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diff --git a/76572-0.txt b/76572-0.txt new file mode 100644 index 0000000..3699d20 --- /dev/null +++ b/76572-0.txt @@ -0,0 +1,10138 @@ + +*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 76572 *** + + +NOTA DE TRANSCRIPCIÓN + + * Las cursivas se muestran entre _subrayados_ y las versalitas se han + convertido a MAYÚSCULAS. + + * Los errores de imprenta han sido corregidos. + + * La ortografía del texto original ha sido modernizada de acuerdo con + las normas publicadas en 2010 por la Real Academia Española. + + * La puntuación también ha sufrido ligeros retoques para su + modernización, así como la toponimia. + + * Las rayas intrapárrafos han sido espaciadas según los modernos + usos ortotipográficos. + + * Las cartas y misivas se presentan sangradas para mejor distinguirlas + de otros entrecomillados. + + + + +EPISODIOS NACIONALES + +LUCHANA + + + + + Es propiedad. Queda hecho el depósito que marca la ley. Serán + furtivos los ejemplares que no lleven el sello del autor. + + + + + B. PÉREZ GALDÓS + EPISODIOS NACIONALES + TERCERA SERIE + + LUCHANA + + 14.000 + + MADRID + PERLADO, PÁEZ Y COMPAÑÍA + (Sucesores de Hernando) + Arenal, 11 + 1906 + + + + + EST. TIP. DE LA VIUDA E HIJOS DE TELLO + IMPRESOR DE CÁMARA DE S. M. + Carrera de San Francisco, 4. + + + + +LUCHANA + +I + + + «En mi carta de ayer —decía la señora incógnita con fecha 14 de + agosto— te referí que nuestro buen Hillo me mandó recado al mediodía, + recomendándome que no saliese a paseo por el pueblo, ni aun por los + jardines, porque corrían voces de que los soldados y clases del + Cuarto de la Guardia, los de la Real Provincial y los granaderos de + a caballo, andaban soliviantados, y se temía que nos dieran un día + de jarana, cuando no de luto y desórdenes sangrientos. Naturalmente, + hice todo lo contrario de lo que nuestro sabio Mentor con notoria + prudencia me aconsejaba: salí de paseo con dos amigos, señora y + caballero, prolongándose la caminata más que de costumbre, y no + exagero si te digo que anduvimos cerca de un cuarto de legua por + el camino de Valsaín; luego atravesamos todo el pueblo, llegando + hasta más allá del Pajarón, y nos volvimos a casita con un sí es no + es de desconsuelo, pues no vimos turbas sediciosas, ni soldadesca + desenfrenada, ni cosa alguna fuera de lo vulgar y corriente. El drama + callejero, _género histórico_ en España, que deseábamos ver, no sin + sobresalto en nuestra viva curiosidad, permanecía entre bastidores, + en ensayo tal vez. Sus autores, temerosos de una silba, no se + atrevían a mandar alzar el telón. + + »Por mi parte, te aseguro que no sentía miedo; mis acompañantes, sí: + solo con la idea de que la revolución anunciada no pasase de comedia, + se atrevían a presenciarla. Y comedia tenía que ser en la presunción + de todos, pues de los jefes, del comandante general del Real Sitio, + conde de San Román, nada debía temerse, conocida de todo el mundo su + adhesión a la reina y a Istúriz; de los jefes tampoco, que eran _lo + mejor de cada casa_. Las clases y tropa no son capaces de escribir + por sí solas una página de la historia de España, y el día en que la + escribieran, ¡ay!, veríamos, a más de la mala gramática de hoy, una + ortografía detestable. + + »Al pasar por el teatro, nos hizo reír el título de la comedia + anunciada: _A las diez de la noche, o los síntomas de una + conjuración_. En las puertas del café del teatro vimos paisanos + y sargentos en grupos muy animados, y por las palabras sueltas + que al paso hirieron nuestros oídos, comprendimos que hablaban de + política. Luego nos dijo Pepito Urbistondo, a quien encontramos + junto a la Comandancia, que las clases de toda la guarnición estaban + incomodadas porque el general había prohibido, bajo graves penas, + cantar canciones patrióticas, y mandado que las bandas y músicas no + tocasen otras marchas que las de ordenanza. A este Pepe Urbistondo + no le conoces: ha venido no hace un mes del ejército de Aragón; es + valiente y audaz en la guerra; en los saraos de Madrid el primero y + más arrojado bailarín de gavotas y mazurcas; buen chico, solo que + tartamudea un poco, y empalaga un mucho con sus alardes de finura, + a veces sin venir a cuento. Hoy le tienes aquí de ayudante de San + Román, y es el que anima con sus donaires los corros que diariamente, + mañana y tarde, se forman en las _Tres Gracias_ o en _Andrómeda_... + Pues sigo diciéndote que la noticia comunicada por Pepito del mal + humor de los señores cabos y sargentos no nos causó grande inquietud. + Pero luego nos encontramos al canónigo de la Colegiata, don Blas de + Torres, que nos puso en cuidado refiriéndonos lo que había ocurrido + momentos antes, en el acto de la _lista_. Después de la música, y + cuando ya la tropa formaba para volver al cuartel, el tambor mayor + mandó a la banda tocar la marcha granadera. Obedecieron los tambores; + pero no los pífanos, que salieron por el himno de Riego, resultando + un guirigay de mil demonios, efecto de la discordancia entre músicas + tan diferentes. El comandante, volado, mandó callar la banda, y + la tropa se dirigió al cuartel al son de sus propias pisadas. La + vimos pasar. Era una escena triste, lúgubre. No sé por qué me + impresionó aquel marchar de los soldados sin ningún son de música o + ruido militar. Me fijé en las caras de muchos, y no eran, no, las + habituales caras de soldados españoles, siempre alegres. Cuando + entrábamos en casa de mis amigos, volvimos a encontrar a Urbistondo, + y nos dijo que, al llegar al cuartel, el comandante había mandado + arrestar a toda la banda; que al tambor mayor, a quien se atribuía + connivencia con los desentonados pífanos, le habían metido en un + calabozo. La oficialidad recibió orden de permanecer en el cuartel + toda la noche, y se prohibió que salieran los sargentos. Cuando nos + daba Pepito estos informes, ya casi anochecía; los paseantes de + los jardines volvían presurosos a sus casas; notábase en algunos + aprensión, recelo; de la sierra bajaba un airecillo sutil, que + nos hacía echar de menos los abrigos. Yo mandé a casa por el mío: + la persona que me lo trajo, traía también un billete en que se me + instaba, mejor dicho, en que se me hacía el honor de llamarme a + Palacio... Yo tiritaba; me había enfriado un poco al volver de paseo: + creo que contribuyó a ello el ver aquellos soldados tan tristes, + marchando sin tambores ni cornetas... Aplacé la visita a Palacio para + después de comer; pero luego vino un recadito más apremiante, verbal, + y tomando el brazo del digno caballero que lo había llevado, me fui + allá. Quién me llamó de Palacio, no puedo decírtelo, niño, ni hay + para qué. + + »Creí encontrar alarma en la morada real, pero me equivoqué... ¡en + tantas cosas nos equivocamos! Sabían todo lo ocurrido en el cuartel + del Pajarón y en la lista; tenían noticia de la descompuesta actitud + de los sargentos en el café del teatro, donde suelen reunirse; de la + llegada de paisanos de Madrid, siniestros pajarracos que anuncian las + tempestades políticas; mas no por eso habían perdido la tranquilidad + y confianza. No debo ocultarte que yo había recibido de la Villa y + Corte informes preciosos de lo que piensan y dicen ciertas personas + de las que influyen en la cosa pública, lo mismo cuando están en + candelero que cuando están caídas. Alguien se enteró de que yo + tenía tales referencias y quiso oírlas de mis propios labios. De lo + que yo sabía, comuniqué lo que estimaba prudente y oportuno en las + circunstancias actuales, lo que a mi parecer podría ser de utilidad y + enseñanza para la persona que me interrogaba; lo demás me lo callé. + ¿No te parece que hice bien? Ya veo que afirmas. Me gusta que opines + en todo como yo. + + »Pues verás: pasé un rato muy agradable con las niñas cuando las + acostaban. La reinita Isabel discurre como una mujercita; Luisa + Fernanda le gana en formalidad. Es grave la pequeñuela, y en su corta + edad parece sentir y comprender ya que tanto ella como su hermanita + son personajes históricos, y que están llamadas a desempeñar primeros + papeles en la escena del mundo. Isabel despunta por su inteligencia: + cuentan de ella salidas y réplicas verdaderamente prodigiosas. Ya + conoce por sus nombres a todos los palaciegos y a muchos generales; + distingue los cuerpos y armas del ejército por los uniformes, y los + grados y empleos de los oficiales por los galones y charreteras. La + cronología de los reyes, desde los Católicos para acá la sabe de + corrido, y en etiqueta suele dar opiniones saladísimas, que revelan + su agudeza y disposición. Es muy juguetona, demasiado, según dicen + algunos, para reina. Pero esto es una tontería, porque los niños ¿qué + han de hacer más que enredar? Nuestra _angélica Isabel_, a quien + aclaman pueblo y ejército como la esperanza de la patria, se iría + gustosa, si la dejaran, a jugar a la calle con las chiquillas pobres. + Dios la bendiga. Si esa guerra tiene el término que deseamos y el don + Carlos se queda como el gallo de Morón, veremos a Isabel en el trono, + digo, la verás tú, que yo no pienso vivir tanto. + + »No sé por qué me figuro que la juguetona y despabilada Isabel ha + de ser una gran reina, como la primera de su nombre. El toque está + en que sepan rodearla, en sus primeros años de reinado, de personas + buenas, de severo trato y rectitud, de conocimiento en los negocios + de Estado, pues no siendo así, ¿qué ha de hacer la pobre niña? Ni + con las dotes más excelsas que Dios pone en la voluntad y en la + inteligencia de sus criaturas, podría desenvolverse Isabelita en + medio del desconcierto de un país que todavía anda buscando la + mejor de las constituciones posibles, y que no parece dispuesto a + dejarse gobernar con sosiego hasta que no la encuentre; de un país + que todavía emplea como principal resorte político el entusiasmo, + cosa muy buena para hacer revoluciones cuando estas vienen a cuento, + mas no para gobernar a los pueblos... En fin, no quiero que me + llames fastidiosa, y suspendo aquí mis acerbos juicios acerca de + un país que todavía ha de tardar siglos en curarse de sus hábitos + sentimentales... Conque ya ves lo que le espera a la pobre niña, + mayormente si la dejan sola y no cuidan de poner a su lado quien la + guíe y aconseje. Quiera Dios que mis recelos sean infundados, y que + Isabel reine sin tropiezos, y haga feliz, poderosa y rica a esta + pobrecita nación. Yo no he de ver su reinado, y si es próspero y + grande, eso me pierdo. Lo que en la historia resulte de la preciosa + niña, a quien he dado tantos besos esta noche, tú me lo contarás + cuando nos veamos en el otro mundo. + + »Bueno: pues sabrás que al salir del cuarto de las niñas, me dieron + la noticia de que cuatro compañías de la Guardia Real Provincial, + alojadas en el Pajarón, se habían sublevado. Me lo dijo una dama + en quien el ingenio corre parejas con la edad (uno y otra son + grandes), y sin duda porque su conocimiento práctico de la historia + del siglo la familiariza con los motines, no acompañó la noticia de + demostraciones de sobresalto. Ya no era joven cuando el tumulto de + Aranjuez, en marzo del año 8, que presenció y refiere con todos sus + pelos y señales. ¡Conque figúrate si habiendo visto desde la barrera + aquella función y todas las que han venido después, estará curada + de espanto la pobre señora! “No se asuste usted —me dijo—. No será + de cuidado: todo quedará reducido a que nos machaquen los oídos + con el _himno_, y a que pidan quitar el Estatuto u otra majadería + semejante. Yo, a ser la reina, no vacilaría en variar el nombre + de la primera ley del Estado, pues esto ni da ni quita poder... + Estos pobres liberales son unas criaturas que se pasan la vida + mudando motes y letreros, sin reparar en que varían los nombres, + y las cosas son siempre las mismas. Ahora les da por jugar a las + constitucioncitas..., ¡qué inocentes!... Yo me río... En fin, veremos + en qué para esto. No le arriendo la ganancia al amigo Istúriz”. + + »Respondile que no podía yo participar de su tranquilidad, y + hallándome bastante desfallecida y con un poquito de susto en mi + pobre espíritu, le rogué que mandase me dieran una taza de caldo. + “Pediré otra para mí, y además dos copitas de Jerez con sus bizcochos + correspondientes, porque, amiga mía, no puedo avenirme a esta + novísima costumbre de comer a las tres y cenar a las once de la + noche..., costumbres napolitanas deben de ser estas... Y además, + como podría suceder que en noche de revolución no haya la debida + puntualidad en la hora de la cena, bueno es que nos preparemos + para los ayunos que nos depare Dios de aquí a mañana. Y si a usted + le parece, mandaremos que nos sirvan algún fiambre, o una perita en + dulce...”. + + »A todas estas, notamos entrada y salida de militares, vimos caras + de sobresalto; mas ningún rumor desusado se oía por la parte del + pueblo. Cuando mi amiga y yo estábamos en el comedor chico haciendo + por la vida, nos dijo el mayordomo de semana, todo trémulo y + asustadico, que se había cerrado la puerta de hierro que comunica + con la población, trayendo las llaves a Palacio; pero se temía que + los sublevados de fuera violentarían la puerta de la verja con ayuda + de los sublevados de dentro. “¡Los de dentro! —exclamó mi amiga—. + ¿Según eso, los del cuarto regimiento también...? Era natural. Ya + lo tendrían bien amasado entre todos”. Añadió el informante que el + jefe de Provinciales y parte de la oficialidad trataban de contener + el movimiento con exhortaciones y buenos consejos; pero se dudaba + que lo consiguiesen. Aún quedaba la esperanza de que los Guardias de + Corps se mantuviesen fieles a la disciplina, y en este caso, andarían + a tiros unos contra otros. A esto, dijimos las dos señoras que no, + no..., de ninguna manera..., nada de tiros ni matarse, no, no... Que + se avinieran todos, y a la buena de Dios; que si ello quedaba en un + cambio de gobierno, con himno a pasto, proclamas, _entusiasmo_ y un + gracioso cubileteo de constituciones, nos dábamos por satisfechas... + Sobre todo, lo que hubiera de venir, viniera pronto, para poder + cenar, aunque fuese un poquito tarde, y dormir tranquilamente. + + »Al volver a la antecámara, ya sentimos extraordinario ruido al + exterior, y en Palacio turbación, perplejidad, azoramiento, miedo». + + + + +II + + + «“Por aquí, por aquí”, nos dijeron señalando las salas cuyos + balcones dan a la plazuela llamada la _Cacharrería_, y allá nos + fuimos mi amiga y yo, deseosas de ver y gozar las escenas que se + preparaban, presumiendo, no sé por qué, que estas no habían de ser + tumultuosas, ni menos sangrientas. Sonaron algunos tiros, ¡ay qué + miedo!; advirtieron por allí que eran disparados al aire, más en son + de fiesta que de hostilidad, y el murmullo de voces que subía de + la plazoleta no parecía en verdad resuello de revolución, sino más + bien algo del ¡_ah, ah_! con que en los teatros imitan torpemente + el bramido de las multitudes furiosas. La noche no era muy clara. + Desde los balcones, atisbando tras de los cristales, distinguíamos + el hormigueo de bultos oscuros moviéndose sin cesar, brillo fugaz de + objetos metálicos, bayonetas, cañones de fusil, chapas de morriones, + charreteras. Se intentaba, sin duda, la formación ordenada, y no era + fácil lograr tal intento. En los vivas, que a poco de llegar los + sublevados a la plazuela empezaron a oírse, alternaba la reina con + la libertad, uno y otro grito proferidos con igual ardor, de lo que + deducíamos que nuestras vidas, así como las de las reinas, no corrían + peligro alguno. Revolución que aclama a las personas que encarnan + la autoridad, no viene con mal vino. “Puede que ahora —observó mi + amiga— salgan esos infelices con que han armado toda esta tremolina + para pedir aumento de paga, lo que me parece muy justo, porque ya + sabrá usted que ya no les dan más que nueve cuartos, de los cuales + ocho son para el rancho. Reconozcamos que el soldado español es la + virtud misma, pues _por un cuarto_ diario consagra a la patria su + existencia, _por un cuarto_ se somete a los rigores de la disciplina, + _por un cuarto_ nos custodia y nos defiende hasta dejarse matar. No + creo que en ningún país exista abnegación más barata. Pero ya verá + usted cómo estos desdichados vienen pidiendo algo que no les importa, + algo que no ha de remediar su pobreza. Verá usted cómo se descuelgan + reclamando más libertad..., libertad que no ha de hacerles a ellos + más libres, ni tampoco menos pobres. Alguno habrá quizás entre ellos + que crea que la Constitución del 12 les va a dar cuarto y medio”. + + »Otra dama que se nos agregó, esposa de un general que ha hecho + su brillante carrera hollando alfombras palatinas (no te digo su + nombre: es feíta la pobre; tan poco agraciada que todo el mundo + cree que tiene talento..., y el mundo se equivoca), nos aseguró que + el escándalo que presenciábamos era obra del masonismo; que los + soldados de la Guardia no entendían de constituciones, ni sabían si + la libertad se comía con cuchara o con tenedor, y que se sublevaban + porque las logias les habían repartido dinero. Cuatro días antes + habían llegado de Madrid doce mil duros... Mi amiga la interrumpió + para decirle que no creía en esos viajes de las talegas. Yo fui de la + misma opinión. Pero ella insistió, asegurando lo de los miles como + si los hubiera contado. Lo sabía por la doncella de una camarista, + que tenía un novio cabo de Provinciales. El domingo anterior habían + salido de paseo, y él la convidó a merendar en la Boca del Asno, y + le mostró piezas columnarias, de esas que tienen dos globos y el + letrero que dice _más allá_... Dijo a esto mi amiga, revistiendo + su socarronería de exquisitas formas, que con tales señas no podía + ponerse en duda la venalidad de los sargentos sediciosos, y yo me + vi precisada a expresar la misma opinión, añadiendo que en ningún + caso es conveniente que las logias tengan dinero. Las tres hubimos + de maravillarnos de que, poseyendo el rey y la grandeza los mayores + caudales de la nación, sean todas las revoluciones contrarias a + la monarquía y a la aristocracia. Por fuerza tiene que haber gran + cantidad de moneda oculta, repartida en muchos poquitos entre la + masa enorme de gentes ordinarias, oscuras y aun descamisadas que + hormiguean en ciudades y aldeas. + + »Bruscamente apartaron nuestra atención de estas filosofías a lo + mujeril el aumento de ruido en la plaza y en la entrada de Palacio, + la estrepitosa sonoridad del himno de Riego, cantado por mil voces, + y el movimiento que advertimos hacia la escalera principal. Pronto + vimos que subían los jefes de las compañías sublevadas. San Román + y el duque de Alagón salieron a recibirles. No olvidaré nunca el + breve, picante diálogo entre los generales palatinos y los jefes + que tan desairado papel representaban en aquella comedia. “¡Pero + ustedes...!”. “Mi general, nosotros...”, y no decían más. Escribían + un poquito de historia con estas palabras premiosas, acompañadas de + un expresivo encoger de hombros. Uno de ellos pudo al fin explicarse + con más claras razones: “Nosotros no nos sublevamos..., los sargentos + de todos los cuerpos son los que se sublevan... ¿Qué habíamos de + hacer? Hemos tenido que seguirles para evitar el derramamiento + de sangre”. Y Alagón repetía: “¡Pero ustedes!...”. “Mi general + —se aventuró a decir el comandante de Provinciales—, creemos que + dejándonos llevar de esta corriente irresistible, prestaremos un + servicio a la reina... Sin nosotros, sabe Dios a dónde llegaría el + movimiento...”. + + »San Román, pálido, dando pataditas, estampa viva del azoramiento + y la perplejidad, creyendo que era su deber incomodarse para decir + las cosas más sencillas, desplegó toda su cólera en estas palabras: + “Pues ahora van ustedes a manifestar a la reina..., eso, eso..., a + explicarle las causas del escándalo..., y eso..., eso..., que ustedes + se han dejado llevar, se han dejado traer, para evitar mayores + males..., y eso..., el derramamiento de sangre”. + + »Más sereno Alagón, como hombre de trastienda y con más conchas + que un galápago, les invitó a pasar a la presencia de Su Majestad, + con el fin de darle conocimiento de lo ocurrido y de reiterarle + su firme lealtad y adhesión. Adentro fueron todos, y los de fuera + seguían desgañifándose con el himno, cual si lo hubieran aprendido en + viernes. Poco duró la conferencia de los jefes con la Gobernadora. Al + verles salir, acompañados de un conde y un duque, no pudimos menos de + observar que si ridícula era la situación de la oficialidad dejándose + mover de la indisciplina de los inferiores, más ridículamente + desprestigiados resultaban los generales, cuyo papel quedaba reducido + al de introductores de las embajadas que los sediciosos enviaban a la + reina. + + »“Que suba una comisión, una comisión de las clases... —decía San + Román—: veremos qué piden... Que suban seis”. Opinó Alagón que + era excesivo este número. Bastaba, según él, que subieran uno + de Provinciales y otro de la Guardia..., todo lo más tres: un + tercero por los granaderos de Caballería... En esto reclamaron a + mi amiga de parte de la reina. A mí se me llamó poco después, y + entró con otras dos señoras en el comedor pequeño, donde estaba Su + Majestad disponiéndose a cenar antes de recibir a la comisión de los + amotinados. No podía disimular la ilustre señora su turbación, su + miedo ante aquel problema que el pueblo le planteaba, y que tenía + que resolver pronto y con entereza, sin que la ayudaran ministros ni + próceres. Creo que desde las tremendas noches de septiembre del 32, + en aquel mismo palacio, cuando se vio sola junto al rey moribundo, + y enfrente la intriga de los apostólicos, no se ha visto doña María + Cristina en trance tan apretado como el de agosto del año que corre. + Quería comer, y lo dejaba por hablar y hacer preguntas atropelladas; + queriendo decir algo importante, interrumpía los conceptos para comer + precipitadamente sin saber lo que comía. Probó de una sopa, picó de + un asado, tomaba la cuchara cuando debía coger el tenedor... Y en su + exquisita amabilidad y hábito de corte, para todos tuvo una palabra + grata, equivocando personas y nombres: eso ni que decir tiene. + Advertí su rostro un poco arrebatado; a cada instante se pasaba la + mano por la frente... ¡y qué frente aquella más bonita!..., o miraba + en derredor, fijándose, más que en las personas, en los huecos que + estas dejaban al moverse. ¿Qué buscaba? Sin duda lo que no tenía ni + podía tener: un hombre, un rey. + + »Vestía la reina de blanco con sencillez soberana. Ordinariamente Su + Majestad come muy bien. Aquella noche, un tanto tempestuosa para la + corona, la inapetencia, la nerviosa ansiedad del primer tripulante + del bajel del Estado, revelaban que no era insensible al malestar + del mareo. Verdad que los tumbos del barquito eran horrorosos: la + caña del timón había venido a ser irrisoria, como la que le pusieron + a Cristo en su santa mano. Tan turbada estaba la señora, que nos + preguntó muy sorprendida que por qué no cenábamos, sin reparar que + no cenábamos porque no nos servían. La servían a ella sola. Pronto + echó de ver su inadvertencia, lo que fue causa de endulzar con un + poco de risa forzada los amargores de la situación. Algo dijo la + reina, no lo entendí bien, de que luego cenaríamos chicos y grandes + con formalidad, si la revolución nos dejaba llegar a media noche + con vida; y de aquí tomaron pie los presentes para bromear un poco, + mientras seguía por dentro de cada uno la tumultuosa procesión. Ni + aun en aquel caso se eclipsaba la sonrisa ideal de María Cristina; + sonrisa que era como un astro siempre luminoso en medio de tales + tristezas. Los hoyuelos lindísimos de su cara, el repliegue de + aquella boca no tienen semejante, ni creo exista en humanos rostros + un anzuelo tan bien cebado para pescar corazones. Cuantos españoles + han visto a esta reina se sienten dominados por su atractiva belleza. + Es, creo yo, entre todas las testas coronadas, la única que posee + el secreto del estilo gracioso, con preferencia al grave, para la + expresión de la majestad. + + »Como anunciara el duque que los sublevados habían elegido ya + su comisión, y que esta esperaba la venia de la soberana para + presentarse a ella, se discutió en qué departamento del Palacio se + recibiría tan singular embajada. No por humillar a los sargentos, + sino por alejarse lo más posible de las estancias donde se sentía + el temeroso bullicio militar y el insufrible sonsonete del himno, + dispuso la reina recibir a la comisión en una de las salas del + archivo, que están en la parte del norte, lo más desamparado, triste + y recogido de la casa. Te daré una idea de la estancia en que se + efectuó el imponente careo entre pueblo y rey, que, según dicen, ha + de cambiar la faz del país... (Puede que varíe la cara nacional; + el alma poco variará...). Es el archivo una pieza larguísima, como + de doce varas, con la mitad de anchura, rodeada toda de armarios + de madera rotulados, que supongo estarán llenos de papeles del + Patrimonio, los cuales tengo para mí que no servirán para nada. El + cielo raso del techo se ha caído en algunas partes, mostrando la + armadura y tillado; el suelo está cubierto por esteras de las más + ordinarias. Los muebles son una mesa de nogal y otra de mármol, + arrimada a un lado como un trasto que estorbaba en otra parte y lo + han metido allí, donde también estorba. Elegida esta pieza para + parlamentar la corona y la revolución, llevaron un sitial para + la reina, dos grandes candelabros con bujías, y creo que nada + más. Pusieron guardias de Alabarderos en todo el trayecto desde la + escalera hasta el archivo; en la puerta de este dos guardias de + Corps, y un número grande de ellos en la pieza inmediata. Preparado + todo, se dijo a la plebe armada que podía pasar. + + »Formaban la diputación de los sublevados dos sargentos. El soldado + que entró con ellos creímos que venía representando la clase de + tropa; después supimos que, movido de la curiosidad, la cual debía de + ser en él tan grande como su frescura, se había colado, agregándose + a los sargentos sin que nadie le dijera nada. Así andaban las cosas + aquella noche. En la escalera les recibieron el duque de Alagón y + el general San Román, que después de mandarles dejar las armas, + les echaron la correspondiente exhortación a la prudencia, no como + autoridades inflexibles, sino como compañeros, pues se había borrado + toda jerarquía, aunque los signos de estas permanecieran adornando + las personas, sin más valor que el que podrían tener los botones y + ojales de la ropa. Dijéronles que miraran bien lo que decían ante + la augusta persona de la reina; que doblaran ante ella la rodilla y + le besaran la mano respetuosamente, y que si Su Majestad, siempre + bondadosa, les recomendaba que se retiraran a sus cuarteles, lo + hicieran calladitos y sin ningún alboroto. A esto dijo uno de los + sargentos con bastante firmeza: “Mi general, si no hemos de poder + manifestar a la señora las causas de esta revolución y lo que pide + España, excusado es que entremos”. A este golpetazo de lógica, nada + pudo contestar el jefe de la guarnición. El duque añadió: “Sí, sí, + entrad... Su Majestad quiere veros y que le digáis las razones + de haber dado vosotros este paso, sin que nadie os lo mandara... + Entraréis; ¡pero cuidado, cuidado...! No nos deis una noche de + vergüenza, ni nos pongáis en el caso de...”. Lo demás no se oía... + Precedidos de los generales, acompañados, escoltados más bien por los + jefes de Provinciales y de la Guardia, avanzaron de sala en sala los + dos sargentos y el soldado intruso. El nombre de este no lo supimos; + los de los sargentos nos los dijeron ellos mismos a la salida: el uno + se llama Alejandro Gómez y tiene veintidós años; el otro Juan Lucas + y dos años más de edad. Ya ves qué pronto y con qué poco trabajo + han entrado en la Historia estos dos caballeros: ¡Alejandro Gómez, + Juan Lucas! ¿Qué significa esto?, te pregunto yo. ¿Cómo se entra + en la Historia? Y tú me responderás que en la Historia, como en + todas partes donde hay puertas, gateras o ventanillos, se entra... + entrando». + + + + +III + + + «Cuando llegaron a lo que en aquel caso era sala de embajadores, los + tres emisarios de la revolución iban tan azorados y temerosos, que se + habrían alegrado, creo yo, de que les mandaran volver a la plazuela. + El lujo de Palacio, para ellos sorprendente, desconocido; las + personas graves, de alta representación social, que a su paso veían; + la idea de encontrarse pronto frente a la majestad representada en + la hermosa reina, toda gentileza, elegancia, superioridad por donde + quiera que se la mirase les abrumaba, les hacía temblar como reos + míseros. Te aseguro que el soldado tenía cara de tonto; pero que no + lo era, bien lo probaba su audacia. Y no hubo entre los palaciegos + que les recibían o entre los jefes que les acompañaban uno a quien + se le ocurriera decir: “Pero tú, soldadillo, ¿qué tienes que hacer + aquí? ¿Quién te ha llamado, quién te ha dado poderes para llegar en + comisión nada menos que al pie del trono?”. Esto te probará cuán + azorados andaban aquella noche los grandes y los medianos. La ola que + subió tan súbitamente les privaba de todo sentido. + + »De los sargentos, el Gómez era sin duda el más despabilado: + arrogante muchacho, de color moreno encendido, vivos los ojos. + Lucas parecía menos listo. Miraba al suelo: su papel político le + agobiaba como un remordimiento. Por fin, entraron en el archivo + silenciosos. Y al ver a la reina, rodeada de tantas personas de + categoría y de la alta servidumbre, quedáronse como encandilados, tan + cohibidos los pobres, que sus jefes tuvieron que cogerles del brazo + para hacerles avanzar a lo largo de la sala. Detrás y a los lados + del sillón regio estaban el señor Barrio Ayuso, ministro de Gracia + y Justicia, el marqués de Cerralbo, el alcalde de La Granja, señor + Ayzaga, y varias damas. San Román y Alagón se situaron a derecha e + izquierda de Su Majestad. Hincaron la rodilla los tres representantes + de la revolución y besaron la mano de la Gobernadora, que desde + aquel instante pareció recobrar su serenidad. Abriendo camino a + las explicaciones, la reina les electrizó con la sonrisa primero, + y después con estas cariñosas palabras: “Hijos míos, ¿qué tenéis?, + ¿qué queréis?, ¿qué os sucede?...”. La contestación de ellos tardó + un mediano rato, que a todos pareció larguísimo. Los sargentos se + miraban uno a otro, como diciéndose: “Habla tú”; pero ninguno de + los dos rompía. Tuvo la reina que repetir su pregunta, y al fin, + el comandante de Provinciales mandó al Gómez con gesto imperioso + que contestase. En voz muy baja, balbuciente, rectificándose a cada + sílaba, dijo el sargento algo muy extraño, que no parecía tener + congruencia con la pregunta. Interpretando las cortadas expresiones + del joven militar, como se interpreta una borrosa inscripción, o como + se lee una carta rota, cuyos pedazos no están completos, resultaba + poco más o menos el siguiente concepto: “Señora, lo que nosotros + pedimos a Vuestra Majestad es que conceda a la nación _aquello_..., + _aquello_ por que nos hemos batido en el Norte durante tres años, + _aquello_ por que han perecido la mayor parte de nuestros compañeros”. + + »La reina interpretó al instante en el sentido más conforme con sus + ideas las inciertas demostraciones del militar, que, en su rudeza, + quería ser delicado evitando la palabra poco grata a los reyes, y el + pobrecillo no tenía bastante dominio del lenguaje para poder emplear + eufemismos hipócritas. Pues bien: la señora reina se aprovechó de la + turbación del soldado para sostener que _aquello_ era ni más ni menos + que los legítimos derechos de su hija la reina de las Españas doña + Isabel II. + + »Vimos entonces en el rostro del sargento la rápida iluminación que + da el hallazgo del concepto apropiado a las ideas que se quieren + expresar. “Sí, señora —dijo—: nos hemos batido por los legítimos + derechos de nuestra reina; pero también creíamos que peleábamos por + la Libertad”. Viendo la Gobernadora que no le valía la evasiva, + extremó su bondad para decir: “Sí, hijos míos: por la Libertad, por + la Libertad”. Animándose Gómez con su primer éxito, se atrevió a + responder: “De la Libertad se habla mucho; pero no veo yo que la + tengamos”. Expresó entonces la reina una idea de las que más han + usado y manoseado los _estatuistas_: Libertad es que tengan fuerza + las leyes; que se respete y obedezca a las autoridades constituidas. + Al oír esto, despabilose súbitamente el sargento, y en tono decidido, + dueño ya de su palabra y de su asunto, salió con esta retahíla que + habría sido fácil ajustar a la música del himno famoso: “Entonces, + señora, no será Libertad el oponerse a la voluntad de todas las + provincias para que se _ponga_ la Constitución; no será Libertad + el desarme de la Milicia Nacional en todos los puntos donde está + pronunciada; ni la persecución de liberales, como está sucediendo + hoy mismo en Madrid; ni será tampoco Libertad el que vayan al Norte + comisionados a proponer arreglos y tratos con los facciosos para + concluir la guerra”. + + »Iba tomando un carácter poco grato la conferencia, que casi picaba + en disputa, y la reina, un tanto nerviosa, la exacerbó asegurando que + lo dicho por Gómez no tenía nada que ver con la dichosa Libertad, + y que por su parte desconocía las persecuciones de liberales y los + pronunciamientos de la Milicia Nacional. Ya notaban todos que el + sargentito no se mordía la lengua. San Román estaba de veinticinco + colores, y Alagón de uno solo: su palidez era intensa, su silencio + absoluto. Gómez no perdía ripio: allí fue contando por los dedos + las capitales pronunciadas, particularizando a Zaragoza, y, por + último, se dejó decir que si Su Majestad no sabía lo que pasaba en + el reino, era porque le ocultaban la verdad. ¡Amigo, esta fue la + gorda! Sonó un murmullo en toda la sala. La reina dejó de sonreír; + el ilustre concurso estimaba irreverente y absurda la conferencia, + que únicamente el miedo podía consentir. ¿Y quién era el guapo que la + suspendía? ¿Quién mandaba a los sargentos retirarse con las compañías + al cuartel? No había más remedio que hacer de tripas corazón. Los + sublevados tenían la fuerza: cuanto miraban delante de ellos no era + más que una debilidad ostentosa. Creciéndose más a cada instante, + el sargento de veintidós años declaró respetuosamente, en nombre de + sus compañeros, y juzgándose intérprete de miles y aun de millones + de españoles, que para devolver la tranquilidad a España y evitar el + derramamiento de sangre, _se hacía indispensable_ que Su Majestad + _mandase publicar_ el Código constitucional del 12, pues no era otro + el motivo de la insurrección. + + »Tragando un poquito de saliva, quiso probar la Gobernadora los + efectos de su graciosa sonrisa para reducir y aniquilar a su + contrario, el cual, si nada representaba por sí, por la masa humana + que tenía detrás adquiría proporciones gigantescas. “¿Pero tú conoces + la Constitución del 12? ¿La has leído?”, le dijo; y él contestó + impávido que en ella había aprendido a leer. Prodújose en todos + los presentes un movimiento de sorpresa, de hilaridad, y la reina + mandó traer el libro de la Constitución. No fue preciso salir de la + estancia, pues ya lo tenían allí preparado. El señor Barrio Ayuso, + ministro de Gracia y Justicia, era de los que creían que aquella + grave situación se dominaba con triquiñuelas, y entre él y la reina + habían armado una: la oportunidad de ponerla en práctica no tardó en + llegar. Abrió María Cristina el venerable librote, y leyó el artículo + 192, que previene han de ser tres o cinco los regentes. “¡Según eso + —exclamó Su Majestad— sois vosotros los que queréis traer a don + Carlos al trono! (_Asombro e indignación de los sublevados_). Sí, + vosotros, pues por esta Constitución no puedo ser yo la regente del + reino ni tutora de mis hijas, y eso por vosotros, que tantas pruebas + me habéis dado de adhesión”. + + »El efecto de este argumento fue desastroso en los inocentes + revolucionarios, y las caras de triunfo que ponían los palaciegos al + oír a su señora acabaron de desconcertarles. Miráronse por segunda + vez uno y otro sargento, como diciéndose: “Ahora sí que estamos + lucidos”, y el señor Barrio Ayuso, reventando de vanagloria por el + éxito de su pasmosa zancadilla, reforzó las palabras de la soberana + con otras hinchadas y oscuras, de jurisprudencia constituyente, con + las cuales creía llevar a su último extremo la confusión y apabullo + de los sublevados. El alcalde señor Ayzaga, que en el curso de la + conferencia había demostrado su parcialidad, apoyando con mímica + expresiva cuanto decía una de las partes, y poniendo morros de burla + y menosprecio siempre que hablaba Gómez, se creció con el triunfo + de la reina, y quiso acabar de hundir a la desdichada comisión, + interrogando al pobrecito soldado que en ella desempeñaba un papel + mudo, pues aún no se le había oído el metal de voz... “Y tú, vamos + a ver —le preguntó, entre las risas de los circunstantes—, ¿qué + razones tienes para querer la Constitución del 12?”. Como el soldado, + estupefacto y hecho un poste, no contestara, repitió el otro la + carga. “Te pregunto, fíjate bien, que por qué te gusta a ti la + Constitución”. El soldado miró al techo, como los chicos que no se + saben la lección, y respondió al fin con no poco trabajo: “La quiero, + la queremos..., porque es mejor”. + + »Ya iba picando en sainete la histórica escena: la inocencia del + soldadillo había puesto fin a toda seriedad, y de ello se aprovechó + el alcalde para estrecharle y confundir más a sus compañeros de + armas. “Pero, hombre, explícate mejor: di a Su Majestad en qué te + fundas para creer que esa Constitución que ahora defiendes es mejor + que otra cualquiera”. Tanto le apremiaron, que el pobre chico se + arrancó con sus razones. “Pues yo no sé..., lo que sé es que el año + 20, en mi pueblo, que es La Coruña, para servirles, estaba libre la + sal (_Risas_), y libre el tabaco”. + + »Y con estas candideces se regocijaban más los primates allí + congregados sin acordarse de que a pocos pasos de la estancia real, + donde tales simplezas oían, se apiñaba inquieta y displicente una + muchedumbre armada que pedía la Constitución del 12, sin que ninguno + de los sediciosos supiera justificar su deseo con razones de más + sustancia que aquella expresada por el soldado: _que era mejor_. + + »Explícame esto, tú que sabes tanto. ¿Cómo se forma el sentimiento + popular, casi siempre irresistible? ¿Quién enseña a las multitudes a + querer ardientemente una cosa, sin saber decir por qué la quieren? + ¿Cómo es que la sinrazón popular, cuando es persistente y honda, + tiene siempre razón? Explícamelo tú, que sabes de estas cosas... + Pero no: ahora no me expliques nada, porque no tendría yo cabeza + para enterarme de tu sabiduría, como no la tengo, ni ojos, ni + tampoco mano, para seguir escribiendo. El sueño me rinde. No puedo + más. Me permitirás que termine aquí esta carta, y no me reñirás por + suspenderla en lo más interesante. Mañana seguiré, tontín; mejor + dicho, empezaré otra, pues esta quiero que salga en el correo que + parte del Real Sitio al amanecer. Mas no la terminaré sin decirte + que en la presente confirmo y ratifico cuanto en otras te manifesté + respecto a mi tolerancia y deseos de transacción. No solo no pongo + ya el veto a tu frenesí amoroso, sino que para evitar mayores males + te incito a que vayas en seguimiento de tu Aura. Sí, niño, sí: + ¿tú lo quieres? Pues sea. Como reventarías si no la encontraras + y la hicieras tuya, tómala, te lo permito. Quiero que despejes + esa incógnita de tu destino. Si he de decirte la verdad, ya me va + interesando también a mi esa pobre joven, tan traída y llevada por + parientes y tutores, oprimida y explotada por gentes mercenarias. Es + muy triste no tener padres, ¿verdad? Mira tú, por esto solo, por ser + huérfana tu novia, he principiado yo a encariñarme con ella. Y es de + poco tiempo acá la transformación de mis sentimientos con respecto a + tu Aura. Debo esta mudanza a la señora de que te hablé... ¿ya no te + acuerdas? la que te ha visto y no te ha visto; la que te conoce y no + te conoce; la que... Vamos, niño, tengo mucho sueño. Hasta mañana». + + + + +IV + + + «¿En qué habíamos quedado? —decía la dama invisible en su carta del + 15 de agosto—. ¡Ah!, ya recuerdo. Quedaron cual atontados palominos + los tres individuos que representaban a la revolución. El Gómez, no + obstante, se rehizo y sacó de su cacumen un argumento que revelaba + mayor agudeza de la que esperaban reina y cortesanos. Asimilándose + con rápido instinto las marrullerías del ministro allí presente, + propuso que se mandase publicar la Constitución con la cláusula de + que quedase en vigor toda ella, menos el artículo referente a la + regencia. A esto replicaron que no era posible extender el decreto + sin que se reuniera el ministerio para refrendarlo. Ante obstáculo + tan insuperable, la única solución era que los sublevados se fueran + calladitos al cuartel, con el mayor orden, satisfechos con la promesa + que les hacía la señora de presentar en la próxima reunión de Cortes + un proyecto de Constitución, que había de ser muy buena, mejor + todavía que la de Cádiz. + + »Conformes en ello los tres militares, dudaban que sus compañeros + se aplacaran con tal expediente, y no querían volver a la plazuela + temerosos de ser mal recibidos. Entablose una discusión larguísima + y fastidiosa entre el ministro, el alcalde, Alagón y San Román de + una parte, y de otra, el sargento Gómez, pues Lucas no hacía más + que asentir con cabezadas a cuanto el otro decía, y el soldadillo + había renunciado cuerdamente al uso de la palabra... Por último, + los señores primates, maestros en pastelería sublime, que era su + única ciencia, discurrieron amansar la fiera con una real orden en + que la Gobernadora manifestaba al general San Román su voluntad + de adoptar nueva Constitución con el concurso de las Cortes. Allí + mismo la redactaron, y a los sargentos, crédulos y respetuosos, no + les pareció mal. Así lo manifestó Gómez, añadiendo la duda de que + con tal emoliente se diesen por satisfechos los sublevados. Pronto + lo sabrían, pues con la venia de Su Majestad bajaban a manifestar + a sus compañeros el resultado de la _junta_, en la que se habían + empleado tres horas: ya era más de la una cuando salieron a la + _Cacharrería_, donde impacientes aguardaban pueblo y tropa, roncos + ya de cantar el himno. Al punto, según oí contar, fueron rodeados de + sargentos y oficiales que ansiosos les preguntaban si traían ya el + decretito firmado por _el Ama_. La noticia de que no traían más que + una real orden dilatoria, les sacó de quicio. San Román mandó dar un + toque de atención, y obtenido el silencio preparose a leer el _papel + mojado_, empleando antes como vendaje el recurso de los vivas. ¡Viva + la reina! ¡Viva la guarnición de La Granja! ¡Vivan los vencedores de + Mendigorría! Las contestaciones fueron calurosas, y el general creyó + dominar la situación. Arrancose a leer, y no bien hubo llegado a la + mitad del documento, oyó un murmullo, y luego el grito de “¡Fuera! + ¡Fuera!”. En fin, que el hombre no tuvo más remedio que guardar su + papelito; y como sonaran disparos al aire, dio media vuelta y se + metió en Palacio. + + »Todo lo que fuera ocurría repercutió bien pronto en las apartadas + estancias donde aguardaba María Cristina, desesperanzada ya de + que el conflicto se arreglase fácilmente con arbitrios engañosos + y evasivas oficinescas. Sin ejército ni gobierno que apoyaran su + dignidad y sus prerrogativas, no tuvo más remedio que darse por + vencida, y contestando con desdeñoso gesto a los palaciegos que aún + veían términos de acomodo, ordenó que volviese a subir la comisión + de sublevados. Sin duda pensaba que los primates que en tal trance + la habían puesto con su abandono y desgobierno merecían la bofetada + que el pueblo les daba con la blanca y blanda mano de su hermosa + reina. Adelante, pues, con el pueblo, que era en suma el burro de las + cargas, el sostén de cuanto allí existía, el defensor de los derechos + dinásticos, el único guerrero que guerreaba, el único político que + dirigía, con rudeza y desatino, eso sí, pero con fuerza. “¡Viva la + fuerza, sea la que fuere!”, debió decir para sus adentros la graciosa + dama, que plebe y trono no habían de reñir por una Constitución de + más o de menos. + + »Aquí lo tienes ya bien explicado todo. Subieron los sargentos, + cerca ya de las dos de la madrugada, y manifestado por ellos que la + guarnición no se satisfacía con la real orden, se pensó en extender + el decreto. El alcalde, señor Ayzaga, que no cabía en sí de mal + humor y despecho, fue encargado por la reina de redactarlo. Nada + de esto presencié yo: me lo contó mi amiga en la antecámara, donde + nos habíamos refugiado, rendidas de fatiga y de hambre, todas las + personas que ya no tenían alientos para presenciar la fastidiosa + escena histórica. Considerábamos que la página era interesante; pero + ya nos aburría y deseábamos volver la hoja. + + »Allí nos dio un poco de parola don Fernando Muñoz, que se mostró + indignado, primero contra la Guardia, después contra el gobierno, + por no haber previsto suceso tan escandaloso. Ya él se había quejado + de que la guarnición del Real Sitio era escasa, y hecho ver al + ministro que estaba maleada por las logias: a esto nos permitimos + oponer una observación que me parece irrebatible. Si hubieran mandado + más tropa al Real Sitio, la revolución se habría hecho quizás con + mayor escándalo y transgresión más violenta de la disciplina. Después + de todo, no habían pasado las cosas tan mal: “Ay, mi señor don + Fernando —le dijo mi amiga, demostrando su profundo conocimiento de + España y de los españoles—, dé usted gracias a Dios por haber tenido + aquí tan solo a la Guardia Real, que con otros cuerpos, más tocados + del maleficio revolucionario, no sabemos lo que habría ocurrido. Lo + que había de acontecer, acontece con el menor daño posible. Y si no, + vea usted cómo está Madrid, enteramente entregado a la anarquía. + Barricadas, tumultos, muertes, atropellos. Pues aquí, donde parece + que se desenlaza el drama, todo queda reducido a una revolución + _di camera_, ni más ni menos. Con una escenita de ópera cómica, + hemos transformado la política, nos hemos divertido un poco con las + gansadas del soldado intruso, y hemos visto que la monarquía no ha + perdido el respeto del ejército. ¡Ay de nosotros el día en que ese + respeto falte!”. No se dio a partido tu tocayo con estas razones, y + agregó que la revolución _di camera_ no podía formar estado, como + hecha por sorpresa, violentando el ánimo de la señora; que nada + adelantarían los sublevados del Real Sitio si en Madrid se mantenía + el gobierno _en sus trece_. Órdenes se habían dado ya para que + resistiera Quesada a todo trance el empuje de las turbas, ya fueran + de milicianos, ya de plebe turbulenta, y Quesada era hombre con + quien no se jugaba. Ya le conocían los patriotas: de él se esperaba + el triunfo de la legalidad, de los buenos principios de gobierno. + Si el pueblo quería nueva Constitución, manifestáralo por las vías + derechas, por sus representantes naturales. Tanto mi amiga como yo + creímos oportuno expresar nuestra conformidad con estas rutinas, + puesto que de rutinas vivimos todos, cada cual en su esfera, y los + reyes más que nadie. + + »Las tres eran ya cuando firmó doña María Cristina el decreto + mandando promulgar el _divino Código_, y se retiró a sus + habitaciones, dándonos las buenas noches con amable sonrisa. Llegó la + hora de que celebráramos la feliz terminación del conflicto, comiendo + alguna cosa, y así lo hicimos. Mi amiga me ofreció aposentarme, pues + no era prudente que saliéramos tan a deshora los que vivíamos fuera + de Palacio. A las cuatro todo estaba en silencio, y la tropa se había + retirado a sus cuarteles. Contáronnos al siguiente día que al bajar + de nuevo San Román con el decreto, los sublevados prorrumpieron + en vivas y mueras, estos últimos dirigidos principalmente contra + la camarilla, sin mencionar a nadie. Algunos dudaban que fuese + auténtica la firma de la Gobernadora; pero les tranquilizó sobre este + punto un tal Higinio García, escribiente de San Román, el cual _dio + fe_ de que no había engañifa en la firma y rúbrica de Su Majestad. + Agregose Higinio a los sublevados. Resultó que también era sargento, + y desde aquella ocasión ha continuado funcionando como uno de tantos + cabezas de motín. Me dicen que fue con veinte soldados y un oficial + a Segovia _para hacer allí el pronunciamiento_. Todos estos trámites + son fastidiosos, ¿verdad? Las juntas, la proclamación, los actos de + entusiasmo con lápida de mal pintado lienzo; la continua y mareante + cancamurria del himno, quizás con alguna estrofa y estribillo nuevos, + debidos al numen de cualquier patriota versificador; los abrazos + en medio de la calle; las congratulaciones de los ilusos que creen + entramos en una era de felicidad: todo esto aburre, y si pudiéramos + escondernos en el último rincón de España, para no verlo ni oírlo, + ¡qué bien estaríamos! + + »Consecuencia de aquella mala noche en Palacio, viendo cómo se + escribe, mejor dicho, cómo se hace la historia, fue un dolor de + cabeza que ayer y hoy me ha retenido en casa sin poder dar mi paseo + de costumbre. Desde mi balcón vi anteayer la jura en la plaza, con + asistencia de toda la guarnición de gran gala, y mucho paisanaje, + prodigando unos y otros, pueblo y tropa, las demostraciones de + júbilo. Creo yo que la política no se hace con sentimientos, sino + con virtudes, y como no tenemos estas, poco adelantamos. El acto de + la jura fue muy vistoso, con profusión de damasco rojo y amarillo + en el adorno del tablado que se armó frente al Ayuntamiento. En + esto llevamos ventaja a Madrid, donde no se ven más que percales + indecentes para festejar los grandes sucesos. Tocó la música el + himno, _por variar_, y los vivas atronaron el espacio cuando se + descubrió la lápida, en cuya pintura puso sus cinco sentidos un tal + Monje, encargado en el teatro de aviar las luces y de embadurnar los + telones. Esmerose el hombre en la artística obra, poniéndole unos + veteados que imitan mármoles con gran propiedad; en la línea inferior + hay un león amarillo muy incomodado, con una garra en la bandera + española, otra en una rama de laurel, y la feroz vista clavada en el + libro de la Constitución, como si lo estuviera leyendo y enterándose + bien de lo que dice para contárselo a la leona. En medio campean las + letras “¡Viva Isabel II y la Constitución!”. ¡Con qué gana daban los + vivas y con qué ardor eran contestados por la multitud! Gritaban + hasta los chiquillos, y las nodrizas, y las criadas de servir. ¿Qué + pensarán de todo esto? Allí queda la lápida, que ya hoy empieza a + tener buches, y se ven hincharse y deprimirse con el viento los + mármoles que en ella figuró el artista. Pronto las lluvias otoñales + la pondrán hecha una sopa, y el león se convertirá en perro de aguas, + y el libro de la Constitución quedará totalmente inservible. Durante + el invierno colgarán jirones descoloridos, y quizás encuentren + abrigo los pobres pájaros bajo el lienzo roto, y allí fabricarán sus + industriosos nidos, para que no pueda decirse que todo aquel aparato + es enteramente inútil. + + »Tu amigo Hillo fue ayer a Madrid, por acuerdo mío, con objeto de + agenciar algo que a ti se refiere. No te digo lo que es, ni hay + para qué decirlo por ahora. Desde allá te escribirá tu Mentor, que + no desea otra cosa que servirte y hacerte grata la vida. Por su + gusto iría contigo; pero yo no le dejo por ahora. Tu carta última + me informa de que estás bien de la herida, y de que esta no inspiró + nunca ningún cuidado; dices que te asisten los mismos ángeles... + Necesito más pormenores. Cuéntale a don Pedro lo que él y yo + ignoramos, pues no ha de faltarte tiempo para escribir, a no ser + que con tantos mimos y con ese sibaritismo en que vives se te haya + embotado la voluntad. + + »Quedamos en que te traes a tu Aura. Falta solo que te la den. Como + eres tan poco comunicativo, no sé si te agradaría que alguien hablase + de este asunto al señor Mendizábal. Explícate, hombre; habla: pide + por esa boca. ¿También te enfadas porque cambio ahora los papeles, + trocándome de tirana en sierva? ¡Si ahora eres tú el tiranuelo! + + »Ya principian a decir que Córdova no vuelve al Norte. Cualquiera que + sea su sucesor, llámese Oráa, Rodil o Espartero, tendrás una eficaz + recomendación para que te den todo el auxilio que necesites en tus + románticas empresas. No te maravilles de esto: vivimos en el país + de las recomendaciones y del favor personal. La amistad es aquí la + suprema razón de la existencia, así en lo grande como en lo pequeño, + así en lo individual como en lo colectivo... Y este descubrimiento, + ¿no vale nada? Es verdad, ¿sí o no? ¿Qué tienes que decir?». + + + + +V + + +Conforme leía, Calpena daba cuenta a los visitantes de la casa de +Castro de lo sustancial de estas cartas, o sea de aquella parte que +era o había de ser histórica. Reuníanse allí por la noche media docena +de personas de lo más granadito del pueblo, y charlaban de política, +inclinándose los más a los temperamentos medios o incoloros. El general +lamento era que España tenía todo lo bueno que Dios crió, menos +gobernantes que supieran su obligación, resultando que con unos y otros +siempre estábamos lo mismo. Alguno de los tertulianos respiraba por +el régimen absoluto, pero en la forma antigua, patriarcal, no con las +ferocidades que se traían los adeptos de don Carlos, y dos tan solo, +menos aún, uno y medio casi, eran resueltamente liberales, también +con mesura y templanza, renegando del faroleo continuo de la Milicia +nacional y de los desafueros de las logias. Excusado es decir que todos +los concurrentes a la plácida reunión poseían bienes raíces, y aun +adquirirían muchos más cuando pasara el escrúpulo de comprar las fincas +de los conventos. Aburríase Fernando en la tal tertulia de medias +tintas, de una opacidad tristísima en las ideas, y si no estuvieran +allí Demetria y Gracia, le sería intolerable la sociedad de aquellos +señores tan bien entonados. Más grato que la tertulia había venido a +ser para él rezar el rosario con las niñas, doña María Tirgo, don José +y la servidumbre. Rezando, su mente vagaba por ideales esferas, donde +veía resplandores místicos o profanos, a veces filosóficos, y hermosas +imágenes, todo más bello que las opiniones grises y deslucidas de los +notables de Laguardia. + +Pasada la Virgen de Agosto (fecha de la fiesta y feria del pueblo, que +aquel año, por motivo de la guerra, fue de muy escaso lucimiento), +pudo Calpena salir a la calle, cojeando un poco. Don José María le +acompañaba casi siempre, y le mostraba lo notable de la villa, dándole +frecuentes descansos, ora en la botica de Montenegro, ora en la tienda +de Sacristán, para concluir en la iglesia, en la cual le fue enseñando +todo lo que en ella había: altares, cuadros, sepulcros, ropas y vasos +sagrados. Tan minuciosa prolijidad empleaba en la descripción y en la +historia de cada objeto, que fueron precisas cinco largas tardes para +que don Fernando se enterase de todo. Ni en la catedral de Toledo ni +en San Pedro de Roma tardara más un cicerone de conciencia en mostrar +antiguas riquezas. Y eso que las obras de arte de la parroquia de +Laguardia no eran cosa del otro jueves. La última tarde, cuando Calpena +no ignoraba ningún detalle cronológico ni artístico, y conocía los +santos de todos los altares como a personas de su intimidad, le metió +don José en la sacristía, y obsequiándole con vino blanco y bizcochos, +se dispuso a comunicarle cosas de la mayor importancia. + +—Aquí solitos, señor don Fernando —le dijo, sentados ambos en +viejísimos sillones de cuero—, quiero poner en su conocimiento un +delicado asunto referente a la casa de Castro, y no solo me mueve +a ello el deseo, casi estoy por decir la obligación, de enterarle +de tal asunto, sino mi propósito..., yo soy así..., mi propósito de +consultarle acerca del mismo. + +—¿De qué se trata, señor don José María? —dijo Calpena, comenzando a +asustarse por el tonillo misterioso que tomaba el clérigo—. ¿Qué ocurre? + +—No ocurre nada de particular, señor mío —replicó Navarridas +aproximando más su sillón—: el caso es sencillísimo, aunque nuevo en +esta juvenil generación de la familia de Castro. Tratamos de casar a +Demetria. + +—¡Ah!..., no creía, no sabía..., no sospechaba —dijo balbuciente el +joven, mirando a un lienzo antiquísimo, colgado en la pared frontera, +y en el cual, entre las negruras del óleo secular, se distinguía la +cara de un santo de sexo indefinido—. Es muy natural..., sí, señor..., +casar a Demetria. + +—Ya ve usted. Mi hermana y yo venimos poniendo en ello de un mes acá +nuestros cinco sentidos, que son diez sentidos... La chica anda ya en +los veintiún años. Es, como usted sabe, una rica mayorazga, la más rica +de este término. Conviene, pues, buscarle marido; pues aunque ella no +necesita de ayuda de varón para el gobierno de su hacienda, no es bien +que la poseedora de estos estados permanezca soltera. Para la felicidad +de ella, para su equilibrio, vamos al decir, así como para lustre de +su nombre y de su casa, conviene que la niña tenga esposo. ¿No piensa +usted lo mismo? + +—Exactamente lo mismo —respondió el joven, que volvió a mirar al santo; +y ya en aquel punto, o porque entrase más luz, o porque sus ojos se +habituasen a la penumbra, ello es que le pareció mujer, es decir, santa +y bonita. + +—Celebro que sea usted de mi parecer. Pues un mes llevamos María y yo +en este negocio, y creo que nos aproximamos a un resultado felicísimo, +pues el punto delicado de la elección de esposo está casi resuelto. + +—¿Y quién es..., se puede saber..., quién es el venturoso mortal a +quien se cree digno de poseer tal joya? + +—Tiene usted razón: joya es de gran precio la niña, y mucho tiene que +valer el que se la lleve... Ahí estaba la dificultad: elegir un hombre +que si no igualase en prendas a Demetria, se le aproximara; vamos, que +fuera de lo más selecto entre los jóvenes del día. Pues sí, señor: +hemos encontrado ese _rara avis_. + +—¿Puedo saber quién es? ¿Acaso le conozco? + +—Espérese usted un poco. Como me consta el interés vivísimo con que +usted mira cuanto a mis sobrinas se refiere; como no puedo olvidar que +ha sido usted el espíritu valiente que las redimió de aquel endiablado +cautiverio de Oñate; como sé todo esto... + +—Acabe usted, por Dios. + +—Como sé todo esto, y me consta la gratitud que las niñas le tienen y +lo mucho que estiman su caballerosidad, su hidalguía, su..., en fin, +que usted debe saberlo antes que nadie. Pero el asunto es reservado; +queda entre los dos... Pues decía..., ya..., a ello voy; decía que +después de mucho discurrir mi hermana y yo, y de pasar revista a los +linajes y circunstancias de todas las casas ilustres de veinte leguas a +la redonda..., mi hermana..., para que usted lo sepa..., es muy fuerte +en linajes y en historias de familias..., decía que al fin nos fijamos +en la noble casa de Idiáquez. ¿La conoce usted? + +—No, señor..., ese apellido me suena..., pero no..., no conozco. + +—Los Idiáquez son una rama de la antiquísima casa de Lazcano, que viene +a enlazarse por sucesivos entroncamientos con los Palafox y con los +Gurreas de Aragón, de la estirpe del Rey Católico; con los Borjas y +Pignatellis, con los... + +—Pero en puridad, señor don José María, ¿quién es el novio? + +—El novio, señor mío, es y no puede ser otro que don Rodrigo de +Urdaneta Idiáquez, Conde de Saviñán y de Villarroya de la Sierra, el +cual tiene su casa señorial en la renombrada villa de Cintruénigo; hijo +de don Fadrique, o don Federico, lo mismo da, de Urdaneta, ya difunto, +y de doña Juana Teresa de Idiáquez y demás hierbas, pues si fuera a +designar todos los apellidos, no acabaría en media semana. + +—Bien; me parece muy bien —dijo Calpena, volviendo a mirar la pintura, +que ya no le pareció santa, sino santo, y bastante feo. Fijándose más, +vio que a los pies tenía una corona, como si la despreciara, y en la +mano una calavera, que antes le había parecido un queso con ojos. + +—Como usted comprende —añadió con gravedad don José María—, teniendo en +cuenta todas las partes del individuo, no hemos reparado principalmente +en su alcurnia, que es altísima, ni en su lucida riqueza, sino en +sus virtudes, las cuales son tantas, al decir de la fama, que no hay +lenguas que puedan elogiarle como se merece. Su edad es de veintiséis +años, su presencia gallardísima, su rostro hermoso, espejo de un alma +noble, sus acciones señoriles, su lenguaje comedido y muy galán..., en +fin, que parece haber venido al mundo adrede para emparejar con esta +sin par niña, cuyos méritos conoce usted. Hace días que María y yo, por +medio de una discretísima correspondencia, venimos tratando de este +matrimonio, que esperamos bendecirá Dios, concediéndole numerosa prole. + +—Según eso —dijo Fernando sin ocultar su asombro—, ¿no conocen ustedes +al candidato? + +—Le conocemos y no le conocemos. El año 21 o 22, con ocasión del +destierro de don Beltrán de Urdaneta... ¿No ha oído usted nombrar a don +Beltrán de Urdaneta? + +—¡Yo qué he de oír nombrar a ese señor! + +—Pues es en estas tierras más conocido que la ruda. Decía que con +motivo de su destierro por trapisondas políticas, residió aquí la +familia como unos ocho meses. Rodriguito era entonces un chiquillo +precioso: diez u once años todo lo más. Demetria tenía seis, si mal no +recuerdo. Las dos familias intimaron: el niño y la niña no se separaban +en todo el día, fraternizando en sus juegos infantiles. Recuerdo que +en aquella Navidad les hice un nacimiento en la misma habitación donde +usted mora. Lo que yo gozaba con ellos no es fácil imaginarlo. Desde +entonces, me dio el corazón que aquellos dos seres tan graciosos y +angelicales habían de juntarse, con el tiempo, en santa coyunda. Don +Beltrán, abuelo de Rodrigo, y don Fadrique, su padre, salían con Alonso +a cacerías interminables. Verdad que desde entonces no hemos vuelto +a verles; pero mi hermana, que entabló cordial amistad con doña Juana +Teresa de Idiáquez, ha seguido sosteniendo con ella correspondencia +tirada; mi cuñado Anselmo de Tirgo tuvo en arrendamiento, por no sé +cuántos años, la propiedad de los Urdanetas que llaman _Mojón de los +tres reyes_, y fue de los que ayudaron a desempeñar la casa, que vino +muy a menos por las imprevisiones y larguezas desmedidas del don +Beltrán. + +—Y Demetria, ¿tampoco ha vuelto a ver al don Rodrigo desde que jugaban +juntos y usted les hacía los belenes? + +—No han vuelto a verse, no señor. + +—¿Y se ha enterado de que quieren ustedes casarla? + +—Se lo hemos dicho, naturalmente; y como es tan discreta y sesuda, nos +ha contestado que agradecía mucho el interés que tomábamos por ella; +que, en efecto, tiene noticia de las virtudes y méritos del señor don +Rodrigo, y que accederá a ser su esposa, si, después de tratarle en +esta edad del discernimiento, le encuentra digno de concederle, con su +mano, su corazón. + +—Muy bien contestado, señor don José. En todo revela su entendimiento +superior. + +—Los informes que tenemos del ilustre joven, fidedignos, tomados en +fuentes diversas, convienen en que es un dechado de grandes y nobles +cualidades; perfecto caballero, que cuida de conservar intacta la +dignidad de sus mayores; de tan intachable conducta en lo moral, que +nadie podría echarle en cara ni aun aquellas transgresiones leves +que tan disculpables son en la juventud; grave en su trato, en su +lenguaje comedido, llano con los humildes, digno entre los poderosos +sus iguales, formal en sus tratos, esclavo de su palabra, señor en +sus actos todos; enemigo de juegos y pasatiempos que no conducen más +que al pecado; desconocedor de todos los vicios, amante de todas las +virtudes... + +—Diga usted de una vez que es santo y acabará más pronto. + +—Pues nos han contado de él rasgos que casi elevan su virtud a la +categoría de santidad, sí, señor. Para poder restaurar la hacienda +de Idiáquez, que, como antes he dicho, quedó maltrecha con los +despilfarros de don Beltrán y del don Fadrique, nuestro Rodrigo se +consagró en cuerpo y alma a la práctica del orden, de la regularidad +administrativa, imponiéndose a la edad de veintiún años una economía +implacable, que no solo significaba la privación de todos los goces de +la juventud, sino que le imponía una estrechez de vida más propia de +padres del yermo que de caballeros de este siglo. ¡Mire usted que es +virtud! + +—O necesidad..., según como estuvieran las cosas. + +—Virtud, digo, porque no era para tanto, señor mío. Verdad que en +esto le ayudaba su madre doña Juana Teresa. Esta sí que es una santa. +Ella fue quien le enseñó la economía prodigiosa, gracias a la cual +han sacado adelante los intereses, conservando casi todos los bienes +raíces. Otro rasgo de virtud es que jamás se le ha oído a don Rodrigo +una palabra malsonante, pues hasta para reñir a un criado que falta +a su obligación emplea formas corteses. Sus pensamientos son siempre +limpios; su vida de una pureza ejemplar. Actos de religiosidad y +cristianismo se cuentan de él a millares, señalándose principalmente +por el rigor piadoso con que ayuna toda la Cuaresma, sin hacer gala de +ello, y por su devoción a la Virgen... En el gobierno de su hacienda, +lleva las cuentas de frutos y gastos con una prolijidad minuciosa, de +modo que no se le escapa un maravedí, y en la casa, con tal sistema, +todo marcha a maravilla... Conque vea usted por qué caminos de Dios +vienen a unirse los que atesoran las mismas cualidades. ¿Qué ha de +resultar de esto, señor don Fernando, más que la misma perfección, y +por ende la felicidad suprema? + +—Pues si me permite usted una observación, señor don José María, y me +promete tenerla por sincera y leal, allá va. Si el don Rodrigo es tal y +como usted me le pinta; si hay completa fidelidad en ese retrato, yo me +atrevo a declarar, porque así lo pienso, que Demetria no ha de gustar +de su novio cuando le trate. + +—¡Por Dios, señor don Fernando!... + +—Esta es mi opinión, señor de Navarridas. Apréciela usted como quiera. +Puede que me equivoque; puede resultar que el don Rodrigo no sea +enteramente igual al retrato que usted por referencias hace, pues +no le trata hoy ni le ha visto desde que él era niño. Y también digo +que si, retocando la pintura, le quita usted algunas de esas virtudes +eminentes, tal vez sea más grato a la niña. + +—¿Qué dice usted...? ¿Más grato a la niña cuanto menos virtuoso...? + +—No depende el atractivo personal de las virtudes exclusivamente, +señor mío. Claro que las virtudes algo significan; pero no son ellas +solas las que hacen al hombre agradable, propicio al amor. No sé si me +explico bien. Usted es un santo. Si este grave asunto se ha de decidir +entre santos, tendré que inhibirme, porque yo no lo soy. Sujeto a las +debilidades humanas, creo poder juzgar de cosas de amor, de simpatía, +mejor que usted. Y perdóneme esta franqueza, mi buen amigo. + +—Sí que le perdono... Usted me confunde. Tengo al señor Calpena en +gran estimación y le coloco entre los primeros caballeros del mundo, +conocedor de la sociedad y del corazón humano... Por lo que usted me +ha contado, poniendo en mí su confianza, sé que tiene motivos para +dar lecciones al más pintado en lo tocante a los afectos entre hombre +y mujer. Puede que esté en lo cierto... Pero como nada ha de hacerse +sin que preceda el trato de los novios, y mi sobrina, según su gusto y +parecer, es la que ha de decidirlo en definitiva, esperemos. Dentro de +poco tiempo serán las vistas, pues aquí ha de venir el don Rodrigo con +su madre y su abuelo don Beltrán, y entonces se sabrá si... + +—Todo eso me lo contará usted, porque yo he de marcharme pronto. Mis +asuntos apremian, y no estaré en Laguardia cuando se celebren las +vistas, precursoras de esto que parece matrimonio de reyes. + +—¡Sí que lo parece!... ¡Ja, ja!... —dijo gozoso Navarridas—. Aquí +tenemos nuevo ejemplo del casorio de Isabel de Castilla con Fernando +de Aragón. Veremos unidas dos casas poderosas, Castro-Idiáquez o +Idiáquez-Castro... _Tanto Monta_. + + + + +VI + + +En esto entró doña María Tirgo, que había pasado toda la tarde con +otras amigas suyas en el camarín de la Virgen, desnudando a esta de las +ropas de gran gala que le pusieron para la fiesta, y vistiéndola con el +manto y túnica que usaría la Señora hasta el Adviento. No bien entró la +dama, la informó su hermano de lo que acababa de revelar al amigo de la +casa; y como añadiese nuevas observaciones laudatorias de la parentela +ilustre de los Idiáquez y Urdanetas, tuvo que corregirle doña María, +mostrando tanta suficiencia como fácil memoria: + +—Por Dios, José María, todo lo trabucas. El entronque de don Rodrigo +con los Iraetas no es por los Idiáquez, sino por los Asos de +Sobremonte, que proceden de una sobrina carnal del propio San Ignacio +de Loyola. Los Garros, que también tienen parentesco con los Tirgos, +son los que enlazan la rama de los Idiáquez con los Javierres y los +Aragón, por el casamiento de doña Justa de Garro Idiáquez con don +Alonso de Gurrea, de donde vinieron Mariquita y Luisita, una de las +cuales casó con don Calixto de Borja, biznieto de un hermano del +siervo de Dios, San Francisco. Siempre confundes esta familia con los +Palafox, que son de otra cepa. Doña Juana Teresa es Palafox por su +madre, no Gurrea, prima hermana de los Marqueses de Lazán. Ya sabes que +Pepito, el de Robustiana Palafox, casó con una señora de los Gonzagas +de Italia, prima segunda del glorioso San Luis; y la Rosita..., ¿te +acuerdas de Rosita, la de Alcanadre, que tuvo aquel pleito famoso con +los Tirgos? Pues la Rosita era viuda de un Pignatelli; casó después +con Jacinto Palafox, sobrino del padrastro de su primer marido, y +en terceras nupcias con Gurrea y Azlor, emparentado con la casa de +Aragón... + +—Yo no sé cómo mi hermana —dijo festivamente don José María— tiene +cabeza para desenmarañar esa madeja de entronques y parentescos... Pero +dejemos esto para otra ocasión, y vámonos a casa, que las niñas nos +estarán esperando. + +Salieron de la iglesia, agregándose en la puerta las dos señoras que +con doña María habían vestido a la Virgen, y tomaron por calles y +plazuelas la dirección del palacio de Castro-Amézaga, marchando delante +Navarridas con las de Álava (que así se llamaban las señoras, primas +o sobrinas en tercer grado del célebre general de Marina de aquel +nombre), y detrás Calpena con doña María. + +—No debe usted darse por entendido con las niñas de este negocio del +casamiento. A Demetria le hemos dicho que nadie sabe una palabra de +nuestro plan. A usted le parece bien, seguramente. Como mi hermano está +un poco ido de memoria, habrá olvidado decir a usted que don Rodrigo +es caballero del hábito de Santiago. Pero no le elegimos por eso, ni +por los dos condados, sino por sus virtudes. ¡Ah!... Según me ha dicho +Demetria, usted nos deja pronto. Quiera Dios que cuando vuelva por aquí +les encuentre casados. + +Creyó entender Calpena, por el tonillo de doña María, que no deseaba la +permanencia del huésped en la casa mucho tiempo más, y se apresuró a +darle gusto diciendo que, por lo apremiante de sus quehaceres, pensaba +partir dentro de dos o tres días. + +—Sí, sí, no sería prudente ni delicado retenerle a usted. Lo que yo +digo: por más que no lo manifieste, se comprende que está aburrido en +este poblacho, donde no hay sociedad para una persona como usted, tan +alta, acostumbrada a las pompas de la Corte y al trato de otra clase de +gente. + +Replicó Fernando que el trato de las familias de Castro y de Navarridas +era para él gratísimo, y aseguró que no había conocido nunca sociedad +mejor. + +—Vamos —dijo doña María presumiendo de agudeza—, no se nos haga usted +el chiquito. ¡Si de nada le vale a usted ocultarnos su condición +elevadísima! Yo estoy en el secreto, porque lo que saben las sobrinas +lo sé yo... No nos engaña el señor don Fernando con su modestia. + +—Me confunde usted, señora, suponiendo que soy lo que no soy. + +—Cuando salía usted herido de Salvatierra, en la galera, y venían +detrás mis dos sobrinas en otro carro, bien se acordará..., se +agregaron dándoles escolta, dos oficialillos muy simpáticos, Serrano y +Alaminos (mi memoria prodigiosa me permite recordar los nombres). Pues +Alaminos y Serrano, charlando con las niñas, les dijeron que, según +la pública voz, es usted de un origen muy encumbrado. Las razones que +tendrá para no revelar ese origen, usted las sabrá. Solo digo que esas +cosas no pueden ocultarse, sobre todo a las personas de fino olfato, +como una servidora de usted. La sangre, la cuna, la educación saltan +siempre a la vista, señor mío, y en usted está el mejor ejemplo de lo +que digo, pues en su conducta, en su menor palabra, en su mirar, en el +gesto más insignificante, se conoce que viene usted de muy alto... No, +no, si no le pido revelaciones... Cada cual sabe lo que debe callar... + +No quiso Fernando entrar en largas discusiones con la dama, y creyó +más discreto dejarla en aquel error, que tal vez no lo sería. Si él +no sabía nada, lo más prudente era callarse siempre que tal tema le +tocaran. En el gran patio de la casa encontraron a Demetria y Gracia +con varias señoras amigas, tomando la fresca: Gracia y otras de menor +edad jugaban a las cuatro esquinas. La mayorazga, sentada en el corro +de las personas graves, que acababan de tomar chocolate, no quitaba +los ojos de la puerta, esperando ver entrar a cada instante a sus tíos +con don Fernando. Algo se habló de labores de campo, por iniciativa de +las señoras de Álava, propietarias muy fuertes; Demetria dijo que ya +había concluido de trillar las cebadas, y que la cosecha era mediana +en cantidad, pero el grano superior. En estas y otras conversaciones +se hizo de noche; retiráronse las amigas; a poco de subir don Fernando +a su cuarto, entraron Demetria y doña María Tirgo, y la primera empezó +a reñirle porque se había vuelto muy correntón, y no nacía caso de las +advertencias de don Segundo. + +—¡Pero si ya está bien! —dijo la de Tirgo—. No le riñas, hija, que +harta paciencia ha tenido el pobre. Mira que aguantarse tres meses y +días en este lugarón, entre gentes rústicas... Sí, hija, pongámonos en +lo justo; no le des vueltas: somos rústicas, y el señor don Fernando +está acostumbrado a una sociedad más refinada que la nuestra. + +—No, si no digo nada. Comprendo que debe marcharse... Y a propósito: +aquí tiene ya su ropita, don Fernando. Va usted a salir de aquí hecho +un señorito de pueblo. ¡Y que no se reirán poco de usted cuando le vean +tan elegantón! Van a creer que este corte es de la moda de Londres, y +preguntarán: ¿pero qué tijeras son esas, hombre, que te han cortado +esas prendas admirables? + +Fernando se reía mirando la ropa, y ella continuaba sus donosas chanzas: + +—Ya, ya va usted bien apañadito. Le van a tomar por un alumno del +seminario de Tarazona que vuelve de vacaciones. + +—Pues la ropa, búrlese usted todo lo que quiera, parece muy bien +cortada. Mañana me la pondré para que usted la vea, y quizás varíe de +parecer. + +—Sí, sí, lo mismito que la que dejó usted en Madrid. Lástima que no le +hayan hecho también fraque las sastras de acá, para que lo luzca en las +recepciones palaciegas cuando vuelva a la corte... ¡Ah, qué cabeza! Se +me olvidaba lo principal. Ha venido esta tarde en busca de usted un +capitán de Infantería, que ha llegado de Madrid. + +—¿Cómo se llama? ¿Trae cartas? + +—No me dijo su nombre. Le trae a usted otras veinte onzas, y carta. Las +pataconas no ha querido dejarlas. Díjome que volvería; la carta aquí +está. + +—¡Pero si en el tiempo que lleva en casa, ya es la tercera vez que le +mandan veinte onzas! —exclamó doña María Tirgo—. ¡Ay! En cuanto coja +aire por esos mundos, adiós mi dinero. Bien, hijo, bien: no se prive +usted de ningún gusto de los que dan tono a la verdadera grandeza; +derroche y triunfe, que por lo visto hay por allá una mina inagotable. + +—Sí, señora, inagotable —afirmó Calpena, siguiendo el bromazo, que para +las damas no lo era—: soy muy rico, soy muy grande, soy el niño mimado +del destino... + +—No, no lo tome a broma —dijo Demetria—. Muy grande, sí, y nosotras +unas pobres palurdas; pero es al propio tiempo tan delicado, que no nos +deja conocer la diferencia entre usted y nosotras: diferencia por la +clase, por la educación, por la ilustración... + +—Si eso me lo dijera otra persona, crea usted no se lo perdonaría. +Pero usted está autorizada para todo, hasta para llamarme fatuo, que +fatuidad grande sería en mí creer en esa desigualdad. + +—Pues me callo, señor... En fin, no le quitemos tiempo, que querrá leer +la carta de su amigo. + +—La leeré después. + +—No, ahora, que nosotras nos vamos. Y si no ha de venir a rezar el +rosario, dígalo para no esperarle. + +—¡Pues no he de ir! ¡Y poco que me gusta a mí rezar el rosario con la +familia! + +—Pero que no pase lo de la otra noche —indicó Demetria entre severa y +jovial, delicada fusión de tan distintos matices en las luces de sus +ojos. + +—¿Qué pasó la otra noche? + +—Pues nada en gracia de Dios. Que dijo que iba al rosario, y nosotras +allá esperándole un cuarto de hora, con el primer padrenuestro en la +boca. + +—Pues vamos ahora mismo. Después leeré la carta. + +—No, no —dijo doña María cogiendo por un brazo a su sobrina y +llevándosela—. Déjale, déjale... No le marees. + +—Voy en seguida. + +Pasó rápidamente la vista don Fernando por la carta de Hillo, +enterándose de lo más sustancial, con ánimo de leerla entera después +del rosario y la cena. Así lo hizo. Al acostarse, tuvo conocimiento +de todo lo que el buen presbítero le decía, y que en extracto a +continuación se refiere: + + «Aquí me tienes desde el 14 que vine a ciertas comisiones y + encarguillos de la _Gobernadora_ (no me refiero a nuestra soberana, + hija de Parténope, sino a la reina sin corona que a ti y a mi nos + gobierna, y bien puedes dar gracias a Dios de que así sea), los + cuales aún no han tenido cumplimiento por lo trastornado que está + todo en esta villa, a quien los retóricos llamamos _Ursaria_, y que + debiera llamarse hoy _Babilonia la chica_. ¡Qué barullo, Dios mío, + qué espantosa confusión, no diré de lenguas, pues todos hablan lo + mismo, pero sí de ideas y de voluntades! Por la mañana andan a tiros + milicianos y soldados; por la tarde salen cantando el himno. Los + ministros, con su señor Istúriz al frente, no saben qué hacer. A + La Granja, donde yo dejé la revolución bien guisada, acudió Méndez + Vigo, ministro de la Guerra, con ánimo de sofocar el movimiento. + No llevaba tropas: llevaba dinero, que es, según dicen, la _summa + ratio_ de estas subidas y bajadas de constituciones; pero nada pudo + conseguir. Ahora me dicen que hoy ha vuelto Su Excelencia acompañado + de los sargentos triunfadores; entró en Madrid el representante del + ejército, llevando en su propio coche al sargento Gómez, uno de + los héroes del día; ha sido un espectáculo edificante el paso del + general por San Vicente y Caballerizas, hasta Ministerios, donde se + han apeado. Si esto no es una casa de locos, no sé yo lo que es, mi + querido Fernando. + + »La Milicia Nacional, derrotada y desarmada en todas partes, conserva + la posición que ganó en los Basilios, arrojando de allí a los + _peseteros_ que defendían el convento. El gobierno, tan pronto se + cree vencido y se dispone a sucumbir ante el magistral _engaño_ de + los sargentos, como se _encampana, escarba, humilla_, pretendiendo + restablecer con un buen _hachazo_ el principio de autoridad. Pero + este, ¿dónde está? ¿Quién es el guapo que lo tiene? Si se confirma + que Méndez Vigo y el señor Gómez, sargento de Provinciales, han + traído del Real Sitio varios decretos firmados por la reina + destituyendo a no sé qué ministros y nombrando otros, ¿dónde se ha + metido el principio de autoridad? ¿Lo tienen Gómez, Lucas y García, + lo tienen las logias, o no lo tiene nadie? Me inclino a creer + esto último... Y vamos a otra cosa, pues entiendo que más que las + noticias de este inmenso Carnaval en que vivimos, te interesará + saber que por el capitán don Teobaldo García (no tiene nada que ver + con el esclarecido sargento del mismo nombre) te mando otras veinte + onzas, por encargo de quien tiene esto y mucho más para subvenir + a tus necesidades. Confiamos en que a la tolerancia de arriba + corresponderás tú, desde tu posición inferior, con una conducta + ajustada a la razón y a los buenos principios. No sabes tú bien lo + que te perderías si así no lo hicieras. El sentido de tu última + carta, aunque breve, sustanciosa, me da esperanzas de que te veremos + formal y comedido. Sientes el hastío de los actos irregulares; ansías + la paz de la conciencia, el reposo del ánimo. Muy bien: ya estás en + el buen camino... + + »Se transige con Aura, a pesar del origen no muy ejemplar de tu + dama. Pero no hemos de ahondar demasiado en los fundamentos de cosas + y personas, porque haciéndolo, la vida sería imposible. Ello es + que vivimos en plena revolución. En proceso revolucionario está la + sociedad, y lo mismo puede decirse de las familias y de las personas. + El pueblo va ganando la partida: hoy avanza un paso, mañana otro, + y los viejos alcázares se desploman. La nación transige con los + sargentos, acepta de ellos _la traída de la Constitución_. Pidamos + a Dios que no salgan luego los cabos trayéndonos otra. En tu esfera + has hecho la revolución, y de arriba, viene la soberana voz que te + dice: “Paciencia; aceptemos los hechos consumados”. Recoge, pues, a + tu Aura; pero no pienses en que se te ha de consentir otra cosa que + el matrimonio religioso y legal. Revolucionarios somos; pero _no tan + calvos_, amigo mío. + + »Y cuanto más pronto decidas ese punto capital, mejor, querido + Fernandito. Si, como dices, ya estás curado de tu herida, abandona + las delicias de esa Capua, y vete a tu negocio. Con las onzas + recibirás el salvo conducto, y en un paquete separado esta carta, + y las dos que presentarás a don Juan Bautista Erro, el Mendizábal + del absolutismo, y al general Maroto; ambos te facilitarán tus + diligencias en el país carlista. Ya verás que son bastante + expresivas. Me ha dicho hoy Iglesias que aquí se consigue todo con + buenas amistades. Pero yo veo que el pobre poco adelanta con llamar + amigos a las tres cuartas partes de los españoles; de donde colijo + que el abuso de los bienes es siempre un mal muy grande. Me asegura + Nicomedes, invariable en su inquietud y en el anhelo de nuevas + posturas, que esta revolución sargentil es un modelo del género, + pues ha realizado una eficaz y provechosa mudanza por los medios + más breves y pacíficos, sin derramar sangre inocente. Cree él que + las naciones extranjeras nos han de copiar esta receta sencilla + y familiar de los pronunciamientos, que hace inútiles las altas + jerarquías de la milicia y la política. Allá veremos. + + »Concluyo con una noticia que he adquirido esta tarde por feliz + casualidad, pues tal ha sido mi encuentro con el señor Maturana + cuando yo volvía de recoger las onzas. Sabrás, amado Telémaco, que + don Ildefonso Negretti ha caído en desgracia en la Corte absolutista, + por habérsele descubierto chicoleos epistolares con Mendizábal, a + quien escribía cosas que no debieron ser del agrado de aquellos + fantasmones. Interceptada la correspondencia por la Comisaría + carlista de correos, fue reducido a prisión el culpable, y lo habría + pasado muy mal sin la protección que le dispensa el infante don + Sebastián. No pudo decirme Maturana dónde se encuentra hoy. Tú lo + sabrás pronto. + + »Viene el señor don Teobaldo a decirme que no sale hasta mañana, y + aprovecho la dilación para endilgarte un par de pliegos más esta + noche, con referencias del giro que van tomando estas humoradas del + Carnaval político, y con algo de lo que a ti pueda interesarte. — + _Vale_». + + + + +VII + + + «¡Lo que te has perdido! —continuaba el buen clérigo—. No un día, + sino dos, se ha retrasado en su marcha el señor don Teobaldo, lo que + me permite notificarte que hoy tempranito hizo la reina su entrada + en Madrid. ¡Vaya una ovación! ¡Qué calurosos vítores, qué delirio, + qué derroche de flores, todo al compás del himno! Lo presencié + en Caballerizas, y te aseguro que me conmovió la sincera alegría + popular. Todas aquellas mujeres, que como locas gritaban, ¿qué + idea tendrán de la Constitución del año 12? Y si no tienen ninguna + idea, un sentimiento ya tendrán; algo es algo. Ese sentimiento + indefinido viene siendo la energía que mueve toda la máquina social + y política; pero, ¡ay!, andaremos mal si no se traduce pronto en + ideas, en hechos pacíficos, pues no vive un país con el solo alimento + de entusiasmos y cantatas. Hoy está todo Madrid _colgado_, que así + expresamos el ornato de balcones con abigarrados lienzos, banderas, o + colchas donde no hay otra cosa; y esta noche tendremos lo que llaman + iluminación, que es un gran derroche de cabos de vela y lamparillas + en los edificios públicos y particulares. Su Majestad parecía muy + satisfecha: las niñas, monísimas, saludaban con sus enguantadas + manecitas, y el pueblo tan satisfecho. He visto a muchos abrazarse + en medio de la calle. Luego me dijeron que esperaban que bajara + el pan, y que todos los empleos se darían a los que _profesan el + patriotismo_. Pues aún falta lo mejor, chiquillo. Dos horas después + de la entrada de la reina, hicieron la suya los sublevados de La + Granja, encarnación del principio de Libertad, ahora triunfante, y + aquí fue el repetir las ovaciones con más ardor y franqueza, porque + el respeto de los reyes siempre cohíbe un poco en la manifestación + del júbilo. Uno de los corifeos, el Higinio García, venía a caballo + detrás del general Rodil, con su uniforme tan majo que daba gusto + verle. Oí decir que el caballo es prestado, y que él se ha erigido + en plaza ecuestre, o en caballero del orden civil, sin que nadie se + lo mande. Lo cierto es que su buena presencia, su vistoso uniforme, + y la circunstancia de venir _a la verita_ del general, como figura + importante de la Milicia, le señalaron más a la admiración del + pueblo, y para él fueron los grandes aplausos y los vivas más + calurosos, tocándole menor parte al Alejandro Gómez, que marchaba en + su puesto en la compañía de Provinciales. Oí decir en los corrillos + que el autor de todo el fregado era Gómez, y que a él debía la patria + regenerada mayor servicio que al Higinio; pero que este sabía ponerse + en lugar más visible, y apropiarse los plácemes y obsequios de que + el otro era merecedor. Se aseguraba, como cosa hecha, que a los dos + les van a nombrar comandantes del resguardo, sin darles ascenso en + el cuerpo a que pertenecen, porque esto no ha parecido a todos muy + regular. Ya ves que no carecen de modestia los pobres, y se contentan + con bien poca cosa, pues si en proporción de lo que han hecho se les + premiara, los dos a estas horas debieran ser ya generales. O hay + lógica o no hay lógica, amigo mío. No me negarás que llevando las + cosas con rigor, si por el criterio de la aplicación de la Ordenanza + les corresponde la pena de muerte, por el de los hechos consumados + les corresponde la gracia del generalato. Esto es claro como el agua. + + »En el trayecto por el interior de Madrid, pues fueron a parar al + cuartel del Pósito, los vítores y palmas llegaban al delirio, y luego + que quedaron francos de servicio Gómez, García y Lucas, cayeron sobre + ellos bandadas de los patriotas más pudientes, y les convidaron a + comer de fonda y a fumar buenos puros del estanco. Entre tanto, no + quiero decirte la quina que habrán tragado a estas horas Istúriz, + Galiano, Saavedra y los agarrados a ese ministerio, que vino al mundo + con la intriga que puso en el arroyo a nuestro bonísimo don Juan + Álvarez. ¡Y que no echaban pocas roncas esos caballeros, ni se daban + poco tono con su _suprema inteligencia_! Quisiera saber lo que piensa + de todo esto tu amigo el señor Rapella, muñidor que fue del gobierno + de Istúriz, pues él llevaba y traía los recaditos al Pardo. Olózaga + lo cuenta muy bien. Como que él descubrió el embuchado en la Puerta + de Hierro, y por no escandalizar ni dar un mal rato a la reina, + taparon... Pero pronto se descubrió el pastel, y si una intriga de + _opereta_ derribó a Mendizábal para entronizar a su amigo Istúriz, + este cae a su vez ignominiosamente por un enredijo de _entremés + con tonadilla_. La historia de España, que hasta hace poco gastaba + el coturno trágico, paréceme que se aficiona a la comodidad de los + zapatos de orillo, o al desgaire de la alpargata. + + »¿No sabes? Ya tenemos ministerio nuevo. Don José María Calatrava lo + preside, según acaba de decirme Nicomedes, que ha entrado como una + exhalación y volvió a salir como una centella. Díjome los nombres + de los demás ministros, pero se me han ido de la memoria. Paréceme + recordar que en Gobernación entra Gil de la Cuadra, y en Guerra + el general Rodil. De lo que estoy bien seguro es de que tenemos + de capitán general de Madrid a don Antonio Seoane, en sustitución + de Quesada, a quien los patriotas han tomado aborrecimiento y le + llaman _liberticida_ y qué sé yo qué. Luego empezarán los cambios de + personal. Nicomedes cuenta con que le harán jefe político. Espronceda + ocupará un alto puesto, y tu antiguo jefe Oliván se ganará el + ascenso que le corresponde en estos cambios revolucionarios, cuando + vienen con mansedumbre. Te diré, además, que el bruto de Ibraim ha + dado pruebas estos días de la elasticidad de su estómago de buitre, + pues ha estado de servilleta prendida en todas las comilonas con + que obsequia a los sargentos _libertadores_ la dislocada juventud + de _Tepa_ o de las _Tres Cruces_. Y para señalarse más, después de + hartarse bien, larga unos brindis hinchados y chabacanos, que son la + risa de sus oyentes. Serrano el tísico los repite, y tan bien remeda + la voz y el tonillo andaluz, que es morirse de risa. No creo, como + consta en las _rapsodias ibraizantes_ de Serrano, que el capellán + comparase a Gómez con Julio César; sí creo la imagen de que la + Constitución ha venido en un carro triunfal, de que tiraban Gómez y + García, y lo de que la Constitución será en España el cuerno de la + abundancia. De mi sé decirte que solo siento ser sacerdote, porque mi + estado religioso me impide atizar un par de morradas a ese ganso, por + haberme dicho en abril último la mayor mentira que de humanos labios + ha salido desde que hay mundo... Pues ayer tarde me aseguró que don + José Landero y Corchado le ofrece una canonjía, y se me ha metido en + la cabeza que se la van a dar. España está loca. Su manía consiste en + hacer verosímil lo absurdo. + + »Y la mía, querido Fernando, pues también yo estoy algo loco, es que + regularices tu vida, y no nos des más sofoquinas. Si he de decirte + la verdad, soy menos indulgente que la señora incógnita, y creo en + conciencia que las transacciones y tolerancias deben limitarse a la + autorización de tus amores, siempre que les des el giro matrimoñesco + que exige el decoro. Si fuera yo el tirano, te fijaría un plazo para + recobrar tu novia y unirte con ella en santa coyunda, dando con esto + por cerrado el ciclo de tus aventuras caballerescas, y obligándote + a volver acá, donde hallarías casa y medios de vivir pacífica y + holgadamente. + + »No puedo ocultarte que mi mayor deseo es que la señora incógnita + me mande a tu lado. Se lo he propuesto, y con mucha delicadeza me + ha contestado negativamente. Te reproduciré sus propias palabras, + que están bien fijas en mi memoria: “Quiero probar si ejerzo o no + verdadera atracción sobre él; si mi autoridad, expresada con dulzura, + es un lenguaje inteligible para su corazón. Como esta prueba no sería + eficaz sin libertad, se la concedo y aguardo. Quiero que venga al + bien, a la paz, a mi cariño, con espontaneidad y efusión; no atraído + por maestros o empujado por rodrigones. El sistema de la vigilancia, + del espionaje, de la previsión, me dio un resultado desastroso: ha + sido la derrota del régimen absoluto. He de probar ahora el régimen + contrario: la libertad. Triunfaré si consigo de su albedrío lo que + no logré desplegando, al uso despótico, todo el lujo de medidas + autoritarias y policiacas. No, no... Marchemos, como dijo el otro, + por la senda constitucional. Yo legislo y no gobierno... Le marco a + Fernando los caminos que creo conducentes a su felicidad, y cruzadita + de brazos espero”. ¿Qué te parece? Cuando esto me dijo, no pude menos + de lanzar un “¡Viva la libertad!” con toda mi alma, y aun creo que + canté un poco el himno. + + »Pues bien, amadísimo Fernando: Pedro Hillo, tu mejor amigo, se + permite decirte, por vía de consejo, que no abuses de la libertad. + Aborda tu asunto por las vías derechas; preséntate al señor + Negretti, y pídele a la niña; tómala, y vente corriendito para acá + por el camino más corto y por los medios de locomoción más veloces. + Créeme a mí... Tu viejo amigo no te engaña. Ya sabes, derecho al + bulto, y _fijándote en la rectitud_. No hagas _pases de telón_, ni + _cambiados_, sino exclusivamente _naturales_. + + »Vaya, ¿qué me das si te digo una cosa? Pues aunque no me des nada + te la diré, para alumbrar con viva luz el camino que piensas seguir. + Si te presentas al señor Negretti y le pides la niña como caballero + leal, la niña es tuya... Ea, ya lo sabes. Cuando Hillo te lo dice, + por algo será, tontín... Conque vete pronto en busca de tu desenlace, + y no te pese encontrarlo desabrido y sin peripecias; que los dramas + son muy bonitos en el teatro o en la plaza de toros; pero en la + vida..., líbrete Dios». + +Reanudada la tarea epistolar por la noche, decía don Pedro: + + «Hoy he tenido el honor de hablar con una persona dignísima, en un + tiempo respetada y admirada por ti; después... ¡Ah!, pillo, ya me + has comprendido; ya sabes que el sujeto a que me refiero es don + Juan Álvarez Mendizábal. Le he visto hoy por tercera vez desde que + estoy en Madrid. ¿Creerás que me ha llevado a su casa un asunto + político? Nada de eso, chiquillo: hemos hablado de cosas privadas, + sin perjuicio de tirar un par de chinas al gobierno. Hombre más + amable y servicial que este don Juan de Dios no creo que lo haya. + Estoy contento de él. No creas, se acuerda de ti, y te tiene por muy + despierto y simpático. ¿Qué tal? ¡Y luego dirás...! + + »_Ultimátum_: cuidarás de tenerme al corriente de los puntos donde + resides, caminos por donde vas, _et reliqua_. Esto es indispensable. + Si el despotismo vive en las tinieblas, o sea en la ceguera de la + opinión, la libertad requiere luz, mucha luz. Fuera misterios; el + régimen pide que estén las ollas destapadas para saber lo que se + guisa. Dos veces por semana me escribirás, dando cuenta de tus pasos, + y especificando los lugares a donde debo dirigirte mis cartas. Niño + de mi corazón, que vuelvas pronto. Con el alma en un hilo, te espera + tu viejo Mentor. — _Pedro Hillo._ + + »_Epílogo_.— Corre la voz de que han asesinado al general Quesada. + Ello ha sido en Hortaleza, donde buscó más bien descanso que + escondite el animoso general vencido: averiguado su paradero por + las turbas rencorosas, le acosaron hasta dar con él, matándole + villanamente.¡Y creíamos que la revolución _de opereta_ venía + embolada! Me cuenta Nicomedes que este crimen estúpido, inútil, + indisculpable, perpetrado a sangre fría después de la fácil victoria + del pueblo, es obra de una pandilla de _jamancios_, algunos de + los cuales estaban en el Saladero cuando nos encerró allí la + señora incógnita por nuestros pecados. Frecuentaban en noches de + tumulto las reuniones de _Tepa_. Tú les conocerás. Lamentan hoy los + revolucionarios que cuatro sinvergüenzas canallas hayan desvirtuado + la bonita leyenda de este movimiento popular, que empezó con la + tenacidad, hasta cierto punto simpática, de los urbanos, y concluyó + con el audaz golpe, hasta cierto punto caballeresco, de los sargentos + de la Guardia Real. Pero yo veo que si no hay función sin tarasca, + no puede haber motín sin coces. Desconfía de la revolución que se + pone guantes, porque entorpecida de las manos, te _acaricia_ con las + patas. Ea, no más. Adiós». + + + + +VIII + + +Esta y las anteriores cartas de tal modo perturbaron el espíritu del +señor de Calpena, que no dormía con sosiego, asaltado de pensamientos +contradictorios. No poco le inquietaba la noticia del disfavor de +Negretti en la corte de Carlos, y como no había contestado el tal +a tres cartas que Fernando le llevaba escritas durante su largo +encantamento en Laguardia, era lógico suponer que ya no estaba al +servicio del Pretendiente. ¿A dónde se dirigiría para dar cumplimiento +a la empresa en que no solo su amor, sino su honor y su dignidad +estaban empeñados? Este problema se le presentaba, pues, oscuro y +dificultoso. Por otra parte, dábanle ánimo ciertas expresiones vagas +de la incógnita, y las reticencias, algo menos nebulosas, del buen +Hillo: indudablemente se había influido con Mendizábal para que este +recabara de Negretti el consentimiento, desenlace trivial de la comedia +de costumbres moralizadoras. Las visitas de Hillo a don Juan Álvarez +no podían tener otro objeto. Todos los caminos se le franqueaban +al enamorado joven, y se le abrían las puertas de su ventura con +áureas llaves; querían trocarle su drama emocional y caballeresco en +cuento infantil, de esos en que sale un hada benéfica que en un dos +por tres lo arregla todo graciosamente. ¡Fácil y cómodo final! Pero +tanta dicha era por punzantes dudas acibarada. ¿Dónde estaba Negretti? +Si Mendizábal sabía su residencia, ¿cómo Hillo no tuvo la previsión +de averiguar dato tan importante para comunicarlo a su Telémaco? Y si +don Juan Álvarez no lo sabía, ninguna eficacia podía tener su noble +mediación. + +Analizando estas dificultades, pensaba en Rapella, que a fuer de +intrigante y entrometido farsantón, habría sido el más útil guía en tal +laberinto. Pero ignoraba el paradero del siciliano, a quien dos veces +había escrito sin obtener respuesta. Probablemente había desempeñado +su comisión política, y vuéltose a Madrid, a Nápoles, o al quinto +infierno. En medio de estas confusiones, sentíase agitado el buen +Calpena por un sentimiento de calidad desconocida, que despacito y por +lentos avances se le iba metiendo en el corazón, en aquellas regiones +de él que hasta entonces permanecieron vacías. ¿Qué podía ser más que +el afecto puro y hondo de la señora incógnita que le llamaba, que le +atraía, cual si le estuvieran tirando, tirando, de un hilo misterioso, +el cual era más fuerte mientras en mayor tensión lo ponían? ¡Y qué +instinto tan seguro el de la invisible al aplicar a su protegido el +tratamiento de la libertad! Si por el sistema de la tiranía policiaca +no logró hacerse querer, el nuevo régimen establecía la feliz concordia +entre el pueblo y la autoridad, en cierto modo de derecho divino. +Fernando la quería ya; pensaba en ella en sus insomnios; trataba de +darle fisonomía y visible ser en su imaginación, y a ratos anhelaba +ardientemente aproximarse a ella, maldiciendo airado la prolongación +del misterio. ¿Por qué no se le revelaba de una vez para siempre? ¿Por +qué ignoraba él lo que Hillo sin duda sabía ya? ¿Había alguna poderosa +razón para perpetuar el juego de máscaras? ¿Se enojaría la divinidad +si él resueltamente se aproximaba y con cariñosa mano arrancaba el +velo? No: era lo más prudente dejar que la dama tapase y descubriese, +según su deseo y conveniencia, pues la oportunidad de un acto de tal +naturaleza solo ella podía apreciarla. Lo que indudablemente persistía +en el ánimo de Calpena, bien mirado el problema por todas sus facetas +y aspectos diferentes, era la resolución de obedecer a su gobernadora +en cuanto le ordenase; obediencia que debía de ser el signo más claro +de gratitud por haber ella transigido en el magno negocio de los +amores. Pues la corona aceptaba lealmente el principio democrático, el +pueblo sumiso celebraba firme y honrada alianza con el trono. ¡Feliz +concordia, que es el sueño de las naciones! En España no es sueño, es +pesadilla, y al despertar de ella duelen los huesos. + +Señaló por fin don Fernando, entrado septiembre, un día que debía ser +término fatal de su encantamento, pues ya su vida en Laguardia no era +descanso, sino ocio. Aún insistía Demetria en que no estaba bien curado +de _su patita coja_, y le incitaba a esperar a la época de la vendimia; +pero él, estimando delicadamente estas insinuaciones como dictadas de +la cortesía, no se dio a partido y dispuso todo para su marcha. Como +nada debe ocultarse, sépase que recompensó a los servidores de la casa +con tan desusada largueza, que por mucho tiempo perduró en Laguardia la +fama de la generosidad del caballero don Fernando, a quien tenían por +uno de los mayores potentados del mundo. A don José María de Navarridas +dio también una buena pella para que la repartiese entre los pobres del +pueblo, y tuvo además la feliz idea de hacer sus visitas a cada una de +las casas que conocía, sin olvidar las más humildes, lo que acabó de +fijar en el ánimo del vecindario la opinión de la hidalguía y verdadera +grandeza del huésped de Castro. + +Y se alegraba este de haber dispuesto tan en sazón su partida, porque +según le dijo una tarde el cura, llevándole aparte con misterio, pronto +debían de llegar a Laguardia los Idiáquez y Urdanetas, hijo y madre, +que venían a vistas con aparatoso séquito de criados. También vendría +el abuelo paterno del don Rodrigo, don Beltrán de Urdaneta; pero este +señor, muy anciano ya, aunque todavía templado y entero, no haría más +que tomar descanso de un par de días en Laguardia, para seguir después +hacia el valle de Mena, donde vivía su hija Valvanera, casada con uno +de los ricos Maltranas, y madre de numerosa prole. No sentía malditas +ganas Calpena de encontrarse con aquella familia, a pesar de la aureola +de virtudes de que la rodeaba el bonísimo Navarridas, y se alegraba +de llevar dirección contraria, para no topar con ellos en el camino. +Venían de oriente los Idiáquez, como los Reyes Magos, y él se iba hacia +Miranda de Ebro (occidente). + +El día de la partida, avanzado ya septiembre, fue para todos muy +triste. Habiendo determinado el viajero salir a la caída de la tarde, +revelaron todos su pena a la hora de comer con una inapetencia desusada +en aquella casa. Habían regalado las niñas a don Fernando un caballo +hermoso, con los mejores arreos que daba de sí la industria del país; +fineza que agradeció, como es de suponer, en tales circunstancias, +prometiéndose corresponder a ella con otra superior en cuanto llegase +a Madrid. Y como manifestara deseos de tomar a su servicio, para +llevársele, al mozo de la casa de Castro llamado Sabas, uno de los que +acompañaron a las niñas en el viaje a Oñate, accedió Demetria gozosa, +y el hombre, ya maduro, de probada lealtad y diligencia, no vaciló en +admitir la propuesta, pues no había para él mayor gusto que emplearse +en el cuidado y servicio de tan noble caballero. Las cuatro serían +cuando abandonó don Fernando la ilustre morada de Castro. Multitud de +personas fueron a despedirle. Las niñas, con doña María Tirgo, don José +Navarridas y el señor de Crispijana, bajaron de la villa al camino, +y al llegar a este se apeó don Fernando para seguir todos a pie un +buen trecho, pues la tarde estaba fresca y convidaba a dar un paseíto. +Hablaron, como es de rúbrica en estos casos, de la próxima vuelta. + +—Ya, ya: ¡si seremos tan tontas que creamos que vuelve por aquí! +Deseando está él perdernos de vista —decía Demetria. + +Y Navarridas: + +—No, mujer, no digas tal. ¿Pues no ha de volver? Me lo ha prometido, y +las promesas de caballeros de esta calidad son como una escritura ante +notario... + +—Sí, sí, fíese usted de escrituras ni de promesas. + +Y Gracia: + +—También a mí me ha dado palabra de volver, y si no vuelve, no tiene él +la culpa, sino la novia, que le atará a la pata de una silla. + +Y doña María Tirgo: + +—Dejadle, tontuelas, que ya sabrá él lo que tiene que hacer. Venga o no +venga, cuando ande por esas cortes y en esas grandezas, se acordará de +estas pobres aldeanas, que se han esmerado en hacerle la vida agradable. + +Calpena sentía un nudo en su garganta; deseaba poner fin a la +despedida, que se iba haciendo en extremo patética, y no sabía ya qué +decir, ni con qué tonos y actitudes expresar la emoción vivísima que le +embargaba. Dio el alto don José María, diciendo: + +—Vaya, de aquí no pasamos. + +Y el viajero apresuró la escena final. Dejose abrazar por el cura; +apretó con efusión las manos de las niñas y de doña María, y añadiendo +pocas y oportunas palabras, montó a caballo y se alejó al paso, +volviendo atrás la vista. Gracia y don José María lloraban. Demetria, +un tanto descolorida, conservaba su hermosa serenidad, mordiéndose +los labios. Le vio alejarse con tristeza grave. Doña María agitaba su +pañuelo. + +Picaron espuelas amo y escudero, y al llegar a la vuelta del camino +donde perderían de vista a la noble familia, se pararon para darle +el último adiós. Las dos niñas y la señora azotaban el aire con sus +pañuelos; Navarridas repetía estas demostraciones con su paraguas en +una mano y el sombrero en la otra... Y ya no se vieron más. + +A la hora y media de camino, don Fernando, que iba cabizbajo y +melancólico, sintió un súbito anhelo de volver atrás. Tan repentino +fue, y al propio tiempo tan vivo, que maquinalmente paró el caballo, y +preguntó a Sabas: + +—¿Dónde estamos? ¿Cuánto hemos andado? + +—¿Qué, señor, se ha olvidado algo? ¿Tenemos que volvernos? + +—No, es que... En efecto, se me olvidó algo; pero no me hace falta. +Sigamos. + +—Se está tan bien en la casa de Castro, señor, que siempre que uno +sale, cree que se deja algo en ella. ¿Y qué es lo que se deja? La +querencia, señor, la querencia de casa tan buena. + +Permaneció don Fernando silencioso, y con igual economía de palabras +continuó larguísimo trecho, hasta que, ya de noche, aproximándose a +Labastida, entablaron amo y escudero el siguiente diálogo: + +—Bueno, Sabas: ya que se nos va pasando el amargor de la despedida..., +las despedidas, ¡ay!, son siempre muy penosas, y más cuando uno se +separa de personas tan buenas, tan puras, tan..., en fin, ya que +avanzamos en nuestro camino, y vuelven a posesionarse de esta cabeza +mía los pensamientos que motivan mi viaje, te diré que me han movido a +tomarte a mi servicio, además de tus buenas prendas, otras razones... +No me entiendes. Recordarás que anoche, hablando tú y yo de la corte +carlista, donde padeciste cautiverio y mil penalidades, dijiste, entre +otras cosas, ya terribles, ya joviales, algo que ha sido para mí la +única luz que distingo en la oscuridad que me rodea. + +—¿Qué dije, señor, que pueda ser luz de su merced? Ya no me acuerdo. + +—Que el jueves llegaron de Vizcaya dos hombres, los cuales habían +servido hasta el mes pasado en la maestranza carlista; que el uno es +compadre tuyo, y que marchó a un pueblecillo cerca de Miranda, de +donde es natural. Aquí tienes la razón dé que yo corra hacia Miranda. +Necesito hablar con ese hombre esta noche misma, si es posible. Llévame +allá, que para eso, y nada más que para eso, vienes conmigo. + +—Verdad, señor: el que vino de allá, escapado, corrido, muerto de +hambre, y sin ganas de volver, es Bonifacio Gay, primo y compadre mío, +y ahora está con su familia en Leciñana del Camino, a legua y media de +Miranda. + +—Pues allá nos vamos. + +—Si el señor tiene prisa, con seis horas de descanso en Labastida será +bastante para el ganado. Si salimos al alba, llegaremos a Miranda +entre ocho y nueve. Tomamos un bocado, y a la hora de comer caemos en +Leciñana. + +—Perfectamente... ¿Estás bien seguro de que tu primo trabajaba en la +maestranza? + +—Donde hacen las balas, sí, señor. Es herrero y fundidor, y entiende +de toda suerte de artificios, verbigracia: norias, relojes, molinos y +chocolateras. Diez meses se ha llevado trabajando para la facción, y +visto que no había _de aquí_, y que sobre no pagarle le acusaban de +masón, se escabulló y con mil trabajos pudo llegar a Salvatierra, de +donde tomó el camino de su pueblo, pasando por Laguardia el jueves, +como dije a su merced. + +—Quisiera tener alas para llegar de un vuelo a ese lugar —dijo +Fernando, picando espuelas—, pues cuando se me mete en el alma la +curiosidad, no sé lo que es paciencia, y quisiera convertir las horas +en minutos. + +La conversación de los jinetes saltaba de tema en tema: la guerra, la +paz, las cosechas, y fueron a parar al punto de partida de su jornada. + +—¿Qué estarán haciendo ahora en la casa de Castro? Se habrán puesto a +cenar. De seguro se preguntan unos a otros: «¿En dónde estarán ya don +Fernando y Sabas? ¿Habrán llegado a Labastida?...». La vida no es más +que esto, señor —dijo el escudero—, y ella y la muerte son lo mismo: +unos que se van y otros que se quedan..., unos que vienen y otros que +están, porque vinieron antes, los cuales un día les tocará también +ser... _idos_. Todos, señor, fuimos _venidos_, y seremos _idos_. + +Nada les ocurrió en Labastida digno de referencia; nada tampoco en +Miranda, a donde llegaron al siguiente día. Vieron mucha tropa ociosa; +no había operaciones; el ejército del Norte aguardaba que sus generales +tuvieran un plan. Todo el interés de la guerra lo absorbían entonces +las atrevidas expediciones de Gómez y de don Basilio. El primero se +paseaba por las Castillas y Extremadura como por su casa, y el segundo +regresaba a las Provincias después de haber asolado la Rioja, Soria, y +corrídose por el riñón de Castilla hasta muy cerca de La Granja. + +Sin detenerse en Miranda más que lo preciso para dar pienso y descanso +a las caballerías, continuaron Calpena y Sabas su marcha, hasta parar +en Leciñana del Camino, lugar misero rodeado de arideces, no lejos del +Ebro y al pie de la sierra de Turiso. Con tan buena suerte y tan a +punto llegaron, que no hubo necesidad de indagaciones para encontrar +al señor Gay, pues en las primeras casas del pueblo dieron con él, a +la puerta de un herradero, en ocasión en que con otros hombrachos se +ocupaba en calzar unos mulos. + +—Bonifacio —le dijo su compadre, sin más ceremonia—, venimos en tu +busca, porque este caballero noble quiere plática contigo. + +Un tanto receloso y huraño en los primeros momentos, después franco +y comunicativo, Gay, que era un hombre membrudo, como de cincuenta +años, la cabeza blanqueada por canicie precoz, las manos ennegrecidas +por la forja, dio los últimos martillazos en la pezuña del animal, y +mandando traer un jarro de vino, entró con su compadre y el caballero +en la única pieza vividera de la herrería. Atizándose tragos de mosto, +respondió a las preguntas de Calpena con estas o parecidas expresiones. + + + + +IX + + +—¡Que si conozco al señor Negretti!... ¡Si era yo el obrero que más +quería don Ildefonso, y a don Ildefonso le quería yo como a mi padre, +por más que seamos los dos de la misma edad, año más, año menos! Y no +se hallará otro, lo digo yo, que mejor entienda de todas las mecánicas +del mundo, así como no le hay de tanta conciencia para el trabajo, +pues a cuanto sale de sus manos o de las manos que obedecen su idea, no +hay que ponerle pero... Es lo que el señor dice: tal hombre no cuadra +en el servicio de aquella gente y de aquel gobierno tan eclesiástico. +Tanto a él, como a todos los demás que no éramos de Guipúzcoa, nos +traían entre ojos, y como por la influencia del _sacerdocio_, que +allí siempre está de centinela, había entre nosotros tantos soplones +y cuenteros, pronto empezaron a decir si don Ildefonso era masón +_volterano_, que si no confesaba, que si tal... Hasta que un día, allá +por julio, hallándonos en Durango, los mequetrefes de la Comisión +que son los registradores de cartas, todos ellos muy aclerigados, +legos de convento, mandaderos de monjas y _viceversa_, salieron con +la gaita de que don Ildefonso se carteaba con ese ministro de Madrid +que les ha limpiado a los frailes el santo pesebre... Justo, el señor +Mendizábal. Resultado: que al maestro le llevaron preso a Tolosa, +por delito que llaman de _ilesa majestad_. Salió a su defensa el +infante don Sebastián, diciendo al rey que cerraba la maestranza si le +quitaban al hombre que más valía en ella y que mejor hacía las cosas. +Resultado: que le soltaron; pero no le dejaban vivir, y a donde quiera +que iba le seguían dos o tres _iscariotes_, y el hombre andaba tan +aburrido que hasta perdió las ganas de comer. Por aquellos días nos +pusieron un comandante nuevo de director de talleres. Era una acémila +muy aclerigada, que no entendía jota de nuestro oficio. Había sido +seminarista, ordenado de menores; después sirvió en las guerrillas de +Guergué, y en la corte tuvo padrinos de la camarilla frailuna que le +hicieron capitán de golpe y porrazo; y como el rey es así, que no ve +más que por los ojos de cuatro cebones que están siempre gruñendo a su +lado, aún pensaba que andaba corto en su carrera el tal Gorostia, en +lengua de ellos _acebo_, y hágote comandante de ingenieros. Pues una +mañana estábamos trabajando como locos para terminar unas granadas, +cuando el tal comandante le dijo al maestro que aquello estaba mal: +trabáronse de palabras, y don Ildefonso, que es hombre de malas pulgas, +de mucho pundonor, y tiene las manos de hierro, de tanto andar con él, +le arreó una bofetada tan tremenda que le puso patas arriba, echando +espumarajos por la boca. No le quiero decir a vuecencia la que se armó. +Resultado: que a don Ildefonso le metieron preso otra vez, y venga +consejo de guerra, y vengan papeles... El hombre, cargado, dijo que se +marchaba, y que la culpa tenía él por haberse metido al servicio de +cosa tan desatinada como es la facción... + +»Pues hay más, señor. Luego empezaron a buscarnos camorra a mí y a +otros dos castellanos. Que si éramos de la cáscara amarga, masones o +perdularios ateos. Yo no hacía caso, y seguía en mi trabajo. Pero un +día me acusó un chico de Éibar de que yo había dicho no sé qué cosa de +la Virgen..., de esas expresiones que uno suelta sin pensar, cuando no +le sale bien un trabajo, o cuando a uno le salta una brasa a la cara +y le quema..., pues de esas cosas que se dicen: total, nada. ¿Pero, +Señor, yo, buen cristiano siempre, cómo había de hablar mal de la +Virgen? Y aunque algo dijera, es un suponer, no por eso deja uno de ser +apostólico romano, al igual de ellos. Siempre he sido devoto de Nuestra +Señora. Aquí, colgada de mi pecho, llevo, mírela usía, la medalla de la +Pilarica, que me puso mi madre... Pues nada, que allí salió el capataz, +uno de Lezo, que le llaman Choriya, de esos que se comen los santos, +y amenazándome con un martillo dijo que yo merecía que me atravesaran +la lengua con un clavo ardiendo, por haber hablado de _peinetas_ +nombrando a la Virgen; y yo le respondí que las _peinetas_ eran para +él, y tres más. Resultado: que me castigaron, y vino un capellán a +echarme predicaciones, y lo mandé también a donde me pareció. Por esto, +y porque a uno no le pagaban, resolví marcharme, y una noche me escapé +con otros dos mozos, que también son de acá. No más, no más facción. +Buen chasco nos habíamos llevado, pues creímos que allá ganaríamos un +jornal lucido, por ser aquello reino _pretendiente_; pero nos salió la +cuenta fallida, porque allí no hay más que miseria, malos tratos, y +desconfianza de todo el que ha mamado leche castellana, como yo, que +en tierra de Burgos, donde mismamente estampó sus patas el caballo +de Santiago, vine al mundo. Resultado: que hemos vuelto acá sin un +maravedí, ladrando de hambre, y ahora nos vemos en nuestra tierra mal +mirados por haber servido a ese pavo acuático, que antes cegará que +verse rey de las Españas. + +»A eso voy, sí, señor... Ya, ya entiendo que lo que le interesa conocer +es todo lo que yo sepa al tenor de la familia del señor Negretti. Voy +a eso: bebamos otro poco, que esto da la vida. Una de las razones por +que deseaba volverme a mi terreno, era el no ver tasado el vino, que +allí se lo daban a uno por medida, y harto de agua, mientras que aquí +lo bebemos de lo mejor sin pensar en que tiene fin... Pues voy a lo de +la familia. Una sola vez vi a doña Prudencia y a la sobrina. ¡Carachis, +qué guapa es; vaya un golpe de ojos! Oí decir que en Madrid un señor +príncipe estuvo loco de amores por ella, y que los padres de él, por +quitarle de que se casara, le encerraron en una torre, donde se arrancó +la vida; que a ella, para que se le pasara la ilusión de su príncipe, +la trajeron acá, y qué sé yo qué más historias... ¡Ah!, ya me acuerdo: +que la niña, a quien llaman doña Laura o cosa así, es rica, pues su +padre le dejó mucha pedrería fina de diamantes y topacios amarillos; +pero que tenía más _opulencia_ el príncipe su novio, el cual solo +en tierras había de heredar media España y una porción de islas de +mar adentro. No sé, señor: cosas que dicen los criados, y que serán +mentira, pienso yo... Vi a la tía y sobrina en Elorrio; luego se fueron +a Bermeo, y ya no sé más sino que don Ildefonso iba allá los sábados +para volverse los lunes. De su paradero hoy, no puedo decirle sino que +cuando se retiró del servicio de la facción se fue a Bilbao, donde +vive la familia de Prudencia. No he vuelto a ver al señor Negretti, ni +he tenido de él más noticias que lo que decía este o el otro de mis +compañeros, hablar por hablar... + +—Haga usted memoria, señor Gay —dijo Fernando gozoso por lo que sabía, +ansiando saber más—, y cuénteme todo lo que oyó, sin omitir nada, ni +aun lo que charlaban sus compañeros sin conocimiento de causa, por +presunciones o conjeturas. + +—Ahora voy... Antes diré a usía una cosa que se me había olvidado. Por +dos veces me preguntó el señor Negretti si yo conocía algún chico de +confianza para mandarlo de propio, con carta de interés, a Laguardia, +y yo le contesté que a ninguno conocía, como era la verdad. Digo esto, +porque como el señor viene de Laguardia, y según parece ha estado allí +tres meses largos, calculo yo si aquello que me preguntó el maestro +tendría que ver con la persona de vuecencia. + +—Indudablemente, el mensaje, carta, o recado era para mí; pero si al +fin lo despachó Negretti, no llegó a Laguardia. + +—No puedo asegurar a usía que don Ildefonso llegara a mandar el +propio; pero se me antoja que sí, porque había en Durango un tuerto +recadista que iba por los pueblos con un niño Jesús pidiendo para el +santuario de Iciar, y en aquellos días le vimos vestido con la ropa +vieja de Negretti, y nos dijo que iba a dar la vuelta de Álava con su +santirulico; después no le vimos más. + +—Tampoco pareció por allá ese mensajero. Siga, siga, que aún le queda +mucho en la memoria. + +—Sigo. Pues en Durango dijeron que doña Prudencia se veía y se deseaba +para resguardar a la niña de tantísimo pretendiente como la acosaba, +por el aquel de su hermosura... ¡Carape, qué boca de cielo, qué gancho! +Un capitán de barco la vio, y quedó enamorado. Dos más de Bermeo, y un +coronel carlista, la pidieron para esposa; pero ella diz que a ninguno +hacía caso, motivado a que no podía echar de su pensamiento al príncipe +difunto. De esto hablábamos los amigos de don Ildefonso, y uno de +nuestra pandilla llamado _Bachi guzur_ (_Bautista el embustero_), chico +de mucha idea, a quien da el naipe por inventar cosas, nos decía: «Yo +me pienso que el príncipe no se ha muerto, y que a ella le han dicho +la mentira de la defunción para desenamorarla, porque así conviene a +la familia; y apostaría yo a que el serenísimo galán anda de la ceca a +la meca disfrazado, buscándola al modo de lo que pasa en las historias +inventadas, que a mí me parecen verdad; y creo que nada de lo que rezan +los libros es mentira, o que las mentiras son verdades que se miran por +el revés». Nada, señor: con estas habladurías nos entreteníamos a la +salida del trabajo, y uno decía peras, otro decía higos, y pasábamos +el rato... En fin, señor, creo haber declarado a vuecencia todo lo que +sé. Si algo más me viene a la memoria, se lo diré esta tarde, en el +presupuesto de que no se vaya hasta la noche o hasta mañana. + +—Quisiera partir ahora mismo..., yo soy así... ¿Cree usted que +encontraré en Bilbao al señor Negretti? + +—Seguro... Y si él no está, estará la familia, de contado. No tiene +usía más que preguntar en Bilbao por la casa de los Arratias. Cualquier +chico de las calles le dará razón. Es allí por la Ribera. No tiene +pérdida. + +—¿Y esos Arratias son...? + +—Hermanos de doña Prudencia. Tienen barcos que andan en la mar. + +—Vamos, son armadores. + +—Y comerciantes, que traen del Norte duelas, bacalao y toneles de una +bebida que llaman _cerveza_, más amarga que los demonios; y arman +también barcos chicos para _la pesquería del escabeche_... Si no +estuvieran allí don Ildefonso y su esposa y sobrina, los Arratias le +darán razón cierta de dónde moran. + +Consultado Gay acerca del camino más corto y más seguro para ir de +Leciñana a la capital de Vizcaya, manifestó que aunque lo más derecho +era tomar la vuelta de Orduña, no le aconsejaba tal camino, por estar +toda aquella parte plagada de facciosos. + +—Tú ya sabes —dijo a su compadre—. Te vas derechito por esta orilla +del Ebro, hasta Trespaderne, y allí tiras para arriba, a esta mano. +¿Sabes la Sierra del Gato? Pues la vas faldeando. Pasas por Cebolleros, +Villacomparada y Villamezán, y ya estás en tierra de Mena. De allí +a Valmaseda es como andar por una calle. Total, que puedes llevar a +vuecencia en cuatro días, con descanso. + +No paraba mientes en ningún peligro don Fernando, que sin oír otra voz +que la de su esforzado corazón, ansiaba lanzarse hacia el cumplimiento +y remate de la empresa, por tan desgraciados accidentes entorpecida. +Su espíritu de nuevo se inflamaba en la querencia de los actos +maravillosos, en todo aquello que rompiese los moldes de lo común. ¡A +Bilbao por Aura! Tal era su divisa, y ya se le hacían lentas las horas, +pausados los minutos que tardara en realizar algún descomunal esfuerzo +por la idea y fines que tal emblema expresaba. + +Ocurría esto un miércoles. El jueves por la noche entraban en +Trespaderne, a punto que salía un destacamento de fuerzas cristinas, +y no tardaron en informarse de que una partida que había bajado del +puerto de los Tornos, y otra que anduvo por Peña Complacera, se +juntaban en San Pelayo, punto muy principal del valle de Mena, para +recorrer aquellos pueblos y llevarse cuanto encontraran. A todos +los trajinantes que iban en tal derrotero encarecía el alcalde de +Trespaderne la conveniencia de que se detuvieran dos o tres días hasta +que la situación se despejase. Insistía Calpena en continuar al +siguiente día su camino; pero tales razones le dio Sabas, apoyado muy +cuerdamente por el alcalde, hombre tosco y de buen sentido, que hubo de +resignarse, pataleando, a una corta espera, que aseguró no pasaría de +veinticuatro horas. La realidad, no obstante, impuso mayor detención, +y hacer acopio de paciencia. El mesón o parador en que se habían +instalado era de lo peor del género, similar de las famosas ventas +manchegas: la única estancia que ofrecía relativa comodidad ocupábala +Calpena; y no sabiendo este qué hacer en el largo aburrimiento y +plantón fastidioso, pidió tintero y pluma, pues desde que salió de +Laguardia le había entrado una viva comezón de escribir. ¿A quién? A +los tres puntos cardinales de su afecto: al norte, Negretti y Aura, +los amigos de Laguardia al este, al sur los de Madrid. La náutica rosa +de aquel corazón no tenía occidente... Como la querencia del sur había +tomado en él extraordinaria viveza, por el camino redactó mentalmente +multitud de cartas dirigidas a la misteriosa deidad que le protegía, +haciéndole suyo en el presente y en el porvenir. En posesión ya de +los avíos de escribir, se dijo, preparándose de papel: «Lo primero a +_ella_...». Pero con toda su aplicación, no pudo pasar de la primera +línea: «Mi señora desconocida...», fórmula que varió hasta lo infinito, +sin encontrar la más apropiada. «Señora incógnita, mi muy amada +protectora...». Y luego de encontrada la fórmula, ¿qué le diría? En +estas perplejidades, mirando al papel, mordiendo las barbas de la +pluma, encontrole Sabas, que subió a decirle presuroso: + +—Ahí está ese señor... Oiga las voces que da, y el ruido que arman sus +criados y caballerías. Es el viejo Urdaneta, don Beltrán de Urdaneta, +¿sabe, señor?, el abuelo del don Rodrigo que esperaban en Laguardia con +toda su familia... Verá qué viejo más salado. Va también hacia Mena, +donde está su hija, casada con el mayorazgo de Maltrana. + + + + +X + + +—¡Al demonio tú y don Beltrán! Me has asustado. Creí que se trataba de +otra persona. ¡Si yo no conozco a ese viejo, ni le he visto en mi vida! + +—Pues ahora tendrá por fuerza que verle y que tratarle, porque es +parroquiano antiquísimo de este mesón, y en él para desde el siglo +pasado, siempre que va y viene. Como el único cuarto decente es este, +él tiene costumbre de ocuparlo: el mesonero le ha dicho que se acomode +aquí con el señor, que también es persona de la grandeza de España. + +—No quiero —dijo Calpena, a quien molestaba en aquella ocasión hacer +conocimientos—. Me iré a un pajar, y que venga ese don Beltrán o don +Cuerno a ocupar su aposento. + +Y cuando se levantaba, decidido a escabullirse antes que el nuevo +huésped llegara, ábrese la desvencijada puerta y penetra un simpático y +noble anciano, de buena estatura, algo rendido al peso de la edad, de +afable rostro y modales finísimos, revelando en todo el alto nacimiento +y el refinado trato social. + +—Perdone usted, señor mío, esta invasión de su aposento. La edad nos +da privilegios bien tristes. No quiero, no, desalojarle..., no faltaba +más. Me atrevo a proponerle que, pues en nuestro _hotel_ no hay más que +una estancia, la compartamos los dos como buenos amigos. Ni usted me +estorba, ni yo he de estorbarle; y sabiendo ya con quién he de vivir +veinticuatro horas, solo añado que es para mí gran satisfacción la +compañía de persona tan principal. + +Correspondiendo Fernando a la cortesanía del insinuante viejo, propuso +retirarse dejándole toda la pieza, para mayor comodidad y desahogo; a +lo que contestó don Beltrán que por ningún caso lo aceptaría. + +—Respondo de que, a poco que nos tratemos, mi compañía no ha de serle +a usted desagradable, pues a mí, que hoy le veo por primera vez, me +encanta ya la suya. + +A un movimiento de sorpresa interrogativa del joven, dio respuesta con +estas palabras: + +—No nos conocemos y nos conocemos, señor de Calpena, porque ha de +saber usted que vengo de Laguardia, donde he dejado a mi nuera y a mi +nieto, y en las veinticuatro horas que allí me detuve, no han cesado +aquellas buenas personas de hablarme de usted. El cura Navarridas y las +niñas de Castro estiman a su huésped en todo lo que vale. Ya sé, ya +sabemos todo..., por qué serie de accidentes fue usted a parar allí, +el servicio que prestó a las niñas, su conducta valerosa, gallarda... +Y como al propio tiempo sé que don José María le habló a usted de mí, +démonos por recíprocamente presentados, y tengámonos por amigos de +larga fecha..., digo, larga no, porque es usted casi un niño. + +Decía esto, tomando asiento, después de despojarse de su abrigo de +viaje. Sin dar tiempo a que Fernando le expresara su agrado por tantas +amabilidades, le dijo, reparando en el papel y tintero: + +—Si estaba usted escribiendo, puede seguir. Tome la silla, y pues no +hay otra, yo me pasearé en el domicilio común mientras usted escribe. + +—No, señor: solo por matar mi aburrimiento pensé escribir..., pero +ahora que tengo compañía tan grata, quédese para mañana la escritura... + +—Pues si usted no escribe, le propongo que nos vayamos a la cocina, +donde tenemos un buen fuego, y estaremos muy bien. Siempre que paro +aquí, me paso las horas junto al hogar, en compañía de estas gentes +sencillas y honradas, y de los gatos y perros. Ya me conocen hasta los +animales. + +—También a mí me gusta engañar las horas en las cocinas de los pueblos, +mirando las llamas del fogón, sintiendo el hervir de los pucheros, y +echando un párrafo con los aldeanos. Vamos, vamos, señor don Beltrán. + +—Deme usted el brazo, joven, que no me hace gracia, a mis años, tomar +medida a estas desvencijadas escaleras. ¡Qué recuerdos tiene para mí +esta casa! No le exagero a usted si le digo que he parado en ella +unas sesenta veces. La primera, no hace nada de tiempo... el año +780, yendo con mi padre a una cacería, invitados por mi pariente el +condestable, el padre de Bernardino Frías, a quien usted conocerá; la +segunda, cuando llevamos a mi hermana a profesar en las franciscanas +de Medina de Pomar; la tercera..., ni me acuerdo ya. Por aquí pasé +para llevar a mi hija Valvanera a sus bodas con Maltrana, y a casa de +mi hija voy también ahora. La fecha de aquel casamiento es de las que +no se olvidan. En este parador, cuando íbamos a Villarcayo, nos dieron +la noticia de la batalla de Bailén... En fin, pasé también el 28, +huyendo de las bandas apostólicas, y había pasado el 23, por evitar un +encuentro con las tropas de Angulema. Íbamos hacia la frontera Osuna y +yo, el duque viejo (padre de estos chicos), Pedro Alcántara y Mariano, +y tuvimos que dar un largo rodeo para tomar un barco que salía de +Santoña, y nos llevó a La Rochelle... En fin, mi vida es muy larga, y +en ella no faltan peripecias. + +Tomaron posesión del mejor banco de la cocina, junto a la mesa de +castaño, y don Beltrán anunció alegremente que había mandado asar un +cordero y preparar ajilimójilis. + +—Esta llaneza —dijo gozoso— me encanta; estas comidas elementales y +primitivas son mi delicia. O esto, o los refinamientos de la cocina +parisiense. Y en cuanto a la sociedad, o la más alta, o la de estos +infelices, reforzada por los gatos y perros, que ya tiene usted aquí, +buscando mis halagos. + +En efecto: uno de los dos michos de la casa, se le había subido en el +brazo, y el otro se rascaba contra sus piernas. Dos magníficos lebreles +le hacían la guardia a un lado y otro de la silla. + +—A mí, señor don Fernando —continuó—, no me dé usted términos medios. +O los palacios resplandecientes de lujo, o esta humilde cocina. Y en +cuestión de bello sexo, que siempre fue una de mis más caras aficiones, +o las damas encopetadas, o estas gallardas bestias campesinas... Que +nos traigan vino blanco, que aquí lo hay superior. Chica, llévate +esto, y dile a Ginés que si no tiene vino blanco, que mande por él +inmediatamente a casa de Sopelana. + +—Lo hay, señor marqués —dijo la moza—, y ahora mesmito se lo traigo. + +—Pues date prisa, que aunque no me atiendas a mí por viejo... (¿Tú +sabes lo que dijo Carlos V..., no este Carlos V, sino el otro?... +Luego te lo diré...). Pues si a mí no me atiendes, porque soy un pobre +vejestorio inservible, no harás lo mismo con este caballero tan guapo. + +—A fe mía que lleva usted bien sus años, señor don Beltrán —dijo +Calpena—. Conserva usted su agilidad, su buen humor, con las prendas +todas del caballero de raza. + +—¡Oh! no, amigo mío: ya estoy muy acabado; ya no soy ni sombra de lo +que fui. Verdad que no me falta la cabeza, y discurro como en mis +mejores tiempos; pero la vista se me va. Hay días en que no veo tres +sobre un burro, y si sigo así, pronto quedaré ciego. Esto me aflige, +porque me he propuesto llegar a los noventa. Respecto de mi edad, habrá +usted oído mil leyendas. Hay quien cree que he cumplido el siglo, y +que me rebajo... Patraña: hace lo menos diez años que renuncié a ese +inocente coquetismo. + +—No representa usted —dijo Calpena queriendo halagarle— arriba de +setenta..., setenta y dos todo lo más. + +—¡Ay, qué lisonjero y qué _bon enfant_! No, hijo..., aumente usted un +poquito, y llegue hasta los setenta y ocho. Sí señor: yo vine al mundo +en la noble ciudad de Olite, en 1758. Eche usted una mirada a todo lo +que comprende el espacio entre esa fecha y este pícaro 36. Sí señor, en +1758: le llevo once años a Napoleón y a Wellington, que nacieron el 69; +Mozart era más viejo que yo en dos años, y Schiller un año más joven. +Goya, mi amigo, el pintor celebérrimo, me llevaba doce años, y yo le +llevo nueve a don Manuel Godoy. Como Napoleón, otras celebridades que +ya se han muerto, Beethoven, Moratín, Talma, eran mucho más jóvenes que +yo... + +—¡Qué prodigiosa memoria! + +—No diga usted memoria; diga usted años. Cuando uno va de capa caída, +se entretiene en ajustar estas tristes cuentas, en comparar vejeces... +Consolemos, yo mis cansados años, usted los suyos verdes, con este +vinito blanco... ¡Ah, señor de Calpena!, habrá usted pasado en la casa +de Castro una temporada agradabilísima... + +Ponderó Fernando con frase entusiasta las excelencias de la vida en +aquella señoril y opulenta mansión, y al panegírico que hizo de sus +habitantes, asentía don Beltrán entornando los ojos y paladeando el +vino. + +—Sí, sí..., las niñas son dos ángeles, Demetria un prodigio, Navarridas +un santo, tan cariñoso, tan servicial..., aunque a veces el exceso de +su amabilidad resulta un poquitín enfadoso, ¿verdad? Y en cuanto a doña +María Tirgo, que es otra santa, otro prodigio, otro ángel, no dudo que +le habrá mareado a usted más de la cuenta, hablándole de linajes, su +ciencia y su manía. + +—Algo me hizo ver la señora de sus conocimientos genealógicos: por +ella estoy bien enterado de la nobleza de los Urdanetas e Idiáquez. +De los entronques con las primeras casas de Aragón y Navarra resulta +que llevan ustedes sangre de mil y mil varones insignes, y de santos +gloriosos. + +—Sí, sí: no falta parentela ilustre por los cuatro costados —dijo +gravemente don Beltrán, con cierto desdén de buen tono hacia las +humanas grandezas—. También nos vanagloriamos de que muchos de nuestra +sangre estén en los altares... Y esta vena de la santidad no creo yo +que se haya extinguido en mi familia. + +—También supe por doña María y su hermano —prosiguió Calpena— el +proyecto de enlazar familia tan ilustre con la también noble y poderosa +de Castro-Amézaga, casando a su nieto de usted, el señor don Rodrigo, +con ese espejo de las doncellas, Demetria, de quien solo con nombrarla +creo hacer el más cumplido elogio. + +—Oh, sí: la niña es una monada, y da gusto verla jugando a la +administración. + +—Pues, por lo que me han dicho, para encontrar quien en virtudes y +mérito pueda igualar a tal niña, han tenido que pedir un esposo a la +casa de Idiáquez. + +—Sí, sí... —murmuró con Beltrán indiferente, pensativo, dejando correr +su mente por espacios distantes. + +—Y solo en ella se ha encontrado un varón digno de tal hembra. + +—Sí, sí... + +—No puede usted figurarse los encarecimientos que de su señor nieto de +usted, don Rodrigo, me han hecho los hermanos Navarridas. + +—Sí, sí... La fama no hay quien se la quite... Posee cualidades, +indudablemente, grandes cualidades... ¿Qué duda tiene?... Juicioso, +grave, reposado... cumplidor de todos los preceptos... + +Grande fue la sorpresa de Calpena ante la frialdad de don Beltrán en +aquel asunto, pues esperaba todo lo contrario: que al noble anciano +se le caería la baba en demostración de su orgullo por ser dos veces +padre del prodigioso marqués de Sariñán. Notó además en el buen +señor contrariedad o disgusto, deseo de hablar de otra cosa. Su cara +inteligente habíase alargado; parecía más viejo, por la desaparición de +la sonrisa que le rejuvenecía. Dos suspiros hondos salieron de su pecho. + +Sentíase Calpena devorado de abrasadora curiosidad, y anhelando +satisfacerla, se dijo: «Aquí hay algún secreto, quizás discordias de +familia. ¿Qué será? He de tirarle de la lengua a este vejete para +poner a prueba su discreción». Pensando así, no cesaba de observar a +Urdaneta, que en aquel instante hablaba paternalmente con un pobre +aldeano. No había visto nunca Fernando rostro tan expresivo, de tanta +movilidad y viveza, máscara de consumado histrión que _interpreta_ las +agudezas y marrullerías así como las benevolencias seniles. De todo +había en la cara de don Beltrán, finamente aristocrática, de líneas +un tanto angulosas ya, por causa de la vejez. Calpena recordaba las +imágenes que había visto de Voltaire, de Talleyrand, del abate L’Épée. + +Las horas se deslizaron plácidas en la cocina, gozando don Beltrán +las delicias de su popularidad en aquellas tierras. No cesaban de +entrar aldeanos a saludarle, y él, dando a besar su mano, a todos les +trataba con afabilidad exquisita de gran señor que sabe mantenerse en +su puesto, mostrándose bondadoso y familiar con los humildes. Admiró +Fernando la gracia y flexibilidad con que adaptaba su lenguaje al de +aquellos infelices, y pudo observar que no era todo buenas palabras, +pues cuando alguno de los visitantes se condolía de su precaria +situación, echaba mano don Beltrán a su culebrina de seda verde, y allí +era el salir de monedas. Para los chicos llevaba siempre provisión de +cuartos, que profusamente repartía. A pesar de pertenecer el noble +anciano a lo que podríamos llamar el _siglo de las tabaqueras_, no +había gastado nunca rapé. El contemporáneo de Napoleón, de Haydn y de +Luis XVIII, anticipándose al siglo siguiente, fumaba, y de su repuesto +de buenos cigarros puros y de papel, liados en una vejiga olorosa, +participaba todo el mundo, chicos y grandes. A este rumbo y gallardía, +arte supremo de ser aristócrata en medio de la plebe, que poseen tan +pocos, debía su popularidad en todo el país, desde Zaragoza a las +Fuentes del Ebro, y desde el Pirineo al Moncayo. + +Despachado entre nobles y villanos un sabroso cordero con ajilimójilis, +trató Calpena de sonsacar a don Beltrán alguna revelación que +aclarase el punto oscuro que aquel había creído ver en la familia de +Idiáquez-Urdaneta; pero el sagaz viejo esquivaba el bulto, sin soltar +prenda. Cuando subían a su aposento para recogerse, don Beltrán, +apoyándose en el brazo de Calpena, dijo a este: + +—¡Ay, querido!, me acuerdo en este momento de que existe una razón +poderosísima para que no durmamos los dos en el mismo cuarto. No se me +había ocurrido antes... ¿No adivina usted lo que es?... Pues que ronco +estrepitosamente..., toco la trompa y el violín, imito el trueno y el +gallo..., según me han dicho, que yo no me oigo..., y con mis ronquidos +no podrá usted pegar los ojos en toda la noche. + +Fernando replicó que no le importaba, aunque, la verdad, no le hacía +maldita gracia la música, que con programa y todo le anunciaba su amigo. + +—No, no —añadió este—, no consiento que duerma usted aquí. ¡Buena noche +le voy a dar!... ¡Sabina, Gervasia, chicas!... + +Acudieron a sus voces el mesonero y las mujeres de la casa, y don +Beltrán, que allí no pedía, sino mandaba, les dijo: + +—Chicas, dejad vuestra habitación a este caballero. Podéis, por una +noche, dormir las muchachas con Sabina, y tú, Ginés, bien lo puedes +pasar en la cuadra. Accedieron aquellas pobres gentes a lo que el +prócer disponía, y Urdaneta, mientras su paje le desnudaba, ya +preparado el lecho con buen abrigo, bromeó con don Fernando: + +—La solución no ha podido ser más oportuna. Ventajas para mí: que no +estaré cohibido, y podré desplegar toda mi orquesta, seguro de no tener +público. Ventajas para usted: que no oirá mis acordes, lo primero; lo +segundo, que siendo a mi parecer sonámbula una de las mozas, la más +bonita por cierto, es fácil que se le meta a usted en el cuarto a media +noche... Vaya, divertirse... Querido, hasta mañana. + + + + +XI + + +Lo que menos pensaba don Fernando, al entrar en el cuarto que le +dispusieron, era que aquella misma noche y por inesperado conducto +había de conocer algunos hechos que le descifraban el enigma de la +familia de Idiáquez. + +—Señor —le dijo Sabas cuando entró a prestarle servicio de ayuda de +cámara—, si no tiene mucho sueño le contaré los chismorreos de la casa +de don Beltrán que me ha estado refiriendo su espolique Tomé, el cual +habla por siete, y se pirra por sacar a relucir las... cosas de sus +amos. + +—Cuéntamelo, por Dios, aunque ello sea tan largo que no acabes hasta +mañana, y procura que nada se te olvide de esas hablillas de tu amigo, +sin reparar que sean mentira o verdad. + +—Pues sabrá su merced que este vejete salado y su nieto don Rodrigo +están a matar. Don Beltrán ha sido toda su vida un disipador de lo suyo +y de lo ajeno; como que no ha hecho más que divertirse y darse buena +vida en los Parises y otras tierras de vicio. En cambio, su nieto ha +salido tan allegador y de puño tan cerrado, que no hay más que pedir. +Vea su merced trocados los papeles: el viejo pródigo y manirroto, como +un muchacho que está en la edad del gastar; el chico agarrado a la +cuenta y razón, como un viejo que mira por el orden y la hacienda. +Me nacieron los dientes oyendo decir que don Beltrán ha sido y es el +primer calavera del reino, y que se ha pasado la vida en comilonas, +cacerías, recreos y larguezas de príncipe, con mucho aquel de buenas +mozas, y viajes para acá y para allá. El lujo de su casa y los trenes +que tenía daban que hablar, señor. Verdad que otro más generoso y más +galán no le hubo: él se divertía; pero lo pagaba bien. Y a su puerta no +llegó ningún pobre que se fuera desconsolado. Semejante a don Beltrán +en lo dadivoso, aunque menos caballero, fue su hijo don Federico, a +quien llamaban _don Fatrique_ o _don Futraque_; y entre uno y otro +dejaron en los huesos la casa de Urdaneta, tan poderosa antes..., +la cual quedó hecha polvo; y con los restos de ella, y el caudal no +grande, pero limpio, de los Idiáquez, ha podido doña Juana Teresa, +marquesa de Sariñán, esposa del _don Futraque_ y madre del don Rodrigo, +amasar una fortunita, que es la que hogaño quieren hijo y madre +librar de las manos pecadoras de este vejete... Desde la muerte del +don Federico, la señora viuda y el marquesito ataron corto al abuelo. +Este rezongaba; ¿pero qué remedio tenía más que bajar la cabeza? Cada +poco tiempo, gran pelotera en la familia, porque don Beltrán pedía +ocho para sus necesidades y no le daban más que tres. Si corto le ató +la señora, más corto hubo de atarle el nieto al llegar a la edad de +gobierno, y al hacerse cargo de manejar el caudal. Cada día le daban +a don Beltrán menos _de aquí_, y el pobre señor, con el aguijón de sus +vicios rancios, trinaba y se le comían los demonios. Había venido a ser +un niño, el niño de la casa, el señorito juguetón y travieso a quien se +dan los domingos unas pesetillas mal contadas para que se divierta. A +la postre, viendo que no podían hacer carrera de él, y que cuanto más +le daban, más pedía, le privaron de emprender viajes, quitáronle coches +y caballerías, y hasta le tasaron el tabaco... Tan desesperado se vio +el niño anciano, que fue y quiso despeñarse por una gran sima que hay +más allá de Cintruénigo; pero... lo dejó para otro día. Y también se +fue una noche hacia el Ebro para darse un remojón; solo que por estar +el agua muy fría, no se determinó. + +Lo demás que refirió Sabas, repitiendo los anales transmitidos por el +cronista de la casa de Idiáquez, Tomé Torres, quedó bien presente en la +memoria de Calpena, que con aquellas noticias se durmió, aplacada la +sed de su curiosidad. Cuando se veía don Beltrán en extremas apreturas, +porque sus proveedores le fiaban y no hallaba medio de pagar, tomaba +dinero a préstamo, pues por artes del demonio su crédito era grande +en aquellos pueblos, y la casa no tenía más remedio que pagar las +deudas contraídas por el gran niño, para evitar desdoro y escándalos, +resultando de aquí mayores disturbios entre los tres, abuelo, nuera y +nieto. Últimamente, al tratarse en familia el magno asunto de la boda +con la mayorazga de Castro, iniciado por doña María Tirgo, don Beltrán +no intervino para nada. Mostrose después algo inclinado a la oposición; +pero su nieto lo estimó como un artificio para obtener dinero, y se +mantuvo en sus trece, dejando al anciano que saliese por donde le +dictasen sus marrullerías. El venir a Laguardia con la familia, no fue +por acompañarla en las vistas precursoras de matrimonio, ni por gusto +de visitar a las niñas y a sus tíos, con quienes tuvo siempre amistad. +Era que el noble Urdaneta, cuando los de Cintruénigo le sitiaban por +hambre, arrancábase como los lobos en tiempo de nieve. Del primer tirón +se iba a Villarcayo a que le sacase de apuros su hija Valvanera, esposa +de un ricachón: allí pasar solía grandes temporadas explotando a su +yerno, hasta que este y la hija se cansaban, y con buenos modales le +reexpedían para Ciutruénigo. + +Con su servidumbre salieron los tres de la casa señorial y tomaron el +camino de Laguardia. Don Beltrán se había procurado algún dinero, no +se sabe cómo, y llevaba su tren de costumbre: mula bien aparejada, los +criados con las maletas, y cuanto pudiera necesitar un gran señor que +viaja por recreo. En Laguardia hicieron alto los marqueses de Sariñán +y el señor de Urdaneta, con el objeto que ya se sabe. Alojados en la +rectoral, no faltaron querellas entre el abuelo y el nieto por la +eterna cuestión de ochavos; mas todo quedó en la familia, sin que +Navarridas se enterara. Instaba este a don Beltrán a que se quedase por +lo menos una semana; pero el prócer, pretextando negocios apremiantes +y el deseo ardiente de abrazar a su hija y nietos de otra banda, dejó +los ocios de Laguardia al día y medio de reposo. Cabalgando a los +alcances de Calpena por los mismos caminos, reuniéronse en la venta +de Trespaderne, donde ocurrió lo que referido queda hasta la noche +en que mudaron de cuarto a Fernando para evitarle la desazón de los +ronquidos. Durmió tranquilamente el joven, sin que turbase su sueño el +sonambulismo de la moza bonita, como anunciado le había don Beltrán, y +por la mañana, cuando Sabas le ayudaba a vestirse, entró Tomé Torres +a decirle de parte de su señor que le esperaba para tomar juntos el +desayuno. + +—¿Y para cuándo —dijo Calpena a su noble amigo, sentados frente a +frente en la cocina, tomando chocolate—, para cuándo calcula usted que +se verificará la boda? + +—¿Qué boda? + +—La de su nieto con Demetria. Supongo que de las vistas saldrá la +conformidad de ambos... + +—O no... ¿Usted qué sabe? Podría suceder que el trato determinara una +repulsión, un antagonismo de caracteres... Perdóneme, querido Calpena; +pero no puedo ser más explícito. El respeto que debo a la familia +me veda extenderme más en asunto tan delicado... Y si usted no se +ofendiera, le diría que nuestra amistad es muy reciente para que pueda +yo ponerle en autos de mis desavenencias con Rodrigo. Mi nieto y yo no +congeniamos. Su carácter es radicalmente opuesto al mío... En cuanto a +la boda, no pienso intervenir para nada en ella. Allá se entiendan. + +—¿Acaso teme usted que don Rodrigo no sea feliz? + +—Quizás... y puesto a temer, no estoy muy seguro de que Demetria +alcance la felicidad al lado de mi virtuoso nieto. + +—¡Oh! Eso es imposible. + +—O es usted un inocente, querido Fernando, o se pasa de listo y +pretende de mí que le diga lo que sabe mejor que yo. + +—Don Beltrán, ignoro por qué me habla usted de ese modo. + +—¿Quiere las cosas claras? Pues allá van las cosas claras. Me +equivocaré mucho si no resultara el completo fracaso de los planes de +doña María Tirgo. Soy perro viejo; conozco el mundo, y el corazón de +las niñas casaderas no tiene para mí ningún secreto. El fracaso puede +venir, o porque Demetria no guste de mi nieto, o porque esté enamorada +de otra persona. + +—¡Oh, no creo...! + +—Pues si es usted simple, yo no, a Dios gracias, y ahora sí que lo +afirmo resueltamente. Demetria no puede elegir ya. Su corazón pertenece +a otro. + +—¡Don Beltrán...! + +—¡Don Fernando! Advierta usted que habla con setenta y ocho años de +experiencia, de observación y conocimiento de las humanas pasiones. Me +basta una palabra, un gesto; me basta el tono, el acento de una frase, +para comprender lo que pasa en el ánimo de quien la pronuncia... He +pasado un día en la casa de Castro. Allí me contaron sucesos, escenas, +lances, aventuras... Las he oído de boca de Navarridas, que las reviste +de su candor. Las he oído de boca de las niñas, que en ellas ponían +su alma. No he necesitado más. Salí de Laguardia con la impresión de +que Demetria espiritualmente no se pertenece. La pobre niña, sin darse +cuenta de ello quizás, ha entregado sus pensamientos y su alma toda +a un hombre que no es mi nieto... Ea, no digo más: es usted un gran +tuno, si persiste en que yo le regale el oído con mis cuentos de viejo +corrido. También usted corre que se las pela. A su edad, sabía yo lo +mismo que sé ahora o poco menos... Y punto final. Hablemos de otra cosa. + +—Hablemos de lo que usted quiera. + +Trataron en seguida de la continuación del viaje. Calpena mostró gran +impaciencia. Don Beltrán no tenía prisa. Su opinión era que esperaran +tres días más, para ir más seguros. Como don Fernando manifestase el +propósito de seguir solo, le dijo quejumbroso: + +—Lo siento en el alma, porque me inspira usted una gran simpatía. ¡Y yo +que iba a proponerle que se pasara unos días en Villarcayo! Verá usted +qué agradable familia la de Maltrana. Tengo dos nietas lindísimas. + +—No puedo, señor don Beltrán, no puedo detenerme. Créame que lo siento. + +—Sí, sí, ya recuerdo: me contó Navarridas que tiene usted su novia +en Bermeo, o no sé dónde..., que es un compromiso antiguo, un afecto +hondo, un lazo indisoluble. ¿Qué es ello? Alguna pasión de estas +que nos ha traído el romanticismo. Cuéntemelo usted todo. Siento +que mis años, y más que mis años, esta ceguera maldita, me impidan +acompañarle..., asistirle como amigo, ver y admirar a su amada, que me +figuro será muy bella. + +—Todo cuanto usted imagine, señor don Beltrán, será pálido ante la +realidad de esa hermosura pasmosa. + +—Mire usted que yo he visto mucho... Por delante de estos ojos, +que ahora se empeñan en borrarme los objetos, han pasado bellezas +verdaderamente soberanas, bellezas celestiales..., sublimes. + +—Con todo, si usted viera esta, declararía que antes no había visto +nada. + +—Hombre, es mucho decir... Me pica usted la curiosidad de un modo +terrible. + +Y al expresar esto, el rostro de don Beltrán se rejuvenecía: se le +encandilaban los ojos, medio ciegos ya, y se le aguaban los labios. + +—Lo que sí estimaré en grado sumo, recibiendo en ello la mejor prueba +de su amistad, es que no nos separemos hasta Villarcayo. + +—Si no se detiene usted mucho en el camino, para mí será gran +satisfacción. + +—Gracias... Y yo le compensaré a usted su esclavitud refiriéndole los +motivos de mis discordias con Rodrigo de Urdaneta; seré más explícito +en mis apreciaciones acerca del probable fracaso de las vistas de +Laguardia; aventuraré algún consejo para que se aproveche de ese +fracaso quien debe aprovecharse..., ya usted me entiende... En fin, ¿se +aviene usted a que vayamos juntos? + +—Sí, señor; pero no accedo a permanecer en Villarcayo más que horas. + +—Bueno..., ya se verá eso... Hoy pasaremos aquí el día tranquilamente, +charlando de nuestras cosas. Pero, voto a Sanes, no sea usted tan +callado, ni me reserve sus afectos, sus planes, sus pasiones con tan +extremada discreción. La juventud se ha vuelto ahora más taciturna y +sombría que la vejez. Volvamos a los tiempos clásicos, amigo Calpena, +y pongamos todos los misterios del alma encima de una mesa y entre dos +copas de buen vino. + +Propuso Calpena dar un paseo; pero como el cariz del tiempo anunciaba +lluvia, quedáronse, después de una corta salida, al amor del fogón, en +la cocina hospitalaria, acompañados de gatos y perros, viendo a Sabina +y Gervasia mover cacharros y atizar la leña crujiente. + +—Amigo mío —dijo don Beltrán, refrescando memorias de su mocedad +borrascosa—, mi experiencia cree prestar a su juventud un gran +servicio, enseñándole con mi ejemplo a poner frenos a la imaginación, +a no abandonar lo cierto por correr tras lo dudoso. ¿No me entiende? +Pues oiga un poquito de historia personal mía, que se relaciona con +la historia del mundo. El año 795 me fui a París en persecución de +una hermosura sorprendente, de esas que parecen hechas por Dios para +trastornar a la humanidad, para quitarnos el poquito seso que nos queda +después de las revoluciones y degollinas que armamos por las ideas, por +el pan o por el poder... + +—Dispénseme, don Beltrán. Ha dicho usted el 95. Me había contado +Navarridas que estuvo usted en París de secretario de la embajada el +89, y que presenció parte de la revolución francesa. + +—Es verdad. Lo tomaré desde más arriba. Yo me casé el 87 con una +ilustre dama, sobrina del duque de Granada de Ega; enviudé el 88, +al mes de haber nacido mi único hijo Federico; deseando aventar mis +penas, pedí a Aranda que me destinase a una embajada y, en efecto, +fui nombrado segundo secretario de la de París. Todos los sucesos de +la revolución, desde los Estados Generales hasta junio del 91, en que +el rey fugitivo con su familia fue detenido en Varennes y llevado +prisionero a París, los presencié. Retirose la embajada, y casi todo +el personal volvió a España, y en España y en mis estados permanecí yo +hasta el 95... Como no es mi objeto contarle a usted aquel incendio +terrible, la Revolución, voy a mi cuento, y lo sigo repitiendo que el +95 me fui a París en persecución de una hermosura sobrehumana, a quien +conocí en Zaragoza en casa de mis primos los condes de Bureta. + + + + +XII + + +—Adelante. Loco de amor fue usted a París... + +—En pleno Directorio, hijo mío. ¡Qué distinto de aquel París del 88, +tan aristocrático, tan tónico y elegante, en medio de los sustos que ya +ocasionaba la revolución incipiente!... Pero, ¡ay!, querido, se me ha +olvidado un detalle, y tengo que volver un poquito atrás. + +—Volvamos... Salió usted de Zaragoza... + +—Despreciando un partido de segundas nupcias que me arregló mi buen +padre... + +—¿Y era hermosa, don Beltrán? + +—Agradable, esbelta, mayorazga riquísima, de familia noble, bien +educadita, hacendosa. En fin, una alhaja, querido, incomparable para +una vida de descanso, de opulencia prosaica, con probabilidades de +larga sucesión, y mucha labranza, recreos de campo y caza... Pero yo no +estaba por la prosa. Mi padre quiso sujetarme. Yo me escapé a París, +como digo, y aquí viene la moraleja... + +—¿Tan pronto? Según eso, la hermosura ideal que usted perseguía... + +—Era un fantasma, y los fantasmas hacen la gracia de no dejarse coger. +A los tres meses de revolver todo París buscándola, pues la vida y +las circunstancias especialísimas de aquella mujer la rodeaban de +misterios, la encontré, sí... En una palabra: la que para mí más que +mujer era una diosa, la que en España me juró amor eterno, se había +casado con un jefe de policía, protegido de Barras. + +—¡Demonio! Pues con la policía parisiense no jugaría usted, don +Beltrán, si es que persistió en perseguir a la beldad fantástica. + +—Persistí: soy navarro. Cultivando mis antiguas relaciones, y +mariposeando de salón en salón, llegué a ser uno de los predilectos en +el de madame de Beauharnais. Por cierto que... No, no olvidaré la noche +en que vi entrar por primera vez a un joven militar, melenudo y pálido, +de menos que mediana estatura. + +—Ya le veo, ya... + +—Era un _chico que prometía_. Al poco tiempo, la dueña de la casa, que +era una gran coqueta, para que usted lo sepa, una coqueta saladísima y +temible, atroz, enloqueció al chico de Córcega. Barras no influyó poco +para que se casaran... Pues sigo mi cuento. Conté mi triste historia a +Josefina, y Josefina se la contó a Napoleón. A poco de salir este para +mandar el ejército de Italia, la generala Bonaparte dio en protegerme, +interesándose vivamente en mi causa amorosa. La hermosura fantástica +no tardó en aparecer en los salones de Josefina. + +—Y allí... + +—Sí; pero ya el espectáculo del libertinaje parisién me había arrancado +toda ilusión. La prodigiosa hermosura se me deshizo en humo..., no sé +cómo expresarlo. La sociedad del Directorio transformó completamente +mis gustos. ¿Quiere usted que lo cuente todo? Pues Josefina me agradaba +extraordinariamente, y acabó por enloquecerme. + +—¿Y sé atrevió usted, don Beltrán? + +—¿Que si me atreví? A fe que era la niña asustadiza. Créalo usted: +Napoleón era celosísimo, y algunos, no diré muchos, algunos motivos +tenía para ser tan escamón... Y ya no le cuento nada más, porque es +usted un niño, y los malos ejemplos no convienen a las imaginaciones +juveniles, exaltadas. Basta, pues, basta... + +—Corriente. Respeto sus escrúpulos. Pero debo decirle que la lección +que ha querido darme no encaja en el caso mío: no hay paridad. + +—Eso usted lo verá... Mire, hijo, cuando el destino nos pone al pie +de un árbol de buena sombra, cargado de fruto, y nos dice «siéntate +y come», es locura desobedecerle y lanzarse en busca de esos otros +árboles fantásticos, estériles, que en vez de raíces tienen patas..., y +corren... Yo desobedecí a mi destino, y por aquella desobediencia, no +he tenido paz en mi larga vida. Créalo: donde no hay raíces, no hay +paz. Ea, doblemos la hoja. + +—Doblémosla. Un momento, don Beltrán.... ¿Y no volvió usted a ver a +Napoleón? + +—Le vi entrar en París victorioso después de Austerlitz. Años después, +cuando la guerra de España, volví allá con mi primo Pepe Villahermosa, +con Lorenzo Pignatelli y otros. Era entonces embajador mi primo Diego +Frías, que hizo entonces la tontería de afrancesarse. _Don José I_ le +mandó allí representando a la España napoleónica... ¡triste papel! Gran +empeño tuvo mi primo en presentarme al _chico de Córcega_ en el apogeo +de su grandeza. ¡Y yo le había conocido ciruelo, es decir, novio de la +viudita Beauharnais!... Me resistí heroicamente a saludar al verdugo de +mi patria. + +—¿Y a Josefina? + +—Emperatriz, no la vi nunca. Después del divorcio, que, entre +paréntesis, le estuvo muy bien empleado, fui un día a la Malmaison a +ofrecerle mis respetos. Pero no se dignó recibirme. Era muy lagarta. +Murió a los tres meses de mi visita. Fui a su entierro. + +Otras anécdotas de su borrascosa vida galante contó don Beltrán a +su amigo, cuidando siempre en sus relatos de poner de relieve lo +que sugiriese alguna enseñanza útil al joven Calpena, y esquivando +los ejemplos de depravación o cinismo. Terminaban casi siempre las +historias con sabios consejos, mandándole que aplicara a su gobierno +ciertas enseñanzas, y que en otras pusiese todo su estudio en no +tomarle por maestro, en hacer todo lo contrario de lo que el biógrafo +de sí mismo había hecho. Así demostraba el señor de Urdaneta el afecto +que con el trato continuo iba tomando a su compañero de viaje, y este, +quedándose a media miel en algunos pasajes interesantísimos de la vida +del prócer libertino, agradecía el móvil honrado de las frecuentes +omisiones históricas. + +—No, hijo, no —le decía don Beltrán al segundo día, permitiéndose ya +tutearle—. Yo he hecho locuras, y no quiero que tú las hagas, no. Eres +un chico excelente y muy agudo y entendido. Mereces una vida pacífica +y ordenada, por más que sea oscura, y no una vida de ansiedades y +tropezones como la mía. Placeres sin fin he gustado; pero grandes +amarguras he tenido que tragarme, y heme aquí al fin de la vida, +malquistado con mi descendencia... Esto es muy triste, Fernandito, y no +lo deseo para ti. + +Y cuando iban de camino (pues al fin se arrancaron del mesón de +Trespaderne, después de dos y medio días de parada) platicando al paso +de la pacífica mula de don Beltrán, repitió este la parábola del árbol: + +—No me cansaré de decírtelo, hijo. El que en su camino encuentra un +árbol de grata sombra, cargado de fruto, es tonto de capirote si no +se planta allí... Si lo desprecias y sigues andando, te expones a +no encontrar más que paisajes fantásticos, efecto de eso que llaman +miraje. Corres, corres..., ¿y qué ves?... Pues un magnífico plantío de +cardos borriqueros. + +En Villacomparada hicieron otra paradita, que hubo de ser más larga, +porque el paso por Medina de Pomar era peligrosísimo. Renegaba Calpena +de estos plantones, y a pesar del afecto que iba tomando al viejo, se +proponía dejarle y partir solo, arrostrando con su criado los peligros +de la facción. Mas Urdaneta, con el poder de su razonamiento, ya grave, +ya jocoso, pero siempre sugestivo y cautivador, le aplacaba los fuegos, +reteniéndole junto a sí. La confianza, que rápidamente crecía, le fue +quitando los escrúpulos de descubrir sus interioridades domésticas, +y por fin, una noche, hallándose en la cocina de Villacomparada, se +arrancó a decir: + +—Este nieto mío no sale a los Urdanetas, donde no hubo nunca roñicas. +Su madre, que es noble por los Idiáquez, procede, por la línea materna, +de los Rodríguez Almonte de Tarazona, que hicieron un gran capital +con la usura, y dejaron fama por la miseria con que vivían. A estos +sale mi nieto, en quien verás algo de lo que en la opinión corriente +se llama virtud; cualidades buenas en principio, pero que dejan de +serlo practicadas con abuso y aisladamente. Sabrás que mi nieto mostró +desde chiquitín una extraordinaria capacidad para el arreglo: a los +veinte años era un prodigio; a los veinticuatro una calamidad. Si le +dejaran, arreglaría el cielo y la tierra, y pondría cuenta y razón +hasta en los dones de la naturaleza. Figúrate que tiene veintiséis +años, y ya es calvo... Sí, hijo mío: se le cae el pelo de tanto cavilar +haciendo números, y enfilando largas baterías de reales y maravedises. +Su calvicie procede también de la sordidez, de la sequedad del +entendimiento, donde no han entrado más que los números. Su cabeza es +hermosa; su rostro correctísimo, con una expresión glacial. La fantasía +no existe en él. Es una máquina de hacer cuentas: no se tuerce, no +imagina, no sueña, no teme, no desea... Dime: ¿en conciencia crees tú +que el no tener ningún vicio equivale a tener todas las virtudes? + +—¡Oh! No, seguramente. Pero no me pida usted opinión sobre un personaje +que no conozco, pues la pintura que usted me hace, con ser muy buena, +es pintura, y entre un retrato y su original hay siempre un abismo. + +—Es verdad. No quisiera yo decir nada malo de mi nieto... ¡Oh, no!... +Quisiera decir mucho bueno... Y lo diré, sí; te lo diré, aunque me +violente un poco. Rodrigo administra su hacienda como un matemático. +Rodrigo es religioso, devoto de la Virgen; cumple con la Iglesia; jamás +ha salido de sus labios una blasfemia, ni una palabra malsonante. +Enredos de mujeres nunca los ha tenido... Es la misma castidad. Rodrigo +no ha tomado nunca nada que no sea suyo: sobre su conciencia no pesa +un solo maravedí de propiedad ajena. Rodrigo no dice una mentira ni +que le maten; no trasnocha, ni pierde el tiempo en vanas tertulias de +holgazanes. Rodrigo no fuma; Rodrigo no bebe; Rodrigo no escandaliza... +Con esta pintura, querido, creerás que mi nieto es un santo. + +—¡Oh! Nunca. Veo cualidades negativas.. Todo ser humano tiene su +reverso. + +—Y el reverso es muy feo... Si te empeñas en que yo desdore mi casa +dándotelo a conocer, lo haré... Rodrigo desconoce la compasión; para +él la caridad es muy semejante a las funciones administrativas, y +se reduce a ir juntando ochavos toda la semana, para repartirlos +metódicamente el sábado a los pobres que llaman a la puerta de la casa. +¿Quieres que me alabe un poco? No me gusta alabarme; pero lo haré para +que me salga el argumento. Si tuviera yo en este instante las rentas +que he perdonado a mis caseros cuando se veían apurados por las malas +cosechas o por otra desgracia, ¡los pobres!, sería hoy el primer +ricachón de España. + +—Y su nieto de usted, ¿no ha perdonado nunca? + +—¡Perdonar!... ¡Él! Primero se hunde el firmamento. En fin, querido, +permíteme que no diga más. No es decoroso para mí sacar a pública +vergüenza los defectos de personas de la familia. Yo he sido un +disipador, un pródigo, lo reconozco; pero soy el jefe de una casa +ilustre; soy un pobre viejo, un glorioso árbol caído, y merezco, si +no que se me ame, al menos que se me respete. Juana Teresa me odia +porque siempre he sabido ser noble, y ella no, porque los inferiores, +los humildes me llaman a mí don Beltrán _el Grande_, y a ella _doña +Urraca_. Es tan corta de alcances, que no ha enseñado a mi nieto más +que tres cosas: rezar de carretilla, contar dinero y aborrecer a +su abuelo... Dos años llevamos de guerra sorda: el pasado rumboso y +el presente cominero son incompatibles. Entre la madre y el hijo, +rivalizando los dos en crueldad y sordidez, me han reducido a una +estrechez humillante... y lo peor es que ponen a prueba mi dignidad, +obligándome a pedirles lo que necesito. De aquí las cuestiones, el +choque inevitable entre mis apremios y sus negativas..., entre mi +carácter de noble en decadencia y el de ellos, plebe enriquecida... Yo +no puedo menos de ser gran señor... Noble nací, noble moriré... ¿Ver yo +una necesidad y no socorrerla? Imposible. ¿Escatimar yo las recompensas +a quien me sirve? Imposible. Soy así; me glorío de serlo, y creo que mi +piedad es el contrapeso de mis faltas. Me presentaré ante Dios, y le +diré: «Señor, he sido un tal y un cual... pero vea Su Divina Majestad +estas cositas buenas que aquí traigo en mi haber...». Yo, poniéndome en +lo razonable, Fernandito, comprendo que se me tase, que se me sujete a +cierta medida, ahora que soy viejo; pero no tanto, no. Ni paso porque +mi nieto me trate con esa sequedad administrativa que me envenena +la sangre, ni por que trastorne de un modo monstruoso la ley de +naturaleza, tratándome como a un niño mal criado, y erigiéndose él en +viejo autoritario. Esto es absurdo, esto es repugnante, esto clama al +cielo. ¡Yo un niño calavera..., él un viejo regañón!... ¿Has visto...? +Tanto él como _doña Urraca_ se me suben a las barbas, y me riñen con +cierta suavidad más cargante aún que el desabrimiento, con cierta +mónita y caída de ojos propias de mojigatos... Un día se escandaliza +mi nieto porque, no pudiendo desmentir mi natural obsequioso, digo +cuatro chicoleos de buen tono a las muchachas bonitas que van a casa. +Otro día se me remonta _doña Urraca_ porque he ido tarde a misa, +porque me escabullo a la salida de la procesión, o porque digo que +nuestro capellán es un bendito alcornoque... Y luego me atacan los dos +juntos, porque me quejo de la poca variedad de las comidas, o porque +no se me dispone toda la ropa blanca que exige mi costumbre de mudarme +diariamente; porque hablo de París, o porque sostengo que lo más bello +que Dios ha creado es la mujer; porque me río de los que se mortifican +y se dan disciplinazos, y sostengo que Dios no nos ha puesto en el +mundo para que nos destrocemos las carnes, sino para que nos demos la +mejor vida posible y seamos dichosos; porque doy mi ropa en mediano uso +al veterinario, al maestro de escuela, o porque me miro un ratito al +espejo; porque no quiero arrinconar los retratos de algunas hermosas +damas que fueron mis amigas, o por otras mil y mil cosas inocentes, +propias de mi edad, de mi hábito noble, de mi condición generosa... +¿Verdad, querido Fernandito, que soy muy desgraciado en mi vejez, y que +merezco otra familia? ¡Ay..., la entereza me falta!... Me siento decaer +horriblemente; creo que el perder la vista es una forma física de la +pérdida de la dignidad... Que me muera pronto es lo que me conviene. +¿Verdad que debo morirme, para no ser humillado, para no padecer...? + +Terminó el pobre anciano sus quejas poseído de viva emoción, que se +manifestaba en cortados suspiros, en la humedad de la nariz y de los +ojos tiernos, la cual llegó a ser tanta, que hubo de acudir a ella con +el pañuelo. + + + + +XIII + + +—Vamos, don Beltrán, no se aflija —le decía el joven con sincera y +honda lástima—. Sería usted muy desgraciado si fuera esa su única +familia. Pero por dicha suya, tiene a su hija Valvanera... + +—Sí, sí... es cierto... —murmuró don Beltrán sonándose fuerte—. Pero +tampoco allá, ¡ay!, faltan espinas... No es tanto como en Cintruénigo. +Cree que Cintruénigo es para mí un purgatorio anticipado, donde estoy +pagando todas mis tropelías contra la moral, querido Fernando... Pero +déjales, que también ellos purgarán sus crueldades conmigo... Sí, +me las pagan, me las pagan, y pronto. Dios es justiciero, Dios es +vengador, Dios da a cada uno su merecido. Me recreo en mi venganza, en +el castigo divino... Tú lo has de ver; no quisiera morirme sin verlo... + +—¿Y qué hemos de ver? + +—¿No caes en ello? Pues las calabazas garrafales que le está preparando +la mayorazga de Castro... La chica tiene entendimiento, sabe juzgar +fríamente las cosas. Imposible que, después de tratarle un poco, deje +de ver la sequedad de aquella alma, aquel villano egoísmo, aquella +sordidez repugnante; y viendo esto, es imposible que le ame, mayormente +cuando su voluntad se encariña con otro hombre, en verdad digno de +ella. Demetria no es de estas que se alucinan: no se dejará coger, +no, en las redes candorosas de doña María Tirgo, ni en las astutas +trampas de mi _doña Urraca_... De modo que..., figúrate mi alegrón +si triunfamos..., y triunfaremos... ¡Ah, ese roñica ha entrado en +Laguardia pensando que pronto meterá en sus baterías de números las +rentas del mayorazgo de Castro-Amézaga!... No es flojo chasco el que se +llevará... ¡Ay!, si Dios me concede que vuelvan a Cintruénigo corridos, +no me quedaré sin ir a presenciar espectáculo tan delicioso... Créelo: +pensándolo, me rejuvenezco. + +A esta última parte de las quejas y resquemores de don Beltrán, no +prestó Calpena toda su atención, porque le distraía un sujeto harto +enigmático que momentos antes se había sentado junto al hogar, y no +cesaba de mirarle con fijeza impertinente. No era la primera vez que +le veía, pues al entrar en Villacomparada se les apareció por delante +caballero en un gallardo burro; luego se puso a retaguardia, y fue +siguiendo la caravana, acomodando al paso de esta el andar de su +pollino. No era el tal de aspecto desapacible, ni sus trazas las que +suelen caracterizar a la gente sospechosa. Representaba veinticinco +años lo más, y era su estatura garbosa y aventajada; su rostro más bien +hermoso que feo, aunque ceñudo y lleno de oscuridades; su vestimenta +y calzado de hombre rudo, huésped de las alturas pedregosas más que +de los valles amenos: zamarra y botas altas, boina, todo de un gris +terroso. Si llevaba armas, no se le veían. No hablaba con nadie; +consumía fuertes raciones de carne y vino, y comiendo y bebiendo, o +sin más ocupación que hurgar el fuego con su vara, empleaba casi todo +el tiempo en mirar a don Fernando, haciéndole objeto de un enfadoso +y cansado estudio. Naturalmente, viéndose tan mirado, Calpena le +observaba también; y cómo nada advirtiese por donde pudiera descubrir +el motivo de aquel examen descortés, aprovechó las cortas ausencias del +sujeto para indagar quién era. Los mesoneros no supieron darle razón. +Por el habla parecíales vizcaíno: si llevara armas, creerían que era +cazador. No le habían oído hablar con nadie más que con el burro, al +cual debía querer como a hermano, pues a menudo daba una vueltecita por +la cuadra para verle comer y acariciarle el lomo. + +Por la noche, mientras cenaba, observó Calpena que el del asno, sentado +a la mesa pequeña con otros dos, persistía en mirarle, como si le +estuviera retratando. Ya le cargaba tanto aquel tipo, que estuvo a +punto de acercarse a él y pedirle explicaciones. Pero consultado el +caso con don Beltrán, advirtiole este que lo más propio de personas +principales era no parar mientes en tal hombre, ni cuidarse de él para +nada. + +—Porque ahora resultará que él puede quejarse de la misma impertinencia +por parte tuya, pues mirando a ver si miran, ello es que los dos se +provocan, y confunden en una sola necedad sus necedades respectivas. +Cambiemos de asiento, y así le tendrás a la espalda... Pues a mí +también me mira... Voy a echarle un saludo con la mano... ¿Sabes que +más que de cazador tiene trazas de chalán o tratante en caballerías? +Verás cómo después de tanto mirar, se sale con la gaita de que le +compremos su burro. + +Al siguiente día, caminando los viajeros hacia la sierra, pues por +alejarse de Medina de Pomar, donde andaban a tiros cristinos y +facciosos, tuvieron que dar un largo rodeo, se les apareció de nuevo +el caballero del borrico, que casi juntamente con ellos entraba en la +venta de Villatomil. + +—Oye —dijo don Fernando a su criado—, hazme el favor de llegarte a ese +hombre, y con cualquier pretexto averigua quién es, qué demonios busca +por aquí, y cómo se llama; y si consigues entrar en confianza con él, +le preguntas que por qué me mira. + +Cuando cenaban los señores, entró Sabas a manifestar a su amo el +resultado de sus investigaciones, el cual, contra su voluntad y +diligencia, era enteramente nulo. Preguntado había, sí, todo cuanto +preguntar puede un hombre que sabe su oficio de preguntón; pero el otro +no respondía más que un marmolillo. + +—Es mudo, señor. + +Observó a esto Calpena que él le había oído hablar con su burro y con +el mesonero de Villacomparada. + +—Pues entonces, señor, sordo es —afirmó Sabas—: más gritos que yo le he +dado, no le daría el pregonero de mi lugar, y no se enteraba ni chispa. + +Riéronse, y no se habló más del asunto hasta dos días después, +hallándose en los altos de Medina, con un tiempo horroroso de agua, +viento y nieve, que les obligó a guarecerse en unas cabañas de +Recuenco. Despejado un poco el cielo, aprovecharon una clara para +seguir su camino en busca de mejor pueblo donde alojarse, y no habían +andado media legua cuando divisaron burro y caballero, por vanguardia, +saliendo de un bosque. Como a distancia de un tiro de fusil anduvo +toda la tarde el desconocido, y al llegar al llano que hay cerca de +Valmayor, empezó a dar carreras muy lucidas de una parte a otra, cual +si quisiera ofrecer a los caminantes una verdadera función de jineta +borriquil. Admiraban aquellos las airosas carreras del asno, sus +desplantes y corvetas, y celebraron la destreza con que lo manejaba +su extravagante caballero. Más adelante viéronle parado junto a unos +pastores. Como era indudable que hablaban, ya fuese con palabras, ya +por señas, mandó don Fernando a su escudero que se adelantase para +pedir informes de sujeto tan extraño. + +—Y que le proponga que nos venda el burro —dijo don Beltrán—, que +bien merece se le dé diploma de nobleza, elevándole a la categoría de +caballo de orejas grandes. + +Volvió Sabas al poco rato con las referencias que le dieron los +pastores. No sabían más sino que el tal era bilbaíno y que solía +venir por aquellas tierras a tratar de cortas de maderas para las +ferrerías. A consecuencia de una enfermedad de la cabeza, se había +quedado sordo; y aunque no era mudo, como lo decía todo en vascuence o +en un castellano de perros, costaba Dios y ayuda entenderse con él. Le +llamaban _Churi_. + +Con esto, que no era poco, hubo de contentarse don Fernando, creyendo +que el señor aquel no estaba bueno de la cabeza. En Valmayor +encontraron los viajeros mejor acomodo, y no les vino mal, porque +arreció el temporal de duro toda la noche, y fue una suerte que no les +cogiera en despoblado. Tres o cuatro días tuvieron que permanecer allí, +pues los caminos quedaron intransitables, y la glacial temperatura +convidaba a no abandonar la proximidad del fogón. Reíase don Beltrán de +ver a su amiguito tan descontento, y gozoso le decía: + +—No te apures, hijo, que ya llegaremos, ya llegarás a donde te llama +tu locura. Te advierto que no siempre estriba nuestra felicidad en +llegar pronto a donde queremos ir, como dice un refrán; que yo sé por +experiencia cuán venturoso es llegar tarde en multitud de casos, tarde, +sí, y cuando ya las cosas no tienen remedio. + +No solo sentía Calpena contrariedad y disgusto por los entorpecimientos +de su viaje, sino tristezas hondísimas, motivadas por causas que +no sabía desentrañar. Encontrábase ya demasiado lejos de la señora +invisible; veía muy agrandado el espacio entre su persona y la +desconocida y amante deidad protectora. Tantos días sin saber de allá +le inquietaban, le entristecían, ennegreciendo horrorosamente la +impresión de su soledad en el mundo. Una noche de espantosa ventisca, +aburrido y desalentado, sin que lograsen sacarle de su melancolía los +cuentos galantes y las festivas anécdotas de don Beltrán, llegó hasta +sentir miedo de seguir avanzando hacia Vizcaya. Casi delirante, pensó +que debía volverse. ¿A dónde? ¿A Laguardia, a Madrid? Ni él mismo podía +determinar a dónde le llamaban sus recónditos anhelos. La mañana calmó +su confusión, y despejado su cerebro, volvieron a dominar los antiguos +planes y propósitos. Adelante, pues, pon la orgullosa divisa: _A Bilbao +por Aura_. + +Estaba de Dios que en vez de disminuir acreciesen los estorbos que +así la naturaleza como los hombres oponían al generoso anhelo de +don Fernando, porque no bien abonanzó el tiempo y se secaron los +caminos, viéronse detenidos los viajeros por un tropel de gente que +en dirección opuesta corría: aldeanos, mujeres, familias enteras, con +sus animales, carros, provisiones y aperos de labranza. Eran meneses +fugitivos, que abandonaban sus hogares amenazados por la facción. El +pánico de que venían poseídos no les permitía precisar las noticias que +daban. A muchos interrogó don Beltrán, sin sacar en limpio más que el +hecho indudable de que los carlistas ocupaban parte del valle de Mena, +y seguían avanzando, como con intento de cruzar la provincia de Burgos. +Quién afirmaba que componían la expedición seis batallones mandados +por Zaratiegui, con muchos caballos y artillería; quién que eran la +mitad de la mitad, pero los bastantes para asolar y revolver toda la +comarca. Entre tanta gente, hubo algunos que conocían a don Beltrán, y +le dijeron: + +—Señor, vuélvase, y no piense en ir a Villarcayo. Su familia se ha +refugiado en Espinosa de los Monteros. + +No necesitó Urdaneta saber más para volver grupas, siguiéndole Calpena +de malísimo talante. Desandado el camino, como a unas dos leguas +encontraron tropas cristinas, las cuales les anunciaron que en Medina +de Pomar no había ya facciosos, y que allí podían refugiarse con +toda seguridad, añadiendo que no tardaría mucho la tropa liberal en +despejar todo el valle de Mena hasta Valmaseda, guarneciendo el puerto +de los Tornos y Sierra Salvada, a fin de cortar el paso del enemigo a +la provincia de Burgos. Si intentara correrse por las Encartaciones +hacia la de Santander, también se le pondrían buenas compuertas en +Ramales y Guardamino. Con tantas contrariedades y las repetidas tomas +de resignación, había llegado ya Calpena a un estoicismo torvo y +displicente. + +—¿Qué remedio tienes, hijo —le decía don Beltrán—, más que bajar la +cabeza ante el destino, o hablando cristianamente, ante la voluntad de +Dios? Bien podría suceder que esto que juzgas adverso, fuera todo lo +contrario: el principio de tu felicidad. + +Y he aquí que Medina de Pomar, histórica villa, les recogió y agasajó +rumbosa, pues allí tenía Urdaneta amigos y parientes; y no llevaban +cinco días de aquella cómoda residencia, que para don Beltrán era un +descanso y para Calpena una esclavitud, cuando vieron llegar buen golpe +de tropas cristinas. Sucedíanse los batallones, que se iban escalonando +en los pueblos del valle hasta Villasante; la división de Alaix llegó +la primera, con numerosa caballería y trenes de batir; siguió la de +Oráa, y por fin, una tarde vieron llegar con su lucido Estado Mayor al +general en jefe del ejército del Norte, don Baldomero Espartero, que se +alojó en el Palacio del Condestable. + +—En todo ha de tener suerte este Baldomero —dijo don Beltrán a su +amigo, a poco de verle pasar—. Por traer consigo todo lo bueno, hasta +el buen tiempo trae. ¿Cuántos días llevábamos sin ver la cara del sol? +Lo menos diez. Pues lo mismo es llegar mi hombre que se abre un gran +boquete en la panzaburra de las nubes, y los rayos del sol salen a +juguetear en los entorchados del afortunado caudillo. ¿No advertiste +que cuando entraba en la plaza, se despejó el cielo y nos vimos +inundados de claridad y de un dulce calor? Pues es la suerte, hijo, +la suerte de este hombre, que vino al mundo en el signo de _Piscis_, +los Peces, por donde ha resultado que es un pescador formidable. Ya +le tienes hecho un tenientazo general, y no por chiripa, sino ganando +sus grados en acciones de guerra, batiéndose con arrojo y con éxito; +y no es esto solo, pues en aguas muy distintas de la milicia ha +demostrado que es gran pescador. Aquí, donde me ves, soy su víctima, +querido Fernando; víctima de la loca estrella de este hombre, que +no pone mano en cosa alguna que no le colme de ventajas. ¿Quieres +que te lo cuente? Antes de ir a visitarle..., ya me vio al pasar..., +notarías que me saludó muy afable, sonriendo..., pues antes de subir +a su alojamiento, quiero satisfacer tu curiosidad, y al propio tiempo +ofrecerte una saludable enseñanza que espero te sea provechosa... El +año 26 vino Baldomero de América con reputación de valiente soldado, y +le destinaron a Pamplona, donde yo residía entonces. Pronto nos hicimos +amigos. Él y otros jefes militares, con diversos señores y señoritos +de la aristocracia navarra, matábamos el ocio de la tediosa vida de +aquella ciudad en la agradable mansión de un amigo nuestro, segundón de +Ezpeleta, donde teníamos una trinca..., hombres solos... + +—Y allí se entretenían en verlas venir... pasatiempo muy de militares +más o menos gloriosos, y de nobles más o menos arruinados. + +—Tú lo has dicho. Ya me había prevenido Ezpeleta: «No juegues con ese +_ayacucho_, que ha traído de América, con la pérdida de las colonias, +una racha espantosa para perdernos a los de acá». Pero yo no hice +caso. Dominado por el maldito vicio, una noche nos pusimos a matar el +tiempo... En menos de dos horas y media me ganó cuatrocientas onzas..., +cuatrocientas onzas, querido Fernando, que todavía me están doliendo... +Ya ves qué a pelo viene la moraleja. Hijo mío, no juegues, no te dejes +dominar de ese vicio insano... Ten mucho cuidado con los héroes; que +los afortunados en la guerra no lo son menos en el naipe. + + + + +XIV + + +»Mi desgracia, lejos de enfriar la amistad con Baldomero, la hizo +más firme y cordial. Y en vez de mostrarme vengativo, aproveché la +ocasión que me presentó el acaso para prestar a mi desvalijador un gran +servicio. Nada, que el _chico de Granátula_ me debe su felicidad, la +mayor y más bella victoria que ha ganado en el mundo. ¿Recuerdas el +consejo que te he dado a ti? Pues hallándose Espartero en una situación +de perplejidad semejante a la tuya, le dije: «Hijo mío,, cuando +encuentres un árbol de grata sombra y cargado de fruto, _etcétera, +etcétera_...». Como tú, el buen _ayacucho_ había encontrado el árbol, +y como tú vacilaba, perdido el seso por una hermosura tras de la cual +corría sin poder atraparla, una visión ideal... Pero yo, que gusto de +encaminar a la juventud por las buenas vías que no supo seguir, no le +dejaba de la mano, y en nuestros paseos por la Taconera, o charlando +en la casa donde teníamos la timba, le enjaretaba a cada instante +mi sermón fastidioso: «Cuando encuentres un árbol, _etcétera_...». +Pues el hombre, al contrario de lo que haces tú, se penetró de la +sabiduría de mi consejo y se sentó a la sombra. El árbol riquísimo es +Jacinta Sicilia, rica heredera de Logroño que se hallaba de temporada +en Pamplona con su padre, grande amigo mío. Tuve la satisfacción de +apadrinarla en su boda con Baldomero, lo que era un doble padrinazgo, +porque la saqué de pila: es mi ahijada... Conque ya ves: pensé darte +ahora una sola lección, y te he dado dos: la del juego y la del árbol. +Mírate en ese espejo; mírate en ese general de fortuna, que hoy tiene +cuanto puede apetecer un hombre: la gloria militar y la felicidad +doméstica. ¡Qué mujer se ha llevado! No le echa Demetria el pie +adelante en lo honrada y hacendosa, y en hermosura se queda a la zaga +de Jacintita, que es, para que lo sepas, una preciosidad. + +—Contesto lo mismo que antes, señor don Beltrán... No hay paridad. Este +don Baldomero es el hombre de la suerte... + +—Nació en _Piscis_: por eso ha pescado. + +—Pues yo debí nacer en _Escorpión_, signo de la desgracia: todo se me +dispone al revés de como lo deseo. + +—Ríete de cuentos. Es que haces siempre lo contrario de lo que ordena +la lógica. + +—Dígame: ¿le ordenaba a usted la lógica ponerse a jugar con Espartero? + +—En el juego no hay lógica; no hay más que suerte. Y que Espartero la +tenía favorable, no puede ponerse en duda. Oye este golpe que me ha +contado él mismo. Hallábase prisionero en no sé qué plaza de América y +a punto de ser fusilado, cuando por intercesión de una hermosa dama, +a quien obsequiaba el gran Bolívar, consiguió que le perdonasen la +vida. Escapó como pudo, y estando en Quilea, en espera de un buque que +le trajese a España, encontrose mi hombre sin ropa, sin alhajas, sin +dinero, en situación absolutamente precaria... + +—¿Y qué?... ¿Le deparó Dios un árbol? + +—Precisamente. Según ha contado más de una vez, encontró en su camino +árboles grandísimos que le convidaban a ahorcarse... Pero no lo hizo... +Dios le deparó un alemán, sí, un alemanote rico, que iba también +buscando barco. Hospedáronse en un caserío, donde no había nada que +comer. Buscando por aquí y por allí, encontraron una baraja, y por +matar el tiempo y engañar el hambre se pusieron a jugar. ¡Cuando te +digo que nació en _Piscis_!... En un par de horas, Espartero le ganó al +alemán ¡dieciséis mil duros! Ya ves: ¿es eso suerte o lógica? + +—Es lógica, porque al alemán le quedaría otro tanto, y bueno era partir +para que el otro pobre se remediara. + +—Puede que estés en lo cierto. En fin, me voy a darle un apretón de +manos. Ya habrá pasado todo el barullo de la recepción de autoridades. +Espérame aquí, que no pienso entretenerme mucho. + +Fuese don Beltrán a visitar al general en jefe, y Calpena le aguardó +en la plaza charlando con algunos oficiales que conocía. Enterose de +que los carlistas se cernían sobre Bilbao, lo que le puso en grande +inquietud, aunque sus amigos, con optimismo juvenil muy propio de +la raza, aseguraban que sería cuestión de días el hacerles levantar +el cerco. Espartero no se andaba en chiquitas: hombre de formidable +empuje, poseía el don divino de infundir a las tropas su bravura y +llevarlas como a rastras a la victoria. No era un general de estudio, +sino de inspiración, chapado a la española, hombre de arranques, de +_cosas_, con el corazón en la cabeza. Las propias ideas le expresó don +Beltrán al regreso de su visita. Los facciosos se disponían a sitiar a +Bilbao en toda regla, decididos a perecer o tomarla. Por segunda vez +ponían sus ojos y su alma toda en la valerosa villa, esperando domarla +al fin y hacerla suya. Pero el hueso era demasiado duro, y Espartero +había jurado que allí se dejarían los dientes. Por de pronto tenía +que atender a cortar los vuelos a los facciosos mandados por Sanz, +que merodeaban ya en el valle de Mena y querían pasarse a Castilla la +Vieja. Desbaratada la expedición, llevaría todo su ejército contra los +sitiadores de Bilbao. Los elementos con que contaba eran el valor de +sus tropas, su buena estrella y la ayuda de Dios. + +—Después de lo que me ha dicho Baldomero —añadió don Beltrán—, +conceptúo, querido Fernando, que no hay locura comparable a la tuya si +te empeñas en ir a Bilbao. + +—Pues téngame usted por rematado —replicó el joven—. Antes que los +carlistas establezcan su línea, he de intentar penetrar en ese pueblo +glorioso que ya rechazó un sitio formidable, y rechazará también el +segundo... Emprenderé mi caminata hoy mismo; y si no puedo entrar por +el valle de Mena, intentaré correrme a la parte de Santander para +escurrirme por la costa. + +—Por una y otra parte encontrarás peligros invencibles. Ya me aflige +la pena, el presentimiento de que no volveré a verte, si persistes +en tu disparatado empeño. Yo que tú, me agarraría a los faldones del +afortunado general y correría la suerte del ejército de la reina. Si +este rompe el cerco, entraría con él, y si no, me quedaría tan fresco +de esta otra parte, viendo venir los acontecimientos, que es la gran +filosofía. + +Objetó Fernando que aguardar a que Espartero entrase a socorrer la +plaza, era diferir por tiempo indeterminado su empresa. Decíale +el corazón que no debía perder ni un día ni una hora. Al juicioso +consejo de que esperara siquiera los días necesarios para recoger en +Villarcayo las cartas que de Madrid le escribirían, replicó que si +Dios le favorecía en su empresa, tardaría poco en volver satisfecho +y triunfante, y que entonces recogería las cartas. Estrechándole +más, anunciole Urdaneta irremisible perdición si emprendía el viaje +a caballo con su escudero, en el pergeño de señorito rico que viaja +por recreo; y a esto contestó Fernando que él y su criado dejarían +los caballos en Medina al cuidado de los servidores de don Beltrán, +y emprenderían su caminata a pie, disfrazados magistralmente. Aún no +había agotado el tenaz viejo sus argumentos, y por la noche, cenando, +volvió a la carga con estas marrullerías: + +—¿No sabes, Fernandito? Hablé de ti a Espartero, y me dijo que te +conocía... No, no; no te conoce personalmente. Tanto él como Jacinta +han recibido cartas de Madrid, rogándoles que se interesen por ti, +que no te permitan hacer locuras. Esto si que es raro. ¿Quién les ha +escrito esas cartas? No ha querido decírmelo. Yo quedé en presentarte a +él. + +—A la vuelta, don Beltrán. Por más que usted crea lo contrario, volveré +pronto. Al amanecer me pongo en camino. Pasado mañana estaremos Sabas +y yo en Bilbao. + +—Te apuesto lo que quieras a que no. + +—Lo que usted quiera. + +—Has dicho que me dejas tu caballo. Pues si antes de tres días estás de +vuelta en el cuartel general, pierdes. + +—Y se queda usted con el caballo. Pongo cien onzas encima. + +—Cierro. + +—Cerrado. Y si dentro de ocho días estoy en el cuartel general trayendo +conmigo lo que voy a buscar, ¿qué me da usted? + +—No puedo darte onzas, porque no las tengo. Tuyos son mis dos mejores +caballos. + +—Cerrado. ¿Gano también la apuesta en el caso de no traer conmigo lo +que voy a buscar? + +—¿La hembra...? No, no: si no la traes, pierdes. Venga la niña, pues no +hay otra manera de acreditar que has entrado en Bilbao. A no ser que +traigas su cabeza, o siquiera su cabellera. Retratos no valen. + +—Pues sostengo la apuesta. Tres días para volverme si no puedo entrar. + +—Pongamos ocho días para el pro y para el contra. Si vuelves sin ella, +pierdes. Si la traes, mis caballos son tuyos, y de añadidura seré tu +padrino de boda, siempre y cuando tus ideas sean matrimoniales. + +—Lo son... Ya verá qué árbol, don Beltrán. + +—Árbol que va y viene, no tendrá muchas raíces. + +—Lo veremos. Tenga presente que el padrinazgo es parte integrante de +la apuesta. + +—Que cerrada entre los dos es como escritura pública. Mis dos mejores +caballos y padrino de boda. No hay más que hablar. + +—Mi caballo y cien onzas encima. + +—¡Cerrado! + +A la mañana siguiente, hallándose Calpena con Sabas en un caserío +próximo a Medina tratando de la adquisición de unos vestidos para +disfrazarse, vieron al sordo que aparejaba su borrico majo para montar +en él. Al verles llegar, dejó el animal atado a un árbol y entró +presuroso en la casa; Sabas fue tras él, y le vio de rodillas junto a +un arcón, muy atento a lo que con dificultad escribía con lápiz en un +arrugado papel. + +—Señor —dijo el escudero a su amo—, está haciendo palotes, y le cuesta, +le cuesta, sin duda porque son palotes vascuences. + +Al poco rato viéronle montar en su pollino y partir a la carrera sin +mirar atrás. Una mujer se llegó a Calpena, y dándole un papel le dijo +que _Churi_ había dejado para él aquella escritura, la cual era tan +tosca, que a duras penas pudo descifrar Fernando sus groseros trazos. +Con dificultad pudo interpretar este concepto: + + «_Señor don Fernando: bayga sarri sarri Bilbo_». + +—Ese tonto —dijo Calpena—, me recomienda que vaya a Bilbao, y pronto, +pronto, pues cosa de prontitud creo que significan las palabras _sarri, +sarri_. Ha querido decírmelo en castellano; pero a la mitad le ha +faltado la suficiencia. + +Discutieron amo y criado si aquella misteriosa indicación era de amigo +o de enemigo, inclinándose don Fernando a lo primero. Opinó Sabas que +debían andarse con tiento en hacer caso de tal advertencia, que bien +podía ser reclamo de ladrones o de facciosos para armarles una celada +en las revueltas del camino. A esto hubo de objetar don Fernando que +no sabía que en ningún tiempo empleasen los bandoleros tales añagazas. +Obra de un pobre demente, más que de un malvado, era el tal papelejo, +que ni le quitaba las ganas de ir a _Bilbo_, ni a darse prisa le +estimulaba. + +Cerca de Lanestosa volvieron a encontrarle, sin que mediara entre unos +y otros manifestación alguna, y más adelante, mucho más, próximos a +Ontón, en la costa cantábrica, cuando se vieron detenidos por una +imponente banda de carlistas, apareció de nuevo el sordo. A la ligereza +de sus pies debieron Calpena y Sabas, con otros trajinantes que les +acompañaban, salvar la pelleja en aquel conflicto, y mal lo hubieran +pasado si no buscaran pronto refugio en una estrecha garganta por +donde salieron a las Encartaciones. En su veloz huida, pudo Sabas +advertir que al sordo le quitaban el jumento. ¿Perdió también la vida? +Esto no trataron de averiguarlo, atentos a poner en seguro la propia. +Tenaz hasta la temeridad loca, intentó don Fernando tres días después +atravesar la línea por Valmaseda, y allí, con mayor riesgo de perecer, +hubo de darse por vencido, retrocediendo al valle de Mena con el pesar +de ver frustrado su audacísimo intento. + +—¡Cómo se va a reír mi amigo Urdaneta cuando nos vea llegar! —decía +recorriendo con Sabas veredas y atajos, temerosos aún de ver salir tras +de cada mata el odiado fusil del guerrillero carlista—. ¡Y cómo se +alegrará de haberme ganado la apuesta, pícaro viejo!... ¿Querrás creer +que no puedo apartar de mi pensamiento al maldito sordo? ¿Le mataron? +¿Pudiste observar si escapó como nosotros, o si acabaron allí sus +correrías? + +—Señor —dijo el escudero—, cuando le quitaron el pollino acometió a los +facciosos. O es loco rematado, o más valiente que el Cid, pues solo la +emprendió a patadas y mordiscos con un tropel de ellos. Juraría que en +pelea tan desigual le vi caer patas arriba. + + + + +XV + + +Cierta era la anterior referencia. El desgraciado _Churi_, estimando +más la posesión del asno que su propia existencia, embistió a los +fieros enemigos que le arrebataron lo que más amaba en el mundo. +Alguno de los facciosos le conocía, sin duda, o intercedió para que no +le mataran. Le apalearon de lo lindo, dejándole, como observó Sabas, +patas arriba. Pero en cuanto los carlistas se desocuparon de él, púsose +patas abajo, todo magullado y con los huesos doloridos, y se dejó +caer, o se deslizó gateando por un cantil hacia las rocas donde batía +la mar brava, y allí estuvo escondido hasta que, asomando una y otra +vez la cabeza entre peñas, adquirió la certidumbre de que los bárbaros +iban lejos. Andando con los cuatro remos de costado por los cantos +resbaladizos, más parecido a un enorme cangrejo que a un hombre, avanzó +todo lo que pudo por la costa hacia el este, pues los carlistas habían +seguido hacia occidente. Le anocheció cerca de la rada de Berrón. +Recogido al amanecer por una lancha de Plencia, desembarcó en Algorta, +y de allí salvó en otra lancha la barra, desembarcando al fin sus +pobres huesos a la siguiente noche oscura en el propio Desierto. Entró +en Bilbao por su pie; en su casa le agasajaron sus primos, padre y +tíos, que alarmados estaban ya por su demora, y el primer cuidado fue +darle friegas con aguardiente en todo el cuerpo y meterle en la cama, +donde solo permaneció horas, porque su viveza era incompatible con el +reposo, y no quería más que correr a enterarse de cuanto en la gloriosa +villa ocurría. Era la casa una de las de la Ribera frente a la Merced, +con tienda famosa de artículos de mar, bien provista de toda clase de +aprestos para la navegación de vela. La muestra ostentaba una fragata +bastante bien pintada al óleo, navegando a toda vela, sin añadidura de +nombre alguno ni especificación de lo que allí se vendía. Los dueños +vivían en el entresuelo: el piso bajo estaba ocupado totalmente por +el género comercial, hierros, lonas, cabos, y mil objetos tan extraños +de forma como de nombre, que la gente de tierra adentro habría creído +caprichosos, fantásticos. El olor de alquitrán era como el alma del +recinto; y tan connaturalizados con él se hallaban los habitantes de la +casa, que les olía mal el aire libre cuando pasaban de la tienda a la +calle. + +Eran a la sazón dueños del establecimiento los hermanos Valentín, +Sabino y Prudencia Arratia, hijos del difunto José María de Arratia, +comerciante bilbaíno, que murió el 30, dejando un nombre intachable, y +restos de una fortuna quebrantada por malos negocios. Cada uno de los +tres hermanos necesita filiación propia, por ser los tres caracteres +muy significados y castizos en aquella raza tan inteligente como +trabajadora. + +Valentín Arratia, el primogénito, con cincuenta y tres años el 36, era +piloto de altura, y había pasado lo mejor de su vida _rompiendo mares_ +en América y en el Norte. Mandó primero barco ajeno, después barco +propio, del cual fue capitán y armador. El 28 se divorció de la mar +salada para dedicarse al comercio de tablazón, que hubo de abandonar +al principio de la guerra, refugiándose en el establecimiento paterno. +Era hombre al propio tiempo duro y dulce, como el turrón de Alicante, +aferrado a un corto número de ideas en el orden social y moral, y con +gran caudal de ellas en todo lo referente a la náutica y gobierno de +naves. Enviudó de su mujer el mismo año en que le hizo la cruz a +la mar. Esta le dejó un reúma que le cogía todo el costado derecho, +haciéndole andar escorado, y su esposa le dejó un hijo, que es el +_Churi_ del burro, y además una ferrería situada en Lupardo, barrio de +Miravalles. + +Prudencia, a quien se da el segundo lugar por respeto a la cronología, +con cincuenta y un años el 36, casó en Éibar con un rico armero. Viuda +a los tres años de matrimonio, contrajo segundas nupcias con Ildefonso +Negretti, residiendo muchos años en Burdeos y Bayona. Esposa dos veces, +nunca fue madre. + +Sabino, el más joven de los tres hermanos, estuvo largo tiempo en +desacuerdo con sus padres, por haberse casado a disgusto de ellos +con una moza de Bermeo, hija de pescadores. Hechas las paces con la +familia, vivió algunos años en Bilbao dedicado a la construcción +de buques; era un habilísimo carpintero de ribera, y muy fuerte en +arquitectura naval, que no aprendió por principios, sino por reglas +y módulos de maestros empíricos. De su astillero salieron buques +muy afamados, algunos tan veleros, que iban a parar a manos de los +tratantes y cargadores de esclavos en el Golfo de Guinea. Era además +buen mecánico en todo lo que se relacionaba con el arte naval, y muy +entendido en la fundición y forja del hierro. Su mujer, que falleció +del cólera, le dejó tres hijos: José, Martín y Zoilo, que el 36 eran +unos tagarotes de veintitantos años, y no desmentían la cepa vigorosa +de la familia ni su consistente devoción al trabajo. + +Lo más admirable en los Arratias era la unión y concordia que entre +ellos, desde la muerte del padre, reinaba, haciendo de los tres +hermanos y de su prole una verdadera piña. Apretados uno contra otro, +sin que ninguno mirase al interés individual, aplicándose todos con +alma y vida al bien común, ofrecían gallardo ejemplo de la fuerza que, +según el proverbio, es producto de la unión. Se agruparon, no solo por +virtud, sino por necesidad o espíritu de defensa, pues cuando perdieron +a su padre, los negocios de este iban de capa caída, y no se hallaban +en situación más próspera los de cada uno de los hijos. Valentín había +tenido desgracia en sus últimas expediciones comerciales, perdiendo +en las del Norte lo que había ganado en las de América. El bergantín +_Aurra_ (_el niño_) se le quedó en los hielos de Stettin, y solo pudo +salvar parte de la madera de que estaba cargado, el velamen y los +instrumentos. La fragata Victoriano, construida por su hermano, fue +vendida a desprecio para cumplir compromisos comerciales, resultado +de una operación demasiado ambiciosa en cacaos de Carúpano y La +Guaira. Quedábale después de estos desastres un capitalito que empleó +en el comercio de maderas de Riga, el cual habría sido de seguros +rendimientos si no viniera la guerra a entorpecer y paralizar las +transacciones. + +Por su parte, Sabino había tenido también reveses: el tráfico de +pescado estaba muerto por la falta de comunicación con el interior, y +la ferrería de su hermano, que a su cargo tomó, exigía para funcionar +con fruto un gasto considerable, por hallarse en mal estado la turbina +y toda la maquinaria. A ello se aplicó con ahínco; mas cuando pudo +vencer las dificultades y empezó a trabajar, fue menester dar a los +carlistas a bajo precio, por vía de canon, la mayor parte de los +frutos de aquella industria. En tanto Negretti, que iba medianamente +en la fabricación de armas, fue solicitado para poner sus grandes +conocimientos mecánicos al servicio de la causa absolutista. Le +repugnaba comprometer su apacible neutralidad política; pero de tal +modo le deslumbraron con fantásticas promesas, que al fin cayó en +la red, y se ajustó con los agentes de Carlos V, contando con la +colaboración de su cuñado Sabino; mas este, influido por los patriotas +de Bilbao, se asustó y no quiso ir a Oñate. Trabajó Negretti solo, +primero con éxito y valiosas recompensas; después con dificultades +y contratiempos mil, hasta que le salieron envidiosos y enemigos en +número alarmante, y acusado de masón, fue perseguido y encarcelado +inicuamente. + +El fracaso de aquel trabajador tan inteligente como honrado, produjo +verdadera consternación en la familia, y les movió más a todos a +estrechar la piña o fraternal agrupación, así para ir a la conquista +de la fortuna, como para defenderse de la adversidad. Y conviene +advertir, para mayor esclarecimiento de la eficacia de la trinca, que +el esposo de Prudencia era para Valentín y Sabino tan hermano como +la hermana misma; que a falta de hijos a quienes querer como tales, +Ildefonso y Prudencia amaban a los de sus hermanos como si fueran de +ellos, y que todos, tíos y sobrinos, hermanos y cuñado, padres o hijos, +se confundían en un sentimiento amoroso, que era el aglutinante de +aquella humana concentración de fuerzas. + +Aunque ya se sabe también, bueno es repetir que antes de establecerse +Negretti en el real de don Carlos como maestro armero y constructor +de proyectiles para la artillería, fue a Madrid llamado por un amigo +a quien respetaba, y de aquel viaje se trajo una sobrinita, llamada +Aurora, que confiaban a su tutela y protección. Sábese que mientras +Ildefonso trabajaba en Oñate o Durango, la niña residía en Bermeo con +su tía Prudencia, alternando en acompañarla Valentín, _Churi_ y los +hijos de Sabino. Alguien creerá que al agregar a la familia la persona +de Aura, mujer de excepcional hermosura, de educación harto distinta +de la de los Arratias, algo anárquica en sus pensamientos, antojadiza, +nerviosa por todo extremo y poco dispuesta a la subordinación, se +introducía en ella un principio disolvente, un disgregador poderoso. +Así lo creyó Prudencia en los primeros días de su tutela, que fueron +en verdad penosos por el desorden mental y el desenfreno imaginativo +en que Aurorita se encontraba. Poco a poco se fue adaptando esta al +modo de ser de los Arratias, y la realidad, el roce continuo con los +parientes de su tío, efectuaron en ella como una segunda educación. +Algunas molestias ocasionó a Prudencia, en los comienzos de la +temporada de Bermeo, el cuidado y disciplina de la joven, y no porque +esta hiciese o pensase cosas malas, sino porque todo lo que pensaba y +hacía era extrañísimo, perteneciente a otro mundo, a otro planeta... +También consideraba Prudencia como una calamidad no floja la belleza, +no ya humana, sino divina, de la hija de Jenaro Negretti. Hermosuras +tan extremadas, cuyo semejante se encontraba solo en las pinturas, en +las imágenes de santos, o en las estatuas mitológicas, eran, según +ella, una aberración dentro de la humanidad. ¿A qué conducía, Señor, +que las mujeres fuesen tan rematadamente guapas, más que a producir +mil quebrantos y desdichas? Cuantos hombres veían a la moza se volvían +locos por ella. Un general carlista que la vio a las dos de la tarde, +le escribió a las tres una carta amorosa, y a las cuatro fue a pedirla +en matrimonio. Los muchachos no cesaban de rondarle la calle. Los más +atrevidos acosábanla en el paseo con requiebros fastidiosos; otros +disparaban contra la casa un fuego nutrido de cartitas y amorosos +mensajes. Verdad que la hechicera niña, lejos de favorecer estas +demostraciones, a todos ponía cara de pocos amigos, y fiel a la +devoción sagrada de su amor primero y único, no hacía cosa alguna por +donde se la pudiese acusar de liviandad, de inconstancia ni aun de +coquetismo. Falta decir que Aura correspondió al cariño de sus tíos +con una adhesión intensa, y aunque este sentimiento no llenaba ni con +mucho el vacío de su alma, servíale de gran consuelo para soportar la +dolorosa ausencia, forma sensible de la muerte, como esta silenciosa, +con lentitudes de tiempo que daban la impresión de la eternidad. + +Desde los primeros días de convivencia, lo mismo Ildefonso que su mujer +y los hermanos y sobrinos de esta, respetaron en Aura el conflicto +misterioso que la joven se traía consigo, aquella pasión, aquel drama +no bien conocido, y del cual el mismo Negretti no tenía más que vagas +impresiones o referencias. La niña se había dejado en Madrid a su +enamorado, que era un príncipe o cosa así; un joven a quien muchos +tenían por hijo de potentado, quizás de un rey, quizás del propio +Napoleón. La familia de este nobilísimo joven había gestionado la +separación o el destierro de la enamorada. ¡Qué drama, qué hermosa +poesía! Había, pues, traído la niña de Madrid su leyenda, y con ella +un inmenso duelo, que respetaron con singular delicadeza los Negrettis +y Arratias. Ninguno de ellos trató de desvirtuar la leyenda ni aplicar +al dolor los emolientes vulgares. Nadie le dijo: «Olvida eso, que es un +delirio, un sueño, una idea...». + + + + +XVI + + +Seguramente no se equivocaba la niña al pensar que gente mejor que +aquella no existía en el mundo. ¡Qué diferencia de Jacoba! No podía +desconocer que el cambio de tutela había sido felicísimo, aunque se +hubiera efectuado en las circunstancias más tristes de su vida. Había +pasado del infierno al cielo: verdad que era un cielo sin Dios, porque +este se le había quedado por allá, en regiones desconocidas, perdido +en lontananzas tenebrosas. La temporada de Bermeo fue relativamente +grata para la joven, porque allí recobró la salud y adquirió un gran +amigo que le rehizo el alma, no combatiendo de frente su dolor, +sino suavizándolo con tristezas calmantes, después con melancólicas +dulzuras; arrullándola con acentos de vaga poesía; entreteniéndola con +juegos y ejercicios muy saludables; templando sus nervios y regalando +su imaginación con espectáculos plácidos o sublimes; asustándola a +veces un poquito, como para fortificar su innata valentía: este amigo +era el mar. + +Instaladas en la casa de Sabino, fue a vivir con ellas Valentín. Los +primos alternaban; no había igualdad en el turno, pues José abandonaba +muy de tarde en tarde la ferrería, y Martín apenas se apartaba de la +tienda, en la cual ninguno podía sustituirle sin quebranto. Los que +más gozaron de los pasatiempos de la villa marítima fueron _Churi_ y +el hijo menor de Sabino, a quien pusieron Zoilo por su madre, Zoila +Maruri. El hijo único de Valentín se llamaba lo mismo que su padre; +mas todo el mundo le conocía por aquel apodo. Le vino del nombre +de un balandro que tuvo su abuelo, en el cual pasó el chico toda +su adolescencia, por desmedida afición a la mar. Fue bautizada la +embarcación con el nombre de _Choria_ (el pájaro) convertido por el +uso popular y las bocas marineras en _Churi_. Era el chico de una +rudeza tal, que no pudieron aplicarle a ninguna profesión ni oficio, y +se pasaba la vida entre los _chochos_ de la ría, remando en chalanas +de cuatro tablas podridas, o lanzándose a prodigiosos ejercicios de +natación. Resistía largas horas en el mar, braceando o tendido de +espaldas; y cuando se ofrecía bucear, ninguno de aquellos vagabundos +anfibios aguantaba más tiempo en las profundidades. Jamás se logró +meter en la cabeza dura de _Churi_ ni una fórmula aritmética ni un +concepto gramatical. Toda su geografía estaba comprendida entre +Machichaco y Quejo; toda su ciencia en el gobierno de una pequeña +embarcación de vela, que manejaba con arte singular, gallardísimo, en +días de nordeste frescachón. Taciturno y medio salvaje, su vocabulario +era muy escaso; sus ideas no debían de ser luminosas ni abundantes, +como no las guardara para mejor ocasión; su voluntad no tomaba otras +formas que la de la contumacia en su vivir independiente, y la de una +completa inacción en tierra firme. Viendo que no podían hacer carrera +de él, la familia se resignó a dejarle en aquel salvajismo y rudeza, +tratando de utilizarle en menesteres bajos de los buques de la casa +cuando estos se hallaban en puerto. A los dieciocho años contrajo unas +calenturas tíficas que le tuvieron entre la vida y la muerte. Decían +que esta le tenía ya cogido, y creyéndole pez, le había soltado con +media vida en alta mar. Al sanar había perdido el pelo y la memoria, +quedándosele la cabeza como un cudón totalmente limpio, sin ninguna +aspereza por fuera ni ideas por dentro. Recobrado el cabello al +contacto del agua salada, contrajo nueva enfermedad del cerebro, y +al término de ella encontrose con que le había vuelto la memoria y +se le había quedado por allá un sentido. Su sordera era como la de +una campana que pierde el badajo y cae en los hondos abismos del mar. +_Churi_ no volvió a oír ningún ruido. + +Con el don de oír se le fue también la palabra; pero esto +temporalmente, porque a los tres meses de quedarse como una tapia, +empezó a sacar de su cabeza términos y frases vascuences. Diríase que +pescaba con gancho las voces una por una, extrayéndolas como restos de +un naufragio. A duras penas reconstruyó una lenta y torpe expresión, +mitad éuskara mitad castellana, que usaba para comunicarse con el +mundo, reforzándola con señales muy parecidas a las marítimas, y +movimientos de maniobra velera, que él solo y sus compañeros de mar +entendían. + +Lo más extraño en _Churi_ fue que la transformación traída por la +sordera le hizo menos insociable; la familia pudo retenerle en la casa +más tiempo, y aun emplearle en comisiones que nunca había querido +desempeñar, como la estiba de maderas en el almacén, y el transporte de +mena y carbón en Lupardo. Al año de la sordera, ya se pasaba _Churi_ +meses enteros sin salir a la mar y aun sin verla, y a los dos años +había tomado tanto gusto a la ferrería, que no sabía salir de ella. +De la índole de los trabajos que allí se hacían provino la mudanza de +sus aficiones, el cambio de lo que hoy llamamos _sport_ y entonces no +tenía nombre: se aficionó locamente al balandro vivo de cuatro patas; y +si el primer día que montó en él estuvo a punto de desnucarse, pronto +su terquedad vizcaína venció los rudimentos de la equitación, y al +poco tiempo era un centauro asnal. Varios jumentos tuvo, que vendía +para comprar otro mejor, y en ellos hacía excursiones a los montes +próximos y lejanos para tratar cortas de leña y partidas de carbón +vegetal, alimento de la industria ferrera. De este modo el vagabundo +había llegado a ser un brazo más, aunque el menos útil ciertamente, en +aquella familia de obreros incansables. + +También Zoilo había sido de niño aficionado a la mar, como _Churi_, y +buceaba en la ría, y se iba lejos, mar afuera, con sus amigos, en una +_zapatilla_, sin miedo a los peligros que en costa tan brava ofrece la +naturaleza. Pero su inteligencia, su amor a la familia y el deseo de +ser hombre y de ganarse la vida, le moderaban en aquellas infantiles +vagancias. Estudió algo de pilotaje; era aplicadillo y muy formal; +practicó la carpintería de ribera con su padre; servía también para +el comercio, y tenía mucho tesón, amor propio, vagas ambiciones de +riqueza y poder. Sano y vigoroso, dotado de un temple acerado y de +una naturaleza a prueba de inclemencias, no conocía el cansancio. A +los veintidós años gustaba de mostrar su fuerza hercúlea en cuantas +ocasiones se le presentaban. En el trinquete era un prodigio; en el +trabajo del hierro no tenía igual. Su terquedad vizcaína tomaba en él +a veces formas de una paciencia dulce, con la cual soportaba las más +rudas tareas sin quejarse, siempre alegre y decidor. A su pujante vigor +muscular correspondía su intachable conformación corpórea, de líneas +estatuarias, y un rostro atezado, de serena expresión, toda lealtad y +nobleza sin pulir. Cuando se reía, hacíalo con alma y vida, sacando +enterito el corazón al semblante; no conocía ningún arte social de +aquellos que tienen por instrumento la palabra; no usaba el disimulo, +ni las perífrasis, ni la ironía. Expresaba con bárbaro candor todo lo +que le apuntaba la mente, siendo a veces tan cruda su sinceridad, que +la familia tenía que reprenderle y hasta castigarle. En el ardor del +trabajo del hierro sus negros ojos echaban chispas, y los resoplidos de +su nariz, que se hinchaba respondiendo al énfasis interno, armonizaban +con la música del fuego atacado por los chorros de aire. Tenía +conciencia de su fuerza física, y esta era su mayor gala; teníala +también de su valor indomable, que también le enorgullecía; pero no +sospechaba que era hermoso siempre, y más cuando tiznado y cubierto de +sudor domaba la dureza de un metal menos consistente que su voluntad. + +Su tío Valentín le llevó a Bermeo para que estuviese al cuidado de la +casa y de sus moradoras mientras él pasaba un par de días en Lupardo, y +tanto Zoilo como _Churi_, que iba cuando le parecía y se marchaba sin +despedirse, se lanzaron a divertimientos de mar. Ambos consideraban +a la niña de Negretti como un ser superior, y sentían junto a ella +cortedad y hasta miedo. En los primeros días, tuvo Aura más de un +acceso nervioso con gran disloque muscular, llanto interminable, +gemidos y otras manifestaciones de desorden cerebral o de histerismo. +Los dos chicos, que no habían visto nada semejante en las muchachas +que trataban, creían que era aquella dolencia signo de principalidad, +achaque propio de los seres de exquisita y refinada complexión, y +viéndola sufrir, casi la admiraban tanto como la compadecían. A las dos +semanas de esto, y cuando Aurora se iba calmando, Zoilo la incitaba +a salir con ellos a la mar, donde podría arrojar todas sus penas para +que el agua y el viento se las comiesen. _Churi_ no le decía nada: no +hacía más que mirarla, sin hartarse nunca; la sordera le aumentaba +el uso y los goces de la vista. Cuanto Aura decía, producíale a +Zoilo unos accesos de risa no menos bulliciosos que los traqueteos +espasmódicos de la hermosa doncella. El otro no se reía nunca. Era por +naturaleza refractario a la demostración facial del gozo del alma, y +cuando lo sentía, expresábalo cantando, pero muy serio, y desentonando +horrorosamente por la falta de oído. + +Por nada del mundo dejaría Prudencia que Aura saliese a la mar con +aquellos tarambanas. No, no: la niña se embarcaría (pasatiempo muy +indicado para su salud) con el tío Valentín. Debe indicarse que Aura, +al poco tiempo de residir en Bermeo, llamaba tíos a los hermanos +de Prudencia, y a los cuatro muchachones, primos. Pues sí: el tío +Valentín, que no quería más que complacerla, en cuanto vino de Lupardo +preparó una lancha de las mejores, arreglándola de velamen y de todo lo +preciso. Lo que gozó Aurorita en sus excursiones cantábricas no es para +dicho. Más intrépida que los marinos que dirigían la gallarda nave, +cuando las mares gruesas con su hinchazón y el viento con su mugido les +ordenaban volver, ella pedía que fuesen más allá, siempre más allá. +Miraba el rostro impasible de Valentín, viejo amigote del océano y de +las tempestades, y como no advirtiera en él alteración, quería que el +paseo se prolongase. Rara vez dejaba Valentín a su hijo la caña del +timón, no por falta de confianza, sino porque retirado de aquellas +luchas y otras mayores, todavía gustaba de hacer gala de su pericia. +Zoilo llevaba la escota. Entre los dos primos arriaban e izaban la vela +en las bordadas, y si a la entrada del puerto era forzoso empuñar los +remos, desplegaban en ruda competencia cada cual su vigor de puños, y +callados bogaban, atentos a las órdenes del patrón, en quien veían un +dominador infalible de todas las fierezas de la mar. Allí no se conocía +el miedo: Aura, viéndoles tan animosos, tampoco temía nada. Un día de +temporal duro habló Valentín, antes de decidirse al paseo, lenguaje de +prudencia. No convenía salir. Asombrose Aura, y más aún al oír que los +dos chicos apoyaban el dicho del veterano. Creyó que tenían miedo. + +—Como es por recreo —indicó Zoilo— y no por necesidad, hoy no salimos. +Si padre te deja ir sola conmigo, te llevo... Yo te respondo de que nos +mojaremos, pero no nos ahogaremos. + +Claro que Valentín no había de permitir tan loca aventura. _Churi_, que +falto de oído se enteraba de cuanto se hablaba, reprendió a su primo +por fachendoso. No se atrevía, no, ni era hombre para tanto. Él sí se +atrevía, y en embarcación pequeña, mejor: una mano en la caña y otra en +la escota... + +—Lo mismo lo hago yo —dijo Zoilo riendo—, y si quieren verlo... + +Aura les aplacó cuando la cuestión iba rayando en disputa, +proponiéndoles que el primer día que estuviera buena la barra saldrían +los cuatro a pescar; a lo que asintió Valentín, mandando a Zoilo +que preparase los mejores aparejos que en el pueblo, famoso por sus +pesquerías, se pudieran encontrar. Pero aconteció que el primer día +bueno hubo de salir Zoilo para Lupardo con un recado urgente, y no pudo +el pobre chico disfrutar de los goces de la pesca, que fue un recreo +divertidísimo para la niña. Al tercer día de este entretenimiento, +llegó Martín, el hijo segundo, que ordinariamente regentaba la tienda. +Era el más afinadito de los tres; el que parecía más espiritual, sin +duda porque no ostentaba formas atléticas, como José María y Zoilo, +ni desarrollaba la muscular energía con la espléndida brutalidad de +sus hermanos. Era, sin género de duda, el más civil, el que más se +adaptaba a la vida urbana de la capital vizcaína por los vínculos +de sociabilidad propios del comercio. Hablaba Martín castellano +correctísimo, usando frases atildadas y finas, al uso corriente. De +los tres, de los cuatro, contando con su primo, fue el que menos +zapatos pudrió en playazos y arenales, el que menos tiempo conservó las +manos callosas del ajetreo de los remos. Poseía bastante instrucción, +distinguiéndose en todo lo comercial; hablaba unas miajas de inglés, +y sabía las reglas usuales de la decencia y aun de la elegancia. En +aquellos tiempos, la confraternidad de toda la juventud bilbaína era +un hecho lisonjero, del cual tomó la villa su tesón incontrastable para +resistir los asedios carlistas. El entusiasmo político la estrechó +más, haciéndola invencible; el buen humor, propio de la raza, la +refrescaba dándole más vida; el trabajo en la paz la vigorizaba, y el +común esfuerzo en guerra la elevaba a superior virtud. Partícipe de +los sentimientos que daban un vigor homogéneo a la juventud bilbaína, +Martín Arratia se afilió en la Milicia Nacional desde el primer sitio, +y aún continuaba satisfecho y confiado en aquel cuerpo, esperando que +la patria, es decir, Bilbao, pidiera a sus hijos nuevos sacrificios +para su defensa. Tal era Martín, pieza bien concertada en aquel +formidable organismo comercial y guerrero que supo hacer de Bilbao un +baluarte inexpugnable contra el absolutismo y un emporio de riqueza. +Pasaba en la familia por el de más talento; en la villa le alababan +tanto como merecía por sus excelentes prendas, y no hay para qué +añadir que en el comercio se distinguía por su severa honradez, pues +siendo general esta cualidad en tales tiempos y en tal raza, es ocioso +señalarla y hacer de ella un rasgo característico. + +Dos días muy agradables pasó allí Martín, entretenido también en la +pesca y en paseos por el mar, que le agradaban con buen tiempo. Aura se +reía en sus barbas viéndole palidecer cuando eran fuertes las cabezadas +de la lancha, y él, sin temor de parecer cobarde, aseguraba que cada +día era más terrestre, añadiendo que en tierra no faltan ocasiones de +mostrar un valor heroico. Si terribles son las olas embravecidas, no +es menos pavoroso en ciertos casos el cumplimiento del deber, así en +la guerra como en el comercio. Todo es navegar; todo es una continuada +lucha, un gran derroche de esfuerzos, arte y valor para no ahogarse. + + + + +XVII + + +Aunque era Martín la misma sobriedad en los días laborables, cuando +llegaba el domingo se le reconcentraban los comprimidos apetitos de +toda la semana, y su estómago no tenía fondo. La jira campestre era +su delicia, o la comilona en casa, con enorme consumo de merluza en +salsa, escabeches y fritangas, de añadidura mariscos, angulas, y +encima y en medio de todo tomas muy fuertes del chacolí de la tierra. +El domingo que le cogió en Bermeo rindió el debido culto a Baco y a +Ceres, con espanto y risa de Aura, que se asombraba de ver comer a sus +primos, y de ver cuánto chacolí se atizaban sin emborracharse. Ya iba +comprendiendo que no era buen bilbaíno el que no supiera banquetear +en días festivos, después de haber sido la misma templanza en los de +entre semana. Cada cosa en su tiempo: trabajaban con ahínco, hasta +con hambre si era menester; pero en tocando a holgar, no había quien +les aventajara: así reponían cuerpo y espíritu para volver con más +ardor a la faena. Y estos ejemplos no fueron perdidos para la niña de +Negretti, en quien se excitaba el apetito cuando sus primos tocaban a +refectorio dominguero. También ella iba aprendiendo a comer fuerte y a +empinar el codo, con lo que tomaba su faz un color luminoso que ya lo +quisieran para los días de fiesta las ninfas de los sagrados bosques +helénicos. Total: que con los comistrajos, los paseos marítimos, y la +vida plácida entre personas que se desvivían por distraerla, se le +iban amansando a la enamorada joven las penas intensísimas de su alma. +Se divertía viendo el gozo y voracidad de sus primos, que en tales +jaranas se ponían como locos, hablando sin término y con donaire, pues +el comer les inspiraba, les hacía ingeniosos, a ratos poetas. Y el +cascado Valentín, con su medio siglo y su reúma que le hacía ir siempre +de bolina, dejábase arrastrar también del vértigo juvenil: él había +hecho lo mismo en su mocedad, y estaba dispuesto a repetirlo hasta +llegar a la suma vejez, pues no sería buen bilbaíno si no hiciera en +cualquier ocasión los honores debidos a un buen plato de bacalao con +aquella salsa de bermellón, y a una azumbre de chacolí de Somorrostro. +Valentín reía con los demás, disparataba, hasta se permitía bailar en +mangas de camisa, y hacer un gasto horroroso de vocablos vascuences, +de exclamaciones y juramentos de mar. El alborozo de la familia se +introducía en el alma de Aura, ensanchando sus pulmones y avivando su +sangre. Iba tomando su rostro, por la exposición continua al sol y al +aire, un tono tostado caliente, de _terracota_, enteramente gitanesco. +El negro rabioso del pelo armonizaba con la tez, de un bronceado +finísimo con veladuras de rosa. Sus ojos eran una inmensa dulzura con +llamaradas. El ejercicio había extremado la flexibilidad de su cuerpo, +acentuando sus líneas incomparables, dando mayor delgadez a lo delgado, +mayor turgencia a lo carnoso. Hasta la voz parecía más vibrante en +las alegrías, más blanda y cariñosa en las tristezas... Un domingo +en que Martín no estaba, hicieron tantas locuras _Churi_ y Zoilo a +competencia, que Valentín, a pesar de no encontrarse en disposición +de severidad, hubo de llamarles al orden. _Churi_ se subía a los +árboles como un gato, y luego se tiraba de alturas increíbles; Zoilo le +desafiaba a correr, y partían como exhalaciones; luego se enredaban en +un partido de pelota, o en gimnasias rudas, dando vueltas de carnero, +o saltando el uno a los hombros del otro y de los hombros a la cabeza. +La de _Churi_ parecía de piedra. Incitándoles a divertirse con menos +tosquedad, Valentín dijo a Aura: + +—¡Qué par de brutos! El mío es un modelo de barbarie, como ves; pero +Zoilo no le va en zaga. Con todo, son dos criaturas; son buenos, +inocentes, siempre listos para el trabajo. Mi hermano ha tenido suerte +con sus tres hijos: cada uno en su género es una alhaja. Ya conoces a +Martín, tan finito, tan caballero... chico de gran porvenir. José María +vale lo que pesa, y este Zoilo, aunque abrutado como ves, no tiene +pelo de tonto y sabe ganar el pan que come. Ninguno de ellos se queja, +aunque les tengas trabajando seis semanas seguidas, sin ningún recreo. +Vicios no los conocen... Mira ese par de angelones con qué juego tan +primitivo se entretienen: así caen luego en la cama, como piedras. +No remuzgan en toda la noche. ¡Qué conciencias! Bendígales Dios. En +sus cabezas no ha entrado nunca un mal pensamiento; no les oirás una +palabra fea. + +Esto no era rigurosamente exacto, porque en el ardor del pelotarismo y +la gimnasia, las pronunciaban a cada instante sin reparar que les oían +mujeres. + +De pronto le dio a _Churi_ la ventolera de tirarse al mar. Hallábanse +en un patio emparrado, cerca de la dársena, y en tres minutos se fueron +todos a la punta del muelle a ver nadar al sordo. Pronto se procuró +este traje de baño, el mejor posible, y se arrojó de cabeza, levantando +un gran espumarajo. Salió a flor de agua muy lejos, y se le vio enfilar +afuera y perderse en la inmensidad, braceando. La mar estaba serena, +en pleamar viva, y daba gozo mirar en la escarpa del malecón el agua +verde y profunda. Multitud de pilletes, desnudándose en las piedras más +avanzadas de la escollera, se arrojaban al agua como Dios les echó al +mundo; se veían luego sus cabezas, sus mofletes hinchados de soplar, +y los cuatro remos en constante brega con el agua. Algunos salían +tiritando y pasaban mil fatigas para enfundarse la camisa; otros, ya +medio vestidos, se volvían a desnudar, por estímulos y competencias +entre ellos, y si reñían por la palma de la habilidad natatoria, se +pegaban, al vestirse, porque uno se había puesto los mojados calzones +del otro. Aunque Prudencia había dicho a Zoilo que no nadara, porque +estaba sudando y sofocadísimo, el chico se permitió en aquella ocasión +desobedecerla, ganoso de no ser menos que su primo; y ansiando mostrar +que este no le aventajaba en resistencia de pulmones ni en fuerza +de brazos, fue por un traje y vino ya en pergeño de bañista, con su +formidable tórax y sus piernas estatuarias al aire. Aura y sus tíos no +le vieron llegar. Arrancándose silencioso junto a ellos en el borde del +abismo, se lanzó de golpe, describiendo una airosa curva en el aire +hasta romper el agua con las manos enfiladas sobre la cabeza. Aura +dio un grito al ver de súbito el rápido salto y la violenta caída del +cuerpo, como si rompiera un cristal, levantando astillas mil, espumas y +latigazos de agua que todo lo enturbiaron. La cortada superficie hervía +y se llenaba de desgarrones blanquecinos. + +—¡Qué susto me ha dado! —dijo Aura—. Este Zoilo es de la piel del +diablo. + +Y miraban al fondo sin ver nada. La pleamar era tan viva, que daba una +profundidad de treinta pies. + +—¡Pero no sale, no sale! —exclamó Aura, explorando la inmensidad +líquida—; ¿o es que va a salir allá lejos, como _Churi_? + +—No temas, que ya saldrá —dijo Valentín sonriendo, y Prudencia lo mismo. + +—Pero tarda mucho... ¿Cómo se puede estar tanto tiempo sin respirar? De +pensarlo solo siento yo una opresión... + +Pasó tiempo. Imposible precisar los segundos... + +Por fin distinguió Aura, en medio de la opacidad cristalina del agua, +una forma movible, que a medida que subía se determinaba mejor. Era +un cuerpo de verdosa blancura, con movimientos de rana. Avanzaba +subiendo... hasta que asomó la cabeza de Zoilo, que soplaba y escupía. +Brazos y piernas, seguían moviéndose para mantener el cuerpo en postura +casi vertical. + +—No seas bestia; no te aguantes tanto —le dijo Valentín—. Podrías +pasarlo mal. + +Volteando sobre la cintura, Zoilo se zambulló de nuevo. Se le vio +descender con las zancas de rana funcionando hacia arriba pausadamente. +El segundo cole fue más breve que el primero, y el tío, al verle salir, +repitió sus gruñidos: + +—Que no juegues, pedazo de atún. Ea, lárgate afuera con descanso a +encontrar a _Churi_, que debe de estar de vuelta. + +—No se le ve —dijo Aura—. Este ejercicio me pasma, me maravilla. Gran +mérito es nadar así. + +—Esto no es mérito —indicó Prudencia—. ¡Si desde que gatean se echan +al agua estos diablillos! Ya el mar les conoce y hasta parece que se +divierte con ellos sin hacerles daño. + +—Y es la verdad —agregó Valentín—, que adquieren una fuerza y una +robustez que en ningún otro ejercicio se logra, amén del valor, de la +serenidad que nos vemos obligados a sacar de dentro. Todo lo que ves +hacer a esos, lo he hecho yo cuando tenía su edad. Mi _Churi_ es un +verdadero pez; y en cuanto a Zoilo, no hay quien le saque ventaja en +ningún elemento, porque en tierra es una fiera para el trabajo. Así +tiene esa naturaleza que le asegura una vida de salud y de poder para +las luchas por el pan. El día que este chico se case, ¡vaya unos hijos +que traerá al mundo! Será una generación de Hércules chiquitos, que +después serán Hércules grandullones... + +—Ya no se ve a Zoilo —dijo Prudencia—; al menos, yo no le distingo. + +—Ya parecerán los dos. Como se vayan muy lejos, no podrán volver tan +pronto, porque la marea antes de media hora tirará para afuera. _Churi_ +es muy capaz de ir a tomar tierra en cualquier playazo y volverse a la +noche, cuando suba el agua. Mirando con ojo experto a la inmensidad, +creyó distinguir un punto: era un nadador. + +—Zoilo vuelve. Por mucho que presuma, no resiste como su primo. Ea, +vámonos al pueblo. + +A poco de regresar a casa la familia, entró Zoilo con la cara y manos +extraordinariamente lavadas, húmeda la ropa de haberse vestido sin +secarse el cuerpo. No podía ocultar su mal humor por no haber alcanzado +a _Churi_, y si no siguió tras él, no fue por falta de poder para ello, +sino por obedecer a la tía Prudencia y a la prima Aura, que le mandaron +volver pronto. + +En aquellos días anunció Negretti en una misma carta la toma de Arlabán +por los cristinos, la salida de Oñate para Durango, y el encuentro con +el señor de Calpena, noticia esta última que fue para la señorita como +el estallar de un furibundo trueno. Quedose al oírla como atontada, y +luego prorrumpió en llanto y alabanzas al Señor por haber escuchado +su ruego. La fuerza del gozo la ponía triste, temerosa de que tanta +ventura se desvaneciera súbitamente con nuevas desdichas. ¡Don Fernando +en Oñate, a cuatro pasos de allí! ¿Vendría pronto? Seguramente era +cuestión de un par de días. No tardó el mismo Ildefonso en referir +de palabra todo lo que había escrito, añadiendo que el don Fernando +le había parecido un caballero de excelente educación y sentimientos +honrados. + +Algo dijo después que enfrió el júbilo y los entusiasmos de la pobre +joven: don Fernando, según informe del señor italiano que con él vino +de Madrid, había ido hacia Vitoria la misma noche de la evacuación +de Oñate, acompañando a unas muchachas y a un señor enfermo escapado +del hospital. Lo natural y lógico era que volviese cuanto antes. +Consternada se quedó Aura al saber esto, y mil cavilaciones lúgubres y +conjeturas pesimistas la desvelaron aquella noche. ¿Por que retrocedía +Fernando cuando estaba tan cerca? ¿Qué mujeres eran las que acompañaba? +¿Y el enfermo quién sería? Se atormentaba imaginando sucesos absurdos, +personas monstruosas; y comunicadas sus inquietudes a Prudencia, +esta le recomendaba, entre severa y burlona, que tuviese calma, pues +la verdad de aquellas idas y venidas se sabría cuando llegase don +Fernando..., y si no venía pronto, sus fines no eran buenos, sus +intenciones no eran limpias. + +A solas Prudencia y su marido, desahogó aquella el mal humor que +la noticia del encuentro con don Fernando le produjo. La repentina +aparición del señorito de Madrid, cuando se creía que le habían llevado +muy lejos los vientos del olvido, desbarataba sus planes de mujer +práctica y allegadora. La señora de Negretti, que físicamente era +corpulentísima, bigotuda, recia, de palabra viva y cortante, en lo +espiritual atesoraba una voluntad firme, constancia en los afectos, más +aún en los caprichos y manías; además un ardiente amor a la familia, +y un sentido calculista y aritmético, que ya lo quisieran para los +días de fiesta los Arratias masculinos. Desde que fue a sus manos la +sobrinita de Ildefonso, pensó que aquella joya, en uno y otro sentido +inapreciable, debía ser para la familia. ¿No era tristísimo que una +niña tan bella, dueña de un capital no menos bonito, fuese pescada por +un aristócrata madrileño, que quizás era un silbante, un hambrón, un +mala cabeza? Cierto que Aurora tenía clavado muy en lo hondo el dardo +de aquella pasión, y no era prudente arrancárselo tirando de él muy +fuerte: lo mejor sería que el tal don Fernando se quedase para siempre +en los limbos de la ausencia. El tiempo, gran milagrero, iría curando +a la niña de afición tan desatinada, puro mimo, cosas de chicos, y +despertaría en ella inclinación más conforme con su clase, nacida al +calorcillo de la familia con quien moraba, y que la había hecho suya, +rodeándola de cariños y atenciones. + +No era la primera vez que Prudencia dejaba traslucir a Negretti la +prodigiosa concepción de su genio doméstico. Aquella noche la reveló +completa con cierto orgullo y vanagloria, como si se tratara de un +invento mecánico, para mover mejor el ánimo de su marido, entusiasta +de las invenciones. La maquinaria de Prudencia era que Aurora y su +capitalito quedaran definitivamente en casa. Bien para ella y bien para +la familia. Modo de conseguir esto: casarla con uno de los sobrinos. +El más indicado para tal objeto era Martín, por su educación, por su +finura, por la respetabilidad que iba adquiriendo en el comercio. Era +la gala y la honra de los Arratias, y uno de los jóvenes más guapos y +decentitos que a la sazón había en Bilbao. Claro que esto no se haría +forzando las voluntades, sino amañándolas con destreza hasta que ellas +mismas quisieran acoplarse... Dejáranla a ella sola en el manejo de +Aura; quitárase de en medio el fantasmón de Madrid, y ella respondía +de que la niña habría de comprender bien pronto el mérito del primo, y +todo iría como una seda. + +Reconoció Negretti la bondad del invento de su mujer, y lo tuvo por +cosa excelente; mas no veía manera de llevarlo de la teoría a la +práctica, porque el amor de la niña era muy fuerte, y viniendo el +galán con buen fin y propósitos de matrimonio, sería locura pensar en +desunirles. Ni por todo el oro del mundo, ni por los intereses todos +que hay de tejas abajo, haría él cosa contraria a lo que su conciencia, +su idea firmísima del bien y del mal, le dictaban. Solo resultaría +práctico el invento en el caso de que el compromiso entre los amantes +quedase desbaratado y nulo por sí mismo, por cosas de ellos, cualquier +incidente o sesgo inopinado del drama de amor. Sin este desenlace +previo él no haría nada por desviar las cosas de su dirección natural. +Su conciencia antes que todo. Y lo que él no haría, no consentía +tampoco que lo hiciera su mujer. Dejar a Dios lo que es del alma..., +ver venir serenamente los hechos humanos, mirando siempre a la verdad, +a la rectitud. + +Aunque Prudencia no practicaba el culto de la verdad con esta devoción +suprema que hacía de Negretti un carácter excepcional, no tuvo más +remedio que acatar lo que él decía y ordenaba. Y pues don Fernando +venía como primer ocupante, con indiscutible derecho, y Aura le +esperaba y le quería, dejarles su bien, dejarles su paz. + +—Ya sabes —le dijo Ildefonso al partir— que mi tema es: a cada uno lo +suyo, y a Dios siempre lo divino. + + + + +XVIII + + +Zoilo y _Churi_ se fueron a Lupardo, recorriendo el largo camino con +la escasa comodidad que les ofrecía un solo burro para los dos. Aunque +Zoilo llevaba siempre el salvoconducto que le permitía franquear sin +tropiezo las regiones ocupadas por carlistas, la seguridad de aquel +documento (amplio favor que Sabino Arratia debía a su grande amigo +el cabecilla Sarasa) no era absoluta, y más de una vez hubieron de +esquivar con grandes rodeos o veloces marchas el encuentro con la +gente armada de Carlos V. Todo esto solía ser diversión para los dos +muchachos, y motivo para desplegar en competencia su pasmosa agilidad y +bravura. Alegres empezaban la caminata, y alegres la concluían. Llegó +un tiempo, ¡ay!, en que de sus caminatas debía decirse lo contrario: +enojados y displicentes la comenzaban, furiosos la concluían. + +Antes de la dichosa o infeliz (pues no era fácil discernirlo) +aparición de Aura en la familia, Zoilo y _Churi_ vivían unidos por +una hermosísima fraternidad. Sus viajes eran un continuo juego con +emulaciones que terminaban en bromas afectuosas; sus bienes terrenos, +comida, moneda de plata o cobre eran comunes, como las armas y +herramientas; comían en el mismo plato, en el mismo vaso bebían, y +se tumbaban en el mismo rincón de la choza donde les cogía la noche. +Zoilo suplía en _Churi_ la falta del oído, comunicándole con signos de +su invención, solo de ambos comprendidos, los hechos materiales más +difíciles de exponer sin palabra, las cosas del espíritu que aun con +la palabra son de dificilísima expresión. Se entendían con mugidos, +con muecas y patadas, con grotescas contracciones faciales, con rápida +telegrafía de manos y dedos. + +Pero llegó el día fatal, y aquel amor recíproco trocose en recelo, y +el libre lenguaje que los dos idearon para comunicarse su cariño, solo +sirvió para arrojarse el uno al otro centellas de rivalidad, dicterios +y amenazas. La causa de este que bien puede conceptuarse como uno de +los mayores desórdenes de la naturaleza, fue la presencia inopinada +de una mujer en la familia. A las dos semanas de tal suceso, Zoilo y +_Churi_ dejaron de quererse. Como los dos disimulaban instintivamente +ante la familia, la rivalidad que les desunía no se reveló hasta que +se hallaron solos, camino de Lupardo. Iban por la cuesta de Unzaga: +_Churi_, sombrío, taciturno; Zoilo, con alegría febril, cantando, +divirtiéndose en pegar brincos para arrancar a tirones las ramas de +los árboles. De pronto le cogió _Churi_ por un brazo, y le dijo con +desabrimiento, en vascuence: + +—No me lo negarás: tú quieres a Aura... Aura te gusta, pillo. + +Más sorprendido que asustado, respondió Zoilo que sí, y todo +espontaneidad y efusión, agregó que Dios había pegado fuego a su alma, +y que mientras podía conseguir que la prima le quisiese, se consolaba +con amarla a su modo, pensando en ella siempre... diciéndole cosas +de las que se piensan más que se dicen. ¿Cómo se había enterado el +sordo de este secreto que la misma Aura no conocía? Era _Churi_ un +observador prodigioso; veía en la mirada, en el gesto, en los actos y +en la abstención de los mismos, la verdad de los fenómenos del alma. Su +penetración era el contrapeso de su sordera. + +Allá se las compuso Zoilo como pudo para expresarle que no admitía su +injerencia en aquel asunto; que él (_Churi_) no tenía nada que ver con +que él (Zoilo) adorase a la niña por el aquel de adorarla, y que en las +soledades de su conciencia se casase con ella, y fabricara su felicidad +con suposiciones o cálculos de cabeza, con un tremendo fuego de amor en +toda su alma... + +—Lo que tú tienes que hacer —le dijo, expresando las ideas con lenguaje +verdaderamente epiléptico— es no meterte en lo que no te importa. ¿Qué +entiendes tú de esto? ¡Amarla tú! No puedes. Eres sordo, y ¿cómo va a +querer Aura a un hombre que no oye? + +Este argumento no tenía réplica, y _Churi_ se lo tragó entre amarguras, +quedándose buen rato sin saber qué decir. De pronto saltó con una +retahíla, acompañada también de gesticulación epiléptica, mezcla de +torpes cláusulas castellanas y éuskaras, que reducidas a un solo idioma +eran así: + +—Pues eso es un pecado muy grande, Zoilo, y ya verás cómo se ponen los +tíos y los primos cuando lo sepan... Y aunque te volvieras otro de lo +que eres, aunque Dios te diera un mundo de méritos, sin fin de cosas, +Aura no te querría, porque ya tiene su corazón entregado a otro amor, a +un novio más guapo y más fino que tú... + +—¿Quién? —gritó Zoilo con furia, enarbolando una estaca que arrancado +había de un árbol próximo. + +—_Madrilgo gizona_ (el hombre de Madrid). + +Lanzó Zoilo carcajada burlona, y doblando por la mitad la fuerte rama, +como si fuese junco, sin cuidarse de que _Churi_ entendiera o no lo que +decía, hablando solo más bien, exclamó: + +—¡_Madrilgo gizona_! Ese no viene, se ha muerto; y si vive y viene, ya +verá Aura que debe quererme a mí, y no a él; y si así no lo hiciera, si +se aferrara a querer al otro..., entonces, ¡ah!, le mato, me mato..., +mato a todos, a ella, a mí, a ti... + +Viendo tal decisión, aunque los términos en que Zoilo la expresara no +le resultaban inteligibles, se recogió en la tristeza de su mente, en +aquella bóveda sin ecos, pues el verbo humano solo producía en ella +sonidos ideales, y largo rato estuvo sin articular palabra, mientras +el primo, que continuaba poseído de su furor de elocuencia, hablaba +con los árboles: lo mismo podían ser para estos que para _Churi_ sus +ardientes expresiones. + +—Mía, mía tiene que ser..., para mí, para mí..., o se sabrá quién es +Zoilo. Aunque no le he dicho nada, conozco yo..., esto se conoce..., +que sabe que la quiero; y yo sé que si ahora no me quiere ella, me +querrá después, cuando vaya viendo... Pues cuando hay muchos en casa, +al que más mira es a mí, y cuando dice algo que es de reír, me mira +a ver si me ha hecho gracia... y a los demás no les mira... Y cuando +llego, conozco yo que se alegra un tantico, y aunque a cada instante me +llama bruto, lo dice como diciendo... «Bruto, te quiero..., pues...». + +—Ven acá —le dijo _Churi_ tras largo rato de silencio—. Cuando los tíos +y tus hermanos sepan eso, verás cómo no te perdonan la desvergüenza. +Porque Aura espera que venga el de allá, y si no viniere, bien puedes +estar seguro de que no será para ti... Yo no oigo, pero veo, y veo más +que tú, y nada de lo que piensan nuestros tíos se me escapa..., siento +en mí los pasos que dan los sentires, los pensares de ellos cuando +andan paseando por sus almas; lo siento todo, Zoilo; dentro de mí +retumba... Pues te diré una cosa para que se te quite la esperanza. La +tía Prudencia, que es la que manda en el tío Ildefonso, hace ascos al +novio de Madrid y quiere que no venga, porque está en la idea de casar +a la niña con tu hermano Martín, que es el señorito de la familia y el +que vale más, porque nosotros, tú y yo, somos unos grandes gaznápiros, +y él es fino, como quien dice, ilustrado. Pues sí; esta es la idea +de la tía Prudencia; yo se la he sacado por la manera como mira a +Martín cuando viene, y por el modo de mirar a Aura cuando habla de tu +hermano... ¿Y ahora qué dices, ganso? Porque a tu hermano no le has de +matar... ¡Estaría bueno eso: matar a un hermano!... ¿Qué dices, qué +piensas? + +Zoilo no pensaba sino que el firmamento se le venía encima, y alzó las +manos como para detenerlo antes que le aplastara. + +—Eso no es verdad —dijo—; tú me engañas, _Churi_; tú eres un +envidioso... Pero conmigo no juegas. + +Momentos después, en gran abatimiento, lloraba como un niño. Puestos +de nuevo en marcha, no hablaron más en todo el camino. Alojados en un +caserío humilde, no se acostaron en el mismo montón de paja de maíz. +Metiose _Churi_ en el lugar más escondido, con la cabeza apoyada en un +yugo, y allí se pasó la noche en triste monólogo, oyendo la respiración +de su primo que profundamente dormía. + +«Yo también la quiero —decía entre otros mil peregrinos conceptos...—. +¿Cómo no, si es tan preciosa como los ángeles, o más?... ¡Que no me +digan a mí de ángeles ni ángelas!... Donde está ella que se quiten +todos... ¿Pero qué caso ha de hacer de mí?... ¿Cómo ha de querer a un +sordo..., a quien no le oye su voz?... Pues si yo oyera, Dios, ¿quién +me la quitaba? ¡Ay, no hay mujer bonita ni fea que quiera al hombre +falto de oído!..., pues aunque se puede ser buen marido sin oír nada, +no quieren ellas, no quieren..., y yo me pongo en lo justo... Pero si +para mí no es, para este bestia de Zoilo tampoco... ¡Estaría bueno! +¿Qué ventaja me lleva mi primo? Que oye... ¿Y quién me asegura que a +él no le falta también algo? ¡A saber!... Y si no le falta nada, le +sobra fatuidad... No, no será suya, sino del caballero de Madrid... +¡Ojalá viniera mañana, para que se la llevara, y nos quitáramos todos +de este suplicio!... ¡Como me reiría yo de este tontaina, fantasioso, +fullero!... Echa roncas porque oye; que a lo demás no me gana, porque +yo puedo más que él, y soy más valiente, y hasta más guapo... ¿Qué +tiene Zoilo de más guapo que yo? Nada. Los ojos que le brillan... ¡Vaya +una gracia! También me brillaban a mí antes de venirme el silencio..., +pero ahora..., con el silencio, todo se le apaga a uno. Y Zoilo es un +descarado que se está siempre riendo, enseñando los dientes... Pues eso +no debe de gustarle a ninguna mujer... Que venga, que venga pronto ese +caballero de Madrid... ¿Y el tal cómo será? Seguramente que silencioso +no es... Pero será elegante, y tan fino, ¡arre allá!, que se meterá por +los ojos de las mujeres... ¡Mundo maldito! Debiera uno morirse para no +verte». + +A los pocos días de esto, hallándose Zoilo en Lupardo y _Churi_ en +Bermeo, se enteró este del encuentro del tío Ildefonso con Calpena, y +le faltó tiempo para ir a contárselo a su rival. En aquel viaje llegó +el pobre burro llenó de mataduras; tanto le arreó el jinete para llegar +pronto. Y llevando aparte a su primo, le soltó la tremenda noticia. + +—Ya está; ya pareció..., ya viene... ¿No caes en ello? Zopenco... +¡_Madrilgo gizona_!... Habló con Ildefonso en Oñate... Ya viene..., +mañana... verás. + +—Es mentira —replicó Zoilo blandiendo las tenazas—. No viene... Y si +viene, sin ella se volverá. Juro que no se la lleva... + +Al día siguiente fue _Churi_ a las Encartaciones a contratar leña, y +los dos primos estuvieron dos semanas sin verse. Pasó en este tiempo +Zoilo algunos días en Bermeo, donde tuvo la satisfacción de ver que +fallaban los anuncios de la próxima llegada del señor de Madrid, +príncipe o archipámpano. Observó en Aura tristeza, duelo, reproducción +de los arrechuchos nerviosos, y viéndola llorar se decía: + +«Llora, llora, que lo que es a ese no le verás más... Aquí está el +hombre que ha de consolarte, tu Zoilo, a quien has de querer, porque +él se lo merece..., y si no, pruébalo y verás... Este, que te mira sin +atreverse a decirte nada, por cortedad, te tiene guardado un amor como +el de todos los corazones que hay en el universo..., de todos juntos en +uno. El corazón mío es de un tamaño como de aquí al sol, o un poco más +allá, según voy viendo... Llora, llora, que tras mucho llorar, vendrá +el olvidar... Con tanta lágrima se te lava el alma del amor viejo, y +vendrás a tu Zoilo, a quien has de querer y adorar como él te adora y +te quiere, que así lo manda la divinidad». + +Tales eran sus mudas declaraciones siempre que junto a ella se veía. +En esto llegaron las tristes noticias del disfavor de Negretti, de +las acusaciones con que la ignorancia o la perfidia le denigraron, de +su prisión y de la causa que por infidencia o masonismo le formaban. +Fácilmente se comprenderá la desazón que estos hechos causaron a toda +la familia, particularmente a Prudencia, que adoraba a su esposo. +Valentín rugía de cólera, Sabino ponía el grito en el cielo. Y esta +es la ocasión de referir que el buen Sabino era el único de los +Arratias que sentía inclinaciones hacia el absolutismo, siquiera +fuesen platónicas, determinadas por móviles religiosos más que +políticos. Hombre piadoso, formulista y un tanto santurrón, disentía +de su hermano Valentín, algo dañado de volterianismo, lo que no +impedía que, profesadas una y otra opinión con tibieza y en el terreno +ideológico, viviesen los dos en armonía perfecta, sin significarse +públicamente por uno ni otro partido. Nunca llevó a mal Sabino que sus +hijos perteneciesen a la Milicia Urbana, pues sus ideas retrógradas +en ciertos y determinados puntos, cedían ante la suprema devoción de +a ciudadanía bilbaína. Pero si nadie podía tacharle de carlista, +tampoco él podía negar sus grandes amistades en el campo enemigo, de +las cuales supo obtener alguna ventaja para los negocios de la casa de +Arratia. El comandante general de la división de Vizcaya, Sarasa, era +su íntimo y cariñoso amigo desde la infancia, y amigos eran también +Guergué, los coroneles Urréjola y Altolaguirre, el brigadier Tarragual, +de la división navarra, y el jefe de la división cántabra, don Cástor +Andéchaga. A estos conocimientos debía el paso franco por la zona +comprendida entre Bilbao y Bermeo, y el favor inapreciable de que le +permitieran trabajar en la ferrería de Lupardo, con la obligación de +ceder a la maestranza de Vizcaya cierta cantidad de hierro a precio +bajo, forma indirecta de canon o impuesto de guerra. + +Fiado en sus excelentes relaciones, corrió Sabino al interior del +reino carlista, y ni en Durango, donde estaba el rey, ni en Tolosa, +donde sufría Negretti la prisión, pudo conseguir nada en pro de su +hermano político, el cual no habría concluido en bien sin la decidida +protección del ilustrado príncipe don Sebastián. Y en tanto que esto +ocurría, la familia continuaba agobiada de pesadumbres, pues para que +nada faltase, ni parecía el don Fernando, ni de los motivos de su +tardanza se tenían noticias, dando lugar este singularísimo caso a que +se le creyera muerto en alguna escaramuza o lance de guerra. Mientras +Aura languidecía, mostrándose al fin como fatigada de tan larga +espera, con habilidad trataba su tía de infundirle el convencimiento +de que el galán de Madrid había pasado a mejor vida, y era locura +aguardarle más tiempo y subordinar una lozana juventud a las idas y +venidas de un fantasma. Bien podía la niña excusarse de llorarle más, +pues todo lo que suspirado había por la ausencia se le tomaría en +cuenta por el fallecimiento. Que este debió de ser glorioso no podía +dudarse, siendo Calpena un noble caballero esclavo del honor. A pesar +de que esto pensaba y decía, Prudencia, consecuente con su nombre, no +se lanzaba a determinaciones radicales, y esperaba la eficaz ayuda del +tiempo para proponer a su sobrina, resuelta y gozosa, los desposorios +con Martín Arratia. + + + + +XIX + + +Que Zoilo estaba en sus glorias con el largo eclipse del caballero +de Madrid, y que _Churi_, por el contrario, se daba a los demonios y +habría corrido gozoso en su busca, no hay para qué decirlo. El primero, +fiado en su buena estrella, alentado por la fe que le infundía su +ardorosa pasión, creía firmemente que el caballero no vendría ya, sin +meterse en cálculos y averiguaciones del por qué de tal ausencia; el +segundo, nutriendo su credulidad en su malicia y en el odio al primo, +siempre esperaba que _Madrilgo gizona_ se aparecería, cuando menos se +pensase, a reclamar lo suyo, y esta esperanza era el consuelo picante, +amargo, de su existencia silenciosa. + +Por fin, a mediados de agosto, comunicó Ildefonso que estaba libre; +pero tan harto de la suspicacia, estrechez de miras e ingratitud de la +sociedad del nuevo reino, que no deseaba más que perderla de vista. +Como no creía prudente que su escapatoria terminase en Bermeo, ni esta +villa era muy segura ya para la familia, por alcanzar también al buen +Sabino las malquerencias y desconfianzas de los facciosos, ordenaba +que se fuesen todos a la ferrería y en ella permanecieran hasta que +otra cosa se determinara. En el acto se dispuso Prudencia a levantar +el campo, pues ya le incomodaba la residencia de Bermeo, donde todo +se volvía perseguir a la niña mozos y señoretes, y hasta vejestorios, +con ridículas manifestaciones de amor, y una mañanita salió para +Lupardo con Aura, Sabino y _Churi_. No se cansaba la buena señora de +lamentar la desgracia de su marido en el servicio del pretendiente, +_lavándose las manos_ al tratar de un asunto en que Negretti obró en +absoluto desacuerdo con ella. Bien le había dicho y redicho que no +accediera a las instancias con que los artilleros de Oñate asediaban +su voluntad. Honrado y crédulo en demasía, Ildefonso había tomado en +sentido recto las ofertas pomposas de aquellos señores, las cuales no +eran más que cantos de sirena. ¿Qué resultó? Que el hombre se había +matado a trabajar sin que parecieran por ninguna parte las villas y +castillos que se le ofrecieron. Salía de la corte de Carlos V como +había entrado, desnudo de todo capital y además perdido en el concepto +de los liberales. Bien caro pagaba su obstinación, y el desoír las +advertencias de la mujer práctica, que siempre vio un señuelo falaz, +una engañifa, en las galanas cuentas que se le ponían ante los ojos +para deslumbrarle. ¡Perdido el trabajo de sus manos, perdido el fruto +de su mente! Pero el sino de Ildefonso era sucumbir ante la maldad +y el egoísmo, por ser excesivamente recto, confiado, esclavo de la +conciencia hasta en las cosas nimias. + +—Es un santo —decía Prudencia, terminando con un gran suspiro—, y yo, +por más que he revuelto todo el Año Cristiano, buscando la santidad +en la industria, no he podido encontrarla. De los conventos y de las +soledades han salido todos aquellos benditos; ninguno de los talleres. + +Llegaron a Lupardo con felicidad, lo que no era poca suerte, según +estaba el país de soliviantado por la facción, y allí vio Aura +escenario bien distinto del de Bermeo. Hecha a los grandiosos +espectáculos marítimos, que favorecen las expansiones del alma, y +estimulan el atrevido volar del pensamiento, la primera impresión de +Aura fue de tristeza, como de caer en honda sima, y sentir sobre sí +pesos enormes de tierra y cielo desplomados. La estrechez del valle le +oprimía el corazón. ¡Qué diferencia de aquella inmensa lejanía de los +horizontes oceánicos, que hacía casi realizable el ensueño de medir lo +infinito! ¿Pues y la pureza de los aires, aquella frescura que con la +intensidad de la luz inundaba cuerpo y alma? En el valle del Nervión +pesaba la atmósfera, y las alturas verdes, las laderas cultivadas eran +composturas mal hechas en la naturaleza por el hombre, y arreglitos +que la echaban a perder. Entre las dos vertientes, a la orilla del +río entintado por la arcilla ferruginosa, se alzaba el edificio de +la ferrería, roja de medio abajo, de medio arriba negra, despidiendo +humo denso a todas horas; harto parecida a un monstruo iracundo, por +su respiración cadenciosa y los ruidos espantables que acompañaban +sus funciones: el bullicio medroso de la turbina en lo más hondo, +el martilleo con estridores metálicos arriba, y el soplido ansioso +del fuelle. Respiraba la ferrería, latía su sangre, daba puñetazos +continuamente sobre la materia indomable. Así lo vio Aura en su viva +imaginación. + +La casa en que moraban los trabajadores era humilde, también roja y +negra, sin más que lo preciso para que tuvieran breve descanso los +duros huesos de aquellos atletas. Una alcoba pequeña que ocuparon +las dos señoras; una grande, donde dormían todos los hombres; otra +pieza donde comían, pagaban los jornales y hacían sus cuentas, eran +las piezas altas. En las bajas, tenían la cocina, depósitos de leña +y carbón vegetal; del lingote producido, enormes piezas dobladas por +la mitad, y algunas formando lazo. Allí encontró Aura al mayor de los +primos enteramente transformado, pues las dos veces que le vio en +Bermeo iba vestido de señor con bastante desavío, y en Lupardo cubría +todo su cuerpo con un largo camisón de lienzo veteado de negro y rojo, +mena y humo, los brazos arremangados, los pies en almadreñas, la +cabeza descubierta. Era el más alto de la familia, y el menos guapo de +rostro, de pocas carnes, seco, acerado. Su rostro revelaba cansancio, +resignación honda de todas las facultades ante la pesadumbre del deber, +quizás desconfianza del éxito. Se parecía bastante a Zoilo, siendo este +hermoso y José María no. Su actividad no era vertiginosa, como la de +_Churi_ y Zoilo, sino reflexiva, paciente, llegando hasta una tensión +increíble. + +Prefería Sabino el trabajo directivo al material; era menos forzudo que +sus hijos, los cuales, a excepción de Martín, habían heredado de su +madre Zoila Maruri la constitución hercúlea. De esta señora se decía +que si no la hubiera matado el cólera, habría vivido un siglo. Su +madre y su abuela vivían aún, en Mundaca; contaba la primera ochenta +años, y la segunda ciento dos. Pues su Sabino tenía especial acierto +para organizar el trabajo de los demás, y daba sus órdenes de un modo +paternal, persuasivo, sin gritos ni alboroto alguno. En cambio, Zoilo +era todo viveza, todo ruido y alegría; desde el punto y hora en que +Aura llegó a la ferrería, se multiplicaba en el trabajo, y redoblaba +hasta lo increíble la cháchara y gorjeos de su alborozo juvenil. Coplas +castellanas y vascuences salían sin cesar de sus labios; los rizos que +ornaban su frente parecían, en manos del viento, aureola de salvajes +crines. Su rostro era una paleta en que dominaban el rojo y el negro, +mezclados y revueltos por el sudor copioso; la blancura de sus dientes +y el carmín de sus labios brillaban con colorido picante en medio de +tanta suciedad; sus manos tiznadas eran manos de un diablo que se +ocupara en los menesteres más bajos del infierno; su gala era ser +negro, y en los febriles accesos de júbilo cogía tizne con los dedos +y se pintaba rayas en la frente y brazos. Renunciando a todo calzado, +lo mismo chapoteaba en el fango que las lluvias acumulaban junto a los +montones de mena, que en las verdosas aguas de la presa. Para secarse +restregaba los pies en el polvo de carbón: hacía esto, según decía, +para sacarse lustre a las botas. Iba de una parte a otra saltando, +aunque transportara grandes pesos. Acudía más pronto que la vista a +donde se le llamaba, sin repugnar ninguna faena por difícil y enojosa +que fuese; su ardor era el asombro de todos, y no se le reñía más +que por lo mucho que alborotaba y por sus expresiones incongruentes, +pues no había que chillar tanto para hacer bien las cosas. Al llegar +la hora de la comida, y tomar su asiento en la humilde mesa sin +manteles, hacía, sin melindres, desmedidos honores a la pitanza, con +gran contentamiento de Aura, que gozaba y reía viéndole comer, por lo +cual extremaba él su apetito sin incurrir en la fea glotonería. Después +de la cena, Sabino les convocaba en torno suyo para rezar el rosario +y dar gracias a Dios, con jaculatorias de su invención, por la salud +que disfrutaba toda la familia, para pedirle que esta recogiese el +fruto de tanto trabajo, y que se acabara pronto la guerra. Terminadas +las devociones, se acostaban todos. Zoilo tardaba en dormirse, +porque su cerebro era una devanadera en que sin cesar envolvía hilos +interminables: amor, esperanzas, proyectos, palabras que pensaba decir +a Aura, palabras que, a su parecer, esta le diría. Cuando sentía que su +padre y su hermano dormían, se echaba del camastro donde reposaba medio +vestido, y se iba al otro lado de la habitación, acurrucándose junto a +un tabique desnudo y frío. Allí se pasaba otro rato devanando sus hilos +con la más pura espiritualidad, y antes de dormirse daba repetidos +besos al tabique. Al otro lado, en la próxima estancia, dormía la niña +bonita. + +Ningún mal pensamiento oscurecía el cielo purísimo de aquella pasión, +toda nobleza y frescura infantil. Era Zoilo un hombre hecho y derecho, +pues ya había cumplido veintidós años; pero su pasión le reverdecía la +niñez con todas las candideces deliciosas de esta, con sus ensueños +y la facilidad increíble para ver trocadas en realidad las cosas más +absurdas. No carecía de estudio su candorosa travesura, pues bien +seguro estaba de que su ardor infatigable en el trabajo, su ligereza +gimnástica, el comer mucho, el hablar cantando, el cantar riendo y +otras extravagancias agradaban a la señora de sus pensamientos. En +esto no se equivocaba. Con penetración de enamorado descubría en los +ojos y en la sonrisa de Aura una complacencia y gusto muy singulares +al verle hacer cosas tan contrarias a la compostura. Empleaba, pues, +el chico un original resorte de agrado que podría muy bien llamarse +la contracoquetería, consistente en aplicar a su persona todas las +reglas opuestas a las de la vulgar presunción. Adivinaba, veía, mejor +dicho, que era más hermoso cuanto más libre en el vestir, dentro de +la decencia, y que no le querían conforme al patrón de los señoritos +atildados. + +Más elegante sería cuanto más se pareciese al aire, a las olas, a los +pájaros. Esto no lo razonaba, lo sentía, acariciando un vago propósito +de dejar de ser pájaro y ola cuando las circunstancias le indujeran a +ser hombre verdadero, y hasta hombre _fino_, si fuese menester. + +El trabajo de la ferrería era muy duro: lo hacían exclusivamente José +María, Zoilo, _Churi_ y dos guipuzcoanos contratados: vestían todos, +menos Zoilo, largos camisones de lienzo. El capataz o jefe de la tarea +era designado con el nombre vasco de _arotza_. Llamábanse _fundidores_ +los que aplicaban el fuego a la primera materia para obtener el hierro, +operación que se hacía en un hoyo revestido de ladrillo, donde metían +el mineral y gran cantidad de carbón. Sabino, José María y uno de +los guipuzcoanos eran muy expertos en apreciar el grado de ignición +y el temple necesario. Cuando estaba el mineral al rojo, formando la +pasta o _zamarra_, comenzaba el trabajo de forja, y allí era de ver +el arte combinado de los _fundidores_ y los llamados _tiradores_, que +descargaban los martillazos sobre la pieza candente, puesta sobre un +firme o yunque, que tenía por base estacas hincadas a gran profundidad. +Un agujero daba entrada al aire que arrojaban pulmones mecánicos, +movidos por la turbina. El martillo tenía por cabeza una masa +formidable de hierro, y por mango un árbol enorme, horizontal cuando +no funcionaba, articulado por su extremo. Un mecanismo rudimentario lo +movía, manipulado por los _tiradores_, mientras los otros manejaban +con grandes tenazas la _zamarra_, dándole las necesarias vueltas para +recibir por una cara y otra el golpe... Las tremendas cabezadas del +martillo batiendo la masa roja y blanda iban limpiándola de escoria, +y ajustando las moléculas de aquel hierro incomparable para todos los +usos de la agricultura y de la industria. Zoilo y un guipuzcoano solían +hacer de tiradores, mientras José María y el otro volteaban la pieza +con las tenazas. El _prestador_ era el obrero de menor categoría en +la forja; sus funciones se concretaban a preparar la comida, amasar +la borona y ponerla entre las planchas calientes, y al propio tiempo +ayudaba a los demás a cargar el horno, llevando espuertas de mena. +De _prestador_ hacía comúnmente _Churi_, que guisaba muy bien, sin +perjuicio de ayudar como el primero en el transporte del material y, +en dar fuego a la hornilla... Quemar mucha leña, atizar candela era su +mayor goce. + + + + +XX + + +Comían ordinariamente caldos de habas secas con cecina, borona y buenos +tragos de chacolí. Al comienzo de la campaña mataban una res, cuya +carne salaban y ponían después al humo. En los días en que Prudencia +y Aura aportaron por allí, mejoró un poco la mesa de los cíclopes de +Lupardo, porque la señora de Negretti había llevado un par de cestos de +provisiones, entre las cuales sobresalía por su magnificencia un pan de +trigo de cuatro libras; lo demás era una gallina asada, patatas, fruta +seca, huevos y pasta de tomate en botellas, de industria doméstica. +Esto fue lo único que pudo traer de Bermeo, donde ya escaseaban las +provisiones de un modo alarmante, pues los arrieros que llevaban pan +de Vitoria una vez por semana, iban ya rara vez; solo abundaba la +merluza, que en aquella época del año, por preocupación incomprensible, +era desestimada, y se vendía a ochavo la libra. Prudencia había +hecho un riquísimo escabeche, que llevaba en orzas grandes bien +acondicionadas. + +Con estas viandas, hubo proporción de celebrar en Lupardo verdaderos +festines, de que participaban los guipuzcoanos, estimando estos como +bocado exquisito el pan de trigo que no habían catado en meses, y que +Prudencia repartía en discretas raciones. Y por contra, Aura gustaba +con preferencia de los caldos de habas con cecina y de la borona; no +hay que decir que Zoilo, por agradarla, consumía porciones monstruosas +de aquel grosero alimento. + +Hubiérale gustado a la niña bonita poner también sus manos en aquel +rudo trabajo del hierro; pero como Prudencia la vigilaba, manteniéndola +dentro de su jurisdicción de señorita fina, y no hallaba ocasión de +echarse a la cabeza una pesada cesta de mena para descargarla en el +horno. Ya que no podía trabajar, se arrimaba lo más posible a la forja, +sin miedo al calor intenso, sin reparar que se le sentaba en la piel +del rostro el rojo polvillo del mineral. Si tuviera espejo, habríase +visto trocada en figura egipcia, por el encendido color de cerámica +que lucía como proyección de un incendio. Su belleza era entonces más +para que la gozaran los dioses que los pobres humanos, estragados por +el convencionalismo estético y las falsas artes de la presunción. Con +el criterio vulgar de estas juzgaba Prudencia el nuevo cariz de su +sobrina, diciéndole: + +—¡Ay, hija, estás hecha una visión! Gracias que no hay aquí gente que +te vea. ¡Lo que pareces con esa cara tan _abochornada_! ¡Cuándo querrá +Dios que nos vayamos a Bilbao para que te adecentes! + +No debía esperar mucho la señora para ver cumplidos sus deseos de +adecentar a la niña, porque una tarde, cuando no llevaban cinco días de +estancia en Lupardo, llegó Martín en un caballejo, y tuvo con su padre +un vivo diálogo, del cual había de resultar la suspensión del trabajo +de la ferrería. + +—Padre —decía el joven, que a las primeras palabras planteó la +cuestión—, esto no puede ser. En Bilbao nos critican porque mientras +todas las ferrerías de Vizcaya suspenden, la nuestra sola trabaja. ¿Y +por qué? Porque trabaja para ellos, para los carlistas, y de aquí sacan +el material de guerra con que quieren asesinarnos. Esto no puede ser. +Yo he corrido a avisarle para que se entere de lo que por allá dicen +y piensan. Antes que le hagan parar a la fuerza, suspenda el trabajo +por su determinación. Considere que somos bilbaínos, y que tenemos que +vivir con la opinión y con los sentimientos de nuestro querido pueblo. + +Algo tuvo que remuzgar Sabino; pero cedió al cabo ante los expresivos +argumentos de Martín. + +—Soy miliciano nacional; a gala tengo el pertenecer al cuerpo que +defiende la sagrada villa, y no puedo en ningún caso discrepar del +parecer de mis compañeros. + +Lo mismo opinaba Valentín. No convenía, pues, a la familia, por la +índole y el estado de sus negocios, divorciarse de la opinión del +pueblo, donde dominaba el espíritu de resistencia implacable. Bilbao +sería un montón de ruinas antes que consentir que pisara su suelo +Carlos V. O morir todos, o defenderse hasta la desesperación. Ya era +seguro que reunían sus batallones y se repostaban de artillería y +balas para poner cerco a la capital, decididos a conseguir lo que +no pudo Zumalacárregui. No dejaron de hacer su efecto en el ánimo +de Sabino estas razones, pues si bien no sentía maldito entusiasmo +por la causa liberal, érale imposible sustraerse a la solidaridad +bilbaína, no solo por amor al pueblo natal, sino por la influencia +que sobre él ejercían su hermano y su segundo hijo. En otra ocasión +habría tenido sus dudas, pues del campo carlista le tiraban amistades +de gran fuerza, y le seducía el carácter de religioso desagravio que +a su causa imprimía el pretendiente; pero ya no podía ser. Su hermano +mayor había soltado prenda por Isabel, prestándose a que le metieran en +juntas de armamento y defensa; Martín era miliciano, y ambos figuraban +como fervientes apóstoles del _Bilbao no se rinde_. Por nada del mundo +daría Sabino el triste espectáculo de aparecer en desacuerdo con los +suyos. ¡Qué horrible discordia la que hace enemigos a hijos y padres, +a hermanos queridos! No, no. Antes la muerte que ver el odio en su +familia, aunque este odio fuese político. Adelante, y allá se iban +todos bien apretaditos uno contra otro. Bilbao y la familia eran un +solo sentimiento, y al decir _Bilboko echea_ se decía lo más grato al +corazón. + +Determinose, pues, que en rematando unas piezas que estaban en la +forja, apagarían los fuegos y se retirarían llevándose todo el material +de hierro que pudiesen, pues el que allí se dejara no tardaría en ser +cogido por la facción. Logrado su objeto, y después de un rato de +plática con Prudencia y Aura, Martín se dispuso a montar de nuevo en su +caballejo, pues no podía faltar de la tienda. Prudencia le dijo: + +—Es un dolor ver a esta chica cómo se ha puesto. Mira qué cara, mira +qué manos. + +Aura reía, declarando con ingenuidad que aquella vida le gustaba, +y que no creía desmerecer de figura por haberse puesto del color +de la mena. Opinó Martín que aunque se pintara de negro-humo o de +almazarrón, siempre sería una divinidad; pero que no le correspondía +perder su aire de señorita principal; y añadió que habiendo llegado +a Bilbao la fama de su hermosura, ya había por allí muchas personas +que deseaban conocerla. La sociedad bilbaína era muy entonada. Aura +había de causar arrebato... Él se alegraría mucho de que el domingo +próximo, vestidita con su mejor ropa, fuese a ver desfilar la Milicia +Nacional, cuando iba a misa a Santiago. Después tocaba la música en +el Arenal, y allí se paseaban las señoritas con los milicianos y la +oficialidad del ejército. Dicho esto y otras cosas pertinentes a la +guerra y a la amenaza del sitio, se retiró el simpático joven en su +jaco, despidiéndose de las señoras con un afectuoso _hasta mañana_. + +Caía la tarde, y no gustando Sabino de que su hijo fuera solo, mandó +a _Churi_ que montase en su burro y le acompañara, volviendo al día +siguiente para ayudar al transporte del material. La familia iría en un +carro del país, bien aparejado, saliendo a hora conveniente para llegar +antes de anochecer. + +Mal le supo a Zoilo la disposición paterna de trasladarse a la capital, +porque en aquel salvajismo de Lupardo se encontraba el mozo en sus +glorias; y teniendo allí a su ídolo, y pudiendo tributarle ardiente y +secreto culto a todas horas, no cambiara la ferrería por el paraíso +terrenal. Y casi casi asegurar podía que a la niña tampoco le supo +bien la traslación, porque allí gozaba viendo los trabajos, y, ¡qué +demonio!, viéndole a él; allí tenían los dos por intermediarios de sus +amores, al menos por parte de él, las llamas y el calor de la forja, +el aire del soplete, y aquel campo ameno y triste, el río que mugía, +los pájaros, la mena roja y el carbón negro. Todo aquello hablaba, todo +sonreía, y era bueno y... _amigo_. + +Se desesperaba el pobre Zoilo pensando cuán árida y fastidiosa sería +la vida en Bilbao. Allá vestirían a la niña de damisela, llevándola +de visita en visita, o me la tendrían todo el santo día en la sala, +donde él apenas entraba; y si por fin de fiesta le confinaban, como +era muy de temer, en el almacén de maderas de Ripa, se divertiría como +hay Dios. En tanto, gozarían de la dulce presencia de Aura las visitas +cargantes, los señores y señoras de Ibarra, de Gaminde y Vildósola; y +para colmo de fastidio, Martín podría verla a todas horas, y él no. +Esto era en verdad peor que un castigo. Aura bajaría por las mañanas a +la tienda, y como tenía tan bonita letra, puede que Martín la pusiera +en el escritorio, a su lado, a copiar cartas y facturas, tocándose el +codo de él con el de ella... No, no mil veces: esto no lo sufría. Como +viera los codos juntos, de fijo haría cualquier barbaridad. Pensando +estas tonterías se llevó casi toda la noche, y en lo más avanzado de +ella, mientras su padre y hermano dormían, calentó con sus besos el +frío revoco del tabique. Efectuose al siguiente día tranquilamente +el apagar de hornos, la recogida de herramientas, la disposición y +arreglo de todo lo que había de quedar allí, el transporte del hierro +elaborado, y en un carro que mandaron traer de Miravalles se trasladó a +Bilbao toda la familia. + +Resultó, ¡ay dolor!, lo que Zoilo temía: que desde la noche de llegada +se vio la casa infestada de visitas, que acudían como las moscas; +señoras y señoritas pegajosas que iban a picotear, a guluzmear, y a +estarse las horas muertas en la sala. Las alabanzas a la bella sobrina +eran entusiasmas; los plácemes por tenerla allí, muy empalagosos. Zoilo +hubiera cogido un zurriago y arrojado a la calle a todo aquel señorío +importuno, que le quitaba a él su bien propio; pues con tanto mirar +a la niña, y tanto sobarla y besuquearla, colmándola de lisonjas, +se llevaban pegadas a las manos y a las bocas partículas de aquel +ser divino. ¿Qué le importaba a nadie que Aura fuese un prodigio de +hermosura? ¿Ni qué tenía que ver aquella gente curiosona, entrometida, +con que fuese huérfana, prometida de un principillo, y qué sé yo qué? +Ya se le iban atufando al hombre las narices, y le entraban ganas de +demostrar a chicos y grandes que solo a él le importaba la guapeza y +demás méritos superiores de su prima... No poco se alegró de que no +le confinaran en el almacén de Ripa, atestado de maderas, barriles de +alquitrán y brea, pues si su padre le señaló un trabajo que allí le +retenía algunas horas, las más del día estaba en la Ribera, ayudando a +Martín en el trajín del despacho. Gracias a esto podía extasiarse en su +divinidad, sin hartarse nunca. Si viéndola en el llano vestir de Bermeo +y en el desgaire de Lupardo se había enamorado de ella como un tonto, +en Bilbao, cuando se la vistieron de señorita para llevarla a misa o +al visiteo, y con los trapitos de cristianar para presentarla en el +Arenal, su tontería se trocó en locura, con hondos desvanecimientos y +accesos de rabia. + +Efecto maravilloso y estupefaciente causó Aura en la juventud bilbaína, +cuando hizo su primera salida con Prudencia y la señora y señoritas de +Gaminde en el paseo del Arenal, pues si bien la fama había anticipado +ya ponderaciones de tan singular belleza, la realidad empequeñeció la +obra de la fama, al contrario de lo que en la mayoría de los casos +sucede. Y aunque entonces, como ahora, la gallardía y hermosura +mujeril eran cosa corriente en Bilbao, el tipo de Aura, su sencillez y +majestad, las incomparables líneas de su cuerpo, su helénico perfil, y +la expresión divinamente humana de sus ojos, fueron motivo de general +admiración y embeleso. Mirábanla los hombres encandilados, turulatos +los viejos, con asombro receloso las mujeres, y no se oían a su +paso más que alabanzas. Si por una parte satisfacían a Zoilo tales +demostraciones, por otra le mortificaban horriblemente, porque de +tanto mirarla y alabarla resultaba que no era suya, sino del público. +Rondando solo, separado de sus amigos, por los bordes del paseo, tomaba +las vueltas a su prima y observaba de lejos la cara que ponían los +jóvenes, así militares como paisanos, al pasar junto a ella; o bien iba +detrás de los grupos de paseantes, tratando de escuchar lo que decían. +Las exclamaciones «¡Vaya una mujer!...», «Es más de lo que dijeron...», +«Esto ya no es mujer, es diosa» eran como otros tantos estiletes que +clavaban en su pecho. Si más que mujer era diosa, los malditos dioses +no consentirían que hembra tan superior fuese para él... Y cuando pudo +ver y oír que en un grupo de milicianos, donde iba su hermano Martín, +felicitaban a este por tener a tal beldad en su casa, y le daban +bromitas, faltó poco para que la emprendiese a bofetada limpia con +aquellos majaderos, desvergonzados... Nervioso y descompuesto, marchaba +en una y otra dirección por el círculo más excéntrico del paseo, que +era como el voltear de una noria, pensando que si hubiera pistolas +de muchos tiros, y él poseyera arma tan prodigiosa, la emplearía +bonitamente en aquella ocasión... ¿Cómo? Arreando un tiro, ¡pim!, a +todos los que al paso de Aura decían ¡ah!, ¡oh!..., y otro tiro, ¡pam!, +a los que se permitieran comentarios de la hermosura, y qué sé yo +qué..., y otro y otro tiro, ¡pim, pam!, a los graciosos y bromistas... +¡Hala!..., ¡y que volvieran por otra! + + + + +XXI + + +No le fue muy fácil a la hermosa doncella adaptarse al nuevo molde +de vida, y hacerse a tal ambiente; pero al fin hubo de rendirse al +fuero de la necesidad y de la costumbre. La estrechez de la casa, +un entresuelo sin luces en la parte interior, causábale opresión, +angustia. Mejor respiraba en la tienda, aunque en ella dejaban poco +desahogo los rollos de cabos, las piezas de lona, y los innumerables +hierros de barco que por todas partes había. Pronto se familiarizó con +el olor de alquitrán, y gustaba de bajar a la tienda, y de presenciar +las animadas escenas de la venta y compra. El lenguaje marinero la +encantaba, y la rudeza de aquellos rostros curtidos por el viento +despertaba en ella simpatía y admiración. Llamada más de una vez por +Martín para que le ayudase en el escritorio, descendía gozosa, y +copiaba facturas y cartas; después divagaba por el local, enterándose +de la extraña nomenclatura marítima. Las tardes de poco despacho, los +dos dependientes, viejos navegantes desembarcados ya por inútiles, se +esmeraban en darle lecciones. Aura les preguntaba: «¿Para qué sirve +esto? ¿Aquello para qué es?». Y ellos, bondadosos, respondían a todo, +dándole una idea de las maniobras en que habían gastado sus mejores +años. + +El escritorio era un rincón de la tienda, separado de esta por tabique +de cristales, que en tal sitio debía llamarse propiamente _mamparo_. No +había más espacio que el preciso para revolverse con estrechez entre +la mesa, con carpeta para dos personas, y el estantillo de los libros. +Dos taburetes, la menor cantidad de asiento posible, completaban el +mueblaje. Lo demás del reducido garitón lo ocupaban estantes atestados +de género, casi todo lo de pesca, paquetes de anzuelos, redes, plomos; +en otra parte, piezas de lanilla para banderas, brochas, cepillos, +defensas, y más arriba, pendientes del techo, bombillas de diferente +forma, faroles de costado, etcétera... + +Martín iba y venía del escritorio a la tienda por una puerta estrecha, +no más holgada que las que suelen dar paso al camarote de un buque de +mediana comodidad. Salvo a la hora en que le era forzoso escribir, +recorría todo el local, desde la pieza grande, que daba a la calle, +a la más interior, fin de una serie tortuosa de aposentos en que el +olor del alquitrán y la oscuridad y falta de aire remedaban el ahogado +recinto de la bodega de un barco. En lo más hondo estaban los barriles +de brea en piedra, de alquitrán, los bloques de sebo; y a lo largo de +las estancias, los rollos de jarcia formaban una estiba bien ordenada, +como sillares de una serie de columnas, dejando para el paso un angosto +callejón. Viendo cómo cortaban de los rollos pedazos de cuerda y cómo +los pesaban y vendían, aprendió Aura los nombres de las diferentes +piezas de cáñamo usadas en la navegación, y supo distinguir el +calabrote y la guindaleza de la flechadura y cabo de acolladores. Todo +lo preguntaba, y todo lo retenía en su prodigiosa memoria. + +—¿Te gusta este comercio? —le preguntaba Martín, que buscaba la manera +de echarle una flor, sin poder conseguirlo: tales eran su timidez y +respeto. + +Y ella respondía: + +—Las cosas feas se vuelven bonitas cuando vamos aprendiendo a ver +en ellas la utilidad. Esto que parece tan feo, va dejando de serlo a +medida que entendemos para qué sirve. Mira tú: yo me he criado entre +piedras preciosas. ¡Como que he jugado con ellas! ¿Pues creerás tú que +ese comercio nunca me hizo gracia? + +—Como que es un comercio que solo vive de la vanidad —dijo Martín, +henchido de satisfacción—. Las piedras son objetos de puro lujo, y +esto, Aura, esto es la vida, esto es el pan... Porque si no hubiera +barcos, fíjate bien, prima, no habría comercio, y sin comercio no +tendríamos ni camisa que ponernos, y viviríamos como los salvajes. + +Cuando entraba Zoilo y la veía sentadita en el escritorio, junto +a Martín, y él corrigiéndole las copias, para lo cual se acercaba +demasiado, juntando casi cabeza con cabeza, el pobre chico no sabía lo +que le pasaba. ¡Vaya que también esa!... ¡Y _dar la casualidad_ de que +aquel hombre fuera su hermano! Si no lo fuese, ya le habría enseñado +a ponerse a la distancia que debe guardarse entre caballero y señora +cuando no son novios. Por suerte de Zoilo, existía la guerra, que +evidentemente le favorecía. La _casualidad_ de que hubiese guerra tenía +sobre las armas a la Milicia Urbana, y a cada momento, mañana o tarde, +venía el ordenanza con avisos que hacían salir a Martín de estampía. +«Don Martín, revista a las tres... Don Martín, a las dos, ejercicio». +Y primero faltaba una estrella del cielo que dejar el joven de acudir +al llamamiento de la patria y de la libertad. Gracias a esto, Zoilo +quedábase solito con Aura, y si había venta de cosas menudas, la +enseñaba a despachar, o le daba previamente instrucciones para cuando +viniese alguien en busca de agujas de coser lonas, de hierros para +calafatear. + +—¿Para qué sirve —le preguntaba ella— este zoquete redondo de madera +con tres agujeros, que parece una cara con sus ojitos y abajo la +boca?... + +—Esto llamamos _bigota_, y sirve para las flechaduras de la jarcia. + +Seguía una larga lección de aparejo, que comúnmente Aura no entendía. +Ello es que, sin entenderlo bien, pedía la niña noticia de todo; y él, +con seriedad científica, le explicaba la aplicación de las distintas +clases de grilletes, guarda cabos y demás hierros. Le mostraba un +_rempujo_ y la manera de usarlo para coser velas, y se lo ponía y +sujetaba con la hebilla, para que se hiciera cargo de aquel _dedal de +la palma de la mano_; la instruía en el modo de calafatear, metiendo en +la unión de las tablas y apretándola bien con hierros, la filástica, +que era la estopa de los cabos inútiles... + +—Te enseñaré cómo se hace la filástica. Pero tus dedos son muy finos +para esta operación. No, no: déjame a mí. No hay más que ir abriendo la +estopa... Es muy fácil. + +—¡Vaya, con todas las cosas que hay dentro de un barco! Me gustaría +tener una fragata muy grande, muy grande. + +—Y a mí. Para ir a ver tierras tú y yo... Y luego la traíamos llena de +perlas y brillantes; cargada de piedras preciosas hasta las escotillas. + +—¡Jesús qué disparate! + +—Sí: de piedras preciosas, que, aun con ser tantas, serían pocas para +adornar tu hermosura. Di que sí. + +—¡Qué tonto! + +—Es verdad. ¿Qué son las piedras? Morralla... Para adornarte a ti no +hay más que el sol y las estrellas, con la luna en medio, y dos docenas +de rayos por cada banda. + +—¡María Santísima..., divino Dios! + +—No hay más Dios divino, ni más divinidad que tú... Yo lo digo, y aquí +estoy para sostenerlo... + +Al fin se arrancó el hombre. Entre seria y festiva, Aura le contestaba +riendo y volviendo la cabeza, burlándose un poco, o asombrándose de su +audacia. + +—Pero, Zoilo, ¿estás loco? + +—Si, sí..., me da la gana de estar loco. Es mi gusto... Como lo será el +morirme o matarme si tú no me quieres... + +—Cállate, Zoilo..., no bromees con eso... Cállate, que la tía baja... +Me parece que la siento. + +Lo que hacía Prudencia era llamarla desde lo alto de la estrechísima +escalera, más bien escala de barco, que comunicaba la tienda con el +entresuelo. «Voy, tía», gritaba Aura, mientras Zoilo, contento de haber +roto el fuego, de haber puesto fin a un mutismo que le requemaba el +alma, se decía: «Esta lagartona de mi tía Prudencia la manda abajo +cuando está Martín, para que el otro le diga cosas, y la llama cuando +yo estoy, para que yo no pueda decírselas... Ya le enseñaré yo a mi +señora tía quién es Zoilo Arratia». Y se puso a medir brazas de cabos, +que los dos dependientes iban pesando. + +Sabino y su hijo mayor se pasaban casi todo el día en el almacén de +Ripa, donde tenían gran cantidad de duela, magníficas tosas de caoba +y cedro, y una regular partida de teca y riga que no lograban vender +en aquellos calamitosos tiempos por estar encalmada la construcción de +buques. Por la noche reuníanse todos en el entresuelo de la Ribera y +cenaban juntos, comentando la guerra, llevando al seno de la laboriosa +familia ecos de la opinión del pueblo respecto a la inminencia de un +segundo sitio, más apretado que el primero. Valentín, Martín y Aura +eran partidarios de la resistencia a todo trance, y confiaban en el +éxito, movidos de la ardorosa fe bilbaína. Sabino y José María se +hacían intérpretes de la minoría desconfiada y algo pesimista del +vecindario. Temían que la villa tuviera que rendirse; no daban excesivo +valor a las bravatas de los milicianos, ni estimaban posible que la +guarnición escasa hiciese maravillas. Al primer partido, patriótico +y entusiasta, se arrimó Zoilo, afirmando que quería derramar su +sangre por Bilbao, y contribuir a la defensa con todos sus bríos. +Apoyábanle unos, otros se reían, y Prudencia declaró, siempre dentro +del sagaz criterio que le imponía su nombre, que la familia no debía +significarse toda del lado isabelino, sino dividirse en las dos +opiniones para estar a las resultas de los acontecimientos. + +—Si todos —decía— nos vamos con la Libertad, ¡ay de nosotros en el +caso de que venga la mala, y se vaya la Libertad a paseo y triunfe el +oscurantismo! + +Pero estas razones las rebatió con firme lógica y hasta con elocuencia +Valentín, sosteniendo que no era decoroso el doble juego, sino poner +las dos velas a Dios y ninguna al diablo. Dios era la Libertad. De +esta definición hubo de protestar Sabino, asentando que no había +que mezclar a Dios en cosas de política. Que se juzgase conveniente +defender la Libertad y el trono de Isabel, muy santo y muy bueno; pero +nada de meter a Dios en estos líos, porque Él no era constitucional +ni realista, sino Dios a secas, y su divina voluntad era que no se +derramase tan locamente sangre de cristianos. + +En ello convinieron todos, como también en que si a Zoilo le pedía +el cuerpo andar a tiros, se le procurase el ingreso en la Milicia +Nacional. Con gran alegría acogió esta idea el interesado, y Aura, +también gozosa, propuso que se comprara sin pérdida de tiempo la tela +para el uniforme, y que una vez cortado por el sastre, ella lo cosería +con sus propias manos, aunque tuviese que velar. + +—Ya tenemos a Periquito hecho fraile —dijo Prudencia—. Coseremos pronto +la ropita, para que pueda lucirla en la formación del domingo. + +Aquella misma noche, andaba por el comedor y los pasillos con aire +marcial. Sentía no tener listo su uniforme antes de que viniera +_Churi_, el cual se había ido en su asno a sus acostumbradas +exploraciones del país encartado o del valle de Mena, por puro vicio +de independencia, más bien de vagancia, pues ya no había para qué +traer leña y carbón. ¡Qué sorpresa le iba a dar, si cuando volviese le +encontraba en todo el esplendor y magnificencia de su facha militar! ¡Y +que no rabiaría poco al verle! Que rabiara, sí, y que se le llevasen +los demonios, en castigo de las burradas que al partir le había +dicho. De lo último que hablaron se copia lo menos violento, dejando +intraducidas y al natural las locuciones del maligno sordo. + + +ZOILO.— Estoy seguro de que me quiere... ya no pienso en matarme, sino +en vivir, en hacer cosas de mucha dignidad, en aprender todo lo que no +sé, en ser valiente, en portarme como un caballero. + +CHURI.— _Patuo_, no _cuerras_ tanto..., por detrás el pingajo te cae... +¡Qué _pamparria_ tener tú!... Eso _dite_, pues. + +ZOILO.— Hazte a un lado, zopenco. + +CHURI (_sin entenderle_).— _Prinsipe arrecho_ vendrá él, y casarse +hará con ella, y más... Al _dimonio_ tú aquí mismo, y más. Eso _dite_, +pues... ¿Qué harás si la tía _Pudrencia_ saberlo ella?... ¿Para qué es +desir? Murirte harás... Reírme yo... _dite_ qué _patuo_ eres, _patuo_ y +_parol_. + +ZOILO.— Cállate... o verás. + +CHURI.— Aura _sielo_ es, y más... Tú _sarama_... _Sarama_ al _sielo_ +subirse no hará... Con escoba que te arrecojan... + + +Ingresó Zoilo en la Milicia; hizo solemne estreno de su uniforme, y el +endiablado sordo no parecía. Quien llegó fue Negretti, en un estado +moral lastimoso, herido de cruel desengaño, renegando de la hora en +que puso su inteligencia al servicio de la _Pretensión_. Hombre de +sinceridad, reconocía su error y se lamentaba honradamente de no haber +seguido la opinión y consejos de su esposa. ¡Ay!, las mujeres suelen +tener, en asuntos de negocios relacionados con la vida social, olfato +más seguro y vista más penetrante que los hombres... Toda la familia +se aplicó a consolarle desde el primer día, rodeándole de atenciones +y cuidados, pues su salud, con tan graves quebrantos y sinsabores, +se había resentido notablemente. Hablando a solas con Valentín del +tristísimo pasado, del negro presente, y de las cerrazones del +porvenir, le decía: + +—Me siento tan abatido, tan descorazonado, que como no vengan estímulos +de fuera de mí, dudo que pueda yo sacarlos de aquí dentro. Espero que +pasen días, muchos días, a ver qué giro toma esta maldita guerra. +Y también te aseguro que solo he venido a Bilbao por tomar algún +descanso, y por el gusto de pasar unos días con vosotros antes de irme +a Francia. Aquí no me encuentro, querido Valentín; no me atrevo a salir +a la calle, temeroso de que me echen en cara el haber traído acá +pegadas a las manos las limaduras de la maestranza de don Carlos. Me +tendrán por enemigo, quizás por espía... No me conocen lo bastante para +ver en mí al obrero neutral, que sirve donde le pagan. La realidad, +las flaquezas humanas, me han hecho comprender que la neutralidad es +imposible, y por ello no se acaba esta guerra... Tesón allá, tesón +aquí... ¡Desdichado de aquel que, como yo, se ve cogido y aplastado +entre los dos tesones!... ¡Ah!, vosotros, más felices que yo, podéis +levantar una bandera, y defenderla, y hasta morir por ella... Yo no +puedo..., me he inutilizado para este partido y para el otro... Lo que +sí te digo es que ya podéis prepararos bien, porque os van a sitiar, y +con poderosos elementos. Nadie los conoce como yo... Os apretarán de +firme, y como no venga un buen ejército a romper la línea de ellos, +habréis de veros muy mal, pero muy mal, créelo. Si Bilbao no hace +una hombrada, me parece que pronto seréis vasallos de Carlos V... Es +triste; y si en mi mano tuviera yo el fuego del cielo os lo daría para +resistir. Porque... no soy vengativo, eso no, ni quiero el daño de +nadie; pero a esos, ¡ah!, a esos les deseo que se les indigeste Bilbao, +a ver si revientan de una vez. + +Los anuncios de Negretti respecto a la inminencia del sitio, se +confirmaron en los días siguientes. El 21 y 22 de octubre los carlistas +abrían trincheras en Artagán. Al otro lado del monte Archanda, sobre +el camino de Bermeo, tenían los cañones que habían de emplazar en +diferentes puntos, para dominar Begoña y Achuri. Hacia Ollargan +preparaban fuertes baterías contra San Mamés y la Concepción, y por +Sodupe disponían los ataques a Burceña y el Desierto. La situación era, +pues, gravísima. Desde las alturas de Santo Domingo y Archanda, por la +orilla derecha del Nervión, y por la derecha desde las de Ollargan, los +carlistas miraban a Bilbao en el fondo de la cazuela, y no tenían más +que alargar la mano para coger el pobrecito _chimbo_ y devorarlo. + +Y mientras a la defensa se aprestaba, más parecía la capital de Vizcaya +un pueblo en plena fiesta que un pueblo condenado a los horrores de +la guerra de sitio: diríase que se habían propuesto los bilbaínos +animarse unos a otros con enfáticos alardes de júbilo y desprecio del +peligro. Su actividad en los preparativos cobraba nuevos alientos de +aquel gozo común, de aquella confianza que o sentían o simulaban. Gran +virtud es en estos casos la ficción de entereza. Los pueblos viven del +sentimiento colectivo, y los bilbaínos supieron en tan suprema ocasión +cultivarlo, creándose previamente la atmósfera en que debían consumar +sus inauditas hazañas; atmósfera falsa, si se quiere, pero que los +hechos, la constancia y tesón de aquel divino mentir convertirían luego +en real y positiva. Y organizaban el éxito con prematuros alardes, +sostenidos sin desmayo, como papeles de una comedia heroica. Los +histriones dejarían de serlo a fuerza de fingir bien y de mostrarse +alegres cuando la realidad les imponía la tristeza. Era un pueblo de +imaginativos, y los imaginativos que proceden con intensidad en su +labor psicológica, acaban por crear. + + + + +XXII + + +Bien se comprende que en esta organización previa del éxito por la +fanática confianza del pueblo en sí mismo, tenían la mayor parte las +mujeres, y entre estas, las jóvenes trabajaban más que las maduras en +la composición de la atmósfera marcial. Las señoras y señoritas de la +clase mayorazguil, las del patriciado comercial, las de menestrales +y tenderos, eran la nube en que se formaban aquellos elementos de +extraordinaria eficacia, de donde luego tomarían el rayo los hombres. +El fuego lo hacían ellas. Ejemplo de esta elaboración de coraje ofrecía +la hermosa Aura, que ligada ya por lazos de amistad con las niñas de +Gaminde, con las de Orbegozo y otras de la villa, se pasaba todo el +día picoteando en círculos femeniles acerca de lo que se hacía en las +fortificaciones, de la distribución y destino de las piezas, de lo que +hacía y pensaba el gobernador don Santos San Miguel, de lo que disponía +el Ayuntamiento con los corregidores de Albia y Begoña, y comentando +los planes del brigadier de ingenieros don Miguel de Arechavala, lo que +preparaban la Junta de armamento y defensa, la Diputación, y el verbo +coronado. Todas ellas tenían el hermano, el primo, el novio, en la +Milicia Urbana; los padres de unas pertenecían a la Junta de armamento; +los de otras a la Diputación. Sabían, pues, todo lo que ocurría, y lo +que no sabían lo inventaban, sin darse cuenta de su fecundísimo numen +militar. Tan pronto se pasaba Aura la tarde en casa de las de Gaminde, +calle del Víctor, como en casa de las de Busturia (Artecalle), o bien +asaltaban todas el domicilio de Arratia, y aquí y acullá, sus manecitas +diligentes trabajaban sin descanso, con más gozo que en los aprestos +de un baile, en la tarea lindísima de coser sacos de lienzo para los +parapetos, en vaciar colchones para llenar sacas de lana, en disponer +las camas para los hospitales de sangre, y en hacer hilas, aunque esto +no les parecía lo más urgente, porque antes que hubiera heridos tenía +que haber baluartes y defensas; y las banderas debían ser muy vistosas; +y todo lo que significase triunfos de la Libertad y palos al carlismo +había de obtener la preferencia; las hilas y vendajes, que los hiciera +el enemigo, como más necesitado de tales remedios. + +Zoilo, una vez metido de hoz y de coz en la vida militar, hizo nuevos +conocimientos con señoritos de las primeras familias, y apretó más el +lazo de sus antiguas amistades. Destinado a la cuarta compañía del +primer batallón, eran sus compañeros inseparables Pepe Iturbide, hijo +del polero que tenía taller de motones, patescas y cuadernales junto +al almacén de los Arratias en Ripa, y Víctor Gaminde, hermano de las +señoritas con quienes había hecho Aura tanta intimidad. Comúnmente iba +con su amigo a casa de este, cuando quedaban francos de servicio, y +allí se encontraba a su ídolo, que ansiosa le preguntaba: + +—¿Dónde has estado hoy, primo? ¿Qué hay? ¿Qué has visto?... Cuéntanos. + +—Pues por la mañana se ha trabajado en el fuerte del Morro, en Achuri, +donde hemos puesto dos cañones más, y tres que había, cinco, que harán +polvo todo el tinglado que están armando ellos más arriba. En Artagán +tenemos cuatro piezas, di que cuatro infiernos, que arrasarán cuanto +ellos se traigan por Santo Domingo y por Matalobos. Por la tarde hemos +trabajado en San Agustín, donde hay una pieza de 36, más grande que +este cuarto, y dos de 24, que da gusto verlas, y otras dos, y un obús +que, cuando escupa, ya verán ellos lo que es canela. Dicen que mañana +vamos a Sabalbide y a la batería de la _Reinaga_, donde pondremos sin +fin de cañones que echarán el fuego más allá de Begoña. No deseo más +que empezar para que vean cómo barremos para afuera. ¿Crees tú que no? + +—Yo sí; yo creo que les barreréis, que no quedará uno para contarlo. + +Y acompañándola después a casa, con su hermano José María y una señora +tía de las de Gaminde, que iba a pasar un rato con Prudencia, de quien +era amiga de la infancia, hablaron los dos cuanto quisieron, porque +José y la señora mayor, que era muy pesada, iban detrás, y ellos con +juvenil ligereza se adelantaron. + +—Aura —dijo Zoilo con grave acento—, no quiero más sino que _den el +primer toque_, para que veas tú de lo que soy capaz. ¿Qué tienes que +decirme a esto? + +—No digo nada, Zoilo. Yo quiero que seas valiente... Me gustaría mucho +que te celebraran y te pusieran en las nubes. + +—¿Y si me celebran y me ponen más arribita de las nubes? + +—Me alegraré mucho, créelo. + +—Yo quiero que se diga que el más valiente defensor de Bilbao es +uno..., uno que a ti te quiere, que te quiere más que a su propia +vida... Y dirán: «¡Dichosa ella, que la quiere el más valiente de +Bilbao!». + +—Bien, _Zoiluchu_... Si me lo dicen, me alegraré... Falta que seas tan +animoso de obra como de palabra. + +—Tú lo verás... Di que empecemos pronto... Que haya tiros, que lluevan +granadas y bombas deseo yo, y que tengamos que ir contra ellos a pecho +descubierto... Ya me cansa tanto preparativo. Hacer fuego y atacar a la +bayoneta, mándeme pronto... Lo mucho que te quiero me ha de salvar de +la muerte. Con decir «Aura, mi Aura me favorezca», no habrá bala que se +atreva conmigo... Pero si no me quieres, las balas no me respetarán; +di que no. + +—No seas tonto. ¿Qué tienen que ver las balas con el cariño? + +—Sí tienen que ver, di que sí. Yo estoy seguro de que diciendo: «Aura +me ama; atrás, fuego de pólvora», no he de tener ni un rasguño. Y si no +lo crees, lo verás, y lo creerás. Quiéreme, y dime dónde hay siete mil +serviles para ir solo contra ellos, solo yo. + +—¡Jesús, qué locura! + +—No, no te rías... Tú pídele a Dios y a la Virgen que empecemos de una +vez... Que rompan ellos contra nosotros, que escupan, y ya subiremos +nosotros a taparles las bocas, y a meterles el hierro en las barrigas. +Yo me consumo esperando, esperando. ¿Por qué no rompemos, con cien mil +gaitas? + +—Pues ya tengo curiosidad de saber en qué paran todas esas valentías +tuyas. También quiero que rompan. Esto es hermoso. Un pueblo chiquito, +metido en un hondo, defenderse contra tantos miles de hombres furiosos +que le tiran desde las alturas. ¡Cosa magnífica, Zoilo; cosa sublime! +Yo quiero verlo... ¿Me contarás todo lo que veas? + +—Todo, todo te contaré, y tú me querrás, di que sí. + +—No seas fastidioso... Ya sabes que no puede ser. Yo te quiero, porque +eres mi primo; pero otra cosa no... Eres un buen chico, que puedes +llegar a ser un gran hombre. ¿En qué serás gran hombre? Yo no lo sé: +tal vez en el comercio, tal vez en la industria..., ¿y quién dice que +no lo serás en la milicia? + +—Yo seré lo que tú me mandes. ¿Que me aplique a la milicia y que llegue +a general, quieres tú? + +—¡Jesús y María..., tan pronto! + +—Si la guerra sigue, hazte cuenta... Yo seré lo que tú mandes; pero no +me digas que no puedes quererme. Si me quieres, si me crees digno de tu +amor, ¿por qué me lo niegas? ¡Buena tonta serías si me despreciaras a +mí por uno que no ha de venir! + +—Yo no te desprecio, _Zoiluchu_. + +—Pues quiéreme..., verás qué valiente... ¿Qué cosa levanta más al +hombre que el valor? + +—Realmente... el valor es más que nada. + +—Pues yo soy tuyo, y todo mi valor es tuyo, y lo que yo hiciere gloria +tuya es, porque yo, si no te quisiera, sería muy cobarde, y me metería +debajo de una mesa. Pero del quererte sale que yo desee subirme hasta +las estrellas. Igualarme a ti, concédame Dios. Ya verás luego... Espera +un poquito. + +—No, si yo espero... Ya ves que me paso la vida esperando. + +—Esperando por otro lado lo que no ha de venir..., y aquí estoy yo para +que no esperes más tiempo... Una batalla dame, y verás. + +—¿Pero yo cómo te he de dar una batalla? + +—Diciendo que me quieres. Se me ha metido en la cabeza que si me +dices eso, en el momento de decírmelo estallarán en esos montes, y +en aquellos, y en los de más allá, todos de una vez, ¡_brmm_!, los +cañones carlistas. + +—¡Ave María Purísima! + +—Sin pecado concebida. Lo que es natural, Aura, tiene que venir. Lo +natural es que tú me quieras y que los carlistas ataquen. + +—Claro: tú llamas natural a lo que deseas. Pues a mí todo lo que deseo +se me vuelve sobrenatural. + +—Porque no haces caso de mí, que soy lo natural, Aura; fíjate... ¿Pues +qué soy yo más que lo natural? + +No pudieron decir más. En la puerta de la tienda encontraron a Martín, +que les dio la noticia de la llegada de _Churi_, magullado, hecho +una lástima, y además sin burro. Le habían hecho acostar; pero al +anochecer, cansado de estar en la cama, se lanzó a la calle, corriendo +a curiosear en los puntos fortificados. Se anticipó la cena de Martín +y Zoilo para que volvieran a sus puestos, el uno en el Morrillo, el +otro en Solocoeche. Habría querido su padre que estuviesen en la +misma compañía, a fin de que se prestaran auxilio en algún aprieto +y cuidasen el uno del otro; pero no había podido ser. En la casa +todo era tristeza. Sabino, que dirigía el rezo doméstico, agregó al +rosario de costumbre infinidad de preces, recitadas unas, leídas otras +devotamente, de rodillas, en un libro piadoso. Todo era por impetrar +del Señor que pusiese fin a la guerra entre hermanos. Y tan largo fue +el rezo, que cuando se pusieron a cenar ya estaban desfallecidos. + +¡Terminar la guerra por intercesión divina! Ya, ya; bonita terminación +se preparaba. A fe que soplaban vientos de paz. Desde el amanecer de +Dios empezaron los carlistas a largar bombas y granadas sobre la pobre +villa. La plaza les contestaba en toda la línea de fortificaciones, +desde Achuri a San Agustín, y desde Ripa a San Francisco. El día fue +de alarma, aunque no tanto como el siguiente. En casa de Arratia +hallábanse solas las mujeres y Negretti, que forzosamente retenido +en Bilbao por el sitio, no salía de casa, permaneciendo en un cuarto +interior entregado a estudios y cálculos de mecánica. Algunas señoras +de los pisos superiores bajaban al entresuelo, y cuando apretó el +miedo, porque se dijo que habían caído bombas en la calle Somera y en +Artecalle, bajáronse todas a la tienda, donde se creían más seguras. +Ignorantes de lo que ocurría estuvieron hasta que, muy avanzada +la noche, llegó Valentín a referirles que la defensa había sido +brillante. Sabino había ido hacia Sabalbide, donde, según le dijeron, +estaba Martín, y José María funcionaba en el hospital de sangre de la +Concepción como individuo de la Junta de Socorro y Sanidad. + +—¿Quién va ganando? —preguntó Negretti, que solo por satisfacer esta +curiosidad asomó a la puerta de su cuarto. + +—¡Hombre, qué pregunta!... Nosotros —dijo Valentín. + +Ildefonso pareció complacido, y volvió a engolfarse en su tarea, +mientras su cuñado explicaba a las mujeres de la casa y a las vecinas +allí congregadas los combates de aquel día en los diferentes puntos de +defensa. En todos demostraron los bilbaínos tanta serenidad como valor. +Las bajas no eran muchas, y los serviles no habían avanzado un palmo de +terreno. + +El siguiente día fue de grande ansiedad para los vecinos de aquella +parte de la Ribera, porque a las primeras horas de la mañana se +procedió a levantar un parapeto y barricada en la esquina del teatro, +y trajeron un cañón grandísimo para hacer fuego desde allí contra +las posiciones carlistas de Uribarri. En medio de alegre bullanga y +animación, lleváronse adelante los trabajos toda la mañana: chiquillos, +viejos y algunas mujeres ayudaban a llenar sacos de tierra, mientras +los soldados y milicianos desempedraban la calle. Todo se hizo +rápidamente. Cuando empezaron a disparar, retumbaban los tiros en la +casa de Arratia como si se viniera el mundo abajo. Guarecidas las +mujeres en lo más hondo de la tienda, de allí no se movieron hasta que +cesaron de oír disparos cercanos. Negretti continuaba en su aposento +del entresuelo, paseándose inquieto y nervioso. Al oír un zambombazo +decía: «¡Esa es buena..., a ellos!...», y vuelta a revolverse y a +suspirar fuerte, pasándose a cada instante la mano por la cabeza, a +contrapelo, cual si quisiera hacer de esta un perfecto escobillón. Su +mujer quería llevarle a la tienda; pero se resistía, asegurando que +la casa era sólida: lo más que podía ocurrir era que se hundiese el +tejado. Dos días pasaron en esta situación, sin que ninguno de los +Arratias pareciese por allí. Temían que Valentín, dejándose llevar de +su temple fogoso, se lanzara al combate. Una vecina dijo que le había +visto pasar al frente de una partida de paisanos que iban con picos +y palas corriendo hacia el Arenal, donde también estaban emplazando +piezas. Esta noticia las tranquilizó; y por la noche llegó Sabino, +¡gracias a Dios!, con nuevas felices de todos menos de _Zoiluchu_. +Valentín, después de haber trabajado como un negro, estaba en el +Consulado, donde se reunía la Junta de armamento. José María había +pasado del hospital de Bilbao la Vieja al de Achuri; Martín quedaba en +Solocoeche sano y salvo, y de Zoilo no se sabía nada. Probablemente +continuaba en el fuerte de Mallona. A _Churi_ le había encontrado +trabajando en la barricada de la Cendeja. + +—¿Quién va ganando? —preguntó Negretti, entreabriendo la puerta de su +escondrijo. + +—_Estos_, replicó Sabino. + +Y como en aquel punto entrara Valentín y oyese, subiendo la escalera, +el _estos_ pronunciado por su hermano, gritó con fuerza y entusiasmo: + +—¡_Estos_ no; _nosotros_, nosotros! + +Aunque a media noche llegó Martín con la referencia de que Zoilo estaba +vivo y sano en el fuerte de Mallona, no acabaron de tranquilizarse, +pues su hermano no le había visto... Venía el pobre muchacho +fatigadísimo, desencajado; el pundonor, más que el marcial denuedo, +le sostenía, aunque se hallaba dispuesto a volver a empezar en cuanto +se lo ordenasen. Su lividez, el desmayo de su cuerpo aterido, el +sobresalto de su mirar, pedían tregua para reponer la enorme dosis de +coraje y entusiasmo gastada en las últimas lides. + +—El deber, hijo, el deber ante todo —le dijo su padre, acariciando el +libro de rezos—. Cumplamos con lo que nos pide el honor de nuestro +pueblo, y Dios dispondrá lo que nos convenga a todos. ¿Que dispone +triunfar? Pues triunfemos... ¿Que dispone morir? Pues muerte. + +Valentín se había lanzado ya a un formidable ataque contra la cena, +ya medio fría, que Aura ponía en la mesa. Martín le secundó con brío, +y ambos anunciaron su intención de posponer el rezar al comer. Tomó +Negretti en silencio algunas cucharadas de sopa, sin poner atención a +nada de lo que se decía, y Prudencia se extremaba en las órdenes que +daba a su sobrina para cuidar y atender a Martín. + +—Sí, tía —dijo Aura—, no me olvidé de guardarle el medio pollo. Lo he +puesto a calentar. Ahora lo traeré. + +Y sirviéndoselo, le decía cariñosa: + +—Come, pobrecito. Tranquilízate... ¿Has hecho mucho, mucho fuego? ¡Qué +sería de Bilbao sin los hombres valientes!... De fijo que _Zoiluchu_ +habrá hecho alguna calaverada..., alguna barbaridad... + +—Es tan arrojado —dijo Valentín—, que me temo que sus bravuras le +cuesten caras. + +—Pero no hay que temer —añadió Prudencia—. A ese no le parte un rayo. + +Martín no dijo nada: comía en silencio, con la avidez de reparación de +la materia egoísta. La entrada de _Churi_ renovó en todos la inquietud +por Zoilo. Observando la cara sombría del sordo, temían que fuese +portador de alguna mala noticia; pero a las interrogaciones que le +hicieron, harto expresivas sin necesidad de usar la palabra, contestó +con desabrimiento: + +—¿Yo qué saber? Diecisiete muertos de Mallona sacar... Yo verlos. No +estar Zoilo; ningún muerto de los diecisiete es él mismo... Más no sé... + + + + +XXIII + + +No se conformaba Aura con ignorar la suerte del menor de sus primos, +y en la mañana del 26, a cuantos entraron en la casa preguntaba si +sabían algo, si habían visto los muertos de Mallona. Nadie le dio +razón. Todo aquel día, que lo fue de grande inquietud, porque en él +dieron las compañías carlistas llamadas de _argelinos_ un terrible +asalto por Mallona, no llegó a la casa de Arratia noticia alguna de +los hombres de la familia. Por la noche, sabedoras Aura y Prudencia +de que a Víctor Gaminde le habían llevado herido a su casa, fueron +corriendo allá. Prudencia no quería más que informarse y comadrear un +poco, y dejando allí a su sobrina, se volvió para que Ildefonso no +estuviera solo. Vio Aura al joven herido, y a la familia consternada: +las hermanitas lloraban; la madre no sabía qué hacer, y el padre, don +Francisco Gaminde, persona en quien la bondad no excluía la entereza de +carácter, sonreía con heroico dominio de sí mismo, asegurando que el +puntazo del niño no era de muerte; le curarían, le darían buenos caldos +para reponer la sangre perdida, y «¡hala, otra vez al puesto! Bilbao no +quiere gallinas, sino buenos gallos con espolones». Todo se reducía a +un desgarrón de bayoneta en el costado derecho, rozando las costillas. +Hilas, esparadrapo, y a los tres días ya podía coger otra vez el chopo. +También él lo cogería si fuera menester... Y en último caso, antes +que consentir que el absoluto entrase en Bilbao, hasta las niñas, las +bravas bilbaínas, tendrían que ir al fuego. + +Conservaba el herido su buen humor, y no estaba conforme con que +le metieran en la cama. En esto entraron dos de sus compañeros, y +alegrándose mucho de verles, se lamentó de no poder estar enteramente +curado al siguiente día, para volver allá. No había acabado de decirlo, +cuando entró un tercer miliciano, manchado de sangre, la cara negra, +de humo, de tizne, del oscuro fango de las baterías: era Zoilo, el +mismísimo Zoilo, pero en tal facha que Aura tardó en reconocerle; +parecía más delgado, más alto..., ¡qué cosa tan rara!..., era otro..., +no, no..., el mismo en espíritu; pero más estirado de cuerpo, ahuecada +la voz, enflaquecido el rostro. A pesar de estas novedades _de +aspecto_, bien se le reconocía en el mirar grave, en la arrogancia de +su actitud sin asomos de fanfarronería, en el aplomo con que presentaba +su rudeza ante personas finas de uno y otro sexo, no dejándose vencer +de la cortedad. No había concluido de saludar a todos los presentes +y de estrechar la mano de su amigo, cuando llegó presuroso Valentín, +encargado de comunicar al señor Gaminde acuerdos importantes de la +Junta, y de rogarle en nombre de sus compañeros que fuese al instante a +donde estaban reunidos. Entre el cúmulo de asuntos diversos que, este +y el otro, reunidos al acaso, expresaban con conceptos tan diferentes, +descolló un instante la voz del miliciano herido, diciendo: + +—Los héroes de Mallona han sido dos... el pobre Mendiburu, y otro +que está presente. Cuando los primeros veinte argelinos entraron por +la brecha, más parecidos a fieras que a hombres, cinco de nosotros +se abalanzaron a ellos... De esos cinco, tres se quedaron a media +distancia; dos solos avanzaron resueltos. De los dos, Mendiburu cayó +muerto; el otro está vivo, y es este _Luchu_ que ven ustedes aquí. Tras +el muerto y el vivo corrimos los demás... No sé cómo fue aquello..., +un milagro, un sueño..., no sé... Aún tengo dudas de que vivamos los +que vivimos, y de que quedaran en tierra destripados no se cuantos +argelinos... Ni sé cómo pudo pasar lo que pasó..., no sé, no sé... + +Manifestó Zoilo, ante el relato de su hazaña, una calmosa modestia, sin +hipócritas denegaciones ni alardes vanidosos. Su tío Valentín le dio +una bofetada de cariño y tres besos que parecían mordidas, gritando: + +—¡Si es Arratia, bilbaíno de las Siete Calles!... y no hay más que +decir. + +Gaminde, sin extremar la admiración, pues tales hechos debían +considerarse, según él, como cumplimiento estricto del deber, no dijo +más que: + +—Bilbao está lleno de estos cachorros, que saben cumplir. ¡Cualquier +día entran aquí los _absolutos_! Vámonos, Valentín. + +—Vámonos —dijo Arratia a su sobrina—, que es tarde. Al pasar te dejaré +en casa. + +—Vámonos, _Luchu_. Vente a descansar —dijo la niña al heroico joven. + +Y eslabonándose unos a otros con aquel _vámonos_, salieron en cadena +los cuatro. En la calle, se adelantaron prima y primo; detrás, las dos +personas mayores hablaban de cosas graves. + +—¿Es verdad que has hecho lo que cuenta Víctor? —preguntó la doncella. + +—Di que nada... —replicó el mozo muy serio—. No me alabo yo de cosas +que valen poco. + +—Has sido muy valiente... no lo puedes negar. + +—Más habría hecho si me dejaran... Pero no le dejan a uno. ¡Qué rabia! +Si los demás hubieran querido, salimos, y no queda un argelino para +muestra. + +—Has sido muy valiente —repitió Aura, parándose y mirándole a los ojos. +Los de ella resplandecían de júbilo. + +Valentín y Gaminde se habían quedado muy atrás. + +—No lo dude usted, don Francisco —decía el primero—. Es noticia +auténtica. La han traído dos artilleros facciosos que se pasaron esta +noche. + +—Pero no es creíble... + +—Pues créalo usted. Levantan el sitio. No tienen municiones. Las que +han repartido hoy son las últimas. + +—No nos caerá esa breva, Valentín. + +—Además, hay piques entre ellos. Villarreal y Simón de La Torre están a +matar, y este se retiró hacia Munguía, negándose a obedecerle. + +—Eso lo creo; pero no que se retiren. + +—¡Que levantan el sitio, don Francisco! + +Al decir esto se aproximaban a la otra pareja, y Zoilo pescó el +concepto «levantar el sitio». No pudo expresar la rabia que esto le +produjo, porque llegaron a la tienda, y se vio rodeado de su padre, +hermano y tía, que por su vuelta le felicitaban cariñosos. Valentín y +el señor Gaminde siguieron hacia San Antón, mientras Zoilo, subiendo +de mala gana al entresuelo, viose obligado a contestar a mil preguntas +impertinentes. Él no había hecho nada de particular: no le hablaran, +pues, de hazañas ni heroísmos. + +—Muy bien —díjole Sabino—: el buen soldado cumple con hacer lo que le +manden, sin meterse a farolear. Cada cual en su deber, y luego Dios +dispone. + +Aura le sacó golosinas que guardara para él, lo mejor que en la casa +había. Pero el chico, tristemente impresionado por la frase de su +tío, _levantan el sitio_, no tenía ganas de comer. La indignación, el +despecho le trastornaban. Sentía escarnecido su amor patrio, su risueña +ilusión por los suelos. + +—¡Levantar el sitio! —exclamó golpeando en la mesa con el mango del +cuchillo, cuando Aura y él se quedaron solos—. No, no: eso no puede +ser. Si se retiran, tras ellos hay que ir, y trincarles de una oreja, +¡cobardes!, y volver a traerles a las trincheras... ¡Allí..., fuego...! +¿No queríais sitio de Bilbao? Pues sitio de Bilbao... Firmes..., hasta +que no quede uno... ¡Qué rabia! ¡Retirarse cuando apenas habíamos +empezado a cascarles!... ¿Qué dices, Aura? ¿Te burlas de mí? + +—Yo no me burlo, no... Me gusta verte tan fogoso —replicó la doncella—. +Pero si ya has hecho bastante, si te has portado como un valiente, ¿a +qué quieres más gloria, tonto? + +—Yo no hice nada —afirmó el miliciano levantándose de golpe, fiero, +ceñudo—. Esos niños bonitos se admiran de cualquier cosa... Ea, no +quiero cenar. Más comida no me saques; no quiero... Me pone furioso eso +de que levantan el sitio; y de la rabia que tengo, no puedo pasar la +comida... Me haría daño; se me volvería veneno. Para mi hermano Martín +guárdala; que vendrá luego, y vendrá muy contento si sabe lo que yo +sé... Me voy a ver qué se dice. Estoy franco hasta las doce; pero no +tengo sosiego hasta que sepa si seguimos o no seguimos. ¿Tú qué piensas? + +—Pienso —dijo Aura— que sí, que levantan el sitio. + +—¡Aura! + +—Aguárdate..., se retiran para organizarse mejor, y reunir más gente +y más cañones y más balas. Cuando tengan todo eso, volverán. Se han +propuesto coger a Bilbao, y lo cogerán si tú los dejas. + +—¡Yo!... ¡Como no les deje yo!... Aura, no juegues... Si no te +quisiera, me importaría poco..., pero te quiero... Tú estás muy alta, +yo muy bajo. Para llegar a ti, no más que un caminito hay: estrecho es +y muy pendiente, formado todo de cuerpos carlistas; de cuerpos vivos, +quiero decir, tan vivos que todos se echan el fusil a la cara cuando me +ven. Pues por encima de todos esos cuerpos tengo que pasar para llegar +arriba..., y para pisar sobre ellos, y hacerles escalones míos, tengo +que matarles antes... Conque hazte cuenta... + +Aura sintió una corriente de frío intensísimo a lo largo de su +espinazo. Dando diente con diente, le dijo: + +—Se retiran..., volverán con más cañones, con más fusiles, con más +balas... ¡Pobre _Zoiluchu_! + +—No me digas ¡pobre!..., así como por lástima. Yo no soy ¡pobre!... ¿Y +por qué tiemblas? Tienes frío... + +—Sííí... + +—¿Es de miedo? + +—O de lo contrario..., no sééé... + +Retumbó en aquel instante un cañonazo que hizo estremecer la casa. Las +mujeres chillaron, y oyose la voz de Sabino diciendo que era el fuego +de la batería que _ellos_ habían armado en Uribarri. De un brinco se +abalanzó Zoilo a coger su fusil, y se lanzó a la escalera como una +exhalación, sin que su padre, ni su tía, ni la misma Aura pudieran +contenerle. De seis en seis escalones bajó gritando: + +—¡Viva Isabel... —y ya estaba en la calle cuando acabó de decirlo—: +...Segunda! + +Cañonearon toda la noche, y aunque siguieron el día 27 hostilizando la +plaza, cundía de hora en hora la noticia de que levantaban el sitio, +sin otra razón, a juicio de los bilbaínos, que el vigoroso escarmiento +que recibieron al intentar la embestida de Mallona. El 28, flojos +ya en sus ataques, empezaron a retirar alguna artillería de la que +habían armado contra Banderas, y también por la parte de Ollargan. +Al anochecer, las campanas de San Agustín anunciaron la retirada de +considerable fuerza enemiga. Entregose Bilbao a demostraciones de +júbilo; pero los muchachos no las tenían todas consigo. La pobrecita +Aura, queriendo decir a su primo una frase consoladora, había hecho +una profecía. Lo raro fue que Negretti opinaba lo propio, asegurando +secamente que volverían. Dudábalo Valentín; declaraba Sabino que sería +lo que Dios quisiese, y Martín, ávido de descanso y con vivas ganas +de cambiar el bélico ardor por la pacífica lucha comercial, presagiaba +conforme a sus deseos: + +—La lección ha sido dura, y no es fácil que vuelvan por otra. + +Como todos los puestos seguían guarnecidos, y los servicios de plaza no +sufrieron interrupción, Zoilo no parecía por su casa; según informes +de José María, trabajaba en la reparación de los fuertes de Mallona, +Circo y barranco de Iturribide, desplegando una actividad loca, pues +sus brazos infatigables no descansaban de día ni de noche, insensible +a la lluvia y al frío. Se había metido un tiempo del noroeste capaz +de apagar los entusiasmos más ardientes y de entumecer los músculos +más vigorosos. Pero al novel soldado no le importaba el temporal: sus +compañeros y los trabajadores mercenarios turnaban; él no turnaba más +que consigo mismo, y solía decir: + +—Esto es lo natural, Señor. Hago lo que debo, y debo hacer lo que +puedo. Si puedo mucho, yo me sé por qué. ¡Hala! + +Una noche (debió de ser la del 5) fue a su casa a mudarse. Aura le +encontró más enjuto, el mirar más penetrante y luminoso, los rizos de +la frente más juguetones, el rostro ennegrecido, las manos como enormes +tenazas de acero. Era la encarnación de la fuerza física, alimentada +por el horno interno, inextinguible, de la energía moral; formidable +máquina muscular movida por la fe. + +—¡Cómo acertaste! —dijo a su prima, gozoso, echando chispas de sus ojos +negros—. Vuelven... Otra vez ya sobre Bilbao. Ahora..., dos docenas de +argelinos, que me traigan. + +—Te has empeñado en ello —dijo Aura, sonriendo, mirándole a los ojos—. +Ya estás contento... + +—Di que sí... Han vuelto porque yo lo he querido, como yo sé querer las +cosas. Todo lo que se quiere con fuerza, se tiene, Aura. + +—Hombre, todo no. + +—Yo digo que sí. + +Metiose en el cuarto donde su tía le tenía preparado un buen lavatorio +y ropa limpia, y cuando salió con la cabellera húmeda, en mechones +duros y enroscados, semejantes a las serpientes de Medusa, se abrochaba +con dificultad los botones del cuello de la camisa, por causa de la +aspereza de sus dedos. + +—Aura, échame aquí una mano... + +Mientras la tía y la sobrina le pasaban los botoncitos, él en jarras, +mirando al techo, decía: + +—Ahora se verá lo que es mi pueblo... Padre, ¿no sabe? Ya no manda +Villarreal el _ganado servil_, sino el manco Eguía. A Villarreal me le +han soplado en las Encartaciones para que no deje pasar a Espartero... +¡Si serán bobos! + +—Hijo —indicó Sabino—, no califiquemos... Lo que Dios disponga será. No +sabemos nada. + +—Yo sí sé una cosa...: que Espartero pasará por encima de Villarreal, +como yo paso por encima de esa estera; y que el marqués de Casa-Eguía +entrará en Bilbao dentro de dos meses, el día de Reyes... Vendrá de +Rey Mago, montado en el burro de _Churi_, luciendo su sombrerito de +copa forrado de hule. + +—Hijo, no bromees con las cosas santas ni con los sucesos de la guerra, +que están sujetos al azar y a mil eventualidades... Yo, qué quieres, +siempre deseo la paz. A todas horas le pido a Dios... + +—¿La paz?... Pues yo la guerra..., yo le pido la guerra..., y ya ven +cómo me hace más caso que a usted. + +—Hijo, no desvaríes. No intentemos penetrar los altos designios... + +—Padre —añadió el miliciano ya vestido, ostentando su derrotado +uniforme, gallardísimo siempre—, ¿a que no sabe usted lo que dijo Dios +cuando hizo el mundo? + +—Hombre, pues dijo..., dijo..., Aura, ¿qué fue lo que dijo? + +—Pues, tío, me parece que dijo: «Hágase la luz». + +—Y la luz fue hecha. _Amén_. + +—No, no es eso... —continuó Zoilo—. Después: más acá, cuando hizo a la +humanidad. + +—Dios no hizo a la humanidad toda entera de golpe y porrazo. No seas +hereje... Dios hizo al primer hombre... + +—Y a la primera mujer, y a poco ya estaba hecha la humanidad. Pues +cuando Dios tuvo formada la humanidad, dijo: «¡Fuego!...», que quiere +decir: «Hágase la guerra». + +Cenaron sin Negretti, que, melancólico y enfermo, no salía de su +cuarto; Martín y Valentín cenaban con sus amigos los de Vildósola; +_Churi_ se había largado a pescar su burro... que se le cayó al mar en +aguas de Ontón, como burlescamente decía Zoilo; José María estaba en +la tienda con los dos dependientes preparando un pedido de grilletes y +jarcia que habían hecho aquella tarde los barcos de la Marina inglesa, +_Ringdowe_ y _Sarracen_. Al concluir de cenar, Prudencia fue llamada +por Ildefonso, y Sabino se quedó dormidito, apoyando la frente en el +piadoso libro de oraciones. Solos Aura y Zoilo, preguntole ella: + +—¿Por qué eres tan belicoso? ¿Por qué te ha dado por querer la guerra? + +—A quien quiero es a ti, que eres mi guerra, y mi Bilbao, y mi +_angélica Isabel_... O te conquisto, o muero... ¡Conquistar, morir! +Decir esto, ¿no es lo mismo que decir guerra?... + +Sintió Aura, como en noche anterior, el frío intensísimo que le corría +por el espinazo. + +—¿Ya estás tiritando? Las mujeres quieren la paz: son medrosas... Yo +te quiero a ti; me gusta la guerra, porque ella nos enseña a ganar lo +imposible. Un querer fuerte, con mucho fuego dentro, y la voluntad como +hierro bien batido, todo lo vence... ¿No crees tú lo mismo? + +—Sííí... + +—Pues prepárate. ¿Harás lo que yo te mande? + +—Sííí... + +—Pues nada... Yo me voy —dijo el galán mirando al pasillo, en cuyo +término se oía la voz de Prudencia hablando con la criada—. Hasta que +Dios quiera. + +Despidiose de la tía; esperó a que esta volviese a entrar en el cuarto +de Ildefonso. Solos otra vez, junto a la escalera, Zoilo repitió, no ya +interrogando, sino con acento afirmativo: + +—Harás lo que te mande. + +Asintió la joven con movimientos de cabeza. En esta llevaba un pañuelo +de seda, cuyas puntas anudó sobre la boca, mordiendo el nudo. Sentía +mucho frío y desmayo completo de la voluntad, correspondiente a un +súbito agotamiento de su fuerza nerviosa. Se agarró al barandal de la +escalera para no caer. + +—Harás lo que te mando —repitió Zoilo, que habiendo bajado ya tres +escalones, tenía su cabeza al nivel de la cintura de ella—. Pues +lo primero..., acércate más para decírtelo bajito..., desconfía de +_Churi_, que es muy malo... Desconfía también de la tía Prudencia... + +—¡Oh!, eso no... Prudencia me quiere. + +—A ti, sí; pero a mí, no. Quiere más a otro... Paréceme que la +siento... Adiós. + + + + +XXIV + + +Cumpliéronse hacia el 8 de noviembre los deseos de Zoilo, que tuvo +la satisfacción de ver en los altos de Archanda numeroso _ganado_ +carlista que subía de Munguía. Traían gruesos cañones que emplazaron +en Santo Domingo amenazando a Banderas. El 9 recorrió las líneas el +general Eguía con su sombrero de copa forrado de hule y su largo +levitón, metida en el bolsillo la única mano de que podía disponer. +Todo indicaba que atacarían los fuertes exteriores, sin perjuicio de +hostilizar el interior de la plaza. ¡Y Espartero sin parecer! En vano +le llamaba el telégrafo de Miravilla, enarbolando sin cesar bolas y +banderas. De Portugalete respondían con monótono lenguaje: «Ya vamos; +esperarse un poco». Bilbao esperaba con estoica entereza, sin llegar +aún a la suprema ocasión de apurar todas sus energías. Aún era grande +el repuesto de fanatismo por la defensa, de coraje y de amor propio, +que doblaban su fuerza con la sal y el picor de la jovialidad. + +En la casa de Arratia propiamente dicha no había más novedad que la +rotura de cristales y el apabullo de los buhardillones, con amago de +incendio que se cortó felizmente; en la familia no eran grandes tampoco +las novedades, ni habían ocurrido sucesos que modificaran de un modo +notorio la vida impuesta a todos por las circunstancias; pero algo +pasaba en ella que, aun perteneciendo al orden oscuro y sin ningún +brillo heroico, no merece el olvido. El narrador no dice nada. Deja +que hable Prudencia, la cual, cogiendo a su hermano Valentín en el +escritorio, donde acaloradamente disputaba con Vildósola sobre si era +fácil o difícil tomar el fuerte de Banderas, le hizo subir, y por la +escalera le manifestó lo que se copia: + +—Apártate, hermano, siquiera por un rato de estas novelerías de la +guerra y del sitio, y ven en mi ayuda, por Dios, que ya principio +a temer, no solo por la salud, sino por la vida de Ildefonso. ¿Has +reparado cómo está? En quince días ha perdido la mitad de su peso, +los dos tercios de sus carnes, y toda, absolutamente toda la alegría +de su espíritu. ¿Qué es esto? ¿Es enfermedad, es tristeza, es pasión +de ánimo?... Fíjate en aquella cara que languidece; en aquellos ojos +que tan pronto parecen muertos, tan pronto relampaguean; observa cómo +al ponerse en pie se le tuerce todo el cuerpo... y se apoya en las +paredes para no desplomarse, él antes tan erguido, tan fuerte, tan +vivo, hierro y pólvora... No, no: Ildefonso no está bueno; Ildefonso +no puede seguir así. Quiero que le vean los mejores médicos de Bilbao; +quiero que acabéis pronto el sitio para llevármele a Francia, a la +bendita Francia, lejos de estas luchas, de estos horrores... Valentín, +por Dios, entra en su cuarto: no como otras veces, la entrada por la +salida..., acompáñale, dale conversación, háblale como tú sabes hacerlo +cuando quieres, con gracia..., procura desviar su entendimiento de +la idea que le está devorando... Yo he agotado mi labia..., no he +conseguido nada; no puedo más. + +—Sí que lo haré... ¡Pobre Ildefonso! Ayer no me gustó..., +francamente... ¿Continúa sin apetito? + +—Hoy no ha comido más que un poco de borona. Dice que no puede pasar +otro alimento... Borona, y si está quemada, oliendo a chamusquina, +mejor... Oye lo que se me ha ocurrido: ¿si le habrán traído a ese +estado los malditos inventos en que tiene zambullida a todas horas +su imaginación? ¿Esos planos que hace y deshace, y tacha y borra, y +vuelta a pintar, con tantas rayas y letritas chicas, qué son? Pues ¿y +cuando se está toda la noche llenando de numeritos un pliego de papel, +y vengan numeritos, y numeritos, que parecen patas de pulga..., y acaba +un pliego y vuelta a empezar?... + +—Mujer, son cálculos, dibujos..., proyectos de alguna mecánica..., qué +sé yo... Entraré ahora mismo. Déjame solo con él... No te metas tú +a farolear. Las mujeres, hablando más de la cuenta, lo echan todo a +perder. + +Entró Valentín en el cuarto de Ildefonso, y este, sin levantar los ojos +del papel en que trazaba líneas y guarismos microscópicos, le dijo: + +—Parece que quieren quitaros Banderas. ¿Qué crees tú? ¿Se saldrán con +la suya? + +—No debes tú pensar tanto en si toman o dejan, Ildefonso. De eso, de +disputarles un palmo de terreno, nos cuidamos nosotros. Hazte cargo de +que no estás en una plaza sitiada, y si tiran, que tiren. + +Respondió Negretti entre suspiros, suspendiendo por un instante su +trabajo, que no podía sustraerse a los sobresaltos y al terror del +asedio, porque si Bilbao no era su patria, éralo de su esposa y de +los hermanos de esta, a quienes como hermanos miraba; que habiendo +cometido la insigne torpeza de servir a don Carlos como industrial +y maquinista mercenario, sin entender que en ello comprometía su +neutralidad política, se encontraba en tristísima situación moral, +huésped de un pueblo que los carlistas asesinaban con las armas +fabricadas por Ildefonso Negretti. Hallábase condenado a martirio +indecible, y cada vez que sonaba un disparo, sentía que los demonios +corrían de un lado para otro en diferentes partes de su cuerpo, pero +principalmente en la cabeza y en el corazón. Siempre había tenido +gran afecto a Bilbao, y admiraba a los bilbaínos por su honradez y +laboriosidad. Eran la flor y nata de los hombres... ¡Y él había hecho +los proyectiles con que les abrasaban! No, no tenía consuelo. Gracias +que las carcasas incendiarias no eran obra suya, sino del francés a +quien llamaban _Tutorras_, y no servían para nada. Ya lo dijo él cuando +las estaban construyendo. Pero a las granadas y bombas..., por hijas +las conocía. Él las engendró, ¡ay!, para que destruyeran a la rica y +noble Bilbao... + +—¡Eh!..., no sigas, no sigas —le dijo Valentín, echándole los brazos +al cuello—. Ildefonso, ¿tú qué culpa tienes? Nosotros no te odiamos. +Bilbao no te quiere mal... Ni una palabra más de guerra y sitio. A +olvidar tocan. + +—A eso voy, eso quiero..., ahogar mis penas discurriendo, calculando. + +—Pero no te metas muy a fondo en los cálculos —le dijo cariñoso su +hermano—, que pudiera ser el remedio peor que la enfermedad... ¿Y eso +qué es?... ¿Puedo saberlo? + +—Recordarás que una tarde, en Bermeo, viendo pasar hacia levante un +barco de vapor, te dije... + +—Sí, me acuerdo: que la navegación al vapor, tal como hoy está el +invento, no tiene porvenir, sobre todo en la guerra... Yo siempre dije +que esas paletas al costado son buenas para navegar en ríos; pero en la +mar, con tiempo duro, no hay gobierno posible. Viene mar gruesa, y la +menor avería en las paletas deja la embarcación hecha una boya. Si el +viento la hace escorar hasta mojar los penoles, ya tienes al animal con +una pata debajo del agua y la otra en el aire. Esto es un engaña bobos. + +—Los inconvenientes de las ruedas al costado, en el buque de vapor +—dijo Negretti con la frialdad y convicción del hombre de ciencia—, +quedarán vencidos cuando se aplique un nuevo invento, del cual se +hicieron ensayos en Francia. Yo los he presenciado... Consiste en +sustituir las dos ruedas por una sola. + +—Ya..., una sola rueda en el centro, funcionando dentro de un +escotillón rectangular, abierto al agua. Eso es complicadísimo... + +—Una sola rueda, Valentín, colocada a popa, en una perpendicular +paralela al codaste. + +—¿Rueda vertical, girando en sentido de la quilla? —dijo Valentín, con +la incredulidad pintada en su atezado rostro—. ¿Y cómo la mueves?... +¿Con palancas, con bielas? ¿Cómo te gobiernas para que la transmisión +funcione dentro del agua? + +—No lo has comprendido. El problema es sencillísimo, algo por el estilo +del famoso huevo de Colón. ¿No ves cómo anda un bote, una chalana, con +un solo remo por la popa? El movimiento lateral de ese remo basta a +imprimir a la embarcación una marcha uniforme, avante siempre en línea +recta. + +—Eso sí... la suma de impulsos laterales, alternos, en sesgo más bien, +dan... + +—En sesgo, eso es. Pues construye tú un remo que produzca esos impulsos +en sucesión rotatoria... + +—¡Un remo!... + +—Llámalo rueda, pues se reduce a un movimiento circular. + +—¿Con paletas que...? + +—Resultará esto —dijo Negretti con aire de triunfo, mostrando un +dibujo que a Valentín le pareció una rueda de fuegos artificiales—. +¿Me comprendes? Esto es una hélice. Aquí tienes la teoría muy bien +expuesta. ¿Conoces tú la _Rosca de Arquímedes_? + +—Mejor conozco las de harina. + +—Sobre el eje reposan dos segmentos helicoidales... + +—Mira, mira, a mí no me presentes el problema de la hélice, o de la +rosca, en forma matemática. Soy yo muy bruto para entenderlo así. +Explícamelo con ejemplos. + +Diole Negretti explicaciones vulgares de la hélice como organismo de +propulsión, añadiendo que no era invento suyo, sino de un francés que +no había logrado aún llevarlo a la práctica, por las dificultades que +ofrecen la rutina y la envidia a toda innovación grandiosa. + +—Yo lo estudio, y si Dios me da vida y se acaba la guerra, trataré de +hacer aquí un ensayo. He modificado la teoría del francés, haciendo +más agudo el ángulo de las paletas con la normal del barco; y en +cuanto a la transmisión, me lanzo a un sistema nuevo, que ahora estoy +calculando... + +—Para que la transmisión sea práctica, la máquina tiene que colocarse a +popa. + +—¡Ah!, no. Yo me lanzo a colocar la máquina en el centro de la +embarcación, sobre la cuaderna maestra. + +—El barco ha de ser pequeño. + +—Yo estudio mi proyecto en un barco ideal, de tamaño doble del mayor +que hoy se conoce. + +—¿A ver cuánto? Mi _Victoriana_, tenía doscientos cuarenta pies. El +mayor barco mercante que he visto no pasaba de trescientos. + +—Pues mi barco mide cuatrocientos pies —dijo Negretti con expresión de +iluminado. + +—¿Y colocas el eje de tu máquina de vapor sobre la cuaderna maestra? +—preguntó Valentín, más atento al desvarío pintado en los ojos de +Ildefonso que al problema mecánico—. Y para transmitir el movimiento... +¿qué pones? ¿Un rosario de noria, un juego de codillos, ruedas +dentadas, o qué?... + +—No..., pongo un árbol de acero. + +—Que tendrá forzosamente ciento ochenta pies lo menos: ese árbol girará +sobre su eje... + +—Conectado con la hélice..., ya ves qué cosa tan sencilla... Por el +otro extremo le imprimirá movimiento una excéntrica. + +—¿Que diámetro tendrá ese arbolito? + +—Pie y medio... + +—Y de acero..., todo forjado, naturalmente... Dime otra cosa: con +semejante chocolatera, andará tu nave... lo menos, lo menos diez millas. + +—¡Veinte millas, Valentín; veinte millas por hora! + +—Hombre, de poner..., pon cien millas —dijo el marino sin disimular ya +su burlón escepticismo—. Y otra cosa: ¿la hélice queda debajo del agua? + +—Exactamente. + +—Y el árbol tiene ciento ochenta pies..., y es de acero..., y el barco +mide, entre perpendiculares... + +—Cuatrocientos pies... + +—Pues, hijo..., avísame cuando todo eso esté, para ir a verlo. Y yo te +pregunto: ¿de qué cargamos ese barco? Podríamos meter dentro de él una +montaña. + +—Justo: una montaña... —murmuró Negretti, engolfándose en su trabajo. + +Salió el viejo marino de la estancia tan descorazonado y mustio que +Prudencia no tuvo que preguntarle su opinión acerca del desgraciado +calculista. Para sí decía Valentín: «Es hombre al agua. ¡Pobre +Ildefonso! Su talento macho acaba con él». Pero no queriendo alarmar a +su hermana, atenuó su dictamen en esta forma: + +—Le encuentro un poco ido de la jícara; y si por un lado veo la causa +del trastorno en esta tragedia del sitio, por otro paréceme que los +cálculos, en vez de ser un remedio, le acaban de rematar. ¡No es mala +rosca la que el pobre tiene dentro de su cabeza!... ¡Qué cosas me ha +dicho; qué invenciones, hija, obra del mismo demonio!... ¡Figúrate tú +un árbol de acero de ciento ochenta pies de largo y pie y medio de +diámetro..., puesto así en semejante forma, y la máquina en la cuaderna +maestra!... Perdido, hija, perdido... Pero si le contrarías, es peor... +Dejarle, dejarle que invente barcos monstruos, con hélices a popa, y +un andar de ochenta millas por minuto..., digo, por hora... Dejarle, +dejarle... Yo traeré a don José Caño, que es el mejor médico del +pueblo... Y entre tanto, cuida de hacerle comer..., inventa tú también +la manera de meter carga en esa bodega y víveres en esa gambuza... Si +no, tu marido casca... o se quedará lelo, que es peor... Yo volveré..., +voy a ver qué ocurre... Hace un rato que no se oyen tiros... + + + + +XXV + + +Consternada oyó Prudencia estas apreciaciones, que no hacían más +que confirmarla en su pesimismo, y comunicando este a su sobrina, +departieron ambas acerca del mejor modo de distraer al enfermo y +apartar su espíritu así de la tenebrosa cavilación del sitio como de +los malditos cálculos de mecánica, capaces de secar el cerebro más +jugoso y firme. Aura entraba en el cuarto algunos ratitos, y procuraba, +con grata conversación risueña, llevar su pensamiento a regiones +apacibles. Desgraciadamente, la situación de la plaza sitiada, que en +aquellos días de noviembre se agravó con nuevos desastres y quebrantos, +no favorecía los deseos de la joven. El tiroteo era continuo; a cada +instante llegaba noticia de hundimientos de techos, o de estropicios +semejantes en diferentes puntos, y no había medio de ocultar a Negretti +la verdad de tantas desdichas. Entró José María cuando menos se +pensaba, con la triste certidumbre de que los facciosos habían tomado +el fuerte de Banderas, y que también Capuchinos estaba al caer. Faltó +poco para que Aura se echase a llorar de pena y rabia. + +—No atribuyamos esto a negros ni a blancos —dijo Sabino con unción, +que en aquel caso no era muy pertinente—: Dios es el que todo lo +dispone. Ni ellos deben envanecerse, ni nosotros afligirnos demasiado. +Los designios del Señor sobre todo... Si dispone que muramos, será +porque nos conviene. + +No pararon en esto las desdichas, pues al día siguiente se rindió San +Mamés, tras una defensa briosa, y la misma suerte cupo a los fuertes de +Luchana y Burceña. + +—Ni nosotros ni ellos hemos de decidirlo —decía Sabino a su hijo +Martín, que entró abatidísimo por la pérdida de casi toda la línea +exterior, con lo que se debilitaba sensiblemente la defensa—. Con la +conciencia tranquila acataremos lo que resulte. + +—Pues yo no acato —gritó Valentín furioso, dando puñetazos—. Con +fuertes o sin fuertes, Bilbao no se rinde; Bilbao perecerá, y que +vengan por los escombros de las casas y por los huesos de los vecinos. + +La opinión de Zoilo no se sabía, porque no aportaba por allí; +continuaba peleando como un león en la batería nueva de la Cendeja. +Martín, engranado espiritual y físicamente en la máquina de la opinión +general, aseguraba como su tío que Bilbao se mantendría firme, siempre +batallador, siempre glorioso y grande. El comedido Arratia no se tenía +por héroe; pero sabría ocupar el puesto que se le designara, fuese o no +de peligro, y obedecería ciegamente las órdenes de sus jefes. Nadie le +superaba en el cumplimiento estricto del deber. + +En una nueva entrevista que tuvieron Negretti y Valentín, aquel le dijo: + +—Llevo cuenta aproximada de lo que va consumiendo el enemigo. Balas +rasas de las que yo hice, han tirado como unas trescientas de a 24 y +ochenta de a 36. _Mis_ bombas de 14 pulgadas se van agotando... Usarán +pronto otras, que ojalá estén peor fabricadas que las mías. De las de 7 +_mías_, han hecho gran consumo... Los botes de metralla de 36 y de 24 +no _me pertenecen_: lo declaro en descargo de mi conciencia... + +Más desesperanzado y pesimista salía cada vez Valentín de aquellas +pláticas con su hermano, y al punto comunicaba sus impresiones a +Prudencia para ver si entre los dos discurrían algún remedio. + +—Figúrate tú —le decía— si estará trastornado el hombre, que hoy, +después de darme cuenta de las balas que arrojan los _serviles_, me +ha largado más explicaciones de sus proyectos, sosteniendo que los +barcos no se harán ya de madera, sino de hierro... todos de hierro... +tú figúrate. Cierto que un casco metálico flota mientras esté vacío; +pero échale a una embarcación de hierro de cuatrocientos pies máquina +en proporción, y luego ese molinillo que él dice, de ciento ochenta +pies... ¡Qué cosas discurre un cerebro desquiciado! Yo no he querido +contrariarle, porque don José Caño recomienda que se le deje en el +pleno goce de su chocolatera, pues si le escondiéramos los papeles +o se los quemáramos, tendría quizás accesos de furor... No, eso no: +el tratamiento, ya sabes, es darle de comer todo lo que se pueda; +estibarle bien, aunque sea de borona, y evitar que se le remonte +el genio... Y cuando se acabe el sitio, si vivimos, te le llevas a +Francia, qué allí bien puede ser que el hombre despliegue con más +tino sus invenciones. España no es país para eso: aquí inventamos +guerras y trapisondas. Cosas de maquinaria, siempre vi que venían del +extranjero..., de donde deduzco que lo que aquí es locura, en otra +parte no lo será. + +Ni dentro ni fuera de España veía la buena mujer enmienda para el +trastorno cerebral de su pobre marido, víctima, según ella, de su +puntillosa rectitud y delicadeza... No, no debían ser los hombres +tan rematados en la honradez. Prueba de las desventajas del excesivo +puritanismo era Negretti, que se había pasado su vida trabajando, +explotado por este y por el otro, con escasísimo provecho suyo, y +desgaste de sus notorias energías. Pensando en esto, Prudencia se +aprestó a recabar dentro del matrimonio la autoridad que hasta entonces +había ejercido su esposo, el cual, consultando a veces a su costilla, +determinaba por sí y ante sí, conforme a su rígida conciencia. Ya esto +no podía ser: hallábase Ildefonso incapacitado para el gobierno; ella, +pues, asumía todos los poderes, disponiéndose a resolver cualquier +asunto pendiente, aunque fuese de los más graves. Ciertamente, sus +resoluciones serían menos rigoristas que las de Negretti, pero más +prácticas, inspiradas siempre en el bien de todos, y en las eternas +leyes del sentido común. Pensaba esto Prudencia, por encontrarse +frente a un problema doméstico muy delicado; y después de mucho vacilar +entre someterlo al dictamen y sentencia de Ildefonso, o resolverlo +por sí, se decidió por este último temperamento, como más cómodo y +expedito. Sobre sí tomaba la responsabilidad y la gloria del caso. + +Y que el problema era delicadísimo se mostrará con solo enunciarlo. +El 2 de noviembre, uno de los días que mediaron entre el segundo y +el tercer sitio de la valiente Bilbao, llegaron a esta tres correos +de Castilla, escoltados por el batallón de Toro y otros refuerzos +que fueron de Portugalete, al mando del brigadier don Miguel Araoz. +Recibiose en casa de Arratia, con varias cartas comerciales, una +para Ildefonso Negretti. Cogiola Prudencia, y conociendo la letra +del sobrescrito, la guardó, con ánimo de no entregarla a su marido +mientras se hallase tan lastimosamente afectado del ánimo. Convenía +evitarle quebraderos de cabeza, y alguno se traía la tal carta, de puño +y letra del señor de Mendizábal. No era su ánimo abrirla, que esto +habría sido contravenir la subordinación a su dueño y señor; pero pasó +tiempo; Ildefonso no mejoraba; según las impresiones de Valentín y el +dictamen de don José Caño, su trastorno era indudable. No se hallaba, +pues, en disposición de ocuparse de nada. Sentíase Prudencia abrasada +en curiosidad por ver el contenido de la carta. ¿Qué inconveniente +había ya en abrirla? La enfermedad de Ildefonso era la abdicación +de la soberanía matrimonial, que de hecho a la mujer correspondía. +Fortalecida su conciencia con estos razonamientos, hizo lo que no había +hecho nunca: abrir una carta dirigida a su esposo. + +Grande fue su asombro y disgusto al enterarse de lo que don Juan +Álvarez a Ildefonso escribiera. ¡Vaya por dónde salía el buen señor! +Que si se presentaba don Fernando Calpena a pedir a la niña en +matrimonio, no se le pusiera ningún obstáculo, y se dispusiese el +inmediato casamiento de Aura con el tal don Fernando... Que este era un +sujeto de elevadas prendas, nacido de padres de la más alta alcurnia... +Que poseía regular fortuna, y la poseería aún más cuantiosa dentro de +algún tiempo... y que patatín y que patatán... + +«¡Persona elevada! —decía para sí Prudencia, guardando la carta en los +profundos abismos de un cofre donde permanecería sin ver la luz por +los siglos de los siglos—. ¡Tan elevada que desaparece en los aires! +Si este señor quiere tanto a la niña, ¿por qué no ha venido antes?... +¿Por qué la tiene en este abandono?... ¿Qué amor es ese que no se +digna presentarse, ni siquiera escribir? Bajo mi responsabilidad, como +mujer honrada y que mira por los suyos, me permito mandar a paseo al +señor don Juan _de las campanas_, y disponer lo necesario para la +felicidad de mi sobrina. ¡Sabe Dios en qué malos pasos andará el tal +don Fernando, y cuáles serán los motivos de su ausencia!... No, no: +aquí no creemos en brujas, ni en elevados personajes que no se sabe de +quién han nacido... ¡Pues si con tanta facha resulta que el Calpena +es un perdido, uno de esos que escriben en los papeles, un gorrón, un +catasalsas!... No, no: bajo mi responsabilidad, la orden se acata, +pero no se cumple. Si Ildefonso lo decidiera, seguramente añadiría +una simpleza más a las muchas que ha hecho en su vida. Por ser tan +rigorista está como está: pobre y arrumbado...». + +Dicho esto, se afirmó en su resolución, y de tal modo expresaba su +rostro la dureza de su carácter y el propósito de ir a su objeto sin +vacilaciones ni melindres, que el entrecejo parecía más nebuloso, la +mandíbula inferior más larga, las arrugas de su frente más hondas, +y hasta podría creerse que le crecía el bigote. Sin consultar con +Ildefonso ni darle cuenta de nada, pues el hombre no estaba para +calentarse la cabeza, determinó encaminar pronta y hábilmente los +acontecimientos hasta ver realizado su sueño de oro. ¡Oh, qué ideal! +Casar a Aurorita con Martín. Si esto conseguía, más había hecho ella +por el bien de la familia que todos los Arratias desde la quinta +generación. + +Comprendiendo la necesidad de colaboradores, pensó que debía +comunicar sus planes a Sabino. Con Martín había que contar, sin +duda, aleccionándole previamente, pues era también de la cepa de +los delicados, de los rígidos, de conciencia irreductible... Se +procuraría llevar las cosas por lo derecho, fomentando la afición y +simpatía entre los dos seres que habían de casarse. Lo más difícil era +convencer a la chiquilla y curarla de aquella ridícula deformación de +su voluntad: el amor a un galán fantástico, volátil y perdidizo, que +no parecía por ninguna parte. Pero si Aurora pecaba en ocasiones de +independiente y arisca, sabiendo manejarla y aprovechar los giros de +su imaginación y los desmayos de sus nervios, fácil era hacer de ella +todo lo que se quería. Adelante, pues, y a trabajar con fe. En aquella +familia de trabajadores, no había de quedarse atrás la valiente obrera +de las artes pertenecientes al alma. + +Así, mientras los carlistas, tomadas las posiciones principales de la +línea exterior de defensa, armaban de noche, a la calladita, nuevas +barricadas y parapetos para emplazar su artillería contra la pobre +Bilbao, Prudencia y Sabino, paralelamente a la labor facciosa, dieron +comienzo a sus trabajos de asedio para expugnar el corazón de Aura y +establecer en el su dominio. + +—Es indispensable obrar con prontitud —decía la señora a su hermano—, y +llegar al fin antes que se acabe el sitio. + +Y como manifestara Sabino que en tal negocio no convenían prisas +que pudieran transcender a secuestro, se le hincharon las narices a +Prudencia y contestó airada: + +—Tú siempre con tus calmas, con tu _veremos_ y tu _mañana será_... Ya +ves el pelo que has echado con tal sistema. Déjame a mí, que con los +calzones de Ildefonso, llevándolos mejor que él y que todos vosotros, +sabré realizar esta gran idea. + +Habíase guardado muy bien de comunicar a su hermano lo de la carta, +temerosa de que saliese Sabino con la gaita del rigorismo y del +caso de conciencia. ¡Otro que tal! ¡Así estaban todos tan perdidos! +También ella tenía conciencia; pero una conciencia práctica, y con su +conciencia práctica arreglaría las cosas de modo que cuando viniese +el madrileñito con sus manos lavadas a pedir a la niña, pudiera ella +(Prudencia) salir y decirle con mucha finura, haciéndose de nuevas: + +—¿Qué niña, señor? Usted se ha equivocado. Aurora Negretti es la señora +de don Martín de Arratia. + + + + +XXVI + + +No desalentó a los bilbaínos la pérdida de los fuertes de Banderas, +Capuchinos, San Mamés, Burceña y Luchana; antes bien, creciéndose al +castigo, sacaron de sus desventuras nuevas energías para defenderse. +Ni la guarnición se acobardaba, ni la Milicia y los vecinos tampoco. +Cada cual sostenía su entereza, reforzándola con la alegría, de lo que +resultaba una colectiva fuerza irresistible. El 17 de noviembre fue +un día penoso: duró el fuego siete horas, sin ninguna interrupción. +Era principal objetivo de los facciosos poner su mano en lo que creían +llave de Bilbao, el convento de San Agustín, situado entre el Arenal y +el Campo Volantín, al pie de cerros elevados y casi al borde de la ría. +Las compañías de Toro, Trujillo y Compostela se portaron heroicamente, +secundadas por los milicianos. Los muros del convento se deshacían, se +resquebrajaban con el cañoneo enemigo, y abiertos varios boquetes entre +la mampostería derrumbada o hecha polvo, intentó el enemigo con empuje +el asalto. Un empuje mayor de bayonetas y pechos valerosos, les paraba +la acometida. Allí se quedaban hechos trizas parte de los combatientes; +pero las piedras de San Agustín continuaban bajo el poder y la insignia +de Isabel II. + +Sobrevino el 18 un temporal violentísimo del noroeste, con viento +y lluvia; cesó el fuego en San Agustín, ocupándose los sitiados en +reparar los destrozos con sacos de tierra. Pero en el centro de la +villa, y particularmente en las Siete Calles, cayeron bombas que +hicieron estragos en edificios y personas. Amenazaba hundirse la casa +de Busturia en Artecalle, y sus habitantes se repartieron en casas +de amigos, yendo a parar a la de Arratia dos señoras y un niño. En +_Goienkale_, hoy calle Somera, casi todos los vecinos se habían bajado +a las bodegas y sótanos. La animación era extraordinaria, mezclándose +lloros de mujeres con cánticos de muchachos animosos y alegres. Ya +escaseaban los víveres, y la relativa abundancia de esta familia iba +en socorro de las escaseces de la otra, con admirable fraternidad. +Corrían entre tanta desolación frases de esperanza, fantasías del +patriotismo, centelleos de la fe que nunca se apaga. Espartero recalaba +ya en Portugalete con tantísimos miles de hombres, y no tardaría en +reventar las líneas carlistas, en apabullar el sombrero de hule del +general Eguía, y hacerles a todos polvo... Caían bombas aquí y allá; +lloraban las nubes; las calles eran lodo, apestando a pólvora. Rojiza +claridad siniestra iluminaba la villa. El viento avivaba el fuego, lo +esparcía, lo llevaba de una parte a otra. De los sótanos subían los +valientes bilbaínos a las techumbres para cortar incendios; andaban por +arriba como gatos; descendían negros, ahumados, y en las profundidades +de las casas, refugio de los seres débiles, respiraban atmósfera de +cuerpos febriles; en las calles pisaban lodo, sangre en las baterías, y +si no se volvían locos en noches como aquella era porque sus cerebros +se hallaban construidos a prueba de locura, y fortificados por un +convencimiento más duro que todos los metales que hay en la naturaleza. + +Amenazada de incendio la casa vecina de la de los Arratias, dispuso +Prudencia trasladarse con Negretti a la morada de su amigo Antonio +Cirilo de Vildósola, corredor de cambios, en el Portal de Zamudio. Aura +y sus amigas las de Busturia se fueron a la casa del señor Gaminde, +ya del lector conocido, comerciante fuerte, que operaba en bacalao, +lanas y otros artículos. En estas idas y venidas, hubo dispersiones. +Los hombres no podían estar en todo, pues atendiendo a la mudanza +y trasiego de mujeres, habían de abandonar urgentes trabajos en la +batería de las Cujas y en la Cendeja. Prudencia, con las dos señoras de +Busturia, encontró a Martín en Bidebarrieta, acompañando a la esposa y +niños de Ibarra; se detuvo para decirle: + +—No sé si Aura habrá llegado a casa de don Francisco. Iba con Nicolás +Ledesma, el organista, y Manuela Echavarri. + +La tranquilizó Martín, asegurando que la había visto minutos antes con +las referidas personas, y con su hermano Zoilo. + +—Entonces no hay cuidado. Recordarás lo que te encargué —díjole +Prudencia aparte—. Vas a cenar _donde_ Gaminde, y allí tendrás a Aura +en buena disposición para decirle lo que sabes... Procura ser galán, y +deja a un lado la sosería. + +Observó el muchacho que la ocasión no era muy apropiada para las +expansiones amorosas. Algo le había dicho ya por la mañana en su +casa y en la de Vildósola, cuando fueron a llevar al tío Ildefonso, +y por cierto que no se había mostrado la niña muy complacida de sus +indirectas, que indirectas eran, pues a otra cosa no se atrevía. + +—Eres un santo —le dijo Prudencia—, y a los santos, en cosas de amor, +hay que dárselo todo hecho. + +Siguieron las de Ibarra hacia la calle del Perro; Prudencia se fue al +Portal de Zamudio; poco después entraba Martín en casa de Gaminde, +componiendo en su mente una patética explanación de sus puros afectos +para espetársela a su prima sin pérdida de tiempo. Por desgracia, había +salido Aura con don Francisco y las chicas de Orbegozo en demanda de la +morada de estas, donde acababan de llevar herido a Juanito Orbegozo, +de la 2.ª de Milicianos, y a uno de los chicos de Gandasegui. Hubo de +renunciar Martín por aquella noche a proseguir su amorosa batalla, +porque otras obligaciones le llamaban a la batería de Mallona, donde +entraba de servicio. Por el camino se encontró a José Blas de Arana, +que le ajustó la cuenta de las bajas de aquel día, añadiendo con acento +lastimoso: + +—Como Espartero no se dé prisa, paréceme que tendremos que dejarnos +aquí los huesos. + +—Si es preciso; si Bilbao lo quiere —dijo Martín—, los dejaremos, y +vayan por delante los míos, que para poco sirven. + +Pues en medio de tantos desastres tuvieron calma y humor aquellos +hombres para celebrar los días de la reina (19), recorriendo las +calles en grupos clamorosos y vitoreándose recíprocamente tropa y +milicianos, cual si se hallaran en vísperas del triunfo. Toda la tarde +estuvo tocando la música en la batería del Circo, y las canciones +enronquecieron las gargantas de muchos. Dios no les dejaba morir de +tristeza y desconsuelo, sugiriéndoles cada día nuevas esperanzas. El +26, cuando el fuerte del Desierto anunció con salva de 21 cañonazos +que Espartero había entrado en Portugalete, respiró la gloriosa +villa por los pulmones y las bocas risueñas de todos sus hijos, +cantando victoria, y haciendo befa y escarnio del terrible enemigo. La +artillería de este enmudeció, como si lo que anunciaba el cañón del +Desierto impusiera pavura en el sitiador embravecido. Pero su silencio +era el sordo trabajo preparatorio de la furibunda embestida que +pensaban dar al día siguiente, 27. Al anochecer del 26 descansaron los +carlistas en la firme creencia de hallarse en la víspera del fin. Una +noche no más les separaba del premio de su constancia: la rendición de +Bilbao. + +Cinco días estuvo Aura sin ver a Zoilo, y tres sin saber nada de +Martín. Por uno y por otro pasó intranquilidad la familia, y Sabino +no hacía más que ir de fuerte en fuerte, interrogando a todo el que +encontraba. Acompañole Aura en una de estas excursiones, sin temor al +peligro, y al cabo, volviendo del Circo, supieron que Martín no tenía +novedad y había pasado a Solocoeche. + +—Vaya, ya estás tranquila —le dijo su tío—. El chico vive y tú +resucitas. Con esa impresionabilidad que te ha dado Dios, parecías +muerta de susto y pena. + +—Pero aún no debemos alegrarnos, tío: no sabemos nada de _Zoiluchu_. + +—Es verdad; bien comprendo que ese no te llama tanto como Martín; pero +también es hijo de Dios, y debemos mirar por él. Aunque parece un +tarambana, mi Zoilo vale mucho; a valiente le ganan pocos; tiene su +pundonor, y sabe llevar el nombre de la familia Pero no se igualará +nunca a su hermano Martín, pues este es de los que entran pocos en +libra. No podrás tú ni nadie señalar una buena cualidad que él no tenga. + +Aura no dijo nada, y sintiendo Sabino la necesidad imperiosa de +practicar dentro de un recinto sagrado las devociones con que +diariamente alimentaba su fe, propuso a la joven entrar en la +primera iglesia que hallasen abierta. Por fortuna, en la capilla de +la Misericordia estaba el Señor de manifiesto, y allí se metieron, +empleando ambos como una media hora en rezos y meditaciones. Sentose +Aura; permaneció Sabino de rodillas larguísimo rato. + +—He pedido al Señor dos cosas —dijo a su sobrina, tomando al fin +asiento junto a ella, todavía con la boca llena de sílabas de rezos—. +Primera, que nos conserve la vida del pequeño como nos ha conservado +la de su hermano, y que igualmente, ellos y nosotros lleguemos vivos y +con salud a la terminación del sitio, sea cual fuere la solución que Su +Divina Majestad le dé. Segunda, que me conceda el cumplimiento de un +deseo santísimo que me alienta, tocante a Martín y a ti... + +Aura no chistaba. Entráronle súbitas ganas de rezar, y se puso de +rodillas, dejando un tanto cortado al buen Sabino. Pero este no se +abatía por tan poco; echó también a media voz, en pie, cruzadas las +manos, una larga oración; y poco después cuando estuvieron al habla +para salir, volvió al ataque. + +—Comprendo que la cortedad, el pudor, la timidez propia de una +doncella pura, no te permitan manifestar tus sentimientos..., pero tú +quieres a mi hijo, ¿verdad? Tú reconoces en Martín el único marido +_práctico_ que te corresponde..., ¿verdad?... Confiésamelo, dímelo aquí +delante de Jesús Sacramentado. + +—¿Qué quiere que le diga? —murmuró Aura con expresión dolorosa—. Que +las cualidades de Martín son muy buenas..., únicas. + +—Eso ya lo sé..., dime lo otro; dime que aprecias esas cualidades, y +que quieres hacer con las tuyas y las de él un hermoso ramillete de... + +No le salía la figura. Sacole de sus apuros retóricos la hermosa +doncella, declarando que no quería oír hablar de casorios con Martín ni +con nadie, porque estaba resuelta a no casarse más que con... + +No acabó. Sabino le quitó la palabra de la boca para poner la suya: + +—Quien vive de ensueños, hija mía, soñando muere. Tú lo pensarás... +No has nacido para vestir imágenes, sino para que a ti te vistan de +felicidades. A Martín no le faltan partidos; pero te quiere a ti... +Ten compasión, que es la madre del cariño, y este el padre del amor... +Conviene que seas _práctica_, a estilo de todos nosotros; conviene que +no mires tanto a lo pasado, pues el que mira mucho atrás, atrás se +queda..., y el que vive entre fantasmas en fantasma se convierte..., o +en estatua de sal, como la otra..., no me acuerdo cómo se llamaba... En +fin, no te digo más, que aquí vienen doña María Epalza y Juanita. + +Dos señoras, madre e hija, que acababan sus prolijos rezos, se les +agregaron, y a todas dio agua bendita con sus dedos glaciales el bueno +de Sabino. Picotearon un rato en la puerta sobre los desastres del +sitio y la escasez de víveres. Ya no había carne, ni aun salada. + +—Si ese generalote no viene pronto —dijo la señora mayor—, ¡pobre +Bilbao!... Pero quieren que perezcamos todos gritando «¡Viva Isabel +II!», y aquí estamos también las mujeres dispuestas a cumplir el +programa. + +—Será, señoras mías —manifestó Sabino con fervor, terciándose la capa—, +lo que disponga el de arriba, que es quien dicta los programas. ¿Qué +hemos de hacer más que acatar la divina voluntad? + +—Y la voluntad divina —afirmó la señora menor, viudita joven muy guapa— +ordena que Bilbao perezca antes que rendirse. + +—No, hija: que ni se rinda ni perezca..., pues pereciendo no tiene +gracia. Hay que sacar adelante a la niña, a nuestra angélica reina... +¿No piensa usted lo mismo, Sabino? + +—Señora, yo pienso... + +En la punta de la lengua tuvo ya el conocido dicho de _quien con +niños se acuesta_..., pero se abstuvo de soltarlo, por escrúpulos de +lenguaje y respeto a las damas. Propuso la viudita que pues aquel día +no _tiraban_, podían correrse pasito a paso hacia la Cendeja, para ver +todo lo que allí habían hecho los nuestros, las defensas magníficas, +imponentes, donde se estrellaría el coraje faccioso. Dudaba la señora +mayor; manifestó Sabino recelo de andar por tales sitios; pero tan +decidida y entusiasta curiosidad mostraron las muchachas que allá se +fueron por toda la calle de Ascao y la de la Esperanza, hasta que ya +en el término de esta les estorbaron el paso lo desigual del piso +desempedrado, los charcos y lodazales, los montones de escombros. Por +encima de un espaldón de tablas, reforzado con faginas, vieron que +asomaba una cabeza desmelenada; la cabeza de un diablo guapísimo, +alegre, que llamaba con fuertes voces. Era Zoilo. Aura fue la primera +que le vio. + +—Tío Sabino, mire donde está ese pillo. + +Corrió el padre, corrieron las damas. Alargando su cabeza por encima +del tablón todo lo que podía, el miliciano les dijo: + +—Aura, padre, ¿han visto el letrero que hemos puesto por la parte de +afuera de la batería para que lo vean ellos? + +—Ya, ya sabemos —dijo Aura mirándole gozosa—. Una calavera con dos +canillas, pintada sobre negro. + +—Y un letrero que dice: _Tránsito a la muerte_, o lo que es lo mismo: +que todo el que venga a tomar esta barricada, muere, y que los que la +defendemos, aquí estaremos hasta que nos maten. + +—Bien, hijo, bien: no hemos visto el letrero; pero nos figuramos lo +bonito que será. Dios te la depare buena. No sabíamos de ti. + +—Oye, Zoilo —dijo la señora mayor—: ¿está aquí Luisito Bringas, el hijo +de mi sobrina, sabes? + +—¿Luis el del indiano? Sí, señora. Aquí cerca, en las Cujas está. Hace +un rato comimos juntos él y yo. + +—Dirasle que a su mamá le supo muy mal que pidiera venir aquí, donde +hay tanto peligro, y que no hace más que llorar. + +—Ese es de los temerarios, locos, como mi hijo —observó Sabino—. Dios +cuida de ellos. + +—¡Bravo, _Luchu_! —exclamó Aura—. ¿Desde cuándo estás aquí? + +—Dos días llevo ya. No salgo, no sea que el puesto me quiten. + +—¿Por qué no avisaste a casa, hijo? Estábamos con cuidado. Tu prima y +yo venimos del Circo y de Mallona, donde hemos preguntado por ti. Dime, +¿no tienes miedo? + +—Sí, señor: un miedo tengo, uno solo. Temo que esos cobardes, después +de tanto boquear, no nos ataquen mañana como dicen. + +—¡_Tránsito a la muerte_! —repitió Aura con admiración, sintiendo no +ver el lúgubre letrero—. Pero no morirán... Eso se dice... + +—Y se hace. + +—Vámonos, vámonos... —dijo Sabino—. Este no es sitio para señoras. +Zoilo, por si no lo sabes, José María y yo dormimos en casa de +Melquiades Echevarri. Vámonos, no sea que... + +—¡Si ahora no tiran! Están rezando el rosario. + +Al despedirse Sabino tiernamente de su hijo, se le saltaron las +lágrimas, y Aura, de verle llorar, lloraba también. + +—¡Ay, qué hijos estos! —decía suspirando la señora mayor—. ¡Lo que +inventan! ¡_Tránsito a la muerte_! + +—Es cosa de los de Trujillo, de los de Compostela —indicó la viudita. + +—Y de estos, de los nacionales. Todos son unos. + +—¡Sangre de chicos, corazones de hombres! + +Y doña María Epalza, con súbito arranque impropio de sus años y de su +obesidad, se cuadró, y elevando sus brazos con frenesí convulsivo hacia +el tablero por donde asomaban varias cabezas, gritó: + +—Sí, cachorros de mi tierra. ¡Viva Bilbao, viva Isabel II! + +Se alejaron pisando fango, escombros, astillas..., oíanse lejanos +disparos de fusilería; por la parte del barranco de San Agustín +venía una humareda negra, olor de pólvora... Hasta el convento de la +Esperanza fue Aura mirando para atrás para ver los aspavientos que +hacia Zoilo, alargando medio cuerpo fuera del espaldón de tablas. La +señora mayor, agarrándose a la capa de Sabino, le decía: + +—¡Ay, me descompuse; me entró como un furor de alegría, de entusiasmo +al ver el tesón de esos chicarrones!... No se puede remediar..., está +en la sangre bilbaína... + +Y la señora menor completó el pensamiento con esta frase: + +—Bilbao muere, pero no se rinde. + +—Así sea —dijo Sabino—. Y por encima de todo, la voluntad de Dios... +Por de pronto, señora doña María, hoy tenemos las alubias a veintiséis +cuartos, y el bacalao a siete reales... Pero dicen que no importa... +No somos nada; el pueblo es todo, el pueblo dice: «Morir antes que +rendirse». + +Doña María, que apenas tenía movimiento después del esfuerzo que hizo +para engallarse y soltar los furibundos vivas, modificó el concepto: +_Morir, tal vez; rendirse, nunca_. + + + + +XXVII + + +Lisonjera fue la mañana del 27. Cundió por la villa la creencia de +que Espartero iba sobre Castrejana, y si conseguía forzar el puente +y pasar a la orilla derecha del Cadagua, los sitiadores se verían +comprometidos. Valentín Arratia, que conservaba su excelente vista +marinera, subió a la torre de Miravilla, y puesto su ojo en buenos +catalejos, distinguió los batallones isabelinos desfilando por el valle +de Baracaldo. En Bidebarrieta y el Arenal los patriotas difundían la +buena noticia de corrillo en corrillo. + +—Para mí —decía Valentín Arratia— no pasa de mañana el tener aquí a +don Baldomero. He visto las tropas de la reina como les veo a ustedes, +marchando en columnas hacia el puente. + +—Lo que resultará no lo sabemos; pero que se están zurrando de lo lindo +es evidente —dijo Antonio Cirilo de Vildósola—. Lo que fuere sonará. + +—¡Si ya está sonando! Hemos oído un tiroteo horroroso —aseguró don +Francisco Bringas, rico indiano, exaltado liberal y el primer optimista +de la villa—. Apuesto lo que quieran a que levantan el sitio esta +tarde..., ¡contro!... + +—Diga usted que convida, don Francisco, y todos seremos de su opinión. + +—Pues me corro, ¡contro!... Aún me quedan dos docenas de botellas de +chacolí de Baquio. + +—Tanto como esta tarde, no diré yo que nos perdonen la vida —indicó +Arratia—; pero mañana temprano... Aquí llega el amigo Arana. Viene de +la Diputación, donde habrán llegado gordas y buenas. + +—José Blas, ¿qué sabes? + +—Solo sé que no sé nada, como dijo el otro. + +—Te lo callas, por no convidar. + +El tal José Blas de Arana, uno de los más exaltados corifeos de la +defensa, era comerciante en sebo, sardinas de barril, raba y otros +artículos similares. En su campechana modestia, permitía que los amigos +le llamasen _Borra_, y se cobraba esta conformidad aplicando apodos a +sus conciudadanos. + +—¿Convidar yo?... ¿A qué? A metralla, si quieren. Con todo, si se +confirma que _renuncian generosamente a la mano de Leonorita_, como +dice Guzmán en _La Pata_, convido. Poseo una bacalada y hasta medio +ciento de galletas mohosas. + +Acercose Tomás Epalza, rico por su casa, banquero, como los anteriores +perteneciente a la Junta de Armamento. Era hombre jovial, satisfecho +en toda ocasión y circunstancias, de una fe ciega en la resistencia de +Bilbao, dispuesto a dar cuanto tenía si de ello dependiera el completo +apabullo de la _Pretensión_. + +—Estos no piensan más que en comer —dijo riendo—. Bueno anda ello... A +lo que parece, Espartero viene y nos trae pan de trigo. + +—Y si no nos lo trajere o se perdiera en el camino —apuntó Arana—, aquí +están los ricos de Bilbao, los más ricos, dispuestos a comer borona y +gato estofado hasta que San Juan baje el dedo. + +—Los ricos de Bilbao —afirmó el indiano Bringas con jactancia de buena +sombra, que no ofendía— tienen su dinero para gastarlo en la defensa, +¡contro!, y en su mesa siempre hay un plato para todos los _Borras_, +que no se rinden al _yugo servil_. Ya sabes..., en la calle del Ferro +tienes la mesa puesta... ¿Te has comido ya todas las velas de sebo?... +Pues en casa hay de todo, verbigracia, cacao en grano y nueces... +Conque sepamos, ¿qué se cuenta? + +—Que cansados de obtener victorias —dijo Vildósola, el cual se ponía +muy serio para bromear—, se van a ponerle sitio a la peña de Orduña, +donde está el tesoro escondido. + +El indiano expresaba su regocijo rascándose la sotabarba, con cerquillo +o carrillera de pelos grises, y dando pataditas para entrar en calor. + +—Compañero —le dijo Epalza—, si tiene usted ganas de bailar el +_aurrescu_, aquí viene Ostolaza, que no desea otra cosa, para celebrar +la venida de Espartero. + +Era el llamado Ostolaza uno de los más calientes patricios, comerciante +en las Siete Calles, tan aficionado a la danza éuskara que no perdía +coyuntura de armarla por cualquier motivo que hiciera vibrar la fibra +patriótica. + +Antes de que el tal hablase, retumbaron terribles cañonazos. + +—Ostolaza, ahí los tienes —le dijeron—. ¿No querías _aurrescu_? Don +Nazario quiere bailarlo contigo. + +—Bonita música, compañeros —replicó el bailarín gozoso, restregándose +las manos—. Yo sé por qué tiran... Es miedo; se les van las aguas de +puro canguelo, y creen que tirando nos engañan, para que no hagamos una +salida. + +—Como les embista esta tarde el amigo Espartero, señores —dijo +Bringas—, y dispongamos aquí una salidita con gracia, no se escapa ni +una rata. + +Acercose al grupo don Juan Durán, el valiente coronel de Trujillo, que +venía de casa del gobernador San Miguel, y les dijo: + +—Nada, nada: esto es claro. Quieren gastar las municiones para hacernos +todo el daño posible antes de retirarse. + +—¿Está en Castrejana don Baldomero? + +—Y arreando de firme, según parece. + +—Pronto saldremos de dudas. Señores, a comer la puchera el que la +tenga. + +—La tengo yo para todos —dijo Bringas—, con cecina superior, ¡contro! + +—Ea, señores, a comer. Cada cual a su borona... A las tres, junta. + +—Y a las cuatro, _aurrescu_. + +—Y a las cinco, abrazos... ¡Espartero!... ¡Arriba Bilbao! + +Al dispersarse, tomó Valentín la dirección de San Nicolás, donde tenía +que dejar una orden de la Comisión de Guerra, y no había andado veinte +pasos cuando vio venir a _Churi_ con otros corriendo a todo escape. En +el mismo instante sonó vivo tiroteo hacia San Agustín. Llegándose a su +padre, el sordo, con aterrada expresión, hablando más con el gesto que +con la palabra, le dijo: + +—En San Agustín, ellos..., visto yo... Fuego mucho... Por bajo +entraron... Corra; veralos piso alto..., fuego. + +Otros que venían de allí decían lo mismo con distintas expresiones. La +noticia cundía con rapidez eléctrica... Valentín se plantó detrás de +San Nicolás, vacilante... La curiosidad y el patriotismo empujábanle +hacia San Agustín; el miedo le mandaba retroceder. Casi sin darse +cuenta de ello fue arrastrado por un tropel de paisanos y nacionales +que hacia la Cendeja corrían. Entre ellos vio a _Churi_, y cogiéndole +por un brazo le llevó consigo. + +—No te separes de mí... Vamos al fuego. Si hace falta gente, aquí llevo +un sordo y un cojo: no tengo más. + +Habían hecho los carlistas sigilosamente una excavación, por donde +penetraron en la alcantarilla del convento; de ella subieron al +piso principal, dominando la portería y claustros bajos. Sorprendida +la tropa que guarnecía el edificio, se defendió con bizarría entre +paredes, en las crujías bajas, viéndose obligada a retirarse ante la +superioridad dominante de las posiciones del enemigo. Diose una batalla +disputando el paso a la sacristía. Ganada esta por los facciosos, +empeñose otra acción por el paso de la sacristía a la iglesia. Los +valientes de Trujillo hubieron de retirarse, dejando media compañía +prisionera. Aún intentaron defender a la desesperada el paso al coro, y +el de este a la próxima casa llamada de Menchaca; pero sucumbieron ante +el número. En aquella serie de acciones breves, terribles, dentro de un +laberinto formado por murallones ruinosos y tapiales medio destruidos, +aprovechando unos y otros las ventajas de un ángulo, de un boquete, +de un escalón, desarrollaban instintivamente los mismos principios +estratégicos que en un gran campo de guerra, donde hay río, colinas, +desfiladeros y otros accidentes. ¡Espantosa miniatura! Todo lo que +disminuía el tamaño del escenario aumentaba el horror de la tragedia; +y los combatientes eran más grandes cuanto más chico el campo de su +encarnizada porfía. Quedaron al fin los carlistas dueños del edificio y +casa próxima; desde las altas ventanas dominaban las baterías que antes +fueron segunda línea de defensa, y ya eran primera línea. En el frente +de esta podían leer la lúgubre inscripción: _Tránsito a la muerte_. + +Cuando llegaban Valentín y _Churi_ a la calle de la Esperanza, el +fuego era horroroso. Las baterías carlistas cañoneaban sin cesar. +Considerado el espacio entre San Agustín y el Arenal como llave de la +plaza, el sitiador no tenía más que alargar la mano, alargar el pie +para franquear aquel breve terreno, cosa en verdad muy fácil si allí no +estuviera el corazón bilbaíno. Y este se apresuró a obstruir el paso +con tanta celeridad como bravura. Acudieron todos los jefes militares, +todos los nacionales que no hacían falta en otros puntos, los paisanos +que se hallaban en disposición de tomar un fusil. Mucha carne hacía +falta para cerrar aquel boquete. Allí se jugaban los bilbaínos la +suerte de su querida villa: un paso más de los facciosos, y Bilbao les +pertenecía. + +Toda la tarde duró el formidable duelo: uno de los primeros heridos +fue el gobernador de la plaza, don Santos San Miguel, y a poco cayó +también el brigadier Araoz: ni uno ni otro tenían heridas graves; pero +quedaron inutilizados. Urgía elegir otro jefe de la defensa. Reunida +en San Nicolás la Comisión permanente de guerra, nombro al brigadier +Arechavala, que mandaba en Larrinaga. Fue a buscarle Valentín Arratia, +ansioso de ser útil, ya que no se creía apto para la lucha, pues +ningún arma sabía manejar. Maquinalmente, sin darse cuenta de lo que +hacía, entregó a _Churi_ el fusil y los cartuchos que le habían dado +momentos antes, y se fue corriendo hacia Larrinaga. No bien se vio el +sordo armado y con pertrechos de guerra, corrió a donde con más ardor +hacían fuego nacionales y tropa. Él también tiraba; su puntería no +era mala. Del cañoneo y estruendo del combate no percibía más que un +mugido y trepidaciones hondas; ¿pero qué le importaba? En un momento +gastó los cartuchos que le había dejado su padre, y pidió más, y se +los dieron, y sin cesar hizo fuego, con vivo deleite de su alma ruda, +solitaria. Habría querido poseer un arma que de un solo tiro lanzase +infinidad de balas para matar a muchos de una vez, no importándole gran +cosa que al caer los facciosos cayera también alguno de los _de acá_. +Estimaba en poco las vidas humanas, y pues él no era feliz, ni podía +serlo por carecer de un precioso sentido, extendiérase por el mundo la +infelicidad, y reinara la muerte donde debía florecer la vida. Ignoraba +absolutamente el por qué fundamental de la guerra, y no había sabido +discernir el motivo de que la causa de _una_ Isabel fuera mejor que +la de _un_ Carlos. Participaba, eso si, sin darse cuenta de ello, de +la fiera terquedad bilbaína. ¡Defenderse a todo trance! Esto era una +causa, una razón, una bandera. + +Corrió, pues, Valentín al cumplimiento de su misión, como individuo +de la Junta, y en la calle de la Ronda se encontró a José María, que +venía del hospital con un convoy de camillas, llevadas por viejos del +Hospicio y algunas mujeres. + +—Corre, hijo, corre, que buena falta hará todo esto... ¡No es mal +chubasco el que hay por allá! Pero antes que las camillas, harán falta +buenos tiradores... Antes que pensar en heridos, pensemos en matar... +Oye, oye. Si no te dan un fusil, ayuda al acarreo del agua... Llévate +todas las mujeres del barrio... y señoras llévate... que trabajen _a la +hormiga_. Cubos hay en San Nicolás... Hoy perece Bilbao, si no echamos +el resto... + +Partieron en dirección contraria. Al regreso de Larrinaga, pasando +por la calle de Ascao, multitud de mujeres, así del pueblo como del +señorío, refugiadas en tiendas y portales, querían detenerle con sus +clamores, con ansiosas preguntas. + +—¿Es cierto que también atacan por el Circo? ¿Y de la Cendeja qué sabe, +Valentín? ¿Hay muchos heridos?... ¡Qué horror de día! ¿Se acabará +pronto?... ¿Entrarán?... ¡Como no entren! + +De un grupo de señoritas y muchachas del pueblo, en deliciosa +confusión, vio salir a Aura, pálida, desordenado el pelo, los ojos +echando chispas. + +—Tío Valentín, ¿están allí Zoilo y su hermano? ¿Sabe algo de ellos? + +—Hija, no es ocasión de dar noticias..., ni puedo detenerme... No +sabemos cómo acabará esto. Apretada anda la cosa. + +—¿Entrarán?... ¿Pero entrarán? + +—¿Quién? ¿Ellos? ¡Nunca!... + +Irguiéndose en medio de la calle, soltó el registro más ronco de su voz +para gritar: + +—¡Viva Isabel II, viva la Libertad! Y sepan que donde está Bilbao esta +la bravura española... + +Las exclamaciones que respondieron a estos gritos atronaban la calle. + +—Niñas, mujeres, señoras, _ser_ valientes... Que los nombres no os vean +cobardes... Si vosotras sois bravas, el _chimbo_ no cae, ¡qué ha de +caer!... Ánimo, y que desde allá os oigan reír, no llorar..., llorar +no. Hoy no se llora aquí... Y si os mandan llevar cubos de agua, para +refrescar los cañones... ¡hala con ellos, _a la hormiga_! + +Los desplantes que tuvo que hacer al largar los vivas recrudecieron su +dolor crónico, y se fue renqueando, mas no por eso menos presuroso, +aunque le molestaba horrorosamente su antigua avería en la _aleta de +estribor_. Oíase en toda la calle el coro, con diversidad de voces, +cantando las animadas estrofas del himno compuesto en aquellos días por +los milicianos Zearrote y Casales: + + Entre ruinas, valientes bilbaínos, + vuestras sienes ceñís de laurel, + y en estruendo marcial solo se oye + libertad y que viva Isabel. + +Soldados de _Trujillo_ y _Toro_, y algunas compañías de Nacionales, +defendían la Cendeja, llave del Arenal y de Bilbao, con un tesón de +que solo se encontraría ejemplo en las épicas jornadas de Zaragoza y +Gerona. Decididos a que los dueños de la posición de San Agustín no +dieran un paso fuera de ella, juraron hacer con su carne y sus huesos +una compuerta que no abriría el sitiador sin desembarazarse antes de +las vidas que la componían. Tan firme voluntad, entereza tan grande, +produjeron en el curso de la tarde estupendas hazañas particulares y +colectivas y lastimosas muertes. Cada instante el número de heroicos +bilbaínos mermaba dolorosamente. Antes que resignarse los vivos a una +muerte segura, discurrieron un arbitrio que les permitiría fortificar +sus posiciones y redoblar su esfuerzo. Para que los carlistas no +pudieran hostilizarles con tan terrible insistencia en las formidables +posiciones que habían conquistado, era menester proporcionarles +ocupación distinta del tiroteo de cañón y fusil. Pensaron algunos +combatientes de la Cendeja que si lograban pegar fuego a San Agustín +y a la casa de Menchaca, el enemigo tendría bastante que hacer con +apagarlo. Esta idea se fue condensando en las cabezas calientes que +allí había, y al fin tomó cuerpo de eficaz resolución en la cabeza +principal, en el jefe de la defensa, el brigadier don Miguel de +Arechavala. Propúsolo en la cruda forma propia del apretado caso: + +—Muchachos, ¿os atrevéis a incendiar el convento? + +Respondieron que sí. Y el jefe de Nacionales, don Antonio de Arana, +gritó: + +—El enemigo quiere fumar: ¿hay quien se atreva a llevarle candela? + +No se oía más que «¡Yo, yo, yo!». + + + + +XXVIII + + +Muy pronto lo dijeron; pero una vez dicho, no había más remedio que +ejecutarlo. José María Arratia, que había hecho fuego sin cesar, +agregado a los Cazadores Salvaguardias, fue de los primeros en traer de +San Nicolás cantidad de paja en haces; otros acarreaban jergones, brea +y alquitrán. Ya tenían la candela. ¿Quién era el guapo que al enemigo +se acercaba para brindársela? El teniente de Nacionales don Luciano +Celaya dio el ejemplo de temeridad loca, dirigiéndose a la puerta de +la casa de Menchaca con un jergón debajo del brazo, como quien lleva +un libro, y una tea encendida en la otra. Los carlistas abrieron la +puerta, y la volvieron a cerrar azorados; entretanto, dos salvaguardias +y un chico nacional trepaban por montones de escombros hasta ganar una +ventana, y arrojaron dentro del edificio paja encendida. El nacional, +que no era otro que Zoilo Arratia, se guindó aún a mayor altura, +descalzo, y metió por donde pudo, despreciando la lluvia de balas, +listones dados de azufre y ardiendo, que le alargaban otros no menos +atrevidos, aunque no tan ágiles para trepar gatescamente, agarrándose +con una mano y llevando el fuego en la otra... Tras de Zoilo subieron +dos más: uno se cayó a la mitad de la ascensión, estropeándose una +pierna; el otro, agarrado a una reja, cayó muerto de un disparo que +le hicieron a quemarropa. En tanto, subieron dos más por la cortadura +de la casa de Menchaca. Llevaban botes de alquitrán, haces de paja +y mechas de pólvora. Felizmente, Zoilo consiguió ganar el tejado, +y poniéndose panza abajo en el alero, logro coger de manos de sus +camaradas las materias combustibles, y arrojarlas por una buhardilla +medio deshecha; todo con tal rapidez y habilidad, que cuando acudieron +los carlistas ya estaba él descolgándose por un canalón, en el cual no +pudo realizar todo el descenso porque se desprendió la mohosa hojalata, +y con ella vino guarda abajo el animoso chico. Por suerte, todo el daño +que se hizo fue en la ropa, y la sangre que echaba de un pie era de un +rasguño sin importancia. + +Repitiose la tentativa de incendio con increíble arrojo, perdiendo +mucha gente. La mitad de los incendiarios se quedaba en el camino, a +la ida o a la vuelta; el fuego de la fusilería enemiga era horroroso, +apoyado por el cañón de los fuertes de Albia, Campo Volantín y +Uribarri. A la caída de la tarde, el baluarte de la Cendeja hallábase +atestado de muertos y heridos, que no era ocasión de retirar todavía, +ni había quien lo hiciese; los vivos seguían batiéndose en ese +paroxismo del coraje que no da espacio a la flaqueza ni tiempo a la +reflexión, y el convento con la casa inmediata ardía como un infierno. +El objeto estaba conseguido: los facciosos tenían dentro de casa un +enemigo más, favorecido por furioso viento del noroeste, que había +venido a ser partidario de Isabel II. + +Contuvo la quemazón a los carlistas y salvó a Bilbao. Llegada la noche, +los héroes de la Cendeja, no molestados ya por la fusilería facciosa, +pudieron recoger sus heridos y retirar los muertos. Pero nadie descansó +aquella noche, porque toda fue empleada en reparar los destrozos del +baluarte, reforzando la cortadura de la primera línea desde Quintana a +la Cendeja, y estableciendo otras dos de _caballos de frisa_. Además, +se engrosó la batería por el costado que miraba al cañón de Albia; +se dio mayor consistencia a los merlones en la parte del muelle, +y, por último, se prepararon las casas de la calle de la Esperanza +para incendiarlas en caso de grande aprieto. Todo el vecindario que +no estaba sobre las armas, ayudaba en esta operación. Si el enemigo +lograba conquistar en combates sucesivos el palmo de terreno radicante +entre San Agustín y la Cendeja, se encontraría ante una inmensa +barricada de fuego, que luego lo sería de escombros. El tenaz bilbaíno, +por defender a todo trance el recinto de su villa sagrada, cogía una +casa y se la estampaba en los morros al fiero sitiador; y si no bastaba +una, allá iban dos, tres y más. ¡Fuego y piedra en ellos! + +Vagaba _Churi_ inconsolable por las inmediaciones de San Nicolás, +viendo el tráfago incesante de los que entraban y salían con +herramientas, sacas de lana y demás material de ingeniería militar. +Le habían quitado su fusil para darlo a un combatiente más útil; +mandábanle a veces cosas que al revés entendía, y por fin, ordenáronle +salir, pues allí no era más que un estorbo. Incitado por José María, +que se le encontró sentado en el quicio de una puerta con la cabeza +apoyada en las manos, _oyéndose a sí mismo_, ayudó al transporte de +heridos, y desde las diez de la noche hasta el amanecer estuvo cargando +camillas, sin más descanso que el que se tomó en San Antón para +comer un poco de pan y bacalao crudo. Su padre se agregó también al +servicio sanitario, rivalizando en actividad con ilustres mayorazgos +y comerciantes ricos. En el hospital, Sabino Arratia asistía con +entrañable amor y piedad a los heridos, y consolaba a los moribundos, +asegurándoles que de par en par se les abrían las puertas del cielo, y +que en este encontrarían el eterno galardón por haber cumplido con su +deber. + +—Allá, digan lo que quieran, no se distingue entre absolutistas y +liberales, y Dios les mira a todos como hijos, sin _fijarse_ en que +peleen por estas o las otras causas. Esto de las _causas_ y de los +derechos es cosa de los hombres, con un poquito de mangoneo de Satanás. + +Dicho esto, iba por el Viático, que para los más era ya la única +medicina. + +También había hospital de sangre en Santa Mónica, con asistencia +caritativa de _señoras_ y _mujeres_, sin distinción de clases. A +poco de amanecer arrimose a la puerta Prudencia Arratia, con mantón, +acompañada de la criada, que llevaba una cesta al brazo como si fuera a +la compra. Necesitaba procurarse carne, aunque fuese de la peor, para +dar a Ildefonso algo de sustancia, pues estaba el buen hombre perdido +de la cabeza. Salió de la casa de Vildósola, y antes de dirigirse a +Belosticalle, donde esperaba encontrar cabra y siquiera un par de +huevos, llegose a Santa Mónica por ver a su sobrina, que allí, entre el +mujerío principal y plebeyo, prestaba a los heridos asistencia. No se +determinaba a entrar la buena señora, temerosa de que la obligaran, mal +de su grado, a funcionar de enfermera, esperó a que recalara persona +conocida que la comunicase con Aura. Ella tenía su enfermo en casa, su +herido grave, y del cerebro, que es lesión peor que cualquier pérdida +de pata o brazo, y cuidándole bien cumplía con Dios y con Bilbao. +Llegaron en esto doña María Epalza y la viudita, y de ellas se valió +Prudencia para transmitir a la niña la fausta nueva de que Martín +estaba bueno y sano. + +—Me hará el favor de decírselo en cuanto la vea, señora doña María..., +que estará la pobre muerta de ansiedad... No ha sido flojo milagro que +escapase el chico en medio de aquel horroroso fuego. La Providencia, +señora. Dios protege a los buenos. + +—Pues bien bueno era Fernando Cotoner —dijo la viudita prontamente, +arqueando las cejas y frunciendo la boca— y está si vive o muere. + +Convinieron las tres al fin en que debían abstenerse de cargar tales +cuentas a la divinidad, y sentir las desgracias y alegrarse de las +venturas, dando gracias a Dios por estas sin meterse en más dibujos. +Como dejara traslucir Prudencia el objeto de su salida, le dijo la +señora mayor que no se cansara en buscar huevos, porque difícilmente +los encontraría. Ella había comprado el día anterior los últimos que +había en casa de Gorriti (calle de la Ronda), al precio exorbitante +de veinte reales la media docena. Con un gesto de resignación se +despidieron, y doña María Epalza y su hija entraron en Santa Mónica. +No tardó la viudita en tropezarse con Aura en medio de aquel barullo, +y le soltó las albricias, maravillándose de que no las recibiese con +tanto júbilo como ella esperaba. Fueron las dos a la cocina en busca +de tazas de sopa para los heridos, las cuales recogieron de manos de +las ilustres cocineras señoras de Orbegozo, de Arana y de Mac-Mahón. +También las pobres enfermeras tenían que mirar por su vida; y una vez +cumplida su obligación, se fueron a un ángulo de la cocina a tomar un +sopicaldo. + +—¿Sabes? —dijo a su amiga la viudita, que era muy despabilada y un +tanto maliciosa—. Anoche nos quedamos en casa de mis tíos los de Arana. +Llegó esta mañana Antonio Arana, ¿sabes?, el comandante de la Milicia, +y nos contó las heroicidades de tu primo... creo que Martín; pero +no estoy segura. Él llevó el primer fuego a la casa de Menchaca y al +convento, y toda la tarde fue el número uno en el peligro..., en fin, +que ha sido el asombro de todos... + +—Nada de eso sabía —dijo Aura sintiéndose orgullosa, y orgullo debía +de ser el ardor que le salió a la cara—: ahora lo oigo por primera +vez; pero si alguno de mis primos ha hecho valentías, créete que no es +Martín, sino su hermano. + +—¿El pequeño? + +—¿Pequeño? Es un hombre como hay pocos, con un corazón tan grande, que +casi da miedo. No hallarás ninguno tan valiente, ni que sepa, como él, +poner toda su alma en lo que mandan el honor y el deber. + +—Y es guapo, más guapo que Martín. + +—Ea, vámonos, que estamos haciendo falta. + +Todo el día estuvo Aura pensando en lo que le contó la viudita; y +como por diferente conducto llegaran a ella noticias de las hazañas +de su primo, sentíase muy satisfecha por la honra que en ello recibía +la familia, y deseaba ver al héroe para darle la enhorabuena. Por la +noche, cuando vino Sabino a recogerla para llevarla con las señoritas +de Gaminde a casa de este, hablaron de lo mismo. Al padre se le caía +la baba repitiendo las alabanzas que en todo el pueblo se hacían del +inaudito arrojo del chico. + +—Se ha portado como un valiente, y ha subido hasta las estrellas el +nombre de Arratia. Dicen que van a proponerle para la cruz de San +Fernando, y también puede ser que de golpe y porrazo me le hagan +teniente o capitán. Esto lo sentiría..., porque como es así, de un +genio tan fogoso, podría tomar afición a la milicia..., y los militares +no son de mi devoción. Estoy por lo civil, por lo comercial, por lo +pacífico... + +En casa de Gaminde contaron que aquella mañana, después de la brava +respuesta que dio la plaza a la intimación del general carlista Eguía, +reuniéronse Arana y otros jefes de la Milicia en el café del Correo, +y convidaron a Zoilo, que por allí pasaba. Largo rato estuvieron +brindando y cantando coplas, y victoreando a Bilbao y a la Libertad. +El uno improvisaba discursos, el otro nuevas estrofas del himno. +En un rapto de alegría, Zoilo se soltó su brindis, en el cual las +ingenuidades y las bravatas chistosas sonaban a militar elocuencia: + +—Él no era valiente sino terco... No le mataban porque se moría de +ganas de vivir... Todo lo que el hombre quiere, lo consigue cuando hay +voluntad firme, que por nada se tuerce ni se dobla... Los carlistas +no entrarían en Bilbao; quedaban en la villa muchas piedras, mucho +fuego, las pelotas de los trinquetes, los puños de los hombres... y los +corazones de las mujeres, de donde salía toda la fuerza... + +Tanto se entusiasmó Arana al oír estas frases ardorosas, que, después +de abrazarle, le regaló una magnífica pistola que llevaba al cinto. Un +señor muy anciano, bilbaíno, don Calixto Ansótegui, veterano de la +guerra del Rosellón, se llegó a Zoilo y, estrechándole en sus brazos, +le besó en la cabeza y le dijo: + +—En nombre de mi pueblo, te beso y te bendigo. + +Estas y otras escenas y sucesos de aquel día despertaron en la mente +de Aura ideas bélicas, de militar grandeza, y toda la noche se la +pasó soñando, entre dormida y despierta, con héroes legendarios y +con maravillosas hazañas. Los que había conocido humildes se crecían +a su lado, y eran ya grandes capitanes, caudillos, reyes..., ¡qué +delirio! Y Bilbao era el pueblo sagrado, intangible, gracias al valor +de sus hijos, que lo defendían y lo ilustraban con sus hazañas para +luego hacerle rico y próspero entre todos los pueblos de la tierra. +Se reía con lágrimas pensando esto, y deseaba vivir para presenciar +tantas grandezas. Y cuando Zoilo le contara sus actos de heroísmo, +ella disimularía su admiración, y se haría la indiferente, pues no era +discreto ni decoroso que la viese tan entusiasmada... ¡Qué diría, qué +pensaría!... + + + + +XXIX + + +Envalentonados por la fácil conquista de San Agustín, que aunque les +resultó un guiso quemado, conquista era, emprendieron los facciosos +el asalto de la Concepción, convento destinado a cuartel a la otra +parte del río. Después que se hartaron de cañonearlo con las baterías +de Mena y Santa Clara, y cuando ya tenían hechos polvo los débiles +muros de aquel edificio, lo asaltaron con denuedo. Los bilbaínos, sin +más apoyo que el que les daba el cañón situado en la torre de San +Francisco y la fusilería de la Merced, les resistieron bravamente a la +bayoneta. Setenta muertos se dejaron allí los carlistas y más de cien +heridos, algunos de los cuales pudieron retirar. Con este feliz suceso, +que levantó los ánimos, coincidió el feliz parte transmitido desde +Portugalete a Miravilla, por el telégrafo óptico, que decía: «_Continúe +Bilbao defendiéndose. Pronto será socorrida_». + +En la defensa de la Concepción fue Martín levemente herido en el +brazo izquierdo. No se contaba de él nada extraordinario: era un +exacto cumplidor del deber, sin excederse nunca. La herida no tenía +importancia; casi se avergonzaba de hablar de ella, refractario en toda +ocasión a los alardes de valentía. Resistiose a que le hicieran la cura +en el hospital, donde había que atender a casos más graves, y se fue +a casa de Vildósola, buscando el arrimo de Negretti y Prudencia. Esta +mandó al instante a buscar a Aura, y al verla entrar le dijo: + +—Nos ha caído que hacer. Tenemos a Martín herido; y aunque no parece +cosa muy grave, me temo que se complique, por ser del lado del +corazón... Ahí le tienes tan pálido y triste que da lástima verle. + +Al instante procedieron las dos a curarle con gran solicitud, y él, +recobrada su serenidad y buen humor, bromeaba con Aura, permitiéndose +ponderar su belleza, y concluyendo con la exquisita galantería de +que se conceptuaba dichoso de aquel estropicio para que tales manos +se emplearan en curarle. Respondió la niña con buena sombra que la +honra era para quien podía con su inutilidad prestar ayuda a la causa +bilbaína, auxiliando a los héroes; rechazó con modestia el galán +dictado tan sonoro, que a su hermano correspondía, y aseguró no +apetecer más glorias que las de una ciudadanía decorosa consagrada al +trabajo. Así estuvieron tiroteándose un ratito, hasta que llegó la +criada de Gaminde con el recado de que fuera pronto allá la señorita +Aura, pues Jesusita se había puesto mala y deseaba tenerla a su lado. +Respondió Prudencia que más tarde iría con su tío Valentín. En vez de +este llegó Sabino, con un poco de bálsamo samaritano que había ido a +buscar para la cura de su hijo, y con él salió al poco rato la niña. +El hombre tenía prisa, pues había quedado en acompañar el Viático que +a la misma hora daban a Leonardo Allende y a Paco Amézaga, heridos +mortalmente en los últimos combates. Quiso la buena suerte de Arratia +que antes de llegar a la esquina de la calle del Matadero, se les +apareciese Zoilo, que iba, después de tantos días, a echar un vistazo +a la familia. Coyuntura tan feliz alegró al padre, que no quería más +que largarse al Viático, como si pensara que este no era eficaz sin su +concurso. + +—¡Qué oportunamente llegas, _Luchu_! —le dijo—. Cuando te encontré +en Santa Mónica y te mande venir, no creí que anduvieras tan listo. +Luego subirás a ver a tus tíos y a tu hermano: la herida de este es +insignificante. Ahora acompañas a tu prima a casa de Gaminde, y yo me +voy por aquí a Santiago. + +—Corra, padre, corra; que si se descuida no alcanza... + +Habíase quedado la niña de Negretti completamente paralizada de voz +y pensamiento al ver a su primo. Tenía muy pensadas las expresiones +que debía dirigirle la primera vez que le viese después de sus +heroicidades, y todo se le borró de la memoria. + +—Vamos —dijo Zoilo, viendo desaparecer a su padre por la calle de la +Tendería. + +Y ella repitió «Vamos», creyendo que con esto decía bastante. + +«¿Por qué estará tan callado? —se preguntó cuando, recorrida toda +la calle de la Cruz, llegaban al ángulo de la Sombrerería—. ¿Estará +enfadado conmigo?... No sé por qué podrá ser». + +Al llegar a la entrada de la Plaza Nueva, dijo el miliciano secamente: + +—Por aquí, por aquí es por donde vamos. + +—¿Qué pasa? —indicó ella—. ¿Está interceptada la calle de la +Sombrerería? + +—No: es que hace días, muchos días, que no nos vemos, Aura, y he +dispuesto que demos un paseo... nosotros mismos. + +—¡Pero, chico, si me están esperando!... + +—Que esperen... Más he esperado yo... ¡Tantísimos días sin verte, y +a cada instante creyéndome que llegaba mi última hora y que ya no te +vería más! + +—Ya sé que has sido muy valiente. Todo se sabe. Todito me lo han +contado, y yo he dicho: «Se porta como quien es, y hace lo que se +propone». + +—Para eso está uno en este mundo, dilo. Se hace siempre lo que se debe, +y con voluntad se tiene cuanto se desea. + +—¿Y qué tienes? ¿Qué has ganado con tus heroísmos? + +—¿Qué he ganado?... ¿Pues te parece poco? Algo que vale lo que el mundo +entero, y más. Te gano a ti. + +—¡A mí!... ¡Qué cosas tienes!... Pero di, tonto, ¿a dónde me llevas? +¿Salimos por aquí al Arenal? No vayamos muy lejos. Que el paseo sea +cortito. + +—El paseo será del tamaño que disponga yo mismo. + +—Arrogante estás. + +—¿Cómo no, llevándote conmigo? + +—Un ratito corto. + +—O largo... + +—Si tardo, me reñirá tu tía. + +—A ti no tiene que reñirte mi tía ni ninguna tía del mundo, porque en +ti nadie manda más que una persona. + +—Pero esa persona no está aquí. + +—Esa persona está aquí, y soy yo, —afirmó el miliciano parándose en +firme... + +—_Zoiluchu_, no digas tonterías; yo no te pertenezco. + +—Tú me perteneces. Te he conquistado... Que he sabido ganarte, sábeslo +tú, sábelo Dios... Sigamos hasta la Ribera, que aún tenemos mucho que +hablar. + +—Cuidado... ¡Si nos ven solos por aquí...! + +—Si nos ven solos, dirán: «Ahí va Zoilo Arratia, pues, con su mujer». + +—¡Jesús, qué barbaridad! + +—Porque si no lo eres todavía, lo serás, sin que nadie pueda evitarlo, +porque yo lo quiero, y también tú..., tú y yo, que es como decir +_nosotros en uno mismo_... Puede que mi padre y mi tía lo lleven a +mal, porque otros planes tienen; pero ni mi tía, ni mi padre, ni la +familia entera, ni todo el género humano, impedirán lo que yo quiero, +llamándome _nosotros_, lo que debe ser y será. + +La firme voluntad de Zoilo, tan categóricamente formulada, sin +atenuación alguna; poder incontrastable, irreductible, del orden de +los hechos fatales o de las leyes de la naturaleza, actuaba sobre el +espíritu de Aura como una fascinación, como un exorcismo, más bien como +la atracción sideral. Era ella el cuerpo pequeño que se veía arrancado +de su órbita, asumido a la órbita del cuerpo mayor. El inmenso querer, +el inmenso desear de Zoilo la envolvía y se la llevaba consigo en un +giro infinitamente grande. + +—¿Pero qué estás diciendo?... Que tú..., que nosotros..., que yo... + +—Digo que eres mi mujer, y dilo tú; que pues yo lo he querido, es +así..., y ante esto, Aura, la familia y el mundo entero tienen que +bajar la cabeza... Lo que vas a decirme, ya lo sé. + +Sonó un cañonazo. Albia despidió un proyectil curvo; a los pocos +segundos disparó otro Landaverde. El uno se pasó; el otro vino a caer +en la ría, más abajo del Arenal. + +—Vámonos por Barrencalle a coger los Cantones... Por aquí... No tengas +miedo. Esos mentecatos tiran a esta hora por las Ánimas benditas... No +temas nada. Dios ha dicho que ni tú ni yo moriremos en el sitio. Porque +lo sé soy animoso, no por valor propiamente..., ¿me has entendido? Mi +valor es Aura, mi fe es Aura, dilo..., y creyendo en Aura y teniéndola, +no hay balas, no puede haber balas que a uno le toquen. + +—Sí, fíate... —murmuró la doncella queriendo reír. + +—Pues sí; ya sé lo que a decirme vas: que si el compromiso, que si +don Fernando... Don Fernando no viene ya..., o se ha muerto, o no +es caballero... Y aunque venga..., ¿qué?... Reino abandonado, reino +perdido. En su trono me he sentado yo, Zoilo Arratia, y a ver si me +echa él..., con sus manos lavadas..., con sus manos bonitas... Las +mías, quemadas y oliendo a pólvora, más que las suyas podrán. + +—Eso no... _Luchu_, eso no... —dijo la niña muy apurada, no sabiendo +encontrar en su mente fecunda más que aquella denegación anodina, +infantil... + +—Yo digo que sí... Nada temo. Estorbos para mí no hay. Voy contra un +ejército si es necesario... No sé lo que es desconfianza; lo que es +miedo no sé... Ni a ti misma te temo. Sé que he de triunfar de todo, +y nada me importa don Fernando, venga o no venga, ni el mismo san +Fernando, si del cielo bajara, me importaría. + +—¡Cómo te creces, primo! —exclamó Aura pensativa, subyugada por aquel +torrente irresistible de voluntad—. Arrogante estás. + +—¡Que si me crezco! Di que tengo vida de sobra... ¡Y lo que falta! +Aura, por mucho que yo suba, aún estás tú más alta. Y verte tan arriba +no me pesa... Mejor, así crezco yo más. + +Muy poco adelantaban en su paseo, porque se paraban a cada frase para +poder verse las caras frente a frente, y aumentar con la vista y el +mutuo llamear de sus ojos la expresión de lo que decían. + +—¿De modo —dijo Aura— que tú nada temes? + +—Nada. Dios me dice que tendré todo lo que quiero, porque lo sé querer. + +—¿Según eso, tú, Zoilo..., no dudas? + +—¡Dudar yo! ¿De qué? Eres mi mujer, te tengo... Nadie te apartará de +mi... + +—Muy pronto lo has dicho. ¿Y si yo, suponiendo que quisiera ser tuya, +no pudiera serlo? + +—¡No poder..., queriendo!... ¡Ah! ya sé por qué lo dices... ¿Crees que +hago caso de esa bobada de mi tía Prudencia, que quiere casarte con +Martín?... Yo me río; ¿y tú? + +—También. + +—Pero no has tenido valor para decirle a la tía Prudencia y a mi padre +que eso no puede ser. + +—¡Oh, no me atrevo! + +—Pues yo sí. Ahora mismo voy y se lo digo. + +—¡Oh, no, por Dios!... Lo que has de hacer ahora mismo es llevarme a +casa de Gaminde. Basta ya de paseíto. ¡Qué dirán, qué pensarán!... + +—Pensarán que debemos casarnos pronto. + +—¡Dale! + +—Nada: ¿no tiene don Francisco un hermano cura? + +—Sí, don Apolinar: allí está siempre. + +—Pues voy a verte, y después hablo con él para que nos case. + +—¡Zoilo! —exclamó Aura, dando un paso atrás aterrada de tan +extraordinaria decisión. + +No había visto ella nunca una fuerza que a la de su primo se asemejara. +El fogoso chico era la acción misma; no imploraba los favores del +destino, sino que cogía por el pescuezo al propio destino y lo hacía su +esclavo. Mientras dio la niña aquel paso en retirada, dijo Zoilo que si +don Apolinar no quería casarles, él conocía un capellán de tropa que +lo haría en menos que canta un gallo. La atracción, gravitación o lo +que fuera, actuó de nuevo sobre el espíritu de Aura, que dio el paso +adelante, sin atreverse a decir más que esto: + +—Bueno, primo; creo que debemos irnos ya... + +—Como quieras... Quedamos en que iré a verte a casa de Gaminde. + +—¡Oh, cuánto hablaron de ti ayer, y cómo te ponían en las nubes! Yo, +naturalmente, estaba muy orgullosa..., por la familia, por ti... + +—Di que por ti más... + +—También contaron lo del café; el brindis que echaste, lo que te dijo +Arana al regalarte la pistola, y el beso que te dio, en nombre de +Bilbao, el viejecito Ansótegui. + +—El beso no era para mí, Aura. + +Diciendo esto, y sin darle tiempo a retirarse, le cogió la cabeza, y +apretándola fuertemente, le estampó como unos veintitantos besos en +diferentes partes, desde la coronilla a la garganta. + +—Por Dios, ¡ay, ay!, no seas bruto... ¡Qué atrevido, qué...! Déjame... +Ya no más... Me haces daño... No, no; quita, quita... Que pasa gente... +¡Ay, no! + +—Si pasa gente, que pase —dijo Zoilo al concluir—. Estaría bueno que no +pudiera uno acariciar a su mujer donde se proporciona... + +Ocurriéronsele a la niña razones de gran fuerza para protestar de +aquella bárbara violación de la compostura, del respeto que ella +merecía; pero entre la mente y los labios perdiéronse las razones, y +cuando quiso buscarlas no parecían... Solo pronunció entrecortadas +voces que eran, empleando un símil guerrero, como migas de pan +arrojadas contra un baluarte de granito. La joven siguió su camino +temblando, como una brava res cogida y amarrada por potente cazador. + +—Eres muy atrevido, Zoilo —dijo rehaciéndose cuando pasaban de la +soledad de la calle de la Torre a la plazuela de Santiago—, y eso no +está bien... Te repito que no está bien... Llegaré muy tarde, y me +reñirán. + +—No hagas caso. Yo soy tu dueño, y no te riño, pues. + +—Y a ti te regañará tu padre, si sabe... + +—Soy hombre... Mi padre me respetará como yo le respeto a él... Si algo +me dice, que estoy casado le responderé. + +—Eres atroz, _Luchu_. + +—Soy terrible... Cuando me convenzo de que tengo que ir a un punto, +voy. Nada me acobarda... Nadie me domina, y yo domino todo lo que +quiero, y más. + +—Es mucho decir... + +—Más hago que digo... Yo hablo con las acciones. + +En esto llegaron a la casa de Gaminde, y él fue tan juicioso que no la +detuvo en el portal. + +—Súbete pronto. Ya sabes que vendré a verte cuando el servicio me lo +permita. + +—Adiós... No hagas barbaridades. Bastante te has lucido ya. + +—Yo no quiero lucirme... Me ejercito; me lo pide el cuerpo..., y el +alma... Así se hace uno fuerte para lo que venga, Aura. Adiós. + +—Adiós... Me subo volando. + + + + +XXX + + +Al sentirse físicamente lejos de la esfera de atracción de aquella +voluntad potente, volvió la niña a girar en su órbita y sintió +recobrada en parte su personal fuerza. + +«Es un bruto —se decía—; pero no hallo la manera de sustraerme a su +poder. ¡Qué hombre, qué energía!... ¡Ay!, tendré que hacer un esfuerzo +para no dejarme dominar, pues de lo contrario, no sé lo que pasará... +Como mérito, lo tiene... ¿De qué será capaz Zoilo, si no le mata una +bala? Pues de las cosas más grandes. Me asusta, verdaderamente me +causa tanto miedo como admiración... ¡Qué mal he hecho en dejarme +besar! Se creerá que le pertenezco, y eso sí que no. Pero me cogió tan +desprevenida, ¡qué pillo!, que no pude... Cualquiera le dice que no +a nada. Este es de los que no se dejan gobernar, y gobiernan a todo +el mundo... Yo no sé lo que me pasa... Cuando estoy lejos de él, soy +muy valiente..., pero se me acerca, y ya estoy temblando... ¡Vaya un +hombre!... Pero no: es preciso que yo me mantenga en mi deber y en +mi consecuencia, porque no puedo faltar a lo jurado... El _mío_ es +otro..., y aunque estoy muy enojada con Fernando porque no viene, ni +se anuncia, ni nada, debo mantenerme firme... La verdad es que ya +pesa, Señor, ya pesa este abandono en que estoy, y si yo me declarara +independiente, no tendría razón ninguna en quejarse. Sabe Dios que +le he querido y le quiero como cuando nos conocimos... No dirá que +he faltado. Él es quien falta... ¿Y quién me asegura que no se ha +entretenido lejos de mí con otra mujer? Esto sería ya inicuo, esto +sería ultrajante para mí... Pero yo soy quien soy, y espero, espero, +espero... ¿Hasta cuándo, Señor, hasta cuándo?... Digan lo que quieran, +tengo yo mucho mérito, y la palma de la constancia nadie me la puede +quitar...». + +Pensando en esto, que era su continuo pensar, hizo propósito de esperar +a Fernando hasta unos días después de la terminación del sitio..., ¿Y +si llegaba después del plazo que ella fijara, y daba explicaciones +satisfactorias de su tardanza?... No, no: había que aguardarle hasta +que se tuviese la certidumbre de que no había de venir. + +Acontecía que en sus cavilaciones nocturnas sobre este tema, a veces +la persona de Fernando presentábase en la mente de Aura un tanto +desvirtuada en sus atributos. Como todo se gasta y perece, aquel ser +tan traído y llevado en los sueños de la sensible joven, desmerecía, +se deslustraba, como las bellezas materiales que el tiempo y el uso +van carcomiendo, como las flores que se marchitan, como las nobles +vestiduras que se ajan, como las finas armas que se enmohecen... Sobre +cuanto existe actúa el tiempo, artista minucioso que deshace unas +obras, pieza por pieza, para hacer otras, o las reduce a polvo para +vaciarlas en mejor molde. El maldito no está nunca quieto, y no hay +cosa peor que dejar en su poder, para que lo guarde, algún objeto +moral o físico de gran mérito y estimación. Si no se queda con él, lo +devuelve transformado. + +No estaba ociosa la niña de Negretti en aquellos días, pues sus +amiguitas no la dejaban de la mano, llevándola de casa en casa, a +patrióticas reuniones femeniles para coser sacos, preparar hilas +y vendajes, cuando no iban a Santa Mónica, según los turnos que +designaban las señoras mayores. Una tarde, reunida una cuadrilla en que +no había menos de dos docenas de muchachas, algunas de las más bonitas +del pueblo, discurrieron ir a visitar al oficial herido Fernando +Cotoner, que por su gentileza y donosura tenía gran partido entre +el bello sexo. Custodiadas por una comisión de mamás, invadieron su +casa, y halláronle en vías de convalecencia, alegre y decidor como de +ordinario; y tanto se excitó con la irrupción de niñas guapas, y tales +apetitos de hablar mucho y vivo le entraron, que el médico tuvo que +ordenar la inmediata salida del enjambre. + +—De esta no muero, amigas de mi alma —les decía clavado en un sillón, +gesticulando con exceso, pues condenado a quietud absoluta sin más +juego que el de los brazos, usaba de estos desmedidamente—. Solo ha +sido un agujero más, y ya he perdido la cuenta de los que debo a la +guerra. La que se case conmigo, ya sabe que se casa con una criba... +Fernando Cotoner no entra en acción sin que le toque alguna china... +Es el niño mimado de las balas... ¿Saben la carrera que sigo? La +carrera de inválido... Adiós, flores bellas, alegría de mi corazón... +Un momento, aguarden un ratito... ¡Vivan las niñas de Bilbao! ¡Viva la +Libertad, y muera Carlos V! + +Respondió el alegre coro desde la puerta y en el pasillo, a donde las +empujaba el médico don Miguel Medina, sacudiéndolas con su pañuelo como +si ahuyentara moscas. + +A menudo iba Aurora a pasar un ratito con su tío Ildefonso, que con +ella se animaba, saliendo por breves momentos de su taciturnidad +sombría. Gustaba de que ella, y no los demás, le refiriese las +sucesivas ocurrencias del sitio, las victorias que con su heroico +tesón iba ganando el pueblo, la situación probable o supuesta de las +tropas que venían en socorro de la plaza. Y él, siempre bondadoso, no +desmemoriado a pesar de la turbación de su mente, gustaba de decirle lo +que consideraba más grato para ella: + +—Si Espartero viene pronto y salva a Bilbao, en cuanto se abran las +comunicaciones tendremos aquí, creo yo, al buen don Fernando. + +Y otro día, con gran reconcomio de Prudencia, que se mordía los labios +para comprimir sus ganas de controversia, dijo: + +—Me da el corazón que el señor de Calpena está con Espartero, y que +entrará con él. + +Pasaron días sin que Aura y Zoilo se viesen, por causa de la +permanencia casi continua del valiente chico en las líneas de defensa. +En cambio, siempre que iba la niña a casa de Vildósola, era infalible +su encuentro con Martín, que tardaba en restablecerse de su herida más +de lo que parecía natural. Prudencia daba largas al proceso traumático, +aplicando vendajes con unturillas de su invención, completamente +inofensivas. En el largo espacio que daba el tratamiento dilatorio, +logró el benemérito joven, con no poco estudio, aguijoneado por su tía, +declarar a la hermosa doncella el amor puro, de honradísimos y santos +fines, que le inflamaba, gastando en ello fórmulas algo semejantes a +las farmacopeas de Prudencia. Contestábale Aura agradeciendo sus nobles +sentimientos, y declarándose imposibilitada de corresponderle por el +compromiso antiguo que a otra persona la ligaba. Por su parte, la sagaz +gobernante, siempre que a solas la cogía, incitábala a no ser tan +huraña con Martín, asegurando que partido mejor no encontraría aunque +lo buscara con pregón. La pobre joven rompía en llanto; deseaba que +el tío Ildefonso se pusiera bueno para contarle sus cuitas y pedirle +consejo; pero esto era muy difícil, porque Prudencia nunca la dejaba +sola con su marido, temerosa de que Ildefonso, con su puritanismo y +el rigor de sus principios, tan contrarios al sentido práctico, la +torciese más de lo que estaba. + +Y por desgracia, el pobre Negretti iba de mal en peor. Una tarde, +hablando de ello Vildósola, Valentín y Prudencia, delante de Aura, +expresó aquella con lágrimas su dolor por el desvarío manifiesto de las +ideas de su esposo. + +—Ayer —manifestó Valentín suspirando— seguía con el tema de que ya +no se harán los barcos de madera, sino de hierro, todo el casco de +hierro... + +—Esto no es absurdo, no, amigo mío —dijo Vildósola, hombre +indulgentísimo, muy crédulo, y que no era pesimista en el caso de +Negretti. + +—Absurdo no... Científicamente, puede ser. Lo gordo es que, según +Ildefonso, todo ese hierro que se necesita para construir los barcos de +mañana se llevará de Bilbao a Inglaterra. Vean por dónde nos vamos a +quedar sin montañas. + +—Poco a poco, Valentín. Hablando con franqueza, no veo el delirio, no +veo el disparate... + +—Pero, hombre, ¿estás tú loco?... ¡Embarcar toda Vizcaya en naves de +hierro para llevarla a Inglaterra! ¡Ah, tunante!, como buen corredor de +cambios, ya se te hace la boca agua pensando en el papel Londres que +vas a colocar el día que... + +—No es eso... yo digo... + +—Cállate, Cirilo... Se trata de barcos, y yo... + +—Se trata de comercio, y yo... + +—Esperen... —dijo Prudencia, cortándola cuestión—. A mí me aseguró que +toda nuestra ría no será bastante para contener las embarcaciones +grandes, grandes... + +—A mí me dijo que dentro de cuarenta años se verían en estas aguas +cuatrocientos barcos de dos mil a tres mil toneladas, descargando +carbón y llevándose la mena... Para ese tiempo se empedrarían las +calles de Bilbao con libras esterlinas, y tendríamos aquí fábricas y +talleres tan grandes como de aquí al paseo de los Caños... + +—Pues ese delirio —afirmó el corredor— merece mi aplauso, y no he +necesitado más que oírlo mencionar para sentirme contagiado. Yo deliro +también, Valentín. Yo creo en el hierro..., yo lo veo... + +—Lo que tú ves es el cambio, los chelines y peniques. Tú no estás +bueno, Cirilo... El sitio a todos nos volverá locos. + +—Yo veo el hierro... + +—Sí: tendremos que echarnos cabezas de hierro para poder pensar. +Adelante. + +—Con ser un delirio eso de exportar las montañas —añadió Prudencia—, +no me resulta tan desatinado como la que me soltó esta mañana. +Hablábamos del sitio, de si viene o no viene Espartero, y él muy serio, +convencidísimo y enteramente aferrado a su opinión, se dejó decir +que para que Bilbao llevase su defensa hasta la última extremidad, +volviendo locos a los carlistas y obligándoles a largarse corridos, +era menester que pusieran de gobernador de la plaza, ¿a quién creéis?, +a nuestro sobrino Zoilo. Dice que _Luchu_ es la más fuerte energía +militar que tenemos aquí. Y que si él estuviera al frente del ejército +del Norte, ya no quedaría un carlista para un remedio. + +—Es que anoche —indicó Vildósola— estuvo Zoilo contándole cosas de +cañoneo y batallas, con las exageraciones y el ardor que el chico pone +en todo lo que dice. + +—Ya me cuidaré yo —afirmó Prudencia— de que no vuelva a pasar... +Cuente Zoilo sus hazañas a los que están buenos, no a los enfermos del +magín, que fácilmente se ponen perdidos oyendo hablar de encuentros, +degollinas, zambombazos y demás gracias de la guerra, que a mí no me +hacen ninguna gracia. + +Oía estas cosas Aura sin aventurar de su parte observación alguna, y +lo único que se le ocurrió fue el propósito de advertir a su primo, en +cuanto le viese, que se abstuviera de contar al tío lances guerreros, +ni nada en que figurasen bombas, granadas y metralla. El día 5 de +diciembre, poco antes de la salida que hicieron los sitiadores por la +parte de Artagán, creyendo obrar en combinación con Espartero, vio la +niña al miliciano; pero no pudo hablarle. Iba ella con las de Gaminde +y las de Ibarra por la calle del Correo, a oír misa en Santiago, +cuando pasaron las compañías de milicianos y de Trujillo en dirección +de Achuri: Zoilo la vio, y ella a él. Aura no hizo más que sonreír +y ponerse muy encarnada; él la saludó graciosamente con una sonrisa +y fugaz movimiento de los labios. Por la noche, oyendo contar que +la salida, aunque brillante, no resultó eficaz por el mal acuerdo de +haberla hecho solo con cuatrocientos hombres, pensaba la hermosa joven +que si Zoilo hubiera dispuesto la operación, habrían salido lo menos +mil... Vamos, ¿a quién se le ocurría mandar cuatrocientos hombres, ni +aun contando con el apoyo de Espartero _por el lado de allá_? También +ella se iba volviendo estratégica. La verdad, no comprendía cómo sus +tíos encontraban tan disparatadas las ideas de Negretti con respecto +a _Luchu_... ¿Pues qué? ¿Dónde había voluntad como la suya? ¿Quién +le igualaba en grandeza de corazón, en bravura y serenidad? Pues así +como tenía estas dotes, bien podía tener las otras, las del cálculo +para saber por dónde se atacaba, y con qué fuerzas, y en qué ocasión y +momento. + +Acostose con la cabeza dolorida, congestionada de tanto pensar, y pasó +malísima noche, sin poder conciliar el sueño, atormentada por una +idea tenaz, monomaníaca, consistente en establecer paralelo entre don +Fernando y su primo, midiendo y aquilatando las excelsas cualidades +de uno y otro. Sin duda había pocos como Fernando, cuya inteligencia, +caballerosidad, exquisita educación y finura cautivaban... Esto no +quitaba que el otro fuera más hombre, más..., no sabía cómo expresarlo. +Era todo lo hombre que se puede ser. Con la voluntad que a él le +sobraba, se podían hacer cien personas enérgicas, o mil... No había más +que mirar aquellos ojos para comprender que era su alma toda acción, +de las que gobiernan y no se dejan gobernar, de las que subyugan +y avasallan... Pero por ser menos hombre, no perdía sus hermosos +méritos Fernando. ¡Qué talento, qué gracia, qué elegancia de formas! +¡Luego sabía tantas cosas, había leído tanto!... En cambio, Zoilo era +un bruto, un bruto, eso sí, capaz de aprender en poco tiempo todo +lo que no sabía, y llenar de conocimientos el profundo pozo de su +ignorancia... Insistía la gentil niña, dando extensión absurda a estos +paralelos febriles, en pertenecer a Calpena, en mantenerse fiel a su +compromiso; pero mucho tenía que fortificar su voluntad para oponerse +al torrente del querer de Zoilo, de aquel querer que no admitía +réplica ni oposición, que todo lo arrollaba hasta imponer y afianzar +su imperio. Para defenderse del audaz tirano, lo más conveniente sería +no verle más, no hablar con él... ¿Y cómo podía ser esto? Si Fernando +viniese pronto, todo se arreglaría; pero, ¡ay!, le daba el corazón +que Fernando, o tardaría mucho, o no vendría más. La insistencia de +Ildefonso al afirmar que vendría con Espartero, era un desatino de la +perturbada mente del buen mecánico... Imposible, pues, sustraerse a la +sugestión avasalladora, soberana, fatal, de su primo. Dios le había +dado el don de querer con tan grande intensidad, que cuanto quería se +le realizaba. No soñaba, hacía; pensamiento y ejecución significaban en +él lo mismo. + +Como era la niña tan inteligente, y además poseía su poquito de +instrucción, extraordinaria para las muchachas de aquel tiempo, podía +discurrir sobre estas cosas de humanos caracteres, y hasta encontrar +forma relativamente apropiada para expresar sus juicios. Prosiguiendo +el ingenioso paralelo, se dijo: + +«Y este _Luchu_, ¿es romántico?... Puede que sí; pero no como Fernando, +un romántico de soñación, sino de acción... Así lo veo yo. Todo el +romanticismo y toda la poesía de Fernando es la de los dramas, la de +los libros que andan ahora: en los libros y en los dramas, que son pura +mentira, ha bebido él su romanticismo, como las abejas en las flores... +Este _Luchu_ no es así: todo lo tiene en su alma desde que Dios la +hizo. Don Fernando sueña, se emborracha con lo que ha leído..., quiere +llevar todo aquello a la acción y no puede..., no le sale... Claro, +como que no es suyo... (_Pausa larga de aturdimiento y confusión_). +Pero ahora caigo en ello. Zoilo no es romántico, sino clásico, tan +clásico, que no puede serlo más... Se me ocurre el disparate de +compararle con los dioses antiguos, que tomaban figura de hombres, y a +veces de animales, para andar por el mundo y hacer lo que les daba la +gana... Y se metían entre los ejércitos, y daban la victoria a quien +querían, y destruían pueblos, y soltaban rayos, y seducían mujeres..., +sin que nadie pudiera oponerse a su voluntad... Naturalmente, como que +eran dioses». + + + + +XXXI + + +Tenía Valentín por ineficaz aquella dispersión de la familia en +diferentes moradas, pues ningún lugar era seguro en el casco de la +villa. El inmenso peligro que los vecinos de la Ribera vieron en +esta parte del pueblo cuando los carlistas preparaban su ataque a la +Concepción, fue conjurado por la bravura bilbaína en la sangrienta +jornada del 29 de noviembre. Si el enemigo hubiera conquistado aquella +línea, poniéndose a tiro de fusil de todo el frente de la Ribera, esta +habría resultado inhabitable desde el teatro hasta Barrencalle. Pero +como continuaban en sus antiguas posiciones de Santa Clara y barrio de +Mena, y lógicamente no habían de meterse en arriesgadas aventuras por +aquella parte, pues toda su fuerza y vigilancia la necesitaban de la +Salve para abajo, atentos a las pisadas de Espartero, los vecinos de la +Ribera recobraban su tranquilidad, y los menos tímidos se iban metiendo +en sus hogares. Determináronse, pues, Sabino y Valentín a congregar +la dispersa familia: ya José María y _Churi_, que se instalaron en la +casa para estar al cuidado de todo, habían comenzado las reparaciones +convenientes en el tejado. + +Prudencia opinaba como sus hermanos respecto a la concentración, pues +no se hallaba muy a gusto en casa de Vildósola. Este y Rufina, su +mujer, eran excelentes personas; no así la suegra, que de continuo +cerdeaba y se ponía fastidiosa, dando a entender que la molestaban los +huéspedes. Además, todo aquel barrio de Zamudio había venido a ser el +más inseguro; las baterías facciosas del barranco de Santo Domingo y +de Iturribide atizaban candela y bombas; en la calle de la Cruz y en +la vuelta de la de la Ronda habían caído proyectiles destrozando dos +edificios. Para colmo de desdichas, en la noche del 13 una carcasa pegó +fuego a la finca medianera con la de Vildósola; los vecinos de esta +hubieron de desalojar de prisa y corriendo, y Negretti fue llevado a +casa de don José Antonio de Ibarra, amigo de la familia, procurador y +comerciante con tienda y almacén en la calle de la Sombrerería. Aunque +los Ibarras eran gente bonísima, hospitalaria y servicial, Prudencia no +estaba conforme con vivir en prestados hogares, y decía, refunfuñando: + +—Cada lobo a su cueva, y sea lo que Dios disponga. + +Todo el tiempo que le dejaban libre sus ocupaciones en la Sanidad, +empleábalo José María en el arreglo de la casa, ayudado por _Churi_, +el cual cada día hacía menos uso el don de la palabra. Con un gesto +expresaba todo lo que tenía que decir; con un mohín daba respuesta +categórica y breve a cuanto se le preguntaba. Obedecía ciegamente a su +primo, y juntos iban a comer a casa de Miguel Ostolaza, el individuo +de la Junta y comerciante de las Siete Calles que se distinguía por +su bullicioso patriotismo y su desmedida afición al _aurrescu_. Otro +de los Ostolazas tenía botica en Artecalle: con este o con Miguel +vivían indistintamente, según las peripecias del sitio, la madre y +una hermana, Juanita Ostolaza, de quien era novio José María, con +relaciones de exquisita honradez y compostura, y planes de matrimonio. +Desde que ambos eran niños, andaban en aquellos honestos tratos, y de +acuerdo ambas familias habían concertado la boda para cuando Bilbao +estuviese triunfante y libre. Comían los dos primos de Arratia en la +botica de Francisco o en la tienda de Miguel Ostolaza, y tornaban sin +pérdida de tiempo a sus ocupaciones. + +Frecuentaba también Zoilo la casa paterna por mudarse de ropa, lo +que hacía con desusada frecuencia. Habíase vuelto muy presumido; se +acicalaba; tenía su uniforme en perfecto estado de limpieza; iba a +los combates como a la parada, gallardo, guapísimo, la cabellera +corta bien peinada, el bigotito juvenil atusado con marcial donaire, +bien afeitada la barbilla, los botones del uniforme relumbrantes. Si +por acaso se encontraban en la tienda los dos primos rivales, no se +dirigían la palabra: _Churi_ ni siquiera miraba a Zoilo, y este tampoco +era muy expresivo con su hermano mayor. Atribuía el buenazo de José +estas reservas a genialidades de uno y otro: _Churi_, con su sordera +aisladora, se envolvía cada vez más en sus tristezas, labrándose un +capullo para sepultarse dentro; _Luchu_, por el contrario, con sus +ruidosos triunfos militares, propendía fatalmente a la expansión +locuaz, al dominio. No desconocía José los méritos de su hermano, ni +los servicios que con su bravura y serenidad heroica había prestado a +la causa bilbaína; casi encontraba justificado su creciente orgullo. +Sencillote y benévolo, era el primero en extender a toda la familia las +glorias del _gallito de Arratia_, y en gozar de su prestigio y fama, de +lo que resultaba un reconocimiento tácito de su superioridad. + +Continuaba Aura en casa de Gaminde, tan querida de las niñas Florencia +y Jesusita que no sabían separarse. Pero aconteció que la pequeñuela +contrajo una calentura eruptiva, y temerosa Prudencia del contagio, +llevó a su sobrina a casa de Orbegozo, donde también la querían y +agasajaban. La señorita de Orbegozo poseía algunos tomos de novelas, +que leyó Aura, entre ellas _Valeria y Beaumanoir_, de Madama Genlis. +Manjar tan empalagoso no era del gusto de la joven, que lo apetecía +más tónico y amargo. Dulzona era también Socorrito, y muy aficionada +a novedades de moda y perifollos. No congeniaban. Más a gusto se +encontraba Aura con las de Busturia, chicas criadas en una trastienda, +sencillas, trabajadoras, heroínas domésticas sin afectación; pero +aunque festejada por unas y por otras, y deseando conservar tan buenas +amistades, anhelaba volver a su casa, vivir entre los suyos, que suyos +eran ya, con vínculos del alma, los Arratias chicos y grandes. Al +propio tiempo que estas dispersiones enfadosas ocurrían, aumentaba +el malestar de todos la escasez de víveres, ya en proporciones +aterradoras. Una docena de huevos, de remota antigüedad, no podía +adquirirse por menos de sesenta reales. Por una gallina tísica había +quien daba media onza. Los gorriones, que los chicos cazaban y vendían +por _chimbos_, valían como si fueran pollos. Las alubias llegaban a +cotizaciones fabulosas; las patatas no existían, y el bacalao comenzaba +a escasear. Algunos días se iba _Churi_ sin decir nada por el Nervión +arriba hasta cerca de la _Isla_, y traía media taza de angulas, con las +cuales obsequiaba Prudencia a los de Ibarra, festejando el bocado como +un hallazgo preciosísimo en tales tiempos. Iban por allí el corredor +Vildósola y José Blas de Arana, ambos famosos entre la gente bilbaína +por sus anchas comederas, así como por su inteligencia en artes +gastronómicas. Se consolaban de las abstinencias del asedio hablando +de suculentas comidas, de platos castizos, y recordando sus merendonas +y _gaudeamus_ en días mejores. Arana ofreció a _Churi_ un morrión de +miliciano y un sable si le traía una taza de angulas, y Vildósola +refería con buena sombra sus sueños, que eran siempre de comer mucho y +bien. + +—Anoche, para hacer boca, despaché cuatro ruedas de merluza, y encima +una docena de _chimbos de higuera_, que fueron seguidos por una tanda +de _barbarines_... + +—Ya podías haber guardado algo para nosotros —indicó Prudencia—. A +Ildefonso le gustan locamente los _barbarines_ fritos en papel. + +—Pues yo —dijo Arana—, si soñase esas cosas me pondría malo, y al +despertar tendría que purgarme. Me reservo para cuando salgamos de este +bromazo. Lo probable es que perezcamos todos, y moriremos acordándonos +de la Libertad y del bacalao en salsa roja. Pero si tengo la suerte de +salir con vida y de ver reventar a don Carlos, ojalá que esto sea en la +época de los _guibilurdines_ para celebrarlo con un buen atracón de tan +rico vegetal. + +—Mira —dijo Vildósola—, yo espero que terminemos antes de que vengan +los _guibilurdines_. Te apuesto todo lo que quieras a que la entrada +de Espartero la celebramos en el propio San Agustín con chacolí de +Quintana, y angulas, y lo demás de la estación... y todo esto antes que +cante el gallo de Navidad. + +—Yo te apuesto lo que quieras a que el gallo y pavo de esta Navidad +serán de aquellos que andan por los tejados. Esto va largo, y es +casi seguro que saldremos vestidos de máscara a tirotearnos con los +_serviles_. Espartero está comiendo merluza, y no se acuerda de +nosotros... Pero ¡qué remedio! Comeremos clavos en vinagre. ¿Oye, no +sabes? Bringas me mandó chocolate muy bueno, y dos docenas de bizcochos +que sobraron del primer sitio... En mi casa, con ocho de familia, +nos defendemos con el maíz que quedaba en el almacén de Busturia. Lo +machacamos; Hilaria sabe hacer unas combinaciones muy buenas, bollitos, +fruta de sartén, con un poco de salvado que nos resta, aceite de +linaza, nuez moscada... Te convido si quieres, y para obsequiarte añado +una rata magnífica que cogimos esta mañana en mi almacén..., cebada con +raba y sardina, ya ves. + +—Gracias: yo tengo hoy huevos de paloma, y una cecina de macho cabrío +que está diciendo «Comedme». + +—No: lo que dice es «Tiradme». Es de la que tenía Cosme el de +Belosticalle, que la untaba de pimiento choricero para que tomase color +y pareciera jamón. + +Con estas bromas se entretenían, y conllevaban alegremente las +tristezas de situación tan angustiosa. Desprovista del precioso +humorismo, y sintiendo en sí muy debilitada ya la vibración patriótica, +Prudencia no veía las santas horas de que la pesadilla del sitio +terminase. ¡Ay, sería como un despertar risueño! Ya no se podía sufrir +el constante llover de bombas y granadas, los espectáculos de muertes y +horrores, el hambre, que podían soportar hasta cierto punto los sanos, +pero no los enfermos. + +El deber patriótico a todos les traía revueltos, sufriendo mil +molestias, viviendo a las veces en medio de la calle. Sabino, hombre de +gran resistencia, solía llegar a la noche sin haber tomado más que un +ligero desayuno; Valentín llevaba en sus bolsillos mendrugos de borona, +y se iba alimentando en el transcurso de las caminatas y ocupaciones +que a todas horas le imponía su cargo en la Junta. Más de una coche +durmió en un banco del _cuartel_ de la Plaza Nueva, o en el duro suelo +del café llamado _Gari guchi_ (Poco trigo). Eran los _cuarteles_ sitios +de reunión, semejantes a los modernos casinos. Unos cuantos amigos +alquilaban un local en buen sitio, y aligeraban allí con sabrosa +tertulia las largas noches de invierno, o se divertían con pasatiempos +inocentes. El lujo era desconocido en tales instalaciones; el mueblaje +lo indispensable para evitar la incomodidad de sentarse en el suelo, o +de comer con el plato en las rodillas. Había un _cuartel_ en la Plaza +Nueva, perteneciente a un grupo de mayorazgos y segundones; otro en la +calle de la Pelota, donde dominaba el elemento mercantil; y tanto en +estos como en otros de inferior pelaje, marcábase el embrión de los +casinos que hoy son centros de recreo, de holganza y de peores cosas, +en grandes y chicas poblaciones. Durante el sitio, los _cuarteles_ +hallábanse abiertos para todo el que en ellos quisiese entrar, y +servían de cómodo apeadero para militares y paisanos que, teniendo que +acudir de un lado a otro, necesitaban tomar un refresco sin necesidad +de acudir a sus casas. Los patriotas se daban cita en ellos; los +individuos de la Junta y los jefes de la guarnición tomaban en este +o el otro _cuartel_ las medidas más apremiantes. A los más ocupados, +que no podían descansar en toda la noche, les mandaban la cena al +_cuartel_. La fraternidad era cordialísima, los alimentos comunes. El +que por cualquier causa, descuido de la familia o falta de aviso, no +tenía que cenar, metía confiadamente la mano en el plato del amigo. + +El _Gari guchi_ era una combinación de cafetín y _cuartel_, pues en el +entresuelo, alquilado por varios mercaderes de las Siete Calles, habían +estos establecido su recreo de billar y mesas de tresillo. Ni allí, +ni en el café del Correo, ni en ninguno de los _cuarteles_ se hacía +de comer. Pero ya se iniciaba de un modo rudimentario este progreso, +pues si no se guisaba, calentaban la comida que de tal o cual casa +traían; y el conserje o encargado también hacia café para los señores, +los cuales no pagaban la taza, sino que _ponían_ los ingredientes, +resultando gratis la obra culinaria: no se le pasaba por las mientes al +guardián del local el tomar dinero por aquel servicio. De tal modo las +costumbres patriarcales apuntaban su evolución primera, anunciando esta +moderna organización del egoísmo. Las guerras deshicieron el antiguo +régimen patriarcal de las sociedades, y fueron creando el vivir que +ahora conocemos, donde todo se tiene y se paga, donde se desarrollan +la comodidad y libertad individuales en el calor del hogar público, +mientras se quedan solas las mujeres en el doméstico, cuidando de que +no se apaguen las últimas brasas. + + + + +XXXII + + +Rendido de fatiga y con más hambre que cómico en Cuaresma, arribó +Valentín al _cuartel_ de la Plaza, donde tuvo la suerte de hallar al +mayorazgo don Nemesio Mac-Mahón, exaltado patriota, que le brindó a +participar de las sopas que comía. En la misma mesa de despintado +pino, hacían por la vida los individuos de la Diputación don Vicente +Ansótegui y don Antonio Irigoyen, con un capitán de Trujillo y otro +de Toro. Versó la conversación sobre los movimientos de Espartero, +que después de inútiles tentativas por la parte de Aspe y Azúa, se +había vuelto a la orilla izquierda, y a la sazón celebraba consejo de +generales para resolver que se haría en situación tan apretada, pues +Bilbao, desangrada ya y sin víveres, parecía llegar al límite de la +constancia. El telégrafo había dicho por tercera vez: «Siga Bilbao +defendiéndose, que pronto será socorrida». Pero el socorro, ¡vive +Dios!, tardaba en llegar. Como en la mente y en la voluntad de todos +la rendición era el mayor absurdo, no les quedaba más recurso que un +morir glorioso, numantino. + +En esto entraron Zoilo Arratia y su amigo Víctor Gaminde; Valentín dejó +a los señores para correr junto a los muchachos, en quienes encontraba +siempre viva la llama patriótica y el nativo coraje de la tierra. +Habló Zoilo con el encargado del _cuartel_, un vejete con antiparras +y cachucha, que jamás se quitaba la pipa de la boca. Entregole un +envoltorio de papel que traía, recomendándole la mayor actividad en la +confección del menjurje, pues uno y otro se hallaban desfallecidos. + +—¿Qué es eso, _Zoiluchu_? ¿Café por casualidad?... + +—Por casualidad es cáscara de cacao. Tengo más, y si usted quiere... + +—Y azúcar —dijo Víctor Gaminde dando al guardián otro cucurucho—. +Lo hemos encontrado entre las ruinas de una casa que se quemó en la +Esperanza. No tiene más sino que está hecha caramelo, por el fuego. —Y +la ofreció a los señores, con obsequiosa finura—. Si quieren ustedes +caramelo, aquí hay. Tenemos mucho más, y ahora vamos a tomarnos un +cocimiento de cáscara de cacao bien dulce. Desde ayer no ha entrado en +nuestros cuerpos nada caliente. + +En esto llegó Sabino con la capa chorreando agua, porque llovía +copiosamente; la colgó de una percha, diciendo con avinagrado mohín: + +—A fe que se pone buen tiempo para que don Baldomero nos socorra. Me +parece a mí que ese... + +—¡Pero este Sabino!... Ya viene murmurando del general en jefe —dijo +Mac-Mahón—. ¿También tiene Espartero la culpa de que llueva? + +—La tiene de no haber emprendido las operaciones antes de que el +temporal se nos echara encima. Para eso es generalísimo. Dios manda el +tiempo bueno y malo. El hombre debe mirar al cielo, y aprovechar las +claras. + +—¿Pero tú no sabes que no hay clara... que sea de fiar? + +—Lo que sé, señor don Nemesio, es que no hay general cristino que no +sea un pelmazo. + +—Vamos, hombre, cálmate, que vas a enflaquecer. Siéntate aquí: te +daremos unas cucharadas de sopa. + +—Un poco tarde llegas, Sabino —le dijo Ansótegui—. Ni rebañaduras hay +ya. Como no te entretengas en lamer todos los platos... + +—Gracias: vengo del café de _Posi_, donde Blas Arana y yo hemos partido +media docena de sardinas y un plato de alubias... Allí me han dicho +que don Baldomero, por variar, vuelve al otro lado del Nervión, y que +están desarbolando quechemarines para armar un puente de barcas... ¡A +este paso...! En preparativos se ha llevado el buen señor un mes, y +todavía no ha concluido de resolver por qué orilla se arrancará... ¡Y +Bilbao aguantando sitio y más sitio!... No me digan a mí de Numancia y +Sagunto... ¡Deliciosa Navidad nos espera! + +—Hombre, sí: Navidad sin pesebre. + +—¡Y que tenga uno que celebrar el nacimiento del Hijo de Dios en esta +situación!... Ya lo creo: el don Baldomero, con merluza y besugo a todo +pasto, no tiene prisa... ¿Qué le importa que aquí nos comamos unos a +otros? + +—Pero, hijo, si la voluntad de Dios así lo dispone, ¿qué quieres que +hagamos? + +—No me quejo por mí. Pero he dado a Bilbao mis tres hijos, lo único que +poseo, y no quiero verles morir de hambre... Ni a Dios puede gustarle +eso. Dios dice: cumplid vuestro deber... pero comed, alimentaos. + +—¿Estás bien seguro de que Dios dice eso? + +—Ahí están las Sagradas Escrituras... ¿Pues para qué multiplicó los +panes y los peces? + +—Ahí tienes tú un milagro que ahora nos vendría muy bien. + +—Con que multiplicara los gatos, nos dábamos por bien servidos. + +Arrimado a la mesa donde los jóvenes esperaban el remedio de su +necesidad, pidió Valentín a Zoilo su opinión sobre lo que podría +suceder si la tardanza de Espartero se prolongaba. Largo rato +disertaron sobre ello. Había el miliciano adquirido tanta autoridad en +la familia por razón de su denuedo y militar aptitud, que ya su tío +gustaba de escucharle, y estimaba en mucho su discernimiento y parecer +en cosas de guerra. La arrogancia del chico no excluía su deferencia +con las personas mayores. Zoilo se había crecido moralmente en el +espacio de un mes, adquiriendo aplomo, serena energía, y una descomunal +fuerza de convicción en cuanto sostenía y pensaba. Sin darse cuenta, +su padre y tío aceptaban gradualmente la superioridad del inferior, la +grandeza del pequeño, y no se sentían humillados por ello. + +—Oye, hijo mío —díjole Valentín, mientras los tres saboreaban en sendos +tazones la infusión caliente y dulce—: cuando Bilbao sea libre, te +decidirás por la carrera militar, para la cual muestras disposiciones +de padre y muy señor mío... Si así lo haces, me alegrare por ti; lo +sentiré por la casa. + +—No, tío —replico lacónicamente Zoilo—; no seré militar. + +—Antes de diez años, si la guerra siguiera, te veríamos de general: tal +creo —aseguró Valentín, sacando de su bolsillo mendrugos de borona que +partía con los muchachos, apresurándose a reblandecer el suyo en su +taza. + +—Seguiré como estaba... Y si usted quiere, para que mi padre descanse, +me pondré al frente de la ferrería. + +—Francamente, a un hombre como tú, tan cortado para la milicia, +valiente como ninguno, paréceme que no le cuadra el oficio modesto de +_ferrón_. + +—Pues si no soy _ferrón_, seré otra cosa: trabajaré por mi cuenta, y +haré pronto un capital. Proponiéndomelo, he de conseguirlo... Todo lo +que el hombre quiere con firme voluntad, lo tiene, y más. + +—¡Qué alientos gastas, chico! Dios te los conserve... Celebraré verte +al lado de la familia, para que a todos nos ayudes... Luego que se +acabe esta guerra maldita, nos pondremos a trabajar como fieras, y +sacaremos a flote la casa. Vosotros, los sobrinos, debéis estableceros +en nuevas familias debajo de nuestro amparo. Casaremos inmediatamente +a José María, que tanto él como su novia están corrientes de papeles, +con el cura a bordo; luego empalmaremos a Martín con Aura, que también +están concertados; y tú bien puedes ir buscando novia, pues un pájaro +de tu condición debe tener nido, y engendrar hijos robustotes y +valientes. + +—¿Novia dice usted?... Ya la tengo... + +—¿Ya?... Bien, hijo bien; así me gustan a mí los hombres: decididos, +querenciosos. ¿Que se proponen un objeto, un fin? Pues a él, ¡contro! +Cuando los otros van, ya tú vienes de vuelta encontrada... ¿Y quién es +la parienta? ¿se puede saber? + +Callaron los dos mozos; Víctor Gaminde sonreía. + +—Víctor sabe quién es... ¿No puedo saberlo yo? Bueno: estas cosas son +un poco vergonzosas... Tú no has de hacer una mala elección. Me gustará +mucho verte _abarloado_ con una de las chicas más bonitas y honestas de +la población. Y si la encuentras de esas... que pesan, ¿sabes?..., que +pesan..., porque hay lastre de onzas en el arca, mejor, _Zoiluchu_, +mejor. Has demostrado que vales mucho; tienes un gran porvenir. Para +decirlo todo, hijo, eres guapísimo: nada te falta. Ya puedes traernos +a casa lo mejorcito de Bilbao, que bien te lo mereces, bien te lo has +ganado. + +—Lo mejor del pueblo llevaré..., pierda usted cuidado... No sería quien +soy si así no lo hiciera. + +—Eres un hombre... + +—Soy... Zoilo Arratia, hijo de sus obras..., que cuando quiere..., +quiere. + +—Tú pitarás..., el mundo es tuyo. + +Una vez tomada su frugal cena, levantáronse los muchachos. Iban al +_Gari guchi_ a entretener, jugando al billar, la horita y media que les +quedaba antes de volver de facción a la Cendeja. + +—Llueve a cántaros, hijos míos. + +—¿Qué nos importa el agua? + +—Como no nos importa el fuego. + +—Iremos arrimaditos a las casas. + +—Aguardad, aguardad un momento. Si Sabino me presta su capa, voy con +vosotros... No me gusta la compañía de los viejos: prefiero arrimarme a +la gente joven, para calentarme en el fuego de vuestros corazones, que +no temen, que desean con fuerza... + +Obtenida la capa, se fue con ellos, y andaban por las calles enfilados +unos tras otros, buscando el amparo de los aleros y cornisones. Cuando +llegaban a la calle Nueva, donde estaba el _Gari guchi_, dijo Valentín +a sus amiguitos: + +—No solo vengo por acompañaros, sino por ver si alguien, en este café, +me da noticias de _Churi_, a quien he perdido de vista hace tres días. + +—Anoche andaba por la ría en una chalana —refirió Víctor Gaminde—. Nos +lo dijo Iturbide, que le vio. + +—Para mí —agregó Zoilo—, lo que quiere _Churi_ es escapar de Bilbao, no +sé por qué... ni qué interés puede tener en ello. + +—Cosas de ese chico —afirmó el padre—, que está más loco que una cabra. +Me dijeron que hace días quiso pasar las líneas _de ellos_ por encima +de la Salve... + +—Y no pudiendo escapar por tierra, puede que intente escabullirse de +noche por la ría. + +—¿Y a dónde va?... ¿Qué se le ha perdido? + +—Querrá comer, tío. + +—Es la única explicación que me satisface. Pues si Dios me le libra de +un balazo, y logra escapar, y come hasta hartarse; si después de tal +hazaña emprende la contraria, el retorno, aprovechando estas noches de +lluvia y cerrazón, y se descuelga por aquí con un par de merluzas, vaya +y venga bendito de Dios... ¿Qué os parece? Mientras llega el momento +de gritar: «¡Viva Espartero, que nos trae la Libertad!», gritaremos: +«¡Viva _Churi_, el que nos trae las merluzas!». + + + + +XXXIII + + +Toda la mañana del 19 la pasó Prudencia en su casa, de limpieza y +arreglo, ayudada por la criada de Vildósola, pues la suya había caído +enferma de anginas. En la tienda, José María y un almacenero de Ripa +trabajaban mañana y tarde, poniendo cada cosa en su sitio; que en +los días del pánico, habiendo entregado los Arratias para las obras +de la defensa gran cantidad de clavazón, alambre, barriles vacíos y +otros objetos, sacáronlo precipitadamente, y todo quedó revuelto y +contundido. Llegó Martín, aprovechando un rato que tenía libre, y les +dijo: + +—Recójanme toda la clavazón que está esparcida por el suelo, +separándome con cuidado los tres tamaños. Veremos si se pueden rehacer +los paquetes deshechos. Y ya que se han bajado las pilas de cabos, yo +las armaría en otra forma, de modo que estorbaran menos. + +—Ha dicho Zoilo —indicó José María— que pusiéramos las pilas de cabos +de mayor a menor, no formando cilindros, sino conos. + +—No hagáis caso, y ponérmelo como estaba. Mi hermano entiende más que +yo de cosas militares; pero en este tinglado sé yo más que él... Otra +cosa os encargo: no me toquéis nada en el escritorio: aunque lo veáis +todo revuelto, dejádmelo como está, que yo lo arreglaré. + +—Zoilo es de parecer que se despeje un poco el escritorio, sacando a la +tienda las chumaceras, los pasadores, las mallas y rasquetas, y dejando +solo el género de pesca. + +—Realmente es más metódico... Ya lo arreglaremos así en otra ocasión. +También deben quitarse de ahí los cáncamos y zunchos... Tiene razón +mi hermano... En el escritorio no se cabe... Pero no toquéis nada por +ahora... Temo que me desarregléis los libros, y que se deshagan los +paquetes de cartas. + +Ya se marchaba cuando bajó Prudencia, y llamándole aparte, le dijo: + +—Estoy afligidísima. Ildefonso cada día peor. Ahora su manía es que +en cuanto entre Espartero nos vayamos a Francia en el primer barco +que salga, llevándonos a la niña, naturalmente... Me temo que cuando +se entere de nuestro plan pondrá el grito en el cielo, y yo..., +figúrate... No hay para mí mayor pena que contrariarle... + +—Pues desistamos, tía —dijo Martín con un sentimiento en que se +confundían la timidez y la delicadeza—. No quiero que por mí haya +desacuerdos y disgustos en la familia... Aplacemos, por lo menos, el +asunto, con la esperanza de que el tiempo nos lo resuelva. + +—Todo iría como la misma seda, si esa loquilla entrara en razón y se +hiciera cargo de lo que conviene a su felicidad. + +—¡Ay, tía de mi corazón! —replicó Martín con tristeza, suspirando—, +Aura no me quiere ni tanto así..., vamos, yo no le gusto... Ante este +hecho no hay más remedio que bajar la cabeza... + +—Pues hay que saber gustar, caballerito; hay que matar el pavo y +adquirir salero y gracia. Fuera yo hombre, y verías tú si sabía yo +domar a una bestezuela bonita y respingona... + +—¿Pero qué puedo hacer yo, tía? —dijo el pobre miliciano apuradísimo, +cruzándose de brazos—. Ordéneme usted lo que quiera, siempre que no me +mande cosa contraria a la honradez. + +—No, hijo, no te mando nada... Déjame; estoy loca... Vete a matar +carlistas..., que es lo único para que servís... Por vuestro bien +trabajo: buena tonta soy... Debiera ser egoísta y no importárseme +nada... Anda, anda, que harás falta en otra parte. + +Se fue el simpático joven, mohíno y cabizbajo, al punto de servicio, y +antes de llegar a él oyó el cañón de la _Perla_ de Albia, que furioso +tronaba contra las _Cujas_. El nombre de esta batería, ilustrada por +memorables hazañas, provenía de unos bancos situados al extremo del +Arenal y calle de la Estufa. Tenían los respaldos en forma semejante +a las cabeceras de las camas que entonces se usaban, y se llamaban +_cujas_. Allí, terminado el tiroteo de la tarde, nutrido y penoso, con +algunas bajas, fue Sabino en busca de Martín, para tratar con él de +asuntos de familia; pero no le encontró, porque trocadas las compañías, +le destinaron a la batería del Circo: en cambio estaba Zoilo, que desde +lejos dijo a su padre que le esperase para ir juntos a casa. + +Había pasado el buen Sabino la mañana en Santiago, donde encontró a +sus amigos de iglesia, y a la salida se consolaron de sus amarguras +hablando mal de Espartero, porque no iba pronto, aunque fuese por los +aires. Tanto preparativo era miedo... Ya estaba visto que don Nazario, +aunque manco, sabía donde tienen los hombres la mano derecha. ¿Pues +qué creían?... De la iglesia se fue al _cuartel_ de la Plaza, donde +Ibarra le dio malas noticias de Negretti, y acudió allá inmediatamente, +encontrando a su cuñado bastante caído, taciturno y con cierta +propensión a la ira. No hablaba más que para echar pestes contra +Espartero, llamándole lacónicamente inepto y cobarde. + +—Aquí no hay más que un hombre que sepa mandar tropas —dijo descargando +en la mesa un fuerte puñetazo—, y ese militar único es tu hijo Zoilo. + +Por no irritarle con la contradicción, se manifestó Sabino conforme +con criterio tan extravagante, añadiendo que _Zoiluchu_ sería pronto +general, y para entonces no se verían los bilbaínos condenados a comer +ratones. Vildósola llegó a la sazón, y entre uno y otro trataron de +desviar a Ildefonso de su vértigo maníaco. + +En tanto Prudencia trabajaba incansable en arreglar la casa. A media +tarde mandó llamar a su sobrina para que la ayudase, y las dos +trajinaron hasta el anochecer con la muchacha de Vildósola, que se +retiró a las obligaciones de su casa. Encendida la luz, continuaron las +dos lavando la vajilla, hasta que de súbito llegó un recado urgente de +casa de Ibarra, traído por el portero. El señor don Ildefonso se había +puesto muy malo: le había dado un accidente; se le trababa la lengua, y +no podía mover el brazo izquierdo... + +—Vamos, vamos a escape —dijo Aura, lavándose las manos. + +Y Prudencia, para quien la noticia fue como un rayo, después de +permanecer un ratito muda de terror, sin respirar, se secó también las +manos precipitadamente, diciendo: + +—Vamos, sí... No, no, yo iré sola... Tú te quedas... Ya no me acordaba. +Ha dicho mi hermano Valentín que vendría a recogernos. No faltará. Con +él vendrá Martín, que sale de servicio a las siete... ¿Tienes miedo de +quedarte sola? + +—Sí, tía: tengo miedo... + +—Pues vámonos... Ellos, al ver cerrada la puerta, irán a buscarnos allá. + +Bajaban la escalera cuando entraron dos hombres. Eran Zoilo y su padre. +Enterados de la ocurrencia, Sabino dijo: + +—Me lo temía: esta tarde, cuando le vi, no me gustó nada. + +—Sea lo que Dios quiera. + +—¡Cúmplase su santa voluntad!... ¿Y Martín, no está aquí? + +—Estábamos esperándole. Quedó en venir con su tío. + +—Quédate, _Luchu_ —ordenó Sabino—, acompañando a la niña, que Valentín +y tu hermano no tardarán... + +—Subíos arriba... que esto está muy oscuro..., o bajad aquí la luz +—dijo Prudencia—. Pero tened cuidado con el fuego. + +—Descuide usted, tía... No nos quemaremos. + +Salieron presurosos los dos Arratias, y Zoilo, al tomar la mano de +Aura, creyó coger un pedazo de hielo tembloroso. + +—¿Por qué tienes las manos tan frías? + +—Me las lavé hace un rato... Luego, al saber que el tío Ildefonso... +¿Qué será?... Me he quedado yerta... ¿Subimos? + +—No..., lo que haré es cerrar la puerta —dijo el miliciano haciéndolo +al instante. + +—¿Por qué cierras? + +—Para que no pueda entrar nadie... Y ahora bajaré la luz y la pondré en +el escritorio... + +—Por Dios, no pegues fuego. + +Zoilo, que de cuatro brincos subió por la luz, bajó sin ella. No traía +la luz; pero sí una claridad tenue. + +—La he dejado en el pasillo, junto a la escalera. + +—Por Dios, primo, no se queme algo. + +—Allí no hay cuidado... ¿Por qué te llevas el pañuelo a la nariz? —le +preguntó, observándola fijamente. + +—Porque ahora siento el olor de alquitrán como no lo he sentido +nunca... Parece que me envuelve toda, que penetra dentro de mí... Se me +va la cabeza. + +Cerrando los ojos, dejose caer, como extenuada de cansancio, sobre un +montón de rollos de jarcia. + +—Hemos trabajado bárbaramente... Me canso..., el alquitrán me marea... +No es que me disguste el olor; pero..., te lo juro..., nunca me ha +penetrado tanto. + +—¿Tienes frío? + +—Estoy helada..., muerta de miedo. + +—¿Miedo estando yo aquí? + +—Ya ves..., por estar tú quizás... + +—No pensé venir... pero me dijo mi padre que hoy quedaría concertado tu +casamiento con Martín, y aquí estoy para impedirlo. + +—¡Mujer yo de Martín! Eso no será, _Luchu_... + +—Lo dices..., lo piensas así... Pero... ¿y si por medrosa te dejas +llevar, te dejas casar...? + +—Soy más valiente de lo que crees... Pero si necesitara más valor del +que tengo..., tú me lo darías. + +—A eso vengo, te digo... Aquí estoy yo, un hombre, que por nada del +mundo consentirá que le quiten a su mujer..., y en tratándose de esto, +para mí no hay hermanos, para mí no hay tío, para mí no hay padre... +Soy mi dueño, y tú mía en esta vida y en la otra. + +Antes de acabar de decirlo, la estrujó en sus brazos y le dio cuantos +besos quiso sin hartarse nunca. + +—Zoilo..., _Luchu_..., por Dios..., que me dejes..., que no seas +malo... Así no te quiero. + +—¿Pues cómo, cómo? + +—Te lo diré..., déjame..., déjame hablarte. + +—Dímelo pronto. + +Casi sin respiración Aura le dijo: + +—Tienes grandes cualidades, Luchu... Mucho te estimo... Te admiro por +la voluntad, por el valor; pero... + +—¿Pero qué..., pero qué...? + +—Te falta una cualidad, primo... No, no la tienes. + +—¿Qué me falta? Dímelo, dímelo pronto para tenerlo al instante... + +—Pues... te falta..., sí que te lo digo... Que no eres caballero. + +Quedose el muchacho suspenso y absorto. El tremendo hachazo recibido en +su amor propio conmovió todo su ser... + +—¡Que no soy caballero! Mira, mira lo que dices... ¡Que no soy +caballero! Si otra persona me lo dijera, ¡vive Cristo!... Pero como me +lo dices tú..., miro para dentro de mí, por verme, por ver si es verdad +lo que dices..., y si yo me encontrara con que no soy caballero, aquí +mismo me quitaba la vida. + + + + +XXXIV + + +—Si quieres —prosiguió Aura— que yo te tenga por caballero, pórtate +como tal. + +—¿Y qué debo hacer? + +—Lo contrario de lo que haces... Zoilo, abre la puerta. + +—Abierta está —dijo él, corriendo de un salto a la puerta y dando +vuelta a la llave. + +—Así, así me gusta. Siempre no has de mandar tú. El que quiere que le +obedezcan, aprenda a obedecer... Ahora siéntate ahí frente a mí. + +—Dime todo lo que me falta para ser digno de la mujer que he cogido +para mí, sin que nadie pueda quitármela. Te he cogido; me perteneces. +Si estoy decidido a no soltarte nunca, también deseo que estés contenta +de ser mía. + +—¿Que no me sueltas? + +—No, no; di que no..., primero se hunde el firmamento. Si la familia no +quiere, me importa poco la familia... Te cojo, te tomo a cuestas..., +me voy contigo al cabo del mundo: yo sé hacer las cosas... Pero no me +contento con hacer..., necesito también que tu corazón sea mío, y que +digas: «Satisfecha estoy de que este hombre me haya cogido..., no hay +otro como él». + +—No hay otro como él —repitió Aura en el torbellino de la atracción, +gravitando hacia él con infalible ley física—. No hay hombre como +tú..., _Luchu_, si me convenciera de esto, sería yo muy feliz. + +—¿Qué me falta para que puedas decirlo? —le preguntó el miliciano +echando fuego por los ojos, mas guardándose a distancia de ella—. ¿Me +falta instrucción? No soy torpe. Todo lo que otro sepa, lo sé yo. Para +eso están los libros, para eso los maestros. Aprenderé pronto todo +lo que no sé..., cosas de ciencia y arte... ¿Qué más me falta? ¿La +caballería? También la tengo, y tanto como el que más. Soy generoso, +soy delicado. A honradez nadie me gana... Lo que me falta, tú me lo +enseñarás con solo quererme. + +—¡Ay!, _Luchu_, primo mío..., no sé cómo decírtelo... Yo te quiero y +no te quiero..., yo tengo el alma dividida... Ahora se me va de una +parte, luego se me va de otra. No hago más que cavilar y volverme +loca... Cuando quiero no pensar en ti, pienso. Cuando quiero sujetar el +pensamiento a ti, se me va... Soy muy desgraciada. Que Dios me acabe de +traer mi bien, y me lo ponga delante; pero un bien, uno solo: que no me +traiga dos, que no me tenga como el péndulo de un reloj... Esto no es +vivir..., yo pienso en ti, y cuando te elogian me lleno de orgullo... +¡Ser tuya, tuya para siempre, eso ya es más difícil!... Me cogerás, me +llevarás a la fuerza..., te llevarás la mitad de mí, quizás un poquito +más de la mitad..., cada día será la mitad más un poquito, _Luchu_... +Yo estoy loca, no sé lo que me pasa; no hagas caso... + +—Pues ahora sí te digo que me harán pedacitos así antes que soltar +yo mi conquista... ¿Qué hablas ahí de mitades?... Toda, toda entera +para mí, pues aunque creas eso de los poquitos sobre la mitad, es una +figuración tuya, cosa de tu cabeza más que de tu corazón... Con un +día que vivamos juntos estoy seguro que me dirás: «_Luchu_, ya no más +poquitos, sino toditos para ti mismo». Me lo dirás, ¿a qué sí? ¿Para +qué es hablar más, Aura?... Di que todo está dicho... Esta noche sin +falta me abocaré con don Apolinar. + +—Hombre, todavía no... Espera... + +—¡Esperar! Esa palabra la he borrado yo de mis papeles. Yo no espero +cuando veo el fin de las cosas, cuando las toco, cuando las cosas me +dicen: «¡Ven!». El que deja para mañana lo que puede hacer hoy, no +merece tener la vida que Dios le ha dado. ¿Has visto tú que Dios espere +a mañana? ¿Has visto tú que diga el Sol: «Hoy no salgo, mañana sí»? +En la naturaleza todas las cosas son y vienen a punto, y no se queda +nada para después. ¿Está determinado que tal día salga un pollito del +huevo? Pues sale; no dice: «Voy a quedarme dentro de mi cascarón una +semana más». Los árboles nos enseñan la puntualidad: el que da fruta +en agosto, no la guarda para diciembre. Lo que ha de ser, lo que está +maduro, no ha de dejarse que se pudra... Hace un rato me dijiste que +no soy caballero... Pues para que no dudes de mi caballerosidad, en +cuanto venga alguien de la familia, aunque sea Martín, te dejo para +irme en busca de don Apolinar, que es mi gran amigo, para que lo sepas, +y me quiere... Ya le he dicho algo, y el hombre me pregunta siempre +que me ve: «_Luchu_, número uno de los _chimbos_, ¿cuándo os echo el +_ballestrinque_?». Es muy marinero don Apolinar, aficionado a dos +cosas: a la pesca, y a casar a todo el mundo... Pues esta noche le +pesco yo a él y le digo: «Don Apolinar, el _chimbo_ y la _chimba_ se +quieren casar... Son honrados, se aman... pero muchísimo, sin mitades +con poquitos, y desean verse unidos por la santa Iglesia para que no +diga la gente...». + +Fue acometida la gentil Aura de una risa nerviosa. Las expresiones +y argumentos de Zoilo hacíanle muchísima gracia; y aquel determinar +perentorio, aquella colosal aptitud para la ejecución, la subyugaban: +eran como un poder milagroso, enormemente sugestivo, de irresistible +influencia sobre la mujer... Revolvíase la pobre niña con instinto +de defensa; pero caía nuevamente, sujeta con invisibles lazos, que +ignoraba si eran humanos o divinos. Gozoso de verla reír, continuó +Zoilo exponiendo sus planes para lo futuro, y en esto empujaron la +puerta. Eran Sabino y Valentín. + +—¡Qué alegres están por aquí! —dijo Sabino, avanzando en la penumbra, +con las manos por delante, como los ciegos, mientras Valentín reconocía +el suelo con el bastón—. ¿Por qué estáis a oscuras? + +—Aura teme tanto al fuego, que no quise bajar la luz. + +—¿Estáis solos? —dijo Valentín. + +—Sí, señor —replicó el miliciano—: solitos y tan contentos. ¿Qué saben +del tío Ildefonso? + +—Que no es tanto como se temió... Un hervor de sangre... Ya pasó el +peligro. + +—No me conformo con esta oscuridad —dijo Sabino subiendo en busca de la +luz. + +—¿Y que hacíais aquí tan solitos? —preguntó Valentín acercándose a +la niña—. Aura..., ¿qué dices?... Al entrar te sentimos reír... ¿Te +contaba este alguna gracia? + +—Sí, tío: me contaba... no se qué de don Apolinar... No, no era eso... +Cosas de _Luchu_. + +—Cosas de _Luchu_ —repitió este, las manos en la cintura—. Las cosas +de _Luchu_ van ahora por caminos que usted no conoce, tío... pero debe +conocerlos. Ni usted ni mi padre se han enterado de que Aura, aquí +presente..., es mi mujer... + +Valentín creyó haber oído mal, o que el chico bromeaba. Miroles a +entrambos. Aura bajaba la cabeza; Zoilo repitió el concepto, a punto +que Sabino descendía con la luz. + +—Hijo mío —dijo parándose a mitad de la escalera—. En un hombre como +tú, en un caballero militar, no caen bien las burlas sobre cosas tan +delicadas. + +—Yo no me burlo, padre. Soy muy formal, y ahora más que nunca. Aura +es mi esposa. Ella lo quiere, y yo más. Nadie se opondrá, y el que se +opusiere no será mi padre, ni mi tío, ni nada para mí. Mando en mí +mismo y en ella... y sépalo todo el género humano. + +Sabino miró a Valentín, y Valentín a Sabino, ambos con la boca +entreabierta, embobecida. Aura se llevó el pañuelo a los ojos. + +—Siento —agregó Zoilo— que no haya venido también Martín, para que +supiera lo que ustedes saben ya. Aura Negretti es mi esposa, o lo será +mañana si don Apolinar me cumple lo prometido, y si no, curas no me +faltan. Tómenlo como quieran. Siempre fui un buen hijo, y ahora lo seré +también, declarando que en este negocio, por encima de mi voluntad no +hay voluntad ninguna: mi razón, como hombre libre, está por encima de +todas las razones. No pido nada: me basto y me sobro. + +—O estamos soñando —dijo Valentín— o este chico tiene los diablos en +el cuerpo, y quien dice los diablos dice los ángeles o el rayo de la +divinidad... + +—Hijo mío, mucho te quiero —declaró Sabino, dejando a un lado la luz y +desembarazándose de la capa, que aquella noche venía también mojada—. +Pero ya sabes que la familia tenía otros proyectos. + +—Los proyectos de la familia —replicó Zoilo— quedan reducidos por el +querer mío, por el de ella, a una cháchara sin sustancia. La familia no +sabe hacer las cosas; yo, sí. Y si quieren probarlo, al frente de la +casa que me pongan, cuando termine el sitio. + +—¡Por Dios vivo y sacramentado —exclamó Sabino, que de la fuerza de la +emoción y del asombro hallábase a punto de caer al suelo—, que no sé lo +que me pasa!... Dejen que me tranquilice, que medite el caso, y si veo +en él la voluntad de Dios... + +—Aura, hija mía —le dijo Valentín cariñoso—, sácanos de esta duda. +¿Crees que tu primo se ha vuelto loco? + +—Sí, tío: loco está... y yo también —repuso la hermosa joven abrazando +al viejo navegante. + +—¿Pero tú...? + +—Yo no sé... No me pregunte usted nada. No sé afirmar ni negar nada... +Si me muero, mejor. Así no padeceré más. + +—Y como no me gusta dejar las cosas para mañana, ni aun para después +—dijo Zoilo—, en busca de don Apolinar me voy, pues. + +—Hace poco entraba en casa de Achútegui —indicó el padre. + +—Allá me voy. Don Canuto es mi amigo. + +—Ven acá, fuego del cielo, temporal del sudoeste —dijo Valentín, +cogiéndolo por un brazo—; párate y oye: no puedes entretenerte en +correr tras de un clérigo. ¿No sabes lo que pasa? Se ha descubierto +que el enemigo está minando en San Agustín. Por acá hemos empezado +una contramina para salirle al encuentro debajo de tierra. En bonita +ocasión vas a faltar de tu puesto. + +—No falto, que allá mismo me voy ahora... A don Apolinar que me le +hablen... Ello ha de ser como yo quiero, y de otra manera no... ¿Ya +se van enterando de quién es Zoilo Arratia? Lo mío, yo lo dispongo. +Respeto a los mayores; no les temo. Digan que yo sé hacer las cosas..., +ya lo han visto... Pues aún les queda mucho que ver. + +Despidiose cariñosamente, con medias palabras, de la que llamaba su +mujer, y de los que efectivamente eran padre y tío, y como exhalación +corrió a la disputada y cada día más gloriosa Cendeja. + +Apremiada por sus tíos, que la cogían cada uno de un brazo, sentaditos +a izquierda y derecha en el montón de jarcia, Aura con acongojada voz +dio estas explicaciones: + +—Sí, sí..., hace tiempo que _Zoiluchu_ me quiere..., y yo a él..., +yo un poquito..., digo mal, un muchito... No, no hagan caso; no sé +lo que digo... Es un hombre, y no hay otro como él... Vale él solo +más que toda la familia de Arratia, habida y por haber. Con su genio +bravo domina cuanto quiere. Mandará en mí, en ustedes todos, en Bilbao +entero, si se lo propone... ¿Que si le quiero me preguntan? No sé qué +contestar... Estoy ahora como los que salen de un mundo para entrar en +otro... Un pie lo tengo en aquel mundo; otro pie en este... ¿Dónde debo +poner los dos pies? Yo no sé... Digo que estoy loca, y que no quiero +estarlo. Que Dios me ilumine de una vez, y sepa yo dónde estoy... +Realmente no lo sé... ¿Voy o vengo? ¿A dónde vuelvo la cara?... + +—Hija mía —le dijo Valentín con afecto, mientras Sabino no hacía más +que suspirar—, serénate, reflexiona... Consulta tu corazón. Por lo que +acabo de oírte, calculo yo..., vamos, tú quieres a Zoilo... + +—Pero casarme no..., yo quiero esperar... Mi conciencia me dice que +todavía no... Esperemos a que pase el sitio; esperemos más, más. + +En este punto, creyó Sabino llegada la ocasión de emitir su voto, y lo +hizo con gravedad y el tonillo sermonario que emplear solía: + +—Niña de mi alma, manifiestos los designios celestiales, el dilatar su +cumplimiento será como si los pusiéramos en tela de juicio. + +Dicho esto, sin obtener respuesta, pues tanto Aura como Valentín +callaban mirando al suelo, el buen Sabino arrastró también sus +miradas por lo bajo; y como viera multitud de clavos y tirafondos +esparcidos, se puso a recogerlos uno a uno, cuidando de que ni aun +los más chicos se le escaparan. En esta operación asaltaron al pobre +señor pensamientos lúgubres. Sus dos hijos, Martín y Zoilo, esperanza +y gloria de la familia, hallábanse a la sazón en el puesto de mayor +peligro, excavando la contramina para buscar al _absoluto_ en las +entrañas de la tierra. ¡Vaya que si a Dios le daba por decretar que +pereciese uno de los dos en la espantosa refriega subterránea!... +Aparte de esto, tristísimo sobre toda ponderación, reconocía y +comprobaba que era enorme la cantidad de clavos de distintos tamaños +esparcidos por el suelo. Mientras los recogía y agrupaba sobre un +banco, pudiera creer que invisible ángel le susurraba al oído, de +parte de la divinidad, que uno de sus hijos moriría... La sangre se +le congelaba en las venas... «No, Señor; eso no: aparta de mí ese +cáliz...». + +Advirtió que Valentín y la sobrinita hablaban susurrando; pero no se +enteró de lo que decían, porque el rincón donde recolectaba clavos +era el más distante del rimero de jarcia. Seguramente, Valentín le +aconsejaría que fuese razonable y se dejara de esperar la venida del +Anticristo. Pero no era esto lo que le decía, sino estotro: + +—Tranquilízate... y aguardemos al día de mañana, pues los dos chicos +tienen sus vidas jugadas a cara o cruz... Estamos aquí haciendo +cálculos sobre las vidas, y para nada nos acordamos de la muerte, que a +veces es la que nos saca de nuestras dudas... + +—¡En peligro, en peligro _Luchu_! —exclamó Aura consternada—. Pues no +quiero, no quiero... Que salga de la batería, que venga a casa. Basta +de hazañas y de heroísmo... La familia es lo primero... + +—Hija, el deber, el honor... —murmuró Sabino, que aproximándose pudo +enterarse de este concepto. + +—¡_Luchu_ en peligro! —repitió Aura en el tono de los niños mimosos—. +No quiero más glorias..., no, no. + +—Ea, no llores —dijo Sabino—; y si lloramos, que sea por los dos. + +Al expresar esta idea, y a punto que dejaba sobre el banco el puñado +de hierro que acababa de recoger, le asaltó el pensamiento lúgubre en +forma más terrorífica, y el ángel volvió a secretear en su oído... +La terrible sentencia no era ya que moriría uno de los dos hermanos. +El Supremo Juez y Sumo Ejecutor hería de un golpe las dos cabezas. +Temblaba el buen padre, y no se le ocurrió más que acudir al instante +a la iglesia que estuviese abierta para prosternarse y regar con sus +lágrimas el suelo, diciendo a la divinidad: + +—Los dos no, Señor: eso sería demasiado... En todo caso, uno, uno no +más... y aun es mucho. + + + + +XXXV + + +Prudencia les mandó llamar, añadiendo al mensaje que Ildefonso se +había tranquilizado, recobrando el uso de la palabra. Acudieron los +tres allá, y nada dijeron aquella noche del caso de la niña; mas al +siguiente día, apenas efectuada la mudanza, y reunido todo el cotarro +en casa propia, estimó Sabino de gran oportunidad someter al eximio +criterio de su hermana el nuevo problema que los chicos planteado +habían sin encomendarse a Dios ni al diablo. No tuvo tiempo la señora +de Negretti de expresar su estupor y disgusto, porque fue preciso +acudir a la niña bonita, que cayó primero con un síncope, después con +un acceso nervioso y convulsivo, seguido de aplanamiento, delirio y +congojas. + +No decía más que: + +—No quiero... _Luchu_ muerto no... Esperar, esperar... + +Atendiéndola cariñosa, Prudencia sentía la chafadura de su amor propio, +y no se conformaba con que su idea se desviase tan visiblemente de la +línea por donde ella con toda previsión y talento quiso encaminarla. +¡El pobre Martín chasqueado, y ella desconceptuada como directora y +gobernante! Era una jugarreta de la realidad, que tenía la maldita maña +de resolver las cosas por sí y ante sí, haciendo mangas y capirotes de +la lógica y el sentido común... Pero, en fin, del mal el menos. Siempre +resultaba lo sustancial de su proyecto: que todo quedara en casa, y que +el gandul de Madrid se fuese, si acaso venía, con las orejas gachas. +A medida que la nueva inesperada solución iba haciéndose hueco en el +pensamiento de la mujer práctica, reconocía esta las cualidades de +Zoilo, y con mayor benevolencia le juzgaba. No podía menos de alabar +el garbo y audacia con que había tomado la delantera al sosaina de su +hermano, demostrando una resolución enteramente varonil. Era un hombre, +era un bilbaíno neto. Con su arrojo en la guerra, y aquella _franqueza_ +gallarda para apoderarse de la niña y hacerla suya, sin pedir permiso a +nadie, ni andar en melindres, se había puesto de un golpe a la cabeza +de todos los Arratias, y parecía dispuesto a no abandonar la bien +ganada supremacía. + +Aprovechando los ratos de sosiego de Aura y la relativa tranquilidad +de Ildefonso, llamó Prudencia a don Apolinar y celebró con él una +conferencia en el comedor, a puerta cerrada. Era forzoso casar a los +chicos inmediatamente, porque habían demostrado tal impaciencia que se +hacía indispensable arrojar sobre aquel amor la capa del matrimonio. Si +así no se hiciera, podrían sobrevenir escándalo y deshonra. Mostrose +conforme don Apolinar, para quien no había plato de más gusto que +casar a alguien, y propuso explorar el ánimo de la niña y echar un +parrafito con ella. Poseía el tal clérigo una singular delicadeza +para meter sus dedos en la boca de las señoritas más vergonzosas y +pudibundas; pero en aquel caso no sacó las revelaciones que obtener +creía. Afligidísima y con más ganas de llorar que de confesarse, Aura +solo dijo que a _Luchu_, sí..., le quería..., que _Luchu_ era un +hombre, y que con su voluntad era capaz de mover las montañas... Pero +que ella no quería casarse hasta que no pasara mucho tiempo, mucho, +pues había un compromiso antiguo, que en conciencia debía respetar... +Su amor primero no se le había salido aún del pensamiento. Desalojaba +poquito a poco..., pero aún tenía dentro la cabeza..., o los pies... +No podía ella discernir si eran los pies o la cabeza del otro amor, +lo que todavía no se le arrancaba... De aquí provenían sus dudas, su +desazón del alma y del cuerpo, su falta de resolución..., su miedo de +precipitarse..., sus ganas de reposo y de un largo _veremos_... + +Prudencia, enemiga declarada de los _veremos_, protestaba contra +estas vacilaciones; pero ni ella ni don Apolinar pudieron reducir a +la hermosa niña. ¡Vaya que era terca! A solas otra vez la señora y el +clérigo, resolvieron prepararlo todo para las bendiciones, pues bien +podía ser que los aplazamientos de Aura fuesen un coquetismo intenso, +de arte sutil; que los nerviosos engañan y se engañan, dando por +abominable lo que más ardientemente desean. La noticia de la espantosa +lucha entablada en las tenebrosas galerías, abiertas por sitiadores y +sitiados entre Uribarri y la casa de Quintana, por bajo de San Agustín, +desvió de aquel asunto las ideas de tía y sobrina, y no quedó en sus +almas más que el terror. Aura, delirante, tan pronto se sumergía en un +duelo lúgubre, como quería lanzarse a la calle, ansiosa de llegar hasta +el lugar trágico, y oír los tiros, y ver sacar los muertos, y apurar la +impresión directa de la catástrofe, como se apura un tósigo que pone +fin al humano sufrimiento. Su romanticismo causaba extrañeza a la tía y +al cura, que lo conceptuaron fenómeno patológico. + +—No quiero dudas —decía—. Vivir o morir... Ni a media vida ni a media +muerte quiero verme... Si ha de hundirse todo Bilbao en un segundo, +sea... Así acabaremos de dudar. + +Con estos temores y sobresaltos, Aura desbordando su imaginación, +Prudencia y el cura encomendándose a la Virgen, Negretti a ratos solo, +a ratos con su mujer, sumido en una meditación cavernosa, pasaron +toda la tarde, hasta que llegó Valentín con mejores noticias, dando a +entender que se había conjurado el peligro. Venía el pobre navegante +fatigadísimo, tiznado y lívido el rostro, tan fieramente dominado por +su crónico reúma, que con gran trabajo tiraba de la pierna derecha para +servirse de ella. Dejose caer en una silla, los brazos colgando, el +sombrero echado atrás..., aguardó un ratito hasta que sus pulmones y su +laringe pudieron funcionar regularmente. + +—No he visto caso igual —les dijo entre toses—; yo me asomé a la +contramina, y salí horrorizado. A las ocho y media de la noche la +empezaron con dos ramales. Había que ver a los chicos de tropa y +milicia trabajando como los topos. Los viejos, entre los cuales estuve +más de dos horas maniobrando de espuerta, sacábamos la tierra. A la +madrugada, uno de los dos ramales de acá se encontró con el de ellos. +El oscurantismo venía hocicando en la tierra, y escarbando con las uñas +desde la fuente de Uribarri, para buscar el tamborete de la casa de +Quintana, que querían volar... Pero no contaban con que también aquí +tenemos topos, no de los serviles que no ven, sino de la Libertad, muy +despabilados... Cuando el boquete de acá y el de allá se juntaron, el +sargento de zapadores, Elizagárate, agarró la pala facciosa, y dio un +achuchón tan fuerte, que del palazo destrozó la barriga del minero de +allá... Solo dos hombres podían trabajar en el frente de la galería, +ancho de tres pies por una parte y otra. Abriendo hueco a todo escape, +los de acá se precipitaron al otro lado: _Zoiluchu_ reventó a uno con +la pala, y mató a otro de un pistoletazo. El agujero, que ya era corto, +acortose más con los dos cadáveres. ¿Pasarían ellos acá, o nosotros +allá? Y entre tanto, si la tierra se hundía, pues bien podía ser, +allí quedaban todos sepultados... Yo llegué hasta cerca del boquete +de comunicación y me entró tal miedo, que salí despavorido. Denme a +mí agua y ventarrón: ni a la una ni al otro temo; pero con la tierra +_jonda_ no juego... Me espanta verme en el sepulcro antes de morirme... +Cuando salí al aire, me pareció que resucitaba. No hay quien respire +allá dentro... Y a la luz de las linternas ve uno brazos que le cogen y +le enganchan la ropa... Son raíces de árboles... + +Tomado aliento, refirió después cómo ahumaron las galerías con +pimiento quemado para ahuyentar a los sitiadores. Los topos de allá se +escabulleron, y cuando se iba disipando aquella pestilencia asfixiante, +los de acá lanzáronse por la mina, respirando a medias. Contaban que +llegaron hasta la boca, y que halláronla cerrada con sacos de tierra, +como si quisieran defenderla. Luego se han escalonado los nuestros a +lo largo del tubo, esperando a ver si se atreven a hocicar otra vez. +Si se atrevieran, ¡Dios sabe lo que pasaría!... Pero avisados como +estamos, no podrán ellos cargar la mina; nos hemos salvado, aunque +queden las galerías cegadas con carne y huesos de valientes... Por fin, +con las precauciones tomadas, piensan todos que si hemos sabido cortar +los vuelos del águila, y cogerle las vueltas al gato, también sabremos +taparle los agujeros al ratoncito faccioso. + +A punto que tomaban una frugal cena, dando un huevo a Negretti, y otro +a la niña, con sopita de vino, entró Sabino sofocado y gozoso. Después +de pasarse todo el día de iglesia en iglesia, implorando la Divina +Misericordia, se había personado en la Cendeja, donde acababa de tener +la satisfacción de ver vivo y sano a su hijo Zoilo. A Martín no le +había visto; pero por Pepe Iturbide sabía que continuaba en las Cujas +sin novedad. + +—Gracias sean dadas al Señor —dijo Valentín; y Aura, con las felices +nuevas, parecía recobrar la animación y el contento. + +Pasaron la noche tal cual, y al día siguiente muy temprano, continuando +Prudencia en los arreglos de casa, dispuso una variación que le parecía +pertinente. En la alcoba grande, donde antaño dormían sus padres, que +después ocupó ella con Negretti, por temporadas, y que últimamente +servía de dormitorio a Valentín, creyó que debía instalar a su sobrino. +Preparó, pues, la pomposa cama matrimonial, y aunque despertó Aura con +ganitas de levantarse, no consintió su tía que se diese de alta tan +pronto. Desplegando exquisita amabilidad y dulzura, la trasladó de +habitación y de lecho, diciéndole: + +—No, hija, no: estás desmadejada..., bien conozco tu naturaleza... y sé +que necesitas largo reposo para recobrar tu equilibrio. Te paso a la +alcoba grande, para que vayas entendiendo que lo mejor de la casa debe +ser para ti, y que todos nos desvivimos porque esté contenta y a gusto +la perlita de la familia. Aquí tienes buena luz, por si te aburres y +quieres leer un ratito. O te traeré tu costura, tu labor de gancho... +Pero levantarte, ¡ay!, no lo pienses, que estás muy débil y tendrías +que volver a acostarte... + +Asombrada de tanta finura y obsequios tantos, Aura se dejaba querer. +Donde quiera que la pusieran, allí se estaba con sus cavilaciones, con +sus dudas, con su cruel ansiedad. Llegó sobre las nueve el bendito +don Apolinar, y sin sentarse, preguntó a los tres hermanos, por +dicha reunidos en el comedor, qué se resolvía sobre el grave caso de +conciencia. No habían aún manifestado su opinión por la autorizada +voz de la hermana, cuando sintieron ruido en la tienda. Eran Zoilo y +José María que acababan de entrar. Propuso Sabino que sus hermanos +con el señor sacerdote pasasen a platicar con la niña en la alcoba +grande, mientras él hablaba dos palabritas con su hijo menor, pues su +conciencia no estaría tranquila mientras no dilucidase con él, en el +sagrado recinto del hogar de Arratia, un grave punto de moral... La +moral, la sana conducta, la observancia rigurosa de las leyes divinas +y humanas, habían sido siempre norma de la honesta familia, desde el +primer Arratia venido al mundo, hasta la ocasión presente. Llevose a +Zoilo al rincón último de la trastienda, y con gravedad y dulzura, +hablando como padre y como amigo, le dijo: + +—_Motill_, empiezo dándote un abrazo por tu comportamiento militar. +Bilbao te glorifica, y tú, honrando a Bilbao, honras a los tuyos... +Pero hay otro terreno, muy distinto del de la guerra, donde no te has +conducido con la pureza y dignidad de un Arratia. + +—¡Qué dice usted, padre! —exclamó Zoilo, que en su fogosidad no podía +contener sus sentimientos dentro de formas comedidas. + +—Digo que tu conducta con la niña desmerece de lo que ordena el decoro +de nuestra familia... Si la querías, ¿por qué no te clareaste, para que +nosotros inclinásemos su ánimo...? + +—Porque yo me basto y me sobro para... inclinar ánimos. + +—Pero luego has cometido una falta mayor, por la cual quiero +reñirte..., con blandura, no creas... —dijo Sabino, que ante la +arrogancia del miliciano se achicó más de la cuenta—: quiero hacerte +ver que has ofendido a Dios..., supongo que en un momento de extravío, +de... No te riño... Se te perdonará si confiesas... + +—¿Qué? + +—Que por precipitar tu casamiento con la niña y hacer inútiles nuestros +planes con respecto a tu hermano, has... + +La mirada fulgurante de Zoilo le confundió. No pudo expresar su +pensamiento ni aun con los eufemismos que el delicado caso requería. +Comprendió el chico lo que su padre, turbado y balbuciente, quería +expresar; y con entera y clara voz, poniendo a su indignación el freno +de las razones corteses y del tono respetuoso, le soltó esta andanada: + +—Si lo que usted me dice, o quiere decirme, me lo dijera otro que mi +padre..., si no fuera mi padre quien tal infamia supone en mí, ni +tiempo le daría tan siquiera para arrepentirse de su mal pensamiento. +Soy tan honrado como mi mujer, como la que será mi mujer, y no permito +que en la honra de ella se ponga la menor tacha, ni en la mía tampoco. +Ni una palabra más, señor padre... ¿Para qué es decirlo? + +—¡Pero si no te reñía...! Ven acá, no seas tan bravo... Era un +sospechar, hijo; era interrogarte... y no me opongo, no me opongo a que +te cases mañana mismo si quieres. + +—¿Cómo mañana? —dijo _Luchu_ volviendo atrás y deslumbrando de nuevo +a su padre con las centellas de sus ojos—. ¿Qué es eso de mañana?... +Esta noche a primera hora me caso. Así lo he dispuesto. Y por si don +Apolinar no quisiera hacerme ese favor, ya tengo hablado al capellán +de Toro, que nos casará por lo militar, con cuatro palotadas... Vamos +arriba. + +No le sorprendió que Aura, a quien en su mente y en su voluntad tenía +ya por esposa, ocupase la alcoba de respeto y el grandioso tálamo de +cuja monumental, representación del nido histórico de Arratia. Cuando +entró, las miradas de los que estaban en la habitación rodeando el +lecho, se fijaron en él, y las suyas se clavaron en la hermosa joven, +que agazapadita, temblando de frío (que en aquel instante la acometió), +velaba entre el embozo su lindísima cara, no dejando ver más que los +soles de sus ojos y su negra cabellera desordenada. Le miró Aura, +calladita, y él, por la presencia de la familia y del cura, no se +abalanzó a remediar la destemplanza de su esposa con besos ardientes. +El primero que rompió el silencio fue don Apolinar con esta juiciosa +observación: + +—Opina la señorita que debemos esperar. + +—Sí, esperaremos —opinó Zoilo con resolución, dando algunos pasos +hasta llegar al lecho y poner su mano en el bulto que hacían los pies +de Aura—. Esperaremos unas horas. Esta tarde, señor don Apolinar, nos +casará usted si quiere, y si no quiere lo hará el capellán de Toro. + +—Por mí no queda —balbució el clérigo. + +—Pues, como decía, digo que hoy al anochecer nos casamos. Mi prima no +tiene más enfermedad que un poco de susto... Aura, te levantarás al +mediodía. + +Nadie se atrevió a replicar a esto, pues el modo de decirlo excluía +toda réplica. Atónita miraba la niña al que con tan tiránicos modos +imponía su autoridad en cosa tan grave; y aunque le andaban por el +magín fórmulas de protesta, estas se tropezaron con sentimientos muy +vivos y estímulos que quitaban toda eficacia a las ideas. Hallábase +bajo el poder magnético, psicológico o lo que fuese; la tremenda +atracción la sacaba de su órbita para llevarla a otra más amplia, de +más rápido movimiento. No tenía voluntad: se entregaba, se sometía... +_Luchu_ la arrebató como se coge un fuego chico para unirlo a un fuego +grande, formando una sola llama. + +Valentín se creyó en el caso, como el mayor de la familia, de obtener +de Aura una contestación terminante. + +—¿Qué dices a eso, niña? ¿Te parece bien? + +La niña se fue eclipsando entre las sábanas... Como el sol que se pone, +se ocultaron sus ojos; después su frente: no quedó fuera más que un +crepúsculo... los cabellos negros esparcidos en las almohadas, como +entre nubes. Prudencia se acercó y la oyó suspirar fuerte, allá entre +los pliegues tibios de la ropa de cama. + +—Esto es hecho —dijo en alta voz; y por lo bajo—: En estos casos, quien +suspira otorga. + + + + +XXXVI + + +—Bueno —dijo Sabino en el pasillo, hociqueando con su hermano— se +preparará todo para las siete... Es buena hora... Yo voy a Santiago a +entenderme con el párroco... A las siete en punto, ¿sabes?... ¿Y al +pobre Martín qué le decimos? Ea, se le dirá, que este pillo... No: se +le dirá que la voluntad de Dios ha llevado las cosas, no por el camino, +sino por el atajo... ¿Qué podemos nosotros, pobrecitos mortales, +contra los designios...? Yo le hablaré... A las siete en punto: no te +descuides. Sin aparato, sin bulla... Algo chismorreará mañana la gente; +¿pero qué importa?... Yo daré noticia a las familias conocidas... Diré +que eran novios; que..., puede quedar el matrimonio en secreto hasta +que convenga darle publicidad. Yo hablaré con el párroco don Higinio, +que nada me negará... Somos amigos desde la niñez: él, Guergué y yo nos +pasábamos las tardes jugando al _cotán_ en los Cantones... Valentín, +ya sabes, a las siete en punto. Hay que estar allí a las siete menos +cuarto... Yo me encargo del papelorio... ¿Y a Ildefonso no se le dice +nada?... Mejor será que lo sepa después. Ea, no descuidarse... Yo me +voy. + +Sin dejar de prestar a tan importante asunto la atención conveniente, +dedicose el veterano de la mar a buscar a su hijo, cuyas ausencias +y largos eclipses le ponían en cuidado, así como su creciente +taciturnidad y tristeza. Tres días con sus noches hacía que no se +dejaba ver de la familia, y habrían dudado de su existencia, si no +dieran noticia de él los amigos que le vieron a diferentes horas +chapoteando en la ría, a bajamar, o rondando tétrico por los extremos +de la población. Arrastrando su pata coja, corrió Valentín por calles +y plazas sin olvidar las inmediaciones de las baterías, con tan mala +suerte, que en ningún punto le encontró: en muchos de ellos dijéronle +que le habían visto. Creyérase que el endiablado chico le tomaba las +vueltas, burlando su persecución, ligero como un pájaro y escurridizo +como un pez. Por la tarde hubo de renunciar a su fatigosa cacería, y +fue a tomar descanso en las Cujas, donde encontró a su sobrino Martín +ya con la píldora en el cuerpo, administrada por Sabino. Como si +esto no fuera bastante, tenía una herida en la mano derecha, que de +primera intención le curaba el físico cuando llegó su tío de _arribada +forzosa_, navegando con una sola paleta. Por ambos estropicios hubo +de propinarle Valentín los consuelos propios del caso. ¿Qué remedio +había más que tener paciencia? Con travesura y arranque de hombre, +_Zoiluchu_ le había tomado la delantera. Menos mal que todo quedaba en +la familia... Olvidara Martín el desaire, en el cual no habían tenido +poca parte su cortedad y amorosa desmaña, y lleváralo con resignación, +que novias guapas y _de peso_, gracias a Dios, no habían de faltarle. +En cuanto a la herida, bastaríale guardar en completa quietud la mano, +de la cual ya no tenía que nacer uso ni aun para casarse. + +—¿Sabe usted el consuelo que me ha dado mi padre? —dijo Martín +queriendo sonreír, cuando aún rodaban por sus mejillas las lágrimas +que le hizo derramar el acerbo dolor de la cura—. Pues, según él, este +balazo es la forma expresiva con que la Divina Voluntad me manifiesta +que no debo casarme. ¡Caramba, ya podía Dios habérmelo dicho de otro +modo! + +—Pienso lo mismo. ¡Vaya un modo de señalar que usa el Señor! Con +quitarle a uno la novia bastaba... Ya estaba vista la intención... + +De su herida tomó Martín pretexto para no ir a su casa aquella noche. +El médico le había recomendado que fuese al hospital, y su padre +le ofreció pasar la noche con él. _Le venía muy bien lo de la mano_ +para librarse del mal rato del bodorrio... Luego que se curase, a su +casa volvería, y lo pasado, pasado: todos hermanos, todos unidos, y a +trabajar por el bien común. + +Apenado por la doble desgracia del sobrino, que este soportaba con su +habitual mansedumbre; afligido también por no encontrar a _Churi_, y +acariciando el propósito firme de poner correctivo a su vagancia con +una buena mano de pescozones, se dirigió Valentín, al paso tardo de +_pierna y media_, a la casa de la Ribera. ¡Cuán ajeno estaba de que +al entrar en ella, sobre las cinco de la tarde, hora ya de cerrada +oscuridad en tal estación, no se hallaba lejos de allí el extraviado +_Churi_! Agazapadito junto al pretil de la ría, en actitud semejante +a la de los pobres que piden limosna, el sordo vio entrar a su padre +en la casa; dando un gran suspiro se fue escurriendo a gatas, sin +abandonar la sombra del pretil, en dirección del Arenal, y en todo este +recorrido gatuno iba dando verbal forma a las ideas que agitaban su +alma... + +—Señor padre, adiós... —remuzgaba en oscuro lenguaje, que es forzoso +aclarar y traducir—. Ahora que lo he visto, ya nada más tengo que +hacer... Adiós mi padre, adiós mis tíos, y adiós mis primos para +siempre, y adiós tú, casa mía..., que ya no veréis más a _Churi_, ni +_Churi_ ha de veros... porque él mismo se echa fuera de Bilbao, con +intenciones de no volver... No quiero más familia, ni más casa..., +porque para morirme de rabia, o para volverme malo y matón, quiero más +irme lejos, a otras tierras de adentro, o de afuera, o del demonio. + +Atravesando a buen paso el Arenal, seguía su cantinela... + +—Ya no veo mi casa... Adiós tú, casa, y adiós tú también, Bilbao, mi +pueblo; que todos, familia, casa y pueblo se me habéis vuelto como los +venenos mismos, y si de aquí no me voy, me condeno... Ahora dirán: +«¿Pero dónde está _Churi_ que no parece?». Creerán que me he tirado al +mar, o que me ha cogido por la mitad una bala de cañón... No, señores, +no. _Churi_ se va..., ¿no saben por qué? Pues que se lo pregunten a +ese ladrón de Zoilo, a ese fantasioso, que se coge para sí la mujer de +otro, y la ha conquistado por el miedo... Bien lo he visto... Adiós +tú, Arenal, San Nicolás mío; adiós Cujas y Campo Volantín de mi alma: +ya no me veréis más, porque _Churi_ es bueno; _Churi_ no quiere hacer +una muerte, ni dos muertes, ni ninguna muerte, y para no hacerlas, se +va al cabo del mundo... Puente colgante, adiós, y adiós Siete Calles +y Cantones... Mientras vea tierra por delante, caminaré, que buenas +piernas tengo; y si veo mar y me dejan embarcar, también me voy, lejos, +lejos, a la otra parte de la tierra, que dicen que es redonda como una +naranja, a ver si encuentro un país..., que puede que lo haya..., un +país donde toda la gente sea sorda..., donde vivan _las humanidades_ +sin oírse ni una palabra, porque tengan otra manera de entenderse unos +con otros..., ya por señales o guiños de los ojos..., que bien podía +ser... Y el amor no necesita hablarse, sino hacerse, con garatusas..., +en fin, no sé... Puede que lo haya, puede que haya ese país, donde no +tengamos orejas, y en cambio tengamos otros instrumentos más grandes +que aquí, el ver, el gustar..., no sé... El instrumento del oído no +hace falta, ni para comer, ni para dormir, ni para ser uno padre de +familia...; no, no hace falta... Adiós, padre y pueblo, que lejos me +voy... + +Las ocho serían cuando navegaba río abajo en una chalana diminuta de +tablas podridas, a la que había echado algunos remiendos la noche +anterior, la menor cantidad de embarcación posible. Previamente había +metido a bordo sus víveres, unos pedazos de borona envueltos en un +trapo. Este era una de las banderitas españolas que solían poner +los combatientes en las baterías: habíala afanado días antes, y la +llevaba para el caso de que los barcos de guerra, al verle recalar en +Portugalete, le mandaran izar pabellón de nacionalidad. Con su bandera, +sus mendrugos de borona y un balde para achicar tenía bastante, y ya no +le quedaba más que encomendarse a Dios para poder rebasar, al amparo +de la cerrazón, los puentes de barcas que los carlistas habían tendido +en San Mamés y en Olaveaga. Afortunadamente para el atrevido mareante, +a poco de soltar sus amarras empezó a llover con gana, y venía por +babor, de la parte de Baracaldo, un noroeste duro con rachas de galerna +que levantaban olas en la ría. La tenebrosa oscuridad, la lluvia, el +horrendo frío, eran causa bastante para que los facciosos no vigilaran; +y para colmo de felicidad, el agua bajaba desde las nueve. Con dejarse +ir al son de marea, arrimándose todo lo posible a barlovento, a la +orilla izquierda, que era la de más abrigo, se escabulliría como un +pez... Experto navegante, conocedor de la ría más que de su propia +casa, sabiendo como nadie buscar los puntos donde más ayudaba la +corriente, se dejó ir, sin hacer uso de los remos, para evitar ruido +y el rebrillar del agua. La agitación de esta, los rumores hondos de +la naturaleza, encubrían su escapatoria. Con que el tripulante se +agachara al deslizarse entre las barcazas que sostenían los tableros de +los puentes, bastaba para que la humilde chalana pasara por un madero +flotante, arrastrado por la marea. + +En todo lo que anhelaba fue el pobre _Churi_ favorecido, así por la +naturaleza como por el acaso, y nadie le vio, ni oyó voces humanas, ni +tiros de fusil disparados contra su nave. A las once salvó las barcas +de San Mamés sin novedad, y antes de las doce burló las de Olaveaga; a +la una divisaba las luces de los carlistas vivaqueando en las baterías +de Luchana; pasó sin tropiezo, amparado de una espantosa descarga de +agua, que por lo fría parecía nieve, y de un terrible golpe de viento; +a las dos, dejándose ir a sotavento para alejarse del fortín del +Desierto, cruzaba también inadvertido por este sitio. Vio más tarde, +a estribor, las canteras de Aspe, y en aquellas latitudes, juzgándose +ya salvado, se aguantó con los remos, pues el agua empezaba ya a tirar +para arriba. No tenía que hacer más que mantenerse allí, capeando la +marejada que venía del oeste, y enmendando a cada paso su situación +que la corriente le alteraba. Con esto, y con achicar sin tregua, pues +de lo contrario la chalana se le iba a pique, tenía bastante faena +hasta el alba, que debía de apuntar sobre las siete. Aguantose, pues, +sorteando viento y marea, y al ver por oriente las primeras claridades +de la aurora, arboló a proa su banderita, disponiéndose a ganar puerto. +Sus observaciones, sin más instrumento que los ojos de la cara, +indicáronle demora de un cuarto de milla al este de Portugalete. + +Ya no temía el fuego carlista: hallábase en aguas de Isabel. A las +ocho, divisó entre la neblina los bergantines ingleses _Ringdowe_ y +_Sarracen_ (que ya conocía), otro barco de guerra, español, y varias +lanchas cañoneras... La temperatura era glacial; el viento había +rolado al primer cuadrante y traía lluvia fina, puntitas de nieve que +pinchaban como agujas. A las ocho pasaba junto a una cañonera española +que le dio el alto... Comprendiendo que debía expresar sus sentimientos +isabelinos, señaló con orgulloso gesto su pabellón, que sobre los +colores tenía el lema _Isabel II, Libertad_. Desde la borda de la +cañonera le preguntaron: + +—¿Traes parte? + +Pero no se enteró, y siguió bogando. Poco después vio surgir del seno +de la calima el puente, armado sobre quechemarines y jabeques para +pasar la ría entre Bilbao y las Arenas; sonaban cornetas, tambores, +campanas en tierra y en los buques: para _Churi_ como si no. Por +fin, la valiente _zapatilla_ atracó a la escala de Portugalete, y al +encuentro del audaz marino bajaron muchos preguntándole: + +—¿Traes parte? ¿Qué ocurre en Bilbao? + +Puso el pie en tierra con la gravedad de un almirante; quitando la +bandera de la proa de la chalana, dio a esta una patada, equivalente +al propósito de no volver a entrar en ella, y subió la escala con +bandera al hombro, sin contestar a los preguntones. Entre estos había +no pocos que al subir le conocieron. «Es _Churi_, el sordo bilbaíno», +decían, y nadie le molestó más con interrogaciones fastidiosas. Él no +venía con papeles, ni tenía que dar cuenta a nadie de lo qué a buscar +iba en Portugalete. Garantizado por su bandera, que agrupó a su lado +mujeres y chiquillos, encaminose a una hermosa casa, contigua a la del +Ayuntamiento, en la cual entró como persona conocida, sin saludar a +nadie. Dos mujeres freían pescado en grandes sartenes. + +—Hola, _Churi_, en buen hora llegas —le dijeron—. Por Bilbao, ¿qué hay? +Mucha hambre, ¿verdad? Siéntate y descansa. ¿Tu padre bueno? Dicen que +muerta gente mucha... Los dientes muy largos traerás, hijo. Dos ruedas +de merluza aquí tienes, pues. + +Sin sentarse, _Churi_ devoró lo que se le ponía delante, y miraba a un +lado y otro, como buscando a persona conocida... + +—Ya sé a quién buscas, _Churi_ —le dijo otra de las mujeres, que +hablaba castellano correcto—. Aquí no está... + +Y como el sordo entendiese que la persona ausente no estaba en aquel +pueblo, afligiéndose mucho al creerlo así, la buena mujer le explicó +como pudo, con terribles gritos acompañados de gesticulaciones +enérgicas, que la señá Saloma se encontraba en la _Casa de Jado_... + +—¿Sabes? Por ahí, camino del Desierto. Tenemos la contrata de la Plana +Mayor. + +Allá corrió _Churi_, con una rueda de merluza en la boca y otra en la +mano, y de rondón se coló en el edificio que se le designaba, sin hacer +caso de la guardia que quiso detenerle. Metiéndose por una puerta a la +derecha, fue a dar a la cocina, y en ella vio a una mujer gallarda, +morena, guapetona, de ojos negros, que recibía de otra un plato con un +huevo frito y un chorizo. + +Contento se fue el sordo hacia la guapa moza, y ella, al verle, lanzó +una festiva risotada, diciendo: + +—Hola, _Churi_..., caro te vendes... ¿Por dónde has venido, por la mar +o por los aires? Eres el demonio... Ay, hijo: no puedo entretenerme... +Aguárdate aquí, que voy a llevarle su desayuno al general en jefe... + + + + +XXXVII + + +Vio el sordo soldados y ordenanzas en la cocina, oficiales que sin +cesar subían y bajaban por la escalera principal, a la cual se asomó, +por matar el tiempo, esperando a su amiga. Esta reapareció diciendo: + +—No vuelvo más arriba. Los ayudantes no la dejan a una vivir... +Vean qué cardenales tengo en este brazo. Un asistente me ha dicho +que el general está malo y no come nada..., que tengamos caldo para +las doce... Tú, Casiana, dame a mí un poco de guisado, que estoy +desfallecida... Echa, echa más, que comerá conmigo el pobre _Churi_... +¿Verdad, hijo, que tienes gana? ¡Pobre sordito!... Siéntate aquí, +cuéntame... + +Tan viva de genio era la tal Saloma, que a veces parecía no estar +en sus cabales. Dejándose llevar de su vena comunicativa, sin parar +mientes en la sordera de _Churi_, le refirió, mientras comían, sucesos +militares de notoria actualidad. + +—Mira, hijo, aquí estamos desde primeros del mes queriendo socorrer a +Bilbao, y quedándonos con las ganas de hacerlo. Tan pronto vamos por +la orillita de acá como por la de allá, y en ninguna tenemos suerte. +En Castrejana no hicimos más que perder mucha gente, y nos volvimos +para acá con las orejas gachas. Allí enfrente, en Azúa y Lejona, no +hemos hecho más que apuntar. Gracias que los ingleses, hombres de +mucho tino, han armado en el Desierto un altarito que le dará que +hacer al _servil_. Ahora parece que operamos por allí, y todo será +que tomemos el puente y casas fuertes que esos perros han hecho en +Luchana... Baldomero tiene ganas tremendas de darles una buena entrada +de palos..., pero yo le digo: «Baldomero, ándate con tiento y no te +comprometas... Tira primero tus líneas, mide terrenos y distancias... +Es malo echar carne a la pelea sin haber antes medido bien...». Pero +él no me hace caso... Es tan caliente de su natural, que si no tuviera +armas, a bocados les embestiría... Aquí tenemos a don Marcelino Oráa, +que tan pronto va como viene. Al otro lado están las tropas acampadas +de mala manera, mal comidas, muertas de frío. Dime tú si así se pueden +ganar batallas. Yo digo que no; Baldomero sostiene que la sangre +española no necesita más que de su mismo fuego para pelear y vencer. + +Por amabilidad, a todo asentía _Churi_ con cabezadas, sin entender una +jota. Dígase pronto, para evitar malas interpretaciones, que aquel +Baldomero, a cada instante nombrado por la arrogante Saloma, era un +sargento de Guías, que tenía el honor de llamarse como el ilustre +caudillo del Ejército del Norte; y añádase que descollaba por su +arrojo, obteniendo cruces, y hallándose muy cerca de ganar el grado de +alférez. Don Marcelino Oráa, de quien había sido asistente, teníale +en gran estimación, y el mismo Espartero le conocía por su nombre +(Baldomero Galán) y le distinguía. + +—Pues para que te enteres mejor —dijo—, los ingleses nos ayudan como +unos caballeros. Tienen talento para el ramo de cañones, y un ojo para +la puntería que da gloria verlo. Baldomero dice que con ellos serviría +más gustoso que con los de acá, porque pagan bien, comen mejor, y son +muy puntuales en todo... Yo le digo: «Aprende de esos a echar líneas +y tomar medidas antes de batirte... Fíjate en que no mueven una pata +sin pensarlo mucho, y examinan bien el pedazo de suelo donde van a +ponerla». Y él me replica: «Sí, mujer, tienes razón: son de mucho +estudio; pero acá uno es riojano, y antes de ponerse a estudiar, se le +enciende la sangre y allá va el coraje sin sentirlo». + +Satisfecha su hambre, _Churi_ sentía también vivas ganas de comunicar +a una persona grata sus acerbas penas. Diose por enterado, sin +entenderlo, de lo que Saloma le había dicho, y continuando la +conversación sin lógico enlace de ideas, le dijo en un vascuence mal +castellanizado que es forzoso traducir: + +—Efectivamente, Saloma Ulibarri, yo no te olvido; y en cuanto determiné +dejar a mi pueblo y a mi familia para siempre, he pensado en ti; y +vengo a decirte que si estás en volver pronto a tu tierra de Navarra, +como me dijiste la última vez que nos vimos, yo me voy contigo... + +—Aquí me tienes pendiente de las operaciones —replicó Saloma—. Por mi +gusto ahora mismo me ponía en camino para mi Aragón de mi alma, pues +casi soy más aragonesa que navarra. Pero todo depende del punto a donde +destinen a Baldomero, que ya va para alférez. Si en estas acciones lo +gana, pedirá que le manden al Centro... Yo también hipo por el Centro. +Estoy harta de estas tierras frías y babosas..., con tanto llover y +tanto comer pescado y alubias... Quiero ver mi Ebro, mi tierra que +abrasa, mi cielo de allá que es la alegría del mundo... ¿De veras te +vendrás con nosotros?... ¡Ah! _Churi_, tú has hecho en tu casa alguna +travesura muy gorda... + +Por esta vez coincidió casualmente el primer concepto de _Churi_ con el +último de Saloma. + +—No soy culpable —le dijo—, sino desgraciado; tan desgraciado, que de +lástima que me tengo no me determino a quitarme la vida. Me voy, sí. + +Súbitamente saltó el sordo con una pregunta que no parecía congruente. + +—Dime, Saloma, ¿sabes si está por aquí un caballero joven que le llaman +don Fernando Calpena..., paisano, a no ser que se haya hecho militar de +poco acá..., guapo, noble, fino?... + +Al pronto no dio lumbres la moza. ¡Había tanta gente en el Cuartel +general, militares de distintas armas y procedencias, asesores, +físicos, paisanos armados..! Rebuscaba en sus recuerdos, y al fin dio +con la persona que entre la turbamulta buscaba. + +—¿Don Fernando dices? Sí, sí: un joven de buena presencia, ojos +bonitos..., muy amigo del general en jefe... Sí... Don Fernando no sé +qué... Arriba está. En uno de los desvanes de esta casa se aloja con +el señor Uhagón, un paisano de ayer, hoy capitán... ¿Es amigo tuyo ese +señor? + +—Como amigo no es... Pero tengo que escribirle una carta que tú le +entregarás... Papel y pluma que me traigan. + +Algo tardaron en darle lo que pedía, y él, en tanto, deleitábase +contemplando la hermosura lozana y picante de _Saloma la navarra_, como +allí le decían. Bueno es advertir que en anteriores meses, y antes +de que se iniciara en Bermeo la pasión ardiente que a tan lastimoso +estado le había traído, padeció el pobre _Churi_ el mal de amores, +prendándose de Saloma con ansias y desvelos de calidad poco espiritual. +Fue un desvarío juvenil, que se extinguió entre cenizas, después de +mucho requebrar y pretender con resultado nulo. ¡Era desgraciado el +hombre! Todo por la maldita sordera, por aquel tabique _de silencio_ +que, levantado entre él y la humanidad, le impedía gustar las dulzuras +del querer... Mal curado de afición tan secundaria y superficial, cayó +en la enfermedad honda que le cogía el cuerpo y el espíritu, lo divino +y humano. Desapareció de su mente Saloma con su gallardía incitante y +su graciosa labia; la pasión integral y soberana eclipsó la parcial y +plebeya. Quedaba, siempre la cariñosa y leal amiga, que departía con +él afablemente, le daba de comer y le agasajaba y atendía, condolida de +la inferioridad a que su sordera le condenaba. + +Casi toda la tarde hubo de emplear el sordo en su trabajo de escritura, +porque excesivamente severo consigo mismo, nada de lo que escribía le +contentaba, y unas veces por no acertar con el pensamiento que expresar +quería, otras porque su torpeza caligráfica le hacía incurrir en +garrafales errores, ello es que, rompiendo papel y trazando caracteres +muy gordos, se le iban las horas. Por último, cuando ya oscurecía, +quedó terminado aquel monumento, que leía y releía, buscándole faltas, +añadiendo o raspando comas, sin llegar nunca a la deseada perfección. + +—Tómate todo el tiempo que quieras, hijo —le decía Saloma—, y pluméalo +bien, despacito, que el señor para quien es la carta se fue esta mañana +al otro lado y no sabemos cuándo volverá. + +Cansado de la penosa escritura, tanto como del viaje, el pobre _Churi_ +no se podía tener de sueño y quebranto de huesos. Saloma le dio un +camastro en la casa de Portugalete (donde tenía su establecimiento de +comidas, asociada con Casiana, y los hermanos Anabitarte, vinateros), +y en él cayó como una piedra el sordo, que si no lo fuera, no habría +dejado de sentir aquella noche el horroroso temporal. El oleaje y +remolinos de la barra daban espanto a la vista; el bramido de la +mar unido al del viento ahogaban todos los ruidos de tierra, sin +excluir los cañonazos de las baterías del Desierto contra Luchana. +En toda la noche pudo la navarra pegar los ojos pensando en su pobre +Baldomero acampado al raso o al abrigo de cualquier paredón, allá en +las posiciones del ejército en la orilla derecha. ¡Y que esto pasara +un cristiano por los derechos de Isabelita, de Carlitos, o del demonio +coronado!... + +Amaneció nevando. Las nueve serían ya cuando Saloma despertó a _Churi_, +que no se hartaba de dormir, insensible al fragor de la naturaleza. + +—Arriba, hijo, que es tarde. ¡Pues no lo has tomado con poca gana! Ya +tienes ahí a tu caballero de Madrid. Con el alférez Ordax ha pasado de +Las Arenas acá en un chinchorro, porque el puente de barcas se ha roto +con la furia de la mar. ¡Esa es otra!... Levántate pronto, gandul, y si +quieres verle, vente conmigo allá, y te arrimas a la escalera, que el +don Fernando ha entrado en la casa de Azcoiti, donde se alojan los de +artillería, y pronto ha de ir a mudarse de ropa. Está caladito... Dame +el _documento_ y se lo llevaré cuando se mude, que no está bien que +entre yo en su cuarto mientras el hombre se aligera de vestido. + +Al poco rato de esta conversación, veía _Churi_ entrar al señor de +Calpena y subir presuroso. Era él, el mismo: ya se le podía soltar el +cohete sin ningún cuidado. Y a la media hora volvía Saloma a la cocina +y daba al sordo cuenta de su comisión en estos o parecidos términos: + +—¡Ay, hijo, qué jicarazo se ha llevado el pobrecito señor con tu carta! +Se quedó al leerla más blanco que el papel en que la escribiste. Me +preguntó que quién eras tú, y de dónde venías, y yo, naturalmente, le +dije que eres _de los ricos_ de Bilbao, buen chico, muy marinero, solo +que un poco impedido de la _audiencia_... Ahora toma tu desayuno y +arrímate al fogón, que el día no está para rondar por el pueblo. + +Solo en su desván, y ya vestido de ropa seca, no apartaba don Fernando +su pensamiento ni sus ojos de la carta que había recibido; y entre dar +crédito a la tremenda afirmación que contenía, o conceptuarla maligna +impostura, transcurría veloz el tiempo sobre la cabeza del joven sin +que este lo sintiera. «_Anoche casó Aura con Zoilo Arratia_», decían +en sustancia los garabatos del papel, trazados en letras gordas, como +para suplir con el tamaño la torpeza de la escritura. En vano su amigo +Uhagón (amistad reciente y cordialísima formada en aquellos meses) +entró a decirle que si el temporal arreciaba, no habría más remedio que +suspender las operaciones. A todo callaba Calpena; él, tan decidor, tan +entusiasta de aquella campaña, tan unido al ejército, que la acción de +este y la suya propia habían venido a ser una sola acción, no decía +nada, no comentaba, ni opinaba siquiera. + +—¿Qué piensas? —le preguntó su amigo. + +Y él, encerrando dentro de su alma una tempestad más horrorosa que la +que andaba por los aires, se levantó y dijo: + +—Pienso... que hacen bien los carlistas en no dejar en Bilbao piedra +sobre piedra...; pienso que la humanidad es una vieja celestina, y la +naturaleza una mujer frágil... + + + + +XXXVIII + + +Arreció en el curso del día el temporal, sin que su violencia estorbara +a las valientes tropas isabelinas para lanzarse a la pelea. Desde el +camastro donde yacía en la casa de Jado, daba Espartero las órdenes de +ataque, previa la distribución de fuerzas en una y otra orilla, para +operar concertadamente contra Luchana. La brigada Mayol, que se hallaba +en Sestao, pasó el Galindo por el puente que habían construido los +ingleses, y ocupó las alturas de Rentegui y la Torre de la Cuarentena +frente a la desembocadura del Azúa. Y en tanto, inutilizado por el +temporal el puente de barcas sobre el Nervión, pasaron este, en +lanchones custodiados por las trincaduras de guerra, ocho compañías +de cazadores, dos del primer regimiento de la Guardia, dos de Soria, +dos de Borbón, una de Zaragoza y otra del 4.º de Ligeros, y fuerza de +ingenieros y artillería. En la travesía penosa, los pobres soldados +coreaban la furibunda cantata del temporal con sus exclamaciones de +ciego entusiasmo. Los zurriagazos de granizo con que les castigaba +la naturaleza, les embravecía más. ¡Bonita ocasión para proclamar la +Libertad y declararse dispuestos a horrendo sacrificio por tan voluble +diosa, que los infelices no habían visto nunca, ni sabían cómo era!... +Desembarcados en la orilla derecha, se apresuraron a entrar en calor +marchando contra el maldecido puente. La división del barón de Meer, +que había pasado el día batiéndose en las riberas del Azúa, reanudó sus +ataques con más brío al verse reforzada; los cazadores se abalanzaron +sobre el puente sin encomendarse a Dios ni al diablo, y no era floja +temeridad la de aquellos locos, porque los carlistas habían cortado +un tramo, y armado poderosas baterías por la otra parte, con cuyos +fuegos y la fusilería incansable podrían abrasar a los mismos ángeles +que se acercaran. Pocos ejemplos de arrojo personal que al de aquella +noche puedan compararse ofrecerá seguramente la historia militar del +mundo; y por mucho que el narrador apure los resortes del lenguaje para +describirlo, siempre ha de resultar como un combate fabuloso entre +fingidos héroes de la mitología o la leyenda. + +Luchaban unos y otros en la oscuridad de una noche glacial, pisando +nieve, azotados por el granizo, calados hasta los huesos. Si a esto +se añade que habían comido poco y mal, acrece la inverosimilitud de +aquel esfuerzo, que empezó con una fanfarronería quijotesca y acabó +con una realidad sublime. Rodaban los muertos sobre la nieve; se +arrastraban los heridos entre peñas y charcos sin que nadie les +socorriese; los vivos asaltaban el puente casi a ciegas y a gatas, +y sin duda por no ver el peligro, lo acometieron y lo dominaron. En +pleno día, y con buen tiempo, tal empeño no habría sido quizás más que +una honrosa tentativa. El éxito se convirtió en brillante hazaña, la +más gloriosa quizás de aquella enconada guerra. Pudo suceder que los +carlistas, fiados en la inverosimilitud del movimiento isabelino, y +estimándolo demencia y bravata, se descuidaran en acudir con todo su +poder a la defensa. También ellos luchaban en las tinieblas, envueltos +en la glacial vestimenta del granizo y la lluvia; también a ellos les +entumecía y paralizaba el frío, y la nieve les negaba un suelo seguro +para combatir... A todos les trataba por igual la naturaleza. En una +y otra parte caían en tropel, los más para no volver a levantarse. La +virginal blancura de la nieve se teñía de sangre. A las imprecaciones +y gritos de salvaje marcialidad, respondía el viento con bramidos más +espantosos. Por fin, los liberales se calzaron el puente, lo hicieron +suyo, y pisaron el fango nevado de la orilla izquierda del Azúa. +Emprendieron al punto los ingenieros la compostura del tramo destruido, +para que pudieran pasar cañones, caballos, y todo el ejército cristino. + +No se daban cuenta los hasta entonces vencedores de la importancia +de su victoria, ni acertaban a medir los obstáculos que, tomado el +puente, habrían de encontrar todavía, pues los facciosos habían surcado +de formidables trincheras los montes de Cabras y San Pablo. Como no las +tomaran pronto los de acá, todo lo que habían hecho era una sangría +inútil. Tan grande fue en los cristinos el impulso adquirido, y en tal +grado de coraje y excitación se hallaban, que no dieron paz al cuerpo, +ni al ánimo respiro, para seguir en demanda de las trincheras, con la +ambición loca de pisar también en ellas y de hacer trizas a los que las +defendían. De las nueve a las diez de la noche se empeñaron furiosos +duelos a la bayoneta en la aspereza de aquellos montes: los isabelinos +trepando; los otros a pie firme en los inexpugnables zanjones. +Rodaban por acá cuerpos destrozados. Allá expiraban otros. Tan pronto +avanzaban subiendo los liberales, como retrocedían precipitados, con la +nieve hasta las rodillas; se hundían en ella, salían furiosos, y las +bayonetas llegaron a parecer instrumentos de la naturaleza: el hielo y +el granizo convertidos en afiladas puntas y movidos por el huracán. + +Una batería enemiga, colocada sobre el flanco derecho de las tropas de +Isabel, les sacudía sin cesar. Pero no hacían caso, y para concluir +pronto y decidirlo de una vez, no había más recurso que el arma blanca. +Repetidos los ataques en una gran extensión, pues las tropas del barón +de Meer pasaron a la orilla izquierda por un improvisado puente, las +trincheras de los carlistas, hondas, labradas en terreno pedregoso +y fuerte, continuaban inexpugnables. Eran hueso muy duro para que +pudieran roerlo los de acá, enorme su extensión para que pudieran +ganarlas por sorpresa. Y la noche no se aclaraba, ni disminuía la +crudeza iracunda del temporal. Diríase que el suelo quería tragarse +a los hombres y convertirse en inmenso pudridero y osario de todo lo +viviente. Serían las diez cuando el animoso y experto general Oráa, +a quien Espartero, por su enfermedad, había conferido el mando, vio +la imposibilidad de avanzar, ya que no la de sostenerse, y pidió +refuerzos. Espartero le envió al instante la primera brigada de la +división de Ceballos Escalera; después la segunda, al mando de este. +Siguieron la espantosa lucha, intentando escalar las trincheras, y +cayendo de espaldas para volver a la embestida, sin desmayo, _por +entrar en calor_. Fueron heridos el barón de Meer, el brigadier Méndez +Vigo, y multitud de oficiales. El jefe de cazadores, Ulibarrena, lo +había sido ya mortalmente en el ataque al puente de Luchana. Los +soldados caían a centenares. + +A las diez y media vio el general Oráa que habían llegado al límite del +humano esfuerzo; pronto traspasarían la línea que separa los últimos +alardes de la desesperación eficaz de los primeros espasmos de la +impotencia, y ordenando conservar las posiciones y seguir combatiendo, +bajó a la ría, pasó con dos ayudantes y el coronel Toledo a la orilla +izquierda, y encaminose, ganando minutos, a la residencia del general +en jefe. Oía don Baldomero desde su cama el estruendo de aquella +tenaz contienda, y entre sus dolores que le retenían y sus cuidados +de caudillo que de fuera le solicitaban, se revolvía inquieto, sin +descanso, más castigado de la ansiedad que de la penosa cistitis. En +el momento de su mayor quebranto llegó el valiente Oráa, y con militar +rudeza le pintó en pocas palabras expresivas la situación apretada del +ejército a la otra parte del río. Soltó al instante Espartero media +docena de ternos gordos, y rechazando las ropas del camastro empezó a +vestirse a toda prisa... + +—Voy ahora mismo, aunque me cueste la vida... ¡Pues no faltaba más! +Tomado el puente, ¿qué hemos de hacer más que _uparnos_ arriba como +fieras? ¿Qué hora es? Las once. ¡Bonita Nochebuena! Señores, hemos +jurado perecer o salvar a Bilbao. Esta noche se cumplirá nuestro +juramento. + +Acudió un asistente a vestirle, y él, calzándose las botas, mandó que +entraran los que permanecían en la estancia próxima aguardando su +determinación. + +—Gurrea, adelante... Toledo, pase usted... Pase usted también, +Fernando... Pues ya lo ven: voy a echar el resto. O ellos o yo... Ahora +nos veremos las caras... Ya me van cargando a mí esos ojalateros... +Mi caballo..., pronto, mi caballo... Me ha dicho Oráa que ha muerto +Ulibarrena... Les tengo que cobrar con réditos la vida de ese +valiente... Venga el capote, el bastón... Ya estamos... ¡Pobres +soldados, muertos de frío!... Allá voy, allá voy, y a Bilbao de +cabeza... No quiero tomar nada..., un poco de vino, y basta... Señores, +el que quiera divertirse y oír cantar el gallo de Navidad, que venga +conmigo... + +Sobreponiéndose a su dolencia y ahogando la horrorosa molestia y +dolores que sufría, se le vio pronto en militar apostura, gallardo, +bien plantado, risueño. Su rostro amarillo, en que se manifestaba un +reciente derrame bilioso, se animó con el fuego que la pasión guerrera +en su alma encendía. Brillaban sus ojos negros; bajo la piel de la +mandíbula inferior, decorada con patillas cortas, se observaba la +vibración del músculo; fruncía los labios con muequecillas reveladoras +de impaciencia. Mal recortado el bigote, por el descuido propio de la +enfermedad, ofrecía cerdosas puntas negras, y bajo el labio inferior +la mosca se había extendido más de lo que consintiera la presunción. +Aún no gastaba perilla. El bigote de moco daba a su fisonomía carácter +militar, dentro del tono especial de la época: casi todos los sargentos +de su ejército le imitaban en aquel estilo de decoración personal. +Resultaban caras enjutas, secas, con algo de simbolismo masónico en +la disposición triangular de los adornos capilares, y expresión de +tenacidad y constancia. + +Pisaba fuertemente el suelo para entrar en calor, y mientras afuera +disponían el paso a la otra orilla. Su mal de la vejiga le obligó a +tomar precauciones, previendo que en noche de largo batallar habían +de faltarle hasta los minutos para las funciones más precisas. Y al +propio tiempo no cesaba de dar prisa. Dijéronle que en cuanto volviesen +las lanchas que habían llevado la segunda brigada de la división de +Ceballos Escalera, pasaría el cuartel general. Tal era el desasosiego +de Espartero, que habría pasado solo en una tabla, y no pudiendo +aguantarse más en aquella inacción, salió masticando la saliva, +y escupiendo alguno que otro venablo y mitades de interjecciones +crudas... Le dolían partes de su cuerpo de las más sensibles; le dolía +la situación comprometidísima de su ejército; le dolía el amor propio. + +Cuando llegó al sitio de embarque, advirtiéronle que su caballo ya +iba navegando hacia Luchana. Empezaron a embarcar las compañías de +Extremadura y casi toda la división de Minuisir. En la gabarra que más +a mano encontró, embarcose el general con su plana mayor y agregados +militares y paisanos. El corto bagaje que llevaba, con muy poca ropa, +escasos alimentos, y algunos chismes y drogas, impedimenta impuesta por +la enfermedad, embarcado fue en la misma lancha donde iba el caballo. +Religioso y triste silencio imperó en la travesía. Nadie hablaba. Por +un momento, en un desgarrón de las nubes, dejose ver la luna menguante +con medio rostro apagado. El temporal remuzgaba lejano. Eran las doce, +la hora del nacimiento de Jesús, que allí no anunciaron cantos de +gallo, ni festejó el rabel de inocentes pastores. Más bien las cornetas +y cajas, y el pavoroso silbar del viento, proclamaban la destrucción +del mundo. + + + + +XXXIX + + +Pisó tierra Espartero en la orilla derecha, y con él las tropas que +de refuerzo llevaba. Delante de todos marchó el general a caballo, y +pasado con precaución el puente famoso que había de inmortalizar su +nombre, subió el primero hacia el monte de San Pablo, encontrando a su +paso cadáveres dispersos, sobre los cuales blanqueaba ya el sudario +de la nieve últimamente caída. Empezó por disponer que las tropas de +refuerzo relevasen a los infelices que se habían batido toda la noche +a la desesperada, con los pies insensibles, clavados en el suelo. +Obligado por los accidentes del terreno a echar pie a tierra, departió +don Baldomero con la tropa, contestando con expresiones fraternales a +los vítores y gritos de entusiasmo con que fue saludado. Conferenció +con su jefe de Estado Mayor, el general Oráa, y acordaron suspender el +ataque para organizarlo con toda la fuerza útil disponible, y relevar +al instante los puestos avanzados. O la casualidad o un imprevisto +accidente produjeron hechos contrarios a lo que la rutinaria lógica de +los caudillos disponía. + +Sucedió que Oráa dispuso que se diera el toque de alto, y el corneta de +órdenes, sin saber lo que hacía, distraído o alucinado, ebrio quizás +del frenesí batallador, tocó ataque, y lo mismo fue oír el estridor +guerrero, lanzáronse unos y otros monte arriba con ordenado y rápido +movimiento, rivalizando en ardor los que el general traía con los que +allí encontró. Quiso Oráa contenerles y que se cumpliera su mandato, +mal interpretado por el corneta; Espartero, con mejor instinto y rápido +golpe de vista, se aprovechó de aquel felicísimo arranque de la tropa, +y con llama de inspiración, vio que era llegado el momento de seguir +el impulso de los inferiores, de la gran masa bélica. Esta tomaba la +iniciativa; esta, en un fugaz espasmo colectivo, dirigía y mandaba. +Procedía, pues, favorecer este arranque, dirigirlo, extremarlo, y no +permitir que desmayara. Blandiendo su espada, se puso frente a una +columna, y con aquella voz sonora, con aquel tono arrogante y fiero +que electrizaba a las multitudes, adoptando formas de lenguaje muy +enérgicas y al propio tiempo fraternales, les dijo: + +—Adelante todo el mundo, y arrollemos a esos descamisados... ¡Coraje, +hijos, coraje!... Ahora verán lo que somos. Delante del que de vosotros +avance más, va vuestro general, que quiere ser el primer soldado... +¡A la bayoneta..., carguen! ¡Coraje, hijos!... Por delante va esta +espada que quiere ser la primer bayoneta... Que mueran ahora mismo +esos canallas, ¡coraje!, o abandonen el campo, que es nuestro. ¡Viva la +Reina, viva el Ejército, viva la Libertad! + +Y comunicado este furor a toda la división, avanzaron monte arriba con +estruendo que hizo enmudecer los bramidos de la tempestad. Oráa se puso +al frente de otra columna por la izquierda. Al llegar a la trinchera +enemiga, oyeron rumor de pánico. Muchos carlistas huían, otros se +defendieron con rabia heroica; pero la embestida era tan fuerte, que no +pudo ser larga ni eficaz la resistencia. Ensartados caían de una parte +y otra. La voz del general, no enronquecida, siempre clara y vibrante, +les gritaba. + +—No hacer fuego... Bayoneta limpia... ¿No quieren libertad? Pues +metérsela en el cuerpo... Adelante: arriba todo el mundo. ¡Hijos, +coraje!... Bilbao es nuestra, y de ellos la ignominia. Nuestra toda la +gloria. Que vean lo que somos. Arriba, arriba... Ya huyen. ¡Firme en +ellos! + +No esperó el enemigo un segundo ataque, y huyó a la desbandada monte +arriba, hacia a segunda línea de trincheras. De improviso, cuando +ordenaban proseguir, descargó una tan fuerte lluvia con granizo, que +los combatientes tuvieron que detenerse. No veían; el pedrisco les +cegaba; el viento furibundo obligábales a guarecerse tras un matojo, al +amparo de cualquier peña, tronco o paredón en ruinas. + +—Mi general, aquí —gritó un alférez, viendo a Espartero azotado +vivamente por el temporal, la mano en el sombrero, el capote +desabrochado por las garras del viento. + +Guareciéronse en el socaire de una peña. El caudillo le reconoció al +instante: + +—Ordax... ¿No es usted Ordax? Avise usted al general Oráa dónde estoy. +Que venga al momento. Esta racha pasará pronto... + +El oficial, que era uno de los que más se distinguieron en el ataque +del puente, corrió a cumplimentar las órdenes de su jefe. No tardaron +en encontrar a este sus ayudantes, y se agruparon para darle con sus +cuerpos más abrigo. En la confusión de aquel momento, surcado el aire +y azotada la tierra por los furiosos latigazos del granizo, oíanse +gritos, voces, llamadas, nombres que sonaban desgarrados en medio de la +furiosa tempestad. Espartero dejó oír su voz imperiosa: + +—Aquí estoy... ¡Eh! ¡Gurrea..., Toledo..., aquí! ¡Demonio de tiempo! +Ya les llevábamos en vilo..., que venga Oráa..., ¡Oráa!... ¿Dónde está +Ceballos Escalera? + +—Aquí, mi general —replicó la voz potente del jefe de la segunda +división. + +—¿A qué distancia estamos de Banderas? Yo no veo nada. ¿Dónde está +Banderas? + +—Allí, mi general. + +—Ya sé que está allí... ¿Pero a qué distancia poco más o menos? ¿Sabe +usted que me encuentro mejor de mis dolores? Me ha sentado bien el +sofoco, y encima del sofoco la mojadura. ¡Vaya una noche! Y dicen que +en esta noche nace Dios... No lo creo. + +—Mi general, estamos a un tiro de fusil de Banderas... Pero aún queda +que tomar otra línea de trincheras más arriba. + +—¡Qué trincheras ni qué cuerno! De esas les echaremos también..., pero +a culatazos..., a patadas... Otra racha de granizo. Bueno: venga todo +de una vez... Ya, ya para. Que den un toque de atención. No perdamos +tiempo. ¿Qué hora es? + +—Las tres y media, mi general. + +En esto llegó Oráa, y Espartero le dijo: + +—Escoja usted quince hombres decididos, de los que no creen en la +muerte, y un oficial, para que vayan a hacer un reconocimiento en la +altura de Banderas. No podemos presumir la fuerza que tienen allí, +ni si están resueltos a defender el puente a todo trance. Tiempo han +tenido de fortificarse bien. Pero estén como estuvieren, y hayan hecho +más baluartes y baterías que tiene Gibraltar, allá nos vamos ahora +mismo, _con la fresca_, a darles la última pateadura. + +Habiendo cesado el chaparrón, salió don Baldomero de su escondrijo, +y encareció a los soldados lo fácil que era subir hasta Banderas. +Probablemente, el enemigo no tendría ya malditas ganas de ver caras +isabelinas por allí, y saldría escapado en cuanto se enterara de la +visita. Restablecidas las líneas que desbarató el temporal, trajéronle +al general su caballo, y se le unió Carondelet, mientras Ceballos +Escalera se alejaba a escape para cumplimentar las últimas órdenes. +Los quince soldados y el oficial que se brindaron a ir de descubierta, +marcharon silenciosos monte arriba. ¡Infelices, cuán grande era +su abnegación! Iban tan solo para probar el grado de fuerza que en +Banderas tenía el enemigo. Si este les recibía con intenso fuego, +señal era de que la elevada posición quería y podía defenderse. En +tanto, las columnas avanzaban con orden de no hacer ruido, callados los +tambores y cornetas, calladas también las bocas. Como a la mitad del +camino, entre el punto de partida y Banderas, los quince tropezaron +con una cabaña en ruinas, infestada de facciosos, los cuales, por los +huecos de los tapiales destruidos, rompieron el fuego. El general +y sus adláteres observaban esto desde una distancia inapreciable +por la oscuridad; mas no veían gran cosa. Roto el silencio por la +estruendosa voz de Espartero mandando ataque, retumbó el trueno en +la masa de tropas, y allá se fueron las columnas como un ventarrón +furibundo, barriendo cuanto encontraban por delante. En las ruinas, +más de la mitad de los quince rodaban por los declives cubiertos de +nieve. En la primera embestida a las trincheras altas, no pudieron los +de acá desalojar al enemigo. El retroceso fue corto. No necesitaron +ser jaleados para volver con ímpetu nuevo. Espartero y sus ayudantes +picaron espuela en busca del sitio de mayor peligro. Esto fue de grande +eficacia para alentar a los soldados, que, despreciando la muerte, +volvieron a desafiarla cara a cara; y al tercer achuchón, los carlistas +que no quedaron tendidos salieron por pies. A la izquierda, en la +falda de San Pablo, la columna mandada por Oráa pudo avanzar con menos +obstáculos. Espartero no la veía. Solo por el ruido de tambores y las +imprecaciones humanas que aventaba el temporal, podían apreciar los +de la primera columna que sus compañeros les llevaban alguna ventaja. +Situándose más arriba de las ruinas de la cabaña, pudo Espartero +distinguir las masas carlistas en el alto de Banderas, moviéndose de +flanco. ¿Iban en retirada? ¿Iniciaban un movimiento envolvente? Sobre +esto hicieron cálculos más o menos aventurados Carondelet y el general +en jefe. + +—Para saberlo con certeza —dijo este—, vámonos arriba..., yo el +primero. No hay que darles tiempo a nada... ¡Hijos, coraje! Más valemos +muertos arriba que vivos abajo. + +A medida que avanzando iban, veían más claro. Del cielo descendía +escasa luz, aumentada por el reflector blanquísimo y lúgubre que cubría +todo el monte, la nieve, cuya limpia y cándida superficie cortaban los +montones de cuerpos humanos. La cabeza del carlista muerto asomaba +por entre los brazos del liberal inerte. La oscuridad les agrandaba: +creyéraseles cuerpos de gigantes alados, caídos de un espantoso combate +en las nubes pardas, siniestras; estas corrían también, embistiéndose, +y esparcían por el cielo turbio sus desgarrados vellones. En la porfía +de tierra, un horroroso estruendo de tambores, cornetas, gritos, +vivas y mueras marcaba el paso de la nube humana, que se deslizaba +sobre nieve, bramando como el trueno, hiriendo como el rayo. En la +eminencia, el choque rudo produjo instantáneo retroceso. No se veía más +que un trágico tumulto, confusión de cabezas y brazos, y entre ellos +el centelleo de las bayonetas. No lejos de la columna de vanguardia, +Espartero les decía: + +—¡Duro, hijos, duro, que ya estamos en casa!... No hay quien pueda con +nosotros... Allá vamos todos, yo el primero... + +No tardaron los absolutistas en desbandarse por la vertiente norte. +Iniciado el abandono del fuerte, los de acá pusieron en la cúspide sus +manos, luego sus rodillas. El ejército de Isabel dio por fin en ella la +furibunda patada que estremeció y quebrantó para siempre el inseguro +reino de Carlos V. Serían las cinco cuando el caballo de Espartero +tocaba el himno con su vigorosa pezuña sobre el suelo de la plaza de +armas del fuerte. El noble animal no podía sofocar con sus relinchos la +gritería de los soldados, ebrios de gozo. + +El ejército que tal hazaña consumó era un gran ejército; mas para que +luciera en toda su grandeza el santo ardor patriótico y el militar +orgullo que le inflamaban, era necesario que tuviese caudillos que +supieran cogerle de un brazo y llevarle a las cumbres estratégicas, +que simbolizan las altas cimas de la gloria. Sin tales pastores, no +puede haber rebaños tales. Pastoreaba las tropas cristinas, en aquella +noche terrible, un soldado de corazón grande, que supo infundirles +el sentimiento del deber, la convicción de que sacrificando sus vidas +mortales salvarían lo inmortal de la patria, el honor histórico de las +banderas. El tiempo, en vez de amenguar la talla de aquellas figuras, +las agiganta cada día, y hoy las vemos subir, no tanto quizás por +lo que ellas crecen, como por lo que nos achicamos nosotros, y aun +lloramos un poquito, ya con todo el siglo dentro del cuerpo, viendo que +gérmenes tan hermosos no hayan fructificado más que en el campo de la +guerra civil. Creíamos que aquello era el aprendizaje para empresas de +superior magnitud... Pero no era sino precocidad infantil, de las que +luego salen fallidas, dándonos tras el muchachón de extremado vigor +cerebral, hombres raquíticos y sin seso. + +No debe mostrarse aislado el ejemplo de Espartero en la gloriosa +Navidad del 36; que unido a otros ejemplos y memorias de aquel +caudillo, resplandece con mayor claridad y nos permite conocer toda la +grandeza de los hombres que fueron. Antes de la liberación le Bilbao, +los suministros del ejército andaban como Dios quería. El gobierno +pedía victorias para darse tono, ¡victorias a soldados descalzos y +hambrientos! Todo el mando de Córdova fue una continua lamentación por +esta incuria. No fue más dichoso Espartero, y en su afán de emprender +vivamente las operaciones, ardiendo en coraje, atento a su decoro y a +la moral de sus tropas, resolvió el conflicto de un modo elemental, +casi inocente. Sin duda por ser del orden familiar, no se ha perpetuado +en letras de oro, sobre mármoles, la carta que con tal motivo escribió +a su mujer, la bonísima, hermosa y sin par Jacinta Sicilia. Decía entre +otras cosas: + + «Empeña tu palabra, la mía, la de los amigos; empeña tus alhajas y + hasta el piano; reúne todo el dinero que puedas, y mándamelo en oro». + +Tan diligente anduvo la dama, que con el mismo mensajero portador de +la carta, remitió a su esposo mil onzas. El general dio de comer a sus +soldados, y a los pocos días, postrado en cama con mal de la vejiga, +y viendo a sus queridas tropas en el grande aprieto de Monte Cabras +y Monte San Pablo, salta del lecho, con una temperatura glacial, y +hace lo que se ha visto... Desgraciada era entonces España; pero tenía +hombres. + + + + +XL + + +Al apuntar el día, que como de los más chicos del año no empezó a +despabilarse hasta las siete, ayudando a su pereza lo turbio del +celaje, vieron los vencedores a los vencidos desfilando a toda prisa +por los senderos que conducen a Erandio y Derio. Otros tomaban +presurosos los caminos de Deusto, para pasar a la orilla izquierda por +los puentes de barcas que tenían en San Mamés y en Olaveaga. + +—¡Lástima grande —dijo Espartero, viendo la desbandada del enemigo— +no tener caballería disponible para que se fueran con todos los +sacramentos! + +Tomado también, sin disparar un tiro, el Molino de Viento, y dejando +este bien guarnecido, así como el fuerte, siguió Espartero hacia +el caserío de Archanda, donde ocupó la misma casa en que habían +celebrado la Navidad, con espléndida cena, los jefes carlistas Eguía +y Villarreal. Aún encontraron la mesa puesta, y en ella restos de +manjares, todo en desorden, como si los comensales hubieran tenido +que salir escapados, mascando aún, y con las servilletas prendidas. +Invadida la casa por la Plana mayor y ayudantes, Espartero tomó asiento +en el comedor, y les dijo: + +—Ya ve España que he cumplido mi palabra. Salí para Bilbao, y en Bilbao +estamos; al menos tenemos la llave de la puerta. + +—Mi general —dijo Gurrea, que no cesaba de dar órdenes referentes a +provisiones de boca—, he mandado que nos hagan café. + +—Para ustedes. Yo sabes que ahora no lo tomo. Algo caliente tomaría +yo... No he traído nada... No me dio tiempo a llenar la fiambrera... +Oye, que me hagan unas sopas de ajo... Vino caliente quiero. + +—¿Qué tal se encuentra usted, mi general? —le preguntó Carondelet—. +¿Apostamos a que el julepe de esta noche le sienta bien?... La gloria, +entiendo yo, es buena medicina. + +—Hombre, sí... Yo creí que estaría peor. La misma excitación nerviosa +me ha sostenido... Hubo un momento, lo confieso, en que los ánimos +querían marchárseme. Fue cuando pregunté: «¿Dónde está la Guardia?» +Y de un montón de cadáveres blanqueados por la nieve salió una voz +moribunda que me dijo: «Aquí está lo que queda de la Guardia Real». Al +oír esto, sentí ese frío mortal que me sale de los riñones, y por el +espinazo me sube a la nuca... ¡Pero qué demonio! Di algunas patadas +para soltar el frío y el miedo por las suelas de las botas..., vamos, +que eché un nudo a todos los recelos, y también a los dolores que +me atenazaban las entrañas, y me dije: «No fastidiar ahora... A la +obligación; a reventar aquí, o a vencer». Dios nos ha favorecido: mandó +a los truenos que tocaran el himno... No crean: cuando me eché de la +cama, me daba el corazón que íbamos a cargarnos a toda la ojalatería +habida y por haber... ¡Y eso que la noche, compañeros, ha sido de las +que llaman a Dios de tú! + +—Mi general —dijo don Marcelino Oráa, entrando presuroso y risueño—, +tengo una gallina asada, y me parece que después de lo que hemos hecho, +bien podemos comérnosla tranquilamente. + +—Sí, hombre, sí; venga: nos la comeremos entre los dos... Pero mande +usted que la calienten. + +—Ya están en ello. Los señores _desocupantes_ nos han dejado la cocina +encendida. + +—¿Y hay fuego? + +—Magnífico. Y ahora lo estamos atizando más. + +—Pues vámonos allá... Estoy helado... A la cocina, señores. + +Y camino del fogón, don Baldomero, apoyado en el brazo de Carondelet, +pues su dolor de riñones le molestaba más de la cuenta, decía: + +—¡Esos pobres soldados muertos de frío, al raso!... Que todos los +cuerpos se provean de leña, que aquí la tendrían abundante los +ojalateros... Que hagan hogueras... Y de rancho, que se les dé lo que +haya, a discreción... Otro día se tasará; hoy no se tasa nada, pues +ellos han dado _a tutiplén_ su sangre y el fuego de sus corazones... +Lo que yo digo: «En días como este, debiera Dios hacer también algo +extraordinario por los pobres soldados; y como es fiesta de Navidad, +¿por qué no manda caer una buena lluvia de pavos, pero asaditos, y de +añadidura capones?». Hombre, todo no ha de ser granizo y balas. Yo, +señores, estoy que no puedo ya con mi alma. Y si a ustedes les parece, +después que me haya comido mi parte de gallina y las sopas de ajo, si +me las dan, descansaré un rato. Oráa, ¿a qué hora entramos en Bilbao? + +—Sobre las once me parece la mejor hora —dijo don Marcelino con la boca +llena—. Allí no se han enterado todavía. No tardarán en subir bandadas +de patriotas. El cuento es que de nutrición están peor que nosotros, y +tendremos que darles de lo nuestro. + +Con estas bromas comían unos y otros, ofreciéndose recíprocamente +y aceptando lo que cada cual tenía. Sin cesar entraban oficiales +y paisanos más o menos armados, de los que se agregaron al Cuartel +general. + +—¡Hola, Uhagón! —dijo Espartero—. Ya hemos salvado a su pueblo. Ya +estará usted tranquilo. ¿Ve usted cómo no hay plazo que no se cumpla? + +—Locos de contentos están mis pobres _chimbos_. Ya se oye el repicar de +todas las campanas de Bilbao. + +—¡Pobrecitos, qué ganas tendrán de vernos! Y yo a ellos también... +Hola, Fernando: pase, pase. No creí que se hubiera usted atrevido +a subir a este piso principal... bajando de las nubes. ¿Qué tal? +¿Presenció usted la locura de anoche? ¿Vino usted a retaguardia? + +—No tan a retaguardia, mi general —dijo Calpena—, que dejara de ver los +milagros del soldado español. + +—Milagro ha sido..., bien dicho está. Vea usted, vea usted, señor +madrileño, cómo aquí sabemos cumplir. + +—Ya lo he visto, y si no lo viera, nunca lo hubiera creído. Nunca, digo +yo, ha sido la verdad tan inverosímil. + +—Ya tiene usted que contar... Siéntese donde pueda, y busque un plato, +que quiero obsequiarle con un alón de gallina. + +—Muchas gracias, mi general. Uhagón, Ordax y yo, merodeando en el +Molino de Viento con otros amigos, hemos tenido la suerte de descubrir +nada menos que un cordero asado, y una bandeja de arroz con leche. + +—¡Hombre, qué suerte! ¿Y no ha quedado nada? + +—Mi general: todo nos lo hemos comido. + +—Bien: hay que tomar fuerzas para entrar en la plaza. Ya tiene usted a +Bilbao libre, a Bilbao abierta. Y allí las muchachas bonitas esperando +a la juventud. Entrarán ustedes conmigo. + +—Si vuecencia nos lo permite, Uhagón y yo nos iremos por delante, a la +descubierta, mi general. Los dos tenemos aquí familia. + +—Enhorabuena: váyanse ahora mismo si gustan..., y digan que a las once +entraré con mi Estado Mayor a saludar a las autoridades de ese heroico +pueblo, al pueblo todo, a la valiente guarnición, a la intrépida +Milicia. + +Anunció a la sazón un ayudante que por el camino de Deusto subía mucha +gente, comisiones de la Diputación y Ayuntamiento, y medio pueblo +detrás. No esperaron más Uhagón y Calpena, y se fueron monte abajo +salvando trincheras; pero como por los mismos vericuetos subía bastante +gente, y entre ella muchos conocidos de Uhagón, a cada instante +habían de detenerse. Entre saludos aquí, abrazos allá, y el contestar +a los vivas, y el dar noticia sintética de los combates de la noche +anterior, emplearon cerca de dos horas en llegar a Deusto. Ardiendo +en impaciencia, Calpena tiraba de su amigo como de una impedimenta +fastidiosa y necesaria. Cuando llegaban a la Salve, Uhagón hubo de +contener el paso vivo de Fernando, diciéndole: + +—No corras, que aunque volaras, no habríamos de llegar tan pronto como +deseas. Afortunadamente, al entrar en mi pueblo, no necesitarás hacer +averiguaciones para encontrar lo que buscas. Conozco a los Arratias, +Sabino y Valentín; conozco la casa de la Ribera. Lo que siento es no +poder acompañarte: ya comprendes que he de ir inmediatamente a mi casa, +y antes de llegar a ella encontraré parientes, familia, que me cogerán +y me secuestrarán. Si no quieres venirte conmigo a casa, yo buscaré +persona que te llevará a la Ribera... No puedes perderte... Sigues por +esta orilla del Nervión. Ves el paseo del Arenal, y adelante siempre, +junto a la ría; ves el teatro, y adelante... Y ya estás allí... Miras +las puertas de las tiendas, y donde veas una fragata a toda vela..., +una muestra con un barco pintado..., allí es. + +A poco de decir esto el bilbaíno, cayeron en un grupo entusiasta, +frenético, en el cual más de veinte individuos abrazaron a Uhagón +porque le conocían, a Calpena sin conocerle, y que quieras que no +hubieron de detenerse a cantar odas y elegías ante los ahumados muros +de San Agustín. Calpena no pudo ser insensible ni a las demostraciones +de aquel patriotismo delirante, ni a la simpatía y afecto con que los +desconocidos le llevaban de un lado a otro, enseñándole las gloriosas +ruinas, los escenarios de muerte, trocados ya en históricos monumentos. + +Viéndose separado de Uhagón, que en el barullo fue arrastrado lejos de +su amigo, los que rodeaban a Calpena dijéronle con cariñosa urbanidad: + +—Ya encontraremos a Celestino. Usted se vendrá a mi casa. + +Y todos se brindaban a llevársele en cuanto vieran entrar al general +victorioso. Agradecido, se excusó el madrileño cortésmente, y sin darse +cuenta del tiempo que engañoso transcurría, se dejó querer, se dejó +llevar. Llegados a la Cendeja, el gentío les estorbó el paso. Quisieron +retroceder, y se encontraron frente a otro tumulto y vocerío más +grandes. Espartero se aproximaba con todo su Estado Mayor para entrar +solemnemente en la plaza como libertador glorioso. En los remolinos del +gentío para abrir calle, viose Calpena separado de los desconocidos +que le acompañaban; buscoles con la vista; pero ni ellos ni Uhagón +aparecían entre las mil caras de la muchedumbre, las cuales por la +unidad del sentimiento que expresaban parecían pertenecientes a un solo +ser. Imposibilitado de avanzar, arrimose a un paredón, y vio al general +a pie, avanzando con marcial gallardía por delante de San Agustín, +atravesando después por el paso que al efecto abrieron en la _Batería +de la Muerte_. La exclamación popular en aquel hermoso momento; el +estallido de la muchedumbre, confusa mezcla de entusiasmo, de gratitud, +de duelo, de amor, fue como un llanto inmenso. Engranado en el +conjunto, y partícipe de la total emoción, Calpena lloraba también con +gritos de alegría. + +Mientras Espartero abrazaba en el Arenal a los jefes de la Milicia, +los remolinos de gente llevaron a don Fernando de una parte a otra. +No podía sustraerse al delirio del pueblo; sentía con él el júbilo +de la victoria, y el dejo amargo de los pasados sufrimientos. La ola +humana, que reventaba en cánticos, en vivas y clamores diversos, +le arrastraba. Se sintió ciudadano de la valerosa villa; se sintió +sitiado, hambriento, moribundo, redimido al fin por el propio esfuerzo +y el del héroe que en aquel instante confundía su legítimo orgullo con +el del vecindario, y su fe con la fe bilbaína. + +Hasta que fue pasando lo más fuerte de la emoción popular, no se vio +Calpena fuera de la ola... Pensó en orientarse. Reconociendo el punto +por donde había entrado, y observando el curso de la ría, restableció +su rumbo. «Por esta orilla, siempre adelante», le había dicho Uhagón. +No tardó en reconocer el teatro, y hacia él se encaminaba, cuando se +inició un movimiento de la multitud en la propia dirección. Vacilaron +un instante los grupos delanteros. Aquí decían que el general iba al +Ayuntamiento; acullá, que a la Diputación. Pero debieron estar en lo +cierto los que indicaban el primer punto, porque la masa de bilbaínos, +ardiente, bulliciosa, entonando patrióticos cantos y enarbolando +trofeos militares, corrió hacia la Ribera. + +«Hacia allá vamos todos», se dijo Calpena, dejándose arrastrar +nuevamente por la ola y arrimándose todo lo que pudo al pretil de +la ría para no perder su derrotero. Miraba una por una las casas +fronteras, y antes de que terminara la curva que en aquella parte +describe la línea de edificios, obediente al curso del Nervión, vio +encima de una puerta una hermosa fragata navegando a toda vela. ¡Allí +era!... La multitud llenaba por completo la vía desde las casas hasta +el río. Sobre el mar de cabezas en movimiento navegaba la fragata en +dirección contraria, embistiendo con su gallarda proa la corriente +humana. Así lo vio Calpena, observando al propio tiempo que en los +balcones inmediatos al barco no había gente, y que la puerta de la +tienda estaba cerrada. + +Agarrose al pretil para zafarse de la ola, como el náufrago que se +agarra a la peña. Realmente, trazas de náufrago tenía. El fango le +llegaba a las rodillas; temblaba de ansiedad, de frío... + + +FIN DE «LUCHANA» + + +Santander (San Quintín), enero-febrero de 1899. + + + +*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 76572 *** |
