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If you are not located in the United States, you -will have to check the laws of the country where you are located before -using this eBook. - -Title: Historia del levantamiento, guerra y revolución de España (3 de - 5) - -Author: Conde de Toreno - -Release Date: November 23, 2022 [eBook #69411] - -Language: Spanish - -Produced by: Ramón Pajares Box and the Online Distributed Proofreading - Team at https://www.pgdp.net (This file was produced from - images generously made available by The Internet - Archive/Canadian Libraries) - -*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK HISTORIA DEL LEVANTAMIENTO, -GUERRA Y REVOLUCIÓN DE ESPAÑA (3 DE 5) *** - - -NOTA DE TRANSCRIPCIÓN - - * Las cursivas se muestran entre _subrayados_ y las versalitas se han - convertido a MAYÚSCULAS. - - * Los errores de imprenta han sido corregidos. - - * La ortografía del texto original ha sido modernizada de acuerdo con - las normas publicadas en 2010 por la Real Academia Española. - - * También han sido modernizados los topónimos y los nombres propios de - persona, siempre que se han encontrado referencias bibliográficas. - - * Se han incorporado las correcciones mencionadas en la fe de erratas - aparecida en este tercer tomo. - - * Se ha alterado la numeración de los apéndices para que incorporen - el número del libro al que corresponden, obteniendo así una - identificación única a lo largo de todos los tomos de la obra. - - * Las páginas en blanco han sido eliminadas. - - - - - HISTORIA - DEL - Levantamiento, Guerra y Revolución - de España. - - - - - HISTORIA - DEL - Levantamiento, Guerra y Revolución - DE ESPAÑA - - POR - EL CONDE DE TORENO. - - TOMO III. - - Madrid: - IMPRENTA DE DON TOMÁS JORDÁN, - 1835. - - - - - ... quis nescit, primam esse historiæ legem, ne quid falsi dicere - audeat? deinde ne quid veri non audeat? ne qua suspicio gratiæ sit in - scribendo? ne qua simultatis? - - CICER., _De Oratore, lib. 2, c. 15._ - - - - - RESUMEN - DEL - LIBRO NOVENO. - - -_Conducta de la central después de Medellín. — Su decreto de 18 de -abril. — Ideas añejas de algunos de sus individuos. — Repruébalas -el gobierno inglés. — Fuerza que adquiere el partido de Jovellanos. -— Proposición de Calvo de Rozas para convocar a cortes, 15 de -abril. — Ensanche que se da a la imprenta. — Semanario patriótico. -— Descontentos con la junta. — Infantado. — Don Francisco Palafox. -— Montijo. — Alboroto que promueve el último en Granada, reprimido. -— Discútese en la junta convocar a cortes. — Decídese convocar las -cortes. — Decreto de 22 de mayo. — Efecto que produce en la opinión. -— Restablecimiento de todos los consejos en uno solo. — Operaciones -de los ejércitos. — Aragón. — Ríndese Jaca a los franceses. — El P. -Consolación. — Pérdida de Monzón. — Son rechazados los franceses en -Mequinenza. — Molina. — Pasa el 5.º cuerpo de Aragón a Castilla. -— Suchet sucede a Junot en el mando de Aragón. — Formación del 2.º -ejército español de la derecha. — Mándale Blake. — Reino de Valencia. -— Reúne Blake el mando de toda la corona de Aragón. — Muévese Blake. -— Conmociones en Aragón. — Albelda. — Tamarite. — Abandonan los -franceses a Monzón. — En vano intentan recobrarle. — Ríndense 600 -franceses. — Entra Blake en Alcañiz. — Va Suchet a su encuentro. — -Batalla de Alcañiz. — Retírase Suchet a Zaragoza. — Situación crítica -de Suchet. — Partidarios. — Adelántase Blake a Zaragoza. — Batalla -de María. — Retírase Blake a Botorrita. — Retírase de Botorrita. — -Batalla de Belchite. — Resultas desastradas de la batalla. — Pasa -Blake a Cataluña. — Conspiración de Barcelona. — Suplicio de algunos -patriotas. — Sucesos del mediodía de España. — Mariscal Victor. — -Patriotismo de Extremadura. — Inacción de Victor. — Pasa Lapisse de -tierra de Salamanca a Extremadura. — Entra en Alcántara. — Únense -Lapisse y Victor. — Marchan contra Portugal. — Desisten de su intento. -— Muévese Cuesta. — Partidarios de Extremadura y Toledo. — Vuelan los -franceses el puente de Alcántara. — Ejército de la Mancha. — Va a su -encuentro sin fruto José Bonaparte. — Campaña de Talavera. — Fuerzas -que tomaron parte en ella. — Marcha Wellesley a Extremadura. — Planes -diversos de los franceses. — Situación de Soult. — Cuesta en las Casas -del Puerto. — Avístase allí con él Wellesley. — Plan que adoptan. — -Medidas que había tomado la central. — Marcha adelante el ejército -aliado. — Propone Wellesley a Cuesta atacar. — Rehúsalo el general -español. — Incomódase Wellesley. — Avanza solo Cuesta. — Reconcéntranse -los franceses. — Avanza Wilson a Navalcarnero. — Peligro que corre el -ejército de Cuesta. — Batalla de Talavera 27 y 28 de julio. — Severidad -de Cuesta. — Recompensas que da la junta central y el gobierno inglés. -— Retíranse los franceses a diversos puntos. — No sigue Wellington -el alcance. — Motivos de ello. — Llega Soult a Extremadura. — Va -Wellington a su encuentro. — Tropas que se agolpan al valle del Tajo. -— Cuesta se retira de Talavera. — El ejército aliado se pone en la -orilla izquierda del Tajo. — Paso del Arzobispo por los franceses. -— Deja Cuesta el mando. — Sucédele Eguía. — Nuevas disposiciones de -los franceses. — Encuéntranse Wilson y Ney en el puerto de Baños. -— Extorsiones del ejército de Soult. — Muerte violenta del obispo -de Coria. — Ejército de Venegas. — Su marcha. — Nómbrale la junta -capitán general de Castilla la Nueva. Su incertidumbre. — Defiende -el paso del Tajo en Aranjuez. — Batalla de Almonacid. — Retirada del -ejército español. — Su dispersión. — Contestaciones con los ingleses -sobre subsistencias. — Llegada a España del marqués de Wellesley. — -Plan de subsistencias. — Conducta y tropelías del gobierno de José. — -Opinión de Madrid. — Júbilo que allí hubo el día de Santa Ana. — Nuevos -decretos de José. — Medidas económicas. — Plata de particulares. — Del -palacio. — De iglesias. — Mr. Napier. — Cédulas hipotecarias. — Cédulas -de indemnización y recompensa. — Otros decretos._ - - - - - HISTORIA - DEL - LEVANTAMIENTO, GUERRA Y REVOLUCIÓN - de España. - - LIBRO NOVENO. - - -El querer llevar a término en el libro anterior la evacuación de -Galicia y de Asturias, nos obligó a no detenernos en nuestra narración -hasta tocar con los sucesos de aquellas provincias en el mes de agosto. -Volveremos ahora atrás para contar otros no menos importantes que -acaecieron en el centro del gobierno supremo y demás partes. - -[Sidenote: Conducta de la central después de Medellín.] - -La rota de Medellín sobre el destrozo del ejército había causado en el -pueblo de Sevilla mortales angustias por la siniestra voz esparcida -de que la junta central se iba a Cádiz para de allí trasladarse -a América. Semejante nueva solo tuvo origen en los temores de la -muchedumbre y en indiscretas expresiones de individuos de la central. -Mas de estos los que eran de temple sereno y se hallaban resueltos a -perecer antes que a abandonar el territorio peninsular, aquietaron -a sus compañeros y propusieron un decreto publicado en 18 de abril, -[Sidenote: Su decreto de 18 de abril.] en el cual se declaraba que -nunca «mudaría [la junta] su residencia, sino cuando el lugar de -ella estuviese en peligro o alguna razón de pública utilidad lo -exigiese.» Correspondió este decreto al buen ánimo que había la junta -mostrado al recibir la noticia de la pérdida de aquella batalla, y a -las contestaciones que por este tiempo dio a Sotelo, y que ya quedan -referidas. Así puede con verdad decirse que desde entonces hasta -después de la jornada de Talavera fue cuando obró aquel cuerpo con más -dignidad y acierto en su gobernación. - -[Sidenote: Ideas añejas de algunos de sus individuos.] - -Antes algunos individuos suyos, si bien noveles repúblicos e hijos -de la insurrección, continuaban tan apegados al estado de cosas de -los reinados anteriores, que aun faltándoles ya el arrimo del conde -de Floridablanca, a duras penas se conseguía separarlos de la senda -que aquel había trazado; presentando obstáculos a cualquiera medida -enérgica, y señaladamente a todas las que se dirigían a la convocación -de cortes, o a desatar algunas de las muchas trabas de la imprenta. -Apareció tan grande su obstinación que no solo provocó murmuraciones -y desvío en la gente ilustrada, según en su lugar se apuntó, sino que -también se disgustaron todas las clases; y hasta el mismo gobierno -inglés, temeroso de que se ahogase el entusiasmo público, insinuó en -una nota de 20 de julio de 1809 que [*] [Sidenote: Repruébalas el -gobierno inglés. (* Ap. n. 9-1.)] «si se atreviera a criticar [son sus -palabras] cualquiera de las cosas que se habían hecho en España, tal -vez manifestaría sus dudas... de si no había habido algún recelo de -soltar el freno... a toda la energía del pueblo contra el enemigo.» - -Tan universales clamores y los desastres, principal aunque costoso -despertador de malos o poco advertidos gobiernos, hicieron abrir -los ojos a ciertos centrales y dieron mayor fuerza e influjo al -partido de Jovellanos, [Sidenote: Fuerza que adquiere el partido de -Jovellanos.] el más sensato y distinguido de los que dividían a la -junta, y al cual se unió el de Calvo de Rozas, menor en número pero -más enérgico e igualmente inclinado a fomentar y sostener convenientes -reformas. Ya dijimos cómo Jovellanos fue quien primero propuso en -Aranjuez llamar a cortes, y también cómo se difirió para más adelante -tratar aquella cuestión. En vano con los reveses se intentó después -renovarla, esquivándola asimismo, mientras vivió, el presidente conde -de Floridablanca; a punto que no contento con hacer borrar el nombre de -cortes que se hallaba inserto en el primer manifiesto de la central, -rehusó firmar este, aun quitada aquella palabra, enojado con la -expresión sustituida de que se restablecerían «las leyes fundamentales -de la monarquía.» Rasgo que pinta lo aferrado que estaba en sus máximas -el antiguo ministro. - -[Sidenote: Proposición de Calvo de Rozas para convocar a cortes, 15 de -abril.] - -Ahora, muerto el conde y algún tanto ablandados los partidarios de -sus doctrinas, osó Calvo de Rozas proponer de nuevo, en 15 de abril, -el que se convocase la nación a cortes. Hubo vocales que todavía -anduvieron reacios, mas estando la mayoría en favor de la proposición, -fue esta admitida a examen; debiendo antes discutirse en las diversas -secciones en que para preparar sus trabajos se distribuía la junta. - -[Sidenote: Ensanche que se da a la imprenta. Semanario patriótico.] - -Por el mismo tiempo diose algún ensanche a la imprenta, y se permitió -la continuación del periódico intitulado _Semanario patriótico_, obra -empezada en Madrid por Don Manuel Quintana, y que los contratiempos -militares habían interrumpido. Tomáronla en la actualidad a su cargo -Don I. Antillón y Don J. Blanco, mereciendo este hecho particular -mención por el influjo que ejerció en la opinión aquel periódico, y por -haberse tratado en él con toda libertad, y por primera vez en España, -graves y diversas materias políticas. - -[Sidenote: Descontentos con la junta.] - -Mudado y mejorado así el rumbo de la junta, aviváronse las esperanzas -de los que deseaban unir a la defensa de la patria el establecimiento -de buenas instituciones, y se reprimieron aviesas miras de descontentos -y perturbadores. Contábanse entre los últimos muchos que estaban en -opuestos sentidos, divisándose, al par de individuos del consejo, otros -de las juntas, y amigos de la inquisición al lado de los que lo eran -de la libertad de imprenta. Desabrido por lo menos se mostró el duque -del Infantado, [Sidenote: Infantado.] no olvidando la preferencia que -se daba a Venegas, rival suyo desde la jornada de Uclés. [Sidenote: D. -Francisco de Palafox.] Creíase que no ignoraba los manejos y amaños -en que ya entonces andaban Don Francisco de Palafox y el conde del -Montijo, [Sidenote: Montijo.] persuadido el primero de que bastaba su -nombre para gobernar el reino, y arrastrado el segundo de su índole -inquieta y desasosegada. - -[Sidenote: Alboroto que promueve el último en Granada, reprimido.] - -Centellearon chispas de conjuración en Granada, a donde el del Montijo, -teniendo parciales, había acudido para enseñorearse de la ciudad. -Acompañole en su viaje el general inglés Doyle; y el conde, atizador -siempre oculto de asonadas, movió el 16 de abril un alboroto en que -corrieron las autoridades inminente peligro. La pérdida de estas -hubiera sido cierta si el del Montijo al llegar al lance no desmayara, -según su costumbre, temiendo ponerse a la cabeza de un regimiento -ganado en favor suyo y de la plebe amotinada. La junta provincial, -habiendo vuelto del sobresalto, recobró su ascendiente y prendió a -los principales instigadores. Mal lo hubiera pasado su encubierto -jefe, si, a ruegos de Doyle, a quien escudaba el nombre de inglés, no -se le hubiera soltado con tal que se alejara de la ciudad. Pasó el -conde a Sanlúcar de Barrameda, y no renunció ni a sus enredos ni a sus -tramas. Pero con el malogro de la urdida en Granada desvaneciéronse por -entonces las esperanzas de los enemigos de la central, conteniéndolos -también la voz pública, que pendiente de la convocación de cortes y -temerosa de desuniones quería más bien apoyar al gobierno supremo, en -medio de sus defectos, que dar pábulo a la ambición de unos cuantos, -cuyo verdadero objeto no era el procomunal. - -[Sidenote: Discútese en la junta convocar a cortes.] - -Mientras tanto, examinada en las diversas secciones de la junta la -proposición de Calvo de llamar a cortes, pasose a deliberar sobre ella -en junta plena. Suscitáronse en su seno opiniones varias, siendo de -notar que los individuos que había en aquel cuerpo más respetables por -su riqueza, por sus luces y anteriores servicios sostuvieron con ahínco -la proposición. De su número fueron el presidente marqués de Astorga, -el bailío Don Antonio Valdés, Don Gaspar de Jovellanos, Don Martín de -Garay y el marqués de Campo Sagrado. Alabose mucho el voto del último -por su concisión y firmeza. Explayó Jovellanos el suyo con la erudición -y elocuencia que le eran propias; mas excedió a todos en libertad y -en el ensanche que quería dar a la convocatoria de cortes el bailío -Valdés, asentando que salvo la religión católica y la conservación de -la corona en las sienes de Fernando VII, no deberían dejar aquellas -institución alguna ni ramo sin reformar, por estar todos viciados y -corrompidos. Dictámenes que prueban hasta qué punto ya entonces reinaba -la opinión de la necesidad y conveniencia de juntar cortes entre las -personas señaladas por su capacidad, cordura y aun aversión a excesos -populares. - -Aparecieron como contrarios a la proposición Don José García de la -Torre, Don Sebastián Jócano, D. Rodrigo Riquelme y D. Francisco Javier -Caro. Abogado el primero de Toledo, magistrados los otros dos de poco -crédito por su saber, y el último mero licenciado de la universidad de -Salamanca, no parecía que tuviesen mucho que temer de las cortes ni de -las reformas que resultasen, y sin embargo se oponían a su reunión, -al paso que la apoyaban los hombres de mayor valía, y que pudieran -con más razón mostrarse más asombradizos. [Sidenote: Decídese convocar -las cortes.] A pesar de los encontrados dictámenes se aprobó por la -gran mayoría de la junta la proposición de Calvo y se trató luego de -extender el decreto. - -Al principio presentose una minuta arreglada al voto del bailío -Valdés, mas conceptuando que sus expresiones eran harto libres, y aun -peligrosas en las circunstancias, y alegando de fuera y por su parte -el ministro inglés Frere razones de conveniencia política, variose el -primer texto, acordando en su lugar otro decreto que se publicó con -fecha de 22 de mayo,[2] [Sidenote: Decreto de 22 de mayo. (* Ap. n. -9-2.)] y en el que se limitaba la junta a anunciar «el restablecimiento -de la representación legal y conocida de la monarquía en sus antiguas -cortes, convocándose las primeras en el año próximo, o antes si las -circunstancias lo permitiesen.» Decreto tardío y vago, pero primer -fundamento del edificio de libertad que empezaron después a levantar -las cortes congregadas en Cádiz. - -Disponíase también, por uno de sus artículos, que una comisión de cinco -vocales de la junta se ocupase en reconocer y preparar los trabajos -necesarios para el modo de convocar y formar las primeras cortes, -debiéndose además consultar acerca de ello a varias corporaciones y -personas entendidas en la materia. - -[Sidenote: Efecto que produce en la opinión.] - -El no determinarse día fijo para la convocación, el adoptar el lento -y trillado camino de las consultas, y el haber sido nombrados para la -comisión indicada, con los señores arzobispo de Laodicea, Castanedo y -Jovellanos, los señores Riquelme y Caro, enemigos de la resolución, -excitó la sospecha de que el decreto promulgado no era sino engañoso -señuelo para atraer y alucinar; por lo que su publicación no produjo en -favor de la central todo el fruto que era de esperarse. - -[Sidenote: Restablecimiento de todos los consejos en uno solo.] - -Poco después disgustó igualmente el restablecimiento de todos los -consejos: a sus adversarios por juzgar aquellos cuerpos, particularmente -al de Castilla, opuestos a toda variación o mejora, a sus amigos -por el modo como se restablecieron. Según decreto de 3 de marzo, -debía instalarse de nuevo el consejo real y supremo de Castilla, -reasumiéndose en él todas las facultades que, tanto por lo respectivo -a España como por lo tocante a Indias, habían ejercido hasta aquel -tiempo los demás consejos. Por entonces se suspendió el cumplimiento de -este decreto, y solo en 25 de junio se mandó llevar a debido efecto. -La reunión y confusión de todos los consejos en uno solo fue lo que -incomodó a sus individuos y parciales, y la junta no tardó en sentir de -cuán poco le servía dar vida y halagar a enemigo tan declarado. - -A pesar de esta alternativa de varias y al parecer encontradas -providencias, la junta central, repetimos, se sostuvo desde el abril -hasta el agosto de 1809 con más séquito y aplauso que nunca; a lo que -también contribuyó no solo haber sido evacuadas algunas provincias -del norte, sino el ver que después de las desgracias ocurridas se -levantaban de nuevo y con presteza ejércitos en Aragón, Extremadura y -otras partes. - -[Sidenote: Operaciones de los ejércitos. Aragón.] - -Rendida Zaragoza, cayó por algún tiempo en desmayo el primero de -aquellos reinos. Conociéronlo los franceses, y para no desaprovechar -tan buena oportunidad, trataron de apoderarse de las plazas y puntos -importantes que todavía no ocupaban. De los dos cuerpos suyos que -estuvieron presentes al sitio de Zaragoza, se destinó el 5.º a aquel -objeto, permaneciendo el 3.º en la ciudad, cuyos escombros aún ponían -espanto al vencedor. Hubieran querido los enemigos enseñorearse de una -vez de Jaca, Monzón, Benasque y Mequinenza. Mas, a pesar de su conato, -no se hicieron dueños sino de las dos primeras plazas, aprovechándose -de la flaqueza de las fortificaciones y falta de recursos, y empleando -otros medios además de la fuerza. - -[Sidenote: Ríndese Jaca a los franceses.] - -Salió para Jaca el ayudante Fabre, del estado mayor, llevando consigo -el regimiento 34.º y un auxiliar de nuevo género, que desdecía del -pensar y costumbres de los militares franceses. Era pues este un fraile -agustino, de nombre fray José de la Consolación, [Sidenote: El Padre -Consolación.] misionero tenido en la tierra en gran predicamento, -mas de aquellos cuyo traslado con tanta maestría nos ha delineado -el festivo y satírico padre Isla. El 8 de marzo entró el fray José -en la plaza, y la elocuencia que antes empleaba, si bien con poca -mesura, por lo menos en respetables objetos, sirviole ahora para -pregonar su misión en favor de los enemigos de la patria, no siendo -aquella la sola ocasión en que los franceses se valieron de frailes y -de medios análogos a los que reprendían en los españoles. Convocó a -junta el padre Consolación a las autoridades y a otros religiosos, y -saliéndole vanas por esta vez sus predicaciones, fomentó en secreto, -ayudado de algunos, la deserción, la cual creció en tanto grado que no -quedando dentro sino poquísimos soldados, tuvo el 21 que rendirse el -teniente-rey Don Francisco Campos, que hacía de gobernador. Aunque no -fuese Jaca plaza de grande importancia por su fortaleza, éralo por su -situación que impedía comunicarse con Francia. Desacreditose en Aragón -el fraile misionero, prevaleciendo sobre el fanatismo el odio a la -dominación extranjera. - -[Sidenote: Pérdida de Monzón.] - -Perdiose Monzón a principios de marzo. Había el 1.º del mes llegado a -sus muros el marqués de Lazán, procedente de Cataluña y acompañado de -la división de que hablamos anteriormente. Adelantose a la sierra de -Alcubierre, hasta que sabedor de la rendición de Zaragoza y de que los -franceses se acercaban, retrocedió al cuarto día. Don Felipe Perena, a -quien había dejado en Berbegal, tampoco tardó en retirarse a Monzón, en -donde luego apareció con su brigada el general Girard. Informado Lazán -de que el francés traía respetable fuerza, caminó la vuelta de Tortosa, -y viéndose solo el gobernador de Monzón, Don Rafael de Anseátegui, -desamparó con toda su gente el castillo, evacuando igualmente la villa -los vecinos. - -[Sidenote: Son rechazados los franceses en Mequinenza.] - -No salieron los franceses tan lucidos en otras empresas que en Aragón -intentaron, a pesar del abatimiento que había sobrecogido a sus -habitantes. El mariscal Mortier, jefe, como sabe el lector, del 5.º -cuerpo, quiso apoderarse en persona y de rebate de Mequinenza, villa -solo amparada de un muro antiguo y de un mal castillo, pero de alguna -importancia por ser llave hacia aquella parte del Ebro, y tener su -asiento en donde este río y el Segre se juntan en una madre. Tres -tentativas hicieron en marzo los enemigos contra la villa: en todas -ellas fueron repelidos, auxiliando a los de Mequinenza los vecinos de -la Granja, pueblo catalán no muy distante. - -Extendiéronse igualmente los franceses vía de Valencia hasta Morella, -de donde, exigidas algunas contribuciones, se replegaron a Alcañiz. -Por el mediodía de Aragón se enderezaron a Molina, [Sidenote: Molina.] -enojados del brío que mostraban los naturales, quienes, bajo la buena -guía de su junta, habían atacado el 22 de marzo y ahuyentado en Truecha -300 infantes y caballos de los contrarios. Por ello, y por verse así -cortada la comunicación entre Madrid y Zaragoza, dirigiéronse los -últimos en gran número contra Molina, de lo que, advertida su junta, se -recogió a cinco leguas en las sierras del señorío. Todos los vecinos -desampararon la villa, cuyo casco ocuparon los franceses, mas solo por -pocos días. - -[Sidenote: Pasa el 5.º cuerpo de Aragón a Castilla.] - -Napoleón, en tanto, creyendo que los aragoneses estaban sometidos -con la caída de Zaragoza, e importándole acudir a Castilla a fin de -proseguir las operaciones contra los ingleses, determinó que el 5.º -cuerpo marchase a últimos de abril del lado de Valladolid, poniéndole -después así como al 2.º y 6.º, según ya se dijo, bajo el mando supremo -del mariscal Soult. - -[Sidenote: Suchet sucede a Junot en el mando de Aragón.] - -Quedó, por consiguiente, para guardar a Aragón solo el tercer cuerpo -regido por el general Junot, quien permaneció allí corto tiempo, -habiendo caído enfermo, y no juzgándosele capaz de gobernar por sí país -tan desordenado y poco seguro. Sucediole Suchet, que estaba al frente de -una de las divisiones del 5.º cuerpo, y dejando dicho general a Mortier -en Castilla, volvió a Zaragoza y se encargó del mando de la provincia -y del tercer cuerpo, cuya fuerza se hallaba reducida con las pérdidas -experimentadas en el sitio de aquella ciudad y con las enfermedades, -notándose además en sus filas muy menguada la virtud militar. Llegó -el 19 de marzo a Zaragoza el general Suchet con la esperanza de que -tendría suficiente espacio para restablecer el orden y la disciplina -sin ser incomodado por los españoles. - -[Sidenote: Formación del 2.º ejército español de la derecha.] - -Mas engañose, habiendo la junta central acordado con laudable previsión -medidas de que luego se empezó a recoger el fruto. Debe mirarse -como la más principal la de haber ordenado a mediados de abril la -formación de un segundo ejército de la derecha que se denominaría -de Aragón y Valencia, y cuyo objeto fuese cubrir las entradas de la -última provincia e incomodar a los franceses en la otra. Confiose el -mando a Don Joaquín Blake, [Sidenote: Mándale Blake.] que se hallaba -en Tortosa, habiéndole la central poco antes enviado a Cataluña bajo -las órdenes de Reding, quien, a su arribo, le destinó a aquella plaza -para mandar la división de Lazán acuartelada en su recinto. El nuevo -ejército debía componerse de esta misma división que constaba de 4 a -5000 hombres, y de las fuerzas que aprontase Valencia. - -[Sidenote: Reino de Valencia.] - -Rica y populosa esta provincia, hubiera en verdad podido coadyuvar -grandemente a aquel objeto, si reyertas interiores no hubieran en parte -inutilizado los impulsos de su patriotismo. Habíase su territorio -mantenido libre de enemigos desde el junio del año anterior. Continuaba -a su frente la primera junta, que era sobrado turbulenta, y permaneció -mucho tiempo mandando como capitán general el conde de la Conquista, -hombre no muy entusiasmado por la causa nacional, que consideraba -perdida. En diciembre de 1808 se recogió allí desde Cuenca, hasta donde -había acompañado al ejército del centro, Don José Caro, y con él una -corta división. Luego que llegó este a Valencia fue nombrado segundo -cabo, y prontamente se aumentaron los piques y sinsabores, queriendo -el Don José reemplazar en el mando al de la Conquista. No cortó la -discordia el barón de Sabasona, individuo de la central enviado a aquel -reino en calidad de comisario: buen patricio, pero ignorante, terco -y de fastidiosa arrogancia, no era propio para conciliar voluntades -desunidas ni para imponer el debido respeto. Anduvieron pues sueltas -mezquinas pasiones, hasta que por fin en abril de 1809 consiguió Caro -su objeto, sin que por eso se ahogase, conforme después veremos, la -semilla de enredos echada en aquel suelo por hombres inquietos. Así fue -que Valencia, a pesar de sus muchos y variados recursos, y de tener cerca -a Murcia, libre también de enemigos y sujeta en lo militar a la misma -capitanía general, no ayudó por de pronto a Blake con otra fuerza que -la de ocho batallones apostados en Morella a las órdenes de Don Pedro -Roca. - -[Sidenote: Reúne Blake el mando de toda la corona de Aragón.] - -Con estos, y la división mencionada de Lazán, empezó a formar Don Joaquín -Blake el segundo ejército de la derecha. Entonces solo trató de -disciplinarlos, contentándose con establecer una línea de comunicación -sobre el río Algas, y otra del lado de Morella. Mas poco después, -animado con que la central hubiese añadido a su mando el de Cataluña, -vacante por muerte de Reding, y sabedor de que la fuerza francesa en -Aragón se había reducido a la del tercer cuerpo, como también que -muchos de aquellos moradores se movían, [Sidenote: Muévese Blake.] -resolvió obrar antes de lo que pensaba, saliendo de Tortosa el 7 de -mayo. Manifestáronse los primeros síntomas de levantamiento hacia -Monzón. [Sidenote: Conmociones en Aragón.] Sirvieron de estímulo -las vejaciones y tropelías que cometían en Barbastro y orillas del -Cinca las tropas del general Habert. Dio la señal en principios de -mayo la villa de Albelda, [Sidenote: Albelda.] negándose a pagar las -contribuciones y repartimientos que le habían impuesto. Enviaron los -franceses gente para castigar tal osadía; mas protegidos los habitantes -por 700 hombres que de Lérida envió el gobernador Don José Casimiro -Lavalle, a las órdenes de los coroneles Don Felipe Perena y Don Juan -Baget, no solo se libertaron del azote que los amagaba, [Sidenote: -Tamarite.] sino que también consiguieron escarmentar en Tamarite a los -enemigos, cuyo mayor número se retiró a Barbastro, quedando unos 200 en -Monzón. [Sidenote: Abandonan los franceses a Monzón.] Alentados con -el suceso los naturales de esta villa, y cansados del yugo extranjero, -levantáronse contra sus opresores y los obligaron a retirarse de sus -hogares. - -Necesario era que los franceses vengasen tamaña afrenta. Dirigieron, -pues, crecida fuerza a lo largo de la derecha del Cinca, y el 16 -cruzaron este río por el vado y barca del Pomar. [Sidenote: En vano -intentaron recobrarle.] Atacaron a Monzón, que guarnecía, con un reducido -batallón y un tercio de miqueletes, Don Felipe Perena: creían ya los -enemigos seguro el triunfo, cuando fueron repelidos y aun desalojados -del lugar del Pueyo. Insistieron al día siguiente en su propósito, y -hasta penetraron en las calles de Monzón; pero acudiendo a tiempo desde -Fonz Don Juan Baget, tuvieron que retirarse con pérdida considerable. -Escarmentados de este modo pidieron socorro a Barbastro, de donde -salieron con presteza en su ayuda 2000 hombres. Desgraciadamente para -ellos, el Cinca, hinchándose con las avenidas, salió de madre y les -impidió vadear sus aguas. Separados por este incidente, y sin poder -comunicarse los franceses de ambas orillas, conocieron su peligro los -que ocupaban la izquierda, y para evitarle corrieron hacia Albalate -en busca del puente de Fraga. Había antes previsto su movimiento el -gobernador español de Lérida, y se encontraron con que aquel paso -estaba ya atajado. Revolvieron entonces sobre Fonz y Estadilla, -queriendo repasar el Cinca del lado de las montañas situadas en la -confluencia del Esera. Hostigados allí por todos lados, faltos de -recursos y sin poder recibir auxilio de sus compañeros de la margen -derecha, [Sidenote: Ríndense 600 franceses.] tuvieron que rendirse -estos que en vano habían recorrido toda la izquierda, entregándose -prisioneros el 21 de mayo a los jefes Perena y Baget, en número de -unos 600 hombres. Encendiose más y más con hecho tan glorioso la -insurrección del paisanaje, y fue estimulado Blake a acelerar sus -movimientos. - -[Sidenote: Entra Blake en Alcañiz.] - -Ya este general después de su salida de Tortosa se había aproximado -a la división francesa que en Alcañiz y sus alrededores mandaba el -general Laval, obligándole a evacuar aquella ciudad el 18 del mes de -mayo. Los enemigos todavía no tenían por allí numerosa fuerza, pues -dicha división no permanecía entera y reunida en un punto, sino que, -acantonada, se extendía hasta Barbastro, mediando el Ebro entre sus -esparcidos trozos. Nada hubiera importado a los franceses semejante -desparramamiento si no perdieran a Monzón, y si impensadamente no -se hubiera aparecido Don Joaquín Blake, cuyos dos acontecimientos -supiéronse en Zaragoza el 20 a la propia sazón que Suchet acababa de -tomar el mando. - -[Sidenote: Va Suchet a su encuentro.] - -Se desvanecieron por consiguiente los planes de este general de mejorar -el estado de su ejército antes de obrar, y en breve se preparó a ir a -socorrer a su gente. Dejó en Zaragoza pocas tropas, y llevando consigo -la mayor parte de la segunda división marchó a reforzar la primera del -mando de Laval, que se reconcentraba en las alturas de Híjar. Juntas -ambas ascendían a unos 8000 hombres, de los que 600 eran de caballería. -Arengó Suchet a sus tropas, recordoles pasadas glorias, y yendo -adelante se aproximó a Alcañiz, en donde ya estaba apostado Don Joaquín -Blake. Contaba por su parte el general español, reunidas que fueron las -divisiones valenciana de Morella y aragonesa de Tortosa, 8176 infantes -y 481 caballos. - -[Sidenote: Batalla de Alcañiz.] - -La derecha al mando de Don Juan Carlos de Aréizaga se alojaba en el -cerro de los Pueyos de Fórnoles; la izquierda gobernada por Don Pedro -Roca permaneció en el cabezo o cumbre baja de Rodriguer, situándose el -centro en el de Capuchinos a las inmediatas órdenes del general en jefe -y de su segundo el marqués de Lazán. Corría a la espalda del ejército -el río Guadalope, y más allá se descubría colocada en un recuesto la -ciudad de Alcañiz. - -A las seis de la mañana del 23 aparecieron los enemigos por el camino -de Zaragoza, retirándose a su vista la vanguardia española que regía -Don Pedro Tejada. Pusieron aquellos su primer conato en apoderarse -de la ermita de Fórnoles, atacando el cerro por el frente y flanco -derecho, al mismo tiempo que ocupaban las alturas inmediatas. -Contestaron con acierto los nuestros a sus fuegos, y repelieron después -con serenidad y vigorosamente una columna sólida de 900 granaderos, -que marchaba arma al brazo y con grande algazara. Queriendo entonces -el general Blake causar diversión al enemigo, envió contra su centro -un trozo de gente escogida al mando de Don Martín de Menchaca. No -estorbó esta atinada resolución el que Suchet repitiese sus ataques -para enseñorearse de la ermita de Fórnoles, si bien infructuosamente, -alcanzando gloria y prez Aréizaga y los españoles que defendían el -puesto. Enojados los franceses al ver cuán inútiles eran sus esfuerzos, -revolvieron sobre Menchaca, que acometido por superiores fuerzas -tuvo que recogerse al cerro de la mencionada ermita. Extendiose en -seguida la pelea al centro e izquierda española, avanzando una -columna enemiga por el camino de Zaragoza con tal impetuosidad que -por de pronto todo lo arrolló. Mandábala el general francés Fabre, y -sus soldados llegaron al pie de las baterías españolas del centro, en -donde los contuvo y desordenó el fuego vivísimo de los infantes, y el -bien acertado a metralla de la artillería que gobernaba Don Martín -García Loigorri. Rota y deshecha esta columna, tuvieron los enemigos -que replegarse, dejando el camino de Zaragoza cubierto de cadáveres. -Nuestras tropas picaron algún trecho su retirada, y no insistió Blake -en el perseguimiento por la desconfianza que le inspiraba su propia -caballería que anduvo floja en aquella jornada. Perdieron los españoles -de 200 a 300 hombres: los franceses unos 800, quedando herido levemente -en un pie el general Suchet. [Sidenote: Retírase Suchet a Zaragoza.] -Prosiguieron los últimos por la noche su marcha retrógrada, y tal era -el terror infundido en sus filas que esparcida la voz de que llegaban -los españoles echaron sus soldados a correr, y mezclados y en confusión -llegaron a Samper de Calanda. Avergonzados con el día volvieron en sí, -y pudo Suchet recogerse a Zaragoza, cuyo suelo pisó de nuevo el 6 de -junio. - -Satisfecho Blake de haber reanimado a sus tropas con la victoria -alcanzada, limitose durante algunos días a ejercitarlas en las -maniobras militares, mudando únicamente de acantonamientos. La junta de -Valencia acudió en su auxilio con gente y otros socorros, y la central -estableciendo un parte o correo extraordinario dos veces por semana, -mantuvo activa correspondencia, remitiendo en oro y por conducto tan -expedito los suficientes caudales. Reforzado el general Blake y con -mayores recursos se movió camino de Zaragoza, confiado también en que -el entusiasmo de las tropas supliría hasta cierto punto lo que les -faltase de aguerridas. - -Por su parte el general Suchet tampoco desperdició el tiempo que -le había dejado su contrario, pues acampando su gente en las -inmediaciones de Zaragoza, procuró destruir las causas que habían -algún tanto corrompido la disciplina. [Sidenote: Situación crítica de -Suchet.] Formó igualmente con objeto de evitar cualquiera sorpresa -atrincheramientos en Torrero y a lo largo de la acequia, barreó el -arrabal, mejoró las fortificaciones de la Aljafería, y envió camino de -Pamplona lo más embarazoso de la artillería y del bagaje. - -En las apuradas circunstancias que le rodeaban no solo tenía que -prevenirse contra los ataques de Blake, sino también contra las -asechanzas de los habitantes, [Sidenote: Partidarios.] y los esfuerzos -de varios partidarios. De estos se adelantó orillas del Jalón un cuerpo -franco de 1000 hombres al mando del coronel Don Ramón Gayán, y por el -lado de Monzón e izquierda del Ebro acercose al puente del Gállego el -brigadier Perena. De suerte que otro descalabro como el de Alcañiz -bastaba para que tuviesen los franceses que evacuar a Zaragoza, y dejar -libre el reino de Aragón. - -Afanado así el general Suchet y lleno de zozobra ocupábase sobre todo -en averiguar las operaciones de Don Joaquín Blake, cuando supo que este -se aproximaba. Preparose pues a recibirle, y dejando la caballería en -el Burgo, distribuyó los peones entre el monte Torrero y el monasterio -de Santa Fe, camino de Madrid, al paso que destacó a Muel al general -Fabre con 1200 hombres. - -[Sidenote: Adelántase Blake a Zaragoza.] - -El ejército español proseguía su movimiento, y engrosadas sus filas -con nuevas tropas reunidas de varias partes, pasaba su número de 17.000 -hombres. De ellos hallábase el 13 avanzada en Botorrita la división de -Don Juan Carlos de Aréizaga, estando en Fuendetodos con los demás Don -Joaquín Blake. Noticioso este general de que Fabre se había adelantado -de Muel a Longares, apresuró su marcha en la misma tarde con intento de -coger al francés entre sus tropas y las de Aréizaga. Mas aquel viéndose -cortado del lado de Zaragoza, abandonó un convoy de víveres, y se -retiró a Plasencia de Jalón. Inútilmente corrió en su ayuda la segunda -división francesa, que ni pudo abrir la comunicación ni apoderarse -del puesto que en Botorrita ocupaba Aréizaga, teniendo al fin que -replegarse sabedora de que venía sobre ella el grueso del ejército -español. - -Cerciorado de lo mismo el general Suchet y resuelto a combatir, tomó -sus disposiciones. La fuerza con que contaba ascendía a unos 12.000 -hombres, debiéndose juntar en breve dos regimientos procedentes de -Tudela, y Fabre que desde Plasencia caminaba a Zaragoza. La disciplina -de sus soldados se había mejorado, mostrándose más serenos y animados -que en Alcañiz. - -[Sidenote: Batalla de María.] - -En la mañana del 15 el general Blake, luego que llegó a María, distante -dos leguas y media de Zaragoza, pasó más allá y cruzó el arroyo que -pasa por delante de aquel pueblo. Su ejército estaba distribuido en -columnas mandadas por coroneles, y le colocó sobre unas lomas repartido -en dos líneas. La primera de estas la mandaba Don Pedro Roca, y en ella -se mantuvo desde el principio Don Joaquín Blake. Estaba al frente de la -segunda el marqués de Lazán. Situose sobre la derecha, que era la parte -más llana, la caballería, capitaneada por el general Odonojú con algunos -infantes, apoyándose en el Huerba, cuyas dos orillas ocupaba. La fuerza -allí presente no pasaba de 12.000 hombres, continuando destacada en -Botorrita la división de Aréizaga compuesta de 5000 combatientes. - -Enfrente, y a corta distancia del nuestro, se divisaba el ejército -francés, guiado por su general Suchet. Los españoles permanecían -quietos en su puesto, y los enemigos no se apresuraron a empeñar la -acción hasta las dos de la tarde que les llegó el refuerzo de los -regimientos de Tudela. Entonces habiendo dejado de antemano en Torrero -al general Laval para tener en respeto a Zaragoza, moviose Suchet por -el frente haciendo otro tanto los españoles. Dieron estos muestras de -flanquear con su izquierda la derecha de los enemigos, lo cual estorbó -el general francés reforzándola, hasta querer por aquella parte romper -nuestras filas. Separaba a entrambos ejércitos una quebrada que recibió -orden de cruzar el general Musnier, a quien no solo repelieron los -españoles, sino que reforzada su izquierda con gente de la derecha le -desordenaron y deshicieron. Acudió en su auxilio por mandato de Suchet -el intrépido general Harispe, consiguiendo, aunque herido, restablecer -entre sus tropas el ánimo y la confianza. En aquella hora sobrevino una -horrorosa tronada con lluvia y viento que casi suspendió el combate, -impidiendo a ambos ejércitos el distinguirse claramente. - -Serenado el tiempo, pensó Suchet que sería más fácil romper la derecha -no colocada tan ventajosamente, y en donde se hallaba la caballería, -inferior a la suya en número y disciplina. Así fue que con una columna -avanzó de aquel lado el general Habert, precediéndole Vattier con dos -regimientos de caballería. Ejecutada la operación con celeridad se -vieron arrollados los jinetes españoles y rota la derecha, apoderándose -los franceses de un puentecillo por el cual se cruzaba el arroyo -colocado detrás de nuestra posición. Permaneció no obstante firme -en esta Don Joaquín Blake, y ayudado de los generales Lazán y Roca -resistió durante largo rato y con denuedo a las impetuosas acometidas -que por el frente y oblicuamente hicieron los franceses. Al fin, -flaqueando algunos cuerpos españoles, se arrojaron todos abajo de las -lomas que ocupaban, en cuyas hondonadas, formándose barrizales con la -lluvia de la tormenta, se atascaron muchos cañones, de los que en todo -se perdieron hasta unos quince. Fueron cogidos prisioneros el general -Odonojú y el coronel Menchaca, siendo bastantes los muertos. - -[Sidenote: Retírase Blake a Botorrita.] - -Retiráronse después los españoles sin particular molestia, uniéndose -en Botorrita a la división de Aréizaga, que lastimosamente no tomó -parte en la acción. Ignoramos las razones que asistieron a Don Joaquín -Blake para tenerla alejada del campo de batalla. Si fue con intento -de buscar en ella refugio en caso de derrota, lo mismo le hubiera -encontrado teniéndola más cerca y a su vista, con la diferencia de que, -empleados oportunamente sus soldados al desconcertarse la derecha, muy -otro hubiera sido el éxito de la refriega, bien disputada por nuestra -parte, recientes todavía los laureles de Alcañiz, y desasosegados -los franceses con la terrible imagen de Zaragoza, que a la espalda -aguardaba silenciosa su libertad. - -El general Suchet volvió por la noche a aquella ciudad, mandando -al general Laval que de Torrero caminase a amenazar la retaguardia -de los españoles. Permaneció Don Joaquín Blake el 16 en Botorrita, -resuelto a aguardar a los franceses: pudiera haberle costado cara -semejante determinación si el general Laval, descarriado por sus guías, -no se hubiese retardado en su marcha. Admirose Suchet al saber que -Blake aunque derrotado se mantenía en Botorrita, de cuyo punto no se -hubiera tan pronto movido si el amo de la casa donde almorzó Laval -no le hubiese avisado de la marcha de este. Así el patriotismo de un -individuo preservó quizás al ejército español de un nuevo contratiempo. - -[Sidenote: Retírase de Botorrita.] - -Advertido Blake abrevió su retirada, sin que por eso hubiese antes -habido ningún empeñado choque. Siguiole Suchet el 17 hasta la Puebla -de Albortón, y el 18 ambos ejércitos se encontraron en Belchite. No -era el de Blake más numeroso que en María, pues si bien por una parte -se le unió la división de Aréizaga y un batallón del regimiento de -Granada procedente de Lérida, por otra habíase perdido en la acción -mucha gente entre muertos y extraviados, y separádose el cuerpo franco -de Don Ramón Gayán. Además la disposición de los ánimos era diversa, -decaídos con la desgracia. Lo contrario sucedía a los franceses, que -recobrado su antiguo aliento y contando casi las mismas fuerzas, podían -confiadamente ponerse al riesgo de nuevos combates. - -[Sidenote: Batalla de Belchite.] - -Está Belchite situado en la pendiente de unas alturas que le circuyen -de todos lados excepto por el frente y camino de Zaragoza, en donde -yacen olivares y hermosas vegas que riegan las aguas de la Cuba o -pantano de Almonacid. Don Joaquín Blake puso su derecha en el Calvario, -colina en que se respalda Belchite: su centro en Santa Bárbara, punto -situado en el mismo pueblo, habiendo prolongado su izquierda hasta -la ermita de nuestra señora del Pueyo. En algunas partes formaba el -ejército tres líneas. Guarneciéronse los olivares con tiradores, y se -apostó la caballería camino de Zaragoza. Aparecieron los franceses -por las alturas de la Puebla de Albortón, atacando principalmente -nuestra izquierda la división del general Musnier. Amagó de lejos la -derecha el general Habert, y tropas ligeras entretuvieron el centro -con varias escaramuzas. A él se acogieron luego nuestros soldados de -la izquierda, agrupándose alrededor de Belchite y Santa Bárbara, lo -que no dejó ya de causar cierta confusión. Sin embargo nuestros fuegos -respondieron bien al principio a los de los contrarios, y por todas -partes se manifestaban al menos deseos de pelear honradamente. Mas -a poco incendiándose dos o tres granadas españolas, y cayendo una -del enemigo en medio de un regimiento, espantáronse unos, cundió el -miedo a otros, y terror pánico se extendió a todas las filas, siendo -arrastrados en el remolino mal de su grado aun los más valerosos. Solos -quedaron en medio de la posición los generales Blake, Lazán y Roca, con -algunos oficiales; los demás casi todos huyeron o fueron atropellados. -Sentimos, por ignorarlo, no estampar aquí para eterno baldón el nombre -de los causadores de tamaña afrenta. Como la dispersión ocurrió -al comenzarse la refriega, pocos fueron los muertos y pocos los -prisioneros, ayudando a los cobardes el conocimiento del terreno. -Perdiéronse nueve o diez cañones que quedaban después de la batalla -de María, y perdiose sobre todo el fruto de muchos meses de trabajos, -afanes y preparativos. Aunque es cierto que no fue Don Joaquín Blake -quien dio inmediata ocasión a la derrota, censurose con razón en aquel -general la extremada confianza de aventurar una segunda acción tres -días después de la pérdida de la de María, debiendo temer que tropas -nuevas como las suyas no podían haber olvidado tan pronto tan reciente -y grave desgracia. - -[Sidenote: Resultas desastradas de la batalla.] - -Los franceses avanzaron el mismo 18 a Alcañiz. Los españoles se -retiraron en más o menos desorden a puntos diversos: la división -aragonesa de Lazán a Tortosa de donde había salido, la de Valencia -a Morella y San Mateo: acompañaron a ambas varios de los nuevos -refuerzos, algunos tiraron a otros lados. También repartiendo en -columnas su ejército el general francés, dirigió una la vuelta de -Tortosa, otra del lado de Morella, y apostó al general Musnier en -Alcañiz y orillas del Guadalope. En cuanto a él, después de pasar en -persona el Ebro por Caspe, de reconocer a Mequinenza y de recuperar a -Monzón, volvió a Zaragoza, habiendo dejado de observación en la línea -del Cinca al general Habert. - -Ganada la batalla de Belchite, si tal nombre merece, y despejada la -tierra, figurose Suchet que sería árbitro de entregarse descansadamente -al cuidado interior de su provincia. En breve se desengañó, porque -animados los naturales al recibo de las noticias de otras partes, y -engrosándose las guerrillas y cuerpos francos con los dispersos del -ejército vencido, apareció la insurrección, como veremos después, más -formidable que antes, encarnizándose la guerra de un modo desusado. - -[Sidenote: Pasa Blake a Cataluña.] - -Desde Tortosa volvió el general Blake la vista al norte de Cataluña, -y en especial la fijó en Gerona, de cuyo sitio y anexas operaciones -suspenderemos hablar hasta el libro próximo, por no dividir en trozos -hecho tan memorable. En lo demás de aquel principado continuaron tropas -destacadas, somatenes y partidas incomodando al enemigo, pero de sus -esfuerzos no se recogió abundante fruto faltando en aquellas lides el -debido orden y concierto. - -[Sidenote: Conspiración de Barcelona.] - -Tampoco cesaban las correspondencias y tratos con Barcelona, y fue -notable y de tristes resultas lo que ocurrió en mayo. Tramábase -ganar la plaza por sorpresa. El general interino del principado, -marqués de Coupigny, se entendía con varios habitantes, debiendo -una división suya entrar el 16 a hurtadillas y por la noche en la -ciudad, al mismo tiempo que del lado de la marina divirtiesen fuerzas -navales a los franceses. Mas, avisados estos, frustraron la tentativa, -[Sidenote: Suplicio de algunos patriotas.] arrestando a varios de los -conspiradores que el 3 de junio pagaron públicamente su arrojo con la -vida. Entre ellos, reportado y con firmeza, respondió al interrogatorio -que precedió al suplicio el doctor Pou de la universidad de Cervera: -no menos atrevido se mostró un mozo del comercio llamado Juan Massana, -quien ofendido de la palabra traidor con que le apellidó el general -francés, replicole «el traidor es V. E. que con capa de amistad se ha -apoderado de nuestras fortalezas.» Recompensó el patíbulo tamaño brío. - -Había alterado al gobierno de José la excursión de Blake en Aragón, a -punto de pedir a Saint-Cyr que de Cataluña cayese sobre la retaguardia -del general español. Graves razones le asistían para tal cuidado, -[Sidenote: Sucesos del mediodía de España.] pues además de las -inmediatas resultas de la campaña, temía el influjo que podía esta -ejercer en el mediodía de España, donde el estado de cosas cada día -presagiaba extensas e importantes operaciones militares. Por lo cual -será bien que volviendo atrás relatemos lo que por allí pasaba. - -[Sidenote: Mariscal Victor.] - -Después de la batalla de Medellín había sentado el mariscal Victor sus -reales en Mérida, ciudad célebre por los restos de antigüedades que aún -conserva, y desde la cual situada en feraz terreno se podía fácilmente -observar la plaza de Badajoz, y tener en respeto las reliquias del -ejército de Don Gregorio de la Cuesta. Para mayor seguridad de sus -cuarteles fortificó el mariscal francés la casa del _Conventual_, -residencia hoy de un provisor de la orden de Santiago, y antes parte de -una fortaleza edificada por los romanos, divisándose todavía del lado -de Guadiana, en el lugar llamado el Mirador, un murallón de fábrica -portentosa. En lo interior establecieron los franceses un hospital y -almacenaron muchos bastimentos. - -[Sidenote: Patriotismo de Extremadura.] - -De Mérida destacaron los enemigos a Badajoz algunas tropas e intimaron -la rendición a la plaza, confiados en el terror que había infundido la -jornada de Medellín y también en secretos tratos. Salió su esperanza -vana, respondiendo a sus proposiciones la junta provincial a cañonazos. -Era en esta parte tan unánime la opinión de Extremadura, que por -entonces no consiguió el mariscal Victor que pueblo alguno prestase -juramento ni reconociese el gobierno intruso. Solo en Mérida obtuvo -de varios vecinos, casi a la fuerza, que firmasen una representación -congratulatoria a José; mas el acto produjo tal escándalo en toda la -provincia, que al decretar la junta contra los firmantes formación de -causa, prefirieron estos comparecer en Badajoz y correr todo riesgo a -mancillar su fama con la tacha de traidores. Su espontánea presentación -los libertó de castigo. No era extraño que los naturales mirasen con -malos ojos a los que seguían las banderas del extranjero, cuando este -saqueaba y asolaba horrorosamente la desgraciada Extremadura. - -[Sidenote: Inacción de Victor.] - -Por lo demás Victor había permanecido inmoble después de lo de -Medellín, no tanto porque temiese invadir la Andalucía cuanto por -ser principal deseo del emperador la ocupación de Portugal. Ya -dijimos fuera su plan, que al tiempo que Soult penetrase aquel reino -vía de Galicia, otro tanto hiciesen Lapisse por Ciudad Rodrigo y -Victor por Extremadura. La falta de comunicaciones impidió dar a lo -mandado el debido cumplimiento, dificultándose estas a punto de que -se interrumpieron aun entre los dos últimos generales. Ocasionoles -tamaño embarazo Sir Roberto Wilson, quien, antes de pasar a Portugal en -cooperación de Wellesley, había destacado dos batallones al puerto de -Baños, y cortado así la correspondencia a los enemigos. Incomodados -estos con tales obstáculos, estuviéronlo mucho más con la insurrección -del paisanaje que cundió por toda la tierra de Ciudad Rodrigo, -[Sidenote: Pasa Lapisse de tierra de Salamanca a Extremadura.] de -manera que temiendo Lapisse no entrar en Portugal a tiempo, determinó -pasar a Extremadura y obrar de acuerdo con Victor. Así lo verificó -haciendo una marcha rápida sobre Alcántara por el puerto de Perales. - -[Sidenote: Entra en Alcántara.] - -Los vecinos de aquella villa trataron de defender la entrada -apostándose en su magnífico puente, mas, vencidos, penetraron los -franceses dentro, y en venganza todo lo pillaron y destruyeron, sin -que respetasen ni aun los sepulcros. Diéronse no obstante los últimos -priesa a evacuarla, continuando por la noche su camino, temerosos del -coronel Grant y de Don Carlos de España que seguían su huella, y los -cuales, entrando por la mañana en Alcántara, se hallaron con el espantoso -espectáculo de casas incendiadas y de calles obstruidas de cadáveres. -Se incorporó en seguida Lapisse con Victor en Mérida el 19 de abril. - -[Sidenote: Únense Lapisse y Victor.] - -Entonces prevaleciendo ante todo en la mente de los franceses la -invasión de Portugal, mandó José al mariscal Victor que en unión con -el general Lapisse marchase la vuelta de aquel reino. Parecía oportuno -momento para cumplir a lo menos en parte el plan del emperador, pues -a la propia sazón se enseñoreaba el mariscal Soult de la provincia de -Entre Duero y Miño. - -[Sidenote: Marchan contra Portugal.] - -Encaminose pues Victor hacia Alcántara, poniendo al cuidado de Lapisse -repasar el puente, ocupado a su llegada por el coronel inglés Mayne, -quien en ausencia de Wilson al norte de Portugal, mandaba la legión -lusitana. Quiso el inglés volar un arco del puente, y no habiéndolo -conseguido se replegó el 14 de mayo a su antigua posición de Castelo -Branco. Hasta allí, después de cruzar el Tajo, envió Lapisse sus -descubiertas por querer el mariscal Victor ir más adelante. [Sidenote: -Desisten de su intento.] Mas, aunque resuelto a ello, detuvieron a este -temores del general Mackenzie, el cual, según apuntamos en el libro -anterior, apostado en Abrantes al avanzar Wellesley a Oporto, salió al -encuentro de los franceses para prevenir su marcha. El movimiento del -inglés y voces vagas que empezaron a correr de la retirada de Soult de -las orillas del Duero, decidieron a Victor no solo a desistir de su -primer propósito, sino también a retroceder a Extremadura. - -[Sidenote: Muévese Cuesta.] - -Por su parte, Don Gregorio de la Cuesta, luego que supo la partida -de aquel mariscal, moviose con su ejército, rehecho y engrosado, y -puso los reales en la Fuente del Maestre, amagando sin estrecharle al -Conventual de Mérida que guarnecían los franceses. Victor al volver de -su correría se colocó en Torremocha, vigilando sus puestos avanzados -los pasos de Tajo y Guadiana. Pero su inútil tentativa contra Portugal, -el haber asomado ingleses a los lindes extremeños, y el reequipo y -aumento del ejército de Cuesta, dieron aliento a la población de las -riberas del Tajo, la cual, interceptando las comunicaciones, molestó -continuadamente a los enemigos. [Sidenote: Partidarios de Extremadura -y Toledo.] Mucho estimuló a la insurrección la junta de Extremadura, -enviando para dirigirla a Don José Joaquín de Ayesterán y a Don -Francisco Longedo, quienes de acuerdo con Don Miguel de Quero, que ya -antes había empezado a guerrear en la Higuera de las Dueñas, provincia -de Toledo, juntaron un cuerpo de 600 infantes y 100 caballos bajo -el nombre de voluntarios y lanceros de Cruzada del valle de Tiétar. -Recorriendo la tierra molestaron los convoyes enemigos, y fueron -notables más adelante dos de sus combates, uno trabado el 29 de junio -en el pueblo de Menga con las tropas del general Hugo, comandante de -Ávila, otro el que sostuvieron el 1.º de julio en el puente de Tiétar, -y de cuyas resultas cogieron a los franceses mucho ganado lanar y -vacuno. Se agregó después esta gente a la vanguardia del ejército de -Cuesta. - -Mientras tanto el mariscal Victor, viendo lo que crecía el ejército -español, y temeroso de las fuerzas inglesas que se iban arrimando a -Castelo Branco, repasó el Tajo situándose el 19 de junio en Plasencia. -[Sidenote: Vuelan los franceses el puente de Alcántara.] Poco antes -envió un destacamento para volar el famoso puente de Alcántara, -admirable y portentosa obra del tiempo de Trajano, que nunca fuera -tan maltratada como esta vez, habiéndose contentado los moros y los -portugueses en antiguas guerras con cortar uno de sus arcos más -pequeños. - -[Sidenote: Ejército de la Mancha.] - -Otras atenciones obligaron luego a Victor a mudar de estancia. En -la Mancha y asperezas de Sierra Morena, después que Venegas tomó el -mando de aquel ejército, se habían aumentado sus filas, ascendiendo -el número de hombres a principios de junio a unos 19.000 infantes y -3000 caballos. Para no permanecer ocioso y foguear su gente, resolvió -Venegas salir en 14 del mismo mes de las estrechuras de la sierra y -sus cercanías, y recorrer las llanuras de la Mancha. Alcanzaron sus -partidas de guerrilla algunas ventajas, y el 28 de junio la división de -vanguardia, regida por Don Luis Lacy, escarmentó con gloria al enemigo -en el pueblo de Torralba. - -La repentina marcha de Venegas asustó en Madrid a José, ya inquieto, -según hemos dicho, con la entrada de Blake en Aragón. [Sidenote: Va -a su encuentro sin fruto José Bonaparte.] Así fue que, al paso que -ordenó a Mortier que se aproximase por el lado de Castilla la Vieja a -las sierras de Guadarrama, previno al mariscal Victor que poniéndose -sobre Talavera le enviase una división de infantería y la caballería -ligera. Agregada esta fuerza a sus guardias y reserva, se metió José -desde Toledo en la Mancha, y uniéndose con el 4.º cuerpo del mando -de Sebastiani, avanzó hasta Ciudad Real. Venegas, que por entonces no -pensaba comprometer sus huestes, replegose a tiempo, y ordenadamente -tornó a Santa Elena. Penetró el rey intruso hasta Almagro, y no osando -arriscarse más adentro, se restituyó a Madrid devolviendo al mariscal -Victor las tropas que de su cuerpo de ejército había entresacado. - -Tales fueron las marchas y correrías que precedieron en Extremadura -y Mancha a la campaña llamada de Talavera, la cual siendo de la -mayor importancia, exige que antes de entrar en la relación de sus -complicados sucesos, contemos las fuerzas que para ella pusieron en -juego las diversas partes beligerantes. - -[Sidenote: Campaña de Talavera.] - -De los ocho cuerpos en que Napoleón distribuyó su ejército al hacer en -octubre de 1808 su segunda y terrible invasión, incorporose más tarde -el de Junot con los otros, reduciéndose por consiguiente a siete el -número de todos ellos. [Sidenote: Fuerzas que tomaron parte en ella.] -Cinco fueron los que casi en su totalidad coadyuvaron a la campaña de -Talavera. Tres, el 2.º, 5.º y 6.º, acantonados en julio en Valladolid, -Salamanca y tierra de Astorga bajo el mando supremo del mariscal Soult, -y el 1.º y 4.º, alojados por el mismo tiempo en la Mancha y orillas -del Tajo hacia Extremadura. Concurrió también de Madrid la reserva y -guardia de José, pudiéndose calcular que el conjunto de todas estas -tropas rayaba en 100.000 hombres. De los españoles vinieron sobre -aquellos puntos los ejércitos de Extremadura y Mancha, el 1.º de 36.000 -combatientes, el 2.º de unos 24.000. La fuerza de Wellesley, acampada -en Abrantes después de su vuelta de Galicia, aunque engrosada con 5000 -hombres, no excedía de 22.000, menguada con los muertos y enfermos. -Pasaban de 4000 portugueses y españoles los que regía el bizarro Sir -Roberto Wilson: de los últimos, dos batallones habían sido destacados -del ejército de Cuesta. Además, 15.000 de los primeros, que disciplinaba -el general Beresford, desde el Águeda se trasladaron después hacia -Castelo Branco. Por manera que el número de hombres llamado a lidiar o -a cooperar en la campaña era, de parte de los franceses, según acabamos -de decir, de unos 100.000, y de casi otro tanto de la de los aliados, -con la diferencia de ser aquellos homogéneos y aguerridos, y estos de -varia naturaleza y en su mayor parte noveles y poco ejercitados en las -armas. - -El general Wellesley, aunque al desembarcar en Lisboa había conceptuado -como más importante la destrucción del mariscal Victor, empezó sin -embargo, conforme relatamos, por arrojar a Soult de Portugal para -caer después más desembarazadamente sobre el primero. Así se lo -había ofrecido al gobierno español al ir a Oporto, rogando que en el -intermedio evitasen los generales españoles de Extremadura y Mancha -todo serio reencuentro con los franceses. [Sidenote: Marcha Wellesley -a Extremadura.] Cumpliose por ambas partes lo prometido; viose forzado -Soult a evacuar a Portugal, y Wellesley, después de haber dado descanso -y respiro a sus tropas en Abrantes, salió de allí el 27 de junio -poniéndose en marcha hacia la frontera de Extremadura. - -[Sidenote: Planes diversos de los franceses.] - -Andaban los franceses divididos acerca del plan que convendría adoptar -en aquellas circunstancias. José deseaba conservar lo conquistado, y -sobre todo no abandonar a Madrid, pensando, quizá con razón, que la -evacuación de la capital imprimiría en los ánimos errados sentimientos, -en ocasión en que aún se mostraba viva la campaña de Austria. El -mariscal Soult, ateniéndose a reglas de la más elevada estrategia, -prescindía de la posesión de más o menos territorio, y opinaba que se -obrase en dos grandes cuerpos o masas, cuyos centros se establecerían -uno en Toro donde él estaba, y otro donde José residía. - -[Sidenote: Situación de Soult.] - -Después de la vuelta de Soult a Castilla nada de particular había -ocurrido allí, esforzándose solamente dicho mariscal por arreglar -y reconcentrar los tres cuerpos que el emperador había puesto a su -cuidado. Encontró en ello estorbos, así en algunas providencias de -José que había, según se dijo, llamado hacia Guadarrama a Mortier, y -así en la mal dispuesta voluntad del mariscal Ney, quien picado de la -preferencia dada por el emperador a su compañero, quería separarse, so -pretexto de enfermedad, del mando del 6.º cuerpo. Embarazaban también -escaseces de varios efectos, y sobre todo el carecer de artillería -el 2.º cuerpo, abandonada a su salida de Portugal. Para remover tales -obstáculos, pedir auxilios y predicar en favor de su plan, envió Soult -a Madrid al general Foy, que en posta partió el 19 de julio. Tornó este -el 24 del mismo, y aunque se remediaron las necesidades más urgentes, -y se compusieron hasta cierto punto las desavenencias entre Ney y -Soult, no se accedió al plan de campaña que el último proponía, atento -solamente José a conjurar el nublado que le amenazaba del lado del -Tajo. - -[Sidenote: Cuesta en las Casas del Puerto.] - -Manteníase en Extremadura tranquilo D. Gregorio de la Cuesta, en espera -del movimiento del general Wellesley, no habiendo emprendido, aunque -bien a su pesar, acción alguna de gravedad. Hubo solamente choques -parciales, y honró a las armas españolas el que sostuvo en Aljucén -Don José de Zayas, y otro que con no menor dicha trabó en Medellín -el brigadier Ribas. Forzoso le era al anciano general reprimir su -impaciencia, pues tal orden tenía de la junta central. Limitábase -a avanzar siempre que los franceses retrocedían, y al situarse en -Plasencia el mariscal Victor el 19 de junio, sentó Cuesta el 20 del -mismo sus cuarteles en las Casas del Puerto, orilla izquierda del Tajo. -Allí aguardó a que adelantasen los ingleses, enviando al comisionado -de esta nación, coronel Bourke, a proponer a su general el plan que le -parecía más oportuno para abrir la campaña. - -Sir Arturo Wellesley después de levantar el 27 de junio su campo de -Abrantes, prosiguió su marcha y estableció el 8 de julio su cuartel -general en Plasencia, [Sidenote: Avístase allí con él Wellesley.] -pasando el 10 a avistarse con Cuesta en las Casas del Puerto. -Conferenciaron entre sí largamente ambos generales, y propuestos varios -planes, se adoptó al fin el siguiente como preferible y más acomodado. -[Sidenote: Plan que adoptan.] Sir Roberto Wilson con la fuerza de su -mando y dos batallones que Cuesta le proporcionaría, había de marchar -el 16 por la Vera de Plasencia con dirección al Alberche, ocupando -hasta Escalona los pueblos de la orilla derecha; el 18 cruzaría el -ejército británico por la Bazagona el Tiétar, en que se había echado un -puente provisional, y dirigiéndose por Majadas y Centenilla a Oropesa -y al Casar, había de extender su izquierda hasta San Román y ponerse -en contacto con la división de Wilson. El ejército español de Cuesta -cruzando el 19 el Tajo por Almaraz y Puente del Arzobispo había de -seguir el camino real de Talavera, y ocupar el frente del enemigo desde -el Casar hasta el puente de tablas que hay sobre el Tajo en aquella -ciudad, mas procurando en su marcha no embarazar la del ejército -aliado. También se acordó que Venegas, cuyo cuartel general estaba -entonces en Santa Cruz de Mudela, y que dependía hasta cierto punto de -Cuesta, avanzase si la fuerza del general Sebastiani no era superior a -la suya, y que pasando el Tajo por Fuentidueña se pusiese sobre Madrid, -debiendo retroceder a la sierra por Tarancón y Torrejoncillo, en caso -que acudiesen contra él tropas numerosas. Agradó este plan por lo -respectivo al movimiento de Cuesta y de los ingleses: no pareció tan -atinado en lo tocante a Venegas, cuyo ejército alejándose demasiado -del centro de operaciones, ni podía fácilmente darse la mano con los -aliados en cualquiera mudanza de plan que hubiese, ni era posible -acudir con prontitud en su auxilio, si aceleradamente caían reforzados -sobre él los enemigos. - -Acordes Cuesta y Wellesley volvió el último a Plasencia, e -impensadamente escribió el 16 al ayudante general Don Tomás Odonojú -diciéndole que si bien estaba pronto a ejecutar el plan convenido, -desprovisto su ejército de muchos artículos y sobre todo de -transportes, podrían quizá presentarse dificultades inesperadas, y -después añadía con tono más acerbo, que en todo país en que se abre -una campaña, debiendo los naturales proveer de medios de subsistencia, -si en este caso no se proporcionaban, tendría España que pasarse sin -la ayuda de los aliados. Tal fue la primera queja que de este género -se suscitó. [Sidenote: Medidas que había tomado la central.] Había la -junta central ofrecido suministrar cuantos auxilios estuviesen en su -mano, y en efecto expidió órdenes premiosas a las juntas de Badajoz, -Plasencia y Ciudad Rodrigo para hacer abundantes acopios de todos los -artículos precisos a la subsistencia del ejército británico, escogiendo -además a Don Juan Lozano de Torres, con los correspondientes comisarios -de guerra, para que le saliesen a recibir a la frontera de España. -Semejantes resoluciones pudieran haber bastado en tiempos ordinarios, -ahora no, mayormente estando nombrado para ejecutarlas el Lozano de -Torres, hombre antes embrollador que prudente y activo. Las escaseces -fueron reales, mas agriándose las contestaciones, se trataron con -injusticia unos y otros, dando ocasión, según después veremos, a enojos -y desabrimientos. - -[Sidenote: Marcha adelante el ejército aliado.] - -Comenzó no obstante al tiempo convenido la marcha de los ejércitos -aliados, haciendo solo en ella los españoles una corta variación -por falta de agua en el camino de Talavera. El 21 de julio se -alojaban ambos entre Oropesa y Velada: prosiguieron el 22 su camino -encontrándose la vanguardia regida por Don José de Zayas con fuerza -enemiga, capitaneada por el general Latour-Maubourg. Las escaramuzas -duraron parte del día, portándose nuestros soldados bizarramente, y -con eso, y aparecer los ingleses, cruzaron los enemigos el Alberche, -estando en Cazalegas el cuartel general del mariscal Victor. Las -divisiones de Villatte y Lapisse formaban sobre su derecha en altozanos -que dominan la campaña, y la de Ruffin cubría sobre la izquierda -tocando al Tajo el puente del Alberche, larguísimo y de tablas, -amparado además su desembocadero con 14 piezas de artillería. Ascendían -sus fuerzas a 25.000 hombres, y permanecieron en sus puestos los días -22 y 23. - -[Sidenote: Propone Wellesley a Cuesta atacar.] - -Acercáronse allí por su lado los ejércitos aliados, y Sir Arturo -Wellesley propuso a Don Gregorio de la Cuesta atacar a los enemigos sin -tardanza el mismo 23, mas el general español pidió que se difiriese -hasta la madrugada siguiente. [Sidenote: Rehúsalo el general español.] -Fútiles fueron las razones que después alegó para tal dilación, -contrastando el detenimiento de ahora con el prurito que tuvo siempre -y renovó luego de combatir a todo trance. Aseguran algunos extranjeros -que se negó por ser domingo, mas ni Cuesta pecaba de tan nimio, ni -en España prevalecía semejante preocupación. Ha habido ingleses que -han tachado a cierto oficial del estado mayor de Cuesta de la nota de -entenderse con los enemigos. Ignoramos el fundamento de sus sospechas. -Lo cierto es que los franceses, ya en situación apurada, decamparon -en la noche del 23 al 24, y en lugar de seguir el camino de Madrid, -tomaron por Torrijos el de Toledo. Falló así destruir al mariscal -Victor a la sazón que sus fuerzas eran inferiores a las aliadas, y -falló por la inoportuna prudencia de Cuesta, prenda nunca antes notada -entre las de este general. - -[Sidenote: Incomódase Wellesley.] - -Incomodado por ello Wellesley, receloso de que continuasen escaseando -las subsistencias, y pareciéndole quizá arriesgado internarse -más antes de estar cierto de lo que pasaba en Castilla la Vieja, -declaró formalmente que no daría un paso más allá del Alberche a -no afianzársele la manutención de sus tropas. Cuesta que el 23 se -remoloneaba para atacar, impelido ahora por aviesa mano, o renaciendo -en su ambicioso ánimo el deseo de entrar antes que ninguno en Madrid, -[Sidenote: Avanza solo Cuesta.] marchó solo y sin los ingleses, y -llegó el 24 al Bravo y Cebolla, y adelantándose el 25 a Santa Olalla y -Torrijos, hubo de costar cara su loca temeridad. - -[Sidenote: Reconcéntranse los franceses.] - -Los franceses no se retiraban sino para reconcentrarse y engrosar sus -fuerzas. José después de dejar en Madrid una corta guarnición, había -salido con su guardia y reserva, uniéndose a Victor el 25 por Vargas -y orilla izquierda del Guadarrama. Otro tanto hizo Sebastiani, que -observaba a Venegas en la Mancha cerca de Daimiel, cuando se le mandó -acudir al Tajo. Con esta unión los franceses que poco antes tenían para -oponerse a los aliados solo unos 25.000 hombres, contaban ahora sobre -50.000 alojados a corta distancia de Cuesta, detrás del río Guadarrama. -Venegas, sabedor de la marcha de Sebastiani, envió en pos de él y -hacia Toledo una división al mando de Don Luis Lacy, aproximándose -en persona a Aranjuez con lo restante de su ejército. [Sidenote: -Avanza Wilson a Navalcarnero.] No por eso dividieron los franceses sus -fuerzas, ni tampoco por otros movimientos de Sir Roberto Wilson, quien -extendiéndose con sus tropas por Escalona y la villa del Prado, se -había el 25 metido hasta Navalcarnero, distante cinco leguas de Madrid, -cuyo suceso hubo de causar en la capital un levantamiento. - -Aunque juntos los cuerpos de Victor y Sebastiani con la reserva -y guardia de José, no pensaban los franceses empeñarse en acción -campal, aguardando a que el mariscal Soult, con los tres cuerpos que -capitaneaba en Salamanca, viniese sobre la espalda de los aliados por -las sierras que dividen aquellas provincias de la de Extremadura. -Plan sabio, de que había sido portador desde Madrid el general Foy, -y cuyas resultas hubieran podido ser funestísimas para el ejército -combinado. La impaciencia de los franceses malogró en el campo lo que -prudentemente se había determinado en el consejo. - -[Sidenote: Peligro que corre el ejército de Cuesta.] - -Viendo el 26 de julio la indiscreta marcha de Cuesta, quisieron -escarmentarle. Así arrollaron aquel día sus puestos avanzados, y aun -acometieron a la vanguardia. El comandante de esta, Don José de Zayas, -avanzó a las llanuras que se extienden delante de Torrijos, en donde -lidió largo rato, tratando solo de retirarse al noticiarle que mayor -número de gente venía a su encuentro. Comenzó entonces ordenadamente su -movimiento retrógado, pero arredrados los infantes con ver que no podía -maniobrar el regimiento de caballería de Villaviciosa metido entre -unos vallados, retrocedieron en desorden a Alcabón, a donde corrió -en su amparo el duque de Alburquerque, asistido de una división de -3000 caballos. Diose con esto tiempo a que la vanguardia se recogiese -al grueso del ejército, que teniendo a su cabeza al general Cuesta -caminaba no con el mejor concierto a abrigarse del ejército inglés. -La vanguardia de este ocupaba a Cazalegas, y su comandante, el general -Sherbrooke, hizo ademán de resistir a los enemigos que se detuvieron en -su marcha. Parecía que con tal lección se ablandaría la tenacidad del -general Cuesta, mas desentendiéndose de las justas reflexiones de Sir -Arturo Wellesley, a duras penas consintió repasar el Alberche. - -Anunciaba la unión y marcha de los enemigos la proximidad de una -batalla, y se preparó a recibirla el general inglés. En consecuencia -mandó a Wilson que de Navalcarnero volviese a Escalona, y no dejó tropa -alguna a la izquierda del Alberche, resuelto a ocupar una posición -ventajosa en la margen opuesta. - -[Sidenote: Batalla de Talavera, 27 y 28 de julio.] - -Escogió como tal el terreno que se dilata desde Talavera de la Reina -hasta más allá del cerro de Medellín, y que abraza en su extensión -unos tres cuartos de legua. Alojábase a la derecha y tocando al Tajo -el ejército español: ocupaba el inglés la izquierda y centro. Era como -sigue la fuerza y distribución de entrambos. Componíase el de los -españoles de cinco divisiones de infantería y dos de caballería, sin -contar la reserva y vanguardia. Mandaban las últimas Don Juan Berthuy -y Don José de Zayas. De las divisiones de caballería, guiaba la primera -Don Juan de Henestrosa, la segunda el duque de Alburquerque. Regían las -de infantería según el orden de su numeración el marqués de Zayas, Don -Vicente Iglesias, el marqués de Portago, Don Rafael Manglano y Don Luis -Alejandro Bassecourt. El total de tropas españolas, deducidas pérdidas, -destacamentos y extravíos, no llegaba a 34.000 hombres, de ellos cerca -de 6000 de caballería. Contaban allí los ingleses más de 16.000 -infantes y 3000 jinetes repartidos en cuatro divisiones a las órdenes -de los generales Sherbrooke, Hill, Mackenzie y Campbell. - -La derecha que formaban los españoles se extendía delante de Talavera -y detrás de un vallado que hay a la salida. Colocose en frente de la -suntuosa ermita de Nuestra Señora del Prado una fuerte batería, con -cuyos fuegos se enfilaba el camino real que conduce al puente del -Alberche. Por el siniestro costado de los españoles, y en un intermedio -que había entre ellos y los ingleses, empezose a construir en un -altozano un reducto que no se acabó; viniendo después e inmediatamente -la división de Campbell, a la que seguía la de Sherbrooke, cubriendo -con la suya la izquierda el general Hill. Permaneció apostada cerca del -Alberche la división del general Mackenzie con orden de colocarse en -2.ª línea y detrás de Sherbrooke al trabarse la refriega. Era la llave -de la posición el cerro en donde se alojaba Hill, llamado de Medellín, -cuya falda baña por delante y defiende con hondo cauce el arroyo -Portiña, separándole una cañada por el siniestro lado de los peñascales -de la Atalaya e hijuelas de la sierra de Segurilla. - -Al amanecer del 27 de julio, poniendo José desde Santa Olalla sus -columnas en movimiento, llegaron aquellas a la una del día a las -alturas de Salinas, izquierda del Alberche. Sus jefes no podían -ni aun de allí descubrir distintamente las maniobras del ejército -combinado, plantado el terreno de olivos y moreras. Mas, escuchando José -al mariscal Victor que conocía aquel país, tomó en su consecuencia -las convenientes disposiciones. Dirigió el 4.º cuerpo, del mando de -Sebastiani, contra la derecha que guardaban los españoles, y el 1.º, del -cargo de Victor, contra la izquierda, al mismo tiempo que amenazaba -el centro la caballería. Cruzado el Alberche, siguió el 4.º cuerpo -con la reserva y guardia de José, que le sostenía, el camino real de -Talavera, y el 1.º, que vino por el vado, cayó tan de repente sobre la -torre llamada de Salinas, en donde estaba apostado el general Mackenzie, -que causó algún desorden en su división, y estuvo para ser cogido -prisionero Sir Arturo Wellesley, que observaba desde aquel punto los -movimientos del enemigo. Pudieron al fin todos, aunque con trabajo, -recogerse al cuerpo principal del ejército aliado. - -Iba pues a empeñarse una batalla general. Los franceses, avanzando, -empezaron antes de anochecer su ataque con un fuerte cañoneo y una -carga de caballería sobre la derecha, que defendían los españoles, de -los que ciaron los cuerpos de Trujillo y Badajoz de línea y Leales de -Fernando VII, y aún hubo fugitivos que esparcieron la consternación -hasta Oropesa, yendo envueltos con ellos y no menos aterrados algunos -ingleses. No fue sin embargo más allá el desorden, contenido el enemigo -por el fuego acertado de la artillería y de los otros cuerpos, y -también por ser su principal objeto caer sobre la izquierda en que se -alojaba el general Hill. - -Dirigieron contra ella las divisiones de los generales Ruffin y -Villatte, y encaramáronse al cerro, a pesar de ser la subida áspera y -empinada, con la dificultad también de tener que cruzar el cauce del -Portiña. Atropellándolo todo con su impetuosidad, tocaron a la cima -de donde precipitadamente descendieron los ingleses por la ladera -opuesta. El general Hill, aunque herido su caballo y a riesgo de -caer prisionero, volvió a la carga y con la mayor bizarría recuperó -la altura. Ya bien entrada la noche insistieron los franceses en su -ataque, extendiéndole por la izquierda de ellos el general Lapisse -contra otra de las divisiones inglesas. Viva fue la refriega y -larga, sin fruto para los enemigos. Pasadas las doce de la misma -noche, un arma falsa, esparcida entre los españoles, dio ocasión a -un fuego graneado que duró algún tiempo, y causó cierto desorden que -afortunadamente no cundió a toda la línea. - -Al amanecer del 28 renovaron los franceses sus tentativas, acometiendo -el general Ruffin el cerro de Medellín por su frente y la cañada de -la izquierda; sostúvole en su empresa el general Villatte. La pelea -fue porfiada, repetidos los ataques, ya en masa, ya en pelotones, la -pérdida grande de ambas partes. Herido el general Hill, dudoso el éxito -en ocasiones, hasta que los franceses, tornando a sus primeros puestos, -abrigados de formidable artillería, suspendieron el combate. - -Falto el ejército británico de cañones de grueso calibre, pidió el -general Wellesley algunos de esta clase a Don Gregorio de la Cuesta, -los cuales se colocaron, al mando del capitán Uclés, en el reducto -empezado a construir en el altozano, interpuesto entre españoles e -ingleses. Viendo también el general Wellesley el empeño que ponía el -enemigo en apoderarse del cerro de Medellín, sintió no haber antes -prolongado su izquierda y guarnecídola del lado de la cañada; por lo -que, para corregir su olvido, colocó allí parte de su caballería, que -sostuvo la de Alburquerque, y alcanzó de Cuesta el que destacase la -5.ª división, del mando de Bassecourt, cuyo jefe se situó cubriendo la -cañada en la falda y peñascales de la Atalaya. - -En aquel momento dudó José de si convenía retirarse o continuar el -combate. Victor estaba por lo último, el mariscal Jourdan por lo -primero. Vacilante José algún tiempo, decidiose por la continuación, -habiendo recorrido antes la línea en todo su largo. - -En el intermedio hubo un respiro que duró desde las nueve hasta -las doce de la mañana, bajando sin ofenderse los soldados de ambos -ejércitos a apagar en el arroyo de Portiña la sed ardiente que les -causaba lo muy bochornoso del día. - -Por fin los franceses volvieron a proseguir la acción. Vigilaba sus -movimientos Sir Arturo Wellesley desde el cerro de Medellín. Acometió -primero el general Sebastiani el centro, por la parte en que se unían -los ingleses y los españoles. Aquí se hallaban de parte de los últimos -las divisiones 3.ª y 4.ª, al cuidado ambas de Don Francisco de Eguía, -formando dos líneas, la primera más avanzada que la inmediata de -los ingleses. El francés quiso sobre todo apoderarse de la batería -del reducto; mas, al poner el pie en ella, recibieron sus soldados una -descarga a metralla de los cañones puestos allí poco antes al mando -del capitán Uclés, y cayendo los ingleses en seguida sobre sus filas, -experimentaron estas horrorosa carnicería. Replegados en confusión los -franceses a su línea, rechazaron a sus contrarios cuando avanzaron. -Reiteráronse tales tentativas, hasta que en la última, intentando -los enemigos meterse entre los ingleses y los españoles, se vieron -flanqueados por la primera línea de estos, más avanzada, y acribillados -por una batería que mandaba Don Santiago Piñeiro, militar aventajado. -Repelidos así, y al tiempo que ya flaqueaban, dio sobre ellos asombrosa -carga el regimiento español de caballería del Rey, guiado por su coronel -Don José María de Lastres, a quien, herido, sustituyó en el acto con -no menor brío su teniente Don Rafael Valparda. Todo lo atropellaron -nuestros jinetes, dando lugar a que se cogieran diez cañones, de los -que cuatro trajo al campo español el mencionado Piñeiro. - -A la misma sazón, en la izquierda del ejército aliado, trató la -división del general Ruffin de rodear por la cañada el cerro de -Medellín, amenazando parte de la de Villatte subir a la cima. Colocada -la caballería inglesa en dicha cañada, aunque padeció mucho, en -especial un regimiento de dragones, logró desconcertar a Ruffin, -sosteniendo sus esfuerzos la división de Bassecourt y la caballería -de Alburquerque. También sirvió de mucho la oportunidad con que -el distinguido oficial Don Miguel de Álava, ayudante del último, -condescendiendo con los deseos del general inglés Fane, y sin aguardar, -por la premura, el permiso de su jefe, dispuso que obrasen dos cañones -al mando del capitán Entrena, que hicieron en el enemigo grande -estrago. Así se ve como en ambas alas andaba la refriega favorable a -los aliados. - -Hubo de comprometerse su éxito durante cierto espacio en el centro. -Acometió allí al general Sherbrooke el francés Lapisse, el cual, -si bien al principio fue rechazado gallardamente, prosiguiendo los -guardias ingleses con sobrado ardor el triunfo, repeliéronlos a su -vez los franceses, introduciendo confusión en su línea, momento -apurado, pues roto el centro, hubieran los aliados perdido la batalla. -Felizmente, al ver Wellesley lo que se empeñaban los guardias, con -previsión ordenó desde el cerro donde estaba bajar al regimiento número -48, mandado por el coronel Donnellan, cuyo cuerpo se portó con tal -denuedo que, conteniendo a los franceses, dio lugar a que los suyos -volviesen en sí y se rehiciesen. Sucedido lo cual, avanzando de la 2.ª -línea la caballería ligera, a las órdenes de Cotton, y maniobrando -por los flancos la artillería, entre la que también lució con sus -cañones el capitán Entrena, ciaron desordenados los franceses, cayendo -mortalmente herido el general Lapisse. Ya entonces se mostraron por -toda la línea victoriosos los aliados. Recogiéronse los franceses a su -antigua posición, cubriendo el movimiento los fuegos de su artillería. -El calor y lo seco de la tierra, con el tráfago y pisar de aquel -día, produjeron poco después en la yerba y matorrales un fuego que, -recorriendo por muchas partes el campo, quemó a muertos y a postrados -heridos. Perdieron los ingleses en todo 6268 hombres, los franceses -7389, con 17 cañones; murieron de cada parte dos generales. Ascendió -la pérdida de los españoles a 1200 hombres, quedando herido el general -Manglano. - -De este modo pasó la batalla de Talavera de la Reina, que, empezada el -27 de julio, no concluyó hasta el siguiente día, y la cual tuvo, por -decirlo así, tres pausas o jornadas. En la última del 28 se comportaron -los españoles con valor e intrepidez. [Sidenote: Severidad de Cuesta.] -A los cuerpos que el 27 flaquearon, nada menos intentó Cuesta que -diezmarlos, como si su falta no proviniese más bien de anterior -indisciplina que de cobardía villana. Intercedió el general inglés -y amansó el feroz pecho del español, mas desgraciadamente cuando ya -habían sido arcabuceados 50 hombres. - -[Sidenote: Recompensas que da la junta central y el gobierno inglés.] - -Nombró la junta central a Sir Arturo Wellesley capitán general de -ejército, y elevole su gobierno a par de Inglaterra bajo el título de -Lord vizconde Wellington de Talavera, con el cual le distinguiremos -en adelante. Dispensó también la central otras gracias a los jefes -españoles, condecorando a Don Gregorio de la Cuesta con la gran cruz de -Carlos III. - -[Sidenote: Retíranse los franceses a diversos puntos.] - -El 29 de julio repasaron los franceses el Alberche, apostándose en -las alturas de Salinas. Marchó en seguida José con el cuarto cuerpo -y la reserva a Santa Olalla, y se colocó el 31 en Illescas, habiendo -antes destacado una división vuelta de Toledo, a cuya ciudad amenazaba -gente de Venegas. El mariscal Victor, recelándose de los movimientos -por su flanco de Sir Roberto Wilson, cuya fuerza creía superior, se -retiró también el 1.º de agosto hacia Maqueda y Santa Cruz del Retamar, -creciendo el desacuerdo entre él y el mariscal Jourdan, como acontece -en la desgracia. - -[Sidenote: No sigue Wellington el alcance.] - -Lord Wellington y los españoles se mantuvieron en Talavera, adonde -llegó el 29 con 3000 hombres de refresco el general Craufurd, que -al ruido de la batalla se apresuró a incorporarse a tiempo, aunque -inútilmente, al grueso del ejército. No quiso Wellington a pesar del -refuerzo seguir el alcance, ya porque considerase a los franceses -más bien repelidos que deshechos, o ya porque no se fiase en la -disciplina y organización del ejército español, tolerable en posición -abrigada, pero muy imperfecta para marchas y grandes evoluciones. -[Sidenote: Motivos de ello.] Otras causas pudieron también influir -en su determinación: tal fue el anuncio del armisticio de Znaim, que -se publicó en _Gaceta extraordinaria de Madrid_ de 27 de julio; tal -asimismo la marcha progresiva de Soult, de que se iban teniendo avisos -más ciertos. Sin embargo, no fundó el general inglés su resolución en -ninguna de tan poderosas e insinuadas razones, fuese que no quisiera -ofender a los caudillos españoles, o que temiera sobresaltar los ánimos -con malas nuevas. Disculpose solamente para no avanzar con la falta -de víveres, pareciendo a algunos que si realmente tal escasez afligía -al ejército, no era oportuno modo de remediarla permanecer en el -lugar en donde más se sentía, cuando yendo adelante se encontrarían -países menos devastados, y ciudades y pueblos que ansiosamente y con -entusiasmo aguardaban a sus libertadores. - -[Sidenote: Llega Soult a Extremadura.] - -Por tanto, creyose en general que, si bien no abundaban las vituallas, la -detención del ejército inglés pendía principalmente de los movimientos -del mariscal Soult, quien, según aviso recibido en 30 de julio, intentaba -atravesar el puerto de Baños, defendido por el marqués del Reino con -cuatro batallones, dos destacados anteriormente del ejército de Cuesta -y dos de Béjar. A la primera noticia pidió Lord Wellington que tropa -española fuese a reforzar el punto amenazado, y dificultosamente -recabó de Don Gregorio de la Cuesta que destacase para aquel objeto -en 2 de agosto la quinta división del mando de Don Luis Bassecourt: -poca fuerza y tardía, pues no pudiendo el marqués del Reino resistir a -la superioridad del enemigo se replegó sobre el Tiétar, entrando los -franceses en Plasencia el 1.º de agosto. - -[Sidenote: Va Wellington a su encuentro.] - -Cerciorados los generales aliados de tan triste acontecimiento, -convinieron en que el ejército británico iría al encuentro de los -enemigos, y que los españoles permanecerían en Talavera para hacer -rostro al mariscal Victor, en caso de que volviese a avanzar por aquel -lado. Las fuerzas que traían los franceses constaban del quinto, -segundo y sexto cuerpo, ascendiendo en su totalidad a unos 50.000 -hombres. Precedía a los demás el quinto, a las órdenes del mariscal -Mortier, seguíale el segundo, a las inmediatas de Soult, que además -mandaba a todos en jefe, y cerraba la marcha el sexto capitaneado por -el mariscal Ney. Fue de consiguiente Mortier quien arrojó de Baños -al marqués del Reino, extendiéndose ya hacia la venta de la Bazagona -por una parte y por otra hacia Coria, cuando el 3 de agosto pisó Soult -las calles de Plasencia, y cuando Ney cruzaba en el mismo día los -lindes extremeños. Tal y tan repentina avenida de gente asoló aquella -tierra frondosísima en muchas partes, no escasa de cierta industria, y -en donde aún quedan rastros y mijeros de una gran calzada romana. El -general Beresford, que antes estaba situado con unos 15.000 portugueses -detrás del Águeda, siguió al ejército francés en una línea paralela, y -atravesando el puerto de Perales llegó a Salvatierra el 17 de agosto, -desde cuyo punto trató de cubrir el camino de Abrantes. - -[Sidenote: Tropas que se agolpan al valle del Tajo.] - -Íbanse de esta manera acumulando en el valle o prolongada cuenca que -forma el Tajo desde Aranjuez hasta los confines de Portugal muchedumbre -de soldados, cuyo número, inclusos los ejércitos de Venegas y -Beresford, rayaba en el de 200.000 hombres de muchas y varias naciones. -Siendo difícil su mantenimiento en tan limitado terreno, y corto el -tiempo que se requería para reunir las masas, era de conjeturar que -unos y otros estaban próximos a empeñar decisivos trances. Pero en -aquella ocasión, como en tantas otras, no aconteció lo que parecía más -probable. - -Lord Wellington, informado de que el mariscal Soult se interponía entre -su ejército y el puente de Almaraz, resolvió pasar por el del Arzobispo -y establecer su línea de defensa detrás del Tajo. [Sidenote: Cuesta se -retira de Talavera.] Por su parte Don Gregorio de la Cuesta, temeroso -también de aguardar solo en Talavera a José y Victor, que de nuevo se -unían, abandonó la villa y se juntó en Oropesa con la quinta división -y el ejército británico. Desazonó a Wellington la determinación del -general español por parecerle precipitada, y sobre todo por no haber -puesto el correspondiente cuidado en salvar los heridos ingleses que -había en Talavera. Desatendió por tanto y con justicia los clamores -de Don Gregorio de la Cuesta, que insistía en que se conservase la -posición de Oropesa como propia para una batalla. Cruzó pues Wellington -el puente del Arzobispo, y estableció su cuartel general en Deleitosa -el 7 de agosto, poniendo en Mesas de Ibor su retaguardia. Envió también -por la orilla izquierda de Tajo al general Craufurd con una brigada y -seis piezas, el cual llegó felizmente a tiempo de cubrir el paso de -Almaraz y los vados. - -[Sidenote: El ejército aliado se pone en la orilla izquierda del Tajo.] - -Forzado, bien a su pesar, el general Cuesta a seguir al ejército inglés, -pasó el 5 el puente del Arzobispo, hacia donde con presteza se -agolpaban los enemigos. Prosiguió su marcha por la Peraleda de Garvín -a Mesas de Ibor, dejando en guarda del puente a la quinta división del -cargo de Don Luis Bassecourt, y por la derecha en Azután, para atender a -los vados, al duque de Alburquerque con 3000 caballos. Mas apenas había -llegado Cuesta a la Peraleda, cuando ya eran dueños los enemigos del -puente del Arzobispo. - -Acercándose allí de todas partes el quinto cuerpo, se había colocado su -jefe Mortier en la Puebla de Naciados. Estaba a la sazón en Navalmoral -el mariscal Ney, y Soult desde el Gordo había destacado caballería -camino de Talavera para ponerse en comunicación con Victor, de vuelta -ya este el 6 en aquella villa. Así todas las tropas francesas podían -ahora darse la mano y obrar de acuerdo. - -[Sidenote: Paso del Arzobispo por los franceses.] - -Reconcentráronse pues para forzar el paso del Arzobispo el quinto -y segundo cuerpo, al tiempo que Victor por el puente de tablas de -Talavera debía llamar la atención de los españoles, y aun acometerlos -siguiendo la izquierda del Tajo. A las dos de la tarde del 8 -formalizaron los franceses su ataque contra el paso del Arzobispo; -dirigíalo el mariscal Mortier. El calor del día y el descuido propio de -ejércitos mal disciplinados hizo que no hubiese de nuestra parte gran -vigilancia, por lo cual en tanto que los enemigos embestían el puente -cruzaron descansadamente un vado 800 caballos suyos, guiados por el -general Caulincourt, quedando unos 6000 al otro lado prontos a ejecutar -lo mismo. Procuraron los españoles impedir el paso del Arzobispo -abriendo un fuego muy vivo de artillería, ajenos de que Caulincourt, -pasando el vado acometería, como lo hizo, por la espalda. Solo había en -el puente 300 húsares del regimiento de Extremadura que contuvieron -largo rato los ímpetus de los jinetes enemigos, a quienes hubiera -costado caro su arrojo si Alburquerque hubiese llegado a tiempo. Pero -los caballos de este, desensillados y sin bridas, tardaron en prepararse, -acudiendo después atropelladamente, con cuya detención y falta de orden -diose lugar a que vadease el río toda la caballería francesa, que -ayudada de algunos infantes desconcertó a nuestra gente, de la cual -parte tiró a Guadalupe y parte a Valdelacasa, perdiéndose cañones y -equipajes. - -Afortunadamente, no prosiguieron los enemigos más adelante, dirigiendo -sus fuerzas a otros puntos, por lo que los aliados pudieron mantenerse -tranquilos; los ingleses sobre la izquierda hacia Almaraz con su -cuartel general en Jaraicejo, los españoles sobre la derecha con el -suyo en Deleitosa, atentos también a proteger la posición de Mesas de -Ibor. [Sidenote: Deja Cuesta el mando. Sucédele Eguía.] Don Gregorio -de la Cuesta, abrumado con los años, sinsabores e incomodidades de -la campaña, hizo dimisión del mando el 12 de agosto, sucediéndole -interinamente, y después en propiedad, Don Francisco de Eguía. - -[Sidenote: Nuevas disposiciones de los franceses.] - -Puestos los aliados a la orilla izquierda del Tajo, y temiendo José -movimientos en Castilla la Vieja, cuyas guarniciones estaban faltas de -gente, determinó, siguiendo el parecer de Ney, suspender las operaciones -del lado de Extremadura. Así lo tenía igualmente insinuado Napoleón -desde Schönbrunn con fecha de 29 de julio, desaprobando que se -empeñasen acciones importantes hasta tanto que llegasen a España nuevos -refuerzos que se disponía a enviar del norte. Conforme a la resolución -de José, situose Soult en Plasencia, reemplazó en Talavera al cuerpo de -Victor el de Mortier, y retrocedió con el suyo a Salamanca el mariscal -Ney. - -[Sidenote: Encuéntranse Wilson y Ney en el puerto de Baños.] - -Caminaba el último tranquilamente a su destino sin pensar en enemigos, -cuando de repente tropezó en el puerto de Baños con obstinada -resistencia. Causábala Sir Roberto Wilson, quien, abandonado, y -estando el 4 de agosto en Velada sin noticia del paradero de los -aliados, repasó el Tiétar, y atravesando acelerada e intrépidamente -las sierras que parten términos con las provincias de Ávila y -Salamanca, fue a caer a Béjar por sitios solitarios y fragosos. Desde -allí, queriendo incorporarse con los aliados, contramarchó hacia -Plasencia por el puerto de Baños, a la propia sazón que el mariscal -Ney revolvía sobre Salamanca. La fuerza de Wilson, de 4000 hombres, la -componían portugueses y españoles. Dos batallones de estos, avanzados -en Aldeanueva, defendieron a palmos el terreno hasta la altura del -desfiladero, en donde se alojaban los portugueses. Sostúvose Wilson -en aquel punto durante horas, y no cedió sino a la superioridad del -número: según la relación de tan digno jefe, sus soldados se portaron -con el mayor brío, y al retirarse, los hubo que respondiendo a -fusilazos a la intimación del enemigo de rendirse, se abrieron paso -valerosamente. - -[Sidenote: Extorsiones del ejército de Soult.] - -El cuerpo del mariscal Soult mientras permaneció en tierra de -Plasencia, acostumbrado a vivir de rapiña, taló campos, quemó pueblos, -y cometió todo género de excesos. Al obispo de Coria Don Juan Álvarez -de Castro, anciano de ochenta y cinco años, [Sidenote: Muerte violenta -del obispo de Coria.] postrado en una cama, sacáronle de ella -violentamente merodeadores franceses, y sin piedad le arcabucearon. -Parecida atrocidad cometieron con otros pacíficos y honrados ciudadanos. - -[Sidenote: Ejército de Venegas.] - -En tanto, José pensó en hacer frente al general Venegas, que por su -parte había puesto en gran cuidado a la corte intrusa adelantándose al -Tajo en 23 de julio, al tiempo que el general Sebastiani retrocedió -a Toledo. Era el ejército de Don Francisco Venegas de los mejor -acondicionados de España, y sobresalían sus jefes entre los más -señalados. Estaba distribuido en cinco divisiones que regían: la -primera Don Luis Lacy; la segunda Don Gaspar Vigodet; la tercera Don -Pedro Agustín Girón; la cuarta Don Francisco González Castejón, y la -quinta Don Tomás de Zeráin. Gobernaba la caballería el marqués de Gelo. -Ya hablamos de su fuerza total. - -[Sidenote: Su marcha.] - -El 27 de julio dispuso el general Venegas que la primera división -pasase a Mora, cayendo sobre Toledo, al paso que él se trasladaba a -Tembleque con la cuarta y quinta, y avanzaban a Ocaña la segunda y -tercera. Ejecutose la operación, yendo hasta Aranjuez en la mañana del -29. Un destacamento de 400 hombres, mandados por el coronel Don Felipe -Lacorte, se extendió a la cuesta de la Reina, en donde dispersó tropas -del enemigo y les cogió varios prisioneros. - -En tal situación, parecía natural que Venegas se hubiera metido en -Madrid, desguarnecido con la salida de José vía de Talavera. [Sidenote: -Nómbrale la junta capitán general de Castilla la Nueva.] Aguijón -era para ello el nombramiento que el mismo día 29 recibió de la -central, encargándole interinamente el mando de Castilla la Nueva, con -prevención de que residiese en Madrid. Pero siendo el verdadero motivo -de concederle esta gracia el disminuir el influjo pernicioso de Cuesta, -caso que nuestras tropas ocupasen la capital, se le advertía al mismo -tiempo que no se empeñase muy adelante, pues los ingleses, con pretexto -de falta de subsistencias, no pasarían del Alberche. - -Hubiera aún podido detener a Venegas para entrar en Madrid el parte -que el 30 le dio Lacy desde Nuestra Señora de la Sisla, de que enemigos -se agolpaban a Toledo, si en el mismo día no hubiese también recibido -oficio de Cuesta anunciando la victoria de Talavera, coligiéndose de -ahí que la gente divisada por Lacy venía más bien de retirada que con -intento de atacarle. Sin embargo se limitó Venegas a reconcentrar su -fuerza en Aranjuez, apostando en el puente largo la división de Lacy -que había llamado de las cercanías de Toledo. - -[Sidenote: Su incertidumbre.] - -Permanecía así incierto, cuando el 3 de agosto le avisó Don Gregorio de -la Cuesta cómo se retiraba de Talavera. Con esta noticia parecía que -quien se había mostrado circunspecto en momentos favorables, seríalo -ahora mucho más y con mayor fundamento. Pero no fue así, pues en vez -de retirarse, tomó el 5 disposiciones para defender el paso del Tajo. -Apostó en sus orillas las divisiones primera, segunda y tercera, al -mando todas de Don Pedro Agustín Girón, que debían atender a los vados -y a los puentes Verde, de Barcas y la Reina, quedándose detrás camino -de Ocaña con las otras dos divisiones el mismo Venegas. - -[Sidenote: Defiende el paso del Tajo en Aranjuez.] - -Los franceses se presentaron en la ribera derecha a las dos de la tarde -del mismo 5, y empezaron por atacar la izquierda española colocada -en el jardín del infante Don Antonio, acometiendo después los tres -puentes. A todas partes acudía el general Girón con admirable presteza, -y en particular a la izquierda, apoyando sus esfuerzos los generales -Lacy y Vigodet. No menos animosos se mostraban los otros jefes y -soldados, y los hubo que apenas curados de sus heridas volvían a la -pelea. Los franceses viendo la porfía de la defensa abandonaron al -anochecer su intento. Perdimos 200 hombres; los enemigos 500, estando -más expuestos a nuestros fuegos. - -Bastábale a Venegas la ventaja adquirida para que satisfecho se -retirase con honra; mas creciendo su confianza permaneció en Ocaña, -y se aventuró a una batalla campal. Los franceses frustrado su deseo -de pasar el Tajo por Aranjuez, hicieron continuos movimientos con -dirección a Toledo, lo cual excitó en Venegas la sospecha de que -querían atravesar hacia allí el río, y cogerle por la espalda. Situó en -consecuencia su ejército en escalones desde Aranjuez a Tembleque, en -donde estableció su cuartel general, enviando la quinta división sobre -Toledo. En efecto, los franceses pasaron en 9 de agosto el Tajo por -esta ciudad y los vados de Añover, y el 10 juntó el general español sus -fuerzas en Almonacid. - -[Sidenote: Batalla de Almonacid.] - -En la creencia de que los franceses solo eran 14.000, repugnábale a -Don Francisco Venegas desamparar la Mancha, inclinándose a presentar -batalla. Oyó, sin embargo, antes la opinión de los demás generales, -la cual coincidiendo con la suya, se acordó entre ellos atacar a los -franceses el 12, dando el 11 descanso a las tropas. Mas en este día -previnieron los enemigos los deseos de los nuestros trabando la acción -en la madrugada. - -Componíase la fuerza francesa del cuarto cuerpo, al mando de Sebastiani, -y de la reserva, a las órdenes de Dessolles y de José en persona, cuyo -total ascendía a 26.000 infantes y 4000 caballos. Situáronse los -españoles delante de Almonacid y en ambos costados. El derecho le -guarnecía la segunda división, el izquierdo la primera, y ocupaban el -centro la cuarta y quinta. Quedó la reserva a retaguardia, destacándose -solo de ella dos o tres cuerpos. Distribuyose la caballería entre ambos -extremos de la línea, excepto algunos jinetes que se mantuvieron en el -centro. - -Empezó a atacar el general Sebastiani antes que llegase su reserva, -dirigiéndose contra la izquierda española. Viose, por tanto, muy -comprometido un cuerpo de la primera división, y a punto de tener -que replegarse sobre los batallones de Bailén y Jaén, que eran dos -de los destacados de la tercera división. Ciaron también estos de -la cresta de un monte a la izquierda de la línea donde se alojaban, -herido mortalmente el teniente coronel de Bailén Don Juan de Silva. -Inútilmente fue a su socorro el general Girón, hasta que desplegando -al frente de las columnas enemigas Don Luis Lacy, con lo restante de -su primera división contuvo a aquellas y las rechazó, apoyado por la -caballería. - -A la sazón llegó el general Dessolles con parte de la reserva francesa, -y animando a los soldados de Sebastiani renovose con más ardor la -refriega. Viéronse entonces también acometidas la cuarta y quinta -división española; la última, colocada a la derecha de Almonacid, -dio luego indicio de flaquear; mas la otra sostúvose bizarramente, -distinguiéndose los cuerpos de Jerez, Córdoba y Guardias españolas, -guiado el segundo con conocimiento y valentía por Don Francisco -Carvajal. Cargaba igualmente la caballería, y anunciábase allí la -victoria cuando, muerto el caballo del comandante de aquellos jinetes, -vizconde de Zolina, hombre de nimia superstición aunque de valor no -escaso, parose este tomando por aviso de Dios la muerte de su caballo. - -Entretanto acudió José con el resto de la reserva al campo de batalla, -y rota la quinta división que ya había flaqueado, penetraron los -franceses hasta el cerro del castillo, al que subieron después de una -muy viva resistencia. Llegó con esto a ser muy crítica la situación -del ejército español, en especial la de la gente de Lacy, por lo -cual Venegas juzgó prudente retirarse. Para ello ordenó a la segunda -división del mando de Vigodet, que era la menos comprometida, que -formase a espaldas del ejército. Ejecutó dicho jefe esta maniobra con -prontitud y acierto, siguiendo a su división la cuarta, del cargo de -Castejón. - -[Sidenote: Retirada del ejército español.] - -No bastó tan oportuna precaución para verificar la retirada -ordenadamente, pues asustados algunos caballos con la voladura de -varios carros de municiones, dispersáronse e introdujeron desorden. -De allí, no obstante, con más o menos concierto, dirigiéronse todas las -divisiones por distintos puntos a Herencia, y en seguida a Manzanares. -[Sidenote: Su dispersión.] En esta villa, corriendo entre la caballería -la voz falsa y aciaga de que los enemigos estaban ya a la espalda en -Valdepeñas, desrancháronse los soldados, y de tropel y desmandadamente -no pararon hasta Sierra Morena, en donde, según costumbre, se juntaron -después y rehicieron. Costó a los españoles la batalla de Almonacid -4000 hombres, unos 2000 a los franceses. - -Tan desventajosamente finalizó esta campaña de Talavera y la Mancha, -comenzada con favorable estrella. No se advirtió sin embargo en sus -resultas, a lo menos de parte de los españoles, lo que comúnmente -acontece en las guerras, en las que, según con razón asienta -Montesquieu, no suele ser lo más funesto las pérdidas reales que -en ellas se experimentan, sino las imaginarias y el desaliento -que producen. Lo que hubo de lastimoso en este caso fue haber -desaprovechado la ocasión de lanzar tal vez a los franceses del Ebro -allá y sobre todo la desunión momentánea de los aliados, a la que -sirvió de principal motivo la falta de bastimentos. - -[Sidenote: Contestaciones con los ingleses sobre subsistencias.] - -Cuestión ha sido esta que ya hemos tocado, y no volveríamos a renovarla -si no hubiese tenido particular influjo en las operaciones militares, -y mezcládose también en los vaivenes de la política. Hubo en ella por -ambas partes injusticia en las imputaciones, achacándose a la central -mala voluntad y hasta perfidia, y calificando esta de mero pretexto -las quejas, a veces fundadas, de los ingleses. Todos tuvieron culpa, -y más las circunstancias de entonces, juntamente con la dificultad -de alimentar un ejército en campaña cuando no es conquistador, y de -prevenir las necesidades por medio de oportunos almacenes. Se equivocó -la central en imaginar que con solo dar órdenes y enviar empleados se -abastecería el ejército inglés y español. A aquellas hubieran debido -acompañar medidas vigorosas de coacción, poniendo también cuidado en -encargar el desempeño de comisión tan espinosa a hombres íntegros y -capaces. Cierto que a un gobierno de índole tan débil como la central, -érale difícil emplear la coacción, sobre todo en Extremadura, provincia -devastada, y en donde hasta las mismas y fértiles comarcas del valle y -vera de Plasencia, primeras que habían de pisar los ingleses, acababan -de ser asoladas por las tropas del mariscal Victor. Pero hubo azar en -escoger por cabeza de los empleados a Lozano de Torres, quien, al paso -que bajamente adulaba al general en jefe inglés, escribía a la central -que eran las quejas de aquel infundadas: juego doble y villano, que -descubierto, obligó a Wellington a echar con baldón de su campo al -empleado español. - -De parte de los ingleses hubo imprevisión en figurarse que a pesar de -los ofrecimientos y buenos deseos de la central, podría su ejército -ser completamente provisto y ayudado. Ya había este padecido en -Portugal falta de muchos artículos, aunque en realidad el gobierno -británico allí mandaba, y con la ventaja de tener próxima la mar. -Mayores escaseces hubieran debido temer en España, país entonces por -lo general más destruido y maltratado, no pudiendo contar con que -solo el patriotismo reparase el apuro de medios después de tantas -desgracias y escarmientos. Creer que el gobierno español hubiera de -antemano preparado almacenes, era confiar sobradamente en su energía y -principalmente en sus recursos. Los ingleses sabían por experiencia lo -dificultoso que es arreglar la hacienda militar o sea _comisariato_, -pues todavía en aquel tiempo tachaban ellos mismos de defectuosísimo -el suyo, y no era dable que España, en todo lo demás tan atrasada -respecto de Inglaterra, se le aventajase en este solo ramo y tan de -repente. - -En vano pensó la junta suprema remediar en parte el mal enviando a -Extremadura a D. Lorenzo Calvo de Rozas, individuo suyo, y en cuyo -celo y diligencia ponía firme esperanza. Semejante determinación, que -no se tomó hasta 1.º de agosto, llegaba ya tarde, indispuestos los -ánimos de los generales entre sí, y agriados cada vez más con el escaso -fruto que se sacaba de la campaña emprendida. De poco sirvió también -para concordarlos la dejación voluntaria que hizo Cuesta de su mando, -anhelada por los mismos ingleses y expresamente pedida por su ministro -en Sevilla. Lord Wellington viendo que la abundancia no crecía [*] -[Sidenote: (* Ap. n. 9-3.)] cual deseaba, y que sus soldados enfermaban -y perecían sus caballos, declaró que estaba resuelto a retirarse -a Portugal. Entonces Eguía y Calvo hicieron, para desviarle de su -propósito, nuevos ofrecimientos, concluyendo con decirle el primero -que, a no ceder a sus instancias, creería que otras causas y no la -falta de subsistencias le determinaban a retirarse. Otro tanto y con -más descaro escribiole Calvo de Rozas. Ásperamente replicó Wellington, -indicando a Eguía que en adelante sería inútil proseguir entre ellos la -comenzada correspondencia. - -[Sidenote: Llegada a España del marqués de Wellesley.] - -Algunos, no obstante, mantuvieron esperanzas de que todo se compondría -con la venida a Sevilla del marqués de Wellesley, hermano del general -inglés y embajador nombrado por S. M. B. cerca del gobierno de España. -Había llegado el marqués a Cádiz el 4, y acogídole la ciudad cual -merecía su elevada clase y la fama de su nombre. No nos detendremos en -describir su entrada, mas no podemos omitir un hecho que allí ocurrió -digno de memoria. Fue, pues, que queriendo el embajador, agradecido -al buen recibimiento, repartir dinero entre el pueblo, Juan Lobato, -zapatero de oficio, y de un batallón de voluntarios, saliendo de entre -las filas díjole mesuradamente: «Señor Excelentísimo, no honramos a V. -E. por interés sino para corresponder a la buena amistad que nuestra -nación debe a la de V. E.» Rasgo muy característico y frecuente en el -pueblo español. Pasó después a Sevilla el nuevo embajador y reemplazó -a Mr. Frere, a quien la junta dio el título de marqués de la Unión -en prueba de lo satisfecha que estaba de su buen porte y celo. Uno -de los primeros puntos que trató Wellesley con la junta fue el de la -retirada de su hermano. [Sidenote: Plan de subsistencias.] Recayendo -la principal queja sobre la falta de provisiones, rogole el gobierno -español que le propusiese un remedio, y el marqués extendió un plan -sobre el modo de formar almacenes y proporcionar transportes, como -si el estado general de España y el de sus caminos y sus carruajes -estuviese al par del de Inglaterra. No obstante los obstáculos -insuperables que se ofrecían para su ejecución, aprobolo la central, -quizá con sus puntas de malicia, sin que por eso se adelantase cosa -alguna. [Sidenote: Retírase Wellington a Badajoz y fronteras de -Portugal.] Lord Wellington había ya empezado el 20 de agosto, desde -Jaraicejo, su marcha retrógrada, y deteniéndose algunos días en Mérida -y Badajoz, repartió en principios de septiembre su ejército entre -la frontera de Portugal y el territorio español. Muchos atribuyeron -esta retirada al deseo que tenía el gobierno inglés de que recayese -en Lord Wellington el mando en jefe del ejército aliado. Nosotros, -sin entrar en la refutación de este dictamen, nos inclinamos a creer -que, más que de aquella causa y de la falta de subsistencias, que en -efecto se padeció, provino semejante resolución del rumbo inesperado -que tomaron las cosas de Austria. Los ingleses habían pasado a España -en el concepto de que prolongándose la guerra en el Norte, tendrían -los franceses que sacar tropas de la península, y que no habría por -tanto que luchar en las orillas del Tajo sino con determinadas fuerzas. -Sucedió lo contrario, atribuyendo después unos y otros a causas -inmediatas lo que procedía de origen más alto. De todos modos, las -resultas fueron desgraciadas para la causa común, y la central, como -diremos después, recibió de este acontecimiento gran menoscabo en su -opinión. - -[Sidenote: Conducta y tropelías del gobierno de José.] - -El gobierno de José, por su parte, lleno de confianza, había aumentado -ya desde mayo sus persecuciones contra los que no graduaba de amigos, -incomodando a unos y desterrando a otros a Francia. Confundía en sus -tropelías al prócer con el literato, al militar con el togado, al -hombre elocuente con el laborioso mercader. Así salieron juntos, o unos -en pos de otros, a tierra de Francia el duque de Granada y el poeta -Cienfuegos, el general Arteaga y varios consejeros, el abogado Argumosa -y el librero Pérez. Mala manera de allegar partidarios, e innecesaria -para la seguridad de aquel gobierno, no siendo los extrañados hombres -de arrojo ni cabezas capaces de coligación. Expidiéronse igualmente -entonces por José decretos destemplados, como lo fueron el de disponer -de las cosechas de los habitantes sin su anuencia, y el de que se -obligase a los que tuviesen hijos sirviendo en los ejércitos españoles -a presentar en su lugar un sustituto o dar en indemnización una -determinada suma. Estos decretos, como los demás, o no se cumplían o -cumplíanse arbitrariamente, con lo que, en el último caso, se añadía a -la propia injusticia la dureza en la ejecución. - -La guerra de Austria, aunque había alterado algún tanto al gobierno -intruso, no le desasosegó extremadamente, ni le contuvo en sus -procedimientos. [Sidenote: Opinión de Madrid.] Llegole más al alma la -cercanía de los ejércitos aliados y el ver que con ella los moradores -de Madrid recobraban nuevo aliento. Procuró por tanto deslumbrarlos -y divertir su atención haciendo repetidas salvas que anunciasen las -victorias conseguidas en Alemania; mas el español, inclinado entonces -a dar solo asenso a lo que le era favorable, acostumbrado además a las -artimañas de los franceses, no dando fe a lejanas nuevas, reconcentraba -todas sus esperanzas en los ejércitos aliados, cuya proximidad en -vano quiso ocultar el gobierno de José. [Sidenote: Júbilo que allí -hubo el día de Santa Ana.] Tocó en frenesí el contentamiento de los -madrileños el 26 de julio, día de Santa Ana, en el que los aldeanos que -andan en el tráfico de frutas de Navalcarnero y pueblos de su comarca, -esparcieron haber llegado allí y estar de consiguiente cercano a la -capital Sir Roberto Wilson y su tropa. Con la noticia, saliendo de sus -casas los vecinos, espontáneamente y de montón se enderezaron los más -de ellos hacia la puerta de Segovia para esperar a sus libertadores. -Los franceses no dieron muestra de impedirlo, limitándose el general -Belliard, que había quedado de gobernador, a sosegar con palabras -blandas el ánimo levantado de la muchedumbre. Durante el día reinó por -todo Madrid el júbilo más exaltado, dándose el parabién conocidos y -desconocidos, y entregándose al solaz y holganza. Pero en la noche, -llegado aviso del descalabro que padeció el mismo 26 la vanguardia -de Zayas, anunciáronlo los franceses al día siguiente como victoria -alcanzada contra todo el ejército combinado, sin que la publicación -hiciese mella en los madrileños, calificándola de falsa, sobre todo -cuando el 31 de resultas de la batalla de Talavera vieron que los -franceses tomaban disposiciones de retirada, y que los de su partido se -apresuraban a recogerse al Retiro. Salieron no obstante fallidas, según -en su lugar contamos, las esperanzas de los patriotas; mas, inmutables -estos en su resolución, comenzaron a decir el tan sabido _no importa_, -que, repetido a cada desgracia y en todas las provincias, tuvo en la -opinión particular influjo, probando, con la constancia del resistir, -que aquella frase no era hija de irrefleja arrogancia sino expresión -significativa del sentimiento íntimo y noble de que una nación, si -quiere, nunca es sojuzgada. - -[Sidenote: Nuevos decretos de José.] - -José, sin embargo, persuadido de que con la retirada de los ejércitos -aliados, las desavenencias entre ellos, la batalla de Almonacid y -lo que ocurría en Austria, se afirmaba más y más en el solio, tomó -providencias importantes y promulgó nuevos decretos. Antes ya había -instalado el consejo de estado, no pasando a convocar cortes, según -lo ofrecido en la constitución de Bayona, así por lo arduo de las -circunstancias, como por no agradar ni aun la sombra de instituciones -libres al hombre de quien se derivaba su autoridad. Entre los decretos, -muchos y de varia naturaleza, húbolos que llevaban el sello de tiempos -de división y discordia, como fueron el de confiscación y venta de -los bienes embargados a personas fugitivas y residentes en provincias -levantadas, y el de privación de sueldo, retiro o pensión a todo -empleado que no hubiese hecho de nuevo para obtener su goce solicitud -formal. De estas dos resoluciones, la primera, además de adoptar el -bárbaro principio de la confiscación, era harto amplia y vaga para -que en la aplicación no se acreciese su rigor; y la segunda, si bien -pudiera defenderse atendiendo a las peculiares circunstancias de un -gobierno intruso, mostrábase áspera en extenderse hasta la viuda y el -anciano, cuya situación era justo y conveniente respetar, evitándoles -todo compromiso en las discordias civiles. - -Decidió también José no reconocer otras grandezas ni títulos sino los -que él mismo dispensase por un decreto especial, y suprimió igualmente -todas las órdenes de caballería existentes, excepto la militar de -España que había creado, y la antigua del Toisón de Oro; no permitiendo -ni el uso de las condecoraciones ni menos el goce de las encomiendas: -por cuyas determinaciones ofendiendo la vanidad de muchos se perjudicó -a otros en sus intereses, y tratose de comprometer a todos. - -Aplaudieron algunos un decreto que dio José el 18 de agosto para la -supresión de todas las órdenes monacales, mendicantes y clericales. -Napoleón, en diciembre, había solo reducido los conventos a una tercera -parte; su hermano ampliaba ahora aquella primera resolución, ya por -no ser afecto a dichas corporaciones, ya también por la necesidad de -mejorar la hacienda. - -[Sidenote: Medidas económicas.] - -Los apuros de esta crecían, no entrando en arcas otro producto sino -el de las puertas de Madrid, aumentado solo con el recargo de ciertos -artículos de consumo. Semejante penuria obligó al ministro de hacienda, -conde de Cabarrús, a recurrir a medios odiosos y violentos, como el del -repartimiento de un empréstito forzoso entre las personas pudientes de -Madrid, [Sidenote: Plata de particulares.] y el de recoger la plata -labrada de los particulares. En la ejecución de estas providencias, -y sobre todo en la de la confiscación de las casas de los grandes y -otros fugitivos, cometiéronse mil tropelías, teniendo que valerse de -individuos despreciables y desacreditados, por no querer encargarse -de tal ministerio los hombres de vergüenza. Así fue que ni el mismo -gobierno intruso reportó gran provecho, echándose aquella turba de -malhechores, con la suciedad y ansia de harpías, sobre cuantas cosas de -valor se ofrecían a su rapacidad. - -[Sidenote: Del palacio.] - -Del palacio real se sacaron al propio tiempo todos los útiles de plata -que por antiguos o de mal gusto se habían excluido del uso común y se -llevaron a la casa de la moneda. Díjose que del rebusco se juntaron -cerca de ochocientas mil onzas de plata, cálculo que nos parece -excesivo. - -[Sidenote: De iglesias.] - -Tomáronse asimismo de las iglesias muchas alhajas, trasladándose a -Madrid bastante porción de las del Escorial. Cierto es que, entre -ellas, varias que se creían de oro no lo eran, y otras que se tenían -por de plata aparecieron solo de hojuela. [Sidenote: Mr. Napier.] El -historiador inglés Napier [ya es preciso nombrarle] empeñado siempre en -denigrar la conducta de los patriotas, dice que esta medida del intruso -excitó la codicia de los españoles, y produjo la mayor parte de las -bandas que se llamaron guerrillas. Aserción tan errónea y temeraria -que consta de público, y puede averiguarse en los papeles del gobierno -nacional, que si los jefes de aquellas tropas interceptaron parte de la -plata u otras alhajas de las que se llevaban a Madrid, por lo general -las restituyeron fielmente a sus dueños o las enviaron a Sevilla. Lo -contrario sucedió del lado de los franceses que, mirando a España como -conquista suya, u obligados sus jefes a echar mano de todo para mantener -sus tropas, se reservaron gran porción de aquellos efectos, en vez de -remitirlos al gobierno de Madrid. Con frecuencia se quejaba entre sus -amigos de tal desorden el conde de Cabarrús, añadiendo que Napoleón -nunca conseguiría su intento en la península, si no adoptaba el medio -de hacer la conquista con 600 millones y 60.000 hombres en lugar de -600.000 hombres y 60 millones, pues solo así podría ganar la opinión, -que era su más terrible enemigo. - -Aquel ministro, de cuya condición y prendas hemos hablado anteriormente, -juzgó político y miró como inagotable recurso la creación que hizo por -decreto de 9 de junio, [Sidenote: Cédulas hipotecarias.] bajo nombre -de _cédulas hipotecarias_, de unos documentos que habían de trocarse -contra los créditos antiguos del estado de cualquiera especie, y -emplearse en la compra de bienes nacionales, con la advertencia de -que los que rehusaran adquirir dichos bienes recibirían en cambio -inscripciones del libro de la deuda pública que se establecía, cobrando -al año cuatro por ciento de interés. También discurrió Cabarrús -prohibir el curso de los vales reales en los países dominados por -los franceses, si no llevaban el sello del nuevo escudo adoptado por -José; lo que, en lugar de atraer los vales a la circulación de Madrid, -ahuyentolos, temerosos los tenedores de que el gobierno legítimo se -negase a reconocerlos con la nueva marca. Coligiéndose de ahí ser -Cabarrús el mismo de antes, esto es, sujeto de saber y viveza, pero -sobradamente inclinado a forjar proyectos a centenares, por lo cual -le había ya calificado con oportunidad el célebre conde de Mirabeau -_d’homme à expédients_. - -Además, todas estas medidas, que flaqueaban ya por tantos lados -y particularmente por el de la confianza, base fundamental del -crédito, acabaron de hundirse con crear otras cédulas, [Sidenote: -Cédulas de indemnización y recompensa.] llamadas de _indemnización_ -y _recompensa_, pues aunque al principio se limitó la suma de estas -a la de 100.000.000, y en forma diferente de las otras, claro era -que en un gobierno sin trabas como el de José, y en el que había de -contentarse a tantos, pronto se abusaría de aquel medio, ampliándole y -absorbiendo de este modo gran parte de los bienes nacionales destinados -a la extinción de la deuda. Así fue que, si bien al principio algunos -cortesanos y especuladores hicieron compras de cédulas hipotecarias, -con que adquirieron fincas pertenecientes a confiscos y comunidades -religiosas, padeció en breve aquel papel gran quebranto, quedando casi -reducido a valor nominal. - -No sacando, pues, de ahogo tales medidas económicas al gobierno de -Madrid, tuvo Napoleón, mal de su grado, que suministrar de Francia -2.000.000 de francos mensuales, siendo aquella la primera guerra que, -en lugar de producir recursos a su erario, los menguaba. - -[Sidenote: Otros decretos.] - -Más atinado anduvo José en otros decretos que también promulgó -desde junio hasta fines del año 1809; entre ellos merece particular -alabanza el que abolió el _voto de Santiago_, impuesto gravosísimo -a los agricultores, del que hablaremos al tratar de las cortes de -Cádiz. Igualmente fueron notables el de la enseñanza pública, el de -la milicia y sus grados, el de municipalidades y el de quitar a los -eclesiásticos toda jurisdicción civil y criminal. Providencias estas -y otras, que si bien en mucha parte tiraban a la mejora del reino, no -eran apreciadas por falta de ejecución, y sobre todo porque desaparecía -su beneficio al lado de otras ruinosas, y de las lástimas que causaban -las persecuciones de particulares y los males comunes de la guerra. - - - - - RESUMEN - DEL - LIBRO DÉCIMO. - - -_Sitio de Gerona. — Mal estado de la plaza. — Descripción de Gerona. — -Su población y fuerza. — Álvarez, gobernador. — Defectos de la plaza. -— Entusiasmo de los gerundenses. — San Narciso declarado generalísimo. -— Se presentan los franceses delante de Gerona. Mayo. — Circunvalan -la plaza. Junio. — Formalizan su ataque. — Entereza de Álvarez. — -Acometen los enemigos las torres avanzadas de Monjuich. — Empieza el -bombardeo contra la ciudad. — Beramendi. — Nieto. — Apodéranse los -enemigos de las torres avanzadas de Monjuich. — Desalojan los españoles -del Pedret a los enemigos. — Saint-Cyr con todo su ejército pasa al -sitio de Gerona. — Ocupa a San Feliú de Guíxols. — Correrías de los -partidarios. — Julio. — Embisten los enemigos a Monjuich. — Intrepidez -de Montoro. — Asalto de Monjuich. — Por cuatro veces son repelidos -los franceses. — Retíranse. — Pierson. El tambor Ancio. — Vuélase -la torre de S. Juan. — Arrojo de Beramendi. — Toman los franceses a -Palamós. — Mariscal Augereau. — Su proclama. — Partidarios que molestan -a los franceses. — Socorro que intenta entrar en Gerona. — Marshall. -— Continúan los franceses su ataque contra Monjuich. — Agosto. — -Ataque del revellín de Monjuich. — Grifols. — Abandonan los españoles -a Monjuich. — Esperanzas vanas de los franceses con la ocupación de -Monjuich. — Estrechan la plaza. — Respuesta notable de Álvarez. — Su -diligencia. — Don Joaquín Blake. — Va al socorro de Gerona. — Buenas -disposiciones que para ello se toman. — Septiembre. — Vese Saint-Cyr -engañado. — Entra un convoy y refuerzo en Gerona a las órdenes de -Conde. — Salida malograda de la plaza. — Asaltan los franceses la -plaza el 19 de septiembre. — Valor de la guarnición y habitantes. -— Álvarez. — Muerte de Marshall. — Son repelidos los franceses en -todas partes con gran pérdida. — Convierten los franceses el sitio -en bloqueo. — Intenta en vano Blake socorrer de nuevo la plaza. — -O’Donnell. — Haro. — Ventajas de los españoles y de los ingleses -cerca de Barcelona. — Octubre. — Empieza el hambre en Gerona. — Únese -O’Donnell al ejército. — El mariscal Augereau sucede a Saint-Cyr -en Cataluña. — Estréchase el bloqueo. — Auméntanse el hambre y las -enfermedades. — Tercera e inútil tentativa de Blake para socorrer a -Gerona. — Noviembre. — Hambre horrorosa. Carestía de víveres. — Vacila -el ánimo de algunos. — Inflexibilidad de Álvarez. — Bando de Álvarez. — -Gracias que concede la central a Gerona. — Congreso catalán. — Estado -deplorable de la plaza. — Diciembre. — Renuevan los franceses sus -ataques. — Ataque del 7 de diciembre. — Se agolpan contra Gerona todo -género de males. — Enfermedad de Álvarez. — Sustitúyele Don Julián -Bolívar. — Háblase de capitular. — Honrosa capitulación de Gerona. -— Extraordinaria defensa la de esta plaza. — Álvarez, trasladado a -Francia. — Su muerte. — Sospechas de que fue violenta. — Honores -concedidos a la memoria de Álvarez. — Estado de las otras provincias. -— Provincias libres. — Provincias ocupadas. — Navarra y Aragón. — -Renovales. — Combates en Roncal. — Correspondencia entre los franceses -y Renovales. — Sarasa. — San Julián de la Peña quemado. — Combates -en los valles de Ansó y Roncal. — Capitulan los valles. — Benasque. -— Perena y otros partidarios. — Nuevas partidas. — Ríndese Benasque. -— Junta de Aragón. — Gayán. — Le atacan los franceses. — Se apoderan -de la Virgen del Tremedal. — Entra Suchet en Albarracín y Teruel. — -Cuenca y Guadalajara. — Atalayuelas. — El Empecinado. — Hechos de -este. — La Mancha. — Francisquete. — León y Castilla. — Don Julián -Sánchez. — El Capuchino, Saornil. — Juntas y partidarios en el camino -de Francia. — Mina el mozo. — Sucesos generales de la nación. — Estado -de desasosiego de la central. — Don Francisco de Palafox. — Consulta -del consejo. — Su ceguedad. — Altercados de las juntas de provincia y -la central. Sevilla. — Extremadura. — Valencia. — Exposición de esta -contra el consejo. — Trama para disolver la central. — Descúbrela -el embajador de Inglaterra. — Trata la central de reconcentrar la -potestad ejecutiva. — Diversidad de opiniones. — Nómbrase al efecto -una comisión. — Nómbrase otra segunda. — Nuevos manejos. — Palafox. — -Romana. — Su inconsiderada conducta y su representación. — Nómbrase la -comisión ejecutiva. — Fíjase el día de juntarse las cortes. — Instálase -la comisión ejecutiva. — Estado de Europa. — Expediciones inglesas. -— Contra Nápoles. — Contra el Escalda. — Desgraciadísima esta. — Paz -entre Napoleón y el Austria. — Manifiesto de la central. — Prurito de -batallar de la central. — Ejército de la izquierda. — General Marchand. -— Carrier. — Primera defensa de Astorga. — Muévese el duque del Parque -al frente del ejército de la izquierda. — Batalla de Tamames. — -Gánanla los españoles. — Únese Ballesteros a Parque. — Entra Parque en -Salamanca. — Únesele la división castellana. — Ejércitos españoles del -mediodía. — Únese al de la Mancha parte del ejército de Extremadura. — -Fuerza de este ejército reunido al mando de Eguía. — Posición de los -franceses. — Irresolución de Eguía. — Sucédele en el mando Aréizaga. -— Favor de que este goza. — Lord Wellington en Sevilla. — Ibarnavarro -consejero de Aréizaga. — Muévese este. — Choque en Dos Barrios. — -Aréizaga en Tembleque. — Ejército español en Ocaña. — Movimientos -inciertos y mal concertados de Aréizaga. — Choque de caballería en -Ontígola. — Fuerzas que acercan los franceses. — Batalla de Ocaña. -— Horrorosa dispersión. Pérdida de Ocaña. — Resultas. — Se retira -Alburquerque a Trujillo. — Movimientos del duque del Parque. — Acción -de Medina del Campo. — Acción de Alba de Tormes. — Valor de Mendizábal. -— Retirada de los españoles. — Retirada de los ingleses del Guadiana -al norte del Tajo. — Flaqueza de la comisión ejecutiva. — Comisionados -enviados a La Carolina. — Prisión de Palafox y Montijo. — Manejos de -Romana y de su hermano Caro. — Tropelías. — Estado deplorable de la -junta central. — Providencias de la comisión ejecutiva y de la junta. — -Proposición de Calvo sobre libertad de imprenta. — Modo de convocarse -las cortes. — Mudanza de individuos en la comisión ejecutiva. — Decreto -de la central para trasladarse a la Isla de León._ - - - - - HISTORIA - DEL - LEVANTAMIENTO, GUERRA Y REVOLUCIÓN - de España. - - LIBRO DÉCIMO. - - -[Sidenote: Sitio de Gerona.] - -«Será pasado por las armas el que profiera la voz de capitular o de -rendirse.» Tal pena impuso por bando, al acercarse los franceses a -Gerona, su gobernador Don Mariano Álvarez de Castro. Resolución que -por su parte procuró cumplir rigurosamente, y la cual sostuvieron con -inaudito tesón y constancia la guarnición y los habitantes. - -[Sidenote: Mal estado de la plaza.] - -Preludio fueron de esta tercera y nunca bien ponderada defensa las -otras dos, ya relatadas, de junio y julio del año anterior. Los -franceses no consideraban importante la plaza de Gerona, habiéndola -calificado de muy imperfecta el general Marescot, comisionado para -reconocerla; juicio tanto más fundado, cuanto, prescindiendo de lo -defectuoso de sus fortificaciones, estaban entonces estas, unas -cuarteadas, otras cubiertas de arbustos y malezas, y todas desprovistas -de lo más necesario. Corrigiéronse posteriormente algunas de aquellas -faltas, sin que por eso creciese en gran manera su fortaleza. - -[Sidenote: Descripción de Gerona.] - -Gerona, cabeza del corregimiento de su nombre, situada en lo antiguo -cuesta abajo de un monte, extendiose después por las dos riberas del -Oñar, llamándose el Mercadal la parte colocada a la izquierda. La de la -derecha se prolonga hasta donde el mencionado río se une con el Ter, -del que también es tributario por el mismo lado, y después de correr -por debajo de varias calles y casas el Galligans, formado de las aguas -vertientes de los montes situados al nacimiento del sol. Comunícanse -ambas partes de la ciudad por un hermoso puente de piedra, y las -circuía un muro antiguo con torreones, cuyo débil reparo se mejoró -después, añadiendo siete baluartes, cinco del lado del Mercadal y dos -del opuesto; habiendo solo foso y camino cubierto en el de la puerta de -Francia. Dominada Gerona en su derecha por varias alturas, eleváronse -en diversos tiempos fuertes que defendiesen sus cimas. En la que mira -al camino de Francia y, por consiguiente, en la más septentrional -de ellas, se construyó el castillo de Monjuich, con cuatro reductos -avanzados, y en las otras, separadas de esta por el valle que riega el -Galligans, los del Calvario, Condestable, reina Ana, Capuchinos, del -Cabildo y de la Ciudad. Antes del sitio se contaban algunos arrabales, -y abríase delante del Mercadal un hermoso y fértil llano que, bañado -por el Ter, el riachuelo Güell y una acequia, estaba cubierto de aldeas -y deleitables quintas. - -[Sidenote: Su población y fuerza.] - -La población de Gerona en 1808 ascendía a 14.000 almas, y al comenzar -el tercer sitio constaba su guarnición de 5673 hombres de todas -armas. Mandaba la plaza, en calidad de gobernador interino, D. Mariano -Álvarez de Castro, [Sidenote: Álvarez, gobernador.] natural de Granada -y de familia ilustre de Castilla la Vieja, quien con la defensa -inmortalizó su nombre. Era teniente de rey Don Juan Bolívar, que se -había distinguido en las dos anteriores acometidas de los franceses, -y dirigían la artillería y los ingenieros los coroneles Don Isidro de -Mata y Don Guillermo Minali; el último trabajó incesantemente y con -acierto en mejorar las fortificaciones. - -[Sidenote: Defectos de la plaza.] - -Por la descripción que acabamos de hacer de Gerona y por la noticia -que hemos dado de sus fuerzas, se ve cuán flacas eran estas y cuán -desventajosa su situación. Enseñoreada por los castillos, tomado que -fuese uno de ellos, particularmente el de Monjuich, quedaba la ciudad -descubierta, siendo favorables al agresor todos los ataques. Además, si -atendemos a los muchos puntos que había fortificados, y a la extensión -del recinto, claro es que para cubrir convenientemente la totalidad de -las obras, se requerían por lo menos de 10 a 12.000 hombres, número -lejano de la realidad. A todo suplió el patriotismo. - -[Sidenote: Entusiasmo de los gerundenses.] - -Animados los gerundenses con antiguas memorias, y reciente en ellos la -de las dos últimas defensas, apoyaron esforzadamente a la guarnición, -distribuyéndose en ocho compañías que, bajo el nombre de Cruzada, -instruyó el coronel Don Enrique O’Donnell. Compusiéronla todos los -vecinos sin excepción de clase ni de estado, incluso el clero secular -y regular, y hasta las mujeres se juntaron en una compañía que -apellidaron de Santa Bárbara, la cual, dividida en cuatro escuadras, -llevaba cartuchos y víveres a los defensores, recogiendo y auxiliando a -los heridos. - -[Sidenote: San Narciso declarado generalísimo.] - -Anteriormente, habíase también tratado de excitar la devoción de los -gerundenses nombrando por generalísimo a San Narciso, su patrono. Desde -muy antiguo tenían los moradores en la protección del santo entera -y sencilla fe. Atribuían a su intercesión prosperidades en pasadas -guerras, y en especial la plaga de moscas que tanto daño causó, según -cuentan, en el siglo decimotercero al ejército francés que bajo su -rey Felipe el Atrevido puso sitio a la plaza; sitio en el que, por -decirlo de paso, grandemente se señaló el gobernador Ramón Folch de -Cardona, quien, al asalto, como refiere Bernardo Desclot, tañendo su -añafil y soltadas las galgas, no dejó sobre las escalas francés que -no fuese al suelo herido o muerto. Ciertos hombres, sin profundizar -el objeto que llevaron los jefes de Gerona, hicieron mofa de que se -declarase generalísimo a San Narciso, y aun hubo varones cuerdos que -desaprobaron semejante determinación, temiendo el influjo de vanas -y perniciosas supersticiones. Era el de los últimos arreglado modo -de sentir para tiempos tranquilos, pero no tanto para los agitados y -extraordinarios. De todas las obligaciones, la primera consiste en -conservar ilesos los hogares patrios, y lejos de entibiar para ello el -fervor de los pueblos, conviene alimentarle y darle pábulo hasta con -añejas costumbres y preocupaciones; por lo cual, el atento político y -el verdadero hombre religioso, enemigos de indiscretas y reprensibles -prácticas, disculparán, no obstante, y aun aplaudirán en el apretado -caso de Gerona, lo que a muchos pareció ridícula y singular resolución, -hija de grosera ignorancia. - -[Sidenote: Se presentan los franceses delante de Gerona. Mayo.] - -Los franceses, preparándose de antemano para el sitio, se presentaron -a la vista de la plaza el 6 de mayo, en las alturas de Costa Roja. -Mandaba entonces aquellas tropas el general Reille, hasta que el 13 le -reemplazó Verdier, quien continuó a la cabeza durante todo el sitio. -Con este general, y sucesivamente, llegaron otros refuerzos, y el 31 -arrojaron los enemigos a los nuestros de la ermita de los Ángeles, -que fue bien defendida. Hubo varias escaramuzas, pero lo corto de -la guarnición no permitió retardar, cual conviniera, las primeras -operaciones del sitiador. Solamente los paisanos de las inmediaciones -de Montagut, tiroteándose con él a menudo, le molestaron bastantemente. - -[Sidenote: Circunvalan la plaza. Junio.] - -Al comenzar junio fue la plaza del todo circunvalada. Colocose la -división westfaliana de los franceses, al mando del general Morio, desde -la margen izquierda del Ter, por San Medir, Montagut y Costa Roja; -la brigada de Joba en Pont-Mayor, y los regimientos de Berg y -Wurszburgo en las alturas de San Miguel y Villa Roja hasta los Ángeles; -cubrieron el terreno del Oñar al Ter por Montelibi, Palau y el llano de -Salt tropas enviadas de Vic por Saint-Cyr, ascendiendo el conjunto de -todas a 18.000 hombres. Hubiera preferido el último general bloquear -estrechamente la plaza a sitiarla; mas sabiéndose en el campo francés -que no gozaba del favor de su gobierno, y que iba a sucederle en el -mando el mariscal Augereau, no se atendieron debidamente sus razones, -llevando Verdier adelante su intento de embestir a Gerona. - -[Sidenote: Formalizan su ataque.] - -Reunido el 8 de junio el tren de sitio correspondiente, resolvieron -los enemigos emprender dos ataques, uno flojo contra la plaza, otro -vigoroso contra el castillo de Monjuich y sus destacadas torres -o reductos. Mandaban a los ingenieros y artillería francesa los -generales Sanson y Taviel. Antes de romper el fuego se presentó el 12 -un parlamentario para intimar la rendición, [Sidenote: Entereza de -Álvarez.] mas el fiero gobernador Álvarez respondió que no queriendo -tener trato ni comunicación con los enemigos de su patria, recibiría en -adelante a metrallazos a sus emisarios. Hízolo así en efecto siempre -que el francés quiso entrar en habla. Criticáronle algunos de los que -piensan que en tales lances han de llevarse las cosas reposadamente, -mas le loó muy mucho el pueblo de Gerona, empeñando infinito en la -defensa tan rara resolución, cumplida con admirable tenacidad. - -[Sidenote: Acometen los enemigos las torres avanzadas de Monjuich.] - -Los enemigos habían desde el 8 empezado a formar una paralela en -la altura de Tramón a 600 toesas de las torres de San Luis y San -Narciso, dos de las mencionadas de Monjuich, sacando al extremo de -dicha paralela un ramal de trinchera, delante de la cual plantaron -una batería de ocho cañones de a 24 y dos obuses de a nueve pulgadas. -Colocaron también otra batería de morteros detrás de la altura Denroca -a 360 toesas del baluarte de San Pedro, situado a la derecha del Oñar -en la puerta de Francia. Los cercados, a pesar del incesante fuego que -desde sus muros hacían, no pudieron impedir la continuación de estos -trabajos. - -[Sidenote: Empieza el bombardeo contra la ciudad.] - -Progresando en ellos y recibida que fue por los franceses la repulsa -del gobernador Álvarez, empezó el bombardeo en la noche del 13 al 14, -y todo resonó con el estruendo del cañón y del mortero. Los soldados -españoles corrieron a sus puestos, otro tanto hicieron los vecinos, -acompañándolos a todas partes las doncellas y matronas alistadas en la -compañía de Santa Bárbara. Sin dar descanso prosiguieron en su porfía -los enemigos hasta el 25, y no por eso se desalentaron los nuestros, ni -aun aquellos que entonces se estrenaban en las armas. El 14 incendiose -y quedó reducido a cenizas el hospital general; gran menoscabo por los -efectos allí perdidos, difíciles de reponer. La junta corregimental, que -en todas ocasiones se portó dignamente, reparó algún tanto el daño, -[Sidenote: Beramendi.] coadyuvando a ello la diligencia del intendente -Don Carlos Beramendi y el buen celo del cirujano mayor Don Juan -Andrés Nieto, [Sidenote: Nieto.] que en un memorial histórico nos ha -transmitido los sucesos más notables de este sitio. - -[Sidenote: Apodéranse los enemigos de las torres avanzadas de Monjuich.] - -Al rayar del 14 también acometieron los enemigos las torres de San -Luis y San Narciso, apagaron sus fuegos, descortinaron su muralla, -y abriendo brecha obligaron a los españoles a abandonar el 19 ambas -torres. Lo mismo aconteció el 21 con la de San Daniel, que evacuaron -nuestros soldados. Este pequeño triunfo envalentonó a los sitiadores, -causándoles después grave mal su sobrada confianza. - -[Sidenote: Desalojan los españoles del Pedret a los enemigos.] - -En la noche del 14 al 15 desalojaron los mismos a una guerrilla -española del arrabal del Pedret, situado fuera de la puerta de Francia; -y levantando un espaldón, trataron de establecerse en aquel punto. -Temeroso el gobernador de que erigiesen allí una batería de brecha, -dispuso una salida combinada con fuerza de Monjuich y de la plaza. -Destruyeron los nuestros el espaldón y arrojaron al enemigo del -arrabal. - -[Sidenote: Saint-Cyr con todo su ejército pasa al sitio de Gerona.] - -En tanto, el general en jefe francés Saint-Cyr, habiendo enviado a -Barcelona sus enfermos y heridos, aproximose a Gerona. En su marcha -cogió ganado vacuno, que del Llobregat iba para el abasto de la -ciudad sitiada. Sentó el 20 de junio su cuartel general en Caldas, -y extendiendo sus fuerzas hacia la marina, [Sidenote: Ocupa a San -Feliú de Guíxols.] se apoderó el 21, aunque a costa de sangre, de San -Feliú de Guíxols. Con su llegada aumentose el ejército francés a unos -30.000 hombres. Los somatenes y varios destacamentos molestaban a los -franceses en los alrededores, [Sidenote: Correrías de los partidarios.] -y antes de acabarse junio cogieron un convoy considerable y 120 -caballos de la artillería que venían para el general Verdier. Corrió -así aquel mes sin que los franceses hubiesen alcanzado en el sitio -de Gerona otra ventaja más que la de hacerse dueños de las torres -indicadas. - -[Sidenote: Julio. Embisten los enemigos a Monjuich.] - -Pusieron ahora sus miras en Monjuich. Guarnecíanle 900 hombres, a las -órdenes de Don Guillermo Nash, estando todos decididos a defender el -castillo hasta el último trance. Al alborear del 3 de julio empezaron -los enemigos a atacarle valiéndose de varias baterías, y en especial -de una llamada Imperial que plantaron a la izquierda de la torre de -San Luis, compuesta de 20 piezas de grueso calibre y 2 obuses. En todo -el día aportillose ya la cara derecha del baluarte del norte, y los -defensores se prepararon a resistir cualquiera acometida practicando -detrás de la brecha oportunas obras. El fuego del enemigo había -derribado del ángulo flanqueado de aquel baluarte la bandera española -que allí tremolaba. [Sidenote: Intrepidez de Montoro.] Al verla caída, -se arrojó al foso el subteniente Don Mariano Montoro, recobrola y -subiendo por la misma brecha la hincó y enarboló de nuevo: acción -atrevida y digna de elogio. - -[Sidenote: Asalto de Monjuich.] - -No tardaron los enemigos en intentar el asalto del castillo. -Emprendiéronle furiosamente a las diez y media de la noche del 4 de -julio; vanos fueron sus esfuerzos, inutilizándolos los nuestros con -su serenidad y valentía. Suspendieron por entonces los contrarios sus -acometimientos; mas en la mañana del 8 renovaron el asalto en columna -cerrada y mandados por el coronel Muff. [Sidenote: Por cuatro veces -son repelidos los franceses.] Tres veces se vieron repelidos haciendo -en ellos grande estrago la artillería cargada con balas de fusil, -particularmente un obús dirigido por Don Juan Candy. Insistió el jefe -enemigo Muff en llevar sus tropas por cuarta vez al asalto, hasta -que, herido él mismo, desmayaron los suyos y se retiraron. [Sidenote: -Retíranse.] Perdieron en esta ocasión los sitiadores unos 2000 -hombres, entre ellos 11 oficiales muertos y 66 heridos. Mandaba en la -brecha a los españoles Don Miguel Pierson, [Sidenote: Pierson.] que -pereció defendiéndola, y distinguiose al frente de la reserva Don Blas -de Fournás. Durante el asalto tuvieron constantemente los franceses -en el aire, contra el punto atacado, 7 bombas y muchos otros fuegos -parabólicos. Grandes y esclarecidos hechos allí se vieron. [Sidenote: -El tambor Ancio.] Fue de notar el del mozo Luciano Ancio, tambor -apostado para señalar con la caja los tiros de bomba y granada. Llevole -un casco parte del muslo y de la rodilla, y al quererle transportar al -hospital opúsose, diciendo: «No, no, aunque herido en la pierna tengo -los brazos sanos para con el toque de caja librar de las bombas a mis -amigos.» - -[Sidenote: Vuélase la torre de San Juan.] - -Enturbió algún tanto la satisfacción de aquel día el haberse volado la -torre de San Juan, obra avanzada entre Monjuich y la plaza. Casi todos -los españoles que la guarnecían perecieron, salvando a unos pocos Don -Carlos Beramendi, [Sidenote: Arrojo de Beramendi.] que sin reparar -en el horroroso fuego del enemigo acudió a aquel punto, mostrándose -entonces, como en tantos otros casos de este sitio, celoso intendente, -incansable patriota y valeroso soldado. - -Esto ocurría en Gerona cuando el general Saint-Cyr, atento a alejar de -la plaza todo género de socorros, después de haber ocupado a San Feliú -de Guíxols creyó también oportuno apoderarse de Palamós, enviando para -ello el 5 de julio al general Fontane. [Sidenote: Toman los franceses a -Palamós.] Este puerto casi aislado hubiera podido resistir largo tiempo -si le hubieran defendido tropas aguerridas y buenas fortificaciones. -Pero estas, de suyo malas, se hallaban descuidadas, y solamente las -coronaban algunos somatenes y miqueletes, que sin embargo se negaron a -rendirse y disputaron el terreno a palmos. Cañoneras fondeadas en el -puerto hicieron al principio bastante fuego; mas el de los enemigos las -obligó a retirarse. Entraron los franceses la villa y casi todos los -defensores perecieron, no siéndoles dado acogerse según lo intentaron a -las cañoneras y otros barcos que tomaron viento y se alejaron. - -[Sidenote: Mariscal Augereau.] - -Por el mismo tiempo llegó a Perpiñán el mariscal Augereau. Confiado en -que los catalanes escucharían su voz, dirigioles una proclama en mal -español, que mandó publicar en los pueblos del principado. [Sidenote: -Su proclama.] Mas apenas se habían fijado tres de aquellos carteles, -cuando el coronel Don Antonio Porta destruyó en San Lorenzo de la Muga -el destacamento encargado de tal comisión, volviendo a Perpiñán pocos -de los que le componían. Un ataque de gota en la mano y el ver que no -era empresa la de Cataluña tan fácil como se figuraba, detuvieron algún -tiempo al mariscal Augereau en la frontera, por lo que continuó todavía -mandando el séptimo cuerpo el general Saint-Cyr. - -[Sidenote: Partidarios que molestan a los franceses.] - -No desayudaban tampoco a los heroicos esfuerzos de Gerona las -escaramuzas con que divertían a los franceses los somatenes, miqueletes -y alguna tropa de línea. Don Antonio Porta los molestaba desde la raya -de Francia hasta Figueras; de aquí a Gerona entreteníalos el doctor Don -Francisco Robira, infatigable y audaz partidario. El general Wimpffen, -Don Pedro Cuadrado y los caudillos Miláns, Iranzo y Clarós, corrían la -tierra que media desde Hostalrich por Santa Coloma hasta la plaza de -Gerona. Por tanto para despejar la línea de comunicación con Francia -tuvo Saint-Cyr que enviar el 12 de julio una brigada del general Souham -a Bañolas, al mismo tiempo que el general Guillot desde Figueras se -adelantaba a San Lorenzo de la Muga. - -[Sidenote: Socorro que intenta entrar en Gerona.] - -Muy luego de comenzar el sitio habían los de Gerona pedido socorro, -y en respuesta a su demanda trataron las autoridades de Cataluña de -enviar un convoy y alguna fuerza a las órdenes de Don Rodulfo Marshall, -[Sidenote: Marshall.] irlandés de nación y hombre de bríos, que había -venido a España a tomar parte en su sagrada lucha. Pasaron los nuestros -delante del general Pino en Llagostera sin ser descubiertos; mas -avisado el enemigo por un soldado zaguero, tomó el general Saint-Cyr -sus medidas, y el 10 interceptó en Castellar el socorro, entrando solo -en la plaza el coronel Marshall con unos cuantos que lograron salvarse. - -[Sidenote: Continúan los franceses su ataque contra Monjuich.] - -Los sitiadores después del malogrado asalto de Monjuich prolongaron -sus trabajos, y abrazando los dos frentes del nordeste y noroeste -se adelantaron hasta la cresta del glacis. Nuevas y multiplicadas -baterías levantaron sin que los detuviesen nuestros fuegos ni el valor -de los sitiados. Perecieron el 31 muchos de ellos en la torre de San -Luis, que voló una bomba arrojada de la plaza, y en una salida que -voluntariamente hicieron del castillo en el mismo día varios soldados. - -[Sidenote: Agosto. Ataque del revellín de Monjuich.] - -Entrado agosto, continuaron los franceses con el mismo ahínco en -acometer a Monjuich, y en la noche del 3 al 4 quisieron apoderarse del -revellín del frente de ataque. Frustrose por entonces su intento; pero -al día siguiente se hicieron dueños de aquella obra, alojándose en la -cresta de la brecha: 800 hombres defendían el revellín, 50 perecieron, -[Sidenote: Grifols.] y con ellos su bizarro jefe Don Francisco de Paula -Grifols. Ni aun así se enseñorearon los franceses de Monjuich. Los -defensores antes de abandonarle hicieron una salida el 10 en daño de -los contrarios. - -Sin embargo, previendo el gobernador del castillo, Don Guillermo Nash, -que no le sería ya dado sostenerse por más tiempo, había consultado -en aquellos días a su jefe Don Mariano Álvarez, quien opuesto a todo -género de capitulación o retirada tardó en contestarle. [Sidenote: -Abandonan los españoles a Monjuich.] Nash entonces juntó un consejo -de guerra y con su acuerdo evacuó a Monjuich el 12 de agosto a las -seis de la tarde, destruyendo antes la artillería y las municiones. -Ocuparon los franceses aquellos escombros, siendo maravillosa y dechado -de defensas la de este castillo, pues los sitiadores solo penetraron -en su recinto al cabo de dos meses de expugnación, y después de haber -levantado diez y nueve baterías, abierto varias brechas, y perdido -más de 3000 hombres. De los 900 que componían la guarnición española -murieron 18 oficiales y 511 soldados, sin quedar apenas quien no -estuviese herido. - -Poco antes de la evacuación, y ya esta resuelta, recibió Don Guillermo -Nash pliegos del gobernador Álvarez, en los que, lejos de aprobar -la retirada de Monjuich, estimulaba a la defensa con premios y -ofrecimientos. No por eso se cambió de parecer, juzgando imposible -prolongar la resistencia. Los jefes, al entrar en la plaza, pidieron -que se les formase consejo de guerra si no habían cumplido con su -obligación. Pero Álvarez, justo no menos que tenaz y valeroso, aprobó -su conducta. - -[Sidenote: Esperanzas vanas de los franceses con la ocupación de -Monjuich.] - -Miraba el enemigo como tan importante la rendición de Monjuich que al -dar Verdier cuenta de ella a su gobierno, afirmaba que la ciudad se -entregaría dentro de ocho o diez días. Grande fue su engaño. Cierto era -que la plaza, con la pérdida del castillo, quedaba por aquella parte -muy comprometida, cubriéndola solo un flaco y antiguo muro, y ningunos -otros fuegos sino los de la torre de la Gironella y los de dos baterías -situadas encima de la puerta de San Cristóbal y muralla de Sarracinas. -También los franceses se habían posesionado el 2 del convento de San -Daniel, en la cañada del Galligans, e impedido la entrada de los cortos -socorros que todavía de cuando en cuando penetraban en la plaza por -aquel lado. - -[Sidenote: Estrechan la plaza.] - -Hasta entonces, persuadidos los sitiadores de que con la ocupación de -Monjuich abriría la ciudad sus puertas, no habían contra ella apretado -el sitio. Solo por medio de una batería de 4 cañones y 2 obuses, -plantada en la ladera del Puig Denroca, molestaban a los vecinos y -hacían desde su elevada posición daño en los baluartes de San Pedro, -Figuerola y en San Narciso. Construyeron ahora tres baterías: una en -Monjuich de 4 cañones de a 24; otra encima del arrabal de San Pedro, -y la tercera en el monte Denroca. Rompieron todas ellas sus fuegos el -día 19, atacando principalmente la muralla de San Cristóbal y la puerta -de Francia. Los sitiados para remediar el estrago y ofrecer nuevos -obstáculos imaginaron muchas y oportunas obras: cerraron las calles -que desembocan en la plaza de San Pedro, y abrieron una gran cortadura -defendida detrás por un parapeto. Los franceses, que, escarmentados -con el ejemplar de Zaragoza, huían de empeñar la lucha en las calles, -no insistieron con ahínco en su ataque de la puerta de Francia, y -revolvieron contra la de San Cristóbal y muralla de Santa Lucía, paraje -en verdad el más flaco y elevado de la plaza. Adelantaron para ello sus -trabajos, y construidas nuevas baterías de brecha y morteros, vomitaron -estas muerte y destrozos los últimos días de agosto, con especialidad -en los dos puntos últimamente indicados y en los cuarteles nuevo y -viejo de Alemanes. Quisieron el 25 alojarse los enemigos en las casas -de la Gironella; pero una partida española que salió del fuerte del -Condestable impidió su intento, matando a unos y cogiendo a otros -prisioneros. - -Pocos esfuerzos de esta clase le era lícito hacer a la guarnición, -escasa de suyo y menguada con las pérdidas de Monjuich y las diarias de -la plaza. La corta población de Gerona tampoco daba ensanche, como en -Zaragoza, para repetir las salidas. Ni aun apenas hubiera quedado gente -que cubriese los puestos si de cuando en cuando, y subrepticiamente, -no se hubiesen introducido en el recinto algunos hombres llevados de -verdadera y desinteresada gloria, de los cuales en aquellos días hubo -100 que vinieron de Olot. - -[Sidenote: Respuesta notable de Álvarez.] - -No obstante, el gobernador Don Mariano Álvarez, activo al propio tiempo -que cuerdo, no desaprovechaba ocasión de molestar al enemigo y retardar -sus trabajos, y a un oficial que encargado de una pequeña salida le -preguntaba que adónde, en caso de retirarse, se acogería, respondiole -severamente, _al cementerio_. - -[Sidenote: Su diligencia.] - -Mas luego que vio atacado el recinto de la plaza, puso su mayor -conato en reforzar el punto principalmente amenazado: para lo cual, -construyendo en parajes proporcionados varias baterías, hasta colocó -una de dos cañones encima de la bóveda de la catedral. Aunque los -enemigos desencabalgaron pronto muchas piezas, ofendíales en gran -manera la fusilería de las murallas, y sobre todo las granadas, bombas -y polladas que de lugares ocultos se lanzaban a las trincheras y -baterías vecinas. Los apuros, sin embargo, crecían dentro de la ciudad, -y se disminuía más y más el número de defensores, siendo ya tiempo de -que fuese socorrida. - -[Sidenote: Don Joaquín Blake.] - -El general Don Joaquín Blake, quien, después de su desgraciada campaña -de Aragón, regresó, según dijimos, a Cataluña, puesta también bajo -su mando, salió en julio de Tarragona con solo sus ayudantes, y -recorrió la tierra hasta Olot. En su viaje, si bien detenido por una -indisposición, no permaneció largo tiempo, retrocediendo a Tortosa -antes de concluirse el mes; de allí, tomadas ciertas disposiciones, -pensó con eficacia en auxiliar a Gerona. - -[Sidenote: Va al socorro de Gerona.] - -Aguijábanle a ello las vivas reclamaciones de aquella plaza, y las -que de palabra hizo Don Enrique O’Donnell, enviado por Álvarez al -intento. Blake, resuelto a la empresa, atendió antes de su partida a -distraer al enemigo en las otras provincias que abrazaba su distrito, -por cuyo motivo envió una división a Aragón, dejó otra en los lindes -de Valencia, y él con la de Lazán se trasladó en persona a Vic, en -donde, no terminado todavía agosto, estableció su cuartel general. A su -llegada agregó a su gente las partidas y somatenes que hormigueaban por -la tierra, y pasó a Sant Hilari y ermita del Padró. Desde este punto -quiso llamar la atención del enemigo a varios otros para ocultar el -verdadero por donde pensaba introducir el socorro. [Sidenote: Buenas -disposiciones que para ello se toman.] Así fue que el 30 de agosto en -la tarde envió a Don Enrique O’Donnell con 1200 hombres la vuelta de -Bruñolas, habiendo antes dirigido por el lado opuesto a Don Manuel -Llauder sobre la ermita de los Ángeles. Don Francisco Robira y Don Juan -Clarós debían también divertir al enemigo por la orilla izquierda del -Ter. - -[Sidenote: Septiembre.] - -El general Saint-Cyr, cuyos reales desde el 10 de agosto se habían -trasladado a Fornells, estando sobre aviso de los intentos de Blake, -tomó para estorbarlos varias medidas de acuerdo con el general Verdier, -y reunió sus tropas, desparramadas por la dificultad de subsistencias. -Mas a pesar de todo consiguieron los españoles su objeto. Llauder se -apoderó de los Ángeles, y O’Donnell atacando vivamente la posición de -Bruñolas, trajo hacia sí la mayor parte de la fuerza de los enemigos -que creyeron ser aquel el punto que se quería forzar. - -[Sidenote: Vese Saint-Cyr engañado.] - -Amaneció el 1.º de septiembre cubierta la tierra de espesa niebla, y -Saint-Cyr, a quien Verdier se había ya unido, aguardó hasta las tres de -la tarde a que los españoles le atacasen. Hizo para provocarlos varios -movimientos del lado de Bruñolas; pero viendo que al menor amago daban -aquellos traza de retirarse, tornó a Fornells, en donde, con admiración -suya, encontró en desorden la división de Lecchi que, regida ahora por -Milosewitz, había quedado apostada en Salt. Justamente por allí fue -por donde el convoy se dirigió a la plaza, siguiendo la derecha del -Ter. Componíase de 2000 acémilas que custodiaban 4000 infantes y 2000 -caballos a las órdenes del general Don Jaime García Conde. [Sidenote: -Entra un convoy y refuerzo en Gerona a las órdenes de Conde.] Cayó -este de repente sobre los franceses de Salt, arrollolos completamente, -y mientras que en derrota iban la vuelta de Fornells, entró en Gerona -el convoy tranquila y felizmente. Álvarez dispuso una salida que bajo -Don Blas de Fournás fuese al encuentro de Conde, divirtiendo asimismo -la atención del enemigo del lado de Monjuich. A la propia sazón Clarós -penetró hasta San Medir, y Robira tomó a Montagut, de donde arrojó -a los westfalianos que solos habían quedado para guardar la línea, -matando un miquelete al general Hadeln con su propia espada. Clavaron -los nuestros tres cañones, y persiguieron a sus contrarios hasta -Sarriá. En grande aprieto estaban los últimos cuando, repasando el -Ter el general Verdier, volvió a su orilla izquierda y contuvo a los -intrépidos Clarós y Robira. Por su parte el general Conde después de -dejar en la plaza el convoy y 3287 hombres, tornó con el resto de su -gente a Hostalrich, y a Olot Don Joaquín Blake, que había permanecido -en observación de los diversos movimientos de su ejército. Fueron -estos dichosos en sus resultas y bastante bien dirigidos, quedando -completamente burlado el general Saint-Cyr no obstante su pericia. - -Dio aliento tan buen suceso a la corta guarnición de Gerona que se vio -así reforzada; mas por este mismo aumento no se consiguió disminuir la -escasez con los víveres introducidos. - -Los franceses ocuparon de nuevo los puntos abandonados, y el 6 de -septiembre recobraron la ermita de los Ángeles, pasando a cuchillo -a sus defensores, excepto a tres oficiales y al comandante Llauder, -que saltó por una ventana. No intentaron contra la plaza en aquellos -días cosa de gravedad, contentándose con multiplicar las obras de -defensa. No desaprovecharon los sitiados aquel respiro, y atareándose -afanadamente, aumentaron los fuegos de flanco y parabólicos, y -ejecutaron otros trabajos no menos importantes. - -Pasado el 11 de septiembre, renovaron los enemigos el fuego con mayor -furor y ensancharon tres brechas ya abiertas en Santa Lucía, Atemanes -y San Cristóbal, maltratando también el fuerte del Calvario, cuyo fuego -sobremanera los molestaba. - -[Sidenote: Salida malograda de la plaza.] - -Dispuso el 15 Don Mariano Álvarez una salida con intento de retardar -los trabajos del sitiador y aun de destruir algunos de ellos. Dirigíala -Don Blas de Fournás, y aunque al principio todo lo atropellaron los -nuestros, no siendo después convenientemente apoyadas las dos primeras -columnas por otra que iba de respeto, tuvieron que abrigarse todas de -la plaza sin haber recogido el fruto deseado. - -Aportilladas de cada vez más las brechas, y apagados los fuegos del -frente atacado, trataron los enemigos de dar el asalto. Pero antes -enviaron parlamentarios, que según la invariable resolución de Álvarez, -fueron recibidos a cañonazos. - -[Sidenote: Asaltan los franceses la plaza el 19 de septiembre.] - -Irritados de nuevo con tal acogida, corrieron al asalto a las cuatro -de la tarde del 19 de septiembre, distribuidos en cuatro columnas de -a 2000 hombres. Entonces brillaron las buenas y previas disposiciones -que había tomado el gobernador español: allí mostró este su levantado -ánimo. Al toque de la generala, al tañido triste de la campana que -llamaba a somatén, [Sidenote: Valor de la guarnición y habitantes.] -soldados y paisanos, clérigos y frailes, mujeres y hasta niños -acudieron a los puestos de antemano y a cada uno señalados. En medio -del estruendo de doscientas bocas de cañón y de la densa nube que la -pólvora levantaba, ofrecía noble y grandioso espectáculo la marcha -majestuosa y ordenada de tantas personas de diversa clase, profesión y -sexo. Silenciosos todos, se vislumbraba sin embargo en sus semblantes -la confianza que los alentaba. [Sidenote: Álvarez.] Álvarez a su -cabeza, grave y denodado, representábase a la imaginación en tan -horrible trance a la manera de los héroes de Homero, superior y -descollando entre la muchedumbre, y cierto que si no se aventajaba a -los demás en estatura como aquellos, sobrepujaba a todos en resolución -y gran pecho. Con no menor orden que la marcha se habían preparado los -refuerzos, la distribución de municiones, la asistencia y conducción de -heridos. - -Presentose la primera columna enemiga delante de la brecha de Santa -Lucía que mandaba el irlandés Don Rodulfo Marshall. Dos veces tomaron -en ella pie los acometedores, y dos veces rechazados quedaron muchos -de ellos allí tendidos. [Sidenote: Muerte de Marshall.] Tuvieron los -españoles el dolor de que fuese herido gravemente y de que muriese -a poco el comandante de la brecha Marshall, quien antes de expirar -prorrumpió diciendo «que moría contento por tal causa y por nación tan -brava.» - -Otras dos columnas enemigas emprendieron arrojadamente la entrada -por las brechas más anchurosas de Alemanes y San Cristóbal, en donde -mandaba Don Blas de Fournás. Por algún tiempo alojáronse en la primera -hasta que al arma blanca los repelieron los regimientos de Ultonia y -Borbón, apartándose de ambas destrozados por el fuego que de todos -lados llovía sobre ellos. No menos padeció otra columna enemiga que -largo rato se mantuvo quieta al pie de la torre de la Gironella. Herido -aquí el capitán de artillería Don Salustiano Gerona, tomó el mando -provisional Don Carlos Beramendi, y haciendo las veces de jefe y de -subalterno causó estrago en las filas enemigas. - -Amenazaron también estas durante el asalto los fuertes del Condestable -y del Calvario igualmente sin fruto. - -[Sidenote: Son repelidos los franceses en todas partes con gran -pérdida.] - -Tres horas duró función tan empeñada. Todas las brechas quedaron llenas -de cadáveres y despojos enemigos; el furor de los sitiados era tal, -que dejando a veces el fusil, sus membrudos y esforzados brazos cogían -las piedras sueltas de la brecha y las arrojaban sobre las cabezas de -los acometedores. Don Mariano Álvarez animaba a todos con su ejemplo y -aun con sus palabras precavía los accidentes, reforzaba los puntos más -flacos, y arrebatado de su celo no escuchaba la voz de sus soldados -que encarecidamente le rogaban no acudiese como lo hacía a los parajes -más expuestos. Perdieron los enemigos varios oficiales de graduación y -cerca de 2000 hombres: entre los primeros contaron al coronel Floresti, -que en 1808 subió a posesionarse del Monjuich de Barcelona, en donde -entonces mandaba Don Mariano Álvarez. De los españoles cayeron aquel -día de 300 a 400, en su número muchos oficiales que se distinguieron -sobremanera, y algunas de aquellas mujeres intrépidas que tanto -honraron a Gerona. - -[Sidenote: Convierten los franceses el sitio en bloqueo.] - -Escarmentados los franceses con lección tan rigorosa, desistieron -de repetir los asaltos a pesar de las muchas y espaciosas brechas, -convirtiendo el sitio en bloqueo, y contando por auxiliares, como dice -Saint-Cyr, el tiempo, las calenturas y el hambre. - -[Sidenote: Intenta en vano Blake socorrer de nuevo la plaza.] - -Don Joaquín Blake, a quien algunos motejaban de no divertir la -atención del enemigo del lado de Francia, intentó de nuevo avituallar -la plaza. Para ello preparado un convoy en Hostalrich apareció el 26 -de septiembre con 12.000 hombres en las alturas de La Bisbal a dos -leguas de Gerona. [Sidenote: O’Donnell.] Gobernada la vanguardia por -Don Enrique O’Donnell, desalojó a los franceses de los puntos que -ocupaban desde Villa Roja hasta San Miguel. Salieron al propio tiempo -de la plaza y del Condestable [Sidenote: Haro.] 400 hombres guiados -por el coronel de Baza D. Miguel de Haro, que también ha trazado con -imparcialidad la historia de este sitio. Seguía a O’Donnell Wimpffen -con el convoy, el cual constaba de unas 2000 acémilas y ganado lanar. -Quedó el grueso del ejército teniendo al frente a Blake en las -mencionadas alturas de La Bisbal. - -Enterado Saint-Cyr de la marcha del convoy, trató de impedir su entrada -en la plaza. Consiguiolo desgraciadamente esta vez interponiéndose -entre O’Donnell y Wimpffen y todo lo apresó, excepto unas 170 cargas -que se salvaron y metieron en Gerona. Achacose la culpa a la sobrada -intrepidez de O’Donnell que se alejó más de lo conveniente de Wimpffen, -y también a la tímida prudencia de Blake que no acudió debidamente en -auxilio del último. Así no llegaron a Gerona víveres tan necesarios -y deseados, y perdió malamente el ejército de Cataluña unos 2000 -hombres. O’Donnell y Haro se abrigaron de los fuertes del Condestable -y Capuchinos. Trataron los franceses cruelmente a los arrieros del -convoy, ahorcando a unos y fusilando a otros en el Palau a vista de la -ciudad. - -[Sidenote: Ventajas de los españoles y de los ingleses cerca de -Barcelona.] - -Corta compensación de tamaña desdicha fueron algunas ventajas -conseguidas en el Llobregat y Besós por los miqueletes y tropas de -línea. Tampoco pudo servir de consuelo el haber dispersado los ingleses -y cogido en parte un convoy que escoltaban navíos de guerra franceses, -y que llevaba víveres y auxilios a Barcelona; ventura que no habían -tenido poco antes con el que mandaba el almirante francés Cosmao que -entró y salió de aquel puerto sin que nadie se lo estorbase. - -[Sidenote: Octubre. Empieza el hambre en Gerona.] - -Realmente en nada remediaba esto a Gerona, cuyas enfermedades y -penuria crecían con rapidez. Se esmeraban en vano para disminuir el -mal la junta y el gobernador. No se habían acopiado víveres sino -para cuatro meses, y ya iban corridos cinco. Imperceptibles fueron, -conforme manifestamos, los socorros introducidos en 1.º de septiembre, -aumentándose las cargas con el refuerzo de tropas. - -[Sidenote: Únese O’Donnell al ejército.] - -Por lo mismo, y según lo requería la escasez de la plaza, Don Enrique -O’Donnell, que desde la malograda expedición del convoy de 26 de -septiembre permanecía al pie del fuerte del Condestable, tuvo que -alejarse, y atravesando la ciudad en la noche del 12 de octubre, cruzó -el llano de Salt y Santa Eugenia, uniéndose al ejército por medio de -una marcha atrevida. - -[Sidenote: El mariscal Augereau sucede a Saint-Cyr en Cataluña.] - -En aquel día llegó igualmente al campo enemigo el mariscal Augereau, -habiendo partido el 5 el general Saint-Cyr. Con el nuevo jefe francés, -y posteriormente, acudieron a su ejército socorros y refuerzos, -estrechándose en extremo el bloqueo. Levantaron para ello los -sitiadores varias baterías, formaron reductos, [Sidenote: Estréchase -el bloqueo.] y llegó a tanto su cuidado que de noche ponían perros -en las sendas y caminos, y ataban de un espacio a otro cuerdas con -cencerros y campanillas; por cuya artimaña, cogidos algunos paisanos, -atemorizáronse los pocos que todavía osaban pasar con víveres a la -ciudad. - -[Sidenote: Auméntanse el hambre y las enfermedades.] - -La escasez por tanto tocaba al último punto. Los más de los habitantes -habían ya consumido las provisiones que cada uno en particular había -acopiado, y de ellos y de los forasteros refugiados en la plaza veíanse -muchos caer en las calles muertos de hambre. Apenas quedaba otra -cosa en los almacenes para la guarnición que trigo, y como no había -molinos, suplíase la falta machacando el grano en almireces o cascos -de bomba, y a veces entre dos piedras; y así, y mal cocido, se daba al -soldado. Nacieron de aquí y se propagaron todo género de dolencias, -estando henchidos los hospitales de enfermos, y sin espacio ya para -contenerlos. Solo de la guarnición perecieron en este mes de octubre -793 individuos, comenzando también a faltar hasta los medicamentos más -comunes. [Sidenote: Tercera e inútil tentativa de Blake para socorrer -a Gerona.] Inútilmente Don Joaquín Blake trató por tercera vez de -introducir socorros. De Hostalrich aproximose el 18 de octubre a -Bruñolas, y aguantó el 20 un ataque del enemigo, cuya retaguardia picó -después O’Donnell hasta los llanos de Gerona. Acudiendo el mariscal -Augereau con nuevas fuerzas, retirose Blake camino de Vic dejando -solo a O’Donnell en Santa Coloma, quien a pesar de haber peleado -esforzadamente, cediendo al número tuvo que abandonar el puesto y -todo su bagaje. Quedaban así a merced del vencedor las provisiones -reunidas en Hostalrich que pocos días después fueron por la mayor parte -destruidas, habiendo entrado el enemigo la villa, si bien defendida por -los vecinos con bastante empeño. - -[Sidenote: Noviembre.] - -Dentro de Gerona no dio noviembre lugar a combates excusados y -peligrosos en concepto de los sitiadores. Renováronse, sí, de parte de -estos las intimaciones, valiéndose de paisanos, de soldados y hasta -de frailes que fueron o mal acogidos o presos por el gobernador. -Pero las lástimas y calamidades se agravaban más y más cada día.[*] -[Sidenote: Hambre horrorosa. Carestía de víveres. (* Ap. n. 10-1.)] -Las carnes de caballo, jumento y mulo de que poco antes se había -empezado a echar mano, íbanse apurando ya por el consumo de ellas, -ya también porque faltos de pasto y alimento, los mismos animales se -morían de hambre comiéndose entre sí las crines. Cuando la codicia de -algún paisano, arrostrando riesgos, introducía comestibles, vendíanse -estos a exorbitantes precios; costaba una gallina diez y seis pesos -fuertes, y una perdiz cuatro. Adquirieron también extraordinario valor -aun los animales más inmundos, habiendo quien diese por un ratón cinco -reales de vellón, y por un gato treinta. Los hospitales, sin medicinas -ni alimentos, y privados de luz y fuego, habíanse convertido en un -cementerio en que solo se divisaban no hombres sino espectros. Las -heridas eran por lo mismo casi todas mortales y se complicaban con las -calenturas contagiosas que a todos afligían, acabando por manifestarse -el terrible escorbuto y la disentería. - -[Sidenote: Vacila el ánimo de algunos.] - -A la vista de tantos males juntos de guerra, hambre, enfermedades y -dolorosas muertes, flaqueaban hasta los más constantes. Solo Álvarez -se mantenía inflexible. [Sidenote: Inflexibilidad de Álvarez.] Había -algunos, aunque contados, que hablaban de capitular; otros, queriendo -incorporarse al ejército, proponían abrirse paso por medio del enemigo. -De los primeros hubo quien osó pronunciar en presencia del gobernador -la palabra _capitulación_, pero este interrumpiéndole prontamente -díjole: «¿Cómo, solo usted es aquí cobarde? Cuando ya no haya víveres -nos comeremos a usted y a los de su ralea, y después resolveré lo que -más convenga.» - -Entre los que con pensamientos más honrados ansiaban salir por -fuerza de la plaza, se celebraron reuniones y aun se hicieron varias -propuestas, mas la junta, recelando desagradables resultas, atajó el -mal, y todos se sometieron a la firme condición del gobernador. - -[Sidenote: Bando de Álvarez.] - -Este, cuanto más crecía el peligro, más impertérrito se mostraba, -dando por aquellos días un bando así concebido. «Sepan las tropas que -guarnecen los primeros puestos que los que ocupan los segundos tienen -orden de hacer fuego, en caso de ataque, contra cualquiera que sobre -ellos venga, sea español o francés, pues todo el que huye hace con su -ejemplo más daño que el mismo enemigo.» - -[Sidenote: Gracias que concede la central a Gerona.] - -La larga y empeñada resistencia de Gerona dio ocasión a que la junta -central concediese a sus defensores iguales gracias que a los de -Zaragoza, y provocó en el principado de Cataluña el deseo de un -levantamiento general para ir a socorrer la plaza. Con intento de -llevar a cabo esta última medida, [Sidenote: Congreso catalán.] se -juntó en Manresa antes de concluirse noviembre un congreso compuesto de -individuos de todas clases y de todos los puntos del principado. - -[Sidenote: Estado deplorable de la plaza.] - -Pero ya era tarde. Tras del triste y angustiado verano en el que ni -las plantas dieron flores, ni cría los brutos, llegó el otoño que -húmedo y lluvioso acreció las penas y desastres. Desplomadas las -casas, desempedradas las calles, y remansadas en sus hoyos las aguas -y las inmundicias, quedaron los vecinos sin abrigo y respirábase en -la ciudad un ambiente infecto, corrompido también con la putrefacción -de cadáveres que yacían insepultos en medio de escombros y ruinas. -Habían perecido en noviembre 1378 soldados y casi todas las familias -desvalidas. No se veían mujeres encintas, falleciendo a veces de -inanición en el regazo de las madres el tierno fruto de sus entrañas. -La naturaleza toda parecía muerta. - -[Sidenote: Diciembre.] - -Los enemigos, aunque prosiguieron arrojando bombas e incomodando con -sus fuegos, no habían renovado sus asaltos, escarmentados en sus -anteriores tentativas. Mas el mariscal Augereau, viendo que el congreso -catalán excitaba a las armas a todo el principado, recelose que Gerona -con su constancia diese tiempo a ser socorrida, por lo que en la noche -del 2 de diciembre, [Sidenote: Renuevan los franceses sus ataques.] -aniversario de la coronación de Napoleón, emprendió nuevas acometidas. -Ocupó de resultas el arrabal del Carmen, y levantando aún más baterías, -ensanchó las antiguas brechas y abrió otras. El 7 se apoderó del -reducto de la ciudad y de las casas de la Gironella, en donde sus -soldados se atrincheraron y cortaron la comunicación con los fuertes, -a cuyas guarniciones no les quedaba ni aun de su corta ración sino -para dos días. Imperturbable Álvarez, si bien ya muy enfermo, dispuso -socorrer aquellos puntos, y consiguiolo enviando trigo para otros tres -días, que fue cuanto pudo recogerse en su extrema penuria. - -[Sidenote: Ataque del 7 de diciembre.] - -En la tarde del 7, después de haber inútilmente procurado los enemigos -intimar la rendición a la plaza, rompieron el fuego por todas partes -desde la batería formada al pie de Montelibi hasta los apostaderos del -arrabal del Carmen, imposibilitando de este modo el tránsito del puente -de piedra. - -[Sidenote: Se agolpan contra Gerona todo género de males.] - -Gerona, en fin, se hallaba el 8 sin verdadera defensa. Perdidos casi -todos sus fuertes exteriores, veíase interrumpida la comunicación con -tres que aún no lo estaban. Siete brechas abiertas, 1100 hombres era la -fuerza efectiva, y estos convalecientes o batallando, como los demás, -contra el hambre, el contagio y la continua y penosa fatiga. De sus -cuerpos no quedaba sino una sombra, y el espíritu aunque sublime no -bastaba para resistir a la fuerza física del enemigo. Hasta Álvarez, -de cuya boca, como de la de Calvo, gobernador de Maestricht, no salían -otras palabras que las de «no quiero rendirme», doliente durante el -sitio de tercianas, [Sidenote: Enfermedad de Álvarez.] rindiose al fin -a una fiebre nerviosa que el 4 de diciembre ya le puso en peligro. -Continuó no obstante dando sus órdenes hasta el 8, en que, entrándole -delirio, hizo el 9, en un intervalo de sano juicio, dejación del mando -en el teniente de rey Don Julián Bolívar. [Sidenote: Sustitúyele -D. Julián Bolívar.] Su enfermedad fue tan grave que recibió la -extremaunción, y se le llegó a considerar como muerto. Hasta entonces -no parecía sino que aun las bombas en su caída habían respetado tan -grande alma, pues destruido todo en su derredor y los más de los -cuartos de su propia casa, quedó en pie el suyo, no habiéndose nunca -mudado del que ocupaba al principio del sitio. - -[Sidenote: Háblase de capitular.] - -Postrado Álvarez, postrose Gerona. En verdad ya no era dado resistir -más tiempo. D. Julián Bolívar congregó la junta corregimental y una -militar. Dudaban todos qué resolver, ¡tanto les pesaba someterse al -extranjero!; pero habiendo recibido aviso del congreso catalán de que -su socorro no llegaría con la deseada prontitud, tuvieron que ceder a -su dura estrella, y enviaron para tratar al campo enemigo a D. Blas de -Fournás. [Sidenote: Honrosa capitulación de Gerona. (* Ap. n. 10-2.)] -Acogió bien a este el mariscal Augereau y se ajustó [*] entre ambos -una capitulación honrosa y digna de los defensores de Gerona. Entraron -los franceses en la plaza el 11 de diciembre por la puerta del Areny, -y asombráronse al considerar aquel montón de cadáveres y de escombros, -triste monumento de un malogrado heroísmo. Habían allí perecido de 9 a -10.000 personas, entre ellas 4000 moradores. - -[Sidenote: Extraordinaria defensa la de esta plaza.] - -Carnot nos dice que, consultando la historia de los sitios modernos, -apenas puede prolongarse más allá de 40 días la defensa de las mejores -plazas, ¡y la de la débil Gerona duró siete meses! Atacáronla los -franceses, conforme hemos visto, con fuerzas considerables, levantaron -contra sus muros 40 baterías de donde arrojaron más de 60.000 balas y -20.000 bombas y granadas, valiéndose por fin de cuantos medios señala -el arte. Nada de esto sin embargo rindió a Gerona, «solo el hambre, -según el dicho de un historiador de los enemigos, y la falta de -municiones pudo vencer tanta obstinación.» - -Dirigieron los españoles la defensa, no solo con la fortaleza que -infundía Álvarez, sino con tino y sabiduría. Mejor avituallada, hubiera -Gerona prolongado sin término su resistencia, teniendo entonces los -enemigos que atacar las calles y las casas, en donde, como en Zaragoza, -hubieran encontrado sus huestes nuevo sepulcro. - -[Sidenote: Álvarez, trasladado a Francia. Su muerte.] - -El gobernador Don Mariano Álvarez, aunque desahuciado, volvió en sí, -y el 23 de diciembre le sacaron para Francia. Desde allí tornáronle -a poco a España, y le encerraron en un calabozo del castillo de -Figueras, habiéndole antes separado de sus criados y de su ayudante Don -Francisco Satué. Al día siguiente de su llegada susurrose que había -fallecido, y los franceses le pusieron de cuerpo presente tendido en -unas parihuelas, [Sidenote: Sospechas de que fue violenta.] apareciendo -la cara del difunto hinchada y de color cárdeno a manera de hombre a -quien han ahogado o dado garrote. Así se creyó generalmente en España, -y en verdad la circunstancia de haberle dejado solo, los indicios -que de muerte violenta se descubrían en su semblante, y noticias -confidenciales [*] [Sidenote: (* Ap. n. 10-3.)] que recibió el gobierno -español, daban lugar a vehementes sospechas. Hecho tan atroz no merecía -sin embargo fe alguna, a no haber amancillado su historia con otros -parecidos el gabinete de Francia de aquel tiempo. - -[Sidenote: Honores concedidos a la memoria de Álvarez.] - -La junta central decretó «que se daría a Don Mariano Álvarez, si -estaba vivo, una recompensa propia de sus sobresalientes servicios, -y que si por desgracia hubiese muerto, se tributarían a su memoria -y se darían a su familia los honores y premios debidos a su ínclita -constancia y heroico patriotismo.» Las cortes congregadas más adelante -en Cádiz mandaron grabar su nombre en letras de oro en el salón de -las sesiones, al lado de los ilustres Daoiz y Velarde. En 1815 -Don Francisco Javier Castaños, capitán general de Cataluña, pasó a -Figueras, hízole las debidas exequias, y colocó en el calabozo en donde -había expirado una lápida que recordase el nombre de Álvarez a la -posteridad. Honores justamente tributados a tan claro varón. - -[Sidenote: Estado de las otras provincias.] - -Ocurrieron durante el largo sitio de Gerona en las demás partes de -España diversos e importantes acontecimientos. De los más principales -hasta la batalla de Talavera dimos cuenta. Reservamos otros para este -lugar, sobre todo los que acaecieron posteriormente a aquella jornada. -Entre ellos distinguiremos los generales y que tomaban principio en el -gobierno central, de los particulares de las provincias, empezando por -los últimos nuestra narración. - -[Sidenote: Provincias libres.] - -Debe considerarse en aquel tiempo el territorio español como dividido -en país libre y en país ocupado por el extranjero. Valencia, Murcia, -las Andalucías, parte de Extremadura y de Salamanca, Galicia y Asturias -respiraban desembarazadas y libres, trabajadas solo por interiores -contiendas. Mostrábase Valencia rencillosa y pendenciera, excitando -al desorden el ambicioso general Don José Caro, quien, habiéndose -valido de ciertas cabezas de la insurrección para derribar de su -puesto al conde de la Conquista, las persiguió después y maltrató -encarnizadamente. Murcia, aunque satélite, por decirlo así, de Valencia -en lo militar, daba señales de moverse con mayor independencia cuando -se trataba de mantener la unión y el orden. Asiento las Andalucías -del gobierno central, no recibían por lo común otro impulso que el -de aquel, teniendo que someterse a su voluntad la altiva junta de -Sevilla. Permaneció en general sumisa Extremadura, y la parte libre de -Salamanca estaba sobradamente hostigada con la cercanía del enemigo -para provocar ociosas reyertas. En Galicia y Asturias no reinaba el -mejor acuerdo, resintiéndose ambas provincias de los males que causó la -atropellada conducta de Romana. Desabrida la primera con la persecución -de los patriotas, no ayudó al conde de Noroña que quedó mandando y a -quien también faltaba el nervio y vigor entonces tan necesarios, lo -cual excitó de todas partes vivas reclamaciones al gobierno supremo -para que se restableciese la junta provincial que Romana ni pensó ni -quiso convocar. Al cabo, pero pasados meses, se atendió a tan justos -clamores. Gobernaban a Asturias el general Mahy y la junta que formó -el mismo Romana, autoridades ambas harto negligentes. En octubre fue -reemplazado el primero por el general Don Antonio de Arce. Habíale -enviado de Sevilla la junta central en compañía del consejero de Indias -Don Antonio de Leiva, a fin de que aquel capitanease la provincia y de -que los dos oyesen las quejas de los individuos de la junta disuelta -por Romana. Ejecutose lo postrero mal y lentamente, y en lo demás nada -adelantó el nuevo general, hombre pacato y flojo. Reportose, por tanto, -poco fruto en las provincias libres de las buenas disposiciones de -los habitantes, siendo menester que el enemigo punzase de cerca para -estimular a las autoridades y acallar sus desavenencias. - -[Sidenote: Provincias ocupadas.] - -Tampoco faltaban rivalidades en las provincias ocupadas, -particularmente entre los jefes militares, achaque de todo estado en -que las revueltas han roto los antiguos vínculos de subordinación y -orden. Vamos a hablar de lo que en ellas pasó hasta fines de 1809. - -[Sidenote: Navarra y Aragón.] - -Pulularon en Aragón, después de las funestas jornadas de María y -Belchite, los partidarios y cuerpos francos. Recorrían unos los valles -del Pirineo e izquierda del Ebro, otros la derecha y los montes que se -elevan entre Castilla la Nueva y reino de Aragón. Aquellos obraban por -sí y sostenidos a veces con los auxilios que les enviaba Lérida; los -segundos escuchaban la voz de la junta de Molina y en especial la de la -de Aragón, que, restablecida en Teruel el 30 de mayo, tenía a veces que -convertirse, como muchas otras y a causa de las ocurrencias militares, -en ambulante y peregrina. - -Abrigáronse partidarios intrépidos de las hoces y valles que forma -el Pirineo desde el de Benasque en la parte oriental, hasta el de -Ansó situado al otro extremo. También aparecieron muy temprano en el -de Roncal, que pertenece a Navarra, fragoso y áspero, propio para -embreñarse por selvas y riscos. [Sidenote: Renovales.] En estos dos -últimos y aledaños valles campeó con ventura D. Mariano Renovales. -Prisionero en Zaragoza, se escapó cuando le llevaban a Francia, y -dirigiéndose a lugares solitarios, se detuvo en Roncal para reunir -varios oficiales también fugados. Noticioso de ello el general francés -D’Agoult, que mandaba en Navarra, y temeroso de un levantamiento, envió -en mayo para prevenirle al jefe de batallón Puisalis con 600 hombres. -Súpolo Renovales, y allegando apresuradamente paisanos y soldados -dispersos, se emboscó el 20 del mismo mes en el país que media entre -los valles del Roncal y Ansó. [Sidenote: Combates en Roncal.] El 21, -antes de la aurora, comenzaron los combates, trabáronse en varios -puntos, duraron todo aquel día y el siguiente, en que se terminaron -con gloria nuestra al pie del Pirineo, en la alta roca llamada Undarí. -Todos los franceses que allí acudieron fueron muertos o hechos -prisioneros, excepto unos 120 que no penetraron en los valles. - -Animado con esto Renovales, pero mal municionado, buscó recursos en -Lérida y trajo armeros de Éibar y Plasencia. Pertrechado algún tanto, -aguardó a los franceses, quienes invadiendo de nuevo aquellas asperezas -el 15 de junio, fueron igualmente deshechos y perseguidos hasta la -villa de Lumbier. Interpusiéronse en seguida los nuestros en los -caminos principales, y sembraron entre los enemigos el desasosiego y la -zozobra. - -[Sidenote: Correspondencia entre los franceses y Renovales.] - -Dieron lugar tales movimientos a que el comandante de Zaragoza, Plicque, -y el gobernador de Navarra, D’Agoult, entablasen correspondencia con -Renovales. En ella, al paso que agradecían los enemigos el buen porte de -que usaba el general español con los franceses que cogía, reclamaban -altamente el castigo de algunos subalternos, que se habían desmandado -a punto de matar varios prisioneros, quejándose también de que el -mismo Renovales se hubiese escapado, sin atender a la palabra empeñada. -Respecto de lo primero, olvidaban los franceses que a tan lamentables -excesos habían dado ellos triste ocasión, mandando D’Agoult ahorcar -poco antes, socolor de bandidos, a cinco hombres que formaban parte de -una guerrilla de Roncal; y respecto de lo segundo replicó Renovales: -«si yo me fugué antes de llegar a Pamplona, advertid que se faltó por -los franceses al sagrado de la capitulación de Zaragoza. Fui el primero -a quien el general Morlot, sin honor ni palabra, despojó de caballos y -equipaje, hollando lo estipulado. Si al general francés es lícita la -infracción de un derecho tan sagrado, no sé por qué ha de prohibirse a -un general español faltar a su palabra de prisionero.» - -[Sidenote: Sarasa.] - -Los triunfos de Roncal y Ansó infundieron grande espíritu en todas -aquellas comarcas, y Don Miguel Sarasa, hacendado rico, después -de haber tomado las armas y combatido en julio en varios felices -reencuentros, formó la izquierda de Renovales apostándose en San Juan -de la Peña, monasterio de benedictinos, y en cuya espelunca, como la -llama Zurita, nació la monarquía aragonesa y se enterraron sus reyes -hasta Don Alfonso el II. - -Viendo los enemigos cuán graves resultas podría traer el levantamiento -de los valles del Pirineo, mayormente no habiéndoles sido dado apagarle -en su origen, idearon acometer a un tiempo el país que media entre -Jaca y el valle de Salazar, en Navarra, llamando al propio tiempo la -atención del lado de Benasque. Con este fin salieron tropas de Zaragoza -y Pamplona y de otros puntos en que tenían guarnición, no olvidando -tampoco amenazar de la parte de Francia. Un trozo dirigiose por Jaca -sobre San Juan de la Peña, otro ocupó los puertos de Salvatierra, -Castillo Nuevo y Navascués, y se juntó una corta división en el valle -de Salazar. [Sidenote: San Juan de la Peña quemado.] Fue San Juan de -la Peña el primer punto atacado. Defendiose Sarasa vigorosamente, -mas, obligado a retirarse, quemaron el 26 de agosto los franceses el -monasterio de benedictinos, conservándose solo la capilla abierta en -la peña. Con el edificio ardió también el archivo, habiéndose perdido -allí, como en el incendio del de la diputación de Zaragoza, ocurrido -durante el sitio, preciosos documentos que recordaban los antiguos -fueros y libertades de Aragón. El general Suchet fundó, por vía de -expiación, en la capilla que quedaba del abrasado monasterio, una misa -perpetua con su dotación correspondiente. Pensaba quizá cautivar de -este modo la fervorosa devoción de los habitantes, mas tomose a insulto -dicha fundación y nadie la miró como efecto de piedad religiosa. - -[Sidenote: Combates en los valles de Ansó y Roncal.] - -Vencido este primer obstáculo avanzaron los franceses de todas partes -hacia los valles de Ansó y Roncal. El 27 empezó el ataque en el -primero, y a pesar de la porfiada oposición de los ansotanos, entraron -los enemigos la villa a sangre y fuego. - -Contrarrestó Renovales su ímpetu en Roncal los días 27, 28 y 29, -retirándose hasta el término y boquetes de la villa de Urzainqui. Mas, -agolpándose a aquel paraje los franceses del valle de Ansó, los del -de Salazar y una división procedente de Oleron en Francia, no fue -ya posible hacer por más tiempo rostro a tanta turba de enemigos. -Así, deseando Renovales salvar de mayores horrores a los roncaleses, -[Sidenote: Capitulan los valles.] determinó que Don Melchor Ornat, -vecino de la villa, capitulase honrosamente por los valles, como lo -hizo, asegurando a los naturales la libertad de sus personas y el goce -de sus propiedades. Renovales con varios oficiales, soldados y rusos -desertores se trasladó al Cinca. - -[Sidenote: Benasque.] - -En tanto que esto pasaba en Navarra y valles occidentales de Aragón, -llamaron también los franceses la atención a los orientales, incluso el -de Arán, en Cataluña. No llevaron en todos ellos su intento más allá -del amago, siendo rechazados en el puerto de Benasque, en donde se -señaló el paisano Pedro Berot. - -[Sidenote: Perena y otros partidarios.] - -Descendiendo la falda de los Pirineos, y siguiendo la orilla izquierda -del Cinca, Don Felipe Perena, Baget y otros partidarios tuvieron -con los franceses reñidos choques. En varios sacaron ventaja los -nuestros, incomodándolos incesantemente y cogiéndoles reses y víveres -que llevaban para su abastecimiento. Ansiosos los franceses de -libertarse de tan porfiados contrarios, enviaron al general Habert -para dispersarlos y despejar las riberas del Cinca. Consiguió Habert -penetrar hasta Fonz, en donde sus tropas asesinaron desapiadadamente a -los ancianos y enfermos que habían quedado. Al mismo tiempo que Habert, -cruzó el Cinca por cima de Estadilla el coronel Robert, quien al -principio fue rechazado, pero concertando ambos jefes sus movimientos, -replegáronse los partidarios españoles a Lérida, Mequinenza y puntos -abrigados, tomando después el mando de todos ellos Renovales. Ocuparon -los franceses a Fraga y Monzón, como importantes para la tranquilidad -del país. - -[Sidenote: Nuevas partidas.] - -Mas ni aun así consiguieron su objeto. Sarasa en octubre y noviembre -apareció de nuevo en las cercanías de Ayerbe, y procuró cortar las -comunicaciones entre Zaragoza y Jaca. Los españoles de Mequinenza -también hicieron en 16 de octubre una tentativa sobre Caspe, en un -principio dichosa, al último malograda. Otras parciales refriegas -ocurrían al mismo tiempo por aquellos parajes, poniendo al fin los -franceses su conato en apoderarse de Benasque. - -[Sidenote: Ríndese Benasque.] - -Mandaba allí desde 1804 el marqués de Villora, y el 22 de octubre del -año en que vamos, intimándole el comandante francés de Benavarre, -La Pageolerie, que se rindiese, contestole el marqués dignamente. -Mas en noviembre, acudiendo otra vez los franceses, cedió Villora sin -resistencia; y por esto, y por entrar después al servicio del intruso, -tachose su conducta de muy sospechosa. - -[Sidenote: Junta de Aragón.] - -En la margen derecha del Ebro, las juntas de Molina y Aragón trabajaban -incansables en favor de la defensa común. La última, aunque metida -en Moya, provincia de Cuenca, después de la vergonzosa jornada de -Belchite, desvivíase por juntar dispersos y promover el armamento de la -provincia. Don Ramón Gayán, [Sidenote: Gayán.] separado ya del ejército -de Blake al desgraciarse la acción de María, sirvió de mucho con su -cuerpo franco para ordenar la resistencia. Ocupaba la ermita del Águila -en el término de Cariñena, y la junta agregole el regimiento provincial -de Soria y el de la Princesa venido de Santander. Hubo entre los -nuestros y los enemigos varios reencuentros. Los últimos, en julio, -desalojaron a Gayán de la ermita del Águila, y frustrose un plan que -la junta de Aragón tenía trazado para sorprender a los franceses que -enseñoreaban a Daroca. - -Falló en parte, por disputas de los jefes que eran de igual graduación. -Para prevenir en adelante todo altercado, envió Blake desde Cataluña, -a petición de la mencionada junta, a Don Pedro Villacampa, entonces -brigadier, el cual reuniendo bajo su mando la tropa puesta antes -a las órdenes de Gayán, y además el batallón de Molina con otros -destacamentos, formó en breve una división de 4000 hombres. A su cabeza -adelantose el nuevo jefe, antes de finalizar agosto, a Calatayud, -arrojó a los enemigos del puerto del Frasno, y haciendo varios -prisioneros, los persiguió hasta la Almunia. - -[Sidenote: Le atacan los franceses.] - -En arma los franceses con tal embestida, después de verse algo -desembarazados en la orilla izquierda del Ebro, revolvieron en mayor -número contra Villacampa. Prudentemente se había recogido este a los -montes llamados Muela de San Juan y sierras de Albarracín, célebres por -dar nacimiento al Tajo y otros ríos caudalosos, habiéndose situado en -Nuestra Señora del Tremedal, santuario muy venerado de los naturales, -y adonde van en romería de muchas leguas a la redonda. De las tropas -de Villacampa habían quedado algunas avanzadas en la dirección de -Daroca, las cuales fueron en octubre arrojadas de allí por el general -Chlopicki, que avanzó hasta Molina destruyendo o pillando casi todos -los pueblos. - -Don Pedro Villacampa juntó en el Tremedal entre soldados y paisanos sin -armas unos 4000 hombres. El santuario está situado en un elevado monte -en forma de media luna, y a cuyo pie se descubre la villa de Orihuela. -Pinares que se extienden por los costados y la cumbre roqueña de la -montaña dan al sitio silvestre y ceñudo semblante. Había acumulado allí -la devoción de los fieles muchas y ricas ofrendas, respetadas hasta de -los salteadores, siendo así que de día y noche se dejaban abiertas las -puertas del santuario. Por lo menos así lo aseguraban los clérigos o -mosenes, como en Aragón los llaman, encargados del culto y custodia del -templo. - -[Sidenote: Se apoderan de la Virgen del Tremedal.] - -Había Villacampa hecho en la subida algunas cortaduras, y dedicábase a -disciplinar en aquel retiro su gente bisoña. Conocieron los franceses -el mal que se les seguiría si para ello le dejaban tiempo, y trataron -de destruirle o por lo menos de aventarle de aquellas asperezas. Tuvo -orden de ejecutar la operación el coronel Henriod, con su regimiento -14 de línea, alguna más infantería, un cuerpo de coraceros y tres -piezas. Maniobró el francés diestramente, amagando la montaña por -varios puntos, y el 25 se apoderó del Tremedal, de donde, arrojados -los españoles, se escaparon por la espalda camino de Albarracín. Los -enemigos saquearon e incendiaron a Orihuela, volándose el santuario con -espantoso estrépito. Salvose la Virgen que a tiempo ocultó un mosén, -y retirados los franceses acudieron ansiosamente los paisanos del -contorno a adorar la imagen, cuya conservación graduaban de milagro. - -Aunque con tales excursiones conseguían los enemigos despejar el país -de ciertas partidas, no por eso impedían que en otros parajes los -molestasen nuevas guerrillas. Así, al adelantarse aquellos vía del -Tremedal, los hostilizaban a su retaguardia el alcalde de Illueca y el -paisanaje de varios pueblos. Lo mismo ocurría con mayor o menor ímpetu -en casi todas las comarcas, fatigando a los invasores tan continuo e -infructuoso pelear. - -[Sidenote: Entra Suchet en Albarracín y Teruel.] - -Suchet sin embargo insistía en querer apaciguar a Aragón, y sabiendo -que de Madrid había ido a Cuenca el general Milhaud para desbandar las -guerrillas de aquella provincia, avanzó también por su parte el 25 de -diciembre hasta Albarracín y Teruel, cuyo suelo aún no habían pisado -los franceses, obligando a la junta de Aragón que entonces se albergaba -en Rubielos a abandonar su territorio, teniendo que refugiarse en las -provincias vecinas. - -[Sidenote: Cuenca y Guadalajara.] - -De estas, las de Cuenca y Guadalajara traían a maltraer al enemigo. -En la primera era uno de los principales jefes el marqués de las -Atalayuelas, [Sidenote: Atalayuelas.] que solía ocupar a Sacedón y sus -cercanías; y en la segunda, el Empecinado, [Sidenote: El Empecinado.] -a quien ya vimos en Castilla la Vieja, y que se aventajaba a los -demás en fama y notables hechos. Por disposición de la central -habíase establecido el 20 de julio en Sigüenza [ciudad poco antes muy -mal tratada por los franceses] una junta con objeto de gobernar la -provincia de Guadalajara. [Sidenote: Juntas.] Trabajó con ahínco la -nueva autoridad en reunir las partidas sueltas, efectuar alistamientos -y hostigar de todos modos al enemigo, y así esta junta, como otra que -se erigió en tierra de Cuenca, uniéndose en ocasiones o concertándose -con las de Aragón y Molina, formaron en aquellas montañas un foco de -insurrección que hubiera sido aún más ardiente si a veces no hubiesen -debilitado su fuerza quisquillas y enojosas pendencias. - -[Sidenote: La junta de Guadalajara llama al Empecinado.] - -Don Juan Martín, el Empecinado, guerreaba allende la cordillera -carpetana; mas, buscado en septiembre por la junta de Guadalajara, -acudió gustoso al llamamiento. Comenzó aquel caudillo a recorrer la -provincia, y no dejando a los franceses un momento de respiro tuvo ya -en los meses de septiembre y octubre choques bastante empeñados en -Cogolludo, Alvarés y Fuente la Higuera. Los franceses, para vencerle, -recurrieron a ardides. Tal fue el que pusieron en planta en 12 de -noviembre, aparentando retirarse de la ciudad de Guadalajara para luego -volver sobre ella. Pero el Empecinado, después de haberse provisto de -porción de paños de aquellas fábricas, rompió por medio de la hueste -que le tenía rodeado y se salvó. Pagó en seguida a los franceses el -susto que entonces le dieron, principalmente sorprendiendo el 24 de -diciembre en Mazarrulleque a un grueso trozo de contrarios. - -[Sidenote: La Mancha.] - -Entre los guerrilleros de la Mancha, de que ya entonces se hablaba, -además de Mir y Jiménez merece particular mención Francisco Sánchez, -conocido con el nombre de Francisquete, [Sidenote: Francisquete.] -natural de Camuñas. Habían los franceses ahorcado a un hermano suyo -que se rindiera bajo seguro, y en venganza Francisco hízoles sin cesar -guerra a muerte. Otros partidarios empezaron también a rebullir en -esta provincia y en la de Toledo; mas, o desaparecieron pronto, o sus -nombres no sonaron hasta más adelante. - -[Sidenote: León y Castilla.] - -En las que componen los reinos de León y Castilla la Vieja, descolló, -entre otros muchos, cerca de Ciudad Rodrigo Don Julián Sánchez. Vivía -este en la casa paterna después de haber militado en el regimiento de -Mallorca. [Sidenote: Don Julián Sánchez.] Pisaron los enemigos en sus -correrías aquellos umbrales, y mataron a sus padres y a una hermana, -atrocidad que juró Sánchez vengar: empezó con este fin a reunir gente, -y luego allegó hasta 200 caballos con el nombre de Lanceros, de cuya -tropa nombrole capitán el duque del Parque, general que allí mandaba. -Don Julián unas veces se apoyaba en el ejército o en la plaza de -Ciudad Rodrigo, otras obraba por sí y se alejaba con su escuadrón. -Infundía tal desasosiego en los franceses que en Salamanca el general -Marchand dio contra él y sus soldados una proclama amenazadora, y cogió -en rehenes, como a patrocinadores, a unos cuantos ganaderos ricos -de la provincia. Sánchez, agraviado de que el francés calificase a -sus hombres de asesinos y ladrones, replicole de una manera áspera y -merecida. Cruda guerra que hasta en el hablar enconaba así de ambos -lados el ánimo de los combatientes. - -[Sidenote: El Capuchino, Saornil.] - -Por el centro y vastas llanuras de Castilla la Vieja andaban asimismo -al rebusco de franceses partidas pequeñas, como las del Capuchino, -Saornil y otras que todavía no gozaban de mucho nombre, pero que -dieron lugar a una circular curiosa al par que bárbara del general -francés Kellermann, comandante de aquellos distritos, y por la que, -haciendo en 25 de octubre una requisición de caballos, mandaba bajo -penas rigurosas sacar el ojo izquierdo y marcar o inutilizar de otro -modo para la milicia los que no fuesen destinados a su servicio. -Porlier, también ejecutando a veces rápidas y portentosas marchas, -rompía por la tierra y atropellaba los destacamentos enemigos, -descolgándose de las montañas de Galicia y Asturias, que eran su -principal guarida. - -[Sidenote: Juntas y partidarios en el camino de Francia.] - -En todo el camino carretero de Francia, desde Burgos hasta los lindes -de Álava, y en ambas riberas por aquella parte del Ebro, hormiguearon -de muy temprano las guerrillas. Tenía la codicia en qué cebarse con la -frecuencia de convoyes y pasajeros enemigos, y muchos de los naturales, -dados ya desde antes al contrabando por la línea de aduanas allí -establecida, conocían a palmos el terreno y estaban avezados a los -riesgos de su profesión, imagen de los de la guerra. Fomentaron tales -inclinaciones varias juntas que se formaron de cuarenta en cuarenta -lugares, y las cuales, o se reunieron después o se sujetaron a las que -se apellidaban de Burgos, Soria y La Rioja. Reconocieron la autoridad -de estos cuerpos las más de las partidas, de las que se miraron como -importantes la de Ignacio Cuevillas, Don Juan Gómez, el cura Tapia, Don -Francisco Fernández de Castro, hijo mayor del marqués de Barriolucio, y -el cura de Villoviado, de quien ya se hizo mención en otro libro. - -Sus correrías solían ser lucrosas, en perjuicio del enemigo, y no -faltas de gloria, sobre todo cuando muchas de ellas se unían y obraban -de concierto. Sucedió así en septiembre para sostener a Logroño, -estando a su frente Cuevillas: lo mismo el 18 de noviembre en Sausol -de Navarra, en donde deshicieron a más de 1000 franceses, guiadas -las partidas reunidas por el capitán de navío Don Ignacio Narrón, -presidente de la junta de Nájera. - -[Sidenote: Mina el mozo.] - -En esta función tuvo ya parte Don Francisco Javier Mina, sobrino del -después tan célebre Espoz. Cursaba en Zaragoza a la sazón que estalló -el levantamiento de 1808: su edad entonces era la de 19 años, y tomó -las armas como los demás estudiantes. Había nacido en Idocin, pueblo -de Navarra, de labradores acomodados. Retirado por enfermo al lugar de -su naturaleza, se hallaba en su casa cuando la saquearon los franceses -en venganza de un sargento asesinado en la vecindad. Para libertar a -su padre de una persecución se presentó Mina el mozo a los franceses, -redimiéndose por medio de dinero del arresto en que le pusieron. Airado -de la no merecida ofensa y de ver su casa allanada y perdida, armose, -y uniéndosele otros doce comenzó sus correrías, reciente aún en Roncal -la memoria de Renovales. Aumentose sucesivamente su cuadrilla, y con -ímpetu daba de sobresalto en los destacamentos franceses de Navarra, -como también en los confinantes de Aragón y Rioja. Fue extremada -su audacia, y antes de concluirse 1809 admiró con sus hechos a los -habitantes de aquellas partes. - -[Sidenote: Sucesos generales de la nación.] - -Hasta aquí los sucesos parciales ocurridos este año en las provincias. -Necesario ha sido dar una idea de ellos aunque rápida, pues si bien se -obedecía en todo el reino al gobierno supremo, la índole de la guerra -y el modo como se empezó inclinaba a las provincias o las obligaba a -veces a obrar solas o con cierta independencia. Ocupémonos ahora en la -junta central y en los ejércitos, y asuntos más generales. - -[Sidenote: Estado de desasosiego de la central.] - -Vivos debates habían sobrevenido en aquella corporación al concluirse -el mes de agosto y comenzar septiembre. Procedieron de divisiones -internas y de la voz pública que le achacaba el malogramiento de la -campaña de Talavera. Hervían con especialidad en Sevilla los manejos -y las maquinaciones. Ya desde antes, como dijimos, y sordamente, -trabajaban contra el gobierno varios particulares resentidos, entre -ellos ciertos de la clase elevada. Cobraron ahora aliento por el arrimo -que les ofrecía el enojo de los ingleses, y la autoridad del consejo -reinstalado el mes anterior. No menos pensaban ya que en acudir a -la fuerza, pero antes creyeron prudente tentar las vías pacíficas y -legales. Sirvioles de primer instrumento Don Francisco de Palafox, -individuo de la misma junta, quien el 21 de agosto leyó en su seno -un papel en el que, doliéndose amargamente de los males públicos y -pintándolos con negras tintas, proponía como remedio la reconcentración -del poder en un solo regente, cuya elección indicaba podría recaer en -el cardenal de Borbón. Encontró Palafox en sus compañeros oposición, -presentándole algunas objeciones bastante fuertes, a las que no -pudiendo de pronto responder como hombre de limitado seso, dejó su -réplica para la siguiente sesión en que leyó otro papel explicativo del -primero. - -[Sidenote: Consulta del consejo.] - -Aquel día, que era el 22, vino en apoyo suyo, con aire de concierto, -una consulta del consejo. Este cuerpo, que en vez de mostrarse -reconocido teníase por agraviado de su restablecimiento, como hecho, -según pensaba, en menoscabo de sus privilegios, andaba solícito -buscando ocasiones de arrancar la potestad suprema de las manos de la -central, y colocarla o en las suyas o en otras que estuviesen a su -devoción. Figurose haber llegado ya el plazo tan deseado, y perjudicó -con ciega precipitación a su propia causa. [Sidenote: Su ceguedad.] En -la consulta no se ciñó a examinar la conducta de la junta central, y -a hacer resaltar los inconvenientes que nacían de que corporación tan -numerosa tuviese a su cargo la parte ejecutiva, sino que también atacó -su legitimidad y la de las juntas provinciales pidiendo la abolición de -estas, el restablecimiento del orden antiguo, y el nombramiento de una -regencia conforme a lo dispuesto en la ley de Partida. ¡Contradicción -singular! El consejo que consideraba usurpada la autoridad de las -juntas, y por consiguiente la de la central emanación de ellas, exigía -de este mismo cuerpo actos para cuya decisión y cumplimiento era la -legitimidad tan necesaria. - -Pero prescindiendo de semejante modo de raciocinar, harto común en -asuntos de propio interés, hubo gran desacuerdo en el consejo en -proceder así, enajenándose voluntades que le hubieran sido propicias. -Descontentaban a muchos las providencias de la central; parecíales -monstruoso su gobierno; mas no querían que se atacase su legitimidad -derivada de la insurrección. Tocó en desvarío querer el consejo tachar -del mismo defecto a las juntas provinciales, por cuya abolición -clamaba. Estas corporaciones tenían influjo en sus respectivos -distritos. Atacarlas era provocar su enemistad, resucitar la memoria -de lo ocurrido al principio de la insurrección en 1808, y privarse de -un apoyo tanto más seguro cuanto entonces se habían suscitado nuevas y -vivas contestaciones entre la central y algunas de las mismas juntas. - -[Sidenote: Altercados de las juntas de provincia y la central. Sevilla. -Extremadura.] - -La provincial de Sevilla nunca olvidaba sus primeros celos y -rivalidades, y la de Extremadura antes más quieta, moviose al ver que -su territorio quedaba descubierto con la ida de los ingleses, de cuya -retirada echaba la culpa a la central. Así fue que, sin contar con el -gobierno supremo, por sí dio pasos para que Lord Wellington mudase de -resolución, y diolos por el conducto del conde del Montijo, que en sus -persecuciones y vagancia había de Sanlúcar pasado a Badajoz. Desaprobó -altamente la junta central la conducta de la de Extremadura como ajena -de un cuerpo subalterno y dependiente, e irritola que fuera medianero -en la negociación un hombre a quien miraba al soslayo, por lo cual -apercibiéndola severamente mandó prender al del Montijo que se salvó -en Portugal. Ofendida la junta de Extremadura de la reprensión que se -le daba, replicó con sobrada descompostura, hija quizá de momentáneo -acaloramiento, sin que por eso fuesen más allá afortunadamente tales -contestaciones. [Sidenote: Valencia.] Las que habían nacido en -Valencia al instalarse la central se aumentaron con el poco tino -que tuvo en su comisión a aquel reino el barón de Sabasona, y nunca -cesaron, resistiendo la junta provincial el cumplimiento de algunas -órdenes superiores, a veces desacertadas, como lo fue la provisión en -tiempos de tanto apuro de las canonjías, beneficios eclesiásticos y -encomiendas vacantes, cuyo producto juiciosamente había destinado dicha -junta a los hospitales militares. Encontradas así ambas autoridades a -cada paso se enredaban en disputas, inclinándose la razón ya de un lado -ya de otro. - -[Sidenote: Exposición de esta contra el consejo.] - -Dolorosas eran estas divisiones y querellas, y de mucho hubieran -servido al consejo en sus fines, si acallando a lo menos por el momento -su rencorosa ira contra las juntas, las hubiera acariciado en lugar -de espantarlas con descubrir sus intentos. Enojáronse pues aquellas -corporaciones, y la de Valencia, aunque una de las más enemigas de la -central, se presentó luego en la lid a vindicar su propia injuria. -En una exposición fecha en 25 de septiembre clamó contra el consejo, -recordó su vacilante si no criminal conducta con Murat y José, y -pidió que se le circunscribiese a solo sentenciar pleitos. Otro tanto -hicieron de un modo más o menos explícito varias de las otras juntas, -añadiendo sin embargo la misma de Valencia que convendría que la -central separase la potestad legislativa de la ejecutiva, y que se -depositase esta en manos de uno, tres o cinco regentes. - -[Sidenote: Trama para disolver la central.] - -Antes que llegase esta exposición, y atropellando por todo en Sevilla -los descontentos, pensaron recurrir a la fuerza, impacientes de que -la central no se sometiese a las propuestas de Palafox, del consejo y -sus parciales. Era su propósito disolver dicha junta, transportar a -Manila algunos de sus individuos, y crear una regencia, reponiendo al -consejo real en la plenitud de su poder antiguo y con los ensanches -que él codiciaba. Habíanse ganado ciertos regimientos, repartídose -dinero, y prometido también convocar cortes, ya por ser la opinión -general del reino, ya igualmente para amortiguar el efecto que podría -resultar de la intentada violencia. Pero esta última resolución no se -hubiera realizado, a triunfar los conspiradores como apetecían, pues el -alma de ellos, el consejo, tenía sobrado desvío por todo lo que sonaba -a representación nacional, para no haber impedido el cumplimiento de -semejante promesa. - -[Sidenote: Descúbrela el embajador de Inglaterra.] - -Ya en los primeros días de septiembre estaba próximo a realizarse el -plan, cuando el duque del Infantado, queriendo escudar su persona con -la aquiescencia del embajador de Inglaterra, confiósele amistosamente. -Asustado el marqués de Wellesley de las resultas de una disolución -repentina del gobierno, y no teniendo por otra parte concepto muy -elevado de los conspiradores, procuró apartarlos de tal pensamiento, -y sin comprometerlos dio aviso a la central del proyecto. Advertida -esta a tiempo, e intimidados también algunos de los de la trama con no -verse apoyados por la Inglaterra, prevínose todo estallido, tomando la -central medidas de precaución sin pasar o escudriñar quienes fuesen los -culpables. - -[Sidenote: Trata la central de reconcentrar la potestad ejecutiva.] - -La junta, no obstante, viendo cuán de cerca la atacaban, que la opinión -misma del embajador de Inglaterra, si bien opuesto a violencias, era -la de reconcentrar la potestad ejecutiva, y que hasta las autoridades -que le habían dado el ser eran las más de idéntico o parecido sentir, -resolvió ocuparse seriamente en la materia. Algunos de sus individuos -pensaban ser conveniente la remoción de todos los centrales o de -una parte de ellos, acallando así a los que tachaban su conducta -de ambiciosa. Suscitó tal medida el bailío Don Antonio Valdés, la -cual contados de sus compañeros sostuvieron, desechándola los más. -[Sidenote: Diversidad de opiniones.] Tres dictámenes prevalecían en -la junta, el de los que juzgaban ocioso hacer una mudanza cualquiera -debiendo convocarse luego las cortes, el de los que deseaban una -regencia escogida fuera del seno de la central, y en fin el de los que -repugnando la regencia querían sin embargo que se pusiese el gobierno -o potestad ejecutiva en manos de un corto número de individuos sacados -de los mismos centrales. Entre los que opinaban por lo segundo se -contaba Jovellanos, pero tan respetable varón, luego que percibió ser -la regencia objeto descubierto de ambición que amenazaba a la patria -con peligrosas ocurrencias, mudó de parecer y se unió a los del último -dictamen. - -[Sidenote: Nómbrase al efecto una comisión.] - -Al frente de este se hallaba Calvo, que acababa de volver de -Extremadura y quien, con su áspera y enérgica condición, no poco -contribuyó a parar los golpes de los que dentro de la misma junta solo -hablaban de regencia para destruir la central e impedir la convocación -de cortes. Trajo hacia sí a Jovellanos y sus amigos, los que concordes -consiguieron después de acaloradas discusiones, que se aprobasen el -19 de septiembre dos notables acuerdos: 1.º, la formación de una -_Comisión ejecutiva_ encargada del despacho de lo relativo a gobierno, -reservando a la junta los negocios que requiriesen plena deliberación; -y 2.º, fijar para 1.º de marzo de 1810 la apertura de las cortes -extraordinarias. - -Antes de publicarse dichos acuerdos nombrose una comisión para formar -el reglamento o plan que debía observar la ejecutiva, y como recayese -el encargo en Don Gaspar de Jovellanos, bailío Don Antonio Valdés, -marqués de Campo Sagrado, Don Francisco Castanedo y conde de Gimonde, -amigos los más del primero, creyose que a la presentación de su trabajo -serían los mismos escogidos para componer la comisión ejecutiva. Pero -se equivocaron los que tal creyeron. [Sidenote: Nómbrase otra segunda.] -En el intermedio que hubo entre formar el reglamento y presentarle, -los aficionados al mando y los no adictos a Jovellanos y sus opiniones -se movieron, y bajo un pretexto u otro alcanzaron que la mayoría de -la junta desechase el reglamento que la comisión había preparado. -Escogiose entonces otra nueva para que le enmendase con objeto de -renovar, si ser pudiese, la cuestión de regencia, o si no de meter en -la comisión ejecutiva las personas que con más empeño sostenían dicho -dictamen. [Sidenote: Nuevos manejos.] Viose a las claras ser aquella la -intención oculta de ciertas personas por lo que de nuevo sucedió con -Don Francisco de Palafox. [Sidenote: Palafox.] Este vocal, juguete de -embrolladores, resucitó la olvidada controversia cuando se discutía en -la junta el plan de la comisión ejecutiva. Los instigadores le habían -dictado un papel que al leerle produjo tal disgusto que, arredrado el -mismo Palafox, se allanó a cancelar en el acto mismo las cláusulas más -disonantes. - -[Sidenote: Romana.] - -Viendo la facción cuán mal había correspondido a su confianza el -encargado de ejecutar sus planes, trató de poner en juego al marqués de -la Romana, recién llegado del ejército, y cuya persona más respetada -gozaba todavía entre muchos de superior concepto. Había sido el marqués -nombrado individuo de la comisión sustituida para corregir el plan -presentado por la primera, y en su virtud asistió a sus sesiones, -discutió los artículos, enmendó algunos, y por último firmó el plan -acordado, si bien reservándose exponer en la junta su dictamen -particular. Parecía no obstante que se limitaría este a ofrecer algunas -observaciones sobre ciertos puntos, habiendo en lo general merecido su -aprobación la totalidad del plan. [Sidenote: Su inconsiderada conducta -y su representación.] Mas cuál fue la admiración de sus compañeros -al oír al marqués en la sesión del 14 de octubre renovar la cuestión -de regencia por medio de un papel escrito en términos descompuestos, -y en el que haciendo de sí propio pomposas alabanzas, expresaba _la -necesidad de desterrar hasta la memoria de un gobierno tan notoriamente -pernicioso_ como lo era el de la central. Y al mismo tiempo que tan mal -trataba a esta y que la calificaba de ilegítima, dábale la facultad de -nombrar regencia y de escoger una diputación permanente, compuesta de -cinco individuos y un procurador, que hiciese las veces de cortes, -cuya convocación dejaba para tiempos indeterminados. A tales absurdos -arrastraba la ojeriza de los que habían apuntado el papel al marqués, y -la propia irreflexión de este hombre, tan pronto indolente, tan pronto -atropellado. - -[Sidenote: Nómbrase la comisión ejecutiva.] - -A pesar de crítica tan amarga y de las perjudiciales consecuencias que -podría traer un escrito como aquel, difundido luego por todas partes, -no solo dejó la junta de reprender a Romana, sino que también, ya que -no adoptó sus proposiciones, fue el primero que escogió para componer -la comisión ejecutiva. No faltó quien atribuyese semejante elección a -diestro artificio de la central, ora para enredarle en un compromiso -por haber dicho en su papel que a no aprobarse su dictamen renunciaría -a su puesto, ora también para que experimentase por sí mismo la -diferencia que media entre quejarse de los males públicos y remediarlos. - -Sea de ello lo que fuere, lo cierto es que el marqués admitió el -nombramiento y que sin detención se eligieron sus otros compañeros. -La comisión ejecutiva conforme a lo acordado debía constar de seis -individuos y del presidente de la central, renovándose a la suerte -parte de ellos cada dos meses. Los nombrados además de Romana fueron D. -Rodrigo Riquelme, D. Francisco Caro, Don Sebastián de Jócano, D. José -García de la Torre y el marqués de Villel. En el curso de esta historia -ya ha habido ocasión de indicar a que partido se inclinaban estos -vocales, y si el lector no lo ha olvidado recordará que se arrimaban -al del antiguo orden de cosas, por lo cual hubieran muchos llevado a -mal su elección si no hubiese sido acompañada con el correctivo del -llamamiento de cortes. - -[Sidenote: Fíjase el día de juntarse las cortes.] - -Anunciose tal novedad en decreto de 28 de octubre publicado en 4 -de noviembre, especificándose en su contenido que aquellas serían -convocadas en 1.º de enero de 1810 para empezar sus augustas funciones -en el 1.º de marzo siguiente. El deseo de contener las miras -ambiciosas de los que aspiraban a la autoridad suprema, alentó a los -centrales partidarios de la representación nacional a que clamasen -con mayor instancia por la aceleración de su llamamiento. Don Lorenzo -Calvo de Rozas, entre ellos uno de los más decididos y constantes, -promovió la cuestión por medio de proposiciones que formalizó en 14 -y 29 de septiembre, renovando la que hizo en abril anterior y que -había provocado el decreto de 22 de mayo. Suscitáronse disensiones -y altercados en la junta, mas logrose la aprobación del decreto ya -insinuado, apretando a la comisión de cortes para que concluyese los -trabajos previos que le estaban encomendados, y que particularmente se -dirigían al modo de elegir y constituir aquel cuerpo. Esta comisión -desempeñó ahora con menos embarazo su encargo por haber reemplazado -a Riquelme y Caro, rémoras antes para todo lo bueno, los señores Don -Martín de Garay y conde de Ayamans, dignos y celosos cooperadores. - -[Sidenote: Instálase la comisión ejecutiva.] - -La ejecutiva se instaló el 1.º de noviembre, no entendiendo ya la junta -plena en ninguna materia de gobierno, excepto en el nombramiento de -algunos altos empleos que se reservó. Siguiéronse no obstante tratando -en las sesiones de la junta los asuntos generales, los concernientes -a contribuciones y arbitrios, y las materias legislativas. Continuó -así hasta su disolución, dividido este cuerpo en dichas dos porciones, -ejerciendo cada una sus facultades respectivas. - -[Sidenote: Estado de Europa.] - -En tanto, el horizonte político de Europa se encapotaba cada vez más. -Estimulada la gran Bretaña con la guerra de Austria, no se había ceñido -a aumentar en la península sus fuerzas, sino que también preparó otras -dos expediciones [Sidenote: Expediciones inglesas. Contra Nápoles.] a -puntos opuestos, una a las órdenes de Sir Juan Stuart contra Nápoles, -y otra al Escalda e isla de Walcheren mandada por Lord Chatam. Malos -consejos alejaron la primera de estas expediciones de la costa -oriental de España, adonde se había pensado enviarla, y se empleó en -objeto infructuoso como lo fue la invasión del territorio napolitano. -[Sidenote: Contra el Escalda.] La segunda, formidable y una de las -mayores que jamás saliera de los puertos ingleses, se componía de 40.000 -hombres de desembarco, tropas escogidas, ascendiendo en todo la fuerza -de tierra y mar a 80.000 combatientes. Proponíase con ella el gobierno -británico destruir ante todo el gran arsenal que en Amberes había -Napoleón construido. Lástima fue que en este caso no hubiese aquel -gabinete escuchado a sus aliados. El emperador de Austria opinaba por -el desembarco en el norte de Alemania, en donde el ejemplo de Schill, -caudillo tan bravo y audaz, hubiera sido imitado por otros muchos al -ver la ayuda que prestaban los ingleses. La junta central instó porque -la expedición llevase el rumbo hacia las costas cantábricas y se diese -la mano con la de Wellesley: y cierto que si las tropas de Stuart y -Chatam hubiesen tomado tierra en la península o en el norte de Alemania -en el tiempo en que aún duraba la guerra en Austria, quizá no hubiera -esta tenido un fin tan pronto y aciago. Prescindiendo de todo el -gobierno inglés sacrificó grandes ventajas a la que presumía inmediata -de la destrucción del arsenal de Amberes, ventaja mezquina aunque la -hubiera conseguido, en comparación de las otras. - -[Sidenote: Desgraciadísima esta.] - -Es ajeno de nuestro propósito entrar en la historia de aquellas -expediciones, y así solo diremos que al paso que la de Stuart no -tuvo resultado, pereció la de Chatam miserablemente sin gloria y a -impulsos de las enfermedades que causó en el ejército inglés la tierra -pantanosa de la isla de Walcheren a la entrada del Escalda. Tampoco se -encontraron con habitantes que les fueran afectos, de donde pudieron -aprender cuán diverso era, a pesar del valor de sus tropas, tener que -lidiar en tierra enemiga o en medio de pueblos que, como los de la -península, se mantenían fieles y constantes. - -[Sidenote: Paz entre Napoleón y el Austria. (* Ap. n. 10-4.)] - -Colmó tantas desgracias la paz de Austria, en favor de cuya potencia -había cedido la junta central una porción de plata [*] en barras que -venían de Inglaterra para socorro de España, y además permitió, sin -reparar en los perjuicios que se seguirían a nuestro comercio, que -el mismo gobierno británico negociase con igual objeto en nuestros -[Sidenote: Sacrificios de la central en favor de Austria.] puertos de -América 3.000.000 de pesos fuertes: sacrificios inútiles. Desde el -armisticio de Znaim pudo ya temerse cercana la paz. El gabinete de -Austria, viendo su capital invadida, incierto de la política de la -Rusia, y no queriendo buscar apoyo en sus propios pueblos, de cuyo -espíritu comenzaba a estar receloso, decidiose a terminar una lucha -que, prolongada, todavía hubiera podido convertirse para Napoleón en -terrible y funesta, manifestándose ya en la población de los estados -austriacos síntomas de una guerra nacional. Y ¡cosa extraña! un -mismo temor, aunque por motivos opuestos, aceleró entre ambas partes -beligerantes la conclusión de la paz. Firmose esta en Viena el 15 de -octubre. El Austria, además de la pérdida de territorios importantes -y de otras concesiones, se obligó, por el artículo 15 del tratado, a -«reconocer las mutaciones hechas o que pudieran hacerse en España, en -Portugal y en Italia.» - -[Sidenote: Manifiesto de la central.] - -La junta central, a vista de tamaña mengua, publicó un manifiesto -en que procurando desimpresionar a los españoles del mal efecto que -produciría la noticia de la paz, con profusión derramó amargas quejas -sobre la conducta del gabinete austriaco, lenguaje que a este ofendió -en extremo. - -[Sidenote: Prurito de batallar de la central.] - -Disculpable era, hasta cierto punto, el gobierno español, hallándose de -nuevo reducido a no vislumbrar otro campo de lides sino el peninsular. -Mas semejante estado de cosas, y las propias desgracias, hubieran -debido hacerle más cauto, y no comprometer en batallas generales y -decisivas su suerte y la de la nación. El deseo de entrar en Madrid, y -las ventajas adquiridas en Castilla la Vieja, pesaban más en la balanza -de la junta central que maduros consejos. - -[Sidenote: Ejército de la izquierda.] - -Hablemos pues de las indicadas ventajas. Luego que el marqués de la -Romana dejó en el mes de agosto en Astorga el ejército de su mando, -llamado de la izquierda, condújole a Ciudad Rodrigo D. Gabriel de -Mendizábal para ponerle en manos del duque del Parque, nombrado sucesor -del marqués. Llegaron las tropas a aquella plaza antes de promediar -septiembre, y a estar todas reunidas, hubiera pasado su número de -26.000 hombres; pero compuesto aquel ejército de cuatro divisiones y -una vanguardia, la 3.ª, al mando de Don Francisco Ballesteros, no se -juntó con Parque hasta mediados de octubre, y la 4.ª quedose en los -puertos de Manzanal y Foncebadón a las órdenes, según insinuamos, del -teniente general Don Juan José García. - -[Sidenote: General Marchand.] - -El 6.º cuerpo francés, después de su vuelta de Extremadura, ocupaba la -tierra de Salamanca, mandándole el general Marchand en ausencia del -mariscal Ney, que tornó a Francia. Continuaba en Valladolid el general -Kellermann [Sidenote: Carrier.] y vigilaba Carrier con 3000 hombres las -márgenes del Esla y del Órbigo. - -[Sidenote: Primera defensa de Astorga.] - -Atendían los franceses de Castilla, más que a otra cosa, a seguir los -movimientos del duque del Parque, no descuidando por eso los otros -puntos. Así aconteció que en 9 de octubre quiso el general Carrier -posesionarse de Astorga, ciudad antes de ahora nunca considerada como -plaza. Gobernaba en ella desde 22 de septiembre D. José María de -Santocildes; guarnecíanla unos 1100 soldados nuevos, mal armados y con -solos 8 cañones que servía el distinguido oficial de artillería Don -César Tournelle. En tal estado, sin fortificaciones nuevas y con muros -viejos y desmoronados, se hallaba Astorga cuando se acercó a ella el -general Carrier seguido de 3000 hombres y dos piezas. Brevemente y con -particular empeño, cubiertos de las casas del arrabal de Reitibia, -embistieron los franceses la puerta del Obispo. Cuatro horas duró el -fuego, que se mantuvo muy vivo, no acobardándose nuestros inexpertos -soldados ni el paisanaje, y matando o hiriendo a cuantos enemigos -quisieron escalar el muro o aproximarse a aquella puerta. Retiráronse -por fin estos con pérdida considerable. Entre los españoles que en la -refriega perecieron señalose un mozo, de nombre Santos Fernández, cuyo -padre al verle expirar, enternecido pero firme, prorrumpió en estas -palabras: «Si murió mi hijo único, vivo yo para vengarle.» Hubo también -mujeres y niños que se expusieron con grande arrojo, y Astorga, ciudad -por donde tantas veces habían transitado pacíficamente los franceses, -rechazolos ahora preparándose a recoger nuevos laureles. - -[Sidenote: Muévese el duque del Parque al frente del ejército de la -izquierda.] - -Esta diversión, y las que causaban al enemigo Don Julián Sánchez y -otros guerrilleros, ayudaban también al duque del Parque que, colocado -a fines de septiembre a la izquierda del Águeda, había subido hasta -Fuenteguinaldo. Su ejército se componía de 10.000 infantes y 1800 -caballos. Regía la vanguardia Don Martín de la Carrera, y las dos -divisiones presentes, 1.ª y 2.ª, Don Francisco Javier de Losada y el -conde de Belveder. Púsose también por su lado en movimiento el general -Marchand, con 7000 hombres de infantería y 1000 de caballería. Ambos -ejércitos marcharon y contramarcharon, y los franceses, después de -haber quemado a Martín del Río y de haber seguido hasta más adelante -la huella de los españoles, retrocedieron a Salamanca. El duque del -Parque avanzó de nuevo el 5 de octubre por la derecha de Ciudad -Rodrigo, e hizo propósito de aguardar a los franceses en Tamames. - -[Sidenote: Batalla de Tamames.] - -Situada esta villa a nueve leguas de Salamanca en la falda -septentrional de una sierra que se extiende hacia Béjar, ofrecía en sus -alturas favorable puesto al ejército español. El centro y la derecha, -de áspero acceso, los cubría con la 1.ª división Don Francisco Javier -de Losada, ocupaba la izquierda con la vanguardia Don Martín de la -Carrera, y siendo este punto el menos fuerte de la posición, colocose -allí en dos líneas, aunque algo separada, la caballería. Quedó de -respeto la 2.ª división, del cargo del conde de Belveder, para atender -adonde conviniese. 1500 hombres entresacados de todo el ejército -guarnecían a Tamames. El general Marchand, reforzado y trayendo -10.000 peones, 1200 jinetes y 14 piezas de artillería, presentose -el 18 de octubre delante de la posición española. Distribuyendo -sin tardanza su gente en tres columnas, arremetió a nuestra línea -poniendo su principal conato en el ataque de la izquierda, como punto -más accesible. Carrera se mantuvo firme con la vanguardia, esperando -a que la caballería española, apostada en un bosque a su siniestro -costado, cargase las columnas enemigas; pero la 2.ª brigada de nuestros -jinetes, ejecutando inoportunamente un peligroso despliegue, se vio -atacada por la caballería ligera de los franceses, que a las órdenes -del general Maucune rompió a escape por sus hileras. Metiose el -desorden entre los caballos españoles, y aun llegaron los franceses a -apoderarse de algunos cañones. El duque del Parque acudió al riesgo, -arengó a la tropa, y su segundo Don Gabriel de Mendizábal echando pie -a tierra contuvo a los soldados con su ejemplo y sus exhortaciones, -restableciendo el orden. No menos apretó los puños en aquella ocasión -el bizarro Don Martín de la Carrera, casi envuelto por los enemigos y -con su caballo herido de dos balazos y una cuchillada. Los franceses -entonces empezaron a flaquear. En balde trataron de sostenerse algunos -cuerpos suyos. El conde de Belveder, avanzando con un trozo de su -división, y el príncipe de Anglona, con otro de caballería, que dirigió -con valor y acierto, acabaron de decidir la pelea en nuestro favor. -[Sidenote: Gánanla los españoles.] La vanguardia y los jinetes que -primero se habían desordenado volviendo también en sí, recobraron los -cañones perdidos y precipitaron a los franceses por la ladera abajo -de la sierra. Igualmente salieron vanos los esfuerzos del ejército -contrario para superar los obstáculos con que tropezó en el centro y -derecha. Don Francisco Javier de Losada rechazó todas las embestidas -de los que por aquella parte atacaron, y los obligó a retirarse al -mismo tiempo que los otros huían del lado opuesto. Al ver los españoles -apostados en Tamames el desorden de los franceses, desembocaron al -pueblo, y haciendo a sus contrarios vivísimo fuego, les causaron por el -costado notable daño. Dos regimientos de reserva de estos protegieron -a los suyos en la retirada, molestados por nuestros tiradores, y con -aquella ayuda y al abrigo de espesos encinares y de la noche ya vecina, -pudieron proseguir los franceses su camino la vuelta de Salamanca. -Su pérdida consistió en 1500 hombres, la nuestra en 700, habiendo -cogido un águila, un cañón, carros de municiones, fusiles y algunos -prisioneros. El general Marchand se detuvo cinco días en Salamanca -aguardando refuerzos de Kellermann: no llegaron estos, y el del Parque -habiendo cruzado el Tormes en Ledesma obligó al general francés a -desamparar aquella ciudad. - -[Sidenote: Únese Ballesteros a Parque.] - -Al día siguiente de la acción, uniose al grueso del ejército español, -con 8000 hombres, Don Francisco Ballesteros. Había este general -padecido dispersión, sin notable refriega, en su nueva y desgraciada -tentativa de Santander, de que hicimos mención en el libro 8.º Rehecho -en las montañas de Liébana, obedeció a la orden que le prescribía ir a -juntarse con el ejército de la izquierda. - -[Sidenote: Entra Parque en Salamanca.] - -Unido ya al duque del Parque, entró este en Salamanca el 25 de -octubre en medio de las mayores aclamaciones del pueblo entusiasmado, -que abasteció al ejército larga y desinteresadamente. El 1.º de -noviembre llegó de Ciudad Rodrigo la división castellana, [Sidenote: -Únesele la división castellana.] llamada 5.ª, al mando del marqués de -Castro-Fuerte, con la que, y la asturiana de Ballesteros, 3.ª en el -orden, contó el del Parque unos 26.000 hombres, sin la 4.ª división, -que continuó permaneciendo en el Bierzo. Faltábale mucho a aquel -ejército para estar bien disciplinado, participando su organización -actual de los males de la antigua y de los que adolecía la varia -e informe que a su antojo habían adoptado las respectivas juntas -de provincia. Pero animaba a sus tropas un excelente espíritu, -acostumbradas muchas de ellas a hacer rostro a los franceses bajo -esforzados jefes, en San Payo y otros lugares. - -[Sidenote: Ejércitos españoles del mediodía.] - -No pasó un mes sin que un gran desastre viniese a enturbiar las -alegrías de Tamames. Ocurrió del lado del mediodía de España, y por -tanto necesario es que volvamos allá los ojos para referir todo lo que -sucedió en los ejércitos de aquella parte, después de la retirada y -separación del anglo-hispano, y de la aciaga jornada de Almonacid. - -[Sidenote: Únese al de la Mancha parte del ejército de Extremadura.] - -Puestos los ingleses en los lindes de Portugal y persuadida la junta -central de que ya no podía contar con su activa coadyuvación, determinó -ejecutar por sí sola un plan de campaña cuyo mal éxito probó no ser el -más acertado. Al paso que en Castilla debía continuar divirtiendo a -los franceses el duque del Parque, y que en Extremadura quedaban solo -12.000 hombres, dispúsose que lo restante de aquel ejército pasase con -su jefe Eguía a unirse al de la Mancha. Creyó la junta fundadamente -que se dejaba Extremadura bastante cubierta con la fuerza indicada, no -siendo dable que los franceses se internasen teniendo por su flanco -y no lejos de Badajoz al ejército británico. Se trasladó pues Don -Francisco Eguía [Sidenote: Fuerza de este ejército reunido al mando -de Eguía.] a la Mancha antes de finalizar septiembre, y estableciendo -su cuartel general en Daimiel, tomó el mando en jefe de las fuerzas -reunidas: ascendía su número en 3 de octubre a 51.869 hombres, de -ellos 5766 jinetes, con 55 piezas de artillería. - -[Sidenote: Posición de los franceses.] - -De las tropas francesas que habían pisado desde la batalla de Talavera -las riberas del Tajo, ya vimos cómo el cuerpo de Ney volvió a Castilla -la Vieja, y fue el que lidió en Tamames. Permaneció el 2.º en -Plasencia, apostándose después en Oropesa y Puente del Arzobispo; quedó -en Talavera el 5.º, y el 1.º y 4.º, regidos por Victor y Sebastiani, -fueron destinados a arrojar de la Mancha a Don Francisco Eguía. El -12 de octubre ambos cuerpos se dirigieron, el 1.º, por Villarubia a -Daimiel, el 4.º, por Villaharta a Manzanares. Había de su lado avanzado -Eguía, quien, reconvenido poco antes por su inacción, enfáticamente -respondió que «solo anhelaba por sucesos grandes que libertasen a la -nación de sus opresores.» [Sidenote: Irresolución de Eguía.] Mas el -general español, no obstante su dicho, a la proximidad de los cuerpos -franceses tornó de priesa a su guarida de Sierra Morena. Desazonó -tal retroceso en Sevilla, donde no se soñaba sino en la entrada en -Madrid, y también porque se pensó que la conducta de Eguía estaba en -contradicción con sus graves, o sean más bien ostentosas palabras. -No dejó de haber quien sostuviese al general y alabase su prudencia, -atribuyendo su modo de maniobrar al secreto pensamiento de revolver -sobre el enemigo y atacarle separadamente, y no cuando estuviese muy -reconcentrado; plan sin duda el más conveniente. Pero en Eguía, hombre -indeciso e incapaz de aprovecharse de una coyuntura oportuna, era -irresolución de ánimo lo que en otro hubiera quizá sido efecto de -sabiduría. - -[Sidenote: Sucédele en el mando Aréizaga.] - -Retirado a Sierra Morena escribió a la central pidiéndole víveres y -auxilios de toda especie, como si la carencia de muchos objetos le -hubiese privado de pelear en las llanuras. Colmada entonces la medida -del sufrimiento contra un general a quien se le había prodigado todo -linaje de medios, se le separó del mando, que recayó en Don Juan Carlos -de Aréizaga, llamado antes de Cataluña para mandar en la Mancha una -división. Acreditado el nuevo general desde la batalla de Alcañiz, -tenía en Sevilla muchos amigos, y de aquellos que ansiaban por volver -a Madrid. Aparente actividad, y el provocar a su llegada al ejército -el alejamiento de un enjambre de oficiales y generales que ociosos -solo servían de embarazo y recargo, confirmó a muchos en la opinión de -haber sido acertado su nombramiento. Mas Aréizaga, hombre de valor como -soldado, carecía de la serenidad propia del verdadero general y escaso -de nociones en la moderna estrategia, libraba su confianza más en el -coraje personal de los individuos que en grandes y bien combinadas -maniobras: fundamento ahora de las batallas campales. - -[Sidenote: Favor de que este goza.] - -Acabó el general Aréizaga de granjear en favor suyo la gracia popular -proponiendo bajar a la Mancha y caer sobre Madrid, porque tal era el -deseo de casi todos los forasteros que moraban en Sevilla, y cuyo -influjo era poderoso en el seno del mismo gobierno. Unos suspiraban -por sus casas, otros por el poder perdido que esperaban recobrar en -Madrid. Nada pudo apartar al gobierno del raudal de tan extraviada -opinión. [Sidenote: Lord Wellington en Sevilla.] Lord Wellington que -en los primeros días de noviembre pasó a Sevilla con motivo de visitar -a su hermano el marqués de Wellesley, en vano unido con este manifestó -los riesgos de semejante empresa. Estaban los más tan persuadidos del -éxito o por mejor decir tan ciegos, que la junta escogió a los señores -Jovellanos y Riquelme para acordar las providencias que deberían -tomarse a la entrada en la capital. Diéronse también sus instrucciones -al central Don Juan de Dios Rabé, que acompañaba al ejército, -eligiéronse varias autoridades [Sidenote: Ibarnavarro, consejero de -Aréizaga.] y entre ellas la de corregidor de Madrid, cuya merced recayó -en Don Justo Ibarnavarro, amigo íntimo de Aréizaga y uno de los que más -le impelían a guerrear. Lágrimas sin embargo costaron y bien amargas -tan imprudentes y desacordados consejos. - -[Sidenote: Muévese este.] - -Empezó Don Juan Carlos de Aréizaga a moverse el 3 de noviembre. Su -ejército estaba bien pertrechado, y tiempos hacía que los campos -españoles no habían visto otro ni tan lucido ni tan numeroso. -Distribuíase la infantería en siete divisiones, estando al frente de -la caballería el muy entendido general Don Manuel Freire. Caminaba el -ejército repartido en dos grandes trozos, uno por Manzanares y otro -por Valdepeñas. Precedía a todos Freire con 2000 caballos; seguíale -la vanguardia que regía Don José Zayas, y a la que apoyaba con su 1.ª -división Don Luis Lacy. Los generales franceses Paris y Milhaud eran -los más avanzados, y al aproximarse los españoles se retiraron, el -primero del lado de Toledo, el segundo por el camino real a La Guardia. - -[Sidenote: Ataque de Dos Barrios.] - -Media legua más allá de este pueblo, en donde el camino corre por una -cañada profunda, situáronse el 8 de noviembre los caballos franceses en -la cuesta llamada del Madero, y aguardaron a los nuestros en el paso -más estrecho. Freire diestramente destacó dos regimientos al mando -de Don Vicente Osorio que cayesen sobre los enemigos alojados en Dos -Barrios, al mismo tiempo que él con lo restante de la columna atacaba -por el frente. Treparon nuestros soldados por la cuesta con intrepidez, -repelieron a los franceses y los persiguieron hasta Dos Barrios. Unidos -aquí Osorio y Freire continuaron el alcance hasta Ocaña, en donde los -contuvo el fuego de cañón del enemigo. - -[Sidenote: Aréizaga en Tembleque.] - -Mientras tanto Aréizaga sentó el 9 su cuartel general en Tembleque, y -aproximó adonde estaba Freire la vanguardia de Zayas, compuesta de 6000 -hombres casi todos granaderos, y la 1.ª división de Lacy: providencia -necesaria por haberse agregado a la caballería de Milhaud la división -polaca del 4.º cuerpo francés. Volvió Freire a avanzar el 10 a Ocaña, -delante de cuya villa estaban formados 2000 caballos enemigos, y detrás, -a la misma salida, la división nombrada con sus cañones. Empezaron -a jugar estos y a su fuego contestó la artillería volante española, -arrojando los jinetes a los del enemigo contra la villa, que abrigados -de su infantería reprimieron a su vez a nuestros soldados. No aun dadas -las cuatro de la tarde llegaron Zayas y Lacy. Emboscado el último -en un olivar cercano, dispúsose a la arremetida, pero Zayas, juzgando -estar su tropa muy cansada, difirió auxiliar el ataque hasta el día -siguiente. Aprovechándose los enemigos de esta desgraciada suspensión, -evacuaron a Ocaña, y por la noche se replegaron a Aranjuez. - -[Sidenote: Ejército español en Ocaña.] - -El 11 de noviembre, en fin, todo el ejército español se hallaba junto -en Ocaña. Resueltos los nuestros a avanzar a Madrid, hubiera convenido -proseguir la marcha antes de que los franceses hubiesen agolpado hacia -aquella parte fuerzas considerables. - -[Sidenote: Movimientos inciertos y mal concertados de Aréizaga.] - -Mas Aréizaga, al principio tan arrogante, comenzó entonces a vacilar, -y se inclinó a lo peor, que fue a hacer movimientos de flanco lentos -para aquella ocasión y desgraciados en su resultado. Envió pues la -división de Lacy a que cruzase el Tajo del lado de Colmenar de Oreja, -yendo la mayor parte a pasar dicho río por Villamanrique, en cuyo sitio -se echaron al efecto puentes. El tiempo era de lluvia, y durante tres -días sopló un huracán furioso. Corrió una semana entre detenciones -y marchas, perdiendo los soldados, en los malos caminos y aguas -encharcadas, casi todo el calzado. Aréizaga, con los obstáculos cada -vez más indeciso, acantonó su ejército entre Santa Cruz de la Zarza y -el Tajo. - -Mientras tanto los franceses fueron arrimando muchas tropas a Aranjuez. -El mariscal Soult había ya antes sucedido al mariscal Jourdan en el -mando de mayor general de los ejércitos franceses, y las operaciones -adquirieron fuerza y actividad. Sabedor de que los españoles se -dirigían a pasar el Tajo por Villamanrique, envió allí el día 14 al -mariscal Victor, quien, hallándose entonces solo con su primer cuerpo, -hubiera podido ser arrollado. Detúvose Aréizaga y dio tiempo a que los -franceses fuesen el 16 reforzados en aquel punto; lo cual visto por el -general español, hizo que algunas tropas suyas puestas ya del otro lado -del Tajo repasasen el río, y que se alzasen los puentes. Caminó en la -noche del 17 hacia Ocaña, a cuya villa no llegó sino en la tarde del -18, y algunas tropas se rezagaron hasta la mañana del 19. [Sidenote: -Choque de caballería en Ontígola.] La víspera de este día hubo un -reencuentro de caballería cerca de Ontígola: los franceses rechazaron -a los nuestros, mas perdieron al general Paris, muerto a manos del -valiente cabo español Vicente Manzano, que recibió de la central un -escudo de premio. Por nuestra parte también allí fue herido gravemente, -y quedó en el campo por muerto, el hermano del duque de Rivas, Don -Ángel de Saavedra, no menos ilustre entonces por las armas que lo ha -sido después por las letras. Aréizaga, que, moviéndose primero por -el flanco, dio lugar al avance y reunión de una parte de las tropas -francesas, retrocediendo ahora a Ocaña y andando como lanzadera, -permitió que se reconcentrasen o diesen la mano todas ellas. Difícil -era idear movimientos más desatentados. - -[Sidenote: Fuerzas que acercan los franceses.] - -Juntáronse pues del lado de Ontígola y en Aranjuez los cuerpos 4.º y -5.º, del mando de Sebastiani y Mortier, la reserva, bajo el general -Dessolles, y la guardia de José, ascendiendo por lo menos el número de -gente a 28.000 infantes y 6000 caballos. De manera que Aréizaga, que -antes tropezaba con menos de 20.000, ahora a causa de sus detenciones, -marchas y contramarchas, tenía que habérselas con 34.000 por el frente, -sin contar con los 14.000 del cuerpo de Victor colocados hacia su -flanco derecho, pues juntos todos pasaban de 48.000 combatientes; -fuerza casi igual a la suya en número, y superiorísima en práctica y -disciplina. - -[Sidenote: Batalla de Ocaña.] - -Don Juan Carlos de Aréizaga escogió para presentar batalla la villa -de Ocaña, considerable y asentada en terreno llano y elevado a la -entrada de la mesa que lleva su nombre. Las divisiones españolas se -situaron en derredor de la población. Apostose él a la izquierda -del lado de la agria hondonada donde corre el camino real que va -a Aranjuez. En el ala opuesta se situó la vanguardia de Zayas con -dirección a Ontígola, y más a su derecha la primera división de Lacy, -permaneciendo a espaldas casi toda la caballería. Hubo también tropas -dentro de Ocaña. El general en jefe no dio ni orden ni colocación -fija a la mayor parte de sus divisiones. Encaramose en un campanario -de la villa, desde donde, contentándose con atalayar y descubrir el -campo, continuó aturdido, sin tomar disposición alguna acertada. El 4.º -cuerpo, del mando de Sebastiani, sostenido por Mortier, empeñó la pelea -con nuestra derecha. Zayas, apoyado en la división de Don Pedro Agustín -Girón, y el general Lacy batallaron vivamente, haciendo maravillas -nuestra artillería. El último sobre todo avanzó contra el general -Leval, herido, y empuñando en una mano para alentar a los suyos la -bandera del regimiento de Burgos, todo lo atropelló y cogió una batería -que estaba al frente. Costó sangre tan intrépida acometida, y entre -todos fue allí gravemente herido el marqués de Villacampo, oficial -distinguido y ayudante de Lacy. A haber sido apoyado entonces este -general, los franceses, rotos de aquel lado, no alcanzaran fácilmente -el triunfo; pero Lacy, solo, sin que le siguiera caballería ni tampoco -le auxiliara el general Zayas, a quien puso, según parece, en grande -embarazo Aréizaga, dándole primero orden de atacar y luego contra -orden, tuvo en breve que cejar, y todo se volvió confusión. El general -Girard entró en la villa, cuya plaza ardió; Dessolles y José avanzaron -contra la izquierda española, [Sidenote: Horrorosa dispersión. Pérdida -de Ocaña.] que se retiró precipitadamente, y ya por los llanos de la -Mancha no se divisaban sino pelotones de gente marchando a la ventura, -o huyendo azorados del enemigo. Aréizaga bajó de su campanario, no tomó -providencia para reunir las reliquias de su ejército, ni señaló punto -de retirada. Continuó su camino a Daimiel, de donde serenamente dio un -parte al gobierno el 20, en el que estuvo lejos de pintar la catástrofe -sucedida. Esta fue de las más lamentables. Contáronse por lo menos -13.000 prisioneros, de 4 a 5000 muertos o heridos, fueron abandonados -más de 40 cañones, y carros, y víveres, y municiones: una desolación. -Los franceses apenas perdieron 2000 hombres. Solo quedaron de los -nuestros en pie algunos batallones, la división segunda, del mando de -Vigodet, y parte de la caballería a las órdenes de Freire. En dos meses -no pudieron volver a reunirse a las raíces de Sierra Morena 25.000 -hombres. - -Conservó por algún tiempo el mando Don Juan Carlos de Aréizaga sin que -entonces se le formase causa, como se tenía de costumbre con muchos de -los generales desgraciados: ¡tan protegido estaba! Y en verdad, ¿a qué -formarle causa? Habíanse estas convertido en procesos de mera fórmula, -de que salían los acusados puros y exentos de toda culpa. - -[Sidenote: Resultas.] - -Terror y abatimiento sembró por el reino la rota de Ocaña, temiendo -fuese tan aciaga para la independencia como la de Guadalete. Holgáronse -sobremanera José y los suyos, entrando aquel en Madrid con pompa y a -manera de triunfador romano, seguido de los míseros prisioneros. De -sus parciales no faltó quien se gloriase de que hubiesen los franceses -con la mitad de gente aniquilado a los españoles. Hemos visto no ser -así; mas aun cuando lo fuese, no por eso recaería mengua sobre el -carácter nacional, culpa sería en todo caso del desmaño e ignorancia -del principal caudillo. - -La herida de Ocaña llegó hasta lo vivo. Con haberlo puesto todo a la -temeridad de la fortuna, abriéronse las puertas de las Andalucías. -José quizá hubiera tentado pronto la invasión si la permanencia de los -ingleses en las cercanías de Badajoz, juntamente con la del ejército -mandado ahora por Alburquerque en Extremadura, y la del Parque en -Castilla la Vieja, no le hubiesen obligado a obrar con cordura antes de -penetrar en las gargantas de Sierra Morena, ominosas a sus soldados. -Prudente, pues, era destruir por lo menos parte de aquellas fuerzas, y -aguardar, ajustada ya la paz con Austria, nuevos refuerzos del norte. - -[Sidenote: Se retira Alburquerque a Trujillo.] - -El duque de Alburquerque, desamparado con lo ocurrido en Ocaña, se -aceleró a evitar un suceso desgraciado. La fuerza que tenía, de -12.000 hombres dividida en tres divisiones, vanguardia y reserva, -había avanzado el 17 de noviembre al Puente del Arzobispo para causar -diversión por aquel lado. Desde allí y con el mismo fin, siguiendo la -margen izquierda de Tajo, destacó la vanguardia, a las órdenes de Don -José Lardizábal, con dirección al puente de tablas de Talavera. Este -movimiento obligó a retirarse a los franceses alojados en el Arzobispo -enfrente de los nuestros; mas a poco, sobreviniendo el destrozo de -Ocaña, retrocedió el de Alburquerque y no paró hasta Trujillo. - -[Sidenote: Movimientos del duque del Parque.] - -Puso en mayor cuidado a los enemigos el ejército del duque del Parque, -sobre todo después de la jornada de Tamames. Motivo por que envió el -mariscal Soult la división de Gazan al general Marchand, camino de -Ávila, para coger al duque por el flanco derecho. El general español, -a fin de coadyuvar también a la campaña de Aréizaga, moviose con su -ejército, y el 19 intentó atacar en Alba de Tormes a 5000 franceses -que, advertidos, se retiraron. - -[Sidenote: Acción de Medina del Campo.] - -Prosiguió el del Parque su marcha, y noticioso de que en Medina del -Campo se reunían unos 2000 caballos y de 8 a 10.000 infantes, juntó el -23 a la madrugada sus divisiones en el Carpio a tres leguas de aquella -villa. Colocó la vanguardia en la loma en que está sito el pueblo, -ocultando detrás y por los lados la mayor parte de su fuerza. No -logró, a pesar del ardid, que los franceses se acercasen, y entonces -se adelantó él mismo a la una del propio día, yendo por la llanura con -admirable y bien concertado orden. Marchaba en batalla la vanguardia, -del mando de Don Martín de la Carrera, a su derecha, parte también -en batalla, parte en columnas, la tercera división regida por Don -Francisco Ballesteros, a la izquierda la primera, de Don Francisco -Javier de Losada; cubría la caballería las dos alas. Iba de reserva -la segunda división, a las órdenes del conde de Belveder, y dejose en -el Carpio, con su jefe el marqués de Castro-Fuerte, la 5.ª división, -o sea la de los castellanos. Los franceses, aunque reforzados con -1000 jinetes, cejaron a una eminencia inmediata a Medina. Empeñose -allí vivo fuego, y engrosados aún los enemigos con dos regimientos -de dragones y alguna infantería, cayeron sobre los jinetes del ala -derecha, que cedieron el terreno, con lo cual se vio descubierta la -3.ª división, que era la de los asturianos. Mas estos, valientes y -serenos, reprimieron al enemigo, en particular tres regimientos que le -recibieron a quema ropa con fuegos muy certeros. En la pelea perecieron -el intrépido ayudante general de la división, Don Salvador de Molina, -y el coronel del regimiento de Lena, Don Juan Drimgold. Rechazados o -contenidos en los demás puntos los franceses, sobrevino la noche, y -Parque durante dos horas permaneció en el campo de batalla. Después -obligado a dar alimento y descanso a su tropa, y avisado de que el -enemigo podría ser reforzado, antes de amanecer tornó al Carpio. Los -franceses por su parte no creyéndose bastante numerosos, se alejaron -para unirse a nuevos refuerzos que aguardaban. - -Les llegaron estos de varias partes, y el general Kellermann, reuniendo -toda la fuerza que pudo, entre ella 3000 caballos, se mostró el 25 -delante del Carpio. El duque del Parque, hasta entonces prudente y -afortunado caudillo, descuidose, y en vez de retirarse sin tardanza -viendo la superioridad de la caballería, temible en aquella tierra -llana, suspendió todo movimiento retrógrado hasta la noche del 26, y -entonces lo realizó, aguijado con el aviso de las lástimas de Ocaña; -cuya nueva, derramada por el ejército, descorazonó al soldado. - -[Sidenote: Acción de Alba de Tormes.] - -El 28 por la mañana entraron los nuestros en Alba, tristes y ya -perseguidos por la vanguardia enemiga. Asentada aquella villa a la -derecha del Tormes, comunica con la orilla opuesta por un puente -de piedra. El duque del Parque dejó dentro de la población, con -negligencia notable, el cuartel general, la artillería, los bagajes, -la mayor parte en fin de su fuerza, excepto dos divisiones que pasaron -al otro lado. Alegose por disculpa la necesidad de dar de comer a la -tropa, fatigada y sin alimento ya hacía muchas horas, como si no se -hubiera podido acudir al remedio y con mayor orden poniendo todo el -ejército en la orilla más segura, y en disposición de proteger a los -encargados de avituallarle. - -Esparcidos los soldados por Alba para buscar raciones, y cundiendo la -voz de que llegaban los franceses, atropelláronse al puente hombres -y bagajes, y casi le barrearon. Pudieron con todo los jefes colocar -fuera del pueblo las tropas, y parar la primera embestida de 400 -franceses que iban delante, hasta que, aproximándose un grueso de -caballería, cargó este nuestra derecha, en donde se hallaba la primera -división del mando de Losada y 800 caballos. Arrollados los últimos, -huyeron también los infantes que repasaron el Tormes abandonando su -artillería. El ala izquierda, que se componía de la vanguardia de -Carrera y de parte de la segunda división, se mantuvo firme, [Sidenote: -Valor de Mendizábal.] y puesto Mendizábal a su cabeza, repelieron -nuestros soldados por tres veces a los jinetes enemigos formando el -cuadro, y respondieron a fusilazos a la intimación que les hicieron de -rendirse. En vano los acometieron otros escuadrones por la espalda: -forzados se vieron estos a aguardar a sus infantes, de los que algunos -llegaron al anochecer. Mendizábal cruzó con sus intrépidos soldados -el puente y tocó gloriosamente la orilla opuesta. [Sidenote: Retirada -de los españoles.] Allí todo era desorden y atropellamiento con los -bagajes y caballería fugitiva. El duque del Parque perdió entonces del -todo la presencia de ánimo, y sus tropas, careciendo de órdenes precisas, -se alejaron de aquel punto y se repartieron entre Ciudad Rodrigo, -Tamames y Miranda del Castañar. Semejante y no calculado movimiento -excéntrico salvó al ejército, pues el general Kellermann dejó de -perseguirle, incierto de su paradero, y limitándose a dejar ocupada -la línea del Tormes volviose a Valladolid. El duque del Parque, al -principiar diciembre, sentó su cuartel general en El Bodón, a dos leguas -de Ciudad Rodrigo, y echáronse de menos entre dispersión y pelea unos -3000 hombres. Antes de concluirse el mes pasó el duque a San Martín de -Trevejo, detrás de sierra de Gata. - -[Sidenote: Retíranse los ingleses del Guadiana al norte del Tajo.] - -Con tales desdichas, destruidos o menguados unos tras otros los -mejores ejércitos españoles, debieron naturalmente los ingleses, meros -espectadores hasta entonces, tomar en su extrema prudencia medidas de -precaución. Lord Wellington determinó dejar las orillas del Guadiana y -pasar al norte del Tajo, empezando su movimiento en los primeros días -de diciembre. Despidiose antes de la junta de Extremadura, y mostrose -muy satisfecho «del celo y laborioso cuidado [son sus expresiones] con -que aquel cuerpo había proporcionado provisiones a las tropas de su -ejército acantonadas en las cercanías de Badajoz.» Dicha junta había -sido una de aquellas autoridades contra las que tanto se había clamado -pocos meses antes acerca del asunto de abastecimientos, tachándolas -hasta de mala voluntad. El testimonio irrecusable de Lord Wellington -probaba ahora que la premura del tiempo y la gran demanda fueron causa -de la escasez, y no otras reprehensibles miras. - -[Sidenote: Flaqueza de la comisión ejecutiva.] - -La profunda sima en que la nación se abismaba, consternó a la comisión -ejecutiva de la junta central, poniendo a prueba la capacidad y energía -de sus individuos. Mas entonces se vio que no basta reconcentrar el -poder para que este aparezca en sus efectos vigoroso y pronto, sino -que también es preciso que las manos escogidas para su manejo sean -ágiles y fuertes. No formando parte de la comisión ninguno de los pocos -centrales a quienes se consideraba por su saber como más aptos, o como -más notables por los bríos de su condición, escasearon en aquel nuevo -cuerpo las luces y el esfuerzo, faltas tanto más graves cuanto los -acontecimientos habían puesto a la nación en el mayor estrecho. - -Así resultó que al saberse la derrota de Ocaña, quedó la comisión -como aturdida y aplanada, no desplegando la firmeza que tanto honró -al gobierno español cuando la jornada de Medellín. Redujéronse sus -providencias a las más comunes y generales, habiendo en vano nombrado a -Romana para recomponer el ejército del centro, tan menguado y perdido; -pues aquel general permaneció en Sevilla temeroso quizá de que sus -hombros flaqueasen bajo la balumba de tan pesada carga. Para llenar -su hueco, a lo menos en ciertas medidas de reorganización, [Sidenote: -Comisionados enviados a La Carolina.] partieron camino de La Carolina -Don Rodrigo Riquelme y el marqués de Camposagrado, uno individuo de -la comisión y otro de la junta, quienes, en unión con el vocal Rabé, -debían impulsar la mejora y aumento del ejército, y atender a la -defensa de los pasos de la sierra. Repetición de lo que hizo la central -al retirarse de Aranjuez, con la diferencia de que ahora no hubo mucho -vagar ni espacio. - -Tampoco se destruyeron con el nombramiento de la comisión ejecutiva las -maquinaciones de los ambiciosos. Volvió a salir a plaza Don Francisco -de Palafox, deseoso de erigirse, por lo menos, en lugarteniente de -Aragón. Sospechábase que le prestaba su asistencia el conde del -Montijo, que, a hurtadillas, se fue de Portugal acercando a Sevilla. -Tuvo de ello aviso el gobierno, y Romana, a quien antes no disgustaban -tales manejos, ahora que podían perjudicar a los en que él mismo -andaba, [Sidenote: Prisión de Palafox y Montijo.] instó para que se -aprehendiesen las personas de Palafox y Montijo juntamente con sus -papeles. El último fue cogido en Valverde y trasladado a Sevilla, en -donde también se arrestó al primero sin que lo impidiese su calidad de -central. Metió algún ruido la detención de estos personajes, y mayor -hubiera sido a no tenerlos tan desopinados sus continuos enredos. Los -acontecimientos que sobrevinieron terminaron en breve la persecución de -entrambos. - -[Sidenote: Manejos de Romana y de su hermano Caro.] - -Romana, que tanta diligencia ponía en descubrir y cortar las tramas -de los demás, no por eso cesaba en alterar con su conducta la paz y -buena armonía del gobierno supremo. Favorecía grandemente sus miras -su hermano D. José Caro, que a nada menos aspiraba que a ver a su -familia mandando en el reino. En la provincia de Valencia, puesta a -su cuidado, trabajaba los ánimos en aquel sentido, y con profusión -esparció el famoso voto de Romana de 14 de octubre. La junta provincial -ayudole mucho en ocasiones, y este cuerpo, provocando unas veces el -nombramiento de una regencia exclusiva, desechándolo en otras, vario e -inconstante en sus procedimientos, manifestaba que a pesar de su buen -celo por la causa de la patria, influían en sus deliberaciones hombres -de seso mal asentado. - -Don José Caro remitió a las demás juntas una circular, a nombre de la -de Valencia, en que, alabando los servicios, el talento, las virtudes -de su hermano el marqués de la Romana, se hablaba de la necesidad -de adoptar lo que este había propuesto en su voto, y se indicaba a -las claras la conveniencia de nombrarle regente. La central, en una -exposición que hizo a las juntas, y antes de finalizar noviembre, -grave y victoriosamente rechazó los ataques y opinión de la de -Valencia, invitando a todas a aguardar la próxima reunión de cortes. -Las provincias apoyaron el dictamen de la central, y en Valencia se -separaron de Caro varios que le habían estado unidos. Para cortar -las disensiones, debió Romana pasar a aquella ciudad, viaje que no -verificó, enviando en su lugar a Don Lázaro de las Heras, hechura -suya, [Sidenote: Tropelías.] pues el marqués tomaba a veces por sí -resoluciones sin cuidarse de la aprobación de sus compañeros. Las -Heras, como era de esperar, procedió en Valencia según las miras -de Romana, y atropelló en diciembre y confinó a la isla de Ibiza a -Don José Canga Argüelles y a otros individuos de la junta, ahora -encontrados en opiniones con el general Caro. - -[Sidenote: Estado deplorable de la junta central.] - -Pero con estas reyertas y miserias crecían los males de la patria, y -la central, en cuyo cuerpo no habían en un principio reinado otras -divisiones sino aquellas que nacen de la diversidad de dictámenes, se -vio en la actualidad combatida por la ambición y frenéticas pasiones de -Palafox, de Romana y sus secuaces, convirtiéndose en un semillero de -chismes, pequeñeces y enredos impropios de un gobierno supremo, con lo -cual cayó aún más en tierra su crédito y se anticipó su ruina. - -[Sidenote: Providencias de la comisión ejecutiva y de la junta.] - -La comisión ejecutiva, cuya alma era el mismo Romana, nada pues de -importante obró, poniéndose de manifiesto lo nulo de aquel general -para todo lo que era mando. La junta, por su parte, y en el círculo -de facultades que se había reservado, animada del buen espíritu de -Jovellanos, Garay y otros, acordó algunas providencias no desacertadas, -aunque tardías, como fue el aplicar a los gastos de la guerra los -fondos de encomiendas, obras pías, y también la rebaja gradual de -sueldos, exceptuándose a los militares que defendían la patria. - -[Sidenote: Proposición de Calvo sobre libertad de imprenta.] - -En el periodo en que vamos, o poco antes, examinose asimismo en la -junta central una proposición de Don Lorenzo Calvo de Rozas sobre -la importante cuestión de libertad de imprenta. La junta, ora por -la gravedad de la materia, ora quizá para esquivar toda discusión, -pasó la propuesta de Calvo a consulta del consejo, el cual, como era -natural, mostrose contrario, excepto Don José Pablo Valiente. Extendida -la consulta, subió a la central, y esta la remitió a la comisión de -cortes, que a su vez la pasó a otra comisión creada bajo el nombre de -instrucción pública, corriendo por aquella inacabable cadena de juntas, -consejos y comisiones a que siempre ¡mal pecado! se recurrió en España. -En la de instrucción pública halló la propuesta de Calvo favorable -acogida, leyendo en su apoyo una memoria muy notable el canónigo D. -José Isidoro Morales. Mas en estos pasos, idas y venidas, se concluía -ya diciembre, y las desgracias cortaron toda resolución en asunto de -tan grande importancia. - -[Sidenote: Modo de convocarse las cortes.] - -Entre tanto se acercaba también el día señalado para convocar -las cortes. La comisión encargada de determinar la forma de su -llamamiento, tenía ya casi concluidos sus trabajos. No entraremos aquí -en los debates que para ello hubo en su seno [cosa ajena de nuestro -propósito], ni en los pormenores del modo adoptado para constituirse -las cortes, pues retardada por los acontecimientos de la guerra la -reunión de estas, nos parece más conveniente suspender hasta el tiempo -en que se juntaron el tratar detenidamente de la materia. Solo diremos -en este lugar que se adoptó igualdad de representación para todas las -provincias de España, debiéndose dividir las cortes en dos cuerpos, el -uno electivo y el otro de privilegiados, compuesto de clero y nobleza. - -Las convocatorias que entonces se expidieron fueron solo las que iban -dirigidas al nombramiento de los individuos que habían de componer la -cámara electiva, reservando circular las de los privilegiados para más -adelante. Motivó tal diferencia el que en el primer caso se necesitaba -de algún tiempo para realizar las elecciones, no sucediendo lo mismo en -el segundo, en que el llamamiento había de ser personal. Mas de esta -tardanza resultó después, según veremos, no concurrir a las cortes sino -los miembros elegidos por el pueblo, quedando sin efecto la formación -de una segunda cámara. - -[Sidenote: Mudanza de individuos en la comisión ejecutiva.] - -El mismo día que partieron las convocatorias, se mudaron también los -tres individuos más antiguos de la comisión ejecutiva conforme a lo -prevenido en el reglamento. Eran aquellos el marqués de la Romana, Don -Rodrigo Riquelme y Don Francisco Caro, entrando en su lugar el conde de -Ayamans, el marqués del Villar y Don Félix Ovalle. Su imperio no fue -de larga duración. - -[Sidenote: Decreto de la central para trasladarse a la Isla de León.] - -Todo presagiaba su caída y la de la junta central, y todo una próxima -invasión de los franceses en las Andalucías. Para no ser cogida tan de -improviso como en Aranjuez, dio la junta un decreto en 13 de enero, -por el que anunció que debía hallarse reunida el 1.º del mes inmediato -en la Isla de León, a fin de arreglar la apertura de las cortes, -señalada para el 1.º de marzo, sin perjuicio de que permaneciese en -Sevilla algunos días más un cierto número de vocales que atendiese al -despacho de los negocios urgentes. Este decreto, en tiempos lejanos de -todo peligro, hubiera parecido prudente y aun necesario, pero ahora, -cuando tan de cerca amagaba el enemigo, considerose hijo solo del -miedo, impeliendo a despertar la atención pública, y a traer hacia los -centrales los contratiempos y sinsabores que, como referiremos luego, -precedieron y acompañaron al hundimiento de aquel gobierno. - - - - - RESUMEN - DEL - LIBRO UNDÉCIMO. - - -_Amenazas de Napoleón acerca de la guerra de España. — Su divorcio -con Josefina. — Su casamiento con la archiduquesa de Austria. — -Refuerzos que envía a España. — Resolución de invadir las Andalucías. -— Sus preparativos. — Los de los españoles. — Los franceses atacan y -cruzan la Sierra Morena. — Entran en Jaén y en Córdoba. — Ejército del -duque de Alburquerque. — Viene sobre Andalucía. — Retírase de Sevilla -la junta central. — Contratiempos en el viaje de sus individuos. — -Sospechas de insurrección en Sevilla — Verifícase. — Junta de Sevilla. -— Providencias que toma. — Continúan los franceses sus movimientos. -— Encuentran en Alcalá la Real la caballería española. — Piérdese -en Iznalloz un parque de artillería. — Toma Blake el mando de las -reliquias del ejército del centro. — Entran los franceses en Granada. -— Avanzan sobre Sevilla. — Se retira Alburquerque camino de Cádiz. — -Ganan los franceses a Sevilla. — Preséntase el mariscal Victor delante -de Cádiz. — Mortier va a Extremadura. — Baja también allí el 2.º -cuerpo. — Va sobre Málaga Sebastiani. — Abello alborota la ciudad. -— Éntranla los franceses. — Junta central en la Isla de León. Su -disolución. — Decide nombrar una regencia. — Reglamento que le da. — -Su último decreto sobre cortes. — Regentes que nombra. — Eligen una -junta en Cádiz. — Ojeada rápida sobre la central y su administración. -— Padecimientos y persecución de sus individuos. — Idea de la regencia -y de sus individuos. — Felicitación del consejo reunido. — Idea de la -junta de Cádiz. — Providencias para la defensa y buena administración -de la regencia y la junta. — Breve descripción de la Isla gaditana. — -Fuerzas que la guarnecen. — Españolas. — Inglesas. — Fuerza marítima. -— Recio temporal en Cádiz. — Intiman los franceses la rendición. — La -junta de Cádiz encargada del ramo de hacienda. — Sus altercados con -Alburquerque. — Deja este el mando del ejército y pasa a Londres. — -Impone la junta nuevas contribuciones. — José en Andalucía. — Modo -con que le reciben. — Sus providencias. — Vuelve a Madrid. — Nueva -invasión de Asturias. — Llano Ponte. — Porlier. — Entra Bonnet en -Oviedo. — Evacúa la ciudad. — Ocúpala de nuevo. — Castellar y defensa -del puente de Peñaflor. — Bárcena. Retíranse los españoles al Narcea. -— Don Juan Moscoso. — El general Arce. — Conducta escandalosa de Arce -y del consejero Leiva. — Nueva instalación de la junta general del -principado. — Auxilio de Galicia. — Desampara Bonnet a Oviedo. — Se -enseñorea por tercera vez de la ciudad. — Estado de Galicia. — Alboroto -del Ferrol. Muerte de Vargas. — Mahy, general de las tropas de aquel -reino. — Sitio de Astorga. — Capitula. — Licenciado Costilla. — Aragón. -— Mina el mozo. — Expedición de Suchet sobre Valencia. — Estado de -este reino y de la ciudad. — Malógrasele a Suchet su expedición. — -Pozoblanco. — Ventajas de los españoles en Aragón. — Cae prisionero -Mina el mozo. — Sucédele su tío Espoz y Mina. — Estado de Cataluña. — -Varias acciones. — Bloqueo de Hostalrich. — Va Augereau al socorro de -Barcelona. — Descalabro de Duhesme en Santa Perpetua y en Mollet. — -Entra Augereau en Barcelona. — O’Donnell nombrado general de Cataluña. -— Ejército que junta. — Acción de Vic el 19 de febrero. — Pertinaz -defensa de Hostalrich. — Socorre de nuevo Augereau a Barcelona. — -Retírase O’Donnell a Tarragona. — Feliz ataque de Don Juan Caro. — -Evacúan los españoles a Hostalrich. — El mariscal Macdonald sucede a -Augereau en Cataluña. — Parte Suchet a Lérida. — Entran sus tropas -en Balaguer. — Sitio de Lérida. — Desgraciada tentativa de O’Donnell -para socorrer la plaza. — Entran los franceses en Lérida y ríndese -su castillo. — También el fuerte de las Medas. — Sucesos de Aragón. -— Sitio de Mequinenza. — La toman los franceses. — Toman también el -castillo de Morella. — Cádiz. — Toman los franceses a Matagorda. — -Manda Blake el ejército de la isla. — Trasládase a Cádiz la regencia. -— Varan en la costa dos pontones de prisioneros. — Trato de estos. — -Pasan a las Baleares. Su trato allí. — Resistencia en las Andalucías. -— Condado de Niebla. — Serranía de Ronda. — Don José Romero. Acción -notable. — Tarifa. — Ejército del centro en Murcia. — Correría de -Sebastiani en aquel reino. — Su conducta. — Evacúale. — Partidas de -Cazorla y de las Alpujarras. — Extremadura. Ejército de la izquierda. -— Romana. — Ballesteros. — Don Carlos O’Donnell. — Decreto de Soult -de 9 de mayo. — Otro en respuesta de la regencia de España. — Decreto -de Napoleón sobre gobiernos militares. — Une a su imperio los Estados -Pontificios y la Holanda. — Inútil embajada de Azanza a París. — -Tentativa para libertar al rey Fernando. — Barón de Kolly. — Vida de -los príncipes en Valençay. — Préndese a Kolly. — Insidiosa conducta de -la policía francesa. — Cartas de Fernando._ - - - - - HISTORIA - DEL - LEVANTAMIENTO, GUERRA Y REVOLUCIÓN - de España. - - LIBRO UNDÉCIMO. - - -[Sidenote: Amenazas de Napoleón acerca de la guerra de España.] - -Nuevos desastres amagaban a España al comenzar el año de 1810. Napoleón, -de vuelta de la guerra de Austria, que para él tuvo tan feliz remate, -anunció al senado francés «que se presentaría a la otra parte de los -Pirineos, y que el leopardo aterrado huiría hacia el mar, procurando -evitar su afrenta y su aniquilamiento.» No se cumplió este pronóstico -contra los ingleses, ni tampoco se verificó el indicado viaje, -persuadido quizá Napoleón de que la guerra peninsular, como guerra de -nación, no se terminaría con una ni dos batallas: único caso en que -hubiera podido empeñar con esperanza de gloria su militar nombradía. - -[Sidenote: Su divorcio con Josefina.] - -Ocupábanle también por entonces asuntos domésticos que quería acomodar -a la razón de estado, y la afición que tenía a su esposa, la emperatriz -Josefina, y las buenas prendas que a esta adornaban cedieron al deseo -de tener heredero directo, y al concepto tal vez de que enlazándose -con alguna de las antiguas estirpes de Europa, afianzaría la de los -Napoleones, a cuyo trono faltaba la sólida base del tiempo. Resolvió, -pues, separarse de aquella su primera esposa, y a mediados de diciembre -de 1809 publicó solemnemente su divorcio, dejando a Josefina el título -y los honores de emperatriz coronada. - -[Sidenote: Su casamiento con la archiduquesa de Austria.] - -Pensó después en escoger otra consorte, inclinándose al principio a -la familia de los zares, mas al fin trató con la corte de Austria y -se casó en marzo siguiente con la archiduquesa María Luisa, hija del -emperador José II: unión que si bien por de pronto pudo lisonjear a -Napoleón, sirviole de poco a la hora del infortunio. - -[Sidenote: Refuerzos que envía a España.] - -Antes y en el tiempo en que mostró al senado su propósito de cruzar los -Pirineos, dio cuenta el ministro de la guerra de Francia del estado -de fuerza que había en España, manifestando que para continuar las -operaciones militares bastaba completar los cuerpos allí existentes con -30.000 hombres reunidos en Bayona. Pasaron en efecto estos la frontera, -y con ellos y otros refuerzos que posteriormente llegaron, ascendió -dentro de la península el número de franceses, en el año de 1810 en que -vamos, a unos 300.000 hombres de todas armas. - -[Sidenote: Resolución de invadir las Andalucías.] - -Llamaba singularmente la atención del gabinete de las Tullerías el -destruir el ejército inglés, situado ya en Portugal a la derecha del -Tajo. Pero el gobierno de José prefería a todo invadir las Andalucías, -esperando así disolver la junta central, principal foco de la -insurrección española. Por tanto puso su mayor ahínco en llevar a cabo -esta su predilecta empresa. - -Destináronse para ella los tres cuerpos de ejército 1.º, 4.º y 5.º, -con la reserva y algunos cuerpos españoles de nueva formación, en que -tenían los enemigos poca fe, constando el total de la fuerza de unos -55.000 hombres. Mandábalos José en persona, teniendo por su mayor -general al mariscal Soult, que era el verdadero caudillo. - -[Sidenote: Sus preparativos.] - -Sentaron los franceses sus reales el 19 de enero en Santa Cruz de -Mudela. A su derecha y en Almadén del Azogue se colocó antes el -mariscal Victor con el primer cuerpo, debiendo penetrar en Andalucía -por el camino llamado de la Plata. A la izquierda apostose en -Villanueva de los Infantes el general Sebastiani, que regía el 4.º y que -se preparaba a tomar la ruta de Montizón. Debía atravesar la sierra, -partiendo del cuartel general de Santa Cruz, y dirigiendo su marcha por -el centro de la línea, cuya extensión era de unas 20 leguas, el 5.º -cuerpo del mando del mariscal Mortier, al que acompañaba la reserva -guiada por el general Dessolles. - -Los franceses así distribuidos y tomadas también otras precauciones, -se movieron hacia las Andalucías. No habían de aquel suelo pisado -anteriormente sino hasta Córdoba, y la memoria de la suerte de Dupont -traíalos todavía desasosegados. Sepáranse aquellas provincias de las -demás de España por los montes Marianos, o sea la Sierra Morena, cuyos -ramales se prolongan al levante y ocaso, y se internan por el mediodía, -cortando en varios valles con otros montes, que se desgajan de Ronda y -Sierra Nevada, las mismas Andalucías en donde ya los moros formaron los -cuatro reinos en que ahora se dividen: tierra toda ella, por decirlo -así, de promisión, y en la que por la suavidad de su temple [Sidenote: -(* Ap. n. 11-1.)] y la fecundidad de sus campos, pusieron los antiguos, -según la narración de Estrabón [*] con referencia a Homero, la morada -de los bienaventurados, los Campos Elisios. - -[Sidenote: Los de los españoles.] - -Pocos tropiezos tenían los enemigos que encontrar en su marcha. No eran -extraordinarios los que ofrecía la naturaleza, y fueron tan escasos -los trabajos ejecutados por los hombres, que se limitaban a varias -cortaduras y minas en los pasos más peligrosos y al establecimiento de -algunas baterías. Se pensó al principio en fortificar toda la línea -adoptando un sistema completo de defensa, dividido en provisional y -permanente, el primero con objeto de embarazar al enemigo a su tránsito -por la sierra, y el segundo con el de detenerle del todo, levantando -detrás de las montañas y del lado de Andalucía unas cuantas plazas -fuertes que sirviesen de apoyo a las operaciones de la guerra, y a -la insurrección general del país. Una comisión de ingenieros visitó -la cordillera y aun dio su informe, pero como tantas otras cosas -de la junta central, quedose esta en proyecto. También se trató de -abandonar la sierra y de formar en Jaén un campo atrincherado, de lo -que igualmente se desistió, temerosos todos de la opinión del vulgo que -miraba como antemural invencible el de los montes Marianos. - -Dio ocasión a tal pensamiento el considerar las escasas fuerzas que -había para cubrir convenientemente toda la línea. Después de la -dispersión de Ocaña, solo se habían podido juntar unos 25.000 hombres, -que estaban repartidos en los puntos más principales de la sierra. -Una división, al mando de Don Tomás de Zeráin, ocupaba a Almadén, de -donde ya el 15 se replegó acometida por el mariscal Victor. Otra, -a las órdenes de Don Francisco Copons, permaneció hasta el 20 en -Mestanza y San Lorenzo. Colocáronse tres con la vanguardia en el -centro de la línea. De ellas, la 3.ª, del cargo de Don Pedro Agustín -Girón, en el puerto del Rey, y la vanguardia, junto con la 1.ª y 4.ª, -gobernadas respectivamente por los generales Don José Zayas, Lacy y -González Castejón, en la venta de Cárdenas, Despeñaperros, Collado -de los Jardines y Santa Elena. Situose a una legua de Montizón, en -Venta Nueva, la 2.ª, a las órdenes de Don Gaspar Vigodet, a la que se -agregaron los restos de la 6.ª que antes mandaba Don Peregrino Jácome. - -El 20 de enero se pusieron los franceses en movimiento por toda la -línea. Su reserva y su 5.º cuerpo dirigiéronse a atacar el puerto -del Rey, y el de Despeñaperros, ambos de difícil paso a ser bien -defendidos. Por el último va la nueva calzada, ancha y bien construida, -abierta en los mismos escarpados de la montaña de Valdazores, y a -grande altura del río Almudiel, que, bañándola por su izquierda, corre -engargantado entre cerrados montes que forman una honda y estrechísima -quebrada. La angostura del terreno comienza a unos 300 pasos de la -venta de Cárdenas, yendo de la Mancha a Andalucía, y termina no lejos de -las Correderas, casería distante una legua de la misma venta. En este -trecho habían los españoles excavado tres minas, levantando detrás, en -el collado de los Jardines, una especie de campo atrincherado. Por la -derecha de Despeñaperros lleva al puerto del Rey un camino que parte -de la venta de Melocotones, antes de llegar a la de Cárdenas; este era -el antiguo, mal carretero y en parajes solo de herradura, juntándose -después, y más allá de Santa Elena, con el nuevo. Entre ambos hay una -vereda que guía al puerto del Muradal, existiendo otras estrechas que -atraviesan la cordillera por aquellas partes. - -[Sidenote: Los franceses atacan y cruzan Sierra Morena.] - -En la mañana del indicado 20 salió del Viso el general Dessolles con -la reserva de su mando y además un regimiento de caballería. Dirigiose -al puerto del Rey que defendía el general Girón. La resistencia no -fue prolongada: los españoles se retiraron con bastante precipitación -y del todo se dispersaron en las Navas de Tolosa. Al mismo tiempo -la división del general Gazan acometió el puerto del Muradal con -una de sus brigadas, y con la otra se encaramó por entre este paso -y Despeñaperros, viniendo a dar ambas a las Correderas, esto es, a -espalda de los atrincheramientos y puestos españoles. El mariscal -Mortier, al frente de la división Girard, con caballería, artillería -ligera y los nuevos cuerpos creados por José, pensó en embestir por la -calzada de Despeñaperros, y lo ejecutó cuando supo que a su derecha el -general Gazan, habiendo arrollado a los españoles, estaba para envolver -las posiciones principales de estos. Las minas que en la calzada había -reventaron, mas hicieron poco estrago; los enemigos avanzaron con -rapidez, y los nuestros, temiendo ser cortados, todo lo abandonaron, -como también el atrincheramiento del collado de los Jardines. Perdieron -los españoles 15 cañones y bastantes prisioneros, salvándose por -las montañas algunos soldados, y tirando otros, con Castejón, hacia -Arquillos, en donde luego veremos no tuvieron mayor ventura. Aréizaga, -que todavía conservaba el mando en jefe, acompañado de algunos -oficiales y cortas reliquias, precipitadamente corrió a ponerse en -salvo al otro lado del Guadalquivir. Los franceses llegaron la noche -del mismo 20 a La Carolina, y al día siguiente pasaron a Andújar -después de haber atravesado por Bailén, cuyas glorias se empañaban -algún tanto con las lástimas que ahora ocurrían. El mariscal Soult y -el rey José no tardaron en adelantarse hasta la citada villa en donde -pusieron su cuartel general. - -Llegó también luego a Andújar el mariscal Victor, que desde Almadén -no había encontrado grandes tropiezos en cruzar la sierra. La junta -de Córdoba pensó ya tarde en fortificar el paso de Mano de Hierro y -el camino de la Plata, y en juntar los escopeteros de las montañas. -La división de Zeráin y la de Copons tuvieron que abandonar sus -respectivas posiciones, y el mariscal Victor, después de hacer algunos -reconocimientos hacia Santa Eufemia y Belalcázar, se dirigió sin -artillería ni bagajes por Torrecampo, Villanueva de la Jara y Montoro -a Andújar, en donde se unió con las fuerzas de su nación que habían -desembocado del puerto del Rey y de Despeñaperros. De estas, el mariscal -Soult envió la reserva de Dessolles con una brigada de caballería -por Linares sobre Baeza, para que se diese la mano con el general -Sebastiani, a cuyo cargo había quedado pasar la sierra por Montizón. - -Dicho general, aunque no fue en su movimiento menos afortunado que -sus compañeros, halló, sin embargo, mayor resistencia. Guarnecía por -aquella parte Don Gaspar Vigodet las posiciones de Venta Nueva y Venta -Quemada, y las sostuvo vigorosamente durante dos horas con fuerza poco -aguerrida e inferior en número, hasta que el enemigo habiendo tomado -la altura llamada de Matamulas, y otra que defendió con gran brío -el comandante Don Antonio Brax, obligó a los nuestros a retirarse. -Vigodet mandó, en su consecuencia, a todos los cuerpos que bajasen de -las eminencias y se reuniesen en Montizón, de donde, replegándose con -orden y en escalones, empezó luego a desbandársele un escuadrón de -caballería que con su ejemplo descompuso también a los otros, y juntos -atropellaron y desconcertaron la infantería, disolviéndose así toda la -división. Con escasos restos entró Vigodet el 20 de enero, después de -anochecido, en el pueblo de Santisteban, y al amanecer, viéndose casi -solo, partió para Jaén, a cuya ciudad habían ya llegado el general en -jefe Aréizaga y los de división Girón y Lacy, todos desamparados y en -situación congojosa. - -Sebastiani continuó su marcha, y cerca de Arquillos tropezó el 29 -con el general Castejón que se replegaba de la sierra con algunas -reliquias. La pelea no fue reñida; caído el ánimo de los nuestros y -rota la línea española, quedaron prisioneros bastantes soldados y -oficiales, entre ellos el mismo Castejón. El general Sebastiani se puso -entonces por la derecha en comunicación con el general Dessolles, y -destacando fuerzas por su izquierda hasta Úbeda y Baeza, ocupó hacia -aquel lado la margen derecha del Guadalquivir. Lo mismo hicieron por el -suyo hasta Córdoba los otros generales, con lo que se completó el paso -de la sierra, habiendo los franceses maniobrado sabiamente, si bien es -verdad tuvieron entonces que habérselas con tropas mal ordenadas y con -un general tan desprevenido como lo era Don Juan Carlos de Aréizaga. - -[Sidenote: Entran en Jaén y en Córdoba.] - -Prosiguiendo su movimiento pasó el general Sebastiani el Guadalquivir -y entró el 23 en Jaén, en donde cogió muchos cañones y otros aprestos -que se habían reunido con el intento de formar un campo atrincherado. -El mariscal Victor entró el mismo día en Córdoba, y poco después -llegó allí José. Salieron diputaciones de la ciudad a recibirle y -felicitarle, cantose un Te Deum y hubo fiestas públicas en celebración -del triunfo. Esmerose el clero en los agasajos, y se admiró José de -ser mejor tratado que en las demás partes de España. Detuviéronse -los franceses en Córdoba y sus alrededores algunos días, temerosos -de la resistencia que pudiera presentar Sevilla, e inciertos de las -operaciones del ejército del duque de Alburquerque. - -[Sidenote: Ejército del duque de Alburquerque.] - -Ocupaba este general las riberas del Guadiana después que se retiró -de hacia Talavera, en consecuencia de la rota de Ocaña; tenía en Don -Benito su cuartel general. En enero constaba su fuerza en aquel punto -de 8000 infantes y 600 caballos, y además se hallaban apostados entre -Trujillo y Mérida unos 3100 hombres a las órdenes de los brigadieres -Don Juan Senén de Contreras y Don Rafael Menacho; tropa esta que se -destinaba, caso que avanzasen los franceses, para guarnecer la plaza de -Badajoz, muy desprovista de gente. - -[Sidenote: Viene sobre Andalucía.] - -La junta central, luego que temió la invasión de las Andalucías, empezó -a expedir órdenes al de Alburquerque las más veces contradictorias, y -en general dirigidas a sostener por la izquierda la división de Don -Tomás de Zeráin, avanzada en Almadén. Las disposiciones de la junta, -fundándose en voces vagas, más bien que en un plan meditado de campaña, -eran por lo común desacertadas. El duque de Alburquerque, sin embargo, -deseando cumplir por su parte con lo que se le prevenía, trataba de -adelantarse hacia Agudo y Puertollano cuando, sabedor de la retirada -de Zeráin, y después de la entrada de los franceses en La Carolina, -mudó por sí de parecer y se encaminó la vuelta de la Andalucía, con -propósito de cubrir el asiento del gobierno. Este, al fin, y ya -apretado, ordenó a aquel hiciese lo mismo que ya había puesto en -obra, mas con instrucciones de que acertadamente se separó el general -español, disponiendo, contra lo que se le mandaba, que las tropas de -Senén de Contreras y Menacho partiesen a guarnecer la plaza de Badajoz. - -Con lo demás de la fuerza, esto es, con 8000 infantes y 600 caballos, -encaminándose Alburquerque el 22 de enero por Guadalcanal a Andalucía, -cruzó el Guadalquivir en las barcas de Cantillana haciendo avanzar -a Carmona su vanguardia y a Écija sus guerrillas, que luego se -encontraron con las enemigas. La junta central había mandado que se -uniesen a Alburquerque las divisiones de D. Tomás Zeráin y de D. -Francisco Copons, únicas de las que defendían la sierra que quedaron -por este lado. Mas no se verificó, retirándose ambas separadamente al -condado de Niebla. La última, más completa, se embarcó después para -Cádiz en el puerto de Lepe. Lo mismo lucieron en otros puntos las -reliquias de la primera. - -Siendo las tropas que regía el duque de Alburquerque las solas que -podían detener a los franceses en su marcha, déjase discurrir cuán -débil reparo se oponía al progreso de estos, y cuán necesario era que -la junta central se alejase de Sevilla si no quería caer en manos del -enemigo. - -[Sidenote: Retírase de Sevilla la junta central.] - -Ya conforme al decreto, en su lugar mencionado, del 13 de enero, -habían empezado a salir de aquella ciudad, pasado el 20, varios -vocales, enderezándose a la Isla de León, punto del llamamiento. Mas, -estrechando las circunstancias, casi todos partieron en la noche -del 23 y madrugada del 24, unos por el río abajo y otros por tierra. -[Sidenote: Contratiempos en el viaje de sus individuos.] Los primeros -viajaron sin obstáculo, no así los otros a quienes rodearon muchos -riesgos, alborotados los pueblos del tránsito, que se creían, con la -retirada del gobierno, abandonados y expuestos a la ira e invasión -enemigas. Corrieron, sobre todo, inminente peligro el presidente, -que lo era a la sazón el arzobispo de Laodicea, y el digno conde -de Altamira, marqués de Astorga, salvándose en Jerez ellos y otros -compañeros suyos como por milagro de los puñales de la turba amotinada. - -[Sidenote: Sospechas de insurrección en Sevilla.] - -Asegurose que, contando con la inquietud de los pueblos, se habían -despachado de Sevilla emisarios que aumentasen aquella y la -convirtiesen en un motín abierto para dirigir a mansalva tiros ocultos -contra los azorados y casi prófugos centrales. Pareció la sospecha -fundada al saberse la sedición que se preparaba en Sevilla, y estalló -luego que de allí salieron los individuos del gobierno supremo. De los -manejos que andaban tuvo ya noticia el 18 de enero Don Lorenzo Calvo de -Rozas, y dio de ello cuenta a la central. Para impedir que cuajaran, -mandose sacar de Sevilla a Don Francisco de Palafox y al conde del -Montijo, que, aunque presos, se conceptuaban principales promotores de -la trama. La apresuración con que los centrales abandonaron la ciudad, -el aturdimiento natural en tales casos, y la falta de obediencia -estorbaron que se cumpliese la orden. - -[Sidenote: Verifícase.] - -Alejado de Sevilla el gobierno, quedaron dueños del campo los -conspiradores de aquella ciudad, y el 24 por la mañana amotinaron al -pueblo, declarándose la junta provincial a sí misma suprema nacional, -lo que dio claramente a entender que en su seno había individuos -sabedores de la conjuración. Entraron en la junta además Don Francisco -Saavedra, nombrado presidente, el general Eguía y el marqués de la -Romana, que no se había ido con sus compañeros, y salía de Sevilla -en el momento del alboroto con Mr. Frere, único representante de -Inglaterra después de la ausencia del marqués de Wellesley. Agregáronse -también a la junta los señores Palafox y conde del Montijo, que al -efecto soltaron de la prisión; el último esquivó por un rato acceder al -deseo popular, fuese para aparentar que no obraba de acuerdo con los -revoltosos, fuese que, según su costumbre, le faltara el brío al tiempo -del ejecutar. - -[Sidenote: Junta de Sevilla.] - -Creose igualmente una junta militar, que fue la que realmente mandó en -los pocos días de la duración de aquel extemporáneo gobierno, y la -cual se compuso de los individuos nuevamente agregados. [Sidenote: -Providencias que toma.] Desde luego nombró esta al marqués de la Romana -general del ejército de la izquierda, en lugar del duque del Parque, que -destinaba a Cataluña, y encargó el mando del que se llamaba ejército -del centro a Don Joaquín Blake. Expidiéronse además a las provincias -todo linaje de órdenes y resoluciones que, o no llegaron, o felizmente -fueron desobedecidas, pues de otra manera nuevos disturbios hubieran -desgarrado a la nación entonces tan acongojada. Quedaron, sin embargo, -con el mando, según veremos, los generales Romana y Blake, habiéndose -posteriormente conformado el verdadero gobierno supremo con la -resolución de la junta de Sevilla. - -Procuró esta alentar a los moradores de la ciudad a la defensa de sus -hogares, y excitar en sus proclamas hasta el fanatismo de los clérigos -y los frailes, que por lo general se mantuvieron quietos. Duró el -ruido pocos días, poniendo pronto término la llegada de los franceses. -Ya se la temían el conde del Montijo y los principales instigadores -de la conmoción, y alejándose aquel el 26 del lugar del peligro, con -pretexto de desempeñar una comisión para el general Blake, quedaron -los sediciosos sin cabeza, careciendo para defender la ciudad del -ánimo que sobradamente habían mostrado para perturbarla. Cierto que -Sevilla no era susceptible de ser defendida militarmente, y solo los -sacrificios y el valor de Zaragoza hubieran podido contener el torrente -de los enemigos, de cuya marcha volveremos a tomar ahora el hilo de la -narración. - -[Sidenote: Continúan los franceses sus movimientos.] - -Dueños los franceses de la margen derecha del Guadalquivir, y -habiéndose adelantado el general Sebastiani hasta Jaén, prosiguió este -su movimiento para acabar con el ejército del centro, cuyas dispersas -reliquias iban en su mayor parte la vuelta de Granada. Por decirlo así -no quedaban ya en pie sino unos 1500 jinetes a las órdenes del general -Freire, y un parque de artillería compuesto de 30 cañones situado -en Andújar. Los oficiales que mandaban dicho parque no recibiendo -orden ninguna del general en jefe, juzgaron prudente sabiendo las -desventuras de la sierra, pasar el Guadalquivir y encaminarse a -Guadix, lo que empezaron a poner en obra sin tener caballería ni -infantería que los protegiese. El general Sebastiani al avanzar de -Jaén el 26 de enero, tomó con el grueso de su fuerza la dirección de -Alcalá la Real, enviando por su izquierda camino de Cambil y Llanos -de Pozuelo al general Peyremont con una brigada de caballería ligera. -[Sidenote: Encuentran en Alcalá la Real la caballería española.] El -27, pasado Alcalá la Real, alcanzó Sebastiani la caballería española -de Freire que resistió algún tiempo; pero que después fue rota y en -parte cogida y dispersa, atacada por un número superior de enemigos, y -sin tener consigo infantería alguna que la ayudase. Tocole a la otra -columna francesa, que tiró por la izquierda a Cambil, apoderarse de la -artillería que dijimos había salido de Andújar. - -Caminaba esta con dirección a Guadix a la sazón que el conde de -Villariezo, capitán general de Granada, impelido por el pueblo a -defenderse, ordenó a los jefes de la artillería indicada que desde -Pinos Puente torciesen el camino y viniesen a la ciudad en que mandaba. -Obedecieron; pero luego que estuvieron dentro, notando que todo era -allí confusión, trataron de salvar sus cañones volviendo a salir de -Granada. Desgraciadamente, para continuar su marcha se vieron forzados -a tomar un rodeo, retrocediendo al ya mencionado Pinos Puente, pues -entonces no era camino de ruedas el de los Dientes de la Vieja, -más corto y directo que el otro para Diezma y Guadix. [Sidenote: -Piérdese en Iznalloz un parque de artillería.] Con semejante atraso -perdieron tiempo, dando en Iznalloz con los caballos ligeros del -general Peyremont; en donde, como no tenían los artilleros españoles -infantes ni jinetes que los protegiesen, tuvieron, bien a pesar suyo, -que abandonar las piezas y salvarse en los caballos de tiro. Así iba -desapareciendo del todo aquel ejército, que dos meses antes inundaba -los llanos de la Mancha. - -[Sidenote: Toma Blake el mando de las reliquias del ejército del -centro.] - -Por fin, al expirar enero, tomó en Diezma el mando de tan tristes -reliquias Don Joaquín Blake, quien, yendo a Málaga de cuartel, de -vuelta de Cataluña, recibió en aquel pueblo el nombramiento que le -había conferido la Junta de Sevilla. Cediole el puesto sin obstáculo el -mismo Don Juan Carlos de Aréizaga, y dio, en efecto, Blake prueba de -patriotismo en encargarse en semejantes circunstancias de empleo tan -espinoso, sin reparar en la autoridad de que procedía. No había otro -cuerpo reunido sino el primer batallón de guardias españolas mandado -por el brigadier Otedo; lo demás del ejército reducíase a dispersos de -varios cuerpos. Blake retrocedió todavía a Huércal Overa, villa del -reino de Granada en los confines de Murcia; y despachando proclamas -y órdenes a todas partes, consiguió juntar en los primeros días de -febrero hasta unos cinco mil hombres de todas armas; no habiéndosele -incorporado otros generales de los que mandaban divisiones en la -sierra, sino Vigodet y además Freire con unos cuantos caballos. - -[Sidenote: Entran los franceses en Granada.] - -El general Sebastiani entró en Granada el 28 de enero. Quiso el pueblo -defenderse, mas disuadiéronle los hombres prudentes y los tímidos -con capa de tales; también contribuyó a ello el clero, que en estas -Andalucías mostrose sobradamente obsequioso a los conquistadores. Se -envió una diputación a recibir a Sebastiani; y agregose a este, poco -después de su entrada, el regimiento suizo de Reding. Trató el general -francés con ceño y palabras airadas a las autoridades españolas, e -impuso una gravosísima y extraordinaria contribución. - -[Sidenote: Avanzan sobre Sevilla.] - -Entre tanto, el 1.º y 5.º cuerpo avanzaron por disposición de José -hacia Sevilla, tiroteándose el mismo día 28, cerca de Écija, con las -guerrillas de caballería del duque de Alburquerque; noticioso este -general de que los enemigos avanzaban por El Arahal y Morón, para -ponerse en Utrera a su retaguardia, y cortarle así la retirada sobre -la Isla gaditana, [Sidenote: Se retira Alburquerque camino de Cádiz.] -abandonó a Carmona y comenzó su marcha retrógrada hacia la costa. La -caballería y la artillería las envió por el camino real, dirigiendo la -infantería por las Cabezas de San Juan y Lebrija para unirse todos en -Jerez. Fue tan oportuno este movimiento, que al llegar a Utrera dejose -ya ver desde Morón un destacamento enemigo. Tomole, pues, Alburquerque -la delantera; y recogiendo en Jerez todas sus fuerzas, pudo entrar -al principiar febrero en la Isla de León sin ser particularmente -incomodado, y habiendo solo la caballería sostenido en su marcha -algunas escaramuzas. Si en esta ocasión hubieran los franceses andado -con su acostumbrada presteza, hubieran tal vez podido interponerse -entre el ejército español y la Isla gaditana; y muy otra fuera entonces -la suerte de aquel inexpugnable baluarte. El duque de Alburquerque -contribuyó, en cuanto pudo, a salvar tan precioso rincón, y con él -quizá la independencia de España. Por ello justas alabanzas le son -debidas. - -[Sidenote: Ganan los franceses a Sevilla.] - -Los franceses, recelosos en aquellas circunstancias de comprometerse -demasiadamente, midieron sus movimientos, anteponiendo a todo el -apoderarse de Sevilla, posesión codiciada por sus riquezas y renombre. -Presentose a vista de sus muros al finalizar enero el mariscal Victor. -De la nueva Junta casi todos los individuos habían desaparecido, por lo -que su formación de nada aprovechó, sino de sobresaltar a los pueblos, -acrecentar la división de los ánimos, e impedir la salida de cuantiosos -e importantes efectos. - -Sevilla, ciudad vasta y populosa, y en la que brillan, según se explica -en su lenguaje sencillo la crónica de San Fernando, «muchas y grandes -noblezas..., las cuales pocas ciudades hay que las tengan», había -sido por mandato de la central circunvalada de triples líneas, para -cuya guarnición se requerían 50.000 hombres. Invirtiéronse por tanto -inútilmente en dicha fortificación muchos caudales, pues no pudiendo -defenderse aquel recinto, conforme a las reglas de la milicia, y solo -sí acudiendo al patriotismo y brío del vecindario, hubiera debido -la central pensar más bien que en fortalecerla regularmente, en -entusiasmar los ánimos y cuidar de su disciplina y buena dirección. - -Preparábanse los franceses a acometer a Sevilla, cuando el 31 les -enviaron de dentro parlamentarios. Querían estos entre varias cosas, -que se distinguiese aquella ciudad de las otras en la capitulación, -como una de las principales cabeceras de la monarquía, y también -hicieron la notable petición de que se convocasen cortes. No accedió -el mariscal Victor, como era de presumir, a la última demanda; y -en respuesta a las proposiciones que se le presentaron envió una -declaración, según la cual, prometía amparo a los habitantes y a -la guarnición, como también no escudriñar los hechos ni opiniones -contrarias a José, anteriores a aquel día; otorgaba además otras -concesiones y señaladamente la de no imponer contribución alguna -ilegal: artículo que pronto se quebrantó, o que nunca tuvo cumplimiento. - -Accediendo los sevillanos a las condiciones de Victor, entraron los -franceses en la ciudad el 1.º de febrero a las 3 de la tarde. La -víspera por la noche había salido la escasa guarnición hacia el condado -de Niebla a las órdenes del Vizconde de Gand, cuyo camino tomaron -también algunos de los más respetables individuos de la antigua Junta -provincial, enemigos del desbarato y excesos de los últimos días, los -cuales, establecidos en Ayamonte, se constituyeron luego en autoridad -legítima de los partidos libres de la provincia. - -En Sevilla cogieron los franceses municiones, fusiles, gran número de -cañones de aquella magnífica fábrica, y muchos pertrechos militares. -Asimismo otra porción de preciosidades y valores, particularmente -tabacos y azogues, tan necesarios los últimos para el beneficio de -las minas de América, botín que debió el enemigo parte a descuido -e imprevisión de la junta central, parte, según apuntamos, a los -alborotos y al atropellamiento que en Sevilla hubo. - -[Sidenote: Preséntase el mariscal Victor delante de Cádiz.] - -Sojuzgada esta ciudad, se encaminó el primer cuerpo francés, a las -órdenes de su jefe el mariscal Victor, la vuelta de la Isla gaditana, -cuyos alrededores pisó el 5 de febrero. La anterior llegada a aquel -punto del duque de Alburquerque previno los hostiles intentos del -enemigo, e impidió todo rebate. Parose, pues, Victor a la vista, -quedando su cuerpo de ejército destinado a formar el bloqueo. Aprestose -en Córdoba la reserva bajo el mando de Dessolles; [Sidenote: Mortier -va a Extremadura.] y el 5.º, del cargo del mariscal Mortier, después -de dejar una brigada en Sevilla, asomó a Extremadura [Sidenote: Baja -también allí el 2.º cuerpo.] y diose más adelante la mano con el 2.º, -que desde el Tajo avanzó a las órdenes del general Reynier. En seguida -se encaminó Mortier a Badajoz, y habiendo inútilmente intimado la -rendición a la plaza, volvió atrás y estableció en Llerena su cuartel -general. - -[Sidenote: Va sobre Málaga Sebastiani.] - -Sebastiani, por su lado, dio a sus operaciones cumplido acabamiento. -Tranquilo poseedor de Granada, quiso recorrer la costa, y sobre todo -enseñorearse de la rica e importante ciudad de Málaga, con tanta mayor -razón cuanto allí se encendía nueva lumbre insurreccional. - -[Sidenote: Abello alborota la ciudad.] - -Era atizador y caudillo un coronel de nombre Don Vicente Abello, -natural de la Habana, hombre fogoso y arrebatado, mas falto de -la capacidad necesaria para tamaño empeño. Siguió su pendón la -plebe, tan enemiga allí como en las demás partes de la dominación -extraña. Agregáronse a Abello pocos sujetos de cuenta, asustados -con los desórdenes que se levantaron y previendo la imposibilidad -de defenderse. Los únicos más notables que se le juntaron fueron un -capuchino llamado Fr. Fernando Berrocal, y el escribano San Millán, -con sus hermanos; de ellos los hubo que partieron a Vélez-Málaga para -sublevar aquella ciudad y su partido. Cometiéronse tropelías, y se -empezaron a exigir forzadas y exorbitantes derramas, habiendo embargado -y cogido al solo Duque de Osuna unos 50.000 duros. Prendieron a los -individuos de la junta del casco de la ciudad, y al anciano general Don -Gregorio de la Cuesta, que vivía allí retirado, pero que al fin pudo -embarcarse para Mallorca. - -[Sidenote: Éntranla los franceses.] - -El general Sebastiani procediendo de Granada por Loja a Antequera, -adelantose el 5 de febrero a Málaga. Al atravesar la garganta llamada -Boca del Asno, dispersó una turba de paisanos que en vano quisieron -defender el paso, y se aproximó al recinto de la ciudad. Fuera de ella -le aguardaba Abello, tan desacertado en sus operaciones militares -como en las políticas y económicas. Su gente era numerosa, pero -allegadiza, y la mitad sin armas. Al primer choque quedó deshecha, y -amigos y enemigos entraron confundidos en la ciudad. Empezó el pillaje, -mediaron las autoridades antiguas que había quitado Abello, ofreció -Sebastiani suspensión de hostilidades, pero no cesaron estas hasta el -día siguiente. Cayeron en poder del general francés intereses públicos -y privados, incluso el dinero del duque de Osuna; e impuso además a -la ciudad una contribución de doce millones de reales, de que cinco -habían de ser pagados al contado. - -Don Vicente Abello logró refugiarse en Cádiz, donde padeció larga -prisión, de que las cortes le libertaron. El capuchino Berrocal y -otros, cogidos en Málaga y en Motril, tuvieron menos ventura, pues -Sebastiani los mandó ahorcar. Tratamiento sobradamente duro; porque -si bien este general nos ha dicho haberse comportado así, siendo los -tales frailes y fanáticos, su razón no nos pareció fundada, pues además -de no estar en aquel caso todos los que padecieron la pena indicada, -¿por qué no sería lícito a los eclesiásticos tomar las armas en una -guerra de vida o muerte para la patria? Castigáraseles en buen hora, -si cometieron otros excesos, mas no por oponerse a la conquista del -extranjero. - -[Sidenote: Junta central en la Isla del León. Su disolución.] - -Al propio tiempo que los franceses se esparcían por las Andalucías y -se enseñoreaban de sus principales ciudades, acontecían importantes -mudanzas en la Isla de León y en Cádiz. A ambos puntos, como también al -Puerto de Santa María, habían llegado, antes de acabarse enero, muchos -vocales de la junta central, los cuales se reunieron sin tardanza en la -citada Isla de León. La tormenta que habían corrido, la voz pública, -los temores de no ser obedecidos, todo en fin los compelió a hacer -dejación del mando antes de congregarse las cortes, y a sustituir en -su lugar otra autoridad. [Sidenote: Decide nombrar una Regencia.] Don -Lorenzo Calvo de Rozas formalizó la proposición de que se nombrase -una regencia de cinco individuos que ejerciese la potestad ejecutiva -en toda su plenitud, quedando a su lado la central como cuerpo -deliberante, hasta que se juntasen las cortes. La junta aprobó la -primera parte de la proposición y desechó la última; declarando además -que sus individuos resignaban el mando, sin querer otra recompensa -que la honrosa distinción del ministerio que habían ejercido, y -excluyéndose a sí propios de ser nombrados para el nuevo gobierno. - -[Sidenote: Reglamento que le da.] - -También se formó un reglamento que sirviese de pauta a la nueva -autoridad, a la que se dio el nombre de Supremo consejo de regencia, y -se aprobó un decreto por el que reuniendo todos los acuerdos acerca de -la institución y forma de las cortes, ya convocadas para el inmediato -marzo, se trataba de hacer sabedor al público de tan importantes -decisiones. - -En el reglamento, además de los artículos de orden interior, había uno -muy notable, y según el cual la regencia «propondría necesariamente a -las cortes una ley fundamental que protegiese y asegurase la libertad -de la imprenta, y que entre tanto se protegería de hecho esta libertad -como uno de los medios más convenientes, no solo para difundir la -ilustración general, sino también para conservar la libertad civil y -política de los ciudadanos.» Así la central, tan remisa y meticulosa -para acordar en su tiempo concesión de tal entidad, imponía ahora en -su agonía la obligación de decretarla a la autoridad que iba a ser -sucesora suya en el mando. Disponíase igualmente en dicho reglamento -que se crease una diputación compuesta de ocho individuos, celadora -de la observancia de aquel y de los derechos nacionales. Ignoramos -por qué no se cumplió semejante resolución, y atribuimos el olvido -al azoramiento de la junta central, y a no ser la nueva regencia -aficionada a trabas. - -[Sidenote: Su último decreto sobre cortes.] - -En el decreto tocante a cortes se insistía en el próximo llamamiento de -estas, y se mandaba que inmediatamente se expidiesen las convocatorias -a los grandes y a los prelados, adoptándose la importante innovación -de que los tres brazos no se juntasen en tres cámaras o estamentos -separados sino solo en dos, llamado uno _popular_ y otro de -_dignidades_. - -Se ocurría también en el decreto al modo de suplir la representación -de las provincias que, ocupadas por el enemigo, no pudiesen nombrar -inmediatamente sus diputados, hasta tanto que, desembarazadas, -estuviesen en el caso de elegirlos por sí directamente. Lo mismo y a -causa de su lejanía se previno respecto de las regiones de América -y Asia. Había igualmente en el contexto del precitado decreto otras -disposiciones importantes y preparatorias para las cortes y sus -trabajos. La regencia nunca publicó este documento, motivo por el que -le insertamos íntegro en el apéndice.[*] [Sidenote: (* Ap. n. 11-2.)] -Echose la culpa de tal omisión al traspapelamiento que de él había -hecho un sujeto respetabilísimo a quien se conceptuaba opuesto a la -reunión de las cortes en dos cámaras. Pero habiendo este justificado -plenamente la entrega, así de dicho documento como de todos los papeles -pertenecientes a la central, en manos de los comisionados nombrados -para ello por la regencia, apareció claro que la ocultación provenía -no de quien desaprobaba las cámaras o estamentos, sino de los que -aborrecían toda especie de representación nacional. - -[Sidenote: Regentes que nombra.] - -La junta central, después de haber sancionado en 29 de enero todas las -indicadas resoluciones, pasó inmediatamente a nombrar los individuos -de la regencia. Cuatro de ellos debían ser españoles europeos, y -uno de las provincias ultramarinas. Recayó pues la elección en Don -Pedro de Quevedo y Quintano, obispo de Orense; en Don Francisco de -Saavedra, consejero de estado; en el general de tierra Don Francisco -Javier Castaños, en el de marina Don Antonio Escaño, y en Don Esteban -Fernández de León. El último, por no haber nacido en América, aunque -de familia ilustre arraigada en Caracas, y por la oposición que mostró -la junta de Cádiz, fue removido casi al mismo tiempo que nombrado, -entrando en su lugar Don Miguel de Lardizábal y Uribe, natural de -Nueva España. El 2 de febrero era el señalado para la instalación de -la regencia; pero, inquieto el público y disgustado con la tardanza, -tuvo la central que acelerar aquel acto, y poniendo en posesión a los -regentes en la noche del 31 de enero, [Sidenote: (* Ap. n. 11-3.)] -disolviose inmediatamente, dando en una proclama [*] cuenta de todo lo -sucedido. - -[Sidenote: Eligen una junta en Cádiz.] - -Al lado de la nueva autoridad, y presumiendo de igual o superior, -habíase levantado otra que, aunque en realidad subalterna, merece -atención por el influjo que ejerció, particularmente en el ramo de -hacienda. Queremos hablar de una junta elegida en Cádiz. Emisarios -despachados de Sevilla por los instigadores de los alborotos, y el -justo temor de ver aquella plaza entregada sin defensa al enemigo, -fueron el principal móvil de su nombramiento. Diole también inmediato -impulso un edicto que en virtud de pliegos recibidos de Sevilla publicó -el gobernador Don Francisco Venegas, considerando disuelta la junta -central y ofreciendo resignar su mando en manos del ayuntamiento, si -este quisiese confiarle a otro militar más idóneo. Conducta que algunos -tacharon de reprensible y liviana, mas disculpable en tan arduos -tiempos. - -El ayuntamiento conservó al general Venegas en su empleo, y atento a -una petición de gran número de vecinos que elevó a su conocimiento -el síndico personero Don Tomás Istúriz, abolió la Junta de defensa -que había y trató de que se pusiese otra nueva más autorizada. El -establecimiento de esta fue popular. Cada vecino cabeza de casa -presentó a sus respectivos comisarios de barrio una propuesta cerrada -de tres individuos: del conjunto de todas ellas formose una lista en -la que el ayuntamiento escogió 54 vocales electores, quienes a su vez -sacaron de entre estos 18 sujetos, número de que se había de componer -la junta relevándose a la suerte cada cuatro meses la tercera parte. -Se instaló la nueva corporación el 29 de enero con aplauso de los -gaditanos, habiendo recaído el nombramiento en personas por lo general -muy recomendables. - -He aquí, pues, dos grandes autoridades, la regencia y la junta de -Cádiz, impensadamente creadas, y otra la junta central abatida y -disuelta. Antes de pasar adelante, echaremos sobre las tres una rápida -ojeada. - -[Sidenote: Ojeada rápida sobre la central y su administración.] - -De la central habrá el lector podido formar cabal juicio, ya por lo -que de ella dijimos al tiempo de instalarse, y ya también por lo que -obró durante su gobernación. Inclinose a veces a la mejora en todos -los ramos de la administración; pero los obstáculos que ofrecían -los interesados en los abusos, y el titubeo y vaivenes de su propia -política, nacidos de la varia y mal entendida composición de aquel -cuerpo, estorbaron las más veces el que se realizasen sus intentos. -En la hacienda casi nada innovó, ni en el género de contribuciones, -ni en el de su recaudación, ni tampoco en la cuenta y razón. Trató, a -lo último, de exigir una contribución extraordinaria directa que en -pocas partes se planteó ni aun momentáneamente. Ofreció, sí, por medio -de un decreto, una variación completa en el ramo, aproximándose al -sistema erróneo de un único y solo impuesto directo. Acerca del crédito -público tampoco tomó medida alguna fundamental. Es cierto que no gravó -la nación con empréstitos pecuniarios, reembolsándose en general las -anticipaciones del comercio de Cádiz o de particulares con los caudales -que venían de América u otras entradas; mas no por eso se dejó de -aumentar la deuda, según especificaremos en el curso de esta historia, -con los suministros que los pueblos daban a las partidas y a la tropa. -Medio ruinoso, pero inevitable en una guerra de invasión y de aquella -naturaleza. - -En la milicia, las reformas de la central fueron ningunas o muy -contadas. Siguió el ejército constituido como lo estaba al tiempo de -la insurrección, y con las cortas mudanzas que hicieron algunas juntas -provinciales, debiéndose a ellas el haber quitado en los alistamientos -las excepciones y privilegios de ciertas clases, y el haber dado a -todos mayor facilidad para los ascensos. - -Continuaron los tribunales sin otra alteración que la de haber reunido -en uno todos los consejos, o sean tribunales supremos. Ni el modo de -enjuiciar, ni todo el conjunto de la legislación civil y criminal -padecieron variación importante y duradera. En la última hubo, sin -embargo, la creación temporal del tribunal de seguridad pública para -los delitos políticos; creación, conforme en su lugar notamos, más bien -reprensible por las reglas en que estribaba, que por funesta en sus -efectos. - -En sus relaciones con los extranjeros mantúvose la junta en los límites -de un gobierno nacional e independiente; y si alguna vez mereció -censura, antes fue por haber querido sostener sobradamente y con -lenguaje acerbo su dignidad que por su blandura y condescendencias. -Quejáronse de ello algunos gobiernos. Pocos meses antes de disolverse -declaró la guerra a Dinamarca, motivada por guardar aquel gobierno, como -prisioneros, a los españoles que no habían podido embarcarse con Romana; -guerra en el nombre, nula en la realidad. - -Sobresalió la central en el modo noble y firme con que respondió e hizo -rostro a las propuestas e insinuaciones de los invasores, sustentando -los intereses e independencia de la patria, sin desesperanzar nunca de -la causa que defendía. Por ello la celebrará justamente la posteridad -imparcial. - -Lo que la perjudicó en gran manera fueron sus desgracias, mayormente -verificándose su desistimiento a la sazón que aquellas de todos lados -acrecían. Y los pueblos rara vez perdonan a los gobiernos desdichados. -Si hubiera la junta concluido su magistratura en agosto después de -la jornada de Talavera, e instalado al mismo tiempo las cortes, sus -enemigos hubieran enmudecido, o por lo menos faltáranles muchos de los -pretextos que alegaron para vituperar sus procedimientos y oscurecer su -memoria. Acabó, pues, cuando todo se había conjurado contra la causa de -la nación, y a la central echósele exclusivamente la culpa de tamaños -males. - -[Sidenote: Padecimientos y persecución de sus individuos.] - -Irritados los ánimos, aprovecháronse de la coyuntura los adversarios -de la junta, y no solo desacreditaron a esta aun más de lo que por -algunos de sus actos merecía, sino que, obligándola a disolverse con -anticipación y atropelladamente, expusieron la nave del estado a que -pereciese en desastrado naufragio, deleitándose, además, en perseguir a -los individuos de aquel gobierno, desautorizados ya y desvalidos. - -Padecieron más que los otros el conde de Tilly y Don Lorenzo Calvo de -Rozas. Mandó prender al primero el general Castaños, y aun obtuvo la -aprobación de la central, si bien cuando ya esta se hallaba en la Isla -y a punto de fenecer. Achacábase al conde haber concebido en Sevilla -el plan de trasladarse a América con una división si los franceses -invadían las Andalucías, y se susurró que estaba con él de acuerdo el -duque de Alburquerque. Dieron indicio de los tratos mal encubiertos -que andaban entre ambos su mutua y epistolar correspondencia y ciertos -viajes del duque o de emisarios suyos a Sevilla. De la causa que se -formó a Tilly parece que resultaban fundadas sospechas. Este, enfermo -y oprimido, murió algunos meses después en su prisión del castillo de -Santa Catalina de Cádiz. Como quiera que fuera hombre muy desopinado, -reprobaron muchos el mal trato que se le dio, y atribuyéronlo a -enemistad del general Castaños. La prisión de Don Lorenzo Calvo de -Rozas, exclusivamente decretada por la regencia, tachose con razón de -más infundada e injusta, pues con pretexto de que Calvo diese cuentas -de ciertas sumas, empezaron por vilipendiarle, encarcelándole como a -hombre manchado de los mayores crímenes. Hasta la reunión de las cortes -no consiguió que se le soltara. - -Escandalizáronse igualmente los imparciales, y advertidos de la orden -que se comunicó a todos los centrales, según la cual permitiéndoles -«trasladarse a sus provincias, excepto a América, se les dejaba a -la disposición del gobierno bajo la vigilancia y cargo especial de -los capitanes generales, cuidando que no se reuniesen muchos en una -provincia.» No contentos con esto los perseguidores de la junta, -lanzaron en la liza a un hombre ruin y oscuro, a fin de que apoyase -con su delación la calumnia esparcida de que los ex centrales se iban -cargados de oro. Con tan débil fundamento mandáronse, pues, registrar -los equipajes de los que estaban para partir a bordo de la fragata -Cornelia, y respetables y purísimos ciudadanos viéronse expuestos a -tamaño ultraje en presencia de la chusma marinera. Resplandeció su -inocencia a la vista de los asistentes y hasta de los mismos delatores, -no encontrándose en sus cofres sino escaso peculio y en todo corta y -pobre fortuna. - -Ayudó a medida tan arbitraria e injusta el celo mal entendido de la -junta de Cádiz, arrastrada por encarnizados enemigos de la central y -por los clamores de la bozal muchedumbre. La regencia accedió a lo -que de ella se pedía, mas procuró antes escudarse con el dictamen del -consejo. Este en la consulta que al afecto extendió, repetía su antigua -y culpable cantilena de que la autoridad ejercida por los centrales -«había sido una violenta y forzada usurpación tolerada más bien que -consentida por la nación... con poderes de quienes no tenían derecho -para dárselos.» Después de estas y otras expresiones parecidas, el -consejo mostrando perplejidad acababa sin embargo por decir que de -igual modo que la regencia había encontrado méritos para la detención -y formación de causa respecto de Don Lorenzo Calvo de Rozas y del -conde de Tilly, se hiciese otro tanto con cuantos vocales resultasen -«por el mismo estilo descubiertos», y que así a unos como a otros «se -les sustanciasen brevísimamente sus causas y se les tratase con el -mayor rigor.» Modo indeterminado y bárbaro de proceder, pues ni se -sabía qué significado daba el consejo a la palabra _descubiertos_, ni -qué entendía tampoco por tratar a los centrales con el mayor rigor, -admirando que magistrados depositarios de las leyes aconsejasen al -gobierno, no que se atuviera a ellas, sino que resolviese a su sabor -y arbitrariamente. Dolencia grande la nuestra obrar por pasión o -aficiones, mas bien que conforme a la letra y tenor de la legislación -vigente: así ha andado casi siempre de través la fortuna de España. - -Nos hemos detenido en referir la persecución de los miembros de la -junta suprema, no solo por ser suceso importante, recayendo en personas -que gobernaron la nación durante catorce meses, sino también con objeto -de señalar el mal ánimo de los enemigos de reformas y novedades. -Porque el enojo contra la central nacía, no tanto de ciertos actos que -pudieran mirarse como censurables, cuanto de la inclinación que mostró -aquel cuerpo a mudanzas en favor de la libertad. En esta persecución, -como después en la de otros muchos afectos a tan noble causa, partió el -golpe de la misma o parecida mano, procurando siempre tapar el dañino y -verdadero intento con feas y vulgares acusaciones. - -Hubiérase a lo sumo podido tomar cuenta a la junta de su gobernación, -pero no atropellando a sus individuos. La regencia, más que todos, -estaba interesada en que los respetasen, y en defender contra el -consejo el origen legítimo de su autoridad, pues atacada esta lo era -también la de la misma regencia, emanación suya. Además, los gobiernos -están obligados aun por su propio interés a sostener el decoro y -dignidad de los que les han precedido en el mando, si no, el ajamiento -de los unos tiene después para los otros dejos amargos. - -[Sidenote: Idea de la regencia y de sus individuos.] - -Hablemos ya de la regencia y de los individuos que la componían. No -llegó hasta fines de mayo a Cádiz el obispo de Orense, residente en su -diócesis. Austero en sus costumbres y célebre por su noble y enérgica -contestación cuando le convidaron a ir a Bayona, no correspondió en -el desempeño de su nuevo cargo a lo que de él se esperaba, por querer -ajustar a las estrechas reglas del episcopado el gobierno político -de una nación. Presumía de entendido, y aun ambicionaba la dirección -de todos los negocios, siendo con frecuencia juguete de hipócritas y -enredadores. Confundía la firmeza con la terquedad, y difícilmente se -le desviaba de la senda derecha o torcida que una vez había tomado. -Don Francisco Javier Castaños, antes de la llegada del obispo, y -aun después, tuvo gran mano en el despacho de los asuntos públicos. -Pintámosle ya cual era como general. Antiguas amistades tenían gran -cabida en su pecho. Como estadista solía burlarse de todo, y quizá -se figuraba que la astucia y cierta maña bastaban aun en las crisis -políticas para gobernar a los hombres. Oponíase a veces a sus miras -la obstinación del obispo de Orense; pero retirándose este a cumplir -con sus ejercicios religiosos, daba vagar a que Castaños pusiese en -el intermedio al despacho los expedientes o asuntos que favorecía. -En el libro tercero tuvimos ocasión de delinear el carácter y prendas -de Don Francisco de Saavedra, hombre dignísimo, mas de corto influjo -como regente, debilitada su cabeza con la edad, los achaques y las -desgracias. Atendía exclusivamente a su ramo, que era el de marina, -Don Antonio Escaño, inteligente y práctico en esta materia y de buena -índole. Excusado es hablar de Don Esteban Fernández de León, regente -solo horas, no así de su sustituto, Don Miguel de Lardizábal y Uribe, -travieso y aficionado a las letras, de cuerpo contrahecho, imagen -de su alma retorcida y con fruición de venganzas. Castaños tenía -que mancomunarse con él, mas cediendo a menudo a la superioridad de -conocimientos de su compañero. - -Compuesta así la regencia, permaneció fiel y muy adicta a la causa de -la independencia nacional; pero se ladeó y muy mucho al orden antiguo. -Por tanto los consejeros, los empleados de palacio, los que echaban -de menos los usos de la corte y temían las reformas, ensalzaron a la -regencia, y asiéronse de ella hasta querer restablecer ceremoniales -añejos y costumbres impropias de los tiempos que corrían. - -[Sidenote: Felicitación del consejo reunido.] - -El consejo, especialmente, trató de aprovecharse de tan dichoso momento -para recobrar todo su poder. Nada al efecto le pareció más conveniente -que tiznar con su reprobación todo lo que se había hecho durante el -gobierno de las juntas de provincia y de la central. Así se apresuró -a manifestarlo el 2 de febrero en su felicitación a la regencia, -afirmando que las desgracias habían dependido de la propagación de -«principios subversivos, intolerantes, tumultuarios y lisonjeros al -inocente pueblo», y recomendando el que se venerasen «las antiguas -leyes, loables usos y costumbres santas de la monarquía», instaba -porque se armase de vigor la regencia contra los innovadores. Apoyada -pues esta en tales indicaciones, y llevada de su propia inclinación, -olvidó la inmediata reunión de cortes a que se había comprometido al -instalarse. - -[Sidenote: Idea de la junta de Cádiz.] - -La junta de Cádiz, émula de la regencia, y si cabe con mayor autoridad, -estaba formada de vecinos honrados, buenos patriotas, y no escasos de -luces. Apegada quizá demasiadamente a los intereses de sus poderdantes, -escuchaba a veces hasta sus mismas preocupaciones, y no faltó quien -imputase a ciertos de sus vocales el sacar provecho de su cargo, -traficando con culpable granjería. Pudo quizá en ello haber alguno -que otro desliz; pero la verdad es que los más de los individuos de -la junta portáronse honoríficamente, y los hubo que sacrificaron -cuantiosas sumas en favor de la buena causa. El querer sujetar a regla -a los dependientes de la hacienda militar, a los jefes y oficiales de -los mismos cuerpos y a todos los empleados, clase en general estragada, -acarreó a la junta sinsabores y enconadas enemistades. La entrada e -inversión de caudales, sin embargo, se publicó, y pareció muy exacta -su cuenta y razón, cuidando con particularidad de este ramo Don Pedro -Aguirre, hombre de probidad, imparcial e ilustrado. - -[Sidenote: Providencias para la defensa y buena administración de la -regencia y la junta.] - -Ahora que hemos ya echado la vista sobre la pasada gobernación de -la central, y dado idea del comienzo y composición de la regencia -y junta de Cádiz, será bien que entremos en la relación de las -principales providencias que estas dos autoridades tomaron en unión o -separadamente. Empezaron, pues, por las que aseguraban la defensa de la -Isla gaditana. - -[Sidenote: Breve descripción de la Isla gaditana.] - -La naturaleza y el arte han hecho casi inexpugnable este punto: en él -se comprenden la Isla de León y la ciudad propiamente dicha de Cádiz. -Distan entre sí ambas poblaciones, juntándose por medio de un extendido -istmo, dos leguas. Tres tiene de largo toda la Isla gaditana, y de -ancho una y cuarto en la parte más espaciosa. La separa del continente -el brazo de mar que llaman río de Santi Petri, profundo, y el cual se -cruza por el puente de Suazo, así apellidado del Doctor Juan Sánchez -de Suazo, que le rehabilitó a principios del siglo XV. El arsenal de -la Carraca, situado en una isleta contigua a la misma Isla de León, y -formada por el mencionado río de Santi Petri y el caño de las Culebras, -quedó también por los españoles. El vecindario de Cádiz, en el día -bastante disminuido, no pasa de 60.000 habitantes, y el de la Isla, que -está en igual caso, de unos 18.000. La principal defensa natural de la -última son sus saladares, que, empezando a poca distancia de Puerto -Real, se dilatan por espacio de legua y media hasta el río Zurraque, -enlazados entre sí e interrumpidos por caños e impracticables esguazos, -de suelo inconstante y mudable. Al sur hay otras salinas, llamadas -de San Fernando, rodeando a toda la isla por las demás partes, o el -océano, o las aguas de la bahía. En medio de los saladares y caños -que hay delante del río de Santi Petri se levanta un arrecife largo y -estrecho que conduce al puente de Suazo. En su calzada se practicaron -muchas cortaduras y se levantaron baterías que hacían inexpugnable -el paso. Al llegar Alburquerque estaban muy atrasados los trabajos; -pero este general y sus sucesores los activaron extraordinariamente. -Fortificose, en consecuencia, con una línea triple de baterías el -frente de ataque del río de Santi Petri, avanzando otras en las mismas -ciénagas o lagunajos, y cuidando muy particularmente de poner a -cubierto el arsenal de la Carraca y la derecha de la línea, parte la -más endeble. - -Aun ganada la Isla de León, no pocas dificultades hubieran estorbado -al enemigo entrar en Cádiz. Además de varias baterías apostadas en -la lengua de tierra que sirve de comunicación a ambas poblaciones, -construyose en lo más estrecho de aquella, y bañada por los dos mares, -una cortadura en que trabajaron con entusiasmo todos los habitantes, -erizada de cañones y de admirable fortaleza, quedando después por -vencer las obras del recinto de Cádiz, ejecutadas según las reglas -modernas del arte, y que solo presentan un frente de ataque. [Sidenote: -Fuerzas que la guarnecen.] Para guarnecer punto tan extenso como el -de la Isla gaditana y tan lleno de defensas, necesitábase gran número -de tropas de tierra y no poca fuerza de mar. [Sidenote: Españolas.] -El ejército de Alburquerque aumentado cada día con los oficiales y -soldados dispersos que de las costas aportaban a Cádiz, llegó a contar -a últimos de marzo de 14 a 15.000 hombres. [Sidenote: Inglesas.] -También los ingleses enviaron una división compuesta de soldados -suyos y portugueses. Pidió aquel socorro a Lord Wellington la junta de -Cádiz, por medio del cónsul británico y de Lord Burghest, que al efecto -partió a Lisboa antes que se supiese la venida a la isla del duque de -Alburquerque. Llegó a ascender en marzo esta fuerza auxiliar a unos -5000 hombres, reemplazando en el mismo mes en el mando de ella a su -primer jefe Stewart el general Sir Tomás Graham. La guardia de la plaza -de Cádiz se hacía en parte por la milicia urbana y por los voluntarios, -cuyos batallones de vistoso aspecto los formaban los vecinos honrados -y respetables de la ciudad, constando su número de unos 8000 hombres, -inclusos los que se levantaron extramuros y en la Isla de León, -servicio que, si bien penoso, era desempeñado con celo y patriotismo, y -que descargaba de mucha faena a las tropas regladas. - -[Sidenote: Fuerza marítima. Recio temporal en Cádiz.] - -Siendo esencial la marina para la defensa de posición tan costanera, -fondeaban en bahía una escuadra británica a las órdenes del almirante -Purvis, y otra española a las de Don Ignacio de Álava. Padecieron ambas -gran quebranto en un recio temporal acaecido en el 6 de marzo y días -siguientes: de la inglesa se perdió el navío portugués María, y de -la nuestra perecieron otros tres de línea, una fragata y una corbeta -de guerra con otros muchos mercantes. Los franceses se portaron en -aquel caso inhumanamente, pues en vez de ayudar a los desgraciados que -arrastraba a la costa la impetuosidad del viento, hiciéronles fuego con -bala roja. Varados los buques en la playa ardieron casi todos ellos. -No cesando por eso los preparativos de defensa, se armaron asimismo -fuerzas sutiles mandadas por Don Cayetano Valdés, que vimos herido allá -en Espinosa. Eran estas de grande utilidad, pues arrimándose a tierra e -internándose a marea alta por los caños de las salinas, flanqueaban al -enemigo y le incomodaban sin cesar. - -Cuando se supo que los franceses avanzaban, comenzose, aunque tarde, a -destruir y desmantelar todas las baterías y castillos que guarnecían -la costa desde Rota y se extendían bahía adentro por Santa Catalina, -Puerto de Santa María, río de San Pedro, Caño del Trocadero y Puerto -Real, pues Cádiz estaba más bien preparado para resistir las embestidas -de mar que las de tierra, siendo dificultoso vaticinar que tropas -francesas descolgándose del Pirineo y atravesando el suelo español se -dilatarían hasta las playas gaditanas. - -[Sidenote: Intiman los franceses la rendición.] - -Confiados los franceses en esto, en el descuido natural de los -españoles, y en el desánimo que produjo la invasión de las Andalucías, -miraban a Cádiz como suyo, y en ese concepto intimaron la rendición a -la ciudad y al ejército mandado por el duque de Alburquerque. Para el -primer paso se valieron de ciertos españoles parciales suyos que creían -gozar de opinión e influjo dentro de la plaza, los cuales el 6 de -febrero hicieron desde el Puerto de Santa María la indicada intimación. -La junta superior contestó a ella, con la misma fecha, sencilla y -dignamente, diciendo: «La ciudad de Cádiz, fiel a los principios que -ha jurado, no reconoce otro rey que al señor Don Fernando VII.» Aunque -más extensa, igualmente fue vigorosa y noble la respuesta que dio -sobre el mismo asunto al mariscal Soult el duque de Alburquerque. De -consiguiente, por ambos lados se trabajó desde entonces con grande -ahínco en las obras militares: los franceses, para abrigarse contra -nuestros ataques y molestarnos con sus fuegos; nosotros, para acabar de -poner la Isla gaditana en un estado inexpugnable. Así, pues, corrió el -mes de febrero sin choque ni suceso alguno notable. - -[Sidenote: La junta de Cádiz encargada del ramo de hacienda.] - -Tales y tan extensos medios de defensa pedían por parte de los -españoles recursos pecuniarios, y método y orden en su recaudación -y distribución. La regencia solo podía contar con las entradas del -distrito de Cádiz y con los caudales de América. Difícil era tener -aquellas si la junta no se prestaba a ello, y aún más difícil aumentar -sin su apoyo las contribuciones, no disfrutando el gobierno supremo -dentro de la ciudad de la misma confianza que los individuos de aquella -corporación, naturales del suelo gaditano o avecindados en él hacía -muchos años. - -Obvias reflexiones que sobre este asunto ocurrieron, y el triste estado -del erario promovieron la resolución de encargar a la junta superior -de Cádiz la dirección del ramo de hacienda. Desaprobaron muchos, -particularmente los rentistas, semejante determinación, y sin duda -a primera vista parecía extraño que el gobierno supremo se pusiera, -por decirlo así, bajo la tutoría de una autoridad subalterna. Pero -siendo la medida transitoria, deplorable la situación de la hacienda y -arraigados sus vicios, los bienes que resultaron aventajáronse a los -males, habiendo en los pagamentos mayor regularidad y justicia. Quizá -la junta mostrose a veces algún tanto mezquina, midiendo el orden del -estado por la encogida escala de un escritorio; mas el otro extremo de -que adolecía la administración pública perjudicaba con muchas creces -al interés bien entendido de la nación. [Sidenote: (* Ap. n. 11-4.)] -Adoptose en seguida, para la buena conformidad y mejor inteligencia, un -reglamento [*] que mereció en 31 de marzo la aprobación de la regencia. - -[Sidenote: Sus altercados con Alburquerque.] - -Ya antes, si bien no con tanta solemnidad, estaba encargada del -ramo de hacienda, habiéndose suscitado entre ella y varios jefes -militares, principalmente el duque de Alburquerque, desazones y agrios -altercados. Escuchó tal vez el último demasiadamente las quejas de los -subalternos avezados al desorden, y la junta no atendió del todo en -sus contestaciones al miramiento y respetos que se debían al duque. -[Sidenote: Deja este el mando del ejército y pasa a Londres.] Esto y -otros disgustos fueron parte para que dicho jefe dejase el mando del -ejército de la isla al acabar marzo, nombrándole la regencia embajador -en Londres. En aquella capital escribió más adelante un manifiesto -muy descomedido contra la junta de Cádiz, la cual, aunque en defensa -propia, replicó de un modo atrabilioso y descompuesto. Contestación que -causó en el pundonoroso carácter del duque tal impresión que a pocos -días perdió la razón y la vida; fin no debido a sus buenos servicios y -patriotismo. - -[Sidenote: Impone la junta nuevas contribuciones.] - -Entre no pocos afanes y obstáculos la junta de Cádiz continuó con celo -en el desempeño de su encargo. Impuso una contribución de cinco por -ciento de exportación a todos los géneros y mercadurías que saliesen de -Cádiz, y un veinte por ciento a los propietarios de casas, gravando -además en un diez a los inquilinos. Con estos y otros arbitrios, y -sobre todo con las remesas de América y buena inversión, no solo se -aseguraron los pagos en Cádiz y la isla, y se cubrieron todas las -atenciones, sino que también se enviaron socorros a las provincias. - -Afianzada así la defensa de aquellos dos puntos tan importantes, -convirtiéronse sus playas en baluarte incontrastable de la libertad -española. - -[Sidenote: José en Andalucía.] - -José había en todo este tiempo recorrido las ciudades y pueblos -principales de las Andalucías, recreándose tanto en su estancia que -la prolongó hasta entrado mayo. Cuidaba Soult del mando supremo -del ejército que apellidaron del mediodía, el cual constaba de -las fuerzas ya indicadas al hablar del paso de la Sierra Morena. -[Sidenote: Modo con que le reciben.] Acogieron los andaluces a José -mejor que los moradores de las demás partes del reino, y festejáronle -bastantemente, por cuyo buen recibimiento premió a muchos con destinos -y condecoraciones, y expidió varios decretos en favor de la enseñanza -y de la prosperidad de aquellos pueblos. Nombró para establecer su -gobierno y administración en las provincias recién conquistadas -comisarios regios, cuyas facultades a cada paso eran restringidas -por el predominio y arrogancia de los generales franceses. Manifestó -José en Sevilla su intención de convocar cortes en todo aquel año de -1810, para lo que en decreto de 18 de abril dispuso que se tomase -conocimiento exacto de la población de España. [Sidenote: Sus -providencias.] Por el mismo tiempo trató igualmente de arreglar el -gobierno interior de los pueblos, y distribuyó el reino en treinta y -ocho prefecturas, las cuales se dividían a su vez en subprefecturas y -municipalidades, remedando o más bien copiando, en esto y en lo demás -del decreto publicado al efecto, la administración departamental de -Francia. Providencia que, habiendo tomado arraigo, hubiera podido -mejorar la suerte de los pueblos; pero que en algunos no se estableció, -desapareciendo en los más lo benéfico de la medida con los continuos -desmanes de las tropas extranjeras. La milicia cívica, ya decretada por -José en julio de 1809, y en la que se negaban por lo general a entrar -los habitantes de otras partes, disgustó menos en Andalucía donde hubo -ciudades que se prestaron sin repugnancia a aquel servicio. - -Por ello, y por el modo con que en aquellos reinos había sido recibido -el intruso, motejaron acerbamente a sus habitadores los de las otras -provincias de España, tachando a aquellos naturales de hombres escasos -de patriotismo y de condición blanda y acomodaticia. Censura infundada, -porque las Andalucías, singularmente el reino de Granada, no solo -habían hecho grandes sacrificios en favor de la causa común, sino -que, igualmente al tiempo de la invasión, estuvieron muy dispuestos a -repelerla. Faltoles buena guía, estando abatidas y siendo de menguado -ánimo sus propias autoridades. Cierto es que en estas provincias era -mayor que en otras el número de indiferentes y de los que anhelaban -por sosiego, lo cual en gran parte pendía de que, atacado tarde aquel -suelo, considerábase a España como perdida, y también de que, habiendo -los habitantes sido de cerca testigos de los errores y aun injusticias -de los gobiernos nacionales, ignoraban los perjuicios y destrozos de la -irrupción y conquista extranjera, males que no habían por lo general -experimentado, como lo demás del reino. Desengañados pronto, empezaron -a rebullir, y las montañas de Ronda y otras comarcas mostraron no menos -bríos contra los invasores que las riberas del Llobregat y del Miño. - -[Sidenote: Vuelve a Madrid.] - -Las delicias y el temple de Andalucía, que recordaban a José su mansión -en Nápoles, hubieran tal vez diferido su vuelta a Madrid, si ciertas -resoluciones del gabinete de Francia no le hubiesen impelido a regresar -a la capital, en donde entró el 13 de mayo: resoluciones importantes, y -en cuyo examen nos ocuparemos luego que hayamos contado los movimientos -que hicieron los franceses en otras provincias de España, algunos de -los cuales concurrieron con los de las Andalucías. - -[Sidenote: Nueva invasión de Asturias.] - -Tales fueron los que ejecutaron sobre Asturias y Valencia, juntamente -con el sitio de Astorga. Tomó el primero a su cargo el general Bonnet. -Manteníase aquel principado como desguarnecido, después que, al mando -de Don Francisco Ballesteros, se alejó de sus montañas la flor de sus -tropas. Quedaban 4000 soldados escasos en la parte oriental, hacia -Colombres, y 2000 de reserva en las cercanías de Oviedo; sin contar -con unos 1000 hombres de Don Juan Díaz Porlier, quien antes de esta -invasión de Asturias, abriendo portillo por medio de los enemigos, -recorrió el país llano de Castilla, tocó en La Rioja, y divirtiendo -grandemente la atención de los franceses, tornó en seguida a buscar -abrigo en las asperezas de donde se había descolgado. Linaje de -empresas que perturbaban al enemigo, y diferían por lo menos, si no -trastrocaban, sus premeditados planes. - -[Sidenote: Llano Ponte.] - -Continuaban mandando en el principado el general Don Antonio Arce y -la junta nombrada por Romana; permaneciendo al frente de la línea de -Colombres D. Nicolás de Llano Ponte. Este, no más afortunado ahora -que lo había sido en la campaña de Vizcaya, cejó sin gran resistencia -cuando, en 25 de enero, le atacaron 6000 franceses a las órdenes del -general Bonnet. Los españoles, en verdad inferiores en número, solo -hubieran podido sacar ventaja de algunos sitios favorables por su -naturaleza. Forzaron los enemigos el puente de Purón, en donde nuestra -artillería, bien servida, les causó estrago. Llano Ponte replegose -precipitadamente hacia el Infiesto, y el general Arce con las demás -autoridades evacuaron a Oviedo, haciendo alto por de pronto en las -orillas del Nalón. - -[Sidenote: Porlier.] - -Alteró algún tanto el gozo de los invasores la intrepidez de Don Juan -Díaz Porlier, quien, noticioso de la irrupción francesa en Asturias, -metiose en lo interior del Principado, viniendo de las faldas -meridionales de sus montañas, en donde estaba apostado. Atacó por la -espalda las partidas sueltas de los enemigos, cogió a estos bastantes -prisioneros, y caminando la vuelta de la costa por Gijón y Avilés, -se situó descansadamente en Pravia, a la izquierda de las tropas y -dispersos que se habían retirado con el general Arce. Imitaron a -Porlier Don Federico Castañón y otros partidarios que se colocaron en -el camino real de León, por cuyo paraje con sus frecuentes acometidas -molestaban a los contrarios. - -[Sidenote: Entra Bonnet en Oviedo.] - -El general Bonnet ocupó a Oviedo el 30 de enero, de cuya ciudad, como -en la primera invasión, habían salido las familias más principales. -En esta entrada se portó aquel general con sobrada dureza, habiendo -ejecutado algunos actos inhumanos: amansose después y gobernó con -bastante justicia, en cuanto cabe al menos en un conquistador hostigado -incesantemente por una población enemiga. - -[Sidenote: Evacúa la ciudad.] - -A pocos días de estar en Oviedo, temeroso Bonnet de los movimientos de -Porlier y demás partidarios, desamparó la ciudad y se reconcentró en -la Pola de Siero. Confiados demasiadamente los jefes españoles con tan -repentina retirada, avanzaron de sus puestos del Nalón, se posesionaron -de Oviedo, y apostaron en el puente de Colloto la vanguardia mandada -por Don Pedro Bárcena. Los franceses, que no deseaban sino ver -reunidos a los nuestros, para acabar con ellos más fácilmente por la -superioridad que les daba en ordenada batalla su práctica y disciplina, -[Sidenote: Ocúpala de nuevo.] revolvieron el 14 de febrero sobre las -tropas españolas, y atropellándolo todo recuperaron a Oviedo y asomaron -el 15 a Peñaflor, en cuyo puente los detuvieron algunos paisanos, -[Sidenote: Castellar y defensa del Puente de Peñaflor.] mandados -animosamente por el oficial de estado mayor Don José Castellar, que ya -se señaló allá, en San Payo, y ahora quedó aquí herido. - -[Sidenote: Bárcena. Retíranse los españoles al Narcea.] - -Don Pedro Bárcena, volviendo también a reunir su gente, a la que se -agregaron otros dispersos, rechazó a los franceses en Puentes de Soto, -y se sostuvo allí algún tiempo. Pero al fin, amenazándole continuamente -enemigos numerosos, juzgó prudente recogerse a la línea del Narcea, -quedando solo sobre la izquierda, en Pravia, orillas del Nalón, Don -Juan Díaz Porlier. Encomendose entonces el mando del ejército de -operaciones al mencionado Bárcena, hombre sereno y de gran bizarría. -[Sidenote: Don Juan Moscoso.] Ayudaba en todo con sus consejos y -ejemplo el coronel Don Juan Moscoso, jefe de estado mayor, que en el -arte de la guerra era entendido y aun sabio. - -[Sidenote: El general Arce.] - -El general Arce, amilanado a la vista de los peligros de una invasión -que le cogía desprevenido, resolviose a dejar el mando de la provincia; -mas antes, con intento de poder alegar que estaba concluida la -comisión que le había llevado allí, determinó restablecer la junta -constitucional que Romana a su antojo había destruido, y para ello -ordenó que los concejos nombrasen, según lo hicieron, diputados que -concurriesen a formar la citada corporación; desmoronándose de este -modo la obra levantada por Romana, obra de desconcierto y arbitrariedad. - -[Sidenote: Conducta escandalosa de Arce y del consejero Leiva.] - -Como quiera que fuese loable la medida de Arce, mirose esta como nacida -de las circunstancias, más bien que del buen deseo de deshacer una -injusticia y de granjearse las voluntades de los asturianos. Dio fuerza -a la opinión que acerca de su partida enunciamos, el que dicho general -y su compañero de comisión, el consejero Leiva, se llevaron consigo, so -color de sueldos atrasados, 16.000 duros. Paso que debe severamente -condenarse en un tiempo en que el hacendado y hasta el hombre del -campo, se privaban de sus haberes por alimentar al soldado, a veces en -apuros y en extrema desdicha. - -[Sidenote: Nueva instalación de la junta general del Principado.] - -La nueva junta se instaló en Luarca el 4 de marzo, y no desmayando -con la ausencia de Don Antonio Arce, nombró en su lugar a Don José -Cienfuegos, general de la provincia e hijo suyo; formando al mismo -tiempo un consejo de guerra, con cuyo acuerdo se dirigiesen las -operaciones militares. - -[Sidenote: Auxilio de Galicia.] - -De Galicia llegó luego, en auxilio de Asturias, una corta división de -2000 hombres, con lo que, alentados los jefes, determinaron atacar el -19 de marzo a las tropas francesas. Hízose así acometiendo el grueso -de nuestra fuerza del lado del puente de Peñaflor al mismo tiempo que -se llamaba por la derecha la atención del enemigo, y que Porlier por -la izquierda, embarcándose en la costa, caía sobre las espaldas a -la orilla opuesta del Nalón. [Sidenote: Desampara Bonnet a Oviedo.] -Ejecutada con ventura la maniobra, evacuó Bonnet a Oviedo y no paró -hasta Cangas de Onís; así para reforzarse, como también para ir en -busca de acopios y pertrechos de guerra, que solo muy escoltados podían -llegar a su ejército. - -[Sidenote: Se enseñorea por tercera vez de la ciudad.] - -Con mayor circunspección que en la ocasión anterior se adelantaron -esta vez los nuestros, sacando además de Oviedo todos los útiles de -la fábrica de armas. Precaución tanto más oportuna, cuanto Bonnet -engrosado y de refresco tornó en breve y obligó a los nuestros a -retirarse, enseñoreándose por tercera vez de la capital el 29 del mismo -marzo. Los españoles se recogieron entonces a su antigua línea del -Nalón, poniendo su derecha en el Padrún, camino real de León, y su -izquierda en Pravia. - -Ni aun allí los dejaron quietos por largo tiempo los franceses, -teniendo que refugiarse, después de varios y reñidos choques, las tropas -de Asturias y Porlier a Tineo y Somiedo, y la división gallega al -Navia. Prosiguieron durante abril los reencuentros, sin que les fuese -dable a los enemigos dominar del todo el Principado. - -[Sidenote: Estado de Galicia.] - -La ocupación de este no se hubiera prolongado a haber puesto la junta -del reino de Galicia mayor esmero en cooperar a que se evacuase. -Dicha autoridad se hallaba instalada desde el mes de enero, y si bien -contaba entre sus individuos hombres de conocido celo e ilustración, -no desplegó sin embargo la conveniente energía, desaprovechando los -muchos recursos que ofrecía provincia tan populosa. Así, ni aumentó en -estos meses considerablemente su ejército, ni tampoco se atrevió al -principio a poner debido coto a los atrevimientos y oposición de la -junta subalterna de Betanzos, harto desmandada. - -[Sidenote: Alboroto del Ferrol. Muerte de Vargas.] - -Con las reyertas que de aquí y de otras partes nacían, no solo se -descuidaban los asuntos de la guerra, únicos entonces de urgencia, sino -que se dio margen a que en el mes de febrero gente aviesa suscitase -en el Ferrol un alboroto. Fue en él víctima del furor popular el -comandante de arsenales Don José María de Vargas, sirviendo de pretexto -para el motín los atrasos que se debían a la maestranza. Restablecido -el sosiego, formose causa a algunas personas, y castigose con el último -suplicio a una mujer del pueblo que se probó haber sido la que primero -acometió e hirió al desgraciado Vargas. - -La junta de Galicia, disculpándose además, para no ayudar a Asturias, -con los temores de que los franceses invadiesen su propio suelo por el -lado de Astorga, cuya ciudad amenazaban y sitiaron luego, desatendió -las reclamaciones de aquella provincia, ni convino tampoco en adoptar -la proposición que su junta le hizo de nombrar de acuerdo ambas -corporaciones un mismo jefe militar; puesto que la regencia a causa de -la distancia no podía con prontitud acudir al remedio de los males que -causaba la división. - -[Sidenote: Mahy, general de las tropas de aquel reino.] - -Solo el general Mahy, a quien se había confiado el mando superior de -las tropas de Galicia, procuró por sí y en cuanto pudo auxiliar al -principado. Mas el asedio de Astorga, y tener que cubrir el Bierzo, -obligábanle a permanecer en Lugo y Villafranca con las principales -fuerzas de su ejército, que eran poco considerables. - -[Sidenote: Sitio de Astorga.] - -No le incomodaron, sin embargo, tanto como temiera los franceses, -cuya mira se enderezaba a Portugal; habiéndolos también detenido la -defensa de Astorga, más porfiada de lo que permitía la flaqueza de sus -fortificaciones. Ciudad aquella antigua, nunca fue plaza en los tiempos -modernos, cercándola un muro viejo flanqueado de medios torreones. Tres -arrabales facilitaban su acceso, careciendo de foso, estacada y de -toda obra exterior. La población, antes de 600 vecinos, ahora menguada -con sus muchos padecimientos. En el intermedio que corrió desde el -anterior ataque del pasado octubre hasta el de esta primavera del año -de 1810, se trató de mejorar el estado de sus defensas, fortaleciendo -principalmente el arrabal de Reitibia con fosos, estacadas, cortaduras -y pozos de lobo. Se formaron cuadrillas de paisanos, y la guarnición -ascendía a unos 2800 hombres. Continuaba siendo gobernador Don José -María de Santocildes. - -En febrero estaban los franceses alojados en las riberas del Órbigo, -hacia donde los nuestros, para aumentar el repuesto de sus víveres, -extendían las correrías. El 11 del mes el general Loison, con 9000 -hombres y seis piezas de campaña, se presentó delante de la ciudad, -haciendo el 16 intimación de rendirse. Contestó a ella negativamente -Santocildes, y entonces el general francés se alejó de la plaza, sin -que por eso cesasen sus guerrillas de tirotearse diariamente con las -nuestras. Así se prosiguió hasta que el 21 de marzo pensaron los -franceses en formalizar el sitio. - -Habíase arrimado hacia aquella parte el general Junot, duque de -Abrantes, encargado del mando del 8.º cuerpo, vuelto a formar de nuevo, -y uno de los que habían de componer el ejército que Napoleón destinaba -contra los ingleses de Portugal. Habiéndose Santocildes opuesto a -recibir un pliego que Junot le expidiera, comenzó desde luego este -los trabajos del sitio. Impidieron su progreso los cercados, y aun -el 26 rechazaron una tentativa de los sitiadores sobre el arrabal de -Reitibia. Escaseaban los españoles de cañones, y los que había solo -eran de menor calibre; carecíase también de municiones; abundaba, -sí, el entusiasmo de la tropa y del paisanaje. Por ambos lados se -escaramuzaba sin cesar, manteniendo los sitiados la esperanza de ser -socorridos por el general Mahy, que permanecía en el Bierzo, cuyas -avenidas observaban atentamente los franceses, trabándose a veces pelea -entre unos y otros. - -Mientras tanto, concluida el 19 de abril la batería de brecha, -rompieron los enemigos el fuego en el siguiente día con piezas de -grueso calibre, y se dirigieron contra la puerta de Hierro, por donde -aportillaron el muro. Con las granadas se incendió la catedral, -quemándose parte de ella y varias casas contiguas. El vecindario y la -guarnición se defendían con serenidad y denuedo. Practicable a poco -tiempo la brecha, aunque Junot intimó por segunda vez la rendición, -amenazando pasar a cuchillo soldados y moradores, se desechó su -propuesta y se prepararon todos a repeler el asalto. Emprendiéronle -los enemigos, embistiendo a la misma sazón que la brecha abierta en -la puerta de Hierro, el arrabal de Reitibia. Duró el ataque desde la -mañana hasta después de oscurecido. Los sitiados rechazaron con el -mayor valor todas las acometidas sin que los franceses consiguiesen -entrar la ciudad. [Sidenote: Capitula.] Vecinos y militares se -mostraban resueltos a insistir en la defensa, mas desgraciadamente -era imposible. Ya no quedaban sino 24 tiros de cañón, pocos de fusil; -estando además desfogonadas las piezas y rotas sus cureñas. En tal -angustia, reunidas las autoridades, determinaron la entrega. Solo -en el ayuntamiento hubo un anciano de más de 60 años, y de nombre -el licenciado Costilla, [Sidenote: Licenciado Costilla.] imagen por -su esfuerzo de los antiguos varones de León, que levantándose de su -asiento prorrumpió en las siguientes y enérgicas palabras: «Muramos -como numantinos.» - -Decidida la rendición, se posesionaron los enemigos de Astorga el 22 -de abril, en virtud de capitulación honrosa. Computose la pérdida que -experimentamos en aquel sitio en 200 hombres; superior la de los -contrarios. - -De esta manera, los franceses de Castilla asegurando poco a poco su -flanco derecho, y teniendo en suspenso las provincias del norte -mientras José ocupaba las Andalucías, se disponían al propio tiempo, -según veremos en el libro próximo, a invadir a Portugal. - -[Sidenote: Aragón.] - -Por su lado Suchet trató en Aragón de llamar igualmente la atención -de los españoles moviéndose hacia Valencia. Antes había este general -ocupádose en sosegar su provincia y sobre todo Navarra, cuyo reino -bastantemente tranquilo en un principio, comenzó a rebullir en tanto -grado que con trabajo transitaban los correos franceses, y apenas -era reconocida la autoridad intrusa fuera de la plaza de Pamplona. -[Sidenote: Mina el mozo.] Mina el mozo causaba tamaña mudanza. -Obedecido por todas partes, y nunca descubierto ni vendido, dominaba la -comarca y aun obligó en enero al gobernador de Navarra a entrar con él -en tratos para el canje de prisioneros. - -Disgustado el gobierno francés con tener a sus puertas tan osado -enemigo, encomendó al general Suchet el restablecimiento de la -tranquilidad en Navarra. Burló Mina por algún tiempo con su diligencia -y maña los intentos de los franceses, y especialmente los del general -Harispe, encargado en particular de perseguirle. Acosado al fin, no -solo por este, sino también por tropas que se destacaron de hacia -Logroño, y otras que salieron de Pamplona, desbandó su gente y ocultó -sus armas, aguardando reunir de nuevo aquella luego que los enemigos -le dejasen algún respiro. La osadía de Mina era tal que, aun después, -yendo Suchet a Pamplona con objeto de arreglar la administración -francesa, bastante desordenada, disfrazose de paisano y se metió cerca -de Olite en un grupo deseoso de ver pasar en el tránsito al general su -contrario. Arrojo a que también impelía la seguridad con que era dado -recorrer la tierra a los españoles que guerreaban contra los franceses. - -[Sidenote: Expedición de Suchet sobre Valencia.] - -El general Suchet, compuestas las cosas de Navarra, y llegando allí -de Francia nuevas tropas, tornó a Aragón disponiéndose a invadir -el reino de Valencia. Proyecto que le fue indicado por el príncipe -de Neufchatel, quien, finalizada la campaña de Austria, volvió a -desempeñar el empleo de mayor general de los ejércitos franceses en -España, no obstante el mando en jefe dado al rey José: complicación de -supremacías que causaba, por decirlo de paso, encontradas resoluciones, -señaladamente en las provincias rayanas de Francia. Modificáronse, al -parecer, por otras posteriores las primeras insinuaciones que respecto -a Valencia había hecho el príncipe de Neufchatel; pero no pudiendo -tampoco las últimas calificarse de órdenes positivas, prefirió Suchet -someterse a una terminante y clara que recibió del intruso, escrita -en Córdoba el 27 de enero, según la cual se le prevenía que marchase -rápidamente la vuelta del Guadalaviar. No llegó el pliego a manos de -Suchet hasta el 15 de febrero, siendo dificultosa la travesía por -hormiguear los guerrilleros. - -Resuelto el general francés a la empresa, dejó en Aragón alguna -fuerza que amparase las comarcas más amenazadas por los partidarios, -y fortaleció varios puntos. Tres divisiones, en que se distribuían -las reliquias del ejército español de Aragón después de la dispersión -de Belchite, llamaban con particularidad su atención. Era una la que -estaba a las órdenes de Don Pedro Villacampa, situada cerca de Villel, -partido de Teruel, en un campo atrincherado, del que no sin trabajo la -desalojó el general polaco Chlopicki; otra, la que cubría la línea del -Algas, regida por Don Pedro García Navarro, que luego pasó a Cataluña; -y la última, la que andaba entre el Cinca y Segre a cargo de Don Felipe -Perena; divisiones todas no muy bien pertrechadas, pero que contaban -unos 13.000 hombres. - -Ascendiendo ahora el primer cuerpo enemigo, con los refuerzos venidos -de Francia, a 30.000 combatientes, érale a Suchet más fácil tener en -respeto a los aragoneses, asegurar las diversas comunicaciones y partir -a su expedición de Valencia, para la cual llevó de 12 a 14.000 soldados -escogidos. - -Empezó pues a realizar su plan, y el 25 de febrero llegó en persona a -Teruel. En consecuencia, el general Habert, con una columna de cerca de -5000 hombres, se dirigió el 27 sobre Morella, debiendo continuar por -San Mateo y la costa, y casi al propio tiempo, con la división de Laval -y la brigada de Paris, componiendo en todo unos 9000 soldados, partió -de Teruel, siguiendo la ruta de Segorbe, el mismo Suchet. Al ponerse -en marcha, recibió de París la orden por duplicado [habiendo sido -interceptada la primera] de desistir de la expedición de Valencia y -formalizar los sitios de Lérida y Mequinenza; pero tarde ya para variar -de rumbo, a pesar de la responsabilidad en que incurría, llevó adelante -su propósito. - -[Sidenote: Estado de este reino y de la ciudad.] - -La fama de la inminente invasión llegó muy en breve a la ciudad de -Valencia, en donde con el temor se desencadenaron las pasiones. El -general Don José Caro, en lugar de dirigirlas al único y laudable -fin de la defensa, fuese miedo, fuese deseo de satisfacer odios y -personales rivalidades, dio rienda suelta a todo linaje de excesos y -a enojosas venganzas. No compensó hasta cierto punto tan reprensible -conducta con activas y oportunas providencias militares: medio seguro -de reprimir los malévolos, y de tener en su favor la gran mayoría de -los honrados ciudadanos. Un año era corrido desde que Caro mandaba, y -ni se había fortificado Murviedro ni otros puntos importantes, ni el -ejército de línea se había aumentado más allá de 11.000 hombres. La -población en parte se encontraba armada, mas tan oportuna providencia -antes bien había nacido de la espontaneidad de los habitantes, que de -disposición enérgica de la autoridad superior; flojedad común a casi -todos los jefes y juntas de España, suplida, en cuanto era dado, por -el buen seso y ánimo de los naturales. - -En tanto, las dos columnas francesas avanzaban. La de Morella entró sin -resistencia en la villa y ocupó el castillo, abandonado por el coronel -Miedes. La de Teruel se aproximó a Alventosa, en donde la vanguardia -del ejército valenciano estaba colocada detrás del barranco por donde -corre el Mijares. Al principio, las guerrillas, capitaneadas por Don -José Lamar, alcanzaron ventajas; mas luego, recibida orden de Caro de -replegarse sobre Valencia, y al tiempo que los franceses trataban ya -de envolver la izquierda española, se retiraron los nuestros el 2 de -marzo sobradamente de prisa, pues dejaron abandonados cuatro cañones de -campaña. Entraron después los franceses en Segorbe, ciudad que pillaron -desamparada por los habitadores. - -Llegó el 3 a Murviedro el general Suchet, en donde se le juntó con su -columna el general Habert. No estando todavía fortificado aquel sitio, -que lo fue de la antigua y célebre Sagunto, se sometió la ciudad; -encaminándose en seguida a Valencia los enemigos, ya más gozosos por -comenzar a competir desde allí el cultivo del hombre con la lozanía de -la vegetación. - -Según se iban los franceses aproximando a la ciudad, crecía en ella la -fermentación, y más se desbocaba Don José Caro en cometer tropelías. -Envió a San Felipe de Játiva la junta superior, y creó una comisión -militar de policía, instrumento de sus venganzas. Cierto que para -ellas había un pretexto honroso en secretos tratos que el enemigo -mantenía dentro de Valencia; pero en vez de solo descargar sobre los -culpados la justicia de las leyes, arrestáronse indistintamente y para -satisfacer enemistades buenos y malos patriotas. - -[Sidenote: Malógrasele a Suchet su expedición.] - -En tal estado, presentáronse los franceses delante de Valencia el 5 de -marzo, estableciendo Suchet en el Puig su cuartel general. Ocuparon -fuera de los muros, y a la izquierda del Guadalaviar, el arrabal de -Murviedro, el colegio de San Pío V, el palacio real, el convento de la -Zaidía y otros, extendiéndose al Grao y su comarca en gran detrimento -de los pueblos. Intimó el 7 el general Suchet a Don José Caro la -rendición, quien en este caso respondió cual debía. Se mantuvo Suchet -hasta el 10 en las cercanías esperando a que estallase en su favor -dentro de la ciudad una conmoción, mas saliendo fallida su esperanza y -temeroso de las guerrillas que se formaban en su derredor, levantó el -campo en la noche del 10 al 11 y retrocedió por donde había venido. - -[Sidenote: Pozoblanco.] - -Grande algazara y justa alegría se manifestó en Valencia al saberse el -alejamiento del enemigo. Mas no por eso cesó Caro en sus persecuciones. -Varios de los presos, aunque inocentes, continuaron encarcelados, y -fue ahorcado el barón de Pozoblanco. Dudamos aún si este infeliz era o -no delincuente, y si en realidad había seguido correspondencia con el -enemigo. Natural de la isla de la Trinidad, unían en otro tiempo a él -y a Caro estrechos vínculos, que tuvieron principio cuando el último -visitaba como marino las costas americanas. Convirtiose después en odio -la antigua amistad, y se acusó a Caro de haber usado en aquel lance de -la potestad suprema no imparcial ni desapasionadamente. - -[Sidenote: Ventajas de los españoles en Aragón.] - -Suchet, al retirarse, se encontró con muchos paisanos armados que se -habían levantado a su espalda, y también con la noticia de que el reino -de Aragón, aprovechándose de su ausencia, comenzaba de nuevo a estar -muy movido. En efecto, Don Pedro Villacampa, revolviendo el 7 de marzo -sobre Teruel, había entrado la ciudad y obligado al coronel Plicque a -encerrarse con su guarnición en el seminario, ya de antes fortificado. -No contento aun así el español, había salido a esperar y cogido en la -venta de Malamadera, a corta distancia de Teruel, un convoy enemigo -procedente de Daroca. Apoderose de 4 piezas, de unos 200 hombres y de -muchas municiones. Otro tanto hizo por opuesto lado con una compañía -de polacos avanzada en Alventosa. El seminario, estrechado por los -nuestros y próximo a caer en sus manos, se libertó el 12 de marzo con -la llegada del ejército de Suchet, que forzó a Villacampa a alejarse. -D. Felipe Perena también por el Cinca había hecho sus correrías, -destruyendo en Fraga el puente y los atrincheramientos enemigos. - -El 17 volvió Suchet a Zaragoza, y quiso ante todo acabar con Mina -el mozo, que por su lado se había igualmente adelantado a las Cinco -Villas. Inquietó bastante este caudillo en aquellos días a los -franceses, [Sidenote: Cae prisionero Mina el mozo.] mas, perseguido en -Aragón por el gobernador de Jaca y el general Harispe, y en Navarra por -Dufour, cayó desgraciadamente el 31 en poder de los puestos franceses, -que al cogerle le maltrataron. Sin detención lleváronsele a Francia, -y le encerraron en el castillo de Vincennes, donde permaneció, como -tantos otros españoles, hasta 1814. [Sidenote: Sucédele su tío Espoz -y Mina.] Sucediole su tío, el renombrado Don Francisco Espoz y Mina, -quien con sus hechos y mejor fortuna oscureció las breves glorias de su -sobrino. - -Arregladas las cosas de Aragón, trató Suchet de cumplir con lo que se -le había mandado de París, sitiando a Lérida. No por eso estaba bajo su -dependencia Cataluña, encomendada al mariscal Augereau, dejando solo -a cargo del primero el asedio de las plazas que formaban, por decirlo -así, cordón entre aquel principado y las provincias rayanas. - -[Sidenote: Estado de Cataluña.] - -De luto había cubierto a Cataluña la caída de Gerona. Don Joaquín -Blake, por su parte, no admitiéndole la central la dejación que -repetidamente había hecho de su mando, se separó de autoridad propia -en 10 de diciembre de su ejército, poniendo interinamente a su cabeza -al marqués de Portago. Motivó semejante resolución haber aprobado la -central, contra el dictamen de dicho general, lo determinado por el -congreso catalán de levantar 40.000 hombres de somatén. Blake quería -crear cuerpos de línea y no reuniones informes de indisciplinados -paisanos. Pero los catalanes, apegados a su antigua manera de guerrear, -hallaron arrimo en el gobierno supremo, desatendiéndose las reflexiones -juiciosas y militares de Blake, quien, en medio de sus conocimientos, -no gozaba de popularidad a causa de su mala estrella. - -Ausente este general, no quedó Portago largo tiempo en el mando, pues -cayendo enfermo, dejó en su lugar a Don Jaime García Conde, sustituido -también en breve por el general más antiguo Don Juan Henestrosa. El -congreso catalán, después de expedir varias providencias en favor de la -defensa del principado, tomando para darlas más bien consejo de los -falsos conceptos del provincialismo que de atento e imparcial juicio, -se disolvió y quedó solo para el despacho de los negocios la junta -superior. - -El somatén que se había levantado no produjo el efecto que esperaban -los catalanes. Apareció tarde y al caer Gerona, y no queriendo tampoco -los partidos desprenderse de sus respectivos contingentes para -prestarse mutuo auxilio, faltó el necesario concierto. Permaneció en -Vic el grueso del ejército español, teniendo apostado en el Grao de -Olot un cuerpo volante. Clarós estaba hacia Besalú, y Rovira camino de -Figueras, ambos con bastante fuerza a causa de los somatenes que se -les agregaron. Para despejar el país y asegurar las comunicaciones con -Francia marcharon contra ellos los generales Souham y Verdier. Hubo -con este motivo varios reencuentros de los que se contaron algunos -favorables para los somatenes. En los mismos días, el enemigo, que de -todos lados acometía, hizo de Francia inútiles esfuerzos contra el -valle de Arán. - -Dispuso en seguida Augereau que 10.000 hombres suyos, yendo sobre Vic, -atacasen el ejército español. Trabáronse por aquella parte desde 1.º -de enero frecuentes y reñidos combates, honrosos para los españoles, -pues con fuerza inferior hicieron rostro a contrarios aguerridos. Pero -viendo los nuestros la superioridad de los franceses, celebraron el 12 -consejo de guerra y determinaron replegarse hacia Manresa y Tarrasa, -dejando en Tona una división, al mando del general Porta. [Sidenote: -Varias acciones.] Siguieron aun entonces las refriegas. Los franceses -entraron en Vic, y avanzando se encontraron con los nuestros el 14 y -15, siendo de notar la acción habida en Moya, en la que los generales -O’Donnell y Porta rechazaron a los enemigos, de los que perecieron más -de 200. El primero peleó con ventaja, hasta como soldado y cuerpo a -cuerpo. - -Urgíale en tanto al mariscal Augereau, aseguradas en algún modo sus -comunicaciones con Francia, abrir las de Barcelona, plaza que empezaba -a estar apurada por falta de bastimentos. Conveniente era para ello la -toma de Hostalrich, pero no cediendo el gobernador a las intimaciones, -[Sidenote: Bloqueo de Hostalrich.] Augereau, así que ocupó la villa, -dejó al coronel Mazzuchelli encargado de bloquear el castillo. Arrimó -también allí las fuerzas de Souham para alejar a los somatenes, y él en -persona dispúsose a marchar prontamente sobre Barcelona. - -La población de esta ciudad había disminuido, careciendo de trabajo -los fabricantes y sus operarios, y avergonzada la mocedad de no acudir -al llamamiento que por medio de su congreso y junta continuamente -les hacía la provincia. El general Duhesme mandaba, como antes en -Barcelona, y con frecuencia se veía obligado a ir en busca de víveres, -teniendo que atacar a los somatenes y a una división que siempre -permaneció en el Llobregat, cuyas fuerzas reunidas estrechaban la -plaza, acorralando a veces dentro de ella a las tropas francesas. - -[Sidenote: Va Augereau al socorro de Barcelona.] - -Augereau, aunque hostigado por las guerrillas, se adelantó con el -convoy y 9000 hombres, y Duhesme, seguido de unos 2000, salió de -Barcelona hasta Granollers a su encuentro. De hacia Tarrasa desembocó, -para interceptar el socorro, el marqués de Campoverde, al paso que -Orozco, comandante de la división del Llobregat, llamaba de aquel lado -la atención. - -[Sidenote: Descalabro de Duhesme en Santa Perpetua y en Mollet.] - -Campoverde atacó el 20 en Santa Perpetua a Duhesme, haciéndole 400 -prisioneros; juntósele después Porta, que acudió por Casteltersoll, -y ambos en Mollet cayeron sobre el 2.º escuadrón de coraceros y le -cogieron casi entero. Felizmente para la demás tropa del general -Duhesme, llegó a tiempo Augereau, libertando a un batallón que se -defendía en Granollers. En seguida pudieron los franceses sin obstáculo -meter el convoy en Barcelona. - -[Sidenote: Entra Augereau en Barcelona.] - -Aquel mariscal, cumpliendo de este modo con el principal objeto de su -expedición, quitó a Duhesme el gobierno de aquella plaza, nombró en su -lugar a Mathieu, y se replegó a Hostalrich, temiendo que de nuevo se le -estorbara el paso. - -[Sidenote: O’Donnell nombrado general de Cataluña.] - -Con tanta mayor razón se mostraba desconfiado, cuanto Don Enrique -O’Donnell iba a capitanear las tropas de Cataluña. Así lo ansiaba el -principado, y el 21 de enero se recibió la orden de la junta central, -a la sazón todavía existente, confiriendo a aquel general el mando -supremo. - -O’Donnell, mozo activo y valiente, codicioso de gloria aunque algo -atropellado, se había atraído las voluntades de los catalanes con su -adhesión a la causa de la independencia y su gran intrepidez, mostrada -ya en el primer cerco de Gerona. Ahora, autorizado, empezó a obrar con -diligencia y a mejorar la disciplina. Distribuyó igualmente su ejército -en nuevas brigadas y divisiones, reconcentrando el 6 de febrero en -Manresa casi toda la fuerza disponible. Solo dejó en Martorell y línea -del Llobregat la 3.ª división, a las órdenes del brigadier Martínez. - -[Sidenote: Ejército que junta.] - -El nuevo general llegó pronto a tener consigo 8000 infantes y 1000 -caballos bien dispuestos. El 14 de febrero atacó con feliz éxito a -los enemigos cerca de Moya, y el 19 se aproximó a Vic con ánimo de -desalojarlos. Siguió lo principal de su fuerza el camino que de Tona se -dirige a aquella ciudad, marchando una columna vía de San Cugat hasta -la altura del Vendrell, [Sidenote: Acción de Vic el 19 de febrero.] -donde se paró. A las nueve de la mañana la vanguardia, o sea cuerpo -volante mandado por Sarsfield, rompió el fuego. Una hora después -cundió por toda la línea, sostenido con tenacidad de ambas partes. -Mandaba a los franceses el general Souham. Carecían los nuestros de -cañones, no habiendo podido traerlos por lo fragoso de la tierra; no -más de dos tenían los contrarios. A las doce se reforzaron los últimos -con 2500 hombres que se les juntaron de Vic. Entonces O’Donnell, que -conservaba a sus inmediatas órdenes la división situada en las alturas -del Vendrell, bajó con ella al llano. Avivose el fuego y continuó -reciamente hasta las tres de la tarde, en cuya hora, flanqueado Porta, -que regía el ala izquierda, a pesar de los esfuerzos de O’Donnell -quedaron desbaratados los nuestros y se retiraron a Tona y Collsuspina. -Perdimos, entre muertos y heridos, 900 hombres, otros tantos -prisioneros; no fue corto el daño que experimentaron los franceses, -siendo reñida la acción aunque malograda para los españoles. - -[Sidenote: Pertinaz defensa de Hostalrich.] - -Aguardaba en el intermedio el mariscal Augereau a orillas del Tordera -refuerzos de Francia, y apretaba la división de Pino el bloqueo de -Hostalrich. Situado este castillo en una elevada cima, enseñorea -el camino de Barcelona, obstruyendo, de consiguiente, en tiempo -de guerra, las comunicaciones. Don Julián de Estrada, entonces -gobernador, resuelto a defenderle hasta el último trance, decía: «Hijo -Hostalrich de Gerona, debe imitar el ejemplo de su madre.» Cumplió -Estrada su palabra, desoyendo cuantas proposiciones se le hicieron de -acomodamiento. Desde el 13 de enero hasta el 20 del mes inmediato, -limitáronse los franceses a bloquear el castillo, mas en aquel día -comenzó horroroso bombardeo. - -[Sidenote: Socorre de nuevo Augereau a Barcelona.] - -Al propio tiempo fueron llegando a Augereau los refuerzos de Francia -que hicieron ascender su ejército al comenzar marzo a 30.000 -combatientes, sin contar la guarnición de Barcelona. Escasa nuevamente -esta plaza de medios, tuvo Augereau que volver a su socorro, y -consiguió, no obstante pérdidas y tropiezos, meter dentro un convoy. - -[Sidenote: Retírase O’Donnell a Tarragona.] - -Semejante movimiento obligó a O’Donnell a replegarse, mayormente -coincidiendo con la correría que por aquel tiempo hizo Suchet sobre -Valencia. El 21 entró en Tarragona el general español, y acampó en las -cercanías el grueso de su ejército. Juntósele la división aragonesa del -Algas, o sea de Tortosa, compuesta de unos 7000 hombres. No se estuvo -O’Donnell quieto allí sino que luego ejecutó otros movimientos. - -[Sidenote: Feliz ataque de D. Juan Caro.] - -Tal fue el que verificó al concluirse marzo, noticioso de que en -Villafranca de Panadés se alojaba un trozo bastante considerable de -franceses. Envió, pues, contra ellos a Don Juan Caro, asistido de -6000 hombres. Viendo los enemigos que los nuestros se aproximaban, -se encerraron en el cuartel de aquella villa, fuerte edificio sito a -la entrada, pero en breve, a pesar de su precaución y resistencia, -tuvieron que capitular, cayendo prisioneros 700 hombres. Portose Caro -con destreza y bizarría, y quedó herido. - -Sucediole en el mando Campoverde, quien marchó sobre Manresa para darse -la mano con Rovira, siendo el intento de O’Donnell distraer al enemigo, -y si era posible auxiliar a Hostalrich. El general Schwartz hacía por -aquellas partes frente a los somatenes, cuya tenacidad desconcertaba al -francés, y aun le causaba a veces descalabros. En principios de abril -tomó la resistencia tal incremento que, asustado Augereau, salió el -11 de Barcelona y se dirigió a Hostalrich, para impedir los socorros -que los españoles querían introducir en el castillo, como ya lo habían -conseguido una vez, guiados por el coronel Don Manuel Fernández -Villamil. - -[Sidenote: Evacúan los españoles a Hostalrich.] - -Sin embargo, todo ya era demás. La penuria del fuerte tocaba en su -último punto, faltando hasta el agua de los aljibes, única que surtía a -la guarnición. El bizarro gobernador, los oficiales y soldados habían -todos sobrellevado de un modo el más constante la escasez y miseria -que igualó, si no sobrepasó, la de Gerona. Mas desesperanzado Estrada -de recibir auxilio alguno, y prefiriendo correr los mayores riesgos a -capitular, resolvió salvarse con su gente de la que aún le quedaban -1200 hombres. A las diez de la noche del 12 púsose en movimiento, y -salió por el lado de poniente, descendiendo la colina de carrera. Cruzó -en seguida el camino real, y atravesando la huerta llegó, repelidos los -puestos franceses, a las montañas detrás de Masanas y a Arbucias. Mas -en aquel paraje, descarriado el valiente Estrada, tuvo la desgracia -de caer prisionero, con tres compañías. El resto, que ascendía a 800 -hombres, sacole a buen puerto el teniente coronel de artillería Don -Miguel López Baños, quien el 14 entró en Vic, ciudad libre entonces -de franceses. Estrada no se rindió sino después de viva refriega, y -Augereau, aunque incomodado con que se le escapase la mayor parte de -la guarnición, hizo alarde en gran manera de haberse hecho dueño de -su gobernador. [Sidenote: El mariscal Macdonald sucede a Augereau -en Cataluña.] De poco le sirvió tan feliz acaso, pues no tardó en -desgraciarse con Napoleón, quien nombró para sucederle al mariscal -Macdonald. Dícese que contribuyeron a su remoción quejas de Suchet, -desazonado porque no le ayudaba debidamente en sus empresas. - -[Sidenote: Parte Suchet a Lérida.] - -De estas, una de las principales era la que por entonces, y después de -su retirada de Valencia, intentaba contra Lérida, conformándose con -la orden que se le dio de París. Así después de dejar un tercio de -su fuerza en Aragón, a las órdenes del general Laval, se enderezó con -lo restante a Cataluña. Pero destruido por los españoles el puente -de Fraga, y estando de aquel lado próximo el castillo de Mequinenza, -prefirió Suchet al camino más directo, el de Alcubierre, y estableció -en Monzón sus almacenes y hospitales. - -[Sidenote: Entran sus tropas en Balaguer.] - -Se hallaba a la sazón en Balaguer Don Felipe Perena con alguna fuerza, -y aunque es ciudad en que no quedan sino reliquias de sus antiguos -muros, interesaba a los franceses su posesión a causa de un famoso -puente de piedra que tiene sobre el Segre. Atento a ello, ordenó Suchet -al general Habert que atacase a los españoles. Mas Perena, creyendo -ser desacuerdo resistir a fuerzas tan superiores, cejó a Lérida, y los -franceses entraron en Balaguer el 4 de abril. - -[Sidenote: Sitio de Lérida.] - -El 13 embistió Suchet aquella plaza. Asentada Lérida a la derecha del -Segre, río que también allí se cruza por hermoso puente, ha sido desde -tiempos remotos ciudad muy afamada. En sus alrededores acabó César con -Afranio y Petreyo, del partido pompeyano, y antes, cuando estos ocupaban -la ciudad, pasó aquel caudillo grandes angustias, acampado en la altura -en donde ahora se divisa el fuerte de Garden. En la defensa de este, -y sobre todo en la del castillo, colocado al extremo opuesto del lado -del norte, en la cumbre de un cerro, consiste la principal fortaleza de -Lérida, si bien ambos no se prestan entre sí grande ayuda. Muro sin -foso ni camino cubierto, parte con baluartes, parte con torreones, -rodea lo demás del recinto. Algunas obras nuevas se habían ejecutado, a -saber: una a la entrada del puente, y también dos reductos, llamados del -Pilar y San Fernando, en la meseta de Garden, en el paraje opuesto a la -plaza, fuera de cuyos muros está situado aquel fuerte. La población, que -ya ascendía a más de 12.000 almas, se hallaba aumentada con los paisanos -que del campo se habían refugiado dentro. Contaba la guarnición 8000 -hombres, inclusa la tropa de Perena. Mandaba como gobernador Don Jaime -García Conde. - -Todavía los franceses no habían empezado los trabajos del sitio, y ya -Don Enrique O’Donnell pensó en hacer levantarle, o por lo menos en -socorrer la plaza. Ignoraba su intento el general francés, por lo que -el 21 de abril avanzó este hasta Tárrega, temiendo solo a Campoverde, -que vimos se adelantara hacia Manresa; tanto sigilo guardaban los -catalanes, de rara y laudable fidelidad. - -[Sidenote: Desgraciada tentativa de O’Donnell para socorrer la plaza.] - -O’Donnell se había el día antes puesto en marcha con 6000 infantes -y 600 caballos, y el 22, sabiendo por el gobernador de Lérida que -parte del ejército francés se había alejado de la plaza, miró como -asegurada su empresa. Empezó, pues, O’Donnell en la mañana del 23 a -aproximarse a la ciudad, siguiendo el llano de Margalef, repartida -su fuerza en tres columnas, una más avanzada por el camino real, las -otras dos por los costados. Desgraciadamente, sabedor al fin Suchet de -la salida de O’Donnell de Tarragona, tornó de priesa hacia Lérida, y -tomó oportunas disposiciones para que se malograse el plan del general -español. Caminaba este confiado en su triunfo, cuando de repente se vio -arremetido por fuerzas considerables. El general Harispe trabó luego -pelea con la 1.ª columna, y Musnier, saliendo de Alcoletge, acometió -a la que iba por la derecha del camino. Los nuestros se desordenaron, -principalmente la caballería, arrollada por un regimiento de coraceros. -O’Donnell, aunque sobrecogido con tal contratiempo, pudo juntar parte -de su gente, y antes de anochecer retirarse con ella en buen orden -camino de Montblanch. La pérdida de las dos columnas atacadas fue sin -embargo considerable, quedando prisioneros batallones enteros. - -Los franceses, queriendo aprovecharse del terror que aquel descalabro -infundiría en los leridanos, embistieron en la misma noche los reductos -del fuerte de Garden. Dichosos los enemigos al principio en el ataque -del Pilar, salieron mal en el de San Fernando, teniendo que retirarse, -y aun evacuar el primero que ya habían ocupado. - -Al día siguiente tanteó el general Suchet el ánimo del gobernador, -proponiendo a este, para hacerle ver lo inútil de la defensa, que -enviase personas de su confianza que por sí mismos examinasen la -pérdida que en el día anterior habían los españoles padecido en -Margalef. La réplica de García Conde fue enérgica y concisa. «Señor -general, dijo, esta plaza nunca ha contado con el auxilio de ningún -ejército.» Lástima que a las palabras no correspondiesen los hechos, -como en Zaragoza y Gerona. - -Empezaron los franceses el 29 de abril los trabajos de trinchera, -escogiendo por frente de ataque el espacio que media entre el baluarte -de la Magdalena y el del Carmen, que era por donde embistió la plaza -el duque de Orleans en la guerra de sucesión. - -Los sitiados no repelieron con grande empeño los aproches del enemigo. -Así, esta defensa no fue larga ni digna de memoria. Merece, no obstante, -honrosa excepción la resistencia que hizo, en la noche del 12 al 13 de -mayo, el reducto de San Fernando, ya bien sostenido, como arriba hemos -dicho, en una primera acometida. En la última se defendió con tal -tenacidad que de 300 hombres que le guarnecían apenas sobrevivieron 60. - -Los franceses asaltaron el 13 del mismo mes la ciudad, y la entraron -sin tropezar con extraordinarios impedimentos. La guarnición se recogió -al castillo, en donde también se metieron casi todos los habitantes, -viendo que los acometedores no les daban cuartel. Crueldad ejecutada -de intento, para que hacinados muchos individuos en corto recinto -obligaran al gobernador a rendirse. Hubiera sin embargo García Conde -podido despejar aquella fortaleza echando fuera la gente inútil; pero -Suchet, para no desaprovechar la ocasión de acabar en breve el sitio, -empezó desde luego a tirar bombas, las cuales cayendo sobre tantas -personas apiñadas en reducido espacio, causaron en poco tiempo el -mayor estrago. [Sidenote: Entran los franceses en Lérida y ríndese su -castillo.] Blandeando el ánimo de García Conde con los lamentos de -mujeres, niños y ancianos, y forzado hasta cierto punto por la junta -corregimental, que creía que nada importaba la defensa del castillo si -la ciudad perecía, capituló el 14, habiendo los franceses concedido a -la guarnición los honores de la guerra. Ejemplo que siguió el fuerte -de Garden. Pérdida sensible la de Lérida, conquista que abría a los -invasores las comunicaciones entre Aragón y Cataluña. - -Tachose a García Conde de traidor, opinión que adquirió crédito con -haber después abrazado el partido del gobierno intruso. Lo cierto es -que era hombre de limitados alcances, y juzgamos que su conducta más -bien dimanó de esto y de fatal desdicha que de premeditada maldad. - -[Sidenote: También el fuerte de las Medas.] - -Por entonces, para que las desgracias vinieran juntas, ocuparon también -los franceses el fuerte de la isla de las Medas, al embocadero del Ter, -puesto importante malamente entregado por el gobernador español, Don -Agustín Cailleaux. - -Así iban de caída las cosas de Cataluña, no habiendo acontecido en lo -restante de mayo y en el inmediato junio sino acometidas parciales -de somatenes y guerrilleros, que siempre hostigaban al enemigo. Don -Enrique O’Donnell, molestado de sus heridas, dejó por unos pocos días -su puesto a Don Juan María de Villena. Contaba el ejército a pesar de -sus pérdidas 21.798 hombres, inclusas las guarniciones de las plazas, -entre las que Tarragona se miraba como la base de las operaciones. En -esta ciudad volvió O’Donnell a empuñar el 1.º de julio el bastón del -mando, con objeto de instalar allí el 17 del mismo mes un congreso -catalán, que de nuevo había convocado para reanimar el espíritu algo -abatido de los naturales, y buscar medio de oponerse con fuerza al -mariscal Macdonald, quien daba muestras de obrar activamente. - -[Sidenote: Sucesos de Aragón.] - -Por su parte el general Suchet, terminada la expedición de Lérida, -pensó en poner sitio a la plaza de Mequinenza. Mientras duró el de -la primera hubo muchos y parciales combates, ya en las comarcas -septentrionales de Cataluña que lindan con Aragón, y ya en Aragón -mismo. Aquí hizo contra los franceses de Alcañiz una tentativa -infructuosa Don Francisco de Palafox, destinado por la regencia a -aquellas partes, siendo más afortunado Don Pedro Villacampa en una -sorpresa que dio el 13 de mayo a los enemigos en Purroy, partido de -Calatayud, en donde cogió al comandante Petit con un convoy y más de -100 hombres. - -Las ventajas conseguidas por aquel caudillo irritaron a los franceses, -quienes desde el 14 de mayo se pusieron a perseguirle, partiendo de -Daroca el general Chlopicki. Fuese retirando Villacampa, y no paró -hasta Cuenca. Siguieron de cerca su huella los enemigos, sin llegar -a aquella ciudad, pero dejando rastra de su paso en Molina y demás -pueblos del camino. Diversos choques de menor importancia acaecieron -también en otros puntos de Aragón, porfiado pelear que cansaba -sobremanera a los franceses. - -[Sidenote: Sitio de Mequinenza.] - -Del 15 al 20 de mayo embistió el general Musnier la plaza de -Mequinenza, importante por su situación y necesaria para enseñorear -el Ebro. Villa esta de 1500 vecinos, estriba su principal defensa en -el castillo, antigua casa fuerte de los marqueses de Aytona, colocado -en lo alto de una elevada montaña, de áspera e inaccesible subida por -todos lados, excepto por el de poniente, que se dilata en planicie, -cuyo frente amparan un camino cubierto, foso y terraplén abaluartado -revestido de mampostería. Guarnecían la plaza 1200 hombres. Gobernábala, -como antes, el coronel Don Manuel Carbón, y dirigía la artillería Don -Pascual Antillón, ambos oficiales muy distinguidos. - -No tenía el castillo otros aproches sino los que ofrecía a la parte -occidental la planicie mencionada, y no era cosa fácil traer hasta -ella artillería. Pronto discurrió la diligencia francesa medio de -conseguirlo, abriendo desde Torriente y por la cima de las montañas -un camino que viniese a dar al punto indicado. Tuvieron los enemigos -concluida su obra el 1.º de junio, y en el intermedio no descuidaron -tomar en rededor y en ambas orillas del Ebro, y en las del Segre -su tributario, los puestos importantes. [Sidenote: La toman los -franceses.] Entraron los sitiadores la villa en la noche del 4 al 5, la -saquearon y prendieron fuego a muchas casas. Las tropas se refugiaron -en el castillo. El gobernador resistió allí cuanto pudo los ataques -de los franceses, mas, arruinadas ya las principales defensas y no -habiendo abrigo alguno contra los fuegos enemigos, se entregó el 8, -quedando la guarnición prisionera de guerra. - -[Sidenote: Toman también el castillo de Morella.] - -La víspera de la rendición había llegado a Mequinenza el general -Suchet, quien deseando sacar de su triunfo la mayor ventaja, despachó -dos horas después de la entrega al general Montmarie para que se -apoderase del castillo de Morella, lo que ejecutó dicho general sin -obstáculo el 13 de junio. Posesión que, aunque no tan importante como -la de Mequinenza, éralo bastante por estar situado aquel fuerte en -los confines de Aragón y Valencia, y porque así iban los franceses -preparándose a nuevas empresas, y afianzaban poco a poco y de un modo -sólido su dominación. - -[Sidenote: Cádiz.] - -No obstante, hallábase esta lejos de arraigarse. Los pueblos -continuaban casi por todas partes haciendo guerra a muerte a los -invasores, y la Isla gaditana, punto céntrico de la resistencia, no -solo mantenía la llama sagrada del patriotismo, sino que la fomentaba -procurando además acrecer y mejorar en su recinto las fortificaciones. - -[Sidenote: Toman los franceses a Matagorda.] - -De nada influyó para no llevar adelante semejante propósito la pérdida -de Matagorda, acaecida el 22 de abril. Situado aquel castillo no -lejos de la costa del caño del Trocadero, sostuviéronle con tenacidad -los ingleses, encargados de su defensa, y solo le abandonaron ya -convertido en ruinas. Luego mostró la experiencia lo poco que sus -fuegos perjudicaban a las comunicaciones por agua, y sus proyectiles a -la plaza. - -[Sidenote: Manda Blake el ejército de la Isla.] - -El mismo día de la evacuación del mencionado fuerte fondeó en bahía, -viniendo del reino de Murcia, Don Joaquín Blake, nombrado por la -regencia para suceder al de Alburquerque en el mando de la Isla -gaditana, cuyas fuerzas, sin contar las de los aliados ni la milicia -armada, ascendían de 17 a 18.000 hombres, engrosado el ejército con -los dispersos y reliquias que de la costa aportaban, y con nuevos -alistados, que acudían hasta de Galicia. A la llegada de Blake -considerose dicho ejército como parte integrante del denominado del -centro, que se alojaba en el reino de Murcia, repartiéndose entre -ambos puntos las divisiones en que se distribuía. - -[Sidenote: Trasládase a Cádiz la regencia.] - -El consejo de regencia trasladose el 29 de mayo de la Isla de León a -Cádiz, y escogió para su morada el vasto edificio de la aduana. Se le -reunió por aquellos días el obispo de Orense, que no había hasta el 26 -arribado al puerto, retardado su viaje por la distancia, ocupaciones -diocesanas y malos tiempos. - -[Sidenote: Varan en la costa dos pontones de prisioneros.] - -En este mes nada muy importante en lo militar avino en Cádiz, sino -el haber varado en la costa de enfrente los pontones _Castilla_ y -_Argonauta_, llenos de prisioneros franceses. Aprovecháronse los que -estaban a bordo del primero de un furioso huracán que sopló en la noche -del 15 al 16 para desamarrar el buque y dar a la costa; eran unos -700, los más oficiales. Imitáronlos el 26 los del _Argonauta_, 600 en -número, sin que pudiesen estorbar su desembarco nuestras baterías y -cañoneras. - -[Sidenote: Trato de estos.] - -Con este motivo han clamoreado muchos extranjeros, y lo que es más -raro, ingleses, contra el mal trato dado a los prisioneros, y sobre -todo contra la dureza de mantenerlos tanto tiempo en la estrechura de -unos pontones. Nos lastimamos del caso y reprobamos el hecho, pero -ocupadas o invadidas a cada paso las más de nuestras provincias, -imposible era para custodia de aquellos buscar dentro de la península -paraje seguro y acomodado. La Gran Bretaña, libre y poderosa, permitió -también que en pontones gimiesen largos años sus muchos prisioneros. -Quisiéramos que nuestro gobierno no hubiese seguido tan deplorable -ejemplo, dando así justa ocasión de censura a ciertos historiadores de -aquella nación, tan prontos a tachar excesos de otros como lentos en -advertir los que se cometen en su mismo suelo. - -[Sidenote: Pasan a las Baleares, su trato allí.] - -El gobierno español, sin embargo, había resuelto suavizar la suerte de -muchos de aquellos desgraciados, enviando a unos a las islas Canarias -y a otros a las Baleares. Dichosos los primeros, no cupo a los últimos -igual ventura. Alborotados contra ellos los habitantes de Mallorca y -Menorca, a causa de la relación que de las demasías del ejército francés -les venían de la península, necesario fue conducirlos a la isla de -Cabrera, siendo al embarco maltratados muchos, y aun algunos muertos. -Aquella isla al sur de Mallorca, si bien de sano temple y no escasa de -manantiales, estaba solo poblada de árboles bravíos sin otro albergue -más que el de un castillo. Suministráronse tiendas a los prisioneros, -pero no las bastantes para su abrigo, como tampoco instrumentos con -que pudiesen suplir la falta de casas, fabricando chozas. Unos 7000 de -ellos la ocuparon, y llegó a colmo su miseria, careciendo a veces hasta -del preciso sustento, ora por temporales que impedían o retardaban los -envíos, ora también por flojedad y descuido de las autoridades. Feo -borrón que no se limpia con haber en ello puesto al fin las cortes -conveniente remedio, ni menos con el bárbaro e inhumano trato que -al mismo tiempo daba el gobierno francés a muchos jefes e ilustres -españoles, sumidos en duras prisiones y castillos, pues nunca la -crueldad ajena disculpó la propia. - -[Sidenote: Resistencia en las Andalucías.] - -Entre tanto el gobierno español no solo atendió en su derredor a -la defensa de la Isla gaditana, sino que también pensó en divertir -la atención del enemigo, molestándole en las mismas Andalucías y -provincias aledañas. Dos de los puntos que para ello se presentaban -más cercanos e importantes, eran, al ocaso, el condado de Niebla, y -al levante, la Serranía de Ronda. El primero, además de ser tierra -costanera y en partes montuosa, respaldábase en Portugal, para cuya -invasión tenían los enemigos que prepararse de intento; y por lo que -respecta a Ronda, favorecía sus operaciones y alzamiento la vecina -e inexpugnable plaza de Gibraltar, depósito de grandes recursos, -principalmente de pertrechos de guerra. - -[Sidenote: Condado de Niebla.] - -La regencia, para dar mayor estímulo a la defensa, encargó el mando de -aquellos distritos a jefes de su confianza. Para el condado escogió -a Don Francisco de Copons y Navia, que permanecía en Cádiz después -que en febrero arribó allí con su división. Partió pues el general -nombrado, y el 14 de abril tomó el mando de aquel país, muy trabajado -con las vejaciones del enemigo, y solo defendido por unos 700 hombres, -remanente de cuerpos dispersos o situados en otras partes. Procuró -Copons unir y aumentar esta masa bastante informe, recoger los caudales -públicos, mantener libre la comunicación de la costa con Cádiz, y -hostigar con frecuencia a los franceses. Consiguió su objeto, si bien -con suerte varia, teniendo a veces que replegarse a Portugal. - -[Sidenote: Serranía de Ronda.] - -Del lado de Ronda la resistencia fue mayor, mas empeñada y duradera. -Partido occidental esta serranía de la provincia de Málaga, y -cordillera de montes elevados que arrancan desde cerca de Tarifa, -extendiéndose al este, se compone de muchos pueblos ricos en -producciones y dados al contrabando, a que los convida la vecindad -de Gibraltar. Sus moradores, avezados a prohibido tráfico, conocen -a palmos el terreno, sus angosturas y desfiladeros, sus cuevas, las -más escondidas, y teniendo a cada paso que lidiar con los aduaneros -y las tropas enviadas en persecución suya, están familiarizados con -riesgos que son imagen de los de la guerra. Empléanse las mujeres en -los trabajos del campo, y en otros no menos penosos inherentes a la -profesión de los hombres, y así son de robustos miembros y de condición -asemejada a la varonil. Llena, pues, de bríos población tan belicosa, y -previendo los obstáculos que recrecerían a su comercio si los franceses -afianzaban su imperio, rehusó someterse al yugo extranjero. - -Ya dieron aquellos habitantes señales de desasosiego al tiempo de -la ocupación de Sevilla. José pensó que los tranquilizaría con su -presencia y discursos, para lo cual pasó a Ronda antes de concluir -febrero. Satisfecho quizá de su excursión, o temiendo más bien otras -resultas, no se detuvo allí muchos días, dejando solamente alguna -fuerza y un gobernador con extensas facultades. Pero la autoridad del -francés redújose pronto a estrechos límites, ciñéndola a la ciudad la -insurrección de los serranos. Acaudillaron a estos varias cabezas, -siendo uno de los que más promovieron el alzamiento Don Andrés Ortiz -de Zárate, que los naturales denominaron el Pastor. - -El consejo de regencia, por su lado, envió de comandante al campo de -San Roque, cuyas líneas enfrente de Gibraltar se habían destruido, -de acuerdo con el gobernador inglés Campbell, a Don Adrián Jácome, -con encargo de recoger dispersos y de soplar el fuego en la serranía. -Hombre Jácome pacato e irresoluto, de poco sirvió a la buena causa. -Afortunadamente los serranos, siguiendo los ímpetus de su propio -instinto, solían a veces obrar con más acierto que algunos jefes que -presumían de entendidos. - -Al ánimo de aquellos debiose en breve que el levantamiento tomase tal -vuelo que ya el 12 de marzo se presentaron numerosas bandas delante de -Ronda, capitaneadas por Don Francisco González. Los franceses, viendo -el tropel de gente que venía sobre ellos, evacuaron de noche la ciudad -y se retiraron a Campillos. Penetraron luego los paisanos por las -calles de Ronda, y comenzó gran desorden, y aun hubo pillaje y otros -destrozos. Contuviéronlos algún tanto patriotas de influjo que llegaron -oportunamente. - -A poco se reforzaron también los enemigos con tropa que llevó de -Málaga el general Peyremont, y el 21 recobraron a Ronda. No permaneció -allí largo tiempo dicho general, pues entrada en su ausencia por -los paisanos la ciudad de Málaga, tuvo que volar a su socorro. La -guerra continuó por toda la sierra sin que los franceses pudiesen -solos dar un paso, y no transcurriendo día en que sus puestos no -fuesen inquietados. Formose en Jimena una junta, y nombró el gobierno -comandante del distrito a Don José Serrano Valdenebro, bajo la -inspección de Don Adrián Jácome. Creciendo los jefes, crecieron los -celos y las competencias, y se suscitaron trastornos y mudanzas. - -[Sidenote: D. José Romero: acción notable.] - -Por tristes que fuesen tales ocurrencias, inevitables en guerra de esta -clase, no por eso se cedía en la lucha, llevando a cumplido remate -proezas que recuerdan las del tiempo de la caballería. Fue una de las -más memorables la que avino en Montellano, pueblo de 4000 habitantes -inmediato a la sierra. Era alcalde Don José Romero, y ya el 14 de -abril, al frente del vecindario, había repelido de sus calles a 300 -franceses. Tornaron estos el 22, reforzados con otros 1000, para vengar -la primera afrenta. Encontraron a su paso obstáculos en Grazalema; -pero llegando al fin a Montellano tuvieron allí que vencer la braveza -de los moradores, lidiando con ellos de casa en casa. Impacientados -los franceses de tamaña obstinación recurrieron al espantoso medio de -incendiar el pueblo. Redujéronle casi todo él a pavesas, excepto el -campanario, en que se defendían unos cuantos paisanos, y la casa de -Romero. Este varón tan esforzado como Villandrando, haciendo de sus -hogares formidable palenque y ayudado de su mujer y sus hijos, continuó -por mucho tiempo con terrible puntería causando fiero estrago en los -enemigos, y tal que, no atreviéndose ya estos a acercarse, resolvieron -derribar a cañonazos paredes para ellos tan fatales. Grande entonces -el aprieto de Romero, inevitable fuera su ruina si no le salvara de -ella la repentina retirada de los franceses, que se alejaron temerosos -de gente que acudía de Puerto Serrano y otras partes. Libre Romero, -a duras penas pudo arrancársele de los escombros de Montellano, -respondiendo a las instancias que se le hacían: «Alcalde de esta villa, -este es mi puesto.» - -[Sidenote: Tarifa.] - -Imitaban al mismo tiempo en Tarifa la conducta de los serranos. No -habían los enemigos ocupado antes esta plaza, situada en el extremo -meridional de España, contentándose con sacar de ella raciones en -una ocasión en que se aproximaron a sus muros. Pudieran entonces -haberla fácilmente tomado, pero no juzgaron prudente exponerse a ello -sin mayores fuerzas. Los españoles después aumentaron los medios de -defensa, y aun vinieron en su ayuda algunos ingleses mandados por el -mayor Brown. Ignorábanlo los franceses, y el 21 de abril intentaron -entrar la plaza de rebate. Salioles mal la empresa, rechazados con -pérdida por el paisanaje y sus aliados. - -Vemos así cuánto distraían a los franceses las conmociones e incesante -guerrear de los puntos más inmediatos a Cádiz. Tampoco se los dejaba -tranquilos en otros más distantes de las mismas Andalucías, ya por la -parte de Murcia, en que permanecía el ejército del centro, ya por la de -Extremadura, en que estaba el de la izquierda. - -[Sidenote: Ejército del centro en Murcia.] - -Puesto aquel a últimos de enero, según queda referido, bajo las órdenes -del general Blake, fue creciendo y disciplinándose en cuanto las -circunstancias lo permitían, y fomentó con su presencia partidas que -se levantaron en las montañas del lado de Cazorla y Úbeda, y en las -Alpujarras. - -A principios de marzo, Don Joaquín Blake, con motivo de la entrada -de Suchet en el reino de Valencia, moviose hacia aquella parte; mas, -enterado luego de la retirada de los franceses, retrocedió a sus -cuarteles, volviendo a unirse al general Freire, a quien con alguna -tropa había dejado en la frontera de Granada. Entonces fue cuando Blake -recibió la orden de pasar a la Isla, quedando en ausencia suya Don -Manuel Freire al frente del ejército, cuya fuerza constaba de 12.000 -infantes y cerca de 2000 caballos, con 14 piezas de artillería. - -[Sidenote: Correría de Sebastiani en aquel reino.] - -Hizo a poco una correría la vuelta de aquel punto el general Sebastiani, -acompañado de 8000 hombres. Enderezose por Baza a Lorca, y Freire se -replegó sobre Alicante, metiendo en Cartagena la 3.ª división de su -ejército al mando de Don Pedro Otedo. Los franceses se adelantaron sin -oposición, y el 23 de abril se posesionaron de la ciudad de Murcia, -siendo aquella la vez primera que pisaban su suelo. Los vecinos de más -cuenta y las autoridades se habían ausentado la víspera. Sebastiani -anunció a su entrada que se respetarían las personas y las propiedades; -pero no se conformó su porte con tan solemnes promesas. - -[Sidenote: Su conducta.] - -En la mañana del 24 fue a la catedral, y después de mandar que se -llevase preso a un canónigo revestido con su traje de coro, hizo que se -interrumpiesen los divinos oficios, obligando al cabildo eclesiástico -a que inmediatamente se le presentase en el palacio episcopal. -Provenía su enojo de que no se le hubiese cumplimentado al presentarse -en la iglesia. Maltrató de palabra a los canónigos, y ordenó que en -el término de dos horas le entregasen todos sus fondos. Pidiéndole el -cabildo que por lo menos alargase el plazo a cuatro horas, respondió -altaneramente: «Un conquistador no deshace lo que una vez manda.» - -Con no menos despego y altivez trató Sebastiani a los individuos de -un ayuntamiento que se había formado interinamente. Reprendioles por -no haberle recibido con salvas de artillería y repique de campanas, -imponiendo al vecindario en castigo 100.000 duros, suma que a muchos -ruegos rebajó a la mitad. Tomaron además el general francés y los -suyos, no contando las raciones y otros suministros, todo el dinero de -los establecimientos públicos, y la plata y alhajas de los conventos, -sin que se libertasen del saqueo varias casas principales. - -[Sidenote: Evacúalo.] - -Esta correría ejecutada, al parecer, más bien con intento de esquilmar -el reino de Murcia, aún intacto de la rapacidad enemiga, que de -afianzar el imperio del intruso, fue muy pasajera. El 26 del mismo -abril ya todos los franceses habían evacuado la ciudad, y bien les -vino, empezando a reinar grande efervescencia en la huerta y contornos. -Idos los invasores, se ensañaron los paisanos en las personas y -haciendas de los que graduaron de afectos a los enemigos, y mataron -al corregidor interino Don Joaquín Elgueta, el cual había también -corrido gran peligro de parte de los franceses queriendo amparar a los -vecinos. ¡Triste y no merecida suerte! Mejor hubieran los murcianos -empleado sus puños en defenderse contra el común enemigo que haberse -manchado con la sangre inocente de sus conciudadanos. - -[Sidenote: Partidas de Cazorla y de las Alpujarras.] - -Envió después Freire la caballería y algunos infantes a la frontera -de Granada, quedándose él en Elche. Con tal apoyo, volvieron a -fomentarse las partidas por el lado de Cazorla, y por el opuesto de -las Alpujarras, y hubo muchos reencuentros entre ellas y cuerpos -destacados del enemigo, compuestos de 200 a 400 hombres. La conducta -de algunas tropas francesas contribuía también no poco a la irritación -de los habitantes, habiéndose mostrado feroces en Vélez Rubio y otros -pueblos, por lo que los vecinos defendían sus hogares de consuno, -tocando a rebato y a manera de leones bravos. En las Alpujarras, -ásperas pero deliciosas sierras, y en cuyas vertientes a la mar se dan -las producciones del trópico, señaláronse varios partidarios como Mena, -Villalobos, García y otros, aspirando los moradores, como ya en su -tiempo decía Mármol, a que se les tuviese por invencibles. - -[Sidenote: Extremadura: ejército de la izquierda.] - -Andaba también a veces la guerra bastante viva en la parte de las -Andalucías que linda con Extremadura. La junta de Badajoz, luego que -Mortier se retiró el 12 de febrero de enfrente de la plaza, puso gran -conato en derramar guerrillas hacia el reino de Sevilla y riberas del -Tajo. Caminó luego hacia las del Guadiana desde San Martín de Trevejo -el ejército de la izquierda, excepto la división de La Carrera, que -quedó apostada para impedir las comunicaciones entre Extremadura y -el país allende la Sierra de Baños. Este ejército, unido a la fuerza -que había en Badajoz, constaba de unos 26.000 infantes y de más de -2000 hombres de caballería, la mitad desmontados. [Sidenote: Romana.] -El marqués de la Romana le distribuyó colocando en su izquierda -cerca de Castelo de Vide y en Alburquerque, dos divisiones al mando -de Don Gabriel de Mendizábal y de Don Carlos O’Donnell [hermano de -Don Enrique] una, y su cuartel general en Badajoz mismo, y otras dos -a su derecha en Olivenza y camino de Monesterio, a las órdenes de los -generales Ballesteros [Sidenote: Ballesteros.] y Senén de Contreras. -Servía de arrimo al ejército de Romana, además de Badajoz, la plaza de -Elvas y otras no tan importantes que guarnecen ambas fronteras española -y portuguesa, en donde también había una división aliada que regía el -general Hill. Se trabaron así de ambas partes continuos choques, ya -que no batallas, y en algunos sostuvieron los españoles con ventaja -la gloria de nuestras armas. Ballesteros, por la derecha, fue quien más -lidió, siendo notables los combates de 25 y 26 de marzo en Santa Olalla -y el Ronquillo, los del 15 de abril y 26 de mayo en Zalamea y Aracena, -junto con los de Burguillos y Monesterio que se dieron al finalizar -junio, todos contra las tropas del mariscal Mortier. Era el principal -campo de Ballesteros y su acogida el país montuoso que se eleva entre -Extremadura, Portugal y reino de Sevilla, desde donde igualmente se -daba la mano con los españoles del condado de Niebla. Sus servicios -fueron dignos de loa, si bien a veces ponderaba sobradamente sus -hechos. - -[Sidenote: Don Carlos O’Donnell.] - -Don Carlos O’Donnell no dejaba tampoco de hostigar al enemigo por el -lado izquierdo. Tenía allí que habérselas con el 2.º cuerpo, a cargo -del general Reynier, quien, en principios de marzo, viniendo del -Tajo, sentó sus reales en Mérida. [Sidenote: Varias refriegas.] Se -escaramuzó con frecuencia entre unos y otros, y Reynier también hacía -correrías contra las demás divisiones españolas, formalizándose en -ocasiones las refriegas. Tal fue la que se trabó en 5 de julio entre él -y los jefes Imaz y Morillo, en Jerez de los Caballeros: los españoles -se defendieron desde por la mañana hasta la caída de la tarde, y se -retiraron con orden cediendo solo al número. Permaneció Reynier en -aquellas partes hasta el 12 de julio, en cuyo tiempo repasó el Tajo -aproximándose a los cuerpos de su nación que iban a emprender, camino -de Ciudad Rodrigo, la conquista de Portugal. Observole en su marcha, -moviéndose paralelamente, la división del general Hill. - -Siguió haciendo siempre la guerra en el mediodía de Extremadura el -cuerpo del mariscal Mortier; mas este jefe, disgustado con Soult, -anhelaba por alejarse, y aun pidió licencia para volver a Francia. - -[Sidenote: Decreto de Soult de 9 de mayo.] - -Molestaba la pertinaz resistencia de los españoles al mariscal Soult en -tanto grado que con nombre de reglamento dio el 9 de mayo un decreto -ajeno de naciones cultas. En su contexto notábase, entre otras bárbaras -disposiciones, una que se aventajaba a todas concebida en estos -términos: «No hay ningún ejército español, fuera del de S. M. C. Don -José Napoleón; así, todas las partidas que existan en las provincias, -cualquiera que sea su número, y sea quien fuere su comandante, serán -tratadas como reuniones de bandidos... Todos los individuos de estas -compañías que se cogieren con las armas en la mano, serán al punto -juzgados por el preboste y fusilados; sus cadáveres quedarán expuestos -en los caminos públicos.» - -Así quería tratar el mariscal Soult a generales y oficiales, así a -soldados, cuyos pechos quizá estaban cubiertos de honrosas cicatrices, -así a los que vencieron en Bailén y Tamames, confundiéndolos con -forajidos. La regencia del reino tardó algún tiempo en darse por -entendida de tan feroz decreto con la esperanza de que nunca se -llevaría a efecto. [Sidenote: Otro en respuesta de la regencia de -España.] Pero, víctimas de él algunos españoles, publicó al fin en -contraposición otro en 15 de agosto, expresando que por cada español -que así pereciese, se ahorcarían tres franceses; y que «mientras -el duque de Dalmacia no reformase su sanguinario decreto... sería -considerado personalmente como indigno de la protección del derecho -de gentes, y tratado como un bandido si cayese en poder de las tropas -españolas.» Dolorosa y terrible represalia, pero que contuvo al -mariscal Soult en su desacordado enojo. - -[Sidenote: Decreto de Napoleón sobre gobiernos militares.] - -Entibiaban tales providencias las voluntades aun de los más afectos -al gobierno intruso, coadyuvando también a ello en gran manera los -yerros que Napoleón prosiguió cometiendo en su aciaga empresa contra -la península. De los mayores, por aquel tiempo, fue un decreto que -dio en 8 de febrero,[*] [Sidenote: (* Ap. n. 11-5.)] según el cual -se establecían en varias provincias de España gobiernos militares. -Encubríase el verdadero intento so capa de que, careciendo de energía -la administración de José, era preciso emplear un medio directo -para sacar los recursos del país, y evitar así la ruina del erario -de Francia, exhausto con las enormes sumas que costaba el ejército -de España. Todos, empero, columbraron en semejante resolución el -pensamiento de incorporar al imperio francés las provincias de la -orilla izquierda del Ebro, y aun otras si las circunstancias lo -permitiesen. - -El tenor mismo del decreto lo daba casi a entender. Cataluña, Aragón, -Navarra y Vizcaya se ponían bajo el gobierno de los generales -franceses, los cuales, entendiéndose solo para las operaciones -militares con el estado mayor del ejército de España, debían «en cuanto -a la administración interior y policía, rentas, justicia, nombramiento -de empleados y todo género de reglamentos, entenderse con el emperador -por medio del príncipe de Neufchatel, mayor general.» Igualmente los -productos y rentas ordinarias y extraordinarias de todas las provincias -de Castilla la Vieja, reino de León y Asturias, se destinaban a la -manutención y sueldos de las tropas francesas, previniéndose que con -sus entradas hubiera bastante para cubrir dichas atenciones. - -[Sidenote: Une a su imperio los Estados Pontificios y la Holanda.] - -Ya que tales providencias no hubiesen por sí mostrado a las claras -el objeto de Napoleón, los procedimientos de este a la propia sazón -respecto de otras naciones de Europa, probaban con evidencia que -su ambición no conocía límites. Los estados del papa, en virtud de -un senado-consulto, se unieron a la Francia, declarando a Roma -segunda ciudad del imperio, y dando el título de rey suyo al que -fuese heredero imperial. Debían además los emperadores franceses -coronarse en adelante en la iglesia de San Pedro, después de haberlo -sido en la de _Notre Dame_ de París. El senado-consulto, ostentoso -en sus términos, anunciaba el renacimiento del imperio de occidente, -y decía: «mil años después de Carlomagno se acuñará una medalla con -la inscripción _Renovatio imperii_.» Agregose también a la Francia -en este año la Holanda, aunque regida por un hermano de Napoleón, y -ocupó su territorio un ejército francés, imaginando el emperador, en -su desvarío, pues no merece otro nombre, que países tan diversos en -idioma y costumbres, tan distantes unos de otros, y cuya voluntad no -era consultada para tan monstruosa asociación, pudieran largo tiempo -permanecer unidos a un imperio cimentado solo en la vida de un hombre. - -En España, muy en breve se empezaron a sentir las consecuencias del -establecimiento de los gobiernos militares. Procuró ocultar aquella -medida, en tanto que pudo, el gabinete de José, conociendo su mal -influjo. Los generales franceses, aun en las provincias no comprendidas -en el decreto, «dispusieron luego a su arbitrio [*] [Sidenote: (* Ap. -n. 11-6.)] [como afirman Azanza y Ofarrill], o sin otra dependencia -directa que la del emperador, de todos los recursos del país. Por -consecuencia de esto, las facultades del rey José [añaden los mismos] -fueron disminuyendo hasta quedarse en una mera sombra de autoridad.» - -[Sidenote: Inútil embajada a París de Azanza.] - -Sumamente incomodó a José la inoportuna y arbitraria resolución de -su hermano, concebida en menoscabo de su poder y aun en desprecio de -su persona. Trastornáronse también los ánimos de los españoles, sus -adherentes, quienes además de ver en tal desacuerdo la prolongación de -la guerra, dolíanse de que España pudiese como nación desaparecer de -la lista de las de Europa. Porque entre los de este bando, no obstante -sus compromisos, conservaban muchos el noble deseo de que su patria se -mantuviese intacta y floreciente. - -Menester pues era que por parte de ellos se pusiese gran conato en que -el emperador revocase su decreto. Creyeron así oportuno enviar a París -una persona escogida y de toda confianza, y nadie les pareció más al -caso que Don Miguel José de Azanza, conocido de Napoleón ya en Bayona, -y ministro de genio suave y de índole conciliadora.[*] [Sidenote: (* -Ap. n. 11-7.)] Hemos leído la correspondencia que con este motivo -siguió Azanza; y nada mejor que ella prueba el desdén y desprecio con -que trataba al de Madrid el gabinete de Francia. - -En principios de mayo llegó a París como embajador extraordinario -el mencionado Don Miguel. Tardó en presentar sus credenciales, y a -mediados de junio de vuelta ya Napoleón desde 1.º del mes de un viaje -a la Bélgica, no había aún tenido el ministro español ocasión de ver -al emperador más que una vez cuando le presentaron. Pasados algunos -días mirábase Azanza como muy dichoso solo porque _ya le hablaban_ -[*] [Sidenote: (* Ap. n. 11-8.)] [son sus palabras]. Satisfacción -poco duradera y de ninguna resulta. Prolongó su estancia en París -hasta octubre, y nada logró, como tampoco el marqués de Almenara que -de Madrid corrió en su auxilio por el mes de agosto. Hubo momentos en -que ambos vivieron muy esperanzados; hubo otros en que por lo menos -creyeron que se daría a España en trueque de las provincias del Ebro -el reino de Portugal: ilusiones que al fin se desvanecieron diciendo -Azanza al rey José en uno de sus últimos oficios [24 de septiembre]:[*] -[Sidenote: (* Ap. n. 11-9.)] «El duque de Cadore [Champagny], en una -conferencia que tuvimos el miércoles, nos dijo expresamente que el -emperador exigía la cesión de las provincias de más acá del Ebro por -indemnización de lo que la Francia ha gastado y gastará en gente y -dinero para la conquista de España. No se trata de darnos a Portugal en -compensación. El emperador no se contenta con retener las provincias de -más acá del Ebro, quiere que le sean cedidas.» - -Fuéronse, por lo mismo, estas organizando a la manera de Francia -en cuanto permitían las vicisitudes de la guerra, y cierto que la -providencia de su incorporación al imperio se hubiera mantenido -inalterable si las armas no hubieran trastrocado los designios de -Napoleón. Suerte aquella fácil de prever después de los acontecimientos -de Bayona en 1808, según los cuales, y atendiendo a la ambición y -poderío del emperador de los franceses, necesariamente el gobierno -de José, privado de voluntad propia, tenía que sujetarse a fatal -servidumbre de nación extraña. - -[Sidenote: Tentativa para libertar al rey Fernando. (* Ap. n. 11-10.)] - -En una de las primeras cartas de la citada correspondencia [*] de Don -Miguel de Azanza, háblase de un suceso que por entonces hizo gran ruido -en Francia, y cuyo relato también es de nuestra incumbencia. Fue pues -una tentativa hecha en vano para que pudiese el rey Fernando escaparse -de Valençay. Habíanse propuesto varios de estos planes al gobierno -español, los cuales no adoptó este por inasequibles, o por lo menos no -tuvieron resulta. En la actual ocasión, tomó origen semejante proyecto -en el gabinete británico, siendo móvil y principal actor el barón de -Kolly, empleado ya antes en otras comisiones secretas. Muchos han -tenido a este por irlandés, y así lo declaró él mismo; pero el general -Savary, bien enterado de tales negocios, nos ha asegurado que era -francés y de la Borgoña. - -[Sidenote: Barón de Kolly.] - -Kolly pasó a Inglaterra para ponerse de acuerdo con aquel ministerio, -del que era individuo el marqués de Wellesley, después de su vuelta de -España. Diéronsele a Kolly los medios necesarios para el logro de su -empresa y papeles que acreditasen su persona y comprobasen la veracidad -de sus asertos. Desembarcó en la bahía de Quiberon, acercándose también -a la costa una escuadrilla inglesa destinada a tomar a su bordo a -Fernando. En seguida partió Kolly a París para dar comienzo a la -ejecución de su plan, de difícil éxito, ya por la extrema vigilancia -del gobierno francés, ya por el poco ánimo que para evadirse tenían el -rey y los infantes. - -[Sidenote: Vida de los príncipes en Valençay.] - -No hemos hablado de aquellos príncipes después de su confinamiento -en Valençay. Su estancia no había hasta ahora ofrecido hecho alguno -notable. Apenas en su vida diaria se habían desviado de la monótona y -triste que llevaban en la corte de España. Divertíanse a veces en obras -de manos, particularmente el infante Don Antonio, muy aficionado a las -de torno, y de cuando en cuando la princesa de Talleyrand los distraía -con saraos u otros entretenimientos. No les agradaba mucho la lectura y -como en la biblioteca del palacio se veían libros que, en el concepto -del citado infante, eran peligrosos, permanecía este continuamente en -acecho para impedir que sus sobrinos entrasen en aposentos henchidos a -su entender de oculta ponzoña. Así nos lo ha contado el mismo príncipe -de Talleyrand. Salían poco del circuito del palacio y las más veces -en coche, llegando a punto la desconfianza de la policía francesa que, -con tretas indignas de todo gobierno, casi siempre les estorbaba el -ejercicio de a caballo. - -La familia que los acompañó en su destierro antes de cumplirse el -año fue separada de su lado, y confinados algunos de sus individuos -a varias ciudades de Francia, entre ellos el duque de San Carlos y -Escóiquiz. Quedó solo Don Juan Amézaga, pariente del último, hombre -con apariencias de honrado, de ocultos manejos, y harto villano para -hacerse confidente y espía de la policía francesa. - -[Sidenote: Préndese a Kolly.] - -En tal situación y con tantas trabas, dificultoso era acercarse a los -príncipes sin ser descubierto, y más que todo llevar a feliz término el -proyecto mencionado. Ni tanto se necesitó para que se malograse. Kolly, -a pocos días de llegar a París, fue preso, habiendo sido vendido por -un pseudo-realista, y por un tal Richard, de quien se había fiado. -Metiéronle en Vincennes el 24 de marzo, y no tardó en tener un coloquio -con Fouché, ministro de la policía general. Admirábase este de que -hombres de buen seso hubiesen emprendido semejante tentativa, imposible -[decía] de realizarse, no solo por las dificultades que en sí misma -ofrecía, sino también porque Fernando no hubiera consentido en su fuga. - -[Sidenote: Insidiosa conducta de la policía francesa.] - -Sin embargo, aunque estuviese de ello bien persuadida la policía -francesa, quisieron sus empleados asegurarse aún más, ya fuera para -sondear el ánimo de los príncipes, o ya quizá para tener motivo de -tomar con sus personas alguna medida rigurosa. En consecuencia, se -propuso a Kolly el ir a Valençay y hablar a Fernando de su proyecto, -dorando la policía lo infame de tal comisión con el pretexto de que -así se desengañaría Kolly, y vería cuál era la verdadera voluntad del -príncipe. Prometiósele en recompensa la vida y asegurar la suerte de -sus hijos. Desechó honradamente Kolly propuesta tan insidiosa e inicua, -y de resultas volviéronle a Vincennes donde continuó encerrado hasta la -caída de Napoleón, siendo de admirar no pasase más allá su castigo. - -La policía, no obstante la repulsa del barón, no desistió de su -intento, y queriendo probar fortuna, envió a Valençay al bellaco de -Richard, haciéndole pasar por el mismo Kolly. Abocose primero en 6 de -abril con Amézaga el disfrazado espía; mas los príncipes, rehusando dar -oídos a la proposición, denunciaron a Richard, como emisario inglés, -al gobernador de Valençay Mr. Berthemy, ora porque en realidad no se -atrevieran a arrostrar los peligros de la huida, ora más bien porque -sospecharan ser Richard un echadizo de la policía. Terminose aquí -este negocio, en el que no se sabe si fue más de maravillar la osadía -de Kolly, o la confianza del gobierno inglés en que saliera bien una -empresa rodeada de tantas dificultades y escollos. - -[Sidenote: Cartas de Fernando.] - -Publicose en el _Monitor_, con la mira sin duda de desacreditar a -Fernando, una relación del hecho acompañada de documentos, y antes en -el mismo año se habían ya publicado otros, de que insertamos parte en -un apéndice de los libros anteriores. Entre aquellos de que aún no -hemos hablado, pareció notable una carta [Sidenote: (* Ap. n. 11-11.)] -que Fernando había escrito a Napoleón en 6 de agosto de 1809,[*] -felicitándole por sus victorias. Notable también fue otra de 4 de -abril de 1810,[*] [Sidenote: (* Ap. n. 11-12.)] del mismo príncipe a -Mr. Berthemy, en que decía: «lo que ahora ocupa mi atención es para -mí un objeto del mayor interés. Mi mayor deseo es ser hijo adoptivo -de S. M. el emperador, nuestro soberano. Yo me creo merecedor de esta -adopción que verdaderamente haría la felicidad de mi vida, tanto por -mi amor y afecto a la sagrada persona de S. M., como por mi sumisión y -entera obediencia a sus intenciones y deseos.» No se esparcían mucho -por España estos papeles, y aun los que los leían considerábanlos como -pérfido invento de Napoleón. A no ser así, ¡qué terrible contraste -no hubiera resaltado entre la conducta del rey, y el heroísmo de la -nación! - - - - - RESUMEN - DEL - LIBRO DUODÉCIMO. - - -_Ejército francés que se destina a Portugal. Mariscal Massena, general -en jefe. — Sitio de Ciudad Rodrigo. — Herrasti, su gobernador. — -Situación de Wellington. — Don Julián Sánchez. — Capitula la plaza. — -Gloriosa defensa. — Clamores contra los ingleses por no haber socorrido -la plaza. — Excursión de los franceses hacia Astorga y Alcañices. — -Toman la Puebla de Sanabria. — La pierden. — La ocupan de nuevo. — -Campaña de Portugal. — Estado de este reino y de su gobierno. — Plan de -Lord Wellington. — Fuerza que mandaba. — Subsidios que da Inglaterra. -— Posición de Wellington. Devastación del país. — Líneas de Torres -Vedras. — Dicho de Wellington a Álava. — Preparativos y fuerza de -los franceses. — Escaramuzas. Fuerte de la Concepción. — Combate -del Coa. — Sitio de Almeida. — Vuélase. — Capitula. — Proscripciones -y prisiones en Lisboa. — Temores de los ingleses. — Repliégase -Wellington. — Dificultades que tiene Massena. — Aguíjale Napoleón. -— Empieza Massena la invasión. — Posición de Wellington y medidas -que toma. — Descripción del valle de Mondego. — Distribución de los -cuerpos de Massena. — Muévese sobre Celórico y Viseo. — Entran sus -avanzadas en Viseo. — Continúa Wellington su retirada. — Ataca Trant -la artillería y equipajes franceses. — Detiénese Wellington en Buçaco. -— Acción de Buçaco. — Cruza Massena la sierra de Caramula. — Los -franceses en Coimbra. — Condeixa. — Desórdenes en el ejército inglés. -— Sorprende Trant a los franceses de Coimbra. — Alcoentre. — Alenquer. -— Los ingleses en las líneas. — Massena no las ataca. — Formidable -fuerza y posición de Wellington. — Únesele con dos divisiones Romana. -— Moléstase también al enemigo fuera de las líneas. — Don Carlos de -España. — Situación crítica de los franceses. — Galicia. — Asturias. -— Expediciones de Porlier por la costa. — Extremadura. — Refriega en -Cantaelgallo. — En Fuente de Cantos. — Expedición de Lacy a Ronda. — Al -condado de Niebla. — Situación de esta comarca. — Operaciones en Cádiz. -— Fuerza sutil de los enemigos. — Fuerzas de los aliados en Cádiz y la -Isla. — Blake en Murcia. — Sebastiani se dirige a Murcia. — Medidas -que toma Blake. — Se retira Sebastiani. — Insurrecciones en el reino -de Granada. — Expedición contra Fuengirola y Málaga. — Avanza Blake a -Granada. — Acción de Baza, 3 de noviembre. — Provincias de Levante. — -Valencia. — Choques en Morella y Albocácer. — Avanza Caro y se retira. -— Caro huye de Valencia. — Le sucede Bassecourt. — Cataluña. — Su -congreso. — O’Donnell. — Macdonald. — Convoyes que lleva a Barcelona. — -Ejército español de Cataluña. — Intenta Suchet sitiar a Tortosa. — Sus -disposiciones. — Salidas de la plaza y combates parciales. — Adelanta -Macdonald a Tarragona. — Se retira. — Dificultades con que tropieza. — -Avístase en Lérida con Suchet. — Macdonald incomodado siempre por los -españoles. — Sorpresa gloriosa de La Bisbal. — Y de varios puntos de -la costa. — Guerra en el Ampurdán. — Eroles manda allí. — Campoverde -en Cardona. — Otro convoy para Barcelona. — No adelantan los enemigos -en el sitio de Tortosa. — Convoyes que van allí de Mequinenza. — Los -atacan los españoles. — Carvajal en Aragón. — Villacampa infatigable -en guerrear. — Andorra. — Las Cuevas. — Alventosa. — Combate de la -Fuensanta. — Nuevos convoyes para Tortosa. — Combates parciales. — -Los españoles desalojados de Falset. — Movimiento de Bassecourt. — -Acción de Ulldecona. — Macdonald socorre a Barcelona y se acerca a -Tortosa. — Formaliza el sitio Suchet. — Deja O’Donnell el mando. — -Partidas en lo interior de España. — En Andalucía. — En Castilla la -Nueva. — En Castilla la Vieja. — Santander y provincias Vascongadas. -— Expedición de Renovales a la costa Cantábrica. — Navarra. Espoz y -Mina. — Cortes. — Remisa la regencia en convocarlas. — Clamor general -por ellas. — Las piden diputados de las juntas de provincia. — Decreto -de convocación. — Júbilo general en la nación. — Dudas de la regencia -sobre convocar una segunda cámara. — Costumbre antigua. — Opinión común -en la nación. — Consulta la regencia al consejo reunido. — Respuesta -de este. — Voto particular. — Consulta del consejo de estado. — No se -convoca segunda cámara. — Modo de elección. — El antiguo de España. — -Poderes que se dan a los diputados. — Llámanse a las cortes diputados -de las provincias de América y Asia. — Elección de suplentes. — Opinión -sobre esto en Cádiz. — Parte que toma la mocedad. — Enojo de los -enemigos de reformas. — Número que acude a las elecciones. — Temores -de la regencia. — Restablece todos los consejos. — Quiere el consejo -real intervenir en las cortes. — No lo consigue. — Señálase el 24 de -septiembre para la instalación de cortes. — Comisión de poderes. — -Congojosa esperanza de los ánimos._ - - - - - HISTORIA - DEL - LEVANTAMIENTO, GUERRA Y REVOLUCIÓN - de España. - - LIBRO DUODÉCIMO. - - -[Sidenote: Ejército francés que se destina a Portugal: mariscal Massena -general en jefe.] - -Proseguían los franceses en su intento de invadir el reino de Portugal -y de arrojar de allí al ejército inglés, operación no menos importante -que la de apoderarse de las Andalucías, y de más dificultosa ejecución, -teniendo que lidiar con tropas bien disciplinadas, abundantemente -provistas y amparadas de obstáculos que a porfía les prestaban la -naturaleza y el arte. Destinaron los franceses para su empresa los -cuerpos 6.º y 8.º, ya en Castilla, y el 2.º, que luego se les juntó -yendo de Extremadura. Formaban los tres un total de 66.000 infantes y -unos 6000 caballos. Nombrose para el mando en jefe al duque de Rívoli, -el célebre mariscal Massena. - -Antes de pisar el territorio portugués, forzoso les era a los franceses -no solo asegurar algún tanto su derecha, como ya lo habían practicado -metiéndose en Asturias y ocupando a Astorga, sino también enseñorearse -de las plazas colocadas por su frente. [Sidenote: Sitio de Ciudad -Rodrigo.] Ofrecíase la primera a su encuentro Ciudad Rodrigo, la cual, -después de varios reconocimientos anteriores y de haber hecho a su -gobernador inútiles intimaciones, embistieron de firme en los últimos -días del mes de abril. - -A la derecha del Águeda y en paraje elevado, apenas se puede contar -a Ciudad Rodrigo entre las plazas de tercer orden. Circuida de un -muro alto antiguo y de una falsabraga, domínala al norte, y distante -unas 290 toesas, el teso llamado de San Francisco, habiendo entre -este y la ciudad otro más bajo con nombre del Calvario. Cuéntanse dos -arrabales, el del Puente, al otro lado del río, y el de San Francisco, -bastante extenso, y el cual, colocado al nordeste, fue protegido con -atrincheramientos; se fortalecieron, además, en su derredor varios -edificios y conventos como el de Santo Domingo, y también el que se -apellida de San Francisco. Otro tanto se practicó en el de Santa Cruz, -situado al noroeste de la ciudad, y por la parte del río se levantaron -estacadas y se abrieron cortaduras y pozos de lobo. Despejáronse los -aproches de la plaza y se construyeron algunas otras obras. Se carecía -de almacenes y de edificios a prueba de bomba, por lo que hubo de -cargarse la bóveda de la torre de la catedral y depositar allí y en -varias bodegas la pólvora, como sitios más resguardados. La población -constaba entonces de unos 5000 habitantes, y ascendía la guarnición -a 5498 hombres, incluso el cuerpo de urbanos. Se metió también en la -plaza, con 240 jinetes, Don Julián Sánchez, e hizo el servicio de -salidas. [Sidenote: Herrasti, su gobernador.] Era gobernador Don Andrés -Pérez de Herrasti, militar antiguo, de venerable aspecto, honrado y de -gran bizarría, natural de Granada, como Álvarez el de Gerona, y que -así como él, había comenzado la carrera de las armas en el cuerpo de -Guardias españolas. - -[Sidenote: Situación de Wellington.] - -Confiaban también los defensores de Ciudad Rodrigo en el apoyo que -les daría Lord Wellington, cuyo cuartel general estaba en Viseo y se -adelantó después a Celórico. Su vanguardia, a las órdenes del general -Craufurd, se alojaba entre el Águeda y el Coa, y el 19 de marzo, -en Barba del Puerco, hubo, entre cuatro compañías suyas y unos 600 -franceses que cruzaron el puente de San Felices, un reñido choque, en -el que, si bien sorprendidos al principio los aliados, obligaron, no -obstante, en seguida a los enemigos a replegarse a sus puestos. Uniose -en mayo a la vanguardia inglesa la división española de Don Martín de -la Carrera, apostada antes hacia San Martín de Trevejo. - -Viniendo sobre Ciudad Rodrigo, apareciéronse los franceses el 25 de -abril vía de Valdecarros, y establecieron sus estancias desde el cerro -de Matahijos hasta la Casablanca. Descubriéronse igualmente gruesas -partidas por el camino de Zamarra, y continuando en acudir hasta junio -tropas de todos lados, llegáronse a juntar más de 50.000 hombres, que -se componían de los ya nombrados 6.º y 8.º cuerpos y de una reserva -de caballería, que guiaban el mariscal Ney y los generales Junot y -Montbrun. El primero había vuelto de Francia y tomado el mando de su -cuerpo, con la esperanza de ser el jefe de la expedición de Portugal. -Por demás hubiera sido emplear tal enjambre de aguerridos soldados -contra la sola y débil plaza de Ciudad Rodrigo, si no hubiera estado -cerca el ejército anglo-portugués. - -Tuvo el 6.º cuerpo el inmediato encargo de ceñir la plaza; situose el -8.º en San Felices y su vecindad, y se extendió la caballería por ambas -orillas del Águeda. Pasose el mes de mayo en escaramuzas y choques, -distinguiéndose varios oficiales, y sobre todos D. Julián Sánchez. -[Sidenote: Don Julián Sánchez.] Maravillose de las buenas disposiciones -y valor de este el comandante de la brigada británica Craufurd, que -desde Gallegos había pasado a Ciudad Rodrigo a conferenciar con el -gobernador. Era el 17 de mayo, y de vuelta a su campo escoltaba al -inglés Sánchez, cuando se agolpó contra ellos un grueso trozo de -enemigos. Juzgaba Craufurd prudente retroceder a la plaza, mas Don -Julián, conociendo el terreno, disuadiole de tal pensamiento, y con -impensado arrojo, acometiendo al enemigo en vez de aguardarle, le -ahuyentó, y llevó salvo a sus cuarteles al general inglés. - -Intimaron el 12 de nuevo los franceses la rendición, y Herrasti, sin -leer el pliego, contestó que excusaban cansarse, pues ahora no trataría -sino a balazos. - -Los enemigos, después de haber echado dos puentes de comunicación entre -ambas orillas y completado sus aprestos, avivaron los trabajos de sitio -al principiar junio. - -El 6 verificaron los cercados una salida, mandada por el valiente -oficial Don Luis Minayo, que causó bastante daño a los franceses, -e hicieron hoyos en las huertas llamadas de Samaniego, en donde -se escondían sus tiradores, incomodando con sus fuegos a nuestras -avanzadas. Continuaron adelantando los franceses sus apostaderos, y a -su abrigo, en la noche del 15 al 16 de junio abrieron la trinchera que -arrancaba en el mencionado teso, y que los enemigos dilataron aunque a -costa de mucha sangre por su derecha y por el frente de la plaza. 400 -hombres de las compañías de cazadores y el batallón de voluntarios de -Ávila, capitaneados por el entendido y valeroso oficial Don Antonio -Vicente Fernández, se señalaron en los muchos reencuentros que hubo -sostenidos siempre por nuestra parte con gloria. - -Teniendo ya los enemigos el 22 muy adelantadas sus líneas, y de modo -que imposibilitaban el maniobrar de la caballería, resolviose que Don -Julián Sánchez saliese del recinto con sus lanceros y se uniese a Don -Martín de la Carrera. Ejecutose la operación con intrepidez, y el -denodado Sánchez, a la cabeza de los suyos, dirigiéndose a las once de la -noche por la dehesa de Martín Hernando, forzó tres líneas enemigas con -que encontró, y matando y atropellando logró gallardamente su intento. - -Acometieron los sitiadores en la noche del 23 el arrabal de San -Francisco y, en especial, los conventos de Santo Domingo y Santa Clara, -pero fueron rechazados. Lo mismo practicaron en el arrabal del Puente, -si bien tuvieron igual o semejante suerte. A la verdad no fueron estos -sino simulados ataques. - -Apareció como verdadero el que dieron contra el convento de Santa Cruz, -situado, según queda dicho, al noroeste de la plaza. Cercáronle en efecto -por todos lados, de noche, escalaron las tapias de su frente, y quemando -la puerta principal se metieron en la iglesia, a cuyas paredes aplicaron -camisas embreadas. Pensaron en seguida asaltar el cuerpo del edificio, -en donde se alojaba la tropa que guarnecía el puesto y que constaba -de 100 soldados, a las órdenes de los capitanes Don Ildefonso Prieto y -Don Ángel Castellanos. Los defensores repelieron diversas acometidas, -y habiendo de antemano y con maña practicado una cortadura en la -escalera de subida, al trepar por ella con esfuerzo los granaderos -franceses, quitaron los nuestros unos tablones que cubrían la trampa y -cayeron los acometedores precipitados en lo hondo, en donde perecieron -miserablemente, junto con un brioso oficial que los capitaneaba, el -sable en una mano y en la otra una hacha de viento encendida. Duró la -pelea cerca de tres horas, firmes los españoles, aunque rodeados de -enemigos y casi chamuscados con las llamas que consumían la iglesia -contigua. Recelosos los franceses con lo acaecido en la escalera, no -osaban penetrar dentro, y al fin, fatigados de tal porfía, y expuestos -también al fuego continuo de la plaza, se retiraron, dejando el terreno -bañado en sangre. Honraron a nuestras armas con su defensa las tropas -del convento de Santa Cruz: fue su acción de las más distinguidas de -este sitio. - -Ocupados hasta ahora los franceses en los ataques exteriores y en sus -preparativos contra la plaza, molestados asimismo y continuamente por -los sitiados, y prevenidos a veces en sus tentativas, no habían aún -establecido sus baterías de brecha. Atrasó también las operaciones -el haberse retardado la llegada de la artillería gruesa, detenida en -su viaje a causa del tiempo que, lluviosísimo, puso intransitables los -caminos. - -Por fin, listos ya los franceses, descubrieron el 25 de junio 7 -baterías de brecha coronadas de 46 cañones, morteros y obuses, que -con gran furia empezaron a disparar contra la ciudad balas, bombas y -granadas. Se extendía la línea enemiga desde el teso de San Francisco -hasta el jardín de Samaniego. - -Respondió la plaza con no menor braveza, acudiendo en ayuda de la tropa -el vecindario sin distinción de clase, edad ni sexo. Entre las mujeres -sobresalió una del pueblo, de nombre Lorenza, herida dos veces, y hasta -dos ciegos, guiado uno por un perro fiel que le servía de lazarillo, -se emplearon en activos y útiles trabajos, y tan joviales siempre y -risueños entre el silbar y granizar de las balas, que gritaban de -continuo en los parajes más peligrosos: «Ánimo muchachos; viva Fernando -VII, viva Ciudad Rodrigo.» - -Los enemigos dirigieron el primer día sus fuegos contra la ciudad para -aterrarla, y empezaron el 26 a batir en brecha el torreón del Rey, -que del todo quedó derribado en la mañana siguiente. Hiciéronles los -españoles, por su parte, grande estrago, bien manejada su artillería, -cuyo jefe era el brigadier Don Francisco Ruiz Gómez. - -El 28 intimó de nuevo el mariscal Ney la rendición a la plaza, y -habiendo ya entonces llegado al campo francés el mariscal Massena, -que antes había pasado por Madrid a visitar a José, hízose a su -nombre dicha intimación, honorífica sí, aunque amenazadora. Contestó -dignamente Herrasti diciendo, entre otras cosas: «Después de 49 años -que llevo de servicios, sé las leyes de la guerra y mis deberes -militares... Ciudad Rodrigo no se halla en estado de capitular.» - -Sin embargo, imaginándose el oficial parlamentario que parte de la -confianza del gobernador pendía de la esperanza de que le socorriese -Lord Wellington, propúsole entonces de palabra despachar a los reales -ingleses un correo, por cuyo medio se cerciorase de cuál era el intento -del general aliado. Convino Herrasti, mas Ney, sin cumplir lo ofrecido -por su parlamentario, renovó el fuego y adelantó sus trabajos hasta 60 -toesas de la plaza. - -Descontento el mariscal Massena con el modo adoptado para el ataque, -mejorole y trazó dos ramales nuevos hacia el glacis y enfrente de -la poterna del Rey, rematándolos en la contraescarpa del foso de -la falsabraga. Desde allí socavaron sus soldados unas minas para -volar el terreno y dar proporción más acomodada al pie de la brecha. -Contuviéronlos algún tanto los nuestros, y los ingenieros, bien -dirigidos por el teniente coronel Don Nicolás Verdejo, abrieron una -zanja y practicaron otros oportunos trabajos, contrarrestando al mismo -tiempo la plaza con todo género de proyectiles los esfuerzos de los -enemigos. - -En el intermedio, en vano estos habían acometido repetidas veces el -arrabal de San Francisco. Constantemente rechazados, solo le ocuparon -el 3 de julio, en que los nuestros, para reforzar los costados de la -brecha, le habían ya evacuado, excepto el convento de Santo Domingo. - -El gobernador, siempre diligente, velaba por todas partes, y el 5 -ideó una salida a cargo de los capitanes Don Miguel Guzmán y Don José -Robledo, cuyas resultas fueron gloriosas. Empezaron los nuestros su -acometida por el arrabal del Puente, y después, corriéndose al de San -Francisco por la derecha del convento de Santo Domingo, sorprendieron a -los enemigos, les mataron gente y destruyeron muchos de sus trabajos. - -Con esto, enardecidos los españoles, cada día se empeñaban más en la -defensa. Sustentábalos también todavía la esperanza de que viniese a -su socorro el ejército inglés, no pudiendo comprender que los jefes de -este, tan numeroso y tan inmediato, dejasen a sangre fría caer en poder -de los franceses plaza que se sostenía con tan honroso denuedo. Salió -no obstante fallida su cuenta. - -Las baterías enemigas crecieron grandemente, y el 8 algunas de ellas -enfilaban ya nuestras obras. La brecha abierta en la falsabraga y en -la muralla alta de la plaza ensanchose hasta 20 toesas, con lo que, y -noticioso el gobernador de que los ingleses, en vez de aproximarse, se -alejaban, resolvió el 10 capitular de acuerdo con todas las autoridades. - -[Sidenote: Capitula la plaza.] - -A la sazón preparábanse los enemigos a dar el asalto, y tres de sus -soldados arrojadamente se habían ya encaramado para tantear la brecha. -Enarbolada por los nuestros bandera blanca, salió de la plaza un -oficial parlamentario, quien encontrándose con el mariscal Ney, volvió -luego con encargo de este de que se presentase el gobernador en persona -para tratar de la capitulación. Condescendió en ello Herrasti, y Ney, -recibiéndole bien y elogiándole por su defensa, añadió que era excusado -extender por escrito la capitulación, pues desde luego la concedía -amplia y honorífica, quedando la guarnición prisionera de guerra. - -El mariscal Ney dio su palabra en fe de que se cumpliría lo pactado, y -según la noticia que del sitio escribió el mismo Herrasti, llevose a -efecto con puntualidad. Fueron sin embargo tratados rigorosamente los -individuos de la junta, porque, encarcelados con ignominia y llevados a -pie a Salamanca, trasladáronlos después a Francia. - -En este asedio quedaron de los españoles fuera de combate 1400 -soldados; del pueblo, unos 100. Perdieron por lo menos 3000 los -franceses. [Sidenote: Gloriosa defensa.] Massena encomió la defensa, -pintándola como de las más porfiadas. «No hay idea [decía en su -relación] del estado a que está reducida la plaza de Ciudad Rodrigo, -todo yace por tierra y destruido, ni una sola casa ha quedado intacta.» - -[Sidenote: Clamores contra los ingleses por no haber socorrido la -plaza.] - -Enojó a los españoles el que el ejército inglés no socorriese la plaza. -Lord Wellington había venido allí desde el Guadiana, dispuesto y aun -como comprometido a obligar a los franceses a levantar el sitio. No -podía, en este caso, alegarse la habitual disculpa de que los españoles -no se defendían, o de que estorbaban con sus desvaríos los planes bien -meditados de sus aliados. El marqués de la Romana pasó de Badajoz al -cuartel general de Lord Wellington y unió sus ruegos a los de los -moradores y autoridades de Ciudad Rodrigo, a los del gobierno español -y aun a los de algunos ingleses. Nada bastó. Wellington, resuelto a -no moverse, permaneció en su porfía. Los franceses, aprovechándose de -la coyuntura, procuraron sembrar cizaña, y el _Monitor_ decía: «Los -clamores de los habitantes de Ciudad Rodrigo se oían en el campo de -los ingleses, seis leguas distante, pero estos se mantuvieron sordos.» -Si nosotros imitásemos el ejemplo de ciertos historiadores británicos, -abríasenos ahora ancho campo para corresponder debidamente a las -injustas recriminaciones que con largueza y pasión derraman sobre las -operaciones militares de los españoles. Pero, más imparciales que -ellos, y no tomando otra guía sino la de la verdad, asentaremos, al -contrario, prescindiendo de la vulgar opinión, que Lord Wellington -procedió entonces como prudente capitán, si para que se levantase -el sitio era necesario aventurar una batalla. Sus fuerzas no eran -superiores a las de los franceses, carecían sus soldados de la -movilidad y presteza convenientes para maniobrar al raso y fuera -de posiciones, no teniendo tampoco todavía los portugueses aquella -disciplina y costumbre de pelear que da confianza en el propio valer. -Ganar una batalla pudiera haber salvado a Ciudad Rodrigo, pero no -decidía del éxito de la guerra: perderla destruía del todo el ejército -inglés, facilitaba a los enemigos el avanzar a Lisboa, y dábase a la -causa española un terrible, ya que no un mortal, golpe. Con todo, la -voz pública atronó con sus quejas los oídos del gobierno, calificando, -por lo menos, de tibia indiferencia la conducta de los ingleses. Don -Martín de la Carrera, participando del común enfado, se separó, al -rendirse Ciudad Rodrigo, del ejército aliado y se unió al marqués de la -Romana. - -[Sidenote: Excursión de los franceses hacia Astorga y Alcañices.] - -Envió en seguida el mariscal Massena algunas fuerzas que arrojasen -allende las montañas al general Mahy, que había avanzado y estrechaba -a Astorga. Retirose el español, y el general Sainte-Croix atacó en -Alcañices a Echevarría, que de intendente se había convertido en -partidario y tenido ya anteriormente reencuentros con los franceses. -Defendiose dicho Echevarría en el pueblo con tenacidad y de casa en -casa. Arrojado, en fin, perdió en su retirada bastante gente que le -acuchilló la caballería enemiga. - -[Sidenote: Toman la Puebla de Sanabria.] - -Por entonces quisieron también los franceses apoderarse de la Puebla -de Sanabria, que ocupaba con alguna tropa Don Francisco Taboada y Gil. -Aquella villa, solo rodeada de muros de corto espesor y guarecida de -un castillo poco fuerte, ya vimos como la entraron sin tropiezo los -franceses al retirarse de Galicia, habiéndola después evacuado. Su -conquista no les fue ahora más difícil. Taboada la desamparó, de acuerdo -con el general Silveira, que mandaba en Braganza. Enseñoreose por tanto -de ella el general Serras, y creyendo ya segura su posesión, se retiró -con la mayor parte de su gente y solo dejó dentro una corta guarnición. - -[Sidenote: La pierden.] - -Enterados de su ausencia los generales portugués y español, revolvieron -sobre la Puebla de Sanabria el 3 de agosto, y después de algunas -refriegas y acometidas, la recuperaron en la noche del 9 al 10. Cayó -prisionera la guarnición, compuesta de suizos, a los que se les -prometió embarcarlos en la Coruña bajo condición de que no volverían a -tomar las armas contra los aliados. - -[Sidenote: La ocupan de nuevo.] - -En breve tornó, y de priesa, en auxilio de la plaza el general Serras, -con 6000 hombres. A su llegada estaba ya rendida, pero Taboada y -Silveira juzgaron prudente abandonarla, no teniendo bastantes fuerzas -para resistir a las superiores de los enemigos. Lleváronse los -prisioneros, y Serras de nuevo se posesionó de la villa y su castillo, -cuya anterior toma, con la pérdida de los suizos, le costaba más de lo -que militarmente valía. - -[Sidenote: Campaña de Portugal.] - -Comenzó, entre tanto, el mariscal Massena la invasión de Portugal. -Pasaremos a hablar, aunque con rapidez, de acontecimiento de tanta -importancia, refiriendo antes los preparativos y medios de defensa que -allí había, como también la situación de aquel reino. - -[Sidenote: Estado de este reino y de su gobierno.] - -Después de la evacuación que en el año pasado de 1809 efectuó el -mariscal Soult de las provincias septentrionales de Portugal, puede -aseverarse que ni esta nación ni su ejército habían tomado parte -activa o directa en la lucha peninsular. Achacaron algunos la culpa a -la flojedad del gobierno de Lisboa, y muchos al influjo que ejercía -la Inglaterra, cuyo gabinete acabó por ser árbitro de la suerte de -aquel país, no conviniendo a la política británica, según se creía, -el que se estableciese íntima unión entre Portugal y España. Hubo de -los gobernadores del reino [nombre que se daba a los individuos de la -regencia portuguesa] quien se disgustó de tal predominio, y así se -verificaron por este tiempo mudanzas en las personas que componían -aquella corporación. El marqués de las Minas se retiró, y se agregaron -a los que quedaban otros gobernadores, de los que fue el más notable -y principal Sousa, hermano de los embajadores portugueses residentes -en el Brasil y en Londres. Poco después, en septiembre, entró también -en la regencia Sir Carlos Stuart, a la sazón embajador de Inglaterra -en Lisboa. Del ejército, además del mando inmediato dado a Beresford, -disponía en jefe, como mariscal general de Portugal, Lord Wellington, -independiente del gobierno y absoluto en todo lo relativo a la -fuerza combinada anglo-portuguesa, de cualquiera clase que fuese. -Igualmente se confirió la dirección suprema de la marina al almirante -inglés Berkeley. En fin, el gabinete del Brasil, o por mejor decir, -las circunstancias, arreglaron de modo la administración pública de -Portugal que, conforme a la expresión de un historiador inglés, en esta -parte nada sospechoso, aquel reino [*] [Sidenote: (* Ap. n. 12-1.)] -«fue reducido a la condición de un estado feudatario.» - -Por lo mismo, no con mayor resignación que el marqués de las Minas, -se sometían algunos de los otros gobernadores del reino, aun de los -nuevos, a la intervención extraña. Las reyertas eran frecuentes y -vivas, echando los ingleses en cara al gobierno de Lisboa que, en -vez de remover obstáculos, los aumentaba, entorpeciendo la ejecución -de medidas las más cumplideras. Pero tales quejas partían a veces -de apasionada irreflexión, pues si bien ciertas resoluciones de los -comandantes británicos solían ser eficaces para el éxito final de -la buena causa, producían por el momento incalculables males, poco -sentidos por extranjeros que solo miraban los campos lusitanos como -teatro de guerra, y desoían los clamores de un país que no era su -patria. - -Lord Wellington, para hacer frente a tantas dificultades, y no abrumado -con la grave carga que pesaba sobre sus hombros, desplegó asombrosa -firmeza y se mostró invariable en sus determinaciones. Ministrole -gran sostenimiento la suprema autoridad de que estaba proveído, y los -socorros y dinero que la Inglaterra profusamente derramaba en Portugal. - -[Sidenote: Plan de Lord Wellington.] - -De antemano había Lord Wellington meditado un plan de defensa y -elevádole al conocimiento del gobierno británico, después de examinar -detenidamente los medios económicos y militares que para ello -deberían emplearse. Extendió su dictamen en un oficio dirigido a Lord -Liverpool, obra maestra de previsión y maduro juicio. El gabinete -inglés, descorazonado con la paz de Austria y el desastrado remate -de la expedición de Walcheren, había vacilado en si continuaría o no -protegiendo con esfuerzo la causa peninsular. Pero arrastrado de las -razones de Wellington, apoyadas con elocuencia y saber por su hermano -el marqués de Wellesley, miembro ahora de dicho gabinete, accedió -al fin a las propuestas del general británico. Según ellas, debiendo -aumentarse el ejército anglo-portugués, tenían que ser mayores los -gastos y concederse nuevos subsidios al gobierno de Lisboa. - -[Sidenote: Fuerza que mandaba.] - -Aprobado, pues, en Londres el plan de Wellington, en breve contó -este con una fuerza armada bastante numerosa. Había en la península, -no incluyendo los de Gibraltar, cerca de 40.000 ingleses, y dejando -aparte los enfermos y los cuerpos que contribuían a guarnecer a Cádiz, -quedábanle por lo menos al general británico de 26 a 27.000 hombres de -su nación. Dividíase la gente portuguesa en reglada, de milicias y en -ordenanzas, las últimas mal pertrechadas y compuestas de paisanaje. -Los estados que de toda la fuerza se formaron tuviéronse por muy -exagerados, y según un cómputo prudente no pasaba la milicia arriba -de 26.000 hombres, y el ejército de 30.000. No es fácil enumerar con -puntualidad la fuerza real de las ordenanzas. Por manera que casi al -comenzarse la campaña hallábanse ya bajo el mando de Lord Wellington -unos 80.000 hombres bien mantenidos, armados y dispuestos, con los que, -apoyados por las ordenanzas, o sea la población, debía defenderse el -reino de Portugal. - -[Sidenote: Subsidios que da Inglaterra.] - -El subsidio con que a este acudía la gran Bretaña llegó a ascender -por año a cerca de 1.000.000 de libras esterlinas. Rayaba el costo del -ejército puramente británico en la suma de 1.800.000 libras de la misma -moneda, 500.000 más de las que hubiera consumido en su propio país. -Encareciose sobre manera el enganche de soldados, no permitiendo las -leyes inglesas en el reemplazo de las tropas de tierra conscripciones -forzadas. Se pagaban once guineas de premio por cada hombre que pasase -de la milicia a la línea, y diez por los que se alistasen en la primera. - -[Sidenote: Posición de Wellington. Devastación del país.] - -Lord Wellington, colocado ya en el valle del Mondego, o ya avanzando -hacia la frontera de España, estaba como en el centro de la defensa, -formando las alas la milicia y ordenanzas portuguesas. Todo el -territorio hasta cerca de Coimbra, por donde se pensaba había de invadir -Massena, fue destruido. Arruináronse los molinos, rompiéronse los -puentes, quitáronse las barcas, devastáronse los campos, y obligando -a los habitantes a que levantasen sus casas y llevasen sus haberes, -se ordenó que la población entera, del modo que pudiese, hostigase al -enemigo por los costados y espalda y le cortase los víveres, mientras -que el ejército aliado por su frente le traía a estancias en que fuese -probable batallar con ventaja. - -[Sidenote: Líneas de Torres Vedras.] - -De aquellas se contaban a retaguardia de los anglo-portugueses varias -que eran muy favorables, sobrepujando a todas las que se conocieron -después con el nombre de líneas de Torres Vedras. Fortaleciéronse -estas cuidadosamente, proviniendo la primera idea de mantenerlas y -asegurarlas de planos que de todos sus puestos mandó levantar en -1799 el general Sir Carlos Stuart [padre del Stuart por este tiempo -embajador en Lisboa], trabajo que ya entonces se hizo con el objeto -de cubrir la capital de Portugal de una invasión francesa. Wellington, -desde muy temprano, concibió el designio de realizar pensamiento tan -provechoso. - -Dos fueron las principales líneas que se fortificaron. Partía la -primera de Alhandra, orillas del Tajo, y corría por espacio de siete -leguas, siguiendo la conformación sinuosa de las montañas hasta el -mar y embocadero del Sizandro, no lejos de Torres Vedras. La segunda -que era la más fuerte y que distaba de la primera de dos a tres -leguas, según la irregularidad del terreno, arrancaba en Quintela, y -dilatándose cosa de seis leguas remataba en el paraje en donde desagua -el río llamado San Lorenzo. Había además, pasado Lisboa, al desembocar -del Tajo, otra tercera línea, en cuyo recinto quedaba encerrado el -castillo de San Julián, no teniendo la última más objeto que el de -favorecer, en caso de necesidad, el embarco de los ingleses. Contábanse -en tan formidables líneas 150 fuertes y unos 600 cañones. Se habían -construido las obras bajo la dirección del teniente coronel de -ingenieros Fletcher, a quien auxilió el capitán Chapman. - -[Sidenote: Dicho de Wellington a Álava.] - -Puso Lord Wellington particular ahínco en que se fortificasen estas -líneas cumplida y prontamente, pues como decía al digno oficial Don -Miguel de Álava, comisionado por el gobierno español cerca de su -persona, «no ha podido cabernos mayor fortuna que el haber asegurado -el punto en la Isla gaditana y este de Torres Vedras, inexpugnables -ambos, y en los que, estrellándose los esfuerzos del enemigo, daremos -lugar a otros acontecimientos, y nos prepararemos con nuevos bríos a -ulteriores y más brillantes empresas.» - -[Sidenote: Preparativos y fuerza de los franceses.] - -Los franceses, por su parte, habían preparado grandes fuerzas, para que -no se les malograse la expedición de Portugal. El mariscal Massena no -solo tenía a su disposición los tres cuerpos indicados y la caballería -de Montbrun, sino que, comprendiéndose igualmente en su mando las -provincias de Castilla la Vieja y las Vascongadas, el reino de León y -Asturias, de su arbitrio pendía sacar de allí las fuerzas que hubiese -disponibles. Además, se alojaba entre Zamora y Benavente, a las órdenes -del general Serras, una columna móvil de 8000 hombres que amenazaba a -Tras-os-Montes, y en agosto entró en España un 9.º cuerpo de ejército -de 20.000 hombres, formado en Bayona y regido por el general Drouet; -a mayor abundamiento, en la misma ciudad se juntaba otro, al cargo del -general Caffarelli. No eran inútiles semejantes precauciones si querían -los enemigos conservar firme su base y evitar el que se interrumpiesen -las comunicaciones por las partidas españolas. - -Así fue que el mariscal Massena, próximo a entrar en Portugal, dio -en Ciudad Rodrigo una proclama a los habitadores de aquel reino, -expresando que se hallaba a la cabeza de 110.000 hombres. Aserción no -jactanciosa si se cuentan todos los cuerpos y divisiones que estaban -bajo su obediencia, y que se extendían por España desde la frontera -lusitana hasta la de Francia. - -[Sidenote: Escaramuzas. Fuerte de la Concepción.] - -Hubo ya escaramuzas en los primeros días de julio entre ingleses y -franceses. Aquellos volaron y acabaron de arruinar el 21 del mismo mes -el fuerte de la Concepción, en la raya perteneciente a España, y bien -fortificado antes de 1808, pero que, al principiarse en dicho año la -insurrección, se vio abandonado por los españoles, y destruido en parte -por los franceses. - -[Sidenote: Combate del Coa.] - -Craufurd, general de la vanguardia inglesa, se colocó entonces a la -margen derecha del Coa, y sin tener la aprobación de Lord Wellington, -decidiose el 24 a trabar pelea con los franceses, llevado quizá del -deseo de cubrir a Almeida, bajo cuyos cañones apoyaba su izquierda. -Consistía la fuerza de Craufurd en 4000 infantes y 1100 caballos, -situados en una línea que se extendía por espacio de media legua, -formación algo semejable a las desadvertidas del general Cuesta. -Vino sobre los ingleses el mariscal Ney, acompañado de su cuerpo -de ejército, y por consiguiente muy superior a aquellos en número. -Y si bien los batallones de la vanguardia aliada y los individuos -combatieron por separado valerosamente, maniobrose mal en la totalidad, -y los movimientos no fueron más atinados que lo había sido la -colocación de las tropas. Los franceses rompieron las filas inglesas, -obligando a sus soldados a pasar el Coa. Sirvió a estos para no ser -del todo deshechos y atropellados por los jinetes enemigos lo desigual -del terreno y los viñedos, y también el haberse negado a evolucionar -oportunamente con la caballería el general Montbrun, disculpándose con -no tener orden del general en jefe mariscal Massena. Hallaron así los -ingleses hueco para cruzar el puente, cuyo paso defendido con grande -aliento, detuvo al francés en su marcha. Perdió Craufurd cerca de 400 -hombres; bastantes Ney por el empeño que puso, aunque inútil, en ganar -el puente. - -Tal contratiempo, en vez de coadyuvar a la defensa de Almeida, no podía -menos de perjudicarla. Los franceses, en efecto, intimaron luego la -rendición; mas no por eso obraron con su acostumbrada presteza, pues -hasta el 15 de agosto en la noche no abrieron trinchera. - -[Sidenote: Sitio de Almeida.] - -Parecía natural que Almeida, plaza bajo todos respectos preeminente -a Ciudad Rodrigo, imitase tan glorioso ejemplo, prolongando aun por -tiempo más largo la resistencia. Los antiguos muros se hallaban, mucho -antes de la actual guerra, mejorados, conforme al sistema moderno -de fortificación, con foso, camino cubierto, seis baluartes, seis -revellines y un caballero que dominaba la campiña. Había también -almacenes a prueba de bomba. Estaba ahora la plaza municionada muy -bien, y sus obras más perfeccionadas. Guarnecíanla 4000 hombres, y -mandaba en ella el coronel inglés Cox. - -[Sidenote: Vuélase.] - -Rompieron los franceses el 26 horroroso fuego, y a poco ardieron muchas -casas. Al anochecer del mismo día, tres almacenes, los más principales, -encerrados en un castillo antiguo situado en medio de la ciudad, se -volaron con pasmoso estrépito y causaron deplorable ruina. Por unas -partes resquebrajáronse los muros, por otras se aportillaron; los -cañones casi todos fueron o desmontados o arrojados al foso; perecieron -500 personas; hubo heridas muchas otras, y apenas quedaron seis casas -en pie. Tal espectáculo ofreció Almeida en la mañana del 27. No faltó -quien atribuyese a traición semejante desdicha; los bien informados, a -casualidad o descuido. - -[Sidenote: Capitula.] - -Sin tardanza repitieron los franceses la intimación de rendirse. El -gobernador Cox, aunque ya miraba imposible la defensa, quería alargarla -dos o tres días, esperando que el ejército aliado acudiese en socorro -de la plaza; pero obligole a capitular un alboroto, agavillado por el -teniente de rey Bernardo de Costa. Presúmese que en él influyeron los -portugueses adictos al francés, y que estaban en su campo. El teniente -de rey fue en adelante arcabuceado, si bien no resultó claramente que -llevase tratos con el enemigo. - -[Sidenote: Proscripciones y prisiones en Lisboa.] - -De resultas, la regencia de Portugal también declaró traidores a -varios individuos que seguían el bando francés. Entre ellos sonaban -los nombres de los marqueses de Alorna y de Loulé, del conde de Ega, -de Gómez Freire de Andrade y otros de cuenta. Se prendió asimismo en -Lisboa a muchas personas so pretexto de conspiración, sin pruebas ni -acusación fundada. Enviáronlas después unas a Inglaterra, otras a las -Azores. Dieron ocasión a tan vituperable demasía livianos motivos y -privadas venganzas. Extrañose que Lord Wellington, y particularmente -el embajador Stuart, miembro de la regencia y de poderoso influjo, no -estorbasen procedimientos en que por lo menos pudiera achacárseles -cierta connivencia, como sucedió. Pero la regencia de Lisboa, tomando -la defensa de ambos, manifestó no haber tomado parte ninguno de ellos -en aquella ocurrencia. - -[Sidenote: Temores de los ingleses.] - -Mientras tanto, la caída de Almeida, el contratiempo de Craufurd y la -idea agigantada que entonces tenían los ingleses del ejército francés, -causaban en el británico grande descaecimiento. Las cartas de los -oficiales a sus amigos en Inglaterra no estaban más animosas, y su -mismo gobierno se mostraba casi desesperanzado del buen éxito de la -lucha peninsular. Así fue que, no obstante haber accedido a los planes -de Lord Wellington, indicábase a este, en particulares instrucciones, -que S. M. B. vería con gusto la retirada de su ejército, más bien que -el que corriese el menor peligro por cualquiera dilación en su embarco. -Otro general de menos temple que Lord Wellington y menos confiado en -los medios que le asistían, hubiera quizá vacilado acerca del rumbo que -convenía tomar, y dado un nuevo ejemplo de escandalosa retirada. Mas -Wellington mantúvose firme, a pesar de que la repentina e inesperada -pérdida de Almeida aceleraba las operaciones del enemigo. - -[Sidenote: Repliégase Wellington.] - -Acaecida tamaña desgracia se replegó el general inglés a la izquierda -del Mondego, estableció en Gouvea sus reales, colocó detrás de Celórico -los infantes, y en este mismo pueblo la caballería. [Sidenote: -Dificultades que tiene Massena.] Massena, teniendo dificultades en -acopiar víveres a causa de las partidas españolas y de la mala -voluntad de los pueblos, retardó la invasión, y aun dudaba poderla -realizar tan pronto. Dos meses eran corridos después de la toma de -Ciudad Rodrigo. Almeida apenas había ofrecido resistencia, y el -ejército francés aún permanecía a la derecha del Coa. Tanto ayudaba a -los aliados la constante enemistad que conservaban los habitantes a los -invasores. - -[Sidenote: Aguíjale Napoleón.] - -Napoleón, que no palpaba de cerca como sus generales los obstáculos -del país, maravillábase de la dilación, mayormente siendo superior -en número al anglo-portugués el ejército de los franceses. Así se lo -manifestaba a Massena en instrucciones que le expidió en septiembre; -pero antes de recibir estas, ya aquel mariscal se había puesto en -marcha. - -[Sidenote: Empieza Massena la invasión.] - -Fue su primer plan, aseguradas las plazas de Ciudad Rodrigo y Almeida, -moverse por ambas orillas del Tajo. Pero después, contando con que -las tropas francesas de Extremadura y Andalucía amenazarían por el -Alentejo, y no creyéndose con bastante fuerza para dividir esta, limitó -sus miras a su solo frente, y determinó obrar por uno de los tres -principales caminos que por allí se le ofrecían, de Belmonte, Celórico -y Viseo. - -[Sidenote: Posición de Wellington y medidas que toma.] - -Wellington, conservando en Gouvea sus cuarteles, extendía los puestos -avanzados de su ejército, comprendiendo las fuerzas de Hill y otras -sobre la derecha, desde el lado de Almeida, por la sierra de Estrella, -a Guarda y Castelo Branco; en caso de ataque del enemigo debían -todas las divisiones replegarse concéntricamente hacia las líneas. -El inconveniente de esta posición consistía en lo dilatado de ella, -pudiendo el enemigo, al paso que amagase a Celórico, interponerse por -Belmonte entre Lord Wellington y el general Hill, a quienes separaba -gran distancia. El último, siguiendo paralelamente, conforme indicamos, -los movimientos del francés Reynier, había llegado a Castelo Branco el -21 de julio. Dejó aquí una guardia avanzada, y obedeciendo las órdenes -de Lord Wellington, que le había reforzado con caballería, se acampó -con 16.000 hombres y 18 cañones en Sarcedas. Para prevenir el que los -franceses se interpusiesen, se rompió de Covilhã arriba el camino, -ejecutáronse otros trabajos de defensa, se apostó en Fundão una brigada -portuguesa, y colocose entre dos posiciones que se atrincheraron detrás -del Cécere, río tributario del Tajo, y junto al Alva, que lo es del -Mondego, una reserva formada en Tomar, y compuesta de 8000 portugueses -y 2000 ingleses, bajo el mando del general Leith. - -[Sidenote: Descripción del valle de Mondego.] - -El cuerpo principal del ejército de Wellington podía, desde Celórico, -tomar para su retirada o el camino que va a la sierra de Murcela, o el -de Viseo. El primero corre por espacio de quince leguas lo largo de -un desfiladero entre el río Mondego y la sierra de Estrella, teniendo -al extremo la de Murcela, que circunda el Alva. De allí un camino que -lleva a Espinhal facilitaba las comunicaciones con Hill y Leith, y un -ramal suyo las de Coimbra. La otra ruta insinuada, la de Viseo, es de -las peores de Portugal, interrumpida por el Criz y otras corrientes, y -también estrechada entre el Mondego y la sierra de Caramula, que se une -por medio de un país montuoso a la de Buçaco, límite, por decirlo así, -del valle, y que hace frente a la de Murcela, pasando entre las faldas -de ambas sierras el mencionado Mondego. La decisión de Wellington -pendía del partido que tomasen los franceses. - -[Sidenote: Distribución de los cuerpos de Massena.] - -Massena no conocía a fondo el terreno, y tomando consejo de los -portugueses que había en su campo, a quienes suponía enterados, -resolvió dirigirse a Viseo y de allí a Coimbra, habiéndosele pintado -aquella ruta como fácil y sin particulares obstáculos. En consecuencia, -reconcentró el 16 de septiembre los tres cuerpos de ejército que -mandaba: el de Ney y la caballería pesada en Maçal do Chão, el de -Junot en Pinhel, y el de Reynier en Guarda. Hizo distribuir a los -soldados pan para trece días, pensando caminar aceleradamente, y -deseando anticiparse a Wellington en su marcha. Massena, colocando así -su ejército, amenazaba los tres caminos indicados de Celórico, Belmonte -y Viseo, y dejaba en duda el verdadero punto de su acometida. Reynier -había hecho desde su retirada de Extremadura varios movimientos, ya -dando indicios de dirigirse a Castelo Branco, ya adelantándose hasta -Sabugal, ya retrocediendo a Zarza la Mayor. Por fin se incorporó, según -acabamos de ver, a los otros cuerpos de Massena. - -[Sidenote: Muévese sobre Celórico y Viseo.] - -De estos, el 2.º y 6.º, unidos con la caballería de Montbrun, cayeron -en breve sobre Celórico, replegándose los puestos de los aliados a -Cortiça. Wellington entonces comenzó su retirada por la izquierda del -Mondego sobre el Alva, y el 17 notó que los dos mencionados cuerpos -franceses se dirigían a Viseo por Fornos; quedaba el 8.º de Junot hacia -Trancoso, en observación de 10.000 hombres de milicia, al mando del -coronel Trant y de los jefes Miller y Juan Wilson, recogidos del norte -de Portugal, y que se pusieron a las órdenes del general Bacellar para -molestar el flanco derecho y la retaguardia del enemigo. - -[Sidenote: Entran sus avanzadas en Viseo.] - -Entraron en Viseo las avanzadas francesas el 18. La ciudad estaba -desierta. Wellington sin demora hizo cruzar de la margen izquierda -del Mondego a la opuesta la brigada portuguesa que mandaba Pack, y -la apostó más allá del Criz, rotos sus puentes. [Sidenote: Continúa -Wellington su retirada.] En seguida empezó también el ejército aliado -a pasar el Mondego por Penacova, Olivares y otras partes: colocose la -división ligera de Craufurd en Mortagua para sostener a Pack; la 3.ª -y 4.ª, del mando de Picton y Cole, entre la sierra de Buçaco y aquel -pueblo, situándose al frente del mismo en un llano la caballería. Pasó -al otro lado de la citada sierra la 1.ª división, regida por el general -Spencer, y se dirigió a Meallada con la mira de observar el camino de -Oporto a Coimbra, pues todavía se dudaba si Massena procuraría desde -Viseo salir hacia aquella ruta, o continuar lo largo de la derecha del -Mondego. Por igual motivo el coronel Trant, con parte de la milicia, -debía marchar por San Pedro de Sul a Sardão, y juntarse al general -Spencer. En tanto, el general Leith llegaba al Alva, y siguiole de -cerca Hill, quien, sabiendo que Reynier se había juntado a Massena, se -anticipó afortunadamente sin que hubiese todavía recibido órdenes de -Wellington, y vino a incorporarse al ejército aliado. - -[Sidenote: Ataca Trant la artillería y equipajes franceses.] - -El grueso del de los franceses llegó a Viseo el 20; pero su artillería -y equipajes se detuvieron por los tropiezos del camino, y por una -embestida del coronel Trant. Atacolos este caudillo el mismo 20 en -Tojal, viniendo de Moimenta da Beira, con algunos caballos y 2000 -hombres de milicia. Cogioles 100 prisioneros, algún bagaje, y su -triunfo hubiera sido más completo si la gente que mandaba hubiera sido -menos novicia. Sin embargo, tan inesperado movimiento desasosegó a los -franceses, cuya artillería, equipajes y gran parte de la caballería no -llegó a Viseo hasta el 22, lo cual hizo perder a Massena dos días, y -no desaprovechó a Wellington, a quien hubiera podido andar el tiempo -escaso. - -Parecía ahora que este general, prosiguiendo en su propósito de -no aventurar batallas, no se detendría en donde estaba, sino que, -cerciorado de que los franceses iban adelante, se replegaría para -aproximarse a las líneas. Suposición esta tanto más fundada cuanto, -no habiendo querido empeñar acción para salvar dos plazas, no era -regular lo hiciese en la actual ocasión, en que no concurría motivo tan -poderoso. Mas no sucedió así. Presúmese que varió de parecer a causa de -los clamores que contra los ingleses se levantaron en Portugal, viendo -que dejaban el país a merced del enemigo. - -[Sidenote: Detiénese Wellington en Buçaco.] - -Wellington determinó, pues, hacer alto en la sierra de Buçaco, y disponer -su gente en nuevas y acomodadas posiciones. Corren aquellos montes por -espacio de dos leguas, cayendo por un lado rápidamente, según hemos -apuntado, sobre la derecha del Mondego, y enlazándose por el opuesto -con la sierra de Caramula. Tres caminos llevan a Coimbra: uno cruza -lo más alto, y allí se levanta un convento célebre en Portugal de -carmelitas descalzos, en donde Lord Wellington estableció el cuartel -general, y aquella morada antes silenciosa y pacífica convirtiose -ahora en estrepitoso alojamiento de gente de guerra. De los otros -dos caminos, uno venía de San Antonio de Cantaro, y el otro seguía el -Mondego a Penacova. A través del último se colocó el cuerpo de Hill, -que llegó el 26; a su izquierda Leith. Seguía la 3.ª división, y entre -esta y el convento formaba la 1.ª La 4.ª se puso en el extremo opuesto -para cubrir un paso que conduce a Meallada, en cuyo llano se apostó la -caballería, quedando solo en las cumbres un regimiento de esta arma. -La brigada de Pack se alojaba delante de la 1.ª división, a la mitad -de la bajada del lado de los franceses; también se situó descendiendo -y enfrente del convento la vanguardia de Craufurd con algunos jinetes. -Había en ciertos parajes, a retaguardia de la línea, portugueses que -sostenían el cuerpo de batalla. Hallose Wellington con toda su fuerza -principal reunida, en número de unos 50.000 hombres. - -[Sidenote: Acción de Buçaco.] - -Túvose a dicha que los franceses se hubiesen parado hasta el día -27, pues a haber acelerado su marcha y acometido treinta y seis -horas antes, conforme se asegura quería Ney, la suerte del ejército -aliado hubiera podido ser muy otra, reinando alguna confusión en sus -movimientos. Leith pasaba el Mondego, Hill todavía no había llegado, y -apenas estaban en línea 25.000 hombres. - -El mariscal Massena, después de algunas dudas, se resolvió a embestir -la Sierra el 27 al amanecer. Tenían sus soldados, para llegar a la -cima, que trepar por una subida empinada y escabrosa, cuya desigualdad -sin embargo los favorecía, escudando hasta cierto punto sus personas. -El mariscal Ney se enderezó al convento, y Reynier del otro lado, por -San Antonio de Cantaro. Junot se quedó en el centro y de respeto con la -caballería y artillería. - -Las tropas de Reynier acometieron con tal ímpetu que se encaramaron en -la cima, y por un rato se enseñorearon de un punto de la línea de los -aliados, arrollando parte de la 3.ª división, que mandaba Picton. Pero -acudiendo el resto de ella, y también el general Leith por el flanco -con una brigada, fueron los enemigos desalojados, y cayeron con gran -matanza la montaña abajo. - -Ni aun tan afortunado logró ser por el otro punto el mariscal Ney. -Dueño desde el principio de la acción de una aldea que amparaba sus -movimientos, comenzó a subir la sierra por la derecha encubierto con lo -agrio y desigual del terreno. El general Craufurd, que se hallaba allí, -tomó en esta ocasión atinadas disposiciones. Dejó acercarse al enemigo, -y a poca distancia rompió contra sus filas vivísimo fuego, cargándole -después a la bayoneta por el frente y los costados. Precipitáronse -los franceses por aquellas hondonadas, perdieron mucha gente, y quedó -prisionero el general Simon. Ganaron después los ingleses a viva -fuerza el pueblecillo que habían al principio ocupado sus contrarios. -Lo recio de la pelea duró poco, el enemigo no insistió en su ataque, -y se pasó lo que restaba del día en escaramuzas y tiroteos. Perdieron -los franceses unos 4000 hombres, murió el general Graindorge, y fueron -heridos Foy y Merle. De los aliados perecieron 1300, menos que de los -otros a causa de su diversa y respectiva posición. - -[Sidenote: Cruza Massena la sierra de Caramula.] - -Convencido el mariscal Massena de las dificultades con que se tropezaba -para apoderarse de la sierra por el frente, trató de salvarla -poniéndose en franquía por la derecha, y obligando de este modo a los -ingleses a abandonar aquellas cumbres, ya que no pudiese sorprenderlos -por el flanco y escarmentarlos. Lo difícil era encontrar un paso, mas -al fin consiguió averiguar de un paisano que desde Mortagua partía -un camino al través de la sierra de Caramula, el cual se juntaba con -el que de Oporto va a Coimbra. Contento el mariscal francés con tal -descubrimiento, decidió tomar prontamente aquella vía, y disfrazó su -resolución manteniendo el 28 falsos ataques y escaramuzas. Mientras -tanto fue marchando a la desfilada lo más de su ejército, y hasta en la -tarde no advirtieron los ingleses el movimiento de sus contrarios. - -No les era ya dado el estorbarlo, por lo que desampararon a Buçaco -antes del alborear del 29. Hill repasó el Mondego, y por Espinhal se -retiró sobre Tomar; hacia Coimbra y la vuelta de Meallada, Wellington, -con el centro y la izquierda. Cubría la retaguardia la división ligera -de Craufurd, a la que se unió la caballería. - -Los franceses, después de cruzar la sierra de Caramula, llegaron el -mismo día 28 a Boyalvo sin encontrar ni un solo hombre. El coronel -Trant se hallaba a una legua, en Sardão, adonde había venido desde San -Pedro de Sul, pero con poca gente. Las partidas enemigas le arrojaron -fácilmente más allá del Vouga. - -Por la relación que hemos hecho de la acción de Buçaco aparece claro -que con ella no se alcanzó otra cosa que el que brillase de nuevo -el valor británico y se adquiriese mayor confianza en las tropas -portuguesas, las cuales pelearon con brío y buena disciplina. Pero -no se recogió ninguno de aquellos importantes frutos, por los que un -general aventura de grado una batalla. Ni siquiera había los motivos -que para ello asistían durante los sitios de Ciudad Rodrigo y de -Almeida. Y hasta la prudencia de Lord Wellington falló en esta ocasión, -dejando un portillo por donde no solo se metieron los franceses, sino -que también por él pudieron envolver al ejército aliado o a lo menos -flanquearle con gran menoscabo. En vano se alega en disculpa haber -mandado Wellington que avanzase el coronel Trant con la milicia: la -escasa fuerza y la índole bisoña de esta tropa no hubiera podido -detener, cuanto menos rechazar, las numerosas huestes de Massena. Tan -cierto es que de un hilo cuelga la suerte de las armas, aun gobernadas -por generales los más advertidos. - -Puesto el mariscal francés en Boyalvo, marchó sobre Coimbra. En aquel -tránsito no estaba el país tan destruido y talado como hasta Buçaco. -No se cumplieron allí rigurosamente las disposiciones de Wellington, -parte por creerse lejano el peligro, parte también porque a la regencia -portuguesa, gobierno nacional, no le era lícito llevar a efecto órdenes -tan duras con la misma impasibilidad y fortaleza que al brazo de hierro -de un general que, aunque aliado, era extranjero. - -[Sidenote: Los franceses en Coimbra.] - -Hubo, por tanto, en Coimbra desbarato y confusión, y si bien los vecinos -desampararon la ciudad, con la precipitación se dejaron víveres y otros -recursos al arbitrio del enemigo. No le aprovecharon sin embargo a -este: Junot, a pesar de órdenes contrarias del general en jefe, permitió -o no pudo impedir el pillaje. - -[Sidenote: Condeixa.] - -De aquí nació que agolpándose muchedumbre de población fugitiva de -aquella ciudad y otras partes a los desfiladeros que van a Condeixa, -hubo de comprometerse la división de Craufurd, que cubría la retirada -del ejército aliado, porque, detenida en su marcha, se dio lugar a -que se aproximaran los jinetes enemigos. A su vista suscitose gran -desorden, y si hubieran venido asistidos de infantería, quizá hubieran -destrozado a Craufurd. Este consiguió, aunque a duras penas, poner en -salvo su división. - -[Sidenote: Desórdenes en el ejército inglés.] - -Lo apacible del tiempo había favorecido en su retirada a los ingleses, -abundaban en provisiones, y no obstante cometieron excesos, a punto de -robar sus propios almacenes. El cuartel general se estableció en Leiría -el 2 de octubre, y creciendo la perturbación y las demasías, hubiéranse -quizá repetido en compendio las escenas deplorables del ejército de -Moore, a no haber Lord Wellington reprimido el desenfreno con castigos -ejemplares y con vedar que los regimientos más díscolos entrasen en -poblado. - -El saqueo de Coimbra y sus desórdenes impidieron también, por su parte, -al mariscal Massena moverse de aquella ciudad antes del 4, respiro -que aprovechó a los ingleses. No obstante, acometiendo de repente los -enemigos a Leiría, se vieron aquellos al pronto sobrecogidos. Atajados -al fin los ímpetus del francés, prosiguieron la retirada los aliados, -yendo su derecha por Tomar y Santarén, la izquierda por Alcobaza y -Óbidos, el centro por Batalha y Rio Maior: enviose fuerza portuguesa a -guarnecer a Peniche, pequeña plaza orillas de la mar. - -[Sidenote: Sorprende Trant a los franceses de Coimbra.] - -No bien hubo el mariscal Massena salido de Coimbra, cuando el coronel -Trant, viniendo desde el Vouga con milicia portuguesa, pudo el 7 -sorprender en aquella ciudad a los franceses que la custodiaban, -coger a los que se habían fortificado en el convento de Santa Clara, -apoderarse, en una palabra, de 5000 hombres, contados heridos y -enfermos, y asimismo de los depósitos y hospitales. Al siguiente día -llegaron también, con sus milicianos, los jefes Miller y Juan Wilson, y -tomaron, extendiéndose por la línea de comunicación, 300 hombres más. - -No detuvo a Massena semejante contratiempo, ni tampoco las lluvias, -que empezaron a ser muy copiosas. En nada reparaba la impetuosidad -francesa, [Sidenote: Alcoentre.] y el 9, en Alcoentre, viose -sorprendida una brigada de artillería inglesa, y hasta perdió sus -cañones. Costó mucho recobrarlos. Parecida desgracia ocurrió el 10 a la -división de Craufurd en Alenquer, [Sidenote: Alenquer.] permaneciendo -este general muy descuidado cuando tenía cerca un enemigo tan -diligente. El terror fue grande, y aunque se disipó, no por eso dejó de -correr la voz de que aquella división había sido cortada; por lo cual, -temeroso Hill de la suerte de la 2.ª línea, que era la más importante, -se echó atrás para cubrirla, y dejó desamparada la primera desde -Alhandra a Sobral, cosa de dos leguas. Felizmente los enemigos no lo -notaron, y antes de la madrugada del 11 tornó Hill a sus anteriores -puestos. Infiérese de aquí lo poco firme que todavía andaba el ánimo -del ejército inglés. - -[Sidenote: Los ingleses en las líneas.] - -Había este ido entrando sucesivamente en las líneas de Torres Vedras, y -admirábase, no teniendo de ellas cumplida idea. No menos se maravilló, al -acercarse, el mariscal Massena, quien hasta pocos días antes ni siquiera -sabía que existiesen. Ignorancia pasmosa, ya dimanase del sigilo con -que se habían construido obras de tal importancia, ya de la falta de -secretas correspondencias de los enemigos en el campo aliado. - -Massena gastó algunos días en reconocer y tantear las líneas; se -trabaron varias escaramuzas, la más seria el 14, cerca de Sobral. Fue -herido el general inglés Harvey, y en Villafranca mató el fuego de una -cañonera al general francés Sainte-Croix. - -[Sidenote: Massena no las ataca.] - -No vislumbrando Massena, después de su examen, probabilidad de forzar las -líneas, consultó con los otros jefes principales del ejército, y juntos -decidieron pedir refuerzos a Napoleón, y reducir en cuanto fuese dado a -bloqueo las operaciones. Estableció, de consiguiente, Massena su cuartel -general en Alenquer, situó el cuerpo de Reynier en Villafranca, el de -Junot mirando a Sobral, y mantuvo el de Ney en Ota, a retaguardia. - -[Sidenote: Formidable fuerza y posición de Wellington.] - -Por su parte, el ejército de Lord Wellington estaba distribuido así: la -derecha, a las órdenes de Hill, en Alhandra; la izquierda, que mandaba -Picton, en Torres Vedras; Wellington mismo y Beresford en el centro, el -último tenía su cuartel general en Monte Agraço, el primero en Quinta de -Peronegro, cerca de Enxara dos Cavaleiros. Fuese el ejército británico -reforzando, y cubriéronse sus huecos con tropas de Inglaterra y Cádiz; -[Sidenote: Únesele con dos divisiones Romana.] también se le unió -de Badajoz, antes de acabar octubre, el marqués de la Romana, con dos -divisiones mandadas por los generales Carrera y Don Carlos O’Donnell, -que ambas componían unos 8000 hombres. - -Juzgó conveniente, además, Lord Wellington no solo tener a su disposición -fuerza real y efectiva bien organizada, sino igualmente gran avenida -de hombres que aumentasen el número y las apariencias. Así la milicia -cívica de Lisboa, la de la provincia de la Extremadura portuguesa y sus -ordenanzas se metieron en el recinto de las líneas, pues allí podían -ser útiles y representar aventajado papel. Creció tanto la gente que, -al rematar octubre, recibían raciones dentro de dichas líneas 130.000 -hombres, de los que 70.000 pertenecían a cuerpos regulares y dispuestos -a obrar activamente; guardaban casi todos los castillos y fuertes de la -primera y segunda línea la milicia y artillería portuguesas; la tercera, -que era la última y más reducida, la tropa de marina inglesa. - -Tan enorme masa de gente, abrigada en estancias tan formidables, -teniendo a su espalda el espacioso y seguro puerto de Lisboa, y con -el apoyo y los socorros que prestaban el inmenso poder marítimo y la -riqueza de la gran Bretaña, ofrece a la memoria de los hombres un caso -de los más estupendos que recuerdan los anales militares del mundo. -¡Qué recursos asistían al dominador de Francia para superar tantos y -tantos impedimentos! - -[Sidenote: Moléstase también al enemigo fuera de las líneas.] - -Por de fuera de las líneas no descuidó Wellington el que se hostilizase -al enemigo. La milicia del norte de Portugal le punzaba por la espalda -y se comunicaba con Peniche, hacia donde se destacó un batallón español -de tropas ligeras y un cuerpo de caballería inglesa, también sostenidos -por una columna volante que salía de Torres Vedras a hacer sus -excursiones, y por el pueblo de Óbidos en estado de defensa. Del otro -lado maniobraba la milicia de la Beira baja, dándose la mano con la del -norte y apoyada por [Sidenote: Don Carlos España.] Don Carlos España -que, con una columna móvil, había pasado el Tajo y obraba la vuelta de -Abrantes, villa esta en poder de los aliados y fortificada. De suerte -que los franceses estaban metidos como en una red, costándoles mucho -avituallarse y formar almacenes. - -[Sidenote: Situación crítica de los franceses.] - -En la lejanía dañábales igualmente el continuo pelear de los -partidarios españoles de León, Castilla y provincias vascongadas, que -dificultaban los convoyes y socorros e interrumpían la correspondencia -con Francia. No menos los desfavoreció la guerra que por las alas -hacían las tropas españolas, ya en la frontera de Galicia, ya en -Asturias y también en Extremadura. - -[Sidenote: Galicia.] - -De las primeras, Galicia, aunque libre, ceñía sus operaciones a hacer -de cuando en cuando correrías hasta el Órbigo y el Esla, de donde, -según ya quedó apuntado, solían los enemigos arrojar a los nuestros, -obligándolos a replegarse a los puertos de Manzanal y Foncebadón, -y aun al Bierzo. El general Mahy continuaba mandando, como antes, -aquel ejército, cuyas fuerzas apenas llegaban a 12.000 hombres y -pocos caballos, todo no muy arreglado. Y, ¡cosa de admirar!, los -gallegos, que se habían esmerado tanto en defender sus propios hogares, -mostráronse perezosos en cooperar fuera de su suelo al triunfo de la -buena causa. Mas esto pendió mucho, aquí como en las demás partes, -de las autoridades, y no de reprensible falta en el carácter de los -habitantes. Aquellas, por lo general, eran flojas y adolecían de los -vicios de los gobiernos anteriores, careciendo de la previsión y bien -entendida energía que da la ciencia práctica del gobierno. - -Las operaciones, pues, del general Mahy fueron muy limitadas. Ocuparon, -sin embargo, sus tropas por dos veces a León, e inquietaron con -frecuencia, y a veces con ventaja, a los franceses. Distinguiéronse -en semejantes reencuentros los oficiales superiores Meneses y Evia. -Diósele después a Mahy el mando de las tropas de Asturias, para que, -reuniendo este al que ya tenía, se procediese más de concierto. Al -fin, autorizósele también con la capitanía general de Galicia, y se -creyó de este modo que, poniendo en una mano la supremacía militar del -distrito y la de las fuerzas activas de ambas provincias, tomarían los -movimientos de la guerra rumbo más fijo. Mahy, en consecuencia, y para -obrar de acuerdo con la junta de Galicia y hacer que de un solo centro -partiesen las providencias convenientes, pasó a la Coruña en 2 de -septiembre, y dejó en su lugar, al frente del ejército, a Don Francisco -Taboada y Gil, que vimos en Sanabria. Colocó este general las tropas -en Manzanal y Foncebadón, con puestos destacados sobre las avenidas -de la Puebla de Sanabria por un lado, y por otro sobre Asturias, vía -de las Babias. Formose asimismo una columna volante de 2000 hombres, -al mando del coronel Mascareñas, que particularmente maniobraba hacia -León, la cual desbarató algunas tropas del enemigo en la Robla antes de -acabar octubre, y en San Feliz de Órbigo al empezar noviembre. También -el 26 de aquel mes, en Tábara, Don Manuel de Nava sorprendió a los -franceses y les hizo algunos prisioneros. Mas el único beneficio que de -tales operaciones resultó, ciñose a obligar al enemigo a que mantuviese -fuerzas bastantes en las riberas del Órbigo y del Esla. - -Mahy no alcanzó nada importante con su ida a la Coruña. Habían traído -allí fusiles de Inglaterra y otros auxilios, de que no se sacó gran -fruto. Las autoridades discurrían, es cierto, mucho entre sí, y aun -ideaban planes, pero casi todos ellos o no llegaron a plantearse o se -frustraron. Hombre de sanas intenciones, escaseaba Mahy de nervio y de -aquella voluntad firme que imprime en la mente de los demás respeto y -sumisión. - -[Sidenote: Asturias.] - -Dejamos en abril las tropas de Asturias colocadas en la Navia y en el -país montuoso que sigue casi la misma línea. Las primeras se componían -de la división de Galicia, y las mandaba Don Juan Moscoso: las otras, -que eran las asturianas, Don Pedro de la Bárcena, a quien se había -agregado con su cuerpo franco Don Juan Díaz Porlier. Atacó Moscoso el -17 de mayo en Luarca a los franceses. Por desgracia nuestras tropas -flaquearon, y con pérdida volvieron a ocupar su primera línea. A -Bárcena, acometido al mismo tiempo, sucediole igual fracaso. Conservose -íntegro el cuerpo de Porlier, que en seguida se situó en el puente de -Salime, a la derecha de Moscoso. - -Se retiró a poco este del principado, cuyo mando supremo militar -confirió la regencia de Cádiz a Don Ulises Albergotti, hombre muy -anciano e incapaz de desempeñar encargo que en aquel tiempo requería -gran diligencia. El nuevo general permaneció en Navia, y allí, en 5 de -julio, acometiéronle los franceses, penetrando por el lado de Trelles. -Estaba Albergotti desprevenido, y con el sobresalto no paró hasta Meira -en Galicia. Los enemigos extendieron sus correrías a Castropol, límite -de aquel reino y de Asturias. Dos días antes, el 3, Bárcena, que había -avanzado hacia Salas, también fue atacado y se recogió a la Pola de -Allande. - -Mahy entonces, como general en jefe de todas las fuerzas de Galicia y -Asturias, quiso poner remedio a tan repetidas desgracias, hijas las -más de descuido en algunos jefes y de mala inteligencia entre ellos, -y meditó un plan para desembarazar de enemigos el principado. Envió, -pues, 600 hombres que reforzasen la división gallega, mandó que esta -partiese a Salime y comunicase con Bárcena, y además destacó del grueso -del ejército de Galicia, que estaba en el Bierzo, un trozo de 1500 -hombres al cargo de D. Esteban Porlier, el cual, cruzando el puerto -de Leitariegos, debía obrar mancomunadamente con las fuerzas de -Asturias. [Sidenote: Expediciones de Porlier por la costa.] Al propio -tiempo, el otro Porlier [Don Juan Díaz] estaba destinado a llamar, con -la infantería de su cuerpo franco, la atención de los franceses del -lado de Santander, embarcándose a este propósito en Ribadeo a bordo, y -escoltado de cinco fragatas inglesas. - -Semejante plan hubiera podido realizarse con buen éxito si Mahy, -usando de su autoridad, hubiera hecho que todos los jefes concurriesen -prontamente a un mismo fin. Porlier dio la vela de Ribadeo, dirigiendo -la expedición marítima el Comodoro inglés Roberto Mends. Amagaron -los aliados varios puntos de la costa y tomaron tierra en Santoña, -puerto que, bien fortificado, hubiera sido en el norte de España un -abrigo tan inexpugnable como lo eran en el mediodía las plazas de -Gibraltar y Cádiz. Tal deseo asistía a Porlier, pero su expedición, -puramente marítima, no llevaba consigo los medios necesarios para -fortificar y poner en estado de defensa un sitio cualquiera de la -marina. Desembarcó, sin embargo, en varios parajes además de Santoña, -cogió 200 prisioneros, desmanteló las baterías de la costa, alistó en -sus banderas bastantes mozos del país ocupado, y felizmente tornó a la -Coruña con la expedición el 22 de julio. - -Repitió este activo e infatigable jefe otra tentativa del mismo género -el 3 de agosto, y aportó a la ensenada de Cuevas, entre Llanes y -Ribadesella. Dirigiose a Potes, deshizo en las montañas de Santander -algunas partidas enemigas, y retrocediendo a Asturias obró de consuno -con Don Salvador Escandón y otros jefes de guerrillas que lidiaban al -oriente del principado. - -Bárcena, por su parte, también avanzó, y el 15 de agosto tuvo en -Linares de Cornellana un reencuentro con los franceses. Siguiéronse -otros, y parecía que pronto se vería Oviedo libre de enemigos, -favoreciendo las empresas de la tropa reglada las alarmas de varios -concejos, nombre que, como dijimos, se daba al paisanaje armado de la -provincia. Pero no fue así: cuando unos jefes avanzaban, se retiraban -otros, y nunca se llevó a cabo un plan bien concertado de campaña. -Teníase, sí, en sobresalto al enemigo, forzábaselo a conservar en -aquellas partes considerable número de gente, mas la guerra, yendo al -mismo son en el principado de Asturias que en la frontera de Galicia, -no reportó las ventajas que se hubieran sacado con mayor unión y vigor -en las autoridades y ciertos caudillos. - -[Sidenote: Extremadura.] - -Fue importante, si no siempre favorable en sus resultas, la asistencia -que dio Extremadura a la campaña de Portugal, pues por lo menos se -entretuvo el cuerpo del mariscal Mortier, y se impidió que, metiéndose -en el Alentejo, quitase a Lisboa los auxilios que aquel territorio -suministraba. - -Dimos cuenta hasta entrado julio de las operaciones más principales -del ejército de dicha provincia de Extremadura, que se llamaba de la -izquierda. Privado este del apoyo del general Hill, había puesto Lord -Wellington en manos del general en jefe, marqués de la Romana, la plaza -de Campomayor, y enviádole a mediados de agosto una brigada portuguesa, -a las órdenes de Madden. - -Aun sin tales arrimos continuaban las tropas de Extremadura -incomodando con mayor o menor ventura al enemigo. Ya al retirarse -Reynier le siguieron la huella los soldados de Don Carlos O’Donnell, -cogieron a los que se rezagaban, y el 31 de julio el jefe España se -apoderó de 100 hombres que guardaban una torre y casa fuerte sita -en la confluencia del Almonte y Tajo, cerca de donde se divisan los -famosos restos del puente romano de Alconétar, que el vulgo apellida de -Mantible, nombre célebre en algunas historias españolas de caballería. -Mas por este lado hubo la desgracia de que en Alburquerque, con la -caída de un rayo se volase, casi al mismo tiempo que en Almeida, un -almacén de pólvora, accidente que causó daños y ruinas. - -La guerra que hasta aquí había hecho el ejército de Extremadura no -dejó de ser prudente y acomodada a las circunstancias y a la calidad -de sus tropas, si bien se quejaban todos de la indolencia y dejadez -del general en jefe. Y así, más bien que por premeditado plan de este, -dirigiéronse las operaciones según el valor o el buen sentido de los -generales subalternos, los cuales evitaban grandes choques, y solo -parcialmente hostigaban al enemigo y le traían en continuo movimiento. -Quiso Romana en agosto probar por sí fortuna y dar a la campaña nuevo -impulso y mayor ensanche. En consecuencia, saliendo de Badajoz el 5, -se unió a las divisiones de los generales Ballesteros y La Carrera -que se hallaban en Salvatierra, ambas a las órdenes de Don Gabriel de -Mendizábal, y juntos se adelantaron, recogiéndose atrás a Llerena los -franceses que había en Zafra. [Sidenote: Refriega en Cantaelgallo.] -Aguardaron estos en las alturas de Villagarcía, y los nuestros se -colocaron en las de Cantaelgallo, separadas de las primeras por un -valle. Los enemigos atacaron el 11, y valiéndose de diestras maniobras, -estuvieron próximos a envolver a los infantes españoles si La Carrera, -con la caballería, no los hubiera sacado de tan mal paso. Portose -asimismo con habilidad y honra la artillería. Se retiró Romana a -Almendralejo, y los franceses volvieron a Zafra. - -No pasaron por entonces más adelante porque, como en aquella guerra -tenían a un tiempo que acudir a tantas partes, luego que en una -triunfaban los llamaba a otra algún suceso desagradable o inesperado. -Verificose particularmente en Extremadura este trasiego, este -continuado ir y venir, distrayendo la atención de las tropas de Mortier -ya las ocurrencias del condado de Niebla, ya las de Ronda u otros -lugares. - -[Sidenote: En Fuente de Cantos.] - -Después de lo que aconteció en Cantaelgallo, fueron reforzadas las -tropas españolas con los jinetes del general Butrón que ocupaban otros -sitios, y con los portugueses ya indicados, al mando de Madden. Quietos -los franceses y aun replegados de nuevo, avanzó Butrón a Monesterio, -y se colocó La Carrera, con su división de caballería y la artillería -volante, en Fuente de Cantos. Vinieron los enemigos sobre ellos el 15 -de septiembre, en número de 13.000 infantes y 1800 caballos. Butrón -se incorporó a Carrera y ambos pelearon bien hasta que, oprimidos por -la superioridad enemiga, empezaron a retirarse. Los franceses tenían -oculta parte de su tropa, casi a espaldas de los nuestros, y cargando -de improviso, introdujeron desorden y se apoderaron de algunos cañones. -Mayor hubiera sido la desgracia de los españoles a no haber acudido -pronto en su favor el inglés Madden, apostado con los portugueses en -Calzadilla, quien contuvo a los jinetes franceses y aun los escarmentó. -El general Butrón también después, en Azuaga, les cogió 100 hombres. -Paráronse los nuestros en Almendralejo, y los enemigos no pasaron de -Zafra y de los Santos de Maimona. - -Prosiguió de este modo la guerra sin ningún considerable empeño, y -Romana saliendo, como hemos dicho, para Lisboa, se juntó en octubre -con el ejército inglés. Determinación que tomó de propia autoridad, -y no de acuerdo con el gobierno supremo. Cierto es que no hubiera -obtenido Romana la aprobación de aquel a haberle consultado, pues claro -era que las tropas que llevó consigo hacían más falta para cubrir la -Extremadura española, y aun para impedir la entrada de los franceses -en el Alentejo, que en las líneas de Torres Vedras, abundantemente -provistas de gente y de medios de defensa. Antes de partir nombró -Romana, para que le reemplazase en el mando en jefe, a Don Gabriel de -Mendizábal, puso a Badajoz como si estuviera amagado de sitio, y mandó -que la junta y demás autoridades se trasladasen a Valencia de Alcántara. - -Tenía inmediata correlación con las operaciones del ejército de -Extremadura la guerra que se hacía en el condado de Niebla, en la -serranía de Ronda y en otros lugares de la Andalucía. - -[Sidenote: Expedición de Lacy a Ronda.] - -Se daba desde Cádiz pábulo a semejante lucha por medio de auxilios y de -algunas expediciones marítimas. Hízose a la vela la primera de estas el -17 de junio, compuesta de 3189 hombres de buenas tropas, a las órdenes -del general Don Luis Lacy, y dirigió su rumbo a Algeciras, en donde -desembarcó. Tenía por objeto dicha empresa fomentar la insurrección -de la serranía de Ronda, adoptando un plan que constantemente -mantuviese allí la guerra. El que proponía Lacy, siguiendo en parte los -pensamientos del general Serrano Valdenebro, comandante de la sierra, -se presentaba como el más adecuado y consistía en establecer de mar a -mar, quedando Gibraltar a la espalda, una línea de puntos fortificados -que abrigasen respectivamente ambos flancos cuando se obrase ya en uno -o ya en otro de ellos. Se habilitaban también en lo interior de la -sierra varios castillejos, antiguos vestigios de los moros, colocados -los más en parajes casi inaccesibles. El ejército había de obrar no -en masa sino en trozos, reuniéndose solo en determinadas ocasiones, y -se dejaba a cargo del paisanaje guarnecer los castillos, y suplir con -reclutas las bajas del ejército en Cádiz. Mas para realizar este plan -necesitábase tiempo, y no era probable que los franceses se descuidasen -y permitiesen el que se llevara a efecto. - -Lacy, luego que hubo desembarcado, se encaminó a Gaucín, desde donde -quiso acercarse a Ronda. En esta ciudad se habían los franceses -fortalecido en el antiguo castillo y formado varios atrincheramientos: -tomar uno y otro a viva fuerza no era maniobra fácil ni pronta, -principalmente conservando los enemigos en Grazalema una columna móvil. - -Limitose, pues, Lacy a hacer algunos movimientos, y a contener a veces -los ímpetus del enemigo. Le ayudaban los partidarios, favorecidos del -conocimiento que tenían del terreno, siendo los de más nombre Don José -de Aguilar, Don Juan Becerra y Don José Valdivia. También los ingleses, -de acuerdo con el general español, enviaron al este de la sierra 800 -hombres que sirviesen de apoyo en cualquier desmán. - -Inquietos los franceses con la expedición, y persuadidos de que si se -mantenía firme en los montes de Ronda, desasosegaría continuamente las -fuerzas que sitiaban a Cádiz, y aun las de Sevilla y Málaga, diéronse -priesa a frustrar tales intentos. Y así, al paso que el general Girard -buscaba a Lacy hacia el frente, destacó el mariscal Victor tropas del -primer cuerpo por el lado de poniente, y Sebastiani otras del 4.º por -el de levante. De manera que, temeroso Don Luis Lacy de ser envuelto, -se trasladó a la fuerte posición de Casares, embarcándose después en -Estepona y Marbella. Tomó a poco tierra en Algeciras, y tornando a -San Roque se corrió otra vez a la banda de Marbella, a fin de alentar -y socorrer la guarnición de aquel castillo que, bajo el mando de Don -Rafael Cevallos Escalera, burló diversas tentativas que para ocuparle -hizo el enemigo. Don Francisco Javier Abadía, comandante de San Roque, -aunque asistido de escasa fuerza, cooperó igualmente a los movimientos -de Lacy, y llamó por Algeciras la atención de los franceses. - -Pero al fin, agolpándose estos en gran número a la sierra, se reembarcó -la expedición, y regresó a Cádiz el 22 de julio. No se sacaron de ella -más ventajas que la de molestar a los enemigos y divertirlos de otras -operaciones, particularmente de las que intentaba en Extremadura, -tan conexas con las de Portugal. Poca o mala inteligencia entre las -tropas de línea y los paisanos desfavoreció la empresa. Para aquellas -había oscura gloria y mucho trabajo en la guerra de partidarios, única -que convenía en la sierra; no así para los otros, habituados a tales -peleas, y cuya ambición de fama estaba satisfecha con que se pregonasen -sus hazañas en el ejido de sus pueblos. - -[Sidenote: Al Condado de Niebla.] - -Ni un mes se pasó sin que el mismo Don Luis Lacy, con otra expedición, -saliese de Cádiz llevando rumbo opuesto al anterior de Ronda, esto es, -al condado de Niebla. [Sidenote: Situación de esta comarca.] En dicha -comarca proseguía el general Copons entreteniendo al enemigo, que, bajo -el mando del duque de Aremberg, hacía con una columna móvil excursiones -en el país, y le molestaba. La junta de Sevilla contribuía desde -Ayamonte al buen éxito de las operaciones de Copons, y oportunamente -formó de la isla llamada Canela, en el Guadiana, un lugar de depósito -resguardado de los ataques repentinos del enemigo. En breve aquel -terreno, antes arenoso y desierto, se convirtió en una población donde -se albergaron muchas familias, refugiándose a veces los habitantes -de aldeas enteras y villas invadidas. Construyéronse allí barracas, -almacenes, pozos, hornos, y se fabricaron en sus talleres monturas, -cartuchos y otros pertrechos de guerra. Al fin, fortificáronse también -sus avenidas, de manera que se hizo el punto casi inexpugnable. - -Constaba la expedición de Lacy de unos 3000 hombres, y escoltábala -fuerza sutil, española e inglesa, al mando la primera de Don Francisco -Maurelle, y la segunda al del capitán Jorge Cockburn. Desembarcó la -gente el 23 de agosto, a dos leguas de la barra de Huelva, entre las -Torres del Oro y de la Arenilla. La fuerza sutil se metió por la ría -que forman a su embocadero las corrientes del Odiel y el Tinto, con -propósito de ayudar la evolución de tierra y atacar por agua a Moguer. -En este sitio tenían los franceses 500 infantes y 100 caballos que, -sorprendidos, se retiraron, no asistiendo mayor dicha a otros tantos -que corrieron a su socorro de San Juan del Puerto. - -Copons, al desembarcar Lacy, se hallaba en Castillejos, 12 leguas -distante, y habiéndose por desgracia retardado el pliego que le -anunciaba el arribo, no pudo acudir a la costa con la puntualidad -deseada, malográndose así el coger entre dos fuegos a los franceses que -estaban avanzados. Vino Copons, sin embargo, a Niebla, y se puso luego -en comunicación con Lacy. Los pueblos recibieron a este con el júbilo -más colmado, y fiados en su apoyo dieron a los enemigos terrible caza. -Pero no teniendo otra mira la expedición de Don Luis Lacy sino la de -divertir al francés de Extremadura, en tanto que el ejército de Romana -también por su lado se movía, miró aquel general como concluido su -encargo luego que le amenazaron superiores fuerzas, y de consiguiente -se reembarcó el 26 del mismo agosto. Desagradó en el condado lo rápido -de la excursión, y muchos pensaron que, sin comprometer su gente, -hubiera podido Lacy permanecer allí más tiempo, y maniobrar en unión -con el general Copons. Desamparados los pueblos, padecieron nuevas -molestias del enemigo, en especial Moguer, que se había declarado -y tomado parte desembozadamente. Quiso en seguida Lacy acometer a -Sanlúcar de Barrameda, pero los franceses, ya sobre aviso, frustráronle -el proyecto. - -[Sidenote: Operaciones de Cádiz.] - -De vuelta a Cádiz el mismo general, estimulado por el gobierno y de -acuerdo con él y los otros jefes, verificó el 29 de septiembre una -salida camino del puente de Suazo, consiguiendo con ella destruir -algunas obras del enemigo, siendo esta la sola operación digna de -mentarse que, hasta finalizar el presente año de 1810, practicaron en -la Isla gaditana las tropas de tierra. - -Pudieron las de mar haber tenido ocasión de señalarse, a no -estorbárselo tiempos contrarios. El mariscal Soult, convencido de que -para cualquiera empresa contra Cádiz y la Isla de León, si había de -ser fructuosa, era indispensable fuerza sutil, [Sidenote: Fuerza sutil -de los enemigos.] ideó que se construyesen buques al caso en Sanlúcar -y en Sevilla. Para ello valiose de barcos de aquellos puertos, ordenó -una tala en los montes inmediatos, y recibió de Francia carpinteros, -marinos y calafates. En octubre, dispuesta ya una flotilla, se trasladó -en persona a Sanlúcar dicho mariscal a fin de presenciar desde la -costa la dificultosa travesía que tenían que emprender los referidos -buques desde la boca del Guadalquivir hasta lo interior de la bahía de -Cádiz. Empezose a poner en obra el proyecto en la noche del 31, pasando -la flotilla por entre los bajos de Punta Candor, y atracando siempre a -la costa. Se componía en todo de unos 26 cañoneros: dos vararon, nueve -se metieron la misma noche en el puerto de Santa María, y los otros -anclaron en Rota, de donde, aprovechando vientos frescos y favorables, -se juntaron a los que habían ya entrado, sin que les hubiese sido dable -impedirlo a las fuerzas de mar anglo-españolas. Pero de nada sirvió -a los franceses suceso en su entender tan dichoso. En balde después -quisieron que su flotilla doblase la punta del Trocadero, en balde -trasladaron por tierra los barcos a Puerto Real. Durante el sitio ya no -se menearon de allí, obligándolos a permanecer quedos las superiores y -mejor marineras fuerzas de los aliados. - -No por eso dejaron los franceses de perfeccionar las obras de tierra, -y de establecer una cadena de fuertes que se dilataba desde la entrada -de la bahía hasta Chiclana, por cuya parte, y en una batería inmediata -al cerro de Santa Ana, perdieron, muerto de una granada, al distinguido -general de artillería Senarmont. - -[Sidenote: Fuerzas de los aliados en Cádiz y la Isla.] - -Los aliados tampoco se mantuvieron ociosos. Mejoraron cada vez más -las fortificaciones, y las tropas se engrosaron y adquirieron buena -disciplina. De las inglesas se contaron en julio 8500 hombres; -volviéronse a reducir a 5000 por los refuerzos que se enviaron a -Portugal; mas antes de fines de año crecieron otra vez a 7000 con gente -que llegó de Sicilia y Gibraltar. Las tropas españolas de línea pasaban -de 18.000 hombres. Don Joaquín Blake continuó a su cabeza hasta 23 de -julio, en cuyo tiempo se transfirió a Murcia, extendiéndose su mando, -conforme apuntamos, a las divisiones existentes en aquel reino, las -cuales formaban con las de la Isla de León el ejército llamado del -centro. - -[Sidenote: Blake en Murcia.] - -Llegado que hubo el general Blake a su nuevo destino, restableció paz -y armonía, que andaba escasa entre algunos jefes. El ejército se había -aumentado a punto que poco antes enviara a Cádiz una división de 4000 -hombres al mando del general Vigodet. Blake llegó el 2 de agosto, y la -fuerza disponible era de unos 14.000 soldados, 2000 de caballería. - -Alrededor de este ejército revoloteaban, por decirlo así, muchos -partidarios, en especial del lado de Jaén y de Granada. Entre los -primeros sobresalían los nombrados Uribe, Alcalde y Moreno, puestos a -las órdenes del comandante Bielsa; entre los otros, el coronel Don José -de Villalobos. - -Cuando Blake se incorporó al ejército, se hallaba este repartido en -Murcia, Elche, Alicante, Cartagena y pueblos de los contornos: algunos -batallones estaban destacados en la Mancha, sierra de Segura y frontera -de Granada, en donde permanecía la caballería, extendiéndose hasta -cerca de Huéscar. - -[Sidenote: Sebastiani se dirige a Murcia.] - -Fijó la idea de Blake la atención de los franceses, y desde luego -resolvió Sebastiani hacer otra excursión la vuelta de Murcia, -lisonjeándose que de ella saldría tan airoso como la vez primera, y aun -también de que disiparía como humo el ejército de los españoles. - -[Sidenote: Medidas que toma Blake.] - -Informado Blake de los intentos del enemigo, preparose a recibirle. -Agrupó sucesivamente en la huerta de Murcia sus tropas, y las colocó -de esta manera: la 5.ª división, al mando del brigadier Creagh, ocupó -la derecha en Añora; detrás, guarnecía un batallón el monasterio de -jerónimos, teniendo apostaderos por la izquierda hasta el río; delante, -se plantaron cuatro piezas de artillería. Alojábase la izquierda del -ejército en el lugar de Don Juan, y la componía la 3.ª división, del -cargo del brigadier Sanz, teniendo un destacamento por su siniestro -costado. Enlazábase esta posición con la del centro por medio de un -molino aspillerado y de una batería circular, colocada en donde una -de las acequias mayores se distribuye en dos atajeas. Dicho centro, -que cubría la 1.ª división, al mando del general Elío, estaba cerca de -Alcántara, en la Puebla. - -Dispúsose además la inundación de la huerta; medio oportuno pero no -del todo hacedero, ya por no ser nunca, y menos en aquella estación, -muy caudaloso el Segura, ya también porque, aun en caso de una rápida -avenida, las obras allí practicadas estanlo en términos que solo sirven -para sangrar el río, y no para favorecer estragos, como construidas -con el único objeto de dar a los campos el necesario y fecundante -beneficio del riego. Sin embargo, se inundaron los caminos y una faja -de bancales por la orilla, amparando lo demás de la huerta sus naranjos -y sus cidros, sus limoneros y moreras, en fin toda su intrincada y -lozana frondosidad. - -Siguiose en esto, y en lo de armar al paisanaje, la conducta del -obispo Don Luis Belluga en la guerra de sucesión. Ahora, como -entonces, acudieron todos los partidos, hasta el de Orihuela, aunque -perteneciente a Valencia, y se distribuyeron en compañías y secciones, -incorporándose al ejército. Manifestaron los paisanos grande entusiasmo -y mucha docilidad; perfecta armonía reinó entre ellos y los soldados. -Blake, declarando a Murcia amenazada de inmediato ataque, la sometió -al solo y puro gobierno militar; providencia que las autoridades -respetaron, y que en aquel lance obedecieron con gusto. - -En el intermedio se había ido acercando el general Sebastiani, y -echádose atrás nuestra caballería, a las órdenes de Don Manuel Freire, -que sustentó con destreza varios reencuentros. Según los enemigos -se aproximaban, daban aviso de todos sus pasos al general Blake los -alcaldes de los pueblos y muchos particulares con rara puntualidad, -llegando a su colmo la diligencia de todos. Los franceses aparecieron -el 28 de agosto en Librilla, a 4 leguas de Murcia, y nuestros jinetes -se situaron en Espinardo, con puestos avanzados sobre el río Segura. -El partidario Villalobos, que había acompañado a Freire, se colocó en -Molina. - -[Sidenote: Se retira Sebastiani.] - -Luego que el general Sebastiani llegó a Librilla hizo varios -reconocimientos; y arredrado del modo con que los nuestros le -aguardaban, se apartó del intento de penetrar en Murcia, y en la noche -del 29 al 30 se replegó a Totana. Hostilizáronle en la retirada los -paisanos, particularmente los de Lorca, y en esta ciudad y en otros -pueblos cometió el francés mil tropelías. Bien le vino a este no -insistir en la empresa proyectada, pues a haber padecido descalabro, -como era probable, en los laberintos de la huerta de Murcia, toda su -gente hubiera sido muy maltratada, ya por los habitantes de este reino, -ya por los de Granada, cuyos ánimos se encrespaban acechando la ocasión -de escarmentar a sus opresores. Haberse expuesto a tal riesgo y cansado -inútilmente la tropa, con marchas y contramarchas de más de cien leguas -en estación tan calurosa, fueron los frutos que reportó Sebastiani de -una expedición que de antemano había pregonado como fácil. - -[Sidenote: Insurrecciones en el reino de Granada.] - -Entre los que empezaron en el reino de Granada a levantar cabeza -durante la ausencia del general francés, señalose el alcalde de -Otívar, de nombre Fernández, quien entró en Almuñecar y Motril, y aun -se apoderó de sus castillos. Estas y otras empresas que propagaron -la llama de la insurrección por las sierras y por varios pueblos de -la costa, a pesar de algunos amigos y parciales que tuvieron allí -los enemigos, impulsó a los ingleses a dar cierto apoyo a aquellos -movimientos. Decidiéronse, sobre todo, a atacar a Málaga, guarida -entonces de corsarios, y en cuyo puerto también fondeaba una flotilla -enemiga de lanchas cañoneras. [Sidenote: Expedición contra Fuengirola y -Málaga.] Al efecto se preparó en Ceuta una expedición de 2500 hombres -españoles e ingleses, a las órdenes de Lord Blayney, la cual dio la -vela el 13 de octubre con dirección a Fuengirola. Empezaron luego los -aliados a embestir este castillo, guarnecido por 150 polacos, con -esperanza de que así llamarían hacia aquel punto las fuerzas enemigas, -y podrían, reembarcándose, caer repentinamente sobre Málaga que se -vería desprovista de gente. Pero dándose Lord Blayney torpe maña, -en vez de sorprender a sus contrarios, él fue, por decirlo así, el -sorprendido, acometiéndole de improviso el general Sebastiani con 5000 -hombres. Al querer retirarse, fue dicho Lord cogido prisionero, y las -tropas inglesas volvieron en confusión a sus barcos; solo un regimiento -español, el Imperial de Toledo, único de los nuestros que allí iba, -tornó a bordo sin pérdida y en buena ordenanza. - -[Sidenote: Avanza Blake a Granada.] - -El ruido de semejantes acontecimientos y el deseo de ensanchar los -límites de su territorio, estimularon al general Blake a avanzar a -la frontera de Granada, habiéndose ocupado todo aquel tiempo, desde -agosto, en mejorar la disciplina de su ejército y en adiestrarle, como -igualmente en asegurar sus estancias de Murcia. Envió asimismo a la -Mancha, con un trozo de 300 caballos, a Don Vicente Osorio, queriendo -extraer granos de aquella provincia para la manutención de su ejército. -Las partidas, si bien fomentadas por Blake en todas partes, fuéronlo -en especial del lado de Jaén, en donde Don Antonio Calvache sucedió a -Bielsa en el mando de ellas. Mas los enemigos, persiguiendo de cerca al -nuevo jefe, después de haber quemado casi toda la villa de Segura, le -mataron el 24 de octubre en Villacarrillo. - -Don Joaquín Blake, reuniendo sus tropas, distribuidas por la mayor parte, -sin contar las de las plazas, en Murcia, Caravaca y Lorca, se puso el -2 de noviembre sobre Cúllar, movimiento hecho a las calladas y del que -los franceses estaban ignorantes. Dejó Blake 2000 hombres en dicho -Cúllar, y a las doce de la mañana del 3 se colocó con 7000, de los que -unos 1000 eran de caballería, en las lomas que dominan la hoya de Baza, -y que lame el río Guadalquitón. - -Los enemigos tenían en el llano una división de caballería, que -acaudillaba el general Milhaud, asistida de artillería volante: además -habían situado de 2 a 3000 infantes en las inmediaciones de la ciudad, -bajo la guía del general Rey. No acudió allí Sebastiani hasta después -de concluida la acción que ahora iba a trabarse. - -[Sidenote: Acción de Baza, 3 de noviembre.] - -Empezó esta a las dos de la tarde, desembocando la caballería española, -a las órdenes de Don Manuel Freire, por el camino real que de Cúllar va -a Baza. Nuestros jinetes tiraron por la derecha, y formaron en batalla -en dos líneas, sosteniendo sus costados artillería y guerrillas de -fusileros. Los enemigos ciaron hacia sus peones, y entonces el general -Blake, dejando apostados en las lomas la mitad de sus infantes, se -adelantó con los otros y 3 piezas en 4 columnas cerradas, repartidas en -ambos lados del camino. - -Nuestros caballos proseguían confiadamente su marcha; mas al querer -efectuar un movimiento, se embarazaron algunos, y el enemigo, -descargando sobre ellos con impetuoso arranque, los desordenó -lastimosamente. Tras su ruina vino la de los infantes que habían -avanzado, y solo consiguieron unos y otros rehacerse al abrigo de las -tropas que habían quedado en las lomas. El enemigo no persistió mucho -en el alcance. Quedaron en el campo 5 piezas; y se perdieron entre -muertos, heridos y prisioneros 1000 hombres. De los franceses muy pocos. - -Descalabro fue el de Baza que causó desmayo y contuvo en cierto modo -el vuelo de la insurrección de aquellas comarcas. Adverso era, en esto -de batallar, el hado de Don Joaquín Blake, y vituperable su empeño en -buscar las acciones que fuesen campales antes que limitarse a parciales -sorpresas y hostigamientos. No permaneció después largo espacio al -frente de aquel ejército, llamado a desempeñar cargo de mayor alteza. - -Por lo demás, y en medio de reveses y contratiempos, la tenacidad -española, la serie innumerable de combates en tantos puntos y a la -vez, fatigaban a los franceses, y su ejército de las Andalucías no -gozó en todo el año de 1810 de mucha mayor ventura que la que tenían -los de las otras provincias. Y si bien ordenadas batallas no menguaban -extremadamente las filas enemigas, aniquilábanse aquí, como en lo -demás del reino, en marchas y contramarchas, y en apostaderos y guerra -de montaña. - -[Sidenote: Provincias de Levante.] - -Del lado de Levante las provincias de Valencia, Cataluña y aun lo que -restaba libre de la de Aragón, hubieran, obrando unidas, entorpecido -muy mucho los intentos del enemigo, siendo entre ellas tanto más -necesaria buena hermandad cuanto para sojuzgarlas estaban de concierto -el tercero y el primer cuerpo francés. Pero la multiplicidad de -autoridades, su diversa condición, los obstáculos mismos que nacían -de la naturaleza de la actual guerra estorbaban completa concordia y -adecuada combinación. Por fortuna, los caudillos enemigos, aunque no -menos interesados en aunarse, y aquí más que en otras partes, a duras -penas lo conseguían, no ya por las rivalidades personales que a veces -se suscitaban, sino principalmente por lo dificultoso de acudir al -cumplimiento de un plan convenido. - -[Sidenote: Valencia.] - -En Valencia Don José Caro, más bien que en la guerra pensaba en ir -adelante con sus desafueros. Dejó que se perdiesen Lérida, Mequinenza -y hasta el castillo de Morella, sin dar señales de oponerse al enemigo, -ni siquiera de distraerle. Al fin, viendo Caro que se aproximaban -los franceses y que la voz pública se acedaba contra tan culpable -abandono, mandó a D. Juan Odonojú, prisionero en la batalla de María -y ahora libre, que se adelantase con 4000 hombres. El 24 de junio -arrojaron estos de Villabona a los enemigos, que se abrigaron a Morella, -[Sidenote: Choques en Morella y Albocácer.] delante de cuyo pueblo se -trabó el 25 un choque muy vivo retirándose después los nuestros en -vista de haberse reforzado los contrarios. Por segunda vez avanzó en -julio el mismo Odonojú, y aun llegó el 16 a intimar la rendición al -castillo de Morella, pero revolviendo sobre él prontamente el general -Montmarie, le obligó a alejarse y causole en Albocácer un descalabro. - -[Sidenote: Avanza Caro y se retira.] - -No había Don José Caro tomado parte personalmente en ninguna de -semejantes refriegas, hasta que en agosto, pidiendo su cooperación el -general de Cataluña para aliviar a Tortosa, amenazada de sitio, se -movió aquel por la costa lentamente y más tarde de lo que conviniera. -Llevó consigo 10.000 hombres de línea y otros tantos paisanos, y se -situó en Benicarló y San Mateo. El general Suchet vino por Cálig a su -encuentro con diez batallones y también con artillería y caballería. -Caro no le aguardó, replegándose, después de ligeras escaramuzas, a -Alcalá de Chivert, y de allí el 16 de agosto a Castellón de la Plana y -Murviedro. No retrocedió en desorden el ejército valenciano, si bien -su jefe Don José Caro dio el triste y criminal ejemplo de ser de los -primeros y aun de los pocos que desaparecieron del campo. Zahiriole por -ello agriamente su hermano Don Juan, hombre ligero pero arrojado, de -quien hablamos allá en Cataluña. - -[Sidenote: Caro huye de Valencia.] - -Con la conducta que en esta ocasión mostró el general de Valencia -se acreció el odio contra su persona, y lo que aún es peor, -menospreciósele en gran manera. Se descubrieron asimismo tramas que -urdía y proscripciones que intentaba, propalándose en el público sus -proyectos con tintas que entenebrecían el cuadro. Temeroso, por -tanto, se escabulló disfrazado de fraile [traje harto extraño para un -general], y pasó luego a Mallorca, sin cuya precaución hubiera tal vez -sido blanco de las iras del pueblo. - -[Sidenote: Le sucede Bassecourt.] - -Sucediole inmediatamente en el mando Don Luis de Bassecourt, que estaba -a la cabeza de una división volante en Cuenca, hombre que si bien -alabancioso al dar sus partes y no de grande capacidad, aventajábase -en valor y otras prendas a su antecesor, procurando también con -mayor ahínco acordar sus operaciones con los generales de los demás -distritos, en especial con los de Aragón y Cataluña. - -[Sidenote: Cataluña. Su congreso.] - -En este principado hacíase la guerra con otra eficacia y obstinación -que en Valencia, merced al celo de su congreso y a la pronta diligencia -y esmero de su general Don Enrique O’Donnell. [Sidenote: O’Donnell.] -Luego que en 17 de julio estuvo reunida aquella corporación, tomó -varias resoluciones, algunas bastantemente acertadas. En la milicia -acomodó los alistamientos a la índole de los naturales, imponiendo solo -la obligación de un enganche de dos años, con facultad de gozar cada -seis meses de una licencia de 15 días. Sin embargo, los catalanes, tan -dispuestos a pelear como somatenes, repugnaban a tal punto el servicio -de tropa reglada que tuvo su congreso que establecer comisiones -militares para castigar a los desertores, y aun a los distritos que -no aprontasen su contingente. Recaudáronse con mayor regularidad los -impuestos y se realizó, a pesar de lo exhausto que ya estaba el país, -un empréstito de medio millón de duros. Aplicáronse a los hospitales -los productos que antes percibía la curia romana, y ahora los obispos, -por dispensas y otras gracias o exenciones. El alma de muchas de -estas providencias era el mismo Don Enrique O’Donnell, quien puso -además particular conato en adiestrar sus tropas, en inculcar en ellas -emulación y buen ánimo, y también en mejorar la instrucción de los -oficiales. - -[Sidenote: Macdonald.] - -Por su parte, el mariscal Macdonald apenas podía ocuparse en otras -operaciones que en las de avituallar a Barcelona: los convoyes de -mar estaban interrumpidos, y los de tierra, escasos y lentos, tenían -con frecuencia que repetirse y ser escoltados con la mayor parte del -ejército si no se quería que fuesen presa de los somatenes y de las -tropas españolas. Macdonald trató en un principio de granjearse las -voluntades de los habitantes, contrastando su porte con la ferocidad -del mariscal Augereau, que había, por decirlo así, guarnecido las -orillas de algunos caminos con patíbulos y cadáveres. Estaban los -ánimos sobradamente lastimados de ambas partes para que pudiesen -olvidarse antiguas y recíprocas ofensas. Así, no surtieron grande -efecto las buenas intenciones, y aun medidas, del mariscal Macdonald, -acabando también él mismo por adoptar a veces resoluciones rigurosas. - -[Sidenote: Convoyes que lleva a Barcelona.] - -En junio, y poco después de tomar el mando, acompañó no sin tropiezos -un convoy a Barcelona. Volvió después a Gerona y preparose a conducir -otro en mediados de julio a la misma ciudad. O’Donnell trató de -estorbarlo, y destacó a Granollers 6500 infantes y 700 caballos, unidos a -2500 paisanos bajo las órdenes de D. Miguel Iranzo. Trabose un reñido -choque entre los nuestros y los franceses, pero mientras tanto pasó a -la deshilada el convoy y se metió en Barcelona. - -[Sidenote: Ejército español de Cataluña.] - -Doliose mucho O’Donnell del malogro de aquella empresa, y no faltó -quien lo atribuyese a desmaño del general que en Granollers mandaba. -El plan que O’Donnell había resuelto seguir en Cataluña pareció el más -acertado. Evitando batallas generales, quería por medio de columnas -volantes sorprender los destacamentos enemigos, interceptar o molestar -sus convoyes y aniquilar así sucesivamente la fuerza de aquellos. Por -tanto, el ejército español de Cataluña que, según dijimos, constaba en -julio de unos 22.000 hombres, sin contar somatenes ni guerrilleros, -estaba colocado al principiar agosto del modo siguiente: la 1.ª -división ocupaba las orillas del Llobregat y observaba a Barcelona, -estando también fortificada la montaña de Montserrat; la 2.ª acampaba -en Falset y no perdía de vista a Suchet que, como poco hace apuntamos, -intentaba sitiar a Tortosa; parte de la 3.ª cubría en Esterri las -avenidas del valle de Arán; la reserva, distribuida en dos trozos, -mantenía uno en el Coll del Alba, próximo a Tortosa, y el otro en -Arbeca y Borjas Blancas, para enfrenar la guarnición de Lérida. Un -cuerpo de húsares y tropas ligeras se alojaban en Olot y acechaban -las comarcas de Besalú y Bañolas; varios guerrilleros recorrían la -demás tierra, aprovechándose todos de las ocasiones que se presentaban -para desvanecer los intentos del enemigo e incomodarle continuamente. -El cuartel general permanecía en Tarragona, desde donde O’Donnell -gobernaba las maniobras más notables, tomando a veces en ellas parte -muy principal. Con esta distribución, creyó el general de Cataluña que, -vigilando las plazas y puntos más señalados, llevaría a cumplido efecto -su plan, y que el ejército francés se rehundiría poco a poco, y en -combates parciales. - -Si en todo no se llenaron los deseos de D. Enrique O’Donnell, se -lograron en parte. El mariscal Macdonald, afanado siempre con el -abastecimiento de Barcelona, no pudo, desde el segundo convoy que -metió allí en julio, pensar en cosa importante sino en preparar otro -tercero, que consiguió introducir el 12 de agosto. Entonces, más -libre, resolvió, aunque todavía en balde, favorecer directamente las -operaciones del general Suchet. - -[Sidenote: Intenta Suchet sitiar a Tortosa.] - -No desistía este general del indicado propósito de sitiar a Tortosa, -lo que dio ocasión a varios combates y reencuentros, algunos ya -referidos, con las tropas españolas de Cataluña, Aragón y Valencia, -que precedieron a la formalización del cerco, ligándose de parte de -los franceses las más de las operaciones, aun las lejanas de aquel -principado, con tan primario objeto, por lo que a una y en el mejor -orden que nos sea posible, si bien brevemente, daremos de ellas cuenta. - -[Sidenote: Sus disposiciones.] - -Suchet, para emprender el sitio, estableció en Mequinenza un depósito -de municiones de guerra y boca: transportarlas de allí a Tortosa -era grande dificultad. Ofrecía el Ebro comunicación por agua; pero, -interrumpida en partes con varias cejas o bajos, solo se podían estos -salvar en las crecidas, y rara vez en los tiempos secos del estío. Del -lado de tierra era aún más trabajoso y aun impracticable el tránsito, -encallejonándose los caminos que van desde Caspe a Mequinenza entre -montañas cada vez más escarpadas según avanzan a Mora, las Armas, Jerta -y Tortosa, por lo que ya en 21 de julio empezaron los franceses a -componer uno antiguo de ruedas, cuyos rastros al parecer se conservaban -del tiempo de la guerra de sucesión. Suchet, antes de que la ruta se -concluyese, fue arrimando fuerzas a la plaza. - -En los primeros días de julio, la división que mandaba el general -Habert dirigiose, partiendo de cerca de Lérida, por la izquierda del -Ebro, y llegó a García, estando pronto a caer sobre Tivenys y Tortosa. -Poco antes salió de Alcañiz la división de Laval, y después de haberse -movido la vuelta de Valencia, retrocedió, y se colocó el 3 de julio -a la derecha del Ebro, delante del puente de Tortosa, prolongando su -derecha a Amposta y destacando tropas que observasen el Cenia, siendo -esta división, o parte de ella, la que tuvo que habérselas con los -valencianos en los combates parciales acaecidos allí por este tiempo, -y ya relatados. Suchet mantuvo a su lado la brigada del general Paris, -y sentó el 7 sus reales en Mora, dándose la mano con los dos generales -Laval y Habert, y echando para la comunicación de ambas orillas -del Ebro dos puentes, sin que sus soldados consiguiesen, como lo -intentaron, quemar el de barcas de Tortosa. - -[Sidenote: Salidas de la plaza y combates parciales.] - -La guarnición de esta plaza hizo desde el principio varias salidas e -incomodó a Laval, que se atrincheraba en su campo. Igualmente parte -de la división española que se alojaba en Falset atacó con vigor los -puestos enemigos en Tivisa, y el 15 toda ella, teniendo al frente al -marqués de Campoverde, rechazó una acometida de los enemigos y aun -siguió el alcance. - -Eran tales maniobras precursoras de otras que ideaba O’Donnell, quien -el 29 acometió en persona al general Habert. No pudo el español -desalojar de Tivisa a su contrario, mas el 1.º de agosto se metió en -Tortosa y dispuso para el 3 una salida contra Laval. La mandaba Don -Isidoro Uriarte, y embistiendo los nuestros intrépidamente al enemigo, -le rechazaron al principio y destruyeron varias de sus obras. La -población sirvió de mucho, pues llena de entusiasmo auxiliaba a los -combatientes, aun en los parajes en que había peligro, con abundantes -refrescos, y aliviaba a los heridos con prontos y acomodados socorros. -Reforzados al cabo los franceses, tuvieron los españoles que recogerse -a la plaza, dejando algunos prisioneros, entre ellos al coronel Don -José María Torrijos. Semejantes operaciones hubieran sido más cumplidas -si D. José Caro, con quien se contaba, no hubiera por su parte -procedido, según hemos visto, tarde y malamente. - -[Sidenote: Adelanta Macdonald a Tarragona.] - -También Don Enrique O’Donnell se vio obligado a retroceder en breve a -Tarragona, adonde le llamaban otros cuidados. El mariscal Macdonald, -después de haber introducido en Barcelona el convoy mencionado de -agosto, se adelantó vía de Tarragona ya para cercar si podía esta -plaza, ya para coadyuvar en caso contrario al asedio de Tortosa. -Desistió de lo primero, falto de almacenes y escasos los víveres -en aquella comarca, cuyos granos de antemano recogiera O’Donnell. -Este, además, se apostó de suerte que, guarecido de ser atacado -con buen éxito, trató de reducir a hambre el cuerpo de Macdonald, -situado desde el 18 de agosto en Reus y sus contornos. Frustrósele -el 21 al mariscal francés un reconocimiento que tentó del lado de -Tarragona, escarmentándole los nuestros en la altura de La Canonja. -[Sidenote: Se retira.] Para evitar mayor desastre, retirose Macdonald -el 25 de Reus, pidiendo antes la exorbitante contribución de 136.000 -duros, e imponiendo otra también muy pesada sobre géneros ingleses y -ultramarinos. - -[Sidenote: Dificultades con que tropieza.] - -El camino que tomó fue el de Lérida, para abocarse en esta ciudad con -el general Suchet, y desde Alcover, dirigiéndose a Montblanch, pasaron -sus tropas por el estrecho de la Riba. Aquí las detuvo por su frente -la división que mandaba el brigadier Georget, que de antemano había -dispuesto O’Donnell viniese de hacia Urgel, en donde estaba. Al mismo -tiempo, D. Pedro Sarsfield las atacó por flanco y retaguardia en las -alturas de Picamoixons y Coll de las Molas, maniobrando a la izquierda -varias partidas. Los enemigos, con tan impensado ataque y las asperezas -del camino, se vieron muy comprometidos, pero siendo numerosas sus -fuerzas, alcanzaron, por último, forzar el paso y ganar las cumbres, -ayudándoles mucho una salida que hizo, a espaldas de Georget, la -guarnición de Lérida. Con todo, perdieron los franceses unos 400 -hombres, entre muertos y heridos, y 150 prisioneros. - -[Sidenote: Avístase en Lérida con Suchet.] - -Llegado a Lérida el mariscal Macdonald, se avistó el 29 con el general -Suchet, que ya le aguardaba. Convinieron ambos en limitar ahora sus -operaciones al sitio de Tortosa, emprendiéndole el último por sí y con -sus propios medios, al paso que el primero debía protegerle, con tal -que tuviese víveres, los que le suministró Suchet en cuanto le fue -dable. Entonces creyó este que podría obrar activamente y apoderarse en -breve de Tortosa, sobre todo habiendo empezado a acercar a la plaza, -favorecido de una crecida del Ebro, piezas de grueso calibre. Pero sus -esperanzas no estaban todavía próximas a realizarse. - -[Sidenote: Macdonald incomodado siempre por los españoles.] - -El ejército francés de Cataluña continuó siempre escaso de granos y -embarazado para menearse, a pesar de los grandes esfuerzos de Suchet -y de Macdonald, pues las partidas, la oposición de los pueblos, la -cuidadosa diligencia de O’Donnell y sus movimientos desbarataban o -detenían los planes más bien combinados. Se colocó, en los primeros -días de septiembre, en Cervera, el mariscal Macdonald: y el general -español vislumbró desde luego que su enemigo tomaba aquellas estancias -para cubrir las operaciones de Suchet, amenazar por retaguardia la -línea del Llobregat, y enseñorearse de considerable extensión de país -que le facilitase subsistencias. Prontamente determinó O’Donnell -suscitar al francés nuevos estorbos, continuando en su primer propósito -de esquivar batallas campales. - -Nada le pareció para conseguirlo tan oportuno como atacar los puestos -que el enemigo tenía a retaguardia, cuyos soldados se juzgaban -seguros, fuera del alcance del ejército español, y bastante fuertes -y bien situados para resistir a las partidas. O’Donnell, firme en -su resolución, ordenó que se embarcasen en Tarragona pertrechos, -artillería y algunas tropas, yendo todo convoyado por cuatro faluchos -y dos fragatas, una inglesa y otra española. Partió él en persona, el -6 de septiembre, por tierra, poniéndose en Villafranca al frente de la -división de Campoverde, que de intento había mandado venir allí. En -seguida dirigiose hacia Esparraguera, colocó fuerzas que observasen -al mariscal Macdonald, y otras que atendiesen a Barcelona, y uniendo -a su tropa la caballería de la división de Georget, prosiguió su ruta -por San Cugat, Mataró y Pineda. Salió de aquí el 12, envió por la -costa a Don Honorato de Fleyres con dos batallones y 60 caballos, y él -se encaminó a Tordera. Marchó Fleyres contra Palamós y San Feliú de -Guíxols, y O’Donnell, después de enviar exploradores hacia Hostalrich -y Gerona, avanzó a Vidreras. Para obrar con rapidez, tomó el último -consigo, al amanecer del 14, el regimiento de caballería de Numancia, -60 húsares y 100 infantes, que fueron tan de priesa que las ocho horas -de camino que se cuentan de Vidreras a La Bisbal, las anduvieron en -poco más de cuatro. Siguió detrás, y más despacio, el regimiento de -infantería de Iberia, situándose Campoverde con lo demás de la división -en el valle de Aro, a manera de cuerpo de reserva. - -[Sidenote: Sorpresa gloriosa de La Bisbal.] - -Luego que O’Donnell llegó enfrente de La Bisbal, ocupó todas las -avenidas, y diose tal maña que no solo cogió piquetes de coraceros que -patrullaban y un cuerpo de 130 hombres que venía de socorro, sino que -en la misma noche del 14 obligó a capitular al general Schwartz con -toda su gente que juntos se habían encerrado en un antiguo castillo -del pueblo. Desgraciadamente, queriendo poco antes reconocer por sí -O’Donnell dicho fuerte, con objeto de quemar sus puertas, fue herido de -gravedad en la pierna derecha, cuyo accidente enturbió la común alegría. - -[Sidenote: Y de varios puntos de la costa.] - -Fleyres, afortunado en su empresa, se apoderó de San Feliú de Guíxols, -y el teniente coronel Don Tadeo Aldea de Palamós, teniendo este la -gloria de haber subido el primero al asalto. Entre ambos puntos, el de -La Bisbal y otros de la costa tomaron los españoles 1200 prisioneros, -sin contar al general Schwartz y 60 oficiales, habiendo también cogido -17 piezas. Mereció más adelante Don Enrique O’Donnell, por expedición -tan bien dirigida y acabada, el título de conde de La Bisbal. - -[Sidenote: Guerra en el Ampurdán.] - -Posteriormente a este suceso creció la guerra contra los franceses en -el norte de Cataluña. Don Juan Clarós los molestaba hacia Figueras y -el coronel Don Luis Creeft, con los húsares de San Narciso, por Besalú y -Bañolas. Marchó a Puigcerdá el marqués de Campoverde, acosó un trozo -de enemigos hasta Montluis y exigió contribuciones en la misma Cerdaña -francesa, de donde revolviendo sobre Calaf, estrechó de aquel lado al -mariscal Macdonald, al paso que el brigadier Georget le observaba por -Igualada. - -[Sidenote: Eroles manda allí.] - -El barón de Eroles, que ya se había distinguido en el sitio de Gerona, -se encargó, después de Campoverde, del mando de los distritos del -norte de Cataluña, bajo el título de comandante general de las tropas -y gente armada del Ampurdán. Empezó luego a hacer grave daño a los -enemigos, y al promediar de octubre les apresó un convoy cerca de la -Junquera, acometiéndolos el 21, con ventaja, en su campamento de Lladó. - -[Sidenote: Campoverde en Cardona.] - -El propio día, junto a Cardona, hizo asimismo frente el marqués de -Campoverde a las tropas del mariscal Macdonald. Vinieron estas de hacia -Solsona, cuya catedral habían quemado pocos días antes, y, encontrando -resistencia, tornaron a sus anteriores puestos: con la noche también se -recogieron los españoles a Cardona. - -No eran decisivas, ni a veces de importancia, las más de dichas acciones -ni otras refriegas que omitimos; pero con ellas embarazábanse los -franceses, y se retardaban sus operaciones, renovándose la escasez de -víveres y creciendo la dificultad de su recolección. - -[Sidenote: Otro convoy para Barcelona.] - -Motivo por el que volvió Barcelona a dar a los enemigos fundados -temores. Dos meses eran ya corridos después de la entrada en la plaza -del último socorro, y los apuros se reproducían en su recinto. Se -esperaba el alivio de un convoy que partiera de Francia; mas como no -bastaban para custodiarle las fuerzas que regía en el Ampurdán el -general D’Hilliers, tuvo Macdonald que ir en noviembre camino de Gerona -para conducir salvo dicho convoy hasta la capital del principado. - -[Sidenote: No adelantan los enemigos en el sitio de Tortosa.] - -Así el cerco de Tortosa, suspendido en los meses de septiembre y -octubre, continuó del mismo modo durante el noviembre. No había -aquella interrupción pendido solamente de las razones que estorbaron -al mariscal Macdonald cooperar a aquel objeto, según había ofrecido, -sino también de los obstáculos que se presentaron al general Suchet, -nacidos unos de la naturaleza, otros del hombre. Los primeros parecían -vencidos con las lluvias del equinoccio, que empezaron a hinchar -el Ebro, y con lo que se adelantaba en el camino de ruedas arriba -indicado; no así los segundos, que llevaban traza de crecer en lugar de -allanarse. - -[Sidenote: Convoyes que van allí de Mequinenza.] - -Resueltos, sin embargo, los franceses a proseguir en su intento, habían -tratado ya en septiembre de enviar desde Mequinenza convoyes por agua, -y de asegurar el tránsito haciendo el 17 pasar de Flix a la otra orilla -del Ebro un batallón napolitano. El barón de La Barre, que mandaba una -división española en Falset (punto que los nuestros volvieron a ocupar -luego que Macdonald en agosto se dirigió a Lérida), [Sidenote: Los -atacan los españoles.] destacó un trozo de gente, a las órdenes del -teniente coronel Villa, contra el mencionado batallón, al cual este -jefe sorprendió y cogió entero. Afortunadamente para los franceses, -el convoy que debió partir retardó su salida, escaso todavía de agua -el río Ebro, sin lo cual hubiera aquel tenido la misma suerte que los -napolitanos. No solo en este sino también en otros lances prosiguió el -barón de La Barre incomodando al enemigo lo largo de aquella orilla. - -[Sidenote: Carvajal en Aragón.] - -Por la derecha desempeñaron igual faena los aragoneses. Gobernábalos -en jefe desde agosto Don José María de Carvajal, a quien la regencia -de Cádiz había nombrado con objeto de que obedeciesen a una sola -mano las diversas partidas y cuerpos que recorrían aquel reino. -Pensamiento loable, pero cuya ejecución se encomendó a hombre de -limitada capacidad. Carvajal paró solo mientes en lo accesorio del -mando, y descuidó lo más principal. Estableció en Teruel grande aparato -de oficinas, con poca previsión almacenes, y dio ostentosas proclamas. -En vez de ayudar, embarazaba a los jefes subalternos, y mostrábase -quisquilloso con sus puntas de celos. - -[Sidenote: Villacampa infatigable en guerrear.] - -Importunaba más que a los otros a Don Pedro Villacampa, como quien -descollaba sobre todos. Este caudillo, sin embargo, continuando -infatigable la guerra, cogió el 6 de septiembre, en Andorra, [Sidenote: -Andorra.] un destacamento enemigo, y al siguiente día, en Las Cuevas -de Cañart, [Sidenote: Las Cuevas.] un convoy con 136 soldados y 3 -oficiales. El coronel Plicque, que lo mandaba, logró escaparse, -achacándose a Carvajal la culpa por haber retenido lejos, so pretexto -de revista, parte de las tropas. Desazonado Suchet con tales pérdidas, -envió de Mora para ahuyentar a Villacampa alguna fuerza a las órdenes -del general Habert, que, reunido a los coroneles Plicque y Kliski, que -estaban hacia Alcañiz, obligó al español a enmarañarse en las sierras. - -Mas pasado un mes, volviendo Villacampa a avanzar, resolvió de nuevo -Suchet que le atacasen sus tropas, y destacó a Chlopicki del bloqueo -de Tortosa, con 7 batallones y 400 caballos. Villacampa retrocedió, y -Carvajal evacuó a Teruel, donde entraron los franceses el 30. Siguieron -estos de cerca a los españoles, [Sidenote: Alventosa.] y en la mañana -siguiente alcanzaron su retaguardia más allá de la quebrada de -Alventosa, y cogieron 6 piezas, varios caballos y carros de municiones. - -[Sidenote: Combate de la Fuensanta.] - -Chlopicki creyó con esto haber dispersado del todo a los españoles; pero -luego se desengañó, quedando en pie la mayor parte de la fuerza del -general Villacampa. Por lo mismo trató de aniquilarla, y se encontró -con ella apostada, el 12 de noviembre, en las alturas inmediatas al -santuario de la Fuensanta, espaldas de Villel. Don Pedro Villacampa -tenía unos 3000 hombres, manteniéndose Carvajal con alguna gente en -Cuervo, a una legua del campo de batalla. La posición española era -fuerte, aunque algo prolongada, y la defendieron los nuestros dos horas -porfiadamente, hasta que la izquierda fue envuelta y atropellada. -Perecieron de los españoles unos 200 hombres, ahogándose bastantes en -el Guadalaviar al cruzar el puente de Libros, que con el peso se hundió. - -Chlopicki tornó después al sitio de Tortosa, y dejó a Kliski con 1200 -hombres para defender por aquella parte contra Villacampa la orilla -derecha del Ebro. - -[Sidenote: Nuevos convoyes para Tortosa.] - -Entre tanto, sosteniéndose altas con mayor constancia las aguas de -este río, apresuráronse los enemigos a transportar lo que exigía el -entero complemento del asedio de aquella plaza. Mas no lo ejecutaron -sin tropiezos y contratiempos. [Sidenote: Combates parciales.] El 3 de -noviembre, diecisiete barcas partieron de Mequinenza, escoltadas con -tropa francesa que las seguían por las márgenes del Ebro; la rapidez -de la corriente hizo que aquellas tomasen la delantera. Aprovechose de -tal acaso el teniente coronel Villa, puesto en emboscada entre Fayón -y Ribarroja, y atacando el convoy cogió varias barcas, salvándose las -otras al abrigo de refuerzos que acudieron. No les faltaron tampoco, -antes de llegar a su destino, nuevas refriegas. Lo mismo sucedió el 27 -de noviembre a otro convoy, con la diferencia de que en este caso las -barcas se habían retrasado, anticipándose las escoltas, y catalanes en -acecho acometieron aquellas, las hicieron varar, y cogieron 70 hombres -de la guarnición de Mequinenza que habían salido a socorrerlas. - -[Sidenote: Los españoles desalojados de Falset.] - -Como semejantes tentativas y correrías o eran proyectadas por la -división española alojada en Falset, o por lo menos las apoyaba, había -ya determinado Suchet, tanto para escarmentarla, cuanto para facilitar -la aproximación del 7.º cuerpo, al que siempre aguardaba, atacar a los -españoles en aquel puesto. Verificolo así el 19 de noviembre por medio -del general Habert, quien, no obstante una viva resistencia de los -nuestros, regidos por el barón de La Barre, se enseñoreó del campo y -cogió 300 prisioneros, de cuyo número fue el general García Navarro, si -bien luego consiguió escaparse. - -[Sidenote: Movimiento de Bassecourt.] - -Don Luis de Bassecourt, por el lado de Valencia, también tentó molestar -a los franceses, y aun divertirlos del sitio de Tortosa. En la noche -del 25 de noviembre partió de Peñíscola la vuelta de Ulldecona, con -8000 infantes y 800 caballos distribuidos en tres columnas: la del -centro la mandaba el mismo Bassecourt; la de la derecha, que se dirigía -camino de Alcanar, Don Antonio Porta; y la de la izquierda, Don Melchor -Álvarez. Al llegar el primero cerca de Ulldecona, [Sidenote: Acción de -Ulldecona.] perdió tiempo aguardando a Porta; pero, impaciente, ordenó al -fin que avanzasen guerrillas de infantería y caballería, y que al oír -cierta señal atacasen. Hízose así, sustentando Bassecourt la acometida -por el centro con el grueso de los jinetes, y por los flancos con los -peones. Hasta tercera vez insistieron los nuestros en su empeño, en -cuya ocasión no descubriéndose todavía ni a Porta, ni a Don Melchor -Álvarez, tuvieron que cejar con quebranto, en especial el escuadrón de -la Reina, cuyo coronel, Don José Velarde, quedó prisionero. Bassecourt -se retiró por escalones y en bastante orden hasta Vinaroz, donde -se le juntó Don Antonio Porta. Los franceses vinieron luego encima, -habiendo juntado todas sus fuerzas el general Musnier, que los mandaba, -con lo que los nuestros, ya desanimados, se dispersaron. Recogiose -Bassecourt a Peñíscola, en donde se volvió a reunir su gente, y llegó -noticia de haberse mantenido salva la izquierda que capitaneaba Don -Melchor Álvarez, ya que no acudiese con puntualidad al sitio que se le -señalara. Corta fue de ambos lados la pérdida; los prisioneros por el -nuestro, bastantes, aunque después se fugaron muchos. Achacose en parte -la culpa de este descalabro a la lentitud de Porta: otros pensaron que -Bassecourt no había calculado convenientemente los tropiezos que en la -marcha encontrarían las columnas de derecha e izquierda. - -Al mismo tiempo que se avanzó hacia Ulldecona, dio la vela de Peñíscola -una flotilla, con intento de atacar los puestos franceses de la Rápita -y los Alfaques; mas, estando sobre aviso el general Harispe, que había -sucedido en el mando de la división a Laval, muerto de enfermedad, tomó -sus precauciones y estorbó el desembarco. - -[Sidenote: Macdonald socorre a Barcelona y se acerca a Tortosa.] - -Se acercaba, en tanto, el día en que Macdonald, después de largo -esperar, ayudase de veras a la completa formalización del sitio de -Tortosa. Permitióselo el haber podido meter en Barcelona el convoy -que insinuamos fue a buscar vía del Ampurdán. Aseguradas de este modo -por algún tiempo las subsistencias en dicha plaza, dejó en ella 6000 -hombres; 14.000 a las órdenes del general Baraguey D’Hilliers en Gerona -y Figueras, de que la mayor parte quedaba disponible para guerrear -en el campo y mantener las comunicaciones con Francia, y con 15.000 -restantes marchó el mismo Macdonald la vuelta del Ebro, entrando en -Mora el 13 de diciembre. Concertáronse él y Suchet, y sentando este en -Jerta su cuartel general, [Sidenote: Formaliza el sitio Suchet.] ocupó -el otro los puestos que antes cubría la división de Habert, y se dio -principio a llevar con rapidez los trabajos del sitio de Tortosa, del -que hablaremos en uno de los próximos libros. - -A la propia sazón el ejército español de Cataluña, dejando una división -que observase el Llobregat, y continuando el Ampurdán al cuidado del -barón de Eroles, se colocó en su mayor parte frontero a Macdonald, en -figura de arco, alrededor de Lent, y apoyada la derecha en Montblanch. -[Sidenote: Deja O’Donnell el mando.] Faltole luego el brazo activo -y vigoroso de Don Enrique O’Donnell, quien debilitado a causa de su -herida, empeorada con los cuidados, tuvo que embarcarse para Mallorca -antes de acabar diciembre, recayendo el mando interinamente, como más -antiguo, en Don Miguel de Iranzo. - -Por la relación que acabamos de hacer de las operaciones militares de -estos meses en Cataluña, Aragón y Valencia, harto enmarañadas, y quizá -enojosas por su menudencia, habrá visto el lector cómo, a pesar de -haber escaseado en ellas trabazón y concierto, fueron para el enemigo -incómodas y ominosas; pues desde principio de julio que embistió a -Tortosa, no pudo hasta diciembre formalizar el sitio. Nuevo ejemplo de -lo que son estas guerras. Sesenta mil franceses, no obstante los yerros -y la mala inteligencia de nuestros jefes, nada adelantaron por aquella -parte durante varios meses en la conquista, estrellándose sus esfuerzos -contra el tropel de refriegas y pertinacia de los pueblos. - -[Sidenote: Partidas en lo interior de España.] - -En el riñón de España, junto con las provincias vascongadas y Navarra, -se aumentaban las partidas, y en este año de 10 llegaron a formar -algunas de ellas cuerpos numerosos y mejor disciplinados; pues en -tales lides, como decía Fernando del Pulgar, «crece el corazón con -las hazañas, y las hazañas con la gente, y la gente con el interés.» -Proseguían también allí, en algunos parajes, gobernando las juntas, -las cuales, sin asiento fijo, mudaban de morada según la suerte de -las armas, y ya se embreñaban en elevadas sierras, o ya se guarecían -en recónditos yermos. La regencia de Cádiz nombraba a veces generales -que tuviesen bajo su mando los diversos guerrilleros de un determinado -distrito, o ensalzaba a los que de entre ellos mismos sobresalían, -autorizándolos con grados y comandancias superiores. Igualmente -envió intendentes u otros empleados de hacienda que recaudasen las -contribuciones y llevasen, en lo posible, la correspondiente cuenta y -razón, invirtiéndose los productos en las atenciones de los respectivos -territorios. Y si no se estableció en todas partes entero y cumplido -orden, incompatible con las circunstancias y la presencia del enemigo, -por lo menos adoptose un género de gobernación que, aunque llevaba -visos de solo concertado desorden, remedió ciertos males, evitó otros, -y mantuvo siempre viva la llama de la insurrección. - -No poco por su lado contribuían los franceses al propio fin. Sus -extorsiones pasaban la raya de lo hostigoso e inicuo. Vivían, en -general, de pesadísimas derramas y de escandaloso pillaje, cuyos -excesos producían en los pueblos venganzas, y estas crueles y -sanguinarias medidas del enemigo. Los alcaldes de los pueblos, los -curas párrocos, los sujetos distinguidos, sin reparar en edad ni -aun en sexo, tenían que responder de la tranquilidad pública, y -con frecuencia, so pretexto de que conservaban relaciones con los -partidarios, se los metía en duras prisiones, se los extrañaba a -Francia, o eran atropelladamente arcabuceados. ¡Qué pábulo no daban -tales arbitrariedades y demasías al acrecentamiento de las guerrillas! - -Asaltados por ellas en todos lugares, tuvieron los enemigos que -establecer de trecho en trecho puestos fortificados, valiéndose de -antiguos castillos de moros, o de conventos y casas-palacio. Por este -medio aseguraban sus caminos militares, la línea de sus operaciones, -y formaban depósitos de víveres y aprestos de guerra. Su dominio no -se extendía generalmente fuera del recinto fortalecido, teniendo a -veces que oír, mal de su grado y sin poder estorbarlo, las jácaras -patrióticas que en su derredor venían a entonar, con los habitantes, -los atrevidos partidarios. - -Al viajante presentaban por lo común aquellos caminos triste y -desoladora vista: pueblos desiertos, arruinados, continua soledad que -interrumpían de tarde en tarde escoltados convoyes, o la aparición de -los puestos franceses, cuyos soldados recelosamente salían de entre sus -empalizadas. Resultas precisas, pero lastimosas, de tan cruda y bárbara -guerra. - -Conservar de este modo las comunicaciones exigía de los franceses -suma vigilancia y mucha gente. Así, en las provincias de que vamos -hablando, nada menos contaban que unos 70.000 hombres, 24.000 en Madrid -y lo restante de Castilla la Nueva. En la Vieja, además de Segovia y -Ávila, y de otros puntos de inmediato enlace con las operaciones de -Portugal y Asturias, había en Valladolid de 6 a 7000 hombres, y 10.000 -en Burgos, Soria y sus contornos; 7000 se esparcían por Álava, Vizcaya -y Guipúzcoa, y 22.000 se alojaban en Navarra. Distribuíase toda esta -gente en columnas móviles, o se juntaba, según los casos, en cuerpos -más numerosos y compactos. - -En orden a los partidarios, causadores de tanto afán, no nos es dado -hacer de todos particular especificación, y menos de sus hechos, como -ajena de una historia general. Subía a 200 la cuenta de los caudillos -más conocidos, apareciendo y desapareciendo otros muchos con las -oleadas de los sucesos. - -Los que andaban cerca de los ejércitos en la circunferencia peninsular, -y de que ya hemos hablado, permanecían más fijos en sus respectivos -lugares, como dependientes de cuerpos reglados. Los que ahora nos -ocupan, si bien de preferencia tenían, digámoslo así, determinada -vivienda, trasladábanse de una provincia a otra al son de las -alternativas y vueltas de la guerra, o según el cebo que ofrecía alguna -lucrativa o gloriosa empresa. - -[Sidenote: En Andalucía.] - -En Andalucía, aparte de las guerrillas nombradas y que recorrían las -sierras de Granada y Ronda, diéronse a conocer bastante las de Don -Pedro Zaldivia, Don Juan Mármol y Don Juan Lorenzo Rey, habiendo una, -que apellidaron del Mantequero, metídose en el barrio de Triana un día -de los del mes de septiembre, con gran sobresalto de los franceses de -Sevilla. - -[Sidenote: En Castilla la Nueva.] - -Continuaban en la Mancha haciendo sus excursiones Francisquete y los ya -insinuados en otro libro. Oyéronse ahora los nombres de Don Miguel Díaz -y de Don Juan Antonio Orobio, juntamente con los de Don Francisco Abad -y Don Manuel Pastrana, el primero bajo el mote de Chaleco, y el último -bajo el de Chambergo. Usanza esta general entre el vulgo, no olvidada -ahora con caudillos que por la mayor parte salían de las honradas pero -humildes clases del pueblo. - -Apareció en la provincia de Toledo Don Juan Palarea, médico de -Villaluenga, y en la misma murió el famoso partidario Don Ventura -Jiménez, de resultas de heridas recibidas el 17 de junio en un empeñado -choque junto al puente de San Martín. Igual y gloriosa suerte cupo -a Don Toribio Bustamante, alias el Caracol, que recorría aquella -provincia y la de Extremadura. Tomó las armas después de la batalla -de Rioseco, en donde era administrador de correos, para vengar la -muerte de su mujer y de un tierno hijo, que perecieron a manos de los -franceses en el saco de aquella ciudad. Finó el 2 de agosto, lidiando -en el puerto de Miravete. - -En las cercanías de Madrid hervían las partidas, a pesar de las fuerzas -respetables que custodiaban la capital; bien es verdad que dentro tenía -la causa nacional firmes parciales, y auxilios y pertrechos, y hasta -insignias honoríficas recibían de su adhesión y afecto los caudillos de -las guerrillas. - -Don Juan Martín [el Empecinado], que por lo común peleaba en la -provincia vecina de Guadalajara, era a quien especialmente se dirigían -los envíos y obsequiosos rendimientos. Cuerpos suyos destacados -rondaban a menudo no lejos de Madrid, y el 13 de julio hasta se -metieron en la Casa de Campo, tan inmediata a la capital y sitio de -recreo de José. A tal punto inquietaban estos rebatos a los enemigos, -y tanto se multiplicaban, que el conde de Laforest, embajador de -Napoleón cerca de su hermano, después de hablar en un pliego, escrito -en 5 de julio al ministro Champagny, de que las «sorpresas que hacían -las cuadrillas españolas de los puestos militares, de los convoyes y -correos, eran cada día más frecuentes», añadía, «que en Madrid nadie -se podía, sin riesgo, alejar de sus tapias.» - -Mirando los franceses al Empecinado como principal promovedor de -tales acometidas, quisieron destruirle, y ya en la primavera habían -destacado contra él, a las órdenes del general Hugo, una columna -volante de 3000 infantes y caballos, en cuyo número había españoles de -los enregimentados por José, pero que comúnmente solo sirvieron para -engrosar las filas del Empecinado. - -El general Hugo, aunque al principio alcanzó ventajas, creyó oportuno, -para apoyar sus movimientos, fortalecer en fines de junio a Brihuega -y Sigüenza. No tardó el Empecinado en atacar a esta ciudad, constando -ya su fuerza de 600 infantes y 400 caballos. Se agregó a él, con -100 hombres, Don Francisco de Palafox, que vimos antes en Alcañiz, -y que luego pasó a Mallorca, donde murió. Juntos ambos caudillos, -obligaron a los franceses a encerrarse en el castillo, y entraron en -la ciudad. Abandonáronla pronto. Mas desde entonces el Empecinado no -cesó de amenazar a los franceses en todos los puntos, y de molestarlos -marchando y contramarchando, y ora se presentaba en Guadalajara, ora -delante de Sigüenza, y ora, en fin, cruzaba el Jarama y ponía en -cuidado hasta la misma corte de José. - -Servíale de poco a Hugo su diligencia, pues Don Juan Martín, si se veía -acosado, presto a desparcir su gente, juntábala en otras provincias, e -iba hasta las de Burgos y Soria, de donde también venían a veces en su -ayuda Tapia y Merino. - -El 18 de agosto trabó en Cifuentes, partido de Guadalajara, una -porfiada refriega, y aunque de resultas tuvo que retirarse, apareció -otra vez el 24 en Mirabueno, y sorprendió una columna enemiga -cogiéndole bastantes prisioneros. Volvió en 14 de septiembre a empeñar -otra acción, también reñida, en el mismo Cifuentes, la cual duró -todo el día, y los franceses, después de poner fuego a la villa, se -recogieron a Brihuega. - -Ascendió en octubre la fuerza del Empecinado a 600 caballos y 1500 -infantes, con lo que pudo destacar partidas a Castilla la Vieja y otros -lugares, no solo para pelear contra los franceses sino también para -someter algunas guerrillas españolas que, so color de patriotismo, -oprimían los pueblos y dejaban tranquilos a los enemigos. - -No le estorbó esta maniobra hostilizar al general Hugo, y el 18 de -octubre escarmentó a algunas de sus tropas en las Cantarillas de -Fuentes, apresando parte de un convoy. - -Con tan repetidos ataques desflaquecía la columna del general Hugo, -y menester fue que le enviasen de Madrid refuerzos. Luego que se le -juntaron, se dirigió a Humanes, y allí en 7 de diciembre escribió al -Empecinado, ofreciéndole para él y sus soldados servicio y mercedes -bajo el gobierno de José. Replicó el español briosamente y como -honrado, de lo cual enfadado Hugo, cerró con los nuestros dos días -después en Cogolludo, teniendo el jefe español que retirarse a Atienza, -sin que por eso se desalentase; pues a poco se dirigió a Jadraque y -recobró varios de sus prisioneros. «Tal era, dice el general Hugo en -sus memorias, la pasmosa actividad del Empecinado, tal la renovación -y aumento de sus tropas, tales los abundantes socorros que de todas -partes le suministraban, que me veía forzado a ejecutar continuos -movimientos.» Y más adelante concluye con asentar: «Para la completa -conquista de la península se necesitaba acabar con las guerrillas... -Pero su destrucción presentaba la imagen de la hidra fabulosa.» -Testimonio imparcial, y que añade nuevas pruebas en favor del raro -y exquisito mérito de los españoles en guerra tan extraordinaria y -hazañosa. - -Don Luis de Bassecourt, conforme apuntamos, mandaba en Cuenca antes -de pasar a Valencia. Entraron los franceses en aquella ciudad el 17 -de junio, y hallándola desamparada cometieron excesos parecidos a los -que allí deshonraron sus armas en las anteriores ocupaciones. Quemaron -casas, destruyeron muebles y ornamentos, y hasta inquietaron las -cenizas de los muertos desenterrando varios cadáveres en busca, sin -duda, de alhajas y soñados tesoros. - -Evacuaron luego la ciudad, y en agosto sucedió a Bassecourt en el -mando Don José Martínez de San Martín, que también de médico se había -convertido en audaz partidario. Recorría la tierra hasta el Tajo, en -cuyas orillas escarmentó a veces la columna volante que capitaneaba en -Tarancón el coronel francés Forestier. - -[Sidenote: En Castilla la Vieja.] - -Cundía igualmente voraz el fuego de la guerra al norte de las sierras -de Guadarrama. Sosteníanse los más de los partidarios en otro libro -mencionados, y brotaron otros muchos. De ellos, en Segovia, Don Juan -Abril; en Ávila, Don Camilo Gómez; en Toro, Don Lorenzo Aguilar; y -distinguiose en Valladolid la guerrilla de caballería, llamada de -Borbón, que acaudillaba Don Tomás Príncipe. - -Aquí mostrábase el general Kellermann contra los partidarios tan -implacable y severo como antes, portándose, a veces, ya él o ya los -subalternos, harto sañudamente. Hubo un caso que aventajó a todos -en esmerada crueldad. Fue, pues, que preso el hijo de un latonero -de aquella ciudad, de edad de doce años, que llevaba pólvora a las -partidas, no queriendo descubrir la persona que le enviaba, aplicáronle -fuego lento a las plantas de los pies y a las palmas de las manos para -que con el dolor declarase lo que no quería de grado. El niño, firme -en su propósito, no desplegó los labios, y conmoviéronse, al ver tanta -heroicidad, los mismos ejecutores de la pena, mas no sus verdaderos -y empedernidos verdugos. ¿Y quién, después de este ejemplo y otros -semejantes, solo propios de naciones feroces y de siglos bárbaros, -extrañará algunos rigores, y aun actos crueles de los partidarios? - -Don Juan Tapia, en Palencia; Don Jerónimo Merino, en Burgos; Don -Bartolomé Amor, en La Rioja, y en Soria Don José Joaquín Durán, ya -unidos, ya separadamente, peleaban en sus respectivos territorios, -o batían la campaña en otras provincias. Eligió la junta de Soria a -Durán, comandante general de su distrito. Siendo brigadier fue hecho -prisionero en la acción de Bubierca, y habiéndose luego fugado, -se mantenía oculto en Cascante, pueblo de su naturaleza. Resolvió -dicha junta este nombramiento [que mereció en breve la aprobación -del gobierno] de resultas de un descalabro que el 6 de septiembre -padecieron en Yanguas sus partidas, unidas a las de La Rioja. Causolo -una columna volante enemiga que regía el general Roguet, quien -inhumanamente mandó fusilar 20 soldados españoles prisioneros, después -de haberles hecho creer que les concedía la vida. - -Durán se estableció en Berlanga. Su fuerza, al principio, no era -considerable; pero aparentó de manera que el gobernador francés de -Soria, Duvernet, si bien a la cabeza de 1600 hombres de la guardia -imperial, no osó atacarle solo, y pidió auxilio al general Dorsenne, -residente en Burgos. Por entonces ni uno ni otro se movieron, y dejaron -a Durán tranquilo en Berlanga. - -Tampoco pensaba este en hacer tentativa alguna hasta que su gente -fuese más numerosa y estuviese mejor disciplinada. Pero habiéndosele -presentado en diciembre los partidarios Merino y Tapia, con 600 -hombres, los más de caballería, no quiso desaprovechar tan buena -ocasión, y les propuso atacar a Duvernet, que a la sazón se alojaba, -con 600 soldados, en Calatañazor, camino del Burgo de Osma. Aprobaron -Merino y Tapia el pensamiento, y todos convinieron en aguardar a los -franceses el 11, a su paso por Torralba. Apareció Duvernet, trabose la -pelea, y ya iba aquel de vencida cuando de repente la caballería de -Merino volvió grupa y desamparó a los infantes. Dispersáronse estos, -tornaron Tapia y su compañero a sus provincias, y Durán a Berlanga, -en donde sin ser molestado continuó hasta finalizar el año de 10, -procurando reparar sus pérdidas y mejorar la disciplina. - -[Sidenote: Santander y provincias vascongadas.] - -Tomó a su cargo la Montaña de Santander el partidario Campillo, -aproximándose unas veces a Asturias, y otras a Vizcaya, mas siempre con -gran detrimento del enemigo. Mereció por ello gran loa, y también por -ser de aquellos lidiadores que, sirviendo a su patria, nunca despojaron -a los pueblos. - -La misma fama adquirió en esta parte Don Juan de Aróstegui, que -acaudillaba en Vizcaya una partida considerable con el nombre de -Bocamorteros. Sonaba en Álava desde principios de año Don Francisco -Longa, de la Puebla de Arganzón, quien en breve contó bajo su mando unos -500 hombres. Pronto rebulló también en Guipúzcoa Don Gaspar Jáuregui, -llamado el Pastor porque soltó el cayado para empuñar la espada. - -[Sidenote: Expedición de Renovales a la costa cantábrica.] - -Estas provincias vascongadas, así como toda la costa cantábrica, de -suma importancia para divertir al enemigo y cortarle en su raíz las -comunicaciones, habían llamado particularmente la atención del gobierno -supremo, y por tanto, además de las expediciones referidas de Porlier, -se idearon otras. Fue de ellas la primera una que encomendó la regencia -a Don Mariano Renovales. Salió este al efecto de Cádiz, aportó a la -Coruña, y hechos los preparativos, dio de aquí la vela el 14 de octubre -con rumbo al este. Llevaba 1200 españoles y 800 ingleses, convoyados -por 4 fragatas de la misma nación y otra de la nuestra, con varios -buques menores. Mandaba las fuerzas de mar el comodoro Mends. - -Fondeó la expedición en Gijón el 17, a tiempo que Porlier peleaba -en los alrededores con los franceses; mas no pudiendo Renovales -desembarcar hasta el 18, diose lugar a que los enemigos evacuasen -aquella villa, y que Porlier, atacado por estos, unidos a los de -afuera, se alejase. Renovales se reembarcó, y el 23 surgió en Santoña; -vientos contrarios no le permitieron tomar tierra hasta el 28; espacio -de tiempo favorable a los franceses que, acudiendo con fuerzas -superiores en auxilio del punto amagado, obligaron a los nuestros -a desistir de su intento. Además, la estación avanzaba y se ponía -inverniza, con anuncios de temporales peligrosos en costa tan brava; -por lo mismo, pareciendo prudente retroceder a Galicia, aportaron los -nuestros a Vivero. Allí, arreciando los vientos, se perdió la fragata -española Magdalena y el bergantín Palomo, con la mayor parte de sus -tripulaciones. Grande desdicha que si en algo pendió de los malos -tiempos, también hubo quien la atribuyese a imprevisión y tardanzas. - -[Sidenote: Navarra. Espoz y Mina.] - -Causó al principio desasosiego a los franceses esta expedición, que -creyeron más poderosa; pero tranquilizándose después al verla alejada, -pusieron nuevo conato, aunque inútilmente, en despejar el país de las -partidas, perturbándolos en especial Don Francisco Espoz y Mina, que -sobresalió por su intrepidez y no interrumpidos ataques. - -A poco de la desgracia de su sobrino, había allegado bastante gente, -que todos los días se aumentaba. Sin aguardar a que fuese muy numerosa, -emprendió ya en abril frecuentes acometidas, y prosiguió los meses -adelante atajando las escoltas y combatiendo los alojamientos -enemigos. Impacientes estos y enfurecidos del fatigoso pelear, -determinaron en septiembre destruir a tan arrojado partidario. Valiose -para ello el general Reille, que mandaba en Navarra, de las fuerzas que -allí había y de otras que iban de paso a Portugal, juntando de este -modo unos 30.000 hombres. - -Mina, acosado, para evitar el exterminio de su gente, la desparramó -por diversos lugares, encaminándose parte de ella a Castilla y parte a -Aragón. Guardó él consigo algunos hombres, y más desembarazado, no cesó -en sus ataques, si bien tuvo luego que correrse a otras provincias. -Herido de gravedad, tornó después a Navarra para curarse, creyéndose -más seguro en donde el enemigo más le buscaba. ¡Tal y tan en su favor -era la opinión de los pueblos, tanta la fidelidad de estos! - -Antes de ausentarse dio en Aragón nueva forma a sus guerrillas, vueltas -a reunir en número de 3000 hombres, y las repartió en tres batallones y -un escuadrón: confirió el mando de dos de ellos a Curuchaga y a Górriz, -jefes dignos de su confianza. La regencia de Cádiz le nombró entonces -coronel y comandante general de las guerrillas de Navarra; pues estos -caudillos, en medio de la independencia de que disfrutaban, hija de -las circunstancias y de su posición, aspiraban todos a que el gobierno -supremo confirmase sus grados y aprobase sus hechos, reconociéndole -como autoridad soberana y único medio de que se conservase buena -armonía y unión entre las provincias españolas. - -Recobrado Mina de su herida, comenzó, al finalizar octubre, otras -empresas, y su gente recorrió de nuevo los campos de Aragón y Castilla -con terrible quebranto de los enemigos. Restituyose en diciembre a -Navarra, atacó a los franceses en Tievas, Monreal y Aibar, y cerrando -dichosamente la campaña de 1810, se dispuso a dar a su nombre, en las -sucesivas, mayor fama y realce. - -Júzguese por lo que hemos referido cuantos males no acarrearían las -guerrillas al ejército enemigo. Habíalas en cada provincia, en cada -comarca, en cada rincón: contaban algunas 2000 y 3000 hombres, la -mayor parte 500 y aun 1000. Se agregaron las más pequeñas a las más -numerosas, o desaparecieron, porque como eran las que por lo general -vejaban los pueblos, faltábales la protección de estos, persiguiéndolas -al propio tiempo los otros guerrilleros, interesados en su buen -nombre y a veces también en el aumento de su gente. No hay duda que -en ocasiones se originaron daños a los naturales, aun de las grandes -partidas; pero los más eran inherentes a este linaje de guerra, -pudiéndose resueltamente afirmar que, sin aquellas, hubiera corrido -riesgo la causa de la independencia. Tranquilo poseedor el enemigo de -extensión vasta de país, se hubiera entonces aprovechado de todos sus -recursos transitando por él pacíficamente, y dueño de mayores fuerzas, -ni nuestros ejércitos, por más valientes que se mostrasen, hubieran -podido resistir a la superioridad y disciplina de sus contrarios, -ni los aliados se hubieran mantenido constantes en contribuir a la -defensa de una nación cuyos habitantes doblaban mansamente la cerviz a -la coyunda extranjera. - -[Sidenote: Cortes.] - -Tregua ahora a tanto combate, y lanzándonos en el campo no menos vasto -de la política, hablemos de lo que precedió a la reunión de cortes, las -cuales, en breve congregadas, haciendo bambolear el antiguo edificio -social, echaron al suelo las partes ruinosas y deformes, y levantaron -otro que si no perfecto, por lo menos se acomodaba mejor al progreso -de las luces del siglo, y a los usos, costumbres y membranzas de las -primitivas monarquías de España. - -[Sidenote: Remisa la regencia en convocarlas.] - -Desaficionada la regencia a la institución de cortes, había postergado -el reunirlas, no cumpliendo debidamente con el juramento que había -prestado al instalarse «de contribuir a la celebración de aquel augusto -congreso en la forma establecida por la suprema junta central, y en -el tiempo designado en el decreto de creación de la regencia.» Cierto -es que en este decreto aunque se insistía en la reunión de cortes ya -convocadas para el 1.º de marzo de 1810, se añadía: «si la defensa del -reino... lo permitiere.» Cláusula puesta allí para el solo caso de -urgencia, o para diferir cortos días la instalación de las cortes; pero -que abría ancho espacio a la interpretación de los que procediesen con -mala o fría voluntad. - -[Sidenote: Clamor general por ellas.] - -Descuidó pues la regencia el cumplimiento de su solemne promesa, y -no volvió a mentar ni aun la palabra cortes sino en algunos papeles -que circuló a América, las más veces no difundidos en la península, -y cortados a traza de entretenimiento para halagar los ánimos de los -habitantes de ultramar. Conducta extraña que sobremanera enojó, pues -entonces ansiaban los más la pronta reunión de cortes, considerando -a estas como áncora de esperanza en tan deshecha tormenta. Creciendo -los clamores públicos, se unieron a ellos los de varios diputados de -algunas juntas de provincia, los cuales residían en Cádiz, y trataron -de promover legalmente asunto de tanta importancia. Temerosa la -regencia de la común opinión, y sabedora de lo que intentaban los -referidos diputados, resolvió ganar a todos por la mano, suscitando -ella misma la cuestión de cortes, ya que contase deslumbrar así y dar -largas, o ya que, obligada a conceder lo que la generalidad pedía, -quisiese aparentar que solo la estimulaba propia voluntad y no ajeno -impulso. A este fin, llamó el 14 de junio a Don Martín de Garay, y le -instó a que esclareciese ciertas dudas que ocurrían en el modo de la -convocación de cortes, no hallándose nadie más bien enterado en la -materia que dicho sujeto, secretario general e individuo que había sido -de la junta central. - -[Sidenote: Las piden diputados de las juntas de provincia.] - -No por eso desistieron de su intento los diputados de las provincias, -y el 17 del propio junio comisionaron a dos de ellos para poner en -manos de la regencia una exposición enderezada a recordar la prometida -reunión de cortes. Cupo el desempeño de este encargo a Don Guillermo -Hualde, diputado por Cuenca, y al conde de Toreno [autor de esta -historia], que lo era por León. Presentáronse ambos, y después de haber -el último obtenido venia, leído el papel de que eran portadores, -alborotose bastantemente el obispo de Orense, no acostumbrado a oír y -menos a recibir consejos. Replicaron los comisionados, y comenzaban -unos y otros a agriarse, cuando, terciando el general Castaños, -amansáronse Hualde y Toreno, y templando también el obispo su ira -locuaz y apasionada, humanose al cabo; y así él como los demás regentes -dieron a los diputados una respuesta satisfactoria. Divulgado el -suceso, remontó el vuelo la opinión de Cádiz, mayormente habiendo su -junta aprobado la exposición hecha al gobierno, y sostenídola con otra -que a su efecto elevó a su conocimiento en el día siguiente. - -[Sidenote: Decreto de convocación. (* Ap. n. 12-2.)] - -Amedrentada la regencia con la fermentación que reinaba, promulgó -el mismo 18 un decreto,[*] por el que, mandando que se realizasen -a la mayor brevedad las elecciones de diputados que no se hubiesen -verificado hasta aquel día, se disponía además que en todo el próximo -agosto concurriesen los nombrados a la Isla de León, en donde luego -que se hallase la mayor parte, se daría principio a las sesiones. -Aunque en su tenor parecía vago este decreto, no fijándose el día de -la instalación de cortes, sin embargo la regencia soltaba prendas que -no podía recoger, y a nadie era ya dado contrarrestar el desencadenado -ímpetu de la opinión. - -[Sidenote: Júbilo general en la nación.] - -Produjo en Cádiz, y seguidamente en toda la monarquía, extremo -contentamiento semejante providencia, y apresuráronse a nombrar -diputados las provincias que aún no lo habían efectuado, y que gozaban -de la dicha de no estar imposibilitadas para aquel acto por la -ocupación enemiga. En Cádiz empezaron todos a trabajar en favor del -pronto logro de tan deseado objeto. - -[Sidenote: Dudas de la regencia sobre convocar una segunda cámara.] - -La regencia, por su parte, se dedicó a resolver las dudas que, según -arriba insinuamos, ocurrían acerca del modo de constituir las cortes. -Fue una de las primeras la de si se convocaría o no una cámara de -privilegiados. En su lugar vimos cómo la junta central dio antes de -disolverse un decreto, llamando bajo el nombre de estamento o cámara de -dignidades a los arzobispos, obispos y grandes del reino; pero también -entonces vimos como nunca se había publicado esta determinación. En -la convocatoria general de 1.º de enero, ni en la instrucción que la -acompañaba, no había el gobierno supremo ordenado cosa alguna sobre su -posterior resolución: solo insinuó en una nota que igual convocatoria -se remitiría «a los representantes del brazo eclesiástico y de la -nobleza.» Las juntas no publicaron esta circunstancia, e ignorándola -los electores, habían recaído ya algunos de los nombramientos en -grandes y en prelados. - -Perpleja con eso la regencia, empezó a consultar a las corporaciones -principales del reino sobre si convendría o no llevar a cumplida -ejecución el decreto de la central acerca del estamento de -privilegiados. Para acertar en la materia, de poco servía acudir a los -hechos de nuestra historia. - -[Sidenote: Costumbre antigua.] - -Antes que se reuniesen las diversas coronas de España en las sienes -de un mismo monarca, había la práctica sido varia, según los estados -y los tiempos. En Castilla desaparecieron del todo los brazos del -clero y de la nobleza después de las cortes celebradas en Toledo en -1538 y 1539. Duraron más tiempo en Aragón; pero colocada en el solio, -al principiar el siglo XVIII, la estirpe de los Borbones, dejaron en -breve de congregarse separadamente las cortes en ambos reinos, y solo -ya fueron llamadas para la jura de los príncipes de Asturias. Por -primera vez se vieron juntas, en 1709, las de las coronas de Aragón -y Castilla, y así continuaron hasta las últimas que se tuvieron en -1789, no asistiendo ni aun a estas, a pesar de tratarse algún asunto -grave, sino los diputados de las ciudades. Solo en Navarra proseguía la -costumbre de convocar a sus cortes particulares el brazo eclesiástico y -el militar, o sea de la nobleza. Pero además de que allí no entraban en -el primero exclusivamente los prelados, sino también priores, abades y -hasta el provisor del obispado de Pamplona, y que del segundo componían -parte varios caballeros sin ser grandes ni titulados, no podía servir -de norma tan reducido rincón a lo restante del reino, señaladamente -hallándose cerca, como para contrapuesto ejemplo, las provincias -vascongadas, en cuyas juntas, del todo populares, no se admiten ni aun -los clérigos. Ahora había también que examinar la índole de la presente -lucha, su origen y su progreso. - -La nobleza y el clero, aunque entraron gustosos en ella, habían obrado -antes bien como particulares que como corporaciones, y lo más elevado -de ambas clases, los grandes y los prelados no habían por lo general -brillado ni a la cabeza de los ejércitos, ni de los gobiernos, ni de -las partidas. Agregábase a esto la tendencia de la nación, desafecta -a jerarquías, y en la que reducidos a estrechísimos límites los -privilegios de los nobles, todos podían ascender a los puestos más -altos sin excepción alguna. - -[Sidenote: Opinión común en la nación.] - -Mostrábase en ello tan universal la opinión que, no solo la apoyaban -los que propendían a ideas democráticas, mas también los enemigos de -cortes y de todo gobierno representativo. Los últimos no, en verdad, -como un medio de desorden [había entonces en España acerca del -asunto mejor fe], sino por no contrarrestar el modo de pensar de los -naturales. Ya en Sevilla, en la comisión de la junta central encargada -de los trabajos de cortes, los señores Riquelme y Caro, que apuntamos -desamaban la reunión de cortes, una vez decidida esta, votaron por -una sola cámara indivisa y común, y el ilustre Jovellanos por dos: -Jovellanos, acérrimo partidario de cortes y uno de los españoles más -sabios de nuestro tiempo. Los primeros seguían la voz común: guiaban al -último reglas de consumada política, la práctica de Inglaterra y otras -naciones. Entre los comisionados de las juntas residentes en Cádiz, -fue el más celoso en favor de una sola cámara Don Guillermo Hualde, no -obstante ser eclesiástico, dignidad de chantre en la catedral de Cuenca -y grande adversario de novedades. Contradicciones frecuentes en tiempos -revueltos, pero que nacían aquí, repetimos, de la elevada y orgullosa -igualdad que ostenta la jactancia española, manantial de ciertas -virtudes, causa a veces de ruinosa insubordinación. - -[Sidenote: Consulta la regencia al consejo reunido.] - -La regencia consultó sobre la materia, y otras relativas a cortes, al -consejo reunido. La mayoría se conformó en todo con la opinión más -acreditada, y se inclinó también a una sola cámara. Disintieron del -dictamen varios individuos del antiguo consejo de Castilla, [Sidenote: -Respuesta de este. Voto particular.] de cuyo número fueron el decano -Don José Colón, el conde del Pinar, y los señores Riega, Duque Estrada, -y Don Sebastián de Torres. Oposición que dimanaba, no de adhesión a -cámaras, sino de odio a todo lo que fuese representación nacional: -por lo que en su voto insistieron particularmente en que se castigase -con severidad a los diputados de las juntas que habían osado pedir la -pronta convocación de cortes. - -Cundió en Cádiz la noticia de la consulta, junto con la del dictamen -de la minoría, y enfureciéronse los ánimos contra esta, mayormente no -habiendo los más de los firmantes dado al principio del levantamiento, -en 1808, grandes pruebas de afecto y decisión por la causa de la -independencia. De consiguiente, conturbáronse los disidentes al -saber que los tiros disparados en secreto, con esperanza de que se -mantendrían ocultos, habían reventado a la luz del día. Creció su temor -cuando la regencia, para fundar sus providencias, determinó que se -publicase la consulta y el dictamen particular. No hubo entonces manejo -ni súplica que no empleasen los autores del último para alcanzar el -que se suspendiese dicha resolución. Así sucedió, y tranquilizose la -mente de aquellos hombres, cuyas conciencias no habían escrupulizado -en aconsejar a las calladas injustas persecuciones, pero que se -estremecían aun de la sombra del peligro. Achaque inherente a la -alevosía y a la crueldad, de que muchos de los que firmaron el voto -particular dieron tristes ejemplos años adelante, cuando sonó en España -la lúgubre y aciaga hora de las venganzas y juicios inicuos. - -[Sidenote: Consulta del consejo de estado.] - -Pidió luego la regencia, acerca del mismo asunto de cámaras, el parecer -del consejo de estado, el cual convino también en que no se convocase -la de privilegiados. Votó en favor de este dictamen el marqués de -Astorga, no obstante su elevada clase; del mismo fue Don Benito de -Hermida, adversario en otras materias de cualesquiera novedades. -Sostuvo lo contrario Don Martín de Garay, como lo había hecho en la -central, y conforme a la opinión de Jovellanos. - -[Sidenote: No se convoca segunda cámara.] - -No pudiendo resistir la regencia a la universalidad de pareceres, -decidió que las clases privilegiadas no asistirían por separado a las -cortes que iban a congregarse, y que estas se juntarían con arreglo al -decreto que había circulado la central en 1.º de enero. - -[Sidenote: Modo de elección.] - -Según el tenor de este y de la instrucción que le acompañaba, -innovábase del todo el antiguo modo de elección. Solamente en memoria -de lo que antes regía se dejaba que cada ciudad de voto en cortes -enviase por esta vez, en representación suya, un individuo de su -ayuntamiento. Se concedía igualmente el mismo derecho a las juntas de -provincia, como premio de sus desvelos en favor de la independencia -nacional. Estas dos clases de diputados no componían, ni con mucho, -la mayoría, pero sí los nombrados por la generalidad de la población -conforme al método ahora adoptado. Por cada 50.000 almas se escogía un -diputado, y tenían voz para la elección los españoles de todas clases -avecindados en el territorio, de edad de 25 años, y hombres de casa -abierta. Nombrábanse los diputados indirectamente, pasando su elección -por los tres grados de juntas de parroquia, de partido y de provincia. -No se requerían para obtener dicho cargo otras condiciones que las -exigidas para ser elector y la de ser natural de la provincia, quedando -elegido diputado el que saliese de una urna o vasija en que habían de -sortearse los tres sujetos que primero hubiesen reunido la mayoría -absoluta de votos. Defectuoso, si se quiere, este método, ya por ser -sobradamente franco, estableciendo una especie de sufragio universal, -y ya restricto a causa de la elección indirecta, llevaba, sin embargo, -gran ventaja al antiguo, o a lo menos a lo que de este quedaba. - -[Sidenote: El antiguo de España.] - -En Castilla, hasta entrado el siglo XV, hubo cortes numerosas y a las que -asistieron muchas villas y ciudades, si bien su concurrencia pendió -casi siempre de la voluntad de los reyes, y no de un derecho reconocido -e inconcuso. A los diputados, o sean procuradores, nombrábanlos los -concejos formados de los vecinos, o ya los ayuntamientos, pues estos, -siendo entonces por lo común de elección popular, representaban con -mayor verdad la opinión de sus comitentes, que después, cuando se -convirtieron sus regidurías, especialmente bajo los Felipes austriacos, -en oficios vendibles y enajenables de la corona; medida que, por -decirlo de paso, nació más bien de los apuros del erario que de -miras ocultas en la política de los reyes. En Aragón, el brazo de las -universidades o ciudades, y en Valencia y Cataluña, el conocido con -el nombre de real, constaban de muchos diputados que llevaban la voz -de los pueblos. Cuáles fuesen los que hubiesen de gozar de semejante -derecho o privilegio no estaba bien determinado, pues según nos -cuentan los cronistas Martel y Blancas, solo gobernaba la costumbre. -Este modo de representar la generalidad de los ciudadanos, aunque -inferior, sin duda, al de la central, aparecía, repetimos, muy superior -al que prevaleció en los siglos XVI y XVII, decayendo sucesivamente -las prácticas y usos antiguos, a punto que en las cortes celebradas -desde el advenimiento de Felipe V hasta las últimas de 1789 solo se -hallaron presentes los caballeros procuradores de 37 villas y ciudades, -únicas en que se reconocía este derecho en las dos coronas de Aragón y -Castilla. Por lo que con razón asentaba Lord Oxford, al principio del -siglo XVIII, que aquellas asambleas solo eran ya _magni nominis umbra_. - -[Sidenote: Poderes que se dan a los diputados.] - -Conferíanse ahora a los diputados facultades amplias, pues además de -anunciarse en la convocatoria, entre otras cosas, que se llamaba la -nación a cortes generales «para restablecer y mejorar la constitución -fundamental de la monarquía», se especificaba en los poderes que -los diputados «podían acordar y resolver cuanto se propusiese en -las cortes, así en razón de los puntos indicados en la real carta -convocatoria, como en otros cualesquiera, con plena, franca, libre -y general facultad, sin que por falta de poder dejasen de hacer cosa -alguna, pues todo el que necesitasen les conferían [los electores] sin -excepción ni limitación alguna.» - -[Sidenote: Llámanse a las cortes diputados de las provincias de América -y Asia.] - -Otra de las grandes innovaciones fue la de convocar a cortes las -provincias de América y Asia. Descubiertos y conquistados aquellos -países a la sazón que en España iban de caída las juntas nacionales, -nunca se pensó en llamar a ellas a los que allí moraban. Cosa, por -otra parte, nada extraña atendiendo a sus diversos usos y costumbres, -a sus distintos idiomas, al estado de su civilización, y a las ideas -que entonces gobernaban en Europa respecto de colonias o regiones -nuevamente descubiertas, pues vemos que en Inglaterra mismo donde nunca -cesaron los parlamentos, tampoco en su seno se concedió asiento a los -habitadores allende los mares. - -Ahora que los tiempos se habían cambiado, y confirmádose solemnemente -la igualdad de derechos de todos los españoles, europeos y -ultramarinos, menester era que unos y otros concurriesen a un congreso -en que iban a decidirse materias de la mayor importancia, tocante a -toda la monarquía que entonces se dilataba por el orbe. Requeríalo así -la justicia, requeríalo el interés bien entendido de los habitantes -de ambos mundos, y la situación de la península, que, para defender -la causa de su propia independencia, debía granjear las voluntades de -los que residían en aquellos países, y de cuya ayuda había reportado -colmados frutos. Lo dificultoso era arreglar en la práctica la -declaración de la igualdad. Regiones extendidas, como las de América, -con variedad de castas, con desvío entre estas y preocupaciones, -ofrecían en el asunto problemas de no fácil resolución. Agregábase la -falta de estadísticas, la diferente y confusa división de provincias -y distritos, y el tiempo que se necesitaba para desenmarañar tal -laberinto, cuando la pronta convocación de cortes no daba vagar, ni -para pedir noticias a América, ni para sacar de entre el polvo de los -archivos las mancas y parciales que pudieran averiguarse en Europa. - -Por lo mismo, la junta central, en el primer decreto que publicó -sobre cortes en 22 de mayo de 1809, contentose con especificar que la -comisión encargada de preparar los trabajos acerca de la materia viese -«la parte que las Américas tendrían en la representación nacional.» -Cuando en enero de 1810 expidió la misma junta a las provincias de -España las convocatorias para el nombramiento de cortes, acordó también -un decreto en favor de la representación de América y Asia, limitándose -a que fuese supletoria, compuesta de 26 individuos escogidos entre los -naturales de aquellos países residentes en Europa, y hasta tanto que -se decidiese el modo más conveniente de elección. No se imprimió este -decreto, y solo se mandó insertar un aviso en la _Gaceta_ del mismo 7 -de enero dando cuenta de dicha resolución, confirmada después por la -circular que, al despedirse, promulgó la central sobre celebración de -cortes. - -No bastaba para satisfacer los deseos de la América tan escasa y -ficticia representación, por lo cual adoptose igualmente un medio que -si no era tan completo como el decretado para España, se aproximaba al -menos a la fuente de donde ha de derivarse toda buena elección. Tomose -en ello ejemplo de lo determinado antes por la central, cuando llamó a -su seno individuos de los diversos virreinatos y capitanías generales -de ultramar, medida que no tuvo cumplido efecto a causa de la breve -gobernación de aquel cuerpo. Según dicho decreto, no publicado sino en -junio de 1809, los ayuntamientos, después de nombrar tres individuos, -debían sortear uno y remitir el nombre del que fuese favorecido por -la fortuna al virrey o capitán general, quien reuniendo los de los -candidatos de las diversas provincias, tenía que proceder con el real -acuerdo a escoger tres y en seguida sortearlos, quedando elegido para -individuo de la junta central el primero que saliese de la urna. Así -se ve que el número de los nombrados se limitaba a uno solo por cada -virreinato o capitanía general. - -Conservando en el primer grado el mismo método de elección, había -dado la regencia, en 14 de febrero, mayor ensanche al nombramiento de -diputados a cortes. Los ayuntamientos elegían en sus provincias sus -representantes, sin necesidad de acudir a la aprobación o escogimiento -de las autoridades superiores, de manera que, en vez de un solo -diputado por cada virreinato o capitanía general, se nombraron tantos -cuantas eran las provincias, con lo que no dejó de ser bastante -numerosa la diputación americana que poco a poco fue aportando a -Cádiz, aun de los países más remotos, y compuso parte muy principal de -aquellas cortes. - -[Sidenote: Elección de suplentes.] - -No estorbó esto que, aguardando la llegada de los diputados -propietarios, se llevase a efecto en Cádiz el nombramiento de -suplentes, así respecto de las provincias de ultramar como también -de las de España, cuyos representantes no hubiesen todavía acudido, -impedidos por la ocupación enemiga o por cualquiera otra causa que -hubiese motivado la dilación. Para América y Asia, en vez de 26 -suplentes resolvió la regencia se nombrasen dos más, accediendo a -varias súplicas que se le hicieron; para la península debía elegirse -uno solo por cada una de las provincias indicadas. Tocaba desempeñar -encargo tan importante a los respectivos naturales, en quienes -concurriesen las calidades exigidas en el decreto e instrucción de 1.º -de enero. La regencia había el 19 de agosto determinado definitivamente -este asunto de suplentes, conviniendo en que la elección se hiciese -en Cádiz, como refugio del mayor número de emigrados. Publicó el 8 de -septiembre un edicto sobre la materia, y nombró ministros del consejo -que preparasen las listas de los naturales de la península y de América -que estuviesen en el caso de poder ser electores. - -[Sidenote: Opinión sobre esto en Cádiz.] - -Aplaudieron todos en Cádiz el que hubiese suplentes, lo mismo los -apasionados a novedades que sus adversarios. Vislumbraban en ello unos -carrera abierta a su noble ambición, esperaban otros conservar así su -antiguo influjo y contener el ímpetu reformador. Entre los últimos se -contaban consejeros, antiguos empleados, personas elevadas en dignidad -que se figuraban prevalecer en las elecciones y manejarlas a su antojo, -asistidos de su nombre y de su respetada autoridad. Ofuscamiento de -quien ignoraba lo arremolinadas que van, aun desde un principio, las -corrientes de una revolución. - -[Sidenote: Parte que toma la mocedad.] - -En breve se desengañaron, notando cuán perdido andaba su influjo. -Levantáronse los pechos de la mocedad, y desapareció aquella -indiferencia a que antes estaba avezada en las cuestiones políticas. -Todo era juntas, reuniones, corrillos, conferencias con la regencia, -demandas, aclaraciones. Hablábase de candidatos para diputados, y -poníanse los ojos, no precisamente en dignidades, no en hombres -envejecidos en la antigua corte o en los rancios hábitos de los -consejos u otras corporaciones, sino en los que se miraban como más -ilustrados, más briosos y más capaces de limpiar la España de la -herrumbre que llevaba comida casi toda su fortaleza. - -Los consejeros nombrados para formar las listas, lejos de tropezar, -cuando ocurrían dudas, con tímidos litigantes o con sumisos y -necesitados pretendientes, tuvieron que habérselas con hombres que -conocían sus derechos, que los defendían y aun osaban arrostrar las -amenazas de quienes antes resolvían sin oposición y con el ceño de -indisputable supremacía. - -[Sidenote: Enojo de los enemigos de reformas.] - -Desde entonces, muchos de los que más habían deseado el nombramiento -de suplentes empezáronse a mostrar enemigos, y por consecuencia -adversarios de las mismas cortes. Fuéronlo sin rebozo luego que se -terminaron dichas elecciones de suplentes. Se dio principio a estas -el 17 de septiembre, y recayeron por lo común los nombramientos de -diputados en sujetos de capacidad y muy inclinados a reformas. - -[Sidenote: Número que acude a las elecciones.] - -Presidieron las elecciones de cada provincia de España individuos de -la cámara de Castilla, y las de América Don José Pablo Valiente, del -consejo de Indias. Hubo algunas bastante ruidosas, culpa en parte -de la tenacidad de los presidentes y de su mal encubierto despecho, -malogrados sus intentos. De casi ninguna provincia de España hubo menos -de 100 electores, y llegaron a 4000 los de Madrid, todos en general -sujetos de cuenta; infiriéndose de aquí que, a pesar de lo defectuoso -de este género de elección, era más completa que la que se hacía por -las ciudades de voto en cortes, en que solo tomaban parte 20 o 30 -privilegiados, esto es, los regidores. - -[Sidenote: Temores de la regencia.] - -Como al paso que mermaban las esperanzas de los adictos al orden -antiguo, adquirían mayor pujanza las de los aficionados a la opinión -contraria, temió la regencia caer de su elevado puesto, y buscó medios -para evitarlo y afianzar su autoridad. Pero, según acontece, los que -escogió no podían servir sino para precipitarla más pronto. [Sidenote: -Restablecen todos los consejos.] Tal fue el restablecer todos los -consejos bajo la planta antigua por decreto de 16 de septiembre. -Imaginó que como muchos individuos de estos cuerpos, particularmente -los del consejo real, se reputaban enemigos de la tendencia que -mostraban los ánimos, tendría en sus personas, ahora agradecidas, -un sustentáculo firme de su potestad ya titubeante. Cuenta en que -gravemente erró. La veneración que antes existía al consejo real -había desaparecido, gracias a la incierta y vacilante conducta de sus -miembros en la causa pública y a su invariable y ciega adhesión a -prerrogativas y extensas facultades. Inoportuno era también el momento -escogido para su restablecimiento. Las cortes iban a reunirse, a ellas -tocaba la decisión de semejante providencia. Tampoco lo exigía el -despacho de los negocios, reducida ahora la nación a estrechos límites, -y resolviendo por sí las provincias muchos de los expedientes que antes -subían a los consejos. Así apareció claro que su restablecimiento -encubría miras ulteriores, y quizá se sospecharon algunas más dañadas -de las que en realidad había. - -[Sidenote: Quiere el consejo real intervenir en las cortes.] - -El consejo real desviviose por obtener que su gobernador o decano -presidiese las cortes, que la cámara examinase los poderes de los -diputados, y también que varios individuos suyos tomasen asiento en -ellas bajo el nombre de asistentes. Tal era la costumbre seguida en -las últimas cortes, tal la que ahora se intentó abrazar, fundándose en -los antecedentes y en el texto de Salazar, libro sagrado a los ojos -de los defensores de las prerrogativas del consejo. [Sidenote: No lo -consigue.] Mas al columbrar el revuelo de la opinión, delirio parecía -querer desenterrar usos tan encontrados con las ideas que reinaban -en Cádiz y con las que exponían los diputados de las provincias que -iban llegando, quienes, fuesen o no inclinados a las reformas, traían -consigo recelos y desconfianzas acerca de los consejos y de la misma -regencia. - -[Sidenote: Señala el 24 de septiembre para la instalación de cortes.] - -De dichos diputados, varios arribaron a Cádiz en agosto, otros muchos -en septiembre. Con su venida se apremió a la regencia para que señalase -el día de la apertura de cortes, reacia siempre en decidirse. Tuvo aun -para ello dificultades, provocó dudas, repitió consultas, mas al fin -fijole para el 24 de septiembre. - -[Sidenote: Comisión de poderes.] - -Determinó también el modo de examinar previamente los poderes. Los -diputados que habían llegado fueron de parecer que la regencia aprobase -por sí los poderes de seis de entre ellos, y que luego estos mismos -examinasen los de sus compañeros. Bien que forzada, dio la regencia -su beneplácito a la propuesta de los diputados, mas en el decreto -que publicó al efecto, decía que obraba así, «atendiendo a que estas -cortes eran extraordinarias, sin intentar perjudicar a los derechos -que preservaba a la cámara de Castilla.» Los seis diputados escogidos -para el examen de poderes fueron el consejero D. Benito de Hermida, -por Galicia; el marqués de Villafranca, grande de España, por Murcia; -D. Felipe Amat, por Cataluña; Don Antonio Oliveros, por Extremadura; el -general Don Antonio Samper, por Valencia; y Don Ramón Power, por la isla -de Puerto Rico. Todos eran diputados propietarios, incluso el último, -único de los de ultramar que hubiese todavía llegado de aquellos -apartados países. - -[Sidenote: Congojosa esperanza de los ánimos.] - -Concluidos los actos preliminares, ansiosamente y con esperanza varia -aguardaron todos a que luciese aquel día 24 de septiembre, origen de -grandes mudanzas, verdadero comienzo de la revolución española. - - - - - RESUMEN - DEL - LIBRO DECIMOTERCERO. - - -_Instalación de las cortes generales y extraordinarias. — Publicidad -de sus sesiones. — Malos intentos de la regencia. — Conducta mesurada -y noble de las cortes. — Nombramiento de presidente y secretarios. -— Proposiciones del señor Muñoz Torrero. — Primera discusión muy -notable. — Los discursos pronunciados de palabra. — Engaño de la -regencia. — Palabras de Lardizábal. — Decreto de 24 de septiembre. -— Opiniones diversas acerca de este decreto, y su examen. — Número -de diputados que concurrieron el primer día. — Aplausos que de todas -partes reciben las cortes. — Tratamiento. — Aclaración pedida por la -regencia. — Debate sobre las facultades de la potestad ejecutiva. — -Empleos conferidos a diputados. — Proposición del señor Capmany. — -Juicio acerca de ella. — Elecciones de Aragón. — El duque de Orleans -quiere hablar a la barandilla de las cortes. — Relación sucinta de -este suceso. — Altercado con el obispo de Orense sobre prestar el -juramento. — Sométese al fin el obispo. — Revueltas de América. — Sus -causas. — Levantamiento de Venezuela. — Levantamiento de Buenos Aires. -— Juicio acerca de estas revueltas. — Medidas tomadas por el gobierno -español. — Providencia fraguada acerca del comercio libre. — Nómbrase -a Cortavarría para ir a Caracas. — Jefes y pequeña expedición enviada -al Río de la Plata. — Ocúpanse las cortes en la materia. — Decreto -de 15 de octubre. — Discusión sobre la libertad de la imprenta. — -Reglamento por el que se concedía la libertad de la imprenta. — Su -examen. — Lo que se adopta para los juicios en lugar del jurado. — -Promúlgase la libertad de la imprenta. — Partidos en las cortes. — -Remueven las cortes a los individuos de la primera regencia. — Causas -de ello. — Nómbrase una nueva regencia de tres individuos. — Suplentes. -— Incidente del marqués del Palacio. — Discusión que esto motiva. — -Término de este negocio. — Ciertos acontecimientos ocurridos durante la -primera regencia, y breve noticia de los diferentes ramos. — Monumento -mandado erigir por las cortes a Jorge III. — Sigue la relación de -algunos acontecimientos ocurridos durante la primera regencia. — Modo -de pensar de los nuevos regentes. — Varios decretos de las cortes. — -Nómbrase una comisión especial para formar un proyecto de constitución. -— Voces acerca de si se casaba o no en Francia Fernando VII. — -Proposiciones sobre la materia de los señores Capmany y Borrull. — -Discusión. — Nuevas discusiones sobre América. — Alborotos en Nueva -España. — Decretos en favor de aquellos países. — Providencias en -materia de guerra y hacienda. — Cierran las cortes sus sesiones en la -Isla. — Fiebre amarilla. — Fin de este libro._ - - - - - HISTORIA - DEL - LEVANTAMIENTO, GUERRA Y REVOLUCIÓN - de España. - - LIBRO DECIMOTERCERO. - - -¡Estrella singular la de esta tierra de España! Arrinconados en el -siglo VIII algunos de sus hijos en las asperezas del Pirineo y en las -montañas de Asturias, no solo adquirieron bríos para oponerse a la -invasión agarena, sino que también trataron de dar reglas y señalar -límites a la potestad suprema de sus caudillos, pues al paso que -alzaban a estos en el pavés para entregarles las riendas del estado, -les imponían justas obligaciones, y les recordaban aquella célebre y -conocida máxima de los godos, «Rex eris si rectè facias: si non facias, -non eris»; echando así los cimientos de nuestras primeras franquezas y -libertades. Ahora en el siglo XIX, estrechados los españoles por todas -partes, y colocado su gobierno en el otro extremo de la península, -lejos de abatirse, se mantenían firmes y no parecía sino que, a la -manera de Anteo, recobraban fuerzas cuando ya se les creía sin aliento y -postrados en tierra. En el reducido ángulo de la Isla gaditana, como en -Covadonga y Sobrarbe, con una mano defendían impávidos la independencia -de la nación, y con la otra empezaron a levantar, bajo nueva forma, sus -abatidas, libres y antiguas instituciones. Semejanza que bien fuese -juego del acaso o disposición más alta de la providencia, presentándose -en breve a la pronta y viva imaginación de los naturales, sustentó el -ánimo de muchos e inspiró gratas esperanzas en medio de infortunios y -atropellados desastres. - -[Sidenote: Instalación de las cortes generales y extraordinarias.] - -Según lo resuelto anteriormente por la junta central, era la Isla de -León el punto señalado para la celebración de cortes. Conformándose -la regencia con dicho acuerdo, se trasladó allí desde Cádiz el 22 de -septiembre, y juntó, la mañana del 24, en las casas consistoriales a -los diputados ya presentes. Pasaron en seguida todos reunidos a la -iglesia mayor, y celebrada la misa del Espíritu Santo por el cardenal -arzobispo de Toledo, Don Luis de Borbón, se exigió acto continuo de -los diputados un juramento concebido en los términos siguientes: -«¿Juráis la santa religión católica, apostólica, romana, sin admitir -otra alguna en estos reinos? — ¿Juráis conservar en su integridad la -nación española, y no omitir medio alguno para libertarla de sus -injustos opresores? — ¿Juráis conservar a nuestro amado soberano, el -señor Don Fernando VII, todos sus dominios, y en su defecto a sus -legítimos sucesores, y hacer cuantos esfuerzos sean posibles para -sacarle del cautiverio y colocarle en el trono? — ¿Juráis desempeñar -fiel y legalmente el encargo que la nación ha puesto a vuestro -cuidado, guardando las leyes de España, sin perjuicio de alterar, -moderar y variar aquellas que exigiese el bien de la nación? — Si -así lo hiciereis, Dios os lo premie, y si no, os lo demande.» Todos -respondieron: «Sí juramos.» - -Antes, en una conferencia preparatoria, se había dado a los diputados -una minuta de este juramento, y los hubo que ponían reparo en acceder -a algunas de las restricciones. Pero habiéndoles hecho conocer varios -de sus compañeros que la última parte del mencionado juramento removía -todo género de escrúpulo, dejando ancho campo a las novedades que -quisieran introducirse, y para las que les autorizaban sus poderes, -cesaron en su oposición y adhirieron al dictamen de la mayoría, sin -reclamación posterior. - -Concluidos los actos religiosos, se trasladaron los diputados y la -regencia al salón de cortes, formado en el coliseo, o sea teatro de -aquella ciudad, paraje que pareció el más acomodado. En toda la carrera -estaba tendida la tropa y los diputados recibieron de ella, a su paso, -como del vecindario e innumerable concurso que acudió de Cádiz y otros -lugares, vítores y aplausos multiplicados y sin fin. Colmábanlos los -circunstantes de bendiciones, y arrasadas en lágrimas las mejillas de -muchos, dirigían todos al cielo fervorosos votos para el mejor acierto -en las providencias de sus representantes. Y al ruido del cañón español, -que en toda la línea hacía salvas por la solemnidad de tan fausto día, -resonó también el del francés, como si intentara este engrandecer -acto tan augusto, recordando que se celebraba bajo el alcance de -fuegos enemigos. ¡Día, por cierto, de placer y buena andanza, día en -que de júbilo casi querían brotar del pecho los corazones generosos, -figurándose ya ver a su patria, si aún de lejos, libre y venturosa, -pacífica y tranquila dentro, muy respetada fuera! - -Llegado que hubieron los diputados al salón de cortes, saludaron su -entrada con repetidos vivas los muchos espectadores que llenaban las -galerías. Habíanse construido estas en los antiguos palcos del teatro; -el primer piso le ocupaba a la derecha el cuerpo diplomático, con los -grandes y oficiales generales, sentándose a la izquierda señoras de la -primera distinción. Agolpose a los pisos más altos inmenso gentío de -ambos sexos, ansiosos todos de presenciar instalación tan deseada. - -[Sidenote: Publicidad de sus sesiones.] - -Esperaban pocos que fuesen desde luego públicas las sesiones de cortes, -ya porque las antiguas acostumbraron en lo general a ser secretas, y -ya también porque, no habituados los españoles a tratar en público -los negocios del estado, dudábase que sus procuradores consintiesen -fácilmente en admitir tan saludable práctica, usada en otras naciones. -De antemano algunos de los diputados que conocían no solo lo útil, -pero aun lo indispensable que era adoptar aquella medida, discurrieron -el modo de hacérselo entender así a sus compañeros. Dichosamente no -llegó el caso de entrar en materia. La regencia de suyo abrió el salón -al público, movida según se pensó, no tanto del deseo de introducir -tan plausible y necesaria novedad, cuanto con la intención aviesa de -desacreditar a las cortes en el mismo día de su congregación. - -[Sidenote: Malos intentos de la regencia.] - -Hemos visto ya, y hechos posteriores confirmarán más y más nuestro -aserto, cómo la regencia había convocado las cortes mal de su grado, y -cómo se arrimaba en sus determinaciones a las doctrinas del gobierno -absoluto de los últimos tiempos. Desestimaba a los diputados, -considerándolos inexpertos y noveles en el manejo de los asuntos -públicos; y ningún medio le pareció más oportuno para lograr la mengua -y desconcepto de aquellos que mostrarlos descubiertamente a la faz -de la nación, saboreándose ya con la placentera idea de que, a guisa -de escolares, se iban a entretener y enredar en fútiles cuestiones y -ociosas disputas. Y en verdad nadie podía motejar a la regencia por -haber abierto el salón al público, puesto que en semejante providencia -se conformaba con el común sentir de las mismas personas afectas a -cortes, y con la índole y objeto de los cuerpos representativos. Sin -embargo, la regencia erró en la cuenta, y con la publicidad ahondó sus -propias llagas y las del partido lóbrego de sus secuaces, salvando -al congreso nacional de los escollos contra los que, de otro modo, -hubiera corrido gran riesgo de estrellarse. - -El consejo de regencia, al entrar en el salón, se había colocado en un -trono levantado en el testero, acomodándose en una mesa inmediata los -secretarios del despacho. Distribuyéronse los diputados a derecha e -izquierda, en bancos preparados al efecto. Sentados todos, pronunció -el obispo de Orense, presidente de la regencia, un breve discurso, y -en seguida se retiró él y sus compañeros, junto con los ministros, sin -que ni unos ni otros hubiesen tomado disposición alguna que guiase al -congreso en los primeros pasos de su espinosa carrera. Cuadraba tal -conducta con los indicados intentos de la regencia; pues en un cuerpo -nuevo como el de las cortes, abandonado a sí mismo, falto de reglamento -y antecedentes que le ilustrasen y sirviesen de pauta, era fácil el -descarrío, o a lo menos cierto atascamiento en sus deliberaciones, -ofreciendo por primera vez al numeroso concurso que asistía a la sesión -tristes muestras de su saber y cordura. - -[Sidenote: Conducta mesurada y noble de las cortes.] - -Felizmente las cortes no se desconcertaron, dando principio con -paso firme y mesurado al largo y glorioso curso de sus sesiones. -Escogieron momentáneamente para que las presidiese al más anciano -de los diputados, Don Benito Ramón de Hermida, quien designó para -secretario en la misma forma a Don Evaristo Pérez de Castro. Debían -estos nombramientos servir solo para el acto de elegir sujetos que -desempeñasen en propiedad dichos dos empleos, y asimismo para dirigir -cualquiera discusión que acerca del asunto pudiera suscitarse. -[Sidenote: Nombramiento de presidente y secretarios.] No habiendo -ocurrido incidente alguno, se procedió sin tardanza a la votación de -presidente, acercándose cada diputado a la mesa en donde estaba el -secretario, para hacer escribir a este el nombre de la persona a quien -daba su voto. Del escrutinio resultó al cabo elegido Don Ramón Lázaro -de Dou, diputado por Cataluña, prefiriéndole muchos a Hermida por -creerle de condición más suave y no ser de edad tan avanzada. Recayó -la elección de secretario en el citado señor Pérez de Castro, y se -le agregó al día siguiente, en la misma calidad, para ayudarle en su -ímprobo trabajo, a Don Manuel Luján. Los presidentes fueron en adelante -nombrados todos los meses, y alternativamente se renovaba el secretario -más antiguo, cuyo número se aumentó hasta cuatro. - -Terminadas las elecciones, se leyó un papel que al despedirse había -dejado la regencia, por el que, deseando esta hacer dejación del mando, -indicaba la necesidad de nombrar inmediatamente un gobierno adecuado -al estado actual de la monarquía. Nada en el asunto decidieron por -entonces las cortes, y solo sí declararon quedar enteradas; fijándose -luego la atención de todos los asistentes en Don Diego Muñoz Torrero, -diputado por Extremadura, que tomó la palabra en materia de señalada -importancia. - -[Sidenote: Proposiciones del señor Muñoz Torrero.] - -A nadie tanto como a este venerable eclesiástico tocaba abrir las -discusiones, y poner la primera piedra de los cimientos en que habían -de estribar los trabajos de la representación nacional. Antiguo rector -de la universidad de Salamanca, era varón docto, purísimo en sus -costumbres, de ilustrada y muy tolerante piedad, y en cuyo exterior, -sencillo al par que grave, se pintaba no menos la bondad de su alma que -la extensa y sólida capacidad de su claro entendimiento. - -Levantose pues el señor Muñoz Torrero, y apoyando su opinión en muchas -y luminosas razones, fortalecidas con ejemplos sacados de autores -respetables, y con lo que prescribían antiguas leyes e imperiosamente -dictaba la situación actual del reino, expuso lo conveniente que -sería adoptar una serie de proposiciones que fue sucesivamente -desenvolviendo, y de las que, añadió, traía una minuta extendida en -forma de decreto, su particular amigo Don Manuel Luján. - -Decidieron las cortes que leyera el último dicha minuta, cuyos -puntos eran los siguientes: — 1.º Que los diputados que componían -el congreso, y representaban la nación española, se declaraban -legítimamente constituidos en cortes generales y extraordinarias, en -las que residía la soberanía nacional. — 2.º Que conformes en todo -con la voluntad general, pronunciada del modo más enérgico y patente, -reconocían, proclamaban y juraban de nuevo por su único y legítimo -rey al señor Don Fernando VII de Borbón, y declaraban nula, de ningún -valor ni efecto la cesión de la corona que se decía hecha en favor de -Napoleón, no solo por la violencia que había intervenido en aquellos -actos injustos e ilegales, sino principalmente por haberle fallado el -consentimiento de la nación. — 3.º Que no conviniendo quedasen reunidas -las tres potestades, legislativa, ejecutiva y judicial, las cortes -se reservaban solo el ejercicio de la primera en toda su extensión. -— 4.º Que las personas en quienes se delegase la potestad ejecutiva, -en ausencia del señor Don Fernando VII, serían responsables por los -actos de su administración, con arreglo a las leyes; habilitando -al que era entonces consejo de regencia para que interinamente -continuase desempeñando aquel cargo, bajo la expresa condición de que -inmediatamente y en la misma sesión prestase el juramento siguiente: -«¿Reconocéis la soberanía de la nación, representada por los diputados -de estas cortes generales y extraordinarias? ¿Juráis obedecer sus -decretos, leyes y constitución que se establezca, según los santos -fines para que se han reunido, y mandar observarlos y hacerlos -ejecutar? — ¿Conservar la independencia, libertad e integridad de la -nación? — ¿La religión católica, apostólica, romana? — ¿El gobierno -monárquico del reino? — ¿Restablecer en el trono a nuestro amado rey -Don Fernando VII de Borbón? — ¿Y mirar en todo por el bien del estado? -— Si así lo hiciereis Dios os ayude, y si no, seréis responsables a -la nación con arreglo a las leyes.» — 5.º Se confirmaban por entonces -todos los tribunales y justicias del reino, así como las autoridades -civiles y militares de cualquiera clase que fuesen. — Y 6.º y último, -se declaraban inviolables las personas de los diputados, no pudiéndose -intentar cosa alguna contra ellos sino en los términos que se -establecerían en un reglamento próximo a formarse. - -[Sidenote: Primera discusión muy notable.] - -Siguiose a la lectura una detenida discusión que resplandeció en -elocuencia; siendo sobre todo admirable el tino y circunspección con -que procedieron los diversos oradores. De ellos, en lo esencial, -pocos discordaron; y los hubo que, profundizando el asunto, dieron -interés y brillo a una sesión en la cual se estrenaban las cortes. -Maravilláronse los espectadores, no contando, ni aun de lejos, con que -los diputados, en vista de su inexperiencia, desplegasen tanta sensatez -y conocimientos. Participaron de la común admiración los extranjeros -allí presentes, en especial los ingleses, jueces experimentados y los -más competentes en la materia. - -[Sidenote: Los discursos pronunciados de palabra.] - -Los discursos se pronunciaron de palabra, entablándose así un verdadero -debate. Y casi nunca, ni aun en lo sucesivo, leyeron los diputados sus -dictámenes: solo alguno que otro se tomó tal licencia, de aquellos -que no tenían costumbre de mezclarse activamente en las discusiones. -Quizá se debió a esta práctica el interés que desde un principio -excitaron las sesiones de las cortes. Ajeno entendemos sea de cuerpos -deliberativos manifestar por escrito los pareceres: congréganse -los representantes de una nación para ventilar los negocios y -desentrañarlos, no para hacer pomposa gala de su saber, y desperdiciar -el tiempo en digresiones baldías. Discursos de antemano preparados -aseméjanse, cuando más, a bellas producciones académicas; pero que no -se avienen ni con los incidentes, ni con los altercados, ni con las -vueltas que ocurren en los debates de un parlamento. - -Prolongáronse los de aquella noche hasta pasadas las doce, habiendo -sido sucesivamente aprobados todos los artículos de la minuta del señor -Luján. En la discusión, además de este señor diputado y del respetable -Muñoz Torrero, distinguiéronse otros, como Don Antonio Oliveros y Don -José Mejía; empezando a descollar, a manera de primer adalid, Don -Agustín de Argüelles. Nombres ilustres con que a menudo tropezaremos, y -de cuyas personas se hablará en oportuna sazón. - -Mientras que las cortes discutían, acechaba la regencia por medio -de emisarios fieles lo que en ellas pasaba. No que solo temiera la -separasen del mando, conforme a la dimisión que había hecho de mero -cumplido; sino, y principalmente, porque contaba con el descrédito de -las cortes, figurándose ya ver a estas, desde sus primeros pasos, o -atolladas o perdidas. Acontecimiento que, a haber ocurrido, la reponía -en favorable lugar y la convertía en árbitro de la representación -nacional. - -Grande fue el asombro de la regencia al oír el maravilloso modo con que -procedían las cortes en sus deliberaciones; grande el desánimo al saber -el entusiasmo con que aclamaban a las mismas soldados y ciudadanos. - -[Sidenote: Engaño de la regencia.] - -Manifestación tan unánime contuvo a los enemigos de la libertad -española. Ya entonces se hablaba de planes y torcidos manejos, y de que -ciertos regentes, si no todos, urdían una trama resueltos a destruir -las cortes o por lo menos a amoldarlas conforme a sus deseos. No eran -muchos los que daban asenso a tales rumores, achacándolos a invención -de la malevolencia; y dificultoso hubiera sido probar lo contrario, -si un año después no lo hubiese pregonado e impreso quien estaba bien -enterado de lo que anotaba. [Sidenote: Palabras de Lardizábal. (* -Ap. n. 13-1.)] «Vimos claramente [dice en su manifiesto [*] uno de -los regentes, el señor Lardizábal] que en aquella noche no podíamos -contar ni con el pueblo ni con las armas, que a no haber sido así, todo -hubiera pasado de otra manera.» - -¿Qué manera hubiera sido esta? Fácil es adivinarla. Mas ¿cuáles las -resultas si se destruían las cortes, o se empeñaba un conflicto -teniendo el enemigo a las puertas? Probablemente la entrada de este -en la Isla de León, la dispersión del gobierno, la caída de la -independencia nacional. - -Por fortuna, aun para los mismos maquinadores, no se llevaron a efecto -intentos tan criminales. Desamparada la regencia, sometiose silenciosa, -y en apariencia con gusto, a las decisiones del congreso. [Sidenote: -Juramento de la regencia y ausencia del obispo de Orense.] En la -misma noche del 24 pasó a prestar el juramento conforme a la fórmula -propuesta por el señor Luján, que había sido aprobada. Notose la -falta del obispo de Orense, pero por entonces se admitió sin réplica -ni observación alguna la excusa que se dio de su ausencia, y fue de -que siendo ya tarde, los años y los achaques le habían obligado a -recogerse. Con el acto del juramento de los regentes se terminó la -primera sesión de las cortes, solemne y augusta bajo todos respectos; -sesión cuyos ecos retumbarán en las generaciones futuras de la nación -española. - -[Sidenote: Decreto de 24 de septiembre. (* Ap. n. 13-2.)] - -Aplaudiose entonces universalmente el decreto acordado en aquel -día,[*] comprensivo de las proposiciones formalizadas por los señores -Muñoz Torrero y Luján, de que hemos dado cuenta, y que fue conocido -bajo el título de _Decreto de 24 de septiembre_. Base de todas las -resoluciones posteriores de las cortes, se ajustaba a lo que la razón y -la política aconsejaban. - -[Sidenote: Opiniones diversas acerca de este decreto, y su examen.] - -Sin embargo, pintáronle después algunos como subversivo del gobierno -monárquico y atentatorio de los derechos de la majestad real. Sirvioles -en especial de asidero para semejante calificación el declararse en el -decreto que la soberanía nacional residía en las cortes, alegando que -habiendo estas, en el juramento hecho en la iglesia mayor, apellidado -_soberano_ a Don Fernando VII, ni podían sin faltar a tan solemne -promesa trasladar ahora a la nación la soberanía, ni tampoco erigirse -en depositarias de ella. - -A la primera acusación se contestaba que en aquel juramento, juramento -individual y no de cuerpo, no se había tratado de examinar si la -soberanía traía su origen de la nación o de solo el monarca: que la -regencia había presentado aquella fórmula y aprobádola los diputados, -en la persuasión de que la palabra _soberano_ se había empleado allí -según el uso común por la parte que de la soberanía ejerce el rey como -jefe del estado, y no de otra manera; habiendo prescindido de entrar -fundamentalmente en la cuestión. - -Si cabe, más satisfactoria era aun la respuesta a la segunda acusación, -de haber declarado las cortes que en ellas residía la soberanía. El -rey estaba ausente, cautivo; y ciertamente que a alguien correspondía -ejercer el poder supremo, ya se derivase este de la nación, ya del -monarca. Las juntas de provincia, soberanas habían sido en sus -respectivos territorios; habíalo sido la central en toda plenitud, lo -mismo la regencia; ¿por qué, pues, dejarían de disfrutar las cortes de -una facultad no disputada a cuerpos mucho menos autorizados? - -Por lo que respecta a la declaración de la soberanía nacional, -principio tan temido en nuestros tiempos, si bien no tan repugnante a -la razón como el opuesto de la legitimidad, pudiera quizá ser cuerda -que vibrase con sonido áspero en un país en donde sin sacudimiento -se reformasen las instituciones de consuno la nación y el gobierno; -pues, por lo general, declaraciones fundadas en ideas abstrusas ni -contribuyen al pro común, ni afianzan por sí la bien entendida libertad -de los pueblos. Mas ahora no era este el caso. - -Huérfana España, abandonada de sus reyes, cedida como rebaño y tratada -de rebelde, debía, y propio era de su dignidad, publicar a la faz del -orbe, por medio de sus representantes, el derecho que la asistía de -constituirse y defenderse; derecho de que no podían despojarla las -abdicaciones de sus príncipes, aunque hubiesen sido hechas libre y -voluntariamente. - -Además, los diputados españoles, lejos de abusar de sus facultades, -mostraron moderación y las rectas intenciones que los animaban; -declarando al propio tiempo la conservación del gobierno monárquico, y -reconociendo como legítimo rey a Fernando VII. - -Que la nación fuese origen de toda autoridad no era en España doctrina -nueva ni tomada de extraños: conformábase con el derecho público que -había guiado a nuestros mayores, y en circunstancias no tan imperiosas -como las de los tiempos que corrían. A la muerte del rey Don Martín, -[Sidenote: (* Ap. n. 13-3.)] juntáronse en Caspe [*] para elegir -monarca los procuradores de Aragón, Cataluña y Valencia. Los navarros -y aragoneses, fundándose en las mismas reglas, habían desobedecido -[Sidenote: (* Ap. n. 13-4.)] la voluntad de Don Alonso el Batallador -[*] que nombraba por sucesores del trono a los Templarios: y los -castellanos, sin el mismo ni tan justo motivo, en la minoría de Don -Juan el II,[*] [Sidenote: (* Ap. n. 13-5.)] ¿no ofrecieron la corona, -por medio del condestable Ruy López Dávalos, al infante de Antequera? -Así que las cortes de 1810, en su declaración de 24 de septiembre, -además de usar de un derecho inherente a toda nación, indispensable -para el mantenimiento de la independencia, imitaron también, y -templadamente, los varios ejemplos que se leían en los anales de -nuestra historia. - -[Sidenote: Número de diputados que concurrieron el primer día.] - -A la primera sesión solo concurrieron unos cien diputados: cerca de -dos terceras partes nombrados en propiedad, el resto en Cádiz bajo la -calidad de suplentes. Por lo cual más adelante tacharon algunos de -ilegítima aquella corporación; como si la legitimidad pendiese solo del -número, y como si este, sucesivamente y antes de la disolución de las -cortes, no se hubiese llenado con las elecciones que las provincias, -unas tras otras, fueron verificando. Tocaremos en el curso de nuestro -trabajo la cuestión de la legitimidad. Ahora nos contentaremos con -apuntar que, desde los primeros días de la instalación de las cortes, -se halló completa la representación del populoso reino de Galicia, -la de la industriosa Cataluña, la de Extremadura, y que asistieron -varios diputados de las provincias de lo interior, elegidos a pesar -del enemigo, en las claras que dejaba este en sus excursiones. Tres -meses no habían aún pasado, y ya tomaron asiento en las cortes los -diputados de León, Valencia, Murcia, Islas Baleares y, lo que es más -pasmoso, diputados de la Nueva España nombrados allí mismo: cosa antes -desconocida en nuestros fastos. - -[Sidenote: Aplausos que de todas partes reciben las cortes.] - -De todas partes se atropellaron las felicitaciones, y nadie levantó -el grito respecto de la legitimidad de las cortes. Al contrario, ni -la distancia ni el temor de los invasores impidieron que se diesen -multiplicadas pruebas de adhesión y fidelidad: espontáneas en un tiempo -y en lugares en que carecieron las cortes de medios coactivos, y cuando -los mal contentos impunemente hubieran podido mostrar su oposición y -hasta su desobediencia. - -[Sidenote: Nombramiento de comisiones y orden llevado en los debates.] - -En las sesiones sucesivas fue el congreso determinando el modo de -arreglar sus tareas. Se formaron comisiones de guerra, hacienda y -justicia: las cuales después de meditar detenidamente las proposiciones -o expedientes que se les remitían, presentaban su informe a las cortes, -en cuyo seno se discutía el negocio y votaba. Posteriormente se -nombraron nuevas comisiones, ya para otros ramos o ya para especiales -asuntos. También en breve se adoptó un reglamento interior, combinando -en lo posible el pronto despacho con la atenta averiguación y debate -de las materias. Los diputados que, según hemos indicado, pronunciaban -casi siempre de palabra sus discursos, poníanse en un principio para -recitarlos en uno de dos sitios preparados al intento, no lejos del -presidente, y que se llamaron tribunas. Notose luego lo incómodo y aun -impropio de esta costumbre, que distraía con la mudanza y continuo paso -de los oradores; por lo que los más hablaron después sin salir de su -puesto y en pie, quedando las tribunas para la lectura de los informes -de las comisiones. Se votaba de ordinario levantándose y sentándose: -solo en las decisiones de mayor cuantía daban los diputados su opinión -por un _sí_ o por un _no_, pronunciándolo desde su asiento en voz alta. - -[Sidenote: Tratamiento.] - -Asimismo tomaron las cortes el tratamiento de majestad, a petición del -señor Mejía: objeto fue de crítica, aunque otro tanto habían hecho -la junta central y la primera regencia; y era privilegio en España -de ciertas corporaciones. Algunos diputados nunca usaron de aquella -fórmula, creyéndola ajena de asambleas populares, y al fin se desterró -del todo al renacer de las cortes en 1820. - -[Sidenote: Aclaración pedida por la regencia.] - -No bien se hubo aprobado el primer decreto, acudió la regencia pidiendo -que se declarase: 1.º «cuáles eran las obligaciones anexas a la -responsabilidad que le imponía aquel decreto, y cuáles las facultades -privativas del poder ejecutivo que se le había confiado. 2.º Qué -método habría de observarse en las comunicaciones que necesaria y -continuamente habían de tener las cortes con el consejo de regencia.» -Apoyábase la consulta en no haber de antemano fijado nuestras leyes -la línea divisoria de ambas potestades, y en el temor por tanto de -incurrir en faltas de desagradables resultas para la regencia, y -perjudiciales al desempeño de los negocios. A primera vista no parecía -nada extraña dicha consulta; antes bien, llevaba visos de ser hija -de un buen deseo. Con todo, los diputados miráronla recelosos, y la -atribuyeron al maligno intento de embarazarlos y de promover reñidas -y ociosas discusiones. Fuera este el motivo oculto que impelía a la -regencia, o fuéralo el recelo de comprometerse, intimidada con la -enemistad que el público le mostraba, a pique estuvo aquella de que, -por su inadvertido paso, le admitiesen las cortes la renuncia que antes -había dado. - -Sosegáronse, sin embargo, por entonces los ánimos, y se pasó la -consulta de la regencia a una comisión, compuesta de los señores -Hermida, Gutiérrez de la Huerta y Muñoz Torrero. No habiéndose -convenido estos en la contestación que debía darse, cada uno de ellos -al siguiente día presentó por separado su dictamen. [Sidenote: Debate -sobre las facultades de la potestad ejecutiva.] Se dejó a un lado el -del señor Hermida que se reducía a reflexiones generales, y ciñose -la discusión al de los otros dos individuos de la comisión. Tomaron -en ella parte, entre otros, los señores Pérez de Castro y Argüelles. -Sobresalió el último en rebatir al señor Gutiérrez de la Huerta, -relator del consejo real, distinguido por sus conocimientos legales, y -de suma facilidad en producirse, si bien sobrado verboso, que carecía -de ideas claras en materias de gobierno, confundiendo unas potestades -con otras: achaque de la corporación en que estaba empleado. Así fue -que, en su dictamen, trabando en extremo a la regencia, entremetíase -en todo, y hasta desmenuzaba facultades solo propias del alcalde -de una aldehuela. D. Agustín de Argüelles impugnó al señor Huerta, -deslindando con maestría los límites de las autoridades respectivas, -y en consecuencia se atuvieron las cortes a la contestación del señor -Muñoz Torrero, terminante y sencilla. Decíase en esta «que en tanto que -las cortes formasen acerca del asunto un reglamento, usase la regencia -de todo el poder que fuese necesario para la defensa, seguridad y -administración del estado en las críticas circunstancias de entonces; e -igualmente que la responsabilidad que se exigía al consejo de regencia, -únicamente excluía la inviolabilidad absoluta que correspondía a la -persona sagrada del rey. Y que en cuanto al modo de comunicación entre -el consejo de regencia y las cortes, mientras estas estableciesen el -más conveniente, se seguiría usando el medio usado hasta el día.» - -Era este el de pasar oficios o venir en persona los secretarios del -despacho, quienes por lo común esquivaban asistir a las cortes, no -avezados a las lides parlamentarias. - -Meses adelante se formó el reglamento anunciado, en cuyo texto se -determinaron con amplitud y claridad las facultades de la regencia. - -No se limitó esta a urgar a las cortes y hostigarlas con consultas, -sino que procuró atraer los ánimos de los diputados y formarse un -partido entre ellos. Escogió, para conseguir su objeto, un medio -inoportuno y poco diestro. [Sidenote: Empleos conferidos a diputados.] -Fue, pues, el de conferir empleos a varios de los vocales, prefiriendo -a los americanos, ya por miras peculiares que dicha regencia tuviese -respecto de ultramar, ya porque creyese a aquellos más dóciles a -semejantes insinuaciones. La noticia cundió luego, y la gran mayoría -de los diputados se embraveció contra semejante descaro, o más bien -insolencia que redundaba en descrédito de las cortes. Atemorizáronse -los distribuidores de las mercedes y los agraciados, y supusieron para -su descargo que se habían concedido los empleos con antelación a haber -obtenido los últimos el puesto de diputados, sin alegar motivo que -justificase la ocultación por tanto tiempo de dichos nombramientos. -De manera que a lo feo de la acción agregose desmaño en defenderla y -encubrirla; falta que entre los hombres suele hallar menos disculpa. - -[Sidenote: Proposición del Sr. Capmany.] - -El enojo de todos excitó a Don Antonio Capmany a formalizar una -proposición que hizo proceder de la lectura de un breve discurso, -salpicándole de palabra con punzantes agudezas, propio atributo de -la oratoria de aquel diputado, escritor diligente y castizo. La -proposición estaba concebida en los siguientes términos: «Ningún -diputado, así de los que al presente componen este cuerpo, como de los -que en adelante hayan de completar su total número, pueda solicitar -ni admitir para sí, ni para otra persona, empleo, pensión y gracia, -merced ni condecoración alguna de la potestad ejecutiva interinamente -habilitada, ni de otro gobierno que en adelante se constituya bajo -de cualquiera denominación que sea; y si desde el día de nuestra -instalación se hubiese recibido algún empleo o gracia sea declarado -nulo.» Aprobose así esta proposición, salvo alguna que otra levísima -mudanza, y con el aditamento de que «la prohibición se extendiese a un -año después de haber los actuales diputados dejado de serlo.» - -[Sidenote: Juicio acerca de ella.] - -Nacida de acendrada integridad, flaqueaba semejante providencia por el -lado de la previsión, y se apartaba de lo que enseña la práctica de los -gobiernos representativos. El diputado que se mantenga sordo a la voz -de la conciencia, falto de pundonor y atento solo a no traspasar la -letra de la ley, medios hallará bastantes de concluir a las calladas -un ajuste que, sin comprometerle, satisfaga sus ambiciosos deseos o -su codicia. La prohibición de obtener empleos, siendo absoluta, y -mayormente extendiéndose hasta el punto de no poder ser escogidos los -secretarios del despacho entre los individuos del cuerpo legislativo, -desliga a este del gobierno, y pone en pugna a entrambas autoridades. -Error gravísimo y de enojosas resultas, pero en que han incurrido casi -todas las naciones al romper los grillos del despotismo. Ejemplo la -Francia en su asamblea constituyente; ejemplo la Inglaterra cuando el -largo parlamento dio el acta llamada _self-denying ordinance_, bien -que aquí, en el mismo instante, hubo sus excepciones para Cromwell -y otros, en ventaja de la causa que defendían. Sálese entonces de -una región aborrecida: desmanes y violencias del gobierno han sido -causa de los males padecidos, y sin reparar que en la mudanza se ha -desquiciado aquel, o que su situación ha variado ya, olvidando también -que la potestad ejecutiva es condición precisa del orden social, y que -por tanto vale más empuñen las riendas manos amigas que no adversas, -clámase contra los que sostienen esta doctrina, y forzoso es que los -buenos patricios, por temor o mal entendida virtud, se alejen de los -puestos supremos, abandonándolos así a la merced del acaso, ya que no -al arbitrio de ineptos o revoltosos ciudadanos. En España, no obstante, -siguiose un bien de aquella resolución: el abuso, en materia de -empleos, de las juntas y de las corporaciones que las habían sucedido -en el mando, tenía escandalizado al pueblo con mengua de la autoridad -de sus gobiernos. La abnegación y el desapropio de todo interés de que -ahora dieron muestra los diputados, realzó mucho su fama: beneficio que -en lo moral equivalió algún tanto al daño que en la práctica resultaba -de la muy lata proposición del señor Capmany. - -[Sidenote: Elecciones de Aragón.] - -Metió también por entonces ruido un acontecimiento, en el cual, si bien -apareció inocente la mayoría de la regencia, desconceptuose esta en -gran manera, y todavía más sus ministros. Don Nicolás María de Sierra, -que lo era de gracia y justicia, para ganar votos y aumentar su influjo -en las cortes, ideó realizar de un modo particular las elecciones de -Aragón. Y violentando las leyes y decretos promulgados en la materia, -dirigió una real orden a aquella junta, mandándole que por sí nombrase -la totalidad de los diputados de la provincia, con remisión al mismo -tiempo de una lista confidencial de candidatos. En el número no había -olvidado su propio nombre el señor Sierra, ni el de su oficial mayor -Don Tadeo Calomarde, ni tampoco el del ministro de estado Don Eusebio -de Bardají, y por consiguiente todos tres con varios amigos y deudos -suyos, igualmente aragoneses, fuesen elegidos, entremezclados a la -verdad con alguno que otro sujeto de indisputable mérito y de condición -independiente. Llegó arriba la noticia del nombramiento, e ignorando la -mayoría de los regentes lo que se había urdido, al darles cuenta dicho -señor Sierra del expediente, «quedaron absortos [según las expresiones -del señor Saavedra] de oír una real orden de que no hacían memoria.» -Los sacó el ministro de la confusión exponiendo que él era el autor de -la tal orden, expedida de motu propio, aunque si bien después pesaroso -la había revocado por medio de otra que desgraciadamente llegaba tarde. -¿Quién no creería con tan paladina confesión que inmediatamente se -habría exonerado al ministro, y perseguídole como a falsario digno -de ejemplar castigo? Pues no: la regencia contentose con declarar -nula la elección y mantuvo al ministro en su puesto. Presúmese que -enredados en la maraña dos de los regentes, se huyó de ahondar -negocio tan vergonzoso y criminal. Mas de una vez en las cortes se -trató de él en público y en secreto, y fueron tales los amaños, tales -los impedimentos, que nunca se logró llevar a efecto medida alguna -rigorosa. - -Otros dos asuntos de la mayor importancia ocuparon a las cortes durante -varias sesiones que se tuvieron en secreto; método que, por decirlo de -paso, reprobaban varios diputados, y que en lo venidero casi del todo -llegó a abandonarse. - -Cuando el 30 de septiembre comenzaban las cortes a andar muy atareadas -en estas discusiones secretas, ocurrió un incidente que, aunque no de -grande entidad para la causa general de la nación, hízose notable por -el personaje augusto que le motivó. El duque de Orleans, apeándose a las -puertas del salón de cortes, pidió con instancia que se le permitiese -hablar a la barandilla. - -[Sidenote: El duque de Orleans quiere hablar a la barandilla de las -cortes. (* Ap. n. 13-6.)] - -Para explicar aparición tan repentina conviene volver atrás.[*] En -1808, el príncipe Leopoldo de Sicilia arribó a Gibraltar en reclamación -de los derechos que creía asistían a su casa a la corona de España. -Acompañábale el duque de Orleans. La junta de Sevilla no dio oídos -a pretensiones, [Sidenote: Relación sucinta de este suceso.] en su -concepto intempestivas, y de resultas tornó el de Sicilia a su tierra, -y el de Orleans se encaminó a Londres. No habrá el lector olvidado -este suceso de que en su lugar hicimos mención. Pocos meses habían -transcurrido y ya el duque de Orleans de nuevo se mostró en Menorca. De -allí solicitó directamente o por medio de Mr. de Broval, agente suyo -en Sevilla, que se le emplease en servicio de la causa española. La -junta central, ya congregada, no accedió a ello de pronto, y solamente -poco antes de disolverse decidió, en su comisión ejecutiva, dar al de -Orleans el mando de un cuerpo de tropas que había de maniobrar en la -frontera de Cataluña. Acaeciendo después la invasión de las Andalucías, -el duque y Mr. de Broval regresaron a Sicilia, y la resolución del -gobierno quedó suspensa. - -Instalose en seguida la regencia, y sus individuos recibiendo avisos -más o menos ciertos del partido que tenía en el Rosellón y otros -departamentos meridionales la antigua casa de Francia, acordáronse de -las pretensiones de Orleans, y enviáronle a ofrecer el mando de un -ejército que se formaría en la raya de Cataluña. Fue con la comisión -Don Mariano Carnerero, a bordo de la fragata de guerra Venganza. El -duque aceptó, y en el mismo buque dio la vela de Palermo el 22 de mayo -de 1810. Aportó a Tarragona, pero en mala ocasión, perdida Lérida y -derrotado cerca de sus muros el ejército español. Por esto, y porque -en realidad no agradaba a los catalanes que se pusiera a su cabeza -un príncipe extranjero, y sobre todo francés, reembarcose el duque y -fondeó en Cádiz el 20 de junio. - -Viose entonces la regencia en un compromiso. Ella había sido quien -había llamado al duque, ella quien le había ofrecido un mando, y por -desgracia las circunstancias no permitían cumplir lo antes prometido. -Varios generales españoles, y en especial O’Donnell, miraban con malos -ojos la llegada del duque; los ingleses repugnaban que se le confiriese -autoridad o comandancia alguna, y las cortes, ya convocadas, imponían -respeto para que se tomase resolución contraria a tan poderosas -indicaciones. El de Orleans reclamó de la regencia el cumplimiento -de su oferta, y resultaron contestaciones agrias. Mientras tanto -instaláronse las cortes, y desaprobando el pensamiento de emplear al -duque, manifestaron a la regencia que, por medios suaves y atentos, -indicase a S. A. que evacuase a Cádiz. Informado el de Orleans de esta -orden, decidió pasar a las cortes, y verificolo según hemos apuntado el -30 de septiembre. Aquellas no accedieron al deseo del duque de hablar -en la barandilla, mas le contestaron urbanamente y cual correspondía a -la alta clase de S. A. y a sus distinguidas prendas. Desempeñaron el -mensaje D. Evaristo Pérez de Castro y el marqués de Villafranca, duque -de Medina Sidonia. Insistió el de Orleans en que se le recibiese, mas -los diputados se mantuvieron firmes; entonces, perdiendo S. A. toda -esperanza, se embarcó el 3 de octubre y dirigió el rumbo a Sicilia, a -bordo de la fragata de guerra Esmeralda. - -Dícese que mostró su despecho en una carta que escribió a Luis XVIII, a -la sazón en Inglaterra. Sin embargo, las cortes en nada eran culpables, -y causoles pesadumbre tener que desairar a un príncipe tan esclarecido. -Pero creyeron que recibir a S. A. y no acceder a sus ruegos, era tal -vez ofenderle más gravemente. La regencia, cierto que procedió de -ligero y no con sincera fe en hacer ofrecimientos al duque, y dar luego -por disculpa para no cumplirlos que él era quien había solicitado -obtener mando, efugio indigno de un gobierno noble y de porte -desembozado. Amigos de Orleans han atribuido a influjo de los ingleses -la determinación de las cortes: se engañan. Ignorábase en ellas que -el embajador británico hubiese contrarrestado la pretensión de aquel -príncipe. El no escuchar a S. A. nació solo de la íntima convicción de -que entonces desplacía a los españoles general que fuese francés, y de -que el nombre de Borbón, lejos de granjear partidarios en el ejército -enemigo, solo serviría para hacerle a este más desapoderado, y dar -ocasión a nuevos encarnizamientos. - -[Sidenote: Altercado con el obispo de Orense sobre prestar el -juramento.] - -De los dos asuntos enunciados que ocupaban en secreto a las cortes, -tocaba uno de ellos al obispo de Orense. Este prelado que, como -dijimos, no había acudido con sus compañeros en la noche del 24 a -prestar el juramento exigido de la regencia, hizo al siguiente día -dejación de su puesto, no solo fundándose en la edad y achaques -[excusas que para no presentarse en las cortes se habían dado la -víspera], sino que también alegó la repugnancia insuperable de -reconocer y jurar lo que se prescribía en el primer decreto. Renunció -también al cargo de diputado, que confiado le había la provincia -de Extremadura, y pidió que se le permitiese sin dilación volver a -su diócesis. Las cortes, desde luego, penetraron que en semejante -determinación se encerraba torcido arcano, valiéndose mal intencionados -de la candorosa y timorata conciencia del prelado como de oportuno -medio para provocar penosos altercados. Pero prescindiendo aquel cuerpo -de entrar en explicaciones, accedió a la súplica del obispo, sin exigir -de él antes de su partida juramento ni muestra alguna de sumisión, con -lo que el negocio parecía quedar del todo zanjado. No acomodaba remate -tan inmediato y pacífico a los sopladores de la discordia. - -El obispo en vez de apresurar la salida para su diócesis, detúvose -y provocó a las cortes a una discusión peligrosa sobre la manera de -entender el decreto de 24 de septiembre; a las cortes, que no le -habían en nada molestado ni puesto obstáculo a que regresase como -buen pastor en medio de sus ovejas. En un papel fecho en Cádiz a 3 de -octubre, después de reiterar gracias por haber alcanzado lo que pedía, -expresadas de un modo que pudiera calificarse de irónico, metíase -a discurrir largamente acerca del mencionado decreto, y parábase, -sobre todo, en el artículo de la soberanía nacional. Deducía de él -ilaciones a su placer, y trayendo a la memoria la revolución francesa, -intentaba comparar con ella los primeros pasos de las cortes. Es -cierto que ponía a salvo las intenciones de los diputados, pero con -tal encarecimiento que asomaba la ironía como en lo de las gracias. -Motejaba a los regentes, sus compañeros, por haberse sometido al -juramento, protestaba por su parte de lo hecho, y calificaba de nulo -y atentado el haber excluido al consejo de regencia de sancionar las -deliberaciones de las cortes; representante aquel, según entendía el -obispo, de la prerrogativa real en toda su extensión. Traslucíase, -además, el despique del prelado por habérsele admitido la renuncia, con -señales de querer llamar la atención de los pueblos y aun de excitar a -la desobediencia. - -Conjetúrese la impresión que causaría en las cortes papel tan -descompuesto. Hubo vivos debates; varios diputados opinaron por -que no se tomase resolución alguna y se dejase al obispo regresar -tranquilamente a la ciudad de Orense. Inclinábanse a este dictamen -no solo los patrocinadores del ex regente, mas también algunos de -los que se distinguían por su independencia y amor a la libertad, -rehusando los últimos dispensar coronas de martirio a quien quizá las -ansiaba, por lo mismo que no habían de conferírsele. Se manifestaron, -al contrario, opuestos al prelado eclesiásticos de los nada afectos a -novedades, enojados de que se desconociese la autoridad de las cortes. -Uno de ellos, Don Manuel Ros, canónigo de Santiago de Galicia, y años -después ejemplar obispo de Tortosa, exclamó: «El obispo de Orense hase -burlado siempre de la autoridad. Prelado consentido y con fama de -santo, imagínase que todo le es lícito, y voluntarioso y terco solo -le gusta obrar a su antojo; mejor fuera que cuidase de su diócesis, -cuyas parroquias nunca visita, faltando así a las obligaciones que le -impone el episcopado; he asistido muchos años cerca de su ilustrisíma, -y conozco sus defectos como sus virtudes.» - -Las cortes, adoptando un término medio entre ambos extremos, -resolvieron en 18 de octubre que el obispo de Orense hiciese en manos -del cardenal de Borbón el juramento mandado exigir, por decreto de -25 de septiembre, de todas las autoridades eclesiásticas, civiles y -militares, el cual estaba concebido bajo la misma fórmula que el del -consejo de regencia. - -Los atizadores, que lo que buscaban era escándalo, alegráronse de -la decisión de las cortes con la esperanza de nuevas reyertas, y -aprovechándose de la escrupulosa conciencia del obispo, y también -de su lastimado amor propio, azuzáronle para que desobedeciese y -replicase. En su contestación renovaba el de Orense lo alegado -anteriormente, y concluía por decir que si en el sentido que las cortes -daban al decreto quería expresarse «que la nación era soberana con -el rey, desde luego prestaría S. Ilma. el juramento pedido; pero si -se entendía que la nación era soberana sin el rey, y soberana de su -mismo soberano, nunca se sometería a tal doctrina»; añadiendo: «que en -cuanto a jurar obediencia a los decretos, leyes y constitución que se -estableciese, lo haría, sin perjuicio de reclamar, representar y hacer -la oposición que de derecho cupiera a lo que creyese contrario al bien -del estado, y a la disciplina, libertad e inmunidad de la iglesia.» -He aquí entablada una discusión penosa, y en alguna de sus partes más -propia de profesores de derecho público que de estadistas y cuerpos -constituidos. - -Es verdad que los gobiernos deberían andar muy detenidos en esto de -juramentos, especialmente en lo que toca a reconocer principios. Casi -siempre hasta las conciencias más timoratas hallan fácil salida a -tales compromisos. Lo que importa es exigir obediencia a la autoridad -establecida, y no juramentos de cosas abstractas que unos ignoran y -otros interpretan a su manera. En todos tiempos, y sobre todo en el -nuestro, ¿quién no ha quebrantado, aun entre las personas más augustas, -las más solemnes y más sagradas promesas? Pero las cortes obraban como -los demás gobiernos, con la diferencia, sin embargo, de que en el caso -de España, no era, repetimos, ni tan fuera de propósito ni tan ocioso -declarar que la nación era soberana. El mismo obispo de Orense había -proclamado este principio cuando se negó a ir a Bayona. Porque si la -nación, como ahora sostenía, hubiese sido soberana solo con el rey, -¿qué se hubiera hecho en caso que Fernando, concluyendo un tratado -con su opresor, y casándose con una princesa de aquella familia, se -hubiese presentado en la raya después de estipular bases opuestas a los -intereses de España? No eran sueños semejantes suposiciones, merced -para que no se verificasen al inflexible orgullo de Napoleón, pues -Fernando no estaba vaciado en el molde de la fortaleza. - -Insistieron las cortes en su primera determinación, y sin convertir el -asunto en polémico, ajeno de su dignidad y cual deseaba el prelado, -mandaron a este que jurase lisa y llanamente. Hasta aquí procedieron -los diputados conformes con su anterior resolución, pero se deslizaron -en añadir que, «se abstuviese el obispo de hablar o escribir de -manera alguna sobre su modo de pensar en cuanto al reconocimiento -que se debía a las cortes.» También se le mandó que permaneciese en -Cádiz hasta nueva orden. Eran estos resabios del gobierno antiguo, y -consecuencia asimismo del derecho peculiar que daban a la autoridad -soberana, respecto al clero, las leyes vigentes del reino, derecho no -tan desmedido como a primera vista parece en países exclusivamente -católicos, en donde necesario es balancear con remedios temporales el -inmenso poder del sacerdocio y su intolerancia. - -Enmarañándose más y más el asunto, empezose a convertir en judicial, -y se nombró una junta mixta de eclesiásticos y seculares, escogidos -por la regencia, para calificar las opiniones del obispo. En tanto, -diputados moderados procuraban concertar los ánimos, señaladamente D. -Antonio Oliveros, canónigo de San Isidro de Madrid, varón ilustrado, -tolerante, de bella y candorosa condición, que al efecto entabló con su -ilustrísima una correspondencia epistolar. Estuvo, sin embargo, dicho -diputado a pique de comprometerse, tratando de abusar de su sencillez -los que so capa inflamaban las humanas pasiones del pío mas orgulloso -prelado. - -En fin, malográndose todas las maquinaciones, reconociendo las -provincias con entusiasmo a las cortes, no respondiendo nadie a la -especie de llamamiento que con su resistencia a jurar hizo el de -Orense, cansado este, desalentados los incitadores, y temiendo todos -las resultas del proceso que, aunque lentamente, seguía sus trámites, -amilanáronse y resolvieron no continuar adelante en su porfía. - -[Sidenote: Sométese al fin el obispo.] - -El prelado, sometiéndose, pasó a las cortes el 3 de febrero inmediato, -y prestó el juramento requerido sin limitación alguna. Permitiósele -en seguida volver a su diócesis, y se sobreseyó en los procedimientos -judiciales. - -Tal fue el término de un negocio que, si bien importante con relación -al tiempo, no lo era ni con mucho tanto como el otro que también -se ventilaba en secreto, y que perteneciendo a las revoluciones de -América, interesaba al mundo. - -Apartaríase de nuestro propósito entrar circunstanciadamente en la -narración de acontecimiento tan grave e intrincado, para lo que se -requiere diligentísimo y especial historiador. - -[Sidenote: Revueltas de América. Sus causas.] - -Tuvieron principio las alteraciones de América al saberse en aquellos -países la invasión de los franceses en las Andalucías, y el malhadado -deshacimiento de la junta central. Causas generales y lejanas habían -preparado aquel suceso, acelerando el estampido otras particulares e -inmediatas. - -En nada han sido los extranjeros tan injustos, ni desvariado tanto, -como en lo que han escrito acerca de la dominación española en las -regiones de ultramar. A darles crédito, no parecería sino que los -excelsos y claros varones que descubrieron y sojuzgaron la América -habían solo plantado allí el pendón de Castilla para devastar la tierra -y yermar campos, ricos antes y florecientes; como si el estado de -atraso de aquellos pueblos hubiese permitido civilización muy avanzada. -Los españoles cometieron, es verdad, excesos grandes, reprensibles, -pero excesos que casi siempre acompañan a las conquistas, y que no -sobrepujaron a los que hemos visto consumarse en nuestros días por los -soldados de naciones que se precian de muy cultas. - -Mas al lado de tales males no olvidaron los españoles trasladar -allende el mar los establecimientos políticos, civiles y literarios -de su patria, procurando así pulir y mejorar las costumbres y el -estado social de los pueblos indianos. Y no se oponga que entre dichos -establecimientos los había que eran perjudiciales y ominosos. Culpa -era esa de las opiniones entonces de España y de casi toda Europa; no -hubo pensamientos torcidos de los conquistadores, los cuales presumían -obrar rectamente, llevando a los países recién adquiridos todo cuanto -en su entender constituía la grandeza de la metrópoli, gigantea en era -tan portentosa. - -Dilatábanse aquellas vastas posesiones por el largo espacio de 92 -grados de latitud, y abrazaban entre sus más apartados establecimientos -1900 leguas. Extensión maravillosa cuando se considera que sus -habitantes obedecieron durante tres siglos a un gobierno que residía a -enorme distancia, y que estaba separado por procelosos mares. - -Ascendía la población, sin contar las islas Filipinas, a 13 millones -y medio de almas, cuyo más corto número era de europeos, únicos que -estaban particularmente interesados en conservar la unión con la -madre patria. En el origen contábanse solamente dos distintas razas o -linajes, la de los conquistadores y la de los conquistados, esto es, -españoles e indios. Gozaron los primeros de los derechos y privilegios -que les correspondían, y se declaró a los segundos, conforme a las -expresiones de la recopilación de Indias, «...libres y no sujetos a -servidumbre de manera alguna.» Sabido es el tierno y compasivo afán -que por ellos tuvo la reina Doña Isabel la Católica hasta en sus -postrimeros días, encargando en su testamento «que no recibiesen -los indios agravio alguno en sus personas y bienes, y que fuesen -bien tratados.» No por eso dejaron de padecer bastante, extrañando -Solórzano que «cuanto se hacía en beneficio de los indios resultase -en perjuicio suyo»; sin advertir que el mismo cuidado de segregarlos -de las demás razas para protegerlos, excitaba a estas contra ellos, y -que el alejamiento en que vivían, bajo caciques indígenas, dificultaba -la instrucción, perpetuaba la ignorancia, y los exponía a graves -vejaciones, apartándolos del contacto de las autoridades supremas, por -lo general más imparciales. - -Se multiplicó infinito en seguida la división de castas. Preséntase -como primera la de los hijos de los peninsulares nacidos en aquellos -climas de estirpe española, que se llamaron _criollos_. Vienen después -los _mestizos_, o descendientes de españoles e indios, terminándose -la enumeración por los _negros_, que se introdujeron de África, y -las diversas tintas que resultaron de su ayuntamiento con las otras -familias del linaje humano allí radicadas. - -Los criollos conservaron igualdad de derechos con los españoles: lo -mismo, con cortísima diferencia, los mestizos, si eran hijos de español -y de india; mas no si el padre pertenecía a esta clase y la madre a -la otra, pues entonces quedaba la prole en la misma línea del de los -puramente indios; a los negros y sus derivados, a saber, mulatos, -zambos, etc., reputábalos la ley y la opinión inferiores a los demás, -si bien la naturaleza los había aventajado en las fuerzas físicas y -facultades intelectuales. - -De los diversos linajes nacidos en ultramar, era el de los criollos el -más dispuesto a promover alteraciones. Creíase agraviado, le adornaban -conocimientos, y superaba a los demás naturales en riqueza e influjo. A -los indios, aunque numerosos e inclinados en algunas partes a suspirar -por su antigua independencia, faltábales en general cultura, y carecían -de las prendas y medios requeridos para osadas empresas. No les era -dado a los oriundos de África entrar en lid sino de auxiliadores, a lo -menos en un principio; pues la escasez de su gente en ciertos lugares, -y sobre todo el ceño que les ponían las demás clases, estorbábalos -acaudillar particular bandería. - -Comenzó a mediados del siglo XVIII a crecer grandemente la América -española. Hasta entonces la forma del gobierno interior, los -reglamentos de comercio y otras trabas habían retardado que se -descogiese su prosperidad con la debida extensión. - -Bajo los diversos títulos de virreyes, capitanes generales y -gobernadores, ejercían el poder supremo jefes militares, quienes solo -eran responsables de su conducta al rey y al consejo de Indias que -residía en Madrid. Contrapesaban su autoridad las audiencias, que, -además de desempeñar la parte judicial, se mezclaban, con el nombre de -acuerdo, en lo gubernativo, y aconsejaban a los virreyes o les sugerían -las medidas que tenían por convenientes. No hubo en esto alteración -sustancial, fuera de que en ciertas provincias, como en Buenos Aires, -se crearon capitanías generales o virreinatos independientes, en gran -beneficio de los moradores, que antes se veían obligados a acudir para -muchos negocios a grandes distancias. - -En la administración de justicia, después de las audiencias, que eran -los tribunales supremos, y de las que también en determinados casos -se recurría al consejo de Indias, venían los alcaldes mayores y los -ordinarios, a la manera de España, los cuales ejercían respectivamente -su autoridad, ya en lo judicial, ya en lo económico, presidiendo a -los ayuntamientos, cuerpos que se hallaban establecidos en los mismos -términos que los de la península, con sus defectos y ventajas. - -Los alcaldes mayores, al tiempo de empuñar la vara, practicaban una -costumbre abusiva y ruinosa; pues so pretexto de que los indígenas -necesitaban para trabajar de especial aguijón, ponían por obra lo -que se llamaba _repartimientos_. Palabra de mal significado, y que -expresaba una entrega de mercadurías que el alcalde mayor hacía a cada -indio para su propio uso y el de su familia, a precios exorbitantes. -Dábanse los géneros al fiado y a pagar dentro de un año en productos -de la agricultura del país, estimados según el antojo de los alcaldes, -quienes, jueces y parte en el asunto, cometían molestas vejaciones, -saliendo en general muy ricos al cumplirse los cinco años de su -magistratura, señaladamente en los distritos en que se cosechaba grana. - -Don José de Gálvez, después marqués de Sonora, que de cerca había -palpado los perjuicios de tamaño escándalo, luego que se le confió, en -el reinado de Carlos III, el ministerio general de Indias, abolió los -repartimientos y las alcaldías mayores, sustituyendo a esta autoridad -la de las intendencias de provincia y subdelegación de partido, mejora -de gran cuantía en la administración americana, y contra la que, sin -embargo, exclamaron poderosamente las corporaciones más desinteresadas -del país, afirmando que sin la coerción se echaría a vaguear el indio -en menoscabo de la utilidad pública y privada, así como de las buenas -costumbres. Juicio errado nacido de preocupación arraigada, lo que en -breve manifestó la experiencia. - -Creados los intendentes, ganó también mucho el ramo de hacienda. Antes, -oficiales reales, por sí o por medio de comisionados, recaudaban las -contribuciones, entendiéndose con el superintendente general, que -residía lejos de la capital de los gobiernos respectivos. Fijado -ahora en cada provincia un intendente, creció la vigilancia sobre los -partidos, de donde los subdelegados y oficiales reales tenían que -enviar con puntualidad a sus jefes las sumas percibidas y estados -individuales de cuenta y razón, asegurando, además, por medio de -fianzas el bueno y fiel desempeño de sus cargos. Con semejantes -precauciones tomaron las rentas increíble aumento. - -Eran las contribuciones en menor número, y no tan gravosas como las de -España. Pagábase la alcabala de todo lo que se introducía y vendía, el -10 por 100 de la plata y el 5 del oro que se sacaba de las minas, con -algunos otros impuestos menos notables. El conocido bajo el nombre de -_tributo_ recaía solo sobre los indios, en compensación de la alcabala -de que estaban exentos: era una capitación en dinero, pesada en sí -misma y de cobranza muy arbitraria. - -Al tiempo de formar las intendencias, hízose una división de territorio -que no poco coadyuvó al bienestar de los naturales. Y del mismo -modo que con la cercanía de magistrados respetables se había puesto -mayor orden en el ramo de contribuciones, así también con ella se -introdujeron otras saludables reformas. Desde luego rigiéronse con -mayor fidelidad los fondos de propios; hubo esmero en la policía y -ornato de los pueblos, se administró la justicia sin tanto retraso y -más imparcialmente; y por fin se extinguió el pernicioso influjo de los -partidos, terrible azote, y causador allí de riñas y ruidosos pleitos. - -Con haber perfeccionado de este modo la gobernación interior, se dio -gran paso para la prosperidad americana. - -Aviváronla también los adelantamientos que se hicieron en la -instrucción pública. Ya cuando la conquista empezaron a propagarse las -escuelas de primeras letras y los colegios, fundándose universidades -en varias capitales. Y si no se siguieron los mejores métodos, ni -se enseñaron las ciencias y doctrinas que más hubiera convenido, -dolencia fue común a España, de que se lamentaban los hombres de -ingenio y doctos que en todos tiempos honraron a nuestra patria. -Pero luego que en la península profesores hábiles dieron señales de -desterrar vergonzosos errores, y de modificar en cuanto podían rancios -estatutos, lo propio hicieron otros en América, particularmente en las -universidades de Lima y Santa Fe. Tampoco el gobierno español en muchos -casos se mostró hosco a las luces del siglo. Diéronse en ultramar, -como en España, ensanches al saber, y aun allí se erigieron escuelas -especiales: fue la más célebre el colegio de minería de Méjico, sobre -el pie del de Freiberg de Sajonia, teniendo al frente maestros que -habían cursado en Alemania, y los cuales perfeccionaron el estudio de -las ciencias exactas y naturales, sobre todo el de la mineralogía, -provechoso y necesario en un país tan abundante de metales preciosos. - -Deplorable legislación se adoptó desde el descubrimiento para el -comercio externo, mantenida en vigor hasta mediados del siglo -XVIII. Porque, además de solo permitirse por ella el tráfico con -la metrópoli [falta en que incurrieron todos los otros estados de -Europa], circunscribiose también a los únicos puertos de Sevilla -primero, y después de Cádiz, adonde venían y de donde partían las -flotas y galeones en determinada estación del año; sistema que privaba -al norte y levante de España y a varias provincias americanas de -comerciar directamente entre sí, cortando el vuelo a la prosperidad -mercantil, sin que por eso se remontase, cual debiera, la de las -ciudades privilegiadas. Carlos V había pensado extender a los puertos -principales de las otras costas la facultad del libre y directo -tráfico; pero obligado a condescender con los deseos de compañías de -genoveses y otros extranjeros avecindados en Sevilla, cuyas casas le -anticipaban dinero para las empresas y guerras de afuera, suspendió -resolución tan sabia, despojando así a la periferia de la península de -los beneficios que le hubieran acarreado los nuevos descubrimientos. -Felipe II y sus sucesores hallaron las arcas reales en idéntica o -mayor penuria que Carlos, y con desafición a innovar reglas ya -más arraigadas, pretextaron igualmente, para conservar estas, el -aparecimiento de los filibusteros, como si convoyes que navegaban en -invariables tiempos, con rumbo a puntos fijos, no facilitasen las -acometidas y rapiñas de aquellos audaces y numerosos piratas. - -Diose traza de modificar legislación tan perjudicial en los reinados -de Fernando VI y Carlos III, aprobándose al intento y sucesivamente -diferentes reglamentos que acabaron de completarse en 1789. Permitiose -por ellos el comercio de América desde diversos puertos y con todas -las costas de la península, siempre que fuesen súbditos, los que lo -hiciesen, de la corona de España. Tan rápidamente creció el tráfico -que se dobló en pocos años, esparciéndose las ganancias por las varias -provincias de ambos hemisferios. - -Con tales mejoras de administración y el aumento de riqueza, -enrobustecíanse las regiones de ultramar, y se iban preparando a -caminar solas y sin los andadores del gobierno español. No obstante -eso, el vínculo que las unía era todavía fuerte y muy estrecho. - -Otras causas concurrieron a aflojarle paulatinamente. Debe -contarse entre las principales la revolución de los Estados Unidos -anglo-americanos. Jefferson en sus cartas asevera que ya entonces -dieron pasos los criollos españoles para lograr su independencia. Si -fue así, debieron provenir tales gestiones de particulares proyectos, -no de la mayoría de la población ni de sus corporaciones adictas a la -metrópoli con inveterados y apegados hábitos. Incurrió en error grave -la corte de Madrid en favorecer la cansa anglo-americana, mayormente -cuando no la impelían a ello filantrópicos pensamientos, sino personal -pique de Carlos III contra los ingleses, y consecuencias del desastrado -pacto de familia. Diose de ese modo un punto en que con el tiempo se -había de apoyar la palanca destinada a levantar los otros pueblos del -continente americano. Lo preveía el ilustre conde de Aranda cuando, -precisado a firmar el tratado de Versalles, aconsejó que se enviasen a -aquellas provincias infantes de España, quienes al menos mantuviesen -con su presencia y dominación, las relaciones mercantiles y de buena -amistad en que se interesaban la prosperidad y riqueza peninsulares. - -Tras lo acaecido en las márgenes del Delaware, sobrevino la revolución -francesa, estímulo nuevo de independencia, sembrando en América -como en Europa ideas de libertad y desasosiego. Hasta entonces los -alborotos ocurridos habían sido parciales, y nacidos solo de tropelías -individuales o de vejaciones en algunas comarcas. Graves aparecieron -las turbulencias del Perú, acaudilladas por Tupac Amaru; mas como -los indios que tomaron parte cometieron grandes crueldades, lo mismo -con criollos que con españoles, obligaron a unos y a otros a unirse -para sofocar insurrecciones difíciles de cuajar sin su participación. -Quiso conmoverse Caracas en 1796, luego que se encendió la guerra con -los ingleses. Pero aun entonces fueron principales promovedores el -español Picornel y el general Miranda, forasteros ambos, por decirlo -así, en el país. Pues el primero, corazón ardiente y comprometido en -la conspiración tramada en Madrid en 1795 contra el poder absoluto, -hijo de Mallorca, no conocía bastantemente la tierra; y el segundo, -aunque nacido en Venezuela, ausente años de allí, y general de la -república francesa, amamantado con sus doctrinas, tenía ya estas más -presentes que la situación y preocupaciones de su primitiva patria. -Por consiguiente se malogró la empresa intentada, permaneciendo aún -muy hondas las raíces del dominio español para que se las pudiera -arrancar de un solo y primer golpe. Mr. de Humboldt, nada desafecto a -la independencia americana, confiesa «que las ideas que tenían en las -provincias de Nueva España acerca de la metrópoli eran enteramente -distintas de las que manifestaban las personas que en la ciudad de -Méjico se habían formado por libros franceses e ingleses.» - -Requeríase, pues, algún nuevo suceso, grande, extraordinario, que -tocara inmediatamente a las Américas y a España, para romper los lazos -que unían a entrambas, no bastando a efectuar semejante acontecimiento -ni lo apartado y vasto de aquellos países, ni la diversidad de castas y -sus pretensiones, ni las fuerzas y riqueza, que cada día se aumentaban, -ni el ejemplo de los Estados Unidos, ni tampoco los terribles y más -recientes que ofrecía la Francia; cosas todas que colocamos entre las -causas generales y lejanas de la independencia americana, empezando -las particulares y más próximas en las revueltas y asombros que se -agolparon en el año de 1808. - -En un principio, y al hundirse el trono de los Borbones, manifestaron -todas las regiones de ultramar en favor de la causa de España verdadero -entusiasmo, conteniéndose, a su vista, los pocos que anhelaban -mudanzas. Vimos en su lugar la irritación que produjeron allí las -miserias de Bayona, la adhesión mostrada a las juntas de provincia y a -la central, los donativos, en fin, y los recursos que con larga mano -se suministraron a los hermanos de Europa. Mas, apaciguado el primer -hervor, y sucediendo en la península desgracias tras de desgracias, -cambiose poco a poco la opinión, y se sintieron rebullir los deseos -de independencia, particularmente entre la mocedad criolla de la -clase media y el clero inferior. Fomentaron aquella inclinación los -ingleses, temerosos de la caída de España; fomentáronla los franceses -y emisarios de José, aunque en otro sentido y con intento de apartar -aquellos países del gobierno de Sevilla y Cádiz, que apellidaban -insurreccional; fomentáronla los anglo-americanos, especialmente en -Méjico; fomentáronla, por último, en el Río de la Plata los emisarios -de la infanta Doña Carlota, residente en el Brasil, cuyo gobierno, -independiente de Europa, no era para la América meridional de mejor -ejemplo que lo había sido para la septentrional la separación de los -Estados Unidos. - -A tantos embates necesario era que cediese y empezase a crujir el -edificio levantado por los españoles más allá de los mares, cuya -fábrica hubo de ser bien sólida y compacta para que no se resquebrajase -antes y viniese al suelo. - -Contrarrestar tamaños esfuerzos parecía dificultoso, si no imposible, -abrumado el reino bajo el peso de una guerra desoladora y exhausto -de recursos. La junta central, no obstante, hubiera quizá podido -tomar providencias que sostuviesen por más tiempo la dominación -peninsular. Limitose a hacer declaraciones de igualdad de derechos, y -omitió medidas más importantes. Tales hubieran sido, en concepto de -los inteligentes, mejorar la suerte de las clases menesterosas con -repartimiento de tierras; halagar más de lo que se hizo la ambición de -los pudientes y principales criollos con honores y distinciones, a que -eran muy inclinados; reforzar con tropa algunos puntos, pues hombres -no escaseaban en España, y el soldado mediano acá era para allá muy -aventajado, y finalmente, enviar jefes firmes, prudentes y de conocida -probidad. Y ora fueran las circunstancias, ora descuido, no pensó la -central como debiera en materia de tanta gravedad, y al disolverse, -contenta con haber hecho promesas, dejó la América trabajada ya de mil -modos, con las mismas instituciones, desatendidas las clases pobres y -al frente autoridades por lo general débiles e incapaces, y sospechadas -algunas de connivencia con los independientes. - -Verificose el primer estallido sin convenio anterior entre las diversas -partes de la América, siendo difíciles las comunicaciones y no estando -entonces extendidas ni arregladas las sociedades secretas, que después -tanto influjo tuvieron en aquellos sucesos. El movimiento rompió por -Caracas, tierra acostumbrada a conjuraciones; y rompió, según ya -insinuamos, al llegar la noticia de la pérdida de las Andalucías y -dispersión de la junta central. - -[Sidenote: Levantamiento de Venezuela.] - -El 19 de abril de 1810 apareció amotinado el pueblo de aquella ciudad, -capital de Venezuela, al que se unió la tropa; y el cabildo, o sea -ayuntamiento, agregando a su seno otros individuos, erigiose en junta -suprema, mientras que conforme anunció, se convocaba un congreso. El -capitán general, Don Vicente Emparan, sobrecogido y hombre de ánimo -cuitado, no opuso resistencia alguna, y en breve desposeyéronle y le -embarcaron en La Guaira con la audiencia y principales autoridades -españolas. Siguieron el impulso de Caracas las otras provincias de -Venezuela, excepto el partido de Coro y Maracaibo, en cuya ciudad -mantuvo la tranquilidad y buen orden la firmeza del gobernador Don -Fernando Miyares. - -El haberse en Caracas unido la tropa al pueblo decidió la querella -en favor de los amotinados. Ayudaba mucho, para la determinación del -soldado, el sistema militar que se había introducido en América en -el último tercio del siglo XVIII, en cuyo tiempo se crearon cuerpos -veteranos de naturales del país, que, si bien en gran parte eran -mandados por coroneles y comandantes europeos, tenían también en sus -filas oficiales subalternos, sargentos y cabos americanos. Del mismo -modo se organizaron milicias de infantería y caballería, a semejanza -las primeras de las de España, y en ellas se apoyó principalmente la -insurrección. Cierto es que, al principio, solo la menor parte de las -tropas se declaró en favor de las novedades, y que hubo parajes, -particularmente en Méjico y en el Perú, en donde los militares -contribuyeron a sofocar las conmociones; mas con el tiempo, cundiendo -el fuego, llegó hasta las tropas de línea. - -El motivo principal que alegó Caracas para erigir una junta suprema -e independiente fundose en estar casi toda España sujeta ya a una -dinastía extranjera y tiránica, añadiendo que solo haría uso de la -soberanía hasta que volviese al trono Fernando VII, o se instalase -solemne y legalmente un gobierno constituido por las cortes, a que -concurriesen legítimos representantes de los reinos, provincias y -ciudades de Indias. Entre tanto, ofrecía la nueva junta a los españoles -que aún peleasen por la independencia peninsular, amistad y envío de -socorros. El nombre de Fernando tuvo que sonar a causa del pueblo, -muy adicto al soberano desgraciado; esperanzados los promovedores -del alzamiento que, conllevando así las ideas de la mayoría, la -traerían por sus pasos contados adonde deseaban, mayormente si se -introducían luego innovaciones que le fueran gratas. No tardaron -estas en anunciarse, pues se abolió en breve el tributo de los -indios, repartiéronse los empleos entre los naturales, y se abrieron -los puertos a los extranjeros. La última providencia halagaba a los -propietarios que veían en ella crecer el valor de sus frutos, y ganaban -al propio tiempo la voluntad de las naciones comerciantes, codiciosas -siempre de multiplicar sus mercados. - -Así fue que el ministerio inglés, poco explícito en sus declaraciones -al reventar la insurrección, no dejó pasar muchos meses sin expresar, -por boca de Lord Liverpool, «que S. M. B. no se consideraba ligado -por ningún compromiso a sostener un país cualquiera de la monarquía -española contra otro por razón de diferencias de opinión, sobre el modo -con que se debiese arreglar su respectivo sistema de gobierno; siempre -que conviniesen en reconocer al mismo soberano legítimo, y se opusiesen -a la usurpación y tiranía de la Francia...» No se necesitaba testimonio -tan público para conocer que forzoso le era al gabinete de la Gran -Bretaña, aunque hubieran sido otras sus intenciones, usar de semejante -lenguaje, teniendo que sujetarse a la imperiosa voz de sus mercaderes y -fabricantes. - -[Sidenote: Levantamiento de Buenos Aires.] - -Alzó también Buenos Aires el grito de independencia al saber allí, por -un barco inglés que arribó a Montevideo el 13 de mayo, los desastres de -las Andalucías. Era capitán general Don Baltasar Hidalgo de Cisneros, -hombre apocado y sin cautela, quien, a petición del ayuntamiento, -consintió en que se convocase un congreso, imaginándose que aun después -proseguiría en el gobierno de aquellas provincias. Instalose dicho -congreso el 22 de mayo, y, como era de esperar, fue una de sus primeras -medidas la deposición del inadvertido Cisneros, eligiendo también, a la -manera de Caracas, una junta suprema que ejerciese el mando en nombre -de Fernando VII. Conviene notar aquí que la formación de juntas en -América nació por imitación de lo que se hizo en España en 1808, y no -de otra ninguna causa. - -Montevideo, que se disponía a unir su suerte con la de Buenos Aires, -detúvose, noticioso de que en la península todavía se respiraba, y de -que existía en la Isla de León, con nombre de regencia, un gobierno -central. - -No así el nuevo reino de Granada, que siguió el impulso de Caracas, -creando una junta suprema el 20 de julio. Apearon del mando los nuevos -gobernantes a Don Antonio Amat, virrey semejante en lo quebradizo de -su temple a los jefes de Venezuela y Buenos Aires. Acaecieron luego -en Santa Fe, en Quito y en las demás partes altercados, divisiones, -muertes, guerra y muchas lástimas, que tal esquilmo coge de las -revoluciones la generación que las hace. - -Entonces, y largo tiempo después, se mantuvo el Perú quieto y fiel a -la madre patria, merced a la prudente fortaleza del virrey, Don José -Fernando de Abascal, y a la memoria aún viva de la rebelión del indio -Tupac Amaru y sus crueldades. - -Tampoco se meneaba Nueva España, aunque ya se habían fraguado varias -maquinaciones y se preparaban alborotos, de que más adelante daremos -noticia. - -[Sidenote: Juicio acerca de estas revueltas.] - -Por lo demás, tal fue el principio de irse desgajando del tronco -paterno, y una en pos de otra, ramas tan fructíferas del imperio -español. ¿Escogieron los americanos para ello la ocasión más digna y -honrosa? A medir las naciones por la escala de los tiernos y nobles -sentimientos de los individuos, abiertamente diríamos que no, habiendo -abandonado a la metrópoli en su mayor aflicción, cuando aquella -decretara igualdad de derechos, y cuando se preparaba a realizar en -sus cortes el cumplimiento de las anteriores promesas. Los Estados -Unidos separáronse de Inglaterra en sazón en que esta descubría su -frente serena y poderosa, y después que reiteradas veces les había -su metrópoli negado peticiones moderadas en un principio. Por el -contrario, los americanos españoles cortaban el lazo de unión, abatida -la península, reconocidas ya aquellas provincias como parte integrante -de la monarquía, y convidados sus habitantes a enviar diputados a las -cortes. No; entre individuos graduaríase tal porte de ingrato y aun -villano. Las naciones, desgraciadamente, suelen tener otra pauta, y los -americanos quizá pensaron lograr entonces con más certidumbre lo que, a -su entender, fuera dudoso y aventurado, libre la península y repuesto -en el solio el cautivo Fernando. - -Controvertible igualmente ha sido si la América había llegado al -punto de madurez e instrucción que eran necesarias para desprenderse -de los vínculos metropolitanos. Algunos han decidido ya la cuestión -negativamente, atentos a las turbulencias y agitación continua de -aquellas regiones, en donde mudando a cada paso de gobierno y leyes, -aparecen los naturales no solo como inhábiles para sostener la libertad -y admitir un gobierno medianamente organizado, pero aun también como -incapaces de soportar el estado social de los pueblos cultos. Nosotros, -sin ir tan allá, creemos, sí, que la educación y enseñanza de la -América española será lenta y más larga que la de otros países; y solo -nos admiramos de que haya habido en Europa hombres, y no vulgares, que -al paso que negaban a España la posibilidad de constituirse libremente, -se la concedieran a la América, siendo claro que en ambas partes -habían regido idénticas instituciones, y que idénticas habían sido las -causas de su atraso; con la ventaja para los peninsulares de que entre -ellos se desconocía la diversidad de castas, y de que el inmediato -roce con las naciones de Europa les había proporcionado hacer mayores -progresos en los conocimientos modernos, y mejorar la vida social. Mas -si personas entendidas y gobiernos sabios olvidaban reflexiones tan -obvias, ¿qué no sería de ávidos especuladores que soñaban montes de oro -con la franquicia y amplia contratación de los puertos americanos? - -[Sidenote: Medidas tomadas por el gobierno español.] - -La regencia, al instalarse, había nombrado sujetos que llevasen a -las provincias de ultramar las noticias de lo ocurrido en principios -de año, recordando al propio tiempo en una proclama la igualdad de -condición otorgada a aquellos naturales, e incluyendo la convocatoria -para que acudiesen a las cortes por medio de sus diputados. Fuera de -eso, no extendió la regencia sus providencias más allá de lo que lo -había hecho la central, si bien es cierto que ni la situación actual -permitía el mismo ensanche, ni tampoco era político anticipar en muchos -asuntos el juicio de las cortes, cuya reunión se anunciaba cercana. - -[Sidenote: Providencia fraguada acerca del comercio libre.] - -Sin embargo, publicose en 17 de mayo de 1810, a nombre de dicha -regencia, una real orden de la mayor importancia, y por la que se -autorizaba el comercio directo de todos los puertos de Indias con las -colonias extranjeras y naciones de Europa. Mudanza tan repentina y -completa en la legislación mercantil de Indias, sin previo aviso ni -otra consulta, saltando por encima de los trámites de estilo aún usados -durante el gobierno antiguo, pasmó a todos y sobrecogió al comercio de -Cádiz, interesado más que nadie en el monopolio de ultramar. - -Sin tardanza reclamó este contra una providencia en su concepto -injustísima y en verdad muy informal y temprana. La regencia ignoraba, -o fingió ignorar, la publicación de la mencionada orden, y en virtud -de examen que mandó hacer, resultó que sobre un permiso limitado al -renglón de harinas, y al solo puerto de la Habana, había la secretaría -de hacienda de Indias extendido por sí la concesión a los demás frutos -y mercaderías procedentes del extranjero, y en favor de todas las -costas de la América. ¿Quién no creyera que al descubrirse falsía tan -inaudita, abuso de confianza tan criminal y de resultas tan graves, -no se hubiese hecho un escarmiento que arredrase en lo porvenir a los -fabricadores de mentidas providencias del gobierno? Formose causa; mas -causa al uso de España en tales materias, encargando a un ministro del -consejo supremo de España e Indias que procediese a la averiguación del -autor o autores de la supuesta orden. - -Se arrestó en su casa al marqués de las Hormazas, ministro de -hacienda, prendiose también al oficial mayor de la misma secretaría -en lo relativo a Indias, Don Manuel Albuerne, y a algunos otros que -resultaban complicados. El asunto prosiguió pausadamente, y después -de muchas idas y venidas, empeños, solicitaciones, todos quedaron -quitos. Hormazas había firmado a ciegas la orden sin leerla, y como si -se tratase de un negocio sencillo. El verdadero culpado era Albuerne, -de acuerdo con el agente de la Habana Don Claudio María Pinillos, -y Don Esteban Fernández de León, siendo sostenedor secreto de la -medida, según voz pública, uno de los regentes. Tal descuido en unos, -delito en otros, e impunidad ilimitada para todos, probaban más y -más la necesidad urgente de purgar a España de la maleza espesa que -habían ahijado en su gobierno, de Godoy acá, los patrocinadores de la -corrupción más descarada. - -La regencia, por su parte, revocó la real orden, y mandó recoger los -ejemplares impresos. Pero el tiro había ya partido, y fácil es -adivinar el mal efecto que produciría, sugiriendo a los amigos de las -alteraciones de América nueva y fundada alegación para proseguir en su -comenzado intento. - -Supo la regencia, el 4 de julio, las revueltas de Caracas, y al -concluirse agosto, las de Buenos Aires. Apesadumbráronla noticias para -ella tan impensadas, y para la causa de España tan funestas, mas vivió -algún tiempo con la esperanza de que cesarían los disturbios, luego que -allá corriese no haber la península rendido aún su cerviz al invasor -extranjero. ¡Vana ilusión! Alzamientos de esta clase o se ahogan al -nacer, o se agrandan con rapidez. La regencia, indecisa y sin mayores -medios, consultó al consejo, no tomando de pronto resolución que -pareciera eficaz. - -[Sidenote: Nómbrase a Cortavarría para ir a Caracas.] - -Aquel cuerpo opinó que se enviase a ultramar un sujeto condecorado y -digno, asistido de algunos buques de guerra y con órdenes para reunir -las tropas de Puerto Rico, Cuba y Cartagena, previniéndole que solo -emplease el medio de la fuerza cuando los de persuasión no bastasen. La -regencia se conformó en un todo con el dictamen del consejo, y nombró -por comisionado, revestido de facultades omnímodas, a Don Antonio -Cortavarría, individuo del consejo real, magistrado respetable por -su pureza, pero anciano y sin el menor conocimiento de lo que era la -América. Figurábase el gobierno español, equivocadamente, que no eran -pasados los días de los Mendozas y los Gascas, y que a la vista del -enviado peninsular se allanarían los obstáculos y se remansarían los -tumultos populares. Llevaba Cortavarría instrucciones que no solo se -extendían a Venezuela, sino que también abrazaban las islas, Santa -Fe y aun la Nueva España, debiendo obrar con él mancomunadamente el -gobernador de Maracaibo Don Fernando Miyares, electo capitán general de -Caracas, en recompensa de su buen proceder. - -[Sidenote: Jefes y pequeña expedición enviada al Río de la Plata.] - -Respecto de Buenos Aires, ya antes de saberse el levantamiento -había tomado la regencia algunas medidas de precaución, advertida -de tratos que la infanta Doña Carlota traía allí desde el Brasil; y -como Montevideo era el punto más a propósito para realizar cualquiera -proyecto que dicha señora tuviese entre manos, se había nombrado, para -provenir toda tentativa, por gobernador de aquella plaza a Don Gaspar -de Vigodet, militar de confianza. - -Mas, después que la regencia recibió la nueva de la conmoción de Buenos -Aires, no limitó a eso sus providencias, sino que también resolvió -enviar de virrey de las provincias del Río de la Plata a Don Francisco -Javier de Elío, acompañado de 500 hombres, de una fragata de guerra y de -una urca, con orden de partir de Alicante y de ocultar el objeto del -viaje hasta pasadas las islas Canarias. Se le recomendó asimismo lo -que a Cortavarría en cuanto a que no emplease la fuerza antes de haber -tentado todos los medios de conciliación. - -He aquí lo que por mayor se sabía en Europa de las turbulencias -de América, y lo que para cortarlas había resuelto la regencia al -tiempo de instalarse las cortes. [Sidenote: Ocúpanse las cortes en -la materia.] Hallándose en el seno de estas diputados naturales de -ultramar, concíbese fácilmente que no dejarían huelgo a sus compañeros -antes de conseguir que se ocupasen en tan graves cuestiones. Las -propuestas fueron muchas y varias, y ya el 25 de septiembre, tratándose -de expedir el decreto del 24, expuso la diputación americana que al -mismo tiempo que se remitiese aquel a Indias, era necesario hablar a -sus habitantes de la igualdad de derechos que tenían con los de Europa, -de la extensión de la representación nacional como parte integrante -de la monarquía, y conceder una amnistía u olvido absoluto por los -extravíos ocurridos en las desavenencias de algunos de aquellos países. -La discusión comenzó a encresparse, y Don José Mejía, suplente por -Santa Fe de Bogotá y americano de nacimiento, fuese prudencia, fuese -temor de que resonasen en ultramar las palabras que se pronunciaban en -las cortes, palabras que pudieran ser funestas a los independientes, -apoyados todavía en terreno poco firme, pidió que se ventilase el -asunto en secreto. Accedió el congreso a los deseos de aquel señor -diputado, si bien por incidencia se tocaron a veces en público, en las -primeras sesiones, algunos de los muchos puntos que ofrecía materia tan -espinosa. - -[Sidenote: Decreto de 15 de octubre. (* Ap. n. 13-7.)] - -Después de reñidos debates, aprobaron las cortes los términos de un -decreto que se promulgó con fecha de 15 de octubre,[*] en el que -aparecieron como esenciales bases: 1.º, la igualdad de derechos, ya -sancionada; 2.º, una amnistía general, sin límite alguno. - -En pos de esta resolución vinieron, a manera de secuela, otras -declaraciones y concesiones muy favorables a la América, de las que -mencionaremos las más principales en el curso de esta historia. Por -ellas se verá cuánto trabajaron las cortes para grangearse el ánimo de -aquellos habitantes y acallar los motivos que hubiera de justa queja, -debiendo haber finalizado las turbulencias, si el fuego de un volcán de -extensa crátera pudiera apagarse por la mano del hombre. - -[Sidenote: Discusión sobre la libertad de la imprenta.] - -La víspera de la promulgación del decreto sobre América entablose en -público la discusión de la libertad de la imprenta. Don Agustín de -Argüelles era quien primero la había provocado, indicando en la sesión -de la tarde del 27 de septiembre la necesidad de ocuparse a la mayor -brevedad en materia tan grave. Sostuvo su dictamen Don Evaristo Pérez -de Castro, y aun insistió en que desde luego se formase para ello una -comisión, cuya propuesta aprobaron las cortes inmediatamente, sin -obstáculo alguno. - -Dedicose con aplicación continua a su trabajo la comisión nombrada, -y el 14 de octubre, cumpleaños del rey Fernando VII, leyó el informe -en que habían convenido los individuos de ella; casual coincidencia -o modo nuevo de celebrar el natalicio de un príncipe, cuyo horóscopo -viose después no cuadraba con el festejo. Al día siguiente se trabó -la discusión, una de las más brillantes que hubo en las cortes, y -de la que reportaron estas fama esclarecida. Lástima ha sido que no -se hayan conservado enteros los discursos allí pronunciados, pues -todavía no se publicaban de oficio las sesiones, según comenzó a usarse -en el promedio de diciembre, habiéndose desde entonces establecido -taquígrafos que siguiesen literalmente la palabra del orador. Sin -embargo, algunos curiosos, y entre ellos ingleses, tomaron nota -bastante exacta de las discusiones más principales, y eso nos habilita -para dar una razón algo circunstanciada de lo que ocurrió en aquella -ocasión. - -Antes de reunirse las cortes, la libertad de la imprenta apenas contaba -otros enemigos sino algunos de los que gobernaban; mas después que -el congreso mostró querer proseguir su marcha con hoz reformadora, -despertose el recelo de las clases y personas interesadas en los -abusos, que empezaron a mirar con esquivez medida tan deseada. No -pareciéndoles, con todo, discreto impugnarla de frente, idearon los -que pertenecieron a aquel número y estaban dentro de las cortes, pedir -que se suspendiese la deliberación. - -Escogieron para hacer la propuesta al diputado que entre los suyos -juzgaron más atrevido, a Don Joaquín Tenreiro, quien, después de -haber el día 14 procurado infructuosamente diferir la lectura del -informe de la comisión, persistió el 15 en su propósito de que se -dejase para más adelante la discusión, alegando que se debería pedir -con antelación el parecer de ciertas corporaciones, en especial el -de las eclesiásticas, y sobre todo aguardar la llegada de diputados -próximos a aportar de las costas de Levante. Manifestó su opinión el -señor Tenreiro acaloradamente, y excitó la réplica de varios señores -diputados que demostraron haber seguido el expediente, no solo los -trámites de costumbre, sino que también, viniendo ya instruido desde el -tiempo de la junta central, había recibido con el mayor detenimiento -la dilucidación necesaria. Reprodujo no obstante sus argumentos el -señor Tenreiro, pero no por eso pudo estorbar que empezase de lleno -la discusión. El señor Argüelles fue de los primeros que entrando -en materia hizo palpables los bienes que resultan de la libertad -de la imprenta. «Cuantos conocimientos, dijo, se han extendido por -Europa han nacido de esta libertad, y las naciones se han elevado a -proporción que ha sido más perfecta. Las otras, oscurecidas por la -ignorancia y encadenadas por el despotismo, se han sumergido en la -proporción contraria. España, siento decirlo, se halla entre las -últimas: fijemos la vista en los postreros 20 años, en ese periodo -henchido de acontecimientos más extraordinarios que cuantos presentan -los anteriores siglos, y en él podremos ver los portentosos efectos de -esa arma, a cuyo poder casi siempre ha cedido el de la espada. Por su -influjo vimos caer de las manos de la nación francesa las cadenas que -la habían tenido esclavizada. Una facción sanguinaria vino a inutilizar -tan grande medida, y la nación francesa, o más bien su gobierno, empezó -a obrar en oposición a los principios que proclamaba... El despotismo -fue el fruto que recogió... Hubiera habido en España una arreglada -libertad de imprenta, y nuestra nación no hubiera ignorado cual fuese -la situación política de la Francia al celebrarse el vergonzoso tratado -de Basilea. El gobierno español, dirigido por un favorito corrompido y -estúpido, incapaz era de conocer los verdaderos intereses del estado. -Abandonose ciegamente y sin tino a cuantos gobiernos tuvo la Francia, -y desde la convención hasta el imperio seguimos todas las vicisitudes -de su revolución, siempre en la más estrecha alianza, cuando llegó el -momento desgraciado en que vimos tomadas nuestras plazas fuertes y el -ejército del pérfido invasor en el corazón del reino. Hasta entonces a -nadie le fue lícito hablar del gobierno francés con menos sumisión que -del nuestro, y no admirar a Bonaparte fue de los más graves delitos. En -aquellos días miserables se echaron las semillas cuyos amargos frutos -estamos cogiendo ahora. Extendamos la vista por el mundo: Inglaterra -es la sola nación que hallaremos libre de tal mengua. ¿Y a quién lo -debe? Mucho hizo en ella la energía de su gobierno, pero más hizo la -libertad de la imprenta. Por su medio pudieron los hombres honrados -difundir el antídoto con más presteza que el gobierno francés su -veneno. La instrucción que por la vía de la imprenta logró aquel pueblo -fue lo que le hizo ver el peligro y saber evitarlo...» - -El señor Morros, diputado eclesiástico, sostuvo con fuerza «ser la -libertad de la imprenta opuesta a la religión católica apostólica -romana, y ser, por tanto, detestable institución.» Añadió: «que, según -lo prevenido en muchos cánones, ninguna obra podía publicarse sin la -licencia de un obispo o concilio, y que todo lo que se determinase en -contra, sería atacar directamente la religión.» - -Aquí notará el lector que desesperanzados los enemigos de la libertad -de la imprenta de impedir los debates, trataron ya de impugnarla sin -disfraz alguno y fundamentalmente. - -Fácil fue al señor Mejía rebatir el dictamen del señor Morros, -advirtiendo «que la libertad de que se trataba, limitábase a la parte -política y en nada se rozaba con la religión ni la potestad de la -iglesia... Observó también la diferencia de tiempos, y la errada -aplicación que había hecho el señor Morros de sus textos, los cuales -por la mayor parte se referían a una edad en que todavía no estaba -descubierta la imprenta...» Y continuando después dicho señor Mejía -en desentrañar con sutileza y profundidad toda la parte eclesiástica -en que, aunque seglar, era muy versado, terminó diciendo: «que en las -naciones en donde no se permitía la libertad de imprenta, el arte de -imprimir había sido perjudicial, porque había quitado la libertad -primitiva que existía de escribir y copiar libros sin particulares -trabas, y que si bien entonces no se esparcían las luces con tanta -rapidez y extensión, a lo menos eran libres. Y más vale un pedazo de -pan comido en libertad que un convite real con una espada que cuelga -sobre la cabeza, pendiente del hilo de un capricho.» - -El señor Rodriguez de la Bárcena, bien que eclesiástico como el señor -Morros, no recargó tanto en punto a la religión, pero con maña trazó -una pintura sombría «de los males de la libertad de la imprenta en -una nación no acostumbrada a ella, se hizo cargo de las calumnias -que difundía, de la desunión en las familias, de la desobediencia a -las leyes y otros muchos estragos, de los que, resultando un clamor -general, tendría al cabo que suprimirse una facultad preciosa, que -coartada con prudencia, era fácil conservar. Yo, continuó el orador, -amo la libertad de la imprenta, pero la amo con jueces que sepan de -antemano separar la cizaña de con el grano. Nada aventura la imprenta -con la censura previa en las materias científicas, que son en las -que más importa ejercitarse, y usada dicha censura discretamente, -existirá en realidad con ella mayor libertad que si no la hubiera, y -se evitarán escándalos y la aplicación de las penas en que incurrirán -los escritores que se deslicen, siendo para el legislador más hermoso -representar el papel de prevenir los delitos que el de castigarlos.» - -Replicó a este orador Don Juan Nicasio Gallego que, aunque revestido -igualmente de los hábitos clericales, descollaba en el saber político, -si bien no tanto como en el arte divino de los Herreras y Leones. «Si -hay en el mundo, dijo, absurdo en este género, eslo el de asentar -como lo ha hecho el preopinante, que la libertad de la imprenta podía -existir bajo una previa censura. _Libertad_ es el derecho que todo -hombre tiene de hacer lo que le parezca, no siendo contra las leyes -divinas y humanas. _Esclavitud_ por el contrario existe donde quiera -que los hombres están sujetos sin remedio a los caprichos de otros, -ya se pongan o no inmediatamente en práctica. ¿Cómo puede, según eso, -ser la imprenta libre, quedando dependiente del capricho, las pasiones -o la corrupción de uno o más individuos? ¿Y por qué tanto rigor y -precauciones para la imprenta, cuando ninguna legislación las emplea -en los demás casos de la vida y en acciones de los hombres no menos -expuestas al abuso? Cualquiera es libre de proveerse de una espada, ¿y -dirá nadie por eso que se le deben atar las manos no sea que cometa -un homicidio? Puedo, en verdad, salir a la calle y robar a un hombre, -más ninguno, llevado de tal miedo, aconsejará que se me encierre en -mi casa. A todos nos deja la ley libre el albedrío, pero por horror -natural a los delitos, y porque todos sabemos las penas que están -impuestas a los criminales, tratamos cada cual de no cometerlos...» - -Hablaron en seguida otros diputados en favor de la cuestión, tales como -los señores Luján, Pérez de Castro y Oliveros. El primero expresó: -«que los dos encargos particulares que le había hecho su provincia [la -de Extremadura] habían sido: que fuesen públicas las sesiones de las -cortes y que se concediese la libertad de la imprenta.» Puso el último -su particular cuidado en demostrar que aquella libertad «no solo no -era contraria a la religión, sino que era compatible con el amor más -puro hacia sus dogmas y doctrinas... Nosotros [continuó tan respetable -eclesiástico] queremos dar alas a los sentimientos honrados, y cerrar -las puertas a los malignos. La religión santa de los Crisóstomos y -de los Isidoros no se recata de la libre discusión; temen esta los -que desean convertir aquella en provecho propio. ¡Qué de horrores y -escándalos no vimos en tiempo de Godoy! ¡Cuánta irreligiosidad no -se esparció! Y ¿había libertad de imprenta? Si la hubiera habido, -dejáranse de cometer tantos excesos con el miedo de la censura pública, -y no se hubieran perpetrado delitos, sumidos ahora en la impunidad del -silencio. Ciertos obispos ¿hubieran osado manchar los púlpitos de la -religión predicando los triunfos del poder arbitrario y, por decirlo -así, los del ateísmo? ¿Hubieran contribuido a la destrucción de su -patria y a la tibieza de la fe, incensando impíamente al ídolo de Baal, -al malaventurado valido?...» - -Contados fueron los diputados que después impugnaron la libertad de -la imprenta, y aun de ellos el mayor número antes provocó dudas -que expresó una opinión opuesta bien asentada. Los señores Morales -Gallego y Don Jaime Creus fueron quienes con mayor vigor esforzaron -los argumentos en contra de la cuestión. Dirigiose el principal conato -de ambos a manifestar «la suelta que iba a darse a las pasiones y -personalidades, y el riesgo que corría la pureza de la fe, siendo de -dificultoso deslinde en muchos casos el término de las potestades -política y eclesiástica.» El señor Argüelles rechazó de nuevo muchas -de las objeciones; pero quien entre los postreros de los oradores -habló de un modo luminoso, persuasivo y profundo fue el dignísimo Don -Diego Muñoz Torrero, cuya candorosa y venerable presencia, repetimos, -aumentaba peso a la ya irresistible fuerza de su raciocinación. «La -materia que tratamos, dijo, tiene, según la miro, dos partes: la una -de _justicia_, la otra de _necesidad_. La justicia es el principio -vital de la sociedad civil, e hija de la justicia es la libertad de la -imprenta... El derecho de traer a examen las acciones del gobierno es -un derecho imprescriptible que ninguna nación puede ceder sin dejar -de ser nación, ¿Qué hicimos nosotros en el memorable decreto de 24 de -septiembre? Declaramos los decretos de Bayona ilegales y nulos. Y ¿por -qué? Porque el acto de renuncia se había hecho sin el consentimiento -de la nación. ¿A quién ha encomendado ahora esa nación su causa? A -nosotros; nosotros somos sus representantes, y según nuestros usos y -antiguas leyes fundamentales, muy pocos pasos pudiéramos dar sin la -aprobación de nuestros constituyentes. Mas, cuando el pueblo puso el -poder en nuestras manos, ¿se privó por eso del derecho de examinar y -criticar nuestras acciones? ¿Por qué decretamos en 24 de septiembre -la responsabilidad de la potestad ejecutiva, responsabilidad que -cabrá solo a los ministros cuando el rey se halle entre nosotros? -¿Por qué nos aseguramos la facultad de inspeccionar sus acciones? -Porque poníamos _poder_ en manos de _hombres_, y los hombres abusan -fácilmente de él si no tienen freno alguno que los contenga, y no había -para la potestad ejecutiva freno más inmediato que el de las cortes. -Mas, ¿somos por acaso infalibles? ¿Puede el pueblo que apenas nos ha -visto reunidos poner tanta confianza en nosotros que abandone toda -precaución? ¿No tiene el pueblo el mismo derecho respecto de nosotros -que nosotros respecto de la potestad ejecutiva en cuanto a inspeccionar -nuestro modo de pensar y censurarle?... Y el pueblo ¿qué medio tiene -para esto? No tiene otro sino el de la imprenta; pues no supongo que -los contrarios a mi opinión le den la facultad de insurreccionarse, -derecho el más terrible y peligroso que pueda ejercer una nación. Y -si no se le concede al pueblo un medio legal y oportuno para reclamar -contra nosotros, ¿qué le importa que le tiranice uno, cinco, veinte o -ciento?... El pueblo español ha detestado siempre las guerras civiles, -pero quizá tendría desgraciadamente que venir a ellas. El modo de -evitarlo es permitir la solemne manifestación de la opinión pública. -Todavía ignoramos el poder inmenso de una nación para obligar a los -que gobiernan a ser justos. Empero, prívese al pueblo de la libertad -de hablar y escribir, ¿cómo ha de manifestar su opinión? Si yo dijese -a mis poderdantes de Extremadura que se establecía la previa censura -de la imprenta, ¿qué me dirían al ver que para exponer sus opiniones -tenían que recurrir a pedir licencia?... Es, pues, uno de los derechos -del hombre en las sociedades modernas el gozar de la libertad de la -imprenta, sistema tan sabio en la teórica como confirmado por la -experiencia. Véase Inglaterra: a la imprenta libre debe principalmente -la conservación de su libertad política y civil, su prosperidad. -Inglaterra conoce lo que vale arma tan poderosa: Inglaterra, por tanto, -ha protegido la imprenta, pero la imprenta, en pago, ha conservado -la Inglaterra. Si la medida de que hablamos es _justa_ en sí y -_conveniente_, no es menos _necesaria_ en el día de hoy. Empezamos una -carrera nueva, tenemos que lidiar con un enemigo poderoso, y fuerza -nos es recurrir a todos los medios que afiancen nuestra libertad y -destruyan los artificios y mañas del enemigo. Para ello indispensable -parece reunir los esfuerzos todos de la nación, e imposible sería no -concentrando su energía en una opinión unánime, espontánea e ilustrada, -a lo que contribuirá muy mucho la libertad de la imprenta, y en lo -que están interesados no menos los derechos del pueblo, que los del -monarca... La _libertad_ sin la imprenta libre, aunque sea _el sueño -del hombre honrado_, será siempre un sueño... La diferencia entre -mí y mis contrarios consiste en que ellos conciben que los males -de la libertad son como un millón y los bienes como veinte; yo, por -lo opuesto, creo que los males son como veinte y los bienes como un -millón. Todos han declamado contra sus peligros. Si yo hubiera de -reconocer ahora los males que trae consigo la sociedad, los furores de -la ambición, los horrores de la guerra, la desolación de los hombres y -la devastación de las pestes, llenaría de pavor a los circunstantes. -Mas, por horrible que fuese esta pintura, ¿se podrían olvidar los -bienes de la sociedad civil, a punto de decretar su destrucción? Aquí -estamos, hombres falibles, con toda la mezcla de bueno y malo que -es propia de la humanidad, y solo por la comparación de ventajas e -inconvenientes podemos decidirnos en las cuestiones... Un prelado de -España, y lo que es más, inquisidor general, quiso traducir la Biblia -al castellano. ¿Qué torrente de invectivas no se desató en contra?... -¿Cuál fue su respuesta? _Yo no niego que tiene inconvenientes, pero -¿es útil, pesados unos con otros?_ En el mismo caso estamos. Si el -prelado hubiera conseguido su intento, a él deberíamos el bien, el mal -a nuestra naturaleza. Por fin, creo que haríamos traición a los deseos -del pueblo, y que daríamos armas al gobierno arbitrario que hemos -empezado a derribar, si no decretásemos la libertad de la imprenta... -La previa censura es el último asidero de la tiranía que nos ha hecho -gemir por siglos. El voto de las cortes va a desarraigar esta, o a -confirmarla para siempre.» - -Son pálido y apagado bosquejo de la discusión los breves extractos -que de ella hacemos y nos han quedado. Raudales de luz salieron de las -diversas opiniones expuestas con gravedad y circunspección. Para darles -el valor que merecen, conviene hacer cuenta de lo que había sido antes -España y de lo que ahora aparecía: rompiendo de repente la mordaza que -estrechamente y largo tiempo había comprimido, atormentándolos, sus -hermosos y delicados labios. - -La discusión general duró desde el 15 hasta el 19 de octubre, en cuyo -día se aprobó el primer artículo del proyecto de ley concebido en estos -términos. «Todos los cuerpos y personas particulares, de cualquiera -condición y estado que sean, tienen libertad de escribir, imprimir y -publicar sus ideas políticas sin necesidad de licencia, revisión y -aprobación alguna anteriores a la publicación, bajo las restricciones -y responsabilidades que se expresarán en el presente decreto.» -Votose el artículo por 70 votos contra 32, y aun de estos hubo 9 que -especificaron que solo por entonces le desechaban. - -Claro era que pasarían después sin particular tropiezo los demás -artículos, explicativos por lo general del primero. La discusión sin -embargo no finalizó enteramente hasta el 5 de noviembre, interpuestos a -veces otros asuntos. - -[Sidenote: Reglamento por el que se concedía la libertad de la -imprenta.] - -El reglamento contenía en todo 20 artículos, tras del primero venían -los que señalaban los delitos y determinaban las penas, y también el -modo y trámites que habían de seguirse en el juicio. Tacháronle algunos -de defectuoso en esta parte, y de no definir bien los diversos casos. -Pero, pendiendo los límites entre la libertad y el abuso de reglas -indeterminadas y variables, problema es de dificultosa resolución -conceder lo uno y vedar debidamente lo otro. La libertad gana en que -las leyes sobre esta materia pequen más bien por lo indefinido y vago -que por ser sobradamente circunstanciadas; el tiempo y el buen sentido -de las naciones acaban por corregir abusos y desvíos que no le es dado -impedir al más atento legislador. - -[Sidenote: Su examen.] - -Chocó a muchos, particularmente en el extranjero, que la libertad de -la imprenta decretada por las cortes se ciñese a la parte política, -y que aun por un artículo expreso [el 6.º] se previniese, que «todos -los escritos sobre materias de religión quedaban sujetos a la previa -censura de los ordinarios eclesiásticos.» Pero los que así razonaban, -desconocían el estado anterior de España, y en vez de condenar debieran -más bien haber alabado el tino y la sensatez con que las cortes -procedían. La inquisición había pesado durante tres siglos sobre la -nación, y era ya caminar a la tolerancia, desde el momento en que se -arrancaba la censura de las manos de aquel tribunal para depositarla en -solo las de los obispos, de los que si unos eran fanáticos, había otros -tolerantes y sabios. Además, quitadas las trabas para lo político, -¿quién iba a deslindar en muchedumbre de casos los términos que -dividían la potestad eclesiástica de la secular? El artículo tampoco -extendía la prohibición más allá del dogma y de la moral, dejando a la -libre discusión cuanto temporalmente interesaba a los pueblos. - -[Sidenote: Incidentes de la discusión.] - -El señor Mejía, no obstante eso, y el conocimiento que tenía de la -nación y de las cortes, se aventuró a proponer que se ampliase la -libertad de la imprenta a las obras religiosas. Imprudencia que hubiera -podido comprometer la suerte de toda la ley, si a tiempo no hubiera -cortado la discusión el señor Muñoz Torrero. - -Por el contrario, al cerrarse los debates, Don Francisco María Riesco, -diputado por la junta de Extremadura e inquisidor del tribunal de -Llerena, pidió que en el decreto se hiciese mención honorífica y -especial del santo oficio; a lo que no hubo lugar, mostrando así -de nuevo las cortes cuán discretamente evitaban viciosos extremos. -Libertad de la imprenta y santo oficio nunca correrán a las parejas, y -la publicación aprobativa de ambos establecimientos en una misma y sola -ley, hubiérala graduado el mundo de monstruoso engendro. - -[Sidenote: Lo que se adopta para los juicios en lugar del jurado.] - -No se admitió el jurado en los juicios de imprenta, aunque algunos -lo deseaban, no pareciendo todavía ser aquel oportuno momento. Pero -a fin de no dejar la nueva institución en poder solo de los togados -desafectos a ella, decidiose, por uno de los artículos, que las cortes -nombrasen una junta suprema, dicha de censura, que residiese cerca del -gobierno, formada de nueve individuos, y otra semejante, de cinco, a -propuesta de la misma, para las capitales de provincia. En la primera -había de haber tres eclesiásticos, y dos en cada una de las otras. -Tocaba a estas juntas examinar los impresos denunciados, y calificar -si se estaba o no en el caso de proceder contra ellos y sus autores, -editores e impresores, responsables a su vez y respectivamente. Los -individuos de la junta eran en realidad los jueces del hecho, quedando -después a los tribunales la aplicación de las penas. - -El nombre de junta de censura engañó a varios entre los extranjeros, -creyendo que se trataba de _censura preventiva_ y no de una -calificación hecha posteriormente a la impresión, publicación y -circulación de los escritos, y solo en virtud de acusación formal. -También disgustó, aun en España, que entrase en la junta un número -determinado de eclesiásticos, pues los más hubieran preferido que se -dejase al arbitrio de las cortes. Sin embargo, los altamente entendidos -columbraron que semejante providencia tiraba a acallar la voz del -clero, muy poderosa entonces, y a impedir sagazmente que acabase aquel -cuerpo por tener en las juntas decidida mayoría. - -La práctica hizo ver que el plan de las cortes estaba bien combinado, y -que la libertad de la imprenta existe así que cesa la previa censura, -sierpe que la ahoga al tiempo mismo de recibir el ser. - -[Sidenote: Promúlgase la libertad de la imprenta. (* Ap. n. 13-8.)] - -En 9 de noviembre eligieron las cortes la mencionada junta suprema, y -el 10 promulgose el decreto de la libertad de la imprenta,[*] de cuyo -beneficio empezaron inmediatamente a gozar los españoles, publicando -todo género de obras y periódicos con el mayor ensanche y sin -restricción alguna para todas las opiniones. - -[Sidenote: Partidos en las cortes.] - -Durante esta discusión y la anterior sobre América, manifestáronse -abiertamente los partidos que encerraban las cortes, los cuales como en -todo cuerpo deliberativo principalmente se dividían en amigos de las -reformas, y en los que les eran opuestos. El público insensiblemente -distinguió con el apellido de _liberales_ a los que pertenecían al -primero de los dos partidos, quizá porque empleaban a menudo en sus -discursos la frase de _principios_ o _ideas liberales_, y de las cosas -según acontece, pasó el nombre a las personas. Tardó más tiempo el -partido contrario en recibir especial epíteto, hasta que al fin un[1] -autor de despejado ingenio calificole con el de _servil_. - - [1] Don Eugenio Tapia en una composición poética bastante - notable, y separando maliciosamente con una rayita dicha palabra, - escribiola de este modo: _ser-vil._ - -Existía aún en las cortes un tercer partido, de vacilante conducta, -y que inclinaba la balanza de las resoluciones al lado adonde se -arrimaba. Era este el de los americanos: unido por lo común con los -liberales, desamparábalos en algunas cuestiones de ultramar y siempre -que se quería dar vigor y fuerza al gobierno peninsular. - -A la cabeza de los liberales campeaba Don Agustín de Argüelles, -brillante en la elocuencia, en la expresión numeroso, de ajustado -lenguaje cuando se animaba, felicísimo y fecundo en extemporáneos -debates, de conocimientos varios y profundos, particularmente en lo -político, y con muchas nociones de las leyes y gobiernos extranjeros. -Lo suelto y noble de su acción, nada afectada, lo elevado de su -estatura, la viveza de su mirar, daban realce a las otras prendas que -ya le adornaban. Señaláronse junto con él en las discusiones, y eran -de su bando, entre los seglares Don Manuel García Herreros, Don José -María Calatrava, Don Antonio Porcel y Don Isidoro Antillón, afamado -geógrafo; los dos postreros entraron en las cortes ya muy avanzado el -tiempo de sus sesiones. También el autor de esta Historia tomó con -frecuencia parte activa en los debates, si bien no ocupó su asiento -hasta el marzo de 1811, y todavía tan mozo que tuvieron las cortes que -dispensarle la edad. - -Entre los eclesiásticos del mismo partido adquirieron justo renombre -Don Diego Muñoz Torrero, cuyo retrato queda trazado, Don Antonio -Oliveros, Don Juan Nicasio Gallego, Don José Espiga y Don Joaquín -de Villanueva, quien, en un principio incierto, al parecer, en sus -opiniones, afirmose después y sirvió al liberalismo de fuerte pilar con -su vasta y exquisita erudición. - -Contábanse también en el número de los individuos de este partido -diputados que nunca o rara vez hablaron, y que no por eso dejaban de -ser varones muy distinguidos. Era el más notable Don Fernando Navarro, -vocal por la ciudad de Tortosa, que habiendo cursado en Francia en la -universidad de la Sorbona, y recorrido diversos reinos de Europa y -fuera de ella, poseía a fondo varias lenguas modernas, las orientales -y las clásicas, y estaba familiarizado con los diversos conocimientos -humanos, siendo, en una palabra, lo que vulgarmente llamamos _un pozo -de ciencia_. Venían tras del Don Fernando los señores Ruiz Padrón y -Serra, eclesiásticos venerables, de quienes el primero había en otro -tiempo trabado amistad, en los Estados Unidos, con el célebre Franklin. - -Ayudaban asimismo sobremanera para el despacho de los negocios y en -las comisiones los señores Pérez de Castro, Luján, Caneja y Don Pedro -Aguirre, inteligente el último en comercio y materias de hacienda. - -No menos sobresalían otros diputados en el partido desafecto a las -reformas, ora por los conocimientos que les asistían, ora por el uso -que acostumbraban hacer de la palabra, y ora, en fin, por la práctica -y experiencia que tenían en los negocios. De los seglares merecerán -siempre entre ellos distinguido lugar Don Francisco Gutiérrez de la -Huerta, Don José Pablo Valiente, Don Francisco Borrull y Don Felipe -Aner, si bien este se inclinó a veces hacia el bando liberal. De los -eclesiásticos que adhirieron a la misma opinión anti-reformadora, deben -con particularidad notarse los señores Don Jaime Creus, Don Pedro -Inguanzo y Don Alonso Cañedo. Conviene, sin embargo, advertir que entre -todos estos vocales y los demás de su clase los había que confesaban la -necesidad de introducir mejoras en el gobierno, y aun pocos eran los -que se negaban a ciertas mudanzas, dando demasiadamente en ojos los -desórdenes que habían abrumado a España, para que a su remedio pudiese -nadie oponerse del todo. - -Entre los americanos divisábanse igualmente diputados sabios, -elocuentes y de lucido y ameno decir. Don José Mejía era su primer -caudillo, hombre entendido, muy ilustrado, astuto, de extremada -perspicacia, de sutil argumentación, y como nacido para abanderizar -una parcialidad que nunca obraba sino a fuer de auxiliadora y al son -de sus peculiares intereses. La serenidad de Mejía era tal, y tal el -predominio sobre sus palabras, que sin la menor aparente perturbación -sostenía a veces al rematar de un discurso lo contrario de lo que -había defendido al principiarle, dotado para ello del más flexible y -acabado talento. Fuera de eso, y aparte de las cuestiones políticas, -varón estimable y de honradas prendas. Seguíanle de los suyos, entre -los seglares, y le apoyaban en las deliberaciones, los señores Leiva, -Morales Duarez, Feliú y Gutiérrez de Terán. Y entre los eclesiásticos, -los señores Alcocer, Arispe, Larrazábal, Gordoa y Castillo, los dos -últimos a cual más digno. - -Apenas puede afirmarse que hubiera entre los americanos diputado que -ladease del todo al partido anti-reformador. Uníase a él en ciertos -casos, pero casi nunca en los de innovaciones. - -Este es el cuadro fiel que presentaban los diversos partidos de las -cortes, y estos sus más distinguidos corifeos y diputados. Otros -nombres, también honrosos, nos ocurrirán en adelante. Por lo demás, en -ningún paraje se conocen tan bien los hombres, ni se coloca cada uno -en su legítimo lugar, como en las asambleas deliberativas: son estas -piedra de toque, a la que no resisten reputaciones mal adquiridas. -En el choque de los debates se discierne pronto quién sobresale en -imaginación, quién en recto sentido, y cuál en fin es la capacidad -con que la naturaleza ha dotado respectivamente a cada individuo: la -naturaleza, que nunca se muestra tan generosa que prodigue a unos dones -perfectos intelectuales, ni tan mísera que prive del todo a otros de -alguno de aquellos inapreciables bienes. En nuestro entender, el mayor -beneficio de los gobiernos representativos consiste en descubrir el -mérito escondido, y en dar a conocer el verdadero y peculiar saber -de las personas, con lo que los estados consiguen a lo último ser -dirigidos, ya que no siempre por la virtud, al menos por manos hábiles -y entendidas, paso agigantado para la felicidad y progreso de las -naciones. Hubiérase en España sacado de este campo mies bien granada -si, al tiempo de recogerla, un ábrego abrasador no hubiese quemado casi -toda la espiga. - -[Sidenote: Remueven las cortes a los individuos de la primera regencia.] - -Mientras que las cortes andaban ocupadas en la discusión de la libertad -de imprenta, mudaron también las mismas los individuos que componían -el consejo de regencia. A ellas incumbía, durante la ausencia del -rey, constituir la potestad ejecutiva del modo que pareciera más -conveniente. De igual derecho habían usado las cortes antiguas en -algunas minoridades; de igual podían usar las actuales, mayormente -ahora que el príncipe cautivo no había tomado en ello providencia -determinada, y que la regencia elegida por la central lo había sido -hasta tanto que las cortes, ya convocadas, «estableciesen un gobierno -cimentado sobre el voto general de la nación.» - -Inasequible era que continuasen en el mando los individuos de dicha -regencia, ya se considerase lo ocurrido con el obispo de Orense, y ya -la mutua desconfianza que reinaba entre ella y las cortes, nacida de -las causas arriba indicadas, y de una providencia aún no referida que -pareció maliciosa, o hija de liviano e inexcusable proceder. - -[Sidenote: Causas de ello.] - -Fue esta una orden al gobernador de la plaza de Cádiz y al del consejo -real «para que se celase sobre los que hablasen mal de las cortes.» Los -diputados atribuyeron esmero tan cuidadoso al objeto de malquistarlos -con el público, y al pernicioso designio de que la nación creyese era -el congreso muy censurado en Cádiz. Las disculpas que la regencia -dio, lejos de disminuir el cargo, le agravaron; pues, habiendo dado -la orden reservadamente y en términos solapados, pudiera dudarse si -aquella disposición provenía de las cortes o de solo la potestad -ejecutiva. Los diputados anunciaron en público que miraban la orden -como contraria a su propio decoro, aspirando únicamente a merecer por -su conducta la aprobación de sus conciudadanos, en prueba de lo cual se -ocupaban en dar la libertad de la imprenta para que se examinasen los -procedimientos legislativos del gobierno con amplia y segura franqueza. - -Unido el incidente de esta orden a las causas anteriormente insinuadas -y a otras menos principales, decidiéronse por fin las cortes a -remover la regencia. Hiciéronlo no obstante de un modo suave y el -más honorífico, admitiendo la renuncia que de sus cargos habían al -principio hecho los individuos del propio cuerpo. - -[Sidenote: Nómbrase una nueva regencia de tres individuos.] - -Al reemplazarlos redujeron las cortes a tres el número de cinco, -y el 28 de octubre pasaron los sucesores a prestar en el salón el -juramento exigido, retirándose, en consecuencia, de sus puestos los -antiguos regentes. Había recaído la elección en el general de tierra -Don Joaquín Blake, en el jefe de escuadra Don Gabriel Císcar, y -en el capitán de fragata Don Pedro Agar; el último, como americano, -en representación de las provincias de ultramar. Pero de los tres -nombrados, hallándose los dos primeros ausentes en Murcia, y no -pareciendo conveniente que mientras llegaban gobernase solo Don Pedro -Agar, [Sidenote: Suplentes.] eligieron las cortes dos suplentes que -ejerciesen interinamente el destino, y fueron el general marqués del -Palacio y Don José María Puig, del consejo real. - -[Sidenote: Incidente del marqués del Palacio.] - -Este y el señor Agar prestaron el juramento lisa y llanamente, sin -añadir observación alguna. No así el del Palacio, quien expresó «juraba -sin perjuicio de los juramentos de fidelidad que tenía prestados al -señor Don Fernando VII.» Déjase discurrir qué estruendo movería en -las cortes tan inesperada cortapisa. Quiso el marqués explicarla; mas -para ello mandósele pasar a la barandilla. Allí, cuanto más procuró -esclarecer el sentido de sus palabras, tanto más se comprometió -perturbado su juicio y confundido. Insistiendo, sin embargo, el marqués -en su propósito, Don Luis del Monte, que presidía, hombre de condición -fiera al paso que atinado y de luces, impúsole respeto y le ordenó que -se retirase. Obedeció el marqués, quedando arrestado, por disposición -de las cortes, en el cuerpo de guardia. - -Con lo ocurrido diose solamente posesión de sus destinos, el mismo -día 28, a los señores Agar y Puig, quienes desde luego se pusieron -también las bandas amarillo-encarnadas, color del pabellón español y -distintivo ya antes adoptado para los individuos de la regencia. En el -día inmediato nombraron las cortes como regente interino, en lugar del -marqués del Palacio, al general marqués del Castelar, grande de España. -Los propietarios ausentes, Don Joaquín Blake y Don Gabriel Císcar, no -ocuparon sus sillas hasta el 8 de diciembre y el 4 del próximo enero. - -[Sidenote: Discusión que este motiva.] - -En las cortes enzarzose gran debate sobre lo que se había de hacer -con el marqués del Palacio. No se graduaba su porfiado intento de -imprudencia o de meros escrúpulos de una conciencia timorata, sino de -premeditado plan de los que habían estimulado al obispo de Orense en -su oposición. Hizo el acaso, para aumentar la sospecha, que tuviese -el marqués un hermano fraile, que, algún tanto entrometido, había -acompañado a dicho prelado en su viaje de Galicia a Cádiz, motivo por -el que mediaba entre ambos relación amistosa. Creemos, sin embargo, -que el desliz del marqués provino más bien de la singularidad de su -condición y de la de su mente, compuesto informe de instrucción y -preocupaciones que de amaños y anteriores conciertos. - -Entre los diputados que se ensañaron contra el del Palacio, hubo -algunos de los que comúnmente votaban del lado anti-liberal. Señalose -el señor Ros, ya antes severo en el asunto del obispo de Orense, y el -cual dijo en esta ocasión: «trátese al marqués del Palacio con rigor, -fórmesele causa, y que no sean sus jueces individuos del consejo real, -porque este cuerpo me es sospechoso.» - -[Sidenote: Término de este negocio.] - -Al fin, después de haber pasado el negocio a una comisión de las -cortes, se arrestó al marqués en su casa, y la regencia nombró para -juzgarle una junta de magistrados. Duró la causa hasta febrero, en -cuyo intermedio habiéndose disculpado aquel, escrito un manifiesto, y -mostrádose muy arrepentido, logró desarmar a muchos, y en particular a -sus jueces, quienes no dieron otro fallo sino «que el marqués estaba -en la obligación de volver a presentarse en las cortes, y de jurar en -ellas lisa y llanamente así para satisfacer a aquel cuerpo como a la -nación de cualquiera nota de desacato en que hubiese incurrido...» -En cumplimiento de esta decisión pasó dicho marqués el 22 de marzo a -prestar en las cortes el juramento que se le exigía, con lo que se -terminó un negocio, solo al parecer grave por las circunstancias y -tiempos en que pasó, y quizá poco atendible en otros, como todo lo que -se funda en explicaciones y conjeturas acerca del modo de pensar de los -individuos. - -[Sidenote: Ciertos acontecimientos ocurridos durante la primera -regencia y breve noticia de los diferentes ramos.] - -Ahora, antes de proseguir en nuestra tarea, será bien que nos -detengamos a echar una ojeada sobre varias medidas que tomó la última -regencia, y sobre acaecimientos que durante su mando ocurrieron, y de -los que no hemos aún hecho memoria. - -En la parte diplomática casi se habían mantenido las mismas relaciones. -Limitábanse las más importantes a las de Inglaterra, cuya potencia -había enviado en abril de ministro plenipotenciario a Sir Enrique -Wellesley, hermano del marqués y de Lord Wellington. Consistieron -las negociaciones principales en lo que se refería a subsidios, no -habiéndose empeñado aún ninguna esencial acerca de las revueltas -que iban sobreviniendo en ultramar. La Inglaterra, pronta siempre a -suministrar a España armas, municiones y vestuario, escatimaba los -socorros en dinero, y al fin los suprimió casi del todo. - -Viendo que cesaban los donativos de esta clase, pensose en efectuar -empréstitos bajo la protección y garantía del mismo gobierno inglés. -La central había pedido uno de 50.000.000 de pesos que no se realizó: -la regencia, al principio, otro de 10.000.000 de libras esterlinas que -tuvo igual suerte; mas como la razón dada para la negativa por el -gabinete británico se fundó en que la suma era muy cuantiosa, rebajola -la regencia a 2.000.000. No por eso fue esta demanda en sus resultas -más afortunada que las anteriores, pues en agosto contestó el ministro -Wellesley:[*] [Sidenote: (* Ap. n. 13-9.)] «que siendo grandísimos los -subsidios que había prestado la Inglaterra a España en dinero, armas, -municiones y vestuario, a fin de que la nación británica apurada ya -de medios, siguiese prestando a la española los muchos que todavía -necesitaba para concluir la grande obra en que estaba empeñada, -parecía justo que en recíproca correspondencia franquease su gobierno -el comercio directo desde los puertos de Inglaterra con los dominios -españoles de Indias bajo un derecho de 11 por 100 sobre factura; en -el supuesto que esta libertad de comercio solo tendría lugar hasta -la conclusión de la guerra empeñada entonces con la Francia.» Don -Eusebio de Bardají, ministro de estado, respondió [mereciendo después -su réplica la aprobación del gobierno]: «que no podría este admitir -la propuesta sin concitar contra sí el odio de toda la nación, a la -que se privaría, accediendo a los deseos del gobierno británico, -del fruto de las posesiones ultramarinas, dejándola gravada con el -coste del empréstito que se hacía para su protección y defensa.» Aquí -quedaron las negociaciones de esta especie, no yendo más adelante otras -entabladas sobre subsidios. - -[Sidenote: Monumento mandado erigir por las cortes a Jorge III. (* Ap. -n. 13-10.)] - -Las cortes, con todo, para estrechar los vínculos entre ambas naciones, -resolvieron en 19 de noviembre [*] que «se erigiese un monumento -público al rey del reino unido de la Gran Bretaña e Irlanda, Jorge III, -en testimonio del reconocimiento de España a tan augusto y generoso -soberano.» Lo apurado de los tiempos no permitió llevar inmediatamente -a efecto esta determinación, y los gobiernos que sucedieron a las -cortes tampoco la cumplieron, como suele acontecer con los monumentos -públicos cuya fundación se decreta en virtud de circunstancias -particulares. - -Motejaron algunos a la primera regencia que hubiese permitido la -entrada de las tropas inglesas en Ceuta, y motejáronla no con justicia, -puesto que admitidas en Cádiz no había razón para mostrarse tan -recelosa respecto de la otra plaza. Y bueno es decir que aquella -regencia tampoco accedía fácilmente en muchos casos a todo lo que los -extranjeros deseaban. Lo hemos visto en lo del empréstito, y viose -antes en otro incidente que ocurrió al principiar junio. Entonces el -embajador Wellesley pidió permiso para que Lord Wellington pudiese -enviar ingenieros que fortificasen a Vigo y las islas inmediatas de -Bayona, a fin de que el ejército inglés tuviese aquel refugio en caso -de alguna desgracia que le forzase a retirarse del lado de Galicia. -Respondió la regencia que ya, por orden suya, se estaban fortaleciendo -las mencionadas islas, y que en cualquiera contratiempo sería recibido -allí Lord Wellington y su ejército tan bien como en las otras partes -del territorio español, y con el agasajo y cariño debidos a tan -estrechos aliados. - -[Sidenote: Sigue la relación de algunos acontecimientos ocurridos -durante la primera regencia.] - -Púsose igualmente, bajo la dependencia del ministerio de Estado, una -correspondencia secreta que se organizó en abril, con mayor cuidado -y diligencia que anteriormente, a las órdenes de Don Antonio Ranz -Romanillos, magistrado hábil y despierto, quien estableció cordones -de comunicación por los puntos que ocupaban los enemigos, estando -informado diaria y muy circunstanciadamente de todo lo que pasaba hasta -en lo íntimo de la corte del rey intruso. - -Por aquí también se despacharon las instrucciones dadas a una comisión -puesta en el mismo abril a cargo del marqués de Ayerbe. Enlazábase esta -con la libertad de Fernando VII, y habíase ya tratado de ello con el -arzobispo de Laodicea, último presidente de la central, con el duque -del Infantado y el marqués de las Hormazas. Presumimos que traía este -asunto el mismo origen que el del barón de Kolly, sin tener resultas -más felices. El de Ayerbe salió de Cádiz en el bergantín Palomo, con -2.000.000 de reales, metiose después en Francia, y no consiguiendo nada -allí, tuvo la desgracia al volver de ser muerto en Aragón por unos -paisanos que le miraron como a hombre sospechoso. - -En junio propuso el gobierno inglés al español entrar en un concierto -de canje de prisioneros, de que se estaba tratando con Francia. Las -negociaciones para ello se entablaron, principalmente en Morlaix entre -Mr. Mackenzie y Mr. de Moustier. Tenían los franceses en Inglaterra -unos 50.000 prisioneros, y no pasaban de 12.000 los ingleses que había -en Francia, ya de la misma clase, ya de los detenidos arbitrariamente -por la policía al empezar las hostilidades en 1802. De consiguiente, -queriendo el gabinete británico, según un proyecto de ajuste que -presentó en 23 de septiembre, canjear _hombre por hombre_ y _grado -por grado_, hacíase indispensable que formasen parte en el convenio -España y los demás aliados de Inglaterra. Mas Napoleón, que no se -curaba de llevar a cabo la negociación sobre aquella base, y quizá -tampoco bajo otra ninguna admisible, pedía que se le volviesen a bulto -los prisioneros suyos de guerra en cambio de los ingleses, ofreciendo -entregar _después_ los prisioneros españoles. La negociación, por -tanto, continuada sin fruto, se rompió del todo antes de finalizar -el año de 1810. Y fue en ella de notar lo desvariado a veces de -la conducta del comisario francés, Mr. de Moustier, que quería se -considerase prisionero de guerra al ejército inglés de Portugal: Mr. -de Moustier, el mismo que, tiempos adelante, embajador en España de -Carlos X de Francia, se mostró muy adicto a las doctrinas del más puro -y exaltado realismo. - -[Sidenote: (* Ap. n. 13-11.)] - -Manejada la hacienda por la junta [*] de Cádiz desde el 28 de enero, -día de su instalación, no ofreció aquel ramo en su forma variación -sustancial hasta el 31 de octubre, en que se rescindió el contrato o -arreglo hecho con la regencia en 31 de marzo anterior. Las entradas que -tuvo la junta durante dicho tiempo pasaron de 351.000.000 de reales. -De ellas, en rentas del distrito, unos 84; en donativos e imposiciones -extraordinarias de la ciudad, 17; en préstamos y otros renglones -[inclusas 249.000 libras esterlinas del embajador de Inglaterra], 54; -y en fin, más de 195 procedentes de América, siendo de advertir que en -esta cantidad se contaban 27 millones que pertenecían a particulares -residentes en país ocupado, y de cuya suma se apoderó la junta bajo -calidad de reintegro: tropelía que cometió sin que la desaprobase la -regencia, muy contra razón. Invirtiéronse de los caudales recibidos -más de 92.000.000 en la defensa y atenciones del distrito, más de 146 -en los gastos generales de la nación, y enviáronse a las provincias -unos 112, en cuya enumeración, así de la data como del cargo, hemos -suprimido los picos para no recargar inútilmente la narración. Las -rentas de las demás partes de España se consumieron dentro de su -respectivo territorio, aprontando los naturales en suministros lo que -no podían en dinero. - -Circunscribiose la primera regencia, en cuanto a crédito público, a -nombrar en 19 de febrero una comisión de tres individuos que examinase -el asunto y preparase un informe, encargo que desempeñó cumplidamente -Don Antonio Ranz Romanillos, sin que se tomase, en su consecuencia, -sobre la materia resolución alguna. - -En 24 de mayo, antes de entrar el obispo de Orense en la regencia, -decidió esta que se reservase para las urgencias públicas la mitad -del diezmo, providencia osada y que no se avenía con el modo de -pensar de aquel cuerpo en otras cuestiones. Así fue que pasó como -relámpago, anulándose en breve, y en virtud de representación de varios -eclesiásticos y prelados. - -El ejército, que al tiempo de instalarse la regencia, estaba en muchas -partes en casi completa dispersión, fuese poco a poco reuniendo. -En junio contaba ya 140.000 hombres, y creció su número hasta unos -170.000. No dejó para ello de tomar la regencia sus providencias, -particularmente en la Isla de León; pero lejos de allí debiose más el -aumento al espíritu que animaba a los soldados y a la nación entera que -a enérgicas disposiciones del gobierno central, mal colocado, además, -para tener un influjo directo y efectivo. - -Una de las buenas medidas de esta regencia fue introducir en el -ejército el estado mayor general. Sugirió la idea Don Joaquín Blake -cuando mandaba en la Isla. Por medio de dicho establecimiento se -aseguraron las relaciones mutuas entre todos los ejércitos, y se -facilitó la combinación de las operaciones, pudiendo todas partir de -un centro común. Según la antigua ordenanza, desempeñaban aisladamente -las facultades propias de dicho cuerpo el cuartel maestre y los -mayores generales de infantería, caballería y dragones, desavenidos a -veces entre sí. Blake formó el plan que, aprobado por el gobierno, -se circuló en 9 de junio, quedando nombrado el mismo general jefe del -nuevo estado mayor, plantel en lo sucesivo de excelentes y benémeritos -militares. - -Desde el principio del levantamiento, fija en el ejército toda la -atención, habíase desatendido la marina, sirviendo en tierra muchos -de sus oficiales. Pero arrinconado el gobierno en Cádiz, hízose -indispensable el apoyo de la armada, no queriendo depender del todo de -la de los ingleses. - -Las fragatas y navíos que necesitaban entrar en dique, o no se podían -armar por falta de tripulaciones, se destinaron a Mahón y la Habana. -Los otros cruzaron en el Mediterráneo o en el océano, y traían o -llevaban auxilios de armas, municiones, víveres, caudales y aun tropa. -Los buques menores y la fuerza sutil, además de defender la bahía de -Cádiz, la Carraca y los caños de la Isla, contribuían a sostener el -cabotaje, defendiendo los barcos costaneros de las empresas de varios -corsarios que se anidaban, con perjuicio de nuestra navegación, en -Sanlúcar, Málaga y varias calas de la Andalucía. - -Por lo que respecta a tribunales, si bien, según dijimos, había la -regencia restablecido, con gran desacierto, todos los consejos, justo -es no olvidar que también antes había abolido acertadamente el tribunal -de vigilancia y seguridad, fundado por la central para los casos de -infidencia. En 16 de junio desapareció dicha institución, que por haber -sido comisión criminal extraordinaria merece vituperarse, pasando su -negociado a la audiencia territorial. Ya manifestamos que los jueces -de aquel primer cuerpo no se habían mostrado muy rigurosos, siendo -quizá menos que sus sucesores, quienes condenaron a muerte al abogado -Don Domingo Rico Villademoros, del tribunal criminal del intruso -José, cogido en Castilla por una partida, y que en consecuencia de la -sentencia dada contra su persona padeció en Cádiz la pena de garrote. -Doloroso suceso, aunque el único que de esta clase hubo por entonces -en Cádiz, al paso que en Madrid los adictos al gobierno intruso se -encrudecían a menudo en los patriotas. - -Recorrido habemos, ahora y anteriormente, los hechos más notables de -la primera regencia, y de ellos se colige que esta, a pesar de sus -defectos y amor a todo lo que era antiguo, no por eso dejó las cosas en -peor postura de aquella en que las había encontrado; si bien pendió en -parte tal dicha de la corta duración de su gobierno, y de no poder el -mal ir más allá a no haberse rendido al enemigo, villanía de que eran -incapaces los primeros regentes, hombres los más, si no todos, de honra -y cumplida probidad. - -[Sidenote: Modo de pensar de los nuevos regentes.] - -Los nuevos regentes se inclinaban al partido reformador. De D. Joaquín -Blake y de sus calidades como general hemos hablado ya en diversas -ocasiones; tiempo vendrá de examinar su conducta en el puesto de -regente. Los otros dos gozaban fama de marinos sabios, en especial Don -Gabriel Císcar, dotado también de carácter firme, distinguiéndose todos -tres por su integridad y amor a la justicia. - -[Sidenote: Varios decretos de las cortes.] - -Las cortes proseguían sin interrupción en la carrera de sus trabajos -y reformas. A propuesta del señor Argüelles, decretaron [*] -[Sidenote: (* Ap. n. 13-12.)] en 1.º de diciembre que se suspendiese -el nombramiento de todas las prebendas eclesiásticas, excepto las -de oficio y las que tuviesen anexa cura de almas. Al principio -comprendiéronse en la resolución las provincias de ultramar, mas -después se excluyeron, no queriendo por entonces disgustar al clero -americano, de mayor influjo entre aquellos pueblos que el de la -península entre los de acá. - -[Sidenote: (* Ap. n. 13-13.)] - -El 2 del mismo mes,[*] en virtud de proposición del señor Gallego, -rebajáronse los sueldos, mandando que ningún empleado disfrutase de más -de 40.000 reales vellón, fuera de los regentes, ministros del despacho, -empleados en cortes extranjeras, y generales del ejército y armada en -servicio activo. Ya antes se había establecido, hasta para los sueldos -inferiores a 40.000 reales, una escala de disminución proporcional, -no cobrando tampoco los secretarios del despacho más allá de 120.000 -reales. Se modificaron alguna vez estas providencias, pero siempre -en favor de la economía y buen orden, como era justo, y más entonces, -apurado el erario, y con tantas obligaciones en el ramo de la guerra, -atendido con preferencia a otro alguno. - -Experimentaron alivio en sus persecuciones muchos individuos arrestados -arbitrariamente por la primera regencia o por los tribunales, ordenando -que se activasen las causas y que se hiciesen visitas de cárceles. -Las cortes, en medidas de esta clase, nunca mostraron diversidad de -opinión. Así, quien primero insistió en la visita de cárceles fue el -señor Gutiérrez de la Huerta, expresando que «en ella se descubrirían -muchos inocentes.» Porque el mal de España no consistía precisamente en -los fallos crueles y frecuentes, sino en las prisiones arbitrarias y en -su indefinida prolongación. - -[Sidenote: Nómbrase una comisión especial para formar un proyecto de -constitución.] - -Aunque ocupadas en estas y otras providencias del momento y urgentes, -no olvidaron tampoco las cortes pensar en aquellas que en lo futuro -debían afianzar la suerte y libertad de España. Rever las franquezas -y fueros de que habían gozado antiguamente los diversos pueblos -peninsulares, mejorándolos, uniformándolos y adaptándolos al estado -actual de la nación y del mundo, había sido uno de los fines de la -convocación de cortes y del cual nunca prescindieron estas. Por tanto, -el 23 de diciembre, y conforme a una propuesta de Don Antonio Oliveros -hecha el 9, nombrose una comisión[2] especial que preparase un proyecto -de constitución política de la monarquía. En ella entraron europeos de -las diversas opiniones que había en las cortes y varios americanos. - - [2] Los nombrados fueron: europeos, Don Diego Muñoz Torrero, Don - Agustín de Argüelles, Don José Pablo Valiente, Don Pedro María Ric, - Don Francisco Gutiérrez de la Huerta, Don Evaristo Pérez de Castro, - Don Alonso Cañedo, Don José Espiga, Don Antonio Oliveros, Don - Francisco Rodriguez de la Bárcena; americanos, Don Vicente Morales - Duarez, Don Joaquín Fernández de Leiva, Don Antonio Joaquín Pérez; y - entraron después Don Andrés de Jáuregui, diputado por la ciudad de la - Habana, y Don Mariano Mendiola, por Querétaro. Agregose de fuera a - Don Antonio Ranz Romanillos, del consejo de hacienda, ocupado ya en - Sevilla por la central en igual trabajo. - -[Sidenote: Voces acerca de si se casaba o no en Francia Fernando VII.] - -Por el mismo tiempo confundiéronse también los diferentes y opuestos -modos de sentir en una discusión ardua, trabada en asunto que de cerca -tocaba a Fernando VII. De resultas de la correspondencia inserta en -el _Monitor_ en este año de 1810, en la que había cartas sumisas a -Napoleón del rey cautivo, esparciose por España que se trataba de unir -a este con una princesa de la familia imperial, y de restituirle, así -enlazado, al trono de sus abuelos, bajo la sombra y protección del -emperador de los franceses, y con condiciones contrarias al honor -e independencia de la nación. A haberse realizado semejante plan -siguiéranse consecuencias graves, y quizá por este medio, mejor que por -ningún otro, hubiera alcanzado el extranjero la completa supeditación -de España. Mas, por dicha, el proyecto no convenía a la indomeñable -alma de Napoleón, no sujeto a mudar de consejo ni a alterar una primera -resolución. - -[Sidenote: Proposiciones de los señores Capmany y Borrull sobre la -materia.] - -Movido de tales voces Don Antonio Capmany, centinela siempre despierto -contra todo lo que tirase a menoscabar la independencia nacional, -había en 10 de diciembre formalizado la proposición siguiente: «Las -cortes generales y extraordinarias, deseosas de elevar a ley la máxima -de que en los casamientos de los reyes debe tener parte el bien de -los súbditos, declaman y decretan: Que ningún rey de España pueda -contraer matrimonio con persona alguna, de cualquiera clase, prosapia -y condición que sea, sin previa noticia, conocimiento y aprobación de -la nación española, representada legítimamente en las cortes.» También -el señor Borrull hizo otra proposición sobre el asunto, aunque en -términos más generales, pues decía: «Que se declaren nulos y de ningún -valor ni efecto cualesquiera actos o convenios que ejecuten los reyes -de España estando en poder de los enemigos, y puedan causar algún -perjuicio al reino.» - -Amigos de las reformas, los contrarios a ellas, americanos, europeos, -todos los diputados, en una palabra, concurrieron a dar su asenso a la -mente, ya que no a la letra, de ambas proposiciones, cuya discusión -se entabló el 29 de diciembre: unidad hija del amor que había por la -independencia, ante la cual callaban las demás pasiones. - -[Sidenote: Discusión. (* Ap. n. 13-14.)] - -El mismo señor Borrull [*] decía entonces: «En el fuero de Sobrarbe, -que regía a los aragoneses y navarros, fue establecido que los reyes -no pudieran declarar guerras, hacer paces, treguas, ni dar empleos sin -el consentimiento de doce ricos-homes, y de los más sabios y ancianos. -En Castilla se estableció también, en todas las provincias de aquel -reino, que los hechos arduos y asuntos graves se hubiesen de tratar en -las mismas cortes, y así se ejecutaba, y de otro modo eran nulos y de -ningún valor y efecto semejantes tratados. Así que, atendiendo a la ley -antigua y fundamental de la nación y a estos hechos, cualquiera cosa -que resulte en perjuicio del reino debe ser de ningún valor... Esta -aprobación nacional debe servir siempre a los reyes como una barrera -contra los esfuerzos extraordinarios de sus enemigos porque, sabiendo -los reyes que sus caprichos no han de ser admitidos por el estado, se -abstendrán de entrar en ellos...» - -De la misma bandera anti-liberal que el señor Borrull era Don José -Pablo Valiente, y, sin embargo, no solo aprobaba las proposiciones -sino que deseaba fuesen más claras y terminantes. «Podría suceder muy -bien, decía, que nuestro incauto, sencillo y cándido príncipe, sin la -experiencia que da el mundo, se presentase con una princesa joven para -sentarse tranquilamente en el trono. Y entonces las cortes acertarían -en determinar que no fuese admitido, porque este matrimonio de ningún -modo puede convenir a España... Sea o no casado Fernando, nunca le -admitiremos que no sea para hacernos felices...» - -Hablaron en igual sentido otros diputados de la misma opinión. Los de -la contraria, como los señores Argüelles, Oliveros, Gallego y otros, -pronunciaron también extensos y notables discursos. Entre ellos el -señor García Herreros se expresaba así: «Desde el principio han estado -los reyes sujetos a las leyes que les ha dictado la nación... Esta -les ha prescrito sus obligaciones y les ha señalado sus derechos, -declarando nulo de antemano cuanto en contrario hagan. La Ley 29, tít. -11 de la Partida 3.ª dice: _si el rey jurase alguna cosa que sea en -daño o menoscabo del reino, non es tenido de guardar tal jura como -esta_. Siempre ha podido la nación reconvenirles sobre el mal uso del -poder, y a ese efecto dice la ley 10, tít. 1.º, Partida 2.ª: _Que si -el rey usase mal de su poderío le puedan decir las gentes tirano e -tornarse el señorío que era de derecho en torticero_... Los que se -escandalizan de oír que la nación tiene derecho sobre las personas -y acciones de sus monarcas, y que puede anular cuanto hagan durante -su cautiverio, repasen los fragmentos de leyes que he citado, lean -las leyes fundamentales de nuestra monarquía desde su origen, y si -aun así no se convencen de la soberanía de la nación, de que esta no -es patrimonio de los reyes, y de que en todos tiempos la ley ha sido -superior al rey, crean que nacieron para esclavos y que no deben ser -miembros de esta nación, que jamás reconocerá otras obligaciones que -las que ella misma se imponga...» Todo este discurso, del cual no -copiamos sino una parte, llevaba el sello de la rígida y profunda -severidad del orador, de condición muy desenfadada, claro y desembozado -en su estilo, y de extensos conocimientos en nuestra legislación e -historia de las cortes antiguas, como procurador que había sido de los -reinos. - -No quedaron atrás en la discusión los americanos, compitiendo con los -europeos en ciencia y resolución, señaladamente los señores Mejía y -Leiva. Merece asimismo entre ellos particular memoria Don Dionisio Inca -Yupanqui, diputado por el Perú, verdadero vástago de la antigua y real -familia de los Incas, pintándose todavía en su rostro el origen indiano -de donde procedía. Dijo, pues, el Don Dionisio: «Órgano de la América -y de sus deseos [y en verdad ¿quién podría serlo con más justicia?], -declaro a las cortes que sin la libertad absoluta del rey en medio de -su pueblo, la total evacuación de las plazas y territorio español, -y sin la completa integridad de la monarquía, no oirá la América -proposiciones o condiciones del tirano Napoleón, ni dejará de sostener -con todo fervor los votos y resoluciones de las cortes.» - -En fin, después de unos debates muy luminosos, que duraron por espacio -de cuatro días, y teniendo presentes las proposiciones de los señores -Capmany y Borrull, y otras indicaciones que se hicieron, extendió el -señor Pérez de Castro un decreto que se aprobó en estos términos el -1.º de enero de 1811: «Las cortes generales y extraordinarias, en -conformidad de su decreto de 24 de septiembre del año próximo pasado, -en que declararon nulas y de ningún valor las renuncias hechas en -Bayona por el legítimo rey de España y de las Indias, el señor Don -Fernando VII, no solo por falta de libertad, sino también por carecer -de la esencialísima e indispensable circunstancia del consentimiento de -la nación, declaran que no reconocerán, y antes bien tendrán y tienen -por nulo y de ningún valor ni efecto todo acto, tratado, convenio o -transacción, de cualquiera clase y naturaleza que hayan sido o fueren -otorgados por el rey mientras permanezca en el estado de opresión y -falta de libertad en que se halla, ya se verifique su otorgamiento en -el país enemigo, o ya dentro de España, siempre que en este se halle -su real persona rodeada de las armas, o bajo el influjo directo o -indirecto del usurpador de su corona; pues jamás le considerará libre -la nación, ni le prestará obediencia, hasta verle entre sus fieles -súbditos, en el seno del congreso nacional que ahora existe o en -adelante existiere, o del gobierno formado por las cortes. Declaran, -asimismo, que toda contravención a este decreto será mirada por la -nación como un acto hostil contra la patria, quedando el contraventor -responsable a todo el rigor de las leyes. Y declaran, por último, las -cortes que la generosa nación a quien representan no dejará un momento -las armas de la mano, ni dará oídos a proposición de acomodamiento o -concierto de cualquiera naturaleza que fuese, como no preceda la total -evacuación de España y Portugal por las tropas que tan inicuamente las -han invadido; pues las cortes están resueltas, con la nación entera, a -pelear incesantemente hasta dejar asegurada la religión santa de sus -mayores, la libertad de su amado monarca y la absoluta independencia e -integridad de la monarquía.» La votación de este decreto fue nominal, -y resultó unánime su aprobación por ciento catorce diputados que se -hallaron presentes, en cuyo número contábanse ya propietarios venidos -de América. Las cortes, celebrando de este modo entradas de año, puede -afirmarse, sin parcial ni exagerado afecto, que se encumbraron en -aquella ocasión a par del senado romano en sus mejores tiempos. - -[Sidenote: Nuevas discusiones sobre América.] - -Volvieron durante estos meses a ocupar a las cortes diversas veces las -provincias de ultramar. Estimulaban a ello sus diputados y el deseo de -hacer el bien de aquellas regiones, como también el de apagar el fuego -insurreccional que cundía y se aumentaba. - -Llegó al Paraguay y al Tucumán, propagado por Buenos Aires. Lo mismo -a Chile, en donde por dicha, haciendo a tiempo dimisión de su empleo -el brigadier Carrasco que allí mandaba, y reemplazado por el conde de -la Conquista, no se desconoció la autoridad suprema de la península, -aunque ya caminaba aquel país por pendiente resbaladiza. - -[Sidenote: Alborotos en Nueva España.] - -Más recias y de consecuencias peores aparecieron las revueltas de -Nueva España. Empezaron ya a temerse desde el tiempo del virrey Don -José Iturrigaray, a quien depusieron el 16 de septiembre de 1809 los -europeos avecindados en aquel reino, sospechándole de confabulación -con los criollos, y autorizados para ello por la audiencia. Y aunque -es cierto que dicho Iturrigaray fue absuelto de toda culpa en la causa -que de resultas se le formó en Europa, quedaron, sin embargo, contra él -en pie vehementísimos indicios de haber querido establecer un gobierno -independiente, poniéndose él mismo a la cabeza. Nombró la central, para -suceder a este en el cargo de virrey, al arzobispo Don Francisco Javier -de Lizana, anciano, débil, y juguete de pasiones ajenas. - -El ejemplo que se había dado en desposeer a Iturrigaray, aunque con -recto fin, la pobreza de ánimo del arzobispo virrey, y por último, los -desastres de España en 1810, dieron osadía a los descontentos para -declararse abiertamente en septiembre de este año. Quien primero se -presentó como caudillo fue un clérigo por lo general desconocido: su -nombre, Don Miguel Hidalgo de la Costilla, cura de la población de -Dolores, en los términos de la ciudad de Guanajuato. Instruido en las -materias de su profesión, no desconocía la literatura francesa, y era -hombre sagaz, de buen entendimiento y modales cultos. Odió siempre a -los españoles, y empezó a tramar conspiración después de unas vistas -que tuvo con un general francés enviado por Napoleón para abogar en -favor de su hermano José, y a quien prendieron en provincias internas, -y llevaron en seguida a la ciudad de Méjico. - -Hidalgo sublevó a los indios y mulatos, y entró con ellos el 16 de -septiembre en el pueblo de su feligresía, y obrando de acuerdo con los -capitanes del provincial de la reina Don Ignacio Allende y Don Juan -Aldama, llegó a San Miguel el Grande, donde se le unió dicho regimiento -casi en su totalidad. Engrosado cada día más el cuerpo de Hidalgo, -prosiguió este adelante «prorrumpiendo en vivas a Fernando VII y muerte -a los gachupines», nombre que allí se da a los europeos. Llevaban los -amotinados un estandarte con la imagen de la Virgen de Guadalupe, -tenida en gran veneración por los indios: obligados los jefes a cubrir -aquí, como en lo demás de América, sus verdaderos intentos bajo el -manto de la religión y de fidelidad al rey. - -Avanzaron de este modo Hidalgo y sus parciales, consiguiendo en -breve apoderarse de Guanajuato, una de las poblaciones más ricas y -opulentas a causa de las minas que en su territorio se labran. El 18 -de octubre extendiéronse los sublevados hasta Valladolid de Mechoacán, -y reinando en Méjico gran fermentación, parecía casi seguro el triunfo -de aquellos, si por entonces, y muy a tiempo, no hubiese aportado -de Europa Don Francisco Javier Venegas, nombrado virrey en lugar -del arzobispo. Tan oportuna llegada comprimió el mal ánimo de los -descontentos dentro de la ciudad, y tomándose para lo de afuera activas -providencias, se paró el golpe que de tan cerca amagaba. - -Hidalgo, viniendo por el camino de Toluca, hallábase ya a 14 leguas de -Méjico, cuando le salió al encuentro con 1500 hombres el coronel Don -Torcuato Trujillo, enviado por Venegas; corto número el de su gente si -se compara con la que acompañaba a Hidalgo, allegadiza en verdad, pero -que al cabo pudiera llevar ventaja por su muchedumbre a los soldados -veteranos del jefe español. - -Avistáronse ambas partes en el monte de las Cruces, y empeñose vivo -choque, costoso para todos, y de cuyas resultas el coronel Trujillo, -aunque victorioso, juzgó prudente, a causa del gran golpe de enemigos, -retroceder por la noche a Méjico, en donde con su llegada creció en -unos la zozobra, y en otros renació la esperanza. - -De nuevo estaba comprometida la suerte de aquella ciudad, y quizá sin -remedio, si Don Félix Calleja no la hubiera sacado del apuro. Era este -jefe comandante de la brigada de San Luis de Potosí, y al saber la -marcha de Hidalgo sobre Méjico, siguiole la huella con 3000 hombres de -buenas tropas. No descorazonado por eso el clérigo general, sino antes -animoso con la retirada de Trujillo del monte de las Cruces, revolvió -contra Calleja, y encontrole cerca de Aculco el 7 de noviembre. -Trabose desde luego pelea entre las fuerzas contrarias, y quedaron los -insurgentes del todo desbaratados. - -Mas poco después, habiéndoseles dado tiempo, se rehicieron, y tuvo -Calleja que embestirles otra vez y en varias acciones. De estas, la -principal y que acabó, por decirlo así, con Hidalgo, diose el 17 -de enero de 1811 en el puente llamado de Calderón, provincia de -Guadalajara. Aquel jefe y sus adherentes tuvieron en consecuencia que -refugiarse en provincias internas, en donde cogidos el 21 de marzo -inmediato, mandóseles arcabucear. - -Hacia la costa del mar del sur, en la misma Nueva España, apareció -también otro clérigo llamado Don José María Morelos, ignorante, -feroz, en sus costumbres estragado y sin recato alguno, pero audaz -y propio para tales empresas. Con todo, tuvo al fin, si bien largo -tiempo después, la misma y desgraciada suerte de Hidalgo, habiendo -él y otros jefes trabajado mucho la tierra, y alimentado el fuego de -la insurrección, mal encubierto aún en las provincias tranquilas. Lo -que perjudicó a los levantados de Méjico, y tal vez los perdió por -entonces, fue que no empezaron su movimiento en la capital, quedando, -por tanto, en pie para contenerlos la autoridad central de los -españoles. En Venezuela y Buenos Aires sucedió al contrario, y así -desde el primer día apareció en aquellas provincias más asegurada la -causa de los independientes. - -La guerra que se encendió en Méjico al tiempo de levantarse Hidalgo, -fue guerra a muerte contra los europeos, quienes a su vez procuraron -desquitarse. Los estragos, de consiguiente, gravísimos, y los -daños para España sin cuento, pues aumentándose los desembolsos, y -disminuyéndose las entradas con las turbulencias y con la ruina causada -en las minas, sobre todo de Guanajuato y Zacatecas, tuvieron que -emplearse en aquellos países los recursos que de otro modo hubieran -venido a Europa para ayuda de la guerra peninsular. - -Las cortes, aquejadas con los males de América, se esforzaron por -calmarlos acudiendo a medidas legislativas, que eran las de su -competencia. Discutiose largamente en diciembre y enero sobre dar -a ultramar igual representación que a España. Los diputados de -aquellas provincias pretendieron fuese la concesión para las cortes -que entonces se celebraban. [Sidenote: Decretos en favor de aquellos -países.] Pero atendiendo a que por la mayor parte se habían efectuado -en ultramar las elecciones hechas por los ayuntamientos con arreglo -a lo prevenido por la regencia, y a que cuando llegasen los elegidos -por el pueblo teniendo que venir de tan enormes distancias, habrían -cesado ya probablemente los actuales diputados en su ministerio, -ciñose el congreso a declarar,[*] [Sidenote: (* Ap. n. 13-15.)] en 9 -de febrero de 1811, «que la representación americana, en las cortes -que en adelante se celebrasen, sería enteramente igual en el modo y -forma a la que se estableciese en la península, debiéndose fijar en la -constitución el arreglo de esta representación nacional sobre las bases -de la perfecta igualdad, conforme al decreto de 15 de octubre.» - -Se mandó asimismo entonces que los naturales y habitantes de aquellas -regiones pudieran cultivar y sembrar cuanto quisieran, pues había -frutos como la viña y el olivo que estaba prohibido beneficiar. Veda -que en muchos parajes no se cumplía, y que no era tan rigurosa como -la del tabaco en la España europea, adoptada en gran parte la última -medida en favor de los plantíos de aquella producción en América. Diose -también opción para toda clase de empleos y destinos a los criollos, -indios e hijos de ambas clases como si fueran europeos. - -Tampoco tardó en eximirse a los indígenas de toda la América del -tributo que pagaban, y aun de abolirse los repartimientos abusivos que -consentía la práctica en algunos distritos. La misma suerte cupo a la -_mita_ o trabajo forzado de los indios en las minas, prohibida en Nueva -España hacía muchos años, y solo permitida en algunas partes del Perú. - -Así que las cortes decretaron sucesivamente para la América todo -lo que establecía igualdad perfecta con Europa; pero no decretando -la independencia poco adelantaron, pues los promovedores de las -desavenencias nunca, en realidad, se contentaron con menos, ni -aspiraban a otra cosa. - -[Sidenote: Providencias en materia de guerra y hacienda.] - -En hacienda y guerra es en lo que en un principio no se ocuparon mucho -las cortes, y no faltó quien por ello las criticase. Pero en estos -ramos deben distinguirse las medidas permanentes de las transitorias, -y que solo reclaman premiosas circunstancias. Las primeras requieren -tiempo y madurez para escoger las más convenientes, teniendo que -ajustar las alteraciones a antiguos hábitos, señaladamente en materia -de contribuciones, en las que hay que chocar con los intereses de todas -las clases sin excepción, y con intereses a que el hombre suele estar -muy apegado. - -Las segundas toca en especial el promoverlas a la potestad ejecutiva: -ella conoce las necesidades, y en ella residen los datos y la razón -de las entradas y salidas. El tener entendido la primera regencia que -sería pronto removida, no la estimuló a ocuparse con ahínco en el -asunto, y la que le sucedió en el mando, no hallándose, digámoslo así, -del todo formada hasta primeros de enero, por ausencia de dos de los -regentes, no pudo tampoco al principio poner en ello toda la diligencia -necesaria. Además, pedía tiempo el penetrarse del estado del ejército, -del de los pueblos y de su gobernación; tarea no fácil ni breve, si -se atiende a la ocupación enemiga, a los desórdenes que eran como -indispensable consecuencia, y al estrecho campo que a veces había para -trazar planes de medios y recursos. - -Sin embargo, no se descuidaron ambos ramos al punto que algunos han -afirmado. En 15 de noviembre ya autorizaron las cortes a la nueva -regencia para levantar 80.000 hombres que sirviesen de aumento al -ejército, tomando oportunas disposiciones sobre el modo e igualdad de -los alistamientos. - -Fomentose también por una ley la fabricación de fusiles, con otras -providencias respecto de lo demás del armamento y municiones. Las -fábricas de la frontera, las de Aragón, Granada y otras partes las -había destruido el enemigo. La central no había pensado en trasladar -a tiempo el parque de artillería de Sevilla, ni su maestranza, ni su -fundición, ni la sala de armas. Los ingleses suministraron muchos de -estos artículos, pero aún no bastaban. El patriotismo de los españoles, -el de sus juntas, el de la primera regencia, el de las sucesivas y las -resoluciones de las cortes suplieron la falta. Se estableció de nuevo -en la Isla de León un parque de artillería y una maestranza, y se -habilitaron en la Carraca algunos talleres. Se fabricaron fusiles en -Jubia y en el arsenal del Ferrol, lo mismo en las orillas del Eo, entre -Galicia y Asturias, en el señorío de Molina y otros parajes, algunos -casi inaccesibles, estableciéndose en ellos fábricas volantes de armas, -de municiones y de todo género de pertrechos, que mudaban de sitio al -aproximarse el enemigo. - -En el ramo de hacienda, además de las providencias económicas que hemos -referido, y otras que por su menudencia omitimos, mandaron las cortes -que se reuniesen en una sola tesorería general los caudales de la -nación, que distribuyéndose antes por más de un conducto, íbanse o se -extravasaban en menoscabo del erario. - -[Sidenote: Cierran las cortes sus sesiones en la Isla.] - -Tales fueron los principales trabajos de las cortes y sus discusiones -en los primeros meses de su instalación, y en tanto que permanecieron -en la Isla, en donde cerraron sus sesiones el 20 de febrero de 1811, -para volverlas a abrir en Cádiz el 24 del mismo mes. - -[Sidenote: Fiebre amarilla.] - -Desde el 6 de octubre habían pensado trasladarse a dicha ciudad, como -más populosa, más bien resguardada y de mayores recursos. Suspendieron -tomar resolución en el caso por la fiebre amarilla, o sea vómito prieto, -que se manifestó en aquel otoño: terrible azote que en 1800 y 1804 -había esparcido en Cádiz y otros pueblos de la Andalucía y costa de -levante la desolación y la muerte. No había desde entonces vuelto a -aparecer en Cádiz, a lo menos de un modo sensible, y solo en este -año de 1810 repitió sus estragos. Haya sido o no esta enfermedad -introducida de las Antillas, en lo que todavía no andan conformes -los facultativos de mayor nombradía, contribuyó mucho ahora a su -aparecimiento y propagación la presencia de los forasteros que a la -sazón se agolparon a Cádiz con motivo de la invasión de las Andalucías; -en cuyas personas pegó el azote con extrema saña, pues los naturales -estaban más avezados a sus golpes, ya por haber pasado antes la -enfermedad, ya por haber nacido o criádose en ambiente impregnado de -tan funestos miasmas. La epidemia picó también en Cartagena y otros -puntos, por fortuna apenas cundió a la Isla. Hubo de ello al principio -agudos temores a causa del ejército; pero no siendo numerosa aquella -población, ni apiñada, y hallándose oreada bastantemente por medio -de sus anchurosas calles, mantúvose en estado de sanidad. En cuanto -a la tropa, acampada en parajes bañados por corrientes atmosféricas -muy puras, gran preservativo de tal plaga, gozó de igual o mayor -beneficio. De los moradores o residentes en la Isla, los que padecieron -la enfermedad cogiéronla en viajes que hacían a Cádiz, cuya aserción -podríamos atestiguar por experiencia propia. La fiebre, conforme a su -costumbre, duró tres meses: empezó a descubrirse en septiembre, tomó -en octubre grande incremento, y desapareció del todo al acabar de -diciembre. - -[Sidenote: Fin de este libro.] - -Rodeaban, por tanto, en su cuna a la libertad española la guerra, las -epidemias y otros humanos padecimientos, como para acostumbrarla a los -muchos y nuevos que la afligirían según fuera prosperando, y antes de -que afianzase en el suelo peninsular su augusto y perpetuo imperio. - - - - - APÉNDICES - - AL TOMO TERCERO. - - - - - APÉNDICE - DEL - LIBRO NOVENO. - - -NÚMERO 9-1. - -_Nota pasada por Mr. Canning, ministro de relaciones exteriores de S. -M. B., a Don Martín de Garay, secretario de estado y de la junta, fecha -en Londres, a 20 de julio de 1809. Véase el manifiesto de la junta -central, ramo diplomático, documento núm. 141._ - - -NÚMERO 9-2. - -SEVILLA. - -_Real decreto de S. M._ - -El pueblo español debe salir de esta sangrienta lucha con la certeza de -dejar a su posteridad una herencia de prosperidad y de gloria, digna -de sus prodigiosos esfuerzos y de la sangre que vierte. Nunca la junta -suprema ha perdido de vista este objeto que, en medio de la agitación -continua causada por los sucesos de la guerra, ha sido siempre su -principal deseo. Las ventajas del enemigo, debidas menos a su valor que -a la superioridad de su número, llamaban exclusivamente la atención -del gobierno; pero al mismo tiempo hacían más amarga y vehemente -la reflexión de que los desastres que la nación padece han nacido -únicamente de haber caído en olvido aquellas saludables instituciones -que, en tiempos más felices, hicieron la prosperidad y la fuerza del -estado. - -La ambición usurpadora de los unos, el abandono indolente de los -otros las fueron reduciendo a la nada, y la junta, desde el momento -de su instalación, se constituyó solemnemente en la obligación -de restablecerlas. Llegó ya el tiempo de aplicar la mano a esta -grande obra, y de meditar las reformas que deben hacerse en nuestra -administración, asegurándolas en las leyes fundamentales de la -monarquía que solas pueden consolidarlas, y oyendo para el acierto, -como ya se anunció al público, a los sabios que quieran exponerla sus -opiniones. - -Queriendo, pues, el rey nuestro señor, Don Fernando VII, y en su -real nombre la junta suprema gubernativa del reino, que la nación -española aparezca a los ojos del mundo con la dignidad debida a sus -heroicos esfuerzos; resuelta a que los derechos y prerrogativas de los -ciudadanos se vean libres de nuevos atentados, y a que las fuentes de -la felicidad pública, quitados los estorbos que hasta ahora las han -obstruido, corran libremente luego que cese la guerra, y reparen cuanto -la arbitrariedad inveterada ha agostado y la devastación presente ha -destruido, ha decretado lo que sigue: - -1.º Que se restablezca la representación legal y conocida de la -monarquía en sus antiguas cortes, convocándose las primeras en todo el -año próximo, o antes si las circunstancias lo permitieren. - -2.º Que la junta se ocupe al instante del modo, número y clase con que, -atendidas las circunstancias del tiempo presente, se ha de verificar -la concurrencia de los diputados a esta augusta asamblea; a cuyo fin -nombrará una comisión de cinco vocales que, con toda la atención y -diligencia que este gran negocio requiere, reconozcan y preparen todos -los trabajos y planes, los cuales, examinados y aprobados por la junta, -han de servir para la convocación y formación de las primeras cortes. - -3.º Que además de este punto, que por su urgencia llama el primer -cuidado, extienda la junta sus investigaciones a los objetos -siguientes, para irlos proponiendo sucesivamente a la nación junta -en cortes. — Medios y recursos para sostener la santa guerra en que, -con la mayor justicia, se halla empeñada la nación hasta conseguir el -glorioso fin que se ha propuesto. — Medios de asegurar la observancia -de las leyes fundamentales del reino. — Medios de mejorar nuestra -legislación, desterrando los abusos introducidos y facilitando su -perfección. — Recaudación, administración y distribución de las rentas -del estado. — Reformas necesarias en el sistema de instrucción y -educación pública. — Modo de arreglar y sostener un ejército permanente -en tiempo de paz y de guerra, conformándose con las obligaciones y -rentas del estado. — Modo de conservar una marina proporcionada a las -mismas. — Parte que deban tener las Américas en las juntas de cortes. - -4.º Para reunir las luces necesarias a tan importantes discusiones, la -junta consultará a los consejos, juntas superiores de las provincias, -tribunales, ayuntamientos, cabildos, obispos y universidades, y oirá a -los sabios y personas ilustradas. - -5.º Que este decreto se imprima, publique y circule con las -formalidades de estilo, para que llegue a noticia de toda la nación. - -Tendréislo entendido y dispondréis lo conveniente para su cumplimiento. -— El marqués de Astorga, presidente. — Real Alcázar de Sevilla, 22 de -mayo de 1809. — A Don Martín de Garay. - - -NÚMERO 9-3. - -Los pocos días que pasaron en Jaraicejo los ingleses no tuvieron grande -escasez, pues se les suministró bastante pan y abundó el ganado. Así -lo dice, y con las siguientes palabras, Lord Londonderry, testigo -no sospechoso para los ingleses: «During the first few days of our -sojourn at Jaraicejo we were tolerably well supplied with bread; and -cattle being plenty, we had no cause to complain...» (_Narrative of the -peninsular war_) _vol. 1.º, Ch. 17, pág. 431._ - - - - - APÉNDICE - DEL - LIBRO DÉCIMO. - - -NÚMERO 10-1. - -_Precios de los comestibles en la plaza de Gerona durante el sitio de -1809, desde el más módico hasta el más subido, según crecía la escasez y -la imposibilidad de introducirlos._ - - Precios módicos. Precios subidos. - - Tocino fresco la onza. 2 cuartos. 10 cuartos. - - Vaca, la libra de 36 onzas. 27 cuartos. Idem. - - Carne de caballo la libra de id. 40 cuartos. Idem. - - Idem de mulo. 40 cuartos. Idem. - - Una gallina. 14 rs. vn. efect. 16 duros. - - Un gorrión. 2 cuartos. 4 rs. vn. efect. - - Una perdiz. 12 rs. vn. efect. 80 rs. vn. efect. - - Un pichón. 6 rs. vn. efect. 40 rs. vn. efect. - - Un ratón. 1 rl. vn. efect. 5 rs. vn. efect. - - Un gato. 8 rs. vn. 30 rs. vn. - - Un lechón. 40 rs. vn. 200 rs. vn. - - Bacalao la libra. 18 cuartos. 32 rs. vn. - - Pescado del río Ter la libra. 4 rs. vn. 36 rs. vn. - - Aceite la medida. 20 cuartos. 24 rs. vn. - - Huevos la docena. 24 cuartos. 96 rs. vn. - - Arroz la libra. 12 cuartos. 32 rs. vn. - - Café la libra. 8 rs. vn. 24 rs. vn. - - Chocolate la libra. 16 rs. vn. 64 rs. vn. - - Queso la libra. 4 rs. vn. 40 rs. vn. - - Pan la libra. 6 cuartos. 8 rs. vn. - - Una galleta. 4 cuartos. 8 rs. vn. - - Trigo candeal la cuartera. 80 rs. vn. 112 rs. vn. - - Id. mezclado la cuartera. 64 rs. vn. 96 rs. vn. - - Cebada la cuartera. 30 rs. vn. 56 rs. vn. - - Habas la cuartera. 48 rs. vn. 80 rs. vn. - - Azúcar la libra. 4 rs. vn. 24 rs. vn. - - Velas de sebo la libra. 4 rs. vn. 10 rs. vn. - - Id. de cera la libra. 12 rs. vn. 32 rs. vn. - - Leña el quintal. 5 rs. vn. 48 rs. vn. - - Carbón la arroba. 3½ rs. vn. 40 rs. vn. - - Tabaco la libra. 24 rs. vn. 100 rs. vn. - - Por moler una cuartera de trigo. 3 rs. vn. 80 rs. vn. - -Gerona 10 de diciembre de 1809. — Epifanio Ignacio de Ruiz. - -_Notas._ - -1.ª Los precios de las carnes no fueron alterados, por disposición del -gobierno, mientras duraron. - -2.ª Los demás artículos seguían el precio que ocasionaba la escasez, -y muchos de ellos variaban según las introducciones, y aquí solo se -han figurado los precios regulares al principio del sitio, y los más -subidos y corrientes en su largo discurso; habiéndose visto el gobierno -precisado a permitir el precio que querían fijar a los víveres los que -los introducían a lomo y en cortas cantidades, pasando las líneas del -enemigo, atendidos los riesgos que probaban en la entrada y salida de -la plaza, y la pena de muerte que sufrían en caso de ser habidos. - -3.ª No obstante de haberse figurado el precio de todos los artículos -arriba expresados, muchos de ellos solo podían conseguirse casualmente -en los días que había alguna introducción. Mataró 22 de diciembre de -1809. — Epifanio Ignacio de Ruiz. — Don Epifanio Ignacio de Ruiz, -capitán de la 3.ª compañía de la Cruzada Gerundense, comisario de -guerra de los reales ejércitos. — Certifico: que desde 1.º de agosto -de 1809 hasta el 10 de diciembre del mismo, en que capituló la plaza -de Gerona, en virtud de orden del intendente de provincia Don Carlos -Beramendi, ministro principal de hacienda y guerra de ella, tuve -confiada la inspección del ramo de víveres, y que los precios que -están continuados en la antecedente relación son los corrientes en la -citada plaza durante su último sitio. Mataró 22 de diciembre de 1809. — -Epifanio Ignacio de Ruiz. - - -NÚMERO 10-2. - - _Capitulación de la ciudad de Gerona y fuertes correspondientes, - firmada el 10 de diciembre de 1809, a las 7 de la noche._ - -ART. 1.º La guarnición saldrá con los honores de la guerra, y entrará -en Francia como prisionera de guerra. — 2.º Todos los habitantes serán -respetados. — 3.º La religión católica continuará en ser observada -por los habitantes y será protegida. — 4.º Mañana, a las ocho y media -de ella, la puerta del Socorro y la del Areny serán entregadas a las -tropas francesas, así como las de los fuertes. — 5.º Mañana, 11 de -diciembre, a las ocho y media de ella, la guarnición saldrá de la plaza -y desfilará por la puerta del Areny. — Los soldados pondrán sus armas -sobre el glacis. — 6.º Un oficial de artillería, otro de ingenieros y -un comisario de guerra entrarán al momento en que se tomará posesión -de las puertas de la ciudad para recibir la entrega de los almacenes, -mapas, planos, etc. Fecho en Gerona, a las 7 de la noche, a 10 de -diciembre de 1809. — Julián de Bolívar. — Isidro de la Mata. — Blas de -Furnás. — José de la Iglesia. — Guillermo Minali. — Guillermo Nasch. -— El general en jefe del estado mayor general del 7.º cuerpo. — Rey. -— Aprobado por nos, el mariscal del imperio, comandante en jefe del -7.º cuerpo del ejército de España. — Augereau, duque de Castiglione. -— Yo, brigadier de los reales ejércitos, encargado de los poderes del -gobernador interino de la plaza de Gerona, Don Julián de Bolívar, y -de la junta militar, certifico: que la capitulación antecedente es -conforme a la original firmada con la fecha que expresa. — Blas de -Furnás. — El general en jefe del estado mayor general del 7.º cuerpo -del ejército de España. — Rey. — Lugar del Sello. - - - _Notas adicionales a la capitulación de la plaza de Gerona._ - -Que la guarnición francesa que esté en la plaza esté acuartelada -y no alojada por las casas, e igualmente que los oficiales deben -presentarse, procurándose su posada, pagándoseles el tanto que se -pagaba de utensilio a la guarnición española. — Que todos los papeles -del gobierno queden depositados en el archivo del ayuntamiento, sin -poder ser extraviados, ni extraídos ni quemados. — Que a los que -habrán sido vocales o empleados en las juntas en tiempo de esta guerra -de opinión, no les sirva de nota ni perjuicio alguno en sus ascensos -y carreras, quedando igualmente salvas y respetadas las personas, -propiedades y haberes. — Que a los forasteros que se hallan dentro de -la plaza, por expatriación u otra causa, tanto si han sido vocales o -empleados de las juntas como no, se les permitirá restituirse a sus -casas con su equipaje y haberes. — Que cualquiera vecino que quiera -salirse de la ciudad y trasladarse a otra se le permita, llevándose -su equipaje y haberes, quedándoles salvas las propiedades, caudales y -efectos en aquella ciudad. — Yo, brigadier de los reales ejércitos, -certifico: que las notas antecedentes habiendo sido presentadas al -Excmo. Sr. general en jefe del ejército francés, se han aprobado en su -contenido en cuanto no se opongan a las leyes generales del reino, y a -la policía establecida en los ejércitos. Fornells, 10 de diciembre de -1809. — Blas de Furnás. — Visto por nosotros, etc. - - - _Notas adicionales y particulares aprobadas por el Excmo. Sr. duque - de Castiglione, mariscal del imperio, comandante en jefe del 7.º - cuerpo del ejército de España, convenidas entre el Sr. general de - brigada, jefe del estado mayor general del sobredicho cuerpo del - ejército, comandante de la legión de honor, y el Sr. Don Blas de - Furnás, brigadier de los ejércitos españoles._ - -ART. 1.º Un teniente o subteniente elegido entre los oficiales del -ejército español estará autorizado con pasaportes para pasar al -ejército de observación español, y llevar a su general comandante -en jefe la capitulación de la plaza y de los fuertes de Gerona, -solicitando se sirva disponer el pronto canje de los oficiales y -soldados de la guarnición de Gerona y sus fuertes contra igual número -de oficiales y soldados franceses detenidos en las islas de Mallorca -y otros destinos. S. E. el Sr. duque de Castiglione, comandante en -jefe del ejército, promete que dicho canje se verificará luego que el -general en jefe del ejército español le habrá dado a conocer el día en -que aquellos prisioneros habrán llegado a uno de los puertos de Francia -para el referido canje. — ART. 2.º En los tres días que seguirán a la -rendición de la plaza de Gerona, el Ilmo. Sr. obispo de dicha ciudad -quedará autorizado para dar a los sacerdotes que están bajo sus órdenes -los pasaportes que pidan para pasar a las villas en las que tenían su -domicilio anterior, para quedar y vivir en él, según lo deben unos -ministros de paz, bajo la protección de las leyes que rigen en España. -— El general en jefe del estado mayor general del séptimo cuerpo del -ejército de España. — Rey. — Blas de Furnás. — Yo brigadier de los -reales ejércitos encargado de los poderes del gobernador interino de -la plaza de Gerona, Don Julián de Bolívar, y de la junta militar, -certifico: que los artículos antecedentes son traducidos fielmente del -original en 10 de diciembre de 1809. — Blas de Furnás. — Le général en -chef de l’état major general du septième corps de l’armée d’Espagne. — -Rey. — Lugar del sello. - - - _Nota adicional a la capitulación de la plaza de Gerona._ - -Los empleados en el ramo político de guerra son declarados libres, como -no combatientes, y pueden pedir un pasaporte con sus equipajes para -donde gusten. Estos son el intendente, comisarios de guerra, empleados -en hospitales y provisiones, y médicos y cirujanos del ejército. — Yo, -brigadier de los reales ejércitos, certifico: que la nota precedente -habiendo sido presentada al Excmo. Sr. general en jefe del ejército -francés, queda aprobada. Fornells, 10 de diciembre de 1809. — Blas -de Furnás. — Don Blas de Furnás, brigadier de los reales ejércitos, -certifico: que la copia antecedente de la capitulación hecha en Gerona, -y notas adicionales, es en todo su contenido conforme a los originales -firmados por mí; y para que conste, doy la presente en la plaza de -Gerona, a 12 de diciembre de 1809. — Blas de Furnás. - - -NÚMERO 10-3. - - _Entre los documentos originales y de oficio que acerca de la muerte - del gobernador Álvarez hemos tenido a la vista, uno de los más - curiosos es el siguiente:_ - -Excmo. Sr. — Por el oficio de V. E. de 26 de febrero próximo pasado, -que acabo de recibir, veo ha hecho V. E. presente al supremo consejo de -regencia de España e Indias el contenido de mi papel de 4 del mismo, -relativo al fallecimiento del Excmo. Sr. Don Mariano Álvarez, digno -gobernador de la plaza de Gerona; y que en su vista se ha servido S. M. -resolver procure apurar cuanto me sea posible la certeza de la muerte -de dicho general, avisando a V. E. lo que adelante, a cuya real orden -daré el cumplimiento debido, tomando las más eficaces disposiciones -para descubrir el pormenor y la verdad de un hecho tan horroroso; -pudiendo asegurar entre tanto a V. E., por declaración de testigos -oculares, la efectiva muerte de este héroe en la plaza de Figueras, -adonde fue trasladado desde Perpiñán, y donde entró sin grave daño en -su salud, y compareció cadáver, tendido en una parihuela, al siguiente -día, cubierto con una sábana, la que, destapada por la curiosidad de -varios vecinos y del que me dio el parte de todo, puso de manifiesto -un semblante cárdeno e hinchado, denotando que su muerte había sido -la obra de breves momentos; a que se agrega que el mismo informante -encontró poco antes, en una de las calles de Figueras, a un llamado -Rovireta, y por apodo el fraile de S. Francisco, y ahora canónigo -dignidad de Gerona, nombrado por nuestros enemigos, quien marchaba -apresuradamente hacia el castillo, adonde dijo «iba corriendo a -confesar al Sr. Álvarez porque debía en breve morir.» — Todo lo que -pongo en noticia de V. E. para que haga de ello el uso que estime por -conveniente. Dios guarde a V. E. muchos años. Tortosa, 31 de marzo de -1810. — Excmo. Sr. — Carlos de Beramendi. — Excmo. Sr. marqués de las -Hormazas. - - -NÚMERO 10-4. - - _Léase el manifiesto de la junta central — sección 2.ª, ramo - diplomático, — pág. 6._ - - - - - APÉNDICE - DEL - LIBRO UNDÉCIMO. - - -NÚMERO 11-1. - -Τὸν τῶν εὐσεβῶν ἔπλασε χῶρον καὶ τὸ Ἠλύσιον πεδίον. (STRAB., Lib. 3.) - - -NÚMERO 11-2. - - _El Rey, y a su nombre la suprema junta central gubernativa de España - e Indias._ - -Como haya sido uno de mis primeros cuidados congregar la nación -española en cortes generales y extraordinarias, para que, representada -en ellas por individuos y procuradores de todas las clases, órdenes -y pueblos del estado, después de acordar los extraordinarios medios -y recursos que son necesarios para rechazar al enemigo que tan -pérfidamente la ha invadido, y con tan horrenda crueldad va desolando -algunas de sus provincias, arreglase con la debida deliberación -lo que más conveniente pareciese para dar firmeza y estabilidad a -la constitución, y el orden, claridad y perfección posibles a la -legislación civil y criminal del reino, y a los diferentes ramos de -la administración pública; a cuyo fin mandé, por mi real decreto -de 13 del mes pasado, que la dicha mi junta central gubernativa se -trasladase desde la ciudad de Sevilla a esta villa de la Isla de León, -donde pudiese preparar más de cerca, y con inmediatas y oportunas -providencias la verificación de tan gran designio; considerando: - -1.º Que los acaecimientos que después han sobrevenido, y las -circunstancias en que se halla el reino de Sevilla por la invasión del -enemigo, que amenaza ya los demás reinos de Andalucía, requieren las -más prontas y enérgicas providencias. - -2.º Que, entre otras, ha venido a ser en gran manera necesaria la de -reconcentrar el ejercicio de toda mi autoridad real en pocas y hábiles -personas que pudiesen emplearla con actividad, vigor y secreto en -defensa de la patria; lo cual he verificado ya por mi real decreto de -este día, en que he mandado formar una regencia de cinco personas, de -bien acreditados talentos, probidad y celo público. - -3.º Que es muy de temer que las correrías del enemigo por varias -provincias, antes libres, no hayan permitido a mis pueblos hacer las -elecciones de diputados a cortes con arreglo a las convocatorias que -les hayan sido comunicadas en 1.º de este mes, y por lo mismo que no -pueda verificarse su reunión en esta isla para el día 1.º de marzo -próximo, como estaba por mí acordado. - -4.º Que tampoco sería fácil, en medio de los grandes cuidados y -atenciones que ocupan al gobierno, concluir los diferentes trabajos y -planes de reforma, que por personas de conocida instrucción y probidad -se habían emprendido y adelantado bajo la inspección y autoridad de -la comisión de cortes, que a este fin nombré por mi real decreto de 15 -de junio del año pasado, con el deseo de presentarlas al examen de las -próximas cortes. - -5.º Y considerando, en fin, que en la actual crisis no es fácil acordar -con sosiego y detenida reflexión las demás providencias y órdenes que -tan nueva e importante operación requiere, ni por la mi suprema junta -central, cuya autoridad, que hasta ahora ha ejercido en mi real nombre, -va a transferirse en el consejo de regencia, ni por este, cuya atención -será enteramente arrebatada al grande objeto de la defensa nacional. - -Por tanto, yo, y a mi real nombre la suprema junta central, para llenar -mi ardiente deseo de que la nación se congregue libre y legalmente en -cortes generales y extraordinarias, con el fin de lograr los grandes -bienes que en esta deseada reunión están cifrados, he venido en mandar -y mando lo siguiente: - -1.º La celebración de las cortes generales y extraordinarias que están -ya convocadas para esta Isla de León, y para el primer día de marzo -próximo, será el primer cuidado de la regencia que acabo de crear, si -la defensa del reino, en que desde luego debe ocuparse, lo permitiere. - -2.º En consecuencia, se expedirán inmediatamente convocatorias -individuales a todos los RR. arzobispos y obispos que están en -ejercicio de sus funciones, y a todos los grandes de España en -propiedad, para que concurran a las cortes en el día y lugar para que -están convocadas, si las circunstancias lo permitieren. - -3.º No serán admitidos a estas cortes los grandes que no sean cabezas -de familia, ni los que no tengan la edad de 25 años, ni los prelados y -grandes que se hallaren procesados por cualquiera delito, ni los que se -hubieren sometido al gobierno francés. - -4.º Para que las provincias de América y Asia, que por estrechez del -tiempo no pueden ser representadas por diputados nombrados por ellas -mismas, no carezcan enteramente de representación en estas cortes, -la regencia formará una junta electoral compuesta de seis sujetos de -carácter, naturales de aquellos dominios, los cuales, poniendo en -cántaro los nombres de los demás naturales que se hallan residentes -en España y constan de las listas formadas por la comisión de cortes, -sacarán a la suerte el número de cuarenta, y volviendo a sortear estos -cuarenta solos, sacarán en segunda suerte veintiséis, y estos asistirán -como diputados de cortes en representación de aquellos vastos países. - -5.º Se formará asimismo otra junta electoral compuesta de seis personas -de carácter, naturales de las provincias de España que se hallan -ocupadas por el enemigo, y poniendo en cántaro los nombres de los -naturales de cada una de dichas provincias que asimismo constan de las -listas formadas por la comisión de cortes, sacarán de entre ellos en -primera suerte hasta el número de dieciocho nombres, y volviéndolos -a sortear solos, sacarán de ellos cuatro, cuya operación se irá -repitiendo por cada una de dichas provincias, y los que salieren en -suerte serán diputados de cortes por representación de aquellas para -que fueren nombrados. - -6.º Verificadas estas suertes, se hará la convocación de los sujetos -que hubieren salido nombrados por medio de oficios que se pasarán a las -juntas de los pueblos en que residieren, a fin de que concurran a las -cortes en el día y lugar señalado, si las circunstancias lo permitieren. - -7.º Antes de la admisión a las cortes de estos sujetos, una comisión -nombrada por ellas mismas examinará si en cada uno concurren o no las -calidades señaladas en la instrucción general y en este decreto para -tener voto en las dichas cortes. - -8.º Libradas estas convocatorias, las primeras cortes generales y -extraordinarias se entenderán legítimamente convocadas; de forma que -aunque no se verifique su reunión en el día y lugar señalados para -ellas, pueda verificarse en cualquiera tiempo y lugar en que las -circunstancias lo permitan, sin necesidad de nueva convocatoria; siendo -de cargo de la regencia hacer, a propuesta de la diputación de cortes, -el señalamiento de dicho día y lugar, y publicarle en tiempo oportuno -por todo el reino. - -9.º Y para que los trabajos preparatorios puedan continuar y concluirse -sin obstáculo, la regencia nombrará una diputación de cortes compuesta -de ocho personas, las seis naturales del continente de España, y las -dos últimas naturales de América, la cual diputación será subrogada -en lugar de la comisión de cortes nombrada por la misma suprema junta -central, y cuyo instituto será ocuparse en los objetos relativos a la -celebración de las cortes, sin que el gobierno tenga que distraer su -atención de los urgentes negocios que la reclaman en el día. - -10. Un individuo de la diputación de cortes, de los seis nombrados por -España, presidirá la junta electoral que debe nombrar los diputados -por las provincias cautivas, y otro individuo de la misma diputación, -de los nombrados por la América, presidirá la junta electoral que debe -sortear los diputados naturales y representantes de aquellos dominios. - -11. Las juntas formadas con los títulos de junta de medios y -recursos para sostener la presente guerra, junta de hacienda, junta -de legislación, junta de instrucción pública, junta de negocios -eclesiásticos, y junta de ceremonial de congregación, las cuales por -autoridad de la mi suprema junta y bajo la inspección de dicha comisión -de cortes, se ocupan en preparar los planes de mejoras relativas a -los objetos de su respectiva atribución, continuarán en sus trabajos -hasta concluirlos en el mejor modo que sea posible, y fecho, los -remitirán a la diputación de cortes, a fin de que después de haberlos -examinado, se pasen a la regencia y esta los ponga, a mi real nombre, a -la deliberación de las cortes. - -12. Serán estas presididas, a mi real nombre, o por la regencia en -cuerpo, o por su presidente temporal, o bien por el individuo a quien -delegaren el encargo de representar en ellas mi soberanía. - -13. La regencia nombrará los asistentes de cortes que deban asistir -y aconsejar al que las presidiere, a mi real nombre, de entre los -individuos de mi consejo y cámara según la antigua práctica del reino, -o en su defecto de otras personas constituidas en dignidad. - -14. La apertura del solio se hará en las cortes en concurrencia de los -estamentos eclesiástico, militar y popular, y en la forma y con la -solemnidad que la regencia acordará a propuesta de la diputación de -cortes. - -15. Abierto el solio, las cortes se dividirán, para la deliberación -de las materias, en dos solos estamentos, uno popular, compuesto de -todos los procuradores de las provincias de España y América, y otro de -dignidades, en que se reunirán los prelados y grandes del reino. - -16. Las proposiciones que, a mi real nombre, hiciere la regencia a -las cortes se examinarán primero en el estamento popular, y si fueren -aprobados en él, se pasarán por un mensajero de estado al estamento de -dignidades para que las examine de nuevo. - -17. El mismo método se observará con las proposiciones que se hicieren -en uno y otro estamento por sus respectivos vocales, pasando siempre la -proposición del uno al otro, para su nuevo examen y deliberación. - -18. Las proposiciones no aprobadas por ambos estamentos, se entenderán -como si no fuesen hechas. - -19. Las que ambos estamentos aprobaren serán elevadas por los -mensajeros de estado a la regencia para mi real sanción. - -20. La regencia sancionará las proposiciones así aprobadas, siempre -que graves razones de pública utilidad no la persuadan a que de su -ejecución pueden resultar graves inconvenientes y perjuicios. - -21. Si tal sucediere, la regencia, suspendiendo la sanción de la -proposición aprobada, la devolverá a las cortes, con clara exposición -de las razones que hubiere tenido para suspenderla. - -22. Así devuelta la proposición, se examinará de nuevo en uno y otro -estamento, y si los dos tercios de los votos de cada uno no confirmaren -la anterior resolución, la proposición se tendrá por no hecha, y no se -podrá renovar hasta las futuras cortes. - -23. Si los dos tercios de votos de cada estamento ratificaren la -aprobación anteriormente dada a la proposición, será esta elevada de -nuevo por los mensajeros de estado a la sanción real. - -24. En este caso la regencia otorgará a mi nombre la real sanción en -el termino de tres días; pasados los cuales, otorgada o no, la ley -se entenderá legítimamente sancionada, y se procederá de hecho a su -publicación en la forma de estilo. - -25. La promulgación de las leyes así formadas y sancionadas, se hará en -las mismas cortes antes de su disolución. - -26. Para evitar que en las cortes se forme algún partido que aspire -a hacerlas permanentes, o prolongarlas en demasía, cosa que, sobre -trastornar del todo la constitución del reino, podría acarrear otros -muy graves inconvenientes, la regencia podrá señalar un termino a la -duración de las cortes, con tal que no baje de seis meses. Durante las -cortes, y hasta tanto que estas acuerden, nombren e instalen el nuevo -gobierno, o bien confirmen el que ahora se establece, para que rija -la nación en lo sucesivo, la regencia continuará ejerciendo el poder -ejecutivo en toda la plenitud que corresponde a mi soberanía. - -En consecuencia las cortes reducirán sus funciones al ejercicio del -poder legislativo que propiamente les pertenece, y confiando a la -regencia el del poder ejecutivo, sin suscitar discusiones que sean -relativas a él y distraigan su atención de los graves cuidados que -tendrá a su cargo, se aplicarán del todo a la formación de las leyes y -reglamentos oportunos para verificar las grandes y saludables reformas -que los desórdenes del antiguo gobierno, el presente estado de la -nación y su futura felicidad hacen necesarias; llenando así los grandes -objetos para que fueron convocadas. Dado, etc., en la real Isla de -León, a 29 de enero de 1810. - - -NÚMERO 11-3. - -Españoles: La junta central suprema gubernativa del reino, siguiendo la -voluntad expresa de nuestro deseado Monarca y el voto público, había -convocado a la nación a sus cortes generales para que, reunida en -ellas, adaptase las medidas necesarias a su felicidad y defensa. Debía -verificarse este gran congreso en 1.º de marzo próximo, en la Isla de -León, y la junta determinó y publicó su traslación a ella cuando los -franceses, como otras muchas veces, se hallaban ocupando la Mancha. -Atacaron después los puntos de la sierra, y ocuparon uno de ellos; y -al instante las pasiones de los hombres, usurpando su dominio a la -razón, despertaron la discordia que empezó a sacudir sobre nosotros -sus antorchas incendiarias. Más que ganar cien batallas valía este -triunfo a nuestros enemigos, y los buenos todos se llenaron de espanto -oyendo los sucesos de Sevilla en el día 24, sucesos que la malevolencia -componía, y el terror exageraba, para aumentar en los unos la confusión -y en los otros la amargura. Aquel pueblo generoso y leal que tantas -muestras de adhesión y respeto había dado a la suprema junta, vio -alterada su tranquilidad, aunque por pocas horas. No corrió, gracias al -cielo, ni una gota de sangre, pero la autoridad pública fue desatendida -y la majestad nacional se vio indignamente ultrajada en la legítima -representación del pueblo. Lloremos, españoles, con lágrimas de sangre -un ejemplo tan pernicioso. ¿Cuál sería nuestra suerte si todos le -siguiesen? Cuando la fama trae a vuestros oídos que hay divisiones -intestinas en la Francia, la alegría rebosa en vuestros pechos, y -os llenáis de esperanza para lo futuro, porque en estas divisiones -miráis afianzada vuestra salvación y la destrucción del tirano que os -oprime. Y nosotros, españoles, nosotros cuyo carácter es la moderación -y la cordura, cuya fuerza consiste en la concordia, ¿iríamos a dar -al déspota la horrible satisfacción de romper con nuestras manos los -lazos que tanto costó formar, y que han sido y son para él la barrera -más impenetrable? No, españoles, no: que el desinterés y la prudencia -dirija nuestros pasos, que la unión y la constancia sean nuestras -áncoras, y estad seguros de que no pereceremos. - -Bien convencida estaba la junta de cuán necesario era reconcentrar más -el poder. Mas no siempre los gobiernos pueden tomar en el instante las -medidas mismas de cuya utilidad no se duda. En la ocasión presente -parecía del todo importuno, cuando las cortes anunciadas, estando ya -tan próximas, debían decidirla y sancionarla. Mas los sucesos se han -precipitado de modo que esta detención, aunque breve, podría disolver -el estado, si en el momento no se cortase la cabeza al monstruo de la -anarquía. - -No bastaban ya a llevar adelante nuestros deseos ni el incesante afán -con que hemos procurado el bien de la patria, ni el desinterés con -que la hemos servido, ni nuestra lealtad acendrada a nuestro amado y -desdichado rey, ni nuestro odio al tirano y a toda clase de tiranía. -Estos principios de obrar en nadie han sido mayores, pero han podido -más que ellos la ambición, la intriga y la ignorancia. ¿Debíamos, -acaso, dejar saquear las rentas públicas que por mil conductos ansiaban -devorar el vil interés y el egoísmo? ¿Podíamos contentar la ambición -de los que no se creían bastante premiados con tres o cuatro grados en -otros tantos meses? ¿Podíamos, a pesar de la templanza que ha formado -el carácter de nuestro gobierno, dejar de corregir con la autoridad de -la ley las faltas sugeridas por el espíritu de facción que caminaba -impudentemente a destruir el orden, introducir la anarquía y trastornar -miserablemente el estado? - -La malignidad nos imputa los reveses de la guerra; pero que la equidad -recuerde la constancia con que los hemos sufrido, y los esfuerzos -sin ejemplo con que los hemos reparado. Cuando la junta vino desde -Aranjuez a Andalucía, todos nuestros ejércitos estaban destruidos; las -circunstancias eran todavía más apuradas que las presentes, y ella -supo restablecerlos, y buscar y atacar con ellos al enemigo. Batidos -otra vez y deshechos, exhaustos al parecer todos los recursos y las -esperanzas, pocos meses pasaron, y los franceses tuvieron enfrente -un ejército de ochenta mil infantes y doce mil caballos. ¿Qué no ha -tenido en su mano el gobierno que no haya prodigado para mantener estas -fuerzas y reponer las enormes pérdidas que cada día experimentaba? -¿Qué no ha hecho para impedir el paso a la Andalucía por las sierras -que la defienden? Generales, ingenieros, juntas provinciales, hasta -una comisión de vocales de su seno han sido encargados de atender -y proporcionar todos los medios de fortificación y resistencia que -presentan aquellos puntos, sin perdonar para ello ni gasto, ni fatiga -ni diligencia. Los sucesos han sido adversos; ¿pero la junta tenía en -su mano la suerte del combate en el campo de batalla? - -Y ya que la voz del dolor recuerda tan amargamente los infortunios, -¿por qué ha de olvidarse que hemos mantenido nuestras íntimas -relaciones con las potencias amigas, que hemos estrechado los lazos -de fraternidad con nuestras Américas, que estas no han cesado de dar -pruebas de amor y fidelidad al gobierno, que hemos, en fin, resistido -con dignidad y entereza las pérfidas sugestiones de los usurpadores? - -Mas nada basta a contener el odio que antes de su instalación se había -jurado a la junta. Sus providencias fueron siempre mal interpretadas y -nunca bien obedecidas. Desencadenadas, con ocasión de las desgracias -públicas, todas las pasiones, han suscitado contra ella todas las -furias que pudiera enviar contra nosotros el tirano a quien combatimos. -Empezaron sus individuos a verificar su salida de Sevilla con el objeto -tan público y solemnemente anunciado de abrir las cortes en la Isla -de León. Los facciosos cubrieron los caminos de agentes, que animaron -los pueblos de aquel tránsito a la insurrección y al tumulto, y los -vocales de la junta suprema fueron tratados como enemigos públicos, -detenidos unos, arrestados otros, y amenazados de muerte muchos, -hasta el presidente. Parecía que, dueño ya de España, era Napoleón el -que vengaba la tenaz resistencia que le habíamos opuesto. No pararon -aquí las intrigas de los conspiradores: escritores viles, copiantes -miserables de los papeles del enemigo, les vendieron sus plumas, y no -hay género de crimen, no hay infamia que no hayan imputado a vuestros -gobernantes, añadiendo al ultraje de la violencia la ponzoña de la -calumnia. - -Así, españoles, han sido perseguidos e infamados aquellos hombres -que vosotros elegisteis para que os representasen; aquellos que, sin -guardias, sin escuadrones, sin suplicios, entregados a la fe pública, -ejercían, tranquilos a su sombra, las augustas funciones que les -habíais encargado. ¿Y quiénes son, gran Dios, los que los persiguen? -los mismos que desde la instalación de la junta trataron de destruirla -por sus cimientos, los mismos que introdujeron el desorden en las -ciudades, la división en los ejércitos, la insubordinación en los -cuerpos. Los individuos del gobierno no son impecables ni perfectos; -hombres son y, como tales, sujetos a las flaquezas y errores humanos. -Pero como administradores públicos, como representantes vuestros, ellos -responderán a las imputaciones de esos agitadores y les mostrarán dónde -ha estado la buena fe y patriotismo, dónde la ambición y las pasiones -que sin cesar han destrozado las entrañas de la patria. Reducidos de -aquí en adelante a la clase de simples ciudadanos por nuestra propia -elección, sin más premio que la memoria del celo y afanes que hemos -empleado en servicio público, dispuestos estamos, o más bien ansiosos, -de responder delante de la nación en sus cortes, o del tribunal que -ella nombre, a nuestros injustos calumniadores. Teman ellos, no -nosotros; teman los que han seducido a los simples, corrompido a -los viles, agitado a los furiosos; teman los que en el momento del -mayor apuro, cuando el edificio del estado apenas puede resistir el -embate del extranjero, le han aplicado las teas de la disensión para -reducirle a cenizas. Acordaos, españoles, de la rendición de Oporto. -Una agitación intestina, excitada por los franceses mismos, abrió -sus puertas a Soult, que no movió sus tropas a ocuparla hasta que el -tumulto popular imposibilitó la defensa. Semejante suerte os vaticinó -la junta, después de la batalla de Medellín, al aparecer los síntomas -de la discordia que con tanto riesgo de la patria se han desenvuelto -ahora. Volved en vosotros y no hagáis ciertos aquellos funestos -presentimientos. - -Pero, aunque fuertes con el testimonio de nuestras conciencias, y -seguros de que hemos hecho en bien del estado cuanto la situación de -las cosas y las circunstancias han puesto a nuestro alcance, la patria -y nuestro honor mismo exigen de nosotros la última prueba de nuestro -celo y nos persuaden dejar un mando cuya continuación podrá acarrear -nuevos disturbios y desavenencias. Sí, españoles: vuestro gobierno, -que nada ha perdonado, desde su instalación, de cuanto ha creído que -llenaba el voto público; que fiel distribuidor de cuantos recursos -han llegado a sus manos, no les ha dado otro destino que las sagradas -necesidades de la patria; que os ha manifestado sencillamente sus -operaciones, y que ha dado la muestra más grande de desear vuestro -bien en la convocación de cortes, las más numerosas y libres que ha -conocido la monarquía, resigna gustoso el poder y la autoridad que le -confiasteis y la traslada a las manos del consejo de regencia que ha -establecido por el decreto de este día. ¡Puedan vuestros gobernantes -tener mejor fortuna en sus operaciones! Y los individuos de la junta -suprema no les envidiarán otra cosa que la gloria de haber salvado la -patria y libertado a su rey. - -Real Isla de León, 29 de enero de 1810. — Siguen las firmas. - - -NÚMERO 11-4. - -_Véase el manifiesto de la junta suprema de Cádiz._ - - -NÚMERO 11-5. - -_En el palacio de las Tullerías, a 8 de febrero de 1810._ - -Napoleón, etc. Considerando, por una parte, que las sumas enormes que -nos cuesta nuestro ejército de España empobrecen nuestro tesoro y -obligan a nuestros pueblos a sacrificios que ya no pueden soportar; y -considerando, por otra parte, que la administración española carece de -energía y es nula en muchas provincias, lo que impide sacar partido de -los recursos del país, y los deja, por el contrario, a beneficio de los -insurgentes; hemos decretado y decretamos lo que sigue: - - -TÍTULO PRIMERO. - -_Del gobierno de Cataluña._ - -ART. 1.º El séptimo cuerpo del ejército de España tomará el título de -ejército de Cataluña. 2.º La provincia de Cataluña formará un gobierno -particular con el título de gobierno de Cataluña. 3.º El comandante en -jefe del ejército de Cataluña será gobernador de la provincia y reunirá -los poderes civiles y militares. 4.º La Cataluña queda declarada en -estado de sitio. 5.º El gobernador queda encargado de la administración -de la justicia y de la real hacienda, proveerá todos los empleos y hará -todos los reglamentos necesarios. 6.º Todas las rentas de la provincia, -en imposiciones ordinarias y extraordinarias, entrarán en la caja -militar, a fin de subvenir a los sueldos y gastos de las tropas, y a la -manutención del ejército. - - -TÍTULO SEGUNDO. - -_Del gobierno de Aragón. Segundo gobierno._ - -El general Suchet será gobernador de Aragón con toda la autoridad -militar y civil; nombrará toda clase de empleados, hará reglamentos, -etc., etc., y desde 1.º de mayo no enviará nuestro tesoro público -fondos algunos para la manutención del ejército, sino que el país -suministrará lo que necesite para él. - - -TÍTULO TERCERO. - -_Del gobierno de Navarra. Tercer gobierno._ - -La provincia de Navarra se llamará gobierno de Navarra. - -El general Dufour será gobernador de Navarra, y conducirá allá -los cuatro regimientos de su división: en cuanto a su autoridad y -manutención del ejército, lo mismo que lo dicho con respecto a Aragón. - - -TÍTULO CUARTO. - -_Del gobierno de Vizcaya. Cuarto gobierno._ - -La Vizcaya se llamará gobierno de Vizcaya. - -El general Thouvenot será gobernador, y lo mismo que lo dicho respecto a -Navarra. - - -TÍTULO QUINTO. - -Los gobernadores de estos cuatro gobiernos se entenderán con el -estado mayor del ejército de España en lo que tenga relación con las -operaciones militares; pero en cuanto a la administración interior y -policía, rentas, justicia, nombramiento de empleados y todo género de -reglamentos, se entenderán con el emperador por medio del príncipe de -Neufchatel, mayor general. - - -TÍTULO SEXTO. - -ART. 1.º Todos los productos y rentas ordinarias y extraordinarias -de las provincias de Salamanca, Toro, Zamora y León proveerán a la -manutención del 6.º cuerpo del ejército, y el duque de Elchingen -cuidará de que estos recursos sean bastantes para este fin, haciendo -que todo se invierta en utilidad del ejército. 2.º Lo que produzcan -las provincias de Santander y Asturias, para la manutención y sueldos -de la división de Bonnet. 3.º Las provincias situadas desde el Ebro a -los límites de la de Valladolid lo entregarán todo al pagador de Burgos -para el sueldo y manutención de las tropas que allí haya, y gasto de las -fortificaciones. 4.º Las provincias de Valladolid y Palencia proveerán -a la manutención y sueldo de la división de Kellermann. 5.º El duque de -Elchingen y los generales Bonnet, Thiebaut y Kellermann se entenderán, -en todo lo que tenga relación con las rentas de las provincias de su -mando, con el emperador por medio del príncipe de Neufchatel. 6.º La -ejecución de este decreto se encarga al príncipe de Neufchatel y a los -ministros de la guerra, en la administración de la guerra, de rentas y -del tesoro público. - - -NÚMERO 11-6. - -_Memoria de los Sres. Azanza y Ofarrill, pág. 177._ - - -NÚMERO 11-7. - -Algunas de estas cartas fueron interceptadas por las guerrillas cerca -de Madrid y se insertaron en la _Gaceta de la Regencia_ de Cádiz. Las -hemos confrontado con la correspondencia manuscrita del Sr. Azanza, y -las hemos encontrado del todo exactas. He aquí las que nos han parecido -más importantes: - -«Excmo Sr. — Ha llegado el caso de que yo pueda escribir a V. E. sobre -asuntos que directamente nos conciernen. Antes de ayer por la tarde -tuve una larga conversación con el Sr. duque de Cadore, ministro -de relaciones exteriores, que anteriormente me había dicho quería -comunicarme algo de orden del emperador. Referiré todo lo sustancial -de esta conferencia, en la cual se tocaron varios puntos, y todos de -importancia. - -»Me dijo el ministro que S. M. I. no puede enviar más dinero a España, -y es preciso que ese reino provea a la subsistencia y gastos de su -ejército; que bastante hace en haber empleado 400.000 franceses en la -reducción de España; que la Francia ha agotado su erario, habiendo -enviado ahí desde el principio de la guerra más de 200 millones de -libras; que nuestro gobierno no ha hecho uso de los recursos que ofrece -el país para juntar fondos; que debieron exigirse contribuciones en -Andalucía, especialmente en Sevilla y Málaga, y también en Murcia; que -S. M. ha impuesto a Lérida una contribución de 6 millones de libras (no -estoy cierto si fue esta cantidad u otra mayor la que me dijo); que -debieron confiscarse los efectos ingleses encontrados en Andalucía, -y S. M. I. está en el concepto de que solo los de Sevilla habrían -importado 40 millones; que debió echarse mano de la plata de las -iglesias y conventos; que en España ha de circular necesariamente mucho -dinero del que han introducido los franceses y los ingleses, y del -que ha venido de América; que el emperador siempre ha hecho la guerra -sacando de los países que ha subyugado toda la manutención y gastos -de sus ejércitos; que si no tuviera que emplear tantas tropas en la -reducción de la España, habría licenciado muchas de ellas, y se habría -ahorrado el dispendio que están ocasionando; que los fondos de nuestra -tesorería no han tenido la inversión preferente que correspondía, es a -saber, pagar las tropas que han de hacer la conquista y pacificación -del reino; que ha habido muchas prodigalidades y gastos de lujo; que -las gratificaciones justas pudieron suspenderse hasta los tiempos -tranquilos y felices; que se mantienen estados mayores demasiado -numerosos y costosos; que se han formado y forman cuerpos españoles, -los cuales no solo son inútiles sino perjudiciales, porque además de -absorber sumas que podrían tener provechosa aplicación, desertan sus -individuos y pasan a aumentar la fuerza de los enemigos; y últimamente, -que es excesiva la bondad con que el rey trata a los del partido -contrario, concediéndoles gracias y ventajas, lo que solo sirve a -disgustar y desalentar a los que desde el principio abrazaron el suyo. - -»Estas son las principales especies que me dijo el ministro; y ahora -expondré a V. E. las respuestas que yo le di. El punto más grave de -todos, y el que a mi parecer ocupa más la atención del emperador, es -el de querer excusar que de Francia vaya a España más dinero que los -dos millones de libras mensuales, prefijados en las disposiciones -anteriores. Acordándome de las notas que sobre este punto se pasaron -estando yo encargado del ministerio de negocios extranjeros, y -teniendo muy presente la situación de nuestras provincias y de nuestra -tesorería, dije al ministro que el rey, mi amo, reconocía las grandes -erogaciones que la guerra de España ocasionaba al erario de Francia, -pero que veía con mucho dolor y sentimiento suyo ser imposible -alcanzasen nuestros medios y nuestros recursos a libertarlo de esta -carga; que las rentas ordinarias habían sido hasta ahora casi nulas, -así porque no habían podido recaudarse sino en muy reducidos distritos -sojuzgados, como porque aun en estos las continuas incursiones de -los insurgentes y de las partidas de bandidos habían inutilizado los -esfuerzos y diligencias de los administradores y cobradores; que en -muchas partes los mismos generales y jefes de las tropas francesas -habían servido de obstáculo al recobro de los derechos reales en -lugar de auxiliarlo; que las provincias estaban arruinadas con las -suministraciones de toda especie que habían tenido que hacer para la -subsistencia, trasportes y hospitalidades de las tropas francesas, y -con la cesación de todo tráfico de unos pueblos con otros; que cuantos -fondos han podido juntarse, así por los impuestos antiguos como por -los arbitrios y medios que se han excogitado, han sido destinados -con preferencia a las necesidades del ejército francés, distrayendo -únicamente algunas cortas sumas para la guardia real, la cual casi -siempre ha estado en crecidos descubiertos, para la lista civil de S. -M., que no ha sido pagada sino en una muy corta parte, y para otras -atenciones urgentísimas, de modo que ni se han pagado viudedades, -ni pensiones, ni sueldos de retirados, y muchas veces ni los de los -empleados más necesarios, pues ha habido ocasión en que los ministros -mismos han estado durante cinco meses sin recibir los suyos por ocurrir -a los gastos de las tropas. - -»En cuanto a los recursos de que se supone haberse podido echar mano, -achacando a impericia, falta de energía o excesiva contemplación del -gobierno para con los pueblos el no haberse así ejecutado, he dicho -al ministro que se han puesto en práctica cuantos han permitido las -circunstancias; que es preciso no perder de vista, para juzgarnos, -las circunstancias en que nos hemos hallado, esto es, que eran pocas -las provincias sometidas, y muy rara o ninguna la administrada -con libertad; que se han exigido contribuciones extraordinarias y -empréstitos forzados donde se ha creído posible, venciendo no pequeños -obstáculos; que había sido necesario no vejar ni apurar hasta el -extremo las provincias sometidas, para conservarlas en su fidelidad -y no dar, a las que estaban en insurrección, una mala idea de la -suerte que las esperaba en el caso de su rendición; que habrían -podido efectivamente sacarse más contribuciones, como lo hacen los -generales franceses en las provincias que están administrando; pero -que nunca hubieran producido lo suficiente a cubrir todos los gastos -del ejército; especialmente demorándose este dos años y medio o más -en los mismos parajes; que estas contribuciones no podrían repetirse, -como lo enseñará la experiencia en Castilla y en León, porque en las -primeras se agota todo el numerario existente y no se ve el modo de que -prontamente vuelva a la circulación, sobre todo cuando las tropas están -en movimiento, y la caja militar desembolsa sus fondos en distritos -distantes de donde los ha recogido; que S. M. I. se convencerá de la -imposibilidad de juntar caudales que sufraguen a todos los dispendios -de la guerra, por lo que sucede en las provincias que están confiadas -a la administración de generales franceses, quienes no podrán ser -culpados ni de indolencia, ni de demasiado miramiento para con los -pueblos, antes bien es de temer se valgan de durezas y violencias que -ningún gobierno del mundo puede ejercer para con sus propios súbditos, -aquellos con quienes ha de vivir, y cuya protección y amparo es su -primer deber; y que lo que haya sucedido en Lérida tal vez no podrá -servir de ejemplo en otras partes, porque, según he sabido aquí, en -aquella plaza, creyéndose muy difícil su conquista, se había depositado -el dinero y alhajas de muchos pueblos e iglesias; además de que todavía -no se sabe que haya podido satisfacer toda la cantidad que se le ha -impuesto. - -»Hice presente al ministro que en Andalucía se habían exigido algunas -contribuciones de que yo tenía noticia, pues en Granada, no obstante -haberse entregado sin hacer la menor resistencia, se pidieron cinco -millones de reales con el nombre de préstamo forzado, y en Málaga -mucho mayor cantidad, parte de la cual me acuerdo haberse aplicado a -la caja militar del 4.º cuerpo; que por haberme hallado ausente de -Sevilla al tiempo de su rendición, no sé con exactitud lo que allí se -hizo, pero estoy cierto de que se secuestraron, con intervención de -las autoridades francesas, los efectos ingleses encontrados en aquella -ciudad, y que lo mismo se hizo también en Málaga; que siempre los -primeros cálculos del valor de géneros aprehendidos suelen ser muy -abultados, como oí haber sucedido en Málaga a la entrada del general -Sebastiani, y no será mucho que el concepto formado por S. M. I. -sobre el importe de los de Sevilla estribe en las primeras relaciones -exageradas que llegarían a su noticia. - -»Como estoy bien informado de las diligencias activas que se han -practicado para recoger la plata de las iglesias, y de los resultas -que esta operación ha tenido, me hallé en estado de decir al ministro -que este arbitrio no se había descuidado; que no solo se había -procurado recoger y llevar directamente a la casa de la moneda todas -las alhajas de plata y oro encontradas en los conventos suprimidos -sino también las que pertenecían a iglesias, catedrales, parroquiales -y de monjas de todo el reino, dejando en ellas solamente los vasos -sagrados indispensables para el culto; que este arbitrio no había sido -tan cuantioso y productivo como se podría suponer, y nosotros mismos -lo esperábamos; primero, porque todas las iglesias de los pueblos por -donde habían transitado las tropas francesas, habían sido saqueadas -y despojadas; segundo, porque las partidas de insurgentes o bandidos -habían hecho otro tanto en los pueblos que habían ocupado o recorrido; -y tercero, porque la plata de las iglesias vista en frontales, nichos -o imágenes, aparece de gran valor y riqueza, y cuando va a recogerse -y fundirse, se halla generalmente que es una hoja delgada dispuesta -solo para cubrir la madera que le sirve de alma; y que este recurso, -tal cual ha sido, y todos los otros que se han adoptado, son los que -han dado los fondos con que se ha podido atender a las obligaciones -imprescindibles de la tesorería, entre las cuales se ha contado siempre -con preferencia la subsistencia, la hospitalidad y demás gastos de la -tropa francesa. - -»Sobre el mucho numerario que se piensa debe haber en circulación -dentro de España, por el que han introducido los franceses y los -ingleses, y el que ha venido de América, he asegurado al ministro que -no se nota todavía semejante abundancia, sea que la mayor parte va a -parar a los muchos cantineros y vivanderos franceses que siguen al -ejército, sea que otra parte está diseminada entre nuestros vendedores -de comestibles y licores, o sea, principalmente porque la moneda de -cuño español haya desaparecido en el tiempo del gobierno insurreccional -en pago de armamentos, vestuarios y otros efectos recibidos del -extranjero, especialmente de los ingleses, y de géneros que el -comercio ha introducido. Confieso que en esta parte carezco de nociones -bastante exactas, y que solo me he gobernado por los clamores y señales -bien evidentes de pobreza que he presenciado por todas partes. - -»Para satisfacer plenamente sobre el cargo o queja de que los fondos -de nuestra tesorería no se han aplicado con preferencia a los gastos -militares y se han empleado en prodigalidades y objetos de lujo, yo -habría querido tener un estado que demostrase la inversión que se -ha dado a todos los caudales introducidos en tesorería desde que -el rey está en España, y creo que no sería muy difícil el que se -me enviase esta noticia. Entonces vería esta corte qué cantidades -se habían destinado a la guerra, y cuáles eran las que se habían -distraído a superfluidades y a lujo. Entre tanto, no comprendiendo yo -qué era lo que se quería calificar de prodigalidad y lujo, pues el -rey nuestro señor no ha estado en el caso de hacer gastos excesivos -con su lista civil, de que no ha cobrado, según creo, ni la mitad, -y más presto ha carecido de lo que pide el decoro y el esplendor de -la majestad, pude entender, por las explicaciones del ministro, que -se hacía principalmente alusión a las gratificaciones que S. M. ha -distribuido a algunos de sus servidores, tanto militares como civiles. -En esta inteligencia, expuse que estas gratificaciones, hechas con el -espíritu que se hacen todas de premiar servicios y estimular a que se -ejecuten otros, en ninguna manera habían minorado los fondos de la -tesorería aplicables a la guerra; pues habiendo consistido en cédulas -hipotecarias, solo útiles para la adquisición de bienes nacionales, -no podían servir para la paga del soldado ni otros dispendios que -precisamente piden dinero efectivo. A esto me repuso el ministro -que, pues las cédulas hipotecarias tenían un valor, este valor -podía reducirse a dinero. Y mi contestación fue que por el pronto y -hasta que, establecida plenamente la confianza en el gobierno, se -multipliquen las ventas de bienes nacionales, las cédulas se puede -decir que no tienen un valor en numerario por la grande pérdida que -se hace en su reducción; pero que no se ha omitido el arbitrio de la -enajenación de bienes para ocurrir a los gastos del día, entre los -cuales siempre los de guerra se han mirado como los primeros; antes -bien, para poder conseguir por este medio algún fondo disponible, se -han concedido ventajas a los que hicieran compras pagando una parte -en efectivo; y así las cédulas hipotecarias dadas por gratificación, -indemnización u otro título no han quitado el recurso que por el pronto -los bienes nacionales podían ofrecer a la tesorería. - -»Acerca de estados mayores que se suponen numerosos y costosos, he -dicho al ministro que a mi juicio habían informado mal a S. M. I., que -yo no creía que el rey hubiese nombrado más generales y oficiales de -estado mayor que los que eran precisos, ni admitido de los antiguos -más que aquellos que en justicia debían serlo, por haber abrazado -el partido de S. M. y haberse mantenido fieles en él; y que estos -últimos no habían consumido hasta ahora fondos de la tesorería, pues yo -dudaba que a ninguno se le hubiese satisfecho todavía sueldo. También -en este punto habría yo deseado hallarme más exactamente instruido, -porque estoy en el concepto de que ha habido mucha exageración en -lo que han dicho al emperador. Una relación por menor de todos los -estados mayores, que me parece no sería difícil formase el ministerio -de la guerra, desvanecería la mala impresión que puede haber en este -particular. - -»La opinión de que los regimientos y cuerpos españoles son -perjudiciales porque desertan y van a engrosar el número de los -enemigos después de ocasionar dispendios al erario, está aquí bastante -válida, y de consiguiente se mira como prematura la formación de -ellos. Yo he representado al ministro que ninguna medida era más -necesaria y política que esta, porque no hay gobierno que pueda existir -sin fuerza; que aunque es cierto que al principio hubo mucha deserción, -nunca fue tan absoluta o completa como se pondera; que cada vez ha -ido siendo menor a medida que el espíritu público ha ido cambiando, y -extendiéndose la reducción de las provincias; que actualmente es de -esperar que será muy corta o ninguna, pues casi han desaparecido las -masas grandes de insurgentes que tomaban el nombre de ejércitos, y solo -quedan las partidas de bandidos que ofrecen poco atractivo a los que -estén alistados bajo las banderas reales; que los cuerpos españoles -empleados en guarniciones dejarían expeditas las tropas francesas para -las operaciones de campaña, como lo deseaban los generales franceses, -lamentándose de haber de tener diseminados sus cuerpos para conservar -la tranquilidad en las provincias ya sometidas. El ministro pareció -dudar de que hubiese generales franceses que conviniesen en la utilidad -de la formación de cuerpos españoles, al paso que creía aprobaban la -de guardias cívicas. Como yo sé positivamente que hay generales, y de -mucha nota, que no solo opinan por la erección de cuerpos regulares, -sino que la promueven y persuaden con ahínco, pude afirmar y sostener -mi proposición. Pero yo desearía, por la importancia de este asunto, -que los mismos generales hiciesen saber aquí su modo de pensar con -los sólidos fundamentos en que lo pueden apoyar, porque nosotros no -mereceremos en esta parte mucho crédito y, acaso, acaso, inspiraremos -sospechas de mala naturaleza. - -»Solo resta hablar de la sobrada bondad con que se dice haber tratado -el rey a los del partido contrario, concediéndoles gracias y ventajas. -Yo quise explicar al ministro las resultas favorables que había -producido la amnistía general acordada a las Andalucías cuando el rey -penetró por la Sierra Morena; cómo su benignidad le ganó el corazón de -los habitantes de aquellas provincias, y le facilitó la ocupación de -ellas sin derramamiento de sangre, y con cuánta facilidad y prontitud -terminó una campaña que habría sido la más gloriosa posible sin la -desgraciada resistencia de Cádiz, fomentada por los ardides y por el -oro de los ingleses; pero el ministro hizo recaer el exceso de la -bondad de S. M. sobre algunos individuos que, habiendo seguido el -partido contrario, obtuvieron mercedes y empleos en su real servicio. -Dije entonces ser pocos los que se hallaban en este caso, y que estos -eran sujetos notables por sus circunstancias y por el papel que habían -hecho entre los insurgentes; que S. M. estimó conveniente hacer estos -ejemplares para inspirar confianza en los que todavía vacilaban -sobre prestarle su sumisión, y no ha tenido motivo hasta ahora de -arrepentirse de haberlos colocado en los puestos que ocupan; que por -todos medios se procuró debilitar la fuerza de los insurgentes, y no -fue el menos oportuno el admitir al servicio de S. M. los generales -y oficiales que voluntariamente quisiesen entrar en él, haciendo el -correspondiente juramento de fidelidad; y que si esto ha desagradado a -algunos de los antiguos partidarios del rey, es un egoísmo indiscreto -que no ha debido estorbar la grande obra de reunir la nación. - -»He referido a V. E. lo que se trató en mi conferencia con el Sr. -duque de Cadore. Nada hablé yo ni sobre el número de tropas francesas -empleadas en la guerra de España, ni sobre la cantidad de dinero que -ha enviado el tesoro de Francia a este reino, ni sobre algunos otros -puntos que tocó el ministro, porque no tenía datos seguros sobre ellos, -ni creí que debían ser materia de discusión. Tenga V. E. la bondad de -trasladarlo todo a S. M. para su soberana inteligencia, e indicarme lo -que conforme a su real voluntad deberé añadir o rectificar en ocasiones -sucesivas sobre estas mismas materias. No será mucho que a mí se me -hayan escapado no pocas reflexiones propias a probar la regularidad, -la prudencia y las sabias miras con que S. M. ha procedido en los -particulares que han dado motivo a los reparos y observaciones que, de -orden del emperador, se me han puesto por delante. - -»Durante la conversación con el ministro, tuve ocasión de leerle la -carta que el Sr. ministro de la guerra me remitió escrita por el -intendente de Salamanca en 24 de marzo último, haciendo una triste -pintura del estado en que se hallaba aquella provincia y de las -dificultades que ocurrían para hacer efectivas las contribuciones -impuestas por el mariscal duque de Elchingen. Y antes de levantar la -sesión, le leí también la carta que el regente del consejo de Navarra -dirigió al Sr. ministro secretario de estado, con fecha de 30 de abril, -quejándose de la conducta que había tenido el gobernador Mr. Dufour, -instigando al consejo de gobierno, erigido por él mismo, a que hiciera -una representación o acto incompatible con la soberanía del rey. Sobre -esto, sin aprobar ni desaprobar el hecho de Mr. Dufour, se me dijo -solamente que los gobiernos establecidos en Navarra y otras provincias -eran unas medidas militares. Volveré a tratar más de propósito de este -asunto luego que tenga oportunidad. Dios guarde a V. E. muchos años. -— París, 19 de junio de 1810. — Excmo. Sr. — El Duque de Santafé. — -Excmo. Sr. ministro de negocios extranjeros.» - - -NÚMERO 11-8. - -Señor: Me ha parecido conveniente enviar a V. M. abiertas las cartas -que dirijo con un correo al ministro de negocios extranjeros por -si quisiese enterarse de ellas antes de pasárselas. Por fin ya me -hablan. Yo no noto acrimonia alguna en las explicaciones que se tienen -conmigo. A mi juicio, las cartas que V. M. escribió al emperador y a -la emperatriz con motivo del casamiento han surtido buen efecto. Nada -me ha hablado todavía el emperador sobre negocios; pero cuando asisto -al _levé_ me saluda con bastante agrado. El ministerio español se -había representado aquí por muchos como antifrancés. El difunto conde -de Cabarrús era el que se había atraído mayor odio. Sobre esto me he -explicado con algunos ministros, y creo que con fruto. Aunque parece -indubitable el deseo de unir a la Francia las provincias situadas más -acá del Ebro, y se prepara todo para ello, no es todavía una cosa -resuelta, según el dictamen de algunos y se deja pendiente de los -sucesos venideros. Juzgo, señor, que por ahora nada quiere de nosotros -el emperador con tanto ahínco como el que no le obliguemos a enviar -dinero a España. El estado de su erario parece que le precisa a reducir -gastos. Debo hacer a Mr. Dennié la justicia de que en sus cartas habla -con la mayor sencillez, sin indicar siquiera que haya poca voluntad de -nuestra parte para facilitar los auxilios que necesita su caja militar. - -¿Creerá V. M. que algunos políticos de París han llegado a decir que -en España se preparaba una nueva revolución, muy peligrosa para los -franceses; es, a saber, que los españoles unidos a V. M. se levantarían -contra ellos? Considere V. M. si cabe una quimera más absurda, y cuán -perjudicial nos podría ser si llegase a tomar algún crédito. Y espero -que semejante idea no tenga cabida en ninguna persona de juicio, y que -caerá prontamente, porque carece hasta de verosimilitud. - -Dos veces he hablado al príncipe de Neufchatel sobre la justa queja -dada por V. M. contra el mariscal Ney. En la primera me dijo que el -emperador no le había entregado la carta de V. M., y significó que no -era de aprobar la conducta del mariscal; y en la segunda me respondió -que nada podía hacer en este asunto. - -Se ha sostenido aquí, por algunos días, la opinión de que los nuevos -movimientos de la Holanda acarrearían la reunión de aquel país al -imperio francés; pero ahora se cree que no se llegará a esta extremidad. - -Sé con satisfacción que la reina, mi señora, experimenta algún alivio en -las aguas de Plombières. Las señoras infantas gozan muy buena salud. -He oído que la reina de Holanda está enferma de bastante cuidado en -Plombières. Quedo como siempre con el más profundo rendimiento — Señor. -— De V. M. el más humilde, obediente y fiel súbdito. — El duque de -Santafé. — París, 20 de junio de 1810. - - -NÚMERO 11-9. - -París, 22 de septiembre de 1810. — Señor. — Según nos ha dicho anoche -el príncipe de Neufchatel, además de haberse declarado que a V. M. -corresponde el mando militar de cualquiera ejército a que quisiese -ir, se va a formar uno en Madrid y sus cercanías que estará a sus -inmediatas órdenes; pero todavía nada ha resuelto S. M. I. sobre la -abolición de los gobiernos militares, y restitución a V. M. de la -administración civil. Sobre esto instamos mucho, conociendo que es -el punto principal y más urgente. Nos ha dicho también el príncipe -que ha comunicado órdenes muy estrechas, dirigidas a impedir las -dilapidaciones de los generales franceses, y que se examine la conducta -de algunos de ellos como Barthélemy. - -El duque de Cadore, en una conferencia que tuvimos el miércoles, nos -dijo expresamente que el emperador exigía la cesión de las provincias -de más acá del Ebro por indemnización de lo que la Francia ha gastado y -gastará en gente y dinero para la conquista de España. No se trata de -darnos el Portugal en compensación. Nos dicen que de esto se hablará -cuando esté sometido aquel país, y que aun entonces es menester -consultar la opinión de sus habitantes, que es lo mismo que rehusarlo -enteramente. El emperador no se contenta con retener las provincias de -más acá del Ebro, quiere que le sean cedidas. No sabemos si desistirá -de esto como lo procuramos. Quedo con el más profundo respeto, etc. — -(Sacada de la correspondencia manuscrita de Don Miguel José de Azanza, -nombrado por el rey José duque de Santafé.) - -Entre las cartas cogidas por los guerrilleros había algunas en cifra: -las hemos leído descifradas en dicha correspondencia del Sr. Azanza, y -nada añaden de particular. - - -NÚMERO 11-10. - -París, 18 de mayo de 1810. — Excmo. Sr. — Es imponderable la impresión -que han hecho en Francia las noticias publicadas en el _Monitor_ sobre -la aprehensión del emisario inglés, barón de Kolly, en Valençay, y -las cartas escritas por el príncipe de Asturias. Cuando yo entré en -Francia, en todos los pueblos se hablaba de esto. El vulgo ha deducido -mil consecuencias absurdas. Lo que se cree por los más prudentes -es que Kolly fue enviado de aquí, donde residió muchos años, para -ofrecer sus servicios a la corte de Londres, y que consiguió engañarla -perfectamente. El príncipe, por este medio, se ha desacreditado y -hecho despreciable más y más para con todos los partidos. Se cree, no -obstante, que el emperador piensa en casarle, y que tal vez será con la -hija de su hermano Luciano. El prefecto de Blois, que ha estado muchos -días en Valençay, me ha dicho que esto es verosímil y que él mismo ha -visto una carta escrita recientemente por el emperador al príncipe en -términos bastante amistosos, y asegurándole que le cumpliría todas las -ofertas hechas en Bayona. El príncipe insta por salir de Valençay, y -pide que se le dé alguna tierra, aunque sea hacia las fronteras de -Alemania, lejos de las de España e Italia, y da muestras de sentir -y desaprobar lo que se hace en España a nombre suyo, o con pretexto -de ser a su favor. — El duque de Santafé. — Sr. ministro de negocios -extranjeros. (Sacada de la correspondencia manuscrita del Sr. Azanza.) - - -NÚMERO 11-11. - - _Carta de Fernando VII al emperador en 6 de agosto de 1809._ - -Señor. — El placer que he tenido viendo en los papeles públicos las -victorias con que la Providencia corona nuevamente la augusta frente de -V. M. Imperial y Real, y el grande interés que tomamos mi hermano, mi -tío y yo en la satisfacción de V. M. Imperial y Real, nos estimulan a -felicitarle con el respeto, el amor, la sinceridad y reconocimiento en -que vivimos bajo la protección de V. M. Imperial y Real. - -Mi hermano y mi tío me encargan que ofrezca a V. M. su respetuoso -homenaje, y se unen al que tiene el honor de ser con la más alta y -respetuosa consideración, señor, de V. M. Imperial y Real el más -humilde y más obediente servidor. — Fernando. — Valençay, 6 de agosto -de 1809. - -(_Monitor_ de 5 de febrero de 1810.) - - -NÚMERO 11-12. - -Carta inserta en el _Monitor_ de 26 de abril de 1810. - - - - - APÉNDICE - DEL - LIBRO DOCE. - - -NÚMERO 12-1. - -«Portugal was reduced to the condition of a vassal state.» - -(_History of the war in the península, by W. F. P. Napier, vol. 3., -pág. 372._) - - -NÚMERO 12-2. - -El consejo de regencia de los reinos de España e Indias, queriendo dar -a la nación entera un testimonio irrefragable de sus ardientes deseos -por el bien de ella, y de los desvelos que le merece principalmente -la salvación de la patria, ha determinado, en el real nombre del rey -N. Sr. Don Fernando VII, que las cortes extraordinarias y generales -mandadas convocar se realicen a la mayor brevedad, a cuyo intento -quiere se ejecuten inmediatamente las elecciones de diputados que no se -hayan hecho hasta este día, pues deberán los que estén ya nombrados -y los que se nombren congregarse en todo el próximo mes de agosto en -la real Isla de León; y hallándose en ella la mayor parte, se dará en -aquel mismo instante principio a las sesiones, entre tanto se ocupará -el consejo de regencia en examinar y vencer varias dificultades para -que tenga su pleno efecto la convocación. Tendréislo entendido y -dispondréis lo que corresponda a su cumplimiento. — Javier de Castaños, -presidente. — Pedro, obispo de Orense. — Francisco de Saavedra. — -Antonio de Escaño. — Miguel de Lardizábal y Uribe. — En Cádiz, a 18 de -junio de 1810. — A Don Nicolás María de Sierra. - - - - - APÉNDICE - DEL - LIBRO TRECE. - - -NÚMERO 13-1. - -Manifiesto que presenta a la nación Don Miguel de Lardizábal y Uribe, -impreso en Alicante, año de 1811, pág. 21. - - -NÚMERO 13-2. - -Colección de los decretos y órdenes de las cortes generales y -extraordinarias, tomo 1.º, pág. 1.ª y siguientes. - - -NÚMERO 13-3. - -Zurita. — Anales de Aragón. — Libro 2.º, cap. 87 y siguientes. - - -NÚMERO 13-4. - -Zurita. — Anales de Aragón. — Lib. 1.º, cap. 49 y 50. - - -NÚMERO 13-5. - -Mariana. — Historia de España. — Lib. 19, cap. 15. - - -NÚMERO 13-6. - -He aquí lo que refiere acerca de este asunto el manifiesto, o sea -diario manuscrito de la primera regencia, que tenemos presente, -extendido por Don Francisco de Saavedra, uno de los regentes y -principal promotor de la venida del duque. - -_Día 10 de marzo de 1810._ «En este día se concluyó un asunto grave, -sobre que se había conferenciado largamente en los días anteriores. -Este asunto, que traía su origen de dos años atrás, tuvo varios -trámites, y se puede reducir en sustancia a los términos siguientes. - -»Luego que se divulgó en Europa la feliz revolución de España, acaecida -en mayo de 1808, manifestó el duque de Orleans sus vivos deseos de -venir a defender la justa causa de Fernando VII; con la esperanza de -lograrlos, pasó a Gibraltar en agosto de aquel año, acompañando al -príncipe Leopoldo de Nápoles que parece tenía igual designio. Las -circunstancias perturbaron los deseos de uno y otro; pero no desistió -el duque de su intento. A principios de 1809, recién llegada a Sevilla -la junta central, se presentó allí un comisionado suyo para promover -la solicitud de ser admitido al servicio de España, y en efecto la -promovió con la mayor eficacia, componiendo varias memorias que -comunicó a algunos miembros de la central, especialmente a los Sres. -Garay, Valdés y Jovellanos. No se atrevieron estos a proponer el asunto -a la junta central, como se pedía, por ciertos reparos políticos; y a -pesar de la actividad y buen talento del comisionado, no llegó este -asunto a resolverse, aunque se trató en la sesión de estado; pero no se -divulgó. - -»En julio de dicho año escribió por sí propio el duque de Orleans, -que se hallaba a la sazón en Menorca, repitiendo la oferta de su -persona; y expresando su anhelo de sacrificarse por la bella causa que -los españoles habían adoptado. Entonces redobló el comisionado sus -esfuerzos, y para prevenir cualquier reparo, presentó una carta de Luis -XVIII, aplaudiendo la resolución del duque, y otra del Lord Portland, -manifestándole, en nombre del rey británico, no haber reparo alguno en -que pusiese en práctica su pensamiento de pasar a España o Nápoles a -defender los derechos de su familia. - -»En esta misma época llegaron noticias de las provincias de Francia -limítrofes a Cataluña, por medio del coronel Don Luis Pons, que se -hallaba a esta sazón en aquella frontera, manifestando el disgusto -de los habitantes de dichas provincias, y la facilidad con que se -sublevarían contra el tirano de Europa, siempre que se presentase en -aquellas inmediaciones un príncipe de la casa de Borbón, acaudillando -alguna tropa española. - -»De este asunto se trató con la mayor reserva en la sección de estado -de la junta, y se comisionó a Don Mariano Carnerero, oficial de la -secretaría del consejo, mozo de muchas luces y patriotismo, para -que, pasando a Cataluña, conferenciando con el general de aquel -ejército y con Don Luis Pons, y observando el espíritu de aquellos -pueblos, examinase si sería acepta a los habitantes de la frontera -de Francia la persona del duque de Orleans, y si sería bien recibido -en Cataluña. Salió Carnerero a mediados de septiembre, y en menos de -dos meses evacuó la comisión con exactitud, sigilo y acierto. Trató -con el coronel Pons y el general Blake, que se hallaban sobre Gerona, -y observó por sí mismo el modo de pensar de los habitantes y de las -tropas. El resultado de sus investigaciones, de que dio puntual cuenta, -fue que el duque de Orleans, educado en la escuela del célebre -Dumourier y único príncipe de la casa de Borbón que tiene reputación -militar, sería recibido con entusiasmo en las provincias de Francia, -y que en Cataluña, donde se conservan los monumentos de la gloria -de su bisabuelo y la reciente memoria de las virtudes de su madre, -encontraría general aceptación. - -»Mientras Carnerero desempeñaba su encargo, el comisionado del duque -se marchó a Sicilia, adonde le llamaban a toda priesa. En el mismo -intervalo se creó en la junta central la comisión ejecutiva, encargada, -por su constitución, del gobierno. En esta comisión, pues, donde -apenas había un miembro que tuviese la menor idea de este negocio, se -examinaron los papeles relativos a la comisión de Carnerero. Todo fue -aprobado, y quedó resuelto se aceptase la oferta del duque de Orleans, -y se le convidase con el mando de un cuerpo de tropas en la parte de -Cataluña que se aproxima a las fronteras de Francia; que se previniese -a aquel capitán general lo conveniente por si se verificaba; que se -comisionase para ir a hacer presente a dicho príncipe la resolución del -gobierno al mismo Carnerero, y que se guardase el mayor sigilo ínterin -se realizase la aceptación y aun la venida del duque, por el gran -riesgo de que la trasluciesen los franceses. - -»Ya todo iba a ponerse en práctica, cuando la desagraciada acción -de Ocaña y sus fatales resultados suspendieron la resolución de -este asunto, y sus documentos originales, envueltos en la confusión -y trastorno de Sevilla, no se han podido encontrar. Por fortuna se -salvaron algunas copias, y por ellas se pudo dar cuenta de un negocio -nunca más interesante que en el día. - -»El consejo, pues, de regencia, enterado de estos antecedentes, y -persuadido, por las noticias recientemente llegadas de Francia de -todas las fronteras, y por la consideración de nuestro estado actual, -de lo oportuna que sería la venida del duque de Orleans a España, -determinó: que se lleve a debido efecto lo resuelto y no ejecutado -por la comisión ejecutiva de la central en 30 de noviembre de 1809; -que, en consecuencia, condescendiendo con los deseos y solicitudes -del duque, se le ofrezca el mando de un ejército en las fronteras de -Cataluña y Francia; que vaya para hacérselo presente el mismo Don -Mariano Carnerero, encargado hasta ahora de esta comisión, haciendo -su viaje con el mayor disimulo para que no se trascienda su objeto; -que, para el caso de aceptar el duque esta oferta, hasta cuyo caso no -deberá revelarse en Sicilia el asunto a nadie, lleve el comisionado -cartas para nuestro ministro en Palermo, para el rey de Nápoles y para -la duquesa de Orleans, madre; que se comunique desde luego todo a Don -Enrique O’Donnell, general del ejército de Cataluña, y al coronel -Don Luis Pons, encargándoles la reserva hasta la llegada del duque. -Últimamente, para que de ningún modo pueda rastrearse el objeto de -la comisión de Carnerero, se dispuso que se embarcase en Cádiz para -Cartagena, donde se previene esté pronta una fragata de guerra que le -conduzca a Palermo, y traiga al duque a Cataluña.» - -_Día 20 de junio._ «A las siete de la mañana llegó a Cádiz Don Mariano -Carnerero, comisionado a Palermo para acompañar al duque de Orleans, en -caso de venir, como lo había solicitado repetidas veces y con el mayor -ahínco, a servir en la justa causa que defendía la España. Dijo que la -fragata Venganza, en que venía el duque, iba a entrar en el puerto; que -habían salido de Palermo, en 22 de mayo, y llegado a Tarragona, que era -el puerto de su destino; que puntualmente hallaron la Cataluña en un -lastimoso estado de convulsión y desaliento con la derrota del ejército -delante de Lérida, la pérdida de esta plaza y el inesperado retiro que -había hecho del ejército el general O’Donnell; que, sin embargo que en -Tarragona fue recibido el duque con las mayores muestras de aceptación -y de júbilo por el ejército y el pueblo, que su llegada reanimó las -esperanzas de aquellas gentes, y que aún clamaban porque tomase el -mando de las tropas, él juzgó no debía aceptar un mando que el gobierno -de España no le daba, y que aun su permanencia en aquella provincia, -en una circunstancia tan crítica, podría atraer sobre ella todos los -esfuerzos del enemigo. En vista de todo, se determinó a venir con la -fragata a Cádiz, a ponerse a las órdenes del gobierno. En efecto, el -duque desembarcó, estuvo a ver a los miembros de la regencia, y a la -noche se volvió a bordo.» - -_Día 28 de julio._ «El duque de Orleans se presentó inesperadamente al -consejo de regencia, y leyó una memoria en que, tomando por fundamento -que había sido convidado y llamado para venir a España a tomar el mando -de un ejército en Cataluña, se quejaba de que habiendo pasado más de -un mes después de su llegada, no se le hubiese cumplido una promesa -tan solemne; que no se le hubiese hablado sobre ningún punto militar, -ni aun contestado a sus observaciones sobre la situación de nuestros -ejércitos, y que se le mantuviese en una ociosidad indecorosa. Se -quiso conferenciar sobre los varios particulares que incluía el papel, -y satisfacer a las quejas del duque; pero pidió se le respondiese -por escrito, y la regencia resolvió se ejecutase así, reduciendo -la respuesta a tres puntos: 1.º Que el duque no fue propiamente -convidado sino admitido, pues habiendo hecho varias insinuaciones, y -aun solicitudes, por sí y por su comisionado Don Nicolás de Broval, -para que se le permitiese venir a los ejércitos españoles a defender -los derechos de la augusta causa de Borbón, y habiendo manifestado -el beneplácito de Luis XVIII y del rey de Inglaterra, se había -condescendido a sus deseos con la generosidad que correspondía a su -alto carácter; explicando la condescendencia en términos tan urbanos -que más parecía un convite que una admisión. 2.º Que se ofreció dar -al duque el mando de un ejército en Cataluña cuando nuestras armas -iban boyantes en aquel principado y su presencia prometía felices -resultados; pero que desgraciadamente su llegada a Tarragona se -verificó en un momento crítico, cuando se había trocado la suerte de -las armas, y se combinaron una multitud de obstáculos que impidieron -cumplirle lo prometido, y que tal vez se hubieran allanado si el duque, -no dándose tanta priesa a venir a Cádiz, hubiese permanecido allí algún -tiempo más. 3.º Que el gobierno se ha ocupado y ocupa seriamente en -proporcionarle el mando ofrecido, u otro equivalente; pero que las -circunstancias no han cuadrado hasta ahora con sus medidas.» - -_Día 2 de agosto._ «A primera hora se trató acerca del Duque de -Orleans, a quien por una parte se desea dar el mando del ejército, -y por otra parte se halla la dificultad de que la Inglaterra hace -oposición a ello. En efecto, el embajador Wellesley ha insinuado ya, -aunque privadamente, que en el instante que a dicho duque se confiera -cualquiera mando o intervención en nuestros asuntos militares o -políticos, tiene orden de su corte para reclamarlo...» - -_Día 30 de septiembre._ «El duque de Orleans vino a la Isla de León y -quiso entrar a hablar a las cortes; pero se excusaron de admitirle, y -sin avisar ni darse por entendido con la regencia, se volvió en seguida -a Cádiz. Casi al mismo tiempo se pasó orden al gobernador de aquella -plaza para que con buen modo apresurase la ida del duque. Se recibió -respuesta de este al oficio que se le pasó en nombre de las cortes, -y decía en sustancia, en términos muy políticos, que se marcharía el -miércoles 3 del próximo mes.» - -_Día 3 de octubre._ «A la noche se recibió parte de haberse hecho a -la vela para Sicilia la fragata Esmeralda, que llevaba al duque de -Orleans, y se comunicó inmediatamente a las cortes.» - - -NÚMERO 13-7. - -Colección de los decretos y órdenes de las cortes, tom. 1.º, pág. 10. - - -NÚMERO 13-8. - -Colección id., tomo 1.º, pág. 14 y siguientes. - - -NÚMERO 13-9. - -Manifiesto manuscrito de la primera regencia. - - -NÚMERO 13-10. - -Colección de los decretos y órdenes de las cortes, tomo 1.º, pág. 19. - - -NÚMERO 13-11. - -Véase el manifiesto de la junta superior de Cádiz. - - -NÚMERO 13-12. - -Colección de los decretos y órdenes de las cortes, tomo 1.º, pág. 32 y -siguientes. - - -NÚMERO 13-13. - -Colección id., tomo 1.º, pág. 37 y siguientes. - - -NÚMERO 13-14. - -Diario de las discusiones y actas de las cortes, tomo 2.º, pág. 153 y -siguientes. - - -NÚMERO 13-15. - -Colección de las decretos y órdenes de las cortes, tomo 1.º, pág. 72 y -73. - - -FIN DEL TOMO III. - - - - -ERRATAS - -DEL TOMO TERCERO. - - - PÁGINAS. DICE. LÉASE. - - Pág. 48, lín. 5, internarse mas internarse más, - Pág. 58, lín. 21, Zuaim Znaim - Pág. 98, lín. 17, entubrió enturbió - Pág. 117, lín. 12, combalecientes convalecientes - Pág. 119, lín. 14, pariguelas parihuelas - Pág. 120, lín. 8, Ocurieron Ocurrieron - Pág. 171, lín. 15, campo campos - Pág. 199, lín. 12, Casco casco - Pág. 242, lín. 6, alcázar Alcázar - Pág. 260, lín. 20, Saliolos Salioles - Pág. 280, lín. 24, atrincheramientos, atrincheramientos; - Pág. 299, lín. 31, requebrajáronse resquebrajáronse - Pág. 358, lín. 5, mal de su agrado mal de su grado - Pág. 370, lín. 28, da las de las - Pág. 406, lín. 31, que les animaba que los animaba - Pág. 425, lín. 25, a las que a los que - Pág. 427, lín. 19, ajuntamiento ayuntamiento - Pág. 432, lín. 2, Freybery Freyberg - Pág. 438, lín. 15, partido de Caco partido de Coro - Pág. 443, lín. 10, le había les había - Pág. 445, lín. 4, quietos quitos - Pág. 449, lín. 22, declarada del orador - Pág. 450, lín. 6, las suyas los suyos - Pág. 463, lín. 15, a callar a acallar - Pág. 467, lín. 13, Gerdoa Gordoa - Pág. 468, lín. 7, virud virtud - Pág. 475, lín. 28, Resumimos Presumimos - Pág. 476, lín. 6, Marlaix Morlaix - _Ibid._ lín. 7, Mr. Maustier Mr. de Moustier - Pág. 479, lín. 17, sútil sutil - Pág. 480, lín. 17, encontado encontrado - Pág. 486, lín. 30, «¿quien ¿quien - - -APÉNDICES. - - Ap. lib. 11, n.º 1. τὺ τὸ - - - -*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK HISTORIA DEL LEVANTAMIENTO, -GUERRA Y REVOLUCIÓN DE ESPAÑA (3 DE 5) *** - -Updated editions will replace the previous one--the old editions will -be renamed. - -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the -United States without permission and without paying copyright -royalties. 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