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@@ -0,0 +1,10138 @@
+
+*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 76572 ***
+
+
+NOTA DE TRANSCRIPCIÓN
+
+ * Las cursivas se muestran entre _subrayados_ y las versalitas se han
+ convertido a MAYÚSCULAS.
+
+ * Los errores de imprenta han sido corregidos.
+
+ * La ortografía del texto original ha sido modernizada de acuerdo con
+ las normas publicadas en 2010 por la Real Academia Española.
+
+ * La puntuación también ha sufrido ligeros retoques para su
+ modernización, así como la toponimia.
+
+ * Las rayas intrapárrafos han sido espaciadas según los modernos
+ usos ortotipográficos.
+
+ * Las cartas y misivas se presentan sangradas para mejor distinguirlas
+ de otros entrecomillados.
+
+
+
+
+EPISODIOS NACIONALES
+
+LUCHANA
+
+
+
+
+ Es propiedad. Queda hecho el depósito que marca la ley. Serán
+ furtivos los ejemplares que no lleven el sello del autor.
+
+
+
+
+ B. PÉREZ GALDÓS
+ EPISODIOS NACIONALES
+ TERCERA SERIE
+
+ LUCHANA
+
+ 14.000
+
+ MADRID
+ PERLADO, PÁEZ Y COMPAÑÍA
+ (Sucesores de Hernando)
+ Arenal, 11
+ 1906
+
+
+
+
+ EST. TIP. DE LA VIUDA E HIJOS DE TELLO
+ IMPRESOR DE CÁMARA DE S. M.
+ Carrera de San Francisco, 4.
+
+
+
+
+LUCHANA
+
+I
+
+
+ «En mi carta de ayer —decía la señora incógnita con fecha 14 de
+ agosto— te referí que nuestro buen Hillo me mandó recado al mediodía,
+ recomendándome que no saliese a paseo por el pueblo, ni aun por los
+ jardines, porque corrían voces de que los soldados y clases del
+ Cuarto de la Guardia, los de la Real Provincial y los granaderos de
+ a caballo, andaban soliviantados, y se temía que nos dieran un día
+ de jarana, cuando no de luto y desórdenes sangrientos. Naturalmente,
+ hice todo lo contrario de lo que nuestro sabio Mentor con notoria
+ prudencia me aconsejaba: salí de paseo con dos amigos, señora y
+ caballero, prolongándose la caminata más que de costumbre, y no
+ exagero si te digo que anduvimos cerca de un cuarto de legua por
+ el camino de Valsaín; luego atravesamos todo el pueblo, llegando
+ hasta más allá del Pajarón, y nos volvimos a casita con un sí es no
+ es de desconsuelo, pues no vimos turbas sediciosas, ni soldadesca
+ desenfrenada, ni cosa alguna fuera de lo vulgar y corriente. El drama
+ callejero, _género histórico_ en España, que deseábamos ver, no sin
+ sobresalto en nuestra viva curiosidad, permanecía entre bastidores,
+ en ensayo tal vez. Sus autores, temerosos de una silba, no se
+ atrevían a mandar alzar el telón.
+
+ »Por mi parte, te aseguro que no sentía miedo; mis acompañantes, sí:
+ solo con la idea de que la revolución anunciada no pasase de comedia,
+ se atrevían a presenciarla. Y comedia tenía que ser en la presunción
+ de todos, pues de los jefes, del comandante general del Real Sitio,
+ conde de San Román, nada debía temerse, conocida de todo el mundo su
+ adhesión a la reina y a Istúriz; de los jefes tampoco, que eran _lo
+ mejor de cada casa_. Las clases y tropa no son capaces de escribir
+ por sí solas una página de la historia de España, y el día en que la
+ escribieran, ¡ay!, veríamos, a más de la mala gramática de hoy, una
+ ortografía detestable.
+
+ »Al pasar por el teatro, nos hizo reír el título de la comedia
+ anunciada: _A las diez de la noche, o los síntomas de una
+ conjuración_. En las puertas del café del teatro vimos paisanos
+ y sargentos en grupos muy animados, y por las palabras sueltas
+ que al paso hirieron nuestros oídos, comprendimos que hablaban de
+ política. Luego nos dijo Pepito Urbistondo, a quien encontramos
+ junto a la Comandancia, que las clases de toda la guarnición estaban
+ incomodadas porque el general había prohibido, bajo graves penas,
+ cantar canciones patrióticas, y mandado que las bandas y músicas no
+ tocasen otras marchas que las de ordenanza. A este Pepe Urbistondo
+ no le conoces: ha venido no hace un mes del ejército de Aragón; es
+ valiente y audaz en la guerra; en los saraos de Madrid el primero y
+ más arrojado bailarín de gavotas y mazurcas; buen chico, solo que
+ tartamudea un poco, y empalaga un mucho con sus alardes de finura,
+ a veces sin venir a cuento. Hoy le tienes aquí de ayudante de San
+ Román, y es el que anima con sus donaires los corros que diariamente,
+ mañana y tarde, se forman en las _Tres Gracias_ o en _Andrómeda_...
+ Pues sigo diciéndote que la noticia comunicada por Pepito del mal
+ humor de los señores cabos y sargentos no nos causó grande inquietud.
+ Pero luego nos encontramos al canónigo de la Colegiata, don Blas de
+ Torres, que nos puso en cuidado refiriéndonos lo que había ocurrido
+ momentos antes, en el acto de la _lista_. Después de la música, y
+ cuando ya la tropa formaba para volver al cuartel, el tambor mayor
+ mandó a la banda tocar la marcha granadera. Obedecieron los tambores;
+ pero no los pífanos, que salieron por el himno de Riego, resultando
+ un guirigay de mil demonios, efecto de la discordancia entre músicas
+ tan diferentes. El comandante, volado, mandó callar la banda, y
+ la tropa se dirigió al cuartel al son de sus propias pisadas. La
+ vimos pasar. Era una escena triste, lúgubre. No sé por qué me
+ impresionó aquel marchar de los soldados sin ningún son de música o
+ ruido militar. Me fijé en las caras de muchos, y no eran, no, las
+ habituales caras de soldados españoles, siempre alegres. Cuando
+ entrábamos en casa de mis amigos, volvimos a encontrar a Urbistondo,
+ y nos dijo que, al llegar al cuartel, el comandante había mandado
+ arrestar a toda la banda; que al tambor mayor, a quien se atribuía
+ connivencia con los desentonados pífanos, le habían metido en un
+ calabozo. La oficialidad recibió orden de permanecer en el cuartel
+ toda la noche, y se prohibió que salieran los sargentos. Cuando nos
+ daba Pepito estos informes, ya casi anochecía; los paseantes de
+ los jardines volvían presurosos a sus casas; notábase en algunos
+ aprensión, recelo; de la sierra bajaba un airecillo sutil, que
+ nos hacía echar de menos los abrigos. Yo mandé a casa por el mío:
+ la persona que me lo trajo, traía también un billete en que se me
+ instaba, mejor dicho, en que se me hacía el honor de llamarme a
+ Palacio... Yo tiritaba; me había enfriado un poco al volver de paseo:
+ creo que contribuyó a ello el ver aquellos soldados tan tristes,
+ marchando sin tambores ni cornetas... Aplacé la visita a Palacio para
+ después de comer; pero luego vino un recadito más apremiante, verbal,
+ y tomando el brazo del digno caballero que lo había llevado, me fui
+ allá. Quién me llamó de Palacio, no puedo decírtelo, niño, ni hay
+ para qué.
+
+ »Creí encontrar alarma en la morada real, pero me equivoqué... ¡en
+ tantas cosas nos equivocamos! Sabían todo lo ocurrido en el cuartel
+ del Pajarón y en la lista; tenían noticia de la descompuesta actitud
+ de los sargentos en el café del teatro, donde suelen reunirse; de la
+ llegada de paisanos de Madrid, siniestros pajarracos que anuncian las
+ tempestades políticas; mas no por eso habían perdido la tranquilidad
+ y confianza. No debo ocultarte que yo había recibido de la Villa y
+ Corte informes preciosos de lo que piensan y dicen ciertas personas
+ de las que influyen en la cosa pública, lo mismo cuando están en
+ candelero que cuando están caídas. Alguien se enteró de que yo
+ tenía tales referencias y quiso oírlas de mis propios labios. De lo
+ que yo sabía, comuniqué lo que estimaba prudente y oportuno en las
+ circunstancias actuales, lo que a mi parecer podría ser de utilidad y
+ enseñanza para la persona que me interrogaba; lo demás me lo callé.
+ ¿No te parece que hice bien? Ya veo que afirmas. Me gusta que opines
+ en todo como yo.
+
+ »Pues verás: pasé un rato muy agradable con las niñas cuando las
+ acostaban. La reinita Isabel discurre como una mujercita; Luisa
+ Fernanda le gana en formalidad. Es grave la pequeñuela, y en su corta
+ edad parece sentir y comprender ya que tanto ella como su hermanita
+ son personajes históricos, y que están llamadas a desempeñar primeros
+ papeles en la escena del mundo. Isabel despunta por su inteligencia:
+ cuentan de ella salidas y réplicas verdaderamente prodigiosas. Ya
+ conoce por sus nombres a todos los palaciegos y a muchos generales;
+ distingue los cuerpos y armas del ejército por los uniformes, y los
+ grados y empleos de los oficiales por los galones y charreteras. La
+ cronología de los reyes, desde los Católicos para acá la sabe de
+ corrido, y en etiqueta suele dar opiniones saladísimas, que revelan
+ su agudeza y disposición. Es muy juguetona, demasiado, según dicen
+ algunos, para reina. Pero esto es una tontería, porque los niños ¿qué
+ han de hacer más que enredar? Nuestra _angélica Isabel_, a quien
+ aclaman pueblo y ejército como la esperanza de la patria, se iría
+ gustosa, si la dejaran, a jugar a la calle con las chiquillas pobres.
+ Dios la bendiga. Si esa guerra tiene el término que deseamos y el don
+ Carlos se queda como el gallo de Morón, veremos a Isabel en el trono,
+ digo, la verás tú, que yo no pienso vivir tanto.
+
+ »No sé por qué me figuro que la juguetona y despabilada Isabel ha
+ de ser una gran reina, como la primera de su nombre. El toque está
+ en que sepan rodearla, en sus primeros años de reinado, de personas
+ buenas, de severo trato y rectitud, de conocimiento en los negocios
+ de Estado, pues no siendo así, ¿qué ha de hacer la pobre niña? Ni
+ con las dotes más excelsas que Dios pone en la voluntad y en la
+ inteligencia de sus criaturas, podría desenvolverse Isabelita en
+ medio del desconcierto de un país que todavía anda buscando la
+ mejor de las constituciones posibles, y que no parece dispuesto a
+ dejarse gobernar con sosiego hasta que no la encuentre; de un país
+ que todavía emplea como principal resorte político el entusiasmo,
+ cosa muy buena para hacer revoluciones cuando estas vienen a cuento,
+ mas no para gobernar a los pueblos... En fin, no quiero que me
+ llames fastidiosa, y suspendo aquí mis acerbos juicios acerca de
+ un país que todavía ha de tardar siglos en curarse de sus hábitos
+ sentimentales... Conque ya ves lo que le espera a la pobre niña,
+ mayormente si la dejan sola y no cuidan de poner a su lado quien la
+ guíe y aconseje. Quiera Dios que mis recelos sean infundados, y que
+ Isabel reine sin tropiezos, y haga feliz, poderosa y rica a esta
+ pobrecita nación. Yo no he de ver su reinado, y si es próspero y
+ grande, eso me pierdo. Lo que en la historia resulte de la preciosa
+ niña, a quien he dado tantos besos esta noche, tú me lo contarás
+ cuando nos veamos en el otro mundo.
+
+ »Bueno: pues sabrás que al salir del cuarto de las niñas, me dieron
+ la noticia de que cuatro compañías de la Guardia Real Provincial,
+ alojadas en el Pajarón, se habían sublevado. Me lo dijo una dama
+ en quien el ingenio corre parejas con la edad (uno y otra son
+ grandes), y sin duda porque su conocimiento práctico de la historia
+ del siglo la familiariza con los motines, no acompañó la noticia de
+ demostraciones de sobresalto. Ya no era joven cuando el tumulto de
+ Aranjuez, en marzo del año 8, que presenció y refiere con todos sus
+ pelos y señales. ¡Conque figúrate si habiendo visto desde la barrera
+ aquella función y todas las que han venido después, estará curada
+ de espanto la pobre señora! “No se asuste usted —me dijo—. No será
+ de cuidado: todo quedará reducido a que nos machaquen los oídos
+ con el _himno_, y a que pidan quitar el Estatuto u otra majadería
+ semejante. Yo, a ser la reina, no vacilaría en variar el nombre
+ de la primera ley del Estado, pues esto ni da ni quita poder...
+ Estos pobres liberales son unas criaturas que se pasan la vida
+ mudando motes y letreros, sin reparar en que varían los nombres,
+ y las cosas son siempre las mismas. Ahora les da por jugar a las
+ constitucioncitas..., ¡qué inocentes!... Yo me río... En fin, veremos
+ en qué para esto. No le arriendo la ganancia al amigo Istúriz”.
+
+ »Respondile que no podía yo participar de su tranquilidad, y
+ hallándome bastante desfallecida y con un poquito de susto en mi
+ pobre espíritu, le rogué que mandase me dieran una taza de caldo.
+ “Pediré otra para mí, y además dos copitas de Jerez con sus bizcochos
+ correspondientes, porque, amiga mía, no puedo avenirme a esta
+ novísima costumbre de comer a las tres y cenar a las once de la
+ noche..., costumbres napolitanas deben de ser estas... Y además,
+ como podría suceder que en noche de revolución no haya la debida
+ puntualidad en la hora de la cena, bueno es que nos preparemos
+ para los ayunos que nos depare Dios de aquí a mañana. Y si a usted
+ le parece, mandaremos que nos sirvan algún fiambre, o una perita en
+ dulce...”.
+
+ »A todas estas, notamos entrada y salida de militares, vimos caras
+ de sobresalto; mas ningún rumor desusado se oía por la parte del
+ pueblo. Cuando mi amiga y yo estábamos en el comedor chico haciendo
+ por la vida, nos dijo el mayordomo de semana, todo trémulo y
+ asustadico, que se había cerrado la puerta de hierro que comunica
+ con la población, trayendo las llaves a Palacio; pero se temía que
+ los sublevados de fuera violentarían la puerta de la verja con ayuda
+ de los sublevados de dentro. “¡Los de dentro! —exclamó mi amiga—.
+ ¿Según eso, los del cuarto regimiento también...? Era natural. Ya
+ lo tendrían bien amasado entre todos”. Añadió el informante que el
+ jefe de Provinciales y parte de la oficialidad trataban de contener
+ el movimiento con exhortaciones y buenos consejos; pero se dudaba
+ que lo consiguiesen. Aún quedaba la esperanza de que los Guardias de
+ Corps se mantuviesen fieles a la disciplina, y en este caso, andarían
+ a tiros unos contra otros. A esto, dijimos las dos señoras que no,
+ no..., de ninguna manera..., nada de tiros ni matarse, no, no... Que
+ se avinieran todos, y a la buena de Dios; que si ello quedaba en un
+ cambio de gobierno, con himno a pasto, proclamas, _entusiasmo_ y un
+ gracioso cubileteo de constituciones, nos dábamos por satisfechas...
+ Sobre todo, lo que hubiera de venir, viniera pronto, para poder
+ cenar, aunque fuese un poquito tarde, y dormir tranquilamente.
+
+ »Al volver a la antecámara, ya sentimos extraordinario ruido al
+ exterior, y en Palacio turbación, perplejidad, azoramiento, miedo».
+
+
+
+
+II
+
+
+ «“Por aquí, por aquí”, nos dijeron señalando las salas cuyos
+ balcones dan a la plazuela llamada la _Cacharrería_, y allá nos
+ fuimos mi amiga y yo, deseosas de ver y gozar las escenas que se
+ preparaban, presumiendo, no sé por qué, que estas no habían de ser
+ tumultuosas, ni menos sangrientas. Sonaron algunos tiros, ¡ay qué
+ miedo!; advirtieron por allí que eran disparados al aire, más en son
+ de fiesta que de hostilidad, y el murmullo de voces que subía de
+ la plazoleta no parecía en verdad resuello de revolución, sino más
+ bien algo del ¡_ah, ah_! con que en los teatros imitan torpemente
+ el bramido de las multitudes furiosas. La noche no era muy clara.
+ Desde los balcones, atisbando tras de los cristales, distinguíamos
+ el hormigueo de bultos oscuros moviéndose sin cesar, brillo fugaz de
+ objetos metálicos, bayonetas, cañones de fusil, chapas de morriones,
+ charreteras. Se intentaba, sin duda, la formación ordenada, y no era
+ fácil lograr tal intento. En los vivas, que a poco de llegar los
+ sublevados a la plazuela empezaron a oírse, alternaba la reina con
+ la libertad, uno y otro grito proferidos con igual ardor, de lo que
+ deducíamos que nuestras vidas, así como las de las reinas, no corrían
+ peligro alguno. Revolución que aclama a las personas que encarnan
+ la autoridad, no viene con mal vino. “Puede que ahora —observó mi
+ amiga— salgan esos infelices con que han armado toda esta tremolina
+ para pedir aumento de paga, lo que me parece muy justo, porque ya
+ sabrá usted que ya no les dan más que nueve cuartos, de los cuales
+ ocho son para el rancho. Reconozcamos que el soldado español es la
+ virtud misma, pues _por un cuarto_ diario consagra a la patria su
+ existencia, _por un cuarto_ se somete a los rigores de la disciplina,
+ _por un cuarto_ nos custodia y nos defiende hasta dejarse matar. No
+ creo que en ningún país exista abnegación más barata. Pero ya verá
+ usted cómo estos desdichados vienen pidiendo algo que no les importa,
+ algo que no ha de remediar su pobreza. Verá usted cómo se descuelgan
+ reclamando más libertad..., libertad que no ha de hacerles a ellos
+ más libres, ni tampoco menos pobres. Alguno habrá quizás entre ellos
+ que crea que la Constitución del 12 les va a dar cuarto y medio”.
+
+ »Otra dama que se nos agregó, esposa de un general que ha hecho
+ su brillante carrera hollando alfombras palatinas (no te digo su
+ nombre: es feíta la pobre; tan poco agraciada que todo el mundo
+ cree que tiene talento..., y el mundo se equivoca), nos aseguró que
+ el escándalo que presenciábamos era obra del masonismo; que los
+ soldados de la Guardia no entendían de constituciones, ni sabían si
+ la libertad se comía con cuchara o con tenedor, y que se sublevaban
+ porque las logias les habían repartido dinero. Cuatro días antes
+ habían llegado de Madrid doce mil duros... Mi amiga la interrumpió
+ para decirle que no creía en esos viajes de las talegas. Yo fui de la
+ misma opinión. Pero ella insistió, asegurando lo de los miles como
+ si los hubiera contado. Lo sabía por la doncella de una camarista,
+ que tenía un novio cabo de Provinciales. El domingo anterior habían
+ salido de paseo, y él la convidó a merendar en la Boca del Asno, y
+ le mostró piezas columnarias, de esas que tienen dos globos y el
+ letrero que dice _más allá_... Dijo a esto mi amiga, revistiendo
+ su socarronería de exquisitas formas, que con tales señas no podía
+ ponerse en duda la venalidad de los sargentos sediciosos, y yo me
+ vi precisada a expresar la misma opinión, añadiendo que en ningún
+ caso es conveniente que las logias tengan dinero. Las tres hubimos
+ de maravillarnos de que, poseyendo el rey y la grandeza los mayores
+ caudales de la nación, sean todas las revoluciones contrarias a
+ la monarquía y a la aristocracia. Por fuerza tiene que haber gran
+ cantidad de moneda oculta, repartida en muchos poquitos entre la
+ masa enorme de gentes ordinarias, oscuras y aun descamisadas que
+ hormiguean en ciudades y aldeas.
+
+ »Bruscamente apartaron nuestra atención de estas filosofías a lo
+ mujeril el aumento de ruido en la plaza y en la entrada de Palacio,
+ la estrepitosa sonoridad del himno de Riego, cantado por mil voces,
+ y el movimiento que advertimos hacia la escalera principal. Pronto
+ vimos que subían los jefes de las compañías sublevadas. San Román
+ y el duque de Alagón salieron a recibirles. No olvidaré nunca el
+ breve, picante diálogo entre los generales palatinos y los jefes
+ que tan desairado papel representaban en aquella comedia. “¡Pero
+ ustedes...!”. “Mi general, nosotros...”, y no decían más. Escribían
+ un poquito de historia con estas palabras premiosas, acompañadas de
+ un expresivo encoger de hombros. Uno de ellos pudo al fin explicarse
+ con más claras razones: “Nosotros no nos sublevamos..., los sargentos
+ de todos los cuerpos son los que se sublevan... ¿Qué habíamos de
+ hacer? Hemos tenido que seguirles para evitar el derramamiento
+ de sangre”. Y Alagón repetía: “¡Pero ustedes!...”. “Mi general
+ —se aventuró a decir el comandante de Provinciales—, creemos que
+ dejándonos llevar de esta corriente irresistible, prestaremos un
+ servicio a la reina... Sin nosotros, sabe Dios a dónde llegaría el
+ movimiento...”.
+
+ »San Román, pálido, dando pataditas, estampa viva del azoramiento
+ y la perplejidad, creyendo que era su deber incomodarse para decir
+ las cosas más sencillas, desplegó toda su cólera en estas palabras:
+ “Pues ahora van ustedes a manifestar a la reina..., eso, eso..., a
+ explicarle las causas del escándalo..., y eso..., eso..., que ustedes
+ se han dejado llevar, se han dejado traer, para evitar mayores
+ males..., y eso..., el derramamiento de sangre”.
+
+ »Más sereno Alagón, como hombre de trastienda y con más conchas
+ que un galápago, les invitó a pasar a la presencia de Su Majestad,
+ con el fin de darle conocimiento de lo ocurrido y de reiterarle
+ su firme lealtad y adhesión. Adentro fueron todos, y los de fuera
+ seguían desgañifándose con el himno, cual si lo hubieran aprendido en
+ viernes. Poco duró la conferencia de los jefes con la Gobernadora. Al
+ verles salir, acompañados de un conde y un duque, no pudimos menos de
+ observar que si ridícula era la situación de la oficialidad dejándose
+ mover de la indisciplina de los inferiores, más ridículamente
+ desprestigiados resultaban los generales, cuyo papel quedaba reducido
+ al de introductores de las embajadas que los sediciosos enviaban a la
+ reina.
+
+ »“Que suba una comisión, una comisión de las clases... —decía San
+ Román—: veremos qué piden... Que suban seis”. Opinó Alagón que
+ era excesivo este número. Bastaba, según él, que subieran uno
+ de Provinciales y otro de la Guardia..., todo lo más tres: un
+ tercero por los granaderos de Caballería... En esto reclamaron a
+ mi amiga de parte de la reina. A mí se me llamó poco después, y
+ entró con otras dos señoras en el comedor pequeño, donde estaba Su
+ Majestad disponiéndose a cenar antes de recibir a la comisión de los
+ amotinados. No podía disimular la ilustre señora su turbación, su
+ miedo ante aquel problema que el pueblo le planteaba, y que tenía
+ que resolver pronto y con entereza, sin que la ayudaran ministros ni
+ próceres. Creo que desde las tremendas noches de septiembre del 32,
+ en aquel mismo palacio, cuando se vio sola junto al rey moribundo,
+ y enfrente la intriga de los apostólicos, no se ha visto doña María
+ Cristina en trance tan apretado como el de agosto del año que corre.
+ Quería comer, y lo dejaba por hablar y hacer preguntas atropelladas;
+ queriendo decir algo importante, interrumpía los conceptos para comer
+ precipitadamente sin saber lo que comía. Probó de una sopa, picó de
+ un asado, tomaba la cuchara cuando debía coger el tenedor... Y en su
+ exquisita amabilidad y hábito de corte, para todos tuvo una palabra
+ grata, equivocando personas y nombres: eso ni que decir tiene.
+ Advertí su rostro un poco arrebatado; a cada instante se pasaba la
+ mano por la frente... ¡y qué frente aquella más bonita!..., o miraba
+ en derredor, fijándose, más que en las personas, en los huecos que
+ estas dejaban al moverse. ¿Qué buscaba? Sin duda lo que no tenía ni
+ podía tener: un hombre, un rey.
+
+ »Vestía la reina de blanco con sencillez soberana. Ordinariamente Su
+ Majestad come muy bien. Aquella noche, un tanto tempestuosa para la
+ corona, la inapetencia, la nerviosa ansiedad del primer tripulante
+ del bajel del Estado, revelaban que no era insensible al malestar
+ del mareo. Verdad que los tumbos del barquito eran horrorosos: la
+ caña del timón había venido a ser irrisoria, como la que le pusieron
+ a Cristo en su santa mano. Tan turbada estaba la señora, que nos
+ preguntó muy sorprendida que por qué no cenábamos, sin reparar que
+ no cenábamos porque no nos servían. La servían a ella sola. Pronto
+ echó de ver su inadvertencia, lo que fue causa de endulzar con un
+ poco de risa forzada los amargores de la situación. Algo dijo la
+ reina, no lo entendí bien, de que luego cenaríamos chicos y grandes
+ con formalidad, si la revolución nos dejaba llegar a media noche
+ con vida; y de aquí tomaron pie los presentes para bromear un poco,
+ mientras seguía por dentro de cada uno la tumultuosa procesión. Ni
+ aun en aquel caso se eclipsaba la sonrisa ideal de María Cristina;
+ sonrisa que era como un astro siempre luminoso en medio de tales
+ tristezas. Los hoyuelos lindísimos de su cara, el repliegue de
+ aquella boca no tienen semejante, ni creo exista en humanos rostros
+ un anzuelo tan bien cebado para pescar corazones. Cuantos españoles
+ han visto a esta reina se sienten dominados por su atractiva belleza.
+ Es, creo yo, entre todas las testas coronadas, la única que posee
+ el secreto del estilo gracioso, con preferencia al grave, para la
+ expresión de la majestad.
+
+ »Como anunciara el duque que los sublevados habían elegido ya
+ su comisión, y que esta esperaba la venia de la soberana para
+ presentarse a ella, se discutió en qué departamento del Palacio se
+ recibiría tan singular embajada. No por humillar a los sargentos,
+ sino por alejarse lo más posible de las estancias donde se sentía
+ el temeroso bullicio militar y el insufrible sonsonete del himno,
+ dispuso la reina recibir a la comisión en una de las salas del
+ archivo, que están en la parte del norte, lo más desamparado, triste
+ y recogido de la casa. Te daré una idea de la estancia en que se
+ efectuó el imponente careo entre pueblo y rey, que, según dicen, ha
+ de cambiar la faz del país... (Puede que varíe la cara nacional;
+ el alma poco variará...). Es el archivo una pieza larguísima, como
+ de doce varas, con la mitad de anchura, rodeada toda de armarios
+ de madera rotulados, que supongo estarán llenos de papeles del
+ Patrimonio, los cuales tengo para mí que no servirán para nada. El
+ cielo raso del techo se ha caído en algunas partes, mostrando la
+ armadura y tillado; el suelo está cubierto por esteras de las más
+ ordinarias. Los muebles son una mesa de nogal y otra de mármol,
+ arrimada a un lado como un trasto que estorbaba en otra parte y lo
+ han metido allí, donde también estorba. Elegida esta pieza para
+ parlamentar la corona y la revolución, llevaron un sitial para
+ la reina, dos grandes candelabros con bujías, y creo que nada
+ más. Pusieron guardias de Alabarderos en todo el trayecto desde la
+ escalera hasta el archivo; en la puerta de este dos guardias de
+ Corps, y un número grande de ellos en la pieza inmediata. Preparado
+ todo, se dijo a la plebe armada que podía pasar.
+
+ »Formaban la diputación de los sublevados dos sargentos. El soldado
+ que entró con ellos creímos que venía representando la clase de
+ tropa; después supimos que, movido de la curiosidad, la cual debía de
+ ser en él tan grande como su frescura, se había colado, agregándose
+ a los sargentos sin que nadie le dijera nada. Así andaban las cosas
+ aquella noche. En la escalera les recibieron el duque de Alagón y
+ el general San Román, que después de mandarles dejar las armas,
+ les echaron la correspondiente exhortación a la prudencia, no como
+ autoridades inflexibles, sino como compañeros, pues se había borrado
+ toda jerarquía, aunque los signos de estas permanecieran adornando
+ las personas, sin más valor que el que podrían tener los botones y
+ ojales de la ropa. Dijéronles que miraran bien lo que decían ante
+ la augusta persona de la reina; que doblaran ante ella la rodilla y
+ le besaran la mano respetuosamente, y que si Su Majestad, siempre
+ bondadosa, les recomendaba que se retiraran a sus cuarteles, lo
+ hicieran calladitos y sin ningún alboroto. A esto dijo uno de los
+ sargentos con bastante firmeza: “Mi general, si no hemos de poder
+ manifestar a la señora las causas de esta revolución y lo que pide
+ España, excusado es que entremos”. A este golpetazo de lógica, nada
+ pudo contestar el jefe de la guarnición. El duque añadió: “Sí, sí,
+ entrad... Su Majestad quiere veros y que le digáis las razones
+ de haber dado vosotros este paso, sin que nadie os lo mandara...
+ Entraréis; ¡pero cuidado, cuidado...! No nos deis una noche de
+ vergüenza, ni nos pongáis en el caso de...”. Lo demás no se oía...
+ Precedidos de los generales, acompañados, escoltados más bien por los
+ jefes de Provinciales y de la Guardia, avanzaron de sala en sala los
+ dos sargentos y el soldado intruso. El nombre de este no lo supimos;
+ los de los sargentos nos los dijeron ellos mismos a la salida: el uno
+ se llama Alejandro Gómez y tiene veintidós años; el otro Juan Lucas
+ y dos años más de edad. Ya ves qué pronto y con qué poco trabajo
+ han entrado en la Historia estos dos caballeros: ¡Alejandro Gómez,
+ Juan Lucas! ¿Qué significa esto?, te pregunto yo. ¿Cómo se entra
+ en la Historia? Y tú me responderás que en la Historia, como en
+ todas partes donde hay puertas, gateras o ventanillos, se entra...
+ entrando».
+
+
+
+
+III
+
+
+ «Cuando llegaron a lo que en aquel caso era sala de embajadores, los
+ tres emisarios de la revolución iban tan azorados y temerosos, que se
+ habrían alegrado, creo yo, de que les mandaran volver a la plazuela.
+ El lujo de Palacio, para ellos sorprendente, desconocido; las
+ personas graves, de alta representación social, que a su paso veían;
+ la idea de encontrarse pronto frente a la majestad representada en
+ la hermosa reina, toda gentileza, elegancia, superioridad por donde
+ quiera que se la mirase les abrumaba, les hacía temblar como reos
+ míseros. Te aseguro que el soldado tenía cara de tonto; pero que no
+ lo era, bien lo probaba su audacia. Y no hubo entre los palaciegos
+ que les recibían o entre los jefes que les acompañaban uno a quien
+ se le ocurriera decir: “Pero tú, soldadillo, ¿qué tienes que hacer
+ aquí? ¿Quién te ha llamado, quién te ha dado poderes para llegar en
+ comisión nada menos que al pie del trono?”. Esto te probará cuán
+ azorados andaban aquella noche los grandes y los medianos. La ola que
+ subió tan súbitamente les privaba de todo sentido.
+
+ »De los sargentos, el Gómez era sin duda el más despabilado:
+ arrogante muchacho, de color moreno encendido, vivos los ojos.
+ Lucas parecía menos listo. Miraba al suelo: su papel político le
+ agobiaba como un remordimiento. Por fin, entraron en el archivo
+ silenciosos. Y al ver a la reina, rodeada de tantas personas de
+ categoría y de la alta servidumbre, quedáronse como encandilados, tan
+ cohibidos los pobres, que sus jefes tuvieron que cogerles del brazo
+ para hacerles avanzar a lo largo de la sala. Detrás y a los lados
+ del sillón regio estaban el señor Barrio Ayuso, ministro de Gracia
+ y Justicia, el marqués de Cerralbo, el alcalde de La Granja, señor
+ Ayzaga, y varias damas. San Román y Alagón se situaron a derecha e
+ izquierda de Su Majestad. Hincaron la rodilla los tres representantes
+ de la revolución y besaron la mano de la Gobernadora, que desde
+ aquel instante pareció recobrar su serenidad. Abriendo camino a
+ las explicaciones, la reina les electrizó con la sonrisa primero,
+ y después con estas cariñosas palabras: “Hijos míos, ¿qué tenéis?,
+ ¿qué queréis?, ¿qué os sucede?...”. La contestación de ellos tardó
+ un mediano rato, que a todos pareció larguísimo. Los sargentos se
+ miraban uno a otro, como diciéndose: “Habla tú”; pero ninguno de
+ los dos rompía. Tuvo la reina que repetir su pregunta, y al fin,
+ el comandante de Provinciales mandó al Gómez con gesto imperioso
+ que contestase. En voz muy baja, balbuciente, rectificándose a cada
+ sílaba, dijo el sargento algo muy extraño, que no parecía tener
+ congruencia con la pregunta. Interpretando las cortadas expresiones
+ del joven militar, como se interpreta una borrosa inscripción, o como
+ se lee una carta rota, cuyos pedazos no están completos, resultaba
+ poco más o menos el siguiente concepto: “Señora, lo que nosotros
+ pedimos a Vuestra Majestad es que conceda a la nación _aquello_...,
+ _aquello_ por que nos hemos batido en el Norte durante tres años,
+ _aquello_ por que han perecido la mayor parte de nuestros compañeros”.
+
+ »La reina interpretó al instante en el sentido más conforme con sus
+ ideas las inciertas demostraciones del militar, que, en su rudeza,
+ quería ser delicado evitando la palabra poco grata a los reyes, y el
+ pobrecillo no tenía bastante dominio del lenguaje para poder emplear
+ eufemismos hipócritas. Pues bien: la señora reina se aprovechó de la
+ turbación del soldado para sostener que _aquello_ era ni más ni menos
+ que los legítimos derechos de su hija la reina de las Españas doña
+ Isabel II.
+
+ »Vimos entonces en el rostro del sargento la rápida iluminación que
+ da el hallazgo del concepto apropiado a las ideas que se quieren
+ expresar. “Sí, señora —dijo—: nos hemos batido por los legítimos
+ derechos de nuestra reina; pero también creíamos que peleábamos por
+ la Libertad”. Viendo la Gobernadora que no le valía la evasiva,
+ extremó su bondad para decir: “Sí, hijos míos: por la Libertad, por
+ la Libertad”. Animándose Gómez con su primer éxito, se atrevió a
+ responder: “De la Libertad se habla mucho; pero no veo yo que la
+ tengamos”. Expresó entonces la reina una idea de las que más han
+ usado y manoseado los _estatuistas_: Libertad es que tengan fuerza
+ las leyes; que se respete y obedezca a las autoridades constituidas.
+ Al oír esto, despabilose súbitamente el sargento, y en tono decidido,
+ dueño ya de su palabra y de su asunto, salió con esta retahíla que
+ habría sido fácil ajustar a la música del himno famoso: “Entonces,
+ señora, no será Libertad el oponerse a la voluntad de todas las
+ provincias para que se _ponga_ la Constitución; no será Libertad
+ el desarme de la Milicia Nacional en todos los puntos donde está
+ pronunciada; ni la persecución de liberales, como está sucediendo
+ hoy mismo en Madrid; ni será tampoco Libertad el que vayan al Norte
+ comisionados a proponer arreglos y tratos con los facciosos para
+ concluir la guerra”.
+
+ »Iba tomando un carácter poco grato la conferencia, que casi picaba
+ en disputa, y la reina, un tanto nerviosa, la exacerbó asegurando que
+ lo dicho por Gómez no tenía nada que ver con la dichosa Libertad,
+ y que por su parte desconocía las persecuciones de liberales y los
+ pronunciamientos de la Milicia Nacional. Ya notaban todos que el
+ sargentito no se mordía la lengua. San Román estaba de veinticinco
+ colores, y Alagón de uno solo: su palidez era intensa, su silencio
+ absoluto. Gómez no perdía ripio: allí fue contando por los dedos
+ las capitales pronunciadas, particularizando a Zaragoza, y, por
+ último, se dejó decir que si Su Majestad no sabía lo que pasaba en
+ el reino, era porque le ocultaban la verdad. ¡Amigo, esta fue la
+ gorda! Sonó un murmullo en toda la sala. La reina dejó de sonreír;
+ el ilustre concurso estimaba irreverente y absurda la conferencia,
+ que únicamente el miedo podía consentir. ¿Y quién era el guapo que la
+ suspendía? ¿Quién mandaba a los sargentos retirarse con las compañías
+ al cuartel? No había más remedio que hacer de tripas corazón. Los
+ sublevados tenían la fuerza: cuanto miraban delante de ellos no era
+ más que una debilidad ostentosa. Creciéndose más a cada instante,
+ el sargento de veintidós años declaró respetuosamente, en nombre de
+ sus compañeros, y juzgándose intérprete de miles y aun de millones
+ de españoles, que para devolver la tranquilidad a España y evitar el
+ derramamiento de sangre, _se hacía indispensable_ que Su Majestad
+ _mandase publicar_ el Código constitucional del 12, pues no era otro
+ el motivo de la insurrección.
+
+ »Tragando un poquito de saliva, quiso probar la Gobernadora los
+ efectos de su graciosa sonrisa para reducir y aniquilar a su
+ contrario, el cual, si nada representaba por sí, por la masa humana
+ que tenía detrás adquiría proporciones gigantescas. “¿Pero tú conoces
+ la Constitución del 12? ¿La has leído?”, le dijo; y él contestó
+ impávido que en ella había aprendido a leer. Prodújose en todos
+ los presentes un movimiento de sorpresa, de hilaridad, y la reina
+ mandó traer el libro de la Constitución. No fue preciso salir de la
+ estancia, pues ya lo tenían allí preparado. El señor Barrio Ayuso,
+ ministro de Gracia y Justicia, era de los que creían que aquella
+ grave situación se dominaba con triquiñuelas, y entre él y la reina
+ habían armado una: la oportunidad de ponerla en práctica no tardó en
+ llegar. Abrió María Cristina el venerable librote, y leyó el artículo
+ 192, que previene han de ser tres o cinco los regentes. “¡Según eso
+ —exclamó Su Majestad— sois vosotros los que queréis traer a don
+ Carlos al trono! (_Asombro e indignación de los sublevados_). Sí,
+ vosotros, pues por esta Constitución no puedo ser yo la regente del
+ reino ni tutora de mis hijas, y eso por vosotros, que tantas pruebas
+ me habéis dado de adhesión”.
+
+ »El efecto de este argumento fue desastroso en los inocentes
+ revolucionarios, y las caras de triunfo que ponían los palaciegos al
+ oír a su señora acabaron de desconcertarles. Miráronse por segunda
+ vez uno y otro sargento, como diciéndose: “Ahora sí que estamos
+ lucidos”, y el señor Barrio Ayuso, reventando de vanagloria por el
+ éxito de su pasmosa zancadilla, reforzó las palabras de la soberana
+ con otras hinchadas y oscuras, de jurisprudencia constituyente, con
+ las cuales creía llevar a su último extremo la confusión y apabullo
+ de los sublevados. El alcalde señor Ayzaga, que en el curso de la
+ conferencia había demostrado su parcialidad, apoyando con mímica
+ expresiva cuanto decía una de las partes, y poniendo morros de burla
+ y menosprecio siempre que hablaba Gómez, se creció con el triunfo
+ de la reina, y quiso acabar de hundir a la desdichada comisión,
+ interrogando al pobrecito soldado que en ella desempeñaba un papel
+ mudo, pues aún no se le había oído el metal de voz... “Y tú, vamos
+ a ver —le preguntó, entre las risas de los circunstantes—, ¿qué
+ razones tienes para querer la Constitución del 12?”. Como el soldado,
+ estupefacto y hecho un poste, no contestara, repitió el otro la
+ carga. “Te pregunto, fíjate bien, que por qué te gusta a ti la
+ Constitución”. El soldado miró al techo, como los chicos que no se
+ saben la lección, y respondió al fin con no poco trabajo: “La quiero,
+ la queremos..., porque es mejor”.
+
+ »Ya iba picando en sainete la histórica escena: la inocencia del
+ soldadillo había puesto fin a toda seriedad, y de ello se aprovechó
+ el alcalde para estrecharle y confundir más a sus compañeros de
+ armas. “Pero, hombre, explícate mejor: di a Su Majestad en qué te
+ fundas para creer que esa Constitución que ahora defiendes es mejor
+ que otra cualquiera”. Tanto le apremiaron, que el pobre chico se
+ arrancó con sus razones. “Pues yo no sé..., lo que sé es que el año
+ 20, en mi pueblo, que es La Coruña, para servirles, estaba libre la
+ sal (_Risas_), y libre el tabaco”.
+
+ »Y con estas candideces se regocijaban más los primates allí
+ congregados sin acordarse de que a pocos pasos de la estancia real,
+ donde tales simplezas oían, se apiñaba inquieta y displicente una
+ muchedumbre armada que pedía la Constitución del 12, sin que ninguno
+ de los sediciosos supiera justificar su deseo con razones de más
+ sustancia que aquella expresada por el soldado: _que era mejor_.
+
+ »Explícame esto, tú que sabes tanto. ¿Cómo se forma el sentimiento
+ popular, casi siempre irresistible? ¿Quién enseña a las multitudes a
+ querer ardientemente una cosa, sin saber decir por qué la quieren?
+ ¿Cómo es que la sinrazón popular, cuando es persistente y honda,
+ tiene siempre razón? Explícamelo tú, que sabes de estas cosas...
+ Pero no: ahora no me expliques nada, porque no tendría yo cabeza
+ para enterarme de tu sabiduría, como no la tengo, ni ojos, ni
+ tampoco mano, para seguir escribiendo. El sueño me rinde. No puedo
+ más. Me permitirás que termine aquí esta carta, y no me reñirás por
+ suspenderla en lo más interesante. Mañana seguiré, tontín; mejor
+ dicho, empezaré otra, pues esta quiero que salga en el correo que
+ parte del Real Sitio al amanecer. Mas no la terminaré sin decirte
+ que en la presente confirmo y ratifico cuanto en otras te manifesté
+ respecto a mi tolerancia y deseos de transacción. No solo no pongo
+ ya el veto a tu frenesí amoroso, sino que para evitar mayores males
+ te incito a que vayas en seguimiento de tu Aura. Sí, niño, sí:
+ ¿tú lo quieres? Pues sea. Como reventarías si no la encontraras
+ y la hicieras tuya, tómala, te lo permito. Quiero que despejes
+ esa incógnita de tu destino. Si he de decirte la verdad, ya me va
+ interesando también a mi esa pobre joven, tan traída y llevada por
+ parientes y tutores, oprimida y explotada por gentes mercenarias. Es
+ muy triste no tener padres, ¿verdad? Mira tú, por esto solo, por ser
+ huérfana tu novia, he principiado yo a encariñarme con ella. Y es de
+ poco tiempo acá la transformación de mis sentimientos con respecto a
+ tu Aura. Debo esta mudanza a la señora de que te hablé... ¿ya no te
+ acuerdas? la que te ha visto y no te ha visto; la que te conoce y no
+ te conoce; la que... Vamos, niño, tengo mucho sueño. Hasta mañana».
+
+
+
+
+IV
+
+
+ «¿En qué habíamos quedado? —decía la dama invisible en su carta del
+ 15 de agosto—. ¡Ah!, ya recuerdo. Quedaron cual atontados palominos
+ los tres individuos que representaban a la revolución. El Gómez, no
+ obstante, se rehizo y sacó de su cacumen un argumento que revelaba
+ mayor agudeza de la que esperaban reina y cortesanos. Asimilándose
+ con rápido instinto las marrullerías del ministro allí presente,
+ propuso que se mandase publicar la Constitución con la cláusula de
+ que quedase en vigor toda ella, menos el artículo referente a la
+ regencia. A esto replicaron que no era posible extender el decreto
+ sin que se reuniera el ministerio para refrendarlo. Ante obstáculo
+ tan insuperable, la única solución era que los sublevados se fueran
+ calladitos al cuartel, con el mayor orden, satisfechos con la promesa
+ que les hacía la señora de presentar en la próxima reunión de Cortes
+ un proyecto de Constitución, que había de ser muy buena, mejor
+ todavía que la de Cádiz.
+
+ »Conformes en ello los tres militares, dudaban que sus compañeros
+ se aplacaran con tal expediente, y no querían volver a la plazuela
+ temerosos de ser mal recibidos. Entablose una discusión larguísima
+ y fastidiosa entre el ministro, el alcalde, Alagón y San Román de
+ una parte, y de otra, el sargento Gómez, pues Lucas no hacía más
+ que asentir con cabezadas a cuanto el otro decía, y el soldadillo
+ había renunciado cuerdamente al uso de la palabra... Por último,
+ los señores primates, maestros en pastelería sublime, que era su
+ única ciencia, discurrieron amansar la fiera con una real orden en
+ que la Gobernadora manifestaba al general San Román su voluntad
+ de adoptar nueva Constitución con el concurso de las Cortes. Allí
+ mismo la redactaron, y a los sargentos, crédulos y respetuosos, no
+ les pareció mal. Así lo manifestó Gómez, añadiendo la duda de que
+ con tal emoliente se diesen por satisfechos los sublevados. Pronto
+ lo sabrían, pues con la venia de Su Majestad bajaban a manifestar
+ a sus compañeros el resultado de la _junta_, en la que se habían
+ empleado tres horas: ya era más de la una cuando salieron a la
+ _Cacharrería_, donde impacientes aguardaban pueblo y tropa, roncos
+ ya de cantar el himno. Al punto, según oí contar, fueron rodeados de
+ sargentos y oficiales que ansiosos les preguntaban si traían ya el
+ decretito firmado por _el Ama_. La noticia de que no traían más que
+ una real orden dilatoria, les sacó de quicio. San Román mandó dar un
+ toque de atención, y obtenido el silencio preparose a leer el _papel
+ mojado_, empleando antes como vendaje el recurso de los vivas. ¡Viva
+ la reina! ¡Viva la guarnición de La Granja! ¡Vivan los vencedores de
+ Mendigorría! Las contestaciones fueron calurosas, y el general creyó
+ dominar la situación. Arrancose a leer, y no bien hubo llegado a la
+ mitad del documento, oyó un murmullo, y luego el grito de “¡Fuera!
+ ¡Fuera!”. En fin, que el hombre no tuvo más remedio que guardar su
+ papelito; y como sonaran disparos al aire, dio media vuelta y se
+ metió en Palacio.
+
+ »Todo lo que fuera ocurría repercutió bien pronto en las apartadas
+ estancias donde aguardaba María Cristina, desesperanzada ya de
+ que el conflicto se arreglase fácilmente con arbitrios engañosos
+ y evasivas oficinescas. Sin ejército ni gobierno que apoyaran su
+ dignidad y sus prerrogativas, no tuvo más remedio que darse por
+ vencida, y contestando con desdeñoso gesto a los palaciegos que aún
+ veían términos de acomodo, ordenó que volviese a subir la comisión
+ de sublevados. Sin duda pensaba que los primates que en tal trance
+ la habían puesto con su abandono y desgobierno merecían la bofetada
+ que el pueblo les daba con la blanca y blanda mano de su hermosa
+ reina. Adelante, pues, con el pueblo, que era en suma el burro de las
+ cargas, el sostén de cuanto allí existía, el defensor de los derechos
+ dinásticos, el único guerrero que guerreaba, el único político que
+ dirigía, con rudeza y desatino, eso sí, pero con fuerza. “¡Viva la
+ fuerza, sea la que fuere!”, debió decir para sus adentros la graciosa
+ dama, que plebe y trono no habían de reñir por una Constitución de
+ más o de menos.
+
+ »Aquí lo tienes ya bien explicado todo. Subieron los sargentos,
+ cerca ya de las dos de la madrugada, y manifestado por ellos que la
+ guarnición no se satisfacía con la real orden, se pensó en extender
+ el decreto. El alcalde, señor Ayzaga, que no cabía en sí de mal
+ humor y despecho, fue encargado por la reina de redactarlo. Nada
+ de esto presencié yo: me lo contó mi amiga en la antecámara, donde
+ nos habíamos refugiado, rendidas de fatiga y de hambre, todas las
+ personas que ya no tenían alientos para presenciar la fastidiosa
+ escena histórica. Considerábamos que la página era interesante; pero
+ ya nos aburría y deseábamos volver la hoja.
+
+ »Allí nos dio un poco de parola don Fernando Muñoz, que se mostró
+ indignado, primero contra la Guardia, después contra el gobierno,
+ por no haber previsto suceso tan escandaloso. Ya él se había quejado
+ de que la guarnición del Real Sitio era escasa, y hecho ver al
+ ministro que estaba maleada por las logias: a esto nos permitimos
+ oponer una observación que me parece irrebatible. Si hubieran mandado
+ más tropa al Real Sitio, la revolución se habría hecho quizás con
+ mayor escándalo y transgresión más violenta de la disciplina. Después
+ de todo, no habían pasado las cosas tan mal: “Ay, mi señor don
+ Fernando —le dijo mi amiga, demostrando su profundo conocimiento de
+ España y de los españoles—, dé usted gracias a Dios por haber tenido
+ aquí tan solo a la Guardia Real, que con otros cuerpos, más tocados
+ del maleficio revolucionario, no sabemos lo que habría ocurrido. Lo
+ que había de acontecer, acontece con el menor daño posible. Y si no,
+ vea usted cómo está Madrid, enteramente entregado a la anarquía.
+ Barricadas, tumultos, muertes, atropellos. Pues aquí, donde parece
+ que se desenlaza el drama, todo queda reducido a una revolución
+ _di camera_, ni más ni menos. Con una escenita de ópera cómica,
+ hemos transformado la política, nos hemos divertido un poco con las
+ gansadas del soldado intruso, y hemos visto que la monarquía no ha
+ perdido el respeto del ejército. ¡Ay de nosotros el día en que ese
+ respeto falte!”. No se dio a partido tu tocayo con estas razones, y
+ agregó que la revolución _di camera_ no podía formar estado, como
+ hecha por sorpresa, violentando el ánimo de la señora; que nada
+ adelantarían los sublevados del Real Sitio si en Madrid se mantenía
+ el gobierno _en sus trece_. Órdenes se habían dado ya para que
+ resistiera Quesada a todo trance el empuje de las turbas, ya fueran
+ de milicianos, ya de plebe turbulenta, y Quesada era hombre con
+ quien no se jugaba. Ya le conocían los patriotas: de él se esperaba
+ el triunfo de la legalidad, de los buenos principios de gobierno.
+ Si el pueblo quería nueva Constitución, manifestáralo por las vías
+ derechas, por sus representantes naturales. Tanto mi amiga como yo
+ creímos oportuno expresar nuestra conformidad con estas rutinas,
+ puesto que de rutinas vivimos todos, cada cual en su esfera, y los
+ reyes más que nadie.
+
+ »Las tres eran ya cuando firmó doña María Cristina el decreto
+ mandando promulgar el _divino Código_, y se retiró a sus
+ habitaciones, dándonos las buenas noches con amable sonrisa. Llegó la
+ hora de que celebráramos la feliz terminación del conflicto, comiendo
+ alguna cosa, y así lo hicimos. Mi amiga me ofreció aposentarme, pues
+ no era prudente que saliéramos tan a deshora los que vivíamos fuera
+ de Palacio. A las cuatro todo estaba en silencio, y la tropa se había
+ retirado a sus cuarteles. Contáronnos al siguiente día que al bajar
+ de nuevo San Román con el decreto, los sublevados prorrumpieron
+ en vivas y mueras, estos últimos dirigidos principalmente contra
+ la camarilla, sin mencionar a nadie. Algunos dudaban que fuese
+ auténtica la firma de la Gobernadora; pero les tranquilizó sobre este
+ punto un tal Higinio García, escribiente de San Román, el cual _dio
+ fe_ de que no había engañifa en la firma y rúbrica de Su Majestad.
+ Agregose Higinio a los sublevados. Resultó que también era sargento,
+ y desde aquella ocasión ha continuado funcionando como uno de tantos
+ cabezas de motín. Me dicen que fue con veinte soldados y un oficial
+ a Segovia _para hacer allí el pronunciamiento_. Todos estos trámites
+ son fastidiosos, ¿verdad? Las juntas, la proclamación, los actos de
+ entusiasmo con lápida de mal pintado lienzo; la continua y mareante
+ cancamurria del himno, quizás con alguna estrofa y estribillo nuevos,
+ debidos al numen de cualquier patriota versificador; los abrazos
+ en medio de la calle; las congratulaciones de los ilusos que creen
+ entramos en una era de felicidad: todo esto aburre, y si pudiéramos
+ escondernos en el último rincón de España, para no verlo ni oírlo,
+ ¡qué bien estaríamos!
+
+ »Consecuencia de aquella mala noche en Palacio, viendo cómo se
+ escribe, mejor dicho, cómo se hace la historia, fue un dolor de
+ cabeza que ayer y hoy me ha retenido en casa sin poder dar mi paseo
+ de costumbre. Desde mi balcón vi anteayer la jura en la plaza, con
+ asistencia de toda la guarnición de gran gala, y mucho paisanaje,
+ prodigando unos y otros, pueblo y tropa, las demostraciones de
+ júbilo. Creo yo que la política no se hace con sentimientos, sino
+ con virtudes, y como no tenemos estas, poco adelantamos. El acto de
+ la jura fue muy vistoso, con profusión de damasco rojo y amarillo
+ en el adorno del tablado que se armó frente al Ayuntamiento. En
+ esto llevamos ventaja a Madrid, donde no se ven más que percales
+ indecentes para festejar los grandes sucesos. Tocó la música el
+ himno, _por variar_, y los vivas atronaron el espacio cuando se
+ descubrió la lápida, en cuya pintura puso sus cinco sentidos un tal
+ Monje, encargado en el teatro de aviar las luces y de embadurnar los
+ telones. Esmerose el hombre en la artística obra, poniéndole unos
+ veteados que imitan mármoles con gran propiedad; en la línea inferior
+ hay un león amarillo muy incomodado, con una garra en la bandera
+ española, otra en una rama de laurel, y la feroz vista clavada en el
+ libro de la Constitución, como si lo estuviera leyendo y enterándose
+ bien de lo que dice para contárselo a la leona. En medio campean las
+ letras “¡Viva Isabel II y la Constitución!”. ¡Con qué gana daban los
+ vivas y con qué ardor eran contestados por la multitud! Gritaban
+ hasta los chiquillos, y las nodrizas, y las criadas de servir. ¿Qué
+ pensarán de todo esto? Allí queda la lápida, que ya hoy empieza a
+ tener buches, y se ven hincharse y deprimirse con el viento los
+ mármoles que en ella figuró el artista. Pronto las lluvias otoñales
+ la pondrán hecha una sopa, y el león se convertirá en perro de aguas,
+ y el libro de la Constitución quedará totalmente inservible. Durante
+ el invierno colgarán jirones descoloridos, y quizás encuentren
+ abrigo los pobres pájaros bajo el lienzo roto, y allí fabricarán sus
+ industriosos nidos, para que no pueda decirse que todo aquel aparato
+ es enteramente inútil.
+
+ »Tu amigo Hillo fue ayer a Madrid, por acuerdo mío, con objeto de
+ agenciar algo que a ti se refiere. No te digo lo que es, ni hay
+ para qué decirlo por ahora. Desde allá te escribirá tu Mentor, que
+ no desea otra cosa que servirte y hacerte grata la vida. Por su
+ gusto iría contigo; pero yo no le dejo por ahora. Tu carta última
+ me informa de que estás bien de la herida, y de que esta no inspiró
+ nunca ningún cuidado; dices que te asisten los mismos ángeles...
+ Necesito más pormenores. Cuéntale a don Pedro lo que él y yo
+ ignoramos, pues no ha de faltarte tiempo para escribir, a no ser
+ que con tantos mimos y con ese sibaritismo en que vives se te haya
+ embotado la voluntad.
+
+ »Quedamos en que te traes a tu Aura. Falta solo que te la den. Como
+ eres tan poco comunicativo, no sé si te agradaría que alguien hablase
+ de este asunto al señor Mendizábal. Explícate, hombre; habla: pide
+ por esa boca. ¿También te enfadas porque cambio ahora los papeles,
+ trocándome de tirana en sierva? ¡Si ahora eres tú el tiranuelo!
+
+ »Ya principian a decir que Córdova no vuelve al Norte. Cualquiera que
+ sea su sucesor, llámese Oráa, Rodil o Espartero, tendrás una eficaz
+ recomendación para que te den todo el auxilio que necesites en tus
+ románticas empresas. No te maravilles de esto: vivimos en el país
+ de las recomendaciones y del favor personal. La amistad es aquí la
+ suprema razón de la existencia, así en lo grande como en lo pequeño,
+ así en lo individual como en lo colectivo... Y este descubrimiento,
+ ¿no vale nada? Es verdad, ¿sí o no? ¿Qué tienes que decir?».
+
+
+
+
+V
+
+
+Conforme leía, Calpena daba cuenta a los visitantes de la casa de
+Castro de lo sustancial de estas cartas, o sea de aquella parte que
+era o había de ser histórica. Reuníanse allí por la noche media docena
+de personas de lo más granadito del pueblo, y charlaban de política,
+inclinándose los más a los temperamentos medios o incoloros. El general
+lamento era que España tenía todo lo bueno que Dios crió, menos
+gobernantes que supieran su obligación, resultando que con unos y otros
+siempre estábamos lo mismo. Alguno de los tertulianos respiraba por
+el régimen absoluto, pero en la forma antigua, patriarcal, no con las
+ferocidades que se traían los adeptos de don Carlos, y dos tan solo,
+menos aún, uno y medio casi, eran resueltamente liberales, también
+con mesura y templanza, renegando del faroleo continuo de la Milicia
+nacional y de los desafueros de las logias. Excusado es decir que todos
+los concurrentes a la plácida reunión poseían bienes raíces, y aun
+adquirirían muchos más cuando pasara el escrúpulo de comprar las fincas
+de los conventos. Aburríase Fernando en la tal tertulia de medias
+tintas, de una opacidad tristísima en las ideas, y si no estuvieran
+allí Demetria y Gracia, le sería intolerable la sociedad de aquellos
+señores tan bien entonados. Más grato que la tertulia había venido a
+ser para él rezar el rosario con las niñas, doña María Tirgo, don José
+y la servidumbre. Rezando, su mente vagaba por ideales esferas, donde
+veía resplandores místicos o profanos, a veces filosóficos, y hermosas
+imágenes, todo más bello que las opiniones grises y deslucidas de los
+notables de Laguardia.
+
+Pasada la Virgen de Agosto (fecha de la fiesta y feria del pueblo, que
+aquel año, por motivo de la guerra, fue de muy escaso lucimiento),
+pudo Calpena salir a la calle, cojeando un poco. Don José María le
+acompañaba casi siempre, y le mostraba lo notable de la villa, dándole
+frecuentes descansos, ora en la botica de Montenegro, ora en la tienda
+de Sacristán, para concluir en la iglesia, en la cual le fue enseñando
+todo lo que en ella había: altares, cuadros, sepulcros, ropas y vasos
+sagrados. Tan minuciosa prolijidad empleaba en la descripción y en la
+historia de cada objeto, que fueron precisas cinco largas tardes para
+que don Fernando se enterase de todo. Ni en la catedral de Toledo ni
+en San Pedro de Roma tardara más un cicerone de conciencia en mostrar
+antiguas riquezas. Y eso que las obras de arte de la parroquia de
+Laguardia no eran cosa del otro jueves. La última tarde, cuando Calpena
+no ignoraba ningún detalle cronológico ni artístico, y conocía los
+santos de todos los altares como a personas de su intimidad, le metió
+don José en la sacristía, y obsequiándole con vino blanco y bizcochos,
+se dispuso a comunicarle cosas de la mayor importancia.
+
+—Aquí solitos, señor don Fernando —le dijo, sentados ambos en
+viejísimos sillones de cuero—, quiero poner en su conocimiento un
+delicado asunto referente a la casa de Castro, y no solo me mueve
+a ello el deseo, casi estoy por decir la obligación, de enterarle
+de tal asunto, sino mi propósito..., yo soy así..., mi propósito de
+consultarle acerca del mismo.
+
+—¿De qué se trata, señor don José María? —dijo Calpena, comenzando a
+asustarse por el tonillo misterioso que tomaba el clérigo—. ¿Qué ocurre?
+
+—No ocurre nada de particular, señor mío —replicó Navarridas
+aproximando más su sillón—: el caso es sencillísimo, aunque nuevo en
+esta juvenil generación de la familia de Castro. Tratamos de casar a
+Demetria.
+
+—¡Ah!..., no creía, no sabía..., no sospechaba —dijo balbuciente el
+joven, mirando a un lienzo antiquísimo, colgado en la pared frontera,
+y en el cual, entre las negruras del óleo secular, se distinguía la
+cara de un santo de sexo indefinido—. Es muy natural..., sí, señor...,
+casar a Demetria.
+
+—Ya ve usted. Mi hermana y yo venimos poniendo en ello de un mes acá
+nuestros cinco sentidos, que son diez sentidos... La chica anda ya en
+los veintiún años. Es, como usted sabe, una rica mayorazga, la más rica
+de este término. Conviene, pues, buscarle marido; pues aunque ella no
+necesita de ayuda de varón para el gobierno de su hacienda, no es bien
+que la poseedora de estos estados permanezca soltera. Para la felicidad
+de ella, para su equilibrio, vamos al decir, así como para lustre de
+su nombre y de su casa, conviene que la niña tenga esposo. ¿No piensa
+usted lo mismo?
+
+—Exactamente lo mismo —respondió el joven, que volvió a mirar al santo;
+y ya en aquel punto, o porque entrase más luz, o porque sus ojos se
+habituasen a la penumbra, ello es que le pareció mujer, es decir, santa
+y bonita.
+
+—Celebro que sea usted de mi parecer. Pues un mes llevamos María y yo
+en este negocio, y creo que nos aproximamos a un resultado felicísimo,
+pues el punto delicado de la elección de esposo está casi resuelto.
+
+—¿Y quién es..., se puede saber..., quién es el venturoso mortal a
+quien se cree digno de poseer tal joya?
+
+—Tiene usted razón: joya es de gran precio la niña, y mucho tiene que
+valer el que se la lleve... Ahí estaba la dificultad: elegir un hombre
+que si no igualase en prendas a Demetria, se le aproximara; vamos, que
+fuera de lo más selecto entre los jóvenes del día. Pues sí, señor:
+hemos encontrado ese _rara avis_.
+
+—¿Puedo saber quién es? ¿Acaso le conozco?
+
+—Espérese usted un poco. Como me consta el interés vivísimo con que
+usted mira cuanto a mis sobrinas se refiere; como no puedo olvidar que
+ha sido usted el espíritu valiente que las redimió de aquel endiablado
+cautiverio de Oñate; como sé todo esto...
+
+—Acabe usted, por Dios.
+
+—Como sé todo esto, y me consta la gratitud que las niñas le tienen y
+lo mucho que estiman su caballerosidad, su hidalguía, su..., en fin,
+que usted debe saberlo antes que nadie. Pero el asunto es reservado;
+queda entre los dos... Pues decía..., ya..., a ello voy; decía que
+después de mucho discurrir mi hermana y yo, y de pasar revista a los
+linajes y circunstancias de todas las casas ilustres de veinte leguas a
+la redonda..., mi hermana..., para que usted lo sepa..., es muy fuerte
+en linajes y en historias de familias..., decía que al fin nos fijamos
+en la noble casa de Idiáquez. ¿La conoce usted?
+
+—No, señor..., ese apellido me suena..., pero no..., no conozco.
+
+—Los Idiáquez son una rama de la antiquísima casa de Lazcano, que viene
+a enlazarse por sucesivos entroncamientos con los Palafox y con los
+Gurreas de Aragón, de la estirpe del Rey Católico; con los Borjas y
+Pignatellis, con los...
+
+—Pero en puridad, señor don José María, ¿quién es el novio?
+
+—El novio, señor mío, es y no puede ser otro que don Rodrigo de
+Urdaneta Idiáquez, Conde de Saviñán y de Villarroya de la Sierra, el
+cual tiene su casa señorial en la renombrada villa de Cintruénigo; hijo
+de don Fadrique, o don Federico, lo mismo da, de Urdaneta, ya difunto,
+y de doña Juana Teresa de Idiáquez y demás hierbas, pues si fuera a
+designar todos los apellidos, no acabaría en media semana.
+
+—Bien; me parece muy bien —dijo Calpena, volviendo a mirar la pintura,
+que ya no le pareció santa, sino santo, y bastante feo. Fijándose más,
+vio que a los pies tenía una corona, como si la despreciara, y en la
+mano una calavera, que antes le había parecido un queso con ojos.
+
+—Como usted comprende —añadió con gravedad don José María—, teniendo en
+cuenta todas las partes del individuo, no hemos reparado principalmente
+en su alcurnia, que es altísima, ni en su lucida riqueza, sino en
+sus virtudes, las cuales son tantas, al decir de la fama, que no hay
+lenguas que puedan elogiarle como se merece. Su edad es de veintiséis
+años, su presencia gallardísima, su rostro hermoso, espejo de un alma
+noble, sus acciones señoriles, su lenguaje comedido y muy galán..., en
+fin, que parece haber venido al mundo adrede para emparejar con esta
+sin par niña, cuyos méritos conoce usted. Hace días que María y yo, por
+medio de una discretísima correspondencia, venimos tratando de este
+matrimonio, que esperamos bendecirá Dios, concediéndole numerosa prole.
+
+—Según eso —dijo Fernando sin ocultar su asombro—, ¿no conocen ustedes
+al candidato?
+
+—Le conocemos y no le conocemos. El año 21 o 22, con ocasión del
+destierro de don Beltrán de Urdaneta... ¿No ha oído usted nombrar a don
+Beltrán de Urdaneta?
+
+—¡Yo qué he de oír nombrar a ese señor!
+
+—Pues es en estas tierras más conocido que la ruda. Decía que con
+motivo de su destierro por trapisondas políticas, residió aquí la
+familia como unos ocho meses. Rodriguito era entonces un chiquillo
+precioso: diez u once años todo lo más. Demetria tenía seis, si mal no
+recuerdo. Las dos familias intimaron: el niño y la niña no se separaban
+en todo el día, fraternizando en sus juegos infantiles. Recuerdo que
+en aquella Navidad les hice un nacimiento en la misma habitación donde
+usted mora. Lo que yo gozaba con ellos no es fácil imaginarlo. Desde
+entonces, me dio el corazón que aquellos dos seres tan graciosos y
+angelicales habían de juntarse, con el tiempo, en santa coyunda. Don
+Beltrán, abuelo de Rodrigo, y don Fadrique, su padre, salían con Alonso
+a cacerías interminables. Verdad que desde entonces no hemos vuelto
+a verles; pero mi hermana, que entabló cordial amistad con doña Juana
+Teresa de Idiáquez, ha seguido sosteniendo con ella correspondencia
+tirada; mi cuñado Anselmo de Tirgo tuvo en arrendamiento, por no sé
+cuántos años, la propiedad de los Urdanetas que llaman _Mojón de los
+tres reyes_, y fue de los que ayudaron a desempeñar la casa, que vino
+muy a menos por las imprevisiones y larguezas desmedidas del don
+Beltrán.
+
+—Y Demetria, ¿tampoco ha vuelto a ver al don Rodrigo desde que jugaban
+juntos y usted les hacía los belenes?
+
+—No han vuelto a verse, no señor.
+
+—¿Y se ha enterado de que quieren ustedes casarla?
+
+—Se lo hemos dicho, naturalmente; y como es tan discreta y sesuda, nos
+ha contestado que agradecía mucho el interés que tomábamos por ella;
+que, en efecto, tiene noticia de las virtudes y méritos del señor don
+Rodrigo, y que accederá a ser su esposa, si, después de tratarle en
+esta edad del discernimiento, le encuentra digno de concederle, con su
+mano, su corazón.
+
+—Muy bien contestado, señor don José. En todo revela su entendimiento
+superior.
+
+—Los informes que tenemos del ilustre joven, fidedignos, tomados en
+fuentes diversas, convienen en que es un dechado de grandes y nobles
+cualidades; perfecto caballero, que cuida de conservar intacta la
+dignidad de sus mayores; de tan intachable conducta en lo moral, que
+nadie podría echarle en cara ni aun aquellas transgresiones leves
+que tan disculpables son en la juventud; grave en su trato, en su
+lenguaje comedido, llano con los humildes, digno entre los poderosos
+sus iguales, formal en sus tratos, esclavo de su palabra, señor en
+sus actos todos; enemigo de juegos y pasatiempos que no conducen más
+que al pecado; desconocedor de todos los vicios, amante de todas las
+virtudes...
+
+—Diga usted de una vez que es santo y acabará más pronto.
+
+—Pues nos han contado de él rasgos que casi elevan su virtud a la
+categoría de santidad, sí, señor. Para poder restaurar la hacienda
+de Idiáquez, que, como antes he dicho, quedó maltrecha con los
+despilfarros de don Beltrán y del don Fadrique, nuestro Rodrigo se
+consagró en cuerpo y alma a la práctica del orden, de la regularidad
+administrativa, imponiéndose a la edad de veintiún años una economía
+implacable, que no solo significaba la privación de todos los goces de
+la juventud, sino que le imponía una estrechez de vida más propia de
+padres del yermo que de caballeros de este siglo. ¡Mire usted que es
+virtud!
+
+—O necesidad..., según como estuvieran las cosas.
+
+—Virtud, digo, porque no era para tanto, señor mío. Verdad que en
+esto le ayudaba su madre doña Juana Teresa. Esta sí que es una santa.
+Ella fue quien le enseñó la economía prodigiosa, gracias a la cual
+han sacado adelante los intereses, conservando casi todos los bienes
+raíces. Otro rasgo de virtud es que jamás se le ha oído a don Rodrigo
+una palabra malsonante, pues hasta para reñir a un criado que falta
+a su obligación emplea formas corteses. Sus pensamientos son siempre
+limpios; su vida de una pureza ejemplar. Actos de religiosidad y
+cristianismo se cuentan de él a millares, señalándose principalmente
+por el rigor piadoso con que ayuna toda la Cuaresma, sin hacer gala de
+ello, y por su devoción a la Virgen... En el gobierno de su hacienda,
+lleva las cuentas de frutos y gastos con una prolijidad minuciosa, de
+modo que no se le escapa un maravedí, y en la casa, con tal sistema,
+todo marcha a maravilla... Conque vea usted por qué caminos de Dios
+vienen a unirse los que atesoran las mismas cualidades. ¿Qué ha de
+resultar de esto, señor don Fernando, más que la misma perfección, y
+por ende la felicidad suprema?
+
+—Pues si me permite usted una observación, señor don José María, y me
+promete tenerla por sincera y leal, allá va. Si el don Rodrigo es tal y
+como usted me le pinta; si hay completa fidelidad en ese retrato, yo me
+atrevo a declarar, porque así lo pienso, que Demetria no ha de gustar
+de su novio cuando le trate.
+
+—¡Por Dios, señor don Fernando!...
+
+—Esta es mi opinión, señor de Navarridas. Apréciela usted como quiera.
+Puede que me equivoque; puede resultar que el don Rodrigo no sea
+enteramente igual al retrato que usted por referencias hace, pues
+no le trata hoy ni le ha visto desde que él era niño. Y también digo
+que si, retocando la pintura, le quita usted algunas de esas virtudes
+eminentes, tal vez sea más grato a la niña.
+
+—¿Qué dice usted...? ¿Más grato a la niña cuanto menos virtuoso...?
+
+—No depende el atractivo personal de las virtudes exclusivamente,
+señor mío. Claro que las virtudes algo significan; pero no son ellas
+solas las que hacen al hombre agradable, propicio al amor. No sé si me
+explico bien. Usted es un santo. Si este grave asunto se ha de decidir
+entre santos, tendré que inhibirme, porque yo no lo soy. Sujeto a las
+debilidades humanas, creo poder juzgar de cosas de amor, de simpatía,
+mejor que usted. Y perdóneme esta franqueza, mi buen amigo.
+
+—Sí que le perdono... Usted me confunde. Tengo al señor Calpena en
+gran estimación y le coloco entre los primeros caballeros del mundo,
+conocedor de la sociedad y del corazón humano... Por lo que usted me
+ha contado, poniendo en mí su confianza, sé que tiene motivos para
+dar lecciones al más pintado en lo tocante a los afectos entre hombre
+y mujer. Puede que esté en lo cierto... Pero como nada ha de hacerse
+sin que preceda el trato de los novios, y mi sobrina, según su gusto y
+parecer, es la que ha de decidirlo en definitiva, esperemos. Dentro de
+poco tiempo serán las vistas, pues aquí ha de venir el don Rodrigo con
+su madre y su abuelo don Beltrán, y entonces se sabrá si...
+
+—Todo eso me lo contará usted, porque yo he de marcharme pronto. Mis
+asuntos apremian, y no estaré en Laguardia cuando se celebren las
+vistas, precursoras de esto que parece matrimonio de reyes.
+
+—¡Sí que lo parece!... ¡Ja, ja!... —dijo gozoso Navarridas—. Aquí
+tenemos nuevo ejemplo del casorio de Isabel de Castilla con Fernando
+de Aragón. Veremos unidas dos casas poderosas, Castro-Idiáquez o
+Idiáquez-Castro... _Tanto Monta_.
+
+
+
+
+VI
+
+
+En esto entró doña María Tirgo, que había pasado toda la tarde con
+otras amigas suyas en el camarín de la Virgen, desnudando a esta de las
+ropas de gran gala que le pusieron para la fiesta, y vistiéndola con el
+manto y túnica que usaría la Señora hasta el Adviento. No bien entró la
+dama, la informó su hermano de lo que acababa de revelar al amigo de la
+casa; y como añadiese nuevas observaciones laudatorias de la parentela
+ilustre de los Idiáquez y Urdanetas, tuvo que corregirle doña María,
+mostrando tanta suficiencia como fácil memoria:
+
+—Por Dios, José María, todo lo trabucas. El entronque de don Rodrigo
+con los Iraetas no es por los Idiáquez, sino por los Asos de
+Sobremonte, que proceden de una sobrina carnal del propio San Ignacio
+de Loyola. Los Garros, que también tienen parentesco con los Tirgos,
+son los que enlazan la rama de los Idiáquez con los Javierres y los
+Aragón, por el casamiento de doña Justa de Garro Idiáquez con don
+Alonso de Gurrea, de donde vinieron Mariquita y Luisita, una de las
+cuales casó con don Calixto de Borja, biznieto de un hermano del
+siervo de Dios, San Francisco. Siempre confundes esta familia con los
+Palafox, que son de otra cepa. Doña Juana Teresa es Palafox por su
+madre, no Gurrea, prima hermana de los Marqueses de Lazán. Ya sabes que
+Pepito, el de Robustiana Palafox, casó con una señora de los Gonzagas
+de Italia, prima segunda del glorioso San Luis; y la Rosita..., ¿te
+acuerdas de Rosita, la de Alcanadre, que tuvo aquel pleito famoso con
+los Tirgos? Pues la Rosita era viuda de un Pignatelli; casó después
+con Jacinto Palafox, sobrino del padrastro de su primer marido, y
+en terceras nupcias con Gurrea y Azlor, emparentado con la casa de
+Aragón...
+
+—Yo no sé cómo mi hermana —dijo festivamente don José María— tiene
+cabeza para desenmarañar esa madeja de entronques y parentescos... Pero
+dejemos esto para otra ocasión, y vámonos a casa, que las niñas nos
+estarán esperando.
+
+Salieron de la iglesia, agregándose en la puerta las dos señoras que
+con doña María habían vestido a la Virgen, y tomaron por calles y
+plazuelas la dirección del palacio de Castro-Amézaga, marchando delante
+Navarridas con las de Álava (que así se llamaban las señoras, primas
+o sobrinas en tercer grado del célebre general de Marina de aquel
+nombre), y detrás Calpena con doña María.
+
+—No debe usted darse por entendido con las niñas de este negocio del
+casamiento. A Demetria le hemos dicho que nadie sabe una palabra de
+nuestro plan. A usted le parece bien, seguramente. Como mi hermano está
+un poco ido de memoria, habrá olvidado decir a usted que don Rodrigo
+es caballero del hábito de Santiago. Pero no le elegimos por eso, ni
+por los dos condados, sino por sus virtudes. ¡Ah!... Según me ha dicho
+Demetria, usted nos deja pronto. Quiera Dios que cuando vuelva por aquí
+les encuentre casados.
+
+Creyó entender Calpena, por el tonillo de doña María, que no deseaba la
+permanencia del huésped en la casa mucho tiempo más, y se apresuró a
+darle gusto diciendo que, por lo apremiante de sus quehaceres, pensaba
+partir dentro de dos o tres días.
+
+—Sí, sí, no sería prudente ni delicado retenerle a usted. Lo que yo
+digo: por más que no lo manifieste, se comprende que está aburrido en
+este poblacho, donde no hay sociedad para una persona como usted, tan
+alta, acostumbrada a las pompas de la Corte y al trato de otra clase de
+gente.
+
+Replicó Fernando que el trato de las familias de Castro y de Navarridas
+era para él gratísimo, y aseguró que no había conocido nunca sociedad
+mejor.
+
+—Vamos —dijo doña María presumiendo de agudeza—, no se nos haga usted
+el chiquito. ¡Si de nada le vale a usted ocultarnos su condición
+elevadísima! Yo estoy en el secreto, porque lo que saben las sobrinas
+lo sé yo... No nos engaña el señor don Fernando con su modestia.
+
+—Me confunde usted, señora, suponiendo que soy lo que no soy.
+
+—Cuando salía usted herido de Salvatierra, en la galera, y venían
+detrás mis dos sobrinas en otro carro, bien se acordará..., se
+agregaron dándoles escolta, dos oficialillos muy simpáticos, Serrano y
+Alaminos (mi memoria prodigiosa me permite recordar los nombres). Pues
+Alaminos y Serrano, charlando con las niñas, les dijeron que, según
+la pública voz, es usted de un origen muy encumbrado. Las razones que
+tendrá para no revelar ese origen, usted las sabrá. Solo digo que esas
+cosas no pueden ocultarse, sobre todo a las personas de fino olfato,
+como una servidora de usted. La sangre, la cuna, la educación saltan
+siempre a la vista, señor mío, y en usted está el mejor ejemplo de lo
+que digo, pues en su conducta, en su menor palabra, en su mirar, en el
+gesto más insignificante, se conoce que viene usted de muy alto... No,
+no, si no le pido revelaciones... Cada cual sabe lo que debe callar...
+
+No quiso Fernando entrar en largas discusiones con la dama, y creyó
+más discreto dejarla en aquel error, que tal vez no lo sería. Si él
+no sabía nada, lo más prudente era callarse siempre que tal tema le
+tocaran. En el gran patio de la casa encontraron a Demetria y Gracia
+con varias señoras amigas, tomando la fresca: Gracia y otras de menor
+edad jugaban a las cuatro esquinas. La mayorazga, sentada en el corro
+de las personas graves, que acababan de tomar chocolate, no quitaba
+los ojos de la puerta, esperando ver entrar a cada instante a sus tíos
+con don Fernando. Algo se habló de labores de campo, por iniciativa de
+las señoras de Álava, propietarias muy fuertes; Demetria dijo que ya
+había concluido de trillar las cebadas, y que la cosecha era mediana
+en cantidad, pero el grano superior. En estas y otras conversaciones
+se hizo de noche; retiráronse las amigas; a poco de subir don Fernando
+a su cuarto, entraron Demetria y doña María Tirgo, y la primera empezó
+a reñirle porque se había vuelto muy correntón, y no nacía caso de las
+advertencias de don Segundo.
+
+—¡Pero si ya está bien! —dijo la de Tirgo—. No le riñas, hija, que
+harta paciencia ha tenido el pobre. Mira que aguantarse tres meses y
+días en este lugarón, entre gentes rústicas... Sí, hija, pongámonos en
+lo justo; no le des vueltas: somos rústicas, y el señor don Fernando
+está acostumbrado a una sociedad más refinada que la nuestra.
+
+—No, si no digo nada. Comprendo que debe marcharse... Y a propósito:
+aquí tiene ya su ropita, don Fernando. Va usted a salir de aquí hecho
+un señorito de pueblo. ¡Y que no se reirán poco de usted cuando le vean
+tan elegantón! Van a creer que este corte es de la moda de Londres, y
+preguntarán: ¿pero qué tijeras son esas, hombre, que te han cortado
+esas prendas admirables?
+
+Fernando se reía mirando la ropa, y ella continuaba sus donosas chanzas:
+
+—Ya, ya va usted bien apañadito. Le van a tomar por un alumno del
+seminario de Tarazona que vuelve de vacaciones.
+
+—Pues la ropa, búrlese usted todo lo que quiera, parece muy bien
+cortada. Mañana me la pondré para que usted la vea, y quizás varíe de
+parecer.
+
+—Sí, sí, lo mismito que la que dejó usted en Madrid. Lástima que no le
+hayan hecho también fraque las sastras de acá, para que lo luzca en las
+recepciones palaciegas cuando vuelva a la corte... ¡Ah, qué cabeza! Se
+me olvidaba lo principal. Ha venido esta tarde en busca de usted un
+capitán de Infantería, que ha llegado de Madrid.
+
+—¿Cómo se llama? ¿Trae cartas?
+
+—No me dijo su nombre. Le trae a usted otras veinte onzas, y carta. Las
+pataconas no ha querido dejarlas. Díjome que volvería; la carta aquí
+está.
+
+—¡Pero si en el tiempo que lleva en casa, ya es la tercera vez que le
+mandan veinte onzas! —exclamó doña María Tirgo—. ¡Ay! En cuanto coja
+aire por esos mundos, adiós mi dinero. Bien, hijo, bien: no se prive
+usted de ningún gusto de los que dan tono a la verdadera grandeza;
+derroche y triunfe, que por lo visto hay por allá una mina inagotable.
+
+—Sí, señora, inagotable —afirmó Calpena, siguiendo el bromazo, que para
+las damas no lo era—: soy muy rico, soy muy grande, soy el niño mimado
+del destino...
+
+—No, no lo tome a broma —dijo Demetria—. Muy grande, sí, y nosotras
+unas pobres palurdas; pero es al propio tiempo tan delicado, que no nos
+deja conocer la diferencia entre usted y nosotras: diferencia por la
+clase, por la educación, por la ilustración...
+
+—Si eso me lo dijera otra persona, crea usted no se lo perdonaría.
+Pero usted está autorizada para todo, hasta para llamarme fatuo, que
+fatuidad grande sería en mí creer en esa desigualdad.
+
+—Pues me callo, señor... En fin, no le quitemos tiempo, que querrá leer
+la carta de su amigo.
+
+—La leeré después.
+
+—No, ahora, que nosotras nos vamos. Y si no ha de venir a rezar el
+rosario, dígalo para no esperarle.
+
+—¡Pues no he de ir! ¡Y poco que me gusta a mí rezar el rosario con la
+familia!
+
+—Pero que no pase lo de la otra noche —indicó Demetria entre severa y
+jovial, delicada fusión de tan distintos matices en las luces de sus
+ojos.
+
+—¿Qué pasó la otra noche?
+
+—Pues nada en gracia de Dios. Que dijo que iba al rosario, y nosotras
+allá esperándole un cuarto de hora, con el primer padrenuestro en la
+boca.
+
+—Pues vamos ahora mismo. Después leeré la carta.
+
+—No, no —dijo doña María cogiendo por un brazo a su sobrina y
+llevándosela—. Déjale, déjale... No le marees.
+
+—Voy en seguida.
+
+Pasó rápidamente la vista don Fernando por la carta de Hillo,
+enterándose de lo más sustancial, con ánimo de leerla entera después
+del rosario y la cena. Así lo hizo. Al acostarse, tuvo conocimiento
+de todo lo que el buen presbítero le decía, y que en extracto a
+continuación se refiere:
+
+ «Aquí me tienes desde el 14 que vine a ciertas comisiones y
+ encarguillos de la _Gobernadora_ (no me refiero a nuestra soberana,
+ hija de Parténope, sino a la reina sin corona que a ti y a mi nos
+ gobierna, y bien puedes dar gracias a Dios de que así sea), los
+ cuales aún no han tenido cumplimiento por lo trastornado que está
+ todo en esta villa, a quien los retóricos llamamos _Ursaria_, y que
+ debiera llamarse hoy _Babilonia la chica_. ¡Qué barullo, Dios mío,
+ qué espantosa confusión, no diré de lenguas, pues todos hablan lo
+ mismo, pero sí de ideas y de voluntades! Por la mañana andan a tiros
+ milicianos y soldados; por la tarde salen cantando el himno. Los
+ ministros, con su señor Istúriz al frente, no saben qué hacer. A
+ La Granja, donde yo dejé la revolución bien guisada, acudió Méndez
+ Vigo, ministro de la Guerra, con ánimo de sofocar el movimiento.
+ No llevaba tropas: llevaba dinero, que es, según dicen, la _summa
+ ratio_ de estas subidas y bajadas de constituciones; pero nada pudo
+ conseguir. Ahora me dicen que hoy ha vuelto Su Excelencia acompañado
+ de los sargentos triunfadores; entró en Madrid el representante del
+ ejército, llevando en su propio coche al sargento Gómez, uno de
+ los héroes del día; ha sido un espectáculo edificante el paso del
+ general por San Vicente y Caballerizas, hasta Ministerios, donde se
+ han apeado. Si esto no es una casa de locos, no sé yo lo que es, mi
+ querido Fernando.
+
+ »La Milicia Nacional, derrotada y desarmada en todas partes, conserva
+ la posición que ganó en los Basilios, arrojando de allí a los
+ _peseteros_ que defendían el convento. El gobierno, tan pronto se
+ cree vencido y se dispone a sucumbir ante el magistral _engaño_ de
+ los sargentos, como se _encampana, escarba, humilla_, pretendiendo
+ restablecer con un buen _hachazo_ el principio de autoridad. Pero
+ este, ¿dónde está? ¿Quién es el guapo que lo tiene? Si se confirma
+ que Méndez Vigo y el señor Gómez, sargento de Provinciales, han
+ traído del Real Sitio varios decretos firmados por la reina
+ destituyendo a no sé qué ministros y nombrando otros, ¿dónde se ha
+ metido el principio de autoridad? ¿Lo tienen Gómez, Lucas y García,
+ lo tienen las logias, o no lo tiene nadie? Me inclino a creer
+ esto último... Y vamos a otra cosa, pues entiendo que más que las
+ noticias de este inmenso Carnaval en que vivimos, te interesará
+ saber que por el capitán don Teobaldo García (no tiene nada que ver
+ con el esclarecido sargento del mismo nombre) te mando otras veinte
+ onzas, por encargo de quien tiene esto y mucho más para subvenir
+ a tus necesidades. Confiamos en que a la tolerancia de arriba
+ corresponderás tú, desde tu posición inferior, con una conducta
+ ajustada a la razón y a los buenos principios. No sabes tú bien lo
+ que te perderías si así no lo hicieras. El sentido de tu última
+ carta, aunque breve, sustanciosa, me da esperanzas de que te veremos
+ formal y comedido. Sientes el hastío de los actos irregulares; ansías
+ la paz de la conciencia, el reposo del ánimo. Muy bien: ya estás en
+ el buen camino...
+
+ »Se transige con Aura, a pesar del origen no muy ejemplar de tu
+ dama. Pero no hemos de ahondar demasiado en los fundamentos de cosas
+ y personas, porque haciéndolo, la vida sería imposible. Ello es
+ que vivimos en plena revolución. En proceso revolucionario está la
+ sociedad, y lo mismo puede decirse de las familias y de las personas.
+ El pueblo va ganando la partida: hoy avanza un paso, mañana otro,
+ y los viejos alcázares se desploman. La nación transige con los
+ sargentos, acepta de ellos _la traída de la Constitución_. Pidamos
+ a Dios que no salgan luego los cabos trayéndonos otra. En tu esfera
+ has hecho la revolución, y de arriba, viene la soberana voz que te
+ dice: “Paciencia; aceptemos los hechos consumados”. Recoge, pues, a
+ tu Aura; pero no pienses en que se te ha de consentir otra cosa que
+ el matrimonio religioso y legal. Revolucionarios somos; pero _no tan
+ calvos_, amigo mío.
+
+ »Y cuanto más pronto decidas ese punto capital, mejor, querido
+ Fernandito. Si, como dices, ya estás curado de tu herida, abandona
+ las delicias de esa Capua, y vete a tu negocio. Con las onzas
+ recibirás el salvo conducto, y en un paquete separado esta carta,
+ y las dos que presentarás a don Juan Bautista Erro, el Mendizábal
+ del absolutismo, y al general Maroto; ambos te facilitarán tus
+ diligencias en el país carlista. Ya verás que son bastante
+ expresivas. Me ha dicho hoy Iglesias que aquí se consigue todo con
+ buenas amistades. Pero yo veo que el pobre poco adelanta con llamar
+ amigos a las tres cuartas partes de los españoles; de donde colijo
+ que el abuso de los bienes es siempre un mal muy grande. Me asegura
+ Nicomedes, invariable en su inquietud y en el anhelo de nuevas
+ posturas, que esta revolución sargentil es un modelo del género,
+ pues ha realizado una eficaz y provechosa mudanza por los medios
+ más breves y pacíficos, sin derramar sangre inocente. Cree él que
+ las naciones extranjeras nos han de copiar esta receta sencilla
+ y familiar de los pronunciamientos, que hace inútiles las altas
+ jerarquías de la milicia y la política. Allá veremos.
+
+ »Concluyo con una noticia que he adquirido esta tarde por feliz
+ casualidad, pues tal ha sido mi encuentro con el señor Maturana
+ cuando yo volvía de recoger las onzas. Sabrás, amado Telémaco, que
+ don Ildefonso Negretti ha caído en desgracia en la Corte absolutista,
+ por habérsele descubierto chicoleos epistolares con Mendizábal, a
+ quien escribía cosas que no debieron ser del agrado de aquellos
+ fantasmones. Interceptada la correspondencia por la Comisaría
+ carlista de correos, fue reducido a prisión el culpable, y lo habría
+ pasado muy mal sin la protección que le dispensa el infante don
+ Sebastián. No pudo decirme Maturana dónde se encuentra hoy. Tú lo
+ sabrás pronto.
+
+ »Viene el señor don Teobaldo a decirme que no sale hasta mañana, y
+ aprovecho la dilación para endilgarte un par de pliegos más esta
+ noche, con referencias del giro que van tomando estas humoradas del
+ Carnaval político, y con algo de lo que a ti pueda interesarte. —
+ _Vale_».
+
+
+
+
+VII
+
+
+ «¡Lo que te has perdido! —continuaba el buen clérigo—. No un día,
+ sino dos, se ha retrasado en su marcha el señor don Teobaldo, lo que
+ me permite notificarte que hoy tempranito hizo la reina su entrada
+ en Madrid. ¡Vaya una ovación! ¡Qué calurosos vítores, qué delirio,
+ qué derroche de flores, todo al compás del himno! Lo presencié
+ en Caballerizas, y te aseguro que me conmovió la sincera alegría
+ popular. Todas aquellas mujeres, que como locas gritaban, ¿qué
+ idea tendrán de la Constitución del año 12? Y si no tienen ninguna
+ idea, un sentimiento ya tendrán; algo es algo. Ese sentimiento
+ indefinido viene siendo la energía que mueve toda la máquina social
+ y política; pero, ¡ay!, andaremos mal si no se traduce pronto en
+ ideas, en hechos pacíficos, pues no vive un país con el solo alimento
+ de entusiasmos y cantatas. Hoy está todo Madrid _colgado_, que así
+ expresamos el ornato de balcones con abigarrados lienzos, banderas, o
+ colchas donde no hay otra cosa; y esta noche tendremos lo que llaman
+ iluminación, que es un gran derroche de cabos de vela y lamparillas
+ en los edificios públicos y particulares. Su Majestad parecía muy
+ satisfecha: las niñas, monísimas, saludaban con sus enguantadas
+ manecitas, y el pueblo tan satisfecho. He visto a muchos abrazarse
+ en medio de la calle. Luego me dijeron que esperaban que bajara
+ el pan, y que todos los empleos se darían a los que _profesan el
+ patriotismo_. Pues aún falta lo mejor, chiquillo. Dos horas después
+ de la entrada de la reina, hicieron la suya los sublevados de La
+ Granja, encarnación del principio de Libertad, ahora triunfante, y
+ aquí fue el repetir las ovaciones con más ardor y franqueza, porque
+ el respeto de los reyes siempre cohíbe un poco en la manifestación
+ del júbilo. Uno de los corifeos, el Higinio García, venía a caballo
+ detrás del general Rodil, con su uniforme tan majo que daba gusto
+ verle. Oí decir que el caballo es prestado, y que él se ha erigido
+ en plaza ecuestre, o en caballero del orden civil, sin que nadie se
+ lo mande. Lo cierto es que su buena presencia, su vistoso uniforme,
+ y la circunstancia de venir _a la verita_ del general, como figura
+ importante de la Milicia, le señalaron más a la admiración del
+ pueblo, y para él fueron los grandes aplausos y los vivas más
+ calurosos, tocándole menor parte al Alejandro Gómez, que marchaba en
+ su puesto en la compañía de Provinciales. Oí decir en los corrillos
+ que el autor de todo el fregado era Gómez, y que a él debía la patria
+ regenerada mayor servicio que al Higinio; pero que este sabía ponerse
+ en lugar más visible, y apropiarse los plácemes y obsequios de que
+ el otro era merecedor. Se aseguraba, como cosa hecha, que a los dos
+ les van a nombrar comandantes del resguardo, sin darles ascenso en
+ el cuerpo a que pertenecen, porque esto no ha parecido a todos muy
+ regular. Ya ves que no carecen de modestia los pobres, y se contentan
+ con bien poca cosa, pues si en proporción de lo que han hecho se les
+ premiara, los dos a estas horas debieran ser ya generales. O hay
+ lógica o no hay lógica, amigo mío. No me negarás que llevando las
+ cosas con rigor, si por el criterio de la aplicación de la Ordenanza
+ les corresponde la pena de muerte, por el de los hechos consumados
+ les corresponde la gracia del generalato. Esto es claro como el agua.
+
+ »En el trayecto por el interior de Madrid, pues fueron a parar al
+ cuartel del Pósito, los vítores y palmas llegaban al delirio, y luego
+ que quedaron francos de servicio Gómez, García y Lucas, cayeron sobre
+ ellos bandadas de los patriotas más pudientes, y les convidaron a
+ comer de fonda y a fumar buenos puros del estanco. Entre tanto, no
+ quiero decirte la quina que habrán tragado a estas horas Istúriz,
+ Galiano, Saavedra y los agarrados a ese ministerio, que vino al mundo
+ con la intriga que puso en el arroyo a nuestro bonísimo don Juan
+ Álvarez. ¡Y que no echaban pocas roncas esos caballeros, ni se daban
+ poco tono con su _suprema inteligencia_! Quisiera saber lo que piensa
+ de todo esto tu amigo el señor Rapella, muñidor que fue del gobierno
+ de Istúriz, pues él llevaba y traía los recaditos al Pardo. Olózaga
+ lo cuenta muy bien. Como que él descubrió el embuchado en la Puerta
+ de Hierro, y por no escandalizar ni dar un mal rato a la reina,
+ taparon... Pero pronto se descubrió el pastel, y si una intriga de
+ _opereta_ derribó a Mendizábal para entronizar a su amigo Istúriz,
+ este cae a su vez ignominiosamente por un enredijo de _entremés
+ con tonadilla_. La historia de España, que hasta hace poco gastaba
+ el coturno trágico, paréceme que se aficiona a la comodidad de los
+ zapatos de orillo, o al desgaire de la alpargata.
+
+ »¿No sabes? Ya tenemos ministerio nuevo. Don José María Calatrava lo
+ preside, según acaba de decirme Nicomedes, que ha entrado como una
+ exhalación y volvió a salir como una centella. Díjome los nombres
+ de los demás ministros, pero se me han ido de la memoria. Paréceme
+ recordar que en Gobernación entra Gil de la Cuadra, y en Guerra
+ el general Rodil. De lo que estoy bien seguro es de que tenemos
+ de capitán general de Madrid a don Antonio Seoane, en sustitución
+ de Quesada, a quien los patriotas han tomado aborrecimiento y le
+ llaman _liberticida_ y qué sé yo qué. Luego empezarán los cambios de
+ personal. Nicomedes cuenta con que le harán jefe político. Espronceda
+ ocupará un alto puesto, y tu antiguo jefe Oliván se ganará el
+ ascenso que le corresponde en estos cambios revolucionarios, cuando
+ vienen con mansedumbre. Te diré, además, que el bruto de Ibraim ha
+ dado pruebas estos días de la elasticidad de su estómago de buitre,
+ pues ha estado de servilleta prendida en todas las comilonas con
+ que obsequia a los sargentos _libertadores_ la dislocada juventud
+ de _Tepa_ o de las _Tres Cruces_. Y para señalarse más, después de
+ hartarse bien, larga unos brindis hinchados y chabacanos, que son la
+ risa de sus oyentes. Serrano el tísico los repite, y tan bien remeda
+ la voz y el tonillo andaluz, que es morirse de risa. No creo, como
+ consta en las _rapsodias ibraizantes_ de Serrano, que el capellán
+ comparase a Gómez con Julio César; sí creo la imagen de que la
+ Constitución ha venido en un carro triunfal, de que tiraban Gómez y
+ García, y lo de que la Constitución será en España el cuerno de la
+ abundancia. De mi sé decirte que solo siento ser sacerdote, porque mi
+ estado religioso me impide atizar un par de morradas a ese ganso, por
+ haberme dicho en abril último la mayor mentira que de humanos labios
+ ha salido desde que hay mundo... Pues ayer tarde me aseguró que don
+ José Landero y Corchado le ofrece una canonjía, y se me ha metido en
+ la cabeza que se la van a dar. España está loca. Su manía consiste en
+ hacer verosímil lo absurdo.
+
+ »Y la mía, querido Fernando, pues también yo estoy algo loco, es que
+ regularices tu vida, y no nos des más sofoquinas. Si he de decirte
+ la verdad, soy menos indulgente que la señora incógnita, y creo en
+ conciencia que las transacciones y tolerancias deben limitarse a la
+ autorización de tus amores, siempre que les des el giro matrimoñesco
+ que exige el decoro. Si fuera yo el tirano, te fijaría un plazo para
+ recobrar tu novia y unirte con ella en santa coyunda, dando con esto
+ por cerrado el ciclo de tus aventuras caballerescas, y obligándote
+ a volver acá, donde hallarías casa y medios de vivir pacífica y
+ holgadamente.
+
+ »No puedo ocultarte que mi mayor deseo es que la señora incógnita
+ me mande a tu lado. Se lo he propuesto, y con mucha delicadeza me
+ ha contestado negativamente. Te reproduciré sus propias palabras,
+ que están bien fijas en mi memoria: “Quiero probar si ejerzo o no
+ verdadera atracción sobre él; si mi autoridad, expresada con dulzura,
+ es un lenguaje inteligible para su corazón. Como esta prueba no sería
+ eficaz sin libertad, se la concedo y aguardo. Quiero que venga al
+ bien, a la paz, a mi cariño, con espontaneidad y efusión; no atraído
+ por maestros o empujado por rodrigones. El sistema de la vigilancia,
+ del espionaje, de la previsión, me dio un resultado desastroso: ha
+ sido la derrota del régimen absoluto. He de probar ahora el régimen
+ contrario: la libertad. Triunfaré si consigo de su albedrío lo que
+ no logré desplegando, al uso despótico, todo el lujo de medidas
+ autoritarias y policiacas. No, no... Marchemos, como dijo el otro,
+ por la senda constitucional. Yo legislo y no gobierno... Le marco a
+ Fernando los caminos que creo conducentes a su felicidad, y cruzadita
+ de brazos espero”. ¿Qué te parece? Cuando esto me dijo, no pude menos
+ de lanzar un “¡Viva la libertad!” con toda mi alma, y aun creo que
+ canté un poco el himno.
+
+ »Pues bien, amadísimo Fernando: Pedro Hillo, tu mejor amigo, se
+ permite decirte, por vía de consejo, que no abuses de la libertad.
+ Aborda tu asunto por las vías derechas; preséntate al señor
+ Negretti, y pídele a la niña; tómala, y vente corriendito para acá
+ por el camino más corto y por los medios de locomoción más veloces.
+ Créeme a mí... Tu viejo amigo no te engaña. Ya sabes, derecho al
+ bulto, y _fijándote en la rectitud_. No hagas _pases de telón_, ni
+ _cambiados_, sino exclusivamente _naturales_.
+
+ »Vaya, ¿qué me das si te digo una cosa? Pues aunque no me des nada
+ te la diré, para alumbrar con viva luz el camino que piensas seguir.
+ Si te presentas al señor Negretti y le pides la niña como caballero
+ leal, la niña es tuya... Ea, ya lo sabes. Cuando Hillo te lo dice,
+ por algo será, tontín... Conque vete pronto en busca de tu desenlace,
+ y no te pese encontrarlo desabrido y sin peripecias; que los dramas
+ son muy bonitos en el teatro o en la plaza de toros; pero en la
+ vida..., líbrete Dios».
+
+Reanudada la tarea epistolar por la noche, decía don Pedro:
+
+ «Hoy he tenido el honor de hablar con una persona dignísima, en un
+ tiempo respetada y admirada por ti; después... ¡Ah!, pillo, ya me
+ has comprendido; ya sabes que el sujeto a que me refiero es don
+ Juan Álvarez Mendizábal. Le he visto hoy por tercera vez desde que
+ estoy en Madrid. ¿Creerás que me ha llevado a su casa un asunto
+ político? Nada de eso, chiquillo: hemos hablado de cosas privadas,
+ sin perjuicio de tirar un par de chinas al gobierno. Hombre más
+ amable y servicial que este don Juan de Dios no creo que lo haya.
+ Estoy contento de él. No creas, se acuerda de ti, y te tiene por muy
+ despierto y simpático. ¿Qué tal? ¡Y luego dirás...!
+
+ »_Ultimátum_: cuidarás de tenerme al corriente de los puntos donde
+ resides, caminos por donde vas, _et reliqua_. Esto es indispensable.
+ Si el despotismo vive en las tinieblas, o sea en la ceguera de la
+ opinión, la libertad requiere luz, mucha luz. Fuera misterios; el
+ régimen pide que estén las ollas destapadas para saber lo que se
+ guisa. Dos veces por semana me escribirás, dando cuenta de tus pasos,
+ y especificando los lugares a donde debo dirigirte mis cartas. Niño
+ de mi corazón, que vuelvas pronto. Con el alma en un hilo, te espera
+ tu viejo Mentor. — _Pedro Hillo._
+
+ »_Epílogo_.— Corre la voz de que han asesinado al general Quesada.
+ Ello ha sido en Hortaleza, donde buscó más bien descanso que
+ escondite el animoso general vencido: averiguado su paradero por
+ las turbas rencorosas, le acosaron hasta dar con él, matándole
+ villanamente.¡Y creíamos que la revolución _de opereta_ venía
+ embolada! Me cuenta Nicomedes que este crimen estúpido, inútil,
+ indisculpable, perpetrado a sangre fría después de la fácil victoria
+ del pueblo, es obra de una pandilla de _jamancios_, algunos de
+ los cuales estaban en el Saladero cuando nos encerró allí la
+ señora incógnita por nuestros pecados. Frecuentaban en noches de
+ tumulto las reuniones de _Tepa_. Tú les conocerás. Lamentan hoy los
+ revolucionarios que cuatro sinvergüenzas canallas hayan desvirtuado
+ la bonita leyenda de este movimiento popular, que empezó con la
+ tenacidad, hasta cierto punto simpática, de los urbanos, y concluyó
+ con el audaz golpe, hasta cierto punto caballeresco, de los sargentos
+ de la Guardia Real. Pero yo veo que si no hay función sin tarasca,
+ no puede haber motín sin coces. Desconfía de la revolución que se
+ pone guantes, porque entorpecida de las manos, te _acaricia_ con las
+ patas. Ea, no más. Adiós».
+
+
+
+
+VIII
+
+
+Esta y las anteriores cartas de tal modo perturbaron el espíritu del
+señor de Calpena, que no dormía con sosiego, asaltado de pensamientos
+contradictorios. No poco le inquietaba la noticia del disfavor de
+Negretti en la corte de Carlos, y como no había contestado el tal
+a tres cartas que Fernando le llevaba escritas durante su largo
+encantamento en Laguardia, era lógico suponer que ya no estaba al
+servicio del Pretendiente. ¿A dónde se dirigiría para dar cumplimiento
+a la empresa en que no solo su amor, sino su honor y su dignidad
+estaban empeñados? Este problema se le presentaba, pues, oscuro y
+dificultoso. Por otra parte, dábanle ánimo ciertas expresiones vagas
+de la incógnita, y las reticencias, algo menos nebulosas, del buen
+Hillo: indudablemente se había influido con Mendizábal para que este
+recabara de Negretti el consentimiento, desenlace trivial de la comedia
+de costumbres moralizadoras. Las visitas de Hillo a don Juan Álvarez
+no podían tener otro objeto. Todos los caminos se le franqueaban
+al enamorado joven, y se le abrían las puertas de su ventura con
+áureas llaves; querían trocarle su drama emocional y caballeresco en
+cuento infantil, de esos en que sale un hada benéfica que en un dos
+por tres lo arregla todo graciosamente. ¡Fácil y cómodo final! Pero
+tanta dicha era por punzantes dudas acibarada. ¿Dónde estaba Negretti?
+Si Mendizábal sabía su residencia, ¿cómo Hillo no tuvo la previsión
+de averiguar dato tan importante para comunicarlo a su Telémaco? Y si
+don Juan Álvarez no lo sabía, ninguna eficacia podía tener su noble
+mediación.
+
+Analizando estas dificultades, pensaba en Rapella, que a fuer de
+intrigante y entrometido farsantón, habría sido el más útil guía en tal
+laberinto. Pero ignoraba el paradero del siciliano, a quien dos veces
+había escrito sin obtener respuesta. Probablemente había desempeñado
+su comisión política, y vuéltose a Madrid, a Nápoles, o al quinto
+infierno. En medio de estas confusiones, sentíase agitado el buen
+Calpena por un sentimiento de calidad desconocida, que despacito y por
+lentos avances se le iba metiendo en el corazón, en aquellas regiones
+de él que hasta entonces permanecieron vacías. ¿Qué podía ser más que
+el afecto puro y hondo de la señora incógnita que le llamaba, que le
+atraía, cual si le estuvieran tirando, tirando, de un hilo misterioso,
+el cual era más fuerte mientras en mayor tensión lo ponían? ¡Y qué
+instinto tan seguro el de la invisible al aplicar a su protegido el
+tratamiento de la libertad! Si por el sistema de la tiranía policiaca
+no logró hacerse querer, el nuevo régimen establecía la feliz concordia
+entre el pueblo y la autoridad, en cierto modo de derecho divino.
+Fernando la quería ya; pensaba en ella en sus insomnios; trataba de
+darle fisonomía y visible ser en su imaginación, y a ratos anhelaba
+ardientemente aproximarse a ella, maldiciendo airado la prolongación
+del misterio. ¿Por qué no se le revelaba de una vez para siempre? ¿Por
+qué ignoraba él lo que Hillo sin duda sabía ya? ¿Había alguna poderosa
+razón para perpetuar el juego de máscaras? ¿Se enojaría la divinidad
+si él resueltamente se aproximaba y con cariñosa mano arrancaba el
+velo? No: era lo más prudente dejar que la dama tapase y descubriese,
+según su deseo y conveniencia, pues la oportunidad de un acto de tal
+naturaleza solo ella podía apreciarla. Lo que indudablemente persistía
+en el ánimo de Calpena, bien mirado el problema por todas sus facetas
+y aspectos diferentes, era la resolución de obedecer a su gobernadora
+en cuanto le ordenase; obediencia que debía de ser el signo más claro
+de gratitud por haber ella transigido en el magno negocio de los
+amores. Pues la corona aceptaba lealmente el principio democrático, el
+pueblo sumiso celebraba firme y honrada alianza con el trono. ¡Feliz
+concordia, que es el sueño de las naciones! En España no es sueño, es
+pesadilla, y al despertar de ella duelen los huesos.
+
+Señaló por fin don Fernando, entrado septiembre, un día que debía ser
+término fatal de su encantamento, pues ya su vida en Laguardia no era
+descanso, sino ocio. Aún insistía Demetria en que no estaba bien curado
+de _su patita coja_, y le incitaba a esperar a la época de la vendimia;
+pero él, estimando delicadamente estas insinuaciones como dictadas de
+la cortesía, no se dio a partido y dispuso todo para su marcha. Como
+nada debe ocultarse, sépase que recompensó a los servidores de la casa
+con tan desusada largueza, que por mucho tiempo perduró en Laguardia la
+fama de la generosidad del caballero don Fernando, a quien tenían por
+uno de los mayores potentados del mundo. A don José María de Navarridas
+dio también una buena pella para que la repartiese entre los pobres del
+pueblo, y tuvo además la feliz idea de hacer sus visitas a cada una de
+las casas que conocía, sin olvidar las más humildes, lo que acabó de
+fijar en el ánimo del vecindario la opinión de la hidalguía y verdadera
+grandeza del huésped de Castro.
+
+Y se alegraba este de haber dispuesto tan en sazón su partida, porque
+según le dijo una tarde el cura, llevándole aparte con misterio, pronto
+debían de llegar a Laguardia los Idiáquez y Urdanetas, hijo y madre,
+que venían a vistas con aparatoso séquito de criados. También vendría
+el abuelo paterno del don Rodrigo, don Beltrán de Urdaneta; pero este
+señor, muy anciano ya, aunque todavía templado y entero, no haría más
+que tomar descanso de un par de días en Laguardia, para seguir después
+hacia el valle de Mena, donde vivía su hija Valvanera, casada con uno
+de los ricos Maltranas, y madre de numerosa prole. No sentía malditas
+ganas Calpena de encontrarse con aquella familia, a pesar de la aureola
+de virtudes de que la rodeaba el bonísimo Navarridas, y se alegraba
+de llevar dirección contraria, para no topar con ellos en el camino.
+Venían de oriente los Idiáquez, como los Reyes Magos, y él se iba hacia
+Miranda de Ebro (occidente).
+
+El día de la partida, avanzado ya septiembre, fue para todos muy
+triste. Habiendo determinado el viajero salir a la caída de la tarde,
+revelaron todos su pena a la hora de comer con una inapetencia desusada
+en aquella casa. Habían regalado las niñas a don Fernando un caballo
+hermoso, con los mejores arreos que daba de sí la industria del país;
+fineza que agradeció, como es de suponer, en tales circunstancias,
+prometiéndose corresponder a ella con otra superior en cuanto llegase
+a Madrid. Y como manifestara deseos de tomar a su servicio, para
+llevársele, al mozo de la casa de Castro llamado Sabas, uno de los que
+acompañaron a las niñas en el viaje a Oñate, accedió Demetria gozosa,
+y el hombre, ya maduro, de probada lealtad y diligencia, no vaciló en
+admitir la propuesta, pues no había para él mayor gusto que emplearse
+en el cuidado y servicio de tan noble caballero. Las cuatro serían
+cuando abandonó don Fernando la ilustre morada de Castro. Multitud de
+personas fueron a despedirle. Las niñas, con doña María Tirgo, don José
+Navarridas y el señor de Crispijana, bajaron de la villa al camino,
+y al llegar a este se apeó don Fernando para seguir todos a pie un
+buen trecho, pues la tarde estaba fresca y convidaba a dar un paseíto.
+Hablaron, como es de rúbrica en estos casos, de la próxima vuelta.
+
+—Ya, ya: ¡si seremos tan tontas que creamos que vuelve por aquí!
+Deseando está él perdernos de vista —decía Demetria.
+
+Y Navarridas:
+
+—No, mujer, no digas tal. ¿Pues no ha de volver? Me lo ha prometido, y
+las promesas de caballeros de esta calidad son como una escritura ante
+notario...
+
+—Sí, sí, fíese usted de escrituras ni de promesas.
+
+Y Gracia:
+
+—También a mí me ha dado palabra de volver, y si no vuelve, no tiene él
+la culpa, sino la novia, que le atará a la pata de una silla.
+
+Y doña María Tirgo:
+
+—Dejadle, tontuelas, que ya sabrá él lo que tiene que hacer. Venga o no
+venga, cuando ande por esas cortes y en esas grandezas, se acordará de
+estas pobres aldeanas, que se han esmerado en hacerle la vida agradable.
+
+Calpena sentía un nudo en su garganta; deseaba poner fin a la
+despedida, que se iba haciendo en extremo patética, y no sabía ya qué
+decir, ni con qué tonos y actitudes expresar la emoción vivísima que le
+embargaba. Dio el alto don José María, diciendo:
+
+—Vaya, de aquí no pasamos.
+
+Y el viajero apresuró la escena final. Dejose abrazar por el cura;
+apretó con efusión las manos de las niñas y de doña María, y añadiendo
+pocas y oportunas palabras, montó a caballo y se alejó al paso,
+volviendo atrás la vista. Gracia y don José María lloraban. Demetria,
+un tanto descolorida, conservaba su hermosa serenidad, mordiéndose
+los labios. Le vio alejarse con tristeza grave. Doña María agitaba su
+pañuelo.
+
+Picaron espuelas amo y escudero, y al llegar a la vuelta del camino
+donde perderían de vista a la noble familia, se pararon para darle
+el último adiós. Las dos niñas y la señora azotaban el aire con sus
+pañuelos; Navarridas repetía estas demostraciones con su paraguas en
+una mano y el sombrero en la otra... Y ya no se vieron más.
+
+A la hora y media de camino, don Fernando, que iba cabizbajo y
+melancólico, sintió un súbito anhelo de volver atrás. Tan repentino
+fue, y al propio tiempo tan vivo, que maquinalmente paró el caballo, y
+preguntó a Sabas:
+
+—¿Dónde estamos? ¿Cuánto hemos andado?
+
+—¿Qué, señor, se ha olvidado algo? ¿Tenemos que volvernos?
+
+—No, es que... En efecto, se me olvidó algo; pero no me hace falta.
+Sigamos.
+
+—Se está tan bien en la casa de Castro, señor, que siempre que uno
+sale, cree que se deja algo en ella. ¿Y qué es lo que se deja? La
+querencia, señor, la querencia de casa tan buena.
+
+Permaneció don Fernando silencioso, y con igual economía de palabras
+continuó larguísimo trecho, hasta que, ya de noche, aproximándose a
+Labastida, entablaron amo y escudero el siguiente diálogo:
+
+—Bueno, Sabas: ya que se nos va pasando el amargor de la despedida...,
+las despedidas, ¡ay!, son siempre muy penosas, y más cuando uno se
+separa de personas tan buenas, tan puras, tan..., en fin, ya que
+avanzamos en nuestro camino, y vuelven a posesionarse de esta cabeza
+mía los pensamientos que motivan mi viaje, te diré que me han movido a
+tomarte a mi servicio, además de tus buenas prendas, otras razones...
+No me entiendes. Recordarás que anoche, hablando tú y yo de la corte
+carlista, donde padeciste cautiverio y mil penalidades, dijiste, entre
+otras cosas, ya terribles, ya joviales, algo que ha sido para mí la
+única luz que distingo en la oscuridad que me rodea.
+
+—¿Qué dije, señor, que pueda ser luz de su merced? Ya no me acuerdo.
+
+—Que el jueves llegaron de Vizcaya dos hombres, los cuales habían
+servido hasta el mes pasado en la maestranza carlista; que el uno es
+compadre tuyo, y que marchó a un pueblecillo cerca de Miranda, de
+donde es natural. Aquí tienes la razón dé que yo corra hacia Miranda.
+Necesito hablar con ese hombre esta noche misma, si es posible. Llévame
+allá, que para eso, y nada más que para eso, vienes conmigo.
+
+—Verdad, señor: el que vino de allá, escapado, corrido, muerto de
+hambre, y sin ganas de volver, es Bonifacio Gay, primo y compadre mío,
+y ahora está con su familia en Leciñana del Camino, a legua y media de
+Miranda.
+
+—Pues allá nos vamos.
+
+—Si el señor tiene prisa, con seis horas de descanso en Labastida será
+bastante para el ganado. Si salimos al alba, llegaremos a Miranda
+entre ocho y nueve. Tomamos un bocado, y a la hora de comer caemos en
+Leciñana.
+
+—Perfectamente... ¿Estás bien seguro de que tu primo trabajaba en la
+maestranza?
+
+—Donde hacen las balas, sí, señor. Es herrero y fundidor, y entiende
+de toda suerte de artificios, verbigracia: norias, relojes, molinos y
+chocolateras. Diez meses se ha llevado trabajando para la facción, y
+visto que no había _de aquí_, y que sobre no pagarle le acusaban de
+masón, se escabulló y con mil trabajos pudo llegar a Salvatierra, de
+donde tomó el camino de su pueblo, pasando por Laguardia el jueves,
+como dije a su merced.
+
+—Quisiera tener alas para llegar de un vuelo a ese lugar —dijo
+Fernando, picando espuelas—, pues cuando se me mete en el alma la
+curiosidad, no sé lo que es paciencia, y quisiera convertir las horas
+en minutos.
+
+La conversación de los jinetes saltaba de tema en tema: la guerra, la
+paz, las cosechas, y fueron a parar al punto de partida de su jornada.
+
+—¿Qué estarán haciendo ahora en la casa de Castro? Se habrán puesto a
+cenar. De seguro se preguntan unos a otros: «¿En dónde estarán ya don
+Fernando y Sabas? ¿Habrán llegado a Labastida?...». La vida no es más
+que esto, señor —dijo el escudero—, y ella y la muerte son lo mismo:
+unos que se van y otros que se quedan..., unos que vienen y otros que
+están, porque vinieron antes, los cuales un día les tocará también
+ser... _idos_. Todos, señor, fuimos _venidos_, y seremos _idos_.
+
+Nada les ocurrió en Labastida digno de referencia; nada tampoco en
+Miranda, a donde llegaron al siguiente día. Vieron mucha tropa ociosa;
+no había operaciones; el ejército del Norte aguardaba que sus generales
+tuvieran un plan. Todo el interés de la guerra lo absorbían entonces
+las atrevidas expediciones de Gómez y de don Basilio. El primero se
+paseaba por las Castillas y Extremadura como por su casa, y el segundo
+regresaba a las Provincias después de haber asolado la Rioja, Soria, y
+corrídose por el riñón de Castilla hasta muy cerca de La Granja.
+
+Sin detenerse en Miranda más que lo preciso para dar pienso y descanso
+a las caballerías, continuaron Calpena y Sabas su marcha, hasta parar
+en Leciñana del Camino, lugar misero rodeado de arideces, no lejos del
+Ebro y al pie de la sierra de Turiso. Con tan buena suerte y tan a
+punto llegaron, que no hubo necesidad de indagaciones para encontrar
+al señor Gay, pues en las primeras casas del pueblo dieron con él, a
+la puerta de un herradero, en ocasión en que con otros hombrachos se
+ocupaba en calzar unos mulos.
+
+—Bonifacio —le dijo su compadre, sin más ceremonia—, venimos en tu
+busca, porque este caballero noble quiere plática contigo.
+
+Un tanto receloso y huraño en los primeros momentos, después franco
+y comunicativo, Gay, que era un hombre membrudo, como de cincuenta
+años, la cabeza blanqueada por canicie precoz, las manos ennegrecidas
+por la forja, dio los últimos martillazos en la pezuña del animal, y
+mandando traer un jarro de vino, entró con su compadre y el caballero
+en la única pieza vividera de la herrería. Atizándose tragos de mosto,
+respondió a las preguntas de Calpena con estas o parecidas expresiones.
+
+
+
+
+IX
+
+
+—¡Que si conozco al señor Negretti!... ¡Si era yo el obrero que más
+quería don Ildefonso, y a don Ildefonso le quería yo como a mi padre,
+por más que seamos los dos de la misma edad, año más, año menos! Y no
+se hallará otro, lo digo yo, que mejor entienda de todas las mecánicas
+del mundo, así como no le hay de tanta conciencia para el trabajo,
+pues a cuanto sale de sus manos o de las manos que obedecen su idea, no
+hay que ponerle pero... Es lo que el señor dice: tal hombre no cuadra
+en el servicio de aquella gente y de aquel gobierno tan eclesiástico.
+Tanto a él, como a todos los demás que no éramos de Guipúzcoa, nos
+traían entre ojos, y como por la influencia del _sacerdocio_, que
+allí siempre está de centinela, había entre nosotros tantos soplones
+y cuenteros, pronto empezaron a decir si don Ildefonso era masón
+_volterano_, que si no confesaba, que si tal... Hasta que un día, allá
+por julio, hallándonos en Durango, los mequetrefes de la Comisión
+que son los registradores de cartas, todos ellos muy aclerigados,
+legos de convento, mandaderos de monjas y _viceversa_, salieron con
+la gaita de que don Ildefonso se carteaba con ese ministro de Madrid
+que les ha limpiado a los frailes el santo pesebre... Justo, el señor
+Mendizábal. Resultado: que al maestro le llevaron preso a Tolosa,
+por delito que llaman de _ilesa majestad_. Salió a su defensa el
+infante don Sebastián, diciendo al rey que cerraba la maestranza si le
+quitaban al hombre que más valía en ella y que mejor hacía las cosas.
+Resultado: que le soltaron; pero no le dejaban vivir, y a donde quiera
+que iba le seguían dos o tres _iscariotes_, y el hombre andaba tan
+aburrido que hasta perdió las ganas de comer. Por aquellos días nos
+pusieron un comandante nuevo de director de talleres. Era una acémila
+muy aclerigada, que no entendía jota de nuestro oficio. Había sido
+seminarista, ordenado de menores; después sirvió en las guerrillas de
+Guergué, y en la corte tuvo padrinos de la camarilla frailuna que le
+hicieron capitán de golpe y porrazo; y como el rey es así, que no ve
+más que por los ojos de cuatro cebones que están siempre gruñendo a su
+lado, aún pensaba que andaba corto en su carrera el tal Gorostia, en
+lengua de ellos _acebo_, y hágote comandante de ingenieros. Pues una
+mañana estábamos trabajando como locos para terminar unas granadas,
+cuando el tal comandante le dijo al maestro que aquello estaba mal:
+trabáronse de palabras, y don Ildefonso, que es hombre de malas pulgas,
+de mucho pundonor, y tiene las manos de hierro, de tanto andar con él,
+le arreó una bofetada tan tremenda que le puso patas arriba, echando
+espumarajos por la boca. No le quiero decir a vuecencia la que se armó.
+Resultado: que a don Ildefonso le metieron preso otra vez, y venga
+consejo de guerra, y vengan papeles... El hombre, cargado, dijo que se
+marchaba, y que la culpa tenía él por haberse metido al servicio de
+cosa tan desatinada como es la facción...
+
+»Pues hay más, señor. Luego empezaron a buscarnos camorra a mí y a
+otros dos castellanos. Que si éramos de la cáscara amarga, masones o
+perdularios ateos. Yo no hacía caso, y seguía en mi trabajo. Pero un
+día me acusó un chico de Éibar de que yo había dicho no sé qué cosa de
+la Virgen..., de esas expresiones que uno suelta sin pensar, cuando no
+le sale bien un trabajo, o cuando a uno le salta una brasa a la cara
+y le quema..., pues de esas cosas que se dicen: total, nada. ¿Pero,
+Señor, yo, buen cristiano siempre, cómo había de hablar mal de la
+Virgen? Y aunque algo dijera, es un suponer, no por eso deja uno de ser
+apostólico romano, al igual de ellos. Siempre he sido devoto de Nuestra
+Señora. Aquí, colgada de mi pecho, llevo, mírela usía, la medalla de la
+Pilarica, que me puso mi madre... Pues nada, que allí salió el capataz,
+uno de Lezo, que le llaman Choriya, de esos que se comen los santos,
+y amenazándome con un martillo dijo que yo merecía que me atravesaran
+la lengua con un clavo ardiendo, por haber hablado de _peinetas_
+nombrando a la Virgen; y yo le respondí que las _peinetas_ eran para
+él, y tres más. Resultado: que me castigaron, y vino un capellán a
+echarme predicaciones, y lo mandé también a donde me pareció. Por esto,
+y porque a uno no le pagaban, resolví marcharme, y una noche me escapé
+con otros dos mozos, que también son de acá. No más, no más facción.
+Buen chasco nos habíamos llevado, pues creímos que allá ganaríamos un
+jornal lucido, por ser aquello reino _pretendiente_; pero nos salió la
+cuenta fallida, porque allí no hay más que miseria, malos tratos, y
+desconfianza de todo el que ha mamado leche castellana, como yo, que
+en tierra de Burgos, donde mismamente estampó sus patas el caballo
+de Santiago, vine al mundo. Resultado: que hemos vuelto acá sin un
+maravedí, ladrando de hambre, y ahora nos vemos en nuestra tierra mal
+mirados por haber servido a ese pavo acuático, que antes cegará que
+verse rey de las Españas.
+
+»A eso voy, sí, señor... Ya, ya entiendo que lo que le interesa conocer
+es todo lo que yo sepa al tenor de la familia del señor Negretti. Voy
+a eso: bebamos otro poco, que esto da la vida. Una de las razones por
+que deseaba volverme a mi terreno, era el no ver tasado el vino, que
+allí se lo daban a uno por medida, y harto de agua, mientras que aquí
+lo bebemos de lo mejor sin pensar en que tiene fin... Pues voy a lo de
+la familia. Una sola vez vi a doña Prudencia y a la sobrina. ¡Carachis,
+qué guapa es; vaya un golpe de ojos! Oí decir que en Madrid un señor
+príncipe estuvo loco de amores por ella, y que los padres de él, por
+quitarle de que se casara, le encerraron en una torre, donde se arrancó
+la vida; que a ella, para que se le pasara la ilusión de su príncipe,
+la trajeron acá, y qué sé yo qué más historias... ¡Ah!, ya me acuerdo:
+que la niña, a quien llaman doña Laura o cosa así, es rica, pues su
+padre le dejó mucha pedrería fina de diamantes y topacios amarillos;
+pero que tenía más _opulencia_ el príncipe su novio, el cual solo
+en tierras había de heredar media España y una porción de islas de
+mar adentro. No sé, señor: cosas que dicen los criados, y que serán
+mentira, pienso yo... Vi a la tía y sobrina en Elorrio; luego se fueron
+a Bermeo, y ya no sé más sino que don Ildefonso iba allá los sábados
+para volverse los lunes. De su paradero hoy, no puedo decirle sino que
+cuando se retiró del servicio de la facción se fue a Bilbao, donde
+vive la familia de Prudencia. No he vuelto a ver al señor Negretti, ni
+he tenido de él más noticias que lo que decía este o el otro de mis
+compañeros, hablar por hablar...
+
+—Haga usted memoria, señor Gay —dijo Fernando gozoso por lo que sabía,
+ansiando saber más—, y cuénteme todo lo que oyó, sin omitir nada, ni
+aun lo que charlaban sus compañeros sin conocimiento de causa, por
+presunciones o conjeturas.
+
+—Ahora voy... Antes diré a usía una cosa que se me había olvidado. Por
+dos veces me preguntó el señor Negretti si yo conocía algún chico de
+confianza para mandarlo de propio, con carta de interés, a Laguardia,
+y yo le contesté que a ninguno conocía, como era la verdad. Digo esto,
+porque como el señor viene de Laguardia, y según parece ha estado allí
+tres meses largos, calculo yo si aquello que me preguntó el maestro
+tendría que ver con la persona de vuecencia.
+
+—Indudablemente, el mensaje, carta, o recado era para mí; pero si al
+fin lo despachó Negretti, no llegó a Laguardia.
+
+—No puedo asegurar a usía que don Ildefonso llegara a mandar el
+propio; pero se me antoja que sí, porque había en Durango un tuerto
+recadista que iba por los pueblos con un niño Jesús pidiendo para el
+santuario de Iciar, y en aquellos días le vimos vestido con la ropa
+vieja de Negretti, y nos dijo que iba a dar la vuelta de Álava con su
+santirulico; después no le vimos más.
+
+—Tampoco pareció por allá ese mensajero. Siga, siga, que aún le queda
+mucho en la memoria.
+
+—Sigo. Pues en Durango dijeron que doña Prudencia se veía y se deseaba
+para resguardar a la niña de tantísimo pretendiente como la acosaba,
+por el aquel de su hermosura... ¡Carape, qué boca de cielo, qué gancho!
+Un capitán de barco la vio, y quedó enamorado. Dos más de Bermeo, y un
+coronel carlista, la pidieron para esposa; pero ella diz que a ninguno
+hacía caso, motivado a que no podía echar de su pensamiento al príncipe
+difunto. De esto hablábamos los amigos de don Ildefonso, y uno de
+nuestra pandilla llamado _Bachi guzur_ (_Bautista el embustero_), chico
+de mucha idea, a quien da el naipe por inventar cosas, nos decía: «Yo
+me pienso que el príncipe no se ha muerto, y que a ella le han dicho
+la mentira de la defunción para desenamorarla, porque así conviene a
+la familia; y apostaría yo a que el serenísimo galán anda de la ceca a
+la meca disfrazado, buscándola al modo de lo que pasa en las historias
+inventadas, que a mí me parecen verdad; y creo que nada de lo que rezan
+los libros es mentira, o que las mentiras son verdades que se miran por
+el revés». Nada, señor: con estas habladurías nos entreteníamos a la
+salida del trabajo, y uno decía peras, otro decía higos, y pasábamos
+el rato... En fin, señor, creo haber declarado a vuecencia todo lo que
+sé. Si algo más me viene a la memoria, se lo diré esta tarde, en el
+presupuesto de que no se vaya hasta la noche o hasta mañana.
+
+—Quisiera partir ahora mismo..., yo soy así... ¿Cree usted que
+encontraré en Bilbao al señor Negretti?
+
+—Seguro... Y si él no está, estará la familia, de contado. No tiene
+usía más que preguntar en Bilbao por la casa de los Arratias. Cualquier
+chico de las calles le dará razón. Es allí por la Ribera. No tiene
+pérdida.
+
+—¿Y esos Arratias son...?
+
+—Hermanos de doña Prudencia. Tienen barcos que andan en la mar.
+
+—Vamos, son armadores.
+
+—Y comerciantes, que traen del Norte duelas, bacalao y toneles de una
+bebida que llaman _cerveza_, más amarga que los demonios; y arman
+también barcos chicos para _la pesquería del escabeche_... Si no
+estuvieran allí don Ildefonso y su esposa y sobrina, los Arratias le
+darán razón cierta de dónde moran.
+
+Consultado Gay acerca del camino más corto y más seguro para ir de
+Leciñana a la capital de Vizcaya, manifestó que aunque lo más derecho
+era tomar la vuelta de Orduña, no le aconsejaba tal camino, por estar
+toda aquella parte plagada de facciosos.
+
+—Tú ya sabes —dijo a su compadre—. Te vas derechito por esta orilla
+del Ebro, hasta Trespaderne, y allí tiras para arriba, a esta mano.
+¿Sabes la Sierra del Gato? Pues la vas faldeando. Pasas por Cebolleros,
+Villacomparada y Villamezán, y ya estás en tierra de Mena. De allí
+a Valmaseda es como andar por una calle. Total, que puedes llevar a
+vuecencia en cuatro días, con descanso.
+
+No paraba mientes en ningún peligro don Fernando, que sin oír otra voz
+que la de su esforzado corazón, ansiaba lanzarse hacia el cumplimiento
+y remate de la empresa, por tan desgraciados accidentes entorpecida.
+Su espíritu de nuevo se inflamaba en la querencia de los actos
+maravillosos, en todo aquello que rompiese los moldes de lo común. ¡A
+Bilbao por Aura! Tal era su divisa, y ya se le hacían lentas las horas,
+pausados los minutos que tardara en realizar algún descomunal esfuerzo
+por la idea y fines que tal emblema expresaba.
+
+Ocurría esto un miércoles. El jueves por la noche entraban en
+Trespaderne, a punto que salía un destacamento de fuerzas cristinas,
+y no tardaron en informarse de que una partida que había bajado del
+puerto de los Tornos, y otra que anduvo por Peña Complacera, se
+juntaban en San Pelayo, punto muy principal del valle de Mena, para
+recorrer aquellos pueblos y llevarse cuanto encontraran. A todos
+los trajinantes que iban en tal derrotero encarecía el alcalde de
+Trespaderne la conveniencia de que se detuvieran dos o tres días hasta
+que la situación se despejase. Insistía Calpena en continuar al
+siguiente día su camino; pero tales razones le dio Sabas, apoyado muy
+cuerdamente por el alcalde, hombre tosco y de buen sentido, que hubo de
+resignarse, pataleando, a una corta espera, que aseguró no pasaría de
+veinticuatro horas. La realidad, no obstante, impuso mayor detención,
+y hacer acopio de paciencia. El mesón o parador en que se habían
+instalado era de lo peor del género, similar de las famosas ventas
+manchegas: la única estancia que ofrecía relativa comodidad ocupábala
+Calpena; y no sabiendo este qué hacer en el largo aburrimiento y
+plantón fastidioso, pidió tintero y pluma, pues desde que salió de
+Laguardia le había entrado una viva comezón de escribir. ¿A quién? A
+los tres puntos cardinales de su afecto: al norte, Negretti y Aura,
+los amigos de Laguardia al este, al sur los de Madrid. La náutica rosa
+de aquel corazón no tenía occidente... Como la querencia del sur había
+tomado en él extraordinaria viveza, por el camino redactó mentalmente
+multitud de cartas dirigidas a la misteriosa deidad que le protegía,
+haciéndole suyo en el presente y en el porvenir. En posesión ya de
+los avíos de escribir, se dijo, preparándose de papel: «Lo primero a
+_ella_...». Pero con toda su aplicación, no pudo pasar de la primera
+línea: «Mi señora desconocida...», fórmula que varió hasta lo infinito,
+sin encontrar la más apropiada. «Señora incógnita, mi muy amada
+protectora...». Y luego de encontrada la fórmula, ¿qué le diría? En
+estas perplejidades, mirando al papel, mordiendo las barbas de la
+pluma, encontrole Sabas, que subió a decirle presuroso:
+
+—Ahí está ese señor... Oiga las voces que da, y el ruido que arman sus
+criados y caballerías. Es el viejo Urdaneta, don Beltrán de Urdaneta,
+¿sabe, señor?, el abuelo del don Rodrigo que esperaban en Laguardia con
+toda su familia... Verá qué viejo más salado. Va también hacia Mena,
+donde está su hija, casada con el mayorazgo de Maltrana.
+
+
+
+
+X
+
+
+—¡Al demonio tú y don Beltrán! Me has asustado. Creí que se trataba de
+otra persona. ¡Si yo no conozco a ese viejo, ni le he visto en mi vida!
+
+—Pues ahora tendrá por fuerza que verle y que tratarle, porque es
+parroquiano antiquísimo de este mesón, y en él para desde el siglo
+pasado, siempre que va y viene. Como el único cuarto decente es este,
+él tiene costumbre de ocuparlo: el mesonero le ha dicho que se acomode
+aquí con el señor, que también es persona de la grandeza de España.
+
+—No quiero —dijo Calpena, a quien molestaba en aquella ocasión hacer
+conocimientos—. Me iré a un pajar, y que venga ese don Beltrán o don
+Cuerno a ocupar su aposento.
+
+Y cuando se levantaba, decidido a escabullirse antes que el nuevo
+huésped llegara, ábrese la desvencijada puerta y penetra un simpático y
+noble anciano, de buena estatura, algo rendido al peso de la edad, de
+afable rostro y modales finísimos, revelando en todo el alto nacimiento
+y el refinado trato social.
+
+—Perdone usted, señor mío, esta invasión de su aposento. La edad nos
+da privilegios bien tristes. No quiero, no, desalojarle..., no faltaba
+más. Me atrevo a proponerle que, pues en nuestro _hotel_ no hay más que
+una estancia, la compartamos los dos como buenos amigos. Ni usted me
+estorba, ni yo he de estorbarle; y sabiendo ya con quién he de vivir
+veinticuatro horas, solo añado que es para mí gran satisfacción la
+compañía de persona tan principal.
+
+Correspondiendo Fernando a la cortesanía del insinuante viejo, propuso
+retirarse dejándole toda la pieza, para mayor comodidad y desahogo; a
+lo que contestó don Beltrán que por ningún caso lo aceptaría.
+
+—Respondo de que, a poco que nos tratemos, mi compañía no ha de serle
+a usted desagradable, pues a mí, que hoy le veo por primera vez, me
+encanta ya la suya.
+
+A un movimiento de sorpresa interrogativa del joven, dio respuesta con
+estas palabras:
+
+—No nos conocemos y nos conocemos, señor de Calpena, porque ha de
+saber usted que vengo de Laguardia, donde he dejado a mi nuera y a mi
+nieto, y en las veinticuatro horas que allí me detuve, no han cesado
+aquellas buenas personas de hablarme de usted. El cura Navarridas y las
+niñas de Castro estiman a su huésped en todo lo que vale. Ya sé, ya
+sabemos todo..., por qué serie de accidentes fue usted a parar allí,
+el servicio que prestó a las niñas, su conducta valerosa, gallarda...
+Y como al propio tiempo sé que don José María le habló a usted de mí,
+démonos por recíprocamente presentados, y tengámonos por amigos de
+larga fecha..., digo, larga no, porque es usted casi un niño.
+
+Decía esto, tomando asiento, después de despojarse de su abrigo de
+viaje. Sin dar tiempo a que Fernando le expresara su agrado por tantas
+amabilidades, le dijo, reparando en el papel y tintero:
+
+—Si estaba usted escribiendo, puede seguir. Tome la silla, y pues no
+hay otra, yo me pasearé en el domicilio común mientras usted escribe.
+
+—No, señor: solo por matar mi aburrimiento pensé escribir..., pero
+ahora que tengo compañía tan grata, quédese para mañana la escritura...
+
+—Pues si usted no escribe, le propongo que nos vayamos a la cocina,
+donde tenemos un buen fuego, y estaremos muy bien. Siempre que paro
+aquí, me paso las horas junto al hogar, en compañía de estas gentes
+sencillas y honradas, y de los gatos y perros. Ya me conocen hasta los
+animales.
+
+—También a mí me gusta engañar las horas en las cocinas de los pueblos,
+mirando las llamas del fogón, sintiendo el hervir de los pucheros, y
+echando un párrafo con los aldeanos. Vamos, vamos, señor don Beltrán.
+
+—Deme usted el brazo, joven, que no me hace gracia, a mis años, tomar
+medida a estas desvencijadas escaleras. ¡Qué recuerdos tiene para mí
+esta casa! No le exagero a usted si le digo que he parado en ella
+unas sesenta veces. La primera, no hace nada de tiempo... el año
+780, yendo con mi padre a una cacería, invitados por mi pariente el
+condestable, el padre de Bernardino Frías, a quien usted conocerá; la
+segunda, cuando llevamos a mi hermana a profesar en las franciscanas
+de Medina de Pomar; la tercera..., ni me acuerdo ya. Por aquí pasé
+para llevar a mi hija Valvanera a sus bodas con Maltrana, y a casa de
+mi hija voy también ahora. La fecha de aquel casamiento es de las que
+no se olvidan. En este parador, cuando íbamos a Villarcayo, nos dieron
+la noticia de la batalla de Bailén... En fin, pasé también el 28,
+huyendo de las bandas apostólicas, y había pasado el 23, por evitar un
+encuentro con las tropas de Angulema. Íbamos hacia la frontera Osuna y
+yo, el duque viejo (padre de estos chicos), Pedro Alcántara y Mariano,
+y tuvimos que dar un largo rodeo para tomar un barco que salía de
+Santoña, y nos llevó a La Rochelle... En fin, mi vida es muy larga, y
+en ella no faltan peripecias.
+
+Tomaron posesión del mejor banco de la cocina, junto a la mesa de
+castaño, y don Beltrán anunció alegremente que había mandado asar un
+cordero y preparar ajilimójilis.
+
+—Esta llaneza —dijo gozoso— me encanta; estas comidas elementales y
+primitivas son mi delicia. O esto, o los refinamientos de la cocina
+parisiense. Y en cuanto a la sociedad, o la más alta, o la de estos
+infelices, reforzada por los gatos y perros, que ya tiene usted aquí,
+buscando mis halagos.
+
+En efecto: uno de los dos michos de la casa, se le había subido en el
+brazo, y el otro se rascaba contra sus piernas. Dos magníficos lebreles
+le hacían la guardia a un lado y otro de la silla.
+
+—A mí, señor don Fernando —continuó—, no me dé usted términos medios.
+O los palacios resplandecientes de lujo, o esta humilde cocina. Y en
+cuestión de bello sexo, que siempre fue una de mis más caras aficiones,
+o las damas encopetadas, o estas gallardas bestias campesinas... Que
+nos traigan vino blanco, que aquí lo hay superior. Chica, llévate
+esto, y dile a Ginés que si no tiene vino blanco, que mande por él
+inmediatamente a casa de Sopelana.
+
+—Lo hay, señor marqués —dijo la moza—, y ahora mesmito se lo traigo.
+
+—Pues date prisa, que aunque no me atiendas a mí por viejo... (¿Tú
+sabes lo que dijo Carlos V..., no este Carlos V, sino el otro?...
+Luego te lo diré...). Pues si a mí no me atiendes, porque soy un pobre
+vejestorio inservible, no harás lo mismo con este caballero tan guapo.
+
+—A fe mía que lleva usted bien sus años, señor don Beltrán —dijo
+Calpena—. Conserva usted su agilidad, su buen humor, con las prendas
+todas del caballero de raza.
+
+—¡Oh! no, amigo mío: ya estoy muy acabado; ya no soy ni sombra de lo
+que fui. Verdad que no me falta la cabeza, y discurro como en mis
+mejores tiempos; pero la vista se me va. Hay días en que no veo tres
+sobre un burro, y si sigo así, pronto quedaré ciego. Esto me aflige,
+porque me he propuesto llegar a los noventa. Respecto de mi edad, habrá
+usted oído mil leyendas. Hay quien cree que he cumplido el siglo, y
+que me rebajo... Patraña: hace lo menos diez años que renuncié a ese
+inocente coquetismo.
+
+—No representa usted —dijo Calpena queriendo halagarle— arriba de
+setenta..., setenta y dos todo lo más.
+
+—¡Ay, qué lisonjero y qué _bon enfant_! No, hijo..., aumente usted un
+poquito, y llegue hasta los setenta y ocho. Sí señor: yo vine al mundo
+en la noble ciudad de Olite, en 1758. Eche usted una mirada a todo lo
+que comprende el espacio entre esa fecha y este pícaro 36. Sí señor, en
+1758: le llevo once años a Napoleón y a Wellington, que nacieron el 69;
+Mozart era más viejo que yo en dos años, y Schiller un año más joven.
+Goya, mi amigo, el pintor celebérrimo, me llevaba doce años, y yo le
+llevo nueve a don Manuel Godoy. Como Napoleón, otras celebridades que
+ya se han muerto, Beethoven, Moratín, Talma, eran mucho más jóvenes que
+yo...
+
+—¡Qué prodigiosa memoria!
+
+—No diga usted memoria; diga usted años. Cuando uno va de capa caída,
+se entretiene en ajustar estas tristes cuentas, en comparar vejeces...
+Consolemos, yo mis cansados años, usted los suyos verdes, con este
+vinito blanco... ¡Ah, señor de Calpena!, habrá usted pasado en la casa
+de Castro una temporada agradabilísima...
+
+Ponderó Fernando con frase entusiasta las excelencias de la vida en
+aquella señoril y opulenta mansión, y al panegírico que hizo de sus
+habitantes, asentía don Beltrán entornando los ojos y paladeando el
+vino.
+
+—Sí, sí..., las niñas son dos ángeles, Demetria un prodigio, Navarridas
+un santo, tan cariñoso, tan servicial..., aunque a veces el exceso de
+su amabilidad resulta un poquitín enfadoso, ¿verdad? Y en cuanto a doña
+María Tirgo, que es otra santa, otro prodigio, otro ángel, no dudo que
+le habrá mareado a usted más de la cuenta, hablándole de linajes, su
+ciencia y su manía.
+
+—Algo me hizo ver la señora de sus conocimientos genealógicos: por
+ella estoy bien enterado de la nobleza de los Urdanetas e Idiáquez.
+De los entronques con las primeras casas de Aragón y Navarra resulta
+que llevan ustedes sangre de mil y mil varones insignes, y de santos
+gloriosos.
+
+—Sí, sí: no falta parentela ilustre por los cuatro costados —dijo
+gravemente don Beltrán, con cierto desdén de buen tono hacia las
+humanas grandezas—. También nos vanagloriamos de que muchos de nuestra
+sangre estén en los altares... Y esta vena de la santidad no creo yo
+que se haya extinguido en mi familia.
+
+—También supe por doña María y su hermano —prosiguió Calpena— el
+proyecto de enlazar familia tan ilustre con la también noble y poderosa
+de Castro-Amézaga, casando a su nieto de usted, el señor don Rodrigo,
+con ese espejo de las doncellas, Demetria, de quien solo con nombrarla
+creo hacer el más cumplido elogio.
+
+—Oh, sí: la niña es una monada, y da gusto verla jugando a la
+administración.
+
+—Pues, por lo que me han dicho, para encontrar quien en virtudes y
+mérito pueda igualar a tal niña, han tenido que pedir un esposo a la
+casa de Idiáquez.
+
+—Sí, sí... —murmuró con Beltrán indiferente, pensativo, dejando correr
+su mente por espacios distantes.
+
+—Y solo en ella se ha encontrado un varón digno de tal hembra.
+
+—Sí, sí...
+
+—No puede usted figurarse los encarecimientos que de su señor nieto de
+usted, don Rodrigo, me han hecho los hermanos Navarridas.
+
+—Sí, sí... La fama no hay quien se la quite... Posee cualidades,
+indudablemente, grandes cualidades... ¿Qué duda tiene?... Juicioso,
+grave, reposado... cumplidor de todos los preceptos...
+
+Grande fue la sorpresa de Calpena ante la frialdad de don Beltrán en
+aquel asunto, pues esperaba todo lo contrario: que al noble anciano
+se le caería la baba en demostración de su orgullo por ser dos veces
+padre del prodigioso marqués de Sariñán. Notó además en el buen
+señor contrariedad o disgusto, deseo de hablar de otra cosa. Su cara
+inteligente habíase alargado; parecía más viejo, por la desaparición de
+la sonrisa que le rejuvenecía. Dos suspiros hondos salieron de su pecho.
+
+Sentíase Calpena devorado de abrasadora curiosidad, y anhelando
+satisfacerla, se dijo: «Aquí hay algún secreto, quizás discordias de
+familia. ¿Qué será? He de tirarle de la lengua a este vejete para
+poner a prueba su discreción». Pensando así, no cesaba de observar a
+Urdaneta, que en aquel instante hablaba paternalmente con un pobre
+aldeano. No había visto nunca Fernando rostro tan expresivo, de tanta
+movilidad y viveza, máscara de consumado histrión que _interpreta_ las
+agudezas y marrullerías así como las benevolencias seniles. De todo
+había en la cara de don Beltrán, finamente aristocrática, de líneas
+un tanto angulosas ya, por causa de la vejez. Calpena recordaba las
+imágenes que había visto de Voltaire, de Talleyrand, del abate L’Épée.
+
+Las horas se deslizaron plácidas en la cocina, gozando don Beltrán
+las delicias de su popularidad en aquellas tierras. No cesaban de
+entrar aldeanos a saludarle, y él, dando a besar su mano, a todos les
+trataba con afabilidad exquisita de gran señor que sabe mantenerse en
+su puesto, mostrándose bondadoso y familiar con los humildes. Admiró
+Fernando la gracia y flexibilidad con que adaptaba su lenguaje al de
+aquellos infelices, y pudo observar que no era todo buenas palabras,
+pues cuando alguno de los visitantes se condolía de su precaria
+situación, echaba mano don Beltrán a su culebrina de seda verde, y allí
+era el salir de monedas. Para los chicos llevaba siempre provisión de
+cuartos, que profusamente repartía. A pesar de pertenecer el noble
+anciano a lo que podríamos llamar el _siglo de las tabaqueras_, no
+había gastado nunca rapé. El contemporáneo de Napoleón, de Haydn y de
+Luis XVIII, anticipándose al siglo siguiente, fumaba, y de su repuesto
+de buenos cigarros puros y de papel, liados en una vejiga olorosa,
+participaba todo el mundo, chicos y grandes. A este rumbo y gallardía,
+arte supremo de ser aristócrata en medio de la plebe, que poseen tan
+pocos, debía su popularidad en todo el país, desde Zaragoza a las
+Fuentes del Ebro, y desde el Pirineo al Moncayo.
+
+Despachado entre nobles y villanos un sabroso cordero con ajilimójilis,
+trató Calpena de sonsacar a don Beltrán alguna revelación que
+aclarase el punto oscuro que aquel había creído ver en la familia de
+Idiáquez-Urdaneta; pero el sagaz viejo esquivaba el bulto, sin soltar
+prenda. Cuando subían a su aposento para recogerse, don Beltrán,
+apoyándose en el brazo de Calpena, dijo a este:
+
+—¡Ay, querido!, me acuerdo en este momento de que existe una razón
+poderosísima para que no durmamos los dos en el mismo cuarto. No se me
+había ocurrido antes... ¿No adivina usted lo que es?... Pues que ronco
+estrepitosamente..., toco la trompa y el violín, imito el trueno y el
+gallo..., según me han dicho, que yo no me oigo..., y con mis ronquidos
+no podrá usted pegar los ojos en toda la noche.
+
+Fernando replicó que no le importaba, aunque, la verdad, no le hacía
+maldita gracia la música, que con programa y todo le anunciaba su amigo.
+
+—No, no —añadió este—, no consiento que duerma usted aquí. ¡Buena noche
+le voy a dar!... ¡Sabina, Gervasia, chicas!...
+
+Acudieron a sus voces el mesonero y las mujeres de la casa, y don
+Beltrán, que allí no pedía, sino mandaba, les dijo:
+
+—Chicas, dejad vuestra habitación a este caballero. Podéis, por una
+noche, dormir las muchachas con Sabina, y tú, Ginés, bien lo puedes
+pasar en la cuadra. Accedieron aquellas pobres gentes a lo que el
+prócer disponía, y Urdaneta, mientras su paje le desnudaba, ya
+preparado el lecho con buen abrigo, bromeó con don Fernando:
+
+—La solución no ha podido ser más oportuna. Ventajas para mí: que no
+estaré cohibido, y podré desplegar toda mi orquesta, seguro de no tener
+público. Ventajas para usted: que no oirá mis acordes, lo primero; lo
+segundo, que siendo a mi parecer sonámbula una de las mozas, la más
+bonita por cierto, es fácil que se le meta a usted en el cuarto a media
+noche... Vaya, divertirse... Querido, hasta mañana.
+
+
+
+
+XI
+
+
+Lo que menos pensaba don Fernando, al entrar en el cuarto que le
+dispusieron, era que aquella misma noche y por inesperado conducto
+había de conocer algunos hechos que le descifraban el enigma de la
+familia de Idiáquez.
+
+—Señor —le dijo Sabas cuando entró a prestarle servicio de ayuda de
+cámara—, si no tiene mucho sueño le contaré los chismorreos de la casa
+de don Beltrán que me ha estado refiriendo su espolique Tomé, el cual
+habla por siete, y se pirra por sacar a relucir las... cosas de sus
+amos.
+
+—Cuéntamelo, por Dios, aunque ello sea tan largo que no acabes hasta
+mañana, y procura que nada se te olvide de esas hablillas de tu amigo,
+sin reparar que sean mentira o verdad.
+
+—Pues sabrá su merced que este vejete salado y su nieto don Rodrigo
+están a matar. Don Beltrán ha sido toda su vida un disipador de lo suyo
+y de lo ajeno; como que no ha hecho más que divertirse y darse buena
+vida en los Parises y otras tierras de vicio. En cambio, su nieto ha
+salido tan allegador y de puño tan cerrado, que no hay más que pedir.
+Vea su merced trocados los papeles: el viejo pródigo y manirroto, como
+un muchacho que está en la edad del gastar; el chico agarrado a la
+cuenta y razón, como un viejo que mira por el orden y la hacienda.
+Me nacieron los dientes oyendo decir que don Beltrán ha sido y es el
+primer calavera del reino, y que se ha pasado la vida en comilonas,
+cacerías, recreos y larguezas de príncipe, con mucho aquel de buenas
+mozas, y viajes para acá y para allá. El lujo de su casa y los trenes
+que tenía daban que hablar, señor. Verdad que otro más generoso y más
+galán no le hubo: él se divertía; pero lo pagaba bien. Y a su puerta no
+llegó ningún pobre que se fuera desconsolado. Semejante a don Beltrán
+en lo dadivoso, aunque menos caballero, fue su hijo don Federico, a
+quien llamaban _don Fatrique_ o _don Futraque_; y entre uno y otro
+dejaron en los huesos la casa de Urdaneta, tan poderosa antes...,
+la cual quedó hecha polvo; y con los restos de ella, y el caudal no
+grande, pero limpio, de los Idiáquez, ha podido doña Juana Teresa,
+marquesa de Sariñán, esposa del _don Futraque_ y madre del don Rodrigo,
+amasar una fortunita, que es la que hogaño quieren hijo y madre
+librar de las manos pecadoras de este vejete... Desde la muerte del
+don Federico, la señora viuda y el marquesito ataron corto al abuelo.
+Este rezongaba; ¿pero qué remedio tenía más que bajar la cabeza? Cada
+poco tiempo, gran pelotera en la familia, porque don Beltrán pedía
+ocho para sus necesidades y no le daban más que tres. Si corto le ató
+la señora, más corto hubo de atarle el nieto al llegar a la edad de
+gobierno, y al hacerse cargo de manejar el caudal. Cada día le daban
+a don Beltrán menos _de aquí_, y el pobre señor, con el aguijón de sus
+vicios rancios, trinaba y se le comían los demonios. Había venido a ser
+un niño, el niño de la casa, el señorito juguetón y travieso a quien se
+dan los domingos unas pesetillas mal contadas para que se divierta. A
+la postre, viendo que no podían hacer carrera de él, y que cuanto más
+le daban, más pedía, le privaron de emprender viajes, quitáronle coches
+y caballerías, y hasta le tasaron el tabaco... Tan desesperado se vio
+el niño anciano, que fue y quiso despeñarse por una gran sima que hay
+más allá de Cintruénigo; pero... lo dejó para otro día. Y también se
+fue una noche hacia el Ebro para darse un remojón; solo que por estar
+el agua muy fría, no se determinó.
+
+Lo demás que refirió Sabas, repitiendo los anales transmitidos por el
+cronista de la casa de Idiáquez, Tomé Torres, quedó bien presente en la
+memoria de Calpena, que con aquellas noticias se durmió, aplacada la
+sed de su curiosidad. Cuando se veía don Beltrán en extremas apreturas,
+porque sus proveedores le fiaban y no hallaba medio de pagar, tomaba
+dinero a préstamo, pues por artes del demonio su crédito era grande
+en aquellos pueblos, y la casa no tenía más remedio que pagar las
+deudas contraídas por el gran niño, para evitar desdoro y escándalos,
+resultando de aquí mayores disturbios entre los tres, abuelo, nuera y
+nieto. Últimamente, al tratarse en familia el magno asunto de la boda
+con la mayorazga de Castro, iniciado por doña María Tirgo, don Beltrán
+no intervino para nada. Mostrose después algo inclinado a la oposición;
+pero su nieto lo estimó como un artificio para obtener dinero, y se
+mantuvo en sus trece, dejando al anciano que saliese por donde le
+dictasen sus marrullerías. El venir a Laguardia con la familia, no fue
+por acompañarla en las vistas precursoras de matrimonio, ni por gusto
+de visitar a las niñas y a sus tíos, con quienes tuvo siempre amistad.
+Era que el noble Urdaneta, cuando los de Cintruénigo le sitiaban por
+hambre, arrancábase como los lobos en tiempo de nieve. Del primer tirón
+se iba a Villarcayo a que le sacase de apuros su hija Valvanera, esposa
+de un ricachón: allí pasar solía grandes temporadas explotando a su
+yerno, hasta que este y la hija se cansaban, y con buenos modales le
+reexpedían para Ciutruénigo.
+
+Con su servidumbre salieron los tres de la casa señorial y tomaron el
+camino de Laguardia. Don Beltrán se había procurado algún dinero, no
+se sabe cómo, y llevaba su tren de costumbre: mula bien aparejada, los
+criados con las maletas, y cuanto pudiera necesitar un gran señor que
+viaja por recreo. En Laguardia hicieron alto los marqueses de Sariñán
+y el señor de Urdaneta, con el objeto que ya se sabe. Alojados en la
+rectoral, no faltaron querellas entre el abuelo y el nieto por la
+eterna cuestión de ochavos; mas todo quedó en la familia, sin que
+Navarridas se enterara. Instaba este a don Beltrán a que se quedase por
+lo menos una semana; pero el prócer, pretextando negocios apremiantes
+y el deseo ardiente de abrazar a su hija y nietos de otra banda, dejó
+los ocios de Laguardia al día y medio de reposo. Cabalgando a los
+alcances de Calpena por los mismos caminos, reuniéronse en la venta
+de Trespaderne, donde ocurrió lo que referido queda hasta la noche
+en que mudaron de cuarto a Fernando para evitarle la desazón de los
+ronquidos. Durmió tranquilamente el joven, sin que turbase su sueño el
+sonambulismo de la moza bonita, como anunciado le había don Beltrán, y
+por la mañana, cuando Sabas le ayudaba a vestirse, entró Tomé Torres
+a decirle de parte de su señor que le esperaba para tomar juntos el
+desayuno.
+
+—¿Y para cuándo —dijo Calpena a su noble amigo, sentados frente a
+frente en la cocina, tomando chocolate—, para cuándo calcula usted que
+se verificará la boda?
+
+—¿Qué boda?
+
+—La de su nieto con Demetria. Supongo que de las vistas saldrá la
+conformidad de ambos...
+
+—O no... ¿Usted qué sabe? Podría suceder que el trato determinara una
+repulsión, un antagonismo de caracteres... Perdóneme, querido Calpena;
+pero no puedo ser más explícito. El respeto que debo a la familia
+me veda extenderme más en asunto tan delicado... Y si usted no se
+ofendiera, le diría que nuestra amistad es muy reciente para que pueda
+yo ponerle en autos de mis desavenencias con Rodrigo. Mi nieto y yo no
+congeniamos. Su carácter es radicalmente opuesto al mío... En cuanto a
+la boda, no pienso intervenir para nada en ella. Allá se entiendan.
+
+—¿Acaso teme usted que don Rodrigo no sea feliz?
+
+—Quizás... y puesto a temer, no estoy muy seguro de que Demetria
+alcance la felicidad al lado de mi virtuoso nieto.
+
+—¡Oh! Eso es imposible.
+
+—O es usted un inocente, querido Fernando, o se pasa de listo y
+pretende de mí que le diga lo que sabe mejor que yo.
+
+—Don Beltrán, ignoro por qué me habla usted de ese modo.
+
+—¿Quiere las cosas claras? Pues allá van las cosas claras. Me
+equivocaré mucho si no resultara el completo fracaso de los planes de
+doña María Tirgo. Soy perro viejo; conozco el mundo, y el corazón de
+las niñas casaderas no tiene para mí ningún secreto. El fracaso puede
+venir, o porque Demetria no guste de mi nieto, o porque esté enamorada
+de otra persona.
+
+—¡Oh, no creo...!
+
+—Pues si es usted simple, yo no, a Dios gracias, y ahora sí que lo
+afirmo resueltamente. Demetria no puede elegir ya. Su corazón pertenece
+a otro.
+
+—¡Don Beltrán...!
+
+—¡Don Fernando! Advierta usted que habla con setenta y ocho años de
+experiencia, de observación y conocimiento de las humanas pasiones. Me
+basta una palabra, un gesto; me basta el tono, el acento de una frase,
+para comprender lo que pasa en el ánimo de quien la pronuncia... He
+pasado un día en la casa de Castro. Allí me contaron sucesos, escenas,
+lances, aventuras... Las he oído de boca de Navarridas, que las reviste
+de su candor. Las he oído de boca de las niñas, que en ellas ponían
+su alma. No he necesitado más. Salí de Laguardia con la impresión de
+que Demetria espiritualmente no se pertenece. La pobre niña, sin darse
+cuenta de ello quizás, ha entregado sus pensamientos y su alma toda
+a un hombre que no es mi nieto... Ea, no digo más: es usted un gran
+tuno, si persiste en que yo le regale el oído con mis cuentos de viejo
+corrido. También usted corre que se las pela. A su edad, sabía yo lo
+mismo que sé ahora o poco menos... Y punto final. Hablemos de otra cosa.
+
+—Hablemos de lo que usted quiera.
+
+Trataron en seguida de la continuación del viaje. Calpena mostró gran
+impaciencia. Don Beltrán no tenía prisa. Su opinión era que esperaran
+tres días más, para ir más seguros. Como don Fernando manifestase el
+propósito de seguir solo, le dijo quejumbroso:
+
+—Lo siento en el alma, porque me inspira usted una gran simpatía. ¡Y yo
+que iba a proponerle que se pasara unos días en Villarcayo! Verá usted
+qué agradable familia la de Maltrana. Tengo dos nietas lindísimas.
+
+—No puedo, señor don Beltrán, no puedo detenerme. Créame que lo siento.
+
+—Sí, sí, ya recuerdo: me contó Navarridas que tiene usted su novia
+en Bermeo, o no sé dónde..., que es un compromiso antiguo, un afecto
+hondo, un lazo indisoluble. ¿Qué es ello? Alguna pasión de estas
+que nos ha traído el romanticismo. Cuéntemelo usted todo. Siento
+que mis años, y más que mis años, esta ceguera maldita, me impidan
+acompañarle..., asistirle como amigo, ver y admirar a su amada, que me
+figuro será muy bella.
+
+—Todo cuanto usted imagine, señor don Beltrán, será pálido ante la
+realidad de esa hermosura pasmosa.
+
+—Mire usted que yo he visto mucho... Por delante de estos ojos,
+que ahora se empeñan en borrarme los objetos, han pasado bellezas
+verdaderamente soberanas, bellezas celestiales..., sublimes.
+
+—Con todo, si usted viera esta, declararía que antes no había visto
+nada.
+
+—Hombre, es mucho decir... Me pica usted la curiosidad de un modo
+terrible.
+
+Y al expresar esto, el rostro de don Beltrán se rejuvenecía: se le
+encandilaban los ojos, medio ciegos ya, y se le aguaban los labios.
+
+—Lo que sí estimaré en grado sumo, recibiendo en ello la mejor prueba
+de su amistad, es que no nos separemos hasta Villarcayo.
+
+—Si no se detiene usted mucho en el camino, para mí será gran
+satisfacción.
+
+—Gracias... Y yo le compensaré a usted su esclavitud refiriéndole los
+motivos de mis discordias con Rodrigo de Urdaneta; seré más explícito
+en mis apreciaciones acerca del probable fracaso de las vistas de
+Laguardia; aventuraré algún consejo para que se aproveche de ese
+fracaso quien debe aprovecharse..., ya usted me entiende... En fin, ¿se
+aviene usted a que vayamos juntos?
+
+—Sí, señor; pero no accedo a permanecer en Villarcayo más que horas.
+
+—Bueno..., ya se verá eso... Hoy pasaremos aquí el día tranquilamente,
+charlando de nuestras cosas. Pero, voto a Sanes, no sea usted tan
+callado, ni me reserve sus afectos, sus planes, sus pasiones con tan
+extremada discreción. La juventud se ha vuelto ahora más taciturna y
+sombría que la vejez. Volvamos a los tiempos clásicos, amigo Calpena,
+y pongamos todos los misterios del alma encima de una mesa y entre dos
+copas de buen vino.
+
+Propuso Calpena dar un paseo; pero como el cariz del tiempo anunciaba
+lluvia, quedáronse, después de una corta salida, al amor del fogón, en
+la cocina hospitalaria, acompañados de gatos y perros, viendo a Sabina
+y Gervasia mover cacharros y atizar la leña crujiente.
+
+—Amigo mío —dijo don Beltrán, refrescando memorias de su mocedad
+borrascosa—, mi experiencia cree prestar a su juventud un gran
+servicio, enseñándole con mi ejemplo a poner frenos a la imaginación,
+a no abandonar lo cierto por correr tras lo dudoso. ¿No me entiende?
+Pues oiga un poquito de historia personal mía, que se relaciona con
+la historia del mundo. El año 795 me fui a París en persecución de
+una hermosura sorprendente, de esas que parecen hechas por Dios para
+trastornar a la humanidad, para quitarnos el poquito seso que nos queda
+después de las revoluciones y degollinas que armamos por las ideas, por
+el pan o por el poder...
+
+—Dispénseme, don Beltrán. Ha dicho usted el 95. Me había contado
+Navarridas que estuvo usted en París de secretario de la embajada el
+89, y que presenció parte de la revolución francesa.
+
+—Es verdad. Lo tomaré desde más arriba. Yo me casé el 87 con una
+ilustre dama, sobrina del duque de Granada de Ega; enviudé el 88,
+al mes de haber nacido mi único hijo Federico; deseando aventar mis
+penas, pedí a Aranda que me destinase a una embajada y, en efecto,
+fui nombrado segundo secretario de la de París. Todos los sucesos de
+la revolución, desde los Estados Generales hasta junio del 91, en que
+el rey fugitivo con su familia fue detenido en Varennes y llevado
+prisionero a París, los presencié. Retirose la embajada, y casi todo
+el personal volvió a España, y en España y en mis estados permanecí yo
+hasta el 95... Como no es mi objeto contarle a usted aquel incendio
+terrible, la Revolución, voy a mi cuento, y lo sigo repitiendo que el
+95 me fui a París en persecución de una hermosura sobrehumana, a quien
+conocí en Zaragoza en casa de mis primos los condes de Bureta.
+
+
+
+
+XII
+
+
+—Adelante. Loco de amor fue usted a París...
+
+—En pleno Directorio, hijo mío. ¡Qué distinto de aquel París del 88,
+tan aristocrático, tan tónico y elegante, en medio de los sustos que ya
+ocasionaba la revolución incipiente!... Pero, ¡ay!, querido, se me ha
+olvidado un detalle, y tengo que volver un poquito atrás.
+
+—Volvamos... Salió usted de Zaragoza...
+
+—Despreciando un partido de segundas nupcias que me arregló mi buen
+padre...
+
+—¿Y era hermosa, don Beltrán?
+
+—Agradable, esbelta, mayorazga riquísima, de familia noble, bien
+educadita, hacendosa. En fin, una alhaja, querido, incomparable para
+una vida de descanso, de opulencia prosaica, con probabilidades de
+larga sucesión, y mucha labranza, recreos de campo y caza... Pero yo no
+estaba por la prosa. Mi padre quiso sujetarme. Yo me escapé a París,
+como digo, y aquí viene la moraleja...
+
+—¿Tan pronto? Según eso, la hermosura ideal que usted perseguía...
+
+—Era un fantasma, y los fantasmas hacen la gracia de no dejarse coger.
+A los tres meses de revolver todo París buscándola, pues la vida y
+las circunstancias especialísimas de aquella mujer la rodeaban de
+misterios, la encontré, sí... En una palabra: la que para mí más que
+mujer era una diosa, la que en España me juró amor eterno, se había
+casado con un jefe de policía, protegido de Barras.
+
+—¡Demonio! Pues con la policía parisiense no jugaría usted, don
+Beltrán, si es que persistió en perseguir a la beldad fantástica.
+
+—Persistí: soy navarro. Cultivando mis antiguas relaciones, y
+mariposeando de salón en salón, llegué a ser uno de los predilectos en
+el de madame de Beauharnais. Por cierto que... No, no olvidaré la noche
+en que vi entrar por primera vez a un joven militar, melenudo y pálido,
+de menos que mediana estatura.
+
+—Ya le veo, ya...
+
+—Era un _chico que prometía_. Al poco tiempo, la dueña de la casa, que
+era una gran coqueta, para que usted lo sepa, una coqueta saladísima y
+temible, atroz, enloqueció al chico de Córcega. Barras no influyó poco
+para que se casaran... Pues sigo mi cuento. Conté mi triste historia a
+Josefina, y Josefina se la contó a Napoleón. A poco de salir este para
+mandar el ejército de Italia, la generala Bonaparte dio en protegerme,
+interesándose vivamente en mi causa amorosa. La hermosura fantástica
+no tardó en aparecer en los salones de Josefina.
+
+—Y allí...
+
+—Sí; pero ya el espectáculo del libertinaje parisién me había arrancado
+toda ilusión. La prodigiosa hermosura se me deshizo en humo..., no sé
+cómo expresarlo. La sociedad del Directorio transformó completamente
+mis gustos. ¿Quiere usted que lo cuente todo? Pues Josefina me agradaba
+extraordinariamente, y acabó por enloquecerme.
+
+—¿Y sé atrevió usted, don Beltrán?
+
+—¿Que si me atreví? A fe que era la niña asustadiza. Créalo usted:
+Napoleón era celosísimo, y algunos, no diré muchos, algunos motivos
+tenía para ser tan escamón... Y ya no le cuento nada más, porque es
+usted un niño, y los malos ejemplos no convienen a las imaginaciones
+juveniles, exaltadas. Basta, pues, basta...
+
+—Corriente. Respeto sus escrúpulos. Pero debo decirle que la lección
+que ha querido darme no encaja en el caso mío: no hay paridad.
+
+—Eso usted lo verá... Mire, hijo, cuando el destino nos pone al pie
+de un árbol de buena sombra, cargado de fruto, y nos dice «siéntate
+y come», es locura desobedecerle y lanzarse en busca de esos otros
+árboles fantásticos, estériles, que en vez de raíces tienen patas..., y
+corren... Yo desobedecí a mi destino, y por aquella desobediencia, no
+he tenido paz en mi larga vida. Créalo: donde no hay raíces, no hay
+paz. Ea, doblemos la hoja.
+
+—Doblémosla. Un momento, don Beltrán.... ¿Y no volvió usted a ver a
+Napoleón?
+
+—Le vi entrar en París victorioso después de Austerlitz. Años después,
+cuando la guerra de España, volví allá con mi primo Pepe Villahermosa,
+con Lorenzo Pignatelli y otros. Era entonces embajador mi primo Diego
+Frías, que hizo entonces la tontería de afrancesarse. _Don José I_ le
+mandó allí representando a la España napoleónica... ¡triste papel! Gran
+empeño tuvo mi primo en presentarme al _chico de Córcega_ en el apogeo
+de su grandeza. ¡Y yo le había conocido ciruelo, es decir, novio de la
+viudita Beauharnais!... Me resistí heroicamente a saludar al verdugo de
+mi patria.
+
+—¿Y a Josefina?
+
+—Emperatriz, no la vi nunca. Después del divorcio, que, entre
+paréntesis, le estuvo muy bien empleado, fui un día a la Malmaison a
+ofrecerle mis respetos. Pero no se dignó recibirme. Era muy lagarta.
+Murió a los tres meses de mi visita. Fui a su entierro.
+
+Otras anécdotas de su borrascosa vida galante contó don Beltrán a
+su amigo, cuidando siempre en sus relatos de poner de relieve lo
+que sugiriese alguna enseñanza útil al joven Calpena, y esquivando
+los ejemplos de depravación o cinismo. Terminaban casi siempre las
+historias con sabios consejos, mandándole que aplicara a su gobierno
+ciertas enseñanzas, y que en otras pusiese todo su estudio en no
+tomarle por maestro, en hacer todo lo contrario de lo que el biógrafo
+de sí mismo había hecho. Así demostraba el señor de Urdaneta el afecto
+que con el trato continuo iba tomando a su compañero de viaje, y este,
+quedándose a media miel en algunos pasajes interesantísimos de la vida
+del prócer libertino, agradecía el móvil honrado de las frecuentes
+omisiones históricas.
+
+—No, hijo, no —le decía don Beltrán al segundo día, permitiéndose ya
+tutearle—. Yo he hecho locuras, y no quiero que tú las hagas, no. Eres
+un chico excelente y muy agudo y entendido. Mereces una vida pacífica
+y ordenada, por más que sea oscura, y no una vida de ansiedades y
+tropezones como la mía. Placeres sin fin he gustado; pero grandes
+amarguras he tenido que tragarme, y heme aquí al fin de la vida,
+malquistado con mi descendencia... Esto es muy triste, Fernandito, y no
+lo deseo para ti.
+
+Y cuando iban de camino (pues al fin se arrancaron del mesón de
+Trespaderne, después de dos y medio días de parada) platicando al paso
+de la pacífica mula de don Beltrán, repitió este la parábola del árbol:
+
+—No me cansaré de decírtelo, hijo. El que en su camino encuentra un
+árbol de grata sombra, cargado de fruto, es tonto de capirote si no
+se planta allí... Si lo desprecias y sigues andando, te expones a
+no encontrar más que paisajes fantásticos, efecto de eso que llaman
+miraje. Corres, corres..., ¿y qué ves?... Pues un magnífico plantío de
+cardos borriqueros.
+
+En Villacomparada hicieron otra paradita, que hubo de ser más larga,
+porque el paso por Medina de Pomar era peligrosísimo. Renegaba Calpena
+de estos plantones, y a pesar del afecto que iba tomando al viejo, se
+proponía dejarle y partir solo, arrostrando con su criado los peligros
+de la facción. Mas Urdaneta, con el poder de su razonamiento, ya grave,
+ya jocoso, pero siempre sugestivo y cautivador, le aplacaba los fuegos,
+reteniéndole junto a sí. La confianza, que rápidamente crecía, le fue
+quitando los escrúpulos de descubrir sus interioridades domésticas,
+y por fin, una noche, hallándose en la cocina de Villacomparada, se
+arrancó a decir:
+
+—Este nieto mío no sale a los Urdanetas, donde no hubo nunca roñicas.
+Su madre, que es noble por los Idiáquez, procede, por la línea materna,
+de los Rodríguez Almonte de Tarazona, que hicieron un gran capital
+con la usura, y dejaron fama por la miseria con que vivían. A estos
+sale mi nieto, en quien verás algo de lo que en la opinión corriente
+se llama virtud; cualidades buenas en principio, pero que dejan de
+serlo practicadas con abuso y aisladamente. Sabrás que mi nieto mostró
+desde chiquitín una extraordinaria capacidad para el arreglo: a los
+veinte años era un prodigio; a los veinticuatro una calamidad. Si le
+dejaran, arreglaría el cielo y la tierra, y pondría cuenta y razón
+hasta en los dones de la naturaleza. Figúrate que tiene veintiséis
+años, y ya es calvo... Sí, hijo mío: se le cae el pelo de tanto cavilar
+haciendo números, y enfilando largas baterías de reales y maravedises.
+Su calvicie procede también de la sordidez, de la sequedad del
+entendimiento, donde no han entrado más que los números. Su cabeza es
+hermosa; su rostro correctísimo, con una expresión glacial. La fantasía
+no existe en él. Es una máquina de hacer cuentas: no se tuerce, no
+imagina, no sueña, no teme, no desea... Dime: ¿en conciencia crees tú
+que el no tener ningún vicio equivale a tener todas las virtudes?
+
+—¡Oh! No, seguramente. Pero no me pida usted opinión sobre un personaje
+que no conozco, pues la pintura que usted me hace, con ser muy buena,
+es pintura, y entre un retrato y su original hay siempre un abismo.
+
+—Es verdad. No quisiera yo decir nada malo de mi nieto... ¡Oh, no!...
+Quisiera decir mucho bueno... Y lo diré, sí; te lo diré, aunque me
+violente un poco. Rodrigo administra su hacienda como un matemático.
+Rodrigo es religioso, devoto de la Virgen; cumple con la Iglesia; jamás
+ha salido de sus labios una blasfemia, ni una palabra malsonante.
+Enredos de mujeres nunca los ha tenido... Es la misma castidad. Rodrigo
+no ha tomado nunca nada que no sea suyo: sobre su conciencia no pesa
+un solo maravedí de propiedad ajena. Rodrigo no dice una mentira ni
+que le maten; no trasnocha, ni pierde el tiempo en vanas tertulias de
+holgazanes. Rodrigo no fuma; Rodrigo no bebe; Rodrigo no escandaliza...
+Con esta pintura, querido, creerás que mi nieto es un santo.
+
+—¡Oh! Nunca. Veo cualidades negativas.. Todo ser humano tiene su
+reverso.
+
+—Y el reverso es muy feo... Si te empeñas en que yo desdore mi casa
+dándotelo a conocer, lo haré... Rodrigo desconoce la compasión; para
+él la caridad es muy semejante a las funciones administrativas, y
+se reduce a ir juntando ochavos toda la semana, para repartirlos
+metódicamente el sábado a los pobres que llaman a la puerta de la casa.
+¿Quieres que me alabe un poco? No me gusta alabarme; pero lo haré para
+que me salga el argumento. Si tuviera yo en este instante las rentas
+que he perdonado a mis caseros cuando se veían apurados por las malas
+cosechas o por otra desgracia, ¡los pobres!, sería hoy el primer
+ricachón de España.
+
+—Y su nieto de usted, ¿no ha perdonado nunca?
+
+—¡Perdonar!... ¡Él! Primero se hunde el firmamento. En fin, querido,
+permíteme que no diga más. No es decoroso para mí sacar a pública
+vergüenza los defectos de personas de la familia. Yo he sido un
+disipador, un pródigo, lo reconozco; pero soy el jefe de una casa
+ilustre; soy un pobre viejo, un glorioso árbol caído, y merezco, si
+no que se me ame, al menos que se me respete. Juana Teresa me odia
+porque siempre he sabido ser noble, y ella no, porque los inferiores,
+los humildes me llaman a mí don Beltrán _el Grande_, y a ella _doña
+Urraca_. Es tan corta de alcances, que no ha enseñado a mi nieto más
+que tres cosas: rezar de carretilla, contar dinero y aborrecer a
+su abuelo... Dos años llevamos de guerra sorda: el pasado rumboso y
+el presente cominero son incompatibles. Entre la madre y el hijo,
+rivalizando los dos en crueldad y sordidez, me han reducido a una
+estrechez humillante... y lo peor es que ponen a prueba mi dignidad,
+obligándome a pedirles lo que necesito. De aquí las cuestiones, el
+choque inevitable entre mis apremios y sus negativas..., entre mi
+carácter de noble en decadencia y el de ellos, plebe enriquecida... Yo
+no puedo menos de ser gran señor... Noble nací, noble moriré... ¿Ver yo
+una necesidad y no socorrerla? Imposible. ¿Escatimar yo las recompensas
+a quien me sirve? Imposible. Soy así; me glorío de serlo, y creo que mi
+piedad es el contrapeso de mis faltas. Me presentaré ante Dios, y le
+diré: «Señor, he sido un tal y un cual... pero vea Su Divina Majestad
+estas cositas buenas que aquí traigo en mi haber...». Yo, poniéndome en
+lo razonable, Fernandito, comprendo que se me tase, que se me sujete a
+cierta medida, ahora que soy viejo; pero no tanto, no. Ni paso porque
+mi nieto me trate con esa sequedad administrativa que me envenena
+la sangre, ni por que trastorne de un modo monstruoso la ley de
+naturaleza, tratándome como a un niño mal criado, y erigiéndose él en
+viejo autoritario. Esto es absurdo, esto es repugnante, esto clama al
+cielo. ¡Yo un niño calavera..., él un viejo regañón!... ¿Has visto...?
+Tanto él como _doña Urraca_ se me suben a las barbas, y me riñen con
+cierta suavidad más cargante aún que el desabrimiento, con cierta
+mónita y caída de ojos propias de mojigatos... Un día se escandaliza
+mi nieto porque, no pudiendo desmentir mi natural obsequioso, digo
+cuatro chicoleos de buen tono a las muchachas bonitas que van a casa.
+Otro día se me remonta _doña Urraca_ porque he ido tarde a misa,
+porque me escabullo a la salida de la procesión, o porque digo que
+nuestro capellán es un bendito alcornoque... Y luego me atacan los dos
+juntos, porque me quejo de la poca variedad de las comidas, o porque
+no se me dispone toda la ropa blanca que exige mi costumbre de mudarme
+diariamente; porque hablo de París, o porque sostengo que lo más bello
+que Dios ha creado es la mujer; porque me río de los que se mortifican
+y se dan disciplinazos, y sostengo que Dios no nos ha puesto en el
+mundo para que nos destrocemos las carnes, sino para que nos demos la
+mejor vida posible y seamos dichosos; porque doy mi ropa en mediano uso
+al veterinario, al maestro de escuela, o porque me miro un ratito al
+espejo; porque no quiero arrinconar los retratos de algunas hermosas
+damas que fueron mis amigas, o por otras mil y mil cosas inocentes,
+propias de mi edad, de mi hábito noble, de mi condición generosa...
+¿Verdad, querido Fernandito, que soy muy desgraciado en mi vejez, y que
+merezco otra familia? ¡Ay..., la entereza me falta!... Me siento decaer
+horriblemente; creo que el perder la vista es una forma física de la
+pérdida de la dignidad... Que me muera pronto es lo que me conviene.
+¿Verdad que debo morirme, para no ser humillado, para no padecer...?
+
+Terminó el pobre anciano sus quejas poseído de viva emoción, que se
+manifestaba en cortados suspiros, en la humedad de la nariz y de los
+ojos tiernos, la cual llegó a ser tanta, que hubo de acudir a ella con
+el pañuelo.
+
+
+
+
+XIII
+
+
+—Vamos, don Beltrán, no se aflija —le decía el joven con sincera y
+honda lástima—. Sería usted muy desgraciado si fuera esa su única
+familia. Pero por dicha suya, tiene a su hija Valvanera...
+
+—Sí, sí... es cierto... —murmuró don Beltrán sonándose fuerte—. Pero
+tampoco allá, ¡ay!, faltan espinas... No es tanto como en Cintruénigo.
+Cree que Cintruénigo es para mí un purgatorio anticipado, donde estoy
+pagando todas mis tropelías contra la moral, querido Fernando... Pero
+déjales, que también ellos purgarán sus crueldades conmigo... Sí,
+me las pagan, me las pagan, y pronto. Dios es justiciero, Dios es
+vengador, Dios da a cada uno su merecido. Me recreo en mi venganza, en
+el castigo divino... Tú lo has de ver; no quisiera morirme sin verlo...
+
+—¿Y qué hemos de ver?
+
+—¿No caes en ello? Pues las calabazas garrafales que le está preparando
+la mayorazga de Castro... La chica tiene entendimiento, sabe juzgar
+fríamente las cosas. Imposible que, después de tratarle un poco, deje
+de ver la sequedad de aquella alma, aquel villano egoísmo, aquella
+sordidez repugnante; y viendo esto, es imposible que le ame, mayormente
+cuando su voluntad se encariña con otro hombre, en verdad digno de
+ella. Demetria no es de estas que se alucinan: no se dejará coger,
+no, en las redes candorosas de doña María Tirgo, ni en las astutas
+trampas de mi _doña Urraca_... De modo que..., figúrate mi alegrón
+si triunfamos..., y triunfaremos... ¡Ah, ese roñica ha entrado en
+Laguardia pensando que pronto meterá en sus baterías de números las
+rentas del mayorazgo de Castro-Amézaga!... No es flojo chasco el que se
+llevará... ¡Ay!, si Dios me concede que vuelvan a Cintruénigo corridos,
+no me quedaré sin ir a presenciar espectáculo tan delicioso... Créelo:
+pensándolo, me rejuvenezco.
+
+A esta última parte de las quejas y resquemores de don Beltrán, no
+prestó Calpena toda su atención, porque le distraía un sujeto harto
+enigmático que momentos antes se había sentado junto al hogar, y no
+cesaba de mirarle con fijeza impertinente. No era la primera vez que
+le veía, pues al entrar en Villacomparada se les apareció por delante
+caballero en un gallardo burro; luego se puso a retaguardia, y fue
+siguiendo la caravana, acomodando al paso de esta el andar de su
+pollino. No era el tal de aspecto desapacible, ni sus trazas las que
+suelen caracterizar a la gente sospechosa. Representaba veinticinco
+años lo más, y era su estatura garbosa y aventajada; su rostro más bien
+hermoso que feo, aunque ceñudo y lleno de oscuridades; su vestimenta
+y calzado de hombre rudo, huésped de las alturas pedregosas más que
+de los valles amenos: zamarra y botas altas, boina, todo de un gris
+terroso. Si llevaba armas, no se le veían. No hablaba con nadie;
+consumía fuertes raciones de carne y vino, y comiendo y bebiendo, o
+sin más ocupación que hurgar el fuego con su vara, empleaba casi todo
+el tiempo en mirar a don Fernando, haciéndole objeto de un enfadoso
+y cansado estudio. Naturalmente, viéndose tan mirado, Calpena le
+observaba también; y cómo nada advirtiese por donde pudiera descubrir
+el motivo de aquel examen descortés, aprovechó las cortas ausencias del
+sujeto para indagar quién era. Los mesoneros no supieron darle razón.
+Por el habla parecíales vizcaíno: si llevara armas, creerían que era
+cazador. No le habían oído hablar con nadie más que con el burro, al
+cual debía querer como a hermano, pues a menudo daba una vueltecita por
+la cuadra para verle comer y acariciarle el lomo.
+
+Por la noche, mientras cenaba, observó Calpena que el del asno, sentado
+a la mesa pequeña con otros dos, persistía en mirarle, como si le
+estuviera retratando. Ya le cargaba tanto aquel tipo, que estuvo a
+punto de acercarse a él y pedirle explicaciones. Pero consultado el
+caso con don Beltrán, advirtiole este que lo más propio de personas
+principales era no parar mientes en tal hombre, ni cuidarse de él para
+nada.
+
+—Porque ahora resultará que él puede quejarse de la misma impertinencia
+por parte tuya, pues mirando a ver si miran, ello es que los dos se
+provocan, y confunden en una sola necedad sus necedades respectivas.
+Cambiemos de asiento, y así le tendrás a la espalda... Pues a mí
+también me mira... Voy a echarle un saludo con la mano... ¿Sabes que
+más que de cazador tiene trazas de chalán o tratante en caballerías?
+Verás cómo después de tanto mirar, se sale con la gaita de que le
+compremos su burro.
+
+Al siguiente día, caminando los viajeros hacia la sierra, pues por
+alejarse de Medina de Pomar, donde andaban a tiros cristinos y
+facciosos, tuvieron que dar un largo rodeo, se les apareció de nuevo
+el caballero del borrico, que casi juntamente con ellos entraba en la
+venta de Villatomil.
+
+—Oye —dijo don Fernando a su criado—, hazme el favor de llegarte a ese
+hombre, y con cualquier pretexto averigua quién es, qué demonios busca
+por aquí, y cómo se llama; y si consigues entrar en confianza con él,
+le preguntas que por qué me mira.
+
+Cuando cenaban los señores, entró Sabas a manifestar a su amo el
+resultado de sus investigaciones, el cual, contra su voluntad y
+diligencia, era enteramente nulo. Preguntado había, sí, todo cuanto
+preguntar puede un hombre que sabe su oficio de preguntón; pero el otro
+no respondía más que un marmolillo.
+
+—Es mudo, señor.
+
+Observó a esto Calpena que él le había oído hablar con su burro y con
+el mesonero de Villacomparada.
+
+—Pues entonces, señor, sordo es —afirmó Sabas—: más gritos que yo le he
+dado, no le daría el pregonero de mi lugar, y no se enteraba ni chispa.
+
+Riéronse, y no se habló más del asunto hasta dos días después,
+hallándose en los altos de Medina, con un tiempo horroroso de agua,
+viento y nieve, que les obligó a guarecerse en unas cabañas de
+Recuenco. Despejado un poco el cielo, aprovecharon una clara para
+seguir su camino en busca de mejor pueblo donde alojarse, y no habían
+andado media legua cuando divisaron burro y caballero, por vanguardia,
+saliendo de un bosque. Como a distancia de un tiro de fusil anduvo
+toda la tarde el desconocido, y al llegar al llano que hay cerca de
+Valmayor, empezó a dar carreras muy lucidas de una parte a otra, cual
+si quisiera ofrecer a los caminantes una verdadera función de jineta
+borriquil. Admiraban aquellos las airosas carreras del asno, sus
+desplantes y corvetas, y celebraron la destreza con que lo manejaba
+su extravagante caballero. Más adelante viéronle parado junto a unos
+pastores. Como era indudable que hablaban, ya fuese con palabras, ya
+por señas, mandó don Fernando a su escudero que se adelantase para
+pedir informes de sujeto tan extraño.
+
+—Y que le proponga que nos venda el burro —dijo don Beltrán—, que
+bien merece se le dé diploma de nobleza, elevándole a la categoría de
+caballo de orejas grandes.
+
+Volvió Sabas al poco rato con las referencias que le dieron los
+pastores. No sabían más sino que el tal era bilbaíno y que solía
+venir por aquellas tierras a tratar de cortas de maderas para las
+ferrerías. A consecuencia de una enfermedad de la cabeza, se había
+quedado sordo; y aunque no era mudo, como lo decía todo en vascuence o
+en un castellano de perros, costaba Dios y ayuda entenderse con él. Le
+llamaban _Churi_.
+
+Con esto, que no era poco, hubo de contentarse don Fernando, creyendo
+que el señor aquel no estaba bueno de la cabeza. En Valmayor
+encontraron los viajeros mejor acomodo, y no les vino mal, porque
+arreció el temporal de duro toda la noche, y fue una suerte que no les
+cogiera en despoblado. Tres o cuatro días tuvieron que permanecer allí,
+pues los caminos quedaron intransitables, y la glacial temperatura
+convidaba a no abandonar la proximidad del fogón. Reíase don Beltrán de
+ver a su amiguito tan descontento, y gozoso le decía:
+
+—No te apures, hijo, que ya llegaremos, ya llegarás a donde te llama
+tu locura. Te advierto que no siempre estriba nuestra felicidad en
+llegar pronto a donde queremos ir, como dice un refrán; que yo sé por
+experiencia cuán venturoso es llegar tarde en multitud de casos, tarde,
+sí, y cuando ya las cosas no tienen remedio.
+
+No solo sentía Calpena contrariedad y disgusto por los entorpecimientos
+de su viaje, sino tristezas hondísimas, motivadas por causas que
+no sabía desentrañar. Encontrábase ya demasiado lejos de la señora
+invisible; veía muy agrandado el espacio entre su persona y la
+desconocida y amante deidad protectora. Tantos días sin saber de allá
+le inquietaban, le entristecían, ennegreciendo horrorosamente la
+impresión de su soledad en el mundo. Una noche de espantosa ventisca,
+aburrido y desalentado, sin que lograsen sacarle de su melancolía los
+cuentos galantes y las festivas anécdotas de don Beltrán, llegó hasta
+sentir miedo de seguir avanzando hacia Vizcaya. Casi delirante, pensó
+que debía volverse. ¿A dónde? ¿A Laguardia, a Madrid? Ni él mismo podía
+determinar a dónde le llamaban sus recónditos anhelos. La mañana calmó
+su confusión, y despejado su cerebro, volvieron a dominar los antiguos
+planes y propósitos. Adelante, pues, pon la orgullosa divisa: _A Bilbao
+por Aura_.
+
+Estaba de Dios que en vez de disminuir acreciesen los estorbos que
+así la naturaleza como los hombres oponían al generoso anhelo de
+don Fernando, porque no bien abonanzó el tiempo y se secaron los
+caminos, viéronse detenidos los viajeros por un tropel de gente que
+en dirección opuesta corría: aldeanos, mujeres, familias enteras, con
+sus animales, carros, provisiones y aperos de labranza. Eran meneses
+fugitivos, que abandonaban sus hogares amenazados por la facción. El
+pánico de que venían poseídos no les permitía precisar las noticias que
+daban. A muchos interrogó don Beltrán, sin sacar en limpio más que el
+hecho indudable de que los carlistas ocupaban parte del valle de Mena,
+y seguían avanzando, como con intento de cruzar la provincia de Burgos.
+Quién afirmaba que componían la expedición seis batallones mandados
+por Zaratiegui, con muchos caballos y artillería; quién que eran la
+mitad de la mitad, pero los bastantes para asolar y revolver toda la
+comarca. Entre tanta gente, hubo algunos que conocían a don Beltrán, y
+le dijeron:
+
+—Señor, vuélvase, y no piense en ir a Villarcayo. Su familia se ha
+refugiado en Espinosa de los Monteros.
+
+No necesitó Urdaneta saber más para volver grupas, siguiéndole Calpena
+de malísimo talante. Desandado el camino, como a unas dos leguas
+encontraron tropas cristinas, las cuales les anunciaron que en Medina
+de Pomar no había ya facciosos, y que allí podían refugiarse con
+toda seguridad, añadiendo que no tardaría mucho la tropa liberal en
+despejar todo el valle de Mena hasta Valmaseda, guarneciendo el puerto
+de los Tornos y Sierra Salvada, a fin de cortar el paso del enemigo a
+la provincia de Burgos. Si intentara correrse por las Encartaciones
+hacia la de Santander, también se le pondrían buenas compuertas en
+Ramales y Guardamino. Con tantas contrariedades y las repetidas tomas
+de resignación, había llegado ya Calpena a un estoicismo torvo y
+displicente.
+
+—¿Qué remedio tienes, hijo —le decía don Beltrán—, más que bajar la
+cabeza ante el destino, o hablando cristianamente, ante la voluntad de
+Dios? Bien podría suceder que esto que juzgas adverso, fuera todo lo
+contrario: el principio de tu felicidad.
+
+Y he aquí que Medina de Pomar, histórica villa, les recogió y agasajó
+rumbosa, pues allí tenía Urdaneta amigos y parientes; y no llevaban
+cinco días de aquella cómoda residencia, que para don Beltrán era un
+descanso y para Calpena una esclavitud, cuando vieron llegar buen golpe
+de tropas cristinas. Sucedíanse los batallones, que se iban escalonando
+en los pueblos del valle hasta Villasante; la división de Alaix llegó
+la primera, con numerosa caballería y trenes de batir; siguió la de
+Oráa, y por fin, una tarde vieron llegar con su lucido Estado Mayor al
+general en jefe del ejército del Norte, don Baldomero Espartero, que se
+alojó en el Palacio del Condestable.
+
+—En todo ha de tener suerte este Baldomero —dijo don Beltrán a su
+amigo, a poco de verle pasar—. Por traer consigo todo lo bueno, hasta
+el buen tiempo trae. ¿Cuántos días llevábamos sin ver la cara del sol?
+Lo menos diez. Pues lo mismo es llegar mi hombre que se abre un gran
+boquete en la panzaburra de las nubes, y los rayos del sol salen a
+juguetear en los entorchados del afortunado caudillo. ¿No advertiste
+que cuando entraba en la plaza, se despejó el cielo y nos vimos
+inundados de claridad y de un dulce calor? Pues es la suerte, hijo,
+la suerte de este hombre, que vino al mundo en el signo de _Piscis_,
+los Peces, por donde ha resultado que es un pescador formidable. Ya
+le tienes hecho un tenientazo general, y no por chiripa, sino ganando
+sus grados en acciones de guerra, batiéndose con arrojo y con éxito;
+y no es esto solo, pues en aguas muy distintas de la milicia ha
+demostrado que es gran pescador. Aquí, donde me ves, soy su víctima,
+querido Fernando; víctima de la loca estrella de este hombre, que
+no pone mano en cosa alguna que no le colme de ventajas. ¿Quieres
+que te lo cuente? Antes de ir a visitarle..., ya me vio al pasar...,
+notarías que me saludó muy afable, sonriendo..., pues antes de subir
+a su alojamiento, quiero satisfacer tu curiosidad, y al propio tiempo
+ofrecerte una saludable enseñanza que espero te sea provechosa... El
+año 26 vino Baldomero de América con reputación de valiente soldado, y
+le destinaron a Pamplona, donde yo residía entonces. Pronto nos hicimos
+amigos. Él y otros jefes militares, con diversos señores y señoritos
+de la aristocracia navarra, matábamos el ocio de la tediosa vida de
+aquella ciudad en la agradable mansión de un amigo nuestro, segundón de
+Ezpeleta, donde teníamos una trinca..., hombres solos...
+
+—Y allí se entretenían en verlas venir... pasatiempo muy de militares
+más o menos gloriosos, y de nobles más o menos arruinados.
+
+—Tú lo has dicho. Ya me había prevenido Ezpeleta: «No juegues con ese
+_ayacucho_, que ha traído de América, con la pérdida de las colonias,
+una racha espantosa para perdernos a los de acá». Pero yo no hice
+caso. Dominado por el maldito vicio, una noche nos pusimos a matar el
+tiempo... En menos de dos horas y media me ganó cuatrocientas onzas...,
+cuatrocientas onzas, querido Fernando, que todavía me están doliendo...
+Ya ves qué a pelo viene la moraleja. Hijo mío, no juegues, no te dejes
+dominar de ese vicio insano... Ten mucho cuidado con los héroes; que
+los afortunados en la guerra no lo son menos en el naipe.
+
+
+
+
+XIV
+
+
+»Mi desgracia, lejos de enfriar la amistad con Baldomero, la hizo
+más firme y cordial. Y en vez de mostrarme vengativo, aproveché la
+ocasión que me presentó el acaso para prestar a mi desvalijador un gran
+servicio. Nada, que el _chico de Granátula_ me debe su felicidad, la
+mayor y más bella victoria que ha ganado en el mundo. ¿Recuerdas el
+consejo que te he dado a ti? Pues hallándose Espartero en una situación
+de perplejidad semejante a la tuya, le dije: «Hijo mío,, cuando
+encuentres un árbol de grata sombra y cargado de fruto, _etcétera,
+etcétera_...». Como tú, el buen _ayacucho_ había encontrado el árbol,
+y como tú vacilaba, perdido el seso por una hermosura tras de la cual
+corría sin poder atraparla, una visión ideal... Pero yo, que gusto de
+encaminar a la juventud por las buenas vías que no supo seguir, no le
+dejaba de la mano, y en nuestros paseos por la Taconera, o charlando
+en la casa donde teníamos la timba, le enjaretaba a cada instante
+mi sermón fastidioso: «Cuando encuentres un árbol, _etcétera_...».
+Pues el hombre, al contrario de lo que haces tú, se penetró de la
+sabiduría de mi consejo y se sentó a la sombra. El árbol riquísimo es
+Jacinta Sicilia, rica heredera de Logroño que se hallaba de temporada
+en Pamplona con su padre, grande amigo mío. Tuve la satisfacción de
+apadrinarla en su boda con Baldomero, lo que era un doble padrinazgo,
+porque la saqué de pila: es mi ahijada... Conque ya ves: pensé darte
+ahora una sola lección, y te he dado dos: la del juego y la del árbol.
+Mírate en ese espejo; mírate en ese general de fortuna, que hoy tiene
+cuanto puede apetecer un hombre: la gloria militar y la felicidad
+doméstica. ¡Qué mujer se ha llevado! No le echa Demetria el pie
+adelante en lo honrada y hacendosa, y en hermosura se queda a la zaga
+de Jacintita, que es, para que lo sepas, una preciosidad.
+
+—Contesto lo mismo que antes, señor don Beltrán... No hay paridad. Este
+don Baldomero es el hombre de la suerte...
+
+—Nació en _Piscis_: por eso ha pescado.
+
+—Pues yo debí nacer en _Escorpión_, signo de la desgracia: todo se me
+dispone al revés de como lo deseo.
+
+—Ríete de cuentos. Es que haces siempre lo contrario de lo que ordena
+la lógica.
+
+—Dígame: ¿le ordenaba a usted la lógica ponerse a jugar con Espartero?
+
+—En el juego no hay lógica; no hay más que suerte. Y que Espartero la
+tenía favorable, no puede ponerse en duda. Oye este golpe que me ha
+contado él mismo. Hallábase prisionero en no sé qué plaza de América y
+a punto de ser fusilado, cuando por intercesión de una hermosa dama,
+a quien obsequiaba el gran Bolívar, consiguió que le perdonasen la
+vida. Escapó como pudo, y estando en Quilea, en espera de un buque que
+le trajese a España, encontrose mi hombre sin ropa, sin alhajas, sin
+dinero, en situación absolutamente precaria...
+
+—¿Y qué?... ¿Le deparó Dios un árbol?
+
+—Precisamente. Según ha contado más de una vez, encontró en su camino
+árboles grandísimos que le convidaban a ahorcarse... Pero no lo hizo...
+Dios le deparó un alemán, sí, un alemanote rico, que iba también
+buscando barco. Hospedáronse en un caserío, donde no había nada que
+comer. Buscando por aquí y por allí, encontraron una baraja, y por
+matar el tiempo y engañar el hambre se pusieron a jugar. ¡Cuando te
+digo que nació en _Piscis_!... En un par de horas, Espartero le ganó al
+alemán ¡dieciséis mil duros! Ya ves: ¿es eso suerte o lógica?
+
+—Es lógica, porque al alemán le quedaría otro tanto, y bueno era partir
+para que el otro pobre se remediara.
+
+—Puede que estés en lo cierto. En fin, me voy a darle un apretón de
+manos. Ya habrá pasado todo el barullo de la recepción de autoridades.
+Espérame aquí, que no pienso entretenerme mucho.
+
+Fuese don Beltrán a visitar al general en jefe, y Calpena le aguardó
+en la plaza charlando con algunos oficiales que conocía. Enterose de
+que los carlistas se cernían sobre Bilbao, lo que le puso en grande
+inquietud, aunque sus amigos, con optimismo juvenil muy propio de
+la raza, aseguraban que sería cuestión de días el hacerles levantar
+el cerco. Espartero no se andaba en chiquitas: hombre de formidable
+empuje, poseía el don divino de infundir a las tropas su bravura y
+llevarlas como a rastras a la victoria. No era un general de estudio,
+sino de inspiración, chapado a la española, hombre de arranques, de
+_cosas_, con el corazón en la cabeza. Las propias ideas le expresó don
+Beltrán al regreso de su visita. Los facciosos se disponían a sitiar a
+Bilbao en toda regla, decididos a perecer o tomarla. Por segunda vez
+ponían sus ojos y su alma toda en la valerosa villa, esperando domarla
+al fin y hacerla suya. Pero el hueso era demasiado duro, y Espartero
+había jurado que allí se dejarían los dientes. Por de pronto tenía
+que atender a cortar los vuelos a los facciosos mandados por Sanz,
+que merodeaban ya en el valle de Mena y querían pasarse a Castilla la
+Vieja. Desbaratada la expedición, llevaría todo su ejército contra los
+sitiadores de Bilbao. Los elementos con que contaba eran el valor de
+sus tropas, su buena estrella y la ayuda de Dios.
+
+—Después de lo que me ha dicho Baldomero —añadió don Beltrán—,
+conceptúo, querido Fernando, que no hay locura comparable a la tuya si
+te empeñas en ir a Bilbao.
+
+—Pues téngame usted por rematado —replicó el joven—. Antes que los
+carlistas establezcan su línea, he de intentar penetrar en ese pueblo
+glorioso que ya rechazó un sitio formidable, y rechazará también el
+segundo... Emprenderé mi caminata hoy mismo; y si no puedo entrar por
+el valle de Mena, intentaré correrme a la parte de Santander para
+escurrirme por la costa.
+
+—Por una y otra parte encontrarás peligros invencibles. Ya me aflige
+la pena, el presentimiento de que no volveré a verte, si persistes
+en tu disparatado empeño. Yo que tú, me agarraría a los faldones del
+afortunado general y correría la suerte del ejército de la reina. Si
+este rompe el cerco, entraría con él, y si no, me quedaría tan fresco
+de esta otra parte, viendo venir los acontecimientos, que es la gran
+filosofía.
+
+Objetó Fernando que aguardar a que Espartero entrase a socorrer la
+plaza, era diferir por tiempo indeterminado su empresa. Decíale
+el corazón que no debía perder ni un día ni una hora. Al juicioso
+consejo de que esperara siquiera los días necesarios para recoger en
+Villarcayo las cartas que de Madrid le escribirían, replicó que si
+Dios le favorecía en su empresa, tardaría poco en volver satisfecho
+y triunfante, y que entonces recogería las cartas. Estrechándole
+más, anunciole Urdaneta irremisible perdición si emprendía el viaje
+a caballo con su escudero, en el pergeño de señorito rico que viaja
+por recreo; y a esto contestó Fernando que él y su criado dejarían
+los caballos en Medina al cuidado de los servidores de don Beltrán,
+y emprenderían su caminata a pie, disfrazados magistralmente. Aún no
+había agotado el tenaz viejo sus argumentos, y por la noche, cenando,
+volvió a la carga con estas marrullerías:
+
+—¿No sabes, Fernandito? Hablé de ti a Espartero, y me dijo que te
+conocía... No, no; no te conoce personalmente. Tanto él como Jacinta
+han recibido cartas de Madrid, rogándoles que se interesen por ti,
+que no te permitan hacer locuras. Esto si que es raro. ¿Quién les ha
+escrito esas cartas? No ha querido decírmelo. Yo quedé en presentarte a
+él.
+
+—A la vuelta, don Beltrán. Por más que usted crea lo contrario, volveré
+pronto. Al amanecer me pongo en camino. Pasado mañana estaremos Sabas
+y yo en Bilbao.
+
+—Te apuesto lo que quieras a que no.
+
+—Lo que usted quiera.
+
+—Has dicho que me dejas tu caballo. Pues si antes de tres días estás de
+vuelta en el cuartel general, pierdes.
+
+—Y se queda usted con el caballo. Pongo cien onzas encima.
+
+—Cierro.
+
+—Cerrado. Y si dentro de ocho días estoy en el cuartel general trayendo
+conmigo lo que voy a buscar, ¿qué me da usted?
+
+—No puedo darte onzas, porque no las tengo. Tuyos son mis dos mejores
+caballos.
+
+—Cerrado. ¿Gano también la apuesta en el caso de no traer conmigo lo
+que voy a buscar?
+
+—¿La hembra...? No, no: si no la traes, pierdes. Venga la niña, pues no
+hay otra manera de acreditar que has entrado en Bilbao. A no ser que
+traigas su cabeza, o siquiera su cabellera. Retratos no valen.
+
+—Pues sostengo la apuesta. Tres días para volverme si no puedo entrar.
+
+—Pongamos ocho días para el pro y para el contra. Si vuelves sin ella,
+pierdes. Si la traes, mis caballos son tuyos, y de añadidura seré tu
+padrino de boda, siempre y cuando tus ideas sean matrimoniales.
+
+—Lo son... Ya verá qué árbol, don Beltrán.
+
+—Árbol que va y viene, no tendrá muchas raíces.
+
+—Lo veremos. Tenga presente que el padrinazgo es parte integrante de
+la apuesta.
+
+—Que cerrada entre los dos es como escritura pública. Mis dos mejores
+caballos y padrino de boda. No hay más que hablar.
+
+—Mi caballo y cien onzas encima.
+
+—¡Cerrado!
+
+A la mañana siguiente, hallándose Calpena con Sabas en un caserío
+próximo a Medina tratando de la adquisición de unos vestidos para
+disfrazarse, vieron al sordo que aparejaba su borrico majo para montar
+en él. Al verles llegar, dejó el animal atado a un árbol y entró
+presuroso en la casa; Sabas fue tras él, y le vio de rodillas junto a
+un arcón, muy atento a lo que con dificultad escribía con lápiz en un
+arrugado papel.
+
+—Señor —dijo el escudero a su amo—, está haciendo palotes, y le cuesta,
+le cuesta, sin duda porque son palotes vascuences.
+
+Al poco rato viéronle montar en su pollino y partir a la carrera sin
+mirar atrás. Una mujer se llegó a Calpena, y dándole un papel le dijo
+que _Churi_ había dejado para él aquella escritura, la cual era tan
+tosca, que a duras penas pudo descifrar Fernando sus groseros trazos.
+Con dificultad pudo interpretar este concepto:
+
+ «_Señor don Fernando: bayga sarri sarri Bilbo_».
+
+—Ese tonto —dijo Calpena—, me recomienda que vaya a Bilbao, y pronto,
+pronto, pues cosa de prontitud creo que significan las palabras _sarri,
+sarri_. Ha querido decírmelo en castellano; pero a la mitad le ha
+faltado la suficiencia.
+
+Discutieron amo y criado si aquella misteriosa indicación era de amigo
+o de enemigo, inclinándose don Fernando a lo primero. Opinó Sabas que
+debían andarse con tiento en hacer caso de tal advertencia, que bien
+podía ser reclamo de ladrones o de facciosos para armarles una celada
+en las revueltas del camino. A esto hubo de objetar don Fernando que
+no sabía que en ningún tiempo empleasen los bandoleros tales añagazas.
+Obra de un pobre demente, más que de un malvado, era el tal papelejo,
+que ni le quitaba las ganas de ir a _Bilbo_, ni a darse prisa le
+estimulaba.
+
+Cerca de Lanestosa volvieron a encontrarle, sin que mediara entre unos
+y otros manifestación alguna, y más adelante, mucho más, próximos a
+Ontón, en la costa cantábrica, cuando se vieron detenidos por una
+imponente banda de carlistas, apareció de nuevo el sordo. A la ligereza
+de sus pies debieron Calpena y Sabas, con otros trajinantes que les
+acompañaban, salvar la pelleja en aquel conflicto, y mal lo hubieran
+pasado si no buscaran pronto refugio en una estrecha garganta por
+donde salieron a las Encartaciones. En su veloz huida, pudo Sabas
+advertir que al sordo le quitaban el jumento. ¿Perdió también la vida?
+Esto no trataron de averiguarlo, atentos a poner en seguro la propia.
+Tenaz hasta la temeridad loca, intentó don Fernando tres días después
+atravesar la línea por Valmaseda, y allí, con mayor riesgo de perecer,
+hubo de darse por vencido, retrocediendo al valle de Mena con el pesar
+de ver frustrado su audacísimo intento.
+
+—¡Cómo se va a reír mi amigo Urdaneta cuando nos vea llegar! —decía
+recorriendo con Sabas veredas y atajos, temerosos aún de ver salir tras
+de cada mata el odiado fusil del guerrillero carlista—. ¡Y cómo se
+alegrará de haberme ganado la apuesta, pícaro viejo!... ¿Querrás creer
+que no puedo apartar de mi pensamiento al maldito sordo? ¿Le mataron?
+¿Pudiste observar si escapó como nosotros, o si acabaron allí sus
+correrías?
+
+—Señor —dijo el escudero—, cuando le quitaron el pollino acometió a los
+facciosos. O es loco rematado, o más valiente que el Cid, pues solo la
+emprendió a patadas y mordiscos con un tropel de ellos. Juraría que en
+pelea tan desigual le vi caer patas arriba.
+
+
+
+
+XV
+
+
+Cierta era la anterior referencia. El desgraciado _Churi_, estimando
+más la posesión del asno que su propia existencia, embistió a los
+fieros enemigos que le arrebataron lo que más amaba en el mundo.
+Alguno de los facciosos le conocía, sin duda, o intercedió para que no
+le mataran. Le apalearon de lo lindo, dejándole, como observó Sabas,
+patas arriba. Pero en cuanto los carlistas se desocuparon de él, púsose
+patas abajo, todo magullado y con los huesos doloridos, y se dejó
+caer, o se deslizó gateando por un cantil hacia las rocas donde batía
+la mar brava, y allí estuvo escondido hasta que, asomando una y otra
+vez la cabeza entre peñas, adquirió la certidumbre de que los bárbaros
+iban lejos. Andando con los cuatro remos de costado por los cantos
+resbaladizos, más parecido a un enorme cangrejo que a un hombre, avanzó
+todo lo que pudo por la costa hacia el este, pues los carlistas habían
+seguido hacia occidente. Le anocheció cerca de la rada de Berrón.
+Recogido al amanecer por una lancha de Plencia, desembarcó en Algorta,
+y de allí salvó en otra lancha la barra, desembarcando al fin sus
+pobres huesos a la siguiente noche oscura en el propio Desierto. Entró
+en Bilbao por su pie; en su casa le agasajaron sus primos, padre y
+tíos, que alarmados estaban ya por su demora, y el primer cuidado fue
+darle friegas con aguardiente en todo el cuerpo y meterle en la cama,
+donde solo permaneció horas, porque su viveza era incompatible con el
+reposo, y no quería más que correr a enterarse de cuanto en la gloriosa
+villa ocurría. Era la casa una de las de la Ribera frente a la Merced,
+con tienda famosa de artículos de mar, bien provista de toda clase de
+aprestos para la navegación de vela. La muestra ostentaba una fragata
+bastante bien pintada al óleo, navegando a toda vela, sin añadidura de
+nombre alguno ni especificación de lo que allí se vendía. Los dueños
+vivían en el entresuelo: el piso bajo estaba ocupado totalmente por
+el género comercial, hierros, lonas, cabos, y mil objetos tan extraños
+de forma como de nombre, que la gente de tierra adentro habría creído
+caprichosos, fantásticos. El olor de alquitrán era como el alma del
+recinto; y tan connaturalizados con él se hallaban los habitantes de la
+casa, que les olía mal el aire libre cuando pasaban de la tienda a la
+calle.
+
+Eran a la sazón dueños del establecimiento los hermanos Valentín,
+Sabino y Prudencia Arratia, hijos del difunto José María de Arratia,
+comerciante bilbaíno, que murió el 30, dejando un nombre intachable, y
+restos de una fortuna quebrantada por malos negocios. Cada uno de los
+tres hermanos necesita filiación propia, por ser los tres caracteres
+muy significados y castizos en aquella raza tan inteligente como
+trabajadora.
+
+Valentín Arratia, el primogénito, con cincuenta y tres años el 36, era
+piloto de altura, y había pasado lo mejor de su vida _rompiendo mares_
+en América y en el Norte. Mandó primero barco ajeno, después barco
+propio, del cual fue capitán y armador. El 28 se divorció de la mar
+salada para dedicarse al comercio de tablazón, que hubo de abandonar
+al principio de la guerra, refugiándose en el establecimiento paterno.
+Era hombre al propio tiempo duro y dulce, como el turrón de Alicante,
+aferrado a un corto número de ideas en el orden social y moral, y con
+gran caudal de ellas en todo lo referente a la náutica y gobierno de
+naves. Enviudó de su mujer el mismo año en que le hizo la cruz a
+la mar. Esta le dejó un reúma que le cogía todo el costado derecho,
+haciéndole andar escorado, y su esposa le dejó un hijo, que es el
+_Churi_ del burro, y además una ferrería situada en Lupardo, barrio de
+Miravalles.
+
+Prudencia, a quien se da el segundo lugar por respeto a la cronología,
+con cincuenta y un años el 36, casó en Éibar con un rico armero. Viuda
+a los tres años de matrimonio, contrajo segundas nupcias con Ildefonso
+Negretti, residiendo muchos años en Burdeos y Bayona. Esposa dos veces,
+nunca fue madre.
+
+Sabino, el más joven de los tres hermanos, estuvo largo tiempo en
+desacuerdo con sus padres, por haberse casado a disgusto de ellos
+con una moza de Bermeo, hija de pescadores. Hechas las paces con la
+familia, vivió algunos años en Bilbao dedicado a la construcción
+de buques; era un habilísimo carpintero de ribera, y muy fuerte en
+arquitectura naval, que no aprendió por principios, sino por reglas
+y módulos de maestros empíricos. De su astillero salieron buques
+muy afamados, algunos tan veleros, que iban a parar a manos de los
+tratantes y cargadores de esclavos en el Golfo de Guinea. Era además
+buen mecánico en todo lo que se relacionaba con el arte naval, y muy
+entendido en la fundición y forja del hierro. Su mujer, que falleció
+del cólera, le dejó tres hijos: José, Martín y Zoilo, que el 36 eran
+unos tagarotes de veintitantos años, y no desmentían la cepa vigorosa
+de la familia ni su consistente devoción al trabajo.
+
+Lo más admirable en los Arratias era la unión y concordia que entre
+ellos, desde la muerte del padre, reinaba, haciendo de los tres
+hermanos y de su prole una verdadera piña. Apretados uno contra otro,
+sin que ninguno mirase al interés individual, aplicándose todos con
+alma y vida al bien común, ofrecían gallardo ejemplo de la fuerza que,
+según el proverbio, es producto de la unión. Se agruparon, no solo por
+virtud, sino por necesidad o espíritu de defensa, pues cuando perdieron
+a su padre, los negocios de este iban de capa caída, y no se hallaban
+en situación más próspera los de cada uno de los hijos. Valentín había
+tenido desgracia en sus últimas expediciones comerciales, perdiendo
+en las del Norte lo que había ganado en las de América. El bergantín
+_Aurra_ (_el niño_) se le quedó en los hielos de Stettin, y solo pudo
+salvar parte de la madera de que estaba cargado, el velamen y los
+instrumentos. La fragata Victoriano, construida por su hermano, fue
+vendida a desprecio para cumplir compromisos comerciales, resultado
+de una operación demasiado ambiciosa en cacaos de Carúpano y La
+Guaira. Quedábale después de estos desastres un capitalito que empleó
+en el comercio de maderas de Riga, el cual habría sido de seguros
+rendimientos si no viniera la guerra a entorpecer y paralizar las
+transacciones.
+
+Por su parte, Sabino había tenido también reveses: el tráfico de
+pescado estaba muerto por la falta de comunicación con el interior, y
+la ferrería de su hermano, que a su cargo tomó, exigía para funcionar
+con fruto un gasto considerable, por hallarse en mal estado la turbina
+y toda la maquinaria. A ello se aplicó con ahínco; mas cuando pudo
+vencer las dificultades y empezó a trabajar, fue menester dar a los
+carlistas a bajo precio, por vía de canon, la mayor parte de los
+frutos de aquella industria. En tanto Negretti, que iba medianamente
+en la fabricación de armas, fue solicitado para poner sus grandes
+conocimientos mecánicos al servicio de la causa absolutista. Le
+repugnaba comprometer su apacible neutralidad política; pero de tal
+modo le deslumbraron con fantásticas promesas, que al fin cayó en
+la red, y se ajustó con los agentes de Carlos V, contando con la
+colaboración de su cuñado Sabino; mas este, influido por los patriotas
+de Bilbao, se asustó y no quiso ir a Oñate. Trabajó Negretti solo,
+primero con éxito y valiosas recompensas; después con dificultades
+y contratiempos mil, hasta que le salieron envidiosos y enemigos en
+número alarmante, y acusado de masón, fue perseguido y encarcelado
+inicuamente.
+
+El fracaso de aquel trabajador tan inteligente como honrado, produjo
+verdadera consternación en la familia, y les movió más a todos a
+estrechar la piña o fraternal agrupación, así para ir a la conquista
+de la fortuna, como para defenderse de la adversidad. Y conviene
+advertir, para mayor esclarecimiento de la eficacia de la trinca, que
+el esposo de Prudencia era para Valentín y Sabino tan hermano como
+la hermana misma; que a falta de hijos a quienes querer como tales,
+Ildefonso y Prudencia amaban a los de sus hermanos como si fueran de
+ellos, y que todos, tíos y sobrinos, hermanos y cuñado, padres o hijos,
+se confundían en un sentimiento amoroso, que era el aglutinante de
+aquella humana concentración de fuerzas.
+
+Aunque ya se sabe también, bueno es repetir que antes de establecerse
+Negretti en el real de don Carlos como maestro armero y constructor
+de proyectiles para la artillería, fue a Madrid llamado por un amigo
+a quien respetaba, y de aquel viaje se trajo una sobrinita, llamada
+Aurora, que confiaban a su tutela y protección. Sábese que mientras
+Ildefonso trabajaba en Oñate o Durango, la niña residía en Bermeo con
+su tía Prudencia, alternando en acompañarla Valentín, _Churi_ y los
+hijos de Sabino. Alguien creerá que al agregar a la familia la persona
+de Aura, mujer de excepcional hermosura, de educación harto distinta
+de la de los Arratias, algo anárquica en sus pensamientos, antojadiza,
+nerviosa por todo extremo y poco dispuesta a la subordinación, se
+introducía en ella un principio disolvente, un disgregador poderoso.
+Así lo creyó Prudencia en los primeros días de su tutela, que fueron
+en verdad penosos por el desorden mental y el desenfreno imaginativo
+en que Aurorita se encontraba. Poco a poco se fue adaptando esta al
+modo de ser de los Arratias, y la realidad, el roce continuo con los
+parientes de su tío, efectuaron en ella como una segunda educación.
+Algunas molestias ocasionó a Prudencia, en los comienzos de la
+temporada de Bermeo, el cuidado y disciplina de la joven, y no porque
+esta hiciese o pensase cosas malas, sino porque todo lo que pensaba y
+hacía era extrañísimo, perteneciente a otro mundo, a otro planeta...
+También consideraba Prudencia como una calamidad no floja la belleza,
+no ya humana, sino divina, de la hija de Jenaro Negretti. Hermosuras
+tan extremadas, cuyo semejante se encontraba solo en las pinturas, en
+las imágenes de santos, o en las estatuas mitológicas, eran, según
+ella, una aberración dentro de la humanidad. ¿A qué conducía, Señor,
+que las mujeres fuesen tan rematadamente guapas, más que a producir
+mil quebrantos y desdichas? Cuantos hombres veían a la moza se volvían
+locos por ella. Un general carlista que la vio a las dos de la tarde,
+le escribió a las tres una carta amorosa, y a las cuatro fue a pedirla
+en matrimonio. Los muchachos no cesaban de rondarle la calle. Los más
+atrevidos acosábanla en el paseo con requiebros fastidiosos; otros
+disparaban contra la casa un fuego nutrido de cartitas y amorosos
+mensajes. Verdad que la hechicera niña, lejos de favorecer estas
+demostraciones, a todos ponía cara de pocos amigos, y fiel a la
+devoción sagrada de su amor primero y único, no hacía cosa alguna por
+donde se la pudiese acusar de liviandad, de inconstancia ni aun de
+coquetismo. Falta decir que Aura correspondió al cariño de sus tíos
+con una adhesión intensa, y aunque este sentimiento no llenaba ni con
+mucho el vacío de su alma, servíale de gran consuelo para soportar la
+dolorosa ausencia, forma sensible de la muerte, como esta silenciosa,
+con lentitudes de tiempo que daban la impresión de la eternidad.
+
+Desde los primeros días de convivencia, lo mismo Ildefonso que su mujer
+y los hermanos y sobrinos de esta, respetaron en Aura el conflicto
+misterioso que la joven se traía consigo, aquella pasión, aquel drama
+no bien conocido, y del cual el mismo Negretti no tenía más que vagas
+impresiones o referencias. La niña se había dejado en Madrid a su
+enamorado, que era un príncipe o cosa así; un joven a quien muchos
+tenían por hijo de potentado, quizás de un rey, quizás del propio
+Napoleón. La familia de este nobilísimo joven había gestionado la
+separación o el destierro de la enamorada. ¡Qué drama, qué hermosa
+poesía! Había, pues, traído la niña de Madrid su leyenda, y con ella
+un inmenso duelo, que respetaron con singular delicadeza los Negrettis
+y Arratias. Ninguno de ellos trató de desvirtuar la leyenda ni aplicar
+al dolor los emolientes vulgares. Nadie le dijo: «Olvida eso, que es un
+delirio, un sueño, una idea...».
+
+
+
+
+XVI
+
+
+Seguramente no se equivocaba la niña al pensar que gente mejor que
+aquella no existía en el mundo. ¡Qué diferencia de Jacoba! No podía
+desconocer que el cambio de tutela había sido felicísimo, aunque se
+hubiera efectuado en las circunstancias más tristes de su vida. Había
+pasado del infierno al cielo: verdad que era un cielo sin Dios, porque
+este se le había quedado por allá, en regiones desconocidas, perdido
+en lontananzas tenebrosas. La temporada de Bermeo fue relativamente
+grata para la joven, porque allí recobró la salud y adquirió un gran
+amigo que le rehizo el alma, no combatiendo de frente su dolor,
+sino suavizándolo con tristezas calmantes, después con melancólicas
+dulzuras; arrullándola con acentos de vaga poesía; entreteniéndola con
+juegos y ejercicios muy saludables; templando sus nervios y regalando
+su imaginación con espectáculos plácidos o sublimes; asustándola a
+veces un poquito, como para fortificar su innata valentía: este amigo
+era el mar.
+
+Instaladas en la casa de Sabino, fue a vivir con ellas Valentín. Los
+primos alternaban; no había igualdad en el turno, pues José abandonaba
+muy de tarde en tarde la ferrería, y Martín apenas se apartaba de la
+tienda, en la cual ninguno podía sustituirle sin quebranto. Los que
+más gozaron de los pasatiempos de la villa marítima fueron _Churi_ y
+el hijo menor de Sabino, a quien pusieron Zoilo por su madre, Zoila
+Maruri. El hijo único de Valentín se llamaba lo mismo que su padre;
+mas todo el mundo le conocía por aquel apodo. Le vino del nombre
+de un balandro que tuvo su abuelo, en el cual pasó el chico toda
+su adolescencia, por desmedida afición a la mar. Fue bautizada la
+embarcación con el nombre de _Choria_ (el pájaro) convertido por el
+uso popular y las bocas marineras en _Churi_. Era el chico de una
+rudeza tal, que no pudieron aplicarle a ninguna profesión ni oficio, y
+se pasaba la vida entre los _chochos_ de la ría, remando en chalanas
+de cuatro tablas podridas, o lanzándose a prodigiosos ejercicios de
+natación. Resistía largas horas en el mar, braceando o tendido de
+espaldas; y cuando se ofrecía bucear, ninguno de aquellos vagabundos
+anfibios aguantaba más tiempo en las profundidades. Jamás se logró
+meter en la cabeza dura de _Churi_ ni una fórmula aritmética ni un
+concepto gramatical. Toda su geografía estaba comprendida entre
+Machichaco y Quejo; toda su ciencia en el gobierno de una pequeña
+embarcación de vela, que manejaba con arte singular, gallardísimo, en
+días de nordeste frescachón. Taciturno y medio salvaje, su vocabulario
+era muy escaso; sus ideas no debían de ser luminosas ni abundantes,
+como no las guardara para mejor ocasión; su voluntad no tomaba otras
+formas que la de la contumacia en su vivir independiente, y la de una
+completa inacción en tierra firme. Viendo que no podían hacer carrera
+de él, la familia se resignó a dejarle en aquel salvajismo y rudeza,
+tratando de utilizarle en menesteres bajos de los buques de la casa
+cuando estos se hallaban en puerto. A los dieciocho años contrajo unas
+calenturas tíficas que le tuvieron entre la vida y la muerte. Decían
+que esta le tenía ya cogido, y creyéndole pez, le había soltado con
+media vida en alta mar. Al sanar había perdido el pelo y la memoria,
+quedándosele la cabeza como un cudón totalmente limpio, sin ninguna
+aspereza por fuera ni ideas por dentro. Recobrado el cabello al
+contacto del agua salada, contrajo nueva enfermedad del cerebro, y
+al término de ella encontrose con que le había vuelto la memoria y
+se le había quedado por allá un sentido. Su sordera era como la de
+una campana que pierde el badajo y cae en los hondos abismos del mar.
+_Churi_ no volvió a oír ningún ruido.
+
+Con el don de oír se le fue también la palabra; pero esto
+temporalmente, porque a los tres meses de quedarse como una tapia,
+empezó a sacar de su cabeza términos y frases vascuences. Diríase que
+pescaba con gancho las voces una por una, extrayéndolas como restos de
+un naufragio. A duras penas reconstruyó una lenta y torpe expresión,
+mitad éuskara mitad castellana, que usaba para comunicarse con el
+mundo, reforzándola con señales muy parecidas a las marítimas, y
+movimientos de maniobra velera, que él solo y sus compañeros de mar
+entendían.
+
+Lo más extraño en _Churi_ fue que la transformación traída por la
+sordera le hizo menos insociable; la familia pudo retenerle en la casa
+más tiempo, y aun emplearle en comisiones que nunca había querido
+desempeñar, como la estiba de maderas en el almacén, y el transporte de
+mena y carbón en Lupardo. Al año de la sordera, ya se pasaba _Churi_
+meses enteros sin salir a la mar y aun sin verla, y a los dos años
+había tomado tanto gusto a la ferrería, que no sabía salir de ella.
+De la índole de los trabajos que allí se hacían provino la mudanza de
+sus aficiones, el cambio de lo que hoy llamamos _sport_ y entonces no
+tenía nombre: se aficionó locamente al balandro vivo de cuatro patas; y
+si el primer día que montó en él estuvo a punto de desnucarse, pronto
+su terquedad vizcaína venció los rudimentos de la equitación, y al
+poco tiempo era un centauro asnal. Varios jumentos tuvo, que vendía
+para comprar otro mejor, y en ellos hacía excursiones a los montes
+próximos y lejanos para tratar cortas de leña y partidas de carbón
+vegetal, alimento de la industria ferrera. De este modo el vagabundo
+había llegado a ser un brazo más, aunque el menos útil ciertamente, en
+aquella familia de obreros incansables.
+
+También Zoilo había sido de niño aficionado a la mar, como _Churi_, y
+buceaba en la ría, y se iba lejos, mar afuera, con sus amigos, en una
+_zapatilla_, sin miedo a los peligros que en costa tan brava ofrece la
+naturaleza. Pero su inteligencia, su amor a la familia y el deseo de
+ser hombre y de ganarse la vida, le moderaban en aquellas infantiles
+vagancias. Estudió algo de pilotaje; era aplicadillo y muy formal;
+practicó la carpintería de ribera con su padre; servía también para
+el comercio, y tenía mucho tesón, amor propio, vagas ambiciones de
+riqueza y poder. Sano y vigoroso, dotado de un temple acerado y de
+una naturaleza a prueba de inclemencias, no conocía el cansancio. A
+los veintidós años gustaba de mostrar su fuerza hercúlea en cuantas
+ocasiones se le presentaban. En el trinquete era un prodigio; en el
+trabajo del hierro no tenía igual. Su terquedad vizcaína tomaba en él
+a veces formas de una paciencia dulce, con la cual soportaba las más
+rudas tareas sin quejarse, siempre alegre y decidor. A su pujante vigor
+muscular correspondía su intachable conformación corpórea, de líneas
+estatuarias, y un rostro atezado, de serena expresión, toda lealtad y
+nobleza sin pulir. Cuando se reía, hacíalo con alma y vida, sacando
+enterito el corazón al semblante; no conocía ningún arte social de
+aquellos que tienen por instrumento la palabra; no usaba el disimulo,
+ni las perífrasis, ni la ironía. Expresaba con bárbaro candor todo lo
+que le apuntaba la mente, siendo a veces tan cruda su sinceridad, que
+la familia tenía que reprenderle y hasta castigarle. En el ardor del
+trabajo del hierro sus negros ojos echaban chispas, y los resoplidos de
+su nariz, que se hinchaba respondiendo al énfasis interno, armonizaban
+con la música del fuego atacado por los chorros de aire. Tenía
+conciencia de su fuerza física, y esta era su mayor gala; teníala
+también de su valor indomable, que también le enorgullecía; pero no
+sospechaba que era hermoso siempre, y más cuando tiznado y cubierto de
+sudor domaba la dureza de un metal menos consistente que su voluntad.
+
+Su tío Valentín le llevó a Bermeo para que estuviese al cuidado de la
+casa y de sus moradoras mientras él pasaba un par de días en Lupardo, y
+tanto Zoilo como _Churi_, que iba cuando le parecía y se marchaba sin
+despedirse, se lanzaron a divertimientos de mar. Ambos consideraban
+a la niña de Negretti como un ser superior, y sentían junto a ella
+cortedad y hasta miedo. En los primeros días, tuvo Aura más de un
+acceso nervioso con gran disloque muscular, llanto interminable,
+gemidos y otras manifestaciones de desorden cerebral o de histerismo.
+Los dos chicos, que no habían visto nada semejante en las muchachas
+que trataban, creían que era aquella dolencia signo de principalidad,
+achaque propio de los seres de exquisita y refinada complexión, y
+viéndola sufrir, casi la admiraban tanto como la compadecían. A las dos
+semanas de esto, y cuando Aurora se iba calmando, Zoilo la incitaba
+a salir con ellos a la mar, donde podría arrojar todas sus penas para
+que el agua y el viento se las comiesen. _Churi_ no le decía nada: no
+hacía más que mirarla, sin hartarse nunca; la sordera le aumentaba
+el uso y los goces de la vista. Cuanto Aura decía, producíale a
+Zoilo unos accesos de risa no menos bulliciosos que los traqueteos
+espasmódicos de la hermosa doncella. El otro no se reía nunca. Era por
+naturaleza refractario a la demostración facial del gozo del alma, y
+cuando lo sentía, expresábalo cantando, pero muy serio, y desentonando
+horrorosamente por la falta de oído.
+
+Por nada del mundo dejaría Prudencia que Aura saliese a la mar con
+aquellos tarambanas. No, no: la niña se embarcaría (pasatiempo muy
+indicado para su salud) con el tío Valentín. Debe indicarse que Aura,
+al poco tiempo de residir en Bermeo, llamaba tíos a los hermanos
+de Prudencia, y a los cuatro muchachones, primos. Pues sí: el tío
+Valentín, que no quería más que complacerla, en cuanto vino de Lupardo
+preparó una lancha de las mejores, arreglándola de velamen y de todo lo
+preciso. Lo que gozó Aurorita en sus excursiones cantábricas no es para
+dicho. Más intrépida que los marinos que dirigían la gallarda nave,
+cuando las mares gruesas con su hinchazón y el viento con su mugido les
+ordenaban volver, ella pedía que fuesen más allá, siempre más allá.
+Miraba el rostro impasible de Valentín, viejo amigote del océano y de
+las tempestades, y como no advirtiera en él alteración, quería que el
+paseo se prolongase. Rara vez dejaba Valentín a su hijo la caña del
+timón, no por falta de confianza, sino porque retirado de aquellas
+luchas y otras mayores, todavía gustaba de hacer gala de su pericia.
+Zoilo llevaba la escota. Entre los dos primos arriaban e izaban la vela
+en las bordadas, y si a la entrada del puerto era forzoso empuñar los
+remos, desplegaban en ruda competencia cada cual su vigor de puños, y
+callados bogaban, atentos a las órdenes del patrón, en quien veían un
+dominador infalible de todas las fierezas de la mar. Allí no se conocía
+el miedo: Aura, viéndoles tan animosos, tampoco temía nada. Un día de
+temporal duro habló Valentín, antes de decidirse al paseo, lenguaje de
+prudencia. No convenía salir. Asombrose Aura, y más aún al oír que los
+dos chicos apoyaban el dicho del veterano. Creyó que tenían miedo.
+
+—Como es por recreo —indicó Zoilo— y no por necesidad, hoy no salimos.
+Si padre te deja ir sola conmigo, te llevo... Yo te respondo de que nos
+mojaremos, pero no nos ahogaremos.
+
+Claro que Valentín no había de permitir tan loca aventura. _Churi_, que
+falto de oído se enteraba de cuanto se hablaba, reprendió a su primo
+por fachendoso. No se atrevía, no, ni era hombre para tanto. Él sí se
+atrevía, y en embarcación pequeña, mejor: una mano en la caña y otra en
+la escota...
+
+—Lo mismo lo hago yo —dijo Zoilo riendo—, y si quieren verlo...
+
+Aura les aplacó cuando la cuestión iba rayando en disputa,
+proponiéndoles que el primer día que estuviera buena la barra saldrían
+los cuatro a pescar; a lo que asintió Valentín, mandando a Zoilo
+que preparase los mejores aparejos que en el pueblo, famoso por sus
+pesquerías, se pudieran encontrar. Pero aconteció que el primer día
+bueno hubo de salir Zoilo para Lupardo con un recado urgente, y no pudo
+el pobre chico disfrutar de los goces de la pesca, que fue un recreo
+divertidísimo para la niña. Al tercer día de este entretenimiento,
+llegó Martín, el hijo segundo, que ordinariamente regentaba la tienda.
+Era el más afinadito de los tres; el que parecía más espiritual, sin
+duda porque no ostentaba formas atléticas, como José María y Zoilo,
+ni desarrollaba la muscular energía con la espléndida brutalidad de
+sus hermanos. Era, sin género de duda, el más civil, el que más se
+adaptaba a la vida urbana de la capital vizcaína por los vínculos
+de sociabilidad propios del comercio. Hablaba Martín castellano
+correctísimo, usando frases atildadas y finas, al uso corriente. De
+los tres, de los cuatro, contando con su primo, fue el que menos
+zapatos pudrió en playazos y arenales, el que menos tiempo conservó las
+manos callosas del ajetreo de los remos. Poseía bastante instrucción,
+distinguiéndose en todo lo comercial; hablaba unas miajas de inglés,
+y sabía las reglas usuales de la decencia y aun de la elegancia. En
+aquellos tiempos, la confraternidad de toda la juventud bilbaína era
+un hecho lisonjero, del cual tomó la villa su tesón incontrastable para
+resistir los asedios carlistas. El entusiasmo político la estrechó
+más, haciéndola invencible; el buen humor, propio de la raza, la
+refrescaba dándole más vida; el trabajo en la paz la vigorizaba, y el
+común esfuerzo en guerra la elevaba a superior virtud. Partícipe de
+los sentimientos que daban un vigor homogéneo a la juventud bilbaína,
+Martín Arratia se afilió en la Milicia Nacional desde el primer sitio,
+y aún continuaba satisfecho y confiado en aquel cuerpo, esperando que
+la patria, es decir, Bilbao, pidiera a sus hijos nuevos sacrificios
+para su defensa. Tal era Martín, pieza bien concertada en aquel
+formidable organismo comercial y guerrero que supo hacer de Bilbao un
+baluarte inexpugnable contra el absolutismo y un emporio de riqueza.
+Pasaba en la familia por el de más talento; en la villa le alababan
+tanto como merecía por sus excelentes prendas, y no hay para qué
+añadir que en el comercio se distinguía por su severa honradez, pues
+siendo general esta cualidad en tales tiempos y en tal raza, es ocioso
+señalarla y hacer de ella un rasgo característico.
+
+Dos días muy agradables pasó allí Martín, entretenido también en la
+pesca y en paseos por el mar, que le agradaban con buen tiempo. Aura se
+reía en sus barbas viéndole palidecer cuando eran fuertes las cabezadas
+de la lancha, y él, sin temor de parecer cobarde, aseguraba que cada
+día era más terrestre, añadiendo que en tierra no faltan ocasiones de
+mostrar un valor heroico. Si terribles son las olas embravecidas, no
+es menos pavoroso en ciertos casos el cumplimiento del deber, así en
+la guerra como en el comercio. Todo es navegar; todo es una continuada
+lucha, un gran derroche de esfuerzos, arte y valor para no ahogarse.
+
+
+
+
+XVII
+
+
+Aunque era Martín la misma sobriedad en los días laborables, cuando
+llegaba el domingo se le reconcentraban los comprimidos apetitos de
+toda la semana, y su estómago no tenía fondo. La jira campestre era
+su delicia, o la comilona en casa, con enorme consumo de merluza en
+salsa, escabeches y fritangas, de añadidura mariscos, angulas, y
+encima y en medio de todo tomas muy fuertes del chacolí de la tierra.
+El domingo que le cogió en Bermeo rindió el debido culto a Baco y a
+Ceres, con espanto y risa de Aura, que se asombraba de ver comer a sus
+primos, y de ver cuánto chacolí se atizaban sin emborracharse. Ya iba
+comprendiendo que no era buen bilbaíno el que no supiera banquetear
+en días festivos, después de haber sido la misma templanza en los de
+entre semana. Cada cosa en su tiempo: trabajaban con ahínco, hasta
+con hambre si era menester; pero en tocando a holgar, no había quien
+les aventajara: así reponían cuerpo y espíritu para volver con más
+ardor a la faena. Y estos ejemplos no fueron perdidos para la niña de
+Negretti, en quien se excitaba el apetito cuando sus primos tocaban a
+refectorio dominguero. También ella iba aprendiendo a comer fuerte y a
+empinar el codo, con lo que tomaba su faz un color luminoso que ya lo
+quisieran para los días de fiesta las ninfas de los sagrados bosques
+helénicos. Total: que con los comistrajos, los paseos marítimos, y la
+vida plácida entre personas que se desvivían por distraerla, se le
+iban amansando a la enamorada joven las penas intensísimas de su alma.
+Se divertía viendo el gozo y voracidad de sus primos, que en tales
+jaranas se ponían como locos, hablando sin término y con donaire, pues
+el comer les inspiraba, les hacía ingeniosos, a ratos poetas. Y el
+cascado Valentín, con su medio siglo y su reúma que le hacía ir siempre
+de bolina, dejábase arrastrar también del vértigo juvenil: él había
+hecho lo mismo en su mocedad, y estaba dispuesto a repetirlo hasta
+llegar a la suma vejez, pues no sería buen bilbaíno si no hiciera en
+cualquier ocasión los honores debidos a un buen plato de bacalao con
+aquella salsa de bermellón, y a una azumbre de chacolí de Somorrostro.
+Valentín reía con los demás, disparataba, hasta se permitía bailar en
+mangas de camisa, y hacer un gasto horroroso de vocablos vascuences,
+de exclamaciones y juramentos de mar. El alborozo de la familia se
+introducía en el alma de Aura, ensanchando sus pulmones y avivando su
+sangre. Iba tomando su rostro, por la exposición continua al sol y al
+aire, un tono tostado caliente, de _terracota_, enteramente gitanesco.
+El negro rabioso del pelo armonizaba con la tez, de un bronceado
+finísimo con veladuras de rosa. Sus ojos eran una inmensa dulzura con
+llamaradas. El ejercicio había extremado la flexibilidad de su cuerpo,
+acentuando sus líneas incomparables, dando mayor delgadez a lo delgado,
+mayor turgencia a lo carnoso. Hasta la voz parecía más vibrante en
+las alegrías, más blanda y cariñosa en las tristezas... Un domingo
+en que Martín no estaba, hicieron tantas locuras _Churi_ y Zoilo a
+competencia, que Valentín, a pesar de no encontrarse en disposición
+de severidad, hubo de llamarles al orden. _Churi_ se subía a los
+árboles como un gato, y luego se tiraba de alturas increíbles; Zoilo le
+desafiaba a correr, y partían como exhalaciones; luego se enredaban en
+un partido de pelota, o en gimnasias rudas, dando vueltas de carnero,
+o saltando el uno a los hombros del otro y de los hombros a la cabeza.
+La de _Churi_ parecía de piedra. Incitándoles a divertirse con menos
+tosquedad, Valentín dijo a Aura:
+
+—¡Qué par de brutos! El mío es un modelo de barbarie, como ves; pero
+Zoilo no le va en zaga. Con todo, son dos criaturas; son buenos,
+inocentes, siempre listos para el trabajo. Mi hermano ha tenido suerte
+con sus tres hijos: cada uno en su género es una alhaja. Ya conoces a
+Martín, tan finito, tan caballero... chico de gran porvenir. José María
+vale lo que pesa, y este Zoilo, aunque abrutado como ves, no tiene
+pelo de tonto y sabe ganar el pan que come. Ninguno de ellos se queja,
+aunque les tengas trabajando seis semanas seguidas, sin ningún recreo.
+Vicios no los conocen... Mira ese par de angelones con qué juego tan
+primitivo se entretienen: así caen luego en la cama, como piedras.
+No remuzgan en toda la noche. ¡Qué conciencias! Bendígales Dios. En
+sus cabezas no ha entrado nunca un mal pensamiento; no les oirás una
+palabra fea.
+
+Esto no era rigurosamente exacto, porque en el ardor del pelotarismo y
+la gimnasia, las pronunciaban a cada instante sin reparar que les oían
+mujeres.
+
+De pronto le dio a _Churi_ la ventolera de tirarse al mar. Hallábanse
+en un patio emparrado, cerca de la dársena, y en tres minutos se fueron
+todos a la punta del muelle a ver nadar al sordo. Pronto se procuró
+este traje de baño, el mejor posible, y se arrojó de cabeza, levantando
+un gran espumarajo. Salió a flor de agua muy lejos, y se le vio enfilar
+afuera y perderse en la inmensidad, braceando. La mar estaba serena,
+en pleamar viva, y daba gozo mirar en la escarpa del malecón el agua
+verde y profunda. Multitud de pilletes, desnudándose en las piedras más
+avanzadas de la escollera, se arrojaban al agua como Dios les echó al
+mundo; se veían luego sus cabezas, sus mofletes hinchados de soplar,
+y los cuatro remos en constante brega con el agua. Algunos salían
+tiritando y pasaban mil fatigas para enfundarse la camisa; otros, ya
+medio vestidos, se volvían a desnudar, por estímulos y competencias
+entre ellos, y si reñían por la palma de la habilidad natatoria, se
+pegaban, al vestirse, porque uno se había puesto los mojados calzones
+del otro. Aunque Prudencia había dicho a Zoilo que no nadara, porque
+estaba sudando y sofocadísimo, el chico se permitió en aquella ocasión
+desobedecerla, ganoso de no ser menos que su primo; y ansiando mostrar
+que este no le aventajaba en resistencia de pulmones ni en fuerza
+de brazos, fue por un traje y vino ya en pergeño de bañista, con su
+formidable tórax y sus piernas estatuarias al aire. Aura y sus tíos no
+le vieron llegar. Arrancándose silencioso junto a ellos en el borde del
+abismo, se lanzó de golpe, describiendo una airosa curva en el aire
+hasta romper el agua con las manos enfiladas sobre la cabeza. Aura
+dio un grito al ver de súbito el rápido salto y la violenta caída del
+cuerpo, como si rompiera un cristal, levantando astillas mil, espumas y
+latigazos de agua que todo lo enturbiaron. La cortada superficie hervía
+y se llenaba de desgarrones blanquecinos.
+
+—¡Qué susto me ha dado! —dijo Aura—. Este Zoilo es de la piel del
+diablo.
+
+Y miraban al fondo sin ver nada. La pleamar era tan viva, que daba una
+profundidad de treinta pies.
+
+—¡Pero no sale, no sale! —exclamó Aura, explorando la inmensidad
+líquida—; ¿o es que va a salir allá lejos, como _Churi_?
+
+—No temas, que ya saldrá —dijo Valentín sonriendo, y Prudencia lo mismo.
+
+—Pero tarda mucho... ¿Cómo se puede estar tanto tiempo sin respirar? De
+pensarlo solo siento yo una opresión...
+
+Pasó tiempo. Imposible precisar los segundos...
+
+Por fin distinguió Aura, en medio de la opacidad cristalina del agua,
+una forma movible, que a medida que subía se determinaba mejor. Era
+un cuerpo de verdosa blancura, con movimientos de rana. Avanzaba
+subiendo... hasta que asomó la cabeza de Zoilo, que soplaba y escupía.
+Brazos y piernas, seguían moviéndose para mantener el cuerpo en postura
+casi vertical.
+
+—No seas bestia; no te aguantes tanto —le dijo Valentín—. Podrías
+pasarlo mal.
+
+Volteando sobre la cintura, Zoilo se zambulló de nuevo. Se le vio
+descender con las zancas de rana funcionando hacia arriba pausadamente.
+El segundo cole fue más breve que el primero, y el tío, al verle salir,
+repitió sus gruñidos:
+
+—Que no juegues, pedazo de atún. Ea, lárgate afuera con descanso a
+encontrar a _Churi_, que debe de estar de vuelta.
+
+—No se le ve —dijo Aura—. Este ejercicio me pasma, me maravilla. Gran
+mérito es nadar así.
+
+—Esto no es mérito —indicó Prudencia—. ¡Si desde que gatean se echan
+al agua estos diablillos! Ya el mar les conoce y hasta parece que se
+divierte con ellos sin hacerles daño.
+
+—Y es la verdad —agregó Valentín—, que adquieren una fuerza y una
+robustez que en ningún otro ejercicio se logra, amén del valor, de la
+serenidad que nos vemos obligados a sacar de dentro. Todo lo que ves
+hacer a esos, lo he hecho yo cuando tenía su edad. Mi _Churi_ es un
+verdadero pez; y en cuanto a Zoilo, no hay quien le saque ventaja en
+ningún elemento, porque en tierra es una fiera para el trabajo. Así
+tiene esa naturaleza que le asegura una vida de salud y de poder para
+las luchas por el pan. El día que este chico se case, ¡vaya unos hijos
+que traerá al mundo! Será una generación de Hércules chiquitos, que
+después serán Hércules grandullones...
+
+—Ya no se ve a Zoilo —dijo Prudencia—; al menos, yo no le distingo.
+
+—Ya parecerán los dos. Como se vayan muy lejos, no podrán volver tan
+pronto, porque la marea antes de media hora tirará para afuera. _Churi_
+es muy capaz de ir a tomar tierra en cualquier playazo y volverse a la
+noche, cuando suba el agua. Mirando con ojo experto a la inmensidad,
+creyó distinguir un punto: era un nadador.
+
+—Zoilo vuelve. Por mucho que presuma, no resiste como su primo. Ea,
+vámonos al pueblo.
+
+A poco de regresar a casa la familia, entró Zoilo con la cara y manos
+extraordinariamente lavadas, húmeda la ropa de haberse vestido sin
+secarse el cuerpo. No podía ocultar su mal humor por no haber alcanzado
+a _Churi_, y si no siguió tras él, no fue por falta de poder para ello,
+sino por obedecer a la tía Prudencia y a la prima Aura, que le mandaron
+volver pronto.
+
+En aquellos días anunció Negretti en una misma carta la toma de Arlabán
+por los cristinos, la salida de Oñate para Durango, y el encuentro con
+el señor de Calpena, noticia esta última que fue para la señorita como
+el estallar de un furibundo trueno. Quedose al oírla como atontada, y
+luego prorrumpió en llanto y alabanzas al Señor por haber escuchado
+su ruego. La fuerza del gozo la ponía triste, temerosa de que tanta
+ventura se desvaneciera súbitamente con nuevas desdichas. ¡Don Fernando
+en Oñate, a cuatro pasos de allí! ¿Vendría pronto? Seguramente era
+cuestión de un par de días. No tardó el mismo Ildefonso en referir
+de palabra todo lo que había escrito, añadiendo que el don Fernando
+le había parecido un caballero de excelente educación y sentimientos
+honrados.
+
+Algo dijo después que enfrió el júbilo y los entusiasmos de la pobre
+joven: don Fernando, según informe del señor italiano que con él vino
+de Madrid, había ido hacia Vitoria la misma noche de la evacuación
+de Oñate, acompañando a unas muchachas y a un señor enfermo escapado
+del hospital. Lo natural y lógico era que volviese cuanto antes.
+Consternada se quedó Aura al saber esto, y mil cavilaciones lúgubres y
+conjeturas pesimistas la desvelaron aquella noche. ¿Por que retrocedía
+Fernando cuando estaba tan cerca? ¿Qué mujeres eran las que acompañaba?
+¿Y el enfermo quién sería? Se atormentaba imaginando sucesos absurdos,
+personas monstruosas; y comunicadas sus inquietudes a Prudencia,
+esta le recomendaba, entre severa y burlona, que tuviese calma, pues
+la verdad de aquellas idas y venidas se sabría cuando llegase don
+Fernando..., y si no venía pronto, sus fines no eran buenos, sus
+intenciones no eran limpias.
+
+A solas Prudencia y su marido, desahogó aquella el mal humor que
+la noticia del encuentro con don Fernando le produjo. La repentina
+aparición del señorito de Madrid, cuando se creía que le habían llevado
+muy lejos los vientos del olvido, desbarataba sus planes de mujer
+práctica y allegadora. La señora de Negretti, que físicamente era
+corpulentísima, bigotuda, recia, de palabra viva y cortante, en lo
+espiritual atesoraba una voluntad firme, constancia en los afectos, más
+aún en los caprichos y manías; además un ardiente amor a la familia,
+y un sentido calculista y aritmético, que ya lo quisieran para los
+días de fiesta los Arratias masculinos. Desde que fue a sus manos la
+sobrinita de Ildefonso, pensó que aquella joya, en uno y otro sentido
+inapreciable, debía ser para la familia. ¿No era tristísimo que una
+niña tan bella, dueña de un capital no menos bonito, fuese pescada por
+un aristócrata madrileño, que quizás era un silbante, un hambrón, un
+mala cabeza? Cierto que Aurora tenía clavado muy en lo hondo el dardo
+de aquella pasión, y no era prudente arrancárselo tirando de él muy
+fuerte: lo mejor sería que el tal don Fernando se quedase para siempre
+en los limbos de la ausencia. El tiempo, gran milagrero, iría curando
+a la niña de afición tan desatinada, puro mimo, cosas de chicos, y
+despertaría en ella inclinación más conforme con su clase, nacida al
+calorcillo de la familia con quien moraba, y que la había hecho suya,
+rodeándola de cariños y atenciones.
+
+No era la primera vez que Prudencia dejaba traslucir a Negretti la
+prodigiosa concepción de su genio doméstico. Aquella noche la reveló
+completa con cierto orgullo y vanagloria, como si se tratara de un
+invento mecánico, para mover mejor el ánimo de su marido, entusiasta
+de las invenciones. La maquinaria de Prudencia era que Aurora y su
+capitalito quedaran definitivamente en casa. Bien para ella y bien para
+la familia. Modo de conseguir esto: casarla con uno de los sobrinos.
+El más indicado para tal objeto era Martín, por su educación, por su
+finura, por la respetabilidad que iba adquiriendo en el comercio. Era
+la gala y la honra de los Arratias, y uno de los jóvenes más guapos y
+decentitos que a la sazón había en Bilbao. Claro que esto no se haría
+forzando las voluntades, sino amañándolas con destreza hasta que ellas
+mismas quisieran acoplarse... Dejáranla a ella sola en el manejo de
+Aura; quitárase de en medio el fantasmón de Madrid, y ella respondía
+de que la niña habría de comprender bien pronto el mérito del primo, y
+todo iría como una seda.
+
+Reconoció Negretti la bondad del invento de su mujer, y lo tuvo por
+cosa excelente; mas no veía manera de llevarlo de la teoría a la
+práctica, porque el amor de la niña era muy fuerte, y viniendo el
+galán con buen fin y propósitos de matrimonio, sería locura pensar en
+desunirles. Ni por todo el oro del mundo, ni por los intereses todos
+que hay de tejas abajo, haría él cosa contraria a lo que su conciencia,
+su idea firmísima del bien y del mal, le dictaban. Solo resultaría
+práctico el invento en el caso de que el compromiso entre los amantes
+quedase desbaratado y nulo por sí mismo, por cosas de ellos, cualquier
+incidente o sesgo inopinado del drama de amor. Sin este desenlace
+previo él no haría nada por desviar las cosas de su dirección natural.
+Su conciencia antes que todo. Y lo que él no haría, no consentía
+tampoco que lo hiciera su mujer. Dejar a Dios lo que es del alma...,
+ver venir serenamente los hechos humanos, mirando siempre a la verdad,
+a la rectitud.
+
+Aunque Prudencia no practicaba el culto de la verdad con esta devoción
+suprema que hacía de Negretti un carácter excepcional, no tuvo más
+remedio que acatar lo que él decía y ordenaba. Y pues don Fernando
+venía como primer ocupante, con indiscutible derecho, y Aura le
+esperaba y le quería, dejarles su bien, dejarles su paz.
+
+—Ya sabes —le dijo Ildefonso al partir— que mi tema es: a cada uno lo
+suyo, y a Dios siempre lo divino.
+
+
+
+
+XVIII
+
+
+Zoilo y _Churi_ se fueron a Lupardo, recorriendo el largo camino con
+la escasa comodidad que les ofrecía un solo burro para los dos. Aunque
+Zoilo llevaba siempre el salvoconducto que le permitía franquear sin
+tropiezo las regiones ocupadas por carlistas, la seguridad de aquel
+documento (amplio favor que Sabino Arratia debía a su grande amigo
+el cabecilla Sarasa) no era absoluta, y más de una vez hubieron de
+esquivar con grandes rodeos o veloces marchas el encuentro con la
+gente armada de Carlos V. Todo esto solía ser diversión para los dos
+muchachos, y motivo para desplegar en competencia su pasmosa agilidad y
+bravura. Alegres empezaban la caminata, y alegres la concluían. Llegó
+un tiempo, ¡ay!, en que de sus caminatas debía decirse lo contrario:
+enojados y displicentes la comenzaban, furiosos la concluían.
+
+Antes de la dichosa o infeliz (pues no era fácil discernirlo)
+aparición de Aura en la familia, Zoilo y _Churi_ vivían unidos por
+una hermosísima fraternidad. Sus viajes eran un continuo juego con
+emulaciones que terminaban en bromas afectuosas; sus bienes terrenos,
+comida, moneda de plata o cobre eran comunes, como las armas y
+herramientas; comían en el mismo plato, en el mismo vaso bebían, y
+se tumbaban en el mismo rincón de la choza donde les cogía la noche.
+Zoilo suplía en _Churi_ la falta del oído, comunicándole con signos de
+su invención, solo de ambos comprendidos, los hechos materiales más
+difíciles de exponer sin palabra, las cosas del espíritu que aun con
+la palabra son de dificilísima expresión. Se entendían con mugidos,
+con muecas y patadas, con grotescas contracciones faciales, con rápida
+telegrafía de manos y dedos.
+
+Pero llegó el día fatal, y aquel amor recíproco trocose en recelo, y
+el libre lenguaje que los dos idearon para comunicarse su cariño, solo
+sirvió para arrojarse el uno al otro centellas de rivalidad, dicterios
+y amenazas. La causa de este que bien puede conceptuarse como uno de
+los mayores desórdenes de la naturaleza, fue la presencia inopinada
+de una mujer en la familia. A las dos semanas de tal suceso, Zoilo y
+_Churi_ dejaron de quererse. Como los dos disimulaban instintivamente
+ante la familia, la rivalidad que les desunía no se reveló hasta que
+se hallaron solos, camino de Lupardo. Iban por la cuesta de Unzaga:
+_Churi_, sombrío, taciturno; Zoilo, con alegría febril, cantando,
+divirtiéndose en pegar brincos para arrancar a tirones las ramas de
+los árboles. De pronto le cogió _Churi_ por un brazo, y le dijo con
+desabrimiento, en vascuence:
+
+—No me lo negarás: tú quieres a Aura... Aura te gusta, pillo.
+
+Más sorprendido que asustado, respondió Zoilo que sí, y todo
+espontaneidad y efusión, agregó que Dios había pegado fuego a su alma,
+y que mientras podía conseguir que la prima le quisiese, se consolaba
+con amarla a su modo, pensando en ella siempre... diciéndole cosas
+de las que se piensan más que se dicen. ¿Cómo se había enterado el
+sordo de este secreto que la misma Aura no conocía? Era _Churi_ un
+observador prodigioso; veía en la mirada, en el gesto, en los actos y
+en la abstención de los mismos, la verdad de los fenómenos del alma. Su
+penetración era el contrapeso de su sordera.
+
+Allá se las compuso Zoilo como pudo para expresarle que no admitía su
+injerencia en aquel asunto; que él (_Churi_) no tenía nada que ver con
+que él (Zoilo) adorase a la niña por el aquel de adorarla, y que en las
+soledades de su conciencia se casase con ella, y fabricara su felicidad
+con suposiciones o cálculos de cabeza, con un tremendo fuego de amor en
+toda su alma...
+
+—Lo que tú tienes que hacer —le dijo, expresando las ideas con lenguaje
+verdaderamente epiléptico— es no meterte en lo que no te importa. ¿Qué
+entiendes tú de esto? ¡Amarla tú! No puedes. Eres sordo, y ¿cómo va a
+querer Aura a un hombre que no oye?
+
+Este argumento no tenía réplica, y _Churi_ se lo tragó entre amarguras,
+quedándose buen rato sin saber qué decir. De pronto saltó con una
+retahíla, acompañada también de gesticulación epiléptica, mezcla de
+torpes cláusulas castellanas y éuskaras, que reducidas a un solo idioma
+eran así:
+
+—Pues eso es un pecado muy grande, Zoilo, y ya verás cómo se ponen los
+tíos y los primos cuando lo sepan... Y aunque te volvieras otro de lo
+que eres, aunque Dios te diera un mundo de méritos, sin fin de cosas,
+Aura no te querría, porque ya tiene su corazón entregado a otro amor, a
+un novio más guapo y más fino que tú...
+
+—¿Quién? —gritó Zoilo con furia, enarbolando una estaca que arrancado
+había de un árbol próximo.
+
+—_Madrilgo gizona_ (el hombre de Madrid).
+
+Lanzó Zoilo carcajada burlona, y doblando por la mitad la fuerte rama,
+como si fuese junco, sin cuidarse de que _Churi_ entendiera o no lo que
+decía, hablando solo más bien, exclamó:
+
+—¡_Madrilgo gizona_! Ese no viene, se ha muerto; y si vive y viene, ya
+verá Aura que debe quererme a mí, y no a él; y si así no lo hiciera, si
+se aferrara a querer al otro..., entonces, ¡ah!, le mato, me mato...,
+mato a todos, a ella, a mí, a ti...
+
+Viendo tal decisión, aunque los términos en que Zoilo la expresara no
+le resultaban inteligibles, se recogió en la tristeza de su mente, en
+aquella bóveda sin ecos, pues el verbo humano solo producía en ella
+sonidos ideales, y largo rato estuvo sin articular palabra, mientras
+el primo, que continuaba poseído de su furor de elocuencia, hablaba
+con los árboles: lo mismo podían ser para estos que para _Churi_ sus
+ardientes expresiones.
+
+—Mía, mía tiene que ser..., para mí, para mí..., o se sabrá quién es
+Zoilo. Aunque no le he dicho nada, conozco yo..., esto se conoce...,
+que sabe que la quiero; y yo sé que si ahora no me quiere ella, me
+querrá después, cuando vaya viendo... Pues cuando hay muchos en casa,
+al que más mira es a mí, y cuando dice algo que es de reír, me mira
+a ver si me ha hecho gracia... y a los demás no les mira... Y cuando
+llego, conozco yo que se alegra un tantico, y aunque a cada instante me
+llama bruto, lo dice como diciendo... «Bruto, te quiero..., pues...».
+
+—Ven acá —le dijo _Churi_ tras largo rato de silencio—. Cuando los tíos
+y tus hermanos sepan eso, verás cómo no te perdonan la desvergüenza.
+Porque Aura espera que venga el de allá, y si no viniere, bien puedes
+estar seguro de que no será para ti... Yo no oigo, pero veo, y veo más
+que tú, y nada de lo que piensan nuestros tíos se me escapa..., siento
+en mí los pasos que dan los sentires, los pensares de ellos cuando
+andan paseando por sus almas; lo siento todo, Zoilo; dentro de mí
+retumba... Pues te diré una cosa para que se te quite la esperanza. La
+tía Prudencia, que es la que manda en el tío Ildefonso, hace ascos al
+novio de Madrid y quiere que no venga, porque está en la idea de casar
+a la niña con tu hermano Martín, que es el señorito de la familia y el
+que vale más, porque nosotros, tú y yo, somos unos grandes gaznápiros,
+y él es fino, como quien dice, ilustrado. Pues sí; esta es la idea
+de la tía Prudencia; yo se la he sacado por la manera como mira a
+Martín cuando viene, y por el modo de mirar a Aura cuando habla de tu
+hermano... ¿Y ahora qué dices, ganso? Porque a tu hermano no le has de
+matar... ¡Estaría bueno eso: matar a un hermano!... ¿Qué dices, qué
+piensas?
+
+Zoilo no pensaba sino que el firmamento se le venía encima, y alzó las
+manos como para detenerlo antes que le aplastara.
+
+—Eso no es verdad —dijo—; tú me engañas, _Churi_; tú eres un
+envidioso... Pero conmigo no juegas.
+
+Momentos después, en gran abatimiento, lloraba como un niño. Puestos
+de nuevo en marcha, no hablaron más en todo el camino. Alojados en un
+caserío humilde, no se acostaron en el mismo montón de paja de maíz.
+Metiose _Churi_ en el lugar más escondido, con la cabeza apoyada en un
+yugo, y allí se pasó la noche en triste monólogo, oyendo la respiración
+de su primo que profundamente dormía.
+
+«Yo también la quiero —decía entre otros mil peregrinos conceptos...—.
+¿Cómo no, si es tan preciosa como los ángeles, o más?... ¡Que no me
+digan a mí de ángeles ni ángelas!... Donde está ella que se quiten
+todos... ¿Pero qué caso ha de hacer de mí?... ¿Cómo ha de querer a un
+sordo..., a quien no le oye su voz?... Pues si yo oyera, Dios, ¿quién
+me la quitaba? ¡Ay, no hay mujer bonita ni fea que quiera al hombre
+falto de oído!..., pues aunque se puede ser buen marido sin oír nada,
+no quieren ellas, no quieren..., y yo me pongo en lo justo... Pero si
+para mí no es, para este bestia de Zoilo tampoco... ¡Estaría bueno!
+¿Qué ventaja me lleva mi primo? Que oye... ¿Y quién me asegura que a
+él no le falta también algo? ¡A saber!... Y si no le falta nada, le
+sobra fatuidad... No, no será suya, sino del caballero de Madrid...
+¡Ojalá viniera mañana, para que se la llevara, y nos quitáramos todos
+de este suplicio!... ¡Como me reiría yo de este tontaina, fantasioso,
+fullero!... Echa roncas porque oye; que a lo demás no me gana, porque
+yo puedo más que él, y soy más valiente, y hasta más guapo... ¿Qué
+tiene Zoilo de más guapo que yo? Nada. Los ojos que le brillan... ¡Vaya
+una gracia! También me brillaban a mí antes de venirme el silencio...,
+pero ahora..., con el silencio, todo se le apaga a uno. Y Zoilo es un
+descarado que se está siempre riendo, enseñando los dientes... Pues eso
+no debe de gustarle a ninguna mujer... Que venga, que venga pronto ese
+caballero de Madrid... ¿Y el tal cómo será? Seguramente que silencioso
+no es... Pero será elegante, y tan fino, ¡arre allá!, que se meterá por
+los ojos de las mujeres... ¡Mundo maldito! Debiera uno morirse para no
+verte».
+
+A los pocos días de esto, hallándose Zoilo en Lupardo y _Churi_ en
+Bermeo, se enteró este del encuentro del tío Ildefonso con Calpena, y
+le faltó tiempo para ir a contárselo a su rival. En aquel viaje llegó
+el pobre burro llenó de mataduras; tanto le arreó el jinete para llegar
+pronto. Y llevando aparte a su primo, le soltó la tremenda noticia.
+
+—Ya está; ya pareció..., ya viene... ¿No caes en ello? Zopenco...
+¡_Madrilgo gizona_!... Habló con Ildefonso en Oñate... Ya viene...,
+mañana... verás.
+
+—Es mentira —replicó Zoilo blandiendo las tenazas—. No viene... Y si
+viene, sin ella se volverá. Juro que no se la lleva...
+
+Al día siguiente fue _Churi_ a las Encartaciones a contratar leña, y
+los dos primos estuvieron dos semanas sin verse. Pasó en este tiempo
+Zoilo algunos días en Bermeo, donde tuvo la satisfacción de ver que
+fallaban los anuncios de la próxima llegada del señor de Madrid,
+príncipe o archipámpano. Observó en Aura tristeza, duelo, reproducción
+de los arrechuchos nerviosos, y viéndola llorar se decía:
+
+«Llora, llora, que lo que es a ese no le verás más... Aquí está el
+hombre que ha de consolarte, tu Zoilo, a quien has de querer, porque
+él se lo merece..., y si no, pruébalo y verás... Este, que te mira sin
+atreverse a decirte nada, por cortedad, te tiene guardado un amor como
+el de todos los corazones que hay en el universo..., de todos juntos en
+uno. El corazón mío es de un tamaño como de aquí al sol, o un poco más
+allá, según voy viendo... Llora, llora, que tras mucho llorar, vendrá
+el olvidar... Con tanta lágrima se te lava el alma del amor viejo, y
+vendrás a tu Zoilo, a quien has de querer y adorar como él te adora y
+te quiere, que así lo manda la divinidad».
+
+Tales eran sus mudas declaraciones siempre que junto a ella se veía.
+En esto llegaron las tristes noticias del disfavor de Negretti, de
+las acusaciones con que la ignorancia o la perfidia le denigraron, de
+su prisión y de la causa que por infidencia o masonismo le formaban.
+Fácilmente se comprenderá la desazón que estos hechos causaron a toda
+la familia, particularmente a Prudencia, que adoraba a su esposo.
+Valentín rugía de cólera, Sabino ponía el grito en el cielo. Y esta
+es la ocasión de referir que el buen Sabino era el único de los
+Arratias que sentía inclinaciones hacia el absolutismo, siquiera
+fuesen platónicas, determinadas por móviles religiosos más que
+políticos. Hombre piadoso, formulista y un tanto santurrón, disentía
+de su hermano Valentín, algo dañado de volterianismo, lo que no
+impedía que, profesadas una y otra opinión con tibieza y en el terreno
+ideológico, viviesen los dos en armonía perfecta, sin significarse
+públicamente por uno ni otro partido. Nunca llevó a mal Sabino que sus
+hijos perteneciesen a la Milicia Urbana, pues sus ideas retrógradas
+en ciertos y determinados puntos, cedían ante la suprema devoción de
+a ciudadanía bilbaína. Pero si nadie podía tacharle de carlista,
+tampoco él podía negar sus grandes amistades en el campo enemigo, de
+las cuales supo obtener alguna ventaja para los negocios de la casa de
+Arratia. El comandante general de la división de Vizcaya, Sarasa, era
+su íntimo y cariñoso amigo desde la infancia, y amigos eran también
+Guergué, los coroneles Urréjola y Altolaguirre, el brigadier Tarragual,
+de la división navarra, y el jefe de la división cántabra, don Cástor
+Andéchaga. A estos conocimientos debía el paso franco por la zona
+comprendida entre Bilbao y Bermeo, y el favor inapreciable de que le
+permitieran trabajar en la ferrería de Lupardo, con la obligación de
+ceder a la maestranza de Vizcaya cierta cantidad de hierro a precio
+bajo, forma indirecta de canon o impuesto de guerra.
+
+Fiado en sus excelentes relaciones, corrió Sabino al interior del
+reino carlista, y ni en Durango, donde estaba el rey, ni en Tolosa,
+donde sufría Negretti la prisión, pudo conseguir nada en pro de su
+hermano político, el cual no habría concluido en bien sin la decidida
+protección del ilustrado príncipe don Sebastián. Y en tanto que esto
+ocurría, la familia continuaba agobiada de pesadumbres, pues para que
+nada faltase, ni parecía el don Fernando, ni de los motivos de su
+tardanza se tenían noticias, dando lugar este singularísimo caso a que
+se le creyera muerto en alguna escaramuza o lance de guerra. Mientras
+Aura languidecía, mostrándose al fin como fatigada de tan larga
+espera, con habilidad trataba su tía de infundirle el convencimiento
+de que el galán de Madrid había pasado a mejor vida, y era locura
+aguardarle más tiempo y subordinar una lozana juventud a las idas y
+venidas de un fantasma. Bien podía la niña excusarse de llorarle más,
+pues todo lo que suspirado había por la ausencia se le tomaría en
+cuenta por el fallecimiento. Que este debió de ser glorioso no podía
+dudarse, siendo Calpena un noble caballero esclavo del honor. A pesar
+de que esto pensaba y decía, Prudencia, consecuente con su nombre, no
+se lanzaba a determinaciones radicales, y esperaba la eficaz ayuda del
+tiempo para proponer a su sobrina, resuelta y gozosa, los desposorios
+con Martín Arratia.
+
+
+
+
+XIX
+
+
+Que Zoilo estaba en sus glorias con el largo eclipse del caballero
+de Madrid, y que _Churi_, por el contrario, se daba a los demonios y
+habría corrido gozoso en su busca, no hay para qué decirlo. El primero,
+fiado en su buena estrella, alentado por la fe que le infundía su
+ardorosa pasión, creía firmemente que el caballero no vendría ya, sin
+meterse en cálculos y averiguaciones del por qué de tal ausencia; el
+segundo, nutriendo su credulidad en su malicia y en el odio al primo,
+siempre esperaba que _Madrilgo gizona_ se aparecería, cuando menos se
+pensase, a reclamar lo suyo, y esta esperanza era el consuelo picante,
+amargo, de su existencia silenciosa.
+
+Por fin, a mediados de agosto, comunicó Ildefonso que estaba libre;
+pero tan harto de la suspicacia, estrechez de miras e ingratitud de la
+sociedad del nuevo reino, que no deseaba más que perderla de vista.
+Como no creía prudente que su escapatoria terminase en Bermeo, ni esta
+villa era muy segura ya para la familia, por alcanzar también al buen
+Sabino las malquerencias y desconfianzas de los facciosos, ordenaba
+que se fuesen todos a la ferrería y en ella permanecieran hasta que
+otra cosa se determinara. En el acto se dispuso Prudencia a levantar
+el campo, pues ya le incomodaba la residencia de Bermeo, donde todo
+se volvía perseguir a la niña mozos y señoretes, y hasta vejestorios,
+con ridículas manifestaciones de amor, y una mañanita salió para
+Lupardo con Aura, Sabino y _Churi_. No se cansaba la buena señora de
+lamentar la desgracia de su marido en el servicio del pretendiente,
+_lavándose las manos_ al tratar de un asunto en que Negretti obró en
+absoluto desacuerdo con ella. Bien le había dicho y redicho que no
+accediera a las instancias con que los artilleros de Oñate asediaban
+su voluntad. Honrado y crédulo en demasía, Ildefonso había tomado en
+sentido recto las ofertas pomposas de aquellos señores, las cuales no
+eran más que cantos de sirena. ¿Qué resultó? Que el hombre se había
+matado a trabajar sin que parecieran por ninguna parte las villas y
+castillos que se le ofrecieron. Salía de la corte de Carlos V como
+había entrado, desnudo de todo capital y además perdido en el concepto
+de los liberales. Bien caro pagaba su obstinación, y el desoír las
+advertencias de la mujer práctica, que siempre vio un señuelo falaz,
+una engañifa, en las galanas cuentas que se le ponían ante los ojos
+para deslumbrarle. ¡Perdido el trabajo de sus manos, perdido el fruto
+de su mente! Pero el sino de Ildefonso era sucumbir ante la maldad
+y el egoísmo, por ser excesivamente recto, confiado, esclavo de la
+conciencia hasta en las cosas nimias.
+
+—Es un santo —decía Prudencia, terminando con un gran suspiro—, y yo,
+por más que he revuelto todo el Año Cristiano, buscando la santidad
+en la industria, no he podido encontrarla. De los conventos y de las
+soledades han salido todos aquellos benditos; ninguno de los talleres.
+
+Llegaron a Lupardo con felicidad, lo que no era poca suerte, según
+estaba el país de soliviantado por la facción, y allí vio Aura
+escenario bien distinto del de Bermeo. Hecha a los grandiosos
+espectáculos marítimos, que favorecen las expansiones del alma, y
+estimulan el atrevido volar del pensamiento, la primera impresión de
+Aura fue de tristeza, como de caer en honda sima, y sentir sobre sí
+pesos enormes de tierra y cielo desplomados. La estrechez del valle le
+oprimía el corazón. ¡Qué diferencia de aquella inmensa lejanía de los
+horizontes oceánicos, que hacía casi realizable el ensueño de medir lo
+infinito! ¿Pues y la pureza de los aires, aquella frescura que con la
+intensidad de la luz inundaba cuerpo y alma? En el valle del Nervión
+pesaba la atmósfera, y las alturas verdes, las laderas cultivadas eran
+composturas mal hechas en la naturaleza por el hombre, y arreglitos
+que la echaban a perder. Entre las dos vertientes, a la orilla del
+río entintado por la arcilla ferruginosa, se alzaba el edificio de
+la ferrería, roja de medio abajo, de medio arriba negra, despidiendo
+humo denso a todas horas; harto parecida a un monstruo iracundo, por
+su respiración cadenciosa y los ruidos espantables que acompañaban
+sus funciones: el bullicio medroso de la turbina en lo más hondo,
+el martilleo con estridores metálicos arriba, y el soplido ansioso
+del fuelle. Respiraba la ferrería, latía su sangre, daba puñetazos
+continuamente sobre la materia indomable. Así lo vio Aura en su viva
+imaginación.
+
+La casa en que moraban los trabajadores era humilde, también roja y
+negra, sin más que lo preciso para que tuvieran breve descanso los
+duros huesos de aquellos atletas. Una alcoba pequeña que ocuparon
+las dos señoras; una grande, donde dormían todos los hombres; otra
+pieza donde comían, pagaban los jornales y hacían sus cuentas, eran
+las piezas altas. En las bajas, tenían la cocina, depósitos de leña
+y carbón vegetal; del lingote producido, enormes piezas dobladas por
+la mitad, y algunas formando lazo. Allí encontró Aura al mayor de los
+primos enteramente transformado, pues las dos veces que le vio en
+Bermeo iba vestido de señor con bastante desavío, y en Lupardo cubría
+todo su cuerpo con un largo camisón de lienzo veteado de negro y rojo,
+mena y humo, los brazos arremangados, los pies en almadreñas, la
+cabeza descubierta. Era el más alto de la familia, y el menos guapo de
+rostro, de pocas carnes, seco, acerado. Su rostro revelaba cansancio,
+resignación honda de todas las facultades ante la pesadumbre del deber,
+quizás desconfianza del éxito. Se parecía bastante a Zoilo, siendo este
+hermoso y José María no. Su actividad no era vertiginosa, como la de
+_Churi_ y Zoilo, sino reflexiva, paciente, llegando hasta una tensión
+increíble.
+
+Prefería Sabino el trabajo directivo al material; era menos forzudo que
+sus hijos, los cuales, a excepción de Martín, habían heredado de su
+madre Zoila Maruri la constitución hercúlea. De esta señora se decía
+que si no la hubiera matado el cólera, habría vivido un siglo. Su
+madre y su abuela vivían aún, en Mundaca; contaba la primera ochenta
+años, y la segunda ciento dos. Pues su Sabino tenía especial acierto
+para organizar el trabajo de los demás, y daba sus órdenes de un modo
+paternal, persuasivo, sin gritos ni alboroto alguno. En cambio, Zoilo
+era todo viveza, todo ruido y alegría; desde el punto y hora en que
+Aura llegó a la ferrería, se multiplicaba en el trabajo, y redoblaba
+hasta lo increíble la cháchara y gorjeos de su alborozo juvenil. Coplas
+castellanas y vascuences salían sin cesar de sus labios; los rizos que
+ornaban su frente parecían, en manos del viento, aureola de salvajes
+crines. Su rostro era una paleta en que dominaban el rojo y el negro,
+mezclados y revueltos por el sudor copioso; la blancura de sus dientes
+y el carmín de sus labios brillaban con colorido picante en medio de
+tanta suciedad; sus manos tiznadas eran manos de un diablo que se
+ocupara en los menesteres más bajos del infierno; su gala era ser
+negro, y en los febriles accesos de júbilo cogía tizne con los dedos
+y se pintaba rayas en la frente y brazos. Renunciando a todo calzado,
+lo mismo chapoteaba en el fango que las lluvias acumulaban junto a los
+montones de mena, que en las verdosas aguas de la presa. Para secarse
+restregaba los pies en el polvo de carbón: hacía esto, según decía,
+para sacarse lustre a las botas. Iba de una parte a otra saltando,
+aunque transportara grandes pesos. Acudía más pronto que la vista a
+donde se le llamaba, sin repugnar ninguna faena por difícil y enojosa
+que fuese; su ardor era el asombro de todos, y no se le reñía más
+que por lo mucho que alborotaba y por sus expresiones incongruentes,
+pues no había que chillar tanto para hacer bien las cosas. Al llegar
+la hora de la comida, y tomar su asiento en la humilde mesa sin
+manteles, hacía, sin melindres, desmedidos honores a la pitanza, con
+gran contentamiento de Aura, que gozaba y reía viéndole comer, por lo
+cual extremaba él su apetito sin incurrir en la fea glotonería. Después
+de la cena, Sabino les convocaba en torno suyo para rezar el rosario
+y dar gracias a Dios, con jaculatorias de su invención, por la salud
+que disfrutaba toda la familia, para pedirle que esta recogiese el
+fruto de tanto trabajo, y que se acabara pronto la guerra. Terminadas
+las devociones, se acostaban todos. Zoilo tardaba en dormirse,
+porque su cerebro era una devanadera en que sin cesar envolvía hilos
+interminables: amor, esperanzas, proyectos, palabras que pensaba decir
+a Aura, palabras que, a su parecer, esta le diría. Cuando sentía que su
+padre y su hermano dormían, se echaba del camastro donde reposaba medio
+vestido, y se iba al otro lado de la habitación, acurrucándose junto a
+un tabique desnudo y frío. Allí se pasaba otro rato devanando sus hilos
+con la más pura espiritualidad, y antes de dormirse daba repetidos
+besos al tabique. Al otro lado, en la próxima estancia, dormía la niña
+bonita.
+
+Ningún mal pensamiento oscurecía el cielo purísimo de aquella pasión,
+toda nobleza y frescura infantil. Era Zoilo un hombre hecho y derecho,
+pues ya había cumplido veintidós años; pero su pasión le reverdecía la
+niñez con todas las candideces deliciosas de esta, con sus ensueños
+y la facilidad increíble para ver trocadas en realidad las cosas más
+absurdas. No carecía de estudio su candorosa travesura, pues bien
+seguro estaba de que su ardor infatigable en el trabajo, su ligereza
+gimnástica, el comer mucho, el hablar cantando, el cantar riendo y
+otras extravagancias agradaban a la señora de sus pensamientos. En
+esto no se equivocaba. Con penetración de enamorado descubría en los
+ojos y en la sonrisa de Aura una complacencia y gusto muy singulares
+al verle hacer cosas tan contrarias a la compostura. Empleaba, pues,
+el chico un original resorte de agrado que podría muy bien llamarse
+la contracoquetería, consistente en aplicar a su persona todas las
+reglas opuestas a las de la vulgar presunción. Adivinaba, veía, mejor
+dicho, que era más hermoso cuanto más libre en el vestir, dentro de
+la decencia, y que no le querían conforme al patrón de los señoritos
+atildados.
+
+Más elegante sería cuanto más se pareciese al aire, a las olas, a los
+pájaros. Esto no lo razonaba, lo sentía, acariciando un vago propósito
+de dejar de ser pájaro y ola cuando las circunstancias le indujeran a
+ser hombre verdadero, y hasta hombre _fino_, si fuese menester.
+
+El trabajo de la ferrería era muy duro: lo hacían exclusivamente José
+María, Zoilo, _Churi_ y dos guipuzcoanos contratados: vestían todos,
+menos Zoilo, largos camisones de lienzo. El capataz o jefe de la tarea
+era designado con el nombre vasco de _arotza_. Llamábanse _fundidores_
+los que aplicaban el fuego a la primera materia para obtener el hierro,
+operación que se hacía en un hoyo revestido de ladrillo, donde metían
+el mineral y gran cantidad de carbón. Sabino, José María y uno de
+los guipuzcoanos eran muy expertos en apreciar el grado de ignición
+y el temple necesario. Cuando estaba el mineral al rojo, formando la
+pasta o _zamarra_, comenzaba el trabajo de forja, y allí era de ver
+el arte combinado de los _fundidores_ y los llamados _tiradores_, que
+descargaban los martillazos sobre la pieza candente, puesta sobre un
+firme o yunque, que tenía por base estacas hincadas a gran profundidad.
+Un agujero daba entrada al aire que arrojaban pulmones mecánicos,
+movidos por la turbina. El martillo tenía por cabeza una masa
+formidable de hierro, y por mango un árbol enorme, horizontal cuando
+no funcionaba, articulado por su extremo. Un mecanismo rudimentario lo
+movía, manipulado por los _tiradores_, mientras los otros manejaban
+con grandes tenazas la _zamarra_, dándole las necesarias vueltas para
+recibir por una cara y otra el golpe... Las tremendas cabezadas del
+martillo batiendo la masa roja y blanda iban limpiándola de escoria,
+y ajustando las moléculas de aquel hierro incomparable para todos los
+usos de la agricultura y de la industria. Zoilo y un guipuzcoano solían
+hacer de tiradores, mientras José María y el otro volteaban la pieza
+con las tenazas. El _prestador_ era el obrero de menor categoría en
+la forja; sus funciones se concretaban a preparar la comida, amasar
+la borona y ponerla entre las planchas calientes, y al propio tiempo
+ayudaba a los demás a cargar el horno, llevando espuertas de mena.
+De _prestador_ hacía comúnmente _Churi_, que guisaba muy bien, sin
+perjuicio de ayudar como el primero en el transporte del material y,
+en dar fuego a la hornilla... Quemar mucha leña, atizar candela era su
+mayor goce.
+
+
+
+
+XX
+
+
+Comían ordinariamente caldos de habas secas con cecina, borona y buenos
+tragos de chacolí. Al comienzo de la campaña mataban una res, cuya
+carne salaban y ponían después al humo. En los días en que Prudencia
+y Aura aportaron por allí, mejoró un poco la mesa de los cíclopes de
+Lupardo, porque la señora de Negretti había llevado un par de cestos de
+provisiones, entre las cuales sobresalía por su magnificencia un pan de
+trigo de cuatro libras; lo demás era una gallina asada, patatas, fruta
+seca, huevos y pasta de tomate en botellas, de industria doméstica.
+Esto fue lo único que pudo traer de Bermeo, donde ya escaseaban las
+provisiones de un modo alarmante, pues los arrieros que llevaban pan
+de Vitoria una vez por semana, iban ya rara vez; solo abundaba la
+merluza, que en aquella época del año, por preocupación incomprensible,
+era desestimada, y se vendía a ochavo la libra. Prudencia había
+hecho un riquísimo escabeche, que llevaba en orzas grandes bien
+acondicionadas.
+
+Con estas viandas, hubo proporción de celebrar en Lupardo verdaderos
+festines, de que participaban los guipuzcoanos, estimando estos como
+bocado exquisito el pan de trigo que no habían catado en meses, y que
+Prudencia repartía en discretas raciones. Y por contra, Aura gustaba
+con preferencia de los caldos de habas con cecina y de la borona; no
+hay que decir que Zoilo, por agradarla, consumía porciones monstruosas
+de aquel grosero alimento.
+
+Hubiérale gustado a la niña bonita poner también sus manos en aquel
+rudo trabajo del hierro; pero como Prudencia la vigilaba, manteniéndola
+dentro de su jurisdicción de señorita fina, y no hallaba ocasión de
+echarse a la cabeza una pesada cesta de mena para descargarla en el
+horno. Ya que no podía trabajar, se arrimaba lo más posible a la forja,
+sin miedo al calor intenso, sin reparar que se le sentaba en la piel
+del rostro el rojo polvillo del mineral. Si tuviera espejo, habríase
+visto trocada en figura egipcia, por el encendido color de cerámica
+que lucía como proyección de un incendio. Su belleza era entonces más
+para que la gozaran los dioses que los pobres humanos, estragados por
+el convencionalismo estético y las falsas artes de la presunción. Con
+el criterio vulgar de estas juzgaba Prudencia el nuevo cariz de su
+sobrina, diciéndole:
+
+—¡Ay, hija, estás hecha una visión! Gracias que no hay aquí gente que
+te vea. ¡Lo que pareces con esa cara tan _abochornada_! ¡Cuándo querrá
+Dios que nos vayamos a Bilbao para que te adecentes!
+
+No debía esperar mucho la señora para ver cumplidos sus deseos de
+adecentar a la niña, porque una tarde, cuando no llevaban cinco días de
+estancia en Lupardo, llegó Martín en un caballejo, y tuvo con su padre
+un vivo diálogo, del cual había de resultar la suspensión del trabajo
+de la ferrería.
+
+—Padre —decía el joven, que a las primeras palabras planteó la
+cuestión—, esto no puede ser. En Bilbao nos critican porque mientras
+todas las ferrerías de Vizcaya suspenden, la nuestra sola trabaja. ¿Y
+por qué? Porque trabaja para ellos, para los carlistas, y de aquí sacan
+el material de guerra con que quieren asesinarnos. Esto no puede ser.
+Yo he corrido a avisarle para que se entere de lo que por allá dicen
+y piensan. Antes que le hagan parar a la fuerza, suspenda el trabajo
+por su determinación. Considere que somos bilbaínos, y que tenemos que
+vivir con la opinión y con los sentimientos de nuestro querido pueblo.
+
+Algo tuvo que remuzgar Sabino; pero cedió al cabo ante los expresivos
+argumentos de Martín.
+
+—Soy miliciano nacional; a gala tengo el pertenecer al cuerpo que
+defiende la sagrada villa, y no puedo en ningún caso discrepar del
+parecer de mis compañeros.
+
+Lo mismo opinaba Valentín. No convenía, pues, a la familia, por la
+índole y el estado de sus negocios, divorciarse de la opinión del
+pueblo, donde dominaba el espíritu de resistencia implacable. Bilbao
+sería un montón de ruinas antes que consentir que pisara su suelo
+Carlos V. O morir todos, o defenderse hasta la desesperación. Ya era
+seguro que reunían sus batallones y se repostaban de artillería y
+balas para poner cerco a la capital, decididos a conseguir lo que
+no pudo Zumalacárregui. No dejaron de hacer su efecto en el ánimo
+de Sabino estas razones, pues si bien no sentía maldito entusiasmo
+por la causa liberal, érale imposible sustraerse a la solidaridad
+bilbaína, no solo por amor al pueblo natal, sino por la influencia
+que sobre él ejercían su hermano y su segundo hijo. En otra ocasión
+habría tenido sus dudas, pues del campo carlista le tiraban amistades
+de gran fuerza, y le seducía el carácter de religioso desagravio que
+a su causa imprimía el pretendiente; pero ya no podía ser. Su hermano
+mayor había soltado prenda por Isabel, prestándose a que le metieran en
+juntas de armamento y defensa; Martín era miliciano, y ambos figuraban
+como fervientes apóstoles del _Bilbao no se rinde_. Por nada del mundo
+daría Sabino el triste espectáculo de aparecer en desacuerdo con los
+suyos. ¡Qué horrible discordia la que hace enemigos a hijos y padres,
+a hermanos queridos! No, no. Antes la muerte que ver el odio en su
+familia, aunque este odio fuese político. Adelante, y allá se iban
+todos bien apretaditos uno contra otro. Bilbao y la familia eran un
+solo sentimiento, y al decir _Bilboko echea_ se decía lo más grato al
+corazón.
+
+Determinose, pues, que en rematando unas piezas que estaban en la
+forja, apagarían los fuegos y se retirarían llevándose todo el material
+de hierro que pudiesen, pues el que allí se dejara no tardaría en ser
+cogido por la facción. Logrado su objeto, y después de un rato de
+plática con Prudencia y Aura, Martín se dispuso a montar de nuevo en su
+caballejo, pues no podía faltar de la tienda. Prudencia le dijo:
+
+—Es un dolor ver a esta chica cómo se ha puesto. Mira qué cara, mira
+qué manos.
+
+Aura reía, declarando con ingenuidad que aquella vida le gustaba,
+y que no creía desmerecer de figura por haberse puesto del color
+de la mena. Opinó Martín que aunque se pintara de negro-humo o de
+almazarrón, siempre sería una divinidad; pero que no le correspondía
+perder su aire de señorita principal; y añadió que habiendo llegado
+a Bilbao la fama de su hermosura, ya había por allí muchas personas
+que deseaban conocerla. La sociedad bilbaína era muy entonada. Aura
+había de causar arrebato... Él se alegraría mucho de que el domingo
+próximo, vestidita con su mejor ropa, fuese a ver desfilar la Milicia
+Nacional, cuando iba a misa a Santiago. Después tocaba la música en
+el Arenal, y allí se paseaban las señoritas con los milicianos y la
+oficialidad del ejército. Dicho esto y otras cosas pertinentes a la
+guerra y a la amenaza del sitio, se retiró el simpático joven en su
+jaco, despidiéndose de las señoras con un afectuoso _hasta mañana_.
+
+Caía la tarde, y no gustando Sabino de que su hijo fuera solo, mandó
+a _Churi_ que montase en su burro y le acompañara, volviendo al día
+siguiente para ayudar al transporte del material. La familia iría en un
+carro del país, bien aparejado, saliendo a hora conveniente para llegar
+antes de anochecer.
+
+Mal le supo a Zoilo la disposición paterna de trasladarse a la capital,
+porque en aquel salvajismo de Lupardo se encontraba el mozo en sus
+glorias; y teniendo allí a su ídolo, y pudiendo tributarle ardiente y
+secreto culto a todas horas, no cambiara la ferrería por el paraíso
+terrenal. Y casi casi asegurar podía que a la niña tampoco le supo
+bien la traslación, porque allí gozaba viendo los trabajos, y, ¡qué
+demonio!, viéndole a él; allí tenían los dos por intermediarios de sus
+amores, al menos por parte de él, las llamas y el calor de la forja,
+el aire del soplete, y aquel campo ameno y triste, el río que mugía,
+los pájaros, la mena roja y el carbón negro. Todo aquello hablaba, todo
+sonreía, y era bueno y... _amigo_.
+
+Se desesperaba el pobre Zoilo pensando cuán árida y fastidiosa sería
+la vida en Bilbao. Allá vestirían a la niña de damisela, llevándola
+de visita en visita, o me la tendrían todo el santo día en la sala,
+donde él apenas entraba; y si por fin de fiesta le confinaban, como
+era muy de temer, en el almacén de maderas de Ripa, se divertiría como
+hay Dios. En tanto, gozarían de la dulce presencia de Aura las visitas
+cargantes, los señores y señoras de Ibarra, de Gaminde y Vildósola; y
+para colmo de fastidio, Martín podría verla a todas horas, y él no.
+Esto era en verdad peor que un castigo. Aura bajaría por las mañanas a
+la tienda, y como tenía tan bonita letra, puede que Martín la pusiera
+en el escritorio, a su lado, a copiar cartas y facturas, tocándose el
+codo de él con el de ella... No, no mil veces: esto no lo sufría. Como
+viera los codos juntos, de fijo haría cualquier barbaridad. Pensando
+estas tonterías se llevó casi toda la noche, y en lo más avanzado de
+ella, mientras su padre y hermano dormían, calentó con sus besos el
+frío revoco del tabique. Efectuose al siguiente día tranquilamente
+el apagar de hornos, la recogida de herramientas, la disposición y
+arreglo de todo lo que había de quedar allí, el transporte del hierro
+elaborado, y en un carro que mandaron traer de Miravalles se trasladó a
+Bilbao toda la familia.
+
+Resultó, ¡ay dolor!, lo que Zoilo temía: que desde la noche de llegada
+se vio la casa infestada de visitas, que acudían como las moscas;
+señoras y señoritas pegajosas que iban a picotear, a guluzmear, y a
+estarse las horas muertas en la sala. Las alabanzas a la bella sobrina
+eran entusiasmas; los plácemes por tenerla allí, muy empalagosos. Zoilo
+hubiera cogido un zurriago y arrojado a la calle a todo aquel señorío
+importuno, que le quitaba a él su bien propio; pues con tanto mirar
+a la niña, y tanto sobarla y besuquearla, colmándola de lisonjas,
+se llevaban pegadas a las manos y a las bocas partículas de aquel
+ser divino. ¿Qué le importaba a nadie que Aura fuese un prodigio de
+hermosura? ¿Ni qué tenía que ver aquella gente curiosona, entrometida,
+con que fuese huérfana, prometida de un principillo, y qué sé yo qué?
+Ya se le iban atufando al hombre las narices, y le entraban ganas de
+demostrar a chicos y grandes que solo a él le importaba la guapeza y
+demás méritos superiores de su prima... No poco se alegró de que no
+le confinaran en el almacén de Ripa, atestado de maderas, barriles de
+alquitrán y brea, pues si su padre le señaló un trabajo que allí le
+retenía algunas horas, las más del día estaba en la Ribera, ayudando a
+Martín en el trajín del despacho. Gracias a esto podía extasiarse en su
+divinidad, sin hartarse nunca. Si viéndola en el llano vestir de Bermeo
+y en el desgaire de Lupardo se había enamorado de ella como un tonto,
+en Bilbao, cuando se la vistieron de señorita para llevarla a misa o
+al visiteo, y con los trapitos de cristianar para presentarla en el
+Arenal, su tontería se trocó en locura, con hondos desvanecimientos y
+accesos de rabia.
+
+Efecto maravilloso y estupefaciente causó Aura en la juventud bilbaína,
+cuando hizo su primera salida con Prudencia y la señora y señoritas de
+Gaminde en el paseo del Arenal, pues si bien la fama había anticipado
+ya ponderaciones de tan singular belleza, la realidad empequeñeció la
+obra de la fama, al contrario de lo que en la mayoría de los casos
+sucede. Y aunque entonces, como ahora, la gallardía y hermosura
+mujeril eran cosa corriente en Bilbao, el tipo de Aura, su sencillez y
+majestad, las incomparables líneas de su cuerpo, su helénico perfil, y
+la expresión divinamente humana de sus ojos, fueron motivo de general
+admiración y embeleso. Mirábanla los hombres encandilados, turulatos
+los viejos, con asombro receloso las mujeres, y no se oían a su
+paso más que alabanzas. Si por una parte satisfacían a Zoilo tales
+demostraciones, por otra le mortificaban horriblemente, porque de
+tanto mirarla y alabarla resultaba que no era suya, sino del público.
+Rondando solo, separado de sus amigos, por los bordes del paseo, tomaba
+las vueltas a su prima y observaba de lejos la cara que ponían los
+jóvenes, así militares como paisanos, al pasar junto a ella; o bien iba
+detrás de los grupos de paseantes, tratando de escuchar lo que decían.
+Las exclamaciones «¡Vaya una mujer!...», «Es más de lo que dijeron...»,
+«Esto ya no es mujer, es diosa» eran como otros tantos estiletes que
+clavaban en su pecho. Si más que mujer era diosa, los malditos dioses
+no consentirían que hembra tan superior fuese para él... Y cuando pudo
+ver y oír que en un grupo de milicianos, donde iba su hermano Martín,
+felicitaban a este por tener a tal beldad en su casa, y le daban
+bromitas, faltó poco para que la emprendiese a bofetada limpia con
+aquellos majaderos, desvergonzados... Nervioso y descompuesto, marchaba
+en una y otra dirección por el círculo más excéntrico del paseo, que
+era como el voltear de una noria, pensando que si hubiera pistolas
+de muchos tiros, y él poseyera arma tan prodigiosa, la emplearía
+bonitamente en aquella ocasión... ¿Cómo? Arreando un tiro, ¡pim!, a
+todos los que al paso de Aura decían ¡ah!, ¡oh!..., y otro tiro, ¡pam!,
+a los que se permitieran comentarios de la hermosura, y qué sé yo
+qué..., y otro y otro tiro, ¡pim, pam!, a los graciosos y bromistas...
+¡Hala!..., ¡y que volvieran por otra!
+
+
+
+
+XXI
+
+
+No le fue muy fácil a la hermosa doncella adaptarse al nuevo molde
+de vida, y hacerse a tal ambiente; pero al fin hubo de rendirse al
+fuero de la necesidad y de la costumbre. La estrechez de la casa,
+un entresuelo sin luces en la parte interior, causábale opresión,
+angustia. Mejor respiraba en la tienda, aunque en ella dejaban poco
+desahogo los rollos de cabos, las piezas de lona, y los innumerables
+hierros de barco que por todas partes había. Pronto se familiarizó con
+el olor de alquitrán, y gustaba de bajar a la tienda, y de presenciar
+las animadas escenas de la venta y compra. El lenguaje marinero la
+encantaba, y la rudeza de aquellos rostros curtidos por el viento
+despertaba en ella simpatía y admiración. Llamada más de una vez por
+Martín para que le ayudase en el escritorio, descendía gozosa, y
+copiaba facturas y cartas; después divagaba por el local, enterándose
+de la extraña nomenclatura marítima. Las tardes de poco despacho, los
+dos dependientes, viejos navegantes desembarcados ya por inútiles, se
+esmeraban en darle lecciones. Aura les preguntaba: «¿Para qué sirve
+esto? ¿Aquello para qué es?». Y ellos, bondadosos, respondían a todo,
+dándole una idea de las maniobras en que habían gastado sus mejores
+años.
+
+El escritorio era un rincón de la tienda, separado de esta por tabique
+de cristales, que en tal sitio debía llamarse propiamente _mamparo_. No
+había más espacio que el preciso para revolverse con estrechez entre
+la mesa, con carpeta para dos personas, y el estantillo de los libros.
+Dos taburetes, la menor cantidad de asiento posible, completaban el
+mueblaje. Lo demás del reducido garitón lo ocupaban estantes atestados
+de género, casi todo lo de pesca, paquetes de anzuelos, redes, plomos;
+en otra parte, piezas de lanilla para banderas, brochas, cepillos,
+defensas, y más arriba, pendientes del techo, bombillas de diferente
+forma, faroles de costado, etcétera...
+
+Martín iba y venía del escritorio a la tienda por una puerta estrecha,
+no más holgada que las que suelen dar paso al camarote de un buque de
+mediana comodidad. Salvo a la hora en que le era forzoso escribir,
+recorría todo el local, desde la pieza grande, que daba a la calle,
+a la más interior, fin de una serie tortuosa de aposentos en que el
+olor del alquitrán y la oscuridad y falta de aire remedaban el ahogado
+recinto de la bodega de un barco. En lo más hondo estaban los barriles
+de brea en piedra, de alquitrán, los bloques de sebo; y a lo largo de
+las estancias, los rollos de jarcia formaban una estiba bien ordenada,
+como sillares de una serie de columnas, dejando para el paso un angosto
+callejón. Viendo cómo cortaban de los rollos pedazos de cuerda y cómo
+los pesaban y vendían, aprendió Aura los nombres de las diferentes
+piezas de cáñamo usadas en la navegación, y supo distinguir el
+calabrote y la guindaleza de la flechadura y cabo de acolladores. Todo
+lo preguntaba, y todo lo retenía en su prodigiosa memoria.
+
+—¿Te gusta este comercio? —le preguntaba Martín, que buscaba la manera
+de echarle una flor, sin poder conseguirlo: tales eran su timidez y
+respeto.
+
+Y ella respondía:
+
+—Las cosas feas se vuelven bonitas cuando vamos aprendiendo a ver
+en ellas la utilidad. Esto que parece tan feo, va dejando de serlo a
+medida que entendemos para qué sirve. Mira tú: yo me he criado entre
+piedras preciosas. ¡Como que he jugado con ellas! ¿Pues creerás tú que
+ese comercio nunca me hizo gracia?
+
+—Como que es un comercio que solo vive de la vanidad —dijo Martín,
+henchido de satisfacción—. Las piedras son objetos de puro lujo, y
+esto, Aura, esto es la vida, esto es el pan... Porque si no hubiera
+barcos, fíjate bien, prima, no habría comercio, y sin comercio no
+tendríamos ni camisa que ponernos, y viviríamos como los salvajes.
+
+Cuando entraba Zoilo y la veía sentadita en el escritorio, junto
+a Martín, y él corrigiéndole las copias, para lo cual se acercaba
+demasiado, juntando casi cabeza con cabeza, el pobre chico no sabía lo
+que le pasaba. ¡Vaya que también esa!... ¡Y _dar la casualidad_ de que
+aquel hombre fuera su hermano! Si no lo fuese, ya le habría enseñado
+a ponerse a la distancia que debe guardarse entre caballero y señora
+cuando no son novios. Por suerte de Zoilo, existía la guerra, que
+evidentemente le favorecía. La _casualidad_ de que hubiese guerra tenía
+sobre las armas a la Milicia Urbana, y a cada momento, mañana o tarde,
+venía el ordenanza con avisos que hacían salir a Martín de estampía.
+«Don Martín, revista a las tres... Don Martín, a las dos, ejercicio».
+Y primero faltaba una estrella del cielo que dejar el joven de acudir
+al llamamiento de la patria y de la libertad. Gracias a esto, Zoilo
+quedábase solito con Aura, y si había venta de cosas menudas, la
+enseñaba a despachar, o le daba previamente instrucciones para cuando
+viniese alguien en busca de agujas de coser lonas, de hierros para
+calafatear.
+
+—¿Para qué sirve —le preguntaba ella— este zoquete redondo de madera
+con tres agujeros, que parece una cara con sus ojitos y abajo la
+boca?...
+
+—Esto llamamos _bigota_, y sirve para las flechaduras de la jarcia.
+
+Seguía una larga lección de aparejo, que comúnmente Aura no entendía.
+Ello es que, sin entenderlo bien, pedía la niña noticia de todo; y él,
+con seriedad científica, le explicaba la aplicación de las distintas
+clases de grilletes, guarda cabos y demás hierros. Le mostraba un
+_rempujo_ y la manera de usarlo para coser velas, y se lo ponía y
+sujetaba con la hebilla, para que se hiciera cargo de aquel _dedal de
+la palma de la mano_; la instruía en el modo de calafatear, metiendo en
+la unión de las tablas y apretándola bien con hierros, la filástica,
+que era la estopa de los cabos inútiles...
+
+—Te enseñaré cómo se hace la filástica. Pero tus dedos son muy finos
+para esta operación. No, no: déjame a mí. No hay más que ir abriendo la
+estopa... Es muy fácil.
+
+—¡Vaya, con todas las cosas que hay dentro de un barco! Me gustaría
+tener una fragata muy grande, muy grande.
+
+—Y a mí. Para ir a ver tierras tú y yo... Y luego la traíamos llena de
+perlas y brillantes; cargada de piedras preciosas hasta las escotillas.
+
+—¡Jesús qué disparate!
+
+—Sí: de piedras preciosas, que, aun con ser tantas, serían pocas para
+adornar tu hermosura. Di que sí.
+
+—¡Qué tonto!
+
+—Es verdad. ¿Qué son las piedras? Morralla... Para adornarte a ti no
+hay más que el sol y las estrellas, con la luna en medio, y dos docenas
+de rayos por cada banda.
+
+—¡María Santísima..., divino Dios!
+
+—No hay más Dios divino, ni más divinidad que tú... Yo lo digo, y aquí
+estoy para sostenerlo...
+
+Al fin se arrancó el hombre. Entre seria y festiva, Aura le contestaba
+riendo y volviendo la cabeza, burlándose un poco, o asombrándose de su
+audacia.
+
+—Pero, Zoilo, ¿estás loco?
+
+—Si, sí..., me da la gana de estar loco. Es mi gusto... Como lo será el
+morirme o matarme si tú no me quieres...
+
+—Cállate, Zoilo..., no bromees con eso... Cállate, que la tía baja...
+Me parece que la siento.
+
+Lo que hacía Prudencia era llamarla desde lo alto de la estrechísima
+escalera, más bien escala de barco, que comunicaba la tienda con el
+entresuelo. «Voy, tía», gritaba Aura, mientras Zoilo, contento de haber
+roto el fuego, de haber puesto fin a un mutismo que le requemaba el
+alma, se decía: «Esta lagartona de mi tía Prudencia la manda abajo
+cuando está Martín, para que el otro le diga cosas, y la llama cuando
+yo estoy, para que yo no pueda decírselas... Ya le enseñaré yo a mi
+señora tía quién es Zoilo Arratia». Y se puso a medir brazas de cabos,
+que los dos dependientes iban pesando.
+
+Sabino y su hijo mayor se pasaban casi todo el día en el almacén de
+Ripa, donde tenían gran cantidad de duela, magníficas tosas de caoba
+y cedro, y una regular partida de teca y riga que no lograban vender
+en aquellos calamitosos tiempos por estar encalmada la construcción de
+buques. Por la noche reuníanse todos en el entresuelo de la Ribera y
+cenaban juntos, comentando la guerra, llevando al seno de la laboriosa
+familia ecos de la opinión del pueblo respecto a la inminencia de un
+segundo sitio, más apretado que el primero. Valentín, Martín y Aura
+eran partidarios de la resistencia a todo trance, y confiaban en el
+éxito, movidos de la ardorosa fe bilbaína. Sabino y José María se
+hacían intérpretes de la minoría desconfiada y algo pesimista del
+vecindario. Temían que la villa tuviera que rendirse; no daban excesivo
+valor a las bravatas de los milicianos, ni estimaban posible que la
+guarnición escasa hiciese maravillas. Al primer partido, patriótico
+y entusiasta, se arrimó Zoilo, afirmando que quería derramar su
+sangre por Bilbao, y contribuir a la defensa con todos sus bríos.
+Apoyábanle unos, otros se reían, y Prudencia declaró, siempre dentro
+del sagaz criterio que le imponía su nombre, que la familia no debía
+significarse toda del lado isabelino, sino dividirse en las dos
+opiniones para estar a las resultas de los acontecimientos.
+
+—Si todos —decía— nos vamos con la Libertad, ¡ay de nosotros en el
+caso de que venga la mala, y se vaya la Libertad a paseo y triunfe el
+oscurantismo!
+
+Pero estas razones las rebatió con firme lógica y hasta con elocuencia
+Valentín, sosteniendo que no era decoroso el doble juego, sino poner
+las dos velas a Dios y ninguna al diablo. Dios era la Libertad. De
+esta definición hubo de protestar Sabino, asentando que no había
+que mezclar a Dios en cosas de política. Que se juzgase conveniente
+defender la Libertad y el trono de Isabel, muy santo y muy bueno; pero
+nada de meter a Dios en estos líos, porque Él no era constitucional
+ni realista, sino Dios a secas, y su divina voluntad era que no se
+derramase tan locamente sangre de cristianos.
+
+En ello convinieron todos, como también en que si a Zoilo le pedía
+el cuerpo andar a tiros, se le procurase el ingreso en la Milicia
+Nacional. Con gran alegría acogió esta idea el interesado, y Aura,
+también gozosa, propuso que se comprara sin pérdida de tiempo la tela
+para el uniforme, y que una vez cortado por el sastre, ella lo cosería
+con sus propias manos, aunque tuviese que velar.
+
+—Ya tenemos a Periquito hecho fraile —dijo Prudencia—. Coseremos pronto
+la ropita, para que pueda lucirla en la formación del domingo.
+
+Aquella misma noche, andaba por el comedor y los pasillos con aire
+marcial. Sentía no tener listo su uniforme antes de que viniera
+_Churi_, el cual se había ido en su asno a sus acostumbradas
+exploraciones del país encartado o del valle de Mena, por puro vicio
+de independencia, más bien de vagancia, pues ya no había para qué
+traer leña y carbón. ¡Qué sorpresa le iba a dar, si cuando volviese le
+encontraba en todo el esplendor y magnificencia de su facha militar! ¡Y
+que no rabiaría poco al verle! Que rabiara, sí, y que se le llevasen
+los demonios, en castigo de las burradas que al partir le había
+dicho. De lo último que hablaron se copia lo menos violento, dejando
+intraducidas y al natural las locuciones del maligno sordo.
+
+
+ZOILO.— Estoy seguro de que me quiere... ya no pienso en matarme, sino
+en vivir, en hacer cosas de mucha dignidad, en aprender todo lo que no
+sé, en ser valiente, en portarme como un caballero.
+
+CHURI.— _Patuo_, no _cuerras_ tanto..., por detrás el pingajo te cae...
+¡Qué _pamparria_ tener tú!... Eso _dite_, pues.
+
+ZOILO.— Hazte a un lado, zopenco.
+
+CHURI (_sin entenderle_).— _Prinsipe arrecho_ vendrá él, y casarse
+hará con ella, y más... Al _dimonio_ tú aquí mismo, y más. Eso _dite_,
+pues... ¿Qué harás si la tía _Pudrencia_ saberlo ella?... ¿Para qué es
+desir? Murirte harás... Reírme yo... _dite_ qué _patuo_ eres, _patuo_ y
+_parol_.
+
+ZOILO.— Cállate... o verás.
+
+CHURI.— Aura _sielo_ es, y más... Tú _sarama_... _Sarama_ al _sielo_
+subirse no hará... Con escoba que te arrecojan...
+
+
+Ingresó Zoilo en la Milicia; hizo solemne estreno de su uniforme, y el
+endiablado sordo no parecía. Quien llegó fue Negretti, en un estado
+moral lastimoso, herido de cruel desengaño, renegando de la hora en
+que puso su inteligencia al servicio de la _Pretensión_. Hombre de
+sinceridad, reconocía su error y se lamentaba honradamente de no haber
+seguido la opinión y consejos de su esposa. ¡Ay!, las mujeres suelen
+tener, en asuntos de negocios relacionados con la vida social, olfato
+más seguro y vista más penetrante que los hombres... Toda la familia
+se aplicó a consolarle desde el primer día, rodeándole de atenciones
+y cuidados, pues su salud, con tan graves quebrantos y sinsabores,
+se había resentido notablemente. Hablando a solas con Valentín del
+tristísimo pasado, del negro presente, y de las cerrazones del
+porvenir, le decía:
+
+—Me siento tan abatido, tan descorazonado, que como no vengan estímulos
+de fuera de mí, dudo que pueda yo sacarlos de aquí dentro. Espero que
+pasen días, muchos días, a ver qué giro toma esta maldita guerra.
+Y también te aseguro que solo he venido a Bilbao por tomar algún
+descanso, y por el gusto de pasar unos días con vosotros antes de irme
+a Francia. Aquí no me encuentro, querido Valentín; no me atrevo a salir
+a la calle, temeroso de que me echen en cara el haber traído acá
+pegadas a las manos las limaduras de la maestranza de don Carlos. Me
+tendrán por enemigo, quizás por espía... No me conocen lo bastante para
+ver en mí al obrero neutral, que sirve donde le pagan. La realidad,
+las flaquezas humanas, me han hecho comprender que la neutralidad es
+imposible, y por ello no se acaba esta guerra... Tesón allá, tesón
+aquí... ¡Desdichado de aquel que, como yo, se ve cogido y aplastado
+entre los dos tesones!... ¡Ah!, vosotros, más felices que yo, podéis
+levantar una bandera, y defenderla, y hasta morir por ella... Yo no
+puedo..., me he inutilizado para este partido y para el otro... Lo que
+sí te digo es que ya podéis prepararos bien, porque os van a sitiar, y
+con poderosos elementos. Nadie los conoce como yo... Os apretarán de
+firme, y como no venga un buen ejército a romper la línea de ellos,
+habréis de veros muy mal, pero muy mal, créelo. Si Bilbao no hace
+una hombrada, me parece que pronto seréis vasallos de Carlos V... Es
+triste; y si en mi mano tuviera yo el fuego del cielo os lo daría para
+resistir. Porque... no soy vengativo, eso no, ni quiero el daño de
+nadie; pero a esos, ¡ah!, a esos les deseo que se les indigeste Bilbao,
+a ver si revientan de una vez.
+
+Los anuncios de Negretti respecto a la inminencia del sitio, se
+confirmaron en los días siguientes. El 21 y 22 de octubre los carlistas
+abrían trincheras en Artagán. Al otro lado del monte Archanda, sobre
+el camino de Bermeo, tenían los cañones que habían de emplazar en
+diferentes puntos, para dominar Begoña y Achuri. Hacia Ollargan
+preparaban fuertes baterías contra San Mamés y la Concepción, y por
+Sodupe disponían los ataques a Burceña y el Desierto. La situación era,
+pues, gravísima. Desde las alturas de Santo Domingo y Archanda, por la
+orilla derecha del Nervión, y por la derecha desde las de Ollargan, los
+carlistas miraban a Bilbao en el fondo de la cazuela, y no tenían más
+que alargar la mano para coger el pobrecito _chimbo_ y devorarlo.
+
+Y mientras a la defensa se aprestaba, más parecía la capital de Vizcaya
+un pueblo en plena fiesta que un pueblo condenado a los horrores de
+la guerra de sitio: diríase que se habían propuesto los bilbaínos
+animarse unos a otros con enfáticos alardes de júbilo y desprecio del
+peligro. Su actividad en los preparativos cobraba nuevos alientos de
+aquel gozo común, de aquella confianza que o sentían o simulaban. Gran
+virtud es en estos casos la ficción de entereza. Los pueblos viven del
+sentimiento colectivo, y los bilbaínos supieron en tan suprema ocasión
+cultivarlo, creándose previamente la atmósfera en que debían consumar
+sus inauditas hazañas; atmósfera falsa, si se quiere, pero que los
+hechos, la constancia y tesón de aquel divino mentir convertirían luego
+en real y positiva. Y organizaban el éxito con prematuros alardes,
+sostenidos sin desmayo, como papeles de una comedia heroica. Los
+histriones dejarían de serlo a fuerza de fingir bien y de mostrarse
+alegres cuando la realidad les imponía la tristeza. Era un pueblo de
+imaginativos, y los imaginativos que proceden con intensidad en su
+labor psicológica, acaban por crear.
+
+
+
+
+XXII
+
+
+Bien se comprende que en esta organización previa del éxito por la
+fanática confianza del pueblo en sí mismo, tenían la mayor parte las
+mujeres, y entre estas, las jóvenes trabajaban más que las maduras en
+la composición de la atmósfera marcial. Las señoras y señoritas de la
+clase mayorazguil, las del patriciado comercial, las de menestrales
+y tenderos, eran la nube en que se formaban aquellos elementos de
+extraordinaria eficacia, de donde luego tomarían el rayo los hombres.
+El fuego lo hacían ellas. Ejemplo de esta elaboración de coraje ofrecía
+la hermosa Aura, que ligada ya por lazos de amistad con las niñas de
+Gaminde, con las de Orbegozo y otras de la villa, se pasaba todo el
+día picoteando en círculos femeniles acerca de lo que se hacía en las
+fortificaciones, de la distribución y destino de las piezas, de lo que
+hacía y pensaba el gobernador don Santos San Miguel, de lo que disponía
+el Ayuntamiento con los corregidores de Albia y Begoña, y comentando
+los planes del brigadier de ingenieros don Miguel de Arechavala, lo que
+preparaban la Junta de armamento y defensa, la Diputación, y el verbo
+coronado. Todas ellas tenían el hermano, el primo, el novio, en la
+Milicia Urbana; los padres de unas pertenecían a la Junta de armamento;
+los de otras a la Diputación. Sabían, pues, todo lo que ocurría, y lo
+que no sabían lo inventaban, sin darse cuenta de su fecundísimo numen
+militar. Tan pronto se pasaba Aura la tarde en casa de las de Gaminde,
+calle del Víctor, como en casa de las de Busturia (Artecalle), o bien
+asaltaban todas el domicilio de Arratia, y aquí y acullá, sus manecitas
+diligentes trabajaban sin descanso, con más gozo que en los aprestos
+de un baile, en la tarea lindísima de coser sacos de lienzo para los
+parapetos, en vaciar colchones para llenar sacas de lana, en disponer
+las camas para los hospitales de sangre, y en hacer hilas, aunque esto
+no les parecía lo más urgente, porque antes que hubiera heridos tenía
+que haber baluartes y defensas; y las banderas debían ser muy vistosas;
+y todo lo que significase triunfos de la Libertad y palos al carlismo
+había de obtener la preferencia; las hilas y vendajes, que los hiciera
+el enemigo, como más necesitado de tales remedios.
+
+Zoilo, una vez metido de hoz y de coz en la vida militar, hizo nuevos
+conocimientos con señoritos de las primeras familias, y apretó más el
+lazo de sus antiguas amistades. Destinado a la cuarta compañía del
+primer batallón, eran sus compañeros inseparables Pepe Iturbide, hijo
+del polero que tenía taller de motones, patescas y cuadernales junto
+al almacén de los Arratias en Ripa, y Víctor Gaminde, hermano de las
+señoritas con quienes había hecho Aura tanta intimidad. Comúnmente iba
+con su amigo a casa de este, cuando quedaban francos de servicio, y
+allí se encontraba a su ídolo, que ansiosa le preguntaba:
+
+—¿Dónde has estado hoy, primo? ¿Qué hay? ¿Qué has visto?... Cuéntanos.
+
+—Pues por la mañana se ha trabajado en el fuerte del Morro, en Achuri,
+donde hemos puesto dos cañones más, y tres que había, cinco, que harán
+polvo todo el tinglado que están armando ellos más arriba. En Artagán
+tenemos cuatro piezas, di que cuatro infiernos, que arrasarán cuanto
+ellos se traigan por Santo Domingo y por Matalobos. Por la tarde hemos
+trabajado en San Agustín, donde hay una pieza de 36, más grande que
+este cuarto, y dos de 24, que da gusto verlas, y otras dos, y un obús
+que, cuando escupa, ya verán ellos lo que es canela. Dicen que mañana
+vamos a Sabalbide y a la batería de la _Reinaga_, donde pondremos sin
+fin de cañones que echarán el fuego más allá de Begoña. No deseo más
+que empezar para que vean cómo barremos para afuera. ¿Crees tú que no?
+
+—Yo sí; yo creo que les barreréis, que no quedará uno para contarlo.
+
+Y acompañándola después a casa, con su hermano José María y una señora
+tía de las de Gaminde, que iba a pasar un rato con Prudencia, de quien
+era amiga de la infancia, hablaron los dos cuanto quisieron, porque
+José y la señora mayor, que era muy pesada, iban detrás, y ellos con
+juvenil ligereza se adelantaron.
+
+—Aura —dijo Zoilo con grave acento—, no quiero más sino que _den el
+primer toque_, para que veas tú de lo que soy capaz. ¿Qué tienes que
+decirme a esto?
+
+—No digo nada, Zoilo. Yo quiero que seas valiente... Me gustaría mucho
+que te celebraran y te pusieran en las nubes.
+
+—¿Y si me celebran y me ponen más arribita de las nubes?
+
+—Me alegraré mucho, créelo.
+
+—Yo quiero que se diga que el más valiente defensor de Bilbao es
+uno..., uno que a ti te quiere, que te quiere más que a su propia
+vida... Y dirán: «¡Dichosa ella, que la quiere el más valiente de
+Bilbao!».
+
+—Bien, _Zoiluchu_... Si me lo dicen, me alegraré... Falta que seas tan
+animoso de obra como de palabra.
+
+—Tú lo verás... Di que empecemos pronto... Que haya tiros, que lluevan
+granadas y bombas deseo yo, y que tengamos que ir contra ellos a pecho
+descubierto... Ya me cansa tanto preparativo. Hacer fuego y atacar a la
+bayoneta, mándeme pronto... Lo mucho que te quiero me ha de salvar de
+la muerte. Con decir «Aura, mi Aura me favorezca», no habrá bala que se
+atreva conmigo... Pero si no me quieres, las balas no me respetarán;
+di que no.
+
+—No seas tonto. ¿Qué tienen que ver las balas con el cariño?
+
+—Sí tienen que ver, di que sí. Yo estoy seguro de que diciendo: «Aura
+me ama; atrás, fuego de pólvora», no he de tener ni un rasguño. Y si no
+lo crees, lo verás, y lo creerás. Quiéreme, y dime dónde hay siete mil
+serviles para ir solo contra ellos, solo yo.
+
+—¡Jesús, qué locura!
+
+—No, no te rías... Tú pídele a Dios y a la Virgen que empecemos de una
+vez... Que rompan ellos contra nosotros, que escupan, y ya subiremos
+nosotros a taparles las bocas, y a meterles el hierro en las barrigas.
+Yo me consumo esperando, esperando. ¿Por qué no rompemos, con cien mil
+gaitas?
+
+—Pues ya tengo curiosidad de saber en qué paran todas esas valentías
+tuyas. También quiero que rompan. Esto es hermoso. Un pueblo chiquito,
+metido en un hondo, defenderse contra tantos miles de hombres furiosos
+que le tiran desde las alturas. ¡Cosa magnífica, Zoilo; cosa sublime!
+Yo quiero verlo... ¿Me contarás todo lo que veas?
+
+—Todo, todo te contaré, y tú me querrás, di que sí.
+
+—No seas fastidioso... Ya sabes que no puede ser. Yo te quiero, porque
+eres mi primo; pero otra cosa no... Eres un buen chico, que puedes
+llegar a ser un gran hombre. ¿En qué serás gran hombre? Yo no lo sé:
+tal vez en el comercio, tal vez en la industria..., ¿y quién dice que
+no lo serás en la milicia?
+
+—Yo seré lo que tú me mandes. ¿Que me aplique a la milicia y que llegue
+a general, quieres tú?
+
+—¡Jesús y María..., tan pronto!
+
+—Si la guerra sigue, hazte cuenta... Yo seré lo que tú mandes; pero no
+me digas que no puedes quererme. Si me quieres, si me crees digno de tu
+amor, ¿por qué me lo niegas? ¡Buena tonta serías si me despreciaras a
+mí por uno que no ha de venir!
+
+—Yo no te desprecio, _Zoiluchu_.
+
+—Pues quiéreme..., verás qué valiente... ¿Qué cosa levanta más al
+hombre que el valor?
+
+—Realmente... el valor es más que nada.
+
+—Pues yo soy tuyo, y todo mi valor es tuyo, y lo que yo hiciere gloria
+tuya es, porque yo, si no te quisiera, sería muy cobarde, y me metería
+debajo de una mesa. Pero del quererte sale que yo desee subirme hasta
+las estrellas. Igualarme a ti, concédame Dios. Ya verás luego... Espera
+un poquito.
+
+—No, si yo espero... Ya ves que me paso la vida esperando.
+
+—Esperando por otro lado lo que no ha de venir..., y aquí estoy yo para
+que no esperes más tiempo... Una batalla dame, y verás.
+
+—¿Pero yo cómo te he de dar una batalla?
+
+—Diciendo que me quieres. Se me ha metido en la cabeza que si me
+dices eso, en el momento de decírmelo estallarán en esos montes, y
+en aquellos, y en los de más allá, todos de una vez, ¡_brmm_!, los
+cañones carlistas.
+
+—¡Ave María Purísima!
+
+—Sin pecado concebida. Lo que es natural, Aura, tiene que venir. Lo
+natural es que tú me quieras y que los carlistas ataquen.
+
+—Claro: tú llamas natural a lo que deseas. Pues a mí todo lo que deseo
+se me vuelve sobrenatural.
+
+—Porque no haces caso de mí, que soy lo natural, Aura; fíjate... ¿Pues
+qué soy yo más que lo natural?
+
+No pudieron decir más. En la puerta de la tienda encontraron a Martín,
+que les dio la noticia de la llegada de _Churi_, magullado, hecho
+una lástima, y además sin burro. Le habían hecho acostar; pero al
+anochecer, cansado de estar en la cama, se lanzó a la calle, corriendo
+a curiosear en los puntos fortificados. Se anticipó la cena de Martín
+y Zoilo para que volvieran a sus puestos, el uno en el Morrillo, el
+otro en Solocoeche. Habría querido su padre que estuviesen en la
+misma compañía, a fin de que se prestaran auxilio en algún aprieto
+y cuidasen el uno del otro; pero no había podido ser. En la casa
+todo era tristeza. Sabino, que dirigía el rezo doméstico, agregó al
+rosario de costumbre infinidad de preces, recitadas unas, leídas otras
+devotamente, de rodillas, en un libro piadoso. Todo era por impetrar
+del Señor que pusiese fin a la guerra entre hermanos. Y tan largo fue
+el rezo, que cuando se pusieron a cenar ya estaban desfallecidos.
+
+¡Terminar la guerra por intercesión divina! Ya, ya; bonita terminación
+se preparaba. A fe que soplaban vientos de paz. Desde el amanecer de
+Dios empezaron los carlistas a largar bombas y granadas sobre la pobre
+villa. La plaza les contestaba en toda la línea de fortificaciones,
+desde Achuri a San Agustín, y desde Ripa a San Francisco. El día fue
+de alarma, aunque no tanto como el siguiente. En casa de Arratia
+hallábanse solas las mujeres y Negretti, que forzosamente retenido
+en Bilbao por el sitio, no salía de casa, permaneciendo en un cuarto
+interior entregado a estudios y cálculos de mecánica. Algunas señoras
+de los pisos superiores bajaban al entresuelo, y cuando apretó el
+miedo, porque se dijo que habían caído bombas en la calle Somera y en
+Artecalle, bajáronse todas a la tienda, donde se creían más seguras.
+Ignorantes de lo que ocurría estuvieron hasta que, muy avanzada
+la noche, llegó Valentín a referirles que la defensa había sido
+brillante. Sabino había ido hacia Sabalbide, donde, según le dijeron,
+estaba Martín, y José María funcionaba en el hospital de sangre de la
+Concepción como individuo de la Junta de Socorro y Sanidad.
+
+—¿Quién va ganando? —preguntó Negretti, que solo por satisfacer esta
+curiosidad asomó a la puerta de su cuarto.
+
+—¡Hombre, qué pregunta!... Nosotros —dijo Valentín.
+
+Ildefonso pareció complacido, y volvió a engolfarse en su tarea,
+mientras su cuñado explicaba a las mujeres de la casa y a las vecinas
+allí congregadas los combates de aquel día en los diferentes puntos de
+defensa. En todos demostraron los bilbaínos tanta serenidad como valor.
+Las bajas no eran muchas, y los serviles no habían avanzado un palmo de
+terreno.
+
+El siguiente día fue de grande ansiedad para los vecinos de aquella
+parte de la Ribera, porque a las primeras horas de la mañana se
+procedió a levantar un parapeto y barricada en la esquina del teatro,
+y trajeron un cañón grandísimo para hacer fuego desde allí contra
+las posiciones carlistas de Uribarri. En medio de alegre bullanga y
+animación, lleváronse adelante los trabajos toda la mañana: chiquillos,
+viejos y algunas mujeres ayudaban a llenar sacos de tierra, mientras
+los soldados y milicianos desempedraban la calle. Todo se hizo
+rápidamente. Cuando empezaron a disparar, retumbaban los tiros en la
+casa de Arratia como si se viniera el mundo abajo. Guarecidas las
+mujeres en lo más hondo de la tienda, de allí no se movieron hasta que
+cesaron de oír disparos cercanos. Negretti continuaba en su aposento
+del entresuelo, paseándose inquieto y nervioso. Al oír un zambombazo
+decía: «¡Esa es buena..., a ellos!...», y vuelta a revolverse y a
+suspirar fuerte, pasándose a cada instante la mano por la cabeza, a
+contrapelo, cual si quisiera hacer de esta un perfecto escobillón. Su
+mujer quería llevarle a la tienda; pero se resistía, asegurando que
+la casa era sólida: lo más que podía ocurrir era que se hundiese el
+tejado. Dos días pasaron en esta situación, sin que ninguno de los
+Arratias pareciese por allí. Temían que Valentín, dejándose llevar de
+su temple fogoso, se lanzara al combate. Una vecina dijo que le había
+visto pasar al frente de una partida de paisanos que iban con picos
+y palas corriendo hacia el Arenal, donde también estaban emplazando
+piezas. Esta noticia las tranquilizó; y por la noche llegó Sabino,
+¡gracias a Dios!, con nuevas felices de todos menos de _Zoiluchu_.
+Valentín, después de haber trabajado como un negro, estaba en el
+Consulado, donde se reunía la Junta de armamento. José María había
+pasado del hospital de Bilbao la Vieja al de Achuri; Martín quedaba en
+Solocoeche sano y salvo, y de Zoilo no se sabía nada. Probablemente
+continuaba en el fuerte de Mallona. A _Churi_ le había encontrado
+trabajando en la barricada de la Cendeja.
+
+—¿Quién va ganando? —preguntó Negretti, entreabriendo la puerta de su
+escondrijo.
+
+—_Estos_, replicó Sabino.
+
+Y como en aquel punto entrara Valentín y oyese, subiendo la escalera,
+el _estos_ pronunciado por su hermano, gritó con fuerza y entusiasmo:
+
+—¡_Estos_ no; _nosotros_, nosotros!
+
+Aunque a media noche llegó Martín con la referencia de que Zoilo estaba
+vivo y sano en el fuerte de Mallona, no acabaron de tranquilizarse,
+pues su hermano no le había visto... Venía el pobre muchacho
+fatigadísimo, desencajado; el pundonor, más que el marcial denuedo,
+le sostenía, aunque se hallaba dispuesto a volver a empezar en cuanto
+se lo ordenasen. Su lividez, el desmayo de su cuerpo aterido, el
+sobresalto de su mirar, pedían tregua para reponer la enorme dosis de
+coraje y entusiasmo gastada en las últimas lides.
+
+—El deber, hijo, el deber ante todo —le dijo su padre, acariciando el
+libro de rezos—. Cumplamos con lo que nos pide el honor de nuestro
+pueblo, y Dios dispondrá lo que nos convenga a todos. ¿Que dispone
+triunfar? Pues triunfemos... ¿Que dispone morir? Pues muerte.
+
+Valentín se había lanzado ya a un formidable ataque contra la cena,
+ya medio fría, que Aura ponía en la mesa. Martín le secundó con brío,
+y ambos anunciaron su intención de posponer el rezar al comer. Tomó
+Negretti en silencio algunas cucharadas de sopa, sin poner atención a
+nada de lo que se decía, y Prudencia se extremaba en las órdenes que
+daba a su sobrina para cuidar y atender a Martín.
+
+—Sí, tía —dijo Aura—, no me olvidé de guardarle el medio pollo. Lo he
+puesto a calentar. Ahora lo traeré.
+
+Y sirviéndoselo, le decía cariñosa:
+
+—Come, pobrecito. Tranquilízate... ¿Has hecho mucho, mucho fuego? ¡Qué
+sería de Bilbao sin los hombres valientes!... De fijo que _Zoiluchu_
+habrá hecho alguna calaverada..., alguna barbaridad...
+
+—Es tan arrojado —dijo Valentín—, que me temo que sus bravuras le
+cuesten caras.
+
+—Pero no hay que temer —añadió Prudencia—. A ese no le parte un rayo.
+
+Martín no dijo nada: comía en silencio, con la avidez de reparación de
+la materia egoísta. La entrada de _Churi_ renovó en todos la inquietud
+por Zoilo. Observando la cara sombría del sordo, temían que fuese
+portador de alguna mala noticia; pero a las interrogaciones que le
+hicieron, harto expresivas sin necesidad de usar la palabra, contestó
+con desabrimiento:
+
+—¿Yo qué saber? Diecisiete muertos de Mallona sacar... Yo verlos. No
+estar Zoilo; ningún muerto de los diecisiete es él mismo... Más no sé...
+
+
+
+
+XXIII
+
+
+No se conformaba Aura con ignorar la suerte del menor de sus primos,
+y en la mañana del 26, a cuantos entraron en la casa preguntaba si
+sabían algo, si habían visto los muertos de Mallona. Nadie le dio
+razón. Todo aquel día, que lo fue de grande inquietud, porque en él
+dieron las compañías carlistas llamadas de _argelinos_ un terrible
+asalto por Mallona, no llegó a la casa de Arratia noticia alguna de
+los hombres de la familia. Por la noche, sabedoras Aura y Prudencia
+de que a Víctor Gaminde le habían llevado herido a su casa, fueron
+corriendo allá. Prudencia no quería más que informarse y comadrear un
+poco, y dejando allí a su sobrina, se volvió para que Ildefonso no
+estuviera solo. Vio Aura al joven herido, y a la familia consternada:
+las hermanitas lloraban; la madre no sabía qué hacer, y el padre, don
+Francisco Gaminde, persona en quien la bondad no excluía la entereza de
+carácter, sonreía con heroico dominio de sí mismo, asegurando que el
+puntazo del niño no era de muerte; le curarían, le darían buenos caldos
+para reponer la sangre perdida, y «¡hala, otra vez al puesto! Bilbao no
+quiere gallinas, sino buenos gallos con espolones». Todo se reducía a
+un desgarrón de bayoneta en el costado derecho, rozando las costillas.
+Hilas, esparadrapo, y a los tres días ya podía coger otra vez el chopo.
+También él lo cogería si fuera menester... Y en último caso, antes
+que consentir que el absoluto entrase en Bilbao, hasta las niñas, las
+bravas bilbaínas, tendrían que ir al fuego.
+
+Conservaba el herido su buen humor, y no estaba conforme con que
+le metieran en la cama. En esto entraron dos de sus compañeros, y
+alegrándose mucho de verles, se lamentó de no poder estar enteramente
+curado al siguiente día, para volver allá. No había acabado de decirlo,
+cuando entró un tercer miliciano, manchado de sangre, la cara negra,
+de humo, de tizne, del oscuro fango de las baterías: era Zoilo, el
+mismísimo Zoilo, pero en tal facha que Aura tardó en reconocerle;
+parecía más delgado, más alto..., ¡qué cosa tan rara!..., era otro...,
+no, no..., el mismo en espíritu; pero más estirado de cuerpo, ahuecada
+la voz, enflaquecido el rostro. A pesar de estas novedades _de
+aspecto_, bien se le reconocía en el mirar grave, en la arrogancia de
+su actitud sin asomos de fanfarronería, en el aplomo con que presentaba
+su rudeza ante personas finas de uno y otro sexo, no dejándose vencer
+de la cortedad. No había concluido de saludar a todos los presentes
+y de estrechar la mano de su amigo, cuando llegó presuroso Valentín,
+encargado de comunicar al señor Gaminde acuerdos importantes de la
+Junta, y de rogarle en nombre de sus compañeros que fuese al instante a
+donde estaban reunidos. Entre el cúmulo de asuntos diversos que, este
+y el otro, reunidos al acaso, expresaban con conceptos tan diferentes,
+descolló un instante la voz del miliciano herido, diciendo:
+
+—Los héroes de Mallona han sido dos... el pobre Mendiburu, y otro
+que está presente. Cuando los primeros veinte argelinos entraron por
+la brecha, más parecidos a fieras que a hombres, cinco de nosotros
+se abalanzaron a ellos... De esos cinco, tres se quedaron a media
+distancia; dos solos avanzaron resueltos. De los dos, Mendiburu cayó
+muerto; el otro está vivo, y es este _Luchu_ que ven ustedes aquí. Tras
+el muerto y el vivo corrimos los demás... No sé cómo fue aquello...,
+un milagro, un sueño..., no sé... Aún tengo dudas de que vivamos los
+que vivimos, y de que quedaran en tierra destripados no se cuantos
+argelinos... Ni sé cómo pudo pasar lo que pasó..., no sé, no sé...
+
+Manifestó Zoilo, ante el relato de su hazaña, una calmosa modestia, sin
+hipócritas denegaciones ni alardes vanidosos. Su tío Valentín le dio
+una bofetada de cariño y tres besos que parecían mordidas, gritando:
+
+—¡Si es Arratia, bilbaíno de las Siete Calles!... y no hay más que
+decir.
+
+Gaminde, sin extremar la admiración, pues tales hechos debían
+considerarse, según él, como cumplimiento estricto del deber, no dijo
+más que:
+
+—Bilbao está lleno de estos cachorros, que saben cumplir. ¡Cualquier
+día entran aquí los _absolutos_! Vámonos, Valentín.
+
+—Vámonos —dijo Arratia a su sobrina—, que es tarde. Al pasar te dejaré
+en casa.
+
+—Vámonos, _Luchu_. Vente a descansar —dijo la niña al heroico joven.
+
+Y eslabonándose unos a otros con aquel _vámonos_, salieron en cadena
+los cuatro. En la calle, se adelantaron prima y primo; detrás, las dos
+personas mayores hablaban de cosas graves.
+
+—¿Es verdad que has hecho lo que cuenta Víctor? —preguntó la doncella.
+
+—Di que nada... —replicó el mozo muy serio—. No me alabo yo de cosas
+que valen poco.
+
+—Has sido muy valiente... no lo puedes negar.
+
+—Más habría hecho si me dejaran... Pero no le dejan a uno. ¡Qué rabia!
+Si los demás hubieran querido, salimos, y no queda un argelino para
+muestra.
+
+—Has sido muy valiente —repitió Aura, parándose y mirándole a los ojos.
+Los de ella resplandecían de júbilo.
+
+Valentín y Gaminde se habían quedado muy atrás.
+
+—No lo dude usted, don Francisco —decía el primero—. Es noticia
+auténtica. La han traído dos artilleros facciosos que se pasaron esta
+noche.
+
+—Pero no es creíble...
+
+—Pues créalo usted. Levantan el sitio. No tienen municiones. Las que
+han repartido hoy son las últimas.
+
+—No nos caerá esa breva, Valentín.
+
+—Además, hay piques entre ellos. Villarreal y Simón de La Torre están a
+matar, y este se retiró hacia Munguía, negándose a obedecerle.
+
+—Eso lo creo; pero no que se retiren.
+
+—¡Que levantan el sitio, don Francisco!
+
+Al decir esto se aproximaban a la otra pareja, y Zoilo pescó el
+concepto «levantar el sitio». No pudo expresar la rabia que esto le
+produjo, porque llegaron a la tienda, y se vio rodeado de su padre,
+hermano y tía, que por su vuelta le felicitaban cariñosos. Valentín y
+el señor Gaminde siguieron hacia San Antón, mientras Zoilo, subiendo
+de mala gana al entresuelo, viose obligado a contestar a mil preguntas
+impertinentes. Él no había hecho nada de particular: no le hablaran,
+pues, de hazañas ni heroísmos.
+
+—Muy bien —díjole Sabino—: el buen soldado cumple con hacer lo que le
+manden, sin meterse a farolear. Cada cual en su deber, y luego Dios
+dispone.
+
+Aura le sacó golosinas que guardara para él, lo mejor que en la casa
+había. Pero el chico, tristemente impresionado por la frase de su
+tío, _levantan el sitio_, no tenía ganas de comer. La indignación, el
+despecho le trastornaban. Sentía escarnecido su amor patrio, su risueña
+ilusión por los suelos.
+
+—¡Levantar el sitio! —exclamó golpeando en la mesa con el mango del
+cuchillo, cuando Aura y él se quedaron solos—. No, no: eso no puede
+ser. Si se retiran, tras ellos hay que ir, y trincarles de una oreja,
+¡cobardes!, y volver a traerles a las trincheras... ¡Allí..., fuego...!
+¿No queríais sitio de Bilbao? Pues sitio de Bilbao... Firmes..., hasta
+que no quede uno... ¡Qué rabia! ¡Retirarse cuando apenas habíamos
+empezado a cascarles!... ¿Qué dices, Aura? ¿Te burlas de mí?
+
+—Yo no me burlo, no... Me gusta verte tan fogoso —replicó la doncella—.
+Pero si ya has hecho bastante, si te has portado como un valiente, ¿a
+qué quieres más gloria, tonto?
+
+—Yo no hice nada —afirmó el miliciano levantándose de golpe, fiero,
+ceñudo—. Esos niños bonitos se admiran de cualquier cosa... Ea, no
+quiero cenar. Más comida no me saques; no quiero... Me pone furioso eso
+de que levantan el sitio; y de la rabia que tengo, no puedo pasar la
+comida... Me haría daño; se me volvería veneno. Para mi hermano Martín
+guárdala; que vendrá luego, y vendrá muy contento si sabe lo que yo
+sé... Me voy a ver qué se dice. Estoy franco hasta las doce; pero no
+tengo sosiego hasta que sepa si seguimos o no seguimos. ¿Tú qué piensas?
+
+—Pienso —dijo Aura— que sí, que levantan el sitio.
+
+—¡Aura!
+
+—Aguárdate..., se retiran para organizarse mejor, y reunir más gente
+y más cañones y más balas. Cuando tengan todo eso, volverán. Se han
+propuesto coger a Bilbao, y lo cogerán si tú los dejas.
+
+—¡Yo!... ¡Como no les deje yo!... Aura, no juegues... Si no te
+quisiera, me importaría poco..., pero te quiero... Tú estás muy alta,
+yo muy bajo. Para llegar a ti, no más que un caminito hay: estrecho es
+y muy pendiente, formado todo de cuerpos carlistas; de cuerpos vivos,
+quiero decir, tan vivos que todos se echan el fusil a la cara cuando me
+ven. Pues por encima de todos esos cuerpos tengo que pasar para llegar
+arriba..., y para pisar sobre ellos, y hacerles escalones míos, tengo
+que matarles antes... Conque hazte cuenta...
+
+Aura sintió una corriente de frío intensísimo a lo largo de su
+espinazo. Dando diente con diente, le dijo:
+
+—Se retiran..., volverán con más cañones, con más fusiles, con más
+balas... ¡Pobre _Zoiluchu_!
+
+—No me digas ¡pobre!..., así como por lástima. Yo no soy ¡pobre!... ¿Y
+por qué tiemblas? Tienes frío...
+
+—Sííí...
+
+—¿Es de miedo?
+
+—O de lo contrario..., no sééé...
+
+Retumbó en aquel instante un cañonazo que hizo estremecer la casa. Las
+mujeres chillaron, y oyose la voz de Sabino diciendo que era el fuego
+de la batería que _ellos_ habían armado en Uribarri. De un brinco se
+abalanzó Zoilo a coger su fusil, y se lanzó a la escalera como una
+exhalación, sin que su padre, ni su tía, ni la misma Aura pudieran
+contenerle. De seis en seis escalones bajó gritando:
+
+—¡Viva Isabel... —y ya estaba en la calle cuando acabó de decirlo—:
+...Segunda!
+
+Cañonearon toda la noche, y aunque siguieron el día 27 hostilizando la
+plaza, cundía de hora en hora la noticia de que levantaban el sitio,
+sin otra razón, a juicio de los bilbaínos, que el vigoroso escarmiento
+que recibieron al intentar la embestida de Mallona. El 28, flojos
+ya en sus ataques, empezaron a retirar alguna artillería de la que
+habían armado contra Banderas, y también por la parte de Ollargan.
+Al anochecer, las campanas de San Agustín anunciaron la retirada de
+considerable fuerza enemiga. Entregose Bilbao a demostraciones de
+júbilo; pero los muchachos no las tenían todas consigo. La pobrecita
+Aura, queriendo decir a su primo una frase consoladora, había hecho
+una profecía. Lo raro fue que Negretti opinaba lo propio, asegurando
+secamente que volverían. Dudábalo Valentín; declaraba Sabino que sería
+lo que Dios quisiese, y Martín, ávido de descanso y con vivas ganas
+de cambiar el bélico ardor por la pacífica lucha comercial, presagiaba
+conforme a sus deseos:
+
+—La lección ha sido dura, y no es fácil que vuelvan por otra.
+
+Como todos los puestos seguían guarnecidos, y los servicios de plaza no
+sufrieron interrupción, Zoilo no parecía por su casa; según informes
+de José María, trabajaba en la reparación de los fuertes de Mallona,
+Circo y barranco de Iturribide, desplegando una actividad loca, pues
+sus brazos infatigables no descansaban de día ni de noche, insensible
+a la lluvia y al frío. Se había metido un tiempo del noroeste capaz
+de apagar los entusiasmos más ardientes y de entumecer los músculos
+más vigorosos. Pero al novel soldado no le importaba el temporal: sus
+compañeros y los trabajadores mercenarios turnaban; él no turnaba más
+que consigo mismo, y solía decir:
+
+—Esto es lo natural, Señor. Hago lo que debo, y debo hacer lo que
+puedo. Si puedo mucho, yo me sé por qué. ¡Hala!
+
+Una noche (debió de ser la del 5) fue a su casa a mudarse. Aura le
+encontró más enjuto, el mirar más penetrante y luminoso, los rizos de
+la frente más juguetones, el rostro ennegrecido, las manos como enormes
+tenazas de acero. Era la encarnación de la fuerza física, alimentada
+por el horno interno, inextinguible, de la energía moral; formidable
+máquina muscular movida por la fe.
+
+—¡Cómo acertaste! —dijo a su prima, gozoso, echando chispas de sus ojos
+negros—. Vuelven... Otra vez ya sobre Bilbao. Ahora..., dos docenas de
+argelinos, que me traigan.
+
+—Te has empeñado en ello —dijo Aura, sonriendo, mirándole a los ojos—.
+Ya estás contento...
+
+—Di que sí... Han vuelto porque yo lo he querido, como yo sé querer las
+cosas. Todo lo que se quiere con fuerza, se tiene, Aura.
+
+—Hombre, todo no.
+
+—Yo digo que sí.
+
+Metiose en el cuarto donde su tía le tenía preparado un buen lavatorio
+y ropa limpia, y cuando salió con la cabellera húmeda, en mechones
+duros y enroscados, semejantes a las serpientes de Medusa, se abrochaba
+con dificultad los botones del cuello de la camisa, por causa de la
+aspereza de sus dedos.
+
+—Aura, échame aquí una mano...
+
+Mientras la tía y la sobrina le pasaban los botoncitos, él en jarras,
+mirando al techo, decía:
+
+—Ahora se verá lo que es mi pueblo... Padre, ¿no sabe? Ya no manda
+Villarreal el _ganado servil_, sino el manco Eguía. A Villarreal me le
+han soplado en las Encartaciones para que no deje pasar a Espartero...
+¡Si serán bobos!
+
+—Hijo —indicó Sabino—, no califiquemos... Lo que Dios disponga será. No
+sabemos nada.
+
+—Yo sí sé una cosa...: que Espartero pasará por encima de Villarreal,
+como yo paso por encima de esa estera; y que el marqués de Casa-Eguía
+entrará en Bilbao dentro de dos meses, el día de Reyes... Vendrá de
+Rey Mago, montado en el burro de _Churi_, luciendo su sombrerito de
+copa forrado de hule.
+
+—Hijo, no bromees con las cosas santas ni con los sucesos de la guerra,
+que están sujetos al azar y a mil eventualidades... Yo, qué quieres,
+siempre deseo la paz. A todas horas le pido a Dios...
+
+—¿La paz?... Pues yo la guerra..., yo le pido la guerra..., y ya ven
+cómo me hace más caso que a usted.
+
+—Hijo, no desvaríes. No intentemos penetrar los altos designios...
+
+—Padre —añadió el miliciano ya vestido, ostentando su derrotado
+uniforme, gallardísimo siempre—, ¿a que no sabe usted lo que dijo Dios
+cuando hizo el mundo?
+
+—Hombre, pues dijo..., dijo..., Aura, ¿qué fue lo que dijo?
+
+—Pues, tío, me parece que dijo: «Hágase la luz».
+
+—Y la luz fue hecha. _Amén_.
+
+—No, no es eso... —continuó Zoilo—. Después: más acá, cuando hizo a la
+humanidad.
+
+—Dios no hizo a la humanidad toda entera de golpe y porrazo. No seas
+hereje... Dios hizo al primer hombre...
+
+—Y a la primera mujer, y a poco ya estaba hecha la humanidad. Pues
+cuando Dios tuvo formada la humanidad, dijo: «¡Fuego!...», que quiere
+decir: «Hágase la guerra».
+
+Cenaron sin Negretti, que, melancólico y enfermo, no salía de su
+cuarto; Martín y Valentín cenaban con sus amigos los de Vildósola;
+_Churi_ se había largado a pescar su burro... que se le cayó al mar en
+aguas de Ontón, como burlescamente decía Zoilo; José María estaba en
+la tienda con los dos dependientes preparando un pedido de grilletes y
+jarcia que habían hecho aquella tarde los barcos de la Marina inglesa,
+_Ringdowe_ y _Sarracen_. Al concluir de cenar, Prudencia fue llamada
+por Ildefonso, y Sabino se quedó dormidito, apoyando la frente en el
+piadoso libro de oraciones. Solos Aura y Zoilo, preguntole ella:
+
+—¿Por qué eres tan belicoso? ¿Por qué te ha dado por querer la guerra?
+
+—A quien quiero es a ti, que eres mi guerra, y mi Bilbao, y mi
+_angélica Isabel_... O te conquisto, o muero... ¡Conquistar, morir!
+Decir esto, ¿no es lo mismo que decir guerra?...
+
+Sintió Aura, como en noche anterior, el frío intensísimo que le corría
+por el espinazo.
+
+—¿Ya estás tiritando? Las mujeres quieren la paz: son medrosas... Yo
+te quiero a ti; me gusta la guerra, porque ella nos enseña a ganar lo
+imposible. Un querer fuerte, con mucho fuego dentro, y la voluntad como
+hierro bien batido, todo lo vence... ¿No crees tú lo mismo?
+
+—Sííí...
+
+—Pues prepárate. ¿Harás lo que yo te mande?
+
+—Sííí...
+
+—Pues nada... Yo me voy —dijo el galán mirando al pasillo, en cuyo
+término se oía la voz de Prudencia hablando con la criada—. Hasta que
+Dios quiera.
+
+Despidiose de la tía; esperó a que esta volviese a entrar en el cuarto
+de Ildefonso. Solos otra vez, junto a la escalera, Zoilo repitió, no ya
+interrogando, sino con acento afirmativo:
+
+—Harás lo que te mande.
+
+Asintió la joven con movimientos de cabeza. En esta llevaba un pañuelo
+de seda, cuyas puntas anudó sobre la boca, mordiendo el nudo. Sentía
+mucho frío y desmayo completo de la voluntad, correspondiente a un
+súbito agotamiento de su fuerza nerviosa. Se agarró al barandal de la
+escalera para no caer.
+
+—Harás lo que te mando —repitió Zoilo, que habiendo bajado ya tres
+escalones, tenía su cabeza al nivel de la cintura de ella—. Pues
+lo primero..., acércate más para decírtelo bajito..., desconfía de
+_Churi_, que es muy malo... Desconfía también de la tía Prudencia...
+
+—¡Oh!, eso no... Prudencia me quiere.
+
+—A ti, sí; pero a mí, no. Quiere más a otro... Paréceme que la
+siento... Adiós.
+
+
+
+
+XXIV
+
+
+Cumpliéronse hacia el 8 de noviembre los deseos de Zoilo, que tuvo
+la satisfacción de ver en los altos de Archanda numeroso _ganado_
+carlista que subía de Munguía. Traían gruesos cañones que emplazaron
+en Santo Domingo amenazando a Banderas. El 9 recorrió las líneas el
+general Eguía con su sombrero de copa forrado de hule y su largo
+levitón, metida en el bolsillo la única mano de que podía disponer.
+Todo indicaba que atacarían los fuertes exteriores, sin perjuicio de
+hostilizar el interior de la plaza. ¡Y Espartero sin parecer! En vano
+le llamaba el telégrafo de Miravilla, enarbolando sin cesar bolas y
+banderas. De Portugalete respondían con monótono lenguaje: «Ya vamos;
+esperarse un poco». Bilbao esperaba con estoica entereza, sin llegar
+aún a la suprema ocasión de apurar todas sus energías. Aún era grande
+el repuesto de fanatismo por la defensa, de coraje y de amor propio,
+que doblaban su fuerza con la sal y el picor de la jovialidad.
+
+En la casa de Arratia propiamente dicha no había más novedad que la
+rotura de cristales y el apabullo de los buhardillones, con amago de
+incendio que se cortó felizmente; en la familia no eran grandes tampoco
+las novedades, ni habían ocurrido sucesos que modificaran de un modo
+notorio la vida impuesta a todos por las circunstancias; pero algo
+pasaba en ella que, aun perteneciendo al orden oscuro y sin ningún
+brillo heroico, no merece el olvido. El narrador no dice nada. Deja
+que hable Prudencia, la cual, cogiendo a su hermano Valentín en el
+escritorio, donde acaloradamente disputaba con Vildósola sobre si era
+fácil o difícil tomar el fuerte de Banderas, le hizo subir, y por la
+escalera le manifestó lo que se copia:
+
+—Apártate, hermano, siquiera por un rato de estas novelerías de la
+guerra y del sitio, y ven en mi ayuda, por Dios, que ya principio
+a temer, no solo por la salud, sino por la vida de Ildefonso. ¿Has
+reparado cómo está? En quince días ha perdido la mitad de su peso,
+los dos tercios de sus carnes, y toda, absolutamente toda la alegría
+de su espíritu. ¿Qué es esto? ¿Es enfermedad, es tristeza, es pasión
+de ánimo?... Fíjate en aquella cara que languidece; en aquellos ojos
+que tan pronto parecen muertos, tan pronto relampaguean; observa cómo
+al ponerse en pie se le tuerce todo el cuerpo... y se apoya en las
+paredes para no desplomarse, él antes tan erguido, tan fuerte, tan
+vivo, hierro y pólvora... No, no: Ildefonso no está bueno; Ildefonso
+no puede seguir así. Quiero que le vean los mejores médicos de Bilbao;
+quiero que acabéis pronto el sitio para llevármele a Francia, a la
+bendita Francia, lejos de estas luchas, de estos horrores... Valentín,
+por Dios, entra en su cuarto: no como otras veces, la entrada por la
+salida..., acompáñale, dale conversación, háblale como tú sabes hacerlo
+cuando quieres, con gracia..., procura desviar su entendimiento de
+la idea que le está devorando... Yo he agotado mi labia..., no he
+conseguido nada; no puedo más.
+
+—Sí que lo haré... ¡Pobre Ildefonso! Ayer no me gustó...,
+francamente... ¿Continúa sin apetito?
+
+—Hoy no ha comido más que un poco de borona. Dice que no puede pasar
+otro alimento... Borona, y si está quemada, oliendo a chamusquina,
+mejor... Oye lo que se me ha ocurrido: ¿si le habrán traído a ese
+estado los malditos inventos en que tiene zambullida a todas horas
+su imaginación? ¿Esos planos que hace y deshace, y tacha y borra, y
+vuelta a pintar, con tantas rayas y letritas chicas, qué son? Pues ¿y
+cuando se está toda la noche llenando de numeritos un pliego de papel,
+y vengan numeritos, y numeritos, que parecen patas de pulga..., y acaba
+un pliego y vuelta a empezar?...
+
+—Mujer, son cálculos, dibujos..., proyectos de alguna mecánica..., qué
+sé yo... Entraré ahora mismo. Déjame solo con él... No te metas tú
+a farolear. Las mujeres, hablando más de la cuenta, lo echan todo a
+perder.
+
+Entró Valentín en el cuarto de Ildefonso, y este, sin levantar los ojos
+del papel en que trazaba líneas y guarismos microscópicos, le dijo:
+
+—Parece que quieren quitaros Banderas. ¿Qué crees tú? ¿Se saldrán con
+la suya?
+
+—No debes tú pensar tanto en si toman o dejan, Ildefonso. De eso, de
+disputarles un palmo de terreno, nos cuidamos nosotros. Hazte cargo de
+que no estás en una plaza sitiada, y si tiran, que tiren.
+
+Respondió Negretti entre suspiros, suspendiendo por un instante su
+trabajo, que no podía sustraerse a los sobresaltos y al terror del
+asedio, porque si Bilbao no era su patria, éralo de su esposa y de
+los hermanos de esta, a quienes como hermanos miraba; que habiendo
+cometido la insigne torpeza de servir a don Carlos como industrial
+y maquinista mercenario, sin entender que en ello comprometía su
+neutralidad política, se encontraba en tristísima situación moral,
+huésped de un pueblo que los carlistas asesinaban con las armas
+fabricadas por Ildefonso Negretti. Hallábase condenado a martirio
+indecible, y cada vez que sonaba un disparo, sentía que los demonios
+corrían de un lado para otro en diferentes partes de su cuerpo, pero
+principalmente en la cabeza y en el corazón. Siempre había tenido
+gran afecto a Bilbao, y admiraba a los bilbaínos por su honradez y
+laboriosidad. Eran la flor y nata de los hombres... ¡Y él había hecho
+los proyectiles con que les abrasaban! No, no tenía consuelo. Gracias
+que las carcasas incendiarias no eran obra suya, sino del francés a
+quien llamaban _Tutorras_, y no servían para nada. Ya lo dijo él cuando
+las estaban construyendo. Pero a las granadas y bombas..., por hijas
+las conocía. Él las engendró, ¡ay!, para que destruyeran a la rica y
+noble Bilbao...
+
+—¡Eh!..., no sigas, no sigas —le dijo Valentín, echándole los brazos
+al cuello—. Ildefonso, ¿tú qué culpa tienes? Nosotros no te odiamos.
+Bilbao no te quiere mal... Ni una palabra más de guerra y sitio. A
+olvidar tocan.
+
+—A eso voy, eso quiero..., ahogar mis penas discurriendo, calculando.
+
+—Pero no te metas muy a fondo en los cálculos —le dijo cariñoso su
+hermano—, que pudiera ser el remedio peor que la enfermedad... ¿Y eso
+qué es?... ¿Puedo saberlo?
+
+—Recordarás que una tarde, en Bermeo, viendo pasar hacia levante un
+barco de vapor, te dije...
+
+—Sí, me acuerdo: que la navegación al vapor, tal como hoy está el
+invento, no tiene porvenir, sobre todo en la guerra... Yo siempre dije
+que esas paletas al costado son buenas para navegar en ríos; pero en la
+mar, con tiempo duro, no hay gobierno posible. Viene mar gruesa, y la
+menor avería en las paletas deja la embarcación hecha una boya. Si el
+viento la hace escorar hasta mojar los penoles, ya tienes al animal con
+una pata debajo del agua y la otra en el aire. Esto es un engaña bobos.
+
+—Los inconvenientes de las ruedas al costado, en el buque de vapor
+—dijo Negretti con la frialdad y convicción del hombre de ciencia—,
+quedarán vencidos cuando se aplique un nuevo invento, del cual se
+hicieron ensayos en Francia. Yo los he presenciado... Consiste en
+sustituir las dos ruedas por una sola.
+
+—Ya..., una sola rueda en el centro, funcionando dentro de un
+escotillón rectangular, abierto al agua. Eso es complicadísimo...
+
+—Una sola rueda, Valentín, colocada a popa, en una perpendicular
+paralela al codaste.
+
+—¿Rueda vertical, girando en sentido de la quilla? —dijo Valentín, con
+la incredulidad pintada en su atezado rostro—. ¿Y cómo la mueves?...
+¿Con palancas, con bielas? ¿Cómo te gobiernas para que la transmisión
+funcione dentro del agua?
+
+—No lo has comprendido. El problema es sencillísimo, algo por el estilo
+del famoso huevo de Colón. ¿No ves cómo anda un bote, una chalana, con
+un solo remo por la popa? El movimiento lateral de ese remo basta a
+imprimir a la embarcación una marcha uniforme, avante siempre en línea
+recta.
+
+—Eso sí... la suma de impulsos laterales, alternos, en sesgo más bien,
+dan...
+
+—En sesgo, eso es. Pues construye tú un remo que produzca esos impulsos
+en sucesión rotatoria...
+
+—¡Un remo!...
+
+—Llámalo rueda, pues se reduce a un movimiento circular.
+
+—¿Con paletas que...?
+
+—Resultará esto —dijo Negretti con aire de triunfo, mostrando un
+dibujo que a Valentín le pareció una rueda de fuegos artificiales—.
+¿Me comprendes? Esto es una hélice. Aquí tienes la teoría muy bien
+expuesta. ¿Conoces tú la _Rosca de Arquímedes_?
+
+—Mejor conozco las de harina.
+
+—Sobre el eje reposan dos segmentos helicoidales...
+
+—Mira, mira, a mí no me presentes el problema de la hélice, o de la
+rosca, en forma matemática. Soy yo muy bruto para entenderlo así.
+Explícamelo con ejemplos.
+
+Diole Negretti explicaciones vulgares de la hélice como organismo de
+propulsión, añadiendo que no era invento suyo, sino de un francés que
+no había logrado aún llevarlo a la práctica, por las dificultades que
+ofrecen la rutina y la envidia a toda innovación grandiosa.
+
+—Yo lo estudio, y si Dios me da vida y se acaba la guerra, trataré de
+hacer aquí un ensayo. He modificado la teoría del francés, haciendo
+más agudo el ángulo de las paletas con la normal del barco; y en
+cuanto a la transmisión, me lanzo a un sistema nuevo, que ahora estoy
+calculando...
+
+—Para que la transmisión sea práctica, la máquina tiene que colocarse a
+popa.
+
+—¡Ah!, no. Yo me lanzo a colocar la máquina en el centro de la
+embarcación, sobre la cuaderna maestra.
+
+—El barco ha de ser pequeño.
+
+—Yo estudio mi proyecto en un barco ideal, de tamaño doble del mayor
+que hoy se conoce.
+
+—¿A ver cuánto? Mi _Victoriana_, tenía doscientos cuarenta pies. El
+mayor barco mercante que he visto no pasaba de trescientos.
+
+—Pues mi barco mide cuatrocientos pies —dijo Negretti con expresión de
+iluminado.
+
+—¿Y colocas el eje de tu máquina de vapor sobre la cuaderna maestra?
+—preguntó Valentín, más atento al desvarío pintado en los ojos de
+Ildefonso que al problema mecánico—. Y para transmitir el movimiento...
+¿qué pones? ¿Un rosario de noria, un juego de codillos, ruedas
+dentadas, o qué?...
+
+—No..., pongo un árbol de acero.
+
+—Que tendrá forzosamente ciento ochenta pies lo menos: ese árbol girará
+sobre su eje...
+
+—Conectado con la hélice..., ya ves qué cosa tan sencilla... Por el
+otro extremo le imprimirá movimiento una excéntrica.
+
+—¿Que diámetro tendrá ese arbolito?
+
+—Pie y medio...
+
+—Y de acero..., todo forjado, naturalmente... Dime otra cosa: con
+semejante chocolatera, andará tu nave... lo menos, lo menos diez millas.
+
+—¡Veinte millas, Valentín; veinte millas por hora!
+
+—Hombre, de poner..., pon cien millas —dijo el marino sin disimular ya
+su burlón escepticismo—. Y otra cosa: ¿la hélice queda debajo del agua?
+
+—Exactamente.
+
+—Y el árbol tiene ciento ochenta pies..., y es de acero..., y el barco
+mide, entre perpendiculares...
+
+—Cuatrocientos pies...
+
+—Pues, hijo..., avísame cuando todo eso esté, para ir a verlo. Y yo te
+pregunto: ¿de qué cargamos ese barco? Podríamos meter dentro de él una
+montaña.
+
+—Justo: una montaña... —murmuró Negretti, engolfándose en su trabajo.
+
+Salió el viejo marino de la estancia tan descorazonado y mustio que
+Prudencia no tuvo que preguntarle su opinión acerca del desgraciado
+calculista. Para sí decía Valentín: «Es hombre al agua. ¡Pobre
+Ildefonso! Su talento macho acaba con él». Pero no queriendo alarmar a
+su hermana, atenuó su dictamen en esta forma:
+
+—Le encuentro un poco ido de la jícara; y si por un lado veo la causa
+del trastorno en esta tragedia del sitio, por otro paréceme que los
+cálculos, en vez de ser un remedio, le acaban de rematar. ¡No es mala
+rosca la que el pobre tiene dentro de su cabeza!... ¡Qué cosas me ha
+dicho; qué invenciones, hija, obra del mismo demonio!... ¡Figúrate tú
+un árbol de acero de ciento ochenta pies de largo y pie y medio de
+diámetro..., puesto así en semejante forma, y la máquina en la cuaderna
+maestra!... Perdido, hija, perdido... Pero si le contrarías, es peor...
+Dejarle, dejarle que invente barcos monstruos, con hélices a popa, y
+un andar de ochenta millas por minuto..., digo, por hora... Dejarle,
+dejarle... Yo traeré a don José Caño, que es el mejor médico del
+pueblo... Y entre tanto, cuida de hacerle comer..., inventa tú también
+la manera de meter carga en esa bodega y víveres en esa gambuza... Si
+no, tu marido casca... o se quedará lelo, que es peor... Yo volveré...,
+voy a ver qué ocurre... Hace un rato que no se oyen tiros...
+
+
+
+
+XXV
+
+
+Consternada oyó Prudencia estas apreciaciones, que no hacían más
+que confirmarla en su pesimismo, y comunicando este a su sobrina,
+departieron ambas acerca del mejor modo de distraer al enfermo y
+apartar su espíritu así de la tenebrosa cavilación del sitio como de
+los malditos cálculos de mecánica, capaces de secar el cerebro más
+jugoso y firme. Aura entraba en el cuarto algunos ratitos, y procuraba,
+con grata conversación risueña, llevar su pensamiento a regiones
+apacibles. Desgraciadamente, la situación de la plaza sitiada, que en
+aquellos días de noviembre se agravó con nuevos desastres y quebrantos,
+no favorecía los deseos de la joven. El tiroteo era continuo; a cada
+instante llegaba noticia de hundimientos de techos, o de estropicios
+semejantes en diferentes puntos, y no había medio de ocultar a Negretti
+la verdad de tantas desdichas. Entró José María cuando menos se
+pensaba, con la triste certidumbre de que los facciosos habían tomado
+el fuerte de Banderas, y que también Capuchinos estaba al caer. Faltó
+poco para que Aura se echase a llorar de pena y rabia.
+
+—No atribuyamos esto a negros ni a blancos —dijo Sabino con unción,
+que en aquel caso no era muy pertinente—: Dios es el que todo lo
+dispone. Ni ellos deben envanecerse, ni nosotros afligirnos demasiado.
+Los designios del Señor sobre todo... Si dispone que muramos, será
+porque nos conviene.
+
+No pararon en esto las desdichas, pues al día siguiente se rindió San
+Mamés, tras una defensa briosa, y la misma suerte cupo a los fuertes de
+Luchana y Burceña.
+
+—Ni nosotros ni ellos hemos de decidirlo —decía Sabino a su hijo
+Martín, que entró abatidísimo por la pérdida de casi toda la línea
+exterior, con lo que se debilitaba sensiblemente la defensa—. Con la
+conciencia tranquila acataremos lo que resulte.
+
+—Pues yo no acato —gritó Valentín furioso, dando puñetazos—. Con
+fuertes o sin fuertes, Bilbao no se rinde; Bilbao perecerá, y que
+vengan por los escombros de las casas y por los huesos de los vecinos.
+
+La opinión de Zoilo no se sabía, porque no aportaba por allí;
+continuaba peleando como un león en la batería nueva de la Cendeja.
+Martín, engranado espiritual y físicamente en la máquina de la opinión
+general, aseguraba como su tío que Bilbao se mantendría firme, siempre
+batallador, siempre glorioso y grande. El comedido Arratia no se tenía
+por héroe; pero sabría ocupar el puesto que se le designara, fuese o no
+de peligro, y obedecería ciegamente las órdenes de sus jefes. Nadie le
+superaba en el cumplimiento estricto del deber.
+
+En una nueva entrevista que tuvieron Negretti y Valentín, aquel le dijo:
+
+—Llevo cuenta aproximada de lo que va consumiendo el enemigo. Balas
+rasas de las que yo hice, han tirado como unas trescientas de a 24 y
+ochenta de a 36. _Mis_ bombas de 14 pulgadas se van agotando... Usarán
+pronto otras, que ojalá estén peor fabricadas que las mías. De las de 7
+_mías_, han hecho gran consumo... Los botes de metralla de 36 y de 24
+no _me pertenecen_: lo declaro en descargo de mi conciencia...
+
+Más desesperanzado y pesimista salía cada vez Valentín de aquellas
+pláticas con su hermano, y al punto comunicaba sus impresiones a
+Prudencia para ver si entre los dos discurrían algún remedio.
+
+—Figúrate tú —le decía— si estará trastornado el hombre, que hoy,
+después de darme cuenta de las balas que arrojan los _serviles_, me
+ha largado más explicaciones de sus proyectos, sosteniendo que los
+barcos no se harán ya de madera, sino de hierro... todos de hierro...
+tú figúrate. Cierto que un casco metálico flota mientras esté vacío;
+pero échale a una embarcación de hierro de cuatrocientos pies máquina
+en proporción, y luego ese molinillo que él dice, de ciento ochenta
+pies... ¡Qué cosas discurre un cerebro desquiciado! Yo no he querido
+contrariarle, porque don José Caño recomienda que se le deje en el
+pleno goce de su chocolatera, pues si le escondiéramos los papeles
+o se los quemáramos, tendría quizás accesos de furor... No, eso no:
+el tratamiento, ya sabes, es darle de comer todo lo que se pueda;
+estibarle bien, aunque sea de borona, y evitar que se le remonte
+el genio... Y cuando se acabe el sitio, si vivimos, te le llevas a
+Francia, qué allí bien puede ser que el hombre despliegue con más
+tino sus invenciones. España no es país para eso: aquí inventamos
+guerras y trapisondas. Cosas de maquinaria, siempre vi que venían del
+extranjero..., de donde deduzco que lo que aquí es locura, en otra
+parte no lo será.
+
+Ni dentro ni fuera de España veía la buena mujer enmienda para el
+trastorno cerebral de su pobre marido, víctima, según ella, de su
+puntillosa rectitud y delicadeza... No, no debían ser los hombres
+tan rematados en la honradez. Prueba de las desventajas del excesivo
+puritanismo era Negretti, que se había pasado su vida trabajando,
+explotado por este y por el otro, con escasísimo provecho suyo, y
+desgaste de sus notorias energías. Pensando en esto, Prudencia se
+aprestó a recabar dentro del matrimonio la autoridad que hasta entonces
+había ejercido su esposo, el cual, consultando a veces a su costilla,
+determinaba por sí y ante sí, conforme a su rígida conciencia. Ya esto
+no podía ser: hallábase Ildefonso incapacitado para el gobierno; ella,
+pues, asumía todos los poderes, disponiéndose a resolver cualquier
+asunto pendiente, aunque fuese de los más graves. Ciertamente, sus
+resoluciones serían menos rigoristas que las de Negretti, pero más
+prácticas, inspiradas siempre en el bien de todos, y en las eternas
+leyes del sentido común. Pensaba esto Prudencia, por encontrarse
+frente a un problema doméstico muy delicado; y después de mucho vacilar
+entre someterlo al dictamen y sentencia de Ildefonso, o resolverlo
+por sí, se decidió por este último temperamento, como más cómodo y
+expedito. Sobre sí tomaba la responsabilidad y la gloria del caso.
+
+Y que el problema era delicadísimo se mostrará con solo enunciarlo.
+El 2 de noviembre, uno de los días que mediaron entre el segundo y
+el tercer sitio de la valiente Bilbao, llegaron a esta tres correos
+de Castilla, escoltados por el batallón de Toro y otros refuerzos
+que fueron de Portugalete, al mando del brigadier don Miguel Araoz.
+Recibiose en casa de Arratia, con varias cartas comerciales, una
+para Ildefonso Negretti. Cogiola Prudencia, y conociendo la letra
+del sobrescrito, la guardó, con ánimo de no entregarla a su marido
+mientras se hallase tan lastimosamente afectado del ánimo. Convenía
+evitarle quebraderos de cabeza, y alguno se traía la tal carta, de puño
+y letra del señor de Mendizábal. No era su ánimo abrirla, que esto
+habría sido contravenir la subordinación a su dueño y señor; pero pasó
+tiempo; Ildefonso no mejoraba; según las impresiones de Valentín y el
+dictamen de don José Caño, su trastorno era indudable. No se hallaba,
+pues, en disposición de ocuparse de nada. Sentíase Prudencia abrasada
+en curiosidad por ver el contenido de la carta. ¿Qué inconveniente
+había ya en abrirla? La enfermedad de Ildefonso era la abdicación
+de la soberanía matrimonial, que de hecho a la mujer correspondía.
+Fortalecida su conciencia con estos razonamientos, hizo lo que no había
+hecho nunca: abrir una carta dirigida a su esposo.
+
+Grande fue su asombro y disgusto al enterarse de lo que don Juan
+Álvarez a Ildefonso escribiera. ¡Vaya por dónde salía el buen señor!
+Que si se presentaba don Fernando Calpena a pedir a la niña en
+matrimonio, no se le pusiera ningún obstáculo, y se dispusiese el
+inmediato casamiento de Aura con el tal don Fernando... Que este era un
+sujeto de elevadas prendas, nacido de padres de la más alta alcurnia...
+Que poseía regular fortuna, y la poseería aún más cuantiosa dentro de
+algún tiempo... y que patatín y que patatán...
+
+«¡Persona elevada! —decía para sí Prudencia, guardando la carta en los
+profundos abismos de un cofre donde permanecería sin ver la luz por
+los siglos de los siglos—. ¡Tan elevada que desaparece en los aires!
+Si este señor quiere tanto a la niña, ¿por qué no ha venido antes?...
+¿Por qué la tiene en este abandono?... ¿Qué amor es ese que no se
+digna presentarse, ni siquiera escribir? Bajo mi responsabilidad, como
+mujer honrada y que mira por los suyos, me permito mandar a paseo al
+señor don Juan _de las campanas_, y disponer lo necesario para la
+felicidad de mi sobrina. ¡Sabe Dios en qué malos pasos andará el tal
+don Fernando, y cuáles serán los motivos de su ausencia!... No, no:
+aquí no creemos en brujas, ni en elevados personajes que no se sabe de
+quién han nacido... ¡Pues si con tanta facha resulta que el Calpena
+es un perdido, uno de esos que escriben en los papeles, un gorrón, un
+catasalsas!... No, no: bajo mi responsabilidad, la orden se acata,
+pero no se cumple. Si Ildefonso lo decidiera, seguramente añadiría
+una simpleza más a las muchas que ha hecho en su vida. Por ser tan
+rigorista está como está: pobre y arrumbado...».
+
+Dicho esto, se afirmó en su resolución, y de tal modo expresaba su
+rostro la dureza de su carácter y el propósito de ir a su objeto sin
+vacilaciones ni melindres, que el entrecejo parecía más nebuloso, la
+mandíbula inferior más larga, las arrugas de su frente más hondas,
+y hasta podría creerse que le crecía el bigote. Sin consultar con
+Ildefonso ni darle cuenta de nada, pues el hombre no estaba para
+calentarse la cabeza, determinó encaminar pronta y hábilmente los
+acontecimientos hasta ver realizado su sueño de oro. ¡Oh, qué ideal!
+Casar a Aurorita con Martín. Si esto conseguía, más había hecho ella
+por el bien de la familia que todos los Arratias desde la quinta
+generación.
+
+Comprendiendo la necesidad de colaboradores, pensó que debía
+comunicar sus planes a Sabino. Con Martín había que contar, sin
+duda, aleccionándole previamente, pues era también de la cepa de
+los delicados, de los rígidos, de conciencia irreductible... Se
+procuraría llevar las cosas por lo derecho, fomentando la afición y
+simpatía entre los dos seres que habían de casarse. Lo más difícil era
+convencer a la chiquilla y curarla de aquella ridícula deformación de
+su voluntad: el amor a un galán fantástico, volátil y perdidizo, que
+no parecía por ninguna parte. Pero si Aurora pecaba en ocasiones de
+independiente y arisca, sabiendo manejarla y aprovechar los giros de
+su imaginación y los desmayos de sus nervios, fácil era hacer de ella
+todo lo que se quería. Adelante, pues, y a trabajar con fe. En aquella
+familia de trabajadores, no había de quedarse atrás la valiente obrera
+de las artes pertenecientes al alma.
+
+Así, mientras los carlistas, tomadas las posiciones principales de la
+línea exterior de defensa, armaban de noche, a la calladita, nuevas
+barricadas y parapetos para emplazar su artillería contra la pobre
+Bilbao, Prudencia y Sabino, paralelamente a la labor facciosa, dieron
+comienzo a sus trabajos de asedio para expugnar el corazón de Aura y
+establecer en el su dominio.
+
+—Es indispensable obrar con prontitud —decía la señora a su hermano—, y
+llegar al fin antes que se acabe el sitio.
+
+Y como manifestara Sabino que en tal negocio no convenían prisas
+que pudieran transcender a secuestro, se le hincharon las narices a
+Prudencia y contestó airada:
+
+—Tú siempre con tus calmas, con tu _veremos_ y tu _mañana será_... Ya
+ves el pelo que has echado con tal sistema. Déjame a mí, que con los
+calzones de Ildefonso, llevándolos mejor que él y que todos vosotros,
+sabré realizar esta gran idea.
+
+Habíase guardado muy bien de comunicar a su hermano lo de la carta,
+temerosa de que saliese Sabino con la gaita del rigorismo y del
+caso de conciencia. ¡Otro que tal! ¡Así estaban todos tan perdidos!
+También ella tenía conciencia; pero una conciencia práctica, y con su
+conciencia práctica arreglaría las cosas de modo que cuando viniese
+el madrileñito con sus manos lavadas a pedir a la niña, pudiera ella
+(Prudencia) salir y decirle con mucha finura, haciéndose de nuevas:
+
+—¿Qué niña, señor? Usted se ha equivocado. Aurora Negretti es la señora
+de don Martín de Arratia.
+
+
+
+
+XXVI
+
+
+No desalentó a los bilbaínos la pérdida de los fuertes de Banderas,
+Capuchinos, San Mamés, Burceña y Luchana; antes bien, creciéndose al
+castigo, sacaron de sus desventuras nuevas energías para defenderse.
+Ni la guarnición se acobardaba, ni la Milicia y los vecinos tampoco.
+Cada cual sostenía su entereza, reforzándola con la alegría, de lo que
+resultaba una colectiva fuerza irresistible. El 17 de noviembre fue
+un día penoso: duró el fuego siete horas, sin ninguna interrupción.
+Era principal objetivo de los facciosos poner su mano en lo que creían
+llave de Bilbao, el convento de San Agustín, situado entre el Arenal y
+el Campo Volantín, al pie de cerros elevados y casi al borde de la ría.
+Las compañías de Toro, Trujillo y Compostela se portaron heroicamente,
+secundadas por los milicianos. Los muros del convento se deshacían, se
+resquebrajaban con el cañoneo enemigo, y abiertos varios boquetes entre
+la mampostería derrumbada o hecha polvo, intentó el enemigo con empuje
+el asalto. Un empuje mayor de bayonetas y pechos valerosos, les paraba
+la acometida. Allí se quedaban hechos trizas parte de los combatientes;
+pero las piedras de San Agustín continuaban bajo el poder y la insignia
+de Isabel II.
+
+Sobrevino el 18 un temporal violentísimo del noroeste, con viento
+y lluvia; cesó el fuego en San Agustín, ocupándose los sitiados en
+reparar los destrozos con sacos de tierra. Pero en el centro de la
+villa, y particularmente en las Siete Calles, cayeron bombas que
+hicieron estragos en edificios y personas. Amenazaba hundirse la casa
+de Busturia en Artecalle, y sus habitantes se repartieron en casas
+de amigos, yendo a parar a la de Arratia dos señoras y un niño. En
+_Goienkale_, hoy calle Somera, casi todos los vecinos se habían bajado
+a las bodegas y sótanos. La animación era extraordinaria, mezclándose
+lloros de mujeres con cánticos de muchachos animosos y alegres. Ya
+escaseaban los víveres, y la relativa abundancia de esta familia iba
+en socorro de las escaseces de la otra, con admirable fraternidad.
+Corrían entre tanta desolación frases de esperanza, fantasías del
+patriotismo, centelleos de la fe que nunca se apaga. Espartero recalaba
+ya en Portugalete con tantísimos miles de hombres, y no tardaría en
+reventar las líneas carlistas, en apabullar el sombrero de hule del
+general Eguía, y hacerles a todos polvo... Caían bombas aquí y allá;
+lloraban las nubes; las calles eran lodo, apestando a pólvora. Rojiza
+claridad siniestra iluminaba la villa. El viento avivaba el fuego, lo
+esparcía, lo llevaba de una parte a otra. De los sótanos subían los
+valientes bilbaínos a las techumbres para cortar incendios; andaban por
+arriba como gatos; descendían negros, ahumados, y en las profundidades
+de las casas, refugio de los seres débiles, respiraban atmósfera de
+cuerpos febriles; en las calles pisaban lodo, sangre en las baterías, y
+si no se volvían locos en noches como aquella era porque sus cerebros
+se hallaban construidos a prueba de locura, y fortificados por un
+convencimiento más duro que todos los metales que hay en la naturaleza.
+
+Amenazada de incendio la casa vecina de la de los Arratias, dispuso
+Prudencia trasladarse con Negretti a la morada de su amigo Antonio
+Cirilo de Vildósola, corredor de cambios, en el Portal de Zamudio. Aura
+y sus amigas las de Busturia se fueron a la casa del señor Gaminde,
+ya del lector conocido, comerciante fuerte, que operaba en bacalao,
+lanas y otros artículos. En estas idas y venidas, hubo dispersiones.
+Los hombres no podían estar en todo, pues atendiendo a la mudanza
+y trasiego de mujeres, habían de abandonar urgentes trabajos en la
+batería de las Cujas y en la Cendeja. Prudencia, con las dos señoras de
+Busturia, encontró a Martín en Bidebarrieta, acompañando a la esposa y
+niños de Ibarra; se detuvo para decirle:
+
+—No sé si Aura habrá llegado a casa de don Francisco. Iba con Nicolás
+Ledesma, el organista, y Manuela Echavarri.
+
+La tranquilizó Martín, asegurando que la había visto minutos antes con
+las referidas personas, y con su hermano Zoilo.
+
+—Entonces no hay cuidado. Recordarás lo que te encargué —díjole
+Prudencia aparte—. Vas a cenar _donde_ Gaminde, y allí tendrás a Aura
+en buena disposición para decirle lo que sabes... Procura ser galán, y
+deja a un lado la sosería.
+
+Observó el muchacho que la ocasión no era muy apropiada para las
+expansiones amorosas. Algo le había dicho ya por la mañana en su
+casa y en la de Vildósola, cuando fueron a llevar al tío Ildefonso,
+y por cierto que no se había mostrado la niña muy complacida de sus
+indirectas, que indirectas eran, pues a otra cosa no se atrevía.
+
+—Eres un santo —le dijo Prudencia—, y a los santos, en cosas de amor,
+hay que dárselo todo hecho.
+
+Siguieron las de Ibarra hacia la calle del Perro; Prudencia se fue al
+Portal de Zamudio; poco después entraba Martín en casa de Gaminde,
+componiendo en su mente una patética explanación de sus puros afectos
+para espetársela a su prima sin pérdida de tiempo. Por desgracia, había
+salido Aura con don Francisco y las chicas de Orbegozo en demanda de la
+morada de estas, donde acababan de llevar herido a Juanito Orbegozo,
+de la 2.ª de Milicianos, y a uno de los chicos de Gandasegui. Hubo de
+renunciar Martín por aquella noche a proseguir su amorosa batalla,
+porque otras obligaciones le llamaban a la batería de Mallona, donde
+entraba de servicio. Por el camino se encontró a José Blas de Arana,
+que le ajustó la cuenta de las bajas de aquel día, añadiendo con acento
+lastimoso:
+
+—Como Espartero no se dé prisa, paréceme que tendremos que dejarnos
+aquí los huesos.
+
+—Si es preciso; si Bilbao lo quiere —dijo Martín—, los dejaremos, y
+vayan por delante los míos, que para poco sirven.
+
+Pues en medio de tantos desastres tuvieron calma y humor aquellos
+hombres para celebrar los días de la reina (19), recorriendo las
+calles en grupos clamorosos y vitoreándose recíprocamente tropa y
+milicianos, cual si se hallaran en vísperas del triunfo. Toda la tarde
+estuvo tocando la música en la batería del Circo, y las canciones
+enronquecieron las gargantas de muchos. Dios no les dejaba morir de
+tristeza y desconsuelo, sugiriéndoles cada día nuevas esperanzas. El
+26, cuando el fuerte del Desierto anunció con salva de 21 cañonazos
+que Espartero había entrado en Portugalete, respiró la gloriosa
+villa por los pulmones y las bocas risueñas de todos sus hijos,
+cantando victoria, y haciendo befa y escarnio del terrible enemigo. La
+artillería de este enmudeció, como si lo que anunciaba el cañón del
+Desierto impusiera pavura en el sitiador embravecido. Pero su silencio
+era el sordo trabajo preparatorio de la furibunda embestida que
+pensaban dar al día siguiente, 27. Al anochecer del 26 descansaron los
+carlistas en la firme creencia de hallarse en la víspera del fin. Una
+noche no más les separaba del premio de su constancia: la rendición de
+Bilbao.
+
+Cinco días estuvo Aura sin ver a Zoilo, y tres sin saber nada de
+Martín. Por uno y por otro pasó intranquilidad la familia, y Sabino
+no hacía más que ir de fuerte en fuerte, interrogando a todo el que
+encontraba. Acompañole Aura en una de estas excursiones, sin temor al
+peligro, y al cabo, volviendo del Circo, supieron que Martín no tenía
+novedad y había pasado a Solocoeche.
+
+—Vaya, ya estás tranquila —le dijo su tío—. El chico vive y tú
+resucitas. Con esa impresionabilidad que te ha dado Dios, parecías
+muerta de susto y pena.
+
+—Pero aún no debemos alegrarnos, tío: no sabemos nada de _Zoiluchu_.
+
+—Es verdad; bien comprendo que ese no te llama tanto como Martín; pero
+también es hijo de Dios, y debemos mirar por él. Aunque parece un
+tarambana, mi Zoilo vale mucho; a valiente le ganan pocos; tiene su
+pundonor, y sabe llevar el nombre de la familia Pero no se igualará
+nunca a su hermano Martín, pues este es de los que entran pocos en
+libra. No podrás tú ni nadie señalar una buena cualidad que él no tenga.
+
+Aura no dijo nada, y sintiendo Sabino la necesidad imperiosa de
+practicar dentro de un recinto sagrado las devociones con que
+diariamente alimentaba su fe, propuso a la joven entrar en la
+primera iglesia que hallasen abierta. Por fortuna, en la capilla de
+la Misericordia estaba el Señor de manifiesto, y allí se metieron,
+empleando ambos como una media hora en rezos y meditaciones. Sentose
+Aura; permaneció Sabino de rodillas larguísimo rato.
+
+—He pedido al Señor dos cosas —dijo a su sobrina, tomando al fin
+asiento junto a ella, todavía con la boca llena de sílabas de rezos—.
+Primera, que nos conserve la vida del pequeño como nos ha conservado
+la de su hermano, y que igualmente, ellos y nosotros lleguemos vivos y
+con salud a la terminación del sitio, sea cual fuere la solución que Su
+Divina Majestad le dé. Segunda, que me conceda el cumplimiento de un
+deseo santísimo que me alienta, tocante a Martín y a ti...
+
+Aura no chistaba. Entráronle súbitas ganas de rezar, y se puso de
+rodillas, dejando un tanto cortado al buen Sabino. Pero este no se
+abatía por tan poco; echó también a media voz, en pie, cruzadas las
+manos, una larga oración; y poco después cuando estuvieron al habla
+para salir, volvió al ataque.
+
+—Comprendo que la cortedad, el pudor, la timidez propia de una
+doncella pura, no te permitan manifestar tus sentimientos..., pero tú
+quieres a mi hijo, ¿verdad? Tú reconoces en Martín el único marido
+_práctico_ que te corresponde..., ¿verdad?... Confiésamelo, dímelo aquí
+delante de Jesús Sacramentado.
+
+—¿Qué quiere que le diga? —murmuró Aura con expresión dolorosa—. Que
+las cualidades de Martín son muy buenas..., únicas.
+
+—Eso ya lo sé..., dime lo otro; dime que aprecias esas cualidades, y
+que quieres hacer con las tuyas y las de él un hermoso ramillete de...
+
+No le salía la figura. Sacole de sus apuros retóricos la hermosa
+doncella, declarando que no quería oír hablar de casorios con Martín ni
+con nadie, porque estaba resuelta a no casarse más que con...
+
+No acabó. Sabino le quitó la palabra de la boca para poner la suya:
+
+—Quien vive de ensueños, hija mía, soñando muere. Tú lo pensarás...
+No has nacido para vestir imágenes, sino para que a ti te vistan de
+felicidades. A Martín no le faltan partidos; pero te quiere a ti...
+Ten compasión, que es la madre del cariño, y este el padre del amor...
+Conviene que seas _práctica_, a estilo de todos nosotros; conviene que
+no mires tanto a lo pasado, pues el que mira mucho atrás, atrás se
+queda..., y el que vive entre fantasmas en fantasma se convierte..., o
+en estatua de sal, como la otra..., no me acuerdo cómo se llamaba... En
+fin, no te digo más, que aquí vienen doña María Epalza y Juanita.
+
+Dos señoras, madre e hija, que acababan sus prolijos rezos, se les
+agregaron, y a todas dio agua bendita con sus dedos glaciales el bueno
+de Sabino. Picotearon un rato en la puerta sobre los desastres del
+sitio y la escasez de víveres. Ya no había carne, ni aun salada.
+
+—Si ese generalote no viene pronto —dijo la señora mayor—, ¡pobre
+Bilbao!... Pero quieren que perezcamos todos gritando «¡Viva Isabel
+II!», y aquí estamos también las mujeres dispuestas a cumplir el
+programa.
+
+—Será, señoras mías —manifestó Sabino con fervor, terciándose la capa—,
+lo que disponga el de arriba, que es quien dicta los programas. ¿Qué
+hemos de hacer más que acatar la divina voluntad?
+
+—Y la voluntad divina —afirmó la señora menor, viudita joven muy guapa—
+ordena que Bilbao perezca antes que rendirse.
+
+—No, hija: que ni se rinda ni perezca..., pues pereciendo no tiene
+gracia. Hay que sacar adelante a la niña, a nuestra angélica reina...
+¿No piensa usted lo mismo, Sabino?
+
+—Señora, yo pienso...
+
+En la punta de la lengua tuvo ya el conocido dicho de _quien con
+niños se acuesta_..., pero se abstuvo de soltarlo, por escrúpulos de
+lenguaje y respeto a las damas. Propuso la viudita que pues aquel día
+no _tiraban_, podían correrse pasito a paso hacia la Cendeja, para ver
+todo lo que allí habían hecho los nuestros, las defensas magníficas,
+imponentes, donde se estrellaría el coraje faccioso. Dudaba la señora
+mayor; manifestó Sabino recelo de andar por tales sitios; pero tan
+decidida y entusiasta curiosidad mostraron las muchachas que allá se
+fueron por toda la calle de Ascao y la de la Esperanza, hasta que ya
+en el término de esta les estorbaron el paso lo desigual del piso
+desempedrado, los charcos y lodazales, los montones de escombros. Por
+encima de un espaldón de tablas, reforzado con faginas, vieron que
+asomaba una cabeza desmelenada; la cabeza de un diablo guapísimo,
+alegre, que llamaba con fuertes voces. Era Zoilo. Aura fue la primera
+que le vio.
+
+—Tío Sabino, mire donde está ese pillo.
+
+Corrió el padre, corrieron las damas. Alargando su cabeza por encima
+del tablón todo lo que podía, el miliciano les dijo:
+
+—Aura, padre, ¿han visto el letrero que hemos puesto por la parte de
+afuera de la batería para que lo vean ellos?
+
+—Ya, ya sabemos —dijo Aura mirándole gozosa—. Una calavera con dos
+canillas, pintada sobre negro.
+
+—Y un letrero que dice: _Tránsito a la muerte_, o lo que es lo mismo:
+que todo el que venga a tomar esta barricada, muere, y que los que la
+defendemos, aquí estaremos hasta que nos maten.
+
+—Bien, hijo, bien: no hemos visto el letrero; pero nos figuramos lo
+bonito que será. Dios te la depare buena. No sabíamos de ti.
+
+—Oye, Zoilo —dijo la señora mayor—: ¿está aquí Luisito Bringas, el hijo
+de mi sobrina, sabes?
+
+—¿Luis el del indiano? Sí, señora. Aquí cerca, en las Cujas está. Hace
+un rato comimos juntos él y yo.
+
+—Dirasle que a su mamá le supo muy mal que pidiera venir aquí, donde
+hay tanto peligro, y que no hace más que llorar.
+
+—Ese es de los temerarios, locos, como mi hijo —observó Sabino—. Dios
+cuida de ellos.
+
+—¡Bravo, _Luchu_! —exclamó Aura—. ¿Desde cuándo estás aquí?
+
+—Dos días llevo ya. No salgo, no sea que el puesto me quiten.
+
+—¿Por qué no avisaste a casa, hijo? Estábamos con cuidado. Tu prima y
+yo venimos del Circo y de Mallona, donde hemos preguntado por ti. Dime,
+¿no tienes miedo?
+
+—Sí, señor: un miedo tengo, uno solo. Temo que esos cobardes, después
+de tanto boquear, no nos ataquen mañana como dicen.
+
+—¡_Tránsito a la muerte_! —repitió Aura con admiración, sintiendo no
+ver el lúgubre letrero—. Pero no morirán... Eso se dice...
+
+—Y se hace.
+
+—Vámonos, vámonos... —dijo Sabino—. Este no es sitio para señoras.
+Zoilo, por si no lo sabes, José María y yo dormimos en casa de
+Melquiades Echevarri. Vámonos, no sea que...
+
+—¡Si ahora no tiran! Están rezando el rosario.
+
+Al despedirse Sabino tiernamente de su hijo, se le saltaron las
+lágrimas, y Aura, de verle llorar, lloraba también.
+
+—¡Ay, qué hijos estos! —decía suspirando la señora mayor—. ¡Lo que
+inventan! ¡_Tránsito a la muerte_!
+
+—Es cosa de los de Trujillo, de los de Compostela —indicó la viudita.
+
+—Y de estos, de los nacionales. Todos son unos.
+
+—¡Sangre de chicos, corazones de hombres!
+
+Y doña María Epalza, con súbito arranque impropio de sus años y de su
+obesidad, se cuadró, y elevando sus brazos con frenesí convulsivo hacia
+el tablero por donde asomaban varias cabezas, gritó:
+
+—Sí, cachorros de mi tierra. ¡Viva Bilbao, viva Isabel II!
+
+Se alejaron pisando fango, escombros, astillas..., oíanse lejanos
+disparos de fusilería; por la parte del barranco de San Agustín
+venía una humareda negra, olor de pólvora... Hasta el convento de la
+Esperanza fue Aura mirando para atrás para ver los aspavientos que
+hacia Zoilo, alargando medio cuerpo fuera del espaldón de tablas. La
+señora mayor, agarrándose a la capa de Sabino, le decía:
+
+—¡Ay, me descompuse; me entró como un furor de alegría, de entusiasmo
+al ver el tesón de esos chicarrones!... No se puede remediar..., está
+en la sangre bilbaína...
+
+Y la señora menor completó el pensamiento con esta frase:
+
+—Bilbao muere, pero no se rinde.
+
+—Así sea —dijo Sabino—. Y por encima de todo, la voluntad de Dios...
+Por de pronto, señora doña María, hoy tenemos las alubias a veintiséis
+cuartos, y el bacalao a siete reales... Pero dicen que no importa...
+No somos nada; el pueblo es todo, el pueblo dice: «Morir antes que
+rendirse».
+
+Doña María, que apenas tenía movimiento después del esfuerzo que hizo
+para engallarse y soltar los furibundos vivas, modificó el concepto:
+_Morir, tal vez; rendirse, nunca_.
+
+
+
+
+XXVII
+
+
+Lisonjera fue la mañana del 27. Cundió por la villa la creencia de
+que Espartero iba sobre Castrejana, y si conseguía forzar el puente
+y pasar a la orilla derecha del Cadagua, los sitiadores se verían
+comprometidos. Valentín Arratia, que conservaba su excelente vista
+marinera, subió a la torre de Miravilla, y puesto su ojo en buenos
+catalejos, distinguió los batallones isabelinos desfilando por el valle
+de Baracaldo. En Bidebarrieta y el Arenal los patriotas difundían la
+buena noticia de corrillo en corrillo.
+
+—Para mí —decía Valentín Arratia— no pasa de mañana el tener aquí a
+don Baldomero. He visto las tropas de la reina como les veo a ustedes,
+marchando en columnas hacia el puente.
+
+—Lo que resultará no lo sabemos; pero que se están zurrando de lo lindo
+es evidente —dijo Antonio Cirilo de Vildósola—. Lo que fuere sonará.
+
+—¡Si ya está sonando! Hemos oído un tiroteo horroroso —aseguró don
+Francisco Bringas, rico indiano, exaltado liberal y el primer optimista
+de la villa—. Apuesto lo que quieran a que levantan el sitio esta
+tarde..., ¡contro!...
+
+—Diga usted que convida, don Francisco, y todos seremos de su opinión.
+
+—Pues me corro, ¡contro!... Aún me quedan dos docenas de botellas de
+chacolí de Baquio.
+
+—Tanto como esta tarde, no diré yo que nos perdonen la vida —indicó
+Arratia—; pero mañana temprano... Aquí llega el amigo Arana. Viene de
+la Diputación, donde habrán llegado gordas y buenas.
+
+—José Blas, ¿qué sabes?
+
+—Solo sé que no sé nada, como dijo el otro.
+
+—Te lo callas, por no convidar.
+
+El tal José Blas de Arana, uno de los más exaltados corifeos de la
+defensa, era comerciante en sebo, sardinas de barril, raba y otros
+artículos similares. En su campechana modestia, permitía que los amigos
+le llamasen _Borra_, y se cobraba esta conformidad aplicando apodos a
+sus conciudadanos.
+
+—¿Convidar yo?... ¿A qué? A metralla, si quieren. Con todo, si se
+confirma que _renuncian generosamente a la mano de Leonorita_, como
+dice Guzmán en _La Pata_, convido. Poseo una bacalada y hasta medio
+ciento de galletas mohosas.
+
+Acercose Tomás Epalza, rico por su casa, banquero, como los anteriores
+perteneciente a la Junta de Armamento. Era hombre jovial, satisfecho
+en toda ocasión y circunstancias, de una fe ciega en la resistencia de
+Bilbao, dispuesto a dar cuanto tenía si de ello dependiera el completo
+apabullo de la _Pretensión_.
+
+—Estos no piensan más que en comer —dijo riendo—. Bueno anda ello... A
+lo que parece, Espartero viene y nos trae pan de trigo.
+
+—Y si no nos lo trajere o se perdiera en el camino —apuntó Arana—, aquí
+están los ricos de Bilbao, los más ricos, dispuestos a comer borona y
+gato estofado hasta que San Juan baje el dedo.
+
+—Los ricos de Bilbao —afirmó el indiano Bringas con jactancia de buena
+sombra, que no ofendía— tienen su dinero para gastarlo en la defensa,
+¡contro!, y en su mesa siempre hay un plato para todos los _Borras_,
+que no se rinden al _yugo servil_. Ya sabes..., en la calle del Ferro
+tienes la mesa puesta... ¿Te has comido ya todas las velas de sebo?...
+Pues en casa hay de todo, verbigracia, cacao en grano y nueces...
+Conque sepamos, ¿qué se cuenta?
+
+—Que cansados de obtener victorias —dijo Vildósola, el cual se ponía
+muy serio para bromear—, se van a ponerle sitio a la peña de Orduña,
+donde está el tesoro escondido.
+
+El indiano expresaba su regocijo rascándose la sotabarba, con cerquillo
+o carrillera de pelos grises, y dando pataditas para entrar en calor.
+
+—Compañero —le dijo Epalza—, si tiene usted ganas de bailar el
+_aurrescu_, aquí viene Ostolaza, que no desea otra cosa, para celebrar
+la venida de Espartero.
+
+Era el llamado Ostolaza uno de los más calientes patricios, comerciante
+en las Siete Calles, tan aficionado a la danza éuskara que no perdía
+coyuntura de armarla por cualquier motivo que hiciera vibrar la fibra
+patriótica.
+
+Antes de que el tal hablase, retumbaron terribles cañonazos.
+
+—Ostolaza, ahí los tienes —le dijeron—. ¿No querías _aurrescu_? Don
+Nazario quiere bailarlo contigo.
+
+—Bonita música, compañeros —replicó el bailarín gozoso, restregándose
+las manos—. Yo sé por qué tiran... Es miedo; se les van las aguas de
+puro canguelo, y creen que tirando nos engañan, para que no hagamos una
+salida.
+
+—Como les embista esta tarde el amigo Espartero, señores —dijo
+Bringas—, y dispongamos aquí una salidita con gracia, no se escapa ni
+una rata.
+
+Acercose al grupo don Juan Durán, el valiente coronel de Trujillo, que
+venía de casa del gobernador San Miguel, y les dijo:
+
+—Nada, nada: esto es claro. Quieren gastar las municiones para hacernos
+todo el daño posible antes de retirarse.
+
+—¿Está en Castrejana don Baldomero?
+
+—Y arreando de firme, según parece.
+
+—Pronto saldremos de dudas. Señores, a comer la puchera el que la
+tenga.
+
+—La tengo yo para todos —dijo Bringas—, con cecina superior, ¡contro!
+
+—Ea, señores, a comer. Cada cual a su borona... A las tres, junta.
+
+—Y a las cuatro, _aurrescu_.
+
+—Y a las cinco, abrazos... ¡Espartero!... ¡Arriba Bilbao!
+
+Al dispersarse, tomó Valentín la dirección de San Nicolás, donde tenía
+que dejar una orden de la Comisión de Guerra, y no había andado veinte
+pasos cuando vio venir a _Churi_ con otros corriendo a todo escape. En
+el mismo instante sonó vivo tiroteo hacia San Agustín. Llegándose a su
+padre, el sordo, con aterrada expresión, hablando más con el gesto que
+con la palabra, le dijo:
+
+—En San Agustín, ellos..., visto yo... Fuego mucho... Por bajo
+entraron... Corra; veralos piso alto..., fuego.
+
+Otros que venían de allí decían lo mismo con distintas expresiones. La
+noticia cundía con rapidez eléctrica... Valentín se plantó detrás de
+San Nicolás, vacilante... La curiosidad y el patriotismo empujábanle
+hacia San Agustín; el miedo le mandaba retroceder. Casi sin darse
+cuenta de ello fue arrastrado por un tropel de paisanos y nacionales
+que hacia la Cendeja corrían. Entre ellos vio a _Churi_, y cogiéndole
+por un brazo le llevó consigo.
+
+—No te separes de mí... Vamos al fuego. Si hace falta gente, aquí llevo
+un sordo y un cojo: no tengo más.
+
+Habían hecho los carlistas sigilosamente una excavación, por donde
+penetraron en la alcantarilla del convento; de ella subieron al
+piso principal, dominando la portería y claustros bajos. Sorprendida
+la tropa que guarnecía el edificio, se defendió con bizarría entre
+paredes, en las crujías bajas, viéndose obligada a retirarse ante la
+superioridad dominante de las posiciones del enemigo. Diose una batalla
+disputando el paso a la sacristía. Ganada esta por los facciosos,
+empeñose otra acción por el paso de la sacristía a la iglesia. Los
+valientes de Trujillo hubieron de retirarse, dejando media compañía
+prisionera. Aún intentaron defender a la desesperada el paso al coro, y
+el de este a la próxima casa llamada de Menchaca; pero sucumbieron ante
+el número. En aquella serie de acciones breves, terribles, dentro de un
+laberinto formado por murallones ruinosos y tapiales medio destruidos,
+aprovechando unos y otros las ventajas de un ángulo, de un boquete,
+de un escalón, desarrollaban instintivamente los mismos principios
+estratégicos que en un gran campo de guerra, donde hay río, colinas,
+desfiladeros y otros accidentes. ¡Espantosa miniatura! Todo lo que
+disminuía el tamaño del escenario aumentaba el horror de la tragedia;
+y los combatientes eran más grandes cuanto más chico el campo de su
+encarnizada porfía. Quedaron al fin los carlistas dueños del edificio y
+casa próxima; desde las altas ventanas dominaban las baterías que antes
+fueron segunda línea de defensa, y ya eran primera línea. En el frente
+de esta podían leer la lúgubre inscripción: _Tránsito a la muerte_.
+
+Cuando llegaban Valentín y _Churi_ a la calle de la Esperanza, el
+fuego era horroroso. Las baterías carlistas cañoneaban sin cesar.
+Considerado el espacio entre San Agustín y el Arenal como llave de la
+plaza, el sitiador no tenía más que alargar la mano, alargar el pie
+para franquear aquel breve terreno, cosa en verdad muy fácil si allí no
+estuviera el corazón bilbaíno. Y este se apresuró a obstruir el paso
+con tanta celeridad como bravura. Acudieron todos los jefes militares,
+todos los nacionales que no hacían falta en otros puntos, los paisanos
+que se hallaban en disposición de tomar un fusil. Mucha carne hacía
+falta para cerrar aquel boquete. Allí se jugaban los bilbaínos la
+suerte de su querida villa: un paso más de los facciosos, y Bilbao les
+pertenecía.
+
+Toda la tarde duró el formidable duelo: uno de los primeros heridos
+fue el gobernador de la plaza, don Santos San Miguel, y a poco cayó
+también el brigadier Araoz: ni uno ni otro tenían heridas graves; pero
+quedaron inutilizados. Urgía elegir otro jefe de la defensa. Reunida
+en San Nicolás la Comisión permanente de guerra, nombro al brigadier
+Arechavala, que mandaba en Larrinaga. Fue a buscarle Valentín Arratia,
+ansioso de ser útil, ya que no se creía apto para la lucha, pues
+ningún arma sabía manejar. Maquinalmente, sin darse cuenta de lo que
+hacía, entregó a _Churi_ el fusil y los cartuchos que le habían dado
+momentos antes, y se fue corriendo hacia Larrinaga. No bien se vio el
+sordo armado y con pertrechos de guerra, corrió a donde con más ardor
+hacían fuego nacionales y tropa. Él también tiraba; su puntería no
+era mala. Del cañoneo y estruendo del combate no percibía más que un
+mugido y trepidaciones hondas; ¿pero qué le importaba? En un momento
+gastó los cartuchos que le había dejado su padre, y pidió más, y se
+los dieron, y sin cesar hizo fuego, con vivo deleite de su alma ruda,
+solitaria. Habría querido poseer un arma que de un solo tiro lanzase
+infinidad de balas para matar a muchos de una vez, no importándole gran
+cosa que al caer los facciosos cayera también alguno de los _de acá_.
+Estimaba en poco las vidas humanas, y pues él no era feliz, ni podía
+serlo por carecer de un precioso sentido, extendiérase por el mundo la
+infelicidad, y reinara la muerte donde debía florecer la vida. Ignoraba
+absolutamente el por qué fundamental de la guerra, y no había sabido
+discernir el motivo de que la causa de _una_ Isabel fuera mejor que
+la de _un_ Carlos. Participaba, eso si, sin darse cuenta de ello, de
+la fiera terquedad bilbaína. ¡Defenderse a todo trance! Esto era una
+causa, una razón, una bandera.
+
+Corrió, pues, Valentín al cumplimiento de su misión, como individuo
+de la Junta, y en la calle de la Ronda se encontró a José María, que
+venía del hospital con un convoy de camillas, llevadas por viejos del
+Hospicio y algunas mujeres.
+
+—Corre, hijo, corre, que buena falta hará todo esto... ¡No es mal
+chubasco el que hay por allá! Pero antes que las camillas, harán falta
+buenos tiradores... Antes que pensar en heridos, pensemos en matar...
+Oye, oye. Si no te dan un fusil, ayuda al acarreo del agua... Llévate
+todas las mujeres del barrio... y señoras llévate... que trabajen _a la
+hormiga_. Cubos hay en San Nicolás... Hoy perece Bilbao, si no echamos
+el resto...
+
+Partieron en dirección contraria. Al regreso de Larrinaga, pasando
+por la calle de Ascao, multitud de mujeres, así del pueblo como del
+señorío, refugiadas en tiendas y portales, querían detenerle con sus
+clamores, con ansiosas preguntas.
+
+—¿Es cierto que también atacan por el Circo? ¿Y de la Cendeja qué sabe,
+Valentín? ¿Hay muchos heridos?... ¡Qué horror de día! ¿Se acabará
+pronto?... ¿Entrarán?... ¡Como no entren!
+
+De un grupo de señoritas y muchachas del pueblo, en deliciosa
+confusión, vio salir a Aura, pálida, desordenado el pelo, los ojos
+echando chispas.
+
+—Tío Valentín, ¿están allí Zoilo y su hermano? ¿Sabe algo de ellos?
+
+—Hija, no es ocasión de dar noticias..., ni puedo detenerme... No
+sabemos cómo acabará esto. Apretada anda la cosa.
+
+—¿Entrarán?... ¿Pero entrarán?
+
+—¿Quién? ¿Ellos? ¡Nunca!...
+
+Irguiéndose en medio de la calle, soltó el registro más ronco de su voz
+para gritar:
+
+—¡Viva Isabel II, viva la Libertad! Y sepan que donde está Bilbao esta
+la bravura española...
+
+Las exclamaciones que respondieron a estos gritos atronaban la calle.
+
+—Niñas, mujeres, señoras, _ser_ valientes... Que los nombres no os vean
+cobardes... Si vosotras sois bravas, el _chimbo_ no cae, ¡qué ha de
+caer!... Ánimo, y que desde allá os oigan reír, no llorar..., llorar
+no. Hoy no se llora aquí... Y si os mandan llevar cubos de agua, para
+refrescar los cañones... ¡hala con ellos, _a la hormiga_!
+
+Los desplantes que tuvo que hacer al largar los vivas recrudecieron su
+dolor crónico, y se fue renqueando, mas no por eso menos presuroso,
+aunque le molestaba horrorosamente su antigua avería en la _aleta de
+estribor_. Oíase en toda la calle el coro, con diversidad de voces,
+cantando las animadas estrofas del himno compuesto en aquellos días por
+los milicianos Zearrote y Casales:
+
+ Entre ruinas, valientes bilbaínos,
+ vuestras sienes ceñís de laurel,
+ y en estruendo marcial solo se oye
+ libertad y que viva Isabel.
+
+Soldados de _Trujillo_ y _Toro_, y algunas compañías de Nacionales,
+defendían la Cendeja, llave del Arenal y de Bilbao, con un tesón de
+que solo se encontraría ejemplo en las épicas jornadas de Zaragoza y
+Gerona. Decididos a que los dueños de la posición de San Agustín no
+dieran un paso fuera de ella, juraron hacer con su carne y sus huesos
+una compuerta que no abriría el sitiador sin desembarazarse antes de
+las vidas que la componían. Tan firme voluntad, entereza tan grande,
+produjeron en el curso de la tarde estupendas hazañas particulares y
+colectivas y lastimosas muertes. Cada instante el número de heroicos
+bilbaínos mermaba dolorosamente. Antes que resignarse los vivos a una
+muerte segura, discurrieron un arbitrio que les permitiría fortificar
+sus posiciones y redoblar su esfuerzo. Para que los carlistas no
+pudieran hostilizarles con tan terrible insistencia en las formidables
+posiciones que habían conquistado, era menester proporcionarles
+ocupación distinta del tiroteo de cañón y fusil. Pensaron algunos
+combatientes de la Cendeja que si lograban pegar fuego a San Agustín
+y a la casa de Menchaca, el enemigo tendría bastante que hacer con
+apagarlo. Esta idea se fue condensando en las cabezas calientes que
+allí había, y al fin tomó cuerpo de eficaz resolución en la cabeza
+principal, en el jefe de la defensa, el brigadier don Miguel de
+Arechavala. Propúsolo en la cruda forma propia del apretado caso:
+
+—Muchachos, ¿os atrevéis a incendiar el convento?
+
+Respondieron que sí. Y el jefe de Nacionales, don Antonio de Arana,
+gritó:
+
+—El enemigo quiere fumar: ¿hay quien se atreva a llevarle candela?
+
+No se oía más que «¡Yo, yo, yo!».
+
+
+
+
+XXVIII
+
+
+Muy pronto lo dijeron; pero una vez dicho, no había más remedio que
+ejecutarlo. José María Arratia, que había hecho fuego sin cesar,
+agregado a los Cazadores Salvaguardias, fue de los primeros en traer de
+San Nicolás cantidad de paja en haces; otros acarreaban jergones, brea
+y alquitrán. Ya tenían la candela. ¿Quién era el guapo que al enemigo
+se acercaba para brindársela? El teniente de Nacionales don Luciano
+Celaya dio el ejemplo de temeridad loca, dirigiéndose a la puerta de
+la casa de Menchaca con un jergón debajo del brazo, como quien lleva
+un libro, y una tea encendida en la otra. Los carlistas abrieron la
+puerta, y la volvieron a cerrar azorados; entretanto, dos salvaguardias
+y un chico nacional trepaban por montones de escombros hasta ganar una
+ventana, y arrojaron dentro del edificio paja encendida. El nacional,
+que no era otro que Zoilo Arratia, se guindó aún a mayor altura,
+descalzo, y metió por donde pudo, despreciando la lluvia de balas,
+listones dados de azufre y ardiendo, que le alargaban otros no menos
+atrevidos, aunque no tan ágiles para trepar gatescamente, agarrándose
+con una mano y llevando el fuego en la otra... Tras de Zoilo subieron
+dos más: uno se cayó a la mitad de la ascensión, estropeándose una
+pierna; el otro, agarrado a una reja, cayó muerto de un disparo que
+le hicieron a quemarropa. En tanto, subieron dos más por la cortadura
+de la casa de Menchaca. Llevaban botes de alquitrán, haces de paja
+y mechas de pólvora. Felizmente, Zoilo consiguió ganar el tejado,
+y poniéndose panza abajo en el alero, logro coger de manos de sus
+camaradas las materias combustibles, y arrojarlas por una buhardilla
+medio deshecha; todo con tal rapidez y habilidad, que cuando acudieron
+los carlistas ya estaba él descolgándose por un canalón, en el cual no
+pudo realizar todo el descenso porque se desprendió la mohosa hojalata,
+y con ella vino guarda abajo el animoso chico. Por suerte, todo el daño
+que se hizo fue en la ropa, y la sangre que echaba de un pie era de un
+rasguño sin importancia.
+
+Repitiose la tentativa de incendio con increíble arrojo, perdiendo
+mucha gente. La mitad de los incendiarios se quedaba en el camino, a
+la ida o a la vuelta; el fuego de la fusilería enemiga era horroroso,
+apoyado por el cañón de los fuertes de Albia, Campo Volantín y
+Uribarri. A la caída de la tarde, el baluarte de la Cendeja hallábase
+atestado de muertos y heridos, que no era ocasión de retirar todavía,
+ni había quien lo hiciese; los vivos seguían batiéndose en ese
+paroxismo del coraje que no da espacio a la flaqueza ni tiempo a la
+reflexión, y el convento con la casa inmediata ardía como un infierno.
+El objeto estaba conseguido: los facciosos tenían dentro de casa un
+enemigo más, favorecido por furioso viento del noroeste, que había
+venido a ser partidario de Isabel II.
+
+Contuvo la quemazón a los carlistas y salvó a Bilbao. Llegada la noche,
+los héroes de la Cendeja, no molestados ya por la fusilería facciosa,
+pudieron recoger sus heridos y retirar los muertos. Pero nadie descansó
+aquella noche, porque toda fue empleada en reparar los destrozos del
+baluarte, reforzando la cortadura de la primera línea desde Quintana a
+la Cendeja, y estableciendo otras dos de _caballos de frisa_. Además,
+se engrosó la batería por el costado que miraba al cañón de Albia;
+se dio mayor consistencia a los merlones en la parte del muelle,
+y, por último, se prepararon las casas de la calle de la Esperanza
+para incendiarlas en caso de grande aprieto. Todo el vecindario que
+no estaba sobre las armas, ayudaba en esta operación. Si el enemigo
+lograba conquistar en combates sucesivos el palmo de terreno radicante
+entre San Agustín y la Cendeja, se encontraría ante una inmensa
+barricada de fuego, que luego lo sería de escombros. El tenaz bilbaíno,
+por defender a todo trance el recinto de su villa sagrada, cogía una
+casa y se la estampaba en los morros al fiero sitiador; y si no bastaba
+una, allá iban dos, tres y más. ¡Fuego y piedra en ellos!
+
+Vagaba _Churi_ inconsolable por las inmediaciones de San Nicolás,
+viendo el tráfago incesante de los que entraban y salían con
+herramientas, sacas de lana y demás material de ingeniería militar.
+Le habían quitado su fusil para darlo a un combatiente más útil;
+mandábanle a veces cosas que al revés entendía, y por fin, ordenáronle
+salir, pues allí no era más que un estorbo. Incitado por José María,
+que se le encontró sentado en el quicio de una puerta con la cabeza
+apoyada en las manos, _oyéndose a sí mismo_, ayudó al transporte de
+heridos, y desde las diez de la noche hasta el amanecer estuvo cargando
+camillas, sin más descanso que el que se tomó en San Antón para
+comer un poco de pan y bacalao crudo. Su padre se agregó también al
+servicio sanitario, rivalizando en actividad con ilustres mayorazgos
+y comerciantes ricos. En el hospital, Sabino Arratia asistía con
+entrañable amor y piedad a los heridos, y consolaba a los moribundos,
+asegurándoles que de par en par se les abrían las puertas del cielo, y
+que en este encontrarían el eterno galardón por haber cumplido con su
+deber.
+
+—Allá, digan lo que quieran, no se distingue entre absolutistas y
+liberales, y Dios les mira a todos como hijos, sin _fijarse_ en que
+peleen por estas o las otras causas. Esto de las _causas_ y de los
+derechos es cosa de los hombres, con un poquito de mangoneo de Satanás.
+
+Dicho esto, iba por el Viático, que para los más era ya la única
+medicina.
+
+También había hospital de sangre en Santa Mónica, con asistencia
+caritativa de _señoras_ y _mujeres_, sin distinción de clases. A
+poco de amanecer arrimose a la puerta Prudencia Arratia, con mantón,
+acompañada de la criada, que llevaba una cesta al brazo como si fuera a
+la compra. Necesitaba procurarse carne, aunque fuese de la peor, para
+dar a Ildefonso algo de sustancia, pues estaba el buen hombre perdido
+de la cabeza. Salió de la casa de Vildósola, y antes de dirigirse a
+Belosticalle, donde esperaba encontrar cabra y siquiera un par de
+huevos, llegose a Santa Mónica por ver a su sobrina, que allí, entre el
+mujerío principal y plebeyo, prestaba a los heridos asistencia. No se
+determinaba a entrar la buena señora, temerosa de que la obligaran, mal
+de su grado, a funcionar de enfermera, esperó a que recalara persona
+conocida que la comunicase con Aura. Ella tenía su enfermo en casa, su
+herido grave, y del cerebro, que es lesión peor que cualquier pérdida
+de pata o brazo, y cuidándole bien cumplía con Dios y con Bilbao.
+Llegaron en esto doña María Epalza y la viudita, y de ellas se valió
+Prudencia para transmitir a la niña la fausta nueva de que Martín
+estaba bueno y sano.
+
+—Me hará el favor de decírselo en cuanto la vea, señora doña María...,
+que estará la pobre muerta de ansiedad... No ha sido flojo milagro que
+escapase el chico en medio de aquel horroroso fuego. La Providencia,
+señora. Dios protege a los buenos.
+
+—Pues bien bueno era Fernando Cotoner —dijo la viudita prontamente,
+arqueando las cejas y frunciendo la boca— y está si vive o muere.
+
+Convinieron las tres al fin en que debían abstenerse de cargar tales
+cuentas a la divinidad, y sentir las desgracias y alegrarse de las
+venturas, dando gracias a Dios por estas sin meterse en más dibujos.
+Como dejara traslucir Prudencia el objeto de su salida, le dijo la
+señora mayor que no se cansara en buscar huevos, porque difícilmente
+los encontraría. Ella había comprado el día anterior los últimos que
+había en casa de Gorriti (calle de la Ronda), al precio exorbitante
+de veinte reales la media docena. Con un gesto de resignación se
+despidieron, y doña María Epalza y su hija entraron en Santa Mónica.
+No tardó la viudita en tropezarse con Aura en medio de aquel barullo,
+y le soltó las albricias, maravillándose de que no las recibiese con
+tanto júbilo como ella esperaba. Fueron las dos a la cocina en busca
+de tazas de sopa para los heridos, las cuales recogieron de manos de
+las ilustres cocineras señoras de Orbegozo, de Arana y de Mac-Mahón.
+También las pobres enfermeras tenían que mirar por su vida; y una vez
+cumplida su obligación, se fueron a un ángulo de la cocina a tomar un
+sopicaldo.
+
+—¿Sabes? —dijo a su amiga la viudita, que era muy despabilada y un
+tanto maliciosa—. Anoche nos quedamos en casa de mis tíos los de Arana.
+Llegó esta mañana Antonio Arana, ¿sabes?, el comandante de la Milicia,
+y nos contó las heroicidades de tu primo... creo que Martín; pero
+no estoy segura. Él llevó el primer fuego a la casa de Menchaca y al
+convento, y toda la tarde fue el número uno en el peligro..., en fin,
+que ha sido el asombro de todos...
+
+—Nada de eso sabía —dijo Aura sintiéndose orgullosa, y orgullo debía
+de ser el ardor que le salió a la cara—: ahora lo oigo por primera
+vez; pero si alguno de mis primos ha hecho valentías, créete que no es
+Martín, sino su hermano.
+
+—¿El pequeño?
+
+—¿Pequeño? Es un hombre como hay pocos, con un corazón tan grande, que
+casi da miedo. No hallarás ninguno tan valiente, ni que sepa, como él,
+poner toda su alma en lo que mandan el honor y el deber.
+
+—Y es guapo, más guapo que Martín.
+
+—Ea, vámonos, que estamos haciendo falta.
+
+Todo el día estuvo Aura pensando en lo que le contó la viudita; y
+como por diferente conducto llegaran a ella noticias de las hazañas
+de su primo, sentíase muy satisfecha por la honra que en ello recibía
+la familia, y deseaba ver al héroe para darle la enhorabuena. Por la
+noche, cuando vino Sabino a recogerla para llevarla con las señoritas
+de Gaminde a casa de este, hablaron de lo mismo. Al padre se le caía
+la baba repitiendo las alabanzas que en todo el pueblo se hacían del
+inaudito arrojo del chico.
+
+—Se ha portado como un valiente, y ha subido hasta las estrellas el
+nombre de Arratia. Dicen que van a proponerle para la cruz de San
+Fernando, y también puede ser que de golpe y porrazo me le hagan
+teniente o capitán. Esto lo sentiría..., porque como es así, de un
+genio tan fogoso, podría tomar afición a la milicia..., y los militares
+no son de mi devoción. Estoy por lo civil, por lo comercial, por lo
+pacífico...
+
+En casa de Gaminde contaron que aquella mañana, después de la brava
+respuesta que dio la plaza a la intimación del general carlista Eguía,
+reuniéronse Arana y otros jefes de la Milicia en el café del Correo,
+y convidaron a Zoilo, que por allí pasaba. Largo rato estuvieron
+brindando y cantando coplas, y victoreando a Bilbao y a la Libertad.
+El uno improvisaba discursos, el otro nuevas estrofas del himno.
+En un rapto de alegría, Zoilo se soltó su brindis, en el cual las
+ingenuidades y las bravatas chistosas sonaban a militar elocuencia:
+
+—Él no era valiente sino terco... No le mataban porque se moría de
+ganas de vivir... Todo lo que el hombre quiere, lo consigue cuando hay
+voluntad firme, que por nada se tuerce ni se dobla... Los carlistas
+no entrarían en Bilbao; quedaban en la villa muchas piedras, mucho
+fuego, las pelotas de los trinquetes, los puños de los hombres... y los
+corazones de las mujeres, de donde salía toda la fuerza...
+
+Tanto se entusiasmó Arana al oír estas frases ardorosas, que, después
+de abrazarle, le regaló una magnífica pistola que llevaba al cinto. Un
+señor muy anciano, bilbaíno, don Calixto Ansótegui, veterano de la
+guerra del Rosellón, se llegó a Zoilo y, estrechándole en sus brazos,
+le besó en la cabeza y le dijo:
+
+—En nombre de mi pueblo, te beso y te bendigo.
+
+Estas y otras escenas y sucesos de aquel día despertaron en la mente
+de Aura ideas bélicas, de militar grandeza, y toda la noche se la
+pasó soñando, entre dormida y despierta, con héroes legendarios y
+con maravillosas hazañas. Los que había conocido humildes se crecían
+a su lado, y eran ya grandes capitanes, caudillos, reyes..., ¡qué
+delirio! Y Bilbao era el pueblo sagrado, intangible, gracias al valor
+de sus hijos, que lo defendían y lo ilustraban con sus hazañas para
+luego hacerle rico y próspero entre todos los pueblos de la tierra.
+Se reía con lágrimas pensando esto, y deseaba vivir para presenciar
+tantas grandezas. Y cuando Zoilo le contara sus actos de heroísmo,
+ella disimularía su admiración, y se haría la indiferente, pues no era
+discreto ni decoroso que la viese tan entusiasmada... ¡Qué diría, qué
+pensaría!...
+
+
+
+
+XXIX
+
+
+Envalentonados por la fácil conquista de San Agustín, que aunque les
+resultó un guiso quemado, conquista era, emprendieron los facciosos
+el asalto de la Concepción, convento destinado a cuartel a la otra
+parte del río. Después que se hartaron de cañonearlo con las baterías
+de Mena y Santa Clara, y cuando ya tenían hechos polvo los débiles
+muros de aquel edificio, lo asaltaron con denuedo. Los bilbaínos, sin
+más apoyo que el que les daba el cañón situado en la torre de San
+Francisco y la fusilería de la Merced, les resistieron bravamente a la
+bayoneta. Setenta muertos se dejaron allí los carlistas y más de cien
+heridos, algunos de los cuales pudieron retirar. Con este feliz suceso,
+que levantó los ánimos, coincidió el feliz parte transmitido desde
+Portugalete a Miravilla, por el telégrafo óptico, que decía: «_Continúe
+Bilbao defendiéndose. Pronto será socorrida_».
+
+En la defensa de la Concepción fue Martín levemente herido en el
+brazo izquierdo. No se contaba de él nada extraordinario: era un
+exacto cumplidor del deber, sin excederse nunca. La herida no tenía
+importancia; casi se avergonzaba de hablar de ella, refractario en toda
+ocasión a los alardes de valentía. Resistiose a que le hicieran la cura
+en el hospital, donde había que atender a casos más graves, y se fue
+a casa de Vildósola, buscando el arrimo de Negretti y Prudencia. Esta
+mandó al instante a buscar a Aura, y al verla entrar le dijo:
+
+—Nos ha caído que hacer. Tenemos a Martín herido; y aunque no parece
+cosa muy grave, me temo que se complique, por ser del lado del
+corazón... Ahí le tienes tan pálido y triste que da lástima verle.
+
+Al instante procedieron las dos a curarle con gran solicitud, y él,
+recobrada su serenidad y buen humor, bromeaba con Aura, permitiéndose
+ponderar su belleza, y concluyendo con la exquisita galantería de
+que se conceptuaba dichoso de aquel estropicio para que tales manos
+se emplearan en curarle. Respondió la niña con buena sombra que la
+honra era para quien podía con su inutilidad prestar ayuda a la causa
+bilbaína, auxiliando a los héroes; rechazó con modestia el galán
+dictado tan sonoro, que a su hermano correspondía, y aseguró no
+apetecer más glorias que las de una ciudadanía decorosa consagrada al
+trabajo. Así estuvieron tiroteándose un ratito, hasta que llegó la
+criada de Gaminde con el recado de que fuera pronto allá la señorita
+Aura, pues Jesusita se había puesto mala y deseaba tenerla a su lado.
+Respondió Prudencia que más tarde iría con su tío Valentín. En vez de
+este llegó Sabino, con un poco de bálsamo samaritano que había ido a
+buscar para la cura de su hijo, y con él salió al poco rato la niña.
+El hombre tenía prisa, pues había quedado en acompañar el Viático que
+a la misma hora daban a Leonardo Allende y a Paco Amézaga, heridos
+mortalmente en los últimos combates. Quiso la buena suerte de Arratia
+que antes de llegar a la esquina de la calle del Matadero, se les
+apareciese Zoilo, que iba, después de tantos días, a echar un vistazo
+a la familia. Coyuntura tan feliz alegró al padre, que no quería más
+que largarse al Viático, como si pensara que este no era eficaz sin su
+concurso.
+
+—¡Qué oportunamente llegas, _Luchu_! —le dijo—. Cuando te encontré
+en Santa Mónica y te mande venir, no creí que anduvieras tan listo.
+Luego subirás a ver a tus tíos y a tu hermano: la herida de este es
+insignificante. Ahora acompañas a tu prima a casa de Gaminde, y yo me
+voy por aquí a Santiago.
+
+—Corra, padre, corra; que si se descuida no alcanza...
+
+Habíase quedado la niña de Negretti completamente paralizada de voz
+y pensamiento al ver a su primo. Tenía muy pensadas las expresiones
+que debía dirigirle la primera vez que le viese después de sus
+heroicidades, y todo se le borró de la memoria.
+
+—Vamos —dijo Zoilo, viendo desaparecer a su padre por la calle de la
+Tendería.
+
+Y ella repitió «Vamos», creyendo que con esto decía bastante.
+
+«¿Por qué estará tan callado? —se preguntó cuando, recorrida toda
+la calle de la Cruz, llegaban al ángulo de la Sombrerería—. ¿Estará
+enfadado conmigo?... No sé por qué podrá ser».
+
+Al llegar a la entrada de la Plaza Nueva, dijo el miliciano secamente:
+
+—Por aquí, por aquí es por donde vamos.
+
+—¿Qué pasa? —indicó ella—. ¿Está interceptada la calle de la
+Sombrerería?
+
+—No: es que hace días, muchos días, que no nos vemos, Aura, y he
+dispuesto que demos un paseo... nosotros mismos.
+
+—¡Pero, chico, si me están esperando!...
+
+—Que esperen... Más he esperado yo... ¡Tantísimos días sin verte, y
+a cada instante creyéndome que llegaba mi última hora y que ya no te
+vería más!
+
+—Ya sé que has sido muy valiente. Todo se sabe. Todito me lo han
+contado, y yo he dicho: «Se porta como quien es, y hace lo que se
+propone».
+
+—Para eso está uno en este mundo, dilo. Se hace siempre lo que se debe,
+y con voluntad se tiene cuanto se desea.
+
+—¿Y qué tienes? ¿Qué has ganado con tus heroísmos?
+
+—¿Qué he ganado?... ¿Pues te parece poco? Algo que vale lo que el mundo
+entero, y más. Te gano a ti.
+
+—¡A mí!... ¡Qué cosas tienes!... Pero di, tonto, ¿a dónde me llevas?
+¿Salimos por aquí al Arenal? No vayamos muy lejos. Que el paseo sea
+cortito.
+
+—El paseo será del tamaño que disponga yo mismo.
+
+—Arrogante estás.
+
+—¿Cómo no, llevándote conmigo?
+
+—Un ratito corto.
+
+—O largo...
+
+—Si tardo, me reñirá tu tía.
+
+—A ti no tiene que reñirte mi tía ni ninguna tía del mundo, porque en
+ti nadie manda más que una persona.
+
+—Pero esa persona no está aquí.
+
+—Esa persona está aquí, y soy yo, —afirmó el miliciano parándose en
+firme...
+
+—_Zoiluchu_, no digas tonterías; yo no te pertenezco.
+
+—Tú me perteneces. Te he conquistado... Que he sabido ganarte, sábeslo
+tú, sábelo Dios... Sigamos hasta la Ribera, que aún tenemos mucho que
+hablar.
+
+—Cuidado... ¡Si nos ven solos por aquí...!
+
+—Si nos ven solos, dirán: «Ahí va Zoilo Arratia, pues, con su mujer».
+
+—¡Jesús, qué barbaridad!
+
+—Porque si no lo eres todavía, lo serás, sin que nadie pueda evitarlo,
+porque yo lo quiero, y también tú..., tú y yo, que es como decir
+_nosotros en uno mismo_... Puede que mi padre y mi tía lo lleven a
+mal, porque otros planes tienen; pero ni mi tía, ni mi padre, ni la
+familia entera, ni todo el género humano, impedirán lo que yo quiero,
+llamándome _nosotros_, lo que debe ser y será.
+
+La firme voluntad de Zoilo, tan categóricamente formulada, sin
+atenuación alguna; poder incontrastable, irreductible, del orden de
+los hechos fatales o de las leyes de la naturaleza, actuaba sobre el
+espíritu de Aura como una fascinación, como un exorcismo, más bien como
+la atracción sideral. Era ella el cuerpo pequeño que se veía arrancado
+de su órbita, asumido a la órbita del cuerpo mayor. El inmenso querer,
+el inmenso desear de Zoilo la envolvía y se la llevaba consigo en un
+giro infinitamente grande.
+
+—¿Pero qué estás diciendo?... Que tú..., que nosotros..., que yo...
+
+—Digo que eres mi mujer, y dilo tú; que pues yo lo he querido, es
+así..., y ante esto, Aura, la familia y el mundo entero tienen que
+bajar la cabeza... Lo que vas a decirme, ya lo sé.
+
+Sonó un cañonazo. Albia despidió un proyectil curvo; a los pocos
+segundos disparó otro Landaverde. El uno se pasó; el otro vino a caer
+en la ría, más abajo del Arenal.
+
+—Vámonos por Barrencalle a coger los Cantones... Por aquí... No tengas
+miedo. Esos mentecatos tiran a esta hora por las Ánimas benditas... No
+temas nada. Dios ha dicho que ni tú ni yo moriremos en el sitio. Porque
+lo sé soy animoso, no por valor propiamente..., ¿me has entendido? Mi
+valor es Aura, mi fe es Aura, dilo..., y creyendo en Aura y teniéndola,
+no hay balas, no puede haber balas que a uno le toquen.
+
+—Sí, fíate... —murmuró la doncella queriendo reír.
+
+—Pues sí; ya sé lo que a decirme vas: que si el compromiso, que si
+don Fernando... Don Fernando no viene ya..., o se ha muerto, o no
+es caballero... Y aunque venga..., ¿qué?... Reino abandonado, reino
+perdido. En su trono me he sentado yo, Zoilo Arratia, y a ver si me
+echa él..., con sus manos lavadas..., con sus manos bonitas... Las
+mías, quemadas y oliendo a pólvora, más que las suyas podrán.
+
+—Eso no... _Luchu_, eso no... —dijo la niña muy apurada, no sabiendo
+encontrar en su mente fecunda más que aquella denegación anodina,
+infantil...
+
+—Yo digo que sí... Nada temo. Estorbos para mí no hay. Voy contra un
+ejército si es necesario... No sé lo que es desconfianza; lo que es
+miedo no sé... Ni a ti misma te temo. Sé que he de triunfar de todo,
+y nada me importa don Fernando, venga o no venga, ni el mismo san
+Fernando, si del cielo bajara, me importaría.
+
+—¡Cómo te creces, primo! —exclamó Aura pensativa, subyugada por aquel
+torrente irresistible de voluntad—. Arrogante estás.
+
+—¡Que si me crezco! Di que tengo vida de sobra... ¡Y lo que falta!
+Aura, por mucho que yo suba, aún estás tú más alta. Y verte tan arriba
+no me pesa... Mejor, así crezco yo más.
+
+Muy poco adelantaban en su paseo, porque se paraban a cada frase para
+poder verse las caras frente a frente, y aumentar con la vista y el
+mutuo llamear de sus ojos la expresión de lo que decían.
+
+—¿De modo —dijo Aura— que tú nada temes?
+
+—Nada. Dios me dice que tendré todo lo que quiero, porque lo sé querer.
+
+—¿Según eso, tú, Zoilo..., no dudas?
+
+—¡Dudar yo! ¿De qué? Eres mi mujer, te tengo... Nadie te apartará de
+mi...
+
+—Muy pronto lo has dicho. ¿Y si yo, suponiendo que quisiera ser tuya,
+no pudiera serlo?
+
+—¡No poder..., queriendo!... ¡Ah! ya sé por qué lo dices... ¿Crees que
+hago caso de esa bobada de mi tía Prudencia, que quiere casarte con
+Martín?... Yo me río; ¿y tú?
+
+—También.
+
+—Pero no has tenido valor para decirle a la tía Prudencia y a mi padre
+que eso no puede ser.
+
+—¡Oh, no me atrevo!
+
+—Pues yo sí. Ahora mismo voy y se lo digo.
+
+—¡Oh, no, por Dios!... Lo que has de hacer ahora mismo es llevarme a
+casa de Gaminde. Basta ya de paseíto. ¡Qué dirán, qué pensarán!...
+
+—Pensarán que debemos casarnos pronto.
+
+—¡Dale!
+
+—Nada: ¿no tiene don Francisco un hermano cura?
+
+—Sí, don Apolinar: allí está siempre.
+
+—Pues voy a verte, y después hablo con él para que nos case.
+
+—¡Zoilo! —exclamó Aura, dando un paso atrás aterrada de tan
+extraordinaria decisión.
+
+No había visto ella nunca una fuerza que a la de su primo se asemejara.
+El fogoso chico era la acción misma; no imploraba los favores del
+destino, sino que cogía por el pescuezo al propio destino y lo hacía su
+esclavo. Mientras dio la niña aquel paso en retirada, dijo Zoilo que si
+don Apolinar no quería casarles, él conocía un capellán de tropa que
+lo haría en menos que canta un gallo. La atracción, gravitación o lo
+que fuera, actuó de nuevo sobre el espíritu de Aura, que dio el paso
+adelante, sin atreverse a decir más que esto:
+
+—Bueno, primo; creo que debemos irnos ya...
+
+—Como quieras... Quedamos en que iré a verte a casa de Gaminde.
+
+—¡Oh, cuánto hablaron de ti ayer, y cómo te ponían en las nubes! Yo,
+naturalmente, estaba muy orgullosa..., por la familia, por ti...
+
+—Di que por ti más...
+
+—También contaron lo del café; el brindis que echaste, lo que te dijo
+Arana al regalarte la pistola, y el beso que te dio, en nombre de
+Bilbao, el viejecito Ansótegui.
+
+—El beso no era para mí, Aura.
+
+Diciendo esto, y sin darle tiempo a retirarse, le cogió la cabeza, y
+apretándola fuertemente, le estampó como unos veintitantos besos en
+diferentes partes, desde la coronilla a la garganta.
+
+—Por Dios, ¡ay, ay!, no seas bruto... ¡Qué atrevido, qué...! Déjame...
+Ya no más... Me haces daño... No, no; quita, quita... Que pasa gente...
+¡Ay, no!
+
+—Si pasa gente, que pase —dijo Zoilo al concluir—. Estaría bueno que no
+pudiera uno acariciar a su mujer donde se proporciona...
+
+Ocurriéronsele a la niña razones de gran fuerza para protestar de
+aquella bárbara violación de la compostura, del respeto que ella
+merecía; pero entre la mente y los labios perdiéronse las razones, y
+cuando quiso buscarlas no parecían... Solo pronunció entrecortadas
+voces que eran, empleando un símil guerrero, como migas de pan
+arrojadas contra un baluarte de granito. La joven siguió su camino
+temblando, como una brava res cogida y amarrada por potente cazador.
+
+—Eres muy atrevido, Zoilo —dijo rehaciéndose cuando pasaban de la
+soledad de la calle de la Torre a la plazuela de Santiago—, y eso no
+está bien... Te repito que no está bien... Llegaré muy tarde, y me
+reñirán.
+
+—No hagas caso. Yo soy tu dueño, y no te riño, pues.
+
+—Y a ti te regañará tu padre, si sabe...
+
+—Soy hombre... Mi padre me respetará como yo le respeto a él... Si algo
+me dice, que estoy casado le responderé.
+
+—Eres atroz, _Luchu_.
+
+—Soy terrible... Cuando me convenzo de que tengo que ir a un punto,
+voy. Nada me acobarda... Nadie me domina, y yo domino todo lo que
+quiero, y más.
+
+—Es mucho decir...
+
+—Más hago que digo... Yo hablo con las acciones.
+
+En esto llegaron a la casa de Gaminde, y él fue tan juicioso que no la
+detuvo en el portal.
+
+—Súbete pronto. Ya sabes que vendré a verte cuando el servicio me lo
+permita.
+
+—Adiós... No hagas barbaridades. Bastante te has lucido ya.
+
+—Yo no quiero lucirme... Me ejercito; me lo pide el cuerpo..., y el
+alma... Así se hace uno fuerte para lo que venga, Aura. Adiós.
+
+—Adiós... Me subo volando.
+
+
+
+
+XXX
+
+
+Al sentirse físicamente lejos de la esfera de atracción de aquella
+voluntad potente, volvió la niña a girar en su órbita y sintió
+recobrada en parte su personal fuerza.
+
+«Es un bruto —se decía—; pero no hallo la manera de sustraerme a su
+poder. ¡Qué hombre, qué energía!... ¡Ay!, tendré que hacer un esfuerzo
+para no dejarme dominar, pues de lo contrario, no sé lo que pasará...
+Como mérito, lo tiene... ¿De qué será capaz Zoilo, si no le mata una
+bala? Pues de las cosas más grandes. Me asusta, verdaderamente me
+causa tanto miedo como admiración... ¡Qué mal he hecho en dejarme
+besar! Se creerá que le pertenezco, y eso sí que no. Pero me cogió tan
+desprevenida, ¡qué pillo!, que no pude... Cualquiera le dice que no
+a nada. Este es de los que no se dejan gobernar, y gobiernan a todo
+el mundo... Yo no sé lo que me pasa... Cuando estoy lejos de él, soy
+muy valiente..., pero se me acerca, y ya estoy temblando... ¡Vaya un
+hombre!... Pero no: es preciso que yo me mantenga en mi deber y en
+mi consecuencia, porque no puedo faltar a lo jurado... El _mío_ es
+otro..., y aunque estoy muy enojada con Fernando porque no viene, ni
+se anuncia, ni nada, debo mantenerme firme... La verdad es que ya
+pesa, Señor, ya pesa este abandono en que estoy, y si yo me declarara
+independiente, no tendría razón ninguna en quejarse. Sabe Dios que
+le he querido y le quiero como cuando nos conocimos... No dirá que
+he faltado. Él es quien falta... ¿Y quién me asegura que no se ha
+entretenido lejos de mí con otra mujer? Esto sería ya inicuo, esto
+sería ultrajante para mí... Pero yo soy quien soy, y espero, espero,
+espero... ¿Hasta cuándo, Señor, hasta cuándo?... Digan lo que quieran,
+tengo yo mucho mérito, y la palma de la constancia nadie me la puede
+quitar...».
+
+Pensando en esto, que era su continuo pensar, hizo propósito de esperar
+a Fernando hasta unos días después de la terminación del sitio..., ¿Y
+si llegaba después del plazo que ella fijara, y daba explicaciones
+satisfactorias de su tardanza?... No, no: había que aguardarle hasta
+que se tuviese la certidumbre de que no había de venir.
+
+Acontecía que en sus cavilaciones nocturnas sobre este tema, a veces
+la persona de Fernando presentábase en la mente de Aura un tanto
+desvirtuada en sus atributos. Como todo se gasta y perece, aquel ser
+tan traído y llevado en los sueños de la sensible joven, desmerecía,
+se deslustraba, como las bellezas materiales que el tiempo y el uso
+van carcomiendo, como las flores que se marchitan, como las nobles
+vestiduras que se ajan, como las finas armas que se enmohecen... Sobre
+cuanto existe actúa el tiempo, artista minucioso que deshace unas
+obras, pieza por pieza, para hacer otras, o las reduce a polvo para
+vaciarlas en mejor molde. El maldito no está nunca quieto, y no hay
+cosa peor que dejar en su poder, para que lo guarde, algún objeto
+moral o físico de gran mérito y estimación. Si no se queda con él, lo
+devuelve transformado.
+
+No estaba ociosa la niña de Negretti en aquellos días, pues sus
+amiguitas no la dejaban de la mano, llevándola de casa en casa, a
+patrióticas reuniones femeniles para coser sacos, preparar hilas
+y vendajes, cuando no iban a Santa Mónica, según los turnos que
+designaban las señoras mayores. Una tarde, reunida una cuadrilla en que
+no había menos de dos docenas de muchachas, algunas de las más bonitas
+del pueblo, discurrieron ir a visitar al oficial herido Fernando
+Cotoner, que por su gentileza y donosura tenía gran partido entre
+el bello sexo. Custodiadas por una comisión de mamás, invadieron su
+casa, y halláronle en vías de convalecencia, alegre y decidor como de
+ordinario; y tanto se excitó con la irrupción de niñas guapas, y tales
+apetitos de hablar mucho y vivo le entraron, que el médico tuvo que
+ordenar la inmediata salida del enjambre.
+
+—De esta no muero, amigas de mi alma —les decía clavado en un sillón,
+gesticulando con exceso, pues condenado a quietud absoluta sin más
+juego que el de los brazos, usaba de estos desmedidamente—. Solo ha
+sido un agujero más, y ya he perdido la cuenta de los que debo a la
+guerra. La que se case conmigo, ya sabe que se casa con una criba...
+Fernando Cotoner no entra en acción sin que le toque alguna china...
+Es el niño mimado de las balas... ¿Saben la carrera que sigo? La
+carrera de inválido... Adiós, flores bellas, alegría de mi corazón...
+Un momento, aguarden un ratito... ¡Vivan las niñas de Bilbao! ¡Viva la
+Libertad, y muera Carlos V!
+
+Respondió el alegre coro desde la puerta y en el pasillo, a donde las
+empujaba el médico don Miguel Medina, sacudiéndolas con su pañuelo como
+si ahuyentara moscas.
+
+A menudo iba Aurora a pasar un ratito con su tío Ildefonso, que con
+ella se animaba, saliendo por breves momentos de su taciturnidad
+sombría. Gustaba de que ella, y no los demás, le refiriese las
+sucesivas ocurrencias del sitio, las victorias que con su heroico
+tesón iba ganando el pueblo, la situación probable o supuesta de las
+tropas que venían en socorro de la plaza. Y él, siempre bondadoso, no
+desmemoriado a pesar de la turbación de su mente, gustaba de decirle lo
+que consideraba más grato para ella:
+
+—Si Espartero viene pronto y salva a Bilbao, en cuanto se abran las
+comunicaciones tendremos aquí, creo yo, al buen don Fernando.
+
+Y otro día, con gran reconcomio de Prudencia, que se mordía los labios
+para comprimir sus ganas de controversia, dijo:
+
+—Me da el corazón que el señor de Calpena está con Espartero, y que
+entrará con él.
+
+Pasaron días sin que Aura y Zoilo se viesen, por causa de la
+permanencia casi continua del valiente chico en las líneas de defensa.
+En cambio, siempre que iba la niña a casa de Vildósola, era infalible
+su encuentro con Martín, que tardaba en restablecerse de su herida más
+de lo que parecía natural. Prudencia daba largas al proceso traumático,
+aplicando vendajes con unturillas de su invención, completamente
+inofensivas. En el largo espacio que daba el tratamiento dilatorio,
+logró el benemérito joven, con no poco estudio, aguijoneado por su tía,
+declarar a la hermosa doncella el amor puro, de honradísimos y santos
+fines, que le inflamaba, gastando en ello fórmulas algo semejantes a
+las farmacopeas de Prudencia. Contestábale Aura agradeciendo sus nobles
+sentimientos, y declarándose imposibilitada de corresponderle por el
+compromiso antiguo que a otra persona la ligaba. Por su parte, la sagaz
+gobernante, siempre que a solas la cogía, incitábala a no ser tan
+huraña con Martín, asegurando que partido mejor no encontraría aunque
+lo buscara con pregón. La pobre joven rompía en llanto; deseaba que
+el tío Ildefonso se pusiera bueno para contarle sus cuitas y pedirle
+consejo; pero esto era muy difícil, porque Prudencia nunca la dejaba
+sola con su marido, temerosa de que Ildefonso, con su puritanismo y
+el rigor de sus principios, tan contrarios al sentido práctico, la
+torciese más de lo que estaba.
+
+Y por desgracia, el pobre Negretti iba de mal en peor. Una tarde,
+hablando de ello Vildósola, Valentín y Prudencia, delante de Aura,
+expresó aquella con lágrimas su dolor por el desvarío manifiesto de las
+ideas de su esposo.
+
+—Ayer —manifestó Valentín suspirando— seguía con el tema de que ya
+no se harán los barcos de madera, sino de hierro, todo el casco de
+hierro...
+
+—Esto no es absurdo, no, amigo mío —dijo Vildósola, hombre
+indulgentísimo, muy crédulo, y que no era pesimista en el caso de
+Negretti.
+
+—Absurdo no... Científicamente, puede ser. Lo gordo es que, según
+Ildefonso, todo ese hierro que se necesita para construir los barcos de
+mañana se llevará de Bilbao a Inglaterra. Vean por dónde nos vamos a
+quedar sin montañas.
+
+—Poco a poco, Valentín. Hablando con franqueza, no veo el delirio, no
+veo el disparate...
+
+—Pero, hombre, ¿estás tú loco?... ¡Embarcar toda Vizcaya en naves de
+hierro para llevarla a Inglaterra! ¡Ah, tunante!, como buen corredor de
+cambios, ya se te hace la boca agua pensando en el papel Londres que
+vas a colocar el día que...
+
+—No es eso... yo digo...
+
+—Cállate, Cirilo... Se trata de barcos, y yo...
+
+—Se trata de comercio, y yo...
+
+—Esperen... —dijo Prudencia, cortándola cuestión—. A mí me aseguró que
+toda nuestra ría no será bastante para contener las embarcaciones
+grandes, grandes...
+
+—A mí me dijo que dentro de cuarenta años se verían en estas aguas
+cuatrocientos barcos de dos mil a tres mil toneladas, descargando
+carbón y llevándose la mena... Para ese tiempo se empedrarían las
+calles de Bilbao con libras esterlinas, y tendríamos aquí fábricas y
+talleres tan grandes como de aquí al paseo de los Caños...
+
+—Pues ese delirio —afirmó el corredor— merece mi aplauso, y no he
+necesitado más que oírlo mencionar para sentirme contagiado. Yo deliro
+también, Valentín. Yo creo en el hierro..., yo lo veo...
+
+—Lo que tú ves es el cambio, los chelines y peniques. Tú no estás
+bueno, Cirilo... El sitio a todos nos volverá locos.
+
+—Yo veo el hierro...
+
+—Sí: tendremos que echarnos cabezas de hierro para poder pensar.
+Adelante.
+
+—Con ser un delirio eso de exportar las montañas —añadió Prudencia—,
+no me resulta tan desatinado como la que me soltó esta mañana.
+Hablábamos del sitio, de si viene o no viene Espartero, y él muy serio,
+convencidísimo y enteramente aferrado a su opinión, se dejó decir
+que para que Bilbao llevase su defensa hasta la última extremidad,
+volviendo locos a los carlistas y obligándoles a largarse corridos,
+era menester que pusieran de gobernador de la plaza, ¿a quién creéis?,
+a nuestro sobrino Zoilo. Dice que _Luchu_ es la más fuerte energía
+militar que tenemos aquí. Y que si él estuviera al frente del ejército
+del Norte, ya no quedaría un carlista para un remedio.
+
+—Es que anoche —indicó Vildósola— estuvo Zoilo contándole cosas de
+cañoneo y batallas, con las exageraciones y el ardor que el chico pone
+en todo lo que dice.
+
+—Ya me cuidaré yo —afirmó Prudencia— de que no vuelva a pasar...
+Cuente Zoilo sus hazañas a los que están buenos, no a los enfermos del
+magín, que fácilmente se ponen perdidos oyendo hablar de encuentros,
+degollinas, zambombazos y demás gracias de la guerra, que a mí no me
+hacen ninguna gracia.
+
+Oía estas cosas Aura sin aventurar de su parte observación alguna, y
+lo único que se le ocurrió fue el propósito de advertir a su primo, en
+cuanto le viese, que se abstuviera de contar al tío lances guerreros,
+ni nada en que figurasen bombas, granadas y metralla. El día 5 de
+diciembre, poco antes de la salida que hicieron los sitiadores por la
+parte de Artagán, creyendo obrar en combinación con Espartero, vio la
+niña al miliciano; pero no pudo hablarle. Iba ella con las de Gaminde
+y las de Ibarra por la calle del Correo, a oír misa en Santiago,
+cuando pasaron las compañías de milicianos y de Trujillo en dirección
+de Achuri: Zoilo la vio, y ella a él. Aura no hizo más que sonreír
+y ponerse muy encarnada; él la saludó graciosamente con una sonrisa
+y fugaz movimiento de los labios. Por la noche, oyendo contar que
+la salida, aunque brillante, no resultó eficaz por el mal acuerdo de
+haberla hecho solo con cuatrocientos hombres, pensaba la hermosa joven
+que si Zoilo hubiera dispuesto la operación, habrían salido lo menos
+mil... Vamos, ¿a quién se le ocurría mandar cuatrocientos hombres, ni
+aun contando con el apoyo de Espartero _por el lado de allá_? También
+ella se iba volviendo estratégica. La verdad, no comprendía cómo sus
+tíos encontraban tan disparatadas las ideas de Negretti con respecto
+a _Luchu_... ¿Pues qué? ¿Dónde había voluntad como la suya? ¿Quién
+le igualaba en grandeza de corazón, en bravura y serenidad? Pues así
+como tenía estas dotes, bien podía tener las otras, las del cálculo
+para saber por dónde se atacaba, y con qué fuerzas, y en qué ocasión y
+momento.
+
+Acostose con la cabeza dolorida, congestionada de tanto pensar, y pasó
+malísima noche, sin poder conciliar el sueño, atormentada por una
+idea tenaz, monomaníaca, consistente en establecer paralelo entre don
+Fernando y su primo, midiendo y aquilatando las excelsas cualidades
+de uno y otro. Sin duda había pocos como Fernando, cuya inteligencia,
+caballerosidad, exquisita educación y finura cautivaban... Esto no
+quitaba que el otro fuera más hombre, más..., no sabía cómo expresarlo.
+Era todo lo hombre que se puede ser. Con la voluntad que a él le
+sobraba, se podían hacer cien personas enérgicas, o mil... No había más
+que mirar aquellos ojos para comprender que era su alma toda acción,
+de las que gobiernan y no se dejan gobernar, de las que subyugan
+y avasallan... Pero por ser menos hombre, no perdía sus hermosos
+méritos Fernando. ¡Qué talento, qué gracia, qué elegancia de formas!
+¡Luego sabía tantas cosas, había leído tanto!... En cambio, Zoilo era
+un bruto, un bruto, eso sí, capaz de aprender en poco tiempo todo
+lo que no sabía, y llenar de conocimientos el profundo pozo de su
+ignorancia... Insistía la gentil niña, dando extensión absurda a estos
+paralelos febriles, en pertenecer a Calpena, en mantenerse fiel a su
+compromiso; pero mucho tenía que fortificar su voluntad para oponerse
+al torrente del querer de Zoilo, de aquel querer que no admitía
+réplica ni oposición, que todo lo arrollaba hasta imponer y afianzar
+su imperio. Para defenderse del audaz tirano, lo más conveniente sería
+no verle más, no hablar con él... ¿Y cómo podía ser esto? Si Fernando
+viniese pronto, todo se arreglaría; pero, ¡ay!, le daba el corazón
+que Fernando, o tardaría mucho, o no vendría más. La insistencia de
+Ildefonso al afirmar que vendría con Espartero, era un desatino de la
+perturbada mente del buen mecánico... Imposible, pues, sustraerse a la
+sugestión avasalladora, soberana, fatal, de su primo. Dios le había
+dado el don de querer con tan grande intensidad, que cuanto quería se
+le realizaba. No soñaba, hacía; pensamiento y ejecución significaban en
+él lo mismo.
+
+Como era la niña tan inteligente, y además poseía su poquito de
+instrucción, extraordinaria para las muchachas de aquel tiempo, podía
+discurrir sobre estas cosas de humanos caracteres, y hasta encontrar
+forma relativamente apropiada para expresar sus juicios. Prosiguiendo
+el ingenioso paralelo, se dijo:
+
+«Y este _Luchu_, ¿es romántico?... Puede que sí; pero no como Fernando,
+un romántico de soñación, sino de acción... Así lo veo yo. Todo el
+romanticismo y toda la poesía de Fernando es la de los dramas, la de
+los libros que andan ahora: en los libros y en los dramas, que son pura
+mentira, ha bebido él su romanticismo, como las abejas en las flores...
+Este _Luchu_ no es así: todo lo tiene en su alma desde que Dios la
+hizo. Don Fernando sueña, se emborracha con lo que ha leído..., quiere
+llevar todo aquello a la acción y no puede..., no le sale... Claro,
+como que no es suyo... (_Pausa larga de aturdimiento y confusión_).
+Pero ahora caigo en ello. Zoilo no es romántico, sino clásico, tan
+clásico, que no puede serlo más... Se me ocurre el disparate de
+compararle con los dioses antiguos, que tomaban figura de hombres, y a
+veces de animales, para andar por el mundo y hacer lo que les daba la
+gana... Y se metían entre los ejércitos, y daban la victoria a quien
+querían, y destruían pueblos, y soltaban rayos, y seducían mujeres...,
+sin que nadie pudiera oponerse a su voluntad... Naturalmente, como que
+eran dioses».
+
+
+
+
+XXXI
+
+
+Tenía Valentín por ineficaz aquella dispersión de la familia en
+diferentes moradas, pues ningún lugar era seguro en el casco de la
+villa. El inmenso peligro que los vecinos de la Ribera vieron en
+esta parte del pueblo cuando los carlistas preparaban su ataque a la
+Concepción, fue conjurado por la bravura bilbaína en la sangrienta
+jornada del 29 de noviembre. Si el enemigo hubiera conquistado aquella
+línea, poniéndose a tiro de fusil de todo el frente de la Ribera, esta
+habría resultado inhabitable desde el teatro hasta Barrencalle. Pero
+como continuaban en sus antiguas posiciones de Santa Clara y barrio de
+Mena, y lógicamente no habían de meterse en arriesgadas aventuras por
+aquella parte, pues toda su fuerza y vigilancia la necesitaban de la
+Salve para abajo, atentos a las pisadas de Espartero, los vecinos de la
+Ribera recobraban su tranquilidad, y los menos tímidos se iban metiendo
+en sus hogares. Determináronse, pues, Sabino y Valentín a congregar
+la dispersa familia: ya José María y _Churi_, que se instalaron en la
+casa para estar al cuidado de todo, habían comenzado las reparaciones
+convenientes en el tejado.
+
+Prudencia opinaba como sus hermanos respecto a la concentración, pues
+no se hallaba muy a gusto en casa de Vildósola. Este y Rufina, su
+mujer, eran excelentes personas; no así la suegra, que de continuo
+cerdeaba y se ponía fastidiosa, dando a entender que la molestaban los
+huéspedes. Además, todo aquel barrio de Zamudio había venido a ser el
+más inseguro; las baterías facciosas del barranco de Santo Domingo y
+de Iturribide atizaban candela y bombas; en la calle de la Cruz y en
+la vuelta de la de la Ronda habían caído proyectiles destrozando dos
+edificios. Para colmo de desdichas, en la noche del 13 una carcasa pegó
+fuego a la finca medianera con la de Vildósola; los vecinos de esta
+hubieron de desalojar de prisa y corriendo, y Negretti fue llevado a
+casa de don José Antonio de Ibarra, amigo de la familia, procurador y
+comerciante con tienda y almacén en la calle de la Sombrerería. Aunque
+los Ibarras eran gente bonísima, hospitalaria y servicial, Prudencia no
+estaba conforme con vivir en prestados hogares, y decía, refunfuñando:
+
+—Cada lobo a su cueva, y sea lo que Dios disponga.
+
+Todo el tiempo que le dejaban libre sus ocupaciones en la Sanidad,
+empleábalo José María en el arreglo de la casa, ayudado por _Churi_,
+el cual cada día hacía menos uso el don de la palabra. Con un gesto
+expresaba todo lo que tenía que decir; con un mohín daba respuesta
+categórica y breve a cuanto se le preguntaba. Obedecía ciegamente a su
+primo, y juntos iban a comer a casa de Miguel Ostolaza, el individuo
+de la Junta y comerciante de las Siete Calles que se distinguía por
+su bullicioso patriotismo y su desmedida afición al _aurrescu_. Otro
+de los Ostolazas tenía botica en Artecalle: con este o con Miguel
+vivían indistintamente, según las peripecias del sitio, la madre y
+una hermana, Juanita Ostolaza, de quien era novio José María, con
+relaciones de exquisita honradez y compostura, y planes de matrimonio.
+Desde que ambos eran niños, andaban en aquellos honestos tratos, y de
+acuerdo ambas familias habían concertado la boda para cuando Bilbao
+estuviese triunfante y libre. Comían los dos primos de Arratia en la
+botica de Francisco o en la tienda de Miguel Ostolaza, y tornaban sin
+pérdida de tiempo a sus ocupaciones.
+
+Frecuentaba también Zoilo la casa paterna por mudarse de ropa, lo
+que hacía con desusada frecuencia. Habíase vuelto muy presumido; se
+acicalaba; tenía su uniforme en perfecto estado de limpieza; iba a
+los combates como a la parada, gallardo, guapísimo, la cabellera
+corta bien peinada, el bigotito juvenil atusado con marcial donaire,
+bien afeitada la barbilla, los botones del uniforme relumbrantes. Si
+por acaso se encontraban en la tienda los dos primos rivales, no se
+dirigían la palabra: _Churi_ ni siquiera miraba a Zoilo, y este tampoco
+era muy expresivo con su hermano mayor. Atribuía el buenazo de José
+estas reservas a genialidades de uno y otro: _Churi_, con su sordera
+aisladora, se envolvía cada vez más en sus tristezas, labrándose un
+capullo para sepultarse dentro; _Luchu_, por el contrario, con sus
+ruidosos triunfos militares, propendía fatalmente a la expansión
+locuaz, al dominio. No desconocía José los méritos de su hermano, ni
+los servicios que con su bravura y serenidad heroica había prestado a
+la causa bilbaína; casi encontraba justificado su creciente orgullo.
+Sencillote y benévolo, era el primero en extender a toda la familia las
+glorias del _gallito de Arratia_, y en gozar de su prestigio y fama, de
+lo que resultaba un reconocimiento tácito de su superioridad.
+
+Continuaba Aura en casa de Gaminde, tan querida de las niñas Florencia
+y Jesusita que no sabían separarse. Pero aconteció que la pequeñuela
+contrajo una calentura eruptiva, y temerosa Prudencia del contagio,
+llevó a su sobrina a casa de Orbegozo, donde también la querían y
+agasajaban. La señorita de Orbegozo poseía algunos tomos de novelas,
+que leyó Aura, entre ellas _Valeria y Beaumanoir_, de Madama Genlis.
+Manjar tan empalagoso no era del gusto de la joven, que lo apetecía
+más tónico y amargo. Dulzona era también Socorrito, y muy aficionada
+a novedades de moda y perifollos. No congeniaban. Más a gusto se
+encontraba Aura con las de Busturia, chicas criadas en una trastienda,
+sencillas, trabajadoras, heroínas domésticas sin afectación; pero
+aunque festejada por unas y por otras, y deseando conservar tan buenas
+amistades, anhelaba volver a su casa, vivir entre los suyos, que suyos
+eran ya, con vínculos del alma, los Arratias chicos y grandes. Al
+propio tiempo que estas dispersiones enfadosas ocurrían, aumentaba
+el malestar de todos la escasez de víveres, ya en proporciones
+aterradoras. Una docena de huevos, de remota antigüedad, no podía
+adquirirse por menos de sesenta reales. Por una gallina tísica había
+quien daba media onza. Los gorriones, que los chicos cazaban y vendían
+por _chimbos_, valían como si fueran pollos. Las alubias llegaban a
+cotizaciones fabulosas; las patatas no existían, y el bacalao comenzaba
+a escasear. Algunos días se iba _Churi_ sin decir nada por el Nervión
+arriba hasta cerca de la _Isla_, y traía media taza de angulas, con las
+cuales obsequiaba Prudencia a los de Ibarra, festejando el bocado como
+un hallazgo preciosísimo en tales tiempos. Iban por allí el corredor
+Vildósola y José Blas de Arana, ambos famosos entre la gente bilbaína
+por sus anchas comederas, así como por su inteligencia en artes
+gastronómicas. Se consolaban de las abstinencias del asedio hablando
+de suculentas comidas, de platos castizos, y recordando sus merendonas
+y _gaudeamus_ en días mejores. Arana ofreció a _Churi_ un morrión de
+miliciano y un sable si le traía una taza de angulas, y Vildósola
+refería con buena sombra sus sueños, que eran siempre de comer mucho y
+bien.
+
+—Anoche, para hacer boca, despaché cuatro ruedas de merluza, y encima
+una docena de _chimbos de higuera_, que fueron seguidos por una tanda
+de _barbarines_...
+
+—Ya podías haber guardado algo para nosotros —indicó Prudencia—. A
+Ildefonso le gustan locamente los _barbarines_ fritos en papel.
+
+—Pues yo —dijo Arana—, si soñase esas cosas me pondría malo, y al
+despertar tendría que purgarme. Me reservo para cuando salgamos de este
+bromazo. Lo probable es que perezcamos todos, y moriremos acordándonos
+de la Libertad y del bacalao en salsa roja. Pero si tengo la suerte de
+salir con vida y de ver reventar a don Carlos, ojalá que esto sea en la
+época de los _guibilurdines_ para celebrarlo con un buen atracón de tan
+rico vegetal.
+
+—Mira —dijo Vildósola—, yo espero que terminemos antes de que vengan
+los _guibilurdines_. Te apuesto todo lo que quieras a que la entrada
+de Espartero la celebramos en el propio San Agustín con chacolí de
+Quintana, y angulas, y lo demás de la estación... y todo esto antes que
+cante el gallo de Navidad.
+
+—Yo te apuesto lo que quieras a que el gallo y pavo de esta Navidad
+serán de aquellos que andan por los tejados. Esto va largo, y es
+casi seguro que saldremos vestidos de máscara a tirotearnos con los
+_serviles_. Espartero está comiendo merluza, y no se acuerda de
+nosotros... Pero ¡qué remedio! Comeremos clavos en vinagre. ¿Oye, no
+sabes? Bringas me mandó chocolate muy bueno, y dos docenas de bizcochos
+que sobraron del primer sitio... En mi casa, con ocho de familia,
+nos defendemos con el maíz que quedaba en el almacén de Busturia. Lo
+machacamos; Hilaria sabe hacer unas combinaciones muy buenas, bollitos,
+fruta de sartén, con un poco de salvado que nos resta, aceite de
+linaza, nuez moscada... Te convido si quieres, y para obsequiarte añado
+una rata magnífica que cogimos esta mañana en mi almacén..., cebada con
+raba y sardina, ya ves.
+
+—Gracias: yo tengo hoy huevos de paloma, y una cecina de macho cabrío
+que está diciendo «Comedme».
+
+—No: lo que dice es «Tiradme». Es de la que tenía Cosme el de
+Belosticalle, que la untaba de pimiento choricero para que tomase color
+y pareciera jamón.
+
+Con estas bromas se entretenían, y conllevaban alegremente las
+tristezas de situación tan angustiosa. Desprovista del precioso
+humorismo, y sintiendo en sí muy debilitada ya la vibración patriótica,
+Prudencia no veía las santas horas de que la pesadilla del sitio
+terminase. ¡Ay, sería como un despertar risueño! Ya no se podía sufrir
+el constante llover de bombas y granadas, los espectáculos de muertes y
+horrores, el hambre, que podían soportar hasta cierto punto los sanos,
+pero no los enfermos.
+
+El deber patriótico a todos les traía revueltos, sufriendo mil
+molestias, viviendo a las veces en medio de la calle. Sabino, hombre de
+gran resistencia, solía llegar a la noche sin haber tomado más que un
+ligero desayuno; Valentín llevaba en sus bolsillos mendrugos de borona,
+y se iba alimentando en el transcurso de las caminatas y ocupaciones
+que a todas horas le imponía su cargo en la Junta. Más de una coche
+durmió en un banco del _cuartel_ de la Plaza Nueva, o en el duro suelo
+del café llamado _Gari guchi_ (Poco trigo). Eran los _cuarteles_ sitios
+de reunión, semejantes a los modernos casinos. Unos cuantos amigos
+alquilaban un local en buen sitio, y aligeraban allí con sabrosa
+tertulia las largas noches de invierno, o se divertían con pasatiempos
+inocentes. El lujo era desconocido en tales instalaciones; el mueblaje
+lo indispensable para evitar la incomodidad de sentarse en el suelo, o
+de comer con el plato en las rodillas. Había un _cuartel_ en la Plaza
+Nueva, perteneciente a un grupo de mayorazgos y segundones; otro en la
+calle de la Pelota, donde dominaba el elemento mercantil; y tanto en
+estos como en otros de inferior pelaje, marcábase el embrión de los
+casinos que hoy son centros de recreo, de holganza y de peores cosas,
+en grandes y chicas poblaciones. Durante el sitio, los _cuarteles_
+hallábanse abiertos para todo el que en ellos quisiese entrar, y
+servían de cómodo apeadero para militares y paisanos que, teniendo que
+acudir de un lado a otro, necesitaban tomar un refresco sin necesidad
+de acudir a sus casas. Los patriotas se daban cita en ellos; los
+individuos de la Junta y los jefes de la guarnición tomaban en este
+o el otro _cuartel_ las medidas más apremiantes. A los más ocupados,
+que no podían descansar en toda la noche, les mandaban la cena al
+_cuartel_. La fraternidad era cordialísima, los alimentos comunes. El
+que por cualquier causa, descuido de la familia o falta de aviso, no
+tenía que cenar, metía confiadamente la mano en el plato del amigo.
+
+El _Gari guchi_ era una combinación de cafetín y _cuartel_, pues en el
+entresuelo, alquilado por varios mercaderes de las Siete Calles, habían
+estos establecido su recreo de billar y mesas de tresillo. Ni allí,
+ni en el café del Correo, ni en ninguno de los _cuarteles_ se hacía
+de comer. Pero ya se iniciaba de un modo rudimentario este progreso,
+pues si no se guisaba, calentaban la comida que de tal o cual casa
+traían; y el conserje o encargado también hacia café para los señores,
+los cuales no pagaban la taza, sino que _ponían_ los ingredientes,
+resultando gratis la obra culinaria: no se le pasaba por las mientes al
+guardián del local el tomar dinero por aquel servicio. De tal modo las
+costumbres patriarcales apuntaban su evolución primera, anunciando esta
+moderna organización del egoísmo. Las guerras deshicieron el antiguo
+régimen patriarcal de las sociedades, y fueron creando el vivir que
+ahora conocemos, donde todo se tiene y se paga, donde se desarrollan
+la comodidad y libertad individuales en el calor del hogar público,
+mientras se quedan solas las mujeres en el doméstico, cuidando de que
+no se apaguen las últimas brasas.
+
+
+
+
+XXXII
+
+
+Rendido de fatiga y con más hambre que cómico en Cuaresma, arribó
+Valentín al _cuartel_ de la Plaza, donde tuvo la suerte de hallar al
+mayorazgo don Nemesio Mac-Mahón, exaltado patriota, que le brindó a
+participar de las sopas que comía. En la misma mesa de despintado
+pino, hacían por la vida los individuos de la Diputación don Vicente
+Ansótegui y don Antonio Irigoyen, con un capitán de Trujillo y otro
+de Toro. Versó la conversación sobre los movimientos de Espartero,
+que después de inútiles tentativas por la parte de Aspe y Azúa, se
+había vuelto a la orilla izquierda, y a la sazón celebraba consejo de
+generales para resolver que se haría en situación tan apretada, pues
+Bilbao, desangrada ya y sin víveres, parecía llegar al límite de la
+constancia. El telégrafo había dicho por tercera vez: «Siga Bilbao
+defendiéndose, que pronto será socorrida». Pero el socorro, ¡vive
+Dios!, tardaba en llegar. Como en la mente y en la voluntad de todos
+la rendición era el mayor absurdo, no les quedaba más recurso que un
+morir glorioso, numantino.
+
+En esto entraron Zoilo Arratia y su amigo Víctor Gaminde; Valentín dejó
+a los señores para correr junto a los muchachos, en quienes encontraba
+siempre viva la llama patriótica y el nativo coraje de la tierra.
+Habló Zoilo con el encargado del _cuartel_, un vejete con antiparras
+y cachucha, que jamás se quitaba la pipa de la boca. Entregole un
+envoltorio de papel que traía, recomendándole la mayor actividad en la
+confección del menjurje, pues uno y otro se hallaban desfallecidos.
+
+—¿Qué es eso, _Zoiluchu_? ¿Café por casualidad?...
+
+—Por casualidad es cáscara de cacao. Tengo más, y si usted quiere...
+
+—Y azúcar —dijo Víctor Gaminde dando al guardián otro cucurucho—.
+Lo hemos encontrado entre las ruinas de una casa que se quemó en la
+Esperanza. No tiene más sino que está hecha caramelo, por el fuego. —Y
+la ofreció a los señores, con obsequiosa finura—. Si quieren ustedes
+caramelo, aquí hay. Tenemos mucho más, y ahora vamos a tomarnos un
+cocimiento de cáscara de cacao bien dulce. Desde ayer no ha entrado en
+nuestros cuerpos nada caliente.
+
+En esto llegó Sabino con la capa chorreando agua, porque llovía
+copiosamente; la colgó de una percha, diciendo con avinagrado mohín:
+
+—A fe que se pone buen tiempo para que don Baldomero nos socorra. Me
+parece a mí que ese...
+
+—¡Pero este Sabino!... Ya viene murmurando del general en jefe —dijo
+Mac-Mahón—. ¿También tiene Espartero la culpa de que llueva?
+
+—La tiene de no haber emprendido las operaciones antes de que el
+temporal se nos echara encima. Para eso es generalísimo. Dios manda el
+tiempo bueno y malo. El hombre debe mirar al cielo, y aprovechar las
+claras.
+
+—¿Pero tú no sabes que no hay clara... que sea de fiar?
+
+—Lo que sé, señor don Nemesio, es que no hay general cristino que no
+sea un pelmazo.
+
+—Vamos, hombre, cálmate, que vas a enflaquecer. Siéntate aquí: te
+daremos unas cucharadas de sopa.
+
+—Un poco tarde llegas, Sabino —le dijo Ansótegui—. Ni rebañaduras hay
+ya. Como no te entretengas en lamer todos los platos...
+
+—Gracias: vengo del café de _Posi_, donde Blas Arana y yo hemos partido
+media docena de sardinas y un plato de alubias... Allí me han dicho
+que don Baldomero, por variar, vuelve al otro lado del Nervión, y que
+están desarbolando quechemarines para armar un puente de barcas... ¡A
+este paso...! En preparativos se ha llevado el buen señor un mes, y
+todavía no ha concluido de resolver por qué orilla se arrancará... ¡Y
+Bilbao aguantando sitio y más sitio!... No me digan a mí de Numancia y
+Sagunto... ¡Deliciosa Navidad nos espera!
+
+—Hombre, sí: Navidad sin pesebre.
+
+—¡Y que tenga uno que celebrar el nacimiento del Hijo de Dios en esta
+situación!... Ya lo creo: el don Baldomero, con merluza y besugo a todo
+pasto, no tiene prisa... ¿Qué le importa que aquí nos comamos unos a
+otros?
+
+—Pero, hijo, si la voluntad de Dios así lo dispone, ¿qué quieres que
+hagamos?
+
+—No me quejo por mí. Pero he dado a Bilbao mis tres hijos, lo único que
+poseo, y no quiero verles morir de hambre... Ni a Dios puede gustarle
+eso. Dios dice: cumplid vuestro deber... pero comed, alimentaos.
+
+—¿Estás bien seguro de que Dios dice eso?
+
+—Ahí están las Sagradas Escrituras... ¿Pues para qué multiplicó los
+panes y los peces?
+
+—Ahí tienes tú un milagro que ahora nos vendría muy bien.
+
+—Con que multiplicara los gatos, nos dábamos por bien servidos.
+
+Arrimado a la mesa donde los jóvenes esperaban el remedio de su
+necesidad, pidió Valentín a Zoilo su opinión sobre lo que podría
+suceder si la tardanza de Espartero se prolongaba. Largo rato
+disertaron sobre ello. Había el miliciano adquirido tanta autoridad en
+la familia por razón de su denuedo y militar aptitud, que ya su tío
+gustaba de escucharle, y estimaba en mucho su discernimiento y parecer
+en cosas de guerra. La arrogancia del chico no excluía su deferencia
+con las personas mayores. Zoilo se había crecido moralmente en el
+espacio de un mes, adquiriendo aplomo, serena energía, y una descomunal
+fuerza de convicción en cuanto sostenía y pensaba. Sin darse cuenta,
+su padre y tío aceptaban gradualmente la superioridad del inferior, la
+grandeza del pequeño, y no se sentían humillados por ello.
+
+—Oye, hijo mío —díjole Valentín, mientras los tres saboreaban en sendos
+tazones la infusión caliente y dulce—: cuando Bilbao sea libre, te
+decidirás por la carrera militar, para la cual muestras disposiciones
+de padre y muy señor mío... Si así lo haces, me alegrare por ti; lo
+sentiré por la casa.
+
+—No, tío —replico lacónicamente Zoilo—; no seré militar.
+
+—Antes de diez años, si la guerra siguiera, te veríamos de general: tal
+creo —aseguró Valentín, sacando de su bolsillo mendrugos de borona que
+partía con los muchachos, apresurándose a reblandecer el suyo en su
+taza.
+
+—Seguiré como estaba... Y si usted quiere, para que mi padre descanse,
+me pondré al frente de la ferrería.
+
+—Francamente, a un hombre como tú, tan cortado para la milicia,
+valiente como ninguno, paréceme que no le cuadra el oficio modesto de
+_ferrón_.
+
+—Pues si no soy _ferrón_, seré otra cosa: trabajaré por mi cuenta, y
+haré pronto un capital. Proponiéndomelo, he de conseguirlo... Todo lo
+que el hombre quiere con firme voluntad, lo tiene, y más.
+
+—¡Qué alientos gastas, chico! Dios te los conserve... Celebraré verte
+al lado de la familia, para que a todos nos ayudes... Luego que se
+acabe esta guerra maldita, nos pondremos a trabajar como fieras, y
+sacaremos a flote la casa. Vosotros, los sobrinos, debéis estableceros
+en nuevas familias debajo de nuestro amparo. Casaremos inmediatamente
+a José María, que tanto él como su novia están corrientes de papeles,
+con el cura a bordo; luego empalmaremos a Martín con Aura, que también
+están concertados; y tú bien puedes ir buscando novia, pues un pájaro
+de tu condición debe tener nido, y engendrar hijos robustotes y
+valientes.
+
+—¿Novia dice usted?... Ya la tengo...
+
+—¿Ya?... Bien, hijo bien; así me gustan a mí los hombres: decididos,
+querenciosos. ¿Que se proponen un objeto, un fin? Pues a él, ¡contro!
+Cuando los otros van, ya tú vienes de vuelta encontrada... ¿Y quién es
+la parienta? ¿se puede saber?
+
+Callaron los dos mozos; Víctor Gaminde sonreía.
+
+—Víctor sabe quién es... ¿No puedo saberlo yo? Bueno: estas cosas son
+un poco vergonzosas... Tú no has de hacer una mala elección. Me gustará
+mucho verte _abarloado_ con una de las chicas más bonitas y honestas de
+la población. Y si la encuentras de esas... que pesan, ¿sabes?..., que
+pesan..., porque hay lastre de onzas en el arca, mejor, _Zoiluchu_,
+mejor. Has demostrado que vales mucho; tienes un gran porvenir. Para
+decirlo todo, hijo, eres guapísimo: nada te falta. Ya puedes traernos
+a casa lo mejorcito de Bilbao, que bien te lo mereces, bien te lo has
+ganado.
+
+—Lo mejor del pueblo llevaré..., pierda usted cuidado... No sería quien
+soy si así no lo hiciera.
+
+—Eres un hombre...
+
+—Soy... Zoilo Arratia, hijo de sus obras..., que cuando quiere...,
+quiere.
+
+—Tú pitarás..., el mundo es tuyo.
+
+Una vez tomada su frugal cena, levantáronse los muchachos. Iban al
+_Gari guchi_ a entretener, jugando al billar, la horita y media que les
+quedaba antes de volver de facción a la Cendeja.
+
+—Llueve a cántaros, hijos míos.
+
+—¿Qué nos importa el agua?
+
+—Como no nos importa el fuego.
+
+—Iremos arrimaditos a las casas.
+
+—Aguardad, aguardad un momento. Si Sabino me presta su capa, voy con
+vosotros... No me gusta la compañía de los viejos: prefiero arrimarme a
+la gente joven, para calentarme en el fuego de vuestros corazones, que
+no temen, que desean con fuerza...
+
+Obtenida la capa, se fue con ellos, y andaban por las calles enfilados
+unos tras otros, buscando el amparo de los aleros y cornisones. Cuando
+llegaban a la calle Nueva, donde estaba el _Gari guchi_, dijo Valentín
+a sus amiguitos:
+
+—No solo vengo por acompañaros, sino por ver si alguien, en este café,
+me da noticias de _Churi_, a quien he perdido de vista hace tres días.
+
+—Anoche andaba por la ría en una chalana —refirió Víctor Gaminde—. Nos
+lo dijo Iturbide, que le vio.
+
+—Para mí —agregó Zoilo—, lo que quiere _Churi_ es escapar de Bilbao, no
+sé por qué... ni qué interés puede tener en ello.
+
+—Cosas de ese chico —afirmó el padre—, que está más loco que una cabra.
+Me dijeron que hace días quiso pasar las líneas _de ellos_ por encima
+de la Salve...
+
+—Y no pudiendo escapar por tierra, puede que intente escabullirse de
+noche por la ría.
+
+—¿Y a dónde va?... ¿Qué se le ha perdido?
+
+—Querrá comer, tío.
+
+—Es la única explicación que me satisface. Pues si Dios me le libra de
+un balazo, y logra escapar, y come hasta hartarse; si después de tal
+hazaña emprende la contraria, el retorno, aprovechando estas noches de
+lluvia y cerrazón, y se descuelga por aquí con un par de merluzas, vaya
+y venga bendito de Dios... ¿Qué os parece? Mientras llega el momento
+de gritar: «¡Viva Espartero, que nos trae la Libertad!», gritaremos:
+«¡Viva _Churi_, el que nos trae las merluzas!».
+
+
+
+
+XXXIII
+
+
+Toda la mañana del 19 la pasó Prudencia en su casa, de limpieza y
+arreglo, ayudada por la criada de Vildósola, pues la suya había caído
+enferma de anginas. En la tienda, José María y un almacenero de Ripa
+trabajaban mañana y tarde, poniendo cada cosa en su sitio; que en
+los días del pánico, habiendo entregado los Arratias para las obras
+de la defensa gran cantidad de clavazón, alambre, barriles vacíos y
+otros objetos, sacáronlo precipitadamente, y todo quedó revuelto y
+contundido. Llegó Martín, aprovechando un rato que tenía libre, y les
+dijo:
+
+—Recójanme toda la clavazón que está esparcida por el suelo,
+separándome con cuidado los tres tamaños. Veremos si se pueden rehacer
+los paquetes deshechos. Y ya que se han bajado las pilas de cabos, yo
+las armaría en otra forma, de modo que estorbaran menos.
+
+—Ha dicho Zoilo —indicó José María— que pusiéramos las pilas de cabos
+de mayor a menor, no formando cilindros, sino conos.
+
+—No hagáis caso, y ponérmelo como estaba. Mi hermano entiende más que
+yo de cosas militares; pero en este tinglado sé yo más que él... Otra
+cosa os encargo: no me toquéis nada en el escritorio: aunque lo veáis
+todo revuelto, dejádmelo como está, que yo lo arreglaré.
+
+—Zoilo es de parecer que se despeje un poco el escritorio, sacando a la
+tienda las chumaceras, los pasadores, las mallas y rasquetas, y dejando
+solo el género de pesca.
+
+—Realmente es más metódico... Ya lo arreglaremos así en otra ocasión.
+También deben quitarse de ahí los cáncamos y zunchos... Tiene razón
+mi hermano... En el escritorio no se cabe... Pero no toquéis nada por
+ahora... Temo que me desarregléis los libros, y que se deshagan los
+paquetes de cartas.
+
+Ya se marchaba cuando bajó Prudencia, y llamándole aparte, le dijo:
+
+—Estoy afligidísima. Ildefonso cada día peor. Ahora su manía es que
+en cuanto entre Espartero nos vayamos a Francia en el primer barco
+que salga, llevándonos a la niña, naturalmente... Me temo que cuando
+se entere de nuestro plan pondrá el grito en el cielo, y yo...,
+figúrate... No hay para mí mayor pena que contrariarle...
+
+—Pues desistamos, tía —dijo Martín con un sentimiento en que se
+confundían la timidez y la delicadeza—. No quiero que por mí haya
+desacuerdos y disgustos en la familia... Aplacemos, por lo menos, el
+asunto, con la esperanza de que el tiempo nos lo resuelva.
+
+—Todo iría como la misma seda, si esa loquilla entrara en razón y se
+hiciera cargo de lo que conviene a su felicidad.
+
+—¡Ay, tía de mi corazón! —replicó Martín con tristeza, suspirando—,
+Aura no me quiere ni tanto así..., vamos, yo no le gusto... Ante este
+hecho no hay más remedio que bajar la cabeza...
+
+—Pues hay que saber gustar, caballerito; hay que matar el pavo y
+adquirir salero y gracia. Fuera yo hombre, y verías tú si sabía yo
+domar a una bestezuela bonita y respingona...
+
+—¿Pero qué puedo hacer yo, tía? —dijo el pobre miliciano apuradísimo,
+cruzándose de brazos—. Ordéneme usted lo que quiera, siempre que no me
+mande cosa contraria a la honradez.
+
+—No, hijo, no te mando nada... Déjame; estoy loca... Vete a matar
+carlistas..., que es lo único para que servís... Por vuestro bien
+trabajo: buena tonta soy... Debiera ser egoísta y no importárseme
+nada... Anda, anda, que harás falta en otra parte.
+
+Se fue el simpático joven, mohíno y cabizbajo, al punto de servicio, y
+antes de llegar a él oyó el cañón de la _Perla_ de Albia, que furioso
+tronaba contra las _Cujas_. El nombre de esta batería, ilustrada por
+memorables hazañas, provenía de unos bancos situados al extremo del
+Arenal y calle de la Estufa. Tenían los respaldos en forma semejante
+a las cabeceras de las camas que entonces se usaban, y se llamaban
+_cujas_. Allí, terminado el tiroteo de la tarde, nutrido y penoso, con
+algunas bajas, fue Sabino en busca de Martín, para tratar con él de
+asuntos de familia; pero no le encontró, porque trocadas las compañías,
+le destinaron a la batería del Circo: en cambio estaba Zoilo, que desde
+lejos dijo a su padre que le esperase para ir juntos a casa.
+
+Había pasado el buen Sabino la mañana en Santiago, donde encontró a
+sus amigos de iglesia, y a la salida se consolaron de sus amarguras
+hablando mal de Espartero, porque no iba pronto, aunque fuese por los
+aires. Tanto preparativo era miedo... Ya estaba visto que don Nazario,
+aunque manco, sabía donde tienen los hombres la mano derecha. ¿Pues
+qué creían?... De la iglesia se fue al _cuartel_ de la Plaza, donde
+Ibarra le dio malas noticias de Negretti, y acudió allá inmediatamente,
+encontrando a su cuñado bastante caído, taciturno y con cierta
+propensión a la ira. No hablaba más que para echar pestes contra
+Espartero, llamándole lacónicamente inepto y cobarde.
+
+—Aquí no hay más que un hombre que sepa mandar tropas —dijo descargando
+en la mesa un fuerte puñetazo—, y ese militar único es tu hijo Zoilo.
+
+Por no irritarle con la contradicción, se manifestó Sabino conforme
+con criterio tan extravagante, añadiendo que _Zoiluchu_ sería pronto
+general, y para entonces no se verían los bilbaínos condenados a comer
+ratones. Vildósola llegó a la sazón, y entre uno y otro trataron de
+desviar a Ildefonso de su vértigo maníaco.
+
+En tanto Prudencia trabajaba incansable en arreglar la casa. A media
+tarde mandó llamar a su sobrina para que la ayudase, y las dos
+trajinaron hasta el anochecer con la muchacha de Vildósola, que se
+retiró a las obligaciones de su casa. Encendida la luz, continuaron las
+dos lavando la vajilla, hasta que de súbito llegó un recado urgente de
+casa de Ibarra, traído por el portero. El señor don Ildefonso se había
+puesto muy malo: le había dado un accidente; se le trababa la lengua, y
+no podía mover el brazo izquierdo...
+
+—Vamos, vamos a escape —dijo Aura, lavándose las manos.
+
+Y Prudencia, para quien la noticia fue como un rayo, después de
+permanecer un ratito muda de terror, sin respirar, se secó también las
+manos precipitadamente, diciendo:
+
+—Vamos, sí... No, no, yo iré sola... Tú te quedas... Ya no me acordaba.
+Ha dicho mi hermano Valentín que vendría a recogernos. No faltará. Con
+él vendrá Martín, que sale de servicio a las siete... ¿Tienes miedo de
+quedarte sola?
+
+—Sí, tía: tengo miedo...
+
+—Pues vámonos... Ellos, al ver cerrada la puerta, irán a buscarnos allá.
+
+Bajaban la escalera cuando entraron dos hombres. Eran Zoilo y su padre.
+Enterados de la ocurrencia, Sabino dijo:
+
+—Me lo temía: esta tarde, cuando le vi, no me gustó nada.
+
+—Sea lo que Dios quiera.
+
+—¡Cúmplase su santa voluntad!... ¿Y Martín, no está aquí?
+
+—Estábamos esperándole. Quedó en venir con su tío.
+
+—Quédate, _Luchu_ —ordenó Sabino—, acompañando a la niña, que Valentín
+y tu hermano no tardarán...
+
+—Subíos arriba... que esto está muy oscuro..., o bajad aquí la luz
+—dijo Prudencia—. Pero tened cuidado con el fuego.
+
+—Descuide usted, tía... No nos quemaremos.
+
+Salieron presurosos los dos Arratias, y Zoilo, al tomar la mano de
+Aura, creyó coger un pedazo de hielo tembloroso.
+
+—¿Por qué tienes las manos tan frías?
+
+—Me las lavé hace un rato... Luego, al saber que el tío Ildefonso...
+¿Qué será?... Me he quedado yerta... ¿Subimos?
+
+—No..., lo que haré es cerrar la puerta —dijo el miliciano haciéndolo
+al instante.
+
+—¿Por qué cierras?
+
+—Para que no pueda entrar nadie... Y ahora bajaré la luz y la pondré en
+el escritorio...
+
+—Por Dios, no pegues fuego.
+
+Zoilo, que de cuatro brincos subió por la luz, bajó sin ella. No traía
+la luz; pero sí una claridad tenue.
+
+—La he dejado en el pasillo, junto a la escalera.
+
+—Por Dios, primo, no se queme algo.
+
+—Allí no hay cuidado... ¿Por qué te llevas el pañuelo a la nariz? —le
+preguntó, observándola fijamente.
+
+—Porque ahora siento el olor de alquitrán como no lo he sentido
+nunca... Parece que me envuelve toda, que penetra dentro de mí... Se me
+va la cabeza.
+
+Cerrando los ojos, dejose caer, como extenuada de cansancio, sobre un
+montón de rollos de jarcia.
+
+—Hemos trabajado bárbaramente... Me canso..., el alquitrán me marea...
+No es que me disguste el olor; pero..., te lo juro..., nunca me ha
+penetrado tanto.
+
+—¿Tienes frío?
+
+—Estoy helada..., muerta de miedo.
+
+—¿Miedo estando yo aquí?
+
+—Ya ves..., por estar tú quizás...
+
+—No pensé venir... pero me dijo mi padre que hoy quedaría concertado tu
+casamiento con Martín, y aquí estoy para impedirlo.
+
+—¡Mujer yo de Martín! Eso no será, _Luchu_...
+
+—Lo dices..., lo piensas así... Pero... ¿y si por medrosa te dejas
+llevar, te dejas casar...?
+
+—Soy más valiente de lo que crees... Pero si necesitara más valor del
+que tengo..., tú me lo darías.
+
+—A eso vengo, te digo... Aquí estoy yo, un hombre, que por nada del
+mundo consentirá que le quiten a su mujer..., y en tratándose de esto,
+para mí no hay hermanos, para mí no hay tío, para mí no hay padre...
+Soy mi dueño, y tú mía en esta vida y en la otra.
+
+Antes de acabar de decirlo, la estrujó en sus brazos y le dio cuantos
+besos quiso sin hartarse nunca.
+
+—Zoilo..., _Luchu_..., por Dios..., que me dejes..., que no seas
+malo... Así no te quiero.
+
+—¿Pues cómo, cómo?
+
+—Te lo diré..., déjame..., déjame hablarte.
+
+—Dímelo pronto.
+
+Casi sin respiración Aura le dijo:
+
+—Tienes grandes cualidades, Luchu... Mucho te estimo... Te admiro por
+la voluntad, por el valor; pero...
+
+—¿Pero qué..., pero qué...?
+
+—Te falta una cualidad, primo... No, no la tienes.
+
+—¿Qué me falta? Dímelo, dímelo pronto para tenerlo al instante...
+
+—Pues... te falta..., sí que te lo digo... Que no eres caballero.
+
+Quedose el muchacho suspenso y absorto. El tremendo hachazo recibido en
+su amor propio conmovió todo su ser...
+
+—¡Que no soy caballero! Mira, mira lo que dices... ¡Que no soy
+caballero! Si otra persona me lo dijera, ¡vive Cristo!... Pero como me
+lo dices tú..., miro para dentro de mí, por verme, por ver si es verdad
+lo que dices..., y si yo me encontrara con que no soy caballero, aquí
+mismo me quitaba la vida.
+
+
+
+
+XXXIV
+
+
+—Si quieres —prosiguió Aura— que yo te tenga por caballero, pórtate
+como tal.
+
+—¿Y qué debo hacer?
+
+—Lo contrario de lo que haces... Zoilo, abre la puerta.
+
+—Abierta está —dijo él, corriendo de un salto a la puerta y dando
+vuelta a la llave.
+
+—Así, así me gusta. Siempre no has de mandar tú. El que quiere que le
+obedezcan, aprenda a obedecer... Ahora siéntate ahí frente a mí.
+
+—Dime todo lo que me falta para ser digno de la mujer que he cogido
+para mí, sin que nadie pueda quitármela. Te he cogido; me perteneces.
+Si estoy decidido a no soltarte nunca, también deseo que estés contenta
+de ser mía.
+
+—¿Que no me sueltas?
+
+—No, no; di que no..., primero se hunde el firmamento. Si la familia no
+quiere, me importa poco la familia... Te cojo, te tomo a cuestas...,
+me voy contigo al cabo del mundo: yo sé hacer las cosas... Pero no me
+contento con hacer..., necesito también que tu corazón sea mío, y que
+digas: «Satisfecha estoy de que este hombre me haya cogido..., no hay
+otro como él».
+
+—No hay otro como él —repitió Aura en el torbellino de la atracción,
+gravitando hacia él con infalible ley física—. No hay hombre como
+tú..., _Luchu_, si me convenciera de esto, sería yo muy feliz.
+
+—¿Qué me falta para que puedas decirlo? —le preguntó el miliciano
+echando fuego por los ojos, mas guardándose a distancia de ella—. ¿Me
+falta instrucción? No soy torpe. Todo lo que otro sepa, lo sé yo. Para
+eso están los libros, para eso los maestros. Aprenderé pronto todo
+lo que no sé..., cosas de ciencia y arte... ¿Qué más me falta? ¿La
+caballería? También la tengo, y tanto como el que más. Soy generoso,
+soy delicado. A honradez nadie me gana... Lo que me falta, tú me lo
+enseñarás con solo quererme.
+
+—¡Ay!, _Luchu_, primo mío..., no sé cómo decírtelo... Yo te quiero y
+no te quiero..., yo tengo el alma dividida... Ahora se me va de una
+parte, luego se me va de otra. No hago más que cavilar y volverme
+loca... Cuando quiero no pensar en ti, pienso. Cuando quiero sujetar el
+pensamiento a ti, se me va... Soy muy desgraciada. Que Dios me acabe de
+traer mi bien, y me lo ponga delante; pero un bien, uno solo: que no me
+traiga dos, que no me tenga como el péndulo de un reloj... Esto no es
+vivir..., yo pienso en ti, y cuando te elogian me lleno de orgullo...
+¡Ser tuya, tuya para siempre, eso ya es más difícil!... Me cogerás, me
+llevarás a la fuerza..., te llevarás la mitad de mí, quizás un poquito
+más de la mitad..., cada día será la mitad más un poquito, _Luchu_...
+Yo estoy loca, no sé lo que me pasa; no hagas caso...
+
+—Pues ahora sí te digo que me harán pedacitos así antes que soltar
+yo mi conquista... ¿Qué hablas ahí de mitades?... Toda, toda entera
+para mí, pues aunque creas eso de los poquitos sobre la mitad, es una
+figuración tuya, cosa de tu cabeza más que de tu corazón... Con un
+día que vivamos juntos estoy seguro que me dirás: «_Luchu_, ya no más
+poquitos, sino toditos para ti mismo». Me lo dirás, ¿a qué sí? ¿Para
+qué es hablar más, Aura?... Di que todo está dicho... Esta noche sin
+falta me abocaré con don Apolinar.
+
+—Hombre, todavía no... Espera...
+
+—¡Esperar! Esa palabra la he borrado yo de mis papeles. Yo no espero
+cuando veo el fin de las cosas, cuando las toco, cuando las cosas me
+dicen: «¡Ven!». El que deja para mañana lo que puede hacer hoy, no
+merece tener la vida que Dios le ha dado. ¿Has visto tú que Dios espere
+a mañana? ¿Has visto tú que diga el Sol: «Hoy no salgo, mañana sí»?
+En la naturaleza todas las cosas son y vienen a punto, y no se queda
+nada para después. ¿Está determinado que tal día salga un pollito del
+huevo? Pues sale; no dice: «Voy a quedarme dentro de mi cascarón una
+semana más». Los árboles nos enseñan la puntualidad: el que da fruta
+en agosto, no la guarda para diciembre. Lo que ha de ser, lo que está
+maduro, no ha de dejarse que se pudra... Hace un rato me dijiste que
+no soy caballero... Pues para que no dudes de mi caballerosidad, en
+cuanto venga alguien de la familia, aunque sea Martín, te dejo para
+irme en busca de don Apolinar, que es mi gran amigo, para que lo sepas,
+y me quiere... Ya le he dicho algo, y el hombre me pregunta siempre
+que me ve: «_Luchu_, número uno de los _chimbos_, ¿cuándo os echo el
+_ballestrinque_?». Es muy marinero don Apolinar, aficionado a dos
+cosas: a la pesca, y a casar a todo el mundo... Pues esta noche le
+pesco yo a él y le digo: «Don Apolinar, el _chimbo_ y la _chimba_ se
+quieren casar... Son honrados, se aman... pero muchísimo, sin mitades
+con poquitos, y desean verse unidos por la santa Iglesia para que no
+diga la gente...».
+
+Fue acometida la gentil Aura de una risa nerviosa. Las expresiones
+y argumentos de Zoilo hacíanle muchísima gracia; y aquel determinar
+perentorio, aquella colosal aptitud para la ejecución, la subyugaban:
+eran como un poder milagroso, enormemente sugestivo, de irresistible
+influencia sobre la mujer... Revolvíase la pobre niña con instinto
+de defensa; pero caía nuevamente, sujeta con invisibles lazos, que
+ignoraba si eran humanos o divinos. Gozoso de verla reír, continuó
+Zoilo exponiendo sus planes para lo futuro, y en esto empujaron la
+puerta. Eran Sabino y Valentín.
+
+—¡Qué alegres están por aquí! —dijo Sabino, avanzando en la penumbra,
+con las manos por delante, como los ciegos, mientras Valentín reconocía
+el suelo con el bastón—. ¿Por qué estáis a oscuras?
+
+—Aura teme tanto al fuego, que no quise bajar la luz.
+
+—¿Estáis solos? —dijo Valentín.
+
+—Sí, señor —replicó el miliciano—: solitos y tan contentos. ¿Qué saben
+del tío Ildefonso?
+
+—Que no es tanto como se temió... Un hervor de sangre... Ya pasó el
+peligro.
+
+—No me conformo con esta oscuridad —dijo Sabino subiendo en busca de la
+luz.
+
+—¿Y que hacíais aquí tan solitos? —preguntó Valentín acercándose a
+la niña—. Aura..., ¿qué dices?... Al entrar te sentimos reír... ¿Te
+contaba este alguna gracia?
+
+—Sí, tío: me contaba... no se qué de don Apolinar... No, no era eso...
+Cosas de _Luchu_.
+
+—Cosas de _Luchu_ —repitió este, las manos en la cintura—. Las cosas
+de _Luchu_ van ahora por caminos que usted no conoce, tío... pero debe
+conocerlos. Ni usted ni mi padre se han enterado de que Aura, aquí
+presente..., es mi mujer...
+
+Valentín creyó haber oído mal, o que el chico bromeaba. Miroles a
+entrambos. Aura bajaba la cabeza; Zoilo repitió el concepto, a punto
+que Sabino descendía con la luz.
+
+—Hijo mío —dijo parándose a mitad de la escalera—. En un hombre como
+tú, en un caballero militar, no caen bien las burlas sobre cosas tan
+delicadas.
+
+—Yo no me burlo, padre. Soy muy formal, y ahora más que nunca. Aura
+es mi esposa. Ella lo quiere, y yo más. Nadie se opondrá, y el que se
+opusiere no será mi padre, ni mi tío, ni nada para mí. Mando en mí
+mismo y en ella... y sépalo todo el género humano.
+
+Sabino miró a Valentín, y Valentín a Sabino, ambos con la boca
+entreabierta, embobecida. Aura se llevó el pañuelo a los ojos.
+
+—Siento —agregó Zoilo— que no haya venido también Martín, para que
+supiera lo que ustedes saben ya. Aura Negretti es mi esposa, o lo será
+mañana si don Apolinar me cumple lo prometido, y si no, curas no me
+faltan. Tómenlo como quieran. Siempre fui un buen hijo, y ahora lo seré
+también, declarando que en este negocio, por encima de mi voluntad no
+hay voluntad ninguna: mi razón, como hombre libre, está por encima de
+todas las razones. No pido nada: me basto y me sobro.
+
+—O estamos soñando —dijo Valentín— o este chico tiene los diablos en
+el cuerpo, y quien dice los diablos dice los ángeles o el rayo de la
+divinidad...
+
+—Hijo mío, mucho te quiero —declaró Sabino, dejando a un lado la luz y
+desembarazándose de la capa, que aquella noche venía también mojada—.
+Pero ya sabes que la familia tenía otros proyectos.
+
+—Los proyectos de la familia —replicó Zoilo— quedan reducidos por el
+querer mío, por el de ella, a una cháchara sin sustancia. La familia no
+sabe hacer las cosas; yo, sí. Y si quieren probarlo, al frente de la
+casa que me pongan, cuando termine el sitio.
+
+—¡Por Dios vivo y sacramentado —exclamó Sabino, que de la fuerza de la
+emoción y del asombro hallábase a punto de caer al suelo—, que no sé lo
+que me pasa!... Dejen que me tranquilice, que medite el caso, y si veo
+en él la voluntad de Dios...
+
+—Aura, hija mía —le dijo Valentín cariñoso—, sácanos de esta duda.
+¿Crees que tu primo se ha vuelto loco?
+
+—Sí, tío: loco está... y yo también —repuso la hermosa joven abrazando
+al viejo navegante.
+
+—¿Pero tú...?
+
+—Yo no sé... No me pregunte usted nada. No sé afirmar ni negar nada...
+Si me muero, mejor. Así no padeceré más.
+
+—Y como no me gusta dejar las cosas para mañana, ni aun para después
+—dijo Zoilo—, en busca de don Apolinar me voy, pues.
+
+—Hace poco entraba en casa de Achútegui —indicó el padre.
+
+—Allá me voy. Don Canuto es mi amigo.
+
+—Ven acá, fuego del cielo, temporal del sudoeste —dijo Valentín,
+cogiéndolo por un brazo—; párate y oye: no puedes entretenerte en
+correr tras de un clérigo. ¿No sabes lo que pasa? Se ha descubierto
+que el enemigo está minando en San Agustín. Por acá hemos empezado
+una contramina para salirle al encuentro debajo de tierra. En bonita
+ocasión vas a faltar de tu puesto.
+
+—No falto, que allá mismo me voy ahora... A don Apolinar que me le
+hablen... Ello ha de ser como yo quiero, y de otra manera no... ¿Ya
+se van enterando de quién es Zoilo Arratia? Lo mío, yo lo dispongo.
+Respeto a los mayores; no les temo. Digan que yo sé hacer las cosas...,
+ya lo han visto... Pues aún les queda mucho que ver.
+
+Despidiose cariñosamente, con medias palabras, de la que llamaba su
+mujer, y de los que efectivamente eran padre y tío, y como exhalación
+corrió a la disputada y cada día más gloriosa Cendeja.
+
+Apremiada por sus tíos, que la cogían cada uno de un brazo, sentaditos
+a izquierda y derecha en el montón de jarcia, Aura con acongojada voz
+dio estas explicaciones:
+
+—Sí, sí..., hace tiempo que _Zoiluchu_ me quiere..., y yo a él...,
+yo un poquito..., digo mal, un muchito... No, no hagan caso; no sé
+lo que digo... Es un hombre, y no hay otro como él... Vale él solo
+más que toda la familia de Arratia, habida y por haber. Con su genio
+bravo domina cuanto quiere. Mandará en mí, en ustedes todos, en Bilbao
+entero, si se lo propone... ¿Que si le quiero me preguntan? No sé qué
+contestar... Estoy ahora como los que salen de un mundo para entrar en
+otro... Un pie lo tengo en aquel mundo; otro pie en este... ¿Dónde debo
+poner los dos pies? Yo no sé... Digo que estoy loca, y que no quiero
+estarlo. Que Dios me ilumine de una vez, y sepa yo dónde estoy...
+Realmente no lo sé... ¿Voy o vengo? ¿A dónde vuelvo la cara?...
+
+—Hija mía —le dijo Valentín con afecto, mientras Sabino no hacía más
+que suspirar—, serénate, reflexiona... Consulta tu corazón. Por lo que
+acabo de oírte, calculo yo..., vamos, tú quieres a Zoilo...
+
+—Pero casarme no..., yo quiero esperar... Mi conciencia me dice que
+todavía no... Esperemos a que pase el sitio; esperemos más, más.
+
+En este punto, creyó Sabino llegada la ocasión de emitir su voto, y lo
+hizo con gravedad y el tonillo sermonario que emplear solía:
+
+—Niña de mi alma, manifiestos los designios celestiales, el dilatar su
+cumplimiento será como si los pusiéramos en tela de juicio.
+
+Dicho esto, sin obtener respuesta, pues tanto Aura como Valentín
+callaban mirando al suelo, el buen Sabino arrastró también sus
+miradas por lo bajo; y como viera multitud de clavos y tirafondos
+esparcidos, se puso a recogerlos uno a uno, cuidando de que ni aun
+los más chicos se le escaparan. En esta operación asaltaron al pobre
+señor pensamientos lúgubres. Sus dos hijos, Martín y Zoilo, esperanza
+y gloria de la familia, hallábanse a la sazón en el puesto de mayor
+peligro, excavando la contramina para buscar al _absoluto_ en las
+entrañas de la tierra. ¡Vaya que si a Dios le daba por decretar que
+pereciese uno de los dos en la espantosa refriega subterránea!...
+Aparte de esto, tristísimo sobre toda ponderación, reconocía y
+comprobaba que era enorme la cantidad de clavos de distintos tamaños
+esparcidos por el suelo. Mientras los recogía y agrupaba sobre un
+banco, pudiera creer que invisible ángel le susurraba al oído, de
+parte de la divinidad, que uno de sus hijos moriría... La sangre se
+le congelaba en las venas... «No, Señor; eso no: aparta de mí ese
+cáliz...».
+
+Advirtió que Valentín y la sobrinita hablaban susurrando; pero no se
+enteró de lo que decían, porque el rincón donde recolectaba clavos
+era el más distante del rimero de jarcia. Seguramente, Valentín le
+aconsejaría que fuese razonable y se dejara de esperar la venida del
+Anticristo. Pero no era esto lo que le decía, sino estotro:
+
+—Tranquilízate... y aguardemos al día de mañana, pues los dos chicos
+tienen sus vidas jugadas a cara o cruz... Estamos aquí haciendo
+cálculos sobre las vidas, y para nada nos acordamos de la muerte, que a
+veces es la que nos saca de nuestras dudas...
+
+—¡En peligro, en peligro _Luchu_! —exclamó Aura consternada—. Pues no
+quiero, no quiero... Que salga de la batería, que venga a casa. Basta
+de hazañas y de heroísmo... La familia es lo primero...
+
+—Hija, el deber, el honor... —murmuró Sabino, que aproximándose pudo
+enterarse de este concepto.
+
+—¡_Luchu_ en peligro! —repitió Aura en el tono de los niños mimosos—.
+No quiero más glorias..., no, no.
+
+—Ea, no llores —dijo Sabino—; y si lloramos, que sea por los dos.
+
+Al expresar esta idea, y a punto que dejaba sobre el banco el puñado
+de hierro que acababa de recoger, le asaltó el pensamiento lúgubre en
+forma más terrorífica, y el ángel volvió a secretear en su oído...
+La terrible sentencia no era ya que moriría uno de los dos hermanos.
+El Supremo Juez y Sumo Ejecutor hería de un golpe las dos cabezas.
+Temblaba el buen padre, y no se le ocurrió más que acudir al instante
+a la iglesia que estuviese abierta para prosternarse y regar con sus
+lágrimas el suelo, diciendo a la divinidad:
+
+—Los dos no, Señor: eso sería demasiado... En todo caso, uno, uno no
+más... y aun es mucho.
+
+
+
+
+XXXV
+
+
+Prudencia les mandó llamar, añadiendo al mensaje que Ildefonso se
+había tranquilizado, recobrando el uso de la palabra. Acudieron los
+tres allá, y nada dijeron aquella noche del caso de la niña; mas al
+siguiente día, apenas efectuada la mudanza, y reunido todo el cotarro
+en casa propia, estimó Sabino de gran oportunidad someter al eximio
+criterio de su hermana el nuevo problema que los chicos planteado
+habían sin encomendarse a Dios ni al diablo. No tuvo tiempo la señora
+de Negretti de expresar su estupor y disgusto, porque fue preciso
+acudir a la niña bonita, que cayó primero con un síncope, después con
+un acceso nervioso y convulsivo, seguido de aplanamiento, delirio y
+congojas.
+
+No decía más que:
+
+—No quiero... _Luchu_ muerto no... Esperar, esperar...
+
+Atendiéndola cariñosa, Prudencia sentía la chafadura de su amor propio,
+y no se conformaba con que su idea se desviase tan visiblemente de la
+línea por donde ella con toda previsión y talento quiso encaminarla.
+¡El pobre Martín chasqueado, y ella desconceptuada como directora y
+gobernante! Era una jugarreta de la realidad, que tenía la maldita maña
+de resolver las cosas por sí y ante sí, haciendo mangas y capirotes de
+la lógica y el sentido común... Pero, en fin, del mal el menos. Siempre
+resultaba lo sustancial de su proyecto: que todo quedara en casa, y que
+el gandul de Madrid se fuese, si acaso venía, con las orejas gachas.
+A medida que la nueva inesperada solución iba haciéndose hueco en el
+pensamiento de la mujer práctica, reconocía esta las cualidades de
+Zoilo, y con mayor benevolencia le juzgaba. No podía menos de alabar
+el garbo y audacia con que había tomado la delantera al sosaina de su
+hermano, demostrando una resolución enteramente varonil. Era un hombre,
+era un bilbaíno neto. Con su arrojo en la guerra, y aquella _franqueza_
+gallarda para apoderarse de la niña y hacerla suya, sin pedir permiso a
+nadie, ni andar en melindres, se había puesto de un golpe a la cabeza
+de todos los Arratias, y parecía dispuesto a no abandonar la bien
+ganada supremacía.
+
+Aprovechando los ratos de sosiego de Aura y la relativa tranquilidad
+de Ildefonso, llamó Prudencia a don Apolinar y celebró con él una
+conferencia en el comedor, a puerta cerrada. Era forzoso casar a los
+chicos inmediatamente, porque habían demostrado tal impaciencia que se
+hacía indispensable arrojar sobre aquel amor la capa del matrimonio. Si
+así no se hiciera, podrían sobrevenir escándalo y deshonra. Mostrose
+conforme don Apolinar, para quien no había plato de más gusto que
+casar a alguien, y propuso explorar el ánimo de la niña y echar un
+parrafito con ella. Poseía el tal clérigo una singular delicadeza
+para meter sus dedos en la boca de las señoritas más vergonzosas y
+pudibundas; pero en aquel caso no sacó las revelaciones que obtener
+creía. Afligidísima y con más ganas de llorar que de confesarse, Aura
+solo dijo que a _Luchu_, sí..., le quería..., que _Luchu_ era un
+hombre, y que con su voluntad era capaz de mover las montañas... Pero
+que ella no quería casarse hasta que no pasara mucho tiempo, mucho,
+pues había un compromiso antiguo, que en conciencia debía respetar...
+Su amor primero no se le había salido aún del pensamiento. Desalojaba
+poquito a poco..., pero aún tenía dentro la cabeza..., o los pies...
+No podía ella discernir si eran los pies o la cabeza del otro amor,
+lo que todavía no se le arrancaba... De aquí provenían sus dudas, su
+desazón del alma y del cuerpo, su falta de resolución..., su miedo de
+precipitarse..., sus ganas de reposo y de un largo _veremos_...
+
+Prudencia, enemiga declarada de los _veremos_, protestaba contra
+estas vacilaciones; pero ni ella ni don Apolinar pudieron reducir a
+la hermosa niña. ¡Vaya que era terca! A solas otra vez la señora y el
+clérigo, resolvieron prepararlo todo para las bendiciones, pues bien
+podía ser que los aplazamientos de Aura fuesen un coquetismo intenso,
+de arte sutil; que los nerviosos engañan y se engañan, dando por
+abominable lo que más ardientemente desean. La noticia de la espantosa
+lucha entablada en las tenebrosas galerías, abiertas por sitiadores y
+sitiados entre Uribarri y la casa de Quintana, por bajo de San Agustín,
+desvió de aquel asunto las ideas de tía y sobrina, y no quedó en sus
+almas más que el terror. Aura, delirante, tan pronto se sumergía en un
+duelo lúgubre, como quería lanzarse a la calle, ansiosa de llegar hasta
+el lugar trágico, y oír los tiros, y ver sacar los muertos, y apurar la
+impresión directa de la catástrofe, como se apura un tósigo que pone
+fin al humano sufrimiento. Su romanticismo causaba extrañeza a la tía y
+al cura, que lo conceptuaron fenómeno patológico.
+
+—No quiero dudas —decía—. Vivir o morir... Ni a media vida ni a media
+muerte quiero verme... Si ha de hundirse todo Bilbao en un segundo,
+sea... Así acabaremos de dudar.
+
+Con estos temores y sobresaltos, Aura desbordando su imaginación,
+Prudencia y el cura encomendándose a la Virgen, Negretti a ratos solo,
+a ratos con su mujer, sumido en una meditación cavernosa, pasaron
+toda la tarde, hasta que llegó Valentín con mejores noticias, dando a
+entender que se había conjurado el peligro. Venía el pobre navegante
+fatigadísimo, tiznado y lívido el rostro, tan fieramente dominado por
+su crónico reúma, que con gran trabajo tiraba de la pierna derecha para
+servirse de ella. Dejose caer en una silla, los brazos colgando, el
+sombrero echado atrás..., aguardó un ratito hasta que sus pulmones y su
+laringe pudieron funcionar regularmente.
+
+—No he visto caso igual —les dijo entre toses—; yo me asomé a la
+contramina, y salí horrorizado. A las ocho y media de la noche la
+empezaron con dos ramales. Había que ver a los chicos de tropa y
+milicia trabajando como los topos. Los viejos, entre los cuales estuve
+más de dos horas maniobrando de espuerta, sacábamos la tierra. A la
+madrugada, uno de los dos ramales de acá se encontró con el de ellos.
+El oscurantismo venía hocicando en la tierra, y escarbando con las uñas
+desde la fuente de Uribarri, para buscar el tamborete de la casa de
+Quintana, que querían volar... Pero no contaban con que también aquí
+tenemos topos, no de los serviles que no ven, sino de la Libertad, muy
+despabilados... Cuando el boquete de acá y el de allá se juntaron, el
+sargento de zapadores, Elizagárate, agarró la pala facciosa, y dio un
+achuchón tan fuerte, que del palazo destrozó la barriga del minero de
+allá... Solo dos hombres podían trabajar en el frente de la galería,
+ancho de tres pies por una parte y otra. Abriendo hueco a todo escape,
+los de acá se precipitaron al otro lado: _Zoiluchu_ reventó a uno con
+la pala, y mató a otro de un pistoletazo. El agujero, que ya era corto,
+acortose más con los dos cadáveres. ¿Pasarían ellos acá, o nosotros
+allá? Y entre tanto, si la tierra se hundía, pues bien podía ser,
+allí quedaban todos sepultados... Yo llegué hasta cerca del boquete
+de comunicación y me entró tal miedo, que salí despavorido. Denme a
+mí agua y ventarrón: ni a la una ni al otro temo; pero con la tierra
+_jonda_ no juego... Me espanta verme en el sepulcro antes de morirme...
+Cuando salí al aire, me pareció que resucitaba. No hay quien respire
+allá dentro... Y a la luz de las linternas ve uno brazos que le cogen y
+le enganchan la ropa... Son raíces de árboles...
+
+Tomado aliento, refirió después cómo ahumaron las galerías con
+pimiento quemado para ahuyentar a los sitiadores. Los topos de allá se
+escabulleron, y cuando se iba disipando aquella pestilencia asfixiante,
+los de acá lanzáronse por la mina, respirando a medias. Contaban que
+llegaron hasta la boca, y que halláronla cerrada con sacos de tierra,
+como si quisieran defenderla. Luego se han escalonado los nuestros a
+lo largo del tubo, esperando a ver si se atreven a hocicar otra vez.
+Si se atrevieran, ¡Dios sabe lo que pasaría!... Pero avisados como
+estamos, no podrán ellos cargar la mina; nos hemos salvado, aunque
+queden las galerías cegadas con carne y huesos de valientes... Por fin,
+con las precauciones tomadas, piensan todos que si hemos sabido cortar
+los vuelos del águila, y cogerle las vueltas al gato, también sabremos
+taparle los agujeros al ratoncito faccioso.
+
+A punto que tomaban una frugal cena, dando un huevo a Negretti, y otro
+a la niña, con sopita de vino, entró Sabino sofocado y gozoso. Después
+de pasarse todo el día de iglesia en iglesia, implorando la Divina
+Misericordia, se había personado en la Cendeja, donde acababa de tener
+la satisfacción de ver vivo y sano a su hijo Zoilo. A Martín no le
+había visto; pero por Pepe Iturbide sabía que continuaba en las Cujas
+sin novedad.
+
+—Gracias sean dadas al Señor —dijo Valentín; y Aura, con las felices
+nuevas, parecía recobrar la animación y el contento.
+
+Pasaron la noche tal cual, y al día siguiente muy temprano, continuando
+Prudencia en los arreglos de casa, dispuso una variación que le parecía
+pertinente. En la alcoba grande, donde antaño dormían sus padres, que
+después ocupó ella con Negretti, por temporadas, y que últimamente
+servía de dormitorio a Valentín, creyó que debía instalar a su sobrino.
+Preparó, pues, la pomposa cama matrimonial, y aunque despertó Aura con
+ganitas de levantarse, no consintió su tía que se diese de alta tan
+pronto. Desplegando exquisita amabilidad y dulzura, la trasladó de
+habitación y de lecho, diciéndole:
+
+—No, hija, no: estás desmadejada..., bien conozco tu naturaleza... y sé
+que necesitas largo reposo para recobrar tu equilibrio. Te paso a la
+alcoba grande, para que vayas entendiendo que lo mejor de la casa debe
+ser para ti, y que todos nos desvivimos porque esté contenta y a gusto
+la perlita de la familia. Aquí tienes buena luz, por si te aburres y
+quieres leer un ratito. O te traeré tu costura, tu labor de gancho...
+Pero levantarte, ¡ay!, no lo pienses, que estás muy débil y tendrías
+que volver a acostarte...
+
+Asombrada de tanta finura y obsequios tantos, Aura se dejaba querer.
+Donde quiera que la pusieran, allí se estaba con sus cavilaciones, con
+sus dudas, con su cruel ansiedad. Llegó sobre las nueve el bendito
+don Apolinar, y sin sentarse, preguntó a los tres hermanos, por
+dicha reunidos en el comedor, qué se resolvía sobre el grave caso de
+conciencia. No habían aún manifestado su opinión por la autorizada
+voz de la hermana, cuando sintieron ruido en la tienda. Eran Zoilo y
+José María que acababan de entrar. Propuso Sabino que sus hermanos
+con el señor sacerdote pasasen a platicar con la niña en la alcoba
+grande, mientras él hablaba dos palabritas con su hijo menor, pues su
+conciencia no estaría tranquila mientras no dilucidase con él, en el
+sagrado recinto del hogar de Arratia, un grave punto de moral... La
+moral, la sana conducta, la observancia rigurosa de las leyes divinas
+y humanas, habían sido siempre norma de la honesta familia, desde el
+primer Arratia venido al mundo, hasta la ocasión presente. Llevose a
+Zoilo al rincón último de la trastienda, y con gravedad y dulzura,
+hablando como padre y como amigo, le dijo:
+
+—_Motill_, empiezo dándote un abrazo por tu comportamiento militar.
+Bilbao te glorifica, y tú, honrando a Bilbao, honras a los tuyos...
+Pero hay otro terreno, muy distinto del de la guerra, donde no te has
+conducido con la pureza y dignidad de un Arratia.
+
+—¡Qué dice usted, padre! —exclamó Zoilo, que en su fogosidad no podía
+contener sus sentimientos dentro de formas comedidas.
+
+—Digo que tu conducta con la niña desmerece de lo que ordena el decoro
+de nuestra familia... Si la querías, ¿por qué no te clareaste, para que
+nosotros inclinásemos su ánimo...?
+
+—Porque yo me basto y me sobro para... inclinar ánimos.
+
+—Pero luego has cometido una falta mayor, por la cual quiero
+reñirte..., con blandura, no creas... —dijo Sabino, que ante la
+arrogancia del miliciano se achicó más de la cuenta—: quiero hacerte
+ver que has ofendido a Dios..., supongo que en un momento de extravío,
+de... No te riño... Se te perdonará si confiesas...
+
+—¿Qué?
+
+—Que por precipitar tu casamiento con la niña y hacer inútiles nuestros
+planes con respecto a tu hermano, has...
+
+La mirada fulgurante de Zoilo le confundió. No pudo expresar su
+pensamiento ni aun con los eufemismos que el delicado caso requería.
+Comprendió el chico lo que su padre, turbado y balbuciente, quería
+expresar; y con entera y clara voz, poniendo a su indignación el freno
+de las razones corteses y del tono respetuoso, le soltó esta andanada:
+
+—Si lo que usted me dice, o quiere decirme, me lo dijera otro que mi
+padre..., si no fuera mi padre quien tal infamia supone en mí, ni
+tiempo le daría tan siquiera para arrepentirse de su mal pensamiento.
+Soy tan honrado como mi mujer, como la que será mi mujer, y no permito
+que en la honra de ella se ponga la menor tacha, ni en la mía tampoco.
+Ni una palabra más, señor padre... ¿Para qué es decirlo?
+
+—¡Pero si no te reñía...! Ven acá, no seas tan bravo... Era un
+sospechar, hijo; era interrogarte... y no me opongo, no me opongo a que
+te cases mañana mismo si quieres.
+
+—¿Cómo mañana? —dijo _Luchu_ volviendo atrás y deslumbrando de nuevo
+a su padre con las centellas de sus ojos—. ¿Qué es eso de mañana?...
+Esta noche a primera hora me caso. Así lo he dispuesto. Y por si don
+Apolinar no quisiera hacerme ese favor, ya tengo hablado al capellán
+de Toro, que nos casará por lo militar, con cuatro palotadas... Vamos
+arriba.
+
+No le sorprendió que Aura, a quien en su mente y en su voluntad tenía
+ya por esposa, ocupase la alcoba de respeto y el grandioso tálamo de
+cuja monumental, representación del nido histórico de Arratia. Cuando
+entró, las miradas de los que estaban en la habitación rodeando el
+lecho, se fijaron en él, y las suyas se clavaron en la hermosa joven,
+que agazapadita, temblando de frío (que en aquel instante la acometió),
+velaba entre el embozo su lindísima cara, no dejando ver más que los
+soles de sus ojos y su negra cabellera desordenada. Le miró Aura,
+calladita, y él, por la presencia de la familia y del cura, no se
+abalanzó a remediar la destemplanza de su esposa con besos ardientes.
+El primero que rompió el silencio fue don Apolinar con esta juiciosa
+observación:
+
+—Opina la señorita que debemos esperar.
+
+—Sí, esperaremos —opinó Zoilo con resolución, dando algunos pasos
+hasta llegar al lecho y poner su mano en el bulto que hacían los pies
+de Aura—. Esperaremos unas horas. Esta tarde, señor don Apolinar, nos
+casará usted si quiere, y si no quiere lo hará el capellán de Toro.
+
+—Por mí no queda —balbució el clérigo.
+
+—Pues, como decía, digo que hoy al anochecer nos casamos. Mi prima no
+tiene más enfermedad que un poco de susto... Aura, te levantarás al
+mediodía.
+
+Nadie se atrevió a replicar a esto, pues el modo de decirlo excluía
+toda réplica. Atónita miraba la niña al que con tan tiránicos modos
+imponía su autoridad en cosa tan grave; y aunque le andaban por el
+magín fórmulas de protesta, estas se tropezaron con sentimientos muy
+vivos y estímulos que quitaban toda eficacia a las ideas. Hallábase
+bajo el poder magnético, psicológico o lo que fuese; la tremenda
+atracción la sacaba de su órbita para llevarla a otra más amplia, de
+más rápido movimiento. No tenía voluntad: se entregaba, se sometía...
+_Luchu_ la arrebató como se coge un fuego chico para unirlo a un fuego
+grande, formando una sola llama.
+
+Valentín se creyó en el caso, como el mayor de la familia, de obtener
+de Aura una contestación terminante.
+
+—¿Qué dices a eso, niña? ¿Te parece bien?
+
+La niña se fue eclipsando entre las sábanas... Como el sol que se pone,
+se ocultaron sus ojos; después su frente: no quedó fuera más que un
+crepúsculo... los cabellos negros esparcidos en las almohadas, como
+entre nubes. Prudencia se acercó y la oyó suspirar fuerte, allá entre
+los pliegues tibios de la ropa de cama.
+
+—Esto es hecho —dijo en alta voz; y por lo bajo—: En estos casos, quien
+suspira otorga.
+
+
+
+
+XXXVI
+
+
+—Bueno —dijo Sabino en el pasillo, hociqueando con su hermano— se
+preparará todo para las siete... Es buena hora... Yo voy a Santiago a
+entenderme con el párroco... A las siete en punto, ¿sabes?... ¿Y al
+pobre Martín qué le decimos? Ea, se le dirá, que este pillo... No: se
+le dirá que la voluntad de Dios ha llevado las cosas, no por el camino,
+sino por el atajo... ¿Qué podemos nosotros, pobrecitos mortales,
+contra los designios...? Yo le hablaré... A las siete en punto: no te
+descuides. Sin aparato, sin bulla... Algo chismorreará mañana la gente;
+¿pero qué importa?... Yo daré noticia a las familias conocidas... Diré
+que eran novios; que..., puede quedar el matrimonio en secreto hasta
+que convenga darle publicidad. Yo hablaré con el párroco don Higinio,
+que nada me negará... Somos amigos desde la niñez: él, Guergué y yo nos
+pasábamos las tardes jugando al _cotán_ en los Cantones... Valentín,
+ya sabes, a las siete en punto. Hay que estar allí a las siete menos
+cuarto... Yo me encargo del papelorio... ¿Y a Ildefonso no se le dice
+nada?... Mejor será que lo sepa después. Ea, no descuidarse... Yo me
+voy.
+
+Sin dejar de prestar a tan importante asunto la atención conveniente,
+dedicose el veterano de la mar a buscar a su hijo, cuyas ausencias
+y largos eclipses le ponían en cuidado, así como su creciente
+taciturnidad y tristeza. Tres días con sus noches hacía que no se
+dejaba ver de la familia, y habrían dudado de su existencia, si no
+dieran noticia de él los amigos que le vieron a diferentes horas
+chapoteando en la ría, a bajamar, o rondando tétrico por los extremos
+de la población. Arrastrando su pata coja, corrió Valentín por calles
+y plazas sin olvidar las inmediaciones de las baterías, con tan mala
+suerte, que en ningún punto le encontró: en muchos de ellos dijéronle
+que le habían visto. Creyérase que el endiablado chico le tomaba las
+vueltas, burlando su persecución, ligero como un pájaro y escurridizo
+como un pez. Por la tarde hubo de renunciar a su fatigosa cacería, y
+fue a tomar descanso en las Cujas, donde encontró a su sobrino Martín
+ya con la píldora en el cuerpo, administrada por Sabino. Como si
+esto no fuera bastante, tenía una herida en la mano derecha, que de
+primera intención le curaba el físico cuando llegó su tío de _arribada
+forzosa_, navegando con una sola paleta. Por ambos estropicios hubo
+de propinarle Valentín los consuelos propios del caso. ¿Qué remedio
+había más que tener paciencia? Con travesura y arranque de hombre,
+_Zoiluchu_ le había tomado la delantera. Menos mal que todo quedaba en
+la familia... Olvidara Martín el desaire, en el cual no habían tenido
+poca parte su cortedad y amorosa desmaña, y lleváralo con resignación,
+que novias guapas y _de peso_, gracias a Dios, no habían de faltarle.
+En cuanto a la herida, bastaríale guardar en completa quietud la mano,
+de la cual ya no tenía que nacer uso ni aun para casarse.
+
+—¿Sabe usted el consuelo que me ha dado mi padre? —dijo Martín
+queriendo sonreír, cuando aún rodaban por sus mejillas las lágrimas
+que le hizo derramar el acerbo dolor de la cura—. Pues, según él, este
+balazo es la forma expresiva con que la Divina Voluntad me manifiesta
+que no debo casarme. ¡Caramba, ya podía Dios habérmelo dicho de otro
+modo!
+
+—Pienso lo mismo. ¡Vaya un modo de señalar que usa el Señor! Con
+quitarle a uno la novia bastaba... Ya estaba vista la intención...
+
+De su herida tomó Martín pretexto para no ir a su casa aquella noche.
+El médico le había recomendado que fuese al hospital, y su padre
+le ofreció pasar la noche con él. _Le venía muy bien lo de la mano_
+para librarse del mal rato del bodorrio... Luego que se curase, a su
+casa volvería, y lo pasado, pasado: todos hermanos, todos unidos, y a
+trabajar por el bien común.
+
+Apenado por la doble desgracia del sobrino, que este soportaba con su
+habitual mansedumbre; afligido también por no encontrar a _Churi_, y
+acariciando el propósito firme de poner correctivo a su vagancia con
+una buena mano de pescozones, se dirigió Valentín, al paso tardo de
+_pierna y media_, a la casa de la Ribera. ¡Cuán ajeno estaba de que
+al entrar en ella, sobre las cinco de la tarde, hora ya de cerrada
+oscuridad en tal estación, no se hallaba lejos de allí el extraviado
+_Churi_! Agazapadito junto al pretil de la ría, en actitud semejante
+a la de los pobres que piden limosna, el sordo vio entrar a su padre
+en la casa; dando un gran suspiro se fue escurriendo a gatas, sin
+abandonar la sombra del pretil, en dirección del Arenal, y en todo este
+recorrido gatuno iba dando verbal forma a las ideas que agitaban su
+alma...
+
+—Señor padre, adiós... —remuzgaba en oscuro lenguaje, que es forzoso
+aclarar y traducir—. Ahora que lo he visto, ya nada más tengo que
+hacer... Adiós mi padre, adiós mis tíos, y adiós mis primos para
+siempre, y adiós tú, casa mía..., que ya no veréis más a _Churi_, ni
+_Churi_ ha de veros... porque él mismo se echa fuera de Bilbao, con
+intenciones de no volver... No quiero más familia, ni más casa...,
+porque para morirme de rabia, o para volverme malo y matón, quiero más
+irme lejos, a otras tierras de adentro, o de afuera, o del demonio.
+
+Atravesando a buen paso el Arenal, seguía su cantinela...
+
+—Ya no veo mi casa... Adiós tú, casa, y adiós tú también, Bilbao, mi
+pueblo; que todos, familia, casa y pueblo se me habéis vuelto como los
+venenos mismos, y si de aquí no me voy, me condeno... Ahora dirán:
+«¿Pero dónde está _Churi_ que no parece?». Creerán que me he tirado al
+mar, o que me ha cogido por la mitad una bala de cañón... No, señores,
+no. _Churi_ se va..., ¿no saben por qué? Pues que se lo pregunten a
+ese ladrón de Zoilo, a ese fantasioso, que se coge para sí la mujer de
+otro, y la ha conquistado por el miedo... Bien lo he visto... Adiós
+tú, Arenal, San Nicolás mío; adiós Cujas y Campo Volantín de mi alma:
+ya no me veréis más, porque _Churi_ es bueno; _Churi_ no quiere hacer
+una muerte, ni dos muertes, ni ninguna muerte, y para no hacerlas, se
+va al cabo del mundo... Puente colgante, adiós, y adiós Siete Calles
+y Cantones... Mientras vea tierra por delante, caminaré, que buenas
+piernas tengo; y si veo mar y me dejan embarcar, también me voy, lejos,
+lejos, a la otra parte de la tierra, que dicen que es redonda como una
+naranja, a ver si encuentro un país..., que puede que lo haya..., un
+país donde toda la gente sea sorda..., donde vivan _las humanidades_
+sin oírse ni una palabra, porque tengan otra manera de entenderse unos
+con otros..., ya por señales o guiños de los ojos..., que bien podía
+ser... Y el amor no necesita hablarse, sino hacerse, con garatusas...,
+en fin, no sé... Puede que lo haya, puede que haya ese país, donde no
+tengamos orejas, y en cambio tengamos otros instrumentos más grandes
+que aquí, el ver, el gustar..., no sé... El instrumento del oído no
+hace falta, ni para comer, ni para dormir, ni para ser uno padre de
+familia...; no, no hace falta... Adiós, padre y pueblo, que lejos me
+voy...
+
+Las ocho serían cuando navegaba río abajo en una chalana diminuta de
+tablas podridas, a la que había echado algunos remiendos la noche
+anterior, la menor cantidad de embarcación posible. Previamente había
+metido a bordo sus víveres, unos pedazos de borona envueltos en un
+trapo. Este era una de las banderitas españolas que solían poner
+los combatientes en las baterías: habíala afanado días antes, y la
+llevaba para el caso de que los barcos de guerra, al verle recalar en
+Portugalete, le mandaran izar pabellón de nacionalidad. Con su bandera,
+sus mendrugos de borona y un balde para achicar tenía bastante, y ya no
+le quedaba más que encomendarse a Dios para poder rebasar, al amparo
+de la cerrazón, los puentes de barcas que los carlistas habían tendido
+en San Mamés y en Olaveaga. Afortunadamente para el atrevido mareante,
+a poco de soltar sus amarras empezó a llover con gana, y venía por
+babor, de la parte de Baracaldo, un noroeste duro con rachas de galerna
+que levantaban olas en la ría. La tenebrosa oscuridad, la lluvia, el
+horrendo frío, eran causa bastante para que los facciosos no vigilaran;
+y para colmo de felicidad, el agua bajaba desde las nueve. Con dejarse
+ir al son de marea, arrimándose todo lo posible a barlovento, a la
+orilla izquierda, que era la de más abrigo, se escabulliría como un
+pez... Experto navegante, conocedor de la ría más que de su propia
+casa, sabiendo como nadie buscar los puntos donde más ayudaba la
+corriente, se dejó ir, sin hacer uso de los remos, para evitar ruido
+y el rebrillar del agua. La agitación de esta, los rumores hondos de
+la naturaleza, encubrían su escapatoria. Con que el tripulante se
+agachara al deslizarse entre las barcazas que sostenían los tableros de
+los puentes, bastaba para que la humilde chalana pasara por un madero
+flotante, arrastrado por la marea.
+
+En todo lo que anhelaba fue el pobre _Churi_ favorecido, así por la
+naturaleza como por el acaso, y nadie le vio, ni oyó voces humanas, ni
+tiros de fusil disparados contra su nave. A las once salvó las barcas
+de San Mamés sin novedad, y antes de las doce burló las de Olaveaga; a
+la una divisaba las luces de los carlistas vivaqueando en las baterías
+de Luchana; pasó sin tropiezo, amparado de una espantosa descarga de
+agua, que por lo fría parecía nieve, y de un terrible golpe de viento;
+a las dos, dejándose ir a sotavento para alejarse del fortín del
+Desierto, cruzaba también inadvertido por este sitio. Vio más tarde,
+a estribor, las canteras de Aspe, y en aquellas latitudes, juzgándose
+ya salvado, se aguantó con los remos, pues el agua empezaba ya a tirar
+para arriba. No tenía que hacer más que mantenerse allí, capeando la
+marejada que venía del oeste, y enmendando a cada paso su situación
+que la corriente le alteraba. Con esto, y con achicar sin tregua, pues
+de lo contrario la chalana se le iba a pique, tenía bastante faena
+hasta el alba, que debía de apuntar sobre las siete. Aguantose, pues,
+sorteando viento y marea, y al ver por oriente las primeras claridades
+de la aurora, arboló a proa su banderita, disponiéndose a ganar puerto.
+Sus observaciones, sin más instrumento que los ojos de la cara,
+indicáronle demora de un cuarto de milla al este de Portugalete.
+
+Ya no temía el fuego carlista: hallábase en aguas de Isabel. A las
+ocho, divisó entre la neblina los bergantines ingleses _Ringdowe_ y
+_Sarracen_ (que ya conocía), otro barco de guerra, español, y varias
+lanchas cañoneras... La temperatura era glacial; el viento había
+rolado al primer cuadrante y traía lluvia fina, puntitas de nieve que
+pinchaban como agujas. A las ocho pasaba junto a una cañonera española
+que le dio el alto... Comprendiendo que debía expresar sus sentimientos
+isabelinos, señaló con orgulloso gesto su pabellón, que sobre los
+colores tenía el lema _Isabel II, Libertad_. Desde la borda de la
+cañonera le preguntaron:
+
+—¿Traes parte?
+
+Pero no se enteró, y siguió bogando. Poco después vio surgir del seno
+de la calima el puente, armado sobre quechemarines y jabeques para
+pasar la ría entre Bilbao y las Arenas; sonaban cornetas, tambores,
+campanas en tierra y en los buques: para _Churi_ como si no. Por
+fin, la valiente _zapatilla_ atracó a la escala de Portugalete, y al
+encuentro del audaz marino bajaron muchos preguntándole:
+
+—¿Traes parte? ¿Qué ocurre en Bilbao?
+
+Puso el pie en tierra con la gravedad de un almirante; quitando la
+bandera de la proa de la chalana, dio a esta una patada, equivalente
+al propósito de no volver a entrar en ella, y subió la escala con
+bandera al hombro, sin contestar a los preguntones. Entre estos había
+no pocos que al subir le conocieron. «Es _Churi_, el sordo bilbaíno»,
+decían, y nadie le molestó más con interrogaciones fastidiosas. Él no
+venía con papeles, ni tenía que dar cuenta a nadie de lo qué a buscar
+iba en Portugalete. Garantizado por su bandera, que agrupó a su lado
+mujeres y chiquillos, encaminose a una hermosa casa, contigua a la del
+Ayuntamiento, en la cual entró como persona conocida, sin saludar a
+nadie. Dos mujeres freían pescado en grandes sartenes.
+
+—Hola, _Churi_, en buen hora llegas —le dijeron—. Por Bilbao, ¿qué hay?
+Mucha hambre, ¿verdad? Siéntate y descansa. ¿Tu padre bueno? Dicen que
+muerta gente mucha... Los dientes muy largos traerás, hijo. Dos ruedas
+de merluza aquí tienes, pues.
+
+Sin sentarse, _Churi_ devoró lo que se le ponía delante, y miraba a un
+lado y otro, como buscando a persona conocida...
+
+—Ya sé a quién buscas, _Churi_ —le dijo otra de las mujeres, que
+hablaba castellano correcto—. Aquí no está...
+
+Y como el sordo entendiese que la persona ausente no estaba en aquel
+pueblo, afligiéndose mucho al creerlo así, la buena mujer le explicó
+como pudo, con terribles gritos acompañados de gesticulaciones
+enérgicas, que la señá Saloma se encontraba en la _Casa de Jado_...
+
+—¿Sabes? Por ahí, camino del Desierto. Tenemos la contrata de la Plana
+Mayor.
+
+Allá corrió _Churi_, con una rueda de merluza en la boca y otra en la
+mano, y de rondón se coló en el edificio que se le designaba, sin hacer
+caso de la guardia que quiso detenerle. Metiéndose por una puerta a la
+derecha, fue a dar a la cocina, y en ella vio a una mujer gallarda,
+morena, guapetona, de ojos negros, que recibía de otra un plato con un
+huevo frito y un chorizo.
+
+Contento se fue el sordo hacia la guapa moza, y ella, al verle, lanzó
+una festiva risotada, diciendo:
+
+—Hola, _Churi_..., caro te vendes... ¿Por dónde has venido, por la mar
+o por los aires? Eres el demonio... Ay, hijo: no puedo entretenerme...
+Aguárdate aquí, que voy a llevarle su desayuno al general en jefe...
+
+
+
+
+XXXVII
+
+
+Vio el sordo soldados y ordenanzas en la cocina, oficiales que sin
+cesar subían y bajaban por la escalera principal, a la cual se asomó,
+por matar el tiempo, esperando a su amiga. Esta reapareció diciendo:
+
+—No vuelvo más arriba. Los ayudantes no la dejan a una vivir...
+Vean qué cardenales tengo en este brazo. Un asistente me ha dicho
+que el general está malo y no come nada..., que tengamos caldo para
+las doce... Tú, Casiana, dame a mí un poco de guisado, que estoy
+desfallecida... Echa, echa más, que comerá conmigo el pobre _Churi_...
+¿Verdad, hijo, que tienes gana? ¡Pobre sordito!... Siéntate aquí,
+cuéntame...
+
+Tan viva de genio era la tal Saloma, que a veces parecía no estar
+en sus cabales. Dejándose llevar de su vena comunicativa, sin parar
+mientes en la sordera de _Churi_, le refirió, mientras comían, sucesos
+militares de notoria actualidad.
+
+—Mira, hijo, aquí estamos desde primeros del mes queriendo socorrer a
+Bilbao, y quedándonos con las ganas de hacerlo. Tan pronto vamos por
+la orillita de acá como por la de allá, y en ninguna tenemos suerte.
+En Castrejana no hicimos más que perder mucha gente, y nos volvimos
+para acá con las orejas gachas. Allí enfrente, en Azúa y Lejona, no
+hemos hecho más que apuntar. Gracias que los ingleses, hombres de
+mucho tino, han armado en el Desierto un altarito que le dará que
+hacer al _servil_. Ahora parece que operamos por allí, y todo será
+que tomemos el puente y casas fuertes que esos perros han hecho en
+Luchana... Baldomero tiene ganas tremendas de darles una buena entrada
+de palos..., pero yo le digo: «Baldomero, ándate con tiento y no te
+comprometas... Tira primero tus líneas, mide terrenos y distancias...
+Es malo echar carne a la pelea sin haber antes medido bien...». Pero
+él no me hace caso... Es tan caliente de su natural, que si no tuviera
+armas, a bocados les embestiría... Aquí tenemos a don Marcelino Oráa,
+que tan pronto va como viene. Al otro lado están las tropas acampadas
+de mala manera, mal comidas, muertas de frío. Dime tú si así se pueden
+ganar batallas. Yo digo que no; Baldomero sostiene que la sangre
+española no necesita más que de su mismo fuego para pelear y vencer.
+
+Por amabilidad, a todo asentía _Churi_ con cabezadas, sin entender una
+jota. Dígase pronto, para evitar malas interpretaciones, que aquel
+Baldomero, a cada instante nombrado por la arrogante Saloma, era un
+sargento de Guías, que tenía el honor de llamarse como el ilustre
+caudillo del Ejército del Norte; y añádase que descollaba por su
+arrojo, obteniendo cruces, y hallándose muy cerca de ganar el grado de
+alférez. Don Marcelino Oráa, de quien había sido asistente, teníale
+en gran estimación, y el mismo Espartero le conocía por su nombre
+(Baldomero Galán) y le distinguía.
+
+—Pues para que te enteres mejor —dijo—, los ingleses nos ayudan como
+unos caballeros. Tienen talento para el ramo de cañones, y un ojo para
+la puntería que da gloria verlo. Baldomero dice que con ellos serviría
+más gustoso que con los de acá, porque pagan bien, comen mejor, y son
+muy puntuales en todo... Yo le digo: «Aprende de esos a echar líneas
+y tomar medidas antes de batirte... Fíjate en que no mueven una pata
+sin pensarlo mucho, y examinan bien el pedazo de suelo donde van a
+ponerla». Y él me replica: «Sí, mujer, tienes razón: son de mucho
+estudio; pero acá uno es riojano, y antes de ponerse a estudiar, se le
+enciende la sangre y allá va el coraje sin sentirlo».
+
+Satisfecha su hambre, _Churi_ sentía también vivas ganas de comunicar
+a una persona grata sus acerbas penas. Diose por enterado, sin
+entenderlo, de lo que Saloma le había dicho, y continuando la
+conversación sin lógico enlace de ideas, le dijo en un vascuence mal
+castellanizado que es forzoso traducir:
+
+—Efectivamente, Saloma Ulibarri, yo no te olvido; y en cuanto determiné
+dejar a mi pueblo y a mi familia para siempre, he pensado en ti; y
+vengo a decirte que si estás en volver pronto a tu tierra de Navarra,
+como me dijiste la última vez que nos vimos, yo me voy contigo...
+
+—Aquí me tienes pendiente de las operaciones —replicó Saloma—. Por mi
+gusto ahora mismo me ponía en camino para mi Aragón de mi alma, pues
+casi soy más aragonesa que navarra. Pero todo depende del punto a donde
+destinen a Baldomero, que ya va para alférez. Si en estas acciones lo
+gana, pedirá que le manden al Centro... Yo también hipo por el Centro.
+Estoy harta de estas tierras frías y babosas..., con tanto llover y
+tanto comer pescado y alubias... Quiero ver mi Ebro, mi tierra que
+abrasa, mi cielo de allá que es la alegría del mundo... ¿De veras te
+vendrás con nosotros?... ¡Ah! _Churi_, tú has hecho en tu casa alguna
+travesura muy gorda...
+
+Por esta vez coincidió casualmente el primer concepto de _Churi_ con el
+último de Saloma.
+
+—No soy culpable —le dijo—, sino desgraciado; tan desgraciado, que de
+lástima que me tengo no me determino a quitarme la vida. Me voy, sí.
+
+Súbitamente saltó el sordo con una pregunta que no parecía congruente.
+
+—Dime, Saloma, ¿sabes si está por aquí un caballero joven que le llaman
+don Fernando Calpena..., paisano, a no ser que se haya hecho militar de
+poco acá..., guapo, noble, fino?...
+
+Al pronto no dio lumbres la moza. ¡Había tanta gente en el Cuartel
+general, militares de distintas armas y procedencias, asesores,
+físicos, paisanos armados..! Rebuscaba en sus recuerdos, y al fin dio
+con la persona que entre la turbamulta buscaba.
+
+—¿Don Fernando dices? Sí, sí: un joven de buena presencia, ojos
+bonitos..., muy amigo del general en jefe... Sí... Don Fernando no sé
+qué... Arriba está. En uno de los desvanes de esta casa se aloja con
+el señor Uhagón, un paisano de ayer, hoy capitán... ¿Es amigo tuyo ese
+señor?
+
+—Como amigo no es... Pero tengo que escribirle una carta que tú le
+entregarás... Papel y pluma que me traigan.
+
+Algo tardaron en darle lo que pedía, y él, en tanto, deleitábase
+contemplando la hermosura lozana y picante de _Saloma la navarra_, como
+allí le decían. Bueno es advertir que en anteriores meses, y antes
+de que se iniciara en Bermeo la pasión ardiente que a tan lastimoso
+estado le había traído, padeció el pobre _Churi_ el mal de amores,
+prendándose de Saloma con ansias y desvelos de calidad poco espiritual.
+Fue un desvarío juvenil, que se extinguió entre cenizas, después de
+mucho requebrar y pretender con resultado nulo. ¡Era desgraciado el
+hombre! Todo por la maldita sordera, por aquel tabique _de silencio_
+que, levantado entre él y la humanidad, le impedía gustar las dulzuras
+del querer... Mal curado de afición tan secundaria y superficial, cayó
+en la enfermedad honda que le cogía el cuerpo y el espíritu, lo divino
+y humano. Desapareció de su mente Saloma con su gallardía incitante y
+su graciosa labia; la pasión integral y soberana eclipsó la parcial y
+plebeya. Quedaba, siempre la cariñosa y leal amiga, que departía con
+él afablemente, le daba de comer y le agasajaba y atendía, condolida de
+la inferioridad a que su sordera le condenaba.
+
+Casi toda la tarde hubo de emplear el sordo en su trabajo de escritura,
+porque excesivamente severo consigo mismo, nada de lo que escribía le
+contentaba, y unas veces por no acertar con el pensamiento que expresar
+quería, otras porque su torpeza caligráfica le hacía incurrir en
+garrafales errores, ello es que, rompiendo papel y trazando caracteres
+muy gordos, se le iban las horas. Por último, cuando ya oscurecía,
+quedó terminado aquel monumento, que leía y releía, buscándole faltas,
+añadiendo o raspando comas, sin llegar nunca a la deseada perfección.
+
+—Tómate todo el tiempo que quieras, hijo —le decía Saloma—, y pluméalo
+bien, despacito, que el señor para quien es la carta se fue esta mañana
+al otro lado y no sabemos cuándo volverá.
+
+Cansado de la penosa escritura, tanto como del viaje, el pobre _Churi_
+no se podía tener de sueño y quebranto de huesos. Saloma le dio un
+camastro en la casa de Portugalete (donde tenía su establecimiento de
+comidas, asociada con Casiana, y los hermanos Anabitarte, vinateros),
+y en él cayó como una piedra el sordo, que si no lo fuera, no habría
+dejado de sentir aquella noche el horroroso temporal. El oleaje y
+remolinos de la barra daban espanto a la vista; el bramido de la
+mar unido al del viento ahogaban todos los ruidos de tierra, sin
+excluir los cañonazos de las baterías del Desierto contra Luchana.
+En toda la noche pudo la navarra pegar los ojos pensando en su pobre
+Baldomero acampado al raso o al abrigo de cualquier paredón, allá en
+las posiciones del ejército en la orilla derecha. ¡Y que esto pasara
+un cristiano por los derechos de Isabelita, de Carlitos, o del demonio
+coronado!...
+
+Amaneció nevando. Las nueve serían ya cuando Saloma despertó a _Churi_,
+que no se hartaba de dormir, insensible al fragor de la naturaleza.
+
+—Arriba, hijo, que es tarde. ¡Pues no lo has tomado con poca gana! Ya
+tienes ahí a tu caballero de Madrid. Con el alférez Ordax ha pasado de
+Las Arenas acá en un chinchorro, porque el puente de barcas se ha roto
+con la furia de la mar. ¡Esa es otra!... Levántate pronto, gandul, y si
+quieres verle, vente conmigo allá, y te arrimas a la escalera, que el
+don Fernando ha entrado en la casa de Azcoiti, donde se alojan los de
+artillería, y pronto ha de ir a mudarse de ropa. Está caladito... Dame
+el _documento_ y se lo llevaré cuando se mude, que no está bien que
+entre yo en su cuarto mientras el hombre se aligera de vestido.
+
+Al poco rato de esta conversación, veía _Churi_ entrar al señor de
+Calpena y subir presuroso. Era él, el mismo: ya se le podía soltar el
+cohete sin ningún cuidado. Y a la media hora volvía Saloma a la cocina
+y daba al sordo cuenta de su comisión en estos o parecidos términos:
+
+—¡Ay, hijo, qué jicarazo se ha llevado el pobrecito señor con tu carta!
+Se quedó al leerla más blanco que el papel en que la escribiste. Me
+preguntó que quién eras tú, y de dónde venías, y yo, naturalmente, le
+dije que eres _de los ricos_ de Bilbao, buen chico, muy marinero, solo
+que un poco impedido de la _audiencia_... Ahora toma tu desayuno y
+arrímate al fogón, que el día no está para rondar por el pueblo.
+
+Solo en su desván, y ya vestido de ropa seca, no apartaba don Fernando
+su pensamiento ni sus ojos de la carta que había recibido; y entre dar
+crédito a la tremenda afirmación que contenía, o conceptuarla maligna
+impostura, transcurría veloz el tiempo sobre la cabeza del joven sin
+que este lo sintiera. «_Anoche casó Aura con Zoilo Arratia_», decían
+en sustancia los garabatos del papel, trazados en letras gordas, como
+para suplir con el tamaño la torpeza de la escritura. En vano su amigo
+Uhagón (amistad reciente y cordialísima formada en aquellos meses)
+entró a decirle que si el temporal arreciaba, no habría más remedio que
+suspender las operaciones. A todo callaba Calpena; él, tan decidor, tan
+entusiasta de aquella campaña, tan unido al ejército, que la acción de
+este y la suya propia habían venido a ser una sola acción, no decía
+nada, no comentaba, ni opinaba siquiera.
+
+—¿Qué piensas? —le preguntó su amigo.
+
+Y él, encerrando dentro de su alma una tempestad más horrorosa que la
+que andaba por los aires, se levantó y dijo:
+
+—Pienso... que hacen bien los carlistas en no dejar en Bilbao piedra
+sobre piedra...; pienso que la humanidad es una vieja celestina, y la
+naturaleza una mujer frágil...
+
+
+
+
+XXXVIII
+
+
+Arreció en el curso del día el temporal, sin que su violencia estorbara
+a las valientes tropas isabelinas para lanzarse a la pelea. Desde el
+camastro donde yacía en la casa de Jado, daba Espartero las órdenes de
+ataque, previa la distribución de fuerzas en una y otra orilla, para
+operar concertadamente contra Luchana. La brigada Mayol, que se hallaba
+en Sestao, pasó el Galindo por el puente que habían construido los
+ingleses, y ocupó las alturas de Rentegui y la Torre de la Cuarentena
+frente a la desembocadura del Azúa. Y en tanto, inutilizado por el
+temporal el puente de barcas sobre el Nervión, pasaron este, en
+lanchones custodiados por las trincaduras de guerra, ocho compañías
+de cazadores, dos del primer regimiento de la Guardia, dos de Soria,
+dos de Borbón, una de Zaragoza y otra del 4.º de Ligeros, y fuerza de
+ingenieros y artillería. En la travesía penosa, los pobres soldados
+coreaban la furibunda cantata del temporal con sus exclamaciones de
+ciego entusiasmo. Los zurriagazos de granizo con que les castigaba
+la naturaleza, les embravecía más. ¡Bonita ocasión para proclamar la
+Libertad y declararse dispuestos a horrendo sacrificio por tan voluble
+diosa, que los infelices no habían visto nunca, ni sabían cómo era!...
+Desembarcados en la orilla derecha, se apresuraron a entrar en calor
+marchando contra el maldecido puente. La división del barón de Meer,
+que había pasado el día batiéndose en las riberas del Azúa, reanudó sus
+ataques con más brío al verse reforzada; los cazadores se abalanzaron
+sobre el puente sin encomendarse a Dios ni al diablo, y no era floja
+temeridad la de aquellos locos, porque los carlistas habían cortado
+un tramo, y armado poderosas baterías por la otra parte, con cuyos
+fuegos y la fusilería incansable podrían abrasar a los mismos ángeles
+que se acercaran. Pocos ejemplos de arrojo personal que al de aquella
+noche puedan compararse ofrecerá seguramente la historia militar del
+mundo; y por mucho que el narrador apure los resortes del lenguaje para
+describirlo, siempre ha de resultar como un combate fabuloso entre
+fingidos héroes de la mitología o la leyenda.
+
+Luchaban unos y otros en la oscuridad de una noche glacial, pisando
+nieve, azotados por el granizo, calados hasta los huesos. Si a esto
+se añade que habían comido poco y mal, acrece la inverosimilitud de
+aquel esfuerzo, que empezó con una fanfarronería quijotesca y acabó
+con una realidad sublime. Rodaban los muertos sobre la nieve; se
+arrastraban los heridos entre peñas y charcos sin que nadie les
+socorriese; los vivos asaltaban el puente casi a ciegas y a gatas,
+y sin duda por no ver el peligro, lo acometieron y lo dominaron. En
+pleno día, y con buen tiempo, tal empeño no habría sido quizás más que
+una honrosa tentativa. El éxito se convirtió en brillante hazaña, la
+más gloriosa quizás de aquella enconada guerra. Pudo suceder que los
+carlistas, fiados en la inverosimilitud del movimiento isabelino, y
+estimándolo demencia y bravata, se descuidaran en acudir con todo su
+poder a la defensa. También ellos luchaban en las tinieblas, envueltos
+en la glacial vestimenta del granizo y la lluvia; también a ellos les
+entumecía y paralizaba el frío, y la nieve les negaba un suelo seguro
+para combatir... A todos les trataba por igual la naturaleza. En una
+y otra parte caían en tropel, los más para no volver a levantarse. La
+virginal blancura de la nieve se teñía de sangre. A las imprecaciones
+y gritos de salvaje marcialidad, respondía el viento con bramidos más
+espantosos. Por fin, los liberales se calzaron el puente, lo hicieron
+suyo, y pisaron el fango nevado de la orilla izquierda del Azúa.
+Emprendieron al punto los ingenieros la compostura del tramo destruido,
+para que pudieran pasar cañones, caballos, y todo el ejército cristino.
+
+No se daban cuenta los hasta entonces vencedores de la importancia
+de su victoria, ni acertaban a medir los obstáculos que, tomado el
+puente, habrían de encontrar todavía, pues los facciosos habían surcado
+de formidables trincheras los montes de Cabras y San Pablo. Como no las
+tomaran pronto los de acá, todo lo que habían hecho era una sangría
+inútil. Tan grande fue en los cristinos el impulso adquirido, y en tal
+grado de coraje y excitación se hallaban, que no dieron paz al cuerpo,
+ni al ánimo respiro, para seguir en demanda de las trincheras, con la
+ambición loca de pisar también en ellas y de hacer trizas a los que las
+defendían. De las nueve a las diez de la noche se empeñaron furiosos
+duelos a la bayoneta en la aspereza de aquellos montes: los isabelinos
+trepando; los otros a pie firme en los inexpugnables zanjones.
+Rodaban por acá cuerpos destrozados. Allá expiraban otros. Tan pronto
+avanzaban subiendo los liberales, como retrocedían precipitados, con la
+nieve hasta las rodillas; se hundían en ella, salían furiosos, y las
+bayonetas llegaron a parecer instrumentos de la naturaleza: el hielo y
+el granizo convertidos en afiladas puntas y movidos por el huracán.
+
+Una batería enemiga, colocada sobre el flanco derecho de las tropas de
+Isabel, les sacudía sin cesar. Pero no hacían caso, y para concluir
+pronto y decidirlo de una vez, no había más recurso que el arma blanca.
+Repetidos los ataques en una gran extensión, pues las tropas del barón
+de Meer pasaron a la orilla izquierda por un improvisado puente, las
+trincheras de los carlistas, hondas, labradas en terreno pedregoso
+y fuerte, continuaban inexpugnables. Eran hueso muy duro para que
+pudieran roerlo los de acá, enorme su extensión para que pudieran
+ganarlas por sorpresa. Y la noche no se aclaraba, ni disminuía la
+crudeza iracunda del temporal. Diríase que el suelo quería tragarse
+a los hombres y convertirse en inmenso pudridero y osario de todo lo
+viviente. Serían las diez cuando el animoso y experto general Oráa,
+a quien Espartero, por su enfermedad, había conferido el mando, vio
+la imposibilidad de avanzar, ya que no la de sostenerse, y pidió
+refuerzos. Espartero le envió al instante la primera brigada de la
+división de Ceballos Escalera; después la segunda, al mando de este.
+Siguieron la espantosa lucha, intentando escalar las trincheras, y
+cayendo de espaldas para volver a la embestida, sin desmayo, _por
+entrar en calor_. Fueron heridos el barón de Meer, el brigadier Méndez
+Vigo, y multitud de oficiales. El jefe de cazadores, Ulibarrena, lo
+había sido ya mortalmente en el ataque al puente de Luchana. Los
+soldados caían a centenares.
+
+A las diez y media vio el general Oráa que habían llegado al límite del
+humano esfuerzo; pronto traspasarían la línea que separa los últimos
+alardes de la desesperación eficaz de los primeros espasmos de la
+impotencia, y ordenando conservar las posiciones y seguir combatiendo,
+bajó a la ría, pasó con dos ayudantes y el coronel Toledo a la orilla
+izquierda, y encaminose, ganando minutos, a la residencia del general
+en jefe. Oía don Baldomero desde su cama el estruendo de aquella
+tenaz contienda, y entre sus dolores que le retenían y sus cuidados
+de caudillo que de fuera le solicitaban, se revolvía inquieto, sin
+descanso, más castigado de la ansiedad que de la penosa cistitis. En
+el momento de su mayor quebranto llegó el valiente Oráa, y con militar
+rudeza le pintó en pocas palabras expresivas la situación apretada del
+ejército a la otra parte del río. Soltó al instante Espartero media
+docena de ternos gordos, y rechazando las ropas del camastro empezó a
+vestirse a toda prisa...
+
+—Voy ahora mismo, aunque me cueste la vida... ¡Pues no faltaba más!
+Tomado el puente, ¿qué hemos de hacer más que _uparnos_ arriba como
+fieras? ¿Qué hora es? Las once. ¡Bonita Nochebuena! Señores, hemos
+jurado perecer o salvar a Bilbao. Esta noche se cumplirá nuestro
+juramento.
+
+Acudió un asistente a vestirle, y él, calzándose las botas, mandó que
+entraran los que permanecían en la estancia próxima aguardando su
+determinación.
+
+—Gurrea, adelante... Toledo, pase usted... Pase usted también,
+Fernando... Pues ya lo ven: voy a echar el resto. O ellos o yo... Ahora
+nos veremos las caras... Ya me van cargando a mí esos ojalateros...
+Mi caballo..., pronto, mi caballo... Me ha dicho Oráa que ha muerto
+Ulibarrena... Les tengo que cobrar con réditos la vida de ese
+valiente... Venga el capote, el bastón... Ya estamos... ¡Pobres
+soldados, muertos de frío!... Allá voy, allá voy, y a Bilbao de
+cabeza... No quiero tomar nada..., un poco de vino, y basta... Señores,
+el que quiera divertirse y oír cantar el gallo de Navidad, que venga
+conmigo...
+
+Sobreponiéndose a su dolencia y ahogando la horrorosa molestia y
+dolores que sufría, se le vio pronto en militar apostura, gallardo,
+bien plantado, risueño. Su rostro amarillo, en que se manifestaba un
+reciente derrame bilioso, se animó con el fuego que la pasión guerrera
+en su alma encendía. Brillaban sus ojos negros; bajo la piel de la
+mandíbula inferior, decorada con patillas cortas, se observaba la
+vibración del músculo; fruncía los labios con muequecillas reveladoras
+de impaciencia. Mal recortado el bigote, por el descuido propio de la
+enfermedad, ofrecía cerdosas puntas negras, y bajo el labio inferior
+la mosca se había extendido más de lo que consintiera la presunción.
+Aún no gastaba perilla. El bigote de moco daba a su fisonomía carácter
+militar, dentro del tono especial de la época: casi todos los sargentos
+de su ejército le imitaban en aquel estilo de decoración personal.
+Resultaban caras enjutas, secas, con algo de simbolismo masónico en
+la disposición triangular de los adornos capilares, y expresión de
+tenacidad y constancia.
+
+Pisaba fuertemente el suelo para entrar en calor, y mientras afuera
+disponían el paso a la otra orilla. Su mal de la vejiga le obligó a
+tomar precauciones, previendo que en noche de largo batallar habían
+de faltarle hasta los minutos para las funciones más precisas. Y al
+propio tiempo no cesaba de dar prisa. Dijéronle que en cuanto volviesen
+las lanchas que habían llevado la segunda brigada de la división de
+Ceballos Escalera, pasaría el cuartel general. Tal era el desasosiego
+de Espartero, que habría pasado solo en una tabla, y no pudiendo
+aguantarse más en aquella inacción, salió masticando la saliva,
+y escupiendo alguno que otro venablo y mitades de interjecciones
+crudas... Le dolían partes de su cuerpo de las más sensibles; le dolía
+la situación comprometidísima de su ejército; le dolía el amor propio.
+
+Cuando llegó al sitio de embarque, advirtiéronle que su caballo ya
+iba navegando hacia Luchana. Empezaron a embarcar las compañías de
+Extremadura y casi toda la división de Minuisir. En la gabarra que más
+a mano encontró, embarcose el general con su plana mayor y agregados
+militares y paisanos. El corto bagaje que llevaba, con muy poca ropa,
+escasos alimentos, y algunos chismes y drogas, impedimenta impuesta por
+la enfermedad, embarcado fue en la misma lancha donde iba el caballo.
+Religioso y triste silencio imperó en la travesía. Nadie hablaba. Por
+un momento, en un desgarrón de las nubes, dejose ver la luna menguante
+con medio rostro apagado. El temporal remuzgaba lejano. Eran las doce,
+la hora del nacimiento de Jesús, que allí no anunciaron cantos de
+gallo, ni festejó el rabel de inocentes pastores. Más bien las cornetas
+y cajas, y el pavoroso silbar del viento, proclamaban la destrucción
+del mundo.
+
+
+
+
+XXXIX
+
+
+Pisó tierra Espartero en la orilla derecha, y con él las tropas que
+de refuerzo llevaba. Delante de todos marchó el general a caballo, y
+pasado con precaución el puente famoso que había de inmortalizar su
+nombre, subió el primero hacia el monte de San Pablo, encontrando a su
+paso cadáveres dispersos, sobre los cuales blanqueaba ya el sudario
+de la nieve últimamente caída. Empezó por disponer que las tropas de
+refuerzo relevasen a los infelices que se habían batido toda la noche
+a la desesperada, con los pies insensibles, clavados en el suelo.
+Obligado por los accidentes del terreno a echar pie a tierra, departió
+don Baldomero con la tropa, contestando con expresiones fraternales a
+los vítores y gritos de entusiasmo con que fue saludado. Conferenció
+con su jefe de Estado Mayor, el general Oráa, y acordaron suspender el
+ataque para organizarlo con toda la fuerza útil disponible, y relevar
+al instante los puestos avanzados. O la casualidad o un imprevisto
+accidente produjeron hechos contrarios a lo que la rutinaria lógica de
+los caudillos disponía.
+
+Sucedió que Oráa dispuso que se diera el toque de alto, y el corneta de
+órdenes, sin saber lo que hacía, distraído o alucinado, ebrio quizás
+del frenesí batallador, tocó ataque, y lo mismo fue oír el estridor
+guerrero, lanzáronse unos y otros monte arriba con ordenado y rápido
+movimiento, rivalizando en ardor los que el general traía con los que
+allí encontró. Quiso Oráa contenerles y que se cumpliera su mandato,
+mal interpretado por el corneta; Espartero, con mejor instinto y rápido
+golpe de vista, se aprovechó de aquel felicísimo arranque de la tropa,
+y con llama de inspiración, vio que era llegado el momento de seguir
+el impulso de los inferiores, de la gran masa bélica. Esta tomaba la
+iniciativa; esta, en un fugaz espasmo colectivo, dirigía y mandaba.
+Procedía, pues, favorecer este arranque, dirigirlo, extremarlo, y no
+permitir que desmayara. Blandiendo su espada, se puso frente a una
+columna, y con aquella voz sonora, con aquel tono arrogante y fiero
+que electrizaba a las multitudes, adoptando formas de lenguaje muy
+enérgicas y al propio tiempo fraternales, les dijo:
+
+—Adelante todo el mundo, y arrollemos a esos descamisados... ¡Coraje,
+hijos, coraje!... Ahora verán lo que somos. Delante del que de vosotros
+avance más, va vuestro general, que quiere ser el primer soldado...
+¡A la bayoneta..., carguen! ¡Coraje, hijos!... Por delante va esta
+espada que quiere ser la primer bayoneta... Que mueran ahora mismo
+esos canallas, ¡coraje!, o abandonen el campo, que es nuestro. ¡Viva la
+Reina, viva el Ejército, viva la Libertad!
+
+Y comunicado este furor a toda la división, avanzaron monte arriba con
+estruendo que hizo enmudecer los bramidos de la tempestad. Oráa se puso
+al frente de otra columna por la izquierda. Al llegar a la trinchera
+enemiga, oyeron rumor de pánico. Muchos carlistas huían, otros se
+defendieron con rabia heroica; pero la embestida era tan fuerte, que no
+pudo ser larga ni eficaz la resistencia. Ensartados caían de una parte
+y otra. La voz del general, no enronquecida, siempre clara y vibrante,
+les gritaba.
+
+—No hacer fuego... Bayoneta limpia... ¿No quieren libertad? Pues
+metérsela en el cuerpo... Adelante: arriba todo el mundo. ¡Hijos,
+coraje!... Bilbao es nuestra, y de ellos la ignominia. Nuestra toda la
+gloria. Que vean lo que somos. Arriba, arriba... Ya huyen. ¡Firme en
+ellos!
+
+No esperó el enemigo un segundo ataque, y huyó a la desbandada monte
+arriba, hacia a segunda línea de trincheras. De improviso, cuando
+ordenaban proseguir, descargó una tan fuerte lluvia con granizo, que
+los combatientes tuvieron que detenerse. No veían; el pedrisco les
+cegaba; el viento furibundo obligábales a guarecerse tras un matojo, al
+amparo de cualquier peña, tronco o paredón en ruinas.
+
+—Mi general, aquí —gritó un alférez, viendo a Espartero azotado
+vivamente por el temporal, la mano en el sombrero, el capote
+desabrochado por las garras del viento.
+
+Guareciéronse en el socaire de una peña. El caudillo le reconoció al
+instante:
+
+—Ordax... ¿No es usted Ordax? Avise usted al general Oráa dónde estoy.
+Que venga al momento. Esta racha pasará pronto...
+
+El oficial, que era uno de los que más se distinguieron en el ataque
+del puente, corrió a cumplimentar las órdenes de su jefe. No tardaron
+en encontrar a este sus ayudantes, y se agruparon para darle con sus
+cuerpos más abrigo. En la confusión de aquel momento, surcado el aire
+y azotada la tierra por los furiosos latigazos del granizo, oíanse
+gritos, voces, llamadas, nombres que sonaban desgarrados en medio de la
+furiosa tempestad. Espartero dejó oír su voz imperiosa:
+
+—Aquí estoy... ¡Eh! ¡Gurrea..., Toledo..., aquí! ¡Demonio de tiempo!
+Ya les llevábamos en vilo..., que venga Oráa..., ¡Oráa!... ¿Dónde está
+Ceballos Escalera?
+
+—Aquí, mi general —replicó la voz potente del jefe de la segunda
+división.
+
+—¿A qué distancia estamos de Banderas? Yo no veo nada. ¿Dónde está
+Banderas?
+
+—Allí, mi general.
+
+—Ya sé que está allí... ¿Pero a qué distancia poco más o menos? ¿Sabe
+usted que me encuentro mejor de mis dolores? Me ha sentado bien el
+sofoco, y encima del sofoco la mojadura. ¡Vaya una noche! Y dicen que
+en esta noche nace Dios... No lo creo.
+
+—Mi general, estamos a un tiro de fusil de Banderas... Pero aún queda
+que tomar otra línea de trincheras más arriba.
+
+—¡Qué trincheras ni qué cuerno! De esas les echaremos también..., pero
+a culatazos..., a patadas... Otra racha de granizo. Bueno: venga todo
+de una vez... Ya, ya para. Que den un toque de atención. No perdamos
+tiempo. ¿Qué hora es?
+
+—Las tres y media, mi general.
+
+En esto llegó Oráa, y Espartero le dijo:
+
+—Escoja usted quince hombres decididos, de los que no creen en la
+muerte, y un oficial, para que vayan a hacer un reconocimiento en la
+altura de Banderas. No podemos presumir la fuerza que tienen allí,
+ni si están resueltos a defender el puente a todo trance. Tiempo han
+tenido de fortificarse bien. Pero estén como estuvieren, y hayan hecho
+más baluartes y baterías que tiene Gibraltar, allá nos vamos ahora
+mismo, _con la fresca_, a darles la última pateadura.
+
+Habiendo cesado el chaparrón, salió don Baldomero de su escondrijo,
+y encareció a los soldados lo fácil que era subir hasta Banderas.
+Probablemente, el enemigo no tendría ya malditas ganas de ver caras
+isabelinas por allí, y saldría escapado en cuanto se enterara de la
+visita. Restablecidas las líneas que desbarató el temporal, trajéronle
+al general su caballo, y se le unió Carondelet, mientras Ceballos
+Escalera se alejaba a escape para cumplimentar las últimas órdenes.
+Los quince soldados y el oficial que se brindaron a ir de descubierta,
+marcharon silenciosos monte arriba. ¡Infelices, cuán grande era
+su abnegación! Iban tan solo para probar el grado de fuerza que en
+Banderas tenía el enemigo. Si este les recibía con intenso fuego,
+señal era de que la elevada posición quería y podía defenderse. En
+tanto, las columnas avanzaban con orden de no hacer ruido, callados los
+tambores y cornetas, calladas también las bocas. Como a la mitad del
+camino, entre el punto de partida y Banderas, los quince tropezaron
+con una cabaña en ruinas, infestada de facciosos, los cuales, por los
+huecos de los tapiales destruidos, rompieron el fuego. El general
+y sus adláteres observaban esto desde una distancia inapreciable
+por la oscuridad; mas no veían gran cosa. Roto el silencio por la
+estruendosa voz de Espartero mandando ataque, retumbó el trueno en
+la masa de tropas, y allá se fueron las columnas como un ventarrón
+furibundo, barriendo cuanto encontraban por delante. En las ruinas,
+más de la mitad de los quince rodaban por los declives cubiertos de
+nieve. En la primera embestida a las trincheras altas, no pudieron los
+de acá desalojar al enemigo. El retroceso fue corto. No necesitaron
+ser jaleados para volver con ímpetu nuevo. Espartero y sus ayudantes
+picaron espuela en busca del sitio de mayor peligro. Esto fue de grande
+eficacia para alentar a los soldados, que, despreciando la muerte,
+volvieron a desafiarla cara a cara; y al tercer achuchón, los carlistas
+que no quedaron tendidos salieron por pies. A la izquierda, en la
+falda de San Pablo, la columna mandada por Oráa pudo avanzar con menos
+obstáculos. Espartero no la veía. Solo por el ruido de tambores y las
+imprecaciones humanas que aventaba el temporal, podían apreciar los
+de la primera columna que sus compañeros les llevaban alguna ventaja.
+Situándose más arriba de las ruinas de la cabaña, pudo Espartero
+distinguir las masas carlistas en el alto de Banderas, moviéndose de
+flanco. ¿Iban en retirada? ¿Iniciaban un movimiento envolvente? Sobre
+esto hicieron cálculos más o menos aventurados Carondelet y el general
+en jefe.
+
+—Para saberlo con certeza —dijo este—, vámonos arriba..., yo el
+primero. No hay que darles tiempo a nada... ¡Hijos, coraje! Más valemos
+muertos arriba que vivos abajo.
+
+A medida que avanzando iban, veían más claro. Del cielo descendía
+escasa luz, aumentada por el reflector blanquísimo y lúgubre que cubría
+todo el monte, la nieve, cuya limpia y cándida superficie cortaban los
+montones de cuerpos humanos. La cabeza del carlista muerto asomaba
+por entre los brazos del liberal inerte. La oscuridad les agrandaba:
+creyéraseles cuerpos de gigantes alados, caídos de un espantoso combate
+en las nubes pardas, siniestras; estas corrían también, embistiéndose,
+y esparcían por el cielo turbio sus desgarrados vellones. En la porfía
+de tierra, un horroroso estruendo de tambores, cornetas, gritos,
+vivas y mueras marcaba el paso de la nube humana, que se deslizaba
+sobre nieve, bramando como el trueno, hiriendo como el rayo. En la
+eminencia, el choque rudo produjo instantáneo retroceso. No se veía más
+que un trágico tumulto, confusión de cabezas y brazos, y entre ellos
+el centelleo de las bayonetas. No lejos de la columna de vanguardia,
+Espartero les decía:
+
+—¡Duro, hijos, duro, que ya estamos en casa!... No hay quien pueda con
+nosotros... Allá vamos todos, yo el primero...
+
+No tardaron los absolutistas en desbandarse por la vertiente norte.
+Iniciado el abandono del fuerte, los de acá pusieron en la cúspide sus
+manos, luego sus rodillas. El ejército de Isabel dio por fin en ella la
+furibunda patada que estremeció y quebrantó para siempre el inseguro
+reino de Carlos V. Serían las cinco cuando el caballo de Espartero
+tocaba el himno con su vigorosa pezuña sobre el suelo de la plaza de
+armas del fuerte. El noble animal no podía sofocar con sus relinchos la
+gritería de los soldados, ebrios de gozo.
+
+El ejército que tal hazaña consumó era un gran ejército; mas para que
+luciera en toda su grandeza el santo ardor patriótico y el militar
+orgullo que le inflamaban, era necesario que tuviese caudillos que
+supieran cogerle de un brazo y llevarle a las cumbres estratégicas,
+que simbolizan las altas cimas de la gloria. Sin tales pastores, no
+puede haber rebaños tales. Pastoreaba las tropas cristinas, en aquella
+noche terrible, un soldado de corazón grande, que supo infundirles
+el sentimiento del deber, la convicción de que sacrificando sus vidas
+mortales salvarían lo inmortal de la patria, el honor histórico de las
+banderas. El tiempo, en vez de amenguar la talla de aquellas figuras,
+las agiganta cada día, y hoy las vemos subir, no tanto quizás por
+lo que ellas crecen, como por lo que nos achicamos nosotros, y aun
+lloramos un poquito, ya con todo el siglo dentro del cuerpo, viendo que
+gérmenes tan hermosos no hayan fructificado más que en el campo de la
+guerra civil. Creíamos que aquello era el aprendizaje para empresas de
+superior magnitud... Pero no era sino precocidad infantil, de las que
+luego salen fallidas, dándonos tras el muchachón de extremado vigor
+cerebral, hombres raquíticos y sin seso.
+
+No debe mostrarse aislado el ejemplo de Espartero en la gloriosa
+Navidad del 36; que unido a otros ejemplos y memorias de aquel
+caudillo, resplandece con mayor claridad y nos permite conocer toda la
+grandeza de los hombres que fueron. Antes de la liberación le Bilbao,
+los suministros del ejército andaban como Dios quería. El gobierno
+pedía victorias para darse tono, ¡victorias a soldados descalzos y
+hambrientos! Todo el mando de Córdova fue una continua lamentación por
+esta incuria. No fue más dichoso Espartero, y en su afán de emprender
+vivamente las operaciones, ardiendo en coraje, atento a su decoro y a
+la moral de sus tropas, resolvió el conflicto de un modo elemental,
+casi inocente. Sin duda por ser del orden familiar, no se ha perpetuado
+en letras de oro, sobre mármoles, la carta que con tal motivo escribió
+a su mujer, la bonísima, hermosa y sin par Jacinta Sicilia. Decía entre
+otras cosas:
+
+ «Empeña tu palabra, la mía, la de los amigos; empeña tus alhajas y
+ hasta el piano; reúne todo el dinero que puedas, y mándamelo en oro».
+
+Tan diligente anduvo la dama, que con el mismo mensajero portador de
+la carta, remitió a su esposo mil onzas. El general dio de comer a sus
+soldados, y a los pocos días, postrado en cama con mal de la vejiga,
+y viendo a sus queridas tropas en el grande aprieto de Monte Cabras
+y Monte San Pablo, salta del lecho, con una temperatura glacial, y
+hace lo que se ha visto... Desgraciada era entonces España; pero tenía
+hombres.
+
+
+
+
+XL
+
+
+Al apuntar el día, que como de los más chicos del año no empezó a
+despabilarse hasta las siete, ayudando a su pereza lo turbio del
+celaje, vieron los vencedores a los vencidos desfilando a toda prisa
+por los senderos que conducen a Erandio y Derio. Otros tomaban
+presurosos los caminos de Deusto, para pasar a la orilla izquierda por
+los puentes de barcas que tenían en San Mamés y en Olaveaga.
+
+—¡Lástima grande —dijo Espartero, viendo la desbandada del enemigo—
+no tener caballería disponible para que se fueran con todos los
+sacramentos!
+
+Tomado también, sin disparar un tiro, el Molino de Viento, y dejando
+este bien guarnecido, así como el fuerte, siguió Espartero hacia
+el caserío de Archanda, donde ocupó la misma casa en que habían
+celebrado la Navidad, con espléndida cena, los jefes carlistas Eguía
+y Villarreal. Aún encontraron la mesa puesta, y en ella restos de
+manjares, todo en desorden, como si los comensales hubieran tenido
+que salir escapados, mascando aún, y con las servilletas prendidas.
+Invadida la casa por la Plana mayor y ayudantes, Espartero tomó asiento
+en el comedor, y les dijo:
+
+—Ya ve España que he cumplido mi palabra. Salí para Bilbao, y en Bilbao
+estamos; al menos tenemos la llave de la puerta.
+
+—Mi general —dijo Gurrea, que no cesaba de dar órdenes referentes a
+provisiones de boca—, he mandado que nos hagan café.
+
+—Para ustedes. Yo sabes que ahora no lo tomo. Algo caliente tomaría
+yo... No he traído nada... No me dio tiempo a llenar la fiambrera...
+Oye, que me hagan unas sopas de ajo... Vino caliente quiero.
+
+—¿Qué tal se encuentra usted, mi general? —le preguntó Carondelet—.
+¿Apostamos a que el julepe de esta noche le sienta bien?... La gloria,
+entiendo yo, es buena medicina.
+
+—Hombre, sí... Yo creí que estaría peor. La misma excitación nerviosa
+me ha sostenido... Hubo un momento, lo confieso, en que los ánimos
+querían marchárseme. Fue cuando pregunté: «¿Dónde está la Guardia?»
+Y de un montón de cadáveres blanqueados por la nieve salió una voz
+moribunda que me dijo: «Aquí está lo que queda de la Guardia Real». Al
+oír esto, sentí ese frío mortal que me sale de los riñones, y por el
+espinazo me sube a la nuca... ¡Pero qué demonio! Di algunas patadas
+para soltar el frío y el miedo por las suelas de las botas..., vamos,
+que eché un nudo a todos los recelos, y también a los dolores que
+me atenazaban las entrañas, y me dije: «No fastidiar ahora... A la
+obligación; a reventar aquí, o a vencer». Dios nos ha favorecido: mandó
+a los truenos que tocaran el himno... No crean: cuando me eché de la
+cama, me daba el corazón que íbamos a cargarnos a toda la ojalatería
+habida y por haber... ¡Y eso que la noche, compañeros, ha sido de las
+que llaman a Dios de tú!
+
+—Mi general —dijo don Marcelino Oráa, entrando presuroso y risueño—,
+tengo una gallina asada, y me parece que después de lo que hemos hecho,
+bien podemos comérnosla tranquilamente.
+
+—Sí, hombre, sí; venga: nos la comeremos entre los dos... Pero mande
+usted que la calienten.
+
+—Ya están en ello. Los señores _desocupantes_ nos han dejado la cocina
+encendida.
+
+—¿Y hay fuego?
+
+—Magnífico. Y ahora lo estamos atizando más.
+
+—Pues vámonos allá... Estoy helado... A la cocina, señores.
+
+Y camino del fogón, don Baldomero, apoyado en el brazo de Carondelet,
+pues su dolor de riñones le molestaba más de la cuenta, decía:
+
+—¡Esos pobres soldados muertos de frío, al raso!... Que todos los
+cuerpos se provean de leña, que aquí la tendrían abundante los
+ojalateros... Que hagan hogueras... Y de rancho, que se les dé lo que
+haya, a discreción... Otro día se tasará; hoy no se tasa nada, pues
+ellos han dado _a tutiplén_ su sangre y el fuego de sus corazones...
+Lo que yo digo: «En días como este, debiera Dios hacer también algo
+extraordinario por los pobres soldados; y como es fiesta de Navidad,
+¿por qué no manda caer una buena lluvia de pavos, pero asaditos, y de
+añadidura capones?». Hombre, todo no ha de ser granizo y balas. Yo,
+señores, estoy que no puedo ya con mi alma. Y si a ustedes les parece,
+después que me haya comido mi parte de gallina y las sopas de ajo, si
+me las dan, descansaré un rato. Oráa, ¿a qué hora entramos en Bilbao?
+
+—Sobre las once me parece la mejor hora —dijo don Marcelino con la boca
+llena—. Allí no se han enterado todavía. No tardarán en subir bandadas
+de patriotas. El cuento es que de nutrición están peor que nosotros, y
+tendremos que darles de lo nuestro.
+
+Con estas bromas comían unos y otros, ofreciéndose recíprocamente
+y aceptando lo que cada cual tenía. Sin cesar entraban oficiales
+y paisanos más o menos armados, de los que se agregaron al Cuartel
+general.
+
+—¡Hola, Uhagón! —dijo Espartero—. Ya hemos salvado a su pueblo. Ya
+estará usted tranquilo. ¿Ve usted cómo no hay plazo que no se cumpla?
+
+—Locos de contentos están mis pobres _chimbos_. Ya se oye el repicar de
+todas las campanas de Bilbao.
+
+—¡Pobrecitos, qué ganas tendrán de vernos! Y yo a ellos también...
+Hola, Fernando: pase, pase. No creí que se hubiera usted atrevido
+a subir a este piso principal... bajando de las nubes. ¿Qué tal?
+¿Presenció usted la locura de anoche? ¿Vino usted a retaguardia?
+
+—No tan a retaguardia, mi general —dijo Calpena—, que dejara de ver los
+milagros del soldado español.
+
+—Milagro ha sido..., bien dicho está. Vea usted, vea usted, señor
+madrileño, cómo aquí sabemos cumplir.
+
+—Ya lo he visto, y si no lo viera, nunca lo hubiera creído. Nunca, digo
+yo, ha sido la verdad tan inverosímil.
+
+—Ya tiene usted que contar... Siéntese donde pueda, y busque un plato,
+que quiero obsequiarle con un alón de gallina.
+
+—Muchas gracias, mi general. Uhagón, Ordax y yo, merodeando en el
+Molino de Viento con otros amigos, hemos tenido la suerte de descubrir
+nada menos que un cordero asado, y una bandeja de arroz con leche.
+
+—¡Hombre, qué suerte! ¿Y no ha quedado nada?
+
+—Mi general: todo nos lo hemos comido.
+
+—Bien: hay que tomar fuerzas para entrar en la plaza. Ya tiene usted a
+Bilbao libre, a Bilbao abierta. Y allí las muchachas bonitas esperando
+a la juventud. Entrarán ustedes conmigo.
+
+—Si vuecencia nos lo permite, Uhagón y yo nos iremos por delante, a la
+descubierta, mi general. Los dos tenemos aquí familia.
+
+—Enhorabuena: váyanse ahora mismo si gustan..., y digan que a las once
+entraré con mi Estado Mayor a saludar a las autoridades de ese heroico
+pueblo, al pueblo todo, a la valiente guarnición, a la intrépida
+Milicia.
+
+Anunció a la sazón un ayudante que por el camino de Deusto subía mucha
+gente, comisiones de la Diputación y Ayuntamiento, y medio pueblo
+detrás. No esperaron más Uhagón y Calpena, y se fueron monte abajo
+salvando trincheras; pero como por los mismos vericuetos subía bastante
+gente, y entre ella muchos conocidos de Uhagón, a cada instante
+habían de detenerse. Entre saludos aquí, abrazos allá, y el contestar
+a los vivas, y el dar noticia sintética de los combates de la noche
+anterior, emplearon cerca de dos horas en llegar a Deusto. Ardiendo
+en impaciencia, Calpena tiraba de su amigo como de una impedimenta
+fastidiosa y necesaria. Cuando llegaban a la Salve, Uhagón hubo de
+contener el paso vivo de Fernando, diciéndole:
+
+—No corras, que aunque volaras, no habríamos de llegar tan pronto como
+deseas. Afortunadamente, al entrar en mi pueblo, no necesitarás hacer
+averiguaciones para encontrar lo que buscas. Conozco a los Arratias,
+Sabino y Valentín; conozco la casa de la Ribera. Lo que siento es no
+poder acompañarte: ya comprendes que he de ir inmediatamente a mi casa,
+y antes de llegar a ella encontraré parientes, familia, que me cogerán
+y me secuestrarán. Si no quieres venirte conmigo a casa, yo buscaré
+persona que te llevará a la Ribera... No puedes perderte... Sigues por
+esta orilla del Nervión. Ves el paseo del Arenal, y adelante siempre,
+junto a la ría; ves el teatro, y adelante... Y ya estás allí... Miras
+las puertas de las tiendas, y donde veas una fragata a toda vela...,
+una muestra con un barco pintado..., allí es.
+
+A poco de decir esto el bilbaíno, cayeron en un grupo entusiasta,
+frenético, en el cual más de veinte individuos abrazaron a Uhagón
+porque le conocían, a Calpena sin conocerle, y que quieras que no
+hubieron de detenerse a cantar odas y elegías ante los ahumados muros
+de San Agustín. Calpena no pudo ser insensible ni a las demostraciones
+de aquel patriotismo delirante, ni a la simpatía y afecto con que los
+desconocidos le llevaban de un lado a otro, enseñándole las gloriosas
+ruinas, los escenarios de muerte, trocados ya en históricos monumentos.
+
+Viéndose separado de Uhagón, que en el barullo fue arrastrado lejos de
+su amigo, los que rodeaban a Calpena dijéronle con cariñosa urbanidad:
+
+—Ya encontraremos a Celestino. Usted se vendrá a mi casa.
+
+Y todos se brindaban a llevársele en cuanto vieran entrar al general
+victorioso. Agradecido, se excusó el madrileño cortésmente, y sin darse
+cuenta del tiempo que engañoso transcurría, se dejó querer, se dejó
+llevar. Llegados a la Cendeja, el gentío les estorbó el paso. Quisieron
+retroceder, y se encontraron frente a otro tumulto y vocerío más
+grandes. Espartero se aproximaba con todo su Estado Mayor para entrar
+solemnemente en la plaza como libertador glorioso. En los remolinos del
+gentío para abrir calle, viose Calpena separado de los desconocidos
+que le acompañaban; buscoles con la vista; pero ni ellos ni Uhagón
+aparecían entre las mil caras de la muchedumbre, las cuales por la
+unidad del sentimiento que expresaban parecían pertenecientes a un solo
+ser. Imposibilitado de avanzar, arrimose a un paredón, y vio al general
+a pie, avanzando con marcial gallardía por delante de San Agustín,
+atravesando después por el paso que al efecto abrieron en la _Batería
+de la Muerte_. La exclamación popular en aquel hermoso momento; el
+estallido de la muchedumbre, confusa mezcla de entusiasmo, de gratitud,
+de duelo, de amor, fue como un llanto inmenso. Engranado en el
+conjunto, y partícipe de la total emoción, Calpena lloraba también con
+gritos de alegría.
+
+Mientras Espartero abrazaba en el Arenal a los jefes de la Milicia,
+los remolinos de gente llevaron a don Fernando de una parte a otra.
+No podía sustraerse al delirio del pueblo; sentía con él el júbilo
+de la victoria, y el dejo amargo de los pasados sufrimientos. La ola
+humana, que reventaba en cánticos, en vivas y clamores diversos,
+le arrastraba. Se sintió ciudadano de la valerosa villa; se sintió
+sitiado, hambriento, moribundo, redimido al fin por el propio esfuerzo
+y el del héroe que en aquel instante confundía su legítimo orgullo con
+el del vecindario, y su fe con la fe bilbaína.
+
+Hasta que fue pasando lo más fuerte de la emoción popular, no se vio
+Calpena fuera de la ola... Pensó en orientarse. Reconociendo el punto
+por donde había entrado, y observando el curso de la ría, restableció
+su rumbo. «Por esta orilla, siempre adelante», le había dicho Uhagón.
+No tardó en reconocer el teatro, y hacia él se encaminaba, cuando se
+inició un movimiento de la multitud en la propia dirección. Vacilaron
+un instante los grupos delanteros. Aquí decían que el general iba al
+Ayuntamiento; acullá, que a la Diputación. Pero debieron estar en lo
+cierto los que indicaban el primer punto, porque la masa de bilbaínos,
+ardiente, bulliciosa, entonando patrióticos cantos y enarbolando
+trofeos militares, corrió hacia la Ribera.
+
+«Hacia allá vamos todos», se dijo Calpena, dejándose arrastrar
+nuevamente por la ola y arrimándose todo lo que pudo al pretil de
+la ría para no perder su derrotero. Miraba una por una las casas
+fronteras, y antes de que terminara la curva que en aquella parte
+describe la línea de edificios, obediente al curso del Nervión, vio
+encima de una puerta una hermosa fragata navegando a toda vela. ¡Allí
+era!... La multitud llenaba por completo la vía desde las casas hasta
+el río. Sobre el mar de cabezas en movimiento navegaba la fragata en
+dirección contraria, embistiendo con su gallarda proa la corriente
+humana. Así lo vio Calpena, observando al propio tiempo que en los
+balcones inmediatos al barco no había gente, y que la puerta de la
+tienda estaba cerrada.
+
+Agarrose al pretil para zafarse de la ola, como el náufrago que se
+agarra a la peña. Realmente, trazas de náufrago tenía. El fango le
+llegaba a las rodillas; temblaba de ansiedad, de frío...
+
+
+FIN DE «LUCHANA»
+
+
+Santander (San Quintín), enero-febrero de 1899.
+
+
+
+*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 76572 ***