + +Al fin, anhelantes, ansiosos, le vimos enderezarse, apuntar un buen +rato, y ¡pum! + +¡Fué una hecatombe! La escopeta se partió en dos. La parte de la +culata voló lejos, y un pedazo del caño se le clavó en la frente a +Garnica. Este, con el feroz culatazo, se cayó de espaldas. + +Corrimos, lo levantamos, lo palpamos. ¡No le salía sangre! ¡Tampoco le +dolía nada! Al contrario, se reía, ¡y tenía clavada media vara de caño +en la frente! + +No había que perder tiempo. Antes que le viniese el dolor lo tumbamos +de espaldas, y el gringo Burela se le subió encima y le apretó el +pecho. ¡Yo me agarré del caño, le puse la rodilla en la frente, hice +un esfuerzo terrible y conseguí arrancarle el hierro! + +¡Jamás operación quirúrgica dió mejor resultado! + +El paciente se incorporó, se pasó la mano por el agujero de la frente, +ensangrentada, extendió el brazo y señaló la laguna. En el agua +flotaba un tendal de patos. + +Y así acabó la cacería. + +Hubo que venir al pueblo por un coche. A mí me aplicaron una +reprimenda. Al gringo Burela lo sobaron en su casa. + +Y al inmortal fiero Garnica, pocos días después lo daban de alta en el +hospital del Señor del Milagro. + + + + +EL CABALLO QUE PERDIO LA LENGUA + + +Andábamos de cabalgata una tarde por las lomas de La Caldera, en el +verano del 98. Hallábame enamorado de una preciosa niña, delicada y +pura como una azucena. Hacía yo por entonces mis primeros ensayos +poéticos, y no preciso declarar que la encantadora chica era la +víctima inocente de tales ensañamientos. + +Esa tarde de Enero mi amor había levantado presión, y marchábamos paso +a paso, a retaguardia de la cabalgata; a la par nuestros corceles, y +nuestros corazones al unísono. + +Ya no recuerdo qué de cosas le dije, lo cual es una suerte para el +lector, que se encontrará harto de leer declaraciones amorosas en +prosa y verso. + +Viajábamos de Caldera a Calderilla, y, como hubimos de salir muy +temprano, contábamos con regresar antes del anochecer. La tarde estaba +hermosa. El sol al ponerse teñía los cielos de anaranjados matices y +desde la altura podíamos espaciar la vista hacia los remotos +horizontes montañeses. + +Mientras mi lengua de enamorado infatigable se desataba en melífluas +expresiones del más charro gusto, bajaba mi compañera púdicamente los +ojos, sin atreverse a mirarme: actitud que después he sabido que en la +mujer, a veces, significa; "es usted un tonto". + +No digo que la chicuela me tuviese por tal, ni mucho menos, pues su +experiencia de los hombres era escasa, pero sí pienso que los +requiebros la atormentaban. No hay duda que el panorama le resultaba +más interesante que yo. + +He dicho que la niña era delicada y pura como una azucena y añadiré +que además poseía la exquisita sensibilidad de una mimosa. + +Una de sus amigas iba montada en un caballo que acababa de perder por +completo la cola en un accidente de carruaje, y la vista de la +repugnante y fresca mutilación la aterró hasta el punto de que casi se +descompuso de sólo mirarla. + +El encuentro de un sapo la producía carne de gallina, y si algún +áspero escarabajo venía volando a golpear torpemente su blanquísimo y +pulido cuello, gritaba y zapateaba, la melindrosa, a fin de que la +librasen del atrevido monstruo. + +Yo montaba un caballejo que me prestara un tío mío al comenzar las +vacaciones, y aunque el animal era manso y tranquilo como un cordero, +esa tarde lo venía sintiendo alborotado y quisquilloso como un potro. + +Me había errado algunos cabezazos a la nariz, y con el objeto de +reprimir sus intempestivos bríos, y como que yo lucía mi ecuestre +pericia, lo espoleaba de trecho en trecho y lo sujetaba, después, de +un tirón, con lo que el animal se quedaba un rato quieto. Pero hasta +que llegamos al patio de la Calderilla, donde le pegué la postrera +soba y una sofrenada magna, el mancarrón no acabó de sosegarse. + +Entonces nos tocó apearnos y ayudar a las niñas. Cada cual bajaba su +pareja. Cambiábanse saludos de cumplido con los dueños de casa, los +que en seguida nos invitaron a descansar en el corredor y a tomar +algún sorbete. + +Cumplida la galante tarea, me acerqué tirando los dos caballos, el de +la chica y el mío,--para atarlos a un poste del guarda-patio, cuando +noté que a mi caballejo le chorreaba un hilo de sangre por los labios. + +Miro al suelo, busco y, ¡oh cosa tremenda! Mi caballo había perdido la +lengua. Este adminículo yacía por tierra, envuelto en polvo. Le habían +colocado el freno del revez, al infeliz. El freno le había cortado la +lengua. + +Mi pobre caballo, mudo, naturalmente, no pronunciaba ni una queja. Mas +de sus grandes y lánguidos ojos manaban espesas lágrimas. + +¡Oh cruel insensatez, oh ceguera del amor! ¡Y el ridículo que me +esperaba si mi caballo se caía muerto! Yo lo observaba, pero él no +demostraba dolor. Me quedé estupefacto, con la lengua en la mano, a +la espera de un desenlace fatal; y tuve que metérmela de prisa en el +bolsillo, pues en aquel momento llegó mi chica, y bajaron al patio los +de la cabalgata y dieron la voz de regreso. + + + + +LA TRANSMIGRACION + + +Nunca he podido creer en aparecidos ni en cosas del otro mundo, +gracias a mi costumbre de buscar con afán, aun en los hechos +irresolubles a primera vista, la natural explicación que, en rigor, +todo misterio debe encerrar. + +Sin embargo, en el fondo de lo inconsciente, el hombre menos +supersticioso conserva en forma larvada, como patrimonio psíquico de +sus antepasados, un terror instintivo por lo inexcrutable, muy difícil +de vencer con la razón, cuando el caso concreto se presenta. + +Y bien. Yo he sido víctima de ese terror en la ocasión que paso a +referir. Pero, ante todo, haré constar que únicamente lo +extraordinario del suceso pudo poner en tan ruda prueba la firmeza de +mis convicciones. + +El verano del año pasado volví una noche muy tarde a casa. + +Me hallaba preocupado con la enfermedad de mi amigo el señor H. que +tenía el apodo de _Chivo Pedro_. Ciertamente, aquel señor de cara +morena y larga, cabellos y barbas grises, recortadas en rectángulo, +con dos lobanillos en la torva frente y unas manos nudosas como palos +de parra, se parecía de un modo alarmante a un chivato. Acentuaban +además estos rasgos, ciertas gesticulaciones, y unos resoplidos +nasales, cortos y bruscos, a modo de estornudos breves. De donde el +inevitable apodo. + +Aquella noche venía yo de su casa. Los médicos habían perdido la +esperanza de salvarle. + +Cuando cerré tras de mí la puerta de calle, con estrépito, el golpe +rodó a lo lejos por el caserón vacío. Yo era su solo habitante, pues +mi familia estaba en el campo. + +Al pasar la puerta cancel me volví, con la impresión de que había +alguien en el zaguán. Y no del todo tranquilizado, atravesé el patio +silbando, y entré en mi cuarto. + +Encendí la vela que estaba sobre el escritorio, me miré al espejo, me +quité el sombrero, y observé cómo el espejo ahondaba la obscuridad del +patio. Había en este detalle una inquietante obstinación de tinieblas +y de silencio. + +Me senté a escribir, de espaldas a la puerta, abierta de par en par. + +No tenía sueño, y me había propuesto acabar un soneto maldito en que +me engolfara la noche anterior. Pero no daba en la tecla. Las musas me +abandonaban visiblemente, a mi despecho; y los ojos de la hermosa +ingrata que me inspirara, bailábanme en el magín una danza macabra, +junto a los ojos saltados del agonizante. + +Con la estéril cabeza entre las manos, imaginé que estaba sosteniendo +un zapallo. + +De pronto, un inusitado aleteo me crispó los nervios. Era un +murciélago que revoloteó encandilado en torno del techo, y, rociándome +de paso, desapareció con un débil chillido. + +La preocupación que hasta ese momento había logrado alejar de mi +espíritu, empezó a dominarme de nuevo. Hubiera querido cerrar la +puerta. Pero no me atreví a volverme en el sillón giratorio en que +estaba sentado. Me asustaba la idea de que el sillón, falto de aceite, +se pusiese a chillar. + +Sentí entonces que el silencio me agobiaba, me abrumaba, me imponía su +mutismo; ese mutismo extraño que nos revela a veces, en las cosas y en +los objetos que nos son familiares, un aspecto insospechado y nuevo. + +Con el oído absorto, auscultaba los rumores indefinidos de la noche. + +Ya no pensaba en nada. Solamente oía. + +Una mosca, zumbando torpemente, me pegó en la cara. Y yo escuchaba. El +grito estridente de una lechuza errante sobre la casa, me puso el +corazón en desórden. + +Un papel arrastrado por sigiloso viento cruzó el patio, se estrelló +contra una pared y se dobló con ruido desigual. + +¡Algo iba a ocurrir! ¡Algo sobrenatural! + +Y me suspendí casi en el aire, horripilado, cuando, en ese preciso +instante, un presuroso tac, tac, tac, de tacos breves resonó en el +patio y avanzó en dirección a mi cuarto. + +¡Alguien había transpuesto mi puerta, y se había plantado en media +habitación! + +Inmediatamente, comprendí yo esto; ¡aquellos pasos no eran, no podían +ser de gente! + +Luego, con infinita angustia, di vuelta lentamente la cabeza, y miré: +¡un chivo negro, barbudo, diabólico, estaba allí! Inmóvil, me +observaba, rumiando con espantosa impavidez. + +Sonó entonces un aldabonazo en la puerta de calle. La bestia, +asustada, dió cara vuelta, y, con un corcovo prodigioso, desapareció +en la sombra. + +Otros aldabonazos tremendos me arrancaron del estupor en que me había +sumido. Y cuando abrí la puerta, me encontré con el muchacho de la +panadería vecina, que venía a reclamarme el chivo de su propiedad, +escapado mientras horneaban, por una tapia baja que separa la huerta +de casa de la panadería. + +Por la mañana, supe la muerte de _Chivo Pedro_, acaecida esa noche. + + + + +EL SUICIDIO DE BURELA + + +El invierno pasado trepaba yo casi todas las mañanas por el camino del +cerro, que conduce al Redentor. + +Era un excelente deporte que me endurecía las piernas, y que me brindó +la ocasión de revolucionar mis nervios cierta vez. + +He aquí el caso: + +Una mañana iba por el camino, muy despacio, deteniéndome de trecho en +trecho a respirar y a mirar el horizonte que la niebla permitía +descubrir, y estaba ya en mitad del cerro, frente a la cueva del viejo +Castro, cuando vi en un banco, a la izquierda, sentado un hombre. + +No me extrañara el encuentro si el individuo no me habla. + +--¡Hola, Dávalos!--me dijo.--¿Qué andás haciendo? + +Le observé, asombrado, de hito en hito, y ¡oh, prodigio! era el gringo +Burela. Pude reconocerlo a través de una capa de roña que lo +enmascaraba, en complicidad con unas barbas rubias en despatarro, y +una cabellera exuberante y dura como copa de churqui, que irrumpía por +un agujero apical del incoloro chamberguito. + +Bajo el cachete derecho, hinchado como un túmulo, rotaba lentamente un +monstruoso "acullico" de coca. + +Dos ojillos verdes, de párpados enrojecidos por el insomnio y el +vicio, se asomaban en el fondo de aquella cara patibularia. + +Era mi amigo de la infancia, mi antiguo condiscípulo, mi camarada +inseparable y vecino de barrio. + +Con él hice las primeras rabonas de la escuela normal. Conocía él un +escondrijo al pie del cerro, adonde jamás pudo llegar el ojo alerta de +_Caranchito_, el regente, que desde la azotea espulgaba con un +telescopio las arrugas del terreno en busca de alumnos vagos. + +Con él, con ese gringo Burela, que estaba ahí, habíamos apedreado a +los transeuntes escondiéndonos tras el parapeto en los tejados; con él +le habíamos prendido fuego a un pobre gato empapado en aguardiente; +con él azotábamos a los perros, atábamos a las viejas, manto con +manto, en las procesiones; nos farsábamos de los opas que trotaban por +la calle, y robábamos naranjas de los boliches; y con él un día +concluyeron por fin mis relaciones, previa disputa por un trompo y un +ladrillazo feroz que casi me rompe la cabeza. + +--Yo voy allá arriba--le contesté.--Y tú, ¿qué te hacés ahora? ¿Qué te +hacés aquí? ¿Por qué tienes esa facha? + +Sin cesar de masticar su acullico, me respondió en tono cínico: + +--Soy socio de Vago Hermanos y Cía... + +Luego me contó que él nunca había sentido ganas de trabajar, y que, +sin saber cómo ni cómo no, se había vuelto borrachón y perdulario. + +--No tengo casa en el pueblo--añadió.--Van dos meses que vivo aquí en +el cerro. Duermo en la cueva del viejo, allí enfrente. + +Hubo una pausa. Y sacando a brazadas una piola del bolsillo del +pantalón: + +--Estoy dispuesto a no sufrir más--me dijo, hablando con calma.--Ayer +traje esta piola para ahorcarme... + +Se puso de pie, vivamente excitado. Me miró de soslayo, y se sorbió un +sollozo harto húmedo. + +Era el mismo: petizo, brazos largos, piernas chuecas, manos sucias, +uñas negras y crecidas. + +--¡Cáspita!--exclamé.--¿Y porqué no te ahorcaste ayer? + +--No quiero morir de noche,--contestó con melancolía. + +Lanzó un suspiro, y declaró que le faltaba ánimo, aunque le sobraban +deseos de acabar con sus días. Entonces, un pensamiento diabólico me +rozó el cerebro, como una ala negra. + +--Hombre--le dije.--Puesto que tu voluntad es morir, yo, amigo, te +ayudaré, prestándote la energía ejecutiva que te falta. En efecto, no +puedes hacer cosa mejor que ahorcarte. ¡Venga esa piola! + +Examiné los alrededores. Me convencí de que estábamos solos. + +--Ahora a buscar un árbol. + +--¡Allí!--respondió la víctima, con los ojos extraviados, señalándome +uno. Su acento firme ponía en evidencia su resolución mortal. + +Bajamos a la quebradita, subimos por la opuesta ladera, y llegamos al +pie de un cebil que se inclinaba sobre rápida pendiente. + +El gringo Burela, ansiosamente, divisó por última vez el cielo azul, +el cerro, el valle de Lerma; se persignó despacio y tiró el +chamberguito barranca abajo. + +Con semblante afligido me estiró la puerca mano, en señal de despedida +y prenda de gratitud. + +Le hice un nudo corredizo en el pescuezo, pasé la piola por una +horqueta, me colgué de la otra punta, y el gringo Burela, como por +roldana, saltó al aire. + +Lanzó un silbido ronco, sacó una cuarta de lengua, se le amorató la +cara, se le desorbitaron los ojos, y, tras breve pataleo, pasó de ésta +a la eterna vida. + +Sereno, até yo la piola al tronco y me alejé del macabro espectáculo. + +El ahorcado se balanceaba dulcemente suspendido en el vacío. + +Yo había cumplido un deber de amistad. + + + + +EL CASO DEL ESQUELETO + + +¿Existen en la naturaleza fuerzas cuyo modo de actuar nos es +totalmente desconocido, y cuyos efectos podemos, sin embargo, percibir +en nosotros, o en el medio que nos rodea, en ciertas circunstancias +raras, o en ciertos anormales estados psíquicos? + +¿Hay, fuera del mundo material, más allá de lo que nuestra +inteligencia puede someter a medida, una existencia aparte, un modo +distinto, un diferente aspecto de lo real? + +El que algunos animales posean sentidos cuyo funcionalismo se nos +escapa, por ejemplo, las líneas laterales de los peces, parecería, +desde luego, confirmar la presencia de tales fuerzas. + +Por otra parte, a veces, iguales órganos, en un tipo zoológico, +presentan enormes diferencias de sensibilidad, en el desempeño de una +misma función. Así, mientras algunos mamíferos son sordos, o poco +menos, las mulas poseen una agudeza de oído muy superior a la del +caballo. Y aun es de creer que la facultad que el vulgo les atribuye, +de presentir los peligros, provenga de un sexto sentido, +correspondiente a un orden desconocido de la energía cósmica. + +Aparte del natural temor que la noche infunde en casi todos los seres, +puesto que les priva de las percepciones visuales, tan importantes en +la lucha por la vida, tengo por indudable que después de la puesta del +sol entran efectivamente en acción aquellas fuerzas. + +Fué a la hora crepuscular cuando la mula de un amigo mío, muy mansa, +no se dejó quitar el freno con el potrerizo de la finca; el cual, una +hora después caía muerto en la cocina de los peones... ¿Qué vió la +mula en la cara del hombre, o qué olió en él, o qué sintió?... + +Desde luego, se sabe que el estado eléctrico de la atmósfera cambia +del día a la noche, y que estos cambios influyen directamente sobre el +mundo orgánico, y hasta modifican el funcionamiento de ciertos +aparatos. + +Por una flagrante contradicción entre lo que hay en mí de razonador y +científico, por una parte, y de instintivo y atávico por otra, nunca +he logrado, a pesar de una larga cultura intelectual, sustraerme a la +influencia inquietante de la noche. + +Sin creerme un cobarde, ni ser un neurótico visionario, confieso que +un panteón o un bosque desierto, a media noche, pesan en mi corazón +con todas las angustias del presentimiento; y esa prodigiosa bóveda +celeste que no acaba nunca sobre mi cabeza, me abisma en un horror +increíble al vacío infinito y negro, en el cual, siempre que estoy +solo de noche, y a cielo descubierto, tengo la sensación de caer y +caer vertiginosamente, boca arriba. + +¡Muchas veces se me han erizado los cabellos en tales momentos! ¡Y +cuántas he sentido cerca de mí la presencia, en las tinieblas, de +_algo_ que no es _alguien_, pero que existe, que _es_! ¿Acaso la +condensación de esas fuerzas?... ¿Acaso el espectro de las cosas?... + +¡Qué sé yo!... + +Y bien. Tenéis derecho de reir, vosotros, los sanos y los +equilibrados. Me llamaréis loco; pero lo que os voy a contar es tan +absolutamente cierto, que a fin de convenceros de mi veracidad, habré +de confesaros toda la verdad, toda la triste verdad. + +Yo me había enviciado en el whisky, y la coca... y esta circunstancia +explica en parte el inusitado suceso de que fuí actor. + +En aquella época de mis excesos alcohólicos, una noche, muy tarde, me +fuí a dormir, impresionado con la muerte de un pariente que agonizara +desde medio día. + +(Tengo en mi cuarto un esqueleto, propiedad del colegio nacional, en +el que suelo estudiar.) + +En cuanto abrí la puerta de mi cuarto, (debo hacer constar que en casa +no había nadie), tuve la sensación de la presencia de ese alguien... +Con gran cuidado cerré la puerta y encendí prestamente un fósforo. + +Al dar un paso hacia mi cama para encender la vela que estaba en el +velador, vi que el esqueleto alzaba una mano y la asentaba sobre un +libro; uno de los libros que había en la mesa junto a la cual estaba +colgado el esqueleto. + +Encendí la vela. + +Al darme cuenta de todo eso, realicé un poderoso esfuerzo de voluntad +para dominar el miedo que me ahogaba; y sereno, impasible, lógico, me +propuse llevar el análisis del caso hasta el último límite. + +Y pensé: puesto que el esqueleto se ha movido, sepamos por qué causa +se ha movido. + +Abrí el libro, sobre el cual se apoyaba la mano, que era la derecha, y +leí el título: "El crimen y la locura", por A. Maudsley. Conocía yo la +obra. Contiene historias de criminales y su estudio patológico. El +autor es inglés. Se refiere a crímenes cometidos en Inglaterra y en +Francia. El esqueleto era preparado en Francia. Tenía una placa: +"Jules Talric, preparador". Sabido es que las prisiones suministran a +estos industriales el material.... + +Durante mi ausencia, ¿habría estado leyendo el esqueleto, en el libro, +quizá su propia biografía? Pues según los promedios antropométricos el +esqueleto había pertenecido a un asesino. + +Sin embargo, mirándole de cerca, me fué imposible descubrir signo +alguno de vida en sus órbitas vacías, y comprobé que la caja torácica +permanecía trasparente entre las costillas. + +Luego, vigilándole siempre, anduve en cuatro pies, mirando debajo de +los muebles, a fin de constatar si no sería algún gato el agente del +hecho inexplicable. + +Formulé la hipótesis de una corriente eléctrica que, imantando de +golpe las articulaciones de hierro, hubiese determinado la +contracción del brazo; pero mi incompetencia en física volvía inútil +la teoría. + +Otra vez me enfrenté al esqueleto. Yo sentía una desesperación rabiosa +por investigar y aclarar el misterio; yo sentía que me estaba +trastornando poco a poco el horrible misterio; y en un acceso +violento, irresistible, lancé una descomunal carcajada que resonó por +la casa desmantelada y oscura; y empujándole como a un péndulo, hice +oscilar al esqueleto en su perno. Y el eco de mi risotada, y el seco +chocar de los huesos, llevaron al paroxismo mi exaltación nerviosa. +¡Oh!... Cuándo estéis a media noche solo en vuestro cuarto, lanzad, si +podéis, una carcajada, os lo ruego. + +--¡O, yo te haré confesar la verdad o me matarás!--le grité al +esqueleto. + +Sí. Era preciso, era urgente, apurar todos los medios de prueba, pues +iba de lo contrario a enloquecerme. + +Con un ardor febril lo destornillé de su pedestal, lo vestí con un +pantalón y un saco, lo senté de codos a la mesa, en mi propio sillón, +y le acomodé mi revólver en la mano derecha, haciéndolo apuntar a la +puerta, con el gatillo alzado, y el dedo índice sobre el resorte del +gatillo. + +Retrocedí un paso para contemplarlo. + +Pero el miedo me venció. Y entonces, agazapándome, retrocediendo, +vigilándolo siempre, agarrándome a la mesa para no caer, intenté de un +salto ganar la puerta. ¡El esqueleto me apuntó y sonó un tiro!... + +Aquella mañana me bajaron del tejado. Me había quedado cataléptico, +abrazado a una chimenea. + + + + +LA COLA DE GATO + + +Don Roque Pérez es el hombre más flemático de Salta. Tiene cuarenta +años. Hace veinte que está empleado en una oficina de la casa de +gobierno. Es solterón, metódico, cumplidor y beato. + +Su vida es simple y redundante, como el rodar monótono de los días +provincianos, o bien como la marcha circular y pacífica de un macho de +noria. + +La historia de este hombre contiene dos etapas, separadas entre sí por +un acontecimiento trascendental que dejó en su espíritu una +perplejidad perdurable. + +La primera etapa comprende su juventud, los diez años que pasó de +dependiente en la tienda de Don Pepe Sarratea. La segunda etapa +comprende su madurez, sus veinte años de empleado público. + +Con una sonrisa indefinible y calmosa, mientras fuma un cigarrillo, +Don Roque Pérez cuenta su caso a un grupo de oficinistas. + +Cuando él era dependiente, dormía en la trastienda. El negocio de +Sarratea ocupaba una vieja casuca que todavía existe en una esquina de +la plaza. + +El dependiente barría la vereda todas las mañanas, plumereaba los +estantes, y aguardaba al patrón que se presentaba a las ocho. + +Sarratea despachaba personalmente, detrás del mostrador; pero si había +que bajar alguna pieza de un alto estante, colocaba la escalera y el +dependiente se encaramaba por ella. + +A las nueve de la noche, Sarratea despedía a sus contertulios del +barrio, guardábase el dinero en el bolsillo y se marchaba a su casa. +Entonces el dependiente trancaba las dos puertas de la tienda, rezaba +su rosario y se metía en cama. + +Una noche entre las noches, Roque Pérez, después de acostarse, dirigió +la vista al techo, y vió que colgaba una cola de gato por una rotura +del cañizo. + +El agujero quedaba perpendicularmente sobre su cabeza, y la cola de +gato apuntaba, naturalmente, a sus narices. + +--¿Qué será eso?--pensó el dependiente.--¿Qué será?... + +Apagó la vela y se durmió. + +Varias noches después del descubrimiento, Roque Pérez volvió a mirar +la cola de gato. Al cabo de una hora de contemplación, pensaba: ¿qué +será esa cola?... Y se decía: mañana voy a poner la escalera para ver +lo que es... Y apagaba la vela y se dormía. + +Todas las mañanas, al despertar, Roque Pérez se desperezaba y miraba +la cola de gato. La miraba todas las noches al acostarse. Y siempre +pensaba: en uno de estos días voy a poner la escalera. + +Pero Roque Pérez era indolente, con esa profunda indolencia de los +pueblos palúdicos. El había tenido una idea: aquella cola de gato +debía ser _algo_. Para saber qué era, había tiempo. + +Así pasaron dos años, y pasaron cinco años, ¡y pasaron diez años!... +El señor Sarratea murió de tabardillo; los herederos liquidaron el +negocio; Pérez tuvo que abandonar la vieja casuca. + +Salió de allí con quinientos pesos de sueldos economizados y se +contrató en la tienda de enfrente. + +A poco de esto, alquiló la casa de Sarratea un boticario alemán que +llegara a Salta con su mujer. + +Lo primero que hizo el boticario, naturalmente, fué preocuparse de la +limpieza del chirivitil, para instalar su botica. + +Un día el boticario entró en la trastienda, y al revisar las paredes y +los techos, vió la cola de gato. El alemán llamó a su mujer y le +mostró aquello. Pidieron prestada una escalera en la tienda de +enfrente. Roque Pérez, en persona, trajo la escalera. El boticario, +ayudado por Pérez, la afianzó sobre un cajón para que alcanzase al +techo, y se trepó. + +Mientras el pobre Roque sostenía la escalera, el boticario, allá +arriba, asió de la cola, tiró, y cayó al suelo una moneda de oro. Tiró +más, y cayeron algunos cascotes y varias monedas. Luego, metiendo el +brazo en el agujero del techo, sacó un zurrón lleno de onzas de oro, y +se lo arrojó a su mujer. Buscó más, y encontró otro zurrón, y cargando +el pesado fardo, bajó al suelo. + +--Bueno,--dijo el alemán todo sofocado, entregándole a Pérez una +monedita.--Aquí tiene Vd. su propina. Y gracias por la escalera. + +Ahora, Don Roque, ante la rueda de empleados, da un chupón formidable +a su cigarrillo, sonríe con calma, y con las barbas llenas de humo, +dice: + +--Entonces fué cuando comprendí que mi destino era ser empleado +público. + + + + +EL SALTO ATRAS + + +--Escalandrini, páseme el frasco de las arañas,--le dije al +ayudante.--Vamos a separar los diferentes ejemplares en lotes +adecuados. + +El hombre puso el frasco en la mesa y preparó los lentes, las pinzas, +el alcohol y demás cosas necesarias. + +--Examinemos primero la araña negra... Veamos. Es una especie nueva +para nuestro museo, y hay que clasificarla. Téngame usted el frasco a +contraluz. + +En vano busqué. Entre aquel locro de bichos no estaba la araña negra. + +--¡Es singular!--objeté,--pues ayer mismo la estuve mirando en el +fondo. ¿Habrán entrado ayer aquí los muchachos después de clase? + +--_¡Non signore!_ + +--Bueno. Conviene que cuide usted mejor el gabinete... Resulta que los +alumnos burlan su vigilancia y se roban los bichos. + +La pérdida me contrariaba de veras. Tratábase de cierta araña del +Chaco, muy rara, muy difícil de pillar. Se la debí a la gentileza de +Don Tadeo Amaya, lenguaraz de una toldería de junto al Bermejo. + +Algunos días después de este pequeño incidente, Escalandrini vino a +buscarme a casa con el fin de entregarme unos portaobjetos del +microscopio. Apenas se me acercó le sentí un tufillo inconfundible a +caña. Y confirmé mis sospechas del alcoholismo del ayudante, una noche +que lo encontré por una calle haciendo eses. + +No hacía mucho que se habían abierto los cursos, y pensé que aún era +tiempo de buscar otro ayudante. Aquel hombre me había inspirado desde +el primer día una invencible repulsión; así es que me alegré cuando le +descubrí su vicio. Sólo aguardaba una buena oportunidad para hacerlo +saltar del Colegio. + +Aunque italiano, Escalandrini tenía tipo de negro. Ostentaba una +cabellera lanuda, apelmazada, y que tiraba a rubio. Tenía la tez +amarillenta, los ojos pequeños y huraños, y era bajo de estatura. Era +barbilampiño, jetón, dentudo, y tenía pómulos salientes y brazos muy +largos para su estatura: en resumen, un aire sub-humano, sobre todo si +se lo examinaba de cerca, por cierta expresión esquiva y bestial de +tristeza en la mirada. + +Y sin embargo, como ayudante no puedo negar que era competente y +experimentado. + +Había venido al Colegio Nacional, recomendado por el naturalista +Timperton, y había sido auxiliar de zoología en un museo de Turín, y +después miembro de una expedición entomológica en la colonia Eritrea. + +Ahora bien; un día que yo señalara a la clase un tema sobre las aves, +entré antes de hora en el gabinete y me puse a revisar una colección +de volátiles que debía utilizar en mi conferencia. Escalandrini +hallábase a la sazón ocupado en disecar, en un extremo del salón, un +loro barranquero que él mismo cazara con tal objeto. + +Al revisar las colecciones de los armarios noté que faltaban algunas +piezas. Después advertí un excesivo desperdicio de alcohol, pues las +tablas de los estantes estaban mojadas de este líquido. + +--Tenga usted más cuidado, Escalandrini--, le dije al +ayudante.--Derrama usted demasiado alcohol en la remuda de los botes. + +Pero un detalle bien curioso me llamó la atención. En un estante, como +escondida detrás de unos frascos, yacía una cabeza de _crótalus_, que +sin duda había sido separada del tronco, no por cuchilla de cortes, ni +por bisturí, sino a tirones, pues los tejidos presentábanse +desgarrados. + +--Yo quisiera dar _cun_ los traviesos _qui_ me _facen_ un _batituque +dil_ gabinete--, gruñó Escalandrini, que se había vuelto en su silla y +expiaba mis movimientos. Pero la fisonomía del individuo no acusaba la +expresión correspondiente al tono con que pronunciara tales palabras; +circunstancia que no dejó de impresionarme. + +Quizá se había fijado más en mí que en sus propias palabras. + +Luego descubrí, dispersas en las tablas, algunas gotas de estearina. + +Como en el gabinete no había luz eléctrica, supuse que alguien se +entraría de noche, y con vela. + +No pregunté nada. + +En lo sucesivo el gabinete me pareció ya mejor cuidado. Sin embargo, +buscando a lente, siempre hallaba en el suelo, o en la mesa, o en los +estantes, gotas de estearina que habían sido raspadas,--se conocía--, +con sumo cuidado. + +Entonces fué cuando empecé a concretar mis sospechas... + +Y un suceso lamentable vino a precipitar el desenlace de esta intriga, +a develar el misterio de un temperamento. + +En el aserradero de Perutti, la tarde del 6 de Abril, un obrero se +cortó la mano derecha con una sierra sin fin. Se le había enganchado +la manga en el trozo que aserraba, y a pesar de los sobrehumanos +esfuerzos del infeliz, el trozo le arrastró el brazo, la sierra pasó +de través, y el hombre quedó manco. + +Fué una espantosa confusión. Los compañeros del taller acudieron a +auxiliarlo, pues se iba en sangre. Lo llevaron a la Asistencia Pública +y allí le contuvieron la hemorragia. + +Cuando el pobre obrero estuvo en sus cabales se acordó de su mano. +Preguntó por ella. Los compañeros fueron a buscarla entre el aserrín, +pero no la hallaron. La mano se había extraviado. + +Poco después del accidente la mujer de un obrero había visto varios +perros que olfateaban la sangre... + +Tuvieron que ir a contarle al dueño de la mano la verdad: + +--Parece que un perro se la ha comido... + + * * * * * + +La noche del 16 de Abril, bien madurado mi plan, me introduje con gran +sigilo en el Colegio; atravesé de puntillas los largos claustros, +llegué a la puerta del gabinete, y espié por el ojo de la llave... + +Frente a frente de la puerta, ante la mesa de conferencias, alumbrado +por un pucho de vela, Escalandrini perpetraba un horrible banquete. + +De un frasco de arañas en alcohol echaba a pecho grandes tragos. En +eso, sacó del bolsillo una mano muerta y empezó a devorarse el dedo +mayor. + +El monstruo parecía borracho. Sus ojos relampagueaban, ebrios de +alcohol y de gula bestial. + +Después, con una pinza, extrajo una araña pollito, y de una dentellada +le cercenó el abdómen. + + * * * * * + +Escalandrini era un caso típico de regresión o salto atrás. Una vuelta +a los trogloditas antropófagos. + +Ribot, en su _Herencia_, habla de un neozelandés educado en Londres, +que se comió viva a una niña de cinco años. + + + + +LA MUERTE DEL MUERTO + + +La fechoría que voy a confesar pesa sobre mi conciencia de un modo +abrumador, y su recuerdo me es tanto más doloroso, cuanto menos +preconcebida fué la conducta que en este caso observé, al dejarme +arrastrar por el perverso apetito del crimen, que parece ser el +estigma de mi existencia. + +¿Qué conseguiría yo suplicando al lector que procure encontrarme +atenuantes o justificativos en esta infamia? Nada. + +Y así, desde que escapé a la acción de la justicia humana (y aun +espero escapar de la divina), le saco provecho a la verdad, +escribiendo mis barrabasadas, no sin escándalo, me consta, de ciertos +timoratos. + +Y ya me dejo de rodeos, y contaré las cosas tal cual pasaron, +fielmente. + +Yo estudiaba cuarto año secundario en el colegio del Carmen, de la +calle Estados Unidos, de Buenos Aires. + +Teníamos un profesor de inglés que se llamaba míster Moore. + +Era un hombre como de sesenta años, muy alto y de porte grave. + +Su rigor en el cumplimiento del deber era tal, que, en diez años de +profesorado, apenas cuatro veces habia faltado a clase. Nunca hablaba +sino lo estrictamente necesario, ni tuvo nunca con sus alumnos una +frase de expansión o de confianza. + +Míster Moore nos infundía, pues, ese respeto mezclado de lástima que +inspiran la soledad y la digna reserva de las personas que sufren. +Porque nosotros suponíamos que el pobre profesor sufría, y sufría en +silencio, con su cara displicente de clown jubilado, toda rasurada, y +bajo su levita de incierto color azul, única, perpetua, humilde y +respetable. + +Por lo demás, poco sabíamos de sus rarezas. No cultivaba relaciones +íntimas, vivía en una pensión de la calle Rivadavia, y comía en su +pieza, por librarse de la gente. + +Cuanto a su enseñanza, daba buenos resultados, aunque no conmigo, que +siempre merecí calabazas en inglés. + +Aquel año la salud de Mr. Moore decaía visiblemente, a juzgar por la +palidez progresiva de su rostro y el aire taciturno de su andar. + +No hubimos de extrañarnos, pues, cuando una tarde de junio, el +director nos dijo en clase que Mr. Moore acababa de morir de un +síncope, al tomar el tranvía para venir al colegio. + +Los alumnos de cuarto año hubimos de encargarnos de las diligencias +previas al entierro. Y así, nos trasladamos a la pensión de la calle +Rivadavia, donde, en su cama, encontramos al excéntrico serenamente +dormido en la eternidad. + +El vigilante de la esquina lo había recogido y llevado a la casa. + +Seis velas sobre seis sillas en torno del catre, y un crucifijo entre +las manos del difunto, cuya religión no conocíamos, bastaron para el +arreglo fúnebre, y allí nos quedamos haciéndole compañía. + +Pero a media noche los discípulos resolvieron pasarla en un cafetín, +en lugar de guardar a Mr. Moore. Yo rechacé la invitación, y no sin +agrado me quedé solo, pues la situación favorecía el maquinamiento de +cierto poema que pensaba escribir. + +Era la del velorio una habitación espaciosa, y tenía una puerta a un +pasillo estrecho con baranda de hierro, en el piso alto, sobre el +patio. + +Había otras dos puertas que comunicaban con piezas contiguas, pero +estaban tapadas con roperos, disposición ésta que me valió mucho, +ahogando el ruido, como habrá de verse luego. + +Ocupaba la cama el centro del cuarto, los pies hacia la puerta, y la +cabecera contra la pared del fondo. + +Junto a un ropero, a la izquierda de la cama, me instalé en un +confortable sillón, al lado de la mesa de trabajo, donde yacían una +Biblia y algunos libros ingleses. + +Desde mi sitio, como a cinco pasos, podía yo ver, indistintamente, la +cara escuálida del muerto; y al cabo de un cuarto de hora, la +sugestión irresistible del cuadro, dispersando mis poéticos +pensamientos, me había impuesto, en cambio, su pavoroso misterio. + +¡Cuánta ignota pena, cuánta desolación, cuánto abandono, contemplé en +aquella vida desgraciada que acababa de apagarse! + +¡Pobre viejo! Llevábase él a la tumba, con su eterno spleen, ¡quién +sabe qué nostalgias, quién sabe qué recuerdos! + +Y a la luz amarilla de las velas, me pareció ver dibujarse una sonrisa +de paz en aquella boca rígida que jamás había sonreído. + +Hay en la llama pálida de esas velas de muerto, algo así como un +afligente fervor de súplica; un intangible soplo las consume, y se +agitan inquietas en el silencio como anímulas simbólicas del dolor. + +Aquella era en verdad una hermosa máscara. La nariz alta sostenía, con +elegancia de columnata corintia, el doble arco de la frente, abierto y +noble. Los labios eran delgados, y el mentón saliente, con firme +decisión de voluntad. + +De pronto, un escalofrío me crispó los nervios. Los ojos de Mr. Moore +se habían abierto... + +¿Sería posible?... + +Traté de tranquilizarme. Incorporándome con un sigilo ansioso, me +acerqué de puntillas al lecho. Pero los ojos estaban cerrados. + +Me expliqué. Las velas, sobre su cara brillante, jugaban con reflejos +y sombras. + +Volví a mi sitio, y por distraerme abrí la Biblia, procurando +inútilmente leer. Con la imaginación en desorden, y el corazón al +galope, ya no fuí dueño de mí mismo; ¡entonces sobrevino la crisis! + +Y la incurable neurosis que padezco se desbordó en mi cerebro con +imágenes descabelladas, con ideas incoherentes y estrafalarias. + +En estos ataques agudos, el cerrar los ojos, o el quedarme en +tinieblas, no me da resultado. Desfilan ante mis pupilas, en +vertiginosa balumba, todas las furias del infierno. Rostros de +mujeres, de viejos, de locos, de perros, de burros, se transforman, se +sustituyen, se mezclan y se esfuman en una semioscuridad extravagante, +absurda. Y la crisis sólo tiene un remedio: correr, o saltar, o +gritar, ¡o matar!... hacer, en fin, algún esfuerzo muscular intenso, +que despilfarre mis anormales energías de un modo súbito y violento. + +Y con la mirada clavada en el muerto, exaltado, enajenado, anhelante, +fronterizo de la demencia, en el paroxismo de la atención, lo +vigilaba, lo acechaba, lo espiaba, con la sospecha inaguantable de que +no estaba muerto, de que estaba haciéndose el muerto, de que pretendía +asustarme, sorprenderme, burlarse de mí... + +Y en ese instante la cosa se produjo. ¡Mr. Moore había levantado una +pierna en el aire, una pierna peluda y flaca, de araña gigante; un pie +descarnado, repugnante, amarillento, de largos dedos abiertos en +abanico! + +¡Mr. Moore se había despertado de la muerte, y Mr. Moore, por fin, +rígido, escuálido, con los ojos fuera de las órbitas, mirándome +impertérrito, desnudo, espantosamente desnudo, se había puesto de pie +junto a la cama! + +¡No pude más! + +Poseído de un acceso formidable de energía, de alegría bárbara, de +terror loco; ágil como un demonio, salté sobre él y le pegué una +bofetada tal, que lo acosté patas arriba sobre su lecho de muerte. + +Después, maquinalmente, lo acomodé en la posición primitiva; y poco a +poco, al recobrar la serenidad y la razón, dime clara cuenta del +peligro que corría, si, como era posible, alguien en la casa hubiese +oído el ruido. + +Presa de inmensa angustia, auscultaba el nocturno silencio. Pero nadie +acudió. + +¡Mi delito quedaba impune para siempre! + +Y por la mañana, en la Chacarita, en torno a la fosa, junto a mis +condiscípulos, eché como ellos mi palada de tierra sobre el cadáver de +Mr. Moore, cuyo asesino no dejó traslucir ni un asomo de emoción. + +Muchas veces he pensado con horror en una autopsia de la que hubiera +resultado esta fórmula concisa y fatal: "Sonambulismo cataléptico +acabado en la sepultura por una conmoción cerebral enorme." + + + + +IV + +HUMORISMOS Y FILOSOFIAS + + + + + +TEDIO + + +Triste cosa es hallarse obligado a trabajar, y no ser como este pato +del lago que estoy mirando, mientras escribo, paradito en una pata, de +ocioso, calentándose al sol, al sol que es la esterlina y la estufa de +los que no trabajan. + +La ociosidad es la madre del pesimismo. Y hoy me siento pesimista. + +¿Por qué vienen días tontos, días en que se aflojan los resortes del +carácter, días en que nada, nada, nos parece digno de ser tomado en +serio; días de aburrimiento, de nirvana, de desaliento, en que las +menudencias que forman la diaria urdimbre de la vida nos acosan, nos +hastían y nos hartan? + +El noventa por ciento de nuestros actos diarios se producen bajo el +imperio de la rutina, de ridículas preocupaciones, de perjuicios +pueriles. + +Si me junto en la plaza con algún petizo mi compañía le avinagra, y me +pide que lo deje caminar por el centro para aparecer más alto. + +Hay quien asiste al baile con un frac viejo de su tío, y averigua cómo +está su figura. ¡Y cómo ha de estar! + +--Pero si te queda muy bien,--afirma un papanatas que no se resuelve a +entrar en el salón, porque se le descompuso la onda del peinado. + +¿Y los preguntones?... esos abombados que interrogan sin ton ni son. Y +usted les responde, ¡y de su respuesta se les dá una higa! Lo que +ellos saben es preguntar, no importa qué. Y vuelven a la carga, tanto +más reciamente, cuanto menos cara le ven a uno de responder. + +Gentes hay que no molestan de cerca, pero que saludan perdonando la +vida. Y aún os dicen: "Adiós amigo", y en el fondo os están deseando +una apoplegía. + +Líbrenos el demonio de los charlatanes que se creen ingeniosos y +espirituales e hilvanan viejos chistes con nuevas simplezas y son +testigos o héroes de todos los sucesos del pueblo y juran y se +acaloran a base de macaneo. Y líbrenos de los murmuradores que todo lo +denigran, como si poseyesen ellos solos el cetro de la justicia. + +¿Quién no se sintió harto alguna vez de las pequeñeces, de las +importunidades, de las indiscreciones de los otros, y ha deseado +escapar a mil leguas de la tierra, lejos de sus congéneres? + +¿Quién no ha deseado el suicidio, la grata compañía de los muertos, +que son los mejores prójimos, acaso porque ya no hablan? + +¡Oh si nos fuese dado morir con la facilidad con que se ingiere un +vaso de _vermouth_! + +Sin embargo, los que se matan llevan a cabo una tontería más +considerable que todas las que en vida cometieron, porque al fin y al +cabo algo de bueno ofrece la existencia, fuera de estos ratos de +tedio. Y aún en éstos gozamos la libertad de detractarla, sentados en +el parque, bajo los pinos, tomando el aperital, acariciada la frente +por una brisa cordial de otoño. Y siempre será sublime la puesta del +sol. + +La naturaleza nos reconcilia con la vida. + + + + +LA TRISTEZA + + +Es el anochecer de un día de otoño, y de la vecina iglesia viene el +son de una campanita que tañe, tañe, difundiendo en el espacio la +inquietante premura de su llamada mística. Por la calle, las mujeres +pasan, una que otra, hacia la iglesia: una vieja, otra vieja, otra, +que va como pisando cascotes, cucurucha, toda arrebosada. ¡Dichosa +vieja! Cuando se postre ante el cura, invocará, egoísta, el favor +divino, confiará en la salvación. En su absoluta, supersticiosa fé, no +comprendería ella la amarga duda del crucifijado, el _lama sabactani_. +Y por este orden de ideas, he venido a parar en la tristeza. + +He ido a cortar rosas al jardín. Entre el sutil encaje de las hojas, +las rosas parecían meditar, abiertas las corolas, absortas bajo el +firmamento. Había tristeza y reposo. La luz y el movimiento evocan la +vida; el reposo es como el signo de la muerte. Cuando la brisa mueve +las flores, sus leves balanceos arrullan nuestros ensueños, pero el +absoluto reposo crepuscular infunde una dulce tristeza. Sobrevienen +en la naturaleza y en las almas, delicados instantes así, en que +parece que _algo está ocurriendo_, misterioso, invisible. Es cuando se +han abierto ventanas que miran a lo eterno, y la tristeza que entonces +vemos en las cosas y en los seres es como la fatiga, como la parada, +en medio del infinito devenir. + +Sobre los campos silenciosos, todos los días al cerrar la noche, la +inmensidad se ahonda, la eternidad se acerca, se establece una como +normalidad del prodigio. A tal hora, nadie, estando solo, podrá +sentirse alegre a menos de ser un vulgar espíritu. La tristeza reside, +más honda que en las almas, en la naturaleza. Es verdad que la +naturaleza es toda movimiento, pero el movimiento está sujeto a las +leyes del ritmo y para cada orden de movimientos rigen la suba y la +baja; la máxima intensidad y el reposo relativo sucediéndose siempre. +Por instantes o por siglos, la naturaleza, tal como nosotros, se +aquieta y se arroba en un vasto recogimiento, como si ansiara +descansar y comprenderse... Y de esta íntima necesidad, nunca colmada, +de penetrar el secreto de la existencia, emana la tristeza que notamos +a veces en los seres y en las cosas. + +La melancolía del asno inmóvil junto a la tapia del corral; la oscura +mole de las montañas, cerrando el horizonte; la serenidad de las +flores; la cadencia de la campanita; no son distintas, no son ajenas a +mi tristeza. Hay en todo esto el estupor de la eternidad que pasa +sobre nosotros, asoladora, y siempre impenetrable y magnífica. + + + + +AMOR DE ARAÑAS + + +En la evolución de las especies, corresponde a los insectos y a los +arácnidos un grado de inteligencia relativamente elevado. El +comepiojos (mamboretá) que al ser molestado levanta con arrogancia sus +patas manducadoras y nos mira con sus pequeños ojos escarlatas; la +avispa que nos persigue, si la molestamos, para clavarnos su aguijón; +la vinchuca, que se esconde con pasmosa astucia al sentirse +perseguida, nos proporcionan abundantes ejemplos de actividad +voluntaria y consciente. + +En cuanto a las arañas, he tenido ocasión de presenciar no ha mucho un +hecho que prueba una complejidad mental realmente admirable en estos +artrópodos. Era una araña del género argironeta, que son las más +hermosas, por los matices plateados que las adornan. La encontré una +mañana en el patio de casa, entre dos hojas de cica, inmóvil, en el +centro de su tela perpendicular, brillando al sol como una joya. No +sabría la pobre que estaba en casa de un zoólogo, y es lástima, +porque en cuanto la ví la pesqué y la encerré en un frasco de vidrio. +En el ancho tapón abrí un agugero a fin de poder conservarla viva y +remitírsela al Dr. Holmberg, al siguiente día. Pero cometí la +chambonada de dejarla esa noche en una maceta, al aire libre. Aquella +mañana, en el fondo del frasco sólo hallé la cáscara del infeliz +animalejo. Mil diminutas hormigas coloradas estaban a la sazón +ocupadas en devorar lo que quedaba. Y aunque la culpa del asesinato +era mía, sentí contra las hormigas una cólera terrible. Me imagino los +tormentos que sufriría la araña, al pensar en el inmenso número de +mordiscos que recibiría de esos belicosos demonios. En fin, indignado, +maté las hormigas con agua hirviendo. + +Pero la noche había escondido una tragedia todavía más intensa; porque +hallé un hilo de araña tendido del frasco a la pared, y en una +hendidura del reboque, inmóvil, al desgraciado amante de mi gentil +cautiva, como diría un literato. Era el macho. Alrededor del frasco, +en la maceta, yacían cientos de hormigas, partidas en dos por sus +formidables mandíbulas. No cabe duda que en el silencio nocturno, +después de haberla buscado en la tela, debió de lanzar un hilo desde +la pared a la maceta, y ni más ni menos que un caballero junto a la +torre de su dama, libró al pié del frasco un combate heroico, viéndose +al fin obligado a poner pies en polvorosa, rendido y abrumado por el +número. + +No conseguí apoderarme del héroe, cuyas cenizas hubiese yo conservado +con respeto en aguardiente. Pero era muy pequeño, como todos los +_araños_. Cubría sus desnudeces una fina capa de terciopelo marrón, +un poco burda, en tanto que su amada luciera en vida una armadura de +escamas de plata. + +Era imposible interpretar de otro modo los hechos observados. Y, +teniendo en cuenta las costumbres sexuales de las arañas, el caso +resultaba hermosamente romántico. Se sabe que el casamiento de las +arañas termina con la muerte del flamante marido. Durante el día, +mientras la araña hilaba su tela, el macho la acecharía, desde su +escondrijo del reboque. Así meditaba, preparando su asalto para la +noche, aprovechando el reposo de su voraz amada. Esta operación se la +facilitan sus ocho ojos, cuatro de los cuales son para ver de noche. +Así se explica que pudiese hallar el frasco; y es que la buscaba con +la tenacidad propia de los enamorados. + +¿Qué diferencia existe entre este drama de arañas y los trágicos +amores de cualquier pareja de novela? Una simple diferencia de grado. +Aunque en ciertos sujetos, como los opas, la emotividad y la +inteligencia estén menos desarrollados que en las arañas. + + + + +EL SAPO + + +El sapo es el solitario del albañal. Su domicilio subsolar se abre a +la calle, ante la puerta de una casa. + +Los ruidos del día lo confinan en una grieta húmeda, estrecha, y ahí +permanece, chato y frío, absorbiendo agua por todos los poros, +asimilado a las piedras pardas. + +Huye del sol. El astro voraz haría evaporar en un amén el jugo de sus +pústulas, y dejaría su cuerpo seco y hueco, cual un viejo zapato +arrojado al basural. + +A media noche sale de su escondrijo, y atisba, sentado tranquilamente +en cuclillas, las mariposas que el foco de la calle atolondra. + +¡Ah, las mariposas! ¡Cómo fascinan al sapo esas miriadas de alas, +revolviéndose frenéticas en el campo de luz del arco voltáico! + +Y las mariposas caen en continua lluvia; y los coleópteros caen +zumbando de cabeza, como si quisieran taladrar el suelo. Atento, el +sapo espera. + +Cuando está cierto del éxito, inicia el ataque a cortos saltitos. Se +detiene. El corazón le late en la tensa membrana blanca de la +garganta. Después avanza gateando ridículamente; con gran cautela se +acerca al bicho, y ¡zás! + +El bocado no es siempre una sedeña mariposa. A veces hay que tragar un +escarabajo más áspero que un nudo de alambres. En tal caso, siente un +pataleo en el esófago. Pero el muy comilón no se arredra, y se ayuda a +dos manos, empujando la presa hasta el estómago. + +Otras veces, por un lamentable error, atrapa el pucho encendido que un +transeunte arrojó de su boquilla, ¡y hay que verlo retroceder y poner +la cara fea! + + + + +PASEOS ZOOLOGICOS + + +Ayer fuimos al campo con el ayudante, en busca de insectos. Aunque no +teníamos red, hemos perseguido algunas mariposas. + +Después hemos hallado unas moscas de nueva especie, asentadas +pesadamente, en gran número, en unos chañares pequeños. La hoja del +chañar dá una substancia melosa que sin duda atraía las moscas. Algo +más delgada que la mosca común, la nueva especie distínguese en que +presenta en las alas bandas transversales blancas, sobre fondo pardo +oscuro y en la cabeza un par de antenas corniformes. + +Pero en el mismo tubito hemos encerrado una libélula y sus ásperas +alas han destrozado a las moscas. Mañana volveremos a buscarlas. La +constancia es la primera virtud del naturalista. + +En el campo no hay que descuidar los pequeños detalles. A veces una +hormiga que corre a esconderse bajo una mata, proporciona valiosas +enseñanzas. De pronto, el ayudante se larga al suelo, de cabeza. Con +el ojo pegado al tubito de cazar, examina un precioso díptero +cubierto de blanco bello. Se trata de otro raro ejemplar, y el pobre +bicho cae al fondo lóbrego de mi bolsillo. + +En la falda del cerro, en unos matorrales cuajados de flores +amarillas, descubrimos un nuevo tipo de araña verdosa, muy chica y +vivaz. En seguida fué al tubo. + +En esta época,--fin del otoño--la mayor parte de los insectos han +muerto ya, dejando sus larvas; y los nidos de mil estilos que +construyen para dormir el sueño invernal, son casi siempre obras de +arte, dignas de estudio. En el suelo, en el tronco de los árboles, en +los tallos, en las lajas, bajo las piedras, en los pantanos resecos, +encontramos innumerables formas de capullos. A cada especie +corresponde un modelo determinado y una ubicación particular. Los más +fuertes están a la vista, pendientes de las ramas desnudas de los +arbustos. Unos son estuches de una especie de pergamino, aglutinación +de hilos de seda; otros están recubiertos de espinas que los pájaros +tienen que respetar; algunos, en los tallos leñosos de los matorrales, +son concreciones calcáreas, durísimas, fuertemente adheridas. Los +menos protegidos imitan el color o la forma de la rama o piedra donde +se pegan. Otros se enquistan en los tallos, hipertrofian los tejidos y +originan agallas que al retornar la primavera se abren, dejando +escapar un insecto. En todos predomina el instinto de conservación de +la especie. Y de todos esos escondites, de todos esos refugios, cuando +vengan las lluvias y caliente el sol, irrumpirá la vida, múltiple, +bulliciosa, policroma. + +El cielo estaba magnífico. Había una insensible gradación de colores, +desde el armiño y el ópalo hasta el rojo de cobre bruñido. Una larga +nube, cuyo borde se apoyaba en los cerros del oeste, dividía el cielo +en dos con una banda oscura que se apagaba en el cenit. En un rincón +del San Bernardo, poblado de cebiles, ponía la hora su tono +melancólico. Reinaba en las hondonadas verdinegras de follajes maduros +una quietud inmensa, y la tristeza de la tarde se atenuaba al cortarse +en el cielo celeste la línea ondulante de la arboleda, tendida y +crespa, como un festón de encajes. + + + + +BATRACOFOBIA DE LOS RENACUAJOS + + +Una mañana de marzo andaba yo con mi curso de 2º año por el parque San +Martín. Los alumnos, repartidos en grupos de cinco, recorrían el +terreno en busca de alimañas. Cada uno debía escribir una composición, +el relato del paseo y la observación de algún bicho. Asi, en las +primeras clases del año, podría el profesor juzgar del grado de +observación original, individual de sus alumnos. + +Marchaba yo entre un grupo de alumnos por una avenida macademizada, al +fondo de la cual se ve una fuente de cemento y bronce, especie de +centro de mesa, con que se adornan nuestros pobres parques de tierra +adentro. Alguno dijo que no era la media calle el camino más propicio +a la busca de dichos, y aprovechó la coyuntura para hacer resaltar, no +sin ironía, la comodidad del profesor. + +"Amigos míos--objetó éste:--no es preciso trepar al cerro para hallar +bichos. No hay un centímetro cúbico en la superficie del planeta, que +no presente algún fenómeno de vida, capaz de interesar al estudioso. +Si yo tuviese un miscroscopio, demostraría mi aserto, analizando aquí +mismo la fauna y flora de un milígramo de tierra de la calle, +previamente disuelto en una gotas de agua. Esto en cuanto a la vida +microscópica. Pues la vida _macroscópica_ no es menos abundante en la +avenida. Alzad la vista un poco, y mirad las turbas de mosquitos +provenientes de los álamos, que se arremolinan sobre vuestras cabezas; +las moscas de mil clases que zumban a ras del suelo, sobre el +estiércol del aristocrático caballo que ayer tarde arrastraba el coche +de una dama, y las variadas zabandijas que nadan en los charcos de la +calzada, como los tiburones en el mar. Las cuestiones que suscitaría +el estudio de cualquiera de estos seres son tan vastas, que su +exposición exigiría el concurso de muchas ciencias. + +Supongamos, que un sabio elige el mosquito del álamo. Tendrá que saber +botánica si quiere explicarse la formación de las agallas, en la +vagina de las hojas; química, si desea averiguar las causas de +formación de las agallas; entomología especial de los dípteros, si +quiere determinar la especie del insecto. El vuelo de éste, le llevará +a la física mecánica; el zumbido, a la física acústica. Si quiere +saber el número de vibraciones de las alas por segundo, ambas cosas +concurrirán a darle la cifra; y con esto, habrá venido a parar a las +matemáticas. Sin contar con que, en último análisis, todo fenómeno, es +susceptible de examinarse desde el punto de vista de la cantidad; de +cuya constancia resultan únicamente las leyes naturales. No hay ley +sin número. No hay fenómenos que no pueda esquematizarse en números. +Y así, hemos venido, un poco desordenadamente, del mosquito a las +concepciones más abstractas". + +Entretanto habíamos llegado a la fuente, cuyo contenido era una agua +verdosa, rica en algas. Allí cazamos crustáceos, pequeñísimos, pulgas +de agua y cíclopes, transparentes como cristal, en el microscopio. +Algunas arañas habían tendido sus telas en las gradas de la columna +que emergía del centro de la fuente. + +Entre dicha columna y el borde de la fuente, descansaban en cuclillas +sobre soportes de cemento, como en cuatro islas, cuatro angelitos +equidistantes de bronce, que contemplaban el agua, pensando quizá en +lo verde y sucia que estaba, y lamentando acaso no poder taparse las +narices con sus manos metálicas. + +Bogaba en el agua una galleta. Sobre la galleta estaba sentado un +sapito nuevo, y alrededor, una turba de renacuajos chupaban el dulce +zumo de la pequeña isla alimenticia. + +En seguida noté, entre los pies de los ángeles, una multitud de +sapitos nuevos. Además, en el agua, flotaban cadáveres de otros +sapitos, a los cuales iban adheridos por la trucha los renacuajos. + +En el agua, no había ningún sapito vivo. + +Después de un rato de contemplación, el profesor ordenó silencio a sus +discípulos, y, al rayo del sol, les dió una lección de biología. Los +muchachos se sentaron al borde de la fuente y le escucharon con +interés. + +"He aquí, amigos míos--dijo--una maravillosa oportunidad de aplicar +la inteligencia a la explicación de los hechos. + +He aquí, que acabo, tal vez, de descubrir el porqué del paso de los +peces a los anfibios, en la evolución de las especies. + +Notad que esta fuente no tiene salida. Es una laguna con cuatro islas. +En la laguna, algunas sapas depositaron sus huevos, de los que +salieron miles de renacuajos. Unos han evolucionado más pronto que +otros. Se ven aquí batracios en todos los grados de desarrollo, desde +el huevo al estado adulto, y por tanto, desde que respiran por +branquias hasta que respiran por pulmones. + +Pero es el caso que los ya pulmonados, se han visto forzados a +refugiarse, _bajo pena de muerte_, en las islas. Lo prueban los +cadáveres de sapitos que sirven, como veis, de alimento a los +renacuajos, mucho más grandes, fuertes y vivaces por ser el agua su +medio apropiado dada su respiración branquial. + +La batracofobia de los renacuajos es, pues, un hecho indiscutible. Y +lo particular es que tal hecho explica, según creo, el origen de los +anfibios. Bastaría suponer en ciertos charcos del mundo primitivo, una +superabundancia enorme de una forma dada de peces, que, habiendo +desalojado a otras especies, empezaron a comerse entre ellos. +Establecida así la lucha, se salvaban únicamente de la carnicería los +que podían ganar tierra y resistir más tiempo al nuevo ambiente, hasta +que las branquias se adaptaran al aire y se convirtieran en pulmones. +El hábito y la herencia fijaron el nuevo carácter específico, y el +atavismo reproduciría la forma primitiva acuática. Y como la duración +de las condiciones físicas del medio sería de miles de años, +tendríamos repetidas las causas y los efectos en millones de +generaciones sucesivas, y por lo tanto fijada una especie intermedia, +entre peces y reptiles. + +De los peces a los batracios, no sólo ha cambiado la respiración, sino +la alimentación. Los renacuajos se alimentan por succión. Los sapos, +son insectívoros. Al comenzar la existencia terrestre, no les fué muy +difícil cambiar de régimen alimenticio, como lo probaría la poca +variación que exige un aparato bucal chupador (renacuajo) para +convertirse en captador (sapo). + +Si se compara la organización de los peces superiores con la de los +batracios anuros que por ahora nos ocupan, se nota que los peces son +más complicados. Los batracios no derivarían, pues, de los peces +superiores, sino tal vez de los branquiostomas, o de una forma +intermedia entre éstos y los ciclóstomos, cuya organización es más +rudimentaria. + +Pronto estudiaremos la organización interna de los batracios, y, en su +metamórfosis, la transformación del aparato circulatorio en +correlación con el respiratorio. Entonces os haré notar cómo, la +respiración cutánea, tan intensa en los batracios, y propia de +organismos inferiores, ha hecho tal vez posible al conservarse el paso +de la respiración branquial a la pulmonar. + +Antes de terminar, amigos míos, libertemos a los sapitos, que están +condenados a morir de hambre en estas islas de cemento, al pie de los +ángeles indiferentes. Ayudemos así al cumplimiento de las leyes +naturales. Arrojemos los sapitos entre la húmeda gramilla del parque, +para que se coman las larvas corrosivas y los insectos que atacan las +plantas de los jardines." + +--¡Libertemos al náufrago refugiado en la galleta!--gritó un muchacho. +Pero en aquel momento, cuando una mano amiga se le acercaba, el +pequeño sapo saltó al agua, y un renacuajo vivaz y ventrudo se apoderó +de su presa al instante. + +Así hemos leído, en un charco, una hermosa página escrita hace +millares de siglos por el azar de la evolución. + + + + +LA INMORTALIDAD + + +La desagregación del protoplasma por la mineralización creciente no se +manifiesta en los unicelulares. Dado un ambiente propicio, un +protozaorio no muere nunca, puesto que alcanzada la dimensión normal +en la especie, el individuo se parte en dos y del ser único derivan +dos individuos nuevos, continuando en cada uno de ellos los procesos +de asimilación y desasimilación que determinan el crecimiento y la +división consecutiva, completándose así el ciclo evolutivo. + +A medida que la estructura orgánica se complica, disminuye la +resistencia normal del individuo en su medio, en razón de la mayor +conexión y subordinación de unas funciones con otras en el organismo. + +En los protozoarios la división experimental del núcleo no impide la +regeneración de cada parte. + +En los metazoarios inferiores, cada fracción regenera las que faltan. +(Hidras). + +Algunos escalones más arriba, la división experimental del individuo +por su eje de simetría, ya no permite la reconstitución de cada mitad. +(Asteroideos). + +En los grados más avanzados de complejidad estructural, de los +artrópodos a los cordados, la capacidad regenerativa del protoplasma +tórnase de más en más problemática. + +En los anfibios, la vitalidad de los principales órganos (por ejemplo, +del corazón), separados del cuerpo, es mayor que la de los mamíferos. + +Un protozario partido en dos, por su núcleo, continúa viviendo; un +mamífero lesionado solamente hasta su red arterial, tiene muchas +probabilidades de morir. + +Cuanto más avanza la diferenciación progresiva de las formas, más +acrece la posibilidad de la muerte. + +Viniendo a un punto de vista más general; no existe solución de +continuidad en la materia viva, desde la mónera que aparece en el limo +del océano pre-geológico, hasta las especies que pueblan en la +actualidad la tierra. Negarlo supone aceptar creaciones particulares +de todas las especies, en cada época. + +Ahora bien. Pensando en la muerte con datos así, objetivos, sin +recurrir a los conceptos absolutos creados por la imaginación, se +ilumina de pronto la mente con la esperanza de una inmortalidad menos +egoísta. + +Pongamos nuestra fe en la ciencia. + +Ella nos dice que durante algunos siglos todavía estaremos condenados +a morir; pero somos inmortales como partículas orgánicas de la +especie, puesto que las generaciones venideras, perfeccionadas de +continuo en su mecanismo de pensar, por el esfuerzo adaptativo de las +que las precedieron, irán acumulando el aprendizaje de la experiencia, +para alcanzar acaso el ideal de los ideales: la existencia infinita, +individual y específica del hombre. + +Como si la muerte durante siglos fuese nuestro tributo a la +inmortalidad futura, la naturaleza, al perfeccionar su mejor +instrumento, el hombre, le ha hecho quizá el más endeble y el más +delicado de los seres. + +No en vano la eternidad es la obsesión de todos los tiempos. El hombre +tiende al azul desde que aprendió a pensar. Interroga siempre al gran +enigma infinito suspendido sobre su cabeza. + +Obstinado, aborda su problema. + +Ante el microscopio y ante el telescopio; ante el animal y la planta; +ante el microbio y el astro; ante el mineral y el flúido intangible; +junto a las máquinas, junto a los crisoles, junto a las retortas; +sobre los libros, sobre los terrenos, sobre los aires, sobre los +mares, en todos sentidos y en todas direcciones, escarba en lo +desconocido, con un apetito insaciable de más allá, que es ansia de lo +eterno, su parte de Verdad, de Belleza y de Bien. + +¿Perecerá la civilización sin que algún ser humano haya transpuesto +los límites de la atmósfera? + +¿Será inacabable el misterio? + +La inteligencia, la ciencia, el progreso, todo lo noble y todo lo +grande que vamos alcanzando, a trueque de sacrificio y de dolor, ¿no +pesará nada en la balanza del devenir? + +¿Todo eso no será más que combinaciones peregrinas del azar, efímero +aleteo, ensueño quimérico de algo perdurable, de algo absoluto? + +¿Llegará día en que ninguna pupila humana pueda escrutar la sombra? + +La naturaleza parece responder: "Hombre, ¿vale más tu inteligencia +complicada, sutil, poderosa, rápida, vale más que una hormiga o una +flor? Eres una onda del río que va desde lo que no tiene principio +hacia lo que no tiene fin. Envanécete. Sin embargo, para mí que soy la +energía ciega, la casualidad indiferente, no hay bueno ni malo, fácil +ni difícil, mejor ni peor; pues a mí no me cuesta trabajo el cerebro +de Newton que el vuelo de los astros". + +Y yo he soñado con una humanidad más perfecta, más buena y más sabia, +remontándose por medios mecánicos a los espacios estelares. + +La ciencia vencerá a la muerte. + +Siendo infinita la duración de la vida, no habrá porqué desdeñar un +viaje de siglos por el universo. + +Magnífico espectáculo el del hombre atravesando los espacios +interplanetarios en expresos más veloces que la luz. + +La conquista del infinito será precedida de una agitación jubilosa +como la que anuncia el vuelo de las colmenas. + +Abandonando su viejo casco, libador de la eterna belleza, el hombre +remontará su vuelo por aquel jardín que tiene por flores las +estrellas. + + + + +INDICE + + + Página + + A Manuel Gálvez 5 + Prólogo 7 + +LA CIUDAD + + Los burritos leñateros 19 + Una proclamación 23 + El reñidero 27 + La tabeada 33 + Los perros 37 + Defensa de un perro 41 + La condenada 43 + La creciente 47 + La decadencia de los opas 51 + Los cocheros 55 + Un baile de villorrio 59 + El duende 63 + La viuda 67 + La mula ánima 71 + La Juana Figueroa 73 + Don Matías Linares y Sanzetenea 79 + +LOS CAMPOS + + El erque 85 + El fantasma del remate 89 + El gaucho salteño 95 + La selva de Anta 97 + Cruz guiez 103 + +HISTORIETAS Y CUENTOS + + Un viaje raro 109 + El último vuelo 115 + La cacería de patos 121 + El caballo que perdió la lengua 127 + La transmigración 131 + El suicidio de Burela 135 + El caso del esqueleto 139 + La cola de Gato 145 + El salto atrás 149 + La muerte del muerto 155 + +HUMORISMOS Y FILOSOFIAS + + Tedio 163 + La tristeza 167 + Amor de arañas 169 + El sapo 173 + Paseos zoológicos 175 + Batracoforia de los renacuajos 179 + La inmortalidad 185 + + + + + * * * * * + + + + +Notas del Transcriptor: + +Se han corregido algunos errores tipográficos presentes en el +original. Las vacilaciones en algunas grafías se han mantenida como en +el original. + +P. 138: "el cielo azul, el cerro, el valle de Lerma; se persignó"--En +el original, este frase fué despues de las palabras "en el pescuezo, +pasé la" + +*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 40358 *** |
