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-The Project Gutenberg eBook of Historia del levantamiento, guerra y
-revolución de España (3 de 5), by Conde de Toreno
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and
-most other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms
-of the Project Gutenberg License included with this eBook or online at
-www.gutenberg.org. If you are not located in the United States, you
-will have to check the laws of the country where you are located before
-using this eBook.
-
-Title: Historia del levantamiento, guerra y revolución de España (3 de
- 5)
-
-Author: Conde de Toreno
-
-Release Date: November 23, 2022 [eBook #69411]
-
-Language: Spanish
-
-Produced by: Ramón Pajares Box and the Online Distributed Proofreading
- Team at https://www.pgdp.net (This file was produced from
- images generously made available by The Internet
- Archive/Canadian Libraries)
-
-*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK HISTORIA DEL LEVANTAMIENTO,
-GUERRA Y REVOLUCIÓN DE ESPAÑA (3 DE 5) ***
-
-
-NOTA DE TRANSCRIPCIÓN
-
- * Las cursivas se muestran entre _subrayados_ y las versalitas se han
- convertido a MAYÚSCULAS.
-
- * Los errores de imprenta han sido corregidos.
-
- * La ortografía del texto original ha sido modernizada de acuerdo con
- las normas publicadas en 2010 por la Real Academia Española.
-
- * También han sido modernizados los topónimos y los nombres propios de
- persona, siempre que se han encontrado referencias bibliográficas.
-
- * Se han incorporado las correcciones mencionadas en la fe de erratas
- aparecida en este tercer tomo.
-
- * Se ha alterado la numeración de los apéndices para que incorporen
- el número del libro al que corresponden, obteniendo así una
- identificación única a lo largo de todos los tomos de la obra.
-
- * Las páginas en blanco han sido eliminadas.
-
-
-
-
- HISTORIA
- DEL
- Levantamiento, Guerra y Revolución
- de España.
-
-
-
-
- HISTORIA
- DEL
- Levantamiento, Guerra y Revolución
- DE ESPAÑA
-
- POR
- EL CONDE DE TORENO.
-
- TOMO III.
-
- Madrid:
- IMPRENTA DE DON TOMÁS JORDÁN,
- 1835.
-
-
-
-
- ... quis nescit, primam esse historiæ legem, ne quid falsi dicere
- audeat? deinde ne quid veri non audeat? ne qua suspicio gratiæ sit in
- scribendo? ne qua simultatis?
-
- CICER., _De Oratore, lib. 2, c. 15._
-
-
-
-
- RESUMEN
- DEL
- LIBRO NOVENO.
-
-
-_Conducta de la central después de Medellín. — Su decreto de 18 de
-abril. — Ideas añejas de algunos de sus individuos. — Repruébalas
-el gobierno inglés. — Fuerza que adquiere el partido de Jovellanos.
-— Proposición de Calvo de Rozas para convocar a cortes, 15 de
-abril. — Ensanche que se da a la imprenta. — Semanario patriótico.
-— Descontentos con la junta. — Infantado. — Don Francisco Palafox.
-— Montijo. — Alboroto que promueve el último en Granada, reprimido.
-— Discútese en la junta convocar a cortes. — Decídese convocar las
-cortes. — Decreto de 22 de mayo. — Efecto que produce en la opinión.
-— Restablecimiento de todos los consejos en uno solo. — Operaciones
-de los ejércitos. — Aragón. — Ríndese Jaca a los franceses. — El P.
-Consolación. — Pérdida de Monzón. — Son rechazados los franceses en
-Mequinenza. — Molina. — Pasa el 5.º cuerpo de Aragón a Castilla.
-— Suchet sucede a Junot en el mando de Aragón. — Formación del 2.º
-ejército español de la derecha. — Mándale Blake. — Reino de Valencia.
-— Reúne Blake el mando de toda la corona de Aragón. — Muévese Blake.
-— Conmociones en Aragón. — Albelda. — Tamarite. — Abandonan los
-franceses a Monzón. — En vano intentan recobrarle. — Ríndense 600
-franceses. — Entra Blake en Alcañiz. — Va Suchet a su encuentro. —
-Batalla de Alcañiz. — Retírase Suchet a Zaragoza. — Situación crítica
-de Suchet. — Partidarios. — Adelántase Blake a Zaragoza. — Batalla
-de María. — Retírase Blake a Botorrita. — Retírase de Botorrita. —
-Batalla de Belchite. — Resultas desastradas de la batalla. — Pasa
-Blake a Cataluña. — Conspiración de Barcelona. — Suplicio de algunos
-patriotas. — Sucesos del mediodía de España. — Mariscal Victor. —
-Patriotismo de Extremadura. — Inacción de Victor. — Pasa Lapisse de
-tierra de Salamanca a Extremadura. — Entra en Alcántara. — Únense
-Lapisse y Victor. — Marchan contra Portugal. — Desisten de su intento.
-— Muévese Cuesta. — Partidarios de Extremadura y Toledo. — Vuelan los
-franceses el puente de Alcántara. — Ejército de la Mancha. — Va a su
-encuentro sin fruto José Bonaparte. — Campaña de Talavera. — Fuerzas
-que tomaron parte en ella. — Marcha Wellesley a Extremadura. — Planes
-diversos de los franceses. — Situación de Soult. — Cuesta en las Casas
-del Puerto. — Avístase allí con él Wellesley. — Plan que adoptan. —
-Medidas que había tomado la central. — Marcha adelante el ejército
-aliado. — Propone Wellesley a Cuesta atacar. — Rehúsalo el general
-español. — Incomódase Wellesley. — Avanza solo Cuesta. — Reconcéntranse
-los franceses. — Avanza Wilson a Navalcarnero. — Peligro que corre el
-ejército de Cuesta. — Batalla de Talavera 27 y 28 de julio. — Severidad
-de Cuesta. — Recompensas que da la junta central y el gobierno inglés.
-— Retíranse los franceses a diversos puntos. — No sigue Wellington
-el alcance. — Motivos de ello. — Llega Soult a Extremadura. — Va
-Wellington a su encuentro. — Tropas que se agolpan al valle del Tajo.
-— Cuesta se retira de Talavera. — El ejército aliado se pone en la
-orilla izquierda del Tajo. — Paso del Arzobispo por los franceses.
-— Deja Cuesta el mando. — Sucédele Eguía. — Nuevas disposiciones de
-los franceses. — Encuéntranse Wilson y Ney en el puerto de Baños.
-— Extorsiones del ejército de Soult. — Muerte violenta del obispo
-de Coria. — Ejército de Venegas. — Su marcha. — Nómbrale la junta
-capitán general de Castilla la Nueva. Su incertidumbre. — Defiende
-el paso del Tajo en Aranjuez. — Batalla de Almonacid. — Retirada del
-ejército español. — Su dispersión. — Contestaciones con los ingleses
-sobre subsistencias. — Llegada a España del marqués de Wellesley. —
-Plan de subsistencias. — Conducta y tropelías del gobierno de José. —
-Opinión de Madrid. — Júbilo que allí hubo el día de Santa Ana. — Nuevos
-decretos de José. — Medidas económicas. — Plata de particulares. — Del
-palacio. — De iglesias. — Mr. Napier. — Cédulas hipotecarias. — Cédulas
-de indemnización y recompensa. — Otros decretos._
-
-
-
-
- HISTORIA
- DEL
- LEVANTAMIENTO, GUERRA Y REVOLUCIÓN
- de España.
-
- LIBRO NOVENO.
-
-
-El querer llevar a término en el libro anterior la evacuación de
-Galicia y de Asturias, nos obligó a no detenernos en nuestra narración
-hasta tocar con los sucesos de aquellas provincias en el mes de agosto.
-Volveremos ahora atrás para contar otros no menos importantes que
-acaecieron en el centro del gobierno supremo y demás partes.
-
-[Sidenote: Conducta de la central después de Medellín.]
-
-La rota de Medellín sobre el destrozo del ejército había causado en el
-pueblo de Sevilla mortales angustias por la siniestra voz esparcida
-de que la junta central se iba a Cádiz para de allí trasladarse
-a América. Semejante nueva solo tuvo origen en los temores de la
-muchedumbre y en indiscretas expresiones de individuos de la central.
-Mas de estos los que eran de temple sereno y se hallaban resueltos a
-perecer antes que a abandonar el territorio peninsular, aquietaron
-a sus compañeros y propusieron un decreto publicado en 18 de abril,
-[Sidenote: Su decreto de 18 de abril.] en el cual se declaraba que
-nunca «mudaría [la junta] su residencia, sino cuando el lugar de
-ella estuviese en peligro o alguna razón de pública utilidad lo
-exigiese.» Correspondió este decreto al buen ánimo que había la junta
-mostrado al recibir la noticia de la pérdida de aquella batalla, y a
-las contestaciones que por este tiempo dio a Sotelo, y que ya quedan
-referidas. Así puede con verdad decirse que desde entonces hasta
-después de la jornada de Talavera fue cuando obró aquel cuerpo con más
-dignidad y acierto en su gobernación.
-
-[Sidenote: Ideas añejas de algunos de sus individuos.]
-
-Antes algunos individuos suyos, si bien noveles repúblicos e hijos
-de la insurrección, continuaban tan apegados al estado de cosas de
-los reinados anteriores, que aun faltándoles ya el arrimo del conde
-de Floridablanca, a duras penas se conseguía separarlos de la senda
-que aquel había trazado; presentando obstáculos a cualquiera medida
-enérgica, y señaladamente a todas las que se dirigían a la convocación
-de cortes, o a desatar algunas de las muchas trabas de la imprenta.
-Apareció tan grande su obstinación que no solo provocó murmuraciones
-y desvío en la gente ilustrada, según en su lugar se apuntó, sino que
-también se disgustaron todas las clases; y hasta el mismo gobierno
-inglés, temeroso de que se ahogase el entusiasmo público, insinuó en
-una nota de 20 de julio de 1809 que [*] [Sidenote: Repruébalas el
-gobierno inglés. (* Ap. n. 9-1.)] «si se atreviera a criticar [son sus
-palabras] cualquiera de las cosas que se habían hecho en España, tal
-vez manifestaría sus dudas... de si no había habido algún recelo de
-soltar el freno... a toda la energía del pueblo contra el enemigo.»
-
-Tan universales clamores y los desastres, principal aunque costoso
-despertador de malos o poco advertidos gobiernos, hicieron abrir
-los ojos a ciertos centrales y dieron mayor fuerza e influjo al
-partido de Jovellanos, [Sidenote: Fuerza que adquiere el partido de
-Jovellanos.] el más sensato y distinguido de los que dividían a la
-junta, y al cual se unió el de Calvo de Rozas, menor en número pero
-más enérgico e igualmente inclinado a fomentar y sostener convenientes
-reformas. Ya dijimos cómo Jovellanos fue quien primero propuso en
-Aranjuez llamar a cortes, y también cómo se difirió para más adelante
-tratar aquella cuestión. En vano con los reveses se intentó después
-renovarla, esquivándola asimismo, mientras vivió, el presidente conde
-de Floridablanca; a punto que no contento con hacer borrar el nombre de
-cortes que se hallaba inserto en el primer manifiesto de la central,
-rehusó firmar este, aun quitada aquella palabra, enojado con la
-expresión sustituida de que se restablecerían «las leyes fundamentales
-de la monarquía.» Rasgo que pinta lo aferrado que estaba en sus máximas
-el antiguo ministro.
-
-[Sidenote: Proposición de Calvo de Rozas para convocar a cortes, 15 de
-abril.]
-
-Ahora, muerto el conde y algún tanto ablandados los partidarios de
-sus doctrinas, osó Calvo de Rozas proponer de nuevo, en 15 de abril,
-el que se convocase la nación a cortes. Hubo vocales que todavía
-anduvieron reacios, mas estando la mayoría en favor de la proposición,
-fue esta admitida a examen; debiendo antes discutirse en las diversas
-secciones en que para preparar sus trabajos se distribuía la junta.
-
-[Sidenote: Ensanche que se da a la imprenta. Semanario patriótico.]
-
-Por el mismo tiempo diose algún ensanche a la imprenta, y se permitió
-la continuación del periódico intitulado _Semanario patriótico_, obra
-empezada en Madrid por Don Manuel Quintana, y que los contratiempos
-militares habían interrumpido. Tomáronla en la actualidad a su cargo
-Don I. Antillón y Don J. Blanco, mereciendo este hecho particular
-mención por el influjo que ejerció en la opinión aquel periódico, y por
-haberse tratado en él con toda libertad, y por primera vez en España,
-graves y diversas materias políticas.
-
-[Sidenote: Descontentos con la junta.]
-
-Mudado y mejorado así el rumbo de la junta, aviváronse las esperanzas
-de los que deseaban unir a la defensa de la patria el establecimiento
-de buenas instituciones, y se reprimieron aviesas miras de descontentos
-y perturbadores. Contábanse entre los últimos muchos que estaban en
-opuestos sentidos, divisándose, al par de individuos del consejo, otros
-de las juntas, y amigos de la inquisición al lado de los que lo eran
-de la libertad de imprenta. Desabrido por lo menos se mostró el duque
-del Infantado, [Sidenote: Infantado.] no olvidando la preferencia que
-se daba a Venegas, rival suyo desde la jornada de Uclés. [Sidenote: D.
-Francisco de Palafox.] Creíase que no ignoraba los manejos y amaños
-en que ya entonces andaban Don Francisco de Palafox y el conde del
-Montijo, [Sidenote: Montijo.] persuadido el primero de que bastaba su
-nombre para gobernar el reino, y arrastrado el segundo de su índole
-inquieta y desasosegada.
-
-[Sidenote: Alboroto que promueve el último en Granada, reprimido.]
-
-Centellearon chispas de conjuración en Granada, a donde el del Montijo,
-teniendo parciales, había acudido para enseñorearse de la ciudad.
-Acompañole en su viaje el general inglés Doyle; y el conde, atizador
-siempre oculto de asonadas, movió el 16 de abril un alboroto en que
-corrieron las autoridades inminente peligro. La pérdida de estas
-hubiera sido cierta si el del Montijo al llegar al lance no desmayara,
-según su costumbre, temiendo ponerse a la cabeza de un regimiento
-ganado en favor suyo y de la plebe amotinada. La junta provincial,
-habiendo vuelto del sobresalto, recobró su ascendiente y prendió a
-los principales instigadores. Mal lo hubiera pasado su encubierto
-jefe, si, a ruegos de Doyle, a quien escudaba el nombre de inglés, no
-se le hubiera soltado con tal que se alejara de la ciudad. Pasó el
-conde a Sanlúcar de Barrameda, y no renunció ni a sus enredos ni a sus
-tramas. Pero con el malogro de la urdida en Granada desvaneciéronse por
-entonces las esperanzas de los enemigos de la central, conteniéndolos
-también la voz pública, que pendiente de la convocación de cortes y
-temerosa de desuniones quería más bien apoyar al gobierno supremo, en
-medio de sus defectos, que dar pábulo a la ambición de unos cuantos,
-cuyo verdadero objeto no era el procomunal.
-
-[Sidenote: Discútese en la junta convocar a cortes.]
-
-Mientras tanto, examinada en las diversas secciones de la junta la
-proposición de Calvo de llamar a cortes, pasose a deliberar sobre ella
-en junta plena. Suscitáronse en su seno opiniones varias, siendo de
-notar que los individuos que había en aquel cuerpo más respetables por
-su riqueza, por sus luces y anteriores servicios sostuvieron con ahínco
-la proposición. De su número fueron el presidente marqués de Astorga,
-el bailío Don Antonio Valdés, Don Gaspar de Jovellanos, Don Martín de
-Garay y el marqués de Campo Sagrado. Alabose mucho el voto del último
-por su concisión y firmeza. Explayó Jovellanos el suyo con la erudición
-y elocuencia que le eran propias; mas excedió a todos en libertad y
-en el ensanche que quería dar a la convocatoria de cortes el bailío
-Valdés, asentando que salvo la religión católica y la conservación de
-la corona en las sienes de Fernando VII, no deberían dejar aquellas
-institución alguna ni ramo sin reformar, por estar todos viciados y
-corrompidos. Dictámenes que prueban hasta qué punto ya entonces reinaba
-la opinión de la necesidad y conveniencia de juntar cortes entre las
-personas señaladas por su capacidad, cordura y aun aversión a excesos
-populares.
-
-Aparecieron como contrarios a la proposición Don José García de la
-Torre, Don Sebastián Jócano, D. Rodrigo Riquelme y D. Francisco Javier
-Caro. Abogado el primero de Toledo, magistrados los otros dos de poco
-crédito por su saber, y el último mero licenciado de la universidad de
-Salamanca, no parecía que tuviesen mucho que temer de las cortes ni de
-las reformas que resultasen, y sin embargo se oponían a su reunión,
-al paso que la apoyaban los hombres de mayor valía, y que pudieran
-con más razón mostrarse más asombradizos. [Sidenote: Decídese convocar
-las cortes.] A pesar de los encontrados dictámenes se aprobó por la
-gran mayoría de la junta la proposición de Calvo y se trató luego de
-extender el decreto.
-
-Al principio presentose una minuta arreglada al voto del bailío
-Valdés, mas conceptuando que sus expresiones eran harto libres, y aun
-peligrosas en las circunstancias, y alegando de fuera y por su parte
-el ministro inglés Frere razones de conveniencia política, variose el
-primer texto, acordando en su lugar otro decreto que se publicó con
-fecha de 22 de mayo,[2] [Sidenote: Decreto de 22 de mayo. (* Ap. n.
-9-2.)] y en el que se limitaba la junta a anunciar «el restablecimiento
-de la representación legal y conocida de la monarquía en sus antiguas
-cortes, convocándose las primeras en el año próximo, o antes si las
-circunstancias lo permitiesen.» Decreto tardío y vago, pero primer
-fundamento del edificio de libertad que empezaron después a levantar
-las cortes congregadas en Cádiz.
-
-Disponíase también, por uno de sus artículos, que una comisión de cinco
-vocales de la junta se ocupase en reconocer y preparar los trabajos
-necesarios para el modo de convocar y formar las primeras cortes,
-debiéndose además consultar acerca de ello a varias corporaciones y
-personas entendidas en la materia.
-
-[Sidenote: Efecto que produce en la opinión.]
-
-El no determinarse día fijo para la convocación, el adoptar el lento
-y trillado camino de las consultas, y el haber sido nombrados para la
-comisión indicada, con los señores arzobispo de Laodicea, Castanedo y
-Jovellanos, los señores Riquelme y Caro, enemigos de la resolución,
-excitó la sospecha de que el decreto promulgado no era sino engañoso
-señuelo para atraer y alucinar; por lo que su publicación no produjo en
-favor de la central todo el fruto que era de esperarse.
-
-[Sidenote: Restablecimiento de todos los consejos en uno solo.]
-
-Poco después disgustó igualmente el restablecimiento de todos los
-consejos: a sus adversarios por juzgar aquellos cuerpos, particularmente
-al de Castilla, opuestos a toda variación o mejora, a sus amigos
-por el modo como se restablecieron. Según decreto de 3 de marzo,
-debía instalarse de nuevo el consejo real y supremo de Castilla,
-reasumiéndose en él todas las facultades que, tanto por lo respectivo
-a España como por lo tocante a Indias, habían ejercido hasta aquel
-tiempo los demás consejos. Por entonces se suspendió el cumplimiento de
-este decreto, y solo en 25 de junio se mandó llevar a debido efecto.
-La reunión y confusión de todos los consejos en uno solo fue lo que
-incomodó a sus individuos y parciales, y la junta no tardó en sentir de
-cuán poco le servía dar vida y halagar a enemigo tan declarado.
-
-A pesar de esta alternativa de varias y al parecer encontradas
-providencias, la junta central, repetimos, se sostuvo desde el abril
-hasta el agosto de 1809 con más séquito y aplauso que nunca; a lo que
-también contribuyó no solo haber sido evacuadas algunas provincias
-del norte, sino el ver que después de las desgracias ocurridas se
-levantaban de nuevo y con presteza ejércitos en Aragón, Extremadura y
-otras partes.
-
-[Sidenote: Operaciones de los ejércitos. Aragón.]
-
-Rendida Zaragoza, cayó por algún tiempo en desmayo el primero de
-aquellos reinos. Conociéronlo los franceses, y para no desaprovechar
-tan buena oportunidad, trataron de apoderarse de las plazas y puntos
-importantes que todavía no ocupaban. De los dos cuerpos suyos que
-estuvieron presentes al sitio de Zaragoza, se destinó el 5.º a aquel
-objeto, permaneciendo el 3.º en la ciudad, cuyos escombros aún ponían
-espanto al vencedor. Hubieran querido los enemigos enseñorearse de una
-vez de Jaca, Monzón, Benasque y Mequinenza. Mas, a pesar de su conato,
-no se hicieron dueños sino de las dos primeras plazas, aprovechándose
-de la flaqueza de las fortificaciones y falta de recursos, y empleando
-otros medios además de la fuerza.
-
-[Sidenote: Ríndese Jaca a los franceses.]
-
-Salió para Jaca el ayudante Fabre, del estado mayor, llevando consigo
-el regimiento 34.º y un auxiliar de nuevo género, que desdecía del
-pensar y costumbres de los militares franceses. Era pues este un fraile
-agustino, de nombre fray José de la Consolación, [Sidenote: El Padre
-Consolación.] misionero tenido en la tierra en gran predicamento,
-mas de aquellos cuyo traslado con tanta maestría nos ha delineado
-el festivo y satírico padre Isla. El 8 de marzo entró el fray José
-en la plaza, y la elocuencia que antes empleaba, si bien con poca
-mesura, por lo menos en respetables objetos, sirviole ahora para
-pregonar su misión en favor de los enemigos de la patria, no siendo
-aquella la sola ocasión en que los franceses se valieron de frailes y
-de medios análogos a los que reprendían en los españoles. Convocó a
-junta el padre Consolación a las autoridades y a otros religiosos, y
-saliéndole vanas por esta vez sus predicaciones, fomentó en secreto,
-ayudado de algunos, la deserción, la cual creció en tanto grado que no
-quedando dentro sino poquísimos soldados, tuvo el 21 que rendirse el
-teniente-rey Don Francisco Campos, que hacía de gobernador. Aunque no
-fuese Jaca plaza de grande importancia por su fortaleza, éralo por su
-situación que impedía comunicarse con Francia. Desacreditose en Aragón
-el fraile misionero, prevaleciendo sobre el fanatismo el odio a la
-dominación extranjera.
-
-[Sidenote: Pérdida de Monzón.]
-
-Perdiose Monzón a principios de marzo. Había el 1.º del mes llegado a
-sus muros el marqués de Lazán, procedente de Cataluña y acompañado de
-la división de que hablamos anteriormente. Adelantose a la sierra de
-Alcubierre, hasta que sabedor de la rendición de Zaragoza y de que los
-franceses se acercaban, retrocedió al cuarto día. Don Felipe Perena, a
-quien había dejado en Berbegal, tampoco tardó en retirarse a Monzón, en
-donde luego apareció con su brigada el general Girard. Informado Lazán
-de que el francés traía respetable fuerza, caminó la vuelta de Tortosa,
-y viéndose solo el gobernador de Monzón, Don Rafael de Anseátegui,
-desamparó con toda su gente el castillo, evacuando igualmente la villa
-los vecinos.
-
-[Sidenote: Son rechazados los franceses en Mequinenza.]
-
-No salieron los franceses tan lucidos en otras empresas que en Aragón
-intentaron, a pesar del abatimiento que había sobrecogido a sus
-habitantes. El mariscal Mortier, jefe, como sabe el lector, del 5.º
-cuerpo, quiso apoderarse en persona y de rebate de Mequinenza, villa
-solo amparada de un muro antiguo y de un mal castillo, pero de alguna
-importancia por ser llave hacia aquella parte del Ebro, y tener su
-asiento en donde este río y el Segre se juntan en una madre. Tres
-tentativas hicieron en marzo los enemigos contra la villa: en todas
-ellas fueron repelidos, auxiliando a los de Mequinenza los vecinos de
-la Granja, pueblo catalán no muy distante.
-
-Extendiéronse igualmente los franceses vía de Valencia hasta Morella,
-de donde, exigidas algunas contribuciones, se replegaron a Alcañiz.
-Por el mediodía de Aragón se enderezaron a Molina, [Sidenote: Molina.]
-enojados del brío que mostraban los naturales, quienes, bajo la buena
-guía de su junta, habían atacado el 22 de marzo y ahuyentado en Truecha
-300 infantes y caballos de los contrarios. Por ello, y por verse así
-cortada la comunicación entre Madrid y Zaragoza, dirigiéronse los
-últimos en gran número contra Molina, de lo que, advertida su junta, se
-recogió a cinco leguas en las sierras del señorío. Todos los vecinos
-desampararon la villa, cuyo casco ocuparon los franceses, mas solo por
-pocos días.
-
-[Sidenote: Pasa el 5.º cuerpo de Aragón a Castilla.]
-
-Napoleón, en tanto, creyendo que los aragoneses estaban sometidos
-con la caída de Zaragoza, e importándole acudir a Castilla a fin de
-proseguir las operaciones contra los ingleses, determinó que el 5.º
-cuerpo marchase a últimos de abril del lado de Valladolid, poniéndole
-después así como al 2.º y 6.º, según ya se dijo, bajo el mando supremo
-del mariscal Soult.
-
-[Sidenote: Suchet sucede a Junot en el mando de Aragón.]
-
-Quedó, por consiguiente, para guardar a Aragón solo el tercer cuerpo
-regido por el general Junot, quien permaneció allí corto tiempo,
-habiendo caído enfermo, y no juzgándosele capaz de gobernar por sí país
-tan desordenado y poco seguro. Sucediole Suchet, que estaba al frente de
-una de las divisiones del 5.º cuerpo, y dejando dicho general a Mortier
-en Castilla, volvió a Zaragoza y se encargó del mando de la provincia
-y del tercer cuerpo, cuya fuerza se hallaba reducida con las pérdidas
-experimentadas en el sitio de aquella ciudad y con las enfermedades,
-notándose además en sus filas muy menguada la virtud militar. Llegó
-el 19 de marzo a Zaragoza el general Suchet con la esperanza de que
-tendría suficiente espacio para restablecer el orden y la disciplina
-sin ser incomodado por los españoles.
-
-[Sidenote: Formación del 2.º ejército español de la derecha.]
-
-Mas engañose, habiendo la junta central acordado con laudable previsión
-medidas de que luego se empezó a recoger el fruto. Debe mirarse
-como la más principal la de haber ordenado a mediados de abril la
-formación de un segundo ejército de la derecha que se denominaría
-de Aragón y Valencia, y cuyo objeto fuese cubrir las entradas de la
-última provincia e incomodar a los franceses en la otra. Confiose el
-mando a Don Joaquín Blake, [Sidenote: Mándale Blake.] que se hallaba
-en Tortosa, habiéndole la central poco antes enviado a Cataluña bajo
-las órdenes de Reding, quien, a su arribo, le destinó a aquella plaza
-para mandar la división de Lazán acuartelada en su recinto. El nuevo
-ejército debía componerse de esta misma división que constaba de 4 a
-5000 hombres, y de las fuerzas que aprontase Valencia.
-
-[Sidenote: Reino de Valencia.]
-
-Rica y populosa esta provincia, hubiera en verdad podido coadyuvar
-grandemente a aquel objeto, si reyertas interiores no hubieran en parte
-inutilizado los impulsos de su patriotismo. Habíase su territorio
-mantenido libre de enemigos desde el junio del año anterior. Continuaba
-a su frente la primera junta, que era sobrado turbulenta, y permaneció
-mucho tiempo mandando como capitán general el conde de la Conquista,
-hombre no muy entusiasmado por la causa nacional, que consideraba
-perdida. En diciembre de 1808 se recogió allí desde Cuenca, hasta donde
-había acompañado al ejército del centro, Don José Caro, y con él una
-corta división. Luego que llegó este a Valencia fue nombrado segundo
-cabo, y prontamente se aumentaron los piques y sinsabores, queriendo
-el Don José reemplazar en el mando al de la Conquista. No cortó la
-discordia el barón de Sabasona, individuo de la central enviado a aquel
-reino en calidad de comisario: buen patricio, pero ignorante, terco
-y de fastidiosa arrogancia, no era propio para conciliar voluntades
-desunidas ni para imponer el debido respeto. Anduvieron pues sueltas
-mezquinas pasiones, hasta que por fin en abril de 1809 consiguió Caro
-su objeto, sin que por eso se ahogase, conforme después veremos, la
-semilla de enredos echada en aquel suelo por hombres inquietos. Así fue
-que Valencia, a pesar de sus muchos y variados recursos, y de tener cerca
-a Murcia, libre también de enemigos y sujeta en lo militar a la misma
-capitanía general, no ayudó por de pronto a Blake con otra fuerza que
-la de ocho batallones apostados en Morella a las órdenes de Don Pedro
-Roca.
-
-[Sidenote: Reúne Blake el mando de toda la corona de Aragón.]
-
-Con estos, y la división mencionada de Lazán, empezó a formar Don Joaquín
-Blake el segundo ejército de la derecha. Entonces solo trató de
-disciplinarlos, contentándose con establecer una línea de comunicación
-sobre el río Algas, y otra del lado de Morella. Mas poco después,
-animado con que la central hubiese añadido a su mando el de Cataluña,
-vacante por muerte de Reding, y sabedor de que la fuerza francesa en
-Aragón se había reducido a la del tercer cuerpo, como también que
-muchos de aquellos moradores se movían, [Sidenote: Muévese Blake.]
-resolvió obrar antes de lo que pensaba, saliendo de Tortosa el 7 de
-mayo. Manifestáronse los primeros síntomas de levantamiento hacia
-Monzón. [Sidenote: Conmociones en Aragón.] Sirvieron de estímulo
-las vejaciones y tropelías que cometían en Barbastro y orillas del
-Cinca las tropas del general Habert. Dio la señal en principios de
-mayo la villa de Albelda, [Sidenote: Albelda.] negándose a pagar las
-contribuciones y repartimientos que le habían impuesto. Enviaron los
-franceses gente para castigar tal osadía; mas protegidos los habitantes
-por 700 hombres que de Lérida envió el gobernador Don José Casimiro
-Lavalle, a las órdenes de los coroneles Don Felipe Perena y Don Juan
-Baget, no solo se libertaron del azote que los amagaba, [Sidenote:
-Tamarite.] sino que también consiguieron escarmentar en Tamarite a los
-enemigos, cuyo mayor número se retiró a Barbastro, quedando unos 200 en
-Monzón. [Sidenote: Abandonan los franceses a Monzón.] Alentados con
-el suceso los naturales de esta villa, y cansados del yugo extranjero,
-levantáronse contra sus opresores y los obligaron a retirarse de sus
-hogares.
-
-Necesario era que los franceses vengasen tamaña afrenta. Dirigieron,
-pues, crecida fuerza a lo largo de la derecha del Cinca, y el 16
-cruzaron este río por el vado y barca del Pomar. [Sidenote: En vano
-intentaron recobrarle.] Atacaron a Monzón, que guarnecía, con un reducido
-batallón y un tercio de miqueletes, Don Felipe Perena: creían ya los
-enemigos seguro el triunfo, cuando fueron repelidos y aun desalojados
-del lugar del Pueyo. Insistieron al día siguiente en su propósito, y
-hasta penetraron en las calles de Monzón; pero acudiendo a tiempo desde
-Fonz Don Juan Baget, tuvieron que retirarse con pérdida considerable.
-Escarmentados de este modo pidieron socorro a Barbastro, de donde
-salieron con presteza en su ayuda 2000 hombres. Desgraciadamente para
-ellos, el Cinca, hinchándose con las avenidas, salió de madre y les
-impidió vadear sus aguas. Separados por este incidente, y sin poder
-comunicarse los franceses de ambas orillas, conocieron su peligro los
-que ocupaban la izquierda, y para evitarle corrieron hacia Albalate
-en busca del puente de Fraga. Había antes previsto su movimiento el
-gobernador español de Lérida, y se encontraron con que aquel paso
-estaba ya atajado. Revolvieron entonces sobre Fonz y Estadilla,
-queriendo repasar el Cinca del lado de las montañas situadas en la
-confluencia del Esera. Hostigados allí por todos lados, faltos de
-recursos y sin poder recibir auxilio de sus compañeros de la margen
-derecha, [Sidenote: Ríndense 600 franceses.] tuvieron que rendirse
-estos que en vano habían recorrido toda la izquierda, entregándose
-prisioneros el 21 de mayo a los jefes Perena y Baget, en número de
-unos 600 hombres. Encendiose más y más con hecho tan glorioso la
-insurrección del paisanaje, y fue estimulado Blake a acelerar sus
-movimientos.
-
-[Sidenote: Entra Blake en Alcañiz.]
-
-Ya este general después de su salida de Tortosa se había aproximado
-a la división francesa que en Alcañiz y sus alrededores mandaba el
-general Laval, obligándole a evacuar aquella ciudad el 18 del mes de
-mayo. Los enemigos todavía no tenían por allí numerosa fuerza, pues
-dicha división no permanecía entera y reunida en un punto, sino que,
-acantonada, se extendía hasta Barbastro, mediando el Ebro entre sus
-esparcidos trozos. Nada hubiera importado a los franceses semejante
-desparramamiento si no perdieran a Monzón, y si impensadamente no
-se hubiera aparecido Don Joaquín Blake, cuyos dos acontecimientos
-supiéronse en Zaragoza el 20 a la propia sazón que Suchet acababa de
-tomar el mando.
-
-[Sidenote: Va Suchet a su encuentro.]
-
-Se desvanecieron por consiguiente los planes de este general de mejorar
-el estado de su ejército antes de obrar, y en breve se preparó a ir a
-socorrer a su gente. Dejó en Zaragoza pocas tropas, y llevando consigo
-la mayor parte de la segunda división marchó a reforzar la primera del
-mando de Laval, que se reconcentraba en las alturas de Híjar. Juntas
-ambas ascendían a unos 8000 hombres, de los que 600 eran de caballería.
-Arengó Suchet a sus tropas, recordoles pasadas glorias, y yendo
-adelante se aproximó a Alcañiz, en donde ya estaba apostado Don Joaquín
-Blake. Contaba por su parte el general español, reunidas que fueron las
-divisiones valenciana de Morella y aragonesa de Tortosa, 8176 infantes
-y 481 caballos.
-
-[Sidenote: Batalla de Alcañiz.]
-
-La derecha al mando de Don Juan Carlos de Aréizaga se alojaba en el
-cerro de los Pueyos de Fórnoles; la izquierda gobernada por Don Pedro
-Roca permaneció en el cabezo o cumbre baja de Rodriguer, situándose el
-centro en el de Capuchinos a las inmediatas órdenes del general en jefe
-y de su segundo el marqués de Lazán. Corría a la espalda del ejército
-el río Guadalope, y más allá se descubría colocada en un recuesto la
-ciudad de Alcañiz.
-
-A las seis de la mañana del 23 aparecieron los enemigos por el camino
-de Zaragoza, retirándose a su vista la vanguardia española que regía
-Don Pedro Tejada. Pusieron aquellos su primer conato en apoderarse
-de la ermita de Fórnoles, atacando el cerro por el frente y flanco
-derecho, al mismo tiempo que ocupaban las alturas inmediatas.
-Contestaron con acierto los nuestros a sus fuegos, y repelieron después
-con serenidad y vigorosamente una columna sólida de 900 granaderos,
-que marchaba arma al brazo y con grande algazara. Queriendo entonces
-el general Blake causar diversión al enemigo, envió contra su centro
-un trozo de gente escogida al mando de Don Martín de Menchaca. No
-estorbó esta atinada resolución el que Suchet repitiese sus ataques
-para enseñorearse de la ermita de Fórnoles, si bien infructuosamente,
-alcanzando gloria y prez Aréizaga y los españoles que defendían el
-puesto. Enojados los franceses al ver cuán inútiles eran sus esfuerzos,
-revolvieron sobre Menchaca, que acometido por superiores fuerzas
-tuvo que recogerse al cerro de la mencionada ermita. Extendiose en
-seguida la pelea al centro e izquierda española, avanzando una
-columna enemiga por el camino de Zaragoza con tal impetuosidad que
-por de pronto todo lo arrolló. Mandábala el general francés Fabre, y
-sus soldados llegaron al pie de las baterías españolas del centro, en
-donde los contuvo y desordenó el fuego vivísimo de los infantes, y el
-bien acertado a metralla de la artillería que gobernaba Don Martín
-García Loigorri. Rota y deshecha esta columna, tuvieron los enemigos
-que replegarse, dejando el camino de Zaragoza cubierto de cadáveres.
-Nuestras tropas picaron algún trecho su retirada, y no insistió Blake
-en el perseguimiento por la desconfianza que le inspiraba su propia
-caballería que anduvo floja en aquella jornada. Perdieron los españoles
-de 200 a 300 hombres: los franceses unos 800, quedando herido levemente
-en un pie el general Suchet. [Sidenote: Retírase Suchet a Zaragoza.]
-Prosiguieron los últimos por la noche su marcha retrógrada, y tal era
-el terror infundido en sus filas que esparcida la voz de que llegaban
-los españoles echaron sus soldados a correr, y mezclados y en confusión
-llegaron a Samper de Calanda. Avergonzados con el día volvieron en sí,
-y pudo Suchet recogerse a Zaragoza, cuyo suelo pisó de nuevo el 6 de
-junio.
-
-Satisfecho Blake de haber reanimado a sus tropas con la victoria
-alcanzada, limitose durante algunos días a ejercitarlas en las
-maniobras militares, mudando únicamente de acantonamientos. La junta de
-Valencia acudió en su auxilio con gente y otros socorros, y la central
-estableciendo un parte o correo extraordinario dos veces por semana,
-mantuvo activa correspondencia, remitiendo en oro y por conducto tan
-expedito los suficientes caudales. Reforzado el general Blake y con
-mayores recursos se movió camino de Zaragoza, confiado también en que
-el entusiasmo de las tropas supliría hasta cierto punto lo que les
-faltase de aguerridas.
-
-Por su parte el general Suchet tampoco desperdició el tiempo que
-le había dejado su contrario, pues acampando su gente en las
-inmediaciones de Zaragoza, procuró destruir las causas que habían
-algún tanto corrompido la disciplina. [Sidenote: Situación crítica de
-Suchet.] Formó igualmente con objeto de evitar cualquiera sorpresa
-atrincheramientos en Torrero y a lo largo de la acequia, barreó el
-arrabal, mejoró las fortificaciones de la Aljafería, y envió camino de
-Pamplona lo más embarazoso de la artillería y del bagaje.
-
-En las apuradas circunstancias que le rodeaban no solo tenía que
-prevenirse contra los ataques de Blake, sino también contra las
-asechanzas de los habitantes, [Sidenote: Partidarios.] y los esfuerzos
-de varios partidarios. De estos se adelantó orillas del Jalón un cuerpo
-franco de 1000 hombres al mando del coronel Don Ramón Gayán, y por el
-lado de Monzón e izquierda del Ebro acercose al puente del Gállego el
-brigadier Perena. De suerte que otro descalabro como el de Alcañiz
-bastaba para que tuviesen los franceses que evacuar a Zaragoza, y dejar
-libre el reino de Aragón.
-
-Afanado así el general Suchet y lleno de zozobra ocupábase sobre todo
-en averiguar las operaciones de Don Joaquín Blake, cuando supo que este
-se aproximaba. Preparose pues a recibirle, y dejando la caballería en
-el Burgo, distribuyó los peones entre el monte Torrero y el monasterio
-de Santa Fe, camino de Madrid, al paso que destacó a Muel al general
-Fabre con 1200 hombres.
-
-[Sidenote: Adelántase Blake a Zaragoza.]
-
-El ejército español proseguía su movimiento, y engrosadas sus filas
-con nuevas tropas reunidas de varias partes, pasaba su número de 17.000
-hombres. De ellos hallábase el 13 avanzada en Botorrita la división de
-Don Juan Carlos de Aréizaga, estando en Fuendetodos con los demás Don
-Joaquín Blake. Noticioso este general de que Fabre se había adelantado
-de Muel a Longares, apresuró su marcha en la misma tarde con intento de
-coger al francés entre sus tropas y las de Aréizaga. Mas aquel viéndose
-cortado del lado de Zaragoza, abandonó un convoy de víveres, y se
-retiró a Plasencia de Jalón. Inútilmente corrió en su ayuda la segunda
-división francesa, que ni pudo abrir la comunicación ni apoderarse
-del puesto que en Botorrita ocupaba Aréizaga, teniendo al fin que
-replegarse sabedora de que venía sobre ella el grueso del ejército
-español.
-
-Cerciorado de lo mismo el general Suchet y resuelto a combatir, tomó
-sus disposiciones. La fuerza con que contaba ascendía a unos 12.000
-hombres, debiéndose juntar en breve dos regimientos procedentes de
-Tudela, y Fabre que desde Plasencia caminaba a Zaragoza. La disciplina
-de sus soldados se había mejorado, mostrándose más serenos y animados
-que en Alcañiz.
-
-[Sidenote: Batalla de María.]
-
-En la mañana del 15 el general Blake, luego que llegó a María, distante
-dos leguas y media de Zaragoza, pasó más allá y cruzó el arroyo que
-pasa por delante de aquel pueblo. Su ejército estaba distribuido en
-columnas mandadas por coroneles, y le colocó sobre unas lomas repartido
-en dos líneas. La primera de estas la mandaba Don Pedro Roca, y en ella
-se mantuvo desde el principio Don Joaquín Blake. Estaba al frente de la
-segunda el marqués de Lazán. Situose sobre la derecha, que era la parte
-más llana, la caballería, capitaneada por el general Odonojú con algunos
-infantes, apoyándose en el Huerba, cuyas dos orillas ocupaba. La fuerza
-allí presente no pasaba de 12.000 hombres, continuando destacada en
-Botorrita la división de Aréizaga compuesta de 5000 combatientes.
-
-Enfrente, y a corta distancia del nuestro, se divisaba el ejército
-francés, guiado por su general Suchet. Los españoles permanecían
-quietos en su puesto, y los enemigos no se apresuraron a empeñar la
-acción hasta las dos de la tarde que les llegó el refuerzo de los
-regimientos de Tudela. Entonces habiendo dejado de antemano en Torrero
-al general Laval para tener en respeto a Zaragoza, moviose Suchet por
-el frente haciendo otro tanto los españoles. Dieron estos muestras de
-flanquear con su izquierda la derecha de los enemigos, lo cual estorbó
-el general francés reforzándola, hasta querer por aquella parte romper
-nuestras filas. Separaba a entrambos ejércitos una quebrada que recibió
-orden de cruzar el general Musnier, a quien no solo repelieron los
-españoles, sino que reforzada su izquierda con gente de la derecha le
-desordenaron y deshicieron. Acudió en su auxilio por mandato de Suchet
-el intrépido general Harispe, consiguiendo, aunque herido, restablecer
-entre sus tropas el ánimo y la confianza. En aquella hora sobrevino una
-horrorosa tronada con lluvia y viento que casi suspendió el combate,
-impidiendo a ambos ejércitos el distinguirse claramente.
-
-Serenado el tiempo, pensó Suchet que sería más fácil romper la derecha
-no colocada tan ventajosamente, y en donde se hallaba la caballería,
-inferior a la suya en número y disciplina. Así fue que con una columna
-avanzó de aquel lado el general Habert, precediéndole Vattier con dos
-regimientos de caballería. Ejecutada la operación con celeridad se
-vieron arrollados los jinetes españoles y rota la derecha, apoderándose
-los franceses de un puentecillo por el cual se cruzaba el arroyo
-colocado detrás de nuestra posición. Permaneció no obstante firme
-en esta Don Joaquín Blake, y ayudado de los generales Lazán y Roca
-resistió durante largo rato y con denuedo a las impetuosas acometidas
-que por el frente y oblicuamente hicieron los franceses. Al fin,
-flaqueando algunos cuerpos españoles, se arrojaron todos abajo de las
-lomas que ocupaban, en cuyas hondonadas, formándose barrizales con la
-lluvia de la tormenta, se atascaron muchos cañones, de los que en todo
-se perdieron hasta unos quince. Fueron cogidos prisioneros el general
-Odonojú y el coronel Menchaca, siendo bastantes los muertos.
-
-[Sidenote: Retírase Blake a Botorrita.]
-
-Retiráronse después los españoles sin particular molestia, uniéndose
-en Botorrita a la división de Aréizaga, que lastimosamente no tomó
-parte en la acción. Ignoramos las razones que asistieron a Don Joaquín
-Blake para tenerla alejada del campo de batalla. Si fue con intento
-de buscar en ella refugio en caso de derrota, lo mismo le hubiera
-encontrado teniéndola más cerca y a su vista, con la diferencia de que,
-empleados oportunamente sus soldados al desconcertarse la derecha, muy
-otro hubiera sido el éxito de la refriega, bien disputada por nuestra
-parte, recientes todavía los laureles de Alcañiz, y desasosegados
-los franceses con la terrible imagen de Zaragoza, que a la espalda
-aguardaba silenciosa su libertad.
-
-El general Suchet volvió por la noche a aquella ciudad, mandando
-al general Laval que de Torrero caminase a amenazar la retaguardia
-de los españoles. Permaneció Don Joaquín Blake el 16 en Botorrita,
-resuelto a aguardar a los franceses: pudiera haberle costado cara
-semejante determinación si el general Laval, descarriado por sus guías,
-no se hubiese retardado en su marcha. Admirose Suchet al saber que
-Blake aunque derrotado se mantenía en Botorrita, de cuyo punto no se
-hubiera tan pronto movido si el amo de la casa donde almorzó Laval
-no le hubiese avisado de la marcha de este. Así el patriotismo de un
-individuo preservó quizás al ejército español de un nuevo contratiempo.
-
-[Sidenote: Retírase de Botorrita.]
-
-Advertido Blake abrevió su retirada, sin que por eso hubiese antes
-habido ningún empeñado choque. Siguiole Suchet el 17 hasta la Puebla
-de Albortón, y el 18 ambos ejércitos se encontraron en Belchite. No
-era el de Blake más numeroso que en María, pues si bien por una parte
-se le unió la división de Aréizaga y un batallón del regimiento de
-Granada procedente de Lérida, por otra habíase perdido en la acción
-mucha gente entre muertos y extraviados, y separádose el cuerpo franco
-de Don Ramón Gayán. Además la disposición de los ánimos era diversa,
-decaídos con la desgracia. Lo contrario sucedía a los franceses, que
-recobrado su antiguo aliento y contando casi las mismas fuerzas, podían
-confiadamente ponerse al riesgo de nuevos combates.
-
-[Sidenote: Batalla de Belchite.]
-
-Está Belchite situado en la pendiente de unas alturas que le circuyen
-de todos lados excepto por el frente y camino de Zaragoza, en donde
-yacen olivares y hermosas vegas que riegan las aguas de la Cuba o
-pantano de Almonacid. Don Joaquín Blake puso su derecha en el Calvario,
-colina en que se respalda Belchite: su centro en Santa Bárbara, punto
-situado en el mismo pueblo, habiendo prolongado su izquierda hasta
-la ermita de nuestra señora del Pueyo. En algunas partes formaba el
-ejército tres líneas. Guarneciéronse los olivares con tiradores, y se
-apostó la caballería camino de Zaragoza. Aparecieron los franceses
-por las alturas de la Puebla de Albortón, atacando principalmente
-nuestra izquierda la división del general Musnier. Amagó de lejos la
-derecha el general Habert, y tropas ligeras entretuvieron el centro
-con varias escaramuzas. A él se acogieron luego nuestros soldados de
-la izquierda, agrupándose alrededor de Belchite y Santa Bárbara, lo
-que no dejó ya de causar cierta confusión. Sin embargo nuestros fuegos
-respondieron bien al principio a los de los contrarios, y por todas
-partes se manifestaban al menos deseos de pelear honradamente. Mas
-a poco incendiándose dos o tres granadas españolas, y cayendo una
-del enemigo en medio de un regimiento, espantáronse unos, cundió el
-miedo a otros, y terror pánico se extendió a todas las filas, siendo
-arrastrados en el remolino mal de su grado aun los más valerosos. Solos
-quedaron en medio de la posición los generales Blake, Lazán y Roca, con
-algunos oficiales; los demás casi todos huyeron o fueron atropellados.
-Sentimos, por ignorarlo, no estampar aquí para eterno baldón el nombre
-de los causadores de tamaña afrenta. Como la dispersión ocurrió
-al comenzarse la refriega, pocos fueron los muertos y pocos los
-prisioneros, ayudando a los cobardes el conocimiento del terreno.
-Perdiéronse nueve o diez cañones que quedaban después de la batalla
-de María, y perdiose sobre todo el fruto de muchos meses de trabajos,
-afanes y preparativos. Aunque es cierto que no fue Don Joaquín Blake
-quien dio inmediata ocasión a la derrota, censurose con razón en aquel
-general la extremada confianza de aventurar una segunda acción tres
-días después de la pérdida de la de María, debiendo temer que tropas
-nuevas como las suyas no podían haber olvidado tan pronto tan reciente
-y grave desgracia.
-
-[Sidenote: Resultas desastradas de la batalla.]
-
-Los franceses avanzaron el mismo 18 a Alcañiz. Los españoles se
-retiraron en más o menos desorden a puntos diversos: la división
-aragonesa de Lazán a Tortosa de donde había salido, la de Valencia
-a Morella y San Mateo: acompañaron a ambas varios de los nuevos
-refuerzos, algunos tiraron a otros lados. También repartiendo en
-columnas su ejército el general francés, dirigió una la vuelta de
-Tortosa, otra del lado de Morella, y apostó al general Musnier en
-Alcañiz y orillas del Guadalope. En cuanto a él, después de pasar en
-persona el Ebro por Caspe, de reconocer a Mequinenza y de recuperar a
-Monzón, volvió a Zaragoza, habiendo dejado de observación en la línea
-del Cinca al general Habert.
-
-Ganada la batalla de Belchite, si tal nombre merece, y despejada la
-tierra, figurose Suchet que sería árbitro de entregarse descansadamente
-al cuidado interior de su provincia. En breve se desengañó, porque
-animados los naturales al recibo de las noticias de otras partes, y
-engrosándose las guerrillas y cuerpos francos con los dispersos del
-ejército vencido, apareció la insurrección, como veremos después, más
-formidable que antes, encarnizándose la guerra de un modo desusado.
-
-[Sidenote: Pasa Blake a Cataluña.]
-
-Desde Tortosa volvió el general Blake la vista al norte de Cataluña,
-y en especial la fijó en Gerona, de cuyo sitio y anexas operaciones
-suspenderemos hablar hasta el libro próximo, por no dividir en trozos
-hecho tan memorable. En lo demás de aquel principado continuaron tropas
-destacadas, somatenes y partidas incomodando al enemigo, pero de sus
-esfuerzos no se recogió abundante fruto faltando en aquellas lides el
-debido orden y concierto.
-
-[Sidenote: Conspiración de Barcelona.]
-
-Tampoco cesaban las correspondencias y tratos con Barcelona, y fue
-notable y de tristes resultas lo que ocurrió en mayo. Tramábase
-ganar la plaza por sorpresa. El general interino del principado,
-marqués de Coupigny, se entendía con varios habitantes, debiendo
-una división suya entrar el 16 a hurtadillas y por la noche en la
-ciudad, al mismo tiempo que del lado de la marina divirtiesen fuerzas
-navales a los franceses. Mas, avisados estos, frustraron la tentativa,
-[Sidenote: Suplicio de algunos patriotas.] arrestando a varios de los
-conspiradores que el 3 de junio pagaron públicamente su arrojo con la
-vida. Entre ellos, reportado y con firmeza, respondió al interrogatorio
-que precedió al suplicio el doctor Pou de la universidad de Cervera:
-no menos atrevido se mostró un mozo del comercio llamado Juan Massana,
-quien ofendido de la palabra traidor con que le apellidó el general
-francés, replicole «el traidor es V. E. que con capa de amistad se ha
-apoderado de nuestras fortalezas.» Recompensó el patíbulo tamaño brío.
-
-Había alterado al gobierno de José la excursión de Blake en Aragón, a
-punto de pedir a Saint-Cyr que de Cataluña cayese sobre la retaguardia
-del general español. Graves razones le asistían para tal cuidado,
-[Sidenote: Sucesos del mediodía de España.] pues además de las
-inmediatas resultas de la campaña, temía el influjo que podía esta
-ejercer en el mediodía de España, donde el estado de cosas cada día
-presagiaba extensas e importantes operaciones militares. Por lo cual
-será bien que volviendo atrás relatemos lo que por allí pasaba.
-
-[Sidenote: Mariscal Victor.]
-
-Después de la batalla de Medellín había sentado el mariscal Victor sus
-reales en Mérida, ciudad célebre por los restos de antigüedades que aún
-conserva, y desde la cual situada en feraz terreno se podía fácilmente
-observar la plaza de Badajoz, y tener en respeto las reliquias del
-ejército de Don Gregorio de la Cuesta. Para mayor seguridad de sus
-cuarteles fortificó el mariscal francés la casa del _Conventual_,
-residencia hoy de un provisor de la orden de Santiago, y antes parte de
-una fortaleza edificada por los romanos, divisándose todavía del lado
-de Guadiana, en el lugar llamado el Mirador, un murallón de fábrica
-portentosa. En lo interior establecieron los franceses un hospital y
-almacenaron muchos bastimentos.
-
-[Sidenote: Patriotismo de Extremadura.]
-
-De Mérida destacaron los enemigos a Badajoz algunas tropas e intimaron
-la rendición a la plaza, confiados en el terror que había infundido la
-jornada de Medellín y también en secretos tratos. Salió su esperanza
-vana, respondiendo a sus proposiciones la junta provincial a cañonazos.
-Era en esta parte tan unánime la opinión de Extremadura, que por
-entonces no consiguió el mariscal Victor que pueblo alguno prestase
-juramento ni reconociese el gobierno intruso. Solo en Mérida obtuvo
-de varios vecinos, casi a la fuerza, que firmasen una representación
-congratulatoria a José; mas el acto produjo tal escándalo en toda la
-provincia, que al decretar la junta contra los firmantes formación de
-causa, prefirieron estos comparecer en Badajoz y correr todo riesgo a
-mancillar su fama con la tacha de traidores. Su espontánea presentación
-los libertó de castigo. No era extraño que los naturales mirasen con
-malos ojos a los que seguían las banderas del extranjero, cuando este
-saqueaba y asolaba horrorosamente la desgraciada Extremadura.
-
-[Sidenote: Inacción de Victor.]
-
-Por lo demás Victor había permanecido inmoble después de lo de
-Medellín, no tanto porque temiese invadir la Andalucía cuanto por
-ser principal deseo del emperador la ocupación de Portugal. Ya
-dijimos fuera su plan, que al tiempo que Soult penetrase aquel reino
-vía de Galicia, otro tanto hiciesen Lapisse por Ciudad Rodrigo y
-Victor por Extremadura. La falta de comunicaciones impidió dar a lo
-mandado el debido cumplimiento, dificultándose estas a punto de que
-se interrumpieron aun entre los dos últimos generales. Ocasionoles
-tamaño embarazo Sir Roberto Wilson, quien, antes de pasar a Portugal en
-cooperación de Wellesley, había destacado dos batallones al puerto de
-Baños, y cortado así la correspondencia a los enemigos. Incomodados
-estos con tales obstáculos, estuviéronlo mucho más con la insurrección
-del paisanaje que cundió por toda la tierra de Ciudad Rodrigo,
-[Sidenote: Pasa Lapisse de tierra de Salamanca a Extremadura.] de
-manera que temiendo Lapisse no entrar en Portugal a tiempo, determinó
-pasar a Extremadura y obrar de acuerdo con Victor. Así lo verificó
-haciendo una marcha rápida sobre Alcántara por el puerto de Perales.
-
-[Sidenote: Entra en Alcántara.]
-
-Los vecinos de aquella villa trataron de defender la entrada
-apostándose en su magnífico puente, mas, vencidos, penetraron los
-franceses dentro, y en venganza todo lo pillaron y destruyeron, sin
-que respetasen ni aun los sepulcros. Diéronse no obstante los últimos
-priesa a evacuarla, continuando por la noche su camino, temerosos del
-coronel Grant y de Don Carlos de España que seguían su huella, y los
-cuales, entrando por la mañana en Alcántara, se hallaron con el espantoso
-espectáculo de casas incendiadas y de calles obstruidas de cadáveres.
-Se incorporó en seguida Lapisse con Victor en Mérida el 19 de abril.
-
-[Sidenote: Únense Lapisse y Victor.]
-
-Entonces prevaleciendo ante todo en la mente de los franceses la
-invasión de Portugal, mandó José al mariscal Victor que en unión con
-el general Lapisse marchase la vuelta de aquel reino. Parecía oportuno
-momento para cumplir a lo menos en parte el plan del emperador, pues
-a la propia sazón se enseñoreaba el mariscal Soult de la provincia de
-Entre Duero y Miño.
-
-[Sidenote: Marchan contra Portugal.]
-
-Encaminose pues Victor hacia Alcántara, poniendo al cuidado de Lapisse
-repasar el puente, ocupado a su llegada por el coronel inglés Mayne,
-quien en ausencia de Wilson al norte de Portugal, mandaba la legión
-lusitana. Quiso el inglés volar un arco del puente, y no habiéndolo
-conseguido se replegó el 14 de mayo a su antigua posición de Castelo
-Branco. Hasta allí, después de cruzar el Tajo, envió Lapisse sus
-descubiertas por querer el mariscal Victor ir más adelante. [Sidenote:
-Desisten de su intento.] Mas, aunque resuelto a ello, detuvieron a este
-temores del general Mackenzie, el cual, según apuntamos en el libro
-anterior, apostado en Abrantes al avanzar Wellesley a Oporto, salió al
-encuentro de los franceses para prevenir su marcha. El movimiento del
-inglés y voces vagas que empezaron a correr de la retirada de Soult de
-las orillas del Duero, decidieron a Victor no solo a desistir de su
-primer propósito, sino también a retroceder a Extremadura.
-
-[Sidenote: Muévese Cuesta.]
-
-Por su parte, Don Gregorio de la Cuesta, luego que supo la partida
-de aquel mariscal, moviose con su ejército, rehecho y engrosado, y
-puso los reales en la Fuente del Maestre, amagando sin estrecharle al
-Conventual de Mérida que guarnecían los franceses. Victor al volver de
-su correría se colocó en Torremocha, vigilando sus puestos avanzados
-los pasos de Tajo y Guadiana. Pero su inútil tentativa contra Portugal,
-el haber asomado ingleses a los lindes extremeños, y el reequipo y
-aumento del ejército de Cuesta, dieron aliento a la población de las
-riberas del Tajo, la cual, interceptando las comunicaciones, molestó
-continuadamente a los enemigos. [Sidenote: Partidarios de Extremadura
-y Toledo.] Mucho estimuló a la insurrección la junta de Extremadura,
-enviando para dirigirla a Don José Joaquín de Ayesterán y a Don
-Francisco Longedo, quienes de acuerdo con Don Miguel de Quero, que ya
-antes había empezado a guerrear en la Higuera de las Dueñas, provincia
-de Toledo, juntaron un cuerpo de 600 infantes y 100 caballos bajo
-el nombre de voluntarios y lanceros de Cruzada del valle de Tiétar.
-Recorriendo la tierra molestaron los convoyes enemigos, y fueron
-notables más adelante dos de sus combates, uno trabado el 29 de junio
-en el pueblo de Menga con las tropas del general Hugo, comandante de
-Ávila, otro el que sostuvieron el 1.º de julio en el puente de Tiétar,
-y de cuyas resultas cogieron a los franceses mucho ganado lanar y
-vacuno. Se agregó después esta gente a la vanguardia del ejército de
-Cuesta.
-
-Mientras tanto el mariscal Victor, viendo lo que crecía el ejército
-español, y temeroso de las fuerzas inglesas que se iban arrimando a
-Castelo Branco, repasó el Tajo situándose el 19 de junio en Plasencia.
-[Sidenote: Vuelan los franceses el puente de Alcántara.] Poco antes
-envió un destacamento para volar el famoso puente de Alcántara,
-admirable y portentosa obra del tiempo de Trajano, que nunca fuera
-tan maltratada como esta vez, habiéndose contentado los moros y los
-portugueses en antiguas guerras con cortar uno de sus arcos más
-pequeños.
-
-[Sidenote: Ejército de la Mancha.]
-
-Otras atenciones obligaron luego a Victor a mudar de estancia. En
-la Mancha y asperezas de Sierra Morena, después que Venegas tomó el
-mando de aquel ejército, se habían aumentado sus filas, ascendiendo
-el número de hombres a principios de junio a unos 19.000 infantes y
-3000 caballos. Para no permanecer ocioso y foguear su gente, resolvió
-Venegas salir en 14 del mismo mes de las estrechuras de la sierra y
-sus cercanías, y recorrer las llanuras de la Mancha. Alcanzaron sus
-partidas de guerrilla algunas ventajas, y el 28 de junio la división de
-vanguardia, regida por Don Luis Lacy, escarmentó con gloria al enemigo
-en el pueblo de Torralba.
-
-La repentina marcha de Venegas asustó en Madrid a José, ya inquieto,
-según hemos dicho, con la entrada de Blake en Aragón. [Sidenote: Va
-a su encuentro sin fruto José Bonaparte.] Así fue que, al paso que
-ordenó a Mortier que se aproximase por el lado de Castilla la Vieja a
-las sierras de Guadarrama, previno al mariscal Victor que poniéndose
-sobre Talavera le enviase una división de infantería y la caballería
-ligera. Agregada esta fuerza a sus guardias y reserva, se metió José
-desde Toledo en la Mancha, y uniéndose con el 4.º cuerpo del mando
-de Sebastiani, avanzó hasta Ciudad Real. Venegas, que por entonces no
-pensaba comprometer sus huestes, replegose a tiempo, y ordenadamente
-tornó a Santa Elena. Penetró el rey intruso hasta Almagro, y no osando
-arriscarse más adentro, se restituyó a Madrid devolviendo al mariscal
-Victor las tropas que de su cuerpo de ejército había entresacado.
-
-Tales fueron las marchas y correrías que precedieron en Extremadura
-y Mancha a la campaña llamada de Talavera, la cual siendo de la
-mayor importancia, exige que antes de entrar en la relación de sus
-complicados sucesos, contemos las fuerzas que para ella pusieron en
-juego las diversas partes beligerantes.
-
-[Sidenote: Campaña de Talavera.]
-
-De los ocho cuerpos en que Napoleón distribuyó su ejército al hacer en
-octubre de 1808 su segunda y terrible invasión, incorporose más tarde
-el de Junot con los otros, reduciéndose por consiguiente a siete el
-número de todos ellos. [Sidenote: Fuerzas que tomaron parte en ella.]
-Cinco fueron los que casi en su totalidad coadyuvaron a la campaña de
-Talavera. Tres, el 2.º, 5.º y 6.º, acantonados en julio en Valladolid,
-Salamanca y tierra de Astorga bajo el mando supremo del mariscal Soult,
-y el 1.º y 4.º, alojados por el mismo tiempo en la Mancha y orillas
-del Tajo hacia Extremadura. Concurrió también de Madrid la reserva y
-guardia de José, pudiéndose calcular que el conjunto de todas estas
-tropas rayaba en 100.000 hombres. De los españoles vinieron sobre
-aquellos puntos los ejércitos de Extremadura y Mancha, el 1.º de 36.000
-combatientes, el 2.º de unos 24.000. La fuerza de Wellesley, acampada
-en Abrantes después de su vuelta de Galicia, aunque engrosada con 5000
-hombres, no excedía de 22.000, menguada con los muertos y enfermos.
-Pasaban de 4000 portugueses y españoles los que regía el bizarro Sir
-Roberto Wilson: de los últimos, dos batallones habían sido destacados
-del ejército de Cuesta. Además, 15.000 de los primeros, que disciplinaba
-el general Beresford, desde el Águeda se trasladaron después hacia
-Castelo Branco. Por manera que el número de hombres llamado a lidiar o
-a cooperar en la campaña era, de parte de los franceses, según acabamos
-de decir, de unos 100.000, y de casi otro tanto de la de los aliados,
-con la diferencia de ser aquellos homogéneos y aguerridos, y estos de
-varia naturaleza y en su mayor parte noveles y poco ejercitados en las
-armas.
-
-El general Wellesley, aunque al desembarcar en Lisboa había conceptuado
-como más importante la destrucción del mariscal Victor, empezó sin
-embargo, conforme relatamos, por arrojar a Soult de Portugal para
-caer después más desembarazadamente sobre el primero. Así se lo
-había ofrecido al gobierno español al ir a Oporto, rogando que en el
-intermedio evitasen los generales españoles de Extremadura y Mancha
-todo serio reencuentro con los franceses. [Sidenote: Marcha Wellesley
-a Extremadura.] Cumpliose por ambas partes lo prometido; viose forzado
-Soult a evacuar a Portugal, y Wellesley, después de haber dado descanso
-y respiro a sus tropas en Abrantes, salió de allí el 27 de junio
-poniéndose en marcha hacia la frontera de Extremadura.
-
-[Sidenote: Planes diversos de los franceses.]
-
-Andaban los franceses divididos acerca del plan que convendría adoptar
-en aquellas circunstancias. José deseaba conservar lo conquistado, y
-sobre todo no abandonar a Madrid, pensando, quizá con razón, que la
-evacuación de la capital imprimiría en los ánimos errados sentimientos,
-en ocasión en que aún se mostraba viva la campaña de Austria. El
-mariscal Soult, ateniéndose a reglas de la más elevada estrategia,
-prescindía de la posesión de más o menos territorio, y opinaba que se
-obrase en dos grandes cuerpos o masas, cuyos centros se establecerían
-uno en Toro donde él estaba, y otro donde José residía.
-
-[Sidenote: Situación de Soult.]
-
-Después de la vuelta de Soult a Castilla nada de particular había
-ocurrido allí, esforzándose solamente dicho mariscal por arreglar
-y reconcentrar los tres cuerpos que el emperador había puesto a su
-cuidado. Encontró en ello estorbos, así en algunas providencias de
-José que había, según se dijo, llamado hacia Guadarrama a Mortier, y
-así en la mal dispuesta voluntad del mariscal Ney, quien picado de la
-preferencia dada por el emperador a su compañero, quería separarse, so
-pretexto de enfermedad, del mando del 6.º cuerpo. Embarazaban también
-escaseces de varios efectos, y sobre todo el carecer de artillería
-el 2.º cuerpo, abandonada a su salida de Portugal. Para remover tales
-obstáculos, pedir auxilios y predicar en favor de su plan, envió Soult
-a Madrid al general Foy, que en posta partió el 19 de julio. Tornó este
-el 24 del mismo, y aunque se remediaron las necesidades más urgentes,
-y se compusieron hasta cierto punto las desavenencias entre Ney y
-Soult, no se accedió al plan de campaña que el último proponía, atento
-solamente José a conjurar el nublado que le amenazaba del lado del
-Tajo.
-
-[Sidenote: Cuesta en las Casas del Puerto.]
-
-Manteníase en Extremadura tranquilo D. Gregorio de la Cuesta, en espera
-del movimiento del general Wellesley, no habiendo emprendido, aunque
-bien a su pesar, acción alguna de gravedad. Hubo solamente choques
-parciales, y honró a las armas españolas el que sostuvo en Aljucén
-Don José de Zayas, y otro que con no menor dicha trabó en Medellín
-el brigadier Ribas. Forzoso le era al anciano general reprimir su
-impaciencia, pues tal orden tenía de la junta central. Limitábase
-a avanzar siempre que los franceses retrocedían, y al situarse en
-Plasencia el mariscal Victor el 19 de junio, sentó Cuesta el 20 del
-mismo sus cuarteles en las Casas del Puerto, orilla izquierda del Tajo.
-Allí aguardó a que adelantasen los ingleses, enviando al comisionado
-de esta nación, coronel Bourke, a proponer a su general el plan que le
-parecía más oportuno para abrir la campaña.
-
-Sir Arturo Wellesley después de levantar el 27 de junio su campo de
-Abrantes, prosiguió su marcha y estableció el 8 de julio su cuartel
-general en Plasencia, [Sidenote: Avístase allí con él Wellesley.]
-pasando el 10 a avistarse con Cuesta en las Casas del Puerto.
-Conferenciaron entre sí largamente ambos generales, y propuestos varios
-planes, se adoptó al fin el siguiente como preferible y más acomodado.
-[Sidenote: Plan que adoptan.] Sir Roberto Wilson con la fuerza de su
-mando y dos batallones que Cuesta le proporcionaría, había de marchar
-el 16 por la Vera de Plasencia con dirección al Alberche, ocupando
-hasta Escalona los pueblos de la orilla derecha; el 18 cruzaría el
-ejército británico por la Bazagona el Tiétar, en que se había echado un
-puente provisional, y dirigiéndose por Majadas y Centenilla a Oropesa
-y al Casar, había de extender su izquierda hasta San Román y ponerse
-en contacto con la división de Wilson. El ejército español de Cuesta
-cruzando el 19 el Tajo por Almaraz y Puente del Arzobispo había de
-seguir el camino real de Talavera, y ocupar el frente del enemigo desde
-el Casar hasta el puente de tablas que hay sobre el Tajo en aquella
-ciudad, mas procurando en su marcha no embarazar la del ejército
-aliado. También se acordó que Venegas, cuyo cuartel general estaba
-entonces en Santa Cruz de Mudela, y que dependía hasta cierto punto de
-Cuesta, avanzase si la fuerza del general Sebastiani no era superior a
-la suya, y que pasando el Tajo por Fuentidueña se pusiese sobre Madrid,
-debiendo retroceder a la sierra por Tarancón y Torrejoncillo, en caso
-que acudiesen contra él tropas numerosas. Agradó este plan por lo
-respectivo al movimiento de Cuesta y de los ingleses: no pareció tan
-atinado en lo tocante a Venegas, cuyo ejército alejándose demasiado
-del centro de operaciones, ni podía fácilmente darse la mano con los
-aliados en cualquiera mudanza de plan que hubiese, ni era posible
-acudir con prontitud en su auxilio, si aceleradamente caían reforzados
-sobre él los enemigos.
-
-Acordes Cuesta y Wellesley volvió el último a Plasencia, e
-impensadamente escribió el 16 al ayudante general Don Tomás Odonojú
-diciéndole que si bien estaba pronto a ejecutar el plan convenido,
-desprovisto su ejército de muchos artículos y sobre todo de
-transportes, podrían quizá presentarse dificultades inesperadas, y
-después añadía con tono más acerbo, que en todo país en que se abre
-una campaña, debiendo los naturales proveer de medios de subsistencia,
-si en este caso no se proporcionaban, tendría España que pasarse sin
-la ayuda de los aliados. Tal fue la primera queja que de este género
-se suscitó. [Sidenote: Medidas que había tomado la central.] Había la
-junta central ofrecido suministrar cuantos auxilios estuviesen en su
-mano, y en efecto expidió órdenes premiosas a las juntas de Badajoz,
-Plasencia y Ciudad Rodrigo para hacer abundantes acopios de todos los
-artículos precisos a la subsistencia del ejército británico, escogiendo
-además a Don Juan Lozano de Torres, con los correspondientes comisarios
-de guerra, para que le saliesen a recibir a la frontera de España.
-Semejantes resoluciones pudieran haber bastado en tiempos ordinarios,
-ahora no, mayormente estando nombrado para ejecutarlas el Lozano de
-Torres, hombre antes embrollador que prudente y activo. Las escaseces
-fueron reales, mas agriándose las contestaciones, se trataron con
-injusticia unos y otros, dando ocasión, según después veremos, a enojos
-y desabrimientos.
-
-[Sidenote: Marcha adelante el ejército aliado.]
-
-Comenzó no obstante al tiempo convenido la marcha de los ejércitos
-aliados, haciendo solo en ella los españoles una corta variación
-por falta de agua en el camino de Talavera. El 21 de julio se
-alojaban ambos entre Oropesa y Velada: prosiguieron el 22 su camino
-encontrándose la vanguardia regida por Don José de Zayas con fuerza
-enemiga, capitaneada por el general Latour-Maubourg. Las escaramuzas
-duraron parte del día, portándose nuestros soldados bizarramente, y
-con eso, y aparecer los ingleses, cruzaron los enemigos el Alberche,
-estando en Cazalegas el cuartel general del mariscal Victor. Las
-divisiones de Villatte y Lapisse formaban sobre su derecha en altozanos
-que dominan la campaña, y la de Ruffin cubría sobre la izquierda
-tocando al Tajo el puente del Alberche, larguísimo y de tablas,
-amparado además su desembocadero con 14 piezas de artillería. Ascendían
-sus fuerzas a 25.000 hombres, y permanecieron en sus puestos los días
-22 y 23.
-
-[Sidenote: Propone Wellesley a Cuesta atacar.]
-
-Acercáronse allí por su lado los ejércitos aliados, y Sir Arturo
-Wellesley propuso a Don Gregorio de la Cuesta atacar a los enemigos sin
-tardanza el mismo 23, mas el general español pidió que se difiriese
-hasta la madrugada siguiente. [Sidenote: Rehúsalo el general español.]
-Fútiles fueron las razones que después alegó para tal dilación,
-contrastando el detenimiento de ahora con el prurito que tuvo siempre
-y renovó luego de combatir a todo trance. Aseguran algunos extranjeros
-que se negó por ser domingo, mas ni Cuesta pecaba de tan nimio, ni
-en España prevalecía semejante preocupación. Ha habido ingleses que
-han tachado a cierto oficial del estado mayor de Cuesta de la nota de
-entenderse con los enemigos. Ignoramos el fundamento de sus sospechas.
-Lo cierto es que los franceses, ya en situación apurada, decamparon
-en la noche del 23 al 24, y en lugar de seguir el camino de Madrid,
-tomaron por Torrijos el de Toledo. Falló así destruir al mariscal
-Victor a la sazón que sus fuerzas eran inferiores a las aliadas, y
-falló por la inoportuna prudencia de Cuesta, prenda nunca antes notada
-entre las de este general.
-
-[Sidenote: Incomódase Wellesley.]
-
-Incomodado por ello Wellesley, receloso de que continuasen escaseando
-las subsistencias, y pareciéndole quizá arriesgado internarse
-más antes de estar cierto de lo que pasaba en Castilla la Vieja,
-declaró formalmente que no daría un paso más allá del Alberche a
-no afianzársele la manutención de sus tropas. Cuesta que el 23 se
-remoloneaba para atacar, impelido ahora por aviesa mano, o renaciendo
-en su ambicioso ánimo el deseo de entrar antes que ninguno en Madrid,
-[Sidenote: Avanza solo Cuesta.] marchó solo y sin los ingleses, y
-llegó el 24 al Bravo y Cebolla, y adelantándose el 25 a Santa Olalla y
-Torrijos, hubo de costar cara su loca temeridad.
-
-[Sidenote: Reconcéntranse los franceses.]
-
-Los franceses no se retiraban sino para reconcentrarse y engrosar sus
-fuerzas. José después de dejar en Madrid una corta guarnición, había
-salido con su guardia y reserva, uniéndose a Victor el 25 por Vargas
-y orilla izquierda del Guadarrama. Otro tanto hizo Sebastiani, que
-observaba a Venegas en la Mancha cerca de Daimiel, cuando se le mandó
-acudir al Tajo. Con esta unión los franceses que poco antes tenían para
-oponerse a los aliados solo unos 25.000 hombres, contaban ahora sobre
-50.000 alojados a corta distancia de Cuesta, detrás del río Guadarrama.
-Venegas, sabedor de la marcha de Sebastiani, envió en pos de él y
-hacia Toledo una división al mando de Don Luis Lacy, aproximándose
-en persona a Aranjuez con lo restante de su ejército. [Sidenote:
-Avanza Wilson a Navalcarnero.] No por eso dividieron los franceses sus
-fuerzas, ni tampoco por otros movimientos de Sir Roberto Wilson, quien
-extendiéndose con sus tropas por Escalona y la villa del Prado, se
-había el 25 metido hasta Navalcarnero, distante cinco leguas de Madrid,
-cuyo suceso hubo de causar en la capital un levantamiento.
-
-Aunque juntos los cuerpos de Victor y Sebastiani con la reserva
-y guardia de José, no pensaban los franceses empeñarse en acción
-campal, aguardando a que el mariscal Soult, con los tres cuerpos que
-capitaneaba en Salamanca, viniese sobre la espalda de los aliados por
-las sierras que dividen aquellas provincias de la de Extremadura.
-Plan sabio, de que había sido portador desde Madrid el general Foy,
-y cuyas resultas hubieran podido ser funestísimas para el ejército
-combinado. La impaciencia de los franceses malogró en el campo lo que
-prudentemente se había determinado en el consejo.
-
-[Sidenote: Peligro que corre el ejército de Cuesta.]
-
-Viendo el 26 de julio la indiscreta marcha de Cuesta, quisieron
-escarmentarle. Así arrollaron aquel día sus puestos avanzados, y aun
-acometieron a la vanguardia. El comandante de esta, Don José de Zayas,
-avanzó a las llanuras que se extienden delante de Torrijos, en donde
-lidió largo rato, tratando solo de retirarse al noticiarle que mayor
-número de gente venía a su encuentro. Comenzó entonces ordenadamente su
-movimiento retrógado, pero arredrados los infantes con ver que no podía
-maniobrar el regimiento de caballería de Villaviciosa metido entre
-unos vallados, retrocedieron en desorden a Alcabón, a donde corrió
-en su amparo el duque de Alburquerque, asistido de una división de
-3000 caballos. Diose con esto tiempo a que la vanguardia se recogiese
-al grueso del ejército, que teniendo a su cabeza al general Cuesta
-caminaba no con el mejor concierto a abrigarse del ejército inglés.
-La vanguardia de este ocupaba a Cazalegas, y su comandante, el general
-Sherbrooke, hizo ademán de resistir a los enemigos que se detuvieron en
-su marcha. Parecía que con tal lección se ablandaría la tenacidad del
-general Cuesta, mas desentendiéndose de las justas reflexiones de Sir
-Arturo Wellesley, a duras penas consintió repasar el Alberche.
-
-Anunciaba la unión y marcha de los enemigos la proximidad de una
-batalla, y se preparó a recibirla el general inglés. En consecuencia
-mandó a Wilson que de Navalcarnero volviese a Escalona, y no dejó tropa
-alguna a la izquierda del Alberche, resuelto a ocupar una posición
-ventajosa en la margen opuesta.
-
-[Sidenote: Batalla de Talavera, 27 y 28 de julio.]
-
-Escogió como tal el terreno que se dilata desde Talavera de la Reina
-hasta más allá del cerro de Medellín, y que abraza en su extensión
-unos tres cuartos de legua. Alojábase a la derecha y tocando al Tajo
-el ejército español: ocupaba el inglés la izquierda y centro. Era como
-sigue la fuerza y distribución de entrambos. Componíase el de los
-españoles de cinco divisiones de infantería y dos de caballería, sin
-contar la reserva y vanguardia. Mandaban las últimas Don Juan Berthuy
-y Don José de Zayas. De las divisiones de caballería, guiaba la primera
-Don Juan de Henestrosa, la segunda el duque de Alburquerque. Regían las
-de infantería según el orden de su numeración el marqués de Zayas, Don
-Vicente Iglesias, el marqués de Portago, Don Rafael Manglano y Don Luis
-Alejandro Bassecourt. El total de tropas españolas, deducidas pérdidas,
-destacamentos y extravíos, no llegaba a 34.000 hombres, de ellos cerca
-de 6000 de caballería. Contaban allí los ingleses más de 16.000
-infantes y 3000 jinetes repartidos en cuatro divisiones a las órdenes
-de los generales Sherbrooke, Hill, Mackenzie y Campbell.
-
-La derecha que formaban los españoles se extendía delante de Talavera
-y detrás de un vallado que hay a la salida. Colocose en frente de la
-suntuosa ermita de Nuestra Señora del Prado una fuerte batería, con
-cuyos fuegos se enfilaba el camino real que conduce al puente del
-Alberche. Por el siniestro costado de los españoles, y en un intermedio
-que había entre ellos y los ingleses, empezose a construir en un
-altozano un reducto que no se acabó; viniendo después e inmediatamente
-la división de Campbell, a la que seguía la de Sherbrooke, cubriendo
-con la suya la izquierda el general Hill. Permaneció apostada cerca del
-Alberche la división del general Mackenzie con orden de colocarse en
-2.ª línea y detrás de Sherbrooke al trabarse la refriega. Era la llave
-de la posición el cerro en donde se alojaba Hill, llamado de Medellín,
-cuya falda baña por delante y defiende con hondo cauce el arroyo
-Portiña, separándole una cañada por el siniestro lado de los peñascales
-de la Atalaya e hijuelas de la sierra de Segurilla.
-
-Al amanecer del 27 de julio, poniendo José desde Santa Olalla sus
-columnas en movimiento, llegaron aquellas a la una del día a las
-alturas de Salinas, izquierda del Alberche. Sus jefes no podían
-ni aun de allí descubrir distintamente las maniobras del ejército
-combinado, plantado el terreno de olivos y moreras. Mas, escuchando José
-al mariscal Victor que conocía aquel país, tomó en su consecuencia
-las convenientes disposiciones. Dirigió el 4.º cuerpo, del mando de
-Sebastiani, contra la derecha que guardaban los españoles, y el 1.º, del
-cargo de Victor, contra la izquierda, al mismo tiempo que amenazaba
-el centro la caballería. Cruzado el Alberche, siguió el 4.º cuerpo
-con la reserva y guardia de José, que le sostenía, el camino real de
-Talavera, y el 1.º, que vino por el vado, cayó tan de repente sobre la
-torre llamada de Salinas, en donde estaba apostado el general Mackenzie,
-que causó algún desorden en su división, y estuvo para ser cogido
-prisionero Sir Arturo Wellesley, que observaba desde aquel punto los
-movimientos del enemigo. Pudieron al fin todos, aunque con trabajo,
-recogerse al cuerpo principal del ejército aliado.
-
-Iba pues a empeñarse una batalla general. Los franceses, avanzando,
-empezaron antes de anochecer su ataque con un fuerte cañoneo y una
-carga de caballería sobre la derecha, que defendían los españoles, de
-los que ciaron los cuerpos de Trujillo y Badajoz de línea y Leales de
-Fernando VII, y aún hubo fugitivos que esparcieron la consternación
-hasta Oropesa, yendo envueltos con ellos y no menos aterrados algunos
-ingleses. No fue sin embargo más allá el desorden, contenido el enemigo
-por el fuego acertado de la artillería y de los otros cuerpos, y
-también por ser su principal objeto caer sobre la izquierda en que se
-alojaba el general Hill.
-
-Dirigieron contra ella las divisiones de los generales Ruffin y
-Villatte, y encaramáronse al cerro, a pesar de ser la subida áspera y
-empinada, con la dificultad también de tener que cruzar el cauce del
-Portiña. Atropellándolo todo con su impetuosidad, tocaron a la cima
-de donde precipitadamente descendieron los ingleses por la ladera
-opuesta. El general Hill, aunque herido su caballo y a riesgo de
-caer prisionero, volvió a la carga y con la mayor bizarría recuperó
-la altura. Ya bien entrada la noche insistieron los franceses en su
-ataque, extendiéndole por la izquierda de ellos el general Lapisse
-contra otra de las divisiones inglesas. Viva fue la refriega y
-larga, sin fruto para los enemigos. Pasadas las doce de la misma
-noche, un arma falsa, esparcida entre los españoles, dio ocasión a
-un fuego graneado que duró algún tiempo, y causó cierto desorden que
-afortunadamente no cundió a toda la línea.
-
-Al amanecer del 28 renovaron los franceses sus tentativas, acometiendo
-el general Ruffin el cerro de Medellín por su frente y la cañada de
-la izquierda; sostúvole en su empresa el general Villatte. La pelea
-fue porfiada, repetidos los ataques, ya en masa, ya en pelotones, la
-pérdida grande de ambas partes. Herido el general Hill, dudoso el éxito
-en ocasiones, hasta que los franceses, tornando a sus primeros puestos,
-abrigados de formidable artillería, suspendieron el combate.
-
-Falto el ejército británico de cañones de grueso calibre, pidió el
-general Wellesley algunos de esta clase a Don Gregorio de la Cuesta,
-los cuales se colocaron, al mando del capitán Uclés, en el reducto
-empezado a construir en el altozano, interpuesto entre españoles e
-ingleses. Viendo también el general Wellesley el empeño que ponía el
-enemigo en apoderarse del cerro de Medellín, sintió no haber antes
-prolongado su izquierda y guarnecídola del lado de la cañada; por lo
-que, para corregir su olvido, colocó allí parte de su caballería, que
-sostuvo la de Alburquerque, y alcanzó de Cuesta el que destacase la
-5.ª división, del mando de Bassecourt, cuyo jefe se situó cubriendo la
-cañada en la falda y peñascales de la Atalaya.
-
-En aquel momento dudó José de si convenía retirarse o continuar el
-combate. Victor estaba por lo último, el mariscal Jourdan por lo
-primero. Vacilante José algún tiempo, decidiose por la continuación,
-habiendo recorrido antes la línea en todo su largo.
-
-En el intermedio hubo un respiro que duró desde las nueve hasta
-las doce de la mañana, bajando sin ofenderse los soldados de ambos
-ejércitos a apagar en el arroyo de Portiña la sed ardiente que les
-causaba lo muy bochornoso del día.
-
-Por fin los franceses volvieron a proseguir la acción. Vigilaba sus
-movimientos Sir Arturo Wellesley desde el cerro de Medellín. Acometió
-primero el general Sebastiani el centro, por la parte en que se unían
-los ingleses y los españoles. Aquí se hallaban de parte de los últimos
-las divisiones 3.ª y 4.ª, al cuidado ambas de Don Francisco de Eguía,
-formando dos líneas, la primera más avanzada que la inmediata de
-los ingleses. El francés quiso sobre todo apoderarse de la batería
-del reducto; mas, al poner el pie en ella, recibieron sus soldados una
-descarga a metralla de los cañones puestos allí poco antes al mando
-del capitán Uclés, y cayendo los ingleses en seguida sobre sus filas,
-experimentaron estas horrorosa carnicería. Replegados en confusión los
-franceses a su línea, rechazaron a sus contrarios cuando avanzaron.
-Reiteráronse tales tentativas, hasta que en la última, intentando
-los enemigos meterse entre los ingleses y los españoles, se vieron
-flanqueados por la primera línea de estos, más avanzada, y acribillados
-por una batería que mandaba Don Santiago Piñeiro, militar aventajado.
-Repelidos así, y al tiempo que ya flaqueaban, dio sobre ellos asombrosa
-carga el regimiento español de caballería del Rey, guiado por su coronel
-Don José María de Lastres, a quien, herido, sustituyó en el acto con
-no menor brío su teniente Don Rafael Valparda. Todo lo atropellaron
-nuestros jinetes, dando lugar a que se cogieran diez cañones, de los
-que cuatro trajo al campo español el mencionado Piñeiro.
-
-A la misma sazón, en la izquierda del ejército aliado, trató la
-división del general Ruffin de rodear por la cañada el cerro de
-Medellín, amenazando parte de la de Villatte subir a la cima. Colocada
-la caballería inglesa en dicha cañada, aunque padeció mucho, en
-especial un regimiento de dragones, logró desconcertar a Ruffin,
-sosteniendo sus esfuerzos la división de Bassecourt y la caballería
-de Alburquerque. También sirvió de mucho la oportunidad con que
-el distinguido oficial Don Miguel de Álava, ayudante del último,
-condescendiendo con los deseos del general inglés Fane, y sin aguardar,
-por la premura, el permiso de su jefe, dispuso que obrasen dos cañones
-al mando del capitán Entrena, que hicieron en el enemigo grande
-estrago. Así se ve como en ambas alas andaba la refriega favorable a
-los aliados.
-
-Hubo de comprometerse su éxito durante cierto espacio en el centro.
-Acometió allí al general Sherbrooke el francés Lapisse, el cual,
-si bien al principio fue rechazado gallardamente, prosiguiendo los
-guardias ingleses con sobrado ardor el triunfo, repeliéronlos a su
-vez los franceses, introduciendo confusión en su línea, momento
-apurado, pues roto el centro, hubieran los aliados perdido la batalla.
-Felizmente, al ver Wellesley lo que se empeñaban los guardias, con
-previsión ordenó desde el cerro donde estaba bajar al regimiento número
-48, mandado por el coronel Donnellan, cuyo cuerpo se portó con tal
-denuedo que, conteniendo a los franceses, dio lugar a que los suyos
-volviesen en sí y se rehiciesen. Sucedido lo cual, avanzando de la 2.ª
-línea la caballería ligera, a las órdenes de Cotton, y maniobrando
-por los flancos la artillería, entre la que también lució con sus
-cañones el capitán Entrena, ciaron desordenados los franceses, cayendo
-mortalmente herido el general Lapisse. Ya entonces se mostraron por
-toda la línea victoriosos los aliados. Recogiéronse los franceses a su
-antigua posición, cubriendo el movimiento los fuegos de su artillería.
-El calor y lo seco de la tierra, con el tráfago y pisar de aquel
-día, produjeron poco después en la yerba y matorrales un fuego que,
-recorriendo por muchas partes el campo, quemó a muertos y a postrados
-heridos. Perdieron los ingleses en todo 6268 hombres, los franceses
-7389, con 17 cañones; murieron de cada parte dos generales. Ascendió
-la pérdida de los españoles a 1200 hombres, quedando herido el general
-Manglano.
-
-De este modo pasó la batalla de Talavera de la Reina, que, empezada el
-27 de julio, no concluyó hasta el siguiente día, y la cual tuvo, por
-decirlo así, tres pausas o jornadas. En la última del 28 se comportaron
-los españoles con valor e intrepidez. [Sidenote: Severidad de Cuesta.]
-A los cuerpos que el 27 flaquearon, nada menos intentó Cuesta que
-diezmarlos, como si su falta no proviniese más bien de anterior
-indisciplina que de cobardía villana. Intercedió el general inglés
-y amansó el feroz pecho del español, mas desgraciadamente cuando ya
-habían sido arcabuceados 50 hombres.
-
-[Sidenote: Recompensas que da la junta central y el gobierno inglés.]
-
-Nombró la junta central a Sir Arturo Wellesley capitán general de
-ejército, y elevole su gobierno a par de Inglaterra bajo el título de
-Lord vizconde Wellington de Talavera, con el cual le distinguiremos
-en adelante. Dispensó también la central otras gracias a los jefes
-españoles, condecorando a Don Gregorio de la Cuesta con la gran cruz de
-Carlos III.
-
-[Sidenote: Retíranse los franceses a diversos puntos.]
-
-El 29 de julio repasaron los franceses el Alberche, apostándose en
-las alturas de Salinas. Marchó en seguida José con el cuarto cuerpo
-y la reserva a Santa Olalla, y se colocó el 31 en Illescas, habiendo
-antes destacado una división vuelta de Toledo, a cuya ciudad amenazaba
-gente de Venegas. El mariscal Victor, recelándose de los movimientos
-por su flanco de Sir Roberto Wilson, cuya fuerza creía superior, se
-retiró también el 1.º de agosto hacia Maqueda y Santa Cruz del Retamar,
-creciendo el desacuerdo entre él y el mariscal Jourdan, como acontece
-en la desgracia.
-
-[Sidenote: No sigue Wellington el alcance.]
-
-Lord Wellington y los españoles se mantuvieron en Talavera, adonde
-llegó el 29 con 3000 hombres de refresco el general Craufurd, que
-al ruido de la batalla se apresuró a incorporarse a tiempo, aunque
-inútilmente, al grueso del ejército. No quiso Wellington a pesar del
-refuerzo seguir el alcance, ya porque considerase a los franceses
-más bien repelidos que deshechos, o ya porque no se fiase en la
-disciplina y organización del ejército español, tolerable en posición
-abrigada, pero muy imperfecta para marchas y grandes evoluciones.
-[Sidenote: Motivos de ello.] Otras causas pudieron también influir
-en su determinación: tal fue el anuncio del armisticio de Znaim, que
-se publicó en _Gaceta extraordinaria de Madrid_ de 27 de julio; tal
-asimismo la marcha progresiva de Soult, de que se iban teniendo avisos
-más ciertos. Sin embargo, no fundó el general inglés su resolución en
-ninguna de tan poderosas e insinuadas razones, fuese que no quisiera
-ofender a los caudillos españoles, o que temiera sobresaltar los ánimos
-con malas nuevas. Disculpose solamente para no avanzar con la falta
-de víveres, pareciendo a algunos que si realmente tal escasez afligía
-al ejército, no era oportuno modo de remediarla permanecer en el
-lugar en donde más se sentía, cuando yendo adelante se encontrarían
-países menos devastados, y ciudades y pueblos que ansiosamente y con
-entusiasmo aguardaban a sus libertadores.
-
-[Sidenote: Llega Soult a Extremadura.]
-
-Por tanto, creyose en general que, si bien no abundaban las vituallas, la
-detención del ejército inglés pendía principalmente de los movimientos
-del mariscal Soult, quien, según aviso recibido en 30 de julio, intentaba
-atravesar el puerto de Baños, defendido por el marqués del Reino con
-cuatro batallones, dos destacados anteriormente del ejército de Cuesta
-y dos de Béjar. A la primera noticia pidió Lord Wellington que tropa
-española fuese a reforzar el punto amenazado, y dificultosamente
-recabó de Don Gregorio de la Cuesta que destacase para aquel objeto
-en 2 de agosto la quinta división del mando de Don Luis Bassecourt:
-poca fuerza y tardía, pues no pudiendo el marqués del Reino resistir a
-la superioridad del enemigo se replegó sobre el Tiétar, entrando los
-franceses en Plasencia el 1.º de agosto.
-
-[Sidenote: Va Wellington a su encuentro.]
-
-Cerciorados los generales aliados de tan triste acontecimiento,
-convinieron en que el ejército británico iría al encuentro de los
-enemigos, y que los españoles permanecerían en Talavera para hacer
-rostro al mariscal Victor, en caso de que volviese a avanzar por aquel
-lado. Las fuerzas que traían los franceses constaban del quinto,
-segundo y sexto cuerpo, ascendiendo en su totalidad a unos 50.000
-hombres. Precedía a los demás el quinto, a las órdenes del mariscal
-Mortier, seguíale el segundo, a las inmediatas de Soult, que además
-mandaba a todos en jefe, y cerraba la marcha el sexto capitaneado por
-el mariscal Ney. Fue de consiguiente Mortier quien arrojó de Baños
-al marqués del Reino, extendiéndose ya hacia la venta de la Bazagona
-por una parte y por otra hacia Coria, cuando el 3 de agosto pisó Soult
-las calles de Plasencia, y cuando Ney cruzaba en el mismo día los
-lindes extremeños. Tal y tan repentina avenida de gente asoló aquella
-tierra frondosísima en muchas partes, no escasa de cierta industria, y
-en donde aún quedan rastros y mijeros de una gran calzada romana. El
-general Beresford, que antes estaba situado con unos 15.000 portugueses
-detrás del Águeda, siguió al ejército francés en una línea paralela, y
-atravesando el puerto de Perales llegó a Salvatierra el 17 de agosto,
-desde cuyo punto trató de cubrir el camino de Abrantes.
-
-[Sidenote: Tropas que se agolpan al valle del Tajo.]
-
-Íbanse de esta manera acumulando en el valle o prolongada cuenca que
-forma el Tajo desde Aranjuez hasta los confines de Portugal muchedumbre
-de soldados, cuyo número, inclusos los ejércitos de Venegas y
-Beresford, rayaba en el de 200.000 hombres de muchas y varias naciones.
-Siendo difícil su mantenimiento en tan limitado terreno, y corto el
-tiempo que se requería para reunir las masas, era de conjeturar que
-unos y otros estaban próximos a empeñar decisivos trances. Pero en
-aquella ocasión, como en tantas otras, no aconteció lo que parecía más
-probable.
-
-Lord Wellington, informado de que el mariscal Soult se interponía entre
-su ejército y el puente de Almaraz, resolvió pasar por el del Arzobispo
-y establecer su línea de defensa detrás del Tajo. [Sidenote: Cuesta se
-retira de Talavera.] Por su parte Don Gregorio de la Cuesta, temeroso
-también de aguardar solo en Talavera a José y Victor, que de nuevo se
-unían, abandonó la villa y se juntó en Oropesa con la quinta división
-y el ejército británico. Desazonó a Wellington la determinación del
-general español por parecerle precipitada, y sobre todo por no haber
-puesto el correspondiente cuidado en salvar los heridos ingleses que
-había en Talavera. Desatendió por tanto y con justicia los clamores
-de Don Gregorio de la Cuesta, que insistía en que se conservase la
-posición de Oropesa como propia para una batalla. Cruzó pues Wellington
-el puente del Arzobispo, y estableció su cuartel general en Deleitosa
-el 7 de agosto, poniendo en Mesas de Ibor su retaguardia. Envió también
-por la orilla izquierda de Tajo al general Craufurd con una brigada y
-seis piezas, el cual llegó felizmente a tiempo de cubrir el paso de
-Almaraz y los vados.
-
-[Sidenote: El ejército aliado se pone en la orilla izquierda del Tajo.]
-
-Forzado, bien a su pesar, el general Cuesta a seguir al ejército inglés,
-pasó el 5 el puente del Arzobispo, hacia donde con presteza se
-agolpaban los enemigos. Prosiguió su marcha por la Peraleda de Garvín
-a Mesas de Ibor, dejando en guarda del puente a la quinta división del
-cargo de Don Luis Bassecourt, y por la derecha en Azután, para atender a
-los vados, al duque de Alburquerque con 3000 caballos. Mas apenas había
-llegado Cuesta a la Peraleda, cuando ya eran dueños los enemigos del
-puente del Arzobispo.
-
-Acercándose allí de todas partes el quinto cuerpo, se había colocado su
-jefe Mortier en la Puebla de Naciados. Estaba a la sazón en Navalmoral
-el mariscal Ney, y Soult desde el Gordo había destacado caballería
-camino de Talavera para ponerse en comunicación con Victor, de vuelta
-ya este el 6 en aquella villa. Así todas las tropas francesas podían
-ahora darse la mano y obrar de acuerdo.
-
-[Sidenote: Paso del Arzobispo por los franceses.]
-
-Reconcentráronse pues para forzar el paso del Arzobispo el quinto
-y segundo cuerpo, al tiempo que Victor por el puente de tablas de
-Talavera debía llamar la atención de los españoles, y aun acometerlos
-siguiendo la izquierda del Tajo. A las dos de la tarde del 8
-formalizaron los franceses su ataque contra el paso del Arzobispo;
-dirigíalo el mariscal Mortier. El calor del día y el descuido propio de
-ejércitos mal disciplinados hizo que no hubiese de nuestra parte gran
-vigilancia, por lo cual en tanto que los enemigos embestían el puente
-cruzaron descansadamente un vado 800 caballos suyos, guiados por el
-general Caulincourt, quedando unos 6000 al otro lado prontos a ejecutar
-lo mismo. Procuraron los españoles impedir el paso del Arzobispo
-abriendo un fuego muy vivo de artillería, ajenos de que Caulincourt,
-pasando el vado acometería, como lo hizo, por la espalda. Solo había en
-el puente 300 húsares del regimiento de Extremadura que contuvieron
-largo rato los ímpetus de los jinetes enemigos, a quienes hubiera
-costado caro su arrojo si Alburquerque hubiese llegado a tiempo. Pero
-los caballos de este, desensillados y sin bridas, tardaron en prepararse,
-acudiendo después atropelladamente, con cuya detención y falta de orden
-diose lugar a que vadease el río toda la caballería francesa, que
-ayudada de algunos infantes desconcertó a nuestra gente, de la cual
-parte tiró a Guadalupe y parte a Valdelacasa, perdiéndose cañones y
-equipajes.
-
-Afortunadamente, no prosiguieron los enemigos más adelante, dirigiendo
-sus fuerzas a otros puntos, por lo que los aliados pudieron mantenerse
-tranquilos; los ingleses sobre la izquierda hacia Almaraz con su
-cuartel general en Jaraicejo, los españoles sobre la derecha con el
-suyo en Deleitosa, atentos también a proteger la posición de Mesas de
-Ibor. [Sidenote: Deja Cuesta el mando. Sucédele Eguía.] Don Gregorio
-de la Cuesta, abrumado con los años, sinsabores e incomodidades de
-la campaña, hizo dimisión del mando el 12 de agosto, sucediéndole
-interinamente, y después en propiedad, Don Francisco de Eguía.
-
-[Sidenote: Nuevas disposiciones de los franceses.]
-
-Puestos los aliados a la orilla izquierda del Tajo, y temiendo José
-movimientos en Castilla la Vieja, cuyas guarniciones estaban faltas de
-gente, determinó, siguiendo el parecer de Ney, suspender las operaciones
-del lado de Extremadura. Así lo tenía igualmente insinuado Napoleón
-desde Schönbrunn con fecha de 29 de julio, desaprobando que se
-empeñasen acciones importantes hasta tanto que llegasen a España nuevos
-refuerzos que se disponía a enviar del norte. Conforme a la resolución
-de José, situose Soult en Plasencia, reemplazó en Talavera al cuerpo de
-Victor el de Mortier, y retrocedió con el suyo a Salamanca el mariscal
-Ney.
-
-[Sidenote: Encuéntranse Wilson y Ney en el puerto de Baños.]
-
-Caminaba el último tranquilamente a su destino sin pensar en enemigos,
-cuando de repente tropezó en el puerto de Baños con obstinada
-resistencia. Causábala Sir Roberto Wilson, quien, abandonado, y
-estando el 4 de agosto en Velada sin noticia del paradero de los
-aliados, repasó el Tiétar, y atravesando acelerada e intrépidamente
-las sierras que parten términos con las provincias de Ávila y
-Salamanca, fue a caer a Béjar por sitios solitarios y fragosos. Desde
-allí, queriendo incorporarse con los aliados, contramarchó hacia
-Plasencia por el puerto de Baños, a la propia sazón que el mariscal
-Ney revolvía sobre Salamanca. La fuerza de Wilson, de 4000 hombres, la
-componían portugueses y españoles. Dos batallones de estos, avanzados
-en Aldeanueva, defendieron a palmos el terreno hasta la altura del
-desfiladero, en donde se alojaban los portugueses. Sostúvose Wilson
-en aquel punto durante horas, y no cedió sino a la superioridad del
-número: según la relación de tan digno jefe, sus soldados se portaron
-con el mayor brío, y al retirarse, los hubo que respondiendo a
-fusilazos a la intimación del enemigo de rendirse, se abrieron paso
-valerosamente.
-
-[Sidenote: Extorsiones del ejército de Soult.]
-
-El cuerpo del mariscal Soult mientras permaneció en tierra de
-Plasencia, acostumbrado a vivir de rapiña, taló campos, quemó pueblos,
-y cometió todo género de excesos. Al obispo de Coria Don Juan Álvarez
-de Castro, anciano de ochenta y cinco años, [Sidenote: Muerte violenta
-del obispo de Coria.] postrado en una cama, sacáronle de ella
-violentamente merodeadores franceses, y sin piedad le arcabucearon.
-Parecida atrocidad cometieron con otros pacíficos y honrados ciudadanos.
-
-[Sidenote: Ejército de Venegas.]
-
-En tanto, José pensó en hacer frente al general Venegas, que por su
-parte había puesto en gran cuidado a la corte intrusa adelantándose al
-Tajo en 23 de julio, al tiempo que el general Sebastiani retrocedió
-a Toledo. Era el ejército de Don Francisco Venegas de los mejor
-acondicionados de España, y sobresalían sus jefes entre los más
-señalados. Estaba distribuido en cinco divisiones que regían: la
-primera Don Luis Lacy; la segunda Don Gaspar Vigodet; la tercera Don
-Pedro Agustín Girón; la cuarta Don Francisco González Castejón, y la
-quinta Don Tomás de Zeráin. Gobernaba la caballería el marqués de Gelo.
-Ya hablamos de su fuerza total.
-
-[Sidenote: Su marcha.]
-
-El 27 de julio dispuso el general Venegas que la primera división
-pasase a Mora, cayendo sobre Toledo, al paso que él se trasladaba a
-Tembleque con la cuarta y quinta, y avanzaban a Ocaña la segunda y
-tercera. Ejecutose la operación, yendo hasta Aranjuez en la mañana del
-29. Un destacamento de 400 hombres, mandados por el coronel Don Felipe
-Lacorte, se extendió a la cuesta de la Reina, en donde dispersó tropas
-del enemigo y les cogió varios prisioneros.
-
-En tal situación, parecía natural que Venegas se hubiera metido en
-Madrid, desguarnecido con la salida de José vía de Talavera. [Sidenote:
-Nómbrale la junta capitán general de Castilla la Nueva.] Aguijón
-era para ello el nombramiento que el mismo día 29 recibió de la
-central, encargándole interinamente el mando de Castilla la Nueva, con
-prevención de que residiese en Madrid. Pero siendo el verdadero motivo
-de concederle esta gracia el disminuir el influjo pernicioso de Cuesta,
-caso que nuestras tropas ocupasen la capital, se le advertía al mismo
-tiempo que no se empeñase muy adelante, pues los ingleses, con pretexto
-de falta de subsistencias, no pasarían del Alberche.
-
-Hubiera aún podido detener a Venegas para entrar en Madrid el parte
-que el 30 le dio Lacy desde Nuestra Señora de la Sisla, de que enemigos
-se agolpaban a Toledo, si en el mismo día no hubiese también recibido
-oficio de Cuesta anunciando la victoria de Talavera, coligiéndose de
-ahí que la gente divisada por Lacy venía más bien de retirada que con
-intento de atacarle. Sin embargo se limitó Venegas a reconcentrar su
-fuerza en Aranjuez, apostando en el puente largo la división de Lacy
-que había llamado de las cercanías de Toledo.
-
-[Sidenote: Su incertidumbre.]
-
-Permanecía así incierto, cuando el 3 de agosto le avisó Don Gregorio de
-la Cuesta cómo se retiraba de Talavera. Con esta noticia parecía que
-quien se había mostrado circunspecto en momentos favorables, seríalo
-ahora mucho más y con mayor fundamento. Pero no fue así, pues en vez
-de retirarse, tomó el 5 disposiciones para defender el paso del Tajo.
-Apostó en sus orillas las divisiones primera, segunda y tercera, al
-mando todas de Don Pedro Agustín Girón, que debían atender a los vados
-y a los puentes Verde, de Barcas y la Reina, quedándose detrás camino
-de Ocaña con las otras dos divisiones el mismo Venegas.
-
-[Sidenote: Defiende el paso del Tajo en Aranjuez.]
-
-Los franceses se presentaron en la ribera derecha a las dos de la tarde
-del mismo 5, y empezaron por atacar la izquierda española colocada
-en el jardín del infante Don Antonio, acometiendo después los tres
-puentes. A todas partes acudía el general Girón con admirable presteza,
-y en particular a la izquierda, apoyando sus esfuerzos los generales
-Lacy y Vigodet. No menos animosos se mostraban los otros jefes y
-soldados, y los hubo que apenas curados de sus heridas volvían a la
-pelea. Los franceses viendo la porfía de la defensa abandonaron al
-anochecer su intento. Perdimos 200 hombres; los enemigos 500, estando
-más expuestos a nuestros fuegos.
-
-Bastábale a Venegas la ventaja adquirida para que satisfecho se
-retirase con honra; mas creciendo su confianza permaneció en Ocaña,
-y se aventuró a una batalla campal. Los franceses frustrado su deseo
-de pasar el Tajo por Aranjuez, hicieron continuos movimientos con
-dirección a Toledo, lo cual excitó en Venegas la sospecha de que
-querían atravesar hacia allí el río, y cogerle por la espalda. Situó en
-consecuencia su ejército en escalones desde Aranjuez a Tembleque, en
-donde estableció su cuartel general, enviando la quinta división sobre
-Toledo. En efecto, los franceses pasaron en 9 de agosto el Tajo por
-esta ciudad y los vados de Añover, y el 10 juntó el general español sus
-fuerzas en Almonacid.
-
-[Sidenote: Batalla de Almonacid.]
-
-En la creencia de que los franceses solo eran 14.000, repugnábale a
-Don Francisco Venegas desamparar la Mancha, inclinándose a presentar
-batalla. Oyó, sin embargo, antes la opinión de los demás generales,
-la cual coincidiendo con la suya, se acordó entre ellos atacar a los
-franceses el 12, dando el 11 descanso a las tropas. Mas en este día
-previnieron los enemigos los deseos de los nuestros trabando la acción
-en la madrugada.
-
-Componíase la fuerza francesa del cuarto cuerpo, al mando de Sebastiani,
-y de la reserva, a las órdenes de Dessolles y de José en persona, cuyo
-total ascendía a 26.000 infantes y 4000 caballos. Situáronse los
-españoles delante de Almonacid y en ambos costados. El derecho le
-guarnecía la segunda división, el izquierdo la primera, y ocupaban el
-centro la cuarta y quinta. Quedó la reserva a retaguardia, destacándose
-solo de ella dos o tres cuerpos. Distribuyose la caballería entre ambos
-extremos de la línea, excepto algunos jinetes que se mantuvieron en el
-centro.
-
-Empezó a atacar el general Sebastiani antes que llegase su reserva,
-dirigiéndose contra la izquierda española. Viose, por tanto, muy
-comprometido un cuerpo de la primera división, y a punto de tener
-que replegarse sobre los batallones de Bailén y Jaén, que eran dos
-de los destacados de la tercera división. Ciaron también estos de
-la cresta de un monte a la izquierda de la línea donde se alojaban,
-herido mortalmente el teniente coronel de Bailén Don Juan de Silva.
-Inútilmente fue a su socorro el general Girón, hasta que desplegando
-al frente de las columnas enemigas Don Luis Lacy, con lo restante de
-su primera división contuvo a aquellas y las rechazó, apoyado por la
-caballería.
-
-A la sazón llegó el general Dessolles con parte de la reserva francesa,
-y animando a los soldados de Sebastiani renovose con más ardor la
-refriega. Viéronse entonces también acometidas la cuarta y quinta
-división española; la última, colocada a la derecha de Almonacid,
-dio luego indicio de flaquear; mas la otra sostúvose bizarramente,
-distinguiéndose los cuerpos de Jerez, Córdoba y Guardias españolas,
-guiado el segundo con conocimiento y valentía por Don Francisco
-Carvajal. Cargaba igualmente la caballería, y anunciábase allí la
-victoria cuando, muerto el caballo del comandante de aquellos jinetes,
-vizconde de Zolina, hombre de nimia superstición aunque de valor no
-escaso, parose este tomando por aviso de Dios la muerte de su caballo.
-
-Entretanto acudió José con el resto de la reserva al campo de batalla,
-y rota la quinta división que ya había flaqueado, penetraron los
-franceses hasta el cerro del castillo, al que subieron después de una
-muy viva resistencia. Llegó con esto a ser muy crítica la situación
-del ejército español, en especial la de la gente de Lacy, por lo
-cual Venegas juzgó prudente retirarse. Para ello ordenó a la segunda
-división del mando de Vigodet, que era la menos comprometida, que
-formase a espaldas del ejército. Ejecutó dicho jefe esta maniobra con
-prontitud y acierto, siguiendo a su división la cuarta, del cargo de
-Castejón.
-
-[Sidenote: Retirada del ejército español.]
-
-No bastó tan oportuna precaución para verificar la retirada
-ordenadamente, pues asustados algunos caballos con la voladura de
-varios carros de municiones, dispersáronse e introdujeron desorden.
-De allí, no obstante, con más o menos concierto, dirigiéronse todas las
-divisiones por distintos puntos a Herencia, y en seguida a Manzanares.
-[Sidenote: Su dispersión.] En esta villa, corriendo entre la caballería
-la voz falsa y aciaga de que los enemigos estaban ya a la espalda en
-Valdepeñas, desrancháronse los soldados, y de tropel y desmandadamente
-no pararon hasta Sierra Morena, en donde, según costumbre, se juntaron
-después y rehicieron. Costó a los españoles la batalla de Almonacid
-4000 hombres, unos 2000 a los franceses.
-
-Tan desventajosamente finalizó esta campaña de Talavera y la Mancha,
-comenzada con favorable estrella. No se advirtió sin embargo en sus
-resultas, a lo menos de parte de los españoles, lo que comúnmente
-acontece en las guerras, en las que, según con razón asienta
-Montesquieu, no suele ser lo más funesto las pérdidas reales que
-en ellas se experimentan, sino las imaginarias y el desaliento
-que producen. Lo que hubo de lastimoso en este caso fue haber
-desaprovechado la ocasión de lanzar tal vez a los franceses del Ebro
-allá y sobre todo la desunión momentánea de los aliados, a la que
-sirvió de principal motivo la falta de bastimentos.
-
-[Sidenote: Contestaciones con los ingleses sobre subsistencias.]
-
-Cuestión ha sido esta que ya hemos tocado, y no volveríamos a renovarla
-si no hubiese tenido particular influjo en las operaciones militares,
-y mezcládose también en los vaivenes de la política. Hubo en ella por
-ambas partes injusticia en las imputaciones, achacándose a la central
-mala voluntad y hasta perfidia, y calificando esta de mero pretexto
-las quejas, a veces fundadas, de los ingleses. Todos tuvieron culpa,
-y más las circunstancias de entonces, juntamente con la dificultad
-de alimentar un ejército en campaña cuando no es conquistador, y de
-prevenir las necesidades por medio de oportunos almacenes. Se equivocó
-la central en imaginar que con solo dar órdenes y enviar empleados se
-abastecería el ejército inglés y español. A aquellas hubieran debido
-acompañar medidas vigorosas de coacción, poniendo también cuidado en
-encargar el desempeño de comisión tan espinosa a hombres íntegros y
-capaces. Cierto que a un gobierno de índole tan débil como la central,
-érale difícil emplear la coacción, sobre todo en Extremadura, provincia
-devastada, y en donde hasta las mismas y fértiles comarcas del valle y
-vera de Plasencia, primeras que habían de pisar los ingleses, acababan
-de ser asoladas por las tropas del mariscal Victor. Pero hubo azar en
-escoger por cabeza de los empleados a Lozano de Torres, quien, al paso
-que bajamente adulaba al general en jefe inglés, escribía a la central
-que eran las quejas de aquel infundadas: juego doble y villano, que
-descubierto, obligó a Wellington a echar con baldón de su campo al
-empleado español.
-
-De parte de los ingleses hubo imprevisión en figurarse que a pesar de
-los ofrecimientos y buenos deseos de la central, podría su ejército
-ser completamente provisto y ayudado. Ya había este padecido en
-Portugal falta de muchos artículos, aunque en realidad el gobierno
-británico allí mandaba, y con la ventaja de tener próxima la mar.
-Mayores escaseces hubieran debido temer en España, país entonces por
-lo general más destruido y maltratado, no pudiendo contar con que
-solo el patriotismo reparase el apuro de medios después de tantas
-desgracias y escarmientos. Creer que el gobierno español hubiera de
-antemano preparado almacenes, era confiar sobradamente en su energía y
-principalmente en sus recursos. Los ingleses sabían por experiencia lo
-dificultoso que es arreglar la hacienda militar o sea _comisariato_,
-pues todavía en aquel tiempo tachaban ellos mismos de defectuosísimo
-el suyo, y no era dable que España, en todo lo demás tan atrasada
-respecto de Inglaterra, se le aventajase en este solo ramo y tan de
-repente.
-
-En vano pensó la junta suprema remediar en parte el mal enviando a
-Extremadura a D. Lorenzo Calvo de Rozas, individuo suyo, y en cuyo
-celo y diligencia ponía firme esperanza. Semejante determinación, que
-no se tomó hasta 1.º de agosto, llegaba ya tarde, indispuestos los
-ánimos de los generales entre sí, y agriados cada vez más con el escaso
-fruto que se sacaba de la campaña emprendida. De poco sirvió también
-para concordarlos la dejación voluntaria que hizo Cuesta de su mando,
-anhelada por los mismos ingleses y expresamente pedida por su ministro
-en Sevilla. Lord Wellington viendo que la abundancia no crecía [*]
-[Sidenote: (* Ap. n. 9-3.)] cual deseaba, y que sus soldados enfermaban
-y perecían sus caballos, declaró que estaba resuelto a retirarse
-a Portugal. Entonces Eguía y Calvo hicieron, para desviarle de su
-propósito, nuevos ofrecimientos, concluyendo con decirle el primero
-que, a no ceder a sus instancias, creería que otras causas y no la
-falta de subsistencias le determinaban a retirarse. Otro tanto y con
-más descaro escribiole Calvo de Rozas. Ásperamente replicó Wellington,
-indicando a Eguía que en adelante sería inútil proseguir entre ellos la
-comenzada correspondencia.
-
-[Sidenote: Llegada a España del marqués de Wellesley.]
-
-Algunos, no obstante, mantuvieron esperanzas de que todo se compondría
-con la venida a Sevilla del marqués de Wellesley, hermano del general
-inglés y embajador nombrado por S. M. B. cerca del gobierno de España.
-Había llegado el marqués a Cádiz el 4, y acogídole la ciudad cual
-merecía su elevada clase y la fama de su nombre. No nos detendremos en
-describir su entrada, mas no podemos omitir un hecho que allí ocurrió
-digno de memoria. Fue, pues, que queriendo el embajador, agradecido
-al buen recibimiento, repartir dinero entre el pueblo, Juan Lobato,
-zapatero de oficio, y de un batallón de voluntarios, saliendo de entre
-las filas díjole mesuradamente: «Señor Excelentísimo, no honramos a V.
-E. por interés sino para corresponder a la buena amistad que nuestra
-nación debe a la de V. E.» Rasgo muy característico y frecuente en el
-pueblo español. Pasó después a Sevilla el nuevo embajador y reemplazó
-a Mr. Frere, a quien la junta dio el título de marqués de la Unión
-en prueba de lo satisfecha que estaba de su buen porte y celo. Uno
-de los primeros puntos que trató Wellesley con la junta fue el de la
-retirada de su hermano. [Sidenote: Plan de subsistencias.] Recayendo
-la principal queja sobre la falta de provisiones, rogole el gobierno
-español que le propusiese un remedio, y el marqués extendió un plan
-sobre el modo de formar almacenes y proporcionar transportes, como
-si el estado general de España y el de sus caminos y sus carruajes
-estuviese al par del de Inglaterra. No obstante los obstáculos
-insuperables que se ofrecían para su ejecución, aprobolo la central,
-quizá con sus puntas de malicia, sin que por eso se adelantase cosa
-alguna. [Sidenote: Retírase Wellington a Badajoz y fronteras de
-Portugal.] Lord Wellington había ya empezado el 20 de agosto, desde
-Jaraicejo, su marcha retrógrada, y deteniéndose algunos días en Mérida
-y Badajoz, repartió en principios de septiembre su ejército entre
-la frontera de Portugal y el territorio español. Muchos atribuyeron
-esta retirada al deseo que tenía el gobierno inglés de que recayese
-en Lord Wellington el mando en jefe del ejército aliado. Nosotros,
-sin entrar en la refutación de este dictamen, nos inclinamos a creer
-que, más que de aquella causa y de la falta de subsistencias, que en
-efecto se padeció, provino semejante resolución del rumbo inesperado
-que tomaron las cosas de Austria. Los ingleses habían pasado a España
-en el concepto de que prolongándose la guerra en el Norte, tendrían
-los franceses que sacar tropas de la península, y que no habría por
-tanto que luchar en las orillas del Tajo sino con determinadas fuerzas.
-Sucedió lo contrario, atribuyendo después unos y otros a causas
-inmediatas lo que procedía de origen más alto. De todos modos, las
-resultas fueron desgraciadas para la causa común, y la central, como
-diremos después, recibió de este acontecimiento gran menoscabo en su
-opinión.
-
-[Sidenote: Conducta y tropelías del gobierno de José.]
-
-El gobierno de José, por su parte, lleno de confianza, había aumentado
-ya desde mayo sus persecuciones contra los que no graduaba de amigos,
-incomodando a unos y desterrando a otros a Francia. Confundía en sus
-tropelías al prócer con el literato, al militar con el togado, al
-hombre elocuente con el laborioso mercader. Así salieron juntos, o unos
-en pos de otros, a tierra de Francia el duque de Granada y el poeta
-Cienfuegos, el general Arteaga y varios consejeros, el abogado Argumosa
-y el librero Pérez. Mala manera de allegar partidarios, e innecesaria
-para la seguridad de aquel gobierno, no siendo los extrañados hombres
-de arrojo ni cabezas capaces de coligación. Expidiéronse igualmente
-entonces por José decretos destemplados, como lo fueron el de disponer
-de las cosechas de los habitantes sin su anuencia, y el de que se
-obligase a los que tuviesen hijos sirviendo en los ejércitos españoles
-a presentar en su lugar un sustituto o dar en indemnización una
-determinada suma. Estos decretos, como los demás, o no se cumplían o
-cumplíanse arbitrariamente, con lo que, en el último caso, se añadía a
-la propia injusticia la dureza en la ejecución.
-
-La guerra de Austria, aunque había alterado algún tanto al gobierno
-intruso, no le desasosegó extremadamente, ni le contuvo en sus
-procedimientos. [Sidenote: Opinión de Madrid.] Llegole más al alma la
-cercanía de los ejércitos aliados y el ver que con ella los moradores
-de Madrid recobraban nuevo aliento. Procuró por tanto deslumbrarlos
-y divertir su atención haciendo repetidas salvas que anunciasen las
-victorias conseguidas en Alemania; mas el español, inclinado entonces
-a dar solo asenso a lo que le era favorable, acostumbrado además a las
-artimañas de los franceses, no dando fe a lejanas nuevas, reconcentraba
-todas sus esperanzas en los ejércitos aliados, cuya proximidad en
-vano quiso ocultar el gobierno de José. [Sidenote: Júbilo que allí
-hubo el día de Santa Ana.] Tocó en frenesí el contentamiento de los
-madrileños el 26 de julio, día de Santa Ana, en el que los aldeanos que
-andan en el tráfico de frutas de Navalcarnero y pueblos de su comarca,
-esparcieron haber llegado allí y estar de consiguiente cercano a la
-capital Sir Roberto Wilson y su tropa. Con la noticia, saliendo de sus
-casas los vecinos, espontáneamente y de montón se enderezaron los más
-de ellos hacia la puerta de Segovia para esperar a sus libertadores.
-Los franceses no dieron muestra de impedirlo, limitándose el general
-Belliard, que había quedado de gobernador, a sosegar con palabras
-blandas el ánimo levantado de la muchedumbre. Durante el día reinó por
-todo Madrid el júbilo más exaltado, dándose el parabién conocidos y
-desconocidos, y entregándose al solaz y holganza. Pero en la noche,
-llegado aviso del descalabro que padeció el mismo 26 la vanguardia
-de Zayas, anunciáronlo los franceses al día siguiente como victoria
-alcanzada contra todo el ejército combinado, sin que la publicación
-hiciese mella en los madrileños, calificándola de falsa, sobre todo
-cuando el 31 de resultas de la batalla de Talavera vieron que los
-franceses tomaban disposiciones de retirada, y que los de su partido se
-apresuraban a recogerse al Retiro. Salieron no obstante fallidas, según
-en su lugar contamos, las esperanzas de los patriotas; mas, inmutables
-estos en su resolución, comenzaron a decir el tan sabido _no importa_,
-que, repetido a cada desgracia y en todas las provincias, tuvo en la
-opinión particular influjo, probando, con la constancia del resistir,
-que aquella frase no era hija de irrefleja arrogancia sino expresión
-significativa del sentimiento íntimo y noble de que una nación, si
-quiere, nunca es sojuzgada.
-
-[Sidenote: Nuevos decretos de José.]
-
-José, sin embargo, persuadido de que con la retirada de los ejércitos
-aliados, las desavenencias entre ellos, la batalla de Almonacid y
-lo que ocurría en Austria, se afirmaba más y más en el solio, tomó
-providencias importantes y promulgó nuevos decretos. Antes ya había
-instalado el consejo de estado, no pasando a convocar cortes, según
-lo ofrecido en la constitución de Bayona, así por lo arduo de las
-circunstancias, como por no agradar ni aun la sombra de instituciones
-libres al hombre de quien se derivaba su autoridad. Entre los decretos,
-muchos y de varia naturaleza, húbolos que llevaban el sello de tiempos
-de división y discordia, como fueron el de confiscación y venta de
-los bienes embargados a personas fugitivas y residentes en provincias
-levantadas, y el de privación de sueldo, retiro o pensión a todo
-empleado que no hubiese hecho de nuevo para obtener su goce solicitud
-formal. De estas dos resoluciones, la primera, además de adoptar el
-bárbaro principio de la confiscación, era harto amplia y vaga para
-que en la aplicación no se acreciese su rigor; y la segunda, si bien
-pudiera defenderse atendiendo a las peculiares circunstancias de un
-gobierno intruso, mostrábase áspera en extenderse hasta la viuda y el
-anciano, cuya situación era justo y conveniente respetar, evitándoles
-todo compromiso en las discordias civiles.
-
-Decidió también José no reconocer otras grandezas ni títulos sino los
-que él mismo dispensase por un decreto especial, y suprimió igualmente
-todas las órdenes de caballería existentes, excepto la militar de
-España que había creado, y la antigua del Toisón de Oro; no permitiendo
-ni el uso de las condecoraciones ni menos el goce de las encomiendas:
-por cuyas determinaciones ofendiendo la vanidad de muchos se perjudicó
-a otros en sus intereses, y tratose de comprometer a todos.
-
-Aplaudieron algunos un decreto que dio José el 18 de agosto para la
-supresión de todas las órdenes monacales, mendicantes y clericales.
-Napoleón, en diciembre, había solo reducido los conventos a una tercera
-parte; su hermano ampliaba ahora aquella primera resolución, ya por
-no ser afecto a dichas corporaciones, ya también por la necesidad de
-mejorar la hacienda.
-
-[Sidenote: Medidas económicas.]
-
-Los apuros de esta crecían, no entrando en arcas otro producto sino
-el de las puertas de Madrid, aumentado solo con el recargo de ciertos
-artículos de consumo. Semejante penuria obligó al ministro de hacienda,
-conde de Cabarrús, a recurrir a medios odiosos y violentos, como el del
-repartimiento de un empréstito forzoso entre las personas pudientes de
-Madrid, [Sidenote: Plata de particulares.] y el de recoger la plata
-labrada de los particulares. En la ejecución de estas providencias,
-y sobre todo en la de la confiscación de las casas de los grandes y
-otros fugitivos, cometiéronse mil tropelías, teniendo que valerse de
-individuos despreciables y desacreditados, por no querer encargarse
-de tal ministerio los hombres de vergüenza. Así fue que ni el mismo
-gobierno intruso reportó gran provecho, echándose aquella turba de
-malhechores, con la suciedad y ansia de harpías, sobre cuantas cosas de
-valor se ofrecían a su rapacidad.
-
-[Sidenote: Del palacio.]
-
-Del palacio real se sacaron al propio tiempo todos los útiles de plata
-que por antiguos o de mal gusto se habían excluido del uso común y se
-llevaron a la casa de la moneda. Díjose que del rebusco se juntaron
-cerca de ochocientas mil onzas de plata, cálculo que nos parece
-excesivo.
-
-[Sidenote: De iglesias.]
-
-Tomáronse asimismo de las iglesias muchas alhajas, trasladándose a
-Madrid bastante porción de las del Escorial. Cierto es que, entre
-ellas, varias que se creían de oro no lo eran, y otras que se tenían
-por de plata aparecieron solo de hojuela. [Sidenote: Mr. Napier.] El
-historiador inglés Napier [ya es preciso nombrarle] empeñado siempre en
-denigrar la conducta de los patriotas, dice que esta medida del intruso
-excitó la codicia de los españoles, y produjo la mayor parte de las
-bandas que se llamaron guerrillas. Aserción tan errónea y temeraria
-que consta de público, y puede averiguarse en los papeles del gobierno
-nacional, que si los jefes de aquellas tropas interceptaron parte de la
-plata u otras alhajas de las que se llevaban a Madrid, por lo general
-las restituyeron fielmente a sus dueños o las enviaron a Sevilla. Lo
-contrario sucedió del lado de los franceses que, mirando a España como
-conquista suya, u obligados sus jefes a echar mano de todo para mantener
-sus tropas, se reservaron gran porción de aquellos efectos, en vez de
-remitirlos al gobierno de Madrid. Con frecuencia se quejaba entre sus
-amigos de tal desorden el conde de Cabarrús, añadiendo que Napoleón
-nunca conseguiría su intento en la península, si no adoptaba el medio
-de hacer la conquista con 600 millones y 60.000 hombres en lugar de
-600.000 hombres y 60 millones, pues solo así podría ganar la opinión,
-que era su más terrible enemigo.
-
-Aquel ministro, de cuya condición y prendas hemos hablado anteriormente,
-juzgó político y miró como inagotable recurso la creación que hizo por
-decreto de 9 de junio, [Sidenote: Cédulas hipotecarias.] bajo nombre
-de _cédulas hipotecarias_, de unos documentos que habían de trocarse
-contra los créditos antiguos del estado de cualquiera especie, y
-emplearse en la compra de bienes nacionales, con la advertencia de
-que los que rehusaran adquirir dichos bienes recibirían en cambio
-inscripciones del libro de la deuda pública que se establecía, cobrando
-al año cuatro por ciento de interés. También discurrió Cabarrús
-prohibir el curso de los vales reales en los países dominados por
-los franceses, si no llevaban el sello del nuevo escudo adoptado por
-José; lo que, en lugar de atraer los vales a la circulación de Madrid,
-ahuyentolos, temerosos los tenedores de que el gobierno legítimo se
-negase a reconocerlos con la nueva marca. Coligiéndose de ahí ser
-Cabarrús el mismo de antes, esto es, sujeto de saber y viveza, pero
-sobradamente inclinado a forjar proyectos a centenares, por lo cual
-le había ya calificado con oportunidad el célebre conde de Mirabeau
-_d’homme à expédients_.
-
-Además, todas estas medidas, que flaqueaban ya por tantos lados
-y particularmente por el de la confianza, base fundamental del
-crédito, acabaron de hundirse con crear otras cédulas, [Sidenote:
-Cédulas de indemnización y recompensa.] llamadas de _indemnización_
-y _recompensa_, pues aunque al principio se limitó la suma de estas
-a la de 100.000.000, y en forma diferente de las otras, claro era
-que en un gobierno sin trabas como el de José, y en el que había de
-contentarse a tantos, pronto se abusaría de aquel medio, ampliándole y
-absorbiendo de este modo gran parte de los bienes nacionales destinados
-a la extinción de la deuda. Así fue que, si bien al principio algunos
-cortesanos y especuladores hicieron compras de cédulas hipotecarias,
-con que adquirieron fincas pertenecientes a confiscos y comunidades
-religiosas, padeció en breve aquel papel gran quebranto, quedando casi
-reducido a valor nominal.
-
-No sacando, pues, de ahogo tales medidas económicas al gobierno de
-Madrid, tuvo Napoleón, mal de su grado, que suministrar de Francia
-2.000.000 de francos mensuales, siendo aquella la primera guerra que,
-en lugar de producir recursos a su erario, los menguaba.
-
-[Sidenote: Otros decretos.]
-
-Más atinado anduvo José en otros decretos que también promulgó
-desde junio hasta fines del año 1809; entre ellos merece particular
-alabanza el que abolió el _voto de Santiago_, impuesto gravosísimo
-a los agricultores, del que hablaremos al tratar de las cortes de
-Cádiz. Igualmente fueron notables el de la enseñanza pública, el de
-la milicia y sus grados, el de municipalidades y el de quitar a los
-eclesiásticos toda jurisdicción civil y criminal. Providencias estas
-y otras, que si bien en mucha parte tiraban a la mejora del reino, no
-eran apreciadas por falta de ejecución, y sobre todo porque desaparecía
-su beneficio al lado de otras ruinosas, y de las lástimas que causaban
-las persecuciones de particulares y los males comunes de la guerra.
-
-
-
-
- RESUMEN
- DEL
- LIBRO DÉCIMO.
-
-
-_Sitio de Gerona. — Mal estado de la plaza. — Descripción de Gerona. —
-Su población y fuerza. — Álvarez, gobernador. — Defectos de la plaza.
-— Entusiasmo de los gerundenses. — San Narciso declarado generalísimo.
-— Se presentan los franceses delante de Gerona. Mayo. — Circunvalan
-la plaza. Junio. — Formalizan su ataque. — Entereza de Álvarez. —
-Acometen los enemigos las torres avanzadas de Monjuich. — Empieza el
-bombardeo contra la ciudad. — Beramendi. — Nieto. — Apodéranse los
-enemigos de las torres avanzadas de Monjuich. — Desalojan los españoles
-del Pedret a los enemigos. — Saint-Cyr con todo su ejército pasa al
-sitio de Gerona. — Ocupa a San Feliú de Guíxols. — Correrías de los
-partidarios. — Julio. — Embisten los enemigos a Monjuich. — Intrepidez
-de Montoro. — Asalto de Monjuich. — Por cuatro veces son repelidos
-los franceses. — Retíranse. — Pierson. El tambor Ancio. — Vuélase
-la torre de S. Juan. — Arrojo de Beramendi. — Toman los franceses a
-Palamós. — Mariscal Augereau. — Su proclama. — Partidarios que molestan
-a los franceses. — Socorro que intenta entrar en Gerona. — Marshall.
-— Continúan los franceses su ataque contra Monjuich. — Agosto. —
-Ataque del revellín de Monjuich. — Grifols. — Abandonan los españoles
-a Monjuich. — Esperanzas vanas de los franceses con la ocupación de
-Monjuich. — Estrechan la plaza. — Respuesta notable de Álvarez. — Su
-diligencia. — Don Joaquín Blake. — Va al socorro de Gerona. — Buenas
-disposiciones que para ello se toman. — Septiembre. — Vese Saint-Cyr
-engañado. — Entra un convoy y refuerzo en Gerona a las órdenes de
-Conde. — Salida malograda de la plaza. — Asaltan los franceses la
-plaza el 19 de septiembre. — Valor de la guarnición y habitantes.
-— Álvarez. — Muerte de Marshall. — Son repelidos los franceses en
-todas partes con gran pérdida. — Convierten los franceses el sitio
-en bloqueo. — Intenta en vano Blake socorrer de nuevo la plaza. —
-O’Donnell. — Haro. — Ventajas de los españoles y de los ingleses
-cerca de Barcelona. — Octubre. — Empieza el hambre en Gerona. — Únese
-O’Donnell al ejército. — El mariscal Augereau sucede a Saint-Cyr
-en Cataluña. — Estréchase el bloqueo. — Auméntanse el hambre y las
-enfermedades. — Tercera e inútil tentativa de Blake para socorrer a
-Gerona. — Noviembre. — Hambre horrorosa. Carestía de víveres. — Vacila
-el ánimo de algunos. — Inflexibilidad de Álvarez. — Bando de Álvarez. —
-Gracias que concede la central a Gerona. — Congreso catalán. — Estado
-deplorable de la plaza. — Diciembre. — Renuevan los franceses sus
-ataques. — Ataque del 7 de diciembre. — Se agolpan contra Gerona todo
-género de males. — Enfermedad de Álvarez. — Sustitúyele Don Julián
-Bolívar. — Háblase de capitular. — Honrosa capitulación de Gerona.
-— Extraordinaria defensa la de esta plaza. — Álvarez, trasladado a
-Francia. — Su muerte. — Sospechas de que fue violenta. — Honores
-concedidos a la memoria de Álvarez. — Estado de las otras provincias.
-— Provincias libres. — Provincias ocupadas. — Navarra y Aragón. —
-Renovales. — Combates en Roncal. — Correspondencia entre los franceses
-y Renovales. — Sarasa. — San Julián de la Peña quemado. — Combates
-en los valles de Ansó y Roncal. — Capitulan los valles. — Benasque.
-— Perena y otros partidarios. — Nuevas partidas. — Ríndese Benasque.
-— Junta de Aragón. — Gayán. — Le atacan los franceses. — Se apoderan
-de la Virgen del Tremedal. — Entra Suchet en Albarracín y Teruel. —
-Cuenca y Guadalajara. — Atalayuelas. — El Empecinado. — Hechos de
-este. — La Mancha. — Francisquete. — León y Castilla. — Don Julián
-Sánchez. — El Capuchino, Saornil. — Juntas y partidarios en el camino
-de Francia. — Mina el mozo. — Sucesos generales de la nación. — Estado
-de desasosiego de la central. — Don Francisco de Palafox. — Consulta
-del consejo. — Su ceguedad. — Altercados de las juntas de provincia y
-la central. Sevilla. — Extremadura. — Valencia. — Exposición de esta
-contra el consejo. — Trama para disolver la central. — Descúbrela
-el embajador de Inglaterra. — Trata la central de reconcentrar la
-potestad ejecutiva. — Diversidad de opiniones. — Nómbrase al efecto
-una comisión. — Nómbrase otra segunda. — Nuevos manejos. — Palafox. —
-Romana. — Su inconsiderada conducta y su representación. — Nómbrase la
-comisión ejecutiva. — Fíjase el día de juntarse las cortes. — Instálase
-la comisión ejecutiva. — Estado de Europa. — Expediciones inglesas.
-— Contra Nápoles. — Contra el Escalda. — Desgraciadísima esta. — Paz
-entre Napoleón y el Austria. — Manifiesto de la central. — Prurito de
-batallar de la central. — Ejército de la izquierda. — General Marchand.
-— Carrier. — Primera defensa de Astorga. — Muévese el duque del Parque
-al frente del ejército de la izquierda. — Batalla de Tamames. —
-Gánanla los españoles. — Únese Ballesteros a Parque. — Entra Parque en
-Salamanca. — Únesele la división castellana. — Ejércitos españoles del
-mediodía. — Únese al de la Mancha parte del ejército de Extremadura. —
-Fuerza de este ejército reunido al mando de Eguía. — Posición de los
-franceses. — Irresolución de Eguía. — Sucédele en el mando Aréizaga.
-— Favor de que este goza. — Lord Wellington en Sevilla. — Ibarnavarro
-consejero de Aréizaga. — Muévese este. — Choque en Dos Barrios. —
-Aréizaga en Tembleque. — Ejército español en Ocaña. — Movimientos
-inciertos y mal concertados de Aréizaga. — Choque de caballería en
-Ontígola. — Fuerzas que acercan los franceses. — Batalla de Ocaña.
-— Horrorosa dispersión. Pérdida de Ocaña. — Resultas. — Se retira
-Alburquerque a Trujillo. — Movimientos del duque del Parque. — Acción
-de Medina del Campo. — Acción de Alba de Tormes. — Valor de Mendizábal.
-— Retirada de los españoles. — Retirada de los ingleses del Guadiana
-al norte del Tajo. — Flaqueza de la comisión ejecutiva. — Comisionados
-enviados a La Carolina. — Prisión de Palafox y Montijo. — Manejos de
-Romana y de su hermano Caro. — Tropelías. — Estado deplorable de la
-junta central. — Providencias de la comisión ejecutiva y de la junta. —
-Proposición de Calvo sobre libertad de imprenta. — Modo de convocarse
-las cortes. — Mudanza de individuos en la comisión ejecutiva. — Decreto
-de la central para trasladarse a la Isla de León._
-
-
-
-
- HISTORIA
- DEL
- LEVANTAMIENTO, GUERRA Y REVOLUCIÓN
- de España.
-
- LIBRO DÉCIMO.
-
-
-[Sidenote: Sitio de Gerona.]
-
-«Será pasado por las armas el que profiera la voz de capitular o de
-rendirse.» Tal pena impuso por bando, al acercarse los franceses a
-Gerona, su gobernador Don Mariano Álvarez de Castro. Resolución que
-por su parte procuró cumplir rigurosamente, y la cual sostuvieron con
-inaudito tesón y constancia la guarnición y los habitantes.
-
-[Sidenote: Mal estado de la plaza.]
-
-Preludio fueron de esta tercera y nunca bien ponderada defensa las
-otras dos, ya relatadas, de junio y julio del año anterior. Los
-franceses no consideraban importante la plaza de Gerona, habiéndola
-calificado de muy imperfecta el general Marescot, comisionado para
-reconocerla; juicio tanto más fundado, cuanto, prescindiendo de lo
-defectuoso de sus fortificaciones, estaban entonces estas, unas
-cuarteadas, otras cubiertas de arbustos y malezas, y todas desprovistas
-de lo más necesario. Corrigiéronse posteriormente algunas de aquellas
-faltas, sin que por eso creciese en gran manera su fortaleza.
-
-[Sidenote: Descripción de Gerona.]
-
-Gerona, cabeza del corregimiento de su nombre, situada en lo antiguo
-cuesta abajo de un monte, extendiose después por las dos riberas del
-Oñar, llamándose el Mercadal la parte colocada a la izquierda. La de la
-derecha se prolonga hasta donde el mencionado río se une con el Ter,
-del que también es tributario por el mismo lado, y después de correr
-por debajo de varias calles y casas el Galligans, formado de las aguas
-vertientes de los montes situados al nacimiento del sol. Comunícanse
-ambas partes de la ciudad por un hermoso puente de piedra, y las
-circuía un muro antiguo con torreones, cuyo débil reparo se mejoró
-después, añadiendo siete baluartes, cinco del lado del Mercadal y dos
-del opuesto; habiendo solo foso y camino cubierto en el de la puerta de
-Francia. Dominada Gerona en su derecha por varias alturas, eleváronse
-en diversos tiempos fuertes que defendiesen sus cimas. En la que mira
-al camino de Francia y, por consiguiente, en la más septentrional
-de ellas, se construyó el castillo de Monjuich, con cuatro reductos
-avanzados, y en las otras, separadas de esta por el valle que riega el
-Galligans, los del Calvario, Condestable, reina Ana, Capuchinos, del
-Cabildo y de la Ciudad. Antes del sitio se contaban algunos arrabales,
-y abríase delante del Mercadal un hermoso y fértil llano que, bañado
-por el Ter, el riachuelo Güell y una acequia, estaba cubierto de aldeas
-y deleitables quintas.
-
-[Sidenote: Su población y fuerza.]
-
-La población de Gerona en 1808 ascendía a 14.000 almas, y al comenzar
-el tercer sitio constaba su guarnición de 5673 hombres de todas
-armas. Mandaba la plaza, en calidad de gobernador interino, D. Mariano
-Álvarez de Castro, [Sidenote: Álvarez, gobernador.] natural de Granada
-y de familia ilustre de Castilla la Vieja, quien con la defensa
-inmortalizó su nombre. Era teniente de rey Don Juan Bolívar, que se
-había distinguido en las dos anteriores acometidas de los franceses,
-y dirigían la artillería y los ingenieros los coroneles Don Isidro de
-Mata y Don Guillermo Minali; el último trabajó incesantemente y con
-acierto en mejorar las fortificaciones.
-
-[Sidenote: Defectos de la plaza.]
-
-Por la descripción que acabamos de hacer de Gerona y por la noticia
-que hemos dado de sus fuerzas, se ve cuán flacas eran estas y cuán
-desventajosa su situación. Enseñoreada por los castillos, tomado que
-fuese uno de ellos, particularmente el de Monjuich, quedaba la ciudad
-descubierta, siendo favorables al agresor todos los ataques. Además, si
-atendemos a los muchos puntos que había fortificados, y a la extensión
-del recinto, claro es que para cubrir convenientemente la totalidad de
-las obras, se requerían por lo menos de 10 a 12.000 hombres, número
-lejano de la realidad. A todo suplió el patriotismo.
-
-[Sidenote: Entusiasmo de los gerundenses.]
-
-Animados los gerundenses con antiguas memorias, y reciente en ellos la
-de las dos últimas defensas, apoyaron esforzadamente a la guarnición,
-distribuyéndose en ocho compañías que, bajo el nombre de Cruzada,
-instruyó el coronel Don Enrique O’Donnell. Compusiéronla todos los
-vecinos sin excepción de clase ni de estado, incluso el clero secular
-y regular, y hasta las mujeres se juntaron en una compañía que
-apellidaron de Santa Bárbara, la cual, dividida en cuatro escuadras,
-llevaba cartuchos y víveres a los defensores, recogiendo y auxiliando a
-los heridos.
-
-[Sidenote: San Narciso declarado generalísimo.]
-
-Anteriormente, habíase también tratado de excitar la devoción de los
-gerundenses nombrando por generalísimo a San Narciso, su patrono. Desde
-muy antiguo tenían los moradores en la protección del santo entera
-y sencilla fe. Atribuían a su intercesión prosperidades en pasadas
-guerras, y en especial la plaga de moscas que tanto daño causó, según
-cuentan, en el siglo decimotercero al ejército francés que bajo su
-rey Felipe el Atrevido puso sitio a la plaza; sitio en el que, por
-decirlo de paso, grandemente se señaló el gobernador Ramón Folch de
-Cardona, quien, al asalto, como refiere Bernardo Desclot, tañendo su
-añafil y soltadas las galgas, no dejó sobre las escalas francés que
-no fuese al suelo herido o muerto. Ciertos hombres, sin profundizar
-el objeto que llevaron los jefes de Gerona, hicieron mofa de que se
-declarase generalísimo a San Narciso, y aun hubo varones cuerdos que
-desaprobaron semejante determinación, temiendo el influjo de vanas
-y perniciosas supersticiones. Era el de los últimos arreglado modo
-de sentir para tiempos tranquilos, pero no tanto para los agitados y
-extraordinarios. De todas las obligaciones, la primera consiste en
-conservar ilesos los hogares patrios, y lejos de entibiar para ello el
-fervor de los pueblos, conviene alimentarle y darle pábulo hasta con
-añejas costumbres y preocupaciones; por lo cual, el atento político y
-el verdadero hombre religioso, enemigos de indiscretas y reprensibles
-prácticas, disculparán, no obstante, y aun aplaudirán en el apretado
-caso de Gerona, lo que a muchos pareció ridícula y singular resolución,
-hija de grosera ignorancia.
-
-[Sidenote: Se presentan los franceses delante de Gerona. Mayo.]
-
-Los franceses, preparándose de antemano para el sitio, se presentaron
-a la vista de la plaza el 6 de mayo, en las alturas de Costa Roja.
-Mandaba entonces aquellas tropas el general Reille, hasta que el 13 le
-reemplazó Verdier, quien continuó a la cabeza durante todo el sitio.
-Con este general, y sucesivamente, llegaron otros refuerzos, y el 31
-arrojaron los enemigos a los nuestros de la ermita de los Ángeles,
-que fue bien defendida. Hubo varias escaramuzas, pero lo corto de
-la guarnición no permitió retardar, cual conviniera, las primeras
-operaciones del sitiador. Solamente los paisanos de las inmediaciones
-de Montagut, tiroteándose con él a menudo, le molestaron bastantemente.
-
-[Sidenote: Circunvalan la plaza. Junio.]
-
-Al comenzar junio fue la plaza del todo circunvalada. Colocose la
-división westfaliana de los franceses, al mando del general Morio, desde
-la margen izquierda del Ter, por San Medir, Montagut y Costa Roja;
-la brigada de Joba en Pont-Mayor, y los regimientos de Berg y
-Wurszburgo en las alturas de San Miguel y Villa Roja hasta los Ángeles;
-cubrieron el terreno del Oñar al Ter por Montelibi, Palau y el llano de
-Salt tropas enviadas de Vic por Saint-Cyr, ascendiendo el conjunto de
-todas a 18.000 hombres. Hubiera preferido el último general bloquear
-estrechamente la plaza a sitiarla; mas sabiéndose en el campo francés
-que no gozaba del favor de su gobierno, y que iba a sucederle en el
-mando el mariscal Augereau, no se atendieron debidamente sus razones,
-llevando Verdier adelante su intento de embestir a Gerona.
-
-[Sidenote: Formalizan su ataque.]
-
-Reunido el 8 de junio el tren de sitio correspondiente, resolvieron
-los enemigos emprender dos ataques, uno flojo contra la plaza, otro
-vigoroso contra el castillo de Monjuich y sus destacadas torres
-o reductos. Mandaban a los ingenieros y artillería francesa los
-generales Sanson y Taviel. Antes de romper el fuego se presentó el 12
-un parlamentario para intimar la rendición, [Sidenote: Entereza de
-Álvarez.] mas el fiero gobernador Álvarez respondió que no queriendo
-tener trato ni comunicación con los enemigos de su patria, recibiría en
-adelante a metrallazos a sus emisarios. Hízolo así en efecto siempre
-que el francés quiso entrar en habla. Criticáronle algunos de los que
-piensan que en tales lances han de llevarse las cosas reposadamente,
-mas le loó muy mucho el pueblo de Gerona, empeñando infinito en la
-defensa tan rara resolución, cumplida con admirable tenacidad.
-
-[Sidenote: Acometen los enemigos las torres avanzadas de Monjuich.]
-
-Los enemigos habían desde el 8 empezado a formar una paralela en
-la altura de Tramón a 600 toesas de las torres de San Luis y San
-Narciso, dos de las mencionadas de Monjuich, sacando al extremo de
-dicha paralela un ramal de trinchera, delante de la cual plantaron
-una batería de ocho cañones de a 24 y dos obuses de a nueve pulgadas.
-Colocaron también otra batería de morteros detrás de la altura Denroca
-a 360 toesas del baluarte de San Pedro, situado a la derecha del Oñar
-en la puerta de Francia. Los cercados, a pesar del incesante fuego que
-desde sus muros hacían, no pudieron impedir la continuación de estos
-trabajos.
-
-[Sidenote: Empieza el bombardeo contra la ciudad.]
-
-Progresando en ellos y recibida que fue por los franceses la repulsa
-del gobernador Álvarez, empezó el bombardeo en la noche del 13 al 14,
-y todo resonó con el estruendo del cañón y del mortero. Los soldados
-españoles corrieron a sus puestos, otro tanto hicieron los vecinos,
-acompañándolos a todas partes las doncellas y matronas alistadas en la
-compañía de Santa Bárbara. Sin dar descanso prosiguieron en su porfía
-los enemigos hasta el 25, y no por eso se desalentaron los nuestros, ni
-aun aquellos que entonces se estrenaban en las armas. El 14 incendiose
-y quedó reducido a cenizas el hospital general; gran menoscabo por los
-efectos allí perdidos, difíciles de reponer. La junta corregimental, que
-en todas ocasiones se portó dignamente, reparó algún tanto el daño,
-[Sidenote: Beramendi.] coadyuvando a ello la diligencia del intendente
-Don Carlos Beramendi y el buen celo del cirujano mayor Don Juan
-Andrés Nieto, [Sidenote: Nieto.] que en un memorial histórico nos ha
-transmitido los sucesos más notables de este sitio.
-
-[Sidenote: Apodéranse los enemigos de las torres avanzadas de Monjuich.]
-
-Al rayar del 14 también acometieron los enemigos las torres de San
-Luis y San Narciso, apagaron sus fuegos, descortinaron su muralla,
-y abriendo brecha obligaron a los españoles a abandonar el 19 ambas
-torres. Lo mismo aconteció el 21 con la de San Daniel, que evacuaron
-nuestros soldados. Este pequeño triunfo envalentonó a los sitiadores,
-causándoles después grave mal su sobrada confianza.
-
-[Sidenote: Desalojan los españoles del Pedret a los enemigos.]
-
-En la noche del 14 al 15 desalojaron los mismos a una guerrilla
-española del arrabal del Pedret, situado fuera de la puerta de Francia;
-y levantando un espaldón, trataron de establecerse en aquel punto.
-Temeroso el gobernador de que erigiesen allí una batería de brecha,
-dispuso una salida combinada con fuerza de Monjuich y de la plaza.
-Destruyeron los nuestros el espaldón y arrojaron al enemigo del
-arrabal.
-
-[Sidenote: Saint-Cyr con todo su ejército pasa al sitio de Gerona.]
-
-En tanto, el general en jefe francés Saint-Cyr, habiendo enviado a
-Barcelona sus enfermos y heridos, aproximose a Gerona. En su marcha
-cogió ganado vacuno, que del Llobregat iba para el abasto de la
-ciudad sitiada. Sentó el 20 de junio su cuartel general en Caldas,
-y extendiendo sus fuerzas hacia la marina, [Sidenote: Ocupa a San
-Feliú de Guíxols.] se apoderó el 21, aunque a costa de sangre, de San
-Feliú de Guíxols. Con su llegada aumentose el ejército francés a unos
-30.000 hombres. Los somatenes y varios destacamentos molestaban a los
-franceses en los alrededores, [Sidenote: Correrías de los partidarios.]
-y antes de acabarse junio cogieron un convoy considerable y 120
-caballos de la artillería que venían para el general Verdier. Corrió
-así aquel mes sin que los franceses hubiesen alcanzado en el sitio
-de Gerona otra ventaja más que la de hacerse dueños de las torres
-indicadas.
-
-[Sidenote: Julio. Embisten los enemigos a Monjuich.]
-
-Pusieron ahora sus miras en Monjuich. Guarnecíanle 900 hombres, a las
-órdenes de Don Guillermo Nash, estando todos decididos a defender el
-castillo hasta el último trance. Al alborear del 3 de julio empezaron
-los enemigos a atacarle valiéndose de varias baterías, y en especial
-de una llamada Imperial que plantaron a la izquierda de la torre de
-San Luis, compuesta de 20 piezas de grueso calibre y 2 obuses. En todo
-el día aportillose ya la cara derecha del baluarte del norte, y los
-defensores se prepararon a resistir cualquiera acometida practicando
-detrás de la brecha oportunas obras. El fuego del enemigo había
-derribado del ángulo flanqueado de aquel baluarte la bandera española
-que allí tremolaba. [Sidenote: Intrepidez de Montoro.] Al verla caída,
-se arrojó al foso el subteniente Don Mariano Montoro, recobrola y
-subiendo por la misma brecha la hincó y enarboló de nuevo: acción
-atrevida y digna de elogio.
-
-[Sidenote: Asalto de Monjuich.]
-
-No tardaron los enemigos en intentar el asalto del castillo.
-Emprendiéronle furiosamente a las diez y media de la noche del 4 de
-julio; vanos fueron sus esfuerzos, inutilizándolos los nuestros con
-su serenidad y valentía. Suspendieron por entonces los contrarios sus
-acometimientos; mas en la mañana del 8 renovaron el asalto en columna
-cerrada y mandados por el coronel Muff. [Sidenote: Por cuatro veces
-son repelidos los franceses.] Tres veces se vieron repelidos haciendo
-en ellos grande estrago la artillería cargada con balas de fusil,
-particularmente un obús dirigido por Don Juan Candy. Insistió el jefe
-enemigo Muff en llevar sus tropas por cuarta vez al asalto, hasta
-que, herido él mismo, desmayaron los suyos y se retiraron. [Sidenote:
-Retíranse.] Perdieron en esta ocasión los sitiadores unos 2000
-hombres, entre ellos 11 oficiales muertos y 66 heridos. Mandaba en la
-brecha a los españoles Don Miguel Pierson, [Sidenote: Pierson.] que
-pereció defendiéndola, y distinguiose al frente de la reserva Don Blas
-de Fournás. Durante el asalto tuvieron constantemente los franceses
-en el aire, contra el punto atacado, 7 bombas y muchos otros fuegos
-parabólicos. Grandes y esclarecidos hechos allí se vieron. [Sidenote:
-El tambor Ancio.] Fue de notar el del mozo Luciano Ancio, tambor
-apostado para señalar con la caja los tiros de bomba y granada. Llevole
-un casco parte del muslo y de la rodilla, y al quererle transportar al
-hospital opúsose, diciendo: «No, no, aunque herido en la pierna tengo
-los brazos sanos para con el toque de caja librar de las bombas a mis
-amigos.»
-
-[Sidenote: Vuélase la torre de San Juan.]
-
-Enturbió algún tanto la satisfacción de aquel día el haberse volado la
-torre de San Juan, obra avanzada entre Monjuich y la plaza. Casi todos
-los españoles que la guarnecían perecieron, salvando a unos pocos Don
-Carlos Beramendi, [Sidenote: Arrojo de Beramendi.] que sin reparar
-en el horroroso fuego del enemigo acudió a aquel punto, mostrándose
-entonces, como en tantos otros casos de este sitio, celoso intendente,
-incansable patriota y valeroso soldado.
-
-Esto ocurría en Gerona cuando el general Saint-Cyr, atento a alejar de
-la plaza todo género de socorros, después de haber ocupado a San Feliú
-de Guíxols creyó también oportuno apoderarse de Palamós, enviando para
-ello el 5 de julio al general Fontane. [Sidenote: Toman los franceses a
-Palamós.] Este puerto casi aislado hubiera podido resistir largo tiempo
-si le hubieran defendido tropas aguerridas y buenas fortificaciones.
-Pero estas, de suyo malas, se hallaban descuidadas, y solamente las
-coronaban algunos somatenes y miqueletes, que sin embargo se negaron a
-rendirse y disputaron el terreno a palmos. Cañoneras fondeadas en el
-puerto hicieron al principio bastante fuego; mas el de los enemigos las
-obligó a retirarse. Entraron los franceses la villa y casi todos los
-defensores perecieron, no siéndoles dado acogerse según lo intentaron a
-las cañoneras y otros barcos que tomaron viento y se alejaron.
-
-[Sidenote: Mariscal Augereau.]
-
-Por el mismo tiempo llegó a Perpiñán el mariscal Augereau. Confiado en
-que los catalanes escucharían su voz, dirigioles una proclama en mal
-español, que mandó publicar en los pueblos del principado. [Sidenote:
-Su proclama.] Mas apenas se habían fijado tres de aquellos carteles,
-cuando el coronel Don Antonio Porta destruyó en San Lorenzo de la Muga
-el destacamento encargado de tal comisión, volviendo a Perpiñán pocos
-de los que le componían. Un ataque de gota en la mano y el ver que no
-era empresa la de Cataluña tan fácil como se figuraba, detuvieron algún
-tiempo al mariscal Augereau en la frontera, por lo que continuó todavía
-mandando el séptimo cuerpo el general Saint-Cyr.
-
-[Sidenote: Partidarios que molestan a los franceses.]
-
-No desayudaban tampoco a los heroicos esfuerzos de Gerona las
-escaramuzas con que divertían a los franceses los somatenes, miqueletes
-y alguna tropa de línea. Don Antonio Porta los molestaba desde la raya
-de Francia hasta Figueras; de aquí a Gerona entreteníalos el doctor Don
-Francisco Robira, infatigable y audaz partidario. El general Wimpffen,
-Don Pedro Cuadrado y los caudillos Miláns, Iranzo y Clarós, corrían la
-tierra que media desde Hostalrich por Santa Coloma hasta la plaza de
-Gerona. Por tanto para despejar la línea de comunicación con Francia
-tuvo Saint-Cyr que enviar el 12 de julio una brigada del general Souham
-a Bañolas, al mismo tiempo que el general Guillot desde Figueras se
-adelantaba a San Lorenzo de la Muga.
-
-[Sidenote: Socorro que intenta entrar en Gerona.]
-
-Muy luego de comenzar el sitio habían los de Gerona pedido socorro,
-y en respuesta a su demanda trataron las autoridades de Cataluña de
-enviar un convoy y alguna fuerza a las órdenes de Don Rodulfo Marshall,
-[Sidenote: Marshall.] irlandés de nación y hombre de bríos, que había
-venido a España a tomar parte en su sagrada lucha. Pasaron los nuestros
-delante del general Pino en Llagostera sin ser descubiertos; mas
-avisado el enemigo por un soldado zaguero, tomó el general Saint-Cyr
-sus medidas, y el 10 interceptó en Castellar el socorro, entrando solo
-en la plaza el coronel Marshall con unos cuantos que lograron salvarse.
-
-[Sidenote: Continúan los franceses su ataque contra Monjuich.]
-
-Los sitiadores después del malogrado asalto de Monjuich prolongaron
-sus trabajos, y abrazando los dos frentes del nordeste y noroeste
-se adelantaron hasta la cresta del glacis. Nuevas y multiplicadas
-baterías levantaron sin que los detuviesen nuestros fuegos ni el valor
-de los sitiados. Perecieron el 31 muchos de ellos en la torre de San
-Luis, que voló una bomba arrojada de la plaza, y en una salida que
-voluntariamente hicieron del castillo en el mismo día varios soldados.
-
-[Sidenote: Agosto. Ataque del revellín de Monjuich.]
-
-Entrado agosto, continuaron los franceses con el mismo ahínco en
-acometer a Monjuich, y en la noche del 3 al 4 quisieron apoderarse del
-revellín del frente de ataque. Frustrose por entonces su intento; pero
-al día siguiente se hicieron dueños de aquella obra, alojándose en la
-cresta de la brecha: 800 hombres defendían el revellín, 50 perecieron,
-[Sidenote: Grifols.] y con ellos su bizarro jefe Don Francisco de Paula
-Grifols. Ni aun así se enseñorearon los franceses de Monjuich. Los
-defensores antes de abandonarle hicieron una salida el 10 en daño de
-los contrarios.
-
-Sin embargo, previendo el gobernador del castillo, Don Guillermo Nash,
-que no le sería ya dado sostenerse por más tiempo, había consultado
-en aquellos días a su jefe Don Mariano Álvarez, quien opuesto a todo
-género de capitulación o retirada tardó en contestarle. [Sidenote:
-Abandonan los españoles a Monjuich.] Nash entonces juntó un consejo
-de guerra y con su acuerdo evacuó a Monjuich el 12 de agosto a las
-seis de la tarde, destruyendo antes la artillería y las municiones.
-Ocuparon los franceses aquellos escombros, siendo maravillosa y dechado
-de defensas la de este castillo, pues los sitiadores solo penetraron
-en su recinto al cabo de dos meses de expugnación, y después de haber
-levantado diez y nueve baterías, abierto varias brechas, y perdido
-más de 3000 hombres. De los 900 que componían la guarnición española
-murieron 18 oficiales y 511 soldados, sin quedar apenas quien no
-estuviese herido.
-
-Poco antes de la evacuación, y ya esta resuelta, recibió Don Guillermo
-Nash pliegos del gobernador Álvarez, en los que, lejos de aprobar
-la retirada de Monjuich, estimulaba a la defensa con premios y
-ofrecimientos. No por eso se cambió de parecer, juzgando imposible
-prolongar la resistencia. Los jefes, al entrar en la plaza, pidieron
-que se les formase consejo de guerra si no habían cumplido con su
-obligación. Pero Álvarez, justo no menos que tenaz y valeroso, aprobó
-su conducta.
-
-[Sidenote: Esperanzas vanas de los franceses con la ocupación de
-Monjuich.]
-
-Miraba el enemigo como tan importante la rendición de Monjuich que al
-dar Verdier cuenta de ella a su gobierno, afirmaba que la ciudad se
-entregaría dentro de ocho o diez días. Grande fue su engaño. Cierto era
-que la plaza, con la pérdida del castillo, quedaba por aquella parte
-muy comprometida, cubriéndola solo un flaco y antiguo muro, y ningunos
-otros fuegos sino los de la torre de la Gironella y los de dos baterías
-situadas encima de la puerta de San Cristóbal y muralla de Sarracinas.
-También los franceses se habían posesionado el 2 del convento de San
-Daniel, en la cañada del Galligans, e impedido la entrada de los cortos
-socorros que todavía de cuando en cuando penetraban en la plaza por
-aquel lado.
-
-[Sidenote: Estrechan la plaza.]
-
-Hasta entonces, persuadidos los sitiadores de que con la ocupación de
-Monjuich abriría la ciudad sus puertas, no habían contra ella apretado
-el sitio. Solo por medio de una batería de 4 cañones y 2 obuses,
-plantada en la ladera del Puig Denroca, molestaban a los vecinos y
-hacían desde su elevada posición daño en los baluartes de San Pedro,
-Figuerola y en San Narciso. Construyeron ahora tres baterías: una en
-Monjuich de 4 cañones de a 24; otra encima del arrabal de San Pedro,
-y la tercera en el monte Denroca. Rompieron todas ellas sus fuegos el
-día 19, atacando principalmente la muralla de San Cristóbal y la puerta
-de Francia. Los sitiados para remediar el estrago y ofrecer nuevos
-obstáculos imaginaron muchas y oportunas obras: cerraron las calles
-que desembocan en la plaza de San Pedro, y abrieron una gran cortadura
-defendida detrás por un parapeto. Los franceses, que, escarmentados
-con el ejemplar de Zaragoza, huían de empeñar la lucha en las calles,
-no insistieron con ahínco en su ataque de la puerta de Francia, y
-revolvieron contra la de San Cristóbal y muralla de Santa Lucía, paraje
-en verdad el más flaco y elevado de la plaza. Adelantaron para ello sus
-trabajos, y construidas nuevas baterías de brecha y morteros, vomitaron
-estas muerte y destrozos los últimos días de agosto, con especialidad
-en los dos puntos últimamente indicados y en los cuarteles nuevo y
-viejo de Alemanes. Quisieron el 25 alojarse los enemigos en las casas
-de la Gironella; pero una partida española que salió del fuerte del
-Condestable impidió su intento, matando a unos y cogiendo a otros
-prisioneros.
-
-Pocos esfuerzos de esta clase le era lícito hacer a la guarnición,
-escasa de suyo y menguada con las pérdidas de Monjuich y las diarias de
-la plaza. La corta población de Gerona tampoco daba ensanche, como en
-Zaragoza, para repetir las salidas. Ni aun apenas hubiera quedado gente
-que cubriese los puestos si de cuando en cuando, y subrepticiamente,
-no se hubiesen introducido en el recinto algunos hombres llevados de
-verdadera y desinteresada gloria, de los cuales en aquellos días hubo
-100 que vinieron de Olot.
-
-[Sidenote: Respuesta notable de Álvarez.]
-
-No obstante, el gobernador Don Mariano Álvarez, activo al propio tiempo
-que cuerdo, no desaprovechaba ocasión de molestar al enemigo y retardar
-sus trabajos, y a un oficial que encargado de una pequeña salida le
-preguntaba que adónde, en caso de retirarse, se acogería, respondiole
-severamente, _al cementerio_.
-
-[Sidenote: Su diligencia.]
-
-Mas luego que vio atacado el recinto de la plaza, puso su mayor
-conato en reforzar el punto principalmente amenazado: para lo cual,
-construyendo en parajes proporcionados varias baterías, hasta colocó
-una de dos cañones encima de la bóveda de la catedral. Aunque los
-enemigos desencabalgaron pronto muchas piezas, ofendíales en gran
-manera la fusilería de las murallas, y sobre todo las granadas, bombas
-y polladas que de lugares ocultos se lanzaban a las trincheras y
-baterías vecinas. Los apuros, sin embargo, crecían dentro de la ciudad,
-y se disminuía más y más el número de defensores, siendo ya tiempo de
-que fuese socorrida.
-
-[Sidenote: Don Joaquín Blake.]
-
-El general Don Joaquín Blake, quien, después de su desgraciada campaña
-de Aragón, regresó, según dijimos, a Cataluña, puesta también bajo
-su mando, salió en julio de Tarragona con solo sus ayudantes, y
-recorrió la tierra hasta Olot. En su viaje, si bien detenido por una
-indisposición, no permaneció largo tiempo, retrocediendo a Tortosa
-antes de concluirse el mes; de allí, tomadas ciertas disposiciones,
-pensó con eficacia en auxiliar a Gerona.
-
-[Sidenote: Va al socorro de Gerona.]
-
-Aguijábanle a ello las vivas reclamaciones de aquella plaza, y las
-que de palabra hizo Don Enrique O’Donnell, enviado por Álvarez al
-intento. Blake, resuelto a la empresa, atendió antes de su partida a
-distraer al enemigo en las otras provincias que abrazaba su distrito,
-por cuyo motivo envió una división a Aragón, dejó otra en los lindes
-de Valencia, y él con la de Lazán se trasladó en persona a Vic, en
-donde, no terminado todavía agosto, estableció su cuartel general. A su
-llegada agregó a su gente las partidas y somatenes que hormigueaban por
-la tierra, y pasó a Sant Hilari y ermita del Padró. Desde este punto
-quiso llamar la atención del enemigo a varios otros para ocultar el
-verdadero por donde pensaba introducir el socorro. [Sidenote: Buenas
-disposiciones que para ello se toman.] Así fue que el 30 de agosto en
-la tarde envió a Don Enrique O’Donnell con 1200 hombres la vuelta de
-Bruñolas, habiendo antes dirigido por el lado opuesto a Don Manuel
-Llauder sobre la ermita de los Ángeles. Don Francisco Robira y Don Juan
-Clarós debían también divertir al enemigo por la orilla izquierda del
-Ter.
-
-[Sidenote: Septiembre.]
-
-El general Saint-Cyr, cuyos reales desde el 10 de agosto se habían
-trasladado a Fornells, estando sobre aviso de los intentos de Blake,
-tomó para estorbarlos varias medidas de acuerdo con el general Verdier,
-y reunió sus tropas, desparramadas por la dificultad de subsistencias.
-Mas a pesar de todo consiguieron los españoles su objeto. Llauder se
-apoderó de los Ángeles, y O’Donnell atacando vivamente la posición de
-Bruñolas, trajo hacia sí la mayor parte de la fuerza de los enemigos
-que creyeron ser aquel el punto que se quería forzar.
-
-[Sidenote: Vese Saint-Cyr engañado.]
-
-Amaneció el 1.º de septiembre cubierta la tierra de espesa niebla, y
-Saint-Cyr, a quien Verdier se había ya unido, aguardó hasta las tres de
-la tarde a que los españoles le atacasen. Hizo para provocarlos varios
-movimientos del lado de Bruñolas; pero viendo que al menor amago daban
-aquellos traza de retirarse, tornó a Fornells, en donde, con admiración
-suya, encontró en desorden la división de Lecchi que, regida ahora por
-Milosewitz, había quedado apostada en Salt. Justamente por allí fue
-por donde el convoy se dirigió a la plaza, siguiendo la derecha del
-Ter. Componíase de 2000 acémilas que custodiaban 4000 infantes y 2000
-caballos a las órdenes del general Don Jaime García Conde. [Sidenote:
-Entra un convoy y refuerzo en Gerona a las órdenes de Conde.] Cayó
-este de repente sobre los franceses de Salt, arrollolos completamente,
-y mientras que en derrota iban la vuelta de Fornells, entró en Gerona
-el convoy tranquila y felizmente. Álvarez dispuso una salida que bajo
-Don Blas de Fournás fuese al encuentro de Conde, divirtiendo asimismo
-la atención del enemigo del lado de Monjuich. A la propia sazón Clarós
-penetró hasta San Medir, y Robira tomó a Montagut, de donde arrojó
-a los westfalianos que solos habían quedado para guardar la línea,
-matando un miquelete al general Hadeln con su propia espada. Clavaron
-los nuestros tres cañones, y persiguieron a sus contrarios hasta
-Sarriá. En grande aprieto estaban los últimos cuando, repasando el
-Ter el general Verdier, volvió a su orilla izquierda y contuvo a los
-intrépidos Clarós y Robira. Por su parte el general Conde después de
-dejar en la plaza el convoy y 3287 hombres, tornó con el resto de su
-gente a Hostalrich, y a Olot Don Joaquín Blake, que había permanecido
-en observación de los diversos movimientos de su ejército. Fueron
-estos dichosos en sus resultas y bastante bien dirigidos, quedando
-completamente burlado el general Saint-Cyr no obstante su pericia.
-
-Dio aliento tan buen suceso a la corta guarnición de Gerona que se vio
-así reforzada; mas por este mismo aumento no se consiguió disminuir la
-escasez con los víveres introducidos.
-
-Los franceses ocuparon de nuevo los puntos abandonados, y el 6 de
-septiembre recobraron la ermita de los Ángeles, pasando a cuchillo
-a sus defensores, excepto a tres oficiales y al comandante Llauder,
-que saltó por una ventana. No intentaron contra la plaza en aquellos
-días cosa de gravedad, contentándose con multiplicar las obras de
-defensa. No desaprovecharon los sitiados aquel respiro, y atareándose
-afanadamente, aumentaron los fuegos de flanco y parabólicos, y
-ejecutaron otros trabajos no menos importantes.
-
-Pasado el 11 de septiembre, renovaron los enemigos el fuego con mayor
-furor y ensancharon tres brechas ya abiertas en Santa Lucía, Atemanes
-y San Cristóbal, maltratando también el fuerte del Calvario, cuyo fuego
-sobremanera los molestaba.
-
-[Sidenote: Salida malograda de la plaza.]
-
-Dispuso el 15 Don Mariano Álvarez una salida con intento de retardar
-los trabajos del sitiador y aun de destruir algunos de ellos. Dirigíala
-Don Blas de Fournás, y aunque al principio todo lo atropellaron los
-nuestros, no siendo después convenientemente apoyadas las dos primeras
-columnas por otra que iba de respeto, tuvieron que abrigarse todas de
-la plaza sin haber recogido el fruto deseado.
-
-Aportilladas de cada vez más las brechas, y apagados los fuegos del
-frente atacado, trataron los enemigos de dar el asalto. Pero antes
-enviaron parlamentarios, que según la invariable resolución de Álvarez,
-fueron recibidos a cañonazos.
-
-[Sidenote: Asaltan los franceses la plaza el 19 de septiembre.]
-
-Irritados de nuevo con tal acogida, corrieron al asalto a las cuatro
-de la tarde del 19 de septiembre, distribuidos en cuatro columnas de
-a 2000 hombres. Entonces brillaron las buenas y previas disposiciones
-que había tomado el gobernador español: allí mostró este su levantado
-ánimo. Al toque de la generala, al tañido triste de la campana que
-llamaba a somatén, [Sidenote: Valor de la guarnición y habitantes.]
-soldados y paisanos, clérigos y frailes, mujeres y hasta niños
-acudieron a los puestos de antemano y a cada uno señalados. En medio
-del estruendo de doscientas bocas de cañón y de la densa nube que la
-pólvora levantaba, ofrecía noble y grandioso espectáculo la marcha
-majestuosa y ordenada de tantas personas de diversa clase, profesión y
-sexo. Silenciosos todos, se vislumbraba sin embargo en sus semblantes
-la confianza que los alentaba. [Sidenote: Álvarez.] Álvarez a su
-cabeza, grave y denodado, representábase a la imaginación en tan
-horrible trance a la manera de los héroes de Homero, superior y
-descollando entre la muchedumbre, y cierto que si no se aventajaba a
-los demás en estatura como aquellos, sobrepujaba a todos en resolución
-y gran pecho. Con no menor orden que la marcha se habían preparado los
-refuerzos, la distribución de municiones, la asistencia y conducción de
-heridos.
-
-Presentose la primera columna enemiga delante de la brecha de Santa
-Lucía que mandaba el irlandés Don Rodulfo Marshall. Dos veces tomaron
-en ella pie los acometedores, y dos veces rechazados quedaron muchos
-de ellos allí tendidos. [Sidenote: Muerte de Marshall.] Tuvieron los
-españoles el dolor de que fuese herido gravemente y de que muriese
-a poco el comandante de la brecha Marshall, quien antes de expirar
-prorrumpió diciendo «que moría contento por tal causa y por nación tan
-brava.»
-
-Otras dos columnas enemigas emprendieron arrojadamente la entrada
-por las brechas más anchurosas de Alemanes y San Cristóbal, en donde
-mandaba Don Blas de Fournás. Por algún tiempo alojáronse en la primera
-hasta que al arma blanca los repelieron los regimientos de Ultonia y
-Borbón, apartándose de ambas destrozados por el fuego que de todos
-lados llovía sobre ellos. No menos padeció otra columna enemiga que
-largo rato se mantuvo quieta al pie de la torre de la Gironella. Herido
-aquí el capitán de artillería Don Salustiano Gerona, tomó el mando
-provisional Don Carlos Beramendi, y haciendo las veces de jefe y de
-subalterno causó estrago en las filas enemigas.
-
-Amenazaron también estas durante el asalto los fuertes del Condestable
-y del Calvario igualmente sin fruto.
-
-[Sidenote: Son repelidos los franceses en todas partes con gran
-pérdida.]
-
-Tres horas duró función tan empeñada. Todas las brechas quedaron llenas
-de cadáveres y despojos enemigos; el furor de los sitiados era tal,
-que dejando a veces el fusil, sus membrudos y esforzados brazos cogían
-las piedras sueltas de la brecha y las arrojaban sobre las cabezas de
-los acometedores. Don Mariano Álvarez animaba a todos con su ejemplo y
-aun con sus palabras precavía los accidentes, reforzaba los puntos más
-flacos, y arrebatado de su celo no escuchaba la voz de sus soldados
-que encarecidamente le rogaban no acudiese como lo hacía a los parajes
-más expuestos. Perdieron los enemigos varios oficiales de graduación y
-cerca de 2000 hombres: entre los primeros contaron al coronel Floresti,
-que en 1808 subió a posesionarse del Monjuich de Barcelona, en donde
-entonces mandaba Don Mariano Álvarez. De los españoles cayeron aquel
-día de 300 a 400, en su número muchos oficiales que se distinguieron
-sobremanera, y algunas de aquellas mujeres intrépidas que tanto
-honraron a Gerona.
-
-[Sidenote: Convierten los franceses el sitio en bloqueo.]
-
-Escarmentados los franceses con lección tan rigorosa, desistieron
-de repetir los asaltos a pesar de las muchas y espaciosas brechas,
-convirtiendo el sitio en bloqueo, y contando por auxiliares, como dice
-Saint-Cyr, el tiempo, las calenturas y el hambre.
-
-[Sidenote: Intenta en vano Blake socorrer de nuevo la plaza.]
-
-Don Joaquín Blake, a quien algunos motejaban de no divertir la
-atención del enemigo del lado de Francia, intentó de nuevo avituallar
-la plaza. Para ello preparado un convoy en Hostalrich apareció el 26
-de septiembre con 12.000 hombres en las alturas de La Bisbal a dos
-leguas de Gerona. [Sidenote: O’Donnell.] Gobernada la vanguardia por
-Don Enrique O’Donnell, desalojó a los franceses de los puntos que
-ocupaban desde Villa Roja hasta San Miguel. Salieron al propio tiempo
-de la plaza y del Condestable [Sidenote: Haro.] 400 hombres guiados
-por el coronel de Baza D. Miguel de Haro, que también ha trazado con
-imparcialidad la historia de este sitio. Seguía a O’Donnell Wimpffen
-con el convoy, el cual constaba de unas 2000 acémilas y ganado lanar.
-Quedó el grueso del ejército teniendo al frente a Blake en las
-mencionadas alturas de La Bisbal.
-
-Enterado Saint-Cyr de la marcha del convoy, trató de impedir su entrada
-en la plaza. Consiguiolo desgraciadamente esta vez interponiéndose
-entre O’Donnell y Wimpffen y todo lo apresó, excepto unas 170 cargas
-que se salvaron y metieron en Gerona. Achacose la culpa a la sobrada
-intrepidez de O’Donnell que se alejó más de lo conveniente de Wimpffen,
-y también a la tímida prudencia de Blake que no acudió debidamente en
-auxilio del último. Así no llegaron a Gerona víveres tan necesarios
-y deseados, y perdió malamente el ejército de Cataluña unos 2000
-hombres. O’Donnell y Haro se abrigaron de los fuertes del Condestable
-y Capuchinos. Trataron los franceses cruelmente a los arrieros del
-convoy, ahorcando a unos y fusilando a otros en el Palau a vista de la
-ciudad.
-
-[Sidenote: Ventajas de los españoles y de los ingleses cerca de
-Barcelona.]
-
-Corta compensación de tamaña desdicha fueron algunas ventajas
-conseguidas en el Llobregat y Besós por los miqueletes y tropas de
-línea. Tampoco pudo servir de consuelo el haber dispersado los ingleses
-y cogido en parte un convoy que escoltaban navíos de guerra franceses,
-y que llevaba víveres y auxilios a Barcelona; ventura que no habían
-tenido poco antes con el que mandaba el almirante francés Cosmao que
-entró y salió de aquel puerto sin que nadie se lo estorbase.
-
-[Sidenote: Octubre. Empieza el hambre en Gerona.]
-
-Realmente en nada remediaba esto a Gerona, cuyas enfermedades y
-penuria crecían con rapidez. Se esmeraban en vano para disminuir el
-mal la junta y el gobernador. No se habían acopiado víveres sino
-para cuatro meses, y ya iban corridos cinco. Imperceptibles fueron,
-conforme manifestamos, los socorros introducidos en 1.º de septiembre,
-aumentándose las cargas con el refuerzo de tropas.
-
-[Sidenote: Únese O’Donnell al ejército.]
-
-Por lo mismo, y según lo requería la escasez de la plaza, Don Enrique
-O’Donnell, que desde la malograda expedición del convoy de 26 de
-septiembre permanecía al pie del fuerte del Condestable, tuvo que
-alejarse, y atravesando la ciudad en la noche del 12 de octubre, cruzó
-el llano de Salt y Santa Eugenia, uniéndose al ejército por medio de
-una marcha atrevida.
-
-[Sidenote: El mariscal Augereau sucede a Saint-Cyr en Cataluña.]
-
-En aquel día llegó igualmente al campo enemigo el mariscal Augereau,
-habiendo partido el 5 el general Saint-Cyr. Con el nuevo jefe francés,
-y posteriormente, acudieron a su ejército socorros y refuerzos,
-estrechándose en extremo el bloqueo. Levantaron para ello los
-sitiadores varias baterías, formaron reductos, [Sidenote: Estréchase
-el bloqueo.] y llegó a tanto su cuidado que de noche ponían perros
-en las sendas y caminos, y ataban de un espacio a otro cuerdas con
-cencerros y campanillas; por cuya artimaña, cogidos algunos paisanos,
-atemorizáronse los pocos que todavía osaban pasar con víveres a la
-ciudad.
-
-[Sidenote: Auméntanse el hambre y las enfermedades.]
-
-La escasez por tanto tocaba al último punto. Los más de los habitantes
-habían ya consumido las provisiones que cada uno en particular había
-acopiado, y de ellos y de los forasteros refugiados en la plaza veíanse
-muchos caer en las calles muertos de hambre. Apenas quedaba otra
-cosa en los almacenes para la guarnición que trigo, y como no había
-molinos, suplíase la falta machacando el grano en almireces o cascos
-de bomba, y a veces entre dos piedras; y así, y mal cocido, se daba al
-soldado. Nacieron de aquí y se propagaron todo género de dolencias,
-estando henchidos los hospitales de enfermos, y sin espacio ya para
-contenerlos. Solo de la guarnición perecieron en este mes de octubre
-793 individuos, comenzando también a faltar hasta los medicamentos más
-comunes. [Sidenote: Tercera e inútil tentativa de Blake para socorrer
-a Gerona.] Inútilmente Don Joaquín Blake trató por tercera vez de
-introducir socorros. De Hostalrich aproximose el 18 de octubre a
-Bruñolas, y aguantó el 20 un ataque del enemigo, cuya retaguardia picó
-después O’Donnell hasta los llanos de Gerona. Acudiendo el mariscal
-Augereau con nuevas fuerzas, retirose Blake camino de Vic dejando
-solo a O’Donnell en Santa Coloma, quien a pesar de haber peleado
-esforzadamente, cediendo al número tuvo que abandonar el puesto y
-todo su bagaje. Quedaban así a merced del vencedor las provisiones
-reunidas en Hostalrich que pocos días después fueron por la mayor parte
-destruidas, habiendo entrado el enemigo la villa, si bien defendida por
-los vecinos con bastante empeño.
-
-[Sidenote: Noviembre.]
-
-Dentro de Gerona no dio noviembre lugar a combates excusados y
-peligrosos en concepto de los sitiadores. Renováronse, sí, de parte de
-estos las intimaciones, valiéndose de paisanos, de soldados y hasta
-de frailes que fueron o mal acogidos o presos por el gobernador.
-Pero las lástimas y calamidades se agravaban más y más cada día.[*]
-[Sidenote: Hambre horrorosa. Carestía de víveres. (* Ap. n. 10-1.)]
-Las carnes de caballo, jumento y mulo de que poco antes se había
-empezado a echar mano, íbanse apurando ya por el consumo de ellas,
-ya también porque faltos de pasto y alimento, los mismos animales se
-morían de hambre comiéndose entre sí las crines. Cuando la codicia de
-algún paisano, arrostrando riesgos, introducía comestibles, vendíanse
-estos a exorbitantes precios; costaba una gallina diez y seis pesos
-fuertes, y una perdiz cuatro. Adquirieron también extraordinario valor
-aun los animales más inmundos, habiendo quien diese por un ratón cinco
-reales de vellón, y por un gato treinta. Los hospitales, sin medicinas
-ni alimentos, y privados de luz y fuego, habíanse convertido en un
-cementerio en que solo se divisaban no hombres sino espectros. Las
-heridas eran por lo mismo casi todas mortales y se complicaban con las
-calenturas contagiosas que a todos afligían, acabando por manifestarse
-el terrible escorbuto y la disentería.
-
-[Sidenote: Vacila el ánimo de algunos.]
-
-A la vista de tantos males juntos de guerra, hambre, enfermedades y
-dolorosas muertes, flaqueaban hasta los más constantes. Solo Álvarez
-se mantenía inflexible. [Sidenote: Inflexibilidad de Álvarez.] Había
-algunos, aunque contados, que hablaban de capitular; otros, queriendo
-incorporarse al ejército, proponían abrirse paso por medio del enemigo.
-De los primeros hubo quien osó pronunciar en presencia del gobernador
-la palabra _capitulación_, pero este interrumpiéndole prontamente
-díjole: «¿Cómo, solo usted es aquí cobarde? Cuando ya no haya víveres
-nos comeremos a usted y a los de su ralea, y después resolveré lo que
-más convenga.»
-
-Entre los que con pensamientos más honrados ansiaban salir por
-fuerza de la plaza, se celebraron reuniones y aun se hicieron varias
-propuestas, mas la junta, recelando desagradables resultas, atajó el
-mal, y todos se sometieron a la firme condición del gobernador.
-
-[Sidenote: Bando de Álvarez.]
-
-Este, cuanto más crecía el peligro, más impertérrito se mostraba,
-dando por aquellos días un bando así concebido. «Sepan las tropas que
-guarnecen los primeros puestos que los que ocupan los segundos tienen
-orden de hacer fuego, en caso de ataque, contra cualquiera que sobre
-ellos venga, sea español o francés, pues todo el que huye hace con su
-ejemplo más daño que el mismo enemigo.»
-
-[Sidenote: Gracias que concede la central a Gerona.]
-
-La larga y empeñada resistencia de Gerona dio ocasión a que la junta
-central concediese a sus defensores iguales gracias que a los de
-Zaragoza, y provocó en el principado de Cataluña el deseo de un
-levantamiento general para ir a socorrer la plaza. Con intento de
-llevar a cabo esta última medida, [Sidenote: Congreso catalán.] se
-juntó en Manresa antes de concluirse noviembre un congreso compuesto de
-individuos de todas clases y de todos los puntos del principado.
-
-[Sidenote: Estado deplorable de la plaza.]
-
-Pero ya era tarde. Tras del triste y angustiado verano en el que ni
-las plantas dieron flores, ni cría los brutos, llegó el otoño que
-húmedo y lluvioso acreció las penas y desastres. Desplomadas las
-casas, desempedradas las calles, y remansadas en sus hoyos las aguas
-y las inmundicias, quedaron los vecinos sin abrigo y respirábase en
-la ciudad un ambiente infecto, corrompido también con la putrefacción
-de cadáveres que yacían insepultos en medio de escombros y ruinas.
-Habían perecido en noviembre 1378 soldados y casi todas las familias
-desvalidas. No se veían mujeres encintas, falleciendo a veces de
-inanición en el regazo de las madres el tierno fruto de sus entrañas.
-La naturaleza toda parecía muerta.
-
-[Sidenote: Diciembre.]
-
-Los enemigos, aunque prosiguieron arrojando bombas e incomodando con
-sus fuegos, no habían renovado sus asaltos, escarmentados en sus
-anteriores tentativas. Mas el mariscal Augereau, viendo que el congreso
-catalán excitaba a las armas a todo el principado, recelose que Gerona
-con su constancia diese tiempo a ser socorrida, por lo que en la noche
-del 2 de diciembre, [Sidenote: Renuevan los franceses sus ataques.]
-aniversario de la coronación de Napoleón, emprendió nuevas acometidas.
-Ocupó de resultas el arrabal del Carmen, y levantando aún más baterías,
-ensanchó las antiguas brechas y abrió otras. El 7 se apoderó del
-reducto de la ciudad y de las casas de la Gironella, en donde sus
-soldados se atrincheraron y cortaron la comunicación con los fuertes,
-a cuyas guarniciones no les quedaba ni aun de su corta ración sino
-para dos días. Imperturbable Álvarez, si bien ya muy enfermo, dispuso
-socorrer aquellos puntos, y consiguiolo enviando trigo para otros tres
-días, que fue cuanto pudo recogerse en su extrema penuria.
-
-[Sidenote: Ataque del 7 de diciembre.]
-
-En la tarde del 7, después de haber inútilmente procurado los enemigos
-intimar la rendición a la plaza, rompieron el fuego por todas partes
-desde la batería formada al pie de Montelibi hasta los apostaderos del
-arrabal del Carmen, imposibilitando de este modo el tránsito del puente
-de piedra.
-
-[Sidenote: Se agolpan contra Gerona todo género de males.]
-
-Gerona, en fin, se hallaba el 8 sin verdadera defensa. Perdidos casi
-todos sus fuertes exteriores, veíase interrumpida la comunicación con
-tres que aún no lo estaban. Siete brechas abiertas, 1100 hombres era la
-fuerza efectiva, y estos convalecientes o batallando, como los demás,
-contra el hambre, el contagio y la continua y penosa fatiga. De sus
-cuerpos no quedaba sino una sombra, y el espíritu aunque sublime no
-bastaba para resistir a la fuerza física del enemigo. Hasta Álvarez,
-de cuya boca, como de la de Calvo, gobernador de Maestricht, no salían
-otras palabras que las de «no quiero rendirme», doliente durante el
-sitio de tercianas, [Sidenote: Enfermedad de Álvarez.] rindiose al fin
-a una fiebre nerviosa que el 4 de diciembre ya le puso en peligro.
-Continuó no obstante dando sus órdenes hasta el 8, en que, entrándole
-delirio, hizo el 9, en un intervalo de sano juicio, dejación del mando
-en el teniente de rey Don Julián Bolívar. [Sidenote: Sustitúyele
-D. Julián Bolívar.] Su enfermedad fue tan grave que recibió la
-extremaunción, y se le llegó a considerar como muerto. Hasta entonces
-no parecía sino que aun las bombas en su caída habían respetado tan
-grande alma, pues destruido todo en su derredor y los más de los
-cuartos de su propia casa, quedó en pie el suyo, no habiéndose nunca
-mudado del que ocupaba al principio del sitio.
-
-[Sidenote: Háblase de capitular.]
-
-Postrado Álvarez, postrose Gerona. En verdad ya no era dado resistir
-más tiempo. D. Julián Bolívar congregó la junta corregimental y una
-militar. Dudaban todos qué resolver, ¡tanto les pesaba someterse al
-extranjero!; pero habiendo recibido aviso del congreso catalán de que
-su socorro no llegaría con la deseada prontitud, tuvieron que ceder a
-su dura estrella, y enviaron para tratar al campo enemigo a D. Blas de
-Fournás. [Sidenote: Honrosa capitulación de Gerona. (* Ap. n. 10-2.)]
-Acogió bien a este el mariscal Augereau y se ajustó [*] entre ambos
-una capitulación honrosa y digna de los defensores de Gerona. Entraron
-los franceses en la plaza el 11 de diciembre por la puerta del Areny,
-y asombráronse al considerar aquel montón de cadáveres y de escombros,
-triste monumento de un malogrado heroísmo. Habían allí perecido de 9 a
-10.000 personas, entre ellas 4000 moradores.
-
-[Sidenote: Extraordinaria defensa la de esta plaza.]
-
-Carnot nos dice que, consultando la historia de los sitios modernos,
-apenas puede prolongarse más allá de 40 días la defensa de las mejores
-plazas, ¡y la de la débil Gerona duró siete meses! Atacáronla los
-franceses, conforme hemos visto, con fuerzas considerables, levantaron
-contra sus muros 40 baterías de donde arrojaron más de 60.000 balas y
-20.000 bombas y granadas, valiéndose por fin de cuantos medios señala
-el arte. Nada de esto sin embargo rindió a Gerona, «solo el hambre,
-según el dicho de un historiador de los enemigos, y la falta de
-municiones pudo vencer tanta obstinación.»
-
-Dirigieron los españoles la defensa, no solo con la fortaleza que
-infundía Álvarez, sino con tino y sabiduría. Mejor avituallada, hubiera
-Gerona prolongado sin término su resistencia, teniendo entonces los
-enemigos que atacar las calles y las casas, en donde, como en Zaragoza,
-hubieran encontrado sus huestes nuevo sepulcro.
-
-[Sidenote: Álvarez, trasladado a Francia. Su muerte.]
-
-El gobernador Don Mariano Álvarez, aunque desahuciado, volvió en sí,
-y el 23 de diciembre le sacaron para Francia. Desde allí tornáronle
-a poco a España, y le encerraron en un calabozo del castillo de
-Figueras, habiéndole antes separado de sus criados y de su ayudante Don
-Francisco Satué. Al día siguiente de su llegada susurrose que había
-fallecido, y los franceses le pusieron de cuerpo presente tendido en
-unas parihuelas, [Sidenote: Sospechas de que fue violenta.] apareciendo
-la cara del difunto hinchada y de color cárdeno a manera de hombre a
-quien han ahogado o dado garrote. Así se creyó generalmente en España,
-y en verdad la circunstancia de haberle dejado solo, los indicios
-que de muerte violenta se descubrían en su semblante, y noticias
-confidenciales [*] [Sidenote: (* Ap. n. 10-3.)] que recibió el gobierno
-español, daban lugar a vehementes sospechas. Hecho tan atroz no merecía
-sin embargo fe alguna, a no haber amancillado su historia con otros
-parecidos el gabinete de Francia de aquel tiempo.
-
-[Sidenote: Honores concedidos a la memoria de Álvarez.]
-
-La junta central decretó «que se daría a Don Mariano Álvarez, si
-estaba vivo, una recompensa propia de sus sobresalientes servicios,
-y que si por desgracia hubiese muerto, se tributarían a su memoria
-y se darían a su familia los honores y premios debidos a su ínclita
-constancia y heroico patriotismo.» Las cortes congregadas más adelante
-en Cádiz mandaron grabar su nombre en letras de oro en el salón de
-las sesiones, al lado de los ilustres Daoiz y Velarde. En 1815
-Don Francisco Javier Castaños, capitán general de Cataluña, pasó a
-Figueras, hízole las debidas exequias, y colocó en el calabozo en donde
-había expirado una lápida que recordase el nombre de Álvarez a la
-posteridad. Honores justamente tributados a tan claro varón.
-
-[Sidenote: Estado de las otras provincias.]
-
-Ocurrieron durante el largo sitio de Gerona en las demás partes de
-España diversos e importantes acontecimientos. De los más principales
-hasta la batalla de Talavera dimos cuenta. Reservamos otros para este
-lugar, sobre todo los que acaecieron posteriormente a aquella jornada.
-Entre ellos distinguiremos los generales y que tomaban principio en el
-gobierno central, de los particulares de las provincias, empezando por
-los últimos nuestra narración.
-
-[Sidenote: Provincias libres.]
-
-Debe considerarse en aquel tiempo el territorio español como dividido
-en país libre y en país ocupado por el extranjero. Valencia, Murcia,
-las Andalucías, parte de Extremadura y de Salamanca, Galicia y Asturias
-respiraban desembarazadas y libres, trabajadas solo por interiores
-contiendas. Mostrábase Valencia rencillosa y pendenciera, excitando
-al desorden el ambicioso general Don José Caro, quien, habiéndose
-valido de ciertas cabezas de la insurrección para derribar de su
-puesto al conde de la Conquista, las persiguió después y maltrató
-encarnizadamente. Murcia, aunque satélite, por decirlo así, de Valencia
-en lo militar, daba señales de moverse con mayor independencia cuando
-se trataba de mantener la unión y el orden. Asiento las Andalucías
-del gobierno central, no recibían por lo común otro impulso que el
-de aquel, teniendo que someterse a su voluntad la altiva junta de
-Sevilla. Permaneció en general sumisa Extremadura, y la parte libre de
-Salamanca estaba sobradamente hostigada con la cercanía del enemigo
-para provocar ociosas reyertas. En Galicia y Asturias no reinaba el
-mejor acuerdo, resintiéndose ambas provincias de los males que causó la
-atropellada conducta de Romana. Desabrida la primera con la persecución
-de los patriotas, no ayudó al conde de Noroña que quedó mandando y a
-quien también faltaba el nervio y vigor entonces tan necesarios, lo
-cual excitó de todas partes vivas reclamaciones al gobierno supremo
-para que se restableciese la junta provincial que Romana ni pensó ni
-quiso convocar. Al cabo, pero pasados meses, se atendió a tan justos
-clamores. Gobernaban a Asturias el general Mahy y la junta que formó
-el mismo Romana, autoridades ambas harto negligentes. En octubre fue
-reemplazado el primero por el general Don Antonio de Arce. Habíale
-enviado de Sevilla la junta central en compañía del consejero de Indias
-Don Antonio de Leiva, a fin de que aquel capitanease la provincia y de
-que los dos oyesen las quejas de los individuos de la junta disuelta
-por Romana. Ejecutose lo postrero mal y lentamente, y en lo demás nada
-adelantó el nuevo general, hombre pacato y flojo. Reportose, por tanto,
-poco fruto en las provincias libres de las buenas disposiciones de
-los habitantes, siendo menester que el enemigo punzase de cerca para
-estimular a las autoridades y acallar sus desavenencias.
-
-[Sidenote: Provincias ocupadas.]
-
-Tampoco faltaban rivalidades en las provincias ocupadas,
-particularmente entre los jefes militares, achaque de todo estado en
-que las revueltas han roto los antiguos vínculos de subordinación y
-orden. Vamos a hablar de lo que en ellas pasó hasta fines de 1809.
-
-[Sidenote: Navarra y Aragón.]
-
-Pulularon en Aragón, después de las funestas jornadas de María y
-Belchite, los partidarios y cuerpos francos. Recorrían unos los valles
-del Pirineo e izquierda del Ebro, otros la derecha y los montes que se
-elevan entre Castilla la Nueva y reino de Aragón. Aquellos obraban por
-sí y sostenidos a veces con los auxilios que les enviaba Lérida; los
-segundos escuchaban la voz de la junta de Molina y en especial la de la
-de Aragón, que, restablecida en Teruel el 30 de mayo, tenía a veces que
-convertirse, como muchas otras y a causa de las ocurrencias militares,
-en ambulante y peregrina.
-
-Abrigáronse partidarios intrépidos de las hoces y valles que forma
-el Pirineo desde el de Benasque en la parte oriental, hasta el de
-Ansó situado al otro extremo. También aparecieron muy temprano en el
-de Roncal, que pertenece a Navarra, fragoso y áspero, propio para
-embreñarse por selvas y riscos. [Sidenote: Renovales.] En estos dos
-últimos y aledaños valles campeó con ventura D. Mariano Renovales.
-Prisionero en Zaragoza, se escapó cuando le llevaban a Francia, y
-dirigiéndose a lugares solitarios, se detuvo en Roncal para reunir
-varios oficiales también fugados. Noticioso de ello el general francés
-D’Agoult, que mandaba en Navarra, y temeroso de un levantamiento, envió
-en mayo para prevenirle al jefe de batallón Puisalis con 600 hombres.
-Súpolo Renovales, y allegando apresuradamente paisanos y soldados
-dispersos, se emboscó el 20 del mismo mes en el país que media entre
-los valles del Roncal y Ansó. [Sidenote: Combates en Roncal.] El 21,
-antes de la aurora, comenzaron los combates, trabáronse en varios
-puntos, duraron todo aquel día y el siguiente, en que se terminaron
-con gloria nuestra al pie del Pirineo, en la alta roca llamada Undarí.
-Todos los franceses que allí acudieron fueron muertos o hechos
-prisioneros, excepto unos 120 que no penetraron en los valles.
-
-Animado con esto Renovales, pero mal municionado, buscó recursos en
-Lérida y trajo armeros de Éibar y Plasencia. Pertrechado algún tanto,
-aguardó a los franceses, quienes invadiendo de nuevo aquellas asperezas
-el 15 de junio, fueron igualmente deshechos y perseguidos hasta la
-villa de Lumbier. Interpusiéronse en seguida los nuestros en los
-caminos principales, y sembraron entre los enemigos el desasosiego y la
-zozobra.
-
-[Sidenote: Correspondencia entre los franceses y Renovales.]
-
-Dieron lugar tales movimientos a que el comandante de Zaragoza, Plicque,
-y el gobernador de Navarra, D’Agoult, entablasen correspondencia con
-Renovales. En ella, al paso que agradecían los enemigos el buen porte de
-que usaba el general español con los franceses que cogía, reclamaban
-altamente el castigo de algunos subalternos, que se habían desmandado
-a punto de matar varios prisioneros, quejándose también de que el
-mismo Renovales se hubiese escapado, sin atender a la palabra empeñada.
-Respecto de lo primero, olvidaban los franceses que a tan lamentables
-excesos habían dado ellos triste ocasión, mandando D’Agoult ahorcar
-poco antes, socolor de bandidos, a cinco hombres que formaban parte de
-una guerrilla de Roncal; y respecto de lo segundo replicó Renovales:
-«si yo me fugué antes de llegar a Pamplona, advertid que se faltó por
-los franceses al sagrado de la capitulación de Zaragoza. Fui el primero
-a quien el general Morlot, sin honor ni palabra, despojó de caballos y
-equipaje, hollando lo estipulado. Si al general francés es lícita la
-infracción de un derecho tan sagrado, no sé por qué ha de prohibirse a
-un general español faltar a su palabra de prisionero.»
-
-[Sidenote: Sarasa.]
-
-Los triunfos de Roncal y Ansó infundieron grande espíritu en todas
-aquellas comarcas, y Don Miguel Sarasa, hacendado rico, después
-de haber tomado las armas y combatido en julio en varios felices
-reencuentros, formó la izquierda de Renovales apostándose en San Juan
-de la Peña, monasterio de benedictinos, y en cuya espelunca, como la
-llama Zurita, nació la monarquía aragonesa y se enterraron sus reyes
-hasta Don Alfonso el II.
-
-Viendo los enemigos cuán graves resultas podría traer el levantamiento
-de los valles del Pirineo, mayormente no habiéndoles sido dado apagarle
-en su origen, idearon acometer a un tiempo el país que media entre
-Jaca y el valle de Salazar, en Navarra, llamando al propio tiempo la
-atención del lado de Benasque. Con este fin salieron tropas de Zaragoza
-y Pamplona y de otros puntos en que tenían guarnición, no olvidando
-tampoco amenazar de la parte de Francia. Un trozo dirigiose por Jaca
-sobre San Juan de la Peña, otro ocupó los puertos de Salvatierra,
-Castillo Nuevo y Navascués, y se juntó una corta división en el valle
-de Salazar. [Sidenote: San Juan de la Peña quemado.] Fue San Juan de
-la Peña el primer punto atacado. Defendiose Sarasa vigorosamente,
-mas, obligado a retirarse, quemaron el 26 de agosto los franceses el
-monasterio de benedictinos, conservándose solo la capilla abierta en
-la peña. Con el edificio ardió también el archivo, habiéndose perdido
-allí, como en el incendio del de la diputación de Zaragoza, ocurrido
-durante el sitio, preciosos documentos que recordaban los antiguos
-fueros y libertades de Aragón. El general Suchet fundó, por vía de
-expiación, en la capilla que quedaba del abrasado monasterio, una misa
-perpetua con su dotación correspondiente. Pensaba quizá cautivar de
-este modo la fervorosa devoción de los habitantes, mas tomose a insulto
-dicha fundación y nadie la miró como efecto de piedad religiosa.
-
-[Sidenote: Combates en los valles de Ansó y Roncal.]
-
-Vencido este primer obstáculo avanzaron los franceses de todas partes
-hacia los valles de Ansó y Roncal. El 27 empezó el ataque en el
-primero, y a pesar de la porfiada oposición de los ansotanos, entraron
-los enemigos la villa a sangre y fuego.
-
-Contrarrestó Renovales su ímpetu en Roncal los días 27, 28 y 29,
-retirándose hasta el término y boquetes de la villa de Urzainqui. Mas,
-agolpándose a aquel paraje los franceses del valle de Ansó, los del
-de Salazar y una división procedente de Oleron en Francia, no fue
-ya posible hacer por más tiempo rostro a tanta turba de enemigos.
-Así, deseando Renovales salvar de mayores horrores a los roncaleses,
-[Sidenote: Capitulan los valles.] determinó que Don Melchor Ornat,
-vecino de la villa, capitulase honrosamente por los valles, como lo
-hizo, asegurando a los naturales la libertad de sus personas y el goce
-de sus propiedades. Renovales con varios oficiales, soldados y rusos
-desertores se trasladó al Cinca.
-
-[Sidenote: Benasque.]
-
-En tanto que esto pasaba en Navarra y valles occidentales de Aragón,
-llamaron también los franceses la atención a los orientales, incluso el
-de Arán, en Cataluña. No llevaron en todos ellos su intento más allá
-del amago, siendo rechazados en el puerto de Benasque, en donde se
-señaló el paisano Pedro Berot.
-
-[Sidenote: Perena y otros partidarios.]
-
-Descendiendo la falda de los Pirineos, y siguiendo la orilla izquierda
-del Cinca, Don Felipe Perena, Baget y otros partidarios tuvieron
-con los franceses reñidos choques. En varios sacaron ventaja los
-nuestros, incomodándolos incesantemente y cogiéndoles reses y víveres
-que llevaban para su abastecimiento. Ansiosos los franceses de
-libertarse de tan porfiados contrarios, enviaron al general Habert
-para dispersarlos y despejar las riberas del Cinca. Consiguió Habert
-penetrar hasta Fonz, en donde sus tropas asesinaron desapiadadamente a
-los ancianos y enfermos que habían quedado. Al mismo tiempo que Habert,
-cruzó el Cinca por cima de Estadilla el coronel Robert, quien al
-principio fue rechazado, pero concertando ambos jefes sus movimientos,
-replegáronse los partidarios españoles a Lérida, Mequinenza y puntos
-abrigados, tomando después el mando de todos ellos Renovales. Ocuparon
-los franceses a Fraga y Monzón, como importantes para la tranquilidad
-del país.
-
-[Sidenote: Nuevas partidas.]
-
-Mas ni aun así consiguieron su objeto. Sarasa en octubre y noviembre
-apareció de nuevo en las cercanías de Ayerbe, y procuró cortar las
-comunicaciones entre Zaragoza y Jaca. Los españoles de Mequinenza
-también hicieron en 16 de octubre una tentativa sobre Caspe, en un
-principio dichosa, al último malograda. Otras parciales refriegas
-ocurrían al mismo tiempo por aquellos parajes, poniendo al fin los
-franceses su conato en apoderarse de Benasque.
-
-[Sidenote: Ríndese Benasque.]
-
-Mandaba allí desde 1804 el marqués de Villora, y el 22 de octubre del
-año en que vamos, intimándole el comandante francés de Benavarre,
-La Pageolerie, que se rindiese, contestole el marqués dignamente.
-Mas en noviembre, acudiendo otra vez los franceses, cedió Villora sin
-resistencia; y por esto, y por entrar después al servicio del intruso,
-tachose su conducta de muy sospechosa.
-
-[Sidenote: Junta de Aragón.]
-
-En la margen derecha del Ebro, las juntas de Molina y Aragón trabajaban
-incansables en favor de la defensa común. La última, aunque metida
-en Moya, provincia de Cuenca, después de la vergonzosa jornada de
-Belchite, desvivíase por juntar dispersos y promover el armamento de la
-provincia. Don Ramón Gayán, [Sidenote: Gayán.] separado ya del ejército
-de Blake al desgraciarse la acción de María, sirvió de mucho con su
-cuerpo franco para ordenar la resistencia. Ocupaba la ermita del Águila
-en el término de Cariñena, y la junta agregole el regimiento provincial
-de Soria y el de la Princesa venido de Santander. Hubo entre los
-nuestros y los enemigos varios reencuentros. Los últimos, en julio,
-desalojaron a Gayán de la ermita del Águila, y frustrose un plan que
-la junta de Aragón tenía trazado para sorprender a los franceses que
-enseñoreaban a Daroca.
-
-Falló en parte, por disputas de los jefes que eran de igual graduación.
-Para prevenir en adelante todo altercado, envió Blake desde Cataluña,
-a petición de la mencionada junta, a Don Pedro Villacampa, entonces
-brigadier, el cual reuniendo bajo su mando la tropa puesta antes
-a las órdenes de Gayán, y además el batallón de Molina con otros
-destacamentos, formó en breve una división de 4000 hombres. A su cabeza
-adelantose el nuevo jefe, antes de finalizar agosto, a Calatayud,
-arrojó a los enemigos del puerto del Frasno, y haciendo varios
-prisioneros, los persiguió hasta la Almunia.
-
-[Sidenote: Le atacan los franceses.]
-
-En arma los franceses con tal embestida, después de verse algo
-desembarazados en la orilla izquierda del Ebro, revolvieron en mayor
-número contra Villacampa. Prudentemente se había recogido este a los
-montes llamados Muela de San Juan y sierras de Albarracín, célebres por
-dar nacimiento al Tajo y otros ríos caudalosos, habiéndose situado en
-Nuestra Señora del Tremedal, santuario muy venerado de los naturales,
-y adonde van en romería de muchas leguas a la redonda. De las tropas
-de Villacampa habían quedado algunas avanzadas en la dirección de
-Daroca, las cuales fueron en octubre arrojadas de allí por el general
-Chlopicki, que avanzó hasta Molina destruyendo o pillando casi todos
-los pueblos.
-
-Don Pedro Villacampa juntó en el Tremedal entre soldados y paisanos sin
-armas unos 4000 hombres. El santuario está situado en un elevado monte
-en forma de media luna, y a cuyo pie se descubre la villa de Orihuela.
-Pinares que se extienden por los costados y la cumbre roqueña de la
-montaña dan al sitio silvestre y ceñudo semblante. Había acumulado allí
-la devoción de los fieles muchas y ricas ofrendas, respetadas hasta de
-los salteadores, siendo así que de día y noche se dejaban abiertas las
-puertas del santuario. Por lo menos así lo aseguraban los clérigos o
-mosenes, como en Aragón los llaman, encargados del culto y custodia del
-templo.
-
-[Sidenote: Se apoderan de la Virgen del Tremedal.]
-
-Había Villacampa hecho en la subida algunas cortaduras, y dedicábase a
-disciplinar en aquel retiro su gente bisoña. Conocieron los franceses
-el mal que se les seguiría si para ello le dejaban tiempo, y trataron
-de destruirle o por lo menos de aventarle de aquellas asperezas. Tuvo
-orden de ejecutar la operación el coronel Henriod, con su regimiento
-14 de línea, alguna más infantería, un cuerpo de coraceros y tres
-piezas. Maniobró el francés diestramente, amagando la montaña por
-varios puntos, y el 25 se apoderó del Tremedal, de donde, arrojados
-los españoles, se escaparon por la espalda camino de Albarracín. Los
-enemigos saquearon e incendiaron a Orihuela, volándose el santuario con
-espantoso estrépito. Salvose la Virgen que a tiempo ocultó un mosén,
-y retirados los franceses acudieron ansiosamente los paisanos del
-contorno a adorar la imagen, cuya conservación graduaban de milagro.
-
-Aunque con tales excursiones conseguían los enemigos despejar el país
-de ciertas partidas, no por eso impedían que en otros parajes los
-molestasen nuevas guerrillas. Así, al adelantarse aquellos vía del
-Tremedal, los hostilizaban a su retaguardia el alcalde de Illueca y el
-paisanaje de varios pueblos. Lo mismo ocurría con mayor o menor ímpetu
-en casi todas las comarcas, fatigando a los invasores tan continuo e
-infructuoso pelear.
-
-[Sidenote: Entra Suchet en Albarracín y Teruel.]
-
-Suchet sin embargo insistía en querer apaciguar a Aragón, y sabiendo
-que de Madrid había ido a Cuenca el general Milhaud para desbandar las
-guerrillas de aquella provincia, avanzó también por su parte el 25 de
-diciembre hasta Albarracín y Teruel, cuyo suelo aún no habían pisado
-los franceses, obligando a la junta de Aragón que entonces se albergaba
-en Rubielos a abandonar su territorio, teniendo que refugiarse en las
-provincias vecinas.
-
-[Sidenote: Cuenca y Guadalajara.]
-
-De estas, las de Cuenca y Guadalajara traían a maltraer al enemigo.
-En la primera era uno de los principales jefes el marqués de las
-Atalayuelas, [Sidenote: Atalayuelas.] que solía ocupar a Sacedón y sus
-cercanías; y en la segunda, el Empecinado, [Sidenote: El Empecinado.]
-a quien ya vimos en Castilla la Vieja, y que se aventajaba a los
-demás en fama y notables hechos. Por disposición de la central
-habíase establecido el 20 de julio en Sigüenza [ciudad poco antes muy
-mal tratada por los franceses] una junta con objeto de gobernar la
-provincia de Guadalajara. [Sidenote: Juntas.] Trabajó con ahínco la
-nueva autoridad en reunir las partidas sueltas, efectuar alistamientos
-y hostigar de todos modos al enemigo, y así esta junta, como otra que
-se erigió en tierra de Cuenca, uniéndose en ocasiones o concertándose
-con las de Aragón y Molina, formaron en aquellas montañas un foco de
-insurrección que hubiera sido aún más ardiente si a veces no hubiesen
-debilitado su fuerza quisquillas y enojosas pendencias.
-
-[Sidenote: La junta de Guadalajara llama al Empecinado.]
-
-Don Juan Martín, el Empecinado, guerreaba allende la cordillera
-carpetana; mas, buscado en septiembre por la junta de Guadalajara,
-acudió gustoso al llamamiento. Comenzó aquel caudillo a recorrer la
-provincia, y no dejando a los franceses un momento de respiro tuvo ya
-en los meses de septiembre y octubre choques bastante empeñados en
-Cogolludo, Alvarés y Fuente la Higuera. Los franceses, para vencerle,
-recurrieron a ardides. Tal fue el que pusieron en planta en 12 de
-noviembre, aparentando retirarse de la ciudad de Guadalajara para luego
-volver sobre ella. Pero el Empecinado, después de haberse provisto de
-porción de paños de aquellas fábricas, rompió por medio de la hueste
-que le tenía rodeado y se salvó. Pagó en seguida a los franceses el
-susto que entonces le dieron, principalmente sorprendiendo el 24 de
-diciembre en Mazarrulleque a un grueso trozo de contrarios.
-
-[Sidenote: La Mancha.]
-
-Entre los guerrilleros de la Mancha, de que ya entonces se hablaba,
-además de Mir y Jiménez merece particular mención Francisco Sánchez,
-conocido con el nombre de Francisquete, [Sidenote: Francisquete.]
-natural de Camuñas. Habían los franceses ahorcado a un hermano suyo
-que se rindiera bajo seguro, y en venganza Francisco hízoles sin cesar
-guerra a muerte. Otros partidarios empezaron también a rebullir en
-esta provincia y en la de Toledo; mas, o desaparecieron pronto, o sus
-nombres no sonaron hasta más adelante.
-
-[Sidenote: León y Castilla.]
-
-En las que componen los reinos de León y Castilla la Vieja, descolló,
-entre otros muchos, cerca de Ciudad Rodrigo Don Julián Sánchez. Vivía
-este en la casa paterna después de haber militado en el regimiento de
-Mallorca. [Sidenote: Don Julián Sánchez.] Pisaron los enemigos en sus
-correrías aquellos umbrales, y mataron a sus padres y a una hermana,
-atrocidad que juró Sánchez vengar: empezó con este fin a reunir gente,
-y luego allegó hasta 200 caballos con el nombre de Lanceros, de cuya
-tropa nombrole capitán el duque del Parque, general que allí mandaba.
-Don Julián unas veces se apoyaba en el ejército o en la plaza de
-Ciudad Rodrigo, otras obraba por sí y se alejaba con su escuadrón.
-Infundía tal desasosiego en los franceses que en Salamanca el general
-Marchand dio contra él y sus soldados una proclama amenazadora, y cogió
-en rehenes, como a patrocinadores, a unos cuantos ganaderos ricos
-de la provincia. Sánchez, agraviado de que el francés calificase a
-sus hombres de asesinos y ladrones, replicole de una manera áspera y
-merecida. Cruda guerra que hasta en el hablar enconaba así de ambos
-lados el ánimo de los combatientes.
-
-[Sidenote: El Capuchino, Saornil.]
-
-Por el centro y vastas llanuras de Castilla la Vieja andaban asimismo
-al rebusco de franceses partidas pequeñas, como las del Capuchino,
-Saornil y otras que todavía no gozaban de mucho nombre, pero que
-dieron lugar a una circular curiosa al par que bárbara del general
-francés Kellermann, comandante de aquellos distritos, y por la que,
-haciendo en 25 de octubre una requisición de caballos, mandaba bajo
-penas rigurosas sacar el ojo izquierdo y marcar o inutilizar de otro
-modo para la milicia los que no fuesen destinados a su servicio.
-Porlier, también ejecutando a veces rápidas y portentosas marchas,
-rompía por la tierra y atropellaba los destacamentos enemigos,
-descolgándose de las montañas de Galicia y Asturias, que eran su
-principal guarida.
-
-[Sidenote: Juntas y partidarios en el camino de Francia.]
-
-En todo el camino carretero de Francia, desde Burgos hasta los lindes
-de Álava, y en ambas riberas por aquella parte del Ebro, hormiguearon
-de muy temprano las guerrillas. Tenía la codicia en qué cebarse con la
-frecuencia de convoyes y pasajeros enemigos, y muchos de los naturales,
-dados ya desde antes al contrabando por la línea de aduanas allí
-establecida, conocían a palmos el terreno y estaban avezados a los
-riesgos de su profesión, imagen de los de la guerra. Fomentaron tales
-inclinaciones varias juntas que se formaron de cuarenta en cuarenta
-lugares, y las cuales, o se reunieron después o se sujetaron a las que
-se apellidaban de Burgos, Soria y La Rioja. Reconocieron la autoridad
-de estos cuerpos las más de las partidas, de las que se miraron como
-importantes la de Ignacio Cuevillas, Don Juan Gómez, el cura Tapia, Don
-Francisco Fernández de Castro, hijo mayor del marqués de Barriolucio, y
-el cura de Villoviado, de quien ya se hizo mención en otro libro.
-
-Sus correrías solían ser lucrosas, en perjuicio del enemigo, y no
-faltas de gloria, sobre todo cuando muchas de ellas se unían y obraban
-de concierto. Sucedió así en septiembre para sostener a Logroño,
-estando a su frente Cuevillas: lo mismo el 18 de noviembre en Sausol
-de Navarra, en donde deshicieron a más de 1000 franceses, guiadas
-las partidas reunidas por el capitán de navío Don Ignacio Narrón,
-presidente de la junta de Nájera.
-
-[Sidenote: Mina el mozo.]
-
-En esta función tuvo ya parte Don Francisco Javier Mina, sobrino del
-después tan célebre Espoz. Cursaba en Zaragoza a la sazón que estalló
-el levantamiento de 1808: su edad entonces era la de 19 años, y tomó
-las armas como los demás estudiantes. Había nacido en Idocin, pueblo
-de Navarra, de labradores acomodados. Retirado por enfermo al lugar de
-su naturaleza, se hallaba en su casa cuando la saquearon los franceses
-en venganza de un sargento asesinado en la vecindad. Para libertar a
-su padre de una persecución se presentó Mina el mozo a los franceses,
-redimiéndose por medio de dinero del arresto en que le pusieron. Airado
-de la no merecida ofensa y de ver su casa allanada y perdida, armose,
-y uniéndosele otros doce comenzó sus correrías, reciente aún en Roncal
-la memoria de Renovales. Aumentose sucesivamente su cuadrilla, y con
-ímpetu daba de sobresalto en los destacamentos franceses de Navarra,
-como también en los confinantes de Aragón y Rioja. Fue extremada
-su audacia, y antes de concluirse 1809 admiró con sus hechos a los
-habitantes de aquellas partes.
-
-[Sidenote: Sucesos generales de la nación.]
-
-Hasta aquí los sucesos parciales ocurridos este año en las provincias.
-Necesario ha sido dar una idea de ellos aunque rápida, pues si bien se
-obedecía en todo el reino al gobierno supremo, la índole de la guerra
-y el modo como se empezó inclinaba a las provincias o las obligaba a
-veces a obrar solas o con cierta independencia. Ocupémonos ahora en la
-junta central y en los ejércitos, y asuntos más generales.
-
-[Sidenote: Estado de desasosiego de la central.]
-
-Vivos debates habían sobrevenido en aquella corporación al concluirse
-el mes de agosto y comenzar septiembre. Procedieron de divisiones
-internas y de la voz pública que le achacaba el malogramiento de la
-campaña de Talavera. Hervían con especialidad en Sevilla los manejos
-y las maquinaciones. Ya desde antes, como dijimos, y sordamente,
-trabajaban contra el gobierno varios particulares resentidos, entre
-ellos ciertos de la clase elevada. Cobraron ahora aliento por el arrimo
-que les ofrecía el enojo de los ingleses, y la autoridad del consejo
-reinstalado el mes anterior. No menos pensaban ya que en acudir a
-la fuerza, pero antes creyeron prudente tentar las vías pacíficas y
-legales. Sirvioles de primer instrumento Don Francisco de Palafox,
-individuo de la misma junta, quien el 21 de agosto leyó en su seno
-un papel en el que, doliéndose amargamente de los males públicos y
-pintándolos con negras tintas, proponía como remedio la reconcentración
-del poder en un solo regente, cuya elección indicaba podría recaer en
-el cardenal de Borbón. Encontró Palafox en sus compañeros oposición,
-presentándole algunas objeciones bastante fuertes, a las que no
-pudiendo de pronto responder como hombre de limitado seso, dejó su
-réplica para la siguiente sesión en que leyó otro papel explicativo del
-primero.
-
-[Sidenote: Consulta del consejo.]
-
-Aquel día, que era el 22, vino en apoyo suyo, con aire de concierto,
-una consulta del consejo. Este cuerpo, que en vez de mostrarse
-reconocido teníase por agraviado de su restablecimiento, como hecho,
-según pensaba, en menoscabo de sus privilegios, andaba solícito
-buscando ocasiones de arrancar la potestad suprema de las manos de la
-central, y colocarla o en las suyas o en otras que estuviesen a su
-devoción. Figurose haber llegado ya el plazo tan deseado, y perjudicó
-con ciega precipitación a su propia causa. [Sidenote: Su ceguedad.] En
-la consulta no se ciñó a examinar la conducta de la junta central, y
-a hacer resaltar los inconvenientes que nacían de que corporación tan
-numerosa tuviese a su cargo la parte ejecutiva, sino que también atacó
-su legitimidad y la de las juntas provinciales pidiendo la abolición de
-estas, el restablecimiento del orden antiguo, y el nombramiento de una
-regencia conforme a lo dispuesto en la ley de Partida. ¡Contradicción
-singular! El consejo que consideraba usurpada la autoridad de las
-juntas, y por consiguiente la de la central emanación de ellas, exigía
-de este mismo cuerpo actos para cuya decisión y cumplimiento era la
-legitimidad tan necesaria.
-
-Pero prescindiendo de semejante modo de raciocinar, harto común en
-asuntos de propio interés, hubo gran desacuerdo en el consejo en
-proceder así, enajenándose voluntades que le hubieran sido propicias.
-Descontentaban a muchos las providencias de la central; parecíales
-monstruoso su gobierno; mas no querían que se atacase su legitimidad
-derivada de la insurrección. Tocó en desvarío querer el consejo tachar
-del mismo defecto a las juntas provinciales, por cuya abolición
-clamaba. Estas corporaciones tenían influjo en sus respectivos
-distritos. Atacarlas era provocar su enemistad, resucitar la memoria
-de lo ocurrido al principio de la insurrección en 1808, y privarse de
-un apoyo tanto más seguro cuanto entonces se habían suscitado nuevas y
-vivas contestaciones entre la central y algunas de las mismas juntas.
-
-[Sidenote: Altercados de las juntas de provincia y la central. Sevilla.
-Extremadura.]
-
-La provincial de Sevilla nunca olvidaba sus primeros celos y
-rivalidades, y la de Extremadura antes más quieta, moviose al ver que
-su territorio quedaba descubierto con la ida de los ingleses, de cuya
-retirada echaba la culpa a la central. Así fue que, sin contar con el
-gobierno supremo, por sí dio pasos para que Lord Wellington mudase de
-resolución, y diolos por el conducto del conde del Montijo, que en sus
-persecuciones y vagancia había de Sanlúcar pasado a Badajoz. Desaprobó
-altamente la junta central la conducta de la de Extremadura como ajena
-de un cuerpo subalterno y dependiente, e irritola que fuera medianero
-en la negociación un hombre a quien miraba al soslayo, por lo cual
-apercibiéndola severamente mandó prender al del Montijo que se salvó
-en Portugal. Ofendida la junta de Extremadura de la reprensión que se
-le daba, replicó con sobrada descompostura, hija quizá de momentáneo
-acaloramiento, sin que por eso fuesen más allá afortunadamente tales
-contestaciones. [Sidenote: Valencia.] Las que habían nacido en
-Valencia al instalarse la central se aumentaron con el poco tino
-que tuvo en su comisión a aquel reino el barón de Sabasona, y nunca
-cesaron, resistiendo la junta provincial el cumplimiento de algunas
-órdenes superiores, a veces desacertadas, como lo fue la provisión en
-tiempos de tanto apuro de las canonjías, beneficios eclesiásticos y
-encomiendas vacantes, cuyo producto juiciosamente había destinado dicha
-junta a los hospitales militares. Encontradas así ambas autoridades a
-cada paso se enredaban en disputas, inclinándose la razón ya de un lado
-ya de otro.
-
-[Sidenote: Exposición de esta contra el consejo.]
-
-Dolorosas eran estas divisiones y querellas, y de mucho hubieran
-servido al consejo en sus fines, si acallando a lo menos por el momento
-su rencorosa ira contra las juntas, las hubiera acariciado en lugar
-de espantarlas con descubrir sus intentos. Enojáronse pues aquellas
-corporaciones, y la de Valencia, aunque una de las más enemigas de la
-central, se presentó luego en la lid a vindicar su propia injuria.
-En una exposición fecha en 25 de septiembre clamó contra el consejo,
-recordó su vacilante si no criminal conducta con Murat y José, y
-pidió que se le circunscribiese a solo sentenciar pleitos. Otro tanto
-hicieron de un modo más o menos explícito varias de las otras juntas,
-añadiendo sin embargo la misma de Valencia que convendría que la
-central separase la potestad legislativa de la ejecutiva, y que se
-depositase esta en manos de uno, tres o cinco regentes.
-
-[Sidenote: Trama para disolver la central.]
-
-Antes que llegase esta exposición, y atropellando por todo en Sevilla
-los descontentos, pensaron recurrir a la fuerza, impacientes de que
-la central no se sometiese a las propuestas de Palafox, del consejo y
-sus parciales. Era su propósito disolver dicha junta, transportar a
-Manila algunos de sus individuos, y crear una regencia, reponiendo al
-consejo real en la plenitud de su poder antiguo y con los ensanches
-que él codiciaba. Habíanse ganado ciertos regimientos, repartídose
-dinero, y prometido también convocar cortes, ya por ser la opinión
-general del reino, ya igualmente para amortiguar el efecto que podría
-resultar de la intentada violencia. Pero esta última resolución no se
-hubiera realizado, a triunfar los conspiradores como apetecían, pues el
-alma de ellos, el consejo, tenía sobrado desvío por todo lo que sonaba
-a representación nacional, para no haber impedido el cumplimiento de
-semejante promesa.
-
-[Sidenote: Descúbrela el embajador de Inglaterra.]
-
-Ya en los primeros días de septiembre estaba próximo a realizarse el
-plan, cuando el duque del Infantado, queriendo escudar su persona con
-la aquiescencia del embajador de Inglaterra, confiósele amistosamente.
-Asustado el marqués de Wellesley de las resultas de una disolución
-repentina del gobierno, y no teniendo por otra parte concepto muy
-elevado de los conspiradores, procuró apartarlos de tal pensamiento,
-y sin comprometerlos dio aviso a la central del proyecto. Advertida
-esta a tiempo, e intimidados también algunos de los de la trama con no
-verse apoyados por la Inglaterra, prevínose todo estallido, tomando la
-central medidas de precaución sin pasar o escudriñar quienes fuesen los
-culpables.
-
-[Sidenote: Trata la central de reconcentrar la potestad ejecutiva.]
-
-La junta, no obstante, viendo cuán de cerca la atacaban, que la opinión
-misma del embajador de Inglaterra, si bien opuesto a violencias, era
-la de reconcentrar la potestad ejecutiva, y que hasta las autoridades
-que le habían dado el ser eran las más de idéntico o parecido sentir,
-resolvió ocuparse seriamente en la materia. Algunos de sus individuos
-pensaban ser conveniente la remoción de todos los centrales o de
-una parte de ellos, acallando así a los que tachaban su conducta
-de ambiciosa. Suscitó tal medida el bailío Don Antonio Valdés, la
-cual contados de sus compañeros sostuvieron, desechándola los más.
-[Sidenote: Diversidad de opiniones.] Tres dictámenes prevalecían en
-la junta, el de los que juzgaban ocioso hacer una mudanza cualquiera
-debiendo convocarse luego las cortes, el de los que deseaban una
-regencia escogida fuera del seno de la central, y en fin el de los que
-repugnando la regencia querían sin embargo que se pusiese el gobierno
-o potestad ejecutiva en manos de un corto número de individuos sacados
-de los mismos centrales. Entre los que opinaban por lo segundo se
-contaba Jovellanos, pero tan respetable varón, luego que percibió ser
-la regencia objeto descubierto de ambición que amenazaba a la patria
-con peligrosas ocurrencias, mudó de parecer y se unió a los del último
-dictamen.
-
-[Sidenote: Nómbrase al efecto una comisión.]
-
-Al frente de este se hallaba Calvo, que acababa de volver de
-Extremadura y quien, con su áspera y enérgica condición, no poco
-contribuyó a parar los golpes de los que dentro de la misma junta solo
-hablaban de regencia para destruir la central e impedir la convocación
-de cortes. Trajo hacia sí a Jovellanos y sus amigos, los que concordes
-consiguieron después de acaloradas discusiones, que se aprobasen el
-19 de septiembre dos notables acuerdos: 1.º, la formación de una
-_Comisión ejecutiva_ encargada del despacho de lo relativo a gobierno,
-reservando a la junta los negocios que requiriesen plena deliberación;
-y 2.º, fijar para 1.º de marzo de 1810 la apertura de las cortes
-extraordinarias.
-
-Antes de publicarse dichos acuerdos nombrose una comisión para formar
-el reglamento o plan que debía observar la ejecutiva, y como recayese
-el encargo en Don Gaspar de Jovellanos, bailío Don Antonio Valdés,
-marqués de Campo Sagrado, Don Francisco Castanedo y conde de Gimonde,
-amigos los más del primero, creyose que a la presentación de su trabajo
-serían los mismos escogidos para componer la comisión ejecutiva. Pero
-se equivocaron los que tal creyeron. [Sidenote: Nómbrase otra segunda.]
-En el intermedio que hubo entre formar el reglamento y presentarle,
-los aficionados al mando y los no adictos a Jovellanos y sus opiniones
-se movieron, y bajo un pretexto u otro alcanzaron que la mayoría de
-la junta desechase el reglamento que la comisión había preparado.
-Escogiose entonces otra nueva para que le enmendase con objeto de
-renovar, si ser pudiese, la cuestión de regencia, o si no de meter en
-la comisión ejecutiva las personas que con más empeño sostenían dicho
-dictamen. [Sidenote: Nuevos manejos.] Viose a las claras ser aquella la
-intención oculta de ciertas personas por lo que de nuevo sucedió con
-Don Francisco de Palafox. [Sidenote: Palafox.] Este vocal, juguete de
-embrolladores, resucitó la olvidada controversia cuando se discutía en
-la junta el plan de la comisión ejecutiva. Los instigadores le habían
-dictado un papel que al leerle produjo tal disgusto que, arredrado el
-mismo Palafox, se allanó a cancelar en el acto mismo las cláusulas más
-disonantes.
-
-[Sidenote: Romana.]
-
-Viendo la facción cuán mal había correspondido a su confianza el
-encargado de ejecutar sus planes, trató de poner en juego al marqués de
-la Romana, recién llegado del ejército, y cuya persona más respetada
-gozaba todavía entre muchos de superior concepto. Había sido el marqués
-nombrado individuo de la comisión sustituida para corregir el plan
-presentado por la primera, y en su virtud asistió a sus sesiones,
-discutió los artículos, enmendó algunos, y por último firmó el plan
-acordado, si bien reservándose exponer en la junta su dictamen
-particular. Parecía no obstante que se limitaría este a ofrecer algunas
-observaciones sobre ciertos puntos, habiendo en lo general merecido su
-aprobación la totalidad del plan. [Sidenote: Su inconsiderada conducta
-y su representación.] Mas cuál fue la admiración de sus compañeros
-al oír al marqués en la sesión del 14 de octubre renovar la cuestión
-de regencia por medio de un papel escrito en términos descompuestos,
-y en el que haciendo de sí propio pomposas alabanzas, expresaba _la
-necesidad de desterrar hasta la memoria de un gobierno tan notoriamente
-pernicioso_ como lo era el de la central. Y al mismo tiempo que tan mal
-trataba a esta y que la calificaba de ilegítima, dábale la facultad de
-nombrar regencia y de escoger una diputación permanente, compuesta de
-cinco individuos y un procurador, que hiciese las veces de cortes,
-cuya convocación dejaba para tiempos indeterminados. A tales absurdos
-arrastraba la ojeriza de los que habían apuntado el papel al marqués, y
-la propia irreflexión de este hombre, tan pronto indolente, tan pronto
-atropellado.
-
-[Sidenote: Nómbrase la comisión ejecutiva.]
-
-A pesar de crítica tan amarga y de las perjudiciales consecuencias que
-podría traer un escrito como aquel, difundido luego por todas partes,
-no solo dejó la junta de reprender a Romana, sino que también, ya que
-no adoptó sus proposiciones, fue el primero que escogió para componer
-la comisión ejecutiva. No faltó quien atribuyese semejante elección a
-diestro artificio de la central, ora para enredarle en un compromiso
-por haber dicho en su papel que a no aprobarse su dictamen renunciaría
-a su puesto, ora también para que experimentase por sí mismo la
-diferencia que media entre quejarse de los males públicos y remediarlos.
-
-Sea de ello lo que fuere, lo cierto es que el marqués admitió el
-nombramiento y que sin detención se eligieron sus otros compañeros.
-La comisión ejecutiva conforme a lo acordado debía constar de seis
-individuos y del presidente de la central, renovándose a la suerte
-parte de ellos cada dos meses. Los nombrados además de Romana fueron D.
-Rodrigo Riquelme, D. Francisco Caro, Don Sebastián de Jócano, D. José
-García de la Torre y el marqués de Villel. En el curso de esta historia
-ya ha habido ocasión de indicar a que partido se inclinaban estos
-vocales, y si el lector no lo ha olvidado recordará que se arrimaban
-al del antiguo orden de cosas, por lo cual hubieran muchos llevado a
-mal su elección si no hubiese sido acompañada con el correctivo del
-llamamiento de cortes.
-
-[Sidenote: Fíjase el día de juntarse las cortes.]
-
-Anunciose tal novedad en decreto de 28 de octubre publicado en 4
-de noviembre, especificándose en su contenido que aquellas serían
-convocadas en 1.º de enero de 1810 para empezar sus augustas funciones
-en el 1.º de marzo siguiente. El deseo de contener las miras
-ambiciosas de los que aspiraban a la autoridad suprema, alentó a los
-centrales partidarios de la representación nacional a que clamasen
-con mayor instancia por la aceleración de su llamamiento. Don Lorenzo
-Calvo de Rozas, entre ellos uno de los más decididos y constantes,
-promovió la cuestión por medio de proposiciones que formalizó en 14
-y 29 de septiembre, renovando la que hizo en abril anterior y que
-había provocado el decreto de 22 de mayo. Suscitáronse disensiones
-y altercados en la junta, mas logrose la aprobación del decreto ya
-insinuado, apretando a la comisión de cortes para que concluyese los
-trabajos previos que le estaban encomendados, y que particularmente se
-dirigían al modo de elegir y constituir aquel cuerpo. Esta comisión
-desempeñó ahora con menos embarazo su encargo por haber reemplazado
-a Riquelme y Caro, rémoras antes para todo lo bueno, los señores Don
-Martín de Garay y conde de Ayamans, dignos y celosos cooperadores.
-
-[Sidenote: Instálase la comisión ejecutiva.]
-
-La ejecutiva se instaló el 1.º de noviembre, no entendiendo ya la junta
-plena en ninguna materia de gobierno, excepto en el nombramiento de
-algunos altos empleos que se reservó. Siguiéronse no obstante tratando
-en las sesiones de la junta los asuntos generales, los concernientes
-a contribuciones y arbitrios, y las materias legislativas. Continuó
-así hasta su disolución, dividido este cuerpo en dichas dos porciones,
-ejerciendo cada una sus facultades respectivas.
-
-[Sidenote: Estado de Europa.]
-
-En tanto, el horizonte político de Europa se encapotaba cada vez más.
-Estimulada la gran Bretaña con la guerra de Austria, no se había ceñido
-a aumentar en la península sus fuerzas, sino que también preparó otras
-dos expediciones [Sidenote: Expediciones inglesas. Contra Nápoles.] a
-puntos opuestos, una a las órdenes de Sir Juan Stuart contra Nápoles,
-y otra al Escalda e isla de Walcheren mandada por Lord Chatam. Malos
-consejos alejaron la primera de estas expediciones de la costa
-oriental de España, adonde se había pensado enviarla, y se empleó en
-objeto infructuoso como lo fue la invasión del territorio napolitano.
-[Sidenote: Contra el Escalda.] La segunda, formidable y una de las
-mayores que jamás saliera de los puertos ingleses, se componía de 40.000
-hombres de desembarco, tropas escogidas, ascendiendo en todo la fuerza
-de tierra y mar a 80.000 combatientes. Proponíase con ella el gobierno
-británico destruir ante todo el gran arsenal que en Amberes había
-Napoleón construido. Lástima fue que en este caso no hubiese aquel
-gabinete escuchado a sus aliados. El emperador de Austria opinaba por
-el desembarco en el norte de Alemania, en donde el ejemplo de Schill,
-caudillo tan bravo y audaz, hubiera sido imitado por otros muchos al
-ver la ayuda que prestaban los ingleses. La junta central instó porque
-la expedición llevase el rumbo hacia las costas cantábricas y se diese
-la mano con la de Wellesley: y cierto que si las tropas de Stuart y
-Chatam hubiesen tomado tierra en la península o en el norte de Alemania
-en el tiempo en que aún duraba la guerra en Austria, quizá no hubiera
-esta tenido un fin tan pronto y aciago. Prescindiendo de todo el
-gobierno inglés sacrificó grandes ventajas a la que presumía inmediata
-de la destrucción del arsenal de Amberes, ventaja mezquina aunque la
-hubiera conseguido, en comparación de las otras.
-
-[Sidenote: Desgraciadísima esta.]
-
-Es ajeno de nuestro propósito entrar en la historia de aquellas
-expediciones, y así solo diremos que al paso que la de Stuart no
-tuvo resultado, pereció la de Chatam miserablemente sin gloria y a
-impulsos de las enfermedades que causó en el ejército inglés la tierra
-pantanosa de la isla de Walcheren a la entrada del Escalda. Tampoco se
-encontraron con habitantes que les fueran afectos, de donde pudieron
-aprender cuán diverso era, a pesar del valor de sus tropas, tener que
-lidiar en tierra enemiga o en medio de pueblos que, como los de la
-península, se mantenían fieles y constantes.
-
-[Sidenote: Paz entre Napoleón y el Austria. (* Ap. n. 10-4.)]
-
-Colmó tantas desgracias la paz de Austria, en favor de cuya potencia
-había cedido la junta central una porción de plata [*] en barras que
-venían de Inglaterra para socorro de España, y además permitió, sin
-reparar en los perjuicios que se seguirían a nuestro comercio, que
-el mismo gobierno británico negociase con igual objeto en nuestros
-[Sidenote: Sacrificios de la central en favor de Austria.] puertos de
-América 3.000.000 de pesos fuertes: sacrificios inútiles. Desde el
-armisticio de Znaim pudo ya temerse cercana la paz. El gabinete de
-Austria, viendo su capital invadida, incierto de la política de la
-Rusia, y no queriendo buscar apoyo en sus propios pueblos, de cuyo
-espíritu comenzaba a estar receloso, decidiose a terminar una lucha
-que, prolongada, todavía hubiera podido convertirse para Napoleón en
-terrible y funesta, manifestándose ya en la población de los estados
-austriacos síntomas de una guerra nacional. Y ¡cosa extraña! un
-mismo temor, aunque por motivos opuestos, aceleró entre ambas partes
-beligerantes la conclusión de la paz. Firmose esta en Viena el 15 de
-octubre. El Austria, además de la pérdida de territorios importantes
-y de otras concesiones, se obligó, por el artículo 15 del tratado, a
-«reconocer las mutaciones hechas o que pudieran hacerse en España, en
-Portugal y en Italia.»
-
-[Sidenote: Manifiesto de la central.]
-
-La junta central, a vista de tamaña mengua, publicó un manifiesto
-en que procurando desimpresionar a los españoles del mal efecto que
-produciría la noticia de la paz, con profusión derramó amargas quejas
-sobre la conducta del gabinete austriaco, lenguaje que a este ofendió
-en extremo.
-
-[Sidenote: Prurito de batallar de la central.]
-
-Disculpable era, hasta cierto punto, el gobierno español, hallándose de
-nuevo reducido a no vislumbrar otro campo de lides sino el peninsular.
-Mas semejante estado de cosas, y las propias desgracias, hubieran
-debido hacerle más cauto, y no comprometer en batallas generales y
-decisivas su suerte y la de la nación. El deseo de entrar en Madrid, y
-las ventajas adquiridas en Castilla la Vieja, pesaban más en la balanza
-de la junta central que maduros consejos.
-
-[Sidenote: Ejército de la izquierda.]
-
-Hablemos pues de las indicadas ventajas. Luego que el marqués de la
-Romana dejó en el mes de agosto en Astorga el ejército de su mando,
-llamado de la izquierda, condújole a Ciudad Rodrigo D. Gabriel de
-Mendizábal para ponerle en manos del duque del Parque, nombrado sucesor
-del marqués. Llegaron las tropas a aquella plaza antes de promediar
-septiembre, y a estar todas reunidas, hubiera pasado su número de
-26.000 hombres; pero compuesto aquel ejército de cuatro divisiones y
-una vanguardia, la 3.ª, al mando de Don Francisco Ballesteros, no se
-juntó con Parque hasta mediados de octubre, y la 4.ª quedose en los
-puertos de Manzanal y Foncebadón a las órdenes, según insinuamos, del
-teniente general Don Juan José García.
-
-[Sidenote: General Marchand.]
-
-El 6.º cuerpo francés, después de su vuelta de Extremadura, ocupaba la
-tierra de Salamanca, mandándole el general Marchand en ausencia del
-mariscal Ney, que tornó a Francia. Continuaba en Valladolid el general
-Kellermann [Sidenote: Carrier.] y vigilaba Carrier con 3000 hombres las
-márgenes del Esla y del Órbigo.
-
-[Sidenote: Primera defensa de Astorga.]
-
-Atendían los franceses de Castilla, más que a otra cosa, a seguir los
-movimientos del duque del Parque, no descuidando por eso los otros
-puntos. Así aconteció que en 9 de octubre quiso el general Carrier
-posesionarse de Astorga, ciudad antes de ahora nunca considerada como
-plaza. Gobernaba en ella desde 22 de septiembre D. José María de
-Santocildes; guarnecíanla unos 1100 soldados nuevos, mal armados y con
-solos 8 cañones que servía el distinguido oficial de artillería Don
-César Tournelle. En tal estado, sin fortificaciones nuevas y con muros
-viejos y desmoronados, se hallaba Astorga cuando se acercó a ella el
-general Carrier seguido de 3000 hombres y dos piezas. Brevemente y con
-particular empeño, cubiertos de las casas del arrabal de Reitibia,
-embistieron los franceses la puerta del Obispo. Cuatro horas duró el
-fuego, que se mantuvo muy vivo, no acobardándose nuestros inexpertos
-soldados ni el paisanaje, y matando o hiriendo a cuantos enemigos
-quisieron escalar el muro o aproximarse a aquella puerta. Retiráronse
-por fin estos con pérdida considerable. Entre los españoles que en la
-refriega perecieron señalose un mozo, de nombre Santos Fernández, cuyo
-padre al verle expirar, enternecido pero firme, prorrumpió en estas
-palabras: «Si murió mi hijo único, vivo yo para vengarle.» Hubo también
-mujeres y niños que se expusieron con grande arrojo, y Astorga, ciudad
-por donde tantas veces habían transitado pacíficamente los franceses,
-rechazolos ahora preparándose a recoger nuevos laureles.
-
-[Sidenote: Muévese el duque del Parque al frente del ejército de la
-izquierda.]
-
-Esta diversión, y las que causaban al enemigo Don Julián Sánchez y
-otros guerrilleros, ayudaban también al duque del Parque que, colocado
-a fines de septiembre a la izquierda del Águeda, había subido hasta
-Fuenteguinaldo. Su ejército se componía de 10.000 infantes y 1800
-caballos. Regía la vanguardia Don Martín de la Carrera, y las dos
-divisiones presentes, 1.ª y 2.ª, Don Francisco Javier de Losada y el
-conde de Belveder. Púsose también por su lado en movimiento el general
-Marchand, con 7000 hombres de infantería y 1000 de caballería. Ambos
-ejércitos marcharon y contramarcharon, y los franceses, después de
-haber quemado a Martín del Río y de haber seguido hasta más adelante
-la huella de los españoles, retrocedieron a Salamanca. El duque del
-Parque avanzó de nuevo el 5 de octubre por la derecha de Ciudad
-Rodrigo, e hizo propósito de aguardar a los franceses en Tamames.
-
-[Sidenote: Batalla de Tamames.]
-
-Situada esta villa a nueve leguas de Salamanca en la falda
-septentrional de una sierra que se extiende hacia Béjar, ofrecía en sus
-alturas favorable puesto al ejército español. El centro y la derecha,
-de áspero acceso, los cubría con la 1.ª división Don Francisco Javier
-de Losada, ocupaba la izquierda con la vanguardia Don Martín de la
-Carrera, y siendo este punto el menos fuerte de la posición, colocose
-allí en dos líneas, aunque algo separada, la caballería. Quedó de
-respeto la 2.ª división, del cargo del conde de Belveder, para atender
-adonde conviniese. 1500 hombres entresacados de todo el ejército
-guarnecían a Tamames. El general Marchand, reforzado y trayendo
-10.000 peones, 1200 jinetes y 14 piezas de artillería, presentose
-el 18 de octubre delante de la posición española. Distribuyendo
-sin tardanza su gente en tres columnas, arremetió a nuestra línea
-poniendo su principal conato en el ataque de la izquierda, como punto
-más accesible. Carrera se mantuvo firme con la vanguardia, esperando
-a que la caballería española, apostada en un bosque a su siniestro
-costado, cargase las columnas enemigas; pero la 2.ª brigada de nuestros
-jinetes, ejecutando inoportunamente un peligroso despliegue, se vio
-atacada por la caballería ligera de los franceses, que a las órdenes
-del general Maucune rompió a escape por sus hileras. Metiose el
-desorden entre los caballos españoles, y aun llegaron los franceses a
-apoderarse de algunos cañones. El duque del Parque acudió al riesgo,
-arengó a la tropa, y su segundo Don Gabriel de Mendizábal echando pie
-a tierra contuvo a los soldados con su ejemplo y sus exhortaciones,
-restableciendo el orden. No menos apretó los puños en aquella ocasión
-el bizarro Don Martín de la Carrera, casi envuelto por los enemigos y
-con su caballo herido de dos balazos y una cuchillada. Los franceses
-entonces empezaron a flaquear. En balde trataron de sostenerse algunos
-cuerpos suyos. El conde de Belveder, avanzando con un trozo de su
-división, y el príncipe de Anglona, con otro de caballería, que dirigió
-con valor y acierto, acabaron de decidir la pelea en nuestro favor.
-[Sidenote: Gánanla los españoles.] La vanguardia y los jinetes que
-primero se habían desordenado volviendo también en sí, recobraron los
-cañones perdidos y precipitaron a los franceses por la ladera abajo
-de la sierra. Igualmente salieron vanos los esfuerzos del ejército
-contrario para superar los obstáculos con que tropezó en el centro y
-derecha. Don Francisco Javier de Losada rechazó todas las embestidas
-de los que por aquella parte atacaron, y los obligó a retirarse al
-mismo tiempo que los otros huían del lado opuesto. Al ver los españoles
-apostados en Tamames el desorden de los franceses, desembocaron al
-pueblo, y haciendo a sus contrarios vivísimo fuego, les causaron por el
-costado notable daño. Dos regimientos de reserva de estos protegieron
-a los suyos en la retirada, molestados por nuestros tiradores, y con
-aquella ayuda y al abrigo de espesos encinares y de la noche ya vecina,
-pudieron proseguir los franceses su camino la vuelta de Salamanca.
-Su pérdida consistió en 1500 hombres, la nuestra en 700, habiendo
-cogido un águila, un cañón, carros de municiones, fusiles y algunos
-prisioneros. El general Marchand se detuvo cinco días en Salamanca
-aguardando refuerzos de Kellermann: no llegaron estos, y el del Parque
-habiendo cruzado el Tormes en Ledesma obligó al general francés a
-desamparar aquella ciudad.
-
-[Sidenote: Únese Ballesteros a Parque.]
-
-Al día siguiente de la acción, uniose al grueso del ejército español,
-con 8000 hombres, Don Francisco Ballesteros. Había este general
-padecido dispersión, sin notable refriega, en su nueva y desgraciada
-tentativa de Santander, de que hicimos mención en el libro 8.º Rehecho
-en las montañas de Liébana, obedeció a la orden que le prescribía ir a
-juntarse con el ejército de la izquierda.
-
-[Sidenote: Entra Parque en Salamanca.]
-
-Unido ya al duque del Parque, entró este en Salamanca el 25 de
-octubre en medio de las mayores aclamaciones del pueblo entusiasmado,
-que abasteció al ejército larga y desinteresadamente. El 1.º de
-noviembre llegó de Ciudad Rodrigo la división castellana, [Sidenote:
-Únesele la división castellana.] llamada 5.ª, al mando del marqués de
-Castro-Fuerte, con la que, y la asturiana de Ballesteros, 3.ª en el
-orden, contó el del Parque unos 26.000 hombres, sin la 4.ª división,
-que continuó permaneciendo en el Bierzo. Faltábale mucho a aquel
-ejército para estar bien disciplinado, participando su organización
-actual de los males de la antigua y de los que adolecía la varia
-e informe que a su antojo habían adoptado las respectivas juntas
-de provincia. Pero animaba a sus tropas un excelente espíritu,
-acostumbradas muchas de ellas a hacer rostro a los franceses bajo
-esforzados jefes, en San Payo y otros lugares.
-
-[Sidenote: Ejércitos españoles del mediodía.]
-
-No pasó un mes sin que un gran desastre viniese a enturbiar las
-alegrías de Tamames. Ocurrió del lado del mediodía de España, y por
-tanto necesario es que volvamos allá los ojos para referir todo lo que
-sucedió en los ejércitos de aquella parte, después de la retirada y
-separación del anglo-hispano, y de la aciaga jornada de Almonacid.
-
-[Sidenote: Únese al de la Mancha parte del ejército de Extremadura.]
-
-Puestos los ingleses en los lindes de Portugal y persuadida la junta
-central de que ya no podía contar con su activa coadyuvación, determinó
-ejecutar por sí sola un plan de campaña cuyo mal éxito probó no ser el
-más acertado. Al paso que en Castilla debía continuar divirtiendo a
-los franceses el duque del Parque, y que en Extremadura quedaban solo
-12.000 hombres, dispúsose que lo restante de aquel ejército pasase con
-su jefe Eguía a unirse al de la Mancha. Creyó la junta fundadamente
-que se dejaba Extremadura bastante cubierta con la fuerza indicada, no
-siendo dable que los franceses se internasen teniendo por su flanco
-y no lejos de Badajoz al ejército británico. Se trasladó pues Don
-Francisco Eguía [Sidenote: Fuerza de este ejército reunido al mando
-de Eguía.] a la Mancha antes de finalizar septiembre, y estableciendo
-su cuartel general en Daimiel, tomó el mando en jefe de las fuerzas
-reunidas: ascendía su número en 3 de octubre a 51.869 hombres, de
-ellos 5766 jinetes, con 55 piezas de artillería.
-
-[Sidenote: Posición de los franceses.]
-
-De las tropas francesas que habían pisado desde la batalla de Talavera
-las riberas del Tajo, ya vimos cómo el cuerpo de Ney volvió a Castilla
-la Vieja, y fue el que lidió en Tamames. Permaneció el 2.º en
-Plasencia, apostándose después en Oropesa y Puente del Arzobispo; quedó
-en Talavera el 5.º, y el 1.º y 4.º, regidos por Victor y Sebastiani,
-fueron destinados a arrojar de la Mancha a Don Francisco Eguía. El
-12 de octubre ambos cuerpos se dirigieron, el 1.º, por Villarubia a
-Daimiel, el 4.º, por Villaharta a Manzanares. Había de su lado avanzado
-Eguía, quien, reconvenido poco antes por su inacción, enfáticamente
-respondió que «solo anhelaba por sucesos grandes que libertasen a la
-nación de sus opresores.» [Sidenote: Irresolución de Eguía.] Mas el
-general español, no obstante su dicho, a la proximidad de los cuerpos
-franceses tornó de priesa a su guarida de Sierra Morena. Desazonó
-tal retroceso en Sevilla, donde no se soñaba sino en la entrada en
-Madrid, y también porque se pensó que la conducta de Eguía estaba en
-contradicción con sus graves, o sean más bien ostentosas palabras.
-No dejó de haber quien sostuviese al general y alabase su prudencia,
-atribuyendo su modo de maniobrar al secreto pensamiento de revolver
-sobre el enemigo y atacarle separadamente, y no cuando estuviese muy
-reconcentrado; plan sin duda el más conveniente. Pero en Eguía, hombre
-indeciso e incapaz de aprovecharse de una coyuntura oportuna, era
-irresolución de ánimo lo que en otro hubiera quizá sido efecto de
-sabiduría.
-
-[Sidenote: Sucédele en el mando Aréizaga.]
-
-Retirado a Sierra Morena escribió a la central pidiéndole víveres y
-auxilios de toda especie, como si la carencia de muchos objetos le
-hubiese privado de pelear en las llanuras. Colmada entonces la medida
-del sufrimiento contra un general a quien se le había prodigado todo
-linaje de medios, se le separó del mando, que recayó en Don Juan Carlos
-de Aréizaga, llamado antes de Cataluña para mandar en la Mancha una
-división. Acreditado el nuevo general desde la batalla de Alcañiz,
-tenía en Sevilla muchos amigos, y de aquellos que ansiaban por volver
-a Madrid. Aparente actividad, y el provocar a su llegada al ejército
-el alejamiento de un enjambre de oficiales y generales que ociosos
-solo servían de embarazo y recargo, confirmó a muchos en la opinión de
-haber sido acertado su nombramiento. Mas Aréizaga, hombre de valor como
-soldado, carecía de la serenidad propia del verdadero general y escaso
-de nociones en la moderna estrategia, libraba su confianza más en el
-coraje personal de los individuos que en grandes y bien combinadas
-maniobras: fundamento ahora de las batallas campales.
-
-[Sidenote: Favor de que este goza.]
-
-Acabó el general Aréizaga de granjear en favor suyo la gracia popular
-proponiendo bajar a la Mancha y caer sobre Madrid, porque tal era el
-deseo de casi todos los forasteros que moraban en Sevilla, y cuyo
-influjo era poderoso en el seno del mismo gobierno. Unos suspiraban
-por sus casas, otros por el poder perdido que esperaban recobrar en
-Madrid. Nada pudo apartar al gobierno del raudal de tan extraviada
-opinión. [Sidenote: Lord Wellington en Sevilla.] Lord Wellington que
-en los primeros días de noviembre pasó a Sevilla con motivo de visitar
-a su hermano el marqués de Wellesley, en vano unido con este manifestó
-los riesgos de semejante empresa. Estaban los más tan persuadidos del
-éxito o por mejor decir tan ciegos, que la junta escogió a los señores
-Jovellanos y Riquelme para acordar las providencias que deberían
-tomarse a la entrada en la capital. Diéronse también sus instrucciones
-al central Don Juan de Dios Rabé, que acompañaba al ejército,
-eligiéronse varias autoridades [Sidenote: Ibarnavarro, consejero de
-Aréizaga.] y entre ellas la de corregidor de Madrid, cuya merced recayó
-en Don Justo Ibarnavarro, amigo íntimo de Aréizaga y uno de los que más
-le impelían a guerrear. Lágrimas sin embargo costaron y bien amargas
-tan imprudentes y desacordados consejos.
-
-[Sidenote: Muévese este.]
-
-Empezó Don Juan Carlos de Aréizaga a moverse el 3 de noviembre. Su
-ejército estaba bien pertrechado, y tiempos hacía que los campos
-españoles no habían visto otro ni tan lucido ni tan numeroso.
-Distribuíase la infantería en siete divisiones, estando al frente de
-la caballería el muy entendido general Don Manuel Freire. Caminaba el
-ejército repartido en dos grandes trozos, uno por Manzanares y otro
-por Valdepeñas. Precedía a todos Freire con 2000 caballos; seguíale
-la vanguardia que regía Don José Zayas, y a la que apoyaba con su 1.ª
-división Don Luis Lacy. Los generales franceses Paris y Milhaud eran
-los más avanzados, y al aproximarse los españoles se retiraron, el
-primero del lado de Toledo, el segundo por el camino real a La Guardia.
-
-[Sidenote: Ataque de Dos Barrios.]
-
-Media legua más allá de este pueblo, en donde el camino corre por una
-cañada profunda, situáronse el 8 de noviembre los caballos franceses en
-la cuesta llamada del Madero, y aguardaron a los nuestros en el paso
-más estrecho. Freire diestramente destacó dos regimientos al mando
-de Don Vicente Osorio que cayesen sobre los enemigos alojados en Dos
-Barrios, al mismo tiempo que él con lo restante de la columna atacaba
-por el frente. Treparon nuestros soldados por la cuesta con intrepidez,
-repelieron a los franceses y los persiguieron hasta Dos Barrios. Unidos
-aquí Osorio y Freire continuaron el alcance hasta Ocaña, en donde los
-contuvo el fuego de cañón del enemigo.
-
-[Sidenote: Aréizaga en Tembleque.]
-
-Mientras tanto Aréizaga sentó el 9 su cuartel general en Tembleque, y
-aproximó adonde estaba Freire la vanguardia de Zayas, compuesta de 6000
-hombres casi todos granaderos, y la 1.ª división de Lacy: providencia
-necesaria por haberse agregado a la caballería de Milhaud la división
-polaca del 4.º cuerpo francés. Volvió Freire a avanzar el 10 a Ocaña,
-delante de cuya villa estaban formados 2000 caballos enemigos, y detrás,
-a la misma salida, la división nombrada con sus cañones. Empezaron
-a jugar estos y a su fuego contestó la artillería volante española,
-arrojando los jinetes a los del enemigo contra la villa, que abrigados
-de su infantería reprimieron a su vez a nuestros soldados. No aun dadas
-las cuatro de la tarde llegaron Zayas y Lacy. Emboscado el último
-en un olivar cercano, dispúsose a la arremetida, pero Zayas, juzgando
-estar su tropa muy cansada, difirió auxiliar el ataque hasta el día
-siguiente. Aprovechándose los enemigos de esta desgraciada suspensión,
-evacuaron a Ocaña, y por la noche se replegaron a Aranjuez.
-
-[Sidenote: Ejército español en Ocaña.]
-
-El 11 de noviembre, en fin, todo el ejército español se hallaba junto
-en Ocaña. Resueltos los nuestros a avanzar a Madrid, hubiera convenido
-proseguir la marcha antes de que los franceses hubiesen agolpado hacia
-aquella parte fuerzas considerables.
-
-[Sidenote: Movimientos inciertos y mal concertados de Aréizaga.]
-
-Mas Aréizaga, al principio tan arrogante, comenzó entonces a vacilar,
-y se inclinó a lo peor, que fue a hacer movimientos de flanco lentos
-para aquella ocasión y desgraciados en su resultado. Envió pues la
-división de Lacy a que cruzase el Tajo del lado de Colmenar de Oreja,
-yendo la mayor parte a pasar dicho río por Villamanrique, en cuyo sitio
-se echaron al efecto puentes. El tiempo era de lluvia, y durante tres
-días sopló un huracán furioso. Corrió una semana entre detenciones
-y marchas, perdiendo los soldados, en los malos caminos y aguas
-encharcadas, casi todo el calzado. Aréizaga, con los obstáculos cada
-vez más indeciso, acantonó su ejército entre Santa Cruz de la Zarza y
-el Tajo.
-
-Mientras tanto los franceses fueron arrimando muchas tropas a Aranjuez.
-El mariscal Soult había ya antes sucedido al mariscal Jourdan en el
-mando de mayor general de los ejércitos franceses, y las operaciones
-adquirieron fuerza y actividad. Sabedor de que los españoles se
-dirigían a pasar el Tajo por Villamanrique, envió allí el día 14 al
-mariscal Victor, quien, hallándose entonces solo con su primer cuerpo,
-hubiera podido ser arrollado. Detúvose Aréizaga y dio tiempo a que los
-franceses fuesen el 16 reforzados en aquel punto; lo cual visto por el
-general español, hizo que algunas tropas suyas puestas ya del otro lado
-del Tajo repasasen el río, y que se alzasen los puentes. Caminó en la
-noche del 17 hacia Ocaña, a cuya villa no llegó sino en la tarde del
-18, y algunas tropas se rezagaron hasta la mañana del 19. [Sidenote:
-Choque de caballería en Ontígola.] La víspera de este día hubo un
-reencuentro de caballería cerca de Ontígola: los franceses rechazaron
-a los nuestros, mas perdieron al general Paris, muerto a manos del
-valiente cabo español Vicente Manzano, que recibió de la central un
-escudo de premio. Por nuestra parte también allí fue herido gravemente,
-y quedó en el campo por muerto, el hermano del duque de Rivas, Don
-Ángel de Saavedra, no menos ilustre entonces por las armas que lo ha
-sido después por las letras. Aréizaga, que, moviéndose primero por
-el flanco, dio lugar al avance y reunión de una parte de las tropas
-francesas, retrocediendo ahora a Ocaña y andando como lanzadera,
-permitió que se reconcentrasen o diesen la mano todas ellas. Difícil
-era idear movimientos más desatentados.
-
-[Sidenote: Fuerzas que acercan los franceses.]
-
-Juntáronse pues del lado de Ontígola y en Aranjuez los cuerpos 4.º y
-5.º, del mando de Sebastiani y Mortier, la reserva, bajo el general
-Dessolles, y la guardia de José, ascendiendo por lo menos el número de
-gente a 28.000 infantes y 6000 caballos. De manera que Aréizaga, que
-antes tropezaba con menos de 20.000, ahora a causa de sus detenciones,
-marchas y contramarchas, tenía que habérselas con 34.000 por el frente,
-sin contar con los 14.000 del cuerpo de Victor colocados hacia su
-flanco derecho, pues juntos todos pasaban de 48.000 combatientes;
-fuerza casi igual a la suya en número, y superiorísima en práctica y
-disciplina.
-
-[Sidenote: Batalla de Ocaña.]
-
-Don Juan Carlos de Aréizaga escogió para presentar batalla la villa
-de Ocaña, considerable y asentada en terreno llano y elevado a la
-entrada de la mesa que lleva su nombre. Las divisiones españolas se
-situaron en derredor de la población. Apostose él a la izquierda
-del lado de la agria hondonada donde corre el camino real que va
-a Aranjuez. En el ala opuesta se situó la vanguardia de Zayas con
-dirección a Ontígola, y más a su derecha la primera división de Lacy,
-permaneciendo a espaldas casi toda la caballería. Hubo también tropas
-dentro de Ocaña. El general en jefe no dio ni orden ni colocación
-fija a la mayor parte de sus divisiones. Encaramose en un campanario
-de la villa, desde donde, contentándose con atalayar y descubrir el
-campo, continuó aturdido, sin tomar disposición alguna acertada. El 4.º
-cuerpo, del mando de Sebastiani, sostenido por Mortier, empeñó la pelea
-con nuestra derecha. Zayas, apoyado en la división de Don Pedro Agustín
-Girón, y el general Lacy batallaron vivamente, haciendo maravillas
-nuestra artillería. El último sobre todo avanzó contra el general
-Leval, herido, y empuñando en una mano para alentar a los suyos la
-bandera del regimiento de Burgos, todo lo atropelló y cogió una batería
-que estaba al frente. Costó sangre tan intrépida acometida, y entre
-todos fue allí gravemente herido el marqués de Villacampo, oficial
-distinguido y ayudante de Lacy. A haber sido apoyado entonces este
-general, los franceses, rotos de aquel lado, no alcanzaran fácilmente
-el triunfo; pero Lacy, solo, sin que le siguiera caballería ni tampoco
-le auxiliara el general Zayas, a quien puso, según parece, en grande
-embarazo Aréizaga, dándole primero orden de atacar y luego contra
-orden, tuvo en breve que cejar, y todo se volvió confusión. El general
-Girard entró en la villa, cuya plaza ardió; Dessolles y José avanzaron
-contra la izquierda española, [Sidenote: Horrorosa dispersión. Pérdida
-de Ocaña.] que se retiró precipitadamente, y ya por los llanos de la
-Mancha no se divisaban sino pelotones de gente marchando a la ventura,
-o huyendo azorados del enemigo. Aréizaga bajó de su campanario, no tomó
-providencia para reunir las reliquias de su ejército, ni señaló punto
-de retirada. Continuó su camino a Daimiel, de donde serenamente dio un
-parte al gobierno el 20, en el que estuvo lejos de pintar la catástrofe
-sucedida. Esta fue de las más lamentables. Contáronse por lo menos
-13.000 prisioneros, de 4 a 5000 muertos o heridos, fueron abandonados
-más de 40 cañones, y carros, y víveres, y municiones: una desolación.
-Los franceses apenas perdieron 2000 hombres. Solo quedaron de los
-nuestros en pie algunos batallones, la división segunda, del mando de
-Vigodet, y parte de la caballería a las órdenes de Freire. En dos meses
-no pudieron volver a reunirse a las raíces de Sierra Morena 25.000
-hombres.
-
-Conservó por algún tiempo el mando Don Juan Carlos de Aréizaga sin que
-entonces se le formase causa, como se tenía de costumbre con muchos de
-los generales desgraciados: ¡tan protegido estaba! Y en verdad, ¿a qué
-formarle causa? Habíanse estas convertido en procesos de mera fórmula,
-de que salían los acusados puros y exentos de toda culpa.
-
-[Sidenote: Resultas.]
-
-Terror y abatimiento sembró por el reino la rota de Ocaña, temiendo
-fuese tan aciaga para la independencia como la de Guadalete. Holgáronse
-sobremanera José y los suyos, entrando aquel en Madrid con pompa y a
-manera de triunfador romano, seguido de los míseros prisioneros. De
-sus parciales no faltó quien se gloriase de que hubiesen los franceses
-con la mitad de gente aniquilado a los españoles. Hemos visto no ser
-así; mas aun cuando lo fuese, no por eso recaería mengua sobre el
-carácter nacional, culpa sería en todo caso del desmaño e ignorancia
-del principal caudillo.
-
-La herida de Ocaña llegó hasta lo vivo. Con haberlo puesto todo a la
-temeridad de la fortuna, abriéronse las puertas de las Andalucías.
-José quizá hubiera tentado pronto la invasión si la permanencia de los
-ingleses en las cercanías de Badajoz, juntamente con la del ejército
-mandado ahora por Alburquerque en Extremadura, y la del Parque en
-Castilla la Vieja, no le hubiesen obligado a obrar con cordura antes de
-penetrar en las gargantas de Sierra Morena, ominosas a sus soldados.
-Prudente, pues, era destruir por lo menos parte de aquellas fuerzas, y
-aguardar, ajustada ya la paz con Austria, nuevos refuerzos del norte.
-
-[Sidenote: Se retira Alburquerque a Trujillo.]
-
-El duque de Alburquerque, desamparado con lo ocurrido en Ocaña, se
-aceleró a evitar un suceso desgraciado. La fuerza que tenía, de
-12.000 hombres dividida en tres divisiones, vanguardia y reserva,
-había avanzado el 17 de noviembre al Puente del Arzobispo para causar
-diversión por aquel lado. Desde allí y con el mismo fin, siguiendo la
-margen izquierda de Tajo, destacó la vanguardia, a las órdenes de Don
-José Lardizábal, con dirección al puente de tablas de Talavera. Este
-movimiento obligó a retirarse a los franceses alojados en el Arzobispo
-enfrente de los nuestros; mas a poco, sobreviniendo el destrozo de
-Ocaña, retrocedió el de Alburquerque y no paró hasta Trujillo.
-
-[Sidenote: Movimientos del duque del Parque.]
-
-Puso en mayor cuidado a los enemigos el ejército del duque del Parque,
-sobre todo después de la jornada de Tamames. Motivo por que envió el
-mariscal Soult la división de Gazan al general Marchand, camino de
-Ávila, para coger al duque por el flanco derecho. El general español,
-a fin de coadyuvar también a la campaña de Aréizaga, moviose con su
-ejército, y el 19 intentó atacar en Alba de Tormes a 5000 franceses
-que, advertidos, se retiraron.
-
-[Sidenote: Acción de Medina del Campo.]
-
-Prosiguió el del Parque su marcha, y noticioso de que en Medina del
-Campo se reunían unos 2000 caballos y de 8 a 10.000 infantes, juntó el
-23 a la madrugada sus divisiones en el Carpio a tres leguas de aquella
-villa. Colocó la vanguardia en la loma en que está sito el pueblo,
-ocultando detrás y por los lados la mayor parte de su fuerza. No
-logró, a pesar del ardid, que los franceses se acercasen, y entonces
-se adelantó él mismo a la una del propio día, yendo por la llanura con
-admirable y bien concertado orden. Marchaba en batalla la vanguardia,
-del mando de Don Martín de la Carrera, a su derecha, parte también
-en batalla, parte en columnas, la tercera división regida por Don
-Francisco Ballesteros, a la izquierda la primera, de Don Francisco
-Javier de Losada; cubría la caballería las dos alas. Iba de reserva
-la segunda división, a las órdenes del conde de Belveder, y dejose en
-el Carpio, con su jefe el marqués de Castro-Fuerte, la 5.ª división,
-o sea la de los castellanos. Los franceses, aunque reforzados con
-1000 jinetes, cejaron a una eminencia inmediata a Medina. Empeñose
-allí vivo fuego, y engrosados aún los enemigos con dos regimientos
-de dragones y alguna infantería, cayeron sobre los jinetes del ala
-derecha, que cedieron el terreno, con lo cual se vio descubierta la
-3.ª división, que era la de los asturianos. Mas estos, valientes y
-serenos, reprimieron al enemigo, en particular tres regimientos que le
-recibieron a quema ropa con fuegos muy certeros. En la pelea perecieron
-el intrépido ayudante general de la división, Don Salvador de Molina,
-y el coronel del regimiento de Lena, Don Juan Drimgold. Rechazados o
-contenidos en los demás puntos los franceses, sobrevino la noche, y
-Parque durante dos horas permaneció en el campo de batalla. Después
-obligado a dar alimento y descanso a su tropa, y avisado de que el
-enemigo podría ser reforzado, antes de amanecer tornó al Carpio. Los
-franceses por su parte no creyéndose bastante numerosos, se alejaron
-para unirse a nuevos refuerzos que aguardaban.
-
-Les llegaron estos de varias partes, y el general Kellermann, reuniendo
-toda la fuerza que pudo, entre ella 3000 caballos, se mostró el 25
-delante del Carpio. El duque del Parque, hasta entonces prudente y
-afortunado caudillo, descuidose, y en vez de retirarse sin tardanza
-viendo la superioridad de la caballería, temible en aquella tierra
-llana, suspendió todo movimiento retrógrado hasta la noche del 26, y
-entonces lo realizó, aguijado con el aviso de las lástimas de Ocaña;
-cuya nueva, derramada por el ejército, descorazonó al soldado.
-
-[Sidenote: Acción de Alba de Tormes.]
-
-El 28 por la mañana entraron los nuestros en Alba, tristes y ya
-perseguidos por la vanguardia enemiga. Asentada aquella villa a la
-derecha del Tormes, comunica con la orilla opuesta por un puente
-de piedra. El duque del Parque dejó dentro de la población, con
-negligencia notable, el cuartel general, la artillería, los bagajes,
-la mayor parte en fin de su fuerza, excepto dos divisiones que pasaron
-al otro lado. Alegose por disculpa la necesidad de dar de comer a la
-tropa, fatigada y sin alimento ya hacía muchas horas, como si no se
-hubiera podido acudir al remedio y con mayor orden poniendo todo el
-ejército en la orilla más segura, y en disposición de proteger a los
-encargados de avituallarle.
-
-Esparcidos los soldados por Alba para buscar raciones, y cundiendo la
-voz de que llegaban los franceses, atropelláronse al puente hombres
-y bagajes, y casi le barrearon. Pudieron con todo los jefes colocar
-fuera del pueblo las tropas, y parar la primera embestida de 400
-franceses que iban delante, hasta que, aproximándose un grueso de
-caballería, cargó este nuestra derecha, en donde se hallaba la primera
-división del mando de Losada y 800 caballos. Arrollados los últimos,
-huyeron también los infantes que repasaron el Tormes abandonando su
-artillería. El ala izquierda, que se componía de la vanguardia de
-Carrera y de parte de la segunda división, se mantuvo firme, [Sidenote:
-Valor de Mendizábal.] y puesto Mendizábal a su cabeza, repelieron
-nuestros soldados por tres veces a los jinetes enemigos formando el
-cuadro, y respondieron a fusilazos a la intimación que les hicieron de
-rendirse. En vano los acometieron otros escuadrones por la espalda:
-forzados se vieron estos a aguardar a sus infantes, de los que algunos
-llegaron al anochecer. Mendizábal cruzó con sus intrépidos soldados
-el puente y tocó gloriosamente la orilla opuesta. [Sidenote: Retirada
-de los españoles.] Allí todo era desorden y atropellamiento con los
-bagajes y caballería fugitiva. El duque del Parque perdió entonces del
-todo la presencia de ánimo, y sus tropas, careciendo de órdenes precisas,
-se alejaron de aquel punto y se repartieron entre Ciudad Rodrigo,
-Tamames y Miranda del Castañar. Semejante y no calculado movimiento
-excéntrico salvó al ejército, pues el general Kellermann dejó de
-perseguirle, incierto de su paradero, y limitándose a dejar ocupada
-la línea del Tormes volviose a Valladolid. El duque del Parque, al
-principiar diciembre, sentó su cuartel general en El Bodón, a dos leguas
-de Ciudad Rodrigo, y echáronse de menos entre dispersión y pelea unos
-3000 hombres. Antes de concluirse el mes pasó el duque a San Martín de
-Trevejo, detrás de sierra de Gata.
-
-[Sidenote: Retíranse los ingleses del Guadiana al norte del Tajo.]
-
-Con tales desdichas, destruidos o menguados unos tras otros los
-mejores ejércitos españoles, debieron naturalmente los ingleses, meros
-espectadores hasta entonces, tomar en su extrema prudencia medidas de
-precaución. Lord Wellington determinó dejar las orillas del Guadiana y
-pasar al norte del Tajo, empezando su movimiento en los primeros días
-de diciembre. Despidiose antes de la junta de Extremadura, y mostrose
-muy satisfecho «del celo y laborioso cuidado [son sus expresiones] con
-que aquel cuerpo había proporcionado provisiones a las tropas de su
-ejército acantonadas en las cercanías de Badajoz.» Dicha junta había
-sido una de aquellas autoridades contra las que tanto se había clamado
-pocos meses antes acerca del asunto de abastecimientos, tachándolas
-hasta de mala voluntad. El testimonio irrecusable de Lord Wellington
-probaba ahora que la premura del tiempo y la gran demanda fueron causa
-de la escasez, y no otras reprehensibles miras.
-
-[Sidenote: Flaqueza de la comisión ejecutiva.]
-
-La profunda sima en que la nación se abismaba, consternó a la comisión
-ejecutiva de la junta central, poniendo a prueba la capacidad y energía
-de sus individuos. Mas entonces se vio que no basta reconcentrar el
-poder para que este aparezca en sus efectos vigoroso y pronto, sino
-que también es preciso que las manos escogidas para su manejo sean
-ágiles y fuertes. No formando parte de la comisión ninguno de los pocos
-centrales a quienes se consideraba por su saber como más aptos, o como
-más notables por los bríos de su condición, escasearon en aquel nuevo
-cuerpo las luces y el esfuerzo, faltas tanto más graves cuanto los
-acontecimientos habían puesto a la nación en el mayor estrecho.
-
-Así resultó que al saberse la derrota de Ocaña, quedó la comisión
-como aturdida y aplanada, no desplegando la firmeza que tanto honró
-al gobierno español cuando la jornada de Medellín. Redujéronse sus
-providencias a las más comunes y generales, habiendo en vano nombrado a
-Romana para recomponer el ejército del centro, tan menguado y perdido;
-pues aquel general permaneció en Sevilla temeroso quizá de que sus
-hombros flaqueasen bajo la balumba de tan pesada carga. Para llenar
-su hueco, a lo menos en ciertas medidas de reorganización, [Sidenote:
-Comisionados enviados a La Carolina.] partieron camino de La Carolina
-Don Rodrigo Riquelme y el marqués de Camposagrado, uno individuo de
-la comisión y otro de la junta, quienes, en unión con el vocal Rabé,
-debían impulsar la mejora y aumento del ejército, y atender a la
-defensa de los pasos de la sierra. Repetición de lo que hizo la central
-al retirarse de Aranjuez, con la diferencia de que ahora no hubo mucho
-vagar ni espacio.
-
-Tampoco se destruyeron con el nombramiento de la comisión ejecutiva las
-maquinaciones de los ambiciosos. Volvió a salir a plaza Don Francisco
-de Palafox, deseoso de erigirse, por lo menos, en lugarteniente de
-Aragón. Sospechábase que le prestaba su asistencia el conde del
-Montijo, que, a hurtadillas, se fue de Portugal acercando a Sevilla.
-Tuvo de ello aviso el gobierno, y Romana, a quien antes no disgustaban
-tales manejos, ahora que podían perjudicar a los en que él mismo
-andaba, [Sidenote: Prisión de Palafox y Montijo.] instó para que se
-aprehendiesen las personas de Palafox y Montijo juntamente con sus
-papeles. El último fue cogido en Valverde y trasladado a Sevilla, en
-donde también se arrestó al primero sin que lo impidiese su calidad de
-central. Metió algún ruido la detención de estos personajes, y mayor
-hubiera sido a no tenerlos tan desopinados sus continuos enredos. Los
-acontecimientos que sobrevinieron terminaron en breve la persecución de
-entrambos.
-
-[Sidenote: Manejos de Romana y de su hermano Caro.]
-
-Romana, que tanta diligencia ponía en descubrir y cortar las tramas
-de los demás, no por eso cesaba en alterar con su conducta la paz y
-buena armonía del gobierno supremo. Favorecía grandemente sus miras
-su hermano D. José Caro, que a nada menos aspiraba que a ver a su
-familia mandando en el reino. En la provincia de Valencia, puesta a
-su cuidado, trabajaba los ánimos en aquel sentido, y con profusión
-esparció el famoso voto de Romana de 14 de octubre. La junta provincial
-ayudole mucho en ocasiones, y este cuerpo, provocando unas veces el
-nombramiento de una regencia exclusiva, desechándolo en otras, vario e
-inconstante en sus procedimientos, manifestaba que a pesar de su buen
-celo por la causa de la patria, influían en sus deliberaciones hombres
-de seso mal asentado.
-
-Don José Caro remitió a las demás juntas una circular, a nombre de la
-de Valencia, en que, alabando los servicios, el talento, las virtudes
-de su hermano el marqués de la Romana, se hablaba de la necesidad
-de adoptar lo que este había propuesto en su voto, y se indicaba a
-las claras la conveniencia de nombrarle regente. La central, en una
-exposición que hizo a las juntas, y antes de finalizar noviembre,
-grave y victoriosamente rechazó los ataques y opinión de la de
-Valencia, invitando a todas a aguardar la próxima reunión de cortes.
-Las provincias apoyaron el dictamen de la central, y en Valencia se
-separaron de Caro varios que le habían estado unidos. Para cortar
-las disensiones, debió Romana pasar a aquella ciudad, viaje que no
-verificó, enviando en su lugar a Don Lázaro de las Heras, hechura
-suya, [Sidenote: Tropelías.] pues el marqués tomaba a veces por sí
-resoluciones sin cuidarse de la aprobación de sus compañeros. Las
-Heras, como era de esperar, procedió en Valencia según las miras
-de Romana, y atropelló en diciembre y confinó a la isla de Ibiza a
-Don José Canga Argüelles y a otros individuos de la junta, ahora
-encontrados en opiniones con el general Caro.
-
-[Sidenote: Estado deplorable de la junta central.]
-
-Pero con estas reyertas y miserias crecían los males de la patria, y
-la central, en cuyo cuerpo no habían en un principio reinado otras
-divisiones sino aquellas que nacen de la diversidad de dictámenes, se
-vio en la actualidad combatida por la ambición y frenéticas pasiones de
-Palafox, de Romana y sus secuaces, convirtiéndose en un semillero de
-chismes, pequeñeces y enredos impropios de un gobierno supremo, con lo
-cual cayó aún más en tierra su crédito y se anticipó su ruina.
-
-[Sidenote: Providencias de la comisión ejecutiva y de la junta.]
-
-La comisión ejecutiva, cuya alma era el mismo Romana, nada pues de
-importante obró, poniéndose de manifiesto lo nulo de aquel general
-para todo lo que era mando. La junta, por su parte, y en el círculo
-de facultades que se había reservado, animada del buen espíritu de
-Jovellanos, Garay y otros, acordó algunas providencias no desacertadas,
-aunque tardías, como fue el aplicar a los gastos de la guerra los
-fondos de encomiendas, obras pías, y también la rebaja gradual de
-sueldos, exceptuándose a los militares que defendían la patria.
-
-[Sidenote: Proposición de Calvo sobre libertad de imprenta.]
-
-En el periodo en que vamos, o poco antes, examinose asimismo en la
-junta central una proposición de Don Lorenzo Calvo de Rozas sobre
-la importante cuestión de libertad de imprenta. La junta, ora por
-la gravedad de la materia, ora quizá para esquivar toda discusión,
-pasó la propuesta de Calvo a consulta del consejo, el cual, como era
-natural, mostrose contrario, excepto Don José Pablo Valiente. Extendida
-la consulta, subió a la central, y esta la remitió a la comisión de
-cortes, que a su vez la pasó a otra comisión creada bajo el nombre de
-instrucción pública, corriendo por aquella inacabable cadena de juntas,
-consejos y comisiones a que siempre ¡mal pecado! se recurrió en España.
-En la de instrucción pública halló la propuesta de Calvo favorable
-acogida, leyendo en su apoyo una memoria muy notable el canónigo D.
-José Isidoro Morales. Mas en estos pasos, idas y venidas, se concluía
-ya diciembre, y las desgracias cortaron toda resolución en asunto de
-tan grande importancia.
-
-[Sidenote: Modo de convocarse las cortes.]
-
-Entre tanto se acercaba también el día señalado para convocar
-las cortes. La comisión encargada de determinar la forma de su
-llamamiento, tenía ya casi concluidos sus trabajos. No entraremos aquí
-en los debates que para ello hubo en su seno [cosa ajena de nuestro
-propósito], ni en los pormenores del modo adoptado para constituirse
-las cortes, pues retardada por los acontecimientos de la guerra la
-reunión de estas, nos parece más conveniente suspender hasta el tiempo
-en que se juntaron el tratar detenidamente de la materia. Solo diremos
-en este lugar que se adoptó igualdad de representación para todas las
-provincias de España, debiéndose dividir las cortes en dos cuerpos, el
-uno electivo y el otro de privilegiados, compuesto de clero y nobleza.
-
-Las convocatorias que entonces se expidieron fueron solo las que iban
-dirigidas al nombramiento de los individuos que habían de componer la
-cámara electiva, reservando circular las de los privilegiados para más
-adelante. Motivó tal diferencia el que en el primer caso se necesitaba
-de algún tiempo para realizar las elecciones, no sucediendo lo mismo en
-el segundo, en que el llamamiento había de ser personal. Mas de esta
-tardanza resultó después, según veremos, no concurrir a las cortes sino
-los miembros elegidos por el pueblo, quedando sin efecto la formación
-de una segunda cámara.
-
-[Sidenote: Mudanza de individuos en la comisión ejecutiva.]
-
-El mismo día que partieron las convocatorias, se mudaron también los
-tres individuos más antiguos de la comisión ejecutiva conforme a lo
-prevenido en el reglamento. Eran aquellos el marqués de la Romana, Don
-Rodrigo Riquelme y Don Francisco Caro, entrando en su lugar el conde de
-Ayamans, el marqués del Villar y Don Félix Ovalle. Su imperio no fue
-de larga duración.
-
-[Sidenote: Decreto de la central para trasladarse a la Isla de León.]
-
-Todo presagiaba su caída y la de la junta central, y todo una próxima
-invasión de los franceses en las Andalucías. Para no ser cogida tan de
-improviso como en Aranjuez, dio la junta un decreto en 13 de enero,
-por el que anunció que debía hallarse reunida el 1.º del mes inmediato
-en la Isla de León, a fin de arreglar la apertura de las cortes,
-señalada para el 1.º de marzo, sin perjuicio de que permaneciese en
-Sevilla algunos días más un cierto número de vocales que atendiese al
-despacho de los negocios urgentes. Este decreto, en tiempos lejanos de
-todo peligro, hubiera parecido prudente y aun necesario, pero ahora,
-cuando tan de cerca amagaba el enemigo, considerose hijo solo del
-miedo, impeliendo a despertar la atención pública, y a traer hacia los
-centrales los contratiempos y sinsabores que, como referiremos luego,
-precedieron y acompañaron al hundimiento de aquel gobierno.
-
-
-
-
- RESUMEN
- DEL
- LIBRO UNDÉCIMO.
-
-
-_Amenazas de Napoleón acerca de la guerra de España. — Su divorcio
-con Josefina. — Su casamiento con la archiduquesa de Austria. —
-Refuerzos que envía a España. — Resolución de invadir las Andalucías.
-— Sus preparativos. — Los de los españoles. — Los franceses atacan y
-cruzan la Sierra Morena. — Entran en Jaén y en Córdoba. — Ejército del
-duque de Alburquerque. — Viene sobre Andalucía. — Retírase de Sevilla
-la junta central. — Contratiempos en el viaje de sus individuos. —
-Sospechas de insurrección en Sevilla — Verifícase. — Junta de Sevilla.
-— Providencias que toma. — Continúan los franceses sus movimientos.
-— Encuentran en Alcalá la Real la caballería española. — Piérdese
-en Iznalloz un parque de artillería. — Toma Blake el mando de las
-reliquias del ejército del centro. — Entran los franceses en Granada.
-— Avanzan sobre Sevilla. — Se retira Alburquerque camino de Cádiz. —
-Ganan los franceses a Sevilla. — Preséntase el mariscal Victor delante
-de Cádiz. — Mortier va a Extremadura. — Baja también allí el 2.º
-cuerpo. — Va sobre Málaga Sebastiani. — Abello alborota la ciudad.
-— Éntranla los franceses. — Junta central en la Isla de León. Su
-disolución. — Decide nombrar una regencia. — Reglamento que le da. —
-Su último decreto sobre cortes. — Regentes que nombra. — Eligen una
-junta en Cádiz. — Ojeada rápida sobre la central y su administración.
-— Padecimientos y persecución de sus individuos. — Idea de la regencia
-y de sus individuos. — Felicitación del consejo reunido. — Idea de la
-junta de Cádiz. — Providencias para la defensa y buena administración
-de la regencia y la junta. — Breve descripción de la Isla gaditana. —
-Fuerzas que la guarnecen. — Españolas. — Inglesas. — Fuerza marítima.
-— Recio temporal en Cádiz. — Intiman los franceses la rendición. — La
-junta de Cádiz encargada del ramo de hacienda. — Sus altercados con
-Alburquerque. — Deja este el mando del ejército y pasa a Londres. —
-Impone la junta nuevas contribuciones. — José en Andalucía. — Modo
-con que le reciben. — Sus providencias. — Vuelve a Madrid. — Nueva
-invasión de Asturias. — Llano Ponte. — Porlier. — Entra Bonnet en
-Oviedo. — Evacúa la ciudad. — Ocúpala de nuevo. — Castellar y defensa
-del puente de Peñaflor. — Bárcena. Retíranse los españoles al Narcea.
-— Don Juan Moscoso. — El general Arce. — Conducta escandalosa de Arce
-y del consejero Leiva. — Nueva instalación de la junta general del
-principado. — Auxilio de Galicia. — Desampara Bonnet a Oviedo. — Se
-enseñorea por tercera vez de la ciudad. — Estado de Galicia. — Alboroto
-del Ferrol. Muerte de Vargas. — Mahy, general de las tropas de aquel
-reino. — Sitio de Astorga. — Capitula. — Licenciado Costilla. — Aragón.
-— Mina el mozo. — Expedición de Suchet sobre Valencia. — Estado de
-este reino y de la ciudad. — Malógrasele a Suchet su expedición. —
-Pozoblanco. — Ventajas de los españoles en Aragón. — Cae prisionero
-Mina el mozo. — Sucédele su tío Espoz y Mina. — Estado de Cataluña. —
-Varias acciones. — Bloqueo de Hostalrich. — Va Augereau al socorro de
-Barcelona. — Descalabro de Duhesme en Santa Perpetua y en Mollet. —
-Entra Augereau en Barcelona. — O’Donnell nombrado general de Cataluña.
-— Ejército que junta. — Acción de Vic el 19 de febrero. — Pertinaz
-defensa de Hostalrich. — Socorre de nuevo Augereau a Barcelona. —
-Retírase O’Donnell a Tarragona. — Feliz ataque de Don Juan Caro. —
-Evacúan los españoles a Hostalrich. — El mariscal Macdonald sucede a
-Augereau en Cataluña. — Parte Suchet a Lérida. — Entran sus tropas
-en Balaguer. — Sitio de Lérida. — Desgraciada tentativa de O’Donnell
-para socorrer la plaza. — Entran los franceses en Lérida y ríndese
-su castillo. — También el fuerte de las Medas. — Sucesos de Aragón.
-— Sitio de Mequinenza. — La toman los franceses. — Toman también el
-castillo de Morella. — Cádiz. — Toman los franceses a Matagorda. —
-Manda Blake el ejército de la isla. — Trasládase a Cádiz la regencia.
-— Varan en la costa dos pontones de prisioneros. — Trato de estos. —
-Pasan a las Baleares. Su trato allí. — Resistencia en las Andalucías.
-— Condado de Niebla. — Serranía de Ronda. — Don José Romero. Acción
-notable. — Tarifa. — Ejército del centro en Murcia. — Correría de
-Sebastiani en aquel reino. — Su conducta. — Evacúale. — Partidas de
-Cazorla y de las Alpujarras. — Extremadura. Ejército de la izquierda.
-— Romana. — Ballesteros. — Don Carlos O’Donnell. — Decreto de Soult
-de 9 de mayo. — Otro en respuesta de la regencia de España. — Decreto
-de Napoleón sobre gobiernos militares. — Une a su imperio los Estados
-Pontificios y la Holanda. — Inútil embajada de Azanza a París. —
-Tentativa para libertar al rey Fernando. — Barón de Kolly. — Vida de
-los príncipes en Valençay. — Préndese a Kolly. — Insidiosa conducta de
-la policía francesa. — Cartas de Fernando._
-
-
-
-
- HISTORIA
- DEL
- LEVANTAMIENTO, GUERRA Y REVOLUCIÓN
- de España.
-
- LIBRO UNDÉCIMO.
-
-
-[Sidenote: Amenazas de Napoleón acerca de la guerra de España.]
-
-Nuevos desastres amagaban a España al comenzar el año de 1810. Napoleón,
-de vuelta de la guerra de Austria, que para él tuvo tan feliz remate,
-anunció al senado francés «que se presentaría a la otra parte de los
-Pirineos, y que el leopardo aterrado huiría hacia el mar, procurando
-evitar su afrenta y su aniquilamiento.» No se cumplió este pronóstico
-contra los ingleses, ni tampoco se verificó el indicado viaje,
-persuadido quizá Napoleón de que la guerra peninsular, como guerra de
-nación, no se terminaría con una ni dos batallas: único caso en que
-hubiera podido empeñar con esperanza de gloria su militar nombradía.
-
-[Sidenote: Su divorcio con Josefina.]
-
-Ocupábanle también por entonces asuntos domésticos que quería acomodar
-a la razón de estado, y la afición que tenía a su esposa, la emperatriz
-Josefina, y las buenas prendas que a esta adornaban cedieron al deseo
-de tener heredero directo, y al concepto tal vez de que enlazándose
-con alguna de las antiguas estirpes de Europa, afianzaría la de los
-Napoleones, a cuyo trono faltaba la sólida base del tiempo. Resolvió,
-pues, separarse de aquella su primera esposa, y a mediados de diciembre
-de 1809 publicó solemnemente su divorcio, dejando a Josefina el título
-y los honores de emperatriz coronada.
-
-[Sidenote: Su casamiento con la archiduquesa de Austria.]
-
-Pensó después en escoger otra consorte, inclinándose al principio a
-la familia de los zares, mas al fin trató con la corte de Austria y
-se casó en marzo siguiente con la archiduquesa María Luisa, hija del
-emperador José II: unión que si bien por de pronto pudo lisonjear a
-Napoleón, sirviole de poco a la hora del infortunio.
-
-[Sidenote: Refuerzos que envía a España.]
-
-Antes y en el tiempo en que mostró al senado su propósito de cruzar los
-Pirineos, dio cuenta el ministro de la guerra de Francia del estado
-de fuerza que había en España, manifestando que para continuar las
-operaciones militares bastaba completar los cuerpos allí existentes con
-30.000 hombres reunidos en Bayona. Pasaron en efecto estos la frontera,
-y con ellos y otros refuerzos que posteriormente llegaron, ascendió
-dentro de la península el número de franceses, en el año de 1810 en que
-vamos, a unos 300.000 hombres de todas armas.
-
-[Sidenote: Resolución de invadir las Andalucías.]
-
-Llamaba singularmente la atención del gabinete de las Tullerías el
-destruir el ejército inglés, situado ya en Portugal a la derecha del
-Tajo. Pero el gobierno de José prefería a todo invadir las Andalucías,
-esperando así disolver la junta central, principal foco de la
-insurrección española. Por tanto puso su mayor ahínco en llevar a cabo
-esta su predilecta empresa.
-
-Destináronse para ella los tres cuerpos de ejército 1.º, 4.º y 5.º,
-con la reserva y algunos cuerpos españoles de nueva formación, en que
-tenían los enemigos poca fe, constando el total de la fuerza de unos
-55.000 hombres. Mandábalos José en persona, teniendo por su mayor
-general al mariscal Soult, que era el verdadero caudillo.
-
-[Sidenote: Sus preparativos.]
-
-Sentaron los franceses sus reales el 19 de enero en Santa Cruz de
-Mudela. A su derecha y en Almadén del Azogue se colocó antes el
-mariscal Victor con el primer cuerpo, debiendo penetrar en Andalucía
-por el camino llamado de la Plata. A la izquierda apostose en
-Villanueva de los Infantes el general Sebastiani, que regía el 4.º y que
-se preparaba a tomar la ruta de Montizón. Debía atravesar la sierra,
-partiendo del cuartel general de Santa Cruz, y dirigiendo su marcha por
-el centro de la línea, cuya extensión era de unas 20 leguas, el 5.º
-cuerpo del mando del mariscal Mortier, al que acompañaba la reserva
-guiada por el general Dessolles.
-
-Los franceses así distribuidos y tomadas también otras precauciones,
-se movieron hacia las Andalucías. No habían de aquel suelo pisado
-anteriormente sino hasta Córdoba, y la memoria de la suerte de Dupont
-traíalos todavía desasosegados. Sepáranse aquellas provincias de las
-demás de España por los montes Marianos, o sea la Sierra Morena, cuyos
-ramales se prolongan al levante y ocaso, y se internan por el mediodía,
-cortando en varios valles con otros montes, que se desgajan de Ronda y
-Sierra Nevada, las mismas Andalucías en donde ya los moros formaron los
-cuatro reinos en que ahora se dividen: tierra toda ella, por decirlo
-así, de promisión, y en la que por la suavidad de su temple [Sidenote:
-(* Ap. n. 11-1.)] y la fecundidad de sus campos, pusieron los antiguos,
-según la narración de Estrabón [*] con referencia a Homero, la morada
-de los bienaventurados, los Campos Elisios.
-
-[Sidenote: Los de los españoles.]
-
-Pocos tropiezos tenían los enemigos que encontrar en su marcha. No eran
-extraordinarios los que ofrecía la naturaleza, y fueron tan escasos
-los trabajos ejecutados por los hombres, que se limitaban a varias
-cortaduras y minas en los pasos más peligrosos y al establecimiento de
-algunas baterías. Se pensó al principio en fortificar toda la línea
-adoptando un sistema completo de defensa, dividido en provisional y
-permanente, el primero con objeto de embarazar al enemigo a su tránsito
-por la sierra, y el segundo con el de detenerle del todo, levantando
-detrás de las montañas y del lado de Andalucía unas cuantas plazas
-fuertes que sirviesen de apoyo a las operaciones de la guerra, y a
-la insurrección general del país. Una comisión de ingenieros visitó
-la cordillera y aun dio su informe, pero como tantas otras cosas
-de la junta central, quedose esta en proyecto. También se trató de
-abandonar la sierra y de formar en Jaén un campo atrincherado, de lo
-que igualmente se desistió, temerosos todos de la opinión del vulgo que
-miraba como antemural invencible el de los montes Marianos.
-
-Dio ocasión a tal pensamiento el considerar las escasas fuerzas que
-había para cubrir convenientemente toda la línea. Después de la
-dispersión de Ocaña, solo se habían podido juntar unos 25.000 hombres,
-que estaban repartidos en los puntos más principales de la sierra.
-Una división, al mando de Don Tomás de Zeráin, ocupaba a Almadén, de
-donde ya el 15 se replegó acometida por el mariscal Victor. Otra,
-a las órdenes de Don Francisco Copons, permaneció hasta el 20 en
-Mestanza y San Lorenzo. Colocáronse tres con la vanguardia en el
-centro de la línea. De ellas, la 3.ª, del cargo de Don Pedro Agustín
-Girón, en el puerto del Rey, y la vanguardia, junto con la 1.ª y 4.ª,
-gobernadas respectivamente por los generales Don José Zayas, Lacy y
-González Castejón, en la venta de Cárdenas, Despeñaperros, Collado
-de los Jardines y Santa Elena. Situose a una legua de Montizón, en
-Venta Nueva, la 2.ª, a las órdenes de Don Gaspar Vigodet, a la que se
-agregaron los restos de la 6.ª que antes mandaba Don Peregrino Jácome.
-
-El 20 de enero se pusieron los franceses en movimiento por toda la
-línea. Su reserva y su 5.º cuerpo dirigiéronse a atacar el puerto
-del Rey, y el de Despeñaperros, ambos de difícil paso a ser bien
-defendidos. Por el último va la nueva calzada, ancha y bien construida,
-abierta en los mismos escarpados de la montaña de Valdazores, y a
-grande altura del río Almudiel, que, bañándola por su izquierda, corre
-engargantado entre cerrados montes que forman una honda y estrechísima
-quebrada. La angostura del terreno comienza a unos 300 pasos de la
-venta de Cárdenas, yendo de la Mancha a Andalucía, y termina no lejos de
-las Correderas, casería distante una legua de la misma venta. En este
-trecho habían los españoles excavado tres minas, levantando detrás, en
-el collado de los Jardines, una especie de campo atrincherado. Por la
-derecha de Despeñaperros lleva al puerto del Rey un camino que parte
-de la venta de Melocotones, antes de llegar a la de Cárdenas; este era
-el antiguo, mal carretero y en parajes solo de herradura, juntándose
-después, y más allá de Santa Elena, con el nuevo. Entre ambos hay una
-vereda que guía al puerto del Muradal, existiendo otras estrechas que
-atraviesan la cordillera por aquellas partes.
-
-[Sidenote: Los franceses atacan y cruzan Sierra Morena.]
-
-En la mañana del indicado 20 salió del Viso el general Dessolles con
-la reserva de su mando y además un regimiento de caballería. Dirigiose
-al puerto del Rey que defendía el general Girón. La resistencia no
-fue prolongada: los españoles se retiraron con bastante precipitación
-y del todo se dispersaron en las Navas de Tolosa. Al mismo tiempo
-la división del general Gazan acometió el puerto del Muradal con
-una de sus brigadas, y con la otra se encaramó por entre este paso
-y Despeñaperros, viniendo a dar ambas a las Correderas, esto es, a
-espalda de los atrincheramientos y puestos españoles. El mariscal
-Mortier, al frente de la división Girard, con caballería, artillería
-ligera y los nuevos cuerpos creados por José, pensó en embestir por la
-calzada de Despeñaperros, y lo ejecutó cuando supo que a su derecha el
-general Gazan, habiendo arrollado a los españoles, estaba para envolver
-las posiciones principales de estos. Las minas que en la calzada había
-reventaron, mas hicieron poco estrago; los enemigos avanzaron con
-rapidez, y los nuestros, temiendo ser cortados, todo lo abandonaron,
-como también el atrincheramiento del collado de los Jardines. Perdieron
-los españoles 15 cañones y bastantes prisioneros, salvándose por
-las montañas algunos soldados, y tirando otros, con Castejón, hacia
-Arquillos, en donde luego veremos no tuvieron mayor ventura. Aréizaga,
-que todavía conservaba el mando en jefe, acompañado de algunos
-oficiales y cortas reliquias, precipitadamente corrió a ponerse en
-salvo al otro lado del Guadalquivir. Los franceses llegaron la noche
-del mismo 20 a La Carolina, y al día siguiente pasaron a Andújar
-después de haber atravesado por Bailén, cuyas glorias se empañaban
-algún tanto con las lástimas que ahora ocurrían. El mariscal Soult y
-el rey José no tardaron en adelantarse hasta la citada villa en donde
-pusieron su cuartel general.
-
-Llegó también luego a Andújar el mariscal Victor, que desde Almadén
-no había encontrado grandes tropiezos en cruzar la sierra. La junta
-de Córdoba pensó ya tarde en fortificar el paso de Mano de Hierro y
-el camino de la Plata, y en juntar los escopeteros de las montañas.
-La división de Zeráin y la de Copons tuvieron que abandonar sus
-respectivas posiciones, y el mariscal Victor, después de hacer algunos
-reconocimientos hacia Santa Eufemia y Belalcázar, se dirigió sin
-artillería ni bagajes por Torrecampo, Villanueva de la Jara y Montoro
-a Andújar, en donde se unió con las fuerzas de su nación que habían
-desembocado del puerto del Rey y de Despeñaperros. De estas, el mariscal
-Soult envió la reserva de Dessolles con una brigada de caballería
-por Linares sobre Baeza, para que se diese la mano con el general
-Sebastiani, a cuyo cargo había quedado pasar la sierra por Montizón.
-
-Dicho general, aunque no fue en su movimiento menos afortunado que
-sus compañeros, halló, sin embargo, mayor resistencia. Guarnecía por
-aquella parte Don Gaspar Vigodet las posiciones de Venta Nueva y Venta
-Quemada, y las sostuvo vigorosamente durante dos horas con fuerza poco
-aguerrida e inferior en número, hasta que el enemigo habiendo tomado
-la altura llamada de Matamulas, y otra que defendió con gran brío
-el comandante Don Antonio Brax, obligó a los nuestros a retirarse.
-Vigodet mandó, en su consecuencia, a todos los cuerpos que bajasen de
-las eminencias y se reuniesen en Montizón, de donde, replegándose con
-orden y en escalones, empezó luego a desbandársele un escuadrón de
-caballería que con su ejemplo descompuso también a los otros, y juntos
-atropellaron y desconcertaron la infantería, disolviéndose así toda la
-división. Con escasos restos entró Vigodet el 20 de enero, después de
-anochecido, en el pueblo de Santisteban, y al amanecer, viéndose casi
-solo, partió para Jaén, a cuya ciudad habían ya llegado el general en
-jefe Aréizaga y los de división Girón y Lacy, todos desamparados y en
-situación congojosa.
-
-Sebastiani continuó su marcha, y cerca de Arquillos tropezó el 29
-con el general Castejón que se replegaba de la sierra con algunas
-reliquias. La pelea no fue reñida; caído el ánimo de los nuestros y
-rota la línea española, quedaron prisioneros bastantes soldados y
-oficiales, entre ellos el mismo Castejón. El general Sebastiani se puso
-entonces por la derecha en comunicación con el general Dessolles, y
-destacando fuerzas por su izquierda hasta Úbeda y Baeza, ocupó hacia
-aquel lado la margen derecha del Guadalquivir. Lo mismo hicieron por el
-suyo hasta Córdoba los otros generales, con lo que se completó el paso
-de la sierra, habiendo los franceses maniobrado sabiamente, si bien es
-verdad tuvieron entonces que habérselas con tropas mal ordenadas y con
-un general tan desprevenido como lo era Don Juan Carlos de Aréizaga.
-
-[Sidenote: Entran en Jaén y en Córdoba.]
-
-Prosiguiendo su movimiento pasó el general Sebastiani el Guadalquivir
-y entró el 23 en Jaén, en donde cogió muchos cañones y otros aprestos
-que se habían reunido con el intento de formar un campo atrincherado.
-El mariscal Victor entró el mismo día en Córdoba, y poco después
-llegó allí José. Salieron diputaciones de la ciudad a recibirle y
-felicitarle, cantose un Te Deum y hubo fiestas públicas en celebración
-del triunfo. Esmerose el clero en los agasajos, y se admiró José de
-ser mejor tratado que en las demás partes de España. Detuviéronse
-los franceses en Córdoba y sus alrededores algunos días, temerosos
-de la resistencia que pudiera presentar Sevilla, e inciertos de las
-operaciones del ejército del duque de Alburquerque.
-
-[Sidenote: Ejército del duque de Alburquerque.]
-
-Ocupaba este general las riberas del Guadiana después que se retiró
-de hacia Talavera, en consecuencia de la rota de Ocaña; tenía en Don
-Benito su cuartel general. En enero constaba su fuerza en aquel punto
-de 8000 infantes y 600 caballos, y además se hallaban apostados entre
-Trujillo y Mérida unos 3100 hombres a las órdenes de los brigadieres
-Don Juan Senén de Contreras y Don Rafael Menacho; tropa esta que se
-destinaba, caso que avanzasen los franceses, para guarnecer la plaza de
-Badajoz, muy desprovista de gente.
-
-[Sidenote: Viene sobre Andalucía.]
-
-La junta central, luego que temió la invasión de las Andalucías, empezó
-a expedir órdenes al de Alburquerque las más veces contradictorias, y
-en general dirigidas a sostener por la izquierda la división de Don
-Tomás de Zeráin, avanzada en Almadén. Las disposiciones de la junta,
-fundándose en voces vagas, más bien que en un plan meditado de campaña,
-eran por lo común desacertadas. El duque de Alburquerque, sin embargo,
-deseando cumplir por su parte con lo que se le prevenía, trataba de
-adelantarse hacia Agudo y Puertollano cuando, sabedor de la retirada
-de Zeráin, y después de la entrada de los franceses en La Carolina,
-mudó por sí de parecer y se encaminó la vuelta de la Andalucía, con
-propósito de cubrir el asiento del gobierno. Este, al fin, y ya
-apretado, ordenó a aquel hiciese lo mismo que ya había puesto en
-obra, mas con instrucciones de que acertadamente se separó el general
-español, disponiendo, contra lo que se le mandaba, que las tropas de
-Senén de Contreras y Menacho partiesen a guarnecer la plaza de Badajoz.
-
-Con lo demás de la fuerza, esto es, con 8000 infantes y 600 caballos,
-encaminándose Alburquerque el 22 de enero por Guadalcanal a Andalucía,
-cruzó el Guadalquivir en las barcas de Cantillana haciendo avanzar
-a Carmona su vanguardia y a Écija sus guerrillas, que luego se
-encontraron con las enemigas. La junta central había mandado que se
-uniesen a Alburquerque las divisiones de D. Tomás Zeráin y de D.
-Francisco Copons, únicas de las que defendían la sierra que quedaron
-por este lado. Mas no se verificó, retirándose ambas separadamente al
-condado de Niebla. La última, más completa, se embarcó después para
-Cádiz en el puerto de Lepe. Lo mismo lucieron en otros puntos las
-reliquias de la primera.
-
-Siendo las tropas que regía el duque de Alburquerque las solas que
-podían detener a los franceses en su marcha, déjase discurrir cuán
-débil reparo se oponía al progreso de estos, y cuán necesario era que
-la junta central se alejase de Sevilla si no quería caer en manos del
-enemigo.
-
-[Sidenote: Retírase de Sevilla la junta central.]
-
-Ya conforme al decreto, en su lugar mencionado, del 13 de enero,
-habían empezado a salir de aquella ciudad, pasado el 20, varios
-vocales, enderezándose a la Isla de León, punto del llamamiento. Mas,
-estrechando las circunstancias, casi todos partieron en la noche
-del 23 y madrugada del 24, unos por el río abajo y otros por tierra.
-[Sidenote: Contratiempos en el viaje de sus individuos.] Los primeros
-viajaron sin obstáculo, no así los otros a quienes rodearon muchos
-riesgos, alborotados los pueblos del tránsito, que se creían, con la
-retirada del gobierno, abandonados y expuestos a la ira e invasión
-enemigas. Corrieron, sobre todo, inminente peligro el presidente,
-que lo era a la sazón el arzobispo de Laodicea, y el digno conde
-de Altamira, marqués de Astorga, salvándose en Jerez ellos y otros
-compañeros suyos como por milagro de los puñales de la turba amotinada.
-
-[Sidenote: Sospechas de insurrección en Sevilla.]
-
-Asegurose que, contando con la inquietud de los pueblos, se habían
-despachado de Sevilla emisarios que aumentasen aquella y la
-convirtiesen en un motín abierto para dirigir a mansalva tiros ocultos
-contra los azorados y casi prófugos centrales. Pareció la sospecha
-fundada al saberse la sedición que se preparaba en Sevilla, y estalló
-luego que de allí salieron los individuos del gobierno supremo. De los
-manejos que andaban tuvo ya noticia el 18 de enero Don Lorenzo Calvo de
-Rozas, y dio de ello cuenta a la central. Para impedir que cuajaran,
-mandose sacar de Sevilla a Don Francisco de Palafox y al conde del
-Montijo, que, aunque presos, se conceptuaban principales promotores de
-la trama. La apresuración con que los centrales abandonaron la ciudad,
-el aturdimiento natural en tales casos, y la falta de obediencia
-estorbaron que se cumpliese la orden.
-
-[Sidenote: Verifícase.]
-
-Alejado de Sevilla el gobierno, quedaron dueños del campo los
-conspiradores de aquella ciudad, y el 24 por la mañana amotinaron al
-pueblo, declarándose la junta provincial a sí misma suprema nacional,
-lo que dio claramente a entender que en su seno había individuos
-sabedores de la conjuración. Entraron en la junta además Don Francisco
-Saavedra, nombrado presidente, el general Eguía y el marqués de la
-Romana, que no se había ido con sus compañeros, y salía de Sevilla
-en el momento del alboroto con Mr. Frere, único representante de
-Inglaterra después de la ausencia del marqués de Wellesley. Agregáronse
-también a la junta los señores Palafox y conde del Montijo, que al
-efecto soltaron de la prisión; el último esquivó por un rato acceder al
-deseo popular, fuese para aparentar que no obraba de acuerdo con los
-revoltosos, fuese que, según su costumbre, le faltara el brío al tiempo
-del ejecutar.
-
-[Sidenote: Junta de Sevilla.]
-
-Creose igualmente una junta militar, que fue la que realmente mandó en
-los pocos días de la duración de aquel extemporáneo gobierno, y la
-cual se compuso de los individuos nuevamente agregados. [Sidenote:
-Providencias que toma.] Desde luego nombró esta al marqués de la Romana
-general del ejército de la izquierda, en lugar del duque del Parque, que
-destinaba a Cataluña, y encargó el mando del que se llamaba ejército
-del centro a Don Joaquín Blake. Expidiéronse además a las provincias
-todo linaje de órdenes y resoluciones que, o no llegaron, o felizmente
-fueron desobedecidas, pues de otra manera nuevos disturbios hubieran
-desgarrado a la nación entonces tan acongojada. Quedaron, sin embargo,
-con el mando, según veremos, los generales Romana y Blake, habiéndose
-posteriormente conformado el verdadero gobierno supremo con la
-resolución de la junta de Sevilla.
-
-Procuró esta alentar a los moradores de la ciudad a la defensa de sus
-hogares, y excitar en sus proclamas hasta el fanatismo de los clérigos
-y los frailes, que por lo general se mantuvieron quietos. Duró el
-ruido pocos días, poniendo pronto término la llegada de los franceses.
-Ya se la temían el conde del Montijo y los principales instigadores
-de la conmoción, y alejándose aquel el 26 del lugar del peligro, con
-pretexto de desempeñar una comisión para el general Blake, quedaron
-los sediciosos sin cabeza, careciendo para defender la ciudad del
-ánimo que sobradamente habían mostrado para perturbarla. Cierto que
-Sevilla no era susceptible de ser defendida militarmente, y solo los
-sacrificios y el valor de Zaragoza hubieran podido contener el torrente
-de los enemigos, de cuya marcha volveremos a tomar ahora el hilo de la
-narración.
-
-[Sidenote: Continúan los franceses sus movimientos.]
-
-Dueños los franceses de la margen derecha del Guadalquivir, y
-habiéndose adelantado el general Sebastiani hasta Jaén, prosiguió este
-su movimiento para acabar con el ejército del centro, cuyas dispersas
-reliquias iban en su mayor parte la vuelta de Granada. Por decirlo así
-no quedaban ya en pie sino unos 1500 jinetes a las órdenes del general
-Freire, y un parque de artillería compuesto de 30 cañones situado
-en Andújar. Los oficiales que mandaban dicho parque no recibiendo
-orden ninguna del general en jefe, juzgaron prudente sabiendo las
-desventuras de la sierra, pasar el Guadalquivir y encaminarse a
-Guadix, lo que empezaron a poner en obra sin tener caballería ni
-infantería que los protegiese. El general Sebastiani al avanzar de
-Jaén el 26 de enero, tomó con el grueso de su fuerza la dirección de
-Alcalá la Real, enviando por su izquierda camino de Cambil y Llanos
-de Pozuelo al general Peyremont con una brigada de caballería ligera.
-[Sidenote: Encuentran en Alcalá la Real la caballería española.] El
-27, pasado Alcalá la Real, alcanzó Sebastiani la caballería española
-de Freire que resistió algún tiempo; pero que después fue rota y en
-parte cogida y dispersa, atacada por un número superior de enemigos, y
-sin tener consigo infantería alguna que la ayudase. Tocole a la otra
-columna francesa, que tiró por la izquierda a Cambil, apoderarse de la
-artillería que dijimos había salido de Andújar.
-
-Caminaba esta con dirección a Guadix a la sazón que el conde de
-Villariezo, capitán general de Granada, impelido por el pueblo a
-defenderse, ordenó a los jefes de la artillería indicada que desde
-Pinos Puente torciesen el camino y viniesen a la ciudad en que mandaba.
-Obedecieron; pero luego que estuvieron dentro, notando que todo era
-allí confusión, trataron de salvar sus cañones volviendo a salir de
-Granada. Desgraciadamente, para continuar su marcha se vieron forzados
-a tomar un rodeo, retrocediendo al ya mencionado Pinos Puente, pues
-entonces no era camino de ruedas el de los Dientes de la Vieja,
-más corto y directo que el otro para Diezma y Guadix. [Sidenote:
-Piérdese en Iznalloz un parque de artillería.] Con semejante atraso
-perdieron tiempo, dando en Iznalloz con los caballos ligeros del
-general Peyremont; en donde, como no tenían los artilleros españoles
-infantes ni jinetes que los protegiesen, tuvieron, bien a pesar suyo,
-que abandonar las piezas y salvarse en los caballos de tiro. Así iba
-desapareciendo del todo aquel ejército, que dos meses antes inundaba
-los llanos de la Mancha.
-
-[Sidenote: Toma Blake el mando de las reliquias del ejército del
-centro.]
-
-Por fin, al expirar enero, tomó en Diezma el mando de tan tristes
-reliquias Don Joaquín Blake, quien, yendo a Málaga de cuartel, de
-vuelta de Cataluña, recibió en aquel pueblo el nombramiento que le
-había conferido la Junta de Sevilla. Cediole el puesto sin obstáculo el
-mismo Don Juan Carlos de Aréizaga, y dio, en efecto, Blake prueba de
-patriotismo en encargarse en semejantes circunstancias de empleo tan
-espinoso, sin reparar en la autoridad de que procedía. No había otro
-cuerpo reunido sino el primer batallón de guardias españolas mandado
-por el brigadier Otedo; lo demás del ejército reducíase a dispersos de
-varios cuerpos. Blake retrocedió todavía a Huércal Overa, villa del
-reino de Granada en los confines de Murcia; y despachando proclamas
-y órdenes a todas partes, consiguió juntar en los primeros días de
-febrero hasta unos cinco mil hombres de todas armas; no habiéndosele
-incorporado otros generales de los que mandaban divisiones en la
-sierra, sino Vigodet y además Freire con unos cuantos caballos.
-
-[Sidenote: Entran los franceses en Granada.]
-
-El general Sebastiani entró en Granada el 28 de enero. Quiso el pueblo
-defenderse, mas disuadiéronle los hombres prudentes y los tímidos
-con capa de tales; también contribuyó a ello el clero, que en estas
-Andalucías mostrose sobradamente obsequioso a los conquistadores. Se
-envió una diputación a recibir a Sebastiani; y agregose a este, poco
-después de su entrada, el regimiento suizo de Reding. Trató el general
-francés con ceño y palabras airadas a las autoridades españolas, e
-impuso una gravosísima y extraordinaria contribución.
-
-[Sidenote: Avanzan sobre Sevilla.]
-
-Entre tanto, el 1.º y 5.º cuerpo avanzaron por disposición de José
-hacia Sevilla, tiroteándose el mismo día 28, cerca de Écija, con las
-guerrillas de caballería del duque de Alburquerque; noticioso este
-general de que los enemigos avanzaban por El Arahal y Morón, para
-ponerse en Utrera a su retaguardia, y cortarle así la retirada sobre
-la Isla gaditana, [Sidenote: Se retira Alburquerque camino de Cádiz.]
-abandonó a Carmona y comenzó su marcha retrógrada hacia la costa. La
-caballería y la artillería las envió por el camino real, dirigiendo la
-infantería por las Cabezas de San Juan y Lebrija para unirse todos en
-Jerez. Fue tan oportuno este movimiento, que al llegar a Utrera dejose
-ya ver desde Morón un destacamento enemigo. Tomole, pues, Alburquerque
-la delantera; y recogiendo en Jerez todas sus fuerzas, pudo entrar
-al principiar febrero en la Isla de León sin ser particularmente
-incomodado, y habiendo solo la caballería sostenido en su marcha
-algunas escaramuzas. Si en esta ocasión hubieran los franceses andado
-con su acostumbrada presteza, hubieran tal vez podido interponerse
-entre el ejército español y la Isla gaditana; y muy otra fuera entonces
-la suerte de aquel inexpugnable baluarte. El duque de Alburquerque
-contribuyó, en cuanto pudo, a salvar tan precioso rincón, y con él
-quizá la independencia de España. Por ello justas alabanzas le son
-debidas.
-
-[Sidenote: Ganan los franceses a Sevilla.]
-
-Los franceses, recelosos en aquellas circunstancias de comprometerse
-demasiadamente, midieron sus movimientos, anteponiendo a todo el
-apoderarse de Sevilla, posesión codiciada por sus riquezas y renombre.
-Presentose a vista de sus muros al finalizar enero el mariscal Victor.
-De la nueva Junta casi todos los individuos habían desaparecido, por lo
-que su formación de nada aprovechó, sino de sobresaltar a los pueblos,
-acrecentar la división de los ánimos, e impedir la salida de cuantiosos
-e importantes efectos.
-
-Sevilla, ciudad vasta y populosa, y en la que brillan, según se explica
-en su lenguaje sencillo la crónica de San Fernando, «muchas y grandes
-noblezas..., las cuales pocas ciudades hay que las tengan», había
-sido por mandato de la central circunvalada de triples líneas, para
-cuya guarnición se requerían 50.000 hombres. Invirtiéronse por tanto
-inútilmente en dicha fortificación muchos caudales, pues no pudiendo
-defenderse aquel recinto, conforme a las reglas de la milicia, y solo
-sí acudiendo al patriotismo y brío del vecindario, hubiera debido
-la central pensar más bien que en fortalecerla regularmente, en
-entusiasmar los ánimos y cuidar de su disciplina y buena dirección.
-
-Preparábanse los franceses a acometer a Sevilla, cuando el 31 les
-enviaron de dentro parlamentarios. Querían estos entre varias cosas,
-que se distinguiese aquella ciudad de las otras en la capitulación,
-como una de las principales cabeceras de la monarquía, y también
-hicieron la notable petición de que se convocasen cortes. No accedió
-el mariscal Victor, como era de presumir, a la última demanda; y
-en respuesta a las proposiciones que se le presentaron envió una
-declaración, según la cual, prometía amparo a los habitantes y a
-la guarnición, como también no escudriñar los hechos ni opiniones
-contrarias a José, anteriores a aquel día; otorgaba además otras
-concesiones y señaladamente la de no imponer contribución alguna
-ilegal: artículo que pronto se quebrantó, o que nunca tuvo cumplimiento.
-
-Accediendo los sevillanos a las condiciones de Victor, entraron los
-franceses en la ciudad el 1.º de febrero a las 3 de la tarde. La
-víspera por la noche había salido la escasa guarnición hacia el condado
-de Niebla a las órdenes del Vizconde de Gand, cuyo camino tomaron
-también algunos de los más respetables individuos de la antigua Junta
-provincial, enemigos del desbarato y excesos de los últimos días, los
-cuales, establecidos en Ayamonte, se constituyeron luego en autoridad
-legítima de los partidos libres de la provincia.
-
-En Sevilla cogieron los franceses municiones, fusiles, gran número de
-cañones de aquella magnífica fábrica, y muchos pertrechos militares.
-Asimismo otra porción de preciosidades y valores, particularmente
-tabacos y azogues, tan necesarios los últimos para el beneficio de
-las minas de América, botín que debió el enemigo parte a descuido
-e imprevisión de la junta central, parte, según apuntamos, a los
-alborotos y al atropellamiento que en Sevilla hubo.
-
-[Sidenote: Preséntase el mariscal Victor delante de Cádiz.]
-
-Sojuzgada esta ciudad, se encaminó el primer cuerpo francés, a las
-órdenes de su jefe el mariscal Victor, la vuelta de la Isla gaditana,
-cuyos alrededores pisó el 5 de febrero. La anterior llegada a aquel
-punto del duque de Alburquerque previno los hostiles intentos del
-enemigo, e impidió todo rebate. Parose, pues, Victor a la vista,
-quedando su cuerpo de ejército destinado a formar el bloqueo. Aprestose
-en Córdoba la reserva bajo el mando de Dessolles; [Sidenote: Mortier
-va a Extremadura.] y el 5.º, del cargo del mariscal Mortier, después
-de dejar una brigada en Sevilla, asomó a Extremadura [Sidenote: Baja
-también allí el 2.º cuerpo.] y diose más adelante la mano con el 2.º,
-que desde el Tajo avanzó a las órdenes del general Reynier. En seguida
-se encaminó Mortier a Badajoz, y habiendo inútilmente intimado la
-rendición a la plaza, volvió atrás y estableció en Llerena su cuartel
-general.
-
-[Sidenote: Va sobre Málaga Sebastiani.]
-
-Sebastiani, por su lado, dio a sus operaciones cumplido acabamiento.
-Tranquilo poseedor de Granada, quiso recorrer la costa, y sobre todo
-enseñorearse de la rica e importante ciudad de Málaga, con tanta mayor
-razón cuanto allí se encendía nueva lumbre insurreccional.
-
-[Sidenote: Abello alborota la ciudad.]
-
-Era atizador y caudillo un coronel de nombre Don Vicente Abello,
-natural de la Habana, hombre fogoso y arrebatado, mas falto de
-la capacidad necesaria para tamaño empeño. Siguió su pendón la
-plebe, tan enemiga allí como en las demás partes de la dominación
-extraña. Agregáronse a Abello pocos sujetos de cuenta, asustados
-con los desórdenes que se levantaron y previendo la imposibilidad
-de defenderse. Los únicos más notables que se le juntaron fueron un
-capuchino llamado Fr. Fernando Berrocal, y el escribano San Millán,
-con sus hermanos; de ellos los hubo que partieron a Vélez-Málaga para
-sublevar aquella ciudad y su partido. Cometiéronse tropelías, y se
-empezaron a exigir forzadas y exorbitantes derramas, habiendo embargado
-y cogido al solo Duque de Osuna unos 50.000 duros. Prendieron a los
-individuos de la junta del casco de la ciudad, y al anciano general Don
-Gregorio de la Cuesta, que vivía allí retirado, pero que al fin pudo
-embarcarse para Mallorca.
-
-[Sidenote: Éntranla los franceses.]
-
-El general Sebastiani procediendo de Granada por Loja a Antequera,
-adelantose el 5 de febrero a Málaga. Al atravesar la garganta llamada
-Boca del Asno, dispersó una turba de paisanos que en vano quisieron
-defender el paso, y se aproximó al recinto de la ciudad. Fuera de ella
-le aguardaba Abello, tan desacertado en sus operaciones militares
-como en las políticas y económicas. Su gente era numerosa, pero
-allegadiza, y la mitad sin armas. Al primer choque quedó deshecha, y
-amigos y enemigos entraron confundidos en la ciudad. Empezó el pillaje,
-mediaron las autoridades antiguas que había quitado Abello, ofreció
-Sebastiani suspensión de hostilidades, pero no cesaron estas hasta el
-día siguiente. Cayeron en poder del general francés intereses públicos
-y privados, incluso el dinero del duque de Osuna; e impuso además a
-la ciudad una contribución de doce millones de reales, de que cinco
-habían de ser pagados al contado.
-
-Don Vicente Abello logró refugiarse en Cádiz, donde padeció larga
-prisión, de que las cortes le libertaron. El capuchino Berrocal y
-otros, cogidos en Málaga y en Motril, tuvieron menos ventura, pues
-Sebastiani los mandó ahorcar. Tratamiento sobradamente duro; porque
-si bien este general nos ha dicho haberse comportado así, siendo los
-tales frailes y fanáticos, su razón no nos pareció fundada, pues además
-de no estar en aquel caso todos los que padecieron la pena indicada,
-¿por qué no sería lícito a los eclesiásticos tomar las armas en una
-guerra de vida o muerte para la patria? Castigáraseles en buen hora,
-si cometieron otros excesos, mas no por oponerse a la conquista del
-extranjero.
-
-[Sidenote: Junta central en la Isla del León. Su disolución.]
-
-Al propio tiempo que los franceses se esparcían por las Andalucías y
-se enseñoreaban de sus principales ciudades, acontecían importantes
-mudanzas en la Isla de León y en Cádiz. A ambos puntos, como también al
-Puerto de Santa María, habían llegado, antes de acabarse enero, muchos
-vocales de la junta central, los cuales se reunieron sin tardanza en la
-citada Isla de León. La tormenta que habían corrido, la voz pública,
-los temores de no ser obedecidos, todo en fin los compelió a hacer
-dejación del mando antes de congregarse las cortes, y a sustituir en
-su lugar otra autoridad. [Sidenote: Decide nombrar una Regencia.] Don
-Lorenzo Calvo de Rozas formalizó la proposición de que se nombrase
-una regencia de cinco individuos que ejerciese la potestad ejecutiva
-en toda su plenitud, quedando a su lado la central como cuerpo
-deliberante, hasta que se juntasen las cortes. La junta aprobó la
-primera parte de la proposición y desechó la última; declarando además
-que sus individuos resignaban el mando, sin querer otra recompensa
-que la honrosa distinción del ministerio que habían ejercido, y
-excluyéndose a sí propios de ser nombrados para el nuevo gobierno.
-
-[Sidenote: Reglamento que le da.]
-
-También se formó un reglamento que sirviese de pauta a la nueva
-autoridad, a la que se dio el nombre de Supremo consejo de regencia, y
-se aprobó un decreto por el que reuniendo todos los acuerdos acerca de
-la institución y forma de las cortes, ya convocadas para el inmediato
-marzo, se trataba de hacer sabedor al público de tan importantes
-decisiones.
-
-En el reglamento, además de los artículos de orden interior, había uno
-muy notable, y según el cual la regencia «propondría necesariamente a
-las cortes una ley fundamental que protegiese y asegurase la libertad
-de la imprenta, y que entre tanto se protegería de hecho esta libertad
-como uno de los medios más convenientes, no solo para difundir la
-ilustración general, sino también para conservar la libertad civil y
-política de los ciudadanos.» Así la central, tan remisa y meticulosa
-para acordar en su tiempo concesión de tal entidad, imponía ahora en
-su agonía la obligación de decretarla a la autoridad que iba a ser
-sucesora suya en el mando. Disponíase igualmente en dicho reglamento
-que se crease una diputación compuesta de ocho individuos, celadora
-de la observancia de aquel y de los derechos nacionales. Ignoramos
-por qué no se cumplió semejante resolución, y atribuimos el olvido
-al azoramiento de la junta central, y a no ser la nueva regencia
-aficionada a trabas.
-
-[Sidenote: Su último decreto sobre cortes.]
-
-En el decreto tocante a cortes se insistía en el próximo llamamiento de
-estas, y se mandaba que inmediatamente se expidiesen las convocatorias
-a los grandes y a los prelados, adoptándose la importante innovación
-de que los tres brazos no se juntasen en tres cámaras o estamentos
-separados sino solo en dos, llamado uno _popular_ y otro de
-_dignidades_.
-
-Se ocurría también en el decreto al modo de suplir la representación
-de las provincias que, ocupadas por el enemigo, no pudiesen nombrar
-inmediatamente sus diputados, hasta tanto que, desembarazadas,
-estuviesen en el caso de elegirlos por sí directamente. Lo mismo y a
-causa de su lejanía se previno respecto de las regiones de América
-y Asia. Había igualmente en el contexto del precitado decreto otras
-disposiciones importantes y preparatorias para las cortes y sus
-trabajos. La regencia nunca publicó este documento, motivo por el que
-le insertamos íntegro en el apéndice.[*] [Sidenote: (* Ap. n. 11-2.)]
-Echose la culpa de tal omisión al traspapelamiento que de él había
-hecho un sujeto respetabilísimo a quien se conceptuaba opuesto a la
-reunión de las cortes en dos cámaras. Pero habiendo este justificado
-plenamente la entrega, así de dicho documento como de todos los papeles
-pertenecientes a la central, en manos de los comisionados nombrados
-para ello por la regencia, apareció claro que la ocultación provenía
-no de quien desaprobaba las cámaras o estamentos, sino de los que
-aborrecían toda especie de representación nacional.
-
-[Sidenote: Regentes que nombra.]
-
-La junta central, después de haber sancionado en 29 de enero todas las
-indicadas resoluciones, pasó inmediatamente a nombrar los individuos
-de la regencia. Cuatro de ellos debían ser españoles europeos, y
-uno de las provincias ultramarinas. Recayó pues la elección en Don
-Pedro de Quevedo y Quintano, obispo de Orense; en Don Francisco de
-Saavedra, consejero de estado; en el general de tierra Don Francisco
-Javier Castaños, en el de marina Don Antonio Escaño, y en Don Esteban
-Fernández de León. El último, por no haber nacido en América, aunque
-de familia ilustre arraigada en Caracas, y por la oposición que mostró
-la junta de Cádiz, fue removido casi al mismo tiempo que nombrado,
-entrando en su lugar Don Miguel de Lardizábal y Uribe, natural de
-Nueva España. El 2 de febrero era el señalado para la instalación de
-la regencia; pero, inquieto el público y disgustado con la tardanza,
-tuvo la central que acelerar aquel acto, y poniendo en posesión a los
-regentes en la noche del 31 de enero, [Sidenote: (* Ap. n. 11-3.)]
-disolviose inmediatamente, dando en una proclama [*] cuenta de todo lo
-sucedido.
-
-[Sidenote: Eligen una junta en Cádiz.]
-
-Al lado de la nueva autoridad, y presumiendo de igual o superior,
-habíase levantado otra que, aunque en realidad subalterna, merece
-atención por el influjo que ejerció, particularmente en el ramo de
-hacienda. Queremos hablar de una junta elegida en Cádiz. Emisarios
-despachados de Sevilla por los instigadores de los alborotos, y el
-justo temor de ver aquella plaza entregada sin defensa al enemigo,
-fueron el principal móvil de su nombramiento. Diole también inmediato
-impulso un edicto que en virtud de pliegos recibidos de Sevilla publicó
-el gobernador Don Francisco Venegas, considerando disuelta la junta
-central y ofreciendo resignar su mando en manos del ayuntamiento, si
-este quisiese confiarle a otro militar más idóneo. Conducta que algunos
-tacharon de reprensible y liviana, mas disculpable en tan arduos
-tiempos.
-
-El ayuntamiento conservó al general Venegas en su empleo, y atento a
-una petición de gran número de vecinos que elevó a su conocimiento
-el síndico personero Don Tomás Istúriz, abolió la Junta de defensa
-que había y trató de que se pusiese otra nueva más autorizada. El
-establecimiento de esta fue popular. Cada vecino cabeza de casa
-presentó a sus respectivos comisarios de barrio una propuesta cerrada
-de tres individuos: del conjunto de todas ellas formose una lista en
-la que el ayuntamiento escogió 54 vocales electores, quienes a su vez
-sacaron de entre estos 18 sujetos, número de que se había de componer
-la junta relevándose a la suerte cada cuatro meses la tercera parte.
-Se instaló la nueva corporación el 29 de enero con aplauso de los
-gaditanos, habiendo recaído el nombramiento en personas por lo general
-muy recomendables.
-
-He aquí, pues, dos grandes autoridades, la regencia y la junta de
-Cádiz, impensadamente creadas, y otra la junta central abatida y
-disuelta. Antes de pasar adelante, echaremos sobre las tres una rápida
-ojeada.
-
-[Sidenote: Ojeada rápida sobre la central y su administración.]
-
-De la central habrá el lector podido formar cabal juicio, ya por lo
-que de ella dijimos al tiempo de instalarse, y ya también por lo que
-obró durante su gobernación. Inclinose a veces a la mejora en todos
-los ramos de la administración; pero los obstáculos que ofrecían
-los interesados en los abusos, y el titubeo y vaivenes de su propia
-política, nacidos de la varia y mal entendida composición de aquel
-cuerpo, estorbaron las más veces el que se realizasen sus intentos.
-En la hacienda casi nada innovó, ni en el género de contribuciones,
-ni en el de su recaudación, ni tampoco en la cuenta y razón. Trató, a
-lo último, de exigir una contribución extraordinaria directa que en
-pocas partes se planteó ni aun momentáneamente. Ofreció, sí, por medio
-de un decreto, una variación completa en el ramo, aproximándose al
-sistema erróneo de un único y solo impuesto directo. Acerca del crédito
-público tampoco tomó medida alguna fundamental. Es cierto que no gravó
-la nación con empréstitos pecuniarios, reembolsándose en general las
-anticipaciones del comercio de Cádiz o de particulares con los caudales
-que venían de América u otras entradas; mas no por eso se dejó de
-aumentar la deuda, según especificaremos en el curso de esta historia,
-con los suministros que los pueblos daban a las partidas y a la tropa.
-Medio ruinoso, pero inevitable en una guerra de invasión y de aquella
-naturaleza.
-
-En la milicia, las reformas de la central fueron ningunas o muy
-contadas. Siguió el ejército constituido como lo estaba al tiempo de
-la insurrección, y con las cortas mudanzas que hicieron algunas juntas
-provinciales, debiéndose a ellas el haber quitado en los alistamientos
-las excepciones y privilegios de ciertas clases, y el haber dado a
-todos mayor facilidad para los ascensos.
-
-Continuaron los tribunales sin otra alteración que la de haber reunido
-en uno todos los consejos, o sean tribunales supremos. Ni el modo de
-enjuiciar, ni todo el conjunto de la legislación civil y criminal
-padecieron variación importante y duradera. En la última hubo, sin
-embargo, la creación temporal del tribunal de seguridad pública para
-los delitos políticos; creación, conforme en su lugar notamos, más bien
-reprensible por las reglas en que estribaba, que por funesta en sus
-efectos.
-
-En sus relaciones con los extranjeros mantúvose la junta en los límites
-de un gobierno nacional e independiente; y si alguna vez mereció
-censura, antes fue por haber querido sostener sobradamente y con
-lenguaje acerbo su dignidad que por su blandura y condescendencias.
-Quejáronse de ello algunos gobiernos. Pocos meses antes de disolverse
-declaró la guerra a Dinamarca, motivada por guardar aquel gobierno, como
-prisioneros, a los españoles que no habían podido embarcarse con Romana;
-guerra en el nombre, nula en la realidad.
-
-Sobresalió la central en el modo noble y firme con que respondió e hizo
-rostro a las propuestas e insinuaciones de los invasores, sustentando
-los intereses e independencia de la patria, sin desesperanzar nunca de
-la causa que defendía. Por ello la celebrará justamente la posteridad
-imparcial.
-
-Lo que la perjudicó en gran manera fueron sus desgracias, mayormente
-verificándose su desistimiento a la sazón que aquellas de todos lados
-acrecían. Y los pueblos rara vez perdonan a los gobiernos desdichados.
-Si hubiera la junta concluido su magistratura en agosto después de
-la jornada de Talavera, e instalado al mismo tiempo las cortes, sus
-enemigos hubieran enmudecido, o por lo menos faltáranles muchos de los
-pretextos que alegaron para vituperar sus procedimientos y oscurecer su
-memoria. Acabó, pues, cuando todo se había conjurado contra la causa de
-la nación, y a la central echósele exclusivamente la culpa de tamaños
-males.
-
-[Sidenote: Padecimientos y persecución de sus individuos.]
-
-Irritados los ánimos, aprovecháronse de la coyuntura los adversarios
-de la junta, y no solo desacreditaron a esta aun más de lo que por
-algunos de sus actos merecía, sino que, obligándola a disolverse con
-anticipación y atropelladamente, expusieron la nave del estado a que
-pereciese en desastrado naufragio, deleitándose, además, en perseguir a
-los individuos de aquel gobierno, desautorizados ya y desvalidos.
-
-Padecieron más que los otros el conde de Tilly y Don Lorenzo Calvo de
-Rozas. Mandó prender al primero el general Castaños, y aun obtuvo la
-aprobación de la central, si bien cuando ya esta se hallaba en la Isla
-y a punto de fenecer. Achacábase al conde haber concebido en Sevilla
-el plan de trasladarse a América con una división si los franceses
-invadían las Andalucías, y se susurró que estaba con él de acuerdo el
-duque de Alburquerque. Dieron indicio de los tratos mal encubiertos
-que andaban entre ambos su mutua y epistolar correspondencia y ciertos
-viajes del duque o de emisarios suyos a Sevilla. De la causa que se
-formó a Tilly parece que resultaban fundadas sospechas. Este, enfermo
-y oprimido, murió algunos meses después en su prisión del castillo de
-Santa Catalina de Cádiz. Como quiera que fuera hombre muy desopinado,
-reprobaron muchos el mal trato que se le dio, y atribuyéronlo a
-enemistad del general Castaños. La prisión de Don Lorenzo Calvo de
-Rozas, exclusivamente decretada por la regencia, tachose con razón de
-más infundada e injusta, pues con pretexto de que Calvo diese cuentas
-de ciertas sumas, empezaron por vilipendiarle, encarcelándole como a
-hombre manchado de los mayores crímenes. Hasta la reunión de las cortes
-no consiguió que se le soltara.
-
-Escandalizáronse igualmente los imparciales, y advertidos de la orden
-que se comunicó a todos los centrales, según la cual permitiéndoles
-«trasladarse a sus provincias, excepto a América, se les dejaba a
-la disposición del gobierno bajo la vigilancia y cargo especial de
-los capitanes generales, cuidando que no se reuniesen muchos en una
-provincia.» No contentos con esto los perseguidores de la junta,
-lanzaron en la liza a un hombre ruin y oscuro, a fin de que apoyase
-con su delación la calumnia esparcida de que los ex centrales se iban
-cargados de oro. Con tan débil fundamento mandáronse, pues, registrar
-los equipajes de los que estaban para partir a bordo de la fragata
-Cornelia, y respetables y purísimos ciudadanos viéronse expuestos a
-tamaño ultraje en presencia de la chusma marinera. Resplandeció su
-inocencia a la vista de los asistentes y hasta de los mismos delatores,
-no encontrándose en sus cofres sino escaso peculio y en todo corta y
-pobre fortuna.
-
-Ayudó a medida tan arbitraria e injusta el celo mal entendido de la
-junta de Cádiz, arrastrada por encarnizados enemigos de la central y
-por los clamores de la bozal muchedumbre. La regencia accedió a lo
-que de ella se pedía, mas procuró antes escudarse con el dictamen del
-consejo. Este en la consulta que al afecto extendió, repetía su antigua
-y culpable cantilena de que la autoridad ejercida por los centrales
-«había sido una violenta y forzada usurpación tolerada más bien que
-consentida por la nación... con poderes de quienes no tenían derecho
-para dárselos.» Después de estas y otras expresiones parecidas, el
-consejo mostrando perplejidad acababa sin embargo por decir que de
-igual modo que la regencia había encontrado méritos para la detención
-y formación de causa respecto de Don Lorenzo Calvo de Rozas y del
-conde de Tilly, se hiciese otro tanto con cuantos vocales resultasen
-«por el mismo estilo descubiertos», y que así a unos como a otros «se
-les sustanciasen brevísimamente sus causas y se les tratase con el
-mayor rigor.» Modo indeterminado y bárbaro de proceder, pues ni se
-sabía qué significado daba el consejo a la palabra _descubiertos_, ni
-qué entendía tampoco por tratar a los centrales con el mayor rigor,
-admirando que magistrados depositarios de las leyes aconsejasen al
-gobierno, no que se atuviera a ellas, sino que resolviese a su sabor
-y arbitrariamente. Dolencia grande la nuestra obrar por pasión o
-aficiones, mas bien que conforme a la letra y tenor de la legislación
-vigente: así ha andado casi siempre de través la fortuna de España.
-
-Nos hemos detenido en referir la persecución de los miembros de la
-junta suprema, no solo por ser suceso importante, recayendo en personas
-que gobernaron la nación durante catorce meses, sino también con objeto
-de señalar el mal ánimo de los enemigos de reformas y novedades.
-Porque el enojo contra la central nacía, no tanto de ciertos actos que
-pudieran mirarse como censurables, cuanto de la inclinación que mostró
-aquel cuerpo a mudanzas en favor de la libertad. En esta persecución,
-como después en la de otros muchos afectos a tan noble causa, partió el
-golpe de la misma o parecida mano, procurando siempre tapar el dañino y
-verdadero intento con feas y vulgares acusaciones.
-
-Hubiérase a lo sumo podido tomar cuenta a la junta de su gobernación,
-pero no atropellando a sus individuos. La regencia, más que todos,
-estaba interesada en que los respetasen, y en defender contra el
-consejo el origen legítimo de su autoridad, pues atacada esta lo era
-también la de la misma regencia, emanación suya. Además, los gobiernos
-están obligados aun por su propio interés a sostener el decoro y
-dignidad de los que les han precedido en el mando, si no, el ajamiento
-de los unos tiene después para los otros dejos amargos.
-
-[Sidenote: Idea de la regencia y de sus individuos.]
-
-Hablemos ya de la regencia y de los individuos que la componían. No
-llegó hasta fines de mayo a Cádiz el obispo de Orense, residente en su
-diócesis. Austero en sus costumbres y célebre por su noble y enérgica
-contestación cuando le convidaron a ir a Bayona, no correspondió en
-el desempeño de su nuevo cargo a lo que de él se esperaba, por querer
-ajustar a las estrechas reglas del episcopado el gobierno político
-de una nación. Presumía de entendido, y aun ambicionaba la dirección
-de todos los negocios, siendo con frecuencia juguete de hipócritas y
-enredadores. Confundía la firmeza con la terquedad, y difícilmente se
-le desviaba de la senda derecha o torcida que una vez había tomado.
-Don Francisco Javier Castaños, antes de la llegada del obispo, y
-aun después, tuvo gran mano en el despacho de los asuntos públicos.
-Pintámosle ya cual era como general. Antiguas amistades tenían gran
-cabida en su pecho. Como estadista solía burlarse de todo, y quizá
-se figuraba que la astucia y cierta maña bastaban aun en las crisis
-políticas para gobernar a los hombres. Oponíase a veces a sus miras
-la obstinación del obispo de Orense; pero retirándose este a cumplir
-con sus ejercicios religiosos, daba vagar a que Castaños pusiese en
-el intermedio al despacho los expedientes o asuntos que favorecía.
-En el libro tercero tuvimos ocasión de delinear el carácter y prendas
-de Don Francisco de Saavedra, hombre dignísimo, mas de corto influjo
-como regente, debilitada su cabeza con la edad, los achaques y las
-desgracias. Atendía exclusivamente a su ramo, que era el de marina,
-Don Antonio Escaño, inteligente y práctico en esta materia y de buena
-índole. Excusado es hablar de Don Esteban Fernández de León, regente
-solo horas, no así de su sustituto, Don Miguel de Lardizábal y Uribe,
-travieso y aficionado a las letras, de cuerpo contrahecho, imagen
-de su alma retorcida y con fruición de venganzas. Castaños tenía
-que mancomunarse con él, mas cediendo a menudo a la superioridad de
-conocimientos de su compañero.
-
-Compuesta así la regencia, permaneció fiel y muy adicta a la causa de
-la independencia nacional; pero se ladeó y muy mucho al orden antiguo.
-Por tanto los consejeros, los empleados de palacio, los que echaban
-de menos los usos de la corte y temían las reformas, ensalzaron a la
-regencia, y asiéronse de ella hasta querer restablecer ceremoniales
-añejos y costumbres impropias de los tiempos que corrían.
-
-[Sidenote: Felicitación del consejo reunido.]
-
-El consejo, especialmente, trató de aprovecharse de tan dichoso momento
-para recobrar todo su poder. Nada al efecto le pareció más conveniente
-que tiznar con su reprobación todo lo que se había hecho durante el
-gobierno de las juntas de provincia y de la central. Así se apresuró
-a manifestarlo el 2 de febrero en su felicitación a la regencia,
-afirmando que las desgracias habían dependido de la propagación de
-«principios subversivos, intolerantes, tumultuarios y lisonjeros al
-inocente pueblo», y recomendando el que se venerasen «las antiguas
-leyes, loables usos y costumbres santas de la monarquía», instaba
-porque se armase de vigor la regencia contra los innovadores. Apoyada
-pues esta en tales indicaciones, y llevada de su propia inclinación,
-olvidó la inmediata reunión de cortes a que se había comprometido al
-instalarse.
-
-[Sidenote: Idea de la junta de Cádiz.]
-
-La junta de Cádiz, émula de la regencia, y si cabe con mayor autoridad,
-estaba formada de vecinos honrados, buenos patriotas, y no escasos de
-luces. Apegada quizá demasiadamente a los intereses de sus poderdantes,
-escuchaba a veces hasta sus mismas preocupaciones, y no faltó quien
-imputase a ciertos de sus vocales el sacar provecho de su cargo,
-traficando con culpable granjería. Pudo quizá en ello haber alguno
-que otro desliz; pero la verdad es que los más de los individuos de
-la junta portáronse honoríficamente, y los hubo que sacrificaron
-cuantiosas sumas en favor de la buena causa. El querer sujetar a regla
-a los dependientes de la hacienda militar, a los jefes y oficiales de
-los mismos cuerpos y a todos los empleados, clase en general estragada,
-acarreó a la junta sinsabores y enconadas enemistades. La entrada e
-inversión de caudales, sin embargo, se publicó, y pareció muy exacta
-su cuenta y razón, cuidando con particularidad de este ramo Don Pedro
-Aguirre, hombre de probidad, imparcial e ilustrado.
-
-[Sidenote: Providencias para la defensa y buena administración de la
-regencia y la junta.]
-
-Ahora que hemos ya echado la vista sobre la pasada gobernación de
-la central, y dado idea del comienzo y composición de la regencia
-y junta de Cádiz, será bien que entremos en la relación de las
-principales providencias que estas dos autoridades tomaron en unión o
-separadamente. Empezaron, pues, por las que aseguraban la defensa de la
-Isla gaditana.
-
-[Sidenote: Breve descripción de la Isla gaditana.]
-
-La naturaleza y el arte han hecho casi inexpugnable este punto: en él
-se comprenden la Isla de León y la ciudad propiamente dicha de Cádiz.
-Distan entre sí ambas poblaciones, juntándose por medio de un extendido
-istmo, dos leguas. Tres tiene de largo toda la Isla gaditana, y de
-ancho una y cuarto en la parte más espaciosa. La separa del continente
-el brazo de mar que llaman río de Santi Petri, profundo, y el cual se
-cruza por el puente de Suazo, así apellidado del Doctor Juan Sánchez
-de Suazo, que le rehabilitó a principios del siglo XV. El arsenal de
-la Carraca, situado en una isleta contigua a la misma Isla de León, y
-formada por el mencionado río de Santi Petri y el caño de las Culebras,
-quedó también por los españoles. El vecindario de Cádiz, en el día
-bastante disminuido, no pasa de 60.000 habitantes, y el de la Isla, que
-está en igual caso, de unos 18.000. La principal defensa natural de la
-última son sus saladares, que, empezando a poca distancia de Puerto
-Real, se dilatan por espacio de legua y media hasta el río Zurraque,
-enlazados entre sí e interrumpidos por caños e impracticables esguazos,
-de suelo inconstante y mudable. Al sur hay otras salinas, llamadas
-de San Fernando, rodeando a toda la isla por las demás partes, o el
-océano, o las aguas de la bahía. En medio de los saladares y caños
-que hay delante del río de Santi Petri se levanta un arrecife largo y
-estrecho que conduce al puente de Suazo. En su calzada se practicaron
-muchas cortaduras y se levantaron baterías que hacían inexpugnable
-el paso. Al llegar Alburquerque estaban muy atrasados los trabajos;
-pero este general y sus sucesores los activaron extraordinariamente.
-Fortificose, en consecuencia, con una línea triple de baterías el
-frente de ataque del río de Santi Petri, avanzando otras en las mismas
-ciénagas o lagunajos, y cuidando muy particularmente de poner a
-cubierto el arsenal de la Carraca y la derecha de la línea, parte la
-más endeble.
-
-Aun ganada la Isla de León, no pocas dificultades hubieran estorbado
-al enemigo entrar en Cádiz. Además de varias baterías apostadas en
-la lengua de tierra que sirve de comunicación a ambas poblaciones,
-construyose en lo más estrecho de aquella, y bañada por los dos mares,
-una cortadura en que trabajaron con entusiasmo todos los habitantes,
-erizada de cañones y de admirable fortaleza, quedando después por
-vencer las obras del recinto de Cádiz, ejecutadas según las reglas
-modernas del arte, y que solo presentan un frente de ataque. [Sidenote:
-Fuerzas que la guarnecen.] Para guarnecer punto tan extenso como el
-de la Isla gaditana y tan lleno de defensas, necesitábase gran número
-de tropas de tierra y no poca fuerza de mar. [Sidenote: Españolas.]
-El ejército de Alburquerque aumentado cada día con los oficiales y
-soldados dispersos que de las costas aportaban a Cádiz, llegó a contar
-a últimos de marzo de 14 a 15.000 hombres. [Sidenote: Inglesas.]
-También los ingleses enviaron una división compuesta de soldados
-suyos y portugueses. Pidió aquel socorro a Lord Wellington la junta de
-Cádiz, por medio del cónsul británico y de Lord Burghest, que al efecto
-partió a Lisboa antes que se supiese la venida a la isla del duque de
-Alburquerque. Llegó a ascender en marzo esta fuerza auxiliar a unos
-5000 hombres, reemplazando en el mismo mes en el mando de ella a su
-primer jefe Stewart el general Sir Tomás Graham. La guardia de la plaza
-de Cádiz se hacía en parte por la milicia urbana y por los voluntarios,
-cuyos batallones de vistoso aspecto los formaban los vecinos honrados
-y respetables de la ciudad, constando su número de unos 8000 hombres,
-inclusos los que se levantaron extramuros y en la Isla de León,
-servicio que, si bien penoso, era desempeñado con celo y patriotismo, y
-que descargaba de mucha faena a las tropas regladas.
-
-[Sidenote: Fuerza marítima. Recio temporal en Cádiz.]
-
-Siendo esencial la marina para la defensa de posición tan costanera,
-fondeaban en bahía una escuadra británica a las órdenes del almirante
-Purvis, y otra española a las de Don Ignacio de Álava. Padecieron ambas
-gran quebranto en un recio temporal acaecido en el 6 de marzo y días
-siguientes: de la inglesa se perdió el navío portugués María, y de
-la nuestra perecieron otros tres de línea, una fragata y una corbeta
-de guerra con otros muchos mercantes. Los franceses se portaron en
-aquel caso inhumanamente, pues en vez de ayudar a los desgraciados que
-arrastraba a la costa la impetuosidad del viento, hiciéronles fuego con
-bala roja. Varados los buques en la playa ardieron casi todos ellos.
-No cesando por eso los preparativos de defensa, se armaron asimismo
-fuerzas sutiles mandadas por Don Cayetano Valdés, que vimos herido allá
-en Espinosa. Eran estas de grande utilidad, pues arrimándose a tierra e
-internándose a marea alta por los caños de las salinas, flanqueaban al
-enemigo y le incomodaban sin cesar.
-
-Cuando se supo que los franceses avanzaban, comenzose, aunque tarde, a
-destruir y desmantelar todas las baterías y castillos que guarnecían
-la costa desde Rota y se extendían bahía adentro por Santa Catalina,
-Puerto de Santa María, río de San Pedro, Caño del Trocadero y Puerto
-Real, pues Cádiz estaba más bien preparado para resistir las embestidas
-de mar que las de tierra, siendo dificultoso vaticinar que tropas
-francesas descolgándose del Pirineo y atravesando el suelo español se
-dilatarían hasta las playas gaditanas.
-
-[Sidenote: Intiman los franceses la rendición.]
-
-Confiados los franceses en esto, en el descuido natural de los
-españoles, y en el desánimo que produjo la invasión de las Andalucías,
-miraban a Cádiz como suyo, y en ese concepto intimaron la rendición a
-la ciudad y al ejército mandado por el duque de Alburquerque. Para el
-primer paso se valieron de ciertos españoles parciales suyos que creían
-gozar de opinión e influjo dentro de la plaza, los cuales el 6 de
-febrero hicieron desde el Puerto de Santa María la indicada intimación.
-La junta superior contestó a ella, con la misma fecha, sencilla y
-dignamente, diciendo: «La ciudad de Cádiz, fiel a los principios que
-ha jurado, no reconoce otro rey que al señor Don Fernando VII.» Aunque
-más extensa, igualmente fue vigorosa y noble la respuesta que dio
-sobre el mismo asunto al mariscal Soult el duque de Alburquerque. De
-consiguiente, por ambos lados se trabajó desde entonces con grande
-ahínco en las obras militares: los franceses, para abrigarse contra
-nuestros ataques y molestarnos con sus fuegos; nosotros, para acabar de
-poner la Isla gaditana en un estado inexpugnable. Así, pues, corrió el
-mes de febrero sin choque ni suceso alguno notable.
-
-[Sidenote: La junta de Cádiz encargada del ramo de hacienda.]
-
-Tales y tan extensos medios de defensa pedían por parte de los
-españoles recursos pecuniarios, y método y orden en su recaudación
-y distribución. La regencia solo podía contar con las entradas del
-distrito de Cádiz y con los caudales de América. Difícil era tener
-aquellas si la junta no se prestaba a ello, y aún más difícil aumentar
-sin su apoyo las contribuciones, no disfrutando el gobierno supremo
-dentro de la ciudad de la misma confianza que los individuos de aquella
-corporación, naturales del suelo gaditano o avecindados en él hacía
-muchos años.
-
-Obvias reflexiones que sobre este asunto ocurrieron, y el triste estado
-del erario promovieron la resolución de encargar a la junta superior
-de Cádiz la dirección del ramo de hacienda. Desaprobaron muchos,
-particularmente los rentistas, semejante determinación, y sin duda
-a primera vista parecía extraño que el gobierno supremo se pusiera,
-por decirlo así, bajo la tutoría de una autoridad subalterna. Pero
-siendo la medida transitoria, deplorable la situación de la hacienda y
-arraigados sus vicios, los bienes que resultaron aventajáronse a los
-males, habiendo en los pagamentos mayor regularidad y justicia. Quizá
-la junta mostrose a veces algún tanto mezquina, midiendo el orden del
-estado por la encogida escala de un escritorio; mas el otro extremo de
-que adolecía la administración pública perjudicaba con muchas creces
-al interés bien entendido de la nación. [Sidenote: (* Ap. n. 11-4.)]
-Adoptose en seguida, para la buena conformidad y mejor inteligencia, un
-reglamento [*] que mereció en 31 de marzo la aprobación de la regencia.
-
-[Sidenote: Sus altercados con Alburquerque.]
-
-Ya antes, si bien no con tanta solemnidad, estaba encargada del
-ramo de hacienda, habiéndose suscitado entre ella y varios jefes
-militares, principalmente el duque de Alburquerque, desazones y agrios
-altercados. Escuchó tal vez el último demasiadamente las quejas de los
-subalternos avezados al desorden, y la junta no atendió del todo en
-sus contestaciones al miramiento y respetos que se debían al duque.
-[Sidenote: Deja este el mando del ejército y pasa a Londres.] Esto y
-otros disgustos fueron parte para que dicho jefe dejase el mando del
-ejército de la isla al acabar marzo, nombrándole la regencia embajador
-en Londres. En aquella capital escribió más adelante un manifiesto
-muy descomedido contra la junta de Cádiz, la cual, aunque en defensa
-propia, replicó de un modo atrabilioso y descompuesto. Contestación que
-causó en el pundonoroso carácter del duque tal impresión que a pocos
-días perdió la razón y la vida; fin no debido a sus buenos servicios y
-patriotismo.
-
-[Sidenote: Impone la junta nuevas contribuciones.]
-
-Entre no pocos afanes y obstáculos la junta de Cádiz continuó con celo
-en el desempeño de su encargo. Impuso una contribución de cinco por
-ciento de exportación a todos los géneros y mercadurías que saliesen de
-Cádiz, y un veinte por ciento a los propietarios de casas, gravando
-además en un diez a los inquilinos. Con estos y otros arbitrios, y
-sobre todo con las remesas de América y buena inversión, no solo se
-aseguraron los pagos en Cádiz y la isla, y se cubrieron todas las
-atenciones, sino que también se enviaron socorros a las provincias.
-
-Afianzada así la defensa de aquellos dos puntos tan importantes,
-convirtiéronse sus playas en baluarte incontrastable de la libertad
-española.
-
-[Sidenote: José en Andalucía.]
-
-José había en todo este tiempo recorrido las ciudades y pueblos
-principales de las Andalucías, recreándose tanto en su estancia que
-la prolongó hasta entrado mayo. Cuidaba Soult del mando supremo
-del ejército que apellidaron del mediodía, el cual constaba de
-las fuerzas ya indicadas al hablar del paso de la Sierra Morena.
-[Sidenote: Modo con que le reciben.] Acogieron los andaluces a José
-mejor que los moradores de las demás partes del reino, y festejáronle
-bastantemente, por cuyo buen recibimiento premió a muchos con destinos
-y condecoraciones, y expidió varios decretos en favor de la enseñanza
-y de la prosperidad de aquellos pueblos. Nombró para establecer su
-gobierno y administración en las provincias recién conquistadas
-comisarios regios, cuyas facultades a cada paso eran restringidas
-por el predominio y arrogancia de los generales franceses. Manifestó
-José en Sevilla su intención de convocar cortes en todo aquel año de
-1810, para lo que en decreto de 18 de abril dispuso que se tomase
-conocimiento exacto de la población de España. [Sidenote: Sus
-providencias.] Por el mismo tiempo trató igualmente de arreglar el
-gobierno interior de los pueblos, y distribuyó el reino en treinta y
-ocho prefecturas, las cuales se dividían a su vez en subprefecturas y
-municipalidades, remedando o más bien copiando, en esto y en lo demás
-del decreto publicado al efecto, la administración departamental de
-Francia. Providencia que, habiendo tomado arraigo, hubiera podido
-mejorar la suerte de los pueblos; pero que en algunos no se estableció,
-desapareciendo en los más lo benéfico de la medida con los continuos
-desmanes de las tropas extranjeras. La milicia cívica, ya decretada por
-José en julio de 1809, y en la que se negaban por lo general a entrar
-los habitantes de otras partes, disgustó menos en Andalucía donde hubo
-ciudades que se prestaron sin repugnancia a aquel servicio.
-
-Por ello, y por el modo con que en aquellos reinos había sido recibido
-el intruso, motejaron acerbamente a sus habitadores los de las otras
-provincias de España, tachando a aquellos naturales de hombres escasos
-de patriotismo y de condición blanda y acomodaticia. Censura infundada,
-porque las Andalucías, singularmente el reino de Granada, no solo
-habían hecho grandes sacrificios en favor de la causa común, sino
-que, igualmente al tiempo de la invasión, estuvieron muy dispuestos a
-repelerla. Faltoles buena guía, estando abatidas y siendo de menguado
-ánimo sus propias autoridades. Cierto es que en estas provincias era
-mayor que en otras el número de indiferentes y de los que anhelaban
-por sosiego, lo cual en gran parte pendía de que, atacado tarde aquel
-suelo, considerábase a España como perdida, y también de que, habiendo
-los habitantes sido de cerca testigos de los errores y aun injusticias
-de los gobiernos nacionales, ignoraban los perjuicios y destrozos de la
-irrupción y conquista extranjera, males que no habían por lo general
-experimentado, como lo demás del reino. Desengañados pronto, empezaron
-a rebullir, y las montañas de Ronda y otras comarcas mostraron no menos
-bríos contra los invasores que las riberas del Llobregat y del Miño.
-
-[Sidenote: Vuelve a Madrid.]
-
-Las delicias y el temple de Andalucía, que recordaban a José su mansión
-en Nápoles, hubieran tal vez diferido su vuelta a Madrid, si ciertas
-resoluciones del gabinete de Francia no le hubiesen impelido a regresar
-a la capital, en donde entró el 13 de mayo: resoluciones importantes, y
-en cuyo examen nos ocuparemos luego que hayamos contado los movimientos
-que hicieron los franceses en otras provincias de España, algunos de
-los cuales concurrieron con los de las Andalucías.
-
-[Sidenote: Nueva invasión de Asturias.]
-
-Tales fueron los que ejecutaron sobre Asturias y Valencia, juntamente
-con el sitio de Astorga. Tomó el primero a su cargo el general Bonnet.
-Manteníase aquel principado como desguarnecido, después que, al mando
-de Don Francisco Ballesteros, se alejó de sus montañas la flor de sus
-tropas. Quedaban 4000 soldados escasos en la parte oriental, hacia
-Colombres, y 2000 de reserva en las cercanías de Oviedo; sin contar
-con unos 1000 hombres de Don Juan Díaz Porlier, quien antes de esta
-invasión de Asturias, abriendo portillo por medio de los enemigos,
-recorrió el país llano de Castilla, tocó en La Rioja, y divirtiendo
-grandemente la atención de los franceses, tornó en seguida a buscar
-abrigo en las asperezas de donde se había descolgado. Linaje de
-empresas que perturbaban al enemigo, y diferían por lo menos, si no
-trastrocaban, sus premeditados planes.
-
-[Sidenote: Llano Ponte.]
-
-Continuaban mandando en el principado el general Don Antonio Arce y
-la junta nombrada por Romana; permaneciendo al frente de la línea de
-Colombres D. Nicolás de Llano Ponte. Este, no más afortunado ahora
-que lo había sido en la campaña de Vizcaya, cejó sin gran resistencia
-cuando, en 25 de enero, le atacaron 6000 franceses a las órdenes del
-general Bonnet. Los españoles, en verdad inferiores en número, solo
-hubieran podido sacar ventaja de algunos sitios favorables por su
-naturaleza. Forzaron los enemigos el puente de Purón, en donde nuestra
-artillería, bien servida, les causó estrago. Llano Ponte replegose
-precipitadamente hacia el Infiesto, y el general Arce con las demás
-autoridades evacuaron a Oviedo, haciendo alto por de pronto en las
-orillas del Nalón.
-
-[Sidenote: Porlier.]
-
-Alteró algún tanto el gozo de los invasores la intrepidez de Don Juan
-Díaz Porlier, quien, noticioso de la irrupción francesa en Asturias,
-metiose en lo interior del Principado, viniendo de las faldas
-meridionales de sus montañas, en donde estaba apostado. Atacó por la
-espalda las partidas sueltas de los enemigos, cogió a estos bastantes
-prisioneros, y caminando la vuelta de la costa por Gijón y Avilés,
-se situó descansadamente en Pravia, a la izquierda de las tropas y
-dispersos que se habían retirado con el general Arce. Imitaron a
-Porlier Don Federico Castañón y otros partidarios que se colocaron en
-el camino real de León, por cuyo paraje con sus frecuentes acometidas
-molestaban a los contrarios.
-
-[Sidenote: Entra Bonnet en Oviedo.]
-
-El general Bonnet ocupó a Oviedo el 30 de enero, de cuya ciudad, como
-en la primera invasión, habían salido las familias más principales.
-En esta entrada se portó aquel general con sobrada dureza, habiendo
-ejecutado algunos actos inhumanos: amansose después y gobernó con
-bastante justicia, en cuanto cabe al menos en un conquistador hostigado
-incesantemente por una población enemiga.
-
-[Sidenote: Evacúa la ciudad.]
-
-A pocos días de estar en Oviedo, temeroso Bonnet de los movimientos de
-Porlier y demás partidarios, desamparó la ciudad y se reconcentró en
-la Pola de Siero. Confiados demasiadamente los jefes españoles con tan
-repentina retirada, avanzaron de sus puestos del Nalón, se posesionaron
-de Oviedo, y apostaron en el puente de Colloto la vanguardia mandada
-por Don Pedro Bárcena. Los franceses, que no deseaban sino ver
-reunidos a los nuestros, para acabar con ellos más fácilmente por la
-superioridad que les daba en ordenada batalla su práctica y disciplina,
-[Sidenote: Ocúpala de nuevo.] revolvieron el 14 de febrero sobre las
-tropas españolas, y atropellándolo todo recuperaron a Oviedo y asomaron
-el 15 a Peñaflor, en cuyo puente los detuvieron algunos paisanos,
-[Sidenote: Castellar y defensa del Puente de Peñaflor.] mandados
-animosamente por el oficial de estado mayor Don José Castellar, que ya
-se señaló allá, en San Payo, y ahora quedó aquí herido.
-
-[Sidenote: Bárcena. Retíranse los españoles al Narcea.]
-
-Don Pedro Bárcena, volviendo también a reunir su gente, a la que se
-agregaron otros dispersos, rechazó a los franceses en Puentes de Soto,
-y se sostuvo allí algún tiempo. Pero al fin, amenazándole continuamente
-enemigos numerosos, juzgó prudente recogerse a la línea del Narcea,
-quedando solo sobre la izquierda, en Pravia, orillas del Nalón, Don
-Juan Díaz Porlier. Encomendose entonces el mando del ejército de
-operaciones al mencionado Bárcena, hombre sereno y de gran bizarría.
-[Sidenote: Don Juan Moscoso.] Ayudaba en todo con sus consejos y
-ejemplo el coronel Don Juan Moscoso, jefe de estado mayor, que en el
-arte de la guerra era entendido y aun sabio.
-
-[Sidenote: El general Arce.]
-
-El general Arce, amilanado a la vista de los peligros de una invasión
-que le cogía desprevenido, resolviose a dejar el mando de la provincia;
-mas antes, con intento de poder alegar que estaba concluida la
-comisión que le había llevado allí, determinó restablecer la junta
-constitucional que Romana a su antojo había destruido, y para ello
-ordenó que los concejos nombrasen, según lo hicieron, diputados que
-concurriesen a formar la citada corporación; desmoronándose de este
-modo la obra levantada por Romana, obra de desconcierto y arbitrariedad.
-
-[Sidenote: Conducta escandalosa de Arce y del consejero Leiva.]
-
-Como quiera que fuese loable la medida de Arce, mirose esta como nacida
-de las circunstancias, más bien que del buen deseo de deshacer una
-injusticia y de granjearse las voluntades de los asturianos. Dio fuerza
-a la opinión que acerca de su partida enunciamos, el que dicho general
-y su compañero de comisión, el consejero Leiva, se llevaron consigo, so
-color de sueldos atrasados, 16.000 duros. Paso que debe severamente
-condenarse en un tiempo en que el hacendado y hasta el hombre del
-campo, se privaban de sus haberes por alimentar al soldado, a veces en
-apuros y en extrema desdicha.
-
-[Sidenote: Nueva instalación de la junta general del Principado.]
-
-La nueva junta se instaló en Luarca el 4 de marzo, y no desmayando
-con la ausencia de Don Antonio Arce, nombró en su lugar a Don José
-Cienfuegos, general de la provincia e hijo suyo; formando al mismo
-tiempo un consejo de guerra, con cuyo acuerdo se dirigiesen las
-operaciones militares.
-
-[Sidenote: Auxilio de Galicia.]
-
-De Galicia llegó luego, en auxilio de Asturias, una corta división de
-2000 hombres, con lo que, alentados los jefes, determinaron atacar el
-19 de marzo a las tropas francesas. Hízose así acometiendo el grueso
-de nuestra fuerza del lado del puente de Peñaflor al mismo tiempo que
-se llamaba por la derecha la atención del enemigo, y que Porlier por
-la izquierda, embarcándose en la costa, caía sobre las espaldas a
-la orilla opuesta del Nalón. [Sidenote: Desampara Bonnet a Oviedo.]
-Ejecutada con ventura la maniobra, evacuó Bonnet a Oviedo y no paró
-hasta Cangas de Onís; así para reforzarse, como también para ir en
-busca de acopios y pertrechos de guerra, que solo muy escoltados podían
-llegar a su ejército.
-
-[Sidenote: Se enseñorea por tercera vez de la ciudad.]
-
-Con mayor circunspección que en la ocasión anterior se adelantaron
-esta vez los nuestros, sacando además de Oviedo todos los útiles de
-la fábrica de armas. Precaución tanto más oportuna, cuanto Bonnet
-engrosado y de refresco tornó en breve y obligó a los nuestros a
-retirarse, enseñoreándose por tercera vez de la capital el 29 del mismo
-marzo. Los españoles se recogieron entonces a su antigua línea del
-Nalón, poniendo su derecha en el Padrún, camino real de León, y su
-izquierda en Pravia.
-
-Ni aun allí los dejaron quietos por largo tiempo los franceses,
-teniendo que refugiarse, después de varios y reñidos choques, las tropas
-de Asturias y Porlier a Tineo y Somiedo, y la división gallega al
-Navia. Prosiguieron durante abril los reencuentros, sin que les fuese
-dable a los enemigos dominar del todo el Principado.
-
-[Sidenote: Estado de Galicia.]
-
-La ocupación de este no se hubiera prolongado a haber puesto la junta
-del reino de Galicia mayor esmero en cooperar a que se evacuase.
-Dicha autoridad se hallaba instalada desde el mes de enero, y si bien
-contaba entre sus individuos hombres de conocido celo e ilustración,
-no desplegó sin embargo la conveniente energía, desaprovechando los
-muchos recursos que ofrecía provincia tan populosa. Así, ni aumentó en
-estos meses considerablemente su ejército, ni tampoco se atrevió al
-principio a poner debido coto a los atrevimientos y oposición de la
-junta subalterna de Betanzos, harto desmandada.
-
-[Sidenote: Alboroto del Ferrol. Muerte de Vargas.]
-
-Con las reyertas que de aquí y de otras partes nacían, no solo se
-descuidaban los asuntos de la guerra, únicos entonces de urgencia, sino
-que se dio margen a que en el mes de febrero gente aviesa suscitase
-en el Ferrol un alboroto. Fue en él víctima del furor popular el
-comandante de arsenales Don José María de Vargas, sirviendo de pretexto
-para el motín los atrasos que se debían a la maestranza. Restablecido
-el sosiego, formose causa a algunas personas, y castigose con el último
-suplicio a una mujer del pueblo que se probó haber sido la que primero
-acometió e hirió al desgraciado Vargas.
-
-La junta de Galicia, disculpándose además, para no ayudar a Asturias,
-con los temores de que los franceses invadiesen su propio suelo por el
-lado de Astorga, cuya ciudad amenazaban y sitiaron luego, desatendió
-las reclamaciones de aquella provincia, ni convino tampoco en adoptar
-la proposición que su junta le hizo de nombrar de acuerdo ambas
-corporaciones un mismo jefe militar; puesto que la regencia a causa de
-la distancia no podía con prontitud acudir al remedio de los males que
-causaba la división.
-
-[Sidenote: Mahy, general de las tropas de aquel reino.]
-
-Solo el general Mahy, a quien se había confiado el mando superior de
-las tropas de Galicia, procuró por sí y en cuanto pudo auxiliar al
-principado. Mas el asedio de Astorga, y tener que cubrir el Bierzo,
-obligábanle a permanecer en Lugo y Villafranca con las principales
-fuerzas de su ejército, que eran poco considerables.
-
-[Sidenote: Sitio de Astorga.]
-
-No le incomodaron, sin embargo, tanto como temiera los franceses,
-cuya mira se enderezaba a Portugal; habiéndolos también detenido la
-defensa de Astorga, más porfiada de lo que permitía la flaqueza de sus
-fortificaciones. Ciudad aquella antigua, nunca fue plaza en los tiempos
-modernos, cercándola un muro viejo flanqueado de medios torreones. Tres
-arrabales facilitaban su acceso, careciendo de foso, estacada y de
-toda obra exterior. La población, antes de 600 vecinos, ahora menguada
-con sus muchos padecimientos. En el intermedio que corrió desde el
-anterior ataque del pasado octubre hasta el de esta primavera del año
-de 1810, se trató de mejorar el estado de sus defensas, fortaleciendo
-principalmente el arrabal de Reitibia con fosos, estacadas, cortaduras
-y pozos de lobo. Se formaron cuadrillas de paisanos, y la guarnición
-ascendía a unos 2800 hombres. Continuaba siendo gobernador Don José
-María de Santocildes.
-
-En febrero estaban los franceses alojados en las riberas del Órbigo,
-hacia donde los nuestros, para aumentar el repuesto de sus víveres,
-extendían las correrías. El 11 del mes el general Loison, con 9000
-hombres y seis piezas de campaña, se presentó delante de la ciudad,
-haciendo el 16 intimación de rendirse. Contestó a ella negativamente
-Santocildes, y entonces el general francés se alejó de la plaza, sin
-que por eso cesasen sus guerrillas de tirotearse diariamente con las
-nuestras. Así se prosiguió hasta que el 21 de marzo pensaron los
-franceses en formalizar el sitio.
-
-Habíase arrimado hacia aquella parte el general Junot, duque de
-Abrantes, encargado del mando del 8.º cuerpo, vuelto a formar de nuevo,
-y uno de los que habían de componer el ejército que Napoleón destinaba
-contra los ingleses de Portugal. Habiéndose Santocildes opuesto a
-recibir un pliego que Junot le expidiera, comenzó desde luego este
-los trabajos del sitio. Impidieron su progreso los cercados, y aun
-el 26 rechazaron una tentativa de los sitiadores sobre el arrabal de
-Reitibia. Escaseaban los españoles de cañones, y los que había solo
-eran de menor calibre; carecíase también de municiones; abundaba,
-sí, el entusiasmo de la tropa y del paisanaje. Por ambos lados se
-escaramuzaba sin cesar, manteniendo los sitiados la esperanza de ser
-socorridos por el general Mahy, que permanecía en el Bierzo, cuyas
-avenidas observaban atentamente los franceses, trabándose a veces pelea
-entre unos y otros.
-
-Mientras tanto, concluida el 19 de abril la batería de brecha,
-rompieron los enemigos el fuego en el siguiente día con piezas de
-grueso calibre, y se dirigieron contra la puerta de Hierro, por donde
-aportillaron el muro. Con las granadas se incendió la catedral,
-quemándose parte de ella y varias casas contiguas. El vecindario y la
-guarnición se defendían con serenidad y denuedo. Practicable a poco
-tiempo la brecha, aunque Junot intimó por segunda vez la rendición,
-amenazando pasar a cuchillo soldados y moradores, se desechó su
-propuesta y se prepararon todos a repeler el asalto. Emprendiéronle
-los enemigos, embistiendo a la misma sazón que la brecha abierta en
-la puerta de Hierro, el arrabal de Reitibia. Duró el ataque desde la
-mañana hasta después de oscurecido. Los sitiados rechazaron con el
-mayor valor todas las acometidas sin que los franceses consiguiesen
-entrar la ciudad. [Sidenote: Capitula.] Vecinos y militares se
-mostraban resueltos a insistir en la defensa, mas desgraciadamente
-era imposible. Ya no quedaban sino 24 tiros de cañón, pocos de fusil;
-estando además desfogonadas las piezas y rotas sus cureñas. En tal
-angustia, reunidas las autoridades, determinaron la entrega. Solo
-en el ayuntamiento hubo un anciano de más de 60 años, y de nombre
-el licenciado Costilla, [Sidenote: Licenciado Costilla.] imagen por
-su esfuerzo de los antiguos varones de León, que levantándose de su
-asiento prorrumpió en las siguientes y enérgicas palabras: «Muramos
-como numantinos.»
-
-Decidida la rendición, se posesionaron los enemigos de Astorga el 22
-de abril, en virtud de capitulación honrosa. Computose la pérdida que
-experimentamos en aquel sitio en 200 hombres; superior la de los
-contrarios.
-
-De esta manera, los franceses de Castilla asegurando poco a poco su
-flanco derecho, y teniendo en suspenso las provincias del norte
-mientras José ocupaba las Andalucías, se disponían al propio tiempo,
-según veremos en el libro próximo, a invadir a Portugal.
-
-[Sidenote: Aragón.]
-
-Por su lado Suchet trató en Aragón de llamar igualmente la atención
-de los españoles moviéndose hacia Valencia. Antes había este general
-ocupádose en sosegar su provincia y sobre todo Navarra, cuyo reino
-bastantemente tranquilo en un principio, comenzó a rebullir en tanto
-grado que con trabajo transitaban los correos franceses, y apenas
-era reconocida la autoridad intrusa fuera de la plaza de Pamplona.
-[Sidenote: Mina el mozo.] Mina el mozo causaba tamaña mudanza.
-Obedecido por todas partes, y nunca descubierto ni vendido, dominaba la
-comarca y aun obligó en enero al gobernador de Navarra a entrar con él
-en tratos para el canje de prisioneros.
-
-Disgustado el gobierno francés con tener a sus puertas tan osado
-enemigo, encomendó al general Suchet el restablecimiento de la
-tranquilidad en Navarra. Burló Mina por algún tiempo con su diligencia
-y maña los intentos de los franceses, y especialmente los del general
-Harispe, encargado en particular de perseguirle. Acosado al fin, no
-solo por este, sino también por tropas que se destacaron de hacia
-Logroño, y otras que salieron de Pamplona, desbandó su gente y ocultó
-sus armas, aguardando reunir de nuevo aquella luego que los enemigos
-le dejasen algún respiro. La osadía de Mina era tal que, aun después,
-yendo Suchet a Pamplona con objeto de arreglar la administración
-francesa, bastante desordenada, disfrazose de paisano y se metió cerca
-de Olite en un grupo deseoso de ver pasar en el tránsito al general su
-contrario. Arrojo a que también impelía la seguridad con que era dado
-recorrer la tierra a los españoles que guerreaban contra los franceses.
-
-[Sidenote: Expedición de Suchet sobre Valencia.]
-
-El general Suchet, compuestas las cosas de Navarra, y llegando allí
-de Francia nuevas tropas, tornó a Aragón disponiéndose a invadir
-el reino de Valencia. Proyecto que le fue indicado por el príncipe
-de Neufchatel, quien, finalizada la campaña de Austria, volvió a
-desempeñar el empleo de mayor general de los ejércitos franceses en
-España, no obstante el mando en jefe dado al rey José: complicación de
-supremacías que causaba, por decirlo de paso, encontradas resoluciones,
-señaladamente en las provincias rayanas de Francia. Modificáronse, al
-parecer, por otras posteriores las primeras insinuaciones que respecto
-a Valencia había hecho el príncipe de Neufchatel; pero no pudiendo
-tampoco las últimas calificarse de órdenes positivas, prefirió Suchet
-someterse a una terminante y clara que recibió del intruso, escrita
-en Córdoba el 27 de enero, según la cual se le prevenía que marchase
-rápidamente la vuelta del Guadalaviar. No llegó el pliego a manos de
-Suchet hasta el 15 de febrero, siendo dificultosa la travesía por
-hormiguear los guerrilleros.
-
-Resuelto el general francés a la empresa, dejó en Aragón alguna
-fuerza que amparase las comarcas más amenazadas por los partidarios,
-y fortaleció varios puntos. Tres divisiones, en que se distribuían
-las reliquias del ejército español de Aragón después de la dispersión
-de Belchite, llamaban con particularidad su atención. Era una la que
-estaba a las órdenes de Don Pedro Villacampa, situada cerca de Villel,
-partido de Teruel, en un campo atrincherado, del que no sin trabajo la
-desalojó el general polaco Chlopicki; otra, la que cubría la línea del
-Algas, regida por Don Pedro García Navarro, que luego pasó a Cataluña;
-y la última, la que andaba entre el Cinca y Segre a cargo de Don Felipe
-Perena; divisiones todas no muy bien pertrechadas, pero que contaban
-unos 13.000 hombres.
-
-Ascendiendo ahora el primer cuerpo enemigo, con los refuerzos venidos
-de Francia, a 30.000 combatientes, érale a Suchet más fácil tener en
-respeto a los aragoneses, asegurar las diversas comunicaciones y partir
-a su expedición de Valencia, para la cual llevó de 12 a 14.000 soldados
-escogidos.
-
-Empezó pues a realizar su plan, y el 25 de febrero llegó en persona a
-Teruel. En consecuencia, el general Habert, con una columna de cerca de
-5000 hombres, se dirigió el 27 sobre Morella, debiendo continuar por
-San Mateo y la costa, y casi al propio tiempo, con la división de Laval
-y la brigada de Paris, componiendo en todo unos 9000 soldados, partió
-de Teruel, siguiendo la ruta de Segorbe, el mismo Suchet. Al ponerse
-en marcha, recibió de París la orden por duplicado [habiendo sido
-interceptada la primera] de desistir de la expedición de Valencia y
-formalizar los sitios de Lérida y Mequinenza; pero tarde ya para variar
-de rumbo, a pesar de la responsabilidad en que incurría, llevó adelante
-su propósito.
-
-[Sidenote: Estado de este reino y de la ciudad.]
-
-La fama de la inminente invasión llegó muy en breve a la ciudad de
-Valencia, en donde con el temor se desencadenaron las pasiones. El
-general Don José Caro, en lugar de dirigirlas al único y laudable
-fin de la defensa, fuese miedo, fuese deseo de satisfacer odios y
-personales rivalidades, dio rienda suelta a todo linaje de excesos y
-a enojosas venganzas. No compensó hasta cierto punto tan reprensible
-conducta con activas y oportunas providencias militares: medio seguro
-de reprimir los malévolos, y de tener en su favor la gran mayoría de
-los honrados ciudadanos. Un año era corrido desde que Caro mandaba, y
-ni se había fortificado Murviedro ni otros puntos importantes, ni el
-ejército de línea se había aumentado más allá de 11.000 hombres. La
-población en parte se encontraba armada, mas tan oportuna providencia
-antes bien había nacido de la espontaneidad de los habitantes, que de
-disposición enérgica de la autoridad superior; flojedad común a casi
-todos los jefes y juntas de España, suplida, en cuanto era dado, por
-el buen seso y ánimo de los naturales.
-
-En tanto, las dos columnas francesas avanzaban. La de Morella entró sin
-resistencia en la villa y ocupó el castillo, abandonado por el coronel
-Miedes. La de Teruel se aproximó a Alventosa, en donde la vanguardia
-del ejército valenciano estaba colocada detrás del barranco por donde
-corre el Mijares. Al principio, las guerrillas, capitaneadas por Don
-José Lamar, alcanzaron ventajas; mas luego, recibida orden de Caro de
-replegarse sobre Valencia, y al tiempo que los franceses trataban ya
-de envolver la izquierda española, se retiraron los nuestros el 2 de
-marzo sobradamente de prisa, pues dejaron abandonados cuatro cañones de
-campaña. Entraron después los franceses en Segorbe, ciudad que pillaron
-desamparada por los habitadores.
-
-Llegó el 3 a Murviedro el general Suchet, en donde se le juntó con su
-columna el general Habert. No estando todavía fortificado aquel sitio,
-que lo fue de la antigua y célebre Sagunto, se sometió la ciudad;
-encaminándose en seguida a Valencia los enemigos, ya más gozosos por
-comenzar a competir desde allí el cultivo del hombre con la lozanía de
-la vegetación.
-
-Según se iban los franceses aproximando a la ciudad, crecía en ella la
-fermentación, y más se desbocaba Don José Caro en cometer tropelías.
-Envió a San Felipe de Játiva la junta superior, y creó una comisión
-militar de policía, instrumento de sus venganzas. Cierto que para
-ellas había un pretexto honroso en secretos tratos que el enemigo
-mantenía dentro de Valencia; pero en vez de solo descargar sobre los
-culpados la justicia de las leyes, arrestáronse indistintamente y para
-satisfacer enemistades buenos y malos patriotas.
-
-[Sidenote: Malógrasele a Suchet su expedición.]
-
-En tal estado, presentáronse los franceses delante de Valencia el 5 de
-marzo, estableciendo Suchet en el Puig su cuartel general. Ocuparon
-fuera de los muros, y a la izquierda del Guadalaviar, el arrabal de
-Murviedro, el colegio de San Pío V, el palacio real, el convento de la
-Zaidía y otros, extendiéndose al Grao y su comarca en gran detrimento
-de los pueblos. Intimó el 7 el general Suchet a Don José Caro la
-rendición, quien en este caso respondió cual debía. Se mantuvo Suchet
-hasta el 10 en las cercanías esperando a que estallase en su favor
-dentro de la ciudad una conmoción, mas saliendo fallida su esperanza y
-temeroso de las guerrillas que se formaban en su derredor, levantó el
-campo en la noche del 10 al 11 y retrocedió por donde había venido.
-
-[Sidenote: Pozoblanco.]
-
-Grande algazara y justa alegría se manifestó en Valencia al saberse el
-alejamiento del enemigo. Mas no por eso cesó Caro en sus persecuciones.
-Varios de los presos, aunque inocentes, continuaron encarcelados, y
-fue ahorcado el barón de Pozoblanco. Dudamos aún si este infeliz era o
-no delincuente, y si en realidad había seguido correspondencia con el
-enemigo. Natural de la isla de la Trinidad, unían en otro tiempo a él
-y a Caro estrechos vínculos, que tuvieron principio cuando el último
-visitaba como marino las costas americanas. Convirtiose después en odio
-la antigua amistad, y se acusó a Caro de haber usado en aquel lance de
-la potestad suprema no imparcial ni desapasionadamente.
-
-[Sidenote: Ventajas de los españoles en Aragón.]
-
-Suchet, al retirarse, se encontró con muchos paisanos armados que se
-habían levantado a su espalda, y también con la noticia de que el reino
-de Aragón, aprovechándose de su ausencia, comenzaba de nuevo a estar
-muy movido. En efecto, Don Pedro Villacampa, revolviendo el 7 de marzo
-sobre Teruel, había entrado la ciudad y obligado al coronel Plicque a
-encerrarse con su guarnición en el seminario, ya de antes fortificado.
-No contento aun así el español, había salido a esperar y cogido en la
-venta de Malamadera, a corta distancia de Teruel, un convoy enemigo
-procedente de Daroca. Apoderose de 4 piezas, de unos 200 hombres y de
-muchas municiones. Otro tanto hizo por opuesto lado con una compañía
-de polacos avanzada en Alventosa. El seminario, estrechado por los
-nuestros y próximo a caer en sus manos, se libertó el 12 de marzo con
-la llegada del ejército de Suchet, que forzó a Villacampa a alejarse.
-D. Felipe Perena también por el Cinca había hecho sus correrías,
-destruyendo en Fraga el puente y los atrincheramientos enemigos.
-
-El 17 volvió Suchet a Zaragoza, y quiso ante todo acabar con Mina
-el mozo, que por su lado se había igualmente adelantado a las Cinco
-Villas. Inquietó bastante este caudillo en aquellos días a los
-franceses, [Sidenote: Cae prisionero Mina el mozo.] mas, perseguido en
-Aragón por el gobernador de Jaca y el general Harispe, y en Navarra por
-Dufour, cayó desgraciadamente el 31 en poder de los puestos franceses,
-que al cogerle le maltrataron. Sin detención lleváronsele a Francia,
-y le encerraron en el castillo de Vincennes, donde permaneció, como
-tantos otros españoles, hasta 1814. [Sidenote: Sucédele su tío Espoz
-y Mina.] Sucediole su tío, el renombrado Don Francisco Espoz y Mina,
-quien con sus hechos y mejor fortuna oscureció las breves glorias de su
-sobrino.
-
-Arregladas las cosas de Aragón, trató Suchet de cumplir con lo que se
-le había mandado de París, sitiando a Lérida. No por eso estaba bajo su
-dependencia Cataluña, encomendada al mariscal Augereau, dejando solo
-a cargo del primero el asedio de las plazas que formaban, por decirlo
-así, cordón entre aquel principado y las provincias rayanas.
-
-[Sidenote: Estado de Cataluña.]
-
-De luto había cubierto a Cataluña la caída de Gerona. Don Joaquín
-Blake, por su parte, no admitiéndole la central la dejación que
-repetidamente había hecho de su mando, se separó de autoridad propia
-en 10 de diciembre de su ejército, poniendo interinamente a su cabeza
-al marqués de Portago. Motivó semejante resolución haber aprobado la
-central, contra el dictamen de dicho general, lo determinado por el
-congreso catalán de levantar 40.000 hombres de somatén. Blake quería
-crear cuerpos de línea y no reuniones informes de indisciplinados
-paisanos. Pero los catalanes, apegados a su antigua manera de guerrear,
-hallaron arrimo en el gobierno supremo, desatendiéndose las reflexiones
-juiciosas y militares de Blake, quien, en medio de sus conocimientos,
-no gozaba de popularidad a causa de su mala estrella.
-
-Ausente este general, no quedó Portago largo tiempo en el mando, pues
-cayendo enfermo, dejó en su lugar a Don Jaime García Conde, sustituido
-también en breve por el general más antiguo Don Juan Henestrosa. El
-congreso catalán, después de expedir varias providencias en favor de la
-defensa del principado, tomando para darlas más bien consejo de los
-falsos conceptos del provincialismo que de atento e imparcial juicio,
-se disolvió y quedó solo para el despacho de los negocios la junta
-superior.
-
-El somatén que se había levantado no produjo el efecto que esperaban
-los catalanes. Apareció tarde y al caer Gerona, y no queriendo tampoco
-los partidos desprenderse de sus respectivos contingentes para
-prestarse mutuo auxilio, faltó el necesario concierto. Permaneció en
-Vic el grueso del ejército español, teniendo apostado en el Grao de
-Olot un cuerpo volante. Clarós estaba hacia Besalú, y Rovira camino de
-Figueras, ambos con bastante fuerza a causa de los somatenes que se
-les agregaron. Para despejar el país y asegurar las comunicaciones con
-Francia marcharon contra ellos los generales Souham y Verdier. Hubo
-con este motivo varios reencuentros de los que se contaron algunos
-favorables para los somatenes. En los mismos días, el enemigo, que de
-todos lados acometía, hizo de Francia inútiles esfuerzos contra el
-valle de Arán.
-
-Dispuso en seguida Augereau que 10.000 hombres suyos, yendo sobre Vic,
-atacasen el ejército español. Trabáronse por aquella parte desde 1.º
-de enero frecuentes y reñidos combates, honrosos para los españoles,
-pues con fuerza inferior hicieron rostro a contrarios aguerridos. Pero
-viendo los nuestros la superioridad de los franceses, celebraron el 12
-consejo de guerra y determinaron replegarse hacia Manresa y Tarrasa,
-dejando en Tona una división, al mando del general Porta. [Sidenote:
-Varias acciones.] Siguieron aun entonces las refriegas. Los franceses
-entraron en Vic, y avanzando se encontraron con los nuestros el 14 y
-15, siendo de notar la acción habida en Moya, en la que los generales
-O’Donnell y Porta rechazaron a los enemigos, de los que perecieron más
-de 200. El primero peleó con ventaja, hasta como soldado y cuerpo a
-cuerpo.
-
-Urgíale en tanto al mariscal Augereau, aseguradas en algún modo sus
-comunicaciones con Francia, abrir las de Barcelona, plaza que empezaba
-a estar apurada por falta de bastimentos. Conveniente era para ello la
-toma de Hostalrich, pero no cediendo el gobernador a las intimaciones,
-[Sidenote: Bloqueo de Hostalrich.] Augereau, así que ocupó la villa,
-dejó al coronel Mazzuchelli encargado de bloquear el castillo. Arrimó
-también allí las fuerzas de Souham para alejar a los somatenes, y él en
-persona dispúsose a marchar prontamente sobre Barcelona.
-
-La población de esta ciudad había disminuido, careciendo de trabajo
-los fabricantes y sus operarios, y avergonzada la mocedad de no acudir
-al llamamiento que por medio de su congreso y junta continuamente
-les hacía la provincia. El general Duhesme mandaba, como antes en
-Barcelona, y con frecuencia se veía obligado a ir en busca de víveres,
-teniendo que atacar a los somatenes y a una división que siempre
-permaneció en el Llobregat, cuyas fuerzas reunidas estrechaban la
-plaza, acorralando a veces dentro de ella a las tropas francesas.
-
-[Sidenote: Va Augereau al socorro de Barcelona.]
-
-Augereau, aunque hostigado por las guerrillas, se adelantó con el
-convoy y 9000 hombres, y Duhesme, seguido de unos 2000, salió de
-Barcelona hasta Granollers a su encuentro. De hacia Tarrasa desembocó,
-para interceptar el socorro, el marqués de Campoverde, al paso que
-Orozco, comandante de la división del Llobregat, llamaba de aquel lado
-la atención.
-
-[Sidenote: Descalabro de Duhesme en Santa Perpetua y en Mollet.]
-
-Campoverde atacó el 20 en Santa Perpetua a Duhesme, haciéndole 400
-prisioneros; juntósele después Porta, que acudió por Casteltersoll,
-y ambos en Mollet cayeron sobre el 2.º escuadrón de coraceros y le
-cogieron casi entero. Felizmente para la demás tropa del general
-Duhesme, llegó a tiempo Augereau, libertando a un batallón que se
-defendía en Granollers. En seguida pudieron los franceses sin obstáculo
-meter el convoy en Barcelona.
-
-[Sidenote: Entra Augereau en Barcelona.]
-
-Aquel mariscal, cumpliendo de este modo con el principal objeto de su
-expedición, quitó a Duhesme el gobierno de aquella plaza, nombró en su
-lugar a Mathieu, y se replegó a Hostalrich, temiendo que de nuevo se le
-estorbara el paso.
-
-[Sidenote: O’Donnell nombrado general de Cataluña.]
-
-Con tanta mayor razón se mostraba desconfiado, cuanto Don Enrique
-O’Donnell iba a capitanear las tropas de Cataluña. Así lo ansiaba el
-principado, y el 21 de enero se recibió la orden de la junta central,
-a la sazón todavía existente, confiriendo a aquel general el mando
-supremo.
-
-O’Donnell, mozo activo y valiente, codicioso de gloria aunque algo
-atropellado, se había atraído las voluntades de los catalanes con su
-adhesión a la causa de la independencia y su gran intrepidez, mostrada
-ya en el primer cerco de Gerona. Ahora, autorizado, empezó a obrar con
-diligencia y a mejorar la disciplina. Distribuyó igualmente su ejército
-en nuevas brigadas y divisiones, reconcentrando el 6 de febrero en
-Manresa casi toda la fuerza disponible. Solo dejó en Martorell y línea
-del Llobregat la 3.ª división, a las órdenes del brigadier Martínez.
-
-[Sidenote: Ejército que junta.]
-
-El nuevo general llegó pronto a tener consigo 8000 infantes y 1000
-caballos bien dispuestos. El 14 de febrero atacó con feliz éxito a
-los enemigos cerca de Moya, y el 19 se aproximó a Vic con ánimo de
-desalojarlos. Siguió lo principal de su fuerza el camino que de Tona se
-dirige a aquella ciudad, marchando una columna vía de San Cugat hasta
-la altura del Vendrell, [Sidenote: Acción de Vic el 19 de febrero.]
-donde se paró. A las nueve de la mañana la vanguardia, o sea cuerpo
-volante mandado por Sarsfield, rompió el fuego. Una hora después
-cundió por toda la línea, sostenido con tenacidad de ambas partes.
-Mandaba a los franceses el general Souham. Carecían los nuestros de
-cañones, no habiendo podido traerlos por lo fragoso de la tierra; no
-más de dos tenían los contrarios. A las doce se reforzaron los últimos
-con 2500 hombres que se les juntaron de Vic. Entonces O’Donnell, que
-conservaba a sus inmediatas órdenes la división situada en las alturas
-del Vendrell, bajó con ella al llano. Avivose el fuego y continuó
-reciamente hasta las tres de la tarde, en cuya hora, flanqueado Porta,
-que regía el ala izquierda, a pesar de los esfuerzos de O’Donnell
-quedaron desbaratados los nuestros y se retiraron a Tona y Collsuspina.
-Perdimos, entre muertos y heridos, 900 hombres, otros tantos
-prisioneros; no fue corto el daño que experimentaron los franceses,
-siendo reñida la acción aunque malograda para los españoles.
-
-[Sidenote: Pertinaz defensa de Hostalrich.]
-
-Aguardaba en el intermedio el mariscal Augereau a orillas del Tordera
-refuerzos de Francia, y apretaba la división de Pino el bloqueo de
-Hostalrich. Situado este castillo en una elevada cima, enseñorea
-el camino de Barcelona, obstruyendo, de consiguiente, en tiempo
-de guerra, las comunicaciones. Don Julián de Estrada, entonces
-gobernador, resuelto a defenderle hasta el último trance, decía: «Hijo
-Hostalrich de Gerona, debe imitar el ejemplo de su madre.» Cumplió
-Estrada su palabra, desoyendo cuantas proposiciones se le hicieron de
-acomodamiento. Desde el 13 de enero hasta el 20 del mes inmediato,
-limitáronse los franceses a bloquear el castillo, mas en aquel día
-comenzó horroroso bombardeo.
-
-[Sidenote: Socorre de nuevo Augereau a Barcelona.]
-
-Al propio tiempo fueron llegando a Augereau los refuerzos de Francia
-que hicieron ascender su ejército al comenzar marzo a 30.000
-combatientes, sin contar la guarnición de Barcelona. Escasa nuevamente
-esta plaza de medios, tuvo Augereau que volver a su socorro, y
-consiguió, no obstante pérdidas y tropiezos, meter dentro un convoy.
-
-[Sidenote: Retírase O’Donnell a Tarragona.]
-
-Semejante movimiento obligó a O’Donnell a replegarse, mayormente
-coincidiendo con la correría que por aquel tiempo hizo Suchet sobre
-Valencia. El 21 entró en Tarragona el general español, y acampó en las
-cercanías el grueso de su ejército. Juntósele la división aragonesa del
-Algas, o sea de Tortosa, compuesta de unos 7000 hombres. No se estuvo
-O’Donnell quieto allí sino que luego ejecutó otros movimientos.
-
-[Sidenote: Feliz ataque de D. Juan Caro.]
-
-Tal fue el que verificó al concluirse marzo, noticioso de que en
-Villafranca de Panadés se alojaba un trozo bastante considerable de
-franceses. Envió, pues, contra ellos a Don Juan Caro, asistido de
-6000 hombres. Viendo los enemigos que los nuestros se aproximaban,
-se encerraron en el cuartel de aquella villa, fuerte edificio sito a
-la entrada, pero en breve, a pesar de su precaución y resistencia,
-tuvieron que capitular, cayendo prisioneros 700 hombres. Portose Caro
-con destreza y bizarría, y quedó herido.
-
-Sucediole en el mando Campoverde, quien marchó sobre Manresa para darse
-la mano con Rovira, siendo el intento de O’Donnell distraer al enemigo,
-y si era posible auxiliar a Hostalrich. El general Schwartz hacía por
-aquellas partes frente a los somatenes, cuya tenacidad desconcertaba al
-francés, y aun le causaba a veces descalabros. En principios de abril
-tomó la resistencia tal incremento que, asustado Augereau, salió el
-11 de Barcelona y se dirigió a Hostalrich, para impedir los socorros
-que los españoles querían introducir en el castillo, como ya lo habían
-conseguido una vez, guiados por el coronel Don Manuel Fernández
-Villamil.
-
-[Sidenote: Evacúan los españoles a Hostalrich.]
-
-Sin embargo, todo ya era demás. La penuria del fuerte tocaba en su
-último punto, faltando hasta el agua de los aljibes, única que surtía a
-la guarnición. El bizarro gobernador, los oficiales y soldados habían
-todos sobrellevado de un modo el más constante la escasez y miseria
-que igualó, si no sobrepasó, la de Gerona. Mas desesperanzado Estrada
-de recibir auxilio alguno, y prefiriendo correr los mayores riesgos a
-capitular, resolvió salvarse con su gente de la que aún le quedaban
-1200 hombres. A las diez de la noche del 12 púsose en movimiento, y
-salió por el lado de poniente, descendiendo la colina de carrera. Cruzó
-en seguida el camino real, y atravesando la huerta llegó, repelidos los
-puestos franceses, a las montañas detrás de Masanas y a Arbucias. Mas
-en aquel paraje, descarriado el valiente Estrada, tuvo la desgracia
-de caer prisionero, con tres compañías. El resto, que ascendía a 800
-hombres, sacole a buen puerto el teniente coronel de artillería Don
-Miguel López Baños, quien el 14 entró en Vic, ciudad libre entonces
-de franceses. Estrada no se rindió sino después de viva refriega, y
-Augereau, aunque incomodado con que se le escapase la mayor parte de
-la guarnición, hizo alarde en gran manera de haberse hecho dueño de
-su gobernador. [Sidenote: El mariscal Macdonald sucede a Augereau
-en Cataluña.] De poco le sirvió tan feliz acaso, pues no tardó en
-desgraciarse con Napoleón, quien nombró para sucederle al mariscal
-Macdonald. Dícese que contribuyeron a su remoción quejas de Suchet,
-desazonado porque no le ayudaba debidamente en sus empresas.
-
-[Sidenote: Parte Suchet a Lérida.]
-
-De estas, una de las principales era la que por entonces, y después de
-su retirada de Valencia, intentaba contra Lérida, conformándose con
-la orden que se le dio de París. Así después de dejar un tercio de
-su fuerza en Aragón, a las órdenes del general Laval, se enderezó con
-lo restante a Cataluña. Pero destruido por los españoles el puente
-de Fraga, y estando de aquel lado próximo el castillo de Mequinenza,
-prefirió Suchet al camino más directo, el de Alcubierre, y estableció
-en Monzón sus almacenes y hospitales.
-
-[Sidenote: Entran sus tropas en Balaguer.]
-
-Se hallaba a la sazón en Balaguer Don Felipe Perena con alguna fuerza,
-y aunque es ciudad en que no quedan sino reliquias de sus antiguos
-muros, interesaba a los franceses su posesión a causa de un famoso
-puente de piedra que tiene sobre el Segre. Atento a ello, ordenó Suchet
-al general Habert que atacase a los españoles. Mas Perena, creyendo
-ser desacuerdo resistir a fuerzas tan superiores, cejó a Lérida, y los
-franceses entraron en Balaguer el 4 de abril.
-
-[Sidenote: Sitio de Lérida.]
-
-El 13 embistió Suchet aquella plaza. Asentada Lérida a la derecha del
-Segre, río que también allí se cruza por hermoso puente, ha sido desde
-tiempos remotos ciudad muy afamada. En sus alrededores acabó César con
-Afranio y Petreyo, del partido pompeyano, y antes, cuando estos ocupaban
-la ciudad, pasó aquel caudillo grandes angustias, acampado en la altura
-en donde ahora se divisa el fuerte de Garden. En la defensa de este,
-y sobre todo en la del castillo, colocado al extremo opuesto del lado
-del norte, en la cumbre de un cerro, consiste la principal fortaleza de
-Lérida, si bien ambos no se prestan entre sí grande ayuda. Muro sin
-foso ni camino cubierto, parte con baluartes, parte con torreones,
-rodea lo demás del recinto. Algunas obras nuevas se habían ejecutado, a
-saber: una a la entrada del puente, y también dos reductos, llamados del
-Pilar y San Fernando, en la meseta de Garden, en el paraje opuesto a la
-plaza, fuera de cuyos muros está situado aquel fuerte. La población, que
-ya ascendía a más de 12.000 almas, se hallaba aumentada con los paisanos
-que del campo se habían refugiado dentro. Contaba la guarnición 8000
-hombres, inclusa la tropa de Perena. Mandaba como gobernador Don Jaime
-García Conde.
-
-Todavía los franceses no habían empezado los trabajos del sitio, y ya
-Don Enrique O’Donnell pensó en hacer levantarle, o por lo menos en
-socorrer la plaza. Ignoraba su intento el general francés, por lo que
-el 21 de abril avanzó este hasta Tárrega, temiendo solo a Campoverde,
-que vimos se adelantara hacia Manresa; tanto sigilo guardaban los
-catalanes, de rara y laudable fidelidad.
-
-[Sidenote: Desgraciada tentativa de O’Donnell para socorrer la plaza.]
-
-O’Donnell se había el día antes puesto en marcha con 6000 infantes
-y 600 caballos, y el 22, sabiendo por el gobernador de Lérida que
-parte del ejército francés se había alejado de la plaza, miró como
-asegurada su empresa. Empezó, pues, O’Donnell en la mañana del 23 a
-aproximarse a la ciudad, siguiendo el llano de Margalef, repartida
-su fuerza en tres columnas, una más avanzada por el camino real, las
-otras dos por los costados. Desgraciadamente, sabedor al fin Suchet de
-la salida de O’Donnell de Tarragona, tornó de priesa hacia Lérida, y
-tomó oportunas disposiciones para que se malograse el plan del general
-español. Caminaba este confiado en su triunfo, cuando de repente se vio
-arremetido por fuerzas considerables. El general Harispe trabó luego
-pelea con la 1.ª columna, y Musnier, saliendo de Alcoletge, acometió
-a la que iba por la derecha del camino. Los nuestros se desordenaron,
-principalmente la caballería, arrollada por un regimiento de coraceros.
-O’Donnell, aunque sobrecogido con tal contratiempo, pudo juntar parte
-de su gente, y antes de anochecer retirarse con ella en buen orden
-camino de Montblanch. La pérdida de las dos columnas atacadas fue sin
-embargo considerable, quedando prisioneros batallones enteros.
-
-Los franceses, queriendo aprovecharse del terror que aquel descalabro
-infundiría en los leridanos, embistieron en la misma noche los reductos
-del fuerte de Garden. Dichosos los enemigos al principio en el ataque
-del Pilar, salieron mal en el de San Fernando, teniendo que retirarse,
-y aun evacuar el primero que ya habían ocupado.
-
-Al día siguiente tanteó el general Suchet el ánimo del gobernador,
-proponiendo a este, para hacerle ver lo inútil de la defensa, que
-enviase personas de su confianza que por sí mismos examinasen la
-pérdida que en el día anterior habían los españoles padecido en
-Margalef. La réplica de García Conde fue enérgica y concisa. «Señor
-general, dijo, esta plaza nunca ha contado con el auxilio de ningún
-ejército.» Lástima que a las palabras no correspondiesen los hechos,
-como en Zaragoza y Gerona.
-
-Empezaron los franceses el 29 de abril los trabajos de trinchera,
-escogiendo por frente de ataque el espacio que media entre el baluarte
-de la Magdalena y el del Carmen, que era por donde embistió la plaza
-el duque de Orleans en la guerra de sucesión.
-
-Los sitiados no repelieron con grande empeño los aproches del enemigo.
-Así, esta defensa no fue larga ni digna de memoria. Merece, no obstante,
-honrosa excepción la resistencia que hizo, en la noche del 12 al 13 de
-mayo, el reducto de San Fernando, ya bien sostenido, como arriba hemos
-dicho, en una primera acometida. En la última se defendió con tal
-tenacidad que de 300 hombres que le guarnecían apenas sobrevivieron 60.
-
-Los franceses asaltaron el 13 del mismo mes la ciudad, y la entraron
-sin tropezar con extraordinarios impedimentos. La guarnición se recogió
-al castillo, en donde también se metieron casi todos los habitantes,
-viendo que los acometedores no les daban cuartel. Crueldad ejecutada
-de intento, para que hacinados muchos individuos en corto recinto
-obligaran al gobernador a rendirse. Hubiera sin embargo García Conde
-podido despejar aquella fortaleza echando fuera la gente inútil; pero
-Suchet, para no desaprovechar la ocasión de acabar en breve el sitio,
-empezó desde luego a tirar bombas, las cuales cayendo sobre tantas
-personas apiñadas en reducido espacio, causaron en poco tiempo el
-mayor estrago. [Sidenote: Entran los franceses en Lérida y ríndese su
-castillo.] Blandeando el ánimo de García Conde con los lamentos de
-mujeres, niños y ancianos, y forzado hasta cierto punto por la junta
-corregimental, que creía que nada importaba la defensa del castillo si
-la ciudad perecía, capituló el 14, habiendo los franceses concedido a
-la guarnición los honores de la guerra. Ejemplo que siguió el fuerte
-de Garden. Pérdida sensible la de Lérida, conquista que abría a los
-invasores las comunicaciones entre Aragón y Cataluña.
-
-Tachose a García Conde de traidor, opinión que adquirió crédito con
-haber después abrazado el partido del gobierno intruso. Lo cierto es
-que era hombre de limitados alcances, y juzgamos que su conducta más
-bien dimanó de esto y de fatal desdicha que de premeditada maldad.
-
-[Sidenote: También el fuerte de las Medas.]
-
-Por entonces, para que las desgracias vinieran juntas, ocuparon también
-los franceses el fuerte de la isla de las Medas, al embocadero del Ter,
-puesto importante malamente entregado por el gobernador español, Don
-Agustín Cailleaux.
-
-Así iban de caída las cosas de Cataluña, no habiendo acontecido en lo
-restante de mayo y en el inmediato junio sino acometidas parciales
-de somatenes y guerrilleros, que siempre hostigaban al enemigo. Don
-Enrique O’Donnell, molestado de sus heridas, dejó por unos pocos días
-su puesto a Don Juan María de Villena. Contaba el ejército a pesar de
-sus pérdidas 21.798 hombres, inclusas las guarniciones de las plazas,
-entre las que Tarragona se miraba como la base de las operaciones. En
-esta ciudad volvió O’Donnell a empuñar el 1.º de julio el bastón del
-mando, con objeto de instalar allí el 17 del mismo mes un congreso
-catalán, que de nuevo había convocado para reanimar el espíritu algo
-abatido de los naturales, y buscar medio de oponerse con fuerza al
-mariscal Macdonald, quien daba muestras de obrar activamente.
-
-[Sidenote: Sucesos de Aragón.]
-
-Por su parte el general Suchet, terminada la expedición de Lérida,
-pensó en poner sitio a la plaza de Mequinenza. Mientras duró el de
-la primera hubo muchos y parciales combates, ya en las comarcas
-septentrionales de Cataluña que lindan con Aragón, y ya en Aragón
-mismo. Aquí hizo contra los franceses de Alcañiz una tentativa
-infructuosa Don Francisco de Palafox, destinado por la regencia a
-aquellas partes, siendo más afortunado Don Pedro Villacampa en una
-sorpresa que dio el 13 de mayo a los enemigos en Purroy, partido de
-Calatayud, en donde cogió al comandante Petit con un convoy y más de
-100 hombres.
-
-Las ventajas conseguidas por aquel caudillo irritaron a los franceses,
-quienes desde el 14 de mayo se pusieron a perseguirle, partiendo de
-Daroca el general Chlopicki. Fuese retirando Villacampa, y no paró
-hasta Cuenca. Siguieron de cerca su huella los enemigos, sin llegar
-a aquella ciudad, pero dejando rastra de su paso en Molina y demás
-pueblos del camino. Diversos choques de menor importancia acaecieron
-también en otros puntos de Aragón, porfiado pelear que cansaba
-sobremanera a los franceses.
-
-[Sidenote: Sitio de Mequinenza.]
-
-Del 15 al 20 de mayo embistió el general Musnier la plaza de
-Mequinenza, importante por su situación y necesaria para enseñorear
-el Ebro. Villa esta de 1500 vecinos, estriba su principal defensa en
-el castillo, antigua casa fuerte de los marqueses de Aytona, colocado
-en lo alto de una elevada montaña, de áspera e inaccesible subida por
-todos lados, excepto por el de poniente, que se dilata en planicie,
-cuyo frente amparan un camino cubierto, foso y terraplén abaluartado
-revestido de mampostería. Guarnecían la plaza 1200 hombres. Gobernábala,
-como antes, el coronel Don Manuel Carbón, y dirigía la artillería Don
-Pascual Antillón, ambos oficiales muy distinguidos.
-
-No tenía el castillo otros aproches sino los que ofrecía a la parte
-occidental la planicie mencionada, y no era cosa fácil traer hasta
-ella artillería. Pronto discurrió la diligencia francesa medio de
-conseguirlo, abriendo desde Torriente y por la cima de las montañas
-un camino que viniese a dar al punto indicado. Tuvieron los enemigos
-concluida su obra el 1.º de junio, y en el intermedio no descuidaron
-tomar en rededor y en ambas orillas del Ebro, y en las del Segre
-su tributario, los puestos importantes. [Sidenote: La toman los
-franceses.] Entraron los sitiadores la villa en la noche del 4 al 5, la
-saquearon y prendieron fuego a muchas casas. Las tropas se refugiaron
-en el castillo. El gobernador resistió allí cuanto pudo los ataques
-de los franceses, mas, arruinadas ya las principales defensas y no
-habiendo abrigo alguno contra los fuegos enemigos, se entregó el 8,
-quedando la guarnición prisionera de guerra.
-
-[Sidenote: Toman también el castillo de Morella.]
-
-La víspera de la rendición había llegado a Mequinenza el general
-Suchet, quien deseando sacar de su triunfo la mayor ventaja, despachó
-dos horas después de la entrega al general Montmarie para que se
-apoderase del castillo de Morella, lo que ejecutó dicho general sin
-obstáculo el 13 de junio. Posesión que, aunque no tan importante como
-la de Mequinenza, éralo bastante por estar situado aquel fuerte en
-los confines de Aragón y Valencia, y porque así iban los franceses
-preparándose a nuevas empresas, y afianzaban poco a poco y de un modo
-sólido su dominación.
-
-[Sidenote: Cádiz.]
-
-No obstante, hallábase esta lejos de arraigarse. Los pueblos
-continuaban casi por todas partes haciendo guerra a muerte a los
-invasores, y la Isla gaditana, punto céntrico de la resistencia, no
-solo mantenía la llama sagrada del patriotismo, sino que la fomentaba
-procurando además acrecer y mejorar en su recinto las fortificaciones.
-
-[Sidenote: Toman los franceses a Matagorda.]
-
-De nada influyó para no llevar adelante semejante propósito la pérdida
-de Matagorda, acaecida el 22 de abril. Situado aquel castillo no
-lejos de la costa del caño del Trocadero, sostuviéronle con tenacidad
-los ingleses, encargados de su defensa, y solo le abandonaron ya
-convertido en ruinas. Luego mostró la experiencia lo poco que sus
-fuegos perjudicaban a las comunicaciones por agua, y sus proyectiles a
-la plaza.
-
-[Sidenote: Manda Blake el ejército de la Isla.]
-
-El mismo día de la evacuación del mencionado fuerte fondeó en bahía,
-viniendo del reino de Murcia, Don Joaquín Blake, nombrado por la
-regencia para suceder al de Alburquerque en el mando de la Isla
-gaditana, cuyas fuerzas, sin contar las de los aliados ni la milicia
-armada, ascendían de 17 a 18.000 hombres, engrosado el ejército con
-los dispersos y reliquias que de la costa aportaban, y con nuevos
-alistados, que acudían hasta de Galicia. A la llegada de Blake
-considerose dicho ejército como parte integrante del denominado del
-centro, que se alojaba en el reino de Murcia, repartiéndose entre
-ambos puntos las divisiones en que se distribuía.
-
-[Sidenote: Trasládase a Cádiz la regencia.]
-
-El consejo de regencia trasladose el 29 de mayo de la Isla de León a
-Cádiz, y escogió para su morada el vasto edificio de la aduana. Se le
-reunió por aquellos días el obispo de Orense, que no había hasta el 26
-arribado al puerto, retardado su viaje por la distancia, ocupaciones
-diocesanas y malos tiempos.
-
-[Sidenote: Varan en la costa dos pontones de prisioneros.]
-
-En este mes nada muy importante en lo militar avino en Cádiz, sino
-el haber varado en la costa de enfrente los pontones _Castilla_ y
-_Argonauta_, llenos de prisioneros franceses. Aprovecháronse los que
-estaban a bordo del primero de un furioso huracán que sopló en la noche
-del 15 al 16 para desamarrar el buque y dar a la costa; eran unos
-700, los más oficiales. Imitáronlos el 26 los del _Argonauta_, 600 en
-número, sin que pudiesen estorbar su desembarco nuestras baterías y
-cañoneras.
-
-[Sidenote: Trato de estos.]
-
-Con este motivo han clamoreado muchos extranjeros, y lo que es más
-raro, ingleses, contra el mal trato dado a los prisioneros, y sobre
-todo contra la dureza de mantenerlos tanto tiempo en la estrechura de
-unos pontones. Nos lastimamos del caso y reprobamos el hecho, pero
-ocupadas o invadidas a cada paso las más de nuestras provincias,
-imposible era para custodia de aquellos buscar dentro de la península
-paraje seguro y acomodado. La Gran Bretaña, libre y poderosa, permitió
-también que en pontones gimiesen largos años sus muchos prisioneros.
-Quisiéramos que nuestro gobierno no hubiese seguido tan deplorable
-ejemplo, dando así justa ocasión de censura a ciertos historiadores de
-aquella nación, tan prontos a tachar excesos de otros como lentos en
-advertir los que se cometen en su mismo suelo.
-
-[Sidenote: Pasan a las Baleares, su trato allí.]
-
-El gobierno español, sin embargo, había resuelto suavizar la suerte de
-muchos de aquellos desgraciados, enviando a unos a las islas Canarias
-y a otros a las Baleares. Dichosos los primeros, no cupo a los últimos
-igual ventura. Alborotados contra ellos los habitantes de Mallorca y
-Menorca, a causa de la relación que de las demasías del ejército francés
-les venían de la península, necesario fue conducirlos a la isla de
-Cabrera, siendo al embarco maltratados muchos, y aun algunos muertos.
-Aquella isla al sur de Mallorca, si bien de sano temple y no escasa de
-manantiales, estaba solo poblada de árboles bravíos sin otro albergue
-más que el de un castillo. Suministráronse tiendas a los prisioneros,
-pero no las bastantes para su abrigo, como tampoco instrumentos con
-que pudiesen suplir la falta de casas, fabricando chozas. Unos 7000 de
-ellos la ocuparon, y llegó a colmo su miseria, careciendo a veces hasta
-del preciso sustento, ora por temporales que impedían o retardaban los
-envíos, ora también por flojedad y descuido de las autoridades. Feo
-borrón que no se limpia con haber en ello puesto al fin las cortes
-conveniente remedio, ni menos con el bárbaro e inhumano trato que
-al mismo tiempo daba el gobierno francés a muchos jefes e ilustres
-españoles, sumidos en duras prisiones y castillos, pues nunca la
-crueldad ajena disculpó la propia.
-
-[Sidenote: Resistencia en las Andalucías.]
-
-Entre tanto el gobierno español no solo atendió en su derredor a
-la defensa de la Isla gaditana, sino que también pensó en divertir
-la atención del enemigo, molestándole en las mismas Andalucías y
-provincias aledañas. Dos de los puntos que para ello se presentaban
-más cercanos e importantes, eran, al ocaso, el condado de Niebla, y
-al levante, la Serranía de Ronda. El primero, además de ser tierra
-costanera y en partes montuosa, respaldábase en Portugal, para cuya
-invasión tenían los enemigos que prepararse de intento; y por lo que
-respecta a Ronda, favorecía sus operaciones y alzamiento la vecina
-e inexpugnable plaza de Gibraltar, depósito de grandes recursos,
-principalmente de pertrechos de guerra.
-
-[Sidenote: Condado de Niebla.]
-
-La regencia, para dar mayor estímulo a la defensa, encargó el mando de
-aquellos distritos a jefes de su confianza. Para el condado escogió
-a Don Francisco de Copons y Navia, que permanecía en Cádiz después
-que en febrero arribó allí con su división. Partió pues el general
-nombrado, y el 14 de abril tomó el mando de aquel país, muy trabajado
-con las vejaciones del enemigo, y solo defendido por unos 700 hombres,
-remanente de cuerpos dispersos o situados en otras partes. Procuró
-Copons unir y aumentar esta masa bastante informe, recoger los caudales
-públicos, mantener libre la comunicación de la costa con Cádiz, y
-hostigar con frecuencia a los franceses. Consiguió su objeto, si bien
-con suerte varia, teniendo a veces que replegarse a Portugal.
-
-[Sidenote: Serranía de Ronda.]
-
-Del lado de Ronda la resistencia fue mayor, mas empeñada y duradera.
-Partido occidental esta serranía de la provincia de Málaga, y
-cordillera de montes elevados que arrancan desde cerca de Tarifa,
-extendiéndose al este, se compone de muchos pueblos ricos en
-producciones y dados al contrabando, a que los convida la vecindad
-de Gibraltar. Sus moradores, avezados a prohibido tráfico, conocen
-a palmos el terreno, sus angosturas y desfiladeros, sus cuevas, las
-más escondidas, y teniendo a cada paso que lidiar con los aduaneros
-y las tropas enviadas en persecución suya, están familiarizados con
-riesgos que son imagen de los de la guerra. Empléanse las mujeres en
-los trabajos del campo, y en otros no menos penosos inherentes a la
-profesión de los hombres, y así son de robustos miembros y de condición
-asemejada a la varonil. Llena, pues, de bríos población tan belicosa, y
-previendo los obstáculos que recrecerían a su comercio si los franceses
-afianzaban su imperio, rehusó someterse al yugo extranjero.
-
-Ya dieron aquellos habitantes señales de desasosiego al tiempo de
-la ocupación de Sevilla. José pensó que los tranquilizaría con su
-presencia y discursos, para lo cual pasó a Ronda antes de concluir
-febrero. Satisfecho quizá de su excursión, o temiendo más bien otras
-resultas, no se detuvo allí muchos días, dejando solamente alguna
-fuerza y un gobernador con extensas facultades. Pero la autoridad del
-francés redújose pronto a estrechos límites, ciñéndola a la ciudad la
-insurrección de los serranos. Acaudillaron a estos varias cabezas,
-siendo uno de los que más promovieron el alzamiento Don Andrés Ortiz
-de Zárate, que los naturales denominaron el Pastor.
-
-El consejo de regencia, por su lado, envió de comandante al campo de
-San Roque, cuyas líneas enfrente de Gibraltar se habían destruido,
-de acuerdo con el gobernador inglés Campbell, a Don Adrián Jácome,
-con encargo de recoger dispersos y de soplar el fuego en la serranía.
-Hombre Jácome pacato e irresoluto, de poco sirvió a la buena causa.
-Afortunadamente los serranos, siguiendo los ímpetus de su propio
-instinto, solían a veces obrar con más acierto que algunos jefes que
-presumían de entendidos.
-
-Al ánimo de aquellos debiose en breve que el levantamiento tomase tal
-vuelo que ya el 12 de marzo se presentaron numerosas bandas delante de
-Ronda, capitaneadas por Don Francisco González. Los franceses, viendo
-el tropel de gente que venía sobre ellos, evacuaron de noche la ciudad
-y se retiraron a Campillos. Penetraron luego los paisanos por las
-calles de Ronda, y comenzó gran desorden, y aun hubo pillaje y otros
-destrozos. Contuviéronlos algún tanto patriotas de influjo que llegaron
-oportunamente.
-
-A poco se reforzaron también los enemigos con tropa que llevó de
-Málaga el general Peyremont, y el 21 recobraron a Ronda. No permaneció
-allí largo tiempo dicho general, pues entrada en su ausencia por
-los paisanos la ciudad de Málaga, tuvo que volar a su socorro. La
-guerra continuó por toda la sierra sin que los franceses pudiesen
-solos dar un paso, y no transcurriendo día en que sus puestos no
-fuesen inquietados. Formose en Jimena una junta, y nombró el gobierno
-comandante del distrito a Don José Serrano Valdenebro, bajo la
-inspección de Don Adrián Jácome. Creciendo los jefes, crecieron los
-celos y las competencias, y se suscitaron trastornos y mudanzas.
-
-[Sidenote: D. José Romero: acción notable.]
-
-Por tristes que fuesen tales ocurrencias, inevitables en guerra de esta
-clase, no por eso se cedía en la lucha, llevando a cumplido remate
-proezas que recuerdan las del tiempo de la caballería. Fue una de las
-más memorables la que avino en Montellano, pueblo de 4000 habitantes
-inmediato a la sierra. Era alcalde Don José Romero, y ya el 14 de
-abril, al frente del vecindario, había repelido de sus calles a 300
-franceses. Tornaron estos el 22, reforzados con otros 1000, para vengar
-la primera afrenta. Encontraron a su paso obstáculos en Grazalema;
-pero llegando al fin a Montellano tuvieron allí que vencer la braveza
-de los moradores, lidiando con ellos de casa en casa. Impacientados
-los franceses de tamaña obstinación recurrieron al espantoso medio de
-incendiar el pueblo. Redujéronle casi todo él a pavesas, excepto el
-campanario, en que se defendían unos cuantos paisanos, y la casa de
-Romero. Este varón tan esforzado como Villandrando, haciendo de sus
-hogares formidable palenque y ayudado de su mujer y sus hijos, continuó
-por mucho tiempo con terrible puntería causando fiero estrago en los
-enemigos, y tal que, no atreviéndose ya estos a acercarse, resolvieron
-derribar a cañonazos paredes para ellos tan fatales. Grande entonces
-el aprieto de Romero, inevitable fuera su ruina si no le salvara de
-ella la repentina retirada de los franceses, que se alejaron temerosos
-de gente que acudía de Puerto Serrano y otras partes. Libre Romero,
-a duras penas pudo arrancársele de los escombros de Montellano,
-respondiendo a las instancias que se le hacían: «Alcalde de esta villa,
-este es mi puesto.»
-
-[Sidenote: Tarifa.]
-
-Imitaban al mismo tiempo en Tarifa la conducta de los serranos. No
-habían los enemigos ocupado antes esta plaza, situada en el extremo
-meridional de España, contentándose con sacar de ella raciones en
-una ocasión en que se aproximaron a sus muros. Pudieran entonces
-haberla fácilmente tomado, pero no juzgaron prudente exponerse a ello
-sin mayores fuerzas. Los españoles después aumentaron los medios de
-defensa, y aun vinieron en su ayuda algunos ingleses mandados por el
-mayor Brown. Ignorábanlo los franceses, y el 21 de abril intentaron
-entrar la plaza de rebate. Salioles mal la empresa, rechazados con
-pérdida por el paisanaje y sus aliados.
-
-Vemos así cuánto distraían a los franceses las conmociones e incesante
-guerrear de los puntos más inmediatos a Cádiz. Tampoco se los dejaba
-tranquilos en otros más distantes de las mismas Andalucías, ya por la
-parte de Murcia, en que permanecía el ejército del centro, ya por la de
-Extremadura, en que estaba el de la izquierda.
-
-[Sidenote: Ejército del centro en Murcia.]
-
-Puesto aquel a últimos de enero, según queda referido, bajo las órdenes
-del general Blake, fue creciendo y disciplinándose en cuanto las
-circunstancias lo permitían, y fomentó con su presencia partidas que
-se levantaron en las montañas del lado de Cazorla y Úbeda, y en las
-Alpujarras.
-
-A principios de marzo, Don Joaquín Blake, con motivo de la entrada
-de Suchet en el reino de Valencia, moviose hacia aquella parte; mas,
-enterado luego de la retirada de los franceses, retrocedió a sus
-cuarteles, volviendo a unirse al general Freire, a quien con alguna
-tropa había dejado en la frontera de Granada. Entonces fue cuando Blake
-recibió la orden de pasar a la Isla, quedando en ausencia suya Don
-Manuel Freire al frente del ejército, cuya fuerza constaba de 12.000
-infantes y cerca de 2000 caballos, con 14 piezas de artillería.
-
-[Sidenote: Correría de Sebastiani en aquel reino.]
-
-Hizo a poco una correría la vuelta de aquel punto el general Sebastiani,
-acompañado de 8000 hombres. Enderezose por Baza a Lorca, y Freire se
-replegó sobre Alicante, metiendo en Cartagena la 3.ª división de su
-ejército al mando de Don Pedro Otedo. Los franceses se adelantaron sin
-oposición, y el 23 de abril se posesionaron de la ciudad de Murcia,
-siendo aquella la vez primera que pisaban su suelo. Los vecinos de más
-cuenta y las autoridades se habían ausentado la víspera. Sebastiani
-anunció a su entrada que se respetarían las personas y las propiedades;
-pero no se conformó su porte con tan solemnes promesas.
-
-[Sidenote: Su conducta.]
-
-En la mañana del 24 fue a la catedral, y después de mandar que se
-llevase preso a un canónigo revestido con su traje de coro, hizo que se
-interrumpiesen los divinos oficios, obligando al cabildo eclesiástico
-a que inmediatamente se le presentase en el palacio episcopal.
-Provenía su enojo de que no se le hubiese cumplimentado al presentarse
-en la iglesia. Maltrató de palabra a los canónigos, y ordenó que en
-el término de dos horas le entregasen todos sus fondos. Pidiéndole el
-cabildo que por lo menos alargase el plazo a cuatro horas, respondió
-altaneramente: «Un conquistador no deshace lo que una vez manda.»
-
-Con no menos despego y altivez trató Sebastiani a los individuos de
-un ayuntamiento que se había formado interinamente. Reprendioles por
-no haberle recibido con salvas de artillería y repique de campanas,
-imponiendo al vecindario en castigo 100.000 duros, suma que a muchos
-ruegos rebajó a la mitad. Tomaron además el general francés y los
-suyos, no contando las raciones y otros suministros, todo el dinero de
-los establecimientos públicos, y la plata y alhajas de los conventos,
-sin que se libertasen del saqueo varias casas principales.
-
-[Sidenote: Evacúalo.]
-
-Esta correría ejecutada, al parecer, más bien con intento de esquilmar
-el reino de Murcia, aún intacto de la rapacidad enemiga, que de
-afianzar el imperio del intruso, fue muy pasajera. El 26 del mismo
-abril ya todos los franceses habían evacuado la ciudad, y bien les
-vino, empezando a reinar grande efervescencia en la huerta y contornos.
-Idos los invasores, se ensañaron los paisanos en las personas y
-haciendas de los que graduaron de afectos a los enemigos, y mataron
-al corregidor interino Don Joaquín Elgueta, el cual había también
-corrido gran peligro de parte de los franceses queriendo amparar a los
-vecinos. ¡Triste y no merecida suerte! Mejor hubieran los murcianos
-empleado sus puños en defenderse contra el común enemigo que haberse
-manchado con la sangre inocente de sus conciudadanos.
-
-[Sidenote: Partidas de Cazorla y de las Alpujarras.]
-
-Envió después Freire la caballería y algunos infantes a la frontera
-de Granada, quedándose él en Elche. Con tal apoyo, volvieron a
-fomentarse las partidas por el lado de Cazorla, y por el opuesto de
-las Alpujarras, y hubo muchos reencuentros entre ellas y cuerpos
-destacados del enemigo, compuestos de 200 a 400 hombres. La conducta
-de algunas tropas francesas contribuía también no poco a la irritación
-de los habitantes, habiéndose mostrado feroces en Vélez Rubio y otros
-pueblos, por lo que los vecinos defendían sus hogares de consuno,
-tocando a rebato y a manera de leones bravos. En las Alpujarras,
-ásperas pero deliciosas sierras, y en cuyas vertientes a la mar se dan
-las producciones del trópico, señaláronse varios partidarios como Mena,
-Villalobos, García y otros, aspirando los moradores, como ya en su
-tiempo decía Mármol, a que se les tuviese por invencibles.
-
-[Sidenote: Extremadura: ejército de la izquierda.]
-
-Andaba también a veces la guerra bastante viva en la parte de las
-Andalucías que linda con Extremadura. La junta de Badajoz, luego que
-Mortier se retiró el 12 de febrero de enfrente de la plaza, puso gran
-conato en derramar guerrillas hacia el reino de Sevilla y riberas del
-Tajo. Caminó luego hacia las del Guadiana desde San Martín de Trevejo
-el ejército de la izquierda, excepto la división de La Carrera, que
-quedó apostada para impedir las comunicaciones entre Extremadura y
-el país allende la Sierra de Baños. Este ejército, unido a la fuerza
-que había en Badajoz, constaba de unos 26.000 infantes y de más de
-2000 hombres de caballería, la mitad desmontados. [Sidenote: Romana.]
-El marqués de la Romana le distribuyó colocando en su izquierda
-cerca de Castelo de Vide y en Alburquerque, dos divisiones al mando
-de Don Gabriel de Mendizábal y de Don Carlos O’Donnell [hermano de
-Don Enrique] una, y su cuartel general en Badajoz mismo, y otras dos
-a su derecha en Olivenza y camino de Monesterio, a las órdenes de los
-generales Ballesteros [Sidenote: Ballesteros.] y Senén de Contreras.
-Servía de arrimo al ejército de Romana, además de Badajoz, la plaza de
-Elvas y otras no tan importantes que guarnecen ambas fronteras española
-y portuguesa, en donde también había una división aliada que regía el
-general Hill. Se trabaron así de ambas partes continuos choques, ya
-que no batallas, y en algunos sostuvieron los españoles con ventaja
-la gloria de nuestras armas. Ballesteros, por la derecha, fue quien más
-lidió, siendo notables los combates de 25 y 26 de marzo en Santa Olalla
-y el Ronquillo, los del 15 de abril y 26 de mayo en Zalamea y Aracena,
-junto con los de Burguillos y Monesterio que se dieron al finalizar
-junio, todos contra las tropas del mariscal Mortier. Era el principal
-campo de Ballesteros y su acogida el país montuoso que se eleva entre
-Extremadura, Portugal y reino de Sevilla, desde donde igualmente se
-daba la mano con los españoles del condado de Niebla. Sus servicios
-fueron dignos de loa, si bien a veces ponderaba sobradamente sus
-hechos.
-
-[Sidenote: Don Carlos O’Donnell.]
-
-Don Carlos O’Donnell no dejaba tampoco de hostigar al enemigo por el
-lado izquierdo. Tenía allí que habérselas con el 2.º cuerpo, a cargo
-del general Reynier, quien, en principios de marzo, viniendo del
-Tajo, sentó sus reales en Mérida. [Sidenote: Varias refriegas.] Se
-escaramuzó con frecuencia entre unos y otros, y Reynier también hacía
-correrías contra las demás divisiones españolas, formalizándose en
-ocasiones las refriegas. Tal fue la que se trabó en 5 de julio entre él
-y los jefes Imaz y Morillo, en Jerez de los Caballeros: los españoles
-se defendieron desde por la mañana hasta la caída de la tarde, y se
-retiraron con orden cediendo solo al número. Permaneció Reynier en
-aquellas partes hasta el 12 de julio, en cuyo tiempo repasó el Tajo
-aproximándose a los cuerpos de su nación que iban a emprender, camino
-de Ciudad Rodrigo, la conquista de Portugal. Observole en su marcha,
-moviéndose paralelamente, la división del general Hill.
-
-Siguió haciendo siempre la guerra en el mediodía de Extremadura el
-cuerpo del mariscal Mortier; mas este jefe, disgustado con Soult,
-anhelaba por alejarse, y aun pidió licencia para volver a Francia.
-
-[Sidenote: Decreto de Soult de 9 de mayo.]
-
-Molestaba la pertinaz resistencia de los españoles al mariscal Soult en
-tanto grado que con nombre de reglamento dio el 9 de mayo un decreto
-ajeno de naciones cultas. En su contexto notábase, entre otras bárbaras
-disposiciones, una que se aventajaba a todas concebida en estos
-términos: «No hay ningún ejército español, fuera del de S. M. C. Don
-José Napoleón; así, todas las partidas que existan en las provincias,
-cualquiera que sea su número, y sea quien fuere su comandante, serán
-tratadas como reuniones de bandidos... Todos los individuos de estas
-compañías que se cogieren con las armas en la mano, serán al punto
-juzgados por el preboste y fusilados; sus cadáveres quedarán expuestos
-en los caminos públicos.»
-
-Así quería tratar el mariscal Soult a generales y oficiales, así a
-soldados, cuyos pechos quizá estaban cubiertos de honrosas cicatrices,
-así a los que vencieron en Bailén y Tamames, confundiéndolos con
-forajidos. La regencia del reino tardó algún tiempo en darse por
-entendida de tan feroz decreto con la esperanza de que nunca se
-llevaría a efecto. [Sidenote: Otro en respuesta de la regencia de
-España.] Pero, víctimas de él algunos españoles, publicó al fin en
-contraposición otro en 15 de agosto, expresando que por cada español
-que así pereciese, se ahorcarían tres franceses; y que «mientras
-el duque de Dalmacia no reformase su sanguinario decreto... sería
-considerado personalmente como indigno de la protección del derecho
-de gentes, y tratado como un bandido si cayese en poder de las tropas
-españolas.» Dolorosa y terrible represalia, pero que contuvo al
-mariscal Soult en su desacordado enojo.
-
-[Sidenote: Decreto de Napoleón sobre gobiernos militares.]
-
-Entibiaban tales providencias las voluntades aun de los más afectos
-al gobierno intruso, coadyuvando también a ello en gran manera los
-yerros que Napoleón prosiguió cometiendo en su aciaga empresa contra
-la península. De los mayores, por aquel tiempo, fue un decreto que
-dio en 8 de febrero,[*] [Sidenote: (* Ap. n. 11-5.)] según el cual
-se establecían en varias provincias de España gobiernos militares.
-Encubríase el verdadero intento so capa de que, careciendo de energía
-la administración de José, era preciso emplear un medio directo
-para sacar los recursos del país, y evitar así la ruina del erario
-de Francia, exhausto con las enormes sumas que costaba el ejército
-de España. Todos, empero, columbraron en semejante resolución el
-pensamiento de incorporar al imperio francés las provincias de la
-orilla izquierda del Ebro, y aun otras si las circunstancias lo
-permitiesen.
-
-El tenor mismo del decreto lo daba casi a entender. Cataluña, Aragón,
-Navarra y Vizcaya se ponían bajo el gobierno de los generales
-franceses, los cuales, entendiéndose solo para las operaciones
-militares con el estado mayor del ejército de España, debían «en cuanto
-a la administración interior y policía, rentas, justicia, nombramiento
-de empleados y todo género de reglamentos, entenderse con el emperador
-por medio del príncipe de Neufchatel, mayor general.» Igualmente los
-productos y rentas ordinarias y extraordinarias de todas las provincias
-de Castilla la Vieja, reino de León y Asturias, se destinaban a la
-manutención y sueldos de las tropas francesas, previniéndose que con
-sus entradas hubiera bastante para cubrir dichas atenciones.
-
-[Sidenote: Une a su imperio los Estados Pontificios y la Holanda.]
-
-Ya que tales providencias no hubiesen por sí mostrado a las claras
-el objeto de Napoleón, los procedimientos de este a la propia sazón
-respecto de otras naciones de Europa, probaban con evidencia que
-su ambición no conocía límites. Los estados del papa, en virtud de
-un senado-consulto, se unieron a la Francia, declarando a Roma
-segunda ciudad del imperio, y dando el título de rey suyo al que
-fuese heredero imperial. Debían además los emperadores franceses
-coronarse en adelante en la iglesia de San Pedro, después de haberlo
-sido en la de _Notre Dame_ de París. El senado-consulto, ostentoso
-en sus términos, anunciaba el renacimiento del imperio de occidente,
-y decía: «mil años después de Carlomagno se acuñará una medalla con
-la inscripción _Renovatio imperii_.» Agregose también a la Francia
-en este año la Holanda, aunque regida por un hermano de Napoleón, y
-ocupó su territorio un ejército francés, imaginando el emperador, en
-su desvarío, pues no merece otro nombre, que países tan diversos en
-idioma y costumbres, tan distantes unos de otros, y cuya voluntad no
-era consultada para tan monstruosa asociación, pudieran largo tiempo
-permanecer unidos a un imperio cimentado solo en la vida de un hombre.
-
-En España, muy en breve se empezaron a sentir las consecuencias del
-establecimiento de los gobiernos militares. Procuró ocultar aquella
-medida, en tanto que pudo, el gabinete de José, conociendo su mal
-influjo. Los generales franceses, aun en las provincias no comprendidas
-en el decreto, «dispusieron luego a su arbitrio [*] [Sidenote: (* Ap.
-n. 11-6.)] [como afirman Azanza y Ofarrill], o sin otra dependencia
-directa que la del emperador, de todos los recursos del país. Por
-consecuencia de esto, las facultades del rey José [añaden los mismos]
-fueron disminuyendo hasta quedarse en una mera sombra de autoridad.»
-
-[Sidenote: Inútil embajada a París de Azanza.]
-
-Sumamente incomodó a José la inoportuna y arbitraria resolución de
-su hermano, concebida en menoscabo de su poder y aun en desprecio de
-su persona. Trastornáronse también los ánimos de los españoles, sus
-adherentes, quienes además de ver en tal desacuerdo la prolongación de
-la guerra, dolíanse de que España pudiese como nación desaparecer de
-la lista de las de Europa. Porque entre los de este bando, no obstante
-sus compromisos, conservaban muchos el noble deseo de que su patria se
-mantuviese intacta y floreciente.
-
-Menester pues era que por parte de ellos se pusiese gran conato en que
-el emperador revocase su decreto. Creyeron así oportuno enviar a París
-una persona escogida y de toda confianza, y nadie les pareció más al
-caso que Don Miguel José de Azanza, conocido de Napoleón ya en Bayona,
-y ministro de genio suave y de índole conciliadora.[*] [Sidenote: (*
-Ap. n. 11-7.)] Hemos leído la correspondencia que con este motivo
-siguió Azanza; y nada mejor que ella prueba el desdén y desprecio con
-que trataba al de Madrid el gabinete de Francia.
-
-En principios de mayo llegó a París como embajador extraordinario
-el mencionado Don Miguel. Tardó en presentar sus credenciales, y a
-mediados de junio de vuelta ya Napoleón desde 1.º del mes de un viaje
-a la Bélgica, no había aún tenido el ministro español ocasión de ver
-al emperador más que una vez cuando le presentaron. Pasados algunos
-días mirábase Azanza como muy dichoso solo porque _ya le hablaban_
-[*] [Sidenote: (* Ap. n. 11-8.)] [son sus palabras]. Satisfacción
-poco duradera y de ninguna resulta. Prolongó su estancia en París
-hasta octubre, y nada logró, como tampoco el marqués de Almenara que
-de Madrid corrió en su auxilio por el mes de agosto. Hubo momentos en
-que ambos vivieron muy esperanzados; hubo otros en que por lo menos
-creyeron que se daría a España en trueque de las provincias del Ebro
-el reino de Portugal: ilusiones que al fin se desvanecieron diciendo
-Azanza al rey José en uno de sus últimos oficios [24 de septiembre]:[*]
-[Sidenote: (* Ap. n. 11-9.)] «El duque de Cadore [Champagny], en una
-conferencia que tuvimos el miércoles, nos dijo expresamente que el
-emperador exigía la cesión de las provincias de más acá del Ebro por
-indemnización de lo que la Francia ha gastado y gastará en gente y
-dinero para la conquista de España. No se trata de darnos a Portugal en
-compensación. El emperador no se contenta con retener las provincias de
-más acá del Ebro, quiere que le sean cedidas.»
-
-Fuéronse, por lo mismo, estas organizando a la manera de Francia
-en cuanto permitían las vicisitudes de la guerra, y cierto que la
-providencia de su incorporación al imperio se hubiera mantenido
-inalterable si las armas no hubieran trastrocado los designios de
-Napoleón. Suerte aquella fácil de prever después de los acontecimientos
-de Bayona en 1808, según los cuales, y atendiendo a la ambición y
-poderío del emperador de los franceses, necesariamente el gobierno
-de José, privado de voluntad propia, tenía que sujetarse a fatal
-servidumbre de nación extraña.
-
-[Sidenote: Tentativa para libertar al rey Fernando. (* Ap. n. 11-10.)]
-
-En una de las primeras cartas de la citada correspondencia [*] de Don
-Miguel de Azanza, háblase de un suceso que por entonces hizo gran ruido
-en Francia, y cuyo relato también es de nuestra incumbencia. Fue pues
-una tentativa hecha en vano para que pudiese el rey Fernando escaparse
-de Valençay. Habíanse propuesto varios de estos planes al gobierno
-español, los cuales no adoptó este por inasequibles, o por lo menos no
-tuvieron resulta. En la actual ocasión, tomó origen semejante proyecto
-en el gabinete británico, siendo móvil y principal actor el barón de
-Kolly, empleado ya antes en otras comisiones secretas. Muchos han
-tenido a este por irlandés, y así lo declaró él mismo; pero el general
-Savary, bien enterado de tales negocios, nos ha asegurado que era
-francés y de la Borgoña.
-
-[Sidenote: Barón de Kolly.]
-
-Kolly pasó a Inglaterra para ponerse de acuerdo con aquel ministerio,
-del que era individuo el marqués de Wellesley, después de su vuelta de
-España. Diéronsele a Kolly los medios necesarios para el logro de su
-empresa y papeles que acreditasen su persona y comprobasen la veracidad
-de sus asertos. Desembarcó en la bahía de Quiberon, acercándose también
-a la costa una escuadrilla inglesa destinada a tomar a su bordo a
-Fernando. En seguida partió Kolly a París para dar comienzo a la
-ejecución de su plan, de difícil éxito, ya por la extrema vigilancia
-del gobierno francés, ya por el poco ánimo que para evadirse tenían el
-rey y los infantes.
-
-[Sidenote: Vida de los príncipes en Valençay.]
-
-No hemos hablado de aquellos príncipes después de su confinamiento
-en Valençay. Su estancia no había hasta ahora ofrecido hecho alguno
-notable. Apenas en su vida diaria se habían desviado de la monótona y
-triste que llevaban en la corte de España. Divertíanse a veces en obras
-de manos, particularmente el infante Don Antonio, muy aficionado a las
-de torno, y de cuando en cuando la princesa de Talleyrand los distraía
-con saraos u otros entretenimientos. No les agradaba mucho la lectura y
-como en la biblioteca del palacio se veían libros que, en el concepto
-del citado infante, eran peligrosos, permanecía este continuamente en
-acecho para impedir que sus sobrinos entrasen en aposentos henchidos a
-su entender de oculta ponzoña. Así nos lo ha contado el mismo príncipe
-de Talleyrand. Salían poco del circuito del palacio y las más veces
-en coche, llegando a punto la desconfianza de la policía francesa que,
-con tretas indignas de todo gobierno, casi siempre les estorbaba el
-ejercicio de a caballo.
-
-La familia que los acompañó en su destierro antes de cumplirse el
-año fue separada de su lado, y confinados algunos de sus individuos
-a varias ciudades de Francia, entre ellos el duque de San Carlos y
-Escóiquiz. Quedó solo Don Juan Amézaga, pariente del último, hombre
-con apariencias de honrado, de ocultos manejos, y harto villano para
-hacerse confidente y espía de la policía francesa.
-
-[Sidenote: Préndese a Kolly.]
-
-En tal situación y con tantas trabas, dificultoso era acercarse a los
-príncipes sin ser descubierto, y más que todo llevar a feliz término el
-proyecto mencionado. Ni tanto se necesitó para que se malograse. Kolly,
-a pocos días de llegar a París, fue preso, habiendo sido vendido por
-un pseudo-realista, y por un tal Richard, de quien se había fiado.
-Metiéronle en Vincennes el 24 de marzo, y no tardó en tener un coloquio
-con Fouché, ministro de la policía general. Admirábase este de que
-hombres de buen seso hubiesen emprendido semejante tentativa, imposible
-[decía] de realizarse, no solo por las dificultades que en sí misma
-ofrecía, sino también porque Fernando no hubiera consentido en su fuga.
-
-[Sidenote: Insidiosa conducta de la policía francesa.]
-
-Sin embargo, aunque estuviese de ello bien persuadida la policía
-francesa, quisieron sus empleados asegurarse aún más, ya fuera para
-sondear el ánimo de los príncipes, o ya quizá para tener motivo de
-tomar con sus personas alguna medida rigurosa. En consecuencia, se
-propuso a Kolly el ir a Valençay y hablar a Fernando de su proyecto,
-dorando la policía lo infame de tal comisión con el pretexto de que
-así se desengañaría Kolly, y vería cuál era la verdadera voluntad del
-príncipe. Prometiósele en recompensa la vida y asegurar la suerte de
-sus hijos. Desechó honradamente Kolly propuesta tan insidiosa e inicua,
-y de resultas volviéronle a Vincennes donde continuó encerrado hasta la
-caída de Napoleón, siendo de admirar no pasase más allá su castigo.
-
-La policía, no obstante la repulsa del barón, no desistió de su
-intento, y queriendo probar fortuna, envió a Valençay al bellaco de
-Richard, haciéndole pasar por el mismo Kolly. Abocose primero en 6 de
-abril con Amézaga el disfrazado espía; mas los príncipes, rehusando dar
-oídos a la proposición, denunciaron a Richard, como emisario inglés,
-al gobernador de Valençay Mr. Berthemy, ora porque en realidad no se
-atrevieran a arrostrar los peligros de la huida, ora más bien porque
-sospecharan ser Richard un echadizo de la policía. Terminose aquí
-este negocio, en el que no se sabe si fue más de maravillar la osadía
-de Kolly, o la confianza del gobierno inglés en que saliera bien una
-empresa rodeada de tantas dificultades y escollos.
-
-[Sidenote: Cartas de Fernando.]
-
-Publicose en el _Monitor_, con la mira sin duda de desacreditar a
-Fernando, una relación del hecho acompañada de documentos, y antes en
-el mismo año se habían ya publicado otros, de que insertamos parte en
-un apéndice de los libros anteriores. Entre aquellos de que aún no
-hemos hablado, pareció notable una carta [Sidenote: (* Ap. n. 11-11.)]
-que Fernando había escrito a Napoleón en 6 de agosto de 1809,[*]
-felicitándole por sus victorias. Notable también fue otra de 4 de
-abril de 1810,[*] [Sidenote: (* Ap. n. 11-12.)] del mismo príncipe a
-Mr. Berthemy, en que decía: «lo que ahora ocupa mi atención es para
-mí un objeto del mayor interés. Mi mayor deseo es ser hijo adoptivo
-de S. M. el emperador, nuestro soberano. Yo me creo merecedor de esta
-adopción que verdaderamente haría la felicidad de mi vida, tanto por
-mi amor y afecto a la sagrada persona de S. M., como por mi sumisión y
-entera obediencia a sus intenciones y deseos.» No se esparcían mucho
-por España estos papeles, y aun los que los leían considerábanlos como
-pérfido invento de Napoleón. A no ser así, ¡qué terrible contraste
-no hubiera resaltado entre la conducta del rey, y el heroísmo de la
-nación!
-
-
-
-
- RESUMEN
- DEL
- LIBRO DUODÉCIMO.
-
-
-_Ejército francés que se destina a Portugal. Mariscal Massena, general
-en jefe. — Sitio de Ciudad Rodrigo. — Herrasti, su gobernador. —
-Situación de Wellington. — Don Julián Sánchez. — Capitula la plaza. —
-Gloriosa defensa. — Clamores contra los ingleses por no haber socorrido
-la plaza. — Excursión de los franceses hacia Astorga y Alcañices. —
-Toman la Puebla de Sanabria. — La pierden. — La ocupan de nuevo. —
-Campaña de Portugal. — Estado de este reino y de su gobierno. — Plan de
-Lord Wellington. — Fuerza que mandaba. — Subsidios que da Inglaterra.
-— Posición de Wellington. Devastación del país. — Líneas de Torres
-Vedras. — Dicho de Wellington a Álava. — Preparativos y fuerza de
-los franceses. — Escaramuzas. Fuerte de la Concepción. — Combate
-del Coa. — Sitio de Almeida. — Vuélase. — Capitula. — Proscripciones
-y prisiones en Lisboa. — Temores de los ingleses. — Repliégase
-Wellington. — Dificultades que tiene Massena. — Aguíjale Napoleón.
-— Empieza Massena la invasión. — Posición de Wellington y medidas
-que toma. — Descripción del valle de Mondego. — Distribución de los
-cuerpos de Massena. — Muévese sobre Celórico y Viseo. — Entran sus
-avanzadas en Viseo. — Continúa Wellington su retirada. — Ataca Trant
-la artillería y equipajes franceses. — Detiénese Wellington en Buçaco.
-— Acción de Buçaco. — Cruza Massena la sierra de Caramula. — Los
-franceses en Coimbra. — Condeixa. — Desórdenes en el ejército inglés.
-— Sorprende Trant a los franceses de Coimbra. — Alcoentre. — Alenquer.
-— Los ingleses en las líneas. — Massena no las ataca. — Formidable
-fuerza y posición de Wellington. — Únesele con dos divisiones Romana.
-— Moléstase también al enemigo fuera de las líneas. — Don Carlos de
-España. — Situación crítica de los franceses. — Galicia. — Asturias.
-— Expediciones de Porlier por la costa. — Extremadura. — Refriega en
-Cantaelgallo. — En Fuente de Cantos. — Expedición de Lacy a Ronda. — Al
-condado de Niebla. — Situación de esta comarca. — Operaciones en Cádiz.
-— Fuerza sutil de los enemigos. — Fuerzas de los aliados en Cádiz y la
-Isla. — Blake en Murcia. — Sebastiani se dirige a Murcia. — Medidas
-que toma Blake. — Se retira Sebastiani. — Insurrecciones en el reino
-de Granada. — Expedición contra Fuengirola y Málaga. — Avanza Blake a
-Granada. — Acción de Baza, 3 de noviembre. — Provincias de Levante. —
-Valencia. — Choques en Morella y Albocácer. — Avanza Caro y se retira.
-— Caro huye de Valencia. — Le sucede Bassecourt. — Cataluña. — Su
-congreso. — O’Donnell. — Macdonald. — Convoyes que lleva a Barcelona. —
-Ejército español de Cataluña. — Intenta Suchet sitiar a Tortosa. — Sus
-disposiciones. — Salidas de la plaza y combates parciales. — Adelanta
-Macdonald a Tarragona. — Se retira. — Dificultades con que tropieza. —
-Avístase en Lérida con Suchet. — Macdonald incomodado siempre por los
-españoles. — Sorpresa gloriosa de La Bisbal. — Y de varios puntos de
-la costa. — Guerra en el Ampurdán. — Eroles manda allí. — Campoverde
-en Cardona. — Otro convoy para Barcelona. — No adelantan los enemigos
-en el sitio de Tortosa. — Convoyes que van allí de Mequinenza. — Los
-atacan los españoles. — Carvajal en Aragón. — Villacampa infatigable
-en guerrear. — Andorra. — Las Cuevas. — Alventosa. — Combate de la
-Fuensanta. — Nuevos convoyes para Tortosa. — Combates parciales. —
-Los españoles desalojados de Falset. — Movimiento de Bassecourt. —
-Acción de Ulldecona. — Macdonald socorre a Barcelona y se acerca a
-Tortosa. — Formaliza el sitio Suchet. — Deja O’Donnell el mando. —
-Partidas en lo interior de España. — En Andalucía. — En Castilla la
-Nueva. — En Castilla la Vieja. — Santander y provincias Vascongadas.
-— Expedición de Renovales a la costa Cantábrica. — Navarra. Espoz y
-Mina. — Cortes. — Remisa la regencia en convocarlas. — Clamor general
-por ellas. — Las piden diputados de las juntas de provincia. — Decreto
-de convocación. — Júbilo general en la nación. — Dudas de la regencia
-sobre convocar una segunda cámara. — Costumbre antigua. — Opinión común
-en la nación. — Consulta la regencia al consejo reunido. — Respuesta
-de este. — Voto particular. — Consulta del consejo de estado. — No se
-convoca segunda cámara. — Modo de elección. — El antiguo de España. —
-Poderes que se dan a los diputados. — Llámanse a las cortes diputados
-de las provincias de América y Asia. — Elección de suplentes. — Opinión
-sobre esto en Cádiz. — Parte que toma la mocedad. — Enojo de los
-enemigos de reformas. — Número que acude a las elecciones. — Temores
-de la regencia. — Restablece todos los consejos. — Quiere el consejo
-real intervenir en las cortes. — No lo consigue. — Señálase el 24 de
-septiembre para la instalación de cortes. — Comisión de poderes. —
-Congojosa esperanza de los ánimos._
-
-
-
-
- HISTORIA
- DEL
- LEVANTAMIENTO, GUERRA Y REVOLUCIÓN
- de España.
-
- LIBRO DUODÉCIMO.
-
-
-[Sidenote: Ejército francés que se destina a Portugal: mariscal Massena
-general en jefe.]
-
-Proseguían los franceses en su intento de invadir el reino de Portugal
-y de arrojar de allí al ejército inglés, operación no menos importante
-que la de apoderarse de las Andalucías, y de más dificultosa ejecución,
-teniendo que lidiar con tropas bien disciplinadas, abundantemente
-provistas y amparadas de obstáculos que a porfía les prestaban la
-naturaleza y el arte. Destinaron los franceses para su empresa los
-cuerpos 6.º y 8.º, ya en Castilla, y el 2.º, que luego se les juntó
-yendo de Extremadura. Formaban los tres un total de 66.000 infantes y
-unos 6000 caballos. Nombrose para el mando en jefe al duque de Rívoli,
-el célebre mariscal Massena.
-
-Antes de pisar el territorio portugués, forzoso les era a los franceses
-no solo asegurar algún tanto su derecha, como ya lo habían practicado
-metiéndose en Asturias y ocupando a Astorga, sino también enseñorearse
-de las plazas colocadas por su frente. [Sidenote: Sitio de Ciudad
-Rodrigo.] Ofrecíase la primera a su encuentro Ciudad Rodrigo, la cual,
-después de varios reconocimientos anteriores y de haber hecho a su
-gobernador inútiles intimaciones, embistieron de firme en los últimos
-días del mes de abril.
-
-A la derecha del Águeda y en paraje elevado, apenas se puede contar
-a Ciudad Rodrigo entre las plazas de tercer orden. Circuida de un
-muro alto antiguo y de una falsabraga, domínala al norte, y distante
-unas 290 toesas, el teso llamado de San Francisco, habiendo entre
-este y la ciudad otro más bajo con nombre del Calvario. Cuéntanse dos
-arrabales, el del Puente, al otro lado del río, y el de San Francisco,
-bastante extenso, y el cual, colocado al nordeste, fue protegido con
-atrincheramientos; se fortalecieron, además, en su derredor varios
-edificios y conventos como el de Santo Domingo, y también el que se
-apellida de San Francisco. Otro tanto se practicó en el de Santa Cruz,
-situado al noroeste de la ciudad, y por la parte del río se levantaron
-estacadas y se abrieron cortaduras y pozos de lobo. Despejáronse los
-aproches de la plaza y se construyeron algunas otras obras. Se carecía
-de almacenes y de edificios a prueba de bomba, por lo que hubo de
-cargarse la bóveda de la torre de la catedral y depositar allí y en
-varias bodegas la pólvora, como sitios más resguardados. La población
-constaba entonces de unos 5000 habitantes, y ascendía la guarnición
-a 5498 hombres, incluso el cuerpo de urbanos. Se metió también en la
-plaza, con 240 jinetes, Don Julián Sánchez, e hizo el servicio de
-salidas. [Sidenote: Herrasti, su gobernador.] Era gobernador Don Andrés
-Pérez de Herrasti, militar antiguo, de venerable aspecto, honrado y de
-gran bizarría, natural de Granada, como Álvarez el de Gerona, y que
-así como él, había comenzado la carrera de las armas en el cuerpo de
-Guardias españolas.
-
-[Sidenote: Situación de Wellington.]
-
-Confiaban también los defensores de Ciudad Rodrigo en el apoyo que
-les daría Lord Wellington, cuyo cuartel general estaba en Viseo y se
-adelantó después a Celórico. Su vanguardia, a las órdenes del general
-Craufurd, se alojaba entre el Águeda y el Coa, y el 19 de marzo,
-en Barba del Puerco, hubo, entre cuatro compañías suyas y unos 600
-franceses que cruzaron el puente de San Felices, un reñido choque, en
-el que, si bien sorprendidos al principio los aliados, obligaron, no
-obstante, en seguida a los enemigos a replegarse a sus puestos. Uniose
-en mayo a la vanguardia inglesa la división española de Don Martín de
-la Carrera, apostada antes hacia San Martín de Trevejo.
-
-Viniendo sobre Ciudad Rodrigo, apareciéronse los franceses el 25 de
-abril vía de Valdecarros, y establecieron sus estancias desde el cerro
-de Matahijos hasta la Casablanca. Descubriéronse igualmente gruesas
-partidas por el camino de Zamarra, y continuando en acudir hasta junio
-tropas de todos lados, llegáronse a juntar más de 50.000 hombres, que
-se componían de los ya nombrados 6.º y 8.º cuerpos y de una reserva
-de caballería, que guiaban el mariscal Ney y los generales Junot y
-Montbrun. El primero había vuelto de Francia y tomado el mando de su
-cuerpo, con la esperanza de ser el jefe de la expedición de Portugal.
-Por demás hubiera sido emplear tal enjambre de aguerridos soldados
-contra la sola y débil plaza de Ciudad Rodrigo, si no hubiera estado
-cerca el ejército anglo-portugués.
-
-Tuvo el 6.º cuerpo el inmediato encargo de ceñir la plaza; situose el
-8.º en San Felices y su vecindad, y se extendió la caballería por ambas
-orillas del Águeda. Pasose el mes de mayo en escaramuzas y choques,
-distinguiéndose varios oficiales, y sobre todos D. Julián Sánchez.
-[Sidenote: Don Julián Sánchez.] Maravillose de las buenas disposiciones
-y valor de este el comandante de la brigada británica Craufurd, que
-desde Gallegos había pasado a Ciudad Rodrigo a conferenciar con el
-gobernador. Era el 17 de mayo, y de vuelta a su campo escoltaba al
-inglés Sánchez, cuando se agolpó contra ellos un grueso trozo de
-enemigos. Juzgaba Craufurd prudente retroceder a la plaza, mas Don
-Julián, conociendo el terreno, disuadiole de tal pensamiento, y con
-impensado arrojo, acometiendo al enemigo en vez de aguardarle, le
-ahuyentó, y llevó salvo a sus cuarteles al general inglés.
-
-Intimaron el 12 de nuevo los franceses la rendición, y Herrasti, sin
-leer el pliego, contestó que excusaban cansarse, pues ahora no trataría
-sino a balazos.
-
-Los enemigos, después de haber echado dos puentes de comunicación entre
-ambas orillas y completado sus aprestos, avivaron los trabajos de sitio
-al principiar junio.
-
-El 6 verificaron los cercados una salida, mandada por el valiente
-oficial Don Luis Minayo, que causó bastante daño a los franceses,
-e hicieron hoyos en las huertas llamadas de Samaniego, en donde
-se escondían sus tiradores, incomodando con sus fuegos a nuestras
-avanzadas. Continuaron adelantando los franceses sus apostaderos, y a
-su abrigo, en la noche del 15 al 16 de junio abrieron la trinchera que
-arrancaba en el mencionado teso, y que los enemigos dilataron aunque a
-costa de mucha sangre por su derecha y por el frente de la plaza. 400
-hombres de las compañías de cazadores y el batallón de voluntarios de
-Ávila, capitaneados por el entendido y valeroso oficial Don Antonio
-Vicente Fernández, se señalaron en los muchos reencuentros que hubo
-sostenidos siempre por nuestra parte con gloria.
-
-Teniendo ya los enemigos el 22 muy adelantadas sus líneas, y de modo
-que imposibilitaban el maniobrar de la caballería, resolviose que Don
-Julián Sánchez saliese del recinto con sus lanceros y se uniese a Don
-Martín de la Carrera. Ejecutose la operación con intrepidez, y el
-denodado Sánchez, a la cabeza de los suyos, dirigiéndose a las once de la
-noche por la dehesa de Martín Hernando, forzó tres líneas enemigas con
-que encontró, y matando y atropellando logró gallardamente su intento.
-
-Acometieron los sitiadores en la noche del 23 el arrabal de San
-Francisco y, en especial, los conventos de Santo Domingo y Santa Clara,
-pero fueron rechazados. Lo mismo practicaron en el arrabal del Puente,
-si bien tuvieron igual o semejante suerte. A la verdad no fueron estos
-sino simulados ataques.
-
-Apareció como verdadero el que dieron contra el convento de Santa Cruz,
-situado, según queda dicho, al noroeste de la plaza. Cercáronle en efecto
-por todos lados, de noche, escalaron las tapias de su frente, y quemando
-la puerta principal se metieron en la iglesia, a cuyas paredes aplicaron
-camisas embreadas. Pensaron en seguida asaltar el cuerpo del edificio,
-en donde se alojaba la tropa que guarnecía el puesto y que constaba
-de 100 soldados, a las órdenes de los capitanes Don Ildefonso Prieto y
-Don Ángel Castellanos. Los defensores repelieron diversas acometidas,
-y habiendo de antemano y con maña practicado una cortadura en la
-escalera de subida, al trepar por ella con esfuerzo los granaderos
-franceses, quitaron los nuestros unos tablones que cubrían la trampa y
-cayeron los acometedores precipitados en lo hondo, en donde perecieron
-miserablemente, junto con un brioso oficial que los capitaneaba, el
-sable en una mano y en la otra una hacha de viento encendida. Duró la
-pelea cerca de tres horas, firmes los españoles, aunque rodeados de
-enemigos y casi chamuscados con las llamas que consumían la iglesia
-contigua. Recelosos los franceses con lo acaecido en la escalera, no
-osaban penetrar dentro, y al fin, fatigados de tal porfía, y expuestos
-también al fuego continuo de la plaza, se retiraron, dejando el terreno
-bañado en sangre. Honraron a nuestras armas con su defensa las tropas
-del convento de Santa Cruz: fue su acción de las más distinguidas de
-este sitio.
-
-Ocupados hasta ahora los franceses en los ataques exteriores y en sus
-preparativos contra la plaza, molestados asimismo y continuamente por
-los sitiados, y prevenidos a veces en sus tentativas, no habían aún
-establecido sus baterías de brecha. Atrasó también las operaciones
-el haberse retardado la llegada de la artillería gruesa, detenida en
-su viaje a causa del tiempo que, lluviosísimo, puso intransitables los
-caminos.
-
-Por fin, listos ya los franceses, descubrieron el 25 de junio 7
-baterías de brecha coronadas de 46 cañones, morteros y obuses, que
-con gran furia empezaron a disparar contra la ciudad balas, bombas y
-granadas. Se extendía la línea enemiga desde el teso de San Francisco
-hasta el jardín de Samaniego.
-
-Respondió la plaza con no menor braveza, acudiendo en ayuda de la tropa
-el vecindario sin distinción de clase, edad ni sexo. Entre las mujeres
-sobresalió una del pueblo, de nombre Lorenza, herida dos veces, y hasta
-dos ciegos, guiado uno por un perro fiel que le servía de lazarillo,
-se emplearon en activos y útiles trabajos, y tan joviales siempre y
-risueños entre el silbar y granizar de las balas, que gritaban de
-continuo en los parajes más peligrosos: «Ánimo muchachos; viva Fernando
-VII, viva Ciudad Rodrigo.»
-
-Los enemigos dirigieron el primer día sus fuegos contra la ciudad para
-aterrarla, y empezaron el 26 a batir en brecha el torreón del Rey,
-que del todo quedó derribado en la mañana siguiente. Hiciéronles los
-españoles, por su parte, grande estrago, bien manejada su artillería,
-cuyo jefe era el brigadier Don Francisco Ruiz Gómez.
-
-El 28 intimó de nuevo el mariscal Ney la rendición a la plaza, y
-habiendo ya entonces llegado al campo francés el mariscal Massena,
-que antes había pasado por Madrid a visitar a José, hízose a su
-nombre dicha intimación, honorífica sí, aunque amenazadora. Contestó
-dignamente Herrasti diciendo, entre otras cosas: «Después de 49 años
-que llevo de servicios, sé las leyes de la guerra y mis deberes
-militares... Ciudad Rodrigo no se halla en estado de capitular.»
-
-Sin embargo, imaginándose el oficial parlamentario que parte de la
-confianza del gobernador pendía de la esperanza de que le socorriese
-Lord Wellington, propúsole entonces de palabra despachar a los reales
-ingleses un correo, por cuyo medio se cerciorase de cuál era el intento
-del general aliado. Convino Herrasti, mas Ney, sin cumplir lo ofrecido
-por su parlamentario, renovó el fuego y adelantó sus trabajos hasta 60
-toesas de la plaza.
-
-Descontento el mariscal Massena con el modo adoptado para el ataque,
-mejorole y trazó dos ramales nuevos hacia el glacis y enfrente de
-la poterna del Rey, rematándolos en la contraescarpa del foso de
-la falsabraga. Desde allí socavaron sus soldados unas minas para
-volar el terreno y dar proporción más acomodada al pie de la brecha.
-Contuviéronlos algún tanto los nuestros, y los ingenieros, bien
-dirigidos por el teniente coronel Don Nicolás Verdejo, abrieron una
-zanja y practicaron otros oportunos trabajos, contrarrestando al mismo
-tiempo la plaza con todo género de proyectiles los esfuerzos de los
-enemigos.
-
-En el intermedio, en vano estos habían acometido repetidas veces el
-arrabal de San Francisco. Constantemente rechazados, solo le ocuparon
-el 3 de julio, en que los nuestros, para reforzar los costados de la
-brecha, le habían ya evacuado, excepto el convento de Santo Domingo.
-
-El gobernador, siempre diligente, velaba por todas partes, y el 5
-ideó una salida a cargo de los capitanes Don Miguel Guzmán y Don José
-Robledo, cuyas resultas fueron gloriosas. Empezaron los nuestros su
-acometida por el arrabal del Puente, y después, corriéndose al de San
-Francisco por la derecha del convento de Santo Domingo, sorprendieron a
-los enemigos, les mataron gente y destruyeron muchos de sus trabajos.
-
-Con esto, enardecidos los españoles, cada día se empeñaban más en la
-defensa. Sustentábalos también todavía la esperanza de que viniese a
-su socorro el ejército inglés, no pudiendo comprender que los jefes de
-este, tan numeroso y tan inmediato, dejasen a sangre fría caer en poder
-de los franceses plaza que se sostenía con tan honroso denuedo. Salió
-no obstante fallida su cuenta.
-
-Las baterías enemigas crecieron grandemente, y el 8 algunas de ellas
-enfilaban ya nuestras obras. La brecha abierta en la falsabraga y en
-la muralla alta de la plaza ensanchose hasta 20 toesas, con lo que, y
-noticioso el gobernador de que los ingleses, en vez de aproximarse, se
-alejaban, resolvió el 10 capitular de acuerdo con todas las autoridades.
-
-[Sidenote: Capitula la plaza.]
-
-A la sazón preparábanse los enemigos a dar el asalto, y tres de sus
-soldados arrojadamente se habían ya encaramado para tantear la brecha.
-Enarbolada por los nuestros bandera blanca, salió de la plaza un
-oficial parlamentario, quien encontrándose con el mariscal Ney, volvió
-luego con encargo de este de que se presentase el gobernador en persona
-para tratar de la capitulación. Condescendió en ello Herrasti, y Ney,
-recibiéndole bien y elogiándole por su defensa, añadió que era excusado
-extender por escrito la capitulación, pues desde luego la concedía
-amplia y honorífica, quedando la guarnición prisionera de guerra.
-
-El mariscal Ney dio su palabra en fe de que se cumpliría lo pactado, y
-según la noticia que del sitio escribió el mismo Herrasti, llevose a
-efecto con puntualidad. Fueron sin embargo tratados rigorosamente los
-individuos de la junta, porque, encarcelados con ignominia y llevados a
-pie a Salamanca, trasladáronlos después a Francia.
-
-En este asedio quedaron de los españoles fuera de combate 1400
-soldados; del pueblo, unos 100. Perdieron por lo menos 3000 los
-franceses. [Sidenote: Gloriosa defensa.] Massena encomió la defensa,
-pintándola como de las más porfiadas. «No hay idea [decía en su
-relación] del estado a que está reducida la plaza de Ciudad Rodrigo,
-todo yace por tierra y destruido, ni una sola casa ha quedado intacta.»
-
-[Sidenote: Clamores contra los ingleses por no haber socorrido la
-plaza.]
-
-Enojó a los españoles el que el ejército inglés no socorriese la plaza.
-Lord Wellington había venido allí desde el Guadiana, dispuesto y aun
-como comprometido a obligar a los franceses a levantar el sitio. No
-podía, en este caso, alegarse la habitual disculpa de que los españoles
-no se defendían, o de que estorbaban con sus desvaríos los planes bien
-meditados de sus aliados. El marqués de la Romana pasó de Badajoz al
-cuartel general de Lord Wellington y unió sus ruegos a los de los
-moradores y autoridades de Ciudad Rodrigo, a los del gobierno español
-y aun a los de algunos ingleses. Nada bastó. Wellington, resuelto a
-no moverse, permaneció en su porfía. Los franceses, aprovechándose de
-la coyuntura, procuraron sembrar cizaña, y el _Monitor_ decía: «Los
-clamores de los habitantes de Ciudad Rodrigo se oían en el campo de
-los ingleses, seis leguas distante, pero estos se mantuvieron sordos.»
-Si nosotros imitásemos el ejemplo de ciertos historiadores británicos,
-abríasenos ahora ancho campo para corresponder debidamente a las
-injustas recriminaciones que con largueza y pasión derraman sobre las
-operaciones militares de los españoles. Pero, más imparciales que
-ellos, y no tomando otra guía sino la de la verdad, asentaremos, al
-contrario, prescindiendo de la vulgar opinión, que Lord Wellington
-procedió entonces como prudente capitán, si para que se levantase
-el sitio era necesario aventurar una batalla. Sus fuerzas no eran
-superiores a las de los franceses, carecían sus soldados de la
-movilidad y presteza convenientes para maniobrar al raso y fuera
-de posiciones, no teniendo tampoco todavía los portugueses aquella
-disciplina y costumbre de pelear que da confianza en el propio valer.
-Ganar una batalla pudiera haber salvado a Ciudad Rodrigo, pero no
-decidía del éxito de la guerra: perderla destruía del todo el ejército
-inglés, facilitaba a los enemigos el avanzar a Lisboa, y dábase a la
-causa española un terrible, ya que no un mortal, golpe. Con todo, la
-voz pública atronó con sus quejas los oídos del gobierno, calificando,
-por lo menos, de tibia indiferencia la conducta de los ingleses. Don
-Martín de la Carrera, participando del común enfado, se separó, al
-rendirse Ciudad Rodrigo, del ejército aliado y se unió al marqués de la
-Romana.
-
-[Sidenote: Excursión de los franceses hacia Astorga y Alcañices.]
-
-Envió en seguida el mariscal Massena algunas fuerzas que arrojasen
-allende las montañas al general Mahy, que había avanzado y estrechaba
-a Astorga. Retirose el español, y el general Sainte-Croix atacó en
-Alcañices a Echevarría, que de intendente se había convertido en
-partidario y tenido ya anteriormente reencuentros con los franceses.
-Defendiose dicho Echevarría en el pueblo con tenacidad y de casa en
-casa. Arrojado, en fin, perdió en su retirada bastante gente que le
-acuchilló la caballería enemiga.
-
-[Sidenote: Toman la Puebla de Sanabria.]
-
-Por entonces quisieron también los franceses apoderarse de la Puebla
-de Sanabria, que ocupaba con alguna tropa Don Francisco Taboada y Gil.
-Aquella villa, solo rodeada de muros de corto espesor y guarecida de
-un castillo poco fuerte, ya vimos como la entraron sin tropiezo los
-franceses al retirarse de Galicia, habiéndola después evacuado. Su
-conquista no les fue ahora más difícil. Taboada la desamparó, de acuerdo
-con el general Silveira, que mandaba en Braganza. Enseñoreose por tanto
-de ella el general Serras, y creyendo ya segura su posesión, se retiró
-con la mayor parte de su gente y solo dejó dentro una corta guarnición.
-
-[Sidenote: La pierden.]
-
-Enterados de su ausencia los generales portugués y español, revolvieron
-sobre la Puebla de Sanabria el 3 de agosto, y después de algunas
-refriegas y acometidas, la recuperaron en la noche del 9 al 10. Cayó
-prisionera la guarnición, compuesta de suizos, a los que se les
-prometió embarcarlos en la Coruña bajo condición de que no volverían a
-tomar las armas contra los aliados.
-
-[Sidenote: La ocupan de nuevo.]
-
-En breve tornó, y de priesa, en auxilio de la plaza el general Serras,
-con 6000 hombres. A su llegada estaba ya rendida, pero Taboada y
-Silveira juzgaron prudente abandonarla, no teniendo bastantes fuerzas
-para resistir a las superiores de los enemigos. Lleváronse los
-prisioneros, y Serras de nuevo se posesionó de la villa y su castillo,
-cuya anterior toma, con la pérdida de los suizos, le costaba más de lo
-que militarmente valía.
-
-[Sidenote: Campaña de Portugal.]
-
-Comenzó, entre tanto, el mariscal Massena la invasión de Portugal.
-Pasaremos a hablar, aunque con rapidez, de acontecimiento de tanta
-importancia, refiriendo antes los preparativos y medios de defensa que
-allí había, como también la situación de aquel reino.
-
-[Sidenote: Estado de este reino y de su gobierno.]
-
-Después de la evacuación que en el año pasado de 1809 efectuó el
-mariscal Soult de las provincias septentrionales de Portugal, puede
-aseverarse que ni esta nación ni su ejército habían tomado parte
-activa o directa en la lucha peninsular. Achacaron algunos la culpa a
-la flojedad del gobierno de Lisboa, y muchos al influjo que ejercía
-la Inglaterra, cuyo gabinete acabó por ser árbitro de la suerte de
-aquel país, no conviniendo a la política británica, según se creía,
-el que se estableciese íntima unión entre Portugal y España. Hubo de
-los gobernadores del reino [nombre que se daba a los individuos de la
-regencia portuguesa] quien se disgustó de tal predominio, y así se
-verificaron por este tiempo mudanzas en las personas que componían
-aquella corporación. El marqués de las Minas se retiró, y se agregaron
-a los que quedaban otros gobernadores, de los que fue el más notable
-y principal Sousa, hermano de los embajadores portugueses residentes
-en el Brasil y en Londres. Poco después, en septiembre, entró también
-en la regencia Sir Carlos Stuart, a la sazón embajador de Inglaterra
-en Lisboa. Del ejército, además del mando inmediato dado a Beresford,
-disponía en jefe, como mariscal general de Portugal, Lord Wellington,
-independiente del gobierno y absoluto en todo lo relativo a la
-fuerza combinada anglo-portuguesa, de cualquiera clase que fuese.
-Igualmente se confirió la dirección suprema de la marina al almirante
-inglés Berkeley. En fin, el gabinete del Brasil, o por mejor decir,
-las circunstancias, arreglaron de modo la administración pública de
-Portugal que, conforme a la expresión de un historiador inglés, en esta
-parte nada sospechoso, aquel reino [*] [Sidenote: (* Ap. n. 12-1.)]
-«fue reducido a la condición de un estado feudatario.»
-
-Por lo mismo, no con mayor resignación que el marqués de las Minas,
-se sometían algunos de los otros gobernadores del reino, aun de los
-nuevos, a la intervención extraña. Las reyertas eran frecuentes y
-vivas, echando los ingleses en cara al gobierno de Lisboa que, en
-vez de remover obstáculos, los aumentaba, entorpeciendo la ejecución
-de medidas las más cumplideras. Pero tales quejas partían a veces
-de apasionada irreflexión, pues si bien ciertas resoluciones de los
-comandantes británicos solían ser eficaces para el éxito final de
-la buena causa, producían por el momento incalculables males, poco
-sentidos por extranjeros que solo miraban los campos lusitanos como
-teatro de guerra, y desoían los clamores de un país que no era su
-patria.
-
-Lord Wellington, para hacer frente a tantas dificultades, y no abrumado
-con la grave carga que pesaba sobre sus hombros, desplegó asombrosa
-firmeza y se mostró invariable en sus determinaciones. Ministrole
-gran sostenimiento la suprema autoridad de que estaba proveído, y los
-socorros y dinero que la Inglaterra profusamente derramaba en Portugal.
-
-[Sidenote: Plan de Lord Wellington.]
-
-De antemano había Lord Wellington meditado un plan de defensa y
-elevádole al conocimiento del gobierno británico, después de examinar
-detenidamente los medios económicos y militares que para ello
-deberían emplearse. Extendió su dictamen en un oficio dirigido a Lord
-Liverpool, obra maestra de previsión y maduro juicio. El gabinete
-inglés, descorazonado con la paz de Austria y el desastrado remate
-de la expedición de Walcheren, había vacilado en si continuaría o no
-protegiendo con esfuerzo la causa peninsular. Pero arrastrado de las
-razones de Wellington, apoyadas con elocuencia y saber por su hermano
-el marqués de Wellesley, miembro ahora de dicho gabinete, accedió
-al fin a las propuestas del general británico. Según ellas, debiendo
-aumentarse el ejército anglo-portugués, tenían que ser mayores los
-gastos y concederse nuevos subsidios al gobierno de Lisboa.
-
-[Sidenote: Fuerza que mandaba.]
-
-Aprobado, pues, en Londres el plan de Wellington, en breve contó
-este con una fuerza armada bastante numerosa. Había en la península,
-no incluyendo los de Gibraltar, cerca de 40.000 ingleses, y dejando
-aparte los enfermos y los cuerpos que contribuían a guarnecer a Cádiz,
-quedábanle por lo menos al general británico de 26 a 27.000 hombres de
-su nación. Dividíase la gente portuguesa en reglada, de milicias y en
-ordenanzas, las últimas mal pertrechadas y compuestas de paisanaje.
-Los estados que de toda la fuerza se formaron tuviéronse por muy
-exagerados, y según un cómputo prudente no pasaba la milicia arriba
-de 26.000 hombres, y el ejército de 30.000. No es fácil enumerar con
-puntualidad la fuerza real de las ordenanzas. Por manera que casi al
-comenzarse la campaña hallábanse ya bajo el mando de Lord Wellington
-unos 80.000 hombres bien mantenidos, armados y dispuestos, con los que,
-apoyados por las ordenanzas, o sea la población, debía defenderse el
-reino de Portugal.
-
-[Sidenote: Subsidios que da Inglaterra.]
-
-El subsidio con que a este acudía la gran Bretaña llegó a ascender
-por año a cerca de 1.000.000 de libras esterlinas. Rayaba el costo del
-ejército puramente británico en la suma de 1.800.000 libras de la misma
-moneda, 500.000 más de las que hubiera consumido en su propio país.
-Encareciose sobre manera el enganche de soldados, no permitiendo las
-leyes inglesas en el reemplazo de las tropas de tierra conscripciones
-forzadas. Se pagaban once guineas de premio por cada hombre que pasase
-de la milicia a la línea, y diez por los que se alistasen en la primera.
-
-[Sidenote: Posición de Wellington. Devastación del país.]
-
-Lord Wellington, colocado ya en el valle del Mondego, o ya avanzando
-hacia la frontera de España, estaba como en el centro de la defensa,
-formando las alas la milicia y ordenanzas portuguesas. Todo el
-territorio hasta cerca de Coimbra, por donde se pensaba había de invadir
-Massena, fue destruido. Arruináronse los molinos, rompiéronse los
-puentes, quitáronse las barcas, devastáronse los campos, y obligando
-a los habitantes a que levantasen sus casas y llevasen sus haberes,
-se ordenó que la población entera, del modo que pudiese, hostigase al
-enemigo por los costados y espalda y le cortase los víveres, mientras
-que el ejército aliado por su frente le traía a estancias en que fuese
-probable batallar con ventaja.
-
-[Sidenote: Líneas de Torres Vedras.]
-
-De aquellas se contaban a retaguardia de los anglo-portugueses varias
-que eran muy favorables, sobrepujando a todas las que se conocieron
-después con el nombre de líneas de Torres Vedras. Fortaleciéronse
-estas cuidadosamente, proviniendo la primera idea de mantenerlas y
-asegurarlas de planos que de todos sus puestos mandó levantar en
-1799 el general Sir Carlos Stuart [padre del Stuart por este tiempo
-embajador en Lisboa], trabajo que ya entonces se hizo con el objeto
-de cubrir la capital de Portugal de una invasión francesa. Wellington,
-desde muy temprano, concibió el designio de realizar pensamiento tan
-provechoso.
-
-Dos fueron las principales líneas que se fortificaron. Partía la
-primera de Alhandra, orillas del Tajo, y corría por espacio de siete
-leguas, siguiendo la conformación sinuosa de las montañas hasta el
-mar y embocadero del Sizandro, no lejos de Torres Vedras. La segunda
-que era la más fuerte y que distaba de la primera de dos a tres
-leguas, según la irregularidad del terreno, arrancaba en Quintela, y
-dilatándose cosa de seis leguas remataba en el paraje en donde desagua
-el río llamado San Lorenzo. Había además, pasado Lisboa, al desembocar
-del Tajo, otra tercera línea, en cuyo recinto quedaba encerrado el
-castillo de San Julián, no teniendo la última más objeto que el de
-favorecer, en caso de necesidad, el embarco de los ingleses. Contábanse
-en tan formidables líneas 150 fuertes y unos 600 cañones. Se habían
-construido las obras bajo la dirección del teniente coronel de
-ingenieros Fletcher, a quien auxilió el capitán Chapman.
-
-[Sidenote: Dicho de Wellington a Álava.]
-
-Puso Lord Wellington particular ahínco en que se fortificasen estas
-líneas cumplida y prontamente, pues como decía al digno oficial Don
-Miguel de Álava, comisionado por el gobierno español cerca de su
-persona, «no ha podido cabernos mayor fortuna que el haber asegurado
-el punto en la Isla gaditana y este de Torres Vedras, inexpugnables
-ambos, y en los que, estrellándose los esfuerzos del enemigo, daremos
-lugar a otros acontecimientos, y nos prepararemos con nuevos bríos a
-ulteriores y más brillantes empresas.»
-
-[Sidenote: Preparativos y fuerza de los franceses.]
-
-Los franceses, por su parte, habían preparado grandes fuerzas, para que
-no se les malograse la expedición de Portugal. El mariscal Massena no
-solo tenía a su disposición los tres cuerpos indicados y la caballería
-de Montbrun, sino que, comprendiéndose igualmente en su mando las
-provincias de Castilla la Vieja y las Vascongadas, el reino de León y
-Asturias, de su arbitrio pendía sacar de allí las fuerzas que hubiese
-disponibles. Además, se alojaba entre Zamora y Benavente, a las órdenes
-del general Serras, una columna móvil de 8000 hombres que amenazaba a
-Tras-os-Montes, y en agosto entró en España un 9.º cuerpo de ejército
-de 20.000 hombres, formado en Bayona y regido por el general Drouet;
-a mayor abundamiento, en la misma ciudad se juntaba otro, al cargo del
-general Caffarelli. No eran inútiles semejantes precauciones si querían
-los enemigos conservar firme su base y evitar el que se interrumpiesen
-las comunicaciones por las partidas españolas.
-
-Así fue que el mariscal Massena, próximo a entrar en Portugal, dio
-en Ciudad Rodrigo una proclama a los habitadores de aquel reino,
-expresando que se hallaba a la cabeza de 110.000 hombres. Aserción no
-jactanciosa si se cuentan todos los cuerpos y divisiones que estaban
-bajo su obediencia, y que se extendían por España desde la frontera
-lusitana hasta la de Francia.
-
-[Sidenote: Escaramuzas. Fuerte de la Concepción.]
-
-Hubo ya escaramuzas en los primeros días de julio entre ingleses y
-franceses. Aquellos volaron y acabaron de arruinar el 21 del mismo mes
-el fuerte de la Concepción, en la raya perteneciente a España, y bien
-fortificado antes de 1808, pero que, al principiarse en dicho año la
-insurrección, se vio abandonado por los españoles, y destruido en parte
-por los franceses.
-
-[Sidenote: Combate del Coa.]
-
-Craufurd, general de la vanguardia inglesa, se colocó entonces a la
-margen derecha del Coa, y sin tener la aprobación de Lord Wellington,
-decidiose el 24 a trabar pelea con los franceses, llevado quizá del
-deseo de cubrir a Almeida, bajo cuyos cañones apoyaba su izquierda.
-Consistía la fuerza de Craufurd en 4000 infantes y 1100 caballos,
-situados en una línea que se extendía por espacio de media legua,
-formación algo semejable a las desadvertidas del general Cuesta.
-Vino sobre los ingleses el mariscal Ney, acompañado de su cuerpo
-de ejército, y por consiguiente muy superior a aquellos en número.
-Y si bien los batallones de la vanguardia aliada y los individuos
-combatieron por separado valerosamente, maniobrose mal en la totalidad,
-y los movimientos no fueron más atinados que lo había sido la
-colocación de las tropas. Los franceses rompieron las filas inglesas,
-obligando a sus soldados a pasar el Coa. Sirvió a estos para no ser
-del todo deshechos y atropellados por los jinetes enemigos lo desigual
-del terreno y los viñedos, y también el haberse negado a evolucionar
-oportunamente con la caballería el general Montbrun, disculpándose con
-no tener orden del general en jefe mariscal Massena. Hallaron así los
-ingleses hueco para cruzar el puente, cuyo paso defendido con grande
-aliento, detuvo al francés en su marcha. Perdió Craufurd cerca de 400
-hombres; bastantes Ney por el empeño que puso, aunque inútil, en ganar
-el puente.
-
-Tal contratiempo, en vez de coadyuvar a la defensa de Almeida, no podía
-menos de perjudicarla. Los franceses, en efecto, intimaron luego la
-rendición; mas no por eso obraron con su acostumbrada presteza, pues
-hasta el 15 de agosto en la noche no abrieron trinchera.
-
-[Sidenote: Sitio de Almeida.]
-
-Parecía natural que Almeida, plaza bajo todos respectos preeminente
-a Ciudad Rodrigo, imitase tan glorioso ejemplo, prolongando aun por
-tiempo más largo la resistencia. Los antiguos muros se hallaban, mucho
-antes de la actual guerra, mejorados, conforme al sistema moderno
-de fortificación, con foso, camino cubierto, seis baluartes, seis
-revellines y un caballero que dominaba la campiña. Había también
-almacenes a prueba de bomba. Estaba ahora la plaza municionada muy
-bien, y sus obras más perfeccionadas. Guarnecíanla 4000 hombres, y
-mandaba en ella el coronel inglés Cox.
-
-[Sidenote: Vuélase.]
-
-Rompieron los franceses el 26 horroroso fuego, y a poco ardieron muchas
-casas. Al anochecer del mismo día, tres almacenes, los más principales,
-encerrados en un castillo antiguo situado en medio de la ciudad, se
-volaron con pasmoso estrépito y causaron deplorable ruina. Por unas
-partes resquebrajáronse los muros, por otras se aportillaron; los
-cañones casi todos fueron o desmontados o arrojados al foso; perecieron
-500 personas; hubo heridas muchas otras, y apenas quedaron seis casas
-en pie. Tal espectáculo ofreció Almeida en la mañana del 27. No faltó
-quien atribuyese a traición semejante desdicha; los bien informados, a
-casualidad o descuido.
-
-[Sidenote: Capitula.]
-
-Sin tardanza repitieron los franceses la intimación de rendirse. El
-gobernador Cox, aunque ya miraba imposible la defensa, quería alargarla
-dos o tres días, esperando que el ejército aliado acudiese en socorro
-de la plaza; pero obligole a capitular un alboroto, agavillado por el
-teniente de rey Bernardo de Costa. Presúmese que en él influyeron los
-portugueses adictos al francés, y que estaban en su campo. El teniente
-de rey fue en adelante arcabuceado, si bien no resultó claramente que
-llevase tratos con el enemigo.
-
-[Sidenote: Proscripciones y prisiones en Lisboa.]
-
-De resultas, la regencia de Portugal también declaró traidores a
-varios individuos que seguían el bando francés. Entre ellos sonaban
-los nombres de los marqueses de Alorna y de Loulé, del conde de Ega,
-de Gómez Freire de Andrade y otros de cuenta. Se prendió asimismo en
-Lisboa a muchas personas so pretexto de conspiración, sin pruebas ni
-acusación fundada. Enviáronlas después unas a Inglaterra, otras a las
-Azores. Dieron ocasión a tan vituperable demasía livianos motivos y
-privadas venganzas. Extrañose que Lord Wellington, y particularmente
-el embajador Stuart, miembro de la regencia y de poderoso influjo, no
-estorbasen procedimientos en que por lo menos pudiera achacárseles
-cierta connivencia, como sucedió. Pero la regencia de Lisboa, tomando
-la defensa de ambos, manifestó no haber tomado parte ninguno de ellos
-en aquella ocurrencia.
-
-[Sidenote: Temores de los ingleses.]
-
-Mientras tanto, la caída de Almeida, el contratiempo de Craufurd y la
-idea agigantada que entonces tenían los ingleses del ejército francés,
-causaban en el británico grande descaecimiento. Las cartas de los
-oficiales a sus amigos en Inglaterra no estaban más animosas, y su
-mismo gobierno se mostraba casi desesperanzado del buen éxito de la
-lucha peninsular. Así fue que, no obstante haber accedido a los planes
-de Lord Wellington, indicábase a este, en particulares instrucciones,
-que S. M. B. vería con gusto la retirada de su ejército, más bien que
-el que corriese el menor peligro por cualquiera dilación en su embarco.
-Otro general de menos temple que Lord Wellington y menos confiado en
-los medios que le asistían, hubiera quizá vacilado acerca del rumbo que
-convenía tomar, y dado un nuevo ejemplo de escandalosa retirada. Mas
-Wellington mantúvose firme, a pesar de que la repentina e inesperada
-pérdida de Almeida aceleraba las operaciones del enemigo.
-
-[Sidenote: Repliégase Wellington.]
-
-Acaecida tamaña desgracia se replegó el general inglés a la izquierda
-del Mondego, estableció en Gouvea sus reales, colocó detrás de Celórico
-los infantes, y en este mismo pueblo la caballería. [Sidenote:
-Dificultades que tiene Massena.] Massena, teniendo dificultades en
-acopiar víveres a causa de las partidas españolas y de la mala
-voluntad de los pueblos, retardó la invasión, y aun dudaba poderla
-realizar tan pronto. Dos meses eran corridos después de la toma de
-Ciudad Rodrigo. Almeida apenas había ofrecido resistencia, y el
-ejército francés aún permanecía a la derecha del Coa. Tanto ayudaba a
-los aliados la constante enemistad que conservaban los habitantes a los
-invasores.
-
-[Sidenote: Aguíjale Napoleón.]
-
-Napoleón, que no palpaba de cerca como sus generales los obstáculos
-del país, maravillábase de la dilación, mayormente siendo superior
-en número al anglo-portugués el ejército de los franceses. Así se lo
-manifestaba a Massena en instrucciones que le expidió en septiembre;
-pero antes de recibir estas, ya aquel mariscal se había puesto en
-marcha.
-
-[Sidenote: Empieza Massena la invasión.]
-
-Fue su primer plan, aseguradas las plazas de Ciudad Rodrigo y Almeida,
-moverse por ambas orillas del Tajo. Pero después, contando con que
-las tropas francesas de Extremadura y Andalucía amenazarían por el
-Alentejo, y no creyéndose con bastante fuerza para dividir esta, limitó
-sus miras a su solo frente, y determinó obrar por uno de los tres
-principales caminos que por allí se le ofrecían, de Belmonte, Celórico
-y Viseo.
-
-[Sidenote: Posición de Wellington y medidas que toma.]
-
-Wellington, conservando en Gouvea sus cuarteles, extendía los puestos
-avanzados de su ejército, comprendiendo las fuerzas de Hill y otras
-sobre la derecha, desde el lado de Almeida, por la sierra de Estrella,
-a Guarda y Castelo Branco; en caso de ataque del enemigo debían
-todas las divisiones replegarse concéntricamente hacia las líneas.
-El inconveniente de esta posición consistía en lo dilatado de ella,
-pudiendo el enemigo, al paso que amagase a Celórico, interponerse por
-Belmonte entre Lord Wellington y el general Hill, a quienes separaba
-gran distancia. El último, siguiendo paralelamente, conforme indicamos,
-los movimientos del francés Reynier, había llegado a Castelo Branco el
-21 de julio. Dejó aquí una guardia avanzada, y obedeciendo las órdenes
-de Lord Wellington, que le había reforzado con caballería, se acampó
-con 16.000 hombres y 18 cañones en Sarcedas. Para prevenir el que los
-franceses se interpusiesen, se rompió de Covilhã arriba el camino,
-ejecutáronse otros trabajos de defensa, se apostó en Fundão una brigada
-portuguesa, y colocose entre dos posiciones que se atrincheraron detrás
-del Cécere, río tributario del Tajo, y junto al Alva, que lo es del
-Mondego, una reserva formada en Tomar, y compuesta de 8000 portugueses
-y 2000 ingleses, bajo el mando del general Leith.
-
-[Sidenote: Descripción del valle de Mondego.]
-
-El cuerpo principal del ejército de Wellington podía, desde Celórico,
-tomar para su retirada o el camino que va a la sierra de Murcela, o el
-de Viseo. El primero corre por espacio de quince leguas lo largo de
-un desfiladero entre el río Mondego y la sierra de Estrella, teniendo
-al extremo la de Murcela, que circunda el Alva. De allí un camino que
-lleva a Espinhal facilitaba las comunicaciones con Hill y Leith, y un
-ramal suyo las de Coimbra. La otra ruta insinuada, la de Viseo, es de
-las peores de Portugal, interrumpida por el Criz y otras corrientes, y
-también estrechada entre el Mondego y la sierra de Caramula, que se une
-por medio de un país montuoso a la de Buçaco, límite, por decirlo así,
-del valle, y que hace frente a la de Murcela, pasando entre las faldas
-de ambas sierras el mencionado Mondego. La decisión de Wellington
-pendía del partido que tomasen los franceses.
-
-[Sidenote: Distribución de los cuerpos de Massena.]
-
-Massena no conocía a fondo el terreno, y tomando consejo de los
-portugueses que había en su campo, a quienes suponía enterados,
-resolvió dirigirse a Viseo y de allí a Coimbra, habiéndosele pintado
-aquella ruta como fácil y sin particulares obstáculos. En consecuencia,
-reconcentró el 16 de septiembre los tres cuerpos de ejército que
-mandaba: el de Ney y la caballería pesada en Maçal do Chão, el de
-Junot en Pinhel, y el de Reynier en Guarda. Hizo distribuir a los
-soldados pan para trece días, pensando caminar aceleradamente, y
-deseando anticiparse a Wellington en su marcha. Massena, colocando así
-su ejército, amenazaba los tres caminos indicados de Celórico, Belmonte
-y Viseo, y dejaba en duda el verdadero punto de su acometida. Reynier
-había hecho desde su retirada de Extremadura varios movimientos, ya
-dando indicios de dirigirse a Castelo Branco, ya adelantándose hasta
-Sabugal, ya retrocediendo a Zarza la Mayor. Por fin se incorporó, según
-acabamos de ver, a los otros cuerpos de Massena.
-
-[Sidenote: Muévese sobre Celórico y Viseo.]
-
-De estos, el 2.º y 6.º, unidos con la caballería de Montbrun, cayeron
-en breve sobre Celórico, replegándose los puestos de los aliados a
-Cortiça. Wellington entonces comenzó su retirada por la izquierda del
-Mondego sobre el Alva, y el 17 notó que los dos mencionados cuerpos
-franceses se dirigían a Viseo por Fornos; quedaba el 8.º de Junot hacia
-Trancoso, en observación de 10.000 hombres de milicia, al mando del
-coronel Trant y de los jefes Miller y Juan Wilson, recogidos del norte
-de Portugal, y que se pusieron a las órdenes del general Bacellar para
-molestar el flanco derecho y la retaguardia del enemigo.
-
-[Sidenote: Entran sus avanzadas en Viseo.]
-
-Entraron en Viseo las avanzadas francesas el 18. La ciudad estaba
-desierta. Wellington sin demora hizo cruzar de la margen izquierda
-del Mondego a la opuesta la brigada portuguesa que mandaba Pack, y
-la apostó más allá del Criz, rotos sus puentes. [Sidenote: Continúa
-Wellington su retirada.] En seguida empezó también el ejército aliado
-a pasar el Mondego por Penacova, Olivares y otras partes: colocose la
-división ligera de Craufurd en Mortagua para sostener a Pack; la 3.ª
-y 4.ª, del mando de Picton y Cole, entre la sierra de Buçaco y aquel
-pueblo, situándose al frente del mismo en un llano la caballería. Pasó
-al otro lado de la citada sierra la 1.ª división, regida por el general
-Spencer, y se dirigió a Meallada con la mira de observar el camino de
-Oporto a Coimbra, pues todavía se dudaba si Massena procuraría desde
-Viseo salir hacia aquella ruta, o continuar lo largo de la derecha del
-Mondego. Por igual motivo el coronel Trant, con parte de la milicia,
-debía marchar por San Pedro de Sul a Sardão, y juntarse al general
-Spencer. En tanto, el general Leith llegaba al Alva, y siguiole de
-cerca Hill, quien, sabiendo que Reynier se había juntado a Massena, se
-anticipó afortunadamente sin que hubiese todavía recibido órdenes de
-Wellington, y vino a incorporarse al ejército aliado.
-
-[Sidenote: Ataca Trant la artillería y equipajes franceses.]
-
-El grueso del de los franceses llegó a Viseo el 20; pero su artillería
-y equipajes se detuvieron por los tropiezos del camino, y por una
-embestida del coronel Trant. Atacolos este caudillo el mismo 20 en
-Tojal, viniendo de Moimenta da Beira, con algunos caballos y 2000
-hombres de milicia. Cogioles 100 prisioneros, algún bagaje, y su
-triunfo hubiera sido más completo si la gente que mandaba hubiera sido
-menos novicia. Sin embargo, tan inesperado movimiento desasosegó a los
-franceses, cuya artillería, equipajes y gran parte de la caballería no
-llegó a Viseo hasta el 22, lo cual hizo perder a Massena dos días, y
-no desaprovechó a Wellington, a quien hubiera podido andar el tiempo
-escaso.
-
-Parecía ahora que este general, prosiguiendo en su propósito de
-no aventurar batallas, no se detendría en donde estaba, sino que,
-cerciorado de que los franceses iban adelante, se replegaría para
-aproximarse a las líneas. Suposición esta tanto más fundada cuanto,
-no habiendo querido empeñar acción para salvar dos plazas, no era
-regular lo hiciese en la actual ocasión, en que no concurría motivo tan
-poderoso. Mas no sucedió así. Presúmese que varió de parecer a causa de
-los clamores que contra los ingleses se levantaron en Portugal, viendo
-que dejaban el país a merced del enemigo.
-
-[Sidenote: Detiénese Wellington en Buçaco.]
-
-Wellington determinó, pues, hacer alto en la sierra de Buçaco, y disponer
-su gente en nuevas y acomodadas posiciones. Corren aquellos montes por
-espacio de dos leguas, cayendo por un lado rápidamente, según hemos
-apuntado, sobre la derecha del Mondego, y enlazándose por el opuesto
-con la sierra de Caramula. Tres caminos llevan a Coimbra: uno cruza
-lo más alto, y allí se levanta un convento célebre en Portugal de
-carmelitas descalzos, en donde Lord Wellington estableció el cuartel
-general, y aquella morada antes silenciosa y pacífica convirtiose
-ahora en estrepitoso alojamiento de gente de guerra. De los otros
-dos caminos, uno venía de San Antonio de Cantaro, y el otro seguía el
-Mondego a Penacova. A través del último se colocó el cuerpo de Hill,
-que llegó el 26; a su izquierda Leith. Seguía la 3.ª división, y entre
-esta y el convento formaba la 1.ª La 4.ª se puso en el extremo opuesto
-para cubrir un paso que conduce a Meallada, en cuyo llano se apostó la
-caballería, quedando solo en las cumbres un regimiento de esta arma.
-La brigada de Pack se alojaba delante de la 1.ª división, a la mitad
-de la bajada del lado de los franceses; también se situó descendiendo
-y enfrente del convento la vanguardia de Craufurd con algunos jinetes.
-Había en ciertos parajes, a retaguardia de la línea, portugueses que
-sostenían el cuerpo de batalla. Hallose Wellington con toda su fuerza
-principal reunida, en número de unos 50.000 hombres.
-
-[Sidenote: Acción de Buçaco.]
-
-Túvose a dicha que los franceses se hubiesen parado hasta el día
-27, pues a haber acelerado su marcha y acometido treinta y seis
-horas antes, conforme se asegura quería Ney, la suerte del ejército
-aliado hubiera podido ser muy otra, reinando alguna confusión en sus
-movimientos. Leith pasaba el Mondego, Hill todavía no había llegado, y
-apenas estaban en línea 25.000 hombres.
-
-El mariscal Massena, después de algunas dudas, se resolvió a embestir
-la Sierra el 27 al amanecer. Tenían sus soldados, para llegar a la
-cima, que trepar por una subida empinada y escabrosa, cuya desigualdad
-sin embargo los favorecía, escudando hasta cierto punto sus personas.
-El mariscal Ney se enderezó al convento, y Reynier del otro lado, por
-San Antonio de Cantaro. Junot se quedó en el centro y de respeto con la
-caballería y artillería.
-
-Las tropas de Reynier acometieron con tal ímpetu que se encaramaron en
-la cima, y por un rato se enseñorearon de un punto de la línea de los
-aliados, arrollando parte de la 3.ª división, que mandaba Picton. Pero
-acudiendo el resto de ella, y también el general Leith por el flanco
-con una brigada, fueron los enemigos desalojados, y cayeron con gran
-matanza la montaña abajo.
-
-Ni aun tan afortunado logró ser por el otro punto el mariscal Ney.
-Dueño desde el principio de la acción de una aldea que amparaba sus
-movimientos, comenzó a subir la sierra por la derecha encubierto con lo
-agrio y desigual del terreno. El general Craufurd, que se hallaba allí,
-tomó en esta ocasión atinadas disposiciones. Dejó acercarse al enemigo,
-y a poca distancia rompió contra sus filas vivísimo fuego, cargándole
-después a la bayoneta por el frente y los costados. Precipitáronse
-los franceses por aquellas hondonadas, perdieron mucha gente, y quedó
-prisionero el general Simon. Ganaron después los ingleses a viva
-fuerza el pueblecillo que habían al principio ocupado sus contrarios.
-Lo recio de la pelea duró poco, el enemigo no insistió en su ataque,
-y se pasó lo que restaba del día en escaramuzas y tiroteos. Perdieron
-los franceses unos 4000 hombres, murió el general Graindorge, y fueron
-heridos Foy y Merle. De los aliados perecieron 1300, menos que de los
-otros a causa de su diversa y respectiva posición.
-
-[Sidenote: Cruza Massena la sierra de Caramula.]
-
-Convencido el mariscal Massena de las dificultades con que se tropezaba
-para apoderarse de la sierra por el frente, trató de salvarla
-poniéndose en franquía por la derecha, y obligando de este modo a los
-ingleses a abandonar aquellas cumbres, ya que no pudiese sorprenderlos
-por el flanco y escarmentarlos. Lo difícil era encontrar un paso, mas
-al fin consiguió averiguar de un paisano que desde Mortagua partía
-un camino al través de la sierra de Caramula, el cual se juntaba con
-el que de Oporto va a Coimbra. Contento el mariscal francés con tal
-descubrimiento, decidió tomar prontamente aquella vía, y disfrazó su
-resolución manteniendo el 28 falsos ataques y escaramuzas. Mientras
-tanto fue marchando a la desfilada lo más de su ejército, y hasta en la
-tarde no advirtieron los ingleses el movimiento de sus contrarios.
-
-No les era ya dado el estorbarlo, por lo que desampararon a Buçaco
-antes del alborear del 29. Hill repasó el Mondego, y por Espinhal se
-retiró sobre Tomar; hacia Coimbra y la vuelta de Meallada, Wellington,
-con el centro y la izquierda. Cubría la retaguardia la división ligera
-de Craufurd, a la que se unió la caballería.
-
-Los franceses, después de cruzar la sierra de Caramula, llegaron el
-mismo día 28 a Boyalvo sin encontrar ni un solo hombre. El coronel
-Trant se hallaba a una legua, en Sardão, adonde había venido desde San
-Pedro de Sul, pero con poca gente. Las partidas enemigas le arrojaron
-fácilmente más allá del Vouga.
-
-Por la relación que hemos hecho de la acción de Buçaco aparece claro
-que con ella no se alcanzó otra cosa que el que brillase de nuevo
-el valor británico y se adquiriese mayor confianza en las tropas
-portuguesas, las cuales pelearon con brío y buena disciplina. Pero
-no se recogió ninguno de aquellos importantes frutos, por los que un
-general aventura de grado una batalla. Ni siquiera había los motivos
-que para ello asistían durante los sitios de Ciudad Rodrigo y de
-Almeida. Y hasta la prudencia de Lord Wellington falló en esta ocasión,
-dejando un portillo por donde no solo se metieron los franceses, sino
-que también por él pudieron envolver al ejército aliado o a lo menos
-flanquearle con gran menoscabo. En vano se alega en disculpa haber
-mandado Wellington que avanzase el coronel Trant con la milicia: la
-escasa fuerza y la índole bisoña de esta tropa no hubiera podido
-detener, cuanto menos rechazar, las numerosas huestes de Massena. Tan
-cierto es que de un hilo cuelga la suerte de las armas, aun gobernadas
-por generales los más advertidos.
-
-Puesto el mariscal francés en Boyalvo, marchó sobre Coimbra. En aquel
-tránsito no estaba el país tan destruido y talado como hasta Buçaco.
-No se cumplieron allí rigurosamente las disposiciones de Wellington,
-parte por creerse lejano el peligro, parte también porque a la regencia
-portuguesa, gobierno nacional, no le era lícito llevar a efecto órdenes
-tan duras con la misma impasibilidad y fortaleza que al brazo de hierro
-de un general que, aunque aliado, era extranjero.
-
-[Sidenote: Los franceses en Coimbra.]
-
-Hubo, por tanto, en Coimbra desbarato y confusión, y si bien los vecinos
-desampararon la ciudad, con la precipitación se dejaron víveres y otros
-recursos al arbitrio del enemigo. No le aprovecharon sin embargo a
-este: Junot, a pesar de órdenes contrarias del general en jefe, permitió
-o no pudo impedir el pillaje.
-
-[Sidenote: Condeixa.]
-
-De aquí nació que agolpándose muchedumbre de población fugitiva de
-aquella ciudad y otras partes a los desfiladeros que van a Condeixa,
-hubo de comprometerse la división de Craufurd, que cubría la retirada
-del ejército aliado, porque, detenida en su marcha, se dio lugar a
-que se aproximaran los jinetes enemigos. A su vista suscitose gran
-desorden, y si hubieran venido asistidos de infantería, quizá hubieran
-destrozado a Craufurd. Este consiguió, aunque a duras penas, poner en
-salvo su división.
-
-[Sidenote: Desórdenes en el ejército inglés.]
-
-Lo apacible del tiempo había favorecido en su retirada a los ingleses,
-abundaban en provisiones, y no obstante cometieron excesos, a punto de
-robar sus propios almacenes. El cuartel general se estableció en Leiría
-el 2 de octubre, y creciendo la perturbación y las demasías, hubiéranse
-quizá repetido en compendio las escenas deplorables del ejército de
-Moore, a no haber Lord Wellington reprimido el desenfreno con castigos
-ejemplares y con vedar que los regimientos más díscolos entrasen en
-poblado.
-
-El saqueo de Coimbra y sus desórdenes impidieron también, por su parte,
-al mariscal Massena moverse de aquella ciudad antes del 4, respiro
-que aprovechó a los ingleses. No obstante, acometiendo de repente los
-enemigos a Leiría, se vieron aquellos al pronto sobrecogidos. Atajados
-al fin los ímpetus del francés, prosiguieron la retirada los aliados,
-yendo su derecha por Tomar y Santarén, la izquierda por Alcobaza y
-Óbidos, el centro por Batalha y Rio Maior: enviose fuerza portuguesa a
-guarnecer a Peniche, pequeña plaza orillas de la mar.
-
-[Sidenote: Sorprende Trant a los franceses de Coimbra.]
-
-No bien hubo el mariscal Massena salido de Coimbra, cuando el coronel
-Trant, viniendo desde el Vouga con milicia portuguesa, pudo el 7
-sorprender en aquella ciudad a los franceses que la custodiaban,
-coger a los que se habían fortificado en el convento de Santa Clara,
-apoderarse, en una palabra, de 5000 hombres, contados heridos y
-enfermos, y asimismo de los depósitos y hospitales. Al siguiente día
-llegaron también, con sus milicianos, los jefes Miller y Juan Wilson, y
-tomaron, extendiéndose por la línea de comunicación, 300 hombres más.
-
-No detuvo a Massena semejante contratiempo, ni tampoco las lluvias,
-que empezaron a ser muy copiosas. En nada reparaba la impetuosidad
-francesa, [Sidenote: Alcoentre.] y el 9, en Alcoentre, viose
-sorprendida una brigada de artillería inglesa, y hasta perdió sus
-cañones. Costó mucho recobrarlos. Parecida desgracia ocurrió el 10 a la
-división de Craufurd en Alenquer, [Sidenote: Alenquer.] permaneciendo
-este general muy descuidado cuando tenía cerca un enemigo tan
-diligente. El terror fue grande, y aunque se disipó, no por eso dejó de
-correr la voz de que aquella división había sido cortada; por lo cual,
-temeroso Hill de la suerte de la 2.ª línea, que era la más importante,
-se echó atrás para cubrirla, y dejó desamparada la primera desde
-Alhandra a Sobral, cosa de dos leguas. Felizmente los enemigos no lo
-notaron, y antes de la madrugada del 11 tornó Hill a sus anteriores
-puestos. Infiérese de aquí lo poco firme que todavía andaba el ánimo
-del ejército inglés.
-
-[Sidenote: Los ingleses en las líneas.]
-
-Había este ido entrando sucesivamente en las líneas de Torres Vedras, y
-admirábase, no teniendo de ellas cumplida idea. No menos se maravilló, al
-acercarse, el mariscal Massena, quien hasta pocos días antes ni siquiera
-sabía que existiesen. Ignorancia pasmosa, ya dimanase del sigilo con
-que se habían construido obras de tal importancia, ya de la falta de
-secretas correspondencias de los enemigos en el campo aliado.
-
-Massena gastó algunos días en reconocer y tantear las líneas; se
-trabaron varias escaramuzas, la más seria el 14, cerca de Sobral. Fue
-herido el general inglés Harvey, y en Villafranca mató el fuego de una
-cañonera al general francés Sainte-Croix.
-
-[Sidenote: Massena no las ataca.]
-
-No vislumbrando Massena, después de su examen, probabilidad de forzar las
-líneas, consultó con los otros jefes principales del ejército, y juntos
-decidieron pedir refuerzos a Napoleón, y reducir en cuanto fuese dado a
-bloqueo las operaciones. Estableció, de consiguiente, Massena su cuartel
-general en Alenquer, situó el cuerpo de Reynier en Villafranca, el de
-Junot mirando a Sobral, y mantuvo el de Ney en Ota, a retaguardia.
-
-[Sidenote: Formidable fuerza y posición de Wellington.]
-
-Por su parte, el ejército de Lord Wellington estaba distribuido así: la
-derecha, a las órdenes de Hill, en Alhandra; la izquierda, que mandaba
-Picton, en Torres Vedras; Wellington mismo y Beresford en el centro, el
-último tenía su cuartel general en Monte Agraço, el primero en Quinta de
-Peronegro, cerca de Enxara dos Cavaleiros. Fuese el ejército británico
-reforzando, y cubriéronse sus huecos con tropas de Inglaterra y Cádiz;
-[Sidenote: Únesele con dos divisiones Romana.] también se le unió
-de Badajoz, antes de acabar octubre, el marqués de la Romana, con dos
-divisiones mandadas por los generales Carrera y Don Carlos O’Donnell,
-que ambas componían unos 8000 hombres.
-
-Juzgó conveniente, además, Lord Wellington no solo tener a su disposición
-fuerza real y efectiva bien organizada, sino igualmente gran avenida
-de hombres que aumentasen el número y las apariencias. Así la milicia
-cívica de Lisboa, la de la provincia de la Extremadura portuguesa y sus
-ordenanzas se metieron en el recinto de las líneas, pues allí podían
-ser útiles y representar aventajado papel. Creció tanto la gente que,
-al rematar octubre, recibían raciones dentro de dichas líneas 130.000
-hombres, de los que 70.000 pertenecían a cuerpos regulares y dispuestos
-a obrar activamente; guardaban casi todos los castillos y fuertes de la
-primera y segunda línea la milicia y artillería portuguesas; la tercera,
-que era la última y más reducida, la tropa de marina inglesa.
-
-Tan enorme masa de gente, abrigada en estancias tan formidables,
-teniendo a su espalda el espacioso y seguro puerto de Lisboa, y con
-el apoyo y los socorros que prestaban el inmenso poder marítimo y la
-riqueza de la gran Bretaña, ofrece a la memoria de los hombres un caso
-de los más estupendos que recuerdan los anales militares del mundo.
-¡Qué recursos asistían al dominador de Francia para superar tantos y
-tantos impedimentos!
-
-[Sidenote: Moléstase también al enemigo fuera de las líneas.]
-
-Por de fuera de las líneas no descuidó Wellington el que se hostilizase
-al enemigo. La milicia del norte de Portugal le punzaba por la espalda
-y se comunicaba con Peniche, hacia donde se destacó un batallón español
-de tropas ligeras y un cuerpo de caballería inglesa, también sostenidos
-por una columna volante que salía de Torres Vedras a hacer sus
-excursiones, y por el pueblo de Óbidos en estado de defensa. Del otro
-lado maniobraba la milicia de la Beira baja, dándose la mano con la del
-norte y apoyada por [Sidenote: Don Carlos España.] Don Carlos España
-que, con una columna móvil, había pasado el Tajo y obraba la vuelta de
-Abrantes, villa esta en poder de los aliados y fortificada. De suerte
-que los franceses estaban metidos como en una red, costándoles mucho
-avituallarse y formar almacenes.
-
-[Sidenote: Situación crítica de los franceses.]
-
-En la lejanía dañábales igualmente el continuo pelear de los
-partidarios españoles de León, Castilla y provincias vascongadas, que
-dificultaban los convoyes y socorros e interrumpían la correspondencia
-con Francia. No menos los desfavoreció la guerra que por las alas
-hacían las tropas españolas, ya en la frontera de Galicia, ya en
-Asturias y también en Extremadura.
-
-[Sidenote: Galicia.]
-
-De las primeras, Galicia, aunque libre, ceñía sus operaciones a hacer
-de cuando en cuando correrías hasta el Órbigo y el Esla, de donde,
-según ya quedó apuntado, solían los enemigos arrojar a los nuestros,
-obligándolos a replegarse a los puertos de Manzanal y Foncebadón,
-y aun al Bierzo. El general Mahy continuaba mandando, como antes,
-aquel ejército, cuyas fuerzas apenas llegaban a 12.000 hombres y
-pocos caballos, todo no muy arreglado. Y, ¡cosa de admirar!, los
-gallegos, que se habían esmerado tanto en defender sus propios hogares,
-mostráronse perezosos en cooperar fuera de su suelo al triunfo de la
-buena causa. Mas esto pendió mucho, aquí como en las demás partes,
-de las autoridades, y no de reprensible falta en el carácter de los
-habitantes. Aquellas, por lo general, eran flojas y adolecían de los
-vicios de los gobiernos anteriores, careciendo de la previsión y bien
-entendida energía que da la ciencia práctica del gobierno.
-
-Las operaciones, pues, del general Mahy fueron muy limitadas. Ocuparon,
-sin embargo, sus tropas por dos veces a León, e inquietaron con
-frecuencia, y a veces con ventaja, a los franceses. Distinguiéronse
-en semejantes reencuentros los oficiales superiores Meneses y Evia.
-Diósele después a Mahy el mando de las tropas de Asturias, para que,
-reuniendo este al que ya tenía, se procediese más de concierto. Al
-fin, autorizósele también con la capitanía general de Galicia, y se
-creyó de este modo que, poniendo en una mano la supremacía militar del
-distrito y la de las fuerzas activas de ambas provincias, tomarían los
-movimientos de la guerra rumbo más fijo. Mahy, en consecuencia, y para
-obrar de acuerdo con la junta de Galicia y hacer que de un solo centro
-partiesen las providencias convenientes, pasó a la Coruña en 2 de
-septiembre, y dejó en su lugar, al frente del ejército, a Don Francisco
-Taboada y Gil, que vimos en Sanabria. Colocó este general las tropas
-en Manzanal y Foncebadón, con puestos destacados sobre las avenidas
-de la Puebla de Sanabria por un lado, y por otro sobre Asturias, vía
-de las Babias. Formose asimismo una columna volante de 2000 hombres,
-al mando del coronel Mascareñas, que particularmente maniobraba hacia
-León, la cual desbarató algunas tropas del enemigo en la Robla antes de
-acabar octubre, y en San Feliz de Órbigo al empezar noviembre. También
-el 26 de aquel mes, en Tábara, Don Manuel de Nava sorprendió a los
-franceses y les hizo algunos prisioneros. Mas el único beneficio que de
-tales operaciones resultó, ciñose a obligar al enemigo a que mantuviese
-fuerzas bastantes en las riberas del Órbigo y del Esla.
-
-Mahy no alcanzó nada importante con su ida a la Coruña. Habían traído
-allí fusiles de Inglaterra y otros auxilios, de que no se sacó gran
-fruto. Las autoridades discurrían, es cierto, mucho entre sí, y aun
-ideaban planes, pero casi todos ellos o no llegaron a plantearse o se
-frustraron. Hombre de sanas intenciones, escaseaba Mahy de nervio y de
-aquella voluntad firme que imprime en la mente de los demás respeto y
-sumisión.
-
-[Sidenote: Asturias.]
-
-Dejamos en abril las tropas de Asturias colocadas en la Navia y en el
-país montuoso que sigue casi la misma línea. Las primeras se componían
-de la división de Galicia, y las mandaba Don Juan Moscoso: las otras,
-que eran las asturianas, Don Pedro de la Bárcena, a quien se había
-agregado con su cuerpo franco Don Juan Díaz Porlier. Atacó Moscoso el
-17 de mayo en Luarca a los franceses. Por desgracia nuestras tropas
-flaquearon, y con pérdida volvieron a ocupar su primera línea. A
-Bárcena, acometido al mismo tiempo, sucediole igual fracaso. Conservose
-íntegro el cuerpo de Porlier, que en seguida se situó en el puente de
-Salime, a la derecha de Moscoso.
-
-Se retiró a poco este del principado, cuyo mando supremo militar
-confirió la regencia de Cádiz a Don Ulises Albergotti, hombre muy
-anciano e incapaz de desempeñar encargo que en aquel tiempo requería
-gran diligencia. El nuevo general permaneció en Navia, y allí, en 5 de
-julio, acometiéronle los franceses, penetrando por el lado de Trelles.
-Estaba Albergotti desprevenido, y con el sobresalto no paró hasta Meira
-en Galicia. Los enemigos extendieron sus correrías a Castropol, límite
-de aquel reino y de Asturias. Dos días antes, el 3, Bárcena, que había
-avanzado hacia Salas, también fue atacado y se recogió a la Pola de
-Allande.
-
-Mahy entonces, como general en jefe de todas las fuerzas de Galicia y
-Asturias, quiso poner remedio a tan repetidas desgracias, hijas las
-más de descuido en algunos jefes y de mala inteligencia entre ellos,
-y meditó un plan para desembarazar de enemigos el principado. Envió,
-pues, 600 hombres que reforzasen la división gallega, mandó que esta
-partiese a Salime y comunicase con Bárcena, y además destacó del grueso
-del ejército de Galicia, que estaba en el Bierzo, un trozo de 1500
-hombres al cargo de D. Esteban Porlier, el cual, cruzando el puerto
-de Leitariegos, debía obrar mancomunadamente con las fuerzas de
-Asturias. [Sidenote: Expediciones de Porlier por la costa.] Al propio
-tiempo, el otro Porlier [Don Juan Díaz] estaba destinado a llamar, con
-la infantería de su cuerpo franco, la atención de los franceses del
-lado de Santander, embarcándose a este propósito en Ribadeo a bordo, y
-escoltado de cinco fragatas inglesas.
-
-Semejante plan hubiera podido realizarse con buen éxito si Mahy,
-usando de su autoridad, hubiera hecho que todos los jefes concurriesen
-prontamente a un mismo fin. Porlier dio la vela de Ribadeo, dirigiendo
-la expedición marítima el Comodoro inglés Roberto Mends. Amagaron
-los aliados varios puntos de la costa y tomaron tierra en Santoña,
-puerto que, bien fortificado, hubiera sido en el norte de España un
-abrigo tan inexpugnable como lo eran en el mediodía las plazas de
-Gibraltar y Cádiz. Tal deseo asistía a Porlier, pero su expedición,
-puramente marítima, no llevaba consigo los medios necesarios para
-fortificar y poner en estado de defensa un sitio cualquiera de la
-marina. Desembarcó, sin embargo, en varios parajes además de Santoña,
-cogió 200 prisioneros, desmanteló las baterías de la costa, alistó en
-sus banderas bastantes mozos del país ocupado, y felizmente tornó a la
-Coruña con la expedición el 22 de julio.
-
-Repitió este activo e infatigable jefe otra tentativa del mismo género
-el 3 de agosto, y aportó a la ensenada de Cuevas, entre Llanes y
-Ribadesella. Dirigiose a Potes, deshizo en las montañas de Santander
-algunas partidas enemigas, y retrocediendo a Asturias obró de consuno
-con Don Salvador Escandón y otros jefes de guerrillas que lidiaban al
-oriente del principado.
-
-Bárcena, por su parte, también avanzó, y el 15 de agosto tuvo en
-Linares de Cornellana un reencuentro con los franceses. Siguiéronse
-otros, y parecía que pronto se vería Oviedo libre de enemigos,
-favoreciendo las empresas de la tropa reglada las alarmas de varios
-concejos, nombre que, como dijimos, se daba al paisanaje armado de la
-provincia. Pero no fue así: cuando unos jefes avanzaban, se retiraban
-otros, y nunca se llevó a cabo un plan bien concertado de campaña.
-Teníase, sí, en sobresalto al enemigo, forzábaselo a conservar en
-aquellas partes considerable número de gente, mas la guerra, yendo al
-mismo son en el principado de Asturias que en la frontera de Galicia,
-no reportó las ventajas que se hubieran sacado con mayor unión y vigor
-en las autoridades y ciertos caudillos.
-
-[Sidenote: Extremadura.]
-
-Fue importante, si no siempre favorable en sus resultas, la asistencia
-que dio Extremadura a la campaña de Portugal, pues por lo menos se
-entretuvo el cuerpo del mariscal Mortier, y se impidió que, metiéndose
-en el Alentejo, quitase a Lisboa los auxilios que aquel territorio
-suministraba.
-
-Dimos cuenta hasta entrado julio de las operaciones más principales
-del ejército de dicha provincia de Extremadura, que se llamaba de la
-izquierda. Privado este del apoyo del general Hill, había puesto Lord
-Wellington en manos del general en jefe, marqués de la Romana, la plaza
-de Campomayor, y enviádole a mediados de agosto una brigada portuguesa,
-a las órdenes de Madden.
-
-Aun sin tales arrimos continuaban las tropas de Extremadura
-incomodando con mayor o menor ventura al enemigo. Ya al retirarse
-Reynier le siguieron la huella los soldados de Don Carlos O’Donnell,
-cogieron a los que se rezagaban, y el 31 de julio el jefe España se
-apoderó de 100 hombres que guardaban una torre y casa fuerte sita
-en la confluencia del Almonte y Tajo, cerca de donde se divisan los
-famosos restos del puente romano de Alconétar, que el vulgo apellida de
-Mantible, nombre célebre en algunas historias españolas de caballería.
-Mas por este lado hubo la desgracia de que en Alburquerque, con la
-caída de un rayo se volase, casi al mismo tiempo que en Almeida, un
-almacén de pólvora, accidente que causó daños y ruinas.
-
-La guerra que hasta aquí había hecho el ejército de Extremadura no
-dejó de ser prudente y acomodada a las circunstancias y a la calidad
-de sus tropas, si bien se quejaban todos de la indolencia y dejadez
-del general en jefe. Y así, más bien que por premeditado plan de este,
-dirigiéronse las operaciones según el valor o el buen sentido de los
-generales subalternos, los cuales evitaban grandes choques, y solo
-parcialmente hostigaban al enemigo y le traían en continuo movimiento.
-Quiso Romana en agosto probar por sí fortuna y dar a la campaña nuevo
-impulso y mayor ensanche. En consecuencia, saliendo de Badajoz el 5,
-se unió a las divisiones de los generales Ballesteros y La Carrera
-que se hallaban en Salvatierra, ambas a las órdenes de Don Gabriel de
-Mendizábal, y juntos se adelantaron, recogiéndose atrás a Llerena los
-franceses que había en Zafra. [Sidenote: Refriega en Cantaelgallo.]
-Aguardaron estos en las alturas de Villagarcía, y los nuestros se
-colocaron en las de Cantaelgallo, separadas de las primeras por un
-valle. Los enemigos atacaron el 11, y valiéndose de diestras maniobras,
-estuvieron próximos a envolver a los infantes españoles si La Carrera,
-con la caballería, no los hubiera sacado de tan mal paso. Portose
-asimismo con habilidad y honra la artillería. Se retiró Romana a
-Almendralejo, y los franceses volvieron a Zafra.
-
-No pasaron por entonces más adelante porque, como en aquella guerra
-tenían a un tiempo que acudir a tantas partes, luego que en una
-triunfaban los llamaba a otra algún suceso desagradable o inesperado.
-Verificose particularmente en Extremadura este trasiego, este
-continuado ir y venir, distrayendo la atención de las tropas de Mortier
-ya las ocurrencias del condado de Niebla, ya las de Ronda u otros
-lugares.
-
-[Sidenote: En Fuente de Cantos.]
-
-Después de lo que aconteció en Cantaelgallo, fueron reforzadas las
-tropas españolas con los jinetes del general Butrón que ocupaban otros
-sitios, y con los portugueses ya indicados, al mando de Madden. Quietos
-los franceses y aun replegados de nuevo, avanzó Butrón a Monesterio,
-y se colocó La Carrera, con su división de caballería y la artillería
-volante, en Fuente de Cantos. Vinieron los enemigos sobre ellos el 15
-de septiembre, en número de 13.000 infantes y 1800 caballos. Butrón
-se incorporó a Carrera y ambos pelearon bien hasta que, oprimidos por
-la superioridad enemiga, empezaron a retirarse. Los franceses tenían
-oculta parte de su tropa, casi a espaldas de los nuestros, y cargando
-de improviso, introdujeron desorden y se apoderaron de algunos cañones.
-Mayor hubiera sido la desgracia de los españoles a no haber acudido
-pronto en su favor el inglés Madden, apostado con los portugueses en
-Calzadilla, quien contuvo a los jinetes franceses y aun los escarmentó.
-El general Butrón también después, en Azuaga, les cogió 100 hombres.
-Paráronse los nuestros en Almendralejo, y los enemigos no pasaron de
-Zafra y de los Santos de Maimona.
-
-Prosiguió de este modo la guerra sin ningún considerable empeño, y
-Romana saliendo, como hemos dicho, para Lisboa, se juntó en octubre
-con el ejército inglés. Determinación que tomó de propia autoridad,
-y no de acuerdo con el gobierno supremo. Cierto es que no hubiera
-obtenido Romana la aprobación de aquel a haberle consultado, pues claro
-era que las tropas que llevó consigo hacían más falta para cubrir la
-Extremadura española, y aun para impedir la entrada de los franceses
-en el Alentejo, que en las líneas de Torres Vedras, abundantemente
-provistas de gente y de medios de defensa. Antes de partir nombró
-Romana, para que le reemplazase en el mando en jefe, a Don Gabriel de
-Mendizábal, puso a Badajoz como si estuviera amagado de sitio, y mandó
-que la junta y demás autoridades se trasladasen a Valencia de Alcántara.
-
-Tenía inmediata correlación con las operaciones del ejército de
-Extremadura la guerra que se hacía en el condado de Niebla, en la
-serranía de Ronda y en otros lugares de la Andalucía.
-
-[Sidenote: Expedición de Lacy a Ronda.]
-
-Se daba desde Cádiz pábulo a semejante lucha por medio de auxilios y de
-algunas expediciones marítimas. Hízose a la vela la primera de estas el
-17 de junio, compuesta de 3189 hombres de buenas tropas, a las órdenes
-del general Don Luis Lacy, y dirigió su rumbo a Algeciras, en donde
-desembarcó. Tenía por objeto dicha empresa fomentar la insurrección
-de la serranía de Ronda, adoptando un plan que constantemente
-mantuviese allí la guerra. El que proponía Lacy, siguiendo en parte los
-pensamientos del general Serrano Valdenebro, comandante de la sierra,
-se presentaba como el más adecuado y consistía en establecer de mar a
-mar, quedando Gibraltar a la espalda, una línea de puntos fortificados
-que abrigasen respectivamente ambos flancos cuando se obrase ya en uno
-o ya en otro de ellos. Se habilitaban también en lo interior de la
-sierra varios castillejos, antiguos vestigios de los moros, colocados
-los más en parajes casi inaccesibles. El ejército había de obrar no
-en masa sino en trozos, reuniéndose solo en determinadas ocasiones, y
-se dejaba a cargo del paisanaje guarnecer los castillos, y suplir con
-reclutas las bajas del ejército en Cádiz. Mas para realizar este plan
-necesitábase tiempo, y no era probable que los franceses se descuidasen
-y permitiesen el que se llevara a efecto.
-
-Lacy, luego que hubo desembarcado, se encaminó a Gaucín, desde donde
-quiso acercarse a Ronda. En esta ciudad se habían los franceses
-fortalecido en el antiguo castillo y formado varios atrincheramientos:
-tomar uno y otro a viva fuerza no era maniobra fácil ni pronta,
-principalmente conservando los enemigos en Grazalema una columna móvil.
-
-Limitose, pues, Lacy a hacer algunos movimientos, y a contener a veces
-los ímpetus del enemigo. Le ayudaban los partidarios, favorecidos del
-conocimiento que tenían del terreno, siendo los de más nombre Don José
-de Aguilar, Don Juan Becerra y Don José Valdivia. También los ingleses,
-de acuerdo con el general español, enviaron al este de la sierra 800
-hombres que sirviesen de apoyo en cualquier desmán.
-
-Inquietos los franceses con la expedición, y persuadidos de que si se
-mantenía firme en los montes de Ronda, desasosegaría continuamente las
-fuerzas que sitiaban a Cádiz, y aun las de Sevilla y Málaga, diéronse
-priesa a frustrar tales intentos. Y así, al paso que el general Girard
-buscaba a Lacy hacia el frente, destacó el mariscal Victor tropas del
-primer cuerpo por el lado de poniente, y Sebastiani otras del 4.º por
-el de levante. De manera que, temeroso Don Luis Lacy de ser envuelto,
-se trasladó a la fuerte posición de Casares, embarcándose después en
-Estepona y Marbella. Tomó a poco tierra en Algeciras, y tornando a
-San Roque se corrió otra vez a la banda de Marbella, a fin de alentar
-y socorrer la guarnición de aquel castillo que, bajo el mando de Don
-Rafael Cevallos Escalera, burló diversas tentativas que para ocuparle
-hizo el enemigo. Don Francisco Javier Abadía, comandante de San Roque,
-aunque asistido de escasa fuerza, cooperó igualmente a los movimientos
-de Lacy, y llamó por Algeciras la atención de los franceses.
-
-Pero al fin, agolpándose estos en gran número a la sierra, se reembarcó
-la expedición, y regresó a Cádiz el 22 de julio. No se sacaron de ella
-más ventajas que la de molestar a los enemigos y divertirlos de otras
-operaciones, particularmente de las que intentaba en Extremadura,
-tan conexas con las de Portugal. Poca o mala inteligencia entre las
-tropas de línea y los paisanos desfavoreció la empresa. Para aquellas
-había oscura gloria y mucho trabajo en la guerra de partidarios, única
-que convenía en la sierra; no así para los otros, habituados a tales
-peleas, y cuya ambición de fama estaba satisfecha con que se pregonasen
-sus hazañas en el ejido de sus pueblos.
-
-[Sidenote: Al Condado de Niebla.]
-
-Ni un mes se pasó sin que el mismo Don Luis Lacy, con otra expedición,
-saliese de Cádiz llevando rumbo opuesto al anterior de Ronda, esto es,
-al condado de Niebla. [Sidenote: Situación de esta comarca.] En dicha
-comarca proseguía el general Copons entreteniendo al enemigo, que, bajo
-el mando del duque de Aremberg, hacía con una columna móvil excursiones
-en el país, y le molestaba. La junta de Sevilla contribuía desde
-Ayamonte al buen éxito de las operaciones de Copons, y oportunamente
-formó de la isla llamada Canela, en el Guadiana, un lugar de depósito
-resguardado de los ataques repentinos del enemigo. En breve aquel
-terreno, antes arenoso y desierto, se convirtió en una población donde
-se albergaron muchas familias, refugiándose a veces los habitantes
-de aldeas enteras y villas invadidas. Construyéronse allí barracas,
-almacenes, pozos, hornos, y se fabricaron en sus talleres monturas,
-cartuchos y otros pertrechos de guerra. Al fin, fortificáronse también
-sus avenidas, de manera que se hizo el punto casi inexpugnable.
-
-Constaba la expedición de Lacy de unos 3000 hombres, y escoltábala
-fuerza sutil, española e inglesa, al mando la primera de Don Francisco
-Maurelle, y la segunda al del capitán Jorge Cockburn. Desembarcó la
-gente el 23 de agosto, a dos leguas de la barra de Huelva, entre las
-Torres del Oro y de la Arenilla. La fuerza sutil se metió por la ría
-que forman a su embocadero las corrientes del Odiel y el Tinto, con
-propósito de ayudar la evolución de tierra y atacar por agua a Moguer.
-En este sitio tenían los franceses 500 infantes y 100 caballos que,
-sorprendidos, se retiraron, no asistiendo mayor dicha a otros tantos
-que corrieron a su socorro de San Juan del Puerto.
-
-Copons, al desembarcar Lacy, se hallaba en Castillejos, 12 leguas
-distante, y habiéndose por desgracia retardado el pliego que le
-anunciaba el arribo, no pudo acudir a la costa con la puntualidad
-deseada, malográndose así el coger entre dos fuegos a los franceses que
-estaban avanzados. Vino Copons, sin embargo, a Niebla, y se puso luego
-en comunicación con Lacy. Los pueblos recibieron a este con el júbilo
-más colmado, y fiados en su apoyo dieron a los enemigos terrible caza.
-Pero no teniendo otra mira la expedición de Don Luis Lacy sino la de
-divertir al francés de Extremadura, en tanto que el ejército de Romana
-también por su lado se movía, miró aquel general como concluido su
-encargo luego que le amenazaron superiores fuerzas, y de consiguiente
-se reembarcó el 26 del mismo agosto. Desagradó en el condado lo rápido
-de la excursión, y muchos pensaron que, sin comprometer su gente,
-hubiera podido Lacy permanecer allí más tiempo, y maniobrar en unión
-con el general Copons. Desamparados los pueblos, padecieron nuevas
-molestias del enemigo, en especial Moguer, que se había declarado
-y tomado parte desembozadamente. Quiso en seguida Lacy acometer a
-Sanlúcar de Barrameda, pero los franceses, ya sobre aviso, frustráronle
-el proyecto.
-
-[Sidenote: Operaciones de Cádiz.]
-
-De vuelta a Cádiz el mismo general, estimulado por el gobierno y de
-acuerdo con él y los otros jefes, verificó el 29 de septiembre una
-salida camino del puente de Suazo, consiguiendo con ella destruir
-algunas obras del enemigo, siendo esta la sola operación digna de
-mentarse que, hasta finalizar el presente año de 1810, practicaron en
-la Isla gaditana las tropas de tierra.
-
-Pudieron las de mar haber tenido ocasión de señalarse, a no
-estorbárselo tiempos contrarios. El mariscal Soult, convencido de que
-para cualquiera empresa contra Cádiz y la Isla de León, si había de
-ser fructuosa, era indispensable fuerza sutil, [Sidenote: Fuerza sutil
-de los enemigos.] ideó que se construyesen buques al caso en Sanlúcar
-y en Sevilla. Para ello valiose de barcos de aquellos puertos, ordenó
-una tala en los montes inmediatos, y recibió de Francia carpinteros,
-marinos y calafates. En octubre, dispuesta ya una flotilla, se trasladó
-en persona a Sanlúcar dicho mariscal a fin de presenciar desde la
-costa la dificultosa travesía que tenían que emprender los referidos
-buques desde la boca del Guadalquivir hasta lo interior de la bahía de
-Cádiz. Empezose a poner en obra el proyecto en la noche del 31, pasando
-la flotilla por entre los bajos de Punta Candor, y atracando siempre a
-la costa. Se componía en todo de unos 26 cañoneros: dos vararon, nueve
-se metieron la misma noche en el puerto de Santa María, y los otros
-anclaron en Rota, de donde, aprovechando vientos frescos y favorables,
-se juntaron a los que habían ya entrado, sin que les hubiese sido dable
-impedirlo a las fuerzas de mar anglo-españolas. Pero de nada sirvió
-a los franceses suceso en su entender tan dichoso. En balde después
-quisieron que su flotilla doblase la punta del Trocadero, en balde
-trasladaron por tierra los barcos a Puerto Real. Durante el sitio ya no
-se menearon de allí, obligándolos a permanecer quedos las superiores y
-mejor marineras fuerzas de los aliados.
-
-No por eso dejaron los franceses de perfeccionar las obras de tierra,
-y de establecer una cadena de fuertes que se dilataba desde la entrada
-de la bahía hasta Chiclana, por cuya parte, y en una batería inmediata
-al cerro de Santa Ana, perdieron, muerto de una granada, al distinguido
-general de artillería Senarmont.
-
-[Sidenote: Fuerzas de los aliados en Cádiz y la Isla.]
-
-Los aliados tampoco se mantuvieron ociosos. Mejoraron cada vez más
-las fortificaciones, y las tropas se engrosaron y adquirieron buena
-disciplina. De las inglesas se contaron en julio 8500 hombres;
-volviéronse a reducir a 5000 por los refuerzos que se enviaron a
-Portugal; mas antes de fines de año crecieron otra vez a 7000 con gente
-que llegó de Sicilia y Gibraltar. Las tropas españolas de línea pasaban
-de 18.000 hombres. Don Joaquín Blake continuó a su cabeza hasta 23 de
-julio, en cuyo tiempo se transfirió a Murcia, extendiéndose su mando,
-conforme apuntamos, a las divisiones existentes en aquel reino, las
-cuales formaban con las de la Isla de León el ejército llamado del
-centro.
-
-[Sidenote: Blake en Murcia.]
-
-Llegado que hubo el general Blake a su nuevo destino, restableció paz
-y armonía, que andaba escasa entre algunos jefes. El ejército se había
-aumentado a punto que poco antes enviara a Cádiz una división de 4000
-hombres al mando del general Vigodet. Blake llegó el 2 de agosto, y la
-fuerza disponible era de unos 14.000 soldados, 2000 de caballería.
-
-Alrededor de este ejército revoloteaban, por decirlo así, muchos
-partidarios, en especial del lado de Jaén y de Granada. Entre los
-primeros sobresalían los nombrados Uribe, Alcalde y Moreno, puestos a
-las órdenes del comandante Bielsa; entre los otros, el coronel Don José
-de Villalobos.
-
-Cuando Blake se incorporó al ejército, se hallaba este repartido en
-Murcia, Elche, Alicante, Cartagena y pueblos de los contornos: algunos
-batallones estaban destacados en la Mancha, sierra de Segura y frontera
-de Granada, en donde permanecía la caballería, extendiéndose hasta
-cerca de Huéscar.
-
-[Sidenote: Sebastiani se dirige a Murcia.]
-
-Fijó la idea de Blake la atención de los franceses, y desde luego
-resolvió Sebastiani hacer otra excursión la vuelta de Murcia,
-lisonjeándose que de ella saldría tan airoso como la vez primera, y aun
-también de que disiparía como humo el ejército de los españoles.
-
-[Sidenote: Medidas que toma Blake.]
-
-Informado Blake de los intentos del enemigo, preparose a recibirle.
-Agrupó sucesivamente en la huerta de Murcia sus tropas, y las colocó
-de esta manera: la 5.ª división, al mando del brigadier Creagh, ocupó
-la derecha en Añora; detrás, guarnecía un batallón el monasterio de
-jerónimos, teniendo apostaderos por la izquierda hasta el río; delante,
-se plantaron cuatro piezas de artillería. Alojábase la izquierda del
-ejército en el lugar de Don Juan, y la componía la 3.ª división, del
-cargo del brigadier Sanz, teniendo un destacamento por su siniestro
-costado. Enlazábase esta posición con la del centro por medio de un
-molino aspillerado y de una batería circular, colocada en donde una
-de las acequias mayores se distribuye en dos atajeas. Dicho centro,
-que cubría la 1.ª división, al mando del general Elío, estaba cerca de
-Alcántara, en la Puebla.
-
-Dispúsose además la inundación de la huerta; medio oportuno pero no
-del todo hacedero, ya por no ser nunca, y menos en aquella estación,
-muy caudaloso el Segura, ya también porque, aun en caso de una rápida
-avenida, las obras allí practicadas estanlo en términos que solo sirven
-para sangrar el río, y no para favorecer estragos, como construidas
-con el único objeto de dar a los campos el necesario y fecundante
-beneficio del riego. Sin embargo, se inundaron los caminos y una faja
-de bancales por la orilla, amparando lo demás de la huerta sus naranjos
-y sus cidros, sus limoneros y moreras, en fin toda su intrincada y
-lozana frondosidad.
-
-Siguiose en esto, y en lo de armar al paisanaje, la conducta del
-obispo Don Luis Belluga en la guerra de sucesión. Ahora, como
-entonces, acudieron todos los partidos, hasta el de Orihuela, aunque
-perteneciente a Valencia, y se distribuyeron en compañías y secciones,
-incorporándose al ejército. Manifestaron los paisanos grande entusiasmo
-y mucha docilidad; perfecta armonía reinó entre ellos y los soldados.
-Blake, declarando a Murcia amenazada de inmediato ataque, la sometió
-al solo y puro gobierno militar; providencia que las autoridades
-respetaron, y que en aquel lance obedecieron con gusto.
-
-En el intermedio se había ido acercando el general Sebastiani, y
-echádose atrás nuestra caballería, a las órdenes de Don Manuel Freire,
-que sustentó con destreza varios reencuentros. Según los enemigos
-se aproximaban, daban aviso de todos sus pasos al general Blake los
-alcaldes de los pueblos y muchos particulares con rara puntualidad,
-llegando a su colmo la diligencia de todos. Los franceses aparecieron
-el 28 de agosto en Librilla, a 4 leguas de Murcia, y nuestros jinetes
-se situaron en Espinardo, con puestos avanzados sobre el río Segura.
-El partidario Villalobos, que había acompañado a Freire, se colocó en
-Molina.
-
-[Sidenote: Se retira Sebastiani.]
-
-Luego que el general Sebastiani llegó a Librilla hizo varios
-reconocimientos; y arredrado del modo con que los nuestros le
-aguardaban, se apartó del intento de penetrar en Murcia, y en la noche
-del 29 al 30 se replegó a Totana. Hostilizáronle en la retirada los
-paisanos, particularmente los de Lorca, y en esta ciudad y en otros
-pueblos cometió el francés mil tropelías. Bien le vino a este no
-insistir en la empresa proyectada, pues a haber padecido descalabro,
-como era probable, en los laberintos de la huerta de Murcia, toda su
-gente hubiera sido muy maltratada, ya por los habitantes de este reino,
-ya por los de Granada, cuyos ánimos se encrespaban acechando la ocasión
-de escarmentar a sus opresores. Haberse expuesto a tal riesgo y cansado
-inútilmente la tropa, con marchas y contramarchas de más de cien leguas
-en estación tan calurosa, fueron los frutos que reportó Sebastiani de
-una expedición que de antemano había pregonado como fácil.
-
-[Sidenote: Insurrecciones en el reino de Granada.]
-
-Entre los que empezaron en el reino de Granada a levantar cabeza
-durante la ausencia del general francés, señalose el alcalde de
-Otívar, de nombre Fernández, quien entró en Almuñecar y Motril, y aun
-se apoderó de sus castillos. Estas y otras empresas que propagaron
-la llama de la insurrección por las sierras y por varios pueblos de
-la costa, a pesar de algunos amigos y parciales que tuvieron allí
-los enemigos, impulsó a los ingleses a dar cierto apoyo a aquellos
-movimientos. Decidiéronse, sobre todo, a atacar a Málaga, guarida
-entonces de corsarios, y en cuyo puerto también fondeaba una flotilla
-enemiga de lanchas cañoneras. [Sidenote: Expedición contra Fuengirola y
-Málaga.] Al efecto se preparó en Ceuta una expedición de 2500 hombres
-españoles e ingleses, a las órdenes de Lord Blayney, la cual dio la
-vela el 13 de octubre con dirección a Fuengirola. Empezaron luego los
-aliados a embestir este castillo, guarnecido por 150 polacos, con
-esperanza de que así llamarían hacia aquel punto las fuerzas enemigas,
-y podrían, reembarcándose, caer repentinamente sobre Málaga que se
-vería desprovista de gente. Pero dándose Lord Blayney torpe maña,
-en vez de sorprender a sus contrarios, él fue, por decirlo así, el
-sorprendido, acometiéndole de improviso el general Sebastiani con 5000
-hombres. Al querer retirarse, fue dicho Lord cogido prisionero, y las
-tropas inglesas volvieron en confusión a sus barcos; solo un regimiento
-español, el Imperial de Toledo, único de los nuestros que allí iba,
-tornó a bordo sin pérdida y en buena ordenanza.
-
-[Sidenote: Avanza Blake a Granada.]
-
-El ruido de semejantes acontecimientos y el deseo de ensanchar los
-límites de su territorio, estimularon al general Blake a avanzar a
-la frontera de Granada, habiéndose ocupado todo aquel tiempo, desde
-agosto, en mejorar la disciplina de su ejército y en adiestrarle, como
-igualmente en asegurar sus estancias de Murcia. Envió asimismo a la
-Mancha, con un trozo de 300 caballos, a Don Vicente Osorio, queriendo
-extraer granos de aquella provincia para la manutención de su ejército.
-Las partidas, si bien fomentadas por Blake en todas partes, fuéronlo
-en especial del lado de Jaén, en donde Don Antonio Calvache sucedió a
-Bielsa en el mando de ellas. Mas los enemigos, persiguiendo de cerca al
-nuevo jefe, después de haber quemado casi toda la villa de Segura, le
-mataron el 24 de octubre en Villacarrillo.
-
-Don Joaquín Blake, reuniendo sus tropas, distribuidas por la mayor parte,
-sin contar las de las plazas, en Murcia, Caravaca y Lorca, se puso el
-2 de noviembre sobre Cúllar, movimiento hecho a las calladas y del que
-los franceses estaban ignorantes. Dejó Blake 2000 hombres en dicho
-Cúllar, y a las doce de la mañana del 3 se colocó con 7000, de los que
-unos 1000 eran de caballería, en las lomas que dominan la hoya de Baza,
-y que lame el río Guadalquitón.
-
-Los enemigos tenían en el llano una división de caballería, que
-acaudillaba el general Milhaud, asistida de artillería volante: además
-habían situado de 2 a 3000 infantes en las inmediaciones de la ciudad,
-bajo la guía del general Rey. No acudió allí Sebastiani hasta después
-de concluida la acción que ahora iba a trabarse.
-
-[Sidenote: Acción de Baza, 3 de noviembre.]
-
-Empezó esta a las dos de la tarde, desembocando la caballería española,
-a las órdenes de Don Manuel Freire, por el camino real que de Cúllar va
-a Baza. Nuestros jinetes tiraron por la derecha, y formaron en batalla
-en dos líneas, sosteniendo sus costados artillería y guerrillas de
-fusileros. Los enemigos ciaron hacia sus peones, y entonces el general
-Blake, dejando apostados en las lomas la mitad de sus infantes, se
-adelantó con los otros y 3 piezas en 4 columnas cerradas, repartidas en
-ambos lados del camino.
-
-Nuestros caballos proseguían confiadamente su marcha; mas al querer
-efectuar un movimiento, se embarazaron algunos, y el enemigo,
-descargando sobre ellos con impetuoso arranque, los desordenó
-lastimosamente. Tras su ruina vino la de los infantes que habían
-avanzado, y solo consiguieron unos y otros rehacerse al abrigo de las
-tropas que habían quedado en las lomas. El enemigo no persistió mucho
-en el alcance. Quedaron en el campo 5 piezas; y se perdieron entre
-muertos, heridos y prisioneros 1000 hombres. De los franceses muy pocos.
-
-Descalabro fue el de Baza que causó desmayo y contuvo en cierto modo
-el vuelo de la insurrección de aquellas comarcas. Adverso era, en esto
-de batallar, el hado de Don Joaquín Blake, y vituperable su empeño en
-buscar las acciones que fuesen campales antes que limitarse a parciales
-sorpresas y hostigamientos. No permaneció después largo espacio al
-frente de aquel ejército, llamado a desempeñar cargo de mayor alteza.
-
-Por lo demás, y en medio de reveses y contratiempos, la tenacidad
-española, la serie innumerable de combates en tantos puntos y a la
-vez, fatigaban a los franceses, y su ejército de las Andalucías no
-gozó en todo el año de 1810 de mucha mayor ventura que la que tenían
-los de las otras provincias. Y si bien ordenadas batallas no menguaban
-extremadamente las filas enemigas, aniquilábanse aquí, como en lo
-demás del reino, en marchas y contramarchas, y en apostaderos y guerra
-de montaña.
-
-[Sidenote: Provincias de Levante.]
-
-Del lado de Levante las provincias de Valencia, Cataluña y aun lo que
-restaba libre de la de Aragón, hubieran, obrando unidas, entorpecido
-muy mucho los intentos del enemigo, siendo entre ellas tanto más
-necesaria buena hermandad cuanto para sojuzgarlas estaban de concierto
-el tercero y el primer cuerpo francés. Pero la multiplicidad de
-autoridades, su diversa condición, los obstáculos mismos que nacían
-de la naturaleza de la actual guerra estorbaban completa concordia y
-adecuada combinación. Por fortuna, los caudillos enemigos, aunque no
-menos interesados en aunarse, y aquí más que en otras partes, a duras
-penas lo conseguían, no ya por las rivalidades personales que a veces
-se suscitaban, sino principalmente por lo dificultoso de acudir al
-cumplimiento de un plan convenido.
-
-[Sidenote: Valencia.]
-
-En Valencia Don José Caro, más bien que en la guerra pensaba en ir
-adelante con sus desafueros. Dejó que se perdiesen Lérida, Mequinenza
-y hasta el castillo de Morella, sin dar señales de oponerse al enemigo,
-ni siquiera de distraerle. Al fin, viendo Caro que se aproximaban
-los franceses y que la voz pública se acedaba contra tan culpable
-abandono, mandó a D. Juan Odonojú, prisionero en la batalla de María
-y ahora libre, que se adelantase con 4000 hombres. El 24 de junio
-arrojaron estos de Villabona a los enemigos, que se abrigaron a Morella,
-[Sidenote: Choques en Morella y Albocácer.] delante de cuyo pueblo se
-trabó el 25 un choque muy vivo retirándose después los nuestros en
-vista de haberse reforzado los contrarios. Por segunda vez avanzó en
-julio el mismo Odonojú, y aun llegó el 16 a intimar la rendición al
-castillo de Morella, pero revolviendo sobre él prontamente el general
-Montmarie, le obligó a alejarse y causole en Albocácer un descalabro.
-
-[Sidenote: Avanza Caro y se retira.]
-
-No había Don José Caro tomado parte personalmente en ninguna de
-semejantes refriegas, hasta que en agosto, pidiendo su cooperación el
-general de Cataluña para aliviar a Tortosa, amenazada de sitio, se
-movió aquel por la costa lentamente y más tarde de lo que conviniera.
-Llevó consigo 10.000 hombres de línea y otros tantos paisanos, y se
-situó en Benicarló y San Mateo. El general Suchet vino por Cálig a su
-encuentro con diez batallones y también con artillería y caballería.
-Caro no le aguardó, replegándose, después de ligeras escaramuzas, a
-Alcalá de Chivert, y de allí el 16 de agosto a Castellón de la Plana y
-Murviedro. No retrocedió en desorden el ejército valenciano, si bien
-su jefe Don José Caro dio el triste y criminal ejemplo de ser de los
-primeros y aun de los pocos que desaparecieron del campo. Zahiriole por
-ello agriamente su hermano Don Juan, hombre ligero pero arrojado, de
-quien hablamos allá en Cataluña.
-
-[Sidenote: Caro huye de Valencia.]
-
-Con la conducta que en esta ocasión mostró el general de Valencia
-se acreció el odio contra su persona, y lo que aún es peor,
-menospreciósele en gran manera. Se descubrieron asimismo tramas que
-urdía y proscripciones que intentaba, propalándose en el público sus
-proyectos con tintas que entenebrecían el cuadro. Temeroso, por
-tanto, se escabulló disfrazado de fraile [traje harto extraño para un
-general], y pasó luego a Mallorca, sin cuya precaución hubiera tal vez
-sido blanco de las iras del pueblo.
-
-[Sidenote: Le sucede Bassecourt.]
-
-Sucediole inmediatamente en el mando Don Luis de Bassecourt, que estaba
-a la cabeza de una división volante en Cuenca, hombre que si bien
-alabancioso al dar sus partes y no de grande capacidad, aventajábase
-en valor y otras prendas a su antecesor, procurando también con
-mayor ahínco acordar sus operaciones con los generales de los demás
-distritos, en especial con los de Aragón y Cataluña.
-
-[Sidenote: Cataluña. Su congreso.]
-
-En este principado hacíase la guerra con otra eficacia y obstinación
-que en Valencia, merced al celo de su congreso y a la pronta diligencia
-y esmero de su general Don Enrique O’Donnell. [Sidenote: O’Donnell.]
-Luego que en 17 de julio estuvo reunida aquella corporación, tomó
-varias resoluciones, algunas bastantemente acertadas. En la milicia
-acomodó los alistamientos a la índole de los naturales, imponiendo solo
-la obligación de un enganche de dos años, con facultad de gozar cada
-seis meses de una licencia de 15 días. Sin embargo, los catalanes, tan
-dispuestos a pelear como somatenes, repugnaban a tal punto el servicio
-de tropa reglada que tuvo su congreso que establecer comisiones
-militares para castigar a los desertores, y aun a los distritos que
-no aprontasen su contingente. Recaudáronse con mayor regularidad los
-impuestos y se realizó, a pesar de lo exhausto que ya estaba el país,
-un empréstito de medio millón de duros. Aplicáronse a los hospitales
-los productos que antes percibía la curia romana, y ahora los obispos,
-por dispensas y otras gracias o exenciones. El alma de muchas de
-estas providencias era el mismo Don Enrique O’Donnell, quien puso
-además particular conato en adiestrar sus tropas, en inculcar en ellas
-emulación y buen ánimo, y también en mejorar la instrucción de los
-oficiales.
-
-[Sidenote: Macdonald.]
-
-Por su parte, el mariscal Macdonald apenas podía ocuparse en otras
-operaciones que en las de avituallar a Barcelona: los convoyes de
-mar estaban interrumpidos, y los de tierra, escasos y lentos, tenían
-con frecuencia que repetirse y ser escoltados con la mayor parte del
-ejército si no se quería que fuesen presa de los somatenes y de las
-tropas españolas. Macdonald trató en un principio de granjearse las
-voluntades de los habitantes, contrastando su porte con la ferocidad
-del mariscal Augereau, que había, por decirlo así, guarnecido las
-orillas de algunos caminos con patíbulos y cadáveres. Estaban los
-ánimos sobradamente lastimados de ambas partes para que pudiesen
-olvidarse antiguas y recíprocas ofensas. Así, no surtieron grande
-efecto las buenas intenciones, y aun medidas, del mariscal Macdonald,
-acabando también él mismo por adoptar a veces resoluciones rigurosas.
-
-[Sidenote: Convoyes que lleva a Barcelona.]
-
-En junio, y poco después de tomar el mando, acompañó no sin tropiezos
-un convoy a Barcelona. Volvió después a Gerona y preparose a conducir
-otro en mediados de julio a la misma ciudad. O’Donnell trató de
-estorbarlo, y destacó a Granollers 6500 infantes y 700 caballos, unidos a
-2500 paisanos bajo las órdenes de D. Miguel Iranzo. Trabose un reñido
-choque entre los nuestros y los franceses, pero mientras tanto pasó a
-la deshilada el convoy y se metió en Barcelona.
-
-[Sidenote: Ejército español de Cataluña.]
-
-Doliose mucho O’Donnell del malogro de aquella empresa, y no faltó
-quien lo atribuyese a desmaño del general que en Granollers mandaba.
-El plan que O’Donnell había resuelto seguir en Cataluña pareció el más
-acertado. Evitando batallas generales, quería por medio de columnas
-volantes sorprender los destacamentos enemigos, interceptar o molestar
-sus convoyes y aniquilar así sucesivamente la fuerza de aquellos. Por
-tanto, el ejército español de Cataluña que, según dijimos, constaba en
-julio de unos 22.000 hombres, sin contar somatenes ni guerrilleros,
-estaba colocado al principiar agosto del modo siguiente: la 1.ª
-división ocupaba las orillas del Llobregat y observaba a Barcelona,
-estando también fortificada la montaña de Montserrat; la 2.ª acampaba
-en Falset y no perdía de vista a Suchet que, como poco hace apuntamos,
-intentaba sitiar a Tortosa; parte de la 3.ª cubría en Esterri las
-avenidas del valle de Arán; la reserva, distribuida en dos trozos,
-mantenía uno en el Coll del Alba, próximo a Tortosa, y el otro en
-Arbeca y Borjas Blancas, para enfrenar la guarnición de Lérida. Un
-cuerpo de húsares y tropas ligeras se alojaban en Olot y acechaban
-las comarcas de Besalú y Bañolas; varios guerrilleros recorrían la
-demás tierra, aprovechándose todos de las ocasiones que se presentaban
-para desvanecer los intentos del enemigo e incomodarle continuamente.
-El cuartel general permanecía en Tarragona, desde donde O’Donnell
-gobernaba las maniobras más notables, tomando a veces en ellas parte
-muy principal. Con esta distribución, creyó el general de Cataluña que,
-vigilando las plazas y puntos más señalados, llevaría a cumplido efecto
-su plan, y que el ejército francés se rehundiría poco a poco, y en
-combates parciales.
-
-Si en todo no se llenaron los deseos de D. Enrique O’Donnell, se
-lograron en parte. El mariscal Macdonald, afanado siempre con el
-abastecimiento de Barcelona, no pudo, desde el segundo convoy que
-metió allí en julio, pensar en cosa importante sino en preparar otro
-tercero, que consiguió introducir el 12 de agosto. Entonces, más
-libre, resolvió, aunque todavía en balde, favorecer directamente las
-operaciones del general Suchet.
-
-[Sidenote: Intenta Suchet sitiar a Tortosa.]
-
-No desistía este general del indicado propósito de sitiar a Tortosa,
-lo que dio ocasión a varios combates y reencuentros, algunos ya
-referidos, con las tropas españolas de Cataluña, Aragón y Valencia,
-que precedieron a la formalización del cerco, ligándose de parte de
-los franceses las más de las operaciones, aun las lejanas de aquel
-principado, con tan primario objeto, por lo que a una y en el mejor
-orden que nos sea posible, si bien brevemente, daremos de ellas cuenta.
-
-[Sidenote: Sus disposiciones.]
-
-Suchet, para emprender el sitio, estableció en Mequinenza un depósito
-de municiones de guerra y boca: transportarlas de allí a Tortosa
-era grande dificultad. Ofrecía el Ebro comunicación por agua; pero,
-interrumpida en partes con varias cejas o bajos, solo se podían estos
-salvar en las crecidas, y rara vez en los tiempos secos del estío. Del
-lado de tierra era aún más trabajoso y aun impracticable el tránsito,
-encallejonándose los caminos que van desde Caspe a Mequinenza entre
-montañas cada vez más escarpadas según avanzan a Mora, las Armas, Jerta
-y Tortosa, por lo que ya en 21 de julio empezaron los franceses a
-componer uno antiguo de ruedas, cuyos rastros al parecer se conservaban
-del tiempo de la guerra de sucesión. Suchet, antes de que la ruta se
-concluyese, fue arrimando fuerzas a la plaza.
-
-En los primeros días de julio, la división que mandaba el general
-Habert dirigiose, partiendo de cerca de Lérida, por la izquierda del
-Ebro, y llegó a García, estando pronto a caer sobre Tivenys y Tortosa.
-Poco antes salió de Alcañiz la división de Laval, y después de haberse
-movido la vuelta de Valencia, retrocedió, y se colocó el 3 de julio
-a la derecha del Ebro, delante del puente de Tortosa, prolongando su
-derecha a Amposta y destacando tropas que observasen el Cenia, siendo
-esta división, o parte de ella, la que tuvo que habérselas con los
-valencianos en los combates parciales acaecidos allí por este tiempo,
-y ya relatados. Suchet mantuvo a su lado la brigada del general Paris,
-y sentó el 7 sus reales en Mora, dándose la mano con los dos generales
-Laval y Habert, y echando para la comunicación de ambas orillas
-del Ebro dos puentes, sin que sus soldados consiguiesen, como lo
-intentaron, quemar el de barcas de Tortosa.
-
-[Sidenote: Salidas de la plaza y combates parciales.]
-
-La guarnición de esta plaza hizo desde el principio varias salidas e
-incomodó a Laval, que se atrincheraba en su campo. Igualmente parte
-de la división española que se alojaba en Falset atacó con vigor los
-puestos enemigos en Tivisa, y el 15 toda ella, teniendo al frente al
-marqués de Campoverde, rechazó una acometida de los enemigos y aun
-siguió el alcance.
-
-Eran tales maniobras precursoras de otras que ideaba O’Donnell, quien
-el 29 acometió en persona al general Habert. No pudo el español
-desalojar de Tivisa a su contrario, mas el 1.º de agosto se metió en
-Tortosa y dispuso para el 3 una salida contra Laval. La mandaba Don
-Isidoro Uriarte, y embistiendo los nuestros intrépidamente al enemigo,
-le rechazaron al principio y destruyeron varias de sus obras. La
-población sirvió de mucho, pues llena de entusiasmo auxiliaba a los
-combatientes, aun en los parajes en que había peligro, con abundantes
-refrescos, y aliviaba a los heridos con prontos y acomodados socorros.
-Reforzados al cabo los franceses, tuvieron los españoles que recogerse
-a la plaza, dejando algunos prisioneros, entre ellos al coronel Don
-José María Torrijos. Semejantes operaciones hubieran sido más cumplidas
-si D. José Caro, con quien se contaba, no hubiera por su parte
-procedido, según hemos visto, tarde y malamente.
-
-[Sidenote: Adelanta Macdonald a Tarragona.]
-
-También Don Enrique O’Donnell se vio obligado a retroceder en breve a
-Tarragona, adonde le llamaban otros cuidados. El mariscal Macdonald,
-después de haber introducido en Barcelona el convoy mencionado de
-agosto, se adelantó vía de Tarragona ya para cercar si podía esta
-plaza, ya para coadyuvar en caso contrario al asedio de Tortosa.
-Desistió de lo primero, falto de almacenes y escasos los víveres
-en aquella comarca, cuyos granos de antemano recogiera O’Donnell.
-Este, además, se apostó de suerte que, guarecido de ser atacado
-con buen éxito, trató de reducir a hambre el cuerpo de Macdonald,
-situado desde el 18 de agosto en Reus y sus contornos. Frustrósele
-el 21 al mariscal francés un reconocimiento que tentó del lado de
-Tarragona, escarmentándole los nuestros en la altura de La Canonja.
-[Sidenote: Se retira.] Para evitar mayor desastre, retirose Macdonald
-el 25 de Reus, pidiendo antes la exorbitante contribución de 136.000
-duros, e imponiendo otra también muy pesada sobre géneros ingleses y
-ultramarinos.
-
-[Sidenote: Dificultades con que tropieza.]
-
-El camino que tomó fue el de Lérida, para abocarse en esta ciudad con
-el general Suchet, y desde Alcover, dirigiéndose a Montblanch, pasaron
-sus tropas por el estrecho de la Riba. Aquí las detuvo por su frente
-la división que mandaba el brigadier Georget, que de antemano había
-dispuesto O’Donnell viniese de hacia Urgel, en donde estaba. Al mismo
-tiempo, D. Pedro Sarsfield las atacó por flanco y retaguardia en las
-alturas de Picamoixons y Coll de las Molas, maniobrando a la izquierda
-varias partidas. Los enemigos, con tan impensado ataque y las asperezas
-del camino, se vieron muy comprometidos, pero siendo numerosas sus
-fuerzas, alcanzaron, por último, forzar el paso y ganar las cumbres,
-ayudándoles mucho una salida que hizo, a espaldas de Georget, la
-guarnición de Lérida. Con todo, perdieron los franceses unos 400
-hombres, entre muertos y heridos, y 150 prisioneros.
-
-[Sidenote: Avístase en Lérida con Suchet.]
-
-Llegado a Lérida el mariscal Macdonald, se avistó el 29 con el general
-Suchet, que ya le aguardaba. Convinieron ambos en limitar ahora sus
-operaciones al sitio de Tortosa, emprendiéndole el último por sí y con
-sus propios medios, al paso que el primero debía protegerle, con tal
-que tuviese víveres, los que le suministró Suchet en cuanto le fue
-dable. Entonces creyó este que podría obrar activamente y apoderarse en
-breve de Tortosa, sobre todo habiendo empezado a acercar a la plaza,
-favorecido de una crecida del Ebro, piezas de grueso calibre. Pero sus
-esperanzas no estaban todavía próximas a realizarse.
-
-[Sidenote: Macdonald incomodado siempre por los españoles.]
-
-El ejército francés de Cataluña continuó siempre escaso de granos y
-embarazado para menearse, a pesar de los grandes esfuerzos de Suchet
-y de Macdonald, pues las partidas, la oposición de los pueblos, la
-cuidadosa diligencia de O’Donnell y sus movimientos desbarataban o
-detenían los planes más bien combinados. Se colocó, en los primeros
-días de septiembre, en Cervera, el mariscal Macdonald: y el general
-español vislumbró desde luego que su enemigo tomaba aquellas estancias
-para cubrir las operaciones de Suchet, amenazar por retaguardia la
-línea del Llobregat, y enseñorearse de considerable extensión de país
-que le facilitase subsistencias. Prontamente determinó O’Donnell
-suscitar al francés nuevos estorbos, continuando en su primer propósito
-de esquivar batallas campales.
-
-Nada le pareció para conseguirlo tan oportuno como atacar los puestos
-que el enemigo tenía a retaguardia, cuyos soldados se juzgaban
-seguros, fuera del alcance del ejército español, y bastante fuertes
-y bien situados para resistir a las partidas. O’Donnell, firme en
-su resolución, ordenó que se embarcasen en Tarragona pertrechos,
-artillería y algunas tropas, yendo todo convoyado por cuatro faluchos
-y dos fragatas, una inglesa y otra española. Partió él en persona, el
-6 de septiembre, por tierra, poniéndose en Villafranca al frente de la
-división de Campoverde, que de intento había mandado venir allí. En
-seguida dirigiose hacia Esparraguera, colocó fuerzas que observasen
-al mariscal Macdonald, y otras que atendiesen a Barcelona, y uniendo
-a su tropa la caballería de la división de Georget, prosiguió su ruta
-por San Cugat, Mataró y Pineda. Salió de aquí el 12, envió por la
-costa a Don Honorato de Fleyres con dos batallones y 60 caballos, y él
-se encaminó a Tordera. Marchó Fleyres contra Palamós y San Feliú de
-Guíxols, y O’Donnell, después de enviar exploradores hacia Hostalrich
-y Gerona, avanzó a Vidreras. Para obrar con rapidez, tomó el último
-consigo, al amanecer del 14, el regimiento de caballería de Numancia,
-60 húsares y 100 infantes, que fueron tan de priesa que las ocho horas
-de camino que se cuentan de Vidreras a La Bisbal, las anduvieron en
-poco más de cuatro. Siguió detrás, y más despacio, el regimiento de
-infantería de Iberia, situándose Campoverde con lo demás de la división
-en el valle de Aro, a manera de cuerpo de reserva.
-
-[Sidenote: Sorpresa gloriosa de La Bisbal.]
-
-Luego que O’Donnell llegó enfrente de La Bisbal, ocupó todas las
-avenidas, y diose tal maña que no solo cogió piquetes de coraceros que
-patrullaban y un cuerpo de 130 hombres que venía de socorro, sino que
-en la misma noche del 14 obligó a capitular al general Schwartz con
-toda su gente que juntos se habían encerrado en un antiguo castillo
-del pueblo. Desgraciadamente, queriendo poco antes reconocer por sí
-O’Donnell dicho fuerte, con objeto de quemar sus puertas, fue herido de
-gravedad en la pierna derecha, cuyo accidente enturbió la común alegría.
-
-[Sidenote: Y de varios puntos de la costa.]
-
-Fleyres, afortunado en su empresa, se apoderó de San Feliú de Guíxols,
-y el teniente coronel Don Tadeo Aldea de Palamós, teniendo este la
-gloria de haber subido el primero al asalto. Entre ambos puntos, el de
-La Bisbal y otros de la costa tomaron los españoles 1200 prisioneros,
-sin contar al general Schwartz y 60 oficiales, habiendo también cogido
-17 piezas. Mereció más adelante Don Enrique O’Donnell, por expedición
-tan bien dirigida y acabada, el título de conde de La Bisbal.
-
-[Sidenote: Guerra en el Ampurdán.]
-
-Posteriormente a este suceso creció la guerra contra los franceses en
-el norte de Cataluña. Don Juan Clarós los molestaba hacia Figueras y
-el coronel Don Luis Creeft, con los húsares de San Narciso, por Besalú y
-Bañolas. Marchó a Puigcerdá el marqués de Campoverde, acosó un trozo
-de enemigos hasta Montluis y exigió contribuciones en la misma Cerdaña
-francesa, de donde revolviendo sobre Calaf, estrechó de aquel lado al
-mariscal Macdonald, al paso que el brigadier Georget le observaba por
-Igualada.
-
-[Sidenote: Eroles manda allí.]
-
-El barón de Eroles, que ya se había distinguido en el sitio de Gerona,
-se encargó, después de Campoverde, del mando de los distritos del
-norte de Cataluña, bajo el título de comandante general de las tropas
-y gente armada del Ampurdán. Empezó luego a hacer grave daño a los
-enemigos, y al promediar de octubre les apresó un convoy cerca de la
-Junquera, acometiéndolos el 21, con ventaja, en su campamento de Lladó.
-
-[Sidenote: Campoverde en Cardona.]
-
-El propio día, junto a Cardona, hizo asimismo frente el marqués de
-Campoverde a las tropas del mariscal Macdonald. Vinieron estas de hacia
-Solsona, cuya catedral habían quemado pocos días antes, y, encontrando
-resistencia, tornaron a sus anteriores puestos: con la noche también se
-recogieron los españoles a Cardona.
-
-No eran decisivas, ni a veces de importancia, las más de dichas acciones
-ni otras refriegas que omitimos; pero con ellas embarazábanse los
-franceses, y se retardaban sus operaciones, renovándose la escasez de
-víveres y creciendo la dificultad de su recolección.
-
-[Sidenote: Otro convoy para Barcelona.]
-
-Motivo por el que volvió Barcelona a dar a los enemigos fundados
-temores. Dos meses eran ya corridos después de la entrada en la plaza
-del último socorro, y los apuros se reproducían en su recinto. Se
-esperaba el alivio de un convoy que partiera de Francia; mas como no
-bastaban para custodiarle las fuerzas que regía en el Ampurdán el
-general D’Hilliers, tuvo Macdonald que ir en noviembre camino de Gerona
-para conducir salvo dicho convoy hasta la capital del principado.
-
-[Sidenote: No adelantan los enemigos en el sitio de Tortosa.]
-
-Así el cerco de Tortosa, suspendido en los meses de septiembre y
-octubre, continuó del mismo modo durante el noviembre. No había
-aquella interrupción pendido solamente de las razones que estorbaron
-al mariscal Macdonald cooperar a aquel objeto, según había ofrecido,
-sino también de los obstáculos que se presentaron al general Suchet,
-nacidos unos de la naturaleza, otros del hombre. Los primeros parecían
-vencidos con las lluvias del equinoccio, que empezaron a hinchar
-el Ebro, y con lo que se adelantaba en el camino de ruedas arriba
-indicado; no así los segundos, que llevaban traza de crecer en lugar de
-allanarse.
-
-[Sidenote: Convoyes que van allí de Mequinenza.]
-
-Resueltos, sin embargo, los franceses a proseguir en su intento, habían
-tratado ya en septiembre de enviar desde Mequinenza convoyes por agua,
-y de asegurar el tránsito haciendo el 17 pasar de Flix a la otra orilla
-del Ebro un batallón napolitano. El barón de La Barre, que mandaba una
-división española en Falset (punto que los nuestros volvieron a ocupar
-luego que Macdonald en agosto se dirigió a Lérida), [Sidenote: Los
-atacan los españoles.] destacó un trozo de gente, a las órdenes del
-teniente coronel Villa, contra el mencionado batallón, al cual este
-jefe sorprendió y cogió entero. Afortunadamente para los franceses,
-el convoy que debió partir retardó su salida, escaso todavía de agua
-el río Ebro, sin lo cual hubiera aquel tenido la misma suerte que los
-napolitanos. No solo en este sino también en otros lances prosiguió el
-barón de La Barre incomodando al enemigo lo largo de aquella orilla.
-
-[Sidenote: Carvajal en Aragón.]
-
-Por la derecha desempeñaron igual faena los aragoneses. Gobernábalos
-en jefe desde agosto Don José María de Carvajal, a quien la regencia
-de Cádiz había nombrado con objeto de que obedeciesen a una sola
-mano las diversas partidas y cuerpos que recorrían aquel reino.
-Pensamiento loable, pero cuya ejecución se encomendó a hombre de
-limitada capacidad. Carvajal paró solo mientes en lo accesorio del
-mando, y descuidó lo más principal. Estableció en Teruel grande aparato
-de oficinas, con poca previsión almacenes, y dio ostentosas proclamas.
-En vez de ayudar, embarazaba a los jefes subalternos, y mostrábase
-quisquilloso con sus puntas de celos.
-
-[Sidenote: Villacampa infatigable en guerrear.]
-
-Importunaba más que a los otros a Don Pedro Villacampa, como quien
-descollaba sobre todos. Este caudillo, sin embargo, continuando
-infatigable la guerra, cogió el 6 de septiembre, en Andorra, [Sidenote:
-Andorra.] un destacamento enemigo, y al siguiente día, en Las Cuevas
-de Cañart, [Sidenote: Las Cuevas.] un convoy con 136 soldados y 3
-oficiales. El coronel Plicque, que lo mandaba, logró escaparse,
-achacándose a Carvajal la culpa por haber retenido lejos, so pretexto
-de revista, parte de las tropas. Desazonado Suchet con tales pérdidas,
-envió de Mora para ahuyentar a Villacampa alguna fuerza a las órdenes
-del general Habert, que, reunido a los coroneles Plicque y Kliski, que
-estaban hacia Alcañiz, obligó al español a enmarañarse en las sierras.
-
-Mas pasado un mes, volviendo Villacampa a avanzar, resolvió de nuevo
-Suchet que le atacasen sus tropas, y destacó a Chlopicki del bloqueo
-de Tortosa, con 7 batallones y 400 caballos. Villacampa retrocedió, y
-Carvajal evacuó a Teruel, donde entraron los franceses el 30. Siguieron
-estos de cerca a los españoles, [Sidenote: Alventosa.] y en la mañana
-siguiente alcanzaron su retaguardia más allá de la quebrada de
-Alventosa, y cogieron 6 piezas, varios caballos y carros de municiones.
-
-[Sidenote: Combate de la Fuensanta.]
-
-Chlopicki creyó con esto haber dispersado del todo a los españoles; pero
-luego se desengañó, quedando en pie la mayor parte de la fuerza del
-general Villacampa. Por lo mismo trató de aniquilarla, y se encontró
-con ella apostada, el 12 de noviembre, en las alturas inmediatas al
-santuario de la Fuensanta, espaldas de Villel. Don Pedro Villacampa
-tenía unos 3000 hombres, manteniéndose Carvajal con alguna gente en
-Cuervo, a una legua del campo de batalla. La posición española era
-fuerte, aunque algo prolongada, y la defendieron los nuestros dos horas
-porfiadamente, hasta que la izquierda fue envuelta y atropellada.
-Perecieron de los españoles unos 200 hombres, ahogándose bastantes en
-el Guadalaviar al cruzar el puente de Libros, que con el peso se hundió.
-
-Chlopicki tornó después al sitio de Tortosa, y dejó a Kliski con 1200
-hombres para defender por aquella parte contra Villacampa la orilla
-derecha del Ebro.
-
-[Sidenote: Nuevos convoyes para Tortosa.]
-
-Entre tanto, sosteniéndose altas con mayor constancia las aguas de
-este río, apresuráronse los enemigos a transportar lo que exigía el
-entero complemento del asedio de aquella plaza. Mas no lo ejecutaron
-sin tropiezos y contratiempos. [Sidenote: Combates parciales.] El 3 de
-noviembre, diecisiete barcas partieron de Mequinenza, escoltadas con
-tropa francesa que las seguían por las márgenes del Ebro; la rapidez
-de la corriente hizo que aquellas tomasen la delantera. Aprovechose de
-tal acaso el teniente coronel Villa, puesto en emboscada entre Fayón
-y Ribarroja, y atacando el convoy cogió varias barcas, salvándose las
-otras al abrigo de refuerzos que acudieron. No les faltaron tampoco,
-antes de llegar a su destino, nuevas refriegas. Lo mismo sucedió el 27
-de noviembre a otro convoy, con la diferencia de que en este caso las
-barcas se habían retrasado, anticipándose las escoltas, y catalanes en
-acecho acometieron aquellas, las hicieron varar, y cogieron 70 hombres
-de la guarnición de Mequinenza que habían salido a socorrerlas.
-
-[Sidenote: Los españoles desalojados de Falset.]
-
-Como semejantes tentativas y correrías o eran proyectadas por la
-división española alojada en Falset, o por lo menos las apoyaba, había
-ya determinado Suchet, tanto para escarmentarla, cuanto para facilitar
-la aproximación del 7.º cuerpo, al que siempre aguardaba, atacar a los
-españoles en aquel puesto. Verificolo así el 19 de noviembre por medio
-del general Habert, quien, no obstante una viva resistencia de los
-nuestros, regidos por el barón de La Barre, se enseñoreó del campo y
-cogió 300 prisioneros, de cuyo número fue el general García Navarro, si
-bien luego consiguió escaparse.
-
-[Sidenote: Movimiento de Bassecourt.]
-
-Don Luis de Bassecourt, por el lado de Valencia, también tentó molestar
-a los franceses, y aun divertirlos del sitio de Tortosa. En la noche
-del 25 de noviembre partió de Peñíscola la vuelta de Ulldecona, con
-8000 infantes y 800 caballos distribuidos en tres columnas: la del
-centro la mandaba el mismo Bassecourt; la de la derecha, que se dirigía
-camino de Alcanar, Don Antonio Porta; y la de la izquierda, Don Melchor
-Álvarez. Al llegar el primero cerca de Ulldecona, [Sidenote: Acción de
-Ulldecona.] perdió tiempo aguardando a Porta; pero, impaciente, ordenó al
-fin que avanzasen guerrillas de infantería y caballería, y que al oír
-cierta señal atacasen. Hízose así, sustentando Bassecourt la acometida
-por el centro con el grueso de los jinetes, y por los flancos con los
-peones. Hasta tercera vez insistieron los nuestros en su empeño, en
-cuya ocasión no descubriéndose todavía ni a Porta, ni a Don Melchor
-Álvarez, tuvieron que cejar con quebranto, en especial el escuadrón de
-la Reina, cuyo coronel, Don José Velarde, quedó prisionero. Bassecourt
-se retiró por escalones y en bastante orden hasta Vinaroz, donde
-se le juntó Don Antonio Porta. Los franceses vinieron luego encima,
-habiendo juntado todas sus fuerzas el general Musnier, que los mandaba,
-con lo que los nuestros, ya desanimados, se dispersaron. Recogiose
-Bassecourt a Peñíscola, en donde se volvió a reunir su gente, y llegó
-noticia de haberse mantenido salva la izquierda que capitaneaba Don
-Melchor Álvarez, ya que no acudiese con puntualidad al sitio que se le
-señalara. Corta fue de ambos lados la pérdida; los prisioneros por el
-nuestro, bastantes, aunque después se fugaron muchos. Achacose en parte
-la culpa de este descalabro a la lentitud de Porta: otros pensaron que
-Bassecourt no había calculado convenientemente los tropiezos que en la
-marcha encontrarían las columnas de derecha e izquierda.
-
-Al mismo tiempo que se avanzó hacia Ulldecona, dio la vela de Peñíscola
-una flotilla, con intento de atacar los puestos franceses de la Rápita
-y los Alfaques; mas, estando sobre aviso el general Harispe, que había
-sucedido en el mando de la división a Laval, muerto de enfermedad, tomó
-sus precauciones y estorbó el desembarco.
-
-[Sidenote: Macdonald socorre a Barcelona y se acerca a Tortosa.]
-
-Se acercaba, en tanto, el día en que Macdonald, después de largo
-esperar, ayudase de veras a la completa formalización del sitio de
-Tortosa. Permitióselo el haber podido meter en Barcelona el convoy
-que insinuamos fue a buscar vía del Ampurdán. Aseguradas de este modo
-por algún tiempo las subsistencias en dicha plaza, dejó en ella 6000
-hombres; 14.000 a las órdenes del general Baraguey D’Hilliers en Gerona
-y Figueras, de que la mayor parte quedaba disponible para guerrear
-en el campo y mantener las comunicaciones con Francia, y con 15.000
-restantes marchó el mismo Macdonald la vuelta del Ebro, entrando en
-Mora el 13 de diciembre. Concertáronse él y Suchet, y sentando este en
-Jerta su cuartel general, [Sidenote: Formaliza el sitio Suchet.] ocupó
-el otro los puestos que antes cubría la división de Habert, y se dio
-principio a llevar con rapidez los trabajos del sitio de Tortosa, del
-que hablaremos en uno de los próximos libros.
-
-A la propia sazón el ejército español de Cataluña, dejando una división
-que observase el Llobregat, y continuando el Ampurdán al cuidado del
-barón de Eroles, se colocó en su mayor parte frontero a Macdonald, en
-figura de arco, alrededor de Lent, y apoyada la derecha en Montblanch.
-[Sidenote: Deja O’Donnell el mando.] Faltole luego el brazo activo
-y vigoroso de Don Enrique O’Donnell, quien debilitado a causa de su
-herida, empeorada con los cuidados, tuvo que embarcarse para Mallorca
-antes de acabar diciembre, recayendo el mando interinamente, como más
-antiguo, en Don Miguel de Iranzo.
-
-Por la relación que acabamos de hacer de las operaciones militares de
-estos meses en Cataluña, Aragón y Valencia, harto enmarañadas, y quizá
-enojosas por su menudencia, habrá visto el lector cómo, a pesar de
-haber escaseado en ellas trabazón y concierto, fueron para el enemigo
-incómodas y ominosas; pues desde principio de julio que embistió a
-Tortosa, no pudo hasta diciembre formalizar el sitio. Nuevo ejemplo de
-lo que son estas guerras. Sesenta mil franceses, no obstante los yerros
-y la mala inteligencia de nuestros jefes, nada adelantaron por aquella
-parte durante varios meses en la conquista, estrellándose sus esfuerzos
-contra el tropel de refriegas y pertinacia de los pueblos.
-
-[Sidenote: Partidas en lo interior de España.]
-
-En el riñón de España, junto con las provincias vascongadas y Navarra,
-se aumentaban las partidas, y en este año de 10 llegaron a formar
-algunas de ellas cuerpos numerosos y mejor disciplinados; pues en
-tales lides, como decía Fernando del Pulgar, «crece el corazón con
-las hazañas, y las hazañas con la gente, y la gente con el interés.»
-Proseguían también allí, en algunos parajes, gobernando las juntas,
-las cuales, sin asiento fijo, mudaban de morada según la suerte de
-las armas, y ya se embreñaban en elevadas sierras, o ya se guarecían
-en recónditos yermos. La regencia de Cádiz nombraba a veces generales
-que tuviesen bajo su mando los diversos guerrilleros de un determinado
-distrito, o ensalzaba a los que de entre ellos mismos sobresalían,
-autorizándolos con grados y comandancias superiores. Igualmente
-envió intendentes u otros empleados de hacienda que recaudasen las
-contribuciones y llevasen, en lo posible, la correspondiente cuenta y
-razón, invirtiéndose los productos en las atenciones de los respectivos
-territorios. Y si no se estableció en todas partes entero y cumplido
-orden, incompatible con las circunstancias y la presencia del enemigo,
-por lo menos adoptose un género de gobernación que, aunque llevaba
-visos de solo concertado desorden, remedió ciertos males, evitó otros,
-y mantuvo siempre viva la llama de la insurrección.
-
-No poco por su lado contribuían los franceses al propio fin. Sus
-extorsiones pasaban la raya de lo hostigoso e inicuo. Vivían, en
-general, de pesadísimas derramas y de escandaloso pillaje, cuyos
-excesos producían en los pueblos venganzas, y estas crueles y
-sanguinarias medidas del enemigo. Los alcaldes de los pueblos, los
-curas párrocos, los sujetos distinguidos, sin reparar en edad ni
-aun en sexo, tenían que responder de la tranquilidad pública, y
-con frecuencia, so pretexto de que conservaban relaciones con los
-partidarios, se los metía en duras prisiones, se los extrañaba a
-Francia, o eran atropelladamente arcabuceados. ¡Qué pábulo no daban
-tales arbitrariedades y demasías al acrecentamiento de las guerrillas!
-
-Asaltados por ellas en todos lugares, tuvieron los enemigos que
-establecer de trecho en trecho puestos fortificados, valiéndose de
-antiguos castillos de moros, o de conventos y casas-palacio. Por este
-medio aseguraban sus caminos militares, la línea de sus operaciones,
-y formaban depósitos de víveres y aprestos de guerra. Su dominio no
-se extendía generalmente fuera del recinto fortalecido, teniendo a
-veces que oír, mal de su grado y sin poder estorbarlo, las jácaras
-patrióticas que en su derredor venían a entonar, con los habitantes,
-los atrevidos partidarios.
-
-Al viajante presentaban por lo común aquellos caminos triste y
-desoladora vista: pueblos desiertos, arruinados, continua soledad que
-interrumpían de tarde en tarde escoltados convoyes, o la aparición de
-los puestos franceses, cuyos soldados recelosamente salían de entre sus
-empalizadas. Resultas precisas, pero lastimosas, de tan cruda y bárbara
-guerra.
-
-Conservar de este modo las comunicaciones exigía de los franceses
-suma vigilancia y mucha gente. Así, en las provincias de que vamos
-hablando, nada menos contaban que unos 70.000 hombres, 24.000 en Madrid
-y lo restante de Castilla la Nueva. En la Vieja, además de Segovia y
-Ávila, y de otros puntos de inmediato enlace con las operaciones de
-Portugal y Asturias, había en Valladolid de 6 a 7000 hombres, y 10.000
-en Burgos, Soria y sus contornos; 7000 se esparcían por Álava, Vizcaya
-y Guipúzcoa, y 22.000 se alojaban en Navarra. Distribuíase toda esta
-gente en columnas móviles, o se juntaba, según los casos, en cuerpos
-más numerosos y compactos.
-
-En orden a los partidarios, causadores de tanto afán, no nos es dado
-hacer de todos particular especificación, y menos de sus hechos, como
-ajena de una historia general. Subía a 200 la cuenta de los caudillos
-más conocidos, apareciendo y desapareciendo otros muchos con las
-oleadas de los sucesos.
-
-Los que andaban cerca de los ejércitos en la circunferencia peninsular,
-y de que ya hemos hablado, permanecían más fijos en sus respectivos
-lugares, como dependientes de cuerpos reglados. Los que ahora nos
-ocupan, si bien de preferencia tenían, digámoslo así, determinada
-vivienda, trasladábanse de una provincia a otra al son de las
-alternativas y vueltas de la guerra, o según el cebo que ofrecía alguna
-lucrativa o gloriosa empresa.
-
-[Sidenote: En Andalucía.]
-
-En Andalucía, aparte de las guerrillas nombradas y que recorrían las
-sierras de Granada y Ronda, diéronse a conocer bastante las de Don
-Pedro Zaldivia, Don Juan Mármol y Don Juan Lorenzo Rey, habiendo una,
-que apellidaron del Mantequero, metídose en el barrio de Triana un día
-de los del mes de septiembre, con gran sobresalto de los franceses de
-Sevilla.
-
-[Sidenote: En Castilla la Nueva.]
-
-Continuaban en la Mancha haciendo sus excursiones Francisquete y los ya
-insinuados en otro libro. Oyéronse ahora los nombres de Don Miguel Díaz
-y de Don Juan Antonio Orobio, juntamente con los de Don Francisco Abad
-y Don Manuel Pastrana, el primero bajo el mote de Chaleco, y el último
-bajo el de Chambergo. Usanza esta general entre el vulgo, no olvidada
-ahora con caudillos que por la mayor parte salían de las honradas pero
-humildes clases del pueblo.
-
-Apareció en la provincia de Toledo Don Juan Palarea, médico de
-Villaluenga, y en la misma murió el famoso partidario Don Ventura
-Jiménez, de resultas de heridas recibidas el 17 de junio en un empeñado
-choque junto al puente de San Martín. Igual y gloriosa suerte cupo
-a Don Toribio Bustamante, alias el Caracol, que recorría aquella
-provincia y la de Extremadura. Tomó las armas después de la batalla
-de Rioseco, en donde era administrador de correos, para vengar la
-muerte de su mujer y de un tierno hijo, que perecieron a manos de los
-franceses en el saco de aquella ciudad. Finó el 2 de agosto, lidiando
-en el puerto de Miravete.
-
-En las cercanías de Madrid hervían las partidas, a pesar de las fuerzas
-respetables que custodiaban la capital; bien es verdad que dentro tenía
-la causa nacional firmes parciales, y auxilios y pertrechos, y hasta
-insignias honoríficas recibían de su adhesión y afecto los caudillos de
-las guerrillas.
-
-Don Juan Martín [el Empecinado], que por lo común peleaba en la
-provincia vecina de Guadalajara, era a quien especialmente se dirigían
-los envíos y obsequiosos rendimientos. Cuerpos suyos destacados
-rondaban a menudo no lejos de Madrid, y el 13 de julio hasta se
-metieron en la Casa de Campo, tan inmediata a la capital y sitio de
-recreo de José. A tal punto inquietaban estos rebatos a los enemigos,
-y tanto se multiplicaban, que el conde de Laforest, embajador de
-Napoleón cerca de su hermano, después de hablar en un pliego, escrito
-en 5 de julio al ministro Champagny, de que las «sorpresas que hacían
-las cuadrillas españolas de los puestos militares, de los convoyes y
-correos, eran cada día más frecuentes», añadía, «que en Madrid nadie
-se podía, sin riesgo, alejar de sus tapias.»
-
-Mirando los franceses al Empecinado como principal promovedor de
-tales acometidas, quisieron destruirle, y ya en la primavera habían
-destacado contra él, a las órdenes del general Hugo, una columna
-volante de 3000 infantes y caballos, en cuyo número había españoles de
-los enregimentados por José, pero que comúnmente solo sirvieron para
-engrosar las filas del Empecinado.
-
-El general Hugo, aunque al principio alcanzó ventajas, creyó oportuno,
-para apoyar sus movimientos, fortalecer en fines de junio a Brihuega
-y Sigüenza. No tardó el Empecinado en atacar a esta ciudad, constando
-ya su fuerza de 600 infantes y 400 caballos. Se agregó a él, con
-100 hombres, Don Francisco de Palafox, que vimos antes en Alcañiz,
-y que luego pasó a Mallorca, donde murió. Juntos ambos caudillos,
-obligaron a los franceses a encerrarse en el castillo, y entraron en
-la ciudad. Abandonáronla pronto. Mas desde entonces el Empecinado no
-cesó de amenazar a los franceses en todos los puntos, y de molestarlos
-marchando y contramarchando, y ora se presentaba en Guadalajara, ora
-delante de Sigüenza, y ora, en fin, cruzaba el Jarama y ponía en
-cuidado hasta la misma corte de José.
-
-Servíale de poco a Hugo su diligencia, pues Don Juan Martín, si se veía
-acosado, presto a desparcir su gente, juntábala en otras provincias, e
-iba hasta las de Burgos y Soria, de donde también venían a veces en su
-ayuda Tapia y Merino.
-
-El 18 de agosto trabó en Cifuentes, partido de Guadalajara, una
-porfiada refriega, y aunque de resultas tuvo que retirarse, apareció
-otra vez el 24 en Mirabueno, y sorprendió una columna enemiga
-cogiéndole bastantes prisioneros. Volvió en 14 de septiembre a empeñar
-otra acción, también reñida, en el mismo Cifuentes, la cual duró
-todo el día, y los franceses, después de poner fuego a la villa, se
-recogieron a Brihuega.
-
-Ascendió en octubre la fuerza del Empecinado a 600 caballos y 1500
-infantes, con lo que pudo destacar partidas a Castilla la Vieja y otros
-lugares, no solo para pelear contra los franceses sino también para
-someter algunas guerrillas españolas que, so color de patriotismo,
-oprimían los pueblos y dejaban tranquilos a los enemigos.
-
-No le estorbó esta maniobra hostilizar al general Hugo, y el 18 de
-octubre escarmentó a algunas de sus tropas en las Cantarillas de
-Fuentes, apresando parte de un convoy.
-
-Con tan repetidos ataques desflaquecía la columna del general Hugo,
-y menester fue que le enviasen de Madrid refuerzos. Luego que se le
-juntaron, se dirigió a Humanes, y allí en 7 de diciembre escribió al
-Empecinado, ofreciéndole para él y sus soldados servicio y mercedes
-bajo el gobierno de José. Replicó el español briosamente y como
-honrado, de lo cual enfadado Hugo, cerró con los nuestros dos días
-después en Cogolludo, teniendo el jefe español que retirarse a Atienza,
-sin que por eso se desalentase; pues a poco se dirigió a Jadraque y
-recobró varios de sus prisioneros. «Tal era, dice el general Hugo en
-sus memorias, la pasmosa actividad del Empecinado, tal la renovación
-y aumento de sus tropas, tales los abundantes socorros que de todas
-partes le suministraban, que me veía forzado a ejecutar continuos
-movimientos.» Y más adelante concluye con asentar: «Para la completa
-conquista de la península se necesitaba acabar con las guerrillas...
-Pero su destrucción presentaba la imagen de la hidra fabulosa.»
-Testimonio imparcial, y que añade nuevas pruebas en favor del raro
-y exquisito mérito de los españoles en guerra tan extraordinaria y
-hazañosa.
-
-Don Luis de Bassecourt, conforme apuntamos, mandaba en Cuenca antes
-de pasar a Valencia. Entraron los franceses en aquella ciudad el 17
-de junio, y hallándola desamparada cometieron excesos parecidos a los
-que allí deshonraron sus armas en las anteriores ocupaciones. Quemaron
-casas, destruyeron muebles y ornamentos, y hasta inquietaron las
-cenizas de los muertos desenterrando varios cadáveres en busca, sin
-duda, de alhajas y soñados tesoros.
-
-Evacuaron luego la ciudad, y en agosto sucedió a Bassecourt en el
-mando Don José Martínez de San Martín, que también de médico se había
-convertido en audaz partidario. Recorría la tierra hasta el Tajo, en
-cuyas orillas escarmentó a veces la columna volante que capitaneaba en
-Tarancón el coronel francés Forestier.
-
-[Sidenote: En Castilla la Vieja.]
-
-Cundía igualmente voraz el fuego de la guerra al norte de las sierras
-de Guadarrama. Sosteníanse los más de los partidarios en otro libro
-mencionados, y brotaron otros muchos. De ellos, en Segovia, Don Juan
-Abril; en Ávila, Don Camilo Gómez; en Toro, Don Lorenzo Aguilar; y
-distinguiose en Valladolid la guerrilla de caballería, llamada de
-Borbón, que acaudillaba Don Tomás Príncipe.
-
-Aquí mostrábase el general Kellermann contra los partidarios tan
-implacable y severo como antes, portándose, a veces, ya él o ya los
-subalternos, harto sañudamente. Hubo un caso que aventajó a todos
-en esmerada crueldad. Fue, pues, que preso el hijo de un latonero
-de aquella ciudad, de edad de doce años, que llevaba pólvora a las
-partidas, no queriendo descubrir la persona que le enviaba, aplicáronle
-fuego lento a las plantas de los pies y a las palmas de las manos para
-que con el dolor declarase lo que no quería de grado. El niño, firme
-en su propósito, no desplegó los labios, y conmoviéronse, al ver tanta
-heroicidad, los mismos ejecutores de la pena, mas no sus verdaderos
-y empedernidos verdugos. ¿Y quién, después de este ejemplo y otros
-semejantes, solo propios de naciones feroces y de siglos bárbaros,
-extrañará algunos rigores, y aun actos crueles de los partidarios?
-
-Don Juan Tapia, en Palencia; Don Jerónimo Merino, en Burgos; Don
-Bartolomé Amor, en La Rioja, y en Soria Don José Joaquín Durán, ya
-unidos, ya separadamente, peleaban en sus respectivos territorios,
-o batían la campaña en otras provincias. Eligió la junta de Soria a
-Durán, comandante general de su distrito. Siendo brigadier fue hecho
-prisionero en la acción de Bubierca, y habiéndose luego fugado,
-se mantenía oculto en Cascante, pueblo de su naturaleza. Resolvió
-dicha junta este nombramiento [que mereció en breve la aprobación
-del gobierno] de resultas de un descalabro que el 6 de septiembre
-padecieron en Yanguas sus partidas, unidas a las de La Rioja. Causolo
-una columna volante enemiga que regía el general Roguet, quien
-inhumanamente mandó fusilar 20 soldados españoles prisioneros, después
-de haberles hecho creer que les concedía la vida.
-
-Durán se estableció en Berlanga. Su fuerza, al principio, no era
-considerable; pero aparentó de manera que el gobernador francés de
-Soria, Duvernet, si bien a la cabeza de 1600 hombres de la guardia
-imperial, no osó atacarle solo, y pidió auxilio al general Dorsenne,
-residente en Burgos. Por entonces ni uno ni otro se movieron, y dejaron
-a Durán tranquilo en Berlanga.
-
-Tampoco pensaba este en hacer tentativa alguna hasta que su gente
-fuese más numerosa y estuviese mejor disciplinada. Pero habiéndosele
-presentado en diciembre los partidarios Merino y Tapia, con 600
-hombres, los más de caballería, no quiso desaprovechar tan buena
-ocasión, y les propuso atacar a Duvernet, que a la sazón se alojaba,
-con 600 soldados, en Calatañazor, camino del Burgo de Osma. Aprobaron
-Merino y Tapia el pensamiento, y todos convinieron en aguardar a los
-franceses el 11, a su paso por Torralba. Apareció Duvernet, trabose la
-pelea, y ya iba aquel de vencida cuando de repente la caballería de
-Merino volvió grupa y desamparó a los infantes. Dispersáronse estos,
-tornaron Tapia y su compañero a sus provincias, y Durán a Berlanga,
-en donde sin ser molestado continuó hasta finalizar el año de 10,
-procurando reparar sus pérdidas y mejorar la disciplina.
-
-[Sidenote: Santander y provincias vascongadas.]
-
-Tomó a su cargo la Montaña de Santander el partidario Campillo,
-aproximándose unas veces a Asturias, y otras a Vizcaya, mas siempre con
-gran detrimento del enemigo. Mereció por ello gran loa, y también por
-ser de aquellos lidiadores que, sirviendo a su patria, nunca despojaron
-a los pueblos.
-
-La misma fama adquirió en esta parte Don Juan de Aróstegui, que
-acaudillaba en Vizcaya una partida considerable con el nombre de
-Bocamorteros. Sonaba en Álava desde principios de año Don Francisco
-Longa, de la Puebla de Arganzón, quien en breve contó bajo su mando unos
-500 hombres. Pronto rebulló también en Guipúzcoa Don Gaspar Jáuregui,
-llamado el Pastor porque soltó el cayado para empuñar la espada.
-
-[Sidenote: Expedición de Renovales a la costa cantábrica.]
-
-Estas provincias vascongadas, así como toda la costa cantábrica, de
-suma importancia para divertir al enemigo y cortarle en su raíz las
-comunicaciones, habían llamado particularmente la atención del gobierno
-supremo, y por tanto, además de las expediciones referidas de Porlier,
-se idearon otras. Fue de ellas la primera una que encomendó la regencia
-a Don Mariano Renovales. Salió este al efecto de Cádiz, aportó a la
-Coruña, y hechos los preparativos, dio de aquí la vela el 14 de octubre
-con rumbo al este. Llevaba 1200 españoles y 800 ingleses, convoyados
-por 4 fragatas de la misma nación y otra de la nuestra, con varios
-buques menores. Mandaba las fuerzas de mar el comodoro Mends.
-
-Fondeó la expedición en Gijón el 17, a tiempo que Porlier peleaba
-en los alrededores con los franceses; mas no pudiendo Renovales
-desembarcar hasta el 18, diose lugar a que los enemigos evacuasen
-aquella villa, y que Porlier, atacado por estos, unidos a los de
-afuera, se alejase. Renovales se reembarcó, y el 23 surgió en Santoña;
-vientos contrarios no le permitieron tomar tierra hasta el 28; espacio
-de tiempo favorable a los franceses que, acudiendo con fuerzas
-superiores en auxilio del punto amagado, obligaron a los nuestros
-a desistir de su intento. Además, la estación avanzaba y se ponía
-inverniza, con anuncios de temporales peligrosos en costa tan brava;
-por lo mismo, pareciendo prudente retroceder a Galicia, aportaron los
-nuestros a Vivero. Allí, arreciando los vientos, se perdió la fragata
-española Magdalena y el bergantín Palomo, con la mayor parte de sus
-tripulaciones. Grande desdicha que si en algo pendió de los malos
-tiempos, también hubo quien la atribuyese a imprevisión y tardanzas.
-
-[Sidenote: Navarra. Espoz y Mina.]
-
-Causó al principio desasosiego a los franceses esta expedición, que
-creyeron más poderosa; pero tranquilizándose después al verla alejada,
-pusieron nuevo conato, aunque inútilmente, en despejar el país de las
-partidas, perturbándolos en especial Don Francisco Espoz y Mina, que
-sobresalió por su intrepidez y no interrumpidos ataques.
-
-A poco de la desgracia de su sobrino, había allegado bastante gente,
-que todos los días se aumentaba. Sin aguardar a que fuese muy numerosa,
-emprendió ya en abril frecuentes acometidas, y prosiguió los meses
-adelante atajando las escoltas y combatiendo los alojamientos
-enemigos. Impacientes estos y enfurecidos del fatigoso pelear,
-determinaron en septiembre destruir a tan arrojado partidario. Valiose
-para ello el general Reille, que mandaba en Navarra, de las fuerzas que
-allí había y de otras que iban de paso a Portugal, juntando de este
-modo unos 30.000 hombres.
-
-Mina, acosado, para evitar el exterminio de su gente, la desparramó
-por diversos lugares, encaminándose parte de ella a Castilla y parte a
-Aragón. Guardó él consigo algunos hombres, y más desembarazado, no cesó
-en sus ataques, si bien tuvo luego que correrse a otras provincias.
-Herido de gravedad, tornó después a Navarra para curarse, creyéndose
-más seguro en donde el enemigo más le buscaba. ¡Tal y tan en su favor
-era la opinión de los pueblos, tanta la fidelidad de estos!
-
-Antes de ausentarse dio en Aragón nueva forma a sus guerrillas, vueltas
-a reunir en número de 3000 hombres, y las repartió en tres batallones y
-un escuadrón: confirió el mando de dos de ellos a Curuchaga y a Górriz,
-jefes dignos de su confianza. La regencia de Cádiz le nombró entonces
-coronel y comandante general de las guerrillas de Navarra; pues estos
-caudillos, en medio de la independencia de que disfrutaban, hija de
-las circunstancias y de su posición, aspiraban todos a que el gobierno
-supremo confirmase sus grados y aprobase sus hechos, reconociéndole
-como autoridad soberana y único medio de que se conservase buena
-armonía y unión entre las provincias españolas.
-
-Recobrado Mina de su herida, comenzó, al finalizar octubre, otras
-empresas, y su gente recorrió de nuevo los campos de Aragón y Castilla
-con terrible quebranto de los enemigos. Restituyose en diciembre a
-Navarra, atacó a los franceses en Tievas, Monreal y Aibar, y cerrando
-dichosamente la campaña de 1810, se dispuso a dar a su nombre, en las
-sucesivas, mayor fama y realce.
-
-Júzguese por lo que hemos referido cuantos males no acarrearían las
-guerrillas al ejército enemigo. Habíalas en cada provincia, en cada
-comarca, en cada rincón: contaban algunas 2000 y 3000 hombres, la
-mayor parte 500 y aun 1000. Se agregaron las más pequeñas a las más
-numerosas, o desaparecieron, porque como eran las que por lo general
-vejaban los pueblos, faltábales la protección de estos, persiguiéndolas
-al propio tiempo los otros guerrilleros, interesados en su buen
-nombre y a veces también en el aumento de su gente. No hay duda que
-en ocasiones se originaron daños a los naturales, aun de las grandes
-partidas; pero los más eran inherentes a este linaje de guerra,
-pudiéndose resueltamente afirmar que, sin aquellas, hubiera corrido
-riesgo la causa de la independencia. Tranquilo poseedor el enemigo de
-extensión vasta de país, se hubiera entonces aprovechado de todos sus
-recursos transitando por él pacíficamente, y dueño de mayores fuerzas,
-ni nuestros ejércitos, por más valientes que se mostrasen, hubieran
-podido resistir a la superioridad y disciplina de sus contrarios,
-ni los aliados se hubieran mantenido constantes en contribuir a la
-defensa de una nación cuyos habitantes doblaban mansamente la cerviz a
-la coyunda extranjera.
-
-[Sidenote: Cortes.]
-
-Tregua ahora a tanto combate, y lanzándonos en el campo no menos vasto
-de la política, hablemos de lo que precedió a la reunión de cortes, las
-cuales, en breve congregadas, haciendo bambolear el antiguo edificio
-social, echaron al suelo las partes ruinosas y deformes, y levantaron
-otro que si no perfecto, por lo menos se acomodaba mejor al progreso
-de las luces del siglo, y a los usos, costumbres y membranzas de las
-primitivas monarquías de España.
-
-[Sidenote: Remisa la regencia en convocarlas.]
-
-Desaficionada la regencia a la institución de cortes, había postergado
-el reunirlas, no cumpliendo debidamente con el juramento que había
-prestado al instalarse «de contribuir a la celebración de aquel augusto
-congreso en la forma establecida por la suprema junta central, y en
-el tiempo designado en el decreto de creación de la regencia.» Cierto
-es que en este decreto aunque se insistía en la reunión de cortes ya
-convocadas para el 1.º de marzo de 1810, se añadía: «si la defensa del
-reino... lo permitiere.» Cláusula puesta allí para el solo caso de
-urgencia, o para diferir cortos días la instalación de las cortes; pero
-que abría ancho espacio a la interpretación de los que procediesen con
-mala o fría voluntad.
-
-[Sidenote: Clamor general por ellas.]
-
-Descuidó pues la regencia el cumplimiento de su solemne promesa, y
-no volvió a mentar ni aun la palabra cortes sino en algunos papeles
-que circuló a América, las más veces no difundidos en la península,
-y cortados a traza de entretenimiento para halagar los ánimos de los
-habitantes de ultramar. Conducta extraña que sobremanera enojó, pues
-entonces ansiaban los más la pronta reunión de cortes, considerando
-a estas como áncora de esperanza en tan deshecha tormenta. Creciendo
-los clamores públicos, se unieron a ellos los de varios diputados de
-algunas juntas de provincia, los cuales residían en Cádiz, y trataron
-de promover legalmente asunto de tanta importancia. Temerosa la
-regencia de la común opinión, y sabedora de lo que intentaban los
-referidos diputados, resolvió ganar a todos por la mano, suscitando
-ella misma la cuestión de cortes, ya que contase deslumbrar así y dar
-largas, o ya que, obligada a conceder lo que la generalidad pedía,
-quisiese aparentar que solo la estimulaba propia voluntad y no ajeno
-impulso. A este fin, llamó el 14 de junio a Don Martín de Garay, y le
-instó a que esclareciese ciertas dudas que ocurrían en el modo de la
-convocación de cortes, no hallándose nadie más bien enterado en la
-materia que dicho sujeto, secretario general e individuo que había sido
-de la junta central.
-
-[Sidenote: Las piden diputados de las juntas de provincia.]
-
-No por eso desistieron de su intento los diputados de las provincias,
-y el 17 del propio junio comisionaron a dos de ellos para poner en
-manos de la regencia una exposición enderezada a recordar la prometida
-reunión de cortes. Cupo el desempeño de este encargo a Don Guillermo
-Hualde, diputado por Cuenca, y al conde de Toreno [autor de esta
-historia], que lo era por León. Presentáronse ambos, y después de haber
-el último obtenido venia, leído el papel de que eran portadores,
-alborotose bastantemente el obispo de Orense, no acostumbrado a oír y
-menos a recibir consejos. Replicaron los comisionados, y comenzaban
-unos y otros a agriarse, cuando, terciando el general Castaños,
-amansáronse Hualde y Toreno, y templando también el obispo su ira
-locuaz y apasionada, humanose al cabo; y así él como los demás regentes
-dieron a los diputados una respuesta satisfactoria. Divulgado el
-suceso, remontó el vuelo la opinión de Cádiz, mayormente habiendo su
-junta aprobado la exposición hecha al gobierno, y sostenídola con otra
-que a su efecto elevó a su conocimiento en el día siguiente.
-
-[Sidenote: Decreto de convocación. (* Ap. n. 12-2.)]
-
-Amedrentada la regencia con la fermentación que reinaba, promulgó
-el mismo 18 un decreto,[*] por el que, mandando que se realizasen
-a la mayor brevedad las elecciones de diputados que no se hubiesen
-verificado hasta aquel día, se disponía además que en todo el próximo
-agosto concurriesen los nombrados a la Isla de León, en donde luego
-que se hallase la mayor parte, se daría principio a las sesiones.
-Aunque en su tenor parecía vago este decreto, no fijándose el día de
-la instalación de cortes, sin embargo la regencia soltaba prendas que
-no podía recoger, y a nadie era ya dado contrarrestar el desencadenado
-ímpetu de la opinión.
-
-[Sidenote: Júbilo general en la nación.]
-
-Produjo en Cádiz, y seguidamente en toda la monarquía, extremo
-contentamiento semejante providencia, y apresuráronse a nombrar
-diputados las provincias que aún no lo habían efectuado, y que gozaban
-de la dicha de no estar imposibilitadas para aquel acto por la
-ocupación enemiga. En Cádiz empezaron todos a trabajar en favor del
-pronto logro de tan deseado objeto.
-
-[Sidenote: Dudas de la regencia sobre convocar una segunda cámara.]
-
-La regencia, por su parte, se dedicó a resolver las dudas que, según
-arriba insinuamos, ocurrían acerca del modo de constituir las cortes.
-Fue una de las primeras la de si se convocaría o no una cámara de
-privilegiados. En su lugar vimos cómo la junta central dio antes de
-disolverse un decreto, llamando bajo el nombre de estamento o cámara de
-dignidades a los arzobispos, obispos y grandes del reino; pero también
-entonces vimos como nunca se había publicado esta determinación. En
-la convocatoria general de 1.º de enero, ni en la instrucción que la
-acompañaba, no había el gobierno supremo ordenado cosa alguna sobre su
-posterior resolución: solo insinuó en una nota que igual convocatoria
-se remitiría «a los representantes del brazo eclesiástico y de la
-nobleza.» Las juntas no publicaron esta circunstancia, e ignorándola
-los electores, habían recaído ya algunos de los nombramientos en
-grandes y en prelados.
-
-Perpleja con eso la regencia, empezó a consultar a las corporaciones
-principales del reino sobre si convendría o no llevar a cumplida
-ejecución el decreto de la central acerca del estamento de
-privilegiados. Para acertar en la materia, de poco servía acudir a los
-hechos de nuestra historia.
-
-[Sidenote: Costumbre antigua.]
-
-Antes que se reuniesen las diversas coronas de España en las sienes
-de un mismo monarca, había la práctica sido varia, según los estados
-y los tiempos. En Castilla desaparecieron del todo los brazos del
-clero y de la nobleza después de las cortes celebradas en Toledo en
-1538 y 1539. Duraron más tiempo en Aragón; pero colocada en el solio,
-al principiar el siglo XVIII, la estirpe de los Borbones, dejaron en
-breve de congregarse separadamente las cortes en ambos reinos, y solo
-ya fueron llamadas para la jura de los príncipes de Asturias. Por
-primera vez se vieron juntas, en 1709, las de las coronas de Aragón
-y Castilla, y así continuaron hasta las últimas que se tuvieron en
-1789, no asistiendo ni aun a estas, a pesar de tratarse algún asunto
-grave, sino los diputados de las ciudades. Solo en Navarra proseguía la
-costumbre de convocar a sus cortes particulares el brazo eclesiástico y
-el militar, o sea de la nobleza. Pero además de que allí no entraban en
-el primero exclusivamente los prelados, sino también priores, abades y
-hasta el provisor del obispado de Pamplona, y que del segundo componían
-parte varios caballeros sin ser grandes ni titulados, no podía servir
-de norma tan reducido rincón a lo restante del reino, señaladamente
-hallándose cerca, como para contrapuesto ejemplo, las provincias
-vascongadas, en cuyas juntas, del todo populares, no se admiten ni aun
-los clérigos. Ahora había también que examinar la índole de la presente
-lucha, su origen y su progreso.
-
-La nobleza y el clero, aunque entraron gustosos en ella, habían obrado
-antes bien como particulares que como corporaciones, y lo más elevado
-de ambas clases, los grandes y los prelados no habían por lo general
-brillado ni a la cabeza de los ejércitos, ni de los gobiernos, ni de
-las partidas. Agregábase a esto la tendencia de la nación, desafecta
-a jerarquías, y en la que reducidos a estrechísimos límites los
-privilegios de los nobles, todos podían ascender a los puestos más
-altos sin excepción alguna.
-
-[Sidenote: Opinión común en la nación.]
-
-Mostrábase en ello tan universal la opinión que, no solo la apoyaban
-los que propendían a ideas democráticas, mas también los enemigos de
-cortes y de todo gobierno representativo. Los últimos no, en verdad,
-como un medio de desorden [había entonces en España acerca del
-asunto mejor fe], sino por no contrarrestar el modo de pensar de los
-naturales. Ya en Sevilla, en la comisión de la junta central encargada
-de los trabajos de cortes, los señores Riquelme y Caro, que apuntamos
-desamaban la reunión de cortes, una vez decidida esta, votaron por
-una sola cámara indivisa y común, y el ilustre Jovellanos por dos:
-Jovellanos, acérrimo partidario de cortes y uno de los españoles más
-sabios de nuestro tiempo. Los primeros seguían la voz común: guiaban al
-último reglas de consumada política, la práctica de Inglaterra y otras
-naciones. Entre los comisionados de las juntas residentes en Cádiz,
-fue el más celoso en favor de una sola cámara Don Guillermo Hualde, no
-obstante ser eclesiástico, dignidad de chantre en la catedral de Cuenca
-y grande adversario de novedades. Contradicciones frecuentes en tiempos
-revueltos, pero que nacían aquí, repetimos, de la elevada y orgullosa
-igualdad que ostenta la jactancia española, manantial de ciertas
-virtudes, causa a veces de ruinosa insubordinación.
-
-[Sidenote: Consulta la regencia al consejo reunido.]
-
-La regencia consultó sobre la materia, y otras relativas a cortes, al
-consejo reunido. La mayoría se conformó en todo con la opinión más
-acreditada, y se inclinó también a una sola cámara. Disintieron del
-dictamen varios individuos del antiguo consejo de Castilla, [Sidenote:
-Respuesta de este. Voto particular.] de cuyo número fueron el decano
-Don José Colón, el conde del Pinar, y los señores Riega, Duque Estrada,
-y Don Sebastián de Torres. Oposición que dimanaba, no de adhesión a
-cámaras, sino de odio a todo lo que fuese representación nacional:
-por lo que en su voto insistieron particularmente en que se castigase
-con severidad a los diputados de las juntas que habían osado pedir la
-pronta convocación de cortes.
-
-Cundió en Cádiz la noticia de la consulta, junto con la del dictamen
-de la minoría, y enfureciéronse los ánimos contra esta, mayormente no
-habiendo los más de los firmantes dado al principio del levantamiento,
-en 1808, grandes pruebas de afecto y decisión por la causa de la
-independencia. De consiguiente, conturbáronse los disidentes al
-saber que los tiros disparados en secreto, con esperanza de que se
-mantendrían ocultos, habían reventado a la luz del día. Creció su temor
-cuando la regencia, para fundar sus providencias, determinó que se
-publicase la consulta y el dictamen particular. No hubo entonces manejo
-ni súplica que no empleasen los autores del último para alcanzar el
-que se suspendiese dicha resolución. Así sucedió, y tranquilizose la
-mente de aquellos hombres, cuyas conciencias no habían escrupulizado
-en aconsejar a las calladas injustas persecuciones, pero que se
-estremecían aun de la sombra del peligro. Achaque inherente a la
-alevosía y a la crueldad, de que muchos de los que firmaron el voto
-particular dieron tristes ejemplos años adelante, cuando sonó en España
-la lúgubre y aciaga hora de las venganzas y juicios inicuos.
-
-[Sidenote: Consulta del consejo de estado.]
-
-Pidió luego la regencia, acerca del mismo asunto de cámaras, el parecer
-del consejo de estado, el cual convino también en que no se convocase
-la de privilegiados. Votó en favor de este dictamen el marqués de
-Astorga, no obstante su elevada clase; del mismo fue Don Benito de
-Hermida, adversario en otras materias de cualesquiera novedades.
-Sostuvo lo contrario Don Martín de Garay, como lo había hecho en la
-central, y conforme a la opinión de Jovellanos.
-
-[Sidenote: No se convoca segunda cámara.]
-
-No pudiendo resistir la regencia a la universalidad de pareceres,
-decidió que las clases privilegiadas no asistirían por separado a las
-cortes que iban a congregarse, y que estas se juntarían con arreglo al
-decreto que había circulado la central en 1.º de enero.
-
-[Sidenote: Modo de elección.]
-
-Según el tenor de este y de la instrucción que le acompañaba,
-innovábase del todo el antiguo modo de elección. Solamente en memoria
-de lo que antes regía se dejaba que cada ciudad de voto en cortes
-enviase por esta vez, en representación suya, un individuo de su
-ayuntamiento. Se concedía igualmente el mismo derecho a las juntas de
-provincia, como premio de sus desvelos en favor de la independencia
-nacional. Estas dos clases de diputados no componían, ni con mucho,
-la mayoría, pero sí los nombrados por la generalidad de la población
-conforme al método ahora adoptado. Por cada 50.000 almas se escogía un
-diputado, y tenían voz para la elección los españoles de todas clases
-avecindados en el territorio, de edad de 25 años, y hombres de casa
-abierta. Nombrábanse los diputados indirectamente, pasando su elección
-por los tres grados de juntas de parroquia, de partido y de provincia.
-No se requerían para obtener dicho cargo otras condiciones que las
-exigidas para ser elector y la de ser natural de la provincia, quedando
-elegido diputado el que saliese de una urna o vasija en que habían de
-sortearse los tres sujetos que primero hubiesen reunido la mayoría
-absoluta de votos. Defectuoso, si se quiere, este método, ya por ser
-sobradamente franco, estableciendo una especie de sufragio universal,
-y ya restricto a causa de la elección indirecta, llevaba, sin embargo,
-gran ventaja al antiguo, o a lo menos a lo que de este quedaba.
-
-[Sidenote: El antiguo de España.]
-
-En Castilla, hasta entrado el siglo XV, hubo cortes numerosas y a las que
-asistieron muchas villas y ciudades, si bien su concurrencia pendió
-casi siempre de la voluntad de los reyes, y no de un derecho reconocido
-e inconcuso. A los diputados, o sean procuradores, nombrábanlos los
-concejos formados de los vecinos, o ya los ayuntamientos, pues estos,
-siendo entonces por lo común de elección popular, representaban con
-mayor verdad la opinión de sus comitentes, que después, cuando se
-convirtieron sus regidurías, especialmente bajo los Felipes austriacos,
-en oficios vendibles y enajenables de la corona; medida que, por
-decirlo de paso, nació más bien de los apuros del erario que de
-miras ocultas en la política de los reyes. En Aragón, el brazo de las
-universidades o ciudades, y en Valencia y Cataluña, el conocido con
-el nombre de real, constaban de muchos diputados que llevaban la voz
-de los pueblos. Cuáles fuesen los que hubiesen de gozar de semejante
-derecho o privilegio no estaba bien determinado, pues según nos
-cuentan los cronistas Martel y Blancas, solo gobernaba la costumbre.
-Este modo de representar la generalidad de los ciudadanos, aunque
-inferior, sin duda, al de la central, aparecía, repetimos, muy superior
-al que prevaleció en los siglos XVI y XVII, decayendo sucesivamente
-las prácticas y usos antiguos, a punto que en las cortes celebradas
-desde el advenimiento de Felipe V hasta las últimas de 1789 solo se
-hallaron presentes los caballeros procuradores de 37 villas y ciudades,
-únicas en que se reconocía este derecho en las dos coronas de Aragón y
-Castilla. Por lo que con razón asentaba Lord Oxford, al principio del
-siglo XVIII, que aquellas asambleas solo eran ya _magni nominis umbra_.
-
-[Sidenote: Poderes que se dan a los diputados.]
-
-Conferíanse ahora a los diputados facultades amplias, pues además de
-anunciarse en la convocatoria, entre otras cosas, que se llamaba la
-nación a cortes generales «para restablecer y mejorar la constitución
-fundamental de la monarquía», se especificaba en los poderes que
-los diputados «podían acordar y resolver cuanto se propusiese en
-las cortes, así en razón de los puntos indicados en la real carta
-convocatoria, como en otros cualesquiera, con plena, franca, libre
-y general facultad, sin que por falta de poder dejasen de hacer cosa
-alguna, pues todo el que necesitasen les conferían [los electores] sin
-excepción ni limitación alguna.»
-
-[Sidenote: Llámanse a las cortes diputados de las provincias de América
-y Asia.]
-
-Otra de las grandes innovaciones fue la de convocar a cortes las
-provincias de América y Asia. Descubiertos y conquistados aquellos
-países a la sazón que en España iban de caída las juntas nacionales,
-nunca se pensó en llamar a ellas a los que allí moraban. Cosa, por
-otra parte, nada extraña atendiendo a sus diversos usos y costumbres,
-a sus distintos idiomas, al estado de su civilización, y a las ideas
-que entonces gobernaban en Europa respecto de colonias o regiones
-nuevamente descubiertas, pues vemos que en Inglaterra mismo donde nunca
-cesaron los parlamentos, tampoco en su seno se concedió asiento a los
-habitadores allende los mares.
-
-Ahora que los tiempos se habían cambiado, y confirmádose solemnemente
-la igualdad de derechos de todos los españoles, europeos y
-ultramarinos, menester era que unos y otros concurriesen a un congreso
-en que iban a decidirse materias de la mayor importancia, tocante a
-toda la monarquía que entonces se dilataba por el orbe. Requeríalo así
-la justicia, requeríalo el interés bien entendido de los habitantes
-de ambos mundos, y la situación de la península, que, para defender
-la causa de su propia independencia, debía granjear las voluntades de
-los que residían en aquellos países, y de cuya ayuda había reportado
-colmados frutos. Lo dificultoso era arreglar en la práctica la
-declaración de la igualdad. Regiones extendidas, como las de América,
-con variedad de castas, con desvío entre estas y preocupaciones,
-ofrecían en el asunto problemas de no fácil resolución. Agregábase la
-falta de estadísticas, la diferente y confusa división de provincias
-y distritos, y el tiempo que se necesitaba para desenmarañar tal
-laberinto, cuando la pronta convocación de cortes no daba vagar, ni
-para pedir noticias a América, ni para sacar de entre el polvo de los
-archivos las mancas y parciales que pudieran averiguarse en Europa.
-
-Por lo mismo, la junta central, en el primer decreto que publicó
-sobre cortes en 22 de mayo de 1809, contentose con especificar que la
-comisión encargada de preparar los trabajos acerca de la materia viese
-«la parte que las Américas tendrían en la representación nacional.»
-Cuando en enero de 1810 expidió la misma junta a las provincias de
-España las convocatorias para el nombramiento de cortes, acordó también
-un decreto en favor de la representación de América y Asia, limitándose
-a que fuese supletoria, compuesta de 26 individuos escogidos entre los
-naturales de aquellos países residentes en Europa, y hasta tanto que
-se decidiese el modo más conveniente de elección. No se imprimió este
-decreto, y solo se mandó insertar un aviso en la _Gaceta_ del mismo 7
-de enero dando cuenta de dicha resolución, confirmada después por la
-circular que, al despedirse, promulgó la central sobre celebración de
-cortes.
-
-No bastaba para satisfacer los deseos de la América tan escasa y
-ficticia representación, por lo cual adoptose igualmente un medio que
-si no era tan completo como el decretado para España, se aproximaba al
-menos a la fuente de donde ha de derivarse toda buena elección. Tomose
-en ello ejemplo de lo determinado antes por la central, cuando llamó a
-su seno individuos de los diversos virreinatos y capitanías generales
-de ultramar, medida que no tuvo cumplido efecto a causa de la breve
-gobernación de aquel cuerpo. Según dicho decreto, no publicado sino en
-junio de 1809, los ayuntamientos, después de nombrar tres individuos,
-debían sortear uno y remitir el nombre del que fuese favorecido por
-la fortuna al virrey o capitán general, quien reuniendo los de los
-candidatos de las diversas provincias, tenía que proceder con el real
-acuerdo a escoger tres y en seguida sortearlos, quedando elegido para
-individuo de la junta central el primero que saliese de la urna. Así
-se ve que el número de los nombrados se limitaba a uno solo por cada
-virreinato o capitanía general.
-
-Conservando en el primer grado el mismo método de elección, había
-dado la regencia, en 14 de febrero, mayor ensanche al nombramiento de
-diputados a cortes. Los ayuntamientos elegían en sus provincias sus
-representantes, sin necesidad de acudir a la aprobación o escogimiento
-de las autoridades superiores, de manera que, en vez de un solo
-diputado por cada virreinato o capitanía general, se nombraron tantos
-cuantas eran las provincias, con lo que no dejó de ser bastante
-numerosa la diputación americana que poco a poco fue aportando a
-Cádiz, aun de los países más remotos, y compuso parte muy principal de
-aquellas cortes.
-
-[Sidenote: Elección de suplentes.]
-
-No estorbó esto que, aguardando la llegada de los diputados
-propietarios, se llevase a efecto en Cádiz el nombramiento de
-suplentes, así respecto de las provincias de ultramar como también
-de las de España, cuyos representantes no hubiesen todavía acudido,
-impedidos por la ocupación enemiga o por cualquiera otra causa que
-hubiese motivado la dilación. Para América y Asia, en vez de 26
-suplentes resolvió la regencia se nombrasen dos más, accediendo a
-varias súplicas que se le hicieron; para la península debía elegirse
-uno solo por cada una de las provincias indicadas. Tocaba desempeñar
-encargo tan importante a los respectivos naturales, en quienes
-concurriesen las calidades exigidas en el decreto e instrucción de 1.º
-de enero. La regencia había el 19 de agosto determinado definitivamente
-este asunto de suplentes, conviniendo en que la elección se hiciese
-en Cádiz, como refugio del mayor número de emigrados. Publicó el 8 de
-septiembre un edicto sobre la materia, y nombró ministros del consejo
-que preparasen las listas de los naturales de la península y de América
-que estuviesen en el caso de poder ser electores.
-
-[Sidenote: Opinión sobre esto en Cádiz.]
-
-Aplaudieron todos en Cádiz el que hubiese suplentes, lo mismo los
-apasionados a novedades que sus adversarios. Vislumbraban en ello unos
-carrera abierta a su noble ambición, esperaban otros conservar así su
-antiguo influjo y contener el ímpetu reformador. Entre los últimos se
-contaban consejeros, antiguos empleados, personas elevadas en dignidad
-que se figuraban prevalecer en las elecciones y manejarlas a su antojo,
-asistidos de su nombre y de su respetada autoridad. Ofuscamiento de
-quien ignoraba lo arremolinadas que van, aun desde un principio, las
-corrientes de una revolución.
-
-[Sidenote: Parte que toma la mocedad.]
-
-En breve se desengañaron, notando cuán perdido andaba su influjo.
-Levantáronse los pechos de la mocedad, y desapareció aquella
-indiferencia a que antes estaba avezada en las cuestiones políticas.
-Todo era juntas, reuniones, corrillos, conferencias con la regencia,
-demandas, aclaraciones. Hablábase de candidatos para diputados, y
-poníanse los ojos, no precisamente en dignidades, no en hombres
-envejecidos en la antigua corte o en los rancios hábitos de los
-consejos u otras corporaciones, sino en los que se miraban como más
-ilustrados, más briosos y más capaces de limpiar la España de la
-herrumbre que llevaba comida casi toda su fortaleza.
-
-Los consejeros nombrados para formar las listas, lejos de tropezar,
-cuando ocurrían dudas, con tímidos litigantes o con sumisos y
-necesitados pretendientes, tuvieron que habérselas con hombres que
-conocían sus derechos, que los defendían y aun osaban arrostrar las
-amenazas de quienes antes resolvían sin oposición y con el ceño de
-indisputable supremacía.
-
-[Sidenote: Enojo de los enemigos de reformas.]
-
-Desde entonces, muchos de los que más habían deseado el nombramiento
-de suplentes empezáronse a mostrar enemigos, y por consecuencia
-adversarios de las mismas cortes. Fuéronlo sin rebozo luego que se
-terminaron dichas elecciones de suplentes. Se dio principio a estas
-el 17 de septiembre, y recayeron por lo común los nombramientos de
-diputados en sujetos de capacidad y muy inclinados a reformas.
-
-[Sidenote: Número que acude a las elecciones.]
-
-Presidieron las elecciones de cada provincia de España individuos de
-la cámara de Castilla, y las de América Don José Pablo Valiente, del
-consejo de Indias. Hubo algunas bastante ruidosas, culpa en parte
-de la tenacidad de los presidentes y de su mal encubierto despecho,
-malogrados sus intentos. De casi ninguna provincia de España hubo menos
-de 100 electores, y llegaron a 4000 los de Madrid, todos en general
-sujetos de cuenta; infiriéndose de aquí que, a pesar de lo defectuoso
-de este género de elección, era más completa que la que se hacía por
-las ciudades de voto en cortes, en que solo tomaban parte 20 o 30
-privilegiados, esto es, los regidores.
-
-[Sidenote: Temores de la regencia.]
-
-Como al paso que mermaban las esperanzas de los adictos al orden
-antiguo, adquirían mayor pujanza las de los aficionados a la opinión
-contraria, temió la regencia caer de su elevado puesto, y buscó medios
-para evitarlo y afianzar su autoridad. Pero, según acontece, los que
-escogió no podían servir sino para precipitarla más pronto. [Sidenote:
-Restablecen todos los consejos.] Tal fue el restablecer todos los
-consejos bajo la planta antigua por decreto de 16 de septiembre.
-Imaginó que como muchos individuos de estos cuerpos, particularmente
-los del consejo real, se reputaban enemigos de la tendencia que
-mostraban los ánimos, tendría en sus personas, ahora agradecidas,
-un sustentáculo firme de su potestad ya titubeante. Cuenta en que
-gravemente erró. La veneración que antes existía al consejo real
-había desaparecido, gracias a la incierta y vacilante conducta de sus
-miembros en la causa pública y a su invariable y ciega adhesión a
-prerrogativas y extensas facultades. Inoportuno era también el momento
-escogido para su restablecimiento. Las cortes iban a reunirse, a ellas
-tocaba la decisión de semejante providencia. Tampoco lo exigía el
-despacho de los negocios, reducida ahora la nación a estrechos límites,
-y resolviendo por sí las provincias muchos de los expedientes que antes
-subían a los consejos. Así apareció claro que su restablecimiento
-encubría miras ulteriores, y quizá se sospecharon algunas más dañadas
-de las que en realidad había.
-
-[Sidenote: Quiere el consejo real intervenir en las cortes.]
-
-El consejo real desviviose por obtener que su gobernador o decano
-presidiese las cortes, que la cámara examinase los poderes de los
-diputados, y también que varios individuos suyos tomasen asiento en
-ellas bajo el nombre de asistentes. Tal era la costumbre seguida en
-las últimas cortes, tal la que ahora se intentó abrazar, fundándose en
-los antecedentes y en el texto de Salazar, libro sagrado a los ojos
-de los defensores de las prerrogativas del consejo. [Sidenote: No lo
-consigue.] Mas al columbrar el revuelo de la opinión, delirio parecía
-querer desenterrar usos tan encontrados con las ideas que reinaban
-en Cádiz y con las que exponían los diputados de las provincias que
-iban llegando, quienes, fuesen o no inclinados a las reformas, traían
-consigo recelos y desconfianzas acerca de los consejos y de la misma
-regencia.
-
-[Sidenote: Señala el 24 de septiembre para la instalación de cortes.]
-
-De dichos diputados, varios arribaron a Cádiz en agosto, otros muchos
-en septiembre. Con su venida se apremió a la regencia para que señalase
-el día de la apertura de cortes, reacia siempre en decidirse. Tuvo aun
-para ello dificultades, provocó dudas, repitió consultas, mas al fin
-fijole para el 24 de septiembre.
-
-[Sidenote: Comisión de poderes.]
-
-Determinó también el modo de examinar previamente los poderes. Los
-diputados que habían llegado fueron de parecer que la regencia aprobase
-por sí los poderes de seis de entre ellos, y que luego estos mismos
-examinasen los de sus compañeros. Bien que forzada, dio la regencia
-su beneplácito a la propuesta de los diputados, mas en el decreto
-que publicó al efecto, decía que obraba así, «atendiendo a que estas
-cortes eran extraordinarias, sin intentar perjudicar a los derechos
-que preservaba a la cámara de Castilla.» Los seis diputados escogidos
-para el examen de poderes fueron el consejero D. Benito de Hermida,
-por Galicia; el marqués de Villafranca, grande de España, por Murcia;
-D. Felipe Amat, por Cataluña; Don Antonio Oliveros, por Extremadura; el
-general Don Antonio Samper, por Valencia; y Don Ramón Power, por la isla
-de Puerto Rico. Todos eran diputados propietarios, incluso el último,
-único de los de ultramar que hubiese todavía llegado de aquellos
-apartados países.
-
-[Sidenote: Congojosa esperanza de los ánimos.]
-
-Concluidos los actos preliminares, ansiosamente y con esperanza varia
-aguardaron todos a que luciese aquel día 24 de septiembre, origen de
-grandes mudanzas, verdadero comienzo de la revolución española.
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-
- RESUMEN
- DEL
- LIBRO DECIMOTERCERO.
-
-
-_Instalación de las cortes generales y extraordinarias. — Publicidad
-de sus sesiones. — Malos intentos de la regencia. — Conducta mesurada
-y noble de las cortes. — Nombramiento de presidente y secretarios.
-— Proposiciones del señor Muñoz Torrero. — Primera discusión muy
-notable. — Los discursos pronunciados de palabra. — Engaño de la
-regencia. — Palabras de Lardizábal. — Decreto de 24 de septiembre.
-— Opiniones diversas acerca de este decreto, y su examen. — Número
-de diputados que concurrieron el primer día. — Aplausos que de todas
-partes reciben las cortes. — Tratamiento. — Aclaración pedida por la
-regencia. — Debate sobre las facultades de la potestad ejecutiva. —
-Empleos conferidos a diputados. — Proposición del señor Capmany. —
-Juicio acerca de ella. — Elecciones de Aragón. — El duque de Orleans
-quiere hablar a la barandilla de las cortes. — Relación sucinta de
-este suceso. — Altercado con el obispo de Orense sobre prestar el
-juramento. — Sométese al fin el obispo. — Revueltas de América. — Sus
-causas. — Levantamiento de Venezuela. — Levantamiento de Buenos Aires.
-— Juicio acerca de estas revueltas. — Medidas tomadas por el gobierno
-español. — Providencia fraguada acerca del comercio libre. — Nómbrase
-a Cortavarría para ir a Caracas. — Jefes y pequeña expedición enviada
-al Río de la Plata. — Ocúpanse las cortes en la materia. — Decreto
-de 15 de octubre. — Discusión sobre la libertad de la imprenta. —
-Reglamento por el que se concedía la libertad de la imprenta. — Su
-examen. — Lo que se adopta para los juicios en lugar del jurado. —
-Promúlgase la libertad de la imprenta. — Partidos en las cortes. —
-Remueven las cortes a los individuos de la primera regencia. — Causas
-de ello. — Nómbrase una nueva regencia de tres individuos. — Suplentes.
-— Incidente del marqués del Palacio. — Discusión que esto motiva. —
-Término de este negocio. — Ciertos acontecimientos ocurridos durante la
-primera regencia, y breve noticia de los diferentes ramos. — Monumento
-mandado erigir por las cortes a Jorge III. — Sigue la relación de
-algunos acontecimientos ocurridos durante la primera regencia. — Modo
-de pensar de los nuevos regentes. — Varios decretos de las cortes. —
-Nómbrase una comisión especial para formar un proyecto de constitución.
-— Voces acerca de si se casaba o no en Francia Fernando VII. —
-Proposiciones sobre la materia de los señores Capmany y Borrull. —
-Discusión. — Nuevas discusiones sobre América. — Alborotos en Nueva
-España. — Decretos en favor de aquellos países. — Providencias en
-materia de guerra y hacienda. — Cierran las cortes sus sesiones en la
-Isla. — Fiebre amarilla. — Fin de este libro._
-
-
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-
- HISTORIA
- DEL
- LEVANTAMIENTO, GUERRA Y REVOLUCIÓN
- de España.
-
- LIBRO DECIMOTERCERO.
-
-
-¡Estrella singular la de esta tierra de España! Arrinconados en el
-siglo VIII algunos de sus hijos en las asperezas del Pirineo y en las
-montañas de Asturias, no solo adquirieron bríos para oponerse a la
-invasión agarena, sino que también trataron de dar reglas y señalar
-límites a la potestad suprema de sus caudillos, pues al paso que
-alzaban a estos en el pavés para entregarles las riendas del estado,
-les imponían justas obligaciones, y les recordaban aquella célebre y
-conocida máxima de los godos, «Rex eris si rectè facias: si non facias,
-non eris»; echando así los cimientos de nuestras primeras franquezas y
-libertades. Ahora en el siglo XIX, estrechados los españoles por todas
-partes, y colocado su gobierno en el otro extremo de la península,
-lejos de abatirse, se mantenían firmes y no parecía sino que, a la
-manera de Anteo, recobraban fuerzas cuando ya se les creía sin aliento y
-postrados en tierra. En el reducido ángulo de la Isla gaditana, como en
-Covadonga y Sobrarbe, con una mano defendían impávidos la independencia
-de la nación, y con la otra empezaron a levantar, bajo nueva forma, sus
-abatidas, libres y antiguas instituciones. Semejanza que bien fuese
-juego del acaso o disposición más alta de la providencia, presentándose
-en breve a la pronta y viva imaginación de los naturales, sustentó el
-ánimo de muchos e inspiró gratas esperanzas en medio de infortunios y
-atropellados desastres.
-
-[Sidenote: Instalación de las cortes generales y extraordinarias.]
-
-Según lo resuelto anteriormente por la junta central, era la Isla de
-León el punto señalado para la celebración de cortes. Conformándose
-la regencia con dicho acuerdo, se trasladó allí desde Cádiz el 22 de
-septiembre, y juntó, la mañana del 24, en las casas consistoriales a
-los diputados ya presentes. Pasaron en seguida todos reunidos a la
-iglesia mayor, y celebrada la misa del Espíritu Santo por el cardenal
-arzobispo de Toledo, Don Luis de Borbón, se exigió acto continuo de
-los diputados un juramento concebido en los términos siguientes:
-«¿Juráis la santa religión católica, apostólica, romana, sin admitir
-otra alguna en estos reinos? — ¿Juráis conservar en su integridad la
-nación española, y no omitir medio alguno para libertarla de sus
-injustos opresores? — ¿Juráis conservar a nuestro amado soberano, el
-señor Don Fernando VII, todos sus dominios, y en su defecto a sus
-legítimos sucesores, y hacer cuantos esfuerzos sean posibles para
-sacarle del cautiverio y colocarle en el trono? — ¿Juráis desempeñar
-fiel y legalmente el encargo que la nación ha puesto a vuestro
-cuidado, guardando las leyes de España, sin perjuicio de alterar,
-moderar y variar aquellas que exigiese el bien de la nación? — Si
-así lo hiciereis, Dios os lo premie, y si no, os lo demande.» Todos
-respondieron: «Sí juramos.»
-
-Antes, en una conferencia preparatoria, se había dado a los diputados
-una minuta de este juramento, y los hubo que ponían reparo en acceder
-a algunas de las restricciones. Pero habiéndoles hecho conocer varios
-de sus compañeros que la última parte del mencionado juramento removía
-todo género de escrúpulo, dejando ancho campo a las novedades que
-quisieran introducirse, y para las que les autorizaban sus poderes,
-cesaron en su oposición y adhirieron al dictamen de la mayoría, sin
-reclamación posterior.
-
-Concluidos los actos religiosos, se trasladaron los diputados y la
-regencia al salón de cortes, formado en el coliseo, o sea teatro de
-aquella ciudad, paraje que pareció el más acomodado. En toda la carrera
-estaba tendida la tropa y los diputados recibieron de ella, a su paso,
-como del vecindario e innumerable concurso que acudió de Cádiz y otros
-lugares, vítores y aplausos multiplicados y sin fin. Colmábanlos los
-circunstantes de bendiciones, y arrasadas en lágrimas las mejillas de
-muchos, dirigían todos al cielo fervorosos votos para el mejor acierto
-en las providencias de sus representantes. Y al ruido del cañón español,
-que en toda la línea hacía salvas por la solemnidad de tan fausto día,
-resonó también el del francés, como si intentara este engrandecer
-acto tan augusto, recordando que se celebraba bajo el alcance de
-fuegos enemigos. ¡Día, por cierto, de placer y buena andanza, día en
-que de júbilo casi querían brotar del pecho los corazones generosos,
-figurándose ya ver a su patria, si aún de lejos, libre y venturosa,
-pacífica y tranquila dentro, muy respetada fuera!
-
-Llegado que hubieron los diputados al salón de cortes, saludaron su
-entrada con repetidos vivas los muchos espectadores que llenaban las
-galerías. Habíanse construido estas en los antiguos palcos del teatro;
-el primer piso le ocupaba a la derecha el cuerpo diplomático, con los
-grandes y oficiales generales, sentándose a la izquierda señoras de la
-primera distinción. Agolpose a los pisos más altos inmenso gentío de
-ambos sexos, ansiosos todos de presenciar instalación tan deseada.
-
-[Sidenote: Publicidad de sus sesiones.]
-
-Esperaban pocos que fuesen desde luego públicas las sesiones de cortes,
-ya porque las antiguas acostumbraron en lo general a ser secretas, y
-ya también porque, no habituados los españoles a tratar en público
-los negocios del estado, dudábase que sus procuradores consintiesen
-fácilmente en admitir tan saludable práctica, usada en otras naciones.
-De antemano algunos de los diputados que conocían no solo lo útil,
-pero aun lo indispensable que era adoptar aquella medida, discurrieron
-el modo de hacérselo entender así a sus compañeros. Dichosamente no
-llegó el caso de entrar en materia. La regencia de suyo abrió el salón
-al público, movida según se pensó, no tanto del deseo de introducir
-tan plausible y necesaria novedad, cuanto con la intención aviesa de
-desacreditar a las cortes en el mismo día de su congregación.
-
-[Sidenote: Malos intentos de la regencia.]
-
-Hemos visto ya, y hechos posteriores confirmarán más y más nuestro
-aserto, cómo la regencia había convocado las cortes mal de su grado, y
-cómo se arrimaba en sus determinaciones a las doctrinas del gobierno
-absoluto de los últimos tiempos. Desestimaba a los diputados,
-considerándolos inexpertos y noveles en el manejo de los asuntos
-públicos; y ningún medio le pareció más oportuno para lograr la mengua
-y desconcepto de aquellos que mostrarlos descubiertamente a la faz
-de la nación, saboreándose ya con la placentera idea de que, a guisa
-de escolares, se iban a entretener y enredar en fútiles cuestiones y
-ociosas disputas. Y en verdad nadie podía motejar a la regencia por
-haber abierto el salón al público, puesto que en semejante providencia
-se conformaba con el común sentir de las mismas personas afectas a
-cortes, y con la índole y objeto de los cuerpos representativos. Sin
-embargo, la regencia erró en la cuenta, y con la publicidad ahondó sus
-propias llagas y las del partido lóbrego de sus secuaces, salvando
-al congreso nacional de los escollos contra los que, de otro modo,
-hubiera corrido gran riesgo de estrellarse.
-
-El consejo de regencia, al entrar en el salón, se había colocado en un
-trono levantado en el testero, acomodándose en una mesa inmediata los
-secretarios del despacho. Distribuyéronse los diputados a derecha e
-izquierda, en bancos preparados al efecto. Sentados todos, pronunció
-el obispo de Orense, presidente de la regencia, un breve discurso, y
-en seguida se retiró él y sus compañeros, junto con los ministros, sin
-que ni unos ni otros hubiesen tomado disposición alguna que guiase al
-congreso en los primeros pasos de su espinosa carrera. Cuadraba tal
-conducta con los indicados intentos de la regencia; pues en un cuerpo
-nuevo como el de las cortes, abandonado a sí mismo, falto de reglamento
-y antecedentes que le ilustrasen y sirviesen de pauta, era fácil el
-descarrío, o a lo menos cierto atascamiento en sus deliberaciones,
-ofreciendo por primera vez al numeroso concurso que asistía a la sesión
-tristes muestras de su saber y cordura.
-
-[Sidenote: Conducta mesurada y noble de las cortes.]
-
-Felizmente las cortes no se desconcertaron, dando principio con
-paso firme y mesurado al largo y glorioso curso de sus sesiones.
-Escogieron momentáneamente para que las presidiese al más anciano
-de los diputados, Don Benito Ramón de Hermida, quien designó para
-secretario en la misma forma a Don Evaristo Pérez de Castro. Debían
-estos nombramientos servir solo para el acto de elegir sujetos que
-desempeñasen en propiedad dichos dos empleos, y asimismo para dirigir
-cualquiera discusión que acerca del asunto pudiera suscitarse.
-[Sidenote: Nombramiento de presidente y secretarios.] No habiendo
-ocurrido incidente alguno, se procedió sin tardanza a la votación de
-presidente, acercándose cada diputado a la mesa en donde estaba el
-secretario, para hacer escribir a este el nombre de la persona a quien
-daba su voto. Del escrutinio resultó al cabo elegido Don Ramón Lázaro
-de Dou, diputado por Cataluña, prefiriéndole muchos a Hermida por
-creerle de condición más suave y no ser de edad tan avanzada. Recayó
-la elección de secretario en el citado señor Pérez de Castro, y se
-le agregó al día siguiente, en la misma calidad, para ayudarle en su
-ímprobo trabajo, a Don Manuel Luján. Los presidentes fueron en adelante
-nombrados todos los meses, y alternativamente se renovaba el secretario
-más antiguo, cuyo número se aumentó hasta cuatro.
-
-Terminadas las elecciones, se leyó un papel que al despedirse había
-dejado la regencia, por el que, deseando esta hacer dejación del mando,
-indicaba la necesidad de nombrar inmediatamente un gobierno adecuado
-al estado actual de la monarquía. Nada en el asunto decidieron por
-entonces las cortes, y solo sí declararon quedar enteradas; fijándose
-luego la atención de todos los asistentes en Don Diego Muñoz Torrero,
-diputado por Extremadura, que tomó la palabra en materia de señalada
-importancia.
-
-[Sidenote: Proposiciones del señor Muñoz Torrero.]
-
-A nadie tanto como a este venerable eclesiástico tocaba abrir las
-discusiones, y poner la primera piedra de los cimientos en que habían
-de estribar los trabajos de la representación nacional. Antiguo rector
-de la universidad de Salamanca, era varón docto, purísimo en sus
-costumbres, de ilustrada y muy tolerante piedad, y en cuyo exterior,
-sencillo al par que grave, se pintaba no menos la bondad de su alma que
-la extensa y sólida capacidad de su claro entendimiento.
-
-Levantose pues el señor Muñoz Torrero, y apoyando su opinión en muchas
-y luminosas razones, fortalecidas con ejemplos sacados de autores
-respetables, y con lo que prescribían antiguas leyes e imperiosamente
-dictaba la situación actual del reino, expuso lo conveniente que
-sería adoptar una serie de proposiciones que fue sucesivamente
-desenvolviendo, y de las que, añadió, traía una minuta extendida en
-forma de decreto, su particular amigo Don Manuel Luján.
-
-Decidieron las cortes que leyera el último dicha minuta, cuyos
-puntos eran los siguientes: — 1.º Que los diputados que componían
-el congreso, y representaban la nación española, se declaraban
-legítimamente constituidos en cortes generales y extraordinarias, en
-las que residía la soberanía nacional. — 2.º Que conformes en todo
-con la voluntad general, pronunciada del modo más enérgico y patente,
-reconocían, proclamaban y juraban de nuevo por su único y legítimo
-rey al señor Don Fernando VII de Borbón, y declaraban nula, de ningún
-valor ni efecto la cesión de la corona que se decía hecha en favor de
-Napoleón, no solo por la violencia que había intervenido en aquellos
-actos injustos e ilegales, sino principalmente por haberle fallado el
-consentimiento de la nación. — 3.º Que no conviniendo quedasen reunidas
-las tres potestades, legislativa, ejecutiva y judicial, las cortes
-se reservaban solo el ejercicio de la primera en toda su extensión.
-— 4.º Que las personas en quienes se delegase la potestad ejecutiva,
-en ausencia del señor Don Fernando VII, serían responsables por los
-actos de su administración, con arreglo a las leyes; habilitando
-al que era entonces consejo de regencia para que interinamente
-continuase desempeñando aquel cargo, bajo la expresa condición de que
-inmediatamente y en la misma sesión prestase el juramento siguiente:
-«¿Reconocéis la soberanía de la nación, representada por los diputados
-de estas cortes generales y extraordinarias? ¿Juráis obedecer sus
-decretos, leyes y constitución que se establezca, según los santos
-fines para que se han reunido, y mandar observarlos y hacerlos
-ejecutar? — ¿Conservar la independencia, libertad e integridad de la
-nación? — ¿La religión católica, apostólica, romana? — ¿El gobierno
-monárquico del reino? — ¿Restablecer en el trono a nuestro amado rey
-Don Fernando VII de Borbón? — ¿Y mirar en todo por el bien del estado?
-— Si así lo hiciereis Dios os ayude, y si no, seréis responsables a
-la nación con arreglo a las leyes.» — 5.º Se confirmaban por entonces
-todos los tribunales y justicias del reino, así como las autoridades
-civiles y militares de cualquiera clase que fuesen. — Y 6.º y último,
-se declaraban inviolables las personas de los diputados, no pudiéndose
-intentar cosa alguna contra ellos sino en los términos que se
-establecerían en un reglamento próximo a formarse.
-
-[Sidenote: Primera discusión muy notable.]
-
-Siguiose a la lectura una detenida discusión que resplandeció en
-elocuencia; siendo sobre todo admirable el tino y circunspección con
-que procedieron los diversos oradores. De ellos, en lo esencial,
-pocos discordaron; y los hubo que, profundizando el asunto, dieron
-interés y brillo a una sesión en la cual se estrenaban las cortes.
-Maravilláronse los espectadores, no contando, ni aun de lejos, con que
-los diputados, en vista de su inexperiencia, desplegasen tanta sensatez
-y conocimientos. Participaron de la común admiración los extranjeros
-allí presentes, en especial los ingleses, jueces experimentados y los
-más competentes en la materia.
-
-[Sidenote: Los discursos pronunciados de palabra.]
-
-Los discursos se pronunciaron de palabra, entablándose así un verdadero
-debate. Y casi nunca, ni aun en lo sucesivo, leyeron los diputados sus
-dictámenes: solo alguno que otro se tomó tal licencia, de aquellos
-que no tenían costumbre de mezclarse activamente en las discusiones.
-Quizá se debió a esta práctica el interés que desde un principio
-excitaron las sesiones de las cortes. Ajeno entendemos sea de cuerpos
-deliberativos manifestar por escrito los pareceres: congréganse
-los representantes de una nación para ventilar los negocios y
-desentrañarlos, no para hacer pomposa gala de su saber, y desperdiciar
-el tiempo en digresiones baldías. Discursos de antemano preparados
-aseméjanse, cuando más, a bellas producciones académicas; pero que no
-se avienen ni con los incidentes, ni con los altercados, ni con las
-vueltas que ocurren en los debates de un parlamento.
-
-Prolongáronse los de aquella noche hasta pasadas las doce, habiendo
-sido sucesivamente aprobados todos los artículos de la minuta del señor
-Luján. En la discusión, además de este señor diputado y del respetable
-Muñoz Torrero, distinguiéronse otros, como Don Antonio Oliveros y Don
-José Mejía; empezando a descollar, a manera de primer adalid, Don
-Agustín de Argüelles. Nombres ilustres con que a menudo tropezaremos, y
-de cuyas personas se hablará en oportuna sazón.
-
-Mientras que las cortes discutían, acechaba la regencia por medio
-de emisarios fieles lo que en ellas pasaba. No que solo temiera la
-separasen del mando, conforme a la dimisión que había hecho de mero
-cumplido; sino, y principalmente, porque contaba con el descrédito de
-las cortes, figurándose ya ver a estas, desde sus primeros pasos, o
-atolladas o perdidas. Acontecimiento que, a haber ocurrido, la reponía
-en favorable lugar y la convertía en árbitro de la representación
-nacional.
-
-Grande fue el asombro de la regencia al oír el maravilloso modo con que
-procedían las cortes en sus deliberaciones; grande el desánimo al saber
-el entusiasmo con que aclamaban a las mismas soldados y ciudadanos.
-
-[Sidenote: Engaño de la regencia.]
-
-Manifestación tan unánime contuvo a los enemigos de la libertad
-española. Ya entonces se hablaba de planes y torcidos manejos, y de que
-ciertos regentes, si no todos, urdían una trama resueltos a destruir
-las cortes o por lo menos a amoldarlas conforme a sus deseos. No eran
-muchos los que daban asenso a tales rumores, achacándolos a invención
-de la malevolencia; y dificultoso hubiera sido probar lo contrario,
-si un año después no lo hubiese pregonado e impreso quien estaba bien
-enterado de lo que anotaba. [Sidenote: Palabras de Lardizábal. (*
-Ap. n. 13-1.)] «Vimos claramente [dice en su manifiesto [*] uno de
-los regentes, el señor Lardizábal] que en aquella noche no podíamos
-contar ni con el pueblo ni con las armas, que a no haber sido así, todo
-hubiera pasado de otra manera.»
-
-¿Qué manera hubiera sido esta? Fácil es adivinarla. Mas ¿cuáles las
-resultas si se destruían las cortes, o se empeñaba un conflicto
-teniendo el enemigo a las puertas? Probablemente la entrada de este
-en la Isla de León, la dispersión del gobierno, la caída de la
-independencia nacional.
-
-Por fortuna, aun para los mismos maquinadores, no se llevaron a efecto
-intentos tan criminales. Desamparada la regencia, sometiose silenciosa,
-y en apariencia con gusto, a las decisiones del congreso. [Sidenote:
-Juramento de la regencia y ausencia del obispo de Orense.] En la
-misma noche del 24 pasó a prestar el juramento conforme a la fórmula
-propuesta por el señor Luján, que había sido aprobada. Notose la
-falta del obispo de Orense, pero por entonces se admitió sin réplica
-ni observación alguna la excusa que se dio de su ausencia, y fue de
-que siendo ya tarde, los años y los achaques le habían obligado a
-recogerse. Con el acto del juramento de los regentes se terminó la
-primera sesión de las cortes, solemne y augusta bajo todos respectos;
-sesión cuyos ecos retumbarán en las generaciones futuras de la nación
-española.
-
-[Sidenote: Decreto de 24 de septiembre. (* Ap. n. 13-2.)]
-
-Aplaudiose entonces universalmente el decreto acordado en aquel
-día,[*] comprensivo de las proposiciones formalizadas por los señores
-Muñoz Torrero y Luján, de que hemos dado cuenta, y que fue conocido
-bajo el título de _Decreto de 24 de septiembre_. Base de todas las
-resoluciones posteriores de las cortes, se ajustaba a lo que la razón y
-la política aconsejaban.
-
-[Sidenote: Opiniones diversas acerca de este decreto, y su examen.]
-
-Sin embargo, pintáronle después algunos como subversivo del gobierno
-monárquico y atentatorio de los derechos de la majestad real. Sirvioles
-en especial de asidero para semejante calificación el declararse en el
-decreto que la soberanía nacional residía en las cortes, alegando que
-habiendo estas, en el juramento hecho en la iglesia mayor, apellidado
-_soberano_ a Don Fernando VII, ni podían sin faltar a tan solemne
-promesa trasladar ahora a la nación la soberanía, ni tampoco erigirse
-en depositarias de ella.
-
-A la primera acusación se contestaba que en aquel juramento, juramento
-individual y no de cuerpo, no se había tratado de examinar si la
-soberanía traía su origen de la nación o de solo el monarca: que la
-regencia había presentado aquella fórmula y aprobádola los diputados,
-en la persuasión de que la palabra _soberano_ se había empleado allí
-según el uso común por la parte que de la soberanía ejerce el rey como
-jefe del estado, y no de otra manera; habiendo prescindido de entrar
-fundamentalmente en la cuestión.
-
-Si cabe, más satisfactoria era aun la respuesta a la segunda acusación,
-de haber declarado las cortes que en ellas residía la soberanía. El
-rey estaba ausente, cautivo; y ciertamente que a alguien correspondía
-ejercer el poder supremo, ya se derivase este de la nación, ya del
-monarca. Las juntas de provincia, soberanas habían sido en sus
-respectivos territorios; habíalo sido la central en toda plenitud, lo
-mismo la regencia; ¿por qué, pues, dejarían de disfrutar las cortes de
-una facultad no disputada a cuerpos mucho menos autorizados?
-
-Por lo que respecta a la declaración de la soberanía nacional,
-principio tan temido en nuestros tiempos, si bien no tan repugnante a
-la razón como el opuesto de la legitimidad, pudiera quizá ser cuerda
-que vibrase con sonido áspero en un país en donde sin sacudimiento
-se reformasen las instituciones de consuno la nación y el gobierno;
-pues, por lo general, declaraciones fundadas en ideas abstrusas ni
-contribuyen al pro común, ni afianzan por sí la bien entendida libertad
-de los pueblos. Mas ahora no era este el caso.
-
-Huérfana España, abandonada de sus reyes, cedida como rebaño y tratada
-de rebelde, debía, y propio era de su dignidad, publicar a la faz del
-orbe, por medio de sus representantes, el derecho que la asistía de
-constituirse y defenderse; derecho de que no podían despojarla las
-abdicaciones de sus príncipes, aunque hubiesen sido hechas libre y
-voluntariamente.
-
-Además, los diputados españoles, lejos de abusar de sus facultades,
-mostraron moderación y las rectas intenciones que los animaban;
-declarando al propio tiempo la conservación del gobierno monárquico, y
-reconociendo como legítimo rey a Fernando VII.
-
-Que la nación fuese origen de toda autoridad no era en España doctrina
-nueva ni tomada de extraños: conformábase con el derecho público que
-había guiado a nuestros mayores, y en circunstancias no tan imperiosas
-como las de los tiempos que corrían. A la muerte del rey Don Martín,
-[Sidenote: (* Ap. n. 13-3.)] juntáronse en Caspe [*] para elegir
-monarca los procuradores de Aragón, Cataluña y Valencia. Los navarros
-y aragoneses, fundándose en las mismas reglas, habían desobedecido
-[Sidenote: (* Ap. n. 13-4.)] la voluntad de Don Alonso el Batallador
-[*] que nombraba por sucesores del trono a los Templarios: y los
-castellanos, sin el mismo ni tan justo motivo, en la minoría de Don
-Juan el II,[*] [Sidenote: (* Ap. n. 13-5.)] ¿no ofrecieron la corona,
-por medio del condestable Ruy López Dávalos, al infante de Antequera?
-Así que las cortes de 1810, en su declaración de 24 de septiembre,
-además de usar de un derecho inherente a toda nación, indispensable
-para el mantenimiento de la independencia, imitaron también, y
-templadamente, los varios ejemplos que se leían en los anales de
-nuestra historia.
-
-[Sidenote: Número de diputados que concurrieron el primer día.]
-
-A la primera sesión solo concurrieron unos cien diputados: cerca de
-dos terceras partes nombrados en propiedad, el resto en Cádiz bajo la
-calidad de suplentes. Por lo cual más adelante tacharon algunos de
-ilegítima aquella corporación; como si la legitimidad pendiese solo del
-número, y como si este, sucesivamente y antes de la disolución de las
-cortes, no se hubiese llenado con las elecciones que las provincias,
-unas tras otras, fueron verificando. Tocaremos en el curso de nuestro
-trabajo la cuestión de la legitimidad. Ahora nos contentaremos con
-apuntar que, desde los primeros días de la instalación de las cortes,
-se halló completa la representación del populoso reino de Galicia,
-la de la industriosa Cataluña, la de Extremadura, y que asistieron
-varios diputados de las provincias de lo interior, elegidos a pesar
-del enemigo, en las claras que dejaba este en sus excursiones. Tres
-meses no habían aún pasado, y ya tomaron asiento en las cortes los
-diputados de León, Valencia, Murcia, Islas Baleares y, lo que es más
-pasmoso, diputados de la Nueva España nombrados allí mismo: cosa antes
-desconocida en nuestros fastos.
-
-[Sidenote: Aplausos que de todas partes reciben las cortes.]
-
-De todas partes se atropellaron las felicitaciones, y nadie levantó
-el grito respecto de la legitimidad de las cortes. Al contrario, ni
-la distancia ni el temor de los invasores impidieron que se diesen
-multiplicadas pruebas de adhesión y fidelidad: espontáneas en un tiempo
-y en lugares en que carecieron las cortes de medios coactivos, y cuando
-los mal contentos impunemente hubieran podido mostrar su oposición y
-hasta su desobediencia.
-
-[Sidenote: Nombramiento de comisiones y orden llevado en los debates.]
-
-En las sesiones sucesivas fue el congreso determinando el modo de
-arreglar sus tareas. Se formaron comisiones de guerra, hacienda y
-justicia: las cuales después de meditar detenidamente las proposiciones
-o expedientes que se les remitían, presentaban su informe a las cortes,
-en cuyo seno se discutía el negocio y votaba. Posteriormente se
-nombraron nuevas comisiones, ya para otros ramos o ya para especiales
-asuntos. También en breve se adoptó un reglamento interior, combinando
-en lo posible el pronto despacho con la atenta averiguación y debate
-de las materias. Los diputados que, según hemos indicado, pronunciaban
-casi siempre de palabra sus discursos, poníanse en un principio para
-recitarlos en uno de dos sitios preparados al intento, no lejos del
-presidente, y que se llamaron tribunas. Notose luego lo incómodo y aun
-impropio de esta costumbre, que distraía con la mudanza y continuo paso
-de los oradores; por lo que los más hablaron después sin salir de su
-puesto y en pie, quedando las tribunas para la lectura de los informes
-de las comisiones. Se votaba de ordinario levantándose y sentándose:
-solo en las decisiones de mayor cuantía daban los diputados su opinión
-por un _sí_ o por un _no_, pronunciándolo desde su asiento en voz alta.
-
-[Sidenote: Tratamiento.]
-
-Asimismo tomaron las cortes el tratamiento de majestad, a petición del
-señor Mejía: objeto fue de crítica, aunque otro tanto habían hecho
-la junta central y la primera regencia; y era privilegio en España
-de ciertas corporaciones. Algunos diputados nunca usaron de aquella
-fórmula, creyéndola ajena de asambleas populares, y al fin se desterró
-del todo al renacer de las cortes en 1820.
-
-[Sidenote: Aclaración pedida por la regencia.]
-
-No bien se hubo aprobado el primer decreto, acudió la regencia pidiendo
-que se declarase: 1.º «cuáles eran las obligaciones anexas a la
-responsabilidad que le imponía aquel decreto, y cuáles las facultades
-privativas del poder ejecutivo que se le había confiado. 2.º Qué
-método habría de observarse en las comunicaciones que necesaria y
-continuamente habían de tener las cortes con el consejo de regencia.»
-Apoyábase la consulta en no haber de antemano fijado nuestras leyes
-la línea divisoria de ambas potestades, y en el temor por tanto de
-incurrir en faltas de desagradables resultas para la regencia, y
-perjudiciales al desempeño de los negocios. A primera vista no parecía
-nada extraña dicha consulta; antes bien, llevaba visos de ser hija
-de un buen deseo. Con todo, los diputados miráronla recelosos, y la
-atribuyeron al maligno intento de embarazarlos y de promover reñidas
-y ociosas discusiones. Fuera este el motivo oculto que impelía a la
-regencia, o fuéralo el recelo de comprometerse, intimidada con la
-enemistad que el público le mostraba, a pique estuvo aquella de que,
-por su inadvertido paso, le admitiesen las cortes la renuncia que antes
-había dado.
-
-Sosegáronse, sin embargo, por entonces los ánimos, y se pasó la
-consulta de la regencia a una comisión, compuesta de los señores
-Hermida, Gutiérrez de la Huerta y Muñoz Torrero. No habiéndose
-convenido estos en la contestación que debía darse, cada uno de ellos
-al siguiente día presentó por separado su dictamen. [Sidenote: Debate
-sobre las facultades de la potestad ejecutiva.] Se dejó a un lado el
-del señor Hermida que se reducía a reflexiones generales, y ciñose
-la discusión al de los otros dos individuos de la comisión. Tomaron
-en ella parte, entre otros, los señores Pérez de Castro y Argüelles.
-Sobresalió el último en rebatir al señor Gutiérrez de la Huerta,
-relator del consejo real, distinguido por sus conocimientos legales, y
-de suma facilidad en producirse, si bien sobrado verboso, que carecía
-de ideas claras en materias de gobierno, confundiendo unas potestades
-con otras: achaque de la corporación en que estaba empleado. Así fue
-que, en su dictamen, trabando en extremo a la regencia, entremetíase
-en todo, y hasta desmenuzaba facultades solo propias del alcalde
-de una aldehuela. D. Agustín de Argüelles impugnó al señor Huerta,
-deslindando con maestría los límites de las autoridades respectivas,
-y en consecuencia se atuvieron las cortes a la contestación del señor
-Muñoz Torrero, terminante y sencilla. Decíase en esta «que en tanto que
-las cortes formasen acerca del asunto un reglamento, usase la regencia
-de todo el poder que fuese necesario para la defensa, seguridad y
-administración del estado en las críticas circunstancias de entonces; e
-igualmente que la responsabilidad que se exigía al consejo de regencia,
-únicamente excluía la inviolabilidad absoluta que correspondía a la
-persona sagrada del rey. Y que en cuanto al modo de comunicación entre
-el consejo de regencia y las cortes, mientras estas estableciesen el
-más conveniente, se seguiría usando el medio usado hasta el día.»
-
-Era este el de pasar oficios o venir en persona los secretarios del
-despacho, quienes por lo común esquivaban asistir a las cortes, no
-avezados a las lides parlamentarias.
-
-Meses adelante se formó el reglamento anunciado, en cuyo texto se
-determinaron con amplitud y claridad las facultades de la regencia.
-
-No se limitó esta a urgar a las cortes y hostigarlas con consultas,
-sino que procuró atraer los ánimos de los diputados y formarse un
-partido entre ellos. Escogió, para conseguir su objeto, un medio
-inoportuno y poco diestro. [Sidenote: Empleos conferidos a diputados.]
-Fue, pues, el de conferir empleos a varios de los vocales, prefiriendo
-a los americanos, ya por miras peculiares que dicha regencia tuviese
-respecto de ultramar, ya porque creyese a aquellos más dóciles a
-semejantes insinuaciones. La noticia cundió luego, y la gran mayoría
-de los diputados se embraveció contra semejante descaro, o más bien
-insolencia que redundaba en descrédito de las cortes. Atemorizáronse
-los distribuidores de las mercedes y los agraciados, y supusieron para
-su descargo que se habían concedido los empleos con antelación a haber
-obtenido los últimos el puesto de diputados, sin alegar motivo que
-justificase la ocultación por tanto tiempo de dichos nombramientos.
-De manera que a lo feo de la acción agregose desmaño en defenderla y
-encubrirla; falta que entre los hombres suele hallar menos disculpa.
-
-[Sidenote: Proposición del Sr. Capmany.]
-
-El enojo de todos excitó a Don Antonio Capmany a formalizar una
-proposición que hizo proceder de la lectura de un breve discurso,
-salpicándole de palabra con punzantes agudezas, propio atributo de
-la oratoria de aquel diputado, escritor diligente y castizo. La
-proposición estaba concebida en los siguientes términos: «Ningún
-diputado, así de los que al presente componen este cuerpo, como de los
-que en adelante hayan de completar su total número, pueda solicitar
-ni admitir para sí, ni para otra persona, empleo, pensión y gracia,
-merced ni condecoración alguna de la potestad ejecutiva interinamente
-habilitada, ni de otro gobierno que en adelante se constituya bajo
-de cualquiera denominación que sea; y si desde el día de nuestra
-instalación se hubiese recibido algún empleo o gracia sea declarado
-nulo.» Aprobose así esta proposición, salvo alguna que otra levísima
-mudanza, y con el aditamento de que «la prohibición se extendiese a un
-año después de haber los actuales diputados dejado de serlo.»
-
-[Sidenote: Juicio acerca de ella.]
-
-Nacida de acendrada integridad, flaqueaba semejante providencia por el
-lado de la previsión, y se apartaba de lo que enseña la práctica de los
-gobiernos representativos. El diputado que se mantenga sordo a la voz
-de la conciencia, falto de pundonor y atento solo a no traspasar la
-letra de la ley, medios hallará bastantes de concluir a las calladas
-un ajuste que, sin comprometerle, satisfaga sus ambiciosos deseos o
-su codicia. La prohibición de obtener empleos, siendo absoluta, y
-mayormente extendiéndose hasta el punto de no poder ser escogidos los
-secretarios del despacho entre los individuos del cuerpo legislativo,
-desliga a este del gobierno, y pone en pugna a entrambas autoridades.
-Error gravísimo y de enojosas resultas, pero en que han incurrido casi
-todas las naciones al romper los grillos del despotismo. Ejemplo la
-Francia en su asamblea constituyente; ejemplo la Inglaterra cuando el
-largo parlamento dio el acta llamada _self-denying ordinance_, bien
-que aquí, en el mismo instante, hubo sus excepciones para Cromwell
-y otros, en ventaja de la causa que defendían. Sálese entonces de
-una región aborrecida: desmanes y violencias del gobierno han sido
-causa de los males padecidos, y sin reparar que en la mudanza se ha
-desquiciado aquel, o que su situación ha variado ya, olvidando también
-que la potestad ejecutiva es condición precisa del orden social, y que
-por tanto vale más empuñen las riendas manos amigas que no adversas,
-clámase contra los que sostienen esta doctrina, y forzoso es que los
-buenos patricios, por temor o mal entendida virtud, se alejen de los
-puestos supremos, abandonándolos así a la merced del acaso, ya que no
-al arbitrio de ineptos o revoltosos ciudadanos. En España, no obstante,
-siguiose un bien de aquella resolución: el abuso, en materia de
-empleos, de las juntas y de las corporaciones que las habían sucedido
-en el mando, tenía escandalizado al pueblo con mengua de la autoridad
-de sus gobiernos. La abnegación y el desapropio de todo interés de que
-ahora dieron muestra los diputados, realzó mucho su fama: beneficio que
-en lo moral equivalió algún tanto al daño que en la práctica resultaba
-de la muy lata proposición del señor Capmany.
-
-[Sidenote: Elecciones de Aragón.]
-
-Metió también por entonces ruido un acontecimiento, en el cual, si bien
-apareció inocente la mayoría de la regencia, desconceptuose esta en
-gran manera, y todavía más sus ministros. Don Nicolás María de Sierra,
-que lo era de gracia y justicia, para ganar votos y aumentar su influjo
-en las cortes, ideó realizar de un modo particular las elecciones de
-Aragón. Y violentando las leyes y decretos promulgados en la materia,
-dirigió una real orden a aquella junta, mandándole que por sí nombrase
-la totalidad de los diputados de la provincia, con remisión al mismo
-tiempo de una lista confidencial de candidatos. En el número no había
-olvidado su propio nombre el señor Sierra, ni el de su oficial mayor
-Don Tadeo Calomarde, ni tampoco el del ministro de estado Don Eusebio
-de Bardají, y por consiguiente todos tres con varios amigos y deudos
-suyos, igualmente aragoneses, fuesen elegidos, entremezclados a la
-verdad con alguno que otro sujeto de indisputable mérito y de condición
-independiente. Llegó arriba la noticia del nombramiento, e ignorando la
-mayoría de los regentes lo que se había urdido, al darles cuenta dicho
-señor Sierra del expediente, «quedaron absortos [según las expresiones
-del señor Saavedra] de oír una real orden de que no hacían memoria.»
-Los sacó el ministro de la confusión exponiendo que él era el autor de
-la tal orden, expedida de motu propio, aunque si bien después pesaroso
-la había revocado por medio de otra que desgraciadamente llegaba tarde.
-¿Quién no creería con tan paladina confesión que inmediatamente se
-habría exonerado al ministro, y perseguídole como a falsario digno
-de ejemplar castigo? Pues no: la regencia contentose con declarar
-nula la elección y mantuvo al ministro en su puesto. Presúmese que
-enredados en la maraña dos de los regentes, se huyó de ahondar
-negocio tan vergonzoso y criminal. Mas de una vez en las cortes se
-trató de él en público y en secreto, y fueron tales los amaños, tales
-los impedimentos, que nunca se logró llevar a efecto medida alguna
-rigorosa.
-
-Otros dos asuntos de la mayor importancia ocuparon a las cortes durante
-varias sesiones que se tuvieron en secreto; método que, por decirlo de
-paso, reprobaban varios diputados, y que en lo venidero casi del todo
-llegó a abandonarse.
-
-Cuando el 30 de septiembre comenzaban las cortes a andar muy atareadas
-en estas discusiones secretas, ocurrió un incidente que, aunque no de
-grande entidad para la causa general de la nación, hízose notable por
-el personaje augusto que le motivó. El duque de Orleans, apeándose a las
-puertas del salón de cortes, pidió con instancia que se le permitiese
-hablar a la barandilla.
-
-[Sidenote: El duque de Orleans quiere hablar a la barandilla de las
-cortes. (* Ap. n. 13-6.)]
-
-Para explicar aparición tan repentina conviene volver atrás.[*] En
-1808, el príncipe Leopoldo de Sicilia arribó a Gibraltar en reclamación
-de los derechos que creía asistían a su casa a la corona de España.
-Acompañábale el duque de Orleans. La junta de Sevilla no dio oídos
-a pretensiones, [Sidenote: Relación sucinta de este suceso.] en su
-concepto intempestivas, y de resultas tornó el de Sicilia a su tierra,
-y el de Orleans se encaminó a Londres. No habrá el lector olvidado
-este suceso de que en su lugar hicimos mención. Pocos meses habían
-transcurrido y ya el duque de Orleans de nuevo se mostró en Menorca. De
-allí solicitó directamente o por medio de Mr. de Broval, agente suyo
-en Sevilla, que se le emplease en servicio de la causa española. La
-junta central, ya congregada, no accedió a ello de pronto, y solamente
-poco antes de disolverse decidió, en su comisión ejecutiva, dar al de
-Orleans el mando de un cuerpo de tropas que había de maniobrar en la
-frontera de Cataluña. Acaeciendo después la invasión de las Andalucías,
-el duque y Mr. de Broval regresaron a Sicilia, y la resolución del
-gobierno quedó suspensa.
-
-Instalose en seguida la regencia, y sus individuos recibiendo avisos
-más o menos ciertos del partido que tenía en el Rosellón y otros
-departamentos meridionales la antigua casa de Francia, acordáronse de
-las pretensiones de Orleans, y enviáronle a ofrecer el mando de un
-ejército que se formaría en la raya de Cataluña. Fue con la comisión
-Don Mariano Carnerero, a bordo de la fragata de guerra Venganza. El
-duque aceptó, y en el mismo buque dio la vela de Palermo el 22 de mayo
-de 1810. Aportó a Tarragona, pero en mala ocasión, perdida Lérida y
-derrotado cerca de sus muros el ejército español. Por esto, y porque
-en realidad no agradaba a los catalanes que se pusiera a su cabeza
-un príncipe extranjero, y sobre todo francés, reembarcose el duque y
-fondeó en Cádiz el 20 de junio.
-
-Viose entonces la regencia en un compromiso. Ella había sido quien
-había llamado al duque, ella quien le había ofrecido un mando, y por
-desgracia las circunstancias no permitían cumplir lo antes prometido.
-Varios generales españoles, y en especial O’Donnell, miraban con malos
-ojos la llegada del duque; los ingleses repugnaban que se le confiriese
-autoridad o comandancia alguna, y las cortes, ya convocadas, imponían
-respeto para que se tomase resolución contraria a tan poderosas
-indicaciones. El de Orleans reclamó de la regencia el cumplimiento
-de su oferta, y resultaron contestaciones agrias. Mientras tanto
-instaláronse las cortes, y desaprobando el pensamiento de emplear al
-duque, manifestaron a la regencia que, por medios suaves y atentos,
-indicase a S. A. que evacuase a Cádiz. Informado el de Orleans de esta
-orden, decidió pasar a las cortes, y verificolo según hemos apuntado el
-30 de septiembre. Aquellas no accedieron al deseo del duque de hablar
-en la barandilla, mas le contestaron urbanamente y cual correspondía a
-la alta clase de S. A. y a sus distinguidas prendas. Desempeñaron el
-mensaje D. Evaristo Pérez de Castro y el marqués de Villafranca, duque
-de Medina Sidonia. Insistió el de Orleans en que se le recibiese, mas
-los diputados se mantuvieron firmes; entonces, perdiendo S. A. toda
-esperanza, se embarcó el 3 de octubre y dirigió el rumbo a Sicilia, a
-bordo de la fragata de guerra Esmeralda.
-
-Dícese que mostró su despecho en una carta que escribió a Luis XVIII, a
-la sazón en Inglaterra. Sin embargo, las cortes en nada eran culpables,
-y causoles pesadumbre tener que desairar a un príncipe tan esclarecido.
-Pero creyeron que recibir a S. A. y no acceder a sus ruegos, era tal
-vez ofenderle más gravemente. La regencia, cierto que procedió de
-ligero y no con sincera fe en hacer ofrecimientos al duque, y dar luego
-por disculpa para no cumplirlos que él era quien había solicitado
-obtener mando, efugio indigno de un gobierno noble y de porte
-desembozado. Amigos de Orleans han atribuido a influjo de los ingleses
-la determinación de las cortes: se engañan. Ignorábase en ellas que
-el embajador británico hubiese contrarrestado la pretensión de aquel
-príncipe. El no escuchar a S. A. nació solo de la íntima convicción de
-que entonces desplacía a los españoles general que fuese francés, y de
-que el nombre de Borbón, lejos de granjear partidarios en el ejército
-enemigo, solo serviría para hacerle a este más desapoderado, y dar
-ocasión a nuevos encarnizamientos.
-
-[Sidenote: Altercado con el obispo de Orense sobre prestar el
-juramento.]
-
-De los dos asuntos enunciados que ocupaban en secreto a las cortes,
-tocaba uno de ellos al obispo de Orense. Este prelado que, como
-dijimos, no había acudido con sus compañeros en la noche del 24 a
-prestar el juramento exigido de la regencia, hizo al siguiente día
-dejación de su puesto, no solo fundándose en la edad y achaques
-[excusas que para no presentarse en las cortes se habían dado la
-víspera], sino que también alegó la repugnancia insuperable de
-reconocer y jurar lo que se prescribía en el primer decreto. Renunció
-también al cargo de diputado, que confiado le había la provincia
-de Extremadura, y pidió que se le permitiese sin dilación volver a
-su diócesis. Las cortes, desde luego, penetraron que en semejante
-determinación se encerraba torcido arcano, valiéndose mal intencionados
-de la candorosa y timorata conciencia del prelado como de oportuno
-medio para provocar penosos altercados. Pero prescindiendo aquel cuerpo
-de entrar en explicaciones, accedió a la súplica del obispo, sin exigir
-de él antes de su partida juramento ni muestra alguna de sumisión, con
-lo que el negocio parecía quedar del todo zanjado. No acomodaba remate
-tan inmediato y pacífico a los sopladores de la discordia.
-
-El obispo en vez de apresurar la salida para su diócesis, detúvose
-y provocó a las cortes a una discusión peligrosa sobre la manera de
-entender el decreto de 24 de septiembre; a las cortes, que no le
-habían en nada molestado ni puesto obstáculo a que regresase como
-buen pastor en medio de sus ovejas. En un papel fecho en Cádiz a 3 de
-octubre, después de reiterar gracias por haber alcanzado lo que pedía,
-expresadas de un modo que pudiera calificarse de irónico, metíase
-a discurrir largamente acerca del mencionado decreto, y parábase,
-sobre todo, en el artículo de la soberanía nacional. Deducía de él
-ilaciones a su placer, y trayendo a la memoria la revolución francesa,
-intentaba comparar con ella los primeros pasos de las cortes. Es
-cierto que ponía a salvo las intenciones de los diputados, pero con
-tal encarecimiento que asomaba la ironía como en lo de las gracias.
-Motejaba a los regentes, sus compañeros, por haberse sometido al
-juramento, protestaba por su parte de lo hecho, y calificaba de nulo
-y atentado el haber excluido al consejo de regencia de sancionar las
-deliberaciones de las cortes; representante aquel, según entendía el
-obispo, de la prerrogativa real en toda su extensión. Traslucíase,
-además, el despique del prelado por habérsele admitido la renuncia, con
-señales de querer llamar la atención de los pueblos y aun de excitar a
-la desobediencia.
-
-Conjetúrese la impresión que causaría en las cortes papel tan
-descompuesto. Hubo vivos debates; varios diputados opinaron por
-que no se tomase resolución alguna y se dejase al obispo regresar
-tranquilamente a la ciudad de Orense. Inclinábanse a este dictamen
-no solo los patrocinadores del ex regente, mas también algunos de
-los que se distinguían por su independencia y amor a la libertad,
-rehusando los últimos dispensar coronas de martirio a quien quizá las
-ansiaba, por lo mismo que no habían de conferírsele. Se manifestaron,
-al contrario, opuestos al prelado eclesiásticos de los nada afectos a
-novedades, enojados de que se desconociese la autoridad de las cortes.
-Uno de ellos, Don Manuel Ros, canónigo de Santiago de Galicia, y años
-después ejemplar obispo de Tortosa, exclamó: «El obispo de Orense hase
-burlado siempre de la autoridad. Prelado consentido y con fama de
-santo, imagínase que todo le es lícito, y voluntarioso y terco solo
-le gusta obrar a su antojo; mejor fuera que cuidase de su diócesis,
-cuyas parroquias nunca visita, faltando así a las obligaciones que le
-impone el episcopado; he asistido muchos años cerca de su ilustrisíma,
-y conozco sus defectos como sus virtudes.»
-
-Las cortes, adoptando un término medio entre ambos extremos,
-resolvieron en 18 de octubre que el obispo de Orense hiciese en manos
-del cardenal de Borbón el juramento mandado exigir, por decreto de
-25 de septiembre, de todas las autoridades eclesiásticas, civiles y
-militares, el cual estaba concebido bajo la misma fórmula que el del
-consejo de regencia.
-
-Los atizadores, que lo que buscaban era escándalo, alegráronse de
-la decisión de las cortes con la esperanza de nuevas reyertas, y
-aprovechándose de la escrupulosa conciencia del obispo, y también
-de su lastimado amor propio, azuzáronle para que desobedeciese y
-replicase. En su contestación renovaba el de Orense lo alegado
-anteriormente, y concluía por decir que si en el sentido que las cortes
-daban al decreto quería expresarse «que la nación era soberana con
-el rey, desde luego prestaría S. Ilma. el juramento pedido; pero si
-se entendía que la nación era soberana sin el rey, y soberana de su
-mismo soberano, nunca se sometería a tal doctrina»; añadiendo: «que en
-cuanto a jurar obediencia a los decretos, leyes y constitución que se
-estableciese, lo haría, sin perjuicio de reclamar, representar y hacer
-la oposición que de derecho cupiera a lo que creyese contrario al bien
-del estado, y a la disciplina, libertad e inmunidad de la iglesia.»
-He aquí entablada una discusión penosa, y en alguna de sus partes más
-propia de profesores de derecho público que de estadistas y cuerpos
-constituidos.
-
-Es verdad que los gobiernos deberían andar muy detenidos en esto de
-juramentos, especialmente en lo que toca a reconocer principios. Casi
-siempre hasta las conciencias más timoratas hallan fácil salida a
-tales compromisos. Lo que importa es exigir obediencia a la autoridad
-establecida, y no juramentos de cosas abstractas que unos ignoran y
-otros interpretan a su manera. En todos tiempos, y sobre todo en el
-nuestro, ¿quién no ha quebrantado, aun entre las personas más augustas,
-las más solemnes y más sagradas promesas? Pero las cortes obraban como
-los demás gobiernos, con la diferencia, sin embargo, de que en el caso
-de España, no era, repetimos, ni tan fuera de propósito ni tan ocioso
-declarar que la nación era soberana. El mismo obispo de Orense había
-proclamado este principio cuando se negó a ir a Bayona. Porque si la
-nación, como ahora sostenía, hubiese sido soberana solo con el rey,
-¿qué se hubiera hecho en caso que Fernando, concluyendo un tratado
-con su opresor, y casándose con una princesa de aquella familia, se
-hubiese presentado en la raya después de estipular bases opuestas a los
-intereses de España? No eran sueños semejantes suposiciones, merced
-para que no se verificasen al inflexible orgullo de Napoleón, pues
-Fernando no estaba vaciado en el molde de la fortaleza.
-
-Insistieron las cortes en su primera determinación, y sin convertir el
-asunto en polémico, ajeno de su dignidad y cual deseaba el prelado,
-mandaron a este que jurase lisa y llanamente. Hasta aquí procedieron
-los diputados conformes con su anterior resolución, pero se deslizaron
-en añadir que, «se abstuviese el obispo de hablar o escribir de
-manera alguna sobre su modo de pensar en cuanto al reconocimiento
-que se debía a las cortes.» También se le mandó que permaneciese en
-Cádiz hasta nueva orden. Eran estos resabios del gobierno antiguo, y
-consecuencia asimismo del derecho peculiar que daban a la autoridad
-soberana, respecto al clero, las leyes vigentes del reino, derecho no
-tan desmedido como a primera vista parece en países exclusivamente
-católicos, en donde necesario es balancear con remedios temporales el
-inmenso poder del sacerdocio y su intolerancia.
-
-Enmarañándose más y más el asunto, empezose a convertir en judicial,
-y se nombró una junta mixta de eclesiásticos y seculares, escogidos
-por la regencia, para calificar las opiniones del obispo. En tanto,
-diputados moderados procuraban concertar los ánimos, señaladamente D.
-Antonio Oliveros, canónigo de San Isidro de Madrid, varón ilustrado,
-tolerante, de bella y candorosa condición, que al efecto entabló con su
-ilustrísima una correspondencia epistolar. Estuvo, sin embargo, dicho
-diputado a pique de comprometerse, tratando de abusar de su sencillez
-los que so capa inflamaban las humanas pasiones del pío mas orgulloso
-prelado.
-
-En fin, malográndose todas las maquinaciones, reconociendo las
-provincias con entusiasmo a las cortes, no respondiendo nadie a la
-especie de llamamiento que con su resistencia a jurar hizo el de
-Orense, cansado este, desalentados los incitadores, y temiendo todos
-las resultas del proceso que, aunque lentamente, seguía sus trámites,
-amilanáronse y resolvieron no continuar adelante en su porfía.
-
-[Sidenote: Sométese al fin el obispo.]
-
-El prelado, sometiéndose, pasó a las cortes el 3 de febrero inmediato,
-y prestó el juramento requerido sin limitación alguna. Permitiósele
-en seguida volver a su diócesis, y se sobreseyó en los procedimientos
-judiciales.
-
-Tal fue el término de un negocio que, si bien importante con relación
-al tiempo, no lo era ni con mucho tanto como el otro que también
-se ventilaba en secreto, y que perteneciendo a las revoluciones de
-América, interesaba al mundo.
-
-Apartaríase de nuestro propósito entrar circunstanciadamente en la
-narración de acontecimiento tan grave e intrincado, para lo que se
-requiere diligentísimo y especial historiador.
-
-[Sidenote: Revueltas de América. Sus causas.]
-
-Tuvieron principio las alteraciones de América al saberse en aquellos
-países la invasión de los franceses en las Andalucías, y el malhadado
-deshacimiento de la junta central. Causas generales y lejanas habían
-preparado aquel suceso, acelerando el estampido otras particulares e
-inmediatas.
-
-En nada han sido los extranjeros tan injustos, ni desvariado tanto,
-como en lo que han escrito acerca de la dominación española en las
-regiones de ultramar. A darles crédito, no parecería sino que los
-excelsos y claros varones que descubrieron y sojuzgaron la América
-habían solo plantado allí el pendón de Castilla para devastar la tierra
-y yermar campos, ricos antes y florecientes; como si el estado de
-atraso de aquellos pueblos hubiese permitido civilización muy avanzada.
-Los españoles cometieron, es verdad, excesos grandes, reprensibles,
-pero excesos que casi siempre acompañan a las conquistas, y que no
-sobrepujaron a los que hemos visto consumarse en nuestros días por los
-soldados de naciones que se precian de muy cultas.
-
-Mas al lado de tales males no olvidaron los españoles trasladar
-allende el mar los establecimientos políticos, civiles y literarios
-de su patria, procurando así pulir y mejorar las costumbres y el
-estado social de los pueblos indianos. Y no se oponga que entre dichos
-establecimientos los había que eran perjudiciales y ominosos. Culpa
-era esa de las opiniones entonces de España y de casi toda Europa; no
-hubo pensamientos torcidos de los conquistadores, los cuales presumían
-obrar rectamente, llevando a los países recién adquiridos todo cuanto
-en su entender constituía la grandeza de la metrópoli, gigantea en era
-tan portentosa.
-
-Dilatábanse aquellas vastas posesiones por el largo espacio de 92
-grados de latitud, y abrazaban entre sus más apartados establecimientos
-1900 leguas. Extensión maravillosa cuando se considera que sus
-habitantes obedecieron durante tres siglos a un gobierno que residía a
-enorme distancia, y que estaba separado por procelosos mares.
-
-Ascendía la población, sin contar las islas Filipinas, a 13 millones
-y medio de almas, cuyo más corto número era de europeos, únicos que
-estaban particularmente interesados en conservar la unión con la
-madre patria. En el origen contábanse solamente dos distintas razas o
-linajes, la de los conquistadores y la de los conquistados, esto es,
-españoles e indios. Gozaron los primeros de los derechos y privilegios
-que les correspondían, y se declaró a los segundos, conforme a las
-expresiones de la recopilación de Indias, «...libres y no sujetos a
-servidumbre de manera alguna.» Sabido es el tierno y compasivo afán
-que por ellos tuvo la reina Doña Isabel la Católica hasta en sus
-postrimeros días, encargando en su testamento «que no recibiesen
-los indios agravio alguno en sus personas y bienes, y que fuesen
-bien tratados.» No por eso dejaron de padecer bastante, extrañando
-Solórzano que «cuanto se hacía en beneficio de los indios resultase
-en perjuicio suyo»; sin advertir que el mismo cuidado de segregarlos
-de las demás razas para protegerlos, excitaba a estas contra ellos, y
-que el alejamiento en que vivían, bajo caciques indígenas, dificultaba
-la instrucción, perpetuaba la ignorancia, y los exponía a graves
-vejaciones, apartándolos del contacto de las autoridades supremas, por
-lo general más imparciales.
-
-Se multiplicó infinito en seguida la división de castas. Preséntase
-como primera la de los hijos de los peninsulares nacidos en aquellos
-climas de estirpe española, que se llamaron _criollos_. Vienen después
-los _mestizos_, o descendientes de españoles e indios, terminándose
-la enumeración por los _negros_, que se introdujeron de África, y
-las diversas tintas que resultaron de su ayuntamiento con las otras
-familias del linaje humano allí radicadas.
-
-Los criollos conservaron igualdad de derechos con los españoles: lo
-mismo, con cortísima diferencia, los mestizos, si eran hijos de español
-y de india; mas no si el padre pertenecía a esta clase y la madre a
-la otra, pues entonces quedaba la prole en la misma línea del de los
-puramente indios; a los negros y sus derivados, a saber, mulatos,
-zambos, etc., reputábalos la ley y la opinión inferiores a los demás,
-si bien la naturaleza los había aventajado en las fuerzas físicas y
-facultades intelectuales.
-
-De los diversos linajes nacidos en ultramar, era el de los criollos el
-más dispuesto a promover alteraciones. Creíase agraviado, le adornaban
-conocimientos, y superaba a los demás naturales en riqueza e influjo. A
-los indios, aunque numerosos e inclinados en algunas partes a suspirar
-por su antigua independencia, faltábales en general cultura, y carecían
-de las prendas y medios requeridos para osadas empresas. No les era
-dado a los oriundos de África entrar en lid sino de auxiliadores, a lo
-menos en un principio; pues la escasez de su gente en ciertos lugares,
-y sobre todo el ceño que les ponían las demás clases, estorbábalos
-acaudillar particular bandería.
-
-Comenzó a mediados del siglo XVIII a crecer grandemente la América
-española. Hasta entonces la forma del gobierno interior, los
-reglamentos de comercio y otras trabas habían retardado que se
-descogiese su prosperidad con la debida extensión.
-
-Bajo los diversos títulos de virreyes, capitanes generales y
-gobernadores, ejercían el poder supremo jefes militares, quienes solo
-eran responsables de su conducta al rey y al consejo de Indias que
-residía en Madrid. Contrapesaban su autoridad las audiencias, que,
-además de desempeñar la parte judicial, se mezclaban, con el nombre de
-acuerdo, en lo gubernativo, y aconsejaban a los virreyes o les sugerían
-las medidas que tenían por convenientes. No hubo en esto alteración
-sustancial, fuera de que en ciertas provincias, como en Buenos Aires,
-se crearon capitanías generales o virreinatos independientes, en gran
-beneficio de los moradores, que antes se veían obligados a acudir para
-muchos negocios a grandes distancias.
-
-En la administración de justicia, después de las audiencias, que eran
-los tribunales supremos, y de las que también en determinados casos
-se recurría al consejo de Indias, venían los alcaldes mayores y los
-ordinarios, a la manera de España, los cuales ejercían respectivamente
-su autoridad, ya en lo judicial, ya en lo económico, presidiendo a
-los ayuntamientos, cuerpos que se hallaban establecidos en los mismos
-términos que los de la península, con sus defectos y ventajas.
-
-Los alcaldes mayores, al tiempo de empuñar la vara, practicaban una
-costumbre abusiva y ruinosa; pues so pretexto de que los indígenas
-necesitaban para trabajar de especial aguijón, ponían por obra lo
-que se llamaba _repartimientos_. Palabra de mal significado, y que
-expresaba una entrega de mercadurías que el alcalde mayor hacía a cada
-indio para su propio uso y el de su familia, a precios exorbitantes.
-Dábanse los géneros al fiado y a pagar dentro de un año en productos
-de la agricultura del país, estimados según el antojo de los alcaldes,
-quienes, jueces y parte en el asunto, cometían molestas vejaciones,
-saliendo en general muy ricos al cumplirse los cinco años de su
-magistratura, señaladamente en los distritos en que se cosechaba grana.
-
-Don José de Gálvez, después marqués de Sonora, que de cerca había
-palpado los perjuicios de tamaño escándalo, luego que se le confió, en
-el reinado de Carlos III, el ministerio general de Indias, abolió los
-repartimientos y las alcaldías mayores, sustituyendo a esta autoridad
-la de las intendencias de provincia y subdelegación de partido, mejora
-de gran cuantía en la administración americana, y contra la que, sin
-embargo, exclamaron poderosamente las corporaciones más desinteresadas
-del país, afirmando que sin la coerción se echaría a vaguear el indio
-en menoscabo de la utilidad pública y privada, así como de las buenas
-costumbres. Juicio errado nacido de preocupación arraigada, lo que en
-breve manifestó la experiencia.
-
-Creados los intendentes, ganó también mucho el ramo de hacienda. Antes,
-oficiales reales, por sí o por medio de comisionados, recaudaban las
-contribuciones, entendiéndose con el superintendente general, que
-residía lejos de la capital de los gobiernos respectivos. Fijado
-ahora en cada provincia un intendente, creció la vigilancia sobre los
-partidos, de donde los subdelegados y oficiales reales tenían que
-enviar con puntualidad a sus jefes las sumas percibidas y estados
-individuales de cuenta y razón, asegurando, además, por medio de
-fianzas el bueno y fiel desempeño de sus cargos. Con semejantes
-precauciones tomaron las rentas increíble aumento.
-
-Eran las contribuciones en menor número, y no tan gravosas como las de
-España. Pagábase la alcabala de todo lo que se introducía y vendía, el
-10 por 100 de la plata y el 5 del oro que se sacaba de las minas, con
-algunos otros impuestos menos notables. El conocido bajo el nombre de
-_tributo_ recaía solo sobre los indios, en compensación de la alcabala
-de que estaban exentos: era una capitación en dinero, pesada en sí
-misma y de cobranza muy arbitraria.
-
-Al tiempo de formar las intendencias, hízose una división de territorio
-que no poco coadyuvó al bienestar de los naturales. Y del mismo
-modo que con la cercanía de magistrados respetables se había puesto
-mayor orden en el ramo de contribuciones, así también con ella se
-introdujeron otras saludables reformas. Desde luego rigiéronse con
-mayor fidelidad los fondos de propios; hubo esmero en la policía y
-ornato de los pueblos, se administró la justicia sin tanto retraso y
-más imparcialmente; y por fin se extinguió el pernicioso influjo de los
-partidos, terrible azote, y causador allí de riñas y ruidosos pleitos.
-
-Con haber perfeccionado de este modo la gobernación interior, se dio
-gran paso para la prosperidad americana.
-
-Aviváronla también los adelantamientos que se hicieron en la
-instrucción pública. Ya cuando la conquista empezaron a propagarse las
-escuelas de primeras letras y los colegios, fundándose universidades
-en varias capitales. Y si no se siguieron los mejores métodos, ni
-se enseñaron las ciencias y doctrinas que más hubiera convenido,
-dolencia fue común a España, de que se lamentaban los hombres de
-ingenio y doctos que en todos tiempos honraron a nuestra patria.
-Pero luego que en la península profesores hábiles dieron señales de
-desterrar vergonzosos errores, y de modificar en cuanto podían rancios
-estatutos, lo propio hicieron otros en América, particularmente en las
-universidades de Lima y Santa Fe. Tampoco el gobierno español en muchos
-casos se mostró hosco a las luces del siglo. Diéronse en ultramar,
-como en España, ensanches al saber, y aun allí se erigieron escuelas
-especiales: fue la más célebre el colegio de minería de Méjico, sobre
-el pie del de Freiberg de Sajonia, teniendo al frente maestros que
-habían cursado en Alemania, y los cuales perfeccionaron el estudio de
-las ciencias exactas y naturales, sobre todo el de la mineralogía,
-provechoso y necesario en un país tan abundante de metales preciosos.
-
-Deplorable legislación se adoptó desde el descubrimiento para el
-comercio externo, mantenida en vigor hasta mediados del siglo
-XVIII. Porque, además de solo permitirse por ella el tráfico con
-la metrópoli [falta en que incurrieron todos los otros estados de
-Europa], circunscribiose también a los únicos puertos de Sevilla
-primero, y después de Cádiz, adonde venían y de donde partían las
-flotas y galeones en determinada estación del año; sistema que privaba
-al norte y levante de España y a varias provincias americanas de
-comerciar directamente entre sí, cortando el vuelo a la prosperidad
-mercantil, sin que por eso se remontase, cual debiera, la de las
-ciudades privilegiadas. Carlos V había pensado extender a los puertos
-principales de las otras costas la facultad del libre y directo
-tráfico; pero obligado a condescender con los deseos de compañías de
-genoveses y otros extranjeros avecindados en Sevilla, cuyas casas le
-anticipaban dinero para las empresas y guerras de afuera, suspendió
-resolución tan sabia, despojando así a la periferia de la península de
-los beneficios que le hubieran acarreado los nuevos descubrimientos.
-Felipe II y sus sucesores hallaron las arcas reales en idéntica o
-mayor penuria que Carlos, y con desafición a innovar reglas ya
-más arraigadas, pretextaron igualmente, para conservar estas, el
-aparecimiento de los filibusteros, como si convoyes que navegaban en
-invariables tiempos, con rumbo a puntos fijos, no facilitasen las
-acometidas y rapiñas de aquellos audaces y numerosos piratas.
-
-Diose traza de modificar legislación tan perjudicial en los reinados
-de Fernando VI y Carlos III, aprobándose al intento y sucesivamente
-diferentes reglamentos que acabaron de completarse en 1789. Permitiose
-por ellos el comercio de América desde diversos puertos y con todas
-las costas de la península, siempre que fuesen súbditos, los que lo
-hiciesen, de la corona de España. Tan rápidamente creció el tráfico
-que se dobló en pocos años, esparciéndose las ganancias por las varias
-provincias de ambos hemisferios.
-
-Con tales mejoras de administración y el aumento de riqueza,
-enrobustecíanse las regiones de ultramar, y se iban preparando a
-caminar solas y sin los andadores del gobierno español. No obstante
-eso, el vínculo que las unía era todavía fuerte y muy estrecho.
-
-Otras causas concurrieron a aflojarle paulatinamente. Debe
-contarse entre las principales la revolución de los Estados Unidos
-anglo-americanos. Jefferson en sus cartas asevera que ya entonces
-dieron pasos los criollos españoles para lograr su independencia. Si
-fue así, debieron provenir tales gestiones de particulares proyectos,
-no de la mayoría de la población ni de sus corporaciones adictas a la
-metrópoli con inveterados y apegados hábitos. Incurrió en error grave
-la corte de Madrid en favorecer la cansa anglo-americana, mayormente
-cuando no la impelían a ello filantrópicos pensamientos, sino personal
-pique de Carlos III contra los ingleses, y consecuencias del desastrado
-pacto de familia. Diose de ese modo un punto en que con el tiempo se
-había de apoyar la palanca destinada a levantar los otros pueblos del
-continente americano. Lo preveía el ilustre conde de Aranda cuando,
-precisado a firmar el tratado de Versalles, aconsejó que se enviasen a
-aquellas provincias infantes de España, quienes al menos mantuviesen
-con su presencia y dominación, las relaciones mercantiles y de buena
-amistad en que se interesaban la prosperidad y riqueza peninsulares.
-
-Tras lo acaecido en las márgenes del Delaware, sobrevino la revolución
-francesa, estímulo nuevo de independencia, sembrando en América
-como en Europa ideas de libertad y desasosiego. Hasta entonces los
-alborotos ocurridos habían sido parciales, y nacidos solo de tropelías
-individuales o de vejaciones en algunas comarcas. Graves aparecieron
-las turbulencias del Perú, acaudilladas por Tupac Amaru; mas como
-los indios que tomaron parte cometieron grandes crueldades, lo mismo
-con criollos que con españoles, obligaron a unos y a otros a unirse
-para sofocar insurrecciones difíciles de cuajar sin su participación.
-Quiso conmoverse Caracas en 1796, luego que se encendió la guerra con
-los ingleses. Pero aun entonces fueron principales promovedores el
-español Picornel y el general Miranda, forasteros ambos, por decirlo
-así, en el país. Pues el primero, corazón ardiente y comprometido en
-la conspiración tramada en Madrid en 1795 contra el poder absoluto,
-hijo de Mallorca, no conocía bastantemente la tierra; y el segundo,
-aunque nacido en Venezuela, ausente años de allí, y general de la
-república francesa, amamantado con sus doctrinas, tenía ya estas más
-presentes que la situación y preocupaciones de su primitiva patria.
-Por consiguiente se malogró la empresa intentada, permaneciendo aún
-muy hondas las raíces del dominio español para que se las pudiera
-arrancar de un solo y primer golpe. Mr. de Humboldt, nada desafecto a
-la independencia americana, confiesa «que las ideas que tenían en las
-provincias de Nueva España acerca de la metrópoli eran enteramente
-distintas de las que manifestaban las personas que en la ciudad de
-Méjico se habían formado por libros franceses e ingleses.»
-
-Requeríase, pues, algún nuevo suceso, grande, extraordinario, que
-tocara inmediatamente a las Américas y a España, para romper los lazos
-que unían a entrambas, no bastando a efectuar semejante acontecimiento
-ni lo apartado y vasto de aquellos países, ni la diversidad de castas y
-sus pretensiones, ni las fuerzas y riqueza, que cada día se aumentaban,
-ni el ejemplo de los Estados Unidos, ni tampoco los terribles y más
-recientes que ofrecía la Francia; cosas todas que colocamos entre las
-causas generales y lejanas de la independencia americana, empezando
-las particulares y más próximas en las revueltas y asombros que se
-agolparon en el año de 1808.
-
-En un principio, y al hundirse el trono de los Borbones, manifestaron
-todas las regiones de ultramar en favor de la causa de España verdadero
-entusiasmo, conteniéndose, a su vista, los pocos que anhelaban
-mudanzas. Vimos en su lugar la irritación que produjeron allí las
-miserias de Bayona, la adhesión mostrada a las juntas de provincia y a
-la central, los donativos, en fin, y los recursos que con larga mano
-se suministraron a los hermanos de Europa. Mas, apaciguado el primer
-hervor, y sucediendo en la península desgracias tras de desgracias,
-cambiose poco a poco la opinión, y se sintieron rebullir los deseos
-de independencia, particularmente entre la mocedad criolla de la
-clase media y el clero inferior. Fomentaron aquella inclinación los
-ingleses, temerosos de la caída de España; fomentáronla los franceses
-y emisarios de José, aunque en otro sentido y con intento de apartar
-aquellos países del gobierno de Sevilla y Cádiz, que apellidaban
-insurreccional; fomentáronla los anglo-americanos, especialmente en
-Méjico; fomentáronla, por último, en el Río de la Plata los emisarios
-de la infanta Doña Carlota, residente en el Brasil, cuyo gobierno,
-independiente de Europa, no era para la América meridional de mejor
-ejemplo que lo había sido para la septentrional la separación de los
-Estados Unidos.
-
-A tantos embates necesario era que cediese y empezase a crujir el
-edificio levantado por los españoles más allá de los mares, cuya
-fábrica hubo de ser bien sólida y compacta para que no se resquebrajase
-antes y viniese al suelo.
-
-Contrarrestar tamaños esfuerzos parecía dificultoso, si no imposible,
-abrumado el reino bajo el peso de una guerra desoladora y exhausto
-de recursos. La junta central, no obstante, hubiera quizá podido
-tomar providencias que sostuviesen por más tiempo la dominación
-peninsular. Limitose a hacer declaraciones de igualdad de derechos, y
-omitió medidas más importantes. Tales hubieran sido, en concepto de
-los inteligentes, mejorar la suerte de las clases menesterosas con
-repartimiento de tierras; halagar más de lo que se hizo la ambición de
-los pudientes y principales criollos con honores y distinciones, a que
-eran muy inclinados; reforzar con tropa algunos puntos, pues hombres
-no escaseaban en España, y el soldado mediano acá era para allá muy
-aventajado, y finalmente, enviar jefes firmes, prudentes y de conocida
-probidad. Y ora fueran las circunstancias, ora descuido, no pensó la
-central como debiera en materia de tanta gravedad, y al disolverse,
-contenta con haber hecho promesas, dejó la América trabajada ya de mil
-modos, con las mismas instituciones, desatendidas las clases pobres y
-al frente autoridades por lo general débiles e incapaces, y sospechadas
-algunas de connivencia con los independientes.
-
-Verificose el primer estallido sin convenio anterior entre las diversas
-partes de la América, siendo difíciles las comunicaciones y no estando
-entonces extendidas ni arregladas las sociedades secretas, que después
-tanto influjo tuvieron en aquellos sucesos. El movimiento rompió por
-Caracas, tierra acostumbrada a conjuraciones; y rompió, según ya
-insinuamos, al llegar la noticia de la pérdida de las Andalucías y
-dispersión de la junta central.
-
-[Sidenote: Levantamiento de Venezuela.]
-
-El 19 de abril de 1810 apareció amotinado el pueblo de aquella ciudad,
-capital de Venezuela, al que se unió la tropa; y el cabildo, o sea
-ayuntamiento, agregando a su seno otros individuos, erigiose en junta
-suprema, mientras que conforme anunció, se convocaba un congreso. El
-capitán general, Don Vicente Emparan, sobrecogido y hombre de ánimo
-cuitado, no opuso resistencia alguna, y en breve desposeyéronle y le
-embarcaron en La Guaira con la audiencia y principales autoridades
-españolas. Siguieron el impulso de Caracas las otras provincias de
-Venezuela, excepto el partido de Coro y Maracaibo, en cuya ciudad
-mantuvo la tranquilidad y buen orden la firmeza del gobernador Don
-Fernando Miyares.
-
-El haberse en Caracas unido la tropa al pueblo decidió la querella
-en favor de los amotinados. Ayudaba mucho, para la determinación del
-soldado, el sistema militar que se había introducido en América en
-el último tercio del siglo XVIII, en cuyo tiempo se crearon cuerpos
-veteranos de naturales del país, que, si bien en gran parte eran
-mandados por coroneles y comandantes europeos, tenían también en sus
-filas oficiales subalternos, sargentos y cabos americanos. Del mismo
-modo se organizaron milicias de infantería y caballería, a semejanza
-las primeras de las de España, y en ellas se apoyó principalmente la
-insurrección. Cierto es que, al principio, solo la menor parte de las
-tropas se declaró en favor de las novedades, y que hubo parajes,
-particularmente en Méjico y en el Perú, en donde los militares
-contribuyeron a sofocar las conmociones; mas con el tiempo, cundiendo
-el fuego, llegó hasta las tropas de línea.
-
-El motivo principal que alegó Caracas para erigir una junta suprema
-e independiente fundose en estar casi toda España sujeta ya a una
-dinastía extranjera y tiránica, añadiendo que solo haría uso de la
-soberanía hasta que volviese al trono Fernando VII, o se instalase
-solemne y legalmente un gobierno constituido por las cortes, a que
-concurriesen legítimos representantes de los reinos, provincias y
-ciudades de Indias. Entre tanto, ofrecía la nueva junta a los españoles
-que aún peleasen por la independencia peninsular, amistad y envío de
-socorros. El nombre de Fernando tuvo que sonar a causa del pueblo,
-muy adicto al soberano desgraciado; esperanzados los promovedores
-del alzamiento que, conllevando así las ideas de la mayoría, la
-traerían por sus pasos contados adonde deseaban, mayormente si se
-introducían luego innovaciones que le fueran gratas. No tardaron
-estas en anunciarse, pues se abolió en breve el tributo de los
-indios, repartiéronse los empleos entre los naturales, y se abrieron
-los puertos a los extranjeros. La última providencia halagaba a los
-propietarios que veían en ella crecer el valor de sus frutos, y ganaban
-al propio tiempo la voluntad de las naciones comerciantes, codiciosas
-siempre de multiplicar sus mercados.
-
-Así fue que el ministerio inglés, poco explícito en sus declaraciones
-al reventar la insurrección, no dejó pasar muchos meses sin expresar,
-por boca de Lord Liverpool, «que S. M. B. no se consideraba ligado
-por ningún compromiso a sostener un país cualquiera de la monarquía
-española contra otro por razón de diferencias de opinión, sobre el modo
-con que se debiese arreglar su respectivo sistema de gobierno; siempre
-que conviniesen en reconocer al mismo soberano legítimo, y se opusiesen
-a la usurpación y tiranía de la Francia...» No se necesitaba testimonio
-tan público para conocer que forzoso le era al gabinete de la Gran
-Bretaña, aunque hubieran sido otras sus intenciones, usar de semejante
-lenguaje, teniendo que sujetarse a la imperiosa voz de sus mercaderes y
-fabricantes.
-
-[Sidenote: Levantamiento de Buenos Aires.]
-
-Alzó también Buenos Aires el grito de independencia al saber allí, por
-un barco inglés que arribó a Montevideo el 13 de mayo, los desastres de
-las Andalucías. Era capitán general Don Baltasar Hidalgo de Cisneros,
-hombre apocado y sin cautela, quien, a petición del ayuntamiento,
-consintió en que se convocase un congreso, imaginándose que aun después
-proseguiría en el gobierno de aquellas provincias. Instalose dicho
-congreso el 22 de mayo, y, como era de esperar, fue una de sus primeras
-medidas la deposición del inadvertido Cisneros, eligiendo también, a la
-manera de Caracas, una junta suprema que ejerciese el mando en nombre
-de Fernando VII. Conviene notar aquí que la formación de juntas en
-América nació por imitación de lo que se hizo en España en 1808, y no
-de otra ninguna causa.
-
-Montevideo, que se disponía a unir su suerte con la de Buenos Aires,
-detúvose, noticioso de que en la península todavía se respiraba, y de
-que existía en la Isla de León, con nombre de regencia, un gobierno
-central.
-
-No así el nuevo reino de Granada, que siguió el impulso de Caracas,
-creando una junta suprema el 20 de julio. Apearon del mando los nuevos
-gobernantes a Don Antonio Amat, virrey semejante en lo quebradizo de
-su temple a los jefes de Venezuela y Buenos Aires. Acaecieron luego
-en Santa Fe, en Quito y en las demás partes altercados, divisiones,
-muertes, guerra y muchas lástimas, que tal esquilmo coge de las
-revoluciones la generación que las hace.
-
-Entonces, y largo tiempo después, se mantuvo el Perú quieto y fiel a
-la madre patria, merced a la prudente fortaleza del virrey, Don José
-Fernando de Abascal, y a la memoria aún viva de la rebelión del indio
-Tupac Amaru y sus crueldades.
-
-Tampoco se meneaba Nueva España, aunque ya se habían fraguado varias
-maquinaciones y se preparaban alborotos, de que más adelante daremos
-noticia.
-
-[Sidenote: Juicio acerca de estas revueltas.]
-
-Por lo demás, tal fue el principio de irse desgajando del tronco
-paterno, y una en pos de otra, ramas tan fructíferas del imperio
-español. ¿Escogieron los americanos para ello la ocasión más digna y
-honrosa? A medir las naciones por la escala de los tiernos y nobles
-sentimientos de los individuos, abiertamente diríamos que no, habiendo
-abandonado a la metrópoli en su mayor aflicción, cuando aquella
-decretara igualdad de derechos, y cuando se preparaba a realizar en
-sus cortes el cumplimiento de las anteriores promesas. Los Estados
-Unidos separáronse de Inglaterra en sazón en que esta descubría su
-frente serena y poderosa, y después que reiteradas veces les había
-su metrópoli negado peticiones moderadas en un principio. Por el
-contrario, los americanos españoles cortaban el lazo de unión, abatida
-la península, reconocidas ya aquellas provincias como parte integrante
-de la monarquía, y convidados sus habitantes a enviar diputados a las
-cortes. No; entre individuos graduaríase tal porte de ingrato y aun
-villano. Las naciones, desgraciadamente, suelen tener otra pauta, y los
-americanos quizá pensaron lograr entonces con más certidumbre lo que, a
-su entender, fuera dudoso y aventurado, libre la península y repuesto
-en el solio el cautivo Fernando.
-
-Controvertible igualmente ha sido si la América había llegado al
-punto de madurez e instrucción que eran necesarias para desprenderse
-de los vínculos metropolitanos. Algunos han decidido ya la cuestión
-negativamente, atentos a las turbulencias y agitación continua de
-aquellas regiones, en donde mudando a cada paso de gobierno y leyes,
-aparecen los naturales no solo como inhábiles para sostener la libertad
-y admitir un gobierno medianamente organizado, pero aun también como
-incapaces de soportar el estado social de los pueblos cultos. Nosotros,
-sin ir tan allá, creemos, sí, que la educación y enseñanza de la
-América española será lenta y más larga que la de otros países; y solo
-nos admiramos de que haya habido en Europa hombres, y no vulgares, que
-al paso que negaban a España la posibilidad de constituirse libremente,
-se la concedieran a la América, siendo claro que en ambas partes
-habían regido idénticas instituciones, y que idénticas habían sido las
-causas de su atraso; con la ventaja para los peninsulares de que entre
-ellos se desconocía la diversidad de castas, y de que el inmediato
-roce con las naciones de Europa les había proporcionado hacer mayores
-progresos en los conocimientos modernos, y mejorar la vida social. Mas
-si personas entendidas y gobiernos sabios olvidaban reflexiones tan
-obvias, ¿qué no sería de ávidos especuladores que soñaban montes de oro
-con la franquicia y amplia contratación de los puertos americanos?
-
-[Sidenote: Medidas tomadas por el gobierno español.]
-
-La regencia, al instalarse, había nombrado sujetos que llevasen a
-las provincias de ultramar las noticias de lo ocurrido en principios
-de año, recordando al propio tiempo en una proclama la igualdad de
-condición otorgada a aquellos naturales, e incluyendo la convocatoria
-para que acudiesen a las cortes por medio de sus diputados. Fuera de
-eso, no extendió la regencia sus providencias más allá de lo que lo
-había hecho la central, si bien es cierto que ni la situación actual
-permitía el mismo ensanche, ni tampoco era político anticipar en muchos
-asuntos el juicio de las cortes, cuya reunión se anunciaba cercana.
-
-[Sidenote: Providencia fraguada acerca del comercio libre.]
-
-Sin embargo, publicose en 17 de mayo de 1810, a nombre de dicha
-regencia, una real orden de la mayor importancia, y por la que se
-autorizaba el comercio directo de todos los puertos de Indias con las
-colonias extranjeras y naciones de Europa. Mudanza tan repentina y
-completa en la legislación mercantil de Indias, sin previo aviso ni
-otra consulta, saltando por encima de los trámites de estilo aún usados
-durante el gobierno antiguo, pasmó a todos y sobrecogió al comercio de
-Cádiz, interesado más que nadie en el monopolio de ultramar.
-
-Sin tardanza reclamó este contra una providencia en su concepto
-injustísima y en verdad muy informal y temprana. La regencia ignoraba,
-o fingió ignorar, la publicación de la mencionada orden, y en virtud
-de examen que mandó hacer, resultó que sobre un permiso limitado al
-renglón de harinas, y al solo puerto de la Habana, había la secretaría
-de hacienda de Indias extendido por sí la concesión a los demás frutos
-y mercaderías procedentes del extranjero, y en favor de todas las
-costas de la América. ¿Quién no creyera que al descubrirse falsía tan
-inaudita, abuso de confianza tan criminal y de resultas tan graves,
-no se hubiese hecho un escarmiento que arredrase en lo porvenir a los
-fabricadores de mentidas providencias del gobierno? Formose causa; mas
-causa al uso de España en tales materias, encargando a un ministro del
-consejo supremo de España e Indias que procediese a la averiguación del
-autor o autores de la supuesta orden.
-
-Se arrestó en su casa al marqués de las Hormazas, ministro de
-hacienda, prendiose también al oficial mayor de la misma secretaría
-en lo relativo a Indias, Don Manuel Albuerne, y a algunos otros que
-resultaban complicados. El asunto prosiguió pausadamente, y después
-de muchas idas y venidas, empeños, solicitaciones, todos quedaron
-quitos. Hormazas había firmado a ciegas la orden sin leerla, y como si
-se tratase de un negocio sencillo. El verdadero culpado era Albuerne,
-de acuerdo con el agente de la Habana Don Claudio María Pinillos,
-y Don Esteban Fernández de León, siendo sostenedor secreto de la
-medida, según voz pública, uno de los regentes. Tal descuido en unos,
-delito en otros, e impunidad ilimitada para todos, probaban más y
-más la necesidad urgente de purgar a España de la maleza espesa que
-habían ahijado en su gobierno, de Godoy acá, los patrocinadores de la
-corrupción más descarada.
-
-La regencia, por su parte, revocó la real orden, y mandó recoger los
-ejemplares impresos. Pero el tiro había ya partido, y fácil es
-adivinar el mal efecto que produciría, sugiriendo a los amigos de las
-alteraciones de América nueva y fundada alegación para proseguir en su
-comenzado intento.
-
-Supo la regencia, el 4 de julio, las revueltas de Caracas, y al
-concluirse agosto, las de Buenos Aires. Apesadumbráronla noticias para
-ella tan impensadas, y para la causa de España tan funestas, mas vivió
-algún tiempo con la esperanza de que cesarían los disturbios, luego que
-allá corriese no haber la península rendido aún su cerviz al invasor
-extranjero. ¡Vana ilusión! Alzamientos de esta clase o se ahogan al
-nacer, o se agrandan con rapidez. La regencia, indecisa y sin mayores
-medios, consultó al consejo, no tomando de pronto resolución que
-pareciera eficaz.
-
-[Sidenote: Nómbrase a Cortavarría para ir a Caracas.]
-
-Aquel cuerpo opinó que se enviase a ultramar un sujeto condecorado y
-digno, asistido de algunos buques de guerra y con órdenes para reunir
-las tropas de Puerto Rico, Cuba y Cartagena, previniéndole que solo
-emplease el medio de la fuerza cuando los de persuasión no bastasen. La
-regencia se conformó en un todo con el dictamen del consejo, y nombró
-por comisionado, revestido de facultades omnímodas, a Don Antonio
-Cortavarría, individuo del consejo real, magistrado respetable por
-su pureza, pero anciano y sin el menor conocimiento de lo que era la
-América. Figurábase el gobierno español, equivocadamente, que no eran
-pasados los días de los Mendozas y los Gascas, y que a la vista del
-enviado peninsular se allanarían los obstáculos y se remansarían los
-tumultos populares. Llevaba Cortavarría instrucciones que no solo se
-extendían a Venezuela, sino que también abrazaban las islas, Santa
-Fe y aun la Nueva España, debiendo obrar con él mancomunadamente el
-gobernador de Maracaibo Don Fernando Miyares, electo capitán general de
-Caracas, en recompensa de su buen proceder.
-
-[Sidenote: Jefes y pequeña expedición enviada al Río de la Plata.]
-
-Respecto de Buenos Aires, ya antes de saberse el levantamiento
-había tomado la regencia algunas medidas de precaución, advertida
-de tratos que la infanta Doña Carlota traía allí desde el Brasil; y
-como Montevideo era el punto más a propósito para realizar cualquiera
-proyecto que dicha señora tuviese entre manos, se había nombrado, para
-provenir toda tentativa, por gobernador de aquella plaza a Don Gaspar
-de Vigodet, militar de confianza.
-
-Mas, después que la regencia recibió la nueva de la conmoción de Buenos
-Aires, no limitó a eso sus providencias, sino que también resolvió
-enviar de virrey de las provincias del Río de la Plata a Don Francisco
-Javier de Elío, acompañado de 500 hombres, de una fragata de guerra y de
-una urca, con orden de partir de Alicante y de ocultar el objeto del
-viaje hasta pasadas las islas Canarias. Se le recomendó asimismo lo
-que a Cortavarría en cuanto a que no emplease la fuerza antes de haber
-tentado todos los medios de conciliación.
-
-He aquí lo que por mayor se sabía en Europa de las turbulencias
-de América, y lo que para cortarlas había resuelto la regencia al
-tiempo de instalarse las cortes. [Sidenote: Ocúpanse las cortes en
-la materia.] Hallándose en el seno de estas diputados naturales de
-ultramar, concíbese fácilmente que no dejarían huelgo a sus compañeros
-antes de conseguir que se ocupasen en tan graves cuestiones. Las
-propuestas fueron muchas y varias, y ya el 25 de septiembre, tratándose
-de expedir el decreto del 24, expuso la diputación americana que al
-mismo tiempo que se remitiese aquel a Indias, era necesario hablar a
-sus habitantes de la igualdad de derechos que tenían con los de Europa,
-de la extensión de la representación nacional como parte integrante
-de la monarquía, y conceder una amnistía u olvido absoluto por los
-extravíos ocurridos en las desavenencias de algunos de aquellos países.
-La discusión comenzó a encresparse, y Don José Mejía, suplente por
-Santa Fe de Bogotá y americano de nacimiento, fuese prudencia, fuese
-temor de que resonasen en ultramar las palabras que se pronunciaban en
-las cortes, palabras que pudieran ser funestas a los independientes,
-apoyados todavía en terreno poco firme, pidió que se ventilase el
-asunto en secreto. Accedió el congreso a los deseos de aquel señor
-diputado, si bien por incidencia se tocaron a veces en público, en las
-primeras sesiones, algunos de los muchos puntos que ofrecía materia tan
-espinosa.
-
-[Sidenote: Decreto de 15 de octubre. (* Ap. n. 13-7.)]
-
-Después de reñidos debates, aprobaron las cortes los términos de un
-decreto que se promulgó con fecha de 15 de octubre,[*] en el que
-aparecieron como esenciales bases: 1.º, la igualdad de derechos, ya
-sancionada; 2.º, una amnistía general, sin límite alguno.
-
-En pos de esta resolución vinieron, a manera de secuela, otras
-declaraciones y concesiones muy favorables a la América, de las que
-mencionaremos las más principales en el curso de esta historia. Por
-ellas se verá cuánto trabajaron las cortes para grangearse el ánimo de
-aquellos habitantes y acallar los motivos que hubiera de justa queja,
-debiendo haber finalizado las turbulencias, si el fuego de un volcán de
-extensa crátera pudiera apagarse por la mano del hombre.
-
-[Sidenote: Discusión sobre la libertad de la imprenta.]
-
-La víspera de la promulgación del decreto sobre América entablose en
-público la discusión de la libertad de la imprenta. Don Agustín de
-Argüelles era quien primero la había provocado, indicando en la sesión
-de la tarde del 27 de septiembre la necesidad de ocuparse a la mayor
-brevedad en materia tan grave. Sostuvo su dictamen Don Evaristo Pérez
-de Castro, y aun insistió en que desde luego se formase para ello una
-comisión, cuya propuesta aprobaron las cortes inmediatamente, sin
-obstáculo alguno.
-
-Dedicose con aplicación continua a su trabajo la comisión nombrada,
-y el 14 de octubre, cumpleaños del rey Fernando VII, leyó el informe
-en que habían convenido los individuos de ella; casual coincidencia
-o modo nuevo de celebrar el natalicio de un príncipe, cuyo horóscopo
-viose después no cuadraba con el festejo. Al día siguiente se trabó
-la discusión, una de las más brillantes que hubo en las cortes, y
-de la que reportaron estas fama esclarecida. Lástima ha sido que no
-se hayan conservado enteros los discursos allí pronunciados, pues
-todavía no se publicaban de oficio las sesiones, según comenzó a usarse
-en el promedio de diciembre, habiéndose desde entonces establecido
-taquígrafos que siguiesen literalmente la palabra del orador. Sin
-embargo, algunos curiosos, y entre ellos ingleses, tomaron nota
-bastante exacta de las discusiones más principales, y eso nos habilita
-para dar una razón algo circunstanciada de lo que ocurrió en aquella
-ocasión.
-
-Antes de reunirse las cortes, la libertad de la imprenta apenas contaba
-otros enemigos sino algunos de los que gobernaban; mas después que
-el congreso mostró querer proseguir su marcha con hoz reformadora,
-despertose el recelo de las clases y personas interesadas en los
-abusos, que empezaron a mirar con esquivez medida tan deseada. No
-pareciéndoles, con todo, discreto impugnarla de frente, idearon los
-que pertenecieron a aquel número y estaban dentro de las cortes, pedir
-que se suspendiese la deliberación.
-
-Escogieron para hacer la propuesta al diputado que entre los suyos
-juzgaron más atrevido, a Don Joaquín Tenreiro, quien, después de
-haber el día 14 procurado infructuosamente diferir la lectura del
-informe de la comisión, persistió el 15 en su propósito de que se
-dejase para más adelante la discusión, alegando que se debería pedir
-con antelación el parecer de ciertas corporaciones, en especial el
-de las eclesiásticas, y sobre todo aguardar la llegada de diputados
-próximos a aportar de las costas de Levante. Manifestó su opinión el
-señor Tenreiro acaloradamente, y excitó la réplica de varios señores
-diputados que demostraron haber seguido el expediente, no solo los
-trámites de costumbre, sino que también, viniendo ya instruido desde el
-tiempo de la junta central, había recibido con el mayor detenimiento
-la dilucidación necesaria. Reprodujo no obstante sus argumentos el
-señor Tenreiro, pero no por eso pudo estorbar que empezase de lleno
-la discusión. El señor Argüelles fue de los primeros que entrando
-en materia hizo palpables los bienes que resultan de la libertad
-de la imprenta. «Cuantos conocimientos, dijo, se han extendido por
-Europa han nacido de esta libertad, y las naciones se han elevado a
-proporción que ha sido más perfecta. Las otras, oscurecidas por la
-ignorancia y encadenadas por el despotismo, se han sumergido en la
-proporción contraria. España, siento decirlo, se halla entre las
-últimas: fijemos la vista en los postreros 20 años, en ese periodo
-henchido de acontecimientos más extraordinarios que cuantos presentan
-los anteriores siglos, y en él podremos ver los portentosos efectos de
-esa arma, a cuyo poder casi siempre ha cedido el de la espada. Por su
-influjo vimos caer de las manos de la nación francesa las cadenas que
-la habían tenido esclavizada. Una facción sanguinaria vino a inutilizar
-tan grande medida, y la nación francesa, o más bien su gobierno, empezó
-a obrar en oposición a los principios que proclamaba... El despotismo
-fue el fruto que recogió... Hubiera habido en España una arreglada
-libertad de imprenta, y nuestra nación no hubiera ignorado cual fuese
-la situación política de la Francia al celebrarse el vergonzoso tratado
-de Basilea. El gobierno español, dirigido por un favorito corrompido y
-estúpido, incapaz era de conocer los verdaderos intereses del estado.
-Abandonose ciegamente y sin tino a cuantos gobiernos tuvo la Francia,
-y desde la convención hasta el imperio seguimos todas las vicisitudes
-de su revolución, siempre en la más estrecha alianza, cuando llegó el
-momento desgraciado en que vimos tomadas nuestras plazas fuertes y el
-ejército del pérfido invasor en el corazón del reino. Hasta entonces a
-nadie le fue lícito hablar del gobierno francés con menos sumisión que
-del nuestro, y no admirar a Bonaparte fue de los más graves delitos. En
-aquellos días miserables se echaron las semillas cuyos amargos frutos
-estamos cogiendo ahora. Extendamos la vista por el mundo: Inglaterra
-es la sola nación que hallaremos libre de tal mengua. ¿Y a quién lo
-debe? Mucho hizo en ella la energía de su gobierno, pero más hizo la
-libertad de la imprenta. Por su medio pudieron los hombres honrados
-difundir el antídoto con más presteza que el gobierno francés su
-veneno. La instrucción que por la vía de la imprenta logró aquel pueblo
-fue lo que le hizo ver el peligro y saber evitarlo...»
-
-El señor Morros, diputado eclesiástico, sostuvo con fuerza «ser la
-libertad de la imprenta opuesta a la religión católica apostólica
-romana, y ser, por tanto, detestable institución.» Añadió: «que, según
-lo prevenido en muchos cánones, ninguna obra podía publicarse sin la
-licencia de un obispo o concilio, y que todo lo que se determinase en
-contra, sería atacar directamente la religión.»
-
-Aquí notará el lector que desesperanzados los enemigos de la libertad
-de la imprenta de impedir los debates, trataron ya de impugnarla sin
-disfraz alguno y fundamentalmente.
-
-Fácil fue al señor Mejía rebatir el dictamen del señor Morros,
-advirtiendo «que la libertad de que se trataba, limitábase a la parte
-política y en nada se rozaba con la religión ni la potestad de la
-iglesia... Observó también la diferencia de tiempos, y la errada
-aplicación que había hecho el señor Morros de sus textos, los cuales
-por la mayor parte se referían a una edad en que todavía no estaba
-descubierta la imprenta...» Y continuando después dicho señor Mejía
-en desentrañar con sutileza y profundidad toda la parte eclesiástica
-en que, aunque seglar, era muy versado, terminó diciendo: «que en las
-naciones en donde no se permitía la libertad de imprenta, el arte de
-imprimir había sido perjudicial, porque había quitado la libertad
-primitiva que existía de escribir y copiar libros sin particulares
-trabas, y que si bien entonces no se esparcían las luces con tanta
-rapidez y extensión, a lo menos eran libres. Y más vale un pedazo de
-pan comido en libertad que un convite real con una espada que cuelga
-sobre la cabeza, pendiente del hilo de un capricho.»
-
-El señor Rodriguez de la Bárcena, bien que eclesiástico como el señor
-Morros, no recargó tanto en punto a la religión, pero con maña trazó
-una pintura sombría «de los males de la libertad de la imprenta en
-una nación no acostumbrada a ella, se hizo cargo de las calumnias
-que difundía, de la desunión en las familias, de la desobediencia a
-las leyes y otros muchos estragos, de los que, resultando un clamor
-general, tendría al cabo que suprimirse una facultad preciosa, que
-coartada con prudencia, era fácil conservar. Yo, continuó el orador,
-amo la libertad de la imprenta, pero la amo con jueces que sepan de
-antemano separar la cizaña de con el grano. Nada aventura la imprenta
-con la censura previa en las materias científicas, que son en las
-que más importa ejercitarse, y usada dicha censura discretamente,
-existirá en realidad con ella mayor libertad que si no la hubiera, y
-se evitarán escándalos y la aplicación de las penas en que incurrirán
-los escritores que se deslicen, siendo para el legislador más hermoso
-representar el papel de prevenir los delitos que el de castigarlos.»
-
-Replicó a este orador Don Juan Nicasio Gallego que, aunque revestido
-igualmente de los hábitos clericales, descollaba en el saber político,
-si bien no tanto como en el arte divino de los Herreras y Leones. «Si
-hay en el mundo, dijo, absurdo en este género, eslo el de asentar
-como lo ha hecho el preopinante, que la libertad de la imprenta podía
-existir bajo una previa censura. _Libertad_ es el derecho que todo
-hombre tiene de hacer lo que le parezca, no siendo contra las leyes
-divinas y humanas. _Esclavitud_ por el contrario existe donde quiera
-que los hombres están sujetos sin remedio a los caprichos de otros,
-ya se pongan o no inmediatamente en práctica. ¿Cómo puede, según eso,
-ser la imprenta libre, quedando dependiente del capricho, las pasiones
-o la corrupción de uno o más individuos? ¿Y por qué tanto rigor y
-precauciones para la imprenta, cuando ninguna legislación las emplea
-en los demás casos de la vida y en acciones de los hombres no menos
-expuestas al abuso? Cualquiera es libre de proveerse de una espada, ¿y
-dirá nadie por eso que se le deben atar las manos no sea que cometa
-un homicidio? Puedo, en verdad, salir a la calle y robar a un hombre,
-más ninguno, llevado de tal miedo, aconsejará que se me encierre en
-mi casa. A todos nos deja la ley libre el albedrío, pero por horror
-natural a los delitos, y porque todos sabemos las penas que están
-impuestas a los criminales, tratamos cada cual de no cometerlos...»
-
-Hablaron en seguida otros diputados en favor de la cuestión, tales como
-los señores Luján, Pérez de Castro y Oliveros. El primero expresó:
-«que los dos encargos particulares que le había hecho su provincia [la
-de Extremadura] habían sido: que fuesen públicas las sesiones de las
-cortes y que se concediese la libertad de la imprenta.» Puso el último
-su particular cuidado en demostrar que aquella libertad «no solo no
-era contraria a la religión, sino que era compatible con el amor más
-puro hacia sus dogmas y doctrinas... Nosotros [continuó tan respetable
-eclesiástico] queremos dar alas a los sentimientos honrados, y cerrar
-las puertas a los malignos. La religión santa de los Crisóstomos y
-de los Isidoros no se recata de la libre discusión; temen esta los
-que desean convertir aquella en provecho propio. ¡Qué de horrores y
-escándalos no vimos en tiempo de Godoy! ¡Cuánta irreligiosidad no
-se esparció! Y ¿había libertad de imprenta? Si la hubiera habido,
-dejáranse de cometer tantos excesos con el miedo de la censura pública,
-y no se hubieran perpetrado delitos, sumidos ahora en la impunidad del
-silencio. Ciertos obispos ¿hubieran osado manchar los púlpitos de la
-religión predicando los triunfos del poder arbitrario y, por decirlo
-así, los del ateísmo? ¿Hubieran contribuido a la destrucción de su
-patria y a la tibieza de la fe, incensando impíamente al ídolo de Baal,
-al malaventurado valido?...»
-
-Contados fueron los diputados que después impugnaron la libertad de
-la imprenta, y aun de ellos el mayor número antes provocó dudas
-que expresó una opinión opuesta bien asentada. Los señores Morales
-Gallego y Don Jaime Creus fueron quienes con mayor vigor esforzaron
-los argumentos en contra de la cuestión. Dirigiose el principal conato
-de ambos a manifestar «la suelta que iba a darse a las pasiones y
-personalidades, y el riesgo que corría la pureza de la fe, siendo de
-dificultoso deslinde en muchos casos el término de las potestades
-política y eclesiástica.» El señor Argüelles rechazó de nuevo muchas
-de las objeciones; pero quien entre los postreros de los oradores
-habló de un modo luminoso, persuasivo y profundo fue el dignísimo Don
-Diego Muñoz Torrero, cuya candorosa y venerable presencia, repetimos,
-aumentaba peso a la ya irresistible fuerza de su raciocinación. «La
-materia que tratamos, dijo, tiene, según la miro, dos partes: la una
-de _justicia_, la otra de _necesidad_. La justicia es el principio
-vital de la sociedad civil, e hija de la justicia es la libertad de la
-imprenta... El derecho de traer a examen las acciones del gobierno es
-un derecho imprescriptible que ninguna nación puede ceder sin dejar
-de ser nación, ¿Qué hicimos nosotros en el memorable decreto de 24 de
-septiembre? Declaramos los decretos de Bayona ilegales y nulos. Y ¿por
-qué? Porque el acto de renuncia se había hecho sin el consentimiento
-de la nación. ¿A quién ha encomendado ahora esa nación su causa? A
-nosotros; nosotros somos sus representantes, y según nuestros usos y
-antiguas leyes fundamentales, muy pocos pasos pudiéramos dar sin la
-aprobación de nuestros constituyentes. Mas, cuando el pueblo puso el
-poder en nuestras manos, ¿se privó por eso del derecho de examinar y
-criticar nuestras acciones? ¿Por qué decretamos en 24 de septiembre
-la responsabilidad de la potestad ejecutiva, responsabilidad que
-cabrá solo a los ministros cuando el rey se halle entre nosotros?
-¿Por qué nos aseguramos la facultad de inspeccionar sus acciones?
-Porque poníamos _poder_ en manos de _hombres_, y los hombres abusan
-fácilmente de él si no tienen freno alguno que los contenga, y no había
-para la potestad ejecutiva freno más inmediato que el de las cortes.
-Mas, ¿somos por acaso infalibles? ¿Puede el pueblo que apenas nos ha
-visto reunidos poner tanta confianza en nosotros que abandone toda
-precaución? ¿No tiene el pueblo el mismo derecho respecto de nosotros
-que nosotros respecto de la potestad ejecutiva en cuanto a inspeccionar
-nuestro modo de pensar y censurarle?... Y el pueblo ¿qué medio tiene
-para esto? No tiene otro sino el de la imprenta; pues no supongo que
-los contrarios a mi opinión le den la facultad de insurreccionarse,
-derecho el más terrible y peligroso que pueda ejercer una nación. Y
-si no se le concede al pueblo un medio legal y oportuno para reclamar
-contra nosotros, ¿qué le importa que le tiranice uno, cinco, veinte o
-ciento?... El pueblo español ha detestado siempre las guerras civiles,
-pero quizá tendría desgraciadamente que venir a ellas. El modo de
-evitarlo es permitir la solemne manifestación de la opinión pública.
-Todavía ignoramos el poder inmenso de una nación para obligar a los
-que gobiernan a ser justos. Empero, prívese al pueblo de la libertad
-de hablar y escribir, ¿cómo ha de manifestar su opinión? Si yo dijese
-a mis poderdantes de Extremadura que se establecía la previa censura
-de la imprenta, ¿qué me dirían al ver que para exponer sus opiniones
-tenían que recurrir a pedir licencia?... Es, pues, uno de los derechos
-del hombre en las sociedades modernas el gozar de la libertad de la
-imprenta, sistema tan sabio en la teórica como confirmado por la
-experiencia. Véase Inglaterra: a la imprenta libre debe principalmente
-la conservación de su libertad política y civil, su prosperidad.
-Inglaterra conoce lo que vale arma tan poderosa: Inglaterra, por tanto,
-ha protegido la imprenta, pero la imprenta, en pago, ha conservado
-la Inglaterra. Si la medida de que hablamos es _justa_ en sí y
-_conveniente_, no es menos _necesaria_ en el día de hoy. Empezamos una
-carrera nueva, tenemos que lidiar con un enemigo poderoso, y fuerza
-nos es recurrir a todos los medios que afiancen nuestra libertad y
-destruyan los artificios y mañas del enemigo. Para ello indispensable
-parece reunir los esfuerzos todos de la nación, e imposible sería no
-concentrando su energía en una opinión unánime, espontánea e ilustrada,
-a lo que contribuirá muy mucho la libertad de la imprenta, y en lo
-que están interesados no menos los derechos del pueblo, que los del
-monarca... La _libertad_ sin la imprenta libre, aunque sea _el sueño
-del hombre honrado_, será siempre un sueño... La diferencia entre
-mí y mis contrarios consiste en que ellos conciben que los males
-de la libertad son como un millón y los bienes como veinte; yo, por
-lo opuesto, creo que los males son como veinte y los bienes como un
-millón. Todos han declamado contra sus peligros. Si yo hubiera de
-reconocer ahora los males que trae consigo la sociedad, los furores de
-la ambición, los horrores de la guerra, la desolación de los hombres y
-la devastación de las pestes, llenaría de pavor a los circunstantes.
-Mas, por horrible que fuese esta pintura, ¿se podrían olvidar los
-bienes de la sociedad civil, a punto de decretar su destrucción? Aquí
-estamos, hombres falibles, con toda la mezcla de bueno y malo que
-es propia de la humanidad, y solo por la comparación de ventajas e
-inconvenientes podemos decidirnos en las cuestiones... Un prelado de
-España, y lo que es más, inquisidor general, quiso traducir la Biblia
-al castellano. ¿Qué torrente de invectivas no se desató en contra?...
-¿Cuál fue su respuesta? _Yo no niego que tiene inconvenientes, pero
-¿es útil, pesados unos con otros?_ En el mismo caso estamos. Si el
-prelado hubiera conseguido su intento, a él deberíamos el bien, el mal
-a nuestra naturaleza. Por fin, creo que haríamos traición a los deseos
-del pueblo, y que daríamos armas al gobierno arbitrario que hemos
-empezado a derribar, si no decretásemos la libertad de la imprenta...
-La previa censura es el último asidero de la tiranía que nos ha hecho
-gemir por siglos. El voto de las cortes va a desarraigar esta, o a
-confirmarla para siempre.»
-
-Son pálido y apagado bosquejo de la discusión los breves extractos
-que de ella hacemos y nos han quedado. Raudales de luz salieron de las
-diversas opiniones expuestas con gravedad y circunspección. Para darles
-el valor que merecen, conviene hacer cuenta de lo que había sido antes
-España y de lo que ahora aparecía: rompiendo de repente la mordaza que
-estrechamente y largo tiempo había comprimido, atormentándolos, sus
-hermosos y delicados labios.
-
-La discusión general duró desde el 15 hasta el 19 de octubre, en cuyo
-día se aprobó el primer artículo del proyecto de ley concebido en estos
-términos. «Todos los cuerpos y personas particulares, de cualquiera
-condición y estado que sean, tienen libertad de escribir, imprimir y
-publicar sus ideas políticas sin necesidad de licencia, revisión y
-aprobación alguna anteriores a la publicación, bajo las restricciones
-y responsabilidades que se expresarán en el presente decreto.»
-Votose el artículo por 70 votos contra 32, y aun de estos hubo 9 que
-especificaron que solo por entonces le desechaban.
-
-Claro era que pasarían después sin particular tropiezo los demás
-artículos, explicativos por lo general del primero. La discusión sin
-embargo no finalizó enteramente hasta el 5 de noviembre, interpuestos a
-veces otros asuntos.
-
-[Sidenote: Reglamento por el que se concedía la libertad de la
-imprenta.]
-
-El reglamento contenía en todo 20 artículos, tras del primero venían
-los que señalaban los delitos y determinaban las penas, y también el
-modo y trámites que habían de seguirse en el juicio. Tacháronle algunos
-de defectuoso en esta parte, y de no definir bien los diversos casos.
-Pero, pendiendo los límites entre la libertad y el abuso de reglas
-indeterminadas y variables, problema es de dificultosa resolución
-conceder lo uno y vedar debidamente lo otro. La libertad gana en que
-las leyes sobre esta materia pequen más bien por lo indefinido y vago
-que por ser sobradamente circunstanciadas; el tiempo y el buen sentido
-de las naciones acaban por corregir abusos y desvíos que no le es dado
-impedir al más atento legislador.
-
-[Sidenote: Su examen.]
-
-Chocó a muchos, particularmente en el extranjero, que la libertad de
-la imprenta decretada por las cortes se ciñese a la parte política,
-y que aun por un artículo expreso [el 6.º] se previniese, que «todos
-los escritos sobre materias de religión quedaban sujetos a la previa
-censura de los ordinarios eclesiásticos.» Pero los que así razonaban,
-desconocían el estado anterior de España, y en vez de condenar debieran
-más bien haber alabado el tino y la sensatez con que las cortes
-procedían. La inquisición había pesado durante tres siglos sobre la
-nación, y era ya caminar a la tolerancia, desde el momento en que se
-arrancaba la censura de las manos de aquel tribunal para depositarla en
-solo las de los obispos, de los que si unos eran fanáticos, había otros
-tolerantes y sabios. Además, quitadas las trabas para lo político,
-¿quién iba a deslindar en muchedumbre de casos los términos que
-dividían la potestad eclesiástica de la secular? El artículo tampoco
-extendía la prohibición más allá del dogma y de la moral, dejando a la
-libre discusión cuanto temporalmente interesaba a los pueblos.
-
-[Sidenote: Incidentes de la discusión.]
-
-El señor Mejía, no obstante eso, y el conocimiento que tenía de la
-nación y de las cortes, se aventuró a proponer que se ampliase la
-libertad de la imprenta a las obras religiosas. Imprudencia que hubiera
-podido comprometer la suerte de toda la ley, si a tiempo no hubiera
-cortado la discusión el señor Muñoz Torrero.
-
-Por el contrario, al cerrarse los debates, Don Francisco María Riesco,
-diputado por la junta de Extremadura e inquisidor del tribunal de
-Llerena, pidió que en el decreto se hiciese mención honorífica y
-especial del santo oficio; a lo que no hubo lugar, mostrando así
-de nuevo las cortes cuán discretamente evitaban viciosos extremos.
-Libertad de la imprenta y santo oficio nunca correrán a las parejas, y
-la publicación aprobativa de ambos establecimientos en una misma y sola
-ley, hubiérala graduado el mundo de monstruoso engendro.
-
-[Sidenote: Lo que se adopta para los juicios en lugar del jurado.]
-
-No se admitió el jurado en los juicios de imprenta, aunque algunos
-lo deseaban, no pareciendo todavía ser aquel oportuno momento. Pero
-a fin de no dejar la nueva institución en poder solo de los togados
-desafectos a ella, decidiose, por uno de los artículos, que las cortes
-nombrasen una junta suprema, dicha de censura, que residiese cerca del
-gobierno, formada de nueve individuos, y otra semejante, de cinco, a
-propuesta de la misma, para las capitales de provincia. En la primera
-había de haber tres eclesiásticos, y dos en cada una de las otras.
-Tocaba a estas juntas examinar los impresos denunciados, y calificar
-si se estaba o no en el caso de proceder contra ellos y sus autores,
-editores e impresores, responsables a su vez y respectivamente. Los
-individuos de la junta eran en realidad los jueces del hecho, quedando
-después a los tribunales la aplicación de las penas.
-
-El nombre de junta de censura engañó a varios entre los extranjeros,
-creyendo que se trataba de _censura preventiva_ y no de una
-calificación hecha posteriormente a la impresión, publicación y
-circulación de los escritos, y solo en virtud de acusación formal.
-También disgustó, aun en España, que entrase en la junta un número
-determinado de eclesiásticos, pues los más hubieran preferido que se
-dejase al arbitrio de las cortes. Sin embargo, los altamente entendidos
-columbraron que semejante providencia tiraba a acallar la voz del
-clero, muy poderosa entonces, y a impedir sagazmente que acabase aquel
-cuerpo por tener en las juntas decidida mayoría.
-
-La práctica hizo ver que el plan de las cortes estaba bien combinado, y
-que la libertad de la imprenta existe así que cesa la previa censura,
-sierpe que la ahoga al tiempo mismo de recibir el ser.
-
-[Sidenote: Promúlgase la libertad de la imprenta. (* Ap. n. 13-8.)]
-
-En 9 de noviembre eligieron las cortes la mencionada junta suprema, y
-el 10 promulgose el decreto de la libertad de la imprenta,[*] de cuyo
-beneficio empezaron inmediatamente a gozar los españoles, publicando
-todo género de obras y periódicos con el mayor ensanche y sin
-restricción alguna para todas las opiniones.
-
-[Sidenote: Partidos en las cortes.]
-
-Durante esta discusión y la anterior sobre América, manifestáronse
-abiertamente los partidos que encerraban las cortes, los cuales como en
-todo cuerpo deliberativo principalmente se dividían en amigos de las
-reformas, y en los que les eran opuestos. El público insensiblemente
-distinguió con el apellido de _liberales_ a los que pertenecían al
-primero de los dos partidos, quizá porque empleaban a menudo en sus
-discursos la frase de _principios_ o _ideas liberales_, y de las cosas
-según acontece, pasó el nombre a las personas. Tardó más tiempo el
-partido contrario en recibir especial epíteto, hasta que al fin un[1]
-autor de despejado ingenio calificole con el de _servil_.
-
- [1] Don Eugenio Tapia en una composición poética bastante
- notable, y separando maliciosamente con una rayita dicha palabra,
- escribiola de este modo: _ser-vil._
-
-Existía aún en las cortes un tercer partido, de vacilante conducta,
-y que inclinaba la balanza de las resoluciones al lado adonde se
-arrimaba. Era este el de los americanos: unido por lo común con los
-liberales, desamparábalos en algunas cuestiones de ultramar y siempre
-que se quería dar vigor y fuerza al gobierno peninsular.
-
-A la cabeza de los liberales campeaba Don Agustín de Argüelles,
-brillante en la elocuencia, en la expresión numeroso, de ajustado
-lenguaje cuando se animaba, felicísimo y fecundo en extemporáneos
-debates, de conocimientos varios y profundos, particularmente en lo
-político, y con muchas nociones de las leyes y gobiernos extranjeros.
-Lo suelto y noble de su acción, nada afectada, lo elevado de su
-estatura, la viveza de su mirar, daban realce a las otras prendas que
-ya le adornaban. Señaláronse junto con él en las discusiones, y eran
-de su bando, entre los seglares Don Manuel García Herreros, Don José
-María Calatrava, Don Antonio Porcel y Don Isidoro Antillón, afamado
-geógrafo; los dos postreros entraron en las cortes ya muy avanzado el
-tiempo de sus sesiones. También el autor de esta Historia tomó con
-frecuencia parte activa en los debates, si bien no ocupó su asiento
-hasta el marzo de 1811, y todavía tan mozo que tuvieron las cortes que
-dispensarle la edad.
-
-Entre los eclesiásticos del mismo partido adquirieron justo renombre
-Don Diego Muñoz Torrero, cuyo retrato queda trazado, Don Antonio
-Oliveros, Don Juan Nicasio Gallego, Don José Espiga y Don Joaquín
-de Villanueva, quien, en un principio incierto, al parecer, en sus
-opiniones, afirmose después y sirvió al liberalismo de fuerte pilar con
-su vasta y exquisita erudición.
-
-Contábanse también en el número de los individuos de este partido
-diputados que nunca o rara vez hablaron, y que no por eso dejaban de
-ser varones muy distinguidos. Era el más notable Don Fernando Navarro,
-vocal por la ciudad de Tortosa, que habiendo cursado en Francia en la
-universidad de la Sorbona, y recorrido diversos reinos de Europa y
-fuera de ella, poseía a fondo varias lenguas modernas, las orientales
-y las clásicas, y estaba familiarizado con los diversos conocimientos
-humanos, siendo, en una palabra, lo que vulgarmente llamamos _un pozo
-de ciencia_. Venían tras del Don Fernando los señores Ruiz Padrón y
-Serra, eclesiásticos venerables, de quienes el primero había en otro
-tiempo trabado amistad, en los Estados Unidos, con el célebre Franklin.
-
-Ayudaban asimismo sobremanera para el despacho de los negocios y en
-las comisiones los señores Pérez de Castro, Luján, Caneja y Don Pedro
-Aguirre, inteligente el último en comercio y materias de hacienda.
-
-No menos sobresalían otros diputados en el partido desafecto a las
-reformas, ora por los conocimientos que les asistían, ora por el uso
-que acostumbraban hacer de la palabra, y ora, en fin, por la práctica
-y experiencia que tenían en los negocios. De los seglares merecerán
-siempre entre ellos distinguido lugar Don Francisco Gutiérrez de la
-Huerta, Don José Pablo Valiente, Don Francisco Borrull y Don Felipe
-Aner, si bien este se inclinó a veces hacia el bando liberal. De los
-eclesiásticos que adhirieron a la misma opinión anti-reformadora, deben
-con particularidad notarse los señores Don Jaime Creus, Don Pedro
-Inguanzo y Don Alonso Cañedo. Conviene, sin embargo, advertir que entre
-todos estos vocales y los demás de su clase los había que confesaban la
-necesidad de introducir mejoras en el gobierno, y aun pocos eran los
-que se negaban a ciertas mudanzas, dando demasiadamente en ojos los
-desórdenes que habían abrumado a España, para que a su remedio pudiese
-nadie oponerse del todo.
-
-Entre los americanos divisábanse igualmente diputados sabios,
-elocuentes y de lucido y ameno decir. Don José Mejía era su primer
-caudillo, hombre entendido, muy ilustrado, astuto, de extremada
-perspicacia, de sutil argumentación, y como nacido para abanderizar
-una parcialidad que nunca obraba sino a fuer de auxiliadora y al son
-de sus peculiares intereses. La serenidad de Mejía era tal, y tal el
-predominio sobre sus palabras, que sin la menor aparente perturbación
-sostenía a veces al rematar de un discurso lo contrario de lo que
-había defendido al principiarle, dotado para ello del más flexible y
-acabado talento. Fuera de eso, y aparte de las cuestiones políticas,
-varón estimable y de honradas prendas. Seguíanle de los suyos, entre
-los seglares, y le apoyaban en las deliberaciones, los señores Leiva,
-Morales Duarez, Feliú y Gutiérrez de Terán. Y entre los eclesiásticos,
-los señores Alcocer, Arispe, Larrazábal, Gordoa y Castillo, los dos
-últimos a cual más digno.
-
-Apenas puede afirmarse que hubiera entre los americanos diputado que
-ladease del todo al partido anti-reformador. Uníase a él en ciertos
-casos, pero casi nunca en los de innovaciones.
-
-Este es el cuadro fiel que presentaban los diversos partidos de las
-cortes, y estos sus más distinguidos corifeos y diputados. Otros
-nombres, también honrosos, nos ocurrirán en adelante. Por lo demás, en
-ningún paraje se conocen tan bien los hombres, ni se coloca cada uno
-en su legítimo lugar, como en las asambleas deliberativas: son estas
-piedra de toque, a la que no resisten reputaciones mal adquiridas.
-En el choque de los debates se discierne pronto quién sobresale en
-imaginación, quién en recto sentido, y cuál en fin es la capacidad
-con que la naturaleza ha dotado respectivamente a cada individuo: la
-naturaleza, que nunca se muestra tan generosa que prodigue a unos dones
-perfectos intelectuales, ni tan mísera que prive del todo a otros de
-alguno de aquellos inapreciables bienes. En nuestro entender, el mayor
-beneficio de los gobiernos representativos consiste en descubrir el
-mérito escondido, y en dar a conocer el verdadero y peculiar saber
-de las personas, con lo que los estados consiguen a lo último ser
-dirigidos, ya que no siempre por la virtud, al menos por manos hábiles
-y entendidas, paso agigantado para la felicidad y progreso de las
-naciones. Hubiérase en España sacado de este campo mies bien granada
-si, al tiempo de recogerla, un ábrego abrasador no hubiese quemado casi
-toda la espiga.
-
-[Sidenote: Remueven las cortes a los individuos de la primera regencia.]
-
-Mientras que las cortes andaban ocupadas en la discusión de la libertad
-de imprenta, mudaron también las mismas los individuos que componían
-el consejo de regencia. A ellas incumbía, durante la ausencia del
-rey, constituir la potestad ejecutiva del modo que pareciera más
-conveniente. De igual derecho habían usado las cortes antiguas en
-algunas minoridades; de igual podían usar las actuales, mayormente
-ahora que el príncipe cautivo no había tomado en ello providencia
-determinada, y que la regencia elegida por la central lo había sido
-hasta tanto que las cortes, ya convocadas, «estableciesen un gobierno
-cimentado sobre el voto general de la nación.»
-
-Inasequible era que continuasen en el mando los individuos de dicha
-regencia, ya se considerase lo ocurrido con el obispo de Orense, y ya
-la mutua desconfianza que reinaba entre ella y las cortes, nacida de
-las causas arriba indicadas, y de una providencia aún no referida que
-pareció maliciosa, o hija de liviano e inexcusable proceder.
-
-[Sidenote: Causas de ello.]
-
-Fue esta una orden al gobernador de la plaza de Cádiz y al del consejo
-real «para que se celase sobre los que hablasen mal de las cortes.» Los
-diputados atribuyeron esmero tan cuidadoso al objeto de malquistarlos
-con el público, y al pernicioso designio de que la nación creyese era
-el congreso muy censurado en Cádiz. Las disculpas que la regencia
-dio, lejos de disminuir el cargo, le agravaron; pues, habiendo dado
-la orden reservadamente y en términos solapados, pudiera dudarse si
-aquella disposición provenía de las cortes o de solo la potestad
-ejecutiva. Los diputados anunciaron en público que miraban la orden
-como contraria a su propio decoro, aspirando únicamente a merecer por
-su conducta la aprobación de sus conciudadanos, en prueba de lo cual se
-ocupaban en dar la libertad de la imprenta para que se examinasen los
-procedimientos legislativos del gobierno con amplia y segura franqueza.
-
-Unido el incidente de esta orden a las causas anteriormente insinuadas
-y a otras menos principales, decidiéronse por fin las cortes a
-remover la regencia. Hiciéronlo no obstante de un modo suave y el
-más honorífico, admitiendo la renuncia que de sus cargos habían al
-principio hecho los individuos del propio cuerpo.
-
-[Sidenote: Nómbrase una nueva regencia de tres individuos.]
-
-Al reemplazarlos redujeron las cortes a tres el número de cinco,
-y el 28 de octubre pasaron los sucesores a prestar en el salón el
-juramento exigido, retirándose, en consecuencia, de sus puestos los
-antiguos regentes. Había recaído la elección en el general de tierra
-Don Joaquín Blake, en el jefe de escuadra Don Gabriel Císcar, y
-en el capitán de fragata Don Pedro Agar; el último, como americano,
-en representación de las provincias de ultramar. Pero de los tres
-nombrados, hallándose los dos primeros ausentes en Murcia, y no
-pareciendo conveniente que mientras llegaban gobernase solo Don Pedro
-Agar, [Sidenote: Suplentes.] eligieron las cortes dos suplentes que
-ejerciesen interinamente el destino, y fueron el general marqués del
-Palacio y Don José María Puig, del consejo real.
-
-[Sidenote: Incidente del marqués del Palacio.]
-
-Este y el señor Agar prestaron el juramento lisa y llanamente, sin
-añadir observación alguna. No así el del Palacio, quien expresó «juraba
-sin perjuicio de los juramentos de fidelidad que tenía prestados al
-señor Don Fernando VII.» Déjase discurrir qué estruendo movería en
-las cortes tan inesperada cortapisa. Quiso el marqués explicarla; mas
-para ello mandósele pasar a la barandilla. Allí, cuanto más procuró
-esclarecer el sentido de sus palabras, tanto más se comprometió
-perturbado su juicio y confundido. Insistiendo, sin embargo, el marqués
-en su propósito, Don Luis del Monte, que presidía, hombre de condición
-fiera al paso que atinado y de luces, impúsole respeto y le ordenó que
-se retirase. Obedeció el marqués, quedando arrestado, por disposición
-de las cortes, en el cuerpo de guardia.
-
-Con lo ocurrido diose solamente posesión de sus destinos, el mismo
-día 28, a los señores Agar y Puig, quienes desde luego se pusieron
-también las bandas amarillo-encarnadas, color del pabellón español y
-distintivo ya antes adoptado para los individuos de la regencia. En el
-día inmediato nombraron las cortes como regente interino, en lugar del
-marqués del Palacio, al general marqués del Castelar, grande de España.
-Los propietarios ausentes, Don Joaquín Blake y Don Gabriel Císcar, no
-ocuparon sus sillas hasta el 8 de diciembre y el 4 del próximo enero.
-
-[Sidenote: Discusión que este motiva.]
-
-En las cortes enzarzose gran debate sobre lo que se había de hacer
-con el marqués del Palacio. No se graduaba su porfiado intento de
-imprudencia o de meros escrúpulos de una conciencia timorata, sino de
-premeditado plan de los que habían estimulado al obispo de Orense en
-su oposición. Hizo el acaso, para aumentar la sospecha, que tuviese
-el marqués un hermano fraile, que, algún tanto entrometido, había
-acompañado a dicho prelado en su viaje de Galicia a Cádiz, motivo por
-el que mediaba entre ambos relación amistosa. Creemos, sin embargo,
-que el desliz del marqués provino más bien de la singularidad de su
-condición y de la de su mente, compuesto informe de instrucción y
-preocupaciones que de amaños y anteriores conciertos.
-
-Entre los diputados que se ensañaron contra el del Palacio, hubo
-algunos de los que comúnmente votaban del lado anti-liberal. Señalose
-el señor Ros, ya antes severo en el asunto del obispo de Orense, y el
-cual dijo en esta ocasión: «trátese al marqués del Palacio con rigor,
-fórmesele causa, y que no sean sus jueces individuos del consejo real,
-porque este cuerpo me es sospechoso.»
-
-[Sidenote: Término de este negocio.]
-
-Al fin, después de haber pasado el negocio a una comisión de las
-cortes, se arrestó al marqués en su casa, y la regencia nombró para
-juzgarle una junta de magistrados. Duró la causa hasta febrero, en
-cuyo intermedio habiéndose disculpado aquel, escrito un manifiesto, y
-mostrádose muy arrepentido, logró desarmar a muchos, y en particular a
-sus jueces, quienes no dieron otro fallo sino «que el marqués estaba
-en la obligación de volver a presentarse en las cortes, y de jurar en
-ellas lisa y llanamente así para satisfacer a aquel cuerpo como a la
-nación de cualquiera nota de desacato en que hubiese incurrido...»
-En cumplimiento de esta decisión pasó dicho marqués el 22 de marzo a
-prestar en las cortes el juramento que se le exigía, con lo que se
-terminó un negocio, solo al parecer grave por las circunstancias y
-tiempos en que pasó, y quizá poco atendible en otros, como todo lo que
-se funda en explicaciones y conjeturas acerca del modo de pensar de los
-individuos.
-
-[Sidenote: Ciertos acontecimientos ocurridos durante la primera
-regencia y breve noticia de los diferentes ramos.]
-
-Ahora, antes de proseguir en nuestra tarea, será bien que nos
-detengamos a echar una ojeada sobre varias medidas que tomó la última
-regencia, y sobre acaecimientos que durante su mando ocurrieron, y de
-los que no hemos aún hecho memoria.
-
-En la parte diplomática casi se habían mantenido las mismas relaciones.
-Limitábanse las más importantes a las de Inglaterra, cuya potencia
-había enviado en abril de ministro plenipotenciario a Sir Enrique
-Wellesley, hermano del marqués y de Lord Wellington. Consistieron
-las negociaciones principales en lo que se refería a subsidios, no
-habiéndose empeñado aún ninguna esencial acerca de las revueltas
-que iban sobreviniendo en ultramar. La Inglaterra, pronta siempre a
-suministrar a España armas, municiones y vestuario, escatimaba los
-socorros en dinero, y al fin los suprimió casi del todo.
-
-Viendo que cesaban los donativos de esta clase, pensose en efectuar
-empréstitos bajo la protección y garantía del mismo gobierno inglés.
-La central había pedido uno de 50.000.000 de pesos que no se realizó:
-la regencia, al principio, otro de 10.000.000 de libras esterlinas que
-tuvo igual suerte; mas como la razón dada para la negativa por el
-gabinete británico se fundó en que la suma era muy cuantiosa, rebajola
-la regencia a 2.000.000. No por eso fue esta demanda en sus resultas
-más afortunada que las anteriores, pues en agosto contestó el ministro
-Wellesley:[*] [Sidenote: (* Ap. n. 13-9.)] «que siendo grandísimos los
-subsidios que había prestado la Inglaterra a España en dinero, armas,
-municiones y vestuario, a fin de que la nación británica apurada ya
-de medios, siguiese prestando a la española los muchos que todavía
-necesitaba para concluir la grande obra en que estaba empeñada,
-parecía justo que en recíproca correspondencia franquease su gobierno
-el comercio directo desde los puertos de Inglaterra con los dominios
-españoles de Indias bajo un derecho de 11 por 100 sobre factura; en
-el supuesto que esta libertad de comercio solo tendría lugar hasta
-la conclusión de la guerra empeñada entonces con la Francia.» Don
-Eusebio de Bardají, ministro de estado, respondió [mereciendo después
-su réplica la aprobación del gobierno]: «que no podría este admitir
-la propuesta sin concitar contra sí el odio de toda la nación, a la
-que se privaría, accediendo a los deseos del gobierno británico,
-del fruto de las posesiones ultramarinas, dejándola gravada con el
-coste del empréstito que se hacía para su protección y defensa.» Aquí
-quedaron las negociaciones de esta especie, no yendo más adelante otras
-entabladas sobre subsidios.
-
-[Sidenote: Monumento mandado erigir por las cortes a Jorge III. (* Ap.
-n. 13-10.)]
-
-Las cortes, con todo, para estrechar los vínculos entre ambas naciones,
-resolvieron en 19 de noviembre [*] que «se erigiese un monumento
-público al rey del reino unido de la Gran Bretaña e Irlanda, Jorge III,
-en testimonio del reconocimiento de España a tan augusto y generoso
-soberano.» Lo apurado de los tiempos no permitió llevar inmediatamente
-a efecto esta determinación, y los gobiernos que sucedieron a las
-cortes tampoco la cumplieron, como suele acontecer con los monumentos
-públicos cuya fundación se decreta en virtud de circunstancias
-particulares.
-
-Motejaron algunos a la primera regencia que hubiese permitido la
-entrada de las tropas inglesas en Ceuta, y motejáronla no con justicia,
-puesto que admitidas en Cádiz no había razón para mostrarse tan
-recelosa respecto de la otra plaza. Y bueno es decir que aquella
-regencia tampoco accedía fácilmente en muchos casos a todo lo que los
-extranjeros deseaban. Lo hemos visto en lo del empréstito, y viose
-antes en otro incidente que ocurrió al principiar junio. Entonces el
-embajador Wellesley pidió permiso para que Lord Wellington pudiese
-enviar ingenieros que fortificasen a Vigo y las islas inmediatas de
-Bayona, a fin de que el ejército inglés tuviese aquel refugio en caso
-de alguna desgracia que le forzase a retirarse del lado de Galicia.
-Respondió la regencia que ya, por orden suya, se estaban fortaleciendo
-las mencionadas islas, y que en cualquiera contratiempo sería recibido
-allí Lord Wellington y su ejército tan bien como en las otras partes
-del territorio español, y con el agasajo y cariño debidos a tan
-estrechos aliados.
-
-[Sidenote: Sigue la relación de algunos acontecimientos ocurridos
-durante la primera regencia.]
-
-Púsose igualmente, bajo la dependencia del ministerio de Estado, una
-correspondencia secreta que se organizó en abril, con mayor cuidado
-y diligencia que anteriormente, a las órdenes de Don Antonio Ranz
-Romanillos, magistrado hábil y despierto, quien estableció cordones
-de comunicación por los puntos que ocupaban los enemigos, estando
-informado diaria y muy circunstanciadamente de todo lo que pasaba hasta
-en lo íntimo de la corte del rey intruso.
-
-Por aquí también se despacharon las instrucciones dadas a una comisión
-puesta en el mismo abril a cargo del marqués de Ayerbe. Enlazábase esta
-con la libertad de Fernando VII, y habíase ya tratado de ello con el
-arzobispo de Laodicea, último presidente de la central, con el duque
-del Infantado y el marqués de las Hormazas. Presumimos que traía este
-asunto el mismo origen que el del barón de Kolly, sin tener resultas
-más felices. El de Ayerbe salió de Cádiz en el bergantín Palomo, con
-2.000.000 de reales, metiose después en Francia, y no consiguiendo nada
-allí, tuvo la desgracia al volver de ser muerto en Aragón por unos
-paisanos que le miraron como a hombre sospechoso.
-
-En junio propuso el gobierno inglés al español entrar en un concierto
-de canje de prisioneros, de que se estaba tratando con Francia. Las
-negociaciones para ello se entablaron, principalmente en Morlaix entre
-Mr. Mackenzie y Mr. de Moustier. Tenían los franceses en Inglaterra
-unos 50.000 prisioneros, y no pasaban de 12.000 los ingleses que había
-en Francia, ya de la misma clase, ya de los detenidos arbitrariamente
-por la policía al empezar las hostilidades en 1802. De consiguiente,
-queriendo el gabinete británico, según un proyecto de ajuste que
-presentó en 23 de septiembre, canjear _hombre por hombre_ y _grado
-por grado_, hacíase indispensable que formasen parte en el convenio
-España y los demás aliados de Inglaterra. Mas Napoleón, que no se
-curaba de llevar a cabo la negociación sobre aquella base, y quizá
-tampoco bajo otra ninguna admisible, pedía que se le volviesen a bulto
-los prisioneros suyos de guerra en cambio de los ingleses, ofreciendo
-entregar _después_ los prisioneros españoles. La negociación, por
-tanto, continuada sin fruto, se rompió del todo antes de finalizar
-el año de 1810. Y fue en ella de notar lo desvariado a veces de
-la conducta del comisario francés, Mr. de Moustier, que quería se
-considerase prisionero de guerra al ejército inglés de Portugal: Mr.
-de Moustier, el mismo que, tiempos adelante, embajador en España de
-Carlos X de Francia, se mostró muy adicto a las doctrinas del más puro
-y exaltado realismo.
-
-[Sidenote: (* Ap. n. 13-11.)]
-
-Manejada la hacienda por la junta [*] de Cádiz desde el 28 de enero,
-día de su instalación, no ofreció aquel ramo en su forma variación
-sustancial hasta el 31 de octubre, en que se rescindió el contrato o
-arreglo hecho con la regencia en 31 de marzo anterior. Las entradas que
-tuvo la junta durante dicho tiempo pasaron de 351.000.000 de reales.
-De ellas, en rentas del distrito, unos 84; en donativos e imposiciones
-extraordinarias de la ciudad, 17; en préstamos y otros renglones
-[inclusas 249.000 libras esterlinas del embajador de Inglaterra], 54;
-y en fin, más de 195 procedentes de América, siendo de advertir que en
-esta cantidad se contaban 27 millones que pertenecían a particulares
-residentes en país ocupado, y de cuya suma se apoderó la junta bajo
-calidad de reintegro: tropelía que cometió sin que la desaprobase la
-regencia, muy contra razón. Invirtiéronse de los caudales recibidos
-más de 92.000.000 en la defensa y atenciones del distrito, más de 146
-en los gastos generales de la nación, y enviáronse a las provincias
-unos 112, en cuya enumeración, así de la data como del cargo, hemos
-suprimido los picos para no recargar inútilmente la narración. Las
-rentas de las demás partes de España se consumieron dentro de su
-respectivo territorio, aprontando los naturales en suministros lo que
-no podían en dinero.
-
-Circunscribiose la primera regencia, en cuanto a crédito público, a
-nombrar en 19 de febrero una comisión de tres individuos que examinase
-el asunto y preparase un informe, encargo que desempeñó cumplidamente
-Don Antonio Ranz Romanillos, sin que se tomase, en su consecuencia,
-sobre la materia resolución alguna.
-
-En 24 de mayo, antes de entrar el obispo de Orense en la regencia,
-decidió esta que se reservase para las urgencias públicas la mitad
-del diezmo, providencia osada y que no se avenía con el modo de
-pensar de aquel cuerpo en otras cuestiones. Así fue que pasó como
-relámpago, anulándose en breve, y en virtud de representación de varios
-eclesiásticos y prelados.
-
-El ejército, que al tiempo de instalarse la regencia, estaba en muchas
-partes en casi completa dispersión, fuese poco a poco reuniendo.
-En junio contaba ya 140.000 hombres, y creció su número hasta unos
-170.000. No dejó para ello de tomar la regencia sus providencias,
-particularmente en la Isla de León; pero lejos de allí debiose más el
-aumento al espíritu que animaba a los soldados y a la nación entera que
-a enérgicas disposiciones del gobierno central, mal colocado, además,
-para tener un influjo directo y efectivo.
-
-Una de las buenas medidas de esta regencia fue introducir en el
-ejército el estado mayor general. Sugirió la idea Don Joaquín Blake
-cuando mandaba en la Isla. Por medio de dicho establecimiento se
-aseguraron las relaciones mutuas entre todos los ejércitos, y se
-facilitó la combinación de las operaciones, pudiendo todas partir de
-un centro común. Según la antigua ordenanza, desempeñaban aisladamente
-las facultades propias de dicho cuerpo el cuartel maestre y los
-mayores generales de infantería, caballería y dragones, desavenidos a
-veces entre sí. Blake formó el plan que, aprobado por el gobierno,
-se circuló en 9 de junio, quedando nombrado el mismo general jefe del
-nuevo estado mayor, plantel en lo sucesivo de excelentes y benémeritos
-militares.
-
-Desde el principio del levantamiento, fija en el ejército toda la
-atención, habíase desatendido la marina, sirviendo en tierra muchos
-de sus oficiales. Pero arrinconado el gobierno en Cádiz, hízose
-indispensable el apoyo de la armada, no queriendo depender del todo de
-la de los ingleses.
-
-Las fragatas y navíos que necesitaban entrar en dique, o no se podían
-armar por falta de tripulaciones, se destinaron a Mahón y la Habana.
-Los otros cruzaron en el Mediterráneo o en el océano, y traían o
-llevaban auxilios de armas, municiones, víveres, caudales y aun tropa.
-Los buques menores y la fuerza sutil, además de defender la bahía de
-Cádiz, la Carraca y los caños de la Isla, contribuían a sostener el
-cabotaje, defendiendo los barcos costaneros de las empresas de varios
-corsarios que se anidaban, con perjuicio de nuestra navegación, en
-Sanlúcar, Málaga y varias calas de la Andalucía.
-
-Por lo que respecta a tribunales, si bien, según dijimos, había la
-regencia restablecido, con gran desacierto, todos los consejos, justo
-es no olvidar que también antes había abolido acertadamente el tribunal
-de vigilancia y seguridad, fundado por la central para los casos de
-infidencia. En 16 de junio desapareció dicha institución, que por haber
-sido comisión criminal extraordinaria merece vituperarse, pasando su
-negociado a la audiencia territorial. Ya manifestamos que los jueces
-de aquel primer cuerpo no se habían mostrado muy rigurosos, siendo
-quizá menos que sus sucesores, quienes condenaron a muerte al abogado
-Don Domingo Rico Villademoros, del tribunal criminal del intruso
-José, cogido en Castilla por una partida, y que en consecuencia de la
-sentencia dada contra su persona padeció en Cádiz la pena de garrote.
-Doloroso suceso, aunque el único que de esta clase hubo por entonces
-en Cádiz, al paso que en Madrid los adictos al gobierno intruso se
-encrudecían a menudo en los patriotas.
-
-Recorrido habemos, ahora y anteriormente, los hechos más notables de
-la primera regencia, y de ellos se colige que esta, a pesar de sus
-defectos y amor a todo lo que era antiguo, no por eso dejó las cosas en
-peor postura de aquella en que las había encontrado; si bien pendió en
-parte tal dicha de la corta duración de su gobierno, y de no poder el
-mal ir más allá a no haberse rendido al enemigo, villanía de que eran
-incapaces los primeros regentes, hombres los más, si no todos, de honra
-y cumplida probidad.
-
-[Sidenote: Modo de pensar de los nuevos regentes.]
-
-Los nuevos regentes se inclinaban al partido reformador. De D. Joaquín
-Blake y de sus calidades como general hemos hablado ya en diversas
-ocasiones; tiempo vendrá de examinar su conducta en el puesto de
-regente. Los otros dos gozaban fama de marinos sabios, en especial Don
-Gabriel Císcar, dotado también de carácter firme, distinguiéndose todos
-tres por su integridad y amor a la justicia.
-
-[Sidenote: Varios decretos de las cortes.]
-
-Las cortes proseguían sin interrupción en la carrera de sus trabajos
-y reformas. A propuesta del señor Argüelles, decretaron [*]
-[Sidenote: (* Ap. n. 13-12.)] en 1.º de diciembre que se suspendiese
-el nombramiento de todas las prebendas eclesiásticas, excepto las
-de oficio y las que tuviesen anexa cura de almas. Al principio
-comprendiéronse en la resolución las provincias de ultramar, mas
-después se excluyeron, no queriendo por entonces disgustar al clero
-americano, de mayor influjo entre aquellos pueblos que el de la
-península entre los de acá.
-
-[Sidenote: (* Ap. n. 13-13.)]
-
-El 2 del mismo mes,[*] en virtud de proposición del señor Gallego,
-rebajáronse los sueldos, mandando que ningún empleado disfrutase de más
-de 40.000 reales vellón, fuera de los regentes, ministros del despacho,
-empleados en cortes extranjeras, y generales del ejército y armada en
-servicio activo. Ya antes se había establecido, hasta para los sueldos
-inferiores a 40.000 reales, una escala de disminución proporcional,
-no cobrando tampoco los secretarios del despacho más allá de 120.000
-reales. Se modificaron alguna vez estas providencias, pero siempre
-en favor de la economía y buen orden, como era justo, y más entonces,
-apurado el erario, y con tantas obligaciones en el ramo de la guerra,
-atendido con preferencia a otro alguno.
-
-Experimentaron alivio en sus persecuciones muchos individuos arrestados
-arbitrariamente por la primera regencia o por los tribunales, ordenando
-que se activasen las causas y que se hiciesen visitas de cárceles.
-Las cortes, en medidas de esta clase, nunca mostraron diversidad de
-opinión. Así, quien primero insistió en la visita de cárceles fue el
-señor Gutiérrez de la Huerta, expresando que «en ella se descubrirían
-muchos inocentes.» Porque el mal de España no consistía precisamente en
-los fallos crueles y frecuentes, sino en las prisiones arbitrarias y en
-su indefinida prolongación.
-
-[Sidenote: Nómbrase una comisión especial para formar un proyecto de
-constitución.]
-
-Aunque ocupadas en estas y otras providencias del momento y urgentes,
-no olvidaron tampoco las cortes pensar en aquellas que en lo futuro
-debían afianzar la suerte y libertad de España. Rever las franquezas
-y fueros de que habían gozado antiguamente los diversos pueblos
-peninsulares, mejorándolos, uniformándolos y adaptándolos al estado
-actual de la nación y del mundo, había sido uno de los fines de la
-convocación de cortes y del cual nunca prescindieron estas. Por tanto,
-el 23 de diciembre, y conforme a una propuesta de Don Antonio Oliveros
-hecha el 9, nombrose una comisión[2] especial que preparase un proyecto
-de constitución política de la monarquía. En ella entraron europeos de
-las diversas opiniones que había en las cortes y varios americanos.
-
- [2] Los nombrados fueron: europeos, Don Diego Muñoz Torrero, Don
- Agustín de Argüelles, Don José Pablo Valiente, Don Pedro María Ric,
- Don Francisco Gutiérrez de la Huerta, Don Evaristo Pérez de Castro,
- Don Alonso Cañedo, Don José Espiga, Don Antonio Oliveros, Don
- Francisco Rodriguez de la Bárcena; americanos, Don Vicente Morales
- Duarez, Don Joaquín Fernández de Leiva, Don Antonio Joaquín Pérez; y
- entraron después Don Andrés de Jáuregui, diputado por la ciudad de la
- Habana, y Don Mariano Mendiola, por Querétaro. Agregose de fuera a
- Don Antonio Ranz Romanillos, del consejo de hacienda, ocupado ya en
- Sevilla por la central en igual trabajo.
-
-[Sidenote: Voces acerca de si se casaba o no en Francia Fernando VII.]
-
-Por el mismo tiempo confundiéronse también los diferentes y opuestos
-modos de sentir en una discusión ardua, trabada en asunto que de cerca
-tocaba a Fernando VII. De resultas de la correspondencia inserta en
-el _Monitor_ en este año de 1810, en la que había cartas sumisas a
-Napoleón del rey cautivo, esparciose por España que se trataba de unir
-a este con una princesa de la familia imperial, y de restituirle, así
-enlazado, al trono de sus abuelos, bajo la sombra y protección del
-emperador de los franceses, y con condiciones contrarias al honor
-e independencia de la nación. A haberse realizado semejante plan
-siguiéranse consecuencias graves, y quizá por este medio, mejor que por
-ningún otro, hubiera alcanzado el extranjero la completa supeditación
-de España. Mas, por dicha, el proyecto no convenía a la indomeñable
-alma de Napoleón, no sujeto a mudar de consejo ni a alterar una primera
-resolución.
-
-[Sidenote: Proposiciones de los señores Capmany y Borrull sobre la
-materia.]
-
-Movido de tales voces Don Antonio Capmany, centinela siempre despierto
-contra todo lo que tirase a menoscabar la independencia nacional,
-había en 10 de diciembre formalizado la proposición siguiente: «Las
-cortes generales y extraordinarias, deseosas de elevar a ley la máxima
-de que en los casamientos de los reyes debe tener parte el bien de
-los súbditos, declaman y decretan: Que ningún rey de España pueda
-contraer matrimonio con persona alguna, de cualquiera clase, prosapia
-y condición que sea, sin previa noticia, conocimiento y aprobación de
-la nación española, representada legítimamente en las cortes.» También
-el señor Borrull hizo otra proposición sobre el asunto, aunque en
-términos más generales, pues decía: «Que se declaren nulos y de ningún
-valor ni efecto cualesquiera actos o convenios que ejecuten los reyes
-de España estando en poder de los enemigos, y puedan causar algún
-perjuicio al reino.»
-
-Amigos de las reformas, los contrarios a ellas, americanos, europeos,
-todos los diputados, en una palabra, concurrieron a dar su asenso a la
-mente, ya que no a la letra, de ambas proposiciones, cuya discusión
-se entabló el 29 de diciembre: unidad hija del amor que había por la
-independencia, ante la cual callaban las demás pasiones.
-
-[Sidenote: Discusión. (* Ap. n. 13-14.)]
-
-El mismo señor Borrull [*] decía entonces: «En el fuero de Sobrarbe,
-que regía a los aragoneses y navarros, fue establecido que los reyes
-no pudieran declarar guerras, hacer paces, treguas, ni dar empleos sin
-el consentimiento de doce ricos-homes, y de los más sabios y ancianos.
-En Castilla se estableció también, en todas las provincias de aquel
-reino, que los hechos arduos y asuntos graves se hubiesen de tratar en
-las mismas cortes, y así se ejecutaba, y de otro modo eran nulos y de
-ningún valor y efecto semejantes tratados. Así que, atendiendo a la ley
-antigua y fundamental de la nación y a estos hechos, cualquiera cosa
-que resulte en perjuicio del reino debe ser de ningún valor... Esta
-aprobación nacional debe servir siempre a los reyes como una barrera
-contra los esfuerzos extraordinarios de sus enemigos porque, sabiendo
-los reyes que sus caprichos no han de ser admitidos por el estado, se
-abstendrán de entrar en ellos...»
-
-De la misma bandera anti-liberal que el señor Borrull era Don José
-Pablo Valiente, y, sin embargo, no solo aprobaba las proposiciones
-sino que deseaba fuesen más claras y terminantes. «Podría suceder muy
-bien, decía, que nuestro incauto, sencillo y cándido príncipe, sin la
-experiencia que da el mundo, se presentase con una princesa joven para
-sentarse tranquilamente en el trono. Y entonces las cortes acertarían
-en determinar que no fuese admitido, porque este matrimonio de ningún
-modo puede convenir a España... Sea o no casado Fernando, nunca le
-admitiremos que no sea para hacernos felices...»
-
-Hablaron en igual sentido otros diputados de la misma opinión. Los de
-la contraria, como los señores Argüelles, Oliveros, Gallego y otros,
-pronunciaron también extensos y notables discursos. Entre ellos el
-señor García Herreros se expresaba así: «Desde el principio han estado
-los reyes sujetos a las leyes que les ha dictado la nación... Esta
-les ha prescrito sus obligaciones y les ha señalado sus derechos,
-declarando nulo de antemano cuanto en contrario hagan. La Ley 29, tít.
-11 de la Partida 3.ª dice: _si el rey jurase alguna cosa que sea en
-daño o menoscabo del reino, non es tenido de guardar tal jura como
-esta_. Siempre ha podido la nación reconvenirles sobre el mal uso del
-poder, y a ese efecto dice la ley 10, tít. 1.º, Partida 2.ª: _Que si
-el rey usase mal de su poderío le puedan decir las gentes tirano e
-tornarse el señorío que era de derecho en torticero_... Los que se
-escandalizan de oír que la nación tiene derecho sobre las personas
-y acciones de sus monarcas, y que puede anular cuanto hagan durante
-su cautiverio, repasen los fragmentos de leyes que he citado, lean
-las leyes fundamentales de nuestra monarquía desde su origen, y si
-aun así no se convencen de la soberanía de la nación, de que esta no
-es patrimonio de los reyes, y de que en todos tiempos la ley ha sido
-superior al rey, crean que nacieron para esclavos y que no deben ser
-miembros de esta nación, que jamás reconocerá otras obligaciones que
-las que ella misma se imponga...» Todo este discurso, del cual no
-copiamos sino una parte, llevaba el sello de la rígida y profunda
-severidad del orador, de condición muy desenfadada, claro y desembozado
-en su estilo, y de extensos conocimientos en nuestra legislación e
-historia de las cortes antiguas, como procurador que había sido de los
-reinos.
-
-No quedaron atrás en la discusión los americanos, compitiendo con los
-europeos en ciencia y resolución, señaladamente los señores Mejía y
-Leiva. Merece asimismo entre ellos particular memoria Don Dionisio Inca
-Yupanqui, diputado por el Perú, verdadero vástago de la antigua y real
-familia de los Incas, pintándose todavía en su rostro el origen indiano
-de donde procedía. Dijo, pues, el Don Dionisio: «Órgano de la América
-y de sus deseos [y en verdad ¿quién podría serlo con más justicia?],
-declaro a las cortes que sin la libertad absoluta del rey en medio de
-su pueblo, la total evacuación de las plazas y territorio español,
-y sin la completa integridad de la monarquía, no oirá la América
-proposiciones o condiciones del tirano Napoleón, ni dejará de sostener
-con todo fervor los votos y resoluciones de las cortes.»
-
-En fin, después de unos debates muy luminosos, que duraron por espacio
-de cuatro días, y teniendo presentes las proposiciones de los señores
-Capmany y Borrull, y otras indicaciones que se hicieron, extendió el
-señor Pérez de Castro un decreto que se aprobó en estos términos el
-1.º de enero de 1811: «Las cortes generales y extraordinarias, en
-conformidad de su decreto de 24 de septiembre del año próximo pasado,
-en que declararon nulas y de ningún valor las renuncias hechas en
-Bayona por el legítimo rey de España y de las Indias, el señor Don
-Fernando VII, no solo por falta de libertad, sino también por carecer
-de la esencialísima e indispensable circunstancia del consentimiento de
-la nación, declaran que no reconocerán, y antes bien tendrán y tienen
-por nulo y de ningún valor ni efecto todo acto, tratado, convenio o
-transacción, de cualquiera clase y naturaleza que hayan sido o fueren
-otorgados por el rey mientras permanezca en el estado de opresión y
-falta de libertad en que se halla, ya se verifique su otorgamiento en
-el país enemigo, o ya dentro de España, siempre que en este se halle
-su real persona rodeada de las armas, o bajo el influjo directo o
-indirecto del usurpador de su corona; pues jamás le considerará libre
-la nación, ni le prestará obediencia, hasta verle entre sus fieles
-súbditos, en el seno del congreso nacional que ahora existe o en
-adelante existiere, o del gobierno formado por las cortes. Declaran,
-asimismo, que toda contravención a este decreto será mirada por la
-nación como un acto hostil contra la patria, quedando el contraventor
-responsable a todo el rigor de las leyes. Y declaran, por último, las
-cortes que la generosa nación a quien representan no dejará un momento
-las armas de la mano, ni dará oídos a proposición de acomodamiento o
-concierto de cualquiera naturaleza que fuese, como no preceda la total
-evacuación de España y Portugal por las tropas que tan inicuamente las
-han invadido; pues las cortes están resueltas, con la nación entera, a
-pelear incesantemente hasta dejar asegurada la religión santa de sus
-mayores, la libertad de su amado monarca y la absoluta independencia e
-integridad de la monarquía.» La votación de este decreto fue nominal,
-y resultó unánime su aprobación por ciento catorce diputados que se
-hallaron presentes, en cuyo número contábanse ya propietarios venidos
-de América. Las cortes, celebrando de este modo entradas de año, puede
-afirmarse, sin parcial ni exagerado afecto, que se encumbraron en
-aquella ocasión a par del senado romano en sus mejores tiempos.
-
-[Sidenote: Nuevas discusiones sobre América.]
-
-Volvieron durante estos meses a ocupar a las cortes diversas veces las
-provincias de ultramar. Estimulaban a ello sus diputados y el deseo de
-hacer el bien de aquellas regiones, como también el de apagar el fuego
-insurreccional que cundía y se aumentaba.
-
-Llegó al Paraguay y al Tucumán, propagado por Buenos Aires. Lo mismo
-a Chile, en donde por dicha, haciendo a tiempo dimisión de su empleo
-el brigadier Carrasco que allí mandaba, y reemplazado por el conde de
-la Conquista, no se desconoció la autoridad suprema de la península,
-aunque ya caminaba aquel país por pendiente resbaladiza.
-
-[Sidenote: Alborotos en Nueva España.]
-
-Más recias y de consecuencias peores aparecieron las revueltas de
-Nueva España. Empezaron ya a temerse desde el tiempo del virrey Don
-José Iturrigaray, a quien depusieron el 16 de septiembre de 1809 los
-europeos avecindados en aquel reino, sospechándole de confabulación
-con los criollos, y autorizados para ello por la audiencia. Y aunque
-es cierto que dicho Iturrigaray fue absuelto de toda culpa en la causa
-que de resultas se le formó en Europa, quedaron, sin embargo, contra él
-en pie vehementísimos indicios de haber querido establecer un gobierno
-independiente, poniéndose él mismo a la cabeza. Nombró la central, para
-suceder a este en el cargo de virrey, al arzobispo Don Francisco Javier
-de Lizana, anciano, débil, y juguete de pasiones ajenas.
-
-El ejemplo que se había dado en desposeer a Iturrigaray, aunque con
-recto fin, la pobreza de ánimo del arzobispo virrey, y por último, los
-desastres de España en 1810, dieron osadía a los descontentos para
-declararse abiertamente en septiembre de este año. Quien primero se
-presentó como caudillo fue un clérigo por lo general desconocido: su
-nombre, Don Miguel Hidalgo de la Costilla, cura de la población de
-Dolores, en los términos de la ciudad de Guanajuato. Instruido en las
-materias de su profesión, no desconocía la literatura francesa, y era
-hombre sagaz, de buen entendimiento y modales cultos. Odió siempre a
-los españoles, y empezó a tramar conspiración después de unas vistas
-que tuvo con un general francés enviado por Napoleón para abogar en
-favor de su hermano José, y a quien prendieron en provincias internas,
-y llevaron en seguida a la ciudad de Méjico.
-
-Hidalgo sublevó a los indios y mulatos, y entró con ellos el 16 de
-septiembre en el pueblo de su feligresía, y obrando de acuerdo con los
-capitanes del provincial de la reina Don Ignacio Allende y Don Juan
-Aldama, llegó a San Miguel el Grande, donde se le unió dicho regimiento
-casi en su totalidad. Engrosado cada día más el cuerpo de Hidalgo,
-prosiguió este adelante «prorrumpiendo en vivas a Fernando VII y muerte
-a los gachupines», nombre que allí se da a los europeos. Llevaban los
-amotinados un estandarte con la imagen de la Virgen de Guadalupe,
-tenida en gran veneración por los indios: obligados los jefes a cubrir
-aquí, como en lo demás de América, sus verdaderos intentos bajo el
-manto de la religión y de fidelidad al rey.
-
-Avanzaron de este modo Hidalgo y sus parciales, consiguiendo en
-breve apoderarse de Guanajuato, una de las poblaciones más ricas y
-opulentas a causa de las minas que en su territorio se labran. El 18
-de octubre extendiéronse los sublevados hasta Valladolid de Mechoacán,
-y reinando en Méjico gran fermentación, parecía casi seguro el triunfo
-de aquellos, si por entonces, y muy a tiempo, no hubiese aportado
-de Europa Don Francisco Javier Venegas, nombrado virrey en lugar
-del arzobispo. Tan oportuna llegada comprimió el mal ánimo de los
-descontentos dentro de la ciudad, y tomándose para lo de afuera activas
-providencias, se paró el golpe que de tan cerca amagaba.
-
-Hidalgo, viniendo por el camino de Toluca, hallábase ya a 14 leguas de
-Méjico, cuando le salió al encuentro con 1500 hombres el coronel Don
-Torcuato Trujillo, enviado por Venegas; corto número el de su gente si
-se compara con la que acompañaba a Hidalgo, allegadiza en verdad, pero
-que al cabo pudiera llevar ventaja por su muchedumbre a los soldados
-veteranos del jefe español.
-
-Avistáronse ambas partes en el monte de las Cruces, y empeñose vivo
-choque, costoso para todos, y de cuyas resultas el coronel Trujillo,
-aunque victorioso, juzgó prudente, a causa del gran golpe de enemigos,
-retroceder por la noche a Méjico, en donde con su llegada creció en
-unos la zozobra, y en otros renació la esperanza.
-
-De nuevo estaba comprometida la suerte de aquella ciudad, y quizá sin
-remedio, si Don Félix Calleja no la hubiera sacado del apuro. Era este
-jefe comandante de la brigada de San Luis de Potosí, y al saber la
-marcha de Hidalgo sobre Méjico, siguiole la huella con 3000 hombres de
-buenas tropas. No descorazonado por eso el clérigo general, sino antes
-animoso con la retirada de Trujillo del monte de las Cruces, revolvió
-contra Calleja, y encontrole cerca de Aculco el 7 de noviembre.
-Trabose desde luego pelea entre las fuerzas contrarias, y quedaron los
-insurgentes del todo desbaratados.
-
-Mas poco después, habiéndoseles dado tiempo, se rehicieron, y tuvo
-Calleja que embestirles otra vez y en varias acciones. De estas, la
-principal y que acabó, por decirlo así, con Hidalgo, diose el 17
-de enero de 1811 en el puente llamado de Calderón, provincia de
-Guadalajara. Aquel jefe y sus adherentes tuvieron en consecuencia que
-refugiarse en provincias internas, en donde cogidos el 21 de marzo
-inmediato, mandóseles arcabucear.
-
-Hacia la costa del mar del sur, en la misma Nueva España, apareció
-también otro clérigo llamado Don José María Morelos, ignorante,
-feroz, en sus costumbres estragado y sin recato alguno, pero audaz
-y propio para tales empresas. Con todo, tuvo al fin, si bien largo
-tiempo después, la misma y desgraciada suerte de Hidalgo, habiendo
-él y otros jefes trabajado mucho la tierra, y alimentado el fuego de
-la insurrección, mal encubierto aún en las provincias tranquilas. Lo
-que perjudicó a los levantados de Méjico, y tal vez los perdió por
-entonces, fue que no empezaron su movimiento en la capital, quedando,
-por tanto, en pie para contenerlos la autoridad central de los
-españoles. En Venezuela y Buenos Aires sucedió al contrario, y así
-desde el primer día apareció en aquellas provincias más asegurada la
-causa de los independientes.
-
-La guerra que se encendió en Méjico al tiempo de levantarse Hidalgo,
-fue guerra a muerte contra los europeos, quienes a su vez procuraron
-desquitarse. Los estragos, de consiguiente, gravísimos, y los
-daños para España sin cuento, pues aumentándose los desembolsos, y
-disminuyéndose las entradas con las turbulencias y con la ruina causada
-en las minas, sobre todo de Guanajuato y Zacatecas, tuvieron que
-emplearse en aquellos países los recursos que de otro modo hubieran
-venido a Europa para ayuda de la guerra peninsular.
-
-Las cortes, aquejadas con los males de América, se esforzaron por
-calmarlos acudiendo a medidas legislativas, que eran las de su
-competencia. Discutiose largamente en diciembre y enero sobre dar
-a ultramar igual representación que a España. Los diputados de
-aquellas provincias pretendieron fuese la concesión para las cortes
-que entonces se celebraban. [Sidenote: Decretos en favor de aquellos
-países.] Pero atendiendo a que por la mayor parte se habían efectuado
-en ultramar las elecciones hechas por los ayuntamientos con arreglo
-a lo prevenido por la regencia, y a que cuando llegasen los elegidos
-por el pueblo teniendo que venir de tan enormes distancias, habrían
-cesado ya probablemente los actuales diputados en su ministerio,
-ciñose el congreso a declarar,[*] [Sidenote: (* Ap. n. 13-15.)] en 9
-de febrero de 1811, «que la representación americana, en las cortes
-que en adelante se celebrasen, sería enteramente igual en el modo y
-forma a la que se estableciese en la península, debiéndose fijar en la
-constitución el arreglo de esta representación nacional sobre las bases
-de la perfecta igualdad, conforme al decreto de 15 de octubre.»
-
-Se mandó asimismo entonces que los naturales y habitantes de aquellas
-regiones pudieran cultivar y sembrar cuanto quisieran, pues había
-frutos como la viña y el olivo que estaba prohibido beneficiar. Veda
-que en muchos parajes no se cumplía, y que no era tan rigurosa como
-la del tabaco en la España europea, adoptada en gran parte la última
-medida en favor de los plantíos de aquella producción en América. Diose
-también opción para toda clase de empleos y destinos a los criollos,
-indios e hijos de ambas clases como si fueran europeos.
-
-Tampoco tardó en eximirse a los indígenas de toda la América del
-tributo que pagaban, y aun de abolirse los repartimientos abusivos que
-consentía la práctica en algunos distritos. La misma suerte cupo a la
-_mita_ o trabajo forzado de los indios en las minas, prohibida en Nueva
-España hacía muchos años, y solo permitida en algunas partes del Perú.
-
-Así que las cortes decretaron sucesivamente para la América todo
-lo que establecía igualdad perfecta con Europa; pero no decretando
-la independencia poco adelantaron, pues los promovedores de las
-desavenencias nunca, en realidad, se contentaron con menos, ni
-aspiraban a otra cosa.
-
-[Sidenote: Providencias en materia de guerra y hacienda.]
-
-En hacienda y guerra es en lo que en un principio no se ocuparon mucho
-las cortes, y no faltó quien por ello las criticase. Pero en estos
-ramos deben distinguirse las medidas permanentes de las transitorias,
-y que solo reclaman premiosas circunstancias. Las primeras requieren
-tiempo y madurez para escoger las más convenientes, teniendo que
-ajustar las alteraciones a antiguos hábitos, señaladamente en materia
-de contribuciones, en las que hay que chocar con los intereses de todas
-las clases sin excepción, y con intereses a que el hombre suele estar
-muy apegado.
-
-Las segundas toca en especial el promoverlas a la potestad ejecutiva:
-ella conoce las necesidades, y en ella residen los datos y la razón
-de las entradas y salidas. El tener entendido la primera regencia que
-sería pronto removida, no la estimuló a ocuparse con ahínco en el
-asunto, y la que le sucedió en el mando, no hallándose, digámoslo así,
-del todo formada hasta primeros de enero, por ausencia de dos de los
-regentes, no pudo tampoco al principio poner en ello toda la diligencia
-necesaria. Además, pedía tiempo el penetrarse del estado del ejército,
-del de los pueblos y de su gobernación; tarea no fácil ni breve, si
-se atiende a la ocupación enemiga, a los desórdenes que eran como
-indispensable consecuencia, y al estrecho campo que a veces había para
-trazar planes de medios y recursos.
-
-Sin embargo, no se descuidaron ambos ramos al punto que algunos han
-afirmado. En 15 de noviembre ya autorizaron las cortes a la nueva
-regencia para levantar 80.000 hombres que sirviesen de aumento al
-ejército, tomando oportunas disposiciones sobre el modo e igualdad de
-los alistamientos.
-
-Fomentose también por una ley la fabricación de fusiles, con otras
-providencias respecto de lo demás del armamento y municiones. Las
-fábricas de la frontera, las de Aragón, Granada y otras partes las
-había destruido el enemigo. La central no había pensado en trasladar
-a tiempo el parque de artillería de Sevilla, ni su maestranza, ni su
-fundición, ni la sala de armas. Los ingleses suministraron muchos de
-estos artículos, pero aún no bastaban. El patriotismo de los españoles,
-el de sus juntas, el de la primera regencia, el de las sucesivas y las
-resoluciones de las cortes suplieron la falta. Se estableció de nuevo
-en la Isla de León un parque de artillería y una maestranza, y se
-habilitaron en la Carraca algunos talleres. Se fabricaron fusiles en
-Jubia y en el arsenal del Ferrol, lo mismo en las orillas del Eo, entre
-Galicia y Asturias, en el señorío de Molina y otros parajes, algunos
-casi inaccesibles, estableciéndose en ellos fábricas volantes de armas,
-de municiones y de todo género de pertrechos, que mudaban de sitio al
-aproximarse el enemigo.
-
-En el ramo de hacienda, además de las providencias económicas que hemos
-referido, y otras que por su menudencia omitimos, mandaron las cortes
-que se reuniesen en una sola tesorería general los caudales de la
-nación, que distribuyéndose antes por más de un conducto, íbanse o se
-extravasaban en menoscabo del erario.
-
-[Sidenote: Cierran las cortes sus sesiones en la Isla.]
-
-Tales fueron los principales trabajos de las cortes y sus discusiones
-en los primeros meses de su instalación, y en tanto que permanecieron
-en la Isla, en donde cerraron sus sesiones el 20 de febrero de 1811,
-para volverlas a abrir en Cádiz el 24 del mismo mes.
-
-[Sidenote: Fiebre amarilla.]
-
-Desde el 6 de octubre habían pensado trasladarse a dicha ciudad, como
-más populosa, más bien resguardada y de mayores recursos. Suspendieron
-tomar resolución en el caso por la fiebre amarilla, o sea vómito prieto,
-que se manifestó en aquel otoño: terrible azote que en 1800 y 1804
-había esparcido en Cádiz y otros pueblos de la Andalucía y costa de
-levante la desolación y la muerte. No había desde entonces vuelto a
-aparecer en Cádiz, a lo menos de un modo sensible, y solo en este
-año de 1810 repitió sus estragos. Haya sido o no esta enfermedad
-introducida de las Antillas, en lo que todavía no andan conformes
-los facultativos de mayor nombradía, contribuyó mucho ahora a su
-aparecimiento y propagación la presencia de los forasteros que a la
-sazón se agolparon a Cádiz con motivo de la invasión de las Andalucías;
-en cuyas personas pegó el azote con extrema saña, pues los naturales
-estaban más avezados a sus golpes, ya por haber pasado antes la
-enfermedad, ya por haber nacido o criádose en ambiente impregnado de
-tan funestos miasmas. La epidemia picó también en Cartagena y otros
-puntos, por fortuna apenas cundió a la Isla. Hubo de ello al principio
-agudos temores a causa del ejército; pero no siendo numerosa aquella
-población, ni apiñada, y hallándose oreada bastantemente por medio
-de sus anchurosas calles, mantúvose en estado de sanidad. En cuanto
-a la tropa, acampada en parajes bañados por corrientes atmosféricas
-muy puras, gran preservativo de tal plaga, gozó de igual o mayor
-beneficio. De los moradores o residentes en la Isla, los que padecieron
-la enfermedad cogiéronla en viajes que hacían a Cádiz, cuya aserción
-podríamos atestiguar por experiencia propia. La fiebre, conforme a su
-costumbre, duró tres meses: empezó a descubrirse en septiembre, tomó
-en octubre grande incremento, y desapareció del todo al acabar de
-diciembre.
-
-[Sidenote: Fin de este libro.]
-
-Rodeaban, por tanto, en su cuna a la libertad española la guerra, las
-epidemias y otros humanos padecimientos, como para acostumbrarla a los
-muchos y nuevos que la afligirían según fuera prosperando, y antes de
-que afianzase en el suelo peninsular su augusto y perpetuo imperio.
-
-
-
-
- APÉNDICES
-
- AL TOMO TERCERO.
-
-
-
-
- APÉNDICE
- DEL
- LIBRO NOVENO.
-
-
-NÚMERO 9-1.
-
-_Nota pasada por Mr. Canning, ministro de relaciones exteriores de S.
-M. B., a Don Martín de Garay, secretario de estado y de la junta, fecha
-en Londres, a 20 de julio de 1809. Véase el manifiesto de la junta
-central, ramo diplomático, documento núm. 141._
-
-
-NÚMERO 9-2.
-
-SEVILLA.
-
-_Real decreto de S. M._
-
-El pueblo español debe salir de esta sangrienta lucha con la certeza de
-dejar a su posteridad una herencia de prosperidad y de gloria, digna
-de sus prodigiosos esfuerzos y de la sangre que vierte. Nunca la junta
-suprema ha perdido de vista este objeto que, en medio de la agitación
-continua causada por los sucesos de la guerra, ha sido siempre su
-principal deseo. Las ventajas del enemigo, debidas menos a su valor que
-a la superioridad de su número, llamaban exclusivamente la atención
-del gobierno; pero al mismo tiempo hacían más amarga y vehemente
-la reflexión de que los desastres que la nación padece han nacido
-únicamente de haber caído en olvido aquellas saludables instituciones
-que, en tiempos más felices, hicieron la prosperidad y la fuerza del
-estado.
-
-La ambición usurpadora de los unos, el abandono indolente de los
-otros las fueron reduciendo a la nada, y la junta, desde el momento
-de su instalación, se constituyó solemnemente en la obligación
-de restablecerlas. Llegó ya el tiempo de aplicar la mano a esta
-grande obra, y de meditar las reformas que deben hacerse en nuestra
-administración, asegurándolas en las leyes fundamentales de la
-monarquía que solas pueden consolidarlas, y oyendo para el acierto,
-como ya se anunció al público, a los sabios que quieran exponerla sus
-opiniones.
-
-Queriendo, pues, el rey nuestro señor, Don Fernando VII, y en su
-real nombre la junta suprema gubernativa del reino, que la nación
-española aparezca a los ojos del mundo con la dignidad debida a sus
-heroicos esfuerzos; resuelta a que los derechos y prerrogativas de los
-ciudadanos se vean libres de nuevos atentados, y a que las fuentes de
-la felicidad pública, quitados los estorbos que hasta ahora las han
-obstruido, corran libremente luego que cese la guerra, y reparen cuanto
-la arbitrariedad inveterada ha agostado y la devastación presente ha
-destruido, ha decretado lo que sigue:
-
-1.º Que se restablezca la representación legal y conocida de la
-monarquía en sus antiguas cortes, convocándose las primeras en todo el
-año próximo, o antes si las circunstancias lo permitieren.
-
-2.º Que la junta se ocupe al instante del modo, número y clase con que,
-atendidas las circunstancias del tiempo presente, se ha de verificar
-la concurrencia de los diputados a esta augusta asamblea; a cuyo fin
-nombrará una comisión de cinco vocales que, con toda la atención y
-diligencia que este gran negocio requiere, reconozcan y preparen todos
-los trabajos y planes, los cuales, examinados y aprobados por la junta,
-han de servir para la convocación y formación de las primeras cortes.
-
-3.º Que además de este punto, que por su urgencia llama el primer
-cuidado, extienda la junta sus investigaciones a los objetos
-siguientes, para irlos proponiendo sucesivamente a la nación junta
-en cortes. — Medios y recursos para sostener la santa guerra en que,
-con la mayor justicia, se halla empeñada la nación hasta conseguir el
-glorioso fin que se ha propuesto. — Medios de asegurar la observancia
-de las leyes fundamentales del reino. — Medios de mejorar nuestra
-legislación, desterrando los abusos introducidos y facilitando su
-perfección. — Recaudación, administración y distribución de las rentas
-del estado. — Reformas necesarias en el sistema de instrucción y
-educación pública. — Modo de arreglar y sostener un ejército permanente
-en tiempo de paz y de guerra, conformándose con las obligaciones y
-rentas del estado. — Modo de conservar una marina proporcionada a las
-mismas. — Parte que deban tener las Américas en las juntas de cortes.
-
-4.º Para reunir las luces necesarias a tan importantes discusiones, la
-junta consultará a los consejos, juntas superiores de las provincias,
-tribunales, ayuntamientos, cabildos, obispos y universidades, y oirá a
-los sabios y personas ilustradas.
-
-5.º Que este decreto se imprima, publique y circule con las
-formalidades de estilo, para que llegue a noticia de toda la nación.
-
-Tendréislo entendido y dispondréis lo conveniente para su cumplimiento.
-— El marqués de Astorga, presidente. — Real Alcázar de Sevilla, 22 de
-mayo de 1809. — A Don Martín de Garay.
-
-
-NÚMERO 9-3.
-
-Los pocos días que pasaron en Jaraicejo los ingleses no tuvieron grande
-escasez, pues se les suministró bastante pan y abundó el ganado. Así
-lo dice, y con las siguientes palabras, Lord Londonderry, testigo
-no sospechoso para los ingleses: «During the first few days of our
-sojourn at Jaraicejo we were tolerably well supplied with bread; and
-cattle being plenty, we had no cause to complain...» (_Narrative of the
-peninsular war_) _vol. 1.º, Ch. 17, pág. 431._
-
-
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-
- APÉNDICE
- DEL
- LIBRO DÉCIMO.
-
-
-NÚMERO 10-1.
-
-_Precios de los comestibles en la plaza de Gerona durante el sitio de
-1809, desde el más módico hasta el más subido, según crecía la escasez y
-la imposibilidad de introducirlos._
-
- Precios módicos. Precios subidos.
-
- Tocino fresco la onza. 2 cuartos. 10 cuartos.
-
- Vaca, la libra de 36 onzas. 27 cuartos. Idem.
-
- Carne de caballo la libra de id. 40 cuartos. Idem.
-
- Idem de mulo. 40 cuartos. Idem.
-
- Una gallina. 14 rs. vn. efect. 16 duros.
-
- Un gorrión. 2 cuartos. 4 rs. vn. efect.
-
- Una perdiz. 12 rs. vn. efect. 80 rs. vn. efect.
-
- Un pichón. 6 rs. vn. efect. 40 rs. vn. efect.
-
- Un ratón. 1 rl. vn. efect. 5 rs. vn. efect.
-
- Un gato. 8 rs. vn. 30 rs. vn.
-
- Un lechón. 40 rs. vn. 200 rs. vn.
-
- Bacalao la libra. 18 cuartos. 32 rs. vn.
-
- Pescado del río Ter la libra. 4 rs. vn. 36 rs. vn.
-
- Aceite la medida. 20 cuartos. 24 rs. vn.
-
- Huevos la docena. 24 cuartos. 96 rs. vn.
-
- Arroz la libra. 12 cuartos. 32 rs. vn.
-
- Café la libra. 8 rs. vn. 24 rs. vn.
-
- Chocolate la libra. 16 rs. vn. 64 rs. vn.
-
- Queso la libra. 4 rs. vn. 40 rs. vn.
-
- Pan la libra. 6 cuartos. 8 rs. vn.
-
- Una galleta. 4 cuartos. 8 rs. vn.
-
- Trigo candeal la cuartera. 80 rs. vn. 112 rs. vn.
-
- Id. mezclado la cuartera. 64 rs. vn. 96 rs. vn.
-
- Cebada la cuartera. 30 rs. vn. 56 rs. vn.
-
- Habas la cuartera. 48 rs. vn. 80 rs. vn.
-
- Azúcar la libra. 4 rs. vn. 24 rs. vn.
-
- Velas de sebo la libra. 4 rs. vn. 10 rs. vn.
-
- Id. de cera la libra. 12 rs. vn. 32 rs. vn.
-
- Leña el quintal. 5 rs. vn. 48 rs. vn.
-
- Carbón la arroba. 3½ rs. vn. 40 rs. vn.
-
- Tabaco la libra. 24 rs. vn. 100 rs. vn.
-
- Por moler una cuartera de trigo. 3 rs. vn. 80 rs. vn.
-
-Gerona 10 de diciembre de 1809. — Epifanio Ignacio de Ruiz.
-
-_Notas._
-
-1.ª Los precios de las carnes no fueron alterados, por disposición del
-gobierno, mientras duraron.
-
-2.ª Los demás artículos seguían el precio que ocasionaba la escasez,
-y muchos de ellos variaban según las introducciones, y aquí solo se
-han figurado los precios regulares al principio del sitio, y los más
-subidos y corrientes en su largo discurso; habiéndose visto el gobierno
-precisado a permitir el precio que querían fijar a los víveres los que
-los introducían a lomo y en cortas cantidades, pasando las líneas del
-enemigo, atendidos los riesgos que probaban en la entrada y salida de
-la plaza, y la pena de muerte que sufrían en caso de ser habidos.
-
-3.ª No obstante de haberse figurado el precio de todos los artículos
-arriba expresados, muchos de ellos solo podían conseguirse casualmente
-en los días que había alguna introducción. Mataró 22 de diciembre de
-1809. — Epifanio Ignacio de Ruiz. — Don Epifanio Ignacio de Ruiz,
-capitán de la 3.ª compañía de la Cruzada Gerundense, comisario de
-guerra de los reales ejércitos. — Certifico: que desde 1.º de agosto
-de 1809 hasta el 10 de diciembre del mismo, en que capituló la plaza
-de Gerona, en virtud de orden del intendente de provincia Don Carlos
-Beramendi, ministro principal de hacienda y guerra de ella, tuve
-confiada la inspección del ramo de víveres, y que los precios que
-están continuados en la antecedente relación son los corrientes en la
-citada plaza durante su último sitio. Mataró 22 de diciembre de 1809. —
-Epifanio Ignacio de Ruiz.
-
-
-NÚMERO 10-2.
-
- _Capitulación de la ciudad de Gerona y fuertes correspondientes,
- firmada el 10 de diciembre de 1809, a las 7 de la noche._
-
-ART. 1.º La guarnición saldrá con los honores de la guerra, y entrará
-en Francia como prisionera de guerra. — 2.º Todos los habitantes serán
-respetados. — 3.º La religión católica continuará en ser observada
-por los habitantes y será protegida. — 4.º Mañana, a las ocho y media
-de ella, la puerta del Socorro y la del Areny serán entregadas a las
-tropas francesas, así como las de los fuertes. — 5.º Mañana, 11 de
-diciembre, a las ocho y media de ella, la guarnición saldrá de la plaza
-y desfilará por la puerta del Areny. — Los soldados pondrán sus armas
-sobre el glacis. — 6.º Un oficial de artillería, otro de ingenieros y
-un comisario de guerra entrarán al momento en que se tomará posesión
-de las puertas de la ciudad para recibir la entrega de los almacenes,
-mapas, planos, etc. Fecho en Gerona, a las 7 de la noche, a 10 de
-diciembre de 1809. — Julián de Bolívar. — Isidro de la Mata. — Blas de
-Furnás. — José de la Iglesia. — Guillermo Minali. — Guillermo Nasch.
-— El general en jefe del estado mayor general del 7.º cuerpo. — Rey.
-— Aprobado por nos, el mariscal del imperio, comandante en jefe del
-7.º cuerpo del ejército de España. — Augereau, duque de Castiglione.
-— Yo, brigadier de los reales ejércitos, encargado de los poderes del
-gobernador interino de la plaza de Gerona, Don Julián de Bolívar, y
-de la junta militar, certifico: que la capitulación antecedente es
-conforme a la original firmada con la fecha que expresa. — Blas de
-Furnás. — El general en jefe del estado mayor general del 7.º cuerpo
-del ejército de España. — Rey. — Lugar del Sello.
-
-
- _Notas adicionales a la capitulación de la plaza de Gerona._
-
-Que la guarnición francesa que esté en la plaza esté acuartelada
-y no alojada por las casas, e igualmente que los oficiales deben
-presentarse, procurándose su posada, pagándoseles el tanto que se
-pagaba de utensilio a la guarnición española. — Que todos los papeles
-del gobierno queden depositados en el archivo del ayuntamiento, sin
-poder ser extraviados, ni extraídos ni quemados. — Que a los que
-habrán sido vocales o empleados en las juntas en tiempo de esta guerra
-de opinión, no les sirva de nota ni perjuicio alguno en sus ascensos
-y carreras, quedando igualmente salvas y respetadas las personas,
-propiedades y haberes. — Que a los forasteros que se hallan dentro de
-la plaza, por expatriación u otra causa, tanto si han sido vocales o
-empleados de las juntas como no, se les permitirá restituirse a sus
-casas con su equipaje y haberes. — Que cualquiera vecino que quiera
-salirse de la ciudad y trasladarse a otra se le permita, llevándose
-su equipaje y haberes, quedándoles salvas las propiedades, caudales y
-efectos en aquella ciudad. — Yo, brigadier de los reales ejércitos,
-certifico: que las notas antecedentes habiendo sido presentadas al
-Excmo. Sr. general en jefe del ejército francés, se han aprobado en su
-contenido en cuanto no se opongan a las leyes generales del reino, y a
-la policía establecida en los ejércitos. Fornells, 10 de diciembre de
-1809. — Blas de Furnás. — Visto por nosotros, etc.
-
-
- _Notas adicionales y particulares aprobadas por el Excmo. Sr. duque
- de Castiglione, mariscal del imperio, comandante en jefe del 7.º
- cuerpo del ejército de España, convenidas entre el Sr. general de
- brigada, jefe del estado mayor general del sobredicho cuerpo del
- ejército, comandante de la legión de honor, y el Sr. Don Blas de
- Furnás, brigadier de los ejércitos españoles._
-
-ART. 1.º Un teniente o subteniente elegido entre los oficiales del
-ejército español estará autorizado con pasaportes para pasar al
-ejército de observación español, y llevar a su general comandante
-en jefe la capitulación de la plaza y de los fuertes de Gerona,
-solicitando se sirva disponer el pronto canje de los oficiales y
-soldados de la guarnición de Gerona y sus fuertes contra igual número
-de oficiales y soldados franceses detenidos en las islas de Mallorca
-y otros destinos. S. E. el Sr. duque de Castiglione, comandante en
-jefe del ejército, promete que dicho canje se verificará luego que el
-general en jefe del ejército español le habrá dado a conocer el día en
-que aquellos prisioneros habrán llegado a uno de los puertos de Francia
-para el referido canje. — ART. 2.º En los tres días que seguirán a la
-rendición de la plaza de Gerona, el Ilmo. Sr. obispo de dicha ciudad
-quedará autorizado para dar a los sacerdotes que están bajo sus órdenes
-los pasaportes que pidan para pasar a las villas en las que tenían su
-domicilio anterior, para quedar y vivir en él, según lo deben unos
-ministros de paz, bajo la protección de las leyes que rigen en España.
-— El general en jefe del estado mayor general del séptimo cuerpo del
-ejército de España. — Rey. — Blas de Furnás. — Yo brigadier de los
-reales ejércitos encargado de los poderes del gobernador interino de
-la plaza de Gerona, Don Julián de Bolívar, y de la junta militar,
-certifico: que los artículos antecedentes son traducidos fielmente del
-original en 10 de diciembre de 1809. — Blas de Furnás. — Le général en
-chef de l’état major general du septième corps de l’armée d’Espagne. —
-Rey. — Lugar del sello.
-
-
- _Nota adicional a la capitulación de la plaza de Gerona._
-
-Los empleados en el ramo político de guerra son declarados libres, como
-no combatientes, y pueden pedir un pasaporte con sus equipajes para
-donde gusten. Estos son el intendente, comisarios de guerra, empleados
-en hospitales y provisiones, y médicos y cirujanos del ejército. — Yo,
-brigadier de los reales ejércitos, certifico: que la nota precedente
-habiendo sido presentada al Excmo. Sr. general en jefe del ejército
-francés, queda aprobada. Fornells, 10 de diciembre de 1809. — Blas
-de Furnás. — Don Blas de Furnás, brigadier de los reales ejércitos,
-certifico: que la copia antecedente de la capitulación hecha en Gerona,
-y notas adicionales, es en todo su contenido conforme a los originales
-firmados por mí; y para que conste, doy la presente en la plaza de
-Gerona, a 12 de diciembre de 1809. — Blas de Furnás.
-
-
-NÚMERO 10-3.
-
- _Entre los documentos originales y de oficio que acerca de la muerte
- del gobernador Álvarez hemos tenido a la vista, uno de los más
- curiosos es el siguiente:_
-
-Excmo. Sr. — Por el oficio de V. E. de 26 de febrero próximo pasado,
-que acabo de recibir, veo ha hecho V. E. presente al supremo consejo de
-regencia de España e Indias el contenido de mi papel de 4 del mismo,
-relativo al fallecimiento del Excmo. Sr. Don Mariano Álvarez, digno
-gobernador de la plaza de Gerona; y que en su vista se ha servido S. M.
-resolver procure apurar cuanto me sea posible la certeza de la muerte
-de dicho general, avisando a V. E. lo que adelante, a cuya real orden
-daré el cumplimiento debido, tomando las más eficaces disposiciones
-para descubrir el pormenor y la verdad de un hecho tan horroroso;
-pudiendo asegurar entre tanto a V. E., por declaración de testigos
-oculares, la efectiva muerte de este héroe en la plaza de Figueras,
-adonde fue trasladado desde Perpiñán, y donde entró sin grave daño en
-su salud, y compareció cadáver, tendido en una parihuela, al siguiente
-día, cubierto con una sábana, la que, destapada por la curiosidad de
-varios vecinos y del que me dio el parte de todo, puso de manifiesto
-un semblante cárdeno e hinchado, denotando que su muerte había sido
-la obra de breves momentos; a que se agrega que el mismo informante
-encontró poco antes, en una de las calles de Figueras, a un llamado
-Rovireta, y por apodo el fraile de S. Francisco, y ahora canónigo
-dignidad de Gerona, nombrado por nuestros enemigos, quien marchaba
-apresuradamente hacia el castillo, adonde dijo «iba corriendo a
-confesar al Sr. Álvarez porque debía en breve morir.» — Todo lo que
-pongo en noticia de V. E. para que haga de ello el uso que estime por
-conveniente. Dios guarde a V. E. muchos años. Tortosa, 31 de marzo de
-1810. — Excmo. Sr. — Carlos de Beramendi. — Excmo. Sr. marqués de las
-Hormazas.
-
-
-NÚMERO 10-4.
-
- _Léase el manifiesto de la junta central — sección 2.ª, ramo
- diplomático, — pág. 6._
-
-
-
-
- APÉNDICE
- DEL
- LIBRO UNDÉCIMO.
-
-
-NÚMERO 11-1.
-
-Τὸν τῶν εὐσεβῶν ἔπλασε χῶρον καὶ τὸ Ἠλύσιον πεδίον. (STRAB., Lib. 3.)
-
-
-NÚMERO 11-2.
-
- _El Rey, y a su nombre la suprema junta central gubernativa de España
- e Indias._
-
-Como haya sido uno de mis primeros cuidados congregar la nación
-española en cortes generales y extraordinarias, para que, representada
-en ellas por individuos y procuradores de todas las clases, órdenes
-y pueblos del estado, después de acordar los extraordinarios medios
-y recursos que son necesarios para rechazar al enemigo que tan
-pérfidamente la ha invadido, y con tan horrenda crueldad va desolando
-algunas de sus provincias, arreglase con la debida deliberación
-lo que más conveniente pareciese para dar firmeza y estabilidad a
-la constitución, y el orden, claridad y perfección posibles a la
-legislación civil y criminal del reino, y a los diferentes ramos de
-la administración pública; a cuyo fin mandé, por mi real decreto
-de 13 del mes pasado, que la dicha mi junta central gubernativa se
-trasladase desde la ciudad de Sevilla a esta villa de la Isla de León,
-donde pudiese preparar más de cerca, y con inmediatas y oportunas
-providencias la verificación de tan gran designio; considerando:
-
-1.º Que los acaecimientos que después han sobrevenido, y las
-circunstancias en que se halla el reino de Sevilla por la invasión del
-enemigo, que amenaza ya los demás reinos de Andalucía, requieren las
-más prontas y enérgicas providencias.
-
-2.º Que, entre otras, ha venido a ser en gran manera necesaria la de
-reconcentrar el ejercicio de toda mi autoridad real en pocas y hábiles
-personas que pudiesen emplearla con actividad, vigor y secreto en
-defensa de la patria; lo cual he verificado ya por mi real decreto de
-este día, en que he mandado formar una regencia de cinco personas, de
-bien acreditados talentos, probidad y celo público.
-
-3.º Que es muy de temer que las correrías del enemigo por varias
-provincias, antes libres, no hayan permitido a mis pueblos hacer las
-elecciones de diputados a cortes con arreglo a las convocatorias que
-les hayan sido comunicadas en 1.º de este mes, y por lo mismo que no
-pueda verificarse su reunión en esta isla para el día 1.º de marzo
-próximo, como estaba por mí acordado.
-
-4.º Que tampoco sería fácil, en medio de los grandes cuidados y
-atenciones que ocupan al gobierno, concluir los diferentes trabajos y
-planes de reforma, que por personas de conocida instrucción y probidad
-se habían emprendido y adelantado bajo la inspección y autoridad de
-la comisión de cortes, que a este fin nombré por mi real decreto de 15
-de junio del año pasado, con el deseo de presentarlas al examen de las
-próximas cortes.
-
-5.º Y considerando, en fin, que en la actual crisis no es fácil acordar
-con sosiego y detenida reflexión las demás providencias y órdenes que
-tan nueva e importante operación requiere, ni por la mi suprema junta
-central, cuya autoridad, que hasta ahora ha ejercido en mi real nombre,
-va a transferirse en el consejo de regencia, ni por este, cuya atención
-será enteramente arrebatada al grande objeto de la defensa nacional.
-
-Por tanto, yo, y a mi real nombre la suprema junta central, para llenar
-mi ardiente deseo de que la nación se congregue libre y legalmente en
-cortes generales y extraordinarias, con el fin de lograr los grandes
-bienes que en esta deseada reunión están cifrados, he venido en mandar
-y mando lo siguiente:
-
-1.º La celebración de las cortes generales y extraordinarias que están
-ya convocadas para esta Isla de León, y para el primer día de marzo
-próximo, será el primer cuidado de la regencia que acabo de crear, si
-la defensa del reino, en que desde luego debe ocuparse, lo permitiere.
-
-2.º En consecuencia, se expedirán inmediatamente convocatorias
-individuales a todos los RR. arzobispos y obispos que están en
-ejercicio de sus funciones, y a todos los grandes de España en
-propiedad, para que concurran a las cortes en el día y lugar para que
-están convocadas, si las circunstancias lo permitieren.
-
-3.º No serán admitidos a estas cortes los grandes que no sean cabezas
-de familia, ni los que no tengan la edad de 25 años, ni los prelados y
-grandes que se hallaren procesados por cualquiera delito, ni los que se
-hubieren sometido al gobierno francés.
-
-4.º Para que las provincias de América y Asia, que por estrechez del
-tiempo no pueden ser representadas por diputados nombrados por ellas
-mismas, no carezcan enteramente de representación en estas cortes,
-la regencia formará una junta electoral compuesta de seis sujetos de
-carácter, naturales de aquellos dominios, los cuales, poniendo en
-cántaro los nombres de los demás naturales que se hallan residentes
-en España y constan de las listas formadas por la comisión de cortes,
-sacarán a la suerte el número de cuarenta, y volviendo a sortear estos
-cuarenta solos, sacarán en segunda suerte veintiséis, y estos asistirán
-como diputados de cortes en representación de aquellos vastos países.
-
-5.º Se formará asimismo otra junta electoral compuesta de seis personas
-de carácter, naturales de las provincias de España que se hallan
-ocupadas por el enemigo, y poniendo en cántaro los nombres de los
-naturales de cada una de dichas provincias que asimismo constan de las
-listas formadas por la comisión de cortes, sacarán de entre ellos en
-primera suerte hasta el número de dieciocho nombres, y volviéndolos
-a sortear solos, sacarán de ellos cuatro, cuya operación se irá
-repitiendo por cada una de dichas provincias, y los que salieren en
-suerte serán diputados de cortes por representación de aquellas para
-que fueren nombrados.
-
-6.º Verificadas estas suertes, se hará la convocación de los sujetos
-que hubieren salido nombrados por medio de oficios que se pasarán a las
-juntas de los pueblos en que residieren, a fin de que concurran a las
-cortes en el día y lugar señalado, si las circunstancias lo permitieren.
-
-7.º Antes de la admisión a las cortes de estos sujetos, una comisión
-nombrada por ellas mismas examinará si en cada uno concurren o no las
-calidades señaladas en la instrucción general y en este decreto para
-tener voto en las dichas cortes.
-
-8.º Libradas estas convocatorias, las primeras cortes generales y
-extraordinarias se entenderán legítimamente convocadas; de forma que
-aunque no se verifique su reunión en el día y lugar señalados para
-ellas, pueda verificarse en cualquiera tiempo y lugar en que las
-circunstancias lo permitan, sin necesidad de nueva convocatoria; siendo
-de cargo de la regencia hacer, a propuesta de la diputación de cortes,
-el señalamiento de dicho día y lugar, y publicarle en tiempo oportuno
-por todo el reino.
-
-9.º Y para que los trabajos preparatorios puedan continuar y concluirse
-sin obstáculo, la regencia nombrará una diputación de cortes compuesta
-de ocho personas, las seis naturales del continente de España, y las
-dos últimas naturales de América, la cual diputación será subrogada
-en lugar de la comisión de cortes nombrada por la misma suprema junta
-central, y cuyo instituto será ocuparse en los objetos relativos a la
-celebración de las cortes, sin que el gobierno tenga que distraer su
-atención de los urgentes negocios que la reclaman en el día.
-
-10. Un individuo de la diputación de cortes, de los seis nombrados por
-España, presidirá la junta electoral que debe nombrar los diputados
-por las provincias cautivas, y otro individuo de la misma diputación,
-de los nombrados por la América, presidirá la junta electoral que debe
-sortear los diputados naturales y representantes de aquellos dominios.
-
-11. Las juntas formadas con los títulos de junta de medios y
-recursos para sostener la presente guerra, junta de hacienda, junta
-de legislación, junta de instrucción pública, junta de negocios
-eclesiásticos, y junta de ceremonial de congregación, las cuales por
-autoridad de la mi suprema junta y bajo la inspección de dicha comisión
-de cortes, se ocupan en preparar los planes de mejoras relativas a
-los objetos de su respectiva atribución, continuarán en sus trabajos
-hasta concluirlos en el mejor modo que sea posible, y fecho, los
-remitirán a la diputación de cortes, a fin de que después de haberlos
-examinado, se pasen a la regencia y esta los ponga, a mi real nombre, a
-la deliberación de las cortes.
-
-12. Serán estas presididas, a mi real nombre, o por la regencia en
-cuerpo, o por su presidente temporal, o bien por el individuo a quien
-delegaren el encargo de representar en ellas mi soberanía.
-
-13. La regencia nombrará los asistentes de cortes que deban asistir
-y aconsejar al que las presidiere, a mi real nombre, de entre los
-individuos de mi consejo y cámara según la antigua práctica del reino,
-o en su defecto de otras personas constituidas en dignidad.
-
-14. La apertura del solio se hará en las cortes en concurrencia de los
-estamentos eclesiástico, militar y popular, y en la forma y con la
-solemnidad que la regencia acordará a propuesta de la diputación de
-cortes.
-
-15. Abierto el solio, las cortes se dividirán, para la deliberación
-de las materias, en dos solos estamentos, uno popular, compuesto de
-todos los procuradores de las provincias de España y América, y otro de
-dignidades, en que se reunirán los prelados y grandes del reino.
-
-16. Las proposiciones que, a mi real nombre, hiciere la regencia a
-las cortes se examinarán primero en el estamento popular, y si fueren
-aprobados en él, se pasarán por un mensajero de estado al estamento de
-dignidades para que las examine de nuevo.
-
-17. El mismo método se observará con las proposiciones que se hicieren
-en uno y otro estamento por sus respectivos vocales, pasando siempre la
-proposición del uno al otro, para su nuevo examen y deliberación.
-
-18. Las proposiciones no aprobadas por ambos estamentos, se entenderán
-como si no fuesen hechas.
-
-19. Las que ambos estamentos aprobaren serán elevadas por los
-mensajeros de estado a la regencia para mi real sanción.
-
-20. La regencia sancionará las proposiciones así aprobadas, siempre
-que graves razones de pública utilidad no la persuadan a que de su
-ejecución pueden resultar graves inconvenientes y perjuicios.
-
-21. Si tal sucediere, la regencia, suspendiendo la sanción de la
-proposición aprobada, la devolverá a las cortes, con clara exposición
-de las razones que hubiere tenido para suspenderla.
-
-22. Así devuelta la proposición, se examinará de nuevo en uno y otro
-estamento, y si los dos tercios de los votos de cada uno no confirmaren
-la anterior resolución, la proposición se tendrá por no hecha, y no se
-podrá renovar hasta las futuras cortes.
-
-23. Si los dos tercios de votos de cada estamento ratificaren la
-aprobación anteriormente dada a la proposición, será esta elevada de
-nuevo por los mensajeros de estado a la sanción real.
-
-24. En este caso la regencia otorgará a mi nombre la real sanción en
-el termino de tres días; pasados los cuales, otorgada o no, la ley
-se entenderá legítimamente sancionada, y se procederá de hecho a su
-publicación en la forma de estilo.
-
-25. La promulgación de las leyes así formadas y sancionadas, se hará en
-las mismas cortes antes de su disolución.
-
-26. Para evitar que en las cortes se forme algún partido que aspire
-a hacerlas permanentes, o prolongarlas en demasía, cosa que, sobre
-trastornar del todo la constitución del reino, podría acarrear otros
-muy graves inconvenientes, la regencia podrá señalar un termino a la
-duración de las cortes, con tal que no baje de seis meses. Durante las
-cortes, y hasta tanto que estas acuerden, nombren e instalen el nuevo
-gobierno, o bien confirmen el que ahora se establece, para que rija
-la nación en lo sucesivo, la regencia continuará ejerciendo el poder
-ejecutivo en toda la plenitud que corresponde a mi soberanía.
-
-En consecuencia las cortes reducirán sus funciones al ejercicio del
-poder legislativo que propiamente les pertenece, y confiando a la
-regencia el del poder ejecutivo, sin suscitar discusiones que sean
-relativas a él y distraigan su atención de los graves cuidados que
-tendrá a su cargo, se aplicarán del todo a la formación de las leyes y
-reglamentos oportunos para verificar las grandes y saludables reformas
-que los desórdenes del antiguo gobierno, el presente estado de la
-nación y su futura felicidad hacen necesarias; llenando así los grandes
-objetos para que fueron convocadas. Dado, etc., en la real Isla de
-León, a 29 de enero de 1810.
-
-
-NÚMERO 11-3.
-
-Españoles: La junta central suprema gubernativa del reino, siguiendo la
-voluntad expresa de nuestro deseado Monarca y el voto público, había
-convocado a la nación a sus cortes generales para que, reunida en
-ellas, adaptase las medidas necesarias a su felicidad y defensa. Debía
-verificarse este gran congreso en 1.º de marzo próximo, en la Isla de
-León, y la junta determinó y publicó su traslación a ella cuando los
-franceses, como otras muchas veces, se hallaban ocupando la Mancha.
-Atacaron después los puntos de la sierra, y ocuparon uno de ellos; y
-al instante las pasiones de los hombres, usurpando su dominio a la
-razón, despertaron la discordia que empezó a sacudir sobre nosotros
-sus antorchas incendiarias. Más que ganar cien batallas valía este
-triunfo a nuestros enemigos, y los buenos todos se llenaron de espanto
-oyendo los sucesos de Sevilla en el día 24, sucesos que la malevolencia
-componía, y el terror exageraba, para aumentar en los unos la confusión
-y en los otros la amargura. Aquel pueblo generoso y leal que tantas
-muestras de adhesión y respeto había dado a la suprema junta, vio
-alterada su tranquilidad, aunque por pocas horas. No corrió, gracias al
-cielo, ni una gota de sangre, pero la autoridad pública fue desatendida
-y la majestad nacional se vio indignamente ultrajada en la legítima
-representación del pueblo. Lloremos, españoles, con lágrimas de sangre
-un ejemplo tan pernicioso. ¿Cuál sería nuestra suerte si todos le
-siguiesen? Cuando la fama trae a vuestros oídos que hay divisiones
-intestinas en la Francia, la alegría rebosa en vuestros pechos, y
-os llenáis de esperanza para lo futuro, porque en estas divisiones
-miráis afianzada vuestra salvación y la destrucción del tirano que os
-oprime. Y nosotros, españoles, nosotros cuyo carácter es la moderación
-y la cordura, cuya fuerza consiste en la concordia, ¿iríamos a dar
-al déspota la horrible satisfacción de romper con nuestras manos los
-lazos que tanto costó formar, y que han sido y son para él la barrera
-más impenetrable? No, españoles, no: que el desinterés y la prudencia
-dirija nuestros pasos, que la unión y la constancia sean nuestras
-áncoras, y estad seguros de que no pereceremos.
-
-Bien convencida estaba la junta de cuán necesario era reconcentrar más
-el poder. Mas no siempre los gobiernos pueden tomar en el instante las
-medidas mismas de cuya utilidad no se duda. En la ocasión presente
-parecía del todo importuno, cuando las cortes anunciadas, estando ya
-tan próximas, debían decidirla y sancionarla. Mas los sucesos se han
-precipitado de modo que esta detención, aunque breve, podría disolver
-el estado, si en el momento no se cortase la cabeza al monstruo de la
-anarquía.
-
-No bastaban ya a llevar adelante nuestros deseos ni el incesante afán
-con que hemos procurado el bien de la patria, ni el desinterés con
-que la hemos servido, ni nuestra lealtad acendrada a nuestro amado y
-desdichado rey, ni nuestro odio al tirano y a toda clase de tiranía.
-Estos principios de obrar en nadie han sido mayores, pero han podido
-más que ellos la ambición, la intriga y la ignorancia. ¿Debíamos,
-acaso, dejar saquear las rentas públicas que por mil conductos ansiaban
-devorar el vil interés y el egoísmo? ¿Podíamos contentar la ambición
-de los que no se creían bastante premiados con tres o cuatro grados en
-otros tantos meses? ¿Podíamos, a pesar de la templanza que ha formado
-el carácter de nuestro gobierno, dejar de corregir con la autoridad de
-la ley las faltas sugeridas por el espíritu de facción que caminaba
-impudentemente a destruir el orden, introducir la anarquía y trastornar
-miserablemente el estado?
-
-La malignidad nos imputa los reveses de la guerra; pero que la equidad
-recuerde la constancia con que los hemos sufrido, y los esfuerzos
-sin ejemplo con que los hemos reparado. Cuando la junta vino desde
-Aranjuez a Andalucía, todos nuestros ejércitos estaban destruidos; las
-circunstancias eran todavía más apuradas que las presentes, y ella
-supo restablecerlos, y buscar y atacar con ellos al enemigo. Batidos
-otra vez y deshechos, exhaustos al parecer todos los recursos y las
-esperanzas, pocos meses pasaron, y los franceses tuvieron enfrente
-un ejército de ochenta mil infantes y doce mil caballos. ¿Qué no ha
-tenido en su mano el gobierno que no haya prodigado para mantener estas
-fuerzas y reponer las enormes pérdidas que cada día experimentaba?
-¿Qué no ha hecho para impedir el paso a la Andalucía por las sierras
-que la defienden? Generales, ingenieros, juntas provinciales, hasta
-una comisión de vocales de su seno han sido encargados de atender
-y proporcionar todos los medios de fortificación y resistencia que
-presentan aquellos puntos, sin perdonar para ello ni gasto, ni fatiga
-ni diligencia. Los sucesos han sido adversos; ¿pero la junta tenía en
-su mano la suerte del combate en el campo de batalla?
-
-Y ya que la voz del dolor recuerda tan amargamente los infortunios,
-¿por qué ha de olvidarse que hemos mantenido nuestras íntimas
-relaciones con las potencias amigas, que hemos estrechado los lazos
-de fraternidad con nuestras Américas, que estas no han cesado de dar
-pruebas de amor y fidelidad al gobierno, que hemos, en fin, resistido
-con dignidad y entereza las pérfidas sugestiones de los usurpadores?
-
-Mas nada basta a contener el odio que antes de su instalación se había
-jurado a la junta. Sus providencias fueron siempre mal interpretadas y
-nunca bien obedecidas. Desencadenadas, con ocasión de las desgracias
-públicas, todas las pasiones, han suscitado contra ella todas las
-furias que pudiera enviar contra nosotros el tirano a quien combatimos.
-Empezaron sus individuos a verificar su salida de Sevilla con el objeto
-tan público y solemnemente anunciado de abrir las cortes en la Isla
-de León. Los facciosos cubrieron los caminos de agentes, que animaron
-los pueblos de aquel tránsito a la insurrección y al tumulto, y los
-vocales de la junta suprema fueron tratados como enemigos públicos,
-detenidos unos, arrestados otros, y amenazados de muerte muchos,
-hasta el presidente. Parecía que, dueño ya de España, era Napoleón el
-que vengaba la tenaz resistencia que le habíamos opuesto. No pararon
-aquí las intrigas de los conspiradores: escritores viles, copiantes
-miserables de los papeles del enemigo, les vendieron sus plumas, y no
-hay género de crimen, no hay infamia que no hayan imputado a vuestros
-gobernantes, añadiendo al ultraje de la violencia la ponzoña de la
-calumnia.
-
-Así, españoles, han sido perseguidos e infamados aquellos hombres
-que vosotros elegisteis para que os representasen; aquellos que, sin
-guardias, sin escuadrones, sin suplicios, entregados a la fe pública,
-ejercían, tranquilos a su sombra, las augustas funciones que les
-habíais encargado. ¿Y quiénes son, gran Dios, los que los persiguen?
-los mismos que desde la instalación de la junta trataron de destruirla
-por sus cimientos, los mismos que introdujeron el desorden en las
-ciudades, la división en los ejércitos, la insubordinación en los
-cuerpos. Los individuos del gobierno no son impecables ni perfectos;
-hombres son y, como tales, sujetos a las flaquezas y errores humanos.
-Pero como administradores públicos, como representantes vuestros, ellos
-responderán a las imputaciones de esos agitadores y les mostrarán dónde
-ha estado la buena fe y patriotismo, dónde la ambición y las pasiones
-que sin cesar han destrozado las entrañas de la patria. Reducidos de
-aquí en adelante a la clase de simples ciudadanos por nuestra propia
-elección, sin más premio que la memoria del celo y afanes que hemos
-empleado en servicio público, dispuestos estamos, o más bien ansiosos,
-de responder delante de la nación en sus cortes, o del tribunal que
-ella nombre, a nuestros injustos calumniadores. Teman ellos, no
-nosotros; teman los que han seducido a los simples, corrompido a
-los viles, agitado a los furiosos; teman los que en el momento del
-mayor apuro, cuando el edificio del estado apenas puede resistir el
-embate del extranjero, le han aplicado las teas de la disensión para
-reducirle a cenizas. Acordaos, españoles, de la rendición de Oporto.
-Una agitación intestina, excitada por los franceses mismos, abrió
-sus puertas a Soult, que no movió sus tropas a ocuparla hasta que el
-tumulto popular imposibilitó la defensa. Semejante suerte os vaticinó
-la junta, después de la batalla de Medellín, al aparecer los síntomas
-de la discordia que con tanto riesgo de la patria se han desenvuelto
-ahora. Volved en vosotros y no hagáis ciertos aquellos funestos
-presentimientos.
-
-Pero, aunque fuertes con el testimonio de nuestras conciencias, y
-seguros de que hemos hecho en bien del estado cuanto la situación de
-las cosas y las circunstancias han puesto a nuestro alcance, la patria
-y nuestro honor mismo exigen de nosotros la última prueba de nuestro
-celo y nos persuaden dejar un mando cuya continuación podrá acarrear
-nuevos disturbios y desavenencias. Sí, españoles: vuestro gobierno,
-que nada ha perdonado, desde su instalación, de cuanto ha creído que
-llenaba el voto público; que fiel distribuidor de cuantos recursos
-han llegado a sus manos, no les ha dado otro destino que las sagradas
-necesidades de la patria; que os ha manifestado sencillamente sus
-operaciones, y que ha dado la muestra más grande de desear vuestro
-bien en la convocación de cortes, las más numerosas y libres que ha
-conocido la monarquía, resigna gustoso el poder y la autoridad que le
-confiasteis y la traslada a las manos del consejo de regencia que ha
-establecido por el decreto de este día. ¡Puedan vuestros gobernantes
-tener mejor fortuna en sus operaciones! Y los individuos de la junta
-suprema no les envidiarán otra cosa que la gloria de haber salvado la
-patria y libertado a su rey.
-
-Real Isla de León, 29 de enero de 1810. — Siguen las firmas.
-
-
-NÚMERO 11-4.
-
-_Véase el manifiesto de la junta suprema de Cádiz._
-
-
-NÚMERO 11-5.
-
-_En el palacio de las Tullerías, a 8 de febrero de 1810._
-
-Napoleón, etc. Considerando, por una parte, que las sumas enormes que
-nos cuesta nuestro ejército de España empobrecen nuestro tesoro y
-obligan a nuestros pueblos a sacrificios que ya no pueden soportar; y
-considerando, por otra parte, que la administración española carece de
-energía y es nula en muchas provincias, lo que impide sacar partido de
-los recursos del país, y los deja, por el contrario, a beneficio de los
-insurgentes; hemos decretado y decretamos lo que sigue:
-
-
-TÍTULO PRIMERO.
-
-_Del gobierno de Cataluña._
-
-ART. 1.º El séptimo cuerpo del ejército de España tomará el título de
-ejército de Cataluña. 2.º La provincia de Cataluña formará un gobierno
-particular con el título de gobierno de Cataluña. 3.º El comandante en
-jefe del ejército de Cataluña será gobernador de la provincia y reunirá
-los poderes civiles y militares. 4.º La Cataluña queda declarada en
-estado de sitio. 5.º El gobernador queda encargado de la administración
-de la justicia y de la real hacienda, proveerá todos los empleos y hará
-todos los reglamentos necesarios. 6.º Todas las rentas de la provincia,
-en imposiciones ordinarias y extraordinarias, entrarán en la caja
-militar, a fin de subvenir a los sueldos y gastos de las tropas, y a la
-manutención del ejército.
-
-
-TÍTULO SEGUNDO.
-
-_Del gobierno de Aragón. Segundo gobierno._
-
-El general Suchet será gobernador de Aragón con toda la autoridad
-militar y civil; nombrará toda clase de empleados, hará reglamentos,
-etc., etc., y desde 1.º de mayo no enviará nuestro tesoro público
-fondos algunos para la manutención del ejército, sino que el país
-suministrará lo que necesite para él.
-
-
-TÍTULO TERCERO.
-
-_Del gobierno de Navarra. Tercer gobierno._
-
-La provincia de Navarra se llamará gobierno de Navarra.
-
-El general Dufour será gobernador de Navarra, y conducirá allá
-los cuatro regimientos de su división: en cuanto a su autoridad y
-manutención del ejército, lo mismo que lo dicho con respecto a Aragón.
-
-
-TÍTULO CUARTO.
-
-_Del gobierno de Vizcaya. Cuarto gobierno._
-
-La Vizcaya se llamará gobierno de Vizcaya.
-
-El general Thouvenot será gobernador, y lo mismo que lo dicho respecto a
-Navarra.
-
-
-TÍTULO QUINTO.
-
-Los gobernadores de estos cuatro gobiernos se entenderán con el
-estado mayor del ejército de España en lo que tenga relación con las
-operaciones militares; pero en cuanto a la administración interior y
-policía, rentas, justicia, nombramiento de empleados y todo género de
-reglamentos, se entenderán con el emperador por medio del príncipe de
-Neufchatel, mayor general.
-
-
-TÍTULO SEXTO.
-
-ART. 1.º Todos los productos y rentas ordinarias y extraordinarias
-de las provincias de Salamanca, Toro, Zamora y León proveerán a la
-manutención del 6.º cuerpo del ejército, y el duque de Elchingen
-cuidará de que estos recursos sean bastantes para este fin, haciendo
-que todo se invierta en utilidad del ejército. 2.º Lo que produzcan
-las provincias de Santander y Asturias, para la manutención y sueldos
-de la división de Bonnet. 3.º Las provincias situadas desde el Ebro a
-los límites de la de Valladolid lo entregarán todo al pagador de Burgos
-para el sueldo y manutención de las tropas que allí haya, y gasto de las
-fortificaciones. 4.º Las provincias de Valladolid y Palencia proveerán
-a la manutención y sueldo de la división de Kellermann. 5.º El duque de
-Elchingen y los generales Bonnet, Thiebaut y Kellermann se entenderán,
-en todo lo que tenga relación con las rentas de las provincias de su
-mando, con el emperador por medio del príncipe de Neufchatel. 6.º La
-ejecución de este decreto se encarga al príncipe de Neufchatel y a los
-ministros de la guerra, en la administración de la guerra, de rentas y
-del tesoro público.
-
-
-NÚMERO 11-6.
-
-_Memoria de los Sres. Azanza y Ofarrill, pág. 177._
-
-
-NÚMERO 11-7.
-
-Algunas de estas cartas fueron interceptadas por las guerrillas cerca
-de Madrid y se insertaron en la _Gaceta de la Regencia_ de Cádiz. Las
-hemos confrontado con la correspondencia manuscrita del Sr. Azanza, y
-las hemos encontrado del todo exactas. He aquí las que nos han parecido
-más importantes:
-
-«Excmo Sr. — Ha llegado el caso de que yo pueda escribir a V. E. sobre
-asuntos que directamente nos conciernen. Antes de ayer por la tarde
-tuve una larga conversación con el Sr. duque de Cadore, ministro
-de relaciones exteriores, que anteriormente me había dicho quería
-comunicarme algo de orden del emperador. Referiré todo lo sustancial
-de esta conferencia, en la cual se tocaron varios puntos, y todos de
-importancia.
-
-»Me dijo el ministro que S. M. I. no puede enviar más dinero a España,
-y es preciso que ese reino provea a la subsistencia y gastos de su
-ejército; que bastante hace en haber empleado 400.000 franceses en la
-reducción de España; que la Francia ha agotado su erario, habiendo
-enviado ahí desde el principio de la guerra más de 200 millones de
-libras; que nuestro gobierno no ha hecho uso de los recursos que ofrece
-el país para juntar fondos; que debieron exigirse contribuciones en
-Andalucía, especialmente en Sevilla y Málaga, y también en Murcia; que
-S. M. ha impuesto a Lérida una contribución de 6 millones de libras (no
-estoy cierto si fue esta cantidad u otra mayor la que me dijo); que
-debieron confiscarse los efectos ingleses encontrados en Andalucía,
-y S. M. I. está en el concepto de que solo los de Sevilla habrían
-importado 40 millones; que debió echarse mano de la plata de las
-iglesias y conventos; que en España ha de circular necesariamente mucho
-dinero del que han introducido los franceses y los ingleses, y del
-que ha venido de América; que el emperador siempre ha hecho la guerra
-sacando de los países que ha subyugado toda la manutención y gastos
-de sus ejércitos; que si no tuviera que emplear tantas tropas en la
-reducción de la España, habría licenciado muchas de ellas, y se habría
-ahorrado el dispendio que están ocasionando; que los fondos de nuestra
-tesorería no han tenido la inversión preferente que correspondía, es a
-saber, pagar las tropas que han de hacer la conquista y pacificación
-del reino; que ha habido muchas prodigalidades y gastos de lujo; que
-las gratificaciones justas pudieron suspenderse hasta los tiempos
-tranquilos y felices; que se mantienen estados mayores demasiado
-numerosos y costosos; que se han formado y forman cuerpos españoles,
-los cuales no solo son inútiles sino perjudiciales, porque además de
-absorber sumas que podrían tener provechosa aplicación, desertan sus
-individuos y pasan a aumentar la fuerza de los enemigos; y últimamente,
-que es excesiva la bondad con que el rey trata a los del partido
-contrario, concediéndoles gracias y ventajas, lo que solo sirve a
-disgustar y desalentar a los que desde el principio abrazaron el suyo.
-
-»Estas son las principales especies que me dijo el ministro; y ahora
-expondré a V. E. las respuestas que yo le di. El punto más grave de
-todos, y el que a mi parecer ocupa más la atención del emperador, es
-el de querer excusar que de Francia vaya a España más dinero que los
-dos millones de libras mensuales, prefijados en las disposiciones
-anteriores. Acordándome de las notas que sobre este punto se pasaron
-estando yo encargado del ministerio de negocios extranjeros, y
-teniendo muy presente la situación de nuestras provincias y de nuestra
-tesorería, dije al ministro que el rey, mi amo, reconocía las grandes
-erogaciones que la guerra de España ocasionaba al erario de Francia,
-pero que veía con mucho dolor y sentimiento suyo ser imposible
-alcanzasen nuestros medios y nuestros recursos a libertarlo de esta
-carga; que las rentas ordinarias habían sido hasta ahora casi nulas,
-así porque no habían podido recaudarse sino en muy reducidos distritos
-sojuzgados, como porque aun en estos las continuas incursiones de
-los insurgentes y de las partidas de bandidos habían inutilizado los
-esfuerzos y diligencias de los administradores y cobradores; que en
-muchas partes los mismos generales y jefes de las tropas francesas
-habían servido de obstáculo al recobro de los derechos reales en
-lugar de auxiliarlo; que las provincias estaban arruinadas con las
-suministraciones de toda especie que habían tenido que hacer para la
-subsistencia, trasportes y hospitalidades de las tropas francesas, y
-con la cesación de todo tráfico de unos pueblos con otros; que cuantos
-fondos han podido juntarse, así por los impuestos antiguos como por
-los arbitrios y medios que se han excogitado, han sido destinados
-con preferencia a las necesidades del ejército francés, distrayendo
-únicamente algunas cortas sumas para la guardia real, la cual casi
-siempre ha estado en crecidos descubiertos, para la lista civil de S.
-M., que no ha sido pagada sino en una muy corta parte, y para otras
-atenciones urgentísimas, de modo que ni se han pagado viudedades,
-ni pensiones, ni sueldos de retirados, y muchas veces ni los de los
-empleados más necesarios, pues ha habido ocasión en que los ministros
-mismos han estado durante cinco meses sin recibir los suyos por ocurrir
-a los gastos de las tropas.
-
-»En cuanto a los recursos de que se supone haberse podido echar mano,
-achacando a impericia, falta de energía o excesiva contemplación del
-gobierno para con los pueblos el no haberse así ejecutado, he dicho
-al ministro que se han puesto en práctica cuantos han permitido las
-circunstancias; que es preciso no perder de vista, para juzgarnos,
-las circunstancias en que nos hemos hallado, esto es, que eran pocas
-las provincias sometidas, y muy rara o ninguna la administrada
-con libertad; que se han exigido contribuciones extraordinarias y
-empréstitos forzados donde se ha creído posible, venciendo no pequeños
-obstáculos; que había sido necesario no vejar ni apurar hasta el
-extremo las provincias sometidas, para conservarlas en su fidelidad
-y no dar, a las que estaban en insurrección, una mala idea de la
-suerte que las esperaba en el caso de su rendición; que habrían
-podido efectivamente sacarse más contribuciones, como lo hacen los
-generales franceses en las provincias que están administrando; pero
-que nunca hubieran producido lo suficiente a cubrir todos los gastos
-del ejército; especialmente demorándose este dos años y medio o más
-en los mismos parajes; que estas contribuciones no podrían repetirse,
-como lo enseñará la experiencia en Castilla y en León, porque en las
-primeras se agota todo el numerario existente y no se ve el modo de que
-prontamente vuelva a la circulación, sobre todo cuando las tropas están
-en movimiento, y la caja militar desembolsa sus fondos en distritos
-distantes de donde los ha recogido; que S. M. I. se convencerá de la
-imposibilidad de juntar caudales que sufraguen a todos los dispendios
-de la guerra, por lo que sucede en las provincias que están confiadas
-a la administración de generales franceses, quienes no podrán ser
-culpados ni de indolencia, ni de demasiado miramiento para con los
-pueblos, antes bien es de temer se valgan de durezas y violencias que
-ningún gobierno del mundo puede ejercer para con sus propios súbditos,
-aquellos con quienes ha de vivir, y cuya protección y amparo es su
-primer deber; y que lo que haya sucedido en Lérida tal vez no podrá
-servir de ejemplo en otras partes, porque, según he sabido aquí, en
-aquella plaza, creyéndose muy difícil su conquista, se había depositado
-el dinero y alhajas de muchos pueblos e iglesias; además de que todavía
-no se sabe que haya podido satisfacer toda la cantidad que se le ha
-impuesto.
-
-»Hice presente al ministro que en Andalucía se habían exigido algunas
-contribuciones de que yo tenía noticia, pues en Granada, no obstante
-haberse entregado sin hacer la menor resistencia, se pidieron cinco
-millones de reales con el nombre de préstamo forzado, y en Málaga
-mucho mayor cantidad, parte de la cual me acuerdo haberse aplicado a
-la caja militar del 4.º cuerpo; que por haberme hallado ausente de
-Sevilla al tiempo de su rendición, no sé con exactitud lo que allí se
-hizo, pero estoy cierto de que se secuestraron, con intervención de
-las autoridades francesas, los efectos ingleses encontrados en aquella
-ciudad, y que lo mismo se hizo también en Málaga; que siempre los
-primeros cálculos del valor de géneros aprehendidos suelen ser muy
-abultados, como oí haber sucedido en Málaga a la entrada del general
-Sebastiani, y no será mucho que el concepto formado por S. M. I.
-sobre el importe de los de Sevilla estribe en las primeras relaciones
-exageradas que llegarían a su noticia.
-
-»Como estoy bien informado de las diligencias activas que se han
-practicado para recoger la plata de las iglesias, y de los resultas
-que esta operación ha tenido, me hallé en estado de decir al ministro
-que este arbitrio no se había descuidado; que no solo se había
-procurado recoger y llevar directamente a la casa de la moneda todas
-las alhajas de plata y oro encontradas en los conventos suprimidos
-sino también las que pertenecían a iglesias, catedrales, parroquiales
-y de monjas de todo el reino, dejando en ellas solamente los vasos
-sagrados indispensables para el culto; que este arbitrio no había sido
-tan cuantioso y productivo como se podría suponer, y nosotros mismos
-lo esperábamos; primero, porque todas las iglesias de los pueblos por
-donde habían transitado las tropas francesas, habían sido saqueadas
-y despojadas; segundo, porque las partidas de insurgentes o bandidos
-habían hecho otro tanto en los pueblos que habían ocupado o recorrido;
-y tercero, porque la plata de las iglesias vista en frontales, nichos
-o imágenes, aparece de gran valor y riqueza, y cuando va a recogerse
-y fundirse, se halla generalmente que es una hoja delgada dispuesta
-solo para cubrir la madera que le sirve de alma; y que este recurso,
-tal cual ha sido, y todos los otros que se han adoptado, son los que
-han dado los fondos con que se ha podido atender a las obligaciones
-imprescindibles de la tesorería, entre las cuales se ha contado siempre
-con preferencia la subsistencia, la hospitalidad y demás gastos de la
-tropa francesa.
-
-»Sobre el mucho numerario que se piensa debe haber en circulación
-dentro de España, por el que han introducido los franceses y los
-ingleses, y el que ha venido de América, he asegurado al ministro que
-no se nota todavía semejante abundancia, sea que la mayor parte va a
-parar a los muchos cantineros y vivanderos franceses que siguen al
-ejército, sea que otra parte está diseminada entre nuestros vendedores
-de comestibles y licores, o sea, principalmente porque la moneda de
-cuño español haya desaparecido en el tiempo del gobierno insurreccional
-en pago de armamentos, vestuarios y otros efectos recibidos del
-extranjero, especialmente de los ingleses, y de géneros que el
-comercio ha introducido. Confieso que en esta parte carezco de nociones
-bastante exactas, y que solo me he gobernado por los clamores y señales
-bien evidentes de pobreza que he presenciado por todas partes.
-
-»Para satisfacer plenamente sobre el cargo o queja de que los fondos
-de nuestra tesorería no se han aplicado con preferencia a los gastos
-militares y se han empleado en prodigalidades y objetos de lujo, yo
-habría querido tener un estado que demostrase la inversión que se
-ha dado a todos los caudales introducidos en tesorería desde que
-el rey está en España, y creo que no sería muy difícil el que se
-me enviase esta noticia. Entonces vería esta corte qué cantidades
-se habían destinado a la guerra, y cuáles eran las que se habían
-distraído a superfluidades y a lujo. Entre tanto, no comprendiendo yo
-qué era lo que se quería calificar de prodigalidad y lujo, pues el
-rey nuestro señor no ha estado en el caso de hacer gastos excesivos
-con su lista civil, de que no ha cobrado, según creo, ni la mitad,
-y más presto ha carecido de lo que pide el decoro y el esplendor de
-la majestad, pude entender, por las explicaciones del ministro, que
-se hacía principalmente alusión a las gratificaciones que S. M. ha
-distribuido a algunos de sus servidores, tanto militares como civiles.
-En esta inteligencia, expuse que estas gratificaciones, hechas con el
-espíritu que se hacen todas de premiar servicios y estimular a que se
-ejecuten otros, en ninguna manera habían minorado los fondos de la
-tesorería aplicables a la guerra; pues habiendo consistido en cédulas
-hipotecarias, solo útiles para la adquisición de bienes nacionales,
-no podían servir para la paga del soldado ni otros dispendios que
-precisamente piden dinero efectivo. A esto me repuso el ministro
-que, pues las cédulas hipotecarias tenían un valor, este valor
-podía reducirse a dinero. Y mi contestación fue que por el pronto y
-hasta que, establecida plenamente la confianza en el gobierno, se
-multipliquen las ventas de bienes nacionales, las cédulas se puede
-decir que no tienen un valor en numerario por la grande pérdida que
-se hace en su reducción; pero que no se ha omitido el arbitrio de la
-enajenación de bienes para ocurrir a los gastos del día, entre los
-cuales siempre los de guerra se han mirado como los primeros; antes
-bien, para poder conseguir por este medio algún fondo disponible, se
-han concedido ventajas a los que hicieran compras pagando una parte
-en efectivo; y así las cédulas hipotecarias dadas por gratificación,
-indemnización u otro título no han quitado el recurso que por el pronto
-los bienes nacionales podían ofrecer a la tesorería.
-
-»Acerca de estados mayores que se suponen numerosos y costosos, he
-dicho al ministro que a mi juicio habían informado mal a S. M. I., que
-yo no creía que el rey hubiese nombrado más generales y oficiales de
-estado mayor que los que eran precisos, ni admitido de los antiguos
-más que aquellos que en justicia debían serlo, por haber abrazado
-el partido de S. M. y haberse mantenido fieles en él; y que estos
-últimos no habían consumido hasta ahora fondos de la tesorería, pues yo
-dudaba que a ninguno se le hubiese satisfecho todavía sueldo. También
-en este punto habría yo deseado hallarme más exactamente instruido,
-porque estoy en el concepto de que ha habido mucha exageración en
-lo que han dicho al emperador. Una relación por menor de todos los
-estados mayores, que me parece no sería difícil formase el ministerio
-de la guerra, desvanecería la mala impresión que puede haber en este
-particular.
-
-»La opinión de que los regimientos y cuerpos españoles son
-perjudiciales porque desertan y van a engrosar el número de los
-enemigos después de ocasionar dispendios al erario, está aquí bastante
-válida, y de consiguiente se mira como prematura la formación de
-ellos. Yo he representado al ministro que ninguna medida era más
-necesaria y política que esta, porque no hay gobierno que pueda existir
-sin fuerza; que aunque es cierto que al principio hubo mucha deserción,
-nunca fue tan absoluta o completa como se pondera; que cada vez ha
-ido siendo menor a medida que el espíritu público ha ido cambiando, y
-extendiéndose la reducción de las provincias; que actualmente es de
-esperar que será muy corta o ninguna, pues casi han desaparecido las
-masas grandes de insurgentes que tomaban el nombre de ejércitos, y solo
-quedan las partidas de bandidos que ofrecen poco atractivo a los que
-estén alistados bajo las banderas reales; que los cuerpos españoles
-empleados en guarniciones dejarían expeditas las tropas francesas para
-las operaciones de campaña, como lo deseaban los generales franceses,
-lamentándose de haber de tener diseminados sus cuerpos para conservar
-la tranquilidad en las provincias ya sometidas. El ministro pareció
-dudar de que hubiese generales franceses que conviniesen en la utilidad
-de la formación de cuerpos españoles, al paso que creía aprobaban la
-de guardias cívicas. Como yo sé positivamente que hay generales, y de
-mucha nota, que no solo opinan por la erección de cuerpos regulares,
-sino que la promueven y persuaden con ahínco, pude afirmar y sostener
-mi proposición. Pero yo desearía, por la importancia de este asunto,
-que los mismos generales hiciesen saber aquí su modo de pensar con
-los sólidos fundamentos en que lo pueden apoyar, porque nosotros no
-mereceremos en esta parte mucho crédito y, acaso, acaso, inspiraremos
-sospechas de mala naturaleza.
-
-»Solo resta hablar de la sobrada bondad con que se dice haber tratado
-el rey a los del partido contrario, concediéndoles gracias y ventajas.
-Yo quise explicar al ministro las resultas favorables que había
-producido la amnistía general acordada a las Andalucías cuando el rey
-penetró por la Sierra Morena; cómo su benignidad le ganó el corazón de
-los habitantes de aquellas provincias, y le facilitó la ocupación de
-ellas sin derramamiento de sangre, y con cuánta facilidad y prontitud
-terminó una campaña que habría sido la más gloriosa posible sin la
-desgraciada resistencia de Cádiz, fomentada por los ardides y por el
-oro de los ingleses; pero el ministro hizo recaer el exceso de la
-bondad de S. M. sobre algunos individuos que, habiendo seguido el
-partido contrario, obtuvieron mercedes y empleos en su real servicio.
-Dije entonces ser pocos los que se hallaban en este caso, y que estos
-eran sujetos notables por sus circunstancias y por el papel que habían
-hecho entre los insurgentes; que S. M. estimó conveniente hacer estos
-ejemplares para inspirar confianza en los que todavía vacilaban
-sobre prestarle su sumisión, y no ha tenido motivo hasta ahora de
-arrepentirse de haberlos colocado en los puestos que ocupan; que por
-todos medios se procuró debilitar la fuerza de los insurgentes, y no
-fue el menos oportuno el admitir al servicio de S. M. los generales
-y oficiales que voluntariamente quisiesen entrar en él, haciendo el
-correspondiente juramento de fidelidad; y que si esto ha desagradado a
-algunos de los antiguos partidarios del rey, es un egoísmo indiscreto
-que no ha debido estorbar la grande obra de reunir la nación.
-
-»He referido a V. E. lo que se trató en mi conferencia con el Sr.
-duque de Cadore. Nada hablé yo ni sobre el número de tropas francesas
-empleadas en la guerra de España, ni sobre la cantidad de dinero que
-ha enviado el tesoro de Francia a este reino, ni sobre algunos otros
-puntos que tocó el ministro, porque no tenía datos seguros sobre ellos,
-ni creí que debían ser materia de discusión. Tenga V. E. la bondad de
-trasladarlo todo a S. M. para su soberana inteligencia, e indicarme lo
-que conforme a su real voluntad deberé añadir o rectificar en ocasiones
-sucesivas sobre estas mismas materias. No será mucho que a mí se me
-hayan escapado no pocas reflexiones propias a probar la regularidad,
-la prudencia y las sabias miras con que S. M. ha procedido en los
-particulares que han dado motivo a los reparos y observaciones que, de
-orden del emperador, se me han puesto por delante.
-
-»Durante la conversación con el ministro, tuve ocasión de leerle la
-carta que el Sr. ministro de la guerra me remitió escrita por el
-intendente de Salamanca en 24 de marzo último, haciendo una triste
-pintura del estado en que se hallaba aquella provincia y de las
-dificultades que ocurrían para hacer efectivas las contribuciones
-impuestas por el mariscal duque de Elchingen. Y antes de levantar la
-sesión, le leí también la carta que el regente del consejo de Navarra
-dirigió al Sr. ministro secretario de estado, con fecha de 30 de abril,
-quejándose de la conducta que había tenido el gobernador Mr. Dufour,
-instigando al consejo de gobierno, erigido por él mismo, a que hiciera
-una representación o acto incompatible con la soberanía del rey. Sobre
-esto, sin aprobar ni desaprobar el hecho de Mr. Dufour, se me dijo
-solamente que los gobiernos establecidos en Navarra y otras provincias
-eran unas medidas militares. Volveré a tratar más de propósito de este
-asunto luego que tenga oportunidad. Dios guarde a V. E. muchos años.
-— París, 19 de junio de 1810. — Excmo. Sr. — El Duque de Santafé. —
-Excmo. Sr. ministro de negocios extranjeros.»
-
-
-NÚMERO 11-8.
-
-Señor: Me ha parecido conveniente enviar a V. M. abiertas las cartas
-que dirijo con un correo al ministro de negocios extranjeros por
-si quisiese enterarse de ellas antes de pasárselas. Por fin ya me
-hablan. Yo no noto acrimonia alguna en las explicaciones que se tienen
-conmigo. A mi juicio, las cartas que V. M. escribió al emperador y a
-la emperatriz con motivo del casamiento han surtido buen efecto. Nada
-me ha hablado todavía el emperador sobre negocios; pero cuando asisto
-al _levé_ me saluda con bastante agrado. El ministerio español se
-había representado aquí por muchos como antifrancés. El difunto conde
-de Cabarrús era el que se había atraído mayor odio. Sobre esto me he
-explicado con algunos ministros, y creo que con fruto. Aunque parece
-indubitable el deseo de unir a la Francia las provincias situadas más
-acá del Ebro, y se prepara todo para ello, no es todavía una cosa
-resuelta, según el dictamen de algunos y se deja pendiente de los
-sucesos venideros. Juzgo, señor, que por ahora nada quiere de nosotros
-el emperador con tanto ahínco como el que no le obliguemos a enviar
-dinero a España. El estado de su erario parece que le precisa a reducir
-gastos. Debo hacer a Mr. Dennié la justicia de que en sus cartas habla
-con la mayor sencillez, sin indicar siquiera que haya poca voluntad de
-nuestra parte para facilitar los auxilios que necesita su caja militar.
-
-¿Creerá V. M. que algunos políticos de París han llegado a decir que
-en España se preparaba una nueva revolución, muy peligrosa para los
-franceses; es, a saber, que los españoles unidos a V. M. se levantarían
-contra ellos? Considere V. M. si cabe una quimera más absurda, y cuán
-perjudicial nos podría ser si llegase a tomar algún crédito. Y espero
-que semejante idea no tenga cabida en ninguna persona de juicio, y que
-caerá prontamente, porque carece hasta de verosimilitud.
-
-Dos veces he hablado al príncipe de Neufchatel sobre la justa queja
-dada por V. M. contra el mariscal Ney. En la primera me dijo que el
-emperador no le había entregado la carta de V. M., y significó que no
-era de aprobar la conducta del mariscal; y en la segunda me respondió
-que nada podía hacer en este asunto.
-
-Se ha sostenido aquí, por algunos días, la opinión de que los nuevos
-movimientos de la Holanda acarrearían la reunión de aquel país al
-imperio francés; pero ahora se cree que no se llegará a esta extremidad.
-
-Sé con satisfacción que la reina, mi señora, experimenta algún alivio en
-las aguas de Plombières. Las señoras infantas gozan muy buena salud.
-He oído que la reina de Holanda está enferma de bastante cuidado en
-Plombières. Quedo como siempre con el más profundo rendimiento — Señor.
-— De V. M. el más humilde, obediente y fiel súbdito. — El duque de
-Santafé. — París, 20 de junio de 1810.
-
-
-NÚMERO 11-9.
-
-París, 22 de septiembre de 1810. — Señor. — Según nos ha dicho anoche
-el príncipe de Neufchatel, además de haberse declarado que a V. M.
-corresponde el mando militar de cualquiera ejército a que quisiese
-ir, se va a formar uno en Madrid y sus cercanías que estará a sus
-inmediatas órdenes; pero todavía nada ha resuelto S. M. I. sobre la
-abolición de los gobiernos militares, y restitución a V. M. de la
-administración civil. Sobre esto instamos mucho, conociendo que es
-el punto principal y más urgente. Nos ha dicho también el príncipe
-que ha comunicado órdenes muy estrechas, dirigidas a impedir las
-dilapidaciones de los generales franceses, y que se examine la conducta
-de algunos de ellos como Barthélemy.
-
-El duque de Cadore, en una conferencia que tuvimos el miércoles, nos
-dijo expresamente que el emperador exigía la cesión de las provincias
-de más acá del Ebro por indemnización de lo que la Francia ha gastado y
-gastará en gente y dinero para la conquista de España. No se trata de
-darnos el Portugal en compensación. Nos dicen que de esto se hablará
-cuando esté sometido aquel país, y que aun entonces es menester
-consultar la opinión de sus habitantes, que es lo mismo que rehusarlo
-enteramente. El emperador no se contenta con retener las provincias de
-más acá del Ebro, quiere que le sean cedidas. No sabemos si desistirá
-de esto como lo procuramos. Quedo con el más profundo respeto, etc. —
-(Sacada de la correspondencia manuscrita de Don Miguel José de Azanza,
-nombrado por el rey José duque de Santafé.)
-
-Entre las cartas cogidas por los guerrilleros había algunas en cifra:
-las hemos leído descifradas en dicha correspondencia del Sr. Azanza, y
-nada añaden de particular.
-
-
-NÚMERO 11-10.
-
-París, 18 de mayo de 1810. — Excmo. Sr. — Es imponderable la impresión
-que han hecho en Francia las noticias publicadas en el _Monitor_ sobre
-la aprehensión del emisario inglés, barón de Kolly, en Valençay, y
-las cartas escritas por el príncipe de Asturias. Cuando yo entré en
-Francia, en todos los pueblos se hablaba de esto. El vulgo ha deducido
-mil consecuencias absurdas. Lo que se cree por los más prudentes
-es que Kolly fue enviado de aquí, donde residió muchos años, para
-ofrecer sus servicios a la corte de Londres, y que consiguió engañarla
-perfectamente. El príncipe, por este medio, se ha desacreditado y
-hecho despreciable más y más para con todos los partidos. Se cree, no
-obstante, que el emperador piensa en casarle, y que tal vez será con la
-hija de su hermano Luciano. El prefecto de Blois, que ha estado muchos
-días en Valençay, me ha dicho que esto es verosímil y que él mismo ha
-visto una carta escrita recientemente por el emperador al príncipe en
-términos bastante amistosos, y asegurándole que le cumpliría todas las
-ofertas hechas en Bayona. El príncipe insta por salir de Valençay, y
-pide que se le dé alguna tierra, aunque sea hacia las fronteras de
-Alemania, lejos de las de España e Italia, y da muestras de sentir
-y desaprobar lo que se hace en España a nombre suyo, o con pretexto
-de ser a su favor. — El duque de Santafé. — Sr. ministro de negocios
-extranjeros. (Sacada de la correspondencia manuscrita del Sr. Azanza.)
-
-
-NÚMERO 11-11.
-
- _Carta de Fernando VII al emperador en 6 de agosto de 1809._
-
-Señor. — El placer que he tenido viendo en los papeles públicos las
-victorias con que la Providencia corona nuevamente la augusta frente de
-V. M. Imperial y Real, y el grande interés que tomamos mi hermano, mi
-tío y yo en la satisfacción de V. M. Imperial y Real, nos estimulan a
-felicitarle con el respeto, el amor, la sinceridad y reconocimiento en
-que vivimos bajo la protección de V. M. Imperial y Real.
-
-Mi hermano y mi tío me encargan que ofrezca a V. M. su respetuoso
-homenaje, y se unen al que tiene el honor de ser con la más alta y
-respetuosa consideración, señor, de V. M. Imperial y Real el más
-humilde y más obediente servidor. — Fernando. — Valençay, 6 de agosto
-de 1809.
-
-(_Monitor_ de 5 de febrero de 1810.)
-
-
-NÚMERO 11-12.
-
-Carta inserta en el _Monitor_ de 26 de abril de 1810.
-
-
-
-
- APÉNDICE
- DEL
- LIBRO DOCE.
-
-
-NÚMERO 12-1.
-
-«Portugal was reduced to the condition of a vassal state.»
-
-(_History of the war in the península, by W. F. P. Napier, vol. 3.,
-pág. 372._)
-
-
-NÚMERO 12-2.
-
-El consejo de regencia de los reinos de España e Indias, queriendo dar
-a la nación entera un testimonio irrefragable de sus ardientes deseos
-por el bien de ella, y de los desvelos que le merece principalmente
-la salvación de la patria, ha determinado, en el real nombre del rey
-N. Sr. Don Fernando VII, que las cortes extraordinarias y generales
-mandadas convocar se realicen a la mayor brevedad, a cuyo intento
-quiere se ejecuten inmediatamente las elecciones de diputados que no se
-hayan hecho hasta este día, pues deberán los que estén ya nombrados
-y los que se nombren congregarse en todo el próximo mes de agosto en
-la real Isla de León; y hallándose en ella la mayor parte, se dará en
-aquel mismo instante principio a las sesiones, entre tanto se ocupará
-el consejo de regencia en examinar y vencer varias dificultades para
-que tenga su pleno efecto la convocación. Tendréislo entendido y
-dispondréis lo que corresponda a su cumplimiento. — Javier de Castaños,
-presidente. — Pedro, obispo de Orense. — Francisco de Saavedra. —
-Antonio de Escaño. — Miguel de Lardizábal y Uribe. — En Cádiz, a 18 de
-junio de 1810. — A Don Nicolás María de Sierra.
-
-
-
-
- APÉNDICE
- DEL
- LIBRO TRECE.
-
-
-NÚMERO 13-1.
-
-Manifiesto que presenta a la nación Don Miguel de Lardizábal y Uribe,
-impreso en Alicante, año de 1811, pág. 21.
-
-
-NÚMERO 13-2.
-
-Colección de los decretos y órdenes de las cortes generales y
-extraordinarias, tomo 1.º, pág. 1.ª y siguientes.
-
-
-NÚMERO 13-3.
-
-Zurita. — Anales de Aragón. — Libro 2.º, cap. 87 y siguientes.
-
-
-NÚMERO 13-4.
-
-Zurita. — Anales de Aragón. — Lib. 1.º, cap. 49 y 50.
-
-
-NÚMERO 13-5.
-
-Mariana. — Historia de España. — Lib. 19, cap. 15.
-
-
-NÚMERO 13-6.
-
-He aquí lo que refiere acerca de este asunto el manifiesto, o sea
-diario manuscrito de la primera regencia, que tenemos presente,
-extendido por Don Francisco de Saavedra, uno de los regentes y
-principal promotor de la venida del duque.
-
-_Día 10 de marzo de 1810._ «En este día se concluyó un asunto grave,
-sobre que se había conferenciado largamente en los días anteriores.
-Este asunto, que traía su origen de dos años atrás, tuvo varios
-trámites, y se puede reducir en sustancia a los términos siguientes.
-
-»Luego que se divulgó en Europa la feliz revolución de España, acaecida
-en mayo de 1808, manifestó el duque de Orleans sus vivos deseos de
-venir a defender la justa causa de Fernando VII; con la esperanza de
-lograrlos, pasó a Gibraltar en agosto de aquel año, acompañando al
-príncipe Leopoldo de Nápoles que parece tenía igual designio. Las
-circunstancias perturbaron los deseos de uno y otro; pero no desistió
-el duque de su intento. A principios de 1809, recién llegada a Sevilla
-la junta central, se presentó allí un comisionado suyo para promover
-la solicitud de ser admitido al servicio de España, y en efecto la
-promovió con la mayor eficacia, componiendo varias memorias que
-comunicó a algunos miembros de la central, especialmente a los Sres.
-Garay, Valdés y Jovellanos. No se atrevieron estos a proponer el asunto
-a la junta central, como se pedía, por ciertos reparos políticos; y a
-pesar de la actividad y buen talento del comisionado, no llegó este
-asunto a resolverse, aunque se trató en la sesión de estado; pero no se
-divulgó.
-
-»En julio de dicho año escribió por sí propio el duque de Orleans,
-que se hallaba a la sazón en Menorca, repitiendo la oferta de su
-persona; y expresando su anhelo de sacrificarse por la bella causa que
-los españoles habían adoptado. Entonces redobló el comisionado sus
-esfuerzos, y para prevenir cualquier reparo, presentó una carta de Luis
-XVIII, aplaudiendo la resolución del duque, y otra del Lord Portland,
-manifestándole, en nombre del rey británico, no haber reparo alguno en
-que pusiese en práctica su pensamiento de pasar a España o Nápoles a
-defender los derechos de su familia.
-
-»En esta misma época llegaron noticias de las provincias de Francia
-limítrofes a Cataluña, por medio del coronel Don Luis Pons, que se
-hallaba a esta sazón en aquella frontera, manifestando el disgusto
-de los habitantes de dichas provincias, y la facilidad con que se
-sublevarían contra el tirano de Europa, siempre que se presentase en
-aquellas inmediaciones un príncipe de la casa de Borbón, acaudillando
-alguna tropa española.
-
-»De este asunto se trató con la mayor reserva en la sección de estado
-de la junta, y se comisionó a Don Mariano Carnerero, oficial de la
-secretaría del consejo, mozo de muchas luces y patriotismo, para
-que, pasando a Cataluña, conferenciando con el general de aquel
-ejército y con Don Luis Pons, y observando el espíritu de aquellos
-pueblos, examinase si sería acepta a los habitantes de la frontera
-de Francia la persona del duque de Orleans, y si sería bien recibido
-en Cataluña. Salió Carnerero a mediados de septiembre, y en menos de
-dos meses evacuó la comisión con exactitud, sigilo y acierto. Trató
-con el coronel Pons y el general Blake, que se hallaban sobre Gerona,
-y observó por sí mismo el modo de pensar de los habitantes y de las
-tropas. El resultado de sus investigaciones, de que dio puntual cuenta,
-fue que el duque de Orleans, educado en la escuela del célebre
-Dumourier y único príncipe de la casa de Borbón que tiene reputación
-militar, sería recibido con entusiasmo en las provincias de Francia,
-y que en Cataluña, donde se conservan los monumentos de la gloria
-de su bisabuelo y la reciente memoria de las virtudes de su madre,
-encontraría general aceptación.
-
-»Mientras Carnerero desempeñaba su encargo, el comisionado del duque
-se marchó a Sicilia, adonde le llamaban a toda priesa. En el mismo
-intervalo se creó en la junta central la comisión ejecutiva, encargada,
-por su constitución, del gobierno. En esta comisión, pues, donde
-apenas había un miembro que tuviese la menor idea de este negocio, se
-examinaron los papeles relativos a la comisión de Carnerero. Todo fue
-aprobado, y quedó resuelto se aceptase la oferta del duque de Orleans,
-y se le convidase con el mando de un cuerpo de tropas en la parte de
-Cataluña que se aproxima a las fronteras de Francia; que se previniese
-a aquel capitán general lo conveniente por si se verificaba; que se
-comisionase para ir a hacer presente a dicho príncipe la resolución del
-gobierno al mismo Carnerero, y que se guardase el mayor sigilo ínterin
-se realizase la aceptación y aun la venida del duque, por el gran
-riesgo de que la trasluciesen los franceses.
-
-»Ya todo iba a ponerse en práctica, cuando la desagraciada acción
-de Ocaña y sus fatales resultados suspendieron la resolución de
-este asunto, y sus documentos originales, envueltos en la confusión
-y trastorno de Sevilla, no se han podido encontrar. Por fortuna se
-salvaron algunas copias, y por ellas se pudo dar cuenta de un negocio
-nunca más interesante que en el día.
-
-»El consejo, pues, de regencia, enterado de estos antecedentes, y
-persuadido, por las noticias recientemente llegadas de Francia de
-todas las fronteras, y por la consideración de nuestro estado actual,
-de lo oportuna que sería la venida del duque de Orleans a España,
-determinó: que se lleve a debido efecto lo resuelto y no ejecutado
-por la comisión ejecutiva de la central en 30 de noviembre de 1809;
-que, en consecuencia, condescendiendo con los deseos y solicitudes
-del duque, se le ofrezca el mando de un ejército en las fronteras de
-Cataluña y Francia; que vaya para hacérselo presente el mismo Don
-Mariano Carnerero, encargado hasta ahora de esta comisión, haciendo
-su viaje con el mayor disimulo para que no se trascienda su objeto;
-que, para el caso de aceptar el duque esta oferta, hasta cuyo caso no
-deberá revelarse en Sicilia el asunto a nadie, lleve el comisionado
-cartas para nuestro ministro en Palermo, para el rey de Nápoles y para
-la duquesa de Orleans, madre; que se comunique desde luego todo a Don
-Enrique O’Donnell, general del ejército de Cataluña, y al coronel
-Don Luis Pons, encargándoles la reserva hasta la llegada del duque.
-Últimamente, para que de ningún modo pueda rastrearse el objeto de
-la comisión de Carnerero, se dispuso que se embarcase en Cádiz para
-Cartagena, donde se previene esté pronta una fragata de guerra que le
-conduzca a Palermo, y traiga al duque a Cataluña.»
-
-_Día 20 de junio._ «A las siete de la mañana llegó a Cádiz Don Mariano
-Carnerero, comisionado a Palermo para acompañar al duque de Orleans, en
-caso de venir, como lo había solicitado repetidas veces y con el mayor
-ahínco, a servir en la justa causa que defendía la España. Dijo que la
-fragata Venganza, en que venía el duque, iba a entrar en el puerto; que
-habían salido de Palermo, en 22 de mayo, y llegado a Tarragona, que era
-el puerto de su destino; que puntualmente hallaron la Cataluña en un
-lastimoso estado de convulsión y desaliento con la derrota del ejército
-delante de Lérida, la pérdida de esta plaza y el inesperado retiro que
-había hecho del ejército el general O’Donnell; que, sin embargo que en
-Tarragona fue recibido el duque con las mayores muestras de aceptación
-y de júbilo por el ejército y el pueblo, que su llegada reanimó las
-esperanzas de aquellas gentes, y que aún clamaban porque tomase el
-mando de las tropas, él juzgó no debía aceptar un mando que el gobierno
-de España no le daba, y que aun su permanencia en aquella provincia,
-en una circunstancia tan crítica, podría atraer sobre ella todos los
-esfuerzos del enemigo. En vista de todo, se determinó a venir con la
-fragata a Cádiz, a ponerse a las órdenes del gobierno. En efecto, el
-duque desembarcó, estuvo a ver a los miembros de la regencia, y a la
-noche se volvió a bordo.»
-
-_Día 28 de julio._ «El duque de Orleans se presentó inesperadamente al
-consejo de regencia, y leyó una memoria en que, tomando por fundamento
-que había sido convidado y llamado para venir a España a tomar el mando
-de un ejército en Cataluña, se quejaba de que habiendo pasado más de
-un mes después de su llegada, no se le hubiese cumplido una promesa
-tan solemne; que no se le hubiese hablado sobre ningún punto militar,
-ni aun contestado a sus observaciones sobre la situación de nuestros
-ejércitos, y que se le mantuviese en una ociosidad indecorosa. Se
-quiso conferenciar sobre los varios particulares que incluía el papel,
-y satisfacer a las quejas del duque; pero pidió se le respondiese
-por escrito, y la regencia resolvió se ejecutase así, reduciendo
-la respuesta a tres puntos: 1.º Que el duque no fue propiamente
-convidado sino admitido, pues habiendo hecho varias insinuaciones, y
-aun solicitudes, por sí y por su comisionado Don Nicolás de Broval,
-para que se le permitiese venir a los ejércitos españoles a defender
-los derechos de la augusta causa de Borbón, y habiendo manifestado
-el beneplácito de Luis XVIII y del rey de Inglaterra, se había
-condescendido a sus deseos con la generosidad que correspondía a su
-alto carácter; explicando la condescendencia en términos tan urbanos
-que más parecía un convite que una admisión. 2.º Que se ofreció dar
-al duque el mando de un ejército en Cataluña cuando nuestras armas
-iban boyantes en aquel principado y su presencia prometía felices
-resultados; pero que desgraciadamente su llegada a Tarragona se
-verificó en un momento crítico, cuando se había trocado la suerte de
-las armas, y se combinaron una multitud de obstáculos que impidieron
-cumplirle lo prometido, y que tal vez se hubieran allanado si el duque,
-no dándose tanta priesa a venir a Cádiz, hubiese permanecido allí algún
-tiempo más. 3.º Que el gobierno se ha ocupado y ocupa seriamente en
-proporcionarle el mando ofrecido, u otro equivalente; pero que las
-circunstancias no han cuadrado hasta ahora con sus medidas.»
-
-_Día 2 de agosto._ «A primera hora se trató acerca del Duque de
-Orleans, a quien por una parte se desea dar el mando del ejército,
-y por otra parte se halla la dificultad de que la Inglaterra hace
-oposición a ello. En efecto, el embajador Wellesley ha insinuado ya,
-aunque privadamente, que en el instante que a dicho duque se confiera
-cualquiera mando o intervención en nuestros asuntos militares o
-políticos, tiene orden de su corte para reclamarlo...»
-
-_Día 30 de septiembre._ «El duque de Orleans vino a la Isla de León y
-quiso entrar a hablar a las cortes; pero se excusaron de admitirle, y
-sin avisar ni darse por entendido con la regencia, se volvió en seguida
-a Cádiz. Casi al mismo tiempo se pasó orden al gobernador de aquella
-plaza para que con buen modo apresurase la ida del duque. Se recibió
-respuesta de este al oficio que se le pasó en nombre de las cortes,
-y decía en sustancia, en términos muy políticos, que se marcharía el
-miércoles 3 del próximo mes.»
-
-_Día 3 de octubre._ «A la noche se recibió parte de haberse hecho a
-la vela para Sicilia la fragata Esmeralda, que llevaba al duque de
-Orleans, y se comunicó inmediatamente a las cortes.»
-
-
-NÚMERO 13-7.
-
-Colección de los decretos y órdenes de las cortes, tom. 1.º, pág. 10.
-
-
-NÚMERO 13-8.
-
-Colección id., tomo 1.º, pág. 14 y siguientes.
-
-
-NÚMERO 13-9.
-
-Manifiesto manuscrito de la primera regencia.
-
-
-NÚMERO 13-10.
-
-Colección de los decretos y órdenes de las cortes, tomo 1.º, pág. 19.
-
-
-NÚMERO 13-11.
-
-Véase el manifiesto de la junta superior de Cádiz.
-
-
-NÚMERO 13-12.
-
-Colección de los decretos y órdenes de las cortes, tomo 1.º, pág. 32 y
-siguientes.
-
-
-NÚMERO 13-13.
-
-Colección id., tomo 1.º, pág. 37 y siguientes.
-
-
-NÚMERO 13-14.
-
-Diario de las discusiones y actas de las cortes, tomo 2.º, pág. 153 y
-siguientes.
-
-
-NÚMERO 13-15.
-
-Colección de las decretos y órdenes de las cortes, tomo 1.º, pág. 72 y
-73.
-
-
-FIN DEL TOMO III.
-
-
-
-
-ERRATAS
-
-DEL TOMO TERCERO.
-
-
- PÁGINAS. DICE. LÉASE.
-
- Pág. 48, lín. 5, internarse mas internarse más,
- Pág. 58, lín. 21, Zuaim Znaim
- Pág. 98, lín. 17, entubrió enturbió
- Pág. 117, lín. 12, combalecientes convalecientes
- Pág. 119, lín. 14, pariguelas parihuelas
- Pág. 120, lín. 8, Ocurieron Ocurrieron
- Pág. 171, lín. 15, campo campos
- Pág. 199, lín. 12, Casco casco
- Pág. 242, lín. 6, alcázar Alcázar
- Pág. 260, lín. 20, Saliolos Salioles
- Pág. 280, lín. 24, atrincheramientos, atrincheramientos;
- Pág. 299, lín. 31, requebrajáronse resquebrajáronse
- Pág. 358, lín. 5, mal de su agrado mal de su grado
- Pág. 370, lín. 28, da las de las
- Pág. 406, lín. 31, que les animaba que los animaba
- Pág. 425, lín. 25, a las que a los que
- Pág. 427, lín. 19, ajuntamiento ayuntamiento
- Pág. 432, lín. 2, Freybery Freyberg
- Pág. 438, lín. 15, partido de Caco partido de Coro
- Pág. 443, lín. 10, le había les había
- Pág. 445, lín. 4, quietos quitos
- Pág. 449, lín. 22, declarada del orador
- Pág. 450, lín. 6, las suyas los suyos
- Pág. 463, lín. 15, a callar a acallar
- Pág. 467, lín. 13, Gerdoa Gordoa
- Pág. 468, lín. 7, virud virtud
- Pág. 475, lín. 28, Resumimos Presumimos
- Pág. 476, lín. 6, Marlaix Morlaix
- _Ibid._ lín. 7, Mr. Maustier Mr. de Moustier
- Pág. 479, lín. 17, sútil sutil
- Pág. 480, lín. 17, encontado encontrado
- Pág. 486, lín. 30, «¿quien ¿quien
-
-
-APÉNDICES.
-
- Ap. lib. 11, n.º 1. τὺ τὸ
-
-
-
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-GUERRA Y REVOLUCIÓN DE ESPAÑA (3 DE 5) ***
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-Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary
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-</head>
-
-<body class="formato">
-<div lang='en' xml:lang='en'>
-<p style='text-align:center; font-size:1.2em; font-weight:bold'>The Project Gutenberg eBook of <span lang='es' xml:lang='es'>Historia del levantamiento, guerra y revolución de España (3 de 5)</span>, by Conde de Toreno</p>
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and
-most other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms
-of the Project Gutenberg License included with this eBook or online
-at <a href="https://www.gutenberg.org">www.gutenberg.org</a>. If you
-are not located in the United States, you will have to check the laws of the
-country where you are located before using this eBook.
-</div>
-</div>
-
-<p style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:1em; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Title: <span lang='es' xml:lang='es'>Historia del levantamiento, guerra y revolución de España (3 de 5)</span></p>
-<p style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:0; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Author: Conde de Toreno</p>
-<p style='display:block; text-indent:0; margin:1em 0'>Release Date: November 23, 2022 [eBook #69411]</p>
-<p style='display:block; text-indent:0; margin:1em 0'>Language: Spanish</p>
- <p style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:0; margin-left:2em; text-indent:-2em; text-align:left'>Produced by: Ramón Pajares Box and the Online Distributed Proofreading Team at https://www.pgdp.net (This file was produced from images generously made available by The Internet Archive/Canadian Libraries)</p>
-<div style='margin-top:2em; margin-bottom:4em'>*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK <span lang='es' xml:lang='es'>HISTORIA DEL LEVANTAMIENTO, GUERRA Y REVOLUCIÓN DE ESPAÑA (3 DE 5)</span> ***</div>
-
-<div class="front">
- <hr class="full">
- <p><a href="#Ch9">Libro IX</a></p>
- <p><a href="#Ch10">Libro X</a></p>
- <p><a href="#Ch11">Libro XI</a></p>
- <p><a href="#Ch12">Libro XII</a></p>
- <p><a href="#Ch13">Libro XIII</a></p>
- <p><a href="#Apend">Apéndices del tomo III</a></p>
- <p><a href="#Errata">Erratas del tomo III</a></p>
- <h1 class="faux">Historia del levantamiento, guerra y revolución de España (3 de 5)</h1>
-</div>
-
-<div class="transnote" id="tnote">
- <p class="tnotetit">Nota de transcripción</p>
- <ul>
- <li>Los errores de imprenta han sido corregidos.</li>
-
- <li>La ortografía del texto original ha sido modernizada de acuerdo con
- las normas publicadas en 2010 por la Real Academia Española.</li>
-
- <li>También han sido modernizados los topónimos y los nombres propios de
- persona, siempre que se han encontrado referencias bibliográficas.</li>
-
- <li>Se han incorporado las correcciones mencionadas en la fe de erratas
- aparecida en este tercer tomo.</li>
-
- <li>Se ha alterado la numeración de los apéndices para que incorporen
- el número del libro al que corresponden, obteniendo así una
- identificación única a lo largo de todos los tomos de la obra.</li>
-
- <li>Las páginas en blanco han sido eliminadas.</li>
- </ul>
-</div>
-
-
-<div class="screenonly x-ebookmaker-drop">
- <hr class="chap">
- <div class="figcenter">
- <img class="thin"
- style="width: 26em; height: auto;"
- src="images/cover.jpg"
- alt="Cubierta del libro">
- </div>
-</div>
-
-
-<div class="tit pt3">
- <hr class="chap">
- <p><span class="pagenum" id="Page_1">p. 1</span></p>
- <div class="figcenter">
- <img class="thick"
- style="width: 18em; height: auto;"
- src="images/title_half.jpg"
- alt="Portadilla del libro">
- </div>
- <p class="fs150 lh200 negr g0 mt05">HISTORIA</p>
- <p class="fs60 lh200">DEL</p>
- <p class="fs120 lh200 ws1">Levantamiento, Guerra y Revolución</p>
- <p class="fs120 lh200 ws1">de España.</p>
- <hr class="chap">
-</div>
-
-
-<div class="tit">
- <p><span class="pagenum" id="Page_3">p. 3</span></p>
- <p class="fs200 lh200 negr g0">HISTORIA</p>
- <p class="fs75 lh200">DEL</p>
- <p class="fs150 lh200 ws1">Levantamiento, Guerra y Revolución</p>
- <p class="fs130 lh200 g0 ws1">DE ESPAÑA</p>
-
- <p class="fs75 lh200 mt15">POR</p>
- <p class="fs120 lh200 g0 ws2">EL CONDE DE TORENO.</p>
-
- <div class="figcenter mt3">
- <img style="width: 8em; height: auto;"
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- alt="Elemento ornamental">
- <p class="fs110 negr g0 ws1 ptb03">TOMO III.</p>
- <img style="width: 8em; height: auto;"
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- alt="Elemento ornamental">
- </div>
-
- <p class="fs110 lh150 g0 mt3">Madrid:</p>
- <p class="lh150 asc ws1">IMPRENTA DE DON TOMÁS JORDÁN,</p>
- <p class="fs110 lh150">1835.</p>
-</div>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop">
-
-
-<div class="chapter pt6">
- <p><span class="pagenum" id="Page_4">p. 4</span></p>
-
- <div class="legal">
-
- <p>... quis nescit, primam esse historiæ legem, ne quid falsi dicere
- audeat? deinde ne quid veri non audeat? ne qua suspicio gratiæ sit in
- scribendo? ne qua simultatis?</p>
-
- <p class="firma"><span class="sc">Cicer.</span>, <i>De Oratore,
- lib. 2, c. 15.</i></p>
-
- </div>
-</div>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop">
-
-
-<div class="chapter">
- <p><span class="pagenum" id="Page_5">p. 5</span></p>
- <div class="figcenter">
- <img style="width: 26em; height: auto;"
- src="images/doble_filete.jpg"
- alt="Filete ornamental">
- </div>
- <p class="centra fs200 lh200 negr mt1">RESUMEN</p>
- <p class="centra smaller lh200">DEL</p>
- <p class="centra fs150 lh200 g1 ws1">LIBRO NOVENO.</p>
- <div class="figcenter mt05">
- <img style="width: 8em; height: auto;"
- src="images/separa2.jpg"
- alt="Motivo ornamental">
- </div>
-</div>
-
-<p class="resum"><span class="prim"><span
-class="gran">C</span>onducta</span> de la central después de
-Medellín. — Su decreto de 18 de abril. — Ideas añejas de algunos
-de sus individuos. — Repruébalas el gobierno inglés. — Fuerza que
-adquiere el partido de Jovellanos. — Proposición de Calvo de Rozas para
-convocar a cortes, 15 de abril. — Ensanche que se da a la imprenta.
-— Semanario patriótico. — Descontentos con la junta. — Infantado. —
-Don Francisco Palafox. — Montijo. — Alboroto que promueve el último
-en Granada, reprimido. — Discútese en la junta convocar a cortes. —
-Decídese convocar las cortes. — Decreto de 22 de mayo. — Efecto que
-produce en la opinión. — Restablecimiento de todos los consejos en uno
-solo. — Operaciones de los ejércitos. — Aragón. — Ríndese Jaca a los
-franceses. — El P. Consolación. — Pérdida de Monzón. — Son rechazados
-los franceses en Mequinenza. — <span class="pagenum" id="Page_6">p.
-6</span>Molina. — Pasa el 5.º cuerpo de Aragón a Castilla. — Suchet
-sucede a Junot en el mando de Aragón. — Formación del 2.º ejército
-español de la derecha. — Mándale Blake. — Reino de Valencia. — Reúne
-Blake el mando de toda la corona de Aragón. — Muévese Blake. —
-Conmociones en Aragón. — Albelda. — Tamarite. — Abandonan los franceses
-a Monzón. — En vano intentan recobrarle. — Ríndense 600 franceses.
-— Entra Blake en Alcañiz. — Va Suchet a su encuentro. — Batalla de
-Alcañiz. — Retírase Suchet a Zaragoza. — Situación crítica de Suchet.
-— Partidarios. — Adelántase Blake a Zaragoza. — Batalla de María.
-— Retírase Blake a Botorrita. — Retírase de Botorrita. — Batalla
-de Belchite. — Resultas desastradas de la batalla. — Pasa Blake a
-Cataluña. — Conspiración de Barcelona. — Suplicio de algunos patriotas.
-— Sucesos del mediodía de España. — Mariscal Victor. — Patriotismo
-de Extremadura. — Inacción de Victor. — Pasa Lapisse de tierra de
-Salamanca a Extremadura. — Entra en Alcántara. — Únense Lapisse y
-Victor. — Marchan contra Portugal. — Desisten de su intento. — Muévese
-Cuesta. — Partidarios de Extremadura y Toledo. — Vuelan los franceses
-el puente de Alcántara. — Ejército de la Mancha. — Va a su encuentro
-sin fruto José Bonaparte. — Campaña de Talavera. — Fuerzas que tomaron
-parte en ella. — Marcha Wellesley a Extremadura. — Planes diversos de
-los franceses. — Situación de Soult. — Cuesta en las Casas del Puerto.
-— Avístase allí con él Wellesley. — Plan que adoptan. — Medidas que
-había tomado la central. — Marcha adelante el ejército aliado. — <span
-class="pagenum" id="Page_7">p. 7</span>Propone Wellesley a Cuesta
-atacar. — Rehúsalo el general español. — Incomódase Wellesley. —
-Avanza solo Cuesta. — Reconcéntranse los franceses. — Avanza Wilson a
-Navalcarnero. — Peligro que corre el ejército de Cuesta. — Batalla de
-Talavera 27 y 28 de julio. — Severidad de Cuesta. — Recompensas que
-da la junta central y el gobierno inglés. — Retíranse los franceses a
-diversos puntos. — No sigue Wellington el alcance. — Motivos de ello.
-— Llega Soult a Extremadura. — Va Wellington a su encuentro. — Tropas
-que se agolpan al valle del Tajo. — Cuesta se retira de Talavera. —
-El ejército aliado se pone en la orilla izquierda del Tajo. — Paso
-del Arzobispo por los franceses. — Deja Cuesta el mando. — Sucédele
-Eguía. — Nuevas disposiciones de los franceses. — Encuéntranse Wilson
-y Ney en el puerto de Baños. — Extorsiones del ejército de Soult.
-— Muerte violenta del obispo de Coria. — Ejército de Venegas. — Su
-marcha. — Nómbrale la junta capitán general de Castilla la Nueva. Su
-incertidumbre. — Defiende el paso del Tajo en Aranjuez. — Batalla
-de Almonacid. — Retirada del ejército español. — Su dispersión. —
-Contestaciones con los ingleses sobre subsistencias. — Llegada a
-España del marqués de Wellesley. — Plan de subsistencias. — Conducta
-y tropelías del gobierno de José. — Opinión de Madrid. — Júbilo que
-allí hubo el día de Santa Ana. — Nuevos decretos de José. — Medidas
-económicas. — Plata de particulares. — Del palacio. — De iglesias.
-— Mr. Napier. — Cédulas hipotecarias. — Cédulas de indemnización y
-recompensa. — Otros decretos.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop">
-
-
-<div class="chapter" id="Ch9">
- <p><span class="pagenum" id="Page_9">p. 9</span></p>
- <div class="figcenter">
- <img style="width: 26em; height: auto;"
- src="images/doble_filete.jpg"
- alt="Filete ornamental">
- </div>
- <p class="centra fs150 lh150 negr g0 mt1">HISTORIA</p>
- <p class="centra fs60 lh150">DEL</p>
- <p class="centra fs120 lh150 asc ws1">LEVANTAMIENTO, GUERRA Y REVOLUCIÓN</p>
- <p class="centra fs120 lh150 ws1">de España.</p>
- <div class="figcenter mt05">
- <img style="width: 8em; height: auto;"
- src="images/separa4.jpg"
- alt="Motivo ornamental">
- </div>
- <h2 class="nobreak fs120 negr g0">LIBRO NOVENO.</h2>
- <hr class="tir">
-</div>
-
-<p class="ti0"><span class="prim"><span class="gran">E</span>l</span>
-querer llevar a término en el libro anterior la evacuación de Galicia
-y de Asturias, nos obligó a no detenernos en nuestra narración hasta
-tocar con los sucesos de aquellas provincias en el mes de agosto.
-Volveremos ahora atrás para contar otros no menos importantes que
-acaecieron en el centro del gobierno supremo y demás partes.</p>
-
-<div class="sidenote">Conducta<br> de la central<br> después<br> de
-Medellín.</div>
-
-<p>La rota de Medellín sobre el destrozo del ejército había causado en
-el pueblo de Sevilla mortales angustias por la siniestra voz esparcida
-de que la junta central se iba a Cádiz para<span class="pagenum"
-id="Page_10">p. 10</span> de allí trasladarse a América. Semejante
-nueva solo tuvo origen en los temores de la muchedumbre y en
-indiscretas expresiones de individuos de la central. Mas de estos
-los que eran de temple sereno y se hallaban resueltos a perecer
-antes que a abandonar el territorio peninsular, aquietaron a sus
-compañeros y propusieron un decreto publicado en 18 de abril, <span
-class="sidenote">Su decreto<br> de 18 de abril.</span> en el cual se
-declaraba que nunca «mudaría [la junta] su residencia, sino cuando el
-lugar de ella estuviese en peligro o alguna razón de pública utilidad
-lo exigiese.» Correspondió este decreto al buen ánimo que había la
-junta mostrado al recibir la noticia de la pérdida de aquella batalla,
-y a las contestaciones que por este tiempo dio a Sotelo, y que ya
-quedan referidas. Así puede con verdad decirse que desde entonces hasta
-después de la jornada de Talavera fue cuando obró aquel cuerpo con más
-dignidad y acierto en su gobernación.</p>
-
-<div class="sidenote">Ideas añejas<br> de algunos<br> de sus
-individuos.</div>
-
-<p>Antes algunos individuos suyos, si bien noveles repúblicos e hijos
-de la insurrección, continuaban tan apegados al estado de cosas de
-los reinados anteriores, que aun faltándoles ya el arrimo del conde
-de Floridablanca, a duras penas se conseguía separarlos de la senda
-que aquel había trazado; presentando obstáculos a cualquiera medida
-enérgica, y señaladamente a todas las que se dirigían a la convocación
-de cortes, o a desatar algunas de las muchas trabas de la imprenta.
-Apareció tan grande su obstinación que no solo provocó murmuraciones
-y desvío en la gente ilustrada, según en su lugar se apuntó, sino que
-también se disgustaron todas<span class="pagenum" id="Page_11">p.
-11</span> las clases; y hasta el mismo gobierno inglés, temeroso de que
-se ahogase el entusiasmo público, insinuó en una nota de 20 de julio
-de 1809 que [*] <span class="sidenote">Repruébalas<br> el gobierno<br>
-inglés.<br> (* Ap. n. <a href="#Ap_9-1" id="Ll_9-1">9-1</a>.)</span>
-«si se atreviera a criticar [son sus palabras] cualquiera de las cosas
-que se habían hecho en España, tal vez manifestaría sus dudas... de si
-no había habido algún recelo de soltar el freno... a toda la energía
-del pueblo contra el enemigo.»</p>
-
-<p>Tan universales clamores y los desastres, principal aunque costoso
-despertador de malos o poco advertidos gobiernos, hicieron abrir los
-ojos a ciertos centrales y dieron mayor fuerza e influjo al partido
-de Jovellanos, <span class="sidenote">Fuerza<br> que adquiere<br> el
-partido<br> de Jovellanos.</span> el más sensato y distinguido de
-los que dividían a la junta, y al cual se unió el de Calvo de Rozas,
-menor en número pero más enérgico e igualmente inclinado a fomentar y
-sostener convenientes reformas. Ya dijimos cómo Jovellanos fue quien
-primero propuso en Aranjuez llamar a cortes, y también cómo se difirió
-para más adelante tratar aquella cuestión. En vano con los reveses
-se intentó después renovarla, esquivándola asimismo, mientras vivió,
-el presidente conde de Floridablanca; a punto que no contento con
-hacer borrar el nombre de cortes que se hallaba inserto en el primer
-manifiesto de la central, rehusó firmar este, aun quitada aquella
-palabra, enojado con la expresión sustituida de que se restablecerían
-«las leyes fundamentales de la monarquía.» Rasgo que pinta lo aferrado
-que estaba en sus máximas el antiguo ministro.</p>
-
-<div class="sidenote">Proposición<br> de Calvo de Rozas para
-convocar<br> a cortes,<br> 15 de abril.</div>
-
-<p>Ahora, muerto el conde y algún tanto ablandados los partidarios
-de sus doctrinas, osó Calvo<span class="pagenum" id="Page_12">p.
-12</span> de Rozas proponer de nuevo, en 15 de abril, el que se
-convocase la nación a cortes. Hubo vocales que todavía anduvieron
-reacios, mas estando la mayoría en favor de la proposición, fue esta
-admitida a examen; debiendo antes discutirse en las diversas secciones
-en que para preparar sus trabajos se distribuía la junta.</p>
-
-<div class="sidenote">Ensanche<br> que se da<br> a la
-imprenta.<br>Semanario<br> patriótico.</div>
-
-<p>Por el mismo tiempo diose algún ensanche a la imprenta, y se
-permitió la continuación del periódico intitulado <i>Semanario
-patriótico</i>, obra empezada en Madrid por Don Manuel Quintana, y
-que los contratiempos militares habían interrumpido. Tomáronla en la
-actualidad a su cargo Don I. Antillón y Don J. Blanco, mereciendo este
-hecho particular mención por el influjo que ejerció en la opinión aquel
-periódico, y por haberse tratado en él con toda libertad, y por primera
-vez en España, graves y diversas materias políticas.</p>
-
-<div class="sidenote">Descontentos<br> con la junta.</div>
-
-<p>Mudado y mejorado así el rumbo de la junta, aviváronse las
-esperanzas de los que deseaban unir a la defensa de la patria el
-establecimiento de buenas instituciones, y se reprimieron aviesas miras
-de descontentos y perturbadores. Contábanse entre los últimos muchos
-que estaban en opuestos sentidos, divisándose, al par de individuos del
-consejo, otros de las juntas, y amigos de la inquisición al lado de
-los que lo eran de la libertad de imprenta. Desabrido por lo menos se
-mostró el duque del Infantado, <span class="sidenote">Infantado.</span>
-no olvidando la preferencia que se daba a Venegas, rival suyo
-desde la jornada de Uclés. <span class="sidenote">D. Francisco de
-Palafox.</span> Creíase que no ignoraba los manejos y amaños en que
-ya entonces andaban Don Francisco de Palafox<span class="pagenum"
-id="Page_13">p. 13</span> y el conde del Montijo, <span
-class="sidenote">Montijo.</span> persuadido el primero de que bastaba
-su nombre para gobernar el reino, y arrastrado el segundo de su índole
-inquieta y desasosegada.</p>
-
-<div class="sidenote">Alboroto<br> que promueve<br> el último<br> en
-Granada,<br> reprimido.</div>
-
-<p>Centellearon chispas de conjuración en Granada, a donde el del
-Montijo, teniendo parciales, había acudido para enseñorearse de la
-ciudad. Acompañole en su viaje el general inglés Doyle; y el conde,
-atizador siempre oculto de asonadas, movió el 16 de abril un alboroto
-en que corrieron las autoridades inminente peligro. La pérdida de estas
-hubiera sido cierta si el del Montijo al llegar al lance no desmayara,
-según su costumbre, temiendo ponerse a la cabeza de un regimiento
-ganado en favor suyo y de la plebe amotinada. La junta provincial,
-habiendo vuelto del sobresalto, recobró su ascendiente y prendió a
-los principales instigadores. Mal lo hubiera pasado su encubierto
-jefe, si, a ruegos de Doyle, a quien escudaba el nombre de inglés, no
-se le hubiera soltado con tal que se alejara de la ciudad. Pasó el
-conde a Sanlúcar de Barrameda, y no renunció ni a sus enredos ni a sus
-tramas. Pero con el malogro de la urdida en Granada desvaneciéronse por
-entonces las esperanzas de los enemigos de la central, conteniéndolos
-también la voz pública, que pendiente de la convocación de cortes y
-temerosa de desuniones quería más bien apoyar al gobierno supremo, en
-medio de sus defectos, que dar pábulo a la ambición de unos cuantos,
-cuyo verdadero objeto no era el procomunal.</p>
-
-<div class="sidenote">Discútese<br> en la junta<br> convocar<br> a
-cortes.</div>
-
-<p>Mientras tanto, examinada en las diversas secciones de la junta
-la proposición de Calvo de<span class="pagenum" id="Page_14">p.
-14</span> llamar a cortes, pasose a deliberar sobre ella en junta
-plena. Suscitáronse en su seno opiniones varias, siendo de notar
-que los individuos que había en aquel cuerpo más respetables por su
-riqueza, por sus luces y anteriores servicios sostuvieron con ahínco
-la proposición. De su número fueron el presidente marqués de Astorga,
-el bailío Don Antonio Valdés, Don Gaspar de Jovellanos, Don Martín de
-Garay y el marqués de Campo Sagrado. Alabose mucho el voto del último
-por su concisión y firmeza. Explayó Jovellanos el suyo con la erudición
-y elocuencia que le eran propias; mas excedió a todos en libertad y
-en el ensanche que quería dar a la convocatoria de cortes el bailío
-Valdés, asentando que salvo la religión católica y la conservación de
-la corona en las sienes de Fernando VII, no deberían dejar aquellas
-institución alguna ni ramo sin reformar, por estar todos viciados y
-corrompidos. Dictámenes que prueban hasta qué punto ya entonces reinaba
-la opinión de la necesidad y conveniencia de juntar cortes entre las
-personas señaladas por su capacidad, cordura y aun aversión a excesos
-populares.</p>
-
-<p>Aparecieron como contrarios a la proposición Don José García de la
-Torre, Don Sebastián Jócano, D. Rodrigo Riquelme y D. Francisco Javier
-Caro. Abogado el primero de Toledo, magistrados los otros dos de poco
-crédito por su saber, y el último mero licenciado de la universidad de
-Salamanca, no parecía que tuviesen mucho que temer de las cortes ni de
-las reformas que resultasen, y sin embargo se oponían a su reunión,
-al paso que la apoyaban los<span class="pagenum" id="Page_15">p.
-15</span> hombres de mayor valía, y que pudieran con más razón
-mostrarse más asombradizos. <span class="sidenote">Decídese<br>
-convocar<br> las cortes.</span> A pesar de los encontrados dictámenes
-se aprobó por la gran mayoría de la junta la proposición de Calvo y se
-trató luego de extender el decreto.</p>
-
-<p>Al principio presentose una minuta arreglada al voto del bailío
-Valdés, mas conceptuando que sus expresiones eran harto libres, y aun
-peligrosas en las circunstancias, y alegando de fuera y por su parte
-el ministro inglés Frere razones de conveniencia política, variose el
-primer texto, acordando en su lugar otro decreto que se publicó con
-fecha de 22 de mayo,[2] <span class="sidenote">Decreto<br> de 22 de
-mayo.<br> (* Ap. n. <a href="#Ap_9-2" id="Ll_9-2">9-2</a>.)</span>
-y en el que se limitaba la junta a anunciar «el restablecimiento de
-la representación legal y conocida de la monarquía en sus antiguas
-cortes, convocándose las primeras en el año próximo, o antes si las
-circunstancias lo permitiesen.» Decreto tardío y vago, pero primer
-fundamento del edificio de libertad que empezaron después a levantar
-las cortes congregadas en Cádiz.</p>
-
-<p>Disponíase también, por uno de sus artículos, que una comisión
-de cinco vocales de la junta se ocupase en reconocer y preparar
-los trabajos necesarios para el modo de convocar y formar las
-primeras cortes, debiéndose además consultar acerca de ello a varias
-corporaciones y personas entendidas en la materia.</p>
-
-<div class="sidenote">Efecto<br> que produce<br> en la opinión.</div>
-
-<p>El no determinarse día fijo para la convocación, el adoptar el
-lento y trillado camino de las consultas, y el haber sido nombrados
-para la comisión indicada, con los señores arzobispo de Laodicea,
-Castanedo y Jovellanos, los señores Riquelme y Caro, enemigos de la
-resolución,<span class="pagenum" id="Page_16">p. 16</span> excitó la
-sospecha de que el decreto promulgado no era sino engañoso señuelo para
-atraer y alucinar; por lo que su publicación no produjo en favor de la
-central todo el fruto que era de esperarse.</p>
-
-<div class="sidenote">Restablecimiento<br> de todos<br> los
-consejos<br> en uno solo.</div>
-
-<p>Poco después disgustó igualmente el restablecimiento de todos los
-consejos: a sus adversarios por juzgar aquellos cuerpos, particularmente
-al de Castilla, opuestos a toda variación o mejora, a sus amigos
-por el modo como se restablecieron. Según decreto de 3 de marzo,
-debía instalarse de nuevo el consejo real y supremo de Castilla,
-reasumiéndose en él todas las facultades que, tanto por lo respectivo
-a España como por lo tocante a Indias, habían ejercido hasta aquel
-tiempo los demás consejos. Por entonces se suspendió el cumplimiento de
-este decreto, y solo en 25 de junio se mandó llevar a debido efecto.
-La reunión y confusión de todos los consejos en uno solo fue lo que
-incomodó a sus individuos y parciales, y la junta no tardó en sentir de
-cuán poco le servía dar vida y halagar a enemigo tan declarado.</p>
-
-<p>A pesar de esta alternativa de varias y al parecer encontradas
-providencias, la junta central, repetimos, se sostuvo desde el abril
-hasta el agosto de 1809 con más séquito y aplauso que nunca; a lo que
-también contribuyó no solo haber sido evacuadas algunas provincias
-del norte, sino el ver que después de las desgracias ocurridas se
-levantaban de nuevo y con presteza ejércitos en Aragón, Extremadura y
-otras partes.</p>
-
-<div class="sidenote">Operaciones<br> de los ejércitos.<br>
-Aragón.</div>
-
-<p>Rendida Zaragoza, cayó por algún tiempo en<span class="pagenum"
-id="Page_17">p. 17</span> desmayo el primero de aquellos reinos.
-Conociéronlo los franceses, y para no desaprovechar tan buena
-oportunidad, trataron de apoderarse de las plazas y puntos importantes
-que todavía no ocupaban. De los dos cuerpos suyos que estuvieron
-presentes al sitio de Zaragoza, se destinó el 5.º a aquel objeto,
-permaneciendo el 3.º en la ciudad, cuyos escombros aún ponían espanto
-al vencedor. Hubieran querido los enemigos enseñorearse de una vez de
-Jaca, Monzón, Benasque y Mequinenza. Mas, a pesar de su conato, no se
-hicieron dueños sino de las dos primeras plazas, aprovechándose de la
-flaqueza de las fortificaciones y falta de recursos, y empleando otros
-medios además de la fuerza.</p>
-
-<div class="sidenote">Ríndese Jaca<br> a los franceses.</div>
-
-<p>Salió para Jaca el ayudante Fabre, del estado mayor, llevando
-consigo el regimiento 34.º y un auxiliar de nuevo género, que desdecía
-del pensar y costumbres de los militares franceses. Era pues este
-un fraile agustino, de nombre fray José de la Consolación, <span
-class="sidenote">El Padre<br> Consolación.</span> misionero tenido
-en la tierra en gran predicamento, mas de aquellos cuyo traslado con
-tanta maestría nos ha delineado el festivo y satírico padre Isla.
-El 8 de marzo entró el fray José en la plaza, y la elocuencia que
-antes empleaba, si bien con poca mesura, por lo menos en respetables
-objetos, sirviole ahora para pregonar su misión en favor de los
-enemigos de la patria, no siendo aquella la sola ocasión en que los
-franceses se valieron de frailes y de medios análogos a los que
-reprendían en los españoles. Convocó a junta el padre Consolación a
-las autoridades y a otros religiosos, y saliéndole vanas por esta vez
-sus <span class="pagenum" id="Page_18">p. 18</span>predicaciones,
-fomentó en secreto, ayudado de algunos, la deserción, la cual creció
-en tanto grado que no quedando dentro sino poquísimos soldados, tuvo
-el 21 que rendirse el teniente-rey Don Francisco Campos, que hacía de
-gobernador. Aunque no fuese Jaca plaza de grande importancia por su
-fortaleza, éralo por su situación que impedía comunicarse con Francia.
-Desacreditose en Aragón el fraile misionero, prevaleciendo sobre el
-fanatismo el odio a la dominación extranjera.</p>
-
-<div class="sidenote">Pérdida<br> de Monzón.</div>
-
-<p>Perdiose Monzón a principios de marzo. Había el 1.º del mes llegado
-a sus muros el marqués de Lazán, procedente de Cataluña y acompañado de
-la división de que hablamos anteriormente. Adelantose a la sierra de
-Alcubierre, hasta que sabedor de la rendición de Zaragoza y de que los
-franceses se acercaban, retrocedió al cuarto día. Don Felipe Perena, a
-quien había dejado en Berbegal, tampoco tardó en retirarse a Monzón, en
-donde luego apareció con su brigada el general Girard. Informado Lazán
-de que el francés traía respetable fuerza, caminó la vuelta de Tortosa,
-y viéndose solo el gobernador de Monzón, Don Rafael de Anseátegui,
-desamparó con toda su gente el castillo, evacuando igualmente la villa
-los vecinos.</p>
-
-<div class="sidenote">Son rechazados<br> los franceses<br> en
-Mequinenza.</div>
-
-<p>No salieron los franceses tan lucidos en otras empresas que en
-Aragón intentaron, a pesar del abatimiento que había sobrecogido a
-sus habitantes. El mariscal Mortier, jefe, como sabe el lector, del
-5.º cuerpo, quiso apoderarse en persona y de rebate de Mequinenza,
-villa solo amparada de un muro antiguo y de un mal castillo,<span
-class="pagenum" id="Page_19">p. 19</span> pero de alguna importancia
-por ser llave hacia aquella parte del Ebro, y tener su asiento en donde
-este río y el Segre se juntan en una madre. Tres tentativas hicieron en
-marzo los enemigos contra la villa: en todas ellas fueron repelidos,
-auxiliando a los de Mequinenza los vecinos de la Granja, pueblo catalán
-no muy distante.</p>
-
-<p>Extendiéronse igualmente los franceses vía de Valencia hasta
-Morella, de donde, exigidas algunas contribuciones, se replegaron a
-Alcañiz. Por el mediodía de Aragón se enderezaron a Molina, <span
-class="sidenote">Molina.</span> enojados del brío que mostraban los
-naturales, quienes, bajo la buena guía de su junta, habían atacado el
-22 de marzo y ahuyentado en Truecha 300 infantes y caballos de los
-contrarios. Por ello, y por verse así cortada la comunicación entre
-Madrid y Zaragoza, dirigiéronse los últimos en gran número contra
-Molina, de lo que, advertida su junta, se recogió a cinco leguas en las
-sierras del señorío. Todos los vecinos desampararon la villa, cuyo
-casco ocuparon los franceses, mas solo por pocos días.</p>
-
-<div class="sidenote">Pasa el 5.º cuerpo<br> de Aragón<br> a
-Castilla.</div>
-
-<p>Napoleón, en tanto, creyendo que los aragoneses estaban sometidos
-con la caída de Zaragoza, e importándole acudir a Castilla a fin de
-proseguir las operaciones contra los ingleses, determinó que el 5.º
-cuerpo marchase a últimos de abril del lado de Valladolid, poniéndole
-después así como al 2.º y 6.º, según ya se dijo, bajo el mando supremo
-del mariscal Soult.</p>
-
-<div class="sidenote">Suchet sucede<br> a Junot<br> en el mando<br> de
-Aragón.</div>
-
-<p>Quedó, por consiguiente, para guardar a Aragón solo el tercer cuerpo
-regido por el general Junot,<span class="pagenum" id="Page_20">p.
-20</span> quien permaneció allí corto tiempo, habiendo caído enfermo,
-y no juzgándosele capaz de gobernar por sí país tan desordenado y poco
-seguro. Sucediole Suchet, que estaba al frente de una de las divisiones
-del 5.º cuerpo, y dejando dicho general a Mortier en Castilla, volvió
-a Zaragoza y se encargó del mando de la provincia y del tercer cuerpo,
-cuya fuerza se hallaba reducida con las pérdidas experimentadas en el
-sitio de aquella ciudad y con las enfermedades, notándose además en sus
-filas muy menguada la virtud militar. Llegó el 19 de marzo a Zaragoza
-el general Suchet con la esperanza de que tendría suficiente espacio
-para restablecer el orden y la disciplina sin ser incomodado por los
-españoles.</p>
-
-<div class="sidenote">Formación del 2.º<br> ejército español<br> de la
-derecha.</div>
-
-<p>Mas engañose, habiendo la junta central acordado con laudable
-previsión medidas de que luego se empezó a recoger el fruto. Debe
-mirarse como la más principal la de haber ordenado a mediados de abril
-la formación de un segundo ejército de la derecha que se denominaría de
-Aragón y Valencia, y cuyo objeto fuese cubrir las entradas de la última
-provincia e incomodar a los franceses en la otra. Confiose el mando a
-Don Joaquín Blake, <span class="sidenote">Mándale Blake.</span> que se
-hallaba en Tortosa, habiéndole la central poco antes enviado a Cataluña
-bajo las órdenes de Reding, quien, a su arribo, le destinó a aquella
-plaza para mandar la división de Lazán acuartelada en su recinto. El
-nuevo ejército debía componerse de esta misma división que constaba de
-4 a 5000 hombres, y de las fuerzas que aprontase Valencia.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_21">p. 21</span></p>
-
-<div class="sidenote">Reino<br> de Valencia.</div>
-
-<p>Rica y populosa esta provincia, hubiera en verdad podido coadyuvar
-grandemente a aquel objeto, si reyertas interiores no hubieran en parte
-inutilizado los impulsos de su patriotismo. Habíase su territorio
-mantenido libre de enemigos desde el junio del año anterior. Continuaba
-a su frente la primera junta, que era sobrado turbulenta, y permaneció
-mucho tiempo mandando como capitán general el conde de la Conquista,
-hombre no muy entusiasmado por la causa nacional, que consideraba
-perdida. En diciembre de 1808 se recogió allí desde Cuenca, hasta donde
-había acompañado al ejército del centro, Don José Caro, y con él una
-corta división. Luego que llegó este a Valencia fue nombrado segundo
-cabo, y prontamente se aumentaron los piques y sinsabores, queriendo
-el Don José reemplazar en el mando al de la Conquista. No cortó la
-discordia el barón de Sabasona, individuo de la central enviado a aquel
-reino en calidad de comisario: buen patricio, pero ignorante, terco
-y de fastidiosa arrogancia, no era propio para conciliar voluntades
-desunidas ni para imponer el debido respeto. Anduvieron pues sueltas
-mezquinas pasiones, hasta que por fin en abril de 1809 consiguió Caro
-su objeto, sin que por eso se ahogase, conforme después veremos, la
-semilla de enredos echada en aquel suelo por hombres inquietos. Así fue
-que Valencia, a pesar de sus muchos y variados recursos, y de tener cerca
-a Murcia, libre también de enemigos y sujeta en lo militar a la misma
-capitanía general, no ayudó por de pronto a Blake con otra fuerza que
-la de ocho batallones apostados<span class="pagenum" id="Page_22">p.
-22</span> en Morella a las órdenes de Don Pedro Roca.</p>
-
-<div class="sidenote">Reúne Blake<br> el mando<br> de toda la
-corona<br> de Aragón.</div>
-
-<p>Con estos, y la división mencionada de Lazán, empezó a formar Don
-Joaquín Blake el segundo ejército de la derecha. Entonces solo
-trató de disciplinarlos, contentándose con establecer una línea
-de comunicación sobre el río Algas, y otra del lado de Morella.
-Mas poco después, animado con que la central hubiese añadido a su
-mando el de Cataluña, vacante por muerte de Reding, y sabedor de
-que la fuerza francesa en Aragón se había reducido a la del tercer
-cuerpo, como también que muchos de aquellos moradores se movían,
-<span class="sidenote">Muévese Blake.</span> resolvió obrar antes
-de lo que pensaba, saliendo de Tortosa el 7 de mayo. Manifestáronse
-los primeros síntomas de levantamiento hacia Monzón. <span
-class="sidenote">Conmociones<br> en Aragón.</span> Sirvieron de
-estímulo las vejaciones y tropelías que cometían en Barbastro y orillas
-del Cinca las tropas del general Habert. Dio la señal en principios
-de mayo la villa de Albelda, <span class="sidenote">Albelda.</span>
-negándose a pagar las contribuciones y repartimientos que le habían
-impuesto. Enviaron los franceses gente para castigar tal osadía; mas
-protegidos los habitantes por 700 hombres que de Lérida envió el
-gobernador Don José Casimiro Lavalle, a las órdenes de los coroneles
-Don Felipe Perena y Don Juan Baget, no solo se libertaron del azote
-que los amagaba, <span class="sidenote">Tamarite.</span> sino que
-también consiguieron escarmentar en Tamarite a los enemigos, cuyo
-mayor número se retiró a Barbastro, quedando unos 200 en Monzón. <span
-class="sidenote">Abandonan<br> los franceses<br> a Monzón.</span>
-Alentados con el suceso los naturales de esta villa, y cansados del
-yugo extranjero, levantáronse contra sus opresores y los obligaron a
-retirarse de sus hogares.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_23">p. 23</span>Necesario era que
-los franceses vengasen tamaña afrenta. Dirigieron, pues, crecida fuerza
-a lo largo de la derecha del Cinca, y el 16 cruzaron este río por el
-vado y barca del Pomar. <span class="sidenote">En vano intentaron
-recobrarle.</span> Atacaron a Monzón, que guarnecía, con un reducido
-batallón y un tercio de miqueletes, Don Felipe Perena: creían ya los
-enemigos seguro el triunfo, cuando fueron repelidos y aun desalojados
-del lugar del Pueyo. Insistieron al día siguiente en su propósito, y
-hasta penetraron en las calles de Monzón; pero acudiendo a tiempo desde
-Fonz Don Juan Baget, tuvieron que retirarse con pérdida considerable.
-Escarmentados de este modo pidieron socorro a Barbastro, de donde
-salieron con presteza en su ayuda 2000 hombres. Desgraciadamente para
-ellos, el Cinca, hinchándose con las avenidas, salió de madre y les
-impidió vadear sus aguas. Separados por este incidente, y sin poder
-comunicarse los franceses de ambas orillas, conocieron su peligro los
-que ocupaban la izquierda, y para evitarle corrieron hacia Albalate
-en busca del puente de Fraga. Había antes previsto su movimiento el
-gobernador español de Lérida, y se encontraron con que aquel paso
-estaba ya atajado. Revolvieron entonces sobre Fonz y Estadilla,
-queriendo repasar el Cinca del lado de las montañas situadas en la
-confluencia del Esera. Hostigados allí por todos lados, faltos de
-recursos y sin poder recibir auxilio de sus compañeros de la margen
-derecha, <span class="sidenote">Ríndense<br> 600 franceses.</span>
-tuvieron que rendirse estos que en vano habían recorrido toda la
-izquierda, entregándose prisioneros el 21 de mayo a los jefes
-Perena y Baget, en número de unos 600 hombres.<span class="pagenum"
-id="Page_24">p. 24</span> Encendiose más y más con hecho tan glorioso
-la insurrección del paisanaje, y fue estimulado Blake a acelerar sus
-movimientos.</p>
-
-<div class="sidenote">Entra Blake<br> en Alcañiz.</div>
-
-<p>Ya este general después de su salida de Tortosa se había aproximado
-a la división francesa que en Alcañiz y sus alrededores mandaba el
-general Laval, obligándole a evacuar aquella ciudad el 18 del mes de
-mayo. Los enemigos todavía no tenían por allí numerosa fuerza, pues
-dicha división no permanecía entera y reunida en un punto, sino que,
-acantonada, se extendía hasta Barbastro, mediando el Ebro entre sus
-esparcidos trozos. Nada hubiera importado a los franceses semejante
-desparramamiento si no perdieran a Monzón, y si impensadamente no
-se hubiera aparecido Don Joaquín Blake, cuyos dos acontecimientos
-supiéronse en Zaragoza el 20 a la propia sazón que Suchet acababa de
-tomar el mando.</p>
-
-<div class="sidenote">Va Suchet<br> a su encuentro.</div>
-
-<p>Se desvanecieron por consiguiente los planes de este general de
-mejorar el estado de su ejército antes de obrar, y en breve se preparó
-a ir a socorrer a su gente. Dejó en Zaragoza pocas tropas, y llevando
-consigo la mayor parte de la segunda división marchó a reforzar la
-primera del mando de Laval, que se reconcentraba en las alturas de
-Híjar. Juntas ambas ascendían a unos 8000 hombres, de los que 600 eran
-de caballería. Arengó Suchet a sus tropas, recordoles pasadas glorias,
-y yendo adelante se aproximó a Alcañiz, en donde ya estaba apostado Don
-Joaquín Blake. Contaba por su parte el general español, reunidas que
-fueron las divisiones valenciana de Morella y aragonesa de Tortosa,
-8176 infantes y 481 caballos.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_25">p. 25</span></p>
-
-<div class="sidenote">Batalla<br> de Alcañiz.</div>
-
-<p>La derecha al mando de Don Juan Carlos de Aréizaga se alojaba en el
-cerro de los Pueyos de Fórnoles; la izquierda gobernada por Don Pedro
-Roca permaneció en el cabezo o cumbre baja de Rodriguer, situándose el
-centro en el de Capuchinos a las inmediatas órdenes del general en jefe
-y de su segundo el marqués de Lazán. Corría a la espalda del ejército
-el río Guadalope, y más allá se descubría colocada en un recuesto la
-ciudad de Alcañiz.</p>
-
-<p>A las seis de la mañana del 23 aparecieron los enemigos por el
-camino de Zaragoza, retirándose a su vista la vanguardia española
-que regía Don Pedro Tejada. Pusieron aquellos su primer conato
-en apoderarse de la ermita de Fórnoles, atacando el cerro por el
-frente y flanco derecho, al mismo tiempo que ocupaban las alturas
-inmediatas. Contestaron con acierto los nuestros a sus fuegos, y
-repelieron después con serenidad y vigorosamente una columna sólida
-de 900 granaderos, que marchaba arma al brazo y con grande algazara.
-Queriendo entonces el general Blake causar diversión al enemigo,
-envió contra su centro un trozo de gente escogida al mando de Don
-Martín de Menchaca. No estorbó esta atinada resolución el que Suchet
-repitiese sus ataques para enseñorearse de la ermita de Fórnoles,
-si bien infructuosamente, alcanzando gloria y prez Aréizaga y los
-españoles que defendían el puesto. Enojados los franceses al ver cuán
-inútiles eran sus esfuerzos, revolvieron sobre Menchaca, que acometido
-por superiores fuerzas tuvo que recogerse al cerro de la mencionada
-ermita. Extendiose en seguida<span class="pagenum" id="Page_26">p.
-26</span> la pelea al centro e izquierda española, avanzando una
-columna enemiga por el camino de Zaragoza con tal impetuosidad que
-por de pronto todo lo arrolló. Mandábala el general francés Fabre, y
-sus soldados llegaron al pie de las baterías españolas del centro, en
-donde los contuvo y desordenó el fuego vivísimo de los infantes, y el
-bien acertado a metralla de la artillería que gobernaba Don Martín
-García Loigorri. Rota y deshecha esta columna, tuvieron los enemigos
-que replegarse, dejando el camino de Zaragoza cubierto de cadáveres.
-Nuestras tropas picaron algún trecho su retirada, y no insistió Blake
-en el perseguimiento por la desconfianza que le inspiraba su propia
-caballería que anduvo floja en aquella jornada. Perdieron los españoles
-de 200 a 300 hombres: los franceses unos 800, quedando herido levemente
-en un pie el general Suchet. <span class="sidenote">Retírase Suchet<br>
-a Zaragoza.</span> Prosiguieron los últimos por la noche su marcha
-retrógrada, y tal era el terror infundido en sus filas que esparcida
-la voz de que llegaban los españoles echaron sus soldados a correr, y
-mezclados y en confusión llegaron a Samper de Calanda. Avergonzados con
-el día volvieron en sí, y pudo Suchet recogerse a Zaragoza, cuyo suelo
-pisó de nuevo el 6 de junio.</p>
-
-<p>Satisfecho Blake de haber reanimado a sus tropas con la victoria
-alcanzada, limitose durante algunos días a ejercitarlas en las
-maniobras militares, mudando únicamente de acantonamientos. La junta de
-Valencia acudió en su auxilio con gente y otros socorros, y la central
-estableciendo un parte o correo extraordinario dos veces por semana,
-mantuvo activa correspondencia,<span class="pagenum" id="Page_27">p.
-27</span> remitiendo en oro y por conducto tan expedito los suficientes
-caudales. Reforzado el general Blake y con mayores recursos se movió
-camino de Zaragoza, confiado también en que el entusiasmo de las tropas
-supliría hasta cierto punto lo que les faltase de aguerridas.</p>
-
-<p>Por su parte el general Suchet tampoco desperdició el tiempo que le
-había dejado su contrario, pues acampando su gente en las inmediaciones
-de Zaragoza, procuró destruir las causas que habían algún tanto
-corrompido la disciplina. <span class="sidenote">Situación crítica<br>
-de Suchet.</span> Formó igualmente con objeto de evitar cualquiera
-sorpresa atrincheramientos en Torrero y a lo largo de la acequia,
-barreó el arrabal, mejoró las fortificaciones de la Aljafería, y envió
-camino de Pamplona lo más embarazoso de la artillería y del bagaje.</p>
-
-<p>En las apuradas circunstancias que le rodeaban no solo
-tenía que prevenirse contra los ataques de Blake, sino
-también contra las asechanzas de los habitantes, <span
-class="sidenote">Partidarios.</span> y los esfuerzos de varios
-partidarios. De estos se adelantó orillas del Jalón un cuerpo franco
-de 1000 hombres al mando del coronel Don Ramón Gayán, y por el lado de
-Monzón e izquierda del Ebro acercose al puente del Gállego el brigadier
-Perena. De suerte que otro descalabro como el de Alcañiz bastaba para
-que tuviesen los franceses que evacuar a Zaragoza, y dejar libre el
-reino de Aragón.</p>
-
-<p>Afanado así el general Suchet y lleno de zozobra ocupábase sobre
-todo en averiguar las operaciones de Don Joaquín Blake, cuando supo que
-este se aproximaba. Preparose pues a recibirle, y dejando la caballería
-en el Burgo, distribuyó<span class="pagenum" id="Page_28">p. 28</span>
-los peones entre el monte Torrero y el monasterio de Santa Fe, camino
-de Madrid, al paso que destacó a Muel al general Fabre con 1200
-hombres.</p>
-
-<div class="sidenote">Adelántase Blake<br> a Zaragoza.</div>
-
-<p>El ejército español proseguía su movimiento, y engrosadas sus filas
-con nuevas tropas reunidas de varias partes, pasaba su número de 17.000
-hombres. De ellos hallábase el 13 avanzada en Botorrita la división de
-Don Juan Carlos de Aréizaga, estando en Fuendetodos con los demás Don
-Joaquín Blake. Noticioso este general de que Fabre se había adelantado
-de Muel a Longares, apresuró su marcha en la misma tarde con intento de
-coger al francés entre sus tropas y las de Aréizaga. Mas aquel viéndose
-cortado del lado de Zaragoza, abandonó un convoy de víveres, y se
-retiró a Plasencia de Jalón. Inútilmente corrió en su ayuda la segunda
-división francesa, que ni pudo abrir la comunicación ni apoderarse
-del puesto que en Botorrita ocupaba Aréizaga, teniendo al fin que
-replegarse sabedora de que venía sobre ella el grueso del ejército
-español.</p>
-
-<p>Cerciorado de lo mismo el general Suchet y resuelto a combatir, tomó
-sus disposiciones. La fuerza con que contaba ascendía a unos 12.000
-hombres, debiéndose juntar en breve dos regimientos procedentes de
-Tudela, y Fabre que desde Plasencia caminaba a Zaragoza. La disciplina
-de sus soldados se había mejorado, mostrándose más serenos y animados
-que en Alcañiz.</p>
-
-<div class="sidenote">Batalla de María.</div>
-
-<p>En la mañana del 15 el general Blake, luego que llegó a María,
-distante dos leguas y media de Zaragoza, pasó más allá y cruzó el
-arroyo<span class="pagenum" id="Page_29">p. 29</span> que pasa por
-delante de aquel pueblo. Su ejército estaba distribuido en columnas
-mandadas por coroneles, y le colocó sobre unas lomas repartido en dos
-líneas. La primera de estas la mandaba Don Pedro Roca, y en ella se
-mantuvo desde el principio Don Joaquín Blake. Estaba al frente de la
-segunda el marqués de Lazán. Situose sobre la derecha, que era la parte
-más llana, la caballería, capitaneada por el general Odonojú con algunos
-infantes, apoyándose en el Huerba, cuyas dos orillas ocupaba. La fuerza
-allí presente no pasaba de 12.000 hombres, continuando destacada en
-Botorrita la división de Aréizaga compuesta de 5000 combatientes.</p>
-
-<p>Enfrente, y a corta distancia del nuestro, se divisaba el ejército
-francés, guiado por su general Suchet. Los españoles permanecían
-quietos en su puesto, y los enemigos no se apresuraron a empeñar la
-acción hasta las dos de la tarde que les llegó el refuerzo de los
-regimientos de Tudela. Entonces habiendo dejado de antemano en Torrero
-al general Laval para tener en respeto a Zaragoza, moviose Suchet por
-el frente haciendo otro tanto los españoles. Dieron estos muestras de
-flanquear con su izquierda la derecha de los enemigos, lo cual estorbó
-el general francés reforzándola, hasta querer por aquella parte romper
-nuestras filas. Separaba a entrambos ejércitos una quebrada que recibió
-orden de cruzar el general Musnier, a quien no solo repelieron los
-españoles, sino que reforzada su izquierda con gente de la derecha
-le desordenaron y deshicieron. Acudió en su auxilio por mandato de
-Suchet el intrépido general Harispe, consiguiendo,<span class="pagenum"
-id="Page_30">p. 30</span> aunque herido, restablecer entre sus tropas el
-ánimo y la confianza. En aquella hora sobrevino una horrorosa tronada
-con lluvia y viento que casi suspendió el combate, impidiendo a ambos
-ejércitos el distinguirse claramente.</p>
-
-<p>Serenado el tiempo, pensó Suchet que sería más fácil romper la
-derecha no colocada tan ventajosamente, y en donde se hallaba la
-caballería, inferior a la suya en número y disciplina. Así fue que con
-una columna avanzó de aquel lado el general Habert, precediéndole
-Vattier con dos regimientos de caballería. Ejecutada la operación
-con celeridad se vieron arrollados los jinetes españoles y rota la
-derecha, apoderándose los franceses de un puentecillo por el cual se
-cruzaba el arroyo colocado detrás de nuestra posición. Permaneció no
-obstante firme en esta Don Joaquín Blake, y ayudado de los generales
-Lazán y Roca resistió durante largo rato y con denuedo a las impetuosas
-acometidas que por el frente y oblicuamente hicieron los franceses.
-Al fin, flaqueando algunos cuerpos españoles, se arrojaron todos abajo
-de las lomas que ocupaban, en cuyas hondonadas, formándose barrizales
-con la lluvia de la tormenta, se atascaron muchos cañones, de los que
-en todo se perdieron hasta unos quince. Fueron cogidos prisioneros el
-general Odonojú y el coronel Menchaca, siendo bastantes los muertos.</p>
-
-<div class="sidenote">Retírase Blake<br> a Botorrita.</div>
-
-<p>Retiráronse después los españoles sin particular molestia,
-uniéndose en Botorrita a la división de Aréizaga, que lastimosamente
-no tomó parte en la acción. Ignoramos las razones que asistieron a
-Don Joaquín Blake para tenerla<span class="pagenum" id="Page_31">p.
-31</span> alejada del campo de batalla. Si fue con intento de buscar
-en ella refugio en caso de derrota, lo mismo le hubiera encontrado
-teniéndola más cerca y a su vista, con la diferencia de que, empleados
-oportunamente sus soldados al desconcertarse la derecha, muy otro
-hubiera sido el éxito de la refriega, bien disputada por nuestra
-parte, recientes todavía los laureles de Alcañiz, y desasosegados
-los franceses con la terrible imagen de Zaragoza, que a la espalda
-aguardaba silenciosa su libertad.</p>
-
-<p>El general Suchet volvió por la noche a aquella ciudad, mandando
-al general Laval que de Torrero caminase a amenazar la retaguardia
-de los españoles. Permaneció Don Joaquín Blake el 16 en Botorrita,
-resuelto a aguardar a los franceses: pudiera haberle costado cara
-semejante determinación si el general Laval, descarriado por sus
-guías, no se hubiese retardado en su marcha. Admirose Suchet al saber
-que Blake aunque derrotado se mantenía en Botorrita, de cuyo punto
-no se hubiera tan pronto movido si el amo de la casa donde almorzó
-Laval no le hubiese avisado de la marcha de este. Así el patriotismo
-de un individuo preservó quizás al ejército español de un nuevo
-contratiempo.</p>
-
-<div class="sidenote">Retírase<br> de Botorrita.</div>
-
-<p>Advertido Blake abrevió su retirada, sin que por eso hubiese antes
-habido ningún empeñado choque. Siguiole Suchet el 17 hasta la Puebla de
-Albortón, y el 18 ambos ejércitos se encontraron en Belchite. No era el
-de Blake más numeroso que en María, pues si bien por una parte se le
-unió la división de Aréizaga y un batallón del regimiento de Granada
-procedente de Lérida,<span class="pagenum" id="Page_32">p. 32</span>
-por otra habíase perdido en la acción mucha gente entre muertos y
-extraviados, y separádose el cuerpo franco de Don Ramón Gayán. Además
-la disposición de los ánimos era diversa, decaídos con la desgracia.
-Lo contrario sucedía a los franceses, que recobrado su antiguo aliento
-y contando casi las mismas fuerzas, podían confiadamente ponerse al
-riesgo de nuevos combates.</p>
-
-<div class="sidenote">Batalla<br> de Belchite.</div>
-
-<p>Está Belchite situado en la pendiente de unas alturas que le
-circuyen de todos lados excepto por el frente y camino de Zaragoza, en
-donde yacen olivares y hermosas vegas que riegan las aguas de la Cuba o
-pantano de Almonacid. Don Joaquín Blake puso su derecha en el Calvario,
-colina en que se respalda Belchite: su centro en Santa Bárbara, punto
-situado en el mismo pueblo, habiendo prolongado su izquierda hasta
-la ermita de nuestra señora del Pueyo. En algunas partes formaba el
-ejército tres líneas. Guarneciéronse los olivares con tiradores, y se
-apostó la caballería camino de Zaragoza. Aparecieron los franceses
-por las alturas de la Puebla de Albortón, atacando principalmente
-nuestra izquierda la división del general Musnier. Amagó de lejos la
-derecha el general Habert, y tropas ligeras entretuvieron el centro
-con varias escaramuzas. A él se acogieron luego nuestros soldados de
-la izquierda, agrupándose alrededor de Belchite y Santa Bárbara, lo
-que no dejó ya de causar cierta confusión. Sin embargo nuestros fuegos
-respondieron bien al principio a los de los contrarios, y por todas
-partes se manifestaban al menos deseos de pelear honradamente.<span
-class="pagenum" id="Page_33">p. 33</span> Mas a poco incendiándose dos
-o tres granadas españolas, y cayendo una del enemigo en medio de un
-regimiento, espantáronse unos, cundió el miedo a otros, y terror pánico
-se extendió a todas las filas, siendo arrastrados en el remolino mal de
-su grado aun los más valerosos. Solos quedaron en medio de la posición
-los generales Blake, Lazán y Roca, con algunos oficiales; los demás
-casi todos huyeron o fueron atropellados. Sentimos, por ignorarlo, no
-estampar aquí para eterno baldón el nombre de los causadores de tamaña
-afrenta. Como la dispersión ocurrió al comenzarse la refriega, pocos
-fueron los muertos y pocos los prisioneros, ayudando a los cobardes
-el conocimiento del terreno. Perdiéronse nueve o diez cañones que
-quedaban después de la batalla de María, y perdiose sobre todo el
-fruto de muchos meses de trabajos, afanes y preparativos. Aunque es
-cierto que no fue Don Joaquín Blake quien dio inmediata ocasión a la
-derrota, censurose con razón en aquel general la extremada confianza de
-aventurar una segunda acción tres días después de la pérdida de la de
-María, debiendo temer que tropas nuevas como las suyas no podían haber
-olvidado tan pronto tan reciente y grave desgracia.</p>
-
-<div class="sidenote">Resultas<br> desastradas<br> de la batalla.</div>
-
-<p>Los franceses avanzaron el mismo 18 a Alcañiz. Los españoles se
-retiraron en más o menos desorden a puntos diversos: la división
-aragonesa de Lazán a Tortosa de donde había salido, la de Valencia
-a Morella y San Mateo: acompañaron a ambas varios de los nuevos
-refuerzos, algunos tiraron a otros lados. También repartiendo en
-columnas su ejército el general<span class="pagenum" id="Page_34">p.
-34</span> francés, dirigió una la vuelta de Tortosa, otra del lado
-de Morella, y apostó al general Musnier en Alcañiz y orillas del
-Guadalope. En cuanto a él, después de pasar en persona el Ebro por
-Caspe, de reconocer a Mequinenza y de recuperar a Monzón, volvió a
-Zaragoza, habiendo dejado de observación en la línea del Cinca al
-general Habert.</p>
-
-<p>Ganada la batalla de Belchite, si tal nombre merece, y despejada la
-tierra, figurose Suchet que sería árbitro de entregarse descansadamente
-al cuidado interior de su provincia. En breve se desengañó, porque
-animados los naturales al recibo de las noticias de otras partes, y
-engrosándose las guerrillas y cuerpos francos con los dispersos del
-ejército vencido, apareció la insurrección, como veremos después, más
-formidable que antes, encarnizándose la guerra de un modo desusado.</p>
-
-<div class="sidenote">Pasa Blake<br> a Cataluña.</div>
-
-<p>Desde Tortosa volvió el general Blake la vista al norte de Cataluña,
-y en especial la fijó en Gerona, de cuyo sitio y anexas operaciones
-suspenderemos hablar hasta el libro próximo, por no dividir en trozos
-hecho tan memorable. En lo demás de aquel principado continuaron tropas
-destacadas, somatenes y partidas incomodando al enemigo, pero de sus
-esfuerzos no se recogió abundante fruto faltando en aquellas lides el
-debido orden y concierto.</p>
-
-<div class="sidenote">Conspiración<br> de Barcelona.</div>
-
-<p>Tampoco cesaban las correspondencias y tratos con Barcelona, y fue
-notable y de tristes resultas lo que ocurrió en mayo. Tramábase ganar
-la plaza por sorpresa. El general interino del principado, marqués de
-Coupigny, se entendía<span class="pagenum" id="Page_35">p. 35</span>
-con varios habitantes, debiendo una división suya entrar el 16 a
-hurtadillas y por la noche en la ciudad, al mismo tiempo que del lado
-de la marina divirtiesen fuerzas navales a los franceses. Mas, avisados
-estos, frustraron la tentativa, <span class="sidenote">Suplicio<br> de
-algunos<br> patriotas.</span> arrestando a varios de los conspiradores
-que el 3 de junio pagaron públicamente su arrojo con la vida. Entre
-ellos, reportado y con firmeza, respondió al interrogatorio que precedió
-al suplicio el doctor Pou de la universidad de Cervera: no menos
-atrevido se mostró un mozo del comercio llamado Juan Massana, quien
-ofendido de la palabra traidor con que le apellidó el general francés,
-replicole «el traidor es V. E. que con capa de amistad se ha apoderado
-de nuestras fortalezas.» Recompensó el patíbulo tamaño brío.</p>
-
-<p>Había alterado al gobierno de José la excursión de Blake en Aragón, a
-punto de pedir a Saint-Cyr que de Cataluña cayese sobre la retaguardia
-del general español. Graves razones le asistían para tal cuidado, <span
-class="sidenote">Sucesos<br> del mediodía<br> de España.</span> pues
-además de las inmediatas resultas de la campaña, temía el influjo que
-podía esta ejercer en el mediodía de España, donde el estado de cosas
-cada día presagiaba extensas e importantes operaciones militares.
-Por lo cual será bien que volviendo atrás relatemos lo que por allí
-pasaba.</p>
-
-<div class="sidenote">Mariscal Victor.</div>
-
-<p>Después de la batalla de Medellín había sentado el mariscal Victor
-sus reales en Mérida, ciudad célebre por los restos de antigüedades
-que aún conserva, y desde la cual situada en feraz terreno se podía
-fácilmente observar la plaza de Badajoz, y tener en respeto las
-reliquias<span class="pagenum" id="Page_36">p. 36</span> del ejército
-de Don Gregorio de la Cuesta. Para mayor seguridad de sus cuarteles
-fortificó el mariscal francés la casa del <i>Conventual</i>, residencia
-hoy de un provisor de la orden de Santiago, y antes parte de una
-fortaleza edificada por los romanos, divisándose todavía del lado
-de Guadiana, en el lugar llamado el Mirador, un murallón de fábrica
-portentosa. En lo interior establecieron los franceses un hospital y
-almacenaron muchos bastimentos.</p>
-
-<div class="sidenote">Patriotismo<br> de Extremadura.</div>
-
-<p>De Mérida destacaron los enemigos a Badajoz algunas tropas e
-intimaron la rendición a la plaza, confiados en el terror que había
-infundido la jornada de Medellín y también en secretos tratos. Salió su
-esperanza vana, respondiendo a sus proposiciones la junta provincial a
-cañonazos. Era en esta parte tan unánime la opinión de Extremadura, que
-por entonces no consiguió el mariscal Victor que pueblo alguno prestase
-juramento ni reconociese el gobierno intruso. Solo en Mérida obtuvo
-de varios vecinos, casi a la fuerza, que firmasen una representación
-congratulatoria a José; mas el acto produjo tal escándalo en toda la
-provincia, que al decretar la junta contra los firmantes formación de
-causa, prefirieron estos comparecer en Badajoz y correr todo riesgo a
-mancillar su fama con la tacha de traidores. Su espontánea presentación
-los libertó de castigo. No era extraño que los naturales mirasen con
-malos ojos a los que seguían las banderas del extranjero, cuando este
-saqueaba y asolaba horrorosamente la desgraciada Extremadura.</p>
-
-<div class="sidenote">Inacción<br> de Victor.</div>
-
-<p>Por lo demás Victor había permanecido inmoble<span class="pagenum"
-id="Page_37">p. 37</span> después de lo de Medellín, no tanto porque
-temiese invadir la Andalucía cuanto por ser principal deseo del
-emperador la ocupación de Portugal. Ya dijimos fuera su plan, que al
-tiempo que Soult penetrase aquel reino vía de Galicia, otro tanto
-hiciesen Lapisse por Ciudad Rodrigo y Victor por Extremadura. La falta
-de comunicaciones impidió dar a lo mandado el debido cumplimiento,
-dificultándose estas a punto de que se interrumpieron aun entre
-los dos últimos generales. Ocasionoles tamaño embarazo Sir Roberto
-Wilson, quien, antes de pasar a Portugal en cooperación de Wellesley,
-había destacado dos batallones al puerto de Baños, y cortado así la
-correspondencia a los enemigos. Incomodados estos con tales obstáculos,
-estuviéronlo mucho más con la insurrección del paisanaje que cundió
-por toda la tierra de Ciudad Rodrigo, <span class="sidenote">Pasa
-Lapisse<br> de tierra<br> de Salamanca<br> a Extremadura.</span> de
-manera que temiendo Lapisse no entrar en Portugal a tiempo, determinó
-pasar a Extremadura y obrar de acuerdo con Victor. Así lo verificó
-haciendo una marcha rápida sobre Alcántara por el puerto de Perales.</p>
-
-<div class="sidenote">Entra<br> en Alcántara.</div>
-
-<p>Los vecinos de aquella villa trataron de defender la entrada
-apostándose en su magnífico puente, mas, vencidos, penetraron los
-franceses dentro, y en venganza todo lo pillaron y destruyeron, sin
-que respetasen ni aun los sepulcros. Diéronse no obstante los últimos
-priesa a evacuarla, continuando por la noche su camino, temerosos del
-coronel Grant y de Don Carlos de España que seguían su huella, y los
-cuales, entrando por la mañana en Alcántara, se hallaron con el espantoso
-espectáculo de casas incendiadas<span class="pagenum" id="Page_38">p.
-38</span> y de calles obstruidas de cadáveres. Se incorporó en seguida
-Lapisse con Victor en Mérida el 19 de abril.</p>
-
-<div class="sidenote">Únense Lapisse<br> y Victor.</div>
-
-<p>Entonces prevaleciendo ante todo en la mente de los franceses la
-invasión de Portugal, mandó José al mariscal Victor que en unión con
-el general Lapisse marchase la vuelta de aquel reino. Parecía oportuno
-momento para cumplir a lo menos en parte el plan del emperador, pues
-a la propia sazón se enseñoreaba el mariscal Soult de la provincia de
-Entre Duero y Miño.</p>
-
-<div class="sidenote">Marchan<br> contra Portugal.</div>
-
-<p>Encaminose pues Victor hacia Alcántara, poniendo al cuidado de
-Lapisse repasar el puente, ocupado a su llegada por el coronel inglés
-Mayne, quien en ausencia de Wilson al norte de Portugal, mandaba la
-legión lusitana. Quiso el inglés volar un arco del puente, y no
-habiéndolo conseguido se replegó el 14 de mayo a su antigua posición
-de Castelo Branco. Hasta allí, después de cruzar el Tajo, envió Lapisse
-sus descubiertas por querer el mariscal Victor ir más adelante. <span
-class="sidenote">Desisten<br> de su intento.</span> Mas, aunque
-resuelto a ello, detuvieron a este temores del general Mackenzie,
-el cual, según apuntamos en el libro anterior, apostado en Abrantes
-al avanzar Wellesley a Oporto, salió al encuentro de los franceses
-para prevenir su marcha. El movimiento del inglés y voces vagas que
-empezaron a correr de la retirada de Soult de las orillas del Duero,
-decidieron a Victor no solo a desistir de su primer propósito, sino
-también a retroceder a Extremadura.</p>
-
-<div class="sidenote">Muévese Cuesta.</div>
-
-<p>Por su parte, Don Gregorio de la Cuesta, luego que supo la partida de
-aquel mariscal, moviose<span class="pagenum" id="Page_39">p. 39</span>
-con su ejército, rehecho y engrosado, y puso los reales en la Fuente
-del Maestre, amagando sin estrecharle al Conventual de Mérida que
-guarnecían los franceses. Victor al volver de su correría se colocó
-en Torremocha, vigilando sus puestos avanzados los pasos de Tajo y
-Guadiana. Pero su inútil tentativa contra Portugal, el haber asomado
-ingleses a los lindes extremeños, y el reequipo y aumento del ejército
-de Cuesta, dieron aliento a la población de las riberas del Tajo, la
-cual, interceptando las comunicaciones, molestó continuadamente a los
-enemigos. <span class="sidenote">Partidarios<br> de Extremadura<br> y
-Toledo.</span> Mucho estimuló a la insurrección la junta de Extremadura,
-enviando para dirigirla a Don José Joaquín de Ayesterán y a Don
-Francisco Longedo, quienes de acuerdo con Don Miguel de Quero, que ya
-antes había empezado a guerrear en la Higuera de las Dueñas, provincia
-de Toledo, juntaron un cuerpo de 600 infantes y 100 caballos bajo
-el nombre de voluntarios y lanceros de Cruzada del valle de Tiétar.
-Recorriendo la tierra molestaron los convoyes enemigos, y fueron
-notables más adelante dos de sus combates, uno trabado el 29 de junio
-en el pueblo de Menga con las tropas del general Hugo, comandante de
-Ávila, otro el que sostuvieron el 1.º de julio en el puente de Tiétar,
-y de cuyas resultas cogieron a los franceses mucho ganado lanar y
-vacuno. Se agregó después esta gente a la vanguardia del ejército de
-Cuesta.</p>
-
-<p>Mientras tanto el mariscal Victor, viendo lo que crecía el
-ejército español, y temeroso de las fuerzas inglesas que se iban
-arrimando a Castelo Branco, repasó el Tajo situándose el 19 de<span
-class="pagenum" id="Page_40">p. 40</span> junio en Plasencia.
-<span class="sidenote">Vuelan<br> los franceses<br> el puente<br> de
-Alcántara.</span> Poco antes envió un destacamento para volar el famoso
-puente de Alcántara, admirable y portentosa obra del tiempo de Trajano,
-que nunca fuera tan maltratada como esta vez, habiéndose contentado los
-moros y los portugueses en antiguas guerras con cortar uno de sus arcos
-más pequeños.</p>
-
-<div class="sidenote">Ejército<br> de la Mancha.</div>
-
-<p>Otras atenciones obligaron luego a Victor a mudar de estancia. En
-la Mancha y asperezas de Sierra Morena, después que Venegas tomó el
-mando de aquel ejército, se habían aumentado sus filas, ascendiendo
-el número de hombres a principios de junio a unos 19.000 infantes y
-3000 caballos. Para no permanecer ocioso y foguear su gente, resolvió
-Venegas salir en 14 del mismo mes de las estrechuras de la sierra y
-sus cercanías, y recorrer las llanuras de la Mancha. Alcanzaron sus
-partidas de guerrilla algunas ventajas, y el 28 de junio la división de
-vanguardia, regida por Don Luis Lacy, escarmentó con gloria al enemigo en
-el pueblo de Torralba.</p>
-
-<p>La repentina marcha de Venegas asustó en Madrid a José, ya
-inquieto, según hemos dicho, con la entrada de Blake en Aragón.
-<span class="sidenote">Va a su encuentro<br> sin fruto<br> José
-Bonaparte.</span> Así fue que, al paso que ordenó a Mortier que
-se aproximase por el lado de Castilla la Vieja a las sierras de
-Guadarrama, previno al mariscal Victor que poniéndose sobre Talavera
-le enviase una división de infantería y la caballería ligera. Agregada
-esta fuerza a sus guardias y reserva, se metió José desde Toledo en la
-Mancha, y uniéndose con el 4.º cuerpo del mando de Sebastiani, avanzó
-hasta Ciudad Real. Venegas, que por entonces no pensaba comprometer sus
-huestes, replegose<span class="pagenum" id="Page_41">p. 41</span> a
-tiempo, y ordenadamente tornó a Santa Elena. Penetró el rey intruso
-hasta Almagro, y no osando arriscarse más adentro, se restituyó a
-Madrid devolviendo al mariscal Victor las tropas que de su cuerpo de
-ejército había entresacado.</p>
-
-<p>Tales fueron las marchas y correrías que precedieron en Extremadura
-y Mancha a la campaña llamada de Talavera, la cual siendo de la
-mayor importancia, exige que antes de entrar en la relación de sus
-complicados sucesos, contemos las fuerzas que para ella pusieron en
-juego las diversas partes beligerantes.</p>
-
-<div class="sidenote">Campaña<br> de Talavera.</div>
-
-<p>De los ocho cuerpos en que Napoleón distribuyó su ejército al
-hacer en octubre de 1808 su segunda y terrible invasión, incorporose
-más tarde el de Junot con los otros, reduciéndose por consiguiente a
-siete el número de todos ellos. <span class="sidenote">Fuerzas<br>
-que tomaron<br> parte en ella.</span> Cinco fueron los que casi en
-su totalidad coadyuvaron a la campaña de Talavera. Tres, el 2.º,
-5.º y 6.º, acantonados en julio en Valladolid, Salamanca y tierra de
-Astorga bajo el mando supremo del mariscal Soult, y el 1.º y 4.º,
-alojados por el mismo tiempo en la Mancha y orillas del Tajo hacia
-Extremadura. Concurrió también de Madrid la reserva y guardia de José,
-pudiéndose calcular que el conjunto de todas estas tropas rayaba en
-100.000 hombres. De los españoles vinieron sobre aquellos puntos los
-ejércitos de Extremadura y Mancha, el 1.º de 36.000 combatientes,
-el 2.º de unos 24.000. La fuerza de Wellesley, acampada en Abrantes
-después de su vuelta de Galicia, aunque engrosada con 5000 hombres,
-no excedía de 22.000, menguada con los muertos y enfermos. Pasaban de
-4000 portugueses<span class="pagenum" id="Page_42">p. 42</span> y
-españoles los que regía el bizarro Sir Roberto Wilson: de los últimos,
-dos batallones habían sido destacados del ejército de Cuesta. Además,
-15.000 de los primeros, que disciplinaba el general Beresford, desde el
-Águeda se trasladaron después hacia Castelo Branco. Por manera que el
-número de hombres llamado a lidiar o a cooperar en la campaña era, de
-parte de los franceses, según acabamos de decir, de unos 100.000, y de
-casi otro tanto de la de los aliados, con la diferencia de ser aquellos
-homogéneos y aguerridos, y estos de varia naturaleza y en su mayor
-parte noveles y poco ejercitados en las armas.</p>
-
-<p>El general Wellesley, aunque al desembarcar en Lisboa había
-conceptuado como más importante la destrucción del mariscal Victor,
-empezó sin embargo, conforme relatamos, por arrojar a Soult de Portugal
-para caer después más desembarazadamente sobre el primero. Así se lo
-había ofrecido al gobierno español al ir a Oporto, rogando que en el
-intermedio evitasen los generales españoles de Extremadura y Mancha
-todo serio reencuentro con los franceses. <span class="sidenote">Marcha
-Wellesley<br> a Extremadura.</span> Cumpliose por ambas partes lo
-prometido; viose forzado Soult a evacuar a Portugal, y Wellesley,
-después de haber dado descanso y respiro a sus tropas en Abrantes,
-salió de allí el 27 de junio poniéndose en marcha hacia la frontera de
-Extremadura.</p>
-
-<div class="sidenote">Planes diversos<br> de los franceses.</div>
-
-<p>Andaban los franceses divididos acerca del plan que convendría
-adoptar en aquellas circunstancias. José deseaba conservar lo
-conquistado, y sobre todo no abandonar a Madrid, pensando,<span
-class="pagenum" id="Page_43">p. 43</span> quizá con razón, que la
-evacuación de la capital imprimiría en los ánimos errados sentimientos,
-en ocasión en que aún se mostraba viva la campaña de Austria. El
-mariscal Soult, ateniéndose a reglas de la más elevada estrategia,
-prescindía de la posesión de más o menos territorio, y opinaba que se
-obrase en dos grandes cuerpos o masas, cuyos centros se establecerían
-uno en Toro donde él estaba, y otro donde José residía.</p>
-
-<div class="sidenote">Situación<br> de Soult.</div>
-
-<p>Después de la vuelta de Soult a Castilla nada de particular había
-ocurrido allí, esforzándose solamente dicho mariscal por arreglar
-y reconcentrar los tres cuerpos que el emperador había puesto a su
-cuidado. Encontró en ello estorbos, así en algunas providencias de
-José que había, según se dijo, llamado hacia Guadarrama a Mortier, y
-así en la mal dispuesta voluntad del mariscal Ney, quien picado de la
-preferencia dada por el emperador a su compañero, quería separarse, so
-pretexto de enfermedad, del mando del 6.º cuerpo. Embarazaban también
-escaseces de varios efectos, y sobre todo el carecer de artillería
-el 2.º cuerpo, abandonada a su salida de Portugal. Para remover tales
-obstáculos, pedir auxilios y predicar en favor de su plan, envió Soult
-a Madrid al general Foy, que en posta partió el 19 de julio. Tornó este
-el 24 del mismo, y aunque se remediaron las necesidades más urgentes,
-y se compusieron hasta cierto punto las desavenencias entre Ney y
-Soult, no se accedió al plan de campaña que el último proponía, atento
-solamente José a conjurar el nublado que le amenazaba del lado del
-Tajo.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_44">p. 44</span></p>
-
-<div class="sidenote">Cuesta en las<br> Casas del Puerto.</div>
-
-<p>Manteníase en Extremadura tranquilo D. Gregorio de la Cuesta, en
-espera del movimiento del general Wellesley, no habiendo emprendido,
-aunque bien a su pesar, acción alguna de gravedad. Hubo solamente
-choques parciales, y honró a las armas españolas el que sostuvo en
-Aljucén Don José de Zayas, y otro que con no menor dicha trabó en
-Medellín el brigadier Ribas. Forzoso le era al anciano general reprimir
-su impaciencia, pues tal orden tenía de la junta central. Limitábase
-a avanzar siempre que los franceses retrocedían, y al situarse en
-Plasencia el mariscal Victor el 19 de junio, sentó Cuesta el 20 del
-mismo sus cuarteles en las Casas del Puerto, orilla izquierda del Tajo.
-Allí aguardó a que adelantasen los ingleses, enviando al comisionado
-de esta nación, coronel Bourke, a proponer a su general el plan que le
-parecía más oportuno para abrir la campaña.</p>
-
-<p>Sir Arturo Wellesley después de levantar el 27 de junio su
-campo de Abrantes, prosiguió su marcha y estableció el 8 de julio
-su cuartel general en Plasencia, <span class="sidenote">Avístase
-allí<br> con él Wellesley.</span> pasando el 10 a avistarse con Cuesta
-en las Casas del Puerto. Conferenciaron entre sí largamente ambos
-generales, y propuestos varios planes, se adoptó al fin el siguiente
-como preferible y más acomodado. <span class="sidenote">Plan<br>
-que adoptan.</span> Sir Roberto Wilson con la fuerza de su mando y
-dos batallones que Cuesta le proporcionaría, había de marchar el 16
-por la Vera de Plasencia con dirección al Alberche, ocupando hasta
-Escalona los pueblos de la orilla derecha; el 18 cruzaría el ejército
-británico por la Bazagona el Tiétar, en que se había echado un
-puente provisional,<span class="pagenum" id="Page_45">p. 45</span>
-y dirigiéndose por Majadas y Centenilla a Oropesa y al Casar, había
-de extender su izquierda hasta San Román y ponerse en contacto con
-la división de Wilson. El ejército español de Cuesta cruzando el 19
-el Tajo por Almaraz y Puente del Arzobispo había de seguir el camino
-real de Talavera, y ocupar el frente del enemigo desde el Casar hasta
-el puente de tablas que hay sobre el Tajo en aquella ciudad, mas
-procurando en su marcha no embarazar la del ejército aliado. También se
-acordó que Venegas, cuyo cuartel general estaba entonces en Santa Cruz
-de Mudela, y que dependía hasta cierto punto de Cuesta, avanzase si la
-fuerza del general Sebastiani no era superior a la suya, y que pasando
-el Tajo por Fuentidueña se pusiese sobre Madrid, debiendo retroceder a
-la sierra por Tarancón y Torrejoncillo, en caso que acudiesen contra
-él tropas numerosas. Agradó este plan por lo respectivo al movimiento
-de Cuesta y de los ingleses: no pareció tan atinado en lo tocante a
-Venegas, cuyo ejército alejándose demasiado del centro de operaciones,
-ni podía fácilmente darse la mano con los aliados en cualquiera mudanza
-de plan que hubiese, ni era posible acudir con prontitud en su auxilio,
-si aceleradamente caían reforzados sobre él los enemigos.</p>
-
-<p>Acordes Cuesta y Wellesley volvió el último a Plasencia, e
-impensadamente escribió el 16 al ayudante general Don Tomás Odonojú
-diciéndole que si bien estaba pronto a ejecutar el plan convenido,
-desprovisto su ejército de muchos artículos y sobre todo de
-transportes, podrían<span class="pagenum" id="Page_46">p. 46</span>
-quizá presentarse dificultades inesperadas, y después añadía con tono
-más acerbo, que en todo país en que se abre una campaña, debiendo
-los naturales proveer de medios de subsistencia, si en este caso no
-se proporcionaban, tendría España que pasarse sin la ayuda de los
-aliados. Tal fue la primera queja que de este género se suscitó. <span
-class="sidenote">Medidas<br> que había tomado<br> la central.</span>
-Había la junta central ofrecido suministrar cuantos auxilios estuviesen
-en su mano, y en efecto expidió órdenes premiosas a las juntas de
-Badajoz, Plasencia y Ciudad Rodrigo para hacer abundantes acopios de
-todos los artículos precisos a la subsistencia del ejército británico,
-escogiendo además a Don Juan Lozano de Torres, con los correspondientes
-comisarios de guerra, para que le saliesen a recibir a la frontera de
-España. Semejantes resoluciones pudieran haber bastado en tiempos
-ordinarios, ahora no, mayormente estando nombrado para ejecutarlas el
-Lozano de Torres, hombre antes embrollador que prudente y activo. Las
-escaseces fueron reales, mas agriándose las contestaciones, se trataron
-con injusticia unos y otros, dando ocasión, según después veremos, a
-enojos y desabrimientos.</p>
-
-<div class="sidenote">Marcha adelante<br> el ejército aliado.</div>
-
-<p>Comenzó no obstante al tiempo convenido la marcha de los ejércitos
-aliados, haciendo solo en ella los españoles una corta variación
-por falta de agua en el camino de Talavera. El 21 de julio se
-alojaban ambos entre Oropesa y Velada: prosiguieron el 22 su camino
-encontrándose la vanguardia regida por Don José de Zayas con fuerza
-enemiga, capitaneada por el general Latour-Maubourg. Las escaramuzas
-duraron parte<span class="pagenum" id="Page_47">p. 47</span> del
-día, portándose nuestros soldados bizarramente, y con eso, y aparecer
-los ingleses, cruzaron los enemigos el Alberche, estando en Cazalegas
-el cuartel general del mariscal Victor. Las divisiones de Villatte y
-Lapisse formaban sobre su derecha en altozanos que dominan la campaña,
-y la de Ruffin cubría sobre la izquierda tocando al Tajo el puente del
-Alberche, larguísimo y de tablas, amparado además su desembocadero con
-14 piezas de artillería. Ascendían sus fuerzas a 25.000 hombres, y
-permanecieron en sus puestos los días 22 y 23.</p>
-
-<div class="sidenote">Propone<br> Wellesley<br> a Cuesta atacar.</div>
-
-<p>Acercáronse allí por su lado los ejércitos aliados, y Sir Arturo
-Wellesley propuso a Don Gregorio de la Cuesta atacar a los enemigos sin
-tardanza el mismo 23, mas el general español pidió que se difiriese
-hasta la madrugada siguiente. <span class="sidenote">Rehúsalo<br> el
-general<br> español.</span> Fútiles fueron las razones que después
-alegó para tal dilación, contrastando el detenimiento de ahora con el
-prurito que tuvo siempre y renovó luego de combatir a todo trance.
-Aseguran algunos extranjeros que se negó por ser domingo, mas ni Cuesta
-pecaba de tan nimio, ni en España prevalecía semejante preocupación.
-Ha habido ingleses que han tachado a cierto oficial del estado mayor
-de Cuesta de la nota de entenderse con los enemigos. Ignoramos el
-fundamento de sus sospechas. Lo cierto es que los franceses, ya en
-situación apurada, decamparon en la noche del 23 al 24, y en lugar
-de seguir el camino de Madrid, tomaron por Torrijos el de Toledo.
-Falló así destruir al mariscal Victor a la sazón que sus fuerzas eran
-inferiores a las aliadas, y falló por la inoportuna prudencia de<span
-class="pagenum" id="Page_48">p. 48</span> Cuesta, prenda nunca antes
-notada entre las de este general.</p>
-
-<div class="sidenote">Incomódase<br> Wellesley.</div>
-
-<p>Incomodado por ello Wellesley, receloso de que continuasen
-escaseando las subsistencias, y pareciéndole quizá arriesgado
-internarse más antes de estar cierto de lo que pasaba en Castilla la
-Vieja, declaró formalmente que no daría un paso más allá del Alberche
-a no afianzársele la manutención de sus tropas. Cuesta que el 23 se
-remoloneaba para atacar, impelido ahora por aviesa mano, o renaciendo
-en su ambicioso ánimo el deseo de entrar antes que ninguno en Madrid,
-<span class="sidenote">Avanza solo<br> Cuesta.</span> marchó solo y sin
-los ingleses, y llegó el 24 al Bravo y Cebolla, y adelantándose el 25 a
-Santa Olalla y Torrijos, hubo de costar cara su loca temeridad.</p>
-
-<div class="sidenote">Reconcéntranse<br> los franceses.</div>
-
-<p>Los franceses no se retiraban sino para reconcentrarse y engrosar
-sus fuerzas. José después de dejar en Madrid una corta guarnición,
-había salido con su guardia y reserva, uniéndose a Victor el 25 por
-Vargas y orilla izquierda del Guadarrama. Otro tanto hizo Sebastiani,
-que observaba a Venegas en la Mancha cerca de Daimiel, cuando se le
-mandó acudir al Tajo. Con esta unión los franceses que poco antes
-tenían para oponerse a los aliados solo unos 25.000 hombres, contaban
-ahora sobre 50.000 alojados a corta distancia de Cuesta, detrás del
-río Guadarrama. Venegas, sabedor de la marcha de Sebastiani, envió
-en pos de él y hacia Toledo una división al mando de Don Luis Lacy,
-aproximándose en persona a Aranjuez con lo restante de su ejército.
-<span class="sidenote">Avanza Wilson<br> a Navalcarnero.</span> No
-por eso dividieron los franceses sus fuerzas, ni tampoco por otros
-movimientos<span class="pagenum" id="Page_49">p. 49</span> de Sir
-Roberto Wilson, quien extendiéndose con sus tropas por Escalona y la
-villa del Prado, se había el 25 metido hasta Navalcarnero, distante
-cinco leguas de Madrid, cuyo suceso hubo de causar en la capital un
-levantamiento.</p>
-
-<p>Aunque juntos los cuerpos de Victor y Sebastiani con la reserva
-y guardia de José, no pensaban los franceses empeñarse en acción
-campal, aguardando a que el mariscal Soult, con los tres cuerpos que
-capitaneaba en Salamanca, viniese sobre la espalda de los aliados por
-las sierras que dividen aquellas provincias de la de Extremadura.
-Plan sabio, de que había sido portador desde Madrid el general Foy,
-y cuyas resultas hubieran podido ser funestísimas para el ejército
-combinado. La impaciencia de los franceses malogró en el campo lo que
-prudentemente se había determinado en el consejo.</p>
-
-<div class="sidenote">Peligro que corre<br> el ejército<br> de
-Cuesta.</div>
-
-<p>Viendo el 26 de julio la indiscreta marcha de Cuesta, quisieron
-escarmentarle. Así arrollaron aquel día sus puestos avanzados, y aun
-acometieron a la vanguardia. El comandante de esta, Don José de Zayas,
-avanzó a las llanuras que se extienden delante de Torrijos, en donde
-lidió largo rato, tratando solo de retirarse al noticiarle que mayor
-número de gente venía a su encuentro. Comenzó entonces ordenadamente su
-movimiento retrógado, pero arredrados los infantes con ver que no podía
-maniobrar el regimiento de caballería de Villaviciosa metido entre
-unos vallados, retrocedieron en desorden a Alcabón, a donde corrió en
-su amparo el duque de Alburquerque, asistido de una división<span
-class="pagenum" id="Page_50">p. 50</span> de 3000 caballos. Diose con
-esto tiempo a que la vanguardia se recogiese al grueso del ejército,
-que teniendo a su cabeza al general Cuesta caminaba no con el mejor
-concierto a abrigarse del ejército inglés. La vanguardia de este
-ocupaba a Cazalegas, y su comandante, el general Sherbrooke, hizo ademán
-de resistir a los enemigos que se detuvieron en su marcha. Parecía que
-con tal lección se ablandaría la tenacidad del general Cuesta, mas
-desentendiéndose de las justas reflexiones de Sir Arturo Wellesley, a
-duras penas consintió repasar el Alberche.</p>
-
-<p>Anunciaba la unión y marcha de los enemigos la proximidad de una
-batalla, y se preparó a recibirla el general inglés. En consecuencia
-mandó a Wilson que de Navalcarnero volviese a Escalona, y no dejó tropa
-alguna a la izquierda del Alberche, resuelto a ocupar una posición
-ventajosa en la margen opuesta.</p>
-
-<div class="sidenote">Batalla<br> de Talavera,<br> 27 y 28 de
-julio.</div>
-
-<p>Escogió como tal el terreno que se dilata desde Talavera de la Reina
-hasta más allá del cerro de Medellín, y que abraza en su extensión
-unos tres cuartos de legua. Alojábase a la derecha y tocando al Tajo
-el ejército español: ocupaba el inglés la izquierda y centro. Era
-como sigue la fuerza y distribución de entrambos. Componíase el de
-los españoles de cinco divisiones de infantería y dos de caballería,
-sin contar la reserva y vanguardia. Mandaban las últimas Don Juan
-Berthuy y Don José de Zayas. De las divisiones de caballería, guiaba la
-primera Don Juan de Henestrosa, la segunda el duque de Alburquerque.
-Regían las de infantería según el orden de su numeración el marqués
-de Zayas,<span class="pagenum" id="Page_51">p. 51</span> Don Vicente
-Iglesias, el marqués de Portago, Don Rafael Manglano y Don Luis
-Alejandro Bassecourt. El total de tropas españolas, deducidas pérdidas,
-destacamentos y extravíos, no llegaba a 34.000 hombres, de ellos cerca
-de 6000 de caballería. Contaban allí los ingleses más de 16.000
-infantes y 3000 jinetes repartidos en cuatro divisiones a las órdenes
-de los generales Sherbrooke, Hill, Mackenzie y Campbell.</p>
-
-<p>La derecha que formaban los españoles se extendía delante de
-Talavera y detrás de un vallado que hay a la salida. Colocose en frente
-de la suntuosa ermita de Nuestra Señora del Prado una fuerte batería,
-con cuyos fuegos se enfilaba el camino real que conduce al puente del
-Alberche. Por el siniestro costado de los españoles, y en un intermedio
-que había entre ellos y los ingleses, empezose a construir en un
-altozano un reducto que no se acabó; viniendo después e inmediatamente
-la división de Campbell, a la que seguía la de Sherbrooke, cubriendo
-con la suya la izquierda el general Hill. Permaneció apostada cerca del
-Alberche la división del general Mackenzie con orden de colocarse en
-2.ª línea y detrás de Sherbrooke al trabarse la refriega. Era la llave
-de la posición el cerro en donde se alojaba Hill, llamado de Medellín,
-cuya falda baña por delante y defiende con hondo cauce el arroyo
-Portiña, separándole una cañada por el siniestro lado de los peñascales
-de la Atalaya e hijuelas de la sierra de Segurilla.</p>
-
-<p>Al amanecer del 27 de julio, poniendo José desde Santa Olalla sus
-columnas en movimiento, llegaron aquellas a la una del día a las
-alturas<span class="pagenum" id="Page_52">p. 52</span> de Salinas,
-izquierda del Alberche. Sus jefes no podían ni aun de allí descubrir
-distintamente las maniobras del ejército combinado, plantado el
-terreno de olivos y moreras. Mas, escuchando José al mariscal Victor
-que conocía aquel país, tomó en su consecuencia las convenientes
-disposiciones. Dirigió el 4.º cuerpo, del mando de Sebastiani, contra
-la derecha que guardaban los españoles, y el 1.º, del cargo de Victor,
-contra la izquierda, al mismo tiempo que amenazaba el centro la
-caballería. Cruzado el Alberche, siguió el 4.º cuerpo con la reserva
-y guardia de José, que le sostenía, el camino real de Talavera, y el
-1.º, que vino por el vado, cayó tan de repente sobre la torre llamada
-de Salinas, en donde estaba apostado el general Mackenzie, que causó
-algún desorden en su división, y estuvo para ser cogido prisionero Sir
-Arturo Wellesley, que observaba desde aquel punto los movimientos del
-enemigo. Pudieron al fin todos, aunque con trabajo, recogerse al cuerpo
-principal del ejército aliado.</p>
-
-<p>Iba pues a empeñarse una batalla general. Los franceses, avanzando,
-empezaron antes de anochecer su ataque con un fuerte cañoneo y una
-carga de caballería sobre la derecha, que defendían los españoles, de
-los que ciaron los cuerpos de Trujillo y Badajoz de línea y Leales de
-Fernando VII, y aún hubo fugitivos que esparcieron la consternación
-hasta Oropesa, yendo envueltos con ellos y no menos aterrados algunos
-ingleses. No fue sin embargo más allá el desorden, contenido el enemigo
-por el fuego acertado de la artillería y de los otros cuerpos, y<span
-class="pagenum" id="Page_53">p. 53</span> también por ser su principal
-objeto caer sobre la izquierda en que se alojaba el general Hill.</p>
-
-<p>Dirigieron contra ella las divisiones de los generales Ruffin y
-Villatte, y encaramáronse al cerro, a pesar de ser la subida áspera y
-empinada, con la dificultad también de tener que cruzar el cauce del
-Portiña. Atropellándolo todo con su impetuosidad, tocaron a la cima
-de donde precipitadamente descendieron los ingleses por la ladera
-opuesta. El general Hill, aunque herido su caballo y a riesgo de
-caer prisionero, volvió a la carga y con la mayor bizarría recuperó
-la altura. Ya bien entrada la noche insistieron los franceses en su
-ataque, extendiéndole por la izquierda de ellos el general Lapisse
-contra otra de las divisiones inglesas. Viva fue la refriega y
-larga, sin fruto para los enemigos. Pasadas las doce de la misma
-noche, un arma falsa, esparcida entre los españoles, dio ocasión a
-un fuego graneado que duró algún tiempo, y causó cierto desorden que
-afortunadamente no cundió a toda la línea.</p>
-
-<p>Al amanecer del 28 renovaron los franceses sus tentativas,
-acometiendo el general Ruffin el cerro de Medellín por su frente y la
-cañada de la izquierda; sostúvole en su empresa el general Villatte. La
-pelea fue porfiada, repetidos los ataques, ya en masa, ya en pelotones,
-la pérdida grande de ambas partes. Herido el general Hill, dudoso el
-éxito en ocasiones, hasta que los franceses, tornando a sus primeros
-puestos, abrigados de formidable artillería, suspendieron el combate.</p>
-
-<p>Falto el ejército británico de cañones de grueso calibre, pidió el
-general Wellesley algunos de<span class="pagenum" id="Page_54">p.
-54</span> esta clase a Don Gregorio de la Cuesta, los cuales se
-colocaron, al mando del capitán Uclés, en el reducto empezado a
-construir en el altozano, interpuesto entre españoles e ingleses.
-Viendo también el general Wellesley el empeño que ponía el enemigo en
-apoderarse del cerro de Medellín, sintió no haber antes prolongado
-su izquierda y guarnecídola del lado de la cañada; por lo que, para
-corregir su olvido, colocó allí parte de su caballería, que sostuvo la
-de Alburquerque, y alcanzó de Cuesta el que destacase la 5.ª división,
-del mando de Bassecourt, cuyo jefe se situó cubriendo la cañada en la
-falda y peñascales de la Atalaya.</p>
-
-<p>En aquel momento dudó José de si convenía retirarse o continuar
-el combate. Victor estaba por lo último, el mariscal Jourdan por lo
-primero. Vacilante José algún tiempo, decidiose por la continuación,
-habiendo recorrido antes la línea en todo su largo.</p>
-
-<p>En el intermedio hubo un respiro que duró desde las nueve hasta
-las doce de la mañana, bajando sin ofenderse los soldados de ambos
-ejércitos a apagar en el arroyo de Portiña la sed ardiente que les
-causaba lo muy bochornoso del día.</p>
-
-<p>Por fin los franceses volvieron a proseguir la acción. Vigilaba sus
-movimientos Sir Arturo Wellesley desde el cerro de Medellín. Acometió
-primero el general Sebastiani el centro, por la parte en que se
-unían los ingleses y los españoles. Aquí se hallaban de parte de los
-últimos las divisiones 3.ª y 4.ª, al cuidado ambas de Don Francisco de
-Eguía, formando dos líneas, la primera más avanzada que la inmediata
-de<span class="pagenum" id="Page_55">p. 55</span> los ingleses. El
-francés quiso sobre todo apoderarse de la batería del reducto; mas, al
-poner el pie en ella, recibieron sus soldados una descarga a metralla
-de los cañones puestos allí poco antes al mando del capitán Uclés, y
-cayendo los ingleses en seguida sobre sus filas, experimentaron estas
-horrorosa carnicería. Replegados en confusión los franceses a su línea,
-rechazaron a sus contrarios cuando avanzaron. Reiteráronse tales
-tentativas, hasta que en la última, intentando los enemigos meterse
-entre los ingleses y los españoles, se vieron flanqueados por la
-primera línea de estos, más avanzada, y acribillados por una batería que
-mandaba Don Santiago Piñeiro, militar aventajado. Repelidos así, y al
-tiempo que ya flaqueaban, dio sobre ellos asombrosa carga el regimiento
-español de caballería del Rey, guiado por su coronel Don José María
-de Lastres, a quien, herido, sustituyó en el acto con no menor brío su
-teniente Don Rafael Valparda. Todo lo atropellaron nuestros jinetes,
-dando lugar a que se cogieran diez cañones, de los que cuatro trajo al
-campo español el mencionado Piñeiro.</p>
-
-<p>A la misma sazón, en la izquierda del ejército aliado, trató
-la división del general Ruffin de rodear por la cañada el cerro
-de Medellín, amenazando parte de la de Villatte subir a la cima.
-Colocada la caballería inglesa en dicha cañada, aunque padeció mucho,
-en especial un regimiento de dragones, logró desconcertar a Ruffin,
-sosteniendo sus esfuerzos la división de Bassecourt y la caballería
-de Alburquerque. También sirvió de mucho la oportunidad con que el
-distinguido<span class="pagenum" id="Page_56">p. 56</span> oficial Don
-Miguel de Álava, ayudante del último, condescendiendo con los deseos
-del general inglés Fane, y sin aguardar, por la premura, el permiso de
-su jefe, dispuso que obrasen dos cañones al mando del capitán Entrena,
-que hicieron en el enemigo grande estrago. Así se ve como en ambas alas
-andaba la refriega favorable a los aliados.</p>
-
-<p>Hubo de comprometerse su éxito durante cierto espacio en el
-centro. Acometió allí al general Sherbrooke el francés Lapisse, el
-cual, si bien al principio fue rechazado gallardamente, prosiguiendo
-los guardias ingleses con sobrado ardor el triunfo, repeliéronlos a
-su vez los franceses, introduciendo confusión en su línea, momento
-apurado, pues roto el centro, hubieran los aliados perdido la batalla.
-Felizmente, al ver Wellesley lo que se empeñaban los guardias, con
-previsión ordenó desde el cerro donde estaba bajar al regimiento número
-48, mandado por el coronel Donnellan, cuyo cuerpo se portó con tal
-denuedo que, conteniendo a los franceses, dio lugar a que los suyos
-volviesen en sí y se rehiciesen. Sucedido lo cual, avanzando de la 2.ª
-línea la caballería ligera, a las órdenes de Cotton, y maniobrando
-por los flancos la artillería, entre la que también lució con sus
-cañones el capitán Entrena, ciaron desordenados los franceses, cayendo
-mortalmente herido el general Lapisse. Ya entonces se mostraron por
-toda la línea victoriosos los aliados. Recogiéronse los franceses a su
-antigua posición, cubriendo el movimiento los fuegos de su artillería.
-El calor y lo seco de la tierra, con el tráfago y pisar de aquel<span
-class="pagenum" id="Page_57">p. 57</span> día, produjeron poco después
-en la yerba y matorrales un fuego que, recorriendo por muchas partes el
-campo, quemó a muertos y a postrados heridos. Perdieron los ingleses
-en todo 6268 hombres, los franceses 7389, con 17 cañones; murieron de
-cada parte dos generales. Ascendió la pérdida de los españoles a 1200
-hombres, quedando herido el general Manglano.</p>
-
-<p>De este modo pasó la batalla de Talavera de la Reina, que,
-empezada el 27 de julio, no concluyó hasta el siguiente día, y la
-cual tuvo, por decirlo así, tres pausas o jornadas. En la última
-del 28 se comportaron los españoles con valor e intrepidez. <span
-class="sidenote">Severidad<br> de Cuesta.</span> A los cuerpos que el
-27 flaquearon, nada menos intentó Cuesta que diezmarlos, como si su
-falta no proviniese más bien de anterior indisciplina que de cobardía
-villana. Intercedió el general inglés y amansó el feroz pecho del
-español, mas desgraciadamente cuando ya habían sido arcabuceados 50
-hombres.</p>
-
-<div class="sidenote">Recompensas<br> que da la junta<br> central y
-el<br> gobierno inglés.</div>
-
-<p>Nombró la junta central a Sir Arturo Wellesley capitán general de
-ejército, y elevole su gobierno a par de Inglaterra bajo el título de
-Lord vizconde Wellington de Talavera, con el cual le distinguiremos
-en adelante. Dispensó también la central otras gracias a los jefes
-españoles, condecorando a Don Gregorio de la Cuesta con la gran cruz de
-Carlos III.</p>
-
-<div class="sidenote">Retíranse<br> los franceses<br> a diversos
-puntos.</div>
-
-<p>El 29 de julio repasaron los franceses el Alberche, apostándose en
-las alturas de Salinas. Marchó en seguida José con el cuarto cuerpo
-y la reserva a Santa Olalla, y se colocó el 31 en Illescas, habiendo
-antes destacado una división vuelta de Toledo, a cuya ciudad amenazaba
-gente<span class="pagenum" id="Page_58">p. 58</span> de Venegas. El
-mariscal Victor, recelándose de los movimientos por su flanco de Sir
-Roberto Wilson, cuya fuerza creía superior, se retiró también el 1.º de
-agosto hacia Maqueda y Santa Cruz del Retamar, creciendo el desacuerdo
-entre él y el mariscal Jourdan, como acontece en la desgracia.</p>
-
-<div class="sidenote">No sigue<br> Wellington<br> el alcance.</div>
-
-<p>Lord Wellington y los españoles se mantuvieron en Talavera, adonde
-llegó el 29 con 3000 hombres de refresco el general Craufurd, que
-al ruido de la batalla se apresuró a incorporarse a tiempo, aunque
-inútilmente, al grueso del ejército. No quiso Wellington a pesar del
-refuerzo seguir el alcance, ya porque considerase a los franceses
-más bien repelidos que deshechos, o ya porque no se fiase en la
-disciplina y organización del ejército español, tolerable en posición
-abrigada, pero muy imperfecta para marchas y grandes evoluciones.
-<span class="sidenote">Motivos de ello.</span> Otras causas pudieron
-también influir en su determinación: tal fue el anuncio del armisticio
-de Znaim, que se publicó en <i>Gaceta extraordinaria de Madrid</i>
-de 27 de julio; tal asimismo la marcha progresiva de Soult, de que
-se iban teniendo avisos más ciertos. Sin embargo, no fundó el general
-inglés su resolución en ninguna de tan poderosas e insinuadas razones,
-fuese que no quisiera ofender a los caudillos españoles, o que temiera
-sobresaltar los ánimos con malas nuevas. Disculpose solamente para no
-avanzar con la falta de víveres, pareciendo a algunos que si realmente
-tal escasez afligía al ejército, no era oportuno modo de remediarla
-permanecer en el lugar en donde más se sentía, cuando yendo adelante
-se encontrarían<span class="pagenum" id="Page_59">p. 59</span>
-países menos devastados, y ciudades y pueblos que ansiosamente y con
-entusiasmo aguardaban a sus libertadores.</p>
-
-<div class="sidenote">Llega Soult<br> a Extremadura.</div>
-
-<p>Por tanto, creyose en general que, si bien no abundaban las vituallas,
-la detención del ejército inglés pendía principalmente de los
-movimientos del mariscal Soult, quien, según aviso recibido en 30 de
-julio, intentaba atravesar el puerto de Baños, defendido por el marqués
-del Reino con cuatro batallones, dos destacados anteriormente del
-ejército de Cuesta y dos de Béjar. A la primera noticia pidió Lord
-Wellington que tropa española fuese a reforzar el punto amenazado, y
-dificultosamente recabó de Don Gregorio de la Cuesta que destacase para
-aquel objeto en 2 de agosto la quinta división del mando de Don Luis
-Bassecourt: poca fuerza y tardía, pues no pudiendo el marqués del Reino
-resistir a la superioridad del enemigo se replegó sobre el Tiétar,
-entrando los franceses en Plasencia el 1.º de agosto.</p>
-
-<div class="sidenote">Va Wellington<br> a su encuentro.</div>
-
-<p>Cerciorados los generales aliados de tan triste acontecimiento,
-convinieron en que el ejército británico iría al encuentro de los
-enemigos, y que los españoles permanecerían en Talavera para hacer
-rostro al mariscal Victor, en caso de que volviese a avanzar por aquel
-lado. Las fuerzas que traían los franceses constaban del quinto,
-segundo y sexto cuerpo, ascendiendo en su totalidad a unos 50.000
-hombres. Precedía a los demás el quinto, a las órdenes del mariscal
-Mortier, seguíale el segundo, a las inmediatas de Soult, que además
-mandaba a todos en jefe, y cerraba la marcha el sexto capitaneado por
-el mariscal<span class="pagenum" id="Page_60">p. 60</span> Ney. Fue
-de consiguiente Mortier quien arrojó de Baños al marqués del Reino,
-extendiéndose ya hacia la venta de la Bazagona por una parte y por otra
-hacia Coria, cuando el 3 de agosto pisó Soult las calles de Plasencia,
-y cuando Ney cruzaba en el mismo día los lindes extremeños. Tal y tan
-repentina avenida de gente asoló aquella tierra frondosísima en muchas
-partes, no escasa de cierta industria, y en donde aún quedan rastros
-y mijeros de una gran calzada romana. El general Beresford, que antes
-estaba situado con unos 15.000 portugueses detrás del Águeda, siguió
-al ejército francés en una línea paralela, y atravesando el puerto de
-Perales llegó a Salvatierra el 17 de agosto, desde cuyo punto trató de
-cubrir el camino de Abrantes.</p>
-
-<div class="sidenote">Tropas<br> que se agolpan<br> al valle del
-Tajo.</div>
-
-<p>Íbanse de esta manera acumulando en el valle o prolongada cuenca que
-forma el Tajo desde Aranjuez hasta los confines de Portugal muchedumbre
-de soldados, cuyo número, inclusos los ejércitos de Venegas y
-Beresford, rayaba en el de 200.000 hombres de muchas y varias naciones.
-Siendo difícil su mantenimiento en tan limitado terreno, y corto el
-tiempo que se requería para reunir las masas, era de conjeturar que
-unos y otros estaban próximos a empeñar decisivos trances. Pero en
-aquella ocasión, como en tantas otras, no aconteció lo que parecía más
-probable.</p>
-
-<p>Lord Wellington, informado de que el mariscal Soult se interponía
-entre su ejército y el puente de Almaraz, resolvió pasar por el del
-Arzobispo y establecer su línea de defensa detrás del Tajo. <span
-class="sidenote">Cuesta se retira<br> de Talavera.</span> Por su parte
-Don Gregorio de la<span class="pagenum" id="Page_61">p. 61</span>
-Cuesta, temeroso también de aguardar solo en Talavera a José y Victor,
-que de nuevo se unían, abandonó la villa y se juntó en Oropesa con
-la quinta división y el ejército británico. Desazonó a Wellington la
-determinación del general español por parecerle precipitada, y sobre
-todo por no haber puesto el correspondiente cuidado en salvar los
-heridos ingleses que había en Talavera. Desatendió por tanto y con
-justicia los clamores de Don Gregorio de la Cuesta, que insistía en
-que se conservase la posición de Oropesa como propia para una batalla.
-Cruzó pues Wellington el puente del Arzobispo, y estableció su cuartel
-general en Deleitosa el 7 de agosto, poniendo en Mesas de Ibor su
-retaguardia. Envió también por la orilla izquierda de Tajo al general
-Craufurd con una brigada y seis piezas, el cual llegó felizmente a
-tiempo de cubrir el paso de Almaraz y los vados.</p>
-
-<div class="sidenote">El ejército aliado<br> se pone en la<br> orilla
-izquierda<br> del Tajo.</div>
-
-<p>Forzado, bien a su pesar, el general Cuesta a seguir al ejército
-inglés, pasó el 5 el puente del Arzobispo, hacia donde con presteza se
-agolpaban los enemigos. Prosiguió su marcha por la Peraleda de Garvín
-a Mesas de Ibor, dejando en guarda del puente a la quinta división del
-cargo de Don Luis Bassecourt, y por la derecha en Azután, para atender
-a los vados, al duque de Alburquerque con 3000 caballos. Mas apenas
-había llegado Cuesta a la Peraleda, cuando ya eran dueños los enemigos
-del puente del Arzobispo.</p>
-
-<p>Acercándose allí de todas partes el quinto cuerpo, se había
-colocado su jefe Mortier en la Puebla de Naciados. Estaba a la
-sazón en Navalmoral el mariscal Ney, y Soult desde el Gordo<span
-class="pagenum" id="Page_62">p. 62</span> había destacado caballería
-camino de Talavera para ponerse en comunicación con Victor, de vuelta
-ya este el 6 en aquella villa. Así todas las tropas francesas podían
-ahora darse la mano y obrar de acuerdo.</p>
-
-<div class="sidenote">Paso<br> del Arzobispo<br> por los
-franceses.</div>
-
-<p>Reconcentráronse pues para forzar el paso del Arzobispo el quinto
-y segundo cuerpo, al tiempo que Victor por el puente de tablas de
-Talavera debía llamar la atención de los españoles, y aun acometerlos
-siguiendo la izquierda del Tajo. A las dos de la tarde del 8
-formalizaron los franceses su ataque contra el paso del Arzobispo;
-dirigíalo el mariscal Mortier. El calor del día y el descuido propio de
-ejércitos mal disciplinados hizo que no hubiese de nuestra parte gran
-vigilancia, por lo cual en tanto que los enemigos embestían el puente
-cruzaron descansadamente un vado 800 caballos suyos, guiados por el
-general Caulincourt, quedando unos 6000 al otro lado prontos a ejecutar
-lo mismo. Procuraron los españoles impedir el paso del Arzobispo
-abriendo un fuego muy vivo de artillería, ajenos de que Caulincourt,
-pasando el vado acometería, como lo hizo, por la espalda. Solo había en
-el puente 300 húsares del regimiento de Extremadura que contuvieron
-largo rato los ímpetus de los jinetes enemigos, a quienes hubiera
-costado caro su arrojo si Alburquerque hubiese llegado a tiempo. Pero
-los caballos de este, desensillados y sin bridas, tardaron en prepararse,
-acudiendo después atropelladamente, con cuya detención y falta de orden
-diose lugar a que vadease el río toda la caballería francesa, que
-ayudada de algunos infantes desconcertó a nuestra<span class="pagenum"
-id="Page_63">p. 63</span> gente, de la cual parte tiró a Guadalupe y
-parte a Valdelacasa, perdiéndose cañones y equipajes.</p>
-
-<p>Afortunadamente, no prosiguieron los enemigos más adelante,
-dirigiendo sus fuerzas a otros puntos, por lo que los aliados pudieron
-mantenerse tranquilos; los ingleses sobre la izquierda hacia Almaraz
-con su cuartel general en Jaraicejo, los españoles sobre la derecha
-con el suyo en Deleitosa, atentos también a proteger la posición
-de Mesas de Ibor. <span class="sidenote">Deja Cuesta<br> el mando.<br>
-Sucédele Eguía.</span> Don Gregorio de la Cuesta, abrumado con los años,
-sinsabores e incomodidades de la campaña, hizo dimisión del mando el
-12 de agosto, sucediéndole interinamente, y después en propiedad, Don
-Francisco de Eguía.</p>
-
-<div class="sidenote">Nuevas<br> disposiciones<br> de los
-franceses.</div>
-
-<p>Puestos los aliados a la orilla izquierda del Tajo, y temiendo
-José movimientos en Castilla la Vieja, cuyas guarniciones estaban
-faltas de gente, determinó, siguiendo el parecer de Ney, suspender las
-operaciones del lado de Extremadura. Así lo tenía igualmente insinuado
-Napoleón desde Schönbrunn con fecha de 29 de julio, desaprobando que se
-empeñasen acciones importantes hasta tanto que llegasen a España nuevos
-refuerzos que se disponía a enviar del norte. Conforme a la resolución
-de José, situose Soult en Plasencia, reemplazó en Talavera al cuerpo de
-Victor el de Mortier, y retrocedió con el suyo a Salamanca el mariscal
-Ney.</p>
-
-<div class="sidenote">Encuéntranse<br> Wilson y Ney<br> en el
-puerto<br> de Baños.</div>
-
-<p>Caminaba el último tranquilamente a su destino sin pensar en
-enemigos, cuando de repente tropezó en el puerto de Baños con obstinada
-resistencia. Causábala Sir Roberto Wilson, quien, abandonado, y
-estando el 4 de agosto en Velada<span class="pagenum" id="Page_64">p.
-64</span> sin noticia del paradero de los aliados, repasó el Tiétar, y
-atravesando acelerada e intrépidamente las sierras que parten términos
-con las provincias de Ávila y Salamanca, fue a caer a Béjar por sitios
-solitarios y fragosos. Desde allí, queriendo incorporarse con los
-aliados, contramarchó hacia Plasencia por el puerto de Baños, a la
-propia sazón que el mariscal Ney revolvía sobre Salamanca. La fuerza
-de Wilson, de 4000 hombres, la componían portugueses y españoles. Dos
-batallones de estos, avanzados en Aldeanueva, defendieron a palmos
-el terreno hasta la altura del desfiladero, en donde se alojaban los
-portugueses. Sostúvose Wilson en aquel punto durante horas, y no cedió
-sino a la superioridad del número: según la relación de tan digno jefe,
-sus soldados se portaron con el mayor brío, y al retirarse, los hubo
-que respondiendo a fusilazos a la intimación del enemigo de rendirse,
-se abrieron paso valerosamente.</p>
-
-<div class="sidenote">Extorsiones<br> del ejército<br> de Soult.</div>
-
-<p>El cuerpo del mariscal Soult mientras permaneció en tierra de
-Plasencia, acostumbrado a vivir de rapiña, taló campos, quemó
-pueblos, y cometió todo género de excesos. Al obispo de Coria Don
-Juan Álvarez de Castro, anciano de ochenta y cinco años, <span
-class="sidenote">Muerte violenta<br> del obispo<br> de Coria.</span>
-postrado en una cama, sacáronle de ella violentamente merodeadores
-franceses, y sin piedad le arcabucearon. Parecida atrocidad cometieron
-con otros pacíficos y honrados ciudadanos.</p>
-
-<div class="sidenote">Ejército<br> de Venegas.</div>
-
-<p>En tanto, José pensó en hacer frente al general Venegas, que por su
-parte había puesto en gran cuidado a la corte intrusa adelantándose al
-Tajo en 23 de julio, al tiempo que el general<span class="pagenum"
-id="Page_65">p. 65</span> Sebastiani retrocedió a Toledo. Era el
-ejército de Don Francisco Venegas de los mejor acondicionados de
-España, y sobresalían sus jefes entre los más señalados. Estaba
-distribuido en cinco divisiones que regían: la primera Don Luis Lacy;
-la segunda Don Gaspar Vigodet; la tercera Don Pedro Agustín Girón;
-la cuarta Don Francisco González Castejón, y la quinta Don Tomás de
-Zeráin. Gobernaba la caballería el marqués de Gelo. Ya hablamos de su
-fuerza total.</p>
-
-<div class="sidenote">Su marcha.</div>
-
-<p>El 27 de julio dispuso el general Venegas que la primera división
-pasase a Mora, cayendo sobre Toledo, al paso que él se trasladaba a
-Tembleque con la cuarta y quinta, y avanzaban a Ocaña la segunda y
-tercera. Ejecutose la operación, yendo hasta Aranjuez en la mañana del
-29. Un destacamento de 400 hombres, mandados por el coronel Don Felipe
-Lacorte, se extendió a la cuesta de la Reina, en donde dispersó tropas
-del enemigo y les cogió varios prisioneros.</p>
-
-<p>En tal situación, parecía natural que Venegas se hubiera metido
-en Madrid, desguarnecido con la salida de José vía de Talavera.
-<span class="sidenote">Nómbrale<br> la junta<br> capitán general de
-Castilla<br> la Nueva.</span> Aguijón era para ello el nombramiento que
-el mismo día 29 recibió de la central, encargándole interinamente el
-mando de Castilla la Nueva, con prevención de que residiese en Madrid.
-Pero siendo el verdadero motivo de concederle esta gracia el disminuir
-el influjo pernicioso de Cuesta, caso que nuestras tropas ocupasen
-la capital, se le advertía al mismo tiempo que no se empeñase muy
-adelante, pues los ingleses, con pretexto de falta de subsistencias, no
-pasarían del Alberche.</p>
-
-<p>Hubiera aún podido detener a Venegas para<span class="pagenum"
-id="Page_66">p. 66</span> entrar en Madrid el parte que el 30 le dio
-Lacy desde Nuestra Señora de la Sisla, de que enemigos se agolpaban
-a Toledo, si en el mismo día no hubiese también recibido oficio de
-Cuesta anunciando la victoria de Talavera, coligiéndose de ahí que la
-gente divisada por Lacy venía más bien de retirada que con intento de
-atacarle. Sin embargo se limitó Venegas a reconcentrar su fuerza en
-Aranjuez, apostando en el puente largo la división de Lacy que había
-llamado de las cercanías de Toledo.</p>
-
-<div class="sidenote">Su incertidumbre.</div>
-
-<p>Permanecía así incierto, cuando el 3 de agosto le avisó Don Gregorio
-de la Cuesta cómo se retiraba de Talavera. Con esta noticia parecía que
-quien se había mostrado circunspecto en momentos favorables, seríalo
-ahora mucho más y con mayor fundamento. Pero no fue así, pues en vez
-de retirarse, tomó el 5 disposiciones para defender el paso del Tajo.
-Apostó en sus orillas las divisiones primera, segunda y tercera, al
-mando todas de Don Pedro Agustín Girón, que debían atender a los vados
-y a los puentes Verde, de Barcas y la Reina, quedándose detrás camino
-de Ocaña con las otras dos divisiones el mismo Venegas.</p>
-
-<div class="sidenote">Defiende<br> el paso del Tajo<br> en
-Aranjuez.</div>
-
-<p>Los franceses se presentaron en la ribera derecha a las dos de
-la tarde del mismo 5, y empezaron por atacar la izquierda española
-colocada en el jardín del infante Don Antonio, acometiendo después los
-tres puentes. A todas partes acudía el general Girón con admirable
-presteza, y en particular a la izquierda, apoyando sus esfuerzos los
-generales Lacy y Vigodet. No menos animosos se mostraban los otros
-jefes y<span class="pagenum" id="Page_67">p. 67</span> soldados, y
-los hubo que apenas curados de sus heridas volvían a la pelea. Los
-franceses viendo la porfía de la defensa abandonaron al anochecer su
-intento. Perdimos 200 hombres; los enemigos 500, estando más expuestos
-a nuestros fuegos.</p>
-
-<p>Bastábale a Venegas la ventaja adquirida para que satisfecho se
-retirase con honra; mas creciendo su confianza permaneció en Ocaña,
-y se aventuró a una batalla campal. Los franceses frustrado su deseo
-de pasar el Tajo por Aranjuez, hicieron continuos movimientos con
-dirección a Toledo, lo cual excitó en Venegas la sospecha de que
-querían atravesar hacia allí el río, y cogerle por la espalda. Situó en
-consecuencia su ejército en escalones desde Aranjuez a Tembleque, en
-donde estableció su cuartel general, enviando la quinta división sobre
-Toledo. En efecto, los franceses pasaron en 9 de agosto el Tajo por esta
-ciudad y los vados de Añover, y el 10 juntó el general español sus
-fuerzas en Almonacid.</p>
-
-<div class="sidenote">Batalla<br> de Almonacid.</div>
-
-<p>En la creencia de que los franceses solo eran 14.000, repugnábale a
-Don Francisco Venegas desamparar la Mancha, inclinándose a presentar
-batalla. Oyó, sin embargo, antes la opinión de los demás generales,
-la cual coincidiendo con la suya, se acordó entre ellos atacar a los
-franceses el 12, dando el 11 descanso a las tropas. Mas en este día
-previnieron los enemigos los deseos de los nuestros trabando la acción
-en la madrugada.</p>
-
-<p>Componíase la fuerza francesa del cuarto cuerpo, al mando de
-Sebastiani, y de la reserva, a las órdenes de Dessolles y de José en
-persona, cuyo total ascendía a 26.000 infantes y 4000 caballos.<span
-class="pagenum" id="Page_68">p. 68</span> Situáronse los españoles
-delante de Almonacid y en ambos costados. El derecho le guarnecía la
-segunda división, el izquierdo la primera, y ocupaban el centro la
-cuarta y quinta. Quedó la reserva a retaguardia, destacándose solo
-de ella dos o tres cuerpos. Distribuyose la caballería entre ambos
-extremos de la línea, excepto algunos jinetes que se mantuvieron en el
-centro.</p>
-
-<p>Empezó a atacar el general Sebastiani antes que llegase su reserva,
-dirigiéndose contra la izquierda española. Viose, por tanto, muy
-comprometido un cuerpo de la primera división, y a punto de tener
-que replegarse sobre los batallones de Bailén y Jaén, que eran dos
-de los destacados de la tercera división. Ciaron también estos de
-la cresta de un monte a la izquierda de la línea donde se alojaban,
-herido mortalmente el teniente coronel de Bailén Don Juan de Silva.
-Inútilmente fue a su socorro el general Girón, hasta que desplegando
-al frente de las columnas enemigas Don Luis Lacy, con lo restante de
-su primera división contuvo a aquellas y las rechazó, apoyado por la
-caballería.</p>
-
-<p>A la sazón llegó el general Dessolles con parte de la reserva
-francesa, y animando a los soldados de Sebastiani renovose con más
-ardor la refriega. Viéronse entonces también acometidas la cuarta
-y quinta división española; la última, colocada a la derecha de
-Almonacid, dio luego indicio de flaquear; mas la otra sostúvose
-bizarramente, distinguiéndose los cuerpos de Jerez, Córdoba y Guardias
-españolas, guiado el segundo con conocimiento y valentía por Don
-Francisco<span class="pagenum" id="Page_69">p. 69</span> Carvajal.
-Cargaba igualmente la caballería, y anunciábase allí la victoria
-cuando, muerto el caballo del comandante de aquellos jinetes, vizconde
-de Zolina, hombre de nimia superstición aunque de valor no escaso,
-parose este tomando por aviso de Dios la muerte de su caballo.</p>
-
-<p>Entretanto acudió José con el resto de la reserva al campo de
-batalla, y rota la quinta división que ya había flaqueado, penetraron
-los franceses hasta el cerro del castillo, al que subieron después de
-una muy viva resistencia. Llegó con esto a ser muy crítica la situación
-del ejército español, en especial la de la gente de Lacy, por lo
-cual Venegas juzgó prudente retirarse. Para ello ordenó a la segunda
-división del mando de Vigodet, que era la menos comprometida, que
-formase a espaldas del ejército. Ejecutó dicho jefe esta maniobra con
-prontitud y acierto, siguiendo a su división la cuarta, del cargo de
-Castejón.</p>
-
-<div class="sidenote">Retirada<br> del ejército<br> español.</div>
-
-<p>No bastó tan oportuna precaución para verificar la retirada
-ordenadamente, pues asustados algunos caballos con la voladura de
-varios carros de municiones, dispersáronse e introdujeron desorden. De
-allí, no obstante, con más o menos concierto, dirigiéronse todas las
-divisiones por distintos puntos a Herencia, y en seguida a Manzanares.
-<span class="sidenote">Su dispersión.</span> En esta villa, corriendo
-entre la caballería la voz falsa y aciaga de que los enemigos estaban
-ya a la espalda en Valdepeñas, desrancháronse los soldados, y de tropel
-y desmandadamente no pararon hasta Sierra Morena, en donde, según
-costumbre, se juntaron después y rehicieron. Costó a los españoles la
-batalla de Almonacid<span class="pagenum" id="Page_70">p. 70</span>
-4000 hombres, unos 2000 a los franceses.</p>
-
-<p>Tan desventajosamente finalizó esta campaña de Talavera y la
-Mancha, comenzada con favorable estrella. No se advirtió sin embargo
-en sus resultas, a lo menos de parte de los españoles, lo que
-comúnmente acontece en las guerras, en las que, según con razón
-asienta Montesquieu, no suele ser lo más funesto las pérdidas reales
-que en ellas se experimentan, sino las imaginarias y el desaliento
-que producen. Lo que hubo de lastimoso en este caso fue haber
-desaprovechado la ocasión de lanzar tal vez a los franceses del Ebro
-allá y sobre todo la desunión momentánea de los aliados, a la que
-sirvió de principal motivo la falta de bastimentos.</p>
-
-<div class="sidenote">Contestaciones<br> con los ingleses<br> sobre<br>
-subsistencias.</div>
-
-<p>Cuestión ha sido esta que ya hemos tocado, y no volveríamos a
-renovarla si no hubiese tenido particular influjo en las operaciones
-militares, y mezcládose también en los vaivenes de la política. Hubo
-en ella por ambas partes injusticia en las imputaciones, achacándose
-a la central mala voluntad y hasta perfidia, y calificando esta de
-mero pretexto las quejas, a veces fundadas, de los ingleses. Todos
-tuvieron culpa, y más las circunstancias de entonces, juntamente
-con la dificultad de alimentar un ejército en campaña cuando no es
-conquistador, y de prevenir las necesidades por medio de oportunos
-almacenes. Se equivocó la central en imaginar que con solo dar órdenes
-y enviar empleados se abastecería el ejército inglés y español. A
-aquellas hubieran debido acompañar medidas vigorosas de coacción,
-poniendo también cuidado en encargar el desempeño de comisión tan
-espinosa<span class="pagenum" id="Page_71">p. 71</span> a hombres
-íntegros y capaces. Cierto que a un gobierno de índole tan débil
-como la central, érale difícil emplear la coacción, sobre todo en
-Extremadura, provincia devastada, y en donde hasta las mismas y
-fértiles comarcas del valle y vera de Plasencia, primeras que habían
-de pisar los ingleses, acababan de ser asoladas por las tropas del
-mariscal Victor. Pero hubo azar en escoger por cabeza de los empleados
-a Lozano de Torres, quien, al paso que bajamente adulaba al general
-en jefe inglés, escribía a la central que eran las quejas de aquel
-infundadas: juego doble y villano, que descubierto, obligó a Wellington
-a echar con baldón de su campo al empleado español.</p>
-
-<p>De parte de los ingleses hubo imprevisión en figurarse que a
-pesar de los ofrecimientos y buenos deseos de la central, podría su
-ejército ser completamente provisto y ayudado. Ya había este padecido
-en Portugal falta de muchos artículos, aunque en realidad el gobierno
-británico allí mandaba, y con la ventaja de tener próxima la mar.
-Mayores escaseces hubieran debido temer en España, país entonces por
-lo general más destruido y maltratado, no pudiendo contar con que
-solo el patriotismo reparase el apuro de medios después de tantas
-desgracias y escarmientos. Creer que el gobierno español hubiera
-de antemano preparado almacenes, era confiar sobradamente en su
-energía y principalmente en sus recursos. Los ingleses sabían por
-experiencia lo dificultoso que es arreglar la hacienda militar o sea
-<i>comisariato</i>, pues todavía en aquel tiempo tachaban ellos mismos
-de defectuosísimo el<span class="pagenum" id="Page_72">p. 72</span>
-suyo, y no era dable que España, en todo lo demás tan atrasada respecto
-de Inglaterra, se le aventajase en este solo ramo y tan de repente.</p>
-
-<p>En vano pensó la junta suprema remediar en parte el mal enviando
-a Extremadura a D. Lorenzo Calvo de Rozas, individuo suyo, y en cuyo
-celo y diligencia ponía firme esperanza. Semejante determinación,
-que no se tomó hasta 1.º de agosto, llegaba ya tarde, indispuestos
-los ánimos de los generales entre sí, y agriados cada vez más con el
-escaso fruto que se sacaba de la campaña emprendida. De poco sirvió
-también para concordarlos la dejación voluntaria que hizo Cuesta de
-su mando, anhelada por los mismos ingleses y expresamente pedida por
-su ministro en Sevilla. Lord Wellington viendo que la abundancia
-no crecía [*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_9-3"
-id="Ll_9-3">9-3</a>.)</span> cual deseaba, y que sus soldados
-enfermaban y perecían sus caballos, declaró que estaba resuelto a
-retirarse a Portugal. Entonces Eguía y Calvo hicieron, para desviarle
-de su propósito, nuevos ofrecimientos, concluyendo con decirle el
-primero que, a no ceder a sus instancias, creería que otras causas y no
-la falta de subsistencias le determinaban a retirarse. Otro tanto y con
-más descaro escribiole Calvo de Rozas. Ásperamente replicó Wellington,
-indicando a Eguía que en adelante sería inútil proseguir entre ellos la
-comenzada correspondencia.</p>
-
-<div class="sidenote">Llegada a España<br> del marqués<br> de
-Wellesley.</div>
-
-<p>Algunos, no obstante, mantuvieron esperanzas de que todo se compondría
-con la venida a Sevilla del marqués de Wellesley, hermano del general
-inglés y embajador nombrado por S. M. B. cerca del gobierno de España.
-Había<span class="pagenum" id="Page_73">p. 73</span> llegado el
-marqués a Cádiz el 4, y acogídole la ciudad cual merecía su elevada
-clase y la fama de su nombre. No nos detendremos en describir su
-entrada, mas no podemos omitir un hecho que allí ocurrió digno de
-memoria. Fue, pues, que queriendo el embajador, agradecido al buen
-recibimiento, repartir dinero entre el pueblo, Juan Lobato, zapatero de
-oficio, y de un batallón de voluntarios, saliendo de entre las filas
-díjole mesuradamente: «Señor Excelentísimo, no honramos a V. E. por
-interés sino para corresponder a la buena amistad que nuestra nación
-debe a la de V. E.» Rasgo muy característico y frecuente en el pueblo
-español. Pasó después a Sevilla el nuevo embajador y reemplazó a
-Mr. Frere, a quien la junta dio el título de marqués de la Unión en
-prueba de lo satisfecha que estaba de su buen porte y celo. Uno de los
-primeros puntos que trató Wellesley con la junta fue el de la retirada
-de su hermano. <span class="sidenote">Plan<br> de subsistencias.</span>
-Recayendo la principal queja sobre la falta de provisiones, rogole
-el gobierno español que le propusiese un remedio, y el marqués
-extendió un plan sobre el modo de formar almacenes y proporcionar
-transportes, como si el estado general de España y el de sus caminos
-y sus carruajes estuviese al par del de Inglaterra. No obstante los
-obstáculos insuperables que se ofrecían para su ejecución, aprobolo la
-central, quizá con sus puntas de malicia, sin que por eso se adelantase
-cosa alguna. <span class="sidenote">Retírase<br> Wellington<br> a
-Badajoz<br> y fronteras<br> de Portugal.</span> Lord Wellington había
-ya empezado el 20 de agosto, desde Jaraicejo, su marcha retrógrada, y
-deteniéndose algunos días en Mérida y Badajoz, repartió en principios
-de septiembre su<span class="pagenum" id="Page_74">p. 74</span>
-ejército entre la frontera de Portugal y el territorio español. Muchos
-atribuyeron esta retirada al deseo que tenía el gobierno inglés de
-que recayese en Lord Wellington el mando en jefe del ejército aliado.
-Nosotros, sin entrar en la refutación de este dictamen, nos inclinamos a
-creer que, más que de aquella causa y de la falta de subsistencias, que
-en efecto se padeció, provino semejante resolución del rumbo inesperado
-que tomaron las cosas de Austria. Los ingleses habían pasado a España
-en el concepto de que prolongándose la guerra en el Norte, tendrían
-los franceses que sacar tropas de la península, y que no habría por
-tanto que luchar en las orillas del Tajo sino con determinadas fuerzas.
-Sucedió lo contrario, atribuyendo después unos y otros a causas
-inmediatas lo que procedía de origen más alto. De todos modos, las
-resultas fueron desgraciadas para la causa común, y la central, como
-diremos después, recibió de este acontecimiento gran menoscabo en su
-opinión.</p>
-
-<div class="sidenote">Conducta<br> y tropelías<br> del gobierno<br> de
-José.</div>
-
-<p>El gobierno de José, por su parte, lleno de confianza, había
-aumentado ya desde mayo sus persecuciones contra los que no graduaba de
-amigos, incomodando a unos y desterrando a otros a Francia. Confundía
-en sus tropelías al prócer con el literato, al militar con el togado,
-al hombre elocuente con el laborioso mercader. Así salieron juntos,
-o unos en pos de otros, a tierra de Francia el duque de Granada y el
-poeta Cienfuegos, el general Arteaga y varios consejeros, el abogado
-Argumosa y el librero Pérez. Mala manera de allegar partidarios, e
-innecesaria para la seguridad de aquel gobierno, no siendo<span
-class="pagenum" id="Page_75">p. 75</span> los extrañados hombres de
-arrojo ni cabezas capaces de coligación. Expidiéronse igualmente
-entonces por José decretos destemplados, como lo fueron el de disponer
-de las cosechas de los habitantes sin su anuencia, y el de que se
-obligase a los que tuviesen hijos sirviendo en los ejércitos españoles
-a presentar en su lugar un sustituto o dar en indemnización una
-determinada suma. Estos decretos, como los demás, o no se cumplían o
-cumplíanse arbitrariamente, con lo que, en el último caso, se añadía a
-la propia injusticia la dureza en la ejecución.</p>
-
-<p>La guerra de Austria, aunque había alterado algún tanto al
-gobierno intruso, no le desasosegó extremadamente, ni le contuvo en
-sus procedimientos. <span class="sidenote">Opinión de Madrid.</span>
-Llegole más al alma la cercanía de los ejércitos aliados y el ver que
-con ella los moradores de Madrid recobraban nuevo aliento. Procuró por
-tanto deslumbrarlos y divertir su atención haciendo repetidas salvas
-que anunciasen las victorias conseguidas en Alemania; mas el español,
-inclinado entonces a dar solo asenso a lo que le era favorable,
-acostumbrado además a las artimañas de los franceses, no dando fe a
-lejanas nuevas, reconcentraba todas sus esperanzas en los ejércitos
-aliados, cuya proximidad en vano quiso ocultar el gobierno de José.
-<span class="sidenote">Júbilo<br> que allí hubo<br> el día<br> de
-Santa Ana.</span> Tocó en frenesí el contentamiento de los madrileños
-el 26 de julio, día de Santa Ana, en el que los aldeanos que andan
-en el tráfico de frutas de Navalcarnero y pueblos de su comarca,
-esparcieron haber llegado allí y estar de consiguiente cercano a la
-capital Sir Roberto Wilson y su tropa. Con la noticia, saliendo de sus
-casas los vecinos,<span class="pagenum" id="Page_76">p. 76</span>
-espontáneamente y de montón se enderezaron los más de ellos hacia
-la puerta de Segovia para esperar a sus libertadores. Los franceses
-no dieron muestra de impedirlo, limitándose el general Belliard, que
-había quedado de gobernador, a sosegar con palabras blandas el ánimo
-levantado de la muchedumbre. Durante el día reinó por todo Madrid el
-júbilo más exaltado, dándose el parabién conocidos y desconocidos,
-y entregándose al solaz y holganza. Pero en la noche, llegado aviso
-del descalabro que padeció el mismo 26 la vanguardia de Zayas,
-anunciáronlo los franceses al día siguiente como victoria alcanzada
-contra todo el ejército combinado, sin que la publicación hiciese mella
-en los madrileños, calificándola de falsa, sobre todo cuando el 31 de
-resultas de la batalla de Talavera vieron que los franceses tomaban
-disposiciones de retirada, y que los de su partido se apresuraban a
-recogerse al Retiro. Salieron no obstante fallidas, según en su lugar
-contamos, las esperanzas de los patriotas; mas, inmutables estos en
-su resolución, comenzaron a decir el tan sabido <i>no importa</i>,
-que, repetido a cada desgracia y en todas las provincias, tuvo en la
-opinión particular influjo, probando, con la constancia del resistir,
-que aquella frase no era hija de irrefleja arrogancia sino expresión
-significativa del sentimiento íntimo y noble de que una nación, si
-quiere, nunca es sojuzgada.</p>
-
-<div class="sidenote">Nuevos decretos<br> de José.</div>
-
-<p>José, sin embargo, persuadido de que con la retirada de los ejércitos
-aliados, las desavenencias entre ellos, la batalla de Almonacid y lo
-que ocurría en Austria, se afirmaba más y más<span class="pagenum"
-id="Page_77">p. 77</span> en el solio, tomó providencias importantes
-y promulgó nuevos decretos. Antes ya había instalado el consejo
-de estado, no pasando a convocar cortes, según lo ofrecido en la
-constitución de Bayona, así por lo arduo de las circunstancias, como
-por no agradar ni aun la sombra de instituciones libres al hombre de
-quien se derivaba su autoridad. Entre los decretos, muchos y de varia
-naturaleza, húbolos que llevaban el sello de tiempos de división
-y discordia, como fueron el de confiscación y venta de los bienes
-embargados a personas fugitivas y residentes en provincias levantadas,
-y el de privación de sueldo, retiro o pensión a todo empleado que no
-hubiese hecho de nuevo para obtener su goce solicitud formal. De estas
-dos resoluciones, la primera, además de adoptar el bárbaro principio
-de la confiscación, era harto amplia y vaga para que en la aplicación
-no se acreciese su rigor; y la segunda, si bien pudiera defenderse
-atendiendo a las peculiares circunstancias de un gobierno intruso,
-mostrábase áspera en extenderse hasta la viuda y el anciano, cuya
-situación era justo y conveniente respetar, evitándoles todo compromiso
-en las discordias civiles.</p>
-
-<p>Decidió también José no reconocer otras grandezas ni títulos sino
-los que él mismo dispensase por un decreto especial, y suprimió
-igualmente todas las órdenes de caballería existentes, excepto la
-militar de España que había creado, y la antigua del Toisón de Oro;
-no permitiendo ni el uso de las condecoraciones ni menos el goce de
-las encomiendas: por cuyas determinaciones ofendiendo la vanidad de
-muchos<span class="pagenum" id="Page_78">p. 78</span> se perjudicó a
-otros en sus intereses, y tratose de comprometer a todos.</p>
-
-<p>Aplaudieron algunos un decreto que dio José el 18 de agosto para la
-supresión de todas las órdenes monacales, mendicantes y clericales.
-Napoleón, en diciembre, había solo reducido los conventos a una tercera
-parte; su hermano ampliaba ahora aquella primera resolución, ya por
-no ser afecto a dichas corporaciones, ya también por la necesidad de
-mejorar la hacienda.</p>
-
-<div class="sidenote">Medidas<br> económicas.</div>
-
-<p>Los apuros de esta crecían, no entrando en arcas otro producto sino
-el de las puertas de Madrid, aumentado solo con el recargo de ciertos
-artículos de consumo. Semejante penuria obligó al ministro de hacienda,
-conde de Cabarrús, a recurrir a medios odiosos y violentos, como el del
-repartimiento de un empréstito forzoso entre las personas pudientes de
-Madrid, <span class="sidenote">Plata<br> de particulares.</span> y el
-de recoger la plata labrada de los particulares. En la ejecución de
-estas providencias, y sobre todo en la de la confiscación de las casas
-de los grandes y otros fugitivos, cometiéronse mil tropelías, teniendo
-que valerse de individuos despreciables y desacreditados, por no querer
-encargarse de tal ministerio los hombres de vergüenza. Así fue que ni
-el mismo gobierno intruso reportó gran provecho, echándose aquella
-turba de malhechores, con la suciedad y ansia de harpías, sobre cuantas
-cosas de valor se ofrecían a su rapacidad.</p>
-
-<div class="sidenote">Del palacio.</div>
-
-<p>Del palacio real se sacaron al propio tiempo todos los útiles de
-plata que por antiguos o de mal gusto se habían excluido del uso común
-y se llevaron a la casa de la moneda. Díjose que<span class="pagenum"
-id="Page_79">p. 79</span> del rebusco se juntaron cerca de ochocientas
-mil onzas de plata, cálculo que nos parece excesivo.</p>
-
-<div class="sidenote">De iglesias.</div>
-
-<p>Tomáronse asimismo de las iglesias muchas alhajas, trasladándose
-a Madrid bastante porción de las del Escorial. Cierto es que, entre
-ellas, varias que se creían de oro no lo eran, y otras que se tenían
-por de plata aparecieron solo de hojuela. <span class="sidenote">Mr.
-Napier.</span> El historiador inglés Napier [ya es preciso nombrarle]
-empeñado siempre en denigrar la conducta de los patriotas, dice que
-esta medida del intruso excitó la codicia de los españoles, y produjo
-la mayor parte de las bandas que se llamaron guerrillas. Aserción
-tan errónea y temeraria que consta de público, y puede averiguarse
-en los papeles del gobierno nacional, que si los jefes de aquellas
-tropas interceptaron parte de la plata u otras alhajas de las que se
-llevaban a Madrid, por lo general las restituyeron fielmente a sus
-dueños o las enviaron a Sevilla. Lo contrario sucedió del lado de los
-franceses que, mirando a España como conquista suya, u obligados sus
-jefes a echar mano de todo para mantener sus tropas, se reservaron
-gran porción de aquellos efectos, en vez de remitirlos al gobierno de
-Madrid. Con frecuencia se quejaba entre sus amigos de tal desorden el
-conde de Cabarrús, añadiendo que Napoleón nunca conseguiría su intento
-en la península, si no adoptaba el medio de hacer la conquista con 600
-millones y 60.000 hombres en lugar de 600.000 hombres y 60 millones,
-pues solo así podría ganar la opinión, que era su más terrible
-enemigo.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_80">p. 80</span>Aquel ministro, de
-cuya condición y prendas hemos hablado anteriormente, juzgó político
-y miró como inagotable recurso la creación que hizo por decreto de 9
-de junio, <span class="sidenote">Cédulas hipotecarias.</span> bajo
-nombre de <i>cédulas hipotecarias</i>, de unos documentos que habían de
-trocarse contra los créditos antiguos del estado de cualquiera especie,
-y emplearse en la compra de bienes nacionales, con la advertencia de
-que los que rehusaran adquirir dichos bienes recibirían en cambio
-inscripciones del libro de la deuda pública que se establecía, cobrando
-al año cuatro por ciento de interés. También discurrió Cabarrús
-prohibir el curso de los vales reales en los países dominados por
-los franceses, si no llevaban el sello del nuevo escudo adoptado por
-José; lo que, en lugar de atraer los vales a la circulación de Madrid,
-ahuyentolos, temerosos los tenedores de que el gobierno legítimo se
-negase a reconocerlos con la nueva marca. Coligiéndose de ahí ser
-Cabarrús el mismo de antes, esto es, sujeto de saber y viveza, pero
-sobradamente inclinado a forjar proyectos a centenares, por lo cual
-le había ya calificado con oportunidad el célebre conde de Mirabeau
-<i>d’homme à expédients</i>.</p>
-
-<p>Además, todas estas medidas, que flaqueaban ya por tantos
-lados y particularmente por el de la confianza, base fundamental
-del crédito, acabaron de hundirse con crear otras cédulas, <span
-class="sidenote">Cédulas<br> de indemnización<br> y recompensa.</span>
-llamadas de <i>indemnización</i> y <i>recompensa</i>, pues aunque al
-principio se limitó la suma de estas a la de 100.000.000, y en forma
-diferente de las otras, claro era que en un gobierno sin trabas como
-el de José, y en el que había de contentarse<span class="pagenum"
-id="Page_81">p. 81</span> a tantos, pronto se abusaría de aquel medio,
-ampliándole y absorbiendo de este modo gran parte de los bienes
-nacionales destinados a la extinción de la deuda. Así fue que, si
-bien al principio algunos cortesanos y especuladores hicieron compras
-de cédulas hipotecarias, con que adquirieron fincas pertenecientes a
-confiscos y comunidades religiosas, padeció en breve aquel papel gran
-quebranto, quedando casi reducido a valor nominal.</p>
-
-<p>No sacando, pues, de ahogo tales medidas económicas al gobierno de
-Madrid, tuvo Napoleón, mal de su grado, que suministrar de Francia
-2.000.000 de francos mensuales, siendo aquella la primera guerra que,
-en lugar de producir recursos a su erario, los menguaba.</p>
-
-<div class="sidenote">Otros decretos.</div>
-
-<p>Más atinado anduvo José en otros decretos que también promulgó desde
-junio hasta fines del año 1809; entre ellos merece particular alabanza
-el que abolió el <i>voto de Santiago</i>, impuesto gravosísimo a los
-agricultores, del que hablaremos al tratar de las cortes de Cádiz.
-Igualmente fueron notables el de la enseñanza pública, el de la milicia
-y sus grados, el de municipalidades y el de quitar a los eclesiásticos
-toda jurisdicción civil y criminal. Providencias estas y otras, que si
-bien en mucha parte tiraban a la mejora del reino, no eran apreciadas
-por falta de ejecución, y sobre todo porque desaparecía su beneficio al
-lado de otras ruinosas, y de las lástimas que causaban las persecuciones
-de particulares y los males comunes de la guerra.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop">
-
-
-<div class="chapter">
- <p><span class="pagenum" id="Page_83">p. 83</span></p>
- <div class="figcenter">
- <img style="width: 26em; height: auto;"
- src="images/doble_filete.jpg"
- alt="Filete ornamental">
- </div>
- <p class="centra fs200 lh200 negr mt1">RESUMEN</p>
- <p class="centra smaller lh200">DEL</p>
- <p class="centra fs150 lh200 g1 ws1">LIBRO DÉCIMO.</p>
- <div class="figcenter mt05">
- <img style="width: 8em; height: auto;"
- src="images/separa2.jpg"
- alt="Motivo ornamental">
- </div>
-</div>
-
-<p class="resum"><span class="prim"><span
-class="gran">S</span>itio</span> de Gerona. — Mal estado de la
-plaza. — Descripción de Gerona. — Su población y fuerza. — Álvarez,
-gobernador. — Defectos de la plaza. — Entusiasmo de los gerundenses.
-— San Narciso declarado generalísimo. — Se presentan los franceses
-delante de Gerona. Mayo. — Circunvalan la plaza. Junio. — Formalizan
-su ataque. — Entereza de Álvarez. — Acometen los enemigos las torres
-avanzadas de Monjuich. — Empieza el bombardeo contra la ciudad. —
-Beramendi. — Nieto. — Apodéranse los enemigos de las torres avanzadas
-de Monjuich. — Desalojan los españoles del Pedret a los enemigos.
-— Saint-Cyr con todo su ejército pasa al sitio de Gerona. — Ocupa
-a San Feliú de Guíxols. — <span class="pagenum" id="Page_84">p.
-84</span>Correrías de los partidarios. — Julio. — Embisten los
-enemigos a Monjuich. — Intrepidez de Montoro. — Asalto de Monjuich.
-— Por cuatro veces son repelidos los franceses. — Retíranse. —
-Pierson. El tambor Ancio. — Vuélase la torre de S. Juan. — Arrojo de
-Beramendi. — Toman los franceses a Palamós. — Mariscal Augereau. — Su
-proclama. — Partidarios que molestan a los franceses. — Socorro que
-intenta entrar en Gerona. — Marshall. — Continúan los franceses su
-ataque contra Monjuich. — Agosto. — Ataque del revellín de Monjuich.
-— Grifols. — Abandonan los españoles a Monjuich. — Esperanzas vanas
-de los franceses con la ocupación de Monjuich. — Estrechan la plaza.
-— Respuesta notable de Álvarez. — Su diligencia. — Don Joaquín Blake.
-— Va al socorro de Gerona. — Buenas disposiciones que para ello se
-toman. — Septiembre. — Vese Saint-Cyr engañado. — Entra un convoy y
-refuerzo en Gerona a las órdenes de Conde. — Salida malograda de la
-plaza. — Asaltan los franceses la plaza el 19 de septiembre. — Valor
-de la guarnición y habitantes. — Álvarez. — Muerte de Marshall. — Son
-repelidos los franceses en todas partes con gran pérdida. — Convierten
-los franceses el sitio en bloqueo. — Intenta en vano Blake socorrer
-de nuevo la plaza. — O’Donnell. — Haro. — Ventajas de los españoles
-y de los ingleses cerca de Barcelona. — Octubre. — Empieza el hambre
-en Gerona. — Únese O’Donnell al ejército. — El mariscal Augereau
-sucede a Saint-Cyr en Cataluña. — Estréchase el bloqueo. — Auméntanse
-el hambre y las enfermedades. — Tercera e inútil tentativa de Blake
-para socorrer a Gerona. — <span class="pagenum" id="Page_85">p.
-85</span>Noviembre. — Hambre horrorosa. Carestía de víveres. — Vacila
-el ánimo de algunos. — Inflexibilidad de Álvarez. — Bando de Álvarez. —
-Gracias que concede la central a Gerona. — Congreso catalán. — Estado
-deplorable de la plaza. — Diciembre. — Renuevan los franceses sus
-ataques. — Ataque del 7 de diciembre. — Se agolpan contra Gerona todo
-género de males. — Enfermedad de Álvarez. — Sustitúyele Don Julián
-Bolívar. — Háblase de capitular. — Honrosa capitulación de Gerona.
-— Extraordinaria defensa la de esta plaza. — Álvarez, trasladado a
-Francia. — Su muerte. — Sospechas de que fue violenta. — Honores
-concedidos a la memoria de Álvarez. — Estado de las otras provincias.
-— Provincias libres. — Provincias ocupadas. — Navarra y Aragón. —
-Renovales. — Combates en Roncal. — Correspondencia entre los franceses
-y Renovales. — Sarasa. — San Julián de la Peña quemado. — Combates en
-los valles de Ansó y Roncal. — Capitulan los valles. — Benasque. —
-Perena y otros partidarios. — Nuevas partidas. — Ríndese Benasque. —
-Junta de Aragón. — Gayán. — Le atacan los franceses. — Se apoderan de
-la Virgen del Tremedal. — Entra Suchet en Albarracín y Teruel. — Cuenca
-y Guadalajara. — Atalayuelas. — El Empecinado. — Hechos de este. — La
-Mancha. — Francisquete. — León y Castilla. — Don Julián Sánchez. — El
-Capuchino, Saornil. — Juntas y partidarios en el camino de Francia. —
-Mina el mozo. — Sucesos generales de la nación. — Estado de desasosiego
-de la central. — Don Francisco de Palafox. — Consulta del consejo. — Su
-ceguedad. — Altercados de las <span class="pagenum" id="Page_86">p.
-86</span>juntas de provincia y la central. Sevilla. — Extremadura.
-— Valencia. — Exposición de esta contra el consejo. — Trama para
-disolver la central. — Descúbrela el embajador de Inglaterra. — Trata
-la central de reconcentrar la potestad ejecutiva. — Diversidad de
-opiniones. — Nómbrase al efecto una comisión. — Nómbrase otra segunda.
-— Nuevos manejos. — Palafox. — Romana. — Su inconsiderada conducta y
-su representación. — Nómbrase la comisión ejecutiva. — Fíjase el día
-de juntarse las cortes. — Instálase la comisión ejecutiva. — Estado de
-Europa. — Expediciones inglesas. — Contra Nápoles. — Contra el Escalda.
-— Desgraciadísima esta. — Paz entre Napoleón y el Austria. — Manifiesto
-de la central. — Prurito de batallar de la central. — Ejército de la
-izquierda. — General Marchand. — Carrier. — Primera defensa de Astorga.
-— Muévese el duque del Parque al frente del ejército de la izquierda.
-— Batalla de Tamames. — Gánanla los españoles. — Únese Ballesteros a
-Parque. — Entra Parque en Salamanca. — Únesele la división castellana.
-— Ejércitos españoles del mediodía. — Únese al de la Mancha parte del
-ejército de Extremadura. — Fuerza de este ejército reunido al mando de
-Eguía. — Posición de los franceses. — Irresolución de Eguía. — Sucédele
-en el mando Aréizaga. — Favor de que este goza. — Lord Wellington en
-Sevilla. — Ibarnavarro consejero de Aréizaga. — Muévese este. — Choque
-en Dos Barrios. — Aréizaga en Tembleque. — Ejército español en Ocaña.
-— Movimientos inciertos y mal concertados de Aréizaga. — Choque de
-caballería en Ontígola. — Fuerzas que acercan <span class="pagenum"
-id="Page_87">p. 87</span>los franceses. — Batalla de Ocaña. — Horrorosa
-dispersión. Pérdida de Ocaña. — Resultas. — Se retira Alburquerque a
-Trujillo. — Movimientos del duque del Parque. — Acción de Medina del
-Campo. — Acción de Alba de Tormes. — Valor de Mendizábal. — Retirada
-de los españoles. — Retirada de los ingleses del Guadiana al norte del
-Tajo. — Flaqueza de la comisión ejecutiva. — Comisionados enviados a La
-Carolina. — Prisión de Palafox y Montijo. — Manejos de Romana y de su
-hermano Caro. — Tropelías. — Estado deplorable de la junta central. —
-Providencias de la comisión ejecutiva y de la junta. — Proposición de
-Calvo sobre libertad de imprenta. — Modo de convocarse las cortes. —
-Mudanza de individuos en la comisión ejecutiva. — Decreto de la central
-para trasladarse a la Isla de León.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop">
-
-
-<div class="chapter" id="Ch10">
- <p><span class="pagenum" id="Page_89">p. 89</span></p>
- <div class="figcenter">
- <img style="width: 26em; height: auto;"
- src="images/doble_filete.jpg"
- alt="Filete ornamental">
- </div>
- <p class="centra fs150 lh150 negr g0 mt1">HISTORIA</p>
- <p class="centra fs60 lh150">DEL</p>
- <p class="centra fs120 lh150 asc ws1">LEVANTAMIENTO, GUERRA Y REVOLUCIÓN</p>
- <p class="centra fs120 lh150 ws1">de España.</p>
- <div class="figcenter mt05">
- <img style="width: 8em; height: auto;"
- src="images/separa4.jpg"
- alt="Motivo ornamental">
- </div>
- <h2 class="nobreak fs120 negr g0">LIBRO DÉCIMO.</h2>
- <hr class="tir">
-</div>
-
-<div class="sidenote">Sitio<br> de Gerona.</div>
-
-<p class="ti0">«<span class="prim"><span
-class="gran">S</span>erá</span> pasado por las armas el que profiera
-la voz de capitular o de rendirse.» Tal pena impuso por bando, al
-acercarse los franceses a Gerona, su gobernador Don Mariano Álvarez de
-Castro. Resolución que por su parte procuró cumplir rigurosamente, y la
-cual sostuvieron con inaudito tesón y constancia la guarnición y los
-habitantes.</p>
-
-<div class="sidenote">Mal estado<br> de la plaza.</div>
-
-<p>Preludio fueron de esta tercera y nunca bien ponderada defensa las
-otras dos, ya relatadas, de junio y julio del año anterior. Los franceses
-no consideraban importante la plaza de Gerona, habiéndola<span
-class="pagenum" id="Page_90">p. 90</span> calificado de muy imperfecta
-el general Marescot, comisionado para reconocerla; juicio tanto más
-fundado, cuanto, prescindiendo de lo defectuoso de sus fortificaciones,
-estaban entonces estas, unas cuarteadas, otras cubiertas de arbustos
-y malezas, y todas desprovistas de lo más necesario. Corrigiéronse
-posteriormente algunas de aquellas faltas, sin que por eso creciese en
-gran manera su fortaleza.</p>
-
-<div class="sidenote">Descripción<br> de Gerona.</div>
-
-<p>Gerona, cabeza del corregimiento de su nombre, situada en lo antiguo
-cuesta abajo de un monte, extendiose después por las dos riberas del
-Oñar, llamándose el Mercadal la parte colocada a la izquierda. La de la
-derecha se prolonga hasta donde el mencionado río se une con el Ter,
-del que también es tributario por el mismo lado, y después de correr
-por debajo de varias calles y casas el Galligans, formado de las aguas
-vertientes de los montes situados al nacimiento del sol. Comunícanse
-ambas partes de la ciudad por un hermoso puente de piedra, y las
-circuía un muro antiguo con torreones, cuyo débil reparo se mejoró
-después, añadiendo siete baluartes, cinco del lado del Mercadal y dos
-del opuesto; habiendo solo foso y camino cubierto en el de la puerta de
-Francia. Dominada Gerona en su derecha por varias alturas, eleváronse
-en diversos tiempos fuertes que defendiesen sus cimas. En la que mira
-al camino de Francia y, por consiguiente, en la más septentrional
-de ellas, se construyó el castillo de Monjuich, con cuatro reductos
-avanzados, y en las otras, separadas de esta por el valle que riega el
-Galligans, los del Calvario, Condestable, reina<span class="pagenum"
-id="Page_91">p. 91</span> Ana, Capuchinos, del Cabildo y de la Ciudad.
-Antes del sitio se contaban algunos arrabales, y abríase delante
-del Mercadal un hermoso y fértil llano que, bañado por el Ter, el
-riachuelo Güell y una acequia, estaba cubierto de aldeas y deleitables
-quintas.</p>
-
-<div class="sidenote">Su población<br> y fuerza.</div>
-
-<p>La población de Gerona en 1808 ascendía a 14.000 almas, y al
-comenzar el tercer sitio constaba su guarnición de 5673 hombres de
-todas armas. Mandaba la plaza, en calidad de gobernador interino,
-D. Mariano Álvarez de Castro, <span class="sidenote">Álvarez,<br>
-gobernador.</span> natural de Granada y de familia ilustre de Castilla
-la Vieja, quien con la defensa inmortalizó su nombre. Era teniente de
-rey Don Juan Bolívar, que se había distinguido en las dos anteriores
-acometidas de los franceses, y dirigían la artillería y los ingenieros
-los coroneles Don Isidro de Mata y Don Guillermo Minali; el último
-trabajó incesantemente y con acierto en mejorar las fortificaciones.</p>
-
-<div class="sidenote">Defectos<br> de la plaza.</div>
-
-<p>Por la descripción que acabamos de hacer de Gerona y por la noticia
-que hemos dado de sus fuerzas, se ve cuán flacas eran estas y cuán
-desventajosa su situación. Enseñoreada por los castillos, tomado que
-fuese uno de ellos, particularmente el de Monjuich, quedaba la ciudad
-descubierta, siendo favorables al agresor todos los ataques. Además, si
-atendemos a los muchos puntos que había fortificados, y a la extensión
-del recinto, claro es que para cubrir convenientemente la totalidad de
-las obras, se requerían por lo menos de 10 a 12.000 hombres, número
-lejano de la realidad. A todo suplió el patriotismo.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_92">p. 92</span></p>
-
-<div class="sidenote">Entusiasmo de<br> los gerundenses.</div>
-
-<p>Animados los gerundenses con antiguas memorias, y reciente en
-ellos la de las dos últimas defensas, apoyaron esforzadamente a la
-guarnición, distribuyéndose en ocho compañías que, bajo el nombre de
-Cruzada, instruyó el coronel Don Enrique O’Donnell. Compusiéronla todos
-los vecinos sin excepción de clase ni de estado, incluso el clero
-secular y regular, y hasta las mujeres se juntaron en una compañía que
-apellidaron de Santa Bárbara, la cual, dividida en cuatro escuadras,
-llevaba cartuchos y víveres a los defensores, recogiendo y auxiliando a
-los heridos.</p>
-
-<div class="sidenote">San Narciso<br> declarado<br> generalísimo.</div>
-
-<p>Anteriormente, habíase también tratado de excitar la devoción de
-los gerundenses nombrando por generalísimo a San Narciso, su patrono.
-Desde muy antiguo tenían los moradores en la protección del santo
-entera y sencilla fe. Atribuían a su intercesión prosperidades en
-pasadas guerras, y en especial la plaga de moscas que tanto daño causó,
-según cuentan, en el siglo decimotercero al ejército francés que bajo
-su rey Felipe el Atrevido puso sitio a la plaza; sitio en el que, por
-decirlo de paso, grandemente se señaló el gobernador Ramón Folch de
-Cardona, quien, al asalto, como refiere Bernardo Desclot, tañendo su
-añafil y soltadas las galgas, no dejó sobre las escalas francés que
-no fuese al suelo herido o muerto. Ciertos hombres, sin profundizar
-el objeto que llevaron los jefes de Gerona, hicieron mofa de que se
-declarase generalísimo a San Narciso, y aun hubo varones cuerdos que
-desaprobaron semejante determinación, temiendo el influjo de vanas
-y perniciosas supersticiones.<span class="pagenum" id="Page_93">p.
-93</span> Era el de los últimos arreglado modo de sentir para tiempos
-tranquilos, pero no tanto para los agitados y extraordinarios. De todas
-las obligaciones, la primera consiste en conservar ilesos los hogares
-patrios, y lejos de entibiar para ello el fervor de los pueblos,
-conviene alimentarle y darle pábulo hasta con añejas costumbres
-y preocupaciones; por lo cual, el atento político y el verdadero
-hombre religioso, enemigos de indiscretas y reprensibles prácticas,
-disculparán, no obstante, y aun aplaudirán en el apretado caso de
-Gerona, lo que a muchos pareció ridícula y singular resolución, hija de
-grosera ignorancia.</p>
-
-<div class="sidenote">Se presentan<br> los franceses<br> delante<br> de
-Gerona.<br> Mayo.</div>
-
-<p>Los franceses, preparándose de antemano para el sitio, se presentaron
-a la vista de la plaza el 6 de mayo, en las alturas de Costa Roja.
-Mandaba entonces aquellas tropas el general Reille, hasta que el
-13 le reemplazó Verdier, quien continuó a la cabeza durante todo el
-sitio. Con este general, y sucesivamente, llegaron otros refuerzos,
-y el 31 arrojaron los enemigos a los nuestros de la ermita de los
-Ángeles, que fue bien defendida. Hubo varias escaramuzas, pero lo
-corto de la guarnición no permitió retardar, cual conviniera, las
-primeras operaciones del sitiador. Solamente los paisanos de las
-inmediaciones de Montagut, tiroteándose con él a menudo, le molestaron
-bastantemente.</p>
-
-<div class="sidenote">Circunvalan<br> la plaza.<br> Junio.</div>
-
-<p>Al comenzar junio fue la plaza del todo circunvalada. Colocose la
-división westfaliana de los franceses, al mando del general Morio, desde
-la margen izquierda del Ter, por San Medir, Montagut y Costa Roja; la
-brigada de Joba en Pont-Mayor, y los regimientos de Berg y<span
-class="pagenum" id="Page_94">p. 94</span> Wurszburgo en las alturas de
-San Miguel y Villa Roja hasta los Ángeles; cubrieron el terreno del
-Oñar al Ter por Montelibi, Palau y el llano de Salt tropas enviadas de
-Vic por Saint-Cyr, ascendiendo el conjunto de todas a 18.000 hombres.
-Hubiera preferido el último general bloquear estrechamente la plaza a
-sitiarla; mas sabiéndose en el campo francés que no gozaba del favor de
-su gobierno, y que iba a sucederle en el mando el mariscal Augereau,
-no se atendieron debidamente sus razones, llevando Verdier adelante su
-intento de embestir a Gerona.</p>
-
-<div class="sidenote">Formalizan<br> su ataque.</div>
-
-<p>Reunido el 8 de junio el tren de sitio correspondiente,
-resolvieron los enemigos emprender dos ataques, uno flojo contra
-la plaza, otro vigoroso contra el castillo de Monjuich y sus
-destacadas torres o reductos. Mandaban a los ingenieros y artillería
-francesa los generales Sanson y Taviel. Antes de romper el fuego
-se presentó el 12 un parlamentario para intimar la rendición,
-<span class="sidenote">Entereza<br> de Álvarez.</span> mas el
-fiero gobernador Álvarez respondió que no queriendo tener trato ni
-comunicación con los enemigos de su patria, recibiría en adelante
-a metrallazos a sus emisarios. Hízolo así en efecto siempre que el
-francés quiso entrar en habla. Criticáronle algunos de los que piensan
-que en tales lances han de llevarse las cosas reposadamente, mas le loó
-muy mucho el pueblo de Gerona, empeñando infinito en la defensa tan
-rara resolución, cumplida con admirable tenacidad.</p>
-
-<div class="sidenote">Acometen<br> los enemigos<br> las torres<br>
-avanzadas<br> de Monjuich.</div>
-
-<p>Los enemigos habían desde el 8 empezado a formar una paralela en
-la altura de Tramón a 600 toesas de las torres de San Luis y San
-Narciso,<span class="pagenum" id="Page_95">p. 95</span> dos de las
-mencionadas de Monjuich, sacando al extremo de dicha paralela un
-ramal de trinchera, delante de la cual plantaron una batería de ocho
-cañones de a 24 y dos obuses de a nueve pulgadas. Colocaron también
-otra batería de morteros detrás de la altura Denroca a 360 toesas del
-baluarte de San Pedro, situado a la derecha del Oñar en la puerta de
-Francia. Los cercados, a pesar del incesante fuego que desde sus muros
-hacían, no pudieron impedir la continuación de estos trabajos.</p>
-
-<div class="sidenote">Empieza<br> el bombardeo<br> contra la
-ciudad.</div>
-
-<p>Progresando en ellos y recibida que fue por los franceses la repulsa
-del gobernador Álvarez, empezó el bombardeo en la noche del 13 al 14,
-y todo resonó con el estruendo del cañón y del mortero. Los soldados
-españoles corrieron a sus puestos, otro tanto hicieron los vecinos,
-acompañándolos a todas partes las doncellas y matronas alistadas en
-la compañía de Santa Bárbara. Sin dar descanso prosiguieron en su
-porfía los enemigos hasta el 25, y no por eso se desalentaron los
-nuestros, ni aun aquellos que entonces se estrenaban en las armas.
-El 14 incendiose y quedó reducido a cenizas el hospital general;
-gran menoscabo por los efectos allí perdidos, difíciles de reponer.
-La junta corregimental, que en todas ocasiones se portó dignamente,
-reparó algún tanto el daño, <span class="sidenote">Beramendi.</span>
-coadyuvando a ello la diligencia del intendente Don Carlos Beramendi
-y el buen celo del cirujano mayor Don Juan Andrés Nieto, <span
-class="sidenote">Nieto.</span> que en un memorial histórico nos ha
-transmitido los sucesos más notables de este sitio.</p>
-
-<div class="sidenote">Apodéranse<br> los enemigos<br> de las torres<br>
-avanzadas<br> de Monjuich.</div>
-
-<p>Al rayar del 14 también acometieron los enemigos las torres de San
-Luis y San Narciso,<span class="pagenum" id="Page_96">p. 96</span>
-apagaron sus fuegos, descortinaron su muralla, y abriendo brecha
-obligaron a los españoles a abandonar el 19 ambas torres. Lo mismo
-aconteció el 21 con la de San Daniel, que evacuaron nuestros soldados.
-Este pequeño triunfo envalentonó a los sitiadores, causándoles después
-grave mal su sobrada confianza.</p>
-
-<div class="sidenote">Desalojan<br> los españoles<br> del Pedret<br> a
-los enemigos.</div>
-
-<p>En la noche del 14 al 15 desalojaron los mismos a una guerrilla
-española del arrabal del Pedret, situado fuera de la puerta de Francia;
-y levantando un espaldón, trataron de establecerse en aquel punto.
-Temeroso el gobernador de que erigiesen allí una batería de brecha,
-dispuso una salida combinada con fuerza de Monjuich y de la plaza.
-Destruyeron los nuestros el espaldón y arrojaron al enemigo del
-arrabal.</p>
-
-<div class="sidenote">Saint-Cyr con<br> todo su ejército<br> pasa al
-sitio<br> de Gerona.</div>
-
-<p>En tanto, el general en jefe francés Saint-Cyr, habiendo enviado
-a Barcelona sus enfermos y heridos, aproximose a Gerona. En su
-marcha cogió ganado vacuno, que del Llobregat iba para el abasto
-de la ciudad sitiada. Sentó el 20 de junio su cuartel general
-en Caldas, y extendiendo sus fuerzas hacia la marina, <span
-class="sidenote">Ocupa<br> a San Feliú<br> de Guíxols.</span> se
-apoderó el 21, aunque a costa de sangre, de San Feliú de Guíxols. Con
-su llegada aumentose el ejército francés a unos 30.000 hombres.
-Los somatenes y varios destacamentos molestaban a los franceses
-en los alrededores, <span class="sidenote">Correrías<br> de los
-partidarios.</span> y antes de acabarse junio cogieron un convoy
-considerable y 120 caballos de la artillería que venían para el general
-Verdier. Corrió así aquel mes sin que los franceses hubiesen alcanzado
-en el sitio de Gerona otra ventaja más que la de hacerse dueños de las
-torres indicadas.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_97">p. 97</span></p>
-
-<div class="sidenote">Julio.<br> Embisten<br> los enemigos<br> a
-Monjuich.</div>
-
-<p>Pusieron ahora sus miras en Monjuich. Guarnecíanle 900 hombres, a
-las órdenes de Don Guillermo Nash, estando todos decididos a defender
-el castillo hasta el último trance. Al alborear del 3 de julio
-empezaron los enemigos a atacarle valiéndose de varias baterías, y
-en especial de una llamada Imperial que plantaron a la izquierda de
-la torre de San Luis, compuesta de 20 piezas de grueso calibre y 2
-obuses. En todo el día aportillose ya la cara derecha del baluarte del
-norte, y los defensores se prepararon a resistir cualquiera acometida
-practicando detrás de la brecha oportunas obras. El fuego del enemigo
-había derribado del ángulo flanqueado de aquel baluarte la bandera
-española que allí tremolaba. <span class="sidenote">Intrepidez de
-Montoro.</span> Al verla caída, se arrojó al foso el subteniente Don
-Mariano Montoro, recobrola y subiendo por la misma brecha la hincó y
-enarboló de nuevo: acción atrevida y digna de elogio.</p>
-
-<div class="sidenote">Asalto<br> de Monjuich.</div>
-
-<p>No tardaron los enemigos en intentar el asalto del castillo.
-Emprendiéronle furiosamente a las diez y media de la noche del 4 de
-julio; vanos fueron sus esfuerzos, inutilizándolos los nuestros con
-su serenidad y valentía. Suspendieron por entonces los contrarios sus
-acometimientos; mas en la mañana del 8 renovaron el asalto en columna
-cerrada y mandados por el coronel Muff. <span class="sidenote">Por
-cuatro veces<br> son repelidos<br> los franceses.</span> Tres veces
-se vieron repelidos haciendo en ellos grande estrago la artillería
-cargada con balas de fusil, particularmente un obús dirigido por Don
-Juan Candy. Insistió el jefe enemigo Muff en llevar sus tropas por
-cuarta vez al asalto, hasta que, herido él mismo, desmayaron los suyos
-y se retiraron. <span class="sidenote">Retíranse.</span> Perdieron
-en esta ocasión<span class="pagenum" id="Page_98">p. 98</span> los
-sitiadores unos 2000 hombres, entre ellos 11 oficiales muertos y 66
-heridos. Mandaba en la brecha a los españoles Don Miguel Pierson,
-<span class="sidenote">Pierson.</span> que pereció defendiéndola, y
-distinguiose al frente de la reserva Don Blas de Fournás. Durante el
-asalto tuvieron constantemente los franceses en el aire, contra el
-punto atacado, 7 bombas y muchos otros fuegos parabólicos. Grandes y
-esclarecidos hechos allí se vieron. <span class="sidenote">El tambor
-Ancio.</span> Fue de notar el del mozo Luciano Ancio, tambor apostado
-para señalar con la caja los tiros de bomba y granada. Llevole un casco
-parte del muslo y de la rodilla, y al quererle transportar al hospital
-opúsose, diciendo: «No, no, aunque herido en la pierna tengo los brazos
-sanos para con el toque de caja librar de las bombas a mis amigos.»</p>
-
-<div class="sidenote">Vuélase la torre<br> de San Juan.</div>
-
-<p>Enturbió algún tanto la satisfacción de aquel día el haberse
-volado la torre de San Juan, obra avanzada entre Monjuich y la plaza.
-Casi todos los españoles que la guarnecían perecieron, salvando a
-unos pocos Don Carlos Beramendi, <span class="sidenote">Arrojo de
-Beramendi.</span> que sin reparar en el horroroso fuego del enemigo
-acudió a aquel punto, mostrándose entonces, como en tantos otros casos
-de este sitio, celoso intendente, incansable patriota y valeroso
-soldado.</p>
-
-<p>Esto ocurría en Gerona cuando el general Saint-Cyr, atento a
-alejar de la plaza todo género de socorros, después de haber
-ocupado a San Feliú de Guíxols creyó también oportuno apoderarse
-de Palamós, enviando para ello el 5 de julio al general Fontane.
-<span class="sidenote">Toman<br> los franceses<br> a Palamós.</span>
-Este puerto casi aislado hubiera podido resistir largo tiempo si le
-hubieran defendido tropas aguerridas y buenas fortificaciones.<span
-class="pagenum" id="Page_99">p. 99</span> Pero estas, de suyo malas,
-se hallaban descuidadas, y solamente las coronaban algunos somatenes
-y miqueletes, que sin embargo se negaron a rendirse y disputaron
-el terreno a palmos. Cañoneras fondeadas en el puerto hicieron
-al principio bastante fuego; mas el de los enemigos las obligó a
-retirarse. Entraron los franceses la villa y casi todos los defensores
-perecieron, no siéndoles dado acogerse según lo intentaron a las
-cañoneras y otros barcos que tomaron viento y se alejaron.</p>
-
-<div class="sidenote">Mariscal<br> Augereau.</div>
-
-<p>Por el mismo tiempo llegó a Perpiñán el mariscal Augereau. Confiado
-en que los catalanes escucharían su voz, dirigioles una proclama en
-mal español, que mandó publicar en los pueblos del principado. <span
-class="sidenote">Su proclama.</span> Mas apenas se habían fijado tres
-de aquellos carteles, cuando el coronel Don Antonio Porta destruyó en
-San Lorenzo de la Muga el destacamento encargado de tal comisión,
-volviendo a Perpiñán pocos de los que le componían. Un ataque de gota
-en la mano y el ver que no era empresa la de Cataluña tan fácil como se
-figuraba, detuvieron algún tiempo al mariscal Augereau en la frontera,
-por lo que continuó todavía mandando el séptimo cuerpo el general
-Saint-Cyr.</p>
-
-<div class="sidenote">Partidarios<br> que molestan<br> a los
-franceses.</div>
-
-<p>No desayudaban tampoco a los heroicos esfuerzos de Gerona las
-escaramuzas con que divertían a los franceses los somatenes, miqueletes
-y alguna tropa de línea. Don Antonio Porta los molestaba desde la raya
-de Francia hasta Figueras; de aquí a Gerona entreteníalos el doctor Don
-Francisco Robira, infatigable y audaz partidario. El general Wimpffen,
-Don Pedro<span class="pagenum" id="Page_100">p. 100</span> Cuadrado
-y los caudillos Miláns, Iranzo y Clarós, corrían la tierra que media
-desde Hostalrich por Santa Coloma hasta la plaza de Gerona. Por tanto
-para despejar la línea de comunicación con Francia tuvo Saint-Cyr que
-enviar el 12 de julio una brigada del general Souham a Bañolas, al
-mismo tiempo que el general Guillot desde Figueras se adelantaba a San
-Lorenzo de la Muga.</p>
-
-<div class="sidenote">Socorro<br> que intenta<br> entrar en
-Gerona.</div>
-
-<p>Muy luego de comenzar el sitio habían los de Gerona pedido socorro,
-y en respuesta a su demanda trataron las autoridades de Cataluña de
-enviar un convoy y alguna fuerza a las órdenes de Don Rodulfo Marshall,
-<span class="sidenote">Marshall.</span> irlandés de nación y hombre de
-bríos, que había venido a España a tomar parte en su sagrada lucha.
-Pasaron los nuestros delante del general Pino en Llagostera sin ser
-descubiertos; mas avisado el enemigo por un soldado zaguero, tomó el
-general Saint-Cyr sus medidas, y el 10 interceptó en Castellar el
-socorro, entrando solo en la plaza el coronel Marshall con unos cuantos
-que lograron salvarse.</p>
-
-<div class="sidenote">Continúan<br> los franceses<br> su ataque<br>
-contra Monjuich.</div>
-
-<p>Los sitiadores después del malogrado asalto de Monjuich prolongaron
-sus trabajos, y abrazando los dos frentes del nordeste y noroeste
-se adelantaron hasta la cresta del glacis. Nuevas y multiplicadas
-baterías levantaron sin que los detuviesen nuestros fuegos ni el
-valor de los sitiados. Perecieron el 31 muchos de ellos en la torre
-de San Luis, que voló una bomba arrojada de la plaza, y en una salida
-que voluntariamente hicieron del castillo en el mismo día varios
-soldados.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_101">p. 101</span></p>
-
-<div class="sidenote">Agosto.<br> Ataque<br> del revellín<br> de
-Monjuich.</div>
-
-<p>Entrado agosto, continuaron los franceses con el mismo ahínco en
-acometer a Monjuich, y en la noche del 3 al 4 quisieron apoderarse del
-revellín del frente de ataque. Frustrose por entonces su intento; pero
-al día siguiente se hicieron dueños de aquella obra, alojándose en la
-cresta de la brecha: 800 hombres defendían el revellín, 50 perecieron,
-<span class="sidenote">Grifols.</span> y con ellos su bizarro jefe Don
-Francisco de Paula Grifols. Ni aun así se enseñorearon los franceses de
-Monjuich. Los defensores antes de abandonarle hicieron una salida el 10
-en daño de los contrarios.</p>
-
-<p>Sin embargo, previendo el gobernador del castillo, Don Guillermo
-Nash, que no le sería ya dado sostenerse por más tiempo, había
-consultado en aquellos días a su jefe Don Mariano Álvarez,
-quien opuesto a todo género de capitulación o retirada tardó en
-contestarle. <span class="sidenote">Abandonan<br> los españoles<br>
-a Monjuich.</span> Nash entonces juntó un consejo de guerra y con su
-acuerdo evacuó a Monjuich el 12 de agosto a las seis de la tarde,
-destruyendo antes la artillería y las municiones. Ocuparon los
-franceses aquellos escombros, siendo maravillosa y dechado de defensas
-la de este castillo, pues los sitiadores solo penetraron en su recinto
-al cabo de dos meses de expugnación, y después de haber levantado
-diez y nueve baterías, abierto varias brechas, y perdido más de 3000
-hombres. De los 900 que componían la guarnición española murieron
-18 oficiales y 511 soldados, sin quedar apenas quien no estuviese
-herido.</p>
-
-<p>Poco antes de la evacuación, y ya esta resuelta, recibió Don
-Guillermo Nash pliegos del gobernador Álvarez, en los que, lejos de
-aprobar<span class="pagenum" id="Page_102">p. 102</span> la retirada
-de Monjuich, estimulaba a la defensa con premios y ofrecimientos.
-No por eso se cambió de parecer, juzgando imposible prolongar la
-resistencia. Los jefes, al entrar en la plaza, pidieron que se les
-formase consejo de guerra si no habían cumplido con su obligación. Pero
-Álvarez, justo no menos que tenaz y valeroso, aprobó su conducta.</p>
-
-<div class="sidenote">Esperanzas vanas<br> de los franceses<br> con la
-ocupación<br> de Monjuich.</div>
-
-<p>Miraba el enemigo como tan importante la rendición de Monjuich que
-al dar Verdier cuenta de ella a su gobierno, afirmaba que la ciudad se
-entregaría dentro de ocho o diez días. Grande fue su engaño. Cierto
-era que la plaza, con la pérdida del castillo, quedaba por aquella
-parte muy comprometida, cubriéndola solo un flaco y antiguo muro, y
-ningunos otros fuegos sino los de la torre de la Gironella y los de
-dos baterías situadas encima de la puerta de San Cristóbal y muralla
-de Sarracinas. También los franceses se habían posesionado el 2
-del convento de San Daniel, en la cañada del Galligans, e impedido
-la entrada de los cortos socorros que todavía de cuando en cuando
-penetraban en la plaza por aquel lado.</p>
-
-<div class="sidenote">Estrechan<br> la plaza.</div>
-
-<p>Hasta entonces, persuadidos los sitiadores de que con la ocupación
-de Monjuich abriría la ciudad sus puertas, no habían contra ella
-apretado el sitio. Solo por medio de una batería de 4 cañones y 2
-obuses, plantada en la ladera del Puig Denroca, molestaban a los vecinos
-y hacían desde su elevada posición daño en los baluartes de San Pedro,
-Figuerola y en San Narciso. Construyeron ahora tres baterías: una
-en Monjuich de 4 cañones de a 24; otra encima<span class="pagenum"
-id="Page_103">p. 103</span> del arrabal de San Pedro, y la tercera en
-el monte Denroca. Rompieron todas ellas sus fuegos el día 19, atacando
-principalmente la muralla de San Cristóbal y la puerta de Francia.
-Los sitiados para remediar el estrago y ofrecer nuevos obstáculos
-imaginaron muchas y oportunas obras: cerraron las calles que desembocan
-en la plaza de San Pedro, y abrieron una gran cortadura defendida
-detrás por un parapeto. Los franceses, que, escarmentados con el ejemplar
-de Zaragoza, huían de empeñar la lucha en las calles, no insistieron con
-ahínco en su ataque de la puerta de Francia, y revolvieron contra la de
-San Cristóbal y muralla de Santa Lucía, paraje en verdad el más flaco y
-elevado de la plaza. Adelantaron para ello sus trabajos, y construidas
-nuevas baterías de brecha y morteros, vomitaron estas muerte y destrozos
-los últimos días de agosto, con especialidad en los dos puntos
-últimamente indicados y en los cuarteles nuevo y viejo de Alemanes.
-Quisieron el 25 alojarse los enemigos en las casas de la Gironella;
-pero una partida española que salió del fuerte del Condestable impidió
-su intento, matando a unos y cogiendo a otros prisioneros.</p>
-
-<p>Pocos esfuerzos de esta clase le era lícito hacer a la guarnición,
-escasa de suyo y menguada con las pérdidas de Monjuich y las diarias de
-la plaza. La corta población de Gerona tampoco daba ensanche, como en
-Zaragoza, para repetir las salidas. Ni aun apenas hubiera quedado gente
-que cubriese los puestos si de cuando en cuando, y subrepticiamente, no
-se hubiesen introducido en el recinto algunos hombres llevados de<span
-class="pagenum" id="Page_104">p. 104</span> verdadera y desinteresada
-gloria, de los cuales en aquellos días hubo 100 que vinieron de
-Olot.</p>
-
-<div class="sidenote">Respuesta notable<br> de Álvarez.</div>
-
-<p>No obstante, el gobernador Don Mariano Álvarez, activo al propio
-tiempo que cuerdo, no desaprovechaba ocasión de molestar al enemigo
-y retardar sus trabajos, y a un oficial que encargado de una pequeña
-salida le preguntaba que adónde, en caso de retirarse, se acogería,
-respondiole severamente, <i>al cementerio</i>.</p>
-
-<div class="sidenote">Su diligencia.</div>
-
-<p>Mas luego que vio atacado el recinto de la plaza, puso su mayor
-conato en reforzar el punto principalmente amenazado: para lo cual,
-construyendo en parajes proporcionados varias baterías, hasta colocó
-una de dos cañones encima de la bóveda de la catedral. Aunque los
-enemigos desencabalgaron pronto muchas piezas, ofendíales en gran
-manera la fusilería de las murallas, y sobre todo las granadas, bombas
-y polladas que de lugares ocultos se lanzaban a las trincheras y
-baterías vecinas. Los apuros, sin embargo, crecían dentro de la ciudad,
-y se disminuía más y más el número de defensores, siendo ya tiempo de
-que fuese socorrida.</p>
-
-<div class="sidenote">Don Joaquín<br> Blake.</div>
-
-<p>El general Don Joaquín Blake, quien, después de su desgraciada
-campaña de Aragón, regresó, según dijimos, a Cataluña, puesta también
-bajo su mando, salió en julio de Tarragona con solo sus ayudantes, y
-recorrió la tierra hasta Olot. En su viaje, si bien detenido por una
-indisposición, no permaneció largo tiempo, retrocediendo a Tortosa
-antes de concluirse el mes; de allí, tomadas ciertas disposiciones,
-pensó con eficacia en auxiliar a Gerona.</p>
-
-<div class="sidenote">Va al socorro<br> de Gerona.</div>
-
-<p>Aguijábanle a ello las vivas reclamaciones<span class="pagenum"
-id="Page_105">p. 105</span> de aquella plaza, y las que de palabra hizo
-Don Enrique O’Donnell, enviado por Álvarez al intento. Blake, resuelto
-a la empresa, atendió antes de su partida a distraer al enemigo en
-las otras provincias que abrazaba su distrito, por cuyo motivo envió
-una división a Aragón, dejó otra en los lindes de Valencia, y él
-con la de Lazán se trasladó en persona a Vic, en donde, no terminado
-todavía agosto, estableció su cuartel general. A su llegada agregó a
-su gente las partidas y somatenes que hormigueaban por la tierra, y
-pasó a Sant Hilari y ermita del Padró. Desde este punto quiso llamar
-la atención del enemigo a varios otros para ocultar el verdadero por
-donde pensaba introducir el socorro. <span class="sidenote">Buenas<br>
-disposiciones<br> que para ello<br> se toman.</span> Así fue que el 30
-de agosto en la tarde envió a Don Enrique O’Donnell con 1200 hombres
-la vuelta de Bruñolas, habiendo antes dirigido por el lado opuesto a
-Don Manuel Llauder sobre la ermita de los Ángeles. Don Francisco Robira
-y Don Juan Clarós debían también divertir al enemigo por la orilla
-izquierda del Ter.</p>
-
-<div class="sidenote">Septiembre.</div>
-
-<p>El general Saint-Cyr, cuyos reales desde el 10 de agosto se habían
-trasladado a Fornells, estando sobre aviso de los intentos de Blake,
-tomó para estorbarlos varias medidas de acuerdo con el general Verdier,
-y reunió sus tropas, desparramadas por la dificultad de subsistencias.
-Mas a pesar de todo consiguieron los españoles su objeto. Llauder se
-apoderó de los Ángeles, y O’Donnell atacando vivamente la posición de
-Bruñolas, trajo hacia sí la mayor parte de la fuerza de los enemigos
-que creyeron ser aquel el punto que se quería forzar.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_106">p. 106</span></p>
-
-<div class="sidenote">Vese Saint-Cyr<br> engañado.</div>
-
-<p>Amaneció el 1.º de septiembre cubierta la tierra de espesa niebla, y
-Saint-Cyr, a quien Verdier se había ya unido, aguardó hasta las tres de
-la tarde a que los españoles le atacasen. Hizo para provocarlos varios
-movimientos del lado de Bruñolas; pero viendo que al menor amago daban
-aquellos traza de retirarse, tornó a Fornells, en donde, con admiración
-suya, encontró en desorden la división de Lecchi que, regida ahora
-por Milosewitz, había quedado apostada en Salt. Justamente por allí
-fue por donde el convoy se dirigió a la plaza, siguiendo la derecha
-del Ter. Componíase de 2000 acémilas que custodiaban 4000 infantes y
-2000 caballos a las órdenes del general Don Jaime García Conde. <span
-class="sidenote">Entra un convoy<br> y refuerzo<br> en Gerona<br> a las
-órdenes<br> de Conde.</span> Cayó este de repente sobre los franceses
-de Salt, arrollolos completamente, y mientras que en derrota iban la
-vuelta de Fornells, entró en Gerona el convoy tranquila y felizmente.
-Álvarez dispuso una salida que bajo Don Blas de Fournás fuese al
-encuentro de Conde, divirtiendo asimismo la atención del enemigo del
-lado de Monjuich. A la propia sazón Clarós penetró hasta San Medir, y
-Robira tomó a Montagut, de donde arrojó a los westfalianos que solos
-habían quedado para guardar la línea, matando un miquelete al general
-Hadeln con su propia espada. Clavaron los nuestros tres cañones, y
-persiguieron a sus contrarios hasta Sarriá. En grande aprieto estaban
-los últimos cuando, repasando el Ter el general Verdier, volvió a su
-orilla izquierda y contuvo a los intrépidos Clarós y Robira. Por su
-parte el general Conde después de dejar en la plaza el convoy<span
-class="pagenum" id="Page_107">p. 107</span> y 3287 hombres, tornó
-con el resto de su gente a Hostalrich, y a Olot Don Joaquín Blake,
-que había permanecido en observación de los diversos movimientos de
-su ejército. Fueron estos dichosos en sus resultas y bastante bien
-dirigidos, quedando completamente burlado el general Saint-Cyr no
-obstante su pericia.</p>
-
-<p>Dio aliento tan buen suceso a la corta guarnición de Gerona que se
-vio así reforzada; mas por este mismo aumento no se consiguió disminuir
-la escasez con los víveres introducidos.</p>
-
-<p>Los franceses ocuparon de nuevo los puntos abandonados, y el 6 de
-septiembre recobraron la ermita de los Ángeles, pasando a cuchillo
-a sus defensores, excepto a tres oficiales y al comandante Llauder,
-que saltó por una ventana. No intentaron contra la plaza en aquellos
-días cosa de gravedad, contentándose con multiplicar las obras de
-defensa. No desaprovecharon los sitiados aquel respiro, y atareándose
-afanadamente, aumentaron los fuegos de flanco y parabólicos, y
-ejecutaron otros trabajos no menos importantes.</p>
-
-<p>Pasado el 11 de septiembre, renovaron los enemigos el fuego con mayor
-furor y ensancharon tres brechas ya abiertas en Santa Lucía, Atemanes
-y San Cristóbal, maltratando también el fuerte del Calvario, cuyo fuego
-sobremanera los molestaba.</p>
-
-<div class="sidenote">Salida malograda<br> de la plaza.</div>
-
-<p>Dispuso el 15 Don Mariano Álvarez una salida con intento de retardar
-los trabajos del sitiador y aun de destruir algunos de ellos. Dirigíala
-Don Blas de Fournás, y aunque al principio todo lo atropellaron los
-nuestros, no siendo<span class="pagenum" id="Page_108">p. 108</span>
-después convenientemente apoyadas las dos primeras columnas por otra
-que iba de respeto, tuvieron que abrigarse todas de la plaza sin haber
-recogido el fruto deseado.</p>
-
-<p>Aportilladas de cada vez más las brechas, y apagados los fuegos del
-frente atacado, trataron los enemigos de dar el asalto. Pero antes
-enviaron parlamentarios, que según la invariable resolución de Álvarez,
-fueron recibidos a cañonazos.</p>
-
-<div class="sidenote">Asaltan<br> los franceses<br> la plaza el 19<br>
-de septiembre.</div>
-
-<p>Irritados de nuevo con tal acogida, corrieron al asalto a las
-cuatro de la tarde del 19 de septiembre, distribuidos en cuatro
-columnas de a 2000 hombres. Entonces brillaron las buenas y previas
-disposiciones que había tomado el gobernador español: allí mostró este
-su levantado ánimo. Al toque de la generala, al tañido triste de la
-campana que llamaba a somatén, <span class="sidenote">Valor<br> de la
-guarnición<br> y habitantes.</span> soldados y paisanos, clérigos y
-frailes, mujeres y hasta niños acudieron a los puestos de antemano y a
-cada uno señalados. En medio del estruendo de doscientas bocas de cañón
-y de la densa nube que la pólvora levantaba, ofrecía noble y grandioso
-espectáculo la marcha majestuosa y ordenada de tantas personas de
-diversa clase, profesión y sexo. Silenciosos todos, se vislumbraba
-sin embargo en sus semblantes la confianza que los alentaba. <span
-class="sidenote">Álvarez.</span> Álvarez a su cabeza, grave y denodado,
-representábase a la imaginación en tan horrible trance a la manera de
-los héroes de Homero, superior y descollando entre la muchedumbre, y
-cierto que si no se aventajaba a los demás en estatura como aquellos,
-sobrepujaba a todos en resolución y gran pecho.<span class="pagenum"
-id="Page_109">p. 109</span> Con no menor orden que la marcha se habían
-preparado los refuerzos, la distribución de municiones, la asistencia y
-conducción de heridos.</p>
-
-<p>Presentose la primera columna enemiga delante de la brecha de
-Santa Lucía que mandaba el irlandés Don Rodulfo Marshall. Dos veces
-tomaron en ella pie los acometedores, y dos veces rechazados quedaron
-muchos de ellos allí tendidos. <span class="sidenote">Muerte<br> de
-Marshall.</span> Tuvieron los españoles el dolor de que fuese herido
-gravemente y de que muriese a poco el comandante de la brecha Marshall,
-quien antes de expirar prorrumpió diciendo «que moría contento por tal
-causa y por nación tan brava.»</p>
-
-<p>Otras dos columnas enemigas emprendieron arrojadamente la entrada
-por las brechas más anchurosas de Alemanes y San Cristóbal, en donde
-mandaba Don Blas de Fournás. Por algún tiempo alojáronse en la primera
-hasta que al arma blanca los repelieron los regimientos de Ultonia y
-Borbón, apartándose de ambas destrozados por el fuego que de todos
-lados llovía sobre ellos. No menos padeció otra columna enemiga que
-largo rato se mantuvo quieta al pie de la torre de la Gironella. Herido
-aquí el capitán de artillería Don Salustiano Gerona, tomó el mando
-provisional Don Carlos Beramendi, y haciendo las veces de jefe y de
-subalterno causó estrago en las filas enemigas.</p>
-
-<p>Amenazaron también estas durante el asalto los fuertes del
-Condestable y del Calvario igualmente sin fruto.</p>
-
-<div class="sidenote">Son repelidos<br> los franceses<br> en todas
-partes<br> con gran pérdida.</div>
-
-<p>Tres horas duró función tan empeñada. Todas las brechas quedaron
-llenas de cadáveres y<span class="pagenum" id="Page_110">p. 110</span>
-despojos enemigos; el furor de los sitiados era tal, que dejando a
-veces el fusil, sus membrudos y esforzados brazos cogían las piedras
-sueltas de la brecha y las arrojaban sobre las cabezas de los
-acometedores. Don Mariano Álvarez animaba a todos con su ejemplo y aun
-con sus palabras precavía los accidentes, reforzaba los puntos más
-flacos, y arrebatado de su celo no escuchaba la voz de sus soldados
-que encarecidamente le rogaban no acudiese como lo hacía a los parajes
-más expuestos. Perdieron los enemigos varios oficiales de graduación y
-cerca de 2000 hombres: entre los primeros contaron al coronel Floresti,
-que en 1808 subió a posesionarse del Monjuich de Barcelona, en donde
-entonces mandaba Don Mariano Álvarez. De los españoles cayeron aquel
-día de 300 a 400, en su número muchos oficiales que se distinguieron
-sobremanera, y algunas de aquellas mujeres intrépidas que tanto
-honraron a Gerona.</p>
-
-<div class="sidenote">Convierten<br> los franceses<br> el sitio<br> en
-bloqueo.</div>
-
-<p>Escarmentados los franceses con lección tan rigorosa, desistieron
-de repetir los asaltos a pesar de las muchas y espaciosas brechas,
-convirtiendo el sitio en bloqueo, y contando por auxiliares, como dice
-Saint-Cyr, el tiempo, las calenturas y el hambre.</p>
-
-<div class="sidenote">Intenta en vano<br> Blake socorrer<br> de nuevo
-la plaza.</div>
-
-<p>Don Joaquín Blake, a quien algunos motejaban de no divertir la
-atención del enemigo del lado de Francia, intentó de nuevo avituallar
-la plaza. Para ello preparado un convoy en Hostalrich apareció el 26
-de septiembre con 12.000 hombres en las alturas de La Bisbal a dos
-leguas de Gerona. <span class="sidenote">O’Donnell.</span> Gobernada la
-vanguardia por Don Enrique O’Donnell, desalojó a los franceses<span
-class="pagenum" id="Page_111">p. 111</span> de los puntos que ocupaban
-desde Villa Roja hasta San Miguel. Salieron al propio tiempo de la
-plaza y del Condestable <span class="sidenote">Haro.</span> 400 hombres
-guiados por el coronel de Baza D. Miguel de Haro, que también ha
-trazado con imparcialidad la historia de este sitio. Seguía a O’Donnell
-Wimpffen con el convoy, el cual constaba de unas 2000 acémilas y ganado
-lanar. Quedó el grueso del ejército teniendo al frente a Blake en las
-mencionadas alturas de La Bisbal.</p>
-
-<p>Enterado Saint-Cyr de la marcha del convoy, trató de impedir
-su entrada en la plaza. Consiguiolo desgraciadamente esta vez
-interponiéndose entre O’Donnell y Wimpffen y todo lo apresó, excepto
-unas 170 cargas que se salvaron y metieron en Gerona. Achacose la culpa
-a la sobrada intrepidez de O’Donnell que se alejó más de lo conveniente
-de Wimpffen, y también a la tímida prudencia de Blake que no acudió
-debidamente en auxilio del último. Así no llegaron a Gerona víveres
-tan necesarios y deseados, y perdió malamente el ejército de Cataluña
-unos 2000 hombres. O’Donnell y Haro se abrigaron de los fuertes del
-Condestable y Capuchinos. Trataron los franceses cruelmente a los
-arrieros del convoy, ahorcando a unos y fusilando a otros en el Palau a
-vista de la ciudad.</p>
-
-<div class="sidenote">Ventajas<br> de los españoles<br> y de los
-ingleses<br> cerca<br> de Barcelona.</div>
-
-<p>Corta compensación de tamaña desdicha fueron algunas ventajas
-conseguidas en el Llobregat y Besós por los miqueletes y tropas de
-línea. Tampoco pudo servir de consuelo el haber dispersado los ingleses
-y cogido en parte un convoy que escoltaban navíos de guerra franceses,
-y que llevaba víveres y auxilios a Barcelona;<span class="pagenum"
-id="Page_112">p. 112</span> ventura que no habían tenido poco antes con
-el que mandaba el almirante francés Cosmao que entró y salió de aquel
-puerto sin que nadie se lo estorbase.</p>
-
-<div class="sidenote">Octubre.<br> Empieza<br> el hambre<br> en
-Gerona.</div>
-
-<p>Realmente en nada remediaba esto a Gerona, cuyas enfermedades y
-penuria crecían con rapidez. Se esmeraban en vano para disminuir el
-mal la junta y el gobernador. No se habían acopiado víveres sino
-para cuatro meses, y ya iban corridos cinco. Imperceptibles fueron,
-conforme manifestamos, los socorros introducidos en 1.º de septiembre,
-aumentándose las cargas con el refuerzo de tropas.</p>
-
-<div class="sidenote">Únese O’Donnell<br> al ejército.</div>
-
-<p>Por lo mismo, y según lo requería la escasez de la plaza, Don
-Enrique O’Donnell, que desde la malograda expedición del convoy de 26
-de septiembre permanecía al pie del fuerte del Condestable, tuvo que
-alejarse, y atravesando la ciudad en la noche del 12 de octubre, cruzó
-el llano de Salt y Santa Eugenia, uniéndose al ejército por medio de
-una marcha atrevida.</p>
-
-<div class="sidenote">El mariscal<br> Augereau sucede<br> a
-Saint-Cyr<br> en Cataluña.</div>
-
-<p>En aquel día llegó igualmente al campo enemigo el mariscal
-Augereau, habiendo partido el 5 el general Saint-Cyr. Con el nuevo
-jefe francés, y posteriormente, acudieron a su ejército socorros
-y refuerzos, estrechándose en extremo el bloqueo. Levantaron para
-ello los sitiadores varias baterías, formaron reductos, <span
-class="sidenote">Estréchase<br> el bloqueo.</span> y llegó a tanto su
-cuidado que de noche ponían perros en las sendas y caminos, y ataban
-de un espacio a otro cuerdas con cencerros y campanillas; por cuya
-artimaña, cogidos algunos paisanos, atemorizáronse los pocos que
-todavía osaban pasar con víveres a la ciudad.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_113">p. 113</span></p>
-
-<div class="sidenote">Auméntanse<br> el hambre<br> y las<br>
-enfermedades.</div>
-
-<p>La escasez por tanto tocaba al último punto. Los más de los
-habitantes habían ya consumido las provisiones que cada uno en
-particular había acopiado, y de ellos y de los forasteros refugiados
-en la plaza veíanse muchos caer en las calles muertos de hambre.
-Apenas quedaba otra cosa en los almacenes para la guarnición que
-trigo, y como no había molinos, suplíase la falta machacando el grano
-en almireces o cascos de bomba, y a veces entre dos piedras; y así, y
-mal cocido, se daba al soldado. Nacieron de aquí y se propagaron todo
-género de dolencias, estando henchidos los hospitales de enfermos, y sin
-espacio ya para contenerlos. Solo de la guarnición perecieron en este
-mes de octubre 793 individuos, comenzando también a faltar hasta los
-medicamentos más comunes. <span class="sidenote">Tercera e inútil<br>
-tentativa de Blake<br> para socorrer<br> a Gerona.</span> Inútilmente
-Don Joaquín Blake trató por tercera vez de introducir socorros. De
-Hostalrich aproximose el 18 de octubre a Bruñolas, y aguantó el 20 un
-ataque del enemigo, cuya retaguardia picó después O’Donnell hasta los
-llanos de Gerona. Acudiendo el mariscal Augereau con nuevas fuerzas,
-retirose Blake camino de Vic dejando solo a O’Donnell en Santa Coloma,
-quien a pesar de haber peleado esforzadamente, cediendo al número tuvo
-que abandonar el puesto y todo su bagaje. Quedaban así a merced del
-vencedor las provisiones reunidas en Hostalrich que pocos días después
-fueron por la mayor parte destruidas, habiendo entrado el enemigo la
-villa, si bien defendida por los vecinos con bastante empeño.</p>
-
-<div class="sidenote">Noviembre.</div>
-
-<p>Dentro de Gerona no dio noviembre lugar<span class="pagenum"
-id="Page_114">p. 114</span> a combates excusados y peligrosos en
-concepto de los sitiadores. Renováronse, sí, de parte de estos las
-intimaciones, valiéndose de paisanos, de soldados y hasta de frailes
-que fueron o mal acogidos o presos por el gobernador. Pero las
-lástimas y calamidades se agravaban más y más cada día.[*] <span
-class="sidenote">Hambre<br> horrorosa.<br> Carestía<br> de víveres.<br>
-(* Ap. n. <a href="#Ap_10-1" id="Ll_10-1">10-1</a>.)</span> Las carnes
-de caballo, jumento y mulo de que poco antes se había empezado a
-echar mano, íbanse apurando ya por el consumo de ellas, ya también
-porque faltos de pasto y alimento, los mismos animales se morían de
-hambre comiéndose entre sí las crines. Cuando la codicia de algún
-paisano, arrostrando riesgos, introducía comestibles, vendíanse estos a
-exorbitantes precios; costaba una gallina diez y seis pesos fuertes,
-y una perdiz cuatro. Adquirieron también extraordinario valor aun
-los animales más inmundos, habiendo quien diese por un ratón cinco
-reales de vellón, y por un gato treinta. Los hospitales, sin medicinas
-ni alimentos, y privados de luz y fuego, habíanse convertido en un
-cementerio en que solo se divisaban no hombres sino espectros. Las
-heridas eran por lo mismo casi todas mortales y se complicaban con las
-calenturas contagiosas que a todos afligían, acabando por manifestarse
-el terrible escorbuto y la disentería.</p>
-
-<div class="sidenote">Vacila el ánimo<br> de algunos.</div>
-
-<p>A la vista de tantos males juntos de guerra, hambre, enfermedades y
-dolorosas muertes, flaqueaban hasta los más constantes. Solo Álvarez
-se mantenía inflexible. <span class="sidenote">Inflexibilidad<br>
-de Álvarez.</span> Había algunos, aunque contados, que hablaban de
-capitular; otros, queriendo incorporarse al ejército, proponían abrirse
-paso por medio del enemigo. De los primeros<span class="pagenum"
-id="Page_115">p. 115</span> hubo quien osó pronunciar en presencia del
-gobernador la palabra <i>capitulación</i>, pero este interrumpiéndole
-prontamente díjole: «¿Cómo, solo usted es aquí cobarde? Cuando ya no
-haya víveres nos comeremos a usted y a los de su ralea, y después
-resolveré lo que más convenga.»</p>
-
-<p>Entre los que con pensamientos más honrados ansiaban salir por
-fuerza de la plaza, se celebraron reuniones y aun se hicieron varias
-propuestas, mas la junta, recelando desagradables resultas, atajó el mal,
-y todos se sometieron a la firme condición del gobernador.</p>
-
-<div class="sidenote">Bando<br> de Álvarez.</div>
-
-<p>Este, cuanto más crecía el peligro, más impertérrito se mostraba,
-dando por aquellos días un bando así concebido. «Sepan las tropas que
-guarnecen los primeros puestos que los que ocupan los segundos tienen
-orden de hacer fuego, en caso de ataque, contra cualquiera que sobre
-ellos venga, sea español o francés, pues todo el que huye hace con su
-ejemplo más daño que el mismo enemigo.»</p>
-
-<div class="sidenote">Gracias<br> que concede<br> la central<br> a
-Gerona.</div>
-
-<p>La larga y empeñada resistencia de Gerona dio ocasión a que la
-junta central concediese a sus defensores iguales gracias que a los
-de Zaragoza, y provocó en el principado de Cataluña el deseo de un
-levantamiento general para ir a socorrer la plaza. Con intento de
-llevar a cabo esta última medida, <span class="sidenote">Congreso
-catalán.</span> se juntó en Manresa antes de concluirse noviembre un
-congreso compuesto de individuos de todas clases y de todos los puntos
-del principado.</p>
-
-<div class="sidenote">Estado<br> deplorable<br> de la plaza.</div>
-
-<p>Pero ya era tarde. Tras del triste y angustiado verano en el que
-ni las plantas dieron flores, ni cría los brutos, llegó el otoño que
-húmedo<span class="pagenum" id="Page_116">p. 116</span> y lluvioso
-acreció las penas y desastres. Desplomadas las casas, desempedradas
-las calles, y remansadas en sus hoyos las aguas y las inmundicias,
-quedaron los vecinos sin abrigo y respirábase en la ciudad un ambiente
-infecto, corrompido también con la putrefacción de cadáveres que yacían
-insepultos en medio de escombros y ruinas. Habían perecido en noviembre
-1378 soldados y casi todas las familias desvalidas. No se veían mujeres
-encintas, falleciendo a veces de inanición en el regazo de las madres
-el tierno fruto de sus entrañas. La naturaleza toda parecía muerta.</p>
-
-<div class="sidenote">Diciembre.</div>
-
-<p>Los enemigos, aunque prosiguieron arrojando bombas e incomodando
-con sus fuegos, no habían renovado sus asaltos, escarmentados en
-sus anteriores tentativas. Mas el mariscal Augereau, viendo que el
-congreso catalán excitaba a las armas a todo el principado, recelose
-que Gerona con su constancia diese tiempo a ser socorrida, por lo que
-en la noche del 2 de diciembre, <span class="sidenote">Renuevan<br>
-los franceses<br> sus ataques.</span> aniversario de la coronación de
-Napoleón, emprendió nuevas acometidas. Ocupó de resultas el arrabal del
-Carmen, y levantando aún más baterías, ensanchó las antiguas brechas y
-abrió otras. El 7 se apoderó del reducto de la ciudad y de las casas
-de la Gironella, en donde sus soldados se atrincheraron y cortaron la
-comunicación con los fuertes, a cuyas guarniciones no les quedaba ni
-aun de su corta ración sino para dos días. Imperturbable Álvarez, si
-bien ya muy enfermo, dispuso socorrer aquellos puntos, y consiguiolo
-enviando trigo para otros tres días, que fue cuanto pudo recogerse en
-su extrema penuria.</p>
-
-<div class="sidenote">Ataque del<br> 7 de diciembre.</div>
-
-<p>En la tarde del 7, después de haber inútilmente<span class="pagenum"
-id="Page_117">p. 117</span> procurado los enemigos intimar la
-rendición a la plaza, rompieron el fuego por todas partes desde la
-batería formada al pie de Montelibi hasta los apostaderos del arrabal
-del Carmen, imposibilitando de este modo el tránsito del puente de
-piedra.</p>
-
-<div class="sidenote">Se agolpan<br> contra Gerona<br> todo género<br>
-de males.</div>
-
-<p>Gerona, en fin, se hallaba el 8 sin verdadera defensa. Perdidos
-casi todos sus fuertes exteriores, veíase interrumpida la comunicación
-con tres que aún no lo estaban. Siete brechas abiertas, 1100 hombres
-era la fuerza efectiva, y estos convalecientes o batallando, como los
-demás, contra el hambre, el contagio y la continua y penosa fatiga.
-De sus cuerpos no quedaba sino una sombra, y el espíritu aunque
-sublime no bastaba para resistir a la fuerza física del enemigo. Hasta
-Álvarez, de cuya boca, como de la de Calvo, gobernador de Maestricht,
-no salían otras palabras que las de «no quiero rendirme», doliente
-durante el sitio de tercianas, <span class="sidenote">Enfermedad<br>
-de Álvarez.</span> rindiose al fin a una fiebre nerviosa que el
-4 de diciembre ya le puso en peligro. Continuó no obstante dando
-sus órdenes hasta el 8, en que, entrándole delirio, hizo el 9, en
-un intervalo de sano juicio, dejación del mando en el teniente de
-rey Don Julián Bolívar. <span class="sidenote">Sustitúyele<br> D.
-Julián Bolívar.</span> Su enfermedad fue tan grave que recibió la
-extremaunción, y se le llegó a considerar como muerto. Hasta entonces
-no parecía sino que aun las bombas en su caída habían respetado tan
-grande alma, pues destruido todo en su derredor y los más de los
-cuartos de su propia casa, quedó en pie el suyo, no habiéndose nunca
-mudado del que ocupaba al principio del sitio.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_118">p. 118</span></p>
-
-<div class="sidenote">Háblase<br> de capitular.</div>
-
-<p>Postrado Álvarez, postrose Gerona. En verdad ya no era dado resistir
-más tiempo. D. Julián Bolívar congregó la junta corregimental y una
-militar. Dudaban todos qué resolver, ¡tanto les pesaba someterse al
-extranjero!; pero habiendo recibido aviso del congreso catalán de que
-su socorro no llegaría con la deseada prontitud, tuvieron que ceder a
-su dura estrella, y enviaron para tratar al campo enemigo a D. Blas
-de Fournás. <span class="sidenote">Honrosa<br> capitulación<br> de
-Gerona.<br> (* Ap. n. <a href="#Ap_10-2" id="Ll_10-2">10-2</a>.)</span>
-Acogió bien a este el mariscal Augereau y se ajustó [*] entre ambos
-una capitulación honrosa y digna de los defensores de Gerona. Entraron
-los franceses en la plaza el 11 de diciembre por la puerta del Areny,
-y asombráronse al considerar aquel montón de cadáveres y de escombros,
-triste monumento de un malogrado heroísmo. Habían allí perecido de 9 a
-10.000 personas, entre ellas 4000 moradores.</p>
-
-<div class="sidenote">Extraordinaria<br> defensa<br> la de esta
-plaza.</div>
-
-<p>Carnot nos dice que, consultando la historia de los sitios modernos,
-apenas puede prolongarse más allá de 40 días la defensa de las mejores
-plazas, ¡y la de la débil Gerona duró siete meses! Atacáronla los
-franceses, conforme hemos visto, con fuerzas considerables, levantaron
-contra sus muros 40 baterías de donde arrojaron más de 60.000 balas y
-20.000 bombas y granadas, valiéndose por fin de cuantos medios señala
-el arte. Nada de esto sin embargo rindió a Gerona, «solo el hambre,
-según el dicho de un historiador de los enemigos, y la falta de
-municiones pudo vencer tanta obstinación.»</p>
-
-<p>Dirigieron los españoles la defensa, no solo con la fortaleza que
-infundía Álvarez, sino con tino y sabiduría. Mejor avituallada, hubiera
-Gerona<span class="pagenum" id="Page_119">p. 119</span> prolongado sin
-término su resistencia, teniendo entonces los enemigos que atacar las
-calles y las casas, en donde, como en Zaragoza, hubieran encontrado sus
-huestes nuevo sepulcro.</p>
-
-<div class="sidenote">Álvarez,<br> trasladado<br> a Francia.<br> Su
-muerte.</div>
-
-<p>El gobernador Don Mariano Álvarez, aunque desahuciado, volvió en sí,
-y el 23 de diciembre le sacaron para Francia. Desde allí tornáronle
-a poco a España, y le encerraron en un calabozo del castillo de
-Figueras, habiéndole antes separado de sus criados y de su ayudante Don
-Francisco Satué. Al día siguiente de su llegada susurrose que había
-fallecido, y los franceses le pusieron de cuerpo presente tendido en
-unas parihuelas, <span class="sidenote">Sospechas<br> de que fue<br>
-violenta.</span> apareciendo la cara del difunto hinchada y de color
-cárdeno a manera de hombre a quien han ahogado o dado garrote. Así se
-creyó generalmente en España, y en verdad la circunstancia de haberle
-dejado solo, los indicios que de muerte violenta se descubrían en su
-semblante, y noticias confidenciales [*] <span class="sidenote">(* Ap.
-n. <a href="#Ap_10-3" id="Ll_10-3">10-3</a>.)</span> que recibió el
-gobierno español, daban lugar a vehementes sospechas. Hecho tan atroz
-no merecía sin embargo fe alguna, a no haber amancillado su historia
-con otros parecidos el gabinete de Francia de aquel tiempo.</p>
-
-<div class="sidenote">Honores<br> concedidos<br> a la memoria<br> de
-Álvarez.</div>
-
-<p>La junta central decretó «que se daría a Don Mariano Álvarez, si
-estaba vivo, una recompensa propia de sus sobresalientes servicios,
-y que si por desgracia hubiese muerto, se tributarían a su memoria
-y se darían a su familia los honores y premios debidos a su ínclita
-constancia y heroico patriotismo.» Las cortes congregadas más adelante
-en Cádiz mandaron grabar su nombre en letras de oro en el salón de
-las<span class="pagenum" id="Page_120">p. 120</span> sesiones, al lado
-de los ilustres Daoiz y Velarde. En 1815 Don Francisco Javier Castaños,
-capitán general de Cataluña, pasó a Figueras, hízole las debidas
-exequias, y colocó en el calabozo en donde había expirado una lápida
-que recordase el nombre de Álvarez a la posteridad. Honores justamente
-tributados a tan claro varón.</p>
-
-<div class="sidenote">Estado<br> de las otras<br> provincias.</div>
-
-<p>Ocurrieron durante el largo sitio de Gerona en las demás partes de
-España diversos e importantes acontecimientos. De los más principales
-hasta la batalla de Talavera dimos cuenta. Reservamos otros para este
-lugar, sobre todo los que acaecieron posteriormente a aquella jornada.
-Entre ellos distinguiremos los generales y que tomaban principio en el
-gobierno central, de los particulares de las provincias, empezando por
-los últimos nuestra narración.</p>
-
-<div class="sidenote">Provincias<br> libres.</div>
-
-<p>Debe considerarse en aquel tiempo el territorio español como
-dividido en país libre y en país ocupado por el extranjero. Valencia,
-Murcia, las Andalucías, parte de Extremadura y de Salamanca, Galicia
-y Asturias respiraban desembarazadas y libres, trabajadas solo por
-interiores contiendas. Mostrábase Valencia rencillosa y pendenciera,
-excitando al desorden el ambicioso general Don José Caro, quien,
-habiéndose valido de ciertas cabezas de la insurrección para derribar
-de su puesto al conde de la Conquista, las persiguió después y maltrató
-encarnizadamente. Murcia, aunque satélite, por decirlo así, de Valencia
-en lo militar, daba señales de moverse con mayor independencia cuando
-se trataba de mantener la unión y el orden. Asiento las Andalucías del
-gobierno central, no recibían<span class="pagenum" id="Page_121">p.
-121</span> por lo común otro impulso que el de aquel, teniendo que
-someterse a su voluntad la altiva junta de Sevilla. Permaneció en
-general sumisa Extremadura, y la parte libre de Salamanca estaba
-sobradamente hostigada con la cercanía del enemigo para provocar
-ociosas reyertas. En Galicia y Asturias no reinaba el mejor acuerdo,
-resintiéndose ambas provincias de los males que causó la atropellada
-conducta de Romana. Desabrida la primera con la persecución de los
-patriotas, no ayudó al conde de Noroña que quedó mandando y a quien
-también faltaba el nervio y vigor entonces tan necesarios, lo cual
-excitó de todas partes vivas reclamaciones al gobierno supremo para
-que se restableciese la junta provincial que Romana ni pensó ni
-quiso convocar. Al cabo, pero pasados meses, se atendió a tan justos
-clamores. Gobernaban a Asturias el general Mahy y la junta que formó
-el mismo Romana, autoridades ambas harto negligentes. En octubre fue
-reemplazado el primero por el general Don Antonio de Arce. Habíale
-enviado de Sevilla la junta central en compañía del consejero de Indias
-Don Antonio de Leiva, a fin de que aquel capitanease la provincia y de
-que los dos oyesen las quejas de los individuos de la junta disuelta
-por Romana. Ejecutose lo postrero mal y lentamente, y en lo demás nada
-adelantó el nuevo general, hombre pacato y flojo. Reportose, por tanto,
-poco fruto en las provincias libres de las buenas disposiciones de
-los habitantes, siendo menester que el enemigo punzase de cerca para
-estimular a las autoridades y acallar sus desavenencias.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_122">p. 122</span></p>
-
-<div class="sidenote">Provincias<br> ocupadas.</div>
-
-<p>Tampoco faltaban rivalidades en las provincias ocupadas,
-particularmente entre los jefes militares, achaque de todo estado en
-que las revueltas han roto los antiguos vínculos de subordinación y
-orden. Vamos a hablar de lo que en ellas pasó hasta fines de 1809.</p>
-
-<div class="sidenote">Navarra<br> y Aragón.</div>
-
-<p>Pulularon en Aragón, después de las funestas jornadas de María y
-Belchite, los partidarios y cuerpos francos. Recorrían unos los valles
-del Pirineo e izquierda del Ebro, otros la derecha y los montes que se
-elevan entre Castilla la Nueva y reino de Aragón. Aquellos obraban por
-sí y sostenidos a veces con los auxilios que les enviaba Lérida; los
-segundos escuchaban la voz de la junta de Molina y en especial la de la
-de Aragón, que, restablecida en Teruel el 30 de mayo, tenía a veces que
-convertirse, como muchas otras y a causa de las ocurrencias militares,
-en ambulante y peregrina.</p>
-
-<p>Abrigáronse partidarios intrépidos de las hoces y valles que
-forma el Pirineo desde el de Benasque en la parte oriental,
-hasta el de Ansó situado al otro extremo. También aparecieron
-muy temprano en el de Roncal, que pertenece a Navarra, fragoso
-y áspero, propio para embreñarse por selvas y riscos. <span
-class="sidenote">Renovales.</span> En estos dos últimos y aledaños
-valles campeó con ventura D. Mariano Renovales. Prisionero en Zaragoza,
-se escapó cuando le llevaban a Francia, y dirigiéndose a lugares
-solitarios, se detuvo en Roncal para reunir varios oficiales también
-fugados. Noticioso de ello el general francés D’Agoult, que mandaba en
-Navarra, y temeroso de un levantamiento, envió en mayo para prevenirle
-al jefe<span class="pagenum" id="Page_123">p. 123</span> de batallón
-Puisalis con 600 hombres. Súpolo Renovales, y allegando apresuradamente
-paisanos y soldados dispersos, se emboscó el 20 del mismo mes
-en el país que media entre los valles del Roncal y Ansó. <span
-class="sidenote">Combates<br> en Roncal.</span> El 21, antes de la
-aurora, comenzaron los combates, trabáronse en varios puntos, duraron
-todo aquel día y el siguiente, en que se terminaron con gloria nuestra
-al pie del Pirineo, en la alta roca llamada Undarí. Todos los franceses
-que allí acudieron fueron muertos o hechos prisioneros, excepto unos
-120 que no penetraron en los valles.</p>
-
-<p>Animado con esto Renovales, pero mal municionado, buscó recursos en
-Lérida y trajo armeros de Éibar y Plasencia. Pertrechado algún tanto,
-aguardó a los franceses, quienes invadiendo de nuevo aquellas asperezas
-el 15 de junio, fueron igualmente deshechos y perseguidos hasta la
-villa de Lumbier. Interpusiéronse en seguida los nuestros en los
-caminos principales, y sembraron entre los enemigos el desasosiego y la
-zozobra.</p>
-
-<div class="sidenote">Correspondencia<br> entre<br> los franceses<br> y
-Renovales.</div>
-
-<p>Dieron lugar tales movimientos a que el comandante de Zaragoza,
-Plicque, y el gobernador de Navarra, D’Agoult, entablasen
-correspondencia con Renovales. En ella, al paso que agradecían los
-enemigos el buen porte de que usaba el general español con los
-franceses que cogía, reclamaban altamente el castigo de algunos
-subalternos, que se habían desmandado a punto de matar varios
-prisioneros, quejándose también de que el mismo Renovales se
-hubiese escapado, sin atender a la palabra empeñada. Respecto de lo
-primero, olvidaban los franceses que a tan<span class="pagenum"
-id="Page_124">p. 124</span> lamentables excesos habían dado ellos
-triste ocasión, mandando D’Agoult ahorcar poco antes, socolor de
-bandidos, a cinco hombres que formaban parte de una guerrilla de
-Roncal; y respecto de lo segundo replicó Renovales: «si yo me fugué
-antes de llegar a Pamplona, advertid que se faltó por los franceses
-al sagrado de la capitulación de Zaragoza. Fui el primero a quien el
-general Morlot, sin honor ni palabra, despojó de caballos y equipaje,
-hollando lo estipulado. Si al general francés es lícita la infracción
-de un derecho tan sagrado, no sé por qué ha de prohibirse a un general
-español faltar a su palabra de prisionero.»</p>
-
-<div class="sidenote">Sarasa.</div>
-
-<p>Los triunfos de Roncal y Ansó infundieron grande espíritu en todas
-aquellas comarcas, y Don Miguel Sarasa, hacendado rico, después
-de haber tomado las armas y combatido en julio en varios felices
-reencuentros, formó la izquierda de Renovales apostándose en San Juan
-de la Peña, monasterio de benedictinos, y en cuya espelunca, como la
-llama Zurita, nació la monarquía aragonesa y se enterraron sus reyes
-hasta Don Alfonso el II.</p>
-
-<p>Viendo los enemigos cuán graves resultas podría traer el
-levantamiento de los valles del Pirineo, mayormente no habiéndoles
-sido dado apagarle en su origen, idearon acometer a un tiempo el país
-que media entre Jaca y el valle de Salazar, en Navarra, llamando
-al propio tiempo la atención del lado de Benasque. Con este fin
-salieron tropas de Zaragoza y Pamplona y de otros puntos en que tenían
-guarnición, no olvidando tampoco amenazar de la parte de Francia.<span
-class="pagenum" id="Page_125">p. 125</span> Un trozo dirigiose por
-Jaca sobre San Juan de la Peña, otro ocupó los puertos de Salvatierra,
-Castillo Nuevo y Navascués, y se juntó una corta división en el
-valle de Salazar. <span class="sidenote">San Juan<br> de la Peña<br>
-quemado.</span> Fue San Juan de la Peña el primer punto atacado.
-Defendiose Sarasa vigorosamente, mas, obligado a retirarse, quemaron el
-26 de agosto los franceses el monasterio de benedictinos, conservándose
-solo la capilla abierta en la peña. Con el edificio ardió también
-el archivo, habiéndose perdido allí, como en el incendio del de la
-diputación de Zaragoza, ocurrido durante el sitio, preciosos documentos
-que recordaban los antiguos fueros y libertades de Aragón. El general
-Suchet fundó, por vía de expiación, en la capilla que quedaba del
-abrasado monasterio, una misa perpetua con su dotación correspondiente.
-Pensaba quizá cautivar de este modo la fervorosa devoción de los
-habitantes, mas tomose a insulto dicha fundación y nadie la miró como
-efecto de piedad religiosa.</p>
-
-<div class="sidenote">Combates<br> en los valles<br> de Ansó y
-Roncal.</div>
-
-<p>Vencido este primer obstáculo avanzaron los franceses de todas
-partes hacia los valles de Ansó y Roncal. El 27 empezó el ataque en el
-primero, y a pesar de la porfiada oposición de los ansotanos, entraron
-los enemigos la villa a sangre y fuego.</p>
-
-<p>Contrarrestó Renovales su ímpetu en Roncal los días 27, 28 y 29,
-retirándose hasta el término y boquetes de la villa de Urzainqui.
-Mas, agolpándose a aquel paraje los franceses del valle de Ansó, los
-del de Salazar y una división procedente de Oleron en Francia, no
-fue ya posible hacer por más tiempo rostro a tanta turba de<span
-class="pagenum" id="Page_126">p. 126</span> enemigos. Así, deseando
-Renovales salvar de mayores horrores a los roncaleses, <span
-class="sidenote">Capitulan<br> los valles.</span> determinó que Don
-Melchor Ornat, vecino de la villa, capitulase honrosamente por los
-valles, como lo hizo, asegurando a los naturales la libertad de sus
-personas y el goce de sus propiedades. Renovales con varios oficiales,
-soldados y rusos desertores se trasladó al Cinca.</p>
-
-<div class="sidenote">Benasque.</div>
-
-<p>En tanto que esto pasaba en Navarra y valles occidentales de Aragón,
-llamaron también los franceses la atención a los orientales, incluso el
-de Arán, en Cataluña. No llevaron en todos ellos su intento más allá
-del amago, siendo rechazados en el puerto de Benasque, en donde se
-señaló el paisano Pedro Berot.</p>
-
-<div class="sidenote">Perena y otros<br> partidarios.</div>
-
-<p>Descendiendo la falda de los Pirineos, y siguiendo la orilla
-izquierda del Cinca, Don Felipe Perena, Baget y otros partidarios
-tuvieron con los franceses reñidos choques. En varios sacaron ventaja
-los nuestros, incomodándolos incesantemente y cogiéndoles reses y
-víveres que llevaban para su abastecimiento. Ansiosos los franceses
-de libertarse de tan porfiados contrarios, enviaron al general Habert
-para dispersarlos y despejar las riberas del Cinca. Consiguió Habert
-penetrar hasta Fonz, en donde sus tropas asesinaron desapiadadamente
-a los ancianos y enfermos que habían quedado. Al mismo tiempo que
-Habert, cruzó el Cinca por cima de Estadilla el coronel Robert, quien al
-principio fue rechazado, pero concertando ambos jefes sus movimientos,
-replegáronse los partidarios españoles a Lérida, Mequinenza y puntos
-abrigados, tomando después el mando de todos ellos Renovales.<span
-class="pagenum" id="Page_127">p. 127</span> Ocuparon los franceses a
-Fraga y Monzón, como importantes para la tranquilidad del país.</p>
-
-<div class="sidenote">Nuevas partidas.</div>
-
-<p>Mas ni aun así consiguieron su objeto. Sarasa en octubre y noviembre
-apareció de nuevo en las cercanías de Ayerbe, y procuró cortar las
-comunicaciones entre Zaragoza y Jaca. Los españoles de Mequinenza
-también hicieron en 16 de octubre una tentativa sobre Caspe, en un
-principio dichosa, al último malograda. Otras parciales refriegas
-ocurrían al mismo tiempo por aquellos parajes, poniendo al fin los
-franceses su conato en apoderarse de Benasque.</p>
-
-<div class="sidenote">Ríndese<br> Benasque.</div>
-
-<p>Mandaba allí desde 1804 el marqués de Villora, y el 22 de octubre
-del año en que vamos, intimándole el comandante francés de Benavarre,
-La Pageolerie, que se rindiese, contestole el marqués dignamente.
-Mas en noviembre, acudiendo otra vez los franceses, cedió Villora sin
-resistencia; y por esto, y por entrar después al servicio del intruso,
-tachose su conducta de muy sospechosa.</p>
-
-<div class="sidenote">Junta de Aragón.</div>
-
-<p>En la margen derecha del Ebro, las juntas de Molina y Aragón
-trabajaban incansables en favor de la defensa común. La última, aunque
-metida en Moya, provincia de Cuenca, después de la vergonzosa jornada
-de Belchite, desvivíase por juntar dispersos y promover el armamento
-de la provincia. Don Ramón Gayán, <span class="sidenote">Gayán.</span>
-separado ya del ejército de Blake al desgraciarse la acción de María,
-sirvió de mucho con su cuerpo franco para ordenar la resistencia.
-Ocupaba la ermita del Águila en el término de Cariñena, y la junta
-agregole el regimiento provincial de Soria<span class="pagenum"
-id="Page_128">p. 128</span> y el de la Princesa venido de Santander.
-Hubo entre los nuestros y los enemigos varios reencuentros. Los últimos,
-en julio, desalojaron a Gayán de la ermita del Águila, y frustrose
-un plan que la junta de Aragón tenía trazado para sorprender a los
-franceses que enseñoreaban a Daroca.</p>
-
-<p>Falló en parte, por disputas de los jefes que eran de igual
-graduación. Para prevenir en adelante todo altercado, envió Blake desde
-Cataluña, a petición de la mencionada junta, a Don Pedro Villacampa,
-entonces brigadier, el cual reuniendo bajo su mando la tropa puesta
-antes a las órdenes de Gayán, y además el batallón de Molina con otros
-destacamentos, formó en breve una división de 4000 hombres. A su cabeza
-adelantose el nuevo jefe, antes de finalizar agosto, a Calatayud,
-arrojó a los enemigos del puerto del Frasno, y haciendo varios
-prisioneros, los persiguió hasta la Almunia.</p>
-
-<div class="sidenote">Le atacan<br> los franceses.</div>
-
-<p>En arma los franceses con tal embestida, después de verse algo
-desembarazados en la orilla izquierda del Ebro, revolvieron en mayor
-número contra Villacampa. Prudentemente se había recogido este a los
-montes llamados Muela de San Juan y sierras de Albarracín, célebres por
-dar nacimiento al Tajo y otros ríos caudalosos, habiéndose situado en
-Nuestra Señora del Tremedal, santuario muy venerado de los naturales,
-y adonde van en romería de muchas leguas a la redonda. De las tropas
-de Villacampa habían quedado algunas avanzadas en la dirección de
-Daroca, las cuales fueron en octubre arrojadas de allí por el general
-Chlopicki, que<span class="pagenum" id="Page_129">p. 129</span> avanzó
-hasta Molina destruyendo o pillando casi todos los pueblos.</p>
-
-<p>Don Pedro Villacampa juntó en el Tremedal entre soldados y paisanos
-sin armas unos 4000 hombres. El santuario está situado en un elevado
-monte en forma de media luna, y a cuyo pie se descubre la villa de
-Orihuela. Pinares que se extienden por los costados y la cumbre
-roqueña de la montaña dan al sitio silvestre y ceñudo semblante. Había
-acumulado allí la devoción de los fieles muchas y ricas ofrendas,
-respetadas hasta de los salteadores, siendo así que de día y noche
-se dejaban abiertas las puertas del santuario. Por lo menos así
-lo aseguraban los clérigos o mosenes, como en Aragón los llaman,
-encargados del culto y custodia del templo.</p>
-
-<div class="sidenote">Se apoderan<br> de la Virgen<br> del
-Tremedal.</div>
-
-<p>Había Villacampa hecho en la subida algunas cortaduras, y dedicábase
-a disciplinar en aquel retiro su gente bisoña. Conocieron los franceses
-el mal que se les seguiría si para ello le dejaban tiempo, y trataron
-de destruirle o por lo menos de aventarle de aquellas asperezas. Tuvo
-orden de ejecutar la operación el coronel Henriod, con su regimiento
-14 de línea, alguna más infantería, un cuerpo de coraceros y tres
-piezas. Maniobró el francés diestramente, amagando la montaña por
-varios puntos, y el 25 se apoderó del Tremedal, de donde, arrojados
-los españoles, se escaparon por la espalda camino de Albarracín. Los
-enemigos saquearon e incendiaron a Orihuela, volándose el santuario con
-espantoso estrépito. Salvose la Virgen que a tiempo ocultó un mosén,
-y retirados los franceses acudieron ansiosamente los paisanos del
-contorno<span class="pagenum" id="Page_130">p. 130</span> a adorar la
-imagen, cuya conservación graduaban de milagro.</p>
-
-<p>Aunque con tales excursiones conseguían los enemigos despejar el
-país de ciertas partidas, no por eso impedían que en otros parajes los
-molestasen nuevas guerrillas. Así, al adelantarse aquellos vía del
-Tremedal, los hostilizaban a su retaguardia el alcalde de Illueca y el
-paisanaje de varios pueblos. Lo mismo ocurría con mayor o menor ímpetu
-en casi todas las comarcas, fatigando a los invasores tan continuo e
-infructuoso pelear.</p>
-
-<div class="sidenote">Entra Suchet<br> en Albarracín<br> y Teruel.</div>
-
-<p>Suchet sin embargo insistía en querer apaciguar a Aragón, y sabiendo
-que de Madrid había ido a Cuenca el general Milhaud para desbandar las
-guerrillas de aquella provincia, avanzó también por su parte el 25 de
-diciembre hasta Albarracín y Teruel, cuyo suelo aún no habían pisado
-los franceses, obligando a la junta de Aragón que entonces se albergaba
-en Rubielos a abandonar su territorio, teniendo que refugiarse en las
-provincias vecinas.</p>
-
-<div class="sidenote">Cuenca<br> y Guadalajara.</div>
-
-<p>De estas, las de Cuenca y Guadalajara traían a maltraer al enemigo.
-En la primera era uno de los principales jefes el marqués de las
-Atalayuelas, <span class="sidenote">Atalayuelas.</span> que solía
-ocupar a Sacedón y sus cercanías; y en la segunda, el Empecinado, <span
-class="sidenote">El Empecinado.</span> a quien ya vimos en Castilla
-la Vieja, y que se aventajaba a los demás en fama y notables hechos.
-Por disposición de la central habíase establecido el 20 de julio
-en Sigüenza [ciudad poco antes muy mal tratada por los franceses]
-una junta con objeto de gobernar la provincia de Guadalajara. <span
-class="sidenote">Juntas.</span> Trabajó con ahínco la nueva autoridad
-en reunir<span class="pagenum" id="Page_131">p. 131</span> las
-partidas sueltas, efectuar alistamientos y hostigar de todos modos al
-enemigo, y así esta junta, como otra que se erigió en tierra de Cuenca,
-uniéndose en ocasiones o concertándose con las de Aragón y Molina,
-formaron en aquellas montañas un foco de insurrección que hubiera
-sido aún más ardiente si a veces no hubiesen debilitado su fuerza
-quisquillas y enojosas pendencias.</p>
-
-<div class="sidenote">La junta<br> de Guadalajara llama<br> al
-Empecinado.</div>
-
-<p>Don Juan Martín, el Empecinado, guerreaba allende la cordillera
-carpetana; mas, buscado en septiembre por la junta de Guadalajara,
-acudió gustoso al llamamiento. Comenzó aquel caudillo a recorrer la
-provincia, y no dejando a los franceses un momento de respiro tuvo ya
-en los meses de septiembre y octubre choques bastante empeñados en
-Cogolludo, Alvarés y Fuente la Higuera. Los franceses, para vencerle,
-recurrieron a ardides. Tal fue el que pusieron en planta en 12 de
-noviembre, aparentando retirarse de la ciudad de Guadalajara para luego
-volver sobre ella. Pero el Empecinado, después de haberse provisto de
-porción de paños de aquellas fábricas, rompió por medio de la hueste
-que le tenía rodeado y se salvó. Pagó en seguida a los franceses el
-susto que entonces le dieron, principalmente sorprendiendo el 24 de
-diciembre en Mazarrulleque a un grueso trozo de contrarios.</p>
-
-<div class="sidenote">La Mancha.</div>
-
-<p>Entre los guerrilleros de la Mancha, de que ya entonces se
-hablaba, además de Mir y Jiménez merece particular mención
-Francisco Sánchez, conocido con el nombre de Francisquete, <span
-class="sidenote">Francisquete.</span> natural de Camuñas. Habían los
-franceses ahorcado<span class="pagenum" id="Page_132">p. 132</span> a
-un hermano suyo que se rindiera bajo seguro, y en venganza Francisco
-hízoles sin cesar guerra a muerte. Otros partidarios empezaron también
-a rebullir en esta provincia y en la de Toledo; mas, o desaparecieron
-pronto, o sus nombres no sonaron hasta más adelante.</p>
-
-<div class="sidenote">León y Castilla.</div>
-
-<p>En las que componen los reinos de León y Castilla la Vieja, descolló,
-entre otros muchos, cerca de Ciudad Rodrigo Don Julián Sánchez. Vivía
-este en la casa paterna después de haber militado en el regimiento de
-Mallorca. <span class="sidenote">Don Julián<br> Sánchez.</span> Pisaron
-los enemigos en sus correrías aquellos umbrales, y mataron a sus padres
-y a una hermana, atrocidad que juró Sánchez vengar: empezó con este
-fin a reunir gente, y luego allegó hasta 200 caballos con el nombre de
-Lanceros, de cuya tropa nombrole capitán el duque del Parque, general
-que allí mandaba. Don Julián unas veces se apoyaba en el ejército
-o en la plaza de Ciudad Rodrigo, otras obraba por sí y se alejaba
-con su escuadrón. Infundía tal desasosiego en los franceses que en
-Salamanca el general Marchand dio contra él y sus soldados una proclama
-amenazadora, y cogió en rehenes, como a patrocinadores, a unos cuantos
-ganaderos ricos de la provincia. Sánchez, agraviado de que el francés
-calificase a sus hombres de asesinos y ladrones, replicole de una
-manera áspera y merecida. Cruda guerra que hasta en el hablar enconaba
-así de ambos lados el ánimo de los combatientes.</p>
-
-<div class="sidenote">El Capuchino,<br> Saornil.</div>
-
-<p>Por el centro y vastas llanuras de Castilla la Vieja andaban
-asimismo al rebusco de franceses partidas pequeñas, como las del
-Capuchino, Saornil y otras que todavía no gozaban de mucho<span
-class="pagenum" id="Page_133">p. 133</span> nombre, pero que dieron
-lugar a una circular curiosa al par que bárbara del general francés
-Kellermann, comandante de aquellos distritos, y por la que, haciendo en
-25 de octubre una requisición de caballos, mandaba bajo penas rigurosas
-sacar el ojo izquierdo y marcar o inutilizar de otro modo para la
-milicia los que no fuesen destinados a su servicio. Porlier, también
-ejecutando a veces rápidas y portentosas marchas, rompía por la tierra y
-atropellaba los destacamentos enemigos, descolgándose de las montañas
-de Galicia y Asturias, que eran su principal guarida.</p>
-
-<div class="sidenote">Juntas<br> y partidarios<br> en el camino<br> de
-Francia.</div>
-
-<p>En todo el camino carretero de Francia, desde Burgos hasta los lindes
-de Álava, y en ambas riberas por aquella parte del Ebro, hormiguearon
-de muy temprano las guerrillas. Tenía la codicia en qué cebarse con la
-frecuencia de convoyes y pasajeros enemigos, y muchos de los naturales,
-dados ya desde antes al contrabando por la línea de aduanas allí
-establecida, conocían a palmos el terreno y estaban avezados a los
-riesgos de su profesión, imagen de los de la guerra. Fomentaron tales
-inclinaciones varias juntas que se formaron de cuarenta en cuarenta
-lugares, y las cuales, o se reunieron después o se sujetaron a las que
-se apellidaban de Burgos, Soria y La Rioja. Reconocieron la autoridad
-de estos cuerpos las más de las partidas, de las que se miraron como
-importantes la de Ignacio Cuevillas, Don Juan Gómez, el cura Tapia, Don
-Francisco Fernández de Castro, hijo mayor del marqués de Barriolucio, y
-el cura de Villoviado, de quien ya se hizo mención en otro libro.</p>
-
-<p>Sus correrías solían ser lucrosas, en perjuicio<span class="pagenum"
-id="Page_134">p. 134</span> del enemigo, y no faltas de gloria, sobre
-todo cuando muchas de ellas se unían y obraban de concierto. Sucedió
-así en septiembre para sostener a Logroño, estando a su frente
-Cuevillas: lo mismo el 18 de noviembre en Sausol de Navarra, en donde
-deshicieron a más de 1000 franceses, guiadas las partidas reunidas
-por el capitán de navío Don Ignacio Narrón, presidente de la junta de
-Nájera.</p>
-
-<div class="sidenote">Mina el mozo.</div>
-
-<p>En esta función tuvo ya parte Don Francisco Javier Mina, sobrino del
-después tan célebre Espoz. Cursaba en Zaragoza a la sazón que estalló
-el levantamiento de 1808: su edad entonces era la de 19 años, y tomó
-las armas como los demás estudiantes. Había nacido en Idocin, pueblo
-de Navarra, de labradores acomodados. Retirado por enfermo al lugar de
-su naturaleza, se hallaba en su casa cuando la saquearon los franceses
-en venganza de un sargento asesinado en la vecindad. Para libertar a
-su padre de una persecución se presentó Mina el mozo a los franceses,
-redimiéndose por medio de dinero del arresto en que le pusieron. Airado
-de la no merecida ofensa y de ver su casa allanada y perdida, armose,
-y uniéndosele otros doce comenzó sus correrías, reciente aún en Roncal
-la memoria de Renovales. Aumentose sucesivamente su cuadrilla, y con
-ímpetu daba de sobresalto en los destacamentos franceses de Navarra,
-como también en los confinantes de Aragón y Rioja. Fue extremada
-su audacia, y antes de concluirse 1809 admiró con sus hechos a los
-habitantes de aquellas partes.</p>
-
-<div class="sidenote">Sucesos generales<br> de la nación.</div>
-
-<p>Hasta aquí los sucesos parciales ocurridos este<span
-class="pagenum" id="Page_135">p. 135</span> año en las provincias.
-Necesario ha sido dar una idea de ellos aunque rápida, pues si bien se
-obedecía en todo el reino al gobierno supremo, la índole de la guerra
-y el modo como se empezó inclinaba a las provincias o las obligaba a
-veces a obrar solas o con cierta independencia. Ocupémonos ahora en la
-junta central y en los ejércitos, y asuntos más generales.</p>
-
-<div class="sidenote">Estado<br> de desasosiego<br> de la central.</div>
-
-<p>Vivos debates habían sobrevenido en aquella corporación al
-concluirse el mes de agosto y comenzar septiembre. Procedieron
-de divisiones internas y de la voz pública que le achacaba el
-malogramiento de la campaña de Talavera. Hervían con especialidad en
-Sevilla los manejos y las maquinaciones. Ya desde antes, como dijimos,
-y sordamente, trabajaban contra el gobierno varios particulares
-resentidos, entre ellos ciertos de la clase elevada. Cobraron ahora
-aliento por el arrimo que les ofrecía el enojo de los ingleses, y la
-autoridad del consejo reinstalado el mes anterior. No menos pensaban ya
-que en acudir a la fuerza, pero antes creyeron prudente tentar las vías
-pacíficas y legales. Sirvioles de primer instrumento Don Francisco de
-Palafox, individuo de la misma junta, quien el 21 de agosto leyó en su
-seno un papel en el que, doliéndose amargamente de los males públicos y
-pintándolos con negras tintas, proponía como remedio la reconcentración
-del poder en un solo regente, cuya elección indicaba podría recaer
-en el cardenal de Borbón. Encontró Palafox en sus compañeros
-oposición, presentándole algunas objeciones bastante fuertes, a
-las que no pudiendo de pronto responder como<span class="pagenum"
-id="Page_136">p. 136</span> hombre de limitado seso, dejó su réplica
-para la siguiente sesión en que leyó otro papel explicativo del
-primero.</p>
-
-<div class="sidenote">Consulta<br> del consejo.</div>
-
-<p>Aquel día, que era el 22, vino en apoyo suyo, con aire de concierto,
-una consulta del consejo. Este cuerpo, que en vez de mostrarse
-reconocido teníase por agraviado de su restablecimiento, como hecho,
-según pensaba, en menoscabo de sus privilegios, andaba solícito
-buscando ocasiones de arrancar la potestad suprema de las manos de la
-central, y colocarla o en las suyas o en otras que estuviesen a su
-devoción. Figurose haber llegado ya el plazo tan deseado, y perjudicó
-con ciega precipitación a su propia causa. <span class="sidenote">Su
-ceguedad.</span> En la consulta no se ciñó a examinar la conducta de
-la junta central, y a hacer resaltar los inconvenientes que nacían de
-que corporación tan numerosa tuviese a su cargo la parte ejecutiva,
-sino que también atacó su legitimidad y la de las juntas provinciales
-pidiendo la abolición de estas, el restablecimiento del orden antiguo,
-y el nombramiento de una regencia conforme a lo dispuesto en la ley
-de Partida. ¡Contradicción singular! El consejo que consideraba
-usurpada la autoridad de las juntas, y por consiguiente la de la
-central emanación de ellas, exigía de este mismo cuerpo actos para cuya
-decisión y cumplimiento era la legitimidad tan necesaria.</p>
-
-<p>Pero prescindiendo de semejante modo de raciocinar, harto común
-en asuntos de propio interés, hubo gran desacuerdo en el consejo
-en proceder así, enajenándose voluntades que le hubieran sido
-propicias. Descontentaban a muchos las providencias de la central;
-parecíales<span class="pagenum" id="Page_137">p. 137</span> monstruoso
-su gobierno; mas no querían que se atacase su legitimidad derivada de
-la insurrección. Tocó en desvarío querer el consejo tachar del mismo
-defecto a las juntas provinciales, por cuya abolición clamaba. Estas
-corporaciones tenían influjo en sus respectivos distritos. Atacarlas
-era provocar su enemistad, resucitar la memoria de lo ocurrido al
-principio de la insurrección en 1808, y privarse de un apoyo tanto
-más seguro cuanto entonces se habían suscitado nuevas y vivas
-contestaciones entre la central y algunas de las mismas juntas.</p>
-
-<div class="sidenote">Altercados<br> de las juntas<br> de provincia<br>
-y la central.<br> Sevilla.<br> Extremadura.</div>
-
-<p>La provincial de Sevilla nunca olvidaba sus primeros celos y
-rivalidades, y la de Extremadura antes más quieta, moviose al ver que
-su territorio quedaba descubierto con la ida de los ingleses, de cuya
-retirada echaba la culpa a la central. Así fue que, sin contar con el
-gobierno supremo, por sí dio pasos para que Lord Wellington mudase de
-resolución, y diolos por el conducto del conde del Montijo, que en sus
-persecuciones y vagancia había de Sanlúcar pasado a Badajoz. Desaprobó
-altamente la junta central la conducta de la de Extremadura como ajena
-de un cuerpo subalterno y dependiente, e irritola que fuera medianero
-en la negociación un hombre a quien miraba al soslayo, por lo cual
-apercibiéndola severamente mandó prender al del Montijo que se salvó
-en Portugal. Ofendida la junta de Extremadura de la reprensión que se
-le daba, replicó con sobrada descompostura, hija quizá de momentáneo
-acaloramiento, sin que por eso fuesen más allá afortunadamente tales
-contestaciones. <span class="sidenote">Valencia.</span> Las que
-habían<span class="pagenum" id="Page_138">p. 138</span> nacido en
-Valencia al instalarse la central se aumentaron con el poco tino
-que tuvo en su comisión a aquel reino el barón de Sabasona, y nunca
-cesaron, resistiendo la junta provincial el cumplimiento de algunas
-órdenes superiores, a veces desacertadas, como lo fue la provisión en
-tiempos de tanto apuro de las canonjías, beneficios eclesiásticos y
-encomiendas vacantes, cuyo producto juiciosamente había destinado dicha
-junta a los hospitales militares. Encontradas así ambas autoridades a
-cada paso se enredaban en disputas, inclinándose la razón ya de un lado
-ya de otro.</p>
-
-<div class="sidenote">Exposición<br> de esta<br> contra el
-consejo.</div>
-
-<p>Dolorosas eran estas divisiones y querellas, y de mucho hubieran
-servido al consejo en sus fines, si acallando a lo menos por el momento
-su rencorosa ira contra las juntas, las hubiera acariciado en lugar
-de espantarlas con descubrir sus intentos. Enojáronse pues aquellas
-corporaciones, y la de Valencia, aunque una de las más enemigas de la
-central, se presentó luego en la lid a vindicar su propia injuria.
-En una exposición fecha en 25 de septiembre clamó contra el consejo,
-recordó su vacilante si no criminal conducta con Murat y José, y
-pidió que se le circunscribiese a solo sentenciar pleitos. Otro tanto
-hicieron de un modo más o menos explícito varias de las otras juntas,
-añadiendo sin embargo la misma de Valencia que convendría que la
-central separase la potestad legislativa de la ejecutiva, y que se
-depositase esta en manos de uno, tres o cinco regentes.</p>
-
-<div class="sidenote">Trama<br> para disolver<br> la central.</div>
-
-<p>Antes que llegase esta exposición, y atropellando por todo
-en Sevilla los descontentos, pensaron<span class="pagenum"
-id="Page_139">p. 139</span> recurrir a la fuerza, impacientes de que
-la central no se sometiese a las propuestas de Palafox, del consejo y
-sus parciales. Era su propósito disolver dicha junta, transportar a
-Manila algunos de sus individuos, y crear una regencia, reponiendo al
-consejo real en la plenitud de su poder antiguo y con los ensanches
-que él codiciaba. Habíanse ganado ciertos regimientos, repartídose
-dinero, y prometido también convocar cortes, ya por ser la opinión
-general del reino, ya igualmente para amortiguar el efecto que podría
-resultar de la intentada violencia. Pero esta última resolución no se
-hubiera realizado, a triunfar los conspiradores como apetecían, pues el
-alma de ellos, el consejo, tenía sobrado desvío por todo lo que sonaba
-a representación nacional, para no haber impedido el cumplimiento de
-semejante promesa.</p>
-
-<div class="sidenote">Descúbrela<br> el embajador<br> de
-Inglaterra.</div>
-
-<p>Ya en los primeros días de septiembre estaba próximo a realizarse el
-plan, cuando el duque del Infantado, queriendo escudar su persona con
-la aquiescencia del embajador de Inglaterra, confiósele amistosamente.
-Asustado el marqués de Wellesley de las resultas de una disolución
-repentina del gobierno, y no teniendo por otra parte concepto muy
-elevado de los conspiradores, procuró apartarlos de tal pensamiento,
-y sin comprometerlos dio aviso a la central del proyecto. Advertida
-esta a tiempo, e intimidados también algunos de los de la trama con no
-verse apoyados por la Inglaterra, prevínose todo estallido, tomando la
-central medidas de precaución sin pasar o escudriñar quienes fuesen los
-culpables.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_140">p. 140</span></p>
-
-<div class="sidenote">Trata la central<br> de reconcentrar<br> la
-potestad<br> ejecutiva.</div>
-
-<p>La junta, no obstante, viendo cuán de cerca la atacaban, que
-la opinión misma del embajador de Inglaterra, si bien opuesto a
-violencias, era la de reconcentrar la potestad ejecutiva, y que hasta
-las autoridades que le habían dado el ser eran las más de idéntico o
-parecido sentir, resolvió ocuparse seriamente en la materia. Algunos
-de sus individuos pensaban ser conveniente la remoción de todos los
-centrales o de una parte de ellos, acallando así a los que tachaban su
-conducta de ambiciosa. Suscitó tal medida el bailío Don Antonio Valdés,
-la cual contados de sus compañeros sostuvieron, desechándola los
-más. <span class="sidenote">Diversidad<br> de opiniones.</span> Tres
-dictámenes prevalecían en la junta, el de los que juzgaban ocioso hacer
-una mudanza cualquiera debiendo convocarse luego las cortes, el de los
-que deseaban una regencia escogida fuera del seno de la central, y en
-fin el de los que repugnando la regencia querían sin embargo que se
-pusiese el gobierno o potestad ejecutiva en manos de un corto número de
-individuos sacados de los mismos centrales. Entre los que opinaban por
-lo segundo se contaba Jovellanos, pero tan respetable varón, luego que
-percibió ser la regencia objeto descubierto de ambición que amenazaba a
-la patria con peligrosas ocurrencias, mudó de parecer y se unió a los
-del último dictamen.</p>
-
-<div class="sidenote">Nómbrase<br> al efecto<br> una comisión.</div>
-
-<p>Al frente de este se hallaba Calvo, que acababa de volver de
-Extremadura y quien, con su áspera y enérgica condición, no poco
-contribuyó a parar los golpes de los que dentro de la misma junta solo
-hablaban de regencia para destruir la central e impedir la convocación
-de cortes.<span class="pagenum" id="Page_141">p. 141</span> Trajo
-hacia sí a Jovellanos y sus amigos, los que concordes consiguieron
-después de acaloradas discusiones, que se aprobasen el 19 de
-septiembre dos notables acuerdos: 1.º, la formación de una <i>Comisión
-ejecutiva</i> encargada del despacho de lo relativo a gobierno,
-reservando a la junta los negocios que requiriesen plena deliberación;
-y 2.º, fijar para 1.º de marzo de 1810 la apertura de las cortes
-extraordinarias.</p>
-
-<p>Antes de publicarse dichos acuerdos nombrose una comisión para
-formar el reglamento o plan que debía observar la ejecutiva, y
-como recayese el encargo en Don Gaspar de Jovellanos, bailío Don
-Antonio Valdés, marqués de Campo Sagrado, Don Francisco Castanedo
-y conde de Gimonde, amigos los más del primero, creyose que a la
-presentación de su trabajo serían los mismos escogidos para componer
-la comisión ejecutiva. Pero se equivocaron los que tal creyeron. <span
-class="sidenote">Nómbrase<br> otra segunda.</span> En el intermedio
-que hubo entre formar el reglamento y presentarle, los aficionados al
-mando y los no adictos a Jovellanos y sus opiniones se movieron, y bajo
-un pretexto u otro alcanzaron que la mayoría de la junta desechase el
-reglamento que la comisión había preparado. Escogiose entonces otra
-nueva para que le enmendase con objeto de renovar, si ser pudiese,
-la cuestión de regencia, o si no de meter en la comisión ejecutiva
-las personas que con más empeño sostenían dicho dictamen. <span
-class="sidenote">Nuevos manejos.</span> Viose a las claras ser aquella
-la intención oculta de ciertas personas por lo que de nuevo sucedió
-con Don Francisco de Palafox. <span class="sidenote">Palafox.</span>
-Este vocal, juguete de embrolladores, resucitó la olvidada<span
-class="pagenum" id="Page_142">p. 142</span> controversia cuando se
-discutía en la junta el plan de la comisión ejecutiva. Los instigadores
-le habían dictado un papel que al leerle produjo tal disgusto que,
-arredrado el mismo Palafox, se allanó a cancelar en el acto mismo las
-cláusulas más disonantes.</p>
-
-<div class="sidenote">Romana.</div>
-
-<p>Viendo la facción cuán mal había correspondido a su confianza el
-encargado de ejecutar sus planes, trató de poner en juego al marqués
-de la Romana, recién llegado del ejército, y cuya persona más respetada
-gozaba todavía entre muchos de superior concepto. Había sido el marqués
-nombrado individuo de la comisión sustituida para corregir el plan
-presentado por la primera, y en su virtud asistió a sus sesiones,
-discutió los artículos, enmendó algunos, y por último firmó el plan
-acordado, si bien reservándose exponer en la junta su dictamen
-particular. Parecía no obstante que se limitaría este a ofrecer
-algunas observaciones sobre ciertos puntos, habiendo en lo general
-merecido su aprobación la totalidad del plan. <span class="sidenote">Su
-inconsiderada<br> conducta y su representación.</span> Mas cuál fue
-la admiración de sus compañeros al oír al marqués en la sesión del
-14 de octubre renovar la cuestión de regencia por medio de un papel
-escrito en términos descompuestos, y en el que haciendo de sí propio
-pomposas alabanzas, expresaba <i>la necesidad de desterrar hasta la
-memoria de un gobierno tan notoriamente pernicioso</i> como lo era
-el de la central. Y al mismo tiempo que tan mal trataba a esta y que
-la calificaba de ilegítima, dábale la facultad de nombrar regencia y
-de escoger una diputación permanente, compuesta de cinco individuos y
-un procurador,<span class="pagenum" id="Page_143">p. 143</span> que
-hiciese las veces de cortes, cuya convocación dejaba para tiempos
-indeterminados. A tales absurdos arrastraba la ojeriza de los que
-habían apuntado el papel al marqués, y la propia irreflexión de este
-hombre, tan pronto indolente, tan pronto atropellado.</p>
-
-<div class="sidenote">Nómbrase<br> la comisión<br> ejecutiva.</div>
-
-<p>A pesar de crítica tan amarga y de las perjudiciales consecuencias
-que podría traer un escrito como aquel, difundido luego por todas
-partes, no solo dejó la junta de reprender a Romana, sino que también,
-ya que no adoptó sus proposiciones, fue el primero que escogió para
-componer la comisión ejecutiva. No faltó quien atribuyese semejante
-elección a diestro artificio de la central, ora para enredarle en un
-compromiso por haber dicho en su papel que a no aprobarse su dictamen
-renunciaría a su puesto, ora también para que experimentase por sí
-mismo la diferencia que media entre quejarse de los males públicos y
-remediarlos.</p>
-
-<p>Sea de ello lo que fuere, lo cierto es que el marqués admitió el
-nombramiento y que sin detención se eligieron sus otros compañeros.
-La comisión ejecutiva conforme a lo acordado debía constar de seis
-individuos y del presidente de la central, renovándose a la suerte
-parte de ellos cada dos meses. Los nombrados además de Romana fueron
-D. Rodrigo Riquelme, D. Francisco Caro, Don Sebastián de Jócano,
-D. José García de la Torre y el marqués de Villel. En el curso
-de esta historia ya ha habido ocasión de indicar a que partido se
-inclinaban estos vocales, y si el lector no lo ha olvidado recordará
-que se arrimaban al del antiguo orden de cosas,<span class="pagenum"
-id="Page_144">p. 144</span> por lo cual hubieran muchos llevado a
-mal su elección si no hubiese sido acompañada con el correctivo del
-llamamiento de cortes.</p>
-
-<div class="sidenote">Fíjase el día<br> de juntarse<br> las
-cortes.</div>
-
-<p>Anunciose tal novedad en decreto de 28 de octubre publicado
-en 4 de noviembre, especificándose en su contenido que aquellas
-serían convocadas en 1.º de enero de 1810 para empezar sus augustas
-funciones en el 1.º de marzo siguiente. El deseo de contener las miras
-ambiciosas de los que aspiraban a la autoridad suprema, alentó a los
-centrales partidarios de la representación nacional a que clamasen
-con mayor instancia por la aceleración de su llamamiento. Don Lorenzo
-Calvo de Rozas, entre ellos uno de los más decididos y constantes,
-promovió la cuestión por medio de proposiciones que formalizó en 14
-y 29 de septiembre, renovando la que hizo en abril anterior y que
-había provocado el decreto de 22 de mayo. Suscitáronse disensiones
-y altercados en la junta, mas logrose la aprobación del decreto ya
-insinuado, apretando a la comisión de cortes para que concluyese los
-trabajos previos que le estaban encomendados, y que particularmente se
-dirigían al modo de elegir y constituir aquel cuerpo. Esta comisión
-desempeñó ahora con menos embarazo su encargo por haber reemplazado
-a Riquelme y Caro, rémoras antes para todo lo bueno, los señores Don
-Martín de Garay y conde de Ayamans, dignos y celosos cooperadores.</p>
-
-<div class="sidenote">Instálase<br> la comisión<br> ejecutiva.</div>
-
-<p>La ejecutiva se instaló el 1.º de noviembre, no entendiendo
-ya la junta plena en ninguna materia de gobierno, excepto en el
-nombramiento de algunos altos empleos que se reservó. Siguiéronse<span
-class="pagenum" id="Page_145">p. 145</span> no obstante tratando en
-las sesiones de la junta los asuntos generales, los concernientes a
-contribuciones y arbitrios, y las materias legislativas. Continuó así
-hasta su disolución, dividido este cuerpo en dichas dos porciones,
-ejerciendo cada una sus facultades respectivas.</p>
-
-<div class="sidenote">Estado<br> de Europa.</div>
-
-<p>En tanto, el horizonte político de Europa se encapotaba cada vez
-más. Estimulada la gran Bretaña con la guerra de Austria, no se había
-ceñido a aumentar en la península sus fuerzas, sino que también
-preparó otras dos expediciones <span class="sidenote">Expediciones
-inglesas.<br> Contra Nápoles.</span> a puntos opuestos, una a las
-órdenes de Sir Juan Stuart contra Nápoles, y otra al Escalda e isla de
-Walcheren mandada por Lord Chatam. Malos consejos alejaron la primera
-de estas expediciones de la costa oriental de España, adonde se había
-pensado enviarla, y se empleó en objeto infructuoso como lo fue la
-invasión del territorio napolitano. <span class="sidenote">Contra<br>
-el Escalda.</span> La segunda, formidable y una de las mayores que
-jamás saliera de los puertos ingleses, se componía de 40.000 hombres
-de desembarco, tropas escogidas, ascendiendo en todo la fuerza de
-tierra y mar a 80.000 combatientes. Proponíase con ella el gobierno
-británico destruir ante todo el gran arsenal que en Amberes había
-Napoleón construido. Lástima fue que en este caso no hubiese aquel
-gabinete escuchado a sus aliados. El emperador de Austria opinaba por
-el desembarco en el norte de Alemania, en donde el ejemplo de Schill,
-caudillo tan bravo y audaz, hubiera sido imitado por otros muchos
-al ver la ayuda que prestaban los ingleses. La junta central instó
-porque la expedición llevase el rumbo hacia las costas cantábricas y
-se<span class="pagenum" id="Page_146">p. 146</span> diese la mano
-con la de Wellesley: y cierto que si las tropas de Stuart y Chatam
-hubiesen tomado tierra en la península o en el norte de Alemania en el
-tiempo en que aún duraba la guerra en Austria, quizá no hubiera esta
-tenido un fin tan pronto y aciago. Prescindiendo de todo el gobierno
-inglés sacrificó grandes ventajas a la que presumía inmediata de la
-destrucción del arsenal de Amberes, ventaja mezquina aunque la hubiera
-conseguido, en comparación de las otras.</p>
-
-<div class="sidenote">Desgraciadísima<br> esta.</div>
-
-<p>Es ajeno de nuestro propósito entrar en la historia de aquellas
-expediciones, y así solo diremos que al paso que la de Stuart no
-tuvo resultado, pereció la de Chatam miserablemente sin gloria y a
-impulsos de las enfermedades que causó en el ejército inglés la tierra
-pantanosa de la isla de Walcheren a la entrada del Escalda. Tampoco se
-encontraron con habitantes que les fueran afectos, de donde pudieron
-aprender cuán diverso era, a pesar del valor de sus tropas, tener que
-lidiar en tierra enemiga o en medio de pueblos que, como los de la
-península, se mantenían fieles y constantes.</p>
-
-<div class="sidenote">Paz entre<br> Napoleón<br> y el Austria.<br> (*
-Ap. n. <a href="#Ap_10-4" id="Ll_10-4">10-4</a>.)</div>
-
-<p>Colmó tantas desgracias la paz de Austria, en favor de cuya potencia
-había cedido la junta central una porción de plata [*] en barras que
-venían de Inglaterra para socorro de España, y además permitió, sin
-reparar en los perjuicios que se seguirían a nuestro comercio, que
-el mismo gobierno británico negociase con igual objeto en nuestros
-<span class="sidenote">Sacrificios<br> de la central<br> en favor<br>
-de Austria.</span> puertos de América 3.000.000 de pesos fuertes:
-sacrificios inútiles. Desde el armisticio de Znaim pudo ya temerse
-cercana la paz. El gabinete de Austria, viendo su capital<span
-class="pagenum" id="Page_147">p. 147</span> invadida, incierto de
-la política de la Rusia, y no queriendo buscar apoyo en sus propios
-pueblos, de cuyo espíritu comenzaba a estar receloso, decidiose a
-terminar una lucha que, prolongada, todavía hubiera podido convertirse
-para Napoleón en terrible y funesta, manifestándose ya en la población
-de los estados austriacos síntomas de una guerra nacional. Y ¡cosa
-extraña! un mismo temor, aunque por motivos opuestos, aceleró entre
-ambas partes beligerantes la conclusión de la paz. Firmose esta en
-Viena el 15 de octubre. El Austria, además de la pérdida de territorios
-importantes y de otras concesiones, se obligó, por el artículo 15 del
-tratado, a «reconocer las mutaciones hechas o que pudieran hacerse en
-España, en Portugal y en Italia.»</p>
-
-<div class="sidenote">Manifiesto<br> de la central.</div>
-
-<p>La junta central, a vista de tamaña mengua, publicó un manifiesto
-en que procurando desimpresionar a los españoles del mal efecto que
-produciría la noticia de la paz, con profusión derramó amargas quejas
-sobre la conducta del gabinete austriaco, lenguaje que a este ofendió
-en extremo.</p>
-
-<div class="sidenote">Prurito<br> de batallar<br> de la central.</div>
-
-<p>Disculpable era, hasta cierto punto, el gobierno español, hallándose
-de nuevo reducido a no vislumbrar otro campo de lides sino el
-peninsular. Mas semejante estado de cosas, y las propias desgracias,
-hubieran debido hacerle más cauto, y no comprometer en batallas
-generales y decisivas su suerte y la de la nación. El deseo de entrar
-en Madrid, y las ventajas adquiridas en Castilla la Vieja, pesaban más
-en la balanza de la junta central que maduros consejos.</p>
-
-<div class="sidenote">Ejército<br> de la izquierda.</div>
-
-<p>Hablemos pues de las indicadas ventajas. Luego<span class="pagenum"
-id="Page_148">p. 148</span> que el marqués de la Romana dejó en el mes
-de agosto en Astorga el ejército de su mando, llamado de la izquierda,
-condújole a Ciudad Rodrigo D. Gabriel de Mendizábal para ponerle en
-manos del duque del Parque, nombrado sucesor del marqués. Llegaron las
-tropas a aquella plaza antes de promediar septiembre, y a estar todas
-reunidas, hubiera pasado su número de 26.000 hombres; pero compuesto
-aquel ejército de cuatro divisiones y una vanguardia, la 3.ª, al mando
-de Don Francisco Ballesteros, no se juntó con Parque hasta mediados
-de octubre, y la 4.ª quedose en los puertos de Manzanal y Foncebadón
-a las órdenes, según insinuamos, del teniente general Don Juan José
-García.</p>
-
-<div class="sidenote">General<br> Marchand.</div>
-
-<p>El 6.º cuerpo francés, después de su vuelta de Extremadura, ocupaba
-la tierra de Salamanca, mandándole el general Marchand en ausencia del
-mariscal Ney, que tornó a Francia. Continuaba en Valladolid el general
-Kellermann <span class="sidenote">Carrier.</span> y vigilaba Carrier
-con 3000 hombres las márgenes del Esla y del Órbigo.</p>
-
-<div class="sidenote">Primera defensa<br> de Astorga.</div>
-
-<p>Atendían los franceses de Castilla, más que a otra cosa, a seguir
-los movimientos del duque del Parque, no descuidando por eso los otros
-puntos. Así aconteció que en 9 de octubre quiso el general Carrier
-posesionarse de Astorga, ciudad antes de ahora nunca considerada como
-plaza. Gobernaba en ella desde 22 de septiembre D. José María de
-Santocildes; guarnecíanla unos 1100 soldados nuevos, mal armados y
-con solos 8 cañones que servía el distinguido oficial de artillería
-Don César Tournelle. En tal estado, sin fortificaciones nuevas y con
-muros viejos y desmoronados,<span class="pagenum" id="Page_149">p.
-149</span> se hallaba Astorga cuando se acercó a ella el general
-Carrier seguido de 3000 hombres y dos piezas. Brevemente y con
-particular empeño, cubiertos de las casas del arrabal de Reitibia,
-embistieron los franceses la puerta del Obispo. Cuatro horas duró el
-fuego, que se mantuvo muy vivo, no acobardándose nuestros inexpertos
-soldados ni el paisanaje, y matando o hiriendo a cuantos enemigos
-quisieron escalar el muro o aproximarse a aquella puerta. Retiráronse
-por fin estos con pérdida considerable. Entre los españoles que en la
-refriega perecieron señalose un mozo, de nombre Santos Fernández, cuyo
-padre al verle expirar, enternecido pero firme, prorrumpió en estas
-palabras: «Si murió mi hijo único, vivo yo para vengarle.» Hubo también
-mujeres y niños que se expusieron con grande arrojo, y Astorga, ciudad
-por donde tantas veces habían transitado pacíficamente los franceses,
-rechazolos ahora preparándose a recoger nuevos laureles.</p>
-
-<div class="sidenote">Muévese el duque<br> del Parque<br> al frente<br>
-del ejército<br> de la izquierda.</div>
-
-<p>Esta diversión, y las que causaban al enemigo Don Julián Sánchez
-y otros guerrilleros, ayudaban también al duque del Parque que,
-colocado a fines de septiembre a la izquierda del Águeda, había subido
-hasta Fuenteguinaldo. Su ejército se componía de 10.000 infantes y
-1800 caballos. Regía la vanguardia Don Martín de la Carrera, y las
-dos divisiones presentes, 1.ª y 2.ª, Don Francisco Javier de Losada
-y el conde de Belveder. Púsose también por su lado en movimiento el
-general Marchand, con 7000 hombres de infantería y 1000 de caballería.
-Ambos ejércitos marcharon y contramarcharon, y los franceses,<span
-class="pagenum" id="Page_150">p. 150</span> después de haber quemado
-a Martín del Río y de haber seguido hasta más adelante la huella de
-los españoles, retrocedieron a Salamanca. El duque del Parque avanzó
-de nuevo el 5 de octubre por la derecha de Ciudad Rodrigo, e hizo
-propósito de aguardar a los franceses en Tamames.</p>
-
-<div class="sidenote">Batalla<br> de Tamames.</div>
-
-<p>Situada esta villa a nueve leguas de Salamanca en la falda
-septentrional de una sierra que se extiende hacia Béjar, ofrecía en
-sus alturas favorable puesto al ejército español. El centro y la
-derecha, de áspero acceso, los cubría con la 1.ª división Don Francisco
-Javier de Losada, ocupaba la izquierda con la vanguardia Don Martín
-de la Carrera, y siendo este punto el menos fuerte de la posición,
-colocose allí en dos líneas, aunque algo separada, la caballería.
-Quedó de respeto la 2.ª división, del cargo del conde de Belveder,
-para atender adonde conviniese. 1500 hombres entresacados de todo el
-ejército guarnecían a Tamames. El general Marchand, reforzado y trayendo
-10.000 peones, 1200 jinetes y 14 piezas de artillería, presentose
-el 18 de octubre delante de la posición española. Distribuyendo sin
-tardanza su gente en tres columnas, arremetió a nuestra línea poniendo
-su principal conato en el ataque de la izquierda, como punto más
-accesible. Carrera se mantuvo firme con la vanguardia, esperando a que
-la caballería española, apostada en un bosque a su siniestro costado,
-cargase las columnas enemigas; pero la 2.ª brigada de nuestros jinetes,
-ejecutando inoportunamente un peligroso despliegue, se vio atacada por
-la caballería ligera de los franceses, que a<span class="pagenum"
-id="Page_151">p. 151</span> las órdenes del general Maucune rompió
-a escape por sus hileras. Metiose el desorden entre los caballos
-españoles, y aun llegaron los franceses a apoderarse de algunos
-cañones. El duque del Parque acudió al riesgo, arengó a la tropa, y
-su segundo Don Gabriel de Mendizábal echando pie a tierra contuvo a
-los soldados con su ejemplo y sus exhortaciones, restableciendo el
-orden. No menos apretó los puños en aquella ocasión el bizarro Don
-Martín de la Carrera, casi envuelto por los enemigos y con su caballo
-herido de dos balazos y una cuchillada. Los franceses entonces
-empezaron a flaquear. En balde trataron de sostenerse algunos cuerpos
-suyos. El conde de Belveder, avanzando con un trozo de su división, y
-el príncipe de Anglona, con otro de caballería, que dirigió con valor
-y acierto, acabaron de decidir la pelea en nuestro favor. <span
-class="sidenote">Gánanla<br> los españoles.</span> La vanguardia y los
-jinetes que primero se habían desordenado volviendo también en sí,
-recobraron los cañones perdidos y precipitaron a los franceses por la
-ladera abajo de la sierra. Igualmente salieron vanos los esfuerzos
-del ejército contrario para superar los obstáculos con que tropezó
-en el centro y derecha. Don Francisco Javier de Losada rechazó todas
-las embestidas de los que por aquella parte atacaron, y los obligó a
-retirarse al mismo tiempo que los otros huían del lado opuesto. Al
-ver los españoles apostados en Tamames el desorden de los franceses,
-desembocaron al pueblo, y haciendo a sus contrarios vivísimo fuego,
-les causaron por el costado notable daño. Dos regimientos de reserva
-de estos protegieron a los suyos en la retirada, molestados<span
-class="pagenum" id="Page_152">p. 152</span> por nuestros tiradores,
-y con aquella ayuda y al abrigo de espesos encinares y de la noche
-ya vecina, pudieron proseguir los franceses su camino la vuelta de
-Salamanca. Su pérdida consistió en 1500 hombres, la nuestra en 700,
-habiendo cogido un águila, un cañón, carros de municiones, fusiles
-y algunos prisioneros. El general Marchand se detuvo cinco días en
-Salamanca aguardando refuerzos de Kellermann: no llegaron estos, y el
-del Parque habiendo cruzado el Tormes en Ledesma obligó al general
-francés a desamparar aquella ciudad.</p>
-
-<div class="sidenote">Únese Ballesteros<br> a Parque.</div>
-
-<p>Al día siguiente de la acción, uniose al grueso del ejército
-español, con 8000 hombres, Don Francisco Ballesteros. Había este
-general padecido dispersión, sin notable refriega, en su nueva y
-desgraciada tentativa de Santander, de que hicimos mención en el libro
-8.º Rehecho en las montañas de Liébana, obedeció a la orden que le
-prescribía ir a juntarse con el ejército de la izquierda.</p>
-
-<div class="sidenote">Entra Parque<br> en Salamanca.</div>
-
-<p>Unido ya al duque del Parque, entró este en Salamanca el 25 de
-octubre en medio de las mayores aclamaciones del pueblo entusiasmado,
-que abasteció al ejército larga y desinteresadamente. El 1.º de
-noviembre llegó de Ciudad Rodrigo la división castellana, <span
-class="sidenote">Únesele<br> la división<br> castellana.</span>
-llamada 5.ª, al mando del marqués de Castro-Fuerte, con la que, y
-la asturiana de Ballesteros, 3.ª en el orden, contó el del Parque
-unos 26.000 hombres, sin la 4.ª división, que continuó permaneciendo
-en el Bierzo. Faltábale mucho a aquel ejército para estar bien
-disciplinado, participando su organización actual de los males de<span
-class="pagenum" id="Page_153">p. 153</span> la antigua y de los que
-adolecía la varia e informe que a su antojo habían adoptado las
-respectivas juntas de provincia. Pero animaba a sus tropas un excelente
-espíritu, acostumbradas muchas de ellas a hacer rostro a los franceses
-bajo esforzados jefes, en San Payo y otros lugares.</p>
-
-<div class="sidenote">Ejércitos<br> españoles<br> del mediodía.</div>
-
-<p>No pasó un mes sin que un gran desastre viniese a enturbiar las
-alegrías de Tamames. Ocurrió del lado del mediodía de España, y por
-tanto necesario es que volvamos allá los ojos para referir todo lo que
-sucedió en los ejércitos de aquella parte, después de la retirada y
-separación del anglo-hispano, y de la aciaga jornada de Almonacid.</p>
-
-<div class="sidenote">Únese<br> al de la Mancha<br> parte del
-ejército<br> de Extremadura.</div>
-
-<p>Puestos los ingleses en los lindes de Portugal y persuadida la junta
-central de que ya no podía contar con su activa coadyuvación, determinó
-ejecutar por sí sola un plan de campaña cuyo mal éxito probó no ser
-el más acertado. Al paso que en Castilla debía continuar divirtiendo
-a los franceses el duque del Parque, y que en Extremadura quedaban
-solo 12.000 hombres, dispúsose que lo restante de aquel ejército
-pasase con su jefe Eguía a unirse al de la Mancha. Creyó la junta
-fundadamente que se dejaba Extremadura bastante cubierta con la fuerza
-indicada, no siendo dable que los franceses se internasen teniendo por
-su flanco y no lejos de Badajoz al ejército británico. Se trasladó
-pues Don Francisco Eguía <span class="sidenote">Fuerza<br> de este
-ejército<br> reunido al mando<br> de Eguía.</span> a la Mancha antes de
-finalizar septiembre, y estableciendo su cuartel general en Daimiel,
-tomó el mando en jefe de las fuerzas reunidas: ascendía su<span
-class="pagenum" id="Page_154">p. 154</span> número en 3 de octubre a
-51.869 hombres, de ellos 5766 jinetes, con 55 piezas de artillería.</p>
-
-<div class="sidenote">Posición<br> de los franceses.</div>
-
-<p>De las tropas francesas que habían pisado desde la batalla de
-Talavera las riberas del Tajo, ya vimos cómo el cuerpo de Ney volvió a
-Castilla la Vieja, y fue el que lidió en Tamames. Permaneció el 2.º en
-Plasencia, apostándose después en Oropesa y Puente del Arzobispo; quedó
-en Talavera el 5.º, y el 1.º y 4.º, regidos por Victor y Sebastiani,
-fueron destinados a arrojar de la Mancha a Don Francisco Eguía. El
-12 de octubre ambos cuerpos se dirigieron, el 1.º, por Villarubia a
-Daimiel, el 4.º, por Villaharta a Manzanares. Había de su lado avanzado
-Eguía, quien, reconvenido poco antes por su inacción, enfáticamente
-respondió que «solo anhelaba por sucesos grandes que libertasen a la
-nación de sus opresores.» <span class="sidenote">Irresolución<br>
-de Eguía.</span> Mas el general español, no obstante su dicho, a la
-proximidad de los cuerpos franceses tornó de priesa a su guarida
-de Sierra Morena. Desazonó tal retroceso en Sevilla, donde no se
-soñaba sino en la entrada en Madrid, y también porque se pensó que la
-conducta de Eguía estaba en contradicción con sus graves, o sean más
-bien ostentosas palabras. No dejó de haber quien sostuviese al general
-y alabase su prudencia, atribuyendo su modo de maniobrar al secreto
-pensamiento de revolver sobre el enemigo y atacarle separadamente,
-y no cuando estuviese muy reconcentrado; plan sin duda el más
-conveniente. Pero en Eguía, hombre indeciso e incapaz de aprovecharse
-de una coyuntura oportuna, era irresolución<span class="pagenum"
-id="Page_155">p. 155</span> de ánimo lo que en otro hubiera quizá sido
-efecto de sabiduría.</p>
-
-<div class="sidenote">Sucédele<br> en el mando<br> Aréizaga.</div>
-
-<p>Retirado a Sierra Morena escribió a la central pidiéndole víveres
-y auxilios de toda especie, como si la carencia de muchos objetos le
-hubiese privado de pelear en las llanuras. Colmada entonces la medida
-del sufrimiento contra un general a quien se le había prodigado todo
-linaje de medios, se le separó del mando, que recayó en Don Juan Carlos
-de Aréizaga, llamado antes de Cataluña para mandar en la Mancha una
-división. Acreditado el nuevo general desde la batalla de Alcañiz,
-tenía en Sevilla muchos amigos, y de aquellos que ansiaban por volver
-a Madrid. Aparente actividad, y el provocar a su llegada al ejército
-el alejamiento de un enjambre de oficiales y generales que ociosos
-solo servían de embarazo y recargo, confirmó a muchos en la opinión de
-haber sido acertado su nombramiento. Mas Aréizaga, hombre de valor como
-soldado, carecía de la serenidad propia del verdadero general y escaso
-de nociones en la moderna estrategia, libraba su confianza más en el
-coraje personal de los individuos que en grandes y bien combinadas
-maniobras: fundamento ahora de las batallas campales.</p>
-
-<div class="sidenote">Favor<br> de que este<br> goza.</div>
-
-<p>Acabó el general Aréizaga de granjear en favor suyo la gracia
-popular proponiendo bajar a la Mancha y caer sobre Madrid, porque
-tal era el deseo de casi todos los forasteros que moraban en
-Sevilla, y cuyo influjo era poderoso en el seno del mismo gobierno.
-Unos suspiraban por sus casas, otros por el poder perdido<span
-class="pagenum" id="Page_156">p. 156</span> que esperaban recobrar en
-Madrid. Nada pudo apartar al gobierno del raudal de tan extraviada
-opinión. <span class="sidenote">Lord Wellington<br> en Sevilla.</span>
-Lord Wellington que en los primeros días de noviembre pasó a Sevilla
-con motivo de visitar a su hermano el marqués de Wellesley, en vano
-unido con este manifestó los riesgos de semejante empresa. Estaban
-los más tan persuadidos del éxito o por mejor decir tan ciegos, que
-la junta escogió a los señores Jovellanos y Riquelme para acordar
-las providencias que deberían tomarse a la entrada en la capital.
-Diéronse también sus instrucciones al central Don Juan de Dios Rabé,
-que acompañaba al ejército, eligiéronse varias autoridades <span
-class="sidenote">Ibarnavarro,<br> consejero<br> de Aréizaga.</span>
-y entre ellas la de corregidor de Madrid, cuya merced recayó en Don
-Justo Ibarnavarro, amigo íntimo de Aréizaga y uno de los que más le
-impelían a guerrear. Lágrimas sin embargo costaron y bien amargas tan
-imprudentes y desacordados consejos.</p>
-
-<div class="sidenote">Muévese este.</div>
-
-<p>Empezó Don Juan Carlos de Aréizaga a moverse el 3 de noviembre.
-Su ejército estaba bien pertrechado, y tiempos hacía que los campos
-españoles no habían visto otro ni tan lucido ni tan numeroso.
-Distribuíase la infantería en siete divisiones, estando al frente de
-la caballería el muy entendido general Don Manuel Freire. Caminaba el
-ejército repartido en dos grandes trozos, uno por Manzanares y otro
-por Valdepeñas. Precedía a todos Freire con 2000 caballos; seguíale
-la vanguardia que regía Don José Zayas, y a la que apoyaba con su
-1.ª división Don Luis Lacy. Los generales franceses Paris y Milhaud
-eran los más avanzados, y al<span class="pagenum" id="Page_157">p.
-157</span> aproximarse los españoles se retiraron, el primero del lado
-de Toledo, el segundo por el camino real a La Guardia.</p>
-
-<div class="sidenote">Ataque<br> de Dos Barrios.</div>
-
-<p>Media legua más allá de este pueblo, en donde el camino corre por una
-cañada profunda, situáronse el 8 de noviembre los caballos franceses en
-la cuesta llamada del Madero, y aguardaron a los nuestros en el paso
-más estrecho. Freire diestramente destacó dos regimientos al mando
-de Don Vicente Osorio que cayesen sobre los enemigos alojados en Dos
-Barrios, al mismo tiempo que él con lo restante de la columna atacaba
-por el frente. Treparon nuestros soldados por la cuesta con intrepidez,
-repelieron a los franceses y los persiguieron hasta Dos Barrios. Unidos
-aquí Osorio y Freire continuaron el alcance hasta Ocaña, en donde los
-contuvo el fuego de cañón del enemigo.</p>
-
-<div class="sidenote">Aréizaga<br> en Tembleque.</div>
-
-<p>Mientras tanto Aréizaga sentó el 9 su cuartel general en Tembleque,
-y aproximó adonde estaba Freire la vanguardia de Zayas, compuesta
-de 6000 hombres casi todos granaderos, y la 1.ª división de Lacy:
-providencia necesaria por haberse agregado a la caballería de Milhaud
-la división polaca del 4.º cuerpo francés. Volvió Freire a avanzar
-el 10 a Ocaña, delante de cuya villa estaban formados 2000 caballos
-enemigos, y detrás, a la misma salida, la división nombrada con sus
-cañones. Empezaron a jugar estos y a su fuego contestó la artillería
-volante española, arrojando los jinetes a los del enemigo contra la
-villa, que abrigados de su infantería reprimieron a su vez a nuestros
-soldados. No aun dadas las cuatro de la tarde llegaron Zayas<span
-class="pagenum" id="Page_158">p. 158</span> y Lacy. Emboscado el último
-en un olivar cercano, dispúsose a la arremetida, pero Zayas, juzgando
-estar su tropa muy cansada, difirió auxiliar el ataque hasta el día
-siguiente. Aprovechándose los enemigos de esta desgraciada suspensión,
-evacuaron a Ocaña, y por la noche se replegaron a Aranjuez.</p>
-
-<div class="sidenote">Ejército español<br>
-en Ocaña.</div>
-
-<p>El 11 de noviembre, en fin, todo el ejército español se hallaba junto
-en Ocaña. Resueltos los nuestros a avanzar a Madrid, hubiera convenido
-proseguir la marcha antes de que los franceses hubiesen agolpado hacia
-aquella parte fuerzas considerables.</p>
-
-<div class="sidenote">Movimientos<br> inciertos<br> y mal
-concertados<br> de Aréizaga.</div>
-
-<p>Mas Aréizaga, al principio tan arrogante, comenzó entonces a
-vacilar, y se inclinó a lo peor, que fue a hacer movimientos de flanco
-lentos para aquella ocasión y desgraciados en su resultado. Envió
-pues la división de Lacy a que cruzase el Tajo del lado de Colmenar
-de Oreja, yendo la mayor parte a pasar dicho río por Villamanrique,
-en cuyo sitio se echaron al efecto puentes. El tiempo era de lluvia,
-y durante tres días sopló un huracán furioso. Corrió una semana entre
-detenciones y marchas, perdiendo los soldados, en los malos caminos y
-aguas encharcadas, casi todo el calzado. Aréizaga, con los obstáculos
-cada vez más indeciso, acantonó su ejército entre Santa Cruz de la
-Zarza y el Tajo.</p>
-
-<p>Mientras tanto los franceses fueron arrimando muchas tropas a
-Aranjuez. El mariscal Soult había ya antes sucedido al mariscal
-Jourdan en el mando de mayor general de los ejércitos franceses, y
-las operaciones adquirieron fuerza y actividad. Sabedor de que los
-españoles se dirigían<span class="pagenum" id="Page_159">p. 159</span>
-a pasar el Tajo por Villamanrique, envió allí el día 14 al mariscal
-Victor, quien, hallándose entonces solo con su primer cuerpo, hubiera
-podido ser arrollado. Detúvose Aréizaga y dio tiempo a que los
-franceses fuesen el 16 reforzados en aquel punto; lo cual visto por
-el general español, hizo que algunas tropas suyas puestas ya del otro
-lado del Tajo repasasen el río, y que se alzasen los puentes. Caminó
-en la noche del 17 hacia Ocaña, a cuya villa no llegó sino en la tarde
-del 18, y algunas tropas se rezagaron hasta la mañana del 19. <span
-class="sidenote">Choque<br> de caballería<br> en Ontígola.</span>
-La víspera de este día hubo un reencuentro de caballería cerca de
-Ontígola: los franceses rechazaron a los nuestros, mas perdieron
-al general Paris, muerto a manos del valiente cabo español Vicente
-Manzano, que recibió de la central un escudo de premio. Por nuestra
-parte también allí fue herido gravemente, y quedó en el campo por
-muerto, el hermano del duque de Rivas, Don Ángel de Saavedra, no menos
-ilustre entonces por las armas que lo ha sido después por las letras.
-Aréizaga, que, moviéndose primero por el flanco, dio lugar al avance
-y reunión de una parte de las tropas francesas, retrocediendo ahora a
-Ocaña y andando como lanzadera, permitió que se reconcentrasen o diesen
-la mano todas ellas. Difícil era idear movimientos más desatentados.</p>
-
-<div class="sidenote">Fuerzas<br> que acercan<br> los franceses.</div>
-
-<p>Juntáronse pues del lado de Ontígola y en Aranjuez los cuerpos 4.º
-y 5.º, del mando de Sebastiani y Mortier, la reserva, bajo el general
-Dessolles, y la guardia de José, ascendiendo por lo menos el número
-de gente a 28.000 infantes<span class="pagenum" id="Page_160">p.
-160</span> y 6000 caballos. De manera que Aréizaga, que antes tropezaba
-con menos de 20.000, ahora a causa de sus detenciones, marchas y
-contramarchas, tenía que habérselas con 34.000 por el frente, sin
-contar con los 14.000 del cuerpo de Victor colocados hacia su flanco
-derecho, pues juntos todos pasaban de 48.000 combatientes; fuerza casi
-igual a la suya en número, y superiorísima en práctica y disciplina.</p>
-
-<div class="sidenote">Batalla de Ocaña.</div>
-
-<p>Don Juan Carlos de Aréizaga escogió para presentar batalla la
-villa de Ocaña, considerable y asentada en terreno llano y elevado a
-la entrada de la mesa que lleva su nombre. Las divisiones españolas
-se situaron en derredor de la población. Apostose él a la izquierda
-del lado de la agria hondonada donde corre el camino real que va
-a Aranjuez. En el ala opuesta se situó la vanguardia de Zayas con
-dirección a Ontígola, y más a su derecha la primera división de Lacy,
-permaneciendo a espaldas casi toda la caballería. Hubo también tropas
-dentro de Ocaña. El general en jefe no dio ni orden ni colocación
-fija a la mayor parte de sus divisiones. Encaramose en un campanario
-de la villa, desde donde, contentándose con atalayar y descubrir el
-campo, continuó aturdido, sin tomar disposición alguna acertada. El 4.º
-cuerpo, del mando de Sebastiani, sostenido por Mortier, empeñó la pelea
-con nuestra derecha. Zayas, apoyado en la división de Don Pedro Agustín
-Girón, y el general Lacy batallaron vivamente, haciendo maravillas
-nuestra artillería. El último sobre todo avanzó contra el general
-Leval, herido, y empuñando en una mano para alentar a los suyos<span
-class="pagenum" id="Page_161">p. 161</span> la bandera del regimiento
-de Burgos, todo lo atropelló y cogió una batería que estaba al frente.
-Costó sangre tan intrépida acometida, y entre todos fue allí gravemente
-herido el marqués de Villacampo, oficial distinguido y ayudante de
-Lacy. A haber sido apoyado entonces este general, los franceses, rotos
-de aquel lado, no alcanzaran fácilmente el triunfo; pero Lacy, solo,
-sin que le siguiera caballería ni tampoco le auxiliara el general
-Zayas, a quien puso, según parece, en grande embarazo Aréizaga, dándole
-primero orden de atacar y luego contra orden, tuvo en breve que cejar,
-y todo se volvió confusión. El general Girard entró en la villa, cuya
-plaza ardió; Dessolles y José avanzaron contra la izquierda española,
-<span class="sidenote">Horrorosa<br> dispersión.<br> Pérdida<br> de
-Ocaña.</span> que se retiró precipitadamente, y ya por los llanos de la
-Mancha no se divisaban sino pelotones de gente marchando a la ventura,
-o huyendo azorados del enemigo. Aréizaga bajó de su campanario, no tomó
-providencia para reunir las reliquias de su ejército, ni señaló punto
-de retirada. Continuó su camino a Daimiel, de donde serenamente dio un
-parte al gobierno el 20, en el que estuvo lejos de pintar la catástrofe
-sucedida. Esta fue de las más lamentables. Contáronse por lo menos
-13.000 prisioneros, de 4 a 5000 muertos o heridos, fueron abandonados
-más de 40 cañones, y carros, y víveres, y municiones: una desolación.
-Los franceses apenas perdieron 2000 hombres. Solo quedaron de los
-nuestros en pie algunos batallones, la división segunda, del mando de
-Vigodet, y parte de la caballería a las órdenes de Freire. En dos meses
-no pudieron volver a reunirse a<span class="pagenum" id="Page_162">p.
-162</span> las raíces de Sierra Morena 25.000 hombres.</p>
-
-<p>Conservó por algún tiempo el mando Don Juan Carlos de Aréizaga sin
-que entonces se le formase causa, como se tenía de costumbre con muchos
-de los generales desgraciados: ¡tan protegido estaba! Y en verdad,
-¿a qué formarle causa? Habíanse estas convertido en procesos de mera
-fórmula, de que salían los acusados puros y exentos de toda culpa.</p>
-
-<div class="sidenote">Resultas.</div>
-
-<p>Terror y abatimiento sembró por el reino la rota de Ocaña, temiendo
-fuese tan aciaga para la independencia como la de Guadalete. Holgáronse
-sobremanera José y los suyos, entrando aquel en Madrid con pompa y a
-manera de triunfador romano, seguido de los míseros prisioneros. De sus
-parciales no faltó quien se gloriase de que hubiesen los franceses con
-la mitad de gente aniquilado a los españoles. Hemos visto no ser así;
-mas aun cuando lo fuese, no por eso recaería mengua sobre el carácter
-nacional, culpa sería en todo caso del desmaño e ignorancia del
-principal caudillo.</p>
-
-<p>La herida de Ocaña llegó hasta lo vivo. Con haberlo puesto todo a
-la temeridad de la fortuna, abriéronse las puertas de las Andalucías.
-José quizá hubiera tentado pronto la invasión si la permanencia de los
-ingleses en las cercanías de Badajoz, juntamente con la del ejército
-mandado ahora por Alburquerque en Extremadura, y la del Parque en
-Castilla la Vieja, no le hubiesen obligado a obrar con cordura antes de
-penetrar en las gargantas de Sierra Morena, ominosas a sus soldados.
-Prudente, pues, era destruir por lo menos parte de aquellas fuerzas,
-y<span class="pagenum" id="Page_163">p. 163</span> aguardar, ajustada
-ya la paz con Austria, nuevos refuerzos del norte.</p>
-
-<div class="sidenote">Se retira<br> Alburquerque<br> a Trujillo.</div>
-
-<p>El duque de Alburquerque, desamparado con lo ocurrido en Ocaña,
-se aceleró a evitar un suceso desgraciado. La fuerza que tenía, de
-12.000 hombres dividida en tres divisiones, vanguardia y reserva,
-había avanzado el 17 de noviembre al Puente del Arzobispo para causar
-diversión por aquel lado. Desde allí y con el mismo fin, siguiendo la
-margen izquierda de Tajo, destacó la vanguardia, a las órdenes de Don
-José Lardizábal, con dirección al puente de tablas de Talavera. Este
-movimiento obligó a retirarse a los franceses alojados en el Arzobispo
-enfrente de los nuestros; mas a poco, sobreviniendo el destrozo de
-Ocaña, retrocedió el de Alburquerque y no paró hasta Trujillo.</p>
-
-<div class="sidenote">Movimientos<br> del duque<br> del Parque.</div>
-
-<p>Puso en mayor cuidado a los enemigos el ejército del duque del
-Parque, sobre todo después de la jornada de Tamames. Motivo por que
-envió el mariscal Soult la división de Gazan al general Marchand,
-camino de Ávila, para coger al duque por el flanco derecho. El general
-español, a fin de coadyuvar también a la campaña de Aréizaga, moviose
-con su ejército, y el 19 intentó atacar en Alba de Tormes a 5000
-franceses que, advertidos, se retiraron.</p>
-
-<div class="sidenote">Acción<br> de Medina<br> del Campo.</div>
-
-<p>Prosiguió el del Parque su marcha, y noticioso de que en Medina
-del Campo se reunían unos 2000 caballos y de 8 a 10.000 infantes,
-juntó el 23 a la madrugada sus divisiones en el Carpio a tres leguas
-de aquella villa. Colocó la vanguardia en la loma en que está sito
-el pueblo, ocultando detrás y por los lados la mayor parte<span
-class="pagenum" id="Page_164">p. 164</span> de su fuerza. No logró, a
-pesar del ardid, que los franceses se acercasen, y entonces se adelantó
-él mismo a la una del propio día, yendo por la llanura con admirable
-y bien concertado orden. Marchaba en batalla la vanguardia, del mando
-de Don Martín de la Carrera, a su derecha, parte también en batalla,
-parte en columnas, la tercera división regida por Don Francisco
-Ballesteros, a la izquierda la primera, de Don Francisco Javier de
-Losada; cubría la caballería las dos alas. Iba de reserva la segunda
-división, a las órdenes del conde de Belveder, y dejose en el Carpio,
-con su jefe el marqués de Castro-Fuerte, la 5.ª división, o sea la de
-los castellanos. Los franceses, aunque reforzados con 1000 jinetes,
-cejaron a una eminencia inmediata a Medina. Empeñose allí vivo fuego,
-y engrosados aún los enemigos con dos regimientos de dragones y alguna
-infantería, cayeron sobre los jinetes del ala derecha, que cedieron
-el terreno, con lo cual se vio descubierta la 3.ª división, que era
-la de los asturianos. Mas estos, valientes y serenos, reprimieron al
-enemigo, en particular tres regimientos que le recibieron a quema
-ropa con fuegos muy certeros. En la pelea perecieron el intrépido
-ayudante general de la división, Don Salvador de Molina, y el coronel
-del regimiento de Lena, Don Juan Drimgold. Rechazados o contenidos en
-los demás puntos los franceses, sobrevino la noche, y Parque durante
-dos horas permaneció en el campo de batalla. Después obligado a dar
-alimento y descanso a su tropa, y avisado de que el enemigo podría
-ser reforzado, antes de amanecer tornó al Carpio. Los franceses<span
-class="pagenum" id="Page_165">p. 165</span> por su parte no creyéndose
-bastante numerosos, se alejaron para unirse a nuevos refuerzos que
-aguardaban.</p>
-
-<p>Les llegaron estos de varias partes, y el general Kellermann,
-reuniendo toda la fuerza que pudo, entre ella 3000 caballos, se mostró
-el 25 delante del Carpio. El duque del Parque, hasta entonces prudente
-y afortunado caudillo, descuidose, y en vez de retirarse sin tardanza
-viendo la superioridad de la caballería, temible en aquella tierra
-llana, suspendió todo movimiento retrógrado hasta la noche del 26, y
-entonces lo realizó, aguijado con el aviso de las lástimas de Ocaña;
-cuya nueva, derramada por el ejército, descorazonó al soldado.</p>
-
-<div class="sidenote">Acción de Alba<br> de Tormes.</div>
-
-<p>El 28 por la mañana entraron los nuestros en Alba, tristes y ya
-perseguidos por la vanguardia enemiga. Asentada aquella villa a la
-derecha del Tormes, comunica con la orilla opuesta por un puente de
-piedra. El duque del Parque dejó dentro de la población, con negligencia
-notable, el cuartel general, la artillería, los bagajes, la mayor parte
-en fin de su fuerza, excepto dos divisiones que pasaron al otro lado.
-Alegose por disculpa la necesidad de dar de comer a la tropa, fatigada
-y sin alimento ya hacía muchas horas, como si no se hubiera podido
-acudir al remedio y con mayor orden poniendo todo el ejército en la
-orilla más segura, y en disposición de proteger a los encargados de
-avituallarle.</p>
-
-<p>Esparcidos los soldados por Alba para buscar raciones, y cundiendo
-la voz de que llegaban los franceses, atropelláronse al puente hombres
-y bagajes, y casi le barrearon. Pudieron<span class="pagenum"
-id="Page_166">p. 166</span> con todo los jefes colocar fuera del pueblo
-las tropas, y parar la primera embestida de 400 franceses que iban
-delante, hasta que, aproximándose un grueso de caballería, cargó este
-nuestra derecha, en donde se hallaba la primera división del mando de
-Losada y 800 caballos. Arrollados los últimos, huyeron también los
-infantes que repasaron el Tormes abandonando su artillería. El ala
-izquierda, que se componía de la vanguardia de Carrera y de parte de
-la segunda división, se mantuvo firme, <span class="sidenote">Valor
-de<br> Mendizábal.</span> y puesto Mendizábal a su cabeza, repelieron
-nuestros soldados por tres veces a los jinetes enemigos formando el
-cuadro, y respondieron a fusilazos a la intimación que les hicieron de
-rendirse. En vano los acometieron otros escuadrones por la espalda:
-forzados se vieron estos a aguardar a sus infantes, de los que
-algunos llegaron al anochecer. Mendizábal cruzó con sus intrépidos
-soldados el puente y tocó gloriosamente la orilla opuesta. <span
-class="sidenote">Retirada<br> de los españoles.</span> Allí todo era
-desorden y atropellamiento con los bagajes y caballería fugitiva. El
-duque del Parque perdió entonces del todo la presencia de ánimo, y sus
-tropas, careciendo de órdenes precisas, se alejaron de aquel punto y
-se repartieron entre Ciudad Rodrigo, Tamames y Miranda del Castañar.
-Semejante y no calculado movimiento excéntrico salvó al ejército, pues
-el general Kellermann dejó de perseguirle, incierto de su paradero, y
-limitándose a dejar ocupada la línea del Tormes volviose a Valladolid.
-El duque del Parque, al principiar diciembre, sentó su cuartel general
-en El Bodón, a dos leguas de Ciudad Rodrigo, y echáronse de menos
-entre<span class="pagenum" id="Page_167">p. 167</span> dispersión y
-pelea unos 3000 hombres. Antes de concluirse el mes pasó el duque a San
-Martín de Trevejo, detrás de sierra de Gata.</p>
-
-<div class="sidenote">Retíranse<br> los ingleses<br> del Guadiana<br>
-al norte del Tajo.</div>
-
-<p>Con tales desdichas, destruidos o menguados unos tras otros los
-mejores ejércitos españoles, debieron naturalmente los ingleses, meros
-espectadores hasta entonces, tomar en su extrema prudencia medidas de
-precaución. Lord Wellington determinó dejar las orillas del Guadiana y
-pasar al norte del Tajo, empezando su movimiento en los primeros días
-de diciembre. Despidiose antes de la junta de Extremadura, y mostrose
-muy satisfecho «del celo y laborioso cuidado [son sus expresiones] con
-que aquel cuerpo había proporcionado provisiones a las tropas de su
-ejército acantonadas en las cercanías de Badajoz.» Dicha junta había
-sido una de aquellas autoridades contra las que tanto se había clamado
-pocos meses antes acerca del asunto de abastecimientos, tachándolas
-hasta de mala voluntad. El testimonio irrecusable de Lord Wellington
-probaba ahora que la premura del tiempo y la gran demanda fueron causa
-de la escasez, y no otras reprehensibles miras.</p>
-
-<div class="sidenote">Flaqueza<br> de la comisión<br> ejecutiva.</div>
-
-<p>La profunda sima en que la nación se abismaba, consternó a la
-comisión ejecutiva de la junta central, poniendo a prueba la capacidad
-y energía de sus individuos. Mas entonces se vio que no basta
-reconcentrar el poder para que este aparezca en sus efectos vigoroso
-y pronto, sino que también es preciso que las manos escogidas para su
-manejo sean ágiles y fuertes. No formando parte de la comisión ninguno
-de los pocos centrales a quienes se consideraba por su saber<span
-class="pagenum" id="Page_168">p. 168</span> como más aptos, o como
-más notables por los bríos de su condición, escasearon en aquel nuevo
-cuerpo las luces y el esfuerzo, faltas tanto más graves cuanto los
-acontecimientos habían puesto a la nación en el mayor estrecho.</p>
-
-<p>Así resultó que al saberse la derrota de Ocaña, quedó la comisión
-como aturdida y aplanada, no desplegando la firmeza que tanto honró
-al gobierno español cuando la jornada de Medellín. Redujéronse sus
-providencias a las más comunes y generales, habiendo en vano nombrado a
-Romana para recomponer el ejército del centro, tan menguado y perdido;
-pues aquel general permaneció en Sevilla temeroso quizá de que sus
-hombros flaqueasen bajo la balumba de tan pesada carga. Para llenar
-su hueco, a lo menos en ciertas medidas de reorganización, <span
-class="sidenote">Comisionados<br> enviados<br> a La Carolina.</span>
-partieron camino de La Carolina Don Rodrigo Riquelme y el marqués de
-Camposagrado, uno individuo de la comisión y otro de la junta, quienes,
-en unión con el vocal Rabé, debían impulsar la mejora y aumento del
-ejército, y atender a la defensa de los pasos de la sierra. Repetición
-de lo que hizo la central al retirarse de Aranjuez, con la diferencia
-de que ahora no hubo mucho vagar ni espacio.</p>
-
-<p>Tampoco se destruyeron con el nombramiento de la comisión ejecutiva
-las maquinaciones de los ambiciosos. Volvió a salir a plaza Don
-Francisco de Palafox, deseoso de erigirse, por lo menos, en lugarteniente
-de Aragón. Sospechábase que le prestaba su asistencia el conde del
-Montijo, que, a hurtadillas, se fue de Portugal acercando a Sevilla.
-Tuvo de ello aviso el gobierno,<span class="pagenum" id="Page_169">p.
-169</span> y Romana, a quien antes no disgustaban tales manejos,
-ahora que podían perjudicar a los en que él mismo andaba, <span
-class="sidenote">Prisión<br> de Palafox<br> y Montijo.</span> instó
-para que se aprehendiesen las personas de Palafox y Montijo juntamente
-con sus papeles. El último fue cogido en Valverde y trasladado a
-Sevilla, en donde también se arrestó al primero sin que lo impidiese su
-calidad de central. Metió algún ruido la detención de estos personajes,
-y mayor hubiera sido a no tenerlos tan desopinados sus continuos
-enredos. Los acontecimientos que sobrevinieron terminaron en breve la
-persecución de entrambos.</p>
-
-<div class="sidenote">Manejos<br> de Romana<br> y de su hermano<br>
-Caro.</div>
-
-<p>Romana, que tanta diligencia ponía en descubrir y cortar las tramas
-de los demás, no por eso cesaba en alterar con su conducta la paz y
-buena armonía del gobierno supremo. Favorecía grandemente sus miras
-su hermano D. José Caro, que a nada menos aspiraba que a ver a su
-familia mandando en el reino. En la provincia de Valencia, puesta a
-su cuidado, trabajaba los ánimos en aquel sentido, y con profusión
-esparció el famoso voto de Romana de 14 de octubre. La junta provincial
-ayudole mucho en ocasiones, y este cuerpo, provocando unas veces el
-nombramiento de una regencia exclusiva, desechándolo en otras, vario e
-inconstante en sus procedimientos, manifestaba que a pesar de su buen
-celo por la causa de la patria, influían en sus deliberaciones hombres
-de seso mal asentado.</p>
-
-<p>Don José Caro remitió a las demás juntas una circular, a nombre de la
-de Valencia, en que, alabando los servicios, el talento, las virtudes
-de su hermano el marqués de la Romana, se hablaba de la necesidad de
-adoptar lo que este<span class="pagenum" id="Page_170">p. 170</span>
-había propuesto en su voto, y se indicaba a las claras la conveniencia
-de nombrarle regente. La central, en una exposición que hizo a las
-juntas, y antes de finalizar noviembre, grave y victoriosamente rechazó
-los ataques y opinión de la de Valencia, invitando a todas a aguardar
-la próxima reunión de cortes. Las provincias apoyaron el dictamen de
-la central, y en Valencia se separaron de Caro varios que le habían
-estado unidos. Para cortar las disensiones, debió Romana pasar a aquella
-ciudad, viaje que no verificó, enviando en su lugar a Don Lázaro de
-las Heras, hechura suya, <span class="sidenote">Tropelías.</span>
-pues el marqués tomaba a veces por sí resoluciones sin cuidarse de la
-aprobación de sus compañeros. Las Heras, como era de esperar, procedió
-en Valencia según las miras de Romana, y atropelló en diciembre y
-confinó a la isla de Ibiza a Don José Canga Argüelles y a otros
-individuos de la junta, ahora encontrados en opiniones con el general
-Caro.</p>
-
-<div class="sidenote">Estado deplorable<br> de la junta<br>
-central.</div>
-
-<p>Pero con estas reyertas y miserias crecían los males de la patria,
-y la central, en cuyo cuerpo no habían en un principio reinado otras
-divisiones sino aquellas que nacen de la diversidad de dictámenes, se
-vio en la actualidad combatida por la ambición y frenéticas pasiones de
-Palafox, de Romana y sus secuaces, convirtiéndose en un semillero de
-chismes, pequeñeces y enredos impropios de un gobierno supremo, con lo
-cual cayó aún más en tierra su crédito y se anticipó su ruina.</p>
-
-<div class="sidenote">Providencias<br> de la comisión<br> ejecutiva<br>
-y de la junta.</div>
-
-<p>La comisión ejecutiva, cuya alma era el mismo Romana, nada pues
-de importante obró, poniéndose de manifiesto lo nulo de aquel
-general<span class="pagenum" id="Page_171">p. 171</span> para todo
-lo que era mando. La junta, por su parte, y en el círculo de facultades
-que se había reservado, animada del buen espíritu de Jovellanos,
-Garay y otros, acordó algunas providencias no desacertadas, aunque
-tardías, como fue el aplicar a los gastos de la guerra los fondos
-de encomiendas, obras pías, y también la rebaja gradual de sueldos,
-exceptuándose a los militares que defendían la patria.</p>
-
-<div class="sidenote">Proposición<br> de Calvo<br> sobre libertad<br>
-de imprenta.</div>
-
-<p>En el periodo en que vamos, o poco antes, examinose asimismo en
-la junta central una proposición de Don Lorenzo Calvo de Rozas sobre
-la importante cuestión de libertad de imprenta. La junta, ora por
-la gravedad de la materia, ora quizá para esquivar toda discusión,
-pasó la propuesta de Calvo a consulta del consejo, el cual, como era
-natural, mostrose contrario, excepto Don José Pablo Valiente. Extendida
-la consulta, subió a la central, y esta la remitió a la comisión de
-cortes, que a su vez la pasó a otra comisión creada bajo el nombre de
-instrucción pública, corriendo por aquella inacabable cadena de juntas,
-consejos y comisiones a que siempre ¡mal pecado! se recurrió en España.
-En la de instrucción pública halló la propuesta de Calvo favorable
-acogida, leyendo en su apoyo una memoria muy notable el canónigo D.
-José Isidoro Morales. Mas en estos pasos, idas y venidas, se concluía
-ya diciembre, y las desgracias cortaron toda resolución en asunto de
-tan grande importancia.</p>
-
-<div class="sidenote">Modo<br> de convocarse<br> las cortes.</div>
-
-<p>Entre tanto se acercaba también el día señalado para convocar
-las cortes. La comisión encargada de determinar la forma de su
-llamamiento,<span class="pagenum" id="Page_172">p. 172</span> tenía
-ya casi concluidos sus trabajos. No entraremos aquí en los debates que
-para ello hubo en su seno [cosa ajena de nuestro propósito], ni en
-los pormenores del modo adoptado para constituirse las cortes, pues
-retardada por los acontecimientos de la guerra la reunión de estas, nos
-parece más conveniente suspender hasta el tiempo en que se juntaron el
-tratar detenidamente de la materia. Solo diremos en este lugar que se
-adoptó igualdad de representación para todas las provincias de España,
-debiéndose dividir las cortes en dos cuerpos, el uno electivo y el otro
-de privilegiados, compuesto de clero y nobleza.</p>
-
-<p>Las convocatorias que entonces se expidieron fueron solo las que
-iban dirigidas al nombramiento de los individuos que habían de componer
-la cámara electiva, reservando circular las de los privilegiados
-para más adelante. Motivó tal diferencia el que en el primer caso se
-necesitaba de algún tiempo para realizar las elecciones, no sucediendo
-lo mismo en el segundo, en que el llamamiento había de ser personal. Mas
-de esta tardanza resultó después, según veremos, no concurrir a las
-cortes sino los miembros elegidos por el pueblo, quedando sin efecto la
-formación de una segunda cámara.</p>
-
-<div class="sidenote">Mudanza<br> de individuos<br> en la comisión<br>
-ejecutiva.</div>
-
-<p>El mismo día que partieron las convocatorias, se mudaron también los
-tres individuos más antiguos de la comisión ejecutiva conforme a lo
-prevenido en el reglamento. Eran aquellos el marqués de la Romana, Don
-Rodrigo Riquelme y Don Francisco Caro, entrando en su lugar el conde de
-Ayamans, el marqués del Villar<span class="pagenum" id="Page_173">p.
-173</span> y Don Félix Ovalle. Su imperio no fue de larga duración.</p>
-
-<div class="sidenote">Decreto<br> de la central<br> para
-trasladarse<br> a la Isla de León.</div>
-
-<p>Todo presagiaba su caída y la de la junta central, y todo una próxima
-invasión de los franceses en las Andalucías. Para no ser cogida tan de
-improviso como en Aranjuez, dio la junta un decreto en 13 de enero,
-por el que anunció que debía hallarse reunida el 1.º del mes inmediato
-en la Isla de León, a fin de arreglar la apertura de las cortes,
-señalada para el 1.º de marzo, sin perjuicio de que permaneciese en
-Sevilla algunos días más un cierto número de vocales que atendiese al
-despacho de los negocios urgentes. Este decreto, en tiempos lejanos de
-todo peligro, hubiera parecido prudente y aun necesario, pero ahora,
-cuando tan de cerca amagaba el enemigo, considerose hijo solo del
-miedo, impeliendo a despertar la atención pública, y a traer hacia los
-centrales los contratiempos y sinsabores que, como referiremos luego,
-precedieron y acompañaron al hundimiento de aquel gobierno.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop">
-
-
-<div class="chapter">
- <p><span class="pagenum" id="Page_175">p. 175</span></p>
- <div class="figcenter">
- <img style="width: 26em; height: auto;"
- src="images/doble_filete.jpg"
- alt="Filete ornamental">
- </div>
- <p class="centra fs200 lh200 negr mt1">RESUMEN</p>
- <p class="centra smaller lh200">DEL</p>
- <p class="centra fs150 lh200 g1 ws1">LIBRO UNDÉCIMO.</p>
- <div class="figcenter mt05">
- <img style="width: 8em; height: auto;"
- src="images/separa2.jpg"
- alt="Motivo ornamental">
- </div>
-</div>
-
-<p class="resum"><span class="prim"><span
-class="gran">A</span>menazas</span> de Napoleón acerca de la guerra
-de España. — Su divorcio con Josefina. — Su casamiento con la
-archiduquesa de Austria. — Refuerzos que envía a España. — Resolución
-de invadir las Andalucías. — Sus preparativos. — Los de los españoles.
-— Los franceses atacan y cruzan la Sierra Morena. — Entran en Jaén
-y en Córdoba. — Ejército del duque de Alburquerque. — Viene sobre
-Andalucía. — Retírase de Sevilla la junta central. — Contratiempos en
-el viaje de sus individuos. — Sospechas de insurrección en Sevilla —
-Verifícase. — Junta de Sevilla. — Providencias que toma. — Continúan
-los franceses sus movimientos. — Encuentran en Alcalá la Real la
-caballería española. — Piérdese en Iznalloz<span class="pagenum"
-id="Page_176">p. 176</span> un parque de artillería. — Toma Blake el
-mando de las reliquias del ejército del centro. — Entran los franceses
-en Granada. — Avanzan sobre Sevilla. — Se retira Alburquerque camino
-de Cádiz. — Ganan los franceses a Sevilla. — Preséntase el mariscal
-Victor delante de Cádiz. — Mortier va a Extremadura. — Baja también
-allí el 2.º cuerpo. — Va sobre Málaga Sebastiani. — Abello alborota la
-ciudad. — Éntranla los franceses. — Junta central en la Isla de León.
-Su disolución. — Decide nombrar una regencia. — Reglamento que le da.
-— Su último decreto sobre cortes. — Regentes que nombra. — Eligen una
-junta en Cádiz. — Ojeada rápida sobre la central y su administración.
-— Padecimientos y persecución de sus individuos. — Idea de la regencia
-y de sus individuos. — Felicitación del consejo reunido. — Idea de la
-junta de Cádiz. — Providencias para la defensa y buena administración
-de la regencia y la junta. — Breve descripción de la Isla gaditana. —
-Fuerzas que la guarnecen. — Españolas. — Inglesas. — Fuerza marítima.
-— Recio temporal en Cádiz. — Intiman los franceses la rendición. — La
-junta de Cádiz encargada del ramo de hacienda. — Sus altercados con
-Alburquerque. — Deja este el mando del ejército y pasa a Londres. —
-Impone la junta nuevas contribuciones. — José en Andalucía. — Modo con
-que le reciben. — Sus providencias. — Vuelve a Madrid. — Nueva invasión
-de Asturias. — Llano Ponte. — Porlier. — Entra Bonnet en Oviedo. —
-Evacúa la ciudad. — Ocúpala de nuevo. — Castellar y defensa del puente
-de Peñaflor. — Bárcena. Retíranse los españoles al Narcea. — <span
-class="pagenum" id="Page_177">p. 177</span>Don Juan Moscoso. — El
-general Arce. — Conducta escandalosa de Arce y del consejero Leiva.
-— Nueva instalación de la junta general del principado. — Auxilio
-de Galicia. — Desampara Bonnet a Oviedo. — Se enseñorea por tercera
-vez de la ciudad. — Estado de Galicia. — Alboroto del Ferrol. Muerte
-de Vargas. — Mahy, general de las tropas de aquel reino. — Sitio de
-Astorga. — Capitula. — Licenciado Costilla. — Aragón. — Mina el mozo.
-— Expedición de Suchet sobre Valencia. — Estado de este reino y de la
-ciudad. — Malógrasele a Suchet su expedición. — Pozoblanco. — Ventajas
-de los españoles en Aragón. — Cae prisionero Mina el mozo. — Sucédele
-su tío Espoz y Mina. — Estado de Cataluña. — Varias acciones. — Bloqueo
-de Hostalrich. — Va Augereau al socorro de Barcelona. — Descalabro de
-Duhesme en Santa Perpetua y en Mollet. — Entra Augereau en Barcelona.
-— O’Donnell nombrado general de Cataluña. — Ejército que junta. —
-Acción de Vic el 19 de febrero. — Pertinaz defensa de Hostalrich.
-— Socorre de nuevo Augereau a Barcelona. — Retírase O’Donnell a
-Tarragona. — Feliz ataque de Don Juan Caro. — Evacúan los españoles
-a Hostalrich. — El mariscal Macdonald sucede a Augereau en Cataluña.
-— Parte Suchet a Lérida. — Entran sus tropas en Balaguer. — Sitio de
-Lérida. — Desgraciada tentativa de O’Donnell para socorrer la plaza.
-— Entran los franceses en Lérida y ríndese su castillo. — También el
-fuerte de las Medas. — Sucesos de Aragón. — Sitio de Mequinenza. — La
-toman los franceses. — Toman también el castillo de Morella. — Cádiz. —
-Toman<span class="pagenum" id="Page_178">p. 178</span> los franceses a
-Matagorda. — Manda Blake el ejército de la isla. — Trasládase a Cádiz
-la regencia. — Varan en la costa dos pontones de prisioneros. — Trato
-de estos. — Pasan a las Baleares. Su trato allí. — Resistencia en
-las Andalucías. — Condado de Niebla. — Serranía de Ronda. — Don José
-Romero. Acción notable. — Tarifa. — Ejército del centro en Murcia. —
-Correría de Sebastiani en aquel reino. — Su conducta. — Evacúale. —
-Partidas de Cazorla y de las Alpujarras. — Extremadura. Ejército de la
-izquierda. — Romana. — Ballesteros. — Don Carlos O’Donnell. — Decreto
-de Soult de 9 de mayo. — Otro en respuesta de la regencia de España. —
-Decreto de Napoleón sobre gobiernos militares. — Une a su imperio los
-Estados Pontificios y la Holanda. — Inútil embajada de Azanza a París.
-— Tentativa para libertar al rey Fernando. — Barón de Kolly. — Vida de
-los príncipes en Valençay. — Préndese a Kolly. — Insidiosa conducta de
-la policía francesa. — Cartas de Fernando.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop">
-
-
-<div class="chapter" id="Ch11">
- <p><span class="pagenum" id="Page_179">p. 179</span></p>
- <div class="figcenter">
- <img style="width: 26em; height: auto;"
- src="images/doble_filete.jpg"
- alt="Filete ornamental">
- </div>
- <p class="centra fs150 lh150 negr g0 mt1">HISTORIA</p>
- <p class="centra fs60 lh150">DEL</p>
- <p class="centra fs120 lh150 asc ws1">LEVANTAMIENTO, GUERRA Y REVOLUCIÓN</p>
- <p class="centra fs120 lh150 ws1">de España.</p>
- <div class="figcenter mt05">
- <img style="width: 8em; height: auto;"
- src="images/separa4.jpg"
- alt="Motivo ornamental">
- </div>
- <h2 class="nobreak fs120 negr g0">LIBRO UNDÉCIMO.</h2>
- <hr class="tir">
-</div>
-
-<div class="sidenote">Amenazas<br> de Napoleón<br> acerca<br> de la
-guerra<br> de España.</div>
-
-<p class="ti0"><span class="prim"><span
-class="gran">N</span>uevos</span> desastres amagaban a España al
-comenzar el año de 1810. Napoleón, de vuelta de la guerra de Austria,
-que para él tuvo tan feliz remate, anunció al senado francés «que se
-presentaría a la otra parte de los Pirineos, y que el leopardo aterrado
-huiría hacia el mar, procurando evitar su afrenta y su aniquilamiento.»
-No se cumplió este pronóstico contra los ingleses, ni tampoco se
-verificó el indicado viaje, persuadido quizá Napoleón de que la guerra
-peninsular, como guerra de nación, no se terminaría con una ni dos
-batallas: único caso en que<span class="pagenum" id="Page_180">p.
-180</span> hubiera podido empeñar con esperanza de gloria su militar
-nombradía.</p>
-
-<div class="sidenote">Su divorcio<br> con Josefina.</div>
-
-<p>Ocupábanle también por entonces asuntos domésticos que quería
-acomodar a la razón de estado, y la afición que tenía a su esposa, la
-emperatriz Josefina, y las buenas prendas que a esta adornaban cedieron
-al deseo de tener heredero directo, y al concepto tal vez de que
-enlazándose con alguna de las antiguas estirpes de Europa, afianzaría
-la de los Napoleones, a cuyo trono faltaba la sólida base del tiempo.
-Resolvió, pues, separarse de aquella su primera esposa, y a mediados de
-diciembre de 1809 publicó solemnemente su divorcio, dejando a Josefina
-el título y los honores de emperatriz coronada.</p>
-
-<div class="sidenote">Su casamiento<br> con la<br> archiduquesa<br> de
-Austria.</div>
-
-<p>Pensó después en escoger otra consorte, inclinándose al principio
-a la familia de los zares, mas al fin trató con la corte de Austria y
-se casó en marzo siguiente con la archiduquesa María Luisa, hija del
-emperador José II: unión que si bien por de pronto pudo lisonjear a
-Napoleón, sirviole de poco a la hora del infortunio.</p>
-
-<div class="sidenote">Refuerzos<br> que envía<br> a España.</div>
-
-<p>Antes y en el tiempo en que mostró al senado su propósito de cruzar
-los Pirineos, dio cuenta el ministro de la guerra de Francia del estado
-de fuerza que había en España, manifestando que para continuar las
-operaciones militares bastaba completar los cuerpos allí existentes con
-30.000 hombres reunidos en Bayona. Pasaron en efecto estos la frontera,
-y con ellos y otros refuerzos que posteriormente llegaron, ascendió
-dentro de la península el número de franceses, en el año de 1810 en que
-vamos, a unos 300.000 hombres de todas armas.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_181">p. 181</span></p>
-
-<div class="sidenote">Resolución<br> de invadir<br> las
-Andalucías.</div>
-
-<p>Llamaba singularmente la atención del gabinete de las Tullerías el
-destruir el ejército inglés, situado ya en Portugal a la derecha del
-Tajo. Pero el gobierno de José prefería a todo invadir las Andalucías,
-esperando así disolver la junta central, principal foco de la
-insurrección española. Por tanto puso su mayor ahínco en llevar a cabo
-esta su predilecta empresa.</p>
-
-<p>Destináronse para ella los tres cuerpos de ejército 1.º, 4.º y 5.º,
-con la reserva y algunos cuerpos españoles de nueva formación, en que
-tenían los enemigos poca fe, constando el total de la fuerza de unos
-55.000 hombres. Mandábalos José en persona, teniendo por su mayor
-general al mariscal Soult, que era el verdadero caudillo.</p>
-
-<div class="sidenote">Sus preparativos.</div>
-
-<p>Sentaron los franceses sus reales el 19 de enero en Santa Cruz
-de Mudela. A su derecha y en Almadén del Azogue se colocó antes el
-mariscal Victor con el primer cuerpo, debiendo penetrar en Andalucía
-por el camino llamado de la Plata. A la izquierda apostose en
-Villanueva de los Infantes el general Sebastiani, que regía el 4.º y que
-se preparaba a tomar la ruta de Montizón. Debía atravesar la sierra,
-partiendo del cuartel general de Santa Cruz, y dirigiendo su marcha por
-el centro de la línea, cuya extensión era de unas 20 leguas, el 5.º
-cuerpo del mando del mariscal Mortier, al que acompañaba la reserva
-guiada por el general Dessolles.</p>
-
-<p>Los franceses así distribuidos y tomadas también otras precauciones,
-se movieron hacia las Andalucías. No habían de aquel suelo pisado
-anteriormente sino hasta Córdoba, y la memoria<span class="pagenum"
-id="Page_182">p. 182</span> de la suerte de Dupont traíalos todavía
-desasosegados. Sepáranse aquellas provincias de las demás de España por
-los montes Marianos, o sea la Sierra Morena, cuyos ramales se prolongan
-al levante y ocaso, y se internan por el mediodía, cortando en varios
-valles con otros montes, que se desgajan de Ronda y Sierra Nevada, las
-mismas Andalucías en donde ya los moros formaron los cuatro reinos en
-que ahora se dividen: tierra toda ella, por decirlo así, de promisión, y
-en la que por la suavidad de su temple <span class="sidenote">(* Ap. n.
-<a href="#Ap_11-1" id="Ll_11-1">11-1</a>.)</span> y la fecundidad de
-sus campos, pusieron los antiguos, según la narración de Estrabón [*]
-con referencia a Homero, la morada de los bienaventurados, los Campos
-Elisios.</p>
-
-<div class="sidenote">Los de los<br> españoles.</div>
-
-<p>Pocos tropiezos tenían los enemigos que encontrar en su marcha.
-No eran extraordinarios los que ofrecía la naturaleza, y fueron
-tan escasos los trabajos ejecutados por los hombres, que se
-limitaban a varias cortaduras y minas en los pasos más peligrosos
-y al establecimiento de algunas baterías. Se pensó al principio en
-fortificar toda la línea adoptando un sistema completo de defensa,
-dividido en provisional y permanente, el primero con objeto de
-embarazar al enemigo a su tránsito por la sierra, y el segundo con el
-de detenerle del todo, levantando detrás de las montañas y del lado
-de Andalucía unas cuantas plazas fuertes que sirviesen de apoyo a las
-operaciones de la guerra, y a la insurrección general del país. Una
-comisión de ingenieros visitó la cordillera y aun dio su informe, pero
-como tantas otras cosas de la junta central, quedose esta en proyecto.
-También se trató de abandonar<span class="pagenum" id="Page_183">p.
-183</span> la sierra y de formar en Jaén un campo atrincherado, de lo
-que igualmente se desistió, temerosos todos de la opinión del vulgo que
-miraba como antemural invencible el de los montes Marianos.</p>
-
-<p>Dio ocasión a tal pensamiento el considerar las escasas fuerzas
-que había para cubrir convenientemente toda la línea. Después de la
-dispersión de Ocaña, solo se habían podido juntar unos 25.000 hombres,
-que estaban repartidos en los puntos más principales de la sierra. Una
-división, al mando de Don Tomás de Zeráin, ocupaba a Almadén, de donde ya
-el 15 se replegó acometida por el mariscal Victor. Otra, a las órdenes
-de Don Francisco Copons, permaneció hasta el 20 en Mestanza y San
-Lorenzo. Colocáronse tres con la vanguardia en el centro de la línea.
-De ellas, la 3.ª, del cargo de Don Pedro Agustín Girón, en el puerto del
-Rey, y la vanguardia, junto con la 1.ª y 4.ª, gobernadas respectivamente
-por los generales Don José Zayas, Lacy y González Castejón, en la venta
-de Cárdenas, Despeñaperros, Collado de los Jardines y Santa Elena.
-Situose a una legua de Montizón, en Venta Nueva ,la 2.ª, a las órdenes
-de Don Gaspar Vigodet, a la que se agregaron los restos de la 6.ª que
-antes mandaba Don Peregrino Jácome.</p>
-
-<p>El 20 de enero se pusieron los franceses en movimiento por toda
-la línea. Su reserva y su 5.º cuerpo dirigiéronse a atacar el puerto
-del Rey, y el de Despeñaperros, ambos de difícil paso a ser bien
-defendidos. Por el último va la nueva calzada, ancha y bien construida,
-abierta en los<span class="pagenum" id="Page_184">p. 184</span>
-mismos escarpados de la montaña de Valdazores, y a grande altura del
-río Almudiel, que, bañándola por su izquierda, corre engargantado entre
-cerrados montes que forman una honda y estrechísima quebrada. La
-angostura del terreno comienza a unos 300 pasos de la venta de Cárdenas,
-yendo de la Mancha a Andalucía, y termina no lejos de las Correderas,
-casería distante una legua de la misma venta. En este trecho habían
-los españoles excavado tres minas, levantando detrás, en el collado
-de los Jardines, una especie de campo atrincherado. Por la derecha de
-Despeñaperros lleva al puerto del Rey un camino que parte de la venta
-de Melocotones, antes de llegar a la de Cárdenas; este era el antiguo,
-mal carretero y en parajes solo de herradura, juntándose después, y más
-allá de Santa Elena, con el nuevo. Entre ambos hay una vereda que guía
-al puerto del Muradal, existiendo otras estrechas que atraviesan la
-cordillera por aquellas partes.</p>
-
-<div class="sidenote">Los franceses<br> atacan y cruzan<br> Sierra
-Morena.</div>
-
-<p>En la mañana del indicado 20 salió del Viso el general Dessolles con
-la reserva de su mando y además un regimiento de caballería. Dirigiose
-al puerto del Rey que defendía el general Girón. La resistencia no
-fue prolongada: los españoles se retiraron con bastante precipitación
-y del todo se dispersaron en las Navas de Tolosa. Al mismo tiempo
-la división del general Gazan acometió el puerto del Muradal con
-una de sus brigadas, y con la otra se encaramó por entre este paso
-y Despeñaperros, viniendo a dar ambas a las Correderas, esto es, a
-espalda de los atrincheramientos y puestos españoles. El mariscal<span
-class="pagenum" id="Page_185">p. 185</span> Mortier, al frente de la
-división Girard, con caballería, artillería ligera y los nuevos cuerpos
-creados por José, pensó en embestir por la calzada de Despeñaperros,
-y lo ejecutó cuando supo que a su derecha el general Gazan, habiendo
-arrollado a los españoles, estaba para envolver las posiciones
-principales de estos. Las minas que en la calzada había reventaron,
-mas hicieron poco estrago; los enemigos avanzaron con rapidez, y los
-nuestros, temiendo ser cortados, todo lo abandonaron, como también el
-atrincheramiento del collado de los Jardines. Perdieron los españoles
-15 cañones y bastantes prisioneros, salvándose por las montañas
-algunos soldados, y tirando otros, con Castejón, hacia Arquillos, en
-donde luego veremos no tuvieron mayor ventura. Aréizaga, que todavía
-conservaba el mando en jefe, acompañado de algunos oficiales y cortas
-reliquias, precipitadamente corrió a ponerse en salvo al otro lado
-del Guadalquivir. Los franceses llegaron la noche del mismo 20 a
-La Carolina, y al día siguiente pasaron a Andújar después de haber
-atravesado por Bailén, cuyas glorias se empañaban algún tanto con
-las lástimas que ahora ocurrían. El mariscal Soult y el rey José no
-tardaron en adelantarse hasta la citada villa en donde pusieron su
-cuartel general.</p>
-
-<p>Llegó también luego a Andújar el mariscal Victor, que desde Almadén
-no había encontrado grandes tropiezos en cruzar la sierra. La junta de
-Córdoba pensó ya tarde en fortificar el paso de Mano de Hierro y el
-camino de la Plata, y en juntar los escopeteros de las montañas.<span
-class="pagenum" id="Page_186">p. 186</span> La división de Zeráin y
-la de Copons tuvieron que abandonar sus respectivas posiciones, y
-el mariscal Victor, después de hacer algunos reconocimientos hacia
-Santa Eufemia y Belalcázar, se dirigió sin artillería ni bagajes por
-Torrecampo, Villanueva de la Jara y Montoro a Andújar, en donde se unió
-con las fuerzas de su nación que habían desembocado del puerto del Rey
-y de Despeñaperros. De estas, el mariscal Soult envió la reserva de
-Dessolles con una brigada de caballería por Linares sobre Baeza, para
-que se diese la mano con el general Sebastiani, a cuyo cargo había
-quedado pasar la sierra por Montizón.</p>
-
-<p>Dicho general, aunque no fue en su movimiento menos afortunado que
-sus compañeros, halló, sin embargo, mayor resistencia. Guarnecía por
-aquella parte Don Gaspar Vigodet las posiciones de Venta Nueva y Venta
-Quemada, y las sostuvo vigorosamente durante dos horas con fuerza poco
-aguerrida e inferior en número, hasta que el enemigo habiendo tomado
-la altura llamada de Matamulas, y otra que defendió con gran brío
-el comandante Don Antonio Brax, obligó a los nuestros a retirarse.
-Vigodet mandó, en su consecuencia, a todos los cuerpos que bajasen de
-las eminencias y se reuniesen en Montizón, de donde, replegándose con
-orden y en escalones, empezó luego a desbandársele un escuadrón de
-caballería que con su ejemplo descompuso también a los otros, y juntos
-atropellaron y desconcertaron la infantería, disolviéndose así toda
-la división. Con escasos restos entró Vigodet el 20 de enero, después
-de anochecido,<span class="pagenum" id="Page_187">p. 187</span> en
-el pueblo de Santisteban, y al amanecer, viéndose casi solo, partió
-para Jaén, a cuya ciudad habían ya llegado el general en jefe Aréizaga
-y los de división Girón y Lacy, todos desamparados y en situación
-congojosa.</p>
-
-<p>Sebastiani continuó su marcha, y cerca de Arquillos tropezó el 29
-con el general Castejón que se replegaba de la sierra con algunas
-reliquias. La pelea no fue reñida; caído el ánimo de los nuestros y
-rota la línea española, quedaron prisioneros bastantes soldados y
-oficiales, entre ellos el mismo Castejón. El general Sebastiani se puso
-entonces por la derecha en comunicación con el general Dessolles, y
-destacando fuerzas por su izquierda hasta Úbeda y Baeza, ocupó hacia
-aquel lado la margen derecha del Guadalquivir. Lo mismo hicieron por el
-suyo hasta Córdoba los otros generales, con lo que se completó el paso
-de la sierra, habiendo los franceses maniobrado sabiamente, si bien es
-verdad tuvieron entonces que habérselas con tropas mal ordenadas y con
-un general tan desprevenido como lo era Don Juan Carlos de Aréizaga.</p>
-
-<div class="sidenote">Entran en Jaén<br> y en Córdoba.</div>
-
-<p>Prosiguiendo su movimiento pasó el general Sebastiani el
-Guadalquivir y entró el 23 en Jaén, en donde cogió muchos cañones
-y otros aprestos que se habían reunido con el intento de formar un
-campo atrincherado. El mariscal Victor entró el mismo día en Córdoba,
-y poco después llegó allí José. Salieron diputaciones de la ciudad a
-recibirle y felicitarle, cantose un Te Deum y hubo fiestas públicas
-en celebración del triunfo. Esmerose el clero en los agasajos, y se
-admiró José de ser mejor tratado que en las demás<span class="pagenum"
-id="Page_188">p. 188</span> partes de España. Detuviéronse los
-franceses en Córdoba y sus alrededores algunos días, temerosos de
-la resistencia que pudiera presentar Sevilla, e inciertos de las
-operaciones del ejército del duque de Alburquerque.</p>
-
-<div class="sidenote">Ejército<br> del duque<br> de Alburquerque.</div>
-
-<p>Ocupaba este general las riberas del Guadiana después que se retiró
-de hacia Talavera, en consecuencia de la rota de Ocaña; tenía en Don
-Benito su cuartel general. En enero constaba su fuerza en aquel punto
-de 8000 infantes y 600 caballos, y además se hallaban apostados entre
-Trujillo y Mérida unos 3100 hombres a las órdenes de los brigadieres
-Don Juan Senén de Contreras y Don Rafael Menacho; tropa esta que se
-destinaba, caso que avanzasen los franceses, para guarnecer la plaza de
-Badajoz, muy desprovista de gente.</p>
-
-<div class="sidenote">Viene sobre<br> Andalucía.</div>
-
-<p>La junta central, luego que temió la invasión de las Andalucías,
-empezó a expedir órdenes al de Alburquerque las más veces
-contradictorias, y en general dirigidas a sostener por la izquierda la
-división de Don Tomás de Zeráin, avanzada en Almadén. Las disposiciones
-de la junta, fundándose en voces vagas, más bien que en un plan meditado
-de campaña, eran por lo común desacertadas. El duque de Alburquerque,
-sin embargo, deseando cumplir por su parte con lo que se le prevenía,
-trataba de adelantarse hacia Agudo y Puertollano cuando, sabedor de
-la retirada de Zeráin, y después de la entrada de los franceses en
-La Carolina, mudó por sí de parecer y se encaminó la vuelta de la
-Andalucía, con propósito de cubrir el asiento del gobierno. Este,
-al fin, y ya apretado, ordenó a aquel hiciese<span class="pagenum"
-id="Page_189">p. 189</span> lo mismo que ya había puesto en obra, mas
-con instrucciones de que acertadamente se separó el general español,
-disponiendo, contra lo que se le mandaba, que las tropas de Senén de
-Contreras y Menacho partiesen a guarnecer la plaza de Badajoz.</p>
-
-<p>Con lo demás de la fuerza, esto es, con 8000 infantes y 600
-caballos, encaminándose Alburquerque el 22 de enero por Guadalcanal a
-Andalucía, cruzó el Guadalquivir en las barcas de Cantillana haciendo
-avanzar a Carmona su vanguardia y a Écija sus guerrillas, que luego
-se encontraron con las enemigas. La junta central había mandado que
-se uniesen a Alburquerque las divisiones de D. Tomás Zeráin y de D.
-Francisco Copons, únicas de las que defendían la sierra que quedaron
-por este lado. Mas no se verificó, retirándose ambas separadamente al
-condado de Niebla. La última, más completa, se embarcó después para
-Cádiz en el puerto de Lepe. Lo mismo lucieron en otros puntos las
-reliquias de la primera.</p>
-
-<p>Siendo las tropas que regía el duque de Alburquerque las solas que
-podían detener a los franceses en su marcha, déjase discurrir cuán
-débil reparo se oponía al progreso de estos, y cuán necesario era que
-la junta central se alejase de Sevilla si no quería caer en manos del
-enemigo.</p>
-
-<div class="sidenote">Retírase<br> de Sevilla<br> la junta
-central.</div>
-
-<p>Ya conforme al decreto, en su lugar mencionado, del 13 de enero,
-habían empezado a salir de aquella ciudad, pasado el 20, varios
-vocales, enderezándose a la Isla de León, punto del llamamiento.
-Mas, estrechando las circunstancias,<span class="pagenum"
-id="Page_190">p. 190</span> casi todos partieron en la noche del
-23 y madrugada del 24, unos por el río abajo y otros por tierra.
-<span class="sidenote">Contratiempos<br> en el viaje<br> de sus
-individuos.</span> Los primeros viajaron sin obstáculo, no así los
-otros a quienes rodearon muchos riesgos, alborotados los pueblos del
-tránsito, que se creían, con la retirada del gobierno, abandonados
-y expuestos a la ira e invasión enemigas. Corrieron, sobre todo,
-inminente peligro el presidente, que lo era a la sazón el arzobispo de
-Laodicea, y el digno conde de Altamira, marqués de Astorga, salvándose
-en Jerez ellos y otros compañeros suyos como por milagro de los puñales
-de la turba amotinada.</p>
-
-<div class="sidenote">Sospechas<br> de insurrección<br> en
-Sevilla.</div>
-
-<p>Asegurose que, contando con la inquietud de los pueblos, se
-habían despachado de Sevilla emisarios que aumentasen aquella y la
-convirtiesen en un motín abierto para dirigir a mansalva tiros ocultos
-contra los azorados y casi prófugos centrales. Pareció la sospecha
-fundada al saberse la sedición que se preparaba en Sevilla, y estalló
-luego que de allí salieron los individuos del gobierno supremo. De los
-manejos que andaban tuvo ya noticia el 18 de enero Don Lorenzo Calvo de
-Rozas, y dio de ello cuenta a la central. Para impedir que cuajaran,
-mandose sacar de Sevilla a Don Francisco de Palafox y al conde del
-Montijo, que, aunque presos, se conceptuaban principales promotores de
-la trama. La apresuración con que los centrales abandonaron la ciudad,
-el aturdimiento natural en tales casos, y la falta de obediencia
-estorbaron que se cumpliese la orden.</p>
-
-<div class="sidenote">Verifícase.</div>
-
-<p>Alejado de Sevilla el gobierno, quedaron dueños del campo los
-conspiradores de aquella ciudad,<span class="pagenum" id="Page_191">p.
-191</span> y el 24 por la mañana amotinaron al pueblo, declarándose la
-junta provincial a sí misma suprema nacional, lo que dio claramente a
-entender que en su seno había individuos sabedores de la conjuración.
-Entraron en la junta además Don Francisco Saavedra, nombrado
-presidente, el general Eguía y el marqués de la Romana, que no se había
-ido con sus compañeros, y salía de Sevilla en el momento del alboroto
-con Mr. Frere, único representante de Inglaterra después de la ausencia
-del marqués de Wellesley. Agregáronse también a la junta los señores
-Palafox y conde del Montijo, que al efecto soltaron de la prisión;
-el último esquivó por un rato acceder al deseo popular, fuese para
-aparentar que no obraba de acuerdo con los revoltosos, fuese que, según
-su costumbre, le faltara el brío al tiempo del ejecutar.</p>
-
-<div class="sidenote">Junta de Sevilla.</div>
-
-<p>Creose igualmente una junta militar, que fue la que realmente mandó
-en los pocos días de la duración de aquel extemporáneo gobierno, y
-la cual se compuso de los individuos nuevamente agregados. <span
-class="sidenote">Providencias<br> que toma.</span> Desde luego nombró
-esta al marqués de la Romana general del ejército de la izquierda, en
-lugar del duque del Parque, que destinaba a Cataluña, y encargó el
-mando del que se llamaba ejército del centro a Don Joaquín Blake.
-Expidiéronse además a las provincias todo linaje de órdenes y
-resoluciones que, o no llegaron, o felizmente fueron desobedecidas,
-pues de otra manera nuevos disturbios hubieran desgarrado a la nación
-entonces tan acongojada. Quedaron, sin embargo, con el mando, según
-veremos, los generales Romana y Blake, habiéndose<span class="pagenum"
-id="Page_192">p. 192</span> posteriormente conformado el verdadero
-gobierno supremo con la resolución de la junta de Sevilla.</p>
-
-<p>Procuró esta alentar a los moradores de la ciudad a la defensa de
-sus hogares, y excitar en sus proclamas hasta el fanatismo de los
-clérigos y los frailes, que por lo general se mantuvieron quietos.
-Duró el ruido pocos días, poniendo pronto término la llegada de los
-franceses. Ya se la temían el conde del Montijo y los principales
-instigadores de la conmoción, y alejándose aquel el 26 del lugar del
-peligro, con pretexto de desempeñar una comisión para el general Blake,
-quedaron los sediciosos sin cabeza, careciendo para defender la ciudad
-del ánimo que sobradamente habían mostrado para perturbarla. Cierto que
-Sevilla no era susceptible de ser defendida militarmente, y solo los
-sacrificios y el valor de Zaragoza hubieran podido contener el torrente
-de los enemigos, de cuya marcha volveremos a tomar ahora el hilo de la
-narración.</p>
-
-<div class="sidenote">Continúan<br> los franceses<br> sus
-movimientos.</div>
-
-<p>Dueños los franceses de la margen derecha del Guadalquivir, y
-habiéndose adelantado el general Sebastiani hasta Jaén, prosiguió este
-su movimiento para acabar con el ejército del centro, cuyas dispersas
-reliquias iban en su mayor parte la vuelta de Granada. Por decirlo así
-no quedaban ya en pie sino unos 1500 jinetes a las órdenes del general
-Freire, y un parque de artillería compuesto de 30 cañones situado en
-Andújar. Los oficiales que mandaban dicho parque no recibiendo orden
-ninguna del general en jefe, juzgaron prudente sabiendo las desventuras
-de la sierra, pasar el<span class="pagenum" id="Page_193">p.
-193</span> Guadalquivir y encaminarse a Guadix, lo que empezaron a
-poner en obra sin tener caballería ni infantería que los protegiese.
-El general Sebastiani al avanzar de Jaén el 26 de enero, tomó con el
-grueso de su fuerza la dirección de Alcalá la Real, enviando por su
-izquierda camino de Cambil y Llanos de Pozuelo al general Peyremont con
-una brigada de caballería ligera. <span class="sidenote">Encuentran<br>
-en Alcalá la Real<br> la caballería<br> española.</span> El 27, pasado
-Alcalá la Real, alcanzó Sebastiani la caballería española de Freire
-que resistió algún tiempo; pero que después fue rota y en parte cogida
-y dispersa, atacada por un número superior de enemigos, y sin tener
-consigo infantería alguna que la ayudase. Tocole a la otra columna
-francesa, que tiró por la izquierda a Cambil, apoderarse de la
-artillería que dijimos había salido de Andújar.</p>
-
-<p>Caminaba esta con dirección a Guadix a la sazón que el conde de
-Villariezo, capitán general de Granada, impelido por el pueblo a
-defenderse, ordenó a los jefes de la artillería indicada que desde
-Pinos Puente torciesen el camino y viniesen a la ciudad en que
-mandaba. Obedecieron; pero luego que estuvieron dentro, notando que
-todo era allí confusión, trataron de salvar sus cañones volviendo
-a salir de Granada. Desgraciadamente, para continuar su marcha se
-vieron forzados a tomar un rodeo, retrocediendo al ya mencionado
-Pinos Puente, pues entonces no era camino de ruedas el de los Dientes
-de la Vieja, más corto y directo que el otro para Diezma y Guadix.
-<span class="sidenote">Piérdese<br> en Iznalloz<br> un parque<br>
-de artillería.</span> Con semejante atraso perdieron tiempo, dando
-en Iznalloz con los caballos ligeros del general Peyremont; en
-donde,<span class="pagenum" id="Page_194">p. 194</span> como no tenían
-los artilleros españoles infantes ni jinetes que los protegiesen,
-tuvieron, bien a pesar suyo, que abandonar las piezas y salvarse en los
-caballos de tiro. Así iba desapareciendo del todo aquel ejército, que
-dos meses antes inundaba los llanos de la Mancha.</p>
-
-<div class="sidenote">Toma Blake<br> el mando<br> de las reliquias<br>
-del ejército<br> del centro.</div>
-
-<p>Por fin, al expirar enero, tomó en Diezma el mando de tan tristes
-reliquias Don Joaquín Blake, quien, yendo a Málaga de cuartel, de
-vuelta de Cataluña, recibió en aquel pueblo el nombramiento que le
-había conferido la Junta de Sevilla. Cediole el puesto sin obstáculo el
-mismo Don Juan Carlos de Aréizaga, y dio, en efecto, Blake prueba de
-patriotismo en encargarse en semejantes circunstancias de empleo tan
-espinoso, sin reparar en la autoridad de que procedía. No había otro
-cuerpo reunido sino el primer batallón de guardias españolas mandado
-por el brigadier Otedo; lo demás del ejército reducíase a dispersos de
-varios cuerpos. Blake retrocedió todavía a Huércal Overa, villa del
-reino de Granada en los confines de Murcia; y despachando proclamas
-y órdenes a todas partes, consiguió juntar en los primeros días de
-febrero hasta unos cinco mil hombres de todas armas; no habiéndosele
-incorporado otros generales de los que mandaban divisiones en la
-sierra, sino Vigodet y además Freire con unos cuantos caballos.</p>
-
-<div class="sidenote">Entran<br> los franceses<br> en Granada.</div>
-
-<p>El general Sebastiani entró en Granada el 28 de enero. Quiso el
-pueblo defenderse, mas disuadiéronle los hombres prudentes y los
-tímidos con capa de tales; también contribuyó a ello el clero, que
-en estas Andalucías mostrose sobradamente<span class="pagenum"
-id="Page_195">p. 195</span> obsequioso a los conquistadores. Se envió
-una diputación a recibir a Sebastiani; y agregose a este, poco después
-de su entrada, el regimiento suizo de Reding. Trató el general francés
-con ceño y palabras airadas a las autoridades españolas, e impuso una
-gravosísima y extraordinaria contribución.</p>
-
-<div class="sidenote">Avanzan<br> sobre Sevilla.</div>
-
-<p>Entre tanto, el 1.º y 5.º cuerpo avanzaron por disposición de José
-hacia Sevilla, tiroteándose el mismo día 28, cerca de Écija, con las
-guerrillas de caballería del duque de Alburquerque; noticioso este
-general de que los enemigos avanzaban por El Arahal y Morón, para
-ponerse en Utrera a su retaguardia, y cortarle así la retirada sobre la
-Isla gaditana, <span class="sidenote">Se retira<br> Alburquerque<br>
-camino de Cádiz.</span> abandonó a Carmona y comenzó su marcha
-retrógrada hacia la costa. La caballería y la artillería las envió por
-el camino real, dirigiendo la infantería por las Cabezas de San Juan y
-Lebrija para unirse todos en Jerez. Fue tan oportuno este movimiento,
-que al llegar a Utrera dejose ya ver desde Morón un destacamento
-enemigo. Tomole, pues, Alburquerque la delantera; y recogiendo en Jerez
-todas sus fuerzas, pudo entrar al principiar febrero en la Isla de
-León sin ser particularmente incomodado, y habiendo solo la caballería
-sostenido en su marcha algunas escaramuzas. Si en esta ocasión hubieran
-los franceses andado con su acostumbrada presteza, hubieran tal vez
-podido interponerse entre el ejército español y la Isla gaditana; y
-muy otra fuera entonces la suerte de aquel inexpugnable baluarte. El
-duque de Alburquerque contribuyó, en cuanto pudo, a salvar tan precioso
-rincón, y con él quizá la<span class="pagenum" id="Page_196">p.
-196</span> independencia de España. Por ello justas alabanzas le son
-debidas.</p>
-
-<div class="sidenote">Ganan<br> los franceses<br> a Sevilla.</div>
-
-<p>Los franceses, recelosos en aquellas circunstancias de comprometerse
-demasiadamente, midieron sus movimientos, anteponiendo a todo el
-apoderarse de Sevilla, posesión codiciada por sus riquezas y renombre.
-Presentose a vista de sus muros al finalizar enero el mariscal Victor.
-De la nueva Junta casi todos los individuos habían desaparecido, por lo
-que su formación de nada aprovechó, sino de sobresaltar a los pueblos,
-acrecentar la división de los ánimos, e impedir la salida de cuantiosos
-e importantes efectos.</p>
-
-<p>Sevilla, ciudad vasta y populosa, y en la que brillan, según se
-explica en su lenguaje sencillo la crónica de San Fernando, «muchas y
-grandes noblezas..., las cuales pocas ciudades hay que las tengan»,
-había sido por mandato de la central circunvalada de triples líneas,
-para cuya guarnición se requerían 50.000 hombres. Invirtiéronse por
-tanto inútilmente en dicha fortificación muchos caudales, pues no
-pudiendo defenderse aquel recinto, conforme a las reglas de la milicia,
-y solo sí acudiendo al patriotismo y brío del vecindario, hubiera
-debido la central pensar más bien que en fortalecerla regularmente, en
-entusiasmar los ánimos y cuidar de su disciplina y buena dirección.</p>
-
-<p>Preparábanse los franceses a acometer a Sevilla, cuando el 31 les
-enviaron de dentro parlamentarios. Querían estos entre varias cosas,
-que se distinguiese aquella ciudad de las otras en la capitulación,
-como una de las principales<span class="pagenum" id="Page_197">p.
-197</span> cabeceras de la monarquía, y también hicieron la notable
-petición de que se convocasen cortes. No accedió el mariscal Victor,
-como era de presumir, a la última demanda; y en respuesta a las
-proposiciones que se le presentaron envió una declaración, según la
-cual, prometía amparo a los habitantes y a la guarnición, como también
-no escudriñar los hechos ni opiniones contrarias a José, anteriores a
-aquel día; otorgaba además otras concesiones y señaladamente la de no
-imponer contribución alguna ilegal: artículo que pronto se quebrantó, o
-que nunca tuvo cumplimiento.</p>
-
-<p>Accediendo los sevillanos a las condiciones de Victor, entraron
-los franceses en la ciudad el 1.º de febrero a las 3 de la tarde. La
-víspera por la noche había salido la escasa guarnición hacia el condado
-de Niebla a las órdenes del Vizconde de Gand, cuyo camino tomaron
-también algunos de los más respetables individuos de la antigua Junta
-provincial, enemigos del desbarato y excesos de los últimos días, los
-cuales, establecidos en Ayamonte, se constituyeron luego en autoridad
-legítima de los partidos libres de la provincia.</p>
-
-<p>En Sevilla cogieron los franceses municiones, fusiles, gran número
-de cañones de aquella magnífica fábrica, y muchos pertrechos militares.
-Asimismo otra porción de preciosidades y valores, particularmente
-tabacos y azogues, tan necesarios los últimos para el beneficio de
-las minas de América, botín que debió el enemigo parte a descuido
-e imprevisión de la junta central, parte, según apuntamos, a
-los<span class="pagenum" id="Page_198">p. 198</span> alborotos y al
-atropellamiento que en Sevilla hubo.</p>
-
-<div class="sidenote">Preséntase<br> el mariscal Victor<br> delante de
-Cádiz.</div>
-
-<p>Sojuzgada esta ciudad, se encaminó el primer cuerpo francés, a las
-órdenes de su jefe el mariscal Victor, la vuelta de la Isla gaditana,
-cuyos alrededores pisó el 5 de febrero. La anterior llegada a aquel
-punto del duque de Alburquerque previno los hostiles intentos del
-enemigo, e impidió todo rebate. Parose, pues, Victor a la vista,
-quedando su cuerpo de ejército destinado a formar el bloqueo.
-Aprestose en Córdoba la reserva bajo el mando de Dessolles; <span
-class="sidenote">Mortier va<br> a Extremadura.</span> y el 5.º, del
-cargo del mariscal Mortier, después de dejar una brigada en Sevilla,
-asomó a Extremadura <span class="sidenote">Baja también allí<br> el 2.º
-cuerpo.</span> y diose más adelante la mano con el 2.º, que desde el
-Tajo avanzó a las órdenes del general Reynier. En seguida se encaminó
-Mortier a Badajoz, y habiendo inútilmente intimado la rendición a la
-plaza, volvió atrás y estableció en Llerena su cuartel general.</p>
-
-<div class="sidenote">Va sobre Málaga<br> Sebastiani.</div>
-
-<p>Sebastiani, por su lado, dio a sus operaciones cumplido acabamiento.
-Tranquilo poseedor de Granada, quiso recorrer la costa, y sobre todo
-enseñorearse de la rica e importante ciudad de Málaga, con tanta mayor
-razón cuanto allí se encendía nueva lumbre insurreccional.</p>
-
-<div class="sidenote">Abello alborota<br> la ciudad.</div>
-
-<p>Era atizador y caudillo un coronel de nombre Don Vicente Abello,
-natural de la Habana, hombre fogoso y arrebatado, mas falto de la
-capacidad necesaria para tamaño empeño. Siguió su pendón la plebe,
-tan enemiga allí como en las demás partes de la dominación extraña.
-Agregáronse a Abello pocos sujetos de cuenta,<span class="pagenum"
-id="Page_199">p. 199</span> asustados con los desórdenes que se
-levantaron y previendo la imposibilidad de defenderse. Los únicos más
-notables que se le juntaron fueron un capuchino llamado Fr. Fernando
-Berrocal, y el escribano San Millán, con sus hermanos; de ellos los
-hubo que partieron a Vélez-Málaga para sublevar aquella ciudad y su
-partido. Cometiéronse tropelías, y se empezaron a exigir forzadas y
-exorbitantes derramas, habiendo embargado y cogido al solo Duque de
-Osuna unos 50.000 duros. Prendieron a los individuos de la junta del
-casco de la ciudad, y al anciano general Don Gregorio de la Cuesta, que
-vivía allí retirado, pero que al fin pudo embarcarse para Mallorca.</p>
-
-<div class="sidenote">Éntranla<br> los franceses.</div>
-
-<p>El general Sebastiani procediendo de Granada por Loja a Antequera,
-adelantose el 5 de febrero a Málaga. Al atravesar la garganta llamada
-Boca del Asno, dispersó una turba de paisanos que en vano quisieron
-defender el paso, y se aproximó al recinto de la ciudad. Fuera de ella
-le aguardaba Abello, tan desacertado en sus operaciones militares
-como en las políticas y económicas. Su gente era numerosa, pero
-allegadiza, y la mitad sin armas. Al primer choque quedó deshecha, y
-amigos y enemigos entraron confundidos en la ciudad. Empezó el pillaje,
-mediaron las autoridades antiguas que había quitado Abello, ofreció
-Sebastiani suspensión de hostilidades, pero no cesaron estas hasta el
-día siguiente. Cayeron en poder del general francés intereses públicos
-y privados, incluso el dinero del duque de Osuna; e impuso además a la
-ciudad una contribución de doce<span class="pagenum" id="Page_200">p.
-200</span> millones de reales, de que cinco habían de ser pagados al
-contado.</p>
-
-<p>Don Vicente Abello logró refugiarse en Cádiz, donde padeció larga
-prisión, de que las cortes le libertaron. El capuchino Berrocal y
-otros, cogidos en Málaga y en Motril, tuvieron menos ventura, pues
-Sebastiani los mandó ahorcar. Tratamiento sobradamente duro; porque
-si bien este general nos ha dicho haberse comportado así, siendo los
-tales frailes y fanáticos, su razón no nos pareció fundada, pues además
-de no estar en aquel caso todos los que padecieron la pena indicada,
-¿por qué no sería lícito a los eclesiásticos tomar las armas en una
-guerra de vida o muerte para la patria? Castigáraseles en buen hora,
-si cometieron otros excesos, mas no por oponerse a la conquista del
-extranjero.</p>
-
-<div class="sidenote">Junta central en<br> la Isla del León.<br> Su
-disolución.</div>
-
-<p>Al propio tiempo que los franceses se esparcían por las Andalucías
-y se enseñoreaban de sus principales ciudades, acontecían importantes
-mudanzas en la Isla de León y en Cádiz. A ambos puntos, como también al
-Puerto de Santa María, habían llegado, antes de acabarse enero, muchos
-vocales de la junta central, los cuales se reunieron sin tardanza en la
-citada Isla de León. La tormenta que habían corrido, la voz pública,
-los temores de no ser obedecidos, todo en fin los compelió a hacer
-dejación del mando antes de congregarse las cortes, y a sustituir en
-su lugar otra autoridad. <span class="sidenote">Decide nombrar<br> una
-Regencia.</span> Don Lorenzo Calvo de Rozas formalizó la proposición
-de que se nombrase una regencia de cinco individuos que ejerciese la
-potestad ejecutiva en toda su<span class="pagenum" id="Page_201">p.
-201</span> plenitud, quedando a su lado la central como cuerpo
-deliberante, hasta que se juntasen las cortes. La junta aprobó la
-primera parte de la proposición y desechó la última; declarando además
-que sus individuos resignaban el mando, sin querer otra recompensa
-que la honrosa distinción del ministerio que habían ejercido, y
-excluyéndose a sí propios de ser nombrados para el nuevo gobierno.</p>
-
-<div class="sidenote">Reglamento<br> que le da.</div>
-
-<p>También se formó un reglamento que sirviese de pauta a la nueva
-autoridad, a la que se dio el nombre de Supremo consejo de regencia, y
-se aprobó un decreto por el que reuniendo todos los acuerdos acerca de
-la institución y forma de las cortes, ya convocadas para el inmediato
-marzo, se trataba de hacer sabedor al público de tan importantes
-decisiones.</p>
-
-<p>En el reglamento, además de los artículos de orden interior, había
-uno muy notable, y según el cual la regencia «propondría necesariamente
-a las cortes una ley fundamental que protegiese y asegurase la libertad
-de la imprenta, y que entre tanto se protegería de hecho esta libertad
-como uno de los medios más convenientes, no solo para difundir la
-ilustración general, sino también para conservar la libertad civil y
-política de los ciudadanos.» Así la central, tan remisa y meticulosa
-para acordar en su tiempo concesión de tal entidad, imponía ahora en
-su agonía la obligación de decretarla a la autoridad que iba a ser
-sucesora suya en el mando. Disponíase igualmente en dicho reglamento
-que se crease una diputación compuesta de ocho individuos, celadora de
-la observancia<span class="pagenum" id="Page_202">p. 202</span> de
-aquel y de los derechos nacionales. Ignoramos por qué no se cumplió
-semejante resolución, y atribuimos el olvido al azoramiento de la junta
-central, y a no ser la nueva regencia aficionada a trabas.</p>
-
-<div class="sidenote">Su último decreto<br> sobre cortes.</div>
-
-<p>En el decreto tocante a cortes se insistía en el próximo llamamiento
-de estas, y se mandaba que inmediatamente se expidiesen las
-convocatorias a los grandes y a los prelados, adoptándose la importante
-innovación de que los tres brazos no se juntasen en tres cámaras o
-estamentos separados sino solo en dos, llamado uno <i>popular</i> y
-otro de <i>dignidades</i>.</p>
-
-<p>Se ocurría también en el decreto al modo de suplir la representación
-de las provincias que, ocupadas por el enemigo, no pudiesen nombrar
-inmediatamente sus diputados, hasta tanto que, desembarazadas, estuviesen
-en el caso de elegirlos por sí directamente. Lo mismo y a causa de su
-lejanía se previno respecto de las regiones de América y Asia. Había
-igualmente en el contexto del precitado decreto otras disposiciones
-importantes y preparatorias para las cortes y sus trabajos. La regencia
-nunca publicó este documento, motivo por el que le insertamos íntegro
-en el apéndice.[*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_11-2"
-id="Ll_11-2">11-2</a>.)</span> Echose la culpa de tal omisión al
-traspapelamiento que de él había hecho un sujeto respetabilísimo
-a quien se conceptuaba opuesto a la reunión de las cortes en dos
-cámaras. Pero habiendo este justificado plenamente la entrega, así de
-dicho documento como de todos los papeles pertenecientes a la central,
-en manos de los comisionados nombrados para ello por la regencia,
-apareció<span class="pagenum" id="Page_203">p. 203</span> claro que la
-ocultación provenía no de quien desaprobaba las cámaras o estamentos,
-sino de los que aborrecían toda especie de representación nacional.</p>
-
-<div class="sidenote">Regentes<br> que nombra.</div>
-
-<p>La junta central, después de haber sancionado en 29 de enero
-todas las indicadas resoluciones, pasó inmediatamente a nombrar los
-individuos de la regencia. Cuatro de ellos debían ser españoles
-europeos, y uno de las provincias ultramarinas. Recayó pues la elección
-en Don Pedro de Quevedo y Quintano, obispo de Orense; en Don Francisco
-de Saavedra, consejero de estado; en el general de tierra Don Francisco
-Javier Castaños, en el de marina Don Antonio Escaño, y en Don Esteban
-Fernández de León. El último, por no haber nacido en América, aunque
-de familia ilustre arraigada en Caracas, y por la oposición que mostró
-la junta de Cádiz, fue removido casi al mismo tiempo que nombrado,
-entrando en su lugar Don Miguel de Lardizábal y Uribe, natural de
-Nueva España. El 2 de febrero era el señalado para la instalación de
-la regencia; pero, inquieto el público y disgustado con la tardanza,
-tuvo la central que acelerar aquel acto, y poniendo en posesión a
-los regentes en la noche del 31 de enero, <span class="sidenote">(*
-Ap. n. <a href="#Ap_11-3" id="Ll_11-3">11-3</a>.)</span> disolviose
-inmediatamente, dando en una proclama [*] cuenta de todo lo sucedido.</p>
-
-<div class="sidenote">Eligen una junta<br> en Cádiz.</div>
-
-<p>Al lado de la nueva autoridad, y presumiendo de igual o superior,
-habíase levantado otra que, aunque en realidad subalterna, merece
-atención por el influjo que ejerció, particularmente en el ramo de
-hacienda. Queremos hablar de una junta elegida en Cádiz. Emisarios
-despachados<span class="pagenum" id="Page_204">p. 204</span> de
-Sevilla por los instigadores de los alborotos, y el justo temor de ver
-aquella plaza entregada sin defensa al enemigo, fueron el principal
-móvil de su nombramiento. Diole también inmediato impulso un edicto que
-en virtud de pliegos recibidos de Sevilla publicó el gobernador Don
-Francisco Venegas, considerando disuelta la junta central y ofreciendo
-resignar su mando en manos del ayuntamiento, si este quisiese confiarle
-a otro militar más idóneo. Conducta que algunos tacharon de reprensible
-y liviana, mas disculpable en tan arduos tiempos.</p>
-
-<p>El ayuntamiento conservó al general Venegas en su empleo, y atento
-a una petición de gran número de vecinos que elevó a su conocimiento
-el síndico personero Don Tomás Istúriz, abolió la Junta de defensa
-que había y trató de que se pusiese otra nueva más autorizada. El
-establecimiento de esta fue popular. Cada vecino cabeza de casa
-presentó a sus respectivos comisarios de barrio una propuesta cerrada
-de tres individuos: del conjunto de todas ellas formose una lista en
-la que el ayuntamiento escogió 54 vocales electores, quienes a su vez
-sacaron de entre estos 18 sujetos, número de que se había de componer
-la junta relevándose a la suerte cada cuatro meses la tercera parte.
-Se instaló la nueva corporación el 29 de enero con aplauso de los
-gaditanos, habiendo recaído el nombramiento en personas por lo general
-muy recomendables.</p>
-
-<p>He aquí, pues, dos grandes autoridades, la regencia y la junta de
-Cádiz, impensadamente creadas, y otra la junta central abatida y
-disuelta.<span class="pagenum" id="Page_205">p. 205</span> Antes de
-pasar adelante, echaremos sobre las tres una rápida ojeada.</p>
-
-<div class="sidenote">Ojeada rápida<br> sobre la central<br> y su<br>
-administración.</div>
-
-<p>De la central habrá el lector podido formar cabal juicio, ya por
-lo que de ella dijimos al tiempo de instalarse, y ya también por lo
-que obró durante su gobernación. Inclinose a veces a la mejora en
-todos los ramos de la administración; pero los obstáculos que ofrecían
-los interesados en los abusos, y el titubeo y vaivenes de su propia
-política, nacidos de la varia y mal entendida composición de aquel
-cuerpo, estorbaron las más veces el que se realizasen sus intentos.
-En la hacienda casi nada innovó, ni en el género de contribuciones, ni
-en el de su recaudación, ni tampoco en la cuenta y razón. Trató, a lo
-último, de exigir una contribución extraordinaria directa que en pocas
-partes se planteó ni aun momentáneamente. Ofreció, sí, por medio de un
-decreto, una variación completa en el ramo, aproximándose al sistema
-erróneo de un único y solo impuesto directo. Acerca del crédito público
-tampoco tomó medida alguna fundamental. Es cierto que no gravó la
-nación con empréstitos pecuniarios, reembolsándose en general las
-anticipaciones del comercio de Cádiz o de particulares con los caudales
-que venían de América u otras entradas; mas no por eso se dejó de
-aumentar la deuda, según especificaremos en el curso de esta historia,
-con los suministros que los pueblos daban a las partidas y a la tropa.
-Medio ruinoso, pero inevitable en una guerra de invasión y de aquella
-naturaleza.</p>
-
-<p>En la milicia, las reformas de la central fueron<span
-class="pagenum" id="Page_206">p. 206</span> ningunas o muy contadas.
-Siguió el ejército constituido como lo estaba al tiempo de la
-insurrección, y con las cortas mudanzas que hicieron algunas juntas
-provinciales, debiéndose a ellas el haber quitado en los alistamientos
-las excepciones y privilegios de ciertas clases, y el haber dado a
-todos mayor facilidad para los ascensos.</p>
-
-<p>Continuaron los tribunales sin otra alteración que la de haber
-reunido en uno todos los consejos, o sean tribunales supremos. Ni
-el modo de enjuiciar, ni todo el conjunto de la legislación civil y
-criminal padecieron variación importante y duradera. En la última hubo,
-sin embargo, la creación temporal del tribunal de seguridad pública
-para los delitos políticos; creación, conforme en su lugar notamos, más
-bien reprensible por las reglas en que estribaba, que por funesta en
-sus efectos.</p>
-
-<p>En sus relaciones con los extranjeros mantúvose la junta en los
-límites de un gobierno nacional e independiente; y si alguna vez
-mereció censura, antes fue por haber querido sostener sobradamente y
-con lenguaje acerbo su dignidad que por su blandura y condescendencias.
-Quejáronse de ello algunos gobiernos. Pocos meses antes de disolverse
-declaró la guerra a Dinamarca, motivada por guardar aquel gobierno,
-como prisioneros, a los españoles que no habían podido embarcarse con
-Romana; guerra en el nombre, nula en la realidad.</p>
-
-<p>Sobresalió la central en el modo noble y firme con que respondió
-e hizo rostro a las propuestas e insinuaciones de los invasores,
-sustentando<span class="pagenum" id="Page_207">p. 207</span> los
-intereses e independencia de la patria, sin desesperanzar nunca de la
-causa que defendía. Por ello la celebrará justamente la posteridad
-imparcial.</p>
-
-<p>Lo que la perjudicó en gran manera fueron sus desgracias, mayormente
-verificándose su desistimiento a la sazón que aquellas de todos lados
-acrecían. Y los pueblos rara vez perdonan a los gobiernos desdichados.
-Si hubiera la junta concluido su magistratura en agosto después de
-la jornada de Talavera, e instalado al mismo tiempo las cortes, sus
-enemigos hubieran enmudecido, o por lo menos faltáranles muchos de los
-pretextos que alegaron para vituperar sus procedimientos y oscurecer su
-memoria. Acabó, pues, cuando todo se había conjurado contra la causa de
-la nación, y a la central echósele exclusivamente la culpa de tamaños
-males.</p>
-
-<div class="sidenote">Padecimientos<br> y persecución<br> de sus
-individuos.</div>
-
-<p>Irritados los ánimos, aprovecháronse de la coyuntura los adversarios
-de la junta, y no solo desacreditaron a esta aun más de lo que por
-algunos de sus actos merecía, sino que, obligándola a disolverse con
-anticipación y atropelladamente, expusieron la nave del estado a que
-pereciese en desastrado naufragio, deleitándose, además, en perseguir a
-los individuos de aquel gobierno, desautorizados ya y desvalidos.</p>
-
-<p>Padecieron más que los otros el conde de Tilly y Don Lorenzo Calvo
-de Rozas. Mandó prender al primero el general Castaños, y aun obtuvo
-la aprobación de la central, si bien cuando ya esta se hallaba en
-la Isla y a punto de fenecer. Achacábase al conde haber concebido
-en<span class="pagenum" id="Page_208">p. 208</span> Sevilla el plan
-de trasladarse a América con una división si los franceses invadían
-las Andalucías, y se susurró que estaba con él de acuerdo el duque
-de Alburquerque. Dieron indicio de los tratos mal encubiertos que
-andaban entre ambos su mutua y epistolar correspondencia y ciertos
-viajes del duque o de emisarios suyos a Sevilla. De la causa que se
-formó a Tilly parece que resultaban fundadas sospechas. Este, enfermo
-y oprimido, murió algunos meses después en su prisión del castillo de
-Santa Catalina de Cádiz. Como quiera que fuera hombre muy desopinado,
-reprobaron muchos el mal trato que se le dio, y atribuyéronlo a
-enemistad del general Castaños. La prisión de Don Lorenzo Calvo de
-Rozas, exclusivamente decretada por la regencia, tachose con razón de
-más infundada e injusta, pues con pretexto de que Calvo diese cuentas
-de ciertas sumas, empezaron por vilipendiarle, encarcelándole como a
-hombre manchado de los mayores crímenes. Hasta la reunión de las cortes
-no consiguió que se le soltara.</p>
-
-<p>Escandalizáronse igualmente los imparciales, y advertidos de
-la orden que se comunicó a todos los centrales, según la cual
-permitiéndoles «trasladarse a sus provincias, excepto a América, se
-les dejaba a la disposición del gobierno bajo la vigilancia y cargo
-especial de los capitanes generales, cuidando que no se reuniesen
-muchos en una provincia.» No contentos con esto los perseguidores
-de la junta, lanzaron en la liza a un hombre ruin y oscuro, a fin
-de que apoyase con su delación la calumnia<span class="pagenum"
-id="Page_209">p. 209</span> esparcida de que los ex centrales se iban
-cargados de oro. Con tan débil fundamento mandáronse, pues, registrar
-los equipajes de los que estaban para partir a bordo de la fragata
-Cornelia, y respetables y purísimos ciudadanos viéronse expuestos a
-tamaño ultraje en presencia de la chusma marinera. Resplandeció su
-inocencia a la vista de los asistentes y hasta de los mismos delatores,
-no encontrándose en sus cofres sino escaso peculio y en todo corta y
-pobre fortuna.</p>
-
-<p>Ayudó a medida tan arbitraria e injusta el celo mal entendido de
-la junta de Cádiz, arrastrada por encarnizados enemigos de la central
-y por los clamores de la bozal muchedumbre. La regencia accedió a lo
-que de ella se pedía, mas procuró antes escudarse con el dictamen del
-consejo. Este en la consulta que al afecto extendió, repetía su antigua
-y culpable cantilena de que la autoridad ejercida por los centrales
-«había sido una violenta y forzada usurpación tolerada más bien que
-consentida por la nación... con poderes de quienes no tenían derecho
-para dárselos.» Después de estas y otras expresiones parecidas, el
-consejo mostrando perplejidad acababa sin embargo por decir que de
-igual modo que la regencia había encontrado méritos para la detención y
-formación de causa respecto de Don Lorenzo Calvo de Rozas y del conde
-de Tilly, se hiciese otro tanto con cuantos vocales resultasen «por
-el mismo estilo descubiertos», y que así a unos como a otros «se les
-sustanciasen brevísimamente sus causas y se les tratase con el mayor
-rigor.» Modo indeterminado<span class="pagenum" id="Page_210">p.
-210</span> y bárbaro de proceder, pues ni se sabía qué significado daba
-el consejo a la palabra <i>descubiertos</i>, ni qué entendía tampoco por
-tratar a los centrales con el mayor rigor, admirando que magistrados
-depositarios de las leyes aconsejasen al gobierno, no que se atuviera
-a ellas, sino que resolviese a su sabor y arbitrariamente. Dolencia
-grande la nuestra obrar por pasión o aficiones, mas bien que conforme a
-la letra y tenor de la legislación vigente: así ha andado casi siempre
-de través la fortuna de España.</p>
-
-<p>Nos hemos detenido en referir la persecución de los miembros de la
-junta suprema, no solo por ser suceso importante, recayendo en personas
-que gobernaron la nación durante catorce meses, sino también con objeto
-de señalar el mal ánimo de los enemigos de reformas y novedades.
-Porque el enojo contra la central nacía, no tanto de ciertos actos que
-pudieran mirarse como censurables, cuanto de la inclinación que mostró
-aquel cuerpo a mudanzas en favor de la libertad. En esta persecución,
-como después en la de otros muchos afectos a tan noble causa, partió el
-golpe de la misma o parecida mano, procurando siempre tapar el dañino y
-verdadero intento con feas y vulgares acusaciones.</p>
-
-<p>Hubiérase a lo sumo podido tomar cuenta a la junta de su
-gobernación, pero no atropellando a sus individuos. La regencia, más que
-todos, estaba interesada en que los respetasen, y en defender contra
-el consejo el origen legítimo de su autoridad, pues atacada esta lo
-era también<span class="pagenum" id="Page_211">p. 211</span> la de la
-misma regencia, emanación suya. Además, los gobiernos están obligados
-aun por su propio interés a sostener el decoro y dignidad de los que
-les han precedido en el mando, si no, el ajamiento de los unos tiene
-después para los otros dejos amargos.</p>
-
-<div class="sidenote">Idea<br> de la regencia<br> y de sus<br>
-individuos.</div>
-
-<p>Hablemos ya de la regencia y de los individuos que la componían. No
-llegó hasta fines de mayo a Cádiz el obispo de Orense, residente en su
-diócesis. Austero en sus costumbres y célebre por su noble y enérgica
-contestación cuando le convidaron a ir a Bayona, no correspondió en
-el desempeño de su nuevo cargo a lo que de él se esperaba, por querer
-ajustar a las estrechas reglas del episcopado el gobierno político
-de una nación. Presumía de entendido, y aun ambicionaba la dirección
-de todos los negocios, siendo con frecuencia juguete de hipócritas y
-enredadores. Confundía la firmeza con la terquedad, y difícilmente se
-le desviaba de la senda derecha o torcida que una vez había tomado.
-Don Francisco Javier Castaños, antes de la llegada del obispo, y aun
-después, tuvo gran mano en el despacho de los asuntos públicos.
-Pintámosle ya cual era como general. Antiguas amistades tenían gran
-cabida en su pecho. Como estadista solía burlarse de todo, y quizá
-se figuraba que la astucia y cierta maña bastaban aun en las crisis
-políticas para gobernar a los hombres. Oponíase a veces a sus miras
-la obstinación del obispo de Orense; pero retirándose este a cumplir
-con sus ejercicios religiosos, daba vagar a que Castaños pusiese en el
-intermedio al despacho los expedientes o asuntos que favorecía.<span
-class="pagenum" id="Page_212">p. 212</span> En el libro tercero tuvimos
-ocasión de delinear el carácter y prendas de Don Francisco de Saavedra,
-hombre dignísimo, mas de corto influjo como regente, debilitada
-su cabeza con la edad, los achaques y las desgracias. Atendía
-exclusivamente a su ramo, que era el de marina, Don Antonio Escaño,
-inteligente y práctico en esta materia y de buena índole. Excusado
-es hablar de Don Esteban Fernández de León, regente solo horas, no
-así de su sustituto, Don Miguel de Lardizábal y Uribe, travieso y
-aficionado a las letras, de cuerpo contrahecho, imagen de su alma
-retorcida y con fruición de venganzas. Castaños tenía que mancomunarse
-con él, mas cediendo a menudo a la superioridad de conocimientos de su
-compañero.</p>
-
-<p>Compuesta así la regencia, permaneció fiel y muy adicta a la causa de
-la independencia nacional; pero se ladeó y muy mucho al orden antiguo.
-Por tanto los consejeros, los empleados de palacio, los que echaban
-de menos los usos de la corte y temían las reformas, ensalzaron a la
-regencia, y asiéronse de ella hasta querer restablecer ceremoniales
-añejos y costumbres impropias de los tiempos que corrían.</p>
-
-<div class="sidenote">Felicitación<br> del consejo<br> reunido.</div>
-
-<p>El consejo, especialmente, trató de aprovecharse de tan dichoso
-momento para recobrar todo su poder. Nada al efecto le pareció más
-conveniente que tiznar con su reprobación todo lo que se había hecho
-durante el gobierno de las juntas de provincia y de la central.
-Así se apresuró a manifestarlo el 2 de febrero en su felicitación
-a la regencia, afirmando que las desgracias habían dependido de la
-propagación de<span class="pagenum" id="Page_213">p. 213</span>
-«principios subversivos, intolerantes, tumultuarios y lisonjeros al
-inocente pueblo», y recomendando el que se venerasen «las antiguas
-leyes, loables usos y costumbres santas de la monarquía», instaba
-porque se armase de vigor la regencia contra los innovadores. Apoyada
-pues esta en tales indicaciones, y llevada de su propia inclinación,
-olvidó la inmediata reunión de cortes a que se había comprometido al
-instalarse.</p>
-
-<div class="sidenote">Idea de la junta<br> de Cádiz.</div>
-
-<p>La junta de Cádiz, émula de la regencia, y si cabe con mayor
-autoridad, estaba formada de vecinos honrados, buenos patriotas, y no
-escasos de luces. Apegada quizá demasiadamente a los intereses de sus
-poderdantes, escuchaba a veces hasta sus mismas preocupaciones, y no
-faltó quien imputase a ciertos de sus vocales el sacar provecho de su
-cargo, traficando con culpable granjería. Pudo quizá en ello haber
-alguno que otro desliz; pero la verdad es que los más de los individuos
-de la junta portáronse honoríficamente, y los hubo que sacrificaron
-cuantiosas sumas en favor de la buena causa. El querer sujetar a regla
-a los dependientes de la hacienda militar, a los jefes y oficiales de
-los mismos cuerpos y a todos los empleados, clase en general estragada,
-acarreó a la junta sinsabores y enconadas enemistades. La entrada e
-inversión de caudales, sin embargo, se publicó, y pareció muy exacta
-su cuenta y razón, cuidando con particularidad de este ramo Don Pedro
-Aguirre, hombre de probidad, imparcial e ilustrado.</p>
-
-<div class="sidenote">Providencias<br> para la defensa<br> y buena<br>
-administración<br> de la regencia<br> y la junta.</div>
-
-<p>Ahora que hemos ya echado la vista sobre la pasada gobernación de la
-central, y dado idea<span class="pagenum" id="Page_214">p. 214</span>
-del comienzo y composición de la regencia y junta de Cádiz, será bien
-que entremos en la relación de las principales providencias que estas
-dos autoridades tomaron en unión o separadamente. Empezaron, pues, por
-las que aseguraban la defensa de la Isla gaditana.</p>
-
-<div class="sidenote">Breve descripción<br> de la Isla<br>
-gaditana.</div>
-
-<p>La naturaleza y el arte han hecho casi inexpugnable este punto: en
-él se comprenden la Isla de León y la ciudad propiamente dicha de
-Cádiz. Distan entre sí ambas poblaciones, juntándose por medio de un
-extendido istmo, dos leguas. Tres tiene de largo toda la Isla gaditana,
-y de ancho una y cuarto en la parte más espaciosa. La separa del
-continente el brazo de mar que llaman río de Santi Petri, profundo,
-y el cual se cruza por el puente de Suazo, así apellidado del Doctor
-Juan Sánchez de Suazo, que le rehabilitó a principios del siglo <span
-class="asc">XV</span>. El arsenal de la Carraca, situado en una isleta
-contigua a la misma Isla de León, y formada por el mencionado río de
-Santi Petri y el caño de las Culebras, quedó también por los españoles.
-El vecindario de Cádiz, en el día bastante disminuido, no pasa de
-60.000 habitantes, y el de la Isla, que está en igual caso, de unos
-18.000. La principal defensa natural de la última son sus saladares,
-que, empezando a poca distancia de Puerto Real, se dilatan por espacio de
-legua y media hasta el río Zurraque, enlazados entre sí e interrumpidos
-por caños e impracticables esguazos, de suelo inconstante y mudable. Al
-sur hay otras salinas, llamadas de San Fernando, rodeando a toda la isla
-por las demás partes, o el océano, o las aguas de la bahía. En medio de
-los saladares<span class="pagenum" id="Page_215">p. 215</span> y caños
-que hay delante del río de Santi Petri se levanta un arrecife largo y
-estrecho que conduce al puente de Suazo. En su calzada se practicaron
-muchas cortaduras y se levantaron baterías que hacían inexpugnable
-el paso. Al llegar Alburquerque estaban muy atrasados los trabajos;
-pero este general y sus sucesores los activaron extraordinariamente.
-Fortificose, en consecuencia, con una línea triple de baterías el frente
-de ataque del río de Santi Petri, avanzando otras en las mismas
-ciénagas o lagunajos, y cuidando muy particularmente de poner a
-cubierto el arsenal de la Carraca y la derecha de la línea, parte la
-más endeble.</p>
-
-<p>Aun ganada la Isla de León, no pocas dificultades hubieran estorbado
-al enemigo entrar en Cádiz. Además de varias baterías apostadas en
-la lengua de tierra que sirve de comunicación a ambas poblaciones,
-construyose en lo más estrecho de aquella, y bañada por los dos mares,
-una cortadura en que trabajaron con entusiasmo todos los habitantes,
-erizada de cañones y de admirable fortaleza, quedando después por
-vencer las obras del recinto de Cádiz, ejecutadas según las reglas
-modernas del arte, y que solo presentan un frente de ataque. <span
-class="sidenote">Fuerzas<br> que la guarnecen.</span> Para guarnecer
-punto tan extenso como el de la Isla gaditana y tan lleno de defensas,
-necesitábase gran número de tropas de tierra y no poca fuerza de mar.
-<span class="sidenote">Españolas.</span> El ejército de Alburquerque
-aumentado cada día con los oficiales y soldados dispersos que de las
-costas aportaban a Cádiz, llegó a contar a últimos de marzo de 14
-a 15.000 hombres. <span class="sidenote">Inglesas.</span> También
-los ingleses enviaron una división compuesta<span class="pagenum"
-id="Page_216">p. 216</span> de soldados suyos y portugueses. Pidió
-aquel socorro a Lord Wellington la junta de Cádiz, por medio del
-cónsul británico y de Lord Burghest, que al efecto partió a Lisboa
-antes que se supiese la venida a la isla del duque de Alburquerque.
-Llegó a ascender en marzo esta fuerza auxiliar a unos 5000 hombres,
-reemplazando en el mismo mes en el mando de ella a su primer jefe
-Stewart el general Sir Tomás Graham. La guardia de la plaza de Cádiz
-se hacía en parte por la milicia urbana y por los voluntarios, cuyos
-batallones de vistoso aspecto los formaban los vecinos honrados y
-respetables de la ciudad, constando su número de unos 8000 hombres,
-inclusos los que se levantaron extramuros y en la Isla de León,
-servicio que, si bien penoso, era desempeñado con celo y patriotismo, y
-que descargaba de mucha faena a las tropas regladas.</p>
-
-<div class="sidenote">Fuerza marítima.<br> Recio temporal<br> en
-Cádiz.</div>
-
-<p>Siendo esencial la marina para la defensa de posición tan costanera,
-fondeaban en bahía una escuadra británica a las órdenes del almirante
-Purvis, y otra española a las de Don Ignacio de Álava. Padecieron ambas
-gran quebranto en un recio temporal acaecido en el 6 de marzo y días
-siguientes: de la inglesa se perdió el navío portugués María, y de
-la nuestra perecieron otros tres de línea, una fragata y una corbeta
-de guerra con otros muchos mercantes. Los franceses se portaron en
-aquel caso inhumanamente, pues en vez de ayudar a los desgraciados que
-arrastraba a la costa la impetuosidad del viento, hiciéronles fuego con
-bala roja. Varados los buques en la playa ardieron casi todos ellos. No
-cesando por eso los preparativos de defensa, se armaron asimismo<span
-class="pagenum" id="Page_217">p. 217</span> fuerzas sutiles mandadas
-por Don Cayetano Valdés, que vimos herido allá en Espinosa. Eran
-estas de grande utilidad, pues arrimándose a tierra e internándose a
-marea alta por los caños de las salinas, flanqueaban al enemigo y le
-incomodaban sin cesar.</p>
-
-<p>Cuando se supo que los franceses avanzaban, comenzose, aunque tarde,
-a destruir y desmantelar todas las baterías y castillos que guarnecían
-la costa desde Rota y se extendían bahía adentro por Santa Catalina,
-Puerto de Santa María, río de San Pedro, Caño del Trocadero y Puerto
-Real, pues Cádiz estaba más bien preparado para resistir las embestidas
-de mar que las de tierra, siendo dificultoso vaticinar que tropas
-francesas descolgándose del Pirineo y atravesando el suelo español se
-dilatarían hasta las playas gaditanas.</p>
-
-<div class="sidenote">Intiman<br> los franceses<br> la rendición.</div>
-
-<p>Confiados los franceses en esto, en el descuido natural de los
-españoles, y en el desánimo que produjo la invasión de las Andalucías,
-miraban a Cádiz como suyo, y en ese concepto intimaron la rendición a
-la ciudad y al ejército mandado por el duque de Alburquerque. Para el
-primer paso se valieron de ciertos españoles parciales suyos que creían
-gozar de opinión e influjo dentro de la plaza, los cuales el 6 de
-febrero hicieron desde el Puerto de Santa María la indicada intimación.
-La junta superior contestó a ella, con la misma fecha, sencilla y
-dignamente, diciendo: «La ciudad de Cádiz, fiel a los principios que ha
-jurado, no reconoce otro rey que al señor Don Fernando VII.» Aunque
-más extensa, igualmente fue vigorosa y noble la respuesta<span
-class="pagenum" id="Page_218">p. 218</span> que dio sobre el mismo
-asunto al mariscal Soult el duque de Alburquerque. De consiguiente,
-por ambos lados se trabajó desde entonces con grande ahínco en las
-obras militares: los franceses, para abrigarse contra nuestros ataques
-y molestarnos con sus fuegos; nosotros, para acabar de poner la Isla
-gaditana en un estado inexpugnable. Así, pues, corrió el mes de febrero
-sin choque ni suceso alguno notable.</p>
-
-<div class="sidenote">La junta de Cádiz<br> encargada<br> del ramo<br>
-de hacienda.</div>
-
-<p>Tales y tan extensos medios de defensa pedían por parte de los
-españoles recursos pecuniarios, y método y orden en su recaudación
-y distribución. La regencia solo podía contar con las entradas del
-distrito de Cádiz y con los caudales de América. Difícil era tener
-aquellas si la junta no se prestaba a ello, y aún más difícil aumentar
-sin su apoyo las contribuciones, no disfrutando el gobierno supremo
-dentro de la ciudad de la misma confianza que los individuos de aquella
-corporación, naturales del suelo gaditano o avecindados en él hacía
-muchos años.</p>
-
-<p>Obvias reflexiones que sobre este asunto ocurrieron, y el triste
-estado del erario promovieron la resolución de encargar a la junta
-superior de Cádiz la dirección del ramo de hacienda. Desaprobaron
-muchos, particularmente los rentistas, semejante determinación, y
-sin duda a primera vista parecía extraño que el gobierno supremo
-se pusiera, por decirlo así, bajo la tutoría de una autoridad
-subalterna. Pero siendo la medida transitoria, deplorable la situación
-de la hacienda y arraigados sus vicios, los bienes que resultaron
-aventajáronse a los males, habiendo en los pagamentos mayor regularidad
-y justicia. Quizá la<span class="pagenum" id="Page_219">p. 219</span>
-junta mostrose a veces algún tanto mezquina, midiendo el orden del
-estado por la encogida escala de un escritorio; mas el otro extremo de
-que adolecía la administración pública perjudicaba con muchas creces al
-interés bien entendido de la nación. <span class="sidenote">(* Ap. n.
-<a href="#Ap_11-4" id="Ll_11-4">11-4</a>.)</span> Adoptose en seguida,
-para la buena conformidad y mejor inteligencia, un reglamento [*] que
-mereció en 31 de marzo la aprobación de la regencia.</p>
-
-<div class="sidenote">Sus altercados<br> con<br> Alburquerque.</div>
-
-<p>Ya antes, si bien no con tanta solemnidad, estaba encargada del
-ramo de hacienda, habiéndose suscitado entre ella y varios jefes
-militares, principalmente el duque de Alburquerque, desazones y agrios
-altercados. Escuchó tal vez el último demasiadamente las quejas de los
-subalternos avezados al desorden, y la junta no atendió del todo en sus
-contestaciones al miramiento y respetos que se debían al duque. <span
-class="sidenote">Deja este<br> el mando<br> del ejército<br> y pasa a
-Londres.</span> Esto y otros disgustos fueron parte para que dicho jefe
-dejase el mando del ejército de la isla al acabar marzo, nombrándole la
-regencia embajador en Londres. En aquella capital escribió más adelante
-un manifiesto muy descomedido contra la junta de Cádiz, la cual, aunque
-en defensa propia, replicó de un modo atrabilioso y descompuesto.
-Contestación que causó en el pundonoroso carácter del duque tal
-impresión que a pocos días perdió la razón y la vida; fin no debido a
-sus buenos servicios y patriotismo.</p>
-
-<div class="sidenote">Impone la junta<br> nuevas<br>
-contribuciones.</div>
-
-<p>Entre no pocos afanes y obstáculos la junta de Cádiz continuó
-con celo en el desempeño de su encargo. Impuso una contribución de
-cinco por ciento de exportación a todos los géneros y mercadurías que
-saliesen de Cádiz, y un veinte<span class="pagenum" id="Page_220">p.
-220</span> por ciento a los propietarios de casas, gravando además en
-un diez a los inquilinos. Con estos y otros arbitrios, y sobre todo con
-las remesas de América y buena inversión, no solo se aseguraron los
-pagos en Cádiz y la isla, y se cubrieron todas las atenciones, sino que
-también se enviaron socorros a las provincias.</p>
-
-<p>Afianzada así la defensa de aquellos dos puntos tan importantes,
-convirtiéronse sus playas en baluarte incontrastable de la libertad
-española.</p>
-
-<div class="sidenote">José<br> en Andalucía.</div>
-
-<p>José había en todo este tiempo recorrido las ciudades y pueblos
-principales de las Andalucías, recreándose tanto en su estancia que
-la prolongó hasta entrado mayo. Cuidaba Soult del mando supremo
-del ejército que apellidaron del mediodía, el cual constaba de las
-fuerzas ya indicadas al hablar del paso de la Sierra Morena. <span
-class="sidenote">Modo con que<br> le reciben.</span> Acogieron los
-andaluces a José mejor que los moradores de las demás partes del
-reino, y festejáronle bastantemente, por cuyo buen recibimiento premió
-a muchos con destinos y condecoraciones, y expidió varios decretos
-en favor de la enseñanza y de la prosperidad de aquellos pueblos.
-Nombró para establecer su gobierno y administración en las provincias
-recién conquistadas comisarios regios, cuyas facultades a cada paso
-eran restringidas por el predominio y arrogancia de los generales
-franceses. Manifestó José en Sevilla su intención de convocar cortes
-en todo aquel año de 1810, para lo que en decreto de 18 de abril
-dispuso que se tomase conocimiento exacto de la población de España.
-<span class="sidenote">Sus providencias.</span> Por el mismo tiempo
-trató igualmente de arreglar el gobierno interior de los pueblos, y
-distribuyó<span class="pagenum" id="Page_221">p. 221</span> el reino
-en treinta y ocho prefecturas, las cuales se dividían a su vez en
-subprefecturas y municipalidades, remedando o más bien copiando, en
-esto y en lo demás del decreto publicado al efecto, la administración
-departamental de Francia. Providencia que, habiendo tomado arraigo,
-hubiera podido mejorar la suerte de los pueblos; pero que en algunos no
-se estableció, desapareciendo en los más lo benéfico de la medida con
-los continuos desmanes de las tropas extranjeras. La milicia cívica,
-ya decretada por José en julio de 1809, y en la que se negaban por lo
-general a entrar los habitantes de otras partes, disgustó menos en
-Andalucía donde hubo ciudades que se prestaron sin repugnancia a aquel
-servicio.</p>
-
-<p>Por ello, y por el modo con que en aquellos reinos había sido
-recibido el intruso, motejaron acerbamente a sus habitadores los de
-las otras provincias de España, tachando a aquellos naturales de
-hombres escasos de patriotismo y de condición blanda y acomodaticia.
-Censura infundada, porque las Andalucías, singularmente el reino de
-Granada, no solo habían hecho grandes sacrificios en favor de la causa
-común, sino que, igualmente al tiempo de la invasión, estuvieron muy
-dispuestos a repelerla. Faltoles buena guía, estando abatidas y siendo
-de menguado ánimo sus propias autoridades. Cierto es que en estas
-provincias era mayor que en otras el número de indiferentes y de los
-que anhelaban por sosiego, lo cual en gran parte pendía de que, atacado
-tarde aquel suelo, considerábase a España como perdida, y también de
-que, habiendo los habitantes sido de cerca testigos de los errores
-y<span class="pagenum" id="Page_222">p. 222</span> aun injusticias de
-los gobiernos nacionales, ignoraban los perjuicios y destrozos de la
-irrupción y conquista extranjera, males que no habían por lo general
-experimentado, como lo demás del reino. Desengañados pronto, empezaron
-a rebullir, y las montañas de Ronda y otras comarcas mostraron no menos
-bríos contra los invasores que las riberas del Llobregat y del Miño.</p>
-
-<div class="sidenote">Vuelve a Madrid.</div>
-
-<p>Las delicias y el temple de Andalucía, que recordaban a José su
-mansión en Nápoles, hubieran tal vez diferido su vuelta a Madrid,
-si ciertas resoluciones del gabinete de Francia no le hubiesen
-impelido a regresar a la capital, en donde entró el 13 de mayo:
-resoluciones importantes, y en cuyo examen nos ocuparemos luego que
-hayamos contado los movimientos que hicieron los franceses en otras
-provincias de España, algunos de los cuales concurrieron con los de las
-Andalucías.</p>
-
-<div class="sidenote">Nueva invasión<br> de Asturias.</div>
-
-<p>Tales fueron los que ejecutaron sobre Asturias y Valencia,
-juntamente con el sitio de Astorga. Tomó el primero a su cargo el
-general Bonnet. Manteníase aquel principado como desguarnecido, después
-que, al mando de Don Francisco Ballesteros, se alejó de sus montañas la
-flor de sus tropas. Quedaban 4000 soldados escasos en la parte oriental,
-hacia Colombres, y 2000 de reserva en las cercanías de Oviedo; sin
-contar con unos 1000 hombres de Don Juan Díaz Porlier, quien antes
-de esta invasión de Asturias, abriendo portillo por medio de los
-enemigos, recorrió el país llano de Castilla, tocó en La Rioja, y
-divirtiendo grandemente la atención de los franceses, tornó en seguida
-a buscar<span class="pagenum" id="Page_223">p. 223</span> abrigo en
-las asperezas de donde se había descolgado. Linaje de empresas que
-perturbaban al enemigo, y diferían por lo menos, si no trastrocaban, sus
-premeditados planes.</p>
-
-<div class="sidenote">Llano Ponte.</div>
-
-<p>Continuaban mandando en el principado el general Don Antonio Arce
-y la junta nombrada por Romana; permaneciendo al frente de la línea
-de Colombres D. Nicolás de Llano Ponte. Este, no más afortunado ahora
-que lo había sido en la campaña de Vizcaya, cejó sin gran resistencia
-cuando, en 25 de enero, le atacaron 6000 franceses a las órdenes del
-general Bonnet. Los españoles, en verdad inferiores en número, solo
-hubieran podido sacar ventaja de algunos sitios favorables por su
-naturaleza. Forzaron los enemigos el puente de Purón, en donde nuestra
-artillería, bien servida, les causó estrago. Llano Ponte replegose
-precipitadamente hacia el Infiesto, y el general Arce con las demás
-autoridades evacuaron a Oviedo, haciendo alto por de pronto en las
-orillas del Nalón.</p>
-
-<div class="sidenote">Porlier.</div>
-
-<p>Alteró algún tanto el gozo de los invasores la intrepidez de
-Don Juan Díaz Porlier, quien, noticioso de la irrupción francesa en
-Asturias, metiose en lo interior del Principado, viniendo de las faldas
-meridionales de sus montañas, en donde estaba apostado. Atacó por la
-espalda las partidas sueltas de los enemigos, cogió a estos bastantes
-prisioneros, y caminando la vuelta de la costa por Gijón y Avilés,
-se situó descansadamente en Pravia, a la izquierda de las tropas y
-dispersos que se habían retirado con el general Arce. Imitaron a
-Porlier Don Federico Castañón y otros partidarios que se colocaron en
-el<span class="pagenum" id="Page_224">p. 224</span> camino real de
-León, por cuyo paraje con sus frecuentes acometidas molestaban a los
-contrarios.</p>
-
-<div class="sidenote">Entra Bonnet<br> en Oviedo.</div>
-
-<p>El general Bonnet ocupó a Oviedo el 30 de enero, de cuya ciudad,
-como en la primera invasión, habían salido las familias más
-principales. En esta entrada se portó aquel general con sobrada dureza,
-habiendo ejecutado algunos actos inhumanos: amansose después y gobernó
-con bastante justicia, en cuanto cabe al menos en un conquistador
-hostigado incesantemente por una población enemiga.</p>
-
-<div class="sidenote">Evacúa la ciudad.</div>
-
-<p>A pocos días de estar en Oviedo, temeroso Bonnet de los movimientos
-de Porlier y demás partidarios, desamparó la ciudad y se reconcentró en
-la Pola de Siero. Confiados demasiadamente los jefes españoles con tan
-repentina retirada, avanzaron de sus puestos del Nalón, se posesionaron
-de Oviedo, y apostaron en el puente de Colloto la vanguardia mandada
-por Don Pedro Bárcena. Los franceses, que no deseaban sino ver
-reunidos a los nuestros, para acabar con ellos más fácilmente por la
-superioridad que les daba en ordenada batalla su práctica y disciplina,
-<span class="sidenote">Ocúpala<br> de nuevo.</span> revolvieron el
-14 de febrero sobre las tropas españolas, y atropellándolo todo
-recuperaron a Oviedo y asomaron el 15 a Peñaflor, en cuyo puente los
-detuvieron algunos paisanos, <span class="sidenote">Castellar<br> y
-defensa<br> del Puente<br> de Peñaflor.</span> mandados animosamente
-por el oficial de estado mayor Don José Castellar, que ya se señaló
-allá, en San Payo, y ahora quedó aquí herido.</p>
-
-<div class="sidenote">Bárcena.<br> Retíranse<br> los españoles<br> al
-Narcea.</div>
-
-<p>Don Pedro Bárcena, volviendo también a reunir su gente, a la que
-se agregaron otros dispersos,<span class="pagenum" id="Page_225">p.
-225</span> rechazó a los franceses en Puentes de Soto, y se sostuvo
-allí algún tiempo. Pero al fin, amenazándole continuamente enemigos
-numerosos, juzgó prudente recogerse a la línea del Narcea, quedando
-solo sobre la izquierda, en Pravia, orillas del Nalón, Don Juan Díaz
-Porlier. Encomendose entonces el mando del ejército de operaciones
-al mencionado Bárcena, hombre sereno y de gran bizarría. <span
-class="sidenote">Don Juan<br> Moscoso.</span> Ayudaba en todo con sus
-consejos y ejemplo el coronel Don Juan Moscoso, jefe de estado mayor,
-que en el arte de la guerra era entendido y aun sabio.</p>
-
-<div class="sidenote">El general Arce.</div>
-
-<p>El general Arce, amilanado a la vista de los peligros de una
-invasión que le cogía desprevenido, resolviose a dejar el mando de la
-provincia; mas antes, con intento de poder alegar que estaba concluida
-la comisión que le había llevado allí, determinó restablecer la
-junta constitucional que Romana a su antojo había destruido, y para
-ello ordenó que los concejos nombrasen, según lo hicieron, diputados
-que concurriesen a formar la citada corporación; desmoronándose
-de este modo la obra levantada por Romana, obra de desconcierto y
-arbitrariedad.</p>
-
-<div class="sidenote">Conducta<br> escandalosa<br> de Arce y del<br>
-consejero Leiva.</div>
-
-<p>Como quiera que fuese loable la medida de Arce, mirose esta como
-nacida de las circunstancias, más bien que del buen deseo de deshacer
-una injusticia y de granjearse las voluntades de los asturianos. Dio
-fuerza a la opinión que acerca de su partida enunciamos, el que dicho
-general y su compañero de comisión, el consejero Leiva, se llevaron
-consigo, so color de sueldos atrasados, 16.000 duros. Paso que
-debe<span class="pagenum" id="Page_226">p. 226</span> severamente
-condenarse en un tiempo en que el hacendado y hasta el hombre del
-campo, se privaban de sus haberes por alimentar al soldado, a veces en
-apuros y en extrema desdicha.</p>
-
-<div class="sidenote">Nueva instalación<br> de la junta<br> general<br>
-del Principado.</div>
-
-<p>La nueva junta se instaló en Luarca el 4 de marzo, y no desmayando
-con la ausencia de Don Antonio Arce, nombró en su lugar a Don José
-Cienfuegos, general de la provincia e hijo suyo; formando al mismo
-tiempo un consejo de guerra, con cuyo acuerdo se dirigiesen las
-operaciones militares.</p>
-
-<div class="sidenote">Auxilio<br> de
-Galicia.</div>
-
-<p>De Galicia llegó luego, en auxilio de Asturias, una corta división
-de 2000 hombres, con lo que, alentados los jefes, determinaron atacar
-el 19 de marzo a las tropas francesas. Hízose así acometiendo el grueso
-de nuestra fuerza del lado del puente de Peñaflor al mismo tiempo que
-se llamaba por la derecha la atención del enemigo, y que Porlier por
-la izquierda, embarcándose en la costa, caía sobre las espaldas a la
-orilla opuesta del Nalón. <span class="sidenote">Desampara<br> Bonnet
-a Oviedo.</span> Ejecutada con ventura la maniobra, evacuó Bonnet
-a Oviedo y no paró hasta Cangas de Onís; así para reforzarse, como
-también para ir en busca de acopios y pertrechos de guerra, que solo
-muy escoltados podían llegar a su ejército.</p>
-
-<div class="sidenote">Se enseñorea<br> por tercera vez<br> de la
-ciudad.</div>
-
-<p>Con mayor circunspección que en la ocasión anterior se adelantaron
-esta vez los nuestros, sacando además de Oviedo todos los útiles de
-la fábrica de armas. Precaución tanto más oportuna, cuanto Bonnet
-engrosado y de refresco tornó en breve y obligó a los nuestros a
-retirarse, enseñoreándose por tercera vez de la capital el 29 del
-mismo marzo. Los españoles se<span class="pagenum" id="Page_227">p.
-227</span> recogieron entonces a su antigua línea del Nalón, poniendo
-su derecha en el Padrún, camino real de León, y su izquierda en
-Pravia.</p>
-
-<p>Ni aun allí los dejaron quietos por largo tiempo los franceses,
-teniendo que refugiarse, después de varios y reñidos choques, las tropas
-de Asturias y Porlier a Tineo y Somiedo, y la división gallega al
-Navia. Prosiguieron durante abril los reencuentros, sin que les fuese
-dable a los enemigos dominar del todo el Principado.</p>
-
-<div class="sidenote">Estado<br> de Galicia.</div>
-
-<p>La ocupación de este no se hubiera prolongado a haber puesto la
-junta del reino de Galicia mayor esmero en cooperar a que se evacuase.
-Dicha autoridad se hallaba instalada desde el mes de enero, y si bien
-contaba entre sus individuos hombres de conocido celo e ilustración,
-no desplegó sin embargo la conveniente energía, desaprovechando los
-muchos recursos que ofrecía provincia tan populosa. Así, ni aumentó en
-estos meses considerablemente su ejército, ni tampoco se atrevió al
-principio a poner debido coto a los atrevimientos y oposición de la
-junta subalterna de Betanzos, harto desmandada.</p>
-
-<div class="sidenote">Alboroto<br> del Ferrol.<br> Muerte<br> de
-Vargas.</div>
-
-<p>Con las reyertas que de aquí y de otras partes nacían, no solo se
-descuidaban los asuntos de la guerra, únicos entonces de urgencia, sino
-que se dio margen a que en el mes de febrero gente aviesa suscitase
-en el Ferrol un alboroto. Fue en él víctima del furor popular el
-comandante de arsenales Don José María de Vargas, sirviendo de pretexto
-para el motín los atrasos que se debían a la maestranza. Restablecido
-el sosiego, formose causa a algunas personas, y castigose<span
-class="pagenum" id="Page_228">p. 228</span> con el último suplicio a
-una mujer del pueblo que se probó haber sido la que primero acometió e
-hirió al desgraciado Vargas.</p>
-
-<p>La junta de Galicia, disculpándose además, para no ayudar a
-Asturias, con los temores de que los franceses invadiesen su propio
-suelo por el lado de Astorga, cuya ciudad amenazaban y sitiaron luego,
-desatendió las reclamaciones de aquella provincia, ni convino tampoco
-en adoptar la proposición que su junta le hizo de nombrar de acuerdo
-ambas corporaciones un mismo jefe militar; puesto que la regencia a
-causa de la distancia no podía con prontitud acudir al remedio de los
-males que causaba la división.</p>
-
-<div class="sidenote">Mahy, general<br> de las tropas<br> de aquel
-reino.</div>
-
-<p>Solo el general Mahy, a quien se había confiado el mando superior
-de las tropas de Galicia, procuró por sí y en cuanto pudo auxiliar al
-principado. Mas el asedio de Astorga, y tener que cubrir el Bierzo,
-obligábanle a permanecer en Lugo y Villafranca con las principales
-fuerzas de su ejército, que eran poco considerables.</p>
-
-<div class="sidenote">Sitio de Astorga.</div>
-
-<p>No le incomodaron, sin embargo, tanto como temiera los franceses,
-cuya mira se enderezaba a Portugal; habiéndolos también detenido la
-defensa de Astorga, más porfiada de lo que permitía la flaqueza de sus
-fortificaciones. Ciudad aquella antigua, nunca fue plaza en los tiempos
-modernos, cercándola un muro viejo flanqueado de medios torreones.
-Tres arrabales facilitaban su acceso, careciendo de foso, estacada y de
-toda obra exterior. La población, antes de 600 vecinos, ahora menguada
-con sus muchos padecimientos. En el intermedio que corrió desde<span
-class="pagenum" id="Page_229">p. 229</span> el anterior ataque del
-pasado octubre hasta el de esta primavera del año de 1810, se trató
-de mejorar el estado de sus defensas, fortaleciendo principalmente
-el arrabal de Reitibia con fosos, estacadas, cortaduras y pozos de
-lobo. Se formaron cuadrillas de paisanos, y la guarnición ascendía
-a unos 2800 hombres. Continuaba siendo gobernador Don José María de
-Santocildes.</p>
-
-<p>En febrero estaban los franceses alojados en las riberas del Órbigo,
-hacia donde los nuestros, para aumentar el repuesto de sus víveres,
-extendían las correrías. El 11 del mes el general Loison, con 9000
-hombres y seis piezas de campaña, se presentó delante de la ciudad,
-haciendo el 16 intimación de rendirse. Contestó a ella negativamente
-Santocildes, y entonces el general francés se alejó de la plaza, sin
-que por eso cesasen sus guerrillas de tirotearse diariamente con las
-nuestras. Así se prosiguió hasta que el 21 de marzo pensaron los
-franceses en formalizar el sitio.</p>
-
-<p>Habíase arrimado hacia aquella parte el general Junot, duque de
-Abrantes, encargado del mando del 8.º cuerpo, vuelto a formar de
-nuevo, y uno de los que habían de componer el ejército que Napoleón
-destinaba contra los ingleses de Portugal. Habiéndose Santocildes
-opuesto a recibir un pliego que Junot le expidiera, comenzó desde luego
-este los trabajos del sitio. Impidieron su progreso los cercados, y
-aun el 26 rechazaron una tentativa de los sitiadores sobre el arrabal
-de Reitibia. Escaseaban los españoles de cañones, y los que había
-solo eran de menor calibre; carecíase también de municiones;<span
-class="pagenum" id="Page_230">p. 230</span> abundaba, sí, el entusiasmo
-de la tropa y del paisanaje. Por ambos lados se escaramuzaba sin cesar,
-manteniendo los sitiados la esperanza de ser socorridos por el general
-Mahy, que permanecía en el Bierzo, cuyas avenidas observaban atentamente
-los franceses, trabándose a veces pelea entre unos y otros.</p>
-
-<p>Mientras tanto, concluida el 19 de abril la batería de brecha,
-rompieron los enemigos el fuego en el siguiente día con piezas de
-grueso calibre, y se dirigieron contra la puerta de Hierro, por donde
-aportillaron el muro. Con las granadas se incendió la catedral,
-quemándose parte de ella y varias casas contiguas. El vecindario y la
-guarnición se defendían con serenidad y denuedo. Practicable a poco
-tiempo la brecha, aunque Junot intimó por segunda vez la rendición,
-amenazando pasar a cuchillo soldados y moradores, se desechó su
-propuesta y se prepararon todos a repeler el asalto. Emprendiéronle
-los enemigos, embistiendo a la misma sazón que la brecha abierta en
-la puerta de Hierro, el arrabal de Reitibia. Duró el ataque desde la
-mañana hasta después de oscurecido. Los sitiados rechazaron con el
-mayor valor todas las acometidas sin que los franceses consiguiesen
-entrar la ciudad. <span class="sidenote">Capitula.</span> Vecinos
-y militares se mostraban resueltos a insistir en la defensa, mas
-desgraciadamente era imposible. Ya no quedaban sino 24 tiros de
-cañón, pocos de fusil; estando además desfogonadas las piezas y rotas
-sus cureñas. En tal angustia, reunidas las autoridades, determinaron
-la entrega. Solo en el ayuntamiento hubo un anciano de más de
-60<span class="pagenum" id="Page_231">p. 231</span> años, y de
-nombre el licenciado Costilla, <span class="sidenote">Licenciado<br>
-Costilla.</span> imagen por su esfuerzo de los antiguos varones de
-León, que levantándose de su asiento prorrumpió en las siguientes y
-enérgicas palabras: «Muramos como numantinos.»</p>
-
-<p>Decidida la rendición, se posesionaron los enemigos de Astorga el
-22 de abril, en virtud de capitulación honrosa. Computose la pérdida
-que experimentamos en aquel sitio en 200 hombres; superior la de los
-contrarios.</p>
-
-<p>De esta manera, los franceses de Castilla asegurando poco a poco
-su flanco derecho, y teniendo en suspenso las provincias del norte
-mientras José ocupaba las Andalucías, se disponían al propio tiempo,
-según veremos en el libro próximo, a invadir a Portugal.</p>
-
-<div class="sidenote">Aragón.</div>
-
-<p>Por su lado Suchet trató en Aragón de llamar igualmente la atención
-de los españoles moviéndose hacia Valencia. Antes había este general
-ocupádose en sosegar su provincia y sobre todo Navarra, cuyo reino
-bastantemente tranquilo en un principio, comenzó a rebullir en tanto
-grado que con trabajo transitaban los correos franceses, y apenas era
-reconocida la autoridad intrusa fuera de la plaza de Pamplona. <span
-class="sidenote">Mina el mozo.</span> Mina el mozo causaba tamaña
-mudanza. Obedecido por todas partes, y nunca descubierto ni vendido,
-dominaba la comarca y aun obligó en enero al gobernador de Navarra a
-entrar con él en tratos para el canje de prisioneros.</p>
-
-<p>Disgustado el gobierno francés con tener a sus puertas tan
-osado enemigo, encomendó al general Suchet el restablecimiento
-de la tranquilidad en Navarra. Burló Mina por algún tiempo<span
-class="pagenum" id="Page_232">p. 232</span> con su diligencia y maña
-los intentos de los franceses, y especialmente los del general Harispe,
-encargado en particular de perseguirle. Acosado al fin, no solo por
-este, sino también por tropas que se destacaron de hacia Logroño, y
-otras que salieron de Pamplona, desbandó su gente y ocultó sus armas,
-aguardando reunir de nuevo aquella luego que los enemigos le dejasen
-algún respiro. La osadía de Mina era tal que, aun después, yendo Suchet
-a Pamplona con objeto de arreglar la administración francesa, bastante
-desordenada, disfrazose de paisano y se metió cerca de Olite en un
-grupo deseoso de ver pasar en el tránsito al general su contrario.
-Arrojo a que también impelía la seguridad con que era dado recorrer la
-tierra a los españoles que guerreaban contra los franceses.</p>
-
-<div class="sidenote">Expedición<br> de Suchet<br> sobre Valencia.</div>
-
-<p>El general Suchet, compuestas las cosas de Navarra, y llegando allí
-de Francia nuevas tropas, tornó a Aragón disponiéndose a invadir el
-reino de Valencia. Proyecto que le fue indicado por el príncipe de
-Neufchatel, quien, finalizada la campaña de Austria, volvió a desempeñar
-el empleo de mayor general de los ejércitos franceses en España,
-no obstante el mando en jefe dado al rey José: complicación de
-supremacías que causaba, por decirlo de paso, encontradas resoluciones,
-señaladamente en las provincias rayanas de Francia. Modificáronse, al
-parecer, por otras posteriores las primeras insinuaciones que respecto
-a Valencia había hecho el príncipe de Neufchatel; pero no pudiendo
-tampoco las últimas calificarse de órdenes positivas, prefirió Suchet
-someterse a una terminante<span class="pagenum" id="Page_233">p.
-233</span> y clara que recibió del intruso, escrita en Córdoba el 27
-de enero, según la cual se le prevenía que marchase rápidamente la
-vuelta del Guadalaviar. No llegó el pliego a manos de Suchet hasta
-el 15 de febrero, siendo dificultosa la travesía por hormiguear los
-guerrilleros.</p>
-
-<p>Resuelto el general francés a la empresa, dejó en Aragón alguna
-fuerza que amparase las comarcas más amenazadas por los partidarios,
-y fortaleció varios puntos. Tres divisiones, en que se distribuían las
-reliquias del ejército español de Aragón después de la dispersión de
-Belchite, llamaban con particularidad su atención. Era una la que
-estaba a las órdenes de Don Pedro Villacampa, situada cerca de Villel,
-partido de Teruel, en un campo atrincherado, del que no sin trabajo la
-desalojó el general polaco Chlopicki; otra, la que cubría la línea del
-Algas, regida por Don Pedro García Navarro, que luego pasó a Cataluña;
-y la última, la que andaba entre el Cinca y Segre a cargo de Don Felipe
-Perena; divisiones todas no muy bien pertrechadas, pero que contaban
-unos 13.000 hombres.</p>
-
-<p>Ascendiendo ahora el primer cuerpo enemigo, con los refuerzos venidos
-de Francia, a 30.000 combatientes, érale a Suchet más fácil tener en
-respeto a los aragoneses, asegurar las diversas comunicaciones y partir
-a su expedición de Valencia, para la cual llevó de 12 a 14.000 soldados
-escogidos.</p>
-
-<p>Empezó pues a realizar su plan, y el 25 de febrero llegó en persona
-a Teruel. En consecuencia, el general Habert, con una columna de
-cerca de 5000 hombres, se dirigió el 27 sobre<span class="pagenum"
-id="Page_234">p. 234</span> Morella, debiendo continuar por San Mateo
-y la costa, y casi al propio tiempo, con la división de Laval y la
-brigada de Paris, componiendo en todo unos 9000 soldados, partió de
-Teruel, siguiendo la ruta de Segorbe, el mismo Suchet. Al ponerse
-en marcha, recibió de París la orden por duplicado [habiendo sido
-interceptada la primera] de desistir de la expedición de Valencia y
-formalizar los sitios de Lérida y Mequinenza; pero tarde ya para variar
-de rumbo, a pesar de la responsabilidad en que incurría, llevó adelante
-su propósito.</p>
-
-<div class="sidenote">Estado<br> de este reino<br> y de la ciudad.</div>
-
-<p>La fama de la inminente invasión llegó muy en breve a la ciudad de
-Valencia, en donde con el temor se desencadenaron las pasiones. El
-general Don José Caro, en lugar de dirigirlas al único y laudable fin de
-la defensa, fuese miedo, fuese deseo de satisfacer odios y personales
-rivalidades, dio rienda suelta a todo linaje de excesos y a enojosas
-venganzas. No compensó hasta cierto punto tan reprensible conducta con
-activas y oportunas providencias militares: medio seguro de reprimir
-los malévolos, y de tener en su favor la gran mayoría de los honrados
-ciudadanos. Un año era corrido desde que Caro mandaba, y ni se había
-fortificado Murviedro ni otros puntos importantes, ni el ejército de
-línea se había aumentado más allá de 11.000 hombres. La población en
-parte se encontraba armada, mas tan oportuna providencia antes bien
-había nacido de la espontaneidad de los habitantes, que de disposición
-enérgica de la autoridad superior; flojedad común a casi todos los
-jefes y juntas de España, suplida, en cuanto<span class="pagenum"
-id="Page_235">p. 235</span> era dado, por el buen seso y ánimo de los
-naturales.</p>
-
-<p>En tanto, las dos columnas francesas avanzaban. La de Morella entró
-sin resistencia en la villa y ocupó el castillo, abandonado por el
-coronel Miedes. La de Teruel se aproximó a Alventosa, en donde la
-vanguardia del ejército valenciano estaba colocada detrás del barranco
-por donde corre el Mijares. Al principio, las guerrillas, capitaneadas
-por Don José Lamar, alcanzaron ventajas; mas luego, recibida orden de
-Caro de replegarse sobre Valencia, y al tiempo que los franceses
-trataban ya de envolver la izquierda española, se retiraron los
-nuestros el 2 de marzo sobradamente de prisa, pues dejaron abandonados
-cuatro cañones de campaña. Entraron después los franceses en Segorbe,
-ciudad que pillaron desamparada por los habitadores.</p>
-
-<p>Llegó el 3 a Murviedro el general Suchet, en donde se le juntó
-con su columna el general Habert. No estando todavía fortificado
-aquel sitio, que lo fue de la antigua y célebre Sagunto, se sometió
-la ciudad; encaminándose en seguida a Valencia los enemigos, ya más
-gozosos por comenzar a competir desde allí el cultivo del hombre con la
-lozanía de la vegetación.</p>
-
-<p>Según se iban los franceses aproximando a la ciudad, crecía en ella
-la fermentación, y más se desbocaba Don José Caro en cometer tropelías.
-Envió a San Felipe de Játiva la junta superior, y creó una comisión
-militar de policía, instrumento de sus venganzas. Cierto que para ellas
-había un pretexto honroso en secretos tratos que el enemigo mantenía
-dentro de Valencia;<span class="pagenum" id="Page_236">p. 236</span>
-pero en vez de solo descargar sobre los culpados la justicia de las
-leyes, arrestáronse indistintamente y para satisfacer enemistades
-buenos y malos patriotas.</p>
-
-<div class="sidenote">Malógrasele<br> a Suchet<br> su expedición.</div>
-
-<p>En tal estado, presentáronse los franceses delante de Valencia el 5
-de marzo, estableciendo Suchet en el Puig su cuartel general. Ocuparon
-fuera de los muros, y a la izquierda del Guadalaviar, el arrabal de
-Murviedro, el colegio de San Pío V, el palacio real, el convento de la
-Zaidía y otros, extendiéndose al Grao y su comarca en gran detrimento
-de los pueblos. Intimó el 7 el general Suchet a Don José Caro la
-rendición, quien en este caso respondió cual debía. Se mantuvo Suchet
-hasta el 10 en las cercanías esperando a que estallase en su favor
-dentro de la ciudad una conmoción, mas saliendo fallida su esperanza y
-temeroso de las guerrillas que se formaban en su derredor, levantó el
-campo en la noche del 10 al 11 y retrocedió por donde había venido.</p>
-
-<div class="sidenote">Pozoblanco.</div>
-
-<p>Grande algazara y justa alegría se manifestó en Valencia al
-saberse el alejamiento del enemigo. Mas no por eso cesó Caro en sus
-persecuciones. Varios de los presos, aunque inocentes, continuaron
-encarcelados, y fue ahorcado el barón de Pozoblanco. Dudamos aún si
-este infeliz era o no delincuente, y si en realidad había seguido
-correspondencia con el enemigo. Natural de la isla de la Trinidad,
-unían en otro tiempo a él y a Caro estrechos vínculos, que tuvieron
-principio cuando el último visitaba como marino las costas americanas.
-Convirtiose después en odio la antigua amistad, y se acusó a Caro de
-haber<span class="pagenum" id="Page_237">p. 237</span> usado en aquel
-lance de la potestad suprema no imparcial ni desapasionadamente.</p>
-
-<div class="sidenote">Ventajas<br> de los españoles<br> en Aragón.</div>
-
-<p>Suchet, al retirarse, se encontró con muchos paisanos armados que se
-habían levantado a su espalda, y también con la noticia de que el reino
-de Aragón, aprovechándose de su ausencia, comenzaba de nuevo a estar
-muy movido. En efecto, Don Pedro Villacampa, revolviendo el 7 de marzo
-sobre Teruel, había entrado la ciudad y obligado al coronel Plicque a
-encerrarse con su guarnición en el seminario, ya de antes fortificado.
-No contento aun así el español, había salido a esperar y cogido en la
-venta de Malamadera, a corta distancia de Teruel, un convoy enemigo
-procedente de Daroca. Apoderose de 4 piezas, de unos 200 hombres y de
-muchas municiones. Otro tanto hizo por opuesto lado con una compañía
-de polacos avanzada en Alventosa. El seminario, estrechado por los
-nuestros y próximo a caer en sus manos, se libertó el 12 de marzo con
-la llegada del ejército de Suchet, que forzó a Villacampa a alejarse.
-D. Felipe Perena también por el Cinca había hecho sus correrías,
-destruyendo en Fraga el puente y los atrincheramientos enemigos.</p>
-
-<p>El 17 volvió Suchet a Zaragoza, y quiso ante todo acabar con
-Mina el mozo, que por su lado se había igualmente adelantado a las
-Cinco Villas. Inquietó bastante este caudillo en aquellos días a
-los franceses, <span class="sidenote">Cae prisionero<br> Mina el
-mozo.</span> mas, perseguido en Aragón por el gobernador de Jaca y el
-general Harispe, y en Navarra por Dufour, cayó desgraciadamente el
-31 en poder de los puestos franceses, que al cogerle le maltrataron.
-Sin detención<span class="pagenum" id="Page_238">p. 238</span>
-lleváronsele a Francia, y le encerraron en el castillo de Vincennes,
-donde permaneció, como tantos otros españoles, hasta 1814. <span
-class="sidenote">Sucédele su tío<br> Espoz y Mina.</span> Sucediole su
-tío, el renombrado Don Francisco Espoz y Mina, quien con sus hechos y
-mejor fortuna oscureció las breves glorias de su sobrino.</p>
-
-<p>Arregladas las cosas de Aragón, trató Suchet de cumplir con lo que
-se le había mandado de París, sitiando a Lérida. No por eso estaba bajo
-su dependencia Cataluña, encomendada al mariscal Augereau, dejando solo
-a cargo del primero el asedio de las plazas que formaban, por decirlo
-así, cordón entre aquel principado y las provincias rayanas.</p>
-
-<div class="sidenote">Estado<br> de Cataluña.</div>
-
-<p>De luto había cubierto a Cataluña la caída de Gerona. Don Joaquín
-Blake, por su parte, no admitiéndole la central la dejación que
-repetidamente había hecho de su mando, se separó de autoridad propia
-en 10 de diciembre de su ejército, poniendo interinamente a su cabeza
-al marqués de Portago. Motivó semejante resolución haber aprobado la
-central, contra el dictamen de dicho general, lo determinado por el
-congreso catalán de levantar 40.000 hombres de somatén. Blake quería
-crear cuerpos de línea y no reuniones informes de indisciplinados
-paisanos. Pero los catalanes, apegados a su antigua manera de guerrear,
-hallaron arrimo en el gobierno supremo, desatendiéndose las reflexiones
-juiciosas y militares de Blake, quien, en medio de sus conocimientos,
-no gozaba de popularidad a causa de su mala estrella.</p>
-
-<p>Ausente este general, no quedó Portago largo tiempo en el mando,
-pues cayendo enfermo,<span class="pagenum" id="Page_239">p. 239</span>
-dejó en su lugar a Don Jaime García Conde, sustituido también en
-breve por el general más antiguo Don Juan Henestrosa. El congreso
-catalán, después de expedir varias providencias en favor de la defensa
-del principado, tomando para darlas más bien consejo de los falsos
-conceptos del provincialismo que de atento e imparcial juicio, se
-disolvió y quedó solo para el despacho de los negocios la junta
-superior.</p>
-
-<p>El somatén que se había levantado no produjo el efecto que esperaban
-los catalanes. Apareció tarde y al caer Gerona, y no queriendo tampoco
-los partidos desprenderse de sus respectivos contingentes para
-prestarse mutuo auxilio, faltó el necesario concierto. Permaneció en
-Vic el grueso del ejército español, teniendo apostado en el Grao de
-Olot un cuerpo volante. Clarós estaba hacia Besalú, y Rovira camino de
-Figueras, ambos con bastante fuerza a causa de los somatenes que se
-les agregaron. Para despejar el país y asegurar las comunicaciones con
-Francia marcharon contra ellos los generales Souham y Verdier. Hubo
-con este motivo varios reencuentros de los que se contaron algunos
-favorables para los somatenes. En los mismos días, el enemigo, que de
-todos lados acometía, hizo de Francia inútiles esfuerzos contra el valle
-de Arán.</p>
-
-<p>Dispuso en seguida Augereau que 10.000 hombres suyos, yendo sobre Vic,
-atacasen el ejército español. Trabáronse por aquella parte desde 1.º
-de enero frecuentes y reñidos combates, honrosos para los españoles,
-pues con fuerza inferior hicieron rostro a contrarios aguerridos.<span
-class="pagenum" id="Page_240">p. 240</span> Pero viendo los nuestros
-la superioridad de los franceses, celebraron el 12 consejo de guerra y
-determinaron replegarse hacia Manresa y Tarrasa, dejando en Tona una
-división, al mando del general Porta. <span class="sidenote">Varias
-acciones.</span> Siguieron aun entonces las refriegas. Los franceses
-entraron en Vic, y avanzando se encontraron con los nuestros el 14 y
-15, siendo de notar la acción habida en Moya, en la que los generales
-O’Donnell y Porta rechazaron a los enemigos, de los que perecieron más
-de 200. El primero peleó con ventaja, hasta como soldado y cuerpo a
-cuerpo.</p>
-
-<p>Urgíale en tanto al mariscal Augereau, aseguradas en algún modo sus
-comunicaciones con Francia, abrir las de Barcelona, plaza que empezaba
-a estar apurada por falta de bastimentos. Conveniente era para ello la
-toma de Hostalrich, pero no cediendo el gobernador a las intimaciones,
-<span class="sidenote">Bloqueo<br> de Hostalrich.</span> Augereau, así
-que ocupó la villa, dejó al coronel Mazzuchelli encargado de bloquear
-el castillo. Arrimó también allí las fuerzas de Souham para alejar a
-los somatenes, y él en persona dispúsose a marchar prontamente sobre
-Barcelona.</p>
-
-<p>La población de esta ciudad había disminuido, careciendo de trabajo
-los fabricantes y sus operarios, y avergonzada la mocedad de no acudir
-al llamamiento que por medio de su congreso y junta continuamente les
-hacía la provincia. El general Duhesme mandaba, como antes en Barcelona,
-y con frecuencia se veía obligado a ir en busca de víveres, teniendo
-que atacar a los somatenes y a una división que siempre permaneció
-en el Llobregat, cuyas fuerzas reunidas<span class="pagenum"
-id="Page_241">p. 241</span> estrechaban la plaza, acorralando a veces
-dentro de ella a las tropas francesas.</p>
-
-<div class="sidenote">Va Augereau<br> al socorro<br> de Barcelona.</div>
-
-<p>Augereau, aunque hostigado por las guerrillas, se adelantó con
-el convoy y 9000 hombres, y Duhesme, seguido de unos 2000, salió de
-Barcelona hasta Granollers a su encuentro. De hacia Tarrasa desembocó,
-para interceptar el socorro, el marqués de Campoverde, al paso que
-Orozco, comandante de la división del Llobregat, llamaba de aquel lado
-la atención.</p>
-
-<div class="sidenote">Descalabro<br> de Duhesme en<br> Santa
-Perpetua<br> y en Mollet.</div>
-
-<p>Campoverde atacó el 20 en Santa Perpetua a Duhesme, haciéndole 400
-prisioneros; juntósele después Porta, que acudió por Casteltersoll,
-y ambos en Mollet cayeron sobre el 2.º escuadrón de coraceros y le
-cogieron casi entero. Felizmente para la demás tropa del general
-Duhesme, llegó a tiempo Augereau, libertando a un batallón que se
-defendía en Granollers. En seguida pudieron los franceses sin obstáculo
-meter el convoy en Barcelona.</p>
-
-<div class="sidenote">Entra Augereau<br> en Barcelona.</div>
-
-<p>Aquel mariscal, cumpliendo de este modo con el principal objeto de su
-expedición, quitó a Duhesme el gobierno de aquella plaza, nombró en su
-lugar a Mathieu, y se replegó a Hostalrich, temiendo que de nuevo se le
-estorbara el paso.</p>
-
-<div class="sidenote">O’Donnell<br> nombrado<br> general<br> de
-Cataluña.</div>
-
-<p>Con tanta mayor razón se mostraba desconfiado, cuanto Don Enrique
-O’Donnell iba a capitanear las tropas de Cataluña. Así lo ansiaba el
-principado, y el 21 de enero se recibió la orden de la junta central,
-a la sazón todavía existente, confiriendo a aquel general el mando
-supremo.</p>
-
-<p>O’Donnell, mozo activo y valiente, codicioso<span class="pagenum"
-id="Page_242">p. 242</span> de gloria aunque algo atropellado, se había
-atraído las voluntades de los catalanes con su adhesión a la causa de
-la independencia y su gran intrepidez, mostrada ya en el primer cerco
-de Gerona. Ahora, autorizado, empezó a obrar con diligencia y a mejorar
-la disciplina. Distribuyó igualmente su ejército en nuevas brigadas
-y divisiones, reconcentrando el 6 de febrero en Manresa casi toda la
-fuerza disponible. Solo dejó en Martorell y línea del Llobregat la 3.ª
-división, a las órdenes del brigadier Martínez.</p>
-
-<div class="sidenote">Ejército<br> que junta.</div>
-
-<p>El nuevo general llegó pronto a tener consigo 8000 infantes y 1000
-caballos bien dispuestos. El 14 de febrero atacó con feliz éxito a
-los enemigos cerca de Moya, y el 19 se aproximó a Vic con ánimo de
-desalojarlos. Siguió lo principal de su fuerza el camino que de Tona
-se dirige a aquella ciudad, marchando una columna vía de San Cugat
-hasta la altura del Vendrell, <span class="sidenote">Acción de Vic<br>
-el 19 de febrero.</span> donde se paró. A las nueve de la mañana
-la vanguardia, o sea cuerpo volante mandado por Sarsfield, rompió
-el fuego. Una hora después cundió por toda la línea, sostenido con
-tenacidad de ambas partes. Mandaba a los franceses el general Souham.
-Carecían los nuestros de cañones, no habiendo podido traerlos por lo
-fragoso de la tierra; no más de dos tenían los contrarios. A las doce
-se reforzaron los últimos con 2500 hombres que se les juntaron de Vic.
-Entonces O’Donnell, que conservaba a sus inmediatas órdenes la división
-situada en las alturas del Vendrell, bajó con ella al llano. Avivose el
-fuego y continuó reciamente hasta las tres de la tarde, en cuya hora,
-flanqueado Porta, que regía<span class="pagenum" id="Page_243">p.
-243</span> el ala izquierda, a pesar de los esfuerzos de O’Donnell
-quedaron desbaratados los nuestros y se retiraron a Tona y Collsuspina.
-Perdimos, entre muertos y heridos, 900 hombres, otros tantos
-prisioneros; no fue corto el daño que experimentaron los franceses,
-siendo reñida la acción aunque malograda para los españoles.</p>
-
-<div class="sidenote">Pertinaz defensa<br> de Hostalrich.</div>
-
-<p>Aguardaba en el intermedio el mariscal Augereau a orillas del
-Tordera refuerzos de Francia, y apretaba la división de Pino el
-bloqueo de Hostalrich. Situado este castillo en una elevada cima,
-enseñorea el camino de Barcelona, obstruyendo, de consiguiente, en
-tiempo de guerra, las comunicaciones. Don Julián de Estrada, entonces
-gobernador, resuelto a defenderle hasta el último trance, decía: «Hijo
-Hostalrich de Gerona, debe imitar el ejemplo de su madre.» Cumplió
-Estrada su palabra, desoyendo cuantas proposiciones se le hicieron de
-acomodamiento. Desde el 13 de enero hasta el 20 del mes inmediato,
-limitáronse los franceses a bloquear el castillo, mas en aquel día
-comenzó horroroso bombardeo.</p>
-
-<div class="sidenote">Socorre de nuevo<br> Augereau<br> a
-Barcelona.</div>
-
-<p>Al propio tiempo fueron llegando a Augereau los refuerzos de
-Francia que hicieron ascender su ejército al comenzar marzo a 30.000
-combatientes, sin contar la guarnición de Barcelona. Escasa nuevamente
-esta plaza de medios, tuvo Augereau que volver a su socorro, y consiguió,
-no obstante pérdidas y tropiezos, meter dentro un convoy.</p>
-
-<div class="sidenote">Retírase<br> O’Donnell<br> a Tarragona.</div>
-
-<p>Semejante movimiento obligó a O’Donnell a replegarse, mayormente
-coincidiendo con la correría que por aquel tiempo hizo Suchet
-sobre<span class="pagenum" id="Page_244">p. 244</span> Valencia. El
-21 entró en Tarragona el general español, y acampó en las cercanías el
-grueso de su ejército. Juntósele la división aragonesa del Algas, o
-sea de Tortosa, compuesta de unos 7000 hombres. No se estuvo O’Donnell
-quieto allí sino que luego ejecutó otros movimientos.</p>
-
-<div class="sidenote">Feliz ataque<br> de D. Juan Caro.</div>
-
-<p>Tal fue el que verificó al concluirse marzo, noticioso de que en
-Villafranca de Panadés se alojaba un trozo bastante considerable de
-franceses. Envió, pues, contra ellos a Don Juan Caro, asistido de
-6000 hombres. Viendo los enemigos que los nuestros se aproximaban,
-se encerraron en el cuartel de aquella villa, fuerte edificio sito a
-la entrada, pero en breve, a pesar de su precaución y resistencia,
-tuvieron que capitular, cayendo prisioneros 700 hombres. Portose Caro
-con destreza y bizarría, y quedó herido.</p>
-
-<p>Sucediole en el mando Campoverde, quien marchó sobre Manresa para
-darse la mano con Rovira, siendo el intento de O’Donnell distraer al
-enemigo, y si era posible auxiliar a Hostalrich. El general Schwartz
-hacía por aquellas partes frente a los somatenes, cuya tenacidad
-desconcertaba al francés, y aun le causaba a veces descalabros. En
-principios de abril tomó la resistencia tal incremento que, asustado
-Augereau, salió el 11 de Barcelona y se dirigió a Hostalrich, para
-impedir los socorros que los españoles querían introducir en el
-castillo, como ya lo habían conseguido una vez, guiados por el coronel
-Don Manuel Fernández Villamil.</p>
-
-<div class="sidenote">Evacúan<br> los españoles<br> a Hostalrich.</div>
-
-<p>Sin embargo, todo ya era demás. La penuria del fuerte tocaba en su
-último punto, faltando hasta el agua de los aljibes, única que surtía
-a la<span class="pagenum" id="Page_245">p. 245</span> guarnición. El
-bizarro gobernador, los oficiales y soldados habían todos sobrellevado
-de un modo el más constante la escasez y miseria que igualó, si no
-sobrepasó, la de Gerona. Mas desesperanzado Estrada de recibir auxilio
-alguno, y prefiriendo correr los mayores riesgos a capitular, resolvió
-salvarse con su gente de la que aún le quedaban 1200 hombres. A las
-diez de la noche del 12 púsose en movimiento, y salió por el lado
-de poniente, descendiendo la colina de carrera. Cruzó en seguida el
-camino real, y atravesando la huerta llegó, repelidos los puestos
-franceses, a las montañas detrás de Masanas y a Arbucias. Mas en aquel
-paraje, descarriado el valiente Estrada, tuvo la desgracia de caer
-prisionero, con tres compañías. El resto, que ascendía a 800 hombres,
-sacole a buen puerto el teniente coronel de artillería Don Miguel López
-Baños, quien el 14 entró en Vic, ciudad libre entonces de franceses.
-Estrada no se rindió sino después de viva refriega, y Augereau, aunque
-incomodado con que se le escapase la mayor parte de la guarnición,
-hizo alarde en gran manera de haberse hecho dueño de su gobernador.
-<span class="sidenote">El mariscal<br> Macdonald<br> sucede<br> a
-Augereau<br> en Cataluña.</span> De poco le sirvió tan feliz acaso,
-pues no tardó en desgraciarse con Napoleón, quien nombró para sucederle
-al mariscal Macdonald. Dícese que contribuyeron a su remoción quejas de
-Suchet, desazonado porque no le ayudaba debidamente en sus empresas.</p>
-
-<div class="sidenote">Parte Suchet<br> a Lérida.</div>
-
-<p>De estas, una de las principales era la que por entonces, y después
-de su retirada de Valencia, intentaba contra Lérida, conformándose con
-la orden que se le dio de París. Así después de<span class="pagenum"
-id="Page_246">p. 246</span> dejar un tercio de su fuerza en Aragón, a
-las órdenes del general Laval, se enderezó con lo restante a Cataluña.
-Pero destruido por los españoles el puente de Fraga, y estando de aquel
-lado próximo el castillo de Mequinenza, prefirió Suchet al camino más
-directo, el de Alcubierre, y estableció en Monzón sus almacenes y
-hospitales.</p>
-
-<div class="sidenote">Entran sus tropas<br> en Balaguer.</div>
-
-<p>Se hallaba a la sazón en Balaguer Don Felipe Perena con alguna
-fuerza, y aunque es ciudad en que no quedan sino reliquias de sus
-antiguos muros, interesaba a los franceses su posesión a causa de un
-famoso puente de piedra que tiene sobre el Segre. Atento a ello, ordenó
-Suchet al general Habert que atacase a los españoles. Mas Perena,
-creyendo ser desacuerdo resistir a fuerzas tan superiores, cejó a
-Lérida, y los franceses entraron en Balaguer el 4 de abril.</p>
-
-<div class="sidenote">Sitio de Lérida.</div>
-
-<p>El 13 embistió Suchet aquella plaza. Asentada Lérida a la derecha
-del Segre, río que también allí se cruza por hermoso puente, ha sido
-desde tiempos remotos ciudad muy afamada. En sus alrededores acabó
-César con Afranio y Petreyo, del partido pompeyano, y antes, cuando
-estos ocupaban la ciudad, pasó aquel caudillo grandes angustias,
-acampado en la altura en donde ahora se divisa el fuerte de Garden.
-En la defensa de este, y sobre todo en la del castillo, colocado al
-extremo opuesto del lado del norte, en la cumbre de un cerro, consiste
-la principal fortaleza de Lérida, si bien ambos no se prestan entre sí
-grande ayuda. Muro sin foso ni camino cubierto, parte con baluartes,
-parte con torreones, rodea lo demás del recinto. Algunas obras nuevas
-se habían ejecutado, a saber: una a la entrada<span class="pagenum"
-id="Page_247">p. 247</span> del puente, y también dos reductos,
-llamados del Pilar y San Fernando, en la meseta de Garden, en el paraje
-opuesto a la plaza, fuera de cuyos muros está situado aquel fuerte. La
-población, que ya ascendía a más de 12.000 almas, se hallaba aumentada
-con los paisanos que del campo se habían refugiado dentro. Contaba
-la guarnición 8000 hombres, inclusa la tropa de Perena. Mandaba como
-gobernador Don Jaime García Conde.</p>
-
-<p>Todavía los franceses no habían empezado los trabajos del sitio, y
-ya Don Enrique O’Donnell pensó en hacer levantarle, o por lo menos en
-socorrer la plaza. Ignoraba su intento el general francés, por lo que
-el 21 de abril avanzó este hasta Tárrega, temiendo solo a Campoverde,
-que vimos se adelantara hacia Manresa; tanto sigilo guardaban los
-catalanes, de rara y laudable fidelidad.</p>
-
-<div class="sidenote">Desgraciada<br> tentativa<br> de O’Donnell<br>
-para socorrer<br> la plaza.</div>
-
-<p>O’Donnell se había el día antes puesto en marcha con 6000 infantes
-y 600 caballos, y el 22, sabiendo por el gobernador de Lérida que
-parte del ejército francés se había alejado de la plaza, miró como
-asegurada su empresa. Empezó, pues, O’Donnell en la mañana del 23 a
-aproximarse a la ciudad, siguiendo el llano de Margalef, repartida
-su fuerza en tres columnas, una más avanzada por el camino real, las
-otras dos por los costados. Desgraciadamente, sabedor al fin Suchet de
-la salida de O’Donnell de Tarragona, tornó de priesa hacia Lérida, y
-tomó oportunas disposiciones para que se malograse el plan del general
-español. Caminaba este confiado en su triunfo, cuando de repente se
-vio arremetido<span class="pagenum" id="Page_248">p. 248</span> por
-fuerzas considerables. El general Harispe trabó luego pelea con la 1.ª
-columna, y Musnier, saliendo de Alcoletge, acometió a la que iba por
-la derecha del camino. Los nuestros se desordenaron, principalmente
-la caballería, arrollada por un regimiento de coraceros. O’Donnell,
-aunque sobrecogido con tal contratiempo, pudo juntar parte de su
-gente, y antes de anochecer retirarse con ella en buen orden camino de
-Montblanch. La pérdida de las dos columnas atacadas fue sin embargo
-considerable, quedando prisioneros batallones enteros.</p>
-
-<p>Los franceses, queriendo aprovecharse del terror que aquel
-descalabro infundiría en los leridanos, embistieron en la misma noche
-los reductos del fuerte de Garden. Dichosos los enemigos al principio
-en el ataque del Pilar, salieron mal en el de San Fernando, teniendo
-que retirarse, y aun evacuar el primero que ya habían ocupado.</p>
-
-<p>Al día siguiente tanteó el general Suchet el ánimo del gobernador,
-proponiendo a este, para hacerle ver lo inútil de la defensa, que
-enviase personas de su confianza que por sí mismos examinasen la
-pérdida que en el día anterior habían los españoles padecido en
-Margalef. La réplica de García Conde fue enérgica y concisa. «Señor
-general, dijo, esta plaza nunca ha contado con el auxilio de ningún
-ejército.» Lástima que a las palabras no correspondiesen los hechos,
-como en Zaragoza y Gerona.</p>
-
-<p>Empezaron los franceses el 29 de abril los trabajos de trinchera,
-escogiendo por frente de ataque el espacio que media entre el baluarte
-de<span class="pagenum" id="Page_249">p. 249</span> la Magdalena y el
-del Carmen, que era por donde embistió la plaza el duque de Orleans en
-la guerra de sucesión.</p>
-
-<p>Los sitiados no repelieron con grande empeño los aproches del
-enemigo. Así, esta defensa no fue larga ni digna de memoria. Merece,
-no obstante, honrosa excepción la resistencia que hizo, en la noche
-del 12 al 13 de mayo, el reducto de San Fernando, ya bien sostenido,
-como arriba hemos dicho, en una primera acometida. En la última se
-defendió con tal tenacidad que de 300 hombres que le guarnecían apenas
-sobrevivieron 60.</p>
-
-<p>Los franceses asaltaron el 13 del mismo mes la ciudad, y la entraron
-sin tropezar con extraordinarios impedimentos. La guarnición se recogió
-al castillo, en donde también se metieron casi todos los habitantes,
-viendo que los acometedores no les daban cuartel. Crueldad ejecutada
-de intento, para que hacinados muchos individuos en corto recinto
-obligaran al gobernador a rendirse. Hubiera sin embargo García Conde
-podido despejar aquella fortaleza echando fuera la gente inútil; pero
-Suchet, para no desaprovechar la ocasión de acabar en breve el sitio,
-empezó desde luego a tirar bombas, las cuales cayendo sobre tantas
-personas apiñadas en reducido espacio, causaron en poco tiempo el
-mayor estrago. <span class="sidenote">Entran<br> los franceses<br> en
-Lérida<br> y ríndese<br> su castillo.</span> Blandeando el ánimo de
-García Conde con los lamentos de mujeres, niños y ancianos, y forzado
-hasta cierto punto por la junta corregimental, que creía que nada
-importaba la defensa del castillo si la ciudad perecía, capituló el 14,
-habiendo los franceses concedido<span class="pagenum" id="Page_250">p.
-250</span> a la guarnición los honores de la guerra. Ejemplo que siguió
-el fuerte de Garden. Pérdida sensible la de Lérida, conquista que abría
-a los invasores las comunicaciones entre Aragón y Cataluña.</p>
-
-<p>Tachose a García Conde de traidor, opinión que adquirió crédito con
-haber después abrazado el partido del gobierno intruso. Lo cierto es
-que era hombre de limitados alcances, y juzgamos que su conducta más
-bien dimanó de esto y de fatal desdicha que de premeditada maldad.</p>
-
-<div class="sidenote">También el fuerte<br> de las Medas.</div>
-
-<p>Por entonces, para que las desgracias vinieran juntas, ocuparon
-también los franceses el fuerte de la isla de las Medas, al embocadero
-del Ter, puesto importante malamente entregado por el gobernador
-español, Don Agustín Cailleaux.</p>
-
-<p>Así iban de caída las cosas de Cataluña, no habiendo acontecido en
-lo restante de mayo y en el inmediato junio sino acometidas parciales
-de somatenes y guerrilleros, que siempre hostigaban al enemigo. Don
-Enrique O’Donnell, molestado de sus heridas, dejó por unos pocos días
-su puesto a Don Juan María de Villena. Contaba el ejército a pesar de
-sus pérdidas 21.798 hombres, inclusas las guarniciones de las plazas,
-entre las que Tarragona se miraba como la base de las operaciones. En
-esta ciudad volvió O’Donnell a empuñar el 1.º de julio el bastón del
-mando, con objeto de instalar allí el 17 del mismo mes un congreso
-catalán, que de nuevo había convocado para reanimar el espíritu algo
-abatido de los naturales, y buscar medio de oponerse con fuerza al
-mariscal Macdonald, quien daba muestras de obrar activamente.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_251">p. 251</span></p>
-
-<div class="sidenote">Sucesos<br> de Aragón.</div>
-
-<p>Por su parte el general Suchet, terminada la expedición de Lérida,
-pensó en poner sitio a la plaza de Mequinenza. Mientras duró el de
-la primera hubo muchos y parciales combates, ya en las comarcas
-septentrionales de Cataluña que lindan con Aragón, y ya en Aragón
-mismo. Aquí hizo contra los franceses de Alcañiz una tentativa
-infructuosa Don Francisco de Palafox, destinado por la regencia a
-aquellas partes, siendo más afortunado Don Pedro Villacampa en una
-sorpresa que dio el 13 de mayo a los enemigos en Purroy, partido de
-Calatayud, en donde cogió al comandante Petit con un convoy y más de
-100 hombres.</p>
-
-<p>Las ventajas conseguidas por aquel caudillo irritaron a los
-franceses, quienes desde el 14 de mayo se pusieron a perseguirle,
-partiendo de Daroca el general Chlopicki. Fuese retirando Villacampa,
-y no paró hasta Cuenca. Siguieron de cerca su huella los enemigos,
-sin llegar a aquella ciudad, pero dejando rastra de su paso en Molina
-y demás pueblos del camino. Diversos choques de menor importancia
-acaecieron también en otros puntos de Aragón, porfiado pelear que
-cansaba sobremanera a los franceses.</p>
-
-<div class="sidenote">Sitio<br> de Mequinenza.</div>
-
-<p>Del 15 al 20 de mayo embistió el general Musnier la plaza de
-Mequinenza, importante por su situación y necesaria para enseñorear
-el Ebro. Villa esta de 1500 vecinos, estriba su principal defensa
-en el castillo, antigua casa fuerte de los marqueses de Aytona,
-colocado en lo alto de una elevada montaña, de áspera e inaccesible
-subida por todos lados, excepto por el de poniente, que se dilata en
-planicie, cuyo frente<span class="pagenum" id="Page_252">p. 252</span>
-amparan un camino cubierto, foso y terraplén abaluartado revestido de
-mampostería. Guarnecían la plaza 1200 hombres. Gobernábala, como antes,
-el coronel Don Manuel Carbón, y dirigía la artillería Don Pascual
-Antillón, ambos oficiales muy distinguidos.</p>
-
-<p>No tenía el castillo otros aproches sino los que ofrecía a la parte
-occidental la planicie mencionada, y no era cosa fácil traer hasta
-ella artillería. Pronto discurrió la diligencia francesa medio de
-conseguirlo, abriendo desde Torriente y por la cima de las montañas
-un camino que viniese a dar al punto indicado. Tuvieron los enemigos
-concluida su obra el 1.º de junio, y en el intermedio no descuidaron
-tomar en rededor y en ambas orillas del Ebro, y en las del Segre
-su tributario, los puestos importantes. <span class="sidenote">La
-toman<br> los franceses.</span> Entraron los sitiadores la villa en la
-noche del 4 al 5, la saquearon y prendieron fuego a muchas casas. Las
-tropas se refugiaron en el castillo. El gobernador resistió allí cuanto
-pudo los ataques de los franceses, mas, arruinadas ya las principales
-defensas y no habiendo abrigo alguno contra los fuegos enemigos, se
-entregó el 8, quedando la guarnición prisionera de guerra.</p>
-
-<div class="sidenote">Toman también<br> el castillo<br> de
-Morella.</div>
-
-<p>La víspera de la rendición había llegado a Mequinenza el general
-Suchet, quien deseando sacar de su triunfo la mayor ventaja, despachó
-dos horas después de la entrega al general Montmarie para que se
-apoderase del castillo de Morella, lo que ejecutó dicho general sin
-obstáculo el 13 de junio. Posesión que, aunque no tan importante como
-la de Mequinenza, éralo bastante por estar situado aquel fuerte en
-los confines<span class="pagenum" id="Page_253">p. 253</span> de
-Aragón y Valencia, y porque así iban los franceses preparándose a
-nuevas empresas, y afianzaban poco a poco y de un modo sólido su
-dominación.</p>
-
-<div class="sidenote">Cádiz.</div>
-
-<p>No obstante, hallábase esta lejos de arraigarse. Los pueblos
-continuaban casi por todas partes haciendo guerra a muerte a los
-invasores, y la Isla gaditana, punto céntrico de la resistencia,
-no solo mantenía la llama sagrada del patriotismo, sino que la
-fomentaba procurando además acrecer y mejorar en su recinto las
-fortificaciones.</p>
-
-<div class="sidenote">Toman<br> los franceses<br> a Matagorda.</div>
-
-<p>De nada influyó para no llevar adelante semejante propósito la
-pérdida de Matagorda, acaecida el 22 de abril. Situado aquel castillo
-no lejos de la costa del caño del Trocadero, sostuviéronle con
-tenacidad los ingleses, encargados de su defensa, y solo le abandonaron
-ya convertido en ruinas. Luego mostró la experiencia lo poco que sus
-fuegos perjudicaban a las comunicaciones por agua, y sus proyectiles a
-la plaza.</p>
-
-<div class="sidenote">Manda Blake<br> el ejército<br> de la Isla.</div>
-
-<p>El mismo día de la evacuación del mencionado fuerte fondeó en
-bahía, viniendo del reino de Murcia, Don Joaquín Blake, nombrado por
-la regencia para suceder al de Alburquerque en el mando de la Isla
-gaditana, cuyas fuerzas, sin contar las de los aliados ni la milicia
-armada, ascendían de 17 a 18.000 hombres, engrosado el ejército con los
-dispersos y reliquias que de la costa aportaban, y con nuevos alistados,
-que acudían hasta de Galicia. A la llegada de Blake considerose dicho
-ejército como parte integrante del denominado del centro, que se<span
-class="pagenum" id="Page_254">p. 254</span> alojaba en el reino de
-Murcia, repartiéndose entre ambos puntos las divisiones en que se
-distribuía.</p>
-
-<div class="sidenote">Trasládase<br> a Cádiz<br> la regencia.</div>
-
-<p>El consejo de regencia trasladose el 29 de mayo de la Isla de León a
-Cádiz, y escogió para su morada el vasto edificio de la aduana. Se le
-reunió por aquellos días el obispo de Orense, que no había hasta el 26
-arribado al puerto, retardado su viaje por la distancia, ocupaciones
-diocesanas y malos tiempos.</p>
-
-<div class="sidenote">Varan en la costa<br> dos pontones<br> de
-prisioneros.</div>
-
-<p>En este mes nada muy importante en lo militar avino en Cádiz, sino
-el haber varado en la costa de enfrente los pontones <i>Castilla</i> y
-<i>Argonauta</i>, llenos de prisioneros franceses. Aprovecháronse los
-que estaban a bordo del primero de un furioso huracán que sopló en la
-noche del 15 al 16 para desamarrar el buque y dar a la costa; eran unos
-700, los más oficiales. Imitáronlos el 26 los del <i>Argonauta</i>, 600
-en número, sin que pudiesen estorbar su desembarco nuestras baterías y
-cañoneras.</p>
-
-<div class="sidenote">Trato de estos.</div>
-
-<p>Con este motivo han clamoreado muchos extranjeros, y lo que es más
-raro, ingleses, contra el mal trato dado a los prisioneros, y sobre
-todo contra la dureza de mantenerlos tanto tiempo en la estrechura de
-unos pontones. Nos lastimamos del caso y reprobamos el hecho, pero
-ocupadas o invadidas a cada paso las más de nuestras provincias,
-imposible era para custodia de aquellos buscar dentro de la península
-paraje seguro y acomodado. La Gran Bretaña, libre y poderosa,
-permitió también que en pontones gimiesen largos años sus muchos
-prisioneros. Quisiéramos que nuestro gobierno no hubiese seguido<span
-class="pagenum" id="Page_255">p. 255</span> tan deplorable ejemplo,
-dando así justa ocasión de censura a ciertos historiadores de aquella
-nación, tan prontos a tachar excesos de otros como lentos en advertir
-los que se cometen en su mismo suelo.</p>
-
-<div class="sidenote">Pasan<br> a las Baleares,<br> su trato allí.</div>
-
-<p>El gobierno español, sin embargo, había resuelto suavizar la suerte
-de muchos de aquellos desgraciados, enviando a unos a las islas
-Canarias y a otros a las Baleares. Dichosos los primeros, no cupo a
-los últimos igual ventura. Alborotados contra ellos los habitantes
-de Mallorca y Menorca, a causa de la relación que de las demasías del
-ejército francés les venían de la península, necesario fue conducirlos
-a la isla de Cabrera, siendo al embarco maltratados muchos, y aun
-algunos muertos. Aquella isla al sur de Mallorca, si bien de sano
-temple y no escasa de manantiales, estaba solo poblada de árboles
-bravíos sin otro albergue más que el de un castillo. Suministráronse
-tiendas a los prisioneros, pero no las bastantes para su abrigo,
-como tampoco instrumentos con que pudiesen suplir la falta de casas,
-fabricando chozas. Unos 7000 de ellos la ocuparon, y llegó a colmo
-su miseria, careciendo a veces hasta del preciso sustento, ora por
-temporales que impedían o retardaban los envíos, ora también por
-flojedad y descuido de las autoridades. Feo borrón que no se limpia con
-haber en ello puesto al fin las cortes conveniente remedio, ni menos
-con el bárbaro e inhumano trato que al mismo tiempo daba el gobierno
-francés a muchos jefes e ilustres españoles, sumidos en duras prisiones
-y castillos, pues nunca la crueldad ajena disculpó la propia.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_256">p. 256</span></p>
-
-<div class="sidenote">Resistencia en<br> las Andalucías.</div>
-
-<p>Entre tanto el gobierno español no solo atendió en su derredor a
-la defensa de la Isla gaditana, sino que también pensó en divertir
-la atención del enemigo, molestándole en las mismas Andalucías y
-provincias aledañas. Dos de los puntos que para ello se presentaban
-más cercanos e importantes, eran, al ocaso, el condado de Niebla, y
-al levante, la Serranía de Ronda. El primero, además de ser tierra
-costanera y en partes montuosa, respaldábase en Portugal, para cuya
-invasión tenían los enemigos que prepararse de intento; y por lo que
-respecta a Ronda, favorecía sus operaciones y alzamiento la vecina
-e inexpugnable plaza de Gibraltar, depósito de grandes recursos,
-principalmente de pertrechos de guerra.</p>
-
-<div class="sidenote">Condado<br> de Niebla.</div>
-
-<p>La regencia, para dar mayor estímulo a la defensa, encargó el mando
-de aquellos distritos a jefes de su confianza. Para el condado escogió
-a Don Francisco de Copons y Navia, que permanecía en Cádiz después
-que en febrero arribó allí con su división. Partió pues el general
-nombrado, y el 14 de abril tomó el mando de aquel país, muy trabajado
-con las vejaciones del enemigo, y solo defendido por unos 700 hombres,
-remanente de cuerpos dispersos o situados en otras partes. Procuró
-Copons unir y aumentar esta masa bastante informe, recoger los caudales
-públicos, mantener libre la comunicación de la costa con Cádiz, y
-hostigar con frecuencia a los franceses. Consiguió su objeto, si bien
-con suerte varia, teniendo a veces que replegarse a Portugal.</p>
-
-<div class="sidenote">Serranía<br> de Ronda.</div>
-
-<p>Del lado de Ronda la resistencia fue mayor,<span class="pagenum"
-id="Page_257">p. 257</span> mas empeñada y duradera. Partido occidental
-esta serranía de la provincia de Málaga, y cordillera de montes elevados
-que arrancan desde cerca de Tarifa, extendiéndose al este, se compone
-de muchos pueblos ricos en producciones y dados al contrabando, a
-que los convida la vecindad de Gibraltar. Sus moradores, avezados
-a prohibido tráfico, conocen a palmos el terreno, sus angosturas y
-desfiladeros, sus cuevas, las más escondidas, y teniendo a cada paso que
-lidiar con los aduaneros y las tropas enviadas en persecución suya,
-están familiarizados con riesgos que son imagen de los de la guerra.
-Empléanse las mujeres en los trabajos del campo, y en otros no menos
-penosos inherentes a la profesión de los hombres, y así son de robustos
-miembros y de condición asemejada a la varonil. Llena, pues, de bríos
-población tan belicosa, y previendo los obstáculos que recrecerían a su
-comercio si los franceses afianzaban su imperio, rehusó someterse al
-yugo extranjero.</p>
-
-<p>Ya dieron aquellos habitantes señales de desasosiego al tiempo de
-la ocupación de Sevilla. José pensó que los tranquilizaría con su
-presencia y discursos, para lo cual pasó a Ronda antes de concluir
-febrero. Satisfecho quizá de su excursión, o temiendo más bien otras
-resultas, no se detuvo allí muchos días, dejando solamente alguna
-fuerza y un gobernador con extensas facultades. Pero la autoridad del
-francés redújose pronto a estrechos límites, ciñéndola a la ciudad la
-insurrección de los serranos. Acaudillaron a estos varias cabezas,
-siendo uno de los que más promovieron el alzamiento Don Andrés
-Ortiz<span class="pagenum" id="Page_258">p. 258</span> de Zárate, que
-los naturales denominaron el Pastor.</p>
-
-<p>El consejo de regencia, por su lado, envió de comandante al campo
-de San Roque, cuyas líneas enfrente de Gibraltar se habían destruido,
-de acuerdo con el gobernador inglés Campbell, a Don Adrián Jácome,
-con encargo de recoger dispersos y de soplar el fuego en la serranía.
-Hombre Jácome pacato e irresoluto, de poco sirvió a la buena causa.
-Afortunadamente los serranos, siguiendo los ímpetus de su propio
-instinto, solían a veces obrar con más acierto que algunos jefes que
-presumían de entendidos.</p>
-
-<p>Al ánimo de aquellos debiose en breve que el levantamiento tomase
-tal vuelo que ya el 12 de marzo se presentaron numerosas bandas delante
-de Ronda, capitaneadas por Don Francisco González. Los franceses, viendo
-el tropel de gente que venía sobre ellos, evacuaron de noche la ciudad
-y se retiraron a Campillos. Penetraron luego los paisanos por las
-calles de Ronda, y comenzó gran desorden, y aun hubo pillaje y otros
-destrozos. Contuviéronlos algún tanto patriotas de influjo que llegaron
-oportunamente.</p>
-
-<p>A poco se reforzaron también los enemigos con tropa que llevó de
-Málaga el general Peyremont, y el 21 recobraron a Ronda. No permaneció
-allí largo tiempo dicho general, pues entrada en su ausencia por los
-paisanos la ciudad de Málaga, tuvo que volar a su socorro. La guerra
-continuó por toda la sierra sin que los franceses pudiesen solos
-dar un paso, y no transcurriendo día en que sus puestos no fuesen
-inquietados.<span class="pagenum" id="Page_259">p. 259</span> Formose
-en Jimena una junta, y nombró el gobierno comandante del distrito a
-Don José Serrano Valdenebro, bajo la inspección de Don Adrián Jácome.
-Creciendo los jefes, crecieron los celos y las competencias, y se
-suscitaron trastornos y mudanzas.</p>
-
-<div class="sidenote">D. José Romero:<br> acción notable.</div>
-
-<p>Por tristes que fuesen tales ocurrencias, inevitables en guerra de
-esta clase, no por eso se cedía en la lucha, llevando a cumplido remate
-proezas que recuerdan las del tiempo de la caballería. Fue una de las
-más memorables la que avino en Montellano, pueblo de 4000 habitantes
-inmediato a la sierra. Era alcalde Don José Romero, y ya el 14 de
-abril, al frente del vecindario, había repelido de sus calles a 300
-franceses. Tornaron estos el 22, reforzados con otros 1000, para vengar
-la primera afrenta. Encontraron a su paso obstáculos en Grazalema;
-pero llegando al fin a Montellano tuvieron allí que vencer la braveza
-de los moradores, lidiando con ellos de casa en casa. Impacientados
-los franceses de tamaña obstinación recurrieron al espantoso medio
-de incendiar el pueblo. Redujéronle casi todo él a pavesas, excepto
-el campanario, en que se defendían unos cuantos paisanos, y la casa de
-Romero. Este varón tan esforzado como Villandrando, haciendo de sus
-hogares formidable palenque y ayudado de su mujer y sus hijos, continuó
-por mucho tiempo con terrible puntería causando fiero estrago en los
-enemigos, y tal que, no atreviéndose ya estos a acercarse, resolvieron
-derribar a cañonazos paredes para ellos tan fatales. Grande entonces
-el aprieto de Romero, inevitable fuera su ruina si no le salvara<span
-class="pagenum" id="Page_260">p. 260</span> de ella la repentina
-retirada de los franceses, que se alejaron temerosos de gente que
-acudía de Puerto Serrano y otras partes. Libre Romero, a duras penas
-pudo arrancársele de los escombros de Montellano, respondiendo a
-las instancias que se le hacían: «Alcalde de esta villa, este es mi
-puesto.»</p>
-
-<div class="sidenote">Tarifa.</div>
-
-<p>Imitaban al mismo tiempo en Tarifa la conducta de los serranos. No
-habían los enemigos ocupado antes esta plaza, situada en el extremo
-meridional de España, contentándose con sacar de ella raciones en
-una ocasión en que se aproximaron a sus muros. Pudieran entonces
-haberla fácilmente tomado, pero no juzgaron prudente exponerse a ello
-sin mayores fuerzas. Los españoles después aumentaron los medios de
-defensa, y aun vinieron en su ayuda algunos ingleses mandados por el
-mayor Brown. Ignorábanlo los franceses, y el 21 de abril intentaron
-entrar la plaza de rebate. Salioles mal la empresa, rechazados con
-pérdida por el paisanaje y sus aliados.</p>
-
-<p>Vemos así cuánto distraían a los franceses las conmociones e
-incesante guerrear de los puntos más inmediatos a Cádiz. Tampoco se los
-dejaba tranquilos en otros más distantes de las mismas Andalucías, ya
-por la parte de Murcia, en que permanecía el ejército del centro, ya por
-la de Extremadura, en que estaba el de la izquierda.</p>
-
-<div class="sidenote">Ejército<br> del centro<br> en Murcia.</div>
-
-<p>Puesto aquel a últimos de enero, según queda referido, bajo las
-órdenes del general Blake, fue creciendo y disciplinándose en cuanto
-las circunstancias lo permitían, y fomentó con su presencia<span
-class="pagenum" id="Page_261">p. 261</span> partidas que se levantaron
-en las montañas del lado de Cazorla y Úbeda, y en las Alpujarras.</p>
-
-<p>A principios de marzo, Don Joaquín Blake, con motivo de la entrada
-de Suchet en el reino de Valencia, moviose hacia aquella parte; mas,
-enterado luego de la retirada de los franceses, retrocedió a sus
-cuarteles, volviendo a unirse al general Freire, a quien con alguna
-tropa había dejado en la frontera de Granada. Entonces fue cuando Blake
-recibió la orden de pasar a la Isla, quedando en ausencia suya Don
-Manuel Freire al frente del ejército, cuya fuerza constaba de 12.000
-infantes y cerca de 2000 caballos, con 14 piezas de artillería.</p>
-
-<div class="sidenote">Correría<br> de Sebastiani<br> en aquel
-reino.</div>
-
-<p>Hizo a poco una correría la vuelta de aquel punto el general
-Sebastiani, acompañado de 8000 hombres. Enderezose por Baza a Lorca,
-y Freire se replegó sobre Alicante, metiendo en Cartagena la 3.ª
-división de su ejército al mando de Don Pedro Otedo. Los franceses
-se adelantaron sin oposición, y el 23 de abril se posesionaron de
-la ciudad de Murcia, siendo aquella la vez primera que pisaban su
-suelo. Los vecinos de más cuenta y las autoridades se habían ausentado
-la víspera. Sebastiani anunció a su entrada que se respetarían las
-personas y las propiedades; pero no se conformó su porte con tan
-solemnes promesas.</p>
-
-<div class="sidenote">Su conducta.</div>
-
-<p>En la mañana del 24 fue a la catedral, y después de mandar que se
-llevase preso a un canónigo revestido con su traje de coro, hizo que se
-interrumpiesen los divinos oficios, obligando al cabildo eclesiástico
-a que inmediatamente<span class="pagenum" id="Page_262">p. 262</span>
-se le presentase en el palacio episcopal. Provenía su enojo de que no
-se le hubiese cumplimentado al presentarse en la iglesia. Maltrató
-de palabra a los canónigos, y ordenó que en el término de dos horas
-le entregasen todos sus fondos. Pidiéndole el cabildo que por lo
-menos alargase el plazo a cuatro horas, respondió altaneramente: «Un
-conquistador no deshace lo que una vez manda.»</p>
-
-<p>Con no menos despego y altivez trató Sebastiani a los individuos de
-un ayuntamiento que se había formado interinamente. Reprendioles por
-no haberle recibido con salvas de artillería y repique de campanas,
-imponiendo al vecindario en castigo 100.000 duros, suma que a muchos
-ruegos rebajó a la mitad. Tomaron además el general francés y los
-suyos, no contando las raciones y otros suministros, todo el dinero de
-los establecimientos públicos, y la plata y alhajas de los conventos,
-sin que se libertasen del saqueo varias casas principales.</p>
-
-<div class="sidenote">Evacúalo.</div>
-
-<p>Esta correría ejecutada, al parecer, más bien con intento de
-esquilmar el reino de Murcia, aún intacto de la rapacidad enemiga, que
-de afianzar el imperio del intruso, fue muy pasajera. El 26 del mismo
-abril ya todos los franceses habían evacuado la ciudad, y bien les
-vino, empezando a reinar grande efervescencia en la huerta y contornos.
-Idos los invasores, se ensañaron los paisanos en las personas y
-haciendas de los que graduaron de afectos a los enemigos, y mataron
-al corregidor interino Don Joaquín Elgueta, el cual había también
-corrido gran peligro de parte de los franceses queriendo amparar<span
-class="pagenum" id="Page_263">p. 263</span> a los vecinos. ¡Triste y
-no merecida suerte! Mejor hubieran los murcianos empleado sus puños en
-defenderse contra el común enemigo que haberse manchado con la sangre
-inocente de sus conciudadanos.</p>
-
-<div class="sidenote">Partidas de<br> Cazorla y de<br> las
-Alpujarras.</div>
-
-<p>Envió después Freire la caballería y algunos infantes a la
-frontera de Granada, quedándose él en Elche. Con tal apoyo, volvieron
-a fomentarse las partidas por el lado de Cazorla, y por el opuesto
-de las Alpujarras, y hubo muchos reencuentros entre ellas y cuerpos
-destacados del enemigo, compuestos de 200 a 400 hombres. La conducta
-de algunas tropas francesas contribuía también no poco a la irritación
-de los habitantes, habiéndose mostrado feroces en Vélez Rubio y otros
-pueblos, por lo que los vecinos defendían sus hogares de consuno,
-tocando a rebato y a manera de leones bravos. En las Alpujarras, ásperas
-pero deliciosas sierras, y en cuyas vertientes a la mar se dan las
-producciones del trópico, señaláronse varios partidarios como Mena,
-Villalobos, García y otros, aspirando los moradores, como ya en su
-tiempo decía Mármol, a que se les tuviese por invencibles.</p>
-
-<div class="sidenote">Extremadura:<br> ejército<br> de la
-izquierda.</div>
-
-<p>Andaba también a veces la guerra bastante viva en la parte de las
-Andalucías que linda con Extremadura. La junta de Badajoz, luego que
-Mortier se retiró el 12 de febrero de enfrente de la plaza, puso gran
-conato en derramar guerrillas hacia el reino de Sevilla y riberas del
-Tajo. Caminó luego hacia las del Guadiana desde San Martín de Trevejo
-el ejército de la izquierda, excepto la división de La Carrera, que
-quedó apostada para impedir las comunicaciones entre Extremadura<span
-class="pagenum" id="Page_264">p. 264</span> y el país allende la
-Sierra de Baños. Este ejército, unido a la fuerza que había en
-Badajoz, constaba de unos 26.000 infantes y de más de 2000 hombres de
-caballería, la mitad desmontados. <span class="sidenote">Romana.</span>
-El marqués de la Romana le distribuyó colocando en su izquierda
-cerca de Castelo de Vide y en Alburquerque, dos divisiones al mando
-de Don Gabriel de Mendizábal y de Don Carlos O’Donnell [hermano de
-Don Enrique] una, y su cuartel general en Badajoz mismo, y otras dos
-a su derecha en Olivenza y camino de Monesterio, a las órdenes de los
-generales Ballesteros <span class="sidenote">Ballesteros.</span> y
-Senén de Contreras. Servía de arrimo al ejército de Romana, además de
-Badajoz, la plaza de Elvas y otras no tan importantes que guarnecen
-ambas fronteras española y portuguesa, en donde también había una
-división aliada que regía el general Hill. Se trabaron así de ambas
-partes continuos choques, ya que no batallas, y en algunos sostuvieron
-los españoles con ventaja la gloria de nuestras armas. Ballesteros, por
-la derecha, fue quien más lidió, siendo notables los combates de 25 y
-26 de marzo en Santa Olalla y el Ronquillo, los del 15 de abril y 26
-de mayo en Zalamea y Aracena, junto con los de Burguillos y Monesterio
-que se dieron al finalizar junio, todos contra las tropas del mariscal
-Mortier. Era el principal campo de Ballesteros y su acogida el país
-montuoso que se eleva entre Extremadura, Portugal y reino de Sevilla,
-desde donde igualmente se daba la mano con los españoles del condado de
-Niebla. Sus servicios fueron dignos de loa, si bien a veces ponderaba
-sobradamente sus hechos.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_265">p. 265</span></p>
-
-<div class="sidenote">Don Carlos<br> O’Donnell.</div>
-
-<p>Don Carlos O’Donnell no dejaba tampoco de hostigar al enemigo por el
-lado izquierdo. Tenía allí que habérselas con el 2.º cuerpo, a cargo del
-general Reynier, quien, en principios de marzo, viniendo del Tajo, sentó
-sus reales en Mérida. <span class="sidenote">Varias refriegas.</span>
-Se escaramuzó con frecuencia entre unos y otros, y Reynier también
-hacía correrías contra las demás divisiones españolas, formalizándose
-en ocasiones las refriegas. Tal fue la que se trabó en 5 de julio entre
-él y los jefes Imaz y Morillo, en Jerez de los Caballeros: los españoles
-se defendieron desde por la mañana hasta la caída de la tarde, y se
-retiraron con orden cediendo solo al número. Permaneció Reynier en
-aquellas partes hasta el 12 de julio, en cuyo tiempo repasó el Tajo
-aproximándose a los cuerpos de su nación que iban a emprender, camino
-de Ciudad Rodrigo, la conquista de Portugal. Observole en su marcha,
-moviéndose paralelamente, la división del general Hill.</p>
-
-<p>Siguió haciendo siempre la guerra en el mediodía de Extremadura
-el cuerpo del mariscal Mortier; mas este jefe, disgustado con Soult,
-anhelaba por alejarse, y aun pidió licencia para volver a Francia.</p>
-
-<div class="sidenote">Decreto de Soult<br> de 9 de mayo.</div>
-
-<p>Molestaba la pertinaz resistencia de los españoles al mariscal
-Soult en tanto grado que con nombre de reglamento dio el 9 de mayo
-un decreto ajeno de naciones cultas. En su contexto notábase, entre
-otras bárbaras disposiciones, una que se aventajaba a todas concebida
-en estos términos: «No hay ningún ejército español, fuera del de
-S. M. C. Don José Napoleón; así, todas las partidas que existan en
-las provincias,<span class="pagenum" id="Page_266">p. 266</span>
-cualquiera que sea su número, y sea quien fuere su comandante, serán
-tratadas como reuniones de bandidos... Todos los individuos de estas
-compañías que se cogieren con las armas en la mano, serán al punto
-juzgados por el preboste y fusilados; sus cadáveres quedarán expuestos
-en los caminos públicos.»</p>
-
-<p>Así quería tratar el mariscal Soult a generales y oficiales, así a
-soldados, cuyos pechos quizá estaban cubiertos de honrosas cicatrices,
-así a los que vencieron en Bailén y Tamames, confundiéndolos con
-forajidos. La regencia del reino tardó algún tiempo en darse por
-entendida de tan feroz decreto con la esperanza de que nunca se
-llevaría a efecto. <span class="sidenote">Otro en respuesta<br> de la
-regencia<br> de España.</span> Pero, víctimas de él algunos españoles,
-publicó al fin en contraposición otro en 15 de agosto, expresando que
-por cada español que así pereciese, se ahorcarían tres franceses; y que
-«mientras el duque de Dalmacia no reformase su sanguinario decreto...
-sería considerado personalmente como indigno de la protección del
-derecho de gentes, y tratado como un bandido si cayese en poder de las
-tropas españolas.» Dolorosa y terrible represalia, pero que contuvo al
-mariscal Soult en su desacordado enojo.</p>
-
-<div class="sidenote">Decreto<br> de Napoleón<br> sobre gobiernos<br>
-militares.</div>
-
-<p>Entibiaban tales providencias las voluntades aun de los más afectos
-al gobierno intruso, coadyuvando también a ello en gran manera los
-yerros que Napoleón prosiguió cometiendo en su aciaga empresa contra la
-península. De los mayores, por aquel tiempo, fue un decreto que dio en
-8 de febrero,[*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_11-5"
-id="Ll_11-5">11-5</a>.)</span> según el cual se establecían en varias
-provincias de España gobiernos militares.<span class="pagenum"
-id="Page_267">p. 267</span> Encubríase el verdadero intento so capa
-de que, careciendo de energía la administración de José, era preciso
-emplear un medio directo para sacar los recursos del país, y evitar
-así la ruina del erario de Francia, exhausto con las enormes sumas
-que costaba el ejército de España. Todos, empero, columbraron en
-semejante resolución el pensamiento de incorporar al imperio francés
-las provincias de la orilla izquierda del Ebro, y aun otras si las
-circunstancias lo permitiesen.</p>
-
-<p>El tenor mismo del decreto lo daba casi a entender. Cataluña,
-Aragón, Navarra y Vizcaya se ponían bajo el gobierno de los generales
-franceses, los cuales, entendiéndose solo para las operaciones militares
-con el estado mayor del ejército de España, debían «en cuanto a la
-administración interior y policía, rentas, justicia, nombramiento de
-empleados y todo género de reglamentos, entenderse con el emperador
-por medio del príncipe de Neufchatel, mayor general.» Igualmente los
-productos y rentas ordinarias y extraordinarias de todas las provincias
-de Castilla la Vieja, reino de León y Asturias, se destinaban a la
-manutención y sueldos de las tropas francesas, previniéndose que con
-sus entradas hubiera bastante para cubrir dichas atenciones.</p>
-
-<div class="sidenote">Une a su imperio<br> los Estados<br>
-Pontificios<br> y la Holanda.</div>
-
-<p>Ya que tales providencias no hubiesen por sí mostrado a las claras
-el objeto de Napoleón, los procedimientos de este a la propia sazón
-respecto de otras naciones de Europa, probaban con evidencia que su
-ambición no conocía límites. Los estados del papa, en virtud de un
-senado-consulto,<span class="pagenum" id="Page_268">p. 268</span> se
-unieron a la Francia, declarando a Roma segunda ciudad del imperio,
-y dando el título de rey suyo al que fuese heredero imperial. Debían
-además los emperadores franceses coronarse en adelante en la iglesia de
-San Pedro, después de haberlo sido en la de <i>Notre Dame</i> de París.
-El senado-consulto, ostentoso en sus términos, anunciaba el renacimiento
-del imperio de occidente, y decía: «mil años después de Carlomagno
-se acuñará una medalla con la inscripción <i>Renovatio imperii</i>.»
-Agregose también a la Francia en este año la Holanda, aunque regida por
-un hermano de Napoleón, y ocupó su territorio un ejército francés,
-imaginando el emperador, en su desvarío, pues no merece otro nombre,
-que países tan diversos en idioma y costumbres, tan distantes unos
-de otros, y cuya voluntad no era consultada para tan monstruosa
-asociación, pudieran largo tiempo permanecer unidos a un imperio
-cimentado solo en la vida de un hombre.</p>
-
-<p>En España, muy en breve se empezaron a sentir las consecuencias
-del establecimiento de los gobiernos militares. Procuró ocultar
-aquella medida, en tanto que pudo, el gabinete de José, conociendo
-su mal influjo. Los generales franceses, aun en las provincias
-no comprendidas en el decreto, «dispusieron luego a su arbitrio
-[*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_11-6"
-id="Ll_11-6">11-6</a>.)</span> [como afirman Azanza y Ofarrill], o sin
-otra dependencia directa que la del emperador, de todos los recursos
-del país. Por consecuencia de esto, las facultades del rey José [añaden
-los mismos] fueron disminuyendo hasta quedarse en una mera sombra de
-autoridad.»</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_269">p. 269</span></p>
-
-<div class="sidenote">Inútil embajada<br> a París<br> de Azanza.</div>
-
-<p>Sumamente incomodó a José la inoportuna y arbitraria resolución de
-su hermano, concebida en menoscabo de su poder y aun en desprecio de
-su persona. Trastornáronse también los ánimos de los españoles, sus
-adherentes, quienes además de ver en tal desacuerdo la prolongación de
-la guerra, dolíanse de que España pudiese como nación desaparecer de
-la lista de las de Europa. Porque entre los de este bando, no obstante
-sus compromisos, conservaban muchos el noble deseo de que su patria se
-mantuviese intacta y floreciente.</p>
-
-<p>Menester pues era que por parte de ellos se pusiese gran conato
-en que el emperador revocase su decreto. Creyeron así oportuno
-enviar a París una persona escogida y de toda confianza, y nadie
-les pareció más al caso que Don Miguel José de Azanza, conocido
-de Napoleón ya en Bayona, y ministro de genio suave y de índole
-conciliadora.[*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_11-7"
-id="Ll_11-7">11-7</a>.)</span> Hemos leído la correspondencia que con
-este motivo siguió Azanza; y nada mejor que ella prueba el desdén y
-desprecio con que trataba al de Madrid el gabinete de Francia.</p>
-
-<p>En principios de mayo llegó a París como embajador extraordinario
-el mencionado Don Miguel. Tardó en presentar sus credenciales, y
-a mediados de junio de vuelta ya Napoleón desde 1.º del mes de un
-viaje a la Bélgica, no había aún tenido el ministro español ocasión
-de ver al emperador más que una vez cuando le presentaron. Pasados
-algunos días mirábase Azanza como muy dichoso solo porque <i>ya le
-hablaban</i> [*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_11-8"
-id="Ll_11-8">11-8</a>.)</span> [son sus palabras]. Satisfacción
-poco duradera<span class="pagenum" id="Page_270">p. 270</span> y
-de ninguna resulta. Prolongó su estancia en París hasta octubre,
-y nada logró, como tampoco el marqués de Almenara que de Madrid
-corrió en su auxilio por el mes de agosto. Hubo momentos en que
-ambos vivieron muy esperanzados; hubo otros en que por lo menos
-creyeron que se daría a España en trueque de las provincias del
-Ebro el reino de Portugal: ilusiones que al fin se desvanecieron
-diciendo Azanza al rey José en uno de sus últimos oficios [24 de
-septiembre]:[*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_11-9"
-id="Ll_11-9">11-9</a>.)</span> «El duque de Cadore [Champagny], en una
-conferencia que tuvimos el miércoles, nos dijo expresamente que el
-emperador exigía la cesión de las provincias de más acá del Ebro por
-indemnización de lo que la Francia ha gastado y gastará en gente y
-dinero para la conquista de España. No se trata de darnos a Portugal en
-compensación. El emperador no se contenta con retener las provincias de
-más acá del Ebro, quiere que le sean cedidas.»</p>
-
-<p>Fuéronse, por lo mismo, estas organizando a la manera de Francia
-en cuanto permitían las vicisitudes de la guerra, y cierto que la
-providencia de su incorporación al imperio se hubiera mantenido
-inalterable si las armas no hubieran trastrocado los designios de
-Napoleón. Suerte aquella fácil de prever después de los acontecimientos
-de Bayona en 1808, según los cuales, y atendiendo a la ambición y
-poderío del emperador de los franceses, necesariamente el gobierno
-de José, privado de voluntad propia, tenía que sujetarse a fatal
-servidumbre de nación extraña.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_271">p. 271</span></p>
-
-<div class="sidenote">Tentativa<br> para libertar<br>
-al rey Fernando.<br> (* Ap. n. <a href="#Ap_11-10"
-id="Ll_11-10">11-10</a>.)</div>
-
-<p>En una de las primeras cartas de la citada correspondencia [*] de
-Don Miguel de Azanza, háblase de un suceso que por entonces hizo gran
-ruido en Francia, y cuyo relato también es de nuestra incumbencia.
-Fue pues una tentativa hecha en vano para que pudiese el rey Fernando
-escaparse de Valençay. Habíanse propuesto varios de estos planes al
-gobierno español, los cuales no adoptó este por inasequibles, o por lo
-menos no tuvieron resulta. En la actual ocasión, tomó origen semejante
-proyecto en el gabinete británico, siendo móvil y principal actor el
-barón de Kolly, empleado ya antes en otras comisiones secretas. Muchos
-han tenido a este por irlandés, y así lo declaró él mismo; pero el
-general Savary, bien enterado de tales negocios, nos ha asegurado que
-era francés y de la Borgoña.</p>
-
-<div class="sidenote">Barón de Kolly.</div>
-
-<p>Kolly pasó a Inglaterra para ponerse de acuerdo con aquel
-ministerio, del que era individuo el marqués de Wellesley, después de
-su vuelta de España. Diéronsele a Kolly los medios necesarios para el
-logro de su empresa y papeles que acreditasen su persona y comprobasen
-la veracidad de sus asertos. Desembarcó en la bahía de Quiberon,
-acercándose también a la costa una escuadrilla inglesa destinada a
-tomar a su bordo a Fernando. En seguida partió Kolly a París para dar
-comienzo a la ejecución de su plan, de difícil éxito, ya por la extrema
-vigilancia del gobierno francés, ya por el poco ánimo que para evadirse
-tenían el rey y los infantes.</p>
-
-<div class="sidenote">Vida<br> de los príncipes<br> en Valençay.</div>
-
-<p>No hemos hablado de aquellos príncipes después de su confinamiento
-en Valençay. Su estancia no había hasta ahora ofrecido hecho
-alguno<span class="pagenum" id="Page_272">p. 272</span> notable.
-Apenas en su vida diaria se habían desviado de la monótona y triste
-que llevaban en la corte de España. Divertíanse a veces en obras de
-manos, particularmente el infante Don Antonio, muy aficionado a las de
-torno, y de cuando en cuando la princesa de Talleyrand los distraía con
-saraos u otros entretenimientos. No les agradaba mucho la lectura y
-como en la biblioteca del palacio se veían libros que, en el concepto
-del citado infante, eran peligrosos, permanecía este continuamente en
-acecho para impedir que sus sobrinos entrasen en aposentos henchidos a
-su entender de oculta ponzoña. Así nos lo ha contado el mismo príncipe
-de Talleyrand. Salían poco del circuito del palacio y las más veces
-en coche, llegando a punto la desconfianza de la policía francesa que,
-con tretas indignas de todo gobierno, casi siempre les estorbaba el
-ejercicio de a caballo.</p>
-
-<p>La familia que los acompañó en su destierro antes de cumplirse el
-año fue separada de su lado, y confinados algunos de sus individuos
-a varias ciudades de Francia, entre ellos el duque de San Carlos y
-Escóiquiz. Quedó solo Don Juan Amézaga, pariente del último, hombre con
-apariencias de honrado, de ocultos manejos, y harto villano para hacerse
-confidente y espía de la policía francesa.</p>
-
-<div class="sidenote">Préndese a Kolly.</div>
-
-<p>En tal situación y con tantas trabas, dificultoso era acercarse a los
-príncipes sin ser descubierto, y más que todo llevar a feliz término el
-proyecto mencionado. Ni tanto se necesitó para que se malograse. Kolly,
-a pocos días de llegar a París, fue preso, habiendo sido vendido<span
-class="pagenum" id="Page_273">p. 273</span> por un pseudo-realista, y
-por un tal Richard, de quien se había fiado. Metiéronle en Vincennes el
-24 de marzo, y no tardó en tener un coloquio con Fouché, ministro de la
-policía general. Admirábase este de que hombres de buen seso hubiesen
-emprendido semejante tentativa, imposible [decía] de realizarse, no
-solo por las dificultades que en sí misma ofrecía, sino también porque
-Fernando no hubiera consentido en su fuga.</p>
-
-<div class="sidenote">Insidiosa<br> conducta<br> de la policía<br>
-francesa.</div>
-
-<p>Sin embargo, aunque estuviese de ello bien persuadida la policía
-francesa, quisieron sus empleados asegurarse aún más, ya fuera para
-sondear el ánimo de los príncipes, o ya quizá para tener motivo de
-tomar con sus personas alguna medida rigurosa. En consecuencia, se
-propuso a Kolly el ir a Valençay y hablar a Fernando de su proyecto,
-dorando la policía lo infame de tal comisión con el pretexto de que
-así se desengañaría Kolly, y vería cuál era la verdadera voluntad del
-príncipe. Prometiósele en recompensa la vida y asegurar la suerte de
-sus hijos. Desechó honradamente Kolly propuesta tan insidiosa e inicua,
-y de resultas volviéronle a Vincennes donde continuó encerrado hasta la
-caída de Napoleón, siendo de admirar no pasase más allá su castigo.</p>
-
-<p>La policía, no obstante la repulsa del barón, no desistió de su
-intento, y queriendo probar fortuna, envió a Valençay al bellaco de
-Richard, haciéndole pasar por el mismo Kolly. Abocose primero en 6 de
-abril con Amézaga el disfrazado espía; mas los príncipes, rehusando dar
-oídos a la proposición, denunciaron a Richard,<span class="pagenum"
-id="Page_274">p. 274</span> como emisario inglés, al gobernador de
-Valençay Mr. Berthemy, ora porque en realidad no se atrevieran a
-arrostrar los peligros de la huida, ora más bien porque sospecharan
-ser Richard un echadizo de la policía. Terminose aquí este negocio, en
-el que no se sabe si fue más de maravillar la osadía de Kolly, o la
-confianza del gobierno inglés en que saliera bien una empresa rodeada
-de tantas dificultades y escollos.</p>
-
-<div class="sidenote">Cartas<br> de Fernando.</div>
-
-<p>Publicose en el <i>Monitor</i>, con la mira sin duda de desacreditar
-a Fernando, una relación del hecho acompañada de documentos, y antes
-en el mismo año se habían ya publicado otros, de que insertamos parte
-en un apéndice de los libros anteriores. Entre aquellos de que aún no
-hemos hablado, pareció notable una carta <span class="sidenote">(*
-Ap. n. <a href="#Ap_11-11" id="Ll_11-11">11-11</a>.)</span> que
-Fernando había escrito a Napoleón en 6 de agosto de 1809,[*]
-felicitándole por sus victorias. Notable también fue otra de 4 de
-abril de 1810,[*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_11-12"
-id="Ll_11-12">11-12</a>.)</span> del mismo príncipe a Mr. Berthemy,
-en que decía: «lo que ahora ocupa mi atención es para mí un objeto
-del mayor interés. Mi mayor deseo es ser hijo adoptivo de S. M. el
-emperador, nuestro soberano. Yo me creo merecedor de esta adopción
-que verdaderamente haría la felicidad de mi vida, tanto por mi amor y
-afecto a la sagrada persona de S. M., como por mi sumisión y entera
-obediencia a sus intenciones y deseos.» No se esparcían mucho por
-España estos papeles, y aun los que los leían considerábanlos como
-pérfido invento de Napoleón. A no ser así, ¡qué terrible contraste
-no hubiera resaltado entre la conducta del rey, y el heroísmo de la
-nación!</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop">
-
-
-<div class="chapter">
- <p><span class="pagenum" id="Page_275">p. 275</span></p>
- <div class="figcenter">
- <img style="width: 26em; height: auto;"
- src="images/doble_filete.jpg"
- alt="Filete ornamental">
- </div>
- <p class="centra fs200 lh200 negr mt1">RESUMEN</p>
- <p class="centra smaller lh200">DEL</p>
- <p class="centra fs150 lh200 g1 ws1">LIBRO DUODÉCIMO.</p>
- <div class="figcenter mt05">
- <img style="width: 8em; height: auto;"
- src="images/separa2.jpg"
- alt="Motivo ornamental">
- </div>
-</div>
-
-<p class="resum"><span class="prim"><span
-class="gran">E</span>jército</span> francés que se destina a Portugal.
-Mariscal Massena, general en jefe. — Sitio de Ciudad Rodrigo. —
-Herrasti, su gobernador. — Situación de Wellington. — Don Julián
-Sánchez. — Capitula la plaza. — Gloriosa defensa. — Clamores contra los
-ingleses por no haber socorrido la plaza. — Excursión de los franceses
-hacia Astorga y Alcañices. — Toman la Puebla de Sanabria. — La pierden.
-— La ocupan de nuevo. — Campaña de Portugal. — Estado de este reino
-y de su gobierno. — Plan de Lord Wellington. — Fuerza que mandaba. —
-Subsidios que da Inglaterra. — Posición de Wellington. Devastación
-del país. — Líneas de Torres Vedras. — Dicho de Wellington a Álava.
-— Preparativos y fuerza de<span class="pagenum" id="Page_276">p.
-276</span> los franceses. — Escaramuzas. Fuerte de la Concepción.
-— Combate del Coa. — Sitio de Almeida. — Vuélase. — Capitula. —
-Proscripciones y prisiones en Lisboa. — Temores de los ingleses. —
-Repliégase Wellington. — Dificultades que tiene Massena. — Aguíjale
-Napoleón. — Empieza Massena la invasión. — Posición de Wellington y
-medidas que toma. — Descripción del valle de Mondego. — Distribución de
-los cuerpos de Massena. — Muévese sobre Celórico y Viseo. — Entran sus
-avanzadas en Viseo. — Continúa Wellington su retirada. — Ataca Trant
-la artillería y equipajes franceses. — Detiénese Wellington en Buçaco.
-— Acción de Buçaco. — Cruza Massena la sierra de Caramula. — Los
-franceses en Coimbra. — Condeixa. — Desórdenes en el ejército inglés.
-— Sorprende Trant a los franceses de Coimbra. — Alcoentre. — Alenquer.
-— Los ingleses en las líneas. — Massena no las ataca. — Formidable
-fuerza y posición de Wellington. — Únesele con dos divisiones Romana.
-— Moléstase también al enemigo fuera de las líneas. — Don Carlos de
-España. — Situación crítica de los franceses. — Galicia. — Asturias.
-— Expediciones de Porlier por la costa. — Extremadura. — Refriega en
-Cantaelgallo. — En Fuente de Cantos. — Expedición de Lacy a Ronda. —
-Al condado de Niebla. — Situación de esta comarca. — Operaciones en
-Cádiz. — Fuerza sutil de los enemigos. — Fuerzas de los aliados en
-Cádiz y la Isla. — Blake en Murcia. — Sebastiani se dirige a Murcia.
-— Medidas que toma Blake. — Se retira Sebastiani. — Insurrecciones
-en el reino de Granada. — Expedición contra Fuengirola y Málaga. —
-Avanza Blake<span class="pagenum" id="Page_277">p. 277</span> a
-Granada. — Acción de Baza, 3 de noviembre. — Provincias de Levante. —
-Valencia. — Choques en Morella y Albocácer. — Avanza Caro y se retira.
-— Caro huye de Valencia. — Le sucede Bassecourt. — Cataluña. — Su
-congreso. — O’Donnell. — Macdonald. — Convoyes que lleva a Barcelona. —
-Ejército español de Cataluña. — Intenta Suchet sitiar a Tortosa. — Sus
-disposiciones. — Salidas de la plaza y combates parciales. — Adelanta
-Macdonald a Tarragona. — Se retira. — Dificultades con que tropieza. —
-Avístase en Lérida con Suchet. — Macdonald incomodado siempre por los
-españoles. — Sorpresa gloriosa de La Bisbal. — Y de varios puntos de
-la costa. — Guerra en el Ampurdán. — Eroles manda allí. — Campoverde
-en Cardona. — Otro convoy para Barcelona. — No adelantan los enemigos
-en el sitio de Tortosa. — Convoyes que van allí de Mequinenza. — Los
-atacan los españoles. — Carvajal en Aragón. — Villacampa infatigable
-en guerrear. — Andorra. — Las Cuevas. — Alventosa. — Combate de la
-Fuensanta. — Nuevos convoyes para Tortosa. — Combates parciales. — Los
-españoles desalojados de Falset. — Movimiento de Bassecourt. — Acción
-de Ulldecona. — Macdonald socorre a Barcelona y se acerca a Tortosa.
-— Formaliza el sitio Suchet. — Deja O’Donnell el mando. — Partidas en
-lo interior de España. — En Andalucía. — En Castilla la Nueva. — En
-Castilla la Vieja. — Santander y provincias Vascongadas. — Expedición
-de Renovales a la costa Cantábrica. — Navarra. Espoz y Mina. — Cortes.
-— Remisa la regencia en convocarlas. — Clamor general por ellas. — Las
-piden<span class="pagenum" id="Page_278">p. 278</span> diputados de
-las juntas de provincia. — Decreto de convocación. — Júbilo general en
-la nación. — Dudas de la regencia sobre convocar una segunda cámara. —
-Costumbre antigua. — Opinión común en la nación. — Consulta la regencia
-al consejo reunido. — Respuesta de este. — Voto particular. — Consulta
-del consejo de estado. — No se convoca segunda cámara. — Modo de
-elección. — El antiguo de España. — Poderes que se dan a los diputados.
-— Llámanse a las cortes diputados de las provincias de América y Asia.
-— Elección de suplentes. — Opinión sobre esto en Cádiz. — Parte que
-toma la mocedad. — Enojo de los enemigos de reformas. — Número que
-acude a las elecciones. — Temores de la regencia. — Restablece todos
-los consejos. — Quiere el consejo real intervenir en las cortes. — No
-lo consigue. — Señálase el 24 de septiembre para la instalación de
-cortes. — Comisión de poderes. — Congojosa esperanza de los ánimos.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop">
-
-
-<div class="chapter" id="Ch12">
- <p><span class="pagenum" id="Page_279">p. 279</span></p>
- <div class="figcenter">
- <img style="width: 26em; height: auto;"
- src="images/doble_filete.jpg"
- alt="Filete ornamental">
- </div>
- <p class="centra fs150 lh150 negr g0 mt1">HISTORIA</p>
- <p class="centra fs60 lh150">DEL</p>
- <p class="centra fs120 lh150 asc ws1">LEVANTAMIENTO, GUERRA Y REVOLUCIÓN</p>
- <p class="centra fs120 lh150 ws1">de España.</p>
- <div class="figcenter mt05">
- <img style="width: 8em; height: auto;"
- src="images/separa4.jpg"
- alt="Motivo ornamental">
- </div>
- <h2 class="nobreak fs120 negr g0">LIBRO DUODÉCIMO.</h2>
- <hr class="tir">
-</div>
-
-<div class="sidenote">Ejército
-francés<br> que se
-destina<br> a Portugal:<br>
-mariscal
-Massena<br>
-general en jefe.</div>
-
-<p class="ti0"><span class="prim"><span
-class="gran">P</span>roseguían</span> los franceses en su intento de
-invadir el reino de Portugal y de arrojar de allí al ejército inglés,
-operación no menos importante que la de apoderarse de las Andalucías,
-y de más dificultosa ejecución, teniendo que lidiar con tropas bien
-disciplinadas, abundantemente provistas y amparadas de obstáculos que a
-porfía les prestaban la naturaleza y el arte. Destinaron los franceses
-para su empresa los cuerpos 6.º y 8.º, ya en Castilla, y el 2.º, que
-luego se les juntó yendo de Extremadura. Formaban los tres un total de
-66.000 infantes y unos 6000 caballos. Nombrose<span class="pagenum"
-id="Page_280">p. 280</span> para el mando en jefe al duque de Rívoli,
-el célebre mariscal Massena.</p>
-
-<p>Antes de pisar el territorio portugués, forzoso les era a los
-franceses no solo asegurar algún tanto su derecha, como ya lo
-habían practicado metiéndose en Asturias y ocupando a Astorga, sino
-también enseñorearse de las plazas colocadas por su frente. <span
-class="sidenote">Sitio de<br> Ciudad Rodrigo.</span> Ofrecíase la
-primera a su encuentro Ciudad Rodrigo, la cual, después de varios
-reconocimientos anteriores y de haber hecho a su gobernador inútiles
-intimaciones, embistieron de firme en los últimos días del mes de
-abril.</p>
-
-<p>A la derecha del Águeda y en paraje elevado, apenas se puede contar
-a Ciudad Rodrigo entre las plazas de tercer orden. Circuida de un
-muro alto antiguo y de una falsabraga, domínala al norte, y distante
-unas 290 toesas, el teso llamado de San Francisco, habiendo entre
-este y la ciudad otro más bajo con nombre del Calvario. Cuéntanse dos
-arrabales, el del Puente, al otro lado del río, y el de San Francisco,
-bastante extenso, y el cual, colocado al nordeste, fue protegido con
-atrincheramientos; se fortalecieron, además, en su derredor varios
-edificios y conventos como el de Santo Domingo, y también el que se
-apellida de San Francisco. Otro tanto se practicó en el de Santa Cruz,
-situado al noroeste de la ciudad, y por la parte del río se levantaron
-estacadas y se abrieron cortaduras y pozos de lobo. Despejáronse los
-aproches de la plaza y se construyeron algunas otras obras. Se carecía
-de almacenes y de edificios a prueba de bomba, por lo que hubo de
-cargarse la bóveda<span class="pagenum" id="Page_281">p. 281</span>
-de la torre de la catedral y depositar allí y en varias bodegas la
-pólvora, como sitios más resguardados. La población constaba entonces
-de unos 5000 habitantes, y ascendía la guarnición a 5498 hombres,
-incluso el cuerpo de urbanos. Se metió también en la plaza, con 240
-jinetes, Don Julián Sánchez, e hizo el servicio de salidas. <span
-class="sidenote">Herrasti,<br> su gobernador.</span> Era gobernador
-Don Andrés Pérez de Herrasti, militar antiguo, de venerable aspecto,
-honrado y de gran bizarría, natural de Granada, como Álvarez el de
-Gerona, y que así como él, había comenzado la carrera de las armas en
-el cuerpo de Guardias españolas.</p>
-
-<div class="sidenote">Situación<br> de Wellington.</div>
-
-<p>Confiaban también los defensores de Ciudad Rodrigo en el apoyo que
-les daría Lord Wellington, cuyo cuartel general estaba en Viseo y se
-adelantó después a Celórico. Su vanguardia, a las órdenes del general
-Craufurd, se alojaba entre el Águeda y el Coa, y el 19 de marzo, en Barba
-del Puerco, hubo, entre cuatro compañías suyas y unos 600 franceses
-que cruzaron el puente de San Felices, un reñido choque, en el que, si
-bien sorprendidos al principio los aliados, obligaron, no obstante, en
-seguida a los enemigos a replegarse a sus puestos. Uniose en mayo a la
-vanguardia inglesa la división española de Don Martín de la Carrera,
-apostada antes hacia San Martín de Trevejo.</p>
-
-<p>Viniendo sobre Ciudad Rodrigo, apareciéronse los franceses el 25 de
-abril vía de Valdecarros, y establecieron sus estancias desde el cerro
-de Matahijos hasta la Casablanca. Descubriéronse igualmente gruesas
-partidas por el camino de Zamarra, y continuando en acudir hasta<span
-class="pagenum" id="Page_282">p. 282</span> junio tropas de todos
-lados, llegáronse a juntar más de 50.000 hombres, que se componían de
-los ya nombrados 6.º y 8.º cuerpos y de una reserva de caballería,
-que guiaban el mariscal Ney y los generales Junot y Montbrun. El
-primero había vuelto de Francia y tomado el mando de su cuerpo, con
-la esperanza de ser el jefe de la expedición de Portugal. Por demás
-hubiera sido emplear tal enjambre de aguerridos soldados contra la sola
-y débil plaza de Ciudad Rodrigo, si no hubiera estado cerca el ejército
-anglo-portugués.</p>
-
-<p>Tuvo el 6.º cuerpo el inmediato encargo de ceñir la plaza; situose
-el 8.º en San Felices y su vecindad, y se extendió la caballería por
-ambas orillas del Águeda. Pasose el mes de mayo en escaramuzas y
-choques, distinguiéndose varios oficiales, y sobre todos D. Julián
-Sánchez. <span class="sidenote">Don Julián<br> Sánchez.</span>
-Maravillose de las buenas disposiciones y valor de este el comandante
-de la brigada británica Craufurd, que desde Gallegos había pasado
-a Ciudad Rodrigo a conferenciar con el gobernador. Era el 17 de
-mayo, y de vuelta a su campo escoltaba al inglés Sánchez, cuando se
-agolpó contra ellos un grueso trozo de enemigos. Juzgaba Craufurd
-prudente retroceder a la plaza, mas Don Julián, conociendo el terreno,
-disuadiole de tal pensamiento, y con impensado arrojo, acometiendo
-al enemigo en vez de aguardarle, le ahuyentó, y llevó salvo a sus
-cuarteles al general inglés.</p>
-
-<p>Intimaron el 12 de nuevo los franceses la rendición, y Herrasti, sin
-leer el pliego, contestó que excusaban cansarse, pues ahora no trataría
-sino a balazos.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_283">p. 283</span></p>
-
-<p>Los enemigos, después de haber echado dos puentes de comunicación
-entre ambas orillas y completado sus aprestos, avivaron los trabajos de
-sitio al principiar junio.</p>
-
-<p>El 6 verificaron los cercados una salida, mandada por el valiente
-oficial Don Luis Minayo, que causó bastante daño a los franceses,
-e hicieron hoyos en las huertas llamadas de Samaniego, en donde
-se escondían sus tiradores, incomodando con sus fuegos a nuestras
-avanzadas. Continuaron adelantando los franceses sus apostaderos, y a
-su abrigo, en la noche del 15 al 16 de junio abrieron la trinchera que
-arrancaba en el mencionado teso, y que los enemigos dilataron aunque a
-costa de mucha sangre por su derecha y por el frente de la plaza. 400
-hombres de las compañías de cazadores y el batallón de voluntarios de
-Ávila, capitaneados por el entendido y valeroso oficial Don Antonio
-Vicente Fernández, se señalaron en los muchos reencuentros que hubo
-sostenidos siempre por nuestra parte con gloria.</p>
-
-<p>Teniendo ya los enemigos el 22 muy adelantadas sus líneas, y de
-modo que imposibilitaban el maniobrar de la caballería, resolviose que
-Don Julián Sánchez saliese del recinto con sus lanceros y se uniese a
-Don Martín de la Carrera. Ejecutose la operación con intrepidez, y el
-denodado Sánchez, a la cabeza de los suyos, dirigiéndose a las once de
-la noche por la dehesa de Martín Hernando, forzó tres líneas enemigas
-con que encontró, y matando y atropellando logró gallardamente su
-intento.</p>
-
-<p>Acometieron los sitiadores en la noche del<span class="pagenum"
-id="Page_284">p. 284</span> 23 el arrabal de San Francisco y, en
-especial, los conventos de Santo Domingo y Santa Clara, pero fueron
-rechazados. Lo mismo practicaron en el arrabal del Puente, si bien
-tuvieron igual o semejante suerte. A la verdad no fueron estos sino
-simulados ataques.</p>
-
-<p>Apareció como verdadero el que dieron contra el convento de Santa
-Cruz, situado, según queda dicho, al noroeste de la plaza. Cercáronle
-en efecto por todos lados, de noche, escalaron las tapias de su frente,
-y quemando la puerta principal se metieron en la iglesia, a cuyas
-paredes aplicaron camisas embreadas. Pensaron en seguida asaltar el
-cuerpo del edificio, en donde se alojaba la tropa que guarnecía el
-puesto y que constaba de 100 soldados, a las órdenes de los capitanes
-Don Ildefonso Prieto y Don Ángel Castellanos. Los defensores repelieron
-diversas acometidas, y habiendo de antemano y con maña practicado una
-cortadura en la escalera de subida, al trepar por ella con esfuerzo
-los granaderos franceses, quitaron los nuestros unos tablones que
-cubrían la trampa y cayeron los acometedores precipitados en lo hondo,
-en donde perecieron miserablemente, junto con un brioso oficial que
-los capitaneaba, el sable en una mano y en la otra una hacha de viento
-encendida. Duró la pelea cerca de tres horas, firmes los españoles,
-aunque rodeados de enemigos y casi chamuscados con las llamas que
-consumían la iglesia contigua. Recelosos los franceses con lo acaecido
-en la escalera, no osaban penetrar dentro, y al fin, fatigados de
-tal porfía, y expuestos también al fuego continuo de la plaza, se
-retiraron,<span class="pagenum" id="Page_285">p. 285</span> dejando
-el terreno bañado en sangre. Honraron a nuestras armas con su defensa
-las tropas del convento de Santa Cruz: fue su acción de las más
-distinguidas de este sitio.</p>
-
-<p>Ocupados hasta ahora los franceses en los ataques exteriores y en
-sus preparativos contra la plaza, molestados asimismo y continuamente
-por los sitiados, y prevenidos a veces en sus tentativas, no habían
-aún establecido sus baterías de brecha. Atrasó también las operaciones
-el haberse retardado la llegada de la artillería gruesa, detenida en
-su viaje a causa del tiempo que, lluviosísimo, puso intransitables los
-caminos.</p>
-
-<p>Por fin, listos ya los franceses, descubrieron el 25 de junio 7
-baterías de brecha coronadas de 46 cañones, morteros y obuses, que
-con gran furia empezaron a disparar contra la ciudad balas, bombas y
-granadas. Se extendía la línea enemiga desde el teso de San Francisco
-hasta el jardín de Samaniego.</p>
-
-<p>Respondió la plaza con no menor braveza, acudiendo en ayuda de la
-tropa el vecindario sin distinción de clase, edad ni sexo. Entre las
-mujeres sobresalió una del pueblo, de nombre Lorenza, herida dos veces,
-y hasta dos ciegos, guiado uno por un perro fiel que le servía de
-lazarillo, se emplearon en activos y útiles trabajos, y tan joviales
-siempre y risueños entre el silbar y granizar de las balas, que
-gritaban de continuo en los parajes más peligrosos: «Ánimo muchachos;
-viva Fernando VII, viva Ciudad Rodrigo.»</p>
-
-<p>Los enemigos dirigieron el primer día sus fuegos contra la ciudad
-para aterrarla, y empezaron<span class="pagenum" id="Page_286">p.
-286</span> el 26 a batir en brecha el torreón del Rey, que del todo
-quedó derribado en la mañana siguiente. Hiciéronles los españoles, por
-su parte, grande estrago, bien manejada su artillería, cuyo jefe era el
-brigadier Don Francisco Ruiz Gómez.</p>
-
-<p>El 28 intimó de nuevo el mariscal Ney la rendición a la plaza, y
-habiendo ya entonces llegado al campo francés el mariscal Massena,
-que antes había pasado por Madrid a visitar a José, hízose a su
-nombre dicha intimación, honorífica sí, aunque amenazadora. Contestó
-dignamente Herrasti diciendo, entre otras cosas: «Después de 49 años
-que llevo de servicios, sé las leyes de la guerra y mis deberes
-militares... Ciudad Rodrigo no se halla en estado de capitular.»</p>
-
-<p>Sin embargo, imaginándose el oficial parlamentario que parte de la
-confianza del gobernador pendía de la esperanza de que le socorriese
-Lord Wellington, propúsole entonces de palabra despachar a los reales
-ingleses un correo, por cuyo medio se cerciorase de cuál era el intento
-del general aliado. Convino Herrasti, mas Ney, sin cumplir lo ofrecido
-por su parlamentario, renovó el fuego y adelantó sus trabajos hasta 60
-toesas de la plaza.</p>
-
-<p>Descontento el mariscal Massena con el modo adoptado para el
-ataque, mejorole y trazó dos ramales nuevos hacia el glacis y enfrente
-de la poterna del Rey, rematándolos en la contraescarpa del foso de
-la falsabraga. Desde allí socavaron sus soldados unas minas para
-volar el terreno y dar proporción más acomodada al pie de la brecha.
-Contuviéronlos algún tanto los<span class="pagenum" id="Page_287">p.
-287</span> nuestros, y los ingenieros, bien dirigidos por el teniente
-coronel Don Nicolás Verdejo, abrieron una zanja y practicaron otros
-oportunos trabajos, contrarrestando al mismo tiempo la plaza con todo
-género de proyectiles los esfuerzos de los enemigos.</p>
-
-<p>En el intermedio, en vano estos habían acometido repetidas veces el
-arrabal de San Francisco. Constantemente rechazados, solo le ocuparon
-el 3 de julio, en que los nuestros, para reforzar los costados de la
-brecha, le habían ya evacuado, excepto el convento de Santo Domingo.</p>
-
-<p>El gobernador, siempre diligente, velaba por todas partes, y el 5
-ideó una salida a cargo de los capitanes Don Miguel Guzmán y Don José
-Robledo, cuyas resultas fueron gloriosas. Empezaron los nuestros su
-acometida por el arrabal del Puente, y después, corriéndose al de San
-Francisco por la derecha del convento de Santo Domingo, sorprendieron
-a los enemigos, les mataron gente y destruyeron muchos de sus
-trabajos.</p>
-
-<p>Con esto, enardecidos los españoles, cada día se empeñaban más en la
-defensa. Sustentábalos también todavía la esperanza de que viniese a
-su socorro el ejército inglés, no pudiendo comprender que los jefes de
-este, tan numeroso y tan inmediato, dejasen a sangre fría caer en poder
-de los franceses plaza que se sostenía con tan honroso denuedo. Salió
-no obstante fallida su cuenta.</p>
-
-<p>Las baterías enemigas crecieron grandemente, y el 8 algunas de ellas
-enfilaban ya nuestras obras. La brecha abierta en la falsabraga y en
-la<span class="pagenum" id="Page_288">p. 288</span> muralla alta de la
-plaza ensanchose hasta 20 toesas, con lo que, y noticioso el gobernador
-de que los ingleses, en vez de aproximarse, se alejaban, resolvió el 10
-capitular de acuerdo con todas las autoridades.</p>
-
-<div class="sidenote">Capitula la plaza.</div>
-
-<p>A la sazón preparábanse los enemigos a dar el asalto, y tres de sus
-soldados arrojadamente se habían ya encaramado para tantear la brecha.
-Enarbolada por los nuestros bandera blanca, salió de la plaza un oficial
-parlamentario, quien encontrándose con el mariscal Ney, volvió luego
-con encargo de este de que se presentase el gobernador en persona
-para tratar de la capitulación. Condescendió en ello Herrasti, y Ney,
-recibiéndole bien y elogiándole por su defensa, añadió que era excusado
-extender por escrito la capitulación, pues desde luego la concedía
-amplia y honorífica, quedando la guarnición prisionera de guerra.</p>
-
-<p>El mariscal Ney dio su palabra en fe de que se cumpliría lo pactado,
-y según la noticia que del sitio escribió el mismo Herrasti, llevose a
-efecto con puntualidad. Fueron sin embargo tratados rigorosamente los
-individuos de la junta, porque, encarcelados con ignominia y llevados a
-pie a Salamanca, trasladáronlos después a Francia.</p>
-
-<p>En este asedio quedaron de los españoles fuera de combate 1400
-soldados; del pueblo, unos 100. Perdieron por lo menos 3000 los
-franceses. <span class="sidenote">Gloriosa defensa.</span> Massena
-encomió la defensa, pintándola como de las más porfiadas. «No hay idea
-[decía en su relación] del estado a que está reducida la plaza de
-Ciudad Rodrigo, todo yace por<span class="pagenum" id="Page_289">p.
-289</span> tierra y destruido, ni una sola casa ha quedado intacta.»</p>
-
-<div class="sidenote">Clamores contra<br> los ingleses<br> por no
-haber<br> socorrido<br> la plaza.</div>
-
-<p>Enojó a los españoles el que el ejército inglés no socorriese la
-plaza. Lord Wellington había venido allí desde el Guadiana, dispuesto y
-aun como comprometido a obligar a los franceses a levantar el sitio. No
-podía, en este caso, alegarse la habitual disculpa de que los españoles
-no se defendían, o de que estorbaban con sus desvaríos los planes bien
-meditados de sus aliados. El marqués de la Romana pasó de Badajoz al
-cuartel general de Lord Wellington y unió sus ruegos a los de los
-moradores y autoridades de Ciudad Rodrigo, a los del gobierno español
-y aun a los de algunos ingleses. Nada bastó. Wellington, resuelto a
-no moverse, permaneció en su porfía. Los franceses, aprovechándose de
-la coyuntura, procuraron sembrar cizaña, y el <i>Monitor</i> decía:
-«Los clamores de los habitantes de Ciudad Rodrigo se oían en el campo
-de los ingleses, seis leguas distante, pero estos se mantuvieron
-sordos.» Si nosotros imitásemos el ejemplo de ciertos historiadores
-británicos, abríasenos ahora ancho campo para corresponder debidamente
-a las injustas recriminaciones que con largueza y pasión derraman sobre
-las operaciones militares de los españoles. Pero, más imparciales que
-ellos, y no tomando otra guía sino la de la verdad, asentaremos, al
-contrario, prescindiendo de la vulgar opinión, que Lord Wellington
-procedió entonces como prudente capitán, si para que se levantase
-el sitio era necesario aventurar una batalla. Sus fuerzas no eran
-superiores a las de los franceses, carecían<span class="pagenum"
-id="Page_290">p. 290</span> sus soldados de la movilidad y presteza
-convenientes para maniobrar al raso y fuera de posiciones, no teniendo
-tampoco todavía los portugueses aquella disciplina y costumbre de
-pelear que da confianza en el propio valer. Ganar una batalla pudiera
-haber salvado a Ciudad Rodrigo, pero no decidía del éxito de la guerra:
-perderla destruía del todo el ejército inglés, facilitaba a los
-enemigos el avanzar a Lisboa, y dábase a la causa española un terrible,
-ya que no un mortal, golpe. Con todo, la voz pública atronó con sus
-quejas los oídos del gobierno, calificando, por lo menos, de tibia
-indiferencia la conducta de los ingleses. Don Martín de la Carrera,
-participando del común enfado, se separó, al rendirse Ciudad Rodrigo,
-del ejército aliado y se unió al marqués de la Romana.</p>
-
-<div class="sidenote">Excursión<br> de los franceses<br> hacia
-Astorga<br> y Alcañices.</div>
-
-<p>Envió en seguida el mariscal Massena algunas fuerzas que arrojasen
-allende las montañas al general Mahy, que había avanzado y estrechaba
-a Astorga. Retirose el español, y el general Sainte-Croix atacó en
-Alcañices a Echevarría, que de intendente se había convertido en
-partidario y tenido ya anteriormente reencuentros con los franceses.
-Defendiose dicho Echevarría en el pueblo con tenacidad y de casa en
-casa. Arrojado, en fin, perdió en su retirada bastante gente que le
-acuchilló la caballería enemiga.</p>
-
-<div class="sidenote">Toman la Puebla<br> de Sanabria.</div>
-
-<p>Por entonces quisieron también los franceses apoderarse de la Puebla
-de Sanabria, que ocupaba con alguna tropa Don Francisco Taboada y Gil.
-Aquella villa, solo rodeada de muros de corto espesor y guarecida de
-un castillo poco fuerte, ya vimos como la entraron sin tropiezo<span
-class="pagenum" id="Page_291">p. 291</span> los franceses al retirarse
-de Galicia, habiéndola después evacuado. Su conquista no les fue ahora
-más difícil. Taboada la desamparó, de acuerdo con el general Silveira,
-que mandaba en Braganza. Enseñoreose por tanto de ella el general
-Serras, y creyendo ya segura su posesión, se retiró con la mayor parte
-de su gente y solo dejó dentro una corta guarnición.</p>
-
-<div class="sidenote">La pierden.</div>
-
-<p>Enterados de su ausencia los generales portugués y español,
-revolvieron sobre la Puebla de Sanabria el 3 de agosto, y después de
-algunas refriegas y acometidas, la recuperaron en la noche del 9 al 10.
-Cayó prisionera la guarnición, compuesta de suizos, a los que se les
-prometió embarcarlos en la Coruña bajo condición de que no volverían a
-tomar las armas contra los aliados.</p>
-
-<div class="sidenote">La ocupan<br> de nuevo.</div>
-
-<p>En breve tornó, y de priesa, en auxilio de la plaza el general
-Serras, con 6000 hombres. A su llegada estaba ya rendida, pero Taboada
-y Silveira juzgaron prudente abandonarla, no teniendo bastantes
-fuerzas para resistir a las superiores de los enemigos. Lleváronse los
-prisioneros, y Serras de nuevo se posesionó de la villa y su castillo,
-cuya anterior toma, con la pérdida de los suizos, le costaba más de lo
-que militarmente valía.</p>
-
-<div class="sidenote">Campaña<br> de Portugal.</div>
-
-<p>Comenzó, entre tanto, el mariscal Massena la invasión de Portugal.
-Pasaremos a hablar, aunque con rapidez, de acontecimiento de tanta
-importancia, refiriendo antes los preparativos y medios de defensa que
-allí había, como también la situación de aquel reino.</p>
-
-<div class="sidenote">Estado<br> de este reino<br> y de su
-gobierno.</div>
-
-<p>Después de la evacuación que en el año pasado<span class="pagenum"
-id="Page_292">p. 292</span> de 1809 efectuó el mariscal Soult de las
-provincias septentrionales de Portugal, puede aseverarse que ni esta
-nación ni su ejército habían tomado parte activa o directa en la lucha
-peninsular. Achacaron algunos la culpa a la flojedad del gobierno de
-Lisboa, y muchos al influjo que ejercía la Inglaterra, cuyo gabinete
-acabó por ser árbitro de la suerte de aquel país, no conviniendo a
-la política británica, según se creía, el que se estableciese íntima
-unión entre Portugal y España. Hubo de los gobernadores del reino
-[nombre que se daba a los individuos de la regencia portuguesa]
-quien se disgustó de tal predominio, y así se verificaron por este
-tiempo mudanzas en las personas que componían aquella corporación.
-El marqués de las Minas se retiró, y se agregaron a los que quedaban
-otros gobernadores, de los que fue el más notable y principal Sousa,
-hermano de los embajadores portugueses residentes en el Brasil y en
-Londres. Poco después, en septiembre, entró también en la regencia
-Sir Carlos Stuart, a la sazón embajador de Inglaterra en Lisboa. Del
-ejército, además del mando inmediato dado a Beresford, disponía en
-jefe, como mariscal general de Portugal, Lord Wellington, independiente
-del gobierno y absoluto en todo lo relativo a la fuerza combinada
-anglo-portuguesa, de cualquiera clase que fuese. Igualmente se confirió
-la dirección suprema de la marina al almirante inglés Berkeley. En
-fin, el gabinete del Brasil, o por mejor decir, las circunstancias,
-arreglaron de modo la administración pública de Portugal que,
-conforme a la expresión de un historiador inglés, en esta parte
-nada sospechoso,<span class="pagenum" id="Page_293">p. 293</span>
-aquel reino [*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_12-1"
-id="Ll_12-1">12-1</a>.)</span> «fue reducido a la condición de un
-estado feudatario.»</p>
-
-<p>Por lo mismo, no con mayor resignación que el marqués de las Minas,
-se sometían algunos de los otros gobernadores del reino, aun de los
-nuevos, a la intervención extraña. Las reyertas eran frecuentes y
-vivas, echando los ingleses en cara al gobierno de Lisboa que, en
-vez de remover obstáculos, los aumentaba, entorpeciendo la ejecución
-de medidas las más cumplideras. Pero tales quejas partían a veces
-de apasionada irreflexión, pues si bien ciertas resoluciones de los
-comandantes británicos solían ser eficaces para el éxito final de
-la buena causa, producían por el momento incalculables males, poco
-sentidos por extranjeros que solo miraban los campos lusitanos como
-teatro de guerra, y desoían los clamores de un país que no era su
-patria.</p>
-
-<p>Lord Wellington, para hacer frente a tantas dificultades, y no
-abrumado con la grave carga que pesaba sobre sus hombros, desplegó
-asombrosa firmeza y se mostró invariable en sus determinaciones.
-Ministrole gran sostenimiento la suprema autoridad de que estaba
-proveído, y los socorros y dinero que la Inglaterra profusamente
-derramaba en Portugal.</p>
-
-<div class="sidenote">Plan de<br> Lord Wellington.</div>
-
-<p>De antemano había Lord Wellington meditado un plan de defensa y
-elevádole al conocimiento del gobierno británico, después de examinar
-detenidamente los medios económicos y militares que para ello deberían
-emplearse. Extendió su dictamen en un oficio dirigido a Lord Liverpool,
-obra maestra de previsión y maduro juicio. El gabinete inglés,
-descorazonado con<span class="pagenum" id="Page_294">p. 294</span> la
-paz de Austria y el desastrado remate de la expedición de Walcheren,
-había vacilado en si continuaría o no protegiendo con esfuerzo la
-causa peninsular. Pero arrastrado de las razones de Wellington,
-apoyadas con elocuencia y saber por su hermano el marqués de Wellesley,
-miembro ahora de dicho gabinete, accedió al fin a las propuestas
-del general británico. Según ellas, debiendo aumentarse el ejército
-anglo-portugués, tenían que ser mayores los gastos y concederse nuevos
-subsidios al gobierno de Lisboa.</p>
-
-<div class="sidenote">Fuerza<br> que mandaba.</div>
-
-<p>Aprobado, pues, en Londres el plan de Wellington, en breve contó
-este con una fuerza armada bastante numerosa. Había en la península,
-no incluyendo los de Gibraltar, cerca de 40.000 ingleses, y dejando
-aparte los enfermos y los cuerpos que contribuían a guarnecer a Cádiz,
-quedábanle por lo menos al general británico de 26 a 27.000 hombres de
-su nación. Dividíase la gente portuguesa en reglada, de milicias y en
-ordenanzas, las últimas mal pertrechadas y compuestas de paisanaje.
-Los estados que de toda la fuerza se formaron tuviéronse por muy
-exagerados, y según un cómputo prudente no pasaba la milicia arriba
-de 26.000 hombres, y el ejército de 30.000. No es fácil enumerar con
-puntualidad la fuerza real de las ordenanzas. Por manera que casi al
-comenzarse la campaña hallábanse ya bajo el mando de Lord Wellington
-unos 80.000 hombres bien mantenidos, armados y dispuestos, con los que,
-apoyados por las ordenanzas, o sea la población, debía defenderse el
-reino de Portugal.</p>
-
-<div class="sidenote">Subsidios<br> que da Inglaterra.</div>
-
-<p>El subsidio con que a este acudía la gran<span class="pagenum"
-id="Page_295">p. 295</span> Bretaña llegó a ascender por año a cerca de
-1.000.000 de libras esterlinas. Rayaba el costo del ejército puramente
-británico en la suma de 1.800.000 libras de la misma moneda, 500.000
-más de las que hubiera consumido en su propio país. Encareciose sobre
-manera el enganche de soldados, no permitiendo las leyes inglesas en el
-reemplazo de las tropas de tierra conscripciones forzadas. Se pagaban
-once guineas de premio por cada hombre que pasase de la milicia a la
-línea, y diez por los que se alistasen en la primera.</p>
-
-<div class="sidenote">Posición<br> de Wellington.<br> Devastación<br>
-del país.</div>
-
-<p>Lord Wellington, colocado ya en el valle del Mondego, o ya avanzando
-hacia la frontera de España, estaba como en el centro de la defensa,
-formando las alas la milicia y ordenanzas portuguesas. Todo el
-territorio hasta cerca de Coimbra, por donde se pensaba había de invadir
-Massena, fue destruido. Arruináronse los molinos, rompiéronse los
-puentes, quitáronse las barcas, devastáronse los campos, y obligando
-a los habitantes a que levantasen sus casas y llevasen sus haberes,
-se ordenó que la población entera, del modo que pudiese, hostigase al
-enemigo por los costados y espalda y le cortase los víveres, mientras
-que el ejército aliado por su frente le traía a estancias en que fuese
-probable batallar con ventaja.</p>
-
-<div class="sidenote">Líneas<br> de Torres Vedras.</div>
-
-<p>De aquellas se contaban a retaguardia de los anglo-portugueses
-varias que eran muy favorables, sobrepujando a todas las que se
-conocieron después con el nombre de líneas de Torres Vedras.
-Fortaleciéronse estas cuidadosamente, proviniendo la primera idea de
-mantenerlas y asegurarlas de planos que de todos sus puestos<span
-class="pagenum" id="Page_296">p. 296</span> mandó levantar en 1799 el
-general Sir Carlos Stuart [padre del Stuart por este tiempo embajador
-en Lisboa], trabajo que ya entonces se hizo con el objeto de cubrir
-la capital de Portugal de una invasión francesa. Wellington, desde
-muy temprano, concibió el designio de realizar pensamiento tan
-provechoso.</p>
-
-<p>Dos fueron las principales líneas que se fortificaron. Partía la
-primera de Alhandra, orillas del Tajo, y corría por espacio de siete
-leguas, siguiendo la conformación sinuosa de las montañas hasta el
-mar y embocadero del Sizandro, no lejos de Torres Vedras. La segunda
-que era la más fuerte y que distaba de la primera de dos a tres
-leguas, según la irregularidad del terreno, arrancaba en Quintela, y
-dilatándose cosa de seis leguas remataba en el paraje en donde desagua
-el río llamado San Lorenzo. Había además, pasado Lisboa, al desembocar
-del Tajo, otra tercera línea, en cuyo recinto quedaba encerrado el
-castillo de San Julián, no teniendo la última más objeto que el de
-favorecer, en caso de necesidad, el embarco de los ingleses. Contábanse
-en tan formidables líneas 150 fuertes y unos 600 cañones. Se habían
-construido las obras bajo la dirección del teniente coronel de
-ingenieros Fletcher, a quien auxilió el capitán Chapman.</p>
-
-<div class="sidenote">Dicho<br> de Wellington<br> a Álava.</div>
-
-<p>Puso Lord Wellington particular ahínco en que se fortificasen
-estas líneas cumplida y prontamente, pues como decía al digno oficial
-Don Miguel de Álava, comisionado por el gobierno español cerca de su
-persona, «no ha podido cabernos mayor fortuna que el haber asegurado
-el punto en la Isla gaditana y este de Torres<span class="pagenum"
-id="Page_297">p. 297</span> Vedras, inexpugnables ambos, y en los
-que, estrellándose los esfuerzos del enemigo, daremos lugar a otros
-acontecimientos, y nos prepararemos con nuevos bríos a ulteriores y más
-brillantes empresas.»</p>
-
-<div class="sidenote">Preparativos<br> y fuerza<br> de los
-franceses.</div>
-
-<p>Los franceses, por su parte, habían preparado grandes fuerzas,
-para que no se les malograse la expedición de Portugal. El mariscal
-Massena no solo tenía a su disposición los tres cuerpos indicados y
-la caballería de Montbrun, sino que, comprendiéndose igualmente en su
-mando las provincias de Castilla la Vieja y las Vascongadas, el reino
-de León y Asturias, de su arbitrio pendía sacar de allí las fuerzas
-que hubiese disponibles. Además, se alojaba entre Zamora y Benavente,
-a las órdenes del general Serras, una columna móvil de 8000 hombres
-que amenazaba a Tras-os-Montes, y en agosto entró en España un 9.º
-cuerpo de ejército de 20.000 hombres, formado en Bayona y regido por
-el general Drouet; a mayor abundamiento, en la misma ciudad se juntaba
-otro, al cargo del general Caffarelli. No eran inútiles semejantes
-precauciones si querían los enemigos conservar firme su base y
-evitar el que se interrumpiesen las comunicaciones por las partidas
-españolas.</p>
-
-<p>Así fue que el mariscal Massena, próximo a entrar en Portugal,
-dio en Ciudad Rodrigo una proclama a los habitadores de aquel reino,
-expresando que se hallaba a la cabeza de 110.000 hombres. Aserción no
-jactanciosa si se cuentan todos los cuerpos y divisiones que estaban
-bajo su obediencia, y que se extendían por España desde la frontera
-lusitana hasta la de Francia.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_298">p. 298</span></p>
-
-<div class="sidenote">Escaramuzas.<br> Fuerte<br> de la
-Concepción.</div>
-
-<p>Hubo ya escaramuzas en los primeros días de julio entre ingleses y
-franceses. Aquellos volaron y acabaron de arruinar el 21 del mismo mes
-el fuerte de la Concepción, en la raya perteneciente a España, y bien
-fortificado antes de 1808, pero que, al principiarse en dicho año la
-insurrección, se vio abandonado por los españoles, y destruido en parte
-por los franceses.</p>
-
-<div class="sidenote">Combate del Coa.</div>
-
-<p>Craufurd, general de la vanguardia inglesa, se colocó entonces a la
-margen derecha del Coa, y sin tener la aprobación de Lord Wellington,
-decidiose el 24 a trabar pelea con los franceses, llevado quizá del
-deseo de cubrir a Almeida, bajo cuyos cañones apoyaba su izquierda.
-Consistía la fuerza de Craufurd en 4000 infantes y 1100 caballos,
-situados en una línea que se extendía por espacio de media legua,
-formación algo semejable a las desadvertidas del general Cuesta.
-Vino sobre los ingleses el mariscal Ney, acompañado de su cuerpo
-de ejército, y por consiguiente muy superior a aquellos en número.
-Y si bien los batallones de la vanguardia aliada y los individuos
-combatieron por separado valerosamente, maniobrose mal en la totalidad,
-y los movimientos no fueron más atinados que lo había sido la
-colocación de las tropas. Los franceses rompieron las filas inglesas,
-obligando a sus soldados a pasar el Coa. Sirvió a estos para no ser
-del todo deshechos y atropellados por los jinetes enemigos lo desigual
-del terreno y los viñedos, y también el haberse negado a evolucionar
-oportunamente con la caballería el general Montbrun, disculpándose con
-no tener orden del general en jefe mariscal Massena. Hallaron<span
-class="pagenum" id="Page_299">p. 299</span> así los ingleses hueco para
-cruzar el puente, cuyo paso defendido con grande aliento, detuvo al
-francés en su marcha. Perdió Craufurd cerca de 400 hombres; bastantes
-Ney por el empeño que puso, aunque inútil, en ganar el puente.</p>
-
-<p>Tal contratiempo, en vez de coadyuvar a la defensa de Almeida, no
-podía menos de perjudicarla. Los franceses, en efecto, intimaron luego
-la rendición; mas no por eso obraron con su acostumbrada presteza, pues
-hasta el 15 de agosto en la noche no abrieron trinchera.</p>
-
-<div class="sidenote">Sitio de Almeida.</div>
-
-<p>Parecía natural que Almeida, plaza bajo todos respectos preeminente
-a Ciudad Rodrigo, imitase tan glorioso ejemplo, prolongando aun por
-tiempo más largo la resistencia. Los antiguos muros se hallaban, mucho
-antes de la actual guerra, mejorados, conforme al sistema moderno
-de fortificación, con foso, camino cubierto, seis baluartes, seis
-revellines y un caballero que dominaba la campiña. Había también
-almacenes a prueba de bomba. Estaba ahora la plaza municionada muy
-bien, y sus obras más perfeccionadas. Guarnecíanla 4000 hombres, y
-mandaba en ella el coronel inglés Cox.</p>
-
-<div class="sidenote">Vuélase.</div>
-
-<p>Rompieron los franceses el 26 horroroso fuego, y a poco ardieron
-muchas casas. Al anochecer del mismo día, tres almacenes, los más
-principales, encerrados en un castillo antiguo situado en medio de la
-ciudad, se volaron con pasmoso estrépito y causaron deplorable ruina.
-Por unas partes resquebrajáronse los muros, por otras se aportillaron;
-los cañones casi todos fueron o desmontados o arrojados al foso;
-perecieron 500 personas; hubo heridas muchas otras, y apenas<span
-class="pagenum" id="Page_300">p. 300</span> quedaron seis casas en
-pie. Tal espectáculo ofreció Almeida en la mañana del 27. No faltó
-quien atribuyese a traición semejante desdicha; los bien informados, a
-casualidad o descuido.</p>
-
-<div class="sidenote">Capitula.</div>
-
-<p>Sin tardanza repitieron los franceses la intimación de rendirse. El
-gobernador Cox, aunque ya miraba imposible la defensa, quería alargarla
-dos o tres días, esperando que el ejército aliado acudiese en socorro
-de la plaza; pero obligole a capitular un alboroto, agavillado por el
-teniente de rey Bernardo de Costa. Presúmese que en él influyeron los
-portugueses adictos al francés, y que estaban en su campo. El teniente
-de rey fue en adelante arcabuceado, si bien no resultó claramente que
-llevase tratos con el enemigo.</p>
-
-<div class="sidenote">Proscripciones<br> y prisiones<br> en
-Lisboa.</div>
-
-<p>De resultas, la regencia de Portugal también declaró traidores a
-varios individuos que seguían el bando francés. Entre ellos sonaban
-los nombres de los marqueses de Alorna y de Loulé, del conde de Ega,
-de Gómez Freire de Andrade y otros de cuenta. Se prendió asimismo en
-Lisboa a muchas personas so pretexto de conspiración, sin pruebas ni
-acusación fundada. Enviáronlas después unas a Inglaterra, otras a las
-Azores. Dieron ocasión a tan vituperable demasía livianos motivos y
-privadas venganzas. Extrañose que Lord Wellington, y particularmente
-el embajador Stuart, miembro de la regencia y de poderoso influjo, no
-estorbasen procedimientos en que por lo menos pudiera achacárseles
-cierta connivencia, como sucedió. Pero la regencia de Lisboa,
-tomando la defensa de ambos,<span class="pagenum" id="Page_301">p.
-301</span> manifestó no haber tomado parte ninguno de ellos en aquella
-ocurrencia.</p>
-
-<div class="sidenote">Temores<br> de los ingleses.</div>
-
-<p>Mientras tanto, la caída de Almeida, el contratiempo de Craufurd
-y la idea agigantada que entonces tenían los ingleses del ejército
-francés, causaban en el británico grande descaecimiento. Las cartas de
-los oficiales a sus amigos en Inglaterra no estaban más animosas, y su
-mismo gobierno se mostraba casi desesperanzado del buen éxito de la
-lucha peninsular. Así fue que, no obstante haber accedido a los planes
-de Lord Wellington, indicábase a este, en particulares instrucciones,
-que S. M. B. vería con gusto la retirada de su ejército, más bien que
-el que corriese el menor peligro por cualquiera dilación en su embarco.
-Otro general de menos temple que Lord Wellington y menos confiado en
-los medios que le asistían, hubiera quizá vacilado acerca del rumbo que
-convenía tomar, y dado un nuevo ejemplo de escandalosa retirada. Mas
-Wellington mantúvose firme, a pesar de que la repentina e inesperada
-pérdida de Almeida aceleraba las operaciones del enemigo.</p>
-
-<div class="sidenote">Repliégase<br> Wellington.</div>
-
-<p>Acaecida tamaña desgracia se replegó el general inglés a la
-izquierda del Mondego, estableció en Gouvea sus reales, colocó detrás
-de Celórico los infantes, y en este mismo pueblo la caballería. <span
-class="sidenote">Dificultades<br> que tiene<br> Massena.</span>
-Massena, teniendo dificultades en acopiar víveres a causa de las
-partidas españolas y de la mala voluntad de los pueblos, retardó la
-invasión, y aun dudaba poderla realizar tan pronto. Dos meses eran
-corridos después de la toma de Ciudad Rodrigo. Almeida apenas había
-ofrecido resistencia, y el ejército francés aún<span class="pagenum"
-id="Page_302">p. 302</span> permanecía a la derecha del Coa. Tanto
-ayudaba a los aliados la constante enemistad que conservaban los
-habitantes a los invasores.</p>
-
-<div class="sidenote">Aguíjale<br> Napoleón.</div>
-
-<p>Napoleón, que no palpaba de cerca como sus generales los obstáculos
-del país, maravillábase de la dilación, mayormente siendo superior
-en número al anglo-portugués el ejército de los franceses. Así se lo
-manifestaba a Massena en instrucciones que le expidió en septiembre;
-pero antes de recibir estas, ya aquel mariscal se había puesto en
-marcha.</p>
-
-<div class="sidenote">Empieza Massena<br> la invasión.</div>
-
-<p>Fue su primer plan, aseguradas las plazas de Ciudad Rodrigo y
-Almeida, moverse por ambas orillas del Tajo. Pero después, contando con
-que las tropas francesas de Extremadura y Andalucía amenazarían por el
-Alentejo, y no creyéndose con bastante fuerza para dividir esta, limitó
-sus miras a su solo frente, y determinó obrar por uno de los tres
-principales caminos que por allí se le ofrecían, de Belmonte, Celórico y
-Viseo.</p>
-
-<div class="sidenote">Posición<br> de Wellington<br> y medidas<br> que
-toma.</div>
-
-<p>Wellington, conservando en Gouvea sus cuarteles, extendía los
-puestos avanzados de su ejército, comprendiendo las fuerzas de Hill
-y otras sobre la derecha, desde el lado de Almeida, por la sierra de
-Estrella, a Guarda y Castelo Branco; en caso de ataque del enemigo
-debían todas las divisiones replegarse concéntricamente hacia las
-líneas. El inconveniente de esta posición consistía en lo dilatado de
-ella, pudiendo el enemigo, al paso que amagase a Celórico, interponerse
-por Belmonte entre Lord Wellington y el general Hill, a quienes
-separaba gran distancia. El último, siguiendo paralelamente, conforme
-indicamos,<span class="pagenum" id="Page_303">p. 303</span> los
-movimientos del francés Reynier, había llegado a Castelo Branco el 21
-de julio. Dejó aquí una guardia avanzada, y obedeciendo las órdenes
-de Lord Wellington, que le había reforzado con caballería, se acampó
-con 16.000 hombres y 18 cañones en Sarcedas. Para prevenir el que los
-franceses se interpusiesen, se rompió de Covilhã arriba el camino,
-ejecutáronse otros trabajos de defensa, se apostó en Fundão una brigada
-portuguesa, y colocose entre dos posiciones que se atrincheraron detrás
-del Cécere, río tributario del Tajo, y junto al Alva, que lo es del
-Mondego, una reserva formada en Tomar, y compuesta de 8000 portugueses
-y 2000 ingleses, bajo el mando del general Leith.</p>
-
-<div class="sidenote">Descripción<br> del valle<br> de Mondego.</div>
-
-<p>El cuerpo principal del ejército de Wellington podía, desde Celórico,
-tomar para su retirada o el camino que va a la sierra de Murcela, o el
-de Viseo. El primero corre por espacio de quince leguas lo largo de
-un desfiladero entre el río Mondego y la sierra de Estrella, teniendo
-al extremo la de Murcela, que circunda el Alva. De allí un camino que
-lleva a Espinhal facilitaba las comunicaciones con Hill y Leith, y un
-ramal suyo las de Coimbra. La otra ruta insinuada, la de Viseo, es de
-las peores de Portugal, interrumpida por el Criz y otras corrientes, y
-también estrechada entre el Mondego y la sierra de Caramula, que se une
-por medio de un país montuoso a la de Buçaco, límite, por decirlo así,
-del valle, y que hace frente a la de Murcela, pasando entre las faldas
-de ambas sierras el mencionado Mondego. La decisión de Wellington
-pendía del partido que tomasen los franceses.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_304">p. 304</span></p>
-
-<div class="sidenote">Distribución<br> de los cuerpos<br> de
-Massena.</div>
-
-<p>Massena no conocía a fondo el terreno, y tomando consejo de los
-portugueses que había en su campo, a quienes suponía enterados,
-resolvió dirigirse a Viseo y de allí a Coimbra, habiéndosele pintado
-aquella ruta como fácil y sin particulares obstáculos. En consecuencia,
-reconcentró el 16 de septiembre los tres cuerpos de ejército que
-mandaba: el de Ney y la caballería pesada en Maçal do Chão, el de
-Junot en Pinhel, y el de Reynier en Guarda. Hizo distribuir a los
-soldados pan para trece días, pensando caminar aceleradamente, y
-deseando anticiparse a Wellington en su marcha. Massena, colocando así
-su ejército, amenazaba los tres caminos indicados de Celórico, Belmonte
-y Viseo, y dejaba en duda el verdadero punto de su acometida. Reynier
-había hecho desde su retirada de Extremadura varios movimientos, ya
-dando indicios de dirigirse a Castelo Branco, ya adelantándose hasta
-Sabugal, ya retrocediendo a Zarza la Mayor. Por fin se incorporó, según
-acabamos de ver, a los otros cuerpos de Massena.</p>
-
-<div class="sidenote">Muévese sobre<br> Celórico y Viseo.</div>
-
-<p>De estos, el 2.º y 6.º, unidos con la caballería de Montbrun,
-cayeron en breve sobre Celórico, replegándose los puestos de los
-aliados a Cortiça. Wellington entonces comenzó su retirada por
-la izquierda del Mondego sobre el Alva, y el 17 notó que los dos
-mencionados cuerpos franceses se dirigían a Viseo por Fornos; quedaba
-el 8.º de Junot hacia Trancoso, en observación de 10.000 hombres de
-milicia, al mando del coronel Trant y de los jefes Miller y Juan
-Wilson, recogidos del norte de Portugal, y que se pusieron a las
-órdenes del general Bacellar para molestar<span class="pagenum"
-id="Page_305">p. 305</span> el flanco derecho y la retaguardia del
-enemigo.</p>
-
-<div class="sidenote">Entran<br> sus avanzadas<br> en Viseo.</div>
-
-<p>Entraron en Viseo las avanzadas francesas el 18. La ciudad
-estaba desierta. Wellington sin demora hizo cruzar de la margen
-izquierda del Mondego a la opuesta la brigada portuguesa que mandaba
-Pack, y la apostó más allá del Criz, rotos sus puentes. <span
-class="sidenote">Continúa Wellington su retirada.</span> En seguida
-empezó también el ejército aliado a pasar el Mondego por Penacova,
-Olivares y otras partes: colocose la división ligera de Craufurd en
-Mortagua para sostener a Pack; la 3.ª y 4.ª, del mando de Picton y Cole,
-entre la sierra de Buçaco y aquel pueblo, situándose al frente del
-mismo en un llano la caballería. Pasó al otro lado de la citada sierra
-la 1.ª división, regida por el general Spencer, y se dirigió a Meallada
-con la mira de observar el camino de Oporto a Coimbra, pues todavía
-se dudaba si Massena procuraría desde Viseo salir hacia aquella ruta,
-o continuar lo largo de la derecha del Mondego. Por igual motivo el
-coronel Trant, con parte de la milicia, debía marchar por San Pedro de
-Sul a Sardão, y juntarse al general Spencer. En tanto, el general Leith
-llegaba al Alva, y siguiole de cerca Hill, quien, sabiendo que Reynier
-se había juntado a Massena, se anticipó afortunadamente sin que hubiese
-todavía recibido órdenes de Wellington, y vino a incorporarse al
-ejército aliado.</p>
-
-<div class="sidenote">Ataca Trant<br> la artillería<br> y equipajes<br>
-franceses.</div>
-
-<p>El grueso del de los franceses llegó a Viseo el 20; pero su
-artillería y equipajes se detuvieron por los tropiezos del camino, y
-por una embestida del coronel Trant. Atacolos este caudillo el mismo 20
-en Tojal, viniendo de Moimenta<span class="pagenum" id="Page_306">p.
-306</span> da Beira, con algunos caballos y 2000 hombres de milicia.
-Cogioles 100 prisioneros, algún bagaje, y su triunfo hubiera sido
-más completo si la gente que mandaba hubiera sido menos novicia. Sin
-embargo, tan inesperado movimiento desasosegó a los franceses, cuya
-artillería, equipajes y gran parte de la caballería no llegó a Viseo
-hasta el 22, lo cual hizo perder a Massena dos días, y no desaprovechó
-a Wellington, a quien hubiera podido andar el tiempo escaso.</p>
-
-<p>Parecía ahora que este general, prosiguiendo en su propósito de
-no aventurar batallas, no se detendría en donde estaba, sino que,
-cerciorado de que los franceses iban adelante, se replegaría para
-aproximarse a las líneas. Suposición esta tanto más fundada cuanto,
-no habiendo querido empeñar acción para salvar dos plazas, no era
-regular lo hiciese en la actual ocasión, en que no concurría motivo tan
-poderoso. Mas no sucedió así. Presúmese que varió de parecer a causa de
-los clamores que contra los ingleses se levantaron en Portugal, viendo
-que dejaban el país a merced del enemigo.</p>
-
-<div class="sidenote">Detiénese<br> Wellington<br> en Buçaco.</div>
-
-<p>Wellington determinó, pues, hacer alto en la sierra de Buçaco, y
-disponer su gente en nuevas y acomodadas posiciones. Corren aquellos
-montes por espacio de dos leguas, cayendo por un lado rápidamente,
-según hemos apuntado, sobre la derecha del Mondego, y enlazándose
-por el opuesto con la sierra de Caramula. Tres caminos llevan a
-Coimbra: uno cruza lo más alto, y allí se levanta un convento célebre
-en Portugal de carmelitas descalzos, en donde Lord Wellington
-estableció el cuartel general, y aquella morada<span class="pagenum"
-id="Page_307">p. 307</span> antes silenciosa y pacífica convirtiose
-ahora en estrepitoso alojamiento de gente de guerra. De los otros
-dos caminos, uno venía de San Antonio de Cantaro, y el otro seguía el
-Mondego a Penacova. A través del último se colocó el cuerpo de Hill,
-que llegó el 26; a su izquierda Leith. Seguía la 3.ª división, y entre
-esta y el convento formaba la 1.ª La 4.ª se puso en el extremo opuesto
-para cubrir un paso que conduce a Meallada, en cuyo llano se apostó la
-caballería, quedando solo en las cumbres un regimiento de esta arma.
-La brigada de Pack se alojaba delante de la 1.ª división, a la mitad
-de la bajada del lado de los franceses; también se situó descendiendo
-y enfrente del convento la vanguardia de Craufurd con algunos jinetes.
-Había en ciertos parajes, a retaguardia de la línea, portugueses que
-sostenían el cuerpo de batalla. Hallose Wellington con toda su fuerza
-principal reunida, en número de unos 50.000 hombres.</p>
-
-<div class="sidenote">Acción<br> de Buçaco.</div>
-
-<p>Túvose a dicha que los franceses se hubiesen parado hasta el día
-27, pues a haber acelerado su marcha y acometido treinta y seis
-horas antes, conforme se asegura quería Ney, la suerte del ejército
-aliado hubiera podido ser muy otra, reinando alguna confusión en sus
-movimientos. Leith pasaba el Mondego, Hill todavía no había llegado, y
-apenas estaban en línea 25.000 hombres.</p>
-
-<p>El mariscal Massena, después de algunas dudas, se resolvió a embestir
-la Sierra el 27 al amanecer. Tenían sus soldados, para llegar a la
-cima, que trepar por una subida empinada y escabrosa, cuya desigualdad
-sin embargo los favorecía,<span class="pagenum" id="Page_308">p.
-308</span> escudando hasta cierto punto sus personas. El mariscal Ney
-se enderezó al convento, y Reynier del otro lado, por San Antonio de
-Cantaro. Junot se quedó en el centro y de respeto con la caballería y
-artillería.</p>
-
-<p>Las tropas de Reynier acometieron con tal ímpetu que se encaramaron
-en la cima, y por un rato se enseñorearon de un punto de la línea de
-los aliados, arrollando parte de la 3.ª división, que mandaba Picton.
-Pero acudiendo el resto de ella, y también el general Leith por el
-flanco con una brigada, fueron los enemigos desalojados, y cayeron con
-gran matanza la montaña abajo.</p>
-
-<p>Ni aun tan afortunado logró ser por el otro punto el mariscal Ney.
-Dueño desde el principio de la acción de una aldea que amparaba sus
-movimientos, comenzó a subir la sierra por la derecha encubierto con lo
-agrio y desigual del terreno. El general Craufurd, que se hallaba allí,
-tomó en esta ocasión atinadas disposiciones. Dejó acercarse al enemigo,
-y a poca distancia rompió contra sus filas vivísimo fuego, cargándole
-después a la bayoneta por el frente y los costados. Precipitáronse
-los franceses por aquellas hondonadas, perdieron mucha gente, y quedó
-prisionero el general Simon. Ganaron después los ingleses a viva
-fuerza el pueblecillo que habían al principio ocupado sus contrarios.
-Lo recio de la pelea duró poco, el enemigo no insistió en su ataque,
-y se pasó lo que restaba del día en escaramuzas y tiroteos. Perdieron
-los franceses unos 4000 hombres, murió el general Graindorge, y fueron
-heridos Foy y Merle. De los<span class="pagenum" id="Page_309">p.
-309</span> aliados perecieron 1300, menos que de los otros a causa de
-su diversa y respectiva posición.</p>
-
-<div class="sidenote">Cruza Massena<br> la sierra<br> de Caramula.</div>
-
-<p>Convencido el mariscal Massena de las dificultades con que se
-tropezaba para apoderarse de la sierra por el frente, trató de salvarla
-poniéndose en franquía por la derecha, y obligando de este modo a los
-ingleses a abandonar aquellas cumbres, ya que no pudiese sorprenderlos
-por el flanco y escarmentarlos. Lo difícil era encontrar un paso, mas
-al fin consiguió averiguar de un paisano que desde Mortagua partía
-un camino al través de la sierra de Caramula, el cual se juntaba con
-el que de Oporto va a Coimbra. Contento el mariscal francés con tal
-descubrimiento, decidió tomar prontamente aquella vía, y disfrazó su
-resolución manteniendo el 28 falsos ataques y escaramuzas. Mientras
-tanto fue marchando a la desfilada lo más de su ejército, y hasta en la
-tarde no advirtieron los ingleses el movimiento de sus contrarios.</p>
-
-<p>No les era ya dado el estorbarlo, por lo que desampararon a Buçaco
-antes del alborear del 29. Hill repasó el Mondego, y por Espinhal se
-retiró sobre Tomar; hacia Coimbra y la vuelta de Meallada, Wellington,
-con el centro y la izquierda. Cubría la retaguardia la división ligera
-de Craufurd, a la que se unió la caballería.</p>
-
-<p>Los franceses, después de cruzar la sierra de Caramula, llegaron el
-mismo día 28 a Boyalvo sin encontrar ni un solo hombre. El coronel
-Trant se hallaba a una legua, en Sardão, adonde había venido desde San
-Pedro de Sul, pero con poca gente. Las partidas enemigas le arrojaron
-fácilmente más allá del Vouga.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_310">p. 310</span></p>
-
-<p>Por la relación que hemos hecho de la acción de Buçaco aparece
-claro que con ella no se alcanzó otra cosa que el que brillase de
-nuevo el valor británico y se adquiriese mayor confianza en las tropas
-portuguesas, las cuales pelearon con brío y buena disciplina. Pero
-no se recogió ninguno de aquellos importantes frutos, por los que un
-general aventura de grado una batalla. Ni siquiera había los motivos
-que para ello asistían durante los sitios de Ciudad Rodrigo y de
-Almeida. Y hasta la prudencia de Lord Wellington falló en esta ocasión,
-dejando un portillo por donde no solo se metieron los franceses, sino
-que también por él pudieron envolver al ejército aliado o a lo menos
-flanquearle con gran menoscabo. En vano se alega en disculpa haber
-mandado Wellington que avanzase el coronel Trant con la milicia: la
-escasa fuerza y la índole bisoña de esta tropa no hubiera podido
-detener, cuanto menos rechazar, las numerosas huestes de Massena. Tan
-cierto es que de un hilo cuelga la suerte de las armas, aun gobernadas
-por generales los más advertidos.</p>
-
-<p>Puesto el mariscal francés en Boyalvo, marchó sobre Coimbra. En
-aquel tránsito no estaba el país tan destruido y talado como hasta
-Buçaco. No se cumplieron allí rigurosamente las disposiciones de
-Wellington, parte por creerse lejano el peligro, parte también porque
-a la regencia portuguesa, gobierno nacional, no le era lícito llevar a
-efecto órdenes tan duras con la misma impasibilidad y fortaleza que al
-brazo de hierro de un general que, aunque aliado, era extranjero.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_311">p. 311</span></p>
-
-<div class="sidenote">Los franceses<br> en Coimbra.</div>
-
-<p>Hubo, por tanto, en Coimbra desbarato y confusión, y si bien los
-vecinos desampararon la ciudad, con la precipitación se dejaron víveres
-y otros recursos al arbitrio del enemigo. No le aprovecharon sin
-embargo a este: Junot, a pesar de órdenes contrarias del general en
-jefe, permitió o no pudo impedir el pillaje.</p>
-
-<div class="sidenote">Condeixa.</div>
-
-<p>De aquí nació que agolpándose muchedumbre de población fugitiva de
-aquella ciudad y otras partes a los desfiladeros que van a Condeixa,
-hubo de comprometerse la división de Craufurd, que cubría la retirada
-del ejército aliado, porque, detenida en su marcha, se dio lugar a
-que se aproximaran los jinetes enemigos. A su vista suscitose gran
-desorden, y si hubieran venido asistidos de infantería, quizá hubieran
-destrozado a Craufurd. Este consiguió, aunque a duras penas, poner en
-salvo su división.</p>
-
-<div class="sidenote">Desórdenes<br> en el ejército<br> inglés.</div>
-
-<p>Lo apacible del tiempo había favorecido en su retirada a los
-ingleses, abundaban en provisiones, y no obstante cometieron excesos, a
-punto de robar sus propios almacenes. El cuartel general se estableció
-en Leiría el 2 de octubre, y creciendo la perturbación y las demasías,
-hubiéranse quizá repetido en compendio las escenas deplorables del
-ejército de Moore, a no haber Lord Wellington reprimido el desenfreno
-con castigos ejemplares y con vedar que los regimientos más díscolos
-entrasen en poblado.</p>
-
-<p>El saqueo de Coimbra y sus desórdenes impidieron también, por su
-parte, al mariscal Massena moverse de aquella ciudad antes del 4,
-respiro que aprovechó a los ingleses. No obstante, acometiendo de
-repente los enemigos a Leiría,<span class="pagenum" id="Page_312">p.
-312</span> se vieron aquellos al pronto sobrecogidos. Atajados al fin
-los ímpetus del francés, prosiguieron la retirada los aliados, yendo su
-derecha por Tomar y Santarén, la izquierda por Alcobaza y Óbidos, el
-centro por Batalha y Rio Maior: enviose fuerza portuguesa a guarnecer a
-Peniche, pequeña plaza orillas de la mar.</p>
-
-<div class="sidenote">Sorprende Trant<br> a los franceses<br> de
-Coimbra.</div>
-
-<p>No bien hubo el mariscal Massena salido de Coimbra, cuando el
-coronel Trant, viniendo desde el Vouga con milicia portuguesa, pudo
-el 7 sorprender en aquella ciudad a los franceses que la custodiaban,
-coger a los que se habían fortificado en el convento de Santa Clara,
-apoderarse, en una palabra, de 5000 hombres, contados heridos y
-enfermos, y asimismo de los depósitos y hospitales. Al siguiente día
-llegaron también, con sus milicianos, los jefes Miller y Juan Wilson,
-y tomaron, extendiéndose por la línea de comunicación, 300 hombres
-más.</p>
-
-<p>No detuvo a Massena semejante contratiempo, ni tampoco las
-lluvias, que empezaron a ser muy copiosas. En nada reparaba la
-impetuosidad francesa, <span class="sidenote">Alcoentre.</span>
-y el 9, en Alcoentre, viose sorprendida una brigada de artillería
-inglesa, y hasta perdió sus cañones. Costó mucho recobrarlos. Parecida
-desgracia ocurrió el 10 a la división de Craufurd en Alenquer, <span
-class="sidenote">Alenquer.</span> permaneciendo este general muy
-descuidado cuando tenía cerca un enemigo tan diligente. El terror fue
-grande, y aunque se disipó, no por eso dejó de correr la voz de que
-aquella división había sido cortada; por lo cual, temeroso Hill de la
-suerte de la 2.ª línea, que era la más importante, se echó atrás para
-cubrirla, y dejó desamparada la primera desde<span class="pagenum"
-id="Page_313">p. 313</span> Alhandra a Sobral, cosa de dos leguas.
-Felizmente los enemigos no lo notaron, y antes de la madrugada del 11
-tornó Hill a sus anteriores puestos. Infiérese de aquí lo poco firme
-que todavía andaba el ánimo del ejército inglés.</p>
-
-<div class="sidenote">Los ingleses<br> en las líneas.</div>
-
-<p>Había este ido entrando sucesivamente en las líneas de Torres
-Vedras, y admirábase, no teniendo de ellas cumplida idea. No menos se
-maravilló, al acercarse, el mariscal Massena, quien hasta pocos días
-antes ni siquiera sabía que existiesen. Ignorancia pasmosa, ya dimanase
-del sigilo con que se habían construido obras de tal importancia, ya
-de la falta de secretas correspondencias de los enemigos en el campo
-aliado.</p>
-
-<p>Massena gastó algunos días en reconocer y tantear las líneas; se
-trabaron varias escaramuzas, la más seria el 14, cerca de Sobral. Fue
-herido el general inglés Harvey, y en Villafranca mató el fuego de una
-cañonera al general francés Sainte-Croix.</p>
-
-<div class="sidenote">Massena<br> no las ataca.</div>
-
-<p>No vislumbrando Massena, después de su examen, probabilidad de
-forzar las líneas, consultó con los otros jefes principales del
-ejército, y juntos decidieron pedir refuerzos a Napoleón, y reducir
-en cuanto fuese dado a bloqueo las operaciones. Estableció, de
-consiguiente, Massena su cuartel general en Alenquer, situó el cuerpo
-de Reynier en Villafranca, el de Junot mirando a Sobral, y mantuvo el
-de Ney en Ota, a retaguardia.</p>
-
-<div class="sidenote">Formidable<br> fuerza y posición<br> de
-Wellington.</div>
-
-<p>Por su parte, el ejército de Lord Wellington estaba distribuido
-así: la derecha, a las órdenes de Hill, en Alhandra; la izquierda,
-que mandaba Picton, en Torres Vedras; Wellington mismo y<span
-class="pagenum" id="Page_314">p. 314</span> Beresford en el centro,
-el último tenía su cuartel general en Monte Agraço, el primero en
-Quinta de Peronegro, cerca de Enxara dos Cavaleiros. Fuese el ejército
-británico reforzando, y cubriéronse sus huecos con tropas de Inglaterra
-y Cádiz; <span class="sidenote">Únesele<br> con dos divisiones<br>
-Romana.</span> también se le unió de Badajoz, antes de acabar octubre,
-el marqués de la Romana, con dos divisiones mandadas por los generales
-Carrera y Don Carlos O’Donnell, que ambas componían unos 8000
-hombres.</p>
-
-<p>Juzgó conveniente, además, Lord Wellington no solo tener a su
-disposición fuerza real y efectiva bien organizada, sino igualmente
-gran avenida de hombres que aumentasen el número y las apariencias.
-Así la milicia cívica de Lisboa, la de la provincia de la Extremadura
-portuguesa y sus ordenanzas se metieron en el recinto de las líneas,
-pues allí podían ser útiles y representar aventajado papel. Creció
-tanto la gente que, al rematar octubre, recibían raciones dentro de
-dichas líneas 130.000 hombres, de los que 70.000 pertenecían a cuerpos
-regulares y dispuestos a obrar activamente; guardaban casi todos
-los castillos y fuertes de la primera y segunda línea la milicia y
-artillería portuguesas; la tercera, que era la última y más reducida,
-la tropa de marina inglesa.</p>
-
-<p>Tan enorme masa de gente, abrigada en estancias tan formidables,
-teniendo a su espalda el espacioso y seguro puerto de Lisboa, y con
-el apoyo y los socorros que prestaban el inmenso poder marítimo y la
-riqueza de la gran Bretaña, ofrece a la memoria de los hombres un
-caso de los más estupendos que recuerdan los anales militares<span
-class="pagenum" id="Page_315">p. 315</span> del mundo. ¡Qué recursos
-asistían al dominador de Francia para superar tantos y tantos
-impedimentos!</p>
-
-<div class="sidenote">Moléstase<br> también<br> al enemigo fuera<br> de
-las líneas.</div>
-
-<p>Por de fuera de las líneas no descuidó Wellington el que se
-hostilizase al enemigo. La milicia del norte de Portugal le punzaba
-por la espalda y se comunicaba con Peniche, hacia donde se destacó un
-batallón español de tropas ligeras y un cuerpo de caballería inglesa,
-también sostenidos por una columna volante que salía de Torres Vedras a
-hacer sus excursiones, y por el pueblo de Óbidos en estado de defensa.
-Del otro lado maniobraba la milicia de la Beira baja, dándose la mano
-con la del norte y apoyada por <span class="sidenote">Don Carlos<br>
-España.</span> Don Carlos España que, con una columna móvil, había
-pasado el Tajo y obraba la vuelta de Abrantes, villa esta en poder de
-los aliados y fortificada. De suerte que los franceses estaban metidos
-como en una red, costándoles mucho avituallarse y formar almacenes.</p>
-
-<div class="sidenote">Situación crítica<br> de los franceses.</div>
-
-<p>En la lejanía dañábales igualmente el continuo pelear de los
-partidarios españoles de León, Castilla y provincias vascongadas, que
-dificultaban los convoyes y socorros e interrumpían la correspondencia
-con Francia. No menos los desfavoreció la guerra que por las alas
-hacían las tropas españolas, ya en la frontera de Galicia, ya en
-Asturias y también en Extremadura.</p>
-
-<div class="sidenote">Galicia.</div>
-
-<p>De las primeras, Galicia, aunque libre, ceñía sus operaciones a hacer
-de cuando en cuando correrías hasta el Órbigo y el Esla, de donde,
-según ya quedó apuntado, solían los enemigos arrojar a los nuestros,
-obligándolos a replegarse a los puertos de Manzanal y Foncebadón, y
-aun al<span class="pagenum" id="Page_316">p. 316</span> Bierzo. El
-general Mahy continuaba mandando, como antes, aquel ejército, cuyas
-fuerzas apenas llegaban a 12.000 hombres y pocos caballos, todo no muy
-arreglado. Y, ¡cosa de admirar!, los gallegos, que se habían esmerado
-tanto en defender sus propios hogares, mostráronse perezosos en
-cooperar fuera de su suelo al triunfo de la buena causa. Mas esto
-pendió mucho, aquí como en las demás partes, de las autoridades, y no
-de reprensible falta en el carácter de los habitantes. Aquellas, por
-lo general, eran flojas y adolecían de los vicios de los gobiernos
-anteriores, careciendo de la previsión y bien entendida energía que da
-la ciencia práctica del gobierno.</p>
-
-<p>Las operaciones, pues, del general Mahy fueron muy limitadas.
-Ocuparon, sin embargo, sus tropas por dos veces a León, e inquietaron
-con frecuencia, y a veces con ventaja, a los franceses. Distinguiéronse
-en semejantes reencuentros los oficiales superiores Meneses y Evia.
-Diósele después a Mahy el mando de las tropas de Asturias, para que,
-reuniendo este al que ya tenía, se procediese más de concierto. Al
-fin, autorizósele también con la capitanía general de Galicia, y se
-creyó de este modo que, poniendo en una mano la supremacía militar del
-distrito y la de las fuerzas activas de ambas provincias, tomarían
-los movimientos de la guerra rumbo más fijo. Mahy, en consecuencia,
-y para obrar de acuerdo con la junta de Galicia y hacer que de
-un solo centro partiesen las providencias convenientes, pasó a la
-Coruña en 2 de septiembre, y dejó en su lugar, al frente del ejército,
-a Don Francisco Taboada y Gil, que vimos en Sanabria. Colocó este
-general<span class="pagenum" id="Page_317">p. 317</span> las tropas en
-Manzanal y Foncebadón, con puestos destacados sobre las avenidas de la
-Puebla de Sanabria por un lado, y por otro sobre Asturias, vía de las
-Babias. Formose asimismo una columna volante de 2000 hombres, al mando
-del coronel Mascareñas, que particularmente maniobraba hacia León, la
-cual desbarató algunas tropas del enemigo en la Robla antes de acabar
-octubre, y en San Feliz de Órbigo al empezar noviembre. También el 26
-de aquel mes, en Tábara, Don Manuel de Nava sorprendió a los franceses
-y les hizo algunos prisioneros. Mas el único beneficio que de tales
-operaciones resultó, ciñose a obligar al enemigo a que mantuviese
-fuerzas bastantes en las riberas del Órbigo y del Esla.</p>
-
-<p>Mahy no alcanzó nada importante con su ida a la Coruña. Habían
-traído allí fusiles de Inglaterra y otros auxilios, de que no se sacó
-gran fruto. Las autoridades discurrían, es cierto, mucho entre sí, y
-aun ideaban planes, pero casi todos ellos o no llegaron a plantearse o
-se frustraron. Hombre de sanas intenciones, escaseaba Mahy de nervio y
-de aquella voluntad firme que imprime en la mente de los demás respeto
-y sumisión.</p>
-
-<div class="sidenote">Asturias.</div>
-
-<p>Dejamos en abril las tropas de Asturias colocadas en la Navia y
-en el país montuoso que sigue casi la misma línea. Las primeras se
-componían de la división de Galicia, y las mandaba Don Juan Moscoso:
-las otras, que eran las asturianas, Don Pedro de la Bárcena, a quien
-se había agregado con su cuerpo franco Don Juan Díaz Porlier. Atacó
-Moscoso el 17 de mayo en<span class="pagenum" id="Page_318">p.
-318</span> Luarca a los franceses. Por desgracia nuestras tropas
-flaquearon, y con pérdida volvieron a ocupar su primera línea. A
-Bárcena, acometido al mismo tiempo, sucediole igual fracaso. Conservose
-íntegro el cuerpo de Porlier, que en seguida se situó en el puente de
-Salime, a la derecha de Moscoso.</p>
-
-<p>Se retiró a poco este del principado, cuyo mando supremo militar
-confirió la regencia de Cádiz a Don Ulises Albergotti, hombre muy
-anciano e incapaz de desempeñar encargo que en aquel tiempo requería
-gran diligencia. El nuevo general permaneció en Navia, y allí, en 5 de
-julio, acometiéronle los franceses, penetrando por el lado de Trelles.
-Estaba Albergotti desprevenido, y con el sobresalto no paró hasta Meira
-en Galicia. Los enemigos extendieron sus correrías a Castropol, límite
-de aquel reino y de Asturias. Dos días antes, el 3, Bárcena, que había
-avanzado hacia Salas, también fue atacado y se recogió a la Pola de
-Allande.</p>
-
-<p>Mahy entonces, como general en jefe de todas las fuerzas de Galicia
-y Asturias, quiso poner remedio a tan repetidas desgracias, hijas
-las más de descuido en algunos jefes y de mala inteligencia entre
-ellos, y meditó un plan para desembarazar de enemigos el principado.
-Envió, pues, 600 hombres que reforzasen la división gallega, mandó
-que esta partiese a Salime y comunicase con Bárcena, y además destacó
-del grueso del ejército de Galicia, que estaba en el Bierzo, un trozo
-de 1500 hombres al cargo de D. Esteban Porlier, el cual, cruzando
-el puerto de Leitariegos, debía obrar mancomunadamente con<span
-class="pagenum" id="Page_319">p. 319</span> las fuerzas de Asturias.
-<span class="sidenote">Expediciones<br> de Porlier<br> por la
-costa.</span> Al propio tiempo, el otro Porlier [Don Juan Díaz] estaba
-destinado a llamar, con la infantería de su cuerpo franco, la atención
-de los franceses del lado de Santander, embarcándose a este propósito
-en Ribadeo a bordo, y escoltado de cinco fragatas inglesas.</p>
-
-<p>Semejante plan hubiera podido realizarse con buen éxito si Mahy,
-usando de su autoridad, hubiera hecho que todos los jefes concurriesen
-prontamente a un mismo fin. Porlier dio la vela de Ribadeo, dirigiendo
-la expedición marítima el Comodoro inglés Roberto Mends. Amagaron los
-aliados varios puntos de la costa y tomaron tierra en Santoña, puerto
-que, bien fortificado, hubiera sido en el norte de España un abrigo tan
-inexpugnable como lo eran en el mediodía las plazas de Gibraltar
-y Cádiz. Tal deseo asistía a Porlier, pero su expedición, puramente
-marítima, no llevaba consigo los medios necesarios para fortificar y
-poner en estado de defensa un sitio cualquiera de la marina. Desembarcó,
-sin embargo, en varios parajes además de Santoña, cogió 200 prisioneros,
-desmanteló las baterías de la costa, alistó en sus banderas bastantes
-mozos del país ocupado, y felizmente tornó a la Coruña con la
-expedición el 22 de julio.</p>
-
-<p>Repitió este activo e infatigable jefe otra tentativa del mismo
-género el 3 de agosto, y aportó a la ensenada de Cuevas, entre Llanes
-y Ribadesella. Dirigiose a Potes, deshizo en las montañas de Santander
-algunas partidas enemigas, y retrocediendo a Asturias obró de consuno
-con Don Salvador Escandón y otros jefes de guerrillas que lidiaban al
-oriente del principado.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_320">p. 320</span></p>
-
-<p>Bárcena, por su parte, también avanzó, y el 15 de agosto tuvo en
-Linares de Cornellana un reencuentro con los franceses. Siguiéronse
-otros, y parecía que pronto se vería Oviedo libre de enemigos,
-favoreciendo las empresas de la tropa reglada las alarmas de varios
-concejos, nombre que, como dijimos, se daba al paisanaje armado de la
-provincia. Pero no fue así: cuando unos jefes avanzaban, se retiraban
-otros, y nunca se llevó a cabo un plan bien concertado de campaña.
-Teníase, sí, en sobresalto al enemigo, forzábaselo a conservar en
-aquellas partes considerable número de gente, mas la guerra, yendo al
-mismo son en el principado de Asturias que en la frontera de Galicia,
-no reportó las ventajas que se hubieran sacado con mayor unión y vigor
-en las autoridades y ciertos caudillos.</p>
-
-<div class="sidenote">Extremadura.</div>
-
-<p>Fue importante, si no siempre favorable en sus resultas, la
-asistencia que dio Extremadura a la campaña de Portugal, pues por lo
-menos se entretuvo el cuerpo del mariscal Mortier, y se impidió que,
-metiéndose en el Alentejo, quitase a Lisboa los auxilios que aquel
-territorio suministraba.</p>
-
-<p>Dimos cuenta hasta entrado julio de las operaciones más principales
-del ejército de dicha provincia de Extremadura, que se llamaba de la
-izquierda. Privado este del apoyo del general Hill, había puesto Lord
-Wellington en manos del general en jefe, marqués de la Romana, la plaza
-de Campomayor, y enviádole a mediados de agosto una brigada portuguesa,
-a las órdenes de Madden.</p>
-
-<p>Aun sin tales arrimos continuaban las tropas<span class="pagenum"
-id="Page_321">p. 321</span> de Extremadura incomodando con mayor o
-menor ventura al enemigo. Ya al retirarse Reynier le siguieron la
-huella los soldados de Don Carlos O’Donnell, cogieron a los que se
-rezagaban, y el 31 de julio el jefe España se apoderó de 100 hombres
-que guardaban una torre y casa fuerte sita en la confluencia del
-Almonte y Tajo, cerca de donde se divisan los famosos restos del puente
-romano de Alconétar, que el vulgo apellida de Mantible, nombre célebre
-en algunas historias españolas de caballería. Mas por este lado hubo la
-desgracia de que en Alburquerque, con la caída de un rayo se volase,
-casi al mismo tiempo que en Almeida, un almacén de pólvora, accidente
-que causó daños y ruinas.</p>
-
-<p>La guerra que hasta aquí había hecho el ejército de Extremadura no
-dejó de ser prudente y acomodada a las circunstancias y a la calidad
-de sus tropas, si bien se quejaban todos de la indolencia y dejadez
-del general en jefe. Y así, más bien que por premeditado plan de este,
-dirigiéronse las operaciones según el valor o el buen sentido de los
-generales subalternos, los cuales evitaban grandes choques, y solo
-parcialmente hostigaban al enemigo y le traían en continuo movimiento.
-Quiso Romana en agosto probar por sí fortuna y dar a la campaña nuevo
-impulso y mayor ensanche. En consecuencia, saliendo de Badajoz el 5,
-se unió a las divisiones de los generales Ballesteros y La Carrera
-que se hallaban en Salvatierra, ambas a las órdenes de Don Gabriel
-de Mendizábal, y juntos se adelantaron, recogiéndose atrás a Llerena
-los franceses que había en Zafra. <span class="sidenote">Refriega<br>
-en Cantaelgallo.</span> Aguardaron estos<span class="pagenum"
-id="Page_322">p. 322</span> en las alturas de Villagarcía, y los
-nuestros se colocaron en las de Cantaelgallo, separadas de las primeras
-por un valle. Los enemigos atacaron el 11, y valiéndose de diestras
-maniobras, estuvieron próximos a envolver a los infantes españoles si
-La Carrera, con la caballería, no los hubiera sacado de tan mal paso.
-Portose asimismo con habilidad y honra la artillería. Se retiró Romana
-a Almendralejo, y los franceses volvieron a Zafra.</p>
-
-<p>No pasaron por entonces más adelante porque, como en aquella guerra
-tenían a un tiempo que acudir a tantas partes, luego que en una
-triunfaban los llamaba a otra algún suceso desagradable o inesperado.
-Verificose particularmente en Extremadura este trasiego, este
-continuado ir y venir, distrayendo la atención de las tropas de Mortier
-ya las ocurrencias del condado de Niebla, ya las de Ronda u otros
-lugares.</p>
-
-<div class="sidenote">En Fuente<br> de Cantos.</div>
-
-<p>Después de lo que aconteció en Cantaelgallo, fueron reforzadas las
-tropas españolas con los jinetes del general Butrón que ocupaban otros
-sitios, y con los portugueses ya indicados, al mando de Madden. Quietos
-los franceses y aun replegados de nuevo, avanzó Butrón a Monesterio,
-y se colocó La Carrera, con su división de caballería y la artillería
-volante, en Fuente de Cantos. Vinieron los enemigos sobre ellos el 15
-de septiembre, en número de 13.000 infantes y 1800 caballos. Butrón
-se incorporó a Carrera y ambos pelearon bien hasta que, oprimidos por
-la superioridad enemiga, empezaron a retirarse. Los franceses tenían
-oculta parte de<span class="pagenum" id="Page_323">p. 323</span>
-su tropa, casi a espaldas de los nuestros, y cargando de improviso,
-introdujeron desorden y se apoderaron de algunos cañones. Mayor hubiera
-sido la desgracia de los españoles a no haber acudido pronto en su
-favor el inglés Madden, apostado con los portugueses en Calzadilla,
-quien contuvo a los jinetes franceses y aun los escarmentó. El general
-Butrón también después, en Azuaga, les cogió 100 hombres. Paráronse los
-nuestros en Almendralejo, y los enemigos no pasaron de Zafra y de los
-Santos de Maimona.</p>
-
-<p>Prosiguió de este modo la guerra sin ningún considerable empeño, y
-Romana saliendo, como hemos dicho, para Lisboa, se juntó en octubre
-con el ejército inglés. Determinación que tomó de propia autoridad,
-y no de acuerdo con el gobierno supremo. Cierto es que no hubiera
-obtenido Romana la aprobación de aquel a haberle consultado, pues claro
-era que las tropas que llevó consigo hacían más falta para cubrir la
-Extremadura española, y aun para impedir la entrada de los franceses
-en el Alentejo, que en las líneas de Torres Vedras, abundantemente
-provistas de gente y de medios de defensa. Antes de partir nombró
-Romana, para que le reemplazase en el mando en jefe, a Don Gabriel de
-Mendizábal, puso a Badajoz como si estuviera amagado de sitio, y
-mandó que la junta y demás autoridades se trasladasen a Valencia de
-Alcántara.</p>
-
-<p>Tenía inmediata correlación con las operaciones del ejército de
-Extremadura la guerra que se hacía en el condado de Niebla, en la<span
-class="pagenum" id="Page_324">p. 324</span> serranía de Ronda y en
-otros lugares de la Andalucía.</p>
-
-<div class="sidenote">Expedición<br> de Lacy<br> a Ronda.</div>
-
-<p>Se daba desde Cádiz pábulo a semejante lucha por medio de
-auxilios y de algunas expediciones marítimas. Hízose a la vela la
-primera de estas el 17 de junio, compuesta de 3189 hombres de buenas
-tropas, a las órdenes del general Don Luis Lacy, y dirigió su rumbo
-a Algeciras, en donde desembarcó. Tenía por objeto dicha empresa
-fomentar la insurrección de la serranía de Ronda, adoptando un plan
-que constantemente mantuviese allí la guerra. El que proponía Lacy,
-siguiendo en parte los pensamientos del general Serrano Valdenebro,
-comandante de la sierra, se presentaba como el más adecuado y consistía
-en establecer de mar a mar, quedando Gibraltar a la espalda, una línea
-de puntos fortificados que abrigasen respectivamente ambos flancos
-cuando se obrase ya en uno o ya en otro de ellos. Se habilitaban
-también en lo interior de la sierra varios castillejos, antiguos
-vestigios de los moros, colocados los más en parajes casi inaccesibles.
-El ejército había de obrar no en masa sino en trozos, reuniéndose solo
-en determinadas ocasiones, y se dejaba a cargo del paisanaje guarnecer
-los castillos, y suplir con reclutas las bajas del ejército en Cádiz.
-Mas para realizar este plan necesitábase tiempo, y no era probable
-que los franceses se descuidasen y permitiesen el que se llevara a
-efecto.</p>
-
-<p>Lacy, luego que hubo desembarcado, se encaminó a Gaucín, desde donde
-quiso acercarse a Ronda. En esta ciudad se habían los franceses<span
-class="pagenum" id="Page_325">p. 325</span> fortalecido en el antiguo
-castillo y formado varios atrincheramientos: tomar uno y otro a viva
-fuerza no era maniobra fácil ni pronta, principalmente conservando los
-enemigos en Grazalema una columna móvil.</p>
-
-<p>Limitose, pues, Lacy a hacer algunos movimientos, y a contener a
-veces los ímpetus del enemigo. Le ayudaban los partidarios, favorecidos
-del conocimiento que tenían del terreno, siendo los de más nombre Don
-José de Aguilar, Don Juan Becerra y Don José Valdivia. También los
-ingleses, de acuerdo con el general español, enviaron al este de la
-sierra 800 hombres que sirviesen de apoyo en cualquier desmán.</p>
-
-<p>Inquietos los franceses con la expedición, y persuadidos de que si
-se mantenía firme en los montes de Ronda, desasosegaría continuamente
-las fuerzas que sitiaban a Cádiz, y aun las de Sevilla y Málaga,
-diéronse priesa a frustrar tales intentos. Y así, al paso que el
-general Girard buscaba a Lacy hacia el frente, destacó el mariscal
-Victor tropas del primer cuerpo por el lado de poniente, y Sebastiani
-otras del 4.º por el de levante. De manera que, temeroso Don Luis
-Lacy de ser envuelto, se trasladó a la fuerte posición de Casares,
-embarcándose después en Estepona y Marbella. Tomó a poco tierra en
-Algeciras, y tornando a San Roque se corrió otra vez a la banda
-de Marbella, a fin de alentar y socorrer la guarnición de aquel
-castillo que, bajo el mando de Don Rafael Cevallos Escalera, burló
-diversas tentativas que para ocuparle hizo el enemigo. Don Francisco
-Javier<span class="pagenum" id="Page_326">p. 326</span> Abadía,
-comandante de San Roque, aunque asistido de escasa fuerza, cooperó
-igualmente a los movimientos de Lacy, y llamó por Algeciras la atención
-de los franceses.</p>
-
-<p>Pero al fin, agolpándose estos en gran número a la sierra, se
-reembarcó la expedición, y regresó a Cádiz el 22 de julio. No se
-sacaron de ella más ventajas que la de molestar a los enemigos
-y divertirlos de otras operaciones, particularmente de las que
-intentaba en Extremadura, tan conexas con las de Portugal. Poca o mala
-inteligencia entre las tropas de línea y los paisanos desfavoreció la
-empresa. Para aquellas había oscura gloria y mucho trabajo en la guerra
-de partidarios, única que convenía en la sierra; no así para los otros,
-habituados a tales peleas, y cuya ambición de fama estaba satisfecha
-con que se pregonasen sus hazañas en el ejido de sus pueblos.</p>
-
-<div class="sidenote">Al Condado<br> de Niebla.</div>
-
-<p>Ni un mes se pasó sin que el mismo Don Luis Lacy, con
-otra expedición, saliese de Cádiz llevando rumbo opuesto
-al anterior de Ronda, esto es, al condado de Niebla. <span
-class="sidenote">Situación<br> de esta comarca.</span> En dicha comarca
-proseguía el general Copons entreteniendo al enemigo, que, bajo el
-mando del duque de Aremberg, hacía con una columna móvil excursiones en
-el país, y le molestaba. La junta de Sevilla contribuía desde Ayamonte
-al buen éxito de las operaciones de Copons, y oportunamente formó de la
-isla llamada Canela, en el Guadiana, un lugar de depósito resguardado
-de los ataques repentinos del enemigo. En breve aquel terreno, antes
-arenoso y desierto, se convirtió en una población donde se albergaron
-muchas familias,<span class="pagenum" id="Page_327">p. 327</span>
-refugiándose a veces los habitantes de aldeas enteras y villas
-invadidas. Construyéronse allí barracas, almacenes, pozos, hornos, y se
-fabricaron en sus talleres monturas, cartuchos y otros pertrechos de
-guerra. Al fin, fortificáronse también sus avenidas, de manera que se
-hizo el punto casi inexpugnable.</p>
-
-<p>Constaba la expedición de Lacy de unos 3000 hombres, y escoltábala
-fuerza sutil, española e inglesa, al mando la primera de Don Francisco
-Maurelle, y la segunda al del capitán Jorge Cockburn. Desembarcó la
-gente el 23 de agosto, a dos leguas de la barra de Huelva, entre las
-Torres del Oro y de la Arenilla. La fuerza sutil se metió por la ría
-que forman a su embocadero las corrientes del Odiel y el Tinto, con
-propósito de ayudar la evolución de tierra y atacar por agua a Moguer.
-En este sitio tenían los franceses 500 infantes y 100 caballos que,
-sorprendidos, se retiraron, no asistiendo mayor dicha a otros tantos
-que corrieron a su socorro de San Juan del Puerto.</p>
-
-<p>Copons, al desembarcar Lacy, se hallaba en Castillejos, 12 leguas
-distante, y habiéndose por desgracia retardado el pliego que le
-anunciaba el arribo, no pudo acudir a la costa con la puntualidad
-deseada, malográndose así el coger entre dos fuegos a los franceses
-que estaban avanzados. Vino Copons, sin embargo, a Niebla, y se puso
-luego en comunicación con Lacy. Los pueblos recibieron a este con el
-júbilo más colmado, y fiados en su apoyo dieron a los enemigos terrible
-caza. Pero no teniendo otra mira la expedición de Don Luis Lacy sino
-la de divertir<span class="pagenum" id="Page_328">p. 328</span> al
-francés de Extremadura, en tanto que el ejército de Romana también por
-su lado se movía, miró aquel general como concluido su encargo luego
-que le amenazaron superiores fuerzas, y de consiguiente se reembarcó
-el 26 del mismo agosto. Desagradó en el condado lo rápido de la
-excursión, y muchos pensaron que, sin comprometer su gente, hubiera
-podido Lacy permanecer allí más tiempo, y maniobrar en unión con el
-general Copons. Desamparados los pueblos, padecieron nuevas molestias
-del enemigo, en especial Moguer, que se había declarado y tomado
-parte desembozadamente. Quiso en seguida Lacy acometer a Sanlúcar
-de Barrameda, pero los franceses, ya sobre aviso, frustráronle el
-proyecto.</p>
-
-<div class="sidenote">Operaciones<br> de Cádiz.</div>
-
-<p>De vuelta a Cádiz el mismo general, estimulado por el gobierno y
-de acuerdo con él y los otros jefes, verificó el 29 de septiembre una
-salida camino del puente de Suazo, consiguiendo con ella destruir
-algunas obras del enemigo, siendo esta la sola operación digna de
-mentarse que, hasta finalizar el presente año de 1810, practicaron en
-la Isla gaditana las tropas de tierra.</p>
-
-<p>Pudieron las de mar haber tenido ocasión de señalarse, a no
-estorbárselo tiempos contrarios. El mariscal Soult, convencido de
-que para cualquiera empresa contra Cádiz y la Isla de León, si
-había de ser fructuosa, era indispensable fuerza sutil, <span
-class="sidenote">Fuerza sutil<br> de los enemigos.</span> ideó que
-se construyesen buques al caso en Sanlúcar y en Sevilla. Para ello
-valiose de barcos de aquellos puertos, ordenó una tala en los montes
-inmediatos, y recibió<span class="pagenum" id="Page_329">p. 329</span>
-de Francia carpinteros, marinos y calafates. En octubre, dispuesta ya
-una flotilla, se trasladó en persona a Sanlúcar dicho mariscal a
-fin de presenciar desde la costa la dificultosa travesía que tenían
-que emprender los referidos buques desde la boca del Guadalquivir
-hasta lo interior de la bahía de Cádiz. Empezose a poner en obra el
-proyecto en la noche del 31, pasando la flotilla por entre los bajos
-de Punta Candor, y atracando siempre a la costa. Se componía en todo
-de unos 26 cañoneros: dos vararon, nueve se metieron la misma noche
-en el puerto de Santa María, y los otros anclaron en Rota, de donde,
-aprovechando vientos frescos y favorables, se juntaron a los que habían
-ya entrado, sin que les hubiese sido dable impedirlo a las fuerzas de
-mar anglo-españolas. Pero de nada sirvió a los franceses suceso en
-su entender tan dichoso. En balde después quisieron que su flotilla
-doblase la punta del Trocadero, en balde trasladaron por tierra los
-barcos a Puerto Real. Durante el sitio ya no se menearon de allí,
-obligándolos a permanecer quedos las superiores y mejor marineras
-fuerzas de los aliados.</p>
-
-<p>No por eso dejaron los franceses de perfeccionar las obras de
-tierra, y de establecer una cadena de fuertes que se dilataba desde la
-entrada de la bahía hasta Chiclana, por cuya parte, y en una batería
-inmediata al cerro de Santa Ana, perdieron, muerto de una granada, al
-distinguido general de artillería Senarmont.</p>
-
-<div class="sidenote">Fuerzas<br> de los aliados<br> en Cádiz y la
-Isla.</div>
-
-<p>Los aliados tampoco se mantuvieron ociosos. Mejoraron cada vez más
-las fortificaciones,<span class="pagenum" id="Page_330">p. 330</span>
-y las tropas se engrosaron y adquirieron buena disciplina. De las
-inglesas se contaron en julio 8500 hombres; volviéronse a reducir a
-5000 por los refuerzos que se enviaron a Portugal; mas antes de fines
-de año crecieron otra vez a 7000 con gente que llegó de Sicilia y
-Gibraltar. Las tropas españolas de línea pasaban de 18.000 hombres. Don
-Joaquín Blake continuó a su cabeza hasta 23 de julio, en cuyo tiempo se
-transfirió a Murcia, extendiéndose su mando, conforme apuntamos, a las
-divisiones existentes en aquel reino, las cuales formaban con las de la
-Isla de León el ejército llamado del centro.</p>
-
-<div class="sidenote">Blake en Murcia.</div>
-
-<p>Llegado que hubo el general Blake a su nuevo destino, restableció
-paz y armonía, que andaba escasa entre algunos jefes. El ejército se
-había aumentado a punto que poco antes enviara a Cádiz una división
-de 4000 hombres al mando del general Vigodet. Blake llegó el 2 de
-agosto, y la fuerza disponible era de unos 14.000 soldados, 2000 de
-caballería.</p>
-
-<p>Alrededor de este ejército revoloteaban, por decirlo así, muchos
-partidarios, en especial del lado de Jaén y de Granada. Entre los
-primeros sobresalían los nombrados Uribe, Alcalde y Moreno, puestos a
-las órdenes del comandante Bielsa; entre los otros, el coronel Don José
-de Villalobos.</p>
-
-<p>Cuando Blake se incorporó al ejército, se hallaba este repartido en
-Murcia, Elche, Alicante, Cartagena y pueblos de los contornos: algunos
-batallones estaban destacados en la Mancha, sierra de Segura y frontera
-de Granada, en donde<span class="pagenum" id="Page_331">p. 331</span>
-permanecía la caballería, extendiéndose hasta cerca de Huéscar.</p>
-
-<div class="sidenote">Sebastiani<br> se dirige<br> a Murcia.</div>
-
-<p>Fijó la idea de Blake la atención de los franceses, y desde
-luego resolvió Sebastiani hacer otra excursión la vuelta de Murcia,
-lisonjeándose que de ella saldría tan airoso como la vez primera, y aun
-también de que disiparía como humo el ejército de los españoles.</p>
-
-<div class="sidenote">Medidas<br> que toma Blake.</div>
-
-<p>Informado Blake de los intentos del enemigo, preparose a recibirle.
-Agrupó sucesivamente en la huerta de Murcia sus tropas, y las colocó
-de esta manera: la 5.ª división, al mando del brigadier Creagh, ocupó
-la derecha en Añora; detrás, guarnecía un batallón el monasterio de
-jerónimos, teniendo apostaderos por la izquierda hasta el río; delante,
-se plantaron cuatro piezas de artillería. Alojábase la izquierda del
-ejército en el lugar de Don Juan, y la componía la 3.ª división, del
-cargo del brigadier Sanz, teniendo un destacamento por su siniestro
-costado. Enlazábase esta posición con la del centro por medio de un
-molino aspillerado y de una batería circular, colocada en donde una
-de las acequias mayores se distribuye en dos atajeas. Dicho centro,
-que cubría la 1.ª división, al mando del general Elío, estaba cerca de
-Alcántara, en la Puebla.</p>
-
-<p>Dispúsose además la inundación de la huerta; medio oportuno pero no
-del todo hacedero, ya por no ser nunca, y menos en aquella estación,
-muy caudaloso el Segura, ya también porque, aun en caso de una rápida
-avenida, las obras allí practicadas estanlo en términos que solo
-sirven para sangrar el río, y no para favorecer<span class="pagenum"
-id="Page_332">p. 332</span> estragos, como construidas con el único
-objeto de dar a los campos el necesario y fecundante beneficio del
-riego. Sin embargo, se inundaron los caminos y una faja de bancales
-por la orilla, amparando lo demás de la huerta sus naranjos y sus
-cidros, sus limoneros y moreras, en fin toda su intrincada y lozana
-frondosidad.</p>
-
-<p>Siguiose en esto, y en lo de armar al paisanaje, la conducta
-del obispo Don Luis Belluga en la guerra de sucesión. Ahora, como
-entonces, acudieron todos los partidos, hasta el de Orihuela, aunque
-perteneciente a Valencia, y se distribuyeron en compañías y secciones,
-incorporándose al ejército. Manifestaron los paisanos grande entusiasmo
-y mucha docilidad; perfecta armonía reinó entre ellos y los soldados.
-Blake, declarando a Murcia amenazada de inmediato ataque, la sometió
-al solo y puro gobierno militar; providencia que las autoridades
-respetaron, y que en aquel lance obedecieron con gusto.</p>
-
-<p>En el intermedio se había ido acercando el general Sebastiani, y
-echádose atrás nuestra caballería, a las órdenes de Don Manuel Freire,
-que sustentó con destreza varios reencuentros. Según los enemigos
-se aproximaban, daban aviso de todos sus pasos al general Blake los
-alcaldes de los pueblos y muchos particulares con rara puntualidad,
-llegando a su colmo la diligencia de todos. Los franceses aparecieron
-el 28 de agosto en Librilla, a 4 leguas de Murcia, y nuestros jinetes
-se situaron en Espinardo, con puestos avanzados sobre el río Segura.
-El partidario<span class="pagenum" id="Page_333">p. 333</span>
-Villalobos, que había acompañado a Freire, se colocó en Molina.</p>
-
-<div class="sidenote">Se retira<br> Sebastiani.</div>
-
-<p>Luego que el general Sebastiani llegó a Librilla hizo varios
-reconocimientos; y arredrado del modo con que los nuestros le
-aguardaban, se apartó del intento de penetrar en Murcia, y en la noche
-del 29 al 30 se replegó a Totana. Hostilizáronle en la retirada los
-paisanos, particularmente los de Lorca, y en esta ciudad y en otros
-pueblos cometió el francés mil tropelías. Bien le vino a este no
-insistir en la empresa proyectada, pues a haber padecido descalabro,
-como era probable, en los laberintos de la huerta de Murcia, toda su
-gente hubiera sido muy maltratada, ya por los habitantes de este reino,
-ya por los de Granada, cuyos ánimos se encrespaban acechando la ocasión
-de escarmentar a sus opresores. Haberse expuesto a tal riesgo y cansado
-inútilmente la tropa, con marchas y contramarchas de más de cien leguas
-en estación tan calurosa, fueron los frutos que reportó Sebastiani de
-una expedición que de antemano había pregonado como fácil.</p>
-
-<div class="sidenote">Insurrecciones<br> en el reino<br> de
-Granada.</div>
-
-<p>Entre los que empezaron en el reino de Granada a levantar cabeza
-durante la ausencia del general francés, señalose el alcalde de
-Otívar, de nombre Fernández, quien entró en Almuñecar y Motril, y aun
-se apoderó de sus castillos. Estas y otras empresas que propagaron
-la llama de la insurrección por las sierras y por varios pueblos de
-la costa, a pesar de algunos amigos y parciales que tuvieron allí
-los enemigos, impulsó a los ingleses a dar cierto apoyo a aquellos
-movimientos. Decidiéronse, sobre todo,<span class="pagenum"
-id="Page_334">p. 334</span> a atacar a Málaga, guarida entonces de
-corsarios, y en cuyo puerto también fondeaba una flotilla enemiga de
-lanchas cañoneras. <span class="sidenote">Expedición<br> contra<br>
-Fuengirola<br> y Málaga.</span> Al efecto se preparó en Ceuta una
-expedición de 2500 hombres españoles e ingleses, a las órdenes de
-Lord Blayney, la cual dio la vela el 13 de octubre con dirección a
-Fuengirola. Empezaron luego los aliados a embestir este castillo,
-guarnecido por 150 polacos, con esperanza de que así llamarían hacia
-aquel punto las fuerzas enemigas, y podrían, reembarcándose, caer
-repentinamente sobre Málaga que se vería desprovista de gente. Pero
-dándose Lord Blayney torpe maña, en vez de sorprender a sus contrarios,
-él fue, por decirlo así, el sorprendido, acometiéndole de improviso el
-general Sebastiani con 5000 hombres. Al querer retirarse, fue dicho
-Lord cogido prisionero, y las tropas inglesas volvieron en confusión a
-sus barcos; solo un regimiento español, el Imperial de Toledo, único
-de los nuestros que allí iba, tornó a bordo sin pérdida y en buena
-ordenanza.</p>
-
-<div class="sidenote">Avanza Blake<br> a Granada.</div>
-
-<p>El ruido de semejantes acontecimientos y el deseo de ensanchar los
-límites de su territorio, estimularon al general Blake a avanzar a
-la frontera de Granada, habiéndose ocupado todo aquel tiempo, desde
-agosto, en mejorar la disciplina de su ejército y en adiestrarle, como
-igualmente en asegurar sus estancias de Murcia. Envió asimismo a la
-Mancha, con un trozo de 300 caballos, a Don Vicente Osorio, queriendo
-extraer granos de aquella provincia para la manutención de su
-ejército. Las partidas, si bien fomentadas por Blake en todas partes,
-fuéronlo<span class="pagenum" id="Page_335">p. 335</span> en especial
-del lado de Jaén, en donde Don Antonio Calvache sucedió a Bielsa en el
-mando de ellas. Mas los enemigos, persiguiendo de cerca al nuevo jefe,
-después de haber quemado casi toda la villa de Segura, le mataron el 24
-de octubre en Villacarrillo.</p>
-
-<p>Don Joaquín Blake, reuniendo sus tropas, distribuidas por la mayor
-parte, sin contar las de las plazas, en Murcia, Caravaca y Lorca, se
-puso el 2 de noviembre sobre Cúllar, movimiento hecho a las calladas y
-del que los franceses estaban ignorantes. Dejó Blake 2000 hombres en
-dicho Cúllar, y a las doce de la mañana del 3 se colocó con 7000, de
-los que unos 1000 eran de caballería, en las lomas que dominan la hoya
-de Baza, y que lame el río Guadalquitón.</p>
-
-<p>Los enemigos tenían en el llano una división de caballería, que
-acaudillaba el general Milhaud, asistida de artillería volante: además
-habían situado de 2 a 3000 infantes en las inmediaciones de la ciudad,
-bajo la guía del general Rey. No acudió allí Sebastiani hasta después
-de concluida la acción que ahora iba a trabarse.</p>
-
-<div class="sidenote">Acción de Baza,<br> 3 de noviembre.</div>
-
-<p>Empezó esta a las dos de la tarde, desembocando la caballería
-española, a las órdenes de Don Manuel Freire, por el camino real que
-de Cúllar va a Baza. Nuestros jinetes tiraron por la derecha, y
-formaron en batalla en dos líneas, sosteniendo sus costados artillería
-y guerrillas de fusileros. Los enemigos ciaron hacia sus peones, y
-entonces el general Blake, dejando apostados en las lomas la mitad de
-sus infantes,<span class="pagenum" id="Page_336">p. 336</span> se
-adelantó con los otros y 3 piezas en 4 columnas cerradas, repartidas en
-ambos lados del camino.</p>
-
-<p>Nuestros caballos proseguían confiadamente su marcha; mas al querer
-efectuar un movimiento, se embarazaron algunos, y el enemigo, descargando
-sobre ellos con impetuoso arranque, los desordenó lastimosamente.
-Tras su ruina vino la de los infantes que habían avanzado, y solo
-consiguieron unos y otros rehacerse al abrigo de las tropas que habían
-quedado en las lomas. El enemigo no persistió mucho en el alcance.
-Quedaron en el campo 5 piezas; y se perdieron entre muertos, heridos y
-prisioneros 1000 hombres. De los franceses muy pocos.</p>
-
-<p>Descalabro fue el de Baza que causó desmayo y contuvo en cierto
-modo el vuelo de la insurrección de aquellas comarcas. Adverso era,
-en esto de batallar, el hado de Don Joaquín Blake, y vituperable su
-empeño en buscar las acciones que fuesen campales antes que limitarse
-a parciales sorpresas y hostigamientos. No permaneció después largo
-espacio al frente de aquel ejército, llamado a desempeñar cargo de
-mayor alteza.</p>
-
-<p>Por lo demás, y en medio de reveses y contratiempos, la tenacidad
-española, la serie innumerable de combates en tantos puntos y a la
-vez, fatigaban a los franceses, y su ejército de las Andalucías no
-gozó en todo el año de 1810 de mucha mayor ventura que la que tenían
-los de las otras provincias. Y si bien ordenadas batallas no menguaban
-extremadamente las filas enemigas, aniquilábanse aquí, como en lo
-demás<span class="pagenum" id="Page_337">p. 337</span> del reino, en
-marchas y contramarchas, y en apostaderos y guerra de montaña.</p>
-
-<div class="sidenote">Provincias<br> de Levante.</div>
-
-<p>Del lado de Levante las provincias de Valencia, Cataluña y aun
-lo que restaba libre de la de Aragón, hubieran, obrando unidas,
-entorpecido muy mucho los intentos del enemigo, siendo entre ellas
-tanto más necesaria buena hermandad cuanto para sojuzgarlas estaban de
-concierto el tercero y el primer cuerpo francés. Pero la multiplicidad
-de autoridades, su diversa condición, los obstáculos mismos que nacían
-de la naturaleza de la actual guerra estorbaban completa concordia y
-adecuada combinación. Por fortuna, los caudillos enemigos, aunque no
-menos interesados en aunarse, y aquí más que en otras partes, a duras
-penas lo conseguían, no ya por las rivalidades personales que a veces
-se suscitaban, sino principalmente por lo dificultoso de acudir al
-cumplimiento de un plan convenido.</p>
-
-<div class="sidenote">Valencia.</div>
-
-<p>En Valencia Don José Caro, más bien que en la guerra pensaba en ir
-adelante con sus desafueros. Dejó que se perdiesen Lérida, Mequinenza y
-hasta el castillo de Morella, sin dar señales de oponerse al enemigo,
-ni siquiera de distraerle. Al fin, viendo Caro que se aproximaban los
-franceses y que la voz pública se acedaba contra tan culpable abandono,
-mandó a D. Juan Odonojú, prisionero en la batalla de María y ahora
-libre, que se adelantase con 4000 hombres. El 24 de junio arrojaron
-estos de Villabona a los enemigos, que se abrigaron a Morella, <span
-class="sidenote">Choques<br> en Morella<br> y Albocácer.</span> delante
-de cuyo pueblo se trabó el 25 un choque muy vivo retirándose después
-los nuestros en vista de<span class="pagenum" id="Page_338">p.
-338</span> haberse reforzado los contrarios. Por segunda vez avanzó
-en julio el mismo Odonojú, y aun llegó el 16 a intimar la rendición
-al castillo de Morella, pero revolviendo sobre él prontamente el
-general Montmarie, le obligó a alejarse y causole en Albocácer un
-descalabro.</p>
-
-<div class="sidenote">Avanza Caro<br> y se retira.</div>
-
-<p>No había Don José Caro tomado parte personalmente en ninguna de
-semejantes refriegas, hasta que en agosto, pidiendo su cooperación el
-general de Cataluña para aliviar a Tortosa, amenazada de sitio, se
-movió aquel por la costa lentamente y más tarde de lo que conviniera.
-Llevó consigo 10.000 hombres de línea y otros tantos paisanos, y se
-situó en Benicarló y San Mateo. El general Suchet vino por Cálig a su
-encuentro con diez batallones y también con artillería y caballería.
-Caro no le aguardó, replegándose, después de ligeras escaramuzas, a
-Alcalá de Chivert, y de allí el 16 de agosto a Castellón de la Plana y
-Murviedro. No retrocedió en desorden el ejército valenciano, si bien
-su jefe Don José Caro dio el triste y criminal ejemplo de ser de los
-primeros y aun de los pocos que desaparecieron del campo. Zahiriole por
-ello agriamente su hermano Don Juan, hombre ligero pero arrojado, de
-quien hablamos allá en Cataluña.</p>
-
-<div class="sidenote">Caro huye<br> de Valencia.</div>
-
-<p>Con la conducta que en esta ocasión mostró el general de Valencia
-se acreció el odio contra su persona, y lo que aún es peor,
-menospreciósele en gran manera. Se descubrieron asimismo tramas que
-urdía y proscripciones que intentaba, propalándose en el público sus
-proyectos con tintas que entenebrecían el cuadro. Temeroso,<span
-class="pagenum" id="Page_339">p. 339</span> por tanto, se escabulló
-disfrazado de fraile [traje harto extraño para un general], y pasó
-luego a Mallorca, sin cuya precaución hubiera tal vez sido blanco de
-las iras del pueblo.</p>
-
-<div class="sidenote">Le sucede<br> Bassecourt.</div>
-
-<p>Sucediole inmediatamente en el mando Don Luis de Bassecourt, que
-estaba a la cabeza de una división volante en Cuenca, hombre que
-si bien alabancioso al dar sus partes y no de grande capacidad,
-aventajábase en valor y otras prendas a su antecesor, procurando
-también con mayor ahínco acordar sus operaciones con los generales de
-los demás distritos, en especial con los de Aragón y Cataluña.</p>
-
-<div class="sidenote">Cataluña.<br> Su congreso.</div>
-
-<p>En este principado hacíase la guerra con otra eficacia y
-obstinación que en Valencia, merced al celo de su congreso y a la
-pronta diligencia y esmero de su general Don Enrique O’Donnell.
-<span class="sidenote">O’Donnell.</span> Luego que en 17 de julio
-estuvo reunida aquella corporación, tomó varias resoluciones, algunas
-bastantemente acertadas. En la milicia acomodó los alistamientos a la
-índole de los naturales, imponiendo solo la obligación de un enganche
-de dos años, con facultad de gozar cada seis meses de una licencia
-de 15 días. Sin embargo, los catalanes, tan dispuestos a pelear como
-somatenes, repugnaban a tal punto el servicio de tropa reglada que tuvo
-su congreso que establecer comisiones militares para castigar a los
-desertores, y aun a los distritos que no aprontasen su contingente.
-Recaudáronse con mayor regularidad los impuestos y se realizó, a pesar
-de lo exhausto que ya estaba el país, un empréstito de medio millón de
-duros. Aplicáronse a los hospitales los productos que antes percibía la
-curia romana,<span class="pagenum" id="Page_340">p. 340</span> y ahora
-los obispos, por dispensas y otras gracias o exenciones. El alma de
-muchas de estas providencias era el mismo Don Enrique O’Donnell, quien
-puso además particular conato en adiestrar sus tropas, en inculcar en
-ellas emulación y buen ánimo, y también en mejorar la instrucción de
-los oficiales.</p>
-
-<div class="sidenote">Macdonald.</div>
-
-<p>Por su parte, el mariscal Macdonald apenas podía ocuparse en
-otras operaciones que en las de avituallar a Barcelona: los convoyes
-de mar estaban interrumpidos, y los de tierra, escasos y lentos,
-tenían con frecuencia que repetirse y ser escoltados con la mayor
-parte del ejército si no se quería que fuesen presa de los somatenes
-y de las tropas españolas. Macdonald trató en un principio de
-granjearse las voluntades de los habitantes, contrastando su porte
-con la ferocidad del mariscal Augereau, que había, por decirlo así,
-guarnecido las orillas de algunos caminos con patíbulos y cadáveres.
-Estaban los ánimos sobradamente lastimados de ambas partes para que
-pudiesen olvidarse antiguas y recíprocas ofensas. Así, no surtieron
-grande efecto las buenas intenciones, y aun medidas, del mariscal
-Macdonald, acabando también él mismo por adoptar a veces resoluciones
-rigurosas.</p>
-
-<div class="sidenote">Convoyes<br> que lleva<br> a Barcelona.</div>
-
-<p>En junio, y poco después de tomar el mando, acompañó no sin
-tropiezos un convoy a Barcelona. Volvió después a Gerona y preparose a
-conducir otro en mediados de julio a la misma ciudad. O’Donnell trató
-de estorbarlo, y destacó a Granollers 6500 infantes y 700 caballos,
-unidos a 2500 paisanos bajo las órdenes de D. Miguel Iranzo. Trabose un
-reñido choque entre<span class="pagenum" id="Page_341">p. 341</span>
-los nuestros y los franceses, pero mientras tanto pasó a la deshilada
-el convoy y se metió en Barcelona.</p>
-
-<div class="sidenote">Ejército español<br> de Cataluña.</div>
-
-<p>Doliose mucho O’Donnell del malogro de aquella empresa, y no faltó
-quien lo atribuyese a desmaño del general que en Granollers mandaba.
-El plan que O’Donnell había resuelto seguir en Cataluña pareció el más
-acertado. Evitando batallas generales, quería por medio de columnas
-volantes sorprender los destacamentos enemigos, interceptar o molestar
-sus convoyes y aniquilar así sucesivamente la fuerza de aquellos. Por
-tanto, el ejército español de Cataluña que, según dijimos, constaba en
-julio de unos 22.000 hombres, sin contar somatenes ni guerrilleros,
-estaba colocado al principiar agosto del modo siguiente: la 1.ª
-división ocupaba las orillas del Llobregat y observaba a Barcelona,
-estando también fortificada la montaña de Montserrat; la 2.ª acampaba
-en Falset y no perdía de vista a Suchet que, como poco hace apuntamos,
-intentaba sitiar a Tortosa; parte de la 3.ª cubría en Esterri las
-avenidas del valle de Arán; la reserva, distribuida en dos trozos,
-mantenía uno en el Coll del Alba, próximo a Tortosa, y el otro en
-Arbeca y Borjas Blancas, para enfrenar la guarnición de Lérida. Un
-cuerpo de húsares y tropas ligeras se alojaban en Olot y acechaban
-las comarcas de Besalú y Bañolas; varios guerrilleros recorrían la
-demás tierra, aprovechándose todos de las ocasiones que se presentaban
-para desvanecer los intentos del enemigo e incomodarle continuamente.
-El cuartel general permanecía en Tarragona, desde donde O’Donnell
-gobernaba<span class="pagenum" id="Page_342">p. 342</span> las
-maniobras más notables, tomando a veces en ellas parte muy principal.
-Con esta distribución, creyó el general de Cataluña que, vigilando las
-plazas y puntos más señalados, llevaría a cumplido efecto su plan,
-y que el ejército francés se rehundiría poco a poco, y en combates
-parciales.</p>
-
-<p>Si en todo no se llenaron los deseos de D. Enrique O’Donnell, se
-lograron en parte. El mariscal Macdonald, afanado siempre con el
-abastecimiento de Barcelona, no pudo, desde el segundo convoy que
-metió allí en julio, pensar en cosa importante sino en preparar otro
-tercero, que consiguió introducir el 12 de agosto. Entonces, más
-libre, resolvió, aunque todavía en balde, favorecer directamente las
-operaciones del general Suchet.</p>
-
-<div class="sidenote">Intenta Suchet<br> sitiar a Tortosa.</div>
-
-<p>No desistía este general del indicado propósito de sitiar a Tortosa,
-lo que dio ocasión a varios combates y reencuentros, algunos ya
-referidos, con las tropas españolas de Cataluña, Aragón y Valencia,
-que precedieron a la formalización del cerco, ligándose de parte de
-los franceses las más de las operaciones, aun las lejanas de aquel
-principado, con tan primario objeto, por lo que a una y en el mejor
-orden que nos sea posible, si bien brevemente, daremos de ellas
-cuenta.</p>
-
-<div class="sidenote">Sus disposiciones.</div>
-
-<p>Suchet, para emprender el sitio, estableció en Mequinenza un depósito
-de municiones de guerra y boca: transportarlas de allí a Tortosa
-era grande dificultad. Ofrecía el Ebro comunicación por agua; pero,
-interrumpida en partes con varias cejas o bajos, solo se podían estos
-salvar en<span class="pagenum" id="Page_343">p. 343</span> las
-crecidas, y rara vez en los tiempos secos del estío. Del lado de tierra
-era aún más trabajoso y aun impracticable el tránsito, encallejonándose
-los caminos que van desde Caspe a Mequinenza entre montañas cada vez
-más escarpadas según avanzan a Mora, las Armas, Jerta y Tortosa, por lo
-que ya en 21 de julio empezaron los franceses a componer uno antiguo de
-ruedas, cuyos rastros al parecer se conservaban del tiempo de la guerra
-de sucesión. Suchet, antes de que la ruta se concluyese, fue arrimando
-fuerzas a la plaza.</p>
-
-<p>En los primeros días de julio, la división que mandaba el general
-Habert dirigiose, partiendo de cerca de Lérida, por la izquierda del
-Ebro, y llegó a García, estando pronto a caer sobre Tivenys y Tortosa.
-Poco antes salió de Alcañiz la división de Laval, y después de haberse
-movido la vuelta de Valencia, retrocedió, y se colocó el 3 de julio
-a la derecha del Ebro, delante del puente de Tortosa, prolongando
-su derecha a Amposta y destacando tropas que observasen el Cenia,
-siendo esta división, o parte de ella, la que tuvo que habérselas con
-los valencianos en los combates parciales acaecidos allí por este
-tiempo, y ya relatados. Suchet mantuvo a su lado la brigada del general
-Paris, y sentó el 7 sus reales en Mora, dándose la mano con los dos
-generales Laval y Habert, y echando para la comunicación de ambas
-orillas del Ebro dos puentes, sin que sus soldados consiguiesen, como
-lo intentaron, quemar el de barcas de Tortosa.</p>
-
-<div class="sidenote">Salidas<br> de la plaza<br> y combates<br>
-parciales.</div>
-
-<p>La guarnición de esta plaza hizo desde el principio varias salidas e
-incomodó a Laval, que<span class="pagenum" id="Page_344">p. 344</span>
-se atrincheraba en su campo. Igualmente parte de la división española
-que se alojaba en Falset atacó con vigor los puestos enemigos en
-Tivisa, y el 15 toda ella, teniendo al frente al marqués de Campoverde,
-rechazó una acometida de los enemigos y aun siguió el alcance.</p>
-
-<p>Eran tales maniobras precursoras de otras que ideaba O’Donnell,
-quien el 29 acometió en persona al general Habert. No pudo el español
-desalojar de Tivisa a su contrario, mas el 1.º de agosto se metió en
-Tortosa y dispuso para el 3 una salida contra Laval. La mandaba Don
-Isidoro Uriarte, y embistiendo los nuestros intrépidamente al enemigo,
-le rechazaron al principio y destruyeron varias de sus obras. La
-población sirvió de mucho, pues llena de entusiasmo auxiliaba a los
-combatientes, aun en los parajes en que había peligro, con abundantes
-refrescos, y aliviaba a los heridos con prontos y acomodados socorros.
-Reforzados al cabo los franceses, tuvieron los españoles que recogerse
-a la plaza, dejando algunos prisioneros, entre ellos al coronel Don
-José María Torrijos. Semejantes operaciones hubieran sido más cumplidas
-si D. José Caro, con quien se contaba, no hubiera por su parte
-procedido, según hemos visto, tarde y malamente.</p>
-
-<div class="sidenote">Adelanta<br> Macdonald<br> a Tarragona.</div>
-
-<p>También Don Enrique O’Donnell se vio obligado a retroceder en breve
-a Tarragona, adonde le llamaban otros cuidados. El mariscal Macdonald,
-después de haber introducido en Barcelona el convoy mencionado de
-agosto, se adelantó vía de Tarragona ya para cercar si podía esta
-plaza, ya para coadyuvar en caso contrario<span class="pagenum"
-id="Page_345">p. 345</span> al asedio de Tortosa. Desistió de lo
-primero, falto de almacenes y escasos los víveres en aquella comarca,
-cuyos granos de antemano recogiera O’Donnell. Este, además, se
-apostó de suerte que, guarecido de ser atacado con buen éxito, trató
-de reducir a hambre el cuerpo de Macdonald, situado desde el 18 de
-agosto en Reus y sus contornos. Frustrósele el 21 al mariscal francés
-un reconocimiento que tentó del lado de Tarragona, escarmentándole
-los nuestros en la altura de La Canonja. <span class="sidenote">Se
-retira.</span> Para evitar mayor desastre, retirose Macdonald el
-25 de Reus, pidiendo antes la exorbitante contribución de 136.000
-duros, e imponiendo otra también muy pesada sobre géneros ingleses y
-ultramarinos.</p>
-
-<div class="sidenote">Dificultades<br> con que tropieza.</div>
-
-<p>El camino que tomó fue el de Lérida, para abocarse en esta ciudad
-con el general Suchet, y desde Alcover, dirigiéndose a Montblanch,
-pasaron sus tropas por el estrecho de la Riba. Aquí las detuvo por su
-frente la división que mandaba el brigadier Georget, que de antemano
-había dispuesto O’Donnell viniese de hacia Urgel, en donde estaba. Al
-mismo tiempo, D. Pedro Sarsfield las atacó por flanco y retaguardia
-en las alturas de Picamoixons y Coll de las Molas, maniobrando a la
-izquierda varias partidas. Los enemigos, con tan impensado ataque y
-las asperezas del camino, se vieron muy comprometidos, pero siendo
-numerosas sus fuerzas, alcanzaron, por último, forzar el paso y ganar
-las cumbres, ayudándoles mucho una salida que hizo, a espaldas de
-Georget, la guarnición de Lérida. Con todo, perdieron los franceses
-unos 400 hombres, entre muertos y heridos, y 150 prisioneros.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_346">p. 346</span></p>
-
-<div class="sidenote">Avístase<br> en Lérida<br> con Suchet.</div>
-
-<p>Llegado a Lérida el mariscal Macdonald, se avistó el 29 con el
-general Suchet, que ya le aguardaba. Convinieron ambos en limitar ahora
-sus operaciones al sitio de Tortosa, emprendiéndole el último por sí
-y con sus propios medios, al paso que el primero debía protegerle, con
-tal que tuviese víveres, los que le suministró Suchet en cuanto le fue
-dable. Entonces creyó este que podría obrar activamente y apoderarse en
-breve de Tortosa, sobre todo habiendo empezado a acercar a la plaza,
-favorecido de una crecida del Ebro, piezas de grueso calibre. Pero sus
-esperanzas no estaban todavía próximas a realizarse.</p>
-
-<div class="sidenote">Macdonald<br> incomodado<br> siempre<br> por los
-españoles.</div>
-
-<p>El ejército francés de Cataluña continuó siempre escaso de granos
-y embarazado para menearse, a pesar de los grandes esfuerzos de Suchet
-y de Macdonald, pues las partidas, la oposición de los pueblos, la
-cuidadosa diligencia de O’Donnell y sus movimientos desbarataban o
-detenían los planes más bien combinados. Se colocó, en los primeros días
-de septiembre, en Cervera, el mariscal Macdonald: y el general español
-vislumbró desde luego que su enemigo tomaba aquellas estancias para
-cubrir las operaciones de Suchet, amenazar por retaguardia la línea
-del Llobregat, y enseñorearse de considerable extensión de país que le
-facilitase subsistencias. Prontamente determinó O’Donnell suscitar al
-francés nuevos estorbos, continuando en su primer propósito de esquivar
-batallas campales.</p>
-
-<p>Nada le pareció para conseguirlo tan oportuno como atacar los
-puestos que el enemigo tenía a retaguardia, cuyos soldados se
-juzgaban seguros, fuera del alcance del ejército español, y<span
-class="pagenum" id="Page_347">p. 347</span> bastante fuertes y
-bien situados para resistir a las partidas. O’Donnell, firme en
-su resolución, ordenó que se embarcasen en Tarragona pertrechos,
-artillería y algunas tropas, yendo todo convoyado por cuatro faluchos
-y dos fragatas, una inglesa y otra española. Partió él en persona, el
-6 de septiembre, por tierra, poniéndose en Villafranca al frente de la
-división de Campoverde, que de intento había mandado venir allí. En
-seguida dirigiose hacia Esparraguera, colocó fuerzas que observasen
-al mariscal Macdonald, y otras que atendiesen a Barcelona, y uniendo
-a su tropa la caballería de la división de Georget, prosiguió su ruta
-por San Cugat, Mataró y Pineda. Salió de aquí el 12, envió por la
-costa a Don Honorato de Fleyres con dos batallones y 60 caballos, y él
-se encaminó a Tordera. Marchó Fleyres contra Palamós y San Feliú de
-Guíxols, y O’Donnell, después de enviar exploradores hacia Hostalrich
-y Gerona, avanzó a Vidreras. Para obrar con rapidez, tomó el último
-consigo, al amanecer del 14, el regimiento de caballería de Numancia,
-60 húsares y 100 infantes, que fueron tan de priesa que las ocho horas
-de camino que se cuentan de Vidreras a La Bisbal, las anduvieron en
-poco más de cuatro. Siguió detrás, y más despacio, el regimiento de
-infantería de Iberia, situándose Campoverde con lo demás de la división
-en el valle de Aro, a manera de cuerpo de reserva.</p>
-
-<div class="sidenote">Sorpresa gloriosa<br> de La Bisbal.</div>
-
-<p>Luego que O’Donnell llegó enfrente de La Bisbal, ocupó todas las
-avenidas, y diose tal maña que no solo cogió piquetes de coraceros
-que patrullaban y un cuerpo de 130 hombres que<span class="pagenum"
-id="Page_348">p. 348</span> venía de socorro, sino que en la misma
-noche del 14 obligó a capitular al general Schwartz con toda su gente
-que juntos se habían encerrado en un antiguo castillo del pueblo.
-Desgraciadamente, queriendo poco antes reconocer por sí O’Donnell dicho
-fuerte, con objeto de quemar sus puertas, fue herido de gravedad en la
-pierna derecha, cuyo accidente enturbió la común alegría.</p>
-
-<div class="sidenote">Y de varios<br> puntos<br> de la costa.</div>
-
-<p>Fleyres, afortunado en su empresa, se apoderó de San Feliú de
-Guíxols, y el teniente coronel Don Tadeo Aldea de Palamós, teniendo
-este la gloria de haber subido el primero al asalto. Entre ambos
-puntos, el de La Bisbal y otros de la costa tomaron los españoles 1200
-prisioneros, sin contar al general Schwartz y 60 oficiales, habiendo
-también cogido 17 piezas. Mereció más adelante Don Enrique O’Donnell,
-por expedición tan bien dirigida y acabada, el título de conde de La
-Bisbal.</p>
-
-<div class="sidenote">Guerra<br> en el Ampurdán.</div>
-
-<p>Posteriormente a este suceso creció la guerra contra los franceses
-en el norte de Cataluña. Don Juan Clarós los molestaba hacia Figueras
-y el coronel Don Luis Creeft, con los húsares de San Narciso, por Besalú
-y Bañolas. Marchó a Puigcerdá el marqués de Campoverde, acosó un trozo
-de enemigos hasta Montluis y exigió contribuciones en la misma Cerdaña
-francesa, de donde revolviendo sobre Calaf, estrechó de aquel lado al
-mariscal Macdonald, al paso que el brigadier Georget le observaba por
-Igualada.</p>
-
-<div class="sidenote">Eroles<br> manda allí.</div>
-
-<p>El barón de Eroles, que ya se había distinguido en el sitio de
-Gerona, se encargó, después de Campoverde, del mando de los distritos
-del<span class="pagenum" id="Page_349">p. 349</span> norte de
-Cataluña, bajo el título de comandante general de las tropas y gente
-armada del Ampurdán. Empezó luego a hacer grave daño a los enemigos,
-y al promediar de octubre les apresó un convoy cerca de la Junquera,
-acometiéndolos el 21, con ventaja, en su campamento de Lladó.</p>
-
-<div class="sidenote">Campoverde<br> en Cardona.</div>
-
-<p>El propio día, junto a Cardona, hizo asimismo frente el marqués de
-Campoverde a las tropas del mariscal Macdonald. Vinieron estas de hacia
-Solsona, cuya catedral habían quemado pocos días antes, y, encontrando
-resistencia, tornaron a sus anteriores puestos: con la noche también se
-recogieron los españoles a Cardona.</p>
-
-<p>No eran decisivas, ni a veces de importancia, las más de dichas
-acciones ni otras refriegas que omitimos; pero con ellas embarazábanse
-los franceses, y se retardaban sus operaciones, renovándose la escasez
-de víveres y creciendo la dificultad de su recolección.</p>
-
-<div class="sidenote">Otro convoy<br> para Barcelona.</div>
-
-<p>Motivo por el que volvió Barcelona a dar a los enemigos fundados
-temores. Dos meses eran ya corridos después de la entrada en la plaza
-del último socorro, y los apuros se reproducían en su recinto. Se
-esperaba el alivio de un convoy que partiera de Francia; mas como no
-bastaban para custodiarle las fuerzas que regía en el Ampurdán el
-general D’Hilliers, tuvo Macdonald que ir en noviembre camino de Gerona
-para conducir salvo dicho convoy hasta la capital del principado.</p>
-
-<div class="sidenote">No adelantan<br> los enemigos<br> en el sitio<br>
-de Tortosa.</div>
-
-<p>Así el cerco de Tortosa, suspendido en los meses de septiembre
-y octubre, continuó del mismo modo durante el noviembre. No había
-aquella<span class="pagenum" id="Page_350">p. 350</span> interrupción
-pendido solamente de las razones que estorbaron al mariscal Macdonald
-cooperar a aquel objeto, según había ofrecido, sino también de los
-obstáculos que se presentaron al general Suchet, nacidos unos de la
-naturaleza, otros del hombre. Los primeros parecían vencidos con las
-lluvias del equinoccio, que empezaron a hinchar el Ebro, y con lo que se
-adelantaba en el camino de ruedas arriba indicado; no así los segundos,
-que llevaban traza de crecer en lugar de allanarse.</p>
-
-<div class="sidenote">Convoyes<br> que van allí<br> de Mequinenza.</div>
-
-<p>Resueltos, sin embargo, los franceses a proseguir en su intento,
-habían tratado ya en septiembre de enviar desde Mequinenza convoyes
-por agua, y de asegurar el tránsito haciendo el 17 pasar de Flix a la
-otra orilla del Ebro un batallón napolitano. El barón de La Barre,
-que mandaba una división española en Falset (punto que los nuestros
-volvieron a ocupar luego que Macdonald en agosto se dirigió a Lérida),
-<span class="sidenote">Los atacan<br> los españoles.</span> destacó
-un trozo de gente, a las órdenes del teniente coronel Villa, contra
-el mencionado batallón, al cual este jefe sorprendió y cogió entero.
-Afortunadamente para los franceses, el convoy que debió partir retardó
-su salida, escaso todavía de agua el río Ebro, sin lo cual hubiera
-aquel tenido la misma suerte que los napolitanos. No solo en este sino
-también en otros lances prosiguió el barón de La Barre incomodando al
-enemigo lo largo de aquella orilla.</p>
-
-<div class="sidenote">Carvajal<br> en Aragón.</div>
-
-<p>Por la derecha desempeñaron igual faena los aragoneses. Gobernábalos
-en jefe desde agosto Don José María de Carvajal, a quien la regencia
-de Cádiz había nombrado con objeto de que<span class="pagenum"
-id="Page_351">p. 351</span> obedeciesen a una sola mano las diversas
-partidas y cuerpos que recorrían aquel reino. Pensamiento loable,
-pero cuya ejecución se encomendó a hombre de limitada capacidad.
-Carvajal paró solo mientes en lo accesorio del mando, y descuidó lo
-más principal. Estableció en Teruel grande aparato de oficinas, con
-poca previsión almacenes, y dio ostentosas proclamas. En vez de ayudar,
-embarazaba a los jefes subalternos, y mostrábase quisquilloso con sus
-puntas de celos.</p>
-
-<div class="sidenote">Villacampa<br> infatigable<br> en guerrear.</div>
-
-<p>Importunaba más que a los otros a Don Pedro Villacampa, como quien
-descollaba sobre todos. Este caudillo, sin embargo, continuando
-infatigable la guerra, cogió el 6 de septiembre, en Andorra, <span
-class="sidenote">Andorra.</span> un destacamento enemigo, y al
-siguiente día, en Las Cuevas de Cañart, <span class="sidenote">Las
-Cuevas.</span> un convoy con 136 soldados y 3 oficiales. El coronel
-Plicque, que lo mandaba, logró escaparse, achacándose a Carvajal la
-culpa por haber retenido lejos, so pretexto de revista, parte de las
-tropas. Desazonado Suchet con tales pérdidas, envió de Mora para
-ahuyentar a Villacampa alguna fuerza a las órdenes del general Habert,
-que, reunido a los coroneles Plicque y Kliski, que estaban hacia
-Alcañiz, obligó al español a enmarañarse en las sierras.</p>
-
-<p>Mas pasado un mes, volviendo Villacampa a avanzar, resolvió de
-nuevo Suchet que le atacasen sus tropas, y destacó a Chlopicki del
-bloqueo de Tortosa, con 7 batallones y 400 caballos. Villacampa
-retrocedió, y Carvajal evacuó a Teruel, donde entraron los
-franceses el 30. Siguieron estos de cerca a los españoles, <span
-class="sidenote">Alventosa.</span> y en la mañana siguiente alcanzaron
-su retaguardia más<span class="pagenum" id="Page_352">p. 352</span>
-allá de la quebrada de Alventosa, y cogieron 6 piezas, varios caballos
-y carros de municiones.</p>
-
-<div class="sidenote">Combate<br> de la Fuensanta.</div>
-
-<p>Chlopicki creyó con esto haber dispersado del todo a los españoles;
-pero luego se desengañó, quedando en pie la mayor parte de la
-fuerza del general Villacampa. Por lo mismo trató de aniquilarla, y
-se encontró con ella apostada, el 12 de noviembre, en las alturas
-inmediatas al santuario de la Fuensanta, espaldas de Villel. Don Pedro
-Villacampa tenía unos 3000 hombres, manteniéndose Carvajal con alguna
-gente en Cuervo, a una legua del campo de batalla. La posición española
-era fuerte, aunque algo prolongada, y la defendieron los nuestros dos
-horas porfiadamente, hasta que la izquierda fue envuelta y atropellada.
-Perecieron de los españoles unos 200 hombres, ahogándose bastantes
-en el Guadalaviar al cruzar el puente de Libros, que con el peso se
-hundió.</p>
-
-<p>Chlopicki tornó después al sitio de Tortosa, y dejó a Kliski con 1200
-hombres para defender por aquella parte contra Villacampa la orilla
-derecha del Ebro.</p>
-
-<div class="sidenote">Nuevos convoyes<br> para Tortosa.</div>
-
-<p>Entre tanto, sosteniéndose altas con mayor constancia las aguas de
-este río, apresuráronse los enemigos a transportar lo que exigía el
-entero complemento del asedio de aquella plaza. Mas no lo ejecutaron
-sin tropiezos y contratiempos. <span class="sidenote">Combates<br>
-parciales.</span> El 3 de noviembre, diecisiete barcas partieron de
-Mequinenza, escoltadas con tropa francesa que las seguían por las
-márgenes del Ebro; la rapidez de la corriente hizo que aquellas tomasen
-la delantera. Aprovechose de tal acaso el teniente coronel Villa,
-puesto en emboscada<span class="pagenum" id="Page_353">p. 353</span>
-entre Fayón y Ribarroja, y atacando el convoy cogió varias barcas,
-salvándose las otras al abrigo de refuerzos que acudieron. No les
-faltaron tampoco, antes de llegar a su destino, nuevas refriegas. Lo
-mismo sucedió el 27 de noviembre a otro convoy, con la diferencia de
-que en este caso las barcas se habían retrasado, anticipándose las
-escoltas, y catalanes en acecho acometieron aquellas, las hicieron
-varar, y cogieron 70 hombres de la guarnición de Mequinenza que habían
-salido a socorrerlas.</p>
-
-<div class="sidenote">Los españoles<br> desalojados<br> de Falset.</div>
-
-<p>Como semejantes tentativas y correrías o eran proyectadas por la
-división española alojada en Falset, o por lo menos las apoyaba, había
-ya determinado Suchet, tanto para escarmentarla, cuanto para facilitar
-la aproximación del 7.º cuerpo, al que siempre aguardaba, atacar a los
-españoles en aquel puesto. Verificolo así el 19 de noviembre por medio
-del general Habert, quien, no obstante una viva resistencia de los
-nuestros, regidos por el barón de La Barre, se enseñoreó del campo y
-cogió 300 prisioneros, de cuyo número fue el general García Navarro, si
-bien luego consiguió escaparse.</p>
-
-<div class="sidenote">Movimiento<br> de Bassecourt.</div>
-
-<p>Don Luis de Bassecourt, por el lado de Valencia, también tentó
-molestar a los franceses, y aun divertirlos del sitio de Tortosa. En la
-noche del 25 de noviembre partió de Peñíscola la vuelta de Ulldecona,
-con 8000 infantes y 800 caballos distribuidos en tres columnas: la del
-centro la mandaba el mismo Bassecourt; la de la derecha, que se dirigía
-camino de Alcanar, Don Antonio Porta; y la de la izquierda, Don Melchor
-Álvarez. Al llegar el primero cerca de Ulldecona,<span class="pagenum"
-id="Page_354">p. 354</span> <span class="sidenote">Acción<br> de
-Ulldecona.</span> perdió tiempo aguardando a Porta; pero, impaciente,
-ordenó al fin que avanzasen guerrillas de infantería y caballería, y
-que al oír cierta señal atacasen. Hízose así, sustentando Bassecourt
-la acometida por el centro con el grueso de los jinetes, y por los
-flancos con los peones. Hasta tercera vez insistieron los nuestros en
-su empeño, en cuya ocasión no descubriéndose todavía ni a Porta, ni
-a Don Melchor Álvarez, tuvieron que cejar con quebranto, en especial
-el escuadrón de la Reina, cuyo coronel, Don José Velarde, quedó
-prisionero. Bassecourt se retiró por escalones y en bastante orden
-hasta Vinaroz, donde se le juntó Don Antonio Porta. Los franceses
-vinieron luego encima, habiendo juntado todas sus fuerzas el general
-Musnier, que los mandaba, con lo que los nuestros, ya desanimados,
-se dispersaron. Recogiose Bassecourt a Peñíscola, en donde se volvió
-a reunir su gente, y llegó noticia de haberse mantenido salva la
-izquierda que capitaneaba Don Melchor Álvarez, ya que no acudiese con
-puntualidad al sitio que se le señalara. Corta fue de ambos lados la
-pérdida; los prisioneros por el nuestro, bastantes, aunque después se
-fugaron muchos. Achacose en parte la culpa de este descalabro a la
-lentitud de Porta: otros pensaron que Bassecourt no había calculado
-convenientemente los tropiezos que en la marcha encontrarían las
-columnas de derecha e izquierda.</p>
-
-<p>Al mismo tiempo que se avanzó hacia Ulldecona, dio la vela de
-Peñíscola una flotilla, con intento de atacar los puestos franceses de
-la Rápita y los Alfaques; mas, estando sobre aviso el general<span
-class="pagenum" id="Page_355">p. 355</span> Harispe, que había sucedido
-en el mando de la división a Laval, muerto de enfermedad, tomó sus
-precauciones y estorbó el desembarco.</p>
-
-<div class="sidenote">Macdonald<br> socorre<br> a Barcelona<br> y se
-acerca<br> a Tortosa.</div>
-
-<p>Se acercaba, en tanto, el día en que Macdonald, después de largo
-esperar, ayudase de veras a la completa formalización del sitio de
-Tortosa. Permitióselo el haber podido meter en Barcelona el convoy
-que insinuamos fue a buscar vía del Ampurdán. Aseguradas de este modo
-por algún tiempo las subsistencias en dicha plaza, dejó en ella 6000
-hombres; 14.000 a las órdenes del general Baraguey D’Hilliers en Gerona
-y Figueras, de que la mayor parte quedaba disponible para guerrear
-en el campo y mantener las comunicaciones con Francia, y con 15.000
-restantes marchó el mismo Macdonald la vuelta del Ebro, entrando en
-Mora el 13 de diciembre. Concertáronse él y Suchet, y sentando este en
-Jerta su cuartel general, <span class="sidenote">Formaliza el sitio<br>
-Suchet.</span> ocupó el otro los puestos que antes cubría la división
-de Habert, y se dio principio a llevar con rapidez los trabajos del
-sitio de Tortosa, del que hablaremos en uno de los próximos libros.</p>
-
-<p>A la propia sazón el ejército español de Cataluña, dejando una
-división que observase el Llobregat, y continuando el Ampurdán al
-cuidado del barón de Eroles, se colocó en su mayor parte frontero
-a Macdonald, en figura de arco, alrededor de Lent, y apoyada la
-derecha en Montblanch. <span class="sidenote">Deja O’Donnell<br> el
-mando.</span> Faltole luego el brazo activo y vigoroso de Don Enrique
-O’Donnell, quien debilitado a causa de su herida, empeorada con los
-cuidados, tuvo que embarcarse para Mallorca antes<span class="pagenum"
-id="Page_356">p. 356</span> de acabar diciembre, recayendo el mando
-interinamente, como más antiguo, en Don Miguel de Iranzo.</p>
-
-<p>Por la relación que acabamos de hacer de las operaciones militares
-de estos meses en Cataluña, Aragón y Valencia, harto enmarañadas, y
-quizá enojosas por su menudencia, habrá visto el lector cómo, a pesar de
-haber escaseado en ellas trabazón y concierto, fueron para el enemigo
-incómodas y ominosas; pues desde principio de julio que embistió a
-Tortosa, no pudo hasta diciembre formalizar el sitio. Nuevo ejemplo de
-lo que son estas guerras. Sesenta mil franceses, no obstante los yerros
-y la mala inteligencia de nuestros jefes, nada adelantaron por aquella
-parte durante varios meses en la conquista, estrellándose sus esfuerzos
-contra el tropel de refriegas y pertinacia de los pueblos.</p>
-
-<div class="sidenote">Partidas<br> en lo interior<br> de España.</div>
-
-<p>En el riñón de España, junto con las provincias vascongadas y
-Navarra, se aumentaban las partidas, y en este año de 10 llegaron
-a formar algunas de ellas cuerpos numerosos y mejor disciplinados;
-pues en tales lides, como decía Fernando del Pulgar, «crece el
-corazón con las hazañas, y las hazañas con la gente, y la gente con
-el interés.» Proseguían también allí, en algunos parajes, gobernando
-las juntas, las cuales, sin asiento fijo, mudaban de morada según la
-suerte de las armas, y ya se embreñaban en elevadas sierras, o ya se
-guarecían en recónditos yermos. La regencia de Cádiz nombraba a veces
-generales que tuviesen bajo su mando los diversos guerrilleros de un
-determinado distrito, o ensalzaba a los que de entre ellos mismos<span
-class="pagenum" id="Page_357">p. 357</span> sobresalían, autorizándolos
-con grados y comandancias superiores. Igualmente envió intendentes
-u otros empleados de hacienda que recaudasen las contribuciones y
-llevasen, en lo posible, la correspondiente cuenta y razón, invirtiéndose
-los productos en las atenciones de los respectivos territorios. Y si no
-se estableció en todas partes entero y cumplido orden, incompatible con
-las circunstancias y la presencia del enemigo, por lo menos adoptose
-un género de gobernación que, aunque llevaba visos de solo concertado
-desorden, remedió ciertos males, evitó otros, y mantuvo siempre viva la
-llama de la insurrección.</p>
-
-<p>No poco por su lado contribuían los franceses al propio fin.
-Sus extorsiones pasaban la raya de lo hostigoso e inicuo. Vivían,
-en general, de pesadísimas derramas y de escandaloso pillaje,
-cuyos excesos producían en los pueblos venganzas, y estas crueles
-y sanguinarias medidas del enemigo. Los alcaldes de los pueblos,
-los curas párrocos, los sujetos distinguidos, sin reparar en edad
-ni aun en sexo, tenían que responder de la tranquilidad pública,
-y con frecuencia, so pretexto de que conservaban relaciones con
-los partidarios, se los metía en duras prisiones, se los extrañaba
-a Francia, o eran atropelladamente arcabuceados. ¡Qué pábulo no
-daban tales arbitrariedades y demasías al acrecentamiento de las
-guerrillas!</p>
-
-<p>Asaltados por ellas en todos lugares, tuvieron los enemigos que
-establecer de trecho en trecho puestos fortificados, valiéndose de
-antiguos castillos de moros, o de conventos y casas-palacio. Por
-este medio aseguraban sus caminos militares,<span class="pagenum"
-id="Page_358">p. 358</span> la línea de sus operaciones, y formaban
-depósitos de víveres y aprestos de guerra. Su dominio no se extendía
-generalmente fuera del recinto fortalecido, teniendo a veces que oír,
-mal de su grado y sin poder estorbarlo, las jácaras patrióticas que
-en su derredor venían a entonar, con los habitantes, los atrevidos
-partidarios.</p>
-
-<p>Al viajante presentaban por lo común aquellos caminos triste y
-desoladora vista: pueblos desiertos, arruinados, continua soledad que
-interrumpían de tarde en tarde escoltados convoyes, o la aparición de
-los puestos franceses, cuyos soldados recelosamente salían de entre sus
-empalizadas. Resultas precisas, pero lastimosas, de tan cruda y bárbara
-guerra.</p>
-
-<p>Conservar de este modo las comunicaciones exigía de los franceses
-suma vigilancia y mucha gente. Así, en las provincias de que vamos
-hablando, nada menos contaban que unos 70.000 hombres, 24.000 en
-Madrid y lo restante de Castilla la Nueva. En la Vieja, además de
-Segovia y Ávila, y de otros puntos de inmediato enlace con las
-operaciones de Portugal y Asturias, había en Valladolid de 6 a 7000
-hombres, y 10.000 en Burgos, Soria y sus contornos; 7000 se esparcían
-por Álava, Vizcaya y Guipúzcoa, y 22.000 se alojaban en Navarra.
-Distribuíase toda esta gente en columnas móviles, o se juntaba, según
-los casos, en cuerpos más numerosos y compactos.</p>
-
-<p>En orden a los partidarios, causadores de tanto afán, no nos es
-dado hacer de todos particular especificación, y menos de sus hechos,
-como ajena de una historia general. Subía a 200<span class="pagenum"
-id="Page_359">p. 359</span> la cuenta de los caudillos más conocidos,
-apareciendo y desapareciendo otros muchos con las oleadas de los
-sucesos.</p>
-
-<p>Los que andaban cerca de los ejércitos en la circunferencia
-peninsular, y de que ya hemos hablado, permanecían más fijos en sus
-respectivos lugares, como dependientes de cuerpos reglados. Los que
-ahora nos ocupan, si bien de preferencia tenían, digámoslo así,
-determinada vivienda, trasladábanse de una provincia a otra al son de
-las alternativas y vueltas de la guerra, o según el cebo que ofrecía
-alguna lucrativa o gloriosa empresa.</p>
-
-<div class="sidenote">En Andalucía.</div>
-
-<p>En Andalucía, aparte de las guerrillas nombradas y que recorrían
-las sierras de Granada y Ronda, diéronse a conocer bastante las de Don
-Pedro Zaldivia, Don Juan Mármol y Don Juan Lorenzo Rey, habiendo una,
-que apellidaron del Mantequero, metídose en el barrio de Triana un día
-de los del mes de septiembre, con gran sobresalto de los franceses de
-Sevilla.</p>
-
-<div class="sidenote">En Castilla<br> la Nueva.</div>
-
-<p>Continuaban en la Mancha haciendo sus excursiones Francisquete y los
-ya insinuados en otro libro. Oyéronse ahora los nombres de Don Miguel
-Díaz y de Don Juan Antonio Orobio, juntamente con los de Don Francisco
-Abad y Don Manuel Pastrana, el primero bajo el mote de Chaleco, y el
-último bajo el de Chambergo. Usanza esta general entre el vulgo, no
-olvidada ahora con caudillos que por la mayor parte salían de las
-honradas pero humildes clases del pueblo.</p>
-
-<p>Apareció en la provincia de Toledo Don Juan Palarea, médico de
-Villaluenga, y en la misma<span class="pagenum" id="Page_360">p.
-360</span> murió el famoso partidario Don Ventura Jiménez, de resultas
-de heridas recibidas el 17 de junio en un empeñado choque junto al
-puente de San Martín. Igual y gloriosa suerte cupo a Don Toribio
-Bustamante, alias el Caracol, que recorría aquella provincia y la
-de Extremadura. Tomó las armas después de la batalla de Rioseco, en
-donde era administrador de correos, para vengar la muerte de su mujer
-y de un tierno hijo, que perecieron a manos de los franceses en el
-saco de aquella ciudad. Finó el 2 de agosto, lidiando en el puerto de
-Miravete.</p>
-
-<p>En las cercanías de Madrid hervían las partidas, a pesar de las
-fuerzas respetables que custodiaban la capital; bien es verdad que
-dentro tenía la causa nacional firmes parciales, y auxilios y
-pertrechos, y hasta insignias honoríficas recibían de su adhesión y
-afecto los caudillos de las guerrillas.</p>
-
-<p>Don Juan Martín [el Empecinado], que por lo común peleaba en la
-provincia vecina de Guadalajara, era a quien especialmente se dirigían
-los envíos y obsequiosos rendimientos. Cuerpos suyos destacados
-rondaban a menudo no lejos de Madrid, y el 13 de julio hasta se
-metieron en la Casa de Campo, tan inmediata a la capital y sitio de
-recreo de José. A tal punto inquietaban estos rebatos a los enemigos,
-y tanto se multiplicaban, que el conde de Laforest, embajador de
-Napoleón cerca de su hermano, después de hablar en un pliego, escrito
-en 5 de julio al ministro Champagny, de que las «sorpresas que hacían
-las cuadrillas españolas de los puestos militares, de los convoyes
-y correos, eran cada día<span class="pagenum" id="Page_361">p.
-361</span> más frecuentes», añadía, «que en Madrid nadie se podía, sin
-riesgo, alejar de sus tapias.»</p>
-
-<p>Mirando los franceses al Empecinado como principal promovedor de
-tales acometidas, quisieron destruirle, y ya en la primavera habían
-destacado contra él, a las órdenes del general Hugo, una columna
-volante de 3000 infantes y caballos, en cuyo número había españoles de
-los enregimentados por José, pero que comúnmente solo sirvieron para
-engrosar las filas del Empecinado.</p>
-
-<p>El general Hugo, aunque al principio alcanzó ventajas, creyó
-oportuno, para apoyar sus movimientos, fortalecer en fines de junio a
-Brihuega y Sigüenza. No tardó el Empecinado en atacar a esta ciudad,
-constando ya su fuerza de 600 infantes y 400 caballos. Se agregó a él,
-con 100 hombres, Don Francisco de Palafox, que vimos antes en Alcañiz,
-y que luego pasó a Mallorca, donde murió. Juntos ambos caudillos,
-obligaron a los franceses a encerrarse en el castillo, y entraron en
-la ciudad. Abandonáronla pronto. Mas desde entonces el Empecinado no
-cesó de amenazar a los franceses en todos los puntos, y de molestarlos
-marchando y contramarchando, y ora se presentaba en Guadalajara, ora
-delante de Sigüenza, y ora, en fin, cruzaba el Jarama y ponía en cuidado
-hasta la misma corte de José.</p>
-
-<p>Servíale de poco a Hugo su diligencia, pues Don Juan Martín, si
-se veía acosado, presto a desparcir su gente, juntábala en otras
-provincias, e iba hasta las de Burgos y Soria, de donde también venían
-a veces en su ayuda Tapia y Merino.</p>
-
-<p>El 18 de agosto trabó en Cifuentes, partido<span class="pagenum"
-id="Page_362">p. 362</span> de Guadalajara, una porfiada refriega,
-y aunque de resultas tuvo que retirarse, apareció otra vez el 24 en
-Mirabueno, y sorprendió una columna enemiga cogiéndole bastantes
-prisioneros. Volvió en 14 de septiembre a empeñar otra acción,
-también reñida, en el mismo Cifuentes, la cual duró todo el día, y
-los franceses, después de poner fuego a la villa, se recogieron a
-Brihuega.</p>
-
-<p>Ascendió en octubre la fuerza del Empecinado a 600 caballos y 1500
-infantes, con lo que pudo destacar partidas a Castilla la Vieja y otros
-lugares, no solo para pelear contra los franceses sino también para
-someter algunas guerrillas españolas que, so color de patriotismo,
-oprimían los pueblos y dejaban tranquilos a los enemigos.</p>
-
-<p>No le estorbó esta maniobra hostilizar al general Hugo, y el 18
-de octubre escarmentó a algunas de sus tropas en las Cantarillas de
-Fuentes, apresando parte de un convoy.</p>
-
-<p>Con tan repetidos ataques desflaquecía la columna del general
-Hugo, y menester fue que le enviasen de Madrid refuerzos. Luego
-que se le juntaron, se dirigió a Humanes, y allí en 7 de diciembre
-escribió al Empecinado, ofreciéndole para él y sus soldados servicio
-y mercedes bajo el gobierno de José. Replicó el español briosamente
-y como honrado, de lo cual enfadado Hugo, cerró con los nuestros dos
-días después en Cogolludo, teniendo el jefe español que retirarse
-a Atienza, sin que por eso se desalentase; pues a poco se dirigió a
-Jadraque y recobró varios de sus prisioneros. «Tal era, dice el general
-Hugo en sus memorias, la pasmosa actividad del Empecinado, tal la
-renovación y aumento<span class="pagenum" id="Page_363">p. 363</span>
-de sus tropas, tales los abundantes socorros que de todas partes le
-suministraban, que me veía forzado a ejecutar continuos movimientos.»
-Y más adelante concluye con asentar: «Para la completa conquista
-de la península se necesitaba acabar con las guerrillas... Pero su
-destrucción presentaba la imagen de la hidra fabulosa.» Testimonio
-imparcial, y que añade nuevas pruebas en favor del raro y exquisito
-mérito de los españoles en guerra tan extraordinaria y hazañosa.</p>
-
-<p>Don Luis de Bassecourt, conforme apuntamos, mandaba en Cuenca antes
-de pasar a Valencia. Entraron los franceses en aquella ciudad el 17
-de junio, y hallándola desamparada cometieron excesos parecidos a los
-que allí deshonraron sus armas en las anteriores ocupaciones. Quemaron
-casas, destruyeron muebles y ornamentos, y hasta inquietaron las
-cenizas de los muertos desenterrando varios cadáveres en busca, sin
-duda, de alhajas y soñados tesoros.</p>
-
-<p>Evacuaron luego la ciudad, y en agosto sucedió a Bassecourt en el
-mando Don José Martínez de San Martín, que también de médico se había
-convertido en audaz partidario. Recorría la tierra hasta el Tajo, en
-cuyas orillas escarmentó a veces la columna volante que capitaneaba en
-Tarancón el coronel francés Forestier.</p>
-
-<div class="sidenote">En Castilla<br> la Vieja.</div>
-
-<p>Cundía igualmente voraz el fuego de la guerra al norte de las
-sierras de Guadarrama. Sosteníanse los más de los partidarios en otro
-libro mencionados, y brotaron otros muchos. De ellos, en Segovia, Don
-Juan Abril; en Ávila, Don Camilo Gómez; en Toro, Don Lorenzo Aguilar;
-y<span class="pagenum" id="Page_364">p. 364</span> distinguiose
-en Valladolid la guerrilla de caballería, llamada de Borbón, que
-acaudillaba Don Tomás Príncipe.</p>
-
-<p>Aquí mostrábase el general Kellermann contra los partidarios tan
-implacable y severo como antes, portándose, a veces, ya él o ya los
-subalternos, harto sañudamente. Hubo un caso que aventajó a todos
-en esmerada crueldad. Fue, pues, que preso el hijo de un latonero
-de aquella ciudad, de edad de doce años, que llevaba pólvora a las
-partidas, no queriendo descubrir la persona que le enviaba, aplicáronle
-fuego lento a las plantas de los pies y a las palmas de las manos para
-que con el dolor declarase lo que no quería de grado. El niño, firme
-en su propósito, no desplegó los labios, y conmoviéronse, al ver tanta
-heroicidad, los mismos ejecutores de la pena, mas no sus verdaderos
-y empedernidos verdugos. ¿Y quién, después de este ejemplo y otros
-semejantes, solo propios de naciones feroces y de siglos bárbaros,
-extrañará algunos rigores, y aun actos crueles de los partidarios?</p>
-
-<p>Don Juan Tapia, en Palencia; Don Jerónimo Merino, en Burgos; Don
-Bartolomé Amor, en La Rioja, y en Soria Don José Joaquín Durán, ya
-unidos, ya separadamente, peleaban en sus respectivos territorios,
-o batían la campaña en otras provincias. Eligió la junta de Soria a
-Durán, comandante general de su distrito. Siendo brigadier fue hecho
-prisionero en la acción de Bubierca, y habiéndose luego fugado, se
-mantenía oculto en Cascante, pueblo de su naturaleza. Resolvió dicha
-junta este nombramiento [que mereció en breve la aprobación del
-gobierno] de resultas<span class="pagenum" id="Page_365">p. 365</span>
-de un descalabro que el 6 de septiembre padecieron en Yanguas sus
-partidas, unidas a las de La Rioja. Causolo una columna volante enemiga
-que regía el general Roguet, quien inhumanamente mandó fusilar 20
-soldados españoles prisioneros, después de haberles hecho creer que les
-concedía la vida.</p>
-
-<p>Durán se estableció en Berlanga. Su fuerza, al principio, no era
-considerable; pero aparentó de manera que el gobernador francés de
-Soria, Duvernet, si bien a la cabeza de 1600 hombres de la guardia
-imperial, no osó atacarle solo, y pidió auxilio al general Dorsenne,
-residente en Burgos. Por entonces ni uno ni otro se movieron, y dejaron
-a Durán tranquilo en Berlanga.</p>
-
-<p>Tampoco pensaba este en hacer tentativa alguna hasta que su gente
-fuese más numerosa y estuviese mejor disciplinada. Pero habiéndosele
-presentado en diciembre los partidarios Merino y Tapia, con 600
-hombres, los más de caballería, no quiso desaprovechar tan buena
-ocasión, y les propuso atacar a Duvernet, que a la sazón se alojaba,
-con 600 soldados, en Calatañazor, camino del Burgo de Osma. Aprobaron
-Merino y Tapia el pensamiento, y todos convinieron en aguardar a los
-franceses el 11, a su paso por Torralba. Apareció Duvernet, trabose la
-pelea, y ya iba aquel de vencida cuando de repente la caballería de
-Merino volvió grupa y desamparó a los infantes. Dispersáronse estos,
-tornaron Tapia y su compañero a sus provincias, y Durán a Berlanga,
-en donde sin ser molestado continuó hasta finalizar el año de 10,
-procurando reparar sus pérdidas y mejorar la disciplina.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_366">p. 366</span></p>
-
-<div class="sidenote">Santander<br> y provincias<br> vascongadas.</div>
-
-<p>Tomó a su cargo la Montaña de Santander el partidario Campillo,
-aproximándose unas veces a Asturias, y otras a Vizcaya, mas siempre con
-gran detrimento del enemigo. Mereció por ello gran loa, y también por
-ser de aquellos lidiadores que, sirviendo a su patria, nunca despojaron
-a los pueblos.</p>
-
-<p>La misma fama adquirió en esta parte Don Juan de Aróstegui, que
-acaudillaba en Vizcaya una partida considerable con el nombre de
-Bocamorteros. Sonaba en Álava desde principios de año Don Francisco
-Longa, de la Puebla de Arganzón, quien en breve contó bajo su mando
-unos 500 hombres. Pronto rebulló también en Guipúzcoa Don Gaspar
-Jáuregui, llamado el Pastor porque soltó el cayado para empuñar la
-espada.</p>
-
-<div class="sidenote">Expedición<br> de Renovales<br> a la costa<br>
-cantábrica.</div>
-
-<p>Estas provincias vascongadas, así como toda la costa cantábrica, de
-suma importancia para divertir al enemigo y cortarle en su raíz las
-comunicaciones, habían llamado particularmente la atención del gobierno
-supremo, y por tanto, además de las expediciones referidas de Porlier,
-se idearon otras. Fue de ellas la primera una que encomendó la regencia
-a Don Mariano Renovales. Salió este al efecto de Cádiz, aportó a la
-Coruña, y hechos los preparativos, dio de aquí la vela el 14 de octubre
-con rumbo al este. Llevaba 1200 españoles y 800 ingleses, convoyados
-por 4 fragatas de la misma nación y otra de la nuestra, con varios
-buques menores. Mandaba las fuerzas de mar el comodoro Mends.</p>
-
-<p>Fondeó la expedición en Gijón el 17, a tiempo<span class="pagenum"
-id="Page_367">p. 367</span> que Porlier peleaba en los alrededores con
-los franceses; mas no pudiendo Renovales desembarcar hasta el 18, diose
-lugar a que los enemigos evacuasen aquella villa, y que Porlier, atacado
-por estos, unidos a los de afuera, se alejase. Renovales se reembarcó,
-y el 23 surgió en Santoña; vientos contrarios no le permitieron tomar
-tierra hasta el 28; espacio de tiempo favorable a los franceses
-que, acudiendo con fuerzas superiores en auxilio del punto amagado,
-obligaron a los nuestros a desistir de su intento. Además, la estación
-avanzaba y se ponía inverniza, con anuncios de temporales peligrosos
-en costa tan brava; por lo mismo, pareciendo prudente retroceder a
-Galicia, aportaron los nuestros a Vivero. Allí, arreciando los vientos,
-se perdió la fragata española Magdalena y el bergantín Palomo, con la
-mayor parte de sus tripulaciones. Grande desdicha que si en algo pendió
-de los malos tiempos, también hubo quien la atribuyese a imprevisión y
-tardanzas.</p>
-
-<div class="sidenote">Navarra.<br> Espoz y Mina.</div>
-
-<p>Causó al principio desasosiego a los franceses esta expedición, que
-creyeron más poderosa; pero tranquilizándose después al verla alejada,
-pusieron nuevo conato, aunque inútilmente, en despejar el país de las
-partidas, perturbándolos en especial Don Francisco Espoz y Mina, que
-sobresalió por su intrepidez y no interrumpidos ataques.</p>
-
-<p>A poco de la desgracia de su sobrino, había allegado bastante gente,
-que todos los días se aumentaba. Sin aguardar a que fuese muy numerosa,
-emprendió ya en abril frecuentes acometidas, y prosiguió los meses
-adelante atajando<span class="pagenum" id="Page_368">p. 368</span> las
-escoltas y combatiendo los alojamientos enemigos. Impacientes estos
-y enfurecidos del fatigoso pelear, determinaron en septiembre destruir
-a tan arrojado partidario. Valiose para ello el general Reille, que
-mandaba en Navarra, de las fuerzas que allí había y de otras que iban de
-paso a Portugal, juntando de este modo unos 30.000 hombres.</p>
-
-<p>Mina, acosado, para evitar el exterminio de su gente, la desparramó
-por diversos lugares, encaminándose parte de ella a Castilla y parte a
-Aragón. Guardó él consigo algunos hombres, y más desembarazado, no cesó
-en sus ataques, si bien tuvo luego que correrse a otras provincias.
-Herido de gravedad, tornó después a Navarra para curarse, creyéndose más
-seguro en donde el enemigo más le buscaba. ¡Tal y tan en su favor era
-la opinión de los pueblos, tanta la fidelidad de estos!</p>
-
-<p>Antes de ausentarse dio en Aragón nueva forma a sus guerrillas,
-vueltas a reunir en número de 3000 hombres, y las repartió en tres
-batallones y un escuadrón: confirió el mando de dos de ellos a
-Curuchaga y a Górriz, jefes dignos de su confianza. La regencia de Cádiz
-le nombró entonces coronel y comandante general de las guerrillas de
-Navarra; pues estos caudillos, en medio de la independencia de que
-disfrutaban, hija de las circunstancias y de su posición, aspiraban
-todos a que el gobierno supremo confirmase sus grados y aprobase sus
-hechos, reconociéndole como autoridad soberana y único medio de que se
-conservase buena armonía y unión entre las provincias españolas.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_369">p. 369</span>Recobrado Mina
-de su herida, comenzó, al finalizar octubre, otras empresas, y su
-gente recorrió de nuevo los campos de Aragón y Castilla con terrible
-quebranto de los enemigos. Restituyose en diciembre a Navarra, atacó a
-los franceses en Tievas, Monreal y Aibar, y cerrando dichosamente la
-campaña de 1810, se dispuso a dar a su nombre, en las sucesivas, mayor
-fama y realce.</p>
-
-<p>Júzguese por lo que hemos referido cuantos males no acarrearían
-las guerrillas al ejército enemigo. Habíalas en cada provincia, en
-cada comarca, en cada rincón: contaban algunas 2000 y 3000 hombres,
-la mayor parte 500 y aun 1000. Se agregaron las más pequeñas a las
-más numerosas, o desaparecieron, porque como eran las que por lo
-general vejaban los pueblos, faltábales la protección de estos,
-persiguiéndolas al propio tiempo los otros guerrilleros, interesados
-en su buen nombre y a veces también en el aumento de su gente. No hay
-duda que en ocasiones se originaron daños a los naturales, aun de las
-grandes partidas; pero los más eran inherentes a este linaje de guerra,
-pudiéndose resueltamente afirmar que, sin aquellas, hubiera corrido
-riesgo la causa de la independencia. Tranquilo poseedor el enemigo de
-extensión vasta de país, se hubiera entonces aprovechado de todos sus
-recursos transitando por él pacíficamente, y dueño de mayores fuerzas,
-ni nuestros ejércitos, por más valientes que se mostrasen, hubieran
-podido resistir a la superioridad y disciplina de sus contrarios,
-ni los aliados se hubieran mantenido constantes en contribuir<span
-class="pagenum" id="Page_370">p. 370</span> a la defensa de una
-nación cuyos habitantes doblaban mansamente la cerviz a la coyunda
-extranjera.</p>
-
-<div class="sidenote">Cortes.</div>
-
-<p>Tregua ahora a tanto combate, y lanzándonos en el campo no menos
-vasto de la política, hablemos de lo que precedió a la reunión de
-cortes, las cuales, en breve congregadas, haciendo bambolear el antiguo
-edificio social, echaron al suelo las partes ruinosas y deformes, y
-levantaron otro que si no perfecto, por lo menos se acomodaba mejor al
-progreso de las luces del siglo, y a los usos, costumbres y membranzas
-de las primitivas monarquías de España.</p>
-
-<div class="sidenote">Remisa<br> la regencia<br> en convocarlas.</div>
-
-<p>Desaficionada la regencia a la institución de cortes, había
-postergado el reunirlas, no cumpliendo debidamente con el juramento que
-había prestado al instalarse «de contribuir a la celebración de aquel
-augusto congreso en la forma establecida por la suprema junta central,
-y en el tiempo designado en el decreto de creación de la regencia.»
-Cierto es que en este decreto aunque se insistía en la reunión de
-cortes ya convocadas para el 1.º de marzo de 1810, se añadía: «si la
-defensa del reino... lo permitiere.» Cláusula puesta allí para el solo
-caso de urgencia, o para diferir cortos días la instalación de las
-cortes; pero que abría ancho espacio a la interpretación de los que
-procediesen con mala o fría voluntad.</p>
-
-<div class="sidenote">Clamor general<br> por ellas.</div>
-
-<p>Descuidó pues la regencia el cumplimiento de su solemne promesa, y
-no volvió a mentar ni aun la palabra cortes sino en algunos papeles que
-circuló a América, las más veces no difundidos<span class="pagenum"
-id="Page_371">p. 371</span> en la península, y cortados a traza de
-entretenimiento para halagar los ánimos de los habitantes de ultramar.
-Conducta extraña que sobremanera enojó, pues entonces ansiaban los
-más la pronta reunión de cortes, considerando a estas como áncora de
-esperanza en tan deshecha tormenta. Creciendo los clamores públicos, se
-unieron a ellos los de varios diputados de algunas juntas de provincia,
-los cuales residían en Cádiz, y trataron de promover legalmente asunto
-de tanta importancia. Temerosa la regencia de la común opinión, y
-sabedora de lo que intentaban los referidos diputados, resolvió ganar
-a todos por la mano, suscitando ella misma la cuestión de cortes, ya
-que contase deslumbrar así y dar largas, o ya que, obligada a conceder
-lo que la generalidad pedía, quisiese aparentar que solo la estimulaba
-propia voluntad y no ajeno impulso. A este fin, llamó el 14 de junio a
-Don Martín de Garay, y le instó a que esclareciese ciertas dudas que
-ocurrían en el modo de la convocación de cortes, no hallándose nadie
-más bien enterado en la materia que dicho sujeto, secretario general e
-individuo que había sido de la junta central.</p>
-
-<div class="sidenote">Las piden<br> diputados<br> de las juntas<br> de
-provincia.</div>
-
-<p>No por eso desistieron de su intento los diputados de las
-provincias, y el 17 del propio junio comisionaron a dos de ellos para
-poner en manos de la regencia una exposición enderezada a recordar
-la prometida reunión de cortes. Cupo el desempeño de este encargo
-a Don Guillermo Hualde, diputado por Cuenca, y al conde de Toreno
-[autor de esta historia], que lo era por León. Presentáronse ambos, y
-después<span class="pagenum" id="Page_372">p. 372</span> de haber
-el último obtenido venia, leído el papel de que eran portadores,
-alborotose bastantemente el obispo de Orense, no acostumbrado a oír y
-menos a recibir consejos. Replicaron los comisionados, y comenzaban
-unos y otros a agriarse, cuando, terciando el general Castaños,
-amansáronse Hualde y Toreno, y templando también el obispo su ira
-locuaz y apasionada, humanose al cabo; y así él como los demás regentes
-dieron a los diputados una respuesta satisfactoria. Divulgado el
-suceso, remontó el vuelo la opinión de Cádiz, mayormente habiendo su
-junta aprobado la exposición hecha al gobierno, y sostenídola con otra
-que a su efecto elevó a su conocimiento en el día siguiente.</p>
-
-<div class="sidenote">Decreto<br> de convocación.<br> (* Ap. n. <a
-href="#Ap_12-2" id="Ll_12-2">12-2</a>.)</div>
-
-<p>Amedrentada la regencia con la fermentación que reinaba, promulgó
-el mismo 18 un decreto,[*] por el que, mandando que se realizasen
-a la mayor brevedad las elecciones de diputados que no se hubiesen
-verificado hasta aquel día, se disponía además que en todo el próximo
-agosto concurriesen los nombrados a la Isla de León, en donde luego
-que se hallase la mayor parte, se daría principio a las sesiones.
-Aunque en su tenor parecía vago este decreto, no fijándose el día de
-la instalación de cortes, sin embargo la regencia soltaba prendas que
-no podía recoger, y a nadie era ya dado contrarrestar el desencadenado
-ímpetu de la opinión.</p>
-
-<div class="sidenote">Júbilo general<br> en la nación.</div>
-
-<p>Produjo en Cádiz, y seguidamente en toda la monarquía, extremo
-contentamiento semejante providencia, y apresuráronse a nombrar
-diputados las provincias que aún no lo habían efectuado, y que gozaban
-de la dicha de no estar<span class="pagenum" id="Page_373">p.
-373</span> imposibilitadas para aquel acto por la ocupación enemiga.
-En Cádiz empezaron todos a trabajar en favor del pronto logro de tan
-deseado objeto.</p>
-
-<div class="sidenote">Dudas<br> de la regencia<br> sobre convocar<br>
-una segunda<br> cámara.</div>
-
-<p>La regencia, por su parte, se dedicó a resolver las dudas que,
-según arriba insinuamos, ocurrían acerca del modo de constituir las
-cortes. Fue una de las primeras la de si se convocaría o no una cámara
-de privilegiados. En su lugar vimos cómo la junta central dio antes de
-disolverse un decreto, llamando bajo el nombre de estamento o cámara de
-dignidades a los arzobispos, obispos y grandes del reino; pero también
-entonces vimos como nunca se había publicado esta determinación. En
-la convocatoria general de 1.º de enero, ni en la instrucción que la
-acompañaba, no había el gobierno supremo ordenado cosa alguna sobre su
-posterior resolución: solo insinuó en una nota que igual convocatoria
-se remitiría «a los representantes del brazo eclesiástico y de la
-nobleza.» Las juntas no publicaron esta circunstancia, e ignorándola
-los electores, habían recaído ya algunos de los nombramientos en
-grandes y en prelados.</p>
-
-<p>Perpleja con eso la regencia, empezó a consultar a las
-corporaciones principales del reino sobre si convendría o no llevar a
-cumplida ejecución el decreto de la central acerca del estamento de
-privilegiados. Para acertar en la materia, de poco servía acudir a los
-hechos de nuestra historia.</p>
-
-<div class="sidenote">Costumbre<br> antigua.</div>
-
-<p>Antes que se reuniesen las diversas coronas de España en las sienes
-de un mismo monarca,<span class="pagenum" id="Page_374">p. 374</span>
-había la práctica sido varia, según los estados y los tiempos. En
-Castilla desaparecieron del todo los brazos del clero y de la nobleza
-después de las cortes celebradas en Toledo en 1538 y 1539. Duraron más
-tiempo en Aragón; pero colocada en el solio, al principiar el siglo
-XVIII, la estirpe de los Borbones, dejaron en breve de congregarse
-separadamente las cortes en ambos reinos, y solo ya fueron llamadas
-para la jura de los príncipes de Asturias. Por primera vez se vieron
-juntas, en 1709, las de las coronas de Aragón y Castilla, y así
-continuaron hasta las últimas que se tuvieron en 1789, no asistiendo
-ni aun a estas, a pesar de tratarse algún asunto grave, sino los
-diputados de las ciudades. Solo en Navarra proseguía la costumbre de
-convocar a sus cortes particulares el brazo eclesiástico y el militar,
-o sea de la nobleza. Pero además de que allí no entraban en el primero
-exclusivamente los prelados, sino también priores, abades y hasta el
-provisor del obispado de Pamplona, y que del segundo componían parte
-varios caballeros sin ser grandes ni titulados, no podía servir de
-norma tan reducido rincón a lo restante del reino, señaladamente
-hallándose cerca, como para contrapuesto ejemplo, las provincias
-vascongadas, en cuyas juntas, del todo populares, no se admiten ni aun
-los clérigos. Ahora había también que examinar la índole de la presente
-lucha, su origen y su progreso.</p>
-
-<p>La nobleza y el clero, aunque entraron gustosos en ella, habían
-obrado antes bien como particulares que como corporaciones, y lo
-más elevado de ambas clases, los grandes y los prelados<span
-class="pagenum" id="Page_375">p. 375</span> no habían por lo general
-brillado ni a la cabeza de los ejércitos, ni de los gobiernos, ni de
-las partidas. Agregábase a esto la tendencia de la nación, desafecta
-a jerarquías, y en la que reducidos a estrechísimos límites los
-privilegios de los nobles, todos podían ascender a los puestos más
-altos sin excepción alguna.</p>
-
-<div class="sidenote">Opinión común<br> en la nación.</div>
-
-<p>Mostrábase en ello tan universal la opinión que, no solo la apoyaban
-los que propendían a ideas democráticas, mas también los enemigos de
-cortes y de todo gobierno representativo. Los últimos no, en verdad,
-como un medio de desorden [había entonces en España acerca del
-asunto mejor fe], sino por no contrarrestar el modo de pensar de los
-naturales. Ya en Sevilla, en la comisión de la junta central encargada
-de los trabajos de cortes, los señores Riquelme y Caro, que apuntamos
-desamaban la reunión de cortes, una vez decidida esta, votaron por
-una sola cámara indivisa y común, y el ilustre Jovellanos por dos:
-Jovellanos, acérrimo partidario de cortes y uno de los españoles más
-sabios de nuestro tiempo. Los primeros seguían la voz común: guiaban al
-último reglas de consumada política, la práctica de Inglaterra y otras
-naciones. Entre los comisionados de las juntas residentes en Cádiz,
-fue el más celoso en favor de una sola cámara Don Guillermo Hualde, no
-obstante ser eclesiástico, dignidad de chantre en la catedral de Cuenca
-y grande adversario de novedades. Contradicciones frecuentes en tiempos
-revueltos, pero que nacían aquí, repetimos, de la elevada y orgullosa
-igualdad que ostenta la jactancia española, manantial de ciertas<span
-class="pagenum" id="Page_376">p. 376</span> virtudes, causa a veces de
-ruinosa insubordinación.</p>
-
-<div class="sidenote">Consulta<br> la regencia al<br> consejo
-reunido.</div>
-
-<p>La regencia consultó sobre la materia, y otras relativas a cortes,
-al consejo reunido. La mayoría se conformó en todo con la opinión más
-acreditada, y se inclinó también a una sola cámara. Disintieron del
-dictamen varios individuos del antiguo consejo de Castilla, <span
-class="sidenote">Respuesta de este.<br> Voto particular.</span> de
-cuyo número fueron el decano Don José Colón, el conde del Pinar, y los
-señores Riega, Duque Estrada, y Don Sebastián de Torres. Oposición
-que dimanaba, no de adhesión a cámaras, sino de odio a todo lo que
-fuese representación nacional: por lo que en su voto insistieron
-particularmente en que se castigase con severidad a los diputados de
-las juntas que habían osado pedir la pronta convocación de cortes.</p>
-
-<p>Cundió en Cádiz la noticia de la consulta, junto con la del dictamen
-de la minoría, y enfureciéronse los ánimos contra esta, mayormente no
-habiendo los más de los firmantes dado al principio del levantamiento,
-en 1808, grandes pruebas de afecto y decisión por la causa de la
-independencia. De consiguiente, conturbáronse los disidentes al
-saber que los tiros disparados en secreto, con esperanza de que se
-mantendrían ocultos, habían reventado a la luz del día. Creció su temor
-cuando la regencia, para fundar sus providencias, determinó que se
-publicase la consulta y el dictamen particular. No hubo entonces manejo
-ni súplica que no empleasen los autores del último para alcanzar el
-que se suspendiese dicha resolución. Así sucedió, y tranquilizose la
-mente de aquellos hombres, cuyas<span class="pagenum" id="Page_377">p.
-377</span> conciencias no habían escrupulizado en aconsejar a las
-calladas injustas persecuciones, pero que se estremecían aun de la
-sombra del peligro. Achaque inherente a la alevosía y a la crueldad,
-de que muchos de los que firmaron el voto particular dieron tristes
-ejemplos años adelante, cuando sonó en España la lúgubre y aciaga hora
-de las venganzas y juicios inicuos.</p>
-
-<div class="sidenote">Consulta<br> del consejo<br> de estado.</div>
-
-<p>Pidió luego la regencia, acerca del mismo asunto de cámaras, el
-parecer del consejo de estado, el cual convino también en que no
-se convocase la de privilegiados. Votó en favor de este dictamen
-el marqués de Astorga, no obstante su elevada clase; del mismo fue
-Don Benito de Hermida, adversario en otras materias de cualesquiera
-novedades. Sostuvo lo contrario Don Martín de Garay, como lo había
-hecho en la central, y conforme a la opinión de Jovellanos.</p>
-
-<div class="sidenote">No se convoca<br> segunda cámara.</div>
-
-<p>No pudiendo resistir la regencia a la universalidad de pareceres,
-decidió que las clases privilegiadas no asistirían por separado a las
-cortes que iban a congregarse, y que estas se juntarían con arreglo al
-decreto que había circulado la central en 1.º de enero.</p>
-
-<div class="sidenote">Modo de elección.</div>
-
-<p>Según el tenor de este y de la instrucción que le acompañaba,
-innovábase del todo el antiguo modo de elección. Solamente en memoria
-de lo que antes regía se dejaba que cada ciudad de voto en cortes
-enviase por esta vez, en representación suya, un individuo de su
-ayuntamiento. Se concedía igualmente el mismo derecho a las juntas de
-provincia, como premio de sus desvelos en favor de la independencia
-nacional.<span class="pagenum" id="Page_378">p. 378</span> Estas dos
-clases de diputados no componían, ni con mucho, la mayoría, pero sí
-los nombrados por la generalidad de la población conforme al método
-ahora adoptado. Por cada 50.000 almas se escogía un diputado, y tenían
-voz para la elección los españoles de todas clases avecindados en el
-territorio, de edad de 25 años, y hombres de casa abierta. Nombrábanse
-los diputados indirectamente, pasando su elección por los tres grados
-de juntas de parroquia, de partido y de provincia. No se requerían
-para obtener dicho cargo otras condiciones que las exigidas para ser
-elector y la de ser natural de la provincia, quedando elegido diputado
-el que saliese de una urna o vasija en que habían de sortearse los tres
-sujetos que primero hubiesen reunido la mayoría absoluta de votos.
-Defectuoso, si se quiere, este método, ya por ser sobradamente franco,
-estableciendo una especie de sufragio universal, y ya restricto a causa
-de la elección indirecta, llevaba, sin embargo, gran ventaja al antiguo, o
-a lo menos a lo que de este quedaba.</p>
-
-<div class="sidenote">El antiguo<br> de España.</div>
-
-<p>En Castilla, hasta entrado el siglo XV, hubo cortes numerosas y a las
-que asistieron muchas villas y ciudades, si bien su concurrencia pendió
-casi siempre de la voluntad de los reyes, y no de un derecho reconocido
-e inconcuso. A los diputados, o sean procuradores, nombrábanlos los
-concejos formados de los vecinos, o ya los ayuntamientos, pues estos,
-siendo entonces por lo común de elección popular, representaban con
-mayor verdad la opinión de sus comitentes, que después, cuando se
-convirtieron sus regidurías, especialmente bajo los Felipes austriacos,
-en oficios<span class="pagenum" id="Page_379">p. 379</span> vendibles
-y enajenables de la corona; medida que, por decirlo de paso, nació más
-bien de los apuros del erario que de miras ocultas en la política de
-los reyes. En Aragón, el brazo de las universidades o ciudades, y en
-Valencia y Cataluña, el conocido con el nombre de real, constaban de
-muchos diputados que llevaban la voz de los pueblos. Cuáles fuesen los
-que hubiesen de gozar de semejante derecho o privilegio no estaba bien
-determinado, pues según nos cuentan los cronistas Martel y Blancas, solo
-gobernaba la costumbre. Este modo de representar la generalidad de
-los ciudadanos, aunque inferior, sin duda, al de la central, aparecía,
-repetimos, muy superior al que prevaleció en los siglos XVI y XVII,
-decayendo sucesivamente las prácticas y usos antiguos, a punto que
-en las cortes celebradas desde el advenimiento de Felipe V hasta las
-últimas de 1789 solo se hallaron presentes los caballeros procuradores
-de 37 villas y ciudades, únicas en que se reconocía este derecho en las
-dos coronas de Aragón y Castilla. Por lo que con razón asentaba Lord
-Oxford, al principio del siglo XVIII, que aquellas asambleas solo eran
-ya <i>magni nominis umbra</i>.</p>
-
-<div class="sidenote">Poderes<br> que se dan<br> a los diputados.</div>
-
-<p>Conferíanse ahora a los diputados facultades amplias, pues además
-de anunciarse en la convocatoria, entre otras cosas, que se llamaba la
-nación a cortes generales «para restablecer y mejorar la constitución
-fundamental de la monarquía», se especificaba en los poderes que
-los diputados «podían acordar y resolver cuanto se propusiese en
-las cortes, así en razón de los puntos indicados en la real carta
-convocatoria,<span class="pagenum" id="Page_380">p. 380</span> como en
-otros cualesquiera, con plena, franca, libre y general facultad, sin
-que por falta de poder dejasen de hacer cosa alguna, pues todo el que
-necesitasen les conferían [los electores] sin excepción ni limitación
-alguna.»</p>
-
-<div class="sidenote">Llámanse<br> a las cortes<br> diputados<br> de
-las provincias<br> de América<br> y Asia.</div>
-
-<p>Otra de las grandes innovaciones fue la de convocar a cortes las
-provincias de América y Asia. Descubiertos y conquistados aquellos
-países a la sazón que en España iban de caída las juntas nacionales,
-nunca se pensó en llamar a ellas a los que allí moraban. Cosa, por
-otra parte, nada extraña atendiendo a sus diversos usos y costumbres,
-a sus distintos idiomas, al estado de su civilización, y a las ideas
-que entonces gobernaban en Europa respecto de colonias o regiones
-nuevamente descubiertas, pues vemos que en Inglaterra mismo donde nunca
-cesaron los parlamentos, tampoco en su seno se concedió asiento a los
-habitadores allende los mares.</p>
-
-<p>Ahora que los tiempos se habían cambiado, y confirmádose
-solemnemente la igualdad de derechos de todos los españoles, europeos y
-ultramarinos, menester era que unos y otros concurriesen a un congreso
-en que iban a decidirse materias de la mayor importancia, tocante a
-toda la monarquía que entonces se dilataba por el orbe. Requeríalo así
-la justicia, requeríalo el interés bien entendido de los habitantes
-de ambos mundos, y la situación de la península, que, para defender
-la causa de su propia independencia, debía granjear las voluntades de
-los que residían en aquellos países, y de cuya ayuda había reportado
-colmados frutos. Lo dificultoso era arreglar en la práctica la
-declaración de la igualdad.<span class="pagenum" id="Page_381">p.
-381</span> Regiones extendidas, como las de América, con variedad de
-castas, con desvío entre estas y preocupaciones, ofrecían en el asunto
-problemas de no fácil resolución. Agregábase la falta de estadísticas,
-la diferente y confusa división de provincias y distritos, y el tiempo
-que se necesitaba para desenmarañar tal laberinto, cuando la pronta
-convocación de cortes no daba vagar, ni para pedir noticias a América,
-ni para sacar de entre el polvo de los archivos las mancas y parciales
-que pudieran averiguarse en Europa.</p>
-
-<p>Por lo mismo, la junta central, en el primer decreto que publicó
-sobre cortes en 22 de mayo de 1809, contentose con especificar que la
-comisión encargada de preparar los trabajos acerca de la materia viese
-«la parte que las Américas tendrían en la representación nacional.»
-Cuando en enero de 1810 expidió la misma junta a las provincias de
-España las convocatorias para el nombramiento de cortes, acordó también
-un decreto en favor de la representación de América y Asia, limitándose
-a que fuese supletoria, compuesta de 26 individuos escogidos entre
-los naturales de aquellos países residentes en Europa, y hasta tanto
-que se decidiese el modo más conveniente de elección. No se imprimió
-este decreto, y solo se mandó insertar un aviso en la <i>Gaceta</i>
-del mismo 7 de enero dando cuenta de dicha resolución, confirmada
-después por la circular que, al despedirse, promulgó la central sobre
-celebración de cortes.</p>
-
-<p>No bastaba para satisfacer los deseos de la América tan escasa y
-ficticia representación, por<span class="pagenum" id="Page_382">p.
-382</span> lo cual adoptose igualmente un medio que si no era tan
-completo como el decretado para España, se aproximaba al menos a la
-fuente de donde ha de derivarse toda buena elección. Tomose en ello
-ejemplo de lo determinado antes por la central, cuando llamó a su
-seno individuos de los diversos virreinatos y capitanías generales
-de ultramar, medida que no tuvo cumplido efecto a causa de la breve
-gobernación de aquel cuerpo. Según dicho decreto, no publicado sino en
-junio de 1809, los ayuntamientos, después de nombrar tres individuos,
-debían sortear uno y remitir el nombre del que fuese favorecido por
-la fortuna al virrey o capitán general, quien reuniendo los de los
-candidatos de las diversas provincias, tenía que proceder con el real
-acuerdo a escoger tres y en seguida sortearlos, quedando elegido para
-individuo de la junta central el primero que saliese de la urna. Así
-se ve que el número de los nombrados se limitaba a uno solo por cada
-virreinato o capitanía general.</p>
-
-<p>Conservando en el primer grado el mismo método de elección, había
-dado la regencia, en 14 de febrero, mayor ensanche al nombramiento de
-diputados a cortes. Los ayuntamientos elegían en sus provincias sus
-representantes, sin necesidad de acudir a la aprobación o escogimiento
-de las autoridades superiores, de manera que, en vez de un solo
-diputado por cada virreinato o capitanía general, se nombraron tantos
-cuantas eran las provincias, con lo que no dejó de ser bastante
-numerosa la diputación americana que poco a poco fue aportando a
-Cádiz,<span class="pagenum" id="Page_383">p. 383</span> aun de
-los países más remotos, y compuso parte muy principal de aquellas
-cortes.</p>
-
-<div class="sidenote">Elección<br> de suplentes.</div>
-
-<p>No estorbó esto que, aguardando la llegada de los diputados
-propietarios, se llevase a efecto en Cádiz el nombramiento de
-suplentes, así respecto de las provincias de ultramar como también
-de las de España, cuyos representantes no hubiesen todavía acudido,
-impedidos por la ocupación enemiga o por cualquiera otra causa que
-hubiese motivado la dilación. Para América y Asia, en vez de 26
-suplentes resolvió la regencia se nombrasen dos más, accediendo a
-varias súplicas que se le hicieron; para la península debía elegirse
-uno solo por cada una de las provincias indicadas. Tocaba desempeñar
-encargo tan importante a los respectivos naturales, en quienes
-concurriesen las calidades exigidas en el decreto e instrucción de 1.º
-de enero. La regencia había el 19 de agosto determinado definitivamente
-este asunto de suplentes, conviniendo en que la elección se hiciese
-en Cádiz, como refugio del mayor número de emigrados. Publicó el 8 de
-septiembre un edicto sobre la materia, y nombró ministros del consejo
-que preparasen las listas de los naturales de la península y de América
-que estuviesen en el caso de poder ser electores.</p>
-
-<div class="sidenote">Opinión<br> sobre esto<br> en Cádiz.</div>
-
-<p>Aplaudieron todos en Cádiz el que hubiese suplentes, lo mismo los
-apasionados a novedades que sus adversarios. Vislumbraban en ello unos
-carrera abierta a su noble ambición, esperaban otros conservar así su
-antiguo influjo y contener el ímpetu reformador. Entre los últimos
-se contaban consejeros, antiguos empleados,<span class="pagenum"
-id="Page_384">p. 384</span> personas elevadas en dignidad que se
-figuraban prevalecer en las elecciones y manejarlas a su antojo,
-asistidos de su nombre y de su respetada autoridad. Ofuscamiento de
-quien ignoraba lo arremolinadas que van, aun desde un principio, las
-corrientes de una revolución.</p>
-
-<div class="sidenote">Parte que toma<br> la mocedad.</div>
-
-<p>En breve se desengañaron, notando cuán perdido andaba su influjo.
-Levantáronse los pechos de la mocedad, y desapareció aquella
-indiferencia a que antes estaba avezada en las cuestiones políticas.
-Todo era juntas, reuniones, corrillos, conferencias con la regencia,
-demandas, aclaraciones. Hablábase de candidatos para diputados, y
-poníanse los ojos, no precisamente en dignidades, no en hombres
-envejecidos en la antigua corte o en los rancios hábitos de los
-consejos u otras corporaciones, sino en los que se miraban como más
-ilustrados, más briosos y más capaces de limpiar la España de la
-herrumbre que llevaba comida casi toda su fortaleza.</p>
-
-<p>Los consejeros nombrados para formar las listas, lejos de tropezar,
-cuando ocurrían dudas, con tímidos litigantes o con sumisos y
-necesitados pretendientes, tuvieron que habérselas con hombres que
-conocían sus derechos, que los defendían y aun osaban arrostrar las
-amenazas de quienes antes resolvían sin oposición y con el ceño de
-indisputable supremacía.</p>
-
-<div class="sidenote">Enojo<br> de los enemigos<br> de reformas.</div>
-
-<p>Desde entonces, muchos de los que más habían deseado el nombramiento
-de suplentes empezáronse a mostrar enemigos, y por consecuencia
-adversarios de las mismas cortes. Fuéronlo sin rebozo luego que se
-terminaron dichas elecciones de suplentes. Se dio principio a estas
-el<span class="pagenum" id="Page_385">p. 385</span> 17 de septiembre,
-y recayeron por lo común los nombramientos de diputados en sujetos de
-capacidad y muy inclinados a reformas.</p>
-
-<div class="sidenote">Número<br> que acude<br> a las elecciones.</div>
-
-<p>Presidieron las elecciones de cada provincia de España individuos
-de la cámara de Castilla, y las de América Don José Pablo Valiente,
-del consejo de Indias. Hubo algunas bastante ruidosas, culpa en parte
-de la tenacidad de los presidentes y de su mal encubierto despecho,
-malogrados sus intentos. De casi ninguna provincia de España hubo menos
-de 100 electores, y llegaron a 4000 los de Madrid, todos en general
-sujetos de cuenta; infiriéndose de aquí que, a pesar de lo defectuoso
-de este género de elección, era más completa que la que se hacía por
-las ciudades de voto en cortes, en que solo tomaban parte 20 o 30
-privilegiados, esto es, los regidores.</p>
-
-<div class="sidenote">Temores<br> de la regencia.</div>
-
-<p>Como al paso que mermaban las esperanzas de los adictos al orden
-antiguo, adquirían mayor pujanza las de los aficionados a la opinión
-contraria, temió la regencia caer de su elevado puesto, y buscó
-medios para evitarlo y afianzar su autoridad. Pero, según acontece,
-los que escogió no podían servir sino para precipitarla más pronto.
-<span class="sidenote">Restablecen todos<br> los consejos.</span>
-Tal fue el restablecer todos los consejos bajo la planta antigua por
-decreto de 16 de septiembre. Imaginó que como muchos individuos de
-estos cuerpos, particularmente los del consejo real, se reputaban
-enemigos de la tendencia que mostraban los ánimos, tendría en sus
-personas, ahora agradecidas, un sustentáculo firme de su potestad ya
-titubeante. Cuenta en que gravemente erró. La veneración que antes
-existía<span class="pagenum" id="Page_386">p. 386</span> al consejo
-real había desaparecido, gracias a la incierta y vacilante conducta de
-sus miembros en la causa pública y a su invariable y ciega adhesión a
-prerrogativas y extensas facultades. Inoportuno era también el momento
-escogido para su restablecimiento. Las cortes iban a reunirse, a ellas
-tocaba la decisión de semejante providencia. Tampoco lo exigía el
-despacho de los negocios, reducida ahora la nación a estrechos límites,
-y resolviendo por sí las provincias muchos de los expedientes que antes
-subían a los consejos. Así apareció claro que su restablecimiento
-encubría miras ulteriores, y quizá se sospecharon algunas más dañadas
-de las que en realidad había.</p>
-
-<div class="sidenote">Quiere<br> el consejo real<br> intervenir<br> en
-las cortes.</div>
-
-<p>El consejo real desviviose por obtener que su gobernador o decano
-presidiese las cortes, que la cámara examinase los poderes de los
-diputados, y también que varios individuos suyos tomasen asiento en
-ellas bajo el nombre de asistentes. Tal era la costumbre seguida en las
-últimas cortes, tal la que ahora se intentó abrazar, fundándose en los
-antecedentes y en el texto de Salazar, libro sagrado a los ojos de los
-defensores de las prerrogativas del consejo. <span class="sidenote">No
-lo consigue.</span> Mas al columbrar el revuelo de la opinión,
-delirio parecía querer desenterrar usos tan encontrados con las ideas
-que reinaban en Cádiz y con las que exponían los diputados de las
-provincias que iban llegando, quienes, fuesen o no inclinados a las
-reformas, traían consigo recelos y desconfianzas acerca de los consejos
-y de la misma regencia.</p>
-
-<div class="sidenote">Señala el 24<br> de septiembre<br> para<br> la
-instalación<br> de cortes.</div>
-
-<p>De dichos diputados, varios arribaron a Cádiz<span class="pagenum"
-id="Page_387">p. 387</span> en agosto, otros muchos en septiembre.
-Con su venida se apremió a la regencia para que señalase el día de la
-apertura de cortes, reacia siempre en decidirse. Tuvo aun para ello
-dificultades, provocó dudas, repitió consultas, mas al fin fijole para
-el 24 de septiembre.</p>
-
-<div class="sidenote">Comisión<br> de poderes.</div>
-
-<p>Determinó también el modo de examinar previamente los poderes. Los
-diputados que habían llegado fueron de parecer que la regencia aprobase
-por sí los poderes de seis de entre ellos, y que luego estos mismos
-examinasen los de sus compañeros. Bien que forzada, dio la regencia
-su beneplácito a la propuesta de los diputados, mas en el decreto
-que publicó al efecto, decía que obraba así, «atendiendo a que estas
-cortes eran extraordinarias, sin intentar perjudicar a los derechos
-que preservaba a la cámara de Castilla.» Los seis diputados escogidos
-para el examen de poderes fueron el consejero D. Benito de Hermida,
-por Galicia; el marqués de Villafranca, grande de España, por Murcia;
-D. Felipe Amat, por Cataluña; Don Antonio Oliveros, por Extremadura;
-el general Don Antonio Samper, por Valencia; y Don Ramón Power, por
-la isla de Puerto Rico. Todos eran diputados propietarios, incluso
-el último, único de los de ultramar que hubiese todavía llegado de
-aquellos apartados países.</p>
-
-<div class="sidenote">Congojosa<br> esperanza<br> de los ánimos.</div>
-
-<p>Concluidos los actos preliminares, ansiosamente y con esperanza
-varia aguardaron todos a que luciese aquel día 24 de septiembre, origen
-de grandes mudanzas, verdadero comienzo de la revolución española.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop">
-
-
-<div class="chapter">
- <p><span class="pagenum" id="Page_389">p. 389</span></p>
- <div class="figcenter">
- <img style="width: 26em; height: auto;"
- src="images/doble_filete.jpg"
- alt="Filete ornamental">
- </div>
- <p class="centra fs200 lh200 negr mt1">RESUMEN</p>
- <p class="centra smaller lh200">DEL</p>
- <p class="centra fs150 lh200 g0 ws1">LIBRO DECIMOTERCERO.</p>
- <div class="figcenter mt05">
- <img style="width: 8em; height: auto;"
- src="images/separa2.jpg"
- alt="Motivo ornamental">
- </div>
-</div>
-
-<p class="resum"><span class="prim"><span
-class="gran">I</span>nstalación</span> de las cortes generales y
-extraordinarias. — Publicidad de sus sesiones. — Malos intentos de la
-regencia. — Conducta mesurada y noble de las cortes. — Nombramiento
-de presidente y secretarios. — Proposiciones del señor Muñoz Torrero.
-— Primera discusión muy notable. — Los discursos pronunciados de
-palabra. — Engaño de la regencia. — Palabras de Lardizábal. — Decreto
-de 24 de septiembre. — Opiniones diversas acerca de este decreto, y
-su examen. — Número de diputados que concurrieron el primer día. —
-Aplausos que de todas partes reciben las cortes. — Tratamiento. —
-Aclaración pedida por la regencia. — Debate sobre las facultades de
-la potestad ejecutiva. — Empleos conferidos <span class="pagenum"
-id="Page_390">p. 390</span>a diputados. — Proposición del señor
-Capmany. — Juicio acerca de ella. — Elecciones de Aragón. — El duque
-de Orleans quiere hablar a la barandilla de las cortes. — Relación
-sucinta de este suceso. — Altercado con el obispo de Orense sobre
-prestar el juramento. — Sométese al fin el obispo. — Revueltas de
-América. — Sus causas. — Levantamiento de Venezuela. — Levantamiento
-de Buenos Aires. — Juicio acerca de estas revueltas. — Medidas tomadas
-por el gobierno español. — Providencia fraguada acerca del comercio
-libre. — Nómbrase a Cortavarría para ir a Caracas. — Jefes y pequeña
-expedición enviada al Río de la Plata. — Ocúpanse las cortes en la
-materia. — Decreto de 15 de octubre. — Discusión sobre la libertad de
-la imprenta. — Reglamento por el que se concedía la libertad de la
-imprenta. — Su examen. — Lo que se adopta para los juicios en lugar
-del jurado. — Promúlgase la libertad de la imprenta. — Partidos en las
-cortes. — Remueven las cortes a los individuos de la primera regencia.
-— Causas de ello. — Nómbrase una nueva regencia de tres individuos. —
-Suplentes. — Incidente del marqués del Palacio. — Discusión que esto
-motiva. — Término de este negocio. — Ciertos acontecimientos ocurridos
-durante la primera regencia, y breve noticia de los diferentes ramos.
-— Monumento mandado erigir por las cortes a Jorge III. — Sigue la
-relación de algunos acontecimientos ocurridos durante la primera
-regencia. — Modo de pensar de los nuevos regentes. — Varios decretos de
-las cortes. — Nómbrase una comisión especial para formar un proyecto de
-constitución.<span class="pagenum" id="Page_391">p. 391</span> — Voces
-acerca de si se casaba o no en Francia Fernando VII. — Proposiciones
-sobre la materia de los señores Capmany y Borrull. — Discusión. —
-Nuevas discusiones sobre América. — Alborotos en Nueva España. —
-Decretos en favor de aquellos países. — Providencias en materia de
-guerra y hacienda. — Cierran las cortes sus sesiones en la Isla. —
-Fiebre amarilla. — Fin de este libro.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop">
-
-
-<div class="chapter" id="Ch13">
- <p><span class="pagenum" id="Page_393">p. 393</span></p>
- <div class="figcenter">
- <img style="width: 26em; height: auto;"
- src="images/doble_filete.jpg"
- alt="Filete ornamental">
- </div>
- <p class="centra fs150 lh150 negr g0 mt1">HISTORIA</p>
- <p class="centra fs60 lh150">DEL</p>
- <p class="centra fs120 lh150 asc ws1">LEVANTAMIENTO, GUERRA Y REVOLUCIÓN</p>
- <p class="centra fs120 lh150 ws1">de España.</p>
- <div class="figcenter mt05">
- <img style="width: 8em; height: auto;"
- src="images/separa4.jpg"
- alt="Motivo ornamental">
- </div>
- <h2 class="nobreak fs120 negr g0">LIBRO DECIMOTERCERO.</h2>
- <hr class="tir">
-</div>
-
-<p class="ti0">¡<span class="prim"><span
-class="gran">E</span>strella</span> singular la de esta tierra
-de España! Arrinconados en el siglo VIII algunos de sus hijos en
-las asperezas del Pirineo y en las montañas de Asturias, no solo
-adquirieron bríos para oponerse a la invasión agarena, sino que
-también trataron de dar reglas y señalar límites a la potestad suprema
-de sus caudillos, pues al paso que alzaban a estos en el pavés para
-entregarles las riendas del estado, les imponían justas obligaciones,
-y les recordaban aquella célebre y conocida máxima de los godos, «Rex
-eris si rectè facias: si non facias, non eris»; echando así los
-cimientos de nuestras primeras franquezas y libertades. Ahora en el
-siglo XIX, estrechados los españoles por todas partes, y colocado
-su gobierno en el otro extremo de la península, lejos de abatirse,
-se mantenían firmes y no parecía sino que, a la manera de Anteo,
-recobraban fuerzas cuando ya se les creía sin aliento y postrados en
-tierra. En el reducido ángulo de la Isla gaditana, como en Covadonga
-y Sobrarbe, con una mano defendían impávidos la independencia de la
-nación, y con la otra empezaron a levantar, bajo nueva forma, sus
-abatidas, libres y antiguas instituciones. Semejanza que bien fuese
-juego del acaso o disposición más alta de la providencia, presentándose
-en breve a la pronta y viva imaginación de los naturales, sustentó el
-ánimo de muchos e inspiró gratas esperanzas en medio de infortunios y
-atropellados desastres.</p>
-
-<div class="sidenote">Instalación de las<br> cortes generales<br> y
-extraordinarias.</div>
-
-<p>Según lo resuelto anteriormente por la junta central, era la Isla
-de León el punto señalado para la celebración de cortes. Conformándose
-la regencia con dicho acuerdo, se trasladó allí desde Cádiz el 22 de
-septiembre, y juntó, la mañana del 24, en las casas consistoriales a
-los diputados ya presentes. Pasaron en seguida todos reunidos a la
-iglesia mayor, y celebrada la misa del Espíritu Santo por el cardenal
-arzobispo de Toledo, Don Luis de Borbón, se exigió acto continuo de
-los diputados un juramento concebido en los términos siguientes:
-«¿Juráis la santa religión católica, apostólica, romana, sin admitir
-otra alguna en estos reinos? — ¿Juráis conservar en su integridad la
-nación española, y no omitir medio alguno para libertarla de sus<span
-class="pagenum" id="Page_395">p. 395</span> injustos opresores? —
-¿Juráis conservar a nuestro amado soberano, el señor Don Fernando VII,
-todos sus dominios, y en su defecto a sus legítimos sucesores, y hacer
-cuantos esfuerzos sean posibles para sacarle del cautiverio y colocarle
-en el trono? — ¿Juráis desempeñar fiel y legalmente el encargo que la
-nación ha puesto a vuestro cuidado, guardando las leyes de España, sin
-perjuicio de alterar, moderar y variar aquellas que exigiese el bien
-de la nación? — Si así lo hiciereis, Dios os lo premie, y si no, os lo
-demande.» Todos respondieron: «Sí juramos.»</p>
-
-<p>Antes, en una conferencia preparatoria, se había dado a los diputados
-una minuta de este juramento, y los hubo que ponían reparo en acceder
-a algunas de las restricciones. Pero habiéndoles hecho conocer varios
-de sus compañeros que la última parte del mencionado juramento removía
-todo género de escrúpulo, dejando ancho campo a las novedades que
-quisieran introducirse, y para las que les autorizaban sus poderes,
-cesaron en su oposición y adhirieron al dictamen de la mayoría, sin
-reclamación posterior.</p>
-
-<p>Concluidos los actos religiosos, se trasladaron los diputados y
-la regencia al salón de cortes, formado en el coliseo, o sea teatro
-de aquella ciudad, paraje que pareció el más acomodado. En toda la
-carrera estaba tendida la tropa y los diputados recibieron de ella,
-a su paso, como del vecindario e innumerable concurso que acudió de
-Cádiz y otros lugares, vítores y aplausos multiplicados y sin fin.
-Colmábanlos los circunstantes<span class="pagenum" id="Page_396">p.
-396</span> de bendiciones, y arrasadas en lágrimas las mejillas de
-muchos, dirigían todos al cielo fervorosos votos para el mejor acierto
-en las providencias de sus representantes. Y al ruido del cañón español,
-que en toda la línea hacía salvas por la solemnidad de tan fausto día,
-resonó también el del francés, como si intentara este engrandecer
-acto tan augusto, recordando que se celebraba bajo el alcance de
-fuegos enemigos. ¡Día, por cierto, de placer y buena andanza, día en
-que de júbilo casi querían brotar del pecho los corazones generosos,
-figurándose ya ver a su patria, si aún de lejos, libre y venturosa,
-pacífica y tranquila dentro, muy respetada fuera!</p>
-
-<p>Llegado que hubieron los diputados al salón de cortes, saludaron su
-entrada con repetidos vivas los muchos espectadores que llenaban las
-galerías. Habíanse construido estas en los antiguos palcos del teatro;
-el primer piso le ocupaba a la derecha el cuerpo diplomático, con los
-grandes y oficiales generales, sentándose a la izquierda señoras de la
-primera distinción. Agolpose a los pisos más altos inmenso gentío de
-ambos sexos, ansiosos todos de presenciar instalación tan deseada.</p>
-
-<div class="sidenote">Publicidad<br> de sus sesiones.</div>
-
-<p>Esperaban pocos que fuesen desde luego públicas las sesiones de
-cortes, ya porque las antiguas acostumbraron en lo general a ser
-secretas, y ya también porque, no habituados los españoles a tratar
-en público los negocios del estado, dudábase que sus procuradores
-consintiesen fácilmente en admitir tan saludable práctica, usada
-en otras naciones. De antemano algunos<span class="pagenum"
-id="Page_397">p. 397</span> de los diputados que conocían no solo
-lo útil, pero aun lo indispensable que era adoptar aquella medida,
-discurrieron el modo de hacérselo entender así a sus compañeros.
-Dichosamente no llegó el caso de entrar en materia. La regencia de
-suyo abrió el salón al público, movida según se pensó, no tanto del
-deseo de introducir tan plausible y necesaria novedad, cuanto con la
-intención aviesa de desacreditar a las cortes en el mismo día de su
-congregación.</p>
-
-<div class="sidenote">Malos intentos<br> de la regencia.</div>
-
-<p>Hemos visto ya, y hechos posteriores confirmarán más y más nuestro
-aserto, cómo la regencia había convocado las cortes mal de su grado, y
-cómo se arrimaba en sus determinaciones a las doctrinas del gobierno
-absoluto de los últimos tiempos. Desestimaba a los diputados,
-considerándolos inexpertos y noveles en el manejo de los asuntos
-públicos; y ningún medio le pareció más oportuno para lograr la mengua
-y desconcepto de aquellos que mostrarlos descubiertamente a la faz
-de la nación, saboreándose ya con la placentera idea de que, a guisa
-de escolares, se iban a entretener y enredar en fútiles cuestiones y
-ociosas disputas. Y en verdad nadie podía motejar a la regencia por
-haber abierto el salón al público, puesto que en semejante providencia
-se conformaba con el común sentir de las mismas personas afectas a
-cortes, y con la índole y objeto de los cuerpos representativos.
-Sin embargo, la regencia erró en la cuenta, y con la publicidad
-ahondó sus propias llagas y las del partido lóbrego de sus secuaces,
-salvando al congreso nacional de los escollos<span class="pagenum"
-id="Page_398">p. 398</span> contra los que, de otro modo, hubiera
-corrido gran riesgo de estrellarse.</p>
-
-<p>El consejo de regencia, al entrar en el salón, se había colocado en
-un trono levantado en el testero, acomodándose en una mesa inmediata
-los secretarios del despacho. Distribuyéronse los diputados a derecha
-e izquierda, en bancos preparados al efecto. Sentados todos, pronunció
-el obispo de Orense, presidente de la regencia, un breve discurso, y
-en seguida se retiró él y sus compañeros, junto con los ministros, sin
-que ni unos ni otros hubiesen tomado disposición alguna que guiase al
-congreso en los primeros pasos de su espinosa carrera. Cuadraba tal
-conducta con los indicados intentos de la regencia; pues en un cuerpo
-nuevo como el de las cortes, abandonado a sí mismo, falto de reglamento
-y antecedentes que le ilustrasen y sirviesen de pauta, era fácil el
-descarrío, o a lo menos cierto atascamiento en sus deliberaciones,
-ofreciendo por primera vez al numeroso concurso que asistía a la sesión
-tristes muestras de su saber y cordura.</p>
-
-<div class="sidenote">Conducta<br> mesurada y noble<br> de las
-cortes.</div>
-
-<p>Felizmente las cortes no se desconcertaron, dando principio con paso
-firme y mesurado al largo y glorioso curso de sus sesiones. Escogieron
-momentáneamente para que las presidiese al más anciano de los diputados,
-Don Benito Ramón de Hermida, quien designó para secretario en la misma
-forma a Don Evaristo Pérez de Castro. Debían estos nombramientos servir
-solo para el acto de elegir sujetos que desempeñasen en propiedad
-dichos dos empleos, y asimismo para dirigir cualquiera discusión
-que acerca del<span class="pagenum" id="Page_399">p. 399</span>
-asunto pudiera suscitarse. <span class="sidenote">Nombramiento<br> de
-presidente<br> y secretarios.</span> No habiendo ocurrido incidente
-alguno, se procedió sin tardanza a la votación de presidente,
-acercándose cada diputado a la mesa en donde estaba el secretario,
-para hacer escribir a este el nombre de la persona a quien daba su
-voto. Del escrutinio resultó al cabo elegido Don Ramón Lázaro de Dou,
-diputado por Cataluña, prefiriéndole muchos a Hermida por creerle de
-condición más suave y no ser de edad tan avanzada. Recayó la elección
-de secretario en el citado señor Pérez de Castro, y se le agregó al día
-siguiente, en la misma calidad, para ayudarle en su ímprobo trabajo, a Don
-Manuel Luján. Los presidentes fueron en adelante nombrados todos los
-meses, y alternativamente se renovaba el secretario más antiguo, cuyo
-número se aumentó hasta cuatro.</p>
-
-<p>Terminadas las elecciones, se leyó un papel que al despedirse había
-dejado la regencia, por el que, deseando esta hacer dejación del mando,
-indicaba la necesidad de nombrar inmediatamente un gobierno adecuado
-al estado actual de la monarquía. Nada en el asunto decidieron por
-entonces las cortes, y solo sí declararon quedar enteradas; fijándose
-luego la atención de todos los asistentes en Don Diego Muñoz Torrero,
-diputado por Extremadura, que tomó la palabra en materia de señalada
-importancia.</p>
-
-<div class="sidenote">Proposiciones<br> del señor<br> Muñoz
-Torrero.</div>
-
-<p>A nadie tanto como a este venerable eclesiástico tocaba abrir
-las discusiones, y poner la primera piedra de los cimientos en que
-habían de estribar los trabajos de la representación nacional. Antiguo
-rector de la universidad de Salamanca, era varón docto, purísimo en
-sus costumbres,<span class="pagenum" id="Page_400">p. 400</span> de
-ilustrada y muy tolerante piedad, y en cuyo exterior, sencillo al par
-que grave, se pintaba no menos la bondad de su alma que la extensa y
-sólida capacidad de su claro entendimiento.</p>
-
-<p>Levantose pues el señor Muñoz Torrero, y apoyando su opinión
-en muchas y luminosas razones, fortalecidas con ejemplos sacados
-de autores respetables, y con lo que prescribían antiguas leyes e
-imperiosamente dictaba la situación actual del reino, expuso lo
-conveniente que sería adoptar una serie de proposiciones que fue
-sucesivamente desenvolviendo, y de las que, añadió, traía una minuta
-extendida en forma de decreto, su particular amigo Don Manuel Luján.</p>
-
-<p>Decidieron las cortes que leyera el último dicha minuta, cuyos
-puntos eran los siguientes: — 1.º Que los diputados que componían
-el congreso, y representaban la nación española, se declaraban
-legítimamente constituidos en cortes generales y extraordinarias, en
-las que residía la soberanía nacional. — 2.º Que conformes en todo
-con la voluntad general, pronunciada del modo más enérgico y patente,
-reconocían, proclamaban y juraban de nuevo por su único y legítimo
-rey al señor Don Fernando VII de Borbón, y declaraban nula, de ningún
-valor ni efecto la cesión de la corona que se decía hecha en favor de
-Napoleón, no solo por la violencia que había intervenido en aquellos
-actos injustos e ilegales, sino principalmente por haberle fallado el
-consentimiento de la nación. — 3.º Que no conviniendo quedasen reunidas
-las tres potestades,<span class="pagenum" id="Page_401">p. 401</span>
-legislativa, ejecutiva y judicial, las cortes se reservaban solo el
-ejercicio de la primera en toda su extensión. — 4.º Que las personas en
-quienes se delegase la potestad ejecutiva, en ausencia del señor Don
-Fernando VII, serían responsables por los actos de su administración,
-con arreglo a las leyes; habilitando al que era entonces consejo
-de regencia para que interinamente continuase desempeñando aquel
-cargo, bajo la expresa condición de que inmediatamente y en la misma
-sesión prestase el juramento siguiente: «¿Reconocéis la soberanía de
-la nación, representada por los diputados de estas cortes generales y
-extraordinarias? ¿Juráis obedecer sus decretos, leyes y constitución
-que se establezca, según los santos fines para que se han reunido, y
-mandar observarlos y hacerlos ejecutar? — ¿Conservar la independencia,
-libertad e integridad de la nación? — ¿La religión católica,
-apostólica, romana? — ¿El gobierno monárquico del reino? — ¿Restablecer
-en el trono a nuestro amado rey Don Fernando VII de Borbón? — ¿Y mirar
-en todo por el bien del estado? — Si así lo hiciereis Dios os ayude, y
-si no, seréis responsables a la nación con arreglo a las leyes.» — 5.º
-Se confirmaban por entonces todos los tribunales y justicias del reino,
-así como las autoridades civiles y militares de cualquiera clase que
-fuesen. — Y 6.º y último, se declaraban inviolables las personas de los
-diputados, no pudiéndose intentar cosa alguna contra ellos sino en los
-términos que se establecerían en un reglamento próximo a formarse.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_402">p. 402</span></p>
-
-<div class="sidenote">Primera<br> discusión<br> muy notable.</div>
-
-<p>Siguiose a la lectura una detenida discusión que resplandeció en
-elocuencia; siendo sobre todo admirable el tino y circunspección con
-que procedieron los diversos oradores. De ellos, en lo esencial,
-pocos discordaron; y los hubo que, profundizando el asunto, dieron
-interés y brillo a una sesión en la cual se estrenaban las cortes.
-Maravilláronse los espectadores, no contando, ni aun de lejos, con que
-los diputados, en vista de su inexperiencia, desplegasen tanta sensatez
-y conocimientos. Participaron de la común admiración los extranjeros
-allí presentes, en especial los ingleses, jueces experimentados y los
-más competentes en la materia.</p>
-
-<div class="sidenote">Los discursos<br> pronunciados<br> de
-palabra.</div>
-
-<p>Los discursos se pronunciaron de palabra, entablándose así un
-verdadero debate. Y casi nunca, ni aun en lo sucesivo, leyeron los
-diputados sus dictámenes: solo alguno que otro se tomó tal licencia,
-de aquellos que no tenían costumbre de mezclarse activamente en las
-discusiones. Quizá se debió a esta práctica el interés que desde un
-principio excitaron las sesiones de las cortes. Ajeno entendemos sea de
-cuerpos deliberativos manifestar por escrito los pareceres: congréganse
-los representantes de una nación para ventilar los negocios y
-desentrañarlos, no para hacer pomposa gala de su saber, y desperdiciar
-el tiempo en digresiones baldías. Discursos de antemano preparados
-aseméjanse, cuando más, a bellas producciones académicas; pero que no
-se avienen ni con los incidentes, ni con los altercados, ni con las
-vueltas que ocurren en los debates de un parlamento.</p>
-
-<p>Prolongáronse los de aquella noche hasta<span class="pagenum"
-id="Page_403">p. 403</span> pasadas las doce, habiendo sido
-sucesivamente aprobados todos los artículos de la minuta del señor
-Luján. En la discusión, además de este señor diputado y del respetable
-Muñoz Torrero, distinguiéronse otros, como Don Antonio Oliveros y Don
-José Mejía; empezando a descollar, a manera de primer adalid, Don
-Agustín de Argüelles. Nombres ilustres con que a menudo tropezaremos, y
-de cuyas personas se hablará en oportuna sazón.</p>
-
-<p>Mientras que las cortes discutían, acechaba la regencia por medio
-de emisarios fieles lo que en ellas pasaba. No que solo temiera la
-separasen del mando, conforme a la dimisión que había hecho de mero
-cumplido; sino, y principalmente, porque contaba con el descrédito de
-las cortes, figurándose ya ver a estas, desde sus primeros pasos, o
-atolladas o perdidas. Acontecimiento que, a haber ocurrido, la reponía
-en favorable lugar y la convertía en árbitro de la representación
-nacional.</p>
-
-<p>Grande fue el asombro de la regencia al oír el maravilloso modo con
-que procedían las cortes en sus deliberaciones; grande el desánimo
-al saber el entusiasmo con que aclamaban a las mismas soldados y
-ciudadanos.</p>
-
-<div class="sidenote">Engaño<br> de la regencia.</div>
-
-<p>Manifestación tan unánime contuvo a los enemigos de la libertad
-española. Ya entonces se hablaba de planes y torcidos manejos, y de que
-ciertos regentes, si no todos, urdían una trama resueltos a destruir
-las cortes o por lo menos a amoldarlas conforme a sus deseos. No eran
-muchos los que daban asenso a tales rumores, achacándolos a invención
-de la malevolencia;<span class="pagenum" id="Page_404">p. 404</span>
-y dificultoso hubiera sido probar lo contrario, si un año después no
-lo hubiese pregonado e impreso quien estaba bien enterado de lo que
-anotaba. <span class="sidenote">Palabras<br> de Lardizábal.<br> (* Ap.
-n. <a href="#Ap_13-1" id="Ll_13-1">13-1</a>.)</span> «Vimos claramente
-[dice en su manifiesto [*] uno de los regentes, el señor Lardizábal] que
-en aquella noche no podíamos contar ni con el pueblo ni con las armas,
-que a no haber sido así, todo hubiera pasado de otra manera.»</p>
-
-<p>¿Qué manera hubiera sido esta? Fácil es adivinarla. Mas ¿cuáles
-las resultas si se destruían las cortes, o se empeñaba un conflicto
-teniendo el enemigo a las puertas? Probablemente la entrada de este
-en la Isla de León, la dispersión del gobierno, la caída de la
-independencia nacional.</p>
-
-<p>Por fortuna, aun para los mismos maquinadores, no se llevaron a
-efecto intentos tan criminales. Desamparada la regencia, sometiose
-silenciosa, y en apariencia con gusto, a las decisiones del congreso.
-<span class="sidenote">Juramento<br> de la regencia<br> y ausencia
-del<br> obispo de Orense.</span> En la misma noche del 24 pasó a
-prestar el juramento conforme a la fórmula propuesta por el señor Luján,
-que había sido aprobada. Notose la falta del obispo de Orense, pero
-por entonces se admitió sin réplica ni observación alguna la excusa
-que se dio de su ausencia, y fue de que siendo ya tarde, los años y
-los achaques le habían obligado a recogerse. Con el acto del juramento
-de los regentes se terminó la primera sesión de las cortes, solemne
-y augusta bajo todos respectos; sesión cuyos ecos retumbarán en las
-generaciones futuras de la nación española.</p>
-
-<div class="sidenote">Decreto de 24<br> de septiembre.<br> (* Ap. n. <a
-href="#Ap_13-2" id="Ll_13-2">13-2</a>.)</div>
-
-<p>Aplaudiose entonces universalmente el decreto<span class="pagenum"
-id="Page_405">p. 405</span> acordado en aquel día,[*] comprensivo
-de las proposiciones formalizadas por los señores Muñoz Torrero y
-Luján, de que hemos dado cuenta, y que fue conocido bajo el título de
-<i>Decreto de 24 de septiembre</i>. Base de todas las resoluciones
-posteriores de las cortes, se ajustaba a lo que la razón y la política
-aconsejaban.</p>
-
-<div class="sidenote">Opiniones<br> diversas acerca<br> de este
-decreto,<br> y su examen.</div>
-
-<p>Sin embargo, pintáronle después algunos como subversivo del gobierno
-monárquico y atentatorio de los derechos de la majestad real. Sirvioles
-en especial de asidero para semejante calificación el declararse en el
-decreto que la soberanía nacional residía en las cortes, alegando que
-habiendo estas, en el juramento hecho en la iglesia mayor, apellidado
-<i>soberano</i> a Don Fernando VII, ni podían sin faltar a tan solemne
-promesa trasladar ahora a la nación la soberanía, ni tampoco erigirse
-en depositarias de ella.</p>
-
-<p>A la primera acusación se contestaba que en aquel juramento,
-juramento individual y no de cuerpo, no se había tratado de examinar si
-la soberanía traía su origen de la nación o de solo el monarca: que la
-regencia había presentado aquella fórmula y aprobádola los diputados,
-en la persuasión de que la palabra <i>soberano</i> se había empleado
-allí según el uso común por la parte que de la soberanía ejerce el rey
-como jefe del estado, y no de otra manera; habiendo prescindido de
-entrar fundamentalmente en la cuestión.</p>
-
-<p>Si cabe, más satisfactoria era aun la respuesta a la segunda
-acusación, de haber declarado las cortes que en ellas residía la
-soberanía. El rey estaba ausente, cautivo; y ciertamente que a
-alguien<span class="pagenum" id="Page_406">p. 406</span> correspondía
-ejercer el poder supremo, ya se derivase este de la nación, ya
-del monarca. Las juntas de provincia, soberanas habían sido en sus
-respectivos territorios; habíalo sido la central en toda plenitud, lo
-mismo la regencia; ¿por qué, pues, dejarían de disfrutar las cortes de
-una facultad no disputada a cuerpos mucho menos autorizados?</p>
-
-<p>Por lo que respecta a la declaración de la soberanía nacional,
-principio tan temido en nuestros tiempos, si bien no tan repugnante a
-la razón como el opuesto de la legitimidad, pudiera quizá ser cuerda
-que vibrase con sonido áspero en un país en donde sin sacudimiento
-se reformasen las instituciones de consuno la nación y el gobierno;
-pues, por lo general, declaraciones fundadas en ideas abstrusas ni
-contribuyen al pro común, ni afianzan por sí la bien entendida libertad
-de los pueblos. Mas ahora no era este el caso.</p>
-
-<p>Huérfana España, abandonada de sus reyes, cedida como rebaño y
-tratada de rebelde, debía, y propio era de su dignidad, publicar a
-la faz del orbe, por medio de sus representantes, el derecho que
-la asistía de constituirse y defenderse; derecho de que no podían
-despojarla las abdicaciones de sus príncipes, aunque hubiesen sido
-hechas libre y voluntariamente.</p>
-
-<p>Además, los diputados españoles, lejos de abusar de sus facultades,
-mostraron moderación y las rectas intenciones que los animaban;
-declarando al propio tiempo la conservación del gobierno monárquico, y
-reconociendo como legítimo rey a Fernando VII.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_407">p. 407</span></p>
-
-<p>Que la nación fuese origen de toda autoridad no era en España
-doctrina nueva ni tomada de extraños: conformábase con el derecho
-público que había guiado a nuestros mayores, y en circunstancias no
-tan imperiosas como las de los tiempos que corrían. A la muerte del
-rey Don Martín, <span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_13-3"
-id="Ll_13-3">13-3</a>.)</span> juntáronse en Caspe [*] para elegir
-monarca los procuradores de Aragón, Cataluña y Valencia. Los
-navarros y aragoneses, fundándose en las mismas reglas, habían
-desobedecido <span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_13-4"
-id="Ll_13-4">13-4</a>.)</span> la voluntad de Don Alonso el Batallador
-[*] que nombraba por sucesores del trono a los Templarios: y los
-castellanos, sin el mismo ni tan justo motivo, en la minoría de Don
-Juan el II,[*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_13-5"
-id="Ll_13-5">13-5</a>.)</span> ¿no ofrecieron la corona, por medio
-del condestable Ruy López Dávalos, al infante de Antequera? Así que
-las cortes de 1810, en su declaración de 24 de septiembre, además de
-usar de un derecho inherente a toda nación, indispensable para el
-mantenimiento de la independencia, imitaron también, y templadamente,
-los varios ejemplos que se leían en los anales de nuestra historia.</p>
-
-<div class="sidenote">Número<br> de diputados<br> que concurrieron<br>
-el primer día.</div>
-
-<p>A la primera sesión solo concurrieron unos cien diputados: cerca
-de dos terceras partes nombrados en propiedad, el resto en Cádiz bajo
-la calidad de suplentes. Por lo cual más adelante tacharon algunos de
-ilegítima aquella corporación; como si la legitimidad pendiese solo del
-número, y como si este, sucesivamente y antes de la disolución de las
-cortes, no se hubiese llenado con las elecciones que las provincias,
-unas tras otras, fueron verificando. Tocaremos en el curso de nuestro
-trabajo la cuestión<span class="pagenum" id="Page_408">p. 408</span>
-de la legitimidad. Ahora nos contentaremos con apuntar que, desde los
-primeros días de la instalación de las cortes, se halló completa la
-representación del populoso reino de Galicia, la de la industriosa
-Cataluña, la de Extremadura, y que asistieron varios diputados de las
-provincias de lo interior, elegidos a pesar del enemigo, en las claras
-que dejaba este en sus excursiones. Tres meses no habían aún pasado,
-y ya tomaron asiento en las cortes los diputados de León, Valencia,
-Murcia, Islas Baleares y, lo que es más pasmoso, diputados de la
-Nueva España nombrados allí mismo: cosa antes desconocida en nuestros
-fastos.</p>
-
-<div class="sidenote">Aplausos que<br> de todas partes<br> reciben las
-cortes.</div>
-
-<p>De todas partes se atropellaron las felicitaciones, y nadie levantó
-el grito respecto de la legitimidad de las cortes. Al contrario, ni
-la distancia ni el temor de los invasores impidieron que se diesen
-multiplicadas pruebas de adhesión y fidelidad: espontáneas en un tiempo
-y en lugares en que carecieron las cortes de medios coactivos, y cuando
-los mal contentos impunemente hubieran podido mostrar su oposición y
-hasta su desobediencia.</p>
-
-<div class="sidenote">Nombramiento<br> de comisiones<br> y orden
-llevado<br> en los debates.</div>
-
-<p>En las sesiones sucesivas fue el congreso determinando el modo de
-arreglar sus tareas. Se formaron comisiones de guerra, hacienda y
-justicia: las cuales después de meditar detenidamente las proposiciones
-o expedientes que se les remitían, presentaban su informe a las cortes,
-en cuyo seno se discutía el negocio y votaba. Posteriormente se
-nombraron nuevas comisiones, ya para otros ramos o ya para especiales
-asuntos. También en breve se adoptó un reglamento<span class="pagenum"
-id="Page_409">p. 409</span> interior, combinando en lo posible el
-pronto despacho con la atenta averiguación y debate de las materias.
-Los diputados que, según hemos indicado, pronunciaban casi siempre de
-palabra sus discursos, poníanse en un principio para recitarlos en
-uno de dos sitios preparados al intento, no lejos del presidente, y
-que se llamaron tribunas. Notose luego lo incómodo y aun impropio de
-esta costumbre, que distraía con la mudanza y continuo paso de los
-oradores; por lo que los más hablaron después sin salir de su puesto y
-en pie, quedando las tribunas para la lectura de los informes de las
-comisiones. Se votaba de ordinario levantándose y sentándose: solo en
-las decisiones de mayor cuantía daban los diputados su opinión por un
-<i>sí</i> o por un <i>no</i>, pronunciándolo desde su asiento en voz
-alta.</p>
-
-<div class="sidenote">Tratamiento.</div>
-
-<p>Asimismo tomaron las cortes el tratamiento de majestad, a petición
-del señor Mejía: objeto fue de crítica, aunque otro tanto habían hecho
-la junta central y la primera regencia; y era privilegio en España
-de ciertas corporaciones. Algunos diputados nunca usaron de aquella
-fórmula, creyéndola ajena de asambleas populares, y al fin se desterró
-del todo al renacer de las cortes en 1820.</p>
-
-<div class="sidenote">Aclaración<br> pedida por<br> la regencia.</div>
-
-<p>No bien se hubo aprobado el primer decreto, acudió la regencia
-pidiendo que se declarase: 1.º «cuáles eran las obligaciones anexas
-a la responsabilidad que le imponía aquel decreto, y cuáles las
-facultades privativas del poder ejecutivo que se le había confiado.
-2.º Qué método habría de observarse en las comunicaciones<span
-class="pagenum" id="Page_410">p. 410</span> que necesaria y
-continuamente habían de tener las cortes con el consejo de regencia.»
-Apoyábase la consulta en no haber de antemano fijado nuestras leyes
-la línea divisoria de ambas potestades, y en el temor por tanto de
-incurrir en faltas de desagradables resultas para la regencia, y
-perjudiciales al desempeño de los negocios. A primera vista no parecía
-nada extraña dicha consulta; antes bien, llevaba visos de ser hija
-de un buen deseo. Con todo, los diputados miráronla recelosos, y la
-atribuyeron al maligno intento de embarazarlos y de promover reñidas
-y ociosas discusiones. Fuera este el motivo oculto que impelía a la
-regencia, o fuéralo el recelo de comprometerse, intimidada con la
-enemistad que el público le mostraba, a pique estuvo aquella de que,
-por su inadvertido paso, le admitiesen las cortes la renuncia que antes
-había dado.</p>
-
-<p>Sosegáronse, sin embargo, por entonces los ánimos, y se pasó la
-consulta de la regencia a una comisión, compuesta de los señores
-Hermida, Gutiérrez de la Huerta y Muñoz Torrero. No habiéndose
-convenido estos en la contestación que debía darse, cada uno de
-ellos al siguiente día presentó por separado su dictamen. <span
-class="sidenote">Debate sobre<br> las facultades<br> de la potestad<br>
-ejecutiva.</span> Se dejó a un lado el del señor Hermida que se
-reducía a reflexiones generales, y ciñose la discusión al de los
-otros dos individuos de la comisión. Tomaron en ella parte, entre
-otros, los señores Pérez de Castro y Argüelles. Sobresalió el último
-en rebatir al señor Gutiérrez de la Huerta, relator del consejo real,
-distinguido por sus conocimientos legales, y de suma facilidad<span
-class="pagenum" id="Page_411">p. 411</span> en producirse, si bien
-sobrado verboso, que carecía de ideas claras en materias de gobierno,
-confundiendo unas potestades con otras: achaque de la corporación en
-que estaba empleado. Así fue que, en su dictamen, trabando en extremo
-a la regencia, entremetíase en todo, y hasta desmenuzaba facultades
-solo propias del alcalde de una aldehuela. D. Agustín de Argüelles
-impugnó al señor Huerta, deslindando con maestría los límites de las
-autoridades respectivas, y en consecuencia se atuvieron las cortes a la
-contestación del señor Muñoz Torrero, terminante y sencilla. Decíase
-en esta «que en tanto que las cortes formasen acerca del asunto un
-reglamento, usase la regencia de todo el poder que fuese necesario
-para la defensa, seguridad y administración del estado en las críticas
-circunstancias de entonces; e igualmente que la responsabilidad que se
-exigía al consejo de regencia, únicamente excluía la inviolabilidad
-absoluta que correspondía a la persona sagrada del rey. Y que en cuanto
-al modo de comunicación entre el consejo de regencia y las cortes,
-mientras estas estableciesen el más conveniente, se seguiría usando el
-medio usado hasta el día.»</p>
-
-<p>Era este el de pasar oficios o venir en persona los secretarios del
-despacho, quienes por lo común esquivaban asistir a las cortes, no
-avezados a las lides parlamentarias.</p>
-
-<p>Meses adelante se formó el reglamento anunciado, en cuyo texto se
-determinaron con amplitud y claridad las facultades de la regencia.</p>
-
-<p>No se limitó esta a urgar a las cortes y hostigarlas<span
-class="pagenum" id="Page_412">p. 412</span> con consultas, sino que
-procuró atraer los ánimos de los diputados y formarse un partido
-entre ellos. Escogió, para conseguir su objeto, un medio inoportuno
-y poco diestro. <span class="sidenote">Empleos<br> conferidos<br> a
-diputados.</span> Fue, pues, el de conferir empleos a varios de los
-vocales, prefiriendo a los americanos, ya por miras peculiares que
-dicha regencia tuviese respecto de ultramar, ya porque creyese a
-aquellos más dóciles a semejantes insinuaciones. La noticia cundió
-luego, y la gran mayoría de los diputados se embraveció contra
-semejante descaro, o más bien insolencia que redundaba en descrédito
-de las cortes. Atemorizáronse los distribuidores de las mercedes y
-los agraciados, y supusieron para su descargo que se habían concedido
-los empleos con antelación a haber obtenido los últimos el puesto de
-diputados, sin alegar motivo que justificase la ocultación por tanto
-tiempo de dichos nombramientos. De manera que a lo feo de la acción
-agregose desmaño en defenderla y encubrirla; falta que entre los
-hombres suele hallar menos disculpa.</p>
-
-<div class="sidenote">Proposición<br> del Sr. Capmany.</div>
-
-<p>El enojo de todos excitó a Don Antonio Capmany a formalizar una
-proposición que hizo proceder de la lectura de un breve discurso,
-salpicándole de palabra con punzantes agudezas, propio atributo de
-la oratoria de aquel diputado, escritor diligente y castizo. La
-proposición estaba concebida en los siguientes términos: «Ningún
-diputado, así de los que al presente componen este cuerpo, como de los
-que en adelante hayan de completar su total número, pueda solicitar ni
-admitir para sí, ni para otra persona, empleo, pensión y gracia, merced
-ni<span class="pagenum" id="Page_413">p. 413</span> condecoración
-alguna de la potestad ejecutiva interinamente habilitada, ni de otro
-gobierno que en adelante se constituya bajo de cualquiera denominación
-que sea; y si desde el día de nuestra instalación se hubiese recibido
-algún empleo o gracia sea declarado nulo.» Aprobose así esta
-proposición, salvo alguna que otra levísima mudanza, y con el aditamento
-de que «la prohibición se extendiese a un año después de haber los
-actuales diputados dejado de serlo.»</p>
-
-<div class="sidenote">Juicio acerca<br> de ella.</div>
-
-<p>Nacida de acendrada integridad, flaqueaba semejante providencia por
-el lado de la previsión, y se apartaba de lo que enseña la práctica de
-los gobiernos representativos. El diputado que se mantenga sordo a la
-voz de la conciencia, falto de pundonor y atento solo a no traspasar la
-letra de la ley, medios hallará bastantes de concluir a las calladas
-un ajuste que, sin comprometerle, satisfaga sus ambiciosos deseos o
-su codicia. La prohibición de obtener empleos, siendo absoluta, y
-mayormente extendiéndose hasta el punto de no poder ser escogidos los
-secretarios del despacho entre los individuos del cuerpo legislativo,
-desliga a este del gobierno, y pone en pugna a entrambas autoridades.
-Error gravísimo y de enojosas resultas, pero en que han incurrido casi
-todas las naciones al romper los grillos del despotismo. Ejemplo la
-Francia en su asamblea constituyente; ejemplo la Inglaterra cuando el
-largo parlamento dio el acta llamada <i>self-denying ordinance</i>,
-bien que aquí, en el mismo instante, hubo sus excepciones para Cromwell
-y otros, en ventaja de la causa que defendían. Sálese entonces de una
-región aborrecida:<span class="pagenum" id="Page_414">p. 414</span>
-desmanes y violencias del gobierno han sido causa de los males
-padecidos, y sin reparar que en la mudanza se ha desquiciado aquel,
-o que su situación ha variado ya, olvidando también que la potestad
-ejecutiva es condición precisa del orden social, y que por tanto vale
-más empuñen las riendas manos amigas que no adversas, clámase contra
-los que sostienen esta doctrina, y forzoso es que los buenos patricios,
-por temor o mal entendida virtud, se alejen de los puestos supremos,
-abandonándolos así a la merced del acaso, ya que no al arbitrio de
-ineptos o revoltosos ciudadanos. En España, no obstante, siguiose un
-bien de aquella resolución: el abuso, en materia de empleos, de las
-juntas y de las corporaciones que las habían sucedido en el mando,
-tenía escandalizado al pueblo con mengua de la autoridad de sus
-gobiernos. La abnegación y el desapropio de todo interés de que ahora
-dieron muestra los diputados, realzó mucho su fama: beneficio que en lo
-moral equivalió algún tanto al daño que en la práctica resultaba de la
-muy lata proposición del señor Capmany.</p>
-
-<div class="sidenote">Elecciones<br> de Aragón.</div>
-
-<p>Metió también por entonces ruido un acontecimiento, en el cual,
-si bien apareció inocente la mayoría de la regencia, desconceptuose
-esta en gran manera, y todavía más sus ministros. Don Nicolás María de
-Sierra, que lo era de gracia y justicia, para ganar votos y aumentar
-su influjo en las cortes, ideó realizar de un modo particular las
-elecciones de Aragón. Y violentando las leyes y decretos promulgados
-en la materia, dirigió una real orden a aquella junta,<span
-class="pagenum" id="Page_415">p. 415</span> mandándole que por sí
-nombrase la totalidad de los diputados de la provincia, con remisión al
-mismo tiempo de una lista confidencial de candidatos. En el número no
-había olvidado su propio nombre el señor Sierra, ni el de su oficial
-mayor Don Tadeo Calomarde, ni tampoco el del ministro de estado Don
-Eusebio de Bardají, y por consiguiente todos tres con varios amigos y
-deudos suyos, igualmente aragoneses, fuesen elegidos, entremezclados
-a la verdad con alguno que otro sujeto de indisputable mérito y de
-condición independiente. Llegó arriba la noticia del nombramiento, e
-ignorando la mayoría de los regentes lo que se había urdido, al darles
-cuenta dicho señor Sierra del expediente, «quedaron absortos [según las
-expresiones del señor Saavedra] de oír una real orden de que no hacían
-memoria.» Los sacó el ministro de la confusión exponiendo que él era el
-autor de la tal orden, expedida de motu propio, aunque si bien después
-pesaroso la había revocado por medio de otra que desgraciadamente
-llegaba tarde. ¿Quién no creería con tan paladina confesión que
-inmediatamente se habría exonerado al ministro, y perseguídole como a
-falsario digno de ejemplar castigo? Pues no: la regencia contentose con
-declarar nula la elección y mantuvo al ministro en su puesto. Presúmese
-que enredados en la maraña dos de los regentes, se huyó de ahondar
-negocio tan vergonzoso y criminal. Mas de una vez en las cortes se
-trató de él en público y en secreto, y fueron tales los amaños, tales
-los impedimentos, que nunca se logró llevar a efecto medida alguna
-rigorosa.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_416">p. 416</span></p>
-
-<p>Otros dos asuntos de la mayor importancia ocuparon a las cortes
-durante varias sesiones que se tuvieron en secreto; método que, por
-decirlo de paso, reprobaban varios diputados, y que en lo venidero casi
-del todo llegó a abandonarse.</p>
-
-<p>Cuando el 30 de septiembre comenzaban las cortes a andar muy
-atareadas en estas discusiones secretas, ocurrió un incidente que,
-aunque no de grande entidad para la causa general de la nación, hízose
-notable por el personaje augusto que le motivó. El duque de Orleans,
-apeándose a las puertas del salón de cortes, pidió con instancia que se
-le permitiese hablar a la barandilla.</p>
-
-<div class="sidenote">El duque<br> de Orleans<br> quiere hablar<br>
-a la barandilla<br> de las cortes.<br> (* Ap. n. <a href="#Ap_13-6"
-id="Ll_13-6">13-6</a>.)</div>
-
-<p>Para explicar aparición tan repentina conviene volver atrás.[*] En
-1808, el príncipe Leopoldo de Sicilia arribó a Gibraltar en reclamación
-de los derechos que creía asistían a su casa a la corona de España.
-Acompañábale el duque de Orleans. La junta de Sevilla no dio oídos
-a pretensiones, <span class="sidenote">Relación sucinta<br> de este
-suceso.</span> en su concepto intempestivas, y de resultas tornó el de
-Sicilia a su tierra, y el de Orleans se encaminó a Londres. No habrá el
-lector olvidado este suceso de que en su lugar hicimos mención. Pocos
-meses habían transcurrido y ya el duque de Orleans de nuevo se mostró
-en Menorca. De allí solicitó directamente o por medio de Mr. de Broval,
-agente suyo en Sevilla, que se le emplease en servicio de la causa
-española. La junta central, ya congregada, no accedió a ello de pronto,
-y solamente poco antes de disolverse decidió, en su comisión ejecutiva,
-dar al de Orleans el mando de un<span class="pagenum" id="Page_417">p.
-417</span> cuerpo de tropas que había de maniobrar en la frontera de
-Cataluña. Acaeciendo después la invasión de las Andalucías, el duque y
-Mr. de Broval regresaron a Sicilia, y la resolución del gobierno quedó
-suspensa.</p>
-
-<p>Instalose en seguida la regencia, y sus individuos recibiendo avisos
-más o menos ciertos del partido que tenía en el Rosellón y otros
-departamentos meridionales la antigua casa de Francia, acordáronse de
-las pretensiones de Orleans, y enviáronle a ofrecer el mando de un
-ejército que se formaría en la raya de Cataluña. Fue con la comisión
-Don Mariano Carnerero, a bordo de la fragata de guerra Venganza. El
-duque aceptó, y en el mismo buque dio la vela de Palermo el 22 de mayo
-de 1810. Aportó a Tarragona, pero en mala ocasión, perdida Lérida y
-derrotado cerca de sus muros el ejército español. Por esto, y porque
-en realidad no agradaba a los catalanes que se pusiera a su cabeza
-un príncipe extranjero, y sobre todo francés, reembarcose el duque y
-fondeó en Cádiz el 20 de junio.</p>
-
-<p>Viose entonces la regencia en un compromiso. Ella había sido quien
-había llamado al duque, ella quien le había ofrecido un mando, y por
-desgracia las circunstancias no permitían cumplir lo antes prometido.
-Varios generales españoles, y en especial O’Donnell, miraban con malos
-ojos la llegada del duque; los ingleses repugnaban que se le confiriese
-autoridad o comandancia alguna, y las cortes, ya convocadas, imponían
-respeto para que se tomase resolución contraria a tan poderosas
-indicaciones. El de Orleans reclamó de la regencia el cumplimiento
-de su<span class="pagenum" id="Page_418">p. 418</span> oferta, y
-resultaron contestaciones agrias. Mientras tanto instaláronse las
-cortes, y desaprobando el pensamiento de emplear al duque, manifestaron
-a la regencia que, por medios suaves y atentos, indicase a S. A. que
-evacuase a Cádiz. Informado el de Orleans de esta orden, decidió pasar
-a las cortes, y verificolo según hemos apuntado el 30 de septiembre.
-Aquellas no accedieron al deseo del duque de hablar en la barandilla,
-mas le contestaron urbanamente y cual correspondía a la alta clase de
-S. A. y a sus distinguidas prendas. Desempeñaron el mensaje D. Evaristo
-Pérez de Castro y el marqués de Villafranca, duque de Medina Sidonia.
-Insistió el de Orleans en que se le recibiese, mas los diputados se
-mantuvieron firmes; entonces, perdiendo S. A. toda esperanza, se
-embarcó el 3 de octubre y dirigió el rumbo a Sicilia, a bordo de la
-fragata de guerra Esmeralda.</p>
-
-<p>Dícese que mostró su despecho en una carta que escribió a Luis
-XVIII, a la sazón en Inglaterra. Sin embargo, las cortes en nada eran
-culpables, y causoles pesadumbre tener que desairar a un príncipe tan
-esclarecido. Pero creyeron que recibir a S. A. y no acceder a sus
-ruegos, era tal vez ofenderle más gravemente. La regencia, cierto
-que procedió de ligero y no con sincera fe en hacer ofrecimientos al
-duque, y dar luego por disculpa para no cumplirlos que él era quien
-había solicitado obtener mando, efugio indigno de un gobierno noble
-y de porte desembozado. Amigos de Orleans han atribuido a influjo de
-los ingleses la determinación de las cortes: se engañan. Ignorábase
-en ellas<span class="pagenum" id="Page_419">p. 419</span> que el
-embajador británico hubiese contrarrestado la pretensión de aquel
-príncipe. El no escuchar a S. A. nació solo de la íntima convicción de
-que entonces desplacía a los españoles general que fuese francés, y de
-que el nombre de Borbón, lejos de granjear partidarios en el ejército
-enemigo, solo serviría para hacerle a este más desapoderado, y dar
-ocasión a nuevos encarnizamientos.</p>
-
-<div class="sidenote">Altercado<br> con el obispo<br> de Orense<br>
-sobre prestar<br> el juramento.</div>
-
-<p>De los dos asuntos enunciados que ocupaban en secreto a las
-cortes, tocaba uno de ellos al obispo de Orense. Este prelado que,
-como dijimos, no había acudido con sus compañeros en la noche del
-24 a prestar el juramento exigido de la regencia, hizo al siguiente
-día dejación de su puesto, no solo fundándose en la edad y achaques
-[excusas que para no presentarse en las cortes se habían dado la
-víspera], sino que también alegó la repugnancia insuperable de
-reconocer y jurar lo que se prescribía en el primer decreto. Renunció
-también al cargo de diputado, que confiado le había la provincia
-de Extremadura, y pidió que se le permitiese sin dilación volver
-a su diócesis. Las cortes, desde luego, penetraron que en semejante
-determinación se encerraba torcido arcano, valiéndose mal intencionados
-de la candorosa y timorata conciencia del prelado como de oportuno
-medio para provocar penosos altercados. Pero prescindiendo aquel cuerpo
-de entrar en explicaciones, accedió a la súplica del obispo, sin exigir
-de él antes de su partida juramento ni muestra alguna de sumisión, con
-lo que el negocio parecía quedar del todo zanjado. No acomodaba remate
-tan inmediato<span class="pagenum" id="Page_420">p. 420</span> y
-pacífico a los sopladores de la discordia.</p>
-
-<p>El obispo en vez de apresurar la salida para su diócesis, detúvose
-y provocó a las cortes a una discusión peligrosa sobre la manera de
-entender el decreto de 24 de septiembre; a las cortes, que no le
-habían en nada molestado ni puesto obstáculo a que regresase como
-buen pastor en medio de sus ovejas. En un papel fecho en Cádiz a 3 de
-octubre, después de reiterar gracias por haber alcanzado lo que pedía,
-expresadas de un modo que pudiera calificarse de irónico, metíase
-a discurrir largamente acerca del mencionado decreto, y parábase,
-sobre todo, en el artículo de la soberanía nacional. Deducía de él
-ilaciones a su placer, y trayendo a la memoria la revolución francesa,
-intentaba comparar con ella los primeros pasos de las cortes. Es
-cierto que ponía a salvo las intenciones de los diputados, pero con
-tal encarecimiento que asomaba la ironía como en lo de las gracias.
-Motejaba a los regentes, sus compañeros, por haberse sometido al
-juramento, protestaba por su parte de lo hecho, y calificaba de nulo
-y atentado el haber excluido al consejo de regencia de sancionar las
-deliberaciones de las cortes; representante aquel, según entendía el
-obispo, de la prerrogativa real en toda su extensión. Traslucíase,
-además, el despique del prelado por habérsele admitido la renuncia, con
-señales de querer llamar la atención de los pueblos y aun de excitar a
-la desobediencia.</p>
-
-<p>Conjetúrese la impresión que causaría en las cortes papel tan
-descompuesto. Hubo vivos debates; varios diputados opinaron por que no
-se<span class="pagenum" id="Page_421">p. 421</span> tomase resolución
-alguna y se dejase al obispo regresar tranquilamente a la ciudad de
-Orense. Inclinábanse a este dictamen no solo los patrocinadores del
-ex regente, mas también algunos de los que se distinguían por su
-independencia y amor a la libertad, rehusando los últimos dispensar
-coronas de martirio a quien quizá las ansiaba, por lo mismo que no
-habían de conferírsele. Se manifestaron, al contrario, opuestos al
-prelado eclesiásticos de los nada afectos a novedades, enojados de que
-se desconociese la autoridad de las cortes. Uno de ellos, Don Manuel
-Ros, canónigo de Santiago de Galicia, y años después ejemplar obispo
-de Tortosa, exclamó: «El obispo de Orense hase burlado siempre de
-la autoridad. Prelado consentido y con fama de santo, imagínase que
-todo le es lícito, y voluntarioso y terco solo le gusta obrar a su
-antojo; mejor fuera que cuidase de su diócesis, cuyas parroquias nunca
-visita, faltando así a las obligaciones que le impone el episcopado; he
-asistido muchos años cerca de su ilustrisíma, y conozco sus defectos
-como sus virtudes.»</p>
-
-<p>Las cortes, adoptando un término medio entre ambos extremos,
-resolvieron en 18 de octubre que el obispo de Orense hiciese en manos
-del cardenal de Borbón el juramento mandado exigir, por decreto de
-25 de septiembre, de todas las autoridades eclesiásticas, civiles y
-militares, el cual estaba concebido bajo la misma fórmula que el del
-consejo de regencia.</p>
-
-<p>Los atizadores, que lo que buscaban era escándalo, alegráronse
-de la decisión de las cortes con la esperanza de nuevas reyertas,
-y aprovechándose<span class="pagenum" id="Page_422">p. 422</span>
-de la escrupulosa conciencia del obispo, y también de su lastimado
-amor propio, azuzáronle para que desobedeciese y replicase. En su
-contestación renovaba el de Orense lo alegado anteriormente, y concluía
-por decir que si en el sentido que las cortes daban al decreto quería
-expresarse «que la nación era soberana con el rey, desde luego
-prestaría S. Ilma. el juramento pedido; pero si se entendía que la
-nación era soberana sin el rey, y soberana de su mismo soberano,
-nunca se sometería a tal doctrina»; añadiendo: «que en cuanto a jurar
-obediencia a los decretos, leyes y constitución que se estableciese,
-lo haría, sin perjuicio de reclamar, representar y hacer la oposición
-que de derecho cupiera a lo que creyese contrario al bien del
-estado, y a la disciplina, libertad e inmunidad de la iglesia.» He
-aquí entablada una discusión penosa, y en alguna de sus partes más
-propia de profesores de derecho público que de estadistas y cuerpos
-constituidos.</p>
-
-<p>Es verdad que los gobiernos deberían andar muy detenidos en esto
-de juramentos, especialmente en lo que toca a reconocer principios.
-Casi siempre hasta las conciencias más timoratas hallan fácil salida a
-tales compromisos. Lo que importa es exigir obediencia a la autoridad
-establecida, y no juramentos de cosas abstractas que unos ignoran y
-otros interpretan a su manera. En todos tiempos, y sobre todo en el
-nuestro, ¿quién no ha quebrantado, aun entre las personas más augustas,
-las más solemnes y más sagradas promesas? Pero las cortes obraban
-como los demás gobiernos, con la diferencia, sin<span class="pagenum"
-id="Page_423">p. 423</span> embargo, de que en el caso de España, no
-era, repetimos, ni tan fuera de propósito ni tan ocioso declarar que la
-nación era soberana. El mismo obispo de Orense había proclamado este
-principio cuando se negó a ir a Bayona. Porque si la nación, como
-ahora sostenía, hubiese sido soberana solo con el rey, ¿qué se hubiera
-hecho en caso que Fernando, concluyendo un tratado con su opresor, y
-casándose con una princesa de aquella familia, se hubiese presentado
-en la raya después de estipular bases opuestas a los intereses de
-España? No eran sueños semejantes suposiciones, merced para que no se
-verificasen al inflexible orgullo de Napoleón, pues Fernando no estaba
-vaciado en el molde de la fortaleza.</p>
-
-<p>Insistieron las cortes en su primera determinación, y sin convertir
-el asunto en polémico, ajeno de su dignidad y cual deseaba el prelado,
-mandaron a este que jurase lisa y llanamente. Hasta aquí procedieron
-los diputados conformes con su anterior resolución, pero se deslizaron
-en añadir que, «se abstuviese el obispo de hablar o escribir de
-manera alguna sobre su modo de pensar en cuanto al reconocimiento
-que se debía a las cortes.» También se le mandó que permaneciese en
-Cádiz hasta nueva orden. Eran estos resabios del gobierno antiguo, y
-consecuencia asimismo del derecho peculiar que daban a la autoridad
-soberana, respecto al clero, las leyes vigentes del reino, derecho no
-tan desmedido como a primera vista parece en países exclusivamente
-católicos, en donde necesario es balancear con remedios temporales el
-inmenso poder del sacerdocio y su intolerancia.<span class="pagenum"
-id="Page_424">p. 424</span> Enmarañándose más y más el asunto, empezose
-a convertir en judicial, y se nombró una junta mixta de eclesiásticos
-y seculares, escogidos por la regencia, para calificar las opiniones
-del obispo. En tanto, diputados moderados procuraban concertar los
-ánimos, señaladamente D. Antonio Oliveros, canónigo de San Isidro de
-Madrid, varón ilustrado, tolerante, de bella y candorosa condición, que
-al efecto entabló con su ilustrísima una correspondencia epistolar.
-Estuvo, sin embargo, dicho diputado a pique de comprometerse, tratando
-de abusar de su sencillez los que so capa inflamaban las humanas
-pasiones del pío mas orgulloso prelado.</p>
-
-<p>En fin, malográndose todas las maquinaciones, reconociendo las
-provincias con entusiasmo a las cortes, no respondiendo nadie a la
-especie de llamamiento que con su resistencia a jurar hizo el de
-Orense, cansado este, desalentados los incitadores, y temiendo todos
-las resultas del proceso que, aunque lentamente, seguía sus trámites,
-amilanáronse y resolvieron no continuar adelante en su porfía.</p>
-
-<div class="sidenote">Sométese al fin<br> el obispo.</div>
-
-<p>El prelado, sometiéndose, pasó a las cortes el 3 de febrero
-inmediato, y prestó el juramento requerido sin limitación alguna.
-Permitiósele en seguida volver a su diócesis, y se sobreseyó en los
-procedimientos judiciales.</p>
-
-<p>Tal fue el término de un negocio que, si bien importante con
-relación al tiempo, no lo era ni con mucho tanto como el otro que
-también se ventilaba en secreto, y que perteneciendo a las revoluciones
-de América, interesaba al mundo.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_425">p. 425</span>Apartaríase
-de nuestro propósito entrar circunstanciadamente en la narración
-de acontecimiento tan grave e intrincado, para lo que se requiere
-diligentísimo y especial historiador.</p>
-
-<div class="sidenote">Revueltas<br> de América.<br> Sus causas.</div>
-
-<p>Tuvieron principio las alteraciones de América al saberse en
-aquellos países la invasión de los franceses en las Andalucías, y
-el malhadado deshacimiento de la junta central. Causas generales y
-lejanas habían preparado aquel suceso, acelerando el estampido otras
-particulares e inmediatas.</p>
-
-<p>En nada han sido los extranjeros tan injustos, ni desvariado tanto,
-como en lo que han escrito acerca de la dominación española en las
-regiones de ultramar. A darles crédito, no parecería sino que los
-excelsos y claros varones que descubrieron y sojuzgaron la América
-habían solo plantado allí el pendón de Castilla para devastar la tierra
-y yermar campos, ricos antes y florecientes; como si el estado de
-atraso de aquellos pueblos hubiese permitido civilización muy avanzada.
-Los españoles cometieron, es verdad, excesos grandes, reprensibles,
-pero excesos que casi siempre acompañan a las conquistas, y que no
-sobrepujaron a los que hemos visto consumarse en nuestros días por los
-soldados de naciones que se precian de muy cultas.</p>
-
-<p>Mas al lado de tales males no olvidaron los españoles trasladar
-allende el mar los establecimientos políticos, civiles y literarios
-de su patria, procurando así pulir y mejorar las costumbres y el
-estado social de los pueblos indianos. Y no se oponga que entre dichos
-establecimientos los había que eran perjudiciales y ominosos.<span
-class="pagenum" id="Page_426">p. 426</span> Culpa era esa de
-las opiniones entonces de España y de casi toda Europa; no hubo
-pensamientos torcidos de los conquistadores, los cuales presumían obrar
-rectamente, llevando a los países recién adquiridos todo cuanto en su
-entender constituía la grandeza de la metrópoli, gigantea en era tan
-portentosa.</p>
-
-<p>Dilatábanse aquellas vastas posesiones por el largo espacio de 92
-grados de latitud, y abrazaban entre sus más apartados establecimientos
-1900 leguas. Extensión maravillosa cuando se considera que sus
-habitantes obedecieron durante tres siglos a un gobierno que residía a
-enorme distancia, y que estaba separado por procelosos mares.</p>
-
-<p>Ascendía la población, sin contar las islas Filipinas, a 13 millones
-y medio de almas, cuyo más corto número era de europeos, únicos que
-estaban particularmente interesados en conservar la unión con la
-madre patria. En el origen contábanse solamente dos distintas razas o
-linajes, la de los conquistadores y la de los conquistados, esto es,
-españoles e indios. Gozaron los primeros de los derechos y privilegios
-que les correspondían, y se declaró a los segundos, conforme a las
-expresiones de la recopilación de Indias, «... libres y no sujetos a
-servidumbre de manera alguna.» Sabido es el tierno y compasivo afán
-que por ellos tuvo la reina Doña Isabel la Católica hasta en sus
-postrimeros días, encargando en su testamento «que no recibiesen los
-indios agravio alguno en sus personas y bienes, y que fuesen bien
-tratados.» No por eso dejaron de padecer bastante, extrañando<span
-class="pagenum" id="Page_427">p. 427</span> Solórzano que «cuanto se
-hacía en beneficio de los indios resultase en perjuicio suyo»; sin
-advertir que el mismo cuidado de segregarlos de las demás razas para
-protegerlos, excitaba a estas contra ellos, y que el alejamiento en
-que vivían, bajo caciques indígenas, dificultaba la instrucción,
-perpetuaba la ignorancia, y los exponía a graves vejaciones,
-apartándolos del contacto de las autoridades supremas, por lo general
-más imparciales.</p>
-
-<p>Se multiplicó infinito en seguida la división de castas. Preséntase
-como primera la de los hijos de los peninsulares nacidos en aquellos
-climas de estirpe española, que se llamaron <i>criollos</i>. Vienen
-después los <i>mestizos</i>, o descendientes de españoles e indios,
-terminándose la enumeración por los <i>negros</i>, que se introdujeron
-de África, y las diversas tintas que resultaron de su ayuntamiento con
-las otras familias del linaje humano allí radicadas.</p>
-
-<p>Los criollos conservaron igualdad de derechos con los españoles: lo
-mismo, con cortísima diferencia, los mestizos, si eran hijos de español
-y de india; mas no si el padre pertenecía a esta clase y la madre a
-la otra, pues entonces quedaba la prole en la misma línea del de los
-puramente indios; a los negros y sus derivados, a saber, mulatos,
-zambos, etc., reputábalos la ley y la opinión inferiores a los demás,
-si bien la naturaleza los había aventajado en las fuerzas físicas y
-facultades intelectuales.</p>
-
-<p>De los diversos linajes nacidos en ultramar, era el de los criollos
-el más dispuesto a promover alteraciones. Creíase agraviado,
-le adornaban<span class="pagenum" id="Page_428">p. 428</span>
-conocimientos, y superaba a los demás naturales en riqueza e influjo. A
-los indios, aunque numerosos e inclinados en algunas partes a suspirar
-por su antigua independencia, faltábales en general cultura, y carecían
-de las prendas y medios requeridos para osadas empresas. No les era
-dado a los oriundos de África entrar en lid sino de auxiliadores, a lo
-menos en un principio; pues la escasez de su gente en ciertos lugares,
-y sobre todo el ceño que les ponían las demás clases, estorbábalos
-acaudillar particular bandería.</p>
-
-<p>Comenzó a mediados del siglo XVIII a crecer grandemente la
-América española. Hasta entonces la forma del gobierno interior,
-los reglamentos de comercio y otras trabas habían retardado que se
-descogiese su prosperidad con la debida extensión.</p>
-
-<p>Bajo los diversos títulos de virreyes, capitanes generales y
-gobernadores, ejercían el poder supremo jefes militares, quienes solo
-eran responsables de su conducta al rey y al consejo de Indias que
-residía en Madrid. Contrapesaban su autoridad las audiencias, que,
-además de desempeñar la parte judicial, se mezclaban, con el nombre de
-acuerdo, en lo gubernativo, y aconsejaban a los virreyes o les sugerían
-las medidas que tenían por convenientes. No hubo en esto alteración
-sustancial, fuera de que en ciertas provincias, como en Buenos Aires,
-se crearon capitanías generales o virreinatos independientes, en gran
-beneficio de los moradores, que antes se veían obligados a acudir para
-muchos negocios a grandes distancias.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_429">p. 429</span>En la
-administración de justicia, después de las audiencias, que eran los
-tribunales supremos, y de las que también en determinados casos se
-recurría al consejo de Indias, venían los alcaldes mayores y los
-ordinarios, a la manera de España, los cuales ejercían respectivamente
-su autoridad, ya en lo judicial, ya en lo económico, presidiendo a
-los ayuntamientos, cuerpos que se hallaban establecidos en los mismos
-términos que los de la península, con sus defectos y ventajas.</p>
-
-<p>Los alcaldes mayores, al tiempo de empuñar la vara, practicaban una
-costumbre abusiva y ruinosa; pues so pretexto de que los indígenas
-necesitaban para trabajar de especial aguijón, ponían por obra lo que
-se llamaba <i>repartimientos</i>. Palabra de mal significado, y que
-expresaba una entrega de mercadurías que el alcalde mayor hacía a cada
-indio para su propio uso y el de su familia, a precios exorbitantes.
-Dábanse los géneros al fiado y a pagar dentro de un año en productos
-de la agricultura del país, estimados según el antojo de los alcaldes,
-quienes, jueces y parte en el asunto, cometían molestas vejaciones,
-saliendo en general muy ricos al cumplirse los cinco años de su
-magistratura, señaladamente en los distritos en que se cosechaba
-grana.</p>
-
-<p>Don José de Gálvez, después marqués de Sonora, que de cerca había
-palpado los perjuicios de tamaño escándalo, luego que se le confió, en
-el reinado de Carlos III, el ministerio general de Indias, abolió los
-repartimientos y las alcaldías mayores, sustituyendo a esta autoridad
-la de las intendencias de provincia y subdelegación de partido,
-mejora de gran cuantía en la administración<span class="pagenum"
-id="Page_430">p. 430</span> americana, y contra la que, sin embargo,
-exclamaron poderosamente las corporaciones más desinteresadas del
-país, afirmando que sin la coerción se echaría a vaguear el indio en
-menoscabo de la utilidad pública y privada, así como de las buenas
-costumbres. Juicio errado nacido de preocupación arraigada, lo que en
-breve manifestó la experiencia.</p>
-
-<p>Creados los intendentes, ganó también mucho el ramo de hacienda.
-Antes, oficiales reales, por sí o por medio de comisionados, recaudaban
-las contribuciones, entendiéndose con el superintendente general,
-que residía lejos de la capital de los gobiernos respectivos. Fijado
-ahora en cada provincia un intendente, creció la vigilancia sobre los
-partidos, de donde los subdelegados y oficiales reales tenían que
-enviar con puntualidad a sus jefes las sumas percibidas y estados
-individuales de cuenta y razón, asegurando, además, por medio de
-fianzas el bueno y fiel desempeño de sus cargos. Con semejantes
-precauciones tomaron las rentas increíble aumento.</p>
-
-<p>Eran las contribuciones en menor número, y no tan gravosas como las
-de España. Pagábase la alcabala de todo lo que se introducía y vendía,
-el 10 por 100 de la plata y el 5 del oro que se sacaba de las minas,
-con algunos otros impuestos menos notables. El conocido bajo el nombre
-de <i>tributo</i> recaía solo sobre los indios, en compensación de la
-alcabala de que estaban exentos: era una capitación en dinero, pesada
-en sí misma y de cobranza muy arbitraria.</p>
-
-<p>Al tiempo de formar las intendencias, hízose una división de
-territorio que no poco coadyuvó<span class="pagenum" id="Page_431">p.
-431</span> al bienestar de los naturales. Y del mismo modo que con la
-cercanía de magistrados respetables se había puesto mayor orden en el
-ramo de contribuciones, así también con ella se introdujeron otras
-saludables reformas. Desde luego rigiéronse con mayor fidelidad los
-fondos de propios; hubo esmero en la policía y ornato de los pueblos,
-se administró la justicia sin tanto retraso y más imparcialmente; y por
-fin se extinguió el pernicioso influjo de los partidos, terrible azote,
-y causador allí de riñas y ruidosos pleitos.</p>
-
-<p>Con haber perfeccionado de este modo la gobernación interior, se dio
-gran paso para la prosperidad americana.</p>
-
-<p>Aviváronla también los adelantamientos que se hicieron en la
-instrucción pública. Ya cuando la conquista empezaron a propagarse las
-escuelas de primeras letras y los colegios, fundándose universidades
-en varias capitales. Y si no se siguieron los mejores métodos, ni
-se enseñaron las ciencias y doctrinas que más hubiera convenido,
-dolencia fue común a España, de que se lamentaban los hombres de
-ingenio y doctos que en todos tiempos honraron a nuestra patria.
-Pero luego que en la península profesores hábiles dieron señales de
-desterrar vergonzosos errores, y de modificar en cuanto podían rancios
-estatutos, lo propio hicieron otros en América, particularmente en las
-universidades de Lima y Santa Fe. Tampoco el gobierno español en muchos
-casos se mostró hosco a las luces del siglo. Diéronse en ultramar, como
-en España, ensanches al saber, y aun allí se erigieron escuelas<span
-class="pagenum" id="Page_432">p. 432</span> especiales: fue la más
-célebre el colegio de minería de Méjico, sobre el pie del de Freiberg
-de Sajonia, teniendo al frente maestros que habían cursado en Alemania,
-y los cuales perfeccionaron el estudio de las ciencias exactas y
-naturales, sobre todo el de la mineralogía, provechoso y necesario en un
-país tan abundante de metales preciosos.</p>
-
-<p>Deplorable legislación se adoptó desde el descubrimiento para
-el comercio externo, mantenida en vigor hasta mediados del siglo
-XVIII. Porque, además de solo permitirse por ella el tráfico con
-la metrópoli [falta en que incurrieron todos los otros estados de
-Europa], circunscribiose también a los únicos puertos de Sevilla
-primero, y después de Cádiz, adonde venían y de donde partían las
-flotas y galeones en determinada estación del año; sistema que privaba
-al norte y levante de España y a varias provincias americanas de
-comerciar directamente entre sí, cortando el vuelo a la prosperidad
-mercantil, sin que por eso se remontase, cual debiera, la de las
-ciudades privilegiadas. Carlos V había pensado extender a los puertos
-principales de las otras costas la facultad del libre y directo
-tráfico; pero obligado a condescender con los deseos de compañías de
-genoveses y otros extranjeros avecindados en Sevilla, cuyas casas le
-anticipaban dinero para las empresas y guerras de afuera, suspendió
-resolución tan sabia, despojando así a la periferia de la península de
-los beneficios que le hubieran acarreado los nuevos descubrimientos.
-Felipe II y sus sucesores hallaron las arcas reales en idéntica o mayor
-penuria que Carlos,<span class="pagenum" id="Page_433">p. 433</span>
-y con desafición a innovar reglas ya más arraigadas, pretextaron
-igualmente, para conservar estas, el aparecimiento de los filibusteros,
-como si convoyes que navegaban en invariables tiempos, con rumbo a
-puntos fijos, no facilitasen las acometidas y rapiñas de aquellos
-audaces y numerosos piratas.</p>
-
-<p>Diose traza de modificar legislación tan perjudicial en los reinados
-de Fernando VI y Carlos III, aprobándose al intento y sucesivamente
-diferentes reglamentos que acabaron de completarse en 1789. Permitiose
-por ellos el comercio de América desde diversos puertos y con todas
-las costas de la península, siempre que fuesen súbditos, los que lo
-hiciesen, de la corona de España. Tan rápidamente creció el tráfico
-que se dobló en pocos años, esparciéndose las ganancias por las varias
-provincias de ambos hemisferios.</p>
-
-<p>Con tales mejoras de administración y el aumento de riqueza,
-enrobustecíanse las regiones de ultramar, y se iban preparando a
-caminar solas y sin los andadores del gobierno español. No obstante
-eso, el vínculo que las unía era todavía fuerte y muy estrecho.</p>
-
-<p>Otras causas concurrieron a aflojarle paulatinamente. Debe
-contarse entre las principales la revolución de los Estados Unidos
-anglo-americanos. Jefferson en sus cartas asevera que ya entonces
-dieron pasos los criollos españoles para lograr su independencia. Si
-fue así, debieron provenir tales gestiones de particulares proyectos,
-no de la mayoría de la población ni de sus corporaciones adictas a
-la metrópoli con inveterados y apegados hábitos. Incurrió en error
-grave<span class="pagenum" id="Page_434">p. 434</span> la corte de
-Madrid en favorecer la cansa anglo-americana, mayormente cuando no la
-impelían a ello filantrópicos pensamientos, sino personal pique de
-Carlos III contra los ingleses, y consecuencias del desastrado pacto de
-familia. Diose de ese modo un punto en que con el tiempo se había de
-apoyar la palanca destinada a levantar los otros pueblos del continente
-americano. Lo preveía el ilustre conde de Aranda cuando, precisado a
-firmar el tratado de Versalles, aconsejó que se enviasen a aquellas
-provincias infantes de España, quienes al menos mantuviesen con su
-presencia y dominación, las relaciones mercantiles y de buena amistad
-en que se interesaban la prosperidad y riqueza peninsulares.</p>
-
-<p>Tras lo acaecido en las márgenes del Delaware, sobrevino la
-revolución francesa, estímulo nuevo de independencia, sembrando en
-América como en Europa ideas de libertad y desasosiego. Hasta entonces
-los alborotos ocurridos habían sido parciales, y nacidos solo de
-tropelías individuales o de vejaciones en algunas comarcas. Graves
-aparecieron las turbulencias del Perú, acaudilladas por Tupac Amaru;
-mas como los indios que tomaron parte cometieron grandes crueldades,
-lo mismo con criollos que con españoles, obligaron a unos y a otros
-a unirse para sofocar insurrecciones difíciles de cuajar sin su
-participación. Quiso conmoverse Caracas en 1796, luego que se encendió
-la guerra con los ingleses. Pero aun entonces fueron principales
-promovedores el español Picornel y el general Miranda, forasteros
-ambos, por decirlo así, en el país. Pues el primero, corazón ardiente
-y comprometido<span class="pagenum" id="Page_435">p. 435</span> en
-la conspiración tramada en Madrid en 1795 contra el poder absoluto,
-hijo de Mallorca, no conocía bastantemente la tierra; y el segundo,
-aunque nacido en Venezuela, ausente años de allí, y general de la
-república francesa, amamantado con sus doctrinas, tenía ya estas más
-presentes que la situación y preocupaciones de su primitiva patria.
-Por consiguiente se malogró la empresa intentada, permaneciendo aún
-muy hondas las raíces del dominio español para que se las pudiera
-arrancar de un solo y primer golpe. Mr. de Humboldt, nada desafecto a
-la independencia americana, confiesa «que las ideas que tenían en las
-provincias de Nueva España acerca de la metrópoli eran enteramente
-distintas de las que manifestaban las personas que en la ciudad de
-Méjico se habían formado por libros franceses e ingleses.»</p>
-
-<p>Requeríase, pues, algún nuevo suceso, grande, extraordinario, que
-tocara inmediatamente a las Américas y a España, para romper los lazos
-que unían a entrambas, no bastando a efectuar semejante acontecimiento
-ni lo apartado y vasto de aquellos países, ni la diversidad de castas y
-sus pretensiones, ni las fuerzas y riqueza, que cada día se aumentaban,
-ni el ejemplo de los Estados Unidos, ni tampoco los terribles y más
-recientes que ofrecía la Francia; cosas todas que colocamos entre las
-causas generales y lejanas de la independencia americana, empezando
-las particulares y más próximas en las revueltas y asombros que se
-agolparon en el año de 1808.</p>
-
-<p>En un principio, y al hundirse el trono de<span class="pagenum"
-id="Page_436">p. 436</span> los Borbones, manifestaron todas las
-regiones de ultramar en favor de la causa de España verdadero
-entusiasmo, conteniéndose, a su vista, los pocos que anhelaban
-mudanzas. Vimos en su lugar la irritación que produjeron allí las
-miserias de Bayona, la adhesión mostrada a las juntas de provincia y a
-la central, los donativos, en fin, y los recursos que con larga mano
-se suministraron a los hermanos de Europa. Mas, apaciguado el primer
-hervor, y sucediendo en la península desgracias tras de desgracias,
-cambiose poco a poco la opinión, y se sintieron rebullir los deseos
-de independencia, particularmente entre la mocedad criolla de la
-clase media y el clero inferior. Fomentaron aquella inclinación los
-ingleses, temerosos de la caída de España; fomentáronla los franceses
-y emisarios de José, aunque en otro sentido y con intento de apartar
-aquellos países del gobierno de Sevilla y Cádiz, que apellidaban
-insurreccional; fomentáronla los anglo-americanos, especialmente en
-Méjico; fomentáronla, por último, en el Río de la Plata los emisarios
-de la infanta Doña Carlota, residente en el Brasil, cuyo gobierno,
-independiente de Europa, no era para la América meridional de mejor
-ejemplo que lo había sido para la septentrional la separación de los
-Estados Unidos.</p>
-
-<p>A tantos embates necesario era que cediese y empezase a crujir
-el edificio levantado por los españoles más allá de los mares, cuya
-fábrica hubo de ser bien sólida y compacta para que no se resquebrajase
-antes y viniese al suelo.</p>
-
-<p>Contrarrestar tamaños esfuerzos parecía dificultoso,<span
-class="pagenum" id="Page_437">p. 437</span> si no imposible, abrumado
-el reino bajo el peso de una guerra desoladora y exhausto de recursos.
-La junta central, no obstante, hubiera quizá podido tomar providencias
-que sostuviesen por más tiempo la dominación peninsular. Limitose a
-hacer declaraciones de igualdad de derechos, y omitió medidas más
-importantes. Tales hubieran sido, en concepto de los inteligentes,
-mejorar la suerte de las clases menesterosas con repartimiento de
-tierras; halagar más de lo que se hizo la ambición de los pudientes
-y principales criollos con honores y distinciones, a que eran muy
-inclinados; reforzar con tropa algunos puntos, pues hombres no
-escaseaban en España, y el soldado mediano acá era para allá muy
-aventajado, y finalmente, enviar jefes firmes, prudentes y de conocida
-probidad. Y ora fueran las circunstancias, ora descuido, no pensó la
-central como debiera en materia de tanta gravedad, y al disolverse,
-contenta con haber hecho promesas, dejó la América trabajada ya de mil
-modos, con las mismas instituciones, desatendidas las clases pobres y
-al frente autoridades por lo general débiles e incapaces, y sospechadas
-algunas de connivencia con los independientes.</p>
-
-<p>Verificose el primer estallido sin convenio anterior entre las
-diversas partes de la América, siendo difíciles las comunicaciones y
-no estando entonces extendidas ni arregladas las sociedades secretas,
-que después tanto influjo tuvieron en aquellos sucesos. El movimiento
-rompió por Caracas, tierra acostumbrada a conjuraciones; y rompió,
-según ya insinuamos, al<span class="pagenum" id="Page_438">p.
-438</span> llegar la noticia de la pérdida de las Andalucías y
-dispersión de la junta central.</p>
-
-<div class="sidenote">Levantamiento<br> de Venezuela.</div>
-
-<p>El 19 de abril de 1810 apareció amotinado el pueblo de aquella
-ciudad, capital de Venezuela, al que se unió la tropa; y el cabildo, o
-sea ayuntamiento, agregando a su seno otros individuos, erigiose en
-junta suprema, mientras que conforme anunció, se convocaba un congreso.
-El capitán general, Don Vicente Emparan, sobrecogido y hombre de ánimo
-cuitado, no opuso resistencia alguna, y en breve desposeyéronle y le
-embarcaron en La Guaira con la audiencia y principales autoridades
-españolas. Siguieron el impulso de Caracas las otras provincias de
-Venezuela, excepto el partido de Coro y Maracaibo, en cuya ciudad
-mantuvo la tranquilidad y buen orden la firmeza del gobernador Don
-Fernando Miyares.</p>
-
-<p>El haberse en Caracas unido la tropa al pueblo decidió la querella
-en favor de los amotinados. Ayudaba mucho, para la determinación del
-soldado, el sistema militar que se había introducido en América en
-el último tercio del siglo XVIII, en cuyo tiempo se crearon cuerpos
-veteranos de naturales del país, que, si bien en gran parte eran
-mandados por coroneles y comandantes europeos, tenían también en sus
-filas oficiales subalternos, sargentos y cabos americanos. Del mismo
-modo se organizaron milicias de infantería y caballería, a semejanza
-las primeras de las de España, y en ellas se apoyó principalmente
-la insurrección. Cierto es que, al principio, solo la menor parte de
-las tropas se declaró en favor de las novedades, y que hubo<span
-class="pagenum" id="Page_439">p. 439</span> parajes, particularmente
-en Méjico y en el Perú, en donde los militares contribuyeron a sofocar
-las conmociones; mas con el tiempo, cundiendo el fuego, llegó hasta las
-tropas de línea.</p>
-
-<p>El motivo principal que alegó Caracas para erigir una junta suprema
-e independiente fundose en estar casi toda España sujeta ya a una
-dinastía extranjera y tiránica, añadiendo que solo haría uso de la
-soberanía hasta que volviese al trono Fernando VII, o se instalase
-solemne y legalmente un gobierno constituido por las cortes, a que
-concurriesen legítimos representantes de los reinos, provincias y
-ciudades de Indias. Entre tanto, ofrecía la nueva junta a los españoles
-que aún peleasen por la independencia peninsular, amistad y envío de
-socorros. El nombre de Fernando tuvo que sonar a causa del pueblo, muy
-adicto al soberano desgraciado; esperanzados los promovedores del
-alzamiento que, conllevando así las ideas de la mayoría, la traerían por
-sus pasos contados adonde deseaban, mayormente si se introducían luego
-innovaciones que le fueran gratas. No tardaron estas en anunciarse,
-pues se abolió en breve el tributo de los indios, repartiéronse
-los empleos entre los naturales, y se abrieron los puertos a los
-extranjeros. La última providencia halagaba a los propietarios que
-veían en ella crecer el valor de sus frutos, y ganaban al propio
-tiempo la voluntad de las naciones comerciantes, codiciosas siempre de
-multiplicar sus mercados.</p>
-
-<p>Así fue que el ministerio inglés, poco explícito en sus declaraciones
-al reventar la insurrección,<span class="pagenum" id="Page_440">p.
-440</span> no dejó pasar muchos meses sin expresar, por boca de Lord
-Liverpool, «que S. M. B. no se consideraba ligado por ningún compromiso
-a sostener un país cualquiera de la monarquía española contra otro
-por razón de diferencias de opinión, sobre el modo con que se debiese
-arreglar su respectivo sistema de gobierno; siempre que conviniesen en
-reconocer al mismo soberano legítimo, y se opusiesen a la usurpación
-y tiranía de la Francia...» No se necesitaba testimonio tan público
-para conocer que forzoso le era al gabinete de la Gran Bretaña, aunque
-hubieran sido otras sus intenciones, usar de semejante lenguaje,
-teniendo que sujetarse a la imperiosa voz de sus mercaderes y
-fabricantes.</p>
-
-<div class="sidenote">Levantamiento<br> de Buenos Aires.</div>
-
-<p>Alzó también Buenos Aires el grito de independencia al saber
-allí, por un barco inglés que arribó a Montevideo el 13 de mayo, los
-desastres de las Andalucías. Era capitán general Don Baltasar Hidalgo
-de Cisneros, hombre apocado y sin cautela, quien, a petición del
-ayuntamiento, consintió en que se convocase un congreso, imaginándose
-que aun después proseguiría en el gobierno de aquellas provincias.
-Instalose dicho congreso el 22 de mayo, y, como era de esperar, fue
-una de sus primeras medidas la deposición del inadvertido Cisneros,
-eligiendo también, a la manera de Caracas, una junta suprema que
-ejerciese el mando en nombre de Fernando VII. Conviene notar aquí que
-la formación de juntas en América nació por imitación de lo que se hizo
-en España en 1808, y no de otra ninguna causa.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_441">p. 441</span>Montevideo, que se
-disponía a unir su suerte con la de Buenos Aires, detúvose, noticioso de
-que en la península todavía se respiraba, y de que existía en la Isla
-de León, con nombre de regencia, un gobierno central.</p>
-
-<p>No así el nuevo reino de Granada, que siguió el impulso de Caracas,
-creando una junta suprema el 20 de julio. Apearon del mando los nuevos
-gobernantes a Don Antonio Amat, virrey semejante en lo quebradizo de
-su temple a los jefes de Venezuela y Buenos Aires. Acaecieron luego
-en Santa Fe, en Quito y en las demás partes altercados, divisiones,
-muertes, guerra y muchas lástimas, que tal esquilmo coge de las
-revoluciones la generación que las hace.</p>
-
-<p>Entonces, y largo tiempo después, se mantuvo el Perú quieto y fiel
-a la madre patria, merced a la prudente fortaleza del virrey, Don José
-Fernando de Abascal, y a la memoria aún viva de la rebelión del indio
-Tupac Amaru y sus crueldades.</p>
-
-<p>Tampoco se meneaba Nueva España, aunque ya se habían fraguado varias
-maquinaciones y se preparaban alborotos, de que más adelante daremos
-noticia.</p>
-
-<div class="sidenote">Juicio acerca<br> de estas revueltas.</div>
-
-<p>Por lo demás, tal fue el principio de irse desgajando del tronco
-paterno, y una en pos de otra, ramas tan fructíferas del imperio
-español. ¿Escogieron los americanos para ello la ocasión más digna
-y honrosa? A medir las naciones por la escala de los tiernos y
-nobles sentimientos de los individuos, abiertamente diríamos que no,
-habiendo abandonado a la metrópoli en su mayor aflicción, cuando
-aquella decretara igualdad<span class="pagenum" id="Page_442">p.
-442</span> de derechos, y cuando se preparaba a realizar en sus
-cortes el cumplimiento de las anteriores promesas. Los Estados
-Unidos separáronse de Inglaterra en sazón en que esta descubría su
-frente serena y poderosa, y después que reiteradas veces les había
-su metrópoli negado peticiones moderadas en un principio. Por el
-contrario, los americanos españoles cortaban el lazo de unión, abatida
-la península, reconocidas ya aquellas provincias como parte integrante
-de la monarquía, y convidados sus habitantes a enviar diputados a las
-cortes. No; entre individuos graduaríase tal porte de ingrato y aun
-villano. Las naciones, desgraciadamente, suelen tener otra pauta, y los
-americanos quizá pensaron lograr entonces con más certidumbre lo que, a
-su entender, fuera dudoso y aventurado, libre la península y repuesto
-en el solio el cautivo Fernando.</p>
-
-<p>Controvertible igualmente ha sido si la América había llegado al
-punto de madurez e instrucción que eran necesarias para desprenderse
-de los vínculos metropolitanos. Algunos han decidido ya la cuestión
-negativamente, atentos a las turbulencias y agitación continua de
-aquellas regiones, en donde mudando a cada paso de gobierno y leyes,
-aparecen los naturales no solo como inhábiles para sostener la libertad
-y admitir un gobierno medianamente organizado, pero aun también como
-incapaces de soportar el estado social de los pueblos cultos. Nosotros,
-sin ir tan allá, creemos, sí, que la educación y enseñanza de la
-América española será lenta y más larga que la de otros países; y solo
-nos admiramos<span class="pagenum" id="Page_443">p. 443</span> de que
-haya habido en Europa hombres, y no vulgares, que al paso que negaban
-a España la posibilidad de constituirse libremente, se la concedieran
-a la América, siendo claro que en ambas partes habían regido idénticas
-instituciones, y que idénticas habían sido las causas de su atraso;
-con la ventaja para los peninsulares de que entre ellos se desconocía
-la diversidad de castas, y de que el inmediato roce con las naciones
-de Europa les había proporcionado hacer mayores progresos en los
-conocimientos modernos, y mejorar la vida social. Mas si personas
-entendidas y gobiernos sabios olvidaban reflexiones tan obvias, ¿qué
-no sería de ávidos especuladores que soñaban montes de oro con la
-franquicia y amplia contratación de los puertos americanos?</p>
-
-<div class="sidenote">Medidas tomadas<br> por el gobierno<br>
-español.</div>
-
-<p>La regencia, al instalarse, había nombrado sujetos que llevasen a
-las provincias de ultramar las noticias de lo ocurrido en principios
-de año, recordando al propio tiempo en una proclama la igualdad de
-condición otorgada a aquellos naturales, e incluyendo la convocatoria
-para que acudiesen a las cortes por medio de sus diputados. Fuera de
-eso, no extendió la regencia sus providencias más allá de lo que lo
-había hecho la central, si bien es cierto que ni la situación actual
-permitía el mismo ensanche, ni tampoco era político anticipar en muchos
-asuntos el juicio de las cortes, cuya reunión se anunciaba cercana.</p>
-
-<div class="sidenote">Providencia<br> fraguada<br> acerca del<br>
-comercio libre.</div>
-
-<p>Sin embargo, publicose en 17 de mayo de 1810, a nombre de dicha
-regencia, una real orden de la mayor importancia, y por la que se<span
-class="pagenum" id="Page_444">p. 444</span> autorizaba el comercio
-directo de todos los puertos de Indias con las colonias extranjeras y
-naciones de Europa. Mudanza tan repentina y completa en la legislación
-mercantil de Indias, sin previo aviso ni otra consulta, saltando
-por encima de los trámites de estilo aún usados durante el gobierno
-antiguo, pasmó a todos y sobrecogió al comercio de Cádiz, interesado
-más que nadie en el monopolio de ultramar.</p>
-
-<p>Sin tardanza reclamó este contra una providencia en su concepto
-injustísima y en verdad muy informal y temprana. La regencia ignoraba,
-o fingió ignorar, la publicación de la mencionada orden, y en virtud
-de examen que mandó hacer, resultó que sobre un permiso limitado al
-renglón de harinas, y al solo puerto de la Habana, había la secretaría
-de hacienda de Indias extendido por sí la concesión a los demás frutos
-y mercaderías procedentes del extranjero, y en favor de todas las
-costas de la América. ¿Quién no creyera que al descubrirse falsía tan
-inaudita, abuso de confianza tan criminal y de resultas tan graves,
-no se hubiese hecho un escarmiento que arredrase en lo porvenir a los
-fabricadores de mentidas providencias del gobierno? Formose causa; mas
-causa al uso de España en tales materias, encargando a un ministro del
-consejo supremo de España e Indias que procediese a la averiguación del
-autor o autores de la supuesta orden.</p>
-
-<p>Se arrestó en su casa al marqués de las Hormazas, ministro de
-hacienda, prendiose también al oficial mayor de la misma secretaría
-en lo relativo a Indias, Don Manuel Albuerne, y a algunos<span
-class="pagenum" id="Page_445">p. 445</span> otros que resultaban
-complicados. El asunto prosiguió pausadamente, y después de muchas idas
-y venidas, empeños, solicitaciones, todos quedaron quitos. Hormazas
-había firmado a ciegas la orden sin leerla, y como si se tratase de un
-negocio sencillo. El verdadero culpado era Albuerne, de acuerdo con el
-agente de la Habana Don Claudio María Pinillos, y Don Esteban Fernández
-de León, siendo sostenedor secreto de la medida, según voz pública, uno
-de los regentes. Tal descuido en unos, delito en otros, e impunidad
-ilimitada para todos, probaban más y más la necesidad urgente de purgar
-a España de la maleza espesa que habían ahijado en su gobierno, de
-Godoy acá, los patrocinadores de la corrupción más descarada.</p>
-
-<p>La regencia, por su parte, revocó la real orden, y mandó recoger
-los ejemplares impresos. Pero el tiro había ya partido, y fácil es
-adivinar el mal efecto que produciría, sugiriendo a los amigos de las
-alteraciones de América nueva y fundada alegación para proseguir en su
-comenzado intento.</p>
-
-<p>Supo la regencia, el 4 de julio, las revueltas de Caracas, y al
-concluirse agosto, las de Buenos Aires. Apesadumbráronla noticias para
-ella tan impensadas, y para la causa de España tan funestas, mas vivió
-algún tiempo con la esperanza de que cesarían los disturbios, luego que
-allá corriese no haber la península rendido aún su cerviz al invasor
-extranjero. ¡Vana ilusión! Alzamientos de esta clase o se ahogan al
-nacer, o se agrandan con rapidez. La regencia, indecisa y sin mayores
-medios, consultó al consejo, no<span class="pagenum" id="Page_446">p.
-446</span> tomando de pronto resolución que pareciera eficaz.</p>
-
-<div class="sidenote">Nómbrase<br> a Cortavarría<br> para ir a
-Caracas.</div>
-
-<p>Aquel cuerpo opinó que se enviase a ultramar un sujeto condecorado y
-digno, asistido de algunos buques de guerra y con órdenes para reunir
-las tropas de Puerto Rico, Cuba y Cartagena, previniéndole que solo
-emplease el medio de la fuerza cuando los de persuasión no bastasen. La
-regencia se conformó en un todo con el dictamen del consejo, y nombró
-por comisionado, revestido de facultades omnímodas, a Don Antonio
-Cortavarría, individuo del consejo real, magistrado respetable por
-su pureza, pero anciano y sin el menor conocimiento de lo que era la
-América. Figurábase el gobierno español, equivocadamente, que no eran
-pasados los días de los Mendozas y los Gascas, y que a la vista del
-enviado peninsular se allanarían los obstáculos y se remansarían los
-tumultos populares. Llevaba Cortavarría instrucciones que no solo se
-extendían a Venezuela, sino que también abrazaban las islas, Santa
-Fe y aun la Nueva España, debiendo obrar con él mancomunadamente el
-gobernador de Maracaibo Don Fernando Miyares, electo capitán general de
-Caracas, en recompensa de su buen proceder.</p>
-
-<div class="sidenote">Jefes y pequeña<br> expedición<br> enviada<br> al
-Río de la Plata.</div>
-
-<p>Respecto de Buenos Aires, ya antes de saberse el levantamiento
-había tomado la regencia algunas medidas de precaución, advertida
-de tratos que la infanta Doña Carlota traía allí desde el Brasil; y
-como Montevideo era el punto más a propósito para realizar cualquiera
-proyecto que dicha señora tuviese entre manos, se había nombrado,
-para provenir toda tentativa,<span class="pagenum" id="Page_447">p.
-447</span> por gobernador de aquella plaza a Don Gaspar de Vigodet,
-militar de confianza.</p>
-
-<p>Mas, después que la regencia recibió la nueva de la conmoción de
-Buenos Aires, no limitó a eso sus providencias, sino que también
-resolvió enviar de virrey de las provincias del Río de la Plata a Don
-Francisco Javier de Elío, acompañado de 500 hombres, de una fragata de
-guerra y de una urca, con orden de partir de Alicante y de ocultar
-el objeto del viaje hasta pasadas las islas Canarias. Se le recomendó
-asimismo lo que a Cortavarría en cuanto a que no emplease la fuerza
-antes de haber tentado todos los medios de conciliación.</p>
-
-<p>He aquí lo que por mayor se sabía en Europa de las turbulencias
-de América, y lo que para cortarlas había resuelto la regencia al
-tiempo de instalarse las cortes. <span class="sidenote">Ocúpanse<br>
-las cortes<br> en la materia.</span> Hallándose en el seno de estas
-diputados naturales de ultramar, concíbese fácilmente que no dejarían
-huelgo a sus compañeros antes de conseguir que se ocupasen en tan
-graves cuestiones. Las propuestas fueron muchas y varias, y ya el
-25 de septiembre, tratándose de expedir el decreto del 24, expuso
-la diputación americana que al mismo tiempo que se remitiese aquel
-a Indias, era necesario hablar a sus habitantes de la igualdad
-de derechos que tenían con los de Europa, de la extensión de la
-representación nacional como parte integrante de la monarquía, y
-conceder una amnistía u olvido absoluto por los extravíos ocurridos
-en las desavenencias de algunos de aquellos países. La discusión
-comenzó a encresparse, y Don José Mejía, suplente por Santa Fe<span
-class="pagenum" id="Page_448">p. 448</span> de Bogotá y americano de
-nacimiento, fuese prudencia, fuese temor de que resonasen en ultramar
-las palabras que se pronunciaban en las cortes, palabras que pudieran
-ser funestas a los independientes, apoyados todavía en terreno poco
-firme, pidió que se ventilase el asunto en secreto. Accedió el congreso
-a los deseos de aquel señor diputado, si bien por incidencia se tocaron
-a veces en público, en las primeras sesiones, algunos de los muchos
-puntos que ofrecía materia tan espinosa.</p>
-
-<div class="sidenote">Decreto<br> de 15 de octubre.<br> (* Ap. n. <a
-href="#Ap_13-7" id="Ll_13-7">13-7</a>.)</div>
-
-<p>Después de reñidos debates, aprobaron las cortes los términos de
-un decreto que se promulgó con fecha de 15 de octubre,[*] en el que
-aparecieron como esenciales bases: 1.º, la igualdad de derechos, ya
-sancionada; 2.º, una amnistía general, sin límite alguno.</p>
-
-<p>En pos de esta resolución vinieron, a manera de secuela, otras
-declaraciones y concesiones muy favorables a la América, de las que
-mencionaremos las más principales en el curso de esta historia. Por
-ellas se verá cuánto trabajaron las cortes para grangearse el ánimo de
-aquellos habitantes y acallar los motivos que hubiera de justa queja,
-debiendo haber finalizado las turbulencias, si el fuego de un volcán de
-extensa crátera pudiera apagarse por la mano del hombre.</p>
-
-<div class="sidenote">Discusión<br> sobre la libertad<br> de la
-imprenta.</div>
-
-<p>La víspera de la promulgación del decreto sobre América entablose
-en público la discusión de la libertad de la imprenta. Don Agustín de
-Argüelles era quien primero la había provocado, indicando en la sesión
-de la tarde del 27 de septiembre la necesidad de ocuparse a la<span
-class="pagenum" id="Page_449">p. 449</span> mayor brevedad en materia
-tan grave. Sostuvo su dictamen Don Evaristo Pérez de Castro, y aun
-insistió en que desde luego se formase para ello una comisión, cuya
-propuesta aprobaron las cortes inmediatamente, sin obstáculo alguno.</p>
-
-<p>Dedicose con aplicación continua a su trabajo la comisión nombrada,
-y el 14 de octubre, cumpleaños del rey Fernando VII, leyó el informe
-en que habían convenido los individuos de ella; casual coincidencia
-o modo nuevo de celebrar el natalicio de un príncipe, cuyo horóscopo
-viose después no cuadraba con el festejo. Al día siguiente se trabó
-la discusión, una de las más brillantes que hubo en las cortes, y
-de la que reportaron estas fama esclarecida. Lástima ha sido que no
-se hayan conservado enteros los discursos allí pronunciados, pues
-todavía no se publicaban de oficio las sesiones, según comenzó a usarse
-en el promedio de diciembre, habiéndose desde entonces establecido
-taquígrafos que siguiesen literalmente la palabra del orador. Sin
-embargo, algunos curiosos, y entre ellos ingleses, tomaron nota
-bastante exacta de las discusiones más principales, y eso nos habilita
-para dar una razón algo circunstanciada de lo que ocurrió en aquella
-ocasión.</p>
-
-<p>Antes de reunirse las cortes, la libertad de la imprenta apenas
-contaba otros enemigos sino algunos de los que gobernaban; mas después
-que el congreso mostró querer proseguir su marcha con hoz reformadora,
-despertose el recelo de las clases y personas interesadas en los
-abusos, que empezaron a mirar con esquivez medida tan deseada. No
-pareciéndoles, con todo, discreto<span class="pagenum" id="Page_450">p.
-450</span> impugnarla de frente, idearon los que pertenecieron a aquel
-número y estaban dentro de las cortes, pedir que se suspendiese la
-deliberación.</p>
-
-<p>Escogieron para hacer la propuesta al diputado que entre los suyos
-juzgaron más atrevido, a Don Joaquín Tenreiro, quien, después de
-haber el día 14 procurado infructuosamente diferir la lectura del
-informe de la comisión, persistió el 15 en su propósito de que se
-dejase para más adelante la discusión, alegando que se debería pedir
-con antelación el parecer de ciertas corporaciones, en especial el
-de las eclesiásticas, y sobre todo aguardar la llegada de diputados
-próximos a aportar de las costas de Levante. Manifestó su opinión el
-señor Tenreiro acaloradamente, y excitó la réplica de varios señores
-diputados que demostraron haber seguido el expediente, no solo los
-trámites de costumbre, sino que también, viniendo ya instruido desde el
-tiempo de la junta central, había recibido con el mayor detenimiento
-la dilucidación necesaria. Reprodujo no obstante sus argumentos el
-señor Tenreiro, pero no por eso pudo estorbar que empezase de lleno
-la discusión. El señor Argüelles fue de los primeros que entrando en
-materia hizo palpables los bienes que resultan de la libertad de la
-imprenta. «Cuantos conocimientos, dijo, se han extendido por Europa han
-nacido de esta libertad, y las naciones se han elevado a proporción
-que ha sido más perfecta. Las otras, oscurecidas por la ignorancia
-y encadenadas por el despotismo, se han sumergido en la proporción
-contraria.<span class="pagenum" id="Page_451">p. 451</span> España,
-siento decirlo, se halla entre las últimas: fijemos la vista en los
-postreros 20 años, en ese periodo henchido de acontecimientos más
-extraordinarios que cuantos presentan los anteriores siglos, y en
-él podremos ver los portentosos efectos de esa arma, a cuyo poder
-casi siempre ha cedido el de la espada. Por su influjo vimos caer
-de las manos de la nación francesa las cadenas que la habían tenido
-esclavizada. Una facción sanguinaria vino a inutilizar tan grande
-medida, y la nación francesa, o más bien su gobierno, empezó a obrar
-en oposición a los principios que proclamaba... El despotismo fue el
-fruto que recogió... Hubiera habido en España una arreglada libertad de
-imprenta, y nuestra nación no hubiera ignorado cual fuese la situación
-política de la Francia al celebrarse el vergonzoso tratado de Basilea.
-El gobierno español, dirigido por un favorito corrompido y estúpido,
-incapaz era de conocer los verdaderos intereses del estado. Abandonose
-ciegamente y sin tino a cuantos gobiernos tuvo la Francia, y desde
-la convención hasta el imperio seguimos todas las vicisitudes de su
-revolución, siempre en la más estrecha alianza, cuando llegó el momento
-desgraciado en que vimos tomadas nuestras plazas fuertes y el ejército
-del pérfido invasor en el corazón del reino. Hasta entonces a nadie
-le fue lícito hablar del gobierno francés con menos sumisión que del
-nuestro, y no admirar a Bonaparte fue de los más graves delitos. En
-aquellos días miserables se echaron las semillas cuyos amargos frutos
-estamos cogiendo ahora. Extendamos la vista<span class="pagenum"
-id="Page_452">p. 452</span> por el mundo: Inglaterra es la sola
-nación que hallaremos libre de tal mengua. ¿Y a quién lo debe? Mucho
-hizo en ella la energía de su gobierno, pero más hizo la libertad
-de la imprenta. Por su medio pudieron los hombres honrados difundir
-el antídoto con más presteza que el gobierno francés su veneno. La
-instrucción que por la vía de la imprenta logró aquel pueblo fue lo que
-le hizo ver el peligro y saber evitarlo...»</p>
-
-<p>El señor Morros, diputado eclesiástico, sostuvo con fuerza «ser
-la libertad de la imprenta opuesta a la religión católica apostólica
-romana, y ser, por tanto, detestable institución.» Añadió: «que, según
-lo prevenido en muchos cánones, ninguna obra podía publicarse sin la
-licencia de un obispo o concilio, y que todo lo que se determinase en
-contra, sería atacar directamente la religión.»</p>
-
-<p>Aquí notará el lector que desesperanzados los enemigos de la
-libertad de la imprenta de impedir los debates, trataron ya de
-impugnarla sin disfraz alguno y fundamentalmente.</p>
-
-<p>Fácil fue al señor Mejía rebatir el dictamen del señor Morros,
-advirtiendo «que la libertad de que se trataba, limitábase a la
-parte política y en nada se rozaba con la religión ni la potestad de
-la iglesia... Observó también la diferencia de tiempos, y la errada
-aplicación que había hecho el señor Morros de sus textos, los cuales
-por la mayor parte se referían a una edad en que todavía no estaba
-descubierta la imprenta...» Y continuando después dicho señor Mejía
-en desentrañar con sutileza y profundidad<span class="pagenum"
-id="Page_453">p. 453</span> toda la parte eclesiástica en que, aunque
-seglar, era muy versado, terminó diciendo: «que en las naciones en
-donde no se permitía la libertad de imprenta, el arte de imprimir
-había sido perjudicial, porque había quitado la libertad primitiva que
-existía de escribir y copiar libros sin particulares trabas, y que si
-bien entonces no se esparcían las luces con tanta rapidez y extensión,
-a lo menos eran libres. Y más vale un pedazo de pan comido en libertad
-que un convite real con una espada que cuelga sobre la cabeza,
-pendiente del hilo de un capricho.»</p>
-
-<p>El señor Rodriguez de la Bárcena, bien que eclesiástico como el
-señor Morros, no recargó tanto en punto a la religión, pero con maña
-trazó una pintura sombría «de los males de la libertad de la imprenta
-en una nación no acostumbrada a ella, se hizo cargo de las calumnias
-que difundía, de la desunión en las familias, de la desobediencia a
-las leyes y otros muchos estragos, de los que, resultando un clamor
-general, tendría al cabo que suprimirse una facultad preciosa, que
-coartada con prudencia, era fácil conservar. Yo, continuó el orador,
-amo la libertad de la imprenta, pero la amo con jueces que sepan de
-antemano separar la cizaña de con el grano. Nada aventura la imprenta
-con la censura previa en las materias científicas, que son en las que
-más importa ejercitarse, y usada dicha censura discretamente, existirá
-en realidad con ella mayor libertad que si no la hubiera, y se evitarán
-escándalos y la aplicación de las penas en que incurrirán los<span
-class="pagenum" id="Page_454">p. 454</span> escritores que se deslicen,
-siendo para el legislador más hermoso representar el papel de prevenir
-los delitos que el de castigarlos.»</p>
-
-<p>Replicó a este orador Don Juan Nicasio Gallego que, aunque revestido
-igualmente de los hábitos clericales, descollaba en el saber político,
-si bien no tanto como en el arte divino de los Herreras y Leones. «Si
-hay en el mundo, dijo, absurdo en este género, eslo el de asentar
-como lo ha hecho el preopinante, que la libertad de la imprenta podía
-existir bajo una previa censura. <i>Libertad</i> es el derecho que
-todo hombre tiene de hacer lo que le parezca, no siendo contra las
-leyes divinas y humanas. <i>Esclavitud</i> por el contrario existe
-donde quiera que los hombres están sujetos sin remedio a los caprichos
-de otros, ya se pongan o no inmediatamente en práctica. ¿Cómo puede,
-según eso, ser la imprenta libre, quedando dependiente del capricho,
-las pasiones o la corrupción de uno o más individuos? ¿Y por qué tanto
-rigor y precauciones para la imprenta, cuando ninguna legislación las
-emplea en los demás casos de la vida y en acciones de los hombres no
-menos expuestas al abuso? Cualquiera es libre de proveerse de una
-espada, ¿y dirá nadie por eso que se le deben atar las manos no sea
-que cometa un homicidio? Puedo, en verdad, salir a la calle y robar
-a un hombre, más ninguno, llevado de tal miedo, aconsejará que se
-me encierre en mi casa. A todos nos deja la ley libre el albedrío,
-pero por horror natural a los delitos, y porque todos sabemos las
-penas que están impuestas a los criminales,<span class="pagenum"
-id="Page_455">p. 455</span> tratamos cada cual de no cometerlos...»</p>
-
-<p>Hablaron en seguida otros diputados en favor de la cuestión, tales
-como los señores Luján, Pérez de Castro y Oliveros. El primero expresó:
-«que los dos encargos particulares que le había hecho su provincia [la
-de Extremadura] habían sido: que fuesen públicas las sesiones de las
-cortes y que se concediese la libertad de la imprenta.» Puso el último
-su particular cuidado en demostrar que aquella libertad «no solo no
-era contraria a la religión, sino que era compatible con el amor más
-puro hacia sus dogmas y doctrinas... Nosotros [continuó tan respetable
-eclesiástico] queremos dar alas a los sentimientos honrados, y cerrar
-las puertas a los malignos. La religión santa de los Crisóstomos y
-de los Isidoros no se recata de la libre discusión; temen esta los
-que desean convertir aquella en provecho propio. ¡Qué de horrores y
-escándalos no vimos en tiempo de Godoy! ¡Cuánta irreligiosidad no
-se esparció! Y ¿había libertad de imprenta? Si la hubiera habido,
-dejáranse de cometer tantos excesos con el miedo de la censura pública,
-y no se hubieran perpetrado delitos, sumidos ahora en la impunidad del
-silencio. Ciertos obispos ¿hubieran osado manchar los púlpitos de la
-religión predicando los triunfos del poder arbitrario y, por decirlo
-así, los del ateísmo? ¿Hubieran contribuido a la destrucción de su
-patria y a la tibieza de la fe, incensando impíamente al ídolo de Baal,
-al malaventurado valido?...»</p>
-
-<p>Contados fueron los diputados que después impugnaron la libertad de
-la imprenta, y aun<span class="pagenum" id="Page_456">p. 456</span>
-de ellos el mayor número antes provocó dudas que expresó una opinión
-opuesta bien asentada. Los señores Morales Gallego y Don Jaime Creus
-fueron quienes con mayor vigor esforzaron los argumentos en contra de
-la cuestión. Dirigiose el principal conato de ambos a manifestar «la
-suelta que iba a darse a las pasiones y personalidades, y el riesgo
-que corría la pureza de la fe, siendo de dificultoso deslinde en
-muchos casos el término de las potestades política y eclesiástica.»
-El señor Argüelles rechazó de nuevo muchas de las objeciones; pero
-quien entre los postreros de los oradores habló de un modo luminoso,
-persuasivo y profundo fue el dignísimo Don Diego Muñoz Torrero, cuya
-candorosa y venerable presencia, repetimos, aumentaba peso a la ya
-irresistible fuerza de su raciocinación. «La materia que tratamos,
-dijo, tiene, según la miro, dos partes: la una de <i>justicia</i>,
-la otra de <i>necesidad</i>. La justicia es el principio vital de la
-sociedad civil, e hija de la justicia es la libertad de la imprenta...
-El derecho de traer a examen las acciones del gobierno es un derecho
-imprescriptible que ninguna nación puede ceder sin dejar de ser nación,
-¿Qué hicimos nosotros en el memorable decreto de 24 de septiembre?
-Declaramos los decretos de Bayona ilegales y nulos. Y ¿por qué? Porque
-el acto de renuncia se había hecho sin el consentimiento de la nación.
-¿A quién ha encomendado ahora esa nación su causa? A nosotros; nosotros
-somos sus representantes, y según nuestros usos y antiguas leyes
-fundamentales, muy pocos pasos pudiéramos dar sin la aprobación<span
-class="pagenum" id="Page_457">p. 457</span> de nuestros constituyentes.
-Mas, cuando el pueblo puso el poder en nuestras manos, ¿se privó por
-eso del derecho de examinar y criticar nuestras acciones? ¿Por qué
-decretamos en 24 de septiembre la responsabilidad de la potestad
-ejecutiva, responsabilidad que cabrá solo a los ministros cuando el
-rey se halle entre nosotros? ¿Por qué nos aseguramos la facultad de
-inspeccionar sus acciones? Porque poníamos <i>poder</i> en manos de
-<i>hombres</i>, y los hombres abusan fácilmente de él si no tienen
-freno alguno que los contenga, y no había para la potestad ejecutiva
-freno más inmediato que el de las cortes. Mas, ¿somos por acaso
-infalibles? ¿Puede el pueblo que apenas nos ha visto reunidos poner
-tanta confianza en nosotros que abandone toda precaución? ¿No tiene el
-pueblo el mismo derecho respecto de nosotros que nosotros respecto de
-la potestad ejecutiva en cuanto a inspeccionar nuestro modo de pensar
-y censurarle?... Y el pueblo ¿qué medio tiene para esto? No tiene
-otro sino el de la imprenta; pues no supongo que los contrarios a mi
-opinión le den la facultad de insurreccionarse, derecho el más terrible
-y peligroso que pueda ejercer una nación. Y si no se le concede al
-pueblo un medio legal y oportuno para reclamar contra nosotros, ¿qué
-le importa que le tiranice uno, cinco, veinte o ciento?... El pueblo
-español ha detestado siempre las guerras civiles, pero quizá tendría
-desgraciadamente que venir a ellas. El modo de evitarlo es permitir
-la solemne manifestación de la opinión pública. Todavía ignoramos el
-poder inmenso de una nación para<span class="pagenum" id="Page_458">p.
-458</span> obligar a los que gobiernan a ser justos. Empero, prívese
-al pueblo de la libertad de hablar y escribir, ¿cómo ha de manifestar
-su opinión? Si yo dijese a mis poderdantes de Extremadura que se
-establecía la previa censura de la imprenta, ¿qué me dirían al ver que
-para exponer sus opiniones tenían que recurrir a pedir licencia?...
-Es, pues, uno de los derechos del hombre en las sociedades modernas el
-gozar de la libertad de la imprenta, sistema tan sabio en la teórica
-como confirmado por la experiencia. Véase Inglaterra: a la imprenta
-libre debe principalmente la conservación de su libertad política y
-civil, su prosperidad. Inglaterra conoce lo que vale arma tan poderosa:
-Inglaterra, por tanto, ha protegido la imprenta, pero la imprenta, en
-pago, ha conservado la Inglaterra. Si la medida de que hablamos es
-<i>justa</i> en sí y <i>conveniente</i>, no es menos <i>necesaria</i>
-en el día de hoy. Empezamos una carrera nueva, tenemos que lidiar
-con un enemigo poderoso, y fuerza nos es recurrir a todos los medios
-que afiancen nuestra libertad y destruyan los artificios y mañas del
-enemigo. Para ello indispensable parece reunir los esfuerzos todos de
-la nación, e imposible sería no concentrando su energía en una opinión
-unánime, espontánea e ilustrada, a lo que contribuirá muy mucho la
-libertad de la imprenta, y en lo que están interesados no menos los
-derechos del pueblo, que los del monarca... La <i>libertad</i> sin la
-imprenta libre, aunque sea <i>el sueño del hombre honrado</i>, será
-siempre un sueño... La diferencia entre mí y mis contrarios consiste en
-que ellos<span class="pagenum" id="Page_459">p. 459</span> conciben
-que los males de la libertad son como un millón y los bienes como
-veinte; yo, por lo opuesto, creo que los males son como veinte y los
-bienes como un millón. Todos han declamado contra sus peligros. Si yo
-hubiera de reconocer ahora los males que trae consigo la sociedad,
-los furores de la ambición, los horrores de la guerra, la desolación
-de los hombres y la devastación de las pestes, llenaría de pavor a
-los circunstantes. Mas, por horrible que fuese esta pintura, ¿se
-podrían olvidar los bienes de la sociedad civil, a punto de decretar
-su destrucción? Aquí estamos, hombres falibles, con toda la mezcla de
-bueno y malo que es propia de la humanidad, y solo por la comparación
-de ventajas e inconvenientes podemos decidirnos en las cuestiones...
-Un prelado de España, y lo que es más, inquisidor general, quiso
-traducir la Biblia al castellano. ¿Qué torrente de invectivas no se
-desató en contra?... ¿Cuál fue su respuesta? <i>Yo no niego que tiene
-inconvenientes, pero ¿es útil, pesados unos con otros?</i> En el
-mismo caso estamos. Si el prelado hubiera conseguido su intento, a él
-deberíamos el bien, el mal a nuestra naturaleza. Por fin, creo que
-haríamos traición a los deseos del pueblo, y que daríamos armas al
-gobierno arbitrario que hemos empezado a derribar, si no decretásemos
-la libertad de la imprenta... La previa censura es el último asidero de
-la tiranía que nos ha hecho gemir por siglos. El voto de las cortes va
-a desarraigar esta, o a confirmarla para siempre.»</p>
-
-<p>Son pálido y apagado bosquejo de la discusión<span class="pagenum"
-id="Page_460">p. 460</span> los breves extractos que de ella hacemos
-y nos han quedado. Raudales de luz salieron de las diversas opiniones
-expuestas con gravedad y circunspección. Para darles el valor que
-merecen, conviene hacer cuenta de lo que había sido antes España y de lo
-que ahora aparecía: rompiendo de repente la mordaza que estrechamente
-y largo tiempo había comprimido, atormentándolos, sus hermosos y
-delicados labios.</p>
-
-<p>La discusión general duró desde el 15 hasta el 19 de octubre, en
-cuyo día se aprobó el primer artículo del proyecto de ley concebido
-en estos términos. «Todos los cuerpos y personas particulares, de
-cualquiera condición y estado que sean, tienen libertad de escribir,
-imprimir y publicar sus ideas políticas sin necesidad de licencia,
-revisión y aprobación alguna anteriores a la publicación, bajo las
-restricciones y responsabilidades que se expresarán en el presente
-decreto.» Votose el artículo por 70 votos contra 32, y aun de estos
-hubo 9 que especificaron que solo por entonces le desechaban.</p>
-
-<p>Claro era que pasarían después sin particular tropiezo los demás
-artículos, explicativos por lo general del primero. La discusión sin
-embargo no finalizó enteramente hasta el 5 de noviembre, interpuestos a
-veces otros asuntos.</p>
-
-<div class="sidenote">Reglamento por<br> el que se concedía<br> la
-libertad<br> de la imprenta.</div>
-
-<p>El reglamento contenía en todo 20 artículos, tras del primero
-venían los que señalaban los delitos y determinaban las penas, y
-también el modo y trámites que habían de seguirse en el juicio.
-Tacháronle algunos de defectuoso en esta parte, y de no definir bien
-los diversos casos. Pero, pendiendo los límites entre la libertad y
-el<span class="pagenum" id="Page_461">p. 461</span> abuso de reglas
-indeterminadas y variables, problema es de dificultosa resolución
-conceder lo uno y vedar debidamente lo otro. La libertad gana en que
-las leyes sobre esta materia pequen más bien por lo indefinido y vago
-que por ser sobradamente circunstanciadas; el tiempo y el buen sentido
-de las naciones acaban por corregir abusos y desvíos que no le es dado
-impedir al más atento legislador.</p>
-
-<div class="sidenote">Su examen.</div>
-
-<p>Chocó a muchos, particularmente en el extranjero, que la libertad
-de la imprenta decretada por las cortes se ciñese a la parte política,
-y que aun por un artículo expreso [el 6.º] se previniese, que «todos
-los escritos sobre materias de religión quedaban sujetos a la previa
-censura de los ordinarios eclesiásticos.» Pero los que así razonaban,
-desconocían el estado anterior de España, y en vez de condenar debieran
-más bien haber alabado el tino y la sensatez con que las cortes
-procedían. La inquisición había pesado durante tres siglos sobre la
-nación, y era ya caminar a la tolerancia, desde el momento en que se
-arrancaba la censura de las manos de aquel tribunal para depositarla en
-solo las de los obispos, de los que si unos eran fanáticos, había otros
-tolerantes y sabios. Además, quitadas las trabas para lo político,
-¿quién iba a deslindar en muchedumbre de casos los términos que
-dividían la potestad eclesiástica de la secular? El artículo tampoco
-extendía la prohibición más allá del dogma y de la moral, dejando a la
-libre discusión cuanto temporalmente interesaba a los pueblos.</p>
-
-<div class="sidenote">Incidentes<br> de la discusión.</div>
-
-<p>El señor Mejía, no obstante eso, y el conocimiento<span
-class="pagenum" id="Page_462">p. 462</span> que tenía de la nación y
-de las cortes, se aventuró a proponer que se ampliase la libertad de
-la imprenta a las obras religiosas. Imprudencia que hubiera podido
-comprometer la suerte de toda la ley, si a tiempo no hubiera cortado la
-discusión el señor Muñoz Torrero.</p>
-
-<p>Por el contrario, al cerrarse los debates, Don Francisco María
-Riesco, diputado por la junta de Extremadura e inquisidor del tribunal
-de Llerena, pidió que en el decreto se hiciese mención honorífica
-y especial del santo oficio; a lo que no hubo lugar, mostrando así
-de nuevo las cortes cuán discretamente evitaban viciosos extremos.
-Libertad de la imprenta y santo oficio nunca correrán a las parejas, y
-la publicación aprobativa de ambos establecimientos en una misma y sola
-ley, hubiérala graduado el mundo de monstruoso engendro.</p>
-
-<div class="sidenote">Lo que se adopta<br> para los juicios<br> en
-lugar<br> del jurado.</div>
-
-<p>No se admitió el jurado en los juicios de imprenta, aunque algunos
-lo deseaban, no pareciendo todavía ser aquel oportuno momento. Pero
-a fin de no dejar la nueva institución en poder solo de los togados
-desafectos a ella, decidiose, por uno de los artículos, que las cortes
-nombrasen una junta suprema, dicha de censura, que residiese cerca del
-gobierno, formada de nueve individuos, y otra semejante, de cinco, a
-propuesta de la misma, para las capitales de provincia. En la primera
-había de haber tres eclesiásticos, y dos en cada una de las otras.
-Tocaba a estas juntas examinar los impresos denunciados, y calificar
-si se estaba o no en el caso de proceder contra ellos y sus autores,
-editores e impresores, responsables a su vez y respectivamente. Los
-individuos<span class="pagenum" id="Page_463">p. 463</span> de la
-junta eran en realidad los jueces del hecho, quedando después a los
-tribunales la aplicación de las penas.</p>
-
-<p>El nombre de junta de censura engañó a varios entre los extranjeros,
-creyendo que se trataba de <i>censura preventiva</i> y no de una
-calificación hecha posteriormente a la impresión, publicación y
-circulación de los escritos, y solo en virtud de acusación formal.
-También disgustó, aun en España, que entrase en la junta un número
-determinado de eclesiásticos, pues los más hubieran preferido que se
-dejase al arbitrio de las cortes. Sin embargo, los altamente entendidos
-columbraron que semejante providencia tiraba a acallar la voz del
-clero, muy poderosa entonces, y a impedir sagazmente que acabase aquel
-cuerpo por tener en las juntas decidida mayoría.</p>
-
-<p>La práctica hizo ver que el plan de las cortes estaba bien
-combinado, y que la libertad de la imprenta existe así que cesa la
-previa censura, sierpe que la ahoga al tiempo mismo de recibir el
-ser.</p>
-
-<div class="sidenote">Promúlgase<br> la libertad<br> de la
-imprenta.<br> (* Ap. n. <a href="#Ap_13-8" id="Ll_13-8">13-8</a>.)</div>
-
-<p>En 9 de noviembre eligieron las cortes la mencionada junta suprema,
-y el 10 promulgose el decreto de la libertad de la imprenta,[*]
-de cuyo beneficio empezaron inmediatamente a gozar los españoles,
-publicando todo género de obras y periódicos con el mayor ensanche y
-sin restricción alguna para todas las opiniones.</p>
-
-<div class="sidenote">Partidos<br> en las cortes.</div>
-
-<p>Durante esta discusión y la anterior sobre América, manifestáronse
-abiertamente los partidos que encerraban las cortes, los cuales como en
-todo cuerpo deliberativo principalmente se dividían en amigos de las
-reformas, y en los<span class="pagenum" id="Page_464">p. 464</span>
-que les eran opuestos. El público insensiblemente distinguió con el
-apellido de <i>liberales</i> a los que pertenecían al primero de los
-dos partidos, quizá porque empleaban a menudo en sus discursos la
-frase de <i>principios</i> o <i>ideas liberales</i>, y de las cosas
-según acontece, pasó el nombre a las personas. Tardó más tiempo el
-partido contrario en recibir especial epíteto, hasta que al fin un<a
-id="FNanchor_1" href="#Footnote_1" class="fnanchor">[1]</a> autor de
-despejado ingenio calificole con el de <i>servil</i>.</p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1" href="#FNanchor_1" class="label">[1]</a> Don
-Eugenio Tapia en una composición poética bastante notable, y separando
-maliciosamente con una rayita dicha palabra, escribiola de este modo:
-<i>ser-vil.</i></p>
-
-</div>
-
-<p>Existía aún en las cortes un tercer partido, de vacilante conducta,
-y que inclinaba la balanza de las resoluciones al lado adonde se
-arrimaba. Era este el de los americanos: unido por lo común con los
-liberales, desamparábalos en algunas cuestiones de ultramar y siempre
-que se quería dar vigor y fuerza al gobierno peninsular.</p>
-
-<p>A la cabeza de los liberales campeaba Don Agustín de Argüelles,
-brillante en la elocuencia, en la expresión numeroso, de ajustado
-lenguaje cuando se animaba, felicísimo y fecundo en extemporáneos
-debates, de conocimientos varios y profundos, particularmente en lo
-político, y con muchas nociones de las leyes y gobiernos extranjeros.
-Lo suelto y noble de su acción, nada afectada, lo elevado de su
-estatura, la viveza de su mirar, daban realce a las otras prendas que
-ya le adornaban. Señaláronse junto con él en las discusiones, y eran
-de su bando, entre<span class="pagenum" id="Page_465">p. 465</span>
-los seglares Don Manuel García Herreros, Don José María Calatrava,
-Don Antonio Porcel y Don Isidoro Antillón, afamado geógrafo; los dos
-postreros entraron en las cortes ya muy avanzado el tiempo de sus
-sesiones. También el autor de esta Historia tomó con frecuencia parte
-activa en los debates, si bien no ocupó su asiento hasta el marzo de
-1811, y todavía tan mozo que tuvieron las cortes que dispensarle la
-edad.</p>
-
-<p>Entre los eclesiásticos del mismo partido adquirieron justo renombre
-Don Diego Muñoz Torrero, cuyo retrato queda trazado, Don Antonio
-Oliveros, Don Juan Nicasio Gallego, Don José Espiga y Don Joaquín
-de Villanueva, quien, en un principio incierto, al parecer, en sus
-opiniones, afirmose después y sirvió al liberalismo de fuerte pilar con
-su vasta y exquisita erudición.</p>
-
-<p>Contábanse también en el número de los individuos de este partido
-diputados que nunca o rara vez hablaron, y que no por eso dejaban de
-ser varones muy distinguidos. Era el más notable Don Fernando Navarro,
-vocal por la ciudad de Tortosa, que habiendo cursado en Francia en la
-universidad de la Sorbona, y recorrido diversos reinos de Europa y
-fuera de ella, poseía a fondo varias lenguas modernas, las orientales
-y las clásicas, y estaba familiarizado con los diversos conocimientos
-humanos, siendo, en una palabra, lo que vulgarmente llamamos <i>un
-pozo de ciencia</i>. Venían tras del Don Fernando los señores Ruiz
-Padrón y Serra, eclesiásticos venerables, de quienes el primero había
-en otro tiempo trabado amistad, en los Estados Unidos, con el célebre
-Franklin.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_466">p. 466</span></p>
-
-<p>Ayudaban asimismo sobremanera para el despacho de los negocios y en
-las comisiones los señores Pérez de Castro, Luján, Caneja y Don Pedro
-Aguirre, inteligente el último en comercio y materias de hacienda.</p>
-
-<p>No menos sobresalían otros diputados en el partido desafecto a las
-reformas, ora por los conocimientos que les asistían, ora por el uso
-que acostumbraban hacer de la palabra, y ora, en fin, por la práctica
-y experiencia que tenían en los negocios. De los seglares merecerán
-siempre entre ellos distinguido lugar Don Francisco Gutiérrez de la
-Huerta, Don José Pablo Valiente, Don Francisco Borrull y Don Felipe
-Aner, si bien este se inclinó a veces hacia el bando liberal. De los
-eclesiásticos que adhirieron a la misma opinión anti-reformadora, deben
-con particularidad notarse los señores Don Jaime Creus, Don Pedro
-Inguanzo y Don Alonso Cañedo. Conviene, sin embargo, advertir que entre
-todos estos vocales y los demás de su clase los había que confesaban la
-necesidad de introducir mejoras en el gobierno, y aun pocos eran los
-que se negaban a ciertas mudanzas, dando demasiadamente en ojos los
-desórdenes que habían abrumado a España, para que a su remedio pudiese
-nadie oponerse del todo.</p>
-
-<p>Entre los americanos divisábanse igualmente diputados sabios,
-elocuentes y de lucido y ameno decir. Don José Mejía era su primer
-caudillo, hombre entendido, muy ilustrado, astuto, de extremada
-perspicacia, de sutil argumentación, y como nacido para abanderizar
-una parcialidad que nunca obraba sino a fuer de auxiliadora<span
-class="pagenum" id="Page_467">p. 467</span> y al son de sus peculiares
-intereses. La serenidad de Mejía era tal, y tal el predominio sobre
-sus palabras, que sin la menor aparente perturbación sostenía a veces
-al rematar de un discurso lo contrario de lo que había defendido al
-principiarle, dotado para ello del más flexible y acabado talento.
-Fuera de eso, y aparte de las cuestiones políticas, varón estimable
-y de honradas prendas. Seguíanle de los suyos, entre los seglares, y
-le apoyaban en las deliberaciones, los señores Leiva, Morales Duarez,
-Feliú y Gutiérrez de Terán. Y entre los eclesiásticos, los señores
-Alcocer, Arispe, Larrazábal, Gordoa y Castillo, los dos últimos a cual
-más digno.</p>
-
-<p>Apenas puede afirmarse que hubiera entre los americanos diputado que
-ladease del todo al partido anti-reformador. Uníase a él en ciertos
-casos, pero casi nunca en los de innovaciones.</p>
-
-<p>Este es el cuadro fiel que presentaban los diversos partidos de
-las cortes, y estos sus más distinguidos corifeos y diputados. Otros
-nombres, también honrosos, nos ocurrirán en adelante. Por lo demás, en
-ningún paraje se conocen tan bien los hombres, ni se coloca cada uno
-en su legítimo lugar, como en las asambleas deliberativas: son estas
-piedra de toque, a la que no resisten reputaciones mal adquiridas.
-En el choque de los debates se discierne pronto quién sobresale en
-imaginación, quién en recto sentido, y cuál en fin es la capacidad
-con que la naturaleza ha dotado respectivamente a cada individuo: la
-naturaleza, que nunca se muestra tan generosa que prodigue a unos dones
-perfectos intelectuales, ni tan mísera que prive del todo a<span
-class="pagenum" id="Page_468">p. 468</span> otros de alguno de aquellos
-inapreciables bienes. En nuestro entender, el mayor beneficio de los
-gobiernos representativos consiste en descubrir el mérito escondido, y
-en dar a conocer el verdadero y peculiar saber de las personas, con lo
-que los estados consiguen a lo último ser dirigidos, ya que no siempre
-por la virtud, al menos por manos hábiles y entendidas, paso agigantado
-para la felicidad y progreso de las naciones. Hubiérase en España
-sacado de este campo mies bien granada si, al tiempo de recogerla, un
-ábrego abrasador no hubiese quemado casi toda la espiga.</p>
-
-<div class="sidenote">Remueven<br> las cortes<br> a los individuos<br>
-de la primera<br> regencia.</div>
-
-<p>Mientras que las cortes andaban ocupadas en la discusión de la
-libertad de imprenta, mudaron también las mismas los individuos que
-componían el consejo de regencia. A ellas incumbía, durante la ausencia
-del rey, constituir la potestad ejecutiva del modo que pareciera más
-conveniente. De igual derecho habían usado las cortes antiguas en
-algunas minoridades; de igual podían usar las actuales, mayormente
-ahora que el príncipe cautivo no había tomado en ello providencia
-determinada, y que la regencia elegida por la central lo había sido
-hasta tanto que las cortes, ya convocadas, «estableciesen un gobierno
-cimentado sobre el voto general de la nación.»</p>
-
-<p>Inasequible era que continuasen en el mando los individuos de dicha
-regencia, ya se considerase lo ocurrido con el obispo de Orense, y ya
-la mutua desconfianza que reinaba entre ella y las cortes, nacida de
-las causas arriba indicadas, y de una providencia aún no referida que
-pareció<span class="pagenum" id="Page_469">p. 469</span> maliciosa, o
-hija de liviano e inexcusable proceder.</p>
-
-<div class="sidenote">Causas de ello.</div>
-
-<p>Fue esta una orden al gobernador de la plaza de Cádiz y al del
-consejo real «para que se celase sobre los que hablasen mal de las
-cortes.» Los diputados atribuyeron esmero tan cuidadoso al objeto de
-malquistarlos con el público, y al pernicioso designio de que la nación
-creyese era el congreso muy censurado en Cádiz. Las disculpas que la
-regencia dio, lejos de disminuir el cargo, le agravaron; pues, habiendo
-dado la orden reservadamente y en términos solapados, pudiera dudarse
-si aquella disposición provenía de las cortes o de solo la potestad
-ejecutiva. Los diputados anunciaron en público que miraban la orden
-como contraria a su propio decoro, aspirando únicamente a merecer por
-su conducta la aprobación de sus conciudadanos, en prueba de lo cual
-se ocupaban en dar la libertad de la imprenta para que se examinasen
-los procedimientos legislativos del gobierno con amplia y segura
-franqueza.</p>
-
-<p>Unido el incidente de esta orden a las causas anteriormente
-insinuadas y a otras menos principales, decidiéronse por fin las cortes
-a remover la regencia. Hiciéronlo no obstante de un modo suave y el
-más honorífico, admitiendo la renuncia que de sus cargos habían al
-principio hecho los individuos del propio cuerpo.</p>
-
-<div class="sidenote">Nómbrase una<br> nueva regencia<br> de tres
-individuos.</div>
-
-<p>Al reemplazarlos redujeron las cortes a tres el número de cinco,
-y el 28 de octubre pasaron los sucesores a prestar en el salón el
-juramento exigido, retirándose, en consecuencia, de sus puestos los
-antiguos regentes. Había recaído la elección<span class="pagenum"
-id="Page_470">p. 470</span> en el general de tierra Don Joaquín
-Blake, en el jefe de escuadra Don Gabriel Císcar, y en el capitán de
-fragata Don Pedro Agar; el último, como americano, en representación
-de las provincias de ultramar. Pero de los tres nombrados, hallándose
-los dos primeros ausentes en Murcia, y no pareciendo conveniente
-que mientras llegaban gobernase solo Don Pedro Agar, <span
-class="sidenote">Suplentes.</span> eligieron las cortes dos suplentes
-que ejerciesen interinamente el destino, y fueron el general marqués
-del Palacio y Don José María Puig, del consejo real.</p>
-
-<div class="sidenote">Incidente<br> del marqués<br> del Palacio.</div>
-
-<p>Este y el señor Agar prestaron el juramento lisa y llanamente, sin
-añadir observación alguna. No así el del Palacio, quien expresó «juraba
-sin perjuicio de los juramentos de fidelidad que tenía prestados al
-señor Don Fernando VII.» Déjase discurrir qué estruendo movería en
-las cortes tan inesperada cortapisa. Quiso el marqués explicarla; mas
-para ello mandósele pasar a la barandilla. Allí, cuanto más procuró
-esclarecer el sentido de sus palabras, tanto más se comprometió
-perturbado su juicio y confundido. Insistiendo, sin embargo, el
-marqués en su propósito, Don Luis del Monte, que presidía, hombre de
-condición fiera al paso que atinado y de luces, impúsole respeto y le
-ordenó que se retirase. Obedeció el marqués, quedando arrestado, por
-disposición de las cortes, en el cuerpo de guardia.</p>
-
-<p>Con lo ocurrido diose solamente posesión de sus destinos, el mismo
-día 28, a los señores Agar y Puig, quienes desde luego se pusieron
-también las bandas amarillo-encarnadas,<span class="pagenum"
-id="Page_471">p. 471</span> color del pabellón español y distintivo
-ya antes adoptado para los individuos de la regencia. En el día
-inmediato nombraron las cortes como regente interino, en lugar del
-marqués del Palacio, al general marqués del Castelar, grande de España.
-Los propietarios ausentes, Don Joaquín Blake y Don Gabriel Císcar,
-no ocuparon sus sillas hasta el 8 de diciembre y el 4 del próximo
-enero.</p>
-
-<div class="sidenote">Discusión<br> que este motiva.</div>
-
-<p>En las cortes enzarzose gran debate sobre lo que se había de hacer
-con el marqués del Palacio. No se graduaba su porfiado intento de
-imprudencia o de meros escrúpulos de una conciencia timorata, sino de
-premeditado plan de los que habían estimulado al obispo de Orense en
-su oposición. Hizo el acaso, para aumentar la sospecha, que tuviese
-el marqués un hermano fraile, que, algún tanto entrometido, había
-acompañado a dicho prelado en su viaje de Galicia a Cádiz, motivo por
-el que mediaba entre ambos relación amistosa. Creemos, sin embargo,
-que el desliz del marqués provino más bien de la singularidad de su
-condición y de la de su mente, compuesto informe de instrucción y
-preocupaciones que de amaños y anteriores conciertos.</p>
-
-<p>Entre los diputados que se ensañaron contra el del Palacio, hubo
-algunos de los que comúnmente votaban del lado anti-liberal. Señalose
-el señor Ros, ya antes severo en el asunto del obispo de Orense, y el
-cual dijo en esta ocasión: «trátese al marqués del Palacio con rigor,
-fórmesele causa, y que no sean sus jueces individuos del consejo real,
-porque este cuerpo me es sospechoso.»</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_472">p. 472</span></p>
-
-<div class="sidenote">Término<br> de este negocio.</div>
-
-<p>Al fin, después de haber pasado el negocio a una comisión de las
-cortes, se arrestó al marqués en su casa, y la regencia nombró para
-juzgarle una junta de magistrados. Duró la causa hasta febrero, en
-cuyo intermedio habiéndose disculpado aquel, escrito un manifiesto, y
-mostrádose muy arrepentido, logró desarmar a muchos, y en particular a
-sus jueces, quienes no dieron otro fallo sino «que el marqués estaba
-en la obligación de volver a presentarse en las cortes, y de jurar en
-ellas lisa y llanamente así para satisfacer a aquel cuerpo como a la
-nación de cualquiera nota de desacato en que hubiese incurrido...»
-En cumplimiento de esta decisión pasó dicho marqués el 22 de marzo a
-prestar en las cortes el juramento que se le exigía, con lo que se
-terminó un negocio, solo al parecer grave por las circunstancias y
-tiempos en que pasó, y quizá poco atendible en otros, como todo lo que
-se funda en explicaciones y conjeturas acerca del modo de pensar de los
-individuos.</p>
-
-<div class="sidenote">Ciertos<br> acontecimientos<br> ocurridos
-durante<br> la primera<br> regencia y breve<br> noticia de los<br>
-diferentes ramos.</div>
-
-<p>Ahora, antes de proseguir en nuestra tarea, será bien que nos
-detengamos a echar una ojeada sobre varias medidas que tomó la última
-regencia, y sobre acaecimientos que durante su mando ocurrieron, y de
-los que no hemos aún hecho memoria.</p>
-
-<p>En la parte diplomática casi se habían mantenido las mismas
-relaciones. Limitábanse las más importantes a las de Inglaterra,
-cuya potencia había enviado en abril de ministro plenipotenciario
-a Sir Enrique Wellesley, hermano del marqués y de Lord Wellington.
-Consistieron las negociaciones principales en lo que se refería<span
-class="pagenum" id="Page_473">p. 473</span> a subsidios, no habiéndose
-empeñado aún ninguna esencial acerca de las revueltas que iban
-sobreviniendo en ultramar. La Inglaterra, pronta siempre a suministrar
-a España armas, municiones y vestuario, escatimaba los socorros en
-dinero, y al fin los suprimió casi del todo.</p>
-
-<p>Viendo que cesaban los donativos de esta clase, pensose en efectuar
-empréstitos bajo la protección y garantía del mismo gobierno inglés.
-La central había pedido uno de 50.000.000 de pesos que no se realizó:
-la regencia, al principio, otro de 10.000.000 de libras esterlinas
-que tuvo igual suerte; mas como la razón dada para la negativa por el
-gabinete británico se fundó en que la suma era muy cuantiosa, rebajola
-la regencia a 2.000.000. No por eso fue esta demanda en sus resultas
-más afortunada que las anteriores, pues en agosto contestó el ministro
-Wellesley:[*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_13-9"
-id="Ll_13-9">13-9</a>.)</span> «que siendo grandísimos los subsidios
-que había prestado la Inglaterra a España en dinero, armas, municiones
-y vestuario, a fin de que la nación británica apurada ya de medios,
-siguiese prestando a la española los muchos que todavía necesitaba
-para concluir la grande obra en que estaba empeñada, parecía justo
-que en recíproca correspondencia franquease su gobierno el comercio
-directo desde los puertos de Inglaterra con los dominios españoles de
-Indias bajo un derecho de 11 por 100 sobre factura; en el supuesto
-que esta libertad de comercio solo tendría lugar hasta la conclusión
-de la guerra empeñada entonces con la Francia.» Don Eusebio de
-Bardají, ministro de estado, respondió [mereciendo después su réplica
-la aprobación<span class="pagenum" id="Page_474">p. 474</span> del
-gobierno]: «que no podría este admitir la propuesta sin concitar
-contra sí el odio de toda la nación, a la que se privaría, accediendo
-a los deseos del gobierno británico, del fruto de las posesiones
-ultramarinas, dejándola gravada con el coste del empréstito que se
-hacía para su protección y defensa.» Aquí quedaron las negociaciones
-de esta especie, no yendo más adelante otras entabladas sobre
-subsidios.</p>
-
-<div class="sidenote">Monumento<br> mandado erigir<br> por
-las cortes<br> a Jorge III.<br> (* Ap. n. <a href="#Ap_13-10"
-id="Ll_13-10">13-10</a>.)</div>
-
-<p>Las cortes, con todo, para estrechar los vínculos entre ambas
-naciones, resolvieron en 19 de noviembre [*] que «se erigiese un
-monumento público al rey del reino unido de la Gran Bretaña e Irlanda,
-Jorge III, en testimonio del reconocimiento de España a tan augusto
-y generoso soberano.» Lo apurado de los tiempos no permitió llevar
-inmediatamente a efecto esta determinación, y los gobiernos que
-sucedieron a las cortes tampoco la cumplieron, como suele acontecer
-con los monumentos públicos cuya fundación se decreta en virtud de
-circunstancias particulares.</p>
-
-<p>Motejaron algunos a la primera regencia que hubiese permitido
-la entrada de las tropas inglesas en Ceuta, y motejáronla no con
-justicia, puesto que admitidas en Cádiz no había razón para mostrarse
-tan recelosa respecto de la otra plaza. Y bueno es decir que aquella
-regencia tampoco accedía fácilmente en muchos casos a todo lo que los
-extranjeros deseaban. Lo hemos visto en lo del empréstito, y viose
-antes en otro incidente que ocurrió al principiar junio. Entonces el
-embajador Wellesley pidió permiso para que Lord Wellington pudiese
-enviar ingenieros que<span class="pagenum" id="Page_475">p. 475</span>
-fortificasen a Vigo y las islas inmediatas de Bayona, a fin de que el
-ejército inglés tuviese aquel refugio en caso de alguna desgracia que
-le forzase a retirarse del lado de Galicia. Respondió la regencia que
-ya, por orden suya, se estaban fortaleciendo las mencionadas islas, y
-que en cualquiera contratiempo sería recibido allí Lord Wellington y su
-ejército tan bien como en las otras partes del territorio español, y
-con el agasajo y cariño debidos a tan estrechos aliados.</p>
-
-<div class="sidenote">Sigue la relación<br> de algunos<br>
-acontecimientos<br> ocurridos durante<br> la primera<br> regencia.</div>
-
-<p>Púsose igualmente, bajo la dependencia del ministerio de Estado, una
-correspondencia secreta que se organizó en abril, con mayor cuidado
-y diligencia que anteriormente, a las órdenes de Don Antonio Ranz
-Romanillos, magistrado hábil y despierto, quien estableció cordones
-de comunicación por los puntos que ocupaban los enemigos, estando
-informado diaria y muy circunstanciadamente de todo lo que pasaba hasta
-en lo íntimo de la corte del rey intruso.</p>
-
-<p>Por aquí también se despacharon las instrucciones dadas a una
-comisión puesta en el mismo abril a cargo del marqués de Ayerbe.
-Enlazábase esta con la libertad de Fernando VII, y habíase ya tratado
-de ello con el arzobispo de Laodicea, último presidente de la central,
-con el duque del Infantado y el marqués de las Hormazas. Presumimos
-que traía este asunto el mismo origen que el del barón de Kolly, sin
-tener resultas más felices. El de Ayerbe salió de Cádiz en el bergantín
-Palomo, con 2.000.000 de reales, metiose después en Francia, y no
-consiguiendo nada allí, tuvo la desgracia al volver de ser muerto
-en Aragón por unos paisanos<span class="pagenum" id="Page_476">p.
-476</span> que le miraron como a hombre sospechoso.</p>
-
-<p>En junio propuso el gobierno inglés al español entrar en un
-concierto de canje de prisioneros, de que se estaba tratando con
-Francia. Las negociaciones para ello se entablaron, principalmente en
-Morlaix entre Mr. Mackenzie y Mr. de Moustier. Tenían los franceses
-en Inglaterra unos 50.000 prisioneros, y no pasaban de 12.000 los
-ingleses que había en Francia, ya de la misma clase, ya de los
-detenidos arbitrariamente por la policía al empezar las hostilidades
-en 1802. De consiguiente, queriendo el gabinete británico, según un
-proyecto de ajuste que presentó en 23 de septiembre, canjear <i>hombre
-por hombre</i> y <i>grado por grado</i>, hacíase indispensable que
-formasen parte en el convenio España y los demás aliados de Inglaterra.
-Mas Napoleón, que no se curaba de llevar a cabo la negociación sobre
-aquella base, y quizá tampoco bajo otra ninguna admisible, pedía que se
-le volviesen a bulto los prisioneros suyos de guerra en cambio de los
-ingleses, ofreciendo entregar <i>después</i> los prisioneros españoles.
-La negociación, por tanto, continuada sin fruto, se rompió del todo
-antes de finalizar el año de 1810. Y fue en ella de notar lo desvariado
-a veces de la conducta del comisario francés, Mr. de Moustier, que
-quería se considerase prisionero de guerra al ejército inglés de
-Portugal: Mr. de Moustier, el mismo que, tiempos adelante, embajador en
-España de Carlos X de Francia, se mostró muy adicto a las doctrinas del
-más puro y exaltado realismo.</p>
-
-<div class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_13-11"
-id="Ll_13-11">13-11</a>.)</div>
-
-<p>Manejada la hacienda por la junta [*] de Cádiz<span class="pagenum"
-id="Page_477">p. 477</span> desde el 28 de enero, día de su
-instalación, no ofreció aquel ramo en su forma variación sustancial
-hasta el 31 de octubre, en que se rescindió el contrato o arreglo
-hecho con la regencia en 31 de marzo anterior. Las entradas que tuvo
-la junta durante dicho tiempo pasaron de 351.000.000 de reales. De
-ellas, en rentas del distrito, unos 84; en donativos e imposiciones
-extraordinarias de la ciudad, 17; en préstamos y otros renglones
-[inclusas 249.000 libras esterlinas del embajador de Inglaterra], 54;
-y en fin, más de 195 procedentes de América, siendo de advertir que en
-esta cantidad se contaban 27 millones que pertenecían a particulares
-residentes en país ocupado, y de cuya suma se apoderó la junta bajo
-calidad de reintegro: tropelía que cometió sin que la desaprobase la
-regencia, muy contra razón. Invirtiéronse de los caudales recibidos
-más de 92.000.000 en la defensa y atenciones del distrito, más de 146
-en los gastos generales de la nación, y enviáronse a las provincias
-unos 112, en cuya enumeración, así de la data como del cargo, hemos
-suprimido los picos para no recargar inútilmente la narración. Las
-rentas de las demás partes de España se consumieron dentro de su
-respectivo territorio, aprontando los naturales en suministros lo que
-no podían en dinero.</p>
-
-<p>Circunscribiose la primera regencia, en cuanto a crédito público, a
-nombrar en 19 de febrero una comisión de tres individuos que examinase
-el asunto y preparase un informe, encargo que desempeñó cumplidamente
-Don Antonio Ranz Romanillos, sin que se tomase, en su consecuencia,<span
-class="pagenum" id="Page_478">p. 478</span> sobre la materia resolución
-alguna.</p>
-
-<p>En 24 de mayo, antes de entrar el obispo de Orense en la regencia,
-decidió esta que se reservase para las urgencias públicas la mitad
-del diezmo, providencia osada y que no se avenía con el modo de
-pensar de aquel cuerpo en otras cuestiones. Así fue que pasó como
-relámpago, anulándose en breve, y en virtud de representación de varios
-eclesiásticos y prelados.</p>
-
-<p>El ejército, que al tiempo de instalarse la regencia, estaba en
-muchas partes en casi completa dispersión, fuese poco a poco reuniendo.
-En junio contaba ya 140.000 hombres, y creció su número hasta unos
-170.000. No dejó para ello de tomar la regencia sus providencias,
-particularmente en la Isla de León; pero lejos de allí debiose más el
-aumento al espíritu que animaba a los soldados y a la nación entera que
-a enérgicas disposiciones del gobierno central, mal colocado, además,
-para tener un influjo directo y efectivo.</p>
-
-<p>Una de las buenas medidas de esta regencia fue introducir en el
-ejército el estado mayor general. Sugirió la idea Don Joaquín Blake
-cuando mandaba en la Isla. Por medio de dicho establecimiento se
-aseguraron las relaciones mutuas entre todos los ejércitos, y se
-facilitó la combinación de las operaciones, pudiendo todas partir de
-un centro común. Según la antigua ordenanza, desempeñaban aisladamente
-las facultades propias de dicho cuerpo el cuartel maestre y los mayores
-generales de infantería, caballería y dragones, desavenidos a veces
-entre sí. Blake formó el plan que, aprobado por el gobierno,<span
-class="pagenum" id="Page_479">p. 479</span> se circuló en 9 de junio,
-quedando nombrado el mismo general jefe del nuevo estado mayor, plantel
-en lo sucesivo de excelentes y benémeritos militares.</p>
-
-<p>Desde el principio del levantamiento, fija en el ejército toda la
-atención, habíase desatendido la marina, sirviendo en tierra muchos
-de sus oficiales. Pero arrinconado el gobierno en Cádiz, hízose
-indispensable el apoyo de la armada, no queriendo depender del todo de
-la de los ingleses.</p>
-
-<p>Las fragatas y navíos que necesitaban entrar en dique, o no se
-podían armar por falta de tripulaciones, se destinaron a Mahón y
-la Habana. Los otros cruzaron en el Mediterráneo o en el océano, y
-traían o llevaban auxilios de armas, municiones, víveres, caudales y
-aun tropa. Los buques menores y la fuerza sutil, además de defender
-la bahía de Cádiz, la Carraca y los caños de la Isla, contribuían
-a sostener el cabotaje, defendiendo los barcos costaneros de las
-empresas de varios corsarios que se anidaban, con perjuicio de nuestra
-navegación, en Sanlúcar, Málaga y varias calas de la Andalucía.</p>
-
-<p>Por lo que respecta a tribunales, si bien, según dijimos, había la
-regencia restablecido, con gran desacierto, todos los consejos, justo
-es no olvidar que también antes había abolido acertadamente el tribunal
-de vigilancia y seguridad, fundado por la central para los casos de
-infidencia. En 16 de junio desapareció dicha institución, que por haber
-sido comisión criminal extraordinaria merece vituperarse, pasando su
-negociado a la audiencia territorial. Ya manifestamos que los jueces
-de aquel primer cuerpo no<span class="pagenum" id="Page_480">p.
-480</span> se habían mostrado muy rigurosos, siendo quizá menos que
-sus sucesores, quienes condenaron a muerte al abogado Don Domingo
-Rico Villademoros, del tribunal criminal del intruso José, cogido en
-Castilla por una partida, y que en consecuencia de la sentencia dada
-contra su persona padeció en Cádiz la pena de garrote. Doloroso suceso,
-aunque el único que de esta clase hubo por entonces en Cádiz, al paso
-que en Madrid los adictos al gobierno intruso se encrudecían a menudo
-en los patriotas.</p>
-
-<p>Recorrido habemos, ahora y anteriormente, los hechos más notables de
-la primera regencia, y de ellos se colige que esta, a pesar de sus
-defectos y amor a todo lo que era antiguo, no por eso dejó las cosas en
-peor postura de aquella en que las había encontrado; si bien pendió en
-parte tal dicha de la corta duración de su gobierno, y de no poder el
-mal ir más allá a no haberse rendido al enemigo, villanía de que eran
-incapaces los primeros regentes, hombres los más, si no todos, de honra
-y cumplida probidad.</p>
-
-<div class="sidenote">Modo de pensar<br> de los<br> nuevos
-regentes.</div>
-
-<p>Los nuevos regentes se inclinaban al partido reformador. De D.
-Joaquín Blake y de sus calidades como general hemos hablado ya en
-diversas ocasiones; tiempo vendrá de examinar su conducta en el puesto
-de regente. Los otros dos gozaban fama de marinos sabios, en especial
-Don Gabriel Císcar, dotado también de carácter firme, distinguiéndose
-todos tres por su integridad y amor a la justicia.</p>
-
-<div class="sidenote">Varios decretos<br> de las cortes.</div>
-
-<p>Las cortes proseguían sin interrupción en la carrera de
-sus trabajos y reformas. A propuesta<span class="pagenum"
-id="Page_481">p. 481</span> del señor Argüelles, decretaron
-[*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_13-12"
-id="Ll_13-12">13-12</a>.)</span> en 1.º de diciembre que se suspendiese
-el nombramiento de todas las prebendas eclesiásticas, excepto las
-de oficio y las que tuviesen anexa cura de almas. Al principio
-comprendiéronse en la resolución las provincias de ultramar, mas
-después se excluyeron, no queriendo por entonces disgustar al clero
-americano, de mayor influjo entre aquellos pueblos que el de la
-península entre los de acá.</p>
-
-<div class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_13-13"
-id="Ll_13-13">13-13</a>.)</div>
-
-<p>El 2 del mismo mes,[*] en virtud de proposición del señor Gallego,
-rebajáronse los sueldos, mandando que ningún empleado disfrutase de más
-de 40.000 reales vellón, fuera de los regentes, ministros del despacho,
-empleados en cortes extranjeras, y generales del ejército y armada en
-servicio activo. Ya antes se había establecido, hasta para los sueldos
-inferiores a 40.000 reales, una escala de disminución proporcional,
-no cobrando tampoco los secretarios del despacho más allá de 120.000
-reales. Se modificaron alguna vez estas providencias, pero siempre en
-favor de la economía y buen orden, como era justo, y más entonces,
-apurado el erario, y con tantas obligaciones en el ramo de la guerra,
-atendido con preferencia a otro alguno.</p>
-
-<p>Experimentaron alivio en sus persecuciones muchos individuos
-arrestados arbitrariamente por la primera regencia o por los
-tribunales, ordenando que se activasen las causas y que se hiciesen
-visitas de cárceles. Las cortes, en medidas de esta clase, nunca
-mostraron diversidad de opinión. Así, quien primero insistió en la
-visita de cárceles fue el señor Gutiérrez de la<span class="pagenum"
-id="Page_482">p. 482</span> Huerta, expresando que «en ella se
-descubrirían muchos inocentes.» Porque el mal de España no consistía
-precisamente en los fallos crueles y frecuentes, sino en las prisiones
-arbitrarias y en su indefinida prolongación.</p>
-
-<div class="sidenote">Nómbrase una<br> comisión especial<br> para
-formar<br> un proyecto<br> de constitución.</div>
-
-<p>Aunque ocupadas en estas y otras providencias del momento y
-urgentes, no olvidaron tampoco las cortes pensar en aquellas que en
-lo futuro debían afianzar la suerte y libertad de España. Rever las
-franquezas y fueros de que habían gozado antiguamente los diversos
-pueblos peninsulares, mejorándolos, uniformándolos y adaptándolos al
-estado actual de la nación y del mundo, había sido uno de los fines
-de la convocación de cortes y del cual nunca prescindieron estas.
-Por tanto, el 23 de diciembre, y conforme a una propuesta de Don
-Antonio Oliveros hecha el 9, nombrose una comisión<a id="FNanchor_2"
-href="#Footnote_2" class="fnanchor">[2]</a> especial que preparase un
-proyecto de constitución política de la monarquía. En ella entraron
-europeos de las diversas opiniones que había en las cortes y varios
-americanos.</p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_2" href="#FNanchor_2" class="label">[2]</a> Los
-nombrados fueron: europeos, Don Diego Muñoz Torrero, Don Agustín de
-Argüelles, Don José Pablo Valiente, Don Pedro María Ric, Don Francisco
-Gutiérrez de la Huerta, Don Evaristo Pérez de Castro, Don Alonso
-Cañedo, Don José Espiga, Don Antonio Oliveros, Don Francisco Rodriguez
-de la Bárcena; americanos, Don Vicente Morales Duarez, Don Joaquín
-Fernández de Leiva, Don Antonio Joaquín Pérez; y entraron después
-Don Andrés de Jáuregui, diputado por la ciudad de la Habana, y Don
-Mariano Mendiola, por Querétaro. Agregose de fuera a Don Antonio Ranz
-Romanillos, del consejo de hacienda, ocupado ya en Sevilla por la
-central en igual trabajo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="sidenote">Voces acerca<br> de si se casaba<br> o no en
-Francia<br> Fernando VII.</div>
-
-<p>Por el mismo tiempo confundiéronse también<span class="pagenum"
-id="Page_483">p. 483</span> los diferentes y opuestos modos de
-sentir en una discusión ardua, trabada en asunto que de cerca tocaba
-a Fernando VII. De resultas de la correspondencia inserta en el
-<i>Monitor</i> en este año de 1810, en la que había cartas sumisas
-a Napoleón del rey cautivo, esparciose por España que se trataba de
-unir a este con una princesa de la familia imperial, y de restituirle,
-así enlazado, al trono de sus abuelos, bajo la sombra y protección
-del emperador de los franceses, y con condiciones contrarias al honor
-e independencia de la nación. A haberse realizado semejante plan
-siguiéranse consecuencias graves, y quizá por este medio, mejor que por
-ningún otro, hubiera alcanzado el extranjero la completa supeditación
-de España. Mas, por dicha, el proyecto no convenía a la indomeñable
-alma de Napoleón, no sujeto a mudar de consejo ni a alterar una primera
-resolución.</p>
-
-<div class="sidenote">Proposiciones<br> de los señores<br> Capmany<br>
-y Borrull<br> sobre la materia.</div>
-
-<p>Movido de tales voces Don Antonio Capmany, centinela siempre
-despierto contra todo lo que tirase a menoscabar la independencia
-nacional, había en 10 de diciembre formalizado la proposición
-siguiente: «Las cortes generales y extraordinarias, deseosas de elevar
-a ley la máxima de que en los casamientos de los reyes debe tener
-parte el bien de los súbditos, declaman y decretan: Que ningún rey
-de España pueda contraer matrimonio con persona alguna, de cualquiera
-clase, prosapia y condición que sea, sin previa noticia, conocimiento
-y aprobación de la nación española, representada legítimamente en
-las cortes.» También el señor Borrull hizo otra proposición sobre el
-asunto, aunque<span class="pagenum" id="Page_484">p. 484</span> en
-términos más generales, pues decía: «Que se declaren nulos y de ningún
-valor ni efecto cualesquiera actos o convenios que ejecuten los reyes
-de España estando en poder de los enemigos, y puedan causar algún
-perjuicio al reino.»</p>
-
-<p>Amigos de las reformas, los contrarios a ellas, americanos,
-europeos, todos los diputados, en una palabra, concurrieron a dar su
-asenso a la mente, ya que no a la letra, de ambas proposiciones, cuya
-discusión se entabló el 29 de diciembre: unidad hija del amor que había
-por la independencia, ante la cual callaban las demás pasiones.</p>
-
-<div class="sidenote">Discusión.<br> (* Ap. n. <a href="#Ap_13-14"
-id="Ll_13-14">13-14</a>.)</div>
-
-<p>El mismo señor Borrull [*] decía entonces: «En el fuero de Sobrarbe,
-que regía a los aragoneses y navarros, fue establecido que los reyes
-no pudieran declarar guerras, hacer paces, treguas, ni dar empleos sin
-el consentimiento de doce ricos-homes, y de los más sabios y ancianos.
-En Castilla se estableció también, en todas las provincias de aquel
-reino, que los hechos arduos y asuntos graves se hubiesen de tratar en
-las mismas cortes, y así se ejecutaba, y de otro modo eran nulos y de
-ningún valor y efecto semejantes tratados. Así que, atendiendo a la ley
-antigua y fundamental de la nación y a estos hechos, cualquiera cosa
-que resulte en perjuicio del reino debe ser de ningún valor... Esta
-aprobación nacional debe servir siempre a los reyes como una barrera
-contra los esfuerzos extraordinarios de sus enemigos porque, sabiendo
-los reyes que sus caprichos no han de ser admitidos por el estado, se
-abstendrán de entrar en ellos...»</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_485">p. 485</span>De la misma
-bandera anti-liberal que el señor Borrull era Don José Pablo Valiente,
-y, sin embargo, no solo aprobaba las proposiciones sino que deseaba
-fuesen más claras y terminantes. «Podría suceder muy bien, decía,
-que nuestro incauto, sencillo y cándido príncipe, sin la experiencia
-que da el mundo, se presentase con una princesa joven para sentarse
-tranquilamente en el trono. Y entonces las cortes acertarían en
-determinar que no fuese admitido, porque este matrimonio de ningún
-modo puede convenir a España... Sea o no casado Fernando, nunca le
-admitiremos que no sea para hacernos felices...»</p>
-
-<p>Hablaron en igual sentido otros diputados de la misma opinión.
-Los de la contraria, como los señores Argüelles, Oliveros, Gallego y
-otros, pronunciaron también extensos y notables discursos. Entre ellos
-el señor García Herreros se expresaba así: «Desde el principio han
-estado los reyes sujetos a las leyes que les ha dictado la nación...
-Esta les ha prescrito sus obligaciones y les ha señalado sus derechos,
-declarando nulo de antemano cuanto en contrario hagan. La Ley 29, tít.
-11 de la Partida 3.ª dice: <i>si el rey jurase alguna cosa que sea en
-daño o menoscabo del reino, non es tenido de guardar tal jura como
-esta</i>. Siempre ha podido la nación reconvenirles sobre el mal uso
-del poder, y a ese efecto dice la ley 10, tít. 1.º, Partida 2.ª: <i>Que
-si el rey usase mal de su poderío le puedan decir las gentes tirano e
-tornarse el señorío que era de derecho en torticero</i>... Los que se
-escandalizan de oír que la nación tiene derecho<span class="pagenum"
-id="Page_486">p. 486</span> sobre las personas y acciones de sus
-monarcas, y que puede anular cuanto hagan durante su cautiverio,
-repasen los fragmentos de leyes que he citado, lean las leyes
-fundamentales de nuestra monarquía desde su origen, y si aun así no se
-convencen de la soberanía de la nación, de que esta no es patrimonio
-de los reyes, y de que en todos tiempos la ley ha sido superior al
-rey, crean que nacieron para esclavos y que no deben ser miembros de
-esta nación, que jamás reconocerá otras obligaciones que las que ella
-misma se imponga...» Todo este discurso, del cual no copiamos sino una
-parte, llevaba el sello de la rígida y profunda severidad del orador,
-de condición muy desenfadada, claro y desembozado en su estilo, y de
-extensos conocimientos en nuestra legislación e historia de las cortes
-antiguas, como procurador que había sido de los reinos.</p>
-
-<p>No quedaron atrás en la discusión los americanos, compitiendo con
-los europeos en ciencia y resolución, señaladamente los señores Mejía
-y Leiva. Merece asimismo entre ellos particular memoria Don Dionisio
-Inca Yupanqui, diputado por el Perú, verdadero vástago de la antigua y
-real familia de los Incas, pintándose todavía en su rostro el origen
-indiano de donde procedía. Dijo, pues, el Don Dionisio: «Órgano de
-la América y de sus deseos [y en verdad ¿quién podría serlo con más
-justicia?], declaro a las cortes que sin la libertad absoluta del rey
-en medio de su pueblo, la total evacuación de las plazas y territorio
-español, y sin la completa integridad de la monarquía, no oirá la<span
-class="pagenum" id="Page_487">p. 487</span> América proposiciones o
-condiciones del tirano Napoleón, ni dejará de sostener con todo fervor
-los votos y resoluciones de las cortes.»</p>
-
-<p>En fin, después de unos debates muy luminosos, que duraron por
-espacio de cuatro días, y teniendo presentes las proposiciones de
-los señores Capmany y Borrull, y otras indicaciones que se hicieron,
-extendió el señor Pérez de Castro un decreto que se aprobó en
-estos términos el 1.º de enero de 1811: «Las cortes generales y
-extraordinarias, en conformidad de su decreto de 24 de septiembre del
-año próximo pasado, en que declararon nulas y de ningún valor las
-renuncias hechas en Bayona por el legítimo rey de España y de las
-Indias, el señor Don Fernando VII, no solo por falta de libertad, sino
-también por carecer de la esencialísima e indispensable circunstancia
-del consentimiento de la nación, declaran que no reconocerán, y antes
-bien tendrán y tienen por nulo y de ningún valor ni efecto todo acto,
-tratado, convenio o transacción, de cualquiera clase y naturaleza que
-hayan sido o fueren otorgados por el rey mientras permanezca en el
-estado de opresión y falta de libertad en que se halla, ya se verifique
-su otorgamiento en el país enemigo, o ya dentro de España, siempre
-que en este se halle su real persona rodeada de las armas, o bajo el
-influjo directo o indirecto del usurpador de su corona; pues jamás le
-considerará libre la nación, ni le prestará obediencia, hasta verle
-entre sus fieles súbditos, en el seno del congreso nacional que ahora
-existe o en adelante existiere, o del gobierno<span class="pagenum"
-id="Page_488">p. 488</span> formado por las cortes. Declaran, asimismo,
-que toda contravención a este decreto será mirada por la nación como
-un acto hostil contra la patria, quedando el contraventor responsable
-a todo el rigor de las leyes. Y declaran, por último, las cortes
-que la generosa nación a quien representan no dejará un momento las
-armas de la mano, ni dará oídos a proposición de acomodamiento o
-concierto de cualquiera naturaleza que fuese, como no preceda la total
-evacuación de España y Portugal por las tropas que tan inicuamente las
-han invadido; pues las cortes están resueltas, con la nación entera, a
-pelear incesantemente hasta dejar asegurada la religión santa de sus
-mayores, la libertad de su amado monarca y la absoluta independencia e
-integridad de la monarquía.» La votación de este decreto fue nominal,
-y resultó unánime su aprobación por ciento catorce diputados que se
-hallaron presentes, en cuyo número contábanse ya propietarios venidos
-de América. Las cortes, celebrando de este modo entradas de año, puede
-afirmarse, sin parcial ni exagerado afecto, que se encumbraron en
-aquella ocasión a par del senado romano en sus mejores tiempos.</p>
-
-<div class="sidenote">Nuevas<br> discusiones<br> sobre América.</div>
-
-<p>Volvieron durante estos meses a ocupar a las cortes diversas veces
-las provincias de ultramar. Estimulaban a ello sus diputados y el deseo
-de hacer el bien de aquellas regiones, como también el de apagar el
-fuego insurreccional que cundía y se aumentaba.</p>
-
-<p>Llegó al Paraguay y al Tucumán, propagado por Buenos Aires. Lo mismo
-a Chile, en donde<span class="pagenum" id="Page_489">p. 489</span> por
-dicha, haciendo a tiempo dimisión de su empleo el brigadier Carrasco
-que allí mandaba, y reemplazado por el conde de la Conquista, no se
-desconoció la autoridad suprema de la península, aunque ya caminaba
-aquel país por pendiente resbaladiza.</p>
-
-<div class="sidenote">Alborotos en<br> Nueva España.</div>
-
-<p>Más recias y de consecuencias peores aparecieron las revueltas de
-Nueva España. Empezaron ya a temerse desde el tiempo del virrey Don
-José Iturrigaray, a quien depusieron el 16 de septiembre de 1809 los
-europeos avecindados en aquel reino, sospechándole de confabulación
-con los criollos, y autorizados para ello por la audiencia. Y aunque
-es cierto que dicho Iturrigaray fue absuelto de toda culpa en la causa
-que de resultas se le formó en Europa, quedaron, sin embargo, contra él
-en pie vehementísimos indicios de haber querido establecer un gobierno
-independiente, poniéndose él mismo a la cabeza. Nombró la central, para
-suceder a este en el cargo de virrey, al arzobispo Don Francisco Javier
-de Lizana, anciano, débil, y juguete de pasiones ajenas.</p>
-
-<p>El ejemplo que se había dado en desposeer a Iturrigaray, aunque con
-recto fin, la pobreza de ánimo del arzobispo virrey, y por último,
-los desastres de España en 1810, dieron osadía a los descontentos
-para declararse abiertamente en septiembre de este año. Quien primero
-se presentó como caudillo fue un clérigo por lo general desconocido:
-su nombre, Don Miguel Hidalgo de la Costilla, cura de la población
-de Dolores, en los términos de la ciudad de Guanajuato. Instruido en
-las materias de su profesión,<span class="pagenum" id="Page_490">p.
-490</span> no desconocía la literatura francesa, y era hombre sagaz,
-de buen entendimiento y modales cultos. Odió siempre a los españoles,
-y empezó a tramar conspiración después de unas vistas que tuvo con un
-general francés enviado por Napoleón para abogar en favor de su hermano
-José, y a quien prendieron en provincias internas, y llevaron en
-seguida a la ciudad de Méjico.</p>
-
-<p>Hidalgo sublevó a los indios y mulatos, y entró con ellos el 16 de
-septiembre en el pueblo de su feligresía, y obrando de acuerdo con los
-capitanes del provincial de la reina Don Ignacio Allende y Don Juan
-Aldama, llegó a San Miguel el Grande, donde se le unió dicho regimiento
-casi en su totalidad. Engrosado cada día más el cuerpo de Hidalgo,
-prosiguió este adelante «prorrumpiendo en vivas a Fernando VII y muerte
-a los gachupines», nombre que allí se da a los europeos. Llevaban los
-amotinados un estandarte con la imagen de la Virgen de Guadalupe,
-tenida en gran veneración por los indios: obligados los jefes a cubrir
-aquí, como en lo demás de América, sus verdaderos intentos bajo el
-manto de la religión y de fidelidad al rey.</p>
-
-<p>Avanzaron de este modo Hidalgo y sus parciales, consiguiendo en
-breve apoderarse de Guanajuato, una de las poblaciones más ricas y
-opulentas a causa de las minas que en su territorio se labran. El 18
-de octubre extendiéronse los sublevados hasta Valladolid de Mechoacán,
-y reinando en Méjico gran fermentación, parecía casi seguro el triunfo
-de aquellos, si por<span class="pagenum" id="Page_491">p. 491</span>
-entonces, y muy a tiempo, no hubiese aportado de Europa Don Francisco
-Javier Venegas, nombrado virrey en lugar del arzobispo. Tan oportuna
-llegada comprimió el mal ánimo de los descontentos dentro de la ciudad,
-y tomándose para lo de afuera activas providencias, se paró el golpe
-que de tan cerca amagaba.</p>
-
-<p>Hidalgo, viniendo por el camino de Toluca, hallábase ya a 14 leguas
-de Méjico, cuando le salió al encuentro con 1500 hombres el coronel Don
-Torcuato Trujillo, enviado por Venegas; corto número el de su gente si
-se compara con la que acompañaba a Hidalgo, allegadiza en verdad, pero
-que al cabo pudiera llevar ventaja por su muchedumbre a los soldados
-veteranos del jefe español.</p>
-
-<p>Avistáronse ambas partes en el monte de las Cruces, y empeñose vivo
-choque, costoso para todos, y de cuyas resultas el coronel Trujillo,
-aunque victorioso, juzgó prudente, a causa del gran golpe de enemigos,
-retroceder por la noche a Méjico, en donde con su llegada creció en
-unos la zozobra, y en otros renació la esperanza.</p>
-
-<p>De nuevo estaba comprometida la suerte de aquella ciudad, y quizá
-sin remedio, si Don Félix Calleja no la hubiera sacado del apuro. Era
-este jefe comandante de la brigada de San Luis de Potosí, y al saber
-la marcha de Hidalgo sobre Méjico, siguiole la huella con 3000 hombres
-de buenas tropas. No descorazonado por eso el clérigo general, sino
-antes animoso con la retirada de Trujillo del monte de las Cruces,
-revolvió contra Calleja, y encontrole cerca de<span class="pagenum"
-id="Page_492">p. 492</span> Aculco el 7 de noviembre. Trabose desde
-luego pelea entre las fuerzas contrarias, y quedaron los insurgentes
-del todo desbaratados.</p>
-
-<p>Mas poco después, habiéndoseles dado tiempo, se rehicieron, y tuvo
-Calleja que embestirles otra vez y en varias acciones. De estas, la
-principal y que acabó, por decirlo así, con Hidalgo, diose el 17
-de enero de 1811 en el puente llamado de Calderón, provincia de
-Guadalajara. Aquel jefe y sus adherentes tuvieron en consecuencia que
-refugiarse en provincias internas, en donde cogidos el 21 de marzo
-inmediato, mandóseles arcabucear.</p>
-
-<p>Hacia la costa del mar del sur, en la misma Nueva España, apareció
-también otro clérigo llamado Don José María Morelos, ignorante,
-feroz, en sus costumbres estragado y sin recato alguno, pero audaz
-y propio para tales empresas. Con todo, tuvo al fin, si bien largo
-tiempo después, la misma y desgraciada suerte de Hidalgo, habiendo
-él y otros jefes trabajado mucho la tierra, y alimentado el fuego de
-la insurrección, mal encubierto aún en las provincias tranquilas. Lo
-que perjudicó a los levantados de Méjico, y tal vez los perdió por
-entonces, fue que no empezaron su movimiento en la capital, quedando,
-por tanto, en pie para contenerlos la autoridad central de los
-españoles. En Venezuela y Buenos Aires sucedió al contrario, y así
-desde el primer día apareció en aquellas provincias más asegurada la
-causa de los independientes.</p>
-
-<p>La guerra que se encendió en Méjico al tiempo de levantarse Hidalgo,
-fue guerra a muerte<span class="pagenum" id="Page_493">p. 493</span>
-contra los europeos, quienes a su vez procuraron desquitarse. Los
-estragos, de consiguiente, gravísimos, y los daños para España sin cuento,
-pues aumentándose los desembolsos, y disminuyéndose las entradas con
-las turbulencias y con la ruina causada en las minas, sobre todo de
-Guanajuato y Zacatecas, tuvieron que emplearse en aquellos países los
-recursos que de otro modo hubieran venido a Europa para ayuda de la
-guerra peninsular.</p>
-
-<p>Las cortes, aquejadas con los males de América, se esforzaron
-por calmarlos acudiendo a medidas legislativas, que eran las de
-su competencia. Discutiose largamente en diciembre y enero sobre
-dar a ultramar igual representación que a España. Los diputados de
-aquellas provincias pretendieron fuese la concesión para las cortes
-que entonces se celebraban. <span class="sidenote">Decretos<br> en
-favor de<br> aquellos países.</span> Pero atendiendo a que por la
-mayor parte se habían efectuado en ultramar las elecciones hechas
-por los ayuntamientos con arreglo a lo prevenido por la regencia,
-y a que cuando llegasen los elegidos por el pueblo teniendo que
-venir de tan enormes distancias, habrían cesado ya probablemente
-los actuales diputados en su ministerio, ciñose el congreso a
-declarar,[*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_13-15"
-id="Ll_13-15">13-15</a>.)</span> en 9 de febrero de 1811, «que la
-representación americana, en las cortes que en adelante se celebrasen,
-sería enteramente igual en el modo y forma a la que se estableciese
-en la península, debiéndose fijar en la constitución el arreglo de
-esta representación nacional sobre las bases de la perfecta igualdad,
-conforme al decreto de 15 de octubre.»</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_494">p. 494</span>Se mandó asimismo
-entonces que los naturales y habitantes de aquellas regiones pudieran
-cultivar y sembrar cuanto quisieran, pues había frutos como la viña y
-el olivo que estaba prohibido beneficiar. Veda que en muchos parajes
-no se cumplía, y que no era tan rigurosa como la del tabaco en la
-España europea, adoptada en gran parte la última medida en favor de
-los plantíos de aquella producción en América. Diose también opción
-para toda clase de empleos y destinos a los criollos, indios e hijos de
-ambas clases como si fueran europeos.</p>
-
-<p>Tampoco tardó en eximirse a los indígenas de toda la América del
-tributo que pagaban, y aun de abolirse los repartimientos abusivos que
-consentía la práctica en algunos distritos. La misma suerte cupo a la
-<i>mita</i> o trabajo forzado de los indios en las minas, prohibida en
-Nueva España hacía muchos años, y solo permitida en algunas partes del
-Perú.</p>
-
-<p>Así que las cortes decretaron sucesivamente para la América todo
-lo que establecía igualdad perfecta con Europa; pero no decretando
-la independencia poco adelantaron, pues los promovedores de las
-desavenencias nunca, en realidad, se contentaron con menos, ni
-aspiraban a otra cosa.</p>
-
-<div class="sidenote">Providencias<br> en materia<br> de guerra<br> y
-hacienda.</div>
-
-<p>En hacienda y guerra es en lo que en un principio no se ocuparon
-mucho las cortes, y no faltó quien por ello las criticase. Pero
-en estos ramos deben distinguirse las medidas permanentes de las
-transitorias, y que solo reclaman premiosas circunstancias. Las
-primeras requieren tiempo y madurez para escoger las más<span
-class="pagenum" id="Page_495">p. 495</span> convenientes, teniendo que
-ajustar las alteraciones a antiguos hábitos, señaladamente en materia
-de contribuciones, en las que hay que chocar con los intereses de todas
-las clases sin excepción, y con intereses a que el hombre suele estar
-muy apegado.</p>
-
-<p>Las segundas toca en especial el promoverlas a la potestad
-ejecutiva: ella conoce las necesidades, y en ella residen los datos
-y la razón de las entradas y salidas. El tener entendido la primera
-regencia que sería pronto removida, no la estimuló a ocuparse con
-ahínco en el asunto, y la que le sucedió en el mando, no hallándose,
-digámoslo así, del todo formada hasta primeros de enero, por ausencia de
-dos de los regentes, no pudo tampoco al principio poner en ello toda
-la diligencia necesaria. Además, pedía tiempo el penetrarse del estado
-del ejército, del de los pueblos y de su gobernación; tarea no fácil ni
-breve, si se atiende a la ocupación enemiga, a los desórdenes que eran
-como indispensable consecuencia, y al estrecho campo que a veces había
-para trazar planes de medios y recursos.</p>
-
-<p>Sin embargo, no se descuidaron ambos ramos al punto que algunos han
-afirmado. En 15 de noviembre ya autorizaron las cortes a la nueva
-regencia para levantar 80.000 hombres que sirviesen de aumento al
-ejército, tomando oportunas disposiciones sobre el modo e igualdad de
-los alistamientos.</p>
-
-<p>Fomentose también por una ley la fabricación de fusiles, con
-otras providencias respecto de lo demás del armamento y municiones.
-Las<span class="pagenum" id="Page_496">p. 496</span> fábricas de la
-frontera, las de Aragón, Granada y otras partes las había destruido el
-enemigo. La central no había pensado en trasladar a tiempo el parque de
-artillería de Sevilla, ni su maestranza, ni su fundición, ni la sala
-de armas. Los ingleses suministraron muchos de estos artículos, pero
-aún no bastaban. El patriotismo de los españoles, el de sus juntas, el
-de la primera regencia, el de las sucesivas y las resoluciones de las
-cortes suplieron la falta. Se estableció de nuevo en la Isla de León un
-parque de artillería y una maestranza, y se habilitaron en la Carraca
-algunos talleres. Se fabricaron fusiles en Jubia y en el arsenal del
-Ferrol, lo mismo en las orillas del Eo, entre Galicia y Asturias,
-en el señorío de Molina y otros parajes, algunos casi inaccesibles,
-estableciéndose en ellos fábricas volantes de armas, de municiones y
-de todo género de pertrechos, que mudaban de sitio al aproximarse el
-enemigo.</p>
-
-<p>En el ramo de hacienda, además de las providencias económicas que
-hemos referido, y otras que por su menudencia omitimos, mandaron las
-cortes que se reuniesen en una sola tesorería general los caudales de
-la nación, que distribuyéndose antes por más de un conducto, íbanse o
-se extravasaban en menoscabo del erario.</p>
-
-<div class="sidenote">Cierran las cortes<br> sus sesiones<br> en la
-Isla.</div>
-
-<p>Tales fueron los principales trabajos de las cortes y sus
-discusiones en los primeros meses de su instalación, y en tanto que
-permanecieron en la Isla, en donde cerraron sus sesiones el 20 de
-febrero de 1811, para volverlas a abrir en Cádiz el 24 del mismo
-mes.</p>
-
-<div class="sidenote">Fiebre amarilla.</div>
-
-<p>Desde el 6 de octubre habían pensado trasladarse<span
-class="pagenum" id="Page_497">p. 497</span> a dicha ciudad, como más
-populosa, más bien resguardada y de mayores recursos. Suspendieron
-tomar resolución en el caso por la fiebre amarilla, o sea vómito
-prieto, que se manifestó en aquel otoño: terrible azote que en 1800
-y 1804 había esparcido en Cádiz y otros pueblos de la Andalucía y
-costa de levante la desolación y la muerte. No había desde entonces
-vuelto a aparecer en Cádiz, a lo menos de un modo sensible, y solo en
-este año de 1810 repitió sus estragos. Haya sido o no esta enfermedad
-introducida de las Antillas, en lo que todavía no andan conformes
-los facultativos de mayor nombradía, contribuyó mucho ahora a su
-aparecimiento y propagación la presencia de los forasteros que a la
-sazón se agolparon a Cádiz con motivo de la invasión de las Andalucías;
-en cuyas personas pegó el azote con extrema saña, pues los naturales
-estaban más avezados a sus golpes, ya por haber pasado antes la
-enfermedad, ya por haber nacido o criádose en ambiente impregnado de
-tan funestos miasmas. La epidemia picó también en Cartagena y otros
-puntos, por fortuna apenas cundió a la Isla. Hubo de ello al principio
-agudos temores a causa del ejército; pero no siendo numerosa aquella
-población, ni apiñada, y hallándose oreada bastantemente por medio de
-sus anchurosas calles, mantúvose en estado de sanidad. En cuanto a la
-tropa, acampada en parajes bañados por corrientes atmosféricas muy
-puras, gran preservativo de tal plaga, gozó de igual o mayor beneficio.
-De los moradores o residentes en la Isla, los que padecieron la
-enfermedad cogiéronla<span class="pagenum" id="Page_498">p. 498</span>
-en viajes que hacían a Cádiz, cuya aserción podríamos atestiguar por
-experiencia propia. La fiebre, conforme a su costumbre, duró tres
-meses: empezó a descubrirse en septiembre, tomó en octubre grande
-incremento, y desapareció del todo al acabar de diciembre.</p>
-
-<div class="sidenote">Fin de este libro.</div>
-
-<p>Rodeaban, por tanto, en su cuna a la libertad española la guerra, las
-epidemias y otros humanos padecimientos, como para acostumbrarla a los
-muchos y nuevos que la afligirían según fuera prosperando, y antes de
-que afianzase en el suelo peninsular su augusto y perpetuo imperio.</p>
-
-
-<div class="tit pt3" id="Apend">
- <hr class="chap">
- <p><span class="pagenum" id="Page_i">p. i</span></p>
- <div class="figcenter">
- <img class="thick"
- style="width: 14em; height: auto;"
- src="images/apendices.jpg"
- alt="Portada de los apéndices">
- </div>
- <p class="fs150 lh200 g0 mt05">APÉNDICES</p>
- <p class="fs120 lh200 negr ws1">AL TOMO TERCERO.</p>
- <hr class="chap">
-</div>
-
-
-<div class="chapter">
- <p><span class="pagenum" id="Page_iii">p. iii</span></p>
- <div class="figcenter">
- <img style="width: 26em; height: auto;"
- src="images/doble_filete.jpg"
- alt="Filete ornamental">
- </div>
- <h2 class="nobreak fs200 lh200 negr mt1" title="Apéndice del Libro Noveno.">APÉNDICE</h2>
- <p class="centra smaller lh200">DEL</p>
- <p class="centra fs150 lh200 g1 ws1">LIBRO NOVENO.</p>
- <div class="figcenter mt05">
- <img style="width: 8em; height: auto;"
- src="images/separa5.jpg"
- alt="Motivo ornamental">
- </div>
-</div>
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_9-1" id="Ap_9-1">9-1</a>.</h3>
-
-<p class="ti0"><i><span class="prim"><span
-class="gran">N</span>ota</span> pasada por Mr. Canning, ministro de
-relaciones exteriores de S. M. B., a Don Martín de Garay, secretario de
-estado y de la junta, fecha en Londres, a 20 de julio de 1809. Véase
-el manifiesto de la junta central, ramo diplomático, documento núm.
-141.</i></p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_9-2" id="Ap_9-2">9-2</a>.</h3>
-
-<p class="centra g2">SEVILLA.</p>
-
-<p class="centra mt05"><i>Real decreto de S. M.</i></p>
-
-<p class="mt05">El pueblo español debe salir de esta sangrienta lucha
-con la certeza de dejar a su posteridad una herencia de prosperidad
-y de gloria, digna de sus prodigiosos esfuerzos y de la sangre que
-vierte. Nunca la junta suprema ha perdido de vista este objeto que,
-en<span class="pagenum" id="Page_iv">p. iv</span> medio de la
-agitación continua causada por los sucesos de la guerra, ha sido
-siempre su principal deseo. Las ventajas del enemigo, debidas menos a
-su valor que a la superioridad de su número, llamaban exclusivamente
-la atención del gobierno; pero al mismo tiempo hacían más amarga y
-vehemente la reflexión de que los desastres que la nación padece
-han nacido únicamente de haber caído en olvido aquellas saludables
-instituciones que, en tiempos más felices, hicieron la prosperidad y la
-fuerza del estado.</p>
-
-<p>La ambición usurpadora de los unos, el abandono indolente de los
-otros las fueron reduciendo a la nada, y la junta, desde el momento
-de su instalación, se constituyó solemnemente en la obligación
-de restablecerlas. Llegó ya el tiempo de aplicar la mano a esta
-grande obra, y de meditar las reformas que deben hacerse en nuestra
-administración, asegurándolas en las leyes fundamentales de la
-monarquía que solas pueden consolidarlas, y oyendo para el acierto,
-como ya se anunció al público, a los sabios que quieran exponerla sus
-opiniones.</p>
-
-<p>Queriendo, pues, el rey nuestro señor, Don Fernando VII, y en su
-real nombre la junta suprema gubernativa del reino, que la nación
-española aparezca a los ojos del mundo con la dignidad debida a sus
-heroicos esfuerzos; resuelta a que los derechos y prerrogativas de los
-ciudadanos se vean libres de nuevos atentados, y a que las fuentes de
-la felicidad pública, quitados los estorbos que hasta ahora las han
-obstruido, corran libremente luego que cese la guerra, y reparen cuanto
-la arbitrariedad inveterada ha agostado y la devastación presente ha
-destruido, ha decretado lo que sigue:</p>
-
-<p>1.º&nbsp; Que se restablezca la representación legal y conocida de
-la monarquía en sus antiguas cortes, convocándose las primeras en todo
-el año próximo, o antes si las circunstancias lo permitieren.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_v">p. v</span>2.º&nbsp; Que la junta
-se ocupe al instante del modo, número y clase con que, atendidas las
-circunstancias del tiempo presente, se ha de verificar la concurrencia
-de los diputados a esta augusta asamblea; a cuyo fin nombrará una
-comisión de cinco vocales que, con toda la atención y diligencia que
-este gran negocio requiere, reconozcan y preparen todos los trabajos y
-planes, los cuales, examinados y aprobados por la junta, han de servir
-para la convocación y formación de las primeras cortes.</p>
-
-<p>3.º&nbsp; Que además de este punto, que por su urgencia llama el
-primer cuidado, extienda la junta sus investigaciones a los objetos
-siguientes, para irlos proponiendo sucesivamente a la nación junta en
-cortes. — Medios y recursos para sostener la santa guerra en que, con la
-mayor justicia, se halla empeñada la nación hasta conseguir el glorioso
-fin que se ha propuesto. — Medios de asegurar la observancia de las
-leyes fundamentales del reino. — Medios de mejorar nuestra legislación,
-desterrando los abusos introducidos y facilitando su perfección. —
-Recaudación, administración y distribución de las rentas del estado. —
-Reformas necesarias en el sistema de instrucción y educación pública.
-— Modo de arreglar y sostener un ejército permanente en tiempo de paz
-y de guerra, conformándose con las obligaciones y rentas del estado. —
-Modo de conservar una marina proporcionada a las mismas. — Parte que
-deban tener las Américas en las juntas de cortes.</p>
-
-<p>4.º&nbsp; Para reunir las luces necesarias a tan importantes
-discusiones, la junta consultará a los consejos, juntas superiores
-de las provincias, tribunales, ayuntamientos, cabildos, obispos y
-universidades, y oirá a los sabios y personas ilustradas.</p>
-
-<p>5.º&nbsp; Que este decreto se imprima, publique y circule con
-las formalidades de estilo, para que llegue a noticia de toda la
-nación.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_vi">p. vi</span>Tendréislo entendido
-y dispondréis lo conveniente para su cumplimiento. — El marqués de
-Astorga, presidente. — Real Alcázar de Sevilla, 22 de mayo de 1809. — A
-Don Martín de Garay.</p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_9-3"
-id="Ap_9-3">9-3</a>.</h3>
-
-<p>Los pocos días que pasaron en Jaraicejo los ingleses no tuvieron
-grande escasez, pues se les suministró bastante pan y abundó el ganado.
-Así lo dice, y con las siguientes palabras, Lord Londonderry, testigo
-no sospechoso para los ingleses: «During the first few days of our
-sojourn at Jaraicejo we were tolerably well supplied with bread; and
-cattle being plenty, we had no cause to complain...» (<i>Narrative of
-the peninsular war</i>) <i>vol. 1.º, Ch. 17, pág. 431.</i></p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop">
-
-
-<div class="chapter">
- <p><span class="pagenum" id="Page_vii">p. vii</span></p>
- <div class="figcenter">
- <img style="width: 26em; height: auto;"
- src="images/doble_filete.jpg"
- alt="Filete ornamental">
- </div>
- <h2 class="nobreak fs200 lh200 negr mt1" title="Apéndice del Libro Décimo.">APÉNDICE</h2>
- <p class="centra smaller lh200">DEL</p>
- <p class="centra fs150 lh200 g1 ws1">LIBRO DÉCIMO.</p>
- <div class="figcenter mt05">
- <img style="width: 8em; height: auto;"
- src="images/separa5.jpg"
- alt="Motivo ornamental">
- </div>
-</div>
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_10-1" id="Ap_10-1">10-1</a>.</h3>
-
-<p class="subh3"><i><span class="prim"><span
-class="gran">P</span>recios</span> de los comestibles en la plaza
-de Gerona durante el sitio de 1809, desde el más módico hasta
-el más subido, según crecía la escasez y la imposibilidad de
-introducirlos.</i></p>
-
-<table class="errata">
- <tr>
- <td>&nbsp;</td>
- <td class="tdl bb">Precios módicos.</td>
- <td class="tdl bb">Precios subidos.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl pt05">Tocino fresco la onza.</td>
- <td class="tdl pt05">2 cuartos.</td>
- <td class="tdl pt05">10 cuartos.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl">Vaca, la libra de 36 onzas.</td>
- <td class="tdl">27 cuartos.</td>
- <td class="tdl">Idem.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl">Carne de caballo la libra de id.</td>
- <td class="tdl">40 cuartos.</td>
- <td class="tdl">Idem.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl">Idem de mulo.</td>
- <td class="tdl">40 cuartos.</td>
- <td class="tdl">Idem.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl">Una gallina.</td>
- <td class="tdl">14 rs. vn. efect.</td>
- <td class="tdl">16 duros.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl">Un gorrión.</td>
- <td class="tdl">2 cuartos.</td>
- <td class="tdl">4 rs. vn. efect.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl">Una perdiz.</td>
- <td class="tdl">12 rs. vn. efect.</td>
- <td class="tdl">80 rs. vn. efect.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl">Un pichón.</td>
- <td class="tdl">6 rs. vn. efect.</td>
- <td class="tdl">40 rs. vn. efect.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl">Un ratón.</td>
- <td class="tdl">1 rl. vn. efect.</td>
- <td class="tdl">5 rs. vn. efect.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl">Un gato.</td>
- <td class="tdl">8 rs. vn.</td>
- <td class="tdl">30 rs. vn.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><span class="pagenum" id="Page_viii">p. viii</span>Un lechón.</td>
- <td class="tdl">40 rs. vn.</td>
- <td class="tdl">200 rs. vn.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl">Bacalao la libra.</td>
- <td class="tdl">18 cuartos.</td>
- <td class="tdl">32 rs. vn.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl">Pescado del río Ter la libra.</td>
- <td class="tdl">4 rs. vn.</td>
- <td class="tdl">36 rs. vn.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl">Aceite la medida.</td>
- <td class="tdl">20 cuartos.</td>
- <td class="tdl">24 rs. vn.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl">Huevos la docena.</td>
- <td class="tdl">24 cuartos.</td>
- <td class="tdl">96 rs. vn.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl">Arroz la libra.</td>
- <td class="tdl">12 cuartos.</td>
- <td class="tdl">32 rs. vn.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl">Café la libra.</td>
- <td class="tdl">8 rs. vn.</td>
- <td class="tdl">24 rs. vn.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl">Chocolate la libra.</td>
- <td class="tdl">16 rs. vn.</td>
- <td class="tdl">64 rs. vn.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl">Queso la libra.</td>
- <td class="tdl">4 rs. vn.</td>
- <td class="tdl">40 rs. vn.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl">Pan la libra.</td>
- <td class="tdl">6 cuartos.</td>
- <td class="tdl">8 rs. vn.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl">Una galleta.</td>
- <td class="tdl">4 cuartos.</td>
- <td class="tdl">8 rs. vn.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl">Trigo candeal la cuartera.</td>
- <td class="tdl">80 rs. vn.</td>
- <td class="tdl">112 rs. vn.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl">Id. mezclado la cuartera.</td>
- <td class="tdl">64 rs. vn.</td>
- <td class="tdl">96 rs. vn.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl">Cebada la cuartera.</td>
- <td class="tdl">30 rs. vn.</td>
- <td class="tdl">56 rs. vn.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl">Habas la cuartera.</td>
- <td class="tdl">48 rs. vn.</td>
- <td class="tdl">80 rs. vn.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl">Azúcar la libra.</td>
- <td class="tdl">4 rs. vn.</td>
- <td class="tdl">24 rs. vn.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl">Velas de sebo la libra.</td>
- <td class="tdl">4 rs. vn.</td>
- <td class="tdl">10 rs. vn.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl">Id. de cera la libra.</td>
- <td class="tdl">12 rs. vn.</td>
- <td class="tdl">32 rs. vn.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl">Leña el quintal.</td>
- <td class="tdl">5 rs. vn.</td>
- <td class="tdl">48 rs. vn.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl">Carbón la arroba.</td>
- <td class="tdl">3½ rs. vn.</td>
- <td class="tdl">40 rs. vn.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl">Tabaco la libra.</td>
- <td class="tdl">24 rs. vn.</td>
- <td class="tdl">100 rs. vn.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl">Por moler una cuartera de trigo.</td>
- <td class="tdl">3 rs. vn.</td>
- <td class="tdl">80 rs. vn.</td>
- </tr>
-</table>
-
-<p class="mt05">Gerona 10 de diciembre de 1809. — Epifanio Ignacio de
-Ruiz.</p>
-
-
-<p class="subh3c"><i>Notas.</i></p>
-
-<p>1.ª&nbsp; Los precios de las carnes no fueron alterados, por
-disposición del gobierno, mientras duraron.</p>
-
-<p>2.ª&nbsp; Los demás artículos seguían el precio que ocasionaba la
-escasez, y muchos de ellos variaban según las introducciones, y aquí
-solo se han figurado los precios regulares al principio del sitio, y
-los más subidos y corrientes en su largo discurso; habiéndose visto el
-gobierno precisado a permitir el precio que querían fijar a los víveres
-los que los introducían a lomo y en cortas cantidades, pasando las
-líneas del enemigo, atendidos los riesgos que probaban en la entrada y
-salida<span class="pagenum" id="Page_ix">p. ix</span> de la plaza, y
-la pena de muerte que sufrían en caso de ser habidos.</p>
-
-<p>3.ª&nbsp; No obstante de haberse figurado el precio de todos los
-artículos arriba expresados, muchos de ellos solo podían conseguirse
-casualmente en los días que había alguna introducción. Mataró 22 de
-diciembre de 1809. — Epifanio Ignacio de Ruiz. — Don Epifanio Ignacio
-de Ruiz, capitán de la 3.ª compañía de la Cruzada Gerundense, comisario
-de guerra de los reales ejércitos. — Certifico: que desde 1.º de
-agosto de 1809 hasta el 10 de diciembre del mismo, en que capituló la
-plaza de Gerona, en virtud de orden del intendente de provincia Don
-Carlos Beramendi, ministro principal de hacienda y guerra de ella,
-tuve confiada la inspección del ramo de víveres, y que los precios que
-están continuados en la antecedente relación son los corrientes en la
-citada plaza durante su último sitio. Mataró 22 de diciembre de 1809. —
-Epifanio Ignacio de Ruiz.</p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_10-2"
-id="Ap_10-2">10-2</a>.</h3>
-
-<p class="subh3"><i>Capitulación de la ciudad de Gerona y fuertes
-correspondientes, firmada el 10 de diciembre de 1809, a las 7 de la
-noche.</i></p>
-
-<p><span class="sc">Art.</span> 1.º La guarnición saldrá con los
-honores de la guerra, y entrará en Francia como prisionera de guerra. —
-2.º Todos los habitantes serán respetados. — 3.º La religión católica
-continuará en ser observada por los habitantes y será protegida. — 4.º
-Mañana, a las ocho y media de ella, la puerta del Socorro y la del
-Areny serán entregadas a las tropas francesas, así como las de los
-fuertes. — 5.º Mañana, 11 de diciembre, a las ocho y media de ella,
-la guarnición saldrá de la plaza y desfilará por la puerta del Areny.
-— Los soldados pondrán sus armas sobre el glacis. — 6.º Un oficial de
-artillería, otro de ingenieros y un comisario de guerra entrarán<span
-class="pagenum" id="Page_x">p. x</span> al momento en que se tomará
-posesión de las puertas de la ciudad para recibir la entrega de los
-almacenes, mapas, planos, etc. Fecho en Gerona, a las 7 de la noche, a
-10 de diciembre de 1809. — Julián de Bolívar. — Isidro de la Mata. —
-Blas de Furnás. — José de la Iglesia. — Guillermo Minali. — Guillermo
-Nasch. — El general en jefe del estado mayor general del 7.º cuerpo.
-— Rey. — Aprobado por nos, el mariscal del imperio, comandante en
-jefe del 7.º cuerpo del ejército de España. — Augereau, duque de
-Castiglione. — Yo, brigadier de los reales ejércitos, encargado de
-los poderes del gobernador interino de la plaza de Gerona, Don Julián
-de Bolívar, y de la junta militar, certifico: que la capitulación
-antecedente es conforme a la original firmada con la fecha que expresa.
-— Blas de Furnás. — El general en jefe del estado mayor general del 7.º
-cuerpo del ejército de España. — Rey. — Lugar del Sello.</p>
-
-
-<p class="subh3c"><i>Notas adicionales a la capitulación de la plaza de
-Gerona.</i></p>
-
-<p>Que la guarnición francesa que esté en la plaza esté acuartelada
-y no alojada por las casas, e igualmente que los oficiales deben
-presentarse, procurándose su posada, pagándoseles el tanto que se
-pagaba de utensilio a la guarnición española. — Que todos los papeles
-del gobierno queden depositados en el archivo del ayuntamiento, sin
-poder ser extraviados, ni extraídos ni quemados. — Que a los que
-habrán sido vocales o empleados en las juntas en tiempo de esta guerra
-de opinión, no les sirva de nota ni perjuicio alguno en sus ascensos
-y carreras, quedando igualmente salvas y respetadas las personas,
-propiedades y haberes. — Que a los forasteros que se hallan dentro de
-la plaza, por expatriación u otra causa, tanto si han sido vocales
-o empleados de las juntas como no, se les permitirá restituirse a
-sus<span class="pagenum" id="Page_xi">p. xi</span> casas con su
-equipaje y haberes. — Que cualquiera vecino que quiera salirse de la
-ciudad y trasladarse a otra se le permita, llevándose su equipaje y
-haberes, quedándoles salvas las propiedades, caudales y efectos en
-aquella ciudad. — Yo, brigadier de los reales ejércitos, certifico:
-que las notas antecedentes habiendo sido presentadas al Excmo. Sr.
-general en jefe del ejército francés, se han aprobado en su contenido
-en cuanto no se opongan a las leyes generales del reino, y a la policía
-establecida en los ejércitos. Fornells, 10 de diciembre de 1809. — Blas
-de Furnás. — Visto por nosotros, etc.</p>
-
-
-<p class="subh3"><i>Notas adicionales y particulares aprobadas por
-el Excmo. Sr. duque de Castiglione, mariscal del imperio, comandante
-en jefe del 7.º cuerpo del ejército de España, convenidas entre el
-Sr. general de brigada, jefe del estado mayor general del sobredicho
-cuerpo del ejército, comandante de la legión de honor, y el Sr. Don
-Blas de Furnás, brigadier de los ejércitos españoles.</i></p>
-
-<p><span class="sc">Art.</span> 1.º Un teniente o subteniente elegido
-entre los oficiales del ejército español estará autorizado con
-pasaportes para pasar al ejército de observación español, y llevar a
-su general comandante en jefe la capitulación de la plaza y de los
-fuertes de Gerona, solicitando se sirva disponer el pronto canje de
-los oficiales y soldados de la guarnición de Gerona y sus fuertes
-contra igual número de oficiales y soldados franceses detenidos
-en las islas de Mallorca y otros destinos. S. E. el Sr. duque de
-Castiglione, comandante en jefe del ejército, promete que dicho canje
-se verificará luego que el general en jefe del ejército español le
-habrá dado a conocer el día en que aquellos prisioneros habrán llegado
-a uno de los puertos de Francia para el referido canje. — <span
-class="sc">Art.</span> 2.º En los tres días<span class="pagenum"
-id="Page_xii">p. xii</span> que seguirán a la rendición de la plaza de
-Gerona, el Ilmo. Sr. obispo de dicha ciudad quedará autorizado para dar
-a los sacerdotes que están bajo sus órdenes los pasaportes que pidan
-para pasar a las villas en las que tenían su domicilio anterior, para
-quedar y vivir en él, según lo deben unos ministros de paz, bajo la
-protección de las leyes que rigen en España. — El general en jefe del
-estado mayor general del séptimo cuerpo del ejército de España. — Rey.
-— Blas de Furnás. — Yo brigadier de los reales ejércitos encargado
-de los poderes del gobernador interino de la plaza de Gerona, Don
-Julián de Bolívar, y de la junta militar, certifico: que los artículos
-antecedentes son traducidos fielmente del original en 10 de diciembre
-de 1809. — Blas de Furnás. — Le général en chef de l’état major general
-du septième corps de l’armée d’ Espagne. — Rey. — Lugar del sello.</p>
-
-
-<p class="subh3c"><i>Nota adicional a la capitulación de la plaza de
-Gerona.</i></p>
-
-<p>Los empleados en el ramo político de guerra son declarados libres,
-como no combatientes, y pueden pedir un pasaporte con sus equipajes
-para donde gusten. Estos son el intendente, comisarios de guerra,
-empleados en hospitales y provisiones, y médicos y cirujanos del
-ejército. — Yo, brigadier de los reales ejércitos, certifico: que la
-nota precedente habiendo sido presentada al Excmo. Sr. general en jefe
-del ejército francés, queda aprobada. Fornells, 10 de diciembre de
-1809. — Blas de Furnás. — Don Blas de Furnás, brigadier de los reales
-ejércitos, certifico: que la copia antecedente de la capitulación hecha
-en Gerona, y notas adicionales, es en todo su contenido conforme a los
-originales firmados por mí; y para que conste, doy la presente en la
-plaza de Gerona, a 12 de diciembre de 1809. — Blas de Furnás.</p>
-
-<h3><span class="pagenum" id="Page_xiii">p. xiii</span><span
-class="sc">Número</span> <a href="#Ll_10-3" id="Ap_10-3">10-3</a>.</h3>
-
-<p class="subh3"><i>Entre los documentos originales y de oficio que
-acerca de la muerte del gobernador Álvarez hemos tenido a la vista, uno
-de los más curiosos es el siguiente:</i></p>
-
-<p>Excmo. Sr. — Por el oficio de V. E. de 26 de febrero próximo pasado,
-que acabo de recibir, veo ha hecho V. E. presente al supremo consejo de
-regencia de España e Indias el contenido de mi papel de 4 del mismo,
-relativo al fallecimiento del Excmo. Sr. Don Mariano Álvarez, digno
-gobernador de la plaza de Gerona; y que en su vista se ha servido S.
-M. resolver procure apurar cuanto me sea posible la certeza de la
-muerte de dicho general, avisando a V. E. lo que adelante, a cuya
-real orden daré el cumplimiento debido, tomando las más eficaces
-disposiciones para descubrir el pormenor y la verdad de un hecho tan
-horroroso; pudiendo asegurar entre tanto a V. E., por declaración de
-testigos oculares, la efectiva muerte de este héroe en la plaza de
-Figueras, adonde fue trasladado desde Perpiñán, y donde entró sin grave
-daño en su salud, y compareció cadáver, tendido en una parihuela,
-al siguiente día, cubierto con una sábana, la que, destapada por la
-curiosidad de varios vecinos y del que me dio el parte de todo, puso
-de manifiesto un semblante cárdeno e hinchado, denotando que su muerte
-había sido la obra de breves momentos; a que se agrega que el mismo
-informante encontró poco antes, en una de las calles de Figueras, a
-un llamado Rovireta, y por apodo el fraile de S. Francisco, y ahora
-canónigo dignidad de Gerona, nombrado por nuestros enemigos, quien
-marchaba apresuradamente hacia el castillo, adonde dijo «iba corriendo
-a confesar al Sr. Álvarez porque debía en breve morir.» — Todo lo
-que pongo en noticia de V. E. para que haga<span class="pagenum"
-id="Page_xiv">p. xiv</span> de ello el uso que estime por conveniente.
-Dios guarde a V. E. muchos años. Tortosa, 31 de marzo de 1810. — Excmo.
-Sr. — Carlos de Beramendi. — Excmo. Sr. marqués de las Hormazas.</p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_10-4"
-id="Ap_10-4">10-4</a>.</h3>
-
-<p class="subh3"><i>Léase el manifiesto de la junta central — sección
-2.ª, ramo diplomático, — pág. 6.</i></p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop">
-
-
-<div class="chapter">
- <p><span class="pagenum" id="Page_xv">p. xv</span></p>
- <div class="figcenter">
- <img style="width: 26em; height: auto;"
- src="images/doble_filete.jpg"
- alt="Filete ornamental">
- </div>
- <h2 class="nobreak fs200 lh200 negr mt1" title="Apéndice del Libro Undécimo.">APÉNDICE</h2>
- <p class="centra smaller lh200">DEL</p>
- <p class="centra fs150 lh200 g1 ws1">LIBRO UNDÉCIMO.</p>
- <div class="figcenter mt05">
- <img style="width: 8em; height: auto;"
- src="images/separa5.jpg"
- alt="Motivo ornamental">
- </div>
-</div>
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_11-1" id="Ap_11-1">11-1</a>.</h3>
-
-<p>Τὸν τῶν εὐσεβῶν ἔπλασε χῶρον καὶ τὸ Ἠλύσιον πεδίον.
-(<span class="sc">Strab.</span>, Lib. 3.)</p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_11-2"
-id="Ap_11-2">11-2</a>.</h3>
-
-<p class="subh3"><i>El Rey, y a su nombre la suprema junta central
-gubernativa de España e Indias.</i></p>
-
-<p>Como haya sido uno de mis primeros cuidados congregar la nación
-española en cortes generales y extraordinarias, para que, representada
-en ellas por individuos y procuradores de todas las clases, órdenes
-y pueblos del estado, después de acordar los extraordinarios medios
-y recursos que son necesarios para rechazar al enemigo que tan
-pérfidamente la ha invadido, y con tan horrenda crueldad va desolando
-algunas de sus provincias, arreglase con la debida deliberación<span
-class="pagenum" id="Page_xvi">p. xvi</span> lo que más conveniente
-pareciese para dar firmeza y estabilidad a la constitución, y el orden,
-claridad y perfección posibles a la legislación civil y criminal del
-reino, y a los diferentes ramos de la administración pública; a cuyo
-fin mandé, por mi real decreto de 13 del mes pasado, que la dicha mi
-junta central gubernativa se trasladase desde la ciudad de Sevilla a
-esta villa de la Isla de León, donde pudiese preparar más de cerca, y
-con inmediatas y oportunas providencias la verificación de tan gran
-designio; considerando:</p>
-
-<p>1.º&nbsp; Que los acaecimientos que después han sobrevenido, y las
-circunstancias en que se halla el reino de Sevilla por la invasión del
-enemigo, que amenaza ya los demás reinos de Andalucía, requieren las
-más prontas y enérgicas providencias.</p>
-
-<p>2.º&nbsp; Que, entre otras, ha venido a ser en gran manera necesaria
-la de reconcentrar el ejercicio de toda mi autoridad real en pocas y
-hábiles personas que pudiesen emplearla con actividad, vigor y secreto
-en defensa de la patria; lo cual he verificado ya por mi real decreto
-de este día, en que he mandado formar una regencia de cinco personas,
-de bien acreditados talentos, probidad y celo público.</p>
-
-<p>3.º&nbsp; Que es muy de temer que las correrías del enemigo por
-varias provincias, antes libres, no hayan permitido a mis pueblos hacer
-las elecciones de diputados a cortes con arreglo a las convocatorias
-que les hayan sido comunicadas en 1.º de este mes, y por lo mismo que
-no pueda verificarse su reunión en esta isla para el día 1.º de marzo
-próximo, como estaba por mí acordado.</p>
-
-<p>4.º&nbsp; Que tampoco sería fácil, en medio de los grandes cuidados
-y atenciones que ocupan al gobierno, concluir los diferentes trabajos
-y planes de reforma, que por personas de conocida instrucción y
-probidad se habían emprendido y adelantado bajo la inspección<span
-class="pagenum" id="Page_xvii">p. xvii</span> y autoridad de la
-comisión de cortes, que a este fin nombré por mi real decreto de 15 de
-junio del año pasado, con el deseo de presentarlas al examen de las
-próximas cortes.</p>
-
-<p>5.º&nbsp; Y considerando, en fin, que en la actual crisis no es
-fácil acordar con sosiego y detenida reflexión las demás providencias
-y órdenes que tan nueva e importante operación requiere, ni por la mi
-suprema junta central, cuya autoridad, que hasta ahora ha ejercido en
-mi real nombre, va a transferirse en el consejo de regencia, ni por
-este, cuya atención será enteramente arrebatada al grande objeto de la
-defensa nacional.</p>
-
-<p>Por tanto, yo, y a mi real nombre la suprema junta central, para
-llenar mi ardiente deseo de que la nación se congregue libre y
-legalmente en cortes generales y extraordinarias, con el fin de lograr
-los grandes bienes que en esta deseada reunión están cifrados, he
-venido en mandar y mando lo siguiente:</p>
-
-<p>1.º&nbsp; La celebración de las cortes generales y extraordinarias
-que están ya convocadas para esta Isla de León, y para el primer día
-de marzo próximo, será el primer cuidado de la regencia que acabo de
-crear, si la defensa del reino, en que desde luego debe ocuparse, lo
-permitiere.</p>
-
-<p>2.º&nbsp; En consecuencia, se expedirán inmediatamente convocatorias
-individuales a todos los RR. arzobispos y obispos que están en
-ejercicio de sus funciones, y a todos los grandes de España en
-propiedad, para que concurran a las cortes en el día y lugar para que
-están convocadas, si las circunstancias lo permitieren.</p>
-
-<p>3.º&nbsp; No serán admitidos a estas cortes los grandes que no sean
-cabezas de familia, ni los que no tengan la edad de 25 años, ni los
-prelados y grandes que se hallaren procesados por cualquiera delito, ni
-los que se hubieren sometido al gobierno francés.</p>
-
-<p>4.º&nbsp; Para que las provincias de América y Asia, que<span
-class="pagenum" id="Page_xviii">p. xviii</span> por estrechez del
-tiempo no pueden ser representadas por diputados nombrados por ellas
-mismas, no carezcan enteramente de representación en estas cortes,
-la regencia formará una junta electoral compuesta de seis sujetos de
-carácter, naturales de aquellos dominios, los cuales, poniendo en
-cántaro los nombres de los demás naturales que se hallan residentes
-en España y constan de las listas formadas por la comisión de cortes,
-sacarán a la suerte el número de cuarenta, y volviendo a sortear
-estos cuarenta solos, sacarán en segunda suerte veintiséis, y estos
-asistirán como diputados de cortes en representación de aquellos vastos
-países.</p>
-
-<p>5.º&nbsp; Se formará asimismo otra junta electoral compuesta de
-seis personas de carácter, naturales de las provincias de España que se
-hallan ocupadas por el enemigo, y poniendo en cántaro los nombres de
-los naturales de cada una de dichas provincias que asimismo constan de
-las listas formadas por la comisión de cortes, sacarán de entre ellos
-en primera suerte hasta el número de dieciocho nombres, y volviéndolos
-a sortear solos, sacarán de ellos cuatro, cuya operación se irá
-repitiendo por cada una de dichas provincias, y los que salieren en
-suerte serán diputados de cortes por representación de aquellas para
-que fueren nombrados.</p>
-
-<p>6.º&nbsp; Verificadas estas suertes, se hará la convocación de
-los sujetos que hubieren salido nombrados por medio de oficios que
-se pasarán a las juntas de los pueblos en que residieren, a fin
-de que concurran a las cortes en el día y lugar señalado, si las
-circunstancias lo permitieren.</p>
-
-<p>7.º&nbsp; Antes de la admisión a las cortes de estos sujetos, una
-comisión nombrada por ellas mismas examinará si en cada uno concurren o
-no las calidades señaladas en la instrucción general y en este decreto
-para tener voto en las dichas cortes.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_xix">p. xix</span>8.º&nbsp; Libradas
-estas convocatorias, las primeras cortes generales y extraordinarias
-se entenderán legítimamente convocadas; de forma que aunque no se
-verifique su reunión en el día y lugar señalados para ellas, pueda
-verificarse en cualquiera tiempo y lugar en que las circunstancias lo
-permitan, sin necesidad de nueva convocatoria; siendo de cargo de la
-regencia hacer, a propuesta de la diputación de cortes, el señalamiento
-de dicho día y lugar, y publicarle en tiempo oportuno por todo el
-reino.</p>
-
-<p>9.º&nbsp; Y para que los trabajos preparatorios puedan continuar
-y concluirse sin obstáculo, la regencia nombrará una diputación de
-cortes compuesta de ocho personas, las seis naturales del continente
-de España, y las dos últimas naturales de América, la cual diputación
-será subrogada en lugar de la comisión de cortes nombrada por la misma
-suprema junta central, y cuyo instituto será ocuparse en los objetos
-relativos a la celebración de las cortes, sin que el gobierno tenga que
-distraer su atención de los urgentes negocios que la reclaman en el
-día.</p>
-
-<p>10.&nbsp; Un individuo de la diputación de cortes, de los seis
-nombrados por España, presidirá la junta electoral que debe nombrar
-los diputados por las provincias cautivas, y otro individuo de la
-misma diputación, de los nombrados por la América, presidirá la junta
-electoral que debe sortear los diputados naturales y representantes de
-aquellos dominios.</p>
-
-<p>11.&nbsp; Las juntas formadas con los títulos de junta de medios y
-recursos para sostener la presente guerra, junta de hacienda, junta
-de legislación, junta de instrucción pública, junta de negocios
-eclesiásticos, y junta de ceremonial de congregación, las cuales por
-autoridad de la mi suprema junta y bajo la inspección de dicha comisión
-de cortes, se ocupan en preparar los planes de mejoras relativas a
-los objetos de su respectiva atribución, continuarán en sus trabajos
-hasta<span class="pagenum" id="Page_xx">p. xx</span> concluirlos en
-el mejor modo que sea posible, y fecho, los remitirán a la diputación
-de cortes, a fin de que después de haberlos examinado, se pasen a la
-regencia y esta los ponga, a mi real nombre, a la deliberación de las
-cortes.</p>
-
-<p>12.&nbsp; Serán estas presididas, a mi real nombre, o por la regencia
-en cuerpo, o por su presidente temporal, o bien por el individuo a
-quien delegaren el encargo de representar en ellas mi soberanía.</p>
-
-<p>13.&nbsp; La regencia nombrará los asistentes de cortes que deban
-asistir y aconsejar al que las presidiere, a mi real nombre, de entre los
-individuos de mi consejo y cámara según la antigua práctica del reino,
-o en su defecto de otras personas constituidas en dignidad.</p>
-
-<p>14.&nbsp; La apertura del solio se hará en las cortes en
-concurrencia de los estamentos eclesiástico, militar y popular, y en la
-forma y con la solemnidad que la regencia acordará a propuesta de la
-diputación de cortes.</p>
-
-<p>15.&nbsp; Abierto el solio, las cortes se dividirán, para la
-deliberación de las materias, en dos solos estamentos, uno popular,
-compuesto de todos los procuradores de las provincias de España y
-América, y otro de dignidades, en que se reunirán los prelados y
-grandes del reino.</p>
-
-<p>16.&nbsp; Las proposiciones que, a mi real nombre, hiciere la regencia
-a las cortes se examinarán primero en el estamento popular, y si
-fueren aprobados en él, se pasarán por un mensajero de estado al
-estamento de dignidades para que las examine de nuevo.</p>
-
-<p>17.&nbsp; El mismo método se observará con las proposiciones que
-se hicieren en uno y otro estamento por sus respectivos vocales,
-pasando siempre la proposición del uno al otro, para su nuevo examen y
-deliberación.</p>
-
-<p>18.&nbsp; Las proposiciones no aprobadas por ambos estamentos, se
-entenderán como si no fuesen hechas.</p>
-
-<p>19.&nbsp; Las que ambos estamentos aprobaren serán<span
-class="pagenum" id="Page_xxi">p. xxi</span> elevadas por los mensajeros
-de estado a la regencia para mi real sanción.</p>
-
-<p>20.&nbsp; La regencia sancionará las proposiciones así aprobadas,
-siempre que graves razones de pública utilidad no la persuadan a que de
-su ejecución pueden resultar graves inconvenientes y perjuicios.</p>
-
-<p>21.&nbsp; Si tal sucediere, la regencia, suspendiendo la sanción de
-la proposición aprobada, la devolverá a las cortes, con clara exposición
-de las razones que hubiere tenido para suspenderla.</p>
-
-<p>22.&nbsp; Así devuelta la proposición, se examinará de nuevo en uno
-y otro estamento, y si los dos tercios de los votos de cada uno no
-confirmaren la anterior resolución, la proposición se tendrá por no
-hecha, y no se podrá renovar hasta las futuras cortes.</p>
-
-<p>23.&nbsp; Si los dos tercios de votos de cada estamento ratificaren
-la aprobación anteriormente dada a la proposición, será esta elevada de
-nuevo por los mensajeros de estado a la sanción real.</p>
-
-<p>24.&nbsp; En este caso la regencia otorgará a mi nombre la real
-sanción en el termino de tres días; pasados los cuales, otorgada o no,
-la ley se entenderá legítimamente sancionada, y se procederá de hecho a
-su publicación en la forma de estilo.</p>
-
-<p>25.&nbsp; La promulgación de las leyes así formadas y sancionadas,
-se hará en las mismas cortes antes de su disolución.</p>
-
-<p>26.&nbsp; Para evitar que en las cortes se forme algún partido
-que aspire a hacerlas permanentes, o prolongarlas en demasía, cosa
-que, sobre trastornar del todo la constitución del reino, podría
-acarrear otros muy graves inconvenientes, la regencia podrá señalar
-un termino a la duración de las cortes, con tal que no baje de seis
-meses. Durante las cortes, y hasta tanto que estas acuerden, nombren e
-instalen el nuevo gobierno, o bien confirmen el que ahora se establece,
-para que rija la nación en lo sucesivo, la regencia continuará<span
-class="pagenum" id="Page_xxii">p. xxii</span> ejerciendo el poder
-ejecutivo en toda la plenitud que corresponde a mi soberanía.</p>
-
-<p>En consecuencia las cortes reducirán sus funciones al ejercicio
-del poder legislativo que propiamente les pertenece, y confiando a la
-regencia el del poder ejecutivo, sin suscitar discusiones que sean
-relativas a él y distraigan su atención de los graves cuidados que
-tendrá a su cargo, se aplicarán del todo a la formación de las leyes y
-reglamentos oportunos para verificar las grandes y saludables reformas
-que los desórdenes del antiguo gobierno, el presente estado de la
-nación y su futura felicidad hacen necesarias; llenando así los grandes
-objetos para que fueron convocadas. Dado, etc., en la real Isla de
-León, a 29 de enero de 1810.</p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_11-3"
-id="Ap_11-3">11-3</a>.</h3>
-
-<p>Españoles: La junta central suprema gubernativa del reino, siguiendo
-la voluntad expresa de nuestro deseado Monarca y el voto público,
-había convocado a la nación a sus cortes generales para que, reunida
-en ellas, adaptase las medidas necesarias a su felicidad y defensa.
-Debía verificarse este gran congreso en 1.º de marzo próximo, en la
-Isla de León, y la junta determinó y publicó su traslación a ella
-cuando los franceses, como otras muchas veces, se hallaban ocupando
-la Mancha. Atacaron después los puntos de la sierra, y ocuparon uno
-de ellos; y al instante las pasiones de los hombres, usurpando su
-dominio a la razón, despertaron la discordia que empezó a sacudir sobre
-nosotros sus antorchas incendiarias. Más que ganar cien batallas valía
-este triunfo a nuestros enemigos, y los buenos todos se llenaron de
-espanto oyendo los sucesos de Sevilla en el día 24, sucesos que la
-malevolencia componía, y el terror exageraba, para aumentar en los
-unos la confusión y en los otros la amargura. Aquel pueblo generoso y
-leal que tantas muestras de<span class="pagenum" id="Page_xxiii">p.
-xxiii</span> adhesión y respeto había dado a la suprema junta, vio
-alterada su tranquilidad, aunque por pocas horas. No corrió, gracias al
-cielo, ni una gota de sangre, pero la autoridad pública fue desatendida
-y la majestad nacional se vio indignamente ultrajada en la legítima
-representación del pueblo. Lloremos, españoles, con lágrimas de sangre
-un ejemplo tan pernicioso. ¿Cuál sería nuestra suerte si todos le
-siguiesen? Cuando la fama trae a vuestros oídos que hay divisiones
-intestinas en la Francia, la alegría rebosa en vuestros pechos, y
-os llenáis de esperanza para lo futuro, porque en estas divisiones
-miráis afianzada vuestra salvación y la destrucción del tirano que os
-oprime. Y nosotros, españoles, nosotros cuyo carácter es la moderación
-y la cordura, cuya fuerza consiste en la concordia, ¿iríamos a dar
-al déspota la horrible satisfacción de romper con nuestras manos los
-lazos que tanto costó formar, y que han sido y son para él la barrera
-más impenetrable? No, españoles, no: que el desinterés y la prudencia
-dirija nuestros pasos, que la unión y la constancia sean nuestras
-áncoras, y estad seguros de que no pereceremos.</p>
-
-<p>Bien convencida estaba la junta de cuán necesario era reconcentrar
-más el poder. Mas no siempre los gobiernos pueden tomar en el instante
-las medidas mismas de cuya utilidad no se duda. En la ocasión presente
-parecía del todo importuno, cuando las cortes anunciadas, estando ya
-tan próximas, debían decidirla y sancionarla. Mas los sucesos se han
-precipitado de modo que esta detención, aunque breve, podría disolver
-el estado, si en el momento no se cortase la cabeza al monstruo de la
-anarquía.</p>
-
-<p>No bastaban ya a llevar adelante nuestros deseos ni el incesante
-afán con que hemos procurado el bien de la patria, ni el desinterés
-con que la hemos servido, ni nuestra lealtad acendrada a nuestro amado
-y desdichado rey, ni nuestro odio al tirano y a toda clase<span
-class="pagenum" id="Page_xxiv">p. xxiv</span> de tiranía. Estos
-principios de obrar en nadie han sido mayores, pero han podido más que
-ellos la ambición, la intriga y la ignorancia. ¿Debíamos, acaso, dejar
-saquear las rentas públicas que por mil conductos ansiaban devorar el
-vil interés y el egoísmo? ¿Podíamos contentar la ambición de los que no
-se creían bastante premiados con tres o cuatro grados en otros tantos
-meses? ¿Podíamos, a pesar de la templanza que ha formado el carácter
-de nuestro gobierno, dejar de corregir con la autoridad de la ley las
-faltas sugeridas por el espíritu de facción que caminaba impudentemente
-a destruir el orden, introducir la anarquía y trastornar miserablemente
-el estado?</p>
-
-<p>La malignidad nos imputa los reveses de la guerra; pero que la
-equidad recuerde la constancia con que los hemos sufrido, y los
-esfuerzos sin ejemplo con que los hemos reparado. Cuando la junta
-vino desde Aranjuez a Andalucía, todos nuestros ejércitos estaban
-destruidos; las circunstancias eran todavía más apuradas que las
-presentes, y ella supo restablecerlos, y buscar y atacar con ellos
-al enemigo. Batidos otra vez y deshechos, exhaustos al parecer todos
-los recursos y las esperanzas, pocos meses pasaron, y los franceses
-tuvieron enfrente un ejército de ochenta mil infantes y doce mil
-caballos. ¿Qué no ha tenido en su mano el gobierno que no haya
-prodigado para mantener estas fuerzas y reponer las enormes pérdidas
-que cada día experimentaba? ¿Qué no ha hecho para impedir el paso a
-la Andalucía por las sierras que la defienden? Generales, ingenieros,
-juntas provinciales, hasta una comisión de vocales de su seno han sido
-encargados de atender y proporcionar todos los medios de fortificación
-y resistencia que presentan aquellos puntos, sin perdonar para ello
-ni gasto, ni fatiga ni diligencia. Los sucesos han sido adversos;
-¿pero la junta tenía en su mano la suerte del combate en el campo de
-batalla?</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_xxv">p. xxv</span>Y ya que la voz
-del dolor recuerda tan amargamente los infortunios, ¿por qué ha de
-olvidarse que hemos mantenido nuestras íntimas relaciones con las
-potencias amigas, que hemos estrechado los lazos de fraternidad con
-nuestras Américas, que estas no han cesado de dar pruebas de amor
-y fidelidad al gobierno, que hemos, en fin, resistido con dignidad y
-entereza las pérfidas sugestiones de los usurpadores?</p>
-
-<p>Mas nada basta a contener el odio que antes de su instalación
-se había jurado a la junta. Sus providencias fueron siempre mal
-interpretadas y nunca bien obedecidas. Desencadenadas, con ocasión
-de las desgracias públicas, todas las pasiones, han suscitado contra
-ella todas las furias que pudiera enviar contra nosotros el tirano a
-quien combatimos. Empezaron sus individuos a verificar su salida de
-Sevilla con el objeto tan público y solemnemente anunciado de abrir
-las cortes en la Isla de León. Los facciosos cubrieron los caminos de
-agentes, que animaron los pueblos de aquel tránsito a la insurrección
-y al tumulto, y los vocales de la junta suprema fueron tratados como
-enemigos públicos, detenidos unos, arrestados otros, y amenazados de
-muerte muchos, hasta el presidente. Parecía que, dueño ya de España, era
-Napoleón el que vengaba la tenaz resistencia que le habíamos opuesto.
-No pararon aquí las intrigas de los conspiradores: escritores viles,
-copiantes miserables de los papeles del enemigo, les vendieron sus
-plumas, y no hay género de crimen, no hay infamia que no hayan imputado
-a vuestros gobernantes, añadiendo al ultraje de la violencia la ponzoña
-de la calumnia.</p>
-
-<p>Así, españoles, han sido perseguidos e infamados aquellos hombres
-que vosotros elegisteis para que os representasen; aquellos que,
-sin guardias, sin escuadrones, sin suplicios, entregados a la fe
-pública, ejercían, tranquilos a su sombra, las augustas funciones
-que les habíais encargado. ¿Y quiénes son, gran Dios, los que<span
-class="pagenum" id="Page_xxvi">p. xxvi</span> los persiguen? los mismos
-que desde la instalación de la junta trataron de destruirla por sus
-cimientos, los mismos que introdujeron el desorden en las ciudades,
-la división en los ejércitos, la insubordinación en los cuerpos.
-Los individuos del gobierno no son impecables ni perfectos; hombres
-son y, como tales, sujetos a las flaquezas y errores humanos. Pero
-como administradores públicos, como representantes vuestros, ellos
-responderán a las imputaciones de esos agitadores y les mostrarán dónde
-ha estado la buena fe y patriotismo, dónde la ambición y las pasiones
-que sin cesar han destrozado las entrañas de la patria. Reducidos de
-aquí en adelante a la clase de simples ciudadanos por nuestra propia
-elección, sin más premio que la memoria del celo y afanes que hemos
-empleado en servicio público, dispuestos estamos, o más bien ansiosos,
-de responder delante de la nación en sus cortes, o del tribunal que
-ella nombre, a nuestros injustos calumniadores. Teman ellos, no
-nosotros; teman los que han seducido a los simples, corrompido a
-los viles, agitado a los furiosos; teman los que en el momento del
-mayor apuro, cuando el edificio del estado apenas puede resistir el
-embate del extranjero, le han aplicado las teas de la disensión para
-reducirle a cenizas. Acordaos, españoles, de la rendición de Oporto.
-Una agitación intestina, excitada por los franceses mismos, abrió
-sus puertas a Soult, que no movió sus tropas a ocuparla hasta que el
-tumulto popular imposibilitó la defensa. Semejante suerte os vaticinó
-la junta, después de la batalla de Medellín, al aparecer los síntomas
-de la discordia que con tanto riesgo de la patria se han desenvuelto
-ahora. Volved en vosotros y no hagáis ciertos aquellos funestos
-presentimientos.</p>
-
-<p>Pero, aunque fuertes con el testimonio de nuestras conciencias,
-y seguros de que hemos hecho en bien del estado cuanto la situación
-de las cosas y las circunstancias han puesto a nuestro alcance, la
-patria y<span class="pagenum" id="Page_xxvii">p. xxvii</span> nuestro
-honor mismo exigen de nosotros la última prueba de nuestro celo y
-nos persuaden dejar un mando cuya continuación podrá acarrear nuevos
-disturbios y desavenencias. Sí, españoles: vuestro gobierno, que nada
-ha perdonado, desde su instalación, de cuanto ha creído que llenaba el
-voto público; que fiel distribuidor de cuantos recursos han llegado a
-sus manos, no les ha dado otro destino que las sagradas necesidades
-de la patria; que os ha manifestado sencillamente sus operaciones,
-y que ha dado la muestra más grande de desear vuestro bien en la
-convocación de cortes, las más numerosas y libres que ha conocido la
-monarquía, resigna gustoso el poder y la autoridad que le confiasteis
-y la traslada a las manos del consejo de regencia que ha establecido
-por el decreto de este día. ¡Puedan vuestros gobernantes tener mejor
-fortuna en sus operaciones! Y los individuos de la junta suprema no
-les envidiarán otra cosa que la gloria de haber salvado la patria y
-libertado a su rey.</p>
-
-<p>Real Isla de León, 29 de enero de 1810. — Siguen las firmas.</p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_11-4"
-id="Ap_11-4">11-4</a>.</h3>
-
-<p class="subh3"><i>Véase el manifiesto de la junta suprema de
-Cádiz.</i></p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_11-5"
-id="Ap_11-5">11-5</a>.</h3>
-
-<p class="subh3"><i>En el palacio de las Tullerías, a 8 de febrero de
-1810.</i></p>
-
-<p>Napoleón, etc. Considerando, por una parte, que las sumas enormes
-que nos cuesta nuestro ejército de España empobrecen nuestro tesoro y
-obligan a nuestros pueblos a sacrificios que ya no pueden soportar; y
-considerando, por otra parte, que la administración española carece de
-energía y es nula en muchas provincias, lo que impide sacar partido de
-los recursos del país, y los deja, por el contrario, a beneficio de los
-insurgentes;<span class="pagenum" id="Page_xxviii">p. xxviii</span>
-hemos decretado y decretamos lo que sigue:</p>
-
-
-<p class="centra mt1"><span class="sc">Título primero.</span></p>
-
-<p class="centra"><i>Del gobierno de Cataluña.</i></p>
-
-<p class="mt1"><span class="sc">Art.</span> 1.º El séptimo cuerpo del
-ejército de España tomará el título de ejército de Cataluña. 2.º La
-provincia de Cataluña formará un gobierno particular con el título
-de gobierno de Cataluña. 3.º El comandante en jefe del ejército de
-Cataluña será gobernador de la provincia y reunirá los poderes civiles
-y militares. 4.º La Cataluña queda declarada en estado de sitio. 5.º El
-gobernador queda encargado de la administración de la justicia y de la
-real hacienda, proveerá todos los empleos y hará todos los reglamentos
-necesarios. 6.º Todas las rentas de la provincia, en imposiciones
-ordinarias y extraordinarias, entrarán en la caja militar, a fin de
-subvenir a los sueldos y gastos de las tropas, y a la manutención del
-ejército.</p>
-
-
-<p class="centra mt1"><span class="sc">Título segundo.</span></p>
-
-<p class="centra"><i>Del gobierno de Aragón. Segundo gobierno.</i></p>
-
-<p class="mt1">El general Suchet será gobernador de Aragón con toda
-la autoridad militar y civil; nombrará toda clase de empleados, hará
-reglamentos, etc., etc., y desde 1.º de mayo no enviará nuestro tesoro
-público fondos algunos para la manutención del ejército, sino que el
-país suministrará lo que necesite para él.</p>
-
-
-<p class="centra mt1"><span class="sc">Título tercero.</span></p>
-
-<p class="centra"><i>Del gobierno de Navarra. Tercer gobierno.</i></p>
-
-<p class="mt1">La provincia de Navarra se llamará gobierno de
-Navarra.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_xxix">p. xxix</span>El general Dufour
-será gobernador de Navarra, y conducirá allá los cuatro regimientos de
-su división: en cuanto a su autoridad y manutención del ejército, lo
-mismo que lo dicho con respecto a Aragón.</p>
-
-
-<p class="centra mt1"><span class="sc">Título cuarto.</span></p>
-
-<p class="centra"><i>Del gobierno de Vizcaya. Cuarto gobierno.</i></p>
-
-<p class="mt1">La Vizcaya se llamará gobierno de Vizcaya.</p>
-
-<p>El general Thouvenot será gobernador, y lo mismo que lo dicho
-respecto a Navarra.</p>
-
-
-<p class="centra mt1"><span class="sc">Título quinto.</span></p>
-
-<p class="mt1">Los gobernadores de estos cuatro gobiernos se entenderán
-con el estado mayor del ejército de España en lo que tenga relación con
-las operaciones militares; pero en cuanto a la administración interior
-y policía, rentas, justicia, nombramiento de empleados y todo género de
-reglamentos, se entenderán con el emperador por medio del príncipe de
-Neufchatel, mayor general.</p>
-
-
-<p class="centra mt1"><span class="sc">Título sexto.</span></p>
-
-<p class="mt1"><span class="sc">Art.</span> 1.º Todos los productos y
-rentas ordinarias y extraordinarias de las provincias de Salamanca,
-Toro, Zamora y León proveerán a la manutención del 6.º cuerpo del
-ejército, y el duque de Elchingen cuidará de que estos recursos sean
-bastantes para este fin, haciendo que todo se invierta en utilidad
-del ejército. 2.º Lo que produzcan las provincias de Santander y
-Asturias, para la manutención y sueldos de la división de Bonnet. 3.º
-Las provincias situadas desde el Ebro a los límites de la de Valladolid
-lo entregarán todo al pagador de Burgos para el sueldo y manutención
-de las tropas que allí haya, y gasto de las fortificaciones.<span
-class="pagenum" id="Page_xxx">p. xxx</span> 4.º Las provincias de
-Valladolid y Palencia proveerán a la manutención y sueldo de la
-división de Kellermann. 5.º El duque de Elchingen y los generales
-Bonnet, Thiebaut y Kellermann se entenderán, en todo lo que tenga
-relación con las rentas de las provincias de su mando, con el emperador
-por medio del príncipe de Neufchatel. 6.º La ejecución de este decreto
-se encarga al príncipe de Neufchatel y a los ministros de la guerra, en
-la administración de la guerra, de rentas y del tesoro público.</p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_11-6"
-id="Ap_11-6">11-6</a>.</h3>
-
-<p><i>Memoria de los Sres. Azanza y Ofarrill, pág. 177.</i></p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_11-7"
-id="Ap_11-7">11-7</a>.</h3>
-
-<p>Algunas de estas cartas fueron interceptadas por las guerrillas
-cerca de Madrid y se insertaron en la <i>Gaceta de la Regencia</i> de
-Cádiz. Las hemos confrontado con la correspondencia manuscrita del Sr.
-Azanza, y las hemos encontrado del todo exactas. He aquí las que nos
-han parecido más importantes:</p>
-
-<p>«Excmo Sr. — Ha llegado el caso de que yo pueda escribir a V. E.
-sobre asuntos que directamente nos conciernen. Antes de ayer por la
-tarde tuve una larga conversación con el Sr. duque de Cadore, ministro
-de relaciones exteriores, que anteriormente me había dicho quería
-comunicarme algo de orden del emperador. Referiré todo lo sustancial
-de esta conferencia, en la cual se tocaron varios puntos, y todos de
-importancia.</p>
-
-<p>»Me dijo el ministro que S. M. I. no puede enviar más dinero a
-España, y es preciso que ese reino provea a la subsistencia y gastos
-de su ejército; que bastante hace en haber empleado 400.000 franceses
-en la reducción de España; que la Francia ha agotado su erario,
-habiendo enviado ahí desde el principio de la<span class="pagenum"
-id="Page_xxxi">p. xxxi</span> guerra más de 200 millones de libras; que
-nuestro gobierno no ha hecho uso de los recursos que ofrece el país
-para juntar fondos; que debieron exigirse contribuciones en Andalucía,
-especialmente en Sevilla y Málaga, y también en Murcia; que S. M. ha
-impuesto a Lérida una contribución de 6 millones de libras (no estoy
-cierto si fue esta cantidad u otra mayor la que me dijo); que debieron
-confiscarse los efectos ingleses encontrados en Andalucía, y S. M.
-I. está en el concepto de que solo los de Sevilla habrían importado
-40 millones; que debió echarse mano de la plata de las iglesias y
-conventos; que en España ha de circular necesariamente mucho dinero
-del que han introducido los franceses y los ingleses, y del que
-ha venido de América; que el emperador siempre ha hecho la guerra
-sacando de los países que ha subyugado toda la manutención y gastos
-de sus ejércitos; que si no tuviera que emplear tantas tropas en la
-reducción de la España, habría licenciado muchas de ellas, y se habría
-ahorrado el dispendio que están ocasionando; que los fondos de nuestra
-tesorería no han tenido la inversión preferente que correspondía, es a
-saber, pagar las tropas que han de hacer la conquista y pacificación
-del reino; que ha habido muchas prodigalidades y gastos de lujo; que
-las gratificaciones justas pudieron suspenderse hasta los tiempos
-tranquilos y felices; que se mantienen estados mayores demasiado
-numerosos y costosos; que se han formado y forman cuerpos españoles,
-los cuales no solo son inútiles sino perjudiciales, porque además de
-absorber sumas que podrían tener provechosa aplicación, desertan sus
-individuos y pasan a aumentar la fuerza de los enemigos; y últimamente,
-que es excesiva la bondad con que el rey trata a los del partido
-contrario, concediéndoles gracias y ventajas, lo que solo sirve a
-disgustar y desalentar a los que desde el principio abrazaron el
-suyo.</p>
-
-<p>»Estas son las principales especies que me dijo el<span
-class="pagenum" id="Page_xxxii">p. xxxii</span> ministro; y ahora
-expondré a V. E. las respuestas que yo le di. El punto más grave de
-todos, y el que a mi parecer ocupa más la atención del emperador, es
-el de querer excusar que de Francia vaya a España más dinero que los
-dos millones de libras mensuales, prefijados en las disposiciones
-anteriores. Acordándome de las notas que sobre este punto se pasaron
-estando yo encargado del ministerio de negocios extranjeros, y
-teniendo muy presente la situación de nuestras provincias y de nuestra
-tesorería, dije al ministro que el rey, mi amo, reconocía las grandes
-erogaciones que la guerra de España ocasionaba al erario de Francia,
-pero que veía con mucho dolor y sentimiento suyo ser imposible
-alcanzasen nuestros medios y nuestros recursos a libertarlo de esta
-carga; que las rentas ordinarias habían sido hasta ahora casi nulas,
-así porque no habían podido recaudarse sino en muy reducidos distritos
-sojuzgados, como porque aun en estos las continuas incursiones de
-los insurgentes y de las partidas de bandidos habían inutilizado los
-esfuerzos y diligencias de los administradores y cobradores; que en
-muchas partes los mismos generales y jefes de las tropas francesas
-habían servido de obstáculo al recobro de los derechos reales en
-lugar de auxiliarlo; que las provincias estaban arruinadas con las
-suministraciones de toda especie que habían tenido que hacer para la
-subsistencia, trasportes y hospitalidades de las tropas francesas, y
-con la cesación de todo tráfico de unos pueblos con otros; que cuantos
-fondos han podido juntarse, así por los impuestos antiguos como por
-los arbitrios y medios que se han excogitado, han sido destinados
-con preferencia a las necesidades del ejército francés, distrayendo
-únicamente algunas cortas sumas para la guardia real, la cual casi
-siempre ha estado en crecidos descubiertos, para la lista civil de S.
-M., que no ha sido pagada sino en una muy corta parte, y para otras
-atenciones urgentísimas, de modo que ni se<span class="pagenum"
-id="Page_xxxiii">p. xxxiii</span> han pagado viudedades, ni pensiones,
-ni sueldos de retirados, y muchas veces ni los de los empleados más
-necesarios, pues ha habido ocasión en que los ministros mismos han
-estado durante cinco meses sin recibir los suyos por ocurrir a los
-gastos de las tropas.</p>
-
-<p>»En cuanto a los recursos de que se supone haberse podido echar
-mano, achacando a impericia, falta de energía o excesiva contemplación
-del gobierno para con los pueblos el no haberse así ejecutado, he
-dicho al ministro que se han puesto en práctica cuantos han permitido
-las circunstancias; que es preciso no perder de vista, para juzgarnos,
-las circunstancias en que nos hemos hallado, esto es, que eran pocas
-las provincias sometidas, y muy rara o ninguna la administrada
-con libertad; que se han exigido contribuciones extraordinarias
-y empréstitos forzados donde se ha creído posible, venciendo no
-pequeños obstáculos; que había sido necesario no vejar ni apurar
-hasta el extremo las provincias sometidas, para conservarlas en su
-fidelidad y no dar, a las que estaban en insurrección, una mala idea
-de la suerte que las esperaba en el caso de su rendición; que habrían
-podido efectivamente sacarse más contribuciones, como lo hacen los
-generales franceses en las provincias que están administrando; pero
-que nunca hubieran producido lo suficiente a cubrir todos los gastos
-del ejército; especialmente demorándose este dos años y medio o más
-en los mismos parajes; que estas contribuciones no podrían repetirse,
-como lo enseñará la experiencia en Castilla y en León, porque en las
-primeras se agota todo el numerario existente y no se ve el modo
-de que prontamente vuelva a la circulación, sobre todo cuando las
-tropas están en movimiento, y la caja militar desembolsa sus fondos
-en distritos distantes de donde los ha recogido; que S. M. I. se
-convencerá de la imposibilidad de juntar caudales que sufraguen a todos
-los dispendios de la guerra, por lo que sucede en las provincias que
-están<span class="pagenum" id="Page_xxxiv">p. xxxiv</span> confiadas
-a la administración de generales franceses, quienes no podrán ser
-culpados ni de indolencia, ni de demasiado miramiento para con los
-pueblos, antes bien es de temer se valgan de durezas y violencias que
-ningún gobierno del mundo puede ejercer para con sus propios súbditos,
-aquellos con quienes ha de vivir, y cuya protección y amparo es su
-primer deber; y que lo que haya sucedido en Lérida tal vez no podrá
-servir de ejemplo en otras partes, porque, según he sabido aquí, en
-aquella plaza, creyéndose muy difícil su conquista, se había depositado
-el dinero y alhajas de muchos pueblos e iglesias; además de que todavía
-no se sabe que haya podido satisfacer toda la cantidad que se le ha
-impuesto.</p>
-
-<p>»Hice presente al ministro que en Andalucía se habían exigido
-algunas contribuciones de que yo tenía noticia, pues en Granada, no
-obstante haberse entregado sin hacer la menor resistencia, se pidieron
-cinco millones de reales con el nombre de préstamo forzado, y en Málaga
-mucho mayor cantidad, parte de la cual me acuerdo haberse aplicado a la
-caja militar del 4.º cuerpo; que por haberme hallado ausente de Sevilla
-al tiempo de su rendición, no sé con exactitud lo que allí se hizo, pero
-estoy cierto de que se secuestraron, con intervención de las autoridades
-francesas, los efectos ingleses encontrados en aquella ciudad, y que
-lo mismo se hizo también en Málaga; que siempre los primeros cálculos
-del valor de géneros aprehendidos suelen ser muy abultados, como oí
-haber sucedido en Málaga a la entrada del general Sebastiani, y no será
-mucho que el concepto formado por S. M. I. sobre el importe de los de
-Sevilla estribe en las primeras relaciones exageradas que llegarían a
-su noticia.</p>
-
-<p>»Como estoy bien informado de las diligencias activas que se han
-practicado para recoger la plata de las iglesias, y de los resultas
-que esta operación ha tenido, me hallé en estado de decir al ministro
-que este arbitrio<span class="pagenum" id="Page_xxxv">p. xxxv</span>
-no se había descuidado; que no solo se había procurado recoger y
-llevar directamente a la casa de la moneda todas las alhajas de plata
-y oro encontradas en los conventos suprimidos sino también las que
-pertenecían a iglesias, catedrales, parroquiales y de monjas de todo
-el reino, dejando en ellas solamente los vasos sagrados indispensables
-para el culto; que este arbitrio no había sido tan cuantioso y
-productivo como se podría suponer, y nosotros mismos lo esperábamos;
-primero, porque todas las iglesias de los pueblos por donde habían
-transitado las tropas francesas, habían sido saqueadas y despojadas;
-segundo, porque las partidas de insurgentes o bandidos habían hecho
-otro tanto en los pueblos que habían ocupado o recorrido; y tercero,
-porque la plata de las iglesias vista en frontales, nichos o imágenes,
-aparece de gran valor y riqueza, y cuando va a recogerse y fundirse, se
-halla generalmente que es una hoja delgada dispuesta solo para cubrir
-la madera que le sirve de alma; y que este recurso, tal cual ha sido,
-y todos los otros que se han adoptado, son los que han dado los fondos
-con que se ha podido atender a las obligaciones imprescindibles de la
-tesorería, entre las cuales se ha contado siempre con preferencia la
-subsistencia, la hospitalidad y demás gastos de la tropa francesa.</p>
-
-<p>»Sobre el mucho numerario que se piensa debe haber en circulación
-dentro de España, por el que han introducido los franceses y los
-ingleses, y el que ha venido de América, he asegurado al ministro que
-no se nota todavía semejante abundancia, sea que la mayor parte va a
-parar a los muchos cantineros y vivanderos franceses que siguen al
-ejército, sea que otra parte está diseminada entre nuestros vendedores
-de comestibles y licores, o sea, principalmente porque la moneda de cuño
-español haya desaparecido en el tiempo del gobierno insurreccional
-en pago de armamentos, vestuarios y otros efectos recibidos del
-extranjero, especialmente<span class="pagenum" id="Page_xxxvi">p.
-xxxvi</span> de los ingleses, y de géneros que el comercio ha
-introducido. Confieso que en esta parte carezco de nociones bastante
-exactas, y que solo me he gobernado por los clamores y señales bien
-evidentes de pobreza que he presenciado por todas partes.</p>
-
-<p>»Para satisfacer plenamente sobre el cargo o queja de que los
-fondos de nuestra tesorería no se han aplicado con preferencia a los
-gastos militares y se han empleado en prodigalidades y objetos de
-lujo, yo habría querido tener un estado que demostrase la inversión
-que se ha dado a todos los caudales introducidos en tesorería desde
-que el rey está en España, y creo que no sería muy difícil el que se
-me enviase esta noticia. Entonces vería esta corte qué cantidades
-se habían destinado a la guerra, y cuáles eran las que se habían
-distraído a superfluidades y a lujo. Entre tanto, no comprendiendo yo
-qué era lo que se quería calificar de prodigalidad y lujo, pues el
-rey nuestro señor no ha estado en el caso de hacer gastos excesivos
-con su lista civil, de que no ha cobrado, según creo, ni la mitad,
-y más presto ha carecido de lo que pide el decoro y el esplendor de
-la majestad, pude entender, por las explicaciones del ministro, que
-se hacía principalmente alusión a las gratificaciones que S. M. ha
-distribuido a algunos de sus servidores, tanto militares como civiles.
-En esta inteligencia, expuse que estas gratificaciones, hechas con el
-espíritu que se hacen todas de premiar servicios y estimular a que se
-ejecuten otros, en ninguna manera habían minorado los fondos de la
-tesorería aplicables a la guerra; pues habiendo consistido en cédulas
-hipotecarias, solo útiles para la adquisición de bienes nacionales,
-no podían servir para la paga del soldado ni otros dispendios que
-precisamente piden dinero efectivo. A esto me repuso el ministro
-que, pues las cédulas hipotecarias tenían un valor, este valor
-podía reducirse a dinero. Y mi contestación fue que por el pronto
-y hasta que, establecida<span class="pagenum" id="Page_xxxvii">p.
-xxxvii</span> plenamente la confianza en el gobierno, se multipliquen
-las ventas de bienes nacionales, las cédulas se puede decir que no
-tienen un valor en numerario por la grande pérdida que se hace en su
-reducción; pero que no se ha omitido el arbitrio de la enajenación de
-bienes para ocurrir a los gastos del día, entre los cuales siempre
-los de guerra se han mirado como los primeros; antes bien, para poder
-conseguir por este medio algún fondo disponible, se han concedido
-ventajas a los que hicieran compras pagando una parte en efectivo; y
-así las cédulas hipotecarias dadas por gratificación, indemnización
-u otro título no han quitado el recurso que por el pronto los bienes
-nacionales podían ofrecer a la tesorería.</p>
-
-<p>»Acerca de estados mayores que se suponen numerosos y costosos, he
-dicho al ministro que a mi juicio habían informado mal a S. M. I., que
-yo no creía que el rey hubiese nombrado más generales y oficiales de
-estado mayor que los que eran precisos, ni admitido de los antiguos
-más que aquellos que en justicia debían serlo, por haber abrazado
-el partido de S. M. y haberse mantenido fieles en él; y que estos
-últimos no habían consumido hasta ahora fondos de la tesorería, pues yo
-dudaba que a ninguno se le hubiese satisfecho todavía sueldo. También
-en este punto habría yo deseado hallarme más exactamente instruido,
-porque estoy en el concepto de que ha habido mucha exageración en
-lo que han dicho al emperador. Una relación por menor de todos los
-estados mayores, que me parece no sería difícil formase el ministerio
-de la guerra, desvanecería la mala impresión que puede haber en este
-particular.</p>
-
-<p>»La opinión de que los regimientos y cuerpos españoles son
-perjudiciales porque desertan y van a engrosar el número de los
-enemigos después de ocasionar dispendios al erario, está aquí bastante
-válida, y de consiguiente se mira como prematura la formación
-de<span class="pagenum" id="Page_xxxviii">p. xxxviii</span> ellos.
-Yo he representado al ministro que ninguna medida era más necesaria
-y política que esta, porque no hay gobierno que pueda existir sin
-fuerza; que aunque es cierto que al principio hubo mucha deserción,
-nunca fue tan absoluta o completa como se pondera; que cada vez ha
-ido siendo menor a medida que el espíritu público ha ido cambiando, y
-extendiéndose la reducción de las provincias; que actualmente es de
-esperar que será muy corta o ninguna, pues casi han desaparecido las
-masas grandes de insurgentes que tomaban el nombre de ejércitos, y solo
-quedan las partidas de bandidos que ofrecen poco atractivo a los que
-estén alistados bajo las banderas reales; que los cuerpos españoles
-empleados en guarniciones dejarían expeditas las tropas francesas para
-las operaciones de campaña, como lo deseaban los generales franceses,
-lamentándose de haber de tener diseminados sus cuerpos para conservar
-la tranquilidad en las provincias ya sometidas. El ministro pareció
-dudar de que hubiese generales franceses que conviniesen en la utilidad
-de la formación de cuerpos españoles, al paso que creía aprobaban la
-de guardias cívicas. Como yo sé positivamente que hay generales, y de
-mucha nota, que no solo opinan por la erección de cuerpos regulares,
-sino que la promueven y persuaden con ahínco, pude afirmar y sostener
-mi proposición. Pero yo desearía, por la importancia de este asunto,
-que los mismos generales hiciesen saber aquí su modo de pensar con
-los sólidos fundamentos en que lo pueden apoyar, porque nosotros no
-mereceremos en esta parte mucho crédito y, acaso, acaso, inspiraremos
-sospechas de mala naturaleza.</p>
-
-<p>»Solo resta hablar de la sobrada bondad con que se dice haber
-tratado el rey a los del partido contrario, concediéndoles gracias y
-ventajas. Yo quise explicar al ministro las resultas favorables que
-había producido la amnistía general acordada a las Andalucías<span
-class="pagenum" id="Page_xxxix">p. xxxix</span> cuando el rey penetró
-por la Sierra Morena; cómo su benignidad le ganó el corazón de los
-habitantes de aquellas provincias, y le facilitó la ocupación de ellas
-sin derramamiento de sangre, y con cuánta facilidad y prontitud terminó
-una campaña que habría sido la más gloriosa posible sin la desgraciada
-resistencia de Cádiz, fomentada por los ardides y por el oro de los
-ingleses; pero el ministro hizo recaer el exceso de la bondad de S. M.
-sobre algunos individuos que, habiendo seguido el partido contrario,
-obtuvieron mercedes y empleos en su real servicio. Dije entonces ser
-pocos los que se hallaban en este caso, y que estos eran sujetos
-notables por sus circunstancias y por el papel que habían hecho entre
-los insurgentes; que S. M. estimó conveniente hacer estos ejemplares
-para inspirar confianza en los que todavía vacilaban sobre prestarle
-su sumisión, y no ha tenido motivo hasta ahora de arrepentirse de
-haberlos colocado en los puestos que ocupan; que por todos medios se
-procuró debilitar la fuerza de los insurgentes, y no fue el menos
-oportuno el admitir al servicio de S. M. los generales y oficiales que
-voluntariamente quisiesen entrar en él, haciendo el correspondiente
-juramento de fidelidad; y que si esto ha desagradado a algunos de los
-antiguos partidarios del rey, es un egoísmo indiscreto que no ha debido
-estorbar la grande obra de reunir la nación.</p>
-
-<p>»He referido a V. E. lo que se trató en mi conferencia con el Sr.
-duque de Cadore. Nada hablé yo ni sobre el número de tropas francesas
-empleadas en la guerra de España, ni sobre la cantidad de dinero que
-ha enviado el tesoro de Francia a este reino, ni sobre algunos otros
-puntos que tocó el ministro, porque no tenía datos seguros sobre ellos,
-ni creí que debían ser materia de discusión. Tenga V. E. la bondad de
-trasladarlo todo a S. M. para su soberana inteligencia, e indicarme lo
-que conforme a su real voluntad deberé añadir o rectificar en ocasiones
-sucesivas sobre estas<span class="pagenum" id="Page_xl">p. xl</span>
-mismas materias. No será mucho que a mí se me hayan escapado no pocas
-reflexiones propias a probar la regularidad, la prudencia y las sabias
-miras con que S. M. ha procedido en los particulares que han dado
-motivo a los reparos y observaciones que, de orden del emperador, se me
-han puesto por delante.</p>
-
-<p>»Durante la conversación con el ministro, tuve ocasión de leerle
-la carta que el Sr. ministro de la guerra me remitió escrita por el
-intendente de Salamanca en 24 de marzo último, haciendo una triste
-pintura del estado en que se hallaba aquella provincia y de las
-dificultades que ocurrían para hacer efectivas las contribuciones
-impuestas por el mariscal duque de Elchingen. Y antes de levantar la
-sesión, le leí también la carta que el regente del consejo de Navarra
-dirigió al Sr. ministro secretario de estado, con fecha de 30 de abril,
-quejándose de la conducta que había tenido el gobernador Mr. Dufour,
-instigando al consejo de gobierno, erigido por él mismo, a que hiciera
-una representación o acto incompatible con la soberanía del rey. Sobre
-esto, sin aprobar ni desaprobar el hecho de Mr. Dufour, se me dijo
-solamente que los gobiernos establecidos en Navarra y otras provincias
-eran unas medidas militares. Volveré a tratar más de propósito de este
-asunto luego que tenga oportunidad. Dios guarde a V. E. muchos años.
-— París, 19 de junio de 1810. — Excmo. Sr. — El Duque de Santafé. —
-Excmo. Sr. ministro de negocios extranjeros.»</p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_11-8"
-id="Ap_11-8">11-8</a>.</h3>
-
-<p>Señor: Me ha parecido conveniente enviar a V. M. abiertas las cartas
-que dirijo con un correo al ministro de negocios extranjeros por si
-quisiese enterarse de ellas antes de pasárselas. Por fin ya me hablan.
-Yo no noto acrimonia alguna en las explicaciones que se tienen conmigo.
-A mi juicio, las cartas que V. M. escribió<span class="pagenum"
-id="Page_xli">p. xli</span> al emperador y a la emperatriz con motivo
-del casamiento han surtido buen efecto. Nada me ha hablado todavía el
-emperador sobre negocios; pero cuando asisto al <i>levé</i> me saluda
-con bastante agrado. El ministerio español se había representado
-aquí por muchos como antifrancés. El difunto conde de Cabarrús era
-el que se había atraído mayor odio. Sobre esto me he explicado con
-algunos ministros, y creo que con fruto. Aunque parece indubitable el
-deseo de unir a la Francia las provincias situadas más acá del Ebro,
-y se prepara todo para ello, no es todavía una cosa resuelta, según
-el dictamen de algunos y se deja pendiente de los sucesos venideros.
-Juzgo, señor, que por ahora nada quiere de nosotros el emperador con
-tanto ahínco como el que no le obliguemos a enviar dinero a España.
-El estado de su erario parece que le precisa a reducir gastos. Debo
-hacer a Mr. Dennié la justicia de que en sus cartas habla con la mayor
-sencillez, sin indicar siquiera que haya poca voluntad de nuestra parte
-para facilitar los auxilios que necesita su caja militar.</p>
-
-<p>¿Creerá V. M. que algunos políticos de París han llegado a decir
-que en España se preparaba una nueva revolución, muy peligrosa para los
-franceses; es, a saber, que los españoles unidos a V. M. se levantarían
-contra ellos? Considere V. M. si cabe una quimera más absurda, y cuán
-perjudicial nos podría ser si llegase a tomar algún crédito. Y espero
-que semejante idea no tenga cabida en ninguna persona de juicio, y que
-caerá prontamente, porque carece hasta de verosimilitud.</p>
-
-<p>Dos veces he hablado al príncipe de Neufchatel sobre la justa queja
-dada por V. M. contra el mariscal Ney. En la primera me dijo que el
-emperador no le había entregado la carta de V. M., y significó que no
-era de aprobar la conducta del mariscal; y en la segunda me respondió
-que nada podía hacer en este asunto.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_xlii">p. xlii</span>Se ha sostenido
-aquí, por algunos días, la opinión de que los nuevos movimientos de la
-Holanda acarrearían la reunión de aquel país al imperio francés; pero
-ahora se cree que no se llegará a esta extremidad.</p>
-
-<p>Sé con satisfacción que la reina, mi señora, experimenta algún alivio
-en las aguas de Plombières. Las señoras infantas gozan muy buena salud.
-He oído que la reina de Holanda está enferma de bastante cuidado en
-Plombières. Quedo como siempre con el más profundo rendimiento — Señor.
-— De V. M. el más humilde, obediente y fiel súbdito. — El duque de
-Santafé. — París, 20 de junio de 1810.</p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_11-9"
-id="Ap_11-9">11-9</a>.</h3>
-
-<p>París, 22 de septiembre de 1810. — Señor. — Según nos ha dicho
-anoche el príncipe de Neufchatel, además de haberse declarado que
-a V. M. corresponde el mando militar de cualquiera ejército a que
-quisiese ir, se va a formar uno en Madrid y sus cercanías que estará a
-sus inmediatas órdenes; pero todavía nada ha resuelto S. M. I. sobre
-la abolición de los gobiernos militares, y restitución a V. M. de la
-administración civil. Sobre esto instamos mucho, conociendo que es
-el punto principal y más urgente. Nos ha dicho también el príncipe
-que ha comunicado órdenes muy estrechas, dirigidas a impedir las
-dilapidaciones de los generales franceses, y que se examine la conducta
-de algunos de ellos como Barthélemy.</p>
-
-<p>El duque de Cadore, en una conferencia que tuvimos el miércoles, nos
-dijo expresamente que el emperador exigía la cesión de las provincias
-de más acá del Ebro por indemnización de lo que la Francia ha gastado
-y gastará en gente y dinero para la conquista de España. No se trata
-de darnos el Portugal en compensación. Nos dicen que de esto se
-hablará cuando esté sometido aquel país, y que aun entonces es<span
-class="pagenum" id="Page_xliii">p. xliii</span> menester consultar la
-opinión de sus habitantes, que es lo mismo que rehusarlo enteramente.
-El emperador no se contenta con retener las provincias de más acá del
-Ebro, quiere que le sean cedidas. No sabemos si desistirá de esto como
-lo procuramos. Quedo con el más profundo respeto, etc. — (Sacada de la
-correspondencia manuscrita de Don Miguel José de Azanza, nombrado por
-el rey José duque de Santafé.)</p>
-
-<p>Entre las cartas cogidas por los guerrilleros había algunas en
-cifra: las hemos leído descifradas en dicha correspondencia del Sr.
-Azanza, y nada añaden de particular.</p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_11-10"
-id="Ap_11-10">11-10</a>.</h3>
-
-<p>París, 18 de mayo de 1810. — Excmo. Sr. — Es imponderable la
-impresión que han hecho en Francia las noticias publicadas en el
-<i>Monitor</i> sobre la aprehensión del emisario inglés, barón de Kolly,
-en Valençay, y las cartas escritas por el príncipe de Asturias. Cuando
-yo entré en Francia, en todos los pueblos se hablaba de esto. El vulgo
-ha deducido mil consecuencias absurdas. Lo que se cree por los más
-prudentes es que Kolly fue enviado de aquí, donde residió muchos años,
-para ofrecer sus servicios a la corte de Londres, y que consiguió
-engañarla perfectamente. El príncipe, por este medio, se ha desacreditado
-y hecho despreciable más y más para con todos los partidos. Se cree, no
-obstante, que el emperador piensa en casarle, y que tal vez será con la
-hija de su hermano Luciano. El prefecto de Blois, que ha estado muchos
-días en Valençay, me ha dicho que esto es verosímil y que él mismo ha
-visto una carta escrita recientemente por el emperador al príncipe en
-términos bastante amistosos, y asegurándole que le cumpliría todas las
-ofertas hechas en Bayona. El príncipe insta por salir de Valençay,
-y pide que se le dé alguna tierra, aunque sea hacia las fronteras
-de Alemania, lejos de las de España e Italia, y da muestras de
-sentir<span class="pagenum" id="Page_xliv">p. xliv</span> y desaprobar
-lo que se hace en España a nombre suyo, o con pretexto de ser a su
-favor. — El duque de Santafé. — Sr. ministro de negocios extranjeros.
-(Sacada de la correspondencia manuscrita del Sr. Azanza.)</p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_11-11"
-id="Ap_11-11">11-11</a>.</h3>
-
-<p class="subh3"><i>Carta de Fernando VII al emperador en 6 de agosto
-de 1809.</i></p>
-
-<p>Señor. — El placer que he tenido viendo en los papeles públicos las
-victorias con que la Providencia corona nuevamente la augusta frente de
-V. M. Imperial y Real, y el grande interés que tomamos mi hermano, mi
-tío y yo en la satisfacción de V. M. Imperial y Real, nos estimulan a
-felicitarle con el respeto, el amor, la sinceridad y reconocimiento en
-que vivimos bajo la protección de V. M. Imperial y Real.</p>
-
-<p>Mi hermano y mi tío me encargan que ofrezca a V. M. su respetuoso
-homenaje, y se unen al que tiene el honor de ser con la más alta y
-respetuosa consideración, señor, de V. M. Imperial y Real el más
-humilde y más obediente servidor. — Fernando. — Valençay, 6 de agosto
-de 1809.</p>
-
-<p>(<i>Monitor</i> de 5 de febrero de 1810.)</p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_11-12"
-id="Ap_11-12">11-12</a>.</h3>
-
-<p>Carta inserta en el <i>Monitor</i> de 26 de abril de 1810.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop">
-
-
-<div class="chapter">
- <p><span class="pagenum" id="Page_xlv">p. xlv</span></p>
- <div class="figcenter">
- <img style="width: 26em; height: auto;"
- src="images/doble_filete.jpg"
- alt="Filete ornamental">
- </div>
- <h2 class="nobreak fs200 lh200 negr mt1" title="Apéndice del Libro Doce.">APÉNDICE</h2>
- <p class="centra smaller lh200">DEL</p>
- <p class="centra fs150 lh200 g2 ws1">LIBRO DOCE.</p>
- <div class="figcenter mt05">
- <img style="width: 8em; height: auto;"
- src="images/separa5.jpg"
- alt="Motivo ornamental">
- </div>
-</div>
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_12-1"
-id="Ap_12-1">12-1</a>.</h3>
-
-<p class="ti0">«<span class="prim"><span
-class="gran">P</span>ortugal</span> was reduced to the condition of a
-vassal state.»</p>
-
-<p>(<i>History of the war in the península, by W. F. P. Napier, vol. 3.,
-pág. 372.</i>)</p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_12-2"
-id="Ap_12-2">12-2</a>.</h3>
-
-<p>El consejo de regencia de los reinos de España e Indias, queriendo
-dar a la nación entera un testimonio irrefragable de sus ardientes
-deseos por el bien de ella, y de los desvelos que le merece
-principalmente la salvación de la patria, ha determinado, en el real
-nombre del rey N. Sr. Don Fernando VII, que las cortes extraordinarias
-y generales mandadas convocar se realicen a la mayor brevedad, a
-cuyo intento quiere se ejecuten inmediatamente las elecciones de
-diputados que no se hayan hecho hasta este día, pues deberán<span
-class="pagenum" id="Page_xlvi">p. xlvi</span> los que estén ya
-nombrados y los que se nombren congregarse en todo el próximo mes de
-agosto en la real Isla de León; y hallándose en ella la mayor parte, se
-dará en aquel mismo instante principio a las sesiones, entre tanto se
-ocupará el consejo de regencia en examinar y vencer varias dificultades
-para que tenga su pleno efecto la convocación. Tendréislo entendido y
-dispondréis lo que corresponda a su cumplimiento. — Javier de Castaños,
-presidente. — Pedro, obispo de Orense. — Francisco de Saavedra. —
-Antonio de Escaño. — Miguel de Lardizábal y Uribe. — En Cádiz, a 18 de
-junio de 1810. — A Don Nicolás María de Sierra.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop">
-
-
-<div class="chapter">
- <p><span class="pagenum" id="Page_xlvii">p. xlvii</span></p>
- <div class="figcenter">
- <img style="width: 26em; height: auto;"
- src="images/doble_filete.jpg"
- alt="Filete ornamental">
- </div>
- <h2 class="nobreak fs200 lh200 negr mt1" title="Apéndice del Libro Trece.">APÉNDICE</h2>
- <p class="centra smaller lh200">DEL</p>
- <p class="centra fs150 lh200 g2 ws1">LIBRO TRECE.</p>
- <div class="figcenter mt05">
- <img style="width: 8em; height: auto;"
- src="images/separa5.jpg"
- alt="Motivo ornamental">
- </div>
-</div>
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_13-1"
-id="Ap_13-1">13-1</a>.</h3>
-
-<p class="ti0"><span class="prim"><span
-class="gran">M</span>anifiesto</span> que presenta a la nación Don
-Miguel de Lardizábal y Uribe, impreso en Alicante, año de 1811, pág.
-21.</p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_13-2"
-id="Ap_13-2">13-2</a>.</h3>
-
-<p>Colección de los decretos y órdenes de las cortes generales y
-extraordinarias, tomo 1.º, pág. 1.ª y siguientes.</p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_13-3"
-id="Ap_13-3">13-3</a>.</h3>
-
-<p>Zurita. — Anales de Aragón. — Libro 2.º, cap. 87 y siguientes.</p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_13-4"
-id="Ap_13-4">13-4</a>.</h3>
-
-<p>Zurita. — Anales de Aragón. — Lib. 1.º, cap. 49 y 50.</p>
-
-<h3><span class="pagenum" id="Page_xlviii">p. xlviii</span><span
-class="sc">Número</span> <a href="#Ll_13-5" id="Ap_13-5">13-5</a>.</h3>
-
-<p>Mariana. — Historia de España. — Lib. 19, cap. 15.</p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_13-6"
-id="Ap_13-6">13-6</a>.</h3>
-
-<p>He aquí lo que refiere acerca de este asunto el manifiesto, o
-sea diario manuscrito de la primera regencia, que tenemos presente,
-extendido por Don Francisco de Saavedra, uno de los regentes y
-principal promotor de la venida del duque.</p>
-
-<p><i>Día 10 de marzo de 1810.</i> «En este día se concluyó un
-asunto grave, sobre que se había conferenciado largamente en los
-días anteriores. Este asunto, que traía su origen de dos años atrás,
-tuvo varios trámites, y se puede reducir en sustancia a los términos
-siguientes.</p>
-
-<p>»Luego que se divulgó en Europa la feliz revolución de España,
-acaecida en mayo de 1808, manifestó el duque de Orleans sus vivos
-deseos de venir a defender la justa causa de Fernando VII; con la
-esperanza de lograrlos, pasó a Gibraltar en agosto de aquel año,
-acompañando al príncipe Leopoldo de Nápoles que parece tenía igual
-designio. Las circunstancias perturbaron los deseos de uno y otro;
-pero no desistió el duque de su intento. A principios de 1809, recién
-llegada a Sevilla la junta central, se presentó allí un comisionado
-suyo para promover la solicitud de ser admitido al servicio de España,
-y en efecto la promovió con la mayor eficacia, componiendo varias
-memorias que comunicó a algunos miembros de la central, especialmente a
-los Sres. Garay, Valdés y Jovellanos. No se atrevieron estos a proponer
-el asunto a la junta central, como se pedía, por ciertos reparos
-políticos; y a pesar de la actividad y buen talento del comisionado, no
-llegó este asunto a resolverse, aunque se trató en la sesión de estado;
-pero no se divulgó.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_xlix">p. xlix</span>»En julio de
-dicho año escribió por sí propio el duque de Orleans, que se hallaba a
-la sazón en Menorca, repitiendo la oferta de su persona; y expresando
-su anhelo de sacrificarse por la bella causa que los españoles habían
-adoptado. Entonces redobló el comisionado sus esfuerzos, y para
-prevenir cualquier reparo, presentó una carta de Luis XVIII, aplaudiendo
-la resolución del duque, y otra del Lord Portland, manifestándole, en
-nombre del rey británico, no haber reparo alguno en que pusiese en
-práctica su pensamiento de pasar a España o Nápoles a defender los
-derechos de su familia.</p>
-
-<p>»En esta misma época llegaron noticias de las provincias de Francia
-limítrofes a Cataluña, por medio del coronel Don Luis Pons, que se
-hallaba a esta sazón en aquella frontera, manifestando el disgusto
-de los habitantes de dichas provincias, y la facilidad con que se
-sublevarían contra el tirano de Europa, siempre que se presentase en
-aquellas inmediaciones un príncipe de la casa de Borbón, acaudillando
-alguna tropa española.</p>
-
-<p>»De este asunto se trató con la mayor reserva en la sección de
-estado de la junta, y se comisionó a Don Mariano Carnerero, oficial
-de la secretaría del consejo, mozo de muchas luces y patriotismo,
-para que, pasando a Cataluña, conferenciando con el general de aquel
-ejército y con Don Luis Pons, y observando el espíritu de aquellos
-pueblos, examinase si sería acepta a los habitantes de la frontera de
-Francia la persona del duque de Orleans, y si sería bien recibido en
-Cataluña. Salió Carnerero a mediados de septiembre, y en menos de dos
-meses evacuó la comisión con exactitud, sigilo y acierto. Trató con el
-coronel Pons y el general Blake, que se hallaban sobre Gerona, y observó
-por sí mismo el modo de pensar de los habitantes y de las tropas. El
-resultado de sus investigaciones, de que dio puntual cuenta, fue que el
-duque<span class="pagenum" id="Page_l">p. l</span> de Orleans, educado
-en la escuela del célebre Dumourier y único príncipe de la casa de
-Borbón que tiene reputación militar, sería recibido con entusiasmo en
-las provincias de Francia, y que en Cataluña, donde se conservan los
-monumentos de la gloria de su bisabuelo y la reciente memoria de las
-virtudes de su madre, encontraría general aceptación.</p>
-
-<p>»Mientras Carnerero desempeñaba su encargo, el comisionado del duque
-se marchó a Sicilia, adonde le llamaban a toda priesa. En el mismo
-intervalo se creó en la junta central la comisión ejecutiva, encargada,
-por su constitución, del gobierno. En esta comisión, pues, donde apenas
-había un miembro que tuviese la menor idea de este negocio, se
-examinaron los papeles relativos a la comisión de Carnerero. Todo fue
-aprobado, y quedó resuelto se aceptase la oferta del duque de Orleans,
-y se le convidase con el mando de un cuerpo de tropas en la parte de
-Cataluña que se aproxima a las fronteras de Francia; que se previniese
-a aquel capitán general lo conveniente por si se verificaba; que se
-comisionase para ir a hacer presente a dicho príncipe la resolución del
-gobierno al mismo Carnerero, y que se guardase el mayor sigilo ínterin
-se realizase la aceptación y aun la venida del duque, por el gran riesgo
-de que la trasluciesen los franceses.</p>
-
-<p>»Ya todo iba a ponerse en práctica, cuando la desagraciada acción
-de Ocaña y sus fatales resultados suspendieron la resolución de
-este asunto, y sus documentos originales, envueltos en la confusión
-y trastorno de Sevilla, no se han podido encontrar. Por fortuna se
-salvaron algunas copias, y por ellas se pudo dar cuenta de un negocio
-nunca más interesante que en el día.</p>
-
-<p>»El consejo, pues, de regencia, enterado de estos antecedentes, y
-persuadido, por las noticias recientemente llegadas de Francia de todas
-las fronteras, y<span class="pagenum" id="Page_li">p. li</span> por
-la consideración de nuestro estado actual, de lo oportuna que sería
-la venida del duque de Orleans a España, determinó: que se lleve a
-debido efecto lo resuelto y no ejecutado por la comisión ejecutiva
-de la central en 30 de noviembre de 1809; que, en consecuencia,
-condescendiendo con los deseos y solicitudes del duque, se le ofrezca
-el mando de un ejército en las fronteras de Cataluña y Francia; que
-vaya para hacérselo presente el mismo Don Mariano Carnerero, encargado
-hasta ahora de esta comisión, haciendo su viaje con el mayor disimulo
-para que no se trascienda su objeto; que, para el caso de aceptar el
-duque esta oferta, hasta cuyo caso no deberá revelarse en Sicilia el
-asunto a nadie, lleve el comisionado cartas para nuestro ministro en
-Palermo, para el rey de Nápoles y para la duquesa de Orleans, madre;
-que se comunique desde luego todo a Don Enrique O’Donnell, general
-del ejército de Cataluña, y al coronel Don Luis Pons, encargándoles la
-reserva hasta la llegada del duque. Últimamente, para que de ningún
-modo pueda rastrearse el objeto de la comisión de Carnerero, se dispuso
-que se embarcase en Cádiz para Cartagena, donde se previene esté pronta
-una fragata de guerra que le conduzca a Palermo, y traiga al duque a
-Cataluña.»</p>
-
-<p><i>Día 20 de junio.</i> «A las siete de la mañana llegó a Cádiz Don
-Mariano Carnerero, comisionado a Palermo para acompañar al duque de
-Orleans, en caso de venir, como lo había solicitado repetidas veces y
-con el mayor ahínco, a servir en la justa causa que defendía la España.
-Dijo que la fragata Venganza, en que venía el duque, iba a entrar en
-el puerto; que habían salido de Palermo, en 22 de mayo, y llegado a
-Tarragona, que era el puerto de su destino; que puntualmente hallaron
-la Cataluña en un lastimoso estado de convulsión y desaliento con la
-derrota del ejército delante de Lérida, la pérdida de esta plaza y el
-inesperado retiro<span class="pagenum" id="Page_lii">p. lii</span> que
-había hecho del ejército el general O’Donnell; que, sin embargo que en
-Tarragona fue recibido el duque con las mayores muestras de aceptación
-y de júbilo por el ejército y el pueblo, que su llegada reanimó las
-esperanzas de aquellas gentes, y que aún clamaban porque tomase el
-mando de las tropas, él juzgó no debía aceptar un mando que el gobierno
-de España no le daba, y que aun su permanencia en aquella provincia,
-en una circunstancia tan crítica, podría atraer sobre ella todos los
-esfuerzos del enemigo. En vista de todo, se determinó a venir con la
-fragata a Cádiz, a ponerse a las órdenes del gobierno. En efecto, el
-duque desembarcó, estuvo a ver a los miembros de la regencia, y a la
-noche se volvió a bordo.»</p>
-
-<p><i>Día 28 de julio.</i> «El duque de Orleans se presentó
-inesperadamente al consejo de regencia, y leyó una memoria en que,
-tomando por fundamento que había sido convidado y llamado para venir
-a España a tomar el mando de un ejército en Cataluña, se quejaba de
-que habiendo pasado más de un mes después de su llegada, no se le
-hubiese cumplido una promesa tan solemne; que no se le hubiese hablado
-sobre ningún punto militar, ni aun contestado a sus observaciones
-sobre la situación de nuestros ejércitos, y que se le mantuviese en
-una ociosidad indecorosa. Se quiso conferenciar sobre los varios
-particulares que incluía el papel, y satisfacer a las quejas del duque;
-pero pidió se le respondiese por escrito, y la regencia resolvió se
-ejecutase así, reduciendo la respuesta a tres puntos: 1.º Que el duque
-no fue propiamente convidado sino admitido, pues habiendo hecho varias
-insinuaciones, y aun solicitudes, por sí y por su comisionado Don
-Nicolás de Broval, para que se le permitiese venir a los ejércitos
-españoles a defender los derechos de la augusta causa de Borbón, y
-habiendo manifestado el beneplácito de Luis XVIII y del rey<span
-class="pagenum" id="Page_liii">p. liii</span> de Inglaterra, se había
-condescendido a sus deseos con la generosidad que correspondía a su
-alto carácter; explicando la condescendencia en términos tan urbanos
-que más parecía un convite que una admisión. 2.º Que se ofreció dar
-al duque el mando de un ejército en Cataluña cuando nuestras armas
-iban boyantes en aquel principado y su presencia prometía felices
-resultados; pero que desgraciadamente su llegada a Tarragona se
-verificó en un momento crítico, cuando se había trocado la suerte de
-las armas, y se combinaron una multitud de obstáculos que impidieron
-cumplirle lo prometido, y que tal vez se hubieran allanado si el duque,
-no dándose tanta priesa a venir a Cádiz, hubiese permanecido allí algún
-tiempo más. 3.º Que el gobierno se ha ocupado y ocupa seriamente en
-proporcionarle el mando ofrecido, u otro equivalente; pero que las
-circunstancias no han cuadrado hasta ahora con sus medidas.»</p>
-
-<p><i>Día 2 de agosto.</i> «A primera hora se trató acerca del Duque
-de Orleans, a quien por una parte se desea dar el mando del ejército,
-y por otra parte se halla la dificultad de que la Inglaterra hace
-oposición a ello. En efecto, el embajador Wellesley ha insinuado ya,
-aunque privadamente, que en el instante que a dicho duque se confiera
-cualquiera mando o intervención en nuestros asuntos militares o
-políticos, tiene orden de su corte para reclamarlo...»</p>
-
-<p><i>Día 30 de septiembre.</i> «El duque de Orleans vino a la Isla
-de León y quiso entrar a hablar a las cortes; pero se excusaron de
-admitirle, y sin avisar ni darse por entendido con la regencia, se
-volvió en seguida a Cádiz. Casi al mismo tiempo se pasó orden al
-gobernador de aquella plaza para que con buen modo apresurase la ida
-del duque. Se recibió respuesta de este al oficio que se le pasó en
-nombre de las cortes, y decía en sustancia, en términos muy políticos,
-que se marcharía el miércoles 3 del próximo mes.»</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_liv">p. liv</span><i>Día 3 de
-octubre.</i> «A la noche se recibió parte de haberse hecho a la vela
-para Sicilia la fragata Esmeralda, que llevaba al duque de Orleans, y
-se comunicó inmediatamente a las cortes.»</p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_13-7" id="Ap_13-7">13-7</a>.</h3>
-
-<p>Colección de los decretos y órdenes de las cortes,
-tom. 1.º, pág. 10.</p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_13-8" id="Ap_13-8">13-8</a>.</h3>
-
-<p>Colección id., tomo 1.º, pág. 14 y siguientes.</p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_13-9" id="Ap_13-9">13-9</a>.</h3>
-
-<p>Manifiesto manuscrito de la primera regencia.</p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_13-10" id="Ap_13-10">13-10</a>.</h3>
-
-<p>Colección de los decretos y órdenes de las cortes,
-tomo 1.º, pág. 19.</p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_13-11" id="Ap_13-11">13-11</a>.</h3>
-
-<p>Véase el manifiesto de la junta superior de Cádiz.</p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_13-12" id="Ap_13-12">13-12</a>.</h3>
-
-<p>Colección de los decretos y órdenes de las cortes,
-tomo 1.º, pág. 32 y siguientes.</p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_13-13" id="Ap_13-13">13-13</a>.</h3>
-
-<p>Colección id., tomo 1.º, pág. 37 y siguientes.</p>
-
-
-<h3><span class="pagenum" id="Page_lv">p. lv</span><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_13-14" id="Ap_13-14">13-14</a>.</h3>
-
-<p>Diario de las discusiones y actas de las cortes,
-tomo 2.º, pág. 153 y siguientes.</p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_13-15" id="Ap_13-15">13-15</a>.</h3>
-
-<p>Colección de las decretos y órdenes de las cortes,
-tomo 1.º, pág. 72 y 73.</p>
-
-
-<p class="fin sc">Fin del tomo III.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop">
-
-
-<div class="chapter" id="Errata">
- <p><span class="pagenum" id="Page_lvii">p. lvii</span></p>
- <h2 class="nobreak fs130 negr g0">ERRATAS</h2>
- <p class="centra fs110 g1 ws2 mt1">DEL TOMO TERCERO.</p>
- <div class="figcenter mt1">
- <img style="width: 6em; height: auto;"
- src="images/separa3.jpg"
- alt="Motivo ornamental">
- </div>
-</div>
-
-<table class="errata">
- <tr>
- <td class="tdc">PÁGINAS.</td>
- <td class="tdc">DICE.</td>
- <td class="tdc">LÉASE.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdc">—</td>
- <td class="tdc">—</td>
- <td class="tdc">—</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl pt05">Pág. 48, lín. 5,</td>
- <td class="tdl pt05">internarse mas</td>
- <td class="tdl pt05">internarse más,</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl">Pág. 58, lín. 21,</td>
- <td class="tdl">Zuaim</td>
- <td class="tdl">Znaim</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl">Pág. 98, lín. 17,</td>
- <td class="tdl">entubrió</td>
- <td class="tdl">enturbió</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl">Pág. 117, lín. 12,</td>
- <td class="tdl">combalecientes</td>
- <td class="tdl">convalecientes</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl">Pág. 119, lín. 14,</td>
- <td class="tdl">pariguelas</td>
- <td class="tdl">parihuelas</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl">Pág. 120, lín. 8,</td>
- <td class="tdl">Ocurieron</td>
- <td class="tdl">Ocurrieron</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl">Pág. 171, lín. 15,</td>
- <td class="tdl">campo</td>
- <td class="tdl">campos</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl">Pág. 199, lín. 12,</td>
- <td class="tdl">Casco</td>
- <td class="tdl">casco</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl">Pág. 242, lín. 6,</td>
- <td class="tdl">alcázar</td>
- <td class="tdl">Alcázar</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl">Pág. 260, lín. 20,</td>
- <td class="tdl">Saliolos</td>
- <td class="tdl">Salioles</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl">Pág. 280, lín. 24,</td>
- <td class="tdl">atrincheramientos,</td>
- <td class="tdl">atrincheramientos;</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl">Pág. 299, lín. 31,</td>
- <td class="tdl">requebrajáronse</td>
- <td class="tdl">resquebrajáronse</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl">Pág. 358, lín. 5,</td>
- <td class="tdl">mal de su agrado</td>
- <td class="tdl">mal de su grado</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl">Pág. 370, lín. 28,</td>
- <td class="tdl">da las</td>
- <td class="tdl">de las</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl">Pág. 406, lín. 31,</td>
- <td class="tdl">que les animaba</td>
- <td class="tdl">que los animaba</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl">Pág. 425, lín. 25,</td>
- <td class="tdl">a las que</td>
- <td class="tdl">a los que</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl">Pág. 427, lín. 19,</td>
- <td class="tdl">ajuntamiento</td>
- <td class="tdl">ayuntamiento</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl">Pág. 432, lín. 2,</td>
- <td class="tdl">Freybery</td>
- <td class="tdl">Freyberg</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl">Pág. 438, lín. 15,</td>
- <td class="tdl">partido de Caco</td>
- <td class="tdl">partido de Coro</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl">Pág. 443, lín. 10,</td>
- <td class="tdl">le había</td>
- <td class="tdl">les había</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl">Pág. 445, lín. 4,</td>
- <td class="tdl">quietos</td>
- <td class="tdl">quitos</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl">Pág. 449, lín. 22,</td>
- <td class="tdl">declarada</td>
- <td class="tdl">del orador</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl">Pág. 450, lín. 6,</td>
- <td class="tdl">las suyas</td>
- <td class="tdl">los suyos</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl">Pág. 463, lín. 15,</td>
- <td class="tdl">a callar</td>
- <td class="tdl">a acallar</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl">Pág. 467, lín. 13,</td>
- <td class="tdl">Gerdoa</td>
- <td class="tdl">Gordoa</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl">Pág. 468, lín. 7,</td>
- <td class="tdl">virud</td>
- <td class="tdl">virtud</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl">Pág. 475, lín. 28,</td>
- <td class="tdl">Resumimos</td>
- <td class="tdl">Presumimos</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl">Pág. 476, lín. 6,</td>
- <td class="tdl">Marlaix</td>
- <td class="tdl">Morlaix</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdc"><i>Ibid.</i> lín. 7,</td>
- <td class="tdl">Mr. Maustier</td>
- <td class="tdl">Mr. de Moustier</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl">Pág. 479, lín. 17,</td>
- <td class="tdl">sútil</td>
- <td class="tdl">sutil</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl">Pág. 480, lín. 17,</td>
- <td class="tdl">encontado</td>
- <td class="tdl">encontrado</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl">Pág. 486, lín. 30,</td>
- <td class="tdl">«¿quien</td>
- <td class="tdl">¿quien</td>
- </tr>
- <tr>
- <td colspan="3" class="tdc pt2">APÉNDICES.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td colspan="3" class="tdc">—</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl pt05">Ap. lib. 11, n.º 1.</td>
- <td class="tdc pt05">τὺ</td>
- <td class="tdc pt05">τὸ</td>
- </tr>
-</table>
-
-<hr class="chap">
-
-
-<hr class="full">
-
-<div lang='en' xml:lang='en'>
-<div style='display:block; margin-top:4em'>*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK <span lang='es' xml:lang='es'>HISTORIA DEL LEVANTAMIENTO, GUERRA Y REVOLUCIÓN DE ESPAÑA (3 DE 5)</span> ***</div>
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-($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
-status with the IRS.
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-The Foundation is committed to complying with the laws regulating
-charities and charitable donations in all 50 states of the United
-States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
-considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
-with these requirements. We do not solicit donations in locations
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-Section 5. General Information About Project Gutenberg&#8482; electronic works
-</div>
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-Professor Michael S. Hart was the originator of the Project
-Gutenberg&#8482; concept of a library of electronic works that could be
-freely shared with anyone. For forty years, he produced and
-distributed Project Gutenberg&#8482; eBooks with only a loose network of
-volunteer support.
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-Project Gutenberg&#8482; eBooks are often created from several printed
-editions, all of which are confirmed as not protected by copyright in
-the U.S. unless a copyright notice is included. Thus, we do not
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-facility: <a href="https://www.gutenberg.org">www.gutenberg.org</a>.
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-including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
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Binary files differ