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+*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 75814 ***
+
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+ NOTAS DEL TRANSCRIPTOR
+
+En la versión de texto sin formatear el texto en cursiva está
+encerrado entre guiones bajos (_cursiva_) y el texto en Versalitas se
+representa en mayúsculas como en VERSALITAS.
+
+La ortografía del texto que compone la serie de cuentos que se incluyen
+no sigue las reglas actuales de la lengua española, sino las que
+estaban vigentes cuando la edición usada para la transcripción de esta
+obra fue publicada. El lector interesado puede consultar el mapa de
+Diccionarios Académicos de la Real Academia Española.
+
+En la presente transcripción se adecuó la ortografía de las mayúsculas
+acentuadas a las reglas indicadas por la RAE, que establecen que el
+acento ortográfico debe utilizarse, incluso si la vocal acentuada está
+en mayúsculas.
+
+Se han corregido errores evidentes de puntuación y otros errores
+tipográficos y de ortografía.
+
+El Índice con los títulos de las historias fue reubicado al principio
+de la obra.
+
+La portada de este libro electrónico fue modificada por el transcriptor
+y ha sido incluida en el dominio público.
+
+
+ * * * * *
+
+
+ OBRAS COMPLETAS
+ DE
+ EMILIA PARDO-BAZÁN
+
+ CONDESA DE PARDO-BAZÁN
+
+
+ EN TRANVÍA
+ (CUENTOS DRAMÁTICOS)
+
+
+ EMILIA PARDO-BAZÁN
+ CONDESA DE PARDO-BAZÁN
+
+ OBRAS COMPLETAS.--TOMO XXIII
+
+
+
+
+ EN TRANVÍA
+ (CUENTOS DRAMÁTICOS)
+
+ [Ilustración]
+
+ RENACIMIENTO
+ SOCIEDAD ANÓNIMA EDITORIAL
+ Calle de Pontejos, 8, 1.º
+ MADRID
+
+
+ Es propiedad.
+
+ Queda hecho el depósito que
+ marca la ley.
+
+
+ Imprenta de Prudencio Pérez de Velasco, Campomanes, 4.
+
+
+
+
+ ÍNDICE
+
+
+ Pág.
+
+ En tranvía 5
+
+ Adriana 15
+
+ Vitorio 23
+
+ Las desnudadas 31
+
+ Semilla heroica 39
+
+ Justiciero 45
+
+ Elección 53
+
+ La chucha 61
+
+ El vino del mar 73
+
+ Fuego á bordo 79
+
+ La paz 103
+
+ Suerte macabra 111
+
+ El guardapelo 119
+
+ La ventana cerrada 125
+
+ Infidelidad 133
+
+ De vieja raza 139
+
+ Benito de Palermo 145
+
+ Ley natural 153
+
+ El comadrón 159
+
+ El voto de Rosiña 167
+
+ Vivo retrato 173
+
+ El décimo 179
+
+ La puñalada 183
+
+ En el Santo 191
+
+ Santos Bueno 197
+
+ Sustitución 201
+
+ La compaña 209
+
+ La dentadura 215
+
+ Inspiración 221
+
+ Oscuramente 227
+
+ El ahogado 233
+
+ El molino 239
+
+ Aventura 249
+
+ El oficio de difuntos 257
+
+ Juan Trigo 265
+
+ El camafeo 273
+
+ Voz de la sangre 279
+
+
+
+
+ EN TRANVÍA
+
+Los últimos fríos del invierno ceden el paso á la estación primaveral,
+y algo de flúido germinador flota en la atmósfera y sube al purísimo
+azul del firmamento. La gente, volviendo de misa ó del matinal correteo
+por las calles, asalta en la Puerta del Sol el tranvía del barrio de
+Salamanca. Llevan las señoras sencillos trajes de mañana; la blonda de
+la mantilla envuelve en su penumbra el brillo de las pupilas negras;
+arrollado á la muñeca, el rosario; en la mano enguantada, ocultando el
+puño del _encas_, un haz de lilas ó un cucurucho de dulces, pendiente
+por una cintita del dedo meñique. Algunas van acompañadas de sus
+niños; ¡y qué niños tan elegantes, tan bonitos, tan bien tratados! Dan
+ganas de comérselos á besos; entran impulsos invencibles de juguetear,
+enredando los dedos en la ondeante y pesada guedeja rubia que les
+cuelga por las espaldas.
+
+En primer término, casi frente á mí, descuella un _bebé_ de pocos
+meses. No se ve en él, aparte de la carita regordeta y las rosadas
+manos, sino encajes, tiras bordadas de ojetes, lazos de cinta,
+blanco todo, y dos bolas envueltas en lana blanca también, bolas
+impacientes y danzarinas, que son los piececillos. Se empina sobre
+ellos, pega brincos de gozo, y cuando un caballero cuarentón que va á
+su lado--probablemente el papá--le hace una carantoña ó le enciende
+un fósforo, el mamón se ríe con toda su boca de viejo, babosa y
+desdentada, irradiando luz del cielo en sus ojos puros. Más allá, una
+niña como de nueve años se arrellana en postura desdeñosa é indolente,
+cruzando las piernas, luciendo la fina canilla cubierta con la estirada
+media de seda negra, y columpiando el pie calzado con zapato inglés
+de charol. La futura mujer hermosa tiene ya su dosis de coquetería;
+sabe que la miran y la admiran, y se deja mirar y admirar con oculta
+é íntima complacencia, haciendo un mohín equivalente á «Ya sé que
+os gusto; ya sé que me contempláis». Su cabellera, apenas ondeada,
+limpia, igual, frondosa, magnífica, la envuelve y la rodea de un halo
+de oro, flotando bajo el sombrero ancho de fieltro, nubado por la gran
+pluma gris. Apretado contra el pecho lleva un envoltorio de papel de
+seda, probablemente algún juguete fino para el hermano menor, alguna
+sorpresa para la mamá, algún lazo ó moño que la impulsó á adquirir su
+tempranera presunción. Más allá de este capullo cerrado va otro que se
+entreabre ya, la hermana tal vez, linda criatura como de veinte años,
+tipo afinado de morena madrileña, sencillamente vestida, tocada con una
+capotita casi invisible que realza su perfil delicado y serio. No lejos
+de ella, una matrona arrogante, recién empolvada de arroz, baja los
+ojos y se reconcentra como para soñar ó recordar.
+
+Con semejante tripulación, el plebeyo tranvía reluce orgullosamente al
+sol, ni más ni menos que si fuese landó forrado de rasolís, arrastrado
+por un tronco inglés legítimo. Sus vidrios parecen diáfanos; sus
+botones de metal deslumbran; sus mulas trotan briosas y gallardas; el
+conductor arrea con voz animosa, y el cobrador pide los billetes atento
+y solícito, ofreciendo en ademán cortés el pedacillo de papel blanco
+ó rosa. En vez del olor chotuno que suelen exhalar los cargamentos de
+obreros allá en las líneas del Pacífico y del Hipódromo, vagan por la
+atmósfera del tranvía emanaciones de flores, vaho de cuerpos limpios y
+brisas del iris de la ropa blanca. Si al hacerse el pago cae al suelo
+una moneda, al buscarla se entreven piececitos chicos, tacones Luis XV,
+encajes de enaguas y tobillos menudos. Á medida que el coche avanza por
+la calle de Alcalá arriba, el sol irradia más é infunde mayor alborozo
+el bullicio dominguero, el gentío que hierve en las aceras, el rápido
+cruzar de los coches, la claridad del día y la templanza del aire. ¡Ah,
+qué alegre el domingo madrileño, qué aristocrático el tranvía á aquella
+hora en que por todas las casas del barrio se oye el choque de platos,
+nuncio del almuerzo, y los fruteros de cristal del comedor sólo
+aguardan la escogida fruta ó el apetitoso dulce que la dueña en persona
+eligió en casa de Martinho ó de Prast!
+
+Una sola mancha noté en la composición del tranvía. Es cierto que
+era negrísima y feísima, aunque acaso lo pareciese más en virtud
+del contraste. Una mujer del pueblo se acurrucaba en una esquina,
+agasajando entre sus brazos á una criatura. No cabía precisar la edad
+de la mujer; lo mismo podía frisar en los treinta y tantos que en
+los cincuenta y pico. Flaca como una espina, su mantón parduzco, tan
+traído como llevado, marcaba la exigüidad de sus miembros: diríase que
+iba colgado en una percha. El mantón de la mujer del pueblo de Madrid
+tiene fisonomía, es elocuente y delator; si no hay prenda que mejor
+realce las airosas formas, que mejor acentúe el provocativo meneo de
+cadera de la arrebatada chula, tampoco la hay que más revele la sórdida
+miseria, el cansado desaliento de una vida aperreada y angustiosa,
+el encogimiento del hambre, el supremo indiferentismo del dolor, la
+absoluta carencia de pretensiones de la mujer á quien marchitó la
+adversidad, y que ha renunciado por completo, no sólo á la esperanza de
+agradar, sino al prestigio del sexo.
+
+Sospeché que aquella mujer del mantón ceniza, pobre de solemnidad sin
+duda alguna, padecía amarguras más crueles aún que la miseria. La
+miseria á secas la acepta con feliz resignación el pueblo español,
+hasta poco hace ajeno á reivindicaciones socialistas. Pobreza es el
+sino del pobre, y á nada conduce protestar. Lo que vi escrito sobre
+aquella faz, más que pálida, lívida; en aquella boca sumida por los
+cantos, donde la risa parecía no haber jugado nunca; en aquellos ojos
+de párpados encarnizados y sanguinolentos, abrasados ya y sin llanto
+refrigerante, era cosa más terrible, más excepcional que la miseria:
+era la desesperación.
+
+El niño dormía. Comparado con el pelaje de la mujer, el de la criatura
+era flamante y decoroso. Sus medias de lana no tenían desgarrones;
+sus zapatos bastos, pero fuertes, se hallaban en buen estado de
+conservación; su chaqueta gorda sin duda le preservaba bien del frío,
+y lo que se veía de su cara, un cachetito sofocado por el sueño,
+parecía limpio y lucio. Una boina colorada le cubría la pelona. Dormía
+tranquilamente; ni se le sentía la respiración. La mujer, de tiempo en
+tiempo, y como por instinto, apretaba contra sí al chico, palpándole
+suavemente con su mano descarnada, denegrida y temblorosa.
+
+El cobrador se acercó librillo en mano, revolviendo en la cartera la
+calderilla. La mujer se estremeció como si despertase de un sueño, y
+registrando en su bolsillo, sacó, después de exploraciones muy largas,
+una moneda de cobre.
+
+--¿Adónde?
+
+--Al final.
+
+--Son quince céntimos desde la Puerta del Sol, señora--advirtió el
+cobrador, entre regañón y compadecido--y aquí me da usted diez.
+
+--¡Diez!...--repitió vagamente la mujer, como si pensase en otra
+cosa.--Diez...
+
+--Diez, sí; un perro grande... ¿No lo está usted viendo?
+
+--Pues no tengo más--replicó la mujer con dulzura é indiferencia.
+
+--Pues quince hay que pagar--advirtió el cobrador con alguna severidad,
+sin resolverse á gruñir demasiado, porque la compasión se lo vedaba.
+
+Á todo esto, la gente del tranvía comenzaba á enterarse del episodio, y
+una señora buscaba ya su portamonedas para enjugar aquel insignificante
+déficit.
+
+--No tengo más--repetía la mujer porfiadamente, sin irritarse ni
+afligirse. Aun antes de que la señora alargase el perro chico, el
+cobrador volvió la espalda encogiéndose de hombros, como quien dice:
+«De estos casos se ven algunos». De repente, cuando menos se lo
+esperaba nadie, la mujer, sin soltar á su hijo, y echando llamas por
+los ojos, se incorporó, y con acento furioso exclamó dirigiéndose á los
+circunstantes:
+
+--¡Mi marido se me ha ido con otra!
+
+Éste frunció el ceño, aquél reprimió la risa; al pronto creímos que se
+había vuelto loca la infeliz, para gritar tan desaforadamente y decir
+semejante incongruencia; pero ella ni siquiera advirtió el movimiento
+de extrañeza del auditorio.
+
+--Se me ha ido con otra--repitió entre el silencio y la curiosidad
+general.--Una ladronaza pintá y rebocá como una paré. Con ella se ha
+ido. Y á ella la da cuanto gana, y á mí me hartó de palos. En la cabeza
+me dió un palo. La tengo rota. Lo peor, que se ha ido. No sé dónde
+está. ¡Ya van dos meses que no sé!
+
+Dicho esto, cayó en su rincón desplomada, ajustándose maquinalmente
+el pañuelo de algodón que llevaba atado bajo la barbilla. Temblaba
+como si un huracán interior la sacudiese, y de sus sanguinolentos ojos
+caían por las demacradas mejillas dos ardientes y chicas lágrimas. Su
+lengua articulaba por lo bajo palabras confusas, el resto de la queja,
+los detalles crueles del drama doméstico. Oí al señor cuarentón, que
+encendía fósforos para entretener al mamoncillo, murmurar al oído de la
+dama que iba á su lado.
+
+--La desdichada ésa... Comprendo al marido. Parece un trapo viejo. ¡Con
+esa jeta y ese ojo de perdiz que tiene!
+
+La dama tiró suavemente de la manga al cobrador, y le entregó algo. El
+cobrador se acercó á la mujer y la puso en las manos la dádiva.
+
+--Tome usted... Aquella señora la regala una peseta.
+
+El contagio obró instantáneamente. La tripulación entera del tranvía
+se sintió acometida del ansia de dar. Salieron á relucir portamonedas,
+carteras y saquitos. La colecta fué tan repentina como relativamente
+abundante.
+
+Fuese porque el acento desesperado de la mujer había ablandado y
+estremecido todos los corazones, fuese porque es más difícil abrir la
+voluntad á soltar la primer peseta que á tirar el último duro, todo el
+mundo quiso correrse, y hasta la desdeñosa chiquilla de la gran melena
+rubia, comprendiendo tal vez, en medio de su inocencia, que allí había
+un gran dolor que consolar, hizo un gesto monísimo, lleno de seriedad y
+de elegancia, y dijo á la hermanita mayor: «María, algo para la pobre».
+Lo raro fué que la mujer ni manifestó contento ni gratitud por aquel
+maná que le caía encima. Su pena se contaba, sin duda, en el número
+de las que no alivia el rocío de plata. Guardó, sí, el dinero que el
+cobrador la puso en las manos, y con un movimiento de cabeza indicó que
+se enteraba de la limosna: nada más. No era desdén, no era soberbia, no
+era incapacidad moral de reconocer el beneficio: era absorción en un
+dolor más grande, en una idea fija que la mujer seguía al través del
+espacio, con mirada visionaria y el cuerpo en epiléptica trepidación.
+
+Así y todo, su actitud hizo que se calmase inmediatamente la emoción
+compasiva. El que da limosna es casi siempre un egoistón de marca
+que se perece por el golpe de varilla transformador de lágrimas
+en regocijo. La desesperación absoluta le desorienta, y hasta
+llega á mortificarle en su amor propio, á título de declaración de
+independencia que se permite el desgraciado. Diríase que aquellas
+gentes del tranvía se avergonzaban unas miajas de su piadoso arranque
+al advertir que después de una lluvia de pesetas y dobles pesetas,
+entre las cuales relucía un duro nuevecito, del nene, la mujer no
+se reanimaba poco ni mucho, ni les hacía pizca de caso, Claro está
+que este pensamiento no es de los que se comunican en voz alta, y por
+lo tanto, nadie se lo dijo á nadie; todos se lo guardaron para sí y
+fingieron indiferencia, aparentando una distración de buen género y
+hablando de cosas que ninguna relación tenían con lo ocurrido--. «No
+te arrimes, que me estropeas las lilas»--. «¡Qué gran día hace!»--.
+«¡Ay! la una ya: cómo estará tío Julio con sus prisas para el
+almuerzo...»--Charlando así, encubrían el hallarse avergonzados, no de
+la buena acción, sino del error ó chasco sentimental que se la había
+sugerido.
+
+Poco á poco fué descargándose el tranvía. En la bocacalle de Goya
+soltó ya mucha gente. Salían con rapidez, como quien suelta un peso y
+termina una situación embarazosa, y evitando mirar á la mujer inmóvil
+en su rincón, siempre trémula, que dejaba marchar á sus momentáneos
+bienhechores, sin decirles siquiera: «Dios se lo pague». ¿Notaría que
+el coche iba quedándose desierto? No pude menos de llamarle la atención:
+
+--¿Adónde va usted? Mire que nos acercamos al término del trayecto. No
+se distraiga y vaya á pasar de su casa.
+
+Tampoco me contestó; pero con una cabezada fatigosa, me dijo
+claramente: «¡Quiá! Si voy mucho más lejos... Sabe Dios, desde el
+cocherón, lo que andaré á pie todavía».
+
+El diablo (que también se mezcla á veces en estos asuntos compasivos)
+me tentó á probar si las palabras aventajarían á las monedas en calmar
+algún tanto la ulceración de aquel alma en carne viva.
+
+--Tenga ánimo, mujer--le dije enérgicamente--.Si su marido es un mal
+hombre, usted por eso no se abata. Lleva usted un niño en brazos...
+para él debe usted trabajar y vivir. Por esa criaturita debe usted
+intentar lo que no intentaría por sí misma. Mañana el chico aprenderá
+un oficio y la servirá á usted de amparo. Las madres no tienen derecho
+á entregarse á la desesperación mientras sus hijos viven.
+
+De esta vez la mujer salió de su estupor; volvióse y clavó en mí sus
+ojos irritados y secos, de horrible párpado ensangrentado y colgante.
+Su mirada fija removía el alma. El niño, entretanto, se había
+despertado y estirado los bracitos, bostezando perezosamente. Y la
+mujer, agarrando á la criatura, la levantó en vilo y me la presentó.
+La luz del sol alumbraba de lleno su cara y sus pupilas, abiertas de
+par en par. Abiertas, pero blancas, cuajadas, inmóviles. El hijo de la
+abandonada era ciego.
+
+
+
+
+ ADRIANA
+
+
+Dejé caer el periódico, exclamando con sorpresa dolorosa:
+
+--¡Pero esa pobre Adriana! Morirse así, del corazón, casi de repente...
+¡Nadie estaba enterado que padeciese tal enfermedad!
+
+--Yo sí lo sabía--declaró el vizconde de Tresmes--, y aun sabía más:
+sabía cuándo y cómo adquirió el padecimiento, y es cosa curiosa.
+
+--Entérenos usted--suplicamos todos--. Y el vizconde, que rabiaba
+siempre por enterar, nos contó la historia siguiente:
+
+Adriana Carvajal, casada con Pedro Gomara, vivía dichosísima. Los
+esposos reunían cuanto se requiere para disfrutar la felicidad posible
+en el mundo: juventud y amor, salud y dinero, que son la salsa ó
+condimento de los dos primeros platos, sin él desabridos, amargos á
+veces. Faltábales, sin embargo, un heredero, un niño en quien mirarse;
+pero la suerte no había de mostrarse avara en esto, y les envió, por
+fin, el rapaz más lindo que pudo soñar la fantasía de una madre,
+apasionada y loca ya desde antes de la maternidad, como era Adriana.
+Al nacer el chico (á quien pusieron por nombre Ventura, en señal de
+la que les prometía su nacimiento) Adriana estuvo en grave peligro,
+y el doctor declaró que no volvería á tener sucesión. El delirio con
+que marido y mujer amaban á su Venturita, fué causa de que oyesen
+complacidos el vaticinio del doctor. ¡Un solo hijo, y todo para él!
+¡Adriana libre ya por siempre de riesgos y trabajos! Tanto mejor... y á
+vivir y á cuidar del retoño.
+
+Este se crió hermoso y lozano como una rosa. Yo, que no soy nada
+aficionado á chicos--advirtió sonriendo el vizconde de Tresmes--,
+confieso que aquél me hacía muchísima gracia. Aparte de su
+lindeza--parecía uno de los angelitos que pintaba Murillo, morenos y de
+pelo obscuro--, tenía un no sé qué simpático, una mezcla de inocencia y
+de picardía, una risa tan fresca, unas acciones tan imprevistas y tan
+originales, una precocidad--pero no de esas precocidades empalagosas
+de chiquillo sabio y serio, que me revientan, sino la precocidad de un
+diablillo con un ingenio celestial--, que, vamos, no había más remedio
+que llevarle juguetes y dulces, por el gusto de sentarle un rato sobre
+las rodillas.
+
+De la chifladura de sus padres sería inútil hablar, porque ustedes
+la adivinan. Estaban chochitos; no conocían otro Dios que el tal
+muñeco. Adriana no se había apartado un instante de su cuna, vigilando
+á la nodriza, arrebatándola el pequeño así que acababa de mamar,
+vistiéndole, desnudándole, bañándole y guardándole el sueño... Y así
+que empezó á interesarse por el mundo exterior, á tender las manitas
+y á pedir _tochas_, les faltó tiempo para darle cuanto deseaba y
+mil objetos más, que ni se le ocurrían ni podían ocurrírsele. La
+hermosa casa antigua con jardín que habitaban los Gomara se llenó
+de cachivaches. ¡Y bichos! El arca de Noé. Los caballos de cartón
+andaban mezclados con los pájaros vivos; sobre un ferrocarril mecánico
+veríais un pulcro galguito de carne y hueso; el coche tirado por
+carneros era abandonado por una gran caja dé soldados autómatas, que
+hacían el ejercicio... Crea usted que derrochaban dinero en semejantes
+chucherías, y yo le dije alguna vez á Adriana, porque tenía confianza
+con ella:
+
+--Hija, estáis malcriando á este pequeñín...
+
+--Déjale que se divierta ahora--me contestaba--; demasiado rabiará
+algún día... Ojalá pueda ofrecerle siempre lo que le haga dichoso.
+
+El repertorio de los juguetes y sorpresas se agota pronto, y no sabía
+ya Adriana qué nueva emoción dar á Ventura, cuando el cocinero de
+la casa, que había andado embarcado diez años y conservaba amigotes
+en todas las regiones del planeta, se descolgó un día regalando al
+chico un mono. Soy poco inteligente en Historia Natural, y no me
+pidan ustedes que clasifique la alimaña; sólo les diré que ni era de
+esos monazos indecorosos y feroces que nadie se atreve á tener en las
+casas, como el orangután, ni tampoco de esos titíes engurruminados
+y frioleros que se pasan la vida tiritando entre algodón en rama.
+Más bien era grande que pequeño; tenía el pelaje gris verdoso, y el
+hocico de un rojo mate, como el del hierro oxidado; se veía que estaba
+en la juventud y rebosando fuerza, y aunque goloso y travieso como
+toda la gente de su casta, no era maligno. Inteligente é imitador en
+grado sumo, no podía hacerse delante de él cosa que no parodiase, y su
+agilidad y presteza nos divertían muchísimo; era cosa de risa verle
+fingir que fregaba platos ó que rallaba pan en la cocina, y saltar
+sobre el lomo de los caballos para ayudar al lacayo en sus faenas de
+limpieza.
+
+Á pesar de la índole relativamente benigna del mono, su inquietud y su
+vivacidad obligaban á tenerle preso en una caseta con fuerte cadenilla,
+porque ya dos veces se había escapado á corretear por árboles y
+chimeneas; cuando se le soltaba había que vigilarle, y á Venturita,
+que acababa de cumplir los tres años y que idolatraba en el mono, era
+preciso guardarle también para que no desatase la cadenilla, pues lo
+hacía con habilidad singular.
+
+Una tarde que había yo almorzado en casa de Gomara y estábamos tomando
+café en un cenador del jardín--me acuerdo como si fuese ahora mismo,
+porque hay cosas que impresionan aunque uno no quiera--vimos cruzar
+como un rayo al mono; tan como un rayo, que más bien le adivinamos que
+le vimos. «Adiós, ya se ha escapado ese maldito de cocer», dijo Pedro
+Gomara levantándose; y Adriana, con sobresalto instintivo, lo primero
+que exclamó fué: «¿Dónde estará Ventura?». «Ése le habrá soltado, de
+fijo», respondió Pedro, que frunció el entrecejo ligeramente. En el
+mismo instante resonó un agudo chillido de mujer: un chillido que
+revelaba tal espanto, que nos heló la sangre; y voces de hombres,
+las voces de los criados que nos servían y que corrían hacia el
+cenador clamando con angustia: «señorito, señorito», nos obligaron á
+precipitarnos fuera. Adriana nos siguió sin decir palabra: un grupo
+formado por los sirvientes y la desesperada niñera nos rodeó, señalando
+hacia el tejado de la casa; y allí, al borde de la última hilera de
+tejas, sentado en el conducto de zinc que recogía las aguas de lluvia,
+estaba el mono con el niño en brazos.
+
+El padre, con ademanes de loco, iba á precipitarse al zaguán para subir
+á las buhardillas y salir al tejado; yo pedía ya una escalera para
+intentar el desatino de subir por ella á la formidable altura de tres
+pisos, cuando Adriana, muy pálida--¡qué palidez la suya, Dios!--y con
+los ojos fuera de las órbitas, nos contuvo, murmurando en voz sorda
+y cavernosa, una voz que sonaba como si pasase al través de trapos
+húmedos:
+
+--Por la Virgen... quietos... todos quietos... no se mueva nadie... Y
+silencio... no chillar... no chillar... hagan como yo... Quietos... si
+le asustamos le tira...
+
+Sentimos instantáneamente que tenía razón la madre, y quedamos lo
+mismo que estatuas. Era el mayor absurdo que intentásemos luchar
+en agilidad y en vigor, sobre un tejado, con un mono. Antes que nos
+acercásemos estaría al otro extremo del tejado, y el niño estrellado en
+el pavimento.
+
+Era preciso jugar aquella horrible partida: aguardar á que el mono,
+por su libre voluntad, se bajase con el niño. Yo miraba á Adriana;
+su palidez, por instantes, se convertía en un color azulado, pero
+no pestañeaba. El mono nos hacía gestos y muecas estrafalarias,
+apretando y zarandeando á su presa, y de improviso se oyó distintamente
+el llanto de la criatura, llanto amarguísimo, de terror; sin duda
+acababa de sentir que estaba en peligro, aunque no lo pudiese
+comprender claramente. La madre tembló con todo su cuerpo, y el padre,
+inclinándose hacia mí, sollozó estas palabras:
+
+--Tresmes, usted, que es buen tirador... Una bala en la cabeza... Voy
+por la carabina.
+
+Idea insensata, delirante, porque aun siendo yo un Guillermo Tell, al
+matar al mono hacíamos caer al niño; pero no tuve tiempo de negarme;
+intervino Adriana con un _no_ tan enérgico, que su marido se mordió los
+puños... Y la madre, terriblemente serena, añadió en seguida:
+
+--Si le miramos, nunca bajará... Hay que retirarse... Hay que
+esconderse; que no nos vea.
+
+Nos recogimos al cenador, desgarramos la pared de enredaderas, y desde
+allí, como se pudo, espiamos al enemigo. ¿Les estremece á ustedes
+la situación? ¡Pues estremézcanse más! Duró veinte minutos. Sí; los
+conté por mi reloj. En esos veinte minutos el mono depositó al niño
+en el tejado, le acarició como había visto hacer á la niñera, le
+obligó á pasear cogido de la mano, le aupó sobre la chimenea y le
+llevó á cuestas, á caballito--un sainete, que en otra ocasión nos
+haría desternillarnos.--Durante esos veinte minutos, Pedro anhelaba;
+á Adriana no se la oía ni respirar. Por fin el mono miró hacia abajo,
+hizo varios visajes, y cogiendo á Ventura, se descolgó rápidamente con
+su carga lo mismo que un funámbulo sin cuerda, al jardín... Entonces
+salimos con explosión todos--todos, menos la madre, que había caído
+redonda--y el animal, asustado, soltó al chico ileso y se refugió en su
+caseta...
+
+Aquella tarde Adriana sufrió dos sangrías, que no sacaron más que gotas
+negras--y desde entonces padeció del corazón--. Parecía que se había
+repuesto mucho en estos últimos años, pero ¡bah! la herida era mortal,
+y ella no lo ignoraba...
+
+--¿Y qué fué del mono?--preguntamos como chiquillos.
+
+--Tuve yo que pegarle el tiro... ¡Si viesen ustedes que me daba
+lástima!--repuso el vizconde.
+
+
+
+
+ VITORIO
+
+
+Sí, señores míos--dijo el viejo marqués, sorbiendo fina pulgarada
+de _cucarachero_, golpeando con las yemas de los dedos la cajita de
+concha, lo mismo que si la acariciase--. Yo fuí, no sólo amigo, sino
+defensor y encubridor de un capitán de gavilla. ¿No lo creen ustedes?
+¡Histórico, histórico! Á mi ladrón le ahorcaron en Lugo, y consta en
+autos.
+
+Lo que se ignoró siempre (los jueces, en ese punto, no consiguieron
+hacer ni tanto así de luz) es el verdadero nombre que llevaba el
+ladrón, allá en sus mocedades, antes de dedicarse á tan infamante
+oficio, cuando se educaba conmigo en el Colegio de Nobles de Monforte.
+Desde que se metió á capitán de forajidos, le conocieron por _Vitorio_:
+así le llamaremos: ¡líbreme Dios de echar baldón sobre una familia
+antigua é ilustre, y deshacer lo que el pobrecillo llevó á cabo con el
+valor que ustedes verán, si me atienden!
+
+Les aseguro que en el Colegio de Nobles no tuve compañero que me
+pareciese más simpático. De carácter vivo y vehemente, de inteligencia
+clara y feliz memoria, estudiaba con suma facilidad; los maestros
+estaban encantados de él. Al mismo tiempo, travesura que en el colegio
+se ejecutase, era sabido: ¿quién la discurrió? Vitorio. No sé qué
+maña se daba, que siempre era cabeza de motín, y todos nos poníamos
+á sus órdenes, reconociendo su iniciativa y su autoridad. Era en sus
+resoluciones tenacísimo y violento, pero pundonoroso hasta dejárselo de
+sobra, y, si alguien me dice entonces que Vitorio pararía en ladrón,
+creo que al tal le deshago yo la cara á bofetones.
+
+Como siempre fuí enclenque y enfermizo, Vitorio me había tomado bajo su
+protección, y más de una vez escarmentó á los colegiales que me jugaban
+pasaditas. Esto, y el ascendiente que ejercía por su manera de ser,
+hicieron que yo fuese consagrando á Vitorio apasionada adhesión.
+
+Un día recibió Vitorio cartas de su casa, y con ellas la amarguísima
+noticia de que su padre, que era viudo, se disponía á contraer segundas
+nupcias. El paroxismo de ira del muchacho, que adoraba en el recuerdo
+de su madre, fué tremebundo; espumaba de rabia, se retorcía, se quería
+romper la cabeza contra la pared del dormitorio. Le consolé lo mejor
+que supe, y, cuando ya le creía aplacado, he aquí que se levanta de
+noche y me propone que nos descolguemos por la ventana, atando las
+sábanas unas á otras, y que andando diez leguas, lleguemos á tiempo de
+impedir la boda de su padre. La fascinación de Vitorio era tal, que al
+pronto consentí en el absurdo proyecto, y si invencibles dificultades
+materiales no nos lo estorbasen, creo que lo realizamos.
+
+Poco tardé en salir del Colegio, y en bastantes años nada supe de
+Vitorio. Estudié Derecho en Compostela, me casé, enviudé, y, teniendo
+que arreglar cuestiones de intereses, me establecí en mi casa de aldea
+de los Adrales, situada entre Monforte y Lugo, en país montuoso.
+
+Hablábase mucho, en las veladas junto al fuego, de la gavilla que
+recorría aquellas inmediaciones, y de la original conducta de su jefe.
+Contábase que tenía prohibido matar y atormentar, á menos que le
+hiciesen resistencia; que jamás despojaba por completo una casa, sino
+que siempre cuidaba de dejar algún dinero á los robados, para que no
+careciesen de todo en los primeros instantes; que algunas veces sus
+robos llenaban el fin de reparar antojos de la suerte, pues daba al
+pobre lo del rico, al segundón lo del mayorazgo, al seminarista lo
+del racionero y al arrendatario lo del señor. Añadían que era galante
+con las damas, y que éstas, aunque robadas, no le querían mal, ni
+mucho menos. En resumen, la clásica silueta del _bandido generoso_; y
+si de Vitorio no hubiese más que decir, se podía ahorrar el relato ó
+sustituirlo por historias muy análogas, verbigracia, la de José María.
+
+Aun cuando yo, por precisión, guardaba en casa dinero (entonces no
+era tan fácil como hoy ponerlo á buen recaudo), y aunque no alardeo
+de valiente, ello es que las noticias referentes á la gavilla me
+alarmaron poco, y seguí cenando siempre con las ventanas abiertas--era
+muy calurosa la estación--y quedándome entretenido en leer hasta
+que me entraba sueño, sin pensar en cerrarlas. Una noche, estando
+bien descuidado, cátate, que, lo mismo que una bala, cae á mis pies
+un hombre, pálido, demacrado, con la ropa hecha trizas, y sin que
+yo tuviera tiempo á nada, exclama, cogiéndome de un hombro, en tono
+lastimero: «¡Sálvame, Jerónimo! Soy Fulano... tu compañero, tu antiguo
+amigo. Me persiguen. Mi vida está en tus manos».
+
+Le hice seña de que no temiese; corrí á atrancar la ventana con barra
+doble; cerré también las puertas, y tendí los brazos á Vitorio, porque
+ya le había reconocido. Aunque desfigurado y muy variado por la edad,
+reconstruí aquella cabeza hermosa, morena, de facciones tan delicadas y
+de tan viril expresión. No sin gran sorpresa mía, Vitorio se resistió
+á abrazarme, y murmuró fatigosamente: «Dame algo...; hace tres días
+que no pruebo alimento». Le serví de la cena que aún estaba allí
+sin recoger, y así que reparó sus fuerzas, me dijo: «No me abraces,
+Jerónimo. Soy el capitán de gavilla de quien tanto habrás oído, y por
+milagro no estoy en poder de los que quieren ahorcarme. Si me conservas
+algún cariño, ocúltame y déjame dormir; si no, échame, pero no digas á
+nadie cómo y dónde me conociste...».
+
+Existía en los Adrales un precioso escondrijo antiguo, una especie de
+desván practicado bajo otro desván, oculto por un segundo tabique, y
+con salida á una escalerilla recatada en el hueco de la pared, y que
+moría al pie del bosque. Allí metí á Vitorio, y aunque la fuerza que
+le perseguía rodeó mi casa, y aunque se la dejé registrar sin oponer
+reparo, no encontraron al fugitivo, ni era posible, á no estar en el
+secreto, que sólo sabíamos el mayordomo y yo. Conjurado el peligro,
+no quise que se alejase Vitorio hasta que descansó bien, se lavó, se
+afeitó, se vistió con ropa mía y tuvo en el cinto dos ricas pistolas
+inglesas y en la bolsa oro. No le pregunté palabra, no le dirigí
+observaciones ni le di consejos, y esta delicadeza fué, sin duda, la
+que le movió á decirme poco antes de marchar: «Jerónimo, ¿te acuerdas
+de la boda de mi padre y de aquel disparate que queríamos hacer en
+el colegio? Pues de no hacerlo vino mi perdición. Cuando llegué á mi
+casa, encontré dueña de ella á una madrastra que obligaba á mi hermana
+á que la sirviese, y que hasta la pegaba delante de mí, ¡delante de
+mí!,--tú me has conocido... Recordarás mi carácter... ¡Asómbrate! Yo,
+al pronto, supe reprimirme, y hablé á mi padre como un hombre habla á
+otro hombre. Le dije que quería llevarme á mi hermana, y que sólo le
+pedía algún auxilio en dinero para que ella no se muriese de hambre.
+Me contestó con desprecio, con enojo, y me ordenó que respetase á mi
+madrastra. Entonces, fuera de mí, le dije que mi madrastra no merecía
+respeto, y que se lo demostraría antes de un año. Y así fué, Jerónimo;
+á los pocos meses mi madrastra y yo... ¿Entiendes? ¡Me lo propuse y lo
+conseguí... lo conseguí! Por _aquello_, y no por _lo de ahora_, merezco
+que me cojan y me ahorquen... En fin, lo cierto es que mi padre no pudo
+dudar de su afrenta, y me echó de casa maldiciéndome, apaleándome y
+prohibiéndome que usase su nombre jamás. El resto ya lo sabes... Adiós;
+voy á reunirme con mi gente, que andará esparcida por la montaña».
+
+Desapareció, y supe que la gavilla se había retirado de aquellos
+contornos, metiéndose sierra adentro, por sitios casi inaccesibles.
+Dos años después del imprevisto lance, se habló mucho de un robo
+cometido por Vitorio en casa de un señor canónigo de Lugo. Consistía
+la originalidad en que el robo lo había realizado Vitorio solo, en
+una ciudad y á las doce del día. Hallábanse juntos el buen canónigo y
+cierto clérigo de misa y olla, jugando al tute, por más señas, cuando
+vieron entrar á un caballero apersonado y galán, que les saludó muy
+cortesmente. «Soy Vitoro»--dijo--«pero no se asusten ustedes, que no
+traigo ánimo de hacerles ningún mal. Entendámonos como se entiende
+la gente de buena educación; vengo por los cinco mil duros en onzas
+de oro que el señor canónigo guarda ahí, debajo de esa arquilla; con
+levantar un ladrillo numerado, aparecerá el escondrijo». «¡Cinco
+mil duros!» gritó el canónigo más muerto que vivo. «Pero, señor de
+Vitorio, ¡si jamás he poseído esa suma!». Y el clérigo, oficiosamente,
+exclamaba: «Ea, señor canónigo, no haya más; dé usted al señor de
+Vitorio esos cuartos, siquiera por la gracia, y la amabilidad con que
+los pide». «Déselos usted si los tiene, y no disponga de caudales
+ajenos», replicaba afligido el canónigo. Y Vitorio, siempre afable,
+añadía:--«Bien dice el señor canónigo; este cura, mientras le aconseja
+á usted que se desprenda de tan gruesa suma, se está escondiendo en
+la pretina una tabaquera de plata, como si Vitorio fuese algún ratero
+que cogiese porquerías semejantes. Pero señor canónigo, yo sé que
+los cinco mil duros ahí están; yo me veo en un grave apuro (que si
+no, no molestaría á persona tan respetable como usted). Buen ánimo;
+si puedo, he de restituírselos». Y con gallardo ademán entreabrió su
+abrigo, viéndose relucir la culata de unas pistolas (quizá las mías).
+El trémulo canónigo y el abochornado clérigo alzaron el ladrillo y
+entregaron á Vitorio los talegones. El forajido se inclinó, hizo
+mil cortesías, y los dos hombres, que con un grito hubieran podido
+perderle, se quedaron más de diez minutos sin habla, mientras él,
+tranquilamente, bajaba las escaleras.
+
+Sin embargo, el clérigo, que era sañudo y rencoroso, la tuvo guardada,
+como suele decirse. Un día de feria, saliendo de la catedral, creyó
+reconocer á Vitorio en un aldeano que llevaba á vender una pareja de
+bueyes, y le siguió con cautela. Notó que el aldeano tenía las manos
+blancas y finas, y corrió á delatarle. Hizo rodear la taberna donde
+había observado que entraba, y así cogieron en la ratonera al célebre
+capitán, á quien ya sin esperanzas de alcanzarle perseguían por montes
+y breñas.
+
+La causa de Vitorio tardó mucho en fallarse. Se susurraba que, por ser
+de muy esclarecida y calificada familia, no se atrevían los jueces á
+mandarle ahorcar, y que si revelaba su verdadero nombre, se le dejaría
+evadirse ó le indultaría la reina. Yo me encontraba entonces lejos de
+mi país, y las noticias en aquel tiempo no volaban como ahora. Por
+casualidad llegué á Lugo el mismo día en que pusieron en capilla á
+Vitorio. Corrí á verle, afectadísimo. Habíanme asegurado que la noche
+anterior una dama muy tapada, penetrando en la prisión, habló largo
+tiempo con Vitorio, y sospechando amoríos, compromisos, lazos que
+quedaban en el mundo, pregunté á mi antiguo compañero si tenía algo
+que encargarme para alguna mujer. «No, respondió sonriendo con calma;
+no tengo á nadie que me llore; la señora que estuvo á verme ocultando
+el rostro es mi hermana, á quien he prometido solemnemente dejarme
+ahorcar, sin que me arranquen mi nombre de familia. Y éste es el único
+favor que te pido, Jerónimo; ¡que nadie, nadie sepa nunca!... No he de
+deshonrar á mi padre dos veces».
+
+En efecto, Vitorio murió callando; el clérigo de la tabaquera de plata
+acudió á presenciar cómo perneaba en la horca; pero el señor canónigo,
+que no podía olvidar los finos modales con que le habían quitado sus
+cinco mil duros, aplicó muchas misas por el alma del infeliz.
+
+
+
+
+ LAS DESNUDADAS
+
+
+Una tarde gris, en el campo, mientras las primeras hojas que arranca
+el vendaval de otoño caían blandamente á nuestros pies, recuerdo que,
+predispuestos á la melancolía y á la meditación por este espectáculo,
+hablamos de la fatalidad, y hubo quien defendió el irresistible influjo
+de las circunstancias y de fuerzas externas sobre el alma humana, y
+nos comparó á nosotros, depositarios de un destello de la Divinidad,
+con la piedra que, impelida por leyes mecánicas, va derecha al abismo.
+Pero Lucio Sagris, el constante abogado de la espiritualidad y del
+libre albeldrío, protestó, y después de lucirse con una disertación
+brillante, anunció que, para demostrar lo absurdo de las teorías
+fatalistas, iba á referirnos una historia muy negra, por la cual
+veríamos que, bajo la influencia de un mismo terrible suceso, cada
+espíritu conserva su espontaneidad y escoge, mediante su iniciativa
+propia, el camino--, bueno ó malo, que en esto precisamente estriba la
+libertad.
+
+Pertenece mi historia--añadió--, á un cruento período de nuestras
+luchas civiles, después de la revolución de 1868; y evoca la siniestra
+figura de uno de esos hombres en quienes la inevitable crueldad
+y fiereza del guerrillero se exaspera al sentir en derredor la
+hostilidad y la enemiga de un país donde todos le aborrecen: hablo
+del contraguerrillero, tipo digno de estudio, que mueve á piedad y á
+horror. Mientras el guerrillero, bien acogido en pueblos y aldeas,
+encontraba raciones para su partida y confidencias para huir de la
+tropa ó sorprenderla descuidada, el contraguerrillero, recibido como
+un perro, sólo por el terror conseguía imponerse; siempre le acechaban
+la traición y la delación; siempre oía en la sombra el resuello del
+odio. En guerras tales, el país está de parte de los guerrilleros;
+ó, por mejor decir, las guerrillas son el país alzado en armas, y el
+contraguerrillero es el Judas contra el cual todo parece lícito, y
+hasta loable.
+
+Ahora, pues, el contraguerrillero de mi historia--supongamos que se
+llamaba el _Manco de Alzaur_--, había conseguido realizar el triste
+ideal de esta clase de héroes; al oir su nombre, persignábanse las
+mujeres y rompían á llorar los chicos. Interpelado el Gobierno en pleno
+Parlamento acerca de algunas atrocidades de aquel tigre, protestó de
+que eran falsas, y que, si fuesen verdad, recibirían condigno castigo;
+pero, realmente, las instrucciones secretas dadas al general encargado
+de pacificar el territorio en que funcionaba la contraguerrilla del
+_Manco_, encerraban la cláusula de dejarle terrorizar á su gusto,
+y cuanto más, mejor. Sin embargo, el general, á quien repugnaban
+y estremecían ciertos actos de barbarie, y que además tenía hijas
+y era padre tiernísimo, solía encargar mucho al contraguerrillero
+que, al menos, no se oprimiese violentamente á las mujeres; y el
+_Manco_ se comprometió á ello, jurando que si alguno de su partida
+incurría en tal delito, le cortaría inmediatamente las dos orejas.
+Los contraguerrilleros, que conocían las malas pulgas de su jefe, se
+guardaban bien de contravenir á lo mandado.
+
+Si en alguna ocasión lamentó el _Manco_ haber empeñado su formidable
+palabra al general, fué el día en que, evacuado por las fuerzas de
+Radica y Ollo el pueblo de Urdazpi, penetró la contraguerrilla en este
+foco del carlismo. Es de saber que el párroco de Urdazpi se encontraba
+desde hacía año y medio al frente de una partidilla, tan escasa en
+número como resuelta y hazañosa, y más de diez veces había puesto la
+ceniza en la frente al _Manco_, yéndole á los alcances, batiéndole,
+cogiéndole prisioneros y dispersando á su gente, con harto corrimiento
+y rabia del contraguerrillero. El odio al cura de Urdazpi era ya
+como un frenesí en el _Manco_, y en Urdazpi vivían cinco lindas y
+honestas muchachas, carlistas y devotas, sobrinas del párroco faccioso,
+hijas de su única hermana, fusilada por los liberales en la anterior
+guerra. Cuando trajeron ante el _Manco_, amarillas cual la muerte
+y tan sobrecogidas que ni podían llorar, á las cinco infelices, se
+alzó un tumulto en el alma feroz del contraguerrillero; la promesa
+al general combatía los ímpetus salvajes de un corazón sediento de
+venganza, la venganza inicua de ensañarse en la familia de su enemigo,
+y devolvérsela vilipendiada y manchada, como se devuelve un trapo
+que ha limpiado el suelo de la cámara donde se celebra orgía impura.
+Meditó un instante, frunciendo las hirsutas cejas, bajo las cuales
+escandecían dos ojos de brasa; de pronto, una sonrisa feroz dilató su
+boca; había encontrado el medio de no faltar á su palabra, y al mismo
+tiempo de mancillar al cura en la persona de sus sobrinas. Dió en
+vascuence una orden terminente, y poco después las cinco doncellas,
+enteramente despojadas de sus ropas, eran paseadas y empujadas al
+través de las calles del pueblo, entre rechifla, denuestos, golpes y
+groseros equívocos de los inhumanos que las rodeaban, ebrios de vino
+y de sangre. El _Manco_ había anunciado que sería reo de pena capital
+cualquiera de sus contraguerrilleros que no se limitase á mofarse de
+la desnudez de aquellas desdichadas vírgenes, las cuales, estúpidas
+de vergüenza, intentando velarse el rostro con el pelo, echándose por
+tierra para que el fango de las calles las sirviese de vestido, pedían
+con llanto entrecortado y desgarrador que las devolviesen su ropa y las
+fusilasen pronto; y al verlas como estatuas de dolorido é injuriado
+mármol, el _Manco_ en persona, ó satisfecho ó ablandado ya, escupió
+á los desnudos y mórbidos hombros de la más joven, y dijo con bestial
+risa:
+
+--Ahora, ya pueden volverse á su madriguera estas carcundas.
+
+Considerar el estado de ánimo de las sobrinas del cura después
+del afrentoso suplicio, es como si nos asomásemos á un abismo de
+desesperación. Nótese que eran mujeres de intachable conducta, de grave
+recato, de profunda religiosidad, más bien exaltada; que las respetaban
+en el pueblo por honradas y las celebraban por hermosas; que á pesar
+de su fe no tenían vocación monástica, y entre los mozos incorporados
+á la partida del cura, más de uno rondaba sus ventanas y pensaba en
+bodas á la conclusión de la guerra. Pero después del horrible atropello
+del _Manco_, para las sobrinas del párroco de Urdazpi se había cerrado
+el horizonte, se habían acabado las perspectivas de la vida y del
+mundo. La gente, al hablar de ellas, sólo las llamaba _las desnudadas_,
+y este apodo infamante era como inmensa mancha extendida sobre su
+piel, quemada por tantos impuros ojos. Abrumadas bajo la carga de la
+desventura, permanecían recluidas en casa, sin asomarse á la ventana
+siquiera, sin salir ni á la iglesia: ¡la iglesia, que es el refugio de
+todos los dolores! Como si estuviesen contaminadas de lepra, como á
+los lazarados que la Edad Media aislaba, les traía una amiga, movida á
+compasión, lo necesario para su sustento, y se lo dejaba en el portal,
+en un cesto, diariamente, pues ni aun de ella consentían ser vistas y
+habladas. Así vivieron un año...
+
+--Pues por ahora--dijimos á Lucio Sagris interrumpiéndole--su historia
+de usted demuestra que sometidas á unas mismas circunstancias, las
+cinco sobrinas del cura de Urdazpi adoptaron un género de vida
+absolutamente idéntico.
+
+--¡Aguarden, aguarden!--clamó Lucio--. No se ha concluido el episodio.
+Al año, la consabida amiga avisó para el entierro de una de las
+sobrinas, la menor: aquélla á cuyos cándidos hombros desnudos había
+escupido el _Manco_. Enferma de tristeza desde el día de su desgracia,
+había ocultado su padecimiento por no ver al médico, ó más bien porque
+el médico no la viese; y la primer salida de _la desnudada_ fué con los
+pies para adelante, camino del cementerio. Pocos días después dejó la
+casa otra _desnudada_, la mayor: hizo su viaje de noche, con la cara
+envuelta en tupido velo, y apareció en Vitoria, en la casa matriz de
+las religiosas de una orden que tiene por misión asistir á los enfermos
+y amparar á los niños abandonados.
+
+Quedaban solamente en Urdazpi tres de las sobrinas del cura; pero de
+allí á medio año escapáronse juntas dos de ellas, y se incorporaron á
+la partida, que por entonces recorría las cercanías en triunfo. Una
+de las muchachas tuvo ocasión de pelear como un hombre, con denuedo
+rabioso, contra las tropas liberales, hasta que una bala le atravesó el
+fémur y pereció desangrada; en cuanto á la otra...
+
+--¿Murió también?--preguntamos.
+
+--Peor que si muriese--contestó melancólicamente el narrador.--No
+sé qué será de ella; rodará por Bilbao; es lo probable. Ésa no supo
+comprender que por mucho que desnuden el cuerpo, el pudor y el decoro
+sólo se pierden cuando se desnuda el alma.
+
+--¿Y la quinta sobrina del cura de Urdazpi?
+
+--¡Ah! Ésa vive hoy al lado de su tío, que se acogió á indulto al
+terminar la guerra civil. Humilde y resignada, ya madura, atendiendo á
+sus labores domésticas y á sus devociones, no parece recordar que en
+algún tiempo quiso vivir apartada de sus semejantes... Y en el pueblo
+la respetan, ¡vaya si la respetan! Á pesar de que no puede olvidarse la
+espantosa acción del _Manco_, nadie se atrevería á llamarla _desnudada_
+en alta voz.
+
+
+
+
+ SEMILLA HEROICA
+
+
+Si la santidad de la causa es la que hace al mártir, lo mismo podremos
+decir del héroe--declaró Méndez Relosa, el joven médico que desde un
+rincón de provincia empezaba á conquistar fama envidiable.--Sólo es
+héroe el que se inmola á algo grande y noble. Por eso aquel pobre
+arrapiezo, á quien asistí y que tanto me conmovió, no merece el nombre
+de héroe. Á lo sumo fué una semilla que, plantada en buena tierra,
+germinaría y produciría heroísmo...
+
+--Con todo--objeté--si respecto al mártir las enseñanzas de la Iglesia
+nos sacan de dudas, sobre el héroe cabe discutir. El concepto del
+heroísmo varía en cada época y en cada pueblo. Acciones fueron heroicas
+para los antiguos, que hoy llamaríamos estúpidas y bárbaras. Hasta que
+los ingleses lo prohibieron, en la India se creía--y se creerá aún, es
+lo probable--que constituye un rasgo sublime, edificante, gratísimo
+al cielo, el que una mujer se achicharre viva sobre el cadáver de su
+marido.
+
+--No niego--declaró Méndez--que la gente llama heroísmo á lo que
+realiza su ideal, y que el ideal de unos puede ser hasta abominable
+para otros. El embrión de héroe cuya sencilla historia contaré, estuvo
+al diapasón de ciertos sentimientos arraigados en nuestra raza. Lo que
+le causó esa efervescencia que hace despreciar la muerte, fué _algo_
+que embriaga siempre al pueblo español. Lo único que revela que el
+ideal á que aludo es un ideal inferior, por decirlo así, es que para
+sus héroes, aclamados y adorados en vida, no hay posteridad; no se les
+elevan monumentos, no se ensalza su memoria...
+
+--Las plazas de toros--continuó después de una breve pausa--han
+cundido tanto en el período de reacción que siguió á la revolución de
+septiembre, que hasta nuestra buena ciudad de H*** se permitió el lujo
+de construir la suya,--á la malicia, de madera, pero vistosa.--Cuando
+se anunció que el célebre _Moñitos_, con su cuadrilla, estrenaría
+la Plaza durante las fiestas de nuestra patrona la Virgen del Mar,
+despertóse en H*** más que entusiasmo, delirio. No se habló de otra
+cosa desde un mes antes; y al llegar la gente torera, nos dió--no me
+exceptúo--por jalearla, obsequiarla, convidarla y traerla en palmitas
+desde la mañana hasta la noche. Les abrimos cuenta en el café, les
+abrumamos á cigarros y les inundamos de jerez y manzanilla. Nos
+cautivaba su trato franco y gravemente afable, aunque tosco; nos hacía
+gracia su ingenuidad infantil, su calma moruna, aquel fatalismo que
+les permitía arrostrar el peligro impávidos, y, en suma, aquel estilo
+plebeyo, pero castizo, de grato sabor nacional. En pocos días cobramos
+afición á unos hombres tan desprendidos y caritativos, valientes
+hasta la temeridad y nunca fanfarrones, creyendo descubrir en ellos
+cualidades que atraían y justificaban la simpatía con que en todas
+partes son acogidos.
+
+Yo me aficioné especialmente á un mocito como de quince años, pálido,
+desmedrado, nervioso, que atendía por el alias de _Cominiyo_. Venía la
+criatura con los toreros en calidad de _mono sabio_, y era la perla de
+su oficio: un chulapillo vivo y ágil como un tití, que parecía volar.
+Desde la primera de las cuatro corridas de aquella temporada en H***,
+_Cominiyo_ llamó la atención y se ganó una especie de popularidad por
+su arrojo, su agilidad de tigre, sus gestos cómicos y su oportunidad
+en acudir adonde hacía falta. La parte que representaba _Cominiyo_ en
+el drama desarrollado en el redondel era bien insignificante; pero
+él se ingeniaba para realzar un papel tan secundario, y cuando de
+los tendidos brotaban frases de elogio para el rapaz, sus macilentas
+mejillas se iluminaban con pasajero rubor de orgullo, y sus ojos
+negros, ricamente guarnecidos de sedosas pestañas, irradiaban triunfal
+lumbre.
+
+_Cominiyo_ me había confiado sus secretas ambiciones. Como el poeta de
+bohardilla sueña la coronación en el Capitolio; como el recluta sueña
+los tres entorchados; como obscuro escribiente la poltrona, _Cominiyo_
+soñaba ser picador. En vez de ir á las ancas del caballo, quería ir
+delante, luciendo la fastuosa chaquetilla de doradas hombreras, el
+ancho sombrerón de fieltro, los calzones de ante, el rígido atavío de
+esos hombres curtidos y recios, de piel de badana, en que no hacen
+mella los batacazos. Pero, ¿cuándo lograría _Cominiyo_ ascender tan
+alto? Probablemente así que hubiese demostrado de una manera indudable
+su gran corazón; así que hiciese «una hombrá». Y dispuesto estaba á
+hacerla á cualquier hora, y más que dispuesto deseoso, que el valor
+pide ocasión y tiempo.
+
+En la cuarta corrida presentóse la ocasión tan anhelada, y por cierto
+que con trágico aparato. El tercer toro, hermoso bicho, de gran poder,
+dió un juego tal desde que salió á la plaza, que llegó á causar cierto
+pánico: como aquél pocos. Después de destripar por los aires á dos
+caballos, la emprendió con el que montaba el picador Bayeta, y en un
+santiamén dejó al jinete aplastado bajo la cabalgadura, en la cual se
+ensañó y cebó furioso. Crítica era la situación del picador: el peso
+del jaco le asfixiaba, y si se rebullese, con él la emprendería el
+toro. En vano la cuadrilla, á capotazos, quería engañar y distraer á la
+fiera, y Bayeta, ahogándose, asomaba la cabeza por detrás del espinazo
+del jaco moribundo. Ya el toro se lanzaba hacia la nueva presa, y ya
+el picador se veía recogido y despedido hasta las nubes, cuando una
+figurilla menuda apareció firmemente plantada sobre el vientre del
+tendido caballo, y, retando al toro con temeraria bizarría, le hirió
+repetidas veces con la mano en el inflamado morro y hasta osó juguetear
+con los agudos cuernos... mientras salvaban al picador. _Cominiyo_,
+que realizada la proeza intentaba salir escapado, saltó hacia atrás,
+resbaló en la viscosa sangre, un charco rojo que el caballo había
+soltado de los pulmones, y el toro le pilló allí mismo, contra las
+tablas, y le enganchó y levantó en alto y le dejó caer inerte.
+
+Corrí á la enfermería y reconocí la herida del muchacho, comprobando
+una cosa horrible que, á pesar de la impasibilidad profesional, me
+causó grima. El toro había cogido á _Cominiyo_ por la espalda, en la
+región lumbar; sin duda la fiera tenía astillado el cuerno, y en la
+astilla sacó un jirón del hígado, una sangrienta piltrafa. _Cominiyo_
+no tenía salvación, y su lucha con la muerte, sostenida por la juventud
+y la índole de la misma lesión, fué larga y cruel. Ocho días le
+devoró la fiebre inflamatoria, y como él ignoraba la gravedad de la
+herida, se agitaba en un frenesí de alegres esperanzas y de ambiciosas
+aspiraciones. La ovación tributada á su hazaña le tenía borracho de
+gozo, y me decía entusiasmado, mientras yo trataba de calmar sus
+dolores, que eran atroces, sobre todo al principio:
+
+--Me he portao como los hombres. Digasté, ¿seré picador?
+
+El día en que le acompañamos al cementerio, yo, al ver que le echaban
+encima la húmeda tierra, pensé mucho sobre el heroísmo. Sería una
+irrisión plantar laureles en la sepultura del rapaz... y, sin embargo,
+á mí me parecía que de la misma madera del alma de _Cominiyo_ están
+hechas las almas de algunos que podrían reclamar la sombra del árbol
+sagrado para su tumba.
+
+Mientras regresábamos comentando la suerte del atrevido mono sabio, yo
+recordaba una copla popular:
+
+ Hasta la leña en el monte
+ tiene su separación:
+ una sirve para santos,
+ otra para hacer carbón.
+
+
+
+
+ JUSTICIERO
+
+
+De vuelta del viaje, acababa el _Verdello_ de despachar la cena, regada
+con abundantes tragos del mejor Avia, cuando llamaron á la puerta de la
+cocina y se levantó á abrir la vieja, que, al ver á su nieto, soltó un
+chillido de gozo.
+
+En cambio, _Verdello_, el padre, se quedó sorprendido, y, arrugando el
+entrecejo severamente, esperó á que el muchacho se explicase. ¿Cómo se
+aparecía así, á tales horas de la noche, sin haber avisado, sin más ni
+más? ¿Cómo abandonaba, y no en víspera de día festivo, su obligación en
+Auriabella, la tienda de paños y lanería, donde era dependiente, para
+presentarse en Avia con cara compungida, que no auguraba nada bueno?
+¿Qué cara era aquélla, rayo? Y el _Verdello_, hinchando de cólera su
+cuello de toro, iba á interpelar rudamente al chico, si no se interpone
+la abuela, besuqueando al recién venido y ofreciéndole un plato de
+guiso de bacalao con patatas, oloroso y todavía caliente.
+
+El muchacho se sentó á la mesa frente á su padre. Engullía de un modo
+maquinal: conocíase que traía hambre, el desfallecimiento físico de
+la caminata á pie, en un día frío de enero; al empezar á tragar daba
+diente con diente, y el castañeteo era más sonoro contra el vidrio del
+vaso donde el vino rojeaba. El padre, picando una tagarnina con la
+uña de luto, dejaba al rapaz reparar sus fuerzas. Que comiese... que
+comiese... Ya llegaría la hora de las preguntas.
+
+No tenía otro hijo varón; una hija, ya talluda, se había casado allá en
+Meirelle ¡lejos! Este chico, Leandro, endeble nació y endeble se crió.
+Al cabo, fruto de una madre tísica. Para proporcionarles bienestar á
+la madre y al hijo, el _Verdello_ trajinaba día y noche por anchas
+carreteras y senderos impracticables, ejercitando con ardor su tráfico
+de arriería, comprando en las bodegas de los señores cosecheros y
+revendiendo en figones y tabernas el rico zumo de las vides avienses.
+Vino que catase y adquiriese el _Verdello_, vino era ¡voto al rayo!
+y vino de recibo en color y sabor. No necesitaba el arriero, para
+apreciar la calidad del líquido, beber de él: se desdeñaría de hacer
+tal cosa. Le bastaba, estando en ayunas, echar dos ó tres gotas en la
+punta de la lengua, esto para el sabor: y para el color, otras tantas
+en la manga de la camisa, arremangada sobre el fornido brazo. Tal
+mancha, tal calidad. Y allí quedaban las manchas color de violeta,
+como armas parlantes de la arriería. El _Verdello_ podía decir, con
+sólo mirar á las manchas, qué bodegas del Avia daban el vino más
+honradamente moro.
+
+¡Buen oficio el de arriero! ¡Buen oficio para el hombre que gasta pelos
+en el corazón, que de nada se asusta y se lleva en el cinto sus cuatro
+docenas de onzas, ó, ahora que no hay onzas, su fajo de billetes de á
+cien, y como seguro de las onzas y los billetes, en un bolsillo del
+chaquetón el revólver cargado, y en el otro la navaja, amén de la vara
+de aguijón con puño y á veces la escopeta de tirar á las perdices en
+tiempo de vacaciones! Porque hay sitios de la carretera que se pueden
+pasar durmiendo; pero los hay que es poco rezar el Credo, y conviene
+estar dispuesto á santiguar á tiros á los bromistas. Ya se habían
+querido divertir con _Verdello_, y un corte de hoz y dos abolladuras de
+estacazo tenía en la cabeza; pero llevó qué contar el gracioso. Mejor
+dicho, no lo contó más que una semana.
+
+Y sólo un _Verdello_ es capaz de andar siempre atravesado por los
+caminos, sin parar y aguantando heladas, lluvias y calores. Así es que
+no quiso que Leandro siguiera el perro oficio. El muchacho estaría
+mejor á la sombra, bajo tejas, abrigado y comiendo á sus horas. Y así
+que cumplió los trece años, le colocó en una tienda de Auriabella, una
+casa muy decente. Al despedirse del chico con efusión de cariño brusco
+y bárbaro, medio á pescozones, el padre le leyó la cartilla: «Aquí se
+cumple... Aquí el hombre se porta, y si no, ojo conmigo... Honradez...
+Trabajar... Como te descuides en lo menor, ya puedes prepararte,
+¡rayo!».
+
+No hubo necesidad de desplegar rigor. El principal de Leandro escribía
+satisfecho. Era listo el chiquillo, sabía despachar, complacer, y
+ascendía poco á poco desde la escoba de barrer la tienda y las cabezas
+de cardo de alzar el pelo á los paños, al libro de contabilidad. Con
+el tiempo vendría á ser el alma del establecimiento. La mujer del
+_Verdello_, devorada por la consunción, murió tranquila respecto al
+porvenir de su hijo, viéndole ya en su fantasía tendero acomodado,
+grueso, tranquilo, de levita los domingos y en el bolsillo del chaleco
+su buen reloj de oro.
+
+Viudo, sin más compañía que la vieja, el _Verdello_, aunque robusto y
+atlético, no pensaba en volver á casarse. Que se casase el rapaz, que
+ya tenía sus diecinueve años. Alusiones y reticencias del principal
+habían puesto al padre en sospechas de que Leandro andaba en pasos algo
+libres. ¡Cosas de la edad! Que no le distrajesen de la obligación... y
+lo demás no importa. ¿Á qué venía el ceño del patrón, cuando reconocía
+que el chico no faltaba de su sitio nunca, y ni el mostrador ni la
+caja quedaban desamparados ni un minuto? ¿Pues acaso él, el propio
+_Verdello_, si rodaba por mesones y tugurios de ciudades, no tenía sus
+desahogos, sin otras consecuencias? ¡Bah! Un hombre es un hombre... y
+con más motivo, un rapaz.
+
+Sin embargo, al verle llegar así, á horas impensadas, cabizbajo,
+desencajado, el padre sintió allá dentro algo cortante y frío, como
+el golpe de un puñal. ¿Qué sucedía? ¿Qué embuchado era aquél, demonio?
+Y la mirada de sus pupilas fieras se clavaba en Leandro, queriendo
+encontrar otras pupilas que rastreaban por el plato, mientras los
+blancos dientes seguían castañeteando, ó de miedo ó de frío...
+
+Acabóse la cena y salió abuela á preparar la cama, á rebuscar un jergón
+y una manta, proyectando la añadidura de sus refajos colorados, ¡helaba
+tanto aquella noche--! y sólo ya el padre con el hijo, salió disparada
+la pregunta.
+
+--¿Tú qué hiciste? ¡Rayo! ¿Tú qué hiciste? Sin mentir...
+
+Como el muchacho callase, dando mayores señales de abatimiento, el
+_Verdello_ pateó, y en un arranque, soltó la bomba:
+
+--¡Tú has robado! ¡Tú has robado!
+
+Con inmensa angustia, con movimiento infantil, Leandro quiso echarse
+en brazos del padre; pero éste le rechazó de un modo instintivo y
+violento, lanzándole contra la pared. El muchacho rompió á sollozar,
+mientras el arriero, entre juramentos y blasfemias, repetía:
+
+--¡Has robado... cochino! Robaste la caja, robaste á tu principal...
+¡Para pintureros vicios! Y ahora lloras... ¡Rayo de Judas! ¡Me...!
+
+Echaba espuma por la boca, braceaba, cerraba los puños... De repente
+se aquietó. Para quien le conociese, era aquella quietud muy mala
+señal. Callado, derecho en medio de la cocina, alumbrado por el
+hediendo quinqué de petróleo y las llamas del hogar, parecía una
+grosera estatua de barro pintado, con trágicos rasgos en el rostro,
+donde se traslucían los negros pensares. ¡Tener un ladrón en casa!
+Él, el _Verdello_, había sido toda la vida hombre de bien á carta
+cabal: su palabra valía oro, sus tratos no necesitaban papel sellado,
+ni señal siquiera. Palabra dicha, palabra cumplida. En las bodegas y
+las tabernas ya conocían al _Verdello_. Traficar y ganar; pero con
+vergüenza, sin la indecencia de quitar un ochavo á nadie... ¿Quién se
+fiaría ya del padre de un ladrón? ¡Rayos! Y con desdén glacial, como si
+escupiese un resto de colilla, arrojó al rostro del muchacho la frase:
+
+--El robar no te viene de casta.
+
+No hubo más respuesta que sollozos, y el padre añadió con la misma
+frialdad:
+
+--¿Cuánto cogiste? Porque mañana temprano salgo yo á devolverlo.
+
+Alentó algo el culpable, y tratando de asegurar la voz, murmuró
+débilmente y entre hipos:
+
+--Ciento noventa y siete pesos y dos reales...
+
+No pestañeó el arriero. Podía pagar. Se quedaba sin economías, pero...
+¡Dios delante! Eso, en comparanza de otras cosas... Mientras echaba
+sus cuentas, con la mano derecha se registraba faja y bolsos, sin duda
+requisando el capital que guardaba allí, fruto de las ventas realizadas
+en Cebre y en Parmonde... Acabado el registro, se volvió hacia el
+muchacho, y señaló á la puerta trasera de la cocina:
+
+--Anda ahí fuera. ¡Listo!
+
+¿Fuera? ¿Á qué? No servía replicar. Leandro obedeció. ¡Qué bocanada
+de hielo al entrar en la corraliza! La noche era de las de órdago: las
+estrellas competían en brillar en el cielo, la escarcha en el suelo,
+y el pilón del lavadero se acaramelaba en la superficie. El mastín
+de guarda ladró al divisar á los dos hombres; pero su fiel memoria
+afectiva le iluminó al instante, y loco de alegría se arrojó á Leandro,
+apoyándole en el pecho las patas. Y cuando padre é hijo pasaron el
+portón de la corraliza, el can echó detrás, meneando todavía la cola,
+brincando de gozo. Anduvieron por sembrados y maizales cosa de un
+cuarto de hora, hasta que el _Verdello_ hizo alto al pie de las tapias
+de un huerto, derruidas ellas y abandonado él. Y empujando al muchacho,
+le arrimó al tapial, y se colocó enfrente, ya empuñado el revólver.
+
+Leandro se desvió con un salto rápido, de instinto animal. Comprendía,
+y su juventud, la savia de los veinte años, protestaba sublevándose.
+¡No, morir no! Quiso correr, huir á campo traviesa. Y aquel temblor
+de antes, el de los dientes, el de las manos, descendió á sus piernas
+flacuchas de mozo enviciado en mujerzuelas, y le doblegó, y le hizo
+caer postrado, medio de rodillas, balbuceando:
+
+--¡Perdón! ¡Perdón!
+
+El padre se acercó; vió á la semiclaridad de los astros dos ojos
+dilatados por el terror, que imploraban... é hizo fuego, justamente
+allí, entre los dos ojos, cuya última mirada de súplica se le quedó
+presente, imborrable. Cayó el cuerpo boca abajo, y el golpe sordo y
+mate contra la tierra endurecida por la helada sonó extrañamente; el
+perro exhaló un largo aullido, y el arriero se inclinó; ya no respiraba
+aquella mala semilla.
+
+
+
+
+ ELECCIÓN
+
+
+Lentamente iba subiendo la cuesta el carro vacío, de retorno, y sus
+ruedas producían ese chirrido estridente y prolongado que no carece
+de un encanto melancólico cuando se oye á lo lejos. Para el labriego,
+es causa de engreimiento la agria queja del carro--pero esta vez, en
+el corazón de Telme, resonaba con honda tristeza--. Á cada áspero
+gemido sangraba una fibra. Tranquilos en su vigor, los bueyes pujaban,
+venciendo el repecho; la querencia les decía que por allí iban
+derechos al brazado de hierba, acabado de apañar. Sus hocicos babosos,
+recalentados por la caminata, se estremecían aspirando la brisa del
+anochecer, en que flotaba el delicioso perfume de la pradería.
+
+Á la puerta de la casucha esperaba la mujer de Telme, la tía Pilara,
+seca, negruzca, desfigurada, más que por la maternidad y los años, por
+las rudas faenas campestres. Ayudó Pilara á su marido á desuncir el
+carro, y mientras él encendía un cigarrillo, acomodó los bueyes en
+el establo, separado por un tabique del _leito_ conyugal. No cruzaron
+palabra. No era que no se quisieran; al contrario, queríanse bien
+aquellos dos seres, á su modo; sino que el labriego es lacónico de
+suyo, y la absoluta comunidad de intereses hace entenderse sin gastar
+saliva. La actitud de Telme y su gesto decían á Pilara cuanto la
+importaba saber. El hijo había salido útil, según el reconocimiento...
+y por ende ya era _del rey_; era soldado.
+
+Con un nudo á la garganta, con escozor en los párpados, dispuso Pilara
+la cena, colocando sobre la artesa las dos escudillas de humeante
+caldo _de pote_. Las despacharon, y, ahorrando luz, se acostaron al
+punto. Oíase el rumiar de los bueyes, moliendo la hierba jugosa, y
+no se oía á marido y mujer rumiar la pena, atravesada en el gaznate.
+Dieron vueltas. Suspiró Pilara; Telme gruñó. ¡Vete noramala, sueño de
+esta noche! De pronto--aún no pensaban en cantar los gallos--saltó de
+la celdilla que sirve de cama al campesino mariñán, y encendiendo un
+_misto_ y la candileja de petróleo, pasó al establo y se dispuso á
+sacar la yunta. Pilara, sorprendida, medio soñolienta, le siguió. ¿Qué
+era aquello? ¿Iba á la feria, por fin? Que esperase tan siquiera hasta
+que ella trajese para los animales otra carga de _herbiña_... Y el
+labriego, brusco y sombrío, respondió á media habla:
+
+--No es menester... No van con el carro... No llevan más labor que
+echar una pata delante de otra...
+
+La mujer se quedó como de piedra. No insistió ¿Para qué? Sobraban las
+explicaciones. Había comprendido. La limitada vida del labriego se
+compone de hechos de significación indudable. Quien lleva á la feria la
+yunta sin el carro, va á venderla. Á eso iba Telme: á deshacerse de sus
+hermosos bueyes para librar al mozo.
+
+Pasado el primer instante, como barril de mosto al que le quitan el
+tapón, se soltó á chorros la aflicción de Pilara. La marcha de los
+bueyes, para no volver más, era cosa tan dura, que la aldeana sintió
+un dolor físico en las entrañas: la arrancaban lo mejor de su casa,
+lo mejor de la parroquia, lo bueno del mundo. ¡En cuatro leguas _de
+arredor_ no había yunta como aquélla, bueyes tan parejos, tan rojos,
+de un rojo brillante como el limpio cobre, tan gordos, tan grandes, de
+tanta ley para el trabajo, y tan mansos y amorosos, que un chiquillo de
+siete años los lindaba!
+
+Verdad que tampoco se conocía otro rapaz como Andresiño, más garrido,
+más sano, más hombre... ¡Y también querían arrebatárselo! ¡Nuestra
+Señora nos ayude, San Antonio nos valga! Pilara sollozaba á gritos,
+arañándose el atezado rostro.
+
+Telme, entretanto, en la corraliza, pasaba el _adival_ por entre las
+astas de los bueyes, y rezongaba, rechazando á su desconsolada mujer.
+
+--¡Pues ó los bueyes ó el mozo! Una de dos.
+
+Echó la aldeana los brazos al buey de la izquierda, el Marelo--el más
+guapo y forzudo, el que lucía una estrellita blanca en el testuz--y
+á su manera, torpemente y hociqueando, besó los anchos ojos, tibios y
+pestañudos, de la bestia.
+
+La caricia equivalía á una despedida: la madre, lo mismo que el padre,
+_escogían_ al suyo, al hijo: no querían enviarlo allá, á las islas
+del demonio, donde la fiebre y la peste chupan á los hombres y el
+machete los descuartiza. ¡Asus mío! Pero una cosa es _escoger_ á quien
+cumple que se escoja, y otra no tener ley á la yunta, ¡que para no
+tenérsela, había que ser de palo! Porque, á más de que aquella yunta
+le ponía la ceniza en la frente á todas las de la Marina, se ha de
+mirar de que Pilara y Telme llevaban años quitándose el mendrugo de
+la boca para dárselo á los bueyes. La corteza de borona, la encaldada
+de patatas, calabazo y berza, son alimentos que comparten el labrador
+y el buey; lo que hace encaldada para el animal hace caldo para el
+dueño. Si el buey engorda, es que el labrador se priva, mermando su
+ración. La vanidad, ese tenacísimo sentimiento humano, que nunca pierde
+sus derechos, también alienta en los labradores. Toda la parroquia
+envidiaba la yunta, hasta tal extremo, que Pilara les había colgado de
+las astas, de suerte que cayese en el remolino central del testuz, un
+Evangelio y dos dientes de ajo encerrados en una bolsa, remedio contra
+la _envidia_, que para el aldeano es una fuerza misteriosa, capaz de
+maleficiar. Pero, aunque dañina, la envidia es lisonjera. Telme iba por
+el camino real con sus bueyes, que ni el Papa en su silla. Y ahora...
+ni fachenda, ni provecho, ni orgullo, ni labranza; al agua todo. EL
+carro, perpetuamente inmóvil y en la corraliza; las tierras, sin arar;
+los lucrativos _carretos_ de piedra y arena, para otros... No había
+remedio. ¡La elección estaba hecha!
+
+Así que se alejó Telme y dejó de oirse el paso acompasado de la yunta,
+Pilara secó con el dorso de la áspera mano los últimos lagrimones, y,
+resignadamente, se puso á disponer lo necesario para la cocedura. Con
+llorar no se calienta el horno, ni se amasa la harina.
+
+La aldeana bregó sin descanso. Mientras partía y disponía la leña y
+sobaba la masa con las obscuras manos, la congoja iba calmándose.
+Adiós los bueyes... pero ya vendría el rapaz. Si buena era la yunta,
+Andresillo mejor. Á forzudo y á voluntario ninguno le ganaba. En un día
+despabilaba él más obra que en una semana otros. Y ni pinga de vino, ni
+camorrista, ni amigo de ir de tuna. Ganas tenía de arrendar un lugar
+y casarse; pero ahora que sus padres se quedaban por él sin la luz de
+los santos ojos... ya les ayudaría á juntar para otra pareja. Con lo
+que tenían guardado en el pico del arca y el jornal de Andrés, en dos ó
+tres años...
+
+No pasaba de medio día cuando regresó Telme, cabizbajo, solo ya, con
+las manos vacías, enrollado el _adival_ alrededor del cuerpo. Esta vez,
+Pilara preguntó ansiosa: ¿cuánto? ¿cuánto? Telme tardó en responder. Al
+cabo, mohíno, al sentarse á comer el pote con unto rancio y la _borona_
+enmohecida--la _bolla_ fresca no había salido aún del horno, ni saldría
+hasta la tarde--desató la lengua, entre reniegos, porque ya sabía
+Telme que lo que bajase de cinco mil y pico era regalar la yunta; y
+en aquella maldita feria no parece sino que se habían juramentado los
+compradores para no ofrecer arriba de cuatro mil. Y era pillada y _mala
+idea_, porque tan pronto como se los dejó á un chalán desconocido, con
+acento andaluz, en cuatro mil y pico, otro de Breanda le dió ventaja
+al chalán y se los llevó. ¡Pero tenían que ir al arca...! Y pronto,
+pronto. Que él pediría emprestada la burra á Gorio de Quintás, y á las
+tres, Dios mediante, había de estar en Marineda, depositando el dinero
+á cambio del hijo...
+
+Abrieron el arca, como si se hubiesen abierto las venas. Pilara cruzaba
+las manos, gemía bajito, alzaba al cielo los ojos, se cogía la cabeza,
+al volver del revés sobre la artesa el calcetín de lana gorda: los
+ahorriños de tanto tiempo. Estaban en moneda sonante, en metálico:
+el labriego no quiere guardar papel. Había duros relucientes del
+nene, otros oxidados, mucha peseta, calderilla roñosa. Aunque sabían
+al dedillo la cantidad, recontaron: sobraba un pico. Telme añudó lo
+necesario en un pañuelo de algodón azul, por no mezclarlo con lo de la
+venta, que iba casi todo en billetes de á cien, oculto á raíz de la
+carne. Hecho esto, salió en demanda de la pollina.
+
+Pilara aguardó, aguardó hasta las altas horas. No sabía si su hombre
+dormía aquella noche en Marineda, para volver con el mozo, temprano.
+Se acostó al fin. Á cosa de la una oyó llamar á voces, y conoció la
+de Telme. La sangre le dió una vuelta. Saltó en camisa, encendió la
+candileja, abrió: Telme, con la cara color de difunto, estaba delante
+de ella. ¡Madre mía de las Angustias! ¿Qué pasaba! ¿Y Andresiño?
+
+--¡Calla!--profirió Telme--; no me hables, que pego fuego á la casa, y
+te parto los lomos y se los parto al mismísimo divino Dios... Ya hemos
+quedado solos, mujer, sin bueyes y sin hijo. ¡El chalán de la feria...
+me metió cuatro billetes falsos!
+
+Y el padre, en vez de realizar sus amenazas de partir los lomos á
+todo el mundo, se dejó caer al suelo y se arrancó el pelo á puñados,
+llorando como las mujeres.
+
+
+
+
+ LA CHUCHA
+
+
+Lo primerito que José San Juan--conocido por el _Carpintero_--hizo al
+salir de la penitenciaría de Alcalá, fué presentarse en el despacho del
+director.
+
+Era José un mocetón de bravía cabeza, con la cara gris mate, color
+de seis años de encierro, en los cuales sólo había visto la luz del
+sol dorando los aleros del tejado. La blusa nueva no se amoldaba á
+su cuerpo, habituado al chaquetón del presidio; andaba torpemente,
+y la gorra flamante, que torturaba con las manos, parecía causarle
+extrañeza, acostumbrado como estaba al antipático birrete.
+
+--Venía á despedirme del señor director--dijo humildemente al entrar.
+
+--Bien, hombre; se agradece la atención--contestó el funcionario--.
+Ahora á ser bueno, á ser honrado, á trabajar. Eres de los menos malos;
+te has visto aquí por un arrebato, por delito de sangre, y sólo con
+que recuerdes estos seis años, procurarás no volver... Que te vaya
+bien. ¿Quieres algo de mí?
+
+--¡Si usted fuera tan amable, señor director... si usted quisiera!...
+
+Animado por la benévola sonrisa del jefe soltó su pretensión.
+
+--Deseo ver á una reclusa.
+
+--Es tu _chucha_, ¿verdad?... Bueno: la verás.
+
+Y escribió una orden para que dejasen entrar á Pepe el _Carpintero_
+en el locutorio del presidio de mujeres. Bien sabía el director lo
+que significaban aquellas relaciones entre penados, los galateos á
+distancia y sin verse, de _chuchos_ y _chuchas_; el amor, rey del
+mundo, que se filtra por todas partes como el sol, y llega donde éste
+no llegó nunca, perforando muros, atravesando rejas.
+
+Tenían casi todos los penados en la penitenciaría de mujeres una
+_galeriana_ que por cariño remendaba y lavaba su ropa; una compañera de
+infortunio á la cual no habían visto nunca v cuyas atenciones pagaban
+con cartas, rebosando sentimentalismo ridículo... pero sincero. Era
+el sacro amor, introduciéndose en aquel infierno para burlarse de la
+severidad de las leyes humanas; la vida y sus afectos floreciendo allí,
+donde el castigo social quiere convertir á los réprobos en cadáveres
+con apariencia de vida. El presidio, un convento vetusto, y el penal
+de mujeres, soberbio y flamante, contemplábanse desde cerca, mudos,
+inmutables--pero un soplo de pasión contenida y ardiente, de primavera
+amorosa, germinando entre la mugre de la _casa muerta_, iba de uno á
+otro edificio como la caricia fecundadora que por el aire se envían las
+palmeras de distinto sexo.
+
+Tan grande emoción embargaba á Pepe al dirigirse al locutorio de
+mujeres, que sus piernas temblorosas acortaban el paso... ¿Cómo sería
+su _chucha_? ¡Por fin iba á verla! Y pensando en las formas de que
+la había revestido su imaginación en las noches de insomnio ó en los
+solitarios paseos patio abajo y arriba, todo el pasado revivía de
+golpe en su memoria. Para comenzar, su entrada en presidio, resultado
+de tener mal vino y pronta la mano; los primeros meses de sorda
+excitación, de huraño aislamiento, viendo deslizarse los días como
+pesadas ondulaciones de un río gris y triste. Después, cuando hizo
+amigos, extrañáronse de que un muchacho cual él, guapo y terne, que si
+estaba en trabajo era por ser muy hombre, no tuviera su _chucha_, su
+_chucha_ como los demás. Ellos se encargaban del arreglo: escribirían
+á sus amigas, y no faltaría en la casa de enfrente quien atendiese á
+tan buen mozo. Un día le dijeron que su _chucha_ se llamaba Lucía, más
+conocida por el apodo de la _Pelusa_, y Pepe la escribió, encontrando
+dulce satisfacción en saber que más allá de aquellos muros había
+alguien que pensaba en él y se interesaba por su vida. Pronto á este
+goce espiritual se unieron satisfacciones del egoísmo; alababan la
+limpieza de su ropa blanca y sentían envidia al ver ciertos manjares,
+obra todo de la _Pelusa_, de la enamorada _chucha_, que, invisible
+como un duende, tenía para él cuidados maternales.
+
+--Pero, camarada, y qué suerte la tuya--le decían los compañeros de
+pelotón con mal encubierta envidia.
+
+--Esa _Pelusa_ es de oro--añadía un veterano del presidio, oráculo de
+la gente joven.--Consérvala, chaval, que mujeres así entran pocas en
+libra.
+
+--Pero ¿cómo es?--preguntaba Pepe con creciente curiosidad.--¿Es joven?
+¿Por qué está presa?
+
+--Algo mayor que tú debe de ser, pues creo que no es ésta la primera
+vez que visita la casa... Pero ¿qué te importa que sea joven ó vieja?
+Tú déjate querer, que ésa es la obligación de los buenos mozos, y
+cuando salgas en libertad búscate otra que te atienda lo mismo.
+
+Pepe protestaba. Sentía duplicarse el agradecimiento hacia aquella
+mujer; las relaciones, que al principio le parecían cosa de risa--buena
+únicamente para distraer el tedio del encierro--le llegaban muy adentro
+ya, y la gratitud se volvía atracción, viendo que no pasaba día sin que
+en el rastrillo entregasen para él paquetes de tabaco, prendas de ropa
+ó algo de comer que le sostenía fuerte y robusto y sano, librándole del
+rancho insípido del penal, la peor engañifa para el hambre.
+
+Pocos días dejaban de escribirse. Las primeras cartas respiraban ese
+énfasis amoroso aprendido en los epistolarios populares; pero fueron
+haciéndose más sinceras según los dos amantes, por aquel reiterado
+contacto de alma, iban conociéndose. Hablaban de su situación, de la
+desgracia en que se veían, en términos vagos--como si les causara rubor
+decir por qué y de qué modo--y contaban fecha tras fecha el tiempo que
+les faltaba para cumplir. Él saldría libre un año antes que ella...
+¡Con qué tristeza lo repetía la pobre _chucha_! Y José protestaba
+con entereza de muchacho enérgico, caballeresco á su manera, incapaz
+de faltar á la palabra. Él esperaría á que saliera ella; se casarían
+y serían felices; lo decía de corazón, sintiéndose ligado para toda
+su vida por el reconocimiento á sacrificios que habían endulzado sus
+amargas horas.
+
+No sabía si aquello era amor; realmente nunca se había sentido
+dominado por mujer alguna; no recordaba más que lances fáciles, los
+encuentros casuales de su época obrera; pero á su _chucha_... la quería
+sin conocerla y juraba no abandonarla jamás. No porque estuviese en
+presidio era un canalla capaz de olvidar á aquella mujer que pensaba
+en él á cada momento y trabajaba porque nada le faltase. Consistía
+su única preocupación en saber algo de la historia ó del aspecto de
+su _chucha_. Por desgracia, los mandaderos no la conocían; en la
+Galera, regida por monjas, no entraba otro hombre sino el director; y
+con escrupulosa delicadeza, ni él ni ella se atrevían en sus cartas
+á hablar del pasado ni de sus personas, como temiendo que al entrar
+luz se rasgara el ambiente del misterio amoroso y se disipase el
+hechizo. Los últimos días, ¡qué turbación tan intensa!... Pepe hablaba
+entusiasmado de la próxima salida, y ella contestaba lacónicamente;
+sus palabras respiraban tristeza, casi se lamentaba de que el hombre
+amado recobrase la libertad, recelando despertar del ensueño de seis
+años. Y la misma impaciencia de sus últimos días de escribir dominaba á
+Pepe cuando entró en el locutorio de las penadas. Después de entregar
+la orden del director, quedóse solo, hasta que por fin, á través de
+la tupida reja, oyó suaves pisadas femeniles. Dos monjas se apostaron
+inmóviles en el fondo de la galería, donde no podían oir las palabras,
+pero sí seguir con la vista todos los movimientos de la que ocupaba el
+locutorio; y una galeriana fué aproximándose con paso torpe, cual si la
+asustase llegar á la reja.
+
+No hizo Pepe movimiento alguno. ¡Las monjas no le habían entendido!
+Aquella mujer no era la que él buscaba; y miró con extrañeza á la
+reclusa, especie de payaso de la miseria disfrazado con faldas grises;
+criatura exigua, demacrada, encogida, los ojos saltones veteados de
+sangre, el pelo canoso, cerril y escaso, alborotado sobre la frente, y
+asomando entre los labios lívidos una dentadura enorme, amarillenta,
+de caballo viejo. La mujer aparecía además mal pergeñada, sucia, como
+si enfaenada en la furia del trabajo se hubiese olvidado de sí misma.
+Se miraron algunos instantes con extrañeza, y acabaron sonriendo,
+convencidos de la equivocación.
+
+--No; no es usted--dijo Pepe.--Yo busco á la _Pelusa_. Me acaban de
+poner en libertad y vengo á conocerla.
+
+La galeriana se hizo atrás con rápido movimiento de mujer cuyo sistema
+nervioso está en perpetua tensión por el género de vida.
+
+--¿Eres tú... tú!... ¡Pepe!
+
+Y se lanzó contra los hierros, como si buscase verle mejor, devorarle
+con los ojos.
+
+Permanecieron silenciosos breves instantes. Ella, pasada la primera
+impresión, mostró profundo desaliento; sus ojos se llenaban de
+lágrimas, tributo pagado á la decepción horrible. Él absorbía con la
+mirada la degradación de aquella ruina, que parecía haber recogido en
+su persona la vejez y la inmundicia de todo el presidio... ¡Dios, cuán
+fea era! Tragándose el llanto, sofocando su tristeza, la _Pelusa_ fué
+la primera en romper el silencio, como si deseara terminar cuanto antes
+aquella escena penosa y difícil.
+
+--¿Vienes á despedirte?... Bien hecho; se estima. Mira: yo mientras
+viva, no te olvidaré.
+
+Y bajó la cabeza para no mirarle: dijérase que su presencia la causaba
+daño, revolviendo el rescoldo de su cariño de la entraña... condenado á
+extinguirse.
+
+--No, Lucía; vengo no más á verte. Ni me despido ni me voy... Vengo á
+decirte... que soy el mismo... y á cumplirte la palabra.
+
+Pepe profirió esto con fuerza, con acometividad, ofendiéndole la
+sospecha de que aquella entrevista pudiese ser la última. Entonces
+la _chucha_ se atrevió á contemplarle: pero con expresión de tierna
+lástima, á estilo de madre que agradece dulces mentiras del hijo.
+
+--No quieres darme mal rato... Bien, hombre... Dios te lo pague; pero
+ya ves cómo soy: vieja, un susto, y además poca salud... ¡Si supieras
+qué guerra les doy á las pobres hermanas con este corazón que siempre
+me está doliendo!...
+
+Se detuvo al llegar aquí, cual si se avergonzase. Su cara, de una
+palidez blancuzca, tono de cera amasada con arcilla, se coloreó,
+animándose. Hizo un esfuerzo y continuó:
+
+--Estoy aquí por ladrona; no he hecho otra cosa en mi vida sino
+robar... Y á ti ¡basta verte! tienes cara de bueno; habrás venido por
+alguna desgracia... vamos, por bronca ó cosa parecida. No me engañes
+¿para qué?... No vas á salir con que me quieres, hijo... Mírame bien...
+¡Si puedo ser tu madre!
+
+Impresionado por las palabras de la reclusa, Pepe quería discutirlas, y
+las acogía con furiosos movimientos de cabeza; pero Lucía prosiguió sin
+darle tiempo á que protestase:
+
+--Estoy más enferma de lo que parece; después de este trago, ya sé
+que no salgo de aquí con vida, ¡ay cómo me duele el perro corazón!...
+Es que me han engañado; yo creí que eras uno de tantos, un verdadero
+chucho, uno del presidio... Y por eso te quise. ¡Nada, cosas que se la
+ponen á una en la cabeza; humo que se le mete allí!... ¡Y estaba yo
+más atontecida! Ea, hombre, márchate y no te acuerdes del santo de mi
+nombre. Dios te dé suerte, cuanta mereces, y que encuentres una mujer
+según necesitas... Porque tú vales un imperio... ¡Eres mucho mozo,
+caramba!
+
+Lo murmuraba con el alma entera, pegando su pobre cabeza de caricatura
+á los hierros, apretando contra ellos sus manos descarnadas, ansiosas
+de tocar al deseado de sus ensueños, que se presentaba en la realidad,
+joven, arrogante y con aquel aire de bondad y simpatía...
+
+--No, _Pelusa_--contestó el mocetón con entereza--.Yo soy muy hombre,
+y los hombres sólo tenemos una palabra. Prometí casarme contigo, y
+esperaré á que salgas. No vengo á despedidas, sino á que me conozcas...
+y á decirte hasta luego. Si te creerás que se olvidan seis años de
+sacrificios, de vestirme y matarme el hambre, mientras tú sabe Dios lo
+que comerías y cómo vivirías?... Pues ni que fuera yo un señorito de
+ésos que viven estrujando á las mujeres...
+
+Seguía la _Pelusa_ agarrada á los hierros, y vacilaba lo mismo que
+si aquellas palabras cayesen con tremenda pesadumbre sobre su cuerpo
+endeble.
+
+--¿Pero va de veras?--murmuró con voz ronca--¿Serás capaz de quererme
+así como soy?... ¿Vas á esperarme todo un año?
+
+--Mira, _Pelusa_--continuó el muchacho--.Yo no sé si te quiero como á
+las otras mujeres. Lo que te digo es que no pienso irme y no me iré...
+¿Que no eres guapa, guapa? Conformes. ¿Pero es que en el mundo sólo las
+guapas han de encontrar quien las quiera? No me importa lo que fuiste
+ni por qué entraste aquí: á mi lado serás otra cosa. Esperaré trabajo;
+el director, que es bueno, me empleará en las obras de la casa; si es
+preciso pasaré necesidad, pediré limosna... Lo que te aseguro es que no
+me largo, y que ahora soy yo, ¡yo! quien traerá á su _chucha_ ropa y
+comida.
+
+Lucía cerraba los ojos. Parecía que la deslumbraban las fogosas
+palabras de aquel hombre, y echaba atrás el rostro contraído por
+grotesca mueca, que expresaba asombro y felicidad.
+
+--Tengo aquí clavado el agradecimiento--prosiguió Pepe--y ganas de
+llorar cuando pienso en lo que has hecho por mí. ¿Dices que podrías
+ser mi madre? Lo serás si quieres; yo no he conocido á la mía. Sales
+y viviremos juntos; trabajaré para ti sin pensar más en copas ni en
+amigos; á mi lado engordarás, te remozarás, y ¡á no acordarse de este
+sitio! Tú aquí encontraste un hombre de bien, y yo la primera mujer de
+mi vida.
+
+--¡Dios mío!... ¡Virgen santísima! ¡Virgen!...
+
+Era la _Pelusa_, que se desplomaba lentamente, mientras sus manos se
+cubrían de arañazos al desasirse y deslizarse por el enrejado duro y
+pinchador.
+
+Cayó como un fardo de harapos, estremeciéndose, balbuceando entre
+convulsiones, con vocecilla infantil:
+
+--¡Pepe, Pepe mío!
+
+Las dos monjas, mudos testigos de la entrevista, vieron caer á
+la _Pelusa_ y corrieron para recoger del suelo aquel montón de
+infelicidad.
+
+Otras monjas, atraídas por los gritos, comenzaron por expulsar á Pepe
+del locutorio; á pesar de sus ruegos y exclamaciones, las hermanas no
+se daban cuenta de lo ocurrido. Si gustaba, podía volver otro día, con
+permiso del director...
+
+Pero ni lo pidió ni tuvo que buscar trabajo... ¿Para qué? Al día
+siguiente la _Pelusa_ era borrada del registro del penal. El soplo de
+ventura y de vida que el _chucho_ había llevado consigo al locutorio,
+rompió el corazón de la miserable y la hizo libre.
+
+
+
+
+ EL VINO DEL MAR
+
+
+Al reunirse en el embarcadero para estibar el balandro _Mascota_, los
+cinco tripulantes salían de la taberna disfrazada de café, llamada de
+_América_ y agazapada bajo los soportales de la marina fronterizos al
+Espolón; tugurio donde la gentualla del muelle, marineros, boteros,
+cargadores y _lulos_, acostumbra juntarse al anochecer. De cien
+palabras que se pronuncien en el recinto obscuro, mal oliente, que
+tiene el piso sembrado de gargajos y colillas y el techo ahumado á
+redondeles por las lámparas apestosas, cincuenta son blasfemias y
+juramentos, otras cincuenta suposiciones y conjeturas acerca del
+tiempo que hará y los vientos reinantes. Sin embargo, no se charla
+en _América_ á proporción de lo que se bebe; la chusma de zuecos
+puntiagudos, anguarina embreada y gorro catalán es lacónica, y si
+fuéseis á juzgar de su corazón y sus creencias por los palabrones
+obscenos y sucios que sus bocas escupen, os equivocaríais como si
+formaseis idea del profundo océano por los espumarajos que suelta
+contra el peñasco.
+
+Acababan de sonar las ocho en el reloj del instituto, cuando
+acometieron aquellos valientes la faena de la estibadura, entre
+gruñidos de discordia. Y no era para menos. ¿Pues no se emperraba el
+terco del patrón en que la carga de bocoyes de vino, si había de ir
+como siempre en la cala, fuese sobre cubierta? Aquello no lo tragaba
+un marinero de fundamento como tío Reimundo, alias _Finisterre_, que
+había visto tanta mar de Dios. Ahí topa la diferencia entre los que
+navegaron en mares de verdad, donde hay tiburones y huracanes, y los
+que toda la vida chapaletearon en una ponchera. ¡Zantellas del podrido
+rayo! ¿Quería el patrón que el barco se les pusiese por sombrero?
+¡Era menester estar loco de la cabeza, corcias! ¡Para más, en noche
+semejante, con lo falsa que es esa costa de Penalongueira, y habiendo
+empezado á soplar el sur, un viento traidor que lleva de la mano el
+cambiazo al _nordés_! No se la pegaba al tío Reimundo la calma de la
+bahía, sobre cuya extensión tersa y plácida prolongaban las mil luces
+de la ciudad brillantes rieles de oro; al viejo le daba en la nariz el
+aire _de allá_, de mar adentro, la palpitación del oleaje excitado por
+la mordedura de la brisa. Todo esto, á su manera, broncamente, á media
+habla, lo dijo _Finisterre_. El _Zopo_, otro experto, listo de manos y
+contrahecho de pies, opinaba lo mismo.
+
+Pero Adrián y el _Xurel_--mozalbetes que acababan de alegrarse unas
+miajas con tres copas de caña legítima, y sentían duplicados sus
+bríos--ya estaban rodando los bocoyes para encima de la _Mascota_.
+Sabedores de que aquellos toneles encerraban vino, los manejaban con
+fiebre de alegría codiciosa, calculando la suma de goces que encerraban
+en sus panzas colosales. ¿Á ellos qué les importaban los gruñidos de
+_Finisterre_? Donde hay patrón no manda marinero.
+
+Entre gritos furiosos para pujar mejor, el _¡ahiaaá!_ y el _¡eieiea!_
+del esfuerzo, acabóse la estibadura en una hora escasa. Sobre el cielo,
+antes despejado, se condensaban nubes sombrías, redondas, de feo cariz.
+Un soplo frío rizaba la placa lisa del agua. Juró _Finisterre_ entre
+dientes, y renegó el patrón de los agoreros miedosos. Mejor si se
+levantaba viento; ¡así irían con la vela tan ricamente! El balandro
+no era una pluma, y necesitaba ayuda, ¡carandia! Y ocupó su lugar,
+empuñando el timón. ¡Ea, ala, rumbo avante!
+
+Como por un lago de aceite marcharon mientras no salieron de la bahía.
+Según disminuía y se alejaba la concha orlada de resplandor y el rojo
+farol del Espolón llegaba á parecer un punto imperceptible, y otro
+la luz verde del puerto, el vientecillo terral insistía, vivaracho,
+como niño juguetón. Habían izado la cangreja, y la _Mascota_ cortó el
+oleaje más aprisa, no sin cabecear. Descansaban los remeros, bromeando.
+Sólo _Finisterre_ se ponía fosco. Á cada balance de la embarcación le
+parecía ver desequilibrarse la carga.
+
+Ya trasponían la barra, y el alta mar luminosa, agitada por la resaca,
+se extendía á su alrededor. Para _ponchera_, según el despreciativo
+dicho del tío Reimundo, la ponchera «metía respeto». El patrón, á
+quien se le iba disipando el humo de la caña, fruncía las cejas,
+sintiendo amagos de inquietud. Puede que tuviese razón aquel roñicas
+de _Finisterre_; la mar, sin saber por qué, no le parecía _mar de
+gusto_... Tenía cara de zorra, cara de dar un chasco la maldita...
+
+Al vientecillo se le antojó dormirse, y una especie de calma de plomo,
+siniestra, abrumadora, cayó encima. Fué preciso apretar en los remos,
+porque la vela apenas atiesaba. El balandro gemía, crujía, en el penoso
+arranque de su marcha lenta. Súbitas rachas, inflando la cangreja
+un momento, impulsaban la embarcación, dejándola caer después más
+fatigada, como espíritu que desmaya al perder una esperanza viva. Y
+cuando ya veían á estribor la costa peligrosa de Penalongueira, que era
+preciso bordear para llegarse al puertecillo de Dumia y desembarcar el
+género, se incorporó de golpe _Finisterre_, soltando un terno feroz.
+Acababa de percibir, allá á lo lejos, ese ruido sordo y fragoroso de
+la tempestad repentina, del salto del aire que azota de pronto la masa
+líquida y desata su furor. El patrón, enterado, gritaba ya la orden de
+arriar la vela. Aquello fué ni visto ni oído.
+
+Enormes olas, empujándose y persiguiéndose como leonas enemigas,
+jugaban ya con el balandro llevándolo al abismo ó subiéndolo á la
+cresta espantosa. De cabeza se precipitaba la embarcación para
+ascender oblicuamente al punto. El patrón, sintiendo su inmensa
+responsabilidad, hacía milagros, animando, dirigiendo. ¡La tormenta!
+¡Bah! Otras había pasado y salido con bien, gracias á Dios y á
+nuestra Señora de la Guía, de quien se acordaba mucho entonces, con
+ofrecimientos de misas y exvotos de barquitos, retratos de la _Mascota_
+para colgar en el techo del santuario... Verdad; no era el primer
+temporal que corrían; pero... no llevaban la carga estibada sobre
+cubierta, sino en el fondo de la cala, bien apañadita, como Dios manda
+y se requiere entre la gente del oficio. Y los que habían cometido
+aquella barbaridad supina, ahora, á pesar de las furiosas voces de
+mando del patrón, perdían los ánimos para remar, como si sintieran
+en las atezadas mejillas el húmedo beso de la muerte... Sólo una
+resolución podía salvarles. _Finisterre_ la sugirió, mezclando las
+interjecciones con rudas plegarias. El patrón resistía, pero el cariño
+á la vida tira mucho, y por unanimidad se resolvió largar al agua los
+maldecidos bocoyes. ¡Afuera con ellos, antes que se corriesen á una
+banda y sucediese lo que se estaba viendo venir! Sin más ceremonias
+empujaron una de las barricas para lanzarla por encima de la borda...
+
+Los que intentaron la faena sólo tuvieron tiempo de retroceder á
+saltos. La barrica andaba; la barrica se les venía encima, ella sola.
+Y las demás, como rebaño de monstruos panzudos, la seguían. Corrían,
+rodaban, locas de vértigo, á hacinarse sobre la banda de babor, y el
+balandro, hocicando, con la proa recta á la sima, daba espantoso salto,
+el _pinche-carneiro_ vaticinado por _Finisterre_, y soltando en las
+olas toda su carga, barricas y hombres, flotaba quilla arriba, como una
+cáscara de nuez.
+
+ * * * * *
+
+La primer noticia del naufragio se supo en el puertecillo de
+Ángeles, frontero á la bahía, porque dos bocoyes salieron allí, á
+la madrugada, y quedaron varados en la playa al retirarse la marea.
+Corrió el rumor de la presa, y se apiñaron en la orilla más de cien
+personas--pescadores, aldeanos, carreteros, carabineros, sardineras,
+mujerucas, chiquillería--. Nadie ignoraba lo que significa la aparición
+de bocoyes llenos en una playa de la costa. Aún les retumbaba en los
+oídos el bramar de la tormenta. Pero ahora hacía un sol hermoso, un
+día magnífico, _criador_. Era domingo; por la tarde bailarían en el
+castañal; y con la presa, no había de faltar vino para remojar la
+gorja. Nadie hizo comentarios tristes sino los pescadores--que, sin
+embargo, se consolaron pensando en el rico vientre de las barricas...!
+Sólo una vejezuela, que había perdido á su mozo, su hijo, de veinte
+años, en un lance de mar, escapó de la playa dando alaridos, y apostada
+cerca del carro en el cual fueron llevados los toneles al campo de la
+romería, chillaba:
+
+--¡No bebades, no bebades! Ese vino sabe á la sangre de los hombres y
+al amarguío de la mar.
+
+La hicieron el mismo caso que los tripulantes del balandro á
+_Finisterre_.
+
+
+
+
+ FUEGO Á BORDO
+
+
+Cuando salimos del puerto de Marineda--serían, á todo ser, las diez
+de la mañana--no corría temporal, sólo estaba la mar rizada y de un
+verde... vamos, un verde sospechoso. Á las once servimos el almuerzo, y
+fueron muchos pasajeros retirándose á sus camarotes, porque el oleaje,
+no bien salimos á alta mar, dió en ponerse grueso, y el buque cabeceaba
+de veras. Algunos del servicio nos reunimos en el comedor, y mientras
+llegaba la hora de preparar la comida, nos divertíamos en tocar el
+acordeón y hacer bailar al pinche, un negrito muy feo: y nos reíamos
+como locos, porque el negro, con las cabezadas de la embarcación y sus
+propios saltos, se daba mil coscorrones contra el tabique. En esto, uno
+de los muchachos camareros, que les dicen _estuarts_, se llega á mí.
+
+--Cocinero, dos fundas limpias, que las necesito.
+
+--Pues vaya usted al ropero, y cójalas, hombre.
+
+--Allá voy.
+
+Y sin más, entra y enciende un cabo de vela para escoger las fundas.
+
+¡Aquel cabo de vela! Nadie me quitará de la cabeza que el condenado...
+Dios me perdone, el infeliz del camarero lo dejó encendido, arrimado
+á los montones de ropa blanca. Como un barco grande requiere tanta
+blancura, además de las estanterías llenas y atestadas de manteles,
+sábanas y servilletas, había en el _San Gregorio_ rimeros de paños de
+cocina, altos así, que llegaban á la cintura de un hombre. Por fuerza
+el cabo se quedó pegadito á uno de ellos, ó cayó de la mesa, encendido,
+sobre la ropa. En fin, era nuestra suerte, que estaba así preparada.
+
+Yo no sé qué cosa me daba á mí el cuerpo ya cuando salimos de Marineda.
+Siempre que embarco estoy ocho días antes alegre como unas castañuelas,
+y hasta parece que me pide el cuerpo algo de broma con los amigos y la
+familia. Pues de esta vez... tan cierto como que nos hemos de morir...
+tenía yo el viaje atravesado en el gaznate, y ni reía ni apenas
+hablaba. La víspera del embarque le dije á mi esposa:
+
+--Mujer, mañana tempranito me aplancharás una camisola, que quiero ir
+limpio á bordo.
+
+Por la mañana entró con la camisola, y le dije:
+
+--Mujer, tráeme el pequeño que mama.
+
+Vino el chiquillo y le di un beso, y mandé que me lo quitasen pronto
+de allí, porque las entrañas me dolían y el corazón se me subía á
+la garganta. También la víspera fuí á casa del segundo oficial, el
+señorito de Armero, y estaba la familia á la mesa; y la madre que es
+así una señora muy franca, no ofendiendo lo presente, me dijo:
+
+--Tome usted esta yema, Salgado.
+
+--Mil gracias, señora, no tengo voluntad.
+
+--Pues lléveles éstas á los niños... ¿Y qué le pasa á usted, que está
+qué sé yo cómo?
+
+--Pasar, nada.
+
+--¿Y qué le parece del viaje, Salgado?
+
+--Señora, la mar está bella, y no hay queja del tiempo.
+
+--No, pues usted no las tiene todas consigo. Le noto algo en la cara.
+
+Para aquel viaje había yo comprado todos los chismes del oficio; por
+cierto que en la compra se me fué lo último que me quedaba: setenta
+duretes. Los chismes eran preciosos: cuchillos de lo mejor, moldes
+superiores, herramientas muy finas de picar y adornar; porque en el
+barco, ya se sabe: le dan á uno buena batería de cocina, grandes
+cazos y sartenes, carbón cuanto pida, y víveres á patadas; pero
+ciertas monaditas de repostería y de capricho, si no se lleva con qué
+hacerlas... Y como yo tengo este pundonor de que me gusta sobresalir en
+mi arte y que nadie me pueda enseñar un plato... Por cierto que esta
+vanidad fué mi perdición cuando sostuve _restaurant_ abierto. Me daba
+vergüenza que estuviese desairado el escaparate, sin una buena polla
+en galantina, ó solomillo mechado, ó jamón en dulce, ó chuletas bien
+panadas y con su papillotito de papel en el hueso... Y los parroquianos
+no acudían; y los platos se morían de viejos allí; y cuando empezaban á
+oler, nos los comíamos por recurso: mis chiquillos andaban mantenidos
+con trufas y jamón, y el bolsillo se desangraba... Si no levanto
+el _restaurant_, no sé qué sería de mí: de manera que encontrar
+colocación en el barco y admitirla fué todo uno. Pensaba yo para mi
+chaleco:--Ánimo, Salgado: de veintiocho duros que te ofrecen al mes,
+mal será que no puedas enviarle doce ó quince á la familia. No es la
+primera vez que te embarcas: vámonos á Manila, ¿quién sabe si allí te
+ajustas en alguna fonda y te dan mil ó mil quinientos reales mensuales
+y eres un señor? Lo dicho: la suerte, que arregla á su modo nuestros
+pasos... Estaba de Dios que yo había de perder mis chismes, y pasar lo
+que pasé, y volver á Marineda desnudo.
+
+¿En qué íbamos? Sí, ya me acuerdo. Faltaría hora y media para la
+comida, cuando nos pareció que por la puerta del ropero salía humo.
+El que primero lo notó no se atrevía á decirlo: nos mirábamos unos á
+otros, y nadie rompía á gritar. Por fin, casi á un tiempo, chillamos:
+
+--¡Fuego! ¡Fuego á bordo!
+
+Mire usted, no cabe duda; lo peor, en esos momentos en que se suceden
+cosas horrorosas, es aturdirse y perder la sangre fría. Si cuando
+corrió el aviso se pudiese dominar el pánico y mantener el orden; si
+media docena de hombres serenos tomasen la dirección imponiéndose,
+y aislasen el fuego en las tripas del barco, estoy seguro de que el
+siniestro se evitaba. Yo, que todo lo presencié, que no perdí detalle,
+puedo jurar que no entiendo cómo en un minuto se esparció la noticia
+y ya no se vieron sino gentes que corrían de aquí para allí, locas de
+miedo. Para mayor desdicha empezaba á anochecer, y la mar cada vez más
+gruesa y el temporal cada vez más recio aumentaban el susto. Aquello se
+convirtió en una Babel, donde nadie se entendía ni obedecía á las voces
+de mando.
+
+El capitán, que en paz descanse, era un mallorquín de pelo en pecho,
+valentón, y no tiene que dar cuenta á Dios de nada, pues el pobrecillo
+hizo cuanto estuvo en su mano; pero le atendían bien poco. Acaso debió
+levantar la tapa de los sesos á alguno para que los demás aprendiesen;
+bueno, no lo hizo; él fué el primero á pagarlo, ¡cómo ha de ser!
+Nos metimos él y yo por el corredor de popa, con objeto de ver qué
+importancia tenía el incendio; y apenas abrimos la puerta de hierro,
+nos salió al paso tal columna de humo y tal cortina de llamas, que
+apenas tuvimos tiempo á retroceder, cerrar y apoyarnos, chamuscados y á
+medio asfixiar, en la pared. Yo le grité al capitán:
+
+--Don Raimundo, mire que se deben cerrar también las puertas de hierro
+á la parte de proa.
+
+Él daría la orden á cualquiera de los que andaban por allí atortolados;
+puede que al tercero de á bordo; no sé; lo cierto es que no se cumplió,
+y en no cumplirse estuvo la mitad de la desgracia. Nosotros, á toda
+prisa, nos dedicamos á refrescar con chorros de agua las puertas
+de hierro, para que el horno espantoso de dentro no las fundiese y
+saltasen dejando paso á las llamas. ¿De qué nos sirvió? Lo que no
+sucedió por allí sucedió por otro lado. Nos pasamos no sé cuánto tiempo
+remojando la placa, envueltos en humareda y vapor; mas al oir que por
+la proa salían las llamas ya, se nos cansaron los brazos, y huyendo de
+aquel infierno pasamos á la cubierta.
+
+Verdaderamente cesó desde entonces la batalla con el fuego y las
+esperanzas de atajarlo, y no se pensó más que en el salvamento; en
+librar, si era posible, la piel: eso, los que aún eran capaces de
+pensar; porque muchísimos se tiraron en el suelo, ó se metieron á
+arrancarse el pelo por los rincones, ó se quedaron hechos estatuas,
+como el tercero de á bordo, que tan pronto se declaró el incendio se
+sentó en un rollo de cuerdas, y ni dijo media palabra, ni se meneó, ni
+soñó en ayudarnos.
+
+Á las dos horas de notarse el fuego, la máquina se paró. Si no se para,
+tenemos la salvación casi segura; ardiendo y todo, llegaríamos al
+puerto. Lo que recelábamos era que el vapor comprimido y sin desahogo
+hiciese estallar la caldera. Todos preguntábamos al _engineer_, un
+inglés muy tieso, muy callado y con un corazón más grande que la
+máquina. No se meneaba de su sitio, ni se demudó poco ni mucho; abrió
+todas las válvulas, y nos dijo con flema:
+
+--Mi responde con mi _head_, máquina _very-good_, seguros por ella no
+explosión.
+
+Al ver que la pobre de la máquina se paraba, nos quedamos, si cabe,
+más aterrados; no creímos que el incendio llegase hasta donde, por lo
+visto, llegaba ya: comprendimos que el fuego no estaba localizado y
+contenido, sino que era dueño de todo el interior del buque y no había
+más remedio que cruzarse de brazos y dejarle hacer su capricho.
+
+--¡Barco perdido, D. Raimundo!--dije al capitán.
+
+--Barco perdido, Salgado.
+
+--¿Y nosotros?
+
+--Perdidos también.
+
+--Esperanza en Dios, D. Raimundo.
+
+Y él se echó las manos á la cabeza y dijo de un modo que nunca se me
+olvida:
+
+--¡Dios!
+
+Yo no sé qué le habíamos hecho á Dios los trescientos cristianos
+que en aquel barco íbamos; pero algún pecado muy gordo debió de
+ser el nuestro, para que así nos juntase castigos y calamidades.
+De cuantas noches de temporal recuerdo--y mire usted que algo se
+ha navegado--ninguna más atroz, más furiosa que aquella noche. Una
+marejada frenética; el barco no se sostenía: ola por aquí, ola
+por acullá: montes de agua y de espuma que nos cubrían: ya no era
+balancearse; era despeñarse, caer en un precipicio: parecía que la
+tormenta gozaba en movernos y abanicarnos para avivar el incendio.
+Soplaba un viento iracundo; llovía sin cesar: y la noche tan
+negra, tan negra, que sobre cubierta no nos veíamos las caras. Unos
+lloraban de un modo que partía el corazón; otros blasfemaban; muchos
+decían:--¡Ay mis pobres hijos!--No entiendo cómo el timonel era capaz
+de estarse tan quieto en su puesto de honor, manteniendo fijo el rumbo
+del barco para que no rodase como una pelota por aquel mar loco.
+
+Pronto empezaron á alumbrarnos las llamas, que salían por la proa no
+ya á intervalos, sino continuamente, igual que si desde adentro las
+soplasen con fuelles de fragua. Lo tremendo de la marejada hizo que
+no se pensase en esquifes; meterse en ellos se reducía á adelantar la
+muerte. En esto gritaron que se veía embarcación á sotavento.
+
+¡Un buque! Desde que se declaró el incendio no habíamos cesado de
+disparar cohetes y fuegos de bengala con objeto de que los buques, al
+pasar cerca de nosotros, comprendiesen que el barco incendiado contenía
+gente necesitada de socorro. Y vea usted cómo Dios, á pesar de lo que
+dije antes, nunca amontona todas las desgracias juntas. Aún tenemos
+que agradecerle que el sitio del siniestro es un punto de cruce, donde
+se encuentran las embarcaciones que hacen rumbo al Atlántico y al
+Mediterráneo. Pocas millas más adelante ya no sería fácil hallar quien
+nos socorriese.
+
+Al ver el buque, la gente se alborotó, y los más resueltos arriaron
+los esquifes en un minuto. Allí no había capitán, ni oficiales, ni
+autoridad de ninguna especie: los contramaestres se cogieron el
+esquife mejor, y cabiendo en él treinta personas, resultó que lo
+ocuparon sólo cinco. Ya se sabe lo que hace el miedo á morir: ni se
+repara en el peligro, ni hay compasión, ni prójimo. Sin mirar lo
+furioso del oleaje y lo imposible que era nadar allí, se echaron al mar
+muchísimas personas, por meterse en los esquifes. Aún parece que oigo
+las voces con que decían al contramaestre:
+
+--¡Espere, nuestramo Nicolás, espere por la madre que le parió; la
+mano, nuestramo!
+
+Y él, en su maldita jerga catalana, respondía:
+
+--_N’om fa rés; no’m fa rés._
+
+Y cuando los infelices querían halarse al esquife y se agarraban á la
+borda, los de dentro, desenvainando los cuchillos, amenazaban coserles
+á puñaladas.
+
+De esta vez hubo ya bastantes víctimas: los esquifes se alejaron y
+nuestra esperanza con ellos. Después de recoger á aquellos primeros
+náufragos, el buque siguió su rumbo, porque no le permitía mantenerse
+al pairo el temporal.
+
+¡Á todo esto, si viese usted cómo iba poniéndose la cubierta! Oíamos el
+roncar del incendio, que parecía el resoplido de un animalazo feroz,
+y á cada instante esperábamos ver salir las llamas por el centro del
+buque y hundirse la cubierta. Nos arrimábamos cuanto podíamos á la
+parte de popa, pues además el calor del suelo se hacía insoportable,
+y del piso de hierro cubierto con planchas de madera salían, por los
+agujeros de los tornillos, llamitas cortas, igual que si á un tiempo
+se inflamasen varias docenas de fósforos sembrados aquí y acullá.
+Ya ni el frío ni la obscuridad eran de temer: ¡qué disparate! buena
+obscuridad nos dé Dios: la popa algunas veces estaba tan clara como
+un salón de baile: iluminación completa: daba gusto ver el horizonte
+cerrado por unas olas inmensas, verdes y negruzcas, que se venían
+encima, y sobre las cuales volaba una orillita de espuma más blanca
+que la nieve. También divisamos otro buque, un paquete de vapor, que
+se paraba, sin duda, para auxiliarnos. ¡Estaba tan lejos! Con todo, la
+gente se animó. El segundo, el señorito de Armero, se llegó á mí y me
+tocó en el hombro.
+
+--Salgado, ¿puede usted bajar á la cámara? Necesito un farol.
+
+--Mi segundo, estoy casi ciego... Con el calor y el humo, me va
+faltando la vista.
+
+--Aunque sea á tientas... Quiero un farol.
+
+Vaya, no sé yo mismo cómo gateé por las escaleras; la cámara era un
+horno, el farol todavía estaba encendido; lo descolgué y se lo entregué
+al segundo, convencido de que le daba el pasaporte para la eternidad,
+pues el esquife en que él y otros cuantos se decidieron á meterse era
+el más chico y estaba muy deteriorado. Lo arriaron, y por milagro
+consiguieron sentarse en él sin que zozobrase. Entonces empezó la gente
+á lanzarse al mar para salvarse en el esquife, y pude notar que, apenas
+caían al agua, morían todos. Alguno se rompió la cabeza contra los
+costados del buque; pero la mayor parte, sin tropezar en nada, expiró
+instantáneamente. ¿Era que hervía el agua con el calor del incendio y
+los cocía? ¿Era que se les acababa las fuerzas? Lo cierto es que daban
+dos paladitas muy suaves para nadar, subían de pronto las rodillas á la
+altura de la boca, y flotaban ya cadáveres.
+
+Los del esquife remaban desesperadamente hacia el barco salvador. Supe
+después que, á la mitad del camino, notaron que el esquife, roto por
+el fondo, hacía agua y se sumergía; que pusieron en la abertura sus
+chaquetas, sus botas, cuanto pudieron encontrar; y no bastando aún,
+el señorito de Armero, que es muy resuelto, cogió á un marinerillo,
+lo sentó ó, por mejor decir, lo embutió en el boquete y le dijo (con
+perdón):
+
+--¡No te menees y tapa con el...!
+
+Gracias á lo cual llegaron al buque y les pudimos ver ascendiendo sobre
+cubierta. No sé si nos pesaba ó no el habernos quedado allí sin probar
+el salvamento. ¡Los muertos ya estaban en paz, y los salvados... qué
+felices! El buque aquel tampoco se detenía; era necesario aguardar á
+que Dios nos mandase otro, y resistir como pudiésemos todo el tiempo
+que tardase. Es verdad que nuestro _San Gregorio_ aún podía durar. Al
+fin era un gran vapor de línea, con su cargamento, y daba qué hacer á
+las llamas. El caso era refugiarse en alguna esquina, para no perecer
+abrasados.
+
+Al capitán se le ocurrió la idea de trepar á la cofa del gran árbol
+de hierro, del palo mayor. Mientras el barco ardía, creyó él poder
+mantenerse allí, seguro y libre de las llamas, como un canario en su
+jaula. Yo, que le vi acercarse al palo, le cogí del brazo en seguida.
+
+--No suba usted, capitán; ¿pues no ve que el palo se tiene que doblar
+en cuanto se ponga candente?
+
+El pobre hombre, enamorado del proyecto, daba vueltas alrededor del
+palo, estudiando su resistencia. Creo que si más pronto le anuncio la
+catástrofe, más pronto sucede. ¡El árbol... pim! se dobló de pronto,
+lo mismo que el dedo de una persona, y arrastrado por su peso, besó
+el suelo con la cima. Por listo que anduvo el capitán, como estaba
+cerca, un alambre candente de la plataforma le cogió el pie por cerca
+del tobillo, y se lo tronzó sin sacarle gota de sangre, haciendo á
+un tiempo mismo la amputación y el cauterio: respondo de que ningún
+cirujano se lo cortaba con más limpieza.
+
+Le levantamos como se pudo, y colocando un sofá al extremo de la popa,
+le instalamos del mejor modo para que estuviese descansado. Se quejaba
+muy bajito, entre dientes, como si masticase el dolor, y medio le oí:
+«¡Mi pobre mujer!, mis hijitos queridos, ¿qué será de ellos?». Pero de
+repente, sin más ni más, empezó á gritar como un condenado, pidiendo
+socorro y medicina. ¡Sí, medicina! ¡Para medicinas estábamos! Ya el
+fuego había llegado á la cámara, y á pesar del ruido de la tormenta,
+oíamos estallar los frascos del botiquín, la cristalería y la vajilla.
+Entonces el desdichado comenzó á rogar, con palabras muy tristes,
+que le echásemos al agua, y usando, por última vez, de su autoridad á
+bordo, mandó que le atásemos un peso al cuerpo. Nos disculpamos con
+que no había con qué atarle, y él, que al mismo tiempo estaba sereno,
+recordó que en la bitácora existe una barra muy gruesa de plomo,
+porque allí no puede entrar hierro ni otro metal que haga desviar la
+aguja imantada. Por más que nos resistimos, fué preciso arrancarla y
+colgársela del cuello, y como el peso era grande y le obligaba á bajar
+la cabeza, tuvo que sostenerlo con las dos manos, recostándose en el
+respaldo del sofá. Como llevaba en el bolsillo su revólver, lo armó,
+y suplicó que le permitiesen pegarse un tiro y le arrojasen al mar
+después. ¡Naturalmente que nos opusimos! Le instamos para que dejase
+amanecer; con el día se calmaría la tormenta, y algún barco de los
+muchos que cruzaban nos salvaría á todos. Le porfiábamos y le hacíamos
+reflexiones de que el mayor valor era sufrir. Por último, desmontó y
+guardó el revólver, declarando que lo hacía por sus hijos nada más. Se
+quejó despacito y se empeñó en que habíamos de buscar y enseñarle el
+pie que le faltaba. ¿Querrá usted creer que anduvimos tras del pie por
+toda la cubierta y no pudimos cumplirle aquel gusto?
+
+Después del lance del capitán, ocurrió el del oficial tercero, y se me
+figura que de todos los horrores de la noche fué el que más me afectó.
+¡Lo que somos, lo que somos! Nada: una miseria. El tercero era un
+joven que tenía su novia, y había de casarse con ella al volver del
+viaje. La quería muchísimo, ¡vaya si la quería! Como que en el viaje
+anterior le trajo de Manila preciosidades en pañuelos, en abanicos de
+sándalo, en cajitas, en mil monadas. No obstante... ó por lo mismo...
+en fin, ¡qué sé yo! Desgracias y flaquezas de los mortales... el pobre
+andaba triste, preocupado, desde tiempo atrás. Nadie me convencerá de
+que lo que hizo no lo hizo _queriendo_, porque ya lo tenía pensado de
+antes y porque le pareció buena la ocasión de realizarlo. Si no, ¿qué
+trabajo le costaba intentar el salvamento con el señorito de Armero?
+Ya determinado á morir, tanto le daba de un modo como de otro, y al
+menos podía suceder que en el esquife consiguiese librar la piel. Bien,
+no cavilemos. Él no dió señales de pretender combatir el fuego, y
+mientras nosotros manejábamos el _caballo_ y soltábamos mangas de agua
+contra las puertas, envueltos en llamas y humo, él quietecito y como
+atontado. Al marcharse el señorito de Armero, le llamó á la cámara para
+entregarle su reloj--un reloj precioso con tapa de brillantes--y dos
+sortijas muy buenas también, encargándole que se las llevase á su novia
+como recuerdo y despedida. Lo que yo digo: el hombre se encontraba
+resuelto á morir. Luego subió á popa, y le vi sentado, muy taciturno,
+con la cabeza entre las manos. Á dos pasos me coloqué yo. Él se volvió
+y me dijo:
+
+--Cocinero ¿tiene usted ahí un cigarro?
+
+--Mi oficial, sólo tengo picadura en el bolsillo del chaquetón... Pero
+éste tiene tabacos, de seguro...--añadí, señalando á un camarero que
+estaba allí cerca.--¿Querrá usted creer que el bruto del camarero se
+resistía á meter la mano en el bolsillo y soltar el cigarro? Animal--le
+grité--no seas tacaño ahora; ¿de qué te servirá el tabaco si vamos
+todos á perecer?--En vista de mis gritos, el hombre aflojó el cigarro.
+El tercero lo encendió, y daría, á todo dar, tres chupadas; á cada una
+le veía yo la cara con la lumbre del cigarro: un gesto que ponía miedo.
+Á la tercer chupada, acercó á la sien el revólver, y oímos el tiro.
+Cayó redondo, sin un _ay_.
+
+Nadie se asustó, nadie gritó: casi puedo decir que nadie se movió:
+estábamos ya de tal manera, que todo nos era indiferente. Sólo el
+capitán preguntó desde el sofá.--¿Qué es eso? ¿qué ocurre?--El tercero
+que se acaba de levantar la tapa de los sesos.--¡Hizo bien!--De allí
+á poco rato murmuró.--Echarle al mar.--Obedecimos, y á ninguno se le
+ocurrió rezar el _Padre nuestro_.
+
+¡Es que se vuelve uno estúpido en ocasiones semejantes! Figúrese usted
+que en los primeros instantes, recogió el capitán, de la caja, seis mil
+duros y pico en oro y billetes; seis mil duros y pico que anduvieron
+rodando por allí, sobre cubierta, sin que nadie les hiciese caso, ni
+los mirase. En cambio, al piloto se le había metido en la cabeza buscar
+el cuaderno de bitácora, y se desdichaba todo porque no daba con él,
+lo mismo que si fuese indispensable apuntar á qué altura y latitud
+dejábamos el pellejo. Pues otra rareza. En todo aquel desastre, ¿quién
+pensará usted que me infundía más lástima? El perro del capitán, un
+terranova precioso, que días atrás se había roto una pata y la tenía
+entablillada: el animalito, echado junto al timón, remedaba á su
+amo: los dos iguales, inválidos y aguardando por la muerte. ¡Si seré
+majadero! El perro me daba más pena.
+
+Ya las llamas salían por sotavento, y la mañana se iba acercando. ¡Qué
+amanecer, Virgen Santa! Todos estábamos desfallecidos, muertos de sed,
+de frío, de calor, de hambre, de cansancio y de cuanto hay que padecer
+en la vida. Algunos dormitaban. Al asomar la claridad del día, salió
+del centro del barco una hoguera enorme: por el hueco del palo mayor se
+habían abierto paso las llamas, y la cubierta iba sin duda á hundirse,
+descubriendo el volcán. Contábamos con el suceso, y á pesar de que
+contábamos, nos sorprendió terriblemente. Empezamos á clamar al cielo,
+y muchos á enseñarle el puño cerrado, preguntando á Dios:
+
+--¿Pero qué te hicimos?
+
+El capitán, que tiritaba de fiebre, me dijo gimiendo:
+
+--¡Agua! ¡por caridad, un sorbo de agua!
+
+¡Agua! Puede que la hubiese en el aljibe. Así que lo pensé fuí hacia él
+y se me agregaron varios sedientos, poniendo la boca en unos remates
+que tiene el aljibe y son como biberones por donde sale el agua. ¡Qué
+de juramentos soltaron! El agua, al salir hirviendo, les abrasó la
+boca. Yo tuve la precaución de recibirla en mi casquete y dejarla
+enfriar. El capitán continuaba con sus gemidos. Tuve que dársela medio
+templada aún. ¡Me miró con unos ojos!
+
+--Gracias, Salgado.
+
+--No hay de qué, capitán... ¡Se hace lo que se puede!
+
+La tormenta, en vez de ir á menos, hasta parece que arreciaba desde que
+era de día. Para no caer al mar, nos cogíamos á la barandilla. Pasó
+un barco y por más señales que le hicimos, no se detuvo: y debió de
+vernos, pues cruzó á poca distancia. Á mí me dolían de un modo cruel
+los ojos, secos por el fuego, y cuanto más descubría el sol, menos veía
+yo, no distinguiendo los objetos sino como al través de una niebla. Por
+otra parte, me sentía desmayar, pues desde el almuerzo de la víspera no
+había comido bocado, y se me iba el sentido. Casualmente se encontraban
+sobre cubierta, descuartizadas y colgadas, las reses muertas para el
+consumo del buque, y con el calor del incendio estaban algo asadas ya.
+Los que nos caíamos de necesidad nos echábamos sobre aquel gigantesco
+rosbif, medio crudo, y refrescamos la boca con la sangre que soltaba.
+Nos reanimamos un poco.
+
+Á medio día sucedió lo que temíamos: quedó cortada la comunicación
+entre la proa y la popa, derrumbándose con gran estrépito media
+cubierta y viéndose el brasero que formaba todo el centro del
+barco. Salieron las llamas altísimas, como salen de los volcanes, y
+recomendamos el alma á Dios, porque creímos que iban á alcanzarnos.
+No sucedió esto por dos razones: primera, por tener el buque, en
+vez de obra muerta de madera, barandilla de hierro; segunda, por
+estar las puertas de hierro cerradas hacia la parte de popa, lo cual
+contuvo el incendio por allí, obligándole á cebarse en la proa. De
+todas maneras, no debían las llamas de andar muy lejos de nuestras
+personas, ya que á eso de las tres de la tarde empezamos á advertir
+que el piso nos tostaba las plantas de los pies. Atamos á una cuerda
+un cubo, y lo subíamos lleno de agua de mar, vertiéndolo por el suelo
+para refrescarlo un poco. Ya comprendíamos lo estéril del recurso, y
+en medio de lo apurados que estábamos, no faltó quien se riese viendo
+que era menester levantar primero un pie y luego bajar aquél y levantar
+el otro, para no achicharrarse. Serían las tres. El capitán me llamó
+despacito.
+
+--Salgado, ¡cuánto mejor era morir de una vez!
+
+--Para morir siempre hay tiempo, mi capitán. Aún puede que la Virgen
+Santísima nos saque de este apuro.
+
+Claro que yo se lo decía para darle ánimos: allá en mi interior
+calculaba que era preciso hacer la maleta para el último viaje. Bien
+sabe Dios que ni pensaba en las herramientas que había perdido, ni en
+mi propia muerte, sino sólo en los chiquillos que quedaban en tierra.
+¿Cómo los trataría su padrastro? ¿Quién les ganaría el pan? ¿Saldrían
+á pedir limosna por las calles? Á lo que yo estaba resuelto era á no
+morir asado. Miré dos ó tres veces al mar, reflexionando cómo me
+tiraría para no romperme la cabeza contra el casco y no sufrir más
+martirio que el del agua cuando me entrase en la boca. Para acabar de
+quitarnos el valor, pasó un barco sin hacer caso de nuestras señales.
+Le enseñamos el puño y hubo quien le gritó:--Permita Dios que te veas
+como nos vemos.
+
+Ya nos rendía los brazos la faena de bajar y subir baldes de agua,
+que era lo mismo que querer apagar con saliva una hoguera grande: y
+convencidos de que perdíamos el tiempo y que era igual perecer un
+cuarto de hora antes ó después, el que más y el que menos empezó á
+pensar cómo se las arreglaría para hacer sin gran molestia la travesía
+al otro barrio. Yo me persigné, con ánimo de arrojarme en seguida al
+mar. ¡Qué casualidades! Hete aquí que aparece una embarcación, y en vez
+de pasar de largo, se detiene.
+
+Ya estaba el barco al habla con nosotros: una goleta inglesa, una
+hermosa goleta que desafiaba la tempestad manteniéndose al pairo. Los
+que conservaban ojos sanos pudieron leer en su proa, escrito con letras
+de oro, Duncan. Empezamos á gritar en inglés, como locos desesperados:
+
+--_¡Schooner! ¡Schooner! ¡Come near!_
+
+--_¡Throw to the water!_ nos respondían á voces, sin atreverse á
+acercarse. ¡Echarnos al agua! ¡No quedaba otro recurso, y éste era tan
+arriesgado! En fin, qué remedio: los esquifes no podían aproximarse,
+por el temporal, y el buque menos aún. Nuestro _San Gregorio_, cercado
+por todas partes de llamas inmensas, ponía miedo. Había que escoger
+entre dos muertes, una segura y otra dudosa. Nos dispusimos á beber el
+sorbo de agua salada.
+
+El primer chaleco salvavidas que nos arrojaron al extremo de un cabo,
+se lo ofrecimos al capitán.
+
+--Ánimo, le dijimos. Póngase usted el chaleco y al mar: mal será que no
+bracee usted hasta la goleta.
+
+--¡No puedo, no puedo!
+
+--Vaya, un poco de resolución.
+
+Se lo puso y medio murmuró, gimiendo:
+
+--Tanto da así como de otro modo.
+
+Y acertaba. Aquello fué adelantar el desenlace y nada más. Se conoce
+que ó la humedad del agua ó el sacudimiento de la caída le abrieron
+las arterias del pie tronzado y se desangró en un decir Jesús; ó acaso
+el frío le produjo calambre; no sé: el caso es que le vimos alzar los
+brazos, juntarlos en el aire, y colarse por ojo del salvavidas al fondo
+del mar. Quedaron flotando el chaleco y la gorra: á él no le vimos ya
+más en este mundo.
+
+Seguían echándonos, desde la goleta, cabos y salvavidas, y la gente,
+visto el caso del capitán, recelaba aprovecharlos. Yo me decidí primero
+que nadie. Ya quería, de un modo ó de otro, salir del paso. Pero
+antes de dar el salto mortal, reflexioné un poco y determiné echarme
+de soslayo, como los buzos, para que la corriente, en vez de batirme
+contra el buque, me ayudase á desviarme de él. Así lo hice, y en
+efecto, tras de la zambullida, fuí á salir bastante lejos del _San
+Gregorio_. Oía los gritos con que desde el _schooner_ me animaban, y oí
+también el último alarido de algunos de mis compañeros, á quienes se
+tragó el agua ó zapatearon las olas contra los buques. Yo choqué con
+la espalda en el casco del _Duncan_: un golpe terrible, que me dejó
+atontado. Cuando me halaron, caí sobre cubierta como un pez muerto.
+
+Acordé rodeado de ingleses. Me decían: _¡go! ¡cook! ¡go!_ ¡á la cámara!
+Me incorporé y quise ir adonde me mandaban, pero no veía nada, y
+después de tantos horrores me eché á llorar por primera vez, exclamando:
+
+--_My no look_... ciego... enséñenme el camino...
+
+Me levantaron entre dos y me abracé al primero que tropecé, que era un
+grumete y rompió también á llorar como un tonto. No sé las cosas que
+hicieron conmigo los buenos de los ingleses. Me obligaron á beber de un
+trago una copa enorme de _brandy_, me pusieron un traje de franela, me
+dieron fricciones, me acostaron, me echaron encima qué sé yo cuántas
+mantas, y me dejaron solito.
+
+¿Qué sentí aquella noche? Verá usted... Cosas muy raras; no fué
+delirar, pero se le parecía mucho. Al principio sudaba algo y no tenía
+valor para mover un dedo, de puro feliz que me encontraba. Después, al
+oir el ruido del mar, me parecía que aún estaba dentro de él, y que
+las olas me batían y me empujaban aquí y allí. Luego iban desfilando
+muchas caras: mis compañeros, el tercero á la luz del cigarro, el
+capitán, y gentes que no veía hacía tiempo, y hasta un chiquillo que se
+me había muerto años antes...
+
+En fin, por acabar luego: llegamos á Newcastle, se me alivió la vista,
+el cónsul nos dió una guinea para tabaco, y á los pocos días nos
+embarcamos en un barco español con rumbo á Marineda. ¡Qué diferencia
+del buque inglés! Nuestros paisanos nos hicieron dormir en el pañol
+de las velas, sobre un pedazo de lona: apenas conseguimos un poco de
+rancho y galleta por comida: como si fuésemos perros.
+
+De la llegada, ¿qué quiere usted que diga? Á mi mujer le habían dado
+por cierta mi muerte; en la calle le cantaban los chiquillos coplas
+anunciándosela. Supóngase usted cómo estaba, y cómo me recibió. Ahora
+he de ir al santuario de la Guardia: no tengo dinero para misas; pero
+iré á pie, descalzo, con el mismo traje que tenía cuando me halaron
+sobre la cubierta del _Duncan_: chaleco roto por los garfios del
+salvavidas, pantalón chamuscado, y la cabeza en pelo; se reirán de
+verme en tal facha: no me importa: quiero besar el manto de la Virgen,
+y rezar allí una _Salve_.
+
+Me faltará para pan, pero no para comprar una fotografía del _San
+Gregorio_... ¿Ha visto usted cómo quedó? El casco parece un esqueleto
+de persona, y aún humea: el cargamento de algodón arde todavía:
+dentro se ve un charco negro, cosas de vidrio y de metal fundidas y
+torcidas... ¡Imponente!
+
+¿Que si me da miedo volver á embarcarme?... ¡Bah! ¡Lo que está de
+Dios... por mucho que el hombre se defienda...! Ya tengo colocación
+buscada. ¿Quiere usted algo para Manila? ¿Que le traiga á usted algún
+juguete de los que hacen los chinos? El domingo saldremos...
+
+ * * * * *
+
+Di al cocinero del _San Gregorio_ unos cuantos puros. Tiene el cocinero
+del _San Gregorio_ buena sombra y arte para narrar con viveza y
+colorido. Durante la narración, vi acudir varias veces las lágrimas á
+sus ojos azules, ya sanos del todo.
+
+
+
+
+ LA PAZ
+
+
+Declarada la guerra entre los dos bandos enemigos, cada cual pensó en
+armarse. La elección de jefes no ofrecía dificultad: Pepito Lancín era
+aclamado por los de los bancos de la izquierda, y Riquito (Federico)
+Polastres por los de la derecha. Merecían los dos caudillos tan
+honorífico puesto.
+
+Con su travesura y su viveza de ingenio inagotable, Pepito Lancín
+conseguía siempre divertir á los compañeros de colegio, discurriendo
+cada día alguna saladísima diablura, y volviendo loco al catedrático
+de Historia, don Cleto Mosconazo, á quien había tomado por víctima.
+Ya le metía dentro del tintero una rana viva; ya le disparaba con la
+cerbatana garbanzos y guisantes; ya le untaba de pez el asiento, para
+que se le quedasen pegadas las faldillas del gabán; ya le colocaba
+un alfiler punta arriba en el brazo del sillón, donde el señor de
+Mosconazo tenía costumbre de pegar con la mano abierta mientras
+explicaba á tropezones las proezas de Aníbal ó las heroicidades de
+Viriato el pastor. Verdad que, después de cada gracia, Pepito Lancín
+«se cargaba» su castigo correspondiente: ya el tirón de orejas, ya el
+encierro á pan y agua, ya la hora de brazos abiertos ó de rodillas;
+y cuando algún disparo de la cerbatana hacía blanco en la nariz del
+profesor, éste recogía el proyectil y lo deslizaba debajo de la rótula
+del delincuente arrodillado. Parece poca cosa estarse de rodillas sobre
+un garbanzo una horita, ¿eh? ¡Pues hagan la prueba y verán lo que es
+bueno!
+
+Lejos de mermar el prestigio de Pepito Lancín, los castigos sufridos
+con estoicismo alegre, mezclando las muecas de burla con las
+contracciones del dolor, le hacían más popular entre los muchachos.
+En cuanto á Riquito Polastres, su fama reconocía otro origen: las
+cualidades morales é intelectuales, la constancia y la agudeza eran
+privilegio de Lancín; de Polastres, la fuerza física, unos puños como
+pesas de gimnasia y un pecho como la proa de un navío. El diminutivo
+de Federiquito parecía un epigrama, mirando aquel corpachón y aquellas
+manazas descomunales, y presenciando cómo el muchacho, de una puñada,
+hacía astillas el pupitre, y de una morrada deshacía una jeta _de
+hombre_: porque en esto se fundaba la gloria, la prez de Riquito; á los
+doce años había calentado los morros al asistente del papá de su novia,
+que quería espantarle del portal como se espanta á un perro faldero.
+Sí; ¡buen faldero te dé Dios! Aún tenía el zanguango del asistente un
+ojo hecho una lástima y un carrillo inflado, de resultas de la trompada
+fenomenal que le atizó Riquito...
+
+Esta contraposición de aptitudes que se observaba en los dos jefes de
+bando, provocó la declaración de guerra, porque cada día se chungueaban
+los izquierdos á cuenta de los derechos, tratando á Riquito de _mulo_
+y de _zoquete_, y los derechos acusaban á los izquierdos de _gallinas_
+y de _señoritas almidonadas_, lo cual es altamente ofensivo y no puede
+quedar impune. Nada, nada, á armar una guerra; el campo de batalla
+sería el descampado fronterizo al hospital y á espaldas del cuartel
+nuevo; allí se vería quién es quién, y si los de la izquierda gastan
+enaguas ó pantalones. No ha de ser una pedrea vulgar, como otras veces,
+sino una batalla en regla, igual que las que traen los periódicos; se
+emplearán armas blancas y de fuego; cada cual recogerá en su casa lo
+que encuentre, y los dos bandos se encontrarán á las seis de la mañana,
+una hora antes de entrar en clase--porque después pasa gente y andan
+cerca «los del orden»--en el sitio señalado, al mando de sus jefes
+respectivos.
+
+Ni un combatiente faltó de las filas.
+
+El entusiasmo, el ardor bélico, se reflejaban en todos los semblantes.
+De armamento, á decir verdad, andábamos medianamente: éste traía una
+pistola de salón descargada, aquél un cuchillo de mesa; lo que más
+abundaba eran las navajas y los cortaplumas, los sables de juguete y
+algún bastón de estoque sustraído á papá. Sin embargo, Pepito Lancín,
+entreabriendo su americana, mostró con orgullosa sonrisa un cinturón
+de cuero, y atravesado en él un magnífico revólver de níquel. Riquito
+se retorció de envidia. ¡Un revólver como Dios manda, un revólver de
+verdad! Para aplastar completamente á su adversario, Lancín dijo con
+fatuidad suma:
+
+--Cargadito con seis tiros... Y en el bolsillo cápsulas.
+
+Sonrió Riquito con desprecio. No necesitaba armas, le bastaban sus
+puños. Así lo declaró en alta voz; las armas para los cobardes, para
+los gallinas de la izquierda del colegio. Los dos bandos se hicieron
+muecas y cruzaron los insultos de costumbre; después, á la voz severa
+de los jefes, se replegaron para situarse en línea de batalla. De
+pronto, el denodado Lancín se adelantó al centro del espacio libre, y
+encarándose otra vez con Riquito, exclamó perentoriamente:
+
+--Ahora veréis lo que es el valor de los españoles. ¡Muchachos! ¡Viva
+España! ¡Á la bayoneta!
+
+El caso es que Riquito era tan cerrado de meollo, que al pronto
+no entendió la significación de aquel grito, y lo repitió
+inconscientemente, haciendo coro á su enemigo. ¿Que viviese España?
+¡Claro! ¿Eso qué tenía de particular? Los murmullos de su tropa le
+sorprendieron. ¿Por qué protestaban? ¿Por qué chillaban y enseñaban los
+puños, no á los _izquierdos_, sino á él, á su excelencia el general
+Polastres? Por qué repetían: «No nos da la gana, barajas. ¡Eso no,
+contra!». Para comprender lo que sucedía, fué preciso que uno de los
+más despabilados _derechos_, metiéndole los dedos por los ojos á su
+jefe, le gritase:
+
+--¡Barajas, tonto, que no queremos ser nosotros los mambises y que
+ellos sean los españoles!
+
+Tenía razón; ¿cómo no se le había ocurrido inmediatamente? ¡Aquel
+tunarra de Lancín los quería fastidiar! ¡Ah, granuja! Rebosando
+indignación, echando chispas, Polastres corrió hasta el general
+enemigo, sin temor á que le envolviesen y le hiciesen prisionero
+viéndole solo. Sentíase capaz de hundir paredes con la frente: iba
+ciego, frenético, por lo sangriento de la burla. Por instinto de
+caballerosidad, los adversarios aguardaron á que se explicase.
+
+--Oyes tú, Lancín, ¿quién éramos nosotros?
+
+--¡Anda éste! Érais los mambises--respondió Pepito, apretando la culata
+de su revolver, por el fino gusto de acariciarla.
+
+--¿Y vosotros?
+
+--Éramos los españoles, ya se sabe. ¿Qué habíamos de ser?
+
+--¡Claro, como que íbamos á entrar así! No vale. ¡No se nos antoja,
+barajas! ¿Piensas que te moneas conmigo?
+
+--Y entonces, ¿cómo va á ser, bruto, animal? Si no éramos contrarios,
+cata que no había guerra.
+
+--¡Pues que la haya ó que no la haya! Eres muy listo tú. Déjanos á
+nosotros ser españoles, y ser vosotros los enemigos.
+
+--No puedo--objetó con suprema dignidad Lancín.
+
+--¿No? ¡Verás si puedes, rayo! Del lapo que te voy á soltar... te dejo
+negro, y estarás muy propio.
+
+--¡Pero, adoquín, si tengo la bandera ya!--contestó riendo
+triunfalmente el general Pepito, que sacó del bolsillo un trapo de
+percalina amarillo y rojo, resto probablemente de algún adorno de
+mástil en las últimas fiestas que había celebrado la ciudad, y lo
+tremoló orgulloso en el aire, repitiendo el patriótico grito lanzado
+momentos antes y contestado antes y ahora por los dos ejércitos. Al
+escucharlo por segunda vez, al ver ondear la bandera, la hueste de
+Riquito se precipitó y rodeó á Lancín, aclamando lo mismo que él
+aclamaba con voces atipladas y roncas, pero con una cordialidad y
+alegría que revelaba disposiciones pacíficas; y el jefe, confuso,
+no encontrando solución al problema--más fácil le parecía arremeter
+contra todos, contra el enemigo y contra los que se le pasaban
+traidoramente--exclamó avergonzado, llorando como un becerro:
+
+--Me has partido... Esto _no sirve_... No puede haber batalla... Si
+todos éramos españoles, no nos podíamos pegar... También te aseguro que
+cuando yo te pille y no esté delante nadie y no tengas bandera...
+
+--¡Vaya una gracia que harás! Tienes una fuerza que pareces un
+buey--contestó altivamente Lancín disparando su revólver al aire,
+mientras los dos ejércitos fraternizaban, y Riquito se arrepentía ya de
+su amenaza poco generosa.
+
+Las mamás de los guerreros nunca supieron de la que habían escapado.
+
+
+
+
+ SUERTE MACABRA
+
+
+Queréis saber por qué don Donato, el de los carrillos bermejos y la
+risueña y regordeta boca, se puso abatido, se quedó color de tierra y
+acabó muriéndose de ictericia? Fué que--oídlo bien--le cayó el premio
+gordo de Navidad, los millones de pesetas...
+
+Antes de este acontecimiento, don Donato era un hombre que podía
+llamarse feliz, si tal adjetivo no pareciese un reto al destino, que
+siempre está enseñando los dientes á los mortales. Encerrado en su
+droguería y herboristería de la calle de Jacometrezo, haciendo todos
+los días á la misma hora las mismas cosas insípidas y rutinarias, don
+Donato era plácidamente optimista: sus excesos y lujos consistían
+en alguna escapatoria á los teatrillos alegres, porque don Donato
+aborrecía la literatura triste--al teatro se va á reir--y sus derroches
+en traerse á casa las mejores frutas y legumbres del mercado del
+Carmen, pues adoraba, á fuer de obeso, los alimentos flojos.
+
+Jugador empedernido de lotería, nunca perdió sorteo, y no sólo se
+arriesgaba él sino que tomaba parte con amigos, y hasta les encomendaba
+la adquisición de décimos en administraciones que por cualquier motivo
+juzgaba afortunadas, dentro de las laboriosas combinaciones que
+realizaba para perseguir y acorralar á la suerte, á quien un día ú otro
+estaba cierto de coger por las alas. ¿En qué se fundaba tal seguridad?
+No podía decirlo, pero le alentaba una fe robusta, un instinto ó
+presentimiento--llámenle los escépticos como quieran--. Supersticioso
+y calculista pueril, sucedíale á veces pararse en seco ante el número
+de una casa ó el de un coche simón, y correr á la administración á
+pedir el mismo número. Lo que más le confirmaba en su manía, era una
+circunstancia que realmente parecerá extraña á todo el que conozca la
+lotería un poco: en la ya larga existencia de jugador de don Donato,
+que jugaba en cada sorteo, en algunos doble y triple, no le había
+caído, no digamos un premio regular, pero ni una aproximación, ni un
+reintegro en Nochebuena, ni nada, nada, nada... Esta singular reserva
+de la fortuna le parecía á don Donato signo infalible de que sólo se
+ocultaba para venir un día de pronto, fulminante, terrible, con los
+brazos abiertos y las manos tendidas, llenas de oro.
+
+Hará dos años, estudiando don Donato la marcha del _gordo_, del premio
+deslumbrador de Navidad, observó que desde tiempo inmemorial no había
+caído en M...; y, herida su imaginación por esta circunstancia, encargó
+á un amigo y corresponsal que allí tenía que le tomase _un billete_
+nada menos. Á vuelta de correo recibió la respuesta y el número del
+billete adquirido, en el cual el comprador se reservaba un décimo.
+Giró el dinero don Donato; guardó como oro en paño el número y la
+carta comprobante, y esperó el sorteo con fatalismo de musulmán. Sin
+emoción compró la lista cuando la oyó vocear, y al fijar los ojos en
+el glorioso número, una oleada de sangre afluyó á su cabeza... Era el
+número adquirido en M...; el propio número... el suyo, el esperado,
+el de los millones... allí estaba, claro como la luz. ¡El premio, el
+premio... La fortuna, abierta de brazos, derramando oro con sus anchas
+manos pródigas!
+
+Se repuso pronto don Donato. ¿Pues qué, no contaba con aquello, desde
+tantos años hacía? ¡Era lógico que al fin viniese! Una alegría intensa,
+serena, le embargaba plácidamente, mientras corría á cerciorarse...
+aunque estaba seguro de que resultaría verdad.--Y verdad resultó. No
+quedaba más que recoger, cobrar y disfrutar á pulso lo cobrado.
+
+No queriendo hacer pública su dicha, por quitarse de murgas y sablazos;
+pensando que nadie ejecuta las cosas mejor que el interesado, aquella
+misma noche tomó el tren y no paró hasta dar con su cuerpo en M...
+Llegó á hora avanzada de la noche siguiente, molido y asendereado, como
+sedentario que viaja sin ganas y por precisión, y hubo de recogerse á
+una posada, para aguardar con la luz del día la hora de presentarse á
+su corresponsal y reclamar el billete. Al acostarse pensó madrugar, mas
+de puro quebrantado le tomó el sueño, y despertó muy tarde. Vistióse,
+y con indefinible sobresalto corrió á casa del amigo en cuyas manos se
+encontraba el tesoro. En la esquina de la calle vió gentío; monagos,
+mujerucas que lanzaban exclamaciones de compasión; escuchó las notas
+del piporro, la salmodia de los curas; rompió por entre la compacta
+muchedumbre, se abrió paso hasta el portal, y al querer enfilar la
+escalera, tropezó con un ataúd que bajaba en hombros... Ya lo adivinas,
+lector: encerraba el cadáver del poseedor del billete premiado...
+
+Después de cortos momentos de angustia cruel, don Donato se resolvió á
+penetrar, sin encomendarse á Dios ni al diablo, hasta el gabinete donde
+lloraba la viuda. Brutalmente--millones quitan escrúpulos--formuló la
+cuestión y reclamó el billete. Era de temer un desmayo: no lo hubo;
+la viuda, digna y tranquila, franqueó á don Donato el mueble donde
+el difunto guardaba sus papeles de mayor interés. Á las primeras de
+cambio encontraron en el cajón central una cédula de letra del muerto,
+que decía así: «Día tantos... he comprado para el señor don Donato
+Galíndez, droguero en Madrid, un billete entero de lotería, número
+tantos, que conservo en mi poder...». Y debajo: «Día tantos, recibida
+letra importe billete, menos un décimo que reservo para mí...». Abrió
+tanto ojo la viuda con lo del décimo, y desde aquel mismo instante se
+consagraron ella y don Donato, rivalizando en celo, á registrar la
+casa de abajo arriba; pero aun cuando gastaron tres días en pesquisas
+minuciosas, nada pudieron encontrar. El billete había desaparecido.
+
+Al cuarto día, don Donato, que ya tenía fiebre y estaba medio loco, iba
+á retirarse amenazando con la Justicia, cuando la viuda, llamándole á
+un rincón y titubeando, le dijo quedamente:
+
+--¿Sabe usted... que... que pienso una cosa? Se me ha clavado aquí--y
+apoyaba el índice en el entrecejo.
+
+--¿Qué cosa, señora mía?
+
+--Que... que tal vez... ese... ese billete... esté... Sí, casi de fijo
+está...
+
+--¿Dónde, voto á mil pares?...
+
+--¡Está... enterrado... con mi esposo!...
+
+--¡Enterrado!--exclamó don Donato, á punto de que lo enterrasen también.
+
+¿Lo creerán ustedes? Si no lo creen hacen mal. El terror á los muertos
+era tan profundo en don Donato, que si no le anima y envalentona la
+viuda, tal vez renuncia entonces á perseguir su billete. «No dude que
+está allí--insistía ella más resuelta cada vez--, porque _llevó puesta_
+su levita buena, la de paño fino, y es la misma que usó tres ó cuatro
+días antes de morir... Juraría que el billete va en el bolsillo. Como
+mi esposo falleció casi de repente...».
+
+Azuzado por la valerosa señora, don Donato se enteró de las
+formalidades necesarias para hacer exhumar judicialmente un cadáver,
+y pareciéndole empresa erizada de dificultades y hasta de peligros,
+resolvió echar por la calle de en medio y sobornar al encargado de
+la custodia del cementerio, para que abriese el nicho y el ataúd.
+Encuéntrase el cementerio de M... situado á orillas del mar, y la noche
+en que se realizó la lúgubre hazaña era de tormenta horrible; silbaba
+el viento entre los negros cipreses, y el sordo é imponente murmurio
+del océano tenía tonos de queja, de maldición y de llanto; clamores
+sobrehumanos por lo amenazadores y tristes, parecidos á un coro de
+voces de muertos. Á don Donato le corría el sudor, en frías gotas,
+desde el cráneo hasta la nuca; sus dientes castañeteaban, y sus piernas
+flaqueaban como si fuesen de algodón. Destapiaron el nicho; para sacar
+la caja, tuvo el droguero que ayudar, pues pesaba bastante; y cuando
+se alzó la tapa de zinc, la primer bocanada de putrefacción, el hedor
+cadavérico, dió, más que en las narices, en el alma á don Donato. La
+viuda, siempre animosa, le dijo al oído:
+
+--Ea... registre usted; no vaya á creer, si registro yo, que le engaño.
+
+Acercó el sepulturero la linterna; don Donato, con esfuerzo
+sobrehumano, se inclinó sobre la caja; vió una cara espantosa, verde
+ya, unos ojos abiertos, vidriados y aterradores, una barba fosca, unos
+labios lívidos... y sólo cuando la viuda repitió con energía:
+
+--¡Pero regístrele usted!
+
+Sólo entonces, lo repito, se dió cuenta de lo más horroroso... ¿Qué
+había de registrar? ¡El cadáver estaba desnudo! Cayó desplomado el
+droguero, mientras la viuda, con acento de desesperación, exclamaba:
+
+--¡Estúpida de mí! ¡Por qué no picaría yo á tijeretazos la ropa!
+¡Cuando la ven entera, se la llevan, los muy ladrones!
+
+ * * * * *
+
+Se dió el oportuno aviso á la policía: se registraron las casas de
+empeño y préstamos de toda España, mas no pareció el siniestro billete,
+y el premio se lo guardó la Hacienda frotándose las manos (es una
+manera de decir). Probablemente, el ladrón de la levita arrojó al mar,
+sin examinarlos, los papeles que halló en los bolsillos, por temor á
+que le comprometiesen... Lo cierto es que don Donato, á su vez, cayó
+enfermo y murió consumido de hipocondría, enseñando los puños á una
+figura imaginaria, que debía de ser la descarada, la indinota de la
+suerte.
+
+
+
+
+ EL GUARDAPELO
+
+
+Aunque son raros los casos que pueden citarse de maridos enamorados
+que no trocarían á su mujer por ninguna otra de las infinitas que en
+el mundo existen, alguno se encuentra, como se encuentra en Asia la
+perfecta mandrágora y en Oceanía el pájaro lira ó menurio. ¡Dichoso
+quien sorprende una de estas notables maravillas de la naturaleza y
+tiene al menos la satisfacción de contemplarla!
+
+Del número de tan inestimables esposos fué Sergio Cañizares, unido
+á Matilde Arenas. Su ilusión de los primeros días no se parecía á
+esa efímera vegetación primaveral que agostan y secan los calores
+tempranos, sino al verdor constante de húmeda pradera, donde jamás
+faltan florecillas ni escasean perfumes. Cultivó su cariño Sergio
+partiendo de la inquebrantable convicción de que no había quien
+valiese lo que Matilde, y todos los encantos y atractivos de la
+mujer se cifraban en ella formando incomparable conjunto. Matilde era
+para Sergio la más hermosa, la más distinguida, donosa y elegante,
+la más discreta y simpática, y también, por añadidura, la más
+honesta, firme y leal. Con esta persuasión él viviría completamente
+venturoso, á no existir en el cielo de su dicha--es ley inexorable--una
+nubecilla tamaña como una almendra, que fué creciendo y creciendo y
+ennegreciéndose y amenazando cubrir y asombrar por completo aquella
+extensión azul, tan radiante, tan despejada á todas horas, ya reflejase
+las suaves claridades del amanecer, ya las rojas y flamígeras
+luminarias del ocaso.
+
+La diminuta nube que oscurecía el cielo de Sergio era un dije de oro,
+un minúsculo guardapelo que, pendiente de una cadenita ligera, llevaba
+constantemente al cuello Matilde... Ni un segundo lo soltaba; no se
+lo quitaba ni para bañarse--con exageración tal, que como un día se
+hubiese roto la cadena cayendo al suelo el dije, Matilde, pensando
+haberlo perdido, se puso frenética de susto y dolor; hasta que,
+encontrándolo, manifestó exaltado júbilo--. Desde el primer momento de
+intimidad conyugal, que permitió á Sergio ver brillar sobre el blanco
+raso del cutis de Matilde el punto de oro del guardapelo, aquel punto
+se le clavó en el alma, atrayendo sus ojos como si le hipnotizase.
+No llevaba Matilde cerca del corazón otra alhajilla, ni escapulario,
+ni cruz, ni medalla, y Sergio, deseando arrojar de sí vagos temores,
+supuso buenamente que el guardapelo encerraría algún emblema
+religioso. Alzándolo como al descuido, preguntó:
+
+--¿Tienes aquí una virgen?
+
+--No--respondió lacónicamente Matilde.
+
+--¿Algún santo de tu devoción?
+
+--Tampoco.
+
+--¡Ah!--murmuró el esposo.--Y se mordió los labios. Hay en el amor
+verdadero un instinto de delicadeza y altivez que impone la discreción:
+cuanto más crece el ansia de _saber_, mayor es la exigencia de que sea
+franco y sincero, y que lo sea espontáneamente, el ser querido; se
+desea deber la tranquilidad á una expansión de cariño y ternura. Sergio
+sintió que su dignidad amorosa no le permitía insistir en la pregunta,
+y fingió olvidarse de ella; pero le quedó la espina hincada muy
+adentro. Aparentó estar alegre cuando realmente se encontraba abatido
+y melancólico, y apenas acertaba á pensar sino en el guardapelo de su
+esposa. ¿Qué contenía? Hubiese dado la vida por salir de dudas... pero
+oyéndolo de boca de ella misma, de sus dulces labios, en uno de esos
+arranques leales y divinos en que los espíritus se besan, entrelazan
+y funden. Mas como Matilde, aunque siempre zalamera y halagadora,
+continuaba callándose lo del guardapelo, Sergio comprendió que se
+confundía su razón, que padecía mucho, y que, cuando tenía delante á
+su mujer, linda, adornada, dispuesta á amantes expansiones, en vez de
+ver su codiciada hermosura, sólo veía el siniestro punto de oro, el
+guardapelo fatal.
+
+Matilde notó por fin la preocupación de su marido, y con coqueterías
+y mimos quiso arrancarle la confesión de sus causas. Un día, tanto
+apretó, que Sergio, vencido--el que ama fácilmente se rinde--,
+reclinando la cabeza en el seno de su mujer, declaró que le atormentaba
+ignorar lo que contenía aquel tan estimado guardapelo.
+
+--¿Y era eso?--respondió Matilde sonriente--¡Válgame Dios! ¿Por qué no
+lo dijiste más pronto? En este guardapelo... hay un mechón de pelo de
+mi padre.
+
+La explicación parecía muy satisfactoria, y, sin embargo, Sergio, al
+oirla, sintió hondo estremecimiento allá en lo íntimo de su conciencia.
+No le había sonado bien la voz de Matilde; no encontraba en ella ese
+timbre claro, que es como el eco de la verdad. Por primera vez desde su
+boda tuvo un violento arranque, y señalando á la cadena, ordenó:
+
+--Abre ese guardapelo.
+
+Leve palidez se extendió por las mejillas de Matilde, pero obedeció;
+apretó el resorte y Sergio divisó, tras su cristal, un mechón de pelo
+fino, de un rubio ceniza... En vez de echar los brazos al cuello de su
+mujer, que repetía: «¿Lo ves?» Sergio volvió á percibir otro golpe,
+otra fría puñalada... Retiróse lentamente, y aquel día los esposos no
+se hablaron. Matilde, quejándose de jaqueca, se acostó á medio día, y
+Sergio salió al campo á pasear.
+
+Cavilaba, discurría. Su suegro, ya difunto, y á quien había conocido
+calvo, con cerquillo de pelos grises, ¿sería en su juventud tan
+rubio? La cosa era bastante difícil de averiguar. Probablemente nadie
+recordaba ese detalle, pues para nadie tenía importancia, sino para
+él, Sergio, en aquella hora de su vida. ¿Quién le diría la verdad? Los
+días siguientes, disimulando la inquietud, preguntó á troche y moche,
+frecuentó el trato de los contemporáneos de su suegro, revisó retratos
+antiguos, fotografías, una miniatura... Nada logró sacar en limpio, más
+que noticias contradictorias.--Por fin, recordó que hacía pocos meses
+Matilde le había interesado en una recomendación á favor de un quinto,
+nieto de cierta buena mujer que había sido niñera de su padre, y que
+vivía aún, en una aldea cercana. Sergio, afanoso, ensilló el caballo y
+no paró hasta apearse ante la cabaña de la viejecita. Ésta, que frisaba
+en los ochenta y tres años, estaba impedida, medio ciega y casi sorda.
+Costóle gran trabajo á Sergio hacer comprender á la anciana su extraña
+pregunta. ¿De qué color tenía el pelo su suegro cuando era niño? Al
+fin, la vieja, meneando la cabeza decrépita, respondió en cascada voz,
+alzando el dedo índice:
+
+--¿El pelo? Lo tenía negrito, negrito como la endrina. ¡Ay! Era muy
+guapo.
+
+Sergio, que al pronto se quedó convertido en piedra, salió después
+corriendo como un loco. Matilde había mentido. ¡La condenaba aquel
+testimonio irrecusable! No podía ser recuerdo filial el mechón rubio.
+
+Una semana tardó Sergio en volver á su hogar. Anduvo errante,
+desatinado, y durante aquella semana puede decirse que recorrió el
+ciclo de la vida del sentimiento y que agotó entera la copa de la duda
+y la desesperación, sufriendo la profunda miseria moral que acompaña
+á los celos. Los dos primeros días dió por seguro que Matilde era una
+gran culpable y decidió matarla.--Los dos siguientes supuso que el
+mechón no recordaba sino algún inocente amorío de la adolescencia. Y
+al correr los tres últimos empezó á sonreirle una hipótesis que á cada
+paso se le figuraba más cuerda y razonable: la anciana, chocha ya, se
+había equivocado, como se equivocan hasta en lo más patente otras dos
+centenarias temblonas, la historia y la tradición. Al séptimo día,
+en el alma de Sergio el amor consiguió reconstruir su mundo ideal:
+la condenada vieja mentía, era una bellaca embustera y maliciosa; el
+padre de Matilde tenía el pelo rubio, muy rubio, y en último caso, si
+aquel mechón fuese _una memoria_... ¿qué importaba? No hay mujer que no
+conserve un guardapelo y lo lleve, si no al cuello en el corazón, lo
+cual es peor, ¡peor infinitamente!--Y Sergio, dolorido, pero resignado
+y ferviente, volvió al lado de Matilde, acostumbrado ya al brillo
+siniestro del punto de oro.
+
+
+
+
+ LA VENTANA CERRADA
+
+
+Si alguna febril curiosidad he padecido en mi vida--declaró Pepe
+Olivar, el original escritor que hizo ilustre el prosaico seudónimo de
+_Aceituno_--; si me convencí prácticamente de que por la curiosidad
+se puede llegar á la pasión, fué debido al enigma de una ventana
+cerrada siempre, y detrás de la cual supuse que vivía--ó más bien que
+moría--una mujer á quien no conseguí ver nunca... ¡Nunca!
+
+--Eso parece leyenda de antaño, cuento misterioso de la época
+romántica--exclamó uno de nosotros.
+
+--¡Y tú te figuras, incauto--repuso _Aceituno_ sarcásticamente--que ha
+inventado algo el romanticismo? ¿Supones que no hubo románticos sino
+allá por los años del 30 al 40? ¿Desconoces el romanticismo natural,
+que no se aprende? ¿Piensas que la imaginación puede sobrepujar á la
+realidad? Las infinitas combinaciones de los sucesos producen lo que
+ni aun entrevé la inspiración literaria. De esto he tenido en mi vida
+muchas pruebas; pero la historia de la ventana... ¡ah! ésa pertenece,
+no al género espeluznante, sino á otro, poco lisonjero ciertamente para
+mí... Con todo, no careció de poesía: poesía fueron, y poesía de gran
+vibración, las violentas emociones que logró producirme.
+
+Supón que yo era muy muchacho: iba á cumplir los diecinueve, y desde
+C... acababa de trasladarme á Madrid para completar mis estudios en la
+facultad de Medicina y «despabilarme» (así decía mi padre, que me tenía
+por un rapaz encogido y torpe). Es frecuente que los chicos, por exceso
+de sensibilidad, parezcan lerdos; así me pasaba á mí; andaba por el
+mundo como dormido, mientras en mi interior se representaban novelas,
+dramas y tragedias, siempre con el mismo protagonista; el pobre
+estudiante de medicina, que desde el balcón de una casa de huéspedes de
+las más baratas, miraba pasar el torbellino de la corte, el descenso
+de los elegantes trenes hacia el paseo y los toros, el movimiento
+incesante, vertiginoso, de una de las grandes arterias madrileñas.
+
+Dominaba mi balcón del cuarto piso, no sólo la ancha calle que sabéis,
+sino las estufas, dependencias y jardines de cierto magnífico palacio.
+Cuando el bullicio callejero me aburría; cuando, rendido de estudiar
+para prepararme á los exámenes, ó de tragar libros y almacenar
+conocimientos, ó de darme un atracón de versos, soñaba con siestas en
+el campo y excursiones al través de las rientes campiñas galaicas,
+reposaba fijando la vista en lo que familiarmente llamaba «mi jardín».
+Dada la penuria de vegetación del interior de Madrid, el tal jardín
+se me figuraba un oasis consolador de la estrechez de mi cuarto, del
+tiesto de albahaca tísica que cultivaba mi patrona, de la falta de
+dinero para salir al campo los domingos. Frondosos y crecidos eran
+los árboles que sombreaban la fachada del palacio; pero, en otoño,
+los de hoja caduca, al despojarse de su rozagante vestido verde, me
+descubrían, en el segundo piso, en el ángulo del edificio, muy distante
+del pórtico por donde salían los carruajes, _la ventana_...
+
+Al pronto, no extrañé que aquella ventana, alta y rasgada, fuese la
+sola que jamás se abría, la única que, protegida siempre por el abrigo
+de su tupido cortinaje de seda, permanecía velada como un santuario
+y cerrada como la reja de una prisión. Así que caí en la cuenta, lo
+único que me atraía del palacio espléndido era la ventana dichosa. Mi
+vista, que antes registraba afanosamente los dorados salones, las bien
+decoradas estancias, los gabinetes llenos de delicados chirimbolos,
+el lujo severo del comedor, con sus bandejas de plata repujada y
+sus flamencos tapices--cosas que daban idea de una vida superior,
+desconocida para mí--, ahora desdeñaba tal espectáculo, y «atraída por
+un imán más poderoso», como dice Hamleto, no se apartaba del ángulo del
+edificio, de la ventana nunca abierta.
+
+Con insinuantes preguntas á mi patrona; haciendo charlar á mis
+compañeros de hospedaje y café, que se jactaban de conocer á fondo
+la crónica madrileña--quise averiguar la biografía de los moradores
+del palacio. Si bien todos afirmaban saberla á ciencia cierta y con
+pelos y señales, al precisar sólo obtuve datos truncados y hasta
+contradictorios, que me pusieron en mayor confusión.
+
+El dueño del palacio era un opulento magnate que había pasado
+larguísimas temporadas en el extranjero, desempeñando altos puestos
+diplomáticos. Por su alejamiento de la patria y por su carácter
+reservado y altanero, tenía en Madrid escasos amigos y contadas
+relaciones, y era de los que ni se dejan ver ni quieren gente. Al
+tratarse de la familia del señorón, empezaban las opuestas versiones
+y las noticias novelescas. Según unos, el magnate estaba viudo de
+cierta bellísima inglesa, y tenía consigo á una hija no menos hermosa,
+único fruto de su enlace; según otros, la inglesa no había muerto y
+residía en el palacio, secuestrada por los bárbaros celos del esposo...
+Gentes de imaginación volcánica aseguraban que la dama emparedada del
+palacio no era sino una odalisca robada en Constantinopla, y muchos la
+convertían en princesa circasiana venida de los países donde es más
+puro el tipo humano en la raza blanca, y donde la mujer, satisfecha con
+tener á su lado al señor y dueño, no aspira ni á sentar en las losas de
+la calle su diminuta babucha bordada de perlas... Estas suposiciones
+me derramaron en las venas vitriolo y fuego. ¡Recuerdo que frisaba
+yo en los veinte años, y que no había amado aún! Noches enteras me
+pasé fantaseando la ventana cerrada, que guardaba, á mi parecer, la
+clave de mi destino. Con el corazón palpitante espiaba la aparición
+de la mujer que alguna vez, fatalmente, entreabriría el cortinaje y
+pagaría mis miradas con una sola, resumen de la dicha... No me cabía
+duda; la primer ojeada de la cautiva sería chispa de rayo, premio de mi
+insensata y romancesca devoción... Me procuré unos gemelos marinos para
+mejor escrutar el arcano de la ventana. Conté las mallas del encaje
+del trasparente, las bellotas de pasamanería del cortinaje doble, los
+arabescos del brocado... Cuando se encendían dentro las lámparas, yo
+veía pasar y repasar una sombra gallarda, esbelta, ya arrastrando
+flotante bata, ya ceñida por severo traje oscuro; sombra divina,
+cuerpo de mi ensueño loco... ¿Lo creerán ó dirán que exagero? Hasta
+tal punto me sacaban de quicio la dama invisible y la ventana cerrada,
+que eran indiferentes á mi juventud fogosa todas las mujeres y se me
+hacía aborrecible la lectura, como no encontrase en los libros alguna
+situación semejante á la mía...
+
+¡Los planes que forjé! ¡Los delirios que se me ocurrieron! ¿Por qué
+secuestraban á aquella mujer celestial? ¿Qué tirano, qué verdugo era
+el magnate? ¿Qué nombre daba á sus derechos? ¿Padre? ¿Marido? ¿Raptor
+y amante celoso? ¿Había yo de tolerar el crimen? ¿No podría el oscuro
+estudiante, el cero social, libertar á la prisionera? ¿Tanto costaba
+escalar la tapia, salvar la puerta, aprovechar descuidos de los
+servidores, deslizarme escalera arriba, aparecer de súbito en el cuarto
+de la hermosa, caer á sus pies y decir en voz conmovida: «Aquí me
+tienes; el cielo te depara un redentor».
+
+Sólo que del pensamiento al hecho... Á pesar de mi fiebre amorosa y
+heroica, el aspecto señorial del palacio, la gravedad del portero de
+librea de gala, lo sólido del enverjado, los ladridos roncos de un
+colosal dogo de Ulm, la saludable memoria del Código y también la
+certidumbre de mi bolsillo vacío---no hay cosa que así cohiba--, hacían
+que mis propósitos se desvaneciesen como el humo. Y quiso la pícara
+casualidad que una mañana que me levanté muy resuelto, al mirar al
+jardín y al palacio pensé que me daba un accidente... La ventana, ¡la
+ventana! estaba abierta de par en par.
+
+Exhalé un grito, asesté los gemelos... La habitación, un elegante y
+muelle _boudoir_ femenino, se encontraba vacía, desierta, solitaria...
+Recorrí las demás ventanas del palacio, todas abiertas, y en los
+salones ni alma viviente... El portero, ya sin librea, fumaba en el
+jardín; dos mozos retiraban plantas y jarrones á la estufa. Bajé mis
+cuatro pisos, crucé la calle, me llegué á la verja, tiré de la campana,
+pregunté... Los señores, la víspera, se habían marchado á Berlín.
+
+--¿Y llegaste á averiguar, oh insigne _Aceituno_, quién era la dama
+secuestrada?
+
+Pepe Olivar sonrió con ironía y humorismo, no sin mezcla de tristeza y
+nostalgia--su sonrisa propia, la marca de su estilo.
+
+--Reíos también, ¡es muy chusco! Era la esposa del magnate, una
+inglesa... y secuestrada, ya lo creo... pero por su propia voluntad,
+único medio de que no rompa sus hierros una mujer. Ésta padecía una
+enfermedad de la piel; una de esas afecciones tercas y repugnantes,
+que desfiguran el rostro. De flor de Albión se había convertido en
+berenjena madura... y como la prescripción era evitar la más leve
+corriente del aire, no salía del tocador... Por otra parte, no quería
+que la viese nadie con la cara echada á perder. Un doctor alemán
+restauró las rosas y la nieve de aquella faz, que yo adoré sin haberla
+visto.
+
+
+
+
+ INFIDELIDAD
+
+
+Con gran sorpresa oyó Isabel de boca de su amiga Claudia--mujer formal
+entre todas, y en quien la belleza sirve de realce á la virtud, como al
+azul esmalte el rico marco de oro--la confesión siguiente:
+
+--Aquí donde me ves, he cometido una infidelidad cruelísima, y si hoy
+soy tan firme y perseverante en mis afectos, es precisamente porque me
+aleccionaron las tristes consecuencias de aquel capricho.
+
+--¡Capricho tú!--repitió Isabel atónita.
+
+--Yo, hija mía... Perfecto, sólo Dios. Y gracias cuando los errores nos
+enseñan y nos depuran el alma.
+
+Con levadura de malignidad, pensó Isabel para su bata de encaje:
+
+--Te veo, pajarita... ¡Fíese usted de las moscas muertas! Buenas cosas
+habrás hecho á cencerros tapados... Si cuentas ésta, es á fin de que
+creamos en tu conversión.
+
+Y, despierta una empecatada curiosidad y una complacencia diabólica,
+volvióse la amiga toda oídos... Las primeras frases de Claudia fueron
+alarmantes.
+
+--Cuando sucedió estaba yo soltera todavía... La inocencia no siempre
+nos escuda contra los errores sentimentales. Una chiquilla de dieciséis
+años ignora el alcance de sus acciones; juega con fuego sobre barriles
+atestados de pólvora, y no es capaz de compasión, por lo mismo que no
+ha sufrido...
+
+La fisonomía de Claudia expresó, al decir así, tanta tristeza, que
+Isabel vió escrita en la hermosa cara la historia de las continuas
+y desvergonzadas traiciones que al esposo de su amiga achacaba con
+sobrado fundamento la voz pública. Y sin apiadarse, Isabel murmuró
+interiormente:
+
+--Prepara, sí, prepara la rebaja... Ya conocemos estas semiconfesiones
+con reservas mentales y excusas confitadas... El maridito se aprovecha,
+pero por lo visto has madrugado tú... Pues por mí, absolución sin
+penitencia, hija... ¡Y cómo sabe revestirse de contrición!
+
+En electo; Claudia, cabizbaja, entornaba los brillantes ojos, velados
+por una humareda oscura, profundamente melancólica.
+
+--Dieciséis años; era mi edad... y había un ser á quien entonces quería
+acaso más que á ninguno. Todos los momentos de que podía disponer, los
+dedicaba á acariciarle, á hacerle demostraciones de ternura, que él
+pagaba con otras, mil veces más apasionadas y alegres...
+
+--¡¡Claudita!!--esclamó Isabel con pudibundo mohín.
+
+--Isabel...--repuso ésta--tranquilízate, y que no te parezca cómica la
+revelación... ¡Si vieses qué lejos de mí está el tomar á broma este
+episodio! ¡Ojalá pudiese! El ser querido era un perro...
+
+--¡Ah!--gritó Isabel, que no pecaba de necia--Debí figurármelo...
+Sólo un perro justifica el lirismo con que te expresabas... Sólo el
+corazón del perro encierra lealtad, sinceridad y nobleza bastante para
+satisfacer á una soñadora como tú...
+
+--Y ahí está la razón de mis remordimientos...--afirmó seriamente
+Claudia--Si yo hubiese vendido á un ser capaz de venderme... mi
+conciencia estaría casi tranquila. Habría arriesgado algo, me habría
+expuesto á represalias... mientras que así...
+
+--Comprendo, comprendo--balbució Isabel, conmovida á pesar suyo.
+
+--Á pesar del tiempo transcurrido, aún me persiguen los recuerdos de
+mi maldad... Los años nos hacen más blandos de corazón; la juventud
+ve delante de sí tantas esperanzas, que no quiere mirar al dolor, ni
+apiadarse del daño que aturdidamente ocasiona... Mi error no tuvo
+disculpa, ni siquiera la del buen gusto. Ivanhoe, mi primer favorito,
+era un perrazo magnífico, un terranova de pelo ensortijado y negrísimo,
+como denso tapiz de alto astracán. De cabeza noble é inteligente, el
+mirar de sus grandes ojos de venturina destellaba una bondad ideal;
+¡decía un mundo de cosas! Cuando venia á descansar la cabezota en
+mi regazo, y fijaba en mis pupilas las suyas magnéticas, yo leía en
+ellas la resolución de morir por mí, si fuese preciso. La sombra de
+un peligro, la entrada de una persona desconocida, contraían con
+repentina ferocidad el hocico de Ivanhoe, que enseñaba sus blancos
+dientes amenazándoles, gruñendo sordamente. De día, me seguía paso á
+paso; de noche, dormía atravesado en el umbral de mi puerta. Mi pureza
+no necesitaba otro guardián, y mis padres acostumbraban decir que con
+Ivanhoe iba yo más defendida que con tres criados.
+
+En esto sucedió que vino de París mi tía la de Bellver, y me trajo un
+regalo carísimo. Empezaban á ponerse de moda los grifones, y dentro del
+manguito me presentó uno, diminuto hasta la ridiculez y feo hasta la
+sublimidad: «una delicia», voz unánime de cuantos le admiraron en la
+tertulia. Un matorral de pelo gris sucio se cruzaba y confundía en la
+cara del animalejo, escondiendo sus ojos desproporcionados, parecidos
+á enormes cuentas de azabache y descubriendo sólo la nariz, trufita
+húmeda, reluciente y donosa hasta la caricatura. _Clown_--así se
+llamaba el bichejo--fué nuestro juguete, frágil, original y envidiado,
+porque no se conocía otro en Madrid; y la miseria de mi vanidad me
+incitó á consagrar á Clown exclusivamente todos mis halagos, á no
+separarle de mí, á adoptarle por favorito, olvidando enteramente á
+Ivanhoe. Es más; llegué á expulsar á Ivanhoe de mi presencia y de mi
+cuarto, porque asustaba al grifón, el cual, muy tembleque, como todos
+los perros chiquitines, se convertía en azogado al ver al colosal
+terranova. Me entregué sin reparo al nuevo cariño, y si no le encargué
+á Clown un _trousseau_ lujosísimo de sedas, encajes y plumas (ya sabes
+que esto se hace hoy, como que existen modistas especiales y hasta
+figurines para perros), al menos me dediqué á lavarle, peinarle,
+perfumarle y atusarle, y le construí un collarín precioso de perlitas,
+sacrificando mi mejor brazalete para los pasadores de diamantes. Mis
+amigas rabiaban por no tener otro Clown; yo le sacaba en carruaje, en
+el manguito ó en el rincón de mi chaqueta, entre el brazo y el seno;
+y al lucir tan gracioso dije viviente, al ostentarlo como una niña
+ostenta una muñeca más cara que todas, me pavoneaba y me hinchaba de
+orgullo, sin pensar ni un instante en el olvidado...
+
+El olvidado había procedido con la mayor dignidad, con la delicadeza
+más absoluta. Bastaríale mover una pataza para aplastar al rival
+intruso, pero se desdeñó hasta de ladrarle: tan mezquino enemigo no
+merecía los honores del ataque y de la protesta. Si se hubiese tratado
+de un perrazo... ya Ivanhoe disputaría mi ternura á dentelladas. Ante
+aquel ser exiguo, Ivanhoe comprendió que no le tocaba descender á
+ningún extremo celoso; se abatió, encogió la cola, agachó la cabeza, y
+resignadamente descendió á la cuadra, donde los cocheros se encargaron
+de cuidarle.
+
+--Ese perro era _un caballero_--interrumpió Isabel.
+
+--Y yo... _¡una infame!_--declaró amargamente Claudia.--Ivanhoe, solo,
+enfermo, abandonado entre gente grosera y estúpida... No me enteré sino
+cuando no había remedio.--Tiene la rabia mansa--me dijeron--y aunque
+no hace daño ni muerde, habrá que pegarle un tiro.--Sentí un golpe
+repentino en el corazón; me escapé, me escurrí furtivamente hasta la
+cuadra, y me acerqué al montón de paja mal oliente en que yacía tendido
+Ivanhoe. Á mi voz, entreabrió las pupilas y meneó débilmente la cola,
+como diciendo: «Gracias, soy tu amigo, soy aquel mismo, á pesar de
+todo...». Habían notado mi escapatoria y me arrancaron de allí deshecha
+en llanto, ahogada por los sollozos, convulsa; me encerraron en mi
+habitación, y á la media hora oí en el patio dos detonaciones de arma
+de fuego...
+
+Claudia calló y apretó en silencio, enérgicamente, la mano de Isabel.
+Después de una pausa, dijo sonriendo:
+
+--Ivanhoe me perdonó, porque en él no cabía otra cosa; ¡quien no me
+ha perdonado ha sido el destino... el gran vengador! No me ha traído
+suerte la infidelidad... El que á hierro mata...
+
+
+
+
+ DE VIEJA RAZA
+
+
+Á cada salto de la carreta en los baches de las calles enlodadas y
+sucias, las sentenciadas á muerte se estremecían y cruzaban largas
+miradas de infinito terror. Sí, preciso es confesarlo: las infelices
+mujeres no querían que las degollasen. Aunque por entonces se
+ejercitaba una especie de gimnasia estoica y se aprendía á sonreir y
+hasta á lucir el ingenio soltando agudezas frente á la guillotina,
+en esto como en todo las provincias se quedaban atrasadas de moda,
+y los que presentaban su cabeza al verdugo en aquella ciudad del
+Poitou no solían hacerlo con el elegante desdén de los de la «hornada»
+parisiense.--Además, las víctimas hacinadas en la carreta no se
+contaban en el número de las viriles amazonas del ejército de Lescure,
+ni habían galopado trabuco en bandolera con las partidas del _Gars_
+y de Cathelineau. Señoras pacíficas sorprendidas en sus castillos
+hereditarios por la revolución y la guerra, briznas de paja arrebatadas
+por el torrente, no se daban cuenta exacta de por qué era preciso
+beber tan amargo cáliz. ¿Ellas qué habían hecho? Nacer en una clase
+social determinada--ser aristócratas, como se decía entonces--. Nada
+más. Los cuatro cuarteles de su escudo las empujaban al cadalso. No lo
+encontraban justo. No comprendían. Eran _sospechosas_, al decir del
+tribunal; _malas patriotas_. ¿Por qué? Ellas deseaban á su patria toda
+clase de bienes; jamás habían conspirado. No entendían de política. ¡Y
+dentro de un cuarto de hora...!
+
+Cinco mujeres iban en la carreta: dos hermanas solteronas, viejísimas,
+las que mayor resignación demostraban en el trance; una dama como de
+treinta años, esposa de un guerrillero, separada de él desde el mismo
+día de sus bodas, que no le había visto nunca más porque no podía
+sufrirle, y pagaba ahora el delito de llevar tal nombre; una viuda,
+la condesa de L’Hermine, y su hija Ivona, criatura de dieciocho años,
+de primaveral frescura y perfecta belleza. Bajo el gorrillo ó cofia
+de blancos vuelos, el pelo suelto y rubio de la niña se escapaba
+formando aureola á la cara cubierta de mortal palidez, y en que las
+pupilas color de violeta y los cárdenos labios parecían toques de
+sombra sepulcral. Las manos, atadas atrás, temblaban; los dientes
+castañeteaban; doblábase desmayado el cuerpo.
+
+Sin embargo, desde la mitad del camino--que era largo, por encontrarse
+la prisión en las afueras de la ciudad y en el centro la plaza--, Ivona
+de L’Hermine, enderezándose, demostró inquietud nerviosa, delatora
+de una esperanza. Dos veces el oficial que mandaba la escolta de
+_azules_ á caballo se había acercado á la carreta y murmurado al oído
+de Ivona algunas palabras, un cuchicheo. Tiñó el carmín las mejillas
+descoloridas de la doncella: no era el rubor de la modestia, ni el
+dulce sofoco de la pasión; no eran los sentimientos que en un alma
+joven despiertan las expresiones del amoroso rendimiento. Por más que
+el oficial fuese mozo y gallardo, Ivona no reparaba en su apuesta
+figura. Otra cosa encendía su rostro; la vida, la mágica vida, la vida
+que no había saboreado y que iba á perder. Al casi paralizado corazón
+acudía de nuevo la sangre, y los ojos de violeta recobraban su luz. ¡No
+morir!
+
+Instintivamente, desde que Ivona oyó la primer frase balbuceada por el
+oficial, trató de desviar el rostro, evitando el de su madre. Ésta, en
+cambio, clavaba en Ivona los ojos, fijos, ardientes, interrogadores.
+Ya á la salida de la cárcel pudo notar la impresión producida en el
+oficial por la hermosura de Ivona. La condesa no tenía ideas políticas;
+no la importaba Luis XVII martirizado en el Temple; mal de su grado
+se veía envuelta por los sucesos; deber la vida á un republicano no
+la parecía humillante. Se la debería gustosísima, aceptaría la de su
+hija, pero... ¿y la honra?--Por espacio de largos años, recluida en sus
+haciendas, lejos del mundo, sólo había atendido la condesa á educar
+á Ivona con máximas de honestidad y de recato, cultivándola entre
+blancuras de azucena, fortificándola por el ejemplo de la más casta
+viudez. La corrupción de la corte espantaba á la condesa, y hasta había
+momentos en que, recordando á Luis XV, justificaba la revolución y la
+consideraba castigo divino, merecido y necesario. La fe y el culto
+supersticioso de aquella mujer no eran la monarquía ni el antiguo
+régimen, sino la pureza, la religión del armiño que llevaba en su
+título nobiliario y en la empresa de su blasón. Y al observar cómo el
+oficial devoraba con la mirada á Ivona, al ver que deslizaba en su oído
+palabras que la reanimaban instantáneamente, pensó para sí: «Quiere
+salvarla. ¿Á ella sola? ¿Á qué precio?
+
+Increíble parece que una idea triunfe del horror que nos domina, al
+ver abierta la negra boca del no ser, las fauces de la eternidad. La
+condesa, en tan decisivos momentos, olvidando el miedo, sólo pensaba
+en Ivona ultrajada, mancillada, llevada por el oficial á su pabellón
+como una mujerzuela, después de que la hubiese arrebatado al patíbulo.
+Y no cabía duda: la niña aceptaba el trato: quizá su inocencia ignorase
+las condiciones; pero lo admitía: era vivir, era evitar el amargo
+trance. Mientras la indignación hervía en el alma de la madre, la
+hija volvía la cabeza para buscar con sus ojos, antes amortiguados,
+resplandecientes ahora, suplicantes, agradecidos, al jefe de la
+escolta, que la dirigía una sonrisa tranquilizadora, de inteligencia...
+Y ya llegaban; todo iba á consumarse; la carreta empezaba á abrirse
+paso difícilmente por entre las oleadas de la multitud que llenaba
+la plaza, en cuyo centro, siniestra y rígida silueta, se alzaba la
+guillotina, recogiendo un rayo de sol en su cuchilla de acero...
+
+Al detenerse la carreta, los soldados, atentos á una orden del oficial,
+hicieron bajar á la condesa y á Ivona. Quedaron las demás sentenciadas
+dentro, aguardando su turno: rezando las viejas, la esposa del
+guerrillero renegando de su suerte y pidiendo compasión. La condesa
+advirtió que la llevaban á ella primero y que su hija quedaba como
+rezagada al pie de la escalera, medio perdida ya entre el gentío.
+El hielo del espanto, el estremecimiento que la vista del patíbulo
+había derramado en sus venas, provocando un sudor frío instantáneo,
+se convirtieron en una especie de furor silencioso, de desesperada
+vergüenza. Ya veía los dedos del oficial desordenando los rizos rubios
+de Ivona, y la imagen sensible, la representación de la afrenta, era
+más cruel y más amarga que la del suplicio. «No lo conseguirá», decidió
+con resolución terrible. Acordóse de que por descuido ó transigencia
+la habían dejado desatadas las manos. Como si quisiese confortarse
+el corazón, deslizó la mano por la apertura de su corpiño. Algo
+sacó oculto en el hueco de la mano. Y cuando el verdugo se acercó á
+sostenerla para que subiese los peldaños de la escalerilla, en rápida
+confidencia le dijo no se sabe qué, deslizándole en la diestra un
+puñado de oro. Se ignorará lo que dijo... pero, por los resultados, se
+adivina.
+
+Sucedió una cosa que al pronto no acertaron á explicarse los que
+presenciaban la escena tristísima, y en aquellos tiempos ya casi
+indiferente á fuerza de ser habitual. Y fué que el verdurgo,
+retrocediendo, cogió brutalmente á la señorita de L’Hermine por el
+talle, por donde pudo, y en un segundo la empujó á la escalera, y á
+empellones la subió á la plataforma. La condesa le ayudaba, se hacía
+atrás, impulsaba también á su hija y la arrojaba á los brazos del
+ejecutor de la ley. Hízose tan rápidamente la maniobra, y era tal
+el oleaje del pueblo, que rugía é insultaba, la confusión en que la
+escolta se había apelotonado, que cuando el oficial, atónito, se
+precipitó, quiso intervenir, Ivona caía en la báscula, y la media luna
+se deslizaba mordiendo la garganta torneada, contraída por el espasmo
+del terror supremo, que ni gritar permite... El verdugo agarró por los
+mechones largos y rubios la lívida cabeza de la niña, que destilaba
+sangre, y la presentó á los espectadores. Y la condesa de L’Hermine,
+al acercarse sin resistencia para recibir la misma muerte, pensaba con
+satisfacción heroica:
+
+--¡Gracias que pude esconder en el pecho las monedas!
+
+
+
+
+ BENITO DE PALERMO
+
+
+Preguntáronle sus amigos al marqués de Bahama--riquísimo criollo
+conocido por su fausto, sus derroches y su aristocrática manía de
+defender la esclavitud--por qué singular capricho llevaba á su lado en
+el coche y sentaba á su mesa á cierto negrazo horrible, de lanuda testa
+y morros bestiales, y por contera siempre ebrio, siempre exhalando
+tufaradas de aguardiente, que no lograban encubrir el característico
+olorcillo de la raza de Cam.--Hay--le decían--negros graciosos,
+bien configurados, de dientes bonitos, de piel de ébano, de formas
+esculturales; pero éste da grima; más que negro es verde violeta;
+es una pesadilla.--Y el Marqués, sonriendo, defendía á su negrazo
+con algunas frases de conmiseración indolente: «¡Pobrecillo! ¡Qué
+diantre!... Yo soy así».
+
+Al cabo, en una alegre cena donde se calentaron las cabezas, merced
+á que se bebió más champagne y más manzanilla y más licores de lo
+ordinario, y lo ordinario no era poco; viendo yo al marqués animado,
+decidor--en plata, algo chispo--aproveché la ocasión de repetir la
+pregunta. ¿Por qué Benito de Palermo--así se llamaba el negrazo--gozaba
+de tan extraordinarias franquicias? Y el marqués, á quien le relucían
+los hermosos ojos negros, de pupila ancha, contestó sonriendo y
+señalando á Benito, que yacía bajo la mesa, completamente beodo:
+
+--Por borracho, cabal; por borracho.
+
+No logré que entonces se explicase más. Parecióme tan rara la causa
+de privanza de Benito, como la privanza misma. De allí á dos días,
+paseando juntos, recordé al marqués su extraña contestación, y él,
+arrojando el magnífico _recorte_ que chupaba distraídamente, murmuró
+con entonación perezosa:
+
+--Bueno; pues ya que solté esa prenda, diré lo que falta... Ahora se
+sabrá cómo si no es la borrachera de Benito, estoy yo muerto hace años,
+y de la muerte más horrorosa y cruel.
+
+No ignora usted que me he educado en los Estados Unidos, y me
+aficioné á los viajes desde la niñez, porque allí el viajar se
+considera complemento de toda escogida educación. Antes de cumplir
+los veinticinco años había recorrido las principales ciudades de
+Francia, Inglaterra y Alemania; sabía cómo se vive en cada nación
+culta; en París, sobre todo, me había pasado inviernos enteros. Sin
+embargo, la monotonía de la civilización empezaba á causarme tedio,
+y me hurgaba el caprichillo de ver países menos cultos á la moderna.
+Dediqué unos meses á registrar la hermosa Italia, parando mucho en
+Roma y consagrando temporaditas á Florencia, Nápoles, Sicilia, Malta y
+Córcega; y engolosinado ya--Italia siempre será un paraíso--propúseme
+realizar al año siguiente otro delicioso viaje, el de Oriente: Grecia,
+Turquía y Palestina. Para venir á lo que importa de este cuento,
+lleguemos ya á Atenas, donde, por recomendaciones que llevaba, encontré
+excelente acogida en el cuerpo diplomático y en la corte, lo cual, y
+otra cosa que añadiré, contribuyó á que se prolongase mi estancia en la
+capital de Grecia bastante más de lo que pensaba.
+
+Es el caso que en una fonda magnífica de Florencia había yo visto, por
+espacio de pocas horas, á una hermosísima inglesa, la cual grabó en
+mi espíritu una impresión que no habían conseguido borrar el tiempo
+ni la distancia. Era de esas mujeres que no se olvidan, porque á la
+belleza plástica, incomparable, reunía una gracia, una viveza y una
+originalidad excéntrica y picante, que empeñaban en perseguirla y
+adorarla. El vulgo cree que todas las inglesas son sosas; pero yo
+le aseguro á usted que la que sale donosa, vale por diez. Eva...
+(suponga usted que se llamaba así) era viuda, y viajaba con una dama de
+compañía, sin rumbo fijo, adonde la llevaba su imaginación artística y
+fogosa. En los cortos momentos que conseguí hablarle, volvióme loco.
+No me atreví á galantearla abiertamente, y sólo con los ojos le revelé
+el efecto que en mí causaba. Debo advertir que no me hizo maldito el
+caso, que me toreó, y en una vuelta que di me encontré con que había
+desaparecido, sin que me fuese posible acertar con ella, por más que la
+busqué desalado al través de toda Italia.
+
+Calcule usted mi sorpresa y mi emoción, cuando en el primer sarao á que
+asisto en la embajada inglesa en Atenas, me encuentro á Eva radiante de
+hermosura, divinamente prendida y dispuesta á valsar. Excuso decir que
+inmediatamente me dediqué á cortejarla, y á fuerza de atenciones logré
+algunas ligeras señales de complacencia, pequeños indicios de que no la
+era desagradable mi persona. Sin embargo, en los saraos sucesivos, y en
+todos los lugares donde yo procuraba encontrarme con Eva y acompañarla,
+noté cuán difícil era ganar terreno en aquel corazón caprichoso y
+rebelde. Eva me desesperaba con sus coqueterías y sus arrechuchos;
+nunca estaba yo seguro de llegar á vencerla; si me veía alegre, me
+quería triste; si yo decía negro, ella respondía blanco. Creo que este
+sistema me trastornaba más, y ya me encontraba á punto de darme á todos
+los demonios, cuando...
+
+--Pero--interrumpí--lo que no sale á relucir es Benito de Palermo; y
+confieso que Benito me importa más que la hermosa Eva.
+
+--Cachaza, ya llegaremos á Benito--respondió sonriendo el marqués--.
+Iba á decir que por entonces fué cuando parte de la colonia inglesa que
+se encontraba en Atenas dispuso organizar una excursión á caballo y en
+coche, con objeto de visitar la célebre llanura de Maratón.
+
+--¡Ah!--exclamé estremeciéndome involuntariamente.--¡Ya sé, ya sé!
+¡Conque le tocó á usted ese chinazo! ¡Qué cosa tan horrible!
+
+--Veo que recuerda usted el episodio. ¡No es para olvidado, no! Toda
+la prensa europea habló de eso detenidamente, publicando grabados,
+retratos y pormenores, día por día. Pues sepa usted que la expedición
+se combinó en la embajada, entre un rigodón y un vals de Strauss. La
+colonia acogió la idea con fruición y entusiasmo; las mujeres, sobre
+todo, estaban alborotadísimas. Pero yo, que había conversado largamente
+con palikaros, intérpretes y comerciantes judíos, recordé las noticias
+que me habían dado sobre una gavilla de bandoleros que infestaba
+las inmediaciones de Atenas, y cuyo número, arrojo y sanguinarias
+costumbres eran motivo suficiente para alarmarse y reflexionar. Emití
+un dictamen de prudencia, indicando que convendría, ó llevar numerosa
+y bien armada escolta, ó renunciar al proyecto. Y entonces adquirí la
+persuasión de que todos los ingleses tienen vena. Lord *** y los demás,
+que formaron parte de la fatal expedición, sonrieron desdeñosamente
+cuando les hablé de peligros; y á aquella sonrisa, que ya me encendió
+la sangre, correspondió Eva con algunas frases tan secas y burlonas,
+que me restallaron como latigazos sobre las mejillas. Vino á decir que
+el que no se sintiese con ánimos para arrostrar el riesgo, haría mucho
+mejor en quedarse, pues las inglesas no quieren compañía sino de gente
+resuelta, capaz de no achicarse ante los bandidos, caso de haberlos,
+que eso estaba por ver. El que recuerde los veintiséis años que yo
+tenía, y lo enamorado que andaba de Eva, comprenderá que me propuse
+formar parte de la expedición, aunque supusiese que nos acechaban
+todos los salteadores del mundo. ¡Ir con Eva de viaje! ¡Galopar á su
+lado! ¡Qué felicidad!--Y ella, al conocer mi propósito, giró como
+una veletilla, me sonrió, y estuvo conmigo insinuante, coqueta,
+hasta mimosa. La excursión quedó fijada para la mañana siguiente:
+al despuntar el día nos reuniríamos en un punto dado, fuera de las
+murallas de Atenas, llevando cada cual ó coche ó caballo, provisiones y
+armas. De los guías se encargaba lord ***.
+
+Aquí aparece Benito de Palermo: no se impaciente usted, que ya sale
+el figurón.--Nacido en casa de mis padres, yo le llevaba conmigo
+como quien lleva un perro de lanas, porque la verdad es que no me
+servía para maldita la cosa, pues siempre ha sido torpón y desidioso.
+Escondiéndole la bebida, aún se lograba hacer carrera de él; pero en
+cuanto lo cataba, un cepo, una piedra. En Atenas, á fuerza de prohibir
+yo en el hotel que le diesen á probar ni vino ni alcohólicos, íbamos
+saliendo del paso.--Al regresar de la embajada, la víspera de la
+excursión, llamo al bueno de Benito, le doy órdenes y las llaves, y le
+encargo repetidamente que al rayar el día tenga mi caballo ensillado y
+preparadas mis armas, y me despierte aunque sea á trompicones: hecho lo
+cual, me adormezco pensando en Eva.
+
+Cuando abro los ojos, el sol entra á torrentes en mi cuarto.
+Despavorido, me echo de la cama y miro el reloj; marcaba las once.
+Grito como un insensato llamando á Benito: Benito no contesta. Salgo
+al cuarto de tocador, de allí al pasillo... y tropiezo con un bulto
+negro, una bestia que ronca... Es Benito, ¡Benito, más borracho que
+un pellejo! Comprendo instantáneamente... Dueño de mis llaves, había
+asaltado un armario donde yo guardaba, entre mis trastos, una _cave
+à liqueurs_, y á aquellas horas la cabalgata se encontraría cerca de
+Maratón, y yo sería para Eva el ser más despreciable y más ridículo.
+
+Desde que estaba en el viejo continente, no había empleado el bejuco.
+Cegué, y arremetiendo contra el negro, le di tal soba, que volvió
+en sí llorando y gimiendo que le asesinaban. Cuando me harté de
+pegarle, pensé en ensillar el caballo y reunirme á la comitiva... Pero
+era preciso buscar guía, pues de otro modo, ¿cómo orientarme en la
+planicie?--Y antes de que el guía pareciese, ya se divulgaba por Atenas
+la noticia espantosa: los bandoleros habían copado la expedición,
+cogiendo prisioneros á los expedicionarios, después de una heroica
+resistencia y de herir gravemente á alguno; las mujeres habían sufrido
+peor suerte, escarnecidas á la vista de sus maridos y hermanos, que
+atados de pies y manos no las podían defender... Ya supone usted cual
+me quedaría; no he sufrido nunca impresión más atroz.
+
+--Recuerdo el caso... Se llevaron á los ingleses, exigiendo un
+enorme rescate y amenazando con atormentarles mientras el rescate no
+llegara... Si no me equivoco, á lord *** le fueron mechando y cortando
+en pedacitos: no hay idea de martirio semejante...
+
+--Ea, pues de eso me libré yo por estar Benito borracho perdido--afirmó
+el marqués requiriendo la petaca--. Desde entonces le dejo beber lo que
+quiera... y el amo, aquí, es él.
+
+--Según eso, ¿habrá usted comprendido que un hombre de color no es un
+perro?
+
+--Claro que no. Los perros no se emborrachan nunca.
+
+--¿Y Eva? ¿Sufrió el destino de las otras? Estaría muy bien empleado.
+
+--¡Pues ahora caigo en que falta lo mejor!-exclamó el marqués--. Eva,
+por un antojito, porque no la gustaba su traje de amazona, también se
+había quedado en Atenas... ¡y si Benito me despierta y acierto á ir con
+la expedición, no sólo pierdo la vida, sino los deliciosos ratos que
+debí á Eva después... cuando ya se ablandó su corazón intrépido!
+
+
+
+
+ LEY NATURAL
+
+
+Voy á escribir una historieta de amores. Á pesar de la ciencia, de la
+economía política, de la política contra la economía, de los problemas
+militares, de las huelgas y las manifestaciones, el amor conserva aún
+su atractivo pueril, su gracia patética ó sonriente. Es el amor todavía
+un angélico revoltoso, salado y dulce, y el aire de sus rizadas alitas,
+durante las abrasadas siestas del verano, refresca las sienes de mucha
+gente moza.--Fáltale al amor actualidad, pero le sobra eternidad.--Mi
+cuento demostrará por millonésima vez que el dominio del amor se
+extiende á todas las criaturas y que, según á porfía repiten poetas y
+autores dramáticos, no hay para el amor desigualdades sociales.
+
+Llamábase mi heroína Muff, que en alemán quiere decir _manguito_, y la
+pusieron tal nombre porque, en efecto, el fino pelaje que la revestía
+daba á su diminuto corpezuelo cierta semejanza con un manguito de rica
+piel gris. Dama hubo que se equivocó y echó mano á Muff; pero la dueña
+de la lindísima grifona intervino exclamando:
+
+--Cuidado... que salgo perdiendo yo. No hay manguitos de ese precio.
+
+Verdad indiscutible, de las que se demuestran con cifras. Hasta dos mil
+francos puede costar un manguito, si es de chinchilla de primera, y
+por Muff se pagaron al contado tres mil. Hoy las pieles han subido: me
+refiero á los precios de entonces. Todavía es preciso agregar al coste
+de Muff el importe de sus joyas: dos collares _chien_, de perlitas uno,
+otro de coral rosa con pasadores de diamantes, y un par de cascabeles
+de oro incrustados de rosas y zafiros--dije útil, pues revelaba con su
+tilinteo la presencia de Muff y la salvaba de morir aplastada de un
+pisotón--. No omitamos tampoco en el presupuesto de Muff--nada hay que
+omitir tratándose de presupuestos--el valor del elegante _trousseau_
+remitido de París, donde existen modistas y talleres especialmente
+dedicados á este ramo. Poseía Muff y lucía con frecuencia, según la
+estación, sus mantas acolchadas de terciopelo, raso y gro Pompadour,
+con bolsillito para el microscópico pañuelo perfumado de _lilas blanc_,
+sus botas de caucho ó cabritilla, sus collarines de rizada pluma, y
+creo ocioso añadir que dormía en lecho de edredón con múltiples cojines
+bordados y blasonados.
+
+¡Ah! Si las riquezas, la ostentación, el lujo, la vanidad bastasen á
+los corazones sensibles, ¡quién más feliz que Muff! Era su existencia
+la realización de un cuento de hadas. Habitaba un palacio lleno de
+preciosidades artísticas, tenía á su servicio una doncella, diligente,
+cuidadosa y mimosa, la Paquita, que después de bañar á Muff en agua
+tibia, frotarla con jabón exquisito, enjuagarla con suave lienzo y
+peinarla hasta esponjar sus plateadas sedas, le servía en cuencos de
+porcelana golosinas selectas, y, terminada la refacción, frotaba los
+dientecillos de su ama con un cepillo empapado en elixir, á fin de que
+tuviese el aliento balsámico y fresca la boca. Si Muff salía, iba en
+coche, por supuesto, enganchado para ella expresamente; llevábanla al
+Retiro, y el lacayo, bajándola en el punto más solitario y de aire más
+puro, la dejaba brincar y correr, hacer ejercicio higiénico, solazarse
+á su libertad. Tampoco faltaban á Muff satisfacciones de amor propio.
+Cuantos la veían, extasiábanse con la monada del manguito vivo y
+alababan el pelo argentado, los ojos negros, inmensos, medio velados
+por las revueltas sedas, el hociquito diminuto, semejante á una trufa,
+la jeta encantadora. Así y todo, entre tantos mimos y esplendores,
+andaba mustia la grifona y á veces sus vastas pupilas expresaban
+nostálgica aspiración...
+
+Cuando Dios creó á los seres allá en las frondas tupidas del Edén,
+clavóles adentro, muy adentro, en lo íntimo y profundo de la voluntad,
+un aguijón, un estímulo, especie de alfiler que sin cesar punza y
+se hinca y no consiente minuto de sosiego. Reclinada en sus fofos
+almohadones de seda ó agasajada en brazos del lacayo, acariciada por
+Paquita ó correteando por las sendas enarenadas del Retiro, Muff sentía
+la punta aguzada hincarse más hondo. «No eres feliz, pobre Muff; te
+falta la sal de la vida, la esencia del licor», sugería el alfiler por
+medio de tenaces picaduras reiteradas; y Muff, en lánguida postura,
+con el hocico ladeado y una patita péndula, suspiraba, y al anhelar
+de su pecho, el cascabel de oro del collar hacía misterioso _tilín_.
+Un sagaz observador comprendería al punto lo que le dolía á Muff;
+pero no supieron entenderlo sus poseedores--ó no quisieron, si se da
+crédito á versiones que parecen autorizadas. En consejo de familia fué
+sentenciada Muff á ignorar eternamente las alegrías amorosas y las
+sublimes pero arduas faenas de la maternidad. Objeto de lujo, primoroso
+_bibelot_, no debía estropearse. Y al notarla melancólica, decía la
+Paquita, presentando tentador plato de dorados bizcochos:
+
+--¡Anda, monina, tontina, no _pienses_ en _eso_!
+
+Un atardecer, al bajarse Muff de su coche en las umbrías del Retiro,
+vió que se acercaba á ella, muy brincador y animado, feísimo perrucho.
+Era un ruin gozquejo callejero, de ésos que por turno mendigan y
+muerden, que rebuscan ávidamente piltrafas entre la basura, y perecen
+extrangulados á manos de laceros municipales. Al ver al chucho, con
+su zalea amarillenta y sucia, el primer movimiento de Muff fué un
+remilguito desdeñoso. Viólo el lacayo y atizó al gozque soberano
+puntapié, que le hizo exhalar un alarido doliente. La compasión
+reemplazó al desdén, y Muff corrió hacia el lastimado, deseosa de
+consolarle.
+
+Ya él volvía, sin miedo ni rencor, á rabisalsear en torno de Muff.
+Empezó el juego con amistosos ladridos, mordisquillos en chanza,
+hociqueos y otras manifestaciones expresivas é indiscretas de la
+cordialidad perruna. Los separaron, y Muff fué recogida á casa;
+pero al siguiente día, apenas descendió del coche, halló de nuevo
+al gozquecillo, alegre, insinuante, porfiado como él solo. Quiso la
+maliciosa casualidad que también el lacayo guardián de Muff tuviese un
+encuentro, el de su paisana la niñera Lucía, muchacha rubia, de buen
+palmito. Mientras los dos paisanos pegaban la hebra, la aristocrática
+grifona y el can plebeyo se entendían gustosos. Quizá la sentimental
+perrita confesó sus aspiraciones románticas y el vacío de su dorada
+esclavitud; acaso el pobrete apasionado de aquella beldad de alto
+coturno refirió sus luchas por la existencia, sus días de inanición,
+la vagancia, los palos recibidos, el poema de una miseria sufrida con
+estoico desprecio. Lo cierto es que, insensiblemente, aprovechando
+la distracción de su custodio, Muff se apartó del coche, y guiada
+por el perrucho, perdióse entre las alamedas y macizos de árboles,
+en dirección á la salida del Retiro, hacia Atocha. ¡El seductor iba
+delante, enseñando el camino; Muff le seguía, intrépida, sin volver el
+hocico atrás; y al rápido trotecillo de sus menudas patitas, tilinteaba
+suavemente, en ritmo musical, con una especie de emoción, el áureo
+cascabel, al cual enviaba corrientes de electricidad el corazón
+venturoso!
+
+Todos los periódicos anuncian la pérdida de Muff. La gratificación
+ofrecida es cuantiosa. Muff, sin embargo, no parece. ¿Qué ha sido del
+manguito viviente, del rebujo de argentadas sedas, entre las cuales
+lucen las negrísimas pupilas enormes? ¿Qué hicieron de Muff la vida
+nómada, el abandono, la necesidad? ¿La robó un aficionado, y no quiere
+restituirla? ¿Yace en la alcantarilla, tiesa, helada, despojada de su
+collar y su cascabel de oro y piedras? ¿Ó aceptando su humilde destino,
+ha dejado voluntariamente las galas de la riqueza, y, tiritando,
+acompaña á su esposo, ronda con él al amanecer, y hoza en los montones
+de estiércol para engañar el hambre--el hambre, enemigo del amor,
+severo juez que inflexible lo castiga, verdugo que lo mata?
+
+
+
+
+ EL COMADRÓN
+
+
+Era la noche más espantosa de todo el invierno. Silbaba el viento
+huracanado tronchando el seco ramaje, desatábase la lluvia y el granizo
+bombardeaba los vidrios. Así es que el comadrón, hundiéndose con
+delicia en la mullida cama, dijo confidencialmente á su esposa:
+
+--Hoy me dejarán en paz. Dormiré sosegado hasta las nueve. ¿Á qué loca
+se le va á ocurrir dar á luz con este tiempo tan fatal?
+
+Desmintiendo los augurios del facultativo, hacia las cinco el viento
+amainó, se interrumpió el eterno _flac_ de la lluvia, y un aura serena
+y dulce pareció entrar al través de los vidrios, con las primeras
+azuladas claridades del amanecer. Al mismo tiempo retumbaron en la
+puerta apresurados aldabonazos, los perros ladraron con frenesí, y el
+comadrón, refunfuñando, se incorporó en el lecho aquel tan caliente y
+tan fofo. ¡Vamos, milagro que un día le permitiesen vivir tranquilo!
+Y de seguro el lance ocurría en el campo, lejos; habría que pisar
+barro y mascar niebla... Á ver, medias de abrigo, botas fuertes...
+¡Condenada especie humana, y qué manía de no acabarse, qué tenacidad en
+reproducirse!
+
+La criada, que subía anhelosa, dió las señas del cliente; un caballero
+respetable, muy embozado en capa oscura, chorreando agua y dando
+prisa. ¡Sin duda el padre de la parturienta! La mujer del comadrón,
+alma compasiva, murmuró frases de lástima y apuró á su marido. Éste
+despachó el café, frío como hielo, se arrolló el tapabocas, se enfundó
+en el impermeable, agarró la caja de los instrumentos y bajó gruñendo y
+tiritando. El cliente esperaba ya, montado en blanca yegua. Cabalgó el
+comadrón su jacucho y emprendieron la caminata.
+
+Apenas el sol alumbró claramente, el comadrón miró al desconocido y
+quedó subyugado por su aspecto de majestad. Una frente ancha, unos ojos
+ardientes é imperiosos, una barba gris que ondeaba sobre el pecho,
+un aire indefinible de dignidad y tristeza, hacían imponente á aquel
+hombre. Con humildad involuntaria se decidió el comadrón á preguntar lo
+de costumbre: si la casa adonde iban estaba próxima y si era primeriza
+la paciente. En pocas y bien medidas palabras respondió el desconocido
+que el castillo distaba mucho; que la mujer era primeriza, y el trance
+tan duro y difícil, que no creía posible salir de él. «Sólo nos importa
+la criatura», añadió con energía, como el que da una orden para que se
+obedezca sin réplica. Pero el comadrón, persona compasiva y piadosa,
+formó el propósito de salvar á la madre, y picó al rocín, deseoso de
+llegar más pronto.
+
+Anduvieron y anduvieron, patullando las monturas en el barro pegajoso,
+cruzando bosques sin hoja, vadeando un río, salvando una montañita y
+no parando hasta un valle, donde los grisáceos torreones del castillo
+se destacaban con vigoroso y escueto dibujo. El comadrón, poseído de
+respeto inexplicable, se apeó en el ancho patio de honor, y guiado por
+el desconocido, entró por una puertecilla lateral, directamente, á una
+cámara baja de la torre de levante, donde, sobre una cama antigua y
+rica, yacía una bellísima mujer, descolorida é inmóvil. Al acercarse,
+observó el facultativo que aquella desdichada estaba muerta; y sin
+conocerla, se entristeció. ¡Es que era tan hermosa! Las hebras del
+pelo, tendido y ondeante, parecían marco dorado alrededor de una efigie
+de marfil; los labios color de violeta, flores marchitas; y los ojos,
+entreabiertos y azules, dos piedras preciosas engastadas en el cerco
+de oro de las pestañas densas. La voz del desconocido resonó, firme y
+categórica:
+
+--No haga usted caso de ese cadáver. Es preciso salvar á la criatura.
+
+De mala gana se determinó el comadrón á cumplir los deberes de su
+oficio. Le parecía un crimen, aunque fuese con buen fin, lacerar aquel
+divino cuerpo. Obedeció, no obstante, porque el desconocido repetía con
+acento persuasivo y terrible, tuteando al médico:
+
+--No la respetes por hermosa. Está muerta, y nada muerto es hermoso
+sino en apariencia y por breves instantes. La realidad ahí es
+descomposición y sepulcro. ¡Nunca veneres lo que ha muerto! ¡Inclínate
+ante la vida!
+
+Y de pronto, en el instante mismo en que el facultativo se disponía á
+emplear el acero, el extraño cliente le cogió de la mano, susurrándole
+al oído:
+
+--¡Cuidado! Conviene que sepas lo que haces. Ese seno que vas á abrir
+encierra, no un ser humano, no una criatura, sino _una verdad_. Fíjate
+bien. Te lo advierto. ¿Sabes lo que es _una verdad_? Una fiera suelta
+que puede acabar con nosotros, y acaso con el mundo. ¿Te atreves, oh,
+comadrón heroico, á sacar á luz _una verdad_?
+
+El comadrón vaciló; el frío del instrumento que empuñaba se comunicaba
+á sus venas y á sus huesos. Castañeteaban sus dientes; temblaba de
+cobardía y de egoísmo. _¡Una verdad!_ Ni hay tea que así incendie,
+ni rayo que así parta, ni torrente que así devaste, ni peste tan
+contagiosa. ¿Y quién le había de agradecer que cooperase al feliz
+nacimiento de una verdad? ¿Qué mayor delito para su mujer, sus amigos,
+su pueblo, su nación tal vez? ¿Qué crimen se paga tan caro? Quería
+arrojar el bisturí... Por último, la conciencia profesional triunfó.
+¡El deber, el deber! No se podía dejar morir al engendro.--Y después
+de una faena angustiosa, realizada con seguro pulso y mano certera,
+presentó al desconocido una criatura extraña y repugnante: una especie
+de escuerzo, de trazas ridículas, negruzco, flaco, informe.
+
+--Este monigote no puede ser _una verdad_--exclamó respirando á gusto
+el facultativo.
+
+--Porque es _verdad_ te parece fea al nacer--declaró el desconocido,
+que miraba con transporte á la criatura--. Cuando las verdades nacen,
+horrorizan á los que las contemplan. Hasta que las abrigamos en
+nuestro pecho; hasta que las damos el calor de nuestra vida y el jugo
+de nuestra sangre; hasta que afirmamos su belleza como si existiese;
+hasta que nos cuestan mucho, no son hermosas. Ésta--ya lo ves--ha
+acabado con su madre... ¡No se lleva impunemente en las entrañas una
+verdad! Y ahora la verdad queda huérfana; queda abandonada. Yo no he de
+ampararla. Obligaciones estrechas me llaman á otra parte. Soy el que
+anuncia, no el que protege y salva. ¿Quieres tú encargarte de la recién
+nacida? ¿Tienes valor? ¿Eres digno de proteger á la verdad?
+
+Cuando así le interpelan, no hay hombre que no guste de fanfarronear
+un poco. En el alma se despierta la viril arrogancia y responde al
+llamamiento, como el corcel de batalla al toque penetrante del clarín.
+Hace la vanidad oficio de resolución, y por un instante es sincero el
+deseo de la gloriosa batalla y el ansia del sacrificio. El comadrón
+tendió los brazos, recibió en ellos al raquítico ser, y declaró
+gallardamente:
+
+--Ya tiene padre.
+
+El desconocido le echó una ojeada especial, seria, escrutadora,
+hondísima--ojeada de abismo abierto. ¿Reconvención ó alabanza? ¿Duda
+ó fe? Nunca se supo.--Lo cierto es que el comadrón envolvió en
+paños blancos á la recién nacida; que comió pan y bebió vino, para
+reconfortarse; que ensilló otra vez su rocín, y con la criatura en
+brazos, y tapada y agasajada, emprendió la vuelta.
+
+Declinaba la tarde; los rayos oblicuos del sol eran como miradas
+de severos ojos, nublados por el desengaño y enrojecidos por la
+indignación secreta. Las aves callaban, las pocas aves que se ven en
+los últimos meses del invierno; pero no tardaría el mochuelo en exhalar
+su queja ronca, porque ya se acercaba la mala consejera--la noche.
+
+Y el comadrón, sin dejar de apurar á su montura, pensaba en la llegada.
+¡Presentarse así, llevando en brazos un crío! ¡Si al menos fuese un
+angelito, una monada, una manteca con hoyuelos, una peloncita rubia ya
+sedosa, dispuesta á encresparse en sortijillas! ¡Pero aquel monstruo!
+Desvió los paños, contempló la criatura... Ya no estaba amoratada.
+Respiraba bien. Parecía más fuerte y más grande. Entre sus labios
+lucían ¡qué asombro! cuatro blancos dientes. ¡Qué robusta nacía la
+maldita!--Y cual si quisiese demostrar el brío y el ansia vital con
+que salía al mundo, la recién nacida buscó el dedo del comadrón y lo
+mordió. Después rompió á llorar, con llanto vehemente, ávido, que
+aturdía.
+
+El comadrón sintió impaciencia y enojo. ¿De qué manera acallaría
+el grito de la verdad, ese grito tan molesto, capaz de atraer á los
+malhechores? Tapar la boca... Primero apoyó la palma de la mano;
+después furioso porque seguía el escándalo, envolvió la cabeza de la
+criatura en la vuelta del impermeable; y, por último, apretó, apretó,
+hasta que lentamente se apagaron los quejidos... Cayó la noche;
+llegó el momento de vadear el río; y como la criatura, silenciosa
+ya, estorbaba en brazos, el comadrón desenvolvió el abrigo, cogió el
+cuerpo, lo balanceó y lo arrojó á la corriente.
+
+
+
+
+ EL VOTO DE ROSIÑA
+
+
+Si hay luchas electorales reñidas y encarnizadas, ninguna como la que
+presenció en el memorable año de 18... el distrito de Palizás (no se
+busque en ningún mapa). Digo que la presenció, y digo mal, porque
+en efecto la representó á lo vivo, y aun, con mayor exactitud, la
+padeció, sangró de ella por todas las venas. Cuando obtuvo la victoria
+el candidato ministerial, hecho trizas quedó el distrito. Piérdese
+la cuenta de los atropellos, desafueros, barrabasadas, iniquidades
+y trapisondas que costó «sacar» al joven Sixto Dávila, protegido á
+capa y espada por el ministro, pero combatido á degüello por el señor
+don Francisco Javier Magnabreva, conspicuo personaje de la anterior
+situación.
+
+Sixto Dávila, muchacho simpático y ambiciosillo, había aceptado aquel
+distrito de batalla... entre varias razones de peso, porque no le daban
+otro; y contando con su actividad y denuedo, impulsado por las brisas
+favorables que siempre soplan en la juventud--ya se sabe que no es
+amiga de viejos la señora fortuna--, se propuso trabajar la elección,
+estar en todo y no perder ripio. Á caballo desde las cinco de la mañana
+hasta las altas horas de la noche; ayunando al traspaso ó comiendo
+lo que saltaba; descabezando una siesta cuando podía, afrentando con
+su intacto capital de salud y vigor los reumatismos y la apoltronada
+pachorra de su contrincante, Sixto incubó su acta hasta sacarla del
+cascarón vivita y en regular estado de limpieza.
+
+No fueron únicamente energías físicas las que derrochó el mozo
+candidato. También hizo despilfarro oportuno de frases amables,
+persuasivas y discretas. Con un instinto y una habilidad que
+presagiaban brillante porvenir, Sixto Dávila supo decir á cada cual lo
+que más podía gustarle, y se captó amigos gastando esa moneda que el
+aire acuña: la palabra.
+
+Aunque la gente de Palizás es suspicaz y ladina y no se deja engatusar
+fácilmente, la labia de Sixto dió frutos, especialmente al dirigirse á
+una mitad del género humano que no entiende de política y obedece á las
+impresiones del corazón. Sabía el candidato ministerial presentar á los
+electores las doradas perspectivas y los horizontes risueños del favor
+y la influencia, pero se excedía á sí mismo al hablar á las mujeres
+halagando su amor propio. Hay quien opina que Sixto, al desplegar
+tales recursos, no hacía sino practicar una asignatura que tenía muy
+cursada, y es posible que así fuese--lo cual en nada amengua el mérito
+del muchacho.
+
+Como suele suceder á los grandes actores, que hasta sin querer están
+en escena, Sixto, durante su _tournée_ electoral, solía gastar pólvora
+en salvas, regalando miel sólo por regalar, sin miras interesadas y
+egoístas. Así, verbigracia, con Rosiña la tejedora.--Era Rosiña una
+pobre huérfana; no pudiendo cultivar la tierra por falta de hombres en
+su casa, y reducida á sacar á pastar una vaca por las lindes, se ganaba
+la vida con un telar primitivo y rudo, tejiendo el lino que ella misma
+tascaba y hasta hilaba pacientemente á la luz del candil en invierno.
+¿Qué necesitaba Rosiña para subsistir? Un mendrugo de borona, un pote
+de coles, una manzana verde, una sardina salada, una taza de leche
+«presa...». Dios, que viste á los lirios del campo, más holgazanes que
+Rosiña, pues nos consta que no hilan ni tejen, había adornado á la
+humilde _tecelana_ con una primavera en las mejillas y un apretado haz
+de rayos de sol en la trenza doble que colgaba hasta sus caderas, y al
+pasar Sixto por delante de la choza y oir el _run, run_... del telar
+activo, y divisar á la laboriosa muchacha--, aunque sabía perfectamente
+que no tenía padre, hermano ni novio que pudiesen votarle--se detuvo,
+se bajó del jaco, pidió agua «de la ferrada» ó leche «de la vaquiña»,
+bebió, alabó, agradeció y sostuvo con Rosa una plática que sólo podrían
+narrar las ramas del cerezo que sombrea arroyo más el cercano...
+
+Ocurrió este pequeño episodio dos días antes de que cierto formidable
+cacique, al servicio y devoción del señor de Magnabreva, se decidiese,
+desesperado ya, á jugar el todo por el todo, á fin de salvar la
+elección comprometidísima y á dos dedos de perderse irremisiblemente.
+Lo apurado del caso le sugería un supremo recurso, que el desalmado
+vacilaba en emplear, porque hay remedios heroicos que pueden ser
+funestos, sobre todo cuando no se administran desde las alturas del
+poder... Más que el inminente triunfo de Sixto, tentó al cacique la
+ciega confianza del joven candidato. «No quiero ser cunero antipático,
+diputado impuesto, sino popular y querido», decía Sixto, gozándose en
+aparecer donde menos se contaba con él, en sorprender á sus partidarios
+con iniciativas propias... Esto decidió al enemigo. El golpe se tramó
+en una tabernucha, cuyo dueño era de los contrarios de Sixto; la
+taberna se alzaba al borde de la carretera, no lejos de la choza de
+Rosiña. Habíanse reunido allí los más ternes, los capaces de hacer
+una hombrada dejándose encausar después, seguros de que mano próvida,
+y que alcanzaba muy lejos, les había de mullir colchón para que no
+les doliese el porrazo. Uno de los conspiradores, conocido por varias
+siniestras fechorías, era radical: quería «dejar seco» á Sixto Dávila;
+otro proponía un secuestro; pero el cacique, prudente y cauto, emitió
+distinto parecer: nada de navajazos, nada de armas de fuego, que hacen
+ruido y alarman; nada de escopetas, ni siquiera de garrotes. «Aquí
+lo que interesa es que se inutilice... para la elección, vamos...
+para estos días; que no pueda menearse, porque... si sigue meneándose
+y apretando, ¡nos revienta! Tú, Gallo--ordenó al primero--, me vas á
+traer hoy un carreto de arena fina de la mar..., ¡qué así como así, te
+hace falta para echar á la heredad del trigo! Tú...--mandó al dueño de
+la taberna--le dices á la mujer que amañe unos sacos de lienzo bien
+hechitos y larguitos y fuertes... Él ha de pasar por aquí mañana al
+anochecer, para ir á Doas á casa del cura... ¡Y cuidado! muchos golpes
+en la espalda... pero á modo, á modo, como quien no hace daño...».
+
+La mañana que siguió al conciliábulo, Rosiña fué llamada por la
+tabernera para que suministrase el lienzo y cortase y cosiese y
+rellenase los sacos... Nadie desconfiaba de la rapaza, á quien la
+tabernera, además, encargó el mayor sigilo. «Son para hacerle unos
+cariños á un galopín, mujer...». Por alusiones é indiscreciones,
+Rosiña adivinó quién sería el acariciado; y temblando lo mismo que
+la vara verde, empezó su faena. La mano no acertaba á manejar la
+aguja, los ojos se nublaban. Demasiado sabía ella los _cariños_ que
+con los sacos de arena se hacen. El que los recibe no dura mucho,
+no... Al pronto sólo advierte gran postración, profundo decaimiento;
+queda molido, rendido, deseoso únicamente de extenderse en la cama,
+pero sin dolor alguno, sin enfermedad; y pasan días, y no recobra el
+apetito, y palidece, y arroja sangre por la boca, hasta que al fin...
+Y Rosiña veía al señorito guapo y llano y de palabreo tierno que le
+había pedido agua de la _ferrada_, tendido entre cuatro cirios, menos
+amarillos que su rostro...
+
+Al anochecer, como Sixto, al galope de su caballejo se aproximase á la
+taberna, el jaco pegó un respingo, y el jinete vió surgir de pronto
+una mujer que se agarró á la brida con fuerza. Reconoció á Rosiña la
+tejedora..., y sus primeras frases fueron alegres galanterías. Pero
+la moza balbuciente de terror, pidió atención, refirió un historia...
+Sixto--después de vacilar un instante--, echó pie á tierra, y con el
+caballo del diestro, emparejando con Rosiña, guiado por ella, callados
+los dos, tomó á campo traviesa en busca de un sendero oculto por los
+árboles.--Para volver atrás era tarde, y seguir adelante, una temeridad
+insensata. Su vida peligraba, y con horrible peligro... «No tenga
+miedo, señorito, que en mi casa no le buscan», advirtió la moza, al
+disponerse á dar acomodo en el establo de su vaca á la montura del
+candidato...
+
+En efecto, nadie le buscó allí; á la mañana, la Guardia civil, avisada
+por Rosiña, le recogió y escoltó hasta dejarle en salvo. Y Sixto Dávila
+venció en toda la línea; pero no sospecha nadie en Gobernación ni en
+los pasillos del Congreso, que el triunfo se debió al voto de Rosiña la
+tejedora.
+
+
+
+
+ VIVO RETRATO
+
+
+Los sentimientos más nobles pueden pecar por exceso; lo malo es que
+esta verdad á duras penas la aprende el corazón... y la razón sirve de
+poco, en conflictos del orden sentimental. Oid un caso... no tan raro
+como parece.
+
+Gonzalo de Acosta era modelo de hijos buenos, amantes, fanáticos.
+Huérfano de padre desde muy niño, se había criado en las faldas de su
+madre; ella le cuidó, le educó, le sacó al mundo, le formó, por decirlo
+así, á su imagen y semejanza. Entró en la vida Gonzalo dominado por
+una convicción arraigadísima: la de que todas las mujeres pueden ser
+débiles y falsas, salvo la que nos llevó en su seno. Lo que ayudaba
+á confirmar á Gonzalo en su idolatría filial, era la aprobación, la
+simpatía de la gente. Por el hecho de respetar á su madre, el mundo
+le respetaba á él, y las niñas casaderas le ponían azucarado gesto,
+y las mamás le sonreían con más benevolencia. Cuando pasaba por la
+calle llevando á su madre del brazo, una atmósfera de aprobación y de
+consideración halagadora le acariciaba suavemente.
+
+Á la edad en que se asimilan los elementos de cultura y se forma
+el criterio propio, Gonzalo, á pesar de sus dudas sobre ciertas
+materias arduas, se mantuvo en buen terreno, confesando que lo hacía
+principalmente por no desconsolar y escandalizar á su santa madre. Con
+ella oía misa muchas veces: por ella llevaba al cuello un escapulario
+de los Dolores; y hasta cuando ella no estaba presente, por ella hacía
+Gonzalo, sin analizarlas, mil graciosas y dulces niñerías.
+
+Frisaba ya Gonzalo en los veintiocho, y su madre comenzó á insinuarle
+que pensase en bodas. La casualidad le hizo conocer entonces á una
+señorita hermosa, discreta, bien educada, rica; un fénix que ni
+escogido con la mano. La misma madre de Gonzalo fué quien le obligó á
+observar las perfecciones de Casilda, y le sugirió pretenderla. Casilda
+aceptó con franca alegría y expansión los obsequios de Gonzalo, y á los
+seis meses de conocerse los futuros, bendijo la Iglesia su matrimonio.
+
+En una de esas largas y trascendentales conversaciones que se
+entretejen durante el primer cuarto de la luna de miel, y que tanto
+descubren los caracteres y los pensamientos, Gonzalo habló largamente
+de su madre y del puesto que ocupaba en sus afectos y en su existencia.
+Casilda escuchaba, primero sonriente, después reflexiva y grave.
+Impulsado por la plenitud del corazón, Gonzalo confesó que había
+pretendido á Casilda atendiendo á las indicaciones maternales, y que
+por eso mismo creía segura la dicha, puesto que en su madre no cabía
+error. Al oir esto relampaguearon los preciosos ojos de Casilda;
+y apartando el brazo con que rodeaba el cuello de su esposo, dijo
+firmemente estas ó parecidas razones:
+
+--Has hecho mal en todo eso, Gonzalo; muy mal. No he de limitar el
+cariño que tu madre te inspira, pero creo que no te es lícito quererla
+más que á mí, y que en algo tan personal y tan íntimo como el lazo de
+unión entre esposos, la iniciativa no puede ser ajena, sino propia. Á
+los padres no los escogemos, pero el que hemos de amar toda la vida,
+el dueño de nuestro albedrío, es un rey electivo, y somos responsables
+de la elección. Por lo que veo, tú no me elegiste. Para tu modo de
+entender el matrimonio, debiste buscar siquiera una niña apática, que
+se contentase con un amor reflejo de otro amor; yo soy una mujer que
+sabe amar y exige el pago; que quiere ser honrada y aspira á encontrar
+en su esposo toda la felicidad á que tiene derecho. Lo absurdo de tu
+modo de sentir engendra en mí otro absurdo semejante; y es que de hoy
+más sentiré celos de tu madre, celos del alma... y ya no viviremos en
+paz nunca; lo conozco, porque me conozco.
+
+Gonzalo, aunque sorprendido, no dió gran importancia á las expansiones
+de su mujer. Con halagos y ternezas probó á calmarla, y se creyó
+victorioso así que reconquistó el brazo de Casilda, aquél que se había
+desviado de su cuello. Pero un brazo no es un alma.
+
+Desde el instante funesto, la luna de miel tuvo velo de nubes. No tardó
+en ver Gonzalo que Casilda buscaba las distracciones, la sociedad
+y el bullicio, como si quisiese aturdirse, ó explorase horizontes
+nuevos. Poco á poco, Gonzalo, en su pesimismo, comenzó á dudar, primero
+del cariño, y después de la fidelidad de Casilda. Herido, ulcerado,
+rebosando humillación, fué á refugiarse en el único sitio donde creía
+poder desahogar sus penas: el seno de su madre. Y al abrazarla, y al
+bañarla el rostro de lágrimas ardientes, exclamaba el hijo: «No hay más
+mujer buena que tú, mamá. Debí no repartir mi amor; debí conservarlo
+para ti sola. Perdóname, y vivamos como si nada hubiese sucedido». En
+efecto; aquel mismo día se separaron los esposos. Casilda se fué á
+vivir á París.
+
+De allí á un año ó poco más recibió Gonzalo dos golpes terribles.
+Perdió á su madre... y supo que Casilda tenía una niña, nacida á los
+seis meses de la separación.
+
+Pasado el primer estupor, una claridad repentina iluminó su espíritu,
+haciéndole ver todo de distinta manera que antes. La muerte de su
+madre le enseñaba cómo el amor filial, con ser tan puro y tan sagrado,
+no puede, por su esencia misma, acompañarnos hasta el sepulcro, de
+suerte que la _compañera_ es únicamente la esposa; y el nacimiento
+de aquella niña le decía á las claras que el amor es antorcha que
+las generaciones se transmiten de mano en mano, y el que nos dieron
+nuestras madres, se lo restituimos á nuestros hijos después.
+
+Lo tremendo de la situación de Gonzalo consistía en que, á pesar de
+la agitación y la emoción profundísima que el nacimiento de la niña
+le causaba, su desconfianza mortal y las apariencias de última hora
+no le permitían creer que fuese realmente su sangre. Le enloquecía
+la idea de paternidad representada por aquella niña; pero faltábale
+la fe, primera virtud del padre, base de su felicidad inmensa. El
+silencio de Casilda, el tiempo que iba transcurriendo sin nuevas de
+París, ayudaron al convencimiento amargo y vergonzoso de Gonzalo. Solo,
+dolorido, misántropo, fué dejando correr su edad viril entre desabridas
+diversiones y trasnochadas aventuras.
+
+Hacía quince años que arrastraba vivir tan intolerable, cuando una
+noche, en el teatro de la Comedia, mirando por casualidad á un palco
+entresuelo, se creyó víctima de un error de los sentidos: tal vuelco
+dió su sangre, viendo á la muchacha encantadora que acababa de dejar
+los gemelos sobre el antepecho y se inclinaba para mirar hacia las
+butacas, sonriente. La muchacha era el retrato vivo, animado, de la
+madre de Gonzalo, tal cual la representaba precioso lienzo de Madrazo,
+con la frescura de la primera juventud. Si la figura se hubiese bajado
+del cuadro, no podría ser más asombrosa la semejanza, ayudada por el
+parecido de la moda actual con la moda de 1830. Trémulo, espantado, al
+mismo tiempo que frenético de alegría, Gonzalo entrevió, en el asiento
+de respeto del palco, otra cabeza de mujer que conoció, á pesar del
+estrago del tiempo transcurrido: su esposa, Casilda.--Y la conciencia
+de que aquella jovencita era su hija del corazón, le inundó como una
+ola que lo arrebata todo, dudas, penas, el pasado entero.
+
+Habría que gastar muchas páginas en referir los pasos que dió Gonzalo,
+la suma de actividad que desplegó para conseguir que le fuese permitido
+vivir cerca de la hija revelada y adorada en un minuto, el minuto
+divino de verla. ¡Inútil esfuerzo, lucha estéril en que consumió sus
+últimas energías! Una carta decisiva, escrita por Casilda algunas
+horas antes de regresar á Francia, decía, sobre poco más ó menos, lo
+siguiente: «Nuestra hija me quiere á mí como tú quisiste á tu madre. Si
+la separas de mí, no lo resistirá. Es tarde para todo: resígnate, como
+yo me resigné en otra edad más difícil. Lo único que me dejaste es la
+niña: no la cedo».
+
+Y Gonzalo, mordiendo de dolor el pañuelo con que enjugaba sus ojos,
+murmuró:
+
+--Es justo.
+
+
+
+
+ EL DÉCIMO
+
+
+¿La historia de mi boda?
+
+Oíganla ustedes: no deja de ser rara.
+
+Una escuálida chiquilla de pelo greñoso, de raído mantón, fué la que me
+vendió el décimo de billete de lotería, á la puerta de un café, á las
+altas horas de la noche. La di de prima una enorme cantidad, un duro.
+¡Con qué humilde y graciosa sonrisa recompensó mi largueza!
+
+--Se lleva usted la suerte, señorito--afirmó con la insinuante y clara
+pronunciación de las muchachas del pueblo de Madrid.
+
+--¿Estás segura?--la pregunté en broma, mientras deslizaba el décimo
+en el bolsillo del gabán entretelado y subía la chalina de seda que me
+servía de tapabocas, á fin de preservarme de las pulmonías que auguraba
+el remusguillo barbero de diciembre.
+
+--¡Yaya si estoy segura! Como que el décimo ése se lo lleva usted por
+no tener yo cuartos, señorito. El número... ya lo mirará usted cuando
+salga... es el 1.420: los años que tengo, catorce, y los días del mes
+que tengo sobre los años, veinte justos. Ya ve si compraría yo todo el
+billete.
+
+--Pues, hija--respondí echándomelas de generoso, con la tranquilidad
+del jugador empedernido que sabe que no le ha caído jamás ni una
+aproximación, ni un mal reintegro--, no te apures: si el billete saca
+premio... la mitad del décimo, para ti. Jugamos á medias.
+
+Una alegría loca se pintó en las demacradas facciones de la billetera,
+y con la fe más absoluta, agarrándome de una manga, exclamó:
+
+--¡Señorito! por su padre y por su madre, deme su nombre y las señas de
+su casa. Yo sé que de aquí á cuatro días, cobramos.
+
+Un tanto arrepentido ya, le dije como me llamo y dónde vivía; y diez
+minutos después, al subir á buen paso por la Puerta del Sol á la calle
+de la Montera, ni recordaba el incidente.
+
+Pasados cuatro días, estando en la cama, oí vocear «la lista grande».
+Despaché á mi criado á que la comprase, y cuando me la subió, mis ojos
+tropezaron inmediatamente con la cifra del premio gordo: creí soñar:
+no soñaba: allí decía realmente 1.420... mi décimo, la edad de la
+billetera, ¡la suerte para ella y para mí! Eran muchos miles de duros
+lo que representaban aquellos benditos guarismos, y un deslumbramiento
+me asaltó al levantarme, mientras mis piernas flaqueaban y un sudor
+ligero enfriaba mis sienes. Hágame justicia el lector: ni se me ocurrió
+renegar de mi ofrecimiento... La chiquilla me había traído la suerte,
+había sido mi «mascota...». Era una asociación en que yo sólo figuraba
+como socio industrial. Nada más justo que partir las ganancias.
+
+Al punto deseé sentir en los dedos el contacto del mágico papelito. Me
+acordaba bien: lo había guardado en el bolsillo exterior del gabán,
+por no desabrocharme. ¿Dónde estaba el gabán? ¡Ah! allí, colgado en la
+percha... Á ver... Tienta de aquí, registra de acullá... Ni rastro del
+décimo.
+
+Llamo al criado con furia, y le pregunto si ha sacudido el gabán por la
+ventana... ¡Ya lo creo que lo ha sacudido y vareado! Pero no ha visto
+caer nada de los bolsillos; nada absolutamente... Le miro á la cara:
+su rostro expresa veracidad y honradez. En cinco años que hace que
+está á mi servicio no le he cogido jamás en ningún gatuperio chico ni
+grande... Me sonroja lo que se me ocurre, las amenazas, las injurias,
+las barbaridades que suben á mis labios...
+
+Desesperado ya, enciendo una bujía, escudriño los rincones, desbarato
+armarios, paso revista al cesto de los papeles viejos, interrogo á la
+canasta de la basura... ¡Nada y nada: estoy solo con la fiebre de mis
+manos, la sequedad de mi amarga boca y la rabia de mi corazón!
+
+Á la tarde, cuando ya me había tendido sobre la cama á fumar, para
+ver de ir tragando y digiriendo la decepción horrible, suena un
+campanillazo vivo y fuerte, oigo en la puerta discusión, alboroto,
+protestas de alguien que se empeña en entrar, y al punto veo ante mí á
+la billetera que se arroja en mis brazos, gritando con muchas lágrimas:
+
+--¡Señorito, señorito! ¿Lo ve usted? Hemos sacado el gordo.
+
+¡Infeliz de mí! Creía haber pasado lo peor del disgusto, y me faltaba
+este cruel y afrentoso trance: tener que decir, balbuceando como un
+criminal, que se había extraviado el billete, que no lo encontraba en
+parte alguna, y que por consecuencia nada tenía que esperar de mí la
+pobre muchacha, en cuyos ojos negros, ariscos, temí ver relampaguear la
+duda y la desconfianza más infamatoria...
+
+Pero la billetera, alzándolos todavía húmedos, me miró serenamente y
+dijo encogiéndose de hombros:
+
+--¡Vaya por la Virgen! Señorito... no nacimos ni usted ni yo pa
+millonarios.
+
+¿Cómo podía recompensar la confianza de aquella desinteresada criatura?
+¿Cómo indemnizarla de lo que la debía--sí, de lo que la debía? Mis
+remordimientos y la convicción de mi grave responsabilidad pesaban
+sobre mí de tal suerte, que la traje á casa, la amparé, la eduqué y por
+último me casé con ella.
+
+Lo más notable de esta historia es que he sido feliz.
+
+
+
+
+ LA PUÑALADA
+
+
+Mucho se hablaba en el barrio de la modistilla y el carpintero.
+
+Cada domingo se les veía salir juntos, tomar el tranvía, irse de paseo
+y volver tarde, de bracete, muy pegados, con ese paso ajustado y
+armonioso que sólo llevan los amantes.
+
+Formaban contraste vivo. Ella era una mujercita pequeña, de negros
+ojazos, de cintura delgada, de turgente pecho; él un mocetón sano y
+fuerte, de aborrascados rizos, de hercúleos puños--un bruto laborioso
+y apasionado--. De su buen jornal sacaba lo indispensable para las
+atenciones más precisas; el resto lo invertía en finezas para su
+Claudia. Aunque tosco y mal hablado, sabía discurrir cosas galantes,
+obsequios bonitos. Hoy un imperdible, mañana un ramo, al otro día un
+lazo ó un pañuelo. Claudia, mujer hasta la punta del pelo, coqueta,
+vanidosa, se moría por regalos. En el obrador de su maestra los lucía,
+causando dentera á sus compañeritas, que rabiaban por «un novio» como
+Onofre.
+
+«Novio»... precisamente novio no se le podía llamar. Era difícil, no
+ya lo de las bendiciones, sino hasta reunirse en una casa, una mesa y
+un lecho, porque ¿y las madres? La de Onofre vieja, impedida; además,
+un hermano chico, aprendiz, que no ganaba aún. Así y todo Onofre se
+hubiese llevado á Claudia en triunfo á su hogar, si no es la madre de
+la modista, asistenta de oficio, más despabilada que un candil. Cuando
+en momentos de tierna expansión Onofre insinuaba á Claudia algo de
+bodas... ó cosa para él equivalente, Claudia, respingando, contestaba
+en tono de enojo y susto:
+
+--¿Estás bebido? Hijo, ¿y mi madre? ¿La suelto en el arroyo como á un
+perro? Con la triste peseta que ella se gana un día no y otro tampoco,
+¿va á comer pan si yo la falto? Déjate de eso, vamos... ¡Que se te
+quite de la cabeza!
+
+No se le quitaba. Pasar con Claudia ratos de violenta felicidad, era
+bueno; pero cuánto mejor sería tenerla siempre consigo, á toda hora,
+sin tapujos... sin que pudiese la madre cortarles las comunicaciones,
+como había hecho ya en momentos de enfado. Además, teniendo á Claudia
+á su vera, públicamente suya, tal vez se le curasen los celos. Los
+padecía, en accesos de furor que trataba de ocultar. Claudia era una
+gran chica, con su aire de señorita, su talle que un dependiente
+de comercio había llamado de palmera... y él, él, ¡tan basto, tan
+encallecido, que ni firmar sabía! Verdad que tenía fuerza en los
+brazos y calor en el alma... y coraje para matarse con cualquiera, eso
+sí... ¿Bastaba?
+
+Debía bastar, en ley de Dios; sino que ¡se ven tales cosas! Ya dos
+veces había observado Onofre un hecho extraño. Al rondar la casa de
+Claudia (aquella maldita casa tenía imán), veía en el portal á la
+madre, señá Dolores, secreteando con un caballero muy bien portado,
+de gabán de pieles. ¿Era figuración de Onofre? Al divisarle la vieja
+daba señales de inquietud y el señor se despedía atropelladamente. No
+importa, no se le despintaba; entre mil de su casta le conocería. Algo
+grueso, nariz de cotorra, patillas grises, ojos vivos... ¿Qué embuchado
+se traían? ¿Se trataba de Claudia?--«Muy tonto soy--pensó Onofre--pero
+¡Cristo! el dedo en la boca no han de metérmelo».
+
+Esto ocurrió hacia Pascua florida. Después de un invierno riguroso y
+tristón, la primavera desentumecía los cuerpos: los árboles echaban
+hojas y flores á granel, el sol picaba y reía. El año anterior, ¡Onofre
+no lo olvidaba! Claudia, al principiar el buen tiempo, había querido
+pasear todas las tardes, sin faltar una. Salían temprano, él del
+taller y ella del obrador, y se iban por ahí hasta las diez dadas. La
+convidaba á merendar, la hartaba de pájaros fritos y de fresilla. ¡Un
+despilfarro! Y este año apenas conseguía decidirla á vagabundear dos
+días por semana. Rehacia andaba la chica. ¡Atención, Onofre!
+
+--¿Quién te ha dado ese dije de oro?--preguntó de repente, parándose en
+la mitad de la calle, el carpintero á su compañera.
+
+--¿De oro? Si es de «dublé...»--murmuró ella, azorada.
+
+--Á un hombre no se le miente, y si me vuelves á salir por «dublé» te
+meto en casa de mi compadre el platero y te abochorno la cara. ¡Oro con
+piedras! ¡Copones! ¿Se puede saber por qué has mentido?
+
+--Verás--balbuceó Claudia.--Es que... por si te enfadabas... Tenía
+ahorrados unos cuartos... Lo compré de lance...
+
+--¿Enfadarme yo? ¿Cuándo has visto que me mezcle en tus gastos, hija?
+¿Lo compraste? ¿Dónde? ¿Á quién?
+
+--Me lo vendió la corredora, la Chivita... ¿No la conoces tú? Es una
+con pelos en la barba...
+
+Calló Onofre. Un relámpago de lucidez horrible acababa de cegarle.
+¡Aquello era otro embuste! ¡Una fila de embustes! ¿Con que la Chivita?
+Él la encontraría aquella misma noche...
+
+Pasaban por la plazuela de Santa Ana. Los árboles del jardín convidaban
+á descansar á su sombra, de poblados y de verdes que los tenía el
+abril. Risas de chiquillería, llamadas de niñeras, se confundían con
+los trinos de los canarios y jilgueros «maestros» colgados en jaulas, á
+las puertas de las tiendas de pájaros y perros. Claudia se paró delante
+de una de estas tiendas; lo acostumbraba; la gustaban mucho los bichos.
+Hizo fiestas á un loro, á un gato de Angora, á un falderín, y se
+entretuvo más con las palomas. ¡Qué ricas! Las había moñudas, de cuello
+empavonado, de patas calzadas...
+
+--¡Ay!--exclamó--¡Ésa tiene sangre!... Está herida.
+
+Era una paloma de la casta conocida por «de la puñalada». Sobre el
+buche, curvo y blanquísimo, un trazo rojo imitaba perfectamente la
+herida fresca.
+
+--La habrá dado un corte su palomo--dijo gravemente Onofre--. También
+los palomos serán capaces de barbaridades si otros les festejan la
+hembra.
+
+Claudia apartó los ojos y se coloreó. El dicho de Onofre, sin tener
+nada de particular, le sonaba de un modo raro. ¡Á saber si era la
+conciencia! No se tranquilizó, ni mucho menos, cuando Onofre insistió,
+poniéndose pesado, en regalarla aquella paloma de la cortadura. ¡Si no
+la podía cuidar, si no la podía mantener! ¡Si apenas tenía tiempo de
+echar cordilla al gato! ¡Si faltaba jaula!
+
+--También compro la jaula. No te apures. Hermosa, yo no te podré
+ofrecer de lo que vende Ansorena... ¡pero vamos, que una pobre paloma!
+¿Me vas á desairar? ¿No quieres nada mío?
+
+Hablaba en irritada voz. Claudia no se atrevió á negarse. Cargó Onofre
+con la jaula de mimbres y acompañó hasta su puerta á la muchacha. De
+allí, derecho, en busca de la corredora. La encontró luego; casualmente
+estaba en casa. Y sin duda el carpintero, en su interrogatorio, se
+clareó, descubrió lo que traía entre cejas... porque la Chivita,
+avezada á tales indagatorias, imperturbable y con el tono más
+persuasivo, contestó que sí, que ella había vendido á Claudia el dije.
+
+--¿Qué día? insistió Onofre, tozudo.
+
+--¡Ay, hijo! ¡Pues no es usted poco curioso? Si una se fuese á acordar,
+con tanto como vende...
+
+--¿Qué costó? ¿Tampoco lo sabe?
+
+--¡Jesús! Aunque me pidiese declaración el señor juez... Veremos si me
+acuerdo mañana...
+
+Desde la escalera, volviéndose hacia la puerta mugrienta de la Chivita
+y cerrando los puños, el mocetón rugió entre dientes, con ira inmensa:
+
+--Condenada de al... ¡Todos conchavados para mentirme...!
+
+De casa de la Chivita se fué Onofre á la taberna que encontró más á
+mano. Era sobrio; no le divertía achisparse. Sólo que hay casos en
+que un hombre... Pidió aguardiente: lo que emborrachase más pronto.
+Necesitaba convertirse en cepo, no pensar, hasta el otro día. Y echó
+copa tras copa; por fin se quedó amodorrado, con la cabeza caída sobre
+la sucia mesa de la tasca.
+
+Á la mañana siguiente, á eso de las ocho, salía Claudia para ir, como
+siempre, al obrador. Era la última vez; se despediría de la maestra,
+de las compañeras, de la labor, de los pinchazos en la yema del dedo.
+«Aquel señor»--el del dije, el de las grises patillas--las quería en
+su casa, á ella y á su madre, tratadas como reinas. La madre ama de
+llaves, la hija ama... ¡de todo! Proposiciones así no se desechan. ¿Y
+Onofre?... En primer lugar, Onofre no sabía las señas del caballero.
+Hasta que las averiguase. Después... pasado tiempo... Onofre se
+resignaría. Así y todo, Claudia llevaba el corazón apretado. Miedo,
+miedo--un miedo invencible--. Al entrar con la jaula de la paloma,
+señá Dolores había gritado alarmada: «Fuera con eso, mujer; si parece
+que tiene una puñalá de veras... ¡Vaya un regalo, la Virgen!». Y en
+sueños, revolviéndose en la estrecha cama, la puñalada sangrienta en el
+pecho blanco perseguía á Claudia. La parecía que la herida estaba en su
+propio seno, y que la sangre, en hilos, manaba y empapaba lentamente
+las sábanas y el colchón. La pesadilla duró hasta el amanecer.
+
+Ahora iba aprisa. Recogería el jornal, la almohadilla, los avíos--y
+abur, señora. ¡Aire! Á descansar, á comer bien, á vestir seda, en vez
+de coserla para otras mujeres menos guapas. Claudia corría, deseosa
+de llegar. En la esquina, distraídamente, tropezó, resbaló, quiso
+incorporarse. Una mano ruda la sujetó al suelo; una hoja de cuchillo
+brilló sobre sus ojos, y se le hundió, como en blanda pasta, en el
+busto, cerca del corazón. Y el asesino, estúpido, quieto, no secundó el
+golpe--ni era necesario--. La sangre se extendía, formando un charco
+alrededor de la cabeza lívida, inclinada hacia el borde de la acera; y
+Onofre, cruzado de brazos, aguardaba á que le prendiesen, mirando cómo
+del charco se extendían arroyillos rojos, coagulados rápidamente.
+
+
+
+
+ EN EL SANTO
+
+
+Menudo embeleco--había exclamado colérica la Manuela cuando Lucas
+ordenó á Sidoro que se pusiese la chaqueta nueva para bajar á la
+pradera de San Isidro.
+
+En cambio, Sidoro sintió palpitar de alegría su corazoncito de seis
+años, encogido por la constante aspereza del trato feroz que le daba su
+madrastra... ó lo que fuese: la Manuela, la mujerona con quien ahora
+vivía Lucas. En la infancia, decir novedad y cambio es decir esperanza
+ilimitada y hermosa. ¡Bajar al santo! ¿Quién sabe lo que el santo
+guardaba en sus manos benditas para los niños sin madre, para los niños
+apaleados y hambrientos?
+
+Loco de contento se incorporó Sidoro al grupo, si bien le agrió ya el
+primer gozo tener que cargar con un cestillo atestado de provisiones.
+Pesaba mucho, y Sidoro hubiese implorado que le aliviasen la carga, á
+no temer uno de los pellizcos de bruja, retorcidos y rabiosos, con que
+la Manuela le señalaba cardenal para medio mes. Suspirando, alzó el
+cestillo como pudo, y salieron calle de Toledo abajo, por entre olas
+de gente, con un sol capaz de freír magras, un sol más canicular que
+primaveral.
+
+Tragando el polvo que soliviantaban ómnibus, carricoches y simones,
+pasaron el puente de Toledo y llegaron al cerro, donde hervía más
+compacta la alegre multitud. Lucas habló de entrar á rezarle al santo;
+pero la Manuela, levantando de un puntillón á Sidoro, que había
+caído empujado por el remolino y agobiado por el peso, renegó de la
+idea y prefirió comprar torrados, avellanas y rosquillas, y buscar
+dónde merendar. La sed les resecaba el gaznate, y Lucas, portador
+de la colmada bota, notando su grata turgencia entre el brazo y las
+costillas, aprobó la determinación.
+
+No fué fácil encontrar sitio conveniente á la sombra y cerca del
+río. Los rincones agradables andaban muy solicitados. Por fin,
+bastante tarde, descubrieron un ruin arbolillo, y se acomodaron al
+pie, forjándose la ilusión de que las ramas les abrigaban la cabeza.
+Sidoro, derrengado, soltó la cesta; Manuela fué sacando vituallas, y
+allí empezó el embaular y los besos á la del tinto. Lucas se acordó de
+echarle á su hijo un pedazo de tortilla y una hogaza, como quien echa
+un hueso á un cachorro; después... no pensaron más en la criatura; y
+como el vinazo y el hartazgo quitan la vergüenza, Lucas le tomó la cara
+á Manuela, allí mismo, sin pizca de reparo. Con torpes pies, por llevar
+tan calientes los cascos, la pareja rompió á andar hacia el cerro,
+donde era mayor el bullicio, y donde los tíos-vivos y los merenderos
+y barracones convidaban al jolgorio; el niño, al tratar de seguirles,
+se halló detenido por un corro formado alrededor de un ciego coplero
+y guitarrista; y cuando quiso reunirse con su gente, incorporarse,
+encontróse solo entre la multitud, portador del cesto ya vacío y la
+bota floja y huera...
+
+Se echó á llorar. Duros y malos como eran, aquel hombre y aquella mujer
+le amparaban. Se sintió abandonado, náufrago en un mar muy crespo, muy
+profundo y tormentoso. El gentío pasaba sin hacer caso del chiquillo:
+éste le empujaba, el otro le desviaba con lástima, y una mano pronta y
+desconocida le arrebató la boina de la cabeza... Nadie le preguntaba
+la causa de su llanto; ¡para eso estaban! Entre el infernal bureo de
+la romería, cualquiera atiende al llanto de un rapaz. El tecleo de los
+pianos mecánicos, el rasguear de los guitarros, los cantares de los
+beodos, los pregones de las rosquilleras, los mil ruidos que exhala
+una muchedumbre apiñada, harta, jaranera, procaz, en plena juerga al
+aire libre, exasperada por el olor de aceite rancio de las buñolerías
+y el vaho tabernario de las barracas-bodegones, ahogaban los sollozos
+del niño, como la viviente oleada de la multitud envolvía y absorbía y
+arrastraba mecánicamente su cuerpo...
+
+Por instinto, Sidoro se dejó llevar. Andando, andando, podría encontrar
+tal vez á la pareja, ó ¿quién sabe? al santo en persona. Pues si
+en la romería no se encontraba al santo, ¿á qué venía toda aquella
+gente? Y el santo sería muy bueno, que para eso era santo, y por
+eso le rezaban y le retrataban en figuritas de barro, y por eso los
+ángeles le ayudaban á arar. ¿Dónde estaba el santo? Sidoro recordaba
+que Lucas, antes de buscar sitio para la merienda, había hablado de ir
+á la ermita. ¿Qué será la ermita? De seguro un sitio en que recogen y
+consuelan á los niños abandonados...
+
+Mientras buscaba al glorioso labrador, Sidoro, á pesar suyo, miraba
+los puestos, los centenares de tinglados, donde se exhiben y despachan
+los maravillosos pitos, que adornan rosetones de plata y florones de
+papel rojo, las efigies pintorreadas de esmeralda, cobalto y bermellón,
+las medallas y escapularios, la grosera loza, las figuritas de toreros
+y picadores, los monigotes con cabeza de ministros, los grupos de
+ratas, las caricaturas escatológicas, los jarros atestados de claveles
+de violento aroma, las hiladas de botijos bermejos y blancos, las
+apetitosas rosquillas, los puestos de avellaneros, con sus balanzas
+relucientes y sus sacos entreabiertos, rebosando, tentando á la mano
+del niño... Y aquella orgía de colorines fuertes y chillones, aquel
+vaivén incesante de la muchedumbre, aquellos sonidos discordantes,
+el sentirse impulsado, zarandeado, arrebatado como una paja por el
+torrente humano, la asfixiante atmósfera que respiraba, la desolación
+misma de su abandono, en vez de arrancar lágrimas á la criatura,
+secaron las que corrían de sus ojos, y le produjeron una especie de
+embriaguez febril. Sin cuidarse de responsabilidades, abandonó la bota
+y el cestillo, y se dejó caer en tierra, á la puerta de un merendero
+donde bebían y cantaban canciones picantes, ininteligibles para Sidoro.
+Una moza, sofocada, sentada en el suelo, daba la teta á una criatura.
+Sidoro vió esta escena, el grupo siempre conmovedor y sagrado, y
+confusas reminiscencias, no de la memoria, sino de los sentidos y de la
+sensibilidad, más concreta en la niñez, le recordaron que también á él
+le había estrechado una mujer contra su seno amoroso; que también á él
+le habían arrullado con palabras de azúcar y de delirio, las palabras
+inefables de la maternidad, y un rostro amado, un rostro que no podía
+olvidarse, surgió de entre la niebla del pasado... ¡pasado tan corto y
+tan reciente! Y entonces, una de esas penas sin límites que sufren los
+niños, cayó sobre el alma del huérfano.
+
+En un instante, con el recuerdo del cariño y la ternura de su madre,
+á quien no había vuelto á ver nunca, Sidoro evocó las crueldades y
+desamor de la Manuela, y toda su carne tembló, pues no había en ella
+lugar donde las despiadadas uñas de la mujerona no hubiesen dejado
+rastro de tortura... Y la criatura, en su desconsuelo infinito,
+mientras la tarde caía y las luces de los puestos comenzaban á abrir
+su pupila de llama, se revolcó sobre el árido suelo, con muchas ganas
+de dormirse en un sueño largo, largo, largo, y despertarse al lado
+de su madre, ó de san Isidro, ó de alguien que tuviese entrañas para
+los pequeños y los débiles. Á fuerza de aturdimiento, de cansancio,
+de calor, de susto, de tristeza, se quedó, efectivamente, dormido...
+Despertó porque le aporreaban y le tiraban del pelo á puñados. Era la
+Manuela, gritando enronquecida y furiosa.
+
+--Á este maldito sí le encontramos... pero ¿y la bota nueva, y mi
+cestillo, y la servilleta, y el vaso que venían en él? ¡Condenao, verás
+en cuanto lleguemos á casa!
+
+
+
+
+ SANTOS BUENO
+
+
+Hacía tiempo--muchos meses--que no le veía yo por ninguna parte: ni en
+la calle, ni en el casino de la Amistad, ni en la Pecera, ni siquiera
+en la barriada nueva que se está construyendo--porque Santos Bueno es
+de los que tienen afición á ver edificar y gustan de plantarse delante
+de los andamios con las manos á la espalda, diciendo sentenciosamente:
+«Éstas sí que son vigas de recibo; no pandearán».
+
+Extrañando tan largo eclipse; temiendo que Santos Bueno estuviese
+enfermo de cuidado, resolví buscarle en su casa, donde le encontré
+entregado á sus habituales tareas, apacible y afable como de costumbre.
+
+--¿Qué es esto? ¿Se ha metido usted cartujo? ¿Es voto de clausura?
+
+--No, señor... ¡no, señor!--respondió sonriendo Santos--Si yo salgo y
+me paseo. No parece sino que vivo encerrado.
+
+--¿Que sale usted? Pues no le veo nunca.
+
+--Porque salgo un poco tarde... á las horas en que no hay gente.
+
+--Esconderse se llama esa figura.
+
+Volvió Santos á sonreir con aquella su indescriptible expresión
+enigmática, y dijo tranquilamente:
+
+--Pues ha acertado usted. Hay ocasiones en que... se encuentra uno muy
+á gusto escondido.
+
+Adiviné que bajo la teoría de las ventajas del escondite se ocultaba
+alguna crisis dolorosa de la vida de Santos Bueno.
+
+Yo creía conocerle, y además sabía su historia y sus aspiraciones, como
+se sabe en un pueblo pequeño las de cada hijo de vecino. Santos Bueno
+era un burgués modesto, sin grandes aspiraciones; ni pobre ni rico,
+poseía un capitalito, producto de la afortunada venta de unos bienes
+patrimoniales, lindantes con el prado de un indianete, que por tal
+circunstancia los había pagado á peso de oro.
+
+Con estos caudales, Santos proyectaba realizar un sueño ya muy antiguo:
+construirse en las afueras de la ciudad una casita que tuviese jardín y
+vivir en ella sin emociones, pero sin desazones, cultivando legumbres y
+rosas. Es de advertir que la casita con jardín es la bella ilusión de
+los marinedinos.
+
+No sé por qué se me vino á la imaginación que con aquellos dineros
+podrían relacionarse la actitud y el retraimiento de Santos, y movido
+de una curiosidad compasiva, le interrogué.
+
+--¿Y esa casita, ese _chalet_, cuándo lo empezamos? ¿Me convida usted
+á café en el jardín para el día de su santo del año que viene?
+
+Demudóse el rostro de Santos, y hasta se me figuró que en sus ojos
+temblaba el reflejo cristalino que indica que se humedecen...
+
+--Ya no hago la casita--murmuró con abatimiento.
+
+--¿Que no la hace usted? ¿Cómo es eso? ¿Se ha jugado usted los
+capitales?
+
+--Bien sabe usted que no me da por ahí...
+
+--¿Pues qué ocurre? ¿Ha pensado usted en otra inversión? ¿Ha emprendido
+algún negocio?
+
+--Si usted me promete no decir nada á nadie...
+
+--Pierda usted cuidado, don Santos. La tumba es una cotorra comparada
+conmigo.
+
+--Pues es el caso que... que he... prestado... esa suma.
+
+--¿Prestado? ¿Al cien por cien mensual? ¿Con garantía? ¡Ah, usurero!
+
+--Déjese de bromas. Garantía... Tengo la de la honradez de mi deudor.
+
+--¡Ay, pobre don Santos! ¿Quién me lo ha engañado?
+
+--No, le advierto á usted que es persona que goza de excelente fama...
+Para ser franco: mi ánimo no era prestar, ni á ése ni á nadie. Me cogió
+desprevenido: no pude negarme; á él le constaba que tenía yo fondos:
+vi un padre de familia en aprieto, en compromiso, en vergüenza... me
+prometió amortizar cada mes... ¡En fin, que no tengo el corazón de
+bronce!
+
+--¿Conque prestamitos á padres de familia pobres, pero bribones? ¿Y
+qué tal? ¿Amortiza? ¿Amortiza?
+
+--Por ahora... no.
+
+--¿Cuántos meses han pasado?
+
+--Seis... es decir, hoy se cumplen siete...
+
+--Y usted, después de haber hecho esa obra benéfica y desinteresada,
+¿por qué se esconde? Eso sí que quisiera saberlo.
+
+--Le diré... Son tonterías de mi carácter... ¡Rarezas...! Es que, hace
+algún tiempo, me encontré en la calle á mi deudor, y le pedí... vamos
+con muy buenos modos... que empezase á amortizar... lo que pudiese...
+nada más que lo que pudiese... Y me contestó de una manera..., en fin,
+que me negó lo prometido, y casi, casi, me negó la deuda misma...
+Y desde entonces no salgo á la calle... porque si me lo encuentro,
+me dará vergüenza, y tendré que hacer como si no le viese! Sí,
+vergüenza... Porque es fea su acción, ¿verdad?
+
+
+
+
+ SUSTITUCIÓN
+
+
+No hay nadie que no se haya visto en el caso de tener que dar, con suma
+precaución y en la forma que menos duela, una mala noticia. Á mí me
+encomendaron por primera vez esta desagradable tarea, cuando falleció
+repentinamente la viuda de Lasmarcas, única hermana de don Ambrosio
+Corchado.
+
+Yo no conocía á don Ambrosio; en cambio era uno de los tres ó cuatro
+amigos fieles del difunto Lasmarcas, y que visitaban con asiduidad á
+su viuda, recibiendo siempre acogida franca y cariñosa. Las noches
+de invierno nos servía de asilo la salita de la señora, donde ardía
+un brasero bien pasado, y las dobles cortinas y las recias maderas
+no dejaban penetrar ni corrientes de aire ni el ruido de la lluvia.
+Instalado cada cual en el asiento y en el rincón que prefería,
+charlábamos animadamente hasta la hora de un té modesto y fino, con
+galletas y bollos hechos en casa, tal vez por razones de economía.
+
+Nos sabía á gloria el té casero, y concluíamos la velada satisfechos y
+en paz, porque la viuda de Lasmarcas era una mujer de excelente trato,
+ni encogida, ni entrometida, ni maliciosa en extremo, ni neciamente
+cándida, y en cuanto amiga, segura y leal como ¡ojalá! fuesen todos
+los hombres. Al saber que había aparecido muerta en su cama, fulminada
+por un derrame seroso, sentimos el frío penetrante del _más allá_, el
+estremecimiento que causa una ráfaga de aire glacial que nos azota el
+rostro al entrar en un panteón. ¡Así nos vamos, así se desvanece en
+un soplo nuestra vida, al parecer tan activa y tan llena de planes,
+de esperanzas y de tenaces intereses! Precisamente la noche anterior
+habíamos ido de tertulia á casa de la señora de Lasmarcas; aún nos
+parecía verla ofreciéndonos un trozo de bizcochada, que alababa
+asegurando ser receta dada por las monjas de la Anunciación...
+
+Advertidos de la desgracia los amigos íntimos, se decidió que yo me
+encargaría de avisar al hermano de la difunta. Don Ambrosio Corchado
+no vivía en la misma ciudad que su hermana, sino á dos leguas, en
+una posesión de donde no salía jamás, y donde la viuda residía en la
+temporada de verano. Rico y poco sociable, don Ambrosio realizaba el
+tipo del solterón: no quería molestar al mundo, y menos toleraba que
+el mundo le molestase á él. Á su manera, lo pasaba perfectamente,
+introduciendo mejoras en su finca, dirigiendo la labranza y cebando
+gallinas y cerdos. Es cuanto sabíamos de don Ambrosio. Para cumplir
+sin tardanza mi cometido, encargué un coche, y á los tres cuartos de
+hora lo tenía ante la puerta, con repique de cascabeles y traqueteo de
+ruedas chirriantes.
+
+Entré en el desvencijado vehículo y tomamos la dirección de la
+finca. Era preciosa la mañana, vibrante, alegre, llena de sol y luz,
+preludiando la primavera, que se acercaba ya. Reclinado en el fondo del
+birlocho, viendo desaparecer por la ventanilla el pintoresco paisaje,
+me entró, á pesar del buen tiempo y del aire puro y vivo, una dolorosa
+melancolía, una especie de aprensión y de timidez violenta.
+
+El corazón se me encogió, pensando en lo que debía participar á don
+Ambrosio, y en cómo empezaría á hacerle paladear el trago, para que
+sintiese menos su amargor. Me representaba con eficacia lo dramático
+del momento. Don Ambrosio no tenía otra hermana, ni más familia en el
+mundo. La señora de Lasmarcas no dejaba hijos que pudiese recoger su
+hermano y que alegrasen su solitaria vejez. ¡Una hermana! El ser á
+quien acompañamos desde la cuna; con quien hemos jugado de niños; ser
+que lleva nuestra sangre; que ha compartido nuestros primeros inocentes
+goces, nuestros primeros berrinches; que ha sido nuestro confidente,
+nuestro encubridor, que vió nuestras travesuras y se emocionó con
+nuestros amoríos infantiles; la mamá pequeña, la amiga natural, la
+cómplice desinteresada, la defensora. El que no conoce otro afecto;
+el que de todos los suyos conserva una hermana, ¡qué sentirá al saber
+que la ha perdido! Sin duda alguna, lo que el árbol cuando le hincan el
+hacha en mitad del tronco, cuando lo hienden y parten. Además, ¡era tan
+súbita la muerte! Tal vez don Ambrosio se había forjado mil veces la
+ilusión de que su hermana, más joven que él, le cerraría los ojos...
+
+Estos pensamientos, exaltando mi imaginación, me causaron tan
+indefinible angustia, que al pararse el coche ante el portón de la
+finca llevaba yo los ojos humedecidos de lágrimas. Dominé mi debilidad,
+salté á tierra, y al preguntar por don Ambrosio á un hombre que
+igualaba la arena del patio, soltó él de muy buena gana el escardillo
+y me guió, pasando por hermosos jardines adornados con fuentes y por
+un huerto de frutales, á una pradería, donde varios gañanes trabajaban
+en segar hierba y amontonarla en carros, bajo la inspección de un
+vejete de antiparras azules y sombrero de paja.--Era don Ambrosio en
+persona.--Me saludó con sorpresa y, al decirle que venía por un asunto
+de cierta importancia, mostró bastante amabilidad. Explicóme que el
+pradito aquel rendía todos los años más de treinta carros de hierba
+seca, que se vendía como pan bendito; y cediendo á la propensión de
+hablar sólo de lo que se roza con preocupaciones del orden práctico,
+añadió que temía que viniese á llover, y activaba la faena á fin de
+recoger la hierba en buenas condiciones. Después me señaló á una
+esquina del prado, que cruzaba un límpido riachuelo, y me preguntó
+si creía la fuerza del agua suficiente para hacer mover un molino
+harinero que pensaba instalar allí. Su cara arrugadilla y su cascada
+voz adquirían gravedad al enunciar estos propósitos. Yo, entretanto,
+buscaba sitio por donde herirle; pero dos ó tres insinuaciones acerca
+de la mala salud de la viuda, no arrancaron más que un distraído «vaya,
+vaya». Entonces resolví apretar, y entré en materia: venía precisamente
+porque la señora, algo enferma desde ayer... «Sí, molestias del
+invierno, catarrillos», respondió maquinalmente. Me sublevó la salida,
+y solté las dos palabras «enfermedad grave»... Al través de los azules
+vidrios noté que parpadeaba el viejo.--«¿Grave? Y el médico, ¿qué
+dice?».
+
+--No hubo tiempo de consultarle...--exclamé--Ya ve usted, las cosas
+repentinas...
+
+--Pues que se consulte, que se consulte--repitió volviéndose para
+ver pasar un carro cargado á colmo--. ¡Eh--gritó dirigiéndose á los
+gañanes--, brutos, que se os cae la mitad de la hierba! ¡Sujetar bien
+la carga, por Cristo!
+
+--¿No le digo á usted--interrumpí alzando también la voz--que no dió
+lugar á consultar nada? Fué de pronto... la...
+
+Se me atragantaba la palabra terrible, pero al fin la solté:
+
+--¡La... la muerte!
+
+Don Ambrosio hizo un movimiento hacia atrás. Sus vidrios azules
+centellearon al sol. Titubeando, murmuró:
+
+--De manera... que... que...
+
+--Que ha fallecido su hermana de usted, sí, señor; esta mañana se la
+encontraron cadáver... en la cama... Un derrame seroso.
+
+El viejo guardó silencio, columpiando la cabeza. Después de una pausa,
+tosiqueó y dijo tranquilamente:
+
+--¡Válgate Dios! Le llegó su hora á la pobre... Bueno, si hay cualquier
+dificultad para el entierro, que... que cuenten conmigo... Por poco
+más... ¿sabe usted? que se haga todo con decencia... En cien duros
+arriba ó abajo no deben ustedes reparar.
+
+--¿No vendrá usted al funeral?--pregunté devorando al viejo con los
+ojos.
+
+--Verá usted... Con el prado á medio segar y este tiempo tan á
+propósito... imposible. ¡Bueno andaría esto si faltase yo! Mañana
+justamente viene el maestro de obras para tratar lo del molino... Hay
+que rumiar el contrato, porque si no esas gentes le pelan á uno. ¿Y
+usted qué opina? ¿Tendrá fuerza el agua? Ahora en primavera, no hay
+cuidado; ¿pero en otoño?
+
+Salí de allí en tal estado de exasperación, que batí la portezuela del
+coche al cerrarla, contribuyendo á desbaratar el fementido birlocho.
+Otra vez me dominaba una tristeza invencible; me sentía ridículo, y
+la miseria de nuestra condición me abrumaba al pensar en aquel vejete
+insensible como una roca, que sólo se ocupaba en el prado y el molino
+y se olvidaba de la proximidad de la muerte. ¡Valiente necedad mis
+precauciones y mis recelos para darle la noticia! De pronto se me
+ocurrió una idea singular. Mi acceso de sensibilidad compensaba la
+indiferencia de don Ambrosio.--El verdadero _hermano_ de la pobre
+muerta era yo, yo que había sentido el dolor fraternal, yo que me había
+sustituido, con la voluntad y el sentimiento, al hermano según la
+carne. En el mundo moral como en el físico nada se pierde, y todos los
+que tienen derecho á una suma de cariño, la cobran, si no del que se la
+debe, de otro generoso pagador. Consolado al discurrir así, saqué la
+cabeza por la ventanilla y dije al cochero (de veras que se lo dije):
+«Más aprisa, que necesito disponer el funeral de mi hermana».
+
+
+
+
+ LA COMPAÑA
+
+
+Invierno. Después de un día corto, lluvioso y triste, la noche es
+clara, de luna; la helada prende en sus cristales, resbaladizos y
+brillantes como espejos, el agua de las charcas y ciénagas, y en
+la ladera más abrupta de la montaña se oye el _oubear_ del lobo
+hambriento. Dentro de la casuca del _rueiro_ humilde, la llama de la
+ramalla de pino derrama la dulce tibieza de sus efluvios resinosos, y
+el glu-glu del pote conforta el estómago engañando la necesidad, pues
+el pobre caldo de berzas sólo mantiene porque abriga.
+
+Desviada de la aldea por el soto de altos castaños, próxima á
+la iglesia y al cementerio, la ruin casuca de la vieja señora
+Claudia--alias _Cometerra_, porque en sus juventudes mascaba á puñados
+la arcilla del monte Couto--también siente el bienestar del cariñoso
+fuego. Todo el día, calándose hasta las medulas, ha trabajado su nieto
+Caridad, y el brazado de ramalla y la leña todavía húmeda y la hierba
+que rumia la becerrita roja, él se las ha agenciado... No preguntéis
+dónde. Quien no tiene bosque ni pradería suya, ha de merodear por
+tierras de otro. ¿Qué señor le arrienda un lugar á un mocoso de quince,
+hijo de un presidiario muerto en Ceuta? El colono ha de ser libre de
+quintas, casado y de buena casta. ¡Valiente adquisición la de aquella
+bruja que pedía por las puertas una espiga de maíz ó una corteza
+mohosa, y la de aquel galopín que no dejaba en los términos de la
+parroquia cosa á vida! También hay clases en la aldea... Y los hijos
+de dos ó tres labradores de los más acomodados, de pan y puerco, se la
+tenían jurada á Caridad. Porque puede pasar el esquilmo de la rama y
+del tojo, y hasta el apañar hierba en linderos que tienen dueño; pero
+arrancar la patata ya en sazón ó desvalijar un painel del hórreo... eso
+son palabras mayores, y como le pillasen... ¡guarda el escarmiento!
+
+Caridad, entretanto, traía á casa bien repleto su _paje_ de mimbres.
+Aquel día formaban el botín golpe de castañas maduras, bellotas, y
+¡presa extraordinaria!, tres ó cuatro hermosos huevos frescales...
+Cuando tenía suerte en su caza de víveres, ¡la abuela le pagaba tan
+bien! Inagotable repertorio de consejas, tradiciones y patrañas,
+_Cometerra_, acurrucada en el rincón del lar, mientras con mano
+temblona pelaba las patatas ó desgranaba las espigas rubias, hablaba,
+narraba, ensartaba sus cuentos de mil mentiras... Y Caridad no conocía
+otro goce. Las historias de la abuela eran á la vez su única escuela y
+su único teatro, el pasto de su imaginación virgen, fresca, insaciable,
+de chiquillo que no sabe leer, y que presiente la novela y la poesía,
+identificándolas, en su ignorancia, con la vida y la realidad.
+
+Tal vez, en aquel precoz enfermizo desarrollo de la fantasía influyese
+el mismo aislamiento á que le condenaban sus menudos latrocinios y la
+azarosa suerte y las fechorías del padre. Es lo cierto que Caridad
+creía á puño cerrado... ¿qué es creer?, _veía_. El mundo triste y
+agorero de la vieja mitología galaica le rodeaba á todas horas. El
+miedo á lo desconocido encogía su alma y derramaba hielo de mortal
+pavor en sus venas, atrayéndole, sin embargo, con misterioso atractivo,
+llamándole. Temía y deseaba la aparición sobrenatural, y mientras sus
+manos, mecánicamente, cogían lo ajeno, su espíritu inculto sentía el
+escalofrío del mundo invisible que nos rodea, y cuyo hálito quejoso se
+percibe en los murmullos del bosque y en el fluyente llanto del agua...
+
+Esta noche de invierno, cercana ya la vigilia de los difuntos,
+_Cometerra_ explica á su nieto lo que es la _Compaña_ ó _Hueste_. Es
+una legión de muertos que, dejando sus sepulturas, llevando cada cual
+en la descarnada mano un cirio, cruzan la montaña, allá á lo lejos,
+visibles sólo por la vaga blancura de los sudarios y por el pálido
+reflejo del cirio desfalleciente. ¡Ay del que ve la _Compaña_! ¡Ay del
+que pisa la tierra en que se proyecta su sombra! Si no se muere en el
+acto, la vida se le secará para siempre á modo de hierba que cortó la
+_fouce_. Quebrantado, sin fuerzas, tocado de extraño mal, contra el
+cual no existen remedios, irá encaminándose poco á poco á la cueva,
+porque la _Hueste_ recluta así á los que encuentra en el camino, los
+alista en sus filas, refuerza su ejército de espectros... ¡Infeliz del
+que ve la _Compaña_!
+
+En su pobre y frío lecho de hojas de maíz, Caridad se revuelve pensando
+en la fúnebre procesión. El fuego del lar se ha extinguido; la abuela
+ronca acurrucada á pocos pasos; se escucha fuera el gañir del lobo y
+la queja casi humana del mochuelo... La tentación es demasiado fuerte.
+De seguro que á estas horas desfila por el monte, en doble hilera
+de luces, la gente del otro mundo. ¡Verla! Caridad no se acuerda de
+que verla es morir. Quizá no le importa. El apego á la vida no nace
+temprano; el arbolillo sin raíces no se agarra á la corteza terrestre.
+El miedo, en Caridad, es como un espasmo: su alma estremecida teme y
+desea á la vez. Y deslizándose de la dura cama, á tientas va hacia la
+puerta, abre el cancel, se asoma y mira.
+
+Velada la luna, antes esplendente, por nubarrones de trágica forma,
+negrísimos, los objetos aparecen confusos, las manchas de la arboleda
+se pierden entre la turbieza gris de la lejanía. Caridad, tiritando,
+echa á andar en dirección á la iglesia. Sin darse cuenta del porqué,
+supone que la _Hueste_ ronda las tapias del cementerio. Lo singular
+es que, al ir en busca de la procesión de las almas, el chiquillo
+tiembla, sus dientes castañetean, sus pupilas se dilatan, su sangre
+se cuaja, su corazón por momentos cesa de latir. Y, sin embargo, anda,
+anda, fascinado; ansioso, pisando la escarcha con descalzos pies,
+amoratados y rígidos. Allá donde se alza el muro del camposanto, una
+claridad difusa, unos lampos de luz verdosa le llaman con palpitaciones
+de mortaja flotante y con humaredas de cirio que se extingue. Allí está
+de seguro la _Hueste_... Ya cree verla, verla distintamente, y hasta
+escucha reprimidos sollozos, ahogados gritos que pueden confundirse
+con la ironía de la carcajada brutal... Sin transición, sin espacio á
+decir Jesús, á llamar á su madre como la llaman los heridos de muerte,
+Caridad se desploma. Á un mismo tiempo le ha partido la cabeza un
+garrotazo y le ha abierto la garganta el corvo filo de una céltica
+_bisarma_, que á la vez que degüella sujeta á la víctima. La sangre,
+caliente, se coagula sobre la helada superficie del terruño. Los mozos
+se retiran, dejando tieso allí al ladronzuelo, y murmurando, serios
+ya--porque no habían pensado ir tan lejos, ni hubiesen ido á no mediar
+el mosto nuevo y la vieja _caña_:
+
+--Quedas escarmentado.
+
+
+
+
+ LA DENTADURA
+
+
+Al recibir la cartita, Águeda pensó desmayarse. Enfriáronse sus manos,
+sus oídos zumbaron levemente, sus arterias latieron y veló sus ojos una
+nube. ¡Había deseado tanto, soñado tanto con aquella declaración!
+
+Enamorada en secreto de Fausto Arrayán, el apuesto mozo y brillantísimo
+estudiante, probablemente no supo ocultarlo; la delató su turbación
+cuando él entraba en la tertulia, su encendido rubor cuando él la
+miraba, su silencio preñado de pensamientos cuando le oía nombrar;
+y Fausto, que estaba en la edad glotona, la edad en que se devora
+amor sin miedo á indigestarse, quiso recoger aquella florecilla
+semicampestre, la más perfumada del vergel femenino--un corazón de
+veinte años, nutrido de ilusiones, en un pueblo de provincia: medio
+ambiente excitante, si los hay, para la imaginación y las pasiones.
+
+Los amoríos entre Fausto y Águeda, al principio, fueron un dúo en que
+ella cantaba con toda su voz y su entusiasmo, y él, _reservándose_
+como los grandes tenores, en momentos dados emitía una nota que
+arrebataba. Águeda se sentía vivir y morir; su alma, palacio mágico
+siempre iluminado para solemne fiesta nupcial, resplandecía y se
+abrasaba, y una plenitud inmensa de sentimiento la hacía olvidarse de
+las realidades y de cuanto no fuese su dicha, sus pláticas inocentes
+con Fausto, su carteo, su ventaneo, su idilio en fin. Sin embargo, las
+personas delicadas--y Águeda lo era mucho--no pueden absorberse por
+completo en el egoísmo; no saben ser felices sin pagar generosamente
+la felicidad. Águeda adivinaba en Fausto la oculta indiferencia;
+conocía por momentos cierta sequedad de mal agüero; no ignoraba que á
+las primeras brisas otoñales el predilecto emigraría á Madrid, donde
+sus aptitudes artísticas le prometían fama y triunfos; y en medio de
+la mayor exaltación, advertía en sí misma repentino decaimiento, la
+convicción de lo efímero de su ventura.
+
+Un día estrechó á Fausto con preguntas apremiantes: «¿Me quieres de
+veras, de veras? ¿Te gusto? ¿Soy yo la mujer que más te gusta? Háblame
+claro, francamente... Prometo no enfadarme ni afligirme». Fausto,
+sonriente, halagador, galante al pronto, acabó por soltar parte de la
+verdad en una aseveración exactísima. «¡Guedita, eres muy mona... muy
+guapa, sin adulación... Tienes una tez de leche y rosas, unas facciones
+torneadas, unos ojos de terciopelo negro, un talle que se puede abarcar
+con un brazalete... Lo único que te desmerece... así... un poquito...
+es la pícara dentadura. Es que á no ser por la dentadura... chica, un
+cuadro de Murillo!».
+
+Calló Águeda contrita y avergonzada, pero apenas se hubo despedido
+Fausto, corrió al espejo. ¡Exactísimo! Los dientes de Águeda, aunque
+sanos y blancos, eran salientes, anchos á guisa de paletas, y su
+defectuosa colocación imponía á la boca un gesto empalagoso y mohín.
+¿Cómo no había advertido Águeda tan notable falta? Creía ver ahora por
+primera vez la fea caja de su dentadura, y un pesar intenso, cruel, la
+abrumaba... Lágrimas ardientes fluyeron por sus mejillas, y aquella
+noche no pegó ojo, dando vueltas, entre el ardor de la fiebre, á la
+triste idea... «Fausto ni me quiere ni puede quererme. ¡Con unos
+dientes así!».
+
+Desde el instante en que Águeda se dió cuenta de que en realidad tenía
+una dentadura mal encajada y deforme, acabóse su alegría y vinieron á
+tierra los castillos de naipe de sus ensueñas. Rota la gasa dorada del
+amor, veía confirmados sus temores relativos á la frialdad de Fausto;
+mas como el espíritu no quiere abandonar sus quimeras, y un corazón
+enamorado y noble no se aviene á creer que su mismo exceso de ternura
+puede engendrar indiferencia, dió en achacar su desgracia á los dientes
+malditos. «Con otros dientes, Fausto sería mío quizás». Y germinó en su
+mente un extraño y atrevido propósito.
+
+Sólo el que conozca la vida estrecha y rutinaria de los pueblos
+pequeños; la alarma que produce en los hogares modestos la perspectiva
+de cualquier gasto que no sea de estricta utilidad; la costumbre
+de que las muchachas nada resuelvan ni emprendan, dejándolo todo
+á la iniciativa de los mayores--comprenderá lo que empleó Águeda
+de voluntad, maña y firmeza hasta conseguir dinero y licencia para
+realizar sus planes... Fausto había volado ya á Madrid; el pueblo
+dormitaba en su modorra invernal, y Águeda, levantándose cada día
+con la misma idea fija, suplicaba, rogaba, imploraba á su madre, á
+su padrino, á sus hermanas, sacando á aquélla una pequeña cantidad,
+á aquél un lucido pico, á éstas de la alcancía los ahorros..., hasta
+juntar una suma, con la cual, llegada la primavera, tomó el camino de
+la capital de la provincia...--Iba resuelta á arrancarse todos los
+dientes y ponerse una dentadura ideal, perfecta.
+
+Águeda era muy mujer, tímida y medrosa: no se preciaba de heroína,
+y la espantaba el sufrimiento; un escalofrío recorrió sus venas
+cuando, discutido y convenido con el dentista el precio de la cruenta
+operación, se instaló en la silla de resortes, y encomendándose á
+Dios, echó la cabeza atrás... No se conocían por entonces en España
+los anestésicos que hoy suelen emplearse para extracciones dolorosas,
+y aunque se tuviese noticia de ellos, nadie se atrevía á usarlos,
+arrostrando el peligro y el descrédito que originaría el menor desliz
+en tan delicada materia. Tenía, pues, Águeda que afrontar el dolor
+con los ojos abiertos y el espíritu vigilante, y dominar sus nervios
+de niña para que no se sublevasen ante el atroz martirio. Desviados,
+salientes y grandes eran sus dientes todos: había que desarraigarlos
+uno por uno. Águeda, cerrando los ojos, fijó el pensamiento en Fausto;
+temblorosa, yerta de pavor, abrió la boca, y sufrió la primer tortura,
+la segunda, la tercera... Á la cuarta, como se viese cubierta de
+sangre, cayó con un síncope mortal. «Descanse usted en su casa», opinó
+el dentista.
+
+Volvió, sin embargo, á la faena al día siguiente, porque los fondos
+de que disponía estaban contados y la urgía regresar al pueblo... No
+resistió más que dos extracciones; pero al otro día, deseosa de acabar
+cuanto antes, soportó hasta cuatro, bien que padeciendo una congoja al
+fin; pero según disminuían sus fuerzas se exaltaba su espíritu, y en
+tres sesiones más quedó su boca limpia como la de un recién nacido,
+rasa, sanguinolenta... Apenas cicatrizadas las encías, ajustáronle
+la dentadura nueva, menuda, fina, igual, divinamente colocada: dos
+hileritas de perlas. Se miró al espejo de la fonda; se sonrió; estaba
+realmente transformada con aquellos dientes; sus labios ahora tenían
+expresión, dulzura, morbidez, una voluptuosa turgencia y gracia que
+se comunicaba á toda la fisonomía... Águeda, en medio de su regocijo,
+sentía mortal cansancio; apresuróse á volver á su pueblo, y á los dos
+días de llegar, violenta fiebre nerviosa ponía en riesgo su vida.
+
+Salió del trance; convaleció, y su belleza, refloreciendo con la salud,
+sorprendió á los vecinos. Un acaudalado cosechero, que la vió en la
+feria, la pidió en matrimonio; pero Águeda ni aun quiso oir hablar de
+tal proposición, que apoyaban con ahinco sus padres. Lozana y adornada
+esperó la vuelta de Fausto Arrayán, que se apareció muy entrado el
+verano, lleno de cortesanas esperanzas y vivos recuerdos de recientes
+aventuras. No obstante, la hermosura de Águeda despertó en él memorias
+frescas aún, y se renovaron con mayor animación por parte del galán los
+diálogos y los ventaneos y los paseos y las ternezas. Águeda le parecía
+doblemente linda y atractiva que antes, y un fueguecillo impetuoso
+empezaba á comunicarse á sus sentidos. Cierto día que, hablando con uno
+de sus amigos de la niñez, manifestó la impresión que le causaba la
+belleza de Águeda, el amigo respondió:
+
+--¡Ya lo creo! Ha ganado un cien por cien desde que se puso dientes
+nuevos.
+
+Atónito quedó Fausto. ¿Cómo? ¿Los dientes? ¿Todos, sin faltar uno?
+¡Cuánto trastorna la vanidad femenil! Y soltó una carcajada de
+humorístico desengaño...
+
+Cuando, años después, le preguntó alguien por qué había roto tan
+completamente con aquella Águeda, que aún permanecía soltera y llevaba
+trazas de seguir así toda la vida, Fausto Arrayán--ya célebre,
+glorioso, dueño del presente y del porvenir--respondió, después de
+hacer memoria un instante:
+
+--¿Águeda...? ¡Ah, sí! Ahora recuerdo... ¡Porque no es posible
+que entusiasme una muchacha sabiendo que lleva todos los dientes
+postizos...!
+
+
+
+
+ INSPIRACIÓN
+
+
+El taller, á aquella hora--las once de la mañana--tenía aspecto alegre
+y hasta cierta paz doméstica: limpio aún, barrido, no manchado por las
+colillas y los fósforos, los fragmentos de lápiz de color y el barro
+de las botas, con la alegre luz solar que entraba por el gran medio
+punto, acariciaba los muebles y arrancaba reflejos á los herrajes del
+bargueño, á los clavos de asterisco de los fraileros, y á los estofados
+del manto de la gótica Nuestra Señora. La horrible careta nipona reía
+de oreja á oreja, benévolamente, y _Kruger_, el enorme y lustroso
+dogo de Ulm, echado sobre un rebujo de telas de casulla, deliciosas
+por sus tonos nacarados que suavizaba el tiempo, dormitaba tranquilo,
+reservando sus arrebatos de cariño, expresados con dentelladas y
+rabotadas, para la tarde.
+
+Luchaba desesperadamente Aurelio Rogel, instalado ante el caballete y
+el lienzo limpio, con una de esas crisis de desaliento que asaltan
+al artista en nuestra época sobresaturada de crítica y recargada con
+el peso de tantos ideales y tantas teorías y tantas exigencias de los
+sentidos gastados y del cerebro antojadizo. ¿Qué pondría en aquella
+tela rasa y agranitada; á qué expresión responderían las manchas de los
+colores que aguardaban en fila, al margen de la bruñida paleta, como
+soldados dispuestos á entrar en combate? Sentíase cansado Aurelio de
+_academias y estudios_; del eterno dibujar por dibujar, persiguiendo
+de cerca á la línea y al contorno, sin saber para qué, con la falta
+de finalidad del avaro que atesora, pero no hace circular la riqueza.
+Aquella ciencia del dibujo, en que Aurelio se preciaba de haber vencido
+y superado á todos sus compatriotas, tildados de malos dibujantes;
+aquel dominio de la forma, en tal momento, le parecía estéril, vano, si
+no podía servirle para encarnar una idea.--Y la idea, la veía surgir,
+como vapor luminoso, flotando ante sus ojos soñadores, sin lograr que
+se concretase y definiese; así es que, descorazonado, no se resolvía á
+coger el lápiz.
+
+¿Qué iba á hacer? Dentro de un cuarto de hora aparecería el modelo, el
+eterno modelo; uno de los eternos modelos, mejor dicho.--Ó el tagarote
+aguardentoso, velludo y bestial; ó la moza flamenca y zafia, que dejaba
+en el taller olor á bravío y á jabón barato; ó el mozalbete achulado,
+afeminado, el _pâle voyou_; serie de cuerpos plebeyos y viciosos,
+cuya vista había llegado á irritar los nervios de Aurelio hasta el
+punto de enfurecerle. ¿Dónde estaba la Belleza? «La crearé sin modelo
+alguno--pensaba--; la sacaré de mi mente, de mis aspiraciones, de mi
+corazón, de mi sensibilidad artística...». Pero á la vez que afirmaba
+este programa, se daba cuenta de que no podía realizarlo: que le
+sujetaban lazos técnicos, la costumbre idiota de mirar hacia un objeto,
+la fidelidad escrupulosa, la impotencia para trasladar al lienzo lo que
+los ojos no hubiesen visto y estudiado en la realidad.
+
+Así es que, cuando sonó la campanilla anunciando la llegada del
+modelo--segura á tales horas--el pintor sintió un estremecimiento de
+repugnancia invencible. «Hoy le despido»; resolvió; y, de mal talante,
+salió á abrir. Hizo un movimiento de sorpresa: la persona que llamaba
+era desconocida, una joven; casi una niña; representaba quince años á
+lo sumo. Á la interrogación de Aurelio, respondió la muchacha dando
+señales de temor y cortedad:
+
+--Vengo... porque me ha dicho tío Onofre, el _curda_... ¿no sabe usté?
+pues que como está muy malísimo... y dijo que usté le aguardaba pa
+retratarle... le traigo el recao que no vendrá.
+
+--Bien, hija--contestó Aurelio satisfecho y como libre de una
+carga.--¿Y qué tiene tío Onofre?
+
+--Eso del trancazo--declaró la muchacha--. En la cama está hace tres
+días, y paece que le han molío toós los huesos.
+
+Y como á pesar de que en apariencia estaba cumplida la misión de la
+chiquilla, ésta no se quitaba del marco de la puerta; el pintor,
+compadecido, la apartó diciendo:
+
+--Pasa, hija. Ven, te daré un poco de vino de Málaga...
+
+Entró la niña tímidamente, pero sin remilgos ni dificultades, y ya
+en el taller, miró alrededor con ojos asombrados, que expresaban el
+respeto por lo que no se comprende, y un vago susto. De pronto sus
+pupilas tropezaron con un desnudo de mujer: el de la mocetona flamenca
+y zafia, representada en una contorsión de ménade, sobre el mismo
+rebujo de telas antiguas en que _Kruger_ dormitaba ahora. Y Aurelio,
+que examinaba á la chiquilla, ya fuera de la penumbra de la antesala,
+con esa ojeada del artista que sin querer detalla y desmenuza, se echó
+atrás y se fijó lleno de interés. La palidez clorótica de la niña, al
+aspecto del «estudio de mujer», se había transformado en el color suave
+de la rosa que las floristas llaman _carne doncella_, pasando poco á
+poco, mediante una gradación bien caracterizada, á tonos cuya belleza
+recordaba la de las nubes en las puestas de sol. Como si invisibles
+ventosas atrajesen la poca sangre de las venas y las arterias á la
+piel, subieron las ondas, primero rosadas y luego de carmín, á las
+mejillas, á la frente, á las sienes, á toda la faz de la criatura; y en
+el pasmo de su inocente mirar, y en la expresión de indecible sorpresa
+de su boca, se reveló una belleza interior tan grande, que Aurelio
+estuvo á punto de caer de rodillas.
+
+Nada dijo la niña; nada el pintor tampoco. Sólo cuando la oleada de
+vergüenza empezó á descender también gradualmente, preguntó Aurelio,
+tímido á su vez:
+
+--¿Eres tú hija de tío Onofre?
+
+--No, señor... Soy su ahijá. No tengo padre ni madre.
+
+--¿Con quién vives?
+
+--¡Con tío Onofre!
+
+--¿Le sirves de criada? ¿Trabajas?
+
+--Trabajo lo que puedo--fué la respuesta humilde--. Hay mucha
+necesiá... Si no fuera por los señoritos que retratan á tío Onofre, no
+sé cómo saldríamos del apuro. Y ahora, con la enfermedá...
+
+Envalentonada por la dulzura con que Aurelio la había hablado,
+prosiguió la niña:
+
+--Nos vamos á ver negros. En casa, señorito, no hay una peseta.
+Como tío Onofre tiene ese mal costumbre de la bebía... Si no es la
+bebía, hombre más bueno no se encuentra en tó Madrí. Pero el maldito
+amílico... que le tiene corroías las entrañas... Y como tío Onofre
+sabe que usté y el otro señorito pintor que vive en el Pasaje son tan
+caritativos...; pues me dijo, dice: «Te vas allá, Selma, y que en igual
+de retratarme á mí, te retraten á ti por unos días..., porque al fin
+ellos lo que quieren es retratar á cualquiera sinfinidá de veces..., y
+la guita que te la den por adelantao... y á ver si nos remediamos».
+
+Contempló Aurelio al nuevo modelo que se le ofrecía, con la mirada
+involuntariamente dura y cruel del chalán y del inteligente en el
+mercado. Al través de la pobre falda de zaraza y del roto casaquillo,
+adivinó las líneas. Eran seguramente adorables, delicadas y firmes á
+la vez, con la pureza del capullo cerrado y la gracia de la juventud,
+que lo convertirá pronto en flor gallarda, de incitadora frescura. La
+proporción del cuerpo, la redondez del talle, la elegancia del busto,
+la gracia de la cabeza, todo prometía un modelo delicioso, de los que
+no se encuentran ni pagados. Aurelio se regocijó. ¡Quizás estaba allí
+la inspiración de la obra maestra!--Pero cuando iba á pronunciar el
+sacramental: «Desnúdate...» el recuerdo de la ola de sangre inundando
+el rostro, ascendiendo hasta la frente y las sienes, borrando con su
+matiz de carmín las facciones, le detuvo, apagando en su garganta el
+sonido. Se sintió enrojecer, á su turno; le pareció haber cometido,
+allá interiormente, alguna acción vergonzosa. Y acercándose á la niña,
+fué esto lo que dijo:
+
+--Te retrataré, pero con la condición de que no te retrate nadie
+más que yo. ¿Entiendes? Pago doble... No vas á casa de ningún otro
+señorito. Yo te daré dinero... Ahora, hija mía... para que te
+retrate... te colocarás así... así... mirando á esa figura. ¿Quieres?
+
+Y, mientras á las mejillas de la niña y á sus sienes virginales subía
+otra vez, ante el impúdico y vigoroso _estudio_ de la Ménade, la ola de
+vergüenza, Aurelio, con nerviosa vehemencia primero, con pulso seguro
+después, manchaba el lienzo bocetando su cuadro «Pudor», que le valió
+en la Exposición el primer triunfo, una segunda medalla.
+
+
+
+
+ OSCURAMENTE
+
+
+La casuca, al borde del camino, separada de la cuneta por un jardín no
+mayor que un pañuelo, era simpática, enyesada, con ventanas pintadas de
+azul ultramar rabioso, y un saledizo de madera que decoraban pabellones
+de rubias espigas de maíz. En el jardín no dejaban cosa á vida las
+gallinas y el gallo, escarbando ellas con humilde solicitud y él con
+arrogante desprecio; pero así y todo, los rosales _lunarios_ se cubrían
+de finas rosas lánguidas, las hortensias erguían sus copos celestes, y
+un cerezo enorme, amaneradamente puesto por casualidad á la izquierda
+de la casa, daba fresca sombra. Aquella vista podía ser asunto de país
+de abanico, y mejor si la animaba la presencia de la chiquilla alegre
+y reidora en quien la vida amanecía con lozanos brotes y florescencias
+primaverales.
+
+Huérfana era Minga, pero no había notado la soledad ni el abandono,
+gracias á su hermano Martín, que le prodigó mimos de madraza y
+protección de padre. La niñez no siente nostalgias de lo pasado cuando
+es dulce lo presente. Minga no recordaba el regazo maternal. Era
+Martín--solían repetirlo los demás mozos de la aldea, y no siempre con
+piadosa intención--como una mujer. Él sabía amañar el caldo y arrimar
+el pote á la lumbre; él lavaba, torcía y tendía la ropa; él vendía en
+la feria la manteca, la legumbre, los huevos; él vestía y desnudaba
+á Minga mientras fué muy pequeña, y la tomaba en brazos y la sonaba
+y la desenredaba la vedija de seda blonda, luminosa y vaporosa como
+un nimbo de santidad... También la llevaba de la mano á la iglesia,
+porque Martín era algo sacristancillo. Ayudaba al señor cura, y su vaga
+aspiración, si no hubiese tenido que dedicarse á cuidar de su hermana,
+sería cantar misa, adornar mucho los altares, ponerle á su virgen
+flores, colgarle arracadas de perlas.
+
+La condición de Martín, su índole afeminada y pulcra, se conocía en
+lo limpio de la casuca enyesada y reluciente, en la ocurrencia de
+rodearla de jardín, en el primoroso seto de cañas, en el vestir de
+Minga, siempre aseada y hasta engalanada con pañolitos de seda los
+días festivos, y en cierta cortesía humilde que Martín mostraba á
+todos, á la gente de la aldea y al señorío, multiplicando las fórmulas
+obsequiosas los «vayan con salud» y los «Dios les acompañe». No hubo
+sombrerón de fieltro menos pegado á la cabeza que el de Martín, ni
+_rapaz_ más enemigo de _parrandas_ y _tunas_, ni que así aborreciese
+el cigarro y la _perrita_, ni que con tal premura se escabullese del
+atrio ó de la robleda al presentir que iba á armarse «una de palos».
+Rozándole ó empujándole pasaban las mozas jaraneras y comprometedoras,
+que en todas partes las hay, y Martín no apartaba los ojos del
+suelo. Únicamente sonreía á las muchachas cuando ellas cogían por
+banda á Minga y la hartaban de rosquillonas, duras como guijarros,
+ó de _zonchos_ fríos, ó de caramelos pringosos. La cuerda de aquel
+cariño fraternal, casi paternal por la diferencia de edades, era lo
+que vibraba en Martín con vibraciones hondas, con latidos de corazón
+inmenso.
+
+¡Qué rechifla se levantó en la aldea al saberse cómo Martín había
+caído soldado! ¡Soldado aquella madamita, aquel miedoso, aquél que
+sabía coser y planchar y lavar como las hembras! ¡Aquél que ni gastaba
+navaja, ni bisarma, ni una triste vara aguijadora! No hubo quien
+no se riese: los viejos con bocas desdentadas, las mozas con bocas
+frescachonas de duros dientes. Sin embargo, prodújose la reacción. Los
+pobres tienen prójimo: las comadres de la aldea, las que han enviado
+hijos al servicio del Rey, son piadosas. Y al ver á Martín tan pasmado,
+tan alicaído, tan encogido de alma, las buenas comadres probaron
+á consolarle á su modo con palabras de resignación, de esperanza
+quimérica, fantaseando intervenciones de santos y milagros sin pizca
+de verosimilitud. Martín agachaba la cabeza, cruzaba las manos, miraba
+á Minga y callaba... Él sabía que era forzoso ir, no sólo al cuartel,
+sino á algo más terrible, que no se explicaba, que tenía para él mucho
+de misterio y más de horror, de eso que se ve en las ansias de la
+pesadilla... ¡La guerra...! ¡La guerra lejos, lejísimos... más allá de
+los mares!
+
+Pasábamos una tarde por delante de la casucha, y el señor cura, que
+nos acompañaba, señaló hacia la cerrada puerta, el jardín comido
+por las ortigas y zarzales, el balcón sin sus ristras de espigas,
+todo solitario y muerto, con esa muerte de los objetos que indica la
+ausencia del espíritu, de la actividad humana, vivificadora. ¡Ay! El
+señor cura no se consolaba de la falta de Martín. ¿Dónde encontraría
+otro así para ayudar á misa, encender y despabilar velas, doblar y
+guardar las vestiduras, otro madamita igual, mañoso, dócil, bien
+hablado, bien mandado?... ¡Y pensar que se lo habían llevado á pelear
+con los negros! ¡Qué cosas! ¡Qué desdichas!
+
+--¿Y la niña, la hermanita?--pregunté recordando una cabeza con aureola
+de rizos alborotados de un rubio blanquecino, una risa infantil, unos
+labios de cereza, unos ojos celestes.
+
+--¡La niña!--repitió el cura--¡Ésa... ya ni se acuerda de tal hermano!
+La recogió la tabernera, ¿no sabe? la mujer del _Xuncras_... y como
+no tienen chiquillos, están con ella que no atinan dónde la pongan.
+Hay criaturas así, que son las hijas de la suerte. Figúrese lo que le
+esperaba á la chiquilla. Ó meterse á servir (¿y de qué sirve una criada
+de once años?) ó ir al Hospicio, ó dedicarse á pedir limosna... Y por
+cuánto la víspera de la marcha de Martín, al pobre rapaz le tienta
+Dios á entrar en el tabernáculo del _Xuncras_ para echar unos vasos y
+quitarse las melancolías; y le sacan vino, y caña, y bala rasa, ¡yo
+qué sé! y á los pocos tragos--como él nunca lo cataba--se le sube á la
+cabeza y rompe á llorar y á gritar y á decir que le daba el corazón que
+no volvería y que Minga se moriría de necesidad... Y resulta que la
+tabernera, un corazón de mantequilla de Soria, también suelta el trapo,
+se le agarra al cuello, y le ofrece cargar con Minga... El marido
+se oponía; pero la mujer le convenció de que allí se necesitaba una
+rapaza para fregar los vasos y barrer... Y quien friega y barre es la
+tabernera, y Minga está como la reina, mano sobre mano y bien regalada,
+y riéndose y cantando... Es alegre como unas pascuas. ¡Buen cascabel se
+prepara ahí! ¡Si da grima ver aquella cara tan satisfecha y al mismo
+tiempo la ropa de luto!
+
+Y al notar mi sorpresa el cura, prosiguió:
+
+--¿No lo sabía? ¡Claro que sí! al instante... Si fuese un holgazán, un
+vicioso, un quimerista, un bocarrota, aquí volvería sano y salvo...
+Como era tan modosiño y doblaba tan bien las casullas, ¡duro en él!
+Fué una de esas cosas de pronto, sin chiste... Una emboscada, una
+trampa en que cayó el destacamento. Lo supe por carta que se recibió en
+Marineda, de un sargento que escapó con vida. Diez ó doce murieron, y
+entre ellos Martín. No lo trajeron los periódicos; ¡si fuesen á traer
+las menudencias!... Á Martín le saltaron á la cara dos negrotes. Lo
+particular es que aseguran que se defendió como una fiera. Estoy por
+no creerlo. ¡Pobre madamita! Milagro si no se puso de rodillas á que
+le perdonasen. El sargento parece de Sevilla. ¿Pues no dice que Martín
+envió al otro barrio á uno de los mambises, que era un animal atroz? ¿Y
+no cuenta que casi podía con el segundo, y si no fuese porque tropezó
+y resbaló y el otro se le echó sobre el cuerpo y con todo el peso, lo
+acaba? ¡Bah! ¡bah! El asunto es que á Martín...
+
+Un gesto expresivo, una mano girando con rapidez alrededor de la
+garganta, completaron la frase.
+
+--Y aún ayer apliqué por él la misa--añadió el señor cura cuando ya
+doblábamos el pinar.
+
+
+
+
+ EL AHOGADO
+
+
+Atacado de hipocondría y roído de tedio; cansado del mundo, de los
+hombres, de las mujeres y hasta de los caballos; agotados los nervios
+y vacía el alma, Tristán decidió morir. ¡Bueno fuera quedarse, porque
+sí, en un mundo tan patoso y de tan poca lacha; un mundo en que los
+goces se resuelven en bostezos, y en desencantos las ilusiones! Acabar
+de una vez; dormir un sueño que no tuviese el contrapeso del despertar
+probable.--Y Tristán, resuelto ya á la acción, empezó á pensar en el
+_modo_.
+
+La verdad ha de decirse: el pícaro _modo_ era como un hueso que se le
+atragantaba á Tristán. Entre el sincero deseo de dejar la vida y el
+acto de quitársela, media un solo movimiento; ¡pero qué movimiento,
+señores! Comparado con éste, parece fácil el de levantar en peso
+una montaña... Las indecisiones de Hamleto, tortas y pan pintado en
+comparación de las de muchos infelices hijos de este siglo, á un
+tiempo codiciosos y temerosos del no ser. Ni pizca de cobarde tenía
+Tristán; pero el valor no es cantidad fija: hay quien no teme á un
+león y se pone pálido al ver una cucaracha. Nervioso, de imaginación
+cruel, Tristán se horripilaba del instante fugacísimo en que la bala
+del revólver destrozase la masa de su cerebro, ó la cuerda estrujase
+brutalmente su garganta. Por extraña contradicción, convencido del
+aniquilamiento final, hasta le preocupaba lo que sucedería _después_
+á su cuerpo, y veía la escena póstuma, el grupo formado alrededor de
+su cadáver, y oía las frases triviales, las inevitables reflexiones
+lastimosas de amigos y sirvientes--todo ello ridículo, semigrotesco,
+parodia de algo trágico y grande no realizado--. Su buen gusto se
+sublevaba contra semejante final. «Morir, sí, pero morir sin dar
+espectáculo; irse de la vida como quien se retira de un salón,
+discretamente». Maduro el propósito, Tristán discurrió que el lugar más
+oportuno de ponerlo por obra era un viejo castillo que poseía á orillas
+del mar. Recogiéndose allí algún tiempo, la sociedad, si al pronto
+extrañaría su falta, ya le habría olvidado cuando sucediese lo que
+debía suceder... El caso era no dejar rastro alguno. «Como averigüen
+Perico Gonzalvo y Manolo Lanzafuerte mi paradero, allí se descuelgan á
+pretexto de cazar ó pescar...». Y rodeó su último y solitario viaje del
+complicado misterio propio de otras escapatorias más gratas. «Creerán
+que mi fuga tiene cómplice...», se dijo á sí propio, con irónica
+tristeza, el futuro suicida.
+
+Al verse en el castillo, antiguo solar de su familia, Tristán
+comprendió que no cabía mejor fondo para el sombrío cuadro que
+intentaba pintar. Las abruptas montañas, las denegridas piedras, los
+paredones que la hiedra asaltaba, la costa erizada de escollos, la
+playa siempre azotada por el recio oleaje, la torre donde anidaban
+lechuzas y búhos, respiraban desolación y fúnebre melancolía.
+Acrecentaba el horror del paisaje la estación, que era la del
+equinoccio de otoño, con sus furiosas tempestades y los frecuentes
+naufragios de las embarcaciones que, extraviadas por la niebla,
+empujadas por el temporal, venían á encallar y á deshacerse en los
+traidores bajíos de la _Corvera_, próximos á la playa que se extendía
+á los pies de la residencia de Tristán. El incesante y ronco mugido
+del oleaje; el horizonte cerrado en brumas ó surcado por lívidas
+exhalaciones; la tierra empapada en agua; el arenal sembrado de
+despojos, tablas y barricas, cuando no de cadáveres, armonizaban tan
+bien con el estado de ánimo y los proyectos de Tristán, que decidió
+buscar reposo en el fondo de las aguas, haciendo creer que le había
+arrebatado una ola. Y para familiarizarse con la idea, bajaba á la
+playa diariamente, sintiendo que se apoderaba de su alma el vértigo de
+lo desmesurado y la atracción del hondo abismo. Su plan de suicidio
+se concretaba aprisa, y se le agarraba al espíritu de tal manera, que
+ya soñaba con él lo mismo que se sueña en la primer cita de una mujer
+hermosa y adorada.
+
+Una tarde de horrible tempestad, en que el huracán sacudía las veletas
+del castillo y retorcía los árboles desmelenando locamente el ramaje,
+creyó Tristán que era llegado el momento de ejecutar su determinación,
+y descendió, ó mejor dicho, se despeñó al arenal, luchando á brazo
+partido con el viento y alumbrado por el repentino fulgor de los
+relámpagos. Uno que encendió el horizonte le mostró, sobre la cresta de
+enorme ola, algo que podía ser ó profecía ó imagen fiel de su destino:
+era el cuerpo de un hombre, un ahogado, que flotando venía á ser
+despedido contra los escollos. «Me pondré un buen peso á la garganta
+para no sobrenadar», calculó Tristán al divisar al muerto que se
+acercaba; y dos minutos después, la ola gigantesca, rompiéndose en las
+rocas á flor de tierra ya, depositaba sobre la arena al ahogado.
+
+Tristán se precipitó hacia él por instinto, y alzando el cadáver,
+lo arrastró hacia el fondo del arenal, reclinándolo en una peña. Á
+la claridad macilenta del poniente, pudo observar que era un hombre
+joven y robusto. «¡Cuánto habrá luchado éste--pensó--para evitar lo
+que yo busco á todo trance!». Palpó el torso desnudo, magullado por
+las piedras, y no creyó advertir en él la rigidez de la muerte. Hasta
+le pareció percibir un resto de calor vital. Sintió una sacudida
+eléctrica. «¡Vive! ¡Este hombre vive aún!». Temblando de emoción,
+recordando los primeros socorros que deben prestarse á los ahogados,
+colocó al hombre con la cabeza alta, le inclinó hacia el lado derecho,
+y le sacudió reiteradamente hasta que hubo arrojado un chorro de agua
+por la boca. Volvió á hincar la palma sobre la tetilla izquierda, y
+creyó notar un débil latido del corazón, que le hizo exhalar un grito
+de alegría. Con sobrehumano vigor, cargando á hombros el cuerpo inerte,
+se lanzó por la cuesta que trepaba al castillo. El peso era grande: á
+mitad de la cuesta notó Tristán que la respiración le faltaba; detúvose
+un instante, y con doblados bríos siguió después, sin detenerse hasta
+soltar al ahogado en la cocina del castillo, donde ardía un buen fuego
+de leña. «Pronto--gritó Tristán á sus servidores--vengan mantas; á
+calentar ladrillos y á llenar botellas de agua hirviendo; á traer un
+colchón; ¿hay aguardiente?». Y mientras corrían para facilitarle lo que
+reclamaba, Tristán, inclinado sobre el cuerpo, veía con inquietud la
+azulada palidez del rostro, señal cierta de la asfixia, y creía que la
+chispa de vida, la débil llama, iba á extinguirse. «Hay que intentar
+el gran remedio». Y con más ilusión que nunca había probado al acercar
+sus labios á los de ninguna mujer, pegó su boca á la boca yerta del
+ahogado, acechando el primer soplo de aire, mientras sus manos fuertes
+y elásticas oprimían rítmicamente el esternón y el vientre, provocando
+por medio de enérgicas tracciones la respiración artificial. Palpitante
+de esperanza y de caridad, se regocijaba cuando á la boca fría
+asomaban buches de agua amarga, mezclados con impurezas. ¿Si era que
+ya penetraba en los pulmones el aire bienhechor? De súbito, percibió
+bajo sus labios un estremecimiento ligero: no cabía duda, ¡el hombre
+respiraba! Afanoso, redobló la espiración, enviando aquella onda tibia
+que era la existencia, la resurrección, la salvación del moribundo...
+Y así que el rostro de éste se coloreó ligeramente, así que se
+entreabrieron sus párpados, Tristán, rendido, sin darse cuenta de lo
+que hacía, cayó de rodillas, cruzó las manos, y dos lágrimas pequeñas,
+dulces, frescas, se descolgaron de sus lagrimales...
+
+ * * * * *
+
+Á estas horas, Tristán no se ha suicidado, ni es de creer que piense en
+suicidarse. ¿Consistirá en que apreció la vida cuando la dió envuelta
+en su aliento? ¿Será que el tedio se disipa con la primer buena obra,
+como el fantasma al canto del gallo?
+
+
+
+
+ EL MOLINO
+
+
+Desde lejos no lo veríais, porque lo tapa densa cortina de castaños,
+y grupos de salces y mimbreras, cuyo fino verdor gris armoniza con
+la pálida esmeralda del prado. Pero acercaos, y os prende y cautiva
+la gracia del molino rústico; delante la _represa_, festoneada de
+espadañas, poas, lirios morados y amarilla cicuta; la _represa_ con
+su agua dormida, su fondo de limo en que se crían anguilas gordas y
+cuarreadoras ranas; luego, las cuatro paredes blancas de la casuca, su
+rojo techo, su rueda negruzca que bate el agua con sordo resuello y
+fragor... Y en la puerta, de pie, con las abiertas palmas apoyadas en
+las macizas caderas, iluminado el moreno rostro por los garzos ojos y
+los labios de guinda, empolvado á lo Luis XV el revuelto pelo rizoso,
+divisáis á Mariniña, la molinera, que mira hacia la vereda del soto,
+esperanzada de que no tardará en asomar por ella Chinto Moure...
+
+Para ir al molino jamás faltan pretextos; siempre hay un ferrado de
+millo, un saco de trigo que moler con destino á la hornada de la
+semana. Los de la aldea ya lo saben: Chinto está dispuesto á desempeñar
+la comisión, dando las gracias encima. Provisto de una aguijada con que
+pica á su caballejo y de un luengo _adival_ para amarrarle los sacos al
+lomo; descalzo en verano, calzado en invierno con gruesos borceguíes
+de suela de palo, Chinto emprende su caminata desde la parroquia de
+Sentrove hasta el molino de Carazás, por ver un rato á Mariniña y
+gustar con ella sabroso parrafeo, entre el revolar de las finas nubes
+del moyuelo y la música uniforme del rodicio que tritura el grano
+incesantemente.
+
+¿Por qué, si tenían sus pensares tan juntos y sus corazones tan
+allegados como la blanca muela y el rubio maíz, no disponían casarse
+la Mariniña y el Chinto?--Nadie lo ignoraba en la parroquia: Chinto no
+había entrado aún en suerte; y su terror del cuartel y del uniforme
+era tal, que si le tocaba un mal número, había resuelto largarse á
+la América del Sur en el primer barco que del puerto de Marineda
+saliese... Y aun por eso se burlaban y hacían chacota larga de
+Mariniña los mozos de Carazás y los de las circunvecinas parroquias,
+anunciándola que con un amante y esposo tan cobarde y apocado, mal
+defendidos andarían el día de mañana la mujer y el molino, mal cobradas
+las maquilas, mal reprimidos los intentos de retozo con la frescachona
+y rozagante molinera.
+
+El exterior de Chinto no puede negarse que prestaba fundamento á estas
+suposiciones y augurios del porvenir. De estatura mediana, esbelto,
+con una cabeza ensortijada semejante á la de los santos del retablo de
+la iglezuela románica en que oyen misa los de Carazás, Chinto parecía
+linda doncella disfrazada en hábito de varón; su voz era suave, su
+acento humilde, sus modales tímidos y corteses. El trabajo del campo no
+había sido bastante para curtir su piel, y al entreabrirse su camisa
+de estopa descubría un blanco cutis, raso y terso, una dulce seda que
+enloquecía á Mariniña... Porque conviene saber que la molinera, aquella
+moza resuelta y enérgicamente laboriosa, «una loba», como decían las
+comadres del _rueiro_, se enternecía, se bababa de gusto, se moría, en
+fin, de amor por el mozo delicado y aniñado--hasta afeminado podría
+decirse--que todas las noches andaba y desandaba la vereda del molino.
+
+No es que á Mariniña le faltasen otras proporciones. Al contrario:
+mujer más rondada y pretendida no existía en tres leguas á la redonda,
+desde la orillamar y los puertecillos de pesca que bañan las plateadas
+ondas de la ría, hasta los cerros de Britón, donde empiezan á erguirse
+los rudos peñascos célticos entre sombríos pinares. No consistía tanto
+en las turgentes formas y las floridas mejillas de la molinera, como en
+el maldito señuelo de la molienda, en la complicidad del rodicio, en la
+familiaridad de la maquila. En la aldea no hay _Casinos_ ni _Veloces_,
+no se sabe qué sea un sarao ni un _raout_; pero no os fiéis: lo que
+pasa en la corte entre paredes vestidas de seda, ocurre allí en el
+atrio de la iglesia á la salida de la misa mayor, en la _desfolla_, en
+el campo de la romería ó en las noches del molino...
+
+Sobre todo, en las noches del molino; en verano, á la clara luz
+de la luna; en invierno, á la dudosa claridad de la candileja de
+petróleo, conciértanse las voluntades y se teje la guirnalda de
+amapolas y manzanilla del rústico amor.--La prisa, la aglomeración
+del trabajo, obligan á moler la noche entera, y esperando su saco se
+juntan allí rapaces y rapazas, cruzando coplas de _enchoyada_, vivo
+diálogo galante, de finezas y desdenes, de sátira y picardía, que á
+veces acompaña la pandereta en argentino repique.--Y en la atmósfera
+caldeada del _salón_ campesino, Mariniña reina y atrae las voluntades:
+ya arisca, ya risueña; pronta á la chanza; instantánea en reprimir á
+los obsequiadores desmandados y sueltos de manos en demasía; activa y
+fuerte en el trabajo, animosa y de recios puños para erguir el saco
+lleno ó ayudar á descargarlo y á vaciarlo... no hay mozo, de los que
+al molino concurren, que no piense en la molinera, y no le profese
+ojeriza y tirria á Chinto, murmurando de él con frases despreciativas
+é irónicas: «¡Vaya un gusto raro, ir á antojarse de aquel papirrubio,
+de aquella madamita, á quien le venían las sayas antes que el calzón!
+¡Uno capaz de desfondarse de miedo á la idea de servir al rey! ¡Uno
+que hasta no fumaba, ni gastaba navajilla, ni _echaba palabras_, ni
+el día de la fiesta cataba el aguardiente! ¡Un _papulito_ que nunca
+había arrimado un palo á nadie, ni sabía romper una cabeza á golpe de
+_bisarma_!».
+
+La rabia de los desairados pretendientes contra el afortunado Chinto
+les inspiró una idea diabólica. Entraron en la conjura Santiago de
+Andrea, Mingos el de Sentrove, _Calros_ Antelo, Raposín... la _trinca_
+de calaverones de montera que solían recorrer las aldeas en son de
+parranda y tuna, pegando _atruxos_ retadores y arrimándose á la
+cancilla de las _raparigas_ casaderas, para disparar coplas picantes...
+Sucedía esto allá por noviembre, cuando la senda que guía al molino se
+empapaba en rocío glacial, y las caídas hojas de los castaños formaban
+mullido tapiz, y los cendales de la niebla, envolviendo el paisaje en
+velo espeso, dejaban entrever las siluetas descarnadas de los árboles,
+parecidas á espectros de luengos brazos.--Sabedores los conjurados de
+que Chinto pasaría en dirección al molino á eso de la media noche,
+envolviéronse en blancas sábanas, encasquetáronse en la cabeza ollas
+con un par de agujeros cada una, y dentro sendos cabos de vela de sebo;
+retorcieron haces de paja, y se apostaron en la linde del castañal, á
+la hora en que la luna se esconde y el mochuelo saluda á las tinieblas
+con su queja lúgubre.
+
+Tardaba Chinto en llegar; no se oía rumor alguno en el sendero, sino á
+lo lejos el sollozo del molino, y el frío y la impaciencia producían
+honda desazón en los conspiradores. Al principio habían reído y
+bromeado, celebrando la ocurrencia, que era, como ellos decían, ¡_una
+pava_ preciosa! Remedar una procesión de fantasmas, de almas del otro
+mundo, la fúnebre _compaña_; encender el cabo de sebo y los haces de
+paja, y desfilar así ante el medroso Chinto... ¡para reventar de risa!
+Pero transcurría la vigilia; el rocío, lento y helado, impregnaba los
+huesos; á lo lejos fanfarroneaba el cántico del gallo... y ni señales
+de Chinto. Empezaban á deliberar si convendría retirarse, á tiempo que
+allá de lo oscuro del bosque, salió un gemido, una queja sobrenatural.
+Otra queja más doliente, si cabe, respondió á la primera, y los
+cabellos de los conspiradores se erizaron al divisar dos blancos bultos
+que surgían de entre los castaños y avanzaban lentamente con sepulcral
+majestad... Los más, remangando el sabanón, echaron á correr; Mingos,
+el de Sentrove, cayó accidentado; Carlos Antelo se postró de rodillas
+y empezó á confesarse y pedir perdón de sus culpas; Santiago de Andrea
+fué el único que quiso arremeter contra los aparecidos; y lo hiciera,
+si una pedrada certerísima, dándole en mitad de la frente, no le tumba
+en el suelo medio muerto de veras...
+
+ * * * * *
+
+Sábese todo en las aldeas, y á vueltas de mil supersticiosas
+invenciones y cuentos de _trasnos_ y brujas, se averiguó la verdad,
+y se solazaron en el molino á expensas de los burlados burladores.
+Porque era la avisada y traviesa Mariniña, y era Chinto, por ella
+prevenido y aleccionado, quienes con el disfraz de fantasmas y con un
+buen fragmento de cuarzo de la carretera habían dispersado la hueste
+y santiguado al de Andrea, el más terco de los rondadores que á la
+molinera asediaban.--La rabia, el despecho, la vergüenza, inspiraron
+al mozo un ansia terrible de vengarse, y de vengarse donde todos lo
+viesen, á la faz de la parroquia. Resolvió, pues, la primer noche que
+en el molino estuviese reunida gente bastante para servir de testigos,
+desafiar á Chinto y sentarle la mano á bofetadas y coces, hasta
+desbaratarle.
+
+Á tiempo que con tan sañudos propósitos entraba en el molino Santiago
+(pocos días después de Reyes), hallábanse Mariniña y su mozo ocupados
+en colocar un saco de harina, riendo tiernamente cuando sus dedos se
+tropezaban ó sus rostros se aproximaban, en el calor de la tarea. Al
+punto conoció la molinera que el desdeñado y apedreado galán venía
+pendenciero, y con disimulada seña ordenó á Chinto que se apartase.
+La angustia y el temor de que pudiesen llegar los desquites á poner
+en riesgo la vida de Chinto, prestaron á Mariniña, en aquel instante,
+una rapidez de concepción y una energía de acción mayor aún de la
+acostumbrada. Encarándose con Santiago y riendo y provocándole, le
+propuso _loitar_.
+
+Esta costumbre de la lucha, que ya va desapareciendo, subsiste aún en
+algunas comarcas galaicas, resto quizás de un estado social belicoso
+en que la mujer combatía al lado del varón. Luchan todavía las mozas
+entre sí, y hasta desafían al mozo, degenerando entonces la batalla
+en deleitable juego. Pero desde el instante en que Santiago--cuya
+sangre ardía en tumultuosa ebullición--se arrodilló frente á Mariniña
+también arrodillada, comprendió por instinto que aquella lucha no sería
+como otras; que iba de veras. Sólo con ver el movimiento de la moza
+al arremangarse, el brillo de sus ojos orgullosos, la rigidez de su
+talle, la dura barra de su entrecejo, se adivinaba la _loita_ seria, en
+que se trata de derrengar al contrario, empleando todo el vigor de los
+músculos y toda la resolución del alma.
+
+Mientras Chinto, pálido y tembloroso, se acogía á un rincón, los
+adversarios se asían de las manos, poniendo en tensión el antebrazo
+y acercándose hasta mezclar el afanoso aliento. Mozos y mozas, en
+corro, se empujaban por ver mejor, apostaban y discutían.--Santiago
+desplegaba plenamente su fuerza, al notar que Mariniña, por momentos,
+le dominaba el pulso. Rojo el semblante, sudoroso el cutis, pugnaba
+el rapaz, en tanto que la amazona, firme y recia, sostenía su empuje
+ganando terreno. Tenerla así, tan cerca, turbaba á Santiago, quitándole
+el sentido; y ella, indiferente, atenta sólo á vencer, aprovechaba el
+trastorno de su adversario, é insensiblemente se le imponía. Al fin
+giró en el vacío la muñeca derecha del varón; doblóse el brazo; el
+izquierdo también cedió al pujante impulso de la mujer... y Santiago,
+dando el _pinche_, fué lanzado hocico contra tierra, sujetándole la
+triunfante Mariniña, que sin piedad le hartaba de mojicones, le molía
+á puñadas en la nuca y en los lomos, le refregaba el rostro en el
+salvado y la harina que cubrían el piso, y no le permitía levantarse
+hasta que se confesaba rendido, vencido, dispuesto á aceptar la paz
+bajo cualquier condición que se le ofreciese.
+
+Apenas se alzó Santiago magullado, enharinado y con careta, Mariniña lo
+sacó á la represa del molino, donde mojando su delantal le lavó ella
+misma la cara. Y mimosa y dulce, como es siempre la gallega por forzuda
+y briosa que la haya criado Dios, dijo á su enemigo derrotado:
+
+--Por la madre que te ha parido no me has de espantar á Chinto,
+_pobriño_, que el infeliz no sirve para hacer _barbaridás_ como tú y
+más yo, y es un santo, sin mala intención, que con su sangre se pueden
+componer medicinas... Y si él es medroso yo soy valiente, diaño... Y
+no he de casar más que con él, y si cae soldado se vende el molino y
+se compra hombre... Si me tienes ley, Santiaguiño, con Chinto no te
+metas... ¿Palabra?
+
+Suspiró el mozo, y acaso no sería porque le doliesen los arañazos ni
+los chichones; miró á Mariniña, toda roja aún de la lucha; la dió un
+cachete familiar, de cariño y resignación, y respondió lacónicamente,
+secándose con el pico del mandil que no se había humedecido en la
+represa:
+
+--Palabra.
+
+
+
+
+ AVENTURA
+
+
+La señora de Anstalt, mujer de un banquero opulentísimo, nerviosa y
+antojadiza, agonizaba de aburrimiento el domingo de Carnaval, después
+del almuerzo, á las dos de la tarde. ¡Qué horas de tedio iba á pasar!
+¿En qué las emplearía? No tenía nada que hacer, y la idea de mandar
+que enganchasen para dar vueltas á la noria del eterno Recoletos,
+contestando á las insipideces ó humoradas de los tres ó cuatro
+muchachos de la crema que acostumbraban destrozar su landó tumbándose
+sobre la capota; la perspectiva del bolsón de raso pintado, lleno
+de caramelos y _fondants_; lo manido y trivial de la diversión, le
+hacía bostezar anticipadamente. ¿Se decidiría por la casa de campo ó
+la Moncloa? ¡Qué melancolía, qué humedad palúdica, qué frío sutil de
+febrero, de ése que mete en los tuétanos el reuma! No; hasta abril la
+naturaleza es avinagrada y dura. «¡Lástima no ser muy devota!--pensó
+Clara Anstalt--porque me refugiaría en una iglesia...».
+
+Mujer que se aburre en toda regla, y no es devota, y es neurótica á
+ratos, está en peligro inminente de cometer la mayor extravagancia.
+Clara, de súbito, se incorporó, tocó el timbre, y la doncella se
+presentó; al oir la orden de su ama hizo un mohín de asombro; pero
+obedeció en el acto, sin preguntas ni objeciones de ninguna especie;
+salió y volvió al poco rato, trayendo en una cesta mucha ropa doblada.
+
+--¿Está usted segura, Rita, de que es la librea nueva, la que no se ha
+estrenado aún?
+
+--¡Señora! Como que ni la ha visto Feliciano: la trajo el sastre ayer
+anoche, la recogí yo de manos del portero, y pensaba entregársela
+ahora...
+
+--Que no sepa que ha venido. Deje usted esa cesta en mi tocador, y vaya
+usted á comprarme una cabeza entera de cartón, la más fea y la más
+cómoda que se encuentre... Una que no me impida respirar... ¿El señor
+ha salido ya?
+
+--Hace rato.
+
+--Pues todo en silencio, chitito... ¿eh?
+
+Regresó Rita prontamente, con sobrealiento; Clara se impacientaba,
+corría de aquí para allí y reía en alto, como los niños cuando se
+prometen una diversión loca, incalculable. Encerráronse en el tocador
+ama y criada, y ésta recogió á aquélla el sedoso pelo, y la calzó las
+botas de campana del lacayillo, después de vestirla el calzón de punto
+y la levita corta y ceñirla el cinturón de cuero. Por último afianzó
+en sus hombros la careta enorme. Desfigurada así, con la vestimenta
+que se adaptaba exactamente á sus formas gráciles, esbeltas y sin
+turgencia, parecía un señorito fino que por ocultarse mejor ha pedido
+prestada la librea al mozo de cuadra.--Clara brincó de júbilo. La
+asaltó la idea de si podrían maltratarla, y pensó llevar un arma; pero
+recordando una frase favorita de su marido: «No hay bala que alcance
+como un billete de mil», sacó de su _secretaire_ bastante dinero, y
+lo echó en el fondo de un saco de brocatel, cubriendo la boca con una
+capa de confites y escarchadas violetas. «Saldré por las habitaciones
+del señor al jardín. Traiga usted la llave y mire si anda alguno que
+me vea». Y ya en la verja, que caía á una calle solitaria, Clara, una
+vez más, se volvió hacia Rita aplicando el dedo á los labios de cartón,
+como si repitiese: «¡Silencio!».
+
+Al verse en la calle, primero anduvo muy aprisa; después acortó el
+paso, saboreando su regocijo. ¡Verse libre, sola, ignorada, perdida
+entre la multitud, sin trabas ni convenciones sociales; dueña de ir á
+donde quisiese, de entretenerse en un espectáculo nuevo y original, el
+de la gente pobre, el populacho, en cuyo oleaje empezaba á sumergirse!
+En efecto; encontrábase Clara á la entrada de la calle de Génova,
+por donde descendían hacia el paseo de coches abigarrados grupos,
+una corriente no interrumpida de gentuza, que arrastraba pilluelos y
+mascarones desarrapados. Envueltas en la raída colcha y enarbolando la
+destrozada escoba ó el pelado plumero; embutidos en la lustrina verde,
+colorada ó negruzca de los diablos rabudos; ostentando la blusita
+del bebé ó agitando á cada movimiento millones de tiras de papel de
+colorines chillones que de arriba abajo los cubrían, los mascarones
+pasaban alegres y bullangueros, charlando en falsete, requebrando á
+las chulas de complicado moño, literalmente oculto bajo una densa capa
+de _confetti_ multicolores, que volaban en derredor á cada movimiento
+de la airosa cabeza. Algunas de aquellas mocitas de rompe y rasga, al
+pasar cerca de Clara, tomándola, como era natural, por un lacayito
+atildado y mono, la provocaban, la requebraban con pullas picantes.
+Clara se reía: no recordaba haberse divertido tanto desde hacía
+mucho tiempo. La animación del Carnaval callejero se le subía á la
+cabeza, como se sube el mosto ordinario, pero fresco y vivo, de una
+fiesta popular. Encontraba el día hermoso, la vida buena, y un aire
+de primavera, al través de los agujeros de la máscara, acariciaba su
+boca y sus ojos. «Si lo saben y me despellejan»--pensaba--, «peor para
+ellos... Yo habré pasado una tarde encantadora. Ahora me acerco al
+paseo y me entretengo en insultar á todos mis amiguitos y amiguitas...
+¡Valientes infelices! Allí estarán aguantando jaquecas y comiendo
+pato»... Cuando discurría así, una vocecilla aguda resonó á sus pies, y
+unas manos débiles y tenaces se agarraron á sus botas.
+
+--Oye, tú... dame una limosna, por amor de Dios, que tengo mucha
+hambre.
+
+Clara bajó la vista. Cien veces había oído el mismo sonsonete, y una
+moneda de cobre bastaba para desembarazarla del mendiguillo. «Éste se
+me pega como una garrapata»--pensó--«No tiene ganas de soltarme...».
+Sacó del bolsillo del levitín una peseta, y la presentó al niño.
+Esperaba una expresión de júbilo, frases truhanescas y desenfadadas,
+de ésas que saben decir los pordioserines del arroyo... Con gran
+asombro vió que el chico, al tomar la peseta, cogía aprisa la mano del
+supuesto lacayo y la besaba humilde. Una especie de vergüenza y de pena
+desconocida hasta entonces penetró en el alma de la opulenta señora de
+Anstalt. ¡No había pensado nunca que con una peseta--cantidad para ella
+sin valor apreciable, como para otros el céntimo--se podía hacer brotar
+un chorro de agradecimiento tan ardoroso y tan espontáneo! Bajó los
+ojos trabajosamente con el estorbo de la cabeza de cartón, y tomando al
+chico en brazos, lo alzó en vilo.
+
+--Pequeño, ¿de quién eres hijo? Á ver.
+
+--De nadie--contestó el pilluelo.
+
+--¿Cómo es eso? ¿De nadie? ¿No tienes padre?
+
+--No sé... no le conozco.
+
+--¿Y madre?
+
+--Sá muerto hace ocho días de una enfermedá muy mala.
+
+--¿Y tú?
+
+--Á mí... querían llevarme al asilo, pero me escapé, y ando así por
+la calle. De noche me meto en el rincón de una puerta... De día pido
+limosna.
+
+Clara reflexionó un momento. Después dejó en el suelo al chico, y le
+acarició la cabeza con la mano.
+
+--¿Te quieres venir á una casa donde te darán de comer y dormirás en
+cama buena y caliente?
+
+El chiquillo, al pronto, no respondió. Precoz instinto de independencia
+absoluta se alzaba sin duda en su espíritu, y las ventajas materiales
+del ofrecimiento no le tentaban; sin duda su endeble pescuezo advertía
+ya la molestia del yugo, y sus manos descarnadas, vivo testimonio de
+la miseria fisiológica de un organismo sometido á las privaciones,
+se revelaban contra los grillos y las esposas que pretendían ponerle
+en nombre del bienestar... Mientras dudaba y se sentía inclinado á
+escaparse corriendo, á fin de que no lo llevasen á ningún lugar que
+tuviese techo y paredes, la mano de Clara, despojada del rudo guante,
+suave, femenil, halagaba el pelo enmarañado y golpeaba amorosa las
+escuálidas mejillas del granuja... Y éste, magnetizado de pronto,
+exclamó:
+
+--Vamos, vamos á esa casa... ¡si estás tú en ella!
+
+Á la efusión del chico respondió inmediatamente, como un chispazo
+eléctrico al contacto de los alambres, el impulso ardoroso,
+irresistible, maternal, de la señora, que volvió á coger en brazos al
+pequeño, y no pudiendo besarle, le apretó contra su corazón.
+
+--Sí, hijo mío... Estaré... ¡Verás cómo he de quererte!
+
+ * * * * *
+
+Para que la resolución de Clara sea más meritoria, el mundo la
+ha calumniado, suponiendo que la criatura que recogió y que tan
+cariñosamente cuida y educa es un hijo hurtado, un contrabando
+doméstico... ¿Qué le importa á Clara? Ya no bosteza de tedio ninguna
+tarde del año.
+
+
+
+
+ EL OFICIO DE DIFUNTOS
+
+
+Cree usted--me preguntó el catedrático de Medicina--en algún presagio?
+¿Cabe en su alma la superstición?
+
+Cuando me lo dijo, nos encontrábamos sentados tomando el fresco á la
+puerta de la bodega. La frondosa parra que entolda una de las fachadas
+del Pazo rojeaba ya, encendida por el otoño. Parte de sus festoneadas
+hojas alfombraba el suelo, vistiendo de púrpura la tierra seca,
+resquebrajada por el calor asfixiante del medio día. Los viñadores,
+llamados «carretones», entraban y salían, soltando al pie del lagar su
+carga de uvas, vaciando el hondo cestón del cual salía una cascada de
+racimos color violeta, de gordos y apretados granos. ¡Famosa cosecha!
+Yo veía ya el vino que de allí iba á salir, el mejor, el más estimado
+del Borde... Y medio distraída, respondí:
+
+--¿Presagios? No... Á no ser que... ¡Ah! Sí: un hecho le contaría...
+
+--¿Algo que le haya «sucedido» á usted?
+
+--¿Á mí?... No. Se me figura--no me pregunte usted la causa de esta
+figuración--que á mí «no puede» sucederme nada. Y efectivamente, en
+toda mi vida...
+
+--Entonces permítame que no haga caso de los cuentos que traen personas
+impresionables... ó embusteras.
+
+--No es cuento--afirmé, olvidándome ya de la interesante faena de
+la vendimia que presenciaba, y retrocediendo con el pensamiento á
+tiempos juveniles.--Es un caso que presencié. Así que usted lo oiga,
+comprenderá cómo no hubo farsa ni mentira. La explicación... no la
+alcanzo. En estas materias, ni soy crédula y medrosa, ni escéptica á
+puño cerrado. ¡Qué quiere usted! Vivimos envueltos en el misterio.
+Misterio es el nacer, misterio el vivir, misterio el morir, y el
+mundo, ¡un misterio muy grande! Caminamos entre sombras, y el guía que
+llevamos... es un guía ciego: la fe. Porque la ciencia es admirable,
+pero limitada. Y acaso nunca penetrará en lo hondo de las cosas.
+
+Sacudió el catedrático su cabeza encanecida, sonrió, y apoyando
+la barba en la cayada del bastón, se dispuso á escucharme--y á
+pulverizarme después--, porque suponía que iba á referirle algún sueño.
+Los artistas no somos de fiar: vivimos esclavizados por la imaginación
+y cumpliendo sus antojos.
+
+--¿Ha conocido usted á Ramoniña Novoa?--principié yo.
+
+--¿Que si la he conocido? Me llamaron á consulta el año pasado, cuando
+la operaron en Compostela, de un sarcoma en el pecho izquierdo. Por
+señas que desaprobé la operación, que sirvió para adelantar la muerte
+algunos días. Allí sólo cabía dejar marchar las cosas á su desenlace
+inevitable.
+
+--Pues sepa usted que Ramoniña, en sus mocedades, fué la chica más
+alegre y bailadora de todo el Borde. Su padre, don Ramón Novoa de
+Vindome, tenía el prurito de divertirla; la vestía muy maja; no la
+negaba capricho alguno. Adoraba en ella, porque era vivo retrato de su
+difunta mujer, á quien había profesado una especie de devoción y culto.
+
+No se concebía función ni feria sin que Ramoniña Novoa se presentase
+á lucir su mantón de flores--era la moda--, su traje de seda con
+volantes, su mantilla de casco. Los señoritos del Borde la obsequiaban
+mucho, y ella coqueteaba con unos y con otros, sin decidirse ni
+acabar de escoger, según deseaba don Ramón, que, al estilo antiguo y
+patriarcal, rabiaba por un nieto.
+
+Creían los antiguos que cuando quiere castigarnos Dios, realiza
+nuestros deseos insensatos. De improviso, Ramoniña, dejándose de
+coqueteos y bromas, se enamoró hasta los tuétanos--¿y de quién? De un
+pobrete estudiante, hijo de un cirujano romancista y sobrino del cura
+de Cebre--un perdido gracioso, que hacía versos y tocaba la pandereta
+con las rodillas y los codos. ¡Valiente boda para la mayorazga de Novoa
+de Vindome, del solar de Fajardo! El padre, inquieto al principio,
+furioso después, hizo la oposición á rajatabla, y no perdonó medio
+de quitarle á Ramoniña de la cabeza semejante locura. La encerró en
+casa; la llevó á Auriabella; rogó; avisó; amenazó; puso en juego á los
+frailes, al confesor, á los parientes, á las amigas, al señor obispo...
+En vano. La cosa estaba muy adelantada ya; la libertad del campo y la
+falta de sospecha en los primeros tiempos habían estrechado el lazo
+y arraigado la pasión en el alma de la señorita... y una noche se
+escapó con el estudiantillo, dejando á su padre en la mayor aflicción y
+vergüenza.
+
+--Hemos concluido. Que se casen--decidió el señor de Novoa.--Le
+entregaré la dote de su madre á mi hija... y que no vuelva yo jamás á
+oir nombrarla, ni á verla delante de mis ojos.
+
+Ya sabe usted lo que suele suceder. El panal de miel robada al
+principio es dulce, pero acaba en hieles. El estudiante no varió de
+condición al casarse; con la dote de la esposa creyó poder darse
+vida cómoda y alegre, y no miró lo que gastaba, creyendo que, al
+acabarse, el señor de Novoa remediaría. Mas éste fué inflexible, y
+cerró la puerta y la bolsa. Los esposos se habían ido á vivir en
+Auriabella, y Ramoniña, triste y preocupada por más de un motivo--se
+decía que el marido tocaba la pandereta en sus carnes y la zurraba de
+firme--escribió al padre carta sobre carta, sin obtener respuesta.
+Había nacido un chiquitín--aquel heredero tan deseado--y cuando la
+criatura tuvo tres años y Ramoniña tres mil desengaños, vino á verme,
+para rogarme que la acompañase en la expedición que pensaba emprender
+al Pazo de Vindome, con propósito de echarse á los pies de don Ramón,
+presentarle la criatura y lograr el abrazo de reconciliación y paz. «Si
+no veo á papá--decía--creo que me muero».
+
+--No vaya usted--aconsejé á Ramoniña--. No la recibirá don Ramón. Mire
+usted que le he hablado poco hace, y está firme en que no ha de cruzar
+con usted palabra en este mundo. «Sólo en la hora de la muerte la
+perdonaría...». Son sus palabras. Y la hora de la muerte anda lejos. El
+señor de Novoa parece un mozo: está fuerte, come bien, sale á cazar, no
+le duele nada: hasta parece que piensa en volver á casarse. Dicen que
+se ha propuesto tener un hijo varón. Sesenta años mejor llevados, no
+los hay en todo el Borde.
+
+Ramoniña me miró con expresión de honda ansiedad, de infinita angustia,
+é insistió en que deseaba «probar la suerte». Como la vi tan afligida,
+tan consumida por las penas, no supe negarme, y dispusimos la marcha.
+
+Salimos de Auriabella á la una de la tarde, en uno de los días más
+largos del año: el 20 de junio. Íbamos á caballo, porque no existe
+carretera entre Auriabella y el Pazo de Vindome. Nuestras cabalgaduras,
+unos jacuchos del país, trotaban duro: delante, un criado llevaba al
+arzón al niño; detrás, nosotras dos y un espolique; Ramoniña encaramada
+en el albardón, no sin miedo, porque ya se encontraba algo adelantado
+su segundo embarazo. El camino... ¿Usted bien conoce el camino de
+Auriabella á Vindome? Hasta el alto de las Taboadas, regular, pero en
+llegando á la iglesia de Martiñós, un puro derrumbadero. Se le va á
+uno la cabeza si mira hacia el valle, allá en el fondo; y se marea si
+contempla las revueltas de un sendero estrechísimo. Es hermoso, pero
+imponente.
+
+Por eso, sin duda, según llegábamos adonde se divisa ya el campanario
+de Martiñós, gritó Ramoniña que quería bajarse y andar á pie el trecho
+que faltaba hasta el Pazo. Accedí á su deseo, natural en su estado
+y situación de ánimo, y dejando á las monturas adelantarse con el
+espolique, nos quedamos algo rezagadas, andando despacio. El sol se
+ponía, y allá en el valle empezaba á condensarse la niebla. Á aquel
+paso llegaríamos á Vindome al anochecer. Ramoniña me preguntaba afanosa:
+
+--¿Cree usted que mi padre no me dejará siquiera dormir en casa esta
+noche?
+
+Se me han fijado, como si los estuviese presenciando ahora, los
+detalles de aquel suceso. Llegábamos junto á un pinar que se llama de
+las Moiras, y como se había levantado brisa, me puse el abrigo que
+llevaba al brazo. En esto se alzó la voz de Ramoniña, exclamando con
+acento de profundo terror:
+
+--¡Jesús! ¡Jesús! ¿Oye usted? ¿Oye usted? ¡Jesús, María!
+
+--¿Qué he de oir?
+
+--Ahí... Á la parte de Martiñós... En la iglesia...
+
+--¿Pero qué?--repetí alarmada, tal era el espanto que la voz de mi
+compañera revelaba.
+
+--¡El oficio de difuntos! ¡Lo están cantando! ¡Lo están cantando!
+
+Atendí á pesar mío. No se escuchaba sino el largo y quejoso murmurio
+de la brisa de la tarde en las copas de los pinos, y el trote, ya
+distante, de nuestras cabalgaduras. Así se lo dije á Ramoniña,
+riéndome. Pero ella, abrazándose á mí, ocultando la cara en mi pecho,
+temblando, deshecha en sollozos, repetía:
+
+--¡Es el oficio de difuntos! ¡Si se oye perfectamente!... Son muchas
+voces... ¡Lo cantan! ¡Lo cantan!... ¡Jesús!
+
+Hice una pausa, y el catedrático me interrumpió:
+
+--Bien, ¿y qué? Una alucinación del oído. En estado de embarazo, es lo
+más frecuente...
+
+--Sí--objeté yo--; pero sepa usted que, cuando llegamos al Pazo
+de Vindome, nos encontramos con que don Ramón acababa de morir
+súbitamente, de apoplejía; que su cuerpo estaba caliente aún; que ni
+aquel día ni los anteriores se había cantado el oficio de difuntos en
+la iglesia de Martiñós; y que Ramoniña lo oyó distintamente desde el
+pinar de las Moiras;--¿ve usted? hacia allí...
+
+
+
+
+ JUAN TRIGO
+
+
+El héroe de mi cuento nació... no es posible saber dónde; lo único que
+dice Clío, musa de la historia, es que cierta tarde del mes de julio
+apareció recostado sobre las amapolas, desnudito como un gusano, al
+margen de un trigal, en el tiempo de la siega. Por poco más le dejan
+en mitad del sendero, donde lo aplastasen al pasar los inmensos carros
+cargados de rubia mies.
+
+Vieron los segadores y segadoras á la criatura dormida en su santa
+inocencia, y la recogieron con ternura, bromeando entre sí, poniendo al
+nene el nombre de _Juan Trigo_ y asegurándole una suerte loca, como de
+quien empieza su vida entre la misma abundancia.
+
+Sin dilación pareció cumplirse el vaticinio. No había en la
+aldea--¡rarísima casualidad!--ninguna mujer que estuviese criando;
+pero la esposa del señor marqués, dueño del campo de trigo y de otros
+muchísimos, y de la más hermosa quinta en seis leguas á la redonda,
+acababa precisamente de dar á luz una niña muerta, y se temía por la
+madre si no desahogaba la leche agolpada á su seno. El médico aconsejó
+que la noble dama criase al niño abandonado, y éste encontró así,
+desde el primer instante, sustento, regalo y amor. Le envolvieron en
+finos pañales, le trataron á cuerpo de rey y creció hermoso y fuerte,
+rebosando viveza y alegría. La marquesa le cobró tierno afecto, más
+que de nodriza, de madre, y como no se creía que aquellos señores
+pudiesen ya tener sucesión, todos presumían que _Juan Trigo_ iba á ser
+el heredero de su caudal y nombre. Á deshora, corridos más de diez
+años, la naturaleza sorprendió al marqués con otra niña y á la marquesa
+con la muerte, causada por el difícil y trasnochado lance: y aunque
+Juan, como muchacho, no comprendió del todo lo que perdía, lo sintió y
+adivinó, y se le vió muchos meses extrañamente abatido y triste.
+
+No obstante, su situación, al parecer, no había cambiado. Ó en memoria
+de su esposa ó por verdadero cariño, el marqués seguía tratándole como
+antes: hasta le demostraba preferencia, con tal extremo, que empezó á
+divulgarse la conseja de que Juan era verdadero hijo del marqués, fruto
+de secretos amoríos, y que le correspondería «hoy ó mañana» una buena
+parte de herencia. Confirmó tal suposición el ver que Juan fué enviado
+á un aristocrático y famoso colegio inglés, donde cursó estudios más
+brillantes que útiles, y del cual volvió á los veintitrés años hecho
+un cumplido _gentleman_. Acogióle la sociedad con halagos y sonrisas,
+aunque á sus espaldas se comentase lo ambiguo de su posición; y como
+era gallardo y simpático y tenía hasta el prestigio de la leyenda y
+del misterio, las señoras le recibieron con sumo agrado, demostrando
+claramente que la presencia de Juan no les infundía horror, ni cosa
+que lo valga. En aquella ocasión, si Juan hubiese tenido afición á
+las flores, sin gran esfuerzo reúne un lindo ramillete de rosas,
+pensamientos y _no me olvides_, cuyo aroma seguiría aspirando con la
+memoria en la edad madura; pero Juan estaba enamorado--enamorado,
+callada y tenazmente--de la hija del marqués, Dolores, en quien
+reconocía las facciones de la que le había servido de madre: niña de
+sorprendente hermosura, que, según la frase del Libro Santo, había
+robado el corazón de Juan con sólo el crujir de sus zapatitos--unos
+zapatos de fino charol, prolongados y lustrosos sobre la transparente
+media de seda.--Crujir que Juan reconocía entre los mil ruidos de la
+creación, lo mismo que reconocía las cascaditas de su reir juvenil, el
+roce de su falda corta, el perfume tenue de su flotante melena, y el
+_¡rissch!_ de su abaniquillo al abrirlo la impaciente mano.
+
+Creyó Juan que no se le conocía el loco deseo; pero las chiquillas
+son en esto linces, y Dolores notó que la querían, y no sólo lo notó,
+sino que mostró tal inclinación á Juan, que éste, vencido, confesó
+de plano. La niña, más inexperta, más vehemente, más ignorante de
+las terribles consecuencias de un mal paso, arregló entonces la
+escapatoria, combinando y facilitando las cosas de tal manera, que,
+dado el escándalo, el padre no tuviese más arbitrio que otorgar su
+consentimiento.
+
+Se urdió el complot sin que nadie sospechase palabra; mas la víspera
+del día señalado, Juan, descolorido y trémulo, se echó á los pies
+del marqués y le reveló la trama. Como todo el que quiere de veras,
+prefería su propia desventura al daño ajeno; anteponía al egoísmo de su
+pasión el honor y la felicidad de Dolores. Así pagaba el pobre expósito
+su deuda á la casa donde le acogieron y ampararon; así reconocía, al
+través de la tumba, los cuidados maternales recibidos de la señora á
+quien no podía olvidar. Al consumar el sacrificio, su alma sangraba; y
+cuando el marqués, alabando mucho su honrada sinceridad, le tomó, por
+primera providencia, el billete para Londres, Juan, en vez de salir
+hacia el tren, cayó en la cama, donde le postró una fiebre ardentísima.
+
+Hizo el marqués que le cuidasen; puso entre tanto á Dolores en un
+convento de monjas, graves y buenas guardianas; y ya en franca
+convalecencia Juan, para mayor cautela--porque todas las precauciones
+son pocas, y quien una vez tropieza expuesto está á caer--solicitó
+para el mozo un puesto lejos, lejos... lo más lejos posible. Y se
+lo concedieron en ultramar, y tan pingüe, que á ser Juan de otra
+condición, á la vuelta de pocos años tendría hecha la suerte.
+Hasta el codo se podía meter la mano en aquella bendita prebenda
+administrativa, y es de creer que, al otorgársela, se contaba con
+que la aprovechase; porque el padre de Dolores, que, á pesar de las
+hablillas, no tenía con Juan más parentesco que el puramente moral
+de haberle protegido, sentía cierto remordimiento al desampararle, y
+encomendaba á la generosidad de nuestro presupuesto el porvenir del
+mozo, sin darse cuenta de que éste, á falta de claro abolengo, poseía
+enérgica honradez. Lo único que trajo Juan de ultramar, á la vuelta de
+cuatro años, fueron unos mezquinos ahorros, que gastó en intentar la
+curación de un padecimiento hepático; y como el marqués había fallecido
+y estaba casada Dolores, se encontró Juan, al empezar á bajar la árida
+cuesta de la edad madura, solo y pobre como cuando le recogieron en el
+trigal.
+
+Entonces--sin explicarse la razón--sintió un deseo inexplicable
+de volver á ver el sitio y la quinta donde había pasado una niñez
+relativamente tan dichosa. Llegó á aquellos lugares por la tarde, á
+pie, apoyado en un bastón grueso; lo primero que hizo fué dar la vuelta
+á la tapia de la quinta, evocando mil recuerdos que surgían en tropel
+al aspecto de cada árbol y ante la figura de cada piedra. Su corazón
+latió de pronto con ímpetu: en el vetusto mirador, enramado de rosales,
+suspendido sobre el camino, acababa de ver á una señora y dos niños,
+ella haciendo labor, los chicos observando con curiosidad al pasajero
+encorvado y triste, de amarillento rostro. La señora, avisada por los
+chicos, levantó la cabeza, y fijó en Juan la ojeada inerte que se
+concede al desconocido. Juan huyó: los ojos de Dolores, mirándole de
+aquel modo, le cortaban el alma. No paró hasta llegar á un campo de
+trigo, á la sazón maduro, salpicado de amapolas, como cuentas de coral
+sobre una trenza rubia. Los segadores, cantando alegremente, habían
+iniciado su faena, y los haces se amontonaban ya en un ángulo de la
+heredad; pero acercábase la puesta del sol, y pronto se retirarían á
+sus casuchas. Juan se aproximó á una mujer y preguntó con ansia:
+
+--¿Es en este campo donde hace muchos años recogieron á un niño?
+
+--Allí, señor--respondió la mujer con esa complacencia solícita de
+los aldeanos, soltando su hoz y levantándose para preceder á Juan y
+enseñarle el camino. Como unos diez minutos habrían andado, cuando la
+segadora se paró é hirió con el pie la orilla del sendero, pronunciando:
+
+--Aquí mismo. Estaba en pelota, como lo parieron. Mire si lo sabré
+bien, que yo era entonces moza y fuí la primera que cogió al rapaz en
+brazos. Y mi hermano, que lo vió así, entre la abundancia, le puso
+_Juan Trigo_. Nos daba mucha lástima, ¡ángel de Dios!... Las que
+andábamos segando lo queríamos mantener con leche de vaca, y yo quería
+llevarlo para donde mí; pero le cayó una suerte muy grande; la señora
+marquesa lo recogió y lo criaba ella y lo tuvo en una hartura muy
+grandísima. Ahora será un caballero.
+
+Juan calló. La amargura se desbordaba en su alma. Pensaba que podría
+haber sido el prohijado de aquella aldeana, vivir con ella, ayudarla á
+segar la mies, no conocer otros afanes ni otros deseos. Dejándose caer
+al suelo, en el mismo sitio donde le habían encontrado, pegó la faz á
+la tierra, y sus lágrimas la empaparon lentamente.
+
+
+
+
+ EL CAMAFEO
+
+
+Mientras corrió su primera juventud, Antón Carranza se creyó nacido y
+predestinado para el arte. El arte le atraía como el acero al imán, y
+le fascinaba como el espejuelo á la alondra. Donde sus ojos encontraban
+una línea elegante, una forma bella, un tono de color intenso y
+original, allí se quedaban cautivos, en éxtasis de admiración, mientras
+luchaban en su alma noble pena de no haber sido el creador de aquella
+hermosura, y una ilusión arrogante de llegar á producirla mayor, más
+original y poderosa, por medio del estudio y el trabajo.
+
+Años y desengaños necesitó para adquirir el triste convencimiento
+de que carecía de inspiración, de genio artístico. Sus tentativas
+fueron reiteradas, insistentes, infructuosas. Crispáronse en vano sus
+dedos alrededor del pincel, de la gubia, del palillo, del buril, del
+barro húmedo. Si no podía ser pintor ni escultor, á lo menos quería
+descollar como adornista, como grabador, como tallista; por último,
+desesperanzado ya, intentó resucitar los primores de orfebrería de
+Benvenuto Cellini; y si bien por cuenta propia no hizo nada digno
+de eterno loor, con la joyería su vocación artística desalentada
+se convirtió en provechosa especulación industrial; se asoció á un
+joyero de fama, montó el taller á gran altura y se dedicó á negociar,
+escondiendo la incurable herida de su ardiente aspiración y de sus mil
+fracasos.
+
+El joyero que recibió de socio á Antón Carranza tenía una hija, cuyo
+enlace con el artista fué base de la nueva razón social. Luisa, la
+esposa de Carranza, no era bonita, ni aun agraciada: la desfiguraban
+su tez amarillenta, sus facciones angulosas y una cojera muy visible.
+Carranza, con todo, aceptó el trato sin repugnancia alguna; su futura
+le inspiraba, á falta de sentimientos más vehementes, simpatía y
+cariño. Como suele suceder á los hombres excesivamente poseídos de la
+fiebre artística, desconocía Carranza otras pasiones; la mujer era para
+él una necesidad momentánea, y el matrimonio una prudente garantía de
+paz y de afecto. Casóse, pues, satisfecho y tranquilo, y se condujo
+como marido bueno y leal.
+
+Rico y en situación de satisfacer sus caprichos, Carranza rebuscó y
+adquirió preciosidades; ya que no acertaba á modelar estatuas, las hizo
+desenterrar en Nápoles y Grecia, y pudo colocar en su despacho-taller
+un lindo _Fauno_, una curiosa _Belona_ policromada, encanto de los
+arqueólogos, y varios fragmentos de mérito é interés.
+
+Conocida su afición, presentáronle los vendedores medallas de relevado
+cuño y piedras grabadas, y entre varios ejemplares que no rebasaban
+del límite de lo usual y corriente, la lúcida ojeada del artista
+malogrado descubrió un camafeo griego que desde luego reconoció y
+diputó por pieza única tal vez en el mundo. Ni el famoso, contemporáneo
+de Alejandro, que representa á Psiquis y el Amor; ni la Venus marina,
+de Glicón; ni la célebre sardónica de la galería Farnesio, podían
+eclipsar á aquel sencillo camafeo, que sólo ostentaba una cabeza de
+mujer, ó mejor dicho de diosa. La ignorancia relativa del traficante
+cedió la divinidad por un precio irrisorio, atendida la importancia
+del camafeo, y Antón Carranza, dueño del inestimable tesoro, lo guardó
+con transporte en una caja de malaquita y pedrería, de donde lo sacaba
+mañana, tarde y noche, para contemplarlo á su sabor.
+
+¡Qué sobriedad y pureza de líneas, qué misteriosa vida respiraba
+aquella cabeza! Cuatro rasgos, unos planos que apenas se indican,
+unas superpuestas capas de ágata que se matizan insensiblemente...
+y una obra maestra, digna de conservar un nombre al través de los
+siglos, una obra que fija y encarna la idea de una beldad sublime.
+¿Por qué no había acertado jamás él, Antón Carranza, á concebir nada
+que se asemejase á aquel camafeo prodigioso? Una obra así bastaría
+para hacerle feliz toda la vida, colmando su anhelo y realizando su
+destino...; ¡y nunca, nunca de sus dedos torpes y su estéril fantasía
+había de brotar algo que se pareciese al camafeo!
+
+Su entusiasmo por la piedra adquirió carácter extraño y enfermizo. Con
+fijeza más propia de la perturbación mental que de la cordura, pasábase
+Carranza horas enteras mirando el portento y tratando de explicarse
+qué secreta fuerza, qué rayo luminoso llevaba en sí el desconocido que
+hacía tantos siglos produjo aquel milagro. Quizás ni él mismo sospechó
+el valor de la huella genial que imprimió en la dura ágata su diestra
+paciente y firme. Quizás alguna joven de Mitilene ó de Samos lució en
+el anular ó colgó á su garganta el camafeo, sin conocer que poseía una
+riqueza ideal. Ni los que lo habían desenterrado y vendido ahora, en
+el siglo presente, comprendieron lo que tenían entre manos. El primer
+verdadero poseedor de la joya era Antón Carranza... Y en arrebato
+nervioso de desordenada pasión, Carranza pegaba los labios al camafeo,
+lo estrechaba contra su pecho, queriendo incrustarlo en él, adherirlo á
+su carne...
+
+Notó por fin Luisa, y notaron todos los de la casa, dependientes y
+amigos, clientes y corresponsales, alarmantes síntomas en Antonio; y
+los que le veían de cerca se asustaron de su afición á la soledad, su
+hábito ya adquirido de encerrarse á deshora, su silencio en la mesa, y
+le tuvieron por maniático, opinando que los intereses comerciales de
+la sociedad peligraban en su poder. Era para Luisa doblemente triste
+que se hubiese anublado la razón de su esposo, ahora que, cumplidos sus
+más dulces deseos, se sentía encinta y soñaba en el momento inefable de
+estrechar á la criatura que esperaba... Consultado el médico acerca del
+estado de Carranza, y habiéndole observado despacio, con persistencia
+y disimulo, su fallo fué terrible: tratábase de un caso de monomanía
+tenaz, acompañada de graves desórdenes en las funciones del hígado y
+del corazón; y para salvar la razón y acaso la vida del enfermo, era
+preciso encerrarle sin tardanza en una casa de salud, sujetándole á un
+método riguroso.
+
+No hubo más remedio que acceder, y Carranza, una mañanita, fué
+conducido al triste asilo donde, separado de los que le amaban, iba á
+verse abandonado del mundo... Con peregrina indiferencia se dejó llevar
+el maniático; tenía consigo el camafeo, y nada más necesitaba para ser
+dichoso en la región de sus delirios. Luisa iba á verle con frecuencia;
+pero se interrumpieron sus visitas cuando llegó el esperado trance;
+el nacimiento de una niña puso su existencia en peligro, dejándola
+semiparalítica y sujeta á ataques dolorosos, y transcurrió largo tiempo
+sin que pudiese ver al pobre recluso. Decía el médico que Carranza
+mejoraba y pronto saldría de su encierro; pero corrían meses y años y
+no llegaba el momento feliz.
+
+Luisa, que amaba á su marido tiernamente, no tenía otro consuelo sino
+ver crecer á su hija, y envanecerse de su sorprendente hermosura. La
+niña, en efecto, era una perla. No se parecía á su madre ni á su
+padre: ni el más mínimo rasgo de sus facciones recordaba á los que la
+habían dado el ser. Las líneas de su rostro, puras y correctísimas,
+desesperarían á un escultor por su incopiable elegancia y delicadeza;
+y los rizos que se agrupaban sobre su frente y caían sobre su cuello
+torneado, tenían una colocación graciosa y noble, como sólo la obtiene
+el arte.
+
+Un día, Luisa, sintiéndose algo aliviada, se metió en un coche con su
+hija y se apeó á la puerta del asilo. Al penetrar en la habitación
+que ocupaba su esposo, al mirarle, exhaló un grito de terror y pena:
+pálido, demacrado, con la mirada fija, Carranza contemplaba un objeto,
+y de esta contemplación nada podía distraerle: era el camafeo... y
+siempre el camafeo. Luisa comprendió con espanto que el enfermo no
+la reconocía, y herida en el alma, guiada por su instinto de madre,
+presentó, elevó á la niña en alto. Carranza dejó caer sobre ella una
+mirada indiferente... De súbito, sus ojos se animaron, brillaron,
+recobraron la luz de la inteligencia y del amor; sus brazos se
+abrieron, sus dedos soltaron el camafeo mágico y fatal, sus lágrimas
+brotaron, y, como el que se despierta, corrió hacia su mujer y su
+hija... Acababa de advertir que la faz de la niña era la misma faz de
+la diosa grabada en la piedra dura... ¡y comprendía que, sin saberlo,
+había prestado ser y realidad, carne y hueso, á la belleza soberana!
+
+
+
+
+ VOZ DE LA SANGRE
+
+
+Si hubo matrimonios felices, pocos tanto como el de Sabino y Leonarda.
+Conformes en gustos, edad y hacienda; de alegre humor y rebosando
+salud, lo único que les faltaba--al decir de la gente, que anda siempre
+ocupadísima en perfeccionar la dicha ajena, mientras labra la desdicha
+propia--era un hijo. Es de advertir que los cónyuges no echaban de
+menos la sucesión, pensando con buen juicio que, cuando Dios no se la
+otorgaba, Él sabría por qué. Ni una sola vez había tenido Leonarda que
+enjugar esas lágrimas furtivas de rabia y humillación que arrancan á
+las esposas ciertos reproches de los esposos.
+
+Un día alteró la tranquilidad de Leonarda y Sabino la llegada
+intempestiva de la única hermana de Leonarda, que vivía en ciudad
+distante, al cuidado de una tía ya muy anciana, señora de severos
+principios religiosos. Venía la joven pálida, desfigurada, llorosa y
+triste, y apenas descansó del viaje, se encerró con sus hermanos, y la
+entrevista duró una hora larga.
+
+Á los tres ó cuatro días salieron juntos la señorita y el matrimonio á
+pasar una temporada en la casa de campo de Sabino, posesión solitaria
+y amenísima. Nadie extrañó esta resolución, porque á fines de abril la
+tal quinta es un oasis, y más explicable pareció todavía la excursión
+de recreo que en septiembre emprendieron los consortes, los cuales
+no regresaron de Francia y de Inglaterra hasta el año siguiente. Lo
+que se comentó bastante fué que al volver trajesen consigo una niña
+preciosa, con la cual se volvía loca Leonarda, que aseguraba haberla
+dado á luz en París. Como nunca faltan maliciosos, alguien encontró á
+la nena excesivamente desarrollada para la edad de cuatro meses que
+la atribuían sus padres: hubo chismes, murmuraciones, cuentas por
+los dedos, sonrisitas y hasta indignaciones y _tole tole_ furioso.
+Pero corrió el tiempo, ejerciendo su oficio de aplicar el bálsamo del
+olvido bienhechor; la hermana de Leonarda se sepultó en un convento de
+Carmelitas; el retoño creció; los esposos le manifestaron cada día más
+amor paternal... y las hablillas, cansadas de sí propias, se durmieron
+en brazos de la indiferencia.
+
+La verdad es que cualquiera se enorgullecería de tener una hija como
+Aurora--este nombre pusieron Leonarda y Sabino á su vástago--. Nunca
+se justificaron mejor las preocupaciones del vulgo respecto á las
+criaturas cuyo nacimiento rodean circunstancias misteriosas, dramas
+de amor y de honor. Una belleza singular, excesivamente delicada tal
+vez; una inteligencia, una dulzura, una discreción que asombraban,
+suma habilidad, exquisito gusto, y sobre todo esto, que es concreto
+y puede expresarse con palabras, algo que no se define: el _ángel_,
+el encanto, el don de atraer y de embelesar, de llevar consigo la
+animación, creando, como dijo Byron de Haydea, «una atmósfera de vida»;
+esto poseía Aurora, y no es milagro que Sabino y Leonarda estuviesen
+literalmente chochitos con ella.
+
+Pagábales la criatura en la mejor moneda del mundo. Su amor filial
+tenía caracteres de pasión, y solía decir Aurora que no pensaba casarse
+nunca, no por no abandonar á sus padres--que sería imposible ni pensar
+en ello--sino por no tener que repartir y dividir con nadie el ardiente
+cariño que les consagraba. Los que oían de tan rosada y linda boca
+estas paradojas é hipérboles del afecto, envidiaban á Leonarda y Sabino
+la hija hurtada.
+
+Habían pasado años sin que Aurora aceptase los homenajes de ningún
+pretendiente, cuando apareció cierta mañana en casa de Sabino un
+caballero que podemos calificar de gallo con espolones, pero apuesto,
+elegante, con trazas de adinerado, aspecto muy simpático y ese aire
+de dominio peculiar de los hombres que han ocupado altos puestos
+ó conseguido grandes triunfos de amor propio, viviendo siempre
+lisonjeados y felices. Solicitó el caballero hablar á solas con Sabino
+y Leonarda; pero como hubiesen salido, rogó se le permitiese ver un
+instante á la señorita Aurora. La muchacha le recibió en la sala,
+sin turbarse, y le dió conversación un rato, ruborizándose cuando el
+desconocido le dirigió alabanzas en las cuales se revelaba profundo,
+vivo y secreto interés. La entrevista duró poco; llegaron los padres
+de Aurora, y con ellos se encerró el galán, cuyas primeras palabras
+fueron para decir, inclinándose hasta el suelo, que allí tenían á un
+gran culpable, al seductor de su hermana y padre de Aurora--dispuesto
+á reparar en lo posible sus yerros y delitos, recogiendo á la niña y
+ofreciéndola amparo, fortuna y nombre.
+
+Sabino meditó algunos instantes antes de responder; luego cruzó
+con Leonarda una mirada expresiva, y volviéndole al recién llegado
+pronunció serenamente:
+
+--Queremos á Aurora bastante más que si la hubiésemos engendrado; es
+nuestro único hechizo, la alegría de nuestra vejez, que ya se acerca;
+pero le aseguro á usted que la dejaremos libre. Si ella quiere, con
+usted se irá. Si ella no quiere, prométanos que la niña se quedará con
+nosotros para toda la vida y usted no pensará en reclamarla. Y para que
+vea usted que no influimos en su determinación, escóndase detrás de ese
+cortinaje y oirá cómo la interrogamos y lo que responde.
+
+Accedió el caballero y se ocultó. De allí á pocos instantes entraba
+Aurora, y Sabino la dirigió el siguiente interrogatorio:
+
+--¿Qué te ha parecido ese señor que vino á hablarnos?
+
+--¿Digo la verdad, papá, como de costumbre? ¿La verdad enterita?
+
+--¡Ya se sabe que sí!
+
+--¡Pues me ha parecido muy bien! Me ha parecido la persona más... más
+agradable... que he visto en mi vida, papá.
+
+--¿Tanto como eso?
+
+--Sí por cierto. Me ha fascinado... ¿No me mandas que hable con
+franqueza?
+
+--¿Le preferirías á nosotros? Sigue siendo franca.
+
+--Es distinto lo que siento por vosotros. Él me gusta... de otra manera.
+
+--¿Vivirías contenta con él?
+
+--¡Mira, papá..., puede que sí!
+
+--Piénsalo bien, niña.
+
+--No hay que pensarlo. Es un sentimiento, y lo que de veras se siente
+no se piensa. Nunca he sentido así. Yo también he de preguntar: qué,
+¿este señor... os ha pedido... mi mano?
+
+--¡Tu mano! ¡Tu mano! ¡No se trata de eso!--gritó con espanto Leonarda.
+
+--¿Pues... entonces? No entiendo--murmuró Aurora afligida.
+
+--¡Figúrate... es una suposición... que ese señor fuese... tu padre!
+¡tu verdadero padre!
+
+--¿Mi padre? ¡Eso sí que no puedo figurármelo! ¡Como padre, ni le he
+mirado... ni podría mirarle nunca! ¡Ya os he dicho que es distinto; que
+á vosotros os quiero de otro modo!
+
+--Vete, hija mía--murmuró Sabino confuso y consternado, creyendo oir
+detrás de la cortina un gemido triste. Y así que se retiró Aurora,
+obediente, cabizbaja y muda, el desconocido salió, mostrando un rostro
+color de cera y unos ojos alocados.
+
+--No les molesto á ustedes más--murmuró en ronco acento--. Ya sé cuál
+es mi castigo. Procuré estudiar el modo de inspirar cierta clase de
+sentimientos... y los inspiro con una facilidad que ha llegado á
+infundirme tedio y horror. Midas todo lo convertía en oro... yo todo
+lo convierto en pecado. El cariño puro, el sagrado cariño de padre veo
+que no lo mereceré nunca. Borren ustedes mi recuerdo de la imaginación
+de Aurora, y ¡que no sepa jamás mi nombre, ni lo que realmente soy para
+ella!
+
+--Tal vez--indicó la compasiva Leonarda--el atractivo que ejerce usted
+sobre esa criatura, tan indiferente con los demás, sea voz de la sangre.
+
+--Si es voz de la sangre, es voz que maldice--respondió el Tenorio
+saludando respetuosamente y saliendo abrumado por el dolor.
+
+
+
+*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 75814 ***